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Full text of "Primer diccionario general etimológico de la lengua española"

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1 


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PRIMER 


CCI 


DE  LA 


LENGUA  ESPAÑOLA 


POR 


r>.  ROQUE  BiUEiCI-A. 


Quien  da  lo  que  se  p̀H$a 
Da  lo  que  se  Tutbla. 


TOMO  TERCERO 


4 

3 


BARCELONA 

SEIX  -  EDITOR 
MGUII 


i      i  , 

J  Digitized  by  VjOOglC 


THE  ii::'  ■  .v:;:c 
PÜBliJ  UBRARY 

262141A 

ASTOR,  LENCX  AND 
TILDEN  FOUNDATiaNS 


ES  PBOPIBDAD  SEL  EDITOR 


TipoUt.  Srix,  San  Agutla,  1  k  7.-B»r«elona  (ar»oift).-TeÍMono  8.641 

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■t.' 


la  Décima  letra  del  alfabeto  eas- 
lellano  j  tercera  entre  las  vocales.  Se 
'brma  cuino  las  demiís,  abierta  la  boca 
menos  que  para  la  E,  y  allegando  más 
la  lenc^ua  al  paladar  para  estrechar  el 
puo  del  aliento  y  adelg-azar  el  espi- 
rita ODii  opie  86  forma.  Deja  su  lugar 
U  Jáis  JT cuando  airre  de  conjuu- 
cidn  eopttUtínf  JT  u£  se  escribe  Jmn 
j  Mffo  7  iitfra.  l  Letra  de  la 

nameneídn  somua  ana  tiane  el  valor 
de  uno.  (JUUDBUU.)  I  La  /,  antepues- 
ta &  loa  números  romanos,  representa 
la  unidad  nentÍTa.  Así,  pues,  IVvale 
cuatro;  IXTale nueve.  |  Ajati^uameo- 
te  valía  cien.  |[  Lógica  escoUsiica.  IaI 
era  el  signo  de  las  proposiciones  par- 
ticulares y  afirmativas  que  entraban 
en  un  silog^ismo.  ||  Numismática.  En 
las  antig-uas  monedas  francesas,  la  / 
indica  que  fueron  acuñadas  en  Li- 
wtoyes.  H  Metáfora.  Ponbr  los  puntos 
soBKR  LAS  IBS.  Frase  que  se  emplea 
coD  relación  á  los  que  proceden  con 
nimim  exaotítad  en  eotaa  de  poeo  mo- 
mento. 

I.  Coaointada  mu^  frecuentemente 
en  enaX  w  puede  notar  en  beberá 
oree,  cntfo,  JBnn,  Ungua^  letra,  ne- 
gro, pue»,  fUgttr,  neo,  del  latín  W- 
óere,  mtm,  eructo,  timv,  íuum,  Utít- 
ra,  m^r*t  ¡úietn,  fUwn,  tie»,  «te. 

Conmutada  en^  por  d  uso:  eattilU' 
jo,  consejo,  ojo,  pellejo,  fueron  durante 
algún  tiempo  casíilleio,  conseio,  oio, 
ptíleio,  etc.,  y  en  II,  en  batalla,  malla, 
wtaravilla,  que  antes  fueron  batata, 
wuUa,  maraviia,  etc. 

Añadida  en  Itien,  diente,  diez, fiesta, 
kielj  miel,  niebla,  nieto,  del  latín  bene, 
denle,  dtQvm,  f tita,  f elle,  melle,  nébula, 
M^tt,  «le. 

Saprimida  ta  aitta,  oiM,  mitdo, 


moble  Ó  mueUe,  noble,  pared,  del  latín 
abiete,  asino,  metu,  mobiUtlU^U,  pá- 
rtele, etc.  (MONLAU.) 

II.  Literatura  latina. — La  t  breve  es 
la  más  rápida  de  las  vocales,  después 
de  la  e,  y  sirve  de  sonido  de  unión  en 
las  palabras  compuestas,  como  eerí/o- 
dina,  arípes,  alíisonus,  homicida. — Ba 
algunas  dicciones  antiguas  se  halla 
suDstítuída  por  la  u ,  como :  maxümat 
por  maaíma;  pmicAerH^t  ftaptUcAo- 
rríma.  Otras  vocea  repnsente  lia  o, 
como  va  «ftí,  por  ilU.  Bata  letra  ei  con- 
sonante cuando  recae  sobre  una  vocal» 
formando  sílaba  con  ella,  como:  iwiihi* 
lecur,  coniuro;  pero  en  dicciones  greso- 
latinas  es  siempre  vocal,  como  lambus, 
laspis.  En  las  dicciones  hebreas,  unas 
veces  es  vocal,  como  en  Jacobm;  otras, 
consonante,  como  en  ludatis,  porque 
los  antiguos  latinos  no  conocieron  el 
cambio  de  la  i  en/,  introducido  pos- 
teriormente para  distinguir  sus  res- 
pectivos oficios  de  vocal  y  da  conso- 
nante. Como  abreviatura,  tiene  varias 
significaciones;  «a,  infra,  ipse^  Isis, 
lovi,  invicítiS,  luUa,  fimo,  tvri,  iuris 
(que  después  se  escribieron  Jovi,  Ju- 
iut,  /uno,  jwri,  jwrüi  u><i=iidemque; 
I.  H.  F.  Co^pnitf  ütfñf  faeiindum  cu- 
ravit;  iif.<«-MnMfft&;  iM.i^mpertum, 
imperiUfr. 

BrmoLoaÍA.  Latín  J,  i:  griego,  I,  t 
(■tuict,  iota);  alfabetos  semíticos  y  len- 
guas romanas,  i. 

Siynificacvjn  jeroglifica. — La  i,  con- 
siderada como  sif^no  jeroglífico,  es  el 
hebreo  iod,  que  -sigiiiiic;i  mano:  áralje, 
iad;  morisco,  /íw^í/;  alemán  t;  inglés, 
hand. 

Resña.—'lt  Gramú  tica  general.  La  i 
es  la  novena  letra  del  alfabeto  latino  y 
la  tarca»  vocal  de  la  miama  lengua. 


así  como  también  de  todos  los  alfabe- 
tos é  idiomas  neo-latinos  y  germáni- 
cos, si  no  se  cuenta  como  letra  simple 
la  articulación  ch. 

2.  El  sánscrito  tiene  una  i  breve; 
y  otra,  larga. 

3.  Los  latinos  sólo  tenían  una  i, 
siempre  vocal;  pero  que  unas  veoea  se 
pronunciaba  aparte,  y  otras,  se  coq* 
lundia  cou  la  vocal  siguiente. 

4.  Cuando  la  i  latina  se  confundía 
oon  la  VivX  inmediata,  i^ostumb^- 
ban  los  coi^stas déla Ediid  media  á 
terminar  la  letra  con  un  trazo  prolon- 
gado. 

5.  Hacia  al  siglo  xvi,  y  esto  repre- 
senta en  cierto  modo  un  progreso  en 
la  ortografía,  se  principió  d  bxpresar 
por  medio  de  la_;'  toda  i  que  hacía  ve- 
ces de  consonante;  y  por  medio  de  la 
I,  la  que  era  vocal. 

6.  En  el  latín  primitivo  se  escribie- 
ron con  u  muchas  palabras  que  luego 
tuvieron  i,  y  se  dijo  decuMut  por  deci- 
«M,  «adwnw  por  masmuSt  minuaut 
por  fflÍHtfltitf^  por  libet,  según 
queda  dicho. 

7.  Al^unoaautoxesdalsi^deQn) 
de  la  latinidad  eon^mai^Q' asta  fitto- 
gcafífi  aicaiei*  ^  - 

8.  Los  liatiaoa  eonmatalmn  en.i  el 
diptongo  0i  («)  ^e  los  gT¡egos:'-así, 
por  ejemplo,  de  etSúXXtov  {'eid^tlitm) 
lormarou  'idyWurii,  idilio;  de  eiat-ciípt» 
(e'tsitéria),  isiteria,  las  fiestas  isite- 
rias,  etc. 

9.  Por  esa  razón,  los  nominativos 
(le  plural  contractos  de  la  tercera  de- 
clinación, que  terminaban  en  griego 
en  Ei^  (eit),  terminaron  en  el  latín  pri- 
mitivo en  ú,  si  bien  algunos  escribie- 
ron fíj. 

10.  Dicha  temioació».  ñiénp^' 


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4  TACH 

riomanto  »;  pero,  por  arcaísmo,  «ab- 
■istinroii  lu  otraa  ibnnas  ea  las  ins- 
crípeiones  j  en  las  obraa  de  ciertos 
escritores. 

11.  La  misma  terminación  subsis- 
tid en  las  palabras  cuyo  origen  no  era 
{priego:  así  se  halla  omnts  j  omneis, 
por  omníi;  dvit  j  ciuis,  por  cizet. 

12.  Bn  la  transcripción  del  griego 
al  latín,  j  de  éste  i  las  lenguas  ro- 
mances, la  I  se  ha  convertido  á  veces 
en  a:  de  xívui  ( tígd),  se  formó  taMO,  jo 
toco;  de  ¿iían^,  se  formó,  en  el  latín 
corrompido,  balanx,  la  balanza. 

13.  También  suele  equivaler kWe 
en  el  latín  de  la  Edad  media,  7  así 
vemos  que  el  latín  placiíum  se  torna 
en  placetum;  j  luego,  euplacet. 

14.  En  las  inscripciones  latinas  j 
en  antiguos  manuscritos,  la  i,  prolon* 
gada  por  su  parte  superior,  represen- 
ta la  contracción  de  dos  úr  en  una: 
di»  signifiea  diU;  otl,  9tii,  j  asf  en 
otrai  muchas  palabras. 

15.  En  manuscritos  éinicripcioaes, 
ea  abreviatura  de  nombres  que  la  tie- 
nen por  inicial,  como  ígnu,  itertm, 
iuttit,  immoríalUt  inftri»,  intgr,  inve- 
nitf  invictus,  etc. 

16.  En  las  tablillas  que  los  tribu- 
nos usaban  para  suspender  los  decre- 
tos del  Senado,  significaba  inttretdo, 
es  decir,  me  opongo. 

17.  En  la  numeración  romana  sig- 
nifica uno,  6  el  primero,  7  su  valor 
varía  adicionándola,  anteponiéndola  ó 
posponiéndola  á  otras  letras  nume- 
rales. 

18.  En  los  últimos  tiempos  de  Ro- 
ma fué  cuando  se  imaginó  variar  su 
valor  numeral  según  precediera  ó  si- 
guiera á  la  T  ó  a  la  Xt  reforma  que 
nan  seguido  los  modernos. 

19.  En  las  letras  numerales  de  la 
Edad  media,  después  de  Usher,  síg^ 
niñeó  100  j  1.000  cuando  estaba  atra- 
vesada, en  su  parte  superior,  por  una 
rajita  horizontal. 

20.  Los  latinos  llamaron  á  la  1  Hi- 
lera longat  letra  larga:  «To  haré  de  mí 
una  letra  larga  echándome  una  cuer- 
da al  cuello,»  dice  uno  de  los  perso- 
najes de  la  A%hdaria,  de  Planto,  en 
ves  de  decir:  <To  me  ahorcaré.» 

21.  ^reee  ser  que  el  punto  sobre 
la  1  no  se  invento  hasta  la  escritura 

fótica,  en  la  qne  la  «  se  distinguía 
ifícilmente  de  las  w*  no  puntua- 
das. 

1.  I«.  Femenino.  Mitologia.  Mujer 
que  cubrió  con  lana  4  Aquííes,  cuan- 
do estaba  espirando,  7  qne  hié  con- 
vertida en  TÍoleta. 

EniKnAaU.  Griego  fov  (ím),  tío- 
leU. 

2.  la.  Mitologia*  Nombre  qne  los 
kalmucos  7  los  mongoles  dan  al  Ser 
Supremo. 

facer.  Neutro  anticuado.  Yacbr. 

laco.  Masculino.  Zoología.  Sección 
de  mamíferos  que  comprende  varias 
especies  de  monos. 

lachagogo.  Masculino.  Antigüeda- 
des griegas.  Cada  nno  de  los  qne  lle- 
vaban la  «atatua  de  Baeo  en  las  fiestas 
elensinag. 

BviMOLOVfA.  GWego  rexxar»r^ 


lASP 

(iakchagdgót);  de  laKX'*^  (lalchet)^ 
Baco,  7  agogós,  el  que  conduce. 

lacchos.  Masculino.  Mitologia. 
Nombre  místico  de  Baco  en  las  fiestas 
que  en  honor  8U70  se  celebraban  en 
Atenas  7  Eleusis,  donde  era  adorado 
como  niño-dios,  hijo  de  Ceros  7  de 
Júpiter,  hermano  de  Proserpina.  £1 
mismo  nombre  de  Iacchos  se  daba  al 
canto  que  se  entonaba  en  dichas  fies- 
tas 7  al  personaje  que  le  representaba 
en  las  ceremonias  ae  la  iniciación  en 
los  misterios  del  paganismo.  Se  dió  á 
Baco  ese  nombre,  por  los  gritos  que 
las  bacantes  proferían  en  sus  fiestas. 

Etiuolooía,  Griego  "laxx":  (/<^^ 
chos);  de  íax]^¿u>^MAcA/S),gritará  mo- 
do de  las  bacantes;  no  de  tax^u  (lak- 
choj,  como  afirma  Laudáis. 

ÍÉigo.  Masculino  anticuado.  San- 
TiAao.  Nombre  propio  de  varón. 

laiunar.  Neu^  anticuado.  Atü- 

MAR. 

lalemo.  Masculino.  Canto  de  la- 
mentaeionea  que  estilaban  los  anti- 
guos griegos. 

BrnioLoafa.  Griego  IiXe|M><  (i&le- 
mo»),  verso  fúnebre;  de  tíXXw  (idlld), 
emitir:  francés,  iaUme.  (Landais.) 

lalisiano.  Masculino.  Mitologia, 
Nombre  de  un  pueblo  fabuloso  con- 
vertido en  rocas  por  Júpiter.  (Lan- 

DAXS.) 

laliso.  Masculino.  Mitologia.  Hijo 
de  Cercafo,  que  fundó  en  la  isla  de 
Rodas  una  ciudad  á  que  dió  su  nom- 
bre. Por  esto  los  telquinos,  mn7  res- 
petados en  dicha  isla,  fueron  llamados 
títltsiaíiot. 

lama.  Masculino.  MttolMia.  üno 
de  los  ocho  Vapeut  en  la  religión  de 
Brahma,  dios  da  la  noohe,  de  los 
muertos  7  de  los  infiernos,  juex  de  las 
almas  después  de  la  muerte  terrestre, 
que  habita  en  el  lamaloka,  lugar  te- 
nebroso, dividido  en  21  infiernos.  Se 
le  representa  con  semblante  airado  7 
con  un  azote  ó  una  espada. 

lamás.  Adverbio  de  tiempo  anti- 
cuado. JAHiía,  SIBUI^. 

EtiuolgoÍa.  Tormá»,  forma  etimo- 
lógica áñjavuái. 

limico,  ca.  Adjetivo.  Táhico. 

lámides.  Masculino  plural.  Mito- 
logia,  Descendientes  de  lamos^  hijo  de 
Apolo  y  Evadne,  que  predecían  el 
porvenir,  en  Olimpia.  |  Familia  des- 
tinada, entre  los  antiguos  griegos,  i 
las  funciones  de  augures. 

lamologia.  Femenino.  TAUOLOafA. 

lamológico,  ca.  Adjetivo.  Yauo- 

LÓOICO. 

lanero  7  laneiro.  Masculino  anti- 
cuado. Enero. 

lar.  Palabra  que  en  ruso  si^ífica 
río  7  que  entra  en  la  composición  de 
muchos  nombres  geográficos:  larot- 
laft  río  de  los  esclavos;  Kranoianif 
ciudad  del  río  rojo,  etc. 

larbas.  Masculiuo.  Rev  de  los  gé- 
tulos,  que  vendió  á  Dido  el  snelo  don- 
de edificó  á  CartagOj  pero  que  no  la 
pudo  persuadir  á  ser  su  esposa,  pues 
prefirió  darse  muerte.  Virgilio  supone 
qne  fui  vencido  por  Eneas,  sn  nval. 
(Víase  Dmo.) 
lupii.  Femenino  antieoado.  Jash. 


IBER 

tatralepta.  Masculino.  TaffeAUlF 

Tica. 

lasdin.  Masculino.  Mitologia. 
Nombre  que  los  magos  daban  al  buen 
principio,  ó  sea  al  principio  del  bien. 

Ibaoiraba.  Masculino.  Botánica, 
Arbol  mirtáceo  del  Brasil,  de  hojas 
opuestas  7  fruto  carnoso  polispermo 
j  coronatío  por  el  timbo  del  cálic 

ETnioLoofA.  Vocablo  imdigena. 

Ibametera.  Femenino.  Botimca, 
AcAYA,  árbol  del  Brasil. 

ETiHOLoaÍA.  Vocablo  indígena, 

Ibán.  Masculino.  Nombre  propio 
anticuado  de  Juan.  (Monlau.) 

Ibanó.  Masculino.  Germania.  El 
escribano. 

Ibáñez.  Masculino.  Nombre  patro- 
nímico. El  hijo  de  Ibán.  Después  pasó 
á  ser  apellido  de  familia. 

Ibánez  (Manuel).  Lego  exclaus- 
trado de  la  Compañía  de  Jesús,  nota- 
ble por  sus  talentos  arquitectónicos. 
De  1844  i  1845  ejecutó  la  difícil  7 
arriesgada  obra  de  repanr  el  arco  cor- 
tado del  puente  de  Aimaras,  en  Ex- 
tremadura, en  premio  de  lo  eoal  reci- 
bió el  título  de  arquitecto. 

Ibarra  (Joaquín).  Célebre  impre- 
sor español,  que  nació  en  Zaragoza 
en  1724  7  murió  en  1785.  Organizó 
en  Madrid  un  establecimiento  tipo- 

fráfico  cu7as  producciones  son  cada 
ía  más  estimadas  por  los  bibliófilos, 
7  elevó  la  perfección  de  su  arte  á  un 
grado  no  conocido  hasta  entonces,  ha- 
ciendo de  su  imprenta  quizá  la  pri- 
misra  de  Europa.  Inventó  una  tinta 
de  superior  calidad,  CU70  secreto  con- 
servó, así  como  el  modo  de  alisar  el 
papel  impreso  para  quitarle  las  des- 
igualdades producidas  por  la  impre- 
sión. Ibarba  no  debió  á  nadie  sus  in- 
venciones, pues  nunca  salió  de  su 
país.  Entre  las  obras  que  salieron  de 
sus  prensas,  se  citan  principalmente 
hermosas  ediciones  de  la  Biblia^  del 
Mieal  muzárabe,  de  la  Historia  de  Es- 
paña^ de  Mariana,  del  Quijote,  7  una 
magnífica  del  SaUatio  español,  tradu- 
cida por  el  infante  Don  Gabriel. 

Ibas.  Heresiarca  nestoriano  del  si- 
glo V,  originario  de  la  Siria.  Acusado 
de  haber  querido  propagar  los  errores 
de  Teodoro  de  Mcpsueste,  fué  prime- 
ro absuelto  por  los  Concilios  de  Tiro 
7  Ber7te  (446)  7  condenado  después 
por  el  de  Efeso  (449),  por  lo  que  se 
víó  despojado  de  su  silla  episcopal  y 
reducido  á  prisión.  Restablecido  en 
sus  antiguas  dignidades  por  el  Con- 
cilio de  Calcedonia,  en  451,  murió 
siendo  obispo  de  Edesa,  en  Mesopota— 
mia,  el  afio  de  457.  De  sus  obras  sólo 
se  conservan  algunos  fragmentos  de 
una  carta  en  que  da  cuenta  de  los  de- 
bates suscitados  entre  Nestorio  7  sa  11 
Cirilo. 

Iberia.  Nombre  antiguo  7  actual- 
mente poético  de  la  nación  española. 

ErncoLoaf A.  1 .  Vascuence  iha^a 
eroa,  río  espumoso;  latín,  Ibiría. 

2.  La  etimología  del  griego  héspe- 
ra, de  hésperos,  occidental,  qne  Mon- 
laopropone,  no  es  admisible.  Iberia 
7  Hesperia  representan  vocablos  dÍR- 
tintos. 


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IBIS 


IBN 


ICAD  5 


Ibérico,  ca.  A.djetiTo.  Ibbro. 

BruiOLOofA. /¿ma:  latín,  ibirícta; 
catalán,  i6érick,  ea;  francés,  ibérigue; 
italiano,  iberieo. 

Ibérida.  Femenino.  Botánica.  Gé- 
nero de  plantas  cruciferas,  antiescor- 
búticas y  oomeetibles  en  ensalada. 

ETmouxiU.  lima:  latín,  ibbbica 
iirba;  latín  téenieo,  ibbms  wmiellata; 
francés,  ihéridé, 

IberiOf  ría.  Adjetivo.  Ibebo. 

Iberis.  Femenino.  Boiiniea.  Gene- 
ro  de  plantas  cruciferas. 

EnuoLOOÍA..  Ibérida. 

Ibéñta.  Femenino.  Boíámea.  Uno 
de  los  nombres  de  la  seolíta. 

Btucología.  Ibérida. 

Ibero,  ra.  Adjetivo.  El  natural  de 
Iberia  j  lo  perteneciente  i  ella. 

BTiMOLOofA.  Iberia:  latín,  iberj  ibe- 
rU;  catalán,  ibert. 

thi.  Masculino.  Ibis,  ave. 

Zbiaro.  Masculino.  Zoología.  Ser- 

nite  p^ueña  y  majr  peligrosa,  de 
éiiea. 

Btuoloqíju  VomH»  indigtw» 

Ibiboca.  Femenino.  Zoología.  Sa- 
pecie  de  colebra  del  Brasil,  notable 
por  la  belleza  de  sus  escamas. 

BnuoLoaía.  Vocablo  indií^ena. 

Ibice.  Masculino.  Especie  de  cabra 
con  grandes  cuernos,  que  crecen  de 
año  en  afto  hasta  que  llegan  á  tener 
▼einte  nudos:  U&mase  también  rupi- 
capra. 

BTniQU>o£a.  Latín  ibex,  cuyo  hh\a~ 
tÍYO  es  Íbice,  la  gamuza,  especie  de 
cabía  montés.  (Plinio.) 

Xbioenoo,  ca.  Adjetivo.  El  natu- 
ral de  ñúsa  6  lo  qw  pertenece  i  esta 
isla. 

Ibido.  Adjetívo.  Métriea,  Pertene- 
ciente ai  Terso  istcio  dáctilo,  como  el 
siguiente: 

Ibice.  Masculino.  Ibico,  poeta  lí- 
rico gríe^,  que  se  cree  inventó  el 
Terso  íbicio. 

Ibidem.  Adverbio  de  lugar  latino. 
En  castellano  significa  también,  alli 
mismo,  en  el  mismo  lugar.  Q  Palabra 
latina  que  se  usa  para  indícar'quc  lo 
que  se  cita  se  encuentra  mencionado 
en  la  cita  precedente. 

EtiuolooÍa.  Latín  i&idem;  de  ibi, 
allí,  é  Ídem,  lo  propio:  ibidbm  discu- 
bméñmtt  allí  mismo  se  acostaron;  fran- 
eéSf  ibiiem* 

Zbídeii.  Adverbio  de  lugar,  Ibi- 
]>nr. 

Ib|jo.  Masculino.  Omitologia,  Ave 
del  Brasil,  de  la  familia  de  los  go- 
rriones. 

Ibiocéfalo,  la.  Historia  natural. 
Que  tiene  cabeza  de  ibis. 

ETUíOLoofA.  Ihia  y  el  griego  képka- 
li,  cabeza:  franct-s,  ibiocéphaíe. 

Ibiracoa. Masculino.  Zoología,  Ser- 
piente del  Brasil  mu^  peligrosa. 

BnuoLOofA.  Vocablo  indígena:  fran- 
cés, ibiracoa.  (Landais.) 

Ulirama.  Masculino.  Zoología.  Ser- 
piente del  Brasil  muy  grande. 

BrutOLOoCa.  Vocablo  indígena:  fnn- 
eés,  ibirama.  (Landais.) 

lUa*  Femenino.  Ave  indígena  de 


Bgipto,  de  dos  piés  de  altura,  con  el 
pico  muy  largo  jalgo  encorvado.  Las 
hay  enteramente  blancas,  y  otras  que 
tienen  el  cuerpo  blanco,  las  alas  ne- 
gras y  la  cabeza  mezclada  de  encar- 
nado y  amarillo. 

ETiMOLoaÍA.  Griego  t€ti  (ibis):  la- 
tín ibis;  francés  y  catalán,  ibis. 

^«Aia.*— 1.  Se  ha  dicho  que  la  ibis 
se  alimentaba  exclusivamente  de  cu- 
lebras, lo  cual  no  es  exacto.  Se  ali- 
menta de  serpientes,  de  moluscos  y 
de  plantas  fluviales,  cuando  están  tier- 
nas. (LiTTRÉ.) 

2.  También  se  ha  dicho  que  rom- 
pía loa  huevos  de  los  cocodrilos,  como 
si  intentase  extinguir  la  raza  de  di- 
chos animales,  cuya  especie  es  tam- 
bién fabulosa. 

3.  Esta  ave  tiene  un  pico  muy  ar- 
queado y  las  piernas  altas  como  la 
grulla.  Hay  dos  especies.  (Hbbodo- 

TO.) 

4.  En  U  orilla  del  Nilo  nacen  pá> 

}'aros  muj  semejantes  á  las  cigQeúas, 
lamado8(¿w.  (Bsunsto  Latini.) 

5.  Omiíologla.—Sa  el  ibis  religioso 
de  Guvier. 

6.  Historia  antigua,— 'kfo  sagrada 
del  Egipto. 

7.  Filología. — La  forma  etimológi- 
ca es  el  griego  f  (phíbis )^  del  egip- 
cio oAií  (Jib). 

Ibitino.  Masculino.  Zoología.  Ser- 
piente grande  de  las  islas  Filipinas. 

ETiMOLoaÍA.  Vocablo  indígena. 

Ibizón.  Masculino  anticuado.  Ju- 
mento. 

Ibn.  Masculino.  Esta  voz,  lo  mismo 
que  ben  6  ebn,  significa  en  árabe  hijo, 
y  frecuentemente  forma  parte  de  nom- 
bres propíos.  Los  musulmanes  la  re- 
servan ordinariamente  para  ellos  so- 
los. Gl  plural  benon,  beni,  antepuesto 
á  un  nombre  propio,  sirve  para  desig- 
nar los  miembros  de  una  misma  tri> 
bu  ó  de  una  misma  ñimilia  entre  los 
beduinos. 

Ibn-al-Abbar(.\Bu-ABnALLAH-Mi> 
HAMHBn-BBN-AHMED).  Biógrafo  y  poeta 
árabe,  nacido  en  Valencia  en  época 
incierta  y  muerto  en  Túnez  en  lS60. 
Después  de  la  toma  de  Valencia  por 
Don  Jaime  el  Conquistador,  pasó  á  Tú- 
nez, donde  obtuvo  un  empleo  del  sul- 
tán; pero  como  hubiera  satirizado  en 
sus  versos  al  emir  Mostanser,  fué  que* 
mado  con  sus  obras.  Las  más  notables 
que  dejd  son:  El  manto  de  teda,  colee-' 
ci6n  de  los  escritos  de  los  príncipes  y 
nobles  de  Africa  y  España  que  se  de- 
dicaron á  la  poesía,  y  un  diccionario 
de  los  autores  árabes  de  España. 

Ibn-al-Khatib  (Mohamhbd-ben- 
Ahmed).  Historiador  y  biógrafo  his- 

K ano-árabe,  llamado  Luican  Eddyn,  ó 
;n^ua  de  la  religión,  que  nació  en 
1313  y  murió  en  1374.  Sus  principa- 
les obras  son:  Historia  de  los  reges  de 
Gh-anada,  y  Biogra/ía  de  lo»  escritores 
de  España, 

Ibn-al-Katiah  (Abubbkr^Mo- 
hammbd).  Lexicógrafo,  gramático  y 
escritor  árabe-hispano,  que  murió  en 
Córdoba  en  978.  Dejó  una  Historia  de 
la  conquista  de  SspaHa  por  Us  énAet, 
qae,  aunque  bita  de  impardelidad. 


encierra  algunos  datos  por  extremo 
curiosos. 

Ibn-Hayán  (Abu-Mbbvi'Xn).  His- 
toriador árabe-hispano,  que  nació  en 
Córdoba  en  987  y  murió  en  1076.  Es- 
cribió más  de  cincuenta  tratados  y 
comentarios  filosóficos  y  teológicos  y 
varias  obras  históricas,  entre  las  que 
deben  citarse  con  preferenda  las  si- 

f uientes:  Libro  del  fue  desee  natteias 
e  la  historia  dt  Sspañei,  é  Historia  de 
losjuriconsultos  de  Córdoba. 

Ibn-Thofeil  (Abu-Bbkr  ó  Abu- 
Djafar-Mohahubd).  Filósofo  árabe- 
hispano,  que  nació  en  Purchena,  cer- 
ca de  Almería,  y  murió  en  Marruecos 
en  1188.  Fué  médico  y  secretario  del 
gobernador  de  Granada,  y  después  del 
sultán  Abd-al-Mumín.|Era  versado  en 
física,  astronomía,  matemáticas  y  filo- 
sofía^ su  principal  obra  es  la  titula- 
da: Hai  Ibn  YoAdhin,  novela  filosó- 
fica, cuyo  héroe,  abandonado  al  nacei 
en  una  isla  desierta  y  criado  por  una 
cabra,  se  eleva  por  grados  al  conoci- 
miento de  las  más  altas  verdades,  sin 
otro  medio  que  la  reflexión  y  la  con- 
templación de  sí  mismo  y  de  la  natu- 
raleza. 

Ibn-Zeidún  (  Abul-Weud-Ahmbd). 
Poeta  árabe-bispano,  que  nació  en 
Córdoba  en  1007  y  murió  en  Sevilla 
en  1071.  Se  distinguió  por  sus  talen- 
tos poéticosy  brillo  en  la  corte  del  cali- 
fa ommiada  de  Córdoba,  Mohamed  III 
Mostakfí,  cuya  hija  Welladet  se  ena- 
moró del  poeta;  y  como  después  de  la 
muerte  de  su  padre  manifestara  sin 
rebozo  su  pasión,  uno  de  sus  preten- 
dientes, el  visir  Ibn-Abdús,  hizo  en- 
cerrar á  iBN-ZsiDtJN  en  una  prisión,  de 
la  que  logró  escaparse,  refugiándose, 
primero,  en  Valencia,  y  después  en 
Sevilla,  desde  donde  mantuvo  corres- 
pondencia con  sn  amada  y  escribió  á 
su  nombre  un  poema  contra  Ibn-Ab- 
dús, que  ha  sido  traducido  y  comen- 
tado repetidas  veces. 

Ibón.  Masculino.  Provincial  Ara- 
gón. Cada  uno  de  los  lagos  que  se 
forman  de  las  vertientes  del  Piri- 
neo. 

Ibum.  Masculino.  Matrimonio  de 
una  viuda  con  su  cufiado,  entre  los 
judíos. 

Icaco.  Masculino.  Botánica.  Gene- 
ro de  ciruelo  pequeño  que  se  cría  en 
las  Antillas  en  forma  de  sarza.  Su  fru- 
to es  del  taroaSo  de  una  ciruela  da- 

mascena  y  muy  dulce. 

ETiMOLoaÍA.  Vocablo  ind^ena:  fran- 
cés, icaqne;  catalán,  icaco. — «Cierto 
género  de  ciruelo  pequeño,  que  se  cría 
en  las  Antillas  en  forma  de  zarza.  Sus 
ramas  todo  el  año  están  cubiertas  de 
hojas  pequt'ñas  y  prolongadas,  y  dan 
dos  veces  al  ano  unas  flores  hermosas, 
blancas  y  azules,  á  las  cuales  se  sigue 
un  fruto  del  tamaño  de  una  ciruela 
damaseena,  el  cual,  en  estando  ma- 
duro, se  vuelve  do  los  coloros  de  la 
flor.  Es  muy  dulce  y  se  trahe  mucho 
de  las  Indias  en  conserva,  y  la  pepita 
del  tiene  dentro  una  como  almendra 
muy  sabrosa.»  (AcADBuiA,  DicciMa" 
rio  de  me,) 

loadas.  Femenino  plnzal.  ÁntigU- 


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6 


ICAR 


tUdei.  Fiestas  que  celebraban  lot  epi- 
cúreos en  honor  de  Epicuro. 

EnuoLOofA.  Griego  AkU  (eikát)t 
latín,  leltdat;  flraneéi,  iatdet;  catalán, 
ícaá*t. 

Jliilorié, — ^Bra  el  día  TÍgésímo  de 
cada  lana,  significación  de  la  toz  del 
artículo. 

Icáreo,  ea,  á  Icario,  ria.  Adjeti- 
vo. Lo  perteneciente  &  ícaro. 

Btiholooía.  ^earo:  latín,  teUrUu; 
catalán,  icáreo. 

Icaria.  Femenino.  Geografía  auíi" 
yua.  Pequeña  isla  del  mar  Egeo. 

BtiuologU.  /caro,  aludiendo  áque 
fué  el  país  eu  donde  Icaro  eajó:  latín, 
TcMa.  (Plinio.) 

Icarianos.  Masculino  plural.  Bit- 
ioria  ant^ua.  Juegos  celebrados  en 
Atenas,  en  honor  de  Icario  j  de  sa 
hija  Erigona,  que  consistían  princi' 

Salmente  en  columpiarse  en  una  cuer* 
a  colgada  de  dos  arboles. 
IcarioÜB.  Femenino.  Mitologia. 
Sobrenombre  de  Peaélope,  li^a  de 
./isano. 

1.  Icario.  ICaseolino.  Tientos  he- 
roieet.  Padre  de  Penélope,  mujer  de 
Ulises,  j  hermano  de  Tíndaro,  rej 
de  Esparta,  que  obligó  á  los  preten- 
dientes de  su  hija  i  disputarla  en  los 
juegos  que  les  hizo  celebrar.  £1  padre 
de  Penélope  era  un  lacedemonio  noble 
7  poderoso,  qne  habitaba  en  Esparta 
cuando  Ulises  le  pidió  auhija,  j  que, 
no  pudiendo  decidirse  á  separarse  de 
ella,  pidió  á  Ulises  fijase  en  Esparta 
su  residencia,  peio  inútilmente.  Mar- 
chó Ulises  con  su  mujer  é  Icasio  le 
buscó  para  ^ue  regresase  á  Esparta. 
Entonces  Uhses  dejó  á  su  mujer  en 
libertad  para  resolver  j  Penélope  nada 
respondió,  sino  que  bajó  los  ojos  j  le 
cnbriú  con  su  velo.  Icabio  no  iiuistió 
mis;  dejó  partir  á  su  hija  é  hizo  eri- 
gir en  aquel  sitio  un  altar  al  pudor. 

2.  Icario.  Masculino.  Tiempos  he- 
roicos. Hijo  de  (Ebalo,  padre  de  Erí- 

fona,  contemporáneo  de  Paudión,  re^ 
e  Atenas,  que  aprendió  de  Baco  el 
cultivo  de  la  vid  j  el  arte  de  hacer 
vino.  Murió  á  manos  de  algunos  que 
creyeron  que  había  envenenado  á  sus 
vecinos  v  amibos  con  dicho  licor; 
pero  los  dioses  íe  colocaron  entre  los 
astros,  donde  forma  la  constelación 
Bootet.  Es  de  advertir  que  las  mujeres 
de  los  que  bebieron  vino  se  sintieron 
poseídas  de  un  gran  fnrorj  qne  no 
cesó  hasta  que  el  oráculo  onlend  que 
se  celebrasen  fiestas  en  honor  de 
Icabio.  Estas  fiestas,  que  fueron  los 
llamados  juegos  icímanot,  consistían 
en  balancearse  en  una  cuerda  ó  co- 
lumpio que  se  sujetaba  á  dos  árboles. 
Mera,  una  perra  de  Icario,  descubrió 
a  Erigona  el  lugar  en  que  estaba  se- 
pnltado,  j  Erigona  se  ahorcó  de  un 
árbol.  Júpiter  convirtió  á  Icabio  en  la 
constelación  Bootes  ó  Borero;  á  Eri- 
gona, en  la  constelación  Virgo,  y  á  la 
perra  Mera,  en  la  Canícula. 
Icario,  ria.  Adjetivo.  Icíbbo. 
Icaro.  Masculino.  Mitología*  Hijo 
de  Dédalo,  que  dió  nombre  al  mar 
Bgeo  por  habar  caído  en  él,  huyendo 
de  Oiet»  ooB  «aaa  alas  pegadai  oon 


ICNE 

cera,  la  cual  se  derritió.  (Caballbbo.  ) 

Etiuolgoía.  Griego  'Ixápo^  (Iká» 
ros):  latín,  IcÜnu;  francés,  Icaro;  ca- 
talán, Icaro, 

Reseña. — Hijo  de  Dédalo  que,  que- 
riendo escapar  de!  laberinto  ae  Creta, 
donde  estaba  cautivo,  se  remontó  á  los 
aires  valiéndose  de  alas  formadas  con 
plumas  unidas  eon  cera;  pero  habién- 
dose elevado  demasiado,  el  calor  del 
sol  la  derritió  y  cayó  en  aciuella  parte 
del  mar  Egeo  que  después  se  llamó 
mar  icariano.  Según  otros,  Icaro  pudo 
ser  cierto  navegante  que  pereció  por 
querer  servirse  de  la  vela,  inventada 
poco  antes  por  Dédalo.  (Véase  Dú- 
dalo.) 

Icástico,  oa.  Adjetivo.  Natural, 
sin  disfraz.  (Caballero.) 

EtdcolooU.  Gri^o  tbu&«  (eH^n), 
efigie,  simulacro,  imagen:  naneás, 
ieatíique. 

Reseña. — 1.  Aplícase  i  la  ^esía 
que  forma  imagen,  en  cuyo  sentido  se 
dice:  pot$ia  icJíItioa. 

2.  El  griego  tiis»  no  significa  so- 
lamente la  imagen  exterior,  sino  la 
imagen  concebida  en  la  mente;  'esto 
es,  la  imagen  psicológica. 

Icelo.  Masculino.  Mitología,  Uno 
de  los  Sueños,  hijo  de  Morfeo,  el  mis- 
no  que  Fobetor. 

Icenos.  Masculino  plural.  Anti- 

guoB  habitantes  de  un  territorio  de  la 
retaüa  romana. 

EriMOLoafA.  Latín  Idni.  (Tícito.) 

Iciar  (Jüah).  Gramático  y  calígra- 
fo español,  que  nació  en  Durango 
en  I5o0.  Era  profesor  de  idiomas  y 
un  buen  dibujante,  dejando  una  obra 
titulada:  Ortografía  práctica  ó  arto  de 
escribir. 

Icica.  Femenino.  Qaisijca.  Besina 
que  se  extrae  del  ieieariba. 

Etimología.  Lenguaje  técnico,  ici* 
OA  aracowhini, 

Ieieariba.  Masculino .  Botánica, 
Arbol  resinoso  del  Brasil. 

ErmoLOolA.  Vocablo  indígena, 

Icipo.  Masculino.  Botánica.  Arbol 
trepador  del  Brasil. 

Iciquero.  Masculino.  Botánica.  Ar- 
bol de  la  Guyana. 

Etiholooía.  Francés  idqnier, 

Icmadófllo,  la.  Adjetivo.  Botáni- 
ca. Epíteto  de  las  plantas  que  crecen 
en  lugares  húmedos. 

STiMOLoaÍA.  Griego  Uffcic,  U|tiSo^ 
(ikmás,  ikmádosjt  humor,  vapor,  y 
pkílas,  amante. 

Icnanto,  ta.  Adjetivo.  Botánica. 
Epíteto  de  las  plantas  cuyaa  flores  son 
estriadas. 

ExiMOLoaÍA.  Griego  ij^vo?  (icknosj, 
huella,  y  ánthos,  flor. 

Icnea.  Femenino.  Mitología.  So- 
brenombre de  Temis  y  de  Nemesis. 

Btucolooía.  Griego  Eyveút»  ( tchncúd ), 
yo  persigo:  francés,  Ichnaa. 

Icneumógeno,  na.  Adjetivo.  Que 
engendra  icneumones.  \  Que  es  pro- 
ducido por  el  icneumón. 

BTUioLoaÍA.  lauúmon  y  genoSf  pro- 
le: Ij^VEtSjlblV  7¿voc. 

Icaenntogenosis.  Femenino.  Me- 
dieim.  Enfermedad  producida  por  la 
inenbaeión  de  los  husToa  del  leneu- 


IGON 

món,  depositados  en  los  tejidos  vege- 
tales ó  animales. 

IÍtiuolooía.  lenewtu^eno. 

Icneumologia.  Femenino.  Suto- 
ria naiwal.  Tratado  sobre  loa  icneu- 
mones. 

Etiuolooía.  leneémdn  y  lógot,  tra- 
tado: l;^vcú[u«v  X¿yoc. 

IcneumÓD.  IbscnÜno.  Zoología. 
Mamífero  carnicero  del  género  gato, 
parecido  i  una  marta.  ¡  Entom>U)gia. 
Género  de  insectos  himenópteros,  que 
agujerean  el  cuerpo  de  la  oruga  para 
deponer  sus  huevos. 

EtiholgoÍa.  Griego  ickneúmon 
(l^veiifui»);  de  ichnoiiio  (Ixvcóu),  seguir 
la  pista,  forma  verbal  de  ichnos,  traza: 
francés,  ic^^amon;  catalán,  icn^mon. 

IcneamoniuM.  Adjetivo.  lointu- 

UÓNIDO. 

Icneomónido,  da.  Adjetivo.  His- 
toria natural.  Parecido  al  icneumón. 

EnuoLoof  A.  Icnoúmon  y  éidoc,  for- 
ma. 

Icneamonio,  aU.  A^jetiTo.  Ic- 

NBUUÓNIDO. 

Icniógntfo»  loHÓOBAio.  La  forma 
iaüógrajoj  qne  apaieoe  en  algunos 
Dieaonarios,  es  buhara. 

Icno.  Prefijo  técnico,  del  griego 
t^vcK  (ichnos),  traza,  figura,  represen- 
tación, apariencia. 

Icnografia.  Femenino.  Arqnitectn- 
ra.  Delineación  de  la  planta  de  algún 
edificio. 

BTiuoLoaÍA.  Griego  icknos,  traza, 
y  graphñn^  describir:  francés,  icAtie- 
graphie;  catalán,  icnografía. 

Icnográfico,  ca.  Adietivo.  Lo  que 
pertenece  á  la  icnograna,  6  está  he- 
cho según  ella,  en  cuyo  sentido  se 
dice:  plano  icnoqbXpico;  disoño  icno- 
gráfico. 

ETiHOLOaÍA.  Francés  icinographi- 

qw.  catalán,  i^Mgráñch,  ea. 

Icn^rafo,  fa.  Masculino  y  feme- 
nino. Didáctica.  Autor  cuyas  obras 
consisten  en  figuras. 

Etimolooía.  Icnografía:X-ri^'^^o<i 
(ichnos  aráphos);  francés,  icKnograpne, 

Icnologia.  Femenino.  Pintura  y 
escultura.  Representación  de  las  virtu- 
des, vicios  ú  otras  cosas  morales  ó  na- 
turales, con  la  figura  ó  apariencia  de 
personas. 

BnuoLoaÍA.  Griego  ichnos,  traza, 
y  légos,  discurso:  fx^o;  Xóyoí. 

Icnozoario.  Masculino.  ZoológUi. 
Ser  que  sólo  tiene  rudimentos  de  ani- 
malidad. 

BruiOLoaÍA.  Griego  icAaes,  traca, 
y  tSárion,  animalejo,  diminutivo  de 
zdon,  animal:  tjiywi  (wd^iov. 

Icoglán.  Masculino.  Paje  Aú  ae- 
rrallo. 

BriHOLOofa.  Toreo  itch,  interior,  y 
oghlan,  paje:  ítch-oghlan  (^j/)^  gl), 

«paje  interior;>  francés,  icogla*. 

Icónico,  ca.  Adjetivo.  Antigüeda- 
des griegas.  Estatua  icónica.  Esta- 

I  tua  que  se  erigía  al  que  había  sido 
vencedor  tres  veces  en  los  juegos  aa- 

'  grados.  |  Didáctica.  (Conforme  al  mo- 
delo. 

BnuoLOoia.  Icono:  griego  sUovtxóc 
1  { 9ÍkMiÍkd$)¡  firaneési  ieomgve, 


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ICON 


ICOR 


ICTE  7 


jSm/irfff  ííÍBWÍíí^.— Llamóse  ítU- 
/M  icÓNiCÁ»  porque  en  de  tamaño 
natanl;  esto  es,  semejante  ti  modelo. 

Iconismo.  MascuUao.  Didáctica. 
Representación  figurad»  6  simbólica 
dei  pensamiento. 

BTiMa>oa£iL.  Ícom. 

Icono.  Masculino.  Imagen,  retrato. 

BruoLoeÍA.  Griego  tbu¿>  (etkon), 
imagen:  latín,  iem,  %c&n%»;  catalán  an- 
tiguo, ico%. 

Iconoclasmo.  Mascolino.  Doetxina 
di  los  iconoclastas. 

BTiHOLoaf  A.  JcomocUuia:  ftances, 
iconocUumí. 

Iconoclasta.  Adjetiro.  Historia 
tcletiátíiea.  Hereje  que  niega  el  culto 
debido  i  las  sagradas  imágenes.  Se 
usa  como  sustantivo. 

BriHOLoaÍA-  Griego  iIxovoxX¿mi{ 
(eikonokUttes),  despedazado?  de  imá- 
genes; de  ntí»,  figura,  j  iláo,  jo 
rompo:  feaneéa,  ieMoclaiU;  catalán, 

JÍMfÜa^l.   Los  lOOMOCLASTAS,  á 

imitación  de  los  sarracenos,  acusaban 
á  los  cristianos  de  idolatrf  a.  (Bosstmr, 
ñktñre,  i,  ít.) 

%  Bata  herajia  fué  condenada  en  el 
Concilio  de  787,  adonde  el  Papa  envió 
IOS  liados, 

3.  El  iconoclasmo  apareció  en  el  si- 
glo vm  jr  fué  seguramente  una  de  las 
sectas  más  terribles  de  los  tiempos 
medios.  La  historia  nos  conserva  el 
nombre  de:  pertecueián  zconoclasta. 

4.  Los  hiwoliotes  se  hicieron  nota- 
bles por  stt  raror  contra  las  imágenes 
divinas. 

5.  Los  rosos  eran  ponto  menos  que 
lOONOCLASTAS,  SO  tanto  que  los  mos- 
covitas exageraron  el  coito  de  las  san- 
tas imágenes,  hasta  convertirlo  en 
idolatría.  (Comdb  ds  Sboub,  Hút.  de 
Nm.,  VJ,  L) 

o.  Confirman  las  noticias  anterio- 
res los  datos  siguientes:  Secta  cujo 
origen  se  hace  remontar  al  año  485,  en 
tiempo  del  emperador  Zenón.  Consi- 
deraban como  una  idolatría  el  culto 
de  las  imágenes,  jrdestrureron  un  sín< 
número  de  estatuas.  Su  doctrina,  que 
el  emperador  León  el  Itauriano  hizo 
aprontr  en  un  Concilio  habido  en 
Constantinopla  el  afio  730,  fué  coiid&< 
□ada  por  otros  Concilios,  en  787  y 
en  842,  j  no  tardó  en  desaparecer.  Su 
herefía  entrañó,  por  decirlo  así,  la  in- 
surrección de  Italia  contra  León  el 
ItamianOf  la  formación  del  poder  tem- 
poral de  los  papas,  j,  por  tanto,  la 
restauración  del  impeño  romano  en 
Occidente.  Es  la  misma,  en  su  ma^or 
parte,  que  reprodujeron  los  valden- 
ses,  los  albígenses,  los  hussitas  y  los 
protestantes  del  siglo  xvi. 

Iconódulo,  la.  Masculino.  Ioonó- 

loonófllo,  la.  Adjetivo.  Didáctica. 
Amante  de  las  imágenes  j  pinturas. 
I  Conocedor  en  cuadros. 

EniioLoaÍA.  Griego  eikS»,  imagen, 
J  phUoSj  amante;  »bu¿v  <p(Xoc:  francés, 
icQiupkile^ 

Icánografia.  Masculino.  Ionooba> 
FÍA.  I  Tratado  ó  colección  de  imágfr- 
QM  o  latntos. 


EriiíOLoaÍA.  Griego  eikon,  imagen, 
figura,  y  graphñn,  describir:  catalán, 
icono^rajla;  francés,  icwographie;  la- 
tín, tcimogrSphia. 

Iconogrificameate.  Adverbio  de 
modo.  Según  los  preceptos  iconográ- 
ficos. 

BnuoLOOÍA.  Iconográfica  j  el  su^o 
adverbial  mente. 

Iconográfico,  ca.  Adjetivo.  Con- 
cerniente á  la  iconografía. 

EnMOLOofA.  leonogra/ia:  trancés» 
iconográjick,  ca. 

Iconógrafo,  fa.  Masculino  y  fé- 
meniao.  versado  en  iconografía. 

ETiuoLoafA.  Iconografía:  griego, 
ebuüv  ypÁftú;  francés,  tconograpKe. 

Iconólatra.  Masculino  j  femenino. 
Adorador  de  imágenes. 

EtiuologIa.  Griego  tUtiít  (eikdnjf 
imugQQ,  jXazptlaflatreíaJ,  adoración: 
francés,  tconotátre;  catalán,  ieonélatra. 

Iconolatría.  Femenino.  Adoración 
rendida  á  las  imágenes, 

Btikolooía.  Joonílatm  fnaoés,  *»- 
nol&trie. 

Iconología.  Femenino.  Ár^ueolo- 
gia.  Ciencia  que  tiene  por  objeto  el 
conocimiento  de  las  imágenes,  pinta* 
ras.  emblemas,  etc. 

BTiifOLoafA.  Griego  slxoveXoyla  ( ei- 
konologia);  de  «tAñi,  imagen,  j  lógost 
tratado:  catalán,  iconología;  nances, 
iconologie. 

Iconológicamente.  Adverbio  de 
modo.  Conforme  á  la  iconología. 

BnuoLoafA.  Iconok^iea  y  el  sufijo 
adverbial  mente, 

Iconológico,  ca.  Adjetivo.  Con- 
cerniente á  la  iconología. 

ETiuoLoaÍA.  Iconoloigia:  firancés, 
iconokgiqne. 

Icon¿logo,  ga.  Masculino  y  feme- 
nino. Versado  en  iconología. 

EtiuolooÍa.  Jcme/fjrífa:  francés, 
ieonolegitíe, 

Icon6maco.  A4jetiT0.  Iconoclas- 
ta. 

ExMOLoalA.  Griego  mAm,  imagen, 
y  mache,  combate;  AxMo^Á¡(p^;  fran- 
cés, iconomaqne;  catalán,  iconómaco. 

Iconomania.  Femenino.  Manía  por 
las  imágenes. 

EnuoLoafA.  Griego  eikdn,  imagen, 
y  manía,  furor:  francés,  iconomanu. 

Iconomanáaco,  oa.  Adjetivo.  Que 
tiene  iconomanía. 

Iconónuno,  na.  Adjetivo.  Ic<aio- 

HANÍACO. 

IconoBtaali.  Femenino.  Iglesia 
grÍMa.  Gran  retablo  de  santos. 

Etiuoloqía.  Griego  stxuvovriatc 
(eikdnostásis);  de  eii^n,  imagen,  7itó- 
sis,  situación:  francés,  ieonottase. 

Iconóstrofo.  Masculino.  Física. 
Instrumento  óptico  que  sirve  á  los 
grabadores  para  copiar  los  modelos. 

Btimoloqu.  Griego  eikdn,  imagen, 
;f  ttr^hein  (<npí^iv),  girar:  francés, 
icOMStrophe. 

Icor.  Masculino.  Medicina.  La  san- 
gre aguanosa,  mezclada  con  pus  acre 
fétido,  producto  de  una  inflamación 
e  mal  carácter.  |  Mtíologia.  Líquido 
que  corre  por  las  venas  de  los  dioses, 
como  corre  la  sangre  por  Isi  venas  de 
los  mortales,  (üokbbo.) 


BniioLoafA.  Griego  íjiof  (ichor): 
francés,  ichor. 

looroides.  Adjetivo.  Ico&osü. 

Icoroso,  sa.  Adjetivo.  Medicina. 
Lo  que  participa  de  la  naturaleza  del 
ícor  ó  se  refiere  s  él,  en  mjo  sent^o 
se  dice:  pus  icoaosc 

BTiuoLoaÍA.  Icor:  francés,  íciitffvitil. 

Icosáedro.  Masculino.  Qemotría, 
Cuerpo  regular,  termtmado  por  veinte 
triángulos  equiláteros. 

BTIHOLOaÍA.  Griego  sbcoaduSpc^ 
(eilotáedros);  ¿mat  (eikosi),  veinte, 
j  SSpa  (e'dra),  cara:  francés,  icosaédre. 

Icosandria.  Femenino.  Botánica. 
Clase  de  plantas  que  comprende  Uíí 
^ue  tienen  veinte  estambres  adheridos 
a  la  pared  interna  del  cáliz. 

Etiholooía.  Griego  elkosi,  veinte, 
y  aner,  macho,  estambre:  francés,  ico- 
sandrie. 

Icosittdríco,  ca.  Adjetivo.  Con- 
cerniente á  la  icosandria. 

EtiuolooÍa.  Icosandria:  ¿ranees, 
ieosandrigue, 

Icosandro,  dra.  Adjetivo.  Botáni- 
ca. Planta  icosandra.  Hanta  que 
tiene  veinte  ó  más  estambres  insertos 
sobre  el  cáliz,  á  diferencia  del  pcdian- 
dro,  que  loi  tiene  insertos  sobn  el  re- 
ceptáculo. 

BnuoLOk.V  ^fosandHé:ftaaíOi6á,üo- 
sandre. 

Icosaprotia.  l<6monÍQo.  Historia 
anUgna,  Dignidad  del  ícosaproto. 

mwoLoaÍA.  Griego  kxo7i  (eíkosijj 
veinte,  y  itpüno^  (próíosj,  primero. 

Icosaproto.  Masculino.  Nombre 
de  cada  uno  de  los  veinte  priaisroB 
ciudadanos  de  una  población  gfi^a, 
bajo  la  dominación  latina. 

EtiuolooÍa.  Icosapretía. 

Icosigono,  na.  Adjetivo.  Didáap' 
es.  Que  tiene  veinte  ángulos. 

EtiuolooÍa.  Griego  eíkosi,  veinte, 
j  gonot,  ángulo;  itxon  yuiviK:  francés, 
teosigone. 

Icotea.  Femenino.  ¿Zoología.  Cua- 
drúpedo semejante  á  la  tortuga,  dt3 
piernas  cortas  j  pies  palmeados,  quo 
vive  naturalmente  en  lus  bosqui^s, 
manteniéndose  de  las  hojas  de  los  ár- 
boles; y  después  de  cogido  se  man- 
tiene sin  dificultad  en  estanques. 

Ictérapo,  pa.  Adjetivo.  Zoología. 
Que  tiene  amarillas  las  piamas  o  las 
patas. 

Btimolooía.  Ictero  y  jreSs,  pie. 

1.  Icteria.  Femenino.  cWleiW 
eia.  Género  de  pájaros  tilnoos  de  los 

£stados  Unidos. 
EtiuolooÍa.  Icteria  2. 

2.  Icteria.  Femenino.  Piedra  pre- 
ciosa amarilla,  que  dicen  ser  buena 
contra  la  ictericia.  (Plinio.) 

ETiuoLoaÍA.  Jctero:  griego  iKXíp'-.ac 
(iiíerías);  latín,  ietMas;  ca.UkUu,  icte- 
ria. 

Ictericia.  Femenino.  Medicina.  £n< 
fermedad  causada  por  la  falta  de  ex- 
creción de  la  bilis,  ó  de  su  libre  curso 
por  el  duodeno,  y  cuja  señal  exterior 
más  nerceptible  es  la  amartll»  de  la 
piel  de  las  conjuntivas. 

EtiuolooÍa.  1.  Griego  fimpoc  ^ito- 
rosjt  color  amarillo:  origen  iguoiado. 
(LittbA.) 


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8  IGTI 


IGTI 


ICTI 


2.  Iktero$  se  deriva  de  ikíit,  cierta 

comadreja  que  tiene  los  ojos  amari- 
llos, ó  de  (kttrotf  oropéndola,  ave  que 
tiene  el  plumaje  en  ^an  parte  ama- 
rillo. (MONLAU.) 

3.  Iktis  é  íkieros  son  el  mismo  vo- 
cablo de  origen:  catalán,  ictericia; 
francés,  ictire,  ictericie. 

Ictericiado,  da.  Adjetivo.  Medici- 
na. Kl  que  padece  ictericia. 

E-miOLOOÍA.  Icíericiarse:  catalán, 
ictericiat,  da. 

Ictericiarae.  Raeíproco.  Cootiaer 
la  ictericia.  (GABáLLBso.) 

Ictérico,  o«.  Mediám,  Adjetivo 
que  se  aplica  al  qne  tmdeee  ictericia  j 
M  pwteseciente  &  ella. 

BTiMOLOafA.  Ictericia:  griego,  Ixxe- 
ptxóí  (iklerikós);  latín,  icl^rícus;  fran- 
cés, ictérique:  catalán,  ictérich,  ca. 

Ictericoides.  Adjetivo.  Afedicina. 
Epíteto  de  la  calentura  complicada  con 
ictericia. 

Etimología.  Icterode. 

Icterino,  na.  Adjetivo.  Medicina. 
Kpíteto  de  la  calentura  complicada 
con  ictericia. 

lotero.  Prefijo  técnico,  dol  griego 
txwpoc  (íkterot),  amarillo. 

IctérocéfÍRlo,  la.  Adjetivo.  HisUh 
ria  natural.  De  cabeza  amarillenta. 

BmKHAaU.  Griego  íHm»,  color 
amarillo,  j  képhali,  cabeza:  francés, 
icttrocépkaU, 

Icterode  6  icterodes.  Adjetivo. 
J/ifí/íciíia.  Ictérico  ó  ICTERINO.  ||  Nom- 
bre que  dan  alguuos  médicos  á  la  fie- 
bre amarilla. 

Etimología.  Griego  iKieptúSijí  (ikte- 
rodes };  de  ikt»99,  couiT  amarillo:  fran- 
cos, icterode. 

Icteroide  ó  icteroidw.  Adjetivo* 

IcTdRICO,  lOIBRIMO. 

loteroldAO,  dMu  Adjetivo.  Ictb- 

BIHO. 

Icterómelo,  la.  AdjetiTO.  ffistoria 
Mterof.  Que  presenta  uña  meiola  de 
amarillo  j  negro. 

Btimolgoía.  Griego  íkígros,  amari- 
llo, j  meías,  negro:  txTtpo;  [liXac, 

Icterdpodo.  IcTÉBAPo. 

Btuología.  Ictérapo:  francés,  ict¿~ 

ropode. 

Icteropso,  sa.  Adjetivo.  Historia 
natural.  Uujos  ojos  son  amarillos,  ó 
estiín  rodeados  de  una  faja  amarilla. 

Etimología.  Griego  íkieros,  amari- 
llo, y  óptis,  vista:  i'xxepoq  o^»i. 

Icteróptero,  ra.  Adjetivo.  Oniiüh 
logia.  De  alas  amarillas. 

BwiíOLOaÍA.  Griegj  íkieros,  amari- 
llo, y  pteróñ,  ala:  fxisp<n  ircepóv. 

Icteroto,  ta.  Adjetivo.  Ristoria 
MHmtL  De  orejas  amarillas,  ó  eeroir- 
das  de  una  amsx^la. 

BnuoLoeia.  letmj  oítB,  íii$  (eic» 
m6()f  oído. 

Ictiaco,  ca.  Adjetivo.  Concernien- 
te á  los  pescados. 

Etimoi.oiíía.  Icíio:  grieg-o,  i^^Oyixóq 
(ichlhi^ikós);  francés,  tdtthijiqne. 

Ictico,  ca.  Adjetivo.  luriAuo. 

Ictidia.  Femenino.  Zoología.  Ge- 
nero de  mamíferos  caraíeñoa* 

BTUioLoaÍA.  Ictio. 

Ictídino,  na.  Adjetivo.  Zoología. 
Concomiente  ó  análogo  al  ictidion. 


Ictidion.  Masculino.  Zoohgia,  Gé- 
nero de  gusanos  infusorioa. 

BriuoLoaía.  Ictidia. 

Ictido,  da.  Adjetivo.  Zoología. 
Análogo  ó  concerniente  á  la  ictidia. 
II  Masculino.  Ictidia. 

Ictidon.  Masculino.  Ictidion. 

Ictinia.  Femenino.  Ornitología.  Es- 
pecie de  ave  de  presa  de  la  Guajana. 

Etimolgoía.  icíio. 

Ictio.  Prefijo  técnico,  del  griego 
l^Bii»;  (ichtkys),  pescado. 

Ictiocentauro.  Maseulino,  Mitolo- 
gía, Nombce  que  solfii  dañe  á  los  tri- 
tones. 

EnuoLoaía.  leiio  j  eenfauro. 
Ictióofda.  Femenino.  Cola  de  pes- 
cado. 

Etimología.  Griego  l^^fluoxóXXa  (ick- 
ihyokóUa);  de  ichtkys,  pescado,  y  kól- 
la,  cola:  francés,  icnthgocolle, 

Ictiodes.  Adjetivo.  Bisíoria  natu- 
ral. Parecido  á  un  pescado. 

EtiuoloqÍa.  Ictto  y  éidott  forma: 
francés,  ickthyofde. 

Ictiodonte.  Masculino.  Icttologia. 
Sinónimo  de  glosopetro. 

ExuiOLoaÍA.  Griego  ichikjfif  pesca- 
do, y  diente:  francés,  iekthyo- 
donte. 

IctiodMdlito.  Masculino.  Ictiolo- 
gía. Gruesa  espina  huesosa  fiSsil,  que 
parece  haber  pertenecido  á  la  aleta  de 

varios  pescados, 

Etimolooía,.  Griego  ichthgs,  pesca- 
do; di)rg,  lanza,  y  Uihotf  piedra-,  l^Oú^ 
Sóp  XtOoi;:  francés,  ickthyodorglithe. 

Ictiofagia.  Femenino,  Costumbre 
de  alimentarse  de  pescados, 

Etimoldoía.  Griego  ichthi/t,  pesca- 
do, y  pAagein,  comer:  francés,  iehthyo- 
phagie. 

tctiófago,  ga.  Adjetivo.  Bl  que  se 
mantiene  de  peces.  ||  Sustantivo  plu- 
ral. Loa  lOTIÓPAGOS. 

ETiuoLoaÍA.  Ictiofagia:  griego, 
ív6uoT>á-pc  (iohihyophágia);  francés,  tch- 
thyophage;  cataían,  ictiófach. 

Ántropologia, — Aplícase  á  los  pue- 
blos 6  razas  que  se  alimentan  de  pes- 
cados, en  cujo  sentido  se  dice:  p%e~ 

bloS  ICTIÓFAQGS. 

Rcssiia  histórica. — Nombre  que  los 
antiguos  dieron  á  algunos  pueblos, 
poco  conocidos,  de  las  costas  de  mar. 
Contábanse  cinco  clases,  á  saber:  1.', 
etiopes,  que  Ptolomeo  coloca  en  el  ex- 
tremo Oriente,  en  el  país  de  Sines,  en 
las  costas  del  Gran  Golfo  (golfo  de 
Martabán  ó  do  Siam);  2.',  gedrotianot, 
que  habitaban  la  costa  de  la  Gedrosia, 
en  el  mar  Eritreo;  3.',  árahet,  en  la 
costa  Norte  de  la  Arabia  Feliz,  á  lo 
del  golfo  Pérsico,  desde  la  en- 
de este  golfo  hasta  el  promonto- 
rio del  Sol  (cabo  Ras-el-Had),  4.*,  tro- 
stoditas,  en  la  costa  Oeste  del  mar 
flojo,  á  lo  lar^o  del  río  del  alto  Egip- 
to j  de  la  Etiopía,  hasta  el  estrecho 
Diré  (Bab-el-Mandeb);  y  5.',  occiden- 
tales, que  Ptolomeo  coloca  en  la  costa 
( tosté  de!  Africa,  en  una  posición  que 
parece  referirse  al  moderno  país  del 
tíenegal. 

Ictiófilo,  la.  Masculino  y  femeni- 
no. AiiL-iuiiado  al  pescado. 
BtiuoloqU.  Gnego  ichthys,  pesca-  i 


do,  y  philos,  amante:  francés,  ichthyo- 
phyíe. 

Ictiografía.  Femenino.  Zoología. 
Descripción  de  los  pescados. 

Etimología.  Icíio  y  graphein,  des- 
cribir. 

Ictiógrafo,  fa.  Masculino  y  feme- 
nino. Versado  en  ictiografía. 

Etimología.  Griego  Í^Oú^  ypátpw 
( ichthys gráphd). 

Ictioíites.  Masculino  plural.  Ictio- 
logía. Peces  petrificados,  ó  piedras  en 
que  se  hallan  impresas  figuras  de  pe- 
ces. 

Btiuología.  Ictio  y  Uthos,  piedra: 
txBiíc  XtOoc  (ichthys  lithot). 

XctioUto.  Masculino.  letíologia. 
Pescado  fdsil. 
Etiuolgoía.  Ictiolitet. 
Ictiolitologia.  Femenino.  Ictiolo- 
gía, Estudio  ohistoria  de  los  pescados 
fósiles. 

ExuioLoaía.  IctioUto  y  l^oi,  tra- 
tado. 

Ictiología.  Femenino.  Ciencia  que 
trata  de  los  pescados. 

Btiuología.  Ictio  y  Idgoi,  discurso, 
doctrina;  tjtftuoXoYÍfií'  iehtkyología  J:ttaa- 
cés,  ichthyologie;  catalán,  ictiología. 

Ictiólogo,  ga.  Masculino  y  feme- 
nino. Versado  en  ictiología. 

BTiMOLoafa.  Jetiol^ia:  francés, 
iehthyologisíe. 

Ictiomancia,  Femenino.  Antigiiíe- 
dadet,  Adivinaeién  por  el  examen  de 
las  entrañas  de  un  pescado. 

Etimología.  Ictio  y  mantetat  adivi- 
nación: catalán,  ictMmáneU;  francés, 
ichthyomancie. 

Ictiomórflco,  ca.  Adjetivo.  Histo- 
ria nat%ral.  Que  tiene  forma  de  pes- 
cado. (Caballero.) 
Btimolooía.  Jctiomorfo, 
Ictiomorfo,  fri.  Adjetivo.  Didácti- 
ca, Que  tiene  forma  de  pescado, 

ErniOLOofA.  Ictio  y  morpki,  forma; 
t^6t><;  (topf ij :  francés,  iekthjfomorpke. 

Ictiopsofosís.  Femenino,  /etiolo- 
gía. Ruidos  que  el  pescado  produce, 
atribuidos  á  los  músculos  de  la  vejiga 
pneumática. 

Etimología.  Ictio  y  ptdpkot»  ruido; 
l^6ú;  <^óffQ^,  cruido  de  pescado:»  fran- 
cés, ichthyopsophote, 

Ictiosarcolita.  Femenino.  Conqui- 
liología. Género  de  concha  fósil  y  mul- 
tilocular. 

Btimología.  Ictio,  pescado;  tárx, 
carne,  y  líthos,  piedra:  í^Oú^  <iáp£  Xífti^, 
Ictioaauriano,  na.  Adjetivo.  Zoo- 
logia.  Parecido  á  un  ictiosauro. 

EriHOLoaÍA.  letiotauro:  francés, 
ichthyotaurim. 

Ictiosauro.  Masculino.  Zoología, 
Género  de  reptiles  escamosos. 

Etimología.  letio  y  uniros,  lagarto: 
francés,  ichthyosanre. 

Heseña.^hos  ictiosauros  (tx^úq 
ffaüpot;)  pertenecen  á  las  épocas  anti- 
diluvianas. 

Ictiosis.  Femenino.  Medicina.  En- 
fermedad cutánea  que  consiste  en  la 
erupción  de  escamas. 

Etimología,  /dio:  francés,  ichthyose. 
Ictiospóndilo.  Masculino.  Ictiolo- 
gía, Vértebra  fósil  de  pescado. 
1   Etimología.  Griego  ichihg$t  pesca- 


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IDAG 


IDEA 


IDEA  9 


do,  j[  tp6ndyU$i  "(*ví»X*<:  fran- 
cés, ichtkyoipoñd^U. 

Ictás.  Masculino.  Zoología.  Especie 
de  marta  de  la  isla  de  Gerdeña. 

BnuOLOaU.  Griego  heM  (UtitJ:  la- 
tía, klút  ietÜitt  U  eomadnja.  (Pu- 
mo.) 

IcUU.  Femenino.  Minenlofia. 
Piedra  qae  tiene  una  eaTÍdad  pareci- 
da &  un  pescado. 

EtiuoloqU.  Icíic  j  el  sufijo  de  his- 
toria natural  ita,  formación. 

Ichal.  líasculíno.  El  campo  6  te- 
rreuD  cubierto  de  icho. 

Ichara-muii.  Masculino.  Espe- 
cie de  raíz  con  que  los  orientales 
nielen  corar  la  mordedaia  de  la  ser- 
piente. 

Icho.  Masculino,  Iohú. 

Ichú.  Masculino.  Especie  de  heno 
que  se  cría  espontáneamente  en  las 
partes  altas  del  Peni,  y  sirve  de  ali- 
mento á  las  llamas  j  dem&s  cuadrú- 
pedos de  au  especie,  j  delcombustible 
para  las  minas. 

HtmoLoaÍÁ.  Voea&hperuaiu, 

1.  Ida.  Femenino.  SI  acto  de  ir  de 
un  lugar  &  otro,  f]  Metáfora.  Impetu, 
prontitud  6  acción  inconsiderada  é 
impensada;  y  así  se  dice:  tiene  Fulano 
noas  iDjis  notables.  ||  Stgrina.  Aco- 
metimiento que  hace  el  uno  de  los 
competidores  al  otro  después  de  pre- 
seutar  la  espada.  ||  Montería.  Señal  6 
rastro  que  hace  la  caza  en  el  suelo  con 
los  pies.  Q  y  vbnida.  Locución.  Parti- 
do o  oonrenio  en  el  juego  de  los  cíen- 
tos,  en  que  se  fenece  el  juego  en  cada 
mano  sin  acabar  de  contar  el  ciento, 
pagando  los  tantos  i^iin  las  calida- 
des de  ¿1.  I  En  o08  idas  t  vihidas. 
Locución  familiar.  BreTomeate,  con 
prontitud.  \  La  ida,  del  buho.  Locu- 
ción con  que  al  irse  alguno  ae  da  á 
entender  el  deseo  de  que  no  vuelva,  6 
el  juicio  que  se  hace  de  que  no  volve- 
rá. I  No  DAB  ó  NO  DBJAB  LA  IDA  POR  LA 

VENIDA.  Frase  que  explica  la  eficacia 
j  viveza  con  que  alguno  pretende  ó 
solicita  alguna  cosa.  D  Ida  t  tbnida 
roa  OASA  DB  m  tía.  Refrán  en  que  se 
reprenden  las  falsas  razones  con  que 
algunos  cohonestan  sus  extravíos  par- 
ticulares. 

BtiuolooU.  Latín  it%$,  itii,  forma 
de  iíum,  supino  de  tr«,  ir. 

2.  Ida.  Femenino.  Geografía  aníi- 
^.Monte  famoso  de  UTroade.  |  Otro 
de  Frigia.  |  Nombre  de  mujer;  ma- 
dre de  Níso.  <ViBOiLio.) 

BmioLoola.  Griego  1&)  (2d9):  la- 
tín, Ida,  /de. 

3.  Ida.  Masculino.  Mitología  y  geo- 
graJU.  Cadena  de  montañas  que  atra- 
vesaba á  Creta  en  toda  su  longitud. 
Según  la  fábula,  allí  fué  Júpiter  ro- 
bado por  los  dáctilos,  j  equivale  al 
moderno  Psiloriti.  El  monte  Ida  es 
famoso  también  por  el  célebre  juicio 
de  París,  j  estuvo  consagrado  á  Cibe- 
les. I  Nombre  de  una  bija  de  Darda- 
Qo,  rer  de  los  escitas. 

1.  idacio.  Prelado  español,  ape- 
llidado el  Iluitre,  ijue  nació  en  la  pri- 
mera mitad  del  siglo  iv  v  murió  por 
los  afiot  de  392.  Siendo  obispo  de  Mé- 
ridt,  se  Múaló  por  el  ardor  con  que 


persiguió,  en  unión  de  Itacio,  obispo 
de  Ossobona,  al  heresiarca  Priscilia- 
no  j  á  sus  sectarios,  contra  los  cuales 
escribió  con  el  títalo  Apologeíiaa 
una  obra,  hoj  perdida. 

2>  Idacio.  Cronista  español,  obis- 
po de  Chaves,  en  Portugal,  que  mu- 
rió hacia  el  afio  de  468.  Fué  enviado, 
en  431,  cerca  del  general  Meció,  para 
reclamar  socorros  contra  los  suevos, 
que  en  461  le  privaron  de  su  arzobis- 
pado. Dejó  una  Crónica  que  empieza 
en  el  año  379  y  acaba  en  el  468. 

Idade.  Femenino  anticuado.  Edad. 

Idalia.  A.djetivo  femenino.  Mitolo- 
gía, Sobrenombre  de  Venus. 

ETiuoLoafA.  Latín  Jddlía.  (Ovidio.) 

Reseña,— hX&raÓBt  Idalia,  aludien- 
do á  que  el  monte  Idauón,  de  la  isla 
de  Chipre,  le  estaba  consagrado,  así 
como  la  ciudad  de  Idaua,  en  la  pro- 
pia isla. 

Idaliano,  na.  Sustantivo  v  adjeti- 
vo. Natural  y  propio  de  Idalia,  anti- 
gua ciúdad  de  Chipre. 

EtucolooÍa.  Latín  idUUus.  (Via- 
oxuo.) 

Idalio,  Ha.  Idaliano. 

Idalio.  Masculino.  Mitología  j  geo- 
grafía. Monte  de  la  isla  de  Chipre, 
consagrado  á  Venus. 

Iduión.  Masculino.  Mitología  j 
geografía.  Ciudad  de  la  isla  de  Chi- 
pre, consagrada  á  Venus.  El  oráculo 
había  ordenado  á  Calcenor  levantar 
una  ciudad  en  el  punto  donde  viera 

Sonerse  el  sol:  j  habiéndolo  visto  uno 
e  los  que  le  acompañaban,  desde  la 
falda  de  una  alta  montaña,  fundó  una 
ciudad  que  llamó  Idalión,  de  dos  pa- 
labras griegas  que  significan:  vo  he 
vitt»  el  $ol.  El  monte  se  llamó  /salta, 
Idalo  y  también  Idauón,  como  la  ciu- 
dad. 

Idano,  na.  Sustantivo  y  adjetivo. 
Natural  ó  propio  del  monte  Ida. 

Idas.  Masculino.  Uno  de  lo>  argo- 
nautas. (VmaiLio.) 

Btiuoloqía.  Latín  Idas. 

Idat.  Femenino  anticuado.  Edad. 

Idbaro.  Masculino.  Ictiología,  Pes- 
cado del  género  ciprino,  que  se  en- 
cuentra en  casi  todos  los  lagos  sep- 
tentrionales de  Europa. 

Idea.  Femenino.  Piieología  y  lógi- 
ca. La  primera  y  más  obvia  operación 
del  entendimiento,  que  se  limita  al 
simple  conocimiento  de  alguna  cosa. 
Llámase  también  percepción.  O  Ima- 
gen ó  representación  que  en  el  alma 
queda  del  objeto  percÍDido.  ||  Plan  y 
disposición  que  se  concibe  en  la  fan- 
tasía para  la  formación  de  alguna 
obra;  como  la  idea  de  un  sermón,  la 
idea  de  un  palacio,  etc.  B  Intención  6 
ánimo  de  hacer  alguna  cosa;  y  así  se 
dice:  tener  ioba,  llevar  idba  de  casar- 
se, robar,  etc.  |j  Ingenio,  talento  para 
disponer,  inventar  y  trazar  alguna 
cosa.  II  Modelo,  ejemplar.  ||  Familiar. 
Manía  ó  imaginación  extravagante. 
Se  usa  más  comunmente  en  plural.  Q 
Opinión  ó  concepto  de  alguna  cosa, 
n  Plural.  DI  Platón.  Según  este  ñló- 
sofo,  eran  los  ejemplares  perpetuos  é 
inmutables  qae  hanía  en  u  mente  di- 
vina de  todfts  lu  cosas  oríadM.  H  pla- 


tónicas. Sutilezas  singulares  6  sin 
sólido  fundamento,  j  por  eso  diffciles 
de  practicar, 

Btiuoloqía.  Griego  tSiot  (idéa):  la- 
tín, yUa;  italiano  y  catalán,  idea; 
francés,  idée. 

Sentido  eHmolégieo,—\,  El  griego 
idéa  representa  ráMi,  como  el  verbo 
erSstv  (Ádein)fiá.wtt  representa  vit^iii, 
equivalente  al  latfn  vufór»,  ver. 

2.  Esta  gran  serie  del  lenguaje  se 
deriva  del  sánscrito  vú¿,  que  tiene  la 
misma  significación. 

3.  Ateniéndonos  al  espíritu  de  la 
raíz,  IDBA  vale  tanto  como  vista  del  al- 
ma, y  difícilmente  podría  imaginar- 
se una  definición  más  sabia  j  más 
bella. 

4.  La  palabra  idea  suele  tomarse 
en  el  sentido  de  discurso,  como  cuan- 
do decimos:  se  UB  hjl  pubsto  en  la 
IDBA  TAL  ó  CUAL  COSA,  frasc  equiva- 
lente á  si  dijéramos:  sb  ub  ha  pubsto 

TAL  COSA  BN  BL  JUICIO,  EN  EL  ENTEN- 
DIMIENTO, BH  LA  MBNTB. 

5.  También  se  emplea  en  diferen- 
tes locuciones,  verdaderos  modismos 
de  familia,  como  cuando  se  dice:  ¡quí 

IDBaI,    ¡valiente   idea!,    {VAYA  UNA 

idbaI,  para  dar  á  entender  que  cual- 
quiera ha  tenido  una  ocurrencia  ex- 
travagante. 

6.  Nada  más  comtin  que  oír  decir: 

DEJAR  X  CADA  ITNO  CON  SU  IDEA,  para 

significar  que  cada  hombre  tiene  su 
tema  ó  su  capricho,  v  que  no  convie- 
ne contrariarle  en  tales  propósitos. 

7.  M¿S  PUEDE  UNA  IDBA  QUB  UNA 

POLEA.  Dicho  sentencioso. 

SiHomuiA. — Idea,  nocid».  La  nocid» 
es  una  idea  imperfecta  y  vaga;  es  el 
rudimento  de  la  idea.  La  »od(kt  ss  con- 
vierte en  idea  por  medio  de  la  aten- 
ción. La  lectura  rápida  de  ana  obra 
no  da  más  que  nociones  sobre  su  con- 
tenido. No  es  éste  el  modo  de  adqui- 
rir ideas.  (Moba.) 

Ideado,  da.  Participio  pasivo  de 
idear. 

ExiuoLoaÍA.  Idear:  catalán,  ideat, 
da. 

Ideal.  Adjetivo.  Lo  qae  es  propio 
de  la  idea  ó  jierteneeiente  á  ella.  |  Lo 
que  no  es  físico,  real  y  verdadero,  sino 

Sue  está  puramente  en  la  fantasía.  | 
BLLBZA  IDEAL.  Pintura ,  eiculínra  y 
poesía.  La  que  no  está  copiada  de  nin- 
gún ser  real,  sino  de  la  reunión  ima- 

fiuaria  de  las  perfecciones  parciales 
e  varios. 

ETiuOLoaÍA./i^a:  latín,  ideSl^;  ita- 
liano, ideaie;  firanoés,  ideali  catalán, 

ideal. 

Metáfora.—l,  El  ideal  ó  bl  bello 
ideal;  el  bien  supremo  que  uno  se 
propone  realizar  en  este  mundo. 

2.  El  dechado  ó  modelo  de  una  doc- 
trina, de  un  partido,  de  una  ag^ru^- 
ción,  de  una  escuela,  en  cuyo  sentido 
se  dice:  «la  perfectibilidad  del  ser 
humano  es  el  magnifico  ideal  de  la 
escuela  cristiana.» 

Idealidad.  Femenino.  Cualidad  y 
estado  de  las  cosas  ideales.  |  Filoso* 
fia.  Término  contrario  de  realidad.  | 
Metafísica,  Disposición  del  espíritu 
humanOi  que  tiende  á  vei  las  cosas  en 


TOMO  Ul 


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10  IDEA 


IDEM 


IDEN 


el  terreno  de  la  abstraedón,  eonside- 
ránd(d«i  bajo  un  earáoter  puramento 
ideal.  La  xdzaudad  w  el  resultado 
del  arbitrio  que  tiene  el  alma  do  g»- 
ner^izar  sai  conceptos  por  medio  de 
la  reflexión.  }  Plural.  Idealidades; 
aiatfnimo  de  imas^naciones. 

BTiil(».oa£A.  Ideal:  italiano,  ideali' 
íá;  fnucéa,  idealité;  catalán,  idealiíat. 

Idealismo.  Masculino.  Filosofía. 
Sistema  que  pone  en  la  razón  del 
hombre  el  origen  délas  ideas.  ||  Bellas 
artes.  Aptitud  del  artista,  orador,  poe- 
ta ó  cualquiera  persona,  para  elevar 
sobre  la  realidad  sensible  las  cosas 
que  describe  ó  representa. 

BmiOLúaU.itkra/:  italiano,  idealis- 
mo; francés,  idéalitme;  catalán,  idealis- 
««.—El  desarrollo  de  la  jos  dal  ar- 
^mlo  exige  que  ampliemos  la  dtofini- 
dÓB  de  la  Academia. 

1«  ZiJliniAir».— InTettígtmóadelo 
ideali  teadeneia  hacia  lai  eosas  idea- 
les. 

2.  Sentido  de  escuela. — Por  idealis- 
mo se  entiende  ho^  el  nombre  común 
á  todas  las  doctrinas  filosófícas  que 
ven  ea  las  ideas  el  principio  del  co- 
nocimiento. 

3.  Llevado  este  sentido  á  su  axpre- 
dón  última,  significa  también  el  prin- 
cipio del  conocinúento  t  del  ser.  re- 
Bomiendo  todos  Ix»  ettaaioi  lostifísi- 
eos  j  teológicos. 

4>  ffl  nwAijRiio  Eigaitf  al  tíatoma 
de  la  «ansacátfn,  poique  Ja  sniMción 
dió  i  conocer  la  necesidad  de  enan- 
char los  límites  del  alma. 

5.  Idealismo  objetivo,  escuela  de 
Kant;  idealismo  en  que  se  establece 
que  el  conocimiento  de  la  ciencia  j 
de  la  razón  última  de  las  cosas  no  se 
puede  llevar  á  cabo  sino  por  medio 
de  las  ideas, 

6.  Ideausuo  absoluto,  escuela  de 
Fichte;  IDEALISMO  que  considera  las 
realidades  como  otras  tantas  creacio- 
nes del  yo. 

7.  Idbausho  abtoWto,  naula  de 
Segel;  idbíusiio  en  que  se  admite  la 
identidad  entre  el  sujeto  j  el  ob- 
jeto. 

8.  loBAusHO  ilimitado,  escuela  de 

Hume;  especie  de  escepticismo  que  se 
funda  en  la  negación  de  los  efectos 
exteriores  j  hasta  en  la  neg-acíón  de 
la  causa. 

9.  Idealismo  de  Berkley;  idsalismo 
que,  no  considerando  como  ciertas 
más  que  las  ideas  del  yo,  mira  la  exis- 
tencia del  mundo  corpóreo  como  una 
apariencia  de  los  sentidos. 

10.  La  melaneolU  ñié  una  especie 
de  iDBALisuo  que,  convirtiéndose  en 
religión,  exaltó  el  alma  sin  dirigirla, 
sin  fortalecerla  j  sin  ocmsolarla.  (Vi- 

CLBKAIH.) 

Idealista.  Masculino  j  femenino. 
La  persona  que  profesa  la  doctrina 
del  idealismo  ó  propende  á  represen- 
tarse las  cosas  de  una  manera  ideal. 

KriMOLoaÍA.  IdMÜima:  £tancés, 

idéatisie. 

Filosofia  inRAi.isTA,  la  profesadii 
por  los  filósofos  que  no  admiten  más 
criterio  de  ciencia  y  de  verdad  que  la 
exísteada  4o  olios  mismos  y  ae  las 


sensaciones  q^ns  M  Terifiean  en  sa  in- 
terior. 

Idealistico,  oa.  A^JetÍTo.  FUo$o~ 
Jla,  Concerniente  al  idealismo. 
BTiuoLoaÍA.  IdeaUtta:  fomeés, 

idéalistique. 

Idealización.  Femenino.  Acción  6 
efecto  de  idealizar.  (Caballbso.) 

Etiuolgoía.  IdealÍMar:  francés, 
id^alisation. 

Idealizar.  ActÍTO.  Hacer  ana  cosa 
ideal.  I  Discurrir  oonfbrme  i  la  ideo- 
logía. 

BtiuolooIju  Ideal:  ftancés,  id¿ali- 

ter. 

Idealizarse.  Becfprooo.  ConTertii^ 
se  en  ideal. 

ETuioLoaU.  Forma  reflexÍTs  de 
idealaari  francés,  t'idéaUier. 

Idealmente.  Adverbio  de  modo. 
Bn  la  idea  ó  diseurso. 

BrucoLoofa.  Ideal  j  el  sufijo  ad- 
verbial mente:  italiano*  ideameuíe; 
francés,  idéaUmeut. 

Idear.  Activo.  Formar  idea  de  al- 
guna cosa.  \  Recíproco.  Forjarse  las 
ideas. 

Etiholooía.  Ideu:  g*riego  iTSuv  (ei' 
dein);  italiano,  idiom,  r«flexÍTo;  oa^ 
talán,  idear. 

SiNomiOA.  Idear,  idealinr.  Como 
que  la  idea  es  la  substancia  del  pen- 
samiento, el  utensilio  de  toda  tarea 
intelectoal,  idwr  equivale  i  pensar  6 
discurrir. 

Asi  decimos  de  un  muchacho  que 
está  siempre  ideando  diabluras.  Tanto 
valdría  decir  que  está  siempre  discu- 
rriendo diabluras,  ó  bien  que  siempre 
está  pensando  sobre  la  manera  de  ha- 
cer diabluras.  Nada  más  absurdo  que 
decir  que  esté  idealitando  diabluras. 

IdtaUxar  es  hacer  las  cosas  idealea. 
elevarlas  á  la  esfera  del  gusto  j  de  la 
poesía. 

Idear  toca  al  entendimiento:  es  ló- 
ico;  ideaUsat  toca  al  sentimiento  j 
U  imaginación:  es  estético. 
1¿M  el  muchacho:  idealitan  el  pin- 
tor, el  músico,  el  poeta. 

Ambos  verbos  vienen  del  nombre 
griego  idea^  ideáis  eide,  voces  equiva- 
lentes al  notio,  notitía,  &^nÍtÍOt  forma, 
imagú  j  species  de  los  latinos.  Signi- 
fica, así  en  griego  como  en  latín,  no- 
ción, especie,  forma,  imagen,  conoci- 
miento, idea.  Bsta  palabra  significaba 
antes  mucho  menos  que  hoj.  Hoy  una 
idea  es  la  primera  de  las  revoluciones 
humanas,  la  heredera  histórica  y  so- 
cial de  la  fuena,  de  Is  conquista  j  de 
U  casta. 

Idem.  Palabra  latina  que  significa 
el  mismo  ó  lo  mismo,  y  se  suele  usar 
para  repetir  las  citas  de  un  mismo  au- 
tor, j  en  las  ouentas^  listas  para  de- 
notar diferentes  partidas  de  una  mis- 
ma especie.  |  pee  Ídeu.  Locución  la- 
tina que  significa  ello  por  ello,  ó  lo 
mismo  es  lo  uno  que  lo  otro. 

BTiKOLOaÍA.  Latín  idetn,  compuesto 
de  id,  esto,  forma  neutra  de  is,  este,  y 
el  elemento  dem,  que  representa  diem^ 
acusativo  de  dies,  día,  como  se  ve  en 
pridem,  pri-dem,  la  víspera,  el  día  pre- 
cedente; tándem,  tam^dm,  finalmente; 
esto  est  si  fia  de  tantos  díasj  ibidm. 


iU'dom,  fttlf»  en  aquel  tiempo,  en 
aquel  punto  j  hora  (Coessen,  Lit- 
TKt):  francés,  idm;  eataUn,  idm  per 
idm. 

IdoBÍsta.  Adjetivo.  Bpíteto  del 
que  se  adhiere  siempre  al  parecer  de 

otros.  (Caballeeo.) 

BnHOboofa.  Idem:  fitancés,  idS- 
miste. 

Idénticamente.  Adverbio  de  modo 
con  que  se  explica  que  dos  cosas  son 
enteramente  iguales  en  la  esencia. 

BnuoLoaÍA.  Idéntica  y  el  sufijo  ad- 
verbial mente:  italiano,  idefUicamente; 
francés,  tdenüqument;  catalán,  uíémp- 
ticamente 

Idéntico,  ca.  Adjetivo.  Lo  que  en 
la  snbstancia  ó  realidad  es  lo  mismo 
one  otra  cosa.  |  Bcuación  idéntica. 
Matemáticas,  Aquella  en  que  es  per- 
fecta la  igualdad  de  ambos  miem- 
bros. I  Huculino.  Sistemas  Jtlosíf^cos. 
El  iDáNTico,  elprincipio  db  los  idén- 
ticos; el  principio  que  consiste  en 
saber  que  A«iA  es  el  fundamento  de 
la  lógica,  según  ciertos  sistemas  de 
filosofía.  (LlTTBá.) 

Etiuolgoía.  Identidad:  italiano , 
idéntico;  francés,  idtntigme;  eatal&n, 
idémptick,  ca. 

identidad.  Femenino.  La  cualidad 
de  ser  idéntica  una  cosa  con  otra.  ^  db 
PERSONA.  Forense,  Ficción  de  derecho 
por  la  cual  el  heredero  se  tiene  por 
una  misma  pemna  con  el  testador  en 
cuanto  ¿  las  acciones  activas  'y  pasi- 
vas. I  PROBAB   LA  IDENTIDAD  BB  UN 

PRESO,  DB  UN  ACUSADO.  Probsr  la  per- 
sonalidad del  sujeto  en  cuestión,  ora 

Sor  documentos,  ora  por  testigos  ó 
eclaracíones.  ||  Medicina  legal,  Phb- 
OUNTAS  DE  IDENTIDAD;  preguutas  que 
tienen  por  objeto  determinar  y  definir 
los  puntos  siguientes:  1.",  sí  un  indi- 
viduo es  lo  que  dice;  2.*,  si  es  el  mis- 
mo que  se  presume  reconocer;  3.**,  si 
el  cadáver  ó  el  esqueleto  sometido  al 
examen  fíieultativo  por  mandato  de  la 
justicia,  es  el  de  tal  ó  cual  sujeto,  que 
se  supone  haber  sido  víctima  de  un 
envenenamiento  ó  de  un  asesinato. 
I  Relaciones  db  identidad.  Gramáti- 
ca general.  La  de  dos  ó  mis  palabras 
que  significan  el  mismo  ser,  conside- 
radas como  el  fundamento  de  la  con- 
cordancia de  los  vocablos.  En  esta 
oración:  «Dios  es  bueno,»  hay  rbi^a.- 
GiÓN  DE  identidad,  pussto  que  las 
tres  voces  expresan  un  ser  con  su  cua- 
lidad propia.  H  Algebra.  Bspecie  de 
ecuación  cuyos   dos  miembros  son 
exactamente  los  mismos.  |  Psicología, 
Conciencia  que  una  persona  tiene  de 
sí  misma.  |  Identidad  pbrsonal.  Per- 
sistencia del  convencimiento  que  un 
individuo  tiene  de  que  existe.  |  Iden- 
tidad ABsecuTA. 'J/irfii/tstM.  Dootrina 
filosófica  que  confundo  todas  las  exis- 
tencias en  una  sola,  el  sujeto  y  el  ob- 
jeto. 

Btiuolociía.  Latín  idenfítas»  de 
Ídem,  el  mismo,  y  ens,  entist  ente;  «el 
mismo  ente:»  italiano,  identitá;  fran- 
cés, identité;  catalán,  idemptitat^  for- 
ma abusiva. 

Meseña.  l.-~Locke  fué  el  primero 
qa«  demostró  que  ningún  hombre  co- 


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IDEO 

soei¿  d  axioma  antes  de  conocor  las 
vaidides  indiTidualei,  fuente  de  U 
naarííM}  ptrttnal, 

2.  La  memoria  extiende  el  lenti- 

mieato  de  la  identidad  á  todos  los 
ilutantes  de  la  existencia  del  indÍTi- 
dno,  (BoussKan,  Smilio,  II.) 

3.  La  iDBNTiDAD  ds  nAmero  es  eo- 
neUtÍTa  de  la  lOBtmoaD  de  materia 
j  de  la  IDENTIDAD  de  tiempo. 

Identificación.  Femenino.  Acción 
ó  efecto  de  identificar.  \  Teología.  La 
tereen»  persona  de  la  Santísima  Tri- 
nidad (el  Espíritu  Santo)í8e deriva  por 
ínfasióD,  por  loranFiaACiÓH  ó  por  ea- 
pinciÓD. 

BtuoloqU.  IdwUJie&ti  francés, 
identijeation. 

IdentificadOi  da.  Participo  pasi- 
vo de  identificar. 

EnuoLGOía.  Identificar:  catalán, 
idenüfieat,  da;  tencés,  identifié;  ita- 
liano, identificaío. 

Xdentiflcar.  ActiTO.  Hacer  qne  dos 
ó  mis  cosas,  qne  en  la  lealidad  son 
distintas,  aparezcan  y  se  consideren 
romo  una  misma.  Se  osa  más  comun- 
mente como  reciproco.  |  Fomue.  Re- 
conocer si  una  persona  es  la  misma 
qae  se  supone  6  se  busca.  |  Recípro- 
co. Filosofía.  Se  dice  de  aquellas  co- 
su  que  la  razón  aprende  como  dife- 
rentes, aunque  en  la  realidad  sean 
uoa  misma;  j  así  se  dice  que  el  en- 
tendimiento, la  memoria  j  la  volun- 
tad se  IDENTIFICAN  entre  sí  j  con  el 
lima. 

EnuoLOOÍa.  Idéñt%co  j  el  sufijo  to 
bal  fícant  tama  frecuentatÍTo  de  facH' 
re,  hacer;  chacer,  producir  la  identi- 
dad de  las  ^eosas:»  catalán,  identi^ 
car;  francés,  idauijíer;  italiano,  idM- 
tífiare, 

Mentificarse.  Raefproco.  Gonftin- 
dirse  la  naturaleza  t  propiedades  de 
an  ser  ú  objeto  con  las  de  otro. 

Ideogenia.  Femenino.  Filoso/ta. 
Ciencia  que  trata  del  origen  de  las 
ideas. 

ETUiQLOoía.  Griego  idea  j  gmnái, 
yo  produzco:  francés,  idéo^énia. 

Ide(»éiiico,  ca.  Ádjebvo.  Concer- 
niente a  la  ideogenia. 

ETiuoLoaÍA.  Ideofftnía:  francés, 
idéoaenique, 

Ideograifia.  Femenino.  Ftlosojia. 
Minifestación  de  las  ideas  por  medio 
de  la  pintura  ó  escultura;  y  en  gene- 
lal,  por  medio  de  signos  que  son  la 
imagen  figurada  del  objeto. 

EteholooIa.  Griego  i^íd  y  gror 
^iUis,  describir:  francés,  id/ograpMe, 

Ideo^áflco,  ca.  AdjetÍTO.  Concer- 
niente a  la  ideograHa. 

'RTiuQi.oaiá..  Ideografía:  francés, 
idéograpki^ne. 

Ideograma.  Masculino.  Signo  con* 
siderado,  no  con  relación  á  las  letras 
ni  á  los  sonidos,  sino  con  relación  á 
las  imágenes  y  á  las  ideas,  como  las 
«enturas  jeroglíficas  6  los  guaris- 
mos. 

BnuoLoaÍA.  Oriego  tdáa  j  grdi^^ 
M,  letra:  francés,  tdéegrammt. 

Ideología.  Femenino.  Ciencia  eayfi 
olmto  es  tratar  da  las  ideas. 

nniOLooU.  Griego  Hék  j  Ugn, 


IDIO 

tratado:  italiano  y  catalán,  ideología; 
firancés,  id/ologie. 

Ideológico,  ca.  A.djetÍT0.  Lo  que 
pertenece  ¿  la  ideología. 

ETiyoLooÍA.  Ideología:  catalán,  ideo- 
lógich.  ca;  francés,  idtókgi^;  italia- 
no, ideológico. 

Ideólogo,  ga.  A^JetÍTO.  S  profe- 
sor de  ideología. 

BnuoLOOiA.  TdMlagiat  francés,  ideo- 
iogitte,  idéok^ue, 

IdiUco,  ca.  AdjetÍTO.  Concernien- 
te al  idilio. 

BTDíOLOaÍA.  Idilio:  francés,  idilU- 
gue. 

Idilio.  Masculino.  Poítiea,  Poema 
corto  que  suele  tener  por  objeto  asun- 
tos pastoriles. 

Etiuolooía.  Griego  «(SéXXtov  («idvl' 
lum):  latín,  idylüum;  italiano,  tdilfio; 
fhincés,  idylle;  catalán,  idili. 

1.  Sentido  etimoldgieo,^^  griego 
eidf  Ilion  es  un  díminutÍTO  de  éidos, 
forma.  Por  consiguiente,  significa  for^ 
ma  pequeña;  esto  es,  un  poema  corto. 

2.  É«$eiUi.  —  HaT  muchos  loiuos 
famosos,  como  los  ae  Teóerito,  Bión, 
Moschus,  (Jesuer. 

Idio.  Prefijo  técnico,  del  griego 
tStoc  (ídiot),  propio,  especial,  caracte- 
rístico. 

Idiocrasla.  Femenino.  Idiosimcra- 

su. 

Idioelectridad.  Femenino.  Fin- 
ca. Cualidad  y  estado  de  lo  idioeléc- 
trico. 

Btucolooía.  IdioeUetñeo:  francés, 
idio-éleetriciié, 

Idioeléctrico,  ca.  Adjetivo.  FUi' 
ca.  Que  se  electriza  por  el  frotamiento. 

BTn»M.oa£A.  Idio  j  tUcirico:  fran- 
9ÍMtidv>ÍUetinpi», 

Los  aurpo*  ioioblíotiu- 
008  son  malos  eonduotores  de  la  elec- 
tricidad. 

Idiófldo,  da.  AdjetiTO.  Zoología. 
Parecido  á  una  serpiente. 

Btiholoqía.  Id%o  y  <^Ai$,  serpien- 
te: tSio?  &pt<. 

Idioginía.  Femenino.  Botánica, 
Estado  de  una  planta  de  estambres 
idioginios. 

BTDsoLoaÍA.  Idioginio:  francés,  idio- 
gynie. 

Idioginio,  nia.  AdjetiTO.  ^o^ieo. 
Plantas  idiooinias.  Plantas  cuyos 
estambres  no  están  colocadoi  en  la 

misma  flor  que  el  pistilo. 

EToiOLoaÍA.  Idio  y  gj/ni,  hembra, 
pistilo:  tStoc  YÚv)¡;  francés,  tdioggne, 

Idiógrafo,  fa.  Masculino  j  femeni- 
no. El  que  escribe  con  su  propia  ma- 
no las  ideas  que  concibe  mejor  que 
dictándolas  á  otro. 

Btimolooía.  Idio  y  grapheünt  des- 
cribir: iSix  Ypifw. 

Idiólatra.  Femenino.  £1  que  sólo 
so  ama  i  sí  mismo. 

Etiuolooía.  Idiolatria, 

Idíolatria.  Femenino.  Culto  tri- 
butado á  sí  mismo. 

Btiholoqía.  Idio  y  latreia,  acción 
de  adorar:  fSio^  Xantía, 

Idioma.  Mascmino.  La  lengua  de 
cualquiera  nación.  Q  Modo  particular 
de  hablar  de  algunos  ó  en  algunas 
ocasiones;  y  asi  se  diee.  en  imoiia  de 


IDIO  11 

la  corte,  en  idioua  de  palacio.  |  Teo- 
logía. Carácter  propio  de  una  de  las 
naturalezas  del  divino  Mesías,  en  eujo 
sentido  se  dice:  «comunicación  de  idio* 
HAS  en  Jesucristo.» 

Btii«»X)Oía.  GxiegoXiÍw^(idÍdma), 
de  idiot,  propio,  particular:  «lengua 
particular  de  un  pueblo;»  latín,  iaid- 
ma;  italiano  y  catalán,  idioma;  fran- 
cés, idiome. 

SetUido  tíimok^ieo. — ün  idioma  no  ' 
es  otra  cosa  que  un  idiotismo  nacio- 
naL 

Idiomitico,  ca.  Adjetiro.  Concer- 
niente al  idioma. 

Btiholoqía.  Idioma:  francés,  idtO' 
fMtiqne. 

Idiometálico,  ca.  Adjetivo.  Fin- 
ca. Epíteto  de  los  fenómenos  eléctri- 
cos producidos  por  el  contacto  de  di- 
ferentes metales. 

Etiuolooía.  Idio  y  metálico:  fran- 
cés, idio-mélalli^ne. 

Idiomografia.  Femenino.  Ciencia 
que  tiene  por  objeto  la  clasificación 
de  idiomas. 

Btimolooía.  Idioma  y  grapkéln,  des- 
cribir: francés,  idiomographte. 

Idiomo^áfico,  ca.  Adjetiro.  Con- 
cerniente  a  la  idiomografía. 

BTiMOLoaÍA.  Idiomografia:  francés, 
idiomographiqne, 

Idiomografo,  fa.  Masculino  y  fe- 
menino. Versado  en  idiomografia. 

ETiMOLoaÍA.  Griego  Xtita^  ypá^ 
(idioma  gráplto). 

Idiomorfos.  Masculino  plural.  His- 
toria naiwal.  Nombre  genérico  de  los 
cuerpos  fósiles  procedentes  de  anima- 
les ó  de  vegetales. 

Btiholooía.  Idio  7  aierpl<,  forma: 
francés,  idiomorjphes. 

Idiontologia.  Femenino.  Ontolo- 
gfa  idioscópica. 

BriHOLoaÍA.  Idio  y  antología. 

Idiopatia.  Femenino.  Medicina. 
Enfermedad  primitiva  de  carácter  es- 
|iecial.  H  Moral.  Propensión  especial 
a  una  cosa. 

Btimolooía.  Idio  j  pithot,  padeci- 
núentu:  francés,  ithopat&ie;  catalán, 
idiopatia. 

Reseña. — Las  enfermedadet  idiopí-  ■ 
ncAS  son  las  que  existen  por  sí  mis- 
mas, esto  es,  que  no  se  deriTan  ni  re- 
lacionan eon  ninguna  otra  afección. 

Idiopático,  oa.  Adjetivo.  Concer- 
niente ala  idiopatia;  y  así  se  dice  que 
ciertas  emicráneas  no  son'iDiopXxiCAS, 
sino  un  nuevo  síntoma  de  la  mala  dis> 
posición  del  estómago. 

EtiuoloqÍa.  IdiopiaUi  francés, 
idiopathique. 

Idioscopia.  Femenino.  Biología. 
Conocimiento  de  las  propiedades  par- 
ticulares de  una  clase  de  seres. 

Etimología.  Idio  y  skopéin,  exami- 
nar; P8toc  vxoicetv. 

Idiosimboloscopia.  Femenino. 
Conocimiento  de  los  signos  pertone- 
cientes  á  tales  6  cuales  acciones. 

BnuOLOofA.  IdiOf  timbólo  y  tkopéo, 
yo  examino. 

Idiosincrasia.  Femenino.  Medici- 
na. Temperamento  individual,  com- 
plexión peculiar  de  cada  individuo. 

BniioLoaU.  Griego  idiot,  propio, 

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1 


12 


IDIO 


y  ty§krá$u  (aQyxpivi;),  mezcla  de  hu- 
mores, temperamento;  de  iy«,  con,  j 
krMitt  mezcU;  forma  de  kéráót  jo 
mezclo:  eatal&n,  idio$ti»a'aui»;  fran- 
cés, %iw«fnera$U. 

Sentido  Uatieo, — 1.  Se  entiende  por 
idiosinorásia:  «la  disposición  parti- 
cular en  caja  virtud  cada  individuo 
recibe  ¿  su  modo  la  influencia  de  los 
diversos  agentes.»  Por  ejemplo:  ve- 
mos bostezar  y  bostezamos.  Nuestro 
bostezo  es  un  fenómeno  de  idiosincba- 
siA.  Vemos  caer  nieve  j  sentimos  es- 
calofríos, sin  emljargo  de  estar  cerca 
de  la  lumbre.  Nuestros  escalofríos  son 
otro  fenómeno  de  loiosmcRasiA.  Uno 
ve  dar  una  sangría  y  se  desmaya,  sin 
embalo  de  que  nadie  ha  tocado  i  sus 
Tenas.^se  desmayo  es  otro  fenómeno 

de  IDIOSWCBJLSU. 

2.  Pero  esta  admirable  disposición 
de  las  complexiones,  esta  profunda 
fílosoña  del  temperamento,  va  más 
adelante,  üu  hombre  oome  uji  pan, 
se  lo  ha  comido  casi  todo,  j  entonces 
repara  que  hay  en  la  corteza  muchas 
señales  excrementieias  de  algún  insec- 
to; ó  como  dice  el  vulgo,  repara  que 
ha;  en  la  corteza  cacadas  de  mosea. 
Aquel  hombre  vomita ,  enferma  y  mue- 
re. Esta  muerte  es  el  resultado  de  la 
iDiosiMcaASiA  de  aquel  hombre. 

3.  Bsto  pone  de  manifiesto  que  la 
iDiosiNCRASU  es  tan  patológica  como 
fisiológica,  puesto  que  no  debe  consi- 
derarse como  nn  simple  resorte  de  la 
complexión,  sino  como  un  principio 
de  padecimiento  7  de  muerte.  No  pa- 
rece sino  que  el  temperamento  de  cada 
cual  está  dotado  de  su  imaginación, 
como  nuestra  alma  está  dotada  de  fan* 
tasía.  Si  así  fuera,  podríamos  decir 
que  la  xdiqsincbasia  es  la  terrible 
imaginación  del  temperamento. 

Idiosincrásico,  ca.  Adjetivo.  Con- 
cerniente á  la  idiosincrasia. 
BrniOLoeU.  Idúuwcnsut:  ñaneás, 

laiostenia.  Femenino.  Medicina. 
Bnfermedad  por  excitación. 
BrniOLOOía.  Jdio  j  iÜunA,  fuerza; 

Idiosténico,  c».  Adjetivo.  Concer- 
niente á  la  idiostenia. 

Idiota.  Adjetivo  común.  La  perso- 
na rústica,  negada  j  mujr  ignorante. 
II  Aíedicina.  Iubícil. 

BnuoLoaía.  Idio:  griego,  íSitán); 
(ididtét),  el  que  vive  de  un  modo  es- 

fiecial;  latín,  idiota;  italiano  y  eata- 
in,  idiota;  francés,  idiot. 

Reteúa. — 1.  «Primeramente  signi- 
ficó el  hombre  que  vive  apartado  de 
los  negocios,  que  lleva  como  una  vida 
propia  ¡f  particular  para  sí;  j  como  el 
que  vive  aislado  suele  adquirir  pocos 
conocimientos,  idiota  paso  á  signifi- 
car rtfsíff»,  negado,  muy  ignorante.» 
(MoMLan.) 

2.  Diógenes  faé  nn  gran  idiota  de 
su  sig-lo. 

Idiotálamo,  ma.  Adjetivo.  Botáni- 
ca. Calificación  de  los  liqúenes  que 
tienen  conceptáculos  diferentes  del 
tallo. 

BTiiioLoaÍA*  Idio  y  tálamo:  tStoc 


IDÓL 

Idioteo,  tea.  Adjetivo.  Propio,  pri- 
vativo, singular. 
ETiuoLoaÍA.  Idiota,  —  cYiene  del 

friego  idiotetoe,  que  significa  propie- 
ad,  ó  la  naturaleza  propia  de  cada 
cosa.  Es  voz  de  poco  uso.»  (Acadxmia, 
Diccionario  de  1726.) 

■Don  FrftnoiMo  eoa  PlaedA 
tica*  pendenciM  4  rato* 
sobr*  st  es  forma  ídioléa, 
•n  oonorttto  6  en  abstimoto.» 

(Bl.  OOHDI  DI  BB80LI.BD0,  OetO$, pág.tIS.) 

Idiotez.  Femenina.  Falta  total  de 
entendimiento,  incapacidad.  |  Medi- 
cina. Cualidad  y  estado  de  idiota. 

ETiuoLoaÍA.  Idiota:  francés,  idiotie. 

Idiótico,  ca.  Adjetivo.  Peculiar  de 
una  cosa,  g  Medicina.  Concerniente  á 
la  idiotez,  en  cu  jo  sentido  se  dice:  er- 
todo  iDiónco. 

EnuoLOaÍA.  Griego  ISiurtxóf  (idid~ 
tikdt):  latín,  ididítaís;  francés,  idioti- 
que. 

Idiotismo.  Masculino.  Ignorancia, 
falta  de  letras  é  instrucción.  Q  Gramá- 
tica. Modo  de  hablar  contra  las  reglas 
ordinarias  de  la  gramática,  pero  pro- 
pio y  peculiar  de  alguna  len^a.  p 
Medicina.  Falta  congenital  de  mteli- 

fencia,  resultado  casi  constante  de  un 
efecto  de  desarrollo  cerebral.  \  Esta- 
do del  idiota. 

ETiMOLOofa.  Idiota:  grie^  tfitorttir- 
[A¿(;  (idiotismót);  latín,  idiotttmut;  ita- 
liano, idiotismo;  francés  y  catalán, 
idiotismo. 

Con  la  definición  de  U  vos  del  ar- 
tículo está  conforme  el  siguiente  epi- 
grama de  uno  de  los  más  ilustres  au- 
tores de  nuestro  Parnaso: 

Hablando  de  oierta  historia 
A  nn  neolo  se  preña W: 
— ¿T«  aonerdae  túr  Y  rMpondlAt 
— Eiperen  qae  haga  memoria. 
ICi  Inée,  viendo  ra  idiotismo, 
Dijo  risueña  al  momento: 
— Haa  también  entendimiento, 
Qae  ie  ooitarA  lo  miemo. 

Idiotizador,  ra.  Adjetivo.  Que 

idiotiza. 

Idiotizar.  Activo.  Hacer  á  uno 
idiota.  Q  Neutro.  Cometer  idiotismos. 

BTiHOLOofA.  Griego  tStut(C«v  ( idi^ 
tísein). 

Idiotisarse.  Becfpioco.  Bubrqtb- 

OEBSB. 

Idiotrofla.  Femenino.  Medicina. 
Constitución  peculiar  de  cada  indivi- 
duo. 

EtiuolooÍa.  Idio  y  trophe,  alimen- 
to: l$(0(  ipofij. 

Idiotrofo,  fa.  Adjetivo.  ZooU^ia, 
Que  se  mantiene  de  animales  de  su 
misma  especie. 

BTiuoLoaÍA.  Idiotrofia* 

Idiotrofospermo,  ma.  Adjetivo. 
Botánica,  Califícación  de  las  plantas 
que  tienen  una  placenta  ó  receptáculo 
lateral  monospermo,  ó  muchos  recep- 
táculos parciales  dispuestos  sin  orden. 

EtimolgoÍa.  Ideo  y  tro/otpermo: 
francés,  idiotro/osperme. 

Idólatra.  Adjetivo.  El  que  adora 
ídolos  ó  alguna  falsa  deidad.  H  Metá- 
fora. El  que  ama  excesivamente  á  al- 
guna persona  ó  cosa. 

EiiuoLoaÍA.  Griego  «ISwXoAdnMc 
($idShliM$)i  latía,  idslSlatra  é  tám- 


iDOL 

latres;  italiano,  idolatra;  francés,  ido' 
látre  (del  antiguo  ú^oísjAv,  siglo  xui); 
catalán,  idólatra. 

Idolatradamente.   Adrerbio  da 
modo.  Con  idolatría. 

^nuoLoaiá..  ■  Idóhtrada  T  el  sufijo 
adverbial  mente:  francés,  iaoUtrement. 

Idolatrado,  da.  Participio  pasivo 
de  idolatrar. 

ETiuOLOofA.  Idolatrar:  catalán,  ido- 
Uttrat,  da;  francés,  ideddír/;  italiano, 
idolátrate. 

Idolatrar.  Activo.  Adorar  ídolos 
ó  alguna  falsa  deidad.  Q  Metáfora. 
Amar  exclusivamente  á  alguna  perso- 
na ó  cosa. 

Etucolooía.  Idólatra:  italiano,  ido- 
latrare; francés,  idolitrsr;  provenzaljr 
catalán,  idolatrar. 

Idolatría.  Femenino.  Adoración 
qae  se  da  á  los  Ídolos  y  fálsas  divini- 
dades. I  Metáfora.  Amor  excesivo  y 
vehemente  á  alguna  persona  ó  cosa. 

Etimoloqía.  Griego  etSuXoXatpeíat 
(eidólolalreia);  áe  tXltü)>ov  (eídolonj,  di- 
minutivo de  éidos,  forma,  imagen, 
ídolo,  y  latreia,  la  acción  de  adorar: 
latín,  idd^latría;  italiano  y  catalán, 
idolatría;  francés,  idolátrie;  provenzal, 
ydolatrie,  que  es  la  forma  francesa  del 
siglo  xii:  e  le  altel  ki  fud  en  Bethet, 
e  la  YDDLATRiB  ffne  Joroboam  out  faite; 
«el  altar  que  hubo  en  Bethel,  y  ía  ido- 
latría á  que  se  entregó  Jerobwm.* 
(Rois,  m.) 

Idol&trico,  ca.  Adjetivo  anticua- 
do. Lo  perteneciente  a  la  idolatría. 

Idóli6o,  ca.  Adjetivo.  Concernien- 
te á  los  ídolos  j  á  la  idolatría. 

Idolillo,  ito.  Masculino  diminuti- 
vo de  ídolo. 

ETtMOLoaÍA.  /dolo:  catalán  antiguo, 
idoleta;  moderno,  idolet. — «Estatua  pe- 
queña de  algún  dios  falso.»  (Acade- 
mia, Diccionario  de  1726.) — «Los  cua- 
tro llevaban  en  las  manos  idolillos,  los 
otros  cuatro  sonajas,  con  que  iban  ha- 
ciendo fiesta  á  los  ídolos.»  (Coi.ubna- 
ass.  Historia  de  Segoma^  capitulo  40, 
párrafo  16.) 

Idolismo.  Masculino.  Idolatría, 
adoración  de  los  ídolos.— «La  adora- 
ción 6  culto  de  los  ídolos  y  dioses 
»0B.»iAau)KMiÁ.t  Diccionario  da  1726,) 

■Erei  de  aquello!  altares 

2 Be  haoen  qae  el  iiolitmo 
■er  ofrenda  ■«  baxe.» 

(SOLls,  K  áXcOaair  áát  Mertfo,  acto  8.*; 

Ídolo.  Masculino.  Figura  de  alg^u- 
na  falsa  deidad  á  que  se  da  adoración. 
I  Metáfora.   Objeto  excesÍTamente 

amado. 

ExiMOLoaÍA.  Griego  sfSuXov  (eido- 
lon)y  diminutivo  de  ñdoSy  forma:  la- 
tín, idolum;  italiano,  Ídolo;  franoós  an- 
tiguo, idle;  moderno,  idole;  proven— 
zai,  idola;  catalán  antiguo,  idola^  fe- 
menino; moderno,  idolt  masculino. 

Sentido  etimoUgi&>, — 1.  Idolo  sig-- 
nifica  literalmente  pequaña  forma, yor- 
milla.  Por  consiguiente,  la  idolatria 
no  es  más  qne  la  adoración  de  la  form  a , 
la  cual  tomó  diferentes  nombres,  se- 
gún los  objetos  á  que  se  aplicaloa.  La 
adonción  de  la  materia  ruda  se  llamó 
fetiehimoi  le  de  la  materia  Semental 


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IDRO 


IGLE 


IGLE  13 


nMtmi  U  ds  las  ftgunifl  poéticaa, 

2.  La  adoraciiSn  de  la  forma  repre- 
unta  el  término  oontrario  de  la  ado- 
nción  de  la  esencia,  que  es  el  gran 
principio  de  la  revelación  cristiana, 
radorar  á  un  Dios  de  espíritu  j  ver- 
dad,» á  diferencia  del  fetichismo,  del 
gabeísmo  j  del  politeísmo  griego  j 
rumano,  que  adoraban  dioses  de  forma 
j  de  mentira. 

Idolotisia.  Femenino.  Víctima  que 

10  ofrece  en  sacriñcio  á  un  ídolo. 
Idomenea.  Femenino.  Zoologia. 

Eioeeie  de  mariposa  de  América. 

ídomeneo.  Masculino.  Túmpos  he- 
mea.  Rej  de  Creta,  hijo  de  un  Deu- 
ealión  t  nieto  de  Minos  II,  que  pre- 
tendió la  mano  de  Helena.  Se  unió  con 
80  navios  ¿  los  griegos  que  sitiaban  á 
Troja,  distingui6n£we  por  su  valor. 
Tomd  parte  en  la  lucha  habida  junto 

11  cadáver  de  Patrodo;  /  en  los  jue- 
gos Mnebres  verificados  en  honor  de 
«ste  héroe,  tuvo  una  cuestión  con 
Ajax,  hijo  de  Oileo.  A  su  regreso, 
sorprendido  poruña  tempestad,  hizo 
▼oto,  si  salía  incólume,  de  sacrificará 
Neptnno  el  primer  ser  viviente  que  se 
le  presentase  al  arribar  á  Creta,  v  los 
hados  dispusieron  que  fuese  su  nijo. 
Odioso  á  los  ojos  de  sus  parientes  por 
haber  consumado  el  sacrificio,  ó  tal 
m  arrojado  por  la  peste,  hujó  i  Ita- 
lia, donde  fundó  á  balento. 

Idóneameste.  Adverbio  de  modo. 
De  una  manera  id(Snea;con  idoneidad. 

BnuoLoaU.  Idónea  y  el  sufijo  ad- 
verbial mente:  catalán  ^  idthuament. 

Idoneidad.  Femenino.  Buena  dis- 
posición j  suficiencia  para  alguna 
cosa.  II  Forense.  Aptitad  legal  de  los 
testigos. 

Etiuolüoía.  Idóneo:  latín,  tdóneítas 
(san  Agustín);  italiano,  tc^on^tía; fran- 
cés, idonéité;  catalán,  idoneüal. 

Idóneo,  nea.  Adjetivo,  Lo  c^ue  tie- 
ne buena  disposición  ósufíciencia  para 
alguna  cosa.  |  Tsstiqo  mÓNso.  Form- 
«.  El  que  reúne  todas  las  círcnnstan- 
eías  de  la  lej. 

StiholooIa.  Latín  Uóneus:  italiano, 
idóneo;  catalán,  idiíneOi  a¡  idoneu^  a. 

ldoscópico,ca.  Adjetivo.  Zoología. 
Se  da  el  nombre  de  ojot  idoscópicos  á 
los  que  presentan  imágenes,  como  los 
ds  los  invertebndos,  por  contraposi- 
ción ¿los  ojos  /ototc^tcos.{3omx)jí.in.) 

BTiuoLOOfa.  Griego  eidos,  forma,  ^ 
%h>péo,  JO  examino:  francés,  idoscopi- 
qne. 

Idotea.  Femenino.  Zoología.  Géne- 
ro de  crustáceos  ísópodos. 

Etimolooía.  Idio. 

IdoteAdeo,dea.  Adjetivo.  Sutoria 
natural.  Análogo  á  una  idotea. 

Idoteideo,  dea.  InoTEÍDSo. 

IdoteifOTme.  Adjetivo.  Historia 
natural.  Que  tiene  la  forma  de  una 
idotaa. 

Idríalina.  Femenino.  Química.  Es- 
pecie de  earboro  de  hidr<^no. 

ETiicoLoafa.  (minas  de):  fran- 
ees,  idriaUne. 

Idrópico.  Masculino  anticuado. 
Cierta  piedra  preciosa. 


-  Idalinm.  Nombre  de  la  víctima 
que  se  sacrificaba  á  Júpiter  entre  los 
antiguos  romanos. 
.  I&mea.  Femenino.  Geografía.  Re- 

S'ón  de  Palestina,  que  ra^a  con  la 
alílea. 

ETiMOLoaÍA.  Latín  Jdüme  é  Idñmaa, 
(Lugano.) 

Idumeo,  mea.  Masculino  y  feme- 
niuo.  Natural  ó  propio  de  Idumea, 
antigua  región  de  la  Palestina. 

Etiuolcqí  A.  Latín  idumai.  ( Biblia.} 

Idus.  Masculino  plural.  Una  de  las 
tres  partes  en  qne  los  romanos  divi- 
dían el  mes. 

BTncoLOafa.  Latín  de  las  antiguas 
inscripciones,  eidus;  clásico,  idus,  del 
etrusco  idttare,  dividir:  eatalán,  idus; 
francés,  idee. 

Inus,  iDUOu,ioiBus.  Del  verbo  etrus- 
co idrnre,  dividir,  partir  en  dos.  Los 
romanos  llamaban  idns  ,ódia  de  los 
idus,  el  13  de  cada  mes ,  en  los  de  30 
días,  j  el  15  en  los  demás.  Y  como  tal 
día  dwiUtaba  6  dividía  el  mes  como  en 
dos  partes  iguales,  de  ahí  llamarse  el 
día  de  los  idus.  (Monlau.) 

Reseña  cronológica. — Una  de  las  di- 
visiones del  año  entre  los  antiguos  ro- 
manos. Eran  el  15  en  los  meses  de  31 
días,  excepto  Enero,  Agosto  y  Di- 
ciembre, que  caían  en  el  13,  lo  mismo 
que  en  los  otros  meses.  Estaban  con- 
sagrados á  Júpiter,  al  que  ofrecían  en 
ese  día  sacrificios.  El  Senado  romano 
tenía  una  de  sus  sesiones  ordinarias 
en  la  época  de  los  mus.  El  día  subsi- 
guiente era  tenido  por  funesto. 

leiunio.  Masculino  anticuado. 
Ayuno. 

leiunnar.  Neutro  anticuado.  Ayu- 
nar. 

leiuno,  na.  Adjetivo  anticuado. 
Haubbiünto. 

lelada.  Femenino  anticuado.  He- 
lada, frío. 

lelo.  Recíproco  anticuado.  Sblo. 

leñero,  lusculino  anticuado.  Enb- 

BO. 

leni.  Palabra  que  en  turco  signi- 
fica nuevo,  j  que  entra  en  la  compo- 
sición de  muchos  nombres:  \nmche- 
cher  (Laríssa),  nueva  ciudad;  Ibniío- 
leh,  nuevo  castillo. 

lenoio.  Masculino  anticuado.  Ro- 
dilla. 

BtiuoloqÍa.  Hinojos. 

lente.  Femenino  anticuado.  Gen- 
te. 

Ifina.  Femenino.  Química.  Princi- 
pio venenoso  de  la  iva. 

GTiifOLoaÍA.  Francés,  ifine;  de  %/, 
iva. 

Ifuríno.  Masculino,  Mitología.  El 
infierno  de  los  antiguos  galos. 

Igazurato.  Masculino.  Química. 
Combinación  del  ácido  igazúrico  con 
una  base. 

ETiHOLOofa.  Igazérieo. 

Igazúrico,  ca.  Adjetivo.  Qnlmiea. 
Epíteto  de  nn  ácido  que  se  halla  en 
algunos  vegetales. 

Btuiolooía.  Malayo  yorer,  haba 
de  san  Ignacio:  francés,  tgaiwrique. 

Iglesa.  Femenino  anticuado.  Iqle- 

BU. 

IgldMno.  MaHttliao.  Las  tierras 


que  pertenecían  á  las  fábricas  de  lu 
iglesias,  ó  en  (|ue  el  cun  llevaba  los 
diezmos  privativos. 

Iglesia.  Femenino.  Congregadón 
de  Tos  fieles,  regida  por  Cristoy  el 
Papa,  su  vicario  en  la  tierra.  |  Con- 
junto de  todos  los  cabildos,  personas 
eclesiásticas  y  gobierno  eclesiástico 
de  algún  reino,  ó  sujetos  de  un  pa- 
triarcado; como  Iglesia  latina.  Igle- 
sia griega.  Q  El  estado  eclesiástico, 
que  comprende  á  todos  los  ordena- 
dos. II  El  gobierno  eclesiástico  general 
del  sumo  pontífice,  concilios  y  prela- 
dos.' O  Cabildo  de  las  catedrales  ó  co- 
legiales; y  así  se  divide  en  metrópoli* 
tana,  sufragánea,  exenta  y  parro- 
quial, U  Diócesi,  territorio  y  lugares 
de  la  jurisdicción  de  los  prelados,  y  el 
conjunto  de  sus  subditos.  Llámase 
así,  aunque  impropiamente,  cada  una 
de  las  juntas  particulares  de  herejes; 
y  así  dicen:  la  Iolesia  reformada,  et- 
cétera. I  Templo.  \  Inmunidad  que 
goza  quien  se  vale  de  su  grado.  ||  db 
estatuto.  Aquella  en  que  na  de  hacer 
pruebas  de  limpieza  el  que  ha  de  ser 
admitido  en  ella.  Q  fría.  Derecho  que 
conserva  el  que,  extraído  de  sagrado, 
no  ha  sido  repuesto  en  él,  para  ^ega^ 

10  si  le  vuelven  á  prender.  |  hator. 
La  principal  de  cada  pueblo.  ||  uiu- 
TANTE.  La  congregación  de  los  fieles 
que  viven  en  este  mundo  en  la  fe  ca- 
tólica. U  oriental.  Se  Uamal»  lata- 
mente la  loLBSU  incluida  en  el  impe* 
rio  del  Oriente,  distinguiéndola  de  la 
incluida  en  el  imperio  occidental. 
Llámase  menos  extensamente  Iglesia 
oriental  la  comprendida  sólo  en  el 
patriarcado  de  Antioquia,  que  en  el 
imperio  romano  se  llamaba  diócesi 
ORIENTAL,  Hoy  día  se  entiende  por  la 
iQLESiA  oriental  toda  la  que  sigue  el 
rito  griego.  j|  papal.  Aquella  en  que 
el  prelado  provee  todas  las  prebendas. 

11  TRIUNFANTE.  Ls  congreffacíón  de  los 
fieles  que  están  ya  en  la  gloria.  |  Aco- 
OBRSB  k  LA  Iglbsia.  Fraso  familiar. 
Butrar  en  religión,  hacerse  eclesiásti- 
co ó  adquirir  fuero  de  tal.  |  A  uso  db 

IGLESIA  CATEDRAL,  CUALES  PUEBON  LOS 

PADBBS  LOS  HIJOS  SBRÁN,  Refrán  que 
ensefia  el  indujo  que  tienen  los  ejem- 
plos, y  en  especial  los  de  los  padres 
para  con  los  hijos,  y  Cuhplie  con  la 
Iglesia.  Frase.  Confesar  y  comulgar 
los  fieles  por  Pascua  florida  en  su  pro- 
pia parroquia.  Q  Extraer  de  la  ioub- 
siA.  Frase.  Sacar  de  ella,  en  virtud  de 
orden  judicial,  á  al^ún  reo  que  esta- 
ba retraído  ó  refugiado.  I|  he  llamo. 
Frase  de  que  usan  los  delincuentes 
cuando  no  quieren  decir  su  nombre, 
y  con  que  dan  á  entender  que  tienen 
IGLESIA  ó  que  gozan  de  su  inmuni- 
dad. I  Frase  metafórica  y  fomiliar  de 
'  que  se  usa  cuando  alguno  está  asegu- 
rado de  las  penecuciones  y  tiros  que 
otros  le  pueden  ocasionar.  |  ó  uar  ó 
CASA  RBAL.  Refrán  según  el  cual  los 
tres  medios  de  hacer  fortuna  son  el  de 
las  dignidades  eclesiásticas,  el  co- 
mercio y  el  servicio  del  rey  en  su 
casa.  II  Reconciliarse  con  la  Iglesia. 
Frase.  Volver  al  gremio  de  ella  el 
apóstata  6  hereje  que  abjurd  de  ra 


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14  IGNA 

error  j  herajía.  |  Ganar  iqlbsia.  Lo- 
cacitSn  proverbial.  Acogerse  á  una 
laLvsu  para  gozsr  de  sus  inmunida- 
des, como  lugar  de  asilo.  |j  Esták  co* 
uo  SN  LA  IQLBSIA.  Fmse  fomiliar. 
Guardar  silencio,  ü  Anticuado.  Ubbb- 
CBO  DB  IGLESIA.  Derccho  de  inmuni- 
dad. 

GriMOLoafA.  Griego  ¿xx3li)9ta  (ekkli- 
sía),  congregación:  latín,  ecclisia;  ita- 
liano, chiesa  ^;w>j(i/' francés  del  si- 
glo XI,  f/glUe;  XII,  e^lise;  moderno, 
égU$e;  provenzal,  glexta,  gliepta^  gli- 
cia;  catalán,  iglesia;  portugués,  igreja. 

Sentido  etiwiUgieo, — Bl  griego  «i- 
hÜHa  representa  una  forma  de  ehkor- 
léin  (lxxa>ew),  convocar.  Por  consi- 
guiente, significa:  «gente  convocada, 
reunión,  asamblea.> 

Iglisia.  Femenino  anticuado.  lau- 

SIA. 

Ignacia.  Femenino.  Botánica,  Ar- 
busto muj  ramoso  que  se  cría  en  las 
Indias  orientales.  (Caballbbo.) 

ErufOLoaÍA.  Latín  técnico,  ionatiá 
aurara^  de  Linneo,  hijo:  francés,  ig%(¡r 
tie. 

Sístña,  1. — ^Llámase  ignadaf  por- 
que dicho  arbusto  produce  el  hant  de 
san  laNACXo. 

2.  Pertenece  &  la  familia  de  las  lo- 
ganiáceas. 

Ignacio  de  Locóla  (san).  Funda- 
dor de  la  Compañía  de  Jesús  ú  orden 
de  los  jesuítas,  que  nació  en  el  casti- 
llo de  Lojola  (Guipúzcoa),  en  1491  y 
murió  en  Roma  en  1556.  Hijo  de  una 
noble  familia,  fué  en  sus  primeros 
años  paje  de  Fernando  el  Católico; 
j  habiendo  abrazado  más  tarde  la 
carrera  de  las  armas,  «n  la  cual  se 
distinguió  por  su  valor  j  pericia  mi- 
litar en  diversas  ocasiones,  concurrió 
en  1521  al  sitio  de  Pamplona,  donde 
snfirió  una  herida  que  le  dejó  cojoy  le 
obligó  i  abandonar  la  noble  profesión 
q,ue  había  escogido.  La  lectura  de 
libros  aacéticos,  á  que  se  entregó  du- 
rante su  larga  y  penosa  convalecen- 
cia, inflamó  de  tal  manera  su  imagi- 
nación, que  desde  aquel  punto  se  ere- 
JÓ  llamado  á  propagar  el  cristianismo 
por  todo  el  universo,  preparándose  á 
ello  con  las  m&s  rigurosas  austerida- 
des j  ajunos.  Las  costumbres  de  su 
época,  la  reacción  producida  por  el 
tránsito  de  una  vida  de  placeres  á  otra 
de  entusiasmo  religioso  j  de  exal- 
tada fe,  dieron  á  sus  primeros  actos 
un  prestigio  inconcebible.  Apenas  re- 
puesto, hizo  una  peregrinación  al  san- 
tuario de  Montserrat,  ante  cuya  patro- 
na  hizo  roto  de  castidad  perpetua, 
jurando  consagrar  su  vida  al  engran- 
decimiento del  catolicismo.  Una  grave 
dolencia,  efecto  de  sus  mortificacio- 
nes, le  retuvo  nuevamente  en  un  hos- 
pital de  Manresa;  pero  ni  aun  durante 
ella  consiguieron  los  médicos  separar- 
le de  sus  austeridades.  Cuando  pudo 
dejar  el  lecho,  salió  de  allí  extenuado 
y  macilento,  y,  por  humildad,  corrió 
de  puerta  en  puerta,  cubierto  de  re- 
pugnantes harapos,  pidiendo  i  la  cari- 
dad el  sustento  cuotidiano;  pero  como 
npieie  que  empezaba  á  descubrirse 
la  ooBdidtfn,  fué  á  ocultarse  i  una 


IGNA 

caverna,  de  donde  salió  para  embar- 
carse con  rumbo  á  Tierra  3anta.  En 
1523  lle^ó  á  Jerusalén  y  se  apresuró 
á  comunicar  á  los  franciscanos  el  pro 
yecto  de  crear  una  asociación  que, 
ramificada  por  todo  el  universo,  ten- 
diera á  contrarrestar  la  impiedad  y  la 
herejía.  Observando  que  los  francisca- 
nos le  oían  con  inec^uívocas  muestras 
de  frialdad,  volvió  a  España,  y  á  pe- 
sar de  los  32  años  que  ya  contaba, 
tomó  asiento  en  los  bancos  de  las  au- 
las de  Barcelona,  de  Salamanca  y  Al- 
calá, yendo  á  terminar  sus  estudios 
de  filosofía  T  teología  eseolástiea  á  la 
universidad  de  París,  donde  recibió 
el  título  de  licenciado  en  1534.  Aque- 
lla fuerte  é  indomable  voluntad,  que 
no  reconocía  obstáculos,  debió,  sin 
embargo,  sentirse  más  de  una  vez 
quebrantada  ante  el  espectáculo  de  los 
peligros  que  amenazaban  la  antigua 
unidad  católica.  Bn  aquel  momento, 
mientras  que  el  poder  del  islamismo, 
que  había  amenazado  á  Europa  ente- 
ra, se  refugiaba  enjlos  desiertos  de 
Africa  y  en  el  Oriente,  el  protestan- 
tismo se  levantaba  terrible  y  amena- 
zador en  el  Norte,  rompiendo  la  anti- 
gua disciplina  de  la  Iglesia,  quebran- 
tando los  fundamentos  de  la  fe,  que 
había  sido  el  alma  de  la  Edad  meoua, 
y  proclamando  la  libertad  de  concien- 
cia y  el  libre  examen.  Frente  á  frente 
de  ac^uel  peligro,  Ignacio  db  Lovola 
debió  considerarse  como  el  apóstol  del 
catolicismo  rígido  é  infiexíble  de  los 
siglos  pasados,  y  como  el  llamado  ¿ 
oponer  un  dique  infranqueable  al  to- 
rrente del  espíritu  moderno.  Sin  em- 
bargo, hasta  el  fin  debía  encontrar 
obstáculos  capaces  de  desalentar  i  un 
alma  menos  enérgica,  y  sólo  logró, 
después  de  perseverantes  esfuerzos, 
llegar  i  reunir  en  tomo  suyo  unos 
cuantos  compañeros»  que  formaron  el 
núcleo  de  la  asociación  con  que  desde 
hacía  mucho  tiempo  soñaba.  Aquellos 
primeros  neófitos  eran:  Pedro  Lefebre, 
sacerdote  saboyano;  Francisco  Javier, 
profesor  entonces  de  filosofía,  y  los 
estudiantes  Lainez,  Salmerón,  Boba- 
dilla  y  Rodríguez  de  Acebedo.  Todos 
se  reunieron  el  15  de  Agosto  de  1534 
en  una  capilla  subterránea  de  la  aba- 
día de  Montmartre,  en  las  cercanías 
de  París,  y  después  de  oir  una  misa, 
se  unieron  por  medio  de  un  solemne 
juramento,  dando  asi  á  la  fundación 
de  una  orden  religiosa  las  formas  de 
una  verdadera  conjuración.  Dos  años 
después,  se  encontraban  en  Venecia, 
dispuestos  á  hacer  una  peregrinación 
á  Tierra  Santa,  con  objeto  de  iniciar 
de  este  modo  la  obra  que  emprendían; 
pero  la  guerra  con  los  turcos  no  les 
ermitió  realizar  su  proyecto.  Ignacio 
íspersó  entOQces  á  sus  compañeros, 
cuyo  número  se  había  aumentado 
considerable  mente  en  las  ciudades  de 
Italia,  y  fué  él  mismo  á  solicitar  de 
Roma  la  aprobación  de  la  nueva  aso- 
ciación religiosa.  Aquella  aprobación, 
vivamente  combatida  en  el  colegio  de 
cardenales,  no  fué  concedida  definiti- 
vamente hasta  1540,  por  el  papa  Pan* 
lo  ItL  La  orden  de  los  jeiuítas,  lin 


IGNA 

embargo  de  su  adhesión  á  la  Santa 
Sede,  se  constituía  en  una  regla  ind^ 
pendiente,  la  cual  podía  comprometer 
el  poder  y  el  prestigio  del  pontifieado 
desde  el  momento  en  que  el  jefe  de  U 
Compañía  se  abrogaba,  no  sólo  el  de- 
recho de  emplear  á  sos  miembros 
como  juzgara  conTenientei  sino  el  de 
hacer  los  reglamentos  que  juzgara 
necesarios,  sin  tener  necesidad  de  la 
aprobación  del  sumo  pontifica.  Pro- 
clamado general  de  la  orden  en  1541, 
Ionaoio  redactó  las  Constituciones, 
bascando  como  colaborador  á  Laínez, 
cuyo  genio  organizador  le  sirvió  de 
mucho;  obtuvo  nuevas  concesiones  de 
la  Santa  Sede;  envió  á  todas  partes 
los  soldados  de  su  nueva  milicia  para 
trabajar  en  la  conversión  de  infieles, 
comprendiendo  bajo  este  nombre,  no 
sólo  á  los  idólatras  y  los  musulmanes, 
sino  á  todos  los  que  se  separaban  del 
catolicismo;  triunfó  de  la  oposición  de 
los  príncipes  y  de  los  pueblos;  hizo 
que  Lainez,  Salmerón  y  Le  Jay  de- 
fendieran en  el  Concilio  de  Trente  al 
papado,  atacado  por  la  Reforma;  envió 
misioneros  á  la  China,  al  Japón,  las 
Indias,  al  Paraguay  y  trabajo,  en  fin, 
con  todas  sus  fuerzas  en  la  restaura- 
ción del  edificio  del  cristianismo,  al 
mismo  tiempo  q^ue  robustecía  el  poder 
de  la  congregación  militante  que  ha- 
bía ñindado.  Fué  beatificado  en  1607 
por  Paulo  V,  y  canonizado,  en  1622, 
por  Gregorio  XV.  Sah  Ignacio  dejó 
escritas  las  Constituciones  de  la  Com- 
pañía de  Jesús,  que  fueron  traducidas 
al  latín  (Roma,  1558),  y  al  francés, 
por  el  reverendo  padre  Clemente;  unos  * 
Ejercidos  espirituales,  igualmente  tra- 
ducidos al  latín  por  jesuítas  y  al  fran- 
cés por  Drouet  de  Maupertuis,  y  una 
colección  de  MáañMa*,  que  vertió  al 
último  de  estos  idiomas  el  padre  Bon- 
honre,  asi  como  algunos  otros  opúscu- 
los de  menor  importancia.  El  perso- 
naje de  esta  biografía  nos  presenta  el 
siguiente  rarísimo  carácter:  tempera- 
mento extraordinario,  genio  audaz, 
peregrino  incansable,  apóstol  impasi- 
ble, fanático  ardiente,  convencido,  de 
fe  poderosa,  de  extensa  inspiración, 
hasta  rayar  en  alucinaciones  y  éxta- 
sis. Un  solo  hombre,  hijo  de  sí  propio, 
afirma  la  tiara  en  las  sienes  de  los 
pontífices,  hace  temblar  los  tronos,  se 
enseñorea  de  los  reyes,  triunfa  de  las 
escuelas,  domina  los  Concilios,  impe- 
ra en  el  mundo,  inunda  el  UnÍTerso. 
Si  esto  fué  ó  no  ^é  conveniente  &  la 
religión,  cada  escuela  dirá  lo  que  con- 
venga á  su  criterio;  si  esto  mé  ó  no 
fué  prodigioso,  nos  parece  que  nadie 
se  decidirá  por  la  negativa.  La  Socie- 
dad ó  Compañía  de  san  Ignacio  db 
LoTOLA  se  llamó  de  Jesús,  porque 
bajo  la  advocación  de  Jesús  estaba 
consagrada  la  iglesia  que  se  le  dió  en 
Roma. 

Ignaro,  ra.  Adjetivo.  Ionobamtk. 

Etiuología.  Latín  ignarusy  de  i  por 
ta,  negación,  y yMfM,  conocedor,  for- 
ma de  ^nofc^,  conocer:  italiano,  iffna- 
ro;  ftancés,  ^*<>'''* 

Ignavia.  Femenino  anticuado*  IDe- 
jadai,  descuido,  peiesa. 


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IGNI 

STmoLOOfi..  Latín  ignavU,  el  hom." 
bre  {WTezoso  j  eobarde.  (Aulo  Gb- 
LIO.) — <Bs  Toz  puramente  latina.» 
(AcADBiCA.  Dicñonario  d*  1726»)  — 
«Tal  en  su  descuido  j  i^nanat  ^  con 
todo  esto  le  sAstenttf  Dios  en  el  impe- 
rio, en  pnmio  de  su  religión.»  (Saa- 
TiDRA,  Corona góticot  tomo  i.') 

I^eo,  ea.  Adjetivo.  Lo  que  es  de 
fuego  6  tiene  alguna  de  sus  calida- 
des. B  Lo  que  es  color  de  fue^. 

Btucolooía..  Sánscrito  agnts,  fuego: 
litÍD,  ignit,  igíxal  sentido;  igneut,  Ig- 
neo;  eslavo,  ogn;  italiano,  Ígneo;  fraa- 
cés,  igné;  provenzal,  igiuí  catalán, 
ígtuo,  a. 

Ignescencia.  Femenino.  Didácti- 
ca, Estado  de  lo  ignescente* 

EtiuoloqÍ4.  IgnuGMU:  francés,  ig- 
neteena. 

Ignescente.  Adjetivo.  Didáctica, 
Que  arde,  ^ue  se  inflama,  en  cuyo 
sentido  se  dice:  materias  ignescentes. 

BtdioloqU.  Latín  ignetcent,  üf  nes- 
C'Sftt,  participio  de  presente  de  ignes- 
tere,  forma  verbal  de  ^nii,  fuego: 
francés,  ignetcent. 

^nicion.  Femenino.  Química*  La 
teeión  j  efecto  del  fuego:  dícese  re- 
gnlarmento  de  los  cuerpos  enrojecidos 
poréL 

BmifflXMf^  ígñto:  francés»  ig»i- 
üoñ. 

Ignícola.  Sustantivo.  Adorador  del 

ÉruioLooia.  Latín  ignii,  fuego,  y 
alére,  adorar:  francés,  tgnicole. 

Ignicolor.  ^ájiüvo.  Sixloña  naiih 
rél.  Que  tiene  color  da  fuego. 

BmmAaia.  ígneo  y  color. 

Ignífero,  ra.  Adjetivo.  Po/¿ica.  Lo 
que  contiene  en  si  d  arroja  fuego. 

SmioLOOÍa.  Latín  ú/nlfer;  de  ^nis, 
7  ferret  llevar. 

Igmiflnentá.  Adjetivo.  Que  echa 
faero. 

&iicoLoaÍA.  Latín  ignifitAt»  (Clau- 
uo.) 

Ignigena.  Masculino.  Mitología, 
Sobrenombre  de  Baco. 

Etiholooía.  Ignígau:  latín,  «/aS^e- 
sa.  (Ovidio.) 

IgBÍgono,  na.  Adjetivo.  Nacido  del 
fdego. 

Btiuolooía..  Latín  ignígenus;  de  Íg- 
nita fuego,  y  del  anticuado  genere,  en- 
gendrar. 

Ignipotente.  Adjetivo.  Poética*  El 
que  es  poderoso  en  el  fuego. 

BnHOLoaÍA,.  Latín  ign^dtent.  (Vir- 
nuo.) 

Igmspícia.  Femenino.  Ántigüeda- 
Í€t*  Adivinación  por  medio  del  fuego. 

Etuiolooía.  Latín  ignitpiclum;  de 
ignitf  fuego,  y  tpicere,  examinar. 

Ignito,  ta.  Adjetivo  anticuado.  Lo 
que  tiene  fuego  ó  está  encendido. 

EnuoLoaÍA.  Latín  ighiíus,  encen- 
dido, participio  pasivo  de  igníre,  po- 
ner fiúgo. 

IgaÍTOmo,  ma.  Adjetivo.  Poética. 
Lo  qoe  vomita  fuego. 

BrholooÍa.  Latín  ignivomut;  de 
ignüt  fuego,  j  vón^e^  vomitar:  fran- 
cés, igiúvome. 

IcaÍToro,  ra.  Adjetivo.  Que  traga 


IGNO 

Etuiolooía.  Latín  t^wi,  fuego,  y 
varare,  comer:  francés,  tgnivore. 

Igno.  Masculino  anticuado.  Hiuno. 

Ignábil.  Adjetivo  antícoado.  Inno- 
ble. 

Ignobilidad.  Femenino  anticuado. 
Calidad  de  innoble. 
Ignoble.  Adjetivo.  Innobu. 
Ignografia.  Femenino.  loNcoaa- 

FÍA. 

Ignominia.  Femenino.  Afrenta  pú- 
blica que  alguno  padece  eon  causa  6 
sin  ella. 

EtiholgoÍa.  Latín  igHomínía^  de  i, 
por  tn,  contra,  y  nomen,  aféresis  de 
gnomen,  nombre:  ^ncés,  igMmime;ctL' 
talán,  i^nomínea. 

Sentido  etimológico.— ignominia 
es  la  ofensa  contra  nuestro  nombre, 
como  la  infamia  es  la  que  se  hace  con- 
tra nuestra  fama,  como  la  injuria  es 
la  que  se  infiere  contra  nuestro  dere- 
cho, jnt  en  latín.  Son  ideas  absoluta-r- 
mente  distintas. 

Ignominiosamente.  Adverbio  de 
modo.  Con  ignominia. 

BnuoLoafA.  Ignominiosa  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  catalán,  ignominiosor 
ment;  francés,  ^mminieiuement;  latín, 
igmmínwsi. 

Ignominiosísimo,  ma.  Adjetivo 
superlativo  de  iguominioso. 

Ignominioso,  sa.  Adjetivo.  Lo 
que  es  ocasión  ó  causa  de  ignominia. 

ETiuoLoaÍA.  Ignmninia:  latín,  igno- 
míniSsus;  eatal&n,  ignominidSt  a;  fran- 
cés, ignominieua. 

Ignorable.  Adjetivo.  Que  puede 
ignorarse. 

ISriHOLoaía.  Ignorar:  latín,  ignora- 
bilis;  francés,  ignorable, 

Ignoracidtt.  Femenino  anticuado. 

laNORANCIA. 

Ignorado,  da.  Participio  pasivo  de 
ignorar.  ||  Adjetivo.  Oscuro,  sin  nom- 
bre ó  fama. 

Etimología.  Ignorar:  latín,  igiwrH- 
tns;  italiano,  ignorato;  francés,  ignore'; 
catalán,  ignoraí,  da. 

Ignorancia.  Femenino.  Falta  de 
ciencia,  de  letras  y  noticias,  ó  general 
ó  particular.  |  obasa.  La  que  no  tiene 
disculpa.  I  SUPIHA.  La  que  procede  de 
negligencia  en  aprender  6  inquirir  lo 
que  puede  y  debe  saberse.  ||  os  dbeb- 
GHO.  Forense.  La  que  tiene  el  que  ig- 
nora él  derecho.  D  db  hbcho.  Porense. 
La  que  se  tiene  de  algún  hecho.  Q  no 
QUITA  PBCADO.  Expresión  con  que  se 
explica  que  la  ignorancia  de  las  cosas 
que  se  deben  saber,  no  exime  de  cul- 
pa. \  No  PECAB  DB  IGNORANCIA.  Frase. 
Hacer  alguna  cosa  con  conocimiento 
de  que  no  es  razón  el  hacerla,  ó  des- 
pués de  advertido  de  que  no  se  debía 
hacer.  Q  Pbbtbndsb  ionobancia.  Fra- 
se. Alegarla. 

Etimología.  Ignorante:  latín,  igna- 
raníta;  italiano,  t^florentúi;  francés, 
ignorance;  provenzal,  ignoranta,  igno- 
raníia;  catalán,  üinordneia. 

Reseña. — X.  El  may  erudito  don 
Ramón  Cabrera  asegura  en  sus  etimo- 
logías que  nuestro  idioma  tomó  esta 
palabra  en  el  siglo  xiv;  pero  es  una 
afirmación  errónea,  pues  en  el  Fuero 
Jusgo  se  lee  (le/  19,  título  1.*,  li-{ 


IGNO  15 

bro  2.*):  <e  si  el  íuez  iudgó  por  igno- 
rancia;*  y  en  otro  lugar  (ley  3.  ,  tí- 
tulo 1.%  libro  2.*):  «toda  sciencia... 
desama  ignorancia.» 

2.  Moral  de  la  famiUa, — ^Pregunta- 
ron &  un  sabio:  «¿cuál  es  la  criatura 
más  responsable  de  este  mundo,  por 
los  miUes  que  á  todos  ocasÍDna?>  Bl 
sabio  contestó:  la  ionobamcia.  Esta 
voz  se  debe  borrar  de  los  Diccionarios 
y  escribir  en  su  puesto:  el  infierno  del 
mundo. 

Sinonimia.  Ignorancia,  tontería,  ne- 
cedad. La  ignorancia  es  fiilta  de  cultu- 
ra del  entendimiento;  la  tontería,  fiilta 
de  cultura  de  la  razón;  la  necedad  es 
ignorancia  ó  tontería  acompafiada  de 
presunción. 

Bl  ignorante  yerra  por  falta  de  prin- 
cipios adquiridos;  el  tonto,  por  falta  da 
luces  naturales;  eí  neao,  por  falta  de 
luces  ó  prineipios,  y  sobra  de  amor 
propio. 

SI  amor  propio  oculta  muchas  ve- 
oes  la  unorancia;  descülve  siempre  la 
necedad,  y  no  tiene  influjo  alguno  en 
la  tontería.  (Huerta.} 

Ignorante.  Participio  activo  do 
ignorar.  El  que  ignora,  y  Adjetivo.  El 
que  no  tiene  noticias  de  las  cosas. 

EmcoLoaÍA.  Latín  ignorante,  abla- 
tivo de  ignorans,  antis,  forma  adjetiva 
de  ignorare,  ignorar:  catalán,  i^no- 
rant;  francés,  t^senml,  «M&i;  itebano, 
ignorante. 

Ignorantemente.  Adverbio  de 
modo.  Con  ignorancia. 

Etimoloou..  Ignorante  y  el  soÉjo 
adverbial  mente:  catalán,  i^tunMí- 
ment;  francés,  úfnorammeni;  italiano, 
ignorantemente;  latín,  ignSrémtir. 

Ignorantinos.  Masci^no  ploraL 
Nombre  con  ^ue  se  designaron  por 
humildad  los  individuos  de  una  orden 
religiosa,  fundada  á  fines  del  siglo  xT 
por  san  Juan  de  Dios,  portugutis. 

Etimología,  ^acfflsítf.-  italiauo,  ig- 
noranli,  plural;  francés,  ignoranlin. 

Reseña. — 1.  «Los  hermanos  igno- 
bantinos  son  muv  sabios  en  puuto  á 
remedios  para  toda  suerte  de  enfer- 
medades, y  se  llaman  así  por  espíri- 
tu de  modestia  y  de  maasedumore.i 
(Palma  Catet,  Ckron.,  séptimo  anno, 
1604.) 

2.  María  de  Uédicis  introdujo  en 
Francia  la  orden  de  los  laHOBAirmos* 

3.  Fundóse  dicha  orden  en  14^. 
lenorantfsimo,  ma.  A4jstivo  Sn- 

perfatÍTo  de  ignorante. 

Etiholooía.  Ignorante;  eatal&n,  ig- 
noraniíssim,  a;  francés,  ignor«UÍ9Hm$t 
familiar. 

Ignorantismo.  Masculino.  Estado 
de  Ignorancia,  g  Sistema  que  tiene 
por  objeto  favorecer  la  ignorancia. 

Etimología.  Ignorante:  francés,  ig- 
noranlisme. 

Ignorantista.  Masculino  y  feme- 
nino. Partidario  del  ignorantismo. 

Ignorantón,  na.  Adjetivo  aumen- 
tativo de  ignorante. 

Ignoranza.  Femenino  aaticoado, 

lONOHANCIA. 

Ignorar.  Activo.  No  saber  tu»  6 
muchas  cosas,  ó  no  tener  notioia  de 
elUs. 


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16 


IGUA 


s 


ÜnuOLOcfA.  Latín  ignorare;  de  i, 
orttt^negaciiSii,^  del  radial  i^usitt- 
.0  g^Srut,  simétrico  de^fKfnw,  conoce- 
dor: dtftlán,  ignorar;  francés,  ignorer; 
italiano,  ignsrarg.  ffl  catalán  anticuo 
tiene  ignyorar. 

Ignoto,  ta.  ¿.djetÍTo.  Ló  qnt  oo 
es  conocido  ni  descubierto. 

BTiitoLoafi.  Latín  ignotut,  partici- 
pio de  iguosciíre;  de  t,  por  in,  nega- 
ción, y  anoscere,  conocer:  ionoscbrb 
delicia  aíiaa,  perdonar  á  uno  sos  de- 
litos; Mto  M,  desconocerlos,  olvi- 
darlos. 

SiMONSHU.  Ignoto,  áíieonocido,  igno- 
rado. Ignoto  se  refiere  &  cosas.  Mares 
ignotot.  No  puede  decíne:  humanidad 
ignota;  ignoto  talento. 

Detconocido  se  aplica  i  cosas  j  per- 
senas.  Tierral  dae»nocida$,  hombres 
daeonoeidoi* 

ignorado  expresa  la  idea  de  olvido, 
de  injusticia,  de  abandono.  Talento 
ignorado.  AI  decir  talento  ignorado,  no 
queremos  significar  que  sea  un  hecho 
ignoto;  no  queremos  dar  á  entender 
que  sea  una  cosa  desconocida,  Quere- 
mos decir  que  «s  una  cosa  ohidada, 
porque  no  saben  su  valor. 

Quizás  habrá  en  el  mundo  tierras 
ignoiat,  en  donde  se  agite  una  huma- 
nidad deseonoeidé,  «nUe  mil  bellezas 
ignoradat. 

Igoal.  Adjetivo  anticuado.  lauAi.. 

Igreja.  Femenino  anticuado.  Iolb- 
su. 

Igual.  Adjetivo.  Lo  que  es  de  la 
misma  naturaleza,  cantioad  iS  calidad 
que  otra  cosa.  I  Lo  que  no  tiene  cues- 
tas ni  profundidades;  j  así  se  dice: 
terreno  iqual.  H  Muj  parecido  ó  se- 
mejante; y  en  este  sentido  se  dice:  no 
he  visto  ooaa  iauA.L,  ó  ser  una  cosa 
sin  tQUi.L-,  esto  es,  na  tener  semejan- 
te. Q  Constante  en  el  modo  de  obrar; 
jasi  se  dice:  Fulano  es  tauJLL  en  todas 
sus  acciones.  Q  Al  ioual.  Bfodo  adver- 
bial. Con  igualdad.  |  Bm  ioual  db. 
Modo  adveroial.  Sn  vez  de,  ó  en  lu- 
gar de,  j  asi  se  dice:  bh  iouál  db  dar- 
me el  oUnerOf  me  lo  pides,  g  Pon  iqual 
6  POR  UH  laVkL.  Modo  adverbial. 

loUALUINTa.  I  QoiDAft  TOOOS  lODA- 
LB8,  6  DBJÁB  ¿  TODOS  IGUALBS.  FraSS 

de  que  puede  osarse  cuando  varios  su- 
jetos solicitan  una  cosa  y  ninguno  la 
consigue. 

ETiHOLOaÍA.  Latín  a^ualit,  de 
aquuí,  justo,  unido,  simétrico,  armo- 
nioso: italiano,  eguaU;  francés  anti- 
guo, ivo,  wtoel,  uel,  vgan,  egnal;  mo- 
derno ¿^nl;  provenzal,  ^nai;  catalán, 
igual. 

SmONiuiA.  Igual,  id/ntieo.  Exami- 
nemos el  vario  sentido  de  estas  dos 
frases:  hombres  igtuUet,  hombres  idAt- 
tim. 

Hombres  jgualot  quiere  decir  que 
tienen  la  misma  estatura,  el  mismo 
aire,  las  mismas  fiieciones;  es  decir, 
la  misma  presencia. 

Hombres  idénüeot  ciñiere  decir  que 
son  de  tal  manera  iguales  en  todo, 
que  constitnvett  un  mismo  hombre. 
La  identidad  no  consiste,  como  la 
ÍMualdad^  en  ave  tangán  una  misma  i 
nrMi  ww  mnu  manifistaeito  »-  { 


IGUA 

terior,  sino  en  que  sean  perfoctamen- 
te  ignaUs,  aif  en  los  accidentes  del 
cuerpo  como  en  las  propiedades  del 
alma.  Han  A^tnindimtiolmente^wh 
lt»t  así  moviéndose  eomo  hablando, 
como  pensando,  eomo  escribiendo, 
como  en  todo  lo  que  pueda  oaraetezi- 
zarlos. 

Las  cosas  iguales  existen  separadas. 
Dos  6  más  naranjas  del  mismo  tama- 
ño, peso  y  color,  son  dos  cosas  iguales, 

f'  sin  embargo,  cada  una  ocupa  su 
ugar. 

Las  cosas  idílicas  no  pueden  sepa- 
rarse, porque  no  pueden  dividirse, 
porque  no  puede  dividirse  un  todo  sin 
que  el  todo  desaparezca.  Las  dos  ideas 
que  el  alma  necesita  para  hacer  una 
comparación,  por  ejemplo,  son  dos 
hechos  idénticos  del  alma,  puesto  que 
sin  ellos  la  comparacidn  es  imposible. 
Aquellas  dos  ideas  son  idénticas  por- 
que concurren  simultáneamente  a  for- 
mar una  unidad  de  nuestro  espíritu, 
que  se  llama  comparación.  Propia- 
mente hablando,  no  son  dos  hecnns, 
dos  funciones,  sino  una,  porque  son 
dos  funciones  identificadas. 

La  razón  de  este  uso  consiste  en 
que  lo  igual  se  aplica  á  la  forma;  es 
decir,  á  la  manifestación  sensible  de 
los  hechos  en  todos  loe  drdenes  po- 
sibles. 

Lo  idéntico,  por  el  contrario,  no  se 
refiere  á  las  ounifestaciones  exterio- 
res, sino  á  las  propiedades,  á  lo  subs- 
tancial de  lu  cosas. 

Lo  ignal  es  distinto:  lo  iá¿nt%e$  es 
uno. 

Si  una  cosa  no  pudiera  distinguirse 
de  otra,  no  sería  t^tu/,  sino  idéntica. 

Si  un  hecho  cualquiera  pudiera  dis- 
tinguirse de  otro,  no  serla  idátticó, 
sino  ignal. 

Lo  igual,  pues,  consiste  en  las  par- 
tes, en  los  accidentes,  en  las  aparien- 
cias. 

Lo  idéntico  consiste  en  el  todo^  en 
la  razón  originaria  del  heeho,  en  su 

principio. 

Iguala.  Femenino.  La  acción  de 
igualar.  |  Composición,  ajuste  ó  pacto 
en  los  tratos.  También  se  llama  así 
el  estipendio  ó  la  cosa  que  se  da  en 
virtud  de  ajuste,  y  Entre  albaQilea, 
listón  de  madera  con  que  se  reconoce 
la  llanura  de  las  tapias  ó  suelos.  |]  A 
LA  IQUALA.  Modo  adverbial.  Al  igual. 
H  Modo  adverbial  anticuado.  Igual- 
mente, con  igualdad. 

Igualación.  Femenino.  La  acción 
y  e»oto  de  igualar.  Q  Metáfora.  Ajus- 
te, convenio  ó  concordia.  ^  Álgeora. 
Anticuado,  Bcuación. 

STiuoLoaÍA.  Igualar:  catalán,  igua- 
iacié;  francés,  égalisation. 

Ignalado,da.  Adjetivo  que  se  apli- 
ca a  algunas  aves  que  ja  nan  arro- 
jado el  plumón  y  tienen  igual  la 
pluma. 

Etihología.  Igualar:  latín,  aqua- 
tus;  catalán,  igualat,  da;  francés,  éga~ 
lisé;  italiano,  ugualato. 

Igualador,  ra.  Mascalino  y  feme- 
nino. El  que  iguala. 

Itiuolooía.  Igualar:  catalán,  igua- 
lador, o. 


IGUL 

Ignalaaeiento.  HascnUno.  La  ac- 
ción y  efecto  de  igualar. 

BTiHOLoata.  Igualad^:  catalán  an- 
tiguo, iaualament;  francés,  é^alement. 

Igualante.  Participio  activo  anti- 
cuado de  igualar.  Bl  q^ue  iguala. 

Igualanza.  Femenino  anticuado. 
Igualdad.  |]  Anticuado.  Iguala. 

Igualar.  Activo.  Poner  al  igual 
una  cosa  con  otra.  |  Metáfora.  Juzgar 
sin  diferencia,  ó  estimar  á  alguno  y 
tenerle  en  la  misma  opinión  que  á 
otro,  p  Allanar,  j  en  este  sentido  se 
hice:  igualar  los  caminos  ó  ios  terre- 
nos, p  Hacer  ajuste  ó  convenirse  con 
pacto  sobre  alguna  cosa.  Se  usa  tam- 
bién como  recíproco.  J  Neutro,  Ser 
igual  una  cosa  a  otra.  Se  usa  también 
eomo  recíproco.  |  Recíproco.  Ponerse 
al  igual  de  otro. 

^lUOLOOÍA.  Igualí  latín,  9guan, 
catalán,  igualan;  francés,  égaliser;  ita- 
liano, ugualare. 

Igualarse,  Recíproco  anticuado. 

SuBiaSB  Á  HAYOBBS. 

Igualdad.  Femenino.  Conformi- 
dad de  una  cosa  con  otra  en  naturale* 
za,  calidad  y  cantidad.  |  Correspon- 
dencia y  proporción  que  resulta  da 
muchas  partes  que  uniformemente 
componen  un  todo.  ||  os  ¿Niuo.  Cons- 
tancia/serenidad  en  los  sucesos  prós* 
peros  ó  adversos.  II ANTB  la  lby.  Igual- 
dad de  derechos  y  obligaciones,  dog- 
ma del  derecho  político  moderno. 

BtuiolooCa.  igual:  latía,  egualUas; 
catalán,  iaualíat;  provenzal,  engaltat; 
francés,  áfaliíé;  italiano,  lyaafttó. 

Igusídade.  Femenino  anticuado. 

laUALDAD. 

Igualdat.  Femenino  anticuado. 

Gracia,  favor. 

Etiholooía.  Forma  lemotina. 

Igualeza.  Femenino  anticuado. 
Igualdad,  confobmidad. 

Igualico,  ca,  lio,  lia,  to,  ta.  Ad- 
jetivo diminutivo  de  igual. 

Igualmente.  Adverbio  da  modo. 
Con  igualdad.  |  También,  asimismo. 

Etimología.  Igual  y  el  sufijo  adver^ 
bial  mente:  cat-alan,  igualment;  proven- 
zal,  ^ualmen,  palmen,  M^aÍMm; 
francés,  également;  italiano,  egualnun- 
te;  latín,  a¡ualíter. 

Iguana.  Femenino.  Zoologia.  Rep- 
til con  el  cuerpo  semejanto  al  del  la- 
garto, é  indígena  de  la  América  me- 
ridional. En  toda  la  longitud  de  la 
cola  y  del  lomo  tiene  una  linea  de 
púas,  la  cabeza  chata,  y  debajo  de  la 
mandíbula  inferior,  una  bolsa  ó  papo, 

3ue  tiene  también  en  medio  una  linea 
e  púas. 

Etimología.  Dialecto  de  los  cari- 
bes, iuana,  guana:  francés,  iguane. 
(Cita  de  OviBDO,  en  1525.) 

Iguánido,  da.  Adjetivo.  Propio  de 
la  iguana. 

Iguanodón.  Masculino.  ZooU^ia. 
Género  de  reptiles  sauriaaoa  fúsiles. 

Iguar.  Activo  anticuado.  Ig'ualar. 

Iguarucu.  Masculino,  Zoologia. 
Animal  anfibio  del  Brasil,  de  la  mag- 
nitud de  un  buej. 

Etiuología.  Vocablo  indígena. 

Iguldia.  Femenino  anticuado. 

laUALUAD. 


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ILEA 


ILEI 


ILIA  ii 


!(jmdB.  Femenino.  Gutlqnieni  de  las 
do9.  cavidades  qne  h&j  entre  las  cos- 
tillas bisas  y  el  vientre  inferior  del 
cuerpo  animu.  D  Dolor  6  mal  que  se 
padece  va  aqueHa  parte.  |  Tkhbr  so 
uu)A.  Frase  metafórica  qae  «e  dice  de 
las  cosas  qae,  entre  lo  qae  tienen  de 
liH«no,  selnlla  algo  qae  ftO  lo  es  tanto. 

BTiu(».oofA.  Latín  itté,  los  ijares: 
catalán,  ithda, 

Ijftdear.  Neutro,  Menear  mucho  j 
acenradamente  las  ijadas,  lo  qae  co- 
munmente se  dice  del  eaballo. 

al.  Kascttliae  americano.  Ija.da. 
ar.  Sbtsculino.  Ija.dá. 
ftcendde.  A.djetivo.  Que  no  pue- 
de lacerarse. 

ErivoLpaÍA.  Latín  iltííelírMHÍii,  de 
a,  por  «II,  negací<!n,  y  ISetHtiíUt,  la- 
eerable:  francés,  Uk^ralfU. 

ÜRcerado,  da.  AdJetÍTO.  No  Uee- 
rado. 

BmiObOQU.  Ihetnikí  ftanoés, 

Ilwaóli.  Femeniño.  La  aocidn  de 
inferir  ó  deducir  una  cosa  de  otea. 
Llámase  también  así  la  misma  conse- 
caaneia. 

EnuoLOOfA.  Latín  illadot  ta  acción 
de  lloTar,  forma  sustantiva  abstracta 
de  ÍllStn$,  participio  pasivo  de  inferrtt 
llevar  adentro;  de  »*»,  en,  y  fmv,  lle- 
Tar:  illatio  síuprit  el  acto  de  deshon- 
rar á  una  mujer,  en  el  Di^tstot  cáta- 
las, it-Ueié;  francés,  iliatton. 

Ilapso.  Mascsliao.  Caída  suave, 
Inflojo.  I  Bsgecie  de  éxtasis  contem- 
plativo. 

BnHOUoU.  Latfn  illApsiUt  partici- 
pio pasivo  4fl  iUiUi  de  u,  por  en, 
j  Uuig  caer;  «caer  denteo  da  alguna 
cosa»  iLLAPüVS  tMimot,  que  ka  pene- 
trado en  las  almas.  (CicsadN.)— (Caí- 
da de  lo  alto  con  suavidad,  desliz 
apacible,  influjo  celestial.  E«  voz  de 
raro  wpo  j  viene  del  latino  liltmut,» 
(A.CÁDBMU,  DkcÚMrio  de  Í7x6.) — 
<¥  «oa  un  ilapso  divinct  y  dulcísimo, 
las  tran«fonaaeD8Íminno.»(M.  Agbb- 
DA.,  tomo       número  178.) 

Ilativo,  va.  Adjetivo.  Lo  qae  se 
infiere  ó  puede  inferirse. 

BrufOLoafá.  lUei^  latín,  illitñm; 
catalán,  ii-iati%,  va;  francés,  t^'*/* 

Ildafonso  (sah).  Arzobispo  de  To- 
ledo, que  nació  en  607  v  manó  en  669, 
Era  sobrino  de  Sagtnio  III,  arxobispo 
de  Ttdedo,  y  tuvo  por  maestro  á  san 
IsidOTO,  de  Sevilla.  Batró  en  al  mo- 
nasterio Agaliense,  donde  le  ordenó 
de  presbítero  san  Eladio  v  donde 
fué  noveno  abad.  Asistió  al  noveno 
Concilio  de  Toledo  en  653,  en  que  hizo 
su  profesión  de  fo  el  rey  Recesvinto,  y 
snoedió  ea  el  arzobispado  á  su  tío  Eu- 
genio III,  viviendo  todavía  nueve 
mfioa.  Dejó,  entre  otras,  las  obras 
siffoientea:  De  ta  virginidad  de  la 
Madre  de  Dios;  Carta*;  Osculo  sobre 
el pa»  eucéríttiat;  AnoíactOM  al  bau~ 
tisMOf  y  De  tos  escritores  eclesiásticos^ 

ÜeadelAa.  Femenino.  Teratolocia. 
Daformidad  producida  por  la  dupíiea- 
eión  de  an  ser. 

Etiholooía.  Ileadel/o. 

DeadólAco,  oa.  Adjetivo.  Terato- 
/q^ía^£n^io  de  Ja  üeádeUa.  ....... 


Ileadelfo.  Maséulino.  Teraiologia, 
Monstruo  por  ileadelfia.  (Caballero.) 

EtiuoloqÍa.  Griego  bIXcw  (eileinjt 
enroscar,  y  adetpkát,  hennaao:  fran- 
cés, iiéadeiphe. 

Beteña. — 1.  Los  ilbad».pos  son 
monstraos  dobles  en  la  parte  inferior; 
esto  es,  de  intestinos  abajo. 

2.  LMmanse  ilsadblfos  (de  eiUinf 
enroscar)  aludiendo  á.las  tortuosida- 
des de  los  intestinos:  tXXiTvt  iSsXipóc 
feilein  adelpkós). 

Ilécebra,  Femenino.  Ilbckbro.  || 
Halago,  atractivo,  engpaño.  Es  poco 
usado  en  este  sentido. 

EnuoLoofA.  Latín  illecSbra,  cebo, 
añagaza,  hablándose  de  pájaros  (Jus- 
tino); encanto,  hechizo  (Apuleyo); 
estímalo,  sedación,  caricias  (Cicb- 
hón). 

neoebro.  Uaseulíno;  Botánica,  Gé- 
nero de  plantáis  amarantáceas. 

BriuOLoaÍA.  Latfn  üSÉeíhrat  espe- 
cie de  siempreviva  6  verdolaga.  (Pli- 

NIO.) 

Sentido  etimológico.^'^  latfn  itUei' 
hra  es  una  forma  de  il^eSéríre,  encan- 
tar, frecuentativo  de  ilUcíre,  tender 
lazos,  porque  -se  hubo  de  creer  que  el 
iLBCBBRO  en  hierba  ¿  propósito  para 
los  encantos. 

Ilegal.  Adjetivo.  Lo  que  es  contra 
ley. 

Etiholoqía.  Latín  posterior  illeg^ 
lis,  de  il,  por  in,  negación,  y  t^ilis, 
legal:  catalán,  Ú-ie^al;  francés,  ilié- 

gal.  ■ 

Ilegalidad.  Femenino.  Falta  de 

legalidad. 

BtiMOLoaÍA.  lUfal:  latfn,  illegalt- 
tas;  catalán,  il'legaUtat;  francés,  Utí- 

Ilegalmente.  Adverbio  de  modo. 
Sin  legalidad. 

ETiMOLOdÍA.  líegal  y  el  sufijo  ad- 
verbial mente:  catalán,  ií-legaimení; 
francés,  illégalement. 

Ilegible.  Adjetivo.  Lo  que  no  pue- 
de leerse. 

EriMOLOofA.  //,  por  *»,  en,  y  legi^ 
ble:  catalán,  il-iegiUe. 

Ile^ftimamente.  Adverbio  de  mo- 
do. Sin  legitimidad, 

Btimoloqía.  Ilegítima  ^  el  sufijo 
adverbial  mente:  catalán,  it-legltima- 
meiU;  francés,  iltégitimemení;  latín, 
it^ítíme. 

Uegitimar,  Activo.  Privará  algu- 
no de  la  legitimidad,  y  hacer  que  se 
tenga  por  ilegítimo  al  que  realmente 
era  legítimo  o  creía  serlo, 

ETiuoLOotk,  Il^itmo:  catalán,  ií- 
legitimar. 

Ilegitimidad.  Femenino.  Falta  de 
alguna  circunstancia  ó  pequisito  psra 
ser  una  cosa  legítima. 

Etimología.  Ilegitimo:  catalán,  il- 
legiíimitai;  francés,  illégitimité. 

Ilegitimo,  ma.  Adjetivo.  Lo  que 
no  es  legítimo, 

ETiuoLOofA.  Prefijo  i,  porm,  nega- 
ción, y  legítimo:  catalán,  ií-l^itim,  a; 
francés,  tllégitime, 

IleiÚco,  ca.  Adjetivo.  Medicina. 
Concerniente  á  la  ileftís, 

Ileitis..  Femenino.  Medicina,  Infla- 
mación áH  íleon,  <  - 


EnuoLoaÍA.  /&my  el  sufijo  médi- 
co ítis,  inñamación:  francés,  il^í*. 

Ileo.  Voz  que  entra  ea  la  composi- 
ción de  varias  palabras  anatómicas 
para  designar  el  fleon;  como  íleo- 
cecalf  eoneemiente  «1  íleon  y  al  intes- 
tino ciego. 

Etiic<h.oo(a,  Latín  iHa,  los  ijares, 
los  intestinos,  del  griego  eilAn,  enros- 
carse, aludiendo  á  la  forma  de  aqáe- 
llas  visceras. 

neo-cecal.  Adjetivo.  Anatomía. 
Perteneciente  al  Üeon  y  al  intestino 
ciego. 

ETiuoLOofa.  Ilep  y  cecal:  francés, 

ile'o-cacal. 

Ileo-cólico,  ca.  Adjetivo,  Anato- 
mía. Referente  á  los  intestinos  íleon  y 

colon. 

Etímología.  íleo  y  célico:  francés, 
iUo-coliq%e. 

Deonliclidita,  Femenino.  Media- 
na.  Inflamación  del  íleon  y  de  Ift  vál- 
vula íleo-cecal. 

EnuoLoaÍA,  Glriego  «¿¿ere,  enros- 
car, y  dyitit  (6ux>íf),  doble  puerta, 
válvula:  francés,  iUo-d%clidÍto. 

Ileografía.  Femenino.  Anatmia. 
Descripción  de  los  intestinos. 

EtuiolcoU,  Ileo  y  grtiphéín,  des- 
cribir. 

Ileologia,  Femenino,  Medicina, 
Tratado  sobre  los  intestinos. 

ETiMOLOofA.  Ileo  y  légosy  trafeido. 

Ileon.  Masculino.  AnatomÍa.EMA> 
cer  intestino,  que  empieza  donde  aca- 
ba el  yeyuno  y  termina  eu  el  ciego. 

Etxuolooía.  Ileo:  francés,  won, 
iténm. 

SenUdo  eiimolágico,-^M  fteoN  se 
llamó  así  porque  está,  situado  en  las 
partes  ilíacas,  6  aladíeodo  &  !■  multi* 
tud  de  revoluciona  que  opera  entre 
los  demás  intestinos.  (Parbo,  /,  ÍS.) 

Ileosia.  Femenino,  iLBOsia 

Ileosis.  Femenino.  Medicina.  En- 
fermedad nerviosa  que  eocsiste  en 
convulsiones  del  íleon. 

KriuoLoaÍA.  Ileon, 

Uercaones.  Masculino  plural.  Geo- 
grafía antigua.  Habitantes  de  la  Es- 
paña tarraconense,  que  habitaban  la 
parte  comprendida  entre  d  Ebn,  el 
furia  y  el  mar. 

ETUiOLOofa.  Latfn  itereaonest  en 
:  Plinio;  tlercaonincest  en  Tito  Livio, 
pueblos  de  la  Taitaconense. 

Ilergetas.  Masculino  plural.  Geo- 
grajia  antigua.  Habitantes  de  la  Espa-, 
üa  tamtconense.qae  habitaban  el  te- 
rritorio de  Lérida. 

ExiuoLoafA.  Latín  ilergHet,  en  Ti- 
to Livio,-- i¿ffy«to,  en  las  insoripcioBes, 
pueblo  de  la  Tarraconense. 

Ilergetee.  IlbbobTas, 

Ileso,  8»,  Adjetivo.  Lo  que  no  ha 
recibido  lesión  ó  daño.- 

Et^AtOLOaÍA.  -  Latfn  illmeus;  de  il, 

Sor  f'n,  negativo,  y  lasnt,  dañado,  «no 
afiado:>  nancea,  illée;  catalis,  il- 
m,  a. 

Iletrado,  da.  Adjetivo.  Que  carece 
de  conocimientos  en  letes}  lego  en 
alguna  materia. 

Ilez.  Hascnlino.  Ilicio. 

IUa*SylTÍa.  Femenino.  MUolegie. 
Madie  de  Rómulo.  • 

touo  m  >^->  B 

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13  ILIB 

.  Iliacas  <TABLÁs).  Arqtuolcoia. 
FnfftneDto  de  un  bajorrelieTo  hallado 
«q  Fiatochio,  que  representa  los  su- 
cesos de  la  guerra  de  Troja,  j  que 
tiene  las  figuras  acompañadas  de  su 
pombre  propio. 

1.  Iliaco,  ca.  Adjetivo.  Anatomía. 
Lo  referente  al  íleon  en  los  ijares;  j 
fUBÍ  se  dice:  re^uti»  ilíaca,  y  Hubso 
ji.£aco,  coxal,  innominado.  Nombre 
de  un  hueso  par  que  ocupa  las  partes 
laterales  y  exteriores  del  bacinete.  | 
Músculo  ilíaco.  Músculo  que  sirve 
de  resorte  al  movimiento  del  hueso 
del  muslo  sobre  el  bacinete.  [|  Fosas 
ilíacas;  crksta  ilíaca.  Las  fosas  y  la 
cresta  de  los  huesos  ilíacos.  U  Abtb- 
91AS  XLÍAGA^.  Arterías  que  se  forman 
poT  la  bifureaci^  dé  U  aorta  descen- 
dente. 

Etimología.  íler.  francés,  iUaque. 

tUsado  de  los  médicos  para  nom- 
>n»  al  dolor  cólico;  j  le  llaman  enfer^ 
medad  d  oasidn  ilíaca.  Es  tos  grie^ 
formada  ae  iteo»^  que  significa  la  tri- 
pa i5  intestino  colon,  en  donde  se  cau- 
sa esta  enfermedad.»  (Acadbuia,  Dic- 
cionario de  i  1Í6.) 

2.  Iliaco,  ca.  Adjetivo  poético.  Lo 
referente  á  Ilion,  Troya. 

Etiuología.  Ilion:  griego,  ÍXtaxó^ 
(iliakésj;  latín,  iUScut,  trojaao;  &au< 
cés,  iliaque. 

Iliacos  (los).  Literatura.  Poema  de 
Juan  Tzetzes,  que  tiene  tres  partes, 
eu^os  títulos  son:  Antihomérica,  Ho- 
mérica j  Posthomérica. 
'  Il^díuFemenino.J'rNitMAi.  Título 
de  ün  poema  de  Homero. 

HmiouaU*  Griego  tXiic  (ilid>), 
cosa  de  Hion:  IXiic  X*^P"  f  chora), 
los  campos  de  Troja;  IXii^  no^vtc 
(iliás  poiesis),  el  poema  de  Ilion,  la 
Illada;  latín,  llVidet;  francés,  lliade; 
catalán^  litada. 

'  Reseña. — Maravilla  el  hecho  de  que 
la  cólera  de  un  héroe  haya  dado  asun- 
to al  primer  poema  de  la  humanidad. 
Eu  efecto,  la  Ilíada  no  es  otra  cosa 
que  U  epopeya  en  que  Homero  canta 
ia  cólera  de  Aquiles.  El  poema  grie- 
go, de^ués  de  la  Biblia^  es  el  libro 
t^ue  Ha  causado  en  el  mundo  un  rumor 
m&s  grande,  pareciendo  entrañar  la 
oÍTÍlízaci(Sn  suprema  del  arte  gentil. 

.  La  moralidad  ae,ton  admirable  epo- 
peya se  co^tíeaeen  este  verso  del  gran 
preceptista  latino: 

<Íuidqatá  dAirant  rege»  ploctuntur  athivi; 

los  aqueos,  es  decir,  los  pueblos,  llo- 
ran cuando  deliran  sus  reyes. 

Iliades.  Masculino  plural.  Tiempos 
heroicos.  Nombre  con  que  se  designa  á 
Rómulo  y  Remo,  hijos  de  /¿ta. 
f  jlUal.  Adjetivo.  Ilíaco. 

ETIUOLOaÍA.  lliMO  1, 

Iliberal.  Aii^ietiTO.  El  qna  no  es 

liberal. 

{  I}iberi.  FemenÍQO.  Geografía  anti- 
gua. Ciudad  de  la  Narvonense  al  pie 
<1«-^  Firi^keos;  ho^,  Elna.  (Plinio.) 

.  ["CrHidad  de  laBfltica;  hoy,  Granada' 
(Tito"  Lino.) 

i    BnHqLOaáarf  Latín  lllihhU,  la  ciu- 
dad .de  la  Narvonense;  lUiberi,  la  ciu- 
'  dad  da  la  Bétíeiu  


ILIM 

Iliberitano,  na.  Adjetivo  que  se 
aplica  al  natural  de  la  antigua  Ilíberi 
ó  á  lo  perteneciente  á  aquella  ciudad; 
y  así  se  dice:  concilio  iLiesaiTANO. 

Iliceo,  cea.  Adjetivo.  Que  es  de 
encina  6  roble. 

Etiholooía.  Latín  üice,  ablativo  de 
ilex,  illcii,  la  encina  ó  roble. 

Ilxcet.  Expresión  asada  en  los  fu- 
nerales de  los  antiguos,  para  advertir 
que  había  terminado  la  ceremonia. 

Etiuolooía.  Contracción  de  las  pa- 
labras latinas  iré  liceí. 

Ilicina.  Femenino.  Química.  Prin- 
cipio amargo  que  se  extrae  de  las  ho- 
jas del  ilex  aquifoUwn,  de  Linneo. 

ETUCOLoaÍA.  JUceo:  francés,  elicine. 

Uicíneas.  Femenino  plural.  Botá- 
nica. Nombre  de  la  &milia  da  las 
aquifoliáceas. 

ETUioLoaÍA.  lUeina:  francés,  iUei^ 
néet. 

Uicineo,  nea.  Adjetivo.  Botánica, 
Concerniente  6  análogo  al  ilicio. 

Ilido.  Masculino.  Botánica.  Géne- 
ro de  plantas  magnoliáceas. 

Etimología.  IHceo. 

Ilicitamente.  Adverbio  de  modo. 
Contra  razón  ó  derecho. 

EriuoLoaÍA.  Ilicita  y  el  sufijo  ad- 
verbial mente:  catalán,  il-licitameni; 
francés,  illicitement;  latín,  ilHcííi. 

Ilícito,  ta.  Adjetivo.  Lo  que  no 
es  lícito. 

Etiuología.  Latín  illtciíus;  de 
por  ín,  negativo,  y  UcituSj  lícito:  ca- 
talán, il~tícit,  a;  francés,  illictíe. 

Sinonimia.  Ilícito,  prohibido.  Lo 
prohibido  comprende  las  acciones  y 
las  cosas;  lo  itíciíOj  solamente  las  ac- 
ciones. Se  dice:  es  ilídío  leer  libros 
prohi&idot.  £1  tabAco  es  un  género 
prohibido,  JJPOT  esto  es  ilicita  su  im- 
portación. Él  comercio  ilícito  es  el 
que  se  hace  con  génwa prohibidos. 
(Mora.) 

Iliense.  Masculino  y  femenino.  El 
natural  de  la  anticua  Troya. 

Btimolooía.  lUon, 

llimitación.  Femenino.  Acción  ó 
efecto  de  ilimitar.  |  Lo  qae  no  tiene 
límites. 

ETiuoLoafa.  JUmiíar:  francés,  illi~ 
miiaíion. 

Ilimitadamente.  Adverbio  modal. 
De  un  modo  ilimitadp. 

ETiifOLOGÍA.  Ilimitada  j  el  sufijo 
adverbial  mente. 

Ilimitado,da.  Adjetivo.  Lo  ^ue  no 
tiene  límites.  ||  Participio  pasivo  de 
ilimitar. 

Etim:oloqía.  Ilimitar:  latín,  iltimt- 
tátus;  catalán,  il-limitat,  da;  francés, 
illimiié. 

Sinonimia.  Ilimiíado,  infinito, — Lo 
ilimitado  no  tiene  fin  ni  término,  pero 
puede  concebirse  con  la  imaginación 
del  hombre;  lo  infinito  no  tuvo  prin- 
cipio ni  fin,  y  no  puede  comprenderlo 
nuestra  inteligencia.  Ilimitado  fué  el 
poder  de  Napoleón;  ilimiíada  fué  la 
ambición  de  Alejandro  el  Grande;  tV 
finito  es  Dios,  infinito  es  el  cielo.  Lo 
ilimitado  se  aplica  la  mayor  parte  de 
las  veces  á  la  dimensión;  lo  infinito,  al 
número  y  al  origen.  Ejemplos;  illi- 
mitad»  ei  el  mar.»  . 


ILIR 

«Infinito  es  el  número  de  las  ea- 
trellas.» 

Lo  ilimitado  se  aplica  siempre  i  -co- 
sas mundanas.  Lo  infinito,  á  las  so- 
brenaturales. (LÓPEZ  PcLsaBÍH.) 

Ilimitar.' Activo.  No  señalar  lími- 
tes. 

BriHOUiofa.  Prefijo  i,  por  in,  nega- 
tivo, y  limitar. 

Ilío.  Voz  que  entra  en  la  composi- 
ción de  varias  palabras  de  anatomía, 
refiriéndose  al  íleon,  como:  iLto-LUM- 
BAH,  ilio-ciXtico,  etc 

EtiMOLoaÍA.  Ileo. 

Uio-abdominal.  Adjetivo,  ^ao^o- 
mia.  MÚSCULO  ilio-abdouinal.  Nom- 
bre dado  al  pequeño  músculo  oblicuo 
del  abdomen. 

EtiholooÍa.  Ilio  y  aédmiual:  fran- 
cés, ilio-abflominál. 

Úio-finaQral.  Adjetivo.  Anatomía. 
MÚSCULO  luo-PBUoaAL.  Nombre  dado 
i  nno  de  los  múseolos  .anteriores  del 
muslo. 

ETmOLOOÍA.  Ili^  J  femoral:  francés, 
iUo-fe'moral. 

luo-lumbar.  Adjetivo.  4Mfos(fs. 
Perteneciente  al  músculo  iliaco  y  á 
los  lomos. 

Etiuolooía.  IUo  j  lumbar:  firancéa, 
ilio-lombaire. 

Ilion.  Masculino.  Ílbom. 

Los  griegos  llamaron  así  á  la  cin- 
dadela de  Troya,  levantada  por  lio, 
cuarto  rey  de  aquella  ciudad.  Esta 
ciudadela  contenía  el  Paüadinm.  Los 
eolios,  algún  tiempo  después  de  la 
destrucción  de  Tro^a,  levantaron  cerca 
de  sus  ruinas,  hacia  el  Norte,  una  oiu- 
dad  que  también  llamaron  Ilion.  Los 
latinos  decían  Ilium, 

Heteña  hisidrica. — 1.  Nombre  de 
Troya,  tomado  del  de  ano  de  los  reyes, 
lio,  hijo  de  Tros. 

2.  Ciudad  del  Asia  Menor,  funda- 
da por  Alejandro  cerca  de  la  antigua 
Troya,  arruinada  por  Sila,  reconstrui- 
da por  César  y  destruida  otra  ves,  de 
la  cual  hay  algunas  ruinas  junto  i 
Tchiblak.  . 

Uiona.  Femenino.  Xi^pos  heroi~ 
COS.  La  mayor  de  las  hijas  de  Príamo; 
mi^er  de  Polimnestor,  ny  da  Tmeia. 

.Uione.  Véase  Iliona. 

IlionesB.  Masculino.  Timpo$  heroi- 
cos. Hijo  de  Anfión  y  de  NioSe.  |  Hijo 
de  Forbas  de  Lesbos,  que  muruS  de- 
lante de  Troya,  y  que  no  debe  con- 
fundirse con  el  compañero  de  Eneas 
que  tenía  el  mismo  nombre.  ¡  Otro,  de 
Troya,  que  fué  muerto  por  Diómedes. 

Ilióneo.  Masculino.  Mitología.  Ca- 
pitán troyano,  hijo  de  Forbas,  que  si- 
guió á  Éneas,  quien  le  confió  varías 
embajadas  por  distinguirse  mucho  en 
la  elocuencia. 

Ilíquido,  da.  Adjetivo  que  se  apli- 
ca á  la  cuenta,  deuda,  etc.,  que  está 
por  liquidar. 

Etiuolooía.  In,  no»  y  Uqii^k:  ca- 
.talán,  il-liqnit,  a. 

Iliría.  Femenino.  Geografía  Mti- 
gna.  La  Bsdavonia.  (Cicebón.) 

ETiMOLOofA.  lUyria  (PaopBacio): 
catalán,  Jl-liria. 

-  Ilirico,  ca.  Adjetivo.  Pertenecien- 
te ¿  la  lÜna.  (VuQXLio.)  { G«i|co  v^X- 


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ILOT 

iteo,  "Éi  golfo  de  Veneeia.  (íbidbu.) 

B-miOLoafA.  Latía  iUyricut:  illtsi- 
cns  sinus,  el  mar  Adriático»  el  golfo 
de  Veaecia. 

Ilirío,  ría.  A.djetÍTo.  El  natural  de 
Iliria  ^  lo  perteneciente  á  ella. 

niño.  IlÍhico. 

ETiifOLoafA.  lUrieo:  latín,  illyríus; 
catalán,  il-liri,  a. 

Uisiadas.  Femenino  plural.  Miío- 
ÍMÍa.  Kombre  de  las  ninfas  de  Iliso, 
no  del  Atica  consagrado  á  las  mu- 
sas, cerca  de  Atenas,  que  tenían  un 
altar  en  las  riberas  de  ese  río.  Tam- 
bién se  llamaba  asf  á  las  musas  por 
estarles  cons|^rado  dicho  rio. 

nísidas.  ^menino  plural.  Mitolo- 
gía. Nombre  que  se  solfa  dar  i  las 
masas. 

B-nMOLGOÍA.  L&iía  Itisus,  lugar  del 
Aticat  que  es  el  griego  TXkiso?  filis- 
sos). 

Ilision.  Masculino.  Zoología.  Gé- 
nero de  reptiles  ofidíanos. 

nísso.  Geografía,  kttoyo  que  baja 
del  monte  Himeto,  corre  al  Sudeste 
de  Atenas  j  desagua  en  el  golfo  de 
^ina. 

BTliiOLOOÍA.Griego'IXtffffoíf'/iÍMOf^. 

Iliterato,  ta.  Adjetivo.  Ignorante 
y  no  Tersado  en  ciencias  j  letras  hu- 
manas. 

Ditia.  Femenino.  Mitologia.  Hija 
de  Jnno,  diosa  que,  entre  los  griegos, 
presidía  á  los  pastos.  Bs  la  misma  que 
Lucina  6  Diana.  Algunos  la  conside- 
ñn  como  una  de  las  parcas. 

KTiiioLoaf A.  Griego  EEXtíuta  ( Eili- 
tkyia):  latín,  Ilithi/ta,  con  el  mismo 
significado,  en  Ovidio;  francés,  Ili- 
Üne. 

Uo.  Masculino.  Tiempos  heroicos. 
Hijo  de  Tros  y  de  Caliroe,  hija  de 
Escamandro,  fundador  de  Ilion.  Ha- 
biendo hallado  el  Palladium  (véase 
esta  palabra),  que  cajrd  delante  de  su 
tienda  desde  el  cielo,  le  hizo  levantar 
nn  templo,  que  fué  después  presa  de 
las  llamas;  pero  Ilo  saivd  el  simula- 
cro divino,  si  bien,  por  mirarle  fren- 
te i  firente,  {terdió  la  vista,  que  Mi- 
nerva le  Tolvió.  Se  dice  que  vivid  en 
el  siglo  XIV  antes  de  Jesucristo. 

Ilo^camente.  Adrarbio  de  modo. 
Sin  lógica. 

ETiifOLOofA.  Ilógica  y  el  sufijo  ad- 
Tcrbial  mente:  francés,  illcgtoucmení. 

Ilógico,  ca.  Adjetivo.  Jrilotojia. 
Lo  que  care'ce  de  lógica. 

BriHOLoofA.  II,  por  i»,  no,  j  lóg^ 
co:  francés,  illt^i^ue. 

Hosú.  Femenino.  Estrabismo. 

Ilota.  Común  de  dos.  Nombre  que 
se  daba  á  ciertos  esclavos  en  Esparta. 
I  Metáfora.  El  que  se  halla  ó  se  con- 
dden  desposeído  de  los  goces  j  dere- 
chos de  ciudadano,  n  Metáfora.  Perso- 
na abyecta,  estúpida,  envilecida,  en 
cújo  sentido  se  dice:  es  un  ilota. 

Etimología.  Griego  síXi^ti]^  ó  ctXuC 
(keiloíef  ó  heildi):  latín,  tío/a,  forma 
bárbara;  francés,  ilote. 

Sentido  etimológico, — 1.  Ilota  sig- 
nifica preso,  cautivo,  esclavo,  puesto 
qáe  el  griego  heUSs  es  el  participio  de 
mZ9  (fXw),  yo  cojo,  JO  prendo,  yo 
eÜaTÍzo. 


ILUM 

2.  La  forma  etimolt^ca  es  hilota, 
puesto  que  la  h  representa  el  espíritu 
áspero  del  vocablo  ^ego.  Es  de  de- 
sear que  la  Academia  adopte  la  forma 
de  origen. 

3.  Keseña histórica. — Nombreg-ené- 
ríco  de  los  esclavos  en  la  república  de 
Esparta,  los  cuales  eran  los  primiti- 
vos habitantes  del  país,  subyugados 

Eor  los  dorios,  conquistadores  de  la 
aconia.  Estos  esclavos  cultivaban  las 
tierras  de  sus  señores;  les  entregaban 
^arte  del  producto  y  los  acompañaban 
a  la  guerra  en  calidad  de  siervos. 

4.  Confirman  lo  expuesto  las  si- 
giiientes  noticias:  «Cautivos  origina- 
rios de  Mésenla  y  de  Helos  llevados  á 
Esparta  como  esclavos.  Unos  lo  eran 
del  Estado,  y  se  dedicaban  á  servicios 

ftúblicos;  y  otros,  se  distribuían  entre 
os  particulares  para  cultivar  las  tie- 
rras, guardar  los  rebaños  y  servir  en 
las  casas.  Iban  también  á  los  comba- 
tes, armados' á  la  ligera,  teniendo  va- 
rios cada  espartano  en  el  campo  de 
batalla.  No  podían  ser  vendidos  fuera 
del  territorio,  ni  manumitidos  por  sus 
dueños.  Pan  la  agricultura,  su  con- 
dición era  casi  igual  á  la  de  los  pe~ 
nestas.  En  su  estado  individual,  nada 
había  más  despreciable,  ni  despreciar 
do:  se  les  obligaba  á  cubrirse  con  una 
especie  de  bonete  de  piel  de  perro  y  á 
vestirse  con  los  despojos  de  las  bes- 
tias. Anualmente  se  les  daba  cierto 
número  de  golpes,  sin  que  hubiesen 
cometido  falta  alguna,  para  recordar- 
les que  eran  esclavos,  y  se  les  embru- 
tecía con  la  embriaguez,  para  ^ue  los 
jóvenes  espartanos  odiasen  la  intem- 
perancia. La  población  de  Esparta  era 
de  31,400  hombres,  y  la  de  los  hilo- 
tas  de  220.000;  por  esto  se  empleaba 
el  terror  para  mantenerlos  en  la  sumi- 
sión, lo  que  no  impidió  que  se  suble- 
vasen muchas  veces.  En  algunas  cir- 
cunstancias, los  más  sumisos  eran  de- 
clarados libres  por  el  Estado,  único 
que  tenía  este  dereeho,  pero  nunea  se 
les  concedían  los  derechos  de  ciuda- 
danos.» (Véase  M.  H.  Wallón,  Hi$- 
toire  de  l'  esctavage  dans  V  antiquite'.) 

Ilotismo.  Masculino.  La  condición 
abyecta  de  ilota. 

Etimología.  Ilota:  griego,  elXuTsía 
(heildtela);  francés,  ilotisme,  ilotie. 
Ilúcido,  da.  Adjetivo.  Opaco. 
Iladir.  Activo  anticuado.  Burlar. 
EtiholooÍa.  Eludir. 
Iluminación.  Femenino.  La  acción 
y  afecto  de  iluminar.  Q  Adorno  y  dis- 
posición de  muchas  y  ordenadas  lu- 
ces. I  Especie  de  pintura  al  temple, 
que  ae  ordinario  se  ejecuta  en  vitela  6 
papel  terso. 

EtimolooIa.  Huminar:  latín,  illu~ 
mímtío,  forma  sustantiva  abstracta  de 
illSmlnatuSt  iluminado;  catalán,  il-U- 
minació;  provenzal,  enlwninaHo;  fran- 
cés, illwnination. 

Iluminaciones.  Femenino  plural. 
Historia.  Símbolo  de  alegría  y  rego- 
cijo en  las  fiestas  públicas,  costeadas 
por  el  gobierno  y  por  particulares. 

Reseña  histórica. — 1.  Las  ilumina- 
cioNKs  proceden  de  la  más  remota  an- 
tigilodad,  y  en  ciertas  fiestas  de  Grc- 


ILUM  19 

cia  y  Roma  eran  poco  más  6  menos 
como  las  modernas.  (Véanse  nuestros 
artículos  laupadoforias,  lahptbrias 

y  JUBQVtS  SBCULASBS.) 

2.  Los  griegos  y  los  romanos  usa- 
ban antorchas  de  maderos,  costum- 
bre que  subsistió  en  la  Edad  media. 

3.  Posteriormente  se  usaron  vasos 
de  tierra,  llenos  de  grasa,  con  una 
mecha  gruesa  de  estopa;  y  después, 
los  vasos  de  color,  con  aceite  y  una 
mecha  fiotante.  Este  procedimiento 
fué  más  perfecto,  pues  con  la  ayuda 
y  combinación  de  los  colores  se  for- 
maron dibujos  caprichosos  y  se  imita- 
ron monumentos  del  mejor  glasto. 

4.  El  último  perfeccionamiento  de 
las  ILUMINACIONES  iucolons  ha  sido 
el  uso  del  gas,  que  principió  hacia  el 
año  1830.  La  regularidad  de  los  a||^u- 
jeros  6  de  los  mecheros,  su  duración 
constante,  á  no  haber  fuerte  viento,  y 
la  blancura  y  diafanidad  de  la  luz, 
dan  á  esta  iluhinación  cierto- aspecto 
mágico,  que  no  tienen  las  demás.  Es 
el  procedimiento  adoptado  hoy  para 
los  monumentos  públicos  y  gran  nú- 
mero de  establecimientos  y  edificios 
particulares,  donde,  merced  á  la  luz 
del  gas,  se  ven  hasta  los  más  peque- 
fios  detalles  arquitectónicos. 

5.  Entre  las  iluuinacionxs  más  no- 
tables se  citan,  en  París,  la  del  Hótei- 
de-  Ville,  de  las  arcadas  de  la  calle  de 
Rívoli,  del  jardín  de  las  TuUerías,  de 
la  plaza  de  la  Concordia  y  de  los  Cam- 
pos Elíseos.  Son  célebres  las  de  las 
bodas  de  Napoleón  I  con  la  archidu- 
quesa María  Luisa  de  Austria,  pues 
se  iluminaron  hasta  los  puentes,  cu- 

Í'os  arcos  se  dibujaban  en  semicírcu- 
os  luminosos  reflejados  en  las  aguas 
del  Sena. 

6.  La  más  notable  en  cuanto  á  otras 
naciones  es  la  de  la  basílica  de  San 
Pedro,  en  Roma,  que  se  verifica  anual- 
mente en  la  noche  del  día  dé  aquel 
santo,  y  también  al  advenimiento  de 
un  Papa:  se  compone  de  4.400  lin- 
ternas de  color,  que  marcan  las  prin- 
cipales líneas  arquitectónicas  del  mo- 
numento. 

Iluminado,  da.  Participio  pasivo 
de  iluminar. 

Etimología.  Latín  ilüminStuSt  par- 
ticipio pasivo  de  ill^ntínare:  catalán, 
il-luminat,  da;  provenzal,  enlumenaí; 
francés,  illumine;  italiano,  iltuminaío. 

Reseña. — Doctor  Iluminado  era  el 
sobrenombre  de  Raimundo  Lulio. 

Iluminador,  ra.  Masculino  y  fe- 
menino. El  que  ilumina.  |[  El  que 
adorna  los  libros,  estampas,  etc*,  con 
colores. 

EnuoLOofA.  Iluminan  latín,  Ul9mt- 
nator;  catalán,  il'Uminador,  a;  provén- 
zal,  elluminagret  tUuminador;  francés, 
illuminatenr;  italiano,  illuminaíare. 

Iluminados.  Masculino  plural. 
Historia  eclesiástica.  Sectarios  del  si- 
glo XVI,  que  sostenían  la  posibilidad 
de  llegar  al  estado  perfecto  de  santi- 
dad con  sólo  la  oración.  Q  Sectarios 
de  una  sociedad  fundada  en  el  si- 
glo xvm  para  protegerse  mutuamente. 

Reseña  histórica. — 1.  La  primen 
ftt¿  completamente  mf«tiea,  y  aparií- 

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4a  íLUM 


ILUS 


ILUS 


«id  ¿finjas. del  lúglo  xvi,  cqn  los  8U£~ 
ños  6  delirios  de  Jacobo  ficehme,  cu- 
JOS  discípulos  reprodujeion  sus  ex- 
trañas explicaciones  sobre  las  lejres 
d6  la  naturaleza. 

2.  En  el  siglo  xviu,  loa  principios 
de  esta  secta,  que  descansaban  en  p&r^ 
tí  en  la  teosofía  revelada,  fueron  pro- 
pagados ^or  Fasqualis  y  Saint-Mar- 
tÍD>  al  mismo  tiempo  que  Manuel 
Svedenborg  establecía  en  Suecia  la 
sociedad  de  los  Vi$ÍoHariot  que,  ya- 
Uéudosé  del  magnetismo,  propagaba 
Us  más  groseras  imposturas ;  entre 
ellas^  la  evocación  de  los  muertos. 

3.  Bsta  nueva  qecta  se  extendió  por 
toda  Europa,  t  el  éxito  que  obtuvo 
decidió  á  uno  de  sus  adeptos  á  enca- 
minarla á  ñnes  más  trascendentales; 

decir,  á  una  completa  reforma  so- 
cial. Nos  referimos  i  Adam  Weiss- 
haupt. 

4.  Site  profesor  de  derecho,  en  la- 
golstadt,  fué  el  primer  jefe  de  los  ilu- 
minados ^2í¿tc(u,  asociación  cayo  ob- 
jeto aparente  era  unir,  por  medio  de 
un  interés  común,  á  losnombres  hon- 
rados de  todos  los  países,  y  llevarlos 
fi  U  investigación  de  la  verdad  7  á  U 
práctica  de  la  virtud.  Los  miembros 
de  esta  sociedad  estaban  divididos  en 
un  orden  jerán^uico  de  odio  grados, 
siendo  el  superior  el  de  m^o  ú  hom- 
bre-rey. 

5.  Pero,  después  de  haber  reunido 
numerosos  miembros  y  de  estar  afi- 
liado en  las  logias  masónicas,  el  ilu- 
mnámo  vió  descubierta  su  existencia 
y  sus  secietos;  j  el  elector  de  Bavie- 
ra,  enterado  de  los  fines  políticos  de 
la  asociación,  ordenó  su  disolución 
en  1785. 

6.  Poco  tiempo  después,  esta  secta, 
cuja  jefe  estaba  proscrito  en  Alema- 
nia, intentó  establecerse  en  Francia  j 
se  mezcló  en  el  primer  movimiento  de 
la  revolttcidn;  pero  sólo  llegó  á.  re- 
unir un  escaso  número  de  prosélitos. 

7.  KI  nombre  de  iluminados  pro- 
cede de  la  Iglesia  primitiva  y  se  daba 
é,  los  que  habían  recibido  el  bautismo, 
ora  porque  se  les  ilvminaia  sobre  las 
verdades  de  la  fe,  ora  porque  se  daba 
á  los  neófitos  un  cirio  encendido,  sím- 
bolo de  la  fe  j  de  la  gracia  que  reci- 
bían en  el  sacramento. 

numipar.  Activo.  Alumbrar,  dar 
luz  ó  resplandor.  |  Adornarlos  libros, 
estampa^  ó  cosa  semejante  con  pintu- 
ras ó  colores.  ||  Adornar  con  mucho 
núaíftfo  de  luces  los  templos,  casas  ú 
otros  sitios.  I  Teologia.  Ilustrar  inte* 
rionnonte  Dios  á  la  criatura,  f  Teñir 
con  los  colores  correspondientes  las 
carnes,  copa*  J  demás  de  las  estam- 
pa. I  Poper  por  detrás  de  una  estam- 

Sas  tafetán  o  papel  de  color,  después 
e  cortados  los  blancos.  Q  Metáfora. 
Ilustrar  el  entendimiento  con  ciencias 
ó  estudios, 

Btimoloqía.  Latín  Ulumínare,  de  il, 
por  prefijo  intensivo,  \y  luminares 
forma  verbal  de  Iñme»,  luz:  catalán, 
tV-Zuniftar;  provenzal,  enltmenar,  iilu- 
müttr,  illmunar,  ellummar;  dances, 
ülumincr;  jitalii^o,  illumnare. 
SlNOHlMiA.'*  Ifitminar,  alumbrar* 


Se  alumbra,  para  ver:  se  iluMÍna  para 
la  claridad,  para  la  comodidad,  para 
el  adorno:  de  modo  que  ilunvtar  su- 
pone siempre  más  luz  de  U  que  se 
necesita  para  ver. 

Las  luces  que  diariamente  ponen  en 
las  calles  para  t^ue  la  gente  pueda  an- 
dar con  seguridad,  se  ñaman  alumbra- 
do: las  que  se  ponen  en  las  fiestas  pú- 
blícss,  se  llaman  iluminacúín.  Se  altm- 
bra  una  antesala;  se  «/ndihm  nn  salón 
de  baile  ó  de  tertulia.  El  sol  que  nos 
alumbra,  ilumina  U  tierm,  porque  la 
llena  de  luz. 

Las  cartas  geográficas  j  las  estam- 
pas no  se  alumbran,  porque  sin  esto  se 
ve  bien  el  objeto;  pero  se  iluminan, 
para  que  se  perciba  todo  con  major 
claridad  y  más  gusto.  (Jonaua.) 

Iluminarse.  Uecíproco.  Instruirse 
6  tomar  noticias  acerca  de  alguna 
cosa.  Q  Inspirarse  en  la  gracia  divina. 

IluminatÍTo,  va.  Adjetivo.  Lo 
que  es  capaz  de  iluminar. 

Etiuoldoía,  Iluminar:  catalán, 
ii-luminaíiu,  vai  provenzal,  illunina^ 
tiu;  francés,  illuminatif¡  italiano,  illu- 
minaíivo. 

.  namÍBÍsiBo.  Masculino.  Doctrina 
de  los  iluminados. 
Ilanimsta.  Partidario  del  ilumi- 

nísmo. 

Iluaión.  Femenino.  Concepto  su- 
gerido por  nuestra  propia  imagina- 
ción sin  verdadera  realidad,  j  así  de- 
cimos: LA  ILUSIÓN  de  un  sueño,  la 
ILUSIÓN  del  deleite,  las  ilusionks  de 
este  mundo,  alimentarnos  de  ilusio- 
nes. II  Retórica.  Ironía  viva  y  pican- 
te. [|  DE  ÓPTICA.  Error  de  la  visión 
acerca  de  la  situación  y  estado  de  los 
cuerpos.  \  HATuaiL.  La  del  fenómeno 
de  la  refracción  que  nos  presenta  dos 
imágenes  diferentes.  |  artificial.  La 
que  producen  casi  todos  los  instru- 
men;tos  ópticos.  U  patolóqica.  Medici- 
na. Seda  este  nombre  á  la  turbación 
de  las  sensaciones,  en  que  tenemos 

flor  punto  de  partida  impresiones  rea- 
es,  pero  cuja  transmisiónópercepción 
se  verifica  de  una  manera  irregular. 
Es  lo  que  otros  autores  denominan 
ilusión  mórbida.  |  Bella»  arias.  Estado 
medio  entre  la  observación  j  el  entu- 
siasmo, entre  la  conciencia  y  la  ma- 
ravilla, en  que  nuestro  espíritu  atri- 
buje  á  las  invenciones  del  arte  cierta 
apariencia  de  misteriosa  realidad , 
como  si  la  belleza  del  fingimiento, 
tornándose  en  un  ser  efectivo,  diese 
verdad  á  la  mentira.  En  este  sentido 
solemos  hablar  de  la  ilusiúm  de  una 
pintura,  de  una  estatua,  de  la  músi- 
ca, del  teatro,  como  cuando  se  dice 
«sin  verosimilitud,  no  ha^  ilusión, 
de  la  propia  suerte  que  sin  ilusión 
no  ha^  interés.»  Para  encontrar  en  los 
principios  de  la  estética  el  fundamen- 
to de  esta  ilusión,  fuera  menester  re- 
montarnos á  la  metafísica  del  arte, 
puesto  que  aquella  especie  de  embele- 
so no  es  otra  cosa  que  un  ente  de  ra- 
zón. Q  Asirologia  judiciaria.  Falsa 
apariencia  que  se  atribuía  á  los  pro- 
cedimientos mágicos,  en  cujo  sentido 
solía  decirse:  la  ilusióm  del  demonio, 
esto  es,  la  ilusión  que  el  demonio 


engendraba  en  nuestros  sentidos  ó  ea 

Questra  fantasía. 

ETiuOLOofA.  Latín  iVÍHiiío,  forma 
sustantiva  abstracta  de  Hlüsum,  supi* 
no  de  illsdtre,  compuesto  de  »,  euf 
dentro,  j  Isdere,  jugar,  forma  verbal 
de  ludutfWe^i  catalán,  il^lutid;  pro- 
venzal, illusto;  francés,  illution;  ita- 
liano, illutione. — La  ilu$ión  es  el  jue- 
go de  la  fantasía,  el  remedio  casero 
más  usual,  el  expediente  más  aeeoni^ 
do.  ¿Qué  sería  n  mundo  sin  la  au- 
SIÓN,  esa  mentira  diUce  de  ania^s 
deseos? 

Ilusionar.  Activo.  Causar  ilusión. 
I  Fascinar. 

ETiuoLoaii..  Ihu^K  firancés,  ilht* 
sionner. 

Ilusionario,  ría.  Adjetivo.  El  que 
se  forja  ilusiones.  ||  Ilusobio. 

Uosionarse.  Recíproco.  Llenarse 
de  ilusiones;  fascinarse  á  sí  propio, 
mentirse  de  un  modo  desagraoalne. 

EriMOLoaÍA.  Forma  reflexiva  de  ilu- 
sionar: francés,  t'illustonner. 

Uttsívo,  va.  Adjetivo.  Falso,  ea- 
gañoso,  aparente. 

EriMOLOofa.  Hutidn:  catalán,  il-iw 
sw,  va» 

Iluso,  sa.  Adjetivo.  Engañado,  se- 
ducido, preocupado. 
ETiuoLoaÍA.  Latín  illüsut,  paxtici* 

ftío  pasivo  de  iUüdere,  burlarse;  cata- 
án,  il-li*,  q. 

Ilusoríaiiiente.  Adverbio  de  mo- 
do. Con  ilusión. 

EtiuoloqÍa.  Ilusoria  y  el  sufijo  ad- 
verbial mente:  francés,  tllusoirement. 

Ilusorio,  ría.  Adjetivo.  Lo  que  es 
capaz  de  engañar.  Q  Forense,  Lo  que 
es  de  ningún  valor  6  afecto,  nulo. 

ETiMOLoaÍA.  Iluso:  callan,  il-lutth- 
rí,  a;  francés,  illusoire;  italiano,  iUw- 
torio;  latín,  illüsoríus  (en  Quicuboat, 
Addenda);  de  iltüsor,  el  aue  se  burla, 
forma  agente  de  illSsio,  nusida. 

Meseña. — ^El  sentido  de  U  vista  es 
el  más  ilusorio.  Mucfafts  veces  vemos 
cosas  distintas  de  las  que  nos  parece 
ver.  Por  consiguiente,  la  sentencia 
de  santo  Tomás,  vbr  j  creer,  no  es 
completamente  segura.  Más  segara 
sería  la  siguiente:  sentir  y  creer^ 

Ilustración.  Femenino.  El  acto  y 
efecto  de  ilustrar. 

Etimología.  Ilustrar:  latín,  ilhU' 
tritio,  forma  sustantiva  abstracta  de 
illustratus,  ilustrado;  catalán ,  t7-/iu- 
traci'J;  francés,  iUustraíion. 

Unatradamente.  Adverbio  modal. 
De  nn  modo  ilustrado. 

BTiMOLoaU.  Itus^ada  y  el  sui^'o 
adverbial  swaíf. 

Uuatradisimo,  ma.  Adjetivo  su- 
perlativo de  ilustrado. 

Ilustrado,  da.  Adjetivó.  La  per' 
sona  de  entendimiento  é  instruo- 
ció». 

EtiuolooIa.  Latín  illustratus,  par- 
ticipio pasivo  de  illustrare:  cataláB, 
il-lustrai,  da;  francés,  iUustré, 

Sinonimia.  Ilustrado,  ilustre.  -El 
hombre  puede  ilustrar,  ó  su  entendi- 
miento, ó  su  persona.  En  el  primer 
caso,  se  llamará  ilustrado;  en  t\  n^- 
gundo,  (¿w<r«. 

Cicerdn  fué  un  hombre  «/wírtk/o  por 


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ILÜS 


ILUS 


IMAG  21 


MÑ  Mñodáientoa:  iku^,  por  sus 
obni. 

■  1m  eotendimientos  más  ihutradot 
n  eooftindirin  cuando  lean  las  ilíuíres 
proessB  de  Napoleán.  (Jonaha.) 

Dnstrador,  ra.  AdUsculioo  j  fame- 
iHQD.  Bt  que  iiustia. 

BnvoLOOÍA..  Latín  iU9Sírator,  ú  que 
dumbra,  en  Lactancio;  el  que  ilu&tra, 
ilamina,  aclara,  en  las  insciipciones; 
fono*  íkgaate  de  itiutíraúo,  ilustra- 
ción: cttaláD,  il-iusíradér,  a;  francés, 
iUnIréteur,  en  Cot^nve,  siglo  xri. 

nútrante.  Participio  activo  anti- 
cuado de  ilustrar.  El  que  ilustra. 

Ihistrar.  Activo.  Dar  luz  al  enten- 
dimiento. I  Aclarar  un  panto  6  mate- 
ria. ¡  STatUMia,  Alambrar  Dios  inte- 
riormente a  la  eriatara  éon  la  luz  so-' 
hcenattiral.  |  Metifora.  Hacer  ilastre 
i  el^oaa  persona  6  cosa,  g  Instruir, 
dvilizar.  |[  Adornar  una  obra  ooñ  lá- 
minas. 

ErmoLOofA.  Latía  illusfy^re,  forma 
nrbal  de  illusiiHs,  ilustre:  catalán, 
Intiw;  firancés,  ilhsU'er. 

SmoHiHiA.  Ihutrwr,  ttclarar.  Estas 
roces  son  en  el  sentido  metafórico  lo 
que  en  el  sentido  xecto  alumbrar, 
■Mwr. 

Se  aclara  ana  proposición  oscura 
pan  que  so  entienda;  ae  iktttn  con 
^ampios  á  con  ilotas  lo  quo  se  quiere 
presentar  con  majror  cluridad,  para 
qoe  se  pcrcibaa-sin  trabajo  todas  sus 
auBunstandas  j  rehoiones.  Se  aclaran 
las  Terdadn;  se  ihatra»  \o9¡  hombres 
con  sus  be<¿M8.  Un  entendimiento 
eitrp  es  el  qae  ve  lo  bastante:  un  en.- 
tendimiento  *¿tulnit¿o  es  el  que  está 
adornado  do  conocimientos.  La  clari- 
dad At  aquél  se  llama  ¿fiz  natural:  la 
iUutnuñÓTt.  de  éste  se  llama  luce»;  siem- 
pre «Muigiiieota  en  que  ilustrar,  lo 
mismo  que  su  propio  iluminar,  supone 
majtor  luz  de  la  que  se  necesita  para 
Tet.  (JoBUiia.) 

Iltutrarse. Recíproco.  Adquirir  o 
Qoámicnboa;  hacerse  ilustre. 
^  Ilnstre.  AdjetiTO.  £1  qne  es  de  dis* 
tíngoida  prosapia,  también  se  aplica 
¿la  casa,  origen,  etc.  Q  Insigne,  cele- 
bre, l  Titnlo  de  dignidad;  j  así  se 
dier.  al  ilustrb  señor.  §  Plural,  ^r- 
SMfá.  Lasbdtaa. 

BmauMiía.  I.  Forma  de  hu,  (Uon* 

2,  Bata  ^imok^ía  no  tiene  en  su 
abono  ningún  ejemplo  de  la  lengua, 
ni  en  grt^j^,  ni  en.  latín,  ni  en  el  ro- 
maiiee.  Ilustsb,  como  lustre  y  lustro, 
representa  positÍTaTn«nte  el  griego 
M9s  latín,  Uo,  jo  baflo,  positivo  ae 
httro,  Imslñre,  padBear  coa  sáccífi- 
eíos  j  aspersíoDesfde  donde  viráe  el 
stgaaSeaAO  da  réiplandeciente,  escla- 
recido, famoso,  noble,  insigne. 

DeriwaciiíUt-'-Gn^go  Xqúw  (hw):  la- 
tín, ftifr*  j  htírSr^,  bañar  y  purificar; 
lutnmt  lustro;  iUusiris,  ilustre:  ita- 
liano j  fnneós,  illutíra;  catalán»  il- 

BaHS*  iUtAfrÍM.— Sl.título  de.ilku- 
fró  fin  honorífico  en  el  último  siglo 
del  impafio  ruMBo.  £d  Francia  se  usó 
«1  tiempos  de  las  dos  primema  rasas, 
tioiéadola  k»  altos  dignatarios-de  pa- 


lacio, los  ¿ondea,  los  grandes  saflores 

y  algunos  reyes.  A  contar  desde  Carió 
Magno,  que  le  renuncid  después  de 
ser  proclamado  emperador,  los  reyes 
no  le  TolTÍeron  á  asar.  El  título  de 
ilustrísimo  fuéllevado  de  Italia  ¿  Fran- 
cia por  el  cardenal  Duperrón  y  reser- 
vado á  los  obispos,  cuyo  tratamiento 
subsiste  aún  en  nuestro  país. 

SiMONiuiA.  Ilustre,  esclarecido,  insig- 
ne, célebre.  Estos  cuatro  epítetos  con- 
vienen al  hombre  distinguido  éntrelos 
demás  en  fortuna,  poder,  talentos,  etc. 

Ilustre  pertenece  especialmente  al 
que  está  en  una  esfera  más  elevada;  y 
sobre  todo,  al  que  nació  en  ella,  as 
timbre  que  da  ta  opinión,  y  que  por 
consigniente  se  halla  expuesto  i  todos 
sus  caprichos. 

Steíarecido  conviene  mejor  al  qne 
ha  aabido  adquirir  gloria  con  sus  ha- 
zañas, colocándose  en  una  esfera  su- 
perior ó  realzando  el  lustre  de  la  suya. 
Los  que  quieren  hablar  latín  en  cas- 
tellano, dicen  claros  varones  en  lugar 
de  varones  esclarecidos;  pero  el  uso  co- 
mún (qae  no  es  tan  caprichoso  como 
se  cree)  no  permite  aquella  expresión 
sino  á  los  que  confunden  hembra  con 
mujer,  y  traslado  con  traducción.. 

Insigne,  que  ea  su  origen  quiere  de- 
cir señalado,  indica  con  más  propie- 
dad el  estado  de  un  hombre  láro,  por 
sus  grandes  vicios  d  por  sós  grandes 
virtudás.  Un  hecho  muy  peqaeQo, 
pero  casualmente  poeoi  conún,  puede 
dar  á  un  hombre  el  carácter  de  imig- 
ne;  y  al  contrario,  no  se  lo  darán  las 
aeeionesmás  ilustres,  ai  son  de  las  qne 
estamos  viendo  frecuentemente. 

Odebre  es  aquel  cuyos  hechos  son 
conocidos  y  relatados  por  la  fama.  SI 
ilmire  Cervantes,  esclarecido  por  su 
iflsúrtí  QñjoUt  no  ha  tenido  eeiebri- 
daa  hasta  muchos  afios  dei^tiés  de  su 
muerte. 

Si  tañese  que  citar  hombres  ilws-^ 
tres,  los  buscaría,  por  ejemplOr  en  tas 
casas  soberanas  de  Earopa.  Sí  tuviese 
que  se&alar  los  esclareeiaos,  no  me  ol- 
vidaría de  los  AleiandroK,  Césares, 
Corteses,  Pizarros,  Turenas  y  Bona* 
partes;  ni  tampoco  de  loe  Víigilios, 
Racines,  Loekes  y  Nevtones.  Eatre 
los  insignes,  contaría  los  Diógenes, 
los  Zenones,  los  Alcibiadea,  los  Vi- 
riatos,  los  Colones,  las  Zenobias,  las 
Lucrecias,  y  una  inñaidad  de  roma- 
nos dé  todos  tiempos.  Todos  los  qne 
van  citados  son  personas  célebres;  pero 
debe  notarse  que  la  eelehridad  suele 
no  estar  en  proporción  con  las  demás 
cualidades:  U  fama  ea  como  la  som- 
bra, que  aumenta  y  disminuye  los  ob- 
jetos según,  la»  distauciae;  por  otra 
parte,  no  todos  los  hechos  se  llegan  á 
saber,  ni  todas  las  círcunstanjcias  son 
iguales  para  que  ellos  hagan  siempre 
la  ünpraiÓB'que  debieran,  por  cuyas 
raadnos  muchos  hombres  ñufysei,  ua^r 
(ra  y  atdarseidot  quedan  sin  la  aU~ 
¿ni¿ln¿  merecida.  (JoHAua.) 

IluBtraneata.  Adverbio  modal. 
De  un  modo  ililske. ' 

ETiuoLoaU.  IlusürajA  sufijo  ad- 
varbáaiisralÁr  catalán,  it-Uutrmcfkt; 
feincéi,  ilUatrmentt  en  Lacame. 


UiwtreBa. .  Femenino  an^toado*' 
Nobleza  eaélaiecida. 

IlufltriniiM.  Femenino.  Trata- 
miento que  se  da  á  las  personas  cons- 
titaidas  en  dignidad,  á  quienes  com- 
pete. 2  líaacalino.  La  penona  á  quien 
se  da  este  tratamiento.  H  So  iLuaraísi- 
UA.  Bl  ^sñor  abimot  - 

EriMOLoaÍA.  Ilustrísimo: .  catalán, 
il-lustrissima. 

Ilustrísimo,  ma.  Adjetíro  super- 
lative  de  ilustre. 

ETnfou>afa.  Jlustreí  eataláa, 
lusíríssim,  a;  latíu,^  Ulusírüsímur* 

Ilutacióit.  Femenina.  Accián -de. 
cubrir  con  lodo  ana  pnle  dekeaerpo. 
I  ÍfedÍ6Ímj  9aürinari(L  La  aeai¿n4e- 
untar  con  Iodo  una  puta  del  eompo, 
oca  dd  hombre,  ora  dc^.  antoÉiit  me- 
dio emplmdo  como  agente  totapeuti^ 
co;  es  decir,  parftprolucñ  un  efecto 
beneficioao  á  la  salad.  . . 

ETiuoLoaÍA.- Latín  ¿i/üíiú,  partiei- 
pio  pasivo  del  antigiB)  il^eite,  d&.Íl, 
por  negativo,  y  l^d^  bañar,  puri- 
near;  «no  porífiflad»,  socio:»  &anéés, 
iUutation. 

lila  (Sautador).  Kacuitor  espa&ol, 
qae  naeió  en  Cataluña  ea  la  segunda 
mitad  del  siglo  xvii  y  murió  ea  1730. 
Tomó  el  háoíto  da  religioso  lago  en 
la  cartuja  de  Scala  Dei  el  a&o  lao4  y 
trabajó  en.  aquel .  nionaaterio  las  co- 
lumnas del  retablo  mayor  .  ^  otcoa 
adornos,  losjqné  están  .en  elsagrarío, 
y  las  estatuas  de  los  .profetas  meno- 
res, que  ocupan  los  ángulos  de  la  nave 
principal. 

IlUm.  JlascnUno.  Nombre  própio 
anticuado,  imxks.  Después  pasó  áser 
apellido  de  familia»  como  ae  ve  en 
Pero  Ü.LÍN. 

niatia.  Femenino.  Nombre  pr^io' 
anticuado.  Juliaka'.,  . 

Etiholooía..  ülán. 

Illapa.  }&Aaa,\ÁinQ.  MiUdogia^  üno 
de  los  dbses  de  los  pentanos. 

lUaquen.  Mascmino.  Esleía  de 
salmón. 

Ima.  Femenino.  Ocre  encarnado  y 
ferruginoso  q«e  sirve  para  bt  pintura. 

Iinada.  Femeuiáo.  Cada  ana  de  las 
explanadas  que  ae  fbmam  &  hw  lados  ■ 
de  la  quilla  de  un  buque,  cnando  se . 
bota  éste  el  agua. 

Imagen.  Femenino.  Figura,  rqne* 
sentaclún,  semejanza  y  aparienoia  de 
alguna  cosa.  ||  Estatua,  efigie  ó  pintu- 
ra de  Jesucristo,  d£  la  santisúna  Vir- 
gen ó  de  algún  santo,  '^ReUrica.  lU* 
presentación  ó  semejanza  vira  y  ex*- 
prtfiva  de  alguna  cosa.  Q  Qirao&R  paka  > 
vasTia  luÁOENBS.  Frase. que  ae  dice 
de  las  mujeres  cnande  llegan,  ¿cierta 
edad  y  no  se  han  casado. 

EriuourafA..  Latín  intago,  cuntrae- 
ción  de  inítago,  £brma  de  tmí^ari,.  imi- 
tar: catalán  antiguo,  iatage;  moderno, ; 
imatge;  burguiñon,  ima^  portn^nés, ' 
mo^m/franoés»  úaa^tf;  italiano,  «mma-' 
gine. 

Sentido  e¿imo%«c9.— Imagen  os  uno 
de  los  más  grandes  y  bellos  vocablos 
de  la  lengua  humana.  Tienéel  encan- 
to de  la  fantasía,  la  edutamplacion 
del  sentimiento,  la  idealidad  de  la 
mente,  la  tn^cendeneía  del  espíritu, 

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22 


IMAG 


lusta  al  éxtasii  de  la  fe.  Los  latinos 
dieron  á  la  toz  del  artículo  toda  su 
significación  eapíritual  y  poétíea.  Es 
vwdaderamento  encantadora  la  armo- 
nía del  Terso  en  que  Ovidio  dice: 
cCnando  se  me  representa  la  iuaobn 
tristísima  de  aquella  noche...»  (la 
noche  en  que  salid  de  Roma  para  el 
deatierro): 

dm  tllbítÜUu$  trirtittima  noetU  luao. 

Imagen  (derecho  db).  El  jut  iha- 
oiHis  era,  entre  los  antiguos  romaaos, 
el  derecho  de  todo  ciudadano  magis- 
trado curul  á  hacerse  representar  por 
medio  de  un  busto  de  cera  de  colort 
con  las  Testiduras  6  insignias  de  su 
magistratura.  Esta  niAaeN  se  coloca- 
ba bajo  los  pórticos  del  aíñum,  en  un 
nicho  ú  hornacina.  Los  descendientes 
la  oonserraban  j  tenían  derecho  de 
hacerla  lleTar,  como  testimonio  da 
distinción  6  nobleza,  en  los  entierros 
de  los  miembros  de  su  familia.  Di- 
chas luÁaBNBS  eran  numerosas  en  las 
familias  nobles.  Al  principio,  sola- 
mente los  patricios  podían  desempe- 
ñar la  magistratura  curul  y  tener  el 
derecho  de  ivaokn;  pero  después  le  ob- 
tuTÍeron  los  plebeyos,  cuando  pudie- 
ron solicitar  y  desempeñar  aquella 
mupistratura. 

1  uiagencica,  lia,  ta.  Femenino 
diminutiyo  de  imagen. 

Ima^nabie.  A^etiro.  Lo  que  se 
puede  imaginar. 

BnuOLoaÍA.  Imagimiri  latín,  «M<^- 
ffíiaHlÍ9((^cmu.T,AddendaJ;ita\iar 
no,  impumnibile;  francés,  imagimbU; 
proTenzal,  yflM^tiw¿¿«;  portugués,  ima- 
ginavel;  catalán,  imaginable. 

Imagínabundo.  Masculino.  El  que 
imagina  mucho. 

Imaginación.  Femenino.  Psicolo- 
gía. Facultad  del  alma  que  le  repre- 
senta las  imágenes  de  las  cosas,  f  Li- 
teratwa  y  bem»  artes.  Facultad  de  iu- 
Tentar,  puesta  en  relación  con  el  sen- 
timiento de  lo  bello  y  de  lo  sublime, 
en  cuyo  sentido  decimos,  hablando  de 
una  obra  artística,  que  le  sobra  ó  le 
falta  UfAQiNACiÓN,  lo  cual  quiere  de- 
cir que  la  sobra  6  le  &lta  inyentiya.  | 
Aprensión  faina,  ó  juicio  y  discurso  de 
.  alguna  cosa  qaa  no  haj  en  realidad, 
ó  que  no  tíene  fundamento  alguno.  Q 
Gaboar  la  lUAaiNACiÓN.  Frase.  Car- 

OAE  LA  CONSIDERACIÓN.  [|  DiVAO&R  LA 

IMAGINACIÓN.  Frftse.  Distraerse  á  ob- 
jetos diferentes  de  aquel  en  que  esta- 
ba ocupada.  |  No  pabab  la  imagina- 
ción. Frase.  No  dejar  de  pensar  en 
algún  asunto.  ^  Ofuscarse  la  imagi- 
nación. Locación  familiar.  Turbarse 
6  confundirse  el  pensamiento.  |¡  La 
iHAOiNA(»&f  Ho  DUERME.  LocucioQ  fa- 
miliar con  qne  significamos  que  el  es- 
pirita no  reposa. 

EriMOLoaÍA.  Imaginar:  prorenzal, 
imaginatiot  emaginassio;  catalán,  ima~ 
ginmíi  francés,  imaginaHon;  italiano, 
imm^úuaione;  del  latín  imSgínatío,  re- 
presentación, en  Plinio;  pensamiento, 
en  Tácito;  ilusión,  en  Arnaldo;  forma 
sustantiya  abstracta  de  mo^InSíi», 
imaginado. 

SiNOSMiA.  ímginitei^ii,  /antasla. 


IMAG 

La  imoúinaciou  es  la  facultad  po^  me- 
dio de  la  cual  combinamos  los  hechos 
naturales  en  un  orden  distinto  de  la 
realidad.  La  fantasía  es  esta  misma 
&cultad  aplicada  i  objetos  que  no 
existen  en  la  naturaleza.  El  enfermo 
imaginario  es  el  que  se  figura  padecer 
males  que  no  siente;  el  poeta  fantás- 
ticoea  el  que  crea  monstruos, gigantes, 
seres  puramente  ideales.  Virgilio,  en 
los  amores  y  en  la  muerte  de  Dido,  y 
Cervantes,  en  la  pintura  del  carácter 
de  su  héroe,  hicieron  uso  de  la  tmo^t- 
nacidn;  pero  el  primero  en  la  descrip- 
ción delayerno,  y  el  segundo,  en  la 
de  la  cneya  de  Montesinos,  ostentaron 
gran  yi^or     fantasía.  (Mora.) 

Imaginado,  da.  Participio  pasivo 
de  imaginar. 

Etimología.  Latín  imSgínaíns,  par- 
ticipio pasivo  de  imagín^f  inugmar: 
italiano,  immaginato;  francés,  imaginé; 
proyenzal,  imaginaí;  catalán,  imagi- 
naí,  da. 

Imaginamiento.  Masculino  anti- 
cuado.Idea  ó  pensamiento  de  ejecu- 
tar alguna  cosa. 

Imaginante.  Participio  activo  an- 
ticuado  de  imaginar.  Kl  que  ima- 
gina. 

Imaginar.  Neutro.  Formar  con- 
cepto de  alguna  cosa,  |  Actiyo  anti- 
cuado. Adornar  con  imágenes  algún 
sitio.  H  Anticuado.  Impresionar. 

Etimología.  Latín  imagínari,  for- 
mar especies  ó  representaciones  en  la 
fantasía;  forma  verbal  de  tmo^o,  ima- 
gen; italiano,  immaginare;  francés  del 
siglo  xiy,  ymaginer;  moderno,  imagi- 
ner;  proyenzal,  emaginar^  imaginar; 
walón,  imáginer;  catalán,  imaginar. 

Sinonimia.  Imaginar,  imaginarse. 
Imaginar  es  formar  alguna  cosa  en  la 
mente;  en  algún  modo  es  crear  una 
idea,  ser  inventor  de  ella. 

Imaginarse  es  representarse  en  la 
mente  alguna  cosa,  ó  bien  crearla  ó 
persuadirse  de  ella. 

Imaginar  necesita  tener  un  oljeto 
por  complemento  j  que  sea  nombre; 
maginarse  puede  ir  con  nombre,  con 
verbo,  etc. 

El  que  imaginó  los  primeros  earac* 
teres  del  al&beto,  Mzo  un  gran  bene- 
ficio al  género  humano. 

Los  espíritus  inquietos  se  imaginan 
comunmente  las  cosas  muj  diferente- 
mente de  lo  que  ellas  son. 

La  major  parte  de  los  escritores 
políticos  se  imaginan  haber  humillado 
a  sus  adversarios  cuando  les  han  di- 
cho muchas  injurias;  mas  se  engañan 
en  ello,  pues  lo  que  hacen  es  envile- 
cerse. Se  imagina  uno  que  siempre  ha- 
brá tiempo  para  pensar  en  la  muerte, 
y  asi  es  que  se  pasa  la  vida  sin  pensar 
en  morir.  (Mabch.) 

Imaginaria.  Femenino.  Milicia, 
Guardia  que  no  presta  efectivamente 
el  servicio  de  tu,  pero  que  ha  sido 
nombrada  para  el  caso  da  haber  de 
salir  del  cuartel  la  que  está  guardán- 
dolo, i  Lá  misma  práctica  se  sigue  en 
varias  dependencias  del  Estado,  como 
en  la  Administración  de  correos. 

EiuioLoaÍA.  Imaginaria:  catalán, 
imaginaría. 


IMAN 

Imarinariamonte.  Adverbio  de 

modo.  Por  aprensión,  sin  realidad, 

BriMOLoau.  Imaginaria  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  latín,  imagtniríei  ita- 
liano, ímaginariameuteí  catalán,  imagi- 

nariament. 

Imaginario,  ría.  Adjetivo.  Lo  que 
sólo  tiene  existencia  en  la  imag[ina- 
ción.  I  Metáfora.  Estatuario  ó  pintor 
de  imágenes. 

Etimología.  Imaginar:  latín,  tm^í' 
naríus;  italiano, (Mo^tiiario;  proyenzal, 
im^inari;  catalán,  imaginaria,  a,  ima- 
ginario; imaginagre,  el  que  hace  ivoÁ- 
genes. 

Imaginarae.  Recíproco.  Fraguarse 
en  la  imaginación;  crear  una  cosa. 

Imaginativa.  Femenino.  Potencia 
ó  facultad  de  imaginar. 

Etimología.  Imaginativo:  latín, 
ginaíim;  (nacÓBj  imaginative;  c&úaixt, 
imMinaíiva, 

ImannatÍTO,  va.  Adjetivo  que  sa 
aplica  lí  que  eontinuamenta  imagina 
ó  piensa. 

Etimología.  Imaginar:  latín,  imigí- 
natítus;  italiano,  imaainaUw;  francés, 
ima^inatif;  provenzaL  gmaginaíiní  ca- 
talán, imt^inaiiu^  va. 

Imaginaria.  Femenino.  Bordado, 
por  lo  regular  de  seda,  cu^o  dibujo  es 
de  aves,  dores  y  figuras,  imitando  en 
lo  i)osible  la  pintura.  |  Arta  de  bordar 
de  imaginería. 

Etimología.  laugeu,  porque  dicho 
bordado  figuraba  tmágenesi  catalán, 
imaginería,  bordado;  iw^inatmrat  es- 
cultura y  pintura;  esto  es,  obra  de  la 
imaginación. 

Imaginero.  Masculino  antieoado. 
Imaginario,  por  estatuario,  etc. 

Imam.  Masculino.  Título  de  los  je- 
fes de  varios  estados  independientes 
del  Yemen,  como  el  imam  de  Máscate. 

Etimología.  Árabe  totów 

jefe:  francés,  imam  é  tmaa,  ctxya  última 
forma  es  incorrecta. 

Reseña  histérica. — El  que  en  las 
mezquitas,  y  durante  la  oración  pú- 
blica, se  pone  á  la  cabeza  de  la  reunión, 
pronuncia  las  palabras  y  hace  los  mo- 
TÍmientos  que  loa  concurrentes  deben, 
repetir.  Hass&n,  hijo  de  Alí,  despoj»* 
do  del  califiito  por  Moaviah,  eonservó 
este  titulo,  que  también  llevaron  los 
califas  y  sultanes  otomanos.  Entre  los 
musulmanes  sunnitas  se  da  á  los  doc- 
tores ortodoxos  más  célebres.  Los  chr- 
tas  le  aplican  á  un  personaje  dotado 
de  virtudes  divinas  y  que  posee  los 
poderes  espiritual  y  temporal.  Reco- 
nocen doce,  el  último  de  los  cuales 
volverá  al  mundo  para  qoo  impera  la 
justicia. 

Imamado.  Uasealino.  Dignidad 

del  imam. 

Etimología.  Imam:  francés, h»s0m/. 

bniüa.  Masculino.  Mineral  de  hierro 
de  color  regularmente  gris  oscuro, 
que  tiene  la  propiedad  de  dirigirse  de 
8U70  hacia  el  Norte,  y  de  atraer  el 
hierro.  Se  da  el  mismo  nombre  al  que 
se  hace  artificialmente,  que  es  el  que 
se  usa  en  las  agujas  de  marear.  |  Ue* 
táfora.  Atractivo. 

ErniOLOofA.  ^Iriegoi?*!»?^  adárnta): 


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IMAR 


IMBR 


IMER  23 


litÍB,  •áanss;  tnneéa  antiguo,  dai- 
mnt;  moderno,  aimmtt;  provenzal,  ay- 
Mtt,  úsimm;  cfttaláii,  imán. — IhílM  7 
tÍMmante  fon  la  misma  palabra  de 

origen. 

luÁN.  Del  griego  adamas,  compues- 
to de  la  4  privativa,  7  damaé,  domar; 
es  decir,  ol  indomable,  por  comparar- 
se la  dureza  del  tnáii  á  la  del  dtamm- 
Je;  as(  es  que  i  los  dos  cuerpos  se  á\ó 
el  nombre  de  adámtUf  adantaníls,  por 
oonsidcrarlos  igualmente  daros,  igual- 
mente iadomables.  (Monlau.) 

Imán.  Masculino.  Palabra  turca 

?[ae  significa  la  fe,  7  que  no  debe  con- 
undirse  con  imam,  doctor. 
Imanar.  Activo,  Fitica»  Comuni- 
car al  acero  ó  al  hierro  dulce  la  virtud 
magnéticm  ó  las  propiedades  del  imán. 
También  el  níquel  7  el  cobalto  son 
saseeptibles  de  ser  imanados,  aunque 
más  débilmente. . 
Etuolooía.  Imán, 
Sesgiíh — El  raro  tiene  la  propie- 
dad de  IMANAR.  Por  consiguiente,  si 
nn  070  toca  una  barra  de  hierro, 
aquella  barra  queda,  imanada. 

Kmairtación.  Femenino.  Fkica. 
Aeeidn  6  efecto  de  imantar. 

ETiHOLoaia.  ltM»tar:  francés, 
aimantation. 

Reseña. — La  ihantación  no  añade 
peso  alguno  al  cuerpo  que  se  imanta. 
Así  sucede  que  una  lámina  de  acero 
imantada  pesa  lo  mismo  que  antes  de 
imantar.  (La  Placb,  Sxp.  IV,  i 6.) 

Imantadamente.  Adverbio  de  mo- 
do. Por  medio  del  imán. 

BriuoLoafA.  Imantada  7  el  sufijo 
adverbial  mente. 

Imantado,  da.  Participio  pasivo 
de  imantar.  |  Adjetivo.  Epíteto  de 
4odo  cuerpo  que  na  sido  objeto  de 
imantación;  7  así  se  dice:  hierro  iman- 
tado; i^uja  IMANTADA. 

EtiholoqÍa.  Imantar:  francés, 
Mwtaníe';  catalán,  tmantat,  da. 

Imantador,  ra.  Sustantivo  7  ad- 
jetivo, (jue  imanta. 

Imantar.  Ihanar. 

EnuoLoafA.  Imanar:  catalán,  ima- 
nar, imaníítr;  francés,  aimanter, 

Imantúpédo.  Iuantópodo.  La  for- 
ma imantépeáo,  que  aparece  en  alga* 
nos  Diccionarios,  es  bárbara. 

Imantdpodo,  da.  Adjetivo,  Orni- 
tología, Calificación  de  las  aves  que 
tienen  las  patas  largas  7  casi  desnu- 
dás., 

.  BTiHOLoaÍA.  Griego  tftÁ^,  Ifuávioc 
(Aimás,  kimáníosK  correa,  7  poSf,  pie, 

Sor  semdjansa  ae  forma. — ^La  forma 
irecta  es  kimanto. 

Ima^t.  Uasculino.  Especie  de  bos- 
tíría  turca,  en  donde  comen  los  alum- 
nos de  las.  diferentes  escuelas.  El 
mismo  establecimiento  suministra  á 
ios  pobres  comida  gratuita. 

BnuoLoafA.  Pronunciación  turca, 

del  árabe  «nara^^l^j,  edificio  pú- 

)}lico,  fundación  piadosa:  franc¿s,iflM- 
rtí.  (Dbvic.) 

warmena.  Femenino.  Mitología, 
Divinidad  que  se  cree  fuera  la  misma 
que  el  Destino.  Algunos  escriben  Hi- 
«MrakiM. 


Imatidia.  Femenino.  Entomología* 
Género  do  insectos  coleópteros  de  la 
América  meridional.  (Caballero.) 

ETiMOLOofA.  Griego  X^Ánw  (himá- 
tionj,  toga,  por  semejanza  de  figura. 
La  forma  directa  es  kimatidia. 

Imbeato,  ta.  Adjetiro  anticuado. 
Desgraciado,  infeliz. 

EnacOLOGÍA.  /«,  no,  j. beato. 

Imbécil.  Adjetivo.  Alelado,  escaso 
de  razón. 

Etiholgoía,  Catalán,  imbedl-lo,  a; 
francés,  imbéciUi;  italiano,  imbecille, 
del  latín  imiStiUis  é  imbeMlus,  débil, 
sin  vigor,  sin  apoyo,  en  Cicerón;  en- 
fermo, en  Columela;  pusilánime,  co- 
barde, apocado,  en  Séneca;  compuesto 
de  tft  privativo  7  de  bSctUut,  bastón 
pequeño,  forma  diminutiva  de  iacu- 
lum  7  bacÚluSt  bastón,  apo70,  ajuda. 

1.  Imbécil  significa:  «sm  apo70,  sin 
fuerza,  sin  vigor  corporal;»  7  exten- 
sivamente, sin  fuerza  interior,  idiota. 

2.  Littré  considera  esta  voz  de  ori- 

ñen  dudoso,  lo  ciial  es  un  error  del 
ustre  etímologista.  El  origen  del  la- 
tín imbiaUns  está  perfectamente  de- 
mostrado. 

Imbecilidad.  Femenino.  Flaque- 
za, debilidad.  |  Alelamiento,  escasez 
de  razón,  perturbación  del  sentido. 

ETiuoLoaÍA.  Imbécil:  latín,  imbécil' 
Utas,  flaqueza  de  cuerpo,  poquedad  de 
ánimo;  italiano,  imbecilhtti;  francés, 
imbécillité;  catalán,  imbecil-litaí. 

Medicina. — La  ihbbciudad  es  el 
primer  grado  del  idiotismo. 

Imbécilmente.  Adverbio  de  modo. 
Con  imbecilidad. 

ExiuoLoaÍA.  Imbécil  7  el  sufijo  ad- 
verbial mente:  latín,  imbieilltíer;  ita- 
liano, imbeeilmenie;  francés,  imbéctle- 
ment;  catalán,  inbecmament. 

Imbele.  Adjetivo.  Débil,  flaco,  sin 
fuerzas  ni  resistencia.  Tiene  uso  en 
poesía. 

Etiholoo£&.  Latín  imbilUs,  inepto 
para  la  guerra,  tímido,  cobarde,  sin 
brío,  afeminado,  voluptuoso;  de  «n, 
no,  7  bellumf  guerra.  (Horacio.) 

Imberbe.  Adjetivo.  £1  muchacho 
que  no  tiene  barba. 

ETiuoLoaÍA.  Latín  imberbis  Bimier- 
bus,  crxy&  última  forma  es  más  usada; 
de  in,  sin,  7  barba,  barba:  fetncés  é 
italiano,  imberbe. 

Imbibición.  Femenino.  Farmacia. 
El  acto  ó  efecto  de  embeber. 

Etimolooía.  Embeber:  ^ncés,  tm- 
bibitio»,  forma  sustantiva  abstracta 
del  latín  imbXbtttm,  embebido,  supi- 
no de  imbíbere,  embeber. 

Imbornal.  Masculino.  Ehbobnal. 

ETiifOLOofA.  Prefijo  in,  en,  7  bor- 
nal,  forma  de  borne,  extremo,  límite: 
catalán,  imbornal. 

Imborrable.  Adjetivo.  Indblbblb. 

ETiMOLOofA.  In,  privativo,  7  borra- 
ble» 

Imbrasia.  Femenino.  Mitología. 
Sobrenombre  de  Juno,  por  creer  que 
había  nacido  en  las  riberas  del  Imbra- 
so,  TÍO  de  la  isla  de  Samos. 

Imbrásidas.  UascuUno.  Mitología, 
Asío,  hijo  de  Imbraso,  compañero  de 
Eneas. 

Imbraso.  llasculino.  TimpnU- 


roicos,  Troyano,  padre  de  Glauco  7 
de  Ladis.  y  Padre  del  traeio  Piro.  ¡ 
Mitología.  Dios-río  de  Samos,  padre 
de  Aseo,  llamado  Imbrásidas. 

Imbricable.  Adjetivo.  Botánica, 
Que  tiende  á  sobreponerse  por  esca- 
mas, hablando  de  las  hojas  de  ana 
planta. 

Etiuolooía.  Imbricacián, 

Imbricación.  Femenino.  IHdáeÜ~ 
ea.  Superposición  de  cuerpos  a  modo 
de  escamas  ó  tejas. 

BtiuoloqU.  Imbricado:  francés,  t'n- 
bricaíion.. 

Imbricado,  da.  Adjetivo.  Conqui- 
liología. Que  se  aplica  á  la  concha 
cuya  figura  es  ondeada. 

ExiuoLOofA.  Francés  imbriqué,  del 
latín  imbricatus,  hecho  á  modo  de  teja, 
encorvado  7  revuelto  en  forma  de  cu- 
curucho; participio  pasivo  dé  imbriea- 
re,  cubrir  con  tejado,  tema  verbal  de 
imbres,  tmbricis,  la  teja,  derivado  de 
ÚH^,  imbrií,  tiempo  lluvioso,  porque 
la  teja  resguarda  de  la  lluvia. 

ImbrifarOt  ra.  Adjetivo.  Poética, 
Lluvioso. 

ErmoLooÍA.  Latín  imbrí/er,  lluvio- 
so, en  Virgilio;  todo  lo  que  inunda, 
en  Horacio;  de  imber,  imbris,  lluvia, 
7 /erre,  llevar  ó  producir. 

Imbrio.  Masculino.  Tiempos  heroi- 
eos.  Nombre  de  un  hijo  de  Mentor, 
que  reinó  en  parte  de  la  Caria.  Casó 
con  una  hija  natural  de  Príamo,  fué 
en  socorro  de  su  suegro  7  pereció  de- 
lante de  Trova, 

Imbso.  Masculino.  Tiempos  heroi- 
cos. Hijo  de  Egipto  7  de  Gaíianda. 

Imbuido,  M.  Participio  pasivo  de 
imbuir. 

Etiuolooía.  Latín  imbttus,  hume- 
decido, empapado,  participio  pasivo 
de  imbuére,  imbuir:  catalán,  MtMAif, 
da;  francés  del  siglo  xxii,  embtíí;  mo- 
derno, imbu. 

Imbuimiento*  Masculino.  Acción 
de  imbuir. 

Imbuir.  Activo.  Infundir,  persua- 
dir. Se  suele  tomar  en  mala  parte. 

Etiuolgoía.  1.  Latín  imbi^re,  re- 
gar, empapar  en  humedad,  en  Colu- 
mela; 7  figuradamente,  enseñar,  in- 
fundir la  primera  noción,  practicar  el 
primer  ensavo,  de  in,  en,  dentro,  7 
del  antiguo  íuo,  buís,  ^íus,  bafiar,  si- 
métrico de  bUo,  bUere,  bUííum,  beber: 
italiano,  tmbuire,  en  relación  con  el 
francés  imboire¡  catalán,  imbuMr, 

2.  El  participio  pasivo  bUíus,  bafta- 
do,  se  encuentra  en  las  glosas  de  san 
Isidoro. 

Imbuirse.  Reciproco,  Aprender, 
preocuparse,  empaparse  de  alguna 

idea. 

Imbnrsación.  Femenino.  Provin- 
cial Aragón.  La  acción  7  efecto  de 
imhursar  ó  insacular. 

Imhursar,  Activo.  Provincial  Ala* 
gón.  Insacular. 

Etiuolooía.  /n,  en,  7  bolsa, 

ImbascabKe.  Adjetivo.  Que  no  pue> 
de  buscarse. 

Imera.  Masculino.  Antigüedados, 
Sombrero  de  flores  que  llevaba  el  que 
i  pretendía  iniciarse  en  los  místenos 
I  eleiuinos. 


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24  IMIT 


IMMTJ 


IMPA 


Imilla.  Femenina  americano.  La 
moza  que  cada  ranchería  de  indios 
envía  semanal  mente  á  bu  cura  para  el 
servicio. doméstico. 

Imisperio.  Masculino  anticuado. 
Hkuisfbrio. 

Imitable.  Adjetivo.  Lo  quese  poe- 
de  imitar  ó  es  capaz  6  digno  da  imi- 
tación. 

Btiuoi/ioía,  Imitar:  latín,  mttííbt-- 
lis;  italiano,  imitabile;  francés  y  cata- 
lán, imitable. 

boitacito.  Femenino.  La  accidn  7 
efecto  de  imitar.  Q  Industria,  Produc- 
to imitado '  que  paede  ser  penable , 
como  la  &lsiácaeiÓn,  euando  se  prac- 
tica con  dolo.  I  Obba  de  iuitación. 
JAtératitra.  Obra  en  qoa  se  imita,  ora 
el  estilo  7  la  escuela  de  al^ún  autor, 
ora  los  modelos  de  cualquier  género 
de  ciencia  ó  arte,  ló  cual  supone  cier- 
to fondo  de  creación  propia  en  el  que 
imita.  Cuando  la  iuitación  consiste 
en  una  copia  del  original,  se  llama 
pla^¡o,.ao  lUTÁciÓN,  porque  la  nu- 
;rAGiÓN  no  copia  otra  cosa  que  la  ima- 
gen, el  color,  la  figura.  ||  Estudios  de 
iiiiTACiÓN.  Bella*  oríes.  Tomados  en 
sn  acepción  máís  lata»  aipresan  la  idea 
üolectiva  de  laa  artes  que  imitan  las 
bellezas  natnindes,  «n  toda  la  esfera 
de  sus  modelos  j  perfeecioáea.  La 
huTACiÓH:  dícesejpor  antonomasia  de 
la  Iuitación  de  Jesneristo,  libro  céle- 
bre de  piedad,  que  Corneille  puso  en 
verso.  En  este  sentido  solemos  decir: 
se  han  hecho  tantas  ediciones  de  la 
FuiTÁciÓN.  j|  A.  .miTACiÓN  DB.  Locu- 
ciÓB  adverbial.  A  guü»  ó  modo  de.  O 
A  náucxÓN  TOTA,  no  he  salido  de 
case. 

BníioLOaÍA.  Imitar:  latín»  inutatío^ 
semejanza,  forma  sustantiva  abstracta 
de  MnKtó¿iM,  imitado:  oatalán,  imitació; 
francés,  imií/tfion;  italiano,  imiímone* 

Imitadamente.  Adverbio  de  mo- 
dol  PAr  imitación.  , 

Btwolooía.  Imitada  j  el  sufijo  ad- 
-verbial  nuúte. 

Imitado,  da.  Adjetito.  Loqueimí- 
fa  o  es  imitado.      .  . 

BTiiim.(>a¿A.  Latín  imíimtm,  partí- 
eipio  pasivo  de  imitare,  imitar:  cata- 
lán, imitat,  i/a;' francés,  miV;  italia- 
no, imítalo. 

Imitador,  ra.  Masculino  j  fema- 
niño.' El  que  imita. 

BnuoLóofA.  Imitan  latín,  >fl^£ía¿or; 
italiano,  imitatore;  fniteái,  mitateur; 
■catalán,  imiíador^  a. '  ' 

Imítente.  Partidpío  activo  de  imi- 
tar. Bl  que  imita. 

Imitaf.  Activó.  Ejemitar  alguna 
cosa  &jejemplo  ó  semejanza  de  otra.  || 
Literaíura.  Llevar  i  cabo  una  inven- 
«ión  propia^  ajustáu^se  i  los  mode- 
los oe'  algún  autor  ó  de  alguna  es- 
cuela, en  cuanto  al  estila^  á  Ta  forma, 
al  contorno.  \\  Bellas  artes.  Crear  con 
arreglo  á  los  originales  de  la  natura- 
leza, considerados  como  tipos  de  lo 
bello  y  de  lo  sublime.  |  Remedar;  j 
así  se  dice:  Fulano  imita  á  Zutano, 
para  signifícar.que  lo  remeda  en  sus 
posturas,  en  sus  ademanes,  en  su  voz, 
en  su  gesto.. 

BtiuolcoÍa.  Latín  mK/ar»,  jcopíar, 


seguir  el  ejemplo,  ser  parecido,  fin- 
gir, simular,  contrahacer;  italiano, 
imtare;  francés,  imiter;  catalán,  imi- 
tar.— ^Imitar,  imiíari:  verbo  formado 
do  la  raíz  im  y  la  desinencia  frecuen- 
tativa iiari.  Expresa  la  tentativa,  el 
esfuerzo  para  producir  algo  semejante 
á  otra  cosa.»  (Monlau.) 

SiNOMiuiA.  Imitar,  remeda/r,  a>piar. 
Estas  palabras  designan  en  general  la 
acción  de  hacer  una  cosa  parecida  á 
otra^ 

El  qoe  apiar  se  propone  un  origi- 
nal, y  tradace  exactamente  soa  belle- 
zas T  sos  defectos. 

El  que  imitat  se  propone  nn  mode- 
lo, y  trata  de  traducir  el  objeto  prin- 
cipal; pero  presentáadolé  con  mejores 
formas  qne  en  él  original  y  embelle- 
ciéndole con  adornos,  hijos  más  bien 
de  la  imaginación  que  del  arte.  ■ 

Se  remeda  á  las  personas  pata  po- 
nerlas en  ridículo  y  exagemr  sos  de- 
fectos. 

La  acción  de  copiar  es  una  opera- 
ción servil;  la  de  imitar,  una  opera- 
ción de  juicio  T  de  gusto;  la  de  reme- 
dar, denigra  al  sujeto.  (López  Pble- 

ORÍ».) 

Imitarse.  Recíproco.  Ser  objeto  de 
imitación,  jr  así  se  dice:  la  natumlesa 
SE  IMITA  en  machas  ideaciones. 

Imitativo,  va.  Adjetivo.  Literatu- 
ra. AsTES  lUiTATiVAS.  Las  que  se  pro* 
ponen  la  imitación  de  la  naturaleza 
universal,  ó  sea  las  bellas  artes.  |  Ar- 
monía IMITATIVA.  Betórica.  Disposi- 
ción paiticular  de  las  letras,  do  las 
sílabas  y  de  los  vocablos,  con  el  fin  de 
imitar  el  sonido  de  algún  objeto  de  la 
naturaleza,  como  irueno,  bomba,  rslám- 
fago,  gárgara,  gárrulo.  Esta  armonía 
no  está  .únicamente  en  los  sonidos 
artificiales  7  exteriores,  sino  que  se 
iialia  en  la  constitución  del  lenguaje 
humano,como  un  gran  resorte  de  idio- 
ma y  como  un'  gran  prínoipio  de  filo- 
sofía. Así  vranos  que  las  palabras 
serpiente  y  silbar  corresponden  á  la 
misma  serie  etimológica,  porque  co- 
rresponden &  la  misma  sene  de  modu- 
laciones, de  articulaciones  y  de  ideas. 
Así  vemos  también  que  los  sonidos 
tohu  bohu  tienen  en  las  lenguas  pri- 
mitivas la  significación  de  lobreguez, 
de  sombra,  de  trastorno,  de  caos.  Y  es 
que  la  armonía  de  la  imitación  signi- 
fica á  la  vez  el  rumor  de  la  letra  y  el 
mmoT  del  alma,  Q  Varibdad  imitati- 
va. Mincralogia.  Nombre  dado  á  una 
variedad  en  que  una  nueva  \vy  de  de* 
crecimiento  produce  una  forma  seme- 
jante á  la  de  otxa  variedad  más  sim- 
ple. I  Lo  que  tiene  la  facultad  de  imi- 
tar; y  mí  se  dice  que  el  ruido  de  la 
catarata  es  imitativo  del  trueno.  |  Lo 
perteneciente  á  la  imitación. 

BTiMOLoafA.  /mtMr.*  .  latín,  imíí&d- 
vus,  cosa  de  imitación;  italiano,  imita- 
tivo; fVancés,  imitaíif;  provenzal,  imi- 
iatiü. 

Imitatorio,  ría.  Adjetivo.  Lo  per- 
teneciente Á  la  imitación. 

Immunis.  Masculino.  Antigüeda- 
des, Nombre  que  se  daba  en  Roma  á 
los  seis  primeros  cofrades  ó  colegas 
del  gran  colegio  del  dios.Silvano. 


Imno.  Maacolino  anticuado.  Him- 
no. 

Imoscapo.  Masculino.  Árguiteetih 
ra.  Diámetro  inferior  do  una  columna. 

ETiuoLoaÍA.  Latín  fnwf,  inferior, 
y  tíípui,  cabeza. 

Impacción.  Femenino.  Cirugía* 
Fractura  de  un  hueso  en  diversas  pie- 
zas que  forman  bultos. 

Etimolooía.  Latín  impac^,  cho- 
que, forma  sustantiva  abstracta  de  tsi> 
pactuSt  impelido,  participio  pasivo  de 
impiugk^f  arrojar;  de  m.  en,  y putifi- 
n,  clavar,  hundir:  francés,  impaUwu» 

Impaciencia.  Femmino.  Falta  de 
paciencia. . 

ErtMOLoaf A.  Impacienten  provensal, 
impaciencia,  enpaeiencia;  catalán,  Mt- 
paciencia;  francés,  im/iáti«nc«;  italia- 
no, impaxienát;  latín,  impUíientía. 

Impacientado,  da.  Participio  pa- 
sivo de  impacientar.  -I  Adjetivo.  Impa- 
ciente. 

'ETiHOÜ>aÍA.  Impacientar:  catalán, 
impaciéntate  da;  franeái,  impaeiMtí; 
italiano,  impaaientato. 

Impamentor.  Activo.  Hacer  qae 
alguno  pierda  la  paciencia.  Se  osa 
también  oomo  recíproco. 

Etimología.  ImpatíéiUss  eatfclán, 
impacientari  francés,  fMjsalwater;  ita- 
liano, impazieníare. 

Impacientarse.  Recíproco.  Pen- 
der la  piunencia.  ||  Estar  impaciente. 

Btimolooía.  Forma  reflexiva  de 
impacientar:  catalán,  impadentarst; 
francés,  s'iw^MUienter;  italiano,  ÍMpo- 
xienlarsi. 

Impaciente.  Adjetivo  que  se  apli- 
ca al  que  no  tiene  paciencia. 

Etimología.  In  privativo  ^jia«t«a- 
te:  latín,  impatíent,  impaíienítt;  italia- 
no, impazieKte;  francés,  impatient;  pro- 
venza!,  impicient;  catalán,  impadent,  a. 

Impacientemente.  Adverbio  de 
modo.  Con  impaciencia. 

EtimoemsÍa.  Impaciente  y  el  sufijo 
adverbial  menta  oatalin,  impadent- 
ment;  francés,  impatienmení;  italiano, 
impazientemeníe ;  laXía,  impiíüuSír. 

liupacientlsimo,  ma.  Adjetivo 
superutívo  de  impaciente. 

ETUfOLoaÍA.  Impacienté:  catalán, 
impacieníissim,  a;  latín,  impStieníiesí-' 
mus. 

Impacto.  Masculino.  Bstática» 
Punto  donde  la  faena  piojrectil  obxa 
sobre  la  péndola. 

ETiHOLoaÍA.  Impacción:  latín,- »m- 
pactus,  participio  pasivo  de  impingere, 
chocar, 

Impalpabilidad.  Femenino.  Cua- 
lidad de  lo  impalpable. 

BtimolooIa.  •/tM;)a^¿¿«.-  italiano, 
impalpabilitá;  francés,  impalpaUlit¿. 

Impalpable.  Adjetivo.  Lo  que  por 
delgado  V  sutil  apenas  es  perceptible 
al  tacto.  1  Farmacia,  Remolido  sobre 
el  pórfido. 

ETiMOLoaÍA.  Itt  privativo  y  palpa- 
ble: latín,  impalpabtlis  (en  Quiche- 
RAT,  Addenda);  italiano,  imptUpi^He; 
francés  y  catalán,  impalpable. 

Impanación.  Femenino.  Tecnicis- 
mo y  teología.  Término  usado  por  los 
teólogos  para  designar  la  opinión  de 
los  luteranos,  que  creían  que  -Jesu- 


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IMPA 

eriflto  dtidradfl  m  elptn  da  li  Baea- 

ríttia  j  coexiste  coa  especies, 
lin  qae  haja  tnnaubstaneiacióo* 
I  ETtiioLoafÁ./fi|  en,  j  pan:  fimncés, 
imptnation. 

Rettña, — En  el  sentido  de  la  escae- 
la  luterana,  se  entiende  por  iupama- 
ciÓN  la  coexistencia  del  pan  con  el 
eoerpo  de  nuestro  Señor  Jesucristo 
despaés  de  la  eonsagracién.  Esto  quie- 
ra decir  qae,  medíante  el  sacramento 
de  la  Bacaristía,  se  rerifica  la  iupa- 
!(ACiÓN,  como  si  tuTÍese  logar  el  mis- 
terio de  la  Encamación  en  las  entra- 
Ais  de  la  Santa  Virgen.  (Bossubt.) 

Impanador,  n.  Masculino  y  fe- 
menino. Partidario  de  la  impana^ 
d¿n. 

;  Impar.  Adjetivo,  Lo  que  no  tiene 
par  ¿  Igual.  ¡  Aritmética»  Se  dice  del 
número  cajra  mitad  contiene  algún 
quebrado. 

BtwolooÍa.  /«  priTatÍYO  y^ar;  la- 
tín, impar»  impÜrts;  francés,  impair; 
atalán,  tmj>ar, 

Imparcial.  Adjetivo.  Bl  ^ue  no 
toma  partido  6  no  se  aplica  á  ninguna 
parcialidad . 

EriHOLoaÍA.  In  privatÍTO  y  parcial: 
italiano,  im/>arzM¿«;  francés,  (npor/w/; 
eatalin,  im/>areia¡, 

Bt$eMa.—THomhxe  dado  en  la  Con- 
vención i  los  miembros  de  ía  llanwat 
ó  sea  á  los  moderados. — Esta  palabra 
tiene  en  el  mundo  una  historia  terri- 
ble. Casi  siempre  nos  denominamos 
iHPABCiALBS,  para  ser  parciales  con 
impunidad. 

Imparcialidad.  Desinterés,  falta 
de  prevención  entre  dos  partidos,  per- 
sonas ú  objetos. 

ETii«>LOof  A.  Impardal:  italiano, 
imvtenialiía;  francés,  impartialité;  ca- 
talán, imparcialitat, 

iBiparcialmente.  Adverbio  de  mo- 
mo, gia  parcialidad,  sin  prevención 
por  una.  ni  otra  parte. 

Brnn&ooÍA.  Impareial  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  italiano,  impanial- 
mente;  francés,  tmpartialement, 

Impardictilo,  la.  Adjetivo.  Omi' 
íeUfia.  Calificación  de  las  aves  que 
tienen  los  dedos  de  eada  pata  en  nú- 
mero impar. 

Btimolooía.  Impar  y  dáctilo* 

Imparidad.  Femenino.  Cualidad 
de  lo  impar. 

BmiOLOaU.  Impar:  latín,  imparíU- 
tei,  forma  sustantiva  abstracta  de  tm- 
;nH/ú,  desigual;  italiano,  impartía; 
francés,  imparité. 

Imparlamentariamente.  Advei^ 
bio  modal.  De  un  modo  imparlamen- 
tario. 

Imparlafltttntario,  ría.  Adjetivo. 
Contrario  á  las  prácticas  parlamenta* 
lúu. 

Imparmente.  Adverbio  de  modo. 
De  una  manera  impar. 

BtiuolooÍa.  Impar  y  el  sufijo  ad- 
verbial mmte:  francés,  impairement; 
latín,  impSríter. 

Imparsilabo,  ba.  Adjetivo.  Epíte- 
to dado  en  algunos  idiomas  á  los  nom- 
bres CUTO  genitivo  tiene  una  sola  sí- 
laba más  que  el  nominativo.  (Caba- 
uno.) 


IMPA 

BnuOLOOfA.  Impar  y  titaia:  fran* 

cés,  impartylhle. 

Gramática  griega  y  latina. — Propia- 
mente hablando,  iuparsílabo  es  el 
nombre  que  tiene  en  nominativo  una 
sílaba  menos  que  en  los  casos  oblicuos 
del  singular. 

Declinación  iuparsíl aba.— -Declina- 
ción de  un  hombre  impabsÍlabo,  como 
sÜror  (nominativo),  que  hace»  en  los 
casos  oblicuos  del  singular,  tSrdrit 
(genitivo),  sdrori  (dativo),  sikorem 
(acusativo),  tSrdre  (ablativo);  en  don- 
de vemos  que  los  casos  oblicuos  del 
singular  tienen  una  sílaba  más  que  el 
nominativo  ó  caso  recto. 

Impartibilidad.  Femenino.  Ct^ali- 
dad  de  lo  impartible.  (Caballbro.) 

EtiholooCa.  Impartible:  francés,  m- 
pwrtibilité, 

Fendalimo. — Condición  de  dos  feu- 
dos reunidos  de  tal  suerte,  que  no  po- 
dían constituir  más  que  una  posesión, 
aun  cuando  dependieran  en  su  funda- 
ción de  dos  señores  diferentes. 

Impartible.  Adjetivo.  Lo  que  no 
puedb  partirse. 

Etimología.  In  privativo  y  parti- 
hU:  italiano,  imparlibile;  francés,  im- 
partahie,  impartageable;  catalán,  m- 
partihle. 

Feudalismo. — Nombre  que  se  daba 
á  los  feudos  de  dignidad,  los  cuales 
no  podían  dividirse  en  una  sucesión 
ó  descendencia.  A  esta  clase  de  feudos 
correspondían  los  ducados,  condados, 
marquesados,  baronías;  y  en  general, 
todas  las  propiedades  que  envolvían 
titulo  jerárquico. 

Impartir.  Activo.  Repartir,  comu- 
nicar. I  Forense.  Pedir.  Se  le  sigue  de 
ordinario  la  voz  auxilio. 

Impasibilidad.  Femenino,  Inca- 
pacidad de  padecer. 

Etimología.  Impasible:  latín,  tm- 
passUUÍías;  catalán,  impastibilitat; 
francés,  tmpassiiiUt/;  italiano,  impas- 
sibiliíá, 

Impaaible.  Adjetivo.  Incapaz  de 
padecer. 

EnuoLOGÍA.  In  privativo  y  pasible: 
latín,  impassUUis;  italiano,  mpassibi- 
le;  francés,  impatsible;  catalán,  impas- 
tible,  impatible,  cuja  última  forma  es 
el  latín  tmp&íUílis. 

Impasiblemente.  Adverbio  de  mo- 
do. Con  impasibilidad. 

Etiuolooía.  Impasible  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  italiano,  impassibii- 
mente;  francés,  impassiblement* 

Impastación.  Femenino.  Acción 
de  impastar.  |  Argamasad  substancia 

fiastada.  |  Metáfora.  Putrefacción  de 
a  materia. 

Etihología.  Impastar:  francés,  m- 
paslaiion;  italiano,  impaslamenío. 
Reseña, — El  estuco  es  una  iupasta- 

CIÓN.  (LlTTBÉ.) 

Impastar.  Activo.  Reducir  á  pasta. 

Etiuología.  Prefijo  ¿n,  en,  dentro, 
sobre,  y  pastar,  forma  verbaj  ficticia 
de  pasta:  italiano,  impastare. 

Impávidamente.  Adverbio  de  mo- 
do. Sin  temor  ni  pavor. 

finyoLOGÍA.  Impávida  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  italiano,  impávida- 
mente; latín,  impüvídé. 


IMPE  25 

Impavides.  Femenino.  Denuado, 

valor  y  serenidad  de  ánimo. 

Etiuolooía.  Impávido:  catalán,  im- 
pavidesa. 

Impávido,  da.  Adjetivo.  El  qut 
no  tiene  temor  ó  pavor. 

ETiuoLoaÍA.  Latín  impavtdus,  que 
no  teme,  de  in,  no,  y  pivídus,  forma 
adje'tiva  áe  pavor,  pavor:  italiano,  im- 
pacido;  catalán,  im>ávit,  da. 

Impecabilidad.  Femenino.  Teo~ 
¿o^ía.  Incapacidad  ó  imposibilidad  de 
pecar. 

ETiMOLoaÍA.  Impecable:  catalán, im. 
pecabilitat;  francés,  impeeeabilité;  ita- 
liano, impeccaHHtá. 

Impecable.  Adjetivo.  Teología.  In- 
capaz de  pecar. 

ETiuoLoaÍA.  In  privativo  y  pecable: 
latín,  impecc&bUis;  italiano,  impecca-  • 
biie;  francés,  mpeccabU;  catalán,  m- 
pecable. 

Impecables.  Masculino  plural. 
Historia  religiosa.  Anabaptistas  que 
sostenían  que,  después  de  estar  re- 
generados por  la  fe  en  Jesucristo, 
no  se  podía  caer  de  nuevo  en  el  pe- 
cado. 

Impecancia.  Femenino.  Impeca- 
bilidad. 

Etimología.  Latín  de  san  Jeróni- 
mo, impeccantía:  francés,  impeccance. 

Impedido,  da.  Adjetivo.  El  que 
no  puede  usar  de  sus  miembros  ni 
manejarse  para  andar. 

Etimología.  Impedir:  catalán,  m- 
pedií,  da;  francés,  empiche';  italiano, 
impediío;  latín,  impeaitus,  participio 
pasivo  de  impediré,  impedir. 

Impedidor,  ra.  Masculino  y  feme- 
nino. El  que  impide. 

Impedien te.  Participio  activo  de 
impedir.  Lo  que  impide. 

Etimología.  Latín  impHiens,  impe- 
dientis;  participio  de  presente  de  tm- 
pediret  impedir:  francés,  empéchant; 
Italiano,  tmpedibile;  catalán, 
diení. 

Impedimento.  Masculino.  Obs- 
táculo, embarazo,  estorbo  para  alguna 
cosa.  I  Cánones.  Cualquiera  de  las  cir- 
cunstancias que  hacen  ilícito  ó  nulo 
el  matrimonio.  ||  diriubntb.  El  que 
estorba  que  se  contraiga  matrimonio 
entre  ciertas  personas,  y-  lo  anula,  si 
se  contrae.  |  Iupedibntb.  El  que  es- 
torba que  se  contraiga  matrimonio 
entre  ciertas  personas,  haciéndolo  ile- 
gítimo, si  se  contrae;  pero  no  nulo. 

Etimología,  Impedir:  latín,  impí- 
dimentum;  italiano,  impedimento!  fnn^' 
cés  del  siglo  x,  empedemendmoáano, 
empéchement;  catalán,  impediment. 

Impedir.  Activo.  Embanuar  que 
se  ejecute  alguna  cosa.  ||  Poética.  Sus* 
pender,  embargar. 

Etimología.  Latín  impediré  é  imp^ 
dicare,  de  in,  y  pes,  jtídis,  pie:  italia- 
no, impediré;  francés  del  siglo  xui, 
empeschier,  empecier;  xiv,  empeecher; 
XV,  empescher,  empecher;  moderno,  em- 
péeher;  provenzal,  empedegar;  burgui- 
ñón,  empoch/i  ampigé;  vFalón,  épíchi; 
catalán,  impedir,  impedirse. 

Sinonimia.  Articulo  primero.—lu- 
pbdir,  bstobbab.  Impedir  supone  un 
1  obstáculo  directo.  Ü'f^oríar  supone  con 

Touo  III 

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I 


IMPE 


m&t'propiedikd  an  obstáculo  iDdineto, 
y  n,o  pocas  Teces  iina  mera  diflcaltad 

6  embaTazo. 

El  padre  impide  con  sn  aatorídad 
que  su  hijo  salga  de  casa.  La  compa- 
ñía de  un  amigo  suele  estorbar  i  veces 
que  hadarnos  nuestra  voluntad. 

Alacnas  son  las  leyes  que  se  ¿an 
promulgado  en  todas  partes  para  im- 
pedir los  desafíos;  pero  la  loca  presun- 
ción del  amor  propio,  á  que  damos 
!  impropiamente  el  nombre  de  honor, 
ha  etíorbado  en  todos  tiempos  el  lo^ro 
[  de  las  prudentes  ideas  de  los  legisla- 
dores. 

Vti  cuerpo  opaco,  interpuesto  entre 
los  ojos  7  el  objeto,  impide  el  verle; 
una  niebla  no  lo  impide,  pero  estorba 
para  verle  bien.  Los  grillos  no  impi- 
den el  andar,  pero  estorban,  (Hdbb- 

TA.) 

Articulo  secundo. — Impkdib,  estor- 
¿AB.  Se  impide  antes  de  empezar  la 
acción;  se  estorban  su  consumación  j 
su  progreso.  La  falta  de  recursos 
impide  viajar.  Estorban,  para  viajar, 
las  dificultades  del  camino.  Las  mis- 
mas cansas  que  impidieron  por  espacio 
de  tantos  siglos  el  renacimiento  de  las 
letras  en  Europa,  siguieron  después 
estorbando  sus  progresos.  (Moba.) 

Iknpedirse.  Recíproco.  Baldarse  6 
tullirse.  11  Metáfora.  Anularse  para 
ciertos  actos. 

ImpeditiTO,  ya.  Adjetivo.  Lo  que 
puede  estorbar  ó  embarazar. 

Etimología.  Impedir:  italiano,  im- 
peditivo. 

Zmpelente.  Participio  activo  da 
impeler.  Lo  que  impele. 

ÉriuoLOofA.  Latín  impellens,  impel- 
tenlis,  participio  de.  presente  de  im- 
pelltre,  impeler:  italiano,  impeliente. 

Impeler.  Activo.  Dard  comunicar 
impulso  á  alguna  cosa  para  que  se 
mueva.  |  Metáfora.  Incitar,  estimu- 
lar, ■  ■ 

BriHOLoaÍA.  Latín  im^elUre,  empu- 
jar, mover,  ¡nducir;-de  im,  en,  dentro, 

Í'  pelitre,  del  griego  itáXXetv  (^álleinj, 
anzar:  catalán,  tmpel-lir;  italiano, 
impeliere. 

Impelido,  da.  Participio  pasivo  de 
impeler. 

ExiifOLodU.  Impeler!  catalán,  tm- 

pel-lít,  da, 

Impenado,  da.  Adjetivo.  Ornitolo- 
gía. Epíteto  de  las  aves  que  no  tienen 
cucbillos  en  las  alas. 

Etiiíolcoía.  In  privativo  y  penado, 
forma  ficticia  del  latín /i^nnd,  pluma, 
ala. — El  latín  impennáíus,  que  se  ha- 
lla en  Festo,  significa  sin  lana  ó  ve- 
llón, hablándose  de  las  ovejas. 

tmpenetralnlidad.  Femenino.  ^Z- 
stca.. Cualidad  y  estado  de  lo  impene- 
trable; y  así  se  dice:  la  iupB:fBTRAiii- 
LiDAD  es  la  propiedad  más  esencial  de 
la  .materia.  |)  uolecxtlas.  Propiedad 
elementalísima  de  la  naturaleza,  en 
cuja  virtud  no  pueden  dos  moléculas 
ocupar  simultáneamente  el  mismo  es- 
pacio- y  uuTUA.  Propiedad  de  la  ma- 
teria que  impide  qui;  un  cuerpo  esté 
en  el  lugar  que  ocupa  otro,  [j  Metáfo- 
ra. Condición  de  aquello  que  el  pen- 
samiento no  puede  comprender;  y  así 


IMPÉ 

se  dice:  la  uipbmbtrabilidad  del  és- 
pfritu;  la  lupBKBTRABiÚDAD  de  Dios. 

GTiuoLOofA.  Impenetrable:  catalán, 
impeHetrabiliíaí;  francés,  impe'nétrabi- 
liu;  italiano,  impenetrabilita. 

Reseña. — Los  atomistas  fueron  los 
únicos,  entre  todos  los  filósofos  de  la 
antigua  Grecia,  que  creían  en  la  im- 
penetrabilidad de  los  cuerpos. 

Impenetrable.  Adjetivo.  Lo  que 
no  se  puede  penetrar.  []  Metáfora.  Se 
dice  de  las  sentencias,  opiniones  ó  es- 
critos que  no  se  pueden  comprender 
absolutomente  6  sin  mucha  dificultad, 
y  también  de  los  secretos,  misterios, 
designios,  etc.,  que  no  se  alcanzan  nt 
se  descifran.  ||  Fitica,  Lo  que  tiene  la 
propiedad  de  la  impenetrabilidad;  y 
así  se  dice:  la  materia  es  ihpemetba- 

BLB. 

Btimolooía.  In  privativo  y  pene- 
trable: latín,  impene írSbtlis;  italiano, 
impenetrábile;  francés,  impé^e'trable; 
catalán,  impenetrable. 

Impenetrablemente.  Adverbio 
modal.  De  un  modo  impenetrable. 

Etiuolooí A.  Impenetrable  y  el  sufi- 
jo adverbial  mente:  catalán,  impenetra- 
blement;  francés,  impéh/írabíemente; 
italiano,  impenetrabilmente. 

Impenitencia.  Femenino.  Obsti- 
nación en  el  pecado,  dureza  de  corjir 
zón  para  arrepentirse  de  él.  |  ttnai.. 
Perseverancia  en  la  impenitencia  has- 
ta la  muerte. 

ETiuoLoafA.  Impenitente:  latín  de 
san  JeriJnimo,  impcenítentía,  forma  sus- 
tantiva abstracta  de  impcenttens,  ira- 
penitente;  italiano,  impenitenza;  fran- 
cés, impénitence;  catalán,  impanitencia. 

Impenitente.  Adjetivo,  El  obsti- 
nado en  la.culpa,  Q  Dícese  también  de 
las  cosas,  como  en  el  roag;nífico  ejem- 
plo de  Bossuet:  ¡Oh  penitencia  iufe- 
nitente!  ¡Oh  penitencia  criminal  é 
infestada  del  amor  mundano!  fSermO' 
nes,  Impenitencia Jnal,  i.) 

ÉtiholooU.  /»  privativo, 
tente:  latfn  de  san  Jerónimo,  tM^tnti- 
tensy  impceníteníif;  italiano,  impeniíeA' 
te;  francés,  impénitent;  chtalán,  tmpe^ 
niíení. 

Impensadamente.  Adverbio  de 
modo.  Sin  pensar  en  ello,  sin  esperar- 
lo, sin  advertirlo. 

Etimología.  Impensada  y  el  sufijp 
adverbial  mente:  italiano,  impensaia- 
mente;  catalán,  impfnsadament. 

Impensado,  da.  Adjetivo  que  sé 
aplica  á  las  cosas  que  suceden  sin 
pensar  en  ellas  6  sin  esperarlas. 

ETiHOLOaÍA.  Jn  privativo,  y  pensa- 
do: italiano,  impensaío;  catalán,  impenr 
sat,  da. 

Imperado,  da.  Participio  pasivo 
de  imperar. 

Etiholooía.  Latín  imprrStus,  parti- 
cipio pasivo  de  impi'rare:  catalán, 
perat,  da;  italiano,  imperato. 

Imperante.  Participio  activo  de 
IMPERAB.  El  que  impera.  ||  Adjetivo. 
Aslrología.  Se  decía  del  signo  que  se 
suponía  dominar  en  el  año,  por  estar 
en  casa  superior. 

Etimología.  Latín  imprrans,  impe- 
rantis,  participio  de  presente  de  tm;>'- 
I  rSrtf;  catalán,  imperaní. 


IMPE 

Imperar.  Neatró.  Ejerced  Udlg. 
nidad  íúiperiaL  |  Mandar,  dbníiaar. 

BnuOLGoÍA.  Latín  imperare,  dar  ór- 
denes con  autoridad;  de  in,  en,  den- 
tro, sobre,  y  pdr&re,  disponer,  preve- 
nir, ordenar;  de  par,  paris,  igual,  si- 
métrico; italiano,  imperare;  catdjái, 
imperar. 

Imperata,  Femenino.  Botánica, 
Género  de^lantas  gramíneas. 

Imperativa.  Femenino.  Tono  6 
ademan  de  mando, 

EtimolooÍa.  Imperativo. 

Imperativamente.  Adverbio  de 
modo.  Con  imperio,  j  así  se  dice:  la 
ley  ordena  iupbbxtivahbhts. 

BruidLotifA.  Imperativa  y  el  sufijo 
adverbial  mente:.\&tín,  iinperativé;  ita- 
liano, imperativamente;  frincés,  itnpé- 
ratinement;  catalán,  ímperativamenf. 

Imperativo,  va.  Adjetivo.  Lo  que 
impera  ó  manda»  |]  Gramática.  Uno  de 
los  cuatro  modos  del  v^rBO,  así  lla- 
mado, porc^ue  sirve  para  mandar,  aun- 
que también  exhorta^  disuade,  ruega 
y  anima.  H  Se  usa  también  como  sus- 
tantivo masculino; 

Etimología.  Jtnperar:  latín,  ím/"- 
rSCivus;  italiano,  tinperdtivo;  francés, 
impéraüf;  provenzal,  imperatiú;  ct-la- 
lia,  imperaíiu,  va,  * 

Imperatoria.  Femenino.  Botánica. 
^nta  indfgei&a  de  Espitfla,  de  más 
de  un  pie  de  alto;  echa  las  hoj«s  doras, 
compuestas  de  otras,  dividida^  en  tres 
gajos  y  recortadas  por  su  maig'en,' J 
Fas  flores  pequeñas,  blancaí  y  dis- 
puestas en  forma  dq  paiasol. 

Etimología.  Latín  técnico,  lÜPEitA- 
TOSiUM  ostruthi\m,  de  Linneo. 

Sentido  etimológico. — Esta  pUnta  se 
llamó  imperatoria,  aladiendo  á  las 
grandes  virtudes  que  se  atribuían  a 
sus  raíces.  Así  vemos  qyc  algóoos 
médicos  recomendaban  que  se  masca- 
se de  vez  in  cuando  Im  rafz  de  la  vt- 

PERATOJtlA.   .  ■ 

Imperatorio,  ría.  Adjetivo.  Lo 
perteneciente  al  emperador  á  á  la  pof 
testad  *ó  majestad  imperial*  Q  Anti- 
cuado. Imfebio:^. 

EnuotoGÍx.  Imperar:  latín', 
íorftty;  ítiliano,  imperatcrio;  francés, 
impératoire;  catalán,  imperatori, 
,  Imperatrin'a.  Femenino.  Q*^*!*** 
Substancia  que  se  extrae  de' la  w«  e^ 
la  imperatoria. 

Imperceptibilidad.  Femenino. 
Cualidad  de  lo  imperceptible-  . 

Etimología.  lmperCeptible;i\A\i*^^^ 
impercettibilita;  francés,  impereepítbf 
Ute', 

■  Imperceptible.  AdjetiTo.  Lo  que 
no  se  puede  percibir. 

EriuoLOofA.  In  privativo  y  ^«"«í" 
tibie:  italiano,  impercéttibile;  trances 
y  catalán,  imperceptible. 

Imperceptiblemente.  A d  v erbio 
de  modo.  De  un  modo  imperceptibi^- 

Etimología.  Imperceptible  jr  el  »un- 
jo  adverbial  mente:  italiano,  imp'^^  ' 
tibilmmte;  francés  y  catalán,  impercep- 
tiblement. 

Impercuso,  sa.  Adjetivo.  Q«e 
tiene  percusión  ó  marca. 

Etimología.  Latín  it>tpercussns, 
heridoi  de  in  privativo,  y  psrc*^^' 


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:  IMPE 

l^u^fiO}  golpeado,  participio  pasiyo 
it  per^Urej  golpear. 

unperdible.  Adjetivo.  Lo  que  no 
pttedfl  perderse, 

£iTIiiÍeu,oo£a.  /»  privativo  j  perdir- 

^Bp^^onaole.  Adjetivo.  Lo  que 
DO  se  debe  ó  puede  perdonar. 

'Bi9«^,oqU.  /*  privativo  y  jwífo- 
jmMí-'  italiano,  imperd&nÁhile;  francés, 
inaardonnable;  catalán,  imperdonable. 

^repede^q,  ra.  Adjetivo.  Que 
nó  puede  perecer. 

EriuoLooÍA.  In  privativo  y  perece- 
dero: francés,  impmsgable;  italiano, 
mpeñturo. 

Imperfección, Femenino.  Falta  de 
pe^e^cvín.  ^  Falta  ¿  defecto  ligero  en 
u  moral. , 

BriuoLOofA.  /»,  privativo,  y  per- 
/<cc¿%:, latín  de  san  Á¿ustÍD,  imper- 
^ifíio;  italiano^  m^erjeiioae;  fraucés, 
mperfectioé;  catalán,  tni/íír/ícaoi  poi- 
tuffuéjsi  imptr^ecSo. 

In^perfecciouable.  Adjetivo.  Que 
no  admite  perfección. 

Imperfectai^en^..  Adverbio  de 
modo.  Coa  imperfección. 

ÉTiMOLpaíf."  imperfecta^  el  sufijo 
adverbial' «íñíí;  latín,  itnperfecíi;  itA- 
.Kaao,  imper/ettamente;  ft&ncés,  impar- 
faUevuní;  catalán,  mper/ecíamení. 

ImparfectÍ8Í9Lq,,ma.  Adjetivo  su- 
perlativo de  lUPRRFECTO. 

Iinperfe^tq,  ta.  Adjetivo.  Lo  que 
no  es  perfecto.  H  Lo  que,  habiéndose 
priuójpfadot  no  le  ha  concluido  ó  per- 
feccionado. 

ÉaMOtfiQÍÁ..  Latín  in^er/ecíus,  no 
Acábaclo,  de  privativo,  y  perjectm, 
perfecto:  italiano,  imperfetio;  francés, 
imparjkit;  catalán,  tmpert'ect,  a. 

Inpiperioliado,  da.  Xdjctivo.  ¿oto'- 
UM.  Que  no  tiene  lashojas  perfoliadas. 

Imperforacián.  Femenino.  Medi- 
á%a.  Vicio  de  conformación  de  algu- 
nos órganos  del  cuerpo  que  están  ce- 
rrados, dtibiendo  estür  abiertos. 

EnuoLoaÍA.  In  privativo,  y  perfo- 
raeúín:  francés,  imperforation. 

Iraperforado,  da.  Adjetivo.  Medi- 
.pff«.  Que  no  tiene  abertura,  debiendo 
tenerla,  en  cuíjo  sentido  se  dice:  aw 
:xraai;oRADo;  boca  iúperfobadí.. 

Btucolooía.  /fl  privativo,  jj;£r/()- 
rodo:  Crancés,  imperforé, 

Imperia.  Célebre  cortesanft  roma- 
na que,  nacida  en  1485  t  muerta  en 
1511,  puede  decirse  que  fué  la  Aspa- 
sia  del  siglo  de  León  X.  Cuantos  lite- 
ratos y  artistas  distinguidos  contaba 
la  ciudad  papal,  visitaban  su  casa, 
adornada  con  la  más  exquisita  mag- 
nificencia. Beroaldo,  Saaolet,  Compa- 
ra y  Colteci,  qne  se  coataban  en  el  nú- 
mero de  sus  amibos,  la  celebraron  en 
tus  obras.  Mund  joven  y  fué'eaterrada 
ta  la  iglesia  de  San  Gregorio,  sobre  el 
monte  Calins,  grabándose  en  su  tum- 
In  éste  singular  epitafio:  Xupekia,  cor- 
tUana  romaiu  qua  digna  tanto  nomine, 
rara  Ínter  homines  forma  espécimen  de- 
dit.  Xa  existencia  de  Iupbuia,  la  espe- 
cie de  dijgnidad  de  córtiesana  con  que 
aparece  investida,  son  uno  de  los  ras- 
aos mis  distintivos  del  carácter  de  pa- 
gtBÍnio  ingreso  i  U  lite'ntura  del 


..IMPE 

Renacimiento.  Por  lo  demás,  Impbria 
tenía  un  espíritu  tan  cultivado  que, 
con  frecuencia,  al  lado  de  su  laúd  y 
de  sus  cuadernos  de  música,  se  veían 
diversas  obras  latinas  y  escritas  en 
lenguas  vulgares. 

Imperial.  Adjetivo.  Lo  pertene- 
ciente al  emperador  ó  al  imperio.  Q  Se 
aplica  á  una  ewecie  de  ciruelas,  cas- 
cabelillos. I  Femenino.  El  tejadillo 
ó  cobertura  de  las  carrozas.  |¡  Lugar 
en  los  carruajes  llamados  diligencias, 
al  nivel  de  la  vaca,  ó  sobre  ella,  con 
asientos  para  los  viajeros.  ]j  Nombre 
patronímico. 

Etiuoloqía.  Imperio:  latín,  imp:~ 
rialis;  italiano,  imperiale;  francéi,  im- 
perial; catalán,  imperial. 

Impejria]  (Francisco^.  Poeta  espa- 
ñol, que  vivía  á  principios  del  si- 
glo _xv.  Nació  accidentalmente  en  Ge- 
nova y  fué  á  residir  á  Sevilla,  donde 
figuró  d^  un  modo  brillante  entre  los 
priinefoS  ingenios  de  su  época.  Su 

firincipal  obra  es  un  poema  en  que  ce- 
ebra  el  nacimiento  delrej  üon  Juan, 
sn  1405;  laff  demás  obras  son  de  cir- 
cunstancias y  de  poco  interés,  si  se 
exceptúa  una,  cu^o  asunto  es  el  des- 
tino de  una  mujer  de  Oriente,  cautiva 
de  Tamerlán  y  enviada  por  éste  á  Eu- 
rioue  íll  de  Castilla. 

Imperialismo.  Masculino.  Partido 
de  los  imperialistas. 

Etimología.  Imperio:  italiano,  im- 
perialismo; francés,  imperialisme. 

Imperialista.  Masculiao.  Partida- 
rio del  gobierno  imperial. 

Btiuouoqíá..  Imperialismo:  italiano, 
imperialista;  francés,  imperialiste. 

ImperiaíineiLta.  Adverbio  de  mo- 
do. Con  imperio. 

Etimología.  Imperial  y  el  sufijo  ad- 
verbial mente:  italiano,  imperialmente; 
francés,  impérialement. 

Imperiar.  Neutro  anticuado.  lu- 

PBRAR. 

Impericia.  Femenino.  Falta  de 
pericia. 

ETLMOLoaÍA.  In  privativo  y  pericia: 
latín,  imp"rtiía¡  italiano,  tmperizia; 
francés,  impéritie¡  catalán,  impericia. 

Imperio.  Masculino.  £¡1  acto  de  im- 
perar ó  de  mandar  con  autoridad^!  Los 
estados  sujetos  al  emperador.  Tam- 
bién se,dá  este  nombre  á  cualquier  po- 
tencia de  alguna  extensión  e  impor- 
tancia, aunque  su  jefe  no'se  titule  em- 
perador. II  61  espacio  de  tiempo  que 
dura  el  mando  y  gobierno  de  un  em- 
perador. 11  Altanería,  orgullo.  |  Espe- 
cie de  lienzo,  llamado  así  porque  ve- 
nía de  Alemania.  ¡I  ORIENTAL.  Se  llamó 
así  el  de  Coustantinopla  con  relación 
al  de  Homa.  Hoy  llamamos  así  á  todo 
el  imperio  del  Gran  Turco.  ||  Mbro 
IMPERIO.  La  potestad  que  reside  en  el 
soberano,  y  por  su  disposición  en 
ciertos  magistrados,  para  imponer  pe- 
nas á  los  delincuentes  con  conocimien- 
to de  causa.  ||  Mixto  imperio.  La  fa- 
cultad que  compete  á  lus  jueces  para 
decidir  las  causas  civiles,  y  llevar  á 
efecto  sus  sentencias. 

ETiuoLoaÍA.  Imperar:  latín,  impé- 
rium;  italiano,  imperio;  francés,  enpt' 
re;  provenzai,  mperi¡  catalán,  imperi. 


IMPE  27 

Reseña  Msítírica. — ^E}  impebio  era  el 
poder  militar  que,  entre  I09  antiguos 
romanos,  daba  derecho  de  vida^  muer- 
te sobre  los  soldados  7  sobre  todos  I09 
suborditiados.  Los  cónsules  y  los  pro- 
cónsules le  tenían  por  el  solo  hecho  de 
su  elección:  los  pretores,  los  propreto- 
res j  el  jefe  de  la  .caballería,  no  po- 
dían teneile  sino  yot  voto  especial  de 
los  comicios  reunidos  ea  curias. 

ImperioBamente.  Adverbiode  mo- 
do. Con  imperio  y  altanería. 

Etimología.  Imperiosa  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  latín,  imperipsi;  ita- 
liano, imperiosamente;  francés,  imp¿- 
rieusemení;  catalán,  imperiotament. 

Imperiosidad*  Femenino.  Furor 
por  mandar. 

Etimología.  Imperio:  italiano,  m- 
periositá;  francés,  tmpériotité* 

Imperioso,  sa.  Adjetivo.  El  que 
manda  con  imperio,  ó  lo  que  se  hace 
con  imperio. 

EItiholooía.  Imperio:  latía,  impc' 
riostts;  italiano,  imperioto;  francés,  tm- 
périeuss;  provenzal,  impmo$;  catalán, 
imperius,  a. 

Imperitamente.  Adverbio  de  mo- 
do. Con  impericia. 

Etimología.  Impertía  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  latín,  im^triíé;  italia- 
no, impeñíamente;  catalán,  imperita- 
ment. 

Imperito,  tft.  Adjetivo.  £1  ^ue  ca- 
rece de  pericia. 

Etimología.  Ifl  privativo  7  iwr¿/o: 
latió,  imperitus,  el  q^u,e  carece  de  noti- 
cia de  las  artes  7  ciencias;  italiano, 
imperito;  catalán,  impérít,  a. 

Impermanencia*  .Femenino.  Fal- 
ta de  perinanencia. 

ETiHOLoqÍA.  ImperpMmnte:  francés, 
iinp¿^rmanence. 

Impermanente.  Adjetivo.  Que  no 
es  permanente. 

Etimología.  In  privativo  y  pertna- 
nenie:  francés,  impermanení. 

Impermeabilidad.  Femenino.  .^í* 
sica,  (.'ualidad  de  lo  impermeable. 

Etimología.  Impermeable:  italiano, 
impermeabiliíái  francés,  impermdabi- 
Uíe. 

Impermeable.  Adjetivo,  impene- 
trable por  el  agua;  y  así  depimos:  cal- 
todo  impermeable.  II  Masculino.  Un 
lUPBRUBABi^;  sb^etodo  de  uso  gene- 
ral en  la  estación  lluviosa. 

Etimología.  In  privativo  ypermea- 
hle:  latín,  impermeahílif  (en  QuictiB- 
rat,  Addenda);  italiano, úfi/imfieá¿t¿«; 
irancés,  impermeable.  ' 

Impermutabilidad.  Femenino. 
Circunstancia  de  ser  una  cosa  imper- 
mutable. U  Meíafisica.  Uno  de  los  atri* 
butps  de  la  esencia. 

Etimología.  Impermutable.:  italia- 
no, imp^utabiliiá;  francés,  imperm»' 
iabjlité* 

impermutable.  Adjetivo*  Lo  que 
no  puede  permutarse.  " 

Etimología.  In  privativo  y  ^Jímu- 
table:  italiano,  impermuíabileí  francés 
y  catalán,  impermutable, 

Imperpetuidad.  F-emenino.  Ca- 
rencia de  perpetuidad. 

Imperpetuo.  AcyetiTo.  Qae  no  cjk 
perpetuo. 

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28  IMPE 


IMPE 


IMPE 


ETmou}ofA..  In  privativo  j  perpe- 
túe: latín,  imjterpHuut.  (Séneca.) 

Imperplejidad.  Femenino.  Reso- 
lución en  las  acciones. 

Imperplejo,  ja.  Adjetivo.  Que  no 
está  perplejo. 

Imperscrutabilidad.  Femenino. 
Inebcbutabiudad. 

Imperscrntable.  Adjetivo.  Inbs- 

CBUTABLB. 

ETnKHX)a£A..  Latín  imperserñíaítilis 
(QuiCHSKAT,  Áddenda);  de  *n,  no;/?«r, 
Béntido  intensivo,  y  scrUtSbtlit,  que  se 
puede  investigar;  forma  adjetiva  de 
scrUlári,  escudriñar,  reconocer:  in-per- 
scrüíabílis,  «que  no  puede  lecoaocerse 
de  ningún  modo:a  francés  j  catalán, 
mperscrutahle. 

Imperseverancia.  Femenino*  FaU 
ta  de  perseverancia. 

Etihología.  Imperseverante:  italia- 
no, imperteveranta;  francés,  impertéeé- 
ranee. 

Imperseverante.  Adjetivo.  Qae 
carece  de  perseverancia. 

BniiOLoafA.  Jn  privativo  j  perse- 
verante: italiano,  imperseverante. 

Imperseverantemente.  Adverbio 
de  modo.  Sin  perseverancia. 

ETiHOLOaÍA.  Imperseverante  j  el  su- 
fijo adverbial  mente. 

Imperseverar.  Neutro.  No  perse- 
verar. 

ETUfOLoaÍA.  In  privativo  j  perse- 
verar: italiano,  imperseverare. 

Impersistencia.  Femenino.  Falta 
depersistencía. 

Impersistente.  Participio  pasivo 
de  impersistir.  Que  no  persiste. 

Impersístir.  Neutro.  Dejar  de  pex^ 
aistir. 

Impersonal.  Adjetivo.  Filosofía. 
Que  no  pertenece  á  una  persona  en 

ftarticular;  sino  i  entidades  universa- 
es  que  tienen  su  asiento  en  nuestro 
discurso.  En  este  sentido  se  dice:  las 
decisiones  de  la  razón  que  se  fundan 
sobre  verdades  generales,  son  imper- 
sonales. I  Vbbbo  impersonal.  Gra- 
mática. Se  aplica  al  tratamiento  en 
que  no  se  da  al  sujeto  ninguno  de  los 
comunes  de  tú,  vos,  merced,  señoría, 
etcétera.  |  En  impersonal  ó  pob  iü- 
pkrsonaIm  Modo  adverbial.  Impsbso- 

MAUIBHTE. 

EtiholooÍa.  In  privativo  j  perso- 
nal: latín,  impersdnilís;  italiano,  in- 
-personale; francés, impersonnel;  proven- 
zal  j  catalán,  impersonal;  portugués, 
impesíoaL 

Impersonalidad.  Femenino.  FilO' 
so/ía.  Circunstancia  de  lo  impersonal; 
j  así  se  dice:  la  mpBRSo:4ALiDAD  del 
derecho;  la  iupebsonalidad  de  las 
causas  ó  de  los  principios.  |  os  la 
E9ENUIA.  Metafísica.  Abstracción  pro- 
pia de  los  hecnos  espirituales.  |  gra- 
mática, Circonstancia  del  verbo  tm* 
personal. 

ETiuoLOofA.  I»^Mr$aul:  francés, 
impersonnalit/. 

Impersonalisar.  Adjetivo.  Qermo' 
nía.  Usar  como  impersonales  «llanos 
verbos  que  en'  otros  casos  no  tienen 
esta  condición;  como:  hace  calor;  S8 
CUENTA  de  an  marino»  etc. 

Impersonalmente.  Adverbio  de 


modo.  Filosofía,  Con  carácter  imperso- 
nal, en  cuyo  sentido  se  dice:  tía  razón 
decide,  el  espíritu  juzg^a  íupebsonal- 
HBNTE.t  Q  Gramática.  Usase  para  sig- 
nificar que  el  verbo  está  en  una  ora- 
ción sin  persona,  como  en  los  ejemplos 
siguientes:  «llueve,  truena,  grani- 
za.» II  Con  tratamiento  impersonal,  ó 
modo  de  tratar  á  un  sujeto  usando 
del  .artículo  el  j  la  tercera  persona  del 
verbo,  como  cuando  decimos:  «el  que 
habla,  el  que  arguye,  el  que  va,  el 
que  viene.  > 

ExiuOLOofA.  Impersonal  j  el  sufijo 
adverbial  mente:  latín,  impersonaliter; 
italiano,  impersonalmente;  francés,  im- 
personnellement;  catalán,  impersonal- 
ment. 

Impersuadible.  AdjetÍTO.  Impbe- 

SUASIBLE. 

Impersuadído,  da.  Adjetiro.  No 

persuadido. 

ETiMOLoaiA.  /n  privativo  jpenna- 
dido:  francés,  impersnadé, 

Impersuasilue.  Adjetiro.  I«o  que 
no  es  persuasible. 

EnHoLOQÍA.  In  privativo  y  perswh- 
sihle:  italiano,  impersuasibile;  francés, 
impersuasible;  catalán,  impersuadible, 
impersuasible. 

Impersuasión.  Femenino.  Falta 
de  persuasión. 

Impertérritamente.  Adverbio  mo- 
dal. De  un  modo  impertérrito. 

Etimología.  Impertérrita  y  el  sufi- 
jo adverbial  mente. 

Impertérrito,  ta.  Adjetivo.  Aquel 
i  quien  no  se  infunde  fácilmente  te- 
rror, que  por  nada  se  intimida. 

BTiHOLoaÍA.  h&tin  imperterritus,  va- 
leroso; de  in,  no;  per,  insistencia,  y 
terrítus,  aterrado,  participio  pasivo  de 
terreret  aterrar:  in-per4erHtus,  «que  no 
se  aterra  nunca;»  catalán,  imperté- 
rrit,  a. — La  diferencia  entre  imper- 
térrito y  acérrimo  no  puede  ser  más 
clara. 

El  impertérrito  no  teme,  no  se  ate- 
rra: el  acérrimo  no  declina. 

El  impertérrito  es  temerario:  el  acé- 
rrimo es  duro,  acre,  pertinaz. 

Es  impertérrito  el  que  ama:  acérri' 
mo,  el  que  odia. 

Impertinencia.  Femenino.  Dicho 
ó  hecho  fuera  de  propósito.  ||  La  ni- 
mia delicadeza,  nacida  de  un  humor 
desazonado  y  displicente,  como  regu- 
larmente le  suelen  tener  los  enfer- 
mos, y  Importunidad  molesta  y  enfa- 
dosa. II  Curiosidad,  prolijidad,  nimio 
cuidado  en  alguna  cosa,  y  así  se  dice: 
que  tal  cosa  está  hecha  con  imperti- 
nencia. 

EnMOLOaÍA.  Impertinente:  italiano, 
impertinenta;  francés,  impertínence;  ca- 
talán, impertinencia. 

Impertinente.  Adjetivo.  Lo  que 
DO  viene  al  caso,  jj  El  nimiamente  deli- 
cado, que  se  desagrada  de  todoypideó 
hace  cosas  que  son  fuera  de  propósito. 

EtiiiolooÍa.  In  privativo  y  /wr/»- 
nente:  \hián,imper^nens,  imperíínentis; 
italiano,  impertinente;  francés,  impera 
tinent,  ente;  catalán,  imperlinent,  a. 

Impertinentemente.  Adverbio  de 
modo.  Con  impertinencia. 
'  BmiOLoaÍA.  Impertinente  y  el  sufijo 


adverbial  mente:  italiano,  impertiite»~ 
temeníe;  francés,  imperítnemment;  cata- 
lán, imperíinenlmení. 

Impertinentísimo,  ma.  Adjetivo 
superlativo  de  impertinente. 

Impertir.  Activo.  Impartib. 

Imperturbabilidad.  Femenino. 
Cualidad  de  lo  imperturbable. 

EtiuolooÍa.  Imperturbable:  italit- 
nn,  imperturbabilitá;  francés,  mperíur- 
bahilité. 

Impertarbable.  Adjetivo.  Lo  que 
no  puede  perturbarse. 
ETiMOLoofA.  In  privativo  y  pertnr- 

bal'le:  latín,  imperturhabUis;  italiano, 
imperturbábile;  francés  y  catalán,  im- 
perturbable. 

Imperturbablemente.  Adverbio 
dé  modo.  Sin  perturbación. 

Etimología.  Imperturbable  y  el  su- 
fijo adverbial  mente:  italiano,  imper- 
turbabilmente;  francés,  imperturbabU- 
menl. 

Impervio,  via.  Adjetivo.  Inacce- 
sible. Q  Antieuado.  Continuo,  cons- 
tante. 

EriMOLOofA.  Latín  imperviust  que 
no  se  puede  pasar,  impracticable;  de 
fft,  no;  per,  a  través,  y  «w,  forma  de 
vía,  camino. 

Impetigenes.  Femenino  plural. 
Medicina;  Orden  de  enfermedades  al 
cual  pertenecen  la  sífilis,  el  escorbu- 
to, la  lepra  y  otras  análogas. 

ETniOLoaÍA.  Impétigo:  francés,  im- 
pett0ine. 

tmpetiginosú,  sa.  Adjetivo.  Me- 
dicina. Propio  de  las  impetigenes. 

Etimología.  Impétigo:  latín,  imp^- 
ñ^ínosus;  italiano,  vaipetiginoso;  fran- 
cés, impétigineux. 

Impétigo.  Masculino.  Mediana, 
Denominación  de  la  sarna  canina  ó  de 
una  especie  de  herpe. 

Etimología,  hulmimpítigo,  imp"tt- 
gXnis,  ardor  de  la  sangre  que  ocasiona 
multitud  de  granos;  forma  de  impete- 
re,  atacar:  francés,  impétigo. 

Impetigoso,  sa.  Adjetivo.  Medid' 
na.  Que  presenta  los  caracteres  del 
impétigo. 

Impetra.  Femenino.  Facultad,  li- 
cencia, permiso.  |  Forense.  Bula  m 
que  se  concede  algún  beneficio  dudo- 
so, con  obligación  de  aclararlo  de  su 
cuenta  y  ries^  el  que  lo  consigue.— 
«Término  cuñal  que  se  usa  hablando 
de  determinadas  bulas  que  se  llaman 
así  porque  en  ellas  se  conceden  bene- 
ficios dudosos,  con  la  carga  de  acla- 
rarlos por  su  cuenta  y  riesgo  quien  Ior 
consigue.  Es  voz  tomada  del  verbo  im- 
petrar.* (Academia,  Diccionario  de 

im.) 

Impetrabilidad.  Femenino.  Cua- 
lidad de  lo  impetrable. 

Etimología.  ImpetraUe:  franc's, 
impetrabilité. 

Impetrable.  Adjetivo.  Forense.  Lo 

Sue  puede  impetrarse  d  obtenerse.  Q 
enbpicioimpethablb.  Cánones.  Bene- 
ficio vacante  por  muerte,  6  que  puede 
obtenerse  por  transferencia. 

EriMOLoalA.  Impetrar:  latín,  impe^ 
ír&bUif;  italiano,  mpetrahile;  francés, 
impétrable;  catalán,  impetrable. 
Impetración.  Femenino.  La  ae- 

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IMPE 

eión  y  efecto  de  impetrar.  |  Teología. 
Saerifício  de  alabanza  que  glorifica  & 
Dios  con  el  homenaje  mas  perfecto, 
Ciiumes.  Obtención  de  algún  benefí- 
do.  \  Legülacián  a%tig%«t.  Obtención 
de  cartas  del  príncipe. 

BTuoLoaÍA..  Impetrar:  impetraíío, 
consecución  de  alguna  gneia  por  rue- 
go; italiano,  impetración^,  impeírattih- 
w;  francés,  impélratton;  catalán,  mp«- 
trañó. 

Impetrado,  da.  Participio  pasivo 
de  impetrar. 

EtiuologU.  Latín  mpeiratm,  par- 
ticipio pasivo  de  impetrare,  impetrar: 
catalán,  impeíraí,  da;  ^ncés,  impetré; 
italiano,  impétralo. 

Impetrador,  ra.  Masculino  j  fe- 
menino. El  que  impetra. 

ETiuoLoaÍA.  Impetrar:  latín,  impe" 
írSíor,  en  el  Código  teodosiano;  italia- 
no, impetratore;  catalán,  impetrador,  a; 
impetrante 

Impetrante.  Participio  activo  de 
impetrar.  El  que  impetra. 

Impetrar.  Activo.  Conseguir  algu- 
na gracia  que  se  ha  solicitado  y  pedi- 
do con  ruegos.  [|  Solicitar  una  gracia 
con  encarecimiento  j  ahinco. 

Btiholoo¿a.  Provenzal  impetrar, 
empeírar:  francés  del  siglo  xiii,  empe- 
trer;  moderno,  impe'írer;  catalán,  impe- 
trar; italiano,  impetrare,  del  latín  im- 
petrare, obtener  por  ruego;  de  i«,  en, 
y  patrSre,  ejecutar  con  solicitud,  for- 
ma verbal  de  p^ter,  pdíris,  padre. 

Impetrificable.  Adjetivo.  Que  no 
puede  petrificarse. 

Impetu.  Masculino.  Movimiento 
acelerado  j  violento,  ó  la  misma  fuer- 
za ó  violencia. 

EntaOLoaÍA.  Latín  im^tns,  movi- 
miento furioso,  forma  de  impetere,  acó. 
meter;  de  ta,  en,  dentro,  sobre,  j  pe~ 
tíre,  asaltar:  italiano,  impeto;  catalán, 
imMtn. 

Impetuosamente.  Adreibio  de 

modo.  Con  ímpetu. 

BnuoLOOfA.  Impetuosa  j  el  sufi- 
jo adverbial  mente:  italiano,  impetuosa- 
mente;  francés,  impéíuetaement;  cata- 
lán, inpeíuotament. 

Impetuosidad.  Femenino.  Íhpbtu. 

BnuoLOGÍA .  Impetuoso :  italiano , 
impetuotitá;  francés,  impétnosité;  cata* 
lán  moderno,  impetnotitat;  antiguo, 
impetnL 

Impetaosisímamente.  Adverbio 
de  modo  superlativo  de  impetuosa- 
mente. 

ETiifOLoaU.  Impetnosisima  ^  el  su- 
fijo adverbial  mente:  catalán,  mpeíw- 
iíuimament, 

Im^tuosisimo,  ma.  Adjetivo  su- 
perlativo de  IHPBTUOSO. 

Impetuoso,  sa.  Adjetivo.  Violen- 
to, precipitado. 

ÉrniOLGOÍA.  ímpetn:  latín,  impHuo- 
nu(en  QuiCHBBAT,.á¿¿«iu/ti^;italiano, 
impetuoso;  francés,  impétwux;  catalán, 
impetuós,  a. 

BinoNiMiA.  Impetuoso,  vehemente, 
violento,  filoso,  Et  hombre  impetuoso 
lo  «  en  sus  acciones;  el  eehemente,  en 
sus  sentimientos  y  en  su  conducta;  el 
wioieñtOt  en  sus  pasiones;  ú/oaoso,  en 
su  imaginación.  Así  es  que  ei  ímpetu 


IMPL 

está  en  los  movimientos;laoíA^«ne*a, 
en  el  lenguaje;  la  violencia,  en  la  exas- 
peración; la  fogosidad,  en  los  deseos. 
El  que  obra  inpremeditadamente,  con 
arrebato  y  sin  reflexionar  en  las  con- 
secuencias, es  impetuoso;  el  que  exige, 
pide,  incita  ú  ordena  con  insistencia  y 
con  energía,  es  vekemMte;  el  q^ue  atre- 
pella toda  consideración  y  quiere  que 
todo  ceda  á  au  voluntad,  es  violento;  el 
que  se  exalta  con  fiieilidad,  exagera 
cuanto  piensa  t  cuanto  siente,  pr  se 
entusiasma  con  los  más  leves  motivos, 
es  fogoso.  (Mora.) 

Impía.  Femenino.  Hierba  parecida 
al  romero. 

Impíamente.  Adverbio  de  modo. 
Con  impiedad,  sin  religión. 

BTUfOLoafA.  Impía  y  el  sufijo  ad- 
verbial mente:  catalán,  impiament;  la- 
tín, ifff^lí^. 

Impiedad.  Femenino.  Falta  ^9  pie- 
dad ó  de  religión. 

Etiuolgoía.  Impío:  latín,  impietas, 
falta  de  respeto  y  veneración  contra 
Dios,  la  patria,  los  padres  y  superio- 
res; italiano,  empieía,impieíá;  francés, 
impieté;  catalán,  impieíat;  portugués, 
impiedade. 

Impígero,  ra.  Adjetivo  anticuado. 
Activo,  pronto,  vivo. 

Etiuolgoía.  Latín  fm/>^«r,  pronto, 
diligente;  de  in  príyativo  y p'iger,  pe- 
rezoso. (ClCBEÓN.) 

Imjpiisimo,  ma.  Adjetivo  superla- 
tivo de  impío. 

Impingar.  Activo  anticuado.  Lar- 
dear alpfuna  cosa. 

Impío,  pta.  Adjetivo.  Falto  de  pie- 
dad. |]  Metáfora.  Irbblioioso. 

Etiuoloqía.  In  privativo  y  pío:  la- 
tín, impíns,  perverso,  sin  clemencia 
ni  religión;  italiano,  empto;  francés, 
impie;  catalán,  impío,  a, 

Impfreo,  na.  Adjetivo  anticuado. 

ElCPÍBBO. 

Impla.  Femenino  anticuado.  Velo 
ó  toca  de  la  cabeza.  Se  usa  también  por 
la  tela  de  que  se  hacían  estos  velos. 

Implacabilidad.  Femenino.  Cua- 
lidad de  lo  implacable. 

Etiuoloqía.  Implacable:  latín, 
implacSbíliías;  italiano,  implacaiiUta; 
francés,  imphca&ilitif. 

Implacable.  Adjetivo.  Lo  que  no 
se  puede  aplacar  ó  templar. 

Étiuología.  Latín  implieSbtUt,  de 
in,  negación,  ^placabtlis,  simétrico  de 
plSct^,  pláeiao:italiano,m/)/a(;á^7«; 
francés  j  catalán,  implacable. 

Implacablemente.  Adverbio  de 
modo.  Con  enojo  implacable. 

Etiuolgoía.  Implacable  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  francés  y  catalán, 
implacablement;  italiano,  ^mplacabil- 
mente. 

Implantación.  Femenino.  Acción 
ó  efecto  de  implantar. 

Etucoloqía.  Implantar:  francés, 
implaníalion. 

Implantar.  Activo.  Ingerir  una 
cosa  en  otra. 

EnuoiXKiÍA. /m,  en,  dentro,  sobre, 
y  jplantar:  italiano,  implantare;  fran- 
cés, implanter. 

Implaticable.  Adjetivo.  Lo  que  no 
admite  plática  6  eonreisación. 


IMPL 


29 


ÉnuoLoaU.  In  ^ny&tivo  y platíca- 
ble:  catalán,  implaticable* 

Implexo,  xa.  Adjetivo.  Literatura. 
Epíteto  de  los  poemas  épicos  que  pre- 
sentan vicisitudes  en  la  fortuna  de  los 
héroes.  \  También  se  dice  de  obras 
dramáticas,  hablándose  de  la  variedad 
de  episodios,  ligados  convenientemen- 
te al  argumento.  En  este  sentido  se 
dice  ^ue  una  acción  puede  ser  ihplb- 
XA,  sin  dejar  de  ser  ana. 

Étukm/kiüa..  Latín  implea^t  enre- 
dado, participio  pasivo  de  implectere, 
enredar;  de  in,  dentro,  y  plectere,  ple- 
gar, hacer  dobleces:  crocodilo  kifwii- 
nes  dentibus  implectuntub:  al  coco- 
drilo se  le  enredan  muchas  sanguijue- 
las en  los  dientes:  francés,  implexe. 

Implicación.  Femenino.  Tecnicis- 
mo de  escuela.  Oposición  de  los  térmi- 
nos entre  sí,  como  cuando  hay  contra- 
dicción entre  dos  ó  más  proposiciones. 

Etiuolgoía.  Implicar:  latín,  impli- 
cado, embrollo,  confusión;  italiano, 
implieazione;  francés,  implicaíúm;  cata- 
lán, implicad^,  implicancia. 

Implicado,  da.  Participio  pasivo 
de  implicar. 

Etiuolgoía.  Latín  %mpUc&tus,  en- 
redado, mezclado,  envuelto;  partici- 

f)io  pasivo  de  implicare,  envolver;  ita- 
iano,  implícalo;  francés,  impliqué;  ca- 
talán, impUcaí,  da* 
Implicancia.  Femenino.  Ihplica- 

CIÓN. 

Implicante.  Participio  activo  de 
implicar.  Lo  que  implica. 

Étiuología.  Latín  implícans,  implí- 
cantis,  participio  de  presente  de  impli- 
care: catalán,  implicanl,  participio  ac- 
tivo de  implicar. 

Implicar.  Activo.  Envolver,  enre- 
dar. Se  usa  también  como  reciproco. 
I  Neutro.  Obstar,  impedir,  envolver 
contradicción.  Se  usa  más  con  adver- 
bios de  negar. 

ETUfOLoaÍA.  Latín  implicare,  enre- 
dar, envolver;  de  m,  on,  y  plícare, 
plegar:  portugués  y  catalán,  implicar; 
francés,  impliquer;  italiano,  implicare. 

Implicatorio,  ría.  Adjetivo.  La 
que  envuelve  ó  contiene  en  sí  contra- 
dicción ó  implicación. 

EtiuolooU,.  Implicar:  catalán,  tfí*- 
plicatori,  a. 

Implícitamente.  Adverbio  modal. 
De  un  modo  implícito. 

EriHOLOofA.  Implícita  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  latín,  imptUUti;  ita- 
liano, impUeitttmeñte;  francés,  mplid- 
tement. 

ImplícLto,  ta.  Adjetivo.  Lo  c[ue  se 
entiende  incluido  en  otra  cosa  sin  ex- 
presarlo. B  Voluntad  implícita.  Pra~ 
sología.  La  voluntad  que  no  se  mani- 
fiesta tanto  con  palabras  como  con  az- 
ciones  y  hábitos.  Q  Fe  implícita.  Dog- 
matismo. La  creencia  de  un  punto  de 
doctrina,  fundada  en  la  autoridad  de 
un  testigo.  II  Fe  implícita.  Moral. 
Confianza  absoluta  en  la  autoridad  ó 
palabra  de  alguno,  sin  explicación  u 
criterio  que  persuada  al  ánimo.  J  Pito 

POSICIÓN  Ú  OEACIÓN  IMPLÍCITA,  óramá- 

tica  y  lógica*  h%  f\yx9  contiene  sujolo, 
cópula  y  atributo,  á  sea  nominativo, 
verbo  y  acusativo,  aunque  no  se  ex- 


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30  IMPO 

presen  todoi  loa  térmjaos,  en  cujo 
caso  ha^  aae  sobrentenderlos  lógica  (S 
{^msticalmente.  Marchad,  por  ejem- 
plo, es  ana  proposición  iuplícita, 
puesto  que  equivale  á:  cejecutad  vos- 
otros la  ftcción  de  marohar,»  en  donde 
tenemos  que  sobrentender  los  térmi- 
nos que  no  se  expresan,  pero  que  es- 
tán implícitamente  jsontenidos  en  la 
proposición. 

Btiiíología.  ImfUcar:  latín,  implt- 
düa;  italiano,  impliciío;  francés,  im- 
pUcite;  catalán,  inplícit,  a. 

ÍUteüa. — 1.  Acerca  de  la  fe  implíci- 
ta, se  disputó  mucho  en  los  tiempos 
del  dogmatismo  escoláfMiico. 

2.  8e  han  provisto  de  una  fe 
tástica,  que  luman  implícita  ó  jsiusu- 
bierta.  (Calvino,  J%st.  418.) 
•  3,  £1  apóstol  cree  que  no  basta  U 
fe  lUPLÍciTA.  (Ibioeu.) 

ImploraUe.  Adjetivo.  Que  puede 
implorarse. 

ÉtüuoLOOÍA.  Implorar:  latín*  implo- 
rahilit;  francés,  implorable. 

Imploración.  Femenino.  La  acpió^ 
^  eSecto  de  implorar.  |  Ruego  encare- 
cido. J  Cánones.  Ei  recurro  de  la  justi- 
cia eclesiástica  antela  jjoátiaia  secular. 

Btihqlooía.  Implorar:  latín,  implo- 
ritió;  italiano,  implorazione;  francés, 
imploraiion;  patalán,  imploramc^í. 

imploradamento.  Adverbio  de 
modo.  Inxpltícando. 

BruiOLoafA.  Implorad»  j  el  fu^o 
adverbial  mmU* 

Implorado,  da.  Participio  pasivo 
de  iúiplorar. 

-  EnHDLOOÍÁ.  Implorar:  latín»  implo- 
reUuti  catalúi,  im^lorat,  da;  fraoeés, 
implore';  italiano,  implorad- 

Impiojiador,  ra.  Sustantivo  y  ad- 
jetivo. Que  implora. 

EnMOiiOQÍA.  Implorar:  franeás,  im- 
ploreur,  implarat<itr;  catalán,  implora^ 
dor,  a. 

¿nplorar.  Aetivo.  Pedir  con  rué- 
ólág-rimas.alguna  cosa.  Q  Cáno- 
nes.  Pedir  auxilio  al  brazo  recular; 
esto  es,  á  la  justicia  ordinaria. 

EnHOLOOÍA..  Latín  implorare;  de  ift, 
en,  dentro,  y  plorare,  llorar:  catalán, 
implorar;  franoes,  implorar;  italiano, 
inpkrtíng.  Bk  primero  qjie  imploró,  su- 
plicó llorando. 

. '  bnplttae.  Adjetivo  que  se  aplica  á 
las  aves  cuando  no  tienpn  pluma. 

Elii4oi.QOfA.  Latín  i^plümit;  de  tu, 
no,  y  plñma,  plun}a;-.<sin  pluma.» 

Im|tqótíca99Pt:e<  ¿.dverbio  de  mo- 
do. Sin  poesía. 

BTucoLoaí^.  ImppáHca  y  el  sufijo 
adverbial  mente. 

InpoétípQ,  «ca.  Adjetivo,  Que  no 
tiene  poesía. 

Impolítica.  Femenino.  Dbscortb- 
vU. 

BTiKOLOaÍA..  Impolítico:  catalán, 
impoUíiea. 

ImpoUticainepte.  Ad.verbio  de 
modo.  Con  impolítica.  |  Contra  las 
res-las  de  buen  ¿obierno. 

BtimolooÍa.  fmpoUíica  y  ci  sufijo 
adverbial  mente:  francés,  impoliltque- 
K4ní,  contra  las  reglas  de  la  política, 
cieneia  de  los  jBsUdoa;  italiano,  impo- 
lUieimadi. 


iMPp 

IiiapolitíGo,  ca.  Adjetiva.  Falte  de 
política  ó  contrarío  á  ella. 

EriMOLoaÍA.  Jn  privativo  jjjoíííico; 
catalán,  impolític&t  ca;  francés,  impo^ 
litífue;  italiano»  impolítico.'— ÉÍ  fran- 
cés impoliiigtte  no  tiene  el  sentido  de 
inurbano. 

Sinónima,  Impolítico,  grosero,  rús~ 
¿ico.  Es  mayor  defecto  ser  grosero  qne 
simplemente  ¡mpolííico,  j  lo  es  más 
aún  el  ser  rústico. 

Bl  impolític*  es  por  falta  de  buencs 
jmodos  y  á  nadie  agrada;  el  or osero, 
por  tener  modos  desagradables,  y  á 
todos  es  insoportable; el rxfíico  los  tie- 
ne chocantes  ;  nadie  puede  sufrirle. 
.  ■  Lfi  impolítica  es  el  defecto  de  gentes 
de  una  m,ediana  educación;  l&grosería 
1^  «s  de  los  que  la  han  tenido  mala,  y 
lá  rfaticidadt  de  los  ^ué  no  han  tenido 
ninguna. 

Bn  el  trato  del  mundo  se  sufre  al 
impolítico^  se  huje  del  grosero  y  no  se 
quiere  trato  con  el  rústico,  (March.) 

Impoluto,  ta.  Adjetivo.  Limpio, 
«o  mancha. 

Btimología.  Latín  impollütiu,  libre 
de  mancha,  en  Tácito;  de  in,  no,  y 
pollüíus,  manchado,  profanado,  per- 
vertido; participio  pasivo  áepoliutre, 
mojar  manchando,  corromper,  sedu- 
cir: francés  anticuado»  impolln,  que  se 
halla  en  textos  del  siglo  xTi;  catalán, 
impol-lut,  a. 

Imponderabilidad.  Femenino. ^í- 
sica.  Cualidad  de  lo  imponderable. 

SfrpioLoofA.  Imponderable:  franeés, 
imponderabilit¿. 

Imponderable.  Adjetivo  metafóri- 
co. Lo  que  excede  á  toda  ponderación, 
tomado  en  buena  y  en  mala  parte , 
cora  o  cuando  decimos:  maldad  iupoh- 

DBEABUEl  lUPONDBRABLB  amor.  [1  FlÚI- 

DOá  IMPON  deríveles.  Fisici  y  fisiolo- 
gía. Substancias  sutilísimas^  verdade- 
ros arcanos  de  la  materia,  cujo  peso 
no  puede  averiguarse  con  los  instru- 
mentos de  hoy,  sin  embargo  de  su- 
ponerse que  estén  dotadas  de  cierta 
corporaliaad.  No  ejerciendo  tales  subs- 
tancias acción  alguna  en  la  balanza 
más  seusible,  su  existencia,  como 
entidades  materiales*  no  pasa  de  ser 
una  simple  hipótesis;  sin  embar- 
go, esta  hipótesis,  aconsejada  por  la 
ciencia,  no  renuncia  á  U  demostra- 
ción de  las  experiencias  futuras.  Los 
Jlúidos  lUPONDER-VBLES  (la  luz,  el  caló- 
rico, la  electricidad,  el  maguctismo, 
el  fluido  nervioso)  son  los  grandes 
misterios  de  la  física,  y,  aun  más  que 
de  la  física,  de  la  fisiología.  Bl.día  en 
que  t^s  ñuidos  se  ponderen,  la  físío- 
.logia  será  indudablemente  la  primera 
de  todas  las.ciencias,  esto  es,  la  ^rau 
filosofía  del  porvenir.  A.sítoanuncia en 
ia  bunu^idadel  espíritu  de  laprofecía, 
lengua  sagrada. de  todos  los  siglos. 

ÉruipLQofA..  In  privativo  y  ponde- 
radle: francés,  impond&^le;  catalán, 
itiaon^íerable. 

Imponderación.  Femenino.  Falta 
de  ponderación. 

Jmponderado,  da.  Adjetivo.  Físi- 
ca, Que  no  ha  sido  pesado,  que  no 
.ptudfl  pesarse,  como  la  claridad.  Por 
consiguiente,  podemos  decir  que  la 


IMPO 

claridad  es  ana  tHisíancia  iufondeba- 

DA,  un  fenómeno  imponderado. 

Etiuología.  In  privativo  j  ponde- 
rado: francés,  imponderé. 

Imponedor,  ra.  Masculino  y  femé, 
niño.  La  pei'sona  que  impone. 

BTiHOLOofA.  Impositor:  italiano, 
imponilore. 

Imponente.  Participio  activo  de 
imponer.  El  que  impone.  |  Masculi- 
no. Un  imponente;  los  imponentes. 

Etxuología.  Latía  imponeus^  im^ii- 
nentis,  participio  de  presente  de  tis- 
poHire,  imponer:  italiano,  imponente; 
francés,  imposant. 

Imponer.  Activo,  Poner  carga, 
obligación  ú  otra  cosa.  |  Imputar, 
atribuir  falsamente  á  otro  alguna 
cosa.  ]]  Instruir  á  alguno  en  alguna 
Cúsaj  enseüársela.  ¡[  Infundir 'respeto, 
miedo.  Se  usa  también  como  recipro- 
co. Q  Imprenta.  Uenar  con  cuadrados 
ú  otra  cosa  el  espacio  que  separa  las 
planas  entre  sí,  para  que"  impresas 
aparezcan  con  márgenes  proporciona- 
das, I  Poner  dinero  á  rédito^.  I|  Poner 
dinero  en  ol  giro  mutuo,  para  remi- 
tirlo á  los  interesados. 

ETiuoLoaÍA.  Latín  impondré,  poner 
encima;  y  figura  dará  ente,  encañar; 
de  í'n,  en,  y  poneré,  poner:  catalán,  í«- 
posar;  francés,  imposer;  italiano,  im- 
pon ere. 

Impopular.  Adjetivo.  Lo  que  no 
.es  grato  á  la  multitud,  ora  se  trate  de 

Sersonas,  como  Aom&re  iupopulab,  ora 
e  cosas,  como  disposiciones  iupüpula* 

BBS. 

EriuoLoaÍA.  /«  privativo  y  popular: 
francés,  impop%laire¡iUA\KSiQ,impopvr 

lare. 

Impopularidad.  Femenino.  Des- 
afecto, mal  concepto  en  el  público; 
condición  de  lo  impopular. 

Etiuoloqía.  Impopular:  italiano, 
impopulayiía;  francés,  impopularili;  ca- 
talán ficticio,  impopularitat. 

Importable.'  Adjetivo  anticuado. 
Insoportable.  Q  Comercio,  Capaz  de 
ser  importado. 

Etuiología.  Importar:  latió,  impor- 
tdbílis;  '\isXÍ3íixo, -importabile;  francés 
catalán,  imppriaHe. 
'  Imjportación.  Comercio.  La  inb'o- 
duccion  de  géneros  extranjeros.  |  In- 
troducción de  anímales  y  plantas  con 
el  objeto  de  aclimatarlos  en  nuestro 
país,  y  Invasión  de  una  enfermedad 
contagiosa,  procedente  de  naciones 
extrañas.  |  iletáfora.  Aplícase  tam- 
bién á  cosas  é  intereses  no  materiales, 
.como  cuando  decimos:  «luroaXACiÓN 
de  las  ideas;  importación  de  ciencia^ 
de  industrias,  de  artes. > 

EtimolouíÁ.  Importar:  catalán,  ím- 
;íor/flC»£Í;  portugués,  importacao;  Ír9.n- 
eés,imporfatioH;  italiano,  importazione. 

Importado,  da.  Participio  pasivo 
de  importar. 

ETiuotoaÍA.  Latín  importains,  par- 
ticipio pasivo  de  importare:  catalán. 
importat,  da;  francés,  importé;  italia- 
no, importaío. 

Importador,  ra.  Masculino  y  fe- 
menino. Comercio.  £1  que  importa. 

ETiuoLoaÍA.  Importar:  francés, 
portatcur. 


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IMPO 

Imjportancia.  FemeDÍno.  Conve- 
QÍeneia  7  atiUdad  de  alguna  cosa.  | 
Represeatacióa  de  algujia  persocapor 
mi  dig^aidad  6  calidades;  j  &8t  se  dico: 
hombre  de  imfortakcia. 

EtiuOLOOÍA.  Importante:  italiano, 
importatua;  fnbeéñ,  importante;  cata- 
lán, importancia, 

fanportente.  Participio  activo  de 
importar.  |  Hohbbb  importante. Hom- 
bre de  TBlimiento.  Q  Hacersb  bl  im- 
FOBTAHTB.  Fnie  &míliaT.  Bchárselas 
de  grftnde  hombre;  hacerse  de  ro- 

EftuoLOOfA.  Importar:  italiano,  im- 
poríaníe;  francés,  mporíant,  ante;  ca- 
talán, imporíant. 

Impoi^antemente.  Adverbio  de 
modo.  Con  importancia. 
■   Etimología.  Importante  y  e\  sufijo 
adverbial  mente. 

Importantes  (cásalas  db  los). 
HútóriA,  Partido  político  que  momen- 
táneamente, si  así  puede  decirse,  ob- 
tuvo el  poider  al  advenimiento  de 
Luis  XI V,  bajo  la  regencia  de  Ana  de 
Anstría  <1643).  Se  compuso  de  se&ores 
que  habían  sido  perseguidos  por  Ki- 
«leliea,  aliganos  de  elloi,  por  su  ad- 
hesión á  la  reina.  Uno  de  los  Jefes  del 
partido,  Potier,  obispo  de  Beauvais, 
fué  nombrado  ministro  principal,  ob- 
teniendo los  primeros  destinos  los  dn> 
ques  de  Vendóme,  de  Beaufort,  de 
Mercoeur  j^de  Guisa...  Pero  sus  humos 
de  superioridad  y  protección, — j  de 
aquí  su  nombre, — su  incapacidad,  y 
sobre  todo,  los  daños  que  causó  esta 
reácción  aristocrática,  inquietaron  á 
la  reina  madreque,  siguiendo  los  con- 
sejos de  Mazarino,  desterró  á  unos,  é 
hiso  prender  á  otros.  Su  poder  duró 
t^  meses,  do  Mayo  a  Septiembre.  Pos- 
teriormente tomaron  parte  síganos  en 
ksAvneltaS  de  la  Fronda,  t  se  adhi- 
rieron al  príncipe  de  Condé.  (VáaSe 
itMM«,  artícalo  Pktimktbbs.) 

Importantísimo,  mt.  Adjetivo  sn- 
■perfíitivo  importante. 

Importar.  Neutro.  Conrenir,  ser 
dtñ  aígtiiba  cosa,  [f  Activo.  Hablando 
del  precio  de  las  cosas,  significa  valer 
ó  llegar  ¿  tal  cantidad  la  cosa  com- 
pfkda  ó  ajustada.  |  Comercio.  Introdu- 
cir géneros  extranjeros.  H  Anticnado. 
Contener,  ocasionar  Ó  causar,  y  Llevar 
consigo;  como  nsPORfAB  necesidad, 
vinleneiBf  en  cujra  acepción  viene  á 
ser  sinónimo  de  implicar.  Q  ¿Qué  ih- 
roBTA?'  Locación  proverbial  de  que 
nos  valemos  para  dar  á  entender  la 
resolnción  en  qae  estamos  da  persis- 
tir en  nuestro  propósito. 

ETniOLOOiá.  Latín  imporíSre,  «ca- 
■trcar,  conducir,  suscitar,  atraer;  .y  fí- 
-^'nndamente,  coarenir;de  is,en,  den- 
-tro,  haeio,  sobre,  y  portare^  portear: 
catalán,  importar;  francés,  importer; 
italiano,  importare. 

Importe.  Masculino.  El  número  ó 
rantidad  á  que  llega  lo  que  se  com- 
pra ó  ajusta. 

EtuiolooÍa.  Importar:  catalán,  csi- 
poií. 

Importunación.  Femenino.  Ins- 
tancia porfiada  y  molesta. 
-  -  £tuioi.osía»  Jm/oriamBN  francés, 


IMPO 

antigao,  importwuMee;  cattlán,  impor- 
tunaeúf. 

Importunadamente.  Adverbio  de 
modo.  Con  importunación. 

ETiifOLOOfA.  Imporlmnada  j  el  sufi- 
jo adverbial  meiUe:  italiano,  imporín- 
Háiamenie;  catalán,  importunaadmtul. 

Importunado,  da.  Participio  pa- 
SÍTO  de  importunar. 

ETWOLOola.  Importimar:  catalán, 
imporíunat,  da;  francés,  importuné. 

Importuaadori  r*.  Masculino  y 
femenino.  La  persona  qne  importuna. 

Importunamente.  Adverbio  de 
modo.  Con  importunidad  y  porfía*  \ 
Fuera  de  tiempo  6  de  propósito. 

EmoLOofA.  Importuna  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  latín,  *»MWf<ÍMÍ; fran- 
cés, importiotéiunti  MtftUni  ís^or/a- 
nament. 

Importunar.  Activo.  Incomodir  ó 
molestar  con  alguna  pretensión  ó  so- 
licitud. 

Etiuología.  Intportwa:  catalán, 
itnporíunar;  francés,  tmaorluner. 

Importunarse.  Reciproco  anticua- 
do. Enfadarse,  incomodarse. 
-  Importunidad.  Femenino.  Inco- 
modidad ó  molestia  causada  por  algu* 
na  solicitud  ó  pretensión,  entablada 
fuera  de  lagar  y  de  tiempo,  f  Condi» 
ción  de  las  cosas  importunas. 

EnuoLoofA.  Importuno:  latín,  im- 
portanitns,  situación  desventajosa  de 
un  lugar;  italiano,  importunateua; 
francés,  impotHmit4;  catalán*  impo^ 
tunitaí. 

Moral  de  la  familia. — La  niPo&TtJ- 
HiDAD  es  la  ¿esbsredada  del  mnndo. 
Todo  aloanea  perdón,  menos  ella. 

Importnnisimo,  ma.  Adjetivo  sa- 
perUttvo  de  importuno, 

EtiiiolooU.  lMp9rími*:  catalán, 
importunísñin,  a;  latín,  imporiBni^^ 
muí. 

Importuno,  na.  Adjetivo.  Lo  que 
es  fuera  d«  tiempo  6  de  psopósitOk  | 
Molesto,  enfadoso. 

EtimolooÍa.  Latín  importunui,  \w- 
gST  áspero,  desventi^so,  de  is,  no, 
y  portúnus,  forma  ficticia  de  porttu, 
puerto,  lagar  accesible,  fiironble: 
italiano,  importuno;  fe&nwSfimportm; 
catalán,  i^poríú,  fñi. 

Moral  de  (a^amilia.—tSBt pohre  im- 
portuno oquiiv&le  á  ser  pobre  cien 
veces.»  Nadie  es  |»>bre  en  la  tierra, 
ni  el  propio  mendigo,  si  tien.o  an  arte 
que  se  llama  oportunidad.  Hav  un  san- 
to á  cujra  gracia  debemos  todoS  enco- 
mendamos coa  especial  fervor:  san 
OroftTUNO. 

%N0Nnlu.  Importuno,  iw^tínente^ 
Trátase  aqa(  del  sentido  recto  de  es- 
tas dos  voces,  y  no  del  secundario, 
aunque  más  comi&n  y  conocido,  en  que 
ordinariamottte  se  usan,  llamando  «m- 
portuno  al  molesto  y  cnfkdoso  por  la 
instancia  ó  continuación  con  que  píde 
alguna  cosa;  é  impertinente^  al  displi- 
cente ó  desagradable,  por  su  mal  hu- 
mor, melancolía  ú  otras  causas. 

Lo  que  es  fuera  de  tiempo,  es  i'fNpof- 
üiHo;  lo  que  es  i\iera  do  propósito,  es 
impertinente.  La  disonancia  que  causa 
lo  importuno  no  consiste  en  la  calidad 
de  la  cosa  en  sí  misma,  sinoaa  la  oca-  ¡ 


IMPO 


3t 


síón  en  (]ue  se  emplea,  en  la  fiilta  de 
oportunidad.  La  disonancia  qne  cansa 
lo  impertinente  está  en  la  misma  cali- 
dad de  la  cosa  que  no  conviene,  no 
pertenece  &  lo  que  se  dice  ó  se  hice. 

Las  chanzas  no  son  de  modo  algu- 
no impertinentes  en  una  comedia,  pero 
pueden  ser  imporíunat. 

El  adjetivo  inoportuno  sólo  está  an- 
toriudo  por  el  uso,  ^  parece  por  su 
misma  formación  mas  conforme  que 
importuno  4  este  sentido.  (Hubbta.) 

Imposibilidad.  Femenino.  La  fal- 
ta  de  posibilidad  para  existir  alguna 
cosa  ó  para  hacerla.  |  física.  La  abso- 
luta repugnancia  que  haj  para  exis- 
tir ó  verificarse  alguna  cosa  en  el  or- 
den natoral.  g  hbtatÍsica.  La  que 
dice  ó  inclujre  contradicción.  |  uooau 
Ls  inverosimilitud  de  que  pueda  ser  ú 
suceder  alguna  cosa. 

Etimoloqí  A.  Imposible:  latín ,  iutpót- 
i'^í¡ita$;  italiano,  impoui&iliía;  fran- 
cés, impotsibilité;  catalán,  impombili' 
tat;  portugués,  impostibUideae. 

iÍMfiia.— 1.  Ejemplo  de  nirosiBiu- 
DAD  ^ica.~£s  imposible  de  todo 
punto  que  un  círculo,  sea  cuadrado; 
que  lo  leve  baje,  y  qao  lo  gravo  suba. 

2.  luPOSIBIUUAD    «Mte/iMM.  —  Ss 

imposible  que  nua  misma  cosa  sea  y 
no  sea,  ó  que  una  materia  se  toms  en 

espíritu.  - 

8.  luPOSisiMPAn  fliors¿.— Es  impo- 
sible que  un  hombre  religieso  blaafe* 
me  de  Dios,  ó  que  un  hombre  amanto 
de  la  verdad  se  envilezca  ¿sabiendas 
con  la  mentira. 

Impovibihtado,  da.  Participio  pa- 
sivo de  imposibilitar.  |  Adjetiva  Im- 
pedido ó  baldado. 

BTiuotoGÍA.  ímposibiUtar:  catalán, 
impotsibiiitet,  da;  italiano,  impottiÜ- 
iitato. 

ImpoiUiiUtnr.  .Activo.  Quitar  li 
posibilidad  de  ejeciitar  6  cons^uir 
alg\ina  cosa.- 

KtiuolooÍa.  Imposible:  italiano,  t«- 
poetiiiiitfirB;  catalán,  impa$iéiÜUr. 

Imposible.  Adjetivo.  Lo  que  no  ris 
posible,  y  Lo  que  es  somamente  difí- 
cil. So  usa  también  como  nombre 
masculino,  por  ejemplo:  pedir  eso.  es 
pedir  DN  lUPOsiBLB.  ||  ImposieIíE  db  to- 
da tHPOsiRiLiDAD.  Bipresíóií  familiar 
con  que  se  pondera  la  imposibilidad 
ó  suma  .dificultad  de  alguna  cosa. 

Etiviología.  /n  privativo.  ^  jiertiZc; 
latín,  impSuUUit;  italiano,  tmpouiéi- 
le;  francés  y  catalán,  impotsiiUi  pm- 
tngtiés,  ínuwfsúwA 

ImpésSMemente.AdTsriÚD  ^nio- 
4o.  Con  impoüfailidad. 

Etivdlouía.  Impmiíe  j  el  sufijo 
adverbial  mente:  italiano,  imponibil- 
meníe;  francés,  impoitibiement. 

Imposición.  Femenino.  La  acción 
y  efecto  de  imponer  ó  imponerse.  |  La 
(%rga,  tributo  ú  obligación  que  se 
impone.  ||  Imprenta.  (Composición  de 
cuadrados  que  separa  las  planas  entre 
sí,  para  que  impresas  aparezcan  con 
las  márgenes  correspondientes;  |  im 
LAS  UANOS.  Cánones.  Ceremonia  acle^ 
siástica  de  que  usan  los  obispos  con 
los  qne  ordeun. 
firiMOLOeia.  Impaner:  iatín,  impdtlír 


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i/ 


32  IMPR 

ÜOf  el  acto  de  impooer,  cargar  ó  aj)li- 
car;  forma  sustantiva  al)Stracta  de  imr 
pSittus,  impuesto:  italiano,  imposizio- 
ne;  francés,  imposüion;  provenzal,  em- 
poticio,  imposido;  catalán,  impotició. 

Impositicio,  cía.  AdjetÍTo.  Lo  que 
se  impone  ó  aplica. 

Impoaitor.  Masculino.  Bl  que  im- 
pone. 

EnHOLoaiA.  Imponer:  latín,  impíSil- 
tor,  el  que  pone  nombre  á  una  cosa, 
en  Varrón;  italiano,  mpositore;  fran- 
cés, impoteur. 

Imposta.  Femenino.  Árquiíecíura. 
Especie  de  cornisa  sobre  que  estriba 
el  arco  ó  bóveda. 

Etiuolooía..  Latín  imposíuít  sínco- 
pa de  impoiítus,  impuesto,  sobrepues- 
to; participio  pasivo  de  impónere,  im- 
poner, de  tn,  eut  sobre,  ^  poneré^  po- 
ner: italiano  y  catalán,  mpoiía;  fran- 
cés, impótte. 

¿mpostor,  ra.  Masculino  j  feme- 
nino. Derecho  romano.  El  que  atribuje 
falsamente  á  otro  alguna  cosa,  6  el 
que  finge  6  angafia  con  apariencia  de 
verdad. 

BTiuoLoaía.  Latín  impostor,  tmftot- 
íSriSy  en  Ulpiano;  engañador,  simétri- 
co de  imposíum,  síncopa  de  impSittum, 
supino  de  impondré,  imponer,  enca- 
ñar: italiano,  imposiore;  francés,  wi- 
posíeur;  catalán,  impostor,  a. 

Moral  de  la  /am«¿M.— La  peste  no 
mata  más  que  el  cuerpo;  pero  el  im- 
postor envenena  las  almas.  (Basa- 
LAis,  Gar.,  /,  45,) 

Impostura.  Femenino.  Derecho  ro- 
ffionú. Imputación  folsa  j  maliciosa, 
g  Fingimiento  ó  engaño  con  aparien- 
cia de  verdad. 

Bruioi/wfa.  Imp^tor:  latín,  impos- 
tura; italiano  j  catalán,  it^fottwra; 
francés,  impostare, 

Impotabilizar.  Activo.  Haeer  im- 
potable un  líquido,  (Caballero.) 

Impotable.  Adjetivo,  Qae  no  púa- 
de  beberse. 

E-mcoLOOÍA.  In  privativo  j  potable: 
francés,  impotable. 

Impotación.  Femenino,  Accidn  de 
beber,  (Caballero.) 

Impotencia.  Femenino.  Falta  de 
poder  para  hacer  alguna  cosa*  |  Medi- 
cina. Xa  incapacidad  de  engendrar  6 
concebir 

ErmOLGOÍA.  In  privativo  j  poton- 
cia:  latín,  impÓtatm;  italiano,  impo~ 
tensa;  francés,  impoíenee;  catalán,  m- 
potenda. 

Impotente.  Adjetivo.  El  que  no 
tiene  potencia.  [|  Medicina.  La  perso- 
na incapaz  de  engendrar  6  concebir. 

BTiuoLoaÍA.  Latín  impSíens,  impÜ~ 
tentis:  italiano,  impotente;  francés  j 
catalán,  impotent. 

Impracticabie.  Adjetivo.  Lo  que 
no  se  puede  practicar.  |]  Se  dice  délos 
caminos  j  pandes  por  donde  no  se 

Suede  caminar,  o  por  donde  no  se  pue- 
e  pasar  sin  mucha  incomodidad. 
EnuoLoaU.  In  privativo  y  practi- 
eaile:  italiano,  impracíieabile;  nrancés 
y  catalán,  impracticable. 

Imprecación.  Femenino.  Heidrica, 
Cualquiera  expresiéuconque  se  pide  6 
se  manifiesta  deseo  de  qae  venga  mal 


TMPR 

á  alguno,  ya  sea  la  persona  de  quien 
hablamos,  ya.  la  misma  persona  con 
quien  se  habla,  li  Antigüedades  griegas 
V  romanea.  Maldición  pública  y  so- 
lemne con  que  se  infamaba  á  un  ene- 
migo del  Estado,  ora  desterrándole, 
ora  condenándole  á  pena  de  muerte 
en  rebeldía. 

ETiMOLoafa.  Imprecar:  latín,  ti»^«í- 
caítOj  maldición,  execración,  petición 
ó  deseo  de  que  venga  un  mal :  italia- 
no, imprecazione;  francés,  impr/cation; 
catalán,  imprecació. 

Reseña  histórica, — 1.  Son  célebres 
entre  los  griegos  las  iupbbcacionbs 
de  los  sacerdotes  contra  Alcibiades, 
así  como,  entre  los  latinos,  las  del 
tribuno  Ateio  contra  Crasso,  en  el  mo- 
mento en  que  el  último  personaje  sa- 
lía por  una  de  las  puertos  de  Roma. 

2.  La  fórmula  de  la  impbbcacióh 
solía  consistir  en  las  circunstancias 
generales  siguientes:  se  encendía  un 
brasero;  se  echaban  en  él  aromas  j 
perfumes;  se  hacían  libaciones  /  se 
pronunciaba  la  imprecación. 

Sinonimia.  Imprecación,  maldición, 
execración.  La  imprecación  es  la  expre* 
sión  vehemente  del  mal  que  se  invoca 
contra  alguno.  La  maldición  es  la  in- 
vocación del  poder  divino  en  daño  de 
otro.  La  execración  es  la  manifestoción 
del  horror  que  inspira  alguna  perso- 
na ú  objeto.  La  imprecación  supone 
debilidad  ó  miedo;  l&  maldición,  deseo 
de  justicia  ó  de  venganza-,  la  execra- 
ción, un  sentimiento  profundo  de  ren- 
cor ó  de  anti^tía.  (Mora.) 

Imprecaciones  (las).  Femenino 
plural.  Müología.  Eran  tres,  hijas  de 
Aqueronte  y  de  la  Noche.  Colocadas 
cerca  del  toono  de  Júpiter,  recibían 
sus  órdenes  para  it  á  turbar  el  reposo 
de  los  malvados.  El  mismo  nombre 
se  daba  á  los  votos  dirigidos  á  las  di- 
vinidades infernales  y  sobre  todo,  á 
las  furias,  para  excitar  su  cólera  con^ 
tra  un  tirano,  un  impío,  6  contra  todo 
un  pueblo. 

Imprecador,  ra.  Sustantivo  j  ad- 
jetivo. Que  impreca. 

EriMOLoaÍA.  Imprecar:  francés,  ¿m- 
précaíeur. 

Imprecar.  Activo.  Manifestor  con 
ciertas  palabras  el  deseo  de  que  á  al- 
g*uno  le  venga  mal  ó  dafio. 

Etihchxxha.  Latín  imprecSri;  de  tn, 
contra,  ypr^cSri,  rogar¡  forma  verbal 
áepr¿ces,  súplicas:  catiúán,  imprecar. 

Sentido  etimológico. — El  latín  imprS- 
cari  se  tomaba  también  en  buen  sen- 
tido; y  así  vemos  que  significaba  pe- 
dir con  súplicas,  hacer  votos:  uí  toíus 
mihi  populus  bene  ihprecbtur,  «para 
que  todo  el  pueblo  haga  votos  por  mi 
felicidad»  (Pbtbonio);  Deus  paíer  est 
iMPRBCANOus  nt..,  «Debemos  pedirá 
Dios,  nuestro  padre,  que...»  (san  Jb- 

RÓNIHO.) 

ImprecatiTamente.  Adverbio  de 
modo.  Con  imprecación. 

Etiuolooía.  Imprecativa  y  el  sufijo 
adverbial  mente. 

Imprecativo,  va.  Adjetivo.  Im- 

PBBCATORIO. 

Etucolooía.  Imprecú/r:  italiano,  tm* 
]precatiw. 


IMPR 

Imprecatorio,  ría.  Adjetivo.  Con- 
cerniente á  la  imprecación;  que  se  hace 

con  ella. 

E  T I  m  o  L  o  oí  A. /«jMVMíf  eo;  ftaneés, 

imprecatoire;  catalán,  imprecatori,  o. 

Reseña, — En  el  convento  de  U  Mi- 
nerva (Roma)  leímos  nn  antiguo  tra- 
tado de  cánones,  en  que  se  hablaba  de 
cierta  cláusula,  llamada  iHpaacATO- 
BiA,  como  en  el  ejemplo  siguiente: 
«las  excomuniones  que  contienen  cláu' 
snlat  lUpRBCATOBiAs  contra  la  forma 
prescrita  por  los  Concilios,  no  deben 
tenerse  por  auténticas.»  Habiendo  con- 
sultado sobre  este  asunto  al  muy  doc- 
to don  León  Carbonero  y  Sol,  nemos 
sido  favorecidos  por  la  siguiente  carta, 
modelo  perfecto  de  cortesía,  de  buena 
voluntad  y  de  erudición,  á  la  cual  no 
podemos  pagar  ni  aún  con  el  home- 
naje de  nuestra  gratitud  y  afectuosa 
correspondencia.  «No  pudiendo  yo  de- 
terminar y  fijar  el  significado  propio 
7  canónico  de  la fórmnla  imprecatoria, 
consulté  con  mi  amigo  el  Ilustrísimo 
señor  don  Manuel  de  Jesús  Rodrí- 
guez, antiguo  fiscal  de  la  Nunciatura 
apostólica  y  hoy  auditor  asesor  de  la 
Nunciatura  y  de  la  Rota,  y  varón  in- 
signe por  sus  profundos  conocimien- 
tos en  las  ciencias  eclesiásticas.  Ni  yo, 
que  no  es  de  extrañar,  ni  mí  amigo, 
hemos  podido  fijar  el  sentido  propio 
de  dicha  fórmuía,  porque  como  usted 
verá  en  todos  los  Diccionarios  latinos, 
la  palabra  imprecar  lo  mismo  se  apli- 
ca y  refiere  a  desear  un  bien  que  á 
conminar  ó  fulminar  una  maldición. 
Puede  haber,  por  consiguiente, /türmn- 
la  imprecatoria  de  invocación  de  la 
gracia  en  los  Concilios,  como  el  Veni 
Creator  ú.  otras  preces  con  que  se 
inauguran  las  sesiones,  y  fórmnla  ui- 
pRBCAToaiA  do  maldición,  como  en  los 
anatemas  y  condenaáóá  a*  herejeijf  it 
doctrinas.* 

Imprecaución.  Femenino.  Falta 
de  precaución. 

Impregnable.  Adjetivo.  Snseepti- 
ble  de  impregnarse. 

Impregnación.  Femenino.  El  acto 
y  efecto  de  impregnarse, 

Etiuolooía.  Impregnan  francés, 
imprégníUion;  italiano,  %mpr^iMmfíí^to, 
impregnatnra,  preflez;  catalán,  in^treg- 
nació. 

Imprej^ar.  Activo.  Hacer  que  un 
cuerpo  reciba  en  sus  poros  las  pirtf- 
cutas  de  otro.  ||  Empapar. 

Etiuolooía.  l.hatíu  impragnare, 
de  in,  en,  y  preegnans,  ^oi  pra-genens; 
y  mBjOT,  pra-gtgnens,  compuesto  del 
prefijo  pra,  antes,  y  genere,  forma  an- 
tigua de  oignere,  engendrar. 

'2.  El  latín  impragtore  representa, 
para  la  etimología ,  tm-pra-genere  6  ífli- 
presgign^re,  «engendrar  antes  en  al- 
guna cosa.» 

3.  Impregnar  significa  empapar, 
hacer  que  los  poros  de  un  cuerpo  re- 
ciban fas  partículas  de  otro,  como  la 
hembra  está  impregnada  de  la  subs- 
tancia que  ha  recibido. 

4.  Lo  dicho  demuestra  que  impreg- 
nación y  preñes  son  el  mismo  vocablo 
de  origen. 

i^meocúAi*— Latín  «M/rnyaffrv.*  ca- 

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IMPR 


IMPR 


IMPR  33 


*i\in,  impregnarte;  francés,  impregner; 
italianO)  impregnare  ( ifnprtAareU 

Impregnarse.  Recíproco.  Recibir 
an  cuerpo  ea  sus  poros  las  partes  ó 
corpúsculosdeotro^U  virtud  de  ellos. 

Impreme  litación. Femenino.  Fal- 
ti  de  previsión. 

EniiOLOGÍA.  In  privativo  y  preme- 
ditaciiJ»:  francés,  imprémédiiation. 

Impremeditadamente.  Adverbio 
de  modo.  Sin  premeditación. 

Etimología.  Jmprmeditada  y  b\  su- 
fijo adverbial  nteníe. 

Impremeditado,  da.  Adjetivo.  Mo 
premeditado. 

EnuoLOOÍA.  In  privativo  y  prme- 
iitádo:  francés,  imprémédité. 

biprenta.  Femenino.  El  arte  de 
imprimir  libros.  |  La  oficina  ó  lug;ar 
donde  se  imprime.  Q  Ih?bbsión,  por 
calidad  ó  forma  de  letra. 

EruioLoaÍA.  Imprimir:  francés,  tW 
^merie;  catalán,  imprempía,  forma 
abusiva. 

JleseUa  k¿sídrica.—\.  El  descubri- 
miento de  la  iMPRkNTA,  ¿  pesar  de  su 
importancia  v  trascendencia,  pudo  re- 
velarse al  hombre  desde  la  mas  remo- 
ta aotiguedad;  esto  ei,  desde  que 
pudo  observar  en  la  tierra  la  impre- 
lun  ó  huella  de  sus  propias  plantas. 

2.  Diferentes  usos  y  <  bjetos  de  la 
aoti^jedad  pudieron  suge.ir  el  proce- 
dimiento de  imprimir^  tales  como  el 
grabado  en  reheve  y  en  hueco;  prin- 
cipalmente, en  los  anillus  y  en  los  se- 
llos, en  las  monedas  ▼  en  las  me- 
ialUs. 

3.  Nótese  que  la  antigüedad  «mjirí- 
•úf  ea  la  carne  de  los  esclavos,  como 
iioj  en  la  de  las  bestias,  el  hierro  ó 
marea  de  su  dueño. 

4.  Los  grabados,  llamados  de  San 
CrUí(.'bal;ws  libros  de  imágenes,  he- 
chos en  AUiuauia  y  en  Holanda  hacia 
1410,  tales  como  la  Biília  Paupemm  j 
\Arted<  morir;  y  las  ediiiones  xilo- 
gráficas, ó  hechas  con  planchas  fijas 
de  madera,  de  la  Gramática  de  Dona* 
to,  parecen  ser  los  modelos  que  sirvie* 
ron  i  los  tres  primeros  inventores  de 
U  imprenta:  Guttenberg,  Fust  j 
Schomer. 

5.  La  impresión  xilográfica  había 
existido  «ntre  los  chinos  200aAos  an- 
tes de  Jesucristo. 

6.  Después  de  las  planchas  xilo- 
gráñcas,  se  llegó  al  descubrimiento 
de  tos  caracteres  movibles,  que  al 
principio  fueron  de  madera,  síd  los 
'•Mzltís  apenas  podría  ser  útíl  la  im- 

PBBNTA. 

7.  El  secreto  de  los  caracteres  mo- 
vibles pudo  revelarse  mucho  antes, 
«epúii  uu  tetto  que  recordamos.  Dice 
utt  autor  il  jstre  que  tan  imposible  es 
<eren  el  inundi  la  obra  del  acaso, 
■■•imu  arrtjar  al  alto  todas  l<is  letras 
del  alrabeio  v  que,  al  caer,  formen 
palabras,  per.odos  y  dis^rursos.  Esa 
nagen  pudo  ser  la  revelación  de  los 
uiaeteres  movibl..s. 

Schfp'er  inventó  \o$  punzones 
pan  abrir  las  matrices,  v  la  infusión 
ñel  meul  de  los  caracteres  tip  )grá-  ' 
úeos.  I 
9.  Siete  ciudades  ben  oontendido ' 


sobre  ser  euna'de  la  xypiiBNTA,  eomo 
otras  siete  contendieron  sobre  ser  cuna 
de  Homero;  pero  la  opinión  más  ad- 
mitida hoy  entre  los  eruditos  es  la  de 
haberlo  sido  tfaguncía,  no  Harlem,  ni 
Strasburgo,  como  se  ha  venido  sos- 
teniendo. 

10.  Los  monumentos  más  antiguos 
del  arte  tipográfico,  los  dos  primeros 
incunables,  según  el  tecnicismo  de  bi- 
bliógrafos V  bibliófilos,  son:  las  Car- 
ios  de  indulgencia  del  papa  Ntcolát  Vt 
y  la  edición  de  la  Biblia  en  640  hojas, 
impresas  en  fliaguiicia,  en  1453  y 
1455,  con  los  caracteres  inventados 
por  SchoefTer. 

11.  El  primer  libro  que  llevó  lo 
que  hoy  llamamos  0Í«  de  imprenta,  es 
decir,  la  fecha,  el  lugar  de  la  impre- 
sión y  el  nombre  del  impresor,  fué  el 
Piatmorum  codex,  hecho  en  Maguncia 
en  1457. 

12.  Guttenberg,despuésde  realizar 
tan  maravilloso  descubrimiento,  mu- 
rió sin  dejar  su  non:\bre  á  ninguna  de 
las  obras  que  dio  á  luz. 

13.  Los  bibliógrafos  han  convenido 
en  denominar  »iic«»w¿/*<,  es  decir,  ft)r- 
mados  en  la  cuna  de  la  imprenta,  á  las 
obras  publicadas  hasta  acabar  el  si- 
^lo  XV,  ó  lo  que  es  lo  mismo,  á  las 
impresas  desde  el  a&o  1453  al  1500. 

14.  El  primer  carácter  empleado  en 
las  impresiones  fué  el  gótico,  nombre 
en  que  se  comprenden  las  llamadas 
letras  de  forma,  de  san  Pedro,  alem»* 
ñas,  etc. 

15.  Aldo  Menucio  adoptó,  en  1513, 
el  carácter  itálico,  que  tuvo  su  origen 
en  los  letras  cursivas  empleadas  por 
la  cancillería  romana, 

16.  Friburger.  Roberto  Estienne  y 
Vascosan  contrihu  veron  en  Francia  á 
la  abolición  del  carácter  fótico. 

17.  Nicolás  Jenson  fue  uno  de  los 

f trímeros  tipógrafos  que  determiuaron 
a  forma  y  las  proporciones  de  los  ca- . 
racteres  romanos. 

18.  La  IMPRENTA  apareció  en  Bam- 
berg,  en  1462;  en  CoiODia  y  Subiaco, 
en  1465;  en  StraSburso,  en  1466,  eii 
Roma,  en  1467;  en  Milán,  en  Venecia 
y  en  París,  en  1469;  en  Lucerna, 
en  1470;  en  Bolonia,  Ferrara,  Pavía, 
Florencia  jr  Ñapóles,  en  1471;  en  Am- 
beres,  en  1472;  en  Brujas.  Utrecht, 
Parma,  Mesina,  Ljon  y  Buda  (Hun- 
gría), en  1473;  en  Basílea,  Bruselas, 
Barcelona,  Zaragoza,  ti  nova,  Turín 
V  Wéstminster,  en  1474;  en  .\ngers  _y 
Sevilla,  en  1476;  en  Lejr  Jen  y  Stockol- 
mo,  en  1483;  en  Cracovia,  en  14  >1;  en 
Copenhague,  en  1493;  en  Avignóo, 
en  14*^7;  en  Madrid,  en  1499;  ,v  en 
Edimburgo  T  Francfort  sobre  el  Mein, 
en  1507;  enLieja.  en  1566;  en  Berlín, 
en  1578;  en  Pekín,  en  1Ü03;  en  Tlas- 
eala(Méj)co),  en  1650;enChrÍstiant«, 
en  1656;  en  San  Petersbur;íO,en  1711; 
en  Constantino  pía,  en  n¿7;  en  Bue- 
nos-Air<-s,  en  1789,  y  en  Río*  Janeiro, 
en  1813. 

19.  La  IMPRENTA  fue  llevada  ¿Fran- 
cia por  tres  alemanes:  ülrico  (leríng, 
Martín  Kraiitz  v  Miguel  Fribiirg.r. 
La  primera  obra  que  publicaron  vio 
U  luz  en  U'iO. 


20.  No  obstante  lo  dicho  en  nues- 
tro nómero  18,  haremos  constar  que 
algunos  eruditos  bibliógrafos  de  nues- 
tra nación  creen  que  Valencia  fué  la 
población  de  España  en  que  primero 
apareció  la  im  renta,  y  la  primera 
obra  impresa  allí  fué  la  titulada  Los 
gotos  de  la  Virgen  (Lot  gosotde  Uver- 
as)' 

Impresciencia.  Femenino.  Falta 

de  presciencia. 

ExiuoLOofA.  In  privativo  y  pret- 
eieneia:  francés,  impresdenee. 

Impreaciente.  Adjetivo.  Bxento 
de  presciencia. 

Impraacindible.  Adjetivo.  Aque- 
llo de  que  no  se  puede  prescindir. 

Etiuolooía,.  In  privativp  y  prescin- 
dible: catalán,  imprescin'iible. 

Impreacindiluemente.  Adverbio 
modal.  De  un  modo  imprescindible. 

EtiholooÍa.  Impretandible  y  el  su- 
fijo adverbial  mentf. 

Imprescríptibilidad.  Femenino. 
Derecho  político,  dualidad  de  lo  im- 
prescriptible; y  así  se  dice:  «la  iuprbs- 
CBIPT131UDAD  de  las  prerrogativas  in- 
herentes al  ser  humano. > 

Etiuolooía.  Impreicriptihle:  italia- 
no, im^rescriííibiíitá;  francés,  impresa 
criptibU.ié;CAta.\iu,impreícriptil/tíitaí. 

Imprescriptible.  Adjetivo.  Loque 
no  puede  ó  no  debe  prescribir  6  pres- 
cribirse. 

ETiiiOLOOfA..  In  privativo  y  pret- 
eripíibie:  italiano,  imprescriitlbile; 
francés  v  catalán,  imprescr  '.plible. 

Sentido  etimológico. — 1.  Lo  iupbb^- 
CBiPTiBLB  se  refiere  á  los  derechos  deri- 
vados de  la  Ity  natural,  los  cuales, 
habiendo  sido  legislados  por  Dios,  no 
pueden  ser  prescdtos  por  el  hombre. 

2.  La  le^  de  la  naturaleza,  esa  lay 
simple,  luPBESCBimBi^,  que  habla  al 
corazón  de  la  humanidad.  (Bossibt, 
Pologne,  6.) 

3.  Han  sostenido  constantemente 
que  la  libertad  es  un  derecho  imprbs- 
caiPTiBLB  del  cristiano.  (Cuatbau- 
BRUNO,  Genio  del  Cristianismo,  I V,  7.) 

4.  También  se  aplica  la  voz  del 
articulo  á  las  institucion  es  seculares, 
procedentes  del  derecho  divino  ó  pres- 
tigio histórico,  consideradas  como  an- 
teriores y  supjriores  á  la  voluntad  de 
los  pueblos  y  á  la  lucha  de  las  asam- 
bleas; en  cujro  sentido  se  dice:  «los 
derechos  del  trono  son  enajeuables  é 

IMPRESCRIPTIBLES. » 

Imprdscripto,  ta.  Adjetivo.  Que 
no  se  na  prescrito. 

Impresión.  La  acción  ó  efecto  de 
imprimir.  |¡  La  marca  ú  señal  ^ue  al- 
guna cosa  deja  en  otra  apretándola; 
como  la  que  deja  la  huella  de  los  ani- 
males, el  sello  que  se  estampa  en  un 
papel,  etc.  Q  La  calidad  ó  forma  de  le* 
tra  con  que  está  impresa  una  obra.  | 
La  misma  obra  impresa.  |¡  El  efecto  ó 
alteración  que  causa  en  algún  cuerpo 
otro  extraño;  y  así  se  dice:  el  aire  frío 
me  ha  h<'ch  )  mucha  impresión.  ||  PsÍ- 
colo/ía.  Ei  movimiento  que  liacen  las 
cosas  espirituales  on  et  ánimo.  |  Plu- 
ral. PEREGRINAS.  Las  mutaciiMies  ú 
accidentes  fuera  de  lo  natura!  y  ex- 
trañas al  sujeto  á  quien  suceden:  me- 


TOMO  111 


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34  IMPR 


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tafúricamente  se  llaman  así  las  espe- 
cies qae  accidentalmente  sobrevienen 
en  el  ánimo  7  le  inmutan  j  alteran.  || 
Db  la  priubeu  iupbesión.  Locuciún 
que  se  aplica  al  que  es  principiante  ó 
nuevo  en  alguna  cosa.  [|  Hacer  impse- 
siÓN.  Frase.  Fijarse  en  U  imag:ina~ 
ción  ó  en  el  ánimo  alguna  cusa  con- 
moviendo efica  mente.  I  Pbimebji  im- 
presión. Metáfora.  Aquel  concepto  ó 
noticia  con  que  uno  se  satisface  inme- 
diatamente sin  detenerse  á  hacer  re- 
flexión jr  examen  de  su  b  mdad  ó  cer- 
tidumbre. Se  usa  como  nota  de  lige- 
reza del  que  se  deja  llevar  de  ella  sin 
reflexión. 

Etimología.  Imprimir:  latín,  m- 
pretsío,  acción  de  apretar,  marca,  cho- 
que, ataque;  forma  sustantiva  abs- 
tracta de  mpressHS,  impreso:  proven- 
zal,  émpremo;  catalán,  impressié;  ftAa- 
cés,  impression;  italiano,  imprmione. 

Impresionabilidad.  Femenino. 
Cualidad  de  lo  impresionable. 

EnuoLoaÍA.  Impresionable:  francés, 
impresstonnabilile. 

Impresión ahle.  Adjetivo.  Suscep- 
tible de  impresionarse. 

Etimología.  Iiapresión:  francés,  im- 
pressionnaÓle. 

Impresíonadamente.  Adverbiode 
modo.  Con  impresión,  en  sentido  figu- 
rado. 

ExmoLoaÍA.  impresionada  y  el  sufi- 
jo adverbial  mente. 

Impresionado,  da.  Participio  pa- 
sivo (fe  impresionar. 

KTiiiOLoafA.  Impresionar:  catalán, 
impressionaí,  da;  francés,  impressionné; 
italiano,  impressionato. 

Impresionar.  Activo.  Fijar  por 
medio  de  la  persuasión  en  el  ánimo  de 
otro  alguna  especie,  ó  hacer  que  la 
conciba  con  fuerza  y  viveza.  Se  usa 
también  como  recíproco. 

Etimología.  Impresión:  catalán,  im- 
nressionar;  francés,  impressíonner;  ita- 
liano, impressionare. 

Impresionarse.  Recíproco.  Afec- 
tarse; recibir  impresionasen  el  ánimo. 

Impreso,  sa.  Participio  pasivo 
irregular  de  imprimir.  |  Masculino. 
La  obra  impresa  de  poca  extensión. 

Etiholooía.  Latín  impressuSt  apre- 
tado, esculpido,  participio  pasivo  de 
imprimare,  imprimir:  italiano,  impres- 
to; francés,  ím^rim^; catalán, i'mpre'i, a. 

Impresor.  Masculino.  El  artífice 
que  imprime  y  el  daefto  de  alguna 
imprenta. 

Etimología.  Impreso:  italiano,  im~ 
presiore:  francés,  imprimeur;  catalán, 
imprcssor. 

impresora.  Femenino.  La  mujer 
del  impresor  ó  la  que  es  propietaria 
de  alguna  imprenta. 

Imprestable.  Adjetivo.  Lo  que  no 
se  puede  prestar. 

Etimología.  In  privativo  y  jtresía- 
ble:  catalán,  impretlable. 

Imprever.  Activo.  No  prever. 

Imprevisible.  Adjetivo.  Que  ao 
puede  preverse. 

Imprevisión.  Femenino.  P'alta  de 
jirevisióii,  inadvertencia,  irreflexión. 

Etímoluüía.  In  pi'ivaiivo  j  preci- 
sión: francés,  im^rctisiun. 


Imprevisto,  ta.  A.djetÍTo.  Lo  que 
no  ha  aidn  previsto. 

Etiholooía.  Itaprever:  italiano,  t»- 
proveduto;  francés,  impriim;  catalái}, 

imprevist,  a. 

Imprimación.  Femenino.  Pintura. 
Laacción  y  efecto  de  imprimar.  Q  Pin- 
tura. El  conjunto  de  ingredientes  con 
que  se  impriman  los  lienzos. 

EtiuologÍa.  Imprimar:  catalán,  »»• 
primaciú. 

Imprimadora.  Femcnino./'iníura. 
Instrumento  de  hierroó  de  madera  en 
figura  de  cuchilla  6  media  luna,  con 
el  cual  se  impriman  los  lienzos. 

Imprimador.  Masculino.  Pintura. 
El  que  imprima. 

Imprimar.  Activo.  Pintura.  Dis- 
poner con  el  bafio  ó  primeros  colores 
los  lienzos  para  pintar. 

Etiuolooía.  7»i;i«»ii>, 

Imprimible.  Adjetivo.  Que  puede 
imprimirse. 

ETiMOLoaÍA.  Imprimir:  francés,  í«- 
primable. 

Imprimidor.  Masculino  anticuado. 
Impresor. 

Imprimir.  Activo.  Seüalar  en  el 
papel  ú  oira  materia  las  letras  ú  otros 
caracteres  de  las  formas,  apretándolas 
en  la  prensa.  Q  Eistampar  algún  sello 
ú  otra  cosa  en  papel,  tela  ó  masa  por 
medio  de  la  presión.  ||  Metáfora.  Fijar 
en  el  ánimo  algún  afecto  ó  especie. 

Etimología.  Latín  impimtre,  apre- 
tar por  encima,  sellar,  grabar,  marcar 
sobre  alguna  cosa;  de  tn,  en,  dentro, 
sobre,  y  premhe,  oprimir:  provenial, 
empremar;  catalán,  imprimir,  impremp- 
tar;  francés  antiguo,  empreindre;  mo- 
derno, imprimer;  italiano,  imprimere. 

Improbabilidad.  Femenino.  Falta 
de  probabilidad. 

Etiiíología.  Improbable:  catalán, 
improbabilitaí;  francés,  improbabililé; 
italiano,  improbabililá. 

Improbable.  Adjetivo.  Lo  que  no 
es  probable. 

Etimología.  I»  privativo  y  proba- 
ble: latín,  imprÓbábílis;  italiano,  im- 
probabile;  francés  y  catalán,  impro- 
bable. 

Improbablemente.  Adverbio  de 
modo.  Con  improbabilidad. 

ExiuoLoaÍA.  Improbable  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  italiano,  improbabd- 
mente;  francés,  improbablement;  latín, 
impróbabíiíter, 

Improbador,  ra.  Masculino  y  fe- 
menino. La  persona  que  desaprueba. 

Etimología.  Improbar:  latín,  itnpro- 
bator,  el  que  reprueba,  forma  agente 
de  impróbaíio,  desaprobación;  francés, 
improbateur. 

Improbar.  Activo.  Desaprobar,  re- 
probar, reprender  alguna  cosa. 

Etimología.  Latín  improbare,  repro- 
bar; de  íM,  no,  y  probare,  aprobar:  ca- 
talán, improbar. 

Improbidad.  Femenino.  Falta  de 
probidad. 

Etimología.  In  privativo  y  probi- 
dad: latín,  improb'itas:  italiano,  impro- 
'  bita;  francés,  iniprobiir, 
I     Improbo,  ba.  Adjetivo  que  se  apli- 
ca á  la  ¡jersona  ó  cosa  mala.  ¡¡  Se  apli- 
1  ca  al  trabajo  cxct-sivo  y  cuutiuuado. 


EnuoLOofA.  Latín  imprUus;  de  in, 
negación,  y  prSbui,  forma  adjetiva  de 
prdba,  prueba.  Lo  improbo  es  lo  que  no 
se  puede  probar,  intentar  ó  nacer: 
francis,  im;}ro¿«;  catalán,  ímprobo,  a. 

Improcedencia.  Femenino,  Foren- 
se. Falta  de  origen  conocido,  de  fun- 
damento ó  de  derecho,  en  cuyo  senti- 
do se  dice:  la  improcedencia  de  tal  ó 
cual  acción,  de  tal  ó  cual  procedi- 
miento, de  tales  ó  cuales  actuaciones. 

Etíuolooía.  Improcedente. 

Improcedente.  Adjetivo.  Foreme. 
Lo  que  no  es  conforme  á  derecho. 

Etimología.  In  privativo  y  proce- 
dente. 

Improducción.  Femenino.  Falta 
de  producción. 

Improdactíbilidad.  Femenino. 
Cualidad  de  lo  improduetible. 

Improductible.  Adjetivo.  Que  no 
puede  producir. 

Etimología,  /n  negativo  y  ^nMÍvc- 
tibie:  francés,  improductible, 

Impro duotiblemen te .  Adverbio 
de  modo.  Con  improductibílídad. 

ErmoLOGlK.  Improductible  y  9Í  su- 
fijo adverbial  mente. 

Improductivamente.  Adverbio 
modal.  De  un  modo  improductivo. 

Etimología.  Improductiva  y  el  sufi- 
jo adverbial  mente:  fraucés,  improduc- 
tivement. 

Improductivo,  va.  Adjetivo.  Lo 
que  no  produce,  así  en  lo  físico  como 
ttn  lo  moral. 

Etiholooía.  /«  privativo  y  product 
tito:  i\.z\\9.no,improduttiwt;  francés, tsi- 
productif. 

ImproEnnado,  da.  Adjetivo.  Que 
no  ba  sido  profanado. 

Improllfico,  ca.  Adjetivo.  Que  no 
es  prolífico. 

impromulgado,  da.  Adjetivo.  Le- 
gislación. Que  no  ha  sido  promulgado. 

Etimología.  Jn  privativo  y  promul- 
gado: francés,  impromulgue'. 

Impronto.  Masculino.  Composi- 
ción poética  á  modo  de  madri^l  ó 
epigrama,  que  se  hace  con  prontitud. 

Impropenso,  sa.  Adjetivo.  Que 
no  es  propenso. 

Improperado,  da.  Participio  pa- 
sivo de  improperar. 

Etimología.  Latín  impr^^raius, 
participio  pasivo  de  impropirdre:  cata- 
lán, impropérate  da. 

Improperar.  Activo. Injuriar  á  uno 
de  palabra,  echándole  en  cara  alguna 
cosa. 

Etimología.  Latín  improp''rare, 
afrentar  á  uno  díindole  en  rostro  con 
algún  mal  hecho;  de  í»,  en,  dentro, 
hacia,  contra,  y  prop^rare,  acelerar; 
compuesto  de  pro,  áelmile.  y  parár<-, 
disponer,  prevenir:  catah.n,  impro- 
perar. 

Improperio.  Masculino.  La  inju- 
ria de  palabra  que  se  hace  á  uno 
echándole  en  cara  alguna  cosa. 

Etimología.  Improperar:  latín,  ttn- 
propiríum:  italiano,  improperio;  cata- 
lán, impropcri. 

Sentido  etimológico. — El  primer  im- 
piiOPBRio  no  fué  un  insulto,  sino  uua 
a  tnon  estación:  in-'/ro-piiráre ,  «poner 
delante  de  alguno,  representarle  lu 


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IMPR 

verdad  del  caso,  advertirle,  represen- 
tarle; en  fin,  amonestarle.»  El  uso 
abasó  de  la  reprensión  j  el  iupropB' 
uo  se  tomó  en  injuria. 

Improperio.  Masculino.  Liturgia. 
Nombre  de  ciertos  versículos  que  con- 
tenían los  reproches  de  Jesucristo  á 
los  fariseos  jr  quR  se  cantaban  el  Vier- 
nes Santo.  I  Ca  ii.i.á  del  improperio. 
Una  de  las  varias  ciipiUas  de  la  igle- 
sia del  Santo  Sepulcro,  en  Jerusa- 
lén. 

Impropiamente.  Adverbio  de  mo- 
do. Con  impropiedad. 

EriMOLoaÍA.  Impropia  j  el  sufijo 
adverbial  mente:  provenzal,  impropia- 
men,  enpropiament;  catalán,  impr-ipia- 
m%t;  francés,  impropremenl;  italiano, 
impropriamente;  latín,  impüprii. 

Impropiar.  Activo  anticuado,  üsar 
de  las  palabras  en  sentido  iinpropio. 

Impropiedad.  Femenino.  Falta  de 
propiedad. 

EnuoLoofA.  Impropio:  latín,  impro- 
^iríat;  italiano,  impropríeta;  trances, 
impropriete';  provenzaj,  im^roprietat. 

Impropio,  pia.  Adjetivo.  Lo  que 
está  falto  de  las  cualidades  que  le  con- 
vendrían, según  sus  circunstancias. 
|¡  Ajeno  6  extraño  de  la  persona,  cosa 
ó  circunstancias. 

EriMOLOofA.  In  privativo  j  propio: 
latió  tn^o^rlÍM,  lo  que  no  es  propio 
ni  conveniente;  impropriumt  falta  de 
propiedad,  vicio  déla  oración;  italia- 
no, improprio;  francés,  impropre;  gro- 
venzal,  impropri;  catalán,  impropi,  a. 

Impropisimamente.  Adverbio  de 
modo  superlativo  de  impropiamente. 

Impropísimo,  ma.  Adjetivo  super- 
lativo de  impropio,  impropia. 

Improporcion.  Femenino.  Falta 
de  proporción. 

EnuoLOofA.  In  negativo  y  propor- 
ción: catalán,  improporció. 

Improporcionadamente.  Adver- 
bio de  modo.  Con  improporción. 

Etimología.  Improporcionada  j  el 
sufijo  adverbial  mente:  francés,  dispro- 
poTiionnement. 

Improporcionado,  da.  Adjetivo. 
Lo  que  carece  de  proporción. 

uniroporcionaL  Adjetivo.  Que 
está  fuera  de  toda  proporción. 

Etiiiolooía.  Improporción:  italiano, 
improporiíMaU  ;  francés ,  dispropor- 
tionnel. 

Improporcionalidad.  Femenino. 

U  BOPORCIÓN. 

Improporcionalmente,  Adverbio 

de  modo.  luPaOPOBCIO.VADAMBNTS. 

ETiuoLOOfA.  Jmproporcional  y  el  su- 
fijo adverbial  mente:  italiano,  tm/iro- 
forzionalmeníe;  francés,  disproporiion- 
nellemenl. 

Impropriamente.  Adverbio  de  mo- 
do anticuado.  lUPROPlAMKNTE. 

Impropriedad.  Fetneniao  anticua- 
do. IlfPROPIBDAD. 

Improprio,  ia.  Adjetivo  anticua- 
do. 1MP8DP10. 

Improrrogable  Adjetivo.  Lo  que 
aose  paede  prorrogar. 

BnuoLOGÍA.  In  privativo  j  prorro- 
^áiU:  catalán,  improrogahle. 

Impróspero,  ra.  Adjetivo.  Lo  que 
ao  es  próspero. 


.  IMPR 

ImprÓTÍdamente.  Adverbio  de 
modo.  Sin  previsión. 

ETiuoLOofa.  Imprdnda  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  latín,  improoíde;  ita- 
liano, impróvidamente. 

Improvidencia.  Femenino  anti- 
cuado. Falta  de  providencia. 

Etimología.  I»  negativo  ^  pr  vi- 
dencia: latín,  improvídentía;  italiano, 
improvvidenza. 

Impróvido,  da.  Adjetivo.  Dbsprb- 

VBNIDO. 

Etimología.  In  negativo  y  próvido: 
latín,  improvídus,  falto  de  prevención 
y  prudencia;  italiano,  impróvcido. 

Improvisación.  Femenino.  El  ac- 
to ^  erecto  de  improvisar.  Dase  tam- 
bién este  nombre  á  los  versos  ó  dis- 
cursos improvisados. 

ExiuOLOofA.  Improvixat:  catalán» 
improvitadú;  francés,  imprnisation; 
italiano,  improvisazione. 

Improvisadamente.  Adverbio  de 
modo.  Con  improvisación. 

Etimología.  Improvisada  j  el  sufi- 
jo adverbial  mente:  catalán,  improvisa- 
dament. 

Improvisado,  da.  Participio  pasi- 
vo de  improvisar. 

Etimología.  Improvisar:  catalán, 
improvitaí;  francés,  improvisé;  italia- 
no, improvcisato. 

Improvisador,  ra.  Masculino  jr 
femenino.  El  que  improvisa. 

Etimología.  Improvisar:  catalán, 
improvisador,  a;  francés,  improvisateur; 
italiano,  improvvisaíore. 

Improvisamente.  Adverbio  de 
modo.  De  repente,  sin  prevención  ni 
previsión. 

Etimología.  Improvisa  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  catalán,  impr.msa- 
meni;  italiano,  improvisamente;  latín, 
improvise. 

Improvisar.  Activo.  Hacer  una 
cosa  de  pronto  sin  estudio  ni  prepara- 
ción alguna.  Aplícase  especialmente 
á  los  discursos  y  composiciones  poéti- 
cas hechas  de  este  modo. 

Etxholooía.  Im^oviso:  italiano, 
improwisare;  francés,  improtiser;  cata- 
lán, improvisar,  improvisarse. 

Improviso,  sa.  Adjetivo.  Lo  que 
no  se  prevé  Ó  previene.  ||  ob  impro- 
viso. Modo  adverbial.  Impbovisa- 

MBNTB. 

Etimología.  Italiano,  improcviso, 
del  latín  in,  no,  y  provísus,  previsto, 
participio  pasivo  de  provtdere,  preve- 
nir lo  futuro;  de  pro,  delante,  3*  viie- 
re,  ver:  catalán,  mprovis,  sustantivo, 
casualidad. 

Improvisto,  ta.  Adjetivo.  Despro- 
visto. |]  A  LA  improvista.  Modo  ad- 
verbial. Improvis.vmbntb. 

Etimología.  Improvisto;  de  in,  en, 
pro,  delante,  _y  visto;  francés,  ¡mpro- 
visíe;  a  l'improciste,  forma  italiana  de 
la  antigua  lorma  francesa  a  l'impour- 
vu,  inopinadamente,  de  improviso. 

Improyectado,  da.  Adjetivo.  Que 
no  se  ha  proyectado. 

Imprudencia.  Femenino.  Falta  de 
prudemda. 

Etimología.  Imprudente:  latín,  m- 
prudentía;  italiano,  impridenta;  fran- 
cés, imprudence;  catalán,  imprudencia. 


IMPÜ  3S 

Imprudente.  Adjetivo.  El  que  nn 
tiene  prudencia. 

Etimología.  In  privativo  y  aníden- 
te: latín,  imprüdens,  imprüdeníts;  ita- 
liano, imprudente;  francés,  imprudent, 
ente;  catalán,  imprudent,  a. 

Imprudentemente.  Adverbio. de 
modo.  Con  imprudencia. 

Etimología.  Imprudente  y  el  sufijo' 
adverbial  mente:  italiano,  imprudente- 
mente; francés,  íffijprWfOTíJicMí,"  catalán, 
imprudentment;  latín,  imprTidénter. 

Imprudentisimcunente.  Adverbio 
de  modo  superlativo  de  imprudente- 
mente. 

Etimología.  Imprudentísima  y  el 
sufijo  adverbial  mente:  latín,  imprS- 
dentissime. 

Imprudentísimo,  ma.  Adjetivo 
superlntivo  de  imprudente. 

Etimología.  Imprudente:  latín,  m- 
prüdentissimus. 

Impúber.  Masculino.  Impúbero. 

Impúbero.  Masculino.  El  que  no 
ha  llegado  aún  á  la  pubertad.  Usase 
también  como  adjetivo  de  dos  termi- 
naci  mes. 

Etimología.  Latín  impübes,  impüh"- 
ris,  que  no  tiene  bozo;  de  in  privativo 
y  pMer,  púbero:  italiano,  impube,  im- 
púbero; francés,  impuhhre;  catalán,  fffi- 
púber,  a. 

Derecho  romano. — 1.  El  impúbero  no 
tenía  el  derecho  de  testar,  cuya  le- 
gislación pasó  á  los  pueblos  roma- 
nos. 

2.  Si  el  ladrón  era  impúbkro,  no 
podía  recibir  otra  pena  que  la  de  azo* 
tes,  los  cuales  se  daban  con  vergas. 

3.  Esta  costumbre  de  azotar  con 
vergas  vino  á  España,  según  lo  de- 
muestra la  palabra  verdugo,  llamado 
así  porque  su  oficio  consistió  anti- 
guamente en  azotar  con  vergas. 

Impublicable.  Adjetivo,  Que  no 
puede  publicarse. 

Etimología.  In  privativo  y  pubUea- 
ble:  francés,  impabliable. 

Impudencia.  Femenino.  Descaro, 
desvergüenza. 

Etimología.  Impudente:  latín,  im- 
puientía;  italiano,  impudenza;  francés, 
impudence;  catalán,  impudencia. 

Impudencia.  Femenino.  Mitolo- 
gía, Diosa  alegjrica  que  los  atinieu- 
ses  invocaban,  probablemente  para 
preservarse  de  su  cólera,  y  á  la  que 
Epiménídes  levantó  un  templo. 

Impudente.  Adjetivo.  Desvergon- 
zado, sin  pudor. 

Etimología.  Latín  impadens,  impü- 
deniis;  de  in  pti\&úvo  y  pudens,  pu- 
doroso: italiano,  impudente;  francés, 
provenzal  y  catalán,  impudcnt. 

Impúdicamente.  Adverbio  de  mo- 
do. Deshonestamente. 

Etimología.  Impúdica  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  latín,  impüdenter;  ita- 
liano,  impudentemente:  francés,  imp%- 
demmení;  catalán,  impúdicament. 

Impudicicia.  Femenino,  Desho- 
nestidad. 

Etimüloqía.  Impudaicta:  latín,  im- 
padicltia;  catalán,  impudicicia;  italia- 
no, impudicizia. 

Impúdico,  ca.  Adjetivo.  Deshones- 
to, falto  de  pudor. 


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3é  ÍMPt) 

EriuotoofA.  2n  prÍTatÍ7o  ^  púJiro: 
latín»  im^kaleus;  italiano,  impúdico; 
francés,  tmptdifue;  catalán,  impúdkk, 
ea. 

Impuesto,  ta.  Participio  pnsivo 
irregular  de  imponer.  |  Masculino. 
Tributo,  carga. 

Btiuología.  Latín  imposítus,  parti- 
cipio pasivo  de  imponte,  imponer:  ca* 
talán,  imposat,  da;  francés,  imp<u¿; 
italiano,  imposto. 

Sentido  etimol'^gico. — I.  El  latín  tm- 
pÓnSre  tiene  el  signiñcado  de  imponer 
gabelas  6  pechos,  como  se  ve  en  Cé- 
sar: iMPONERB  síipendium  vicíif,  hacer 
pagar  contribución  í  los  vencidos; 
1MP0NBR8  tribuíum  íh  capita  tiiufula, 
hacer  una  derrama  por  cabeza. 

2.  Bs  curioso  notar  que  el  m  oapita 
singula  de  César  ei  exactamente  nues- 
tra capiíaeiÓH^ 

SixoNiuiA.  Impuetto,  eoníribucid»^ 
carga  i  gravamen,  esaecidn,  derrama,  ca- 
pitación, subsidio,  tributo,  pecAoi,  gabe- 
lis.  Impuesto  viette  de  impositum,  par- 
ticipio pasivo  del  verbo  tmponere,  que 
quiere  decir  ii/iponer,  como  la  pala- 
bra lo  indica.  Imponer  supone  la  idea 
de  superioridad,  de  dominio,  de  man- 
do, porque  equivale  á  ^9H¿r  una  cosa 
sobre  otra.  Así  decimos  que  el  ven- 
cedor impone  condiciones  al  vencido, 
ó  que  el  fuerte  se  impone  al  débil, 
cuja  locución  es  propia  v  eficaz,  por- 
que significa  que  el  débil  está  alútí- 
do  por  el  fuerte,  debajo  de  él,  y  que 
el  fuerte  está  sobre  el  debíl,  que  se  le 
hA  puesto  encima.  Este  modo  de  hablar 
es  nna  imagen  viva,  natural,  lógica, 
hasta  bella,  di^n  lo  que  quieran  cier^ 
tos  nimios  críticos. 

Esta  significación  etímoldgiea  del 
verbo  imponer,  explica  satisnctoria- 
mente  el  sentido  actual  de  la  palabra 
que  nos  ocupa.  Toda  orden,  toda  ley 
que  se  mandaba  guardar  j  cumplir, 
era  una  obligación  impuesta;  j  siendo 
la  primera  obligación  de  los  pueblos 
la  ae  pagar,  esta  paga  pública  vino  á 
ser  necesariamente  la  primera  de  tas 
imposiciones.  He  aquí  explicada  la  voz 
impuesto. 

Impuesto  es  el  vocablo  con  que  se 
designa  cualquier  sitbiilio  que  se 
impone  á  un  país.  Pero  este  impuesto 
sería  una  quimera,  si  sólo  consistiese 
en  el  mandato;  es  decir,  en  el  hecho 
de  la  imposición.  Esta  imposiñ-Jn  debía 
realizarse,  j  esta  realización  no  podía 
tener  lugar  sin  que  cada  individuo 
del  país  contribuyese  con  su  pacte, 
segón  sus  haberes,  6  lo  que  es  lo  miS' 
mo,  según  los  goces  que  le  proporcio- 
naba y  le  garantía  la  sociedad,  por- 
que cuando  contribuímos  al  i<Istado,  no 
hacemos  otra  cosa  que  pagar  la  custo- 
dia <S  la  garantía  que  de  la  sociedad 
recibimos.  Si  la  sociedad  me  guarda 
y  me  defiende  muchas  propiedades, 
natural  es  que  yo  pague  mucho  por 
esa  especie  de  guardería;  como  natu- 
ral es  que  la  pague  poco,  cuando  es 
poco  lo  que  me  guarda.  Este  impuesto 
proporcional,  equitativo,  organizado, 
convertido  en  sistema,  es  lo  que  se 
llama  contribución. 

La  diferencia  entre  las  dos  palabras 


IMPÜ 

de  que  hemos  hablado  hasta  aquf,  no 
puede  ofrecer  U  menor  duda. 

El  impuesto  dice  relación  al  qne  go- 
bierna, al  ^ae  impone. 

La  nntnbndán  dice  reladón  al  que 
eontribuje,  al  que  obedece. 

En  el  impuetto  no  haj  mis  que  man- 
dato. 

En  la  contribución  entra  la  idea  de 
justicia. 

El  impuesto  es  un  sefiorío. 

La  contribucién  es  un  régimen.  Así 
sucede  que  haj  nna  Dirección  de  Con- 
íribuciones,  mientras  que  no  haj  oiSei- 
na  alguna  de  impuestas. 

Esta  contribuevfñ  tomtf  luego  el  nom- 
bre de  csfva,  bien  porque  servia  para 
atender  a  las  cargas  públicas,  bien 
porque  cargaba  á  los  contribuyentes 
con  la  obligación  de  pagar. 

Pero  amen  de  las  cargas  de  costum- 
bre, solían  j  suelen  decretarse  cargas 
extraordinarias,  doblemente  onerosas 
al  pueblo.  Esta  carga,  que  el  pueblo 
no  podía  soportar,  se  llamó  gravamen. 
De  modo  que  se  denomina  yraoamM 
todo  impuesto  que  no  es  de  plantilla, 
por  decirlo  así;  todacoiitribución  que, 
saliendo  del  régimen  establecido,  vie- 
ne igravar  los  ínteres  's  generales.  El 
uso  déla  lengua  nos  ofrecerá  un  ejem- 
plo evidente.  «Parece  que  el  Gobierno 
se  propone  modificar  las  cargas  públi- 
cas.» No  puede  decirse  que  se  propo- 
ne modificar  los  públicos  gravámenes. 
¿Por  quéy  Porque  el  gravamen  no  es  la 
carga  social,  ordinaria,  establecida, 
elevada  á  régimen  admínistratiro,  si- 
no una  carga  contingente,  arbitraría, 
violenta,  injusta,  que  no  puede  entrar 
en  la  organización  del  sistema,  en  la 
ciencia  económica,  en  la  1^  del  Esta- 
do. T  no  siendo  una  lejr  del  Estado, 
claro  es  que  el  Estado  no  puede  inten- 
tar modificarla.  Lo  que  el  Estado  pue- 
de hacer  con  los  gravámenes,  es  abo- 
tirios,  no  modificarlos,  porque  quien 
dice  modificar,  dice  regimentar;  y  no 

fiueden regimentarse  la  arbitrariedad, 
a  violencia  y  la  injusticia. 

Este  ejemplo  nos  hará  ver  la  dife- 
rencia con  que  el  uso  distingue  las 
dos  voces  de  que  nos  ocupamos. 

La  carga  es  un  sistema:  sin  cargas 
no  hay  nación. 

E\  gravamen  es  una  ruina:  con  gra- 
vámenes no  hay  nación  rica  y  prós- 
pera. 

La  palabra  exacción  no  se  refiere  á 
la  idea  de  dominio,  como  el  impuesto, 
ni  á  la  idea  de  pegii  pública,  como 
contribución,  ni  á  la  idea  de  sacrificio, 
como  carga,  ni  á  la  de  abuso,  como 
gravamen,  ni  i  la  de  recaudación  ó  ex- 
tracciJn,  cDmo  se  ha  creído  equivoca- 
damente. 

El  nombre  de  que  hablamos,  no  ex- 
presa más  que  un  accidente,  una  cu- 
riosidad histórica.  Exacción  viene  de 
acto,  derivado  del  latín  agr^e,  hacer, 
obrar,  y  que  equivalía  a)  griego  ago, 
agétn,  que  en  sentido  propio  significa 
arrear,  cuyo  sentido  expresa  bien  la 
idea  de  acción,  de  movimieiuo,  que 
atribuímos  al  verbo  hacer.  Del  propio 
origen  vienen  exioíntii  y  exactitud^  vo- 
ces que  son  casi  sinónimas  deí^mcciV*. 


IMPÜ 

Lo  que  antiguamente  se  llamaba 
ejiaccidUf  no  era  otra  cosa  que  la  «uc- 
iitud  6  la  eatigenáa  con  que  los  cobra- 
dores de  impuestos  públicos  ilun,  de 
puerta  en  puerta, 'pidiendo  las  cuotas 
que  tocaban  4  cada  vecino.  Dichos 
cobradores  eran  muy  exactos,  lo  eual 
vale  tanto  como  decir  que  se  movían 
ó  que  obraban  con  mucha  exacción. 

Nos  pareceque  todo  lo  que  sea  acudir 
i  otra  parte  para  explicar  esta  palabra, 
será  estar  fuera  de  la  etimología  y  del 
buen  sentido.  Hacer  venir  exacción  de 
extracción,  es  desconocer  absolutamen- 
te el  origen  de  ambos  vocablos,  por- 
que ra  hemos  dicho  qae  exaeeiht  vie- 
ne de  ag're,  mientras  que  extracción 
viene  de  trah're,  que  significa  traer, 
acarrear,  llamar  hacia  sT.  Bxtraer  no 
es  más  que  traer  de  dentro  para  7*^e, 
conducir  de  aquí  para  allá.  Éxtrae- 
ción,  pues,  equivale  £  exportación, 
mientras  que  exae  Íón  equivale  á  <«u- 
titud.  Por  analogía,  significó  después 
carga  Ó  impues'o. 

El  nombre  de  derrama  no  se  aplicó 
nunca  á  las  contribuciones  del  Estado, 
á  los  impuestos  generales;  sino  á  una 
exacción  particular,  ora  exigida  por 
el  enemigo  en  tiempo  de  guerra,  ora 
acordada  por  el  cabildo  de  la  locali- 
dad, para  atender  á  cargas  concejiles. 
Así  se  dice  hoy:  derramas  vecinales  ó 
municipales,  para  designar  la  contri- 
bución particular  de  cada  municipio. 

Con  la  voz  talla  ha  sucedido  poco 
más  ó  menos  lo  que  con  la  palabra 
exacción.  Aquella  voz  no  significó  pri- 
mitivamente ninguna  idea  de  carga  ó 
de  impuesto.  He  aquí  su  historia. 
Talla  se  deriva  de  íalea,  talltat  por 
corrupción,  que  significa  lámina  ó 
plancna  de  madera,  porque  los  agen- 
tes ó  recaudadores  de  aquel  impuesto 
llevaban  unas  tarjas,  en  las  que  mar- 
caban ta  cantidad,  con  que  cada  reci- 
ño contribuía. 

Corarrubias  la  hace  venir  del  verbo 
toscano  tagliar,  porque  el  impuesto 
público  tallaba  ó  tajaba  una  parte 
de  la  hacienda  de  cada  vasallo;  pero 
esta  etimología  es  más  ingeniosa  que 
verdadera.  La  que  primeramente  he- 
mos expuesto  es  la  que  merece,  en 
nuestro  juicio,  ser  admitida. 

Existían  dos  clases  de  talla;  una 
general,  que  se  aplicaba  á  toda  clase 
de  riqueza  y  de  haberes;  j  otra,  per- 
sonal, que  se  repartía  por  cabeza  de 
vecino.  Esta  última  fué  la  que  se  lla- 
mó capitación,  término  derivado  de 
caput,  capitis,  que  en  latín  significa 
cabeza.  Este  modo  de  hablar,  tan  cas- 
tizo y  tan  filosófico,  se  conserva  aún 
en  nuestro  idioma,  y  no  debiera  an- 
ticuarse nunca,  ya  que — ¡gracias  á 
Dios! — no  ha  tenido  ningún  saltim- 
banquis la  ocurrencia  de  llevarse  esta 
joya  de  nuestra  lengua,  dejándonos 
en  cambio  una  bisutería.  A.sí  decimos: 
tantas  cabetas  de  ganado;  tocamos  á 
tanto  por  cabeza.  No  faltará  entendi- 
miento alambicado  que  diga  que  esto 
huele  á  pa'io  burdo;  pero  nosotros  le 
contestamos  que  él  nos  huele  á  nos- 
otros á  paño  ierdo.  ¿  ué  imagen  más 
propia,  más  viva,  más  discreta,  y  al 


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IMPÜ 


IMPÜ 


IMPÜ  37 


mismo  tiempo  más  proHinda,  que  de- 
signar al  humbre  par  U  cabeza,  esa 
cabeza  que  es  la  casa  de  su  püusa- 
miento,  el  asiento  de  su  juicio  j  de 
so  razón,  la  estatua  de  aquel  pedes- 
tal, el  remate  del  g^ran  monumento? 
¿Qué  es  ta  cabeza  sino  el  discurso,  el 
nciocinio,  el  almaV  ¿Y  qué  es  el  alma 
siuo  el  hombreV  ¿Qué  imng-ea  más 
bella  j  más  sabia  que  desig-nar  al 
hombre  por  esa  cabeza  que  pone  eo 
sus  manos  el  señorío  de  la  obra  de 
Dios?  ¿Por  qué  no  hemos  de  designar 
al  hombre  por  la  cabeza, cuando  desig- 
namos al  rejr  por  la  corona,  j  al  pon- 
tífice por  la  tiara,  j  por  la  toga  al 
magistrado?  ¿Qué  majror  toga  que 
nuestra  frente,  una  frente  que  es  la 
gran  diadema  que  puso  Dios  sobre 
nuestro  cuerpo?  A  tañí»  tocamot  por 
cabeza.  Aconsejamos  á  la  juventud  que 
no  ponga  en  desuso  una  locución  tan 
eastt'llana  y  tan  elocuente. 

Subsidio  viene  de  suhñdium,  palabra 
latina  que  quiere  decir  socorro,  auxi- 
Jio,  avuda,  V  por  extensión  se  dio  este 
nombre  á  la  exacción  extraordinaria 
con  que  los  vasallos  ayudaban  al  xty. 
Cuando  por  guerra  ó  calamidades  no 
bastaban  los  impuestos  establecidos, 
el  señor  acudía  u  un  tab$idio,  que  es 
como  si  dijéramos  á  nn  tocorro;  pero 
solía  acontecer  á  menudo  que  la  peste 
j  la  guerra  se  iban,  7  el  subsidio  que- 
daba. Y  de  tal  manera  quedó,  ^ue 
aún  tenemos  nosotros  el  subsidio  in- 
dustrial 7  de  comercio.  Hoj  se  llama 
arbitrio  i  lo  que  se  llamaba  subsidio 
antes. 

La  voz  tributo  viene  de  íníií.porquB 
el  tributo  era  el  impuesto  que  paga- 
ban las  ír/iiix  del  pueblo  romano.  Y 
como  el  impuesto  que  se  pag«ba  en- 
tonces era  una  especie  de  reconoci- 
miento político,  como  un  homéaaje 
que  se  rendía  al  señor,  la  idea  de  ob- 
sequio personal  ó  de  sumisión  entró 
naiuralmente  en  la  toz  tributo.  De 
este  modo  se  explica  que  esta  voz  ten- 
gados  sentidos:  uno,  que  equivale  á 
contribución,  j  así  decimos:  sistema 
írí¿N  (arto, queescomosi  dijéramos:  sú- 
temadeco*tribudOHes¡  y  otro,que  equi- 
vale á  rendimiento  ó  pleito-homena- 
je, 7  asi  decimos:  la  India  es  tributa" 
ria  del  Reino-Unido;  el  tributo  de  las 
cien  doncellas.  Por  lo  tanto,  tributo  se 
distingue  de  las  otras  palabras  de  este 
articulo,  en  que  tiene  una  trascenden- 
cia social,  cierto  sabor  político  de  que 
carecen  las  demás  voces. 

Pecho  fué  el  nombre  primitivo  de 
lo  que  hov  se  llama  multíi.  Con  el  d^- 
ckoK  castigaban  los  delitos  que  las 
lejes  no  juzgaban  merecedores  de  pe- 
na aflictiva.  Así  es  que  en  la  antigua 
legislación  hallamos  ejemplos  repeii- 
dtsimos  en  que  se  dice:  el  que  come- 
tiere tal  ó  cual  delito,  qnepecÁe  tanto 
ó  cuanto. 

Después  pasó  i  significar  el  censo 
ó  canon  que  el  siervo  pagaba  á  su  se- 
ñor por  razón  de  su  hacienda,  7  como 
en  sefial  de  acatamiento  ó  de  vasa- 
llaje. 

El  que  pagaba  e\  pecho  se  llamaba 
pichero,  que  era  lo  contracio  de  n^^bie, 


7  el  registro  en  que  se  anotaba  lo 
que  pagdba  cada  pechero,  se  denomi- 
naba pechoria. 

Gaheia  es  toda  carga  que  se  hace 
insoportable.  Así  »e  dice:  el  pueblo  no 
puede  con  tantas  gabelas.  Esta  palabra 
aüade  algo  á  la  voz  aravameii,  como 
la  voz  gravamen  añade  algo  á  la  voz 
caraa. 

La  relación  característica  de  cada 
una  de  las  voces  de  este  largo  artícu- 
lo es  la  siguiente: 

Impuesto  signiñca  autoridad,  do- 
minio. 

Contribución,  sistema. 

Cargas,  atenciones. 

úrramtmen,  arbitrariedad. 

Exacción^  apremio. 

Derrama^  vecindario. 

Capitación,  casa. 

Subsidio,  ayuda. 

Tributo,  vasallaje. 

Pechos,  censo  ó  canon  feudal. 

Gabela,  sobrecarga  insufrible. 

Impugnabílidad.  Femenino.  Cua- 
lidad délo  impugnable. 

Impugnable.  Adjetivo.  Lo  que  se 
puede  impugnar.  U  Anticuado,  Inbx- 

Impugnación.  Femenino.  La  ac- 
ción 7  efecto  de  impugnar. 

ETiuoLüGfA.  Impugnar:  latín,  fffl- 
pugnatío,  ataque,  asalto,  cerco;  forma 
sustantiva  abstracta  de  impugnatvs, 
impugnado:  provenzal,  impugnación; 
catalán,  impugnado;  francés,  tmpugna- 
tion;  italiano,  impugnaziont. 

Impugnadamente.  Adrerbio  de 
modo.  Con  impugnación. 

Etimología.  Impugnada  7  el  sufijo 
adverbial  mente. 

Impugnado,  da.  Participio  pasivo 
de  impugnar. 

ETiiiOLOaÍA.  Latín  impvgnaíus:  ca- 
talán, impugnaíf  da;  francés,  impugne'; 
italiano,  impugnato. 

Impuniador,  ra.  Masculino  7  fe- 
menino.^1  que  impugna  ó  hace  opo- 
sición. 

Etih&looía.  Impugnar:  latín,  tm- 

f'ugn&tor;  italiano,  impugnaíore;  cata- 
án,  impugnador,  a. 

Impugnante.  Participio  activo  de 
impugnar.  El  que  impugna. 

ímpagnar.  Activo.  Combatir,  re- 
futar lo  que  otro  dice  ó  hace. 

EtiuolooÍa.  Latín  impugnare,  aco- 
meter, contradecir;  de  in,  en,  ypi^na- 
re,  pugnar:  provenzal,  impugnar,  em~ 
jíugnar,  emDNtt^ar  (empeñar);  catalán, 
im/u^nary  francés,  impugner;  italiano, 
impugnare, 

impugnativo,  va.  Adjetivo.  Lo 
que  impugna  ó  es  capaz  de  impug- 
nar. 

EtiuoloqÍa.  Impugnar:  catalán,  im- 
pugnaíiu,  va. 

Impulsador,  ra.  Adjetivo.  Que 
•impulsa. 

ETiMOLOofA.  Impulsar:  latín,  t«- 
ptiisur,  tmpuísoris,  el  que  impele  6  sa- 
cude; instigador,  consejero. 
-   Impulsar.  Activo.  Impeler,  dar 
-impulso. 

Étimolooía.  Impulso:  catalán,  im- 
puUar;  fraiicr's,  impulter. 

Üentido  etimológico,— Impulsar  es  la 


forma  intensiva  de  impeler,  por  cuva 
razón  siguifíca  un  oraen  inferior  de 
hechos  7  de  ideas. 

Se  imbele  un  mármol:  leÚMjwífaun 
pensamiento. 

Impeler  es  mover  el  cuerpo:  impul- 
sar es  mover  el  alma. 

Muchos  impelen:  pocos  impulsan, 
¡Qué  historia  tan  triste! 

Impulsión.  Femenino.  Iupulso- 

Etuioldoía.  Latín  impulsU,  la  ac- 
ción de  impeler:  forma  sustaotÍTaab»> 
tracta  de  mpulsus,  impulsado:  pro- 
venzal, impulsio;  catalán,  impuisid; 
{t&üeé9,im^lsion;itAU3Ln<ijimpnlsione, 

Impulsivamente.  Adverbio  de 
modo.  Con  impulso. 

Etuiolooía.  Impulsiva  7  el  sufijo 
adverbial  mente. 

Impulsivo,  va.  Adjetivo.  Lo  que 
impele  ó  puede  impeler. 

Etimología.  Impulsión:  italiano, 
impulsivo;  francés,  impulsif;  pruven- 
zal,  impulsiu;  catalán,  imjmlsiu,  ra. 

Reseña. — Aumentarla  irritabilidad 
del  corazón,  vale  tanto  como  aumen- 
tar su  fuerza  impulsiva.  (BosstTBT, 
Obras,  ¿orno  8.*,  página  17.) 

Impulso.  Masculino.  La  acción 
7  efecto  de  impeler.  B  Adelanto,  me- 
jora, progreso;  7  así  decimos:  dar  im- 
pulso á  las  cieucias  ^  artes,  l  nato- 
ral;  propensión,  estimulo,  exhorta- 
ción casi  instintiva  con  que  nuestn 
propia  naturaleza  nos  inclini  i  obrar 
en  ciertos  casos;  7  así  dedmoe;  cel 
hombre  que  se  hiela,  busca  el  ñiego 
por  un  IMPULSO  M¿Hra¿.>  Estos  impul- 
sos naturales  son  siempre  el  resultado 
del  sentimiento  de  la  conservación.  ¡¡ 
física.  La  acción  de  todo  agente,  el 
movimiento  de  toda  actividad,  ó  sea 
la  impresión  extrínseca  que  produce 
necesariamente  la  potencia  de  uii  cuer- 
po. |¡  Moral.  El  efecto  que  causan  las 
afecciones  del  espíritu  en  cualquier 
materia;  7  así  se  dice:  «el  impllso  de 
las  ideas,  el  im:>ilso  de  las  pasiones; 
la  esperanza,  el  pensamiento  7  el  amor 
son  los  grandes  impulsos  de  la  vida 
humana.»  Q  ¿bcreto.  Teología.  Emo- 
ción íntima  de  la  fe,  en  CU70  sentido 
se  dice:  «no  parece  sino  que  Dios  ha 
dado  á  nuestra  alma  un  iutolso  m- 
creío  que  la  llama  á  sí.»  |  IfoDjuuK 
LOS  impulsos.  Frase.  Moderar  las  in- 
clinaciones 7  los  apetitos. 

Etimología.  Latm  impulsus,  impul- 
sas, choque,  ímpetu,  estímulo,  insti- 
gación,consejo;simetrico  de  impulsus, 
impelido,  participio  pasivo  de  iinpellt- 
re,  impeler:  italiano,  impulso;  catahín. 
impuls. 

Impulsor,  ra.  Masculino  v  feme- 
nino. El  que  impele,  j]  A¡'ab\to  im- 
pulsor. Física.  Aparato  que  impriiiic 
l'uerzas  para  lograr  algún  elVi  tu. 

Etimología.  JmpuUar:  latín,  impul- 
sor; francés,  impuUeur;  catalifit  impul- 
sor. 

Impnnar.  Activo  antíeaado.  Im- 
pugnar. 

Impune.  Adjetivo.  Lo  que  queda 
sin  castigo.  ||  Delito  iupuNB..^0r«Mr. 
Delito  que  no  sufrú  la  pena  de  la  107. 

Etiuolog/a.  Lhttn  impünit:  italia- 
no 7  catalán,  impune. 


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3S 


IMPU 


Sentiih  rtlm  di'gico, — El  latín  impU- 
nis  se  compone  de  tn  privativo,  sin.  ^ 
pasna,  pena:  im-pctua,  im-püniSf  sin  \z 
pena  debida. 

Impunemente.  Adverbio  de  modo. 
Con  impunidad. 

Etimología,  impune  y  el  sufijo  ad- 
verbial mente:  latín,  impune;  catalán, 
iinpunement;  francés,  impunément;  ita- 
liano, impunemente. 

Impunidad.  Femenino.  Falta  de 
cas  ligo. 

Etiuolooía.  Impune;  latín,  impmí- 
tas;  italiano,  impuniíá;  francés,  mpn- 
nité;  catalán,  impunitat. 

Impanido,  da.  Adjetivo  anticua- 
do. lyKTNB. 

Etimología.  In  privativo  y  punido: 
latín,  impühltus;  italiano,  impunito; 
francés,  tmpuni;  catalán,  impúnií,  a. 

Impuramente.  Adverbio  de  modo. 
Con  impureza. 

Etimolooía.  Impura  j  el  sufijo  ad- 
verbial mente:  latín,  impüre;  italiano, 
impuramente;  francés,  impuremcnt;  ca- 
talán, impurament. 

Impureza.  Femenino.  La  mezcla 
de  partículas  groseras  ó  extrañas  á  un 
cuerpo  ó  materia.  ||  Metáfora.  Falta 
de  pureza  ó  castidad.  |  db  sangre. 
Metáfora.  La  mancha  de  una  familia 
por  In  mezcla  de  mala  raza. 

Etimología.  Impuro:  latín  impTirt- 
tas  é  impUrítía;  italiano,  impurita; 
francés,  mpurete;  catalán,  impuriíat, 
impureia. 

Heseña  hittórica. — 1.  Le¡f  de  Moitét. 
Estado  6  condición  de  la  persona,  la 
cual  necesitaba  de  rehabilitación  mo- 
ral. El  menstruo  de  la  mujer  se  tenía 
en  concepto  de  iupuhbza,  de  ia  cual 
había  de  purificarse  á  beneficio  de 
cierto  número  de  baiios.  El  hombre 
no  podía  tener  cópula  con  la  mujer 
hasta  haberse  purificado,  so  pena  de 
caer  en  la  nota  de  inmundo.  La  lUPU- 
BBZA  de  la  ley  de  Moisés  venía  á  ser 
una  especie  de  culpa  pasiva. 

2.  Legitlaciim  antigua. -^XuwvMZk 
lep»L  Mancha  que  caía  sobre  el  indi- 
viduo que  ejecutaba  ciertas  acciones 
vedadas  por  la  ley,  de  las  cuales  tenía 
que  purificarse  con  las  expiaciones  es- 
tablecidas. Se  llamó  impureza  legal, 
porque  las  acciones  prohibidas  se  de- 
nominaron impuras. 

3.  La  IMPUREZA  (como  sinónimo  de 
impudieidad)  es  el  pecado  más  opues- 
to a  la  comunión.  (iJourdaloub,  Ins- 
trucciones so'ire  la  rumuniúH,  exhor.,  to- 
mo      pi'iqina  4o-}. J 

Impuridad.  Femenino  anticuado. 
Impureza. 

Impurísimo,  ma.  Adjetivo  super- 
lativo de  impuro. 

Impuro,  ra.  Adjetivo.  Lo  que  no 
es  puro.  II  Corrompido,  lascivo,  des- 
honesto. 

Etimología.  7«  privativo  y  puro: 
latín  impUrus,  sucio,  deshonesto,  mal- 
vado-, italiano,  impuro;  francés,  tmpur, 
ttre;  catalán,  impur,  a. 

Imputa bili dad.  Femenino.  Cuali- 
dad de  lo  imputable.  ||  Forense.  lui-i'- 
TABII.IDAD  de  un  /techo;  responsabili- 
dad hipotética  del  hecho  imputable 
autelale^.  Q  Teología.  Imputa bilidad 


IMPÜ 

de  los  méritos  de  Nuestro  Sefior  Jesu- 

cr'\<tn. 

ETiMOLoai A. .  Imputable:  catalán, 
impuíaóiiit'tt:  tVanc-s,  imputabtlité. 

Imputable.  Adjetivo.  Forense.  Lo 
que  se  puede  imputar  en  vías  de  de- 
recho. II  Moral.  Lo  que  puede  impu- 
tarse en  el  orden  de  la  conciencia,  en 
cuyo  sentido  se  dice  que  los  vicios 
son  IMPUTABLES  eu  el  fuero  interno.  ¡| 
Teología.  Tudo  lo  que  puede  tornarse 
en  abono  de  la  rehabilitación  moral 
del  hombre,  como  los  méritos  de  la 
pasión  y  muerte  del  Divino  Mesías. 

Etimolojía.  Imputar:  italiano,  >m- 
putaáile;  francés  j  catalán,  imputable. 

Rese'a.—LtL  acción  que  no  depende 
de  nuestra  voluntad  ó  de  nuestro  ar- 
bitrio, no  es  libre;  j  no  siendo  libre, 
no  es  imputable.  Por  consiguiente,  lo 
IMPUTABLE  no  sc  concíbe,  sino  dentro 
de  la  libertad  del  albedrío,  lo  cual 
quiere  decir  en  último  término  que 
la  libertad  es  la  sanción  eterna  contra 
el  libertinaje. 

Imputación.  Femenino.  La  acción 
y  efecto  de  imputar.  |  Teología.  Apli- 
cacíóu  de  los  méritos  de  Nuestro  Be- 
ñor  Jesucristo  á  la  rehabilitación  mo- 
ral del  granero  humano.  ||  Derecho  ro- 
mano. Compensación  de  una  suma  con 
otra. 

Etimolooía.  Imputar:  latín  imputa- 
fío,  partida  de  una  cuenta,  en  el  Di- 
gesto;  acción  de  imputar,  en  san  Isi- 
doro; italiano,  imp*íamento,impula2Ío- 
ne;  francés,  imputaíio»;  catalin,  tnpH- 
íaáó. 

Imputado,  da.  Participio  pasivo 
de  imputar. 

Etimología.  Latín  impStatus,  par- 
ticipio pasivo  de  imputare:  catalán, 
imputat,  da;  francés,  tmpví^;  italiano, 
imputato. 

Imputador,  ra.  Masculino  j  fe- 
menino. El  que  imputa. 

Etimología.  Imputar:  latín  impUíi- 
tor,  el  que  pone  en  cuenta;  italiano, 
imputatore,  acusador;  catalán,  impuíO' 
dor,  a. 

Imputar.  Activo.  Atribuir  á  otro 
alguna  culpa,  delito  ó  acción.  Q  TVo- 
/o^ /a.  Aplicar  á  la  salud  del  hombre 
los  méritos  del  Salvador,  quien  sufrió 
voluntariamente  la  pena  de  nuestro 
pecado  eu  el  martirio  de  la  eruz. 

EriMOLOOfA.  Latín  impúíSre,  de  in, 
en,  dentro,  y  pitare  ^  pensar:  catalán, 
imputar;  francés,  tmputer;  italiano, 
imputare. 

Imputativo,  va.  Adjetivo.  Que 
imputa.  II  Teología,  Concerniente  á  la 
aplicación  de  los  méritos  de  Nuestro 
Señor  Jesucristo.  ||  Justicia  imputa- 
tiva. Reforma  religiosa.  Adición  de  la 
Gracia,  en  cuya  virtud  se  nos  aplican 
los  méritos  del  Redentor,  para  com- 
pensar la  imputación  del  primer  pe- 
cado. 

Etimología.  Imputar:  latín,  impii- 
taticux;  trances,  imputatif;  provenzal, 
impulatiu. 

Reseña  histórica.  1.— Calvino,  tanto 
ó  más  que  Lutero,  se  valió  de  lajus- 
íijcacidn  para  pasar  á  la  justicia  impu- 
tativa, considerándola  como  el  fun- 
damento común  de  toda  la  nuiva  re- 


IN 

forma.  (BossuaT,  Tar.  IT,  pdrrt' 

f-yi .  ^ 

2.  Ni  los  padres,  ni  Juan  de  Huss, 
ni  Wiclef,  su  maestro,  ni  los  orto- 
doxos, ni  los  herejes,  ni  los  alhigen- 
ses,  habían  pensado  antes  que  él  eu  la 
justicia  imputativa.  (Ibidbu,/J,  pá- 
rrafo i  7  9.) 

Imsak.  Masculino.  Religión  maho- 
metana. Comida  que  los  musulmanes 
hacen  antes  del  alba,  durante  sa  ra- 
madán. 

Id.  Preposición  latina,  que  en  cas- 
tellano sólo  se  usa  en  composición,  y 
por  lo  común  es  negativa,  haciendo 
que  la  tos  á  que  se  antepone  signifi- 
que lo  contrario  de  lo  que  significaría 
,  sin  ella;  como  incapaz,  no  capaz;  in- 
j  HÍBIL,  no  hábil,  etc.  (Academia.)  |  La 
fl  de  in  desaparece  en  todos  los  casos 
en  que  el  latín  la  convirtió  en  /  por 
asimilación,  como  en  illicitus,  i-lki~ 
to.  Q  Se  torna  en  m  ante  las  labiales  b 
y  p^  como  en  imberbe,  impelir.  \  Se 
I  convierte  en  r,  por  asimilación,  en  to- 
dos los  casos  en  que  precede  á  otra  r, 
como  en  ir-regular,  ir-religioso,  ir-res- 
ponsabk.  ||  La  n  de  in  se  conserva 
simpre  antes  de  vocal,  como  en  insc- 
/leo,  isepto.  Inorgánico;  asi  como  antes 
de  h,  como  en  inhibir,  lahiibil,  in**- 
mano,  litkumar.  Q  Literatura  latina.  Co- 
mo partícula  componente,  tiene  dos 
sentidos  principales:  primero,  signi- 
fica superposición,  aplicación,  movi- 
miento, quietud,  permanencia:  segun- 
do, designa  tendencia,  dirección.  | 
Otras  veces  es  privativa,  como  en  cas- 
tellano, y  equivale  á  110  ó  sin.  [j  Con- 
siderada como  preposición,  correspon- 
de al  número  de  las  llamadas  varia- 
bles, porque  rige,  jra  acusativo,  ya 
ablativo,  segunlas  circunstancias. Bd 
cuanto  á  su  sentido,  es  tan  vario  como 
la  multitud  de  relaciones  que  signifi- 
ca: en,  entre,  hacia,  á,  contra,  mien- 
tras, durante,  respecto  á,  e»  razó»  de. 
según,  bajo. 

ETUfOLOOÍA.  1.  Sánscrito  tia,  recor- 
tar; úna,  menos;  an,  a,  sin;  esto  es. 
nada:  griego,  áv,  ¿v,  ti?  ( an,  í«,  eis);\*- 
tín,  in;  godo,  %%;  alemán,  «»-,«;  in- 
glés, un;  gaélico,  ao,  ei;  kimry,  an. 

2.  El  ruso  «nie  es  el  sánscrito  Am, 
menos;  griego,  «viu  (áneu,  áneg),  sin; 
godo,  imoh,  wana;  alemán,  oAa,  mthn. 

Reseña. — Es  tan  curioso  como  prác- 
tico j  verdadero  el  siguiente  resu- 
men que  hace  Monlan. 

In,  m,  la,  i,  kn,  bns,  bm.  Del  latín 
IN,  que  es  á  un  tiempo  (lo  mismo  que 
en  castellano)  partícula  inseparable 
negativa  ó  privativa,  y  prefijo  de  con- 
notación varia.  El  in  negativo  contri- 
buye á  la  composición  lo  mismo  que 
ei  í»  prefijo  legítimo,  y,  por  lo  tanto, 
aunque  el  uno  tenga  diversa  etimolo- 
gía que  el  otro,  aunque  sean  homóni- 
mos y  no  sinónimos,  no  hay  inconve- 
niente en  jumarlos  aquí,  y  tratar  de 
ellos  á  la  vez,  bajo  nuestro  especial 
punto  de  vista,  que  es  el  de  la  com- 
pcsición  de  las  voces. 

In  expresa  la  negación,  correspon- 
diendo h1  an  ó  á  la  a  privativa  de  los 
griegos,  en  cuyo  caso  destruye  el  va 
ior  del  simple,' como  en  i-letOt  im-pre- 


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INAB 

mío,  in-amisUht  in  animado,  in^divito, 
t»-opinado,i»-iomnio,ir-retponsaltle;j 
aao  añade  con  frecuencia  alguna  idea 
teeesoria  desfavorable,  ó  toma  una 
cdnnotaciÓD  depravativa,  como  en  in- 
digno, in-fiime,  in-noHe,  in-úíil,  etc. 
Recordemos  ahora  que  kar,  además 
de  «t  otros  prefijos,  como  aet,  dis,  ex, 
M,  ce,  qne  Umbién  connotan  á  su  mo- 
do la  privación  ó  la  negación;  de  don- 
de resultan  varias  voces  compuestas 
sinónimas,  cujas  diferencias  de  sig- 
uiñcado,  á  veces  muj  delicadas,  pero 
siempre  reales,  se  han  de  determinar 
por  medio  del  análisis  etimolóo-ico  jr 
del  estudio  de  los  buenos  hablistas. 
Analizando,  pues,  y  estudiando,  se 
logrará  encontrar  la  diferencia  que 
haj,  por  ejemplo,  entre  im-jpar  y  dis- 
Mf,  entre  in-animado  j  ex-anime,  en- 
ire  in-fando  j  ne-fando,  entre  xn-forme 
j  de-forme,  entre  in-iania  y  ve-sania, 
entre  iH-Zamar  y  dis-faatar,  etc. 

Is,  prefijo  legítimo,  expresa  rela- 
ciones de  superposición,  o  de  direc- 
ción hacia  un  punto,  de  agresión,  de 
entrada  ó  de  ingreso:  en-cender,  im-po- 
ner,  im-jpi^wr,  in-^iíar,  in-dncir,  tn- 
iretar,  tn-mücuirse,  in^mutar,  in-spec- 
toff  in-nltar,  ir~riti^,  etc.  Otras  Te- 
ces el  in  es  in^tentivo,  aumenta  la  fuer* 
za  del  simple  y  equivale  á  mucho, 
MiHf,  etc.:  en-tonar,  in-clito  (muy  glo- 
rioso), in-yente  (extraordinariamente 
grande),  inrtensidad,  in^íensión.  Otras 
veces,  en  fin,  expresa  un  movimiento 
de  reversión,  ó  que  un  objeto  vuelve 
hicia  sí  mismo,  teniendo  entonces  el 
sentido  del  gríeg-o  ana  (hacia  atrás,  de 
nuevo),  y  haciéndose  sinónimo  de  re, 
como  in-frin^ir,  in~slaurar,  in-vesíir. 

In  se  convierte  en  im  antes  debóp, 
según  habrá  podido  notarse  en  varios 
de  los  ejemplos  que  dejamos  puestos, 
y  según  se  ve  en  im-oe'cil,  im-6erbe, 
improMle,  im-prudente,  im-piier;  en 
ir,  cuando  le  s'igae  r,  como  en  ir-rfgn- 
lar,  ir-remediable,  ir-reprensiUe,  excep- 
túase el  anticuado  in-remanerado;  yea 
i,  antes  de  como  en  i-l^ible,  t-le- 
fal,  i-líeito,  i'liíeratOf  etc. 

Ik  toma  muchas  veces  la  fbrma  po- 
pular en  (y  en  pronuncia  igualmente 
el  francés  el  in  prefijo  de  casi  todos 
sns  compuestos),  como  se  ve  en  en- 
ajenar, en-ulbardar,  en-cargar,  en-ce~ 
rrar,  en-golfar,  ensacar,  etc. 

En  (forma  de  in)  se  convierte  á  ve- 
ces en  tns,  ó  toma  una  $  eufónica,  en 
en-t-aUar,  en~s-anckar,  etc.;  y  se  con- 
vierte en  eat  antes  de  b  óp,  como  en 
m~^rear,  em-beher,  em-parejar,  em- 
prendtr,  en-pnjar,  etc. 

^>J>  por  último,  algunos  compues- 
trisque  toman  indistintamente  la  for- 
ma n  ó  la  in:  así  en-crasar,  en~/urtir, 
en-kiesío,  en-oemar,  etc.,  valen  tanto 
^mo in-cratar.  in~furtir,  in-hiesto,  in- 
remar.  Sin  embargo,  por  regla  gene- 
nl.  la  forma  primitiva  y  regular  in 
es  más  culta  que  la  popular  en.  (Mom- 

Ul'.) 

Inabarcable.  Adjetivo.  Que  no 
puede  abarcarle. 

Inabastecido,  da.  Adjetivo.  Que 
00  ha  sido  abastecido. 

Inabdicable.  Adjetivo.  Lo  que  no 


INAD 

se  puede  abdicar  por  ser  inseparable 
de  algún  cargo,  dignidad,  etc. 

Inabolido,  da.  Adjetivo.  Que  ño 
está  abolido. 

Inabrogable.  Adjetivo.  Que  no 
puede  abrogarse. 

Inabrogado,  da.  Adjetivo.  Que  no 
ha  sido  abrogado. 

Inabstinencia.  Femenino.  Falta 
de  abstinencia. 

InacabaJ)le.  Adjetivo.  Lo  que  no 
se  Duede  acabar. 

ÉtiuolooU.  ín  privativo  y  aeaba~ 
ble:  catalán,  inaatMble. 

Inaccesibilidad.  Femenino.  La 
cualidad  dé  lo  inaccesible. 

Etiuolooía.  Iniccesible:  latín,  Ínao 
cetsUU  tas;  francés,  inaceesíibililé;  ca- 
talán, inaccessibiliíat. 

Inaccesible.  Adjetivo.  Lo  que  no 
es  accesible.  ||  Aquello  adonde  absolu- 
tamente no  se  puede  llegar,  ó  donde 
no  se  puede  llegar  sino  con  mucha  di- 
ficultad. ]¡  Metáfora.  Se  aplica  á  la 
persona  de  difícil  acceso. 

Etimología.  In  negativo  y  accesi- 
ble: francés  y  catalán,  inaccesible;  ita- 
liano, inaccesibile;  latín,  inaccessUUit^ 

Inaccesiblemente.  Adverbio  mo- 
dal. De  un  modo  inaccesible. 

ETiHOLoafa.  Inaceetibie  y  el  sufijo 
adverbial  menU. 

Inacceso,  sa.  Adjetivo,  iNACCHtíi- 

BLE. 

Inacción.  Femenino.  Falta  de  ac- 
ción, ociosidad,  inercia. 

Etiholoqía.  /■  privativo  j  acctVft; 
catalán,  inacctá;  &ancés,  inacíion;  ita- 
liano, inazione. 

Moral  de  la  familia.— La  inacción 
engendra  el  hastío.  Este  hastío  es  la 
pena  terrible  con  que  Dios  castiga 
nuestra  ociosidad.  De  aquí  resulta 
que,  para  castigar  nuestras  faltas,  se 
vale  de  la  disciplina  de  nuestros  pro- 
pios vicios.  habrá  quién  di^a  que 
no  h&y  Dios?  El  ocio  y  el  aburrimien- 
to son  una  mísma  cosa.  .A  tal  padre, 
tal  hijo:  á  tal  familia,  tal  azote.  Pro- 
piamente hablando,  la  inacción  es  el 
presidio  de  los  que  andan  sueltos. 

Inaco.  Masculino.  Mitología.  El 
más  antiguo  re^  de  Argos,  padre  de 
lo,  á  quieu  amo  Júpiter.  Dió  su  nom- 
bre al  río  Inaco,  que  baña  la  ciudad 
de  Argos,  y  i  todo  el  Pelopaneso.  ¡ 
Historia  natural.  Género  de  crustáceos 
decápodos. 

Inactivamente.  Adverbio  de  mo- 
do. Sin  actividad. 

Etiuoldoía.  Inactiva  ^  el  sufijo  ad- 
verbial mente:  francés,  tnaclitement. 

Inactividad.  Femenino.  Falta  de 
actividad. 

Etiuolooía.  Inactivo:  italiano,  in- 
atíivitá;  francés,  inacílviíe'. 

Inactivo,  va.  Adjetivo.  Que  no  es 
activo,  en  lo  físico  y  en  lo  moral. 

Etimología.  Jn  privativo  y  activo: 
italiano,  inattivo;  francés,  inactif. 

Inacuoso,  sa.  Adjetivo.  Que  no  es 
acuoso. 

EnuoLOofA.  In  privativo  y  acuoso: 
latín,  índqaosas,  sejo,  árido,  sin  agua; 
italiano,  tH'icquoso. 

Inadaptable.  Adjetivo.  Lo  que  no 
es  adapta  '  , 


INAD 


39 


Etiuolooía.  I»  privativo  v  adapta- 
ble: italiano,  tnadatíabile;  cataLn,  (»- 
adaptable. 

Inadecuable.  Adjetivo.  Que  no 
puede  adecuarse. 

Inadecuablemente.  Adverbio  mo- 
dal. De  modo  inadecuado. 

ETiiiOLOaÍA.  Inadecuable  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  italiano,  inadepiuta- 
mente. 

Inadecuado,  da.  Adjetivo.  Lo  que 
no  es  adecuado. 

Etivolooía.  In  privativo  y  adecúa-^ 
do:  firancéa,  inade'qnat;  italiano,  inade- 
gwto;  catalán,  inadequaí,  da. 

Reseña. — En  alg^unoa  sistemas  filo-^ 
sóficos,  idea  inadecuadíl  vale  tanto 
como  idea  oscura:  una  idea  concreta 
es  inadecuada  ú  oscura,  si  Vnhis  las 
ideas  que  ta  componen  no  están  pre- 
sentes en  el  alma.  (Bon'net,  Ensayos 
analíticos,  alma,  c.  16.) 

Inadicto,  ta.  Adjetivo.  I  )k--^\fkltu. 

Inadmísibilidad.  Feun  iiinu.  i'nn- 
lidad  de  lo  inadmisible. 

Etiuolooía.  Inadmisible:  italiano, 
inamissibililá,  inammitsi6iliii;  francés, 
inamissibilite'. 

Inadmisible.  Adjetivo,  Lo  que  no 
es  admisible. 

Etiuoloqía.  In  privativo  t  admisi- 
ble: francés,  inadmtssible;  italiano,  in- 
amisslbile,  inammitilbile;  catalán,  i«- 
admissible. 

Inadmisión.  Femenino.  Falta  de 
admisión. 

Etimología.  In  privalivu  y  admi- 
sión: francés,  inadminion . 

Inadvertencia.  Femenino.  Falta 
de  advertencia. 

Etimología.  In  privativu  v  líf/rcí- 
tencia:  cíLtaXkn,  inadverten  i:  'r.uicéí, 
inadverience;  italiano,  inaci-erien:a. 

Sinonimia.  Inadeertenciu,  descuido. 
La  inadvertencia  puede  ser  un  defe^-to 
disculpable  causado  por  una  tarda 
percepción  del  ánimo,  ó  de  una  dis- 
tracción involuntaria. 

El  descuido  es  siempre  un  defecto 
reprensible  causado  por  una  negli- 
gencia indisculpable  ó  una  distrae, 
ción  voluntaria.  Aquélla  falta  :i  hi  pr>  • 
caución  conveniente;  éste  falta  á  la 
obligación  debida. 

Un  general  que  se  halla  .soipn;nJi- 
do  por  falta  de  precaución  -,  no  [jik!- 
de  excusar  su  descuido  cui  lulo  lie 
inadvertencia,  porque  en  a  .  .  '.\:í>  <.•[■■- 
cuDstancias  no  ha^  falta  •iisciil¡>a)  1  . 

Los  rt'CÍprocos  cumplidos  ijue  ha 
establecido  el  uso  entre  los  amigos  y 
familias,  producen  á  menudo  dist-n- 
siones  y  quejas,  por  las  in  ni r uñas 
de  los  amos  y  los  descuidos  de  lus  cria 
dos.  (Huerta.) 

Inadvertidamente.  Adverbio  de 
modo.  Con  inadvertencia. 

Etimología.  Inadvertida  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  francés,  inadra-livu- 
mení;  italiano,  inatvertiiunmiiy. 

Inadvertido,  da.  Adj  iivu  n  s  ' 
aplica  al  que  tío  advíeri<'  >  i'  :<:i:;i  "i 
las  cosas  que  debiera.  \\  L  >  411'  n  ■  lia 
sido  adverti'io. 

Etimoi.ooía.  In  privativn  v  .¡drcrli- 
do:  catalán,  («tfríTÍíV,  di¡  iraíiinio,  in~ 
avterliio. 


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40  INAL 

-Ziiftfobilidad.  Femenino.  Falta  de 
afabilidad. 

Inafable.  Adjetivo.  Que  no  es  afa- 
ble. 

Inafablemente.  Adverbio  de  mo- 
do. Sin  afabilidad. 

Ktiuolooía.  Inafahlt  j  el  sufijo  ad- 
verbial mente. 

Inaféctado,  da.  Adjetivo.  Lo  que 
no  es  afectado. 

Inajenable.  Inajbnablk. 

Inagitable.  Adjetivo.  Que  no  pue- 
de abitarse. 

ExiMOLoaÍA.  In  ^úy».ÍUo  y  agitable: 
latÍD,  inígítaHílit, 

Ina^itación.  Femenino.  Falta  de 
agitación. 

Inagitadamente.  Adverbio  de 
modo.  Sin  agitación. 

Etimoloqía.  Jnagitada  y  el  sufijo 
adverbial  mente. 

Inagne.  Adjetivo  anticuado.  Ina- 
ne. 

In  agone  (bstar).  Frase  latina  usa- 
da en  castellano  t  aplicada  al  que 
está  agonizando.  (Caballebo.) 

Etiuolooía.  £1  latín  in  agone  sig- 
nifícui  en  competencia,  porque  es  el 
¡ibliitivo  át  egOf  agdHts,  certamen,  lu- 
cha. Estas'  in  aoonb  es  un  barbaris- 
mo,  que  no  puede  pasar  sino  como 
frase  burlesca. 

Inagotable.  Adjetivo.  Lo  que  no 
se  puede  agotar. 

Etimología.  Jn  utgdiivo  y  agotable: 
catalán,  inagotahU. 

Inagotado,  da.  Adjetivo.  Que  no 
se  ha  agotado. 

Inaguantable.  Adjetivo.  Lo  que 
no  se  puede  aguantar  ó  sufrir. 

ETiuoLOofA.  In  privativo  y  t^uan- 
tahU:  catalán,  inaguantable. 

Inaguantablemente.  Adverbio  de 
modo.  Sin  poderse  aguantar. 

Et-holgoía.  Inaguantable  y  el  sufijo 
adverbial  mente. 

Inajenable.  Adjeti  vo.Inalien  a  BLB. 

Inalado,  da.  Adjetivo.  Que  no  tie- 
ne alas.  B  Ornitología.  Sección  del  or- 
den de  los  pájaros  nadadores,  com- 
prensiva de  los  que  no  están  provistos 
de  alas,  propiamente  dichas,  sino  de 
una  especie  de  muñones  que  sirven 
para  la  nrttaciún. 

Inalegable.  Adjetivo.  Que  no  pue- 
de aligarse. 

Inalegado,  da.  Adjetivo.  Que  no 
ha  sido  alegado. 

Inalegórico,  ca.  Adjetivo.  Que  no 
es  alegórico. 

Inalentado,  da.  Adjetivo.  Que  no 
tiene  resolución. 

EimotOGÍA.  In  privativo  y  alen^ 
fado.' 

Inalienable.  Adjetivo.  Lo  que  no 
se  puede  enajenar.  ||  Tiene  uso  en  el 
orden  político;  y  asi  se  dice;  «los  de- 
rechos de  la  nación  soii  inalibna- 
L'LBS.»  {I  Se  emplea  también  en  el  or- 
den moral,  como  cuando  decimos:  «el 
honor  es  un  bien  inalienable,  de  que 
cada  cual  debe  responderse  á  sí  mis- 
mo;» «la  virtud  ti.  ne  un  derecho  in- 
alienable sobre  el  corazón.  j|  Histo- 
ria Tomana.  Título  del  dominio  de  los 
antiguos  emperadores,  que  era  lo  que 
%e  llamaba  el  sacro  dominio. 


INAM 

Etimolooía.  In  privativo  y  aliena- 
ble: forma  adjetiva  ficticia  del  latín 
a/iSnarí,  enajenar:  italiano,  inaltenábi- 
le;  francés,  inalienable;  catalán,  inalie- 
nable. 

Inalterabilidad.  Femenino.  La 
cualidad  de  lo  inalterable.  ||  Metafísi- 
ca. Condición  T  estado  de  las  substan- 
cias espirituafes  ó  incorpóreas.  '. 

ExiuoLoaÍA.  Inalterable:  italiano, 
inalterahilita;  francas,  inaltérabiliti; 
catalán,  inalíerabiiitaí. 

Reseña. — 1.  Una  de  las  tres  propie- 
dades del  oro  y  de  la  plata,  conside- 
rados como  los  únicos  metales  per.ee- 
tos,  es  la  inalterabilidad  respecto 
del  aire  y  del  agua.  Las  dos  propieda- 
des restantes  son  la  ductilidad  y  la 
fijeza  respecto  del  fuego.  (Buffón, 
Mineralogía,  tomo  5.*,  página  6.*) 

2.  La  INALTBBAB1I.IDAD  de  los  mo- 
vimientos  celestes  está  demostrada 
por  la  observación  de  todos  sus  fenó- 
menos; cujo  principio  parece  concor- 
dar con  la  opinión  de  los  que  no  ad- 
miten la  posibilidad  del  vacío  en  la 
naturaleza.  (Extracto  de  La  Flacb, 
Exposition  III,  3.) 

Inalterable.  Adjetivo.  Lo  que  no 
se  puede  alterar,  en  cujo  sentido  se 
dice  qué  la  esencia  es  inalterable.  || 
Por  extensión,  se  aplica  á  los  objetos 
menos  expuestos  á  sufrir  modificacio- 
nes que  pudierau  descomponerlos  ó 
degenerarlos,  como  cuando  deciinos 
que  el  oro  es  más  inalterable  que  la 
plata,  sin  embargo  de  que  no  puede 
considerársele  como  inalterable  en 
absoluto.  I  Se  aplica  á  los  hechos  del 
orden  moral;  y  así  se  dice:  virtud, 
amor,  verdad,  principio  inalterable. 

Etimoloqía.  In  privativo  y  altera- 
ble: italiano,  inalterábite;  francés,  in- 
altérable;  catalán,  inalterable. 

Inalterablemente.  Adverbio  de 
modo.  Sin  alteración. 

STiüOLoafA.  Inalterable  ^  el  sufijo 
adverbial  mente:  italiano,  tnalíerabil- 
mente. 

Inalterado,  da.  Adjetivo.  Loque 

no  tiene  alteración. 

Inamisibilidad.  Femenino.  Teolo- 
gía. Cualidad  de  lo  inamisible.  |]  Re- 
forma religiosa.  La  Reforma  sacó  de 
este  principio  el  dogma  llamado  in- 
amisibilidad de  la  justicia,  en  cu^a  vir- 
tud la  justicia,  una  vez  recibida,  no 
puede  perderse  jamás.  Tal  es  el  argu- 
mento con  que  los  reformados  pre- 
tenden demostrar  que  los  elegidos  no 
pueden  nunca  convertirse  en  reprobos, 
cuj^a  doctrina  condena,  como  absur- 
da, el  sabio  y  virtuosísimo  Bossuet. 

Inamisible.  Adjetivo.  J^ro^oy/a.  Lo 
que  no  se  puede  perder,  en  cujro  sen- 
tido dicen  los  teólogos  que  la  perfec- 
ción evangélica  llegó  á  tornarse  en  un 
amor  inamisible. 

Etiuolooía. /«  privativo  y  (iwíís/ÍÍí'.' 
latín,  in&missíiiíiis;  francés,  inarnissi- 
ble. 

Reseña.— \,  María,  en  virtud  de  la 
concepción,  tenía  una  gracia  inalte- 
rable y,  scg-Lin  el  lenguaje  de  la  teolo- 
gía, INAMISIBLE.  íBüL'FcDAl.OUE,  \íi/SÍC- 

res  Conv.  de  la  Vierte,  tomo  2.",  pá- 
gina Í2.) 


INAP 

2.  La  fe  inamisible  no  se  halla  más 
que  en  los  elegidos.  (Fenelón,  tomo  H.*, 

inamovi'idad.  Femenino.  Cuali- 
dad de  lo  inamovible,  en  cuyo  senti- 
do se  dice:  la  inamovilioad  ae  la  ma- 
gistratura; la   INAUOVILIDAD   do  loS 

empleos. 

KriHOLoaf  A.  Inimomble:  italiano, 
inamovibiliti;  francés,  inamombiUíd. 

Inamovible.  Adietivo.  Lo  que  no 
se  puede  mover.  Aplícase  á  los  empleos 
y  carg-os  perpetuos. 

Etimología.  In  privativo  y  amoot- 
ble:  italiano,  inamocibile;  francés  y  ca- 
talán, inamovible. 

Inane.  Adjetivo.  Vano,  fútil,  in- 
útil. 

Etimolooía.  Griego  Iveív  (ineín), 
vaciar:  w5v  (inSn),  vacio;  latín,  inanis, 
desocupado,  frivolo. 

Inanición.  Femenino.  Medicina, 
Notable  debilidad  por  falta  de  alimen- 
to ó  por  otras  causas. 

ETiuOLOaÍA.  Inane:  latín  de  san 
Isidoro,  inanWo,  vacuidad;  francés, 
inanition;  provenzal,  inanicio;  catalán, 
inanieid. 

Inanidad.  Femeniuo.  Vacío  de  una 
cosa.  I  Futilidad.  H  Tieuros  de  inani- 
dad. Cronología.  Epocas  anteriores  á  la 
lej  de  Moisés,  por  considerarse  como 
tiempos  vacíos  para  la  historia. 

GTiMOLoaÍA.  inane:  latín,  inSnítas: 
italiano,  inaniíá;  francés,  inanite';  ca- 
talñn,  inanitat. 

Inanimación.  Femenino.  Falta  de 
animación. 

Etimología.  Jn  privativo  y  anima- 
ción: francés,  inanmation. 

Inanimado,  da.  Adjetivo.  Lo  que 
no  tiene  alma.  Q  Lo  que  no  está  dota- 
do de  animación,  ó  que  ha  dejado  de 
tenerla. 

Etiuología.  In  privativo  y  anima- 
do: latín,  inanímafns:  italiano,  tNa»i- 
matj;  francés,  inánime;  catalán,  taoíif- 
maí,  da:  que  no  está  dotado  de  anima- 
ción, ó  que  ha  dejado  de  tenerla. 

Inánime.  Adjeiívo.  Ex.ánimb. 

Etimología.  Latín  íniiwmis,  sin 
aliento;  de  in,  no,  jaft)í»ia,alina,vídn; 
catalán,  inánime. 

Inantéreo,  rea.  Adjetivo.  Botáni- 
ca. Desprovisto  de  anteras. 

Etimología.  In  privativo  y  antJreQ: 
francés,  inantkéré. 

Inapagable.  Adjetivo.  Lo  que  no 
puede  apagarse. 

Etimología.  Ih  privativo  y  apaga- 
ble:  catalán,  inapagable. 

Inapeable.  Adjetivo.  Lo  que  no  se 
puede  apear.  \  Metáfora.  Lo  que  no  se 
puede  comprender  ó  conocer.  ^  Metá- 
fora. Se  aplica  al  que  tenazmente  se 
aferra  en  su  dictamen  ú  opinión. 

Etimología.  In  privativo  y  apeable; 
catalán,  inapeable. 

Inapelable.  Forense.  Adjetivo  que 
se  aplica  á  la  sentencia  (^e  que  nu  s« 
pueae  apelar. 

Etimología.  Inapelación:  catalán, 
inope  i- la 'lie. 

Inapelación.  Femeniuo.  Falta  de 
apelación. 

Inápendiculado,  da.  Adjetivo 

In  -  PENDIZALtO. 


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INAR 


INAU 


INCA  41 


InuendúKado,  da.  AdjetÍTO.  Ztnh 
¡yla.  Epíteto  da  los  criutáeeoi  que 
eareeeií  de  apéndices. 

iDapercibidamente.  Adverbio  de 
modo.  Sin  apercibimiento. 

BtiuolooU.  JnaperciHda  y  ÚMMñlo 
adverbial  mente. 

Inapercibido,  da.  Adjetivo.  Que 
no  ha  sido  percibido. 

Etuiolooía.  itt  privativo  j  tt^A*»'- 
iido:  francés,  inapercu. 

Inapetencia.  Femenino.  Medicina. 
Falta  de  apetito  ó  de  gana  de  comer. 

STOfOLoaU.  In  privativo  y  aprien- 
as:  catalán,  tnapeUncia;  francés,  inap- 
peíenu;  italiano^  inappeíenza. 

Inapetente.  Adjetivo.  £1  que  no 
tiene  apetencia. 

ETiiioLoaÍÁ.'  Inapetencia:  italiano, 
inappetente;  catalán,  inapetenl,  a. 

Inapetitosamente.  Adverbio  de 
modc.  Sin  apetencia. 

ETUfOLoaÍA.  Inapetitosa  y  el  sufijo 
adverbial  mente. 

Inapetitoso,  sa.  Adjetivo.  Que  no 
es  apetitoso.  Q  Falto  de  apetito. 
Inaplacable.  Adjetivo.  Iutlaca- 

ETiuoLOofA.  In  privativo  y  aplaca- 
catalán,  inaplacable. 

Inaplicable.  Adjetivo.  Lo  que  no 
se  puede  aplicar  d  acomodar  a  otra 
cosa. 

EnuoLOofa.  J%  y  aplicable:  cata- 
lán, inaplicable;  francés,  inapplicahle; 
italiano,  nnapjtiicabile. 

Inaplicación.  Femenino.  Dssapli- 

CiClÓM. 

Etuiolooía.  In  y  aplicación:  cata- 
1  D,  inaplicació;  fraacés,  ina^plication. 
Inaplicado,  da.  Adjetivo.  Dbs- 

APUCADO. 

Etiuolooia.  Inaplicación:  catalán, 
'Mplicat,  da. 

inapreciable.  Adjetivo.  Lo  que  no 
se  puede  apreciar  por  sa  mucho  valor 

ó  mérito. 

E-nMÓLOorA.  7»  privativo  y  ajjrecia- 
hle:cita\iii,ÍHapreciable-t{T&ac68titMp- 
f/rédahle. 

Inaptitud.  Femenino.  Defecto 

üe  aptitud. 

EnuoLoaÍA.  In  privativo  y  aptitud: 
catalán,  inapíituí;  francés,  tnapiitude; 
italiano,  inaltiíudine. 

Inaquis.  Femenino.  Mitología,  lo, 
bija  de  Inaro,  ó  Isis. 

Inárcnlo.  Masculino.  Mitología. 
Rama  de  g-ranado  en  forma  de  corona, 
que  llevaba  en  la  cabeza  la  sacerdoti- 
sa romana  que  dirigía  los  sacríñcios. 
Etimología.  Latín  in  árenle. 
Inarticulación,  Femenino.  Falta 
de  articularon,  ¡[  Historia  natural. 
Ausencia  di  miembros  articulados.  || 
Gramitica.  Imposibilidad  da  articular 
las  palabras. 

Etimología.  /«  privativo  y  articula- 
cik:  italiano,  inarticulazione;  francés, 
imrt  'cuidtion. 

Inarticuladamente.  Adverbio  de 
:n>da.  Sin  articulación. 

ExiMOLoaÍA.  Inarticulada  y  el  sufijo 
1  iv.  rbial  iuunte. 

Inarticulado,  da.  Adjetivo.  Lo  no 
ariiculado.  ,1  Ilisloria  natural.  Que  no 
presenta  a|-tÍL-uÍacióa  de  ninguna  es- 


pecie. \  Sonidos  inarticulados.  Ora- 
máíiea  general.  Los  sonidos  (^ue  se  ar- 
ticulan imperfectamente,  o  que  no 
pueden  articularse,  como  el  silbido 
con  que  imitamos  á  las  culebras,  6  el 
rumor  especial  con  que  ae  arrea  á  una 
caballería. 

ETiyOLoaÍA.  In  privativo  y  articu- 
lado: latía,  inarticuídtui,  dicho  con  os- 
curidad, con  poca  expresión;  italiano, 
inarticolato;  francés,  inarticule';  cata- 
lán, inarticulat,  da. 

Éeseña.—El  león,  el  oso  y  la  zorra 
nacen  informes,  casi  inarticulados. 
(Aristóteles.) 

Inarticulum.  Masculino.  Hittoria 
antigua.  Hamo  de  granado  con  que  se 
coronaba  á  la  reina  de  los  sacrificios, 
antes  de  verificarse  éstos. 

Inasequibilidad.  Imposibilidadde 
consecución. 

Inasequible.  Adjetivo.  Lo  que  no 
es  asequible. 

Inasimilable.  Adjetivo.  Didáctica. 
No  susceptible  de  asimilación. 

Etimología.  In  privativo  y  asimi- 
lable: francés,  inassimilable. 

Inasimilación.  Femeuiuo,  Falta 
de  asimilación. 

Inasimiladamente,  Adverbio  de 
modo.  Sin  asimilación. 

Etimología.  Inasimilada  y  el  sufijo 
adverbial  mente, 

.Inasimilativo,  va.  Adjetivo.  Que 
no  es  asimilativo. 

Inasociable.  Adjetivo.  Quenopue* 
de  asociarse. 

Etimología.  In  privativo  y  socia- 
ble: francés,  inassociable. 

Inatacable.  Adjetivo.  Inbxpl'qka- 
ble,  porque  no  puede  ser  atacado. 

Inauditamente.  Adverbio  de  mo- 
do. De  una  manera  inaudita. 

Etimología.  Inaudita  y  el  sufijo  ad- 
verbial mente. 

Inaudito,  ta.  Adjetivo.  Lo  que 
nunca  se  ha  oído. 

Etiuolooía.  Latín  tnauditus:  ita> 
Uano,  inauliío;  catalán,  iuaudit,  a. 

Inaugurable.  Adjetivo.  Que  ae 
puede  inaugurar. 

Inauguración,  Femenino.  £1  acto 
de  inaugurar.  ||  Exaltación  de  un  so- 
berano al  trono. 

Etimología.  Inaugurar:  latín,  inau- 
gurat'o;  italiano,  inaugurazione;  fran- 
cés, inauguration;  catalán,  inaugura- 
ció;  portugués,  inauguracáo. 

Sentido  etimológico. — 1,  El  latín  in- 
augürdt'o  significa  comienzo,  porque, 
al  acometer  una  empresa,  al  comenzar- 
la, tomaban  ó  consultaban  losagüeros. 

2,  La  i.NAUGURACiÓN  es  enteramente 
gentil. 

Inaugurado,  da.  Participi  «pasivo 
de  inaugurar. 

Etimología.  Latín  inaug^rSius,  par- 
ticipio pasivo  de  inaugurare,  inaugu- 
rar: italiano,  inaugúralo;  francés,  in- 
augure'; catalán,  inaugural,  da. 

Sentido  elimoi  'gico. — El  hitíii  inau- 
güralus  significa:  «practicad^)  ó  elegi- 
do después  de  tomar  los  ag-aeros  -  (Ci- 
cerón): id  iNAUGL'RATO  liu.iudux  fecc- 
rat;  4esto  hi/.o  Kóuiulo  después  de 
haber  consultado  los  agüeros.»  (Tito 
I  L^vio.) 


Inaugural.  Adjetivo.  Lo  que  per- 
tenece á  la  inauguracidn,  como  solem- 
nidad INAUGURAL,  ceremonia  inauou- 
RAL.n  Oración  ó  discubso  inaugu- 
ral. El  discurso  con  que  se  solemniza 
la  apertura  de  un  establecimiento  pú- 
blico; las  más  veces,  de  enseñanza. 
También  se  dice  de  la  oración  que  el 
catedrático  pronuncia  al  tomar  pose- 
sión del  magisterio.  Extensivamente, 
se  aplica  ¿  todo  discurso  con  que  se 
celebra  la  erección  de  algún  monu- 
mento 6  de  cualquier  festejo  litera- 
rio. 

EtimolooÍa.  Jnaugurañón:  francés, 
inaugural,  le;  catalán,  inaugural. 

Inauguralmente .  Adverbio  de  mo- 
do. Por  inauguracidn. 

SnifOLoaU.  Inaugural  y  el  sufijo 
adverbial  mente. 

Inaugurar.  Activo.  Politeísmo. 
Adivinar  supersticiosamente  por  el 
vuelo,  canto  ó  movimiento  de  las 
aves.  II  Dar  principio  á  alguna  cosa 
con  cierta  pompa.  |  Abrir  solemne- 
mente algún  establecimiento  públi- 
co. II  Celebrar  el  estreno  de  alguna 
obra,  edificio  ó  monumento  de  públi- 
ca utilidad. 

Etimología.  Latín  tnaug^rm^et  con- 
jeturar por  el  vuelo  ó  canto  de  las 
aves;  tomar  loa  agüeros;  dedicar,  con- 
sagrar, adivinar;  de  in,  en,  y  aug&ro- 
re,  augurar:  italiano,  i«as^«rartf;  fran- 
cés, inaugurer;  latín,  inaugurar. 

Sentido  etimológico.-^!.  El  latín  i«h 
augÚrSre  significa  consagrar  un  para- 
je, un  templo,  una  ciudad,  un  sacer^ 
dote.  (Vabrón.) 

2.  También  se  tomaba  en  mala 
parte:  cana  etpoculis  magnis  inauqu- 
ratur  dus  latronum;  «en  medio  del 
banquete  y  da  grandes  brindis,  ae  le 
proclama  jefe  de  loa  ladrones.»  (Apu- 

LEYO.)  - 

Inauricttlado,  da.  Adjetivo,  Botá- 
nica. Desprovisto  de  orejas  6  de  aurí- 
culas. 

Inaveriguable.  Adjetivo.  Lo  que 
no  se  puede  averiguar. 

Etimología.  In  privativo  7  averi- 
güable:  catalán,  inawri^uahU, 

Inávido,  da.  Adjetivo.  Exento  de 
avidez. 

Inca.  Masculino.  Nombre  de  los 
antiguos  monarcas  del  Perú. 

Etimología.  Reseiía  histórica.  1. — 
Voz  peruviana,  aplicada  primeramen- 
te á  Manco-Capac  7  á  su  mujer  Man- 
ca Ocello,  fundadores  del  antiguo  im- 
perio del  Perú. 

2.  Créese  que  cuando  se  verificó  la 
conquista  de  los  españoles,  el  famosa 
imperio  de  I08  IHCAS  contábala  sobra 
cuatrt)  siglos, 

3.  Ks  indudable  que  dicho  imperio 
debió  alcanzar  dicho  período  de  civi- 
lización, puesto  que  ae  han  hallado 
los  inmensos  restos  de  las  fortalezas 
con  que  los  incas  se  parapetaban  con 
tra  las  excursiones  de  los  salvajes. 

Incalar.  Activo  anticuado.  Tocar 
ó  pertrnbckr. 

Etimología.  In,  en,  y  el  antiguo 
caler,  importar,  convenir. 

Incalcinación.  Femenino.  Falta 
de  calcinación. 

TOUOIU  s 

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43  INCA 


INCA 


INCE 


Incalcinado,  da.  A.djetÍTO.  Que  no 
ha  sido  calcinado. 

Incalculable.  Adjetivo.  Lo  que  no 
puede  calcularse. 

BtimolooÍa;  I%  nejg^atiro  y  calcula- 
ble' francés  t  catalán,  intalculahU; 
italiano,  incafcolabiU. 

Incalculablemente.  Adverbio  mo* 
dal.  De  un  modo  incalculable. 

Etiuología.  Incalculable  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  francés,  incalculable- 
ment;  italiano,  incalcolabilmeníe. 

Incalculado,  da.  Adjetivo.  Que  no 
ha  sido  calculado,  |  Impensado,  im- 
previsto. 

Incalíceo,  cea.  Adjetivo.  Botáni- 
ca. Caliñcactón  de  las  plantas  que  ca- 
recen de  cáliz. 

Incalumniable.  Adjetivo.  Incapaz 
de  ser  calumniado. 

EriuoLoafA.  In  privativo  y  eahta- 
niable:  francés,  incalumniable. 

Incambiable.  Adjetivo.  Que  no 
puede  cambiarse, 

Incameración.  Femenino.  Canci- 
llería romana.  Unídn  de  alguna  tierra 
á  la  cámara  eclesiástica. 

Etimología.  Incamerar:  italiano, 
¡Hcamcrazione;  francés,  incame'ration. 

Incamerar.  Activo.  Cancillería  ro- 
mana. liic:)rporar  alguna  cosa  al  do- 
minio eclesiiistieo. 

Etimología.  Francés  incamérer,  del 
italiano  incamerare;  de  in,  en,  dentro, 
sobre,  y  camerare,  forma  verbal  ficti- 
cia de  camera,  cámara. 

Incandescencia.  Femenino.  Esta- 
do de  un  cuerpo  calentado  hasta  el 
grado  de  hacerse  luminoso. 

BtiuolooÍa.  Incandescente:  italiano, 
incaleteema;  francés,  incandescence. 

Incandescente.  Adjetivo.  Que  se 
halla  en  estado  de  incandescencia. 

Etimología.  Latín  incandescens,  in- 
candetceniií,  que  se  inflama;  partici- 
pio de  presente  de  incandesctre,  infla- 
marse; de  ík,  en,  y  candescere,  forma 
verbal  de  candídus,  blanco:  francés, 
incandescent;  italiano,  incandetceníe* 

Incanonizable.  Adjetivo.  Que  no 
puede  ser  canonizado. 

Incanonización.  Femenino.  Falta 
de  canonización. 

IncanonizadOf  da.  Adjetiro.  No 
canonizado. 

Incansable.  Adjetivo,  Lo  que  es 
incapaz  ó  mujr  difícil  de  cansarse. 

Etiuología.  Jm  privativo  y  cantar- 
se: catalán,  incansable. 

Incansablemente.  Adverbio  mo- 
dal. De  un  modo  incansable. 

Etimología.  Incansable  y  el  sufíjo 
adverbial  mente:  catalán,  incansabie- 
ment. 

Incantable.  Adjetivo.  Música.  Lo 
que  no  se  puede  cantar,  por  no  alcan- 
zar la  voz  a  la  distancia  que  haj  entre 
tono  y  semitono. 

Incautación.  Femenino  anticua- 
do. Encanto. 

Incapacidad.  Femenino.  Falta  de 
capacidad  para  hacer,  recibir  ó  apren- 
der alguna  cosa,  y  Metáfora,  Rudeza, 
i'alta  de  entendimiento. 

ETiHOLOOfA.  Incapaz:  italiano,  inca- 
pdcita¡  francés,  incapacité;  catalán,  ta- ! 
Mpacitat»  I 


Incapacitar.  Activo.  Inhabilitas. 
Incapaz.  Adjetivo.  Lo  que  no  tie- 
ne capacidad  ó  aptitud  para  alguna 
cosa.  ¡I  Metáfora.  Falto  de  talento.  || 
Incapaz  de  sacramentos.  Locución 
familiar.  Negado  del  todo.  O  Ha  bsta* 
DO  INCAPAZ.  Locución  &miliar.  Ha  es- 
tado fatal,  ha  estado  cruel,  aludiendo 
á  cualquiera  que  lo  ha  hecho  pésima- 
mente. 

Etimología.  In  privativo  y  capaz: 
latín  posterior,  incUpax,  inepto;  ita- 
liano, incapace;  francés,  incapahle;  ca- 
talán, incapás,  a. 

Incapazmente.  Adverbio  de  mo- 
do. Con  iiicHpacidad. 

Etimología.  Incapaz  y  el  sufijo  ad- 
verbial mente. 

Incardinación.  Femenino,  Admi- 
nistración de  una  iglesia  6  jurisdic- 
ción. 

EnuoLoaÍA.  Prefijo  t's,  en,  dentro, 
y  cardinacim,  forma  sustantiva  abs- 
tracta ficticia  de  cardinSiutt  ajustado; 
de  cardo,  cardinis,  quicio,  ajuste,  el 
punto  principal,  lo  esencial  de  una 
cosa. 

Incasable,  Adjetivo.  El  que  no 
puede  casarse.  Dícese  también  del  que 
tiene  gran  repugnancia  al  matrimo- 
nio. 

Etimología.  In  negativo  y  casable: 
catalán,  incasable. 

Incastamente.  Adverbio  de  modo. 
Sin  castidad. 

ExiMOLoaÍA.  Incasta  y  el  sufijo  ad- 
verbial mente:  latín,  incasté,  en  Séne- 
ca, simétrico  de  incesté^  lo  cual  prueba 
que  incestus  representa  in-casíut,  «no 
casto.» 

Incastidad.  Femenino.  Falta  de 
castidad,  lujuria. 
Etimoloqía.  Incasto:  francés,  in- 

chas  teté. 

Incasto,  ta.  Adjetivo  anticuado. 
Deshonesto. 

Etimología.  In  privativo  y  casto: 
latín  hipotético,  ineastuSj  paralelo  de 

incestus. 

Incatólico,  ca.  Sustantivo  y  adje- 
tivo. El  que  no  profesa  la  religión  ca- 
tólica. 

Incautación.  Femenino. La  acción 
y  efecto  de  incautarse. 

Etimología.  Incautarse:  catalán,  in- 
cautaciÓ. 

Incautamente.  Adverbio  de  modo. 
Sin  cautela,  sin  previsión. 

Etimología.  Incauta  y  el  sufijo  std- 
vethial  mente:  latín,  incaute;  italiano, 
incautamente;  catalán,  incauíament. 

Incautarse.  Recíproco.  Forense. 
Retener  alguna  cantidad  de  dinero  ú 
otra  cosa  por  vía  de  fianza  hasta  la 
conclusión  de  un  litigio. 

Etimología.  Prefijo  in,  dentro,  y 
cautarse,  tema  verbal  ficticio  de  cauto: 
catalán,  tncaularse.  Incautarse  es  reci- 
bir alguna  cosa  por  cautela  ó  caución. 

Incaútela.  Femenino.  Falta  de 
cautela. 

Etimología,  In  privativo  veauí«¿a; 
latín  posterior,  incaútela;  italiano,  in- 
cautela. 

Incauto,  ta.  .Adjetivo.  El  que  no 
I  tiene  cautela.  J  Inocente,  inofensivo, 
i    Etimología.  /»  negativo  y  cauto: 


latín,  tneautus;  italiano,  ineauto;  cata- 
lán, incauí,  a. 

Incendiadamente.  Adverbio  mo- 
dal. Uo  un  modo  incendiado. 

Incendiar.  Activo.  Poner  tf  pegar 
fuego  á  alguna  cofla.  Uaase  también 
como  recíproco. 

Etimolooía.  Latín  incendere,  poner 
brillante,  quemar;  de  in,  en,  y  cande- 
re,  resplandecer,  tener  una  blancura 
luminosa:  italiano,  incendiare;  fran- 
cés, encendier;  catalán,  incendiar. 

Incendiaria.  Femenino.  Bistoria 
natural.  Ave  desconocida,  cuva  apari- 
ción, según  los  antiguos,  presagiaba 
un  inceudio. 

Incendiario,  ria.  Masculino  r  fe- 
menino. Forense.  El  que  maliciosa- 
mente incendia  algún  edificio,  mia- 
ses, etc.  II  Adjetivo.  Lo  que  está  des- 
tinado para  incendiar  ó  puede  causar 
incendio.  |  Metáfora.  Escandaloso, 
subversivo.  En  este  sentido  se  dice: 
artículo,  discurso,  libro  incbkdia- 
aio. 

EtimOlgoÍa.  Incendiar:  latín,  incen- 
diartus,  lo  que  pone  fuego  6  lo  lleva 
consigo,  en  Suetonio;  un  incendia- 
rio, en  Tertuliano  y  Tácito;  italiano, 
incendiario;  francés,  incendiaire;  cata- 
lán, incenUiari,  a.. 

Incendio.  Masculino.  Fuego  gran- 
de que  abrasa  edificios,  mieses,  etc.  B 
Metáfora.  Se  aplica  á  los  afectos  que 
acaloraii  y  agitan  vehementemente  el 
ánimo,  como  el  amor,  la  ira. 

Etimología.  Incendiar:  latín,  ince*- 
dium;  italiano,  incendio;  francés,  encen- 
die;  catalán,  ineendi. 

Incendioso,  sa.  .\djetivo.  Encen- 
dido. 

Incensación.  Femenino.  La  ac- 
ción y  efecto  de  incensar. 

Etimología.  Incensar:  italiano,  in- 
censamenío;  francés,  encensement. 

Incensadamente.  Adverbio  de 
modo.  Con  incensación. 

Etimología.  Incensada- y  el  sufijo 
adverbial  mente. 

Incensar.  Activo.  Dirigir  con  el 
incensario  el  humo  del  incienso  hacia 
alguna  persona  ó  cosa.  ||  Metáfora.  Lx> 

SONJBAR. 

Etimología.  Incienso:  italiano,  «»- 
censare;  francés,  encenser;  catalán,  m- 
censar,  incensar. 

Incensario.  Masculino.  £1  brase- 
rillo  con  cadenillas  y  tapa  que  sirve 
para  incensar. 

Etimología.  Bncensar:  italiano,  ta- 
censiere;  francés,  encensoir. 

Incensiyo,  va.  Adjetivo  anticua- 
do. Lo  que  enciende  o  tiene  virtud  de 
encender. 

Incensó.  Masculino  anticuado.  In- 
cienso. 

Incensor,  ra.  Masculino  y  feme- 
nino anticuado.  Incendiario, 

Incensurable.  Adjetivo,  Lo  que 
no  se  puede  censurar. 

Etimología.  Jn  privativo  v  censura- 
ble: catalán,  incensurable;  italiano,  im- 
censurabile* 

Incensurablemente,  Adverbio 
modal.  De  un  modo  incensurable. 

EnuoLGOÍA.  Incensurable  y  e\  sufijo 
adverbial  mente. 


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INCE 

fecensaradamente.  Adrerbio  de 
modo.  Sin  censura. 

EriMOLoaÍA.  Incatsnrada  y  el  tufijo 
adverbial  mente. 

Incensurado,  da.  AdjetÍTo.  Ko 
censurado. 

Incentivo.  Masculino.  Loque  mue- 
Te  ó  excita  é  alc;una  cosa. 

BTiuoLoaÍA.  Latín  incenífmt:  cata- 
lán, ineeuíiv. 

Sentido  etimológico. — 1.  El  latín  in- 
cenCimu  significa  lo  que  pertenece  ó 
sirve  al  cántico,  forma  adjetiva  de  in- 
cenUif,  el  que  dirige  el  canto,  ó  de  tn- 
cenílo,  concierto  de  Toeei,  oaneión  mir 
gio. 

2.  Todos  estos  vocablos  son  simé' 
trieos  de  inciTtere,  cantar  frecuente- 
mente; de  I»,  en,  dentro,  j  cañare, 
cantar.  In~cincre  representa  in-canere, 

3.  El  primer  incentivo  fué  la  ar- 
monía del  canto.  ¡Vué  lástima  que  se 
havan  perdido  esas  inocencias  de  la 
palabra  j  del  sentimiento,  esas  her- 
mosuras de  la  sencillez  y  del  candor, 
esas  dulces  memorias  de  la  lengua  y 
del  alma! 

4.  Haj  autor  que  confunde  las  vo- , 
ees  iNCBNTivo  ^  aliciente,  ¿ijué  tiene 
que  ver  el  alictenie,  que  viene  de  tazo, 
con  el  INCENTIVO,  que  viene  de  can- 
eidnf  Confundir  esos-dos  vocablos  va- 
le tanto  como  si  confaudíéramos,  en 
historia  naturalt  la  tórtola  j  el  bui- 
tre. 

Inceptor.  Masculino  anticuado.  El 
que  empieza. 

ETisioLoofA.  Latía  ineepíor,  el  que 
principia  alguna  cosa,  forma  agente 
de  incestare,  comenzar.  (Terencio.) 

Sentido  etimoiógitO. — 1.  Inceptare 
es  la  forma  de  incepiuSf  participio  pa- 
sivo de  inciphe;  de  en,  dentro,  y 
cepTre^  tomar. 

2.  Incíp^rt  signiñcd  primeramente 
tomar  en  la  mano;  7  extensivamente, 
dar  principio  á  una  obra,  lo  cual  ex- 
plica el  significado  de  incbptob. 

Incerteza.  Femenino  anticuado. 
Incbrtidiicbrb. 

Incertidniobre.  Femenino.  Falta 
de  certidumbre,  duda. 

E-nMOLOofA.  In  y  certidumhre. 

Moral  de  la  familia.  Hají  que  tener 
sumo  cuidado  en  no  admitir  á  un 
huésped  tan  mol  sto.  Si  se  convirtie- 

en  carcoma,  seria  positivamente  la 
carcoma  del  alma.  La  duda  turba  el 
entendimiento:  la  incertidumbhe  tur- 
ba el  corazón;  y  tanto  lo  puede  turbar, 
que  lo  mate.  ¡Cuántos  y  cuántos  no 
han  sido  víctimas  de  una  terrible  in- 
cehtidumdbb!  jCJué  sabio  es  el  refrán 
que  dice:  «cuentas  claras;  aunque  no 
parezca  dinero!» 

Swo'siuik.  Incertidumbrti  duda.  La 
ineertidumire  [iroviene  de  la  falta  6  es- 
casez de  conocimientos.  Lududa,  déla 
escasez  ó  insaficiencia  de  las  razones 
ó  pruebas  en  que  se  funda  una  opinión 
<i  un  hecho,  Virgilio  dice:  incerti  quo 
í-tta  ferant;  estov  incwrío,  no  sé  d  Jnde 
me  ílevará  el  destino.  Lo  dudo,  res- 
pondemos, cuando  se  nos  da  una  no- 
ticia inverosímil.  La  incertidumbre  ex- 
eluje  la  creencia;  la  dwta  excluye  el 
cun vencimiento.  (Moia.) 


INCE 

Incertinidad.  Femenino  anticua- 
do. Incebtioumbbb. 

Incertísimo,  ma.  Adjetivo  super- 
lativo de  incierto. 

Incertitud.  Femenino  anticuado. 
Incertidumbre. 

Incesable.  Adjetivo.  Lo  que  no 
cesa  (í  110  pui^de  cesar. 

Incesablemente.  Adverbio  de  mo- 
do. InCESANTiÍMENTB. 

Incesante.  Adjetivo.  Lo  que  no 

cesa. 

Etiuología.  In  negativo  y  cesante, 
«no  cesante:»  latín,  incessans,  inces^ 
santis  (en  Quichebat,  Addenda):  ita- 
liano, ineessaníe;  francés,  inceisaní, 
ante;  catalán,  incestahU,  inceisant. 

Incesantemente.  Adverbio  de  mo- 
do. Sin  cesar. 

ETiuoLOQfA.  Incesante  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  latín,  incessabílíier, 
en  san  Jerónimo;  incestanter^  en  Sido- 
nio;  italiano,  ineestabilmeníe;  francés, 
inceisammení;  catalán,  incessahlemení. 

Incestar.  Neutro  anticuado.  Co- 
meter incesto. 

Incesto.  Masculino.  Derecho  canó- 
nico ¡/  civil.  El  pecado  carnal  cometi- 
do por  parientes  de  los  grados  prohi- 
bidos, ü  ESPIRITUAL.  Cánones.  Unión 
ilícita  entre  personas  ligadas  por  afi- 
nidad espiritual,  como  el  padrino  y 
la  ahijada.  U  Ayuntamiento  carnal  en- 
tre el  confesor  y  su  penitenta.  ||  Con- 
dición del  beneficiado  que  posee  dos 
beneficios,  dependiente  el  uno  del 
otro,  y  Alguimia.  Unión  de  materias 
á  que  se  atribuía  una  afinidad  imagi- 
naria. 

Etimología.  Latía  incestus;  de  in, 
negativo,  y  cesíus,  forma  frecuentati- 
va de  castus,  casto.  Inceslut  quiere  de- 
cir incastus,  <no  casto,»  lascivo,  luju- 
rioso: italiano,  incesto;  francés,  inces- 
te; catalán,  incest* — cCipula  de  acceso 
carnal  con  pariente  por  consanguini- 
dad ó  afinidad.»  (Diccionario  de  Auto- 
ridades,  17íi6,)—'*Q\xe  el  emperador 
Octaviano  cometiese  incesto  con  sa 
hija  Julia,  decláralo  muí  bien  Sue- 
tonio  Tranquilo.»  (Comendador,  sohre 
las  300,  copla  4i.J 

Reseña  aisíórica. — 1.  Antes  de  la 
ley  escrita,  los  patriarcas  más  santos 
buscaban  estas  alianzas  (las  del  ma- 
trimonio) dentro  de  sus  mismas  fami- 
lias, porque  entonces  eran  en  corto 
número  los  adoradores  del  verdadero 
Dios,  y  temían  contraer  semejantes 
enlaces  con  familias  idólatras. 

2.  SI  iMCBSTO  entre  los  hebreos. — 
«Ningún  hombre  se  llegará  á  la  que 
le  sea  cercana  por  sangre,  para  des- 
cubrir las  vergüenzas.  No  descubri- 
rás las  vergüenzas  do  tu  padre,  ni  las 
vergaenzas  de  tu  madre.  No  descubrí- 
ráslas  vergüenzas  de  la  mujer  de  tu 
padre,  porque  vergüenzas  de  tu  padre 
son.  No  descubrirás  las  vergüenzas  de 
tu  hermana  de  padre  ó  de  madre,  que 
haya  nacido  dentro  ó  fuera  de  casa. 
No  descubrirás  las  vergüenzas  de  la 
hija  de  tu  hijo,  ó  de  la  nieta  por  par- 
te de  hija,  porque  tus  vergüenzas  son. 
No  descubrirás  las  vergüenzas  de  la 
hija  de  la  mujer  de  tu  padre,  á  la  que 
parió  para  tu  padre,  y  que  es  herma- 


INcE  43 

na  tuja.  No  descubrirás  las  vergüen- 
zas de  la  hermana  de  tu  padre,  por- 
que es  carne  de  tu  padre.  No  descu- 
brirás las  vergüenzas  de  la  hermana 

de  tu  madre,  por  cnanto  es  carne  de 
tu  madre.  No  descubrirás  las  vergüen- 
zas de  tu  tío  paterno,  ni  te  llegarás  á 
su  mujer,  porque  tiene  contigo  paren- 
tesco de  afinidad.  No  descubrirás  las 
vergüenzas  de  tu  nuera,  porque  es  mu- 
jer de  tu  hijo,  ni  descubrirás  su  igno- 
minia. No  descubrirás  las  vergüenzas 
de  la  mujer  de  tu  hermano,  porque 
vergüenzas  son  de  tu  hermano.  No 
descubrirás  las  vergüenzas  de  tu  mu- 
jer ni  de  su  hija  (tomando  por  muje- 
res á  la  madre  y  á  la  hija  á  un  mismo 
tiempo).  No  tomarás  la  hija  de  su  hijo, 
ni  la  hija  de  su  hija,  para  descubrir 
sus  vergüenzas,  porque  son  canie  de 
él,  y  tal  coito  es  incesto.  No  tomarás 
por  concubina  de  ella  á  la  hermana  de 
tu  mujer  (no  partirás  tu  lecho  con  la 
hermana  de  tu  mujer),  ni  descubrirás 
sus  vergüenzas,  viviendo  aún  ella. 
(Leviíico,  capítulo  XVIII,  versículos 
desde  el  6  ai  i 8.)  El  que  durmiera  con 
su  madrastra,  y  descubriere  las  ver- 
güenzas de  su  padre,  mueran  entram- 
bos de  muerte:  su  sangre  sea  sobre 
ellos.  Si  alguno  durmiere  con  su  nue- 
ra, mueran  entrambos;  porque  come- 
tieron un  crimen:  su  sangre  sea  sobre 
ellos.  £1  que  además  de  la  hija  se  ca- 
sare también  con  la  madre  de  ella, 
cometió  un  crimen:  arderá  vivo  con 
ellas,  y  no  permanecerá  en  medio  de 
vosotros  tan  grande  abominación. 
(Ibidbm;  capítulo  Xt  versículos  11,  il¿ 
y  14.)  No  tomará  un  hombre  la  mujer 
de  su  padre,  ni  descubrirá  la  cobertu- 
ra de  el.  (Deuíeronomio,  XXJI1  30.)» 

3.  «El  hebreo  no  podía  casarse  con 
su  cuñada,  sino  en  el  caso  de  que  su 
hermano  hubiese  muerto  sin  dejar  hi- 
jos. Cuando  esto  se  verificaba,  la  lev 
(Deuteronomio,  XXV,  5)  obligaba  al 
hermano  á  tomar  la  mujer  de  su  her- 
mano, que  había  muerto  sin  dejar  su- 
cesión, para  que  los  hijos  que  nacie- 
ran fueran  considerados  como  hijos 
del  hermano  difunto.  Y  esta  misma 
ley  prohibía  al  par  que  el  hermano 
tomara  por  mujer  á  la  que  había  sido 
repudiada  por  su  hermano.»  (San 
Agustín,  in  Levitico,  Quasíio  LXl.) 

4.  Entre  persas  y  egipcios. — Parece 
ser  que  el  incesto  nubo  de  principiar 

fior  el  casamiento  de  los  hermanos  con 
as  hermanas,  el  cual  empezó  á  efec- 
tuarse entre  los  sucesores  de  Cambí- 
ses.  Teodoreto  afirma  ( Q,uasíio  XXI V, 
in  Levitico)  que  entre  los  persas  se 
veían  estas  abominables  alianzas. 

5.  Fntre  los  primitivos  cristianos. — 
«Por  cosa  cierta  se  dice  que  ha^  entre 
vosotros  fornicación, jr  tal  fornicación, 
que  ni  aun  entre  los  gentiles:  tanto, 
que  alguno  abusa  de  la  mujer  de  su 
padre.  Y  andáis  aun  hinchados;  y  ni 
menos  habéis  mostrado  pena,  para  que 
fuese  quitado  de  entre  vosotros  el  que 
hizo  tal  maldad.  Yo  en  verdad,  aun- 
que ausente  con  el  cuerpo,  mas  pre- 
sente con  el  espíritu,  va  he  ju/.g'iido 
como  presente  a  aquel  que  así  se  por- 
tó. En  el  nombre  oe  nuestro  ¡Se&or  Je- 


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íNtíl 


sucristo,  conffreg'ados  vosotroa  y  mí 
espíritu,  con  la  potestad  de  nuestro 
Señor  Jesús,  aea  el  tal  entregado  á 
Satanás  para  mortificación  de  la  car- 
ne^ y  que  su  alma  sea  salva  en  el  día 
de  nuestro  Señor  Jesucristo  (San 
Pablo,  Bpittola primera  á  lot  coriníios, 
eapiíulo  y,  versículos  1  á  5.) 

6.  Calíeula  decía  públicamente  que 
su  madre  había  sido  fruto  del  incesto 
de  Augusto  con  su  hija  Julia.  (Sub- 
TONio,  Vida  de  Caligula.) 

7.  La  antigua  legislación  castiga- 
ba el  INCESTO  con  pena  de  muerte. 

Incestuosamente.  Adverbio  mo- 
dal. De  un  modo  incestuoso. 

ETiuoLoofi..  Incettuosa  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  catalán,  incetiuosa- 
ment;  francés,  inastueiuement;  italia- 
no, ineetíttotameníe. 

Incestuoso,  sa.  Adjetivo.  El  que 
comete  incesto,  y  lo  que  pertenece  á 
este  pecado.  Q  Historia  eclesiástica* 
Epíteto  de  unos  herejes  del  siglo  xi* 
los  cuales  creían  que  el  casamiento 
era  permitido  entre  parientes  de  cuar- 
to grado,  sin  embarazo  de  la  termi- 
nante  prohibición  de  U  Iglesia.  ¡  Me- 
táfora. Se  emplea  en  sentido  moral, 
como  cuando  se  dice:  ^uidii  incbs- 
TuosA,  deseo  incbstüoso. 

ExuioLoaÍA.  Incesto:  latín,  tncet- 
tuQtus  (en  QuiCHBRAT,  ÁddendaJ;  ita- 
liano, incestnoto;  francés,  incestueux; 
provenzal,  eiu€$tmói;  catalán,  incet- 
íuds,  a, 

Incicatnxable.  Adjetivo.  Que  no 
puede  cicatrizarse. 

Incidencia.  Femenino.  Lo  que  so- 
breviene en  el  discurso  de  algún  asun- 
to ó  negocio;  pr  así  se  dice:  el  suceso 
se  habría  verificado,  á  no  mediar  tal 
6  cual  tMCiDBKCiA.  |  Furente.  La  ocu- 
rrencia de  un  hecho  legal  accesorio  á 
la  materia  de  que  se  trata.  |  Física, 
Caída,  sobre  una  superficie  cualquie- 
ra, de  todo  cuerpo  sosceptihle  de  ser 
reflejado,  en  cujo  sentido  se  dice  que 
los  rajos  se  parten  en  el  punto  de  su 
INCID8NCU.  I  Angulo  db  incidencia. 
Angulo  bajo  el  cual  un  móvil  ó  un 
rayo  de  luz  encuentra  el  plano  en  que 
se  debe  reflejar;  j  así  se  dice  que  el 
ángulo  de  reflexión  es  igual  al  ángu- 
lo de  INCIDBNCIA.  I  También  se  llama 
así  el  ángulo  comprendido  entre  el 
rajo  que  cae  sobre  un  plano  j  la  per- 
pendicular tirada  sobre  el  plano  en  el 
punto  de  incidencia.  Q  Cfeonetría.  La 
caída  de  una  línea,  de  un  radio  ó  de 
un  cuerpo  sobre  otro;  esto  es,  inter- 
sección de  una  línea  con  otra  ó  con 
una  superficie.  |  PilotofU,  Proposi- 
ción accesoria  combinada  con  otra 
cosa  principal.  Q  Gramática»  Natura- 
leza de  una  oración  incidental.  ||  Náu' 
tica.  Inmersión. 

ETiuoLOaÍA..  Incidente:  catalán,  tn- 
cidéncia;  francés,  ineideucei  italiano, 
incidema. 

Incidental.  Adjetivo.  Incidente. 
[]  Accesorio,  propio  de  la  incidencia. 

ETiuoLOafA.  Incidente:  francés,  in- 
cidentel, 

Inddentalmentfl.  Adverbio  de 
modo.  Incidbntbuentb* 
Etiuolooía.  Incidental  j  el  sufijo 


adverbial  mente:  cntaMrv,incidentment, 

Incidentario,  ría.  Adjetivo.  Que 
produce  incidencia. 

ETiMOLoaÍA.  Incidente:  francés,  tn- 
cident'iire. 

Incidente.  Adjetivo.  Lo  que  so- 
breviene en  el  discurso  de  algún  asun- 
to ó  negocio.  Se  usa  más  comunmente 
como  sustantivo.  Q  Masculino.  Litera- 
tura. El  suceso  accesorio  que  sobre- 
viene en  el  curso  de  la  acción  princi- 
pal de  una  obra  dramática  6  de  un 
poema.  [|  Forense,  Cuestión  que  se 
presentad  arante  la  instrucción  de  una 
causa  ó  proceso,  la  cual  se  trata  en 
pieza  aparte,  ó  se  resuelve  con  la  ac- 
ción principal,  según  su  importancia 
y  trascendencia. 

ETiHOLOQÍA./nciWir:  latín,  incídens, 
incídentis;  italiano,  incidente;  francés 
y  catalán,  incident. 

Incidentemente.  Adverbio  de  mo- 
do. Por  incidencia. 

Etiuoloqía.  Incidente  y  el  sufijo 
adverbial  mente. 

Incidido,  da.  Participio  pasivo  de 
incidir. 

ETiuOLoaU.  Incidir:  catalán,  inci- 
dit,  da. 

Incidir.  Neutro.  Caer  ó  incurrir  en 

alguna  falta,  error,  extremo,  etc. 

Etimología.  Latín  incid"re,  caer 
en,  acaecer,  sobrevenir;  de  t»,  en, 
dentro,  sobre,  y  cadtre^  caer:  catalán, 
incidir.  La  i  breva  de  tntílé^  es  la  a 
breve  de  codo. 

Incienso.  Masculino.  Substancia 
que  se  extrae  de  varias  especies  de 
enebro,  siendo  la  mejor  la  que  crece 
en  las  plajras  del  mar  Rojo.  Es  trans- 
parente y  de  color  amarillo,  y  cuando 
se  quema,  despide  un  olor  fuerte  y 
agradable.  Se  llama  incienso  macho 
efque  el  árbol  arroja  de  sujo,  é  in- 
cienso üBiiBBA,  el  que  se  extrae  de  él 
artificialmente,  el  cual  es  menos  esti- 
mado. H  Metáfora.  Lisonja. 

Etimología.  Provenzal  encenst  en- 
sens,  enees,  eces:  francés  j  catalán,  en- 
cens;  portugués  é  italiano,  incensó,  del 
latiu  de  san  Jerónimo  incensum,  toda 
materia  quemada  en  sacrificio;  bol 
causto;  el  incienso;  forma  simétrica  ' 
de  incensus,  (Quemado;  participio  pasi- '. 
vo  de  incendire,  quemar.  I 

Inciente.  Adjetivo  anticuado.  El ' 
que  no  sabe.  | 

Etimología.  In  privativo  y  esciente. ' 

Inciertamente.  Adverbio  de  mo-  | 
do.  Con  iucertídumbre.  ; 

Etimología.  Incierta  y  el  sufijo  ad- 
verbial mente:  catalán,  incertament: ' 
francés,  inceríainement;  italiano,  incer- 
lamente;  latín,  incdríi,  en  Ennio.  i 

Incierto,  ta.  Adjetivo.  Lo  que  no  | 
es  cierto  ó  verdadero.  ||  Inconstante,  I 
no  seguro,  no  fijo.  Q  Desconocido,  no  I 
sabido,  ignorado.  ' 

ETiMOLOofA.  Jn  privativo  y  derla: 
latín,  incertus;  italiano,  incerto;  fran-  : 
cés,  incertain;  catalán,  incert,  a.  | 

Sinonimia.  Incierto,  dudoso.  —  Lo  , 
dudoso  supone  en  el  ánimo  indeciso 
razones,  motivos  ó  antecedentes,  que  [ 
inclinándole  igualmente  á  opiniones 
ó  acciones  diversas,  suspenden  su  re- ! 
solución.  Lo  incierto  supone  falta  de , 


aquellas  mismas  razones,  motivo!  ó 
antecedentes  que  constitujen  \o  dudo- 
so, la  cunl  deja  el  ánimo  sin  &cultad 
ó  luz  suficiente  para  fijar  su  resolu- 
ción ó  su  persuasión. 

Es  dudoso  el  partido  que  se  debe 
tomar  en  una  guerra  civil.  Es  incierta 
la  hora  de  nuestra  muerte.  (Huer- 
ta.) 

Incindente.  Adjetivo.  Incisivo  ó 
cortante. 

Etimología.  Incindir:  latín,  inct- 
dens,  incídentis,  cortante,  participio 
de  presente  de  incid're,  inciudir. 

Incindir.  Activo.  Cortar. 

Etimología.  Latín  incldére,  acor- 
tar, de  IB,  en,  dentro,  j  cadtre,  cor- 
tar, dividir. 

Incinerable.  Adjetivo.  Que  no 
puede  reducirse  á  ceniza. 

Incineración.  Femenino.  La  ac- 
ción j  efecto  de  reducir  una  cosa  á 
cenizas.  |¡  jlní^Oft/iu/M. Ceremonia  en 
que  se  reducía  á  ceniza  el  cuerpo  del 
difunto,  honor  que  se  le  tributaba,  en 
cujo  sentido  se  dice:  la  incineración 
de  los  eadáoeret,  \  (¿uimica.  Operación 
que  consiste  en  quemar  una  materia 
orgánica  que  contiene  partes  minera- 
les precisas,  á  fin  deobtenerlassepnra- 
das  bajo  la  forma  de  cenizas. (Littré.) 
\  Obtiénesegra'n cantidad deeseálcaU 
mineral,  llamado  sosa,  por  la  combus- 
tión j  la  incineración  de  las  plantas 
que  nacen  á  orillas  del  mar,  las  cua- 
les, como  es  consiguiente,  están  im- 
pregnadas de  sal  marina.  (Buppón, 
Mineralogía,  tomo  3.*,  página  SSl,) 

Etimología.  Incinerar:  provenzal, 
incineratio;  catalán,  indneraci4;  fran- 
cés, indnération;  italiano,  incinera- 
cionr. 

Incinerar.  Activo.  Qkímim.  Redu- 
cir una  cosa  &  cenizas,  en  cujo  senti- 
do se  dice:  incinerar  las  plantas  ma- 
rinas. 

BTiH0Loa¿A.  In,  en,  dentro,  y  el  la- 
tín cinis,  cinéris,  ceniza:  italiiino,  in- 
cinerare; francés,  incinérer;  proven/al, 
encendrar,  incinerar. 

Incipiente.  Adjetivo.  Lo  que  em- 
pieza. II  En?eruedad  INCIPIENTE.  Me- 
dicina. Enfermedad  que  aún  no  h;i 
desarrollado  todos  sus  síntomas,  pur 
cuja  razón  no  puede  fundarse  diagc— 
n  istico. 

Etimología.  Latín  incipíens,  inci- 
pientxSf  participio  de  presente  de  inci- 
pVí,  principiar:  i^Xmxío, incipiente, — 
Incipiente  é  inceptor  son  la  misma  pa- 
labra de  origen. 

Incipit.  Masculino.  Paledgrafia. 
Aplicase  á  los  vocablos  con  que  prin- 
cipia un  manuscrito. 

Etimología.  Latín  incip^ret  comen- 
zar: francés,  incipit. 

Reseña. — Incipít  es  la  tercera  per- 
sona, número  singular,  del  presente 
de  indicativo  de  dicho  verbo.  Quiere 
decir  literalmente  principia. 

Incircuncidabilidad.  Femenino. 
Cualidad  de  lo  incircuncidable.  (Ca- 
ballero.) 

Incircuncidable.  Adjetivo.  Inca- 
paz de  ser  circuncidado. 

Incircuncidado,  da.  Adjetivo.  No 
circuncidado. 


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iNCl 

Indlrcandsióii.  Femenino,  f^lta 

de  cireuncisión. 

ETiMOLOOfA,.  Incircunciso:  francés, 
incircuncision;  catalán,  incircu»citi<!. 

Incircunciso,  sa.  Adjetivo.  No 
circuncidado. 

Etiuoloo£a.  In  negativo  j  circunci- 
so: latín,  incircuncisui;  catalán,  incir- 
cuncís,  a;  francés,  inctrconcú;  italiano, 
incirconcito. 

Incircunscribible.  Adjetivo.  Que 
no  pnede  circunscribirse. 

ETnioLOGÍJL.  Jnáreunseñío:  italia- 
no, incircotcritUHU;  francés,  MCtr- 
con$cripUble. 

Incircunscripto,  ta.  AdjetíTo.  Lo 

aue  no  está  comprendido  dentro  de 
etenninadoa  limites. 
BtuoloqU.  /n  privativo  -j  circnnt- 
eripto:  latín,  incircUnscriptut  (en  Qoi- 
CHBRAT,  Addenda);  italiano,  incircot- 
crilto;  francés,  incirconscrií;  catalán, 
incirconscrit,  a. 

Ortografía. — La  ortografía  de  cie- 
cuN^CRiPTo  es  la  etimológica;  pero 
conviene  uniformar  nuestra  manera 
de  escribir:  ó  se  escribe  drcunscriío, 
por  ciBCUNSCBiPTO,  6  escripío,  por  es- 
crito. No  cabe  en  el  sistema  de  un 
idioma  adoptar  dos  ortografías  respec- 
to de  un  mismo  vocablo  etimológico. 
Es  de  esperar  qne  la  ilustre  Academia 

Sroveera  á  estas  dificultades,  fijando 
e  una  vez  nuestra  dudosa  ortografía. 
Incisión.  Femenino.  Cortadora  ó 
abertura  que  se  hace  con  instrumento 
cortante  en  algunos  cuerpos,  y  Ciru- 
gía. División  metódica  de  partes  blan- 
das con  instrumento  cortante.  Q  Anti- 
cuado. Poéticaé  Cbsuha. 

ETiMOurafA.  Inciso:  latín,  tscííío, 
e  >rtaaura,  forma  sustantiva  abstracta 
de  incitus,  cortado;  provenzal,  imñtió; 
maulan,  incisió;  feincés,  imion;  ita- 
liano, incisione» 

Incisivo,  Ta.  Adjetivo.  Lo  que  es 
apto  para  abrir  6  cortar.  \  Anatomía. 
DucNTES  iNCisiTOs.  Los  cuatro  dientes 
que  nacen  en  la  parte  anterior  de  cada 
mandíbula,  así  llamados,  porque  son 
los  instrumentos  cortantes  de  la  bocs. 
F  Medicina,  Mbdicahbntos  incisivos. 
Medicamentos  que  se  considersn  á 
prüpísito  para  atenuar  los  humores.  | 
Masculino  plural.  Los  incisivos  for- 
man uc  orden  de  atenuantes  más  ac- 
tivos que  los  simples  aperitivos,  pero 
menos  que  los  fundentes.  (Littoé.)  p 
Metáfora.  Agresivo,  mordaz,  en  cujro 
sentido  se  dice:  palabras  incisivas; 
discurto  INCISIVO. 

BtiuolooÍa.  Inciso:  catalán,  tncisiu, 
ra:  francés,  incisif;  italiano,  incisivo. 

ñesiña. — La  Medicina  antigua  ha- 
bla de  dos  seríes  de  medicamentos: 
■ttractivos  é  incisivos.  (Historia  de 
Mondeville,  folio  ii4,  siglo  xvi.) 

Inciso,  lusculino.  Órtcgrafia,  Co- 
UA.  B  Gramática,  El  senticCo  parcial  de 
un  período  que  se  anuncia  en  pocas 
palabras.  ¡  Adjetivo.  Go&taco. 

BrufOLoaÍA.  Latín  ineisuint  coma, 
la  menor  parte  del  período  simétrico, 
de  inéisus,  cortado,  participio  pasivo 
de  incidiré^  dividir;  de  in,  en,  dentro, 
j  cadtre,  cortar:  italiano,  inciso;  fran- 1 
cés,  incise;  catalán,  inciso,  \ 


iNCl 

tnoisorio,  ria.  Adjetivo.  Lo  que 
corta  ó  puede  cortar.  Se  dice  comun- 
mente de  los  instrumentos  de  cirugía. 

Etimoloqía.  Inciso. 

Incísura.  Femenino.  Cortadura  en 
un  hueso.  (Oabal'.bbo.)  ||  Historia  «a- 
tural.  Nombre  dado  á  los  resortes  de 
ciertos  órganos,  ora  sean  regulares, 
ora  irregulares. 

Etiuolooía.  Inciso:  latín  imíisura, 
cortadura,  en  Oolumela;  poda  de  los 
árboles;  líneas  6  rayos  que  se  señalan 
en  la  palma  de  la  mano;  ras^s,  tra- 
zos, divisiones,  en  Plinio:  italiano, 
inciswra;  francés,  inciswe» 

Incitabilidad.  Femenino.  Cuali- 
dad j  estado  de  las  cosas  incitables.  | 
Fisioloffia.  Facultad  ^ue  tienen  los 
cuerpos  vivos  de  sentir  la  acción  de 
los  estimulantes. 

Etimolooía.  Inetíable:  francés,  tnei- 
tahilité. 

Incitable.  Adjetivo.  Fisiología. 
Que  puede  incitar  ó  ser  incitado. 
EriuoLOofA.  Incitar:  latín  de  las 

f 'losas,  inc-^tabílis;  italiano,  incitabiU; 
ranees,  incitable. 

Incitación.  Femenino.  Accit5n  6 
efecto  de  incitar.  ||  uotbiz.  Fisiología. 
La  acción  nerviosa  que  produce  la 
contracción  de  los  músculos  por  la 
mediación  de  los  nervios  de  movi- 
miento. II  Medicina,  La  acción  de  au- 
mentar la  vitalidad  j  el  resultado  de 
aquella  acción.  (LiTTSá.) 

Etiuología.  Incitar:  latín  incitáño 
é  inci^mentnm,  vehemencia,  ímpetu, 
movimiento  pronto;  italiano,  incitazio- 
ne,  incitamento;  francés,  inciíation,  i»- 
citment;  catalán,  inciíament. 

Incitadamente.  Adverbio  modal. 
De  un  modo  incitado, 

ETiHOLoofA.  Incitada  y  el  sufijo  ad- 
verbial mente. 

Incitado,  da.  Participio  pasivo  de 
incitar. 

Etimoldoía.  Latín  incítStus,  parti- 
cipio pasivo  de  incitare:  catalán,  inci- 
táis da;  francos,  incité;  italiano,  tnct- 
tato. 

Incitador,  ra.  Sustantivo  j  adje- 
tivo. Que  incita. 

BTiuoLOOÍA./aater:  latín,  incttátor^ 
incítatrix;  italiano,  indtatore;  firancés, 
incitateur;  catalán,  incitudor. 

Incitamento.  Masculino.  Lo  que 
incita  á  alguna  cosa. 

Incitamiento.  Masculino.  Instiga- 
ción ó  excitación. 

Incitar.  Activo.  Mover  6  estimular 
á  alguno  para  que  ejecute  alguna 
cosa. 

Etimología,  Latín  ctere^  mover;  ci- 
tare, mover  frecuentemente;  indure, 
( in  citare),  apresurar,  mover  con  ímpe- 
tu: italiano,  incitare;  francés,  inciíer; 
catalán,  incitar. 

Sentido  etimoiígieo. — El  verbo  del 
artículo  se  toma  en  mala  parte  las 
más  de  las  veces,  jr  este  sentido  des- 
pectivo viene  de  su  origen,  porque 
quien  incita,  atropella.  La  virtud  nos 
exhorta,  la  fe  nos  alienta,  el  amor  nos 
impulsa,  la  pasión  nos  incita.  ¡Cuán- 
tos no  han  sido  los  escogidos,  por  ha- 
ber sido  los  incitados! 

Incitativa.  Femenino,  Forense»  La 


.ÍNCL  45 

provisión  que  despacha  el  tríbanal  su- 

Serior  para  que  los  jueces  ordinarios 
agan  justicia  j  no  agravio  a  las 
partes. 
ETncoLoofA.  Inciíatito. 
Incitativo,  va.  Adjetivo,  Lo  que 
incita  ó  tiene  virtud  de  incitar.  Ss  usa 
también  como  sustantivo.  |  Furente, 

AOUIJATOBIO. 

Etimología.  Incitar:  italiano,  inci- 
tativo; provenzal,  incitatin;  catalán, 
incifatiu,  va. 

Incivil.  Adjetivo.  Falto  de  civili- 
dad j  cultura. 

EnuoLoaÍA.  /«  privativo  y  civil: 
latín,  indit^liSf  soberbio,  arrogante, 
cruel,  en  Gelio;  injusto,  en  el  Diges- 
lo;  italiano,  inciviie;  francés  j  cata- 
lán, incivil. 

Incivilidad.  Femenino.  Falta  de 
urbanidad.  ||  Hecho  ó  dicho  grosero. 

ETiuOLoaÍA.  Incivil:  latín,  tncivW- 
tas,  crueldad,  insolencia,  rustiquez; 
italiano,  incivilita;  francés,  indvtlií  ; 
catalán,  inciviliíat, 

Incivilización.  Femenino.  Falta 
de  civilizaciÓD. 

Incivilizado,  da.  Adjetivo.  Falto 
de  civilización. 

Incivilizador,  ra.  Sustantivo  j 
adjetivo.  Que  ínciviliza.(CA6ALLBao.> 

Ittcívilizar.  Activo.  Hacer  perder 
la  civilizaciin.  (CASALLsao.) 

Incivilmente.  Adverbio  de  modo. 
De  una  manera  incivil. 

EtiholooÍa.  Indvilj  el  sufijo  ad- 
verbial mente;  italiano,  incivilmente; 
francés,  incidlement;  hitín,  inctvilíter, 
violentamente,  en  Suetonio;  con  orgu- 
llo, en  Horacio;  injustamente,  en  el 
Digeslo. 

incivismo.  Usscnlino.  Falta  de  ci- 
vismo. 

Etimología.  Incivil:  fhincés,  ind- 
visme, 

Indán  (Juan  Miguel  db).  Arqui- 
tecto español,  que  nació  en  1774.  Sus 
obras  más  notables  son:  la  fachada  do 
San  Juan,  de  Burgos;  Santa  María, 
de  SigQenza;  cárcel  y  cementerio  de 
Antequera,  j  retablo  mayor»  mesa  jr 
tabernáculo  de  la  catedral  de  Badajoz, 
Además  de  esto  escribió  unos  Apuntes 
para  la  historia  de  la  arquitectura, 

Inclarificado,  da.  Adjetivo.  No 
clarificado. 

Inclasificable.  Adjetivo.  Que  no 
puede  clasificarse. 

Etiuología.  In  privativo  y  dasifi- 
cable:  francés,  indassable. 

Inclasificado,  da.  Adjetivo.  Sin 
clasificar. 

Inclemencia.  Femenino.  Falta  de 
clemencia.  ||  Metáfora.  Uígor  de  la  es- 
tación,especialmente  en  el  invierno.  | 
A  LA  incleubncia.  Mi)do  adverbial. 
Al  descubierto,  sin  abrigo. 

EtuíolooÍa.  Incl'-mente:  latín,  inclh 
mentía,  rigor,  crueldad;  italiano,  in- 
clemenza;  irancés,  incle'mence;  catalán, 
incleménda. 

Inclemente.  Adjetivo.  Falto  de 
clemencia. 

Etimología.  In  privativo  j  clemen- 
te: latín,  ••tcliinens,  inclemenlts:  italia- 
no, inclemente;  provenzal,  catalán  y 
francés,  indemfnt. 


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46  INCL 


INCL 


INCL 


Inclinación.  Femenino.  Fitiolo- 
gia.  Instinto  propio  del  natural  de 
cada  uno,  resultado  inmediato  del 
temperamento,  modificado  por  la  edu- 
cación, por  el  trato,  por  las  costum- 
bres, lün  este  sentido  sa  dice:  «Fulano 
tiene  buenas  ó  malas  inci.inacionbs;» 
«los  padres  deben  estudiar  con  sumo 
cuidado  las  inclinaciones  de  sus  hi- 
jos.» I  La  acción  y  efecto  de  inclinar 
é  inclinarse.  ||  La  reverencia  que  se 
hace  con  la  cabeza  ó  cuerpo,  en  testi- 
monio de  veneración  ó  de  cortesía.  | 
Metáfora.  Afecto,  amor,  propensión  i 
alguna  cosa;  en  cujo  sentido  se  dice: 
«nuestra  inclinación  por  el  teatro, 
por  la  pintura,  por  tal  o  cual  mujer.» 
I  Geometría.  La  relación  de  oblicui- 
dad; y  asi  se  dice:  ángulo  de  incU' 

NACIÓN,  ó  la  INCLINACIÓN  dt  dot  plo- 

noi,  dispuestos  el  uno  sobre  el  otro.  | 
Aiíronomía.  Angulo  que  forma  con  la 
eclíptica  el  plano  de  la  órbita  de  un 
planeta,  en  cuto  sentido  se  dice:  la 
INCLINACIÓN  del  eje  de  la  tierra  sobre 
la  eclíptica.  |  Inclinación  ds  la  agu- 
ja lUANTADA.  Física.  Augulo  que  for- 
ma con  el  horizonte  una  aguja  que 

Suede  moverse  libremente  al  rededor 
e  su  centro  de  gravedad  en  el  plano 
vertical  del  meridiano  magnético.  || 
í3bújdla  de  inclinación;  instrumento 

3ue  sirve  para  medir  la  incunacióh 
e  la  aguja  imantada.  La  brújala  ho- 
rizontal indica  la  dirección  con  sus  de- 
clinaciones; mientras  que  la  brújula 
vertical  pone  de  manÍ6esto  la  incli- 
nación de  la  aguja.  Esta  inclinación 
''ambia  frecuentemente  más  que  la  de- 
clinación, según  los  lugares;  pero  es 
más  constante  en  cuanto  se  refiere  á 
los  tiempos.  (Buppón,  Mineralogía,  to- 
mo 9.',  piíginatSl . )  |]  Inclinación  del 
bacinete.  Anatomía.  £1  ángulo  que 
esta  caja  huesosa  forma  con  el  plano 
horizontal  en  que  se  le  sitúa.  ||  Incli- 
nación DB  LA  TOBERA.  Mineralogía. 
Angulo  que  forma  con  el  horizonte 
hundiéndose  en  el  foco. 

BruiOLOOfA.  Inclinar:  latín,  incti- 
fM<Io,  mutación,  conversión;  forma 
sustantiva  abstracta  de  tnclAnatus,  in- 
clinado; italiano,  inelínattone;  francés, 
inrlinaison;  catalán,  inclinad^. 

Sinonimia.  Artículo  primero. — In- 
clinación, PROPENSIÓN.  La  inclinación 
nosarrastra:  la  propensión  nos  expone, 
Aqu  tla  es  puramente  moral:  ésta  es 
moral  v  física.  En  la  inclinado'»  tiene 
muclia  parte  la  voluntad:  no  así  en  la 
propensión,  que  es  toda  de  la  naturale- 
za, y  por  esta  razón  se  dice  que  debe- 
mos curre j^tr  nuestrns  malas  inclinado- 
1U8,  y  no  nuestras  malas  propensiones. 

Un  muchacho  sale  mal  inclinado  y 
nn  raid  propenso.  Por  el  contrario,  de- 
cimos: soj  muj  propenso  al  llanto,  al 
temor,  á  la  cólera. — Fulano  es  muy 
propenso  á  constiparse,  á  la  tos,  á  la 
jaqueca.  En  estos  ejemplos  se  nota  in- 
medi:itamente  que  la  voluntad  no  tie- 
ne parto  alguna. 

La  inclin  ición  sup  >ne  cierto  gusto, 
cierta  preferencia,  y  por  eso  se  em- 
plea esta  palabra  para  denotar  el  pri- 
mer grado  de  amor,  ó  como  sinónimo 
d«  ftfecto.  (Conde  ds  Lk  CoaTi.VA.) 
1 


Articulo  segundo.  —  Inclinación, 
phopen-i3n,  vocación,  gusto.  Incli- 
nación. Decimos:  Juan  ama  á  Matilde. 
Tiene  esa  inclinación.  Antonio  se  incli- 
na i,  \&  jurisprudencia,  á  la  milicia,  i 
las  artes,  al  comercio,  á  las  matemá- 
ticas. 

No  puede  decirse:  Juan  tiene  la^iro- 
pensión,  la  vocadht  á  el  gusto  de  amar 
á  Matilde.  Ni  diríamos  con  igual  pro- 

fiiedad:  Antonio  tiene  la  propensión, 
a  vocación  ó  e\  gusto  del  comercio,  de 
la  jurisprudencia,  de  las  matemáticas. 
La  inclinaeiiín  consiste  en  afectos. 
Propensión.  De  una  persona  que  pa- 
dece frecuentemente  de  erisipela,  de 
calenturas,  ó  que  se  vuelve  tísica,  so- 
lemos decir  que  é9  propensa  á  la  erisi- 
pela, á  las  calenturas,  á  la  tisis. 

No  podría  decirse  que  tiene  la  incli^ 
nación,  1  l  vocación  ó  el  gusto  de  pade- 
cer la  tisis,  las  calenturas  ó  la  erisi- 
pela. 

ün  joven  tiene  la  costumbre  de  hur- 
tar. Su  madre  díce  que  desde  niño  ti&- 
ne  esa  propensión. 

No  sería  tan  propia  la  palabra  in- 
címaciVn,  porque  no  se  trata  de  un 
sentimiento,  sino  de  un  vicio,  j  fue- 
ra inadmisible  el  empleo  de  las  pala- 
bras voeaciin  y  gusto. 

De  modo,  que  cuando  la  ÍMli%ación 
es  viciosa,  cuando  consiste  en  una  de- : 
bilidad  de  temperamento  ó  de  carác- 
ter, se  llama  propensiin. 

Vocación.  En  esta  palabra  haj  un 
espíritu  religioso  que  no  conviene  á 
ninguna  de  las  otras  palabras  de  este 
artículo.  Se  distingue  además  en  que 
nú  se  refiere  nunca  á  la  persona,  sino 
al  estado,  por  cuja  razón  no  tiene 
verbo  ni  adjetivo,  mientras  que  los 
nombres  restantes  tienen  adjetivo  ó 
participio  ^  verbo. 

Inclinaron  tiene  inclinar,  incli- 
nado. 

Propensión,  propender,  propenso. 

Gusto,  gustar,  gustoso. 

Vocadón  de  fraile,  de  cura,  de  mon- 
ja, de  cenobita.  No  tiene  vocación  de 
casado.  Esto  quiere  decir  que  haj  en 
el  individuo  cierta  concentración  de 
sentimiento,  cierto  espíritu  religioso, 
que  lo  aleja  de  la  vida  matrimunial. 

Gusto.  En  gusto  entra  la  fantasía,  la 
belleza.  «Tiene  un  gusto  exquisito  en 
vestir,  en  elegir  colores;  tiene  un  ex- 
celente gmío  crítico.»  «El  arte  ha  es- 
tablecido las  reglas  del  buen  gusto.'» 

Nada  más  co.itrario  al  sentido  de 
nuestra  lengua  que  decir:  tiene  una 
exquisita  vocadón,  inelinadónópropen- 
sión  críiica. 

De  lo  dicho  puede  deducirse  que  la 
inclinación  s:  refiere  á  las  emociones. 

La  propensión,  al  organismo  j  i  la 
conciencia. 

La  tocación,  al  estado  religioso. 

El  gusto,  i  ta  imaginación. 

Por  lo  tanto,  la  inclinación  es  afec- 
tiva. 

La  propensión,  orgánica  y  moral. 
La  vocación,  asodtica. 
El  gusto,  artístico. 
Di  -ho  de  otro  modo:  la  inetinación 
nos  lleva. 
La  p¡-opensión  nos  vence,  | 


La  vocación  nos  llama. 

El  gusto  nos  atrae. 

Inclinadamente,  Adverbio  de  mo* 
do.  Con  inclinación. 

ETiMOLoaf  A.  Inclinada  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  catalán,  inclinada- 
nent;  italiano,  inclinantemeníe. 

Inclinadísimo,  ma.  Adjetivo  su- 
perlativo de  inclinado. 

Etiuolooía.  Inclinado:  catalán,  tn- 
elinadlssim,  a. 

Inclinado,  da.  Participio  pasivo 
de  inclinar,  g  Adjetivo.  Afecto,  pro- 
penso, I  BtBN  ó  UAL  inclinado.  De 
buena  6  mala  índole. 

Etiuolosía.  Latín  ineUnSíuM,  par- 
ticipio pasivo  da  inetfnSref  inclinar: 
catalán,  inclinat,  da;  francés,  incline'; 
italiano,  inclinaío. 

Inclinador,  ra.  Masculino  j  feme- 
nino. £1  que  inclina. 

EriMOLOofA.  Inclinar:  italiano,  íh- 
clinatore. 

Inclinante.  Participio  activo  de 
inclinar.  El  ó  lo  que  inclina  ó  se  in- 
clina. 

Inclinar.  Activo.  Torcer  un  poco 
hacia  abajo  alguna  cosa.  Se  usa  tam- 
bién como  recíproco.  ||  Declinar  ó 
apartar  hacia  un  lado.  Q  Metáfora. 
Persuadir  á  alguno  á  que  haga  ó  diga 
lo  que  dudaba  hacer  ó  decir.  Q  Neu- 
tro, Parecerse  ó  asemejarse  alg&n 
tanto  un  objeto  á  otro.  Se  usa  también 
como  recíproco.  ||  Itecíprocj.  Ten<ir 
propensión  natural  á  alguna  cosa. 

Etimología.  Latía  inclinare,  doblar- 
se; de  m,  en,  y  diñare,  inclinarse:  ca- 
talán, inclinar,  inclinarse;  francés,  in- 
cliner;  italiano,  inclinare.  El  latín  di- 
ñare tiene  varias  formas  enlasU-ngua.<; 
romanas:  ginebrino,c¿fWr;provenzal, 
diñar;  francés,  eligner;  italiano,  chi- 
nare. 

Indinarse.  Recíproco.  Tomar  l.i 
posición  oblicua.  II  Bajar  la  cabeza  (i 
el  cuerpo  hacia  abajo.  Q  Desviarse  i'. 

un  lado. 

Inclinativo,  va.  Adjetivo,  Lo  que 
inclina  ó  puede  inclinar. 

Etimología.  Indintr:  latín,  incUnü- 
(Ivus;  italiano,  inclinativo;  catalán,  i*- 

clinatiu,  va. 

Inclito,  ta.  Adjetivo.  Ilustre,  es- 
clarecido, afamado. 

Etimología.  Latín  tnclííus,  forma 
incorrecta,  é  inclytas,  del  prefijo  in- 
tensivo íny  del  griego  T^Mi6^(klgtós), 
excelso,  famoso,  ilustre:  italiano,  rn- 
dito;  catalán,  índil,  a. 

Sentido  etimológico. — 1.  El  grieg  » 
kltftós  representa  una  forma  de  Aíi^d 
(xX-jdü),  oir,  de  donde  nace  el  latín 
elaere,  oirse  nombrar,  tener  fama. 

2.  Por  consiguiente,  la  significa- 
ción etimológica  dif  í>iclito,  es  famo- 
so; de  cuyo  sentido  debemos  partir 

{tara  no  confundirlo  con  las  voces  ans- 
onis. 

Incluimiento.  Uasculino,  Inclu- 
sión. 

Incluir.  Activo.  Poner  una  cosa 
dentro  de  otra  ó  dentro  de  sus  lími- 
tes, [|  Contener  una  cosaáotra.  ||  Com- 
prender un  número  menor  en  otro 
mayor,  ó  una  parte  en  su  todo. 

Étiuolooía.  Latín  eUds,  llave; 


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INGO 

cbs£Vr,  cerrar;  incMere(in  elandért, 
cerrar  en),  contener:  cataláui  inclvu- 
rer;  tencés,  inelwre;  italiano,  inchiu- 
dffe.  La  w  larg'a  de  indítd^re  es  la  a 
larga  de  clacis,  cuya  identidad  de  pro- 
sodia prueba  la  identidad  de  origen; 
lunque  no  faltará  quien  se  asombre, 
viendo  que  damos  al  acento  ana  cien- 
cia tan  grande. 

Inclusa.  Femenino.  La  casa  en 
donde  se  reeogen  y  crían  los  ni&os 
expósitos.  Q  Anticuado.  Esclusa. 

EnMOLOofA.  No  obstante  la  aparen- 
te etimología  de  incluir  á  del  latín 
dátiJere,  esta  voz  no  es  más  que  una 
cormpción  de  Fnkuitifn,  ciudad  de 
Holanda,  de  la  cual  trajo  un  soldado 
español  una  imagen  de  Nuestra  Seño- 
ra, que  se  colocó  j  se  Teñera  todavía 
en  la  capilla  de  la  casa  de  niños  expó- 
sitos de  Madrid.  De  esta  corrupción 
salió,  7  ha  quedado,  el  nombre  vulgar 
deIncluM.  (Monlau.) 

Inclusero,  ra.  Adjetivo  que  se 
aplica  á  los  que  se  criaron  en  la  in- 
clusa. 

IndusUla.  Femeninoanticuadodi- 
mioutivo  de  inclusa. 

Inclusión.  Femenino.  La  acción  j 
efecto  de  incluir.  ^  Conexión  ó  amis- 
tad de  una  persona  con  otra. 

BnuoLOQÍA.  Latín  inclUsio,  la  ac- 
ción de  encerrar;  forma  sustantiva 
abstraeta  de  íimISsiUm  incluso:  catalán, 
ineluti^;  francés,  «úliutm;  italiano, 
imebttione. 

IndoEÍTamente,  Adverbio  de  mo- 
do. Con  iiiclusijti. 

Etiuolggía.  Juclutiva  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  catalán,  inclusica- 
mení;  francés,  inclusivemeat;  italiano, 

InclnsÍTe.  Adverbio  de  modo  pu- 
ramente latino.  Inclusivambntb. 

Etiuolooía.  Inclusito:  latín,  t»c¿H- 
tivi;  catalán,  inclusive. 

InclosiTO,  va.  Adjetivo.  Lo  que 
inclujre  ó  tiene  virtud  j  capacidad 
para  incluir  alguna  cosa. 

Etimoloqía.  Incluir:  catalán,  «»c¿»- 
*ÍM,  m;  francés,  inclutif;  italiano,  <«- 
clntito. 

Indnio,  M.  Participio  pasivo  ins* 
guiar  de  incluir.  Sólo  tiene  uso  como 
adjetivo. 

BruiOtoaÍA.  Latín  inclütutt  conte- 
nido, encerrado;  participio  pasivo  de 
inelid^re^  incluir:  francés  y  proven- 
zal,  incluí;  italiano,  incluso* 

Indavente.  Participio  activo  de 
incluir.  Lo  que  incluye. 

Incoación.  Femenino.  Acción  de 
incoar, 

BnuoLOOÍA.  Incoar:  latín, mcAosíIío, 
fonoa  sustantiva  abstracta  de  mcAoS- 
Au,  incoado. 

Incoado,  da.  Fkrticipio  pasivo  de 
incoar. 

SrmoLoaÍA.  Latín  ineAoStui,  empe- 
udo,  no  concluido,  imperfecto;  parti- 
cipio pasivo  de  incAoSre,  principiar: 
italiano,  ineoaío. 

Incoagulable.  Adjetivo.  Lo  que 
o  1  puede  ser  coagulado. 

BnifOLOofA.  In  privativo  y  coagw- 
laHe:  iVaiicéí,  incoagulable. 

Incoar.  Activo,  Comenzar  alguna 


INGO 

cosa.  I  VN  BXPBDiBMTB.  Administra' 

ción.  Principiar  ¿instruirlo,  ||  onpro- 
CB30,  UNA  ACCIÓN.  Forense.  Entablar 
los  procedimientos  oportunos. 

ETiHOLoaÍA.  Griego  yon'*  (choein), 
hacer  un  hoyo,  ahondar:  latín  anti- 
guo, ckoare,  pisar  la  tierra,  afirmarla, 
para  levantar  una  construcción;  latín 
clásico,  inckoare. 

Sentido  etimológico. — 1.  El  latín  in- 
ckoare significa:  «echar  en  el  molde 
el  metal  Fundido  para  hacer  una  esta- 
tua;» y  por  extensión:  cechar  los  ci- 
mientos, poner  las  bases  de  una  cosa, 
comenzar.» 

2.  Los  eruditos  De  Miguel  y  Mo- 
rante dicen  que  el  verbo  latino  se  com- 
pone de  in  y  wArm,  caos,  lo  cual  es 
un  error  claro  y  patente,  bajo  el  do- 
ble concepto  de  forma  y  de  sentido. 
El  latín  tnchoare  es  el  antiguo  choare, 
forma  literal  del  grieeo  ckóein* 

Incoativo,  va.  Adjetivo.  Lo  que 
explica  ó  denota  el  principio  de  al- 
guna cosa,  6  la  acción  de  principiar. 
\  Vbebos  INCOATIVOS.  Gramática.  Ver- 
bos que  designan  el  principio  de  al- 
guna acción,  ó  el  pasaje  de  un  estado 
a  otro,  como  marchar,  morir.  \  Los 
verbos  llamados  auxiliares  (ser,  estar, 
haber)  no  pueden  ser  incoativos,  pues- 
to que  expresan  la  existencia  y  la  si- 
tuación de  un  modo  absoluto.  \  El  ca- 
rácter del  verbo  incoativo  consiste  en 
que  ha  de  derivarse  de  un  adjetivo, 
como  resplandecer,  principiar  á  ser 
reblandeciente;  agrandar,  principiar  á 
ser^rant/«;enrojecerse, principiar  á  ser 
ro/o; blanquear, principiar  á  ser  blanco. 

Etimología.  Latín  tnckoafivus,  una 
de  las  especies  de  verbas  que  significa 
el  principio  de  una  acción,  forma  ad- 
jetiva de  inckoare,  prÍncipíar(CAPBLA): 
catalán,  incoaliu,  ta;  francés,  incoka- 
tifi  italiano,  iiwokalivo. 

Incobrable.  Adjetivo.  Lo  que  no 
se  puede  cobrar  ó. es  muy  difícil  de 
cobrarse. 

Etiuolgoía.  In  privativo  y  cobra- 
ble: catalán,  incobrable, 

InooercibUidad.  Femenino,  Fisi- 
M.  Falta  de  coercibilidad.  \  Condi- 
ción y  estado  de  lo  incoercible. 

EriHOLoofA,  Incoercible:  francés, 
incoercibilité;  italiano,  incoercibilita. 

Incoercible.  Adjetivo.  Física.  No 
coercible.  |]  FujiDOsiNCOERcXBLEs.Las 
causas  del  calor,  de  la  luz,  de  la  elec- 
tricidad, del  magnetismo,  las  cuales 
no  pueden  contenerse  en  un  espacio 
dado,  sea  el  que  fuere.  ||  Metáfora.  Se 
aplica  á  los  hechos  de  la  vida  interior, 
aludiendo  á  que  no  pueden  retenerse 
ni  sujetarse.  En  este  sentido  decimos 
que  el  pensamiento  esiNCOBRCiBi,B.  j¡ 
También  empleamos  la  voz  del  artícu- 
lo para  dar  idea  de  ciertos  caracteres 
indómitos,  como  cuando  decimos:  es 
im  espíritu  incoebcislb,  para  signifi- 
car ^ue  es  un  hombre  que  no  admite 
ni  termino  ni  valla. 

ETlMOLoaÍA.  /«  privativo  j  Mírci" 
ble:  frahcés,  incoercible. 

Incogitado,  da.  Adjetivo  anticua- 
do. Impensado, 

Etimología.  In  privativo  y  cogita- 
do: catalán,  incogiiat,  da. 


INCO 


47 


Incógnita.  Femenino.  Maímiti^ 
eos.  El  término  desconocido  de  una 
ecuación  ó  problema.  ¡  Metáfora.  La 
causa  ó  razón  de  algún  hecho  que  se 
examina.  Así  se  dice:  despejar  la  in- 
cógnita de  la  conducta  de  Fulano,  de 
la  pretensión,  de  la  tristeza  ó  de  los 
actos  de  Zutano, 
Etimología.  Incógnito. 
Incógnito,  ta.  Adjetivo.  Lo  que 
no  es  conocido.  Q  Db  incógnito.  Modo 
adverbial  de  que  se  usa  para  signifi- 
car que  alguna  persona  constituida  en 
dignidad  quiere  tenerse  por  descono- 
cida, y  que  no  se  la  trate  con  las  ce- 
remonias ^  etiqueta  que  corresponden 
á  su  dignidad:  así  se  dice  que  el  em- 

f arador  José  II  viajó  de  incógnito  por 
talia. 

Etu«X.ooía.  Latín  incognítus,  no 
averiguado,  en  Cicerón;  no  visto,  en 
VirgUio;  de  in  privativo  y  cognttus, 
participio  pasivo  de  cognosctre,  cono- 
cer: italiano  y  francés,  incógnito;  cata- 
lán, inc4gnit,  a. 

Incognoscible.  Adjetivo  anticua- 
do. Lo  que  no  se  puede  conocer  ó  es 
muy  difícil  de  conocerse. 

Etimología.  Latín  incognoscihílis 
(en  QoiCHBRAT,  Áddendajt  forma  de 
in  privativo  y  et^noseÜre,  conocer:  fran- 
cés, inec^noscibie, 

bicoherencia.  Femenino.  Inco- 
nexión, despropósito.  |  Desconformi- 
dad, falta  oÍb  conveniencia  ó  relación 
entre  dos  cosas.  |  Incohbbbncia  bn 
LAS  IDBAS.  Medicina.  Estado  mental 
síntomáticode  algunos  envenenamien- 
tos y  de  ciertas  embriagueces,  en  que 
el  enfermo  dice  lo  que  cree  ver  y  oir. 
Este  estado  tiene  por  causa  la  excesi- 
va movilidad  de  las  ideas  y  alucina- 
ciones, la  cual  hace  que  las  figuras  que 
seofrecen  ála  imaginación  del  enfermo 
cambien  sin  cesar  de  una  manera  ver- 
ti^nosa. 

Etimología.  Incoherente:  italiano, 
iñcoerema;  francés,  incokérence. 

Incoherente.  Adjetivo.  Inconbxo. 
l  Física.  Que  no  tiene  coherencia,  en 
cuyo  sentido  se  dice  que  las  partes 
del  agua  son  incohbbbntbs,  de  donde 
:  resulta  su  fluidez,  porque,  si  fueran 
coherentes,  constituirían  una  masa 
sólida.  |]  Capas  incouesiíntes.  Geolo- 
yía. Capas  cuyas  substancias  constitu- 
tivas no  tienen  cohesión  alguna  entre 
sí.  I  Metáforas  incoherentes.  Retó- 
rica. Metáforas  en  que  hay  dos  imágtí- 
iies  que  se  contradicen,  como  sí  dijé- 
ramos, hablando  de  Homero,  que  era 
un  astro  que  se  desbordaba,  lo  cual  es 
tan  absurdo  como  decir  que  era  un  to* 
rrenle  gue  te  encendía.  Ni  el  torrente  se 
euciende,  ni  el  sstro  se  desborda,  j 
ambos  casos  pueden  servir  de  ejem- 
plos en  punto  a  metáforas  incoheren- 
tes. 

Etimoloqía,  I»  privativo  y  coheren- 
íi':  latín,  incoherens,  incokerentis;  ita- 
liano, incoerente;  francés,  incohtrent. 

Incohesión.  Femenino.  Física.  Ca- 
rencia de  cohesión. 

Etimología.  In  privativo  y  cohe- 
sión: francés,  incohesión. 

Incola.  Masculino.  El  morador  ó 
habitante  de  algún  pueblo  ó  lugar. 


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48  INCO 


INCO 


INCO 


Etiuolooía.  Latfn  inclSla,  íiahlthn^ 
te,  en  Cicerún;  indígena,  en  Horacio 
y  Plinio;  forma  de  incaleré,  habitar; 
in,  en,  T  colare,  estar  de  asiento. 

Incoloro,  ra.  Adjetivo.  Se  aplica 
al  agua  pura,  al  cristal  y  á  las  otras 
substancias  que  carecen  de  color. 

EtiholooÍa.  Latín  ineitlor  f&lotat 
de  FiLoxKxo):  francés,  ineolwé. 

Reteña. — La  san^pre  del  pollo  es  al 
principio  un  licor  incoloro;  después 
se  pone  blanquecina;  luego»  amari- 
llenta; líltimamente,  roja.  (Bonnbt, 
Leit.  div.y  tomo  XII,  16,) 

Incólume.  Adjetivo.  Saludable, 
sin  lesión  ni  menoscabo. 

Etiuolooíá.  Latín  incSUmis,  sano, 
salvo,  entero;  de  ift,  en,  y  ehlümis, 
salvo,  libre,  en  Planto;  forma  adjetiva 
de  cdlumen,  el  techo  de  un  edificio: 
italiano,  incólume. 

Incolumidad.  Femenino.  Salud, 
conservación  de  alguna  cosa.  Se  em- 
plea en  sentido  moral,  como  cuando 
se  dice:  la  incoluuidad  de  la  virtud. 

Etimología.  Incólume:  latín,  incolü- 
mitas,  conservación,  sanidad,  buen  es* 
tado,  forma  sustantiva  abstracta  de 
iitcdlSmis,  incólume. 

Incombinable.  Adjetivo.  Que  no 
se  puede  combinar. 

Incombustibilidad.  Femenino. 
Cualidad  de  lo  incombustible,  como 
el  amianto. 

Etiuolooíá.  Incombustible:  catalán , 
incomousíitfiliíat;  francés,  incombusti- 
hilité;  italiano,  inc(m6usíi''iliíi. 

Incombustible.  Adjetivo.  Lo  que 
no  se  puede  quemar.  ||  Houbrbs  in- 
COUBUSTiBLBS.  Antigüedades.  Nombre 
que  se  daba  á  cíerios  farsantes  que 
recorrían  la  Europa,  durante  la  Eind 
media,  los  cuales  hacían  pruebas  de 
inoombustibiliilad  por  medio  de  enga* 
'ios  j  trapacerí.is.  Estas  trapacerías 
dieron  origen  ¿  las  voces  embuste^  em- 
'U'fe  o. 

EruiOLOofA.  In  privativo  y  combus- 

ti  •  :  CiiAi.-ü,  incombustible;  francés, 
1  ombustiile;  italiano,  inco,a'msl'ibÍle. 

Incom'DUSto,  t«.  Adjetivo  auti- 
-uadn.  1^0  que  no  se  ha  quemado. 

EtiudlogIa.  Incombustible. 

AUijumerciable.  Adjetivo.  Aquello 
-  i\  lo  cual  no  se  puede  comerciar. 

Iicómodamente.  Adverbio  de  mo- 

'.  Con  ioco:nodidad. 

ÍTiuo;.OiÍA.  Incómoda  y  el  sufijo 

iveriiiitl  mente:  catalán,  iuc'm'tda- 

■  »t;  fritne  s,  íncommodément;  ítalia- 
>.  ittiM.no  lamente. 

Incomodado,  da.  Participio  pasi- 
I  de  incomodar. 

KTtuoi.oaÍA.  Incomodar:  cataUn,  in- 
aodat,  da;  francés,  incmumodé;  ita- 
!aiio,  incommodaío,  incomodato. 
Incomodar.  Activo.  Causar  inco- 
d  dad.  I]  Recíproco.  Alterarse,  de- 
-  inHr'^''. 

IStimología.  Incómodo:  latín,  incom- 

■  aare;  italiano,  incomodare;  francés, 
aeommo.ier;  catalán,  incomodar. 

Incomodarse.  Recíproco.  Sentir 
incomodidad. 

Incomodidad.  Femenino.  Moles- 
tia, da'o,  taita  de  comodidad. 

SroiOLoafA*  Incómodo:  latín,  incomr 


mfídttas,  daño,  trabajo,  pena:  ineommo- 
ditas  temporis,  infelicidades  de  los 
tiempos;  ital'ano,  incommoditá;  fran- 
cés, tncommodile';  provenz»l,  encmmo~ 
dit'it,  incommoditat;  catalán,  incomo- 
diíat. 

Sentido  etimológico, — La  incouodi- 
DAD  significa  al  pie  de  la  letra:  <l>rí- 
vación  de  nuestro  nodo  de  vivir.» 
Todo  lo  que  turba  ese  modo  de  vida, 
incomoda. 

Incomodadisimo,  ma.  Adjetivo 
superlativo  de  incómodo. 

Incómodo,  da.  Adjetivo.  Lo  que 
incomoda  ó  lo  que  carece  de  comodi- 
dad. II  Masculino  anticuado.  Incomo- 
didad. 

Etimolooía.  In  privativo  y  cómodo: 
latín,  tneo/nmodus,  en  mal  estado:  va- 
letudine  íncommodd  esse,  ser  de  una  sa- 
lud quebrantada;  y  extensivamente, 
enfadoso,  importuno,  intempestivo: 
italiano,  incómodo,  incommode;ínn<té8, 
incommode;  catalán,  incómodo,  a. 

Forma. — El  latín  incommSdus  se 
compone  de  in,  no;  c«m,  con,  j  mSdut, 
modo:  in  cum-m^dus,  <no  con  modo, 
no  según  la  manera  habitual,  no  con 
arreglo  á  la  costumbre.» 

Sinonimia.  Incómodo,  moletto.  Lo  in- 
cómodo estorba  6  disminuje  el  goce; 
lo  molesto  produce  malestar  y  pena.  El 
asiento  en  que  no  haj  bastante  hol- 
gura para  que  todos  los  miembros  ten- 
gan sus  movimientos  libres,  es  incó- 
modo. El  asiento  duro,  con  prominen- 
cias y  desigualdades  que  obligan  á 
tomar  una  posición  violenta,  es  molet- 
to. El  sentido  metafórico  de  estas  vo- 
ces observa  la  misma  graduación.  Una 
visita  demasiado  larga,  incomoda;  una 
reconvención  agria,  molesta,  (Moba.) 

Incomparable.  Adjetivo.  Loque 
no  tiene  ó  no  admite  comparación. 

ETiHOLOOfa.  In  privativo  y  compa- 
rable: latín,  incoMpítrSbUit;  italiano, 
incomparaüig;  francés  y  catalán,  in- 
comparable, 

Incomparabiemente.  Adverbio 
de  modo.  Sin  comparación. 

Ktiuoloqía.  Incomparable  y  el  sufi- 
jo adverbial  meníf.  latín  de  san  Agus- 
tín, incompcirabilUer;  italiano,  incom- 
parabilmente;  francés,  catalán  y  pro- 
venzal,  incomparahlemertí. 

Incomparado.  Adjetivo.  Incompa- 

RABLB. 

Etimología.  In  negativo  y  compa- 
ra io:  francés,  incomparé. 

Incompartible.  Adjetivo.  Lo  que 
no  se  puede  compartir. 

Etimología.  In  privativo  y  campar- 
tibie:  italiano,  incompartXbile;  catalán , 
incompartible. 

Incompasibilidad.  Femenino. 
Cualidad  de  lo  incompasible. 

Incompasible.  Adjetivo.  Incompa- 
sivo, y  Teología.  Impasible  de  un  mo- 
do simultáneo;  en  cu^o  sentido  se 
dice:  las  personas  de  la  Santísima 
Trinidad  son  incompasibi.bs. 

Etimología,  y»  negrativo  jr  c««pa- 
sible:  francés,  incompassible. 

Incompasivamente.  Adverbio  de 
modo,  tíiu  compasión. 

Ktih(».ooía.  Incompasiva  y  el  sufijo 
adverbial  mente. 


Incompasivo,  va.  Adjetivo.  El  que 
carece  de  compasión. 

Etimología.  In  privativo  y  compa- 
sivo: francés,  incom patissant. 

Incompatibilidad.  Femenino.  La 
repugnancia  que  tiene  una  cosa  para 
unirse  con  otra,  en  cujo  sentido  se 
dice:  la  incompatibilidad  de  caracte- 
res, de  geniales,  de  condicioues.  ||  lx- 
GAL.  Legislación,  Imposibilidad  moral 
de  que  un  funcionario  desempeñe  si- 
muftáneamento  dos  fundones,  6  de 
que  una  función  este  desempeñada  al 
mismo  tiempo  por  dos  funcionarios. 
O  judicial.  Imposibilidad  legal  de 
que  dos  hermanos,  ó  un  padre  y  un 
hijo,  hagan  al  propio  tiempo  los  ofi- 
cios de  juez  en  un  tribunal.  ¡  Farma- 
cia. Oposición  química  con  que  se  ex- 
clujren  ciertos  ingredientes  en  bus 
mezclas,  de  tal  suerte  que  no  cabe 
asociarlos.  \  Metífora.  Tiene  grande 
uso  en  el  sentido  figurado,  como  cuan- 
do se  dice:  la  incompatibilidad  de  las 
opiniones,  de  las  escuelas,  de  los  par- 
tidos, de  las  rivalidades. 

Etimología.  hompatibUi  catalán, 
incompaíibilitaí;  francés,  incompaíibUi- 
té;  italiano,  incompaíibiUti. 

Incompatible.  Adjetivo.  Lo  que 
no  es  compatible  con  otra  cosa.  J  Fo- 
rense. Se  aplica  á  las  funciones  ó  dig- 
nidades que  no  se  pueden  reunir  si- 
multáneamenteen  unmismosujeto.  Q 
Oficios  ó  cargos  incompatibles.  Cá- 
nones, Cargos  ú  oficios  que  una  mis- 
ma persona  no  puede  poseer  al  mismo 
tiempo.  J]  La  voz  del  artículo  se  aplica 
á  cosas  materiales,  como  cuando  deci- 
mos: «el  agua  y  el  fuego  son  incompa- 
tibles.» Se  aplica  también  á  personas, 
como  cuando  dice  Bossuet:  «los  lu- 
teranos y  los  calvinistas  son  dos  na- 
ciones irreconciliables  é  ihcompati- 
BLBS.»  Se  aplica,  por  último,  á  seres 
morales,  en  cu^o  sentido  tiene  ^an 
trascendencia  e  inmensa  extensión: 
«la  gloria  y  el  deleite  son  incompati- 
bles en  el  santuario  del  alma;»  «lu 
caridad,  que  nos  ideutifica  con  el  Ser 
Supremo,  es  incompatirle  con  la  con- 
dición del  pecado;»  «lo  i.vcoupatiplb 
está  en  todas  partes,  menos  en  los 
grandes  corazones  que  saben  conver- 
tir el  odio  en  amor.»  [|  Las  cosas  que 
parecen másconciliables suelen  serlas 
más  incompatibles.  Así  acontece  que 
las  dos  cosas  más  incompatibles  del 
mundo  moral  son  dos  tontos. 

Etimología.  In  negativo  y  compa- 
tible: francés  y  catalán,  incompatible; 
italiano,  incompat  bile. 

Incompetencia.  Femenino.  Falta 
decompetencia  ó  jurisJicción.  {  uatb- 
BiAL.  La  de  un  j  uez  que  conoce  en  una 
materia  sometida  á  olro  juez,  ¡j  perso- 
nal. La  de  un  juez  que  falla  entre 
personas  que  no  son  realmente  las 
justiciables  en  aqui^l  asunto.  ¡|  adui— 
NiSTBATivA.  La  imposibilidad  legal 
en  que  se  halla  un  funcionario  de  eje- 
cutar actos  que  no  están  dentro  de  sus 
atribuciones.  |  Metáfora.  Incapacidad 
evidente  para  hablar  y  tintunder  en 
ciertos  asuntos,  ora  por  f<ilta  de  cono- 
cimientos, ora  por  falla  de  experien- 
cia. Asi  decimos  que  un  teólogo  ea 


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INCO 

iKcoupBTBNTB  parft  tratar  de  patolo- 
gía, 6  que  un  médico  es  dicompetbs- 
TB  para  tratar  de  teología.  * 

Etiholooía.  Incompetente:  catalán, 
{competencia;  francés,  incompétence; 
iialiano,  tncompetenza. 

Incompetente.  Adjetivo,  ywmjirtt» 
deuda.  Lo  que  no  es  competente,  como 
cuando  decimos:  j'ii»  incOupetehtb, 
tribunal  incou.>etemtb.  |  Parte  in- 
cojiPBTEMTB.  La  parte  no  idónea  para 
contestar  en  vías  de  derecho,  Lo  que 
DO  se  hace  con  oportunidad  y  al  tiem* 
po  debido,  l  Metáfora.  El  que  no  re- 
uDé  la  instrucción  necesaria  para  ser 
TOto  en  una  materia;  ,y  asi  decimos 
qae  un  paleto  es  incoupetbntb  en 
materia  de  literatura. 

Etimolooía.  /n  privativo  y  compe- 
íe*íe:  laiíu»  incomp^íeiUt  incomptteniit; 
iuliauo,  incompetente;  francés,  iMom- 
p  tentf  ente;  catalán,  incompeient. 

Incompetentemente.  Adverbio 
de  modo.  Derecho  romano.  Sin  compe- 
tencia. 

BtiyoLOOÍA.  Incompetente  j  el  sufijo 
adverbial  méate:  catalán,  incompeíeut- 
ment;  francés,  incompe'íemment;  italia- 
no, »co»t^«/ra¿eiRín¿0'  latín,  incomp^- 
lenteTt  en  el  Códig-o  teodosiano. 

Incomplejo,  ja.  Adjetivo.  No  com- 

plej  ).  I  NcUiNATlVOÓ  AGENTE  INCOM- 
PLEJO. Crramdtica.  El  nominativo  déla 
oración  expresadopor  un  solo  nombre, 
'-■orno  Dios  ama  al  bueno,  á  diferencia 
del  nominativo  complejo,  que  sería: 
el  Dio»  de  todo  lo  criado  ama  al  bueno. 
\  PaopociciüN  INCOMPLEJA,  Proposi- 
ei  m  cuvos  sujeto  j  atributo  son  sim- 
plea,  ]|  Silogismo  xncou.  lejo.  Lógica. 
.Silogismo  cujas  prop  >sieiones  no  son 
compuestas.  ||  Nlhsiio  incomplejo. 
Aritmética,  húmero  concreto  que  no 
comprende  subdivisiones  de  especies 
diitiütas.  \  Cantidad  incompleja.^^ 
geBra,  Cantidad  expresada  por  un  solo 
tsmiao. 

Etihología.  In  privativo  y  eomple- 
ii:  latía  posterior,  inco  nplexus;  italia- 
no, ÍK^m^ímo;  fi-anc3S,  incomplexe. 

Incompletamente.  Adverbio  de 
m  ido,  ite  un  modo  iucompleto. 

Etimología.  Incompleta  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  francés,  inampléte- 
ment;  italiano,  ÍHCompietamenfát  tncom- 
piuUtmente, 

Incompleto,  ta.  Adjetivo.  Lo  que 
na  está  completo.  |  Ideas  incomple- 
tas. Filosofía.  Las  que  no  significan 
más  (^ne  una  parte  del  objeto,  como 
caaDOo  decimos:  0ios  es  clemente, 
poesto  que  la  clemencia  no  es  más  que 
ona  parte  de  los  atributos  de  Dios.  H 
Xi.<(pA  INCOMPLETA.  Sntomología.  La 
que  está  provista  de  alas  v  de  patas, 
pero  que  no  se  mueve.  Q  Flob  incom- 
pleta. Botánica.  La  flor  <jue  carece  de 
uo  urg-ano,  ora  sea  el  cáliz,  ora  la  co- 
rola, ora  los  estambres,  ora  el  pistilo. 
]  Los  iNCOMPLF.T  )s.  Masculino plural. 
Lihrer'ui.  Exposición  colectiva  de  las 
publicaci  :nes  que  no  se  han  comple- 
tdu.  |j  ilet  funi.  La  voz  del  artículo 
se  emplea  también  en  el  lenguaje  figu- 
rado, co  no  cuando  decimos:  «el  hom- 
hre  á  quien  falta  la  fe,  es  un  alma 
incompleta.  > 


INCO 

Etimoloqía.  In  privativo  y  comple- 
to: latín  posterior,  inco.npletas;  italia- 
no, incompleto^  incompiutj;  francés,  i'n- 
complet,  incomplete;  catalán,  incom- 
plerí,  a;  in  omplet,  a. 

Incomplexo,  xa.  Adjetivo.  Des- 
unido V  sin  trabazón  ni  adherencia. 

Etiuología.  Jncomplejo. 

Incomponible.  Adjetivo.  Lo  que 
no  es  componible, 

ETiuoLoaÍA.  In  negativo  y  compo- 
nible: francés,  incompossible;  catalán, 
incomponilfle. 

Incomportable.  Adjetivo.  Lo  que 
no  es  comportable. 

Etimología.  Jn  privativo  y  compor- 
table: italiano,  incomportahite;  catalán 
antiguo,  incomportable. 

In  composibilidad.  Femenino.  La 
imposibilidad  ó  dificultad  de  compo- 
nerse una  cosa  con  otra. 

Etimología.  Incomposible:  catalán, 
inco  iipossibilit'  t. 

Incomposij}Ie.  Adjetivo.  Ihcümfo- 

NI.  LE. 

Incompo  icián.  Femenino.  Falta 
de  comp.sicíÓD  ó  debida  proporción 
en  las  partes  que  ciomponen  un  todo. 
|]  Anticuado.  Descoh:>ostuea  ó  des- 
aseo. 

Etimología.  Jn  privativo  y  coinposi- 
ciü'n:  catalán,  in  o  uposicié. 

Incompreneibili  iad.  Femenino. 
La  imposibilidad  ó  la  suma  dificultad 
de  comprender  alguna  cosa,  en  cujro 
sentido  se  dice:  «la  Tríuidad  de  las 
personas  divinas  es  el  gi*an  misterio 
de  la  iNCüMPRENSiuiLinAD  de  Dios;» 
«la  misma  incompbensiiulidad  está 
contenida  dentro  de  la  razón  formal 
de  lo  infinito.» 

Etimjloqía.  Incomprensible:  cata- 
lán, incomprehensibi  tU:  francés,  !»• 
compre'Aensibilite';  italiano,  incompren» 
ñbtlitá. 

Incomprensible.  Adjetivo.  Lo  que 
no  se  paede  comp:%nder.  |  Expresión 
neutra.  Lo  in-compbessible;  idea  co- 
lectiva de  las  cosas  que  no  pueden  ser 
comprensivas;  en  cu^o  sentido  se  dice: 
«1)  iNC0Mi'RB«3i3LB  DOS  rodca  por  to- 
das partes.»  ||  ¡Es  incouprbn3I3lb: 
Ex.clamacíón  de  que  nos  valemos  pura 
sigiiitícar  las  circunstancias  extraor^ 
diuH  rias  de  alguna  persona  6  de  algún 
su'eso. 

ETiM0L0Qfi:.7)i  privativo  T  compren- 
sible: latín,  incompr^hensíbilis;  italia- 
no, in  Oiaprens} bile;  frmcés,  incompre- 
Aenñbl  -.  catalán,  incomprehensible. 

In  comprensible  nen  te.  Adverbio 
modal.  De  un  modo  íucompren<tibIe. 

Etimología.  In  -omprensike  v  el  su- 
fijo adveroial  mente:  francés,  incom- 
pre'heasiblement:  italiano,  iucomprcnsi- 
¿(7M«H¿if;  latín,  incomprehentUHííer,  en 
san  Jerónimo. 

Incomprensión.  Femenino.  Falta 
de  compreusiún. 

Etimología.  In  privativo^  compren^ 
sio'n:  (.■¡itaian,  iv  •0:i>preh''usf', 

Incomprimible.  Adjetivo,  Física. 
Incapaz  de  compii  iiirsi',  ex-presi  in  de 
ios  cuerpos  cuvo  volumen  no  puede 
reducirse  por  la  compresión,  en  cujo 
sentido  decimos  que  los  líquidos  son 
INCOHI'UIMIBLES. 


INCO 


49 


Etimología.  Jn  privativo  j  rompyi- 
mible:  catalán,  incompriniihli':  fian  -és, 
incomprrssible;  italiano,  incomi/ress'ibi- 
le. — El  francés  y  el  italiano  tienen  la 
forma  sustantiva  abstracta:  incompren- 
sibllité,  incompressibilitá. 

JÍM^ñd.— La  propiedad  car^cterísti* 
es  de  los  fluidos,  ora  sean  elásticois, 
ora  INC0HPK1M1BLE8,  es  la  extremada 
fiicilidad  con  ^ue  cada  una  de  sus  mo- 
léculas cede  a  lá  presiÓQ.  (L^  Place, 
Exposition  III,  4.) 

Incompuestamente.  Adverbi«>  de 
modo  anticuado.  Sin  aseo,  con  desali- 
fio.  |]  Metáfora  antigua.  Sia  impos- 
tura, desordenadamente. 

Incompuesto,  ta.  Adjetivo  anti- 
cuado. Que  está  sin  coinjioiier  ó  sin 
formar. 

Incomunicabilidad.  Femenino. 
La  calidad  de  lo  incomunicable.  |]  Teo- 
logía. Uno  de  los  atributos  de  lu  divi- 
na esencia. 

Etimología.  Incomunicable:  francés, 
incom  II  nica  bi  lite'. 

Incomunicable.  Adjetivo.  Lo  ^ue 
no  es  comunicable.  |  Metafítiea.  k%nf> 
buto  de  la  subsiaucia  espiritual,  en 
cuyo  sentido  se  dice  que  el  alma  es 

INCOMUNICABLE. 

Etimología.  Jn  negativo  y  comuni- 
cable: latín  de  sau  Jerónimu,  inronunr- 
nicdbílis;  italiano,  incom inuniciibi le; 
francés,  incommun. cable;  catalán,  ifiK- 
municable. 

Incomunicación.  Femenino.  La 
acción  y  efecto  de  incoraanifar  ó  in- 
comunicarse. |]  For.nse.  Es;:ido  djl 
preso  á  quien  no  se  permite  tratar  cou 
nadie  de  pnlübra,  ni  por  escrito. 

Etimología.  Incomunictr:  citalán, 
incomanicaci'!. 

Incomunicadamente.  Adverbio 
de  modo.  Sin  comunicai'ÍÓQ. 

ETiHOLoaÍA.  IncomunicKd*  j  el  4ufl- 
jo  adverbial  mente. 

Incomunicado,  da.  Adjetivo,  El 
que  no  tiene  comunicación.  Q  Forense. 
Dícese  de  los  presos,  cuantío  no  se  les 
permite  tratar  con  nadie  de  palabra, 
ni  por  escrito,  á  fin  de  evitar  un  con- 
cierto doloso.  La  iNC''MuNiCACió.v  no 
tiene  lugar  sino  en  el  teniiiíi  p  de  la 
prueba;  esto  es,  cuando  la  causa  está 
en  sumario.  Q  Participio  pasivo  de  in- 
comunicar. 

ExiMOLOaÍA.  /ficoiiiiHiü»r.*  francés, 
incommunique';  latín,  incommTavcatus 
(en  QuiCHBRAT,  Áddenda). 

Incomunicar.  Activo.  Privar  de 
comunicación  á  personas  ó  cosas.  I|  F^,- 
rente.  Reducir  á  un  preso  al  estado  de 
incomunicación,  j; Recíproco.  Aislarse, 
negarse  al  trato  con  otras  personas, 
por  temor,  por  melancolía  ú  otra 
causa. 

Etimología.  In  privativo  y  coinuni- 
car. 

Inconcebible.  Adjetivo.  T.o  que  no 
puede  comprenderse  ni  c  -    t  ljirse.  || 
ilt't^ifora.  hxtraordi:iario. 

Etimología.  In  privativo  v  cmcebi- 
blr:  úiiiices,  inconce cable;  iuiliano,  in- 
con-rpibilr. 

Inconcerniente.  Adjetivo.  Xo  con 
cerniente. 

Inconciliabilidad.  Femeniuo.Cua- 


TOMO  III 


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1 


50 


INGO 


Itdad  de  lo  inconciliable.  (Caballbso.) 

Inconciliable.  Adjetivo.  Lo  que 
no  puede  coaciliarse. 

Etimología.  /«  ptivatÍTo  j  amcilia- 
lile:  i'rancés,  inconciliable;  italiano,  in- 
conciliahile. 

Inconcino,  na.  Adjetivo.  Desor- 
denado. des':ompuesto,  desarreglado. 

EtiuolooÍá.  Latín  inconclnnus,  des* 
compuesto,  desaliñado.  (Cicerón.) 

Inconcusamente.  Adverbio  de 
modo.  Si^guramentei  sin  oposicíiSn  ni 
disputa. 

EtihologU*  Inconeuu  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  latín,  inconeiute;  ita- 
liano, inconcussamenU, 

Inconcuso,  sa.  Adjetivo.  Lo  q^ue 
es  firme,  sin  duda  ni  contradice-ion. 

Etimología.  Latín  inconcussut,  es- 
table, íirme,  inmoble;  de  in  privati- 
vo j  concuasas,  sacudido  violentamen- 
te, perturbado,  participio  pasivo  de 
concui're,  sacudir,  conmover,  abitar: 
italiano,  iniotteuuoj  catalán,  tneon- 
a. 

Incondicional.  Adjetivo.  Filotofia 
y  gramática.  Lo  que  no  es  condicional. 

ErmoLoaÍA.  Jn  privativo  jr  condi- 
ciontt!'.  trances,  incundiiionnel, 

Incondicionalmente.  Adverbio  de 
modo,  din  condiciones, 

EriifOLoaÍA.  Incondicional  y  el  sufi- 
jo auverbial  mente:  francés,  incondt- 
íionnellement. 

Incontidipedo,  da.  Adjetivo.  Zoo- 
logía. Epíteto  de  los  animales  que  no 
pueden  ocultar  sus  patafl  debajo  del 
cuerpn. 

ETiuoLOofA.  Latín  incondtíus,  con- 
fuso, y  pest  p'dis,  pie. 

Inconducente.  Adjetivo.  Lo  que 
no  es  condu<*eQte  para  algún  fin. 

ETiMOLoaÍA.  In  privativo  j  courfii- 
cente:  catiilán,  incondukent. 

Inconexamente.  Adverbio  de  mo- 
do. Sin  conexión. 

£txuoloo¿a,.  Inconexa  y  el  sufijo  ad- 
verbial menté. 

Inconexión.  Femenino.  Falta  de 
conexión  ó  unión  de  una  cosa  con 
otra.  Aplícase  á  objetos  del  orden  mo- 
ral, por  cu^a  razón  no  se  dice:  inco- 
NBXióN  de  telas,  de  c»ballo«,  de  semi- 
llas, de  frutos;  sino  inconbxión  de 
juicios,  de  ideas,  de  noticias,  de  pala- 
bras, de  métodos. 

ExiMOLoafA.  Inconexo:  catalán,  ift- 
connexiú;  francés,  inconnexion. 

Inconexo,  xa.  Adjetivo.  Lo  que 
no  tiene  conexidii  con  otra  cosa. 

Etimología.  In  privativo  y  cowxo; 
catalán,  mconnexo;  francés,  incomwxe. 

Inconfeso,  sa.  Adjetivo.  Forense. 
Aplicase  iil  reo  que  no  confiesa  en  jui- 
cio el  delito  de  que  se  le  pregunta. 

Etimología.  /«  privativo  y  confeto: 
latín,  ta  o»  etsust  en  Ovidio,  que  no 
ha  confesado;  francés  antiguo,  ineon- 
ffs;  moderno,  incon/enéi  catalán,  m- 
confés,  a. 

Inconfidencia.  Femenino.  Dbs- 

CONFIANZA. 

Inconlidente.  Masculino,  \onkbr : 
que  se  dio,  durante  la  guerra  de  suco- 
siún,  á  las  «spafioles  de  quienes  se 
sospechaba  que  sostenían  relaciones 
cjn  la  C438  de  Austria* 


INCO 

Incongruamente.  Adrerbio  de 
modo.  Sin  conveniencia  ni  oportuni- 
dad. 

Etimología.  Incongrua  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  latín,  incongrui,  en 
Macrobio;  incongraenter,  en  Terencio; 
italiano,  tncoit^rumímfnfe;  francés  del 
siglo  xiT,  incoi^ruement;  moderno,  ím- 
conarüment;  catalán,  incofigrueníment. 

Incongruencia.  Femenino.  Falta 
de  congruencia. 

Etiuología.  Incongruente:  latín,  in- 
congrueníta,  ineongruttaSt  despropor^ 
cíód;  italiano,  incongruenza;  francés, 
incongruite;  catalán,  incon^n¿ncia. 

Incongruente.  Adjetivo.  Lo  que 
no  es  conveniente. 

Etimología.  la  privativo  y  con- 
gruente: latín,  incongruens,  incon^rucn- 
íis,  desproporcionado,  impropio,  no 
conforme,  en  Plinio;  italiano,  incon- 
gruente; catalán,  incongruent. 

lacongruent  emente.  Adverbio  de 
modo.  Con  incongruencia. 

Etimología.  Incongruente  y  el  sufi- 
jo adverbial  mente. 

Incongruidad.  Femenino  anticua- 
do. iNCOKOaUBNCIA. 

Incongruo,  graa.  Adjetivo.  Lo 
que  no  es  conveuiente  ni  oportuno.  | 
Cánones.  Se  aplica  á  las  piezas  ecle- 
siásticas que  no  llegan  á  la  congrua 
señalada  por  el  sínndo.Llámanse  tam- 
bién iNCONüBüOS  los  eclesiásticos  que 
no  tienen  congrua. 

Etimología.  In  pri  vativo  ^  congruo: 
latín  incongruus;  italiano,  incongruo; 
francés,  í«cowyrií;catalán,í«C(jiynH),  a. 

Incoqjurabla.  Adjetivo.  Que  no 
puede  conjurarse. 

Inconmensurabilidad.  Femeni- 
no. La  calidad  de  lo  que  no  es  mensu- 
rable, en  cavo  sentido  se  dice:  la  in- 
coNMEN  iUBAuiLiDAD  del  espacio.  I  Geo- 
metriag  aritmética.  Carácter  de  lo  que 
es  inconmensurable,  en  cujo  sentido 
se  dice:  la  iNCO.suBssuBADiLinAO  de  la 
diagonal  del  cuadrado  con  el  lado  ex- 
plica la  dificultad  de  la  cuadratura 
del  círculo. 

Etimología.  lM<mmensurahle:  cata- 
lán, inconmensurabiliíat;  francés,  in- 
commensurabilité;  italiano,  inco-nmen- 
suraHlit  •.. 

Inconmen8urabl\ Adjetivo.  Lo 
que  nu  se  pucdeconmensurar,  en  cujro 
sentido  se  dice:  el  ser  de  las  cosas  es 
iNCüNUENaURABLB.  [|  Aritmética  g  geo- 
metría, l^píteto  de  dos  cantidades  que 
no  tienen  medida  común;  v  así  deci- 
mos que  la  raíz  cuadrada  del  2  es  ih- 
CONMBNSUBASLB  con  la  unidad,  puesto 
que  no  haj  número,  entero  ni  que- 
brado, que  pueda  expresarla  exacta- 
mente, II  Metáfora.  Aplícase  á  todo  lo 
que  sale  de  su  medida  propia,  como 
cuando  se  dice:  virtud,  talento,  saber, 
pat^ieneia,  inconhbnsubablb. 

Etimología.  In  privativo  yconme»' 
guruóie:  francés,  incommensurable;  ita- 
liano, incommensurabile;  catalán,  (w- 
conmensurahle. 

Inconmutabilidad.  Femenino  an- 
ticuado. Inmutabilidad,  calidad  de  lo 
inmutable.  |[  M^afnica.  Condición 
esencial  de  las  cosas  espirituales. 

Etimología.  Ineonmuta'/le:  latín,  in- 


INCO 

commütabílítat;  italiano,  ineommutaii^ 
litá;  francés,  incommutabUiU. 

Inconmutable.  Adjetivo.  Inmuta- 
ble, l  Loque  no  es  conmutable.  ¡  Pao- 
PiBDAD  INCUNMUTA8LB.  Juritprudenda. 
La  propiedad  de  que  no  puede  despo- 
seerse a  su  dueño  legítimo.  ||  Edicto 
iNCONMurADLB.  ffisioria  de  la  Edad 
media.  Ciertos  edictos  que  no  podían 
ser  revocados  ni  alterados  en  modo 
alguno,  referentes  con  especialidad  á 
la  proclamación  de  los  principes  y  al 
juramento  de  fidelidad  que  les  hacían 
los  pueblos.  El  siglo  zvi  ofrece  aún 
ejemplos  de  edictos  incoxiiutablbs* 

Etimología,  /«privativo  y  mutable: 
latín,  incoMiaütabuift  italiano,  incom- 
mutabile;  francés,  ineomnuUaile;  cata- 
lán, inconmutable. 

Reseña.— 4Qiienn  que  los  Estados 
de  Francia  y  Milán  le  jurasen,  y  que 
este  juramento  se  publicara  por  me- 
dio de  edicto  inconmutablb;>  «il  to- 
lait  quí  les  Estats  de  France  et  de  Hi- 
lan le  jurassent,  et  que  cela  fust  pu- 
blié  par  edici  iNCOuutrrABLB.t  (U*  db 
Bellat,  26^t  siglo  xYi.) 

Inconmutablemente.  Adrerblode 
modo.  De  una  manera  inconmutable. 

Etimología.  Inconmutable  y  el  sufi- 
jo adverbial  mente:  latín,  inconmUiS- 
bíltter;  iuliano,  incommuíabiliHeníei 
francés,  incunmuíablemeni. 

Inconoddo,  da.  Adjetivo  anticua- 
do. Ignoto. 

Etimología.  In  privativo  y  conod^ 
do:  francés,  inconnu. 

Inconquistable.  Adjetivo.  Lo  que 
no  se  puede  ó  es  m\xy  difícil  conquis- 
tar á  fuerza  de  armas.  |  Metáfora.  El 
que  no  se  deja  vencer  con  ruegos  ni 
dádivas. 

Etimología.  In  privativo  j  ms^wm- 
table:  catalán,  inconguisíable. 
Inconquistado,  da.  Adjetivo.  No 

conqnistíid 

Etimología.  Jn  privativo  y  conquis' 
todo:  irducs,  inconquit» 

Inconsciencia.  Femenino.  P^c^ 
logia.  Falta  de  percepción,  tratándose 
de  ciertos  actos  intelectuales  y  mora- 
les. I  Es  lü  que  se  llama  generalmen- 
te falla  de  cmciencia. 

Etimología.  Inconsciente:  latín,  in- 
coii-.cx  lií'-a,  en  las  glosas  de  Fíloxeao; 
francis,  inconsciencc. 

Inconsciente.  Adjetivo.  Psicolo- 
gíd.  El  que  no  tiene  conciencia  de  sf 
mismo,  j  así  se  dice  que  los  locos, 
por  ejemplo,  son  criaturas  incons- 
C1ENT.ÍS.  j¡  T'imbién  se  aplica  á  cosas, 
como  cuaudo  decimos:  «las  acciones 
de  un  hombre,  bajo  la  infiuencia  de 
lii  alucinación  ó  del  frenesí,  son  he- 
chos iNCüNiCiiiNTBS.»  U  El  carácter  de 
las  acciones  iKCONáCiBNTBá  lleva  apa- 
rejado el  no  ser  justiciables,  puesto 
que,  no  existiendo  el  libre  albedrío, 
ñilra  el  motivo  de  la  responsabilidad. 

Etimología.  Latín  incontcíus,  igau- 
rante;  de  in  privativo  y  contcíus,  que 
sabe,  que  conoce;  compuesto  de  cum. 
con,  y  scire,  saber;  francés,  - íwoíwcítfiíí. 

Inconsecuencia.  Femenino.  Falta 
de  consecuencia  en  lo  que  sa  dice  ó 
hace. 

Etimología.  Inconsecuente:  latín,  iu- 


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IMCÓ 


líítío 


ÍISÍCO  5i 


/■jmthnenña,  falta  de  unión  y  corrés- 
pondencia  en  una  frase:  italiano,  i'm- 
conseyuenta;  francés,  inconséquence;  ca- 
talán, inronte^üencia. 

Inconsecaente.  Adjetivo.  Incon- 
siaviBNTa.  I  El  que  procede  con  in- 
eons"cnencia,  sin  formalidad. 

EiniOLOaÍA.  In  prÍTativo  y  conse- 
cwente:  Uún,  incont'^guenst  incoiuequen- 
íii;  italiano,  inconse^nenU;  francés, 
ineomequent;  catalán,  tffCOM«^^¿. 

Inconsecnentsmente.  Adverbio 
de  modo.  Con  inconsecuencia. 

ErtHOLoaÍA.  Ina>n*ec%ente  j  el  su- 
fijo adverbial  wu»U:  francés,  tncotué- 
qnmmml:  italiano,  MCVMWiwfKnRm^. 

IncoDsenrabilidad.  FemeDino. 
Cualidad  do  lo  iaeonservable. 

Inconserrable.  Adjetivo.  No  eon- 
«rvable. 

Inconsiderable.  Adjetívo.  Que  no 

puede  considerarse. 

EriHOLOdÍA.  1%  privativo  j  conside- 
rahU:  catalán,  incontiderabie;  italiano, 
inecntideradiU, 

Inconsiierablemente.  Adverbio 
de  modo.  Con  inconsideración. 

EnuoLOOÍA,.  Jnconsidera&le  j  el  su- 
fijo adverbial  mente:  latín,  ÚHWuZt^,- 
yinífr  é  ineonsidtrite;  francés,  inconti- 
dirément. 

Inconsideración.  Femenino.  Fal- 
ti  de  consideración  ^  reflexión. 

BtiuolooU.  Latín  ine<mñd¡tra»tla 
.SuBTONioj  B  ifuonald'fMU;  catalán, 
inwmderació;  francés,  meotuidération; 
italiano,  in^mtideraúotu,  ineon$i2era- 
tasa. 

Inconsideradamente.  Adverbio 
'ie  modo.  Sin  consideración  ni  refle- 
xión. 

Etiuolooía.  Incontiderada  j  el  su- 
ñja  adverbial  mente:  latín,  íncontidera- 
í¿;  italiano,  inconsideratamenU;  etta- 
lÍD,  ineontideradament. 

Inconsiderado,  da.  Adjetivo.  Lo 
que  no  se  ha  considerado  ní  reflexio- 
aado,  I  El  inadvertido  que  no  consi- 
dera 01  reflexiona. 

EmioLOofA..  Ju  privativo  y  conside- 
rado: latín,  inconslaírátus,  en  Cicerón; 
italiano,  inconsideraío;  fraucés,  i«C0h- 
íidéré;  catalán,  ineons  derat,  da. 

Inconsiderancia.  Femenino  antí- 
eoadij.  Inconsi  ibraciók. 

Inconsiguiente.  Adjetivo.  Lo  que 
n^M  enn^isT'iíente. 

Inconsistencia.  Femenino.  Falta 
ie  üi^ii^iisteucia. 

Etimología.  Jnroniisiente:  francés, 
íncQiuislence;  italiano,  incontistenta. 

Inconsistente.  Adjetívj.  Muda- 
ble, Teleidoso.  I  Incompatible,  impli- 
:atnri  t. 

ETiMOLoof  A.  In  negativo  y  contíi- 
t  *te:  iraoctts,  inconsitianí;  italiano, 
wentitteiUe. 

Inconsolable.  Adjetivo.  Bl  que  se 
-ODiuela  con  dificultad  ó  no  admite 
;  >n»nelo. 

EmiOLOofA.  In  negativo  j  contola- 
^'u-  iraaces  y  catalán,  ineontolable; 
tisliano,  incom$(4a6ile;  Istín,  ineontoUt- 

iUú.  i 

^consolablemente.  Adverbio  de  | 
modo.  Sin  consuelo.  , 
^HOLGOÍA.  JnamoUble  y  el  sufijo ! 


adverbial  mente:  italiana,  ineontetaMU 
mente;  francés  y  catalán,  ineonsolable- 
mení. 

Inconstancia.  Femenino.  La  falta 
de  estabilidad  y  permanencia  de  al- 
gxina  cosa.  |j  La  demasiada  facilidad 
y  ligereza  con  que  alguno  muda  de 
opinión,  de  pensamientos,  de  amigos, 
de  conducta.  En  las  mujeres,  puede 
llamarse  coquetería  ó  liviandad;  en 
los  hombres,  es  la  completa  degrada- 
ción del  ser  humano. 

BTmotoaÍA.  Inconttante:  catalán, 
inconstancia:  irancés,  inconttance;  ita- 
liano, incostanta. 

Inronstante.  Adjetivo.  Lo  aue  no 
as  estable  ni  permanente.  ¡  El  c^ue 
muda  con  demasiada  facilidad  y  lige- 
reza de  pensamientos,  opiniones,  con- 
ducta, amistades,  amores,  afectos.  | 
Masculino.  El  inconstantb,  los  in- 
COHSTANTSS,  en  cuyo  sentido  se  dice: 
«LOS  INCONSTANTES  debieran  servir 
para  veletas  de  los  campanarios.» 

GriHOLoaÍA.  /n  privativo  y  consíanr- 
te:  catalán,  inconsíant;  francés,  ineons- 
íant,  ante;  iuliano,  inr.osíaníe;  latín, 
inconstani,  inconstaníit. 

Sinonimia.  Articulo  primero. — In- 
coNiTANTB,  VOLUBLE.  El  primer  adje- 
tivo se  refiere  á  los  afectos;  el  segun- 
do, á  la  imaginación  7  á  la  conducta. 
Es  inconstante  et  que  cambia  con  fre- 
caencia  los  objetos  de  su  afecto.  Es 
wluéle  el  que  no  se  fija  en  ninguna 
ocupación,  en  ninguna  empresa,  en 
ningún  estudio.  (Moba.) 

A  riículo  segundo,  —  Inconstantb, 
VOLUBLE.  La  incunítancia  proviene  del 
corazón:  la  volubilidad,  del  alma.  Es 
inconstante  aquel  que  varía  de  afectos 
á  cada  paso,  pero  fijándose  en  tanto 
que  dura  este  afecto.  Es  voluble  la 
persona  que  no  se  fija  en  nada,  y  que 
varía  contindamente  de  objetos,  ün 
niño  es  w¿»¿^;  un  amante  es  «acmí- 
íante. 

El  inconstante  vacía;  el  voluble  no  se 
fija.  (LÓPBZ  Pblbqrín.) 

Inconstantemente.  Adverbio  de 
modo.  Con  inconstancia. 

ExmOLOofA.  Inconstante  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  latín,  inconstaníer; 
catalán,  ineonstantement,  insconstaní- 
mení;  francés,  tiicojutommm^'^italiano, 
ineostantemente. 

Inconstantísimo,  ma.  Adjetivo 
superlativo  de  inconstante. 

Etiuolooía.  LBLtín  incoHstanííssi- 
mus. 

Inconstitucional.  Adjetivo.  No 

constitucional. 

Etimología.  In  privativo  j  consti- 
tucional: francés,  inconsiiluíionnel;  ita- 
liano, incosíiíiízionale. 

In  constitución  alidad.  Femenino. 
Cualidad  de  lo  iucoustitueional, 

Etiuolosía.  Inconstitucional:  fran- 
cés, inconsíUuííúnalite';  italiano,  incos- 
tiíutionalitá, 

Inconstitncionalismo.  Masculi- 
no, oposición  á  los  preceptos  consti- 
tuciunales;  esto  es,  la  inconstitucio- 
j  nalidad  elevada  á  sistema. 
I  Inconstttucionalmente.  Adver- 
I  bio  de  modo.  De  una  manera  iascoiis- 
Ititucionai, 


ETiuoLOof  A.  íncMStitueional  y  el  su- 
fijo adverbial  mente:  francés,  inconsti- 
tuíionnellemení;  italiano,  incosliiuiio- 
nalmente, 

Inconstitnlble.  Adjetivo.  Que  no 
se  puede  constituir. 

Inconstituído,  da.  Adjetivo.  Que 
no  ha  sido  constituido. 

Inconstruible.  Adjetivo.  Lo  que 
no  se  puede  construir. 

Etiiioloqía.  In  privativo  y  conslrui- 
ble:  calaláu,  inconstruhihle. 

Inconsulto,  ta.  Adjetivo  anticua- 
do. Lo  que  se  hace  sin  Gonúdeneit^ 
ni  consejo. 

Etiuoloqía.  Latín  inteumUtx,  in- 
considerado,  temerario;  de  «1  privati- 
voV  consültus,  aconse|B^. 

luconsútil.  Adjetivfk  Lo  que  no 
tiene  costura.  Se  usa  comunmente  ha- 
blando de  la  túnica  de  Jesucristo. 

ExiMOLoafA.  Latín  inconsUíílif,  que 
no  tiene  costura;  de  in  privativo  y 
consüíílis,  cosido  juntamente,  forma 
adjetiva  de  consu''re,  cosur  con;  decoM 
por  cum,  en  compañía,  y  su''re,  coser; 
Italiano, incoíWttrt/í;catal:ín,iíicoMs¡í/íí. 

Incontable.  Adjetivo.  Lo  que  no 
se  puede  contar  ó  es  mujr  díueil  de 
contarse, 

Etimglooía.  In  privativo  j  CMito* 
ble:  francés,  inconíable, 

Incontaminable.  Adjetivo  eomáa 
de  dos.  Que  no  es  susceptible  de  con- 
taminación d  de  mancha,  así  en  sen- 
tido físico  como  en  moral.  Por  consi- 
guiente, con  igual  corrección  podre- 
mos decir  que  el  fuego  j  el  espirita 
son  incontarainables. 

Etimología.  In  privativo  y  canta- 
minadle:  latía,  incoHíamnabllis,  en 
Tertuliano;  italiano,  ÍncontamáMÍile; 
catalán,  incon  lamina  ble. 

Incontaminado,  da.  Adjetivo.  Lo 
que  no  está  contaminado. 

Etimología.  In  privativo  y  conte- 
fninado:cAt3L\\ü,incontaminattda;U».ii- 
cés,  incontaminif;  italiano,  i»coníami~ 
nato;  latín,  incontamtnaíus. 

Incontestable.  Adjetivo.  Lo  que 
no  se  puede  impugnar  ni  dudar  eon 
fundamento. 

ETiuoLOeÍA.  In  privativo  y  contes- 
table: francés  y  catalin,  incontestable; 
italiano,  iacontealabile. 

Incontestablemente.  Adverbiode 
modo.  Indudablemente»  sin  contro- 
versia. 

Etimología.  Incontestahh  y  el  sufi- 
jo adverbial  mente:  proveuzal  y  fran- 
cés, incontestablement;  italiano,  iwo»- 
tesíabilmeníe. 

Incontinencia.  Femenino.  Vicio 
opuesto  á  la  continencia,  esoecialmen- 
te  en  el  refrenamiento  de  las  pasiones 
de  la  carne,  y  db  obina.  Medicina.  En- 
fermedad que  consist*  en  no  poder 
retener  la  orina. 

Etimología.  Tncmtineñtei  latín,  in- 
contíneniia;  italiano,  tnf£?ij/í«fl«ía; fran- 
cés, incontinence;  cataUn,  inconíin/ti- 
cia. 

Reseña. — La  incontinencia  fué  el 
único  m)tivo  que  separ-j  á  Enri- 
que VIII  de  la  Iglesia  catiílica.  (Mau- 
CROIX,  Schisme,  livre  J.J 

incontinente.  Adjetivo.  El  desea* 


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S2 


IMCO 


frenado  en  las  pasiones  de  U  carne.  | 
El  que  no  se  contiene.  Q  Adverbio  de 
tiempo.  Incontinenti. 

Etimología..  Jn  pi-ivatiro  jcoüím"»- 
tt:  latín,  in':onÜnent,  inco/iíínentis,  que 
no  se  detiene,  en  Plinio;  Ímpetaos>>, 
violento,  en  Séneca;  voluptuoso,  en 
Horacio;  italiano,  incanílneníe;  fran- 
cés, incouíinent,  ente;  catalán,  inconti- 
ñení:  provenzal,  ineontinen* 

Incontinentemente.  Adverbio  de 
tiempo  anticuado.  Incontinenti  ó  AÍn 
dilación.  [|  Con  incontinencia. 

BTiMOLoaÍA.  Incontinente  y  el  sufijo 
adverbittl  mente:  latín,  incontínenter. 

Incontinenti.  Adverbio  de  tiem- 
po. Propia  mente,  al  instante,  al  panto. 

Etuiolooía.  Incntíneníe:  francés, 
inconlinenti;  catalán,  incontinenti. 

Incontrastable.  Adjetivo.  Lo  que 
no  se  puede  vencer  6  conquistar.  ||Lo 
que  no  puede  impugnarse  con  urg'u- 
mentos  ni  razones  solidas.  |[  Metáfo- 
ra. El  que  no  se  deja  redacir  ó  con- 
vencer. 

ETiMOLOofA.  /«  privativo  y  «»- 
íriutaifle:  italiano,  incontrasí&hle;  ca- 
talán, incontrastable. 

Sentido  «/moíi^teo.— Imcontsasta- 
BLB  quiere  decir:  «que  no  admite  coa- 
traste;  esto  es,  variación.» 

Incontrastablemente.  Adverbio 
de  modo.  Finalmente,  de  un  modo 
incontrastable. 

Etiuolooía.  JncontrattahU  y  el  su- 
fijo adverbial  mente. 

Incontratabl  3.  Adjetivo.  Intra- 
table. 

IncontroTertible.  Adjetivo.  Lo 
que  DO  admite  duda  ni  disputa,  como 
cuando  decimos:  argumento  incontro- 
vertible. 

ETiuoLoaÍA.  In  privativo  y  contrO' 
vrrtible:  italiano,  incontrovertlbile;  ca.- 
ta\in,incontroi>ertibU, — ^Kl  francés  tie- 
ne incontroversit  como  si  dijéramos 
incontrovertidom 

Inconvencible.  Adjetivo  anticua- 
do. Invbncihlx.  II  El  que  no  se  deja 
convencer  con  razones. 

Etiuoldoía.  Jn  negativo  j  conven- 
ei&ie:  uatalán,  inconvencihlet  que  no 
hav  mediii  de  convencerle. 

Inconvenible.  Adjetivo  anticua- 
do. Lo  que  no  es  conveniente  ó  con- 
venible. 

Inconveaiblemente.  Adverbio  de 
ni  do  anticuado.  Sin  conveniencia. 

l^riMOLOGÍA.  Inconvenible  y  el  sufi- 
jo :id/«;rbi;il  '/tente. 

Inconveniencia.  Femenino.  Inco- 
modidad, desconveniencia.  Q  Descon- 
formidad, despropósito  é  inverosimi- 
litud de  alguna  cosa. 

KTiuoLOQfA.  IncMunimUi  latín, 
mc-oap  nienfU^  forma  sustantiva  abs- 
tracta da  tHCMB "ttlíMi,  inconveniente; 
italiano,  inconveniensa;  fraucás,  incon- 
venance;  catalán,  inconveniencia. 

Inconveniente.  Adjetivo.  Lo  que 
no  es  cunveiiiente.  ¡¡Masculino.  El  im- 
pL'dimeiito  ú  obstáculo  que  bay  para 
hacer  alguna  cosa,  ó  el  daüo  y  pur- 
juicio  que  resulla  de  ejecutarla.  I|  Me- 
táfora. Aplicase  á  touas  las  aLcioues 
que  no  se  a  ustan  á  las  regalas  del  buen 
trato  du  g-eut.s;  jr  así  decimos:  ci'u-i    Etimología.  Incorporal:  Iztia,  in- 


meó 

laño  estuvo  inconvbnibntb  en  tal  re- 

uni')n.> 

Etimología. /«privati  voy  MsrírtiVn- 
te:  laiín  inconv^nUm ,  incono  ni  ntis. 
discordante,  en  Cicerón;  desemejante, 
en  Fedro;  indecoroso,  indecente,  en 
Apuleyo;  provenzal,  inontenien,  Ín~ 
contenient;  catalán,  inconventent;  fran- 
cés, in-^onvéniení  é  inconvenible:  italia- 
no, incMoenieníe  é  incontenemle. 

Inconvenientemente.  Adverbio 
de  modo.  Con  inconveniencia. 

Etimología.  Jnconoeniente  y  el  su- 
fijo adverbial  mente:  latín,  incon9''nien- 
ter;  italiano,  inconvenieníewunte;  fnn- 
cés,  ineoneeMiíement. 

Inconversable.  Adjetivo.  El  in- 
tratable por  su  genio,  retiro  y  aspe- 
reza. 

Inconvertible.  Adjetivo.  Lo  que 
no  es  convertible. 

Etimología.  Jn  privativo  y  eonver-' 
tibie;  Lain,  inconvertíbílii,  inmutable; 
italiano,  inconvertlbile;  francés  y  cata- 
lán, inconvertible. 

Inconveniente.  Masculina  anti- 
cuado. Disgusto,  suceso  desagradable. 

Incordio.  Masculino.  MeiUcinj,  El 
tumor  que  se  forma  en  las  ingles,  y 
procede  del  mal  gálico,  |  Metáfora. 
¡QuA  incordio!  Exclamación  familiar 
con  que  ponderamos  la  molestia  que 
alguno  nos  causa. 

EtixolooÍa*  Tn  negativo  y  coráio, 
fbrinu  de  cordial,  como  si  dijéramos 
in  cordial,  «no  cordial,  no  ingenuo,  no 
benévolo,  no  afectuoso,  malo,  cruel:» 
catalán,  incordi. 

Incordióse,  sa.  Adjetivo  familiar. 
Que  es  pesado  y  fastidioso. 

Incorpórame.  Adjetivo  anticua- 
do. Incorpóreo. 

Incoiporación.  Femenino.  La  ac- 
ción y  efecto  de  incorporar  6  incorpo- 
rarse. 

Etimología.  Incorporar:  latín,  in- 
corjiSratío;  italiano,  incorporazione; 
francés,  tncorporatíon;  provenzal,  in- 
(w/íoroíiV;  catal  'in,  incvrporacid;  ^ot- 
tugués,  incorporacao. 

Incorporadamente.  .Adverbio  mo- 
dal. De  un  modo  incorporado. 

Etimología.  Incorporada  y  el  suñjo 
adverbial  mente. 

Incorporadero.  Masculino.  En  las 
minas,  el  patio  ó  lugar  donde  se  in- 
corpora el  azogue  con  el  metal. 

Incorporaio,  da.  Participio  pasi- 
vo de  incorporar. 

Etimología.  hAtin  incorporaíns,  par- 
ticipio pasivo  de  ineorplrire;  catalán, 
incorporat,  da;  francés,  incorporé;  ita- 
lino,  incorporato. 

Incorporal,  .Vdjetivo  anticuado. 
Incorpóreo.  |j  Se  aplica  á  las  cosas 
que  no  se  pueden  tocar.  Q  Teología, 
Que  no  está  dotado  de  cuerpo,  en  cuyo 
sentido  se  dice:  tnbstandas  ihcorfora- 

LBS. 

Etimología.  In  privativo  y  corpo- 
ral: lauu,  t,.corp''ralis;  italiano,  incor- 
pórale: raiicés,  iitcorporel;  provenzal 
y  catalán,  incrporal. 

Incorporaiíaad.  Femenino.  Teolo- 
ii.  Cualidad  de  los  seres  incorpora- 


les. 


INCO 

eotp^aí^íaB,  carencia  de  «uerpo,  en 
Macrobio;  italiano,  incorporaliía;  fran- 
cés, incorporante';  provenzal,  incorpo- 
ralitat, 

Incorporalmente.  Adverbio  de 
mod.i.  Sin  cuerpo. 

Etimología.  Incorporal  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  latm,  incorp^dllter; 
italiano,  incorporalmente;  catalán,  in- 
corporalment. 

incorporamiento.  Incorporación. 

Incorporar.  Activo.  Agregar,  unir 
dos  ó  mas  cosas  para  que  hagan  un 
todo  y  un  cuerpo  entre  sE.  H  bentar  ó 
reclinar  el  cuerpo  que  estaba  echado 
y  tendido.  Se  usa  también  como  reci- 
proco. I  Recíproco.  Agregarse  una  6 
más  personas  i  otras  para  formar  un 
cuerpo. 

EriMOLOof A.  Latín  incorporare,  unir, 
agregar  en  uo  solo  cuerpo;  de  in,  en, 
y  corporare,  forma  verbal  ficticia  de 
Corpus,  corpdrii^  cuerpo:  catalán,  t«:or* 
porar;  francés,  ipcorporer;  provenzal, 
encorporar,  incorporar;  italiano,  Mwr- 
porare. 

Incorporarse.  Recíproco.  Levan- 
tarse sentado  cuando  se  eati  tendido 
I  Entrar  á  ser  parte  de  ana  corporal 
ción,  y  así  ss  dice:  incorporarsb  en 

el  colegio  de  abogados- 
Incorporeidad.  Femenino.  La  ca- 
lidad délo  incorpóreo. 

Etimología.  IncorpSrto:  provenial, 
ine 'rporeitat;  francés,  ineorporéité;  ita- 
liano, inrorporeitá. 

Incorpóreo,  rea.  Adjetivo.  Lo  que 
QO  es  corp>)reo  ó  material,  |1  Substan- 
cias incor:-üRbas.  Metafísica.  Sinóni- 
mo de  substancias  espirituales,  como 
cuando  se  dice:  cel  alma  es  una  razón 
INCORPÓREA  que  el  hombre  no  puede 
concebir,  sino  por  medio  del  sentido 
íntino  ó  conciencia  refleja.» 

Etimología.  In  privativo  ^  corp^co: 
latín,  incurpúr^us;  italiano,  t*cor/hft'«o,' 
catalán,  incorpíreo,  a. 

Incorporo.  Hasculino.  Incorpora- 
ción. 

IncorrecciAn.  Femenino.  Falta  de 

corrección,  fl  Abuso  de  estilo. 

Etimología.  In  privativo  y  correc- 
ción: latín  posterior,  incorrect'o,  forma 
sustíintiva  abstracta  de  incorrectas,  in- 
correcto: italiano,  íCOiTíriOHi-;  francés, 
incorrection;  catalán,  incorrección 

Incorrecto,  ta.  Adjetivo.  Sin  co- 
rrección, desarreglado,  defectuoso. 

Etimología.  Jn  privativo  y  correcto: 
latín,  iacoirecíus,  no  ennaendado;  ita- 
liano, incorretlo;  francés,  ineorreet, 
forma  provenzal;  catalán,  incorrecte,a. 

Incorregibiliiad.  Femenino.  La 
obstinación  y  dureza  que  hace  impo- 
sible ó  muy  dificultosa  la  corrección 
de  alguno  ó  de  alguna  cosa.  {|  Bstado 
y  carácter  de  lo  incorregible. 

I    Etimología.  Incorrrgihle:  catalán . 

¡  incorregihiliUl,  incovret<¡ibilÍtat;  fran- 

■  ees,  incorrigih'úité;  italiano,  ineorreg~ 

I  gibilitá,  incorriggihíliti. 

Incorregible.  Adjetivo.  Lo  que  no 
es  corregible.  Dícese  del  que,  por  su 
dureza  y  terquedad,  no  se  quiere  en- 
mendar ni  Cííder  á  los  bueaos  conse- 

!  jos.  Se  aplica  igualmente  á  las  cosas, 
como  cuando  decimos:  tondncta  in- 


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COtRBOIBLB,  INCORRRGIBLB  pertinacU. 

Etísiología..  In  privativo  y  corregi- 
lalÍD,  ineorrigibílis;  italiano,  in- 
corre^gibile,  incorriggXbile;  francés,  «- 
corrigible;  catalán,  xncorregibUt  incor- 
retgxble. 

Incorregiblemente.  Adverbio  de 
modo.  Obstinadamente,  sin  admitir 

corrección. 

ETiuoLoofA.  Incwr^hUjA  sufijo 
adverbial  mente. 

Incorrupción.  Femenino.  Estado 
de  una  cosa  que  no  se  corrompe  ó  no 
deja  de  ser  lo  que  era.  |  Metáfora.  La 
pureza  de  vida  j  la  santidad  de  cos- 
tumbres. Dícese  particularmente  ha- 
blando de  U  justicia  j  la  castidad. 

Etiholooía.  /»  privativo  j  c^rmp- 
ción:  latín,  ineorrupíío,  forma  sustan- 
tiva abstracta  de  ineorru^tus,  inco- 
rrupto: catalán,  ineorrupctó;  francés, 
incorrupíion;  italiano,  incommone* 

Incorruptamente.  Adverbio  de 
modo.  Sin  corrupción. 

EtiuoloqÍa.  Incorrupta  j  el  sufijo 
adverbial  mente:  latín,  incorñipte;  ca- 
talán, incorrupíament. 

Incorrupuoilidad.  Femenino:  La 
imposibilidad  de  corromperse  una  co- 
sa. Se  aplicaá  objetos  materiales,como 
cuando  decimos:  la  sncokbui>tibu.idad 
dt  la  lux;  i  seres  morales,  como  cuan- 
do decimos:  la  incobruptibilidad  es 
un  carácter  más  necesario  de  la  ley 
natural  que  de  la  lej  escrita;  á  perso- 
nas, en  cuyo  sentido  se  dice:  la  inco- 
BBUFTiBiUDAD  del  magístndo.  |  Me- 
ta/itica.  Uno  de  loa  atribntos  esencia- 
les del  espíritu. 

EtiholuqU.  incorruptible:  latín,  iV 
corruptíbiíitas;  italiano,  incorrottibili- 
ta,  incorruítibilitá;  francés,  incorrupíi- 
biliíe;  provenzal  j  catalán,  incorrvpíi- 
bililat. 

Incorruptible.  Adjetivo.  Lo  que 
no  es  corruptible.  ||  M<;táfora.  Lo  que 
uo  se  puede  pervertir  ó  ea  muj  difícil 
que  se  pervierta.  H  ffístoria  ecleíiásii~ 
M.  Nombre  de  una  secta  eutiquiana, 
cuja  doctrina  consistía  en  enseñar  que 
el  eaerpo  de  Jesús  era  incobruptiblb. 

Etiholooía.  Jn  negativo  jr  corrup-' 
íi&U:  Utín,  iiuorrup£í6ÍUt¡  francés  j 
catalán,  ÍHCorritpfÍbU¡  italiano,  mcor~ 
rmiUbile. 

Xncormptiblemente.  Adverbio  de 
modo.  i)e  una  manera  incorruptible. 

ErmoL^sfA.  Jneorruptibk  j  el  sufi- 
jo aaverüial  mente:  latín,  incorrupfíbí- 
iUer;  italiano,  incorruUibilmente;  fran- 
cés, incormptiHement. 

Incorruptísimo,  ma.  Adjetivo  su* 
perlaiivo  de  incorrupto. 

Incorrupto,  ta.  Adjetivo.  Lo  que 
esta  sin  corromperse.  |  Metáfora.  Lo 
que  no  está  dañado  ni  pervertido,  || 
Se  aplica  á  la  mujer  que  no  ha  perdi- 
do la  pureza  virginal. 

EtiuolOjÍa.  fn  privativo  j  corrup- 
to: latín,  incorrSptus;  italiano,  tsMr- 
ruíio;  francés,  íncorrompu;  catalán  an- 
iig>iio,  inai  i  umputf  da;  moderno,  m- 
c/rrupte,  a. 

Inrrasación.  Femenino.  Medicina, 
Acci  >n  ó  efecto  de  incrasar. 

Incrasante.  Participio  activo  de 
incrasar.  Medicina.  Lo  que  íncrasa, 


iNCft 

en  euvo  sentido  se  dice:  remedios  IK- 
GBASANTss.  n  Masculino.  Un  incra- 
sante, los  incrasantes. 
ETiifOLoaÍA.  IñGrasar'.  francés,  fu- 

crassant. 

Reseña  histórica. — 1.  Los  humoris- 
tas atribuían  á  los  incrasantes  la  pro- 
piedad de  calmar  la  sangre  j  los  hu- 
mores. 

2.  Los  INCRASANTES  representan  el 
término  contrario  de  los  incisivos. 
Incrasar.  Activo.  Mediana.  SiY- 

ORASAR. 

Etimología.  Latín  inerassare,  en- 
grasar; de  i«,  en,  dentro,  sobre,  7 
crassSret  forma  verbal  de  crassa,  gra- 
sa: INCRASSATUS  cst  gladius;  el  hacha 
del  sacrifícador  está  ja  embotada  de 
sangre  (san  Jbrómimoj:  catalán,  in- 
crassar. 

Increafale.  Adjetivo.  Sistema  de 
D'A  lembert.  Lo  que  no  se  puede  crear. 

Según  dicho  sistema,  la  materia  es  IN- 
creable;  por  consiguiente,  increada; 
por  consiguiente,  eterna.  (D'Alem- 
BBBT,  Carta  al  rey  de  Prusia,  30  de  JSfo- 
viembre  de  1770.) 

Etimología.  In  privativo  j  crear: 
francés,  incréable, 

Reseña.~^^it  sistema  de  D'AIem- 
bert  está  muj  lejos  de  tener  el  mérito 
de  la  originalidad,  puesto  que  hace 
muchos  siglos  ^ue  los  chinos  euseñan 
la  propia  doctrina.  Seg^ún  ellos,  «la 
materia  es  eterna,  infinita,  increada.» 
(Didbrot,  Opiniones  de  los  antiguos  Jí- 
lósofoSf  malebranquismo.) 

Increado,  da.  Adjetivo.  Lo  ^ne  no 
ha  sido  creado,  en  cujo  setitido  se 
dice:  el  ser  increado  (Dios);  el  Verbo 
increado;  la  Trinidad  increada.  |j 
Teología.  La  sabiduría  increada:  ex- 

Eresiún  con  que  se  designa  el  Hijo  de 
líos,  ó  sea  el  Divino  Yerbo. 
ETiMOLoaÍA.  Jn  negativo  j  creado: 
catalán,  increaí,  da;  francés,  incr¿é, 
masculino;  incréée,  femenino;  italia- 
no, increato;  latín,  increütns  (en  Qm- 
CHBRAT,  Addenda). 

Reseña,— 1.  Aunque  Dios  constara 
de  partes,  estas  partea  no  serían  jamás 
hechuras  de  mauo,  puesto  que  el  Crea- 
dor, el  ser  incrbado,  no  puede  com- 
ponerse de  creaturas.  (Bossubt,  ffis- 
toire,  IJ,  i.) 

2.  ¡Oh  muerte!  {Oh  destino!  ¡Oh 
Dios  de  la  luz,  Creador  incrbado  de 
la  naturaleza  entera!  (Voltairb,  Gaé- 
bres,  lll,  5.) 

Sinonimia.  Increado,  injíntío,  inmen- 
sOf  eterno.  Dios  no  tuvo  principio. 
Esto  quiere  decir  que  no  tuvo  origen, 
que  nadie  le  creó:  he  aquí  lo  increado. 
No  tiene  fin:  he  aquí  lo  infinito. 
Nadie  le  ha  medido,  porque  el  es- 
píritu no  admite  medíua:  he  aquí  lo 
inmenso. 

No  puede  destruirse,  porque  el  es- 
píritu no  puede  acabarse:  he  aquí  lo 
eterno. 

Increado  diee  relación  al  principio. 

Infinito,  al  fin. 

Inmenso,  al  espacio. 

Eterno,  «1  tieiiipii. 

Incredibilidad.  Femenino.  Impo- 
sibilidad ú  dificultad  de  ser  creída 
ana  cosa. 


IMGR 


53 


¿TiuoLoaU.  Increíble:  latín,  mcv- 
áíillUas;  italiano,  ina-edibiUíá;  fran- 
cés, incrédibilité;  catalán,  incredibi- 
litat. 

Incredulidad.  Femenino.  Oposi- 
ción á  creer  una  cosa.  |  Falta  de  fe  en 

reliffión. 

Etimología.  Incrédulo:  latín,  incre- 
dülUas;  italiano,  incredulitá;  francés, 
ineredulite';  catalán,  increcuUiat. 

Incrédulo,  la.  Adjetivo.  El  que  no 
cree  lo  que  debe:  se  dice  especialmen- 
te de  los  que  bo  creen  lus  misterios  de 
nuestra  santa  religión.  ||  El  que  no 
cree  con  facilidad  j  de  Ugijro.  f  Usase 
como  sustantivo;  v  así  decimos:  uu 

tHCRéDULO,  los  INCÜÉDULOS. 

EtuiologIa.  In  privativo  j  crédulo: 
latín,  incriduius;  italiano,  incrédulo; 
francés,  ineredule;  catalán,  incredul,  a. 

Reseña  Aisíérica. — ^En  el  lenguaje  de 
algunas  escuelas,  incrédulo  es  sinó- 
nimo de  filófifo, 

Increibílidad.  Femenino.  Incre- 
dibilidad. 

Increíble.  Adjetivo.  Imposible  ó 
diñcil  de  creerse.  |  ¡Eb  increÍjle!  Ex- 
presión hiperbólica  con  que  pondera- 
mos le  extraordinario  de  algún  su- 
ceso. 

Btiuolooía.  In  privativo  y  creíble: 
latín,  incriUidUis;  italiano,  incredibile; 
francés  antiguo,  incredible;  moderno, 
incrogahle;  catalán,  increíble. 

Increíblemente.  Adverbio  de  mo- 
do. [)e  una  manera  increíble. 

Etiuolooía.  Increíble  y  el  sufijo  ad- 
verbial wtnte:  catalán,  increibument; 
ínncéSfinerogablement;  italiano,  incre- 
dibitmente;  latín,  Íncrcd!b1líler. 

Increíbles  (los).  ¿Tifíona.  Nombre 
que  se  dió  en  tiempos  del  Directorio, 
hacia  l'vOfi,  á  cierta  clase  de  jóvenes 
que  afectaban  un  gran  esmero  en  su 
traje  y  en  su  modo  de  hablar.  Lleva- 
ban el  cabello  largo  y  empolvado  de 
,  blanco,  en  dos  largas  trenzas,  llama- 
'  das  orejas  de  petro,  que  caían  hasta 
I  los  hombros.  £1  vestido  consistía,  en- 
tre otras  prendas,  en  un  pantaljn  cor- 
to, callante — ya  que  esta  palabra,  to- 
;  mada  de  nuestros  vecinos,  está  san- 
,  Clonada  por  el  uso — verde  ó  negro. 
'  abotonado  hasta  la  rodilla;  cuerpo  sin 
I  mangas,  de  pana,  con  botones  de  ná- 
I  car,  redingote,  etc.  £1  sombrero  era  de 
los  llamados  á  claque,  y  de  una  gran 
altura.  Llevaban  además  medanóli, 
collar  V  otros  objetos,  notables  por  su 
exageración.  El  buen  tono  do  los 
increíbles  consistía  en  h:iblar  de  u.i 
modo  afectado  y  ridículo,  suprimien- 
do la  r  en  cuantas  p:tlabras  la  tenían; 
y  así  decían:  ma  paole  d'  konneu,  m'i 
petite  paole  panache'e,  y  sobre  todf, 
cuando  algo  les  admiraba:  en  veite, 
c  est  incasable,  exclamación  de  que 
tomaron  su  nombre.  Eran  por  de  con- 
tado los  héroes  de  bailes  v  sal  mes,  y 
representaban  el  partido  áe  la^  gentes 
montadas  á  la  antigua,  sin  tener  ja- 
más verdadera  importancia,  Bl  pue- 
blo los  llamaba  muscadins. 

Incremento.  Masculino.  Aumen- 
to, ü  Matemáticas  aníiguar.  Nombre 
-leí  cálculo  de  las  fluxiones,  ó  cálculo 
.liferencíil  11  ^üisíema  nenloviano.  Can- 


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54 


INCR 


tidad  infinitamente  pequefla,  de  donde 
se  forma  una  cantidad  capaz  de  cier- 
tas combinaciones.  Bl  sistema  nevto- 
niano  ba  demostrado  que  el  iHCftB- 
MBNTo,  producto  de  una  cantidad 
matemática,  es  menor  que  la  mái  pe- 
queña parte  asignable. 

EtiuoLoaÍA..  Latín  inerhHentum, 
crecimiento,  desarrollo;  de  in,  en,  j 
una  forma  de  cr.''scere,  crecer:  italiano, 
incremento:  francés,  incrémeni;  proven- 
zal  y  catalán,  incremení.  £1  catalán 
íHctementeí,  incremento  pequeñOi  es 
un  díminutÍTo,  como  el  latfn  ineri- 
mentitlum,  que  se  halla  en  Apujrelo. 

Increpación.  Femenino.  Acción  6 
efecto  de  increpar. 

EriuoLoafA.  Increpar:  latín,  incre~ 
patío,  manifestación  de  la  cqIm  con 
c^ue  se  reprende  ó  castiga,  en  Tertn- 
liano;  exorcismo,  en  san  Isidoro;  for- 
ma  sustantiva  abstracta  de  inerepitut, 
increpado:  catalán,  i%crepad4i  italia- 
no, increpazione. 

Increpado,  da.  Participio  pasÍTO 
de  increpar. 

Etimología.  Latín  incr''patuSt  par- 
ticipio pasivo  de  incre^Hre,  increpar: 
catalán,  inerepat,  da;  italiano,  %%cre- 
patOi 

Increpador,  ra.  Adjetivo.  Que  in- 
crepa. 

ÉtiuolooÍa.  Increpar:  latín,  í»cr?- 
]iat'jr,  en  las  glosas;  forma  agente  de 
iner''pátÍ0t  increpación:  catalán,  incre- 
pador, a. 

Increpante.  Participio  aetíro  de 

increpar.  ^  ue  increpa. 

ETiuoLoaÍA.  Latín  incr^antt  incr^ 
pantis,  participio  de  presentado  inerK- 
pare,  increpar. 

Increpar.  Reprender  con  dureza. 

Etimología.  Latín  tmTí'JpflM,  so- 
nar, hacer  raido;  j  extensivamente, 
reñir  con  bulla,  reprender,  acusar;  de 
t»,  en,  j  cr?pare,  simétrico  de  crepita- 
re, crepiur:  catalán,  increpar,  ' 
.  Sentido  etimol  '^ieo. — 1.  Crepitar  é 
increpar  representan  el  mismo  vocablo 
de  orififen. 

2.  Incrbpab  significa  literalmente: 
«reprender  á  gritos,  temblando  de  có- 
lera.» El  primer  individuo  que  ihcrb* 
pó,  temblaba  de  furia;  esto  es,  crepi~ 
taba, 

Incrimpolado,  da.  Adjetivo  anti- 
cuado familiar.  Lleno  de  perifollos, 

muy  estudiado. 

Incristalizabilidad.  Femenino. 
Imposibilidad  de  cristalizarse.  (Caba- 
llero. 

Incristalizable.  Adjetivo.  Fitica, 
Que  no  se  puede  cristalizar. 

EnMOLOoÍA.  In  privativo  j  crittali- 
zable:  francés,  incrtsíalisable* 

Incriitalización.  Femenino.  .F'ii»- 
ca.  Estado  de  los  cuerpos  no  cristali- 
zados. 

Incriticable.  Adjetivo.  Que  no 
puede  criticarse. 
Etiuolooía.  In  j  criticable:  francés, 

incritiquable;  italiano,  incriíieaHle. 

Incruento,  ta.  Adjetivo.  No  cruen- 
to. ¡¡  Sachificio  incruento.  Teología* 

La  sairradü  Imstiii  BLicaríslicá. 

Etimología.  /íi  privativo  y  cruento: 
latín,  incrumlMt  uo  sangriento;  ita- 


INCÜ  • 

liano,  inrrnento;  catalán,  incruent. 

Incmstación.  Femenino.  Acción 
ó  efecto  de  incrustar.  J|  La  misma  co- 
sa incrustada.  |  Metáfora.  Lo  que  cu- 
bre ó  cohonesta.  |¡  Costra  salina  c^ne 
suele  formarse  en  alg^unas  substancias 
minerales.  ||  Patología.  Depósito  cali-- 
zo  que  se  forma  á  veces  en  los  tejidos 
orgánicos,  ó  en  su  superficie. 

Etimología.  Incrustar:  francés,  m- 
crtisitítum:  italiano,  incrottatura;  latín, 
inerust&C-o,  ornamento  que  se  hace  en 
la  piedra  dura  j  pulida;  forma  sus- 
tantiva abstracta  de  inerut^tiUt  in- 
crustado. 

Incrustado,  da.  Adjetivo.  Botáni- 
ca. Epíteto  de  las  semillas  adheridas 
al  pericarpio. 

Etiuología.  Latín  tuerafíSAu,  par- 
ticipio pasivo  de  ¿«criM/dr;, incrustar: 
italiano,  incrosta'o;  francés,  incrusté. 

Incrustador,  ra.  Masculino  j  fe- 
menino. El  que  incrusta. 

Incrustante.  Adjetivo.  Epíteto  de 
las  aguas  saturadas  de  sales  cali/as, 
que  depositan  capas  sobre  los  cuerpos 
colocados  en  el  fondo  de  los  cauces. 

Incrustar.  Activo.  Embutir. 
Chapear.  Adherir  una  cosa  á  otra. 
Ejercer  ciertas  aguas  su  acción  sobre 
los  cuerpos  sumergidos  en  ellas,  ou- 
briéiidoíns  de  una  capa  salina. 

Etimología.  Latín  incrustSre,  ador- 
nar un  edificio  de  mármoles  t  otras 
piedras  brillantes  en  las  entalladuras 
de  las  paredes;  de  m,  en,  dentro,  so- 
bre, jr  crusiSre,  forma  verbal  de  crutía, 
costra:  italiano,  incrosíare;  francés, 
incruster. 

Incuartación.  Femenino.  Separa- 
ción del  oro  j  de  la  plata  al  disolver- 
se en  ácido  nítrico. 

Incuartar.  Activo.  Añadir  plata  al 
oro  para  copela  rio. 

Etimología.  Prefijo  in,  en,  dentro, 
y  cuartar,  forma  verbal  ficticia  de 
cuarto,  aludiendo  á  que  se  añadía  la 
cuarta  parte  de  plata. 

Incubación.  Femenino.  Ornitolo- 
gía. Acto  de  empollar  las  aves  sus 
nuevos,  j  el  tiempo  en  que  lo  veri- 
fican. II  Acción  de  echarse  sobre  el  la- 
do derecho.  I  Medicina.  Se  entiende 
por  INCUBACION  el  tiempo  que  trans- 
curre entre  la  acción  de  una  causa 
morbífica  sobre  la  economía  animal, 
y  el  tiempo  en  que  la  enfermedad  se 
presenta  con  sus  síntomas  propíos  ^■ 
característicos.  En  este  sentido  se  di- 
ce: la  incubación  de  la  vacuna,  de  bi 
viruela,  de  la  peste.  Q  Período  de  in- 
cubación. El  período  que  transcurrí- 
desde  el  momento  en  que  se  recibe  el 
germen  de  una  enfermedad,  hasta 
aquel  en  que  la  enfermedad  comieir/.  i 
de  un  modo  efectivo  ^  caracterizad  >. 

EtiholooÍa.  Latín  tncuhalío,  el  acto 
de  emp.jUar  las  aves  los  huevos;  for- 
ma sustantiva  abstracta  de  ineíí^tus, 
primitivo  de  incubítaSt  participio  pa- 
sivo de  incu^ret  acostarse,  empollar 
los  huevos,  en  Varrón;  de  in,  en,  y 
cubare,  echarse;  francés,  incubaíio»; 
italiano,  incuhazione. 

Reseña. — Historia  antigua*  Costum- 
bre adoptada  en  lus  templos  de  las  di- 
vinidades de  Medicina,  donde  iban  los 


INCtí 

enfer:iios  i  consultar  á  Esculapio.  A 
la  derecha  de  este  dios,  había  un  le- 
cho, en  su  templo,  i-erca  de  Titorra.En 
Babilonia,  las  mujen's  iban  á  pasar  la 
noche  al  templo  de  Mjrütta,  a  fin  de 
t  mer  sue'ios  ,é  inti'rpretarlos  después. 
Los  magistrados  de  Bsparta,  antes  de 
tomar  alguna  decisión  importante, 
¡)>an  H  dormir  TÍ  un  templo  de  Pasif», 
cerca  de  la  r>íudad,para  interpretar 
su  sueño  también.  La  costumbre  de  la 
mcuDACióK  se  seguía  en  Epidauro  en 
tiempo  de  san  Jerónimo.  (Véase,  en- 
tre otras  obras,  la  de  A.  Gauthier, 
Reckerches  hittoriques  turl'exerdcedela 
Medicine  dans  lea  /«m/¿«,  París,  1814.) 

lacúbito,  ta.  Adjetivo.  Empo- 
llado. 

BriMOLOaÍA.  Incubación. 

Incubo,  ba.  Adjetivo  que  se  aplica 
al  demonio,  que,  s  'gún  la  creencia 
vulgar,  tiene  comercio  carnal  con  al- 
guna mujer  bajo  la  apariencia  de  va- 
rón. I  Pesadilla.  Medicina.  \\  Espíri- 
tu malhechor  que  se  suponía  sofocar 
las  personas  dormidas. 

Etimología.  Latín  incübui,  acciden- 
te que  da  en  sueños,  con  que  se  com- 
prime el  corazón;  simétrico  de  iiidíi^, 
mcübdnis,  pesadilla,  de  inc&bare,  acos- 
tarse: francés,  incube;  italiano,  incube; 
catalán,  incubo. 

Reseña  AtsAfrtcs.— I.  Especie  de  de- 
monio que  se  creía  tomar  forma  de 
hombre,  para  gozar  de  los  placeres  del 
amor  con  mujeres  dormidas ótranspoi^ 
tadaa  al  día  del  sábado,  «ncubo  repre- 
senta el  término  contrarío  de  ruc^bo. 
Roberto  el  Diablo,  según  la  tradición 
que  ha  seguido  Scribe,  era  hijo  de  un 
ÍNCUBO  j  de  la  mujer  del  duque  de 
Normandía.  j^Han  e:LÍstido  realmente 
los  íncubos  j  ios  tuccuiosf  Todos  nues- 
tros sabi-ís  jurisconsultos  demonógra- 
fos  admitían  ig-ualmente  la  existencia 
de  los  unos  j  de  los  otros.  (Voltaibb. 
Diccionario  Jilosófico,  Íncubos.) 

2.  Llámanse  íncubos  unos  demo- 
nios que  se  transforman  á  ffuisa  de 
hombres,  y  tienen  acceso  de  cópula 
carnal  con  las  hechiceras, /mim»  sor- 
exeres,  (Pareo,  XIX,  99,) 

3.  Los  médicos  entienden  que  el  Ín- 
cubo (como  pesadilla)  es  un  mal,  en 
que  la  persona  se  siente  oprimida  j 
como  sofocada  por  un  cuerpo  que  pesa 
sobre  ella,  cujo  fenómeno  se  verifica 
generalmente  durante  la  noche.  El 
vul^e  cree  que  es  una  vieja,  la  cual, 
echándose  sobre  los  cuerpos,  los  com- 
prime, y  la  llama  chocha-pollo,  (Idbm, 
XIX,  33.) 

4.  Excusado  parece  decír  que  el  an- 
iigiio  íncubo,  sinónimo  de  duende  ó 
cosa  semejante,  no  es  otra  cosa  que  el 
latín  incüous,  accidente  que  da  soñan- 
do alguna  cosa  triste,  de  donde  la  ima- 
ginación de  las  gentes  sacó  la  historia 
romancesca  del  íncubo  trasnochador  y 
aventurero. En  cuanto  á  nuestros  días, 
si  haj  algún  Íncubo,  nocturno^  diur- 
no, casi  pudiéramos  afirmar,  sin  dar 
nuestra  alma  al  diabl-i,  ^ue  no  es  un 
demonio  que  toma  la  guisa  de  hom- 
bre, sino  un  hombre  que  toma  la  gui- 
sa de  demonio. 

5.  Debe  notarse  que  el  latín  tiicv- 


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Goo^e 


INCU 

in  M  eneaentn  por  piim«n  ves  en 
Agustío,  forma  evidente  de  tncá- 
k,  »c«¿eiit<,  el  qae  está  echado  lobre 
una  cosa,  para  guardarla,  como  se  ve 
eo  Petronio,  á  cuyo  roeablo  dió  Ter- 
titlíiDO  el  sentido  de  pesadilla. 

Incabones.  Maseuiiao  plural.  Áñ- 
UfUiada,  Genios  encargados  de  cas- 
todiir  l'>a  tesoros  ocultus. 

Btimolgoía.  Incubo. 

Incnlcftción.  Acciún  <S  efecto  de 
ÍDCulcir.  I  ¿iisíoria  di  U  filosofía.  La 
iMCULCaaÚN  era  una  de  las  maneras 
de  inrüir  de  la  tjscutíla  est  tica. 

BnHOLoefa.  Inculcar:  latín,  mc«¿ca- 
la  acción  de  repetir  una  cosa;  for- 
ma sustantiva  abstracta  de  incMlcatntt 
ineDlcado;catul¿u,  íf^lcaeió;  francés, 
iinioi/tM;  italiano,  inatlcawme* 

Incnlcadmmente.  Adverbio,  mo- 
dal. De  un  modo  inculcado. 

Etihología.  Jnenkada  y  el  su6jo 
adverbial  mente. 

Incnlcftdo,  da.  Participio  pasivo 
d«  in'-ulear. 

ETiMOLoofa.  Latín  inculcaíutf  par- 
licipio  pasivo  de  inculcaré,  inculcar: 
catalán,  inculcaí,  da;  francés,  %%c%l- 
ifté;  italiano,  inculcato. 

bicalcador,  ra.  Sustantivo  y  ad- 
jetivo, (jue  inculca. 

Btiholooía.  -  nculcart  latín,  incul- 
ciior,  el  que  pisa  6  acalca  con  los 
pies,  en  Tertuliano,  forma  agente  de 
nenUii^Ot  incnlcación. 

beolcante.  Participio  actÍTO  de 
iarolcar. 

Inculcar.  Activo.  Apretar  una  cosa 
contra  otra.  HñUase  usado  también 
como  recíproco.  ||  Repetir  con  empeño 
muchas  veces  una  cosa  á  alguno.  ^ 
imbuir,  infundir  con  ahinco  en  el 
inimo  de  alguno  una  idea,  un  con- 
cepto, etc.  H  Imprenta,  Juntar  dema- 
siado unas  letras  con  otras.  H  Recípro- 
co. Afirmarse,  obstinarse  alguno  en 
lo  que  siente  ó  profiere. 

BTafOLOOÍA.  i. — El  latín  tiene  cala, 
alcit,  el  ulón,  cujo  vocablo  produjo 
cftícia"*)!!,  el  carcañal. 

2.  Calcattrum  produjo  caleirtt  pisar. 

3.  Calcare  produjo  ineulcSre  (tn-<al- 
tart),  calcar  frecuentemente  aobre  al- 
cana cusa.  Jneukar  no  es  más  que 
cs^r  sobre  una  idea,  sobre  un  senti- 
tnieoto,  sobre  un  propósito:  catalán, 
inaUcér;  francés,  iNca^iw;  italiano, 
inculcare. 

Incolcarte.  Recíproco.  Infundirse 
«D  el  ánimo,  grabarse  en  la  mente,  en 
el  sentimiento,  en  las  costumbres, 
como  cuando  decimos:  los  recuerdos 
de  la  oiúez  ss  iNCULcaN  para  siempre 
en  la  memoria;  los  consejos  de  un  pa- 
'■re  81  INCULCAN  hondamente  en  el 
■monzón :  las  sencillas  máximas  de  la 
firtud  SB  INCULCAN  con  facilidad  en 
un  lima  inocente. 

Incolpabiiidad.  Femenino.  Falta 
de  Cttipabilidad. 

Btiiiolooía.  IneulfébU:  italiano, 
'*Mjiahili((i, 

Inculpable.  Adjetivo.  No  culpa- 
ble. 

BnyoLooÍA.  7)i  negativo  y  ca/Da'^í?; 
liititi,  inc»i¡iahiln;  italiano,  inco 
•f.  inco  pitóte;  francés  y  catalán,  i«- 


INCU 

eñlpahU,  El  francés  tiene  también  tV 
eoupaiU,  forma  incorrecta. 
Inculpablemente.  Adverbio  de 

modo.  Sin  culpa. 

ETiMOLoaÍA.  Inculpable  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  latín,  inculpatim,  en 
el  Digesto;  catalán,  inculpabfemenl,  in- 
culpadament. 

Inculpación.  La  acción  y  efecto 
de  inculpar. 

Etiholuoía.  Inculpar:  latín,  incul- 
paí-ü  (uu  QuicaRBLkT ,  AdUenda),  forma 
sustantiva  abstracta  de  inculpaíus,  in- 
culpado; catalán,  inculpado;  francés, 
inculpaiion;  italiano,  íncolpamenío. 

Inculpado,  da.  Adjetivo.  El  que 
no  tiene  culpa. 

KTUi(n.oa¿A.  Jiuulpar:  francés,  t«i- 

Inculpar.  Activo.  Echar  á  uno  la 

culpa. 

Etiuoloqía.  In  privativo  y  culpar: 
latín,  inculpare;  italiano,  tncolpare; 
frunces,  inculper, 

Inculpatisimo,  ma.  Adjetivo  su- 
perlativo anticuado.  Que  no  tiene  la 
menor  culpa  ó  tacha. 

Inculpe.  Adjetivo.  Sin  culpa. 

Incultamente.  Adverbio  de  modo. 
De  una  manera  inculta. 

EnuoLoaÍA.  Inculta  y  el  sufijo  ad- 
verbial mente:  italiano,  incoltamente. 
■  Incultar.  Activo  anticuado.  Ocul- 

TAn,  KNLAZAB. 

Incoltísimo,  ma.  Adjetivo  supera 
lativo  de  inculto. 
Incultivable.  Adjetivo.  Que  no  se 

puede  cultivar. 

Etimología.  In  privativo  y  cultiva- 
ble: francés  y  catalán,,  incultivable, 

Incultivado,  da.  Adjetivo.  No 
cultivado. 

Btucolooía.  ya  privativo  y  »¿íica- 
do:  francés,  incuUtve'. 

Inculto,  ta.  Adjetivo.  No  cultiva- 
do. 11  Metáfora.  Grosero,  tosco. 

Ktiuoloqía.  In  negativo  y  culto: 
latín,  tMCH¿íwx,  desierto,  despoblado, 
erial;  frauces  y  provenzal,  incuiie;  ita- 
liano, iucolío;  catalán,  ineult,  a. 

Incultura.  Femenino.  Falta  de  cul- 
tivo ó  de  cultura. 

ETiHOLoaÍA.  Inculto:  latín,  ineultusy 
ineultüs,  descuido,  grosería,  falta  de 
cultura;  catalán,  incultivament;  fran- 
cés, incuiture;  italiano,  incollurat  in- 
cultura. 

Incumbencia.  Femenino.  La  obli- 
gación y  cargo  de  hacer  alguna  cosa. 

Etimología.  Incumbir:  italiano,  t'n- 
cum'feiiza:  catalán,  incumbencia. 

SiNOMHiA.  Incumbencia,  competen- 
cia. La  incumbencia  es  privada. 

La  competencia  es  judicial. 

Un  padre  dice:  á  mí  no  me  ÍMumbe 
reprender  y  educar  al  que  no  es  mi 
liijo. 

Un  jues  dice:  &  mí  no  me  compete 
conocer  en  asuntos  extraños  á  mi  ju- 
risdicción. 

Competencia  se  distingue  además  de 
incu/noenda  en  que  significa  ta  idea  de 
discordancia  y  de  disputa,  por  lo  cual 
dice  nuestro  Cervantes  que  Ooo  Qui- 
jote tuvu  muchas  veces  competencias 
con  el  rura  de  su  lugar(que  era  hom- 
bre docto,  graduado  en  Sig&euza)i  so- 


INCU 


55 


bre  cuál  había  sido  mejor  caballero, 
Palmeria  de  Inglaterra  ó  Amadís  .de 
Gaula. 

Nada  más  extraño  que  decir  qne 
tuvo  incumieniias  con  el  cura. 

Incumbente.  Participio  activQde 
incumbir.  *  ue  incumbe. 

Etimología.  Latín  í«c«í«.''  -ív,  íji- 
cuiu'ie.ttis,  particijjio  de  presente  de 
incumb''re,  incumbir. 

Incumbir.  Neutro.  Est:ir  á  carg;o 
de  uno  alguna  cosa. 

Etimología.  1.  El  htín  cubus,  cu- 
bo, formó  cü'jitus,  codo,  porgue  el 
codo  tenía  la  exteusión  de  un  cubo, 
medida  geométrii^a. 

2.  CüSitus,  codo,  se  refirió  á  t^bi- 
tutt  cama,  porque  los  que  se  acuestan 
juntos,  se  dan  codo  con  codo. 

3.  Cííy/M,  cama,  produjo  cUb'lrf, 
acostarse. 

4.  C&bare  produjo  incubare,  recos- 
tarse sobre  alguna  cosa,  é  incumbarc^ 
que  cayó  en  desuso. 

5.  Incumbiré  produjo  incumbiré,  qiu; 
quiere  decir:  cestar  acostado  al  pie  de 
uno,  tocarle,  importarle,  pertenecer- 
le;»  catalán,  incumbir;  francés,  in- 
comber. 

Incunable.  Adjetivo.  Imprenta  Se 
aplica  á  las  ediciones  hechas  en  lüs 
primeros  años  de  la  imprenta.  (Véa^e 
nuestro  artículo  lu  renta.) 

Etimología,  in,  e.i,  dentro,  y  cium; 
latín,  incUmbUuM  é  iutUfa'itla,  cuna 
de  un  niño:  fra.icés,  incunahU. 

Incurabilidad.  Femenino.  Cuali- 
dad de  lo  incurable. 

Etimología.  Incurable:  francés,  in~ 
curaóilUé;  italiano,  incurahiliii. 

Incurable.  Adjetivo.  ife£¿;(.-/H  ;.  Lo 
que  no  se  puede  curar  ó  sanar,  ó  es 
mwy  difícil  de  curarse.  |]  Metáfora.  Lo 
que  no  tiene  enmienda  ni  remedio.  |j 
Usase  también  como  sustanlivo,  en 
cujo  sentido  se  dice:  kotpital  de  incu- 

KABLES. 

Etímología.  In  privativo  ^  curahle: 
latín  de  las  fflosas,  incUralAliti  italia- 
no, incurabile;  francés  y  catalán,  tRfu- 
rabU, 

Incuralilementa.  Adverbio  de 

modo.'C.m  imposiliilidad  de  cumrse. 

Etiuolooía.  Incurable  y  el  suñj  i 
adverbial  Mente:  /rancés,  incurabie- 
ment. 

Incurado,  da.  Adjetivo,  Que  se  ha 

quedad')  sin  curacióii. 

Etimología.  /«  privativo  y  curaño: 
latín  iiicüratus,  en  Horacio:  iialianu, 
incurato. 

Incuria.  Femenino.  Poco  cuidado, 
neylig.ot-ia. 

ETIMOLOGÍA'  Latín  incuria,  desaseo, 
neglige..ciii,  descuido;  de  in  pi-ivativo 
y  Güra,  cuidado:  italiano,  incttriu; 
fraucés,  inearie:  catalún,  incúria. 

Incuriosamente.  Adverbio  de  iw- 
do.  Con  incuria. 

KtimolqgÍa.  Incuriosa  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  lutín  incürióse.  des- 
cuidada, neglig.:ntemente¡  francés. 
ittcuricuseiHtul. 

Incurio&iiad.  Femenino.  Destrui- 
do reprensible  en  aprender  lo  que  se 
ignora. 

I^TIMOLOOÍA.  Incurioso:  latín  posLe- 


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56 


INGU 


riori  inciwUiitat,  □«glí^aucia;  iUlíft- 
no,  inearUuitÁ;  fraDCMi  inenriosilt; 
proveazaU  innriositat. 

Incurioso,  sa.  Adjetivo.  El  que  es 
descuidado  en  lus  cosas. 

Btimolooía.  In  prÍTativo  y  curioso: 
latÍD,  incirlosus,  descuidado;  italiano, 
incurioso;  franctís,  incurieux, 

Incurrímiento.  Masculino.  La  ac- 
ción y  efecto  de  incurrir. 

Gtimolooíá.  Incurrir:  catalán,  «fi- 
curñment. 

Incurrir.  Neutro.  Junto  con  sus- 
tantivos que  si^ui&can  delito,  falta, 
error,  etc.,  es  cometer  algiina  acción 

Secaminosa,  errada  ó  defectuosa.  J] 
unto  con  sustantivos  que  signifícan 
odio,  indigoaci  Jn,  pena,  castigo,  etc., 
es  hacerse  merecedor  de  estas  cosas, 
ó  cometer  uiia  acción  i  que  está  im- 
puesta j  aneja  cierta  y  determinada 
pena. 

BtiuolooU.  Latín  incurriré,  correr 
hacia  un  punto,  caer  en  falta;  sobre- 
venir, aco.iteccr;  de  in,  en,  dentro, 
hacia,  sobre,  y  curr^e,  correr:  pro- 
venzal,  encorre,  encorrer;  catalán,  in- 
currir, y  mejor,  incírrer;  francés  del 
siglo  xui,  rncaurre;  moder no, ««CúHrír; 
italiano,  incütrere. 

Incursión.  Femenino  anticuado. 
La  acción  de  incurrir.  \  Milicia.  Co- 
BRBafa,. 

EtiholooÍa.  Incurto:  latín,  incurtío, 
correría»  invasión  en  país  enemigo, 
simétrico  de  ineunut,  incurtúx,  asalto; 
de  incununit  supino  de  ineurrertt  co- 
rrer contra  ó  hacia:  catalán,  incwtió; 
francés,  tnctfm'm;  italiano,  iwttr$io»e, 

Incursivo,  va.  Adjetivo.  Que  tien- 
de á  la  incursi  jn. 

Incurso,  sa.  Participio  pasivo  irre- 
gular de  inc.trrir.  |]  Masculino  anti- 
cuado. AcoiiBTiiáiaNTo.  U  Foreme,  Se 
aplica  al  individuo  que  ha  caído  en 
falta,  como  INCURSO  en  tal  ó  cual  pena. 

Etwoloqía..  Latín  incursus,  incu- 
rrido, udídi)  en  alta,  participio  pasiva 
de  incurriré^  incurrir:  italiano,  tncor- 
<o;  catalán,  iwun  ,  a. 

Incurvabilidad.  Femenino.  Facul- 
tad de  encorvarse.  ||  Curvatura. 

Incurrable.  Adjetivo.  Que  puede 
cnivirvarse. 

Etimología.  Latín  incurvare,  de  «'«, 
eu,  y  curoüre,  torcer,  doblar.  El  latín 
incurcabílis  está  construido  con  la  par- 
tícula privativa  in.  siguí  Gcando  lo  que 
no  se  puede  encorvar  ó  torcer:  francés, 
incur  Dable. 

Incurvación.  Femenino.  Didúcíi~ 
ca.  La  acci  ni  y  efecto  de  encorvar  y 
encorvarse,  en  cuyo  sentido  se  dice: 
laincurvación  de  In  columna  vertebral. 

Etimología.  Kntín  iucurtitlo,  la  ac- 
ci jn  de  doblar,  fuma  sustantiva  abs- 
tracta de  iHcurcüíux,  encorvado:  fran- 
cés, incurvitioH  italiano,  incurtiatura. 

Incunri.bli^io,  da.  Adjetivo.  De 
hojas  encoivadas  hacia  d  'ntro. 

EnuoLOQÍA.  Latín  mrnrnif, torcido, 
y  fSliatus;  de  fUium,  hoja:  francés, 
incurcifolie'. 

Incusación.  Femenino  anticuado. 
Acusación. 

Incusar.  Activo  anticuado.  Acu- 

SAB. 


INDE 

Incitación.  Femenino  anticuado. 

HlKCHAZÚN. 

luchante.  Adjetivo  anticuado.  Le- 
vantado, crecido. 

Inchar.  Activo  anticuado.  Henchir, 
llenar. 

Inchimán.  Masculino.  Navio  in- 
glés del  coiqercio  de  la  India,  armado 

en  corso. 

Indagación.  Femenino.  La  acción 
y  efecto  de  indagar.  |  Forenxe.  Proce- 
dimientos y  diligencias  que  se  uracti- 
can  en  averiguación  de  un  hecho  jus- 
ticiable. 

Etimología.  Indagar:  latín,  indaga- 
do, pe-quisa,  forma  sustantiva  abs- 
tracta de  indSgSíuSt  indagado;  catalán, 
indagad'»:  itiliano,  inda^azione. 

Indagado,  da.  Participio  pasivo 
de  indagar. 

EriMOLOOfA.  Latín  indagaíus,  parti- 
cipio pasivo  de  indagSre,  indagar:  ca- 
talin,  ind-ig-tt,  da;  italiano,  indágalo. 

Indazaaor,  ra.  Masculino  y  u:me- 
nino.  El  que  indaga. 

Etimolgoía.  Indagar:  latín,  indagSr 
íor;  italiano,  indagaítrre;  catalán,  in- 
dagador, a. 

Indagar.  Activo.  Averiguar,  inqui- 
rir alguna  cosa,  discurriendo  por  con- 
jeturas señales.  H  Forente.  Practicar 
indagaciones  en  términos  legales. 

Etimología.  Latín  indagare,  perse- 
guir las  fieras,  buscar,  descubrir:  ita- 
liano, indagare;  catalán,  indagar. 

Indagatoriamente.  Adverbio  mo^ 
dal.  Forente,  De  un  modo  iudagato- 
rio. 

Etiholooía.  Indagatoria  y  el  au6jo 
adverbial  mente. 

Indagatorio,  ría.  Adjetivo.  Foren* 
te.  Lo  que  conduce  á  la  averiguación 
de  un  hecho,  como  declaración  inda- 
gatoria. 

Etimología.  Indagar. 

Indar.  Masculino.  Especie  de  aza- 
da que  sirve  para  extirpar  las  matas. 

Indayo.  Masculino.  Especie  de  ga- 
vilán. 

Indebidamente.  Adverbio  de  mo- 
do. Sin  deberse,  ilícitamente. 

Etimolgoía.  Indebida  y  e\  sufijo  ad- 
verbial mente:  catalán,  mdegudanent; 
ftancés  del  siglo  xiv,  induement,  en 
Oresme;  moderno,  indítment;  italiano, 
indebitamente;\iLtm,  indéHíeó  indeh^tn, 
en  Ulpiano. 

Indebido,  da.  Adjetivo.  Lo  que  no 
se  debe  hacer.  |  Lo  que  no  es  lícito  ni 
permitido. 

Etimología.  In  negativo  y  debido: 
latín,  tnd?^ítus,  lo  que  no  se  debe; 
italiano, (n£/^¿iío,-francBs  del  siglo  \iv, 
indeu;  moderno,  indu;  catalán,  ind  ~ 
gut,  da. 

Indecencia,  Femenino.  Falta  de 
decencia  ó  modestia. 

Etimología.  Indecente:  latín,  indf- 
ceníia;  italiano,  indecenta:  francés,  tV 
de'ceace;  catalán,  indecencia,  \ 
Indecente.  Adjetivo.  Lo  que  no  es  | 
decente  y  decoroso.  I 
Etiuología.  Jn  privativo  y  decente: 
latín,  m  VticM,  indrcentis;  italiano,  in-  \ 
decente;  francés,  inde'ceul,  ente;  cata- 
tán, inifc^f.  ' 
Indecentemente,  Adverbio  mo- , 


índe 

dal.  T)e  un  modo  indecente,  coa  io- 

decencii. 

Etimología.  Indecente  y  el  sufijo 
adverbial  nrftí^:  catalán ,  indecentmnl; 
francés,  indycemment;  italiaoo,  inde- 
centemente; latín,  Índ''cevler. 

Indecentísimo,  ma.  Adjetivo  su- 
ppplntivo  Ha  indecente. 

Etimología.  Indecente:  catalán,  ís- 
decntti  sim,  a. 

Indecible.  Ad'etivo.  Lo  que  no  le 
puede  decir  ó  eipliear. 

Indeciblemente.  Adverbio  modal 
De  un  modo  indecible. 

Etimología.  Indecible  y  el  sufijo  ad- 
verbial mente. 

Indecisamente.  Adverbio  de  mo- 
do. Con  indecisión. 

Etíicolooía.  Indeduij  el  sufijo  ad- 
verbial mente. 

Indecisión.  Femenino.  La  irreso- 
lución ó  dificultad  de  alguno  en  deci- 
dirse. 

Etimología,  /h  privativo  y  ¿«««íii: 
catalán,  indecitió;  francés,  indecisión. 

Indecisivamente.  Adverbio  d« 
modo.  Sin  decisión. 

Etimología.  Indecisiva  y  el  sufijo 
adverbial  mente. 

Indecisivo,  va.  Adjetivo.  No  de- 
cisivo. 

Etimología. /a  privativo  y  deeiti- 
vo:  francés,  ittdécittf;  catalán,  itu^n- 
dií,  da. 

Indeciso,  sa.  Adjetivo.  Lo  que  no 
está  decidido  ó  resuelto.  |  Dudoso  ó 
indeterminado. 

Etimología.  Latín  indScitu»  (en  Qui- 
CHBRAT,  Addenda),  no  cortado,  no  re- 
suelto; del  prefijo  negativo  in  y  déci- 
sus,  participio  pasivo  de  decidiré,  de- 
cidir, «no  decidido;»  catalán,  inde- 
cisa a;  francés,  inde'cis;  italiano,  inde- 
ciso. 

SiNo.NiMiA.  Indeciso,  irresoluto.  De- 
cimos propiamente:  Fulano  es  hombre 
irresoluto.  ¿Puede  decirse:  Fulano  es 
un  hombre  indeciso?  Xo.  ;,C  ímo  lo  de- 
bamos decir  para  expresarnos  con  pro- 
piedad^ Debemos  decir  que  Ffflane 
está  indeciso. 

¿En  qué  razón  se  funda  esta  prác- 
tica del  lenguaje?  Más  claro:  ;por  que 
paede  decirse:  Fulano  es  hombre  irr^ 
solutof  Porgue  la  voz  ÜTetoluío  signi- 
fica que  la  trretolucidn  está  en  nuestra 
conciencia,  que  forma  parte  de  nues- 
tra voluntad,  como  la  cualidad  forma 
parte  de  la  substancia  á  qu»  conviene, 
como  el  elemento  forma  parte  de  la 
combinación  en  que  entra.  Está  allí 
ele.iientalmente;  es  una  pr  >pitídad  in- 
alterable de  nuestro  ánimo.  Puede  de- 
cirse: Fulano  es  hombre  irreso'uto, 
<:nmo  puede  decirse  es  un  ente  moral, 
es  un  ser  libre;  de  U  misma  manera 
que  se  puede  deeír:  Fulano  es  un  hom- 
bre. La  irresolución  es  una  parte  de  su 
conciencia,  como  el  ser  hombre  es  un 
carácter  de  su  vida,  comi>  el  ser  libre 
et  una  cualidad  de  su  albedrío,  como 
el  ser  moral  es  un  privile;rio  de  su  ra- 
zón. Aquello  existe  (mi  el  individuo; 
es  unal-jy  de  su  iiaturnle?.»;  una  con- 
dición de  su  S'f,  y  p  ir  esto  puede  de- 
cirse que  es  irreroluív. 

V  ¿por  qvíd  no  se  pu<'de  decir;  Fu- 


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INDE 

hno  M  nn  bomb»  initmo?  Por^un  U 
iadíciii  n  ao  está  en  la  alma,  no  fisr- 
paite  de  «a  eoQcieneiii  no  es  un 
itrÍDiito  Meiwial,  no  «i  cualidad  aajñ, 
j  no  teniendo  la  cualidad  de  ttr  ind*- 
ci$Ot  no  twulo  indeeitOt  no  puede  de- 
cine que  lo  0t. 

T  ^por  qué  le  puede  decir  <jue  etti 
Utitcisof  Puede  decirse  que  «tta  indeci- 
te,  porque  la  indecitióñ  no  expresa  cua* 
lidad,  SIDO  accián;  no  es  ánimo,  sino 
[QOTÍmieato;  mejor  dicho,  no  es  ter, 
lino  ettar,  y  expresando  gstado,  nada 
más  natural  j  lóg^ieo  que  el  valemos 
de  la  expresidn  ettá  inaéciio. 

La  ÍrretolitH(ín  toca  al  albedrío;  está 
dentro,  es  esencia  en  el  hombre. 

La  imUeitidn  se  refiere  al  acto;  está 
fuera,  no  entra  en  el  $er  moral,  en  el 
ter  lÓ^co,  en  el  ser  humano. 

Bl  trretoiuío  no  delibera. 

El  indéeüe  no  obra. 

Bl  irretoiuio  no  sabe  quá  determi- 
nar. 

Bl  indeciso  no  sabe  qué  hacer.  Cree- 
mos, pues,  que  todo  cuanto  se  ha  opi- 
nado sobre  las  palabras  de  este  artícu- 
lo, es  aventurado  y  volandero,  y  que 
ta  diferencia  fundamental  consiste  en 
que  lo  irretoimto  expresa  cualidad, 
miantaf  que  lo  üidteito  expresa  es- 
tado. 

La  irresolución  et. 

La  indecisión  «$tá. 

Somos  irresolutos. 

Estamos  indecisos. 

Indeclinabilidad.  Femenino.  Cua- 
lidad de  lo  indeclinable.  |  &ramáíiea. 
Carácter  de  los  nombres  que  no  se  de- 
dínan.  |  Cualidad  y  estado 

de  lo  qne  es  inevitaUe,  en  cujro  sen- 
tido se  dice:  la  ihdxcumabilidad  de 
la  f^cia. 

BnuOLOOÍA..  Indeclinable:  italiano, 
indeeiinalñiiíá;  francés,  indeclinaót- 
lití. 

Indeclinable.  Adjetiro.  Loque  de 
oecesidad  tiene  que  hacerse  ó  cum- 
plirse. I  Oranfitica.  \.p\íc&se  i  las  par- 
les de  la  oración  que  no  se  declinan, 
por  cuja  razón  llevan  el  nombre  de 
mvariables,  como  la  conjunción,  la 
preposición,  interjección,  adverbio  y 
parttealas  expletivas.  |  Grramáíica  la^ 
tim.  Epíteto  4e  los  nombres  que  no 
rarían  de.  terminacidn  en  ninguno  de 
los  casos  oblieuos,  como  eomu,  que 
sirve  para  todos  los  casos  del  si  ngu- 
lar,  j  el  antiguo  pondo,  que  servía 
para  todos  los  casos  del  plural.  ||  Fo- 
renitt.  Aplícase  á  la  jurisdicción  que 
Bo  se  puede  declinar.  H  Juicio  indb- 
-cuMasLE  DB  LA  SAZÓN.  C<ihini$mo.  El 
libre  albedrío,  considerado  como  con- 
sentimiento de  la  libertad  de  querer, 
el  cual  no  puede  en  ningún  caso  per- 
derse ni  evitarse. 

BnuoLoefA.  /n  privativo  y  declina- 
^  catalán,  inde  lina&U;  francés,  in~ 
iielinable;  italiano,  indeclinabile;  del 
latín  inddcknSfnlis, 

Indeoorado,  da.  Adjetivo.  Despo- 
jado de  decoraciones  ó  de  adorno. 

Indecoro.  Masculino.  Falta  de  de- 
core. I  Adjetivo  anticuado.  Indbco- 
aoso. 

KriHOLOeÍA.  Jn  negativo  y  decoro: 


INDE 

latín,  indSeSris,  en  Tácito;  indícoTt  en 
Prisoiano;  catalán,  indecoro. 

üidecorosamnite.  Adverbio  de 
modo.  Sin  decoro. 

ETluoLOofA.  Indecorosa  y  el  sufijo 
adverbial  mfttíif;  italiano,  indecoramen- 
te; catalán,  indecorosamení;  latín,  ts- 
dicóre,  indlc^r&bUUer. 

Indecoroso,  sa.  Adjetivo.  Lo  que 
carece  de  decoro. 

ETiuoLOofA.  Indecoro:  latín,  indUcSi- 
rut:  italiano,  indecorOf  indecente;  ca- 
talán, indecorós,  a. 

Indefectibilidad.  Femenino.  Cua- 
lidad (\ti  lo  indefectible. 

Etiiiolooía.  Indefectible:  catalán, 
indefeclibilitat;  francés,  indéfectibililé; 
italiano,  indefetdbilita. 

Indefectible.  Adjetivo.  Lo  que  no 
puede  dejar  de  ser. 

Btiholdoía.  }n  privativo  y  dsfectir- 
hle:  catalán,  indefectible;  francés, 
fectihle;  italiana,  indefetUbile. 

Indefeetiblemenw.  Adverbio  mo> 
dal.  De  un  modo  indefectible. 

Etimología.  Indefectible  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  catalán,  indefeetibie- 
ment. 

Indefendible.  Adjetivo.  Indbfbn- 

SIBLB. 

Indefrasable.  Adjetivo.  Lo  que  no 
se  puede  defender.  (Acadbmia.) 

Indefensibie.  Adjetivo.  Qne  no 
puede  ser  defendido.  j|  Imdbfs»so. 
(Caballero.) 

Etimología.  In  privativo  y  defensi- 
ble:  catalán,  indefensable;  U^ncés  At\ 
siglo  XVI,  indefensibie;  anticuado,  in- 
dé/ensable;  moderno,  indéfen  lahle. 

Indefeatíón.  Femenino.  Incapaci- 
dad 6  falta  de  defensa. 

Indefenso,  sa.  Adjetivo.  Lo  que 
no  tiene  defensa. 

Etimología.  Latín  indefensus;  de 
i*  negativo  y  dffeiuus,  defendido:  ca- 
talán, indefens,  a;  indefensaí,  da;  indi- 
fes,  a;  francés,  indéfewlu, 

Indefeso,  sa.  Adjetivo  anticuado. 
Infatigable,  incansable,  continuo. 

Etimolooía.  Latín  Índéf?ss*s,  infa- 
tigable; de  in  privativo,  no,  ^v  defes- 
su;  fatigado,  (Virgilio.) 

Indeficiente.  Adjetivo.  Indbpbc- 

TtBLE. 

Ktimología.  Latín  inieficíens,  entis, 
que  no  puede  faltar;  de  i«  negativo  v 
c^Jíé^enSf  deficiente:  italiano,  indefi- 
eient'. 

Indefinible,  .\djetivo.  Lo  qae  no 
se  puede  definir. 

Etimología,  /n  privativo  dejíni- 
ble:  catalán,  indefnible;  francis,  indé~ 

finissable:  italiano,  indefn  hile. 

Indefiniblemente.  Adverbio  mo- 
dal. De  un  modo  indefinible. 

Etimología.  Jndefuible  y  el  sufijo 
adverbial  mente. 

Indefinidamente.  Adverbio  mo- 
dal. De  un  modo  indefinido. 

Etimología.  Indefnida  y  el  3u6jo 
adverbial  mente:  latín,  inde/inlti;  ita- 
liano, indefinitamente;  francés,  inde'fi- 
nimení;  catalán,  indufnidament. 

Indefinido,  da.  Adjetivo.  Lo  que 
no  está  dL-fínido.  H  JjSgica,  La  propo- 
sición que  no  tiene  signos  que  la  de- 
terminen. \  Lo  que  no  tiene  término 


INDE  57 

señalado  6  conocido.  \  Filosofía.  Tér- 
miuQ  opuesta}  de  infinito,  porque  lo 
iNrtB.'iNiDo  supone  que  no  vemos  el  lí- 
mite de  las  cosas,  mientras  que  lo  i's- 
finito  supone  que  afiraaamos  en  abso- 
luto la  imposibilidad  de  la  limitación. 
En  este  sentido  se  dice:  espacio  inde- 
finido, mientras  que  no  puede  decirse 
espacio  infinito,  pues  convertiríamos  el 
espacio  en  un  espíritu  universal,  no- 
ción suprema  que  sóIj  conviene  al 
Criador  de  todas  las  cosas.  \  Gramáti- 
ca. Epíteto  de  lo  ^ue  expresa  ideas  no 
aplicadas  á  un  objeto  determinado,  en 
cu^o  sentido  se  dice  que  viu)(un  hom- 
bre) es  un  pronombre  indefinido.  En 
el  mismo  caso  se  hallan  alg»ití>,  cnal- 
quiera^  tal,  cual,  tantOt  omnto.  En  esta 
frase:  tyo  te  d^ri  tanto^  cuanUt,  sea  lo 
que  tú  me  des,»  no  expresamos,  no 
de^nimos,  las  cosas  que  nos  vamos  á 
dar:  «mi  conducta  será  para  tí,  tal 
«MÍ  sea  la  tuja  para  mí.»  Las  pala- 
bras tal  cual  no  defnen  que  clase  de 
conducta  será  la  que  adoptemos  mu- 
tuamente, por  cu  va  razón  las  denomi- 
namos no.nhres  iNOEi^miDOs.  \  Mouos 
iNDBPiNiuos;  modos  de  los  verbos  qir' 
no  tienen  personas,  tales  como  el  in- 
finitivo (amar)  y  el  participio  (aman- 
te, amado).  U  Combinaciones  indbi-i- 
NiDAS.  Q,aímica.  Las  combinaciones 
que  se  practican  en  proporciones  ili- 
mitadas. II  PaRTBS  INDBi-INIDAS.  Boí  í- 

nica.  Partes  cujro  número  no  se  puede 
fijar,  en  cujra  acepción  suele  decirse: 
estamhres  indefinidos.  |  Tallos  ó  ha- 
mos INDEFINIDOS  ó  CENTRÍPETOS;  Ins 

ramas  y  los  tallos  cujo  botón  termi- 
nal se  prolonga  indefinidamente.  II  In- 
FLORESCBNCIA  INDEFINIDA;  inflorcscen- 
cia  en  que  las  fiores  nacen  de  la  axila 
de  las  hojas  florales,  óde  lasbrácteas, 
de  tal  suerte  que,  siendo  todas  latera- 
les, el  eje  puede  desarrollarse  de  una 
manera  indb.  inida. 

Etimología.  Ja  ^púwsXiio  y  defnido, 
iniéfin'ttus:  italiano,  indefinito;  fran- 
cés, inde'fini;  catalán,  indefinit,  da. 

Indefinito,  ta.  Adjetivo.  Indefini- 
do. I  Que  no  tiene  término  señalado. 

Indehiscencia.  Femenino.  Botáni- 
ca. Privación  de  la  facultad  de  abrirse 
espontáneamente, 

Btihología.  Indehiscente:  francés, 
indekiscence. 

Indehiscente.  Adjetivo.  Botánka. 
(jue  no  se  abre  espontáneamente  on  la 
'ípoca  de  la  madurez,  en  cujro  sentido 
se  dice:  pericarpio  imdbhiscbnTB. 

BriMOLoaía.  In  privativo  j  dehis- 
cente: francés,  indeniscení, 

Indelebilidad.  Femenino.  Cuali- 
dad y  estado  de  lo  indeleble,  como 
cuando  se  dice:  la  ihdblbbiudad  del 
carácter  sacerdotal. 

Etimología.  Indeleble:  francés,  i«- 
déle'biiité;  italiano,  indelebiliíá. 

Indeleble.  Adjetivo.  Lo  que  n<>  se 
puede  borrar  ó  quitar.  Se  aplica  entre 
otros  usos,  al  carácter  que  algún  sa- 
I  cramento  imprime  en  el  alma,  com  > 
I  la  comunión,  la  extremaunción,  el 
bautismo. 

I  Etimología.  Latín  Índel?bUis,  qn< 
j  no  puede  borrarse;  de  in,  negación,  v 
;  ^('¿^¿i/iV,  forma  adjetiva  de  deleo,  bu 


tomo  111 


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58  INDE 

mr  frecuentemente,  derindo  del  an- 
tiguo fóo»  borrar:  italiano,  úidelibile; 
francés,  inddlSile;  catalán,  indeUile. 

SwoNniu,.  Indelebie,  inexUnáutble. 
En  el  sentido  recto,  lo  indelebíe  es  lo 
que  no  se  borra;  inextit^uiUe^  lo  que 
no  se  apaga.  El  sentido  figurado  guar- 
da una  perfecta  analogía  con  estas  dos 
significaciones,  porque  lo  indeleble  per- 
tenece al  entendimiento,  j  lo  inextin- 
guible, á  la  voluntad.  Cuando  la  ima- 
gen de  una  mujer  llega  á  ser  indeleble 
en  el  eorazdn  de  uu  enamorado,  su 
pasión  puede  llegar  i  ser  inextingui- 
ble.  (Mora.) 

Indeleblemente.  Adverbio  modal. 
De  un  modo  indeleble,  iin  poderse 
borrar. 

EnuoLoaía.  Jndtleblt  j  el  sufijo 
adverbial  mente:  italiano,  indekbu- 
mente;  catalán,  indelehlement. 

Indelegable.  Adjetivo.  Que  no 
puede  delegarse,  como  cuando  deci- 
mos: poderes  ihdblboablss. 

BTiuoLoaÍA.  In  privativo  j  delega- 
ble:  francés,  indéUgabU. 

Indediberable.  Adjetivo,  Que  no 
admite  deliberación. 

Indeliberación.  Femenino.  Falta 
de 'deliberación  ó  reflexión. 

Btimología..  Jn  privativo  j  delibe- 
rañén:  catalán,  indeUberaeüf;  francés, 
ind^bération ¡  italiano,  tíuUHbera- 
ñon*. 

Indeliberadamente.  Adverbio  de 
modo.  Sin  deliberación. 

ETUfOLOofA.  Indeliberada  v  el  sufijo 
adverbial  mente:  catalán,  inaeliberaaa^ 
ment;  francés,  indélibérémeni. 

Indeliberado,  da.  Adjetivo.  Lo 
que  se  ha  hecho  sin  deliberación  ni  re- 
flexión. Q  Moral.  Epíteto  de  todas  las 
acciones  no  dependientes  del  libre  al- 
bedrfo,  como  el  movimiento  del  cora- 
zón, por  ejemplo.  El  carácter  délas  ac- 
ciones iNDELiBERaDA.s  consíste  en  que 
son  inocentes,  como  el  primer  ímpetu 
del  dolor.  ¡  Teología.  Atractivo  in- 
deliberado. El  atractivo  del  placer 
sensible,  «1  cual  ejerce  su  influencia 
sobre  todos  los  actos  de  la  voluntad, 
j  que  se  considera  como  el  cambio 
mu  esencial  qne  el  pecado  operó  en 
nuestra  alma.  1  Filosofía  del  cristia- 
nismo. La  salud  que  infunde  en  nues- 
tro espíritu  la  gracia  del  Divino  Ver- 
bo, no  es  el  resultado  pasivo  de  la  vo- 
luntad, sino  un  placer  ikdru3brado. 
ü  Prasologia.  La  irresponsabilidad  de 
las  acciones  indeliogradas  comien- 
za en  donde  acaba  la  fuerza  motriz, 
que  reside  en  la  voluntad,  fuente  ne- 
cesaria del  libre  albedrío;  v  por  con- 
siguiente, de  todos  los  hechos  respon- 
sables. 

EnuOLoaía*  In  privativo  ^  delibe- 
rado: latín,  inditSbirÜtus;  italiano,  in- 
deUberato;  francés,  %ndélihfy¿;  catalán, 
indeliberaí,  da. 

Indemne.  Adjetivo.  Derecho  roma- 
no. Libre  ó  ex.ento  de  algún  dafio. 

Etiuoloqía.  Latín,  indciimis;  de  in, 
no,  ^  damnns:  in^damnus,  libre  de  da- 
llo; ituliano,  indenne;  francés  y  cata- 
lán, indemne. 

Indemnemente.  Adverbio  de  mo- 
do. Con  indemnidad. 


INDE 

Etiuolooía.  Indomne  j  el  suQjo  ad- 
verbial mente. 

Indemnidad.  Femenino.  Derecho 
romano.  La  seguridad  que  se  da  á  al- 
guno de  que  no  padecerá  daño  ó  per- 
juicio, y  Peudalismo.  Derecho  que  de- 
bía pagarse  al  señor,  cuando  un  feu- 
do cafa  en  manos  muertas.  Tal  era 
el  derecho  que  la  Iglesia  estaba  obli- 
gada á  pagar  por  todos  los  feudos  que 
adquiría.  |  Derecho  que  el  señor  feu- 
dal debía  percibir,  cuando  un  feudo 
adquiría  algún  título  en  cuya  virtud 
dependía  del  re^.  Tal  era  el  derecho 
que  se  pagaba  siempre  que  el  prínci- 
pe expedía  cartas  de  franquicia  á  fa- 
vor de  un  vasallo  feudal.  Q  Bill  de  ih- 
DBUNiDAD.  Parlamento  iiulü.  Dispo- 
sición solemne  con  que  ía  Cámara  de 
Inglaterra  exime  á  los  ministros  de 
responsabilidad  por  la  adopción  de 
medidas  extralegales.  |j  RestanraciCn 
francesa.  Suma  votada  para  indemni- 
zar á  los  emigrados,  cujros  bienes  se 
conflscaron  j  se  vendieron  durante  la 
revolución.  ||  Constiíncúín  francesa  del 
año  112,  Sueldo  que  percibían  los  in- 
dividuos del  Congreso  j  los  del  Di- 
rectorio. 

ETiuoLOaÍA.  Indemne:  latín,  indem- 
níías;  italiano,  indenniíÁ;  francés,  ín- 
demnite';  catalán,  tndemnitat. 

Indemnixable.  Adjetivo.  Que  pue- 
de indemnizarse. 

Indemnización.  Femenino.  Resa^ 
eimient')  de  los  dafios  causados. 

Etiuología.  Indemnitar:  catalán, 
indemnisaci  í;  francés,  indemnítatíon; 
italiano,  indemnizzazione. 

Indemoizadamente.  Adverbio 
modal.  De  un  modo  indemnizado. 

ETiifOLooÍA.  Indemnitada  y  el  sufijo 
adverbial  mente. 

Indemnizado,  da.  Participio  pasi- 
vo de  indemnizar. 

EtuiolooÍa.  Indemnitar:  catalán, 
indemnisat,  da;  francés,  indemaiid;  ita- 
liano, indemnitzato. 

Indemnizar.  Activo.  Resarcir  de 
al^án  daño  6  perjuicio.  Se  usa  tam- 
bién como  recíproco. 

ExiMOLoaÍA.  Indemne:  francés,  «n- 
demniser;  italiano,  indemniaare;  cata- 
lán, indemnisar. 

Indemnizarse.  Recíproco.  Librar- 
se, zafarse  de  un  cargo  ó  responsabi- 
lidad. Q  Darse  una  compensación  á  sí 
míAQO,  cuja  acepción  es  de  grande 
uso  en  el  lenguaje  figurado,  como 
cuando  se  dice:  «tomando  el  fresco  de 
la  noche,  me  ihdeunizo  del  calor  del 
día.» 

Indemostrable.  Adjetivo.  Imposi- 
ble de  demostrar. 

ETmoLOOÍA.  In  privativo  y  demos- 
trable: latín,  indímonstrábílis;  francés, 
indénonfy^able. 

Indentadón.  Femenino.  Didácti- 
ca. Escotadura  semejante  á  la  señal 
que  deja  la  mordedura  de  un  diente; 
en  cujo  sentido  se  dice:  la  indbnta- 
ciÓN  luminosa  en  el  disco  de  un  astro. 

EriuoLoaÍA.  In,  en,  y  diente:  fran- 
cés, indentation. 

Indentado,  da.  .\djetivo.  Botáni- 
ca, Hojas  indbntadas;  hojas  despro- 
vistas de  dientes  y  de  dentellones. 


INDE 

BriMOLoafA.  In  privativo  y  dentudo: 
francés,  indenté» 

Independencia.  Femenino.  Falta 
de  dependencia.  |  Libertad,  y  espe- 
cialmente, la  de  una  nación  que  no  es 
tributaria  ni  depende  de  otra.  \  Ente- 
reza, firmeza  de  carácter. 

Etiuolooía.  Independiente:  catalán, 
independencia;  francés,  independenee; 
italiano,  independenta. 

Independente.  Adjetivó  anticua- 
do. iNDSraNDIBNTB. 

Independentemente.  Adverbio  du 
modo  anticuado.  Ihdbpbndientbuintb 

Independienté.  Adjetivo.  Lo  que 
no  depende  de  otra  cosa.  |  Metáfora. 
La  persona  que  sostiene  sus  derechos 
y  opinionei,  sin  que  la  doblen  hala- 
gos ni  amenazas.  |  Adverbio  de  modo. 

iMDBPBHblENTBUBNTB;  J  así  SO  dice: 

indbpbndibntb  de  eso, 

Etiuolooía.  Jn  privativo  ^  depen- 
diente: francés,  indipendent;  italiano, 
independente;  catalán,  independent. 

Independientemente.  Adverbio 
de  modo.  Con  independeucía. 

Etiuolooía.  Independiente  y  t\  su- 
fijo adverbial  mente:  catalán,  indepen- 
dentment;h&TLcés,Índ^endammenti  ita- 
liano, independentemente. 

Independientes  (los),  ffistoria. 
Secta  que  se  formó,  entre  los  presbi- 
terianos de  Inglaterra,  en  tiempo  de 
Carlos  I.  Bn  religión,  no  admitía  sí- 
nodos, ni  i|erar<^uía,  ni  ncerdotes,  ni 
sfmbolo,  ni  disciplina,  ni  ceremonias. 
En  política,  reclamaba  la  abolición 
del  poder  real,  de  la  Cámara  de  los. 
lores,  de  las  clases  y  de  los  títulos,  j- 
Uevaba  la  democracia  hasta  sus  últi- 
mos límites. 

Indescifrable.  Adjetivo.  Que  no 
puede  descifrarse.  |  Indefinible,  ha- 
blando de  personas.  |  Oscuro,  intrin- 
cado, relativamente  al  pasaje  de  un 
libro. 

Etiuolooía.  Jn  privativo  y  desci' 
frable:  francés,  indecJíijf rabie. 

Indescifrablemente.  Adverbio  de 
modo.  De  nn  modo  indescifrable. 

Etiuolooía.  Indes^frabU  y  fA  soA- 
jo  adverbial  smnIí;  francés,  útd^if- 
frabUment. 

Indesciftado,  da.  AdjetiTO.  Qne 
no  se  ha  descifrado. 

Etiuolooía.  Jn  privativo  y  dosci- 
frado:  francés,  iruLechiffri, 

Indescomponible.  Adjetivo.  Lo 
que  no  se  puede  descomponer;  espe- 
cialmente, en  materia  de  física;  j  así 
decimos:  <cada  uno  de  los  intervalos 
del  espectro  solar  contiene  colores  tH- 
DBSCouPONiBLBs  por  el  prisma,  cuja 
circunstancia  ha  sido  parte  para  que 
se  les  diese  el  nombre  de  colores  pri- 
mitivos.» 

BtiuolOoía.  In  negativo  y  desem- 
ponibte:  catalán,  indescomponshle;  fran- 
cés, indécomposable. 

Indesciibible.  Adjetivo.  Impasi- 
ble ó  difícil  de  describirse. 

Etiuolooía.  Jn  privativo  jr  deseri- 
biUe:  italiano,  indescrivibile. 
{    Indescriptible.  Adjetivo.  Lo  que 
lio  se  puede  describir  ó  definir. 
I    Etiuolooía.  In  privativo  v  descrip 
1  tibie:  francés,  indescriptible, 

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INDE 


INDI 


INDI  59 


Indascríptiblemente.  Adverbio 

de  modo.  De  un  modo  indescriptible. 

ErafOLoof  A.  lHde$cripíibU  j  el  sufi- 
jo adverbial  nuníe:  francés,  máeterip- 
ühlment. 

Indesignable.  Adjetivo.  Lo  qae  es 
imposible  ó  muj  difícil  de  señalar. 

udestructibilidad.  Femeaino. 
Coalidad  dé  lo  indestructible. 

^tamxJMik..  Indestructible:  francés, 
itdettnetibiUíé;  italiano,  indeitrutíibi- 
liíi. 

Indestructible.  Adjetivo.  Lo  que 
no  pnede  destruirse  por  estar  mny 
fnnaado  jr  defendido. 

ErmoLOofA.  I*  priratívo  j  ásitrue^ 
tibie:  francés  y  catalán,  mdettnutible; 
italiano,  ináe$tru(tibi!e. 

Indeterminable.  Adjetivo.  Loque 
no  se  puede  determinar.  H  El  que  no 
se  determina  tS  est&  indeciso. 

Btiholooía.  In  privatiTo  j  determi- 
%áble:  latín,  indUgrmíi^bílit;  francés, 
indeterminable;  catalán,  indetermina- 
ble. 

Indeterminación.  Femenino.  Fal- 
ta dtt  determinación  j  resolución.  Q 
/fíeio/iía.  Ausencia  de  datos  y  relacio- 
i»i  que  dan  i  una  cuestión  su  sentido 
concreto;  j  asf  se  dice:  la  iNDBTBRyi- 
RACiÓM  de  un  juicio,  de  una  materia, 
de  nna  condición.  Q  Á  Igebra,  Situa- 
ción y  caráeter  de  lo  que  no  está  de- 
terminado, como  cuando  decimos:  la 
liWBTSRUiHACiÓH  de  una  fórmula  6  de 
UD  problema. 

ETmoLOOfA.  In  negativo  j  determi- 
nación: catalán,  indeíerminacüf;  fran- 
cés, indetermination;  italiano,  indeter- 
miüoúcne. 

Indeterminadamente.  Adverbio 
de  modo.  Sin  determinación. 

ETUfoLOOÍA.  Indeterminada  j  el  su- 
fijo adverbial  mente:  catalán,  indeter- 
minadamenf;  francés,  indéterminAneHÍ; 
italiano,  indeterminatamenie. 

Indeterminado,  da.  Adjetivo.  Lo 

Ínenoestádeterminadoniresnelto.  [ 
I  que  no  se  resuelve  á  ana  eosa.  | 
Gruiitiea,  Aplicado  &  los  nombres, 
verbos,  preposiciones,  etc.,  lo  qae  no 
está  determinado  ni  contraído  i  cosa 
cierta.  ¡  Psoblbuas  indbtbruinados. 
Mttemiticat.  Problemas  -^ue  admiten 
un  número  indeterminado  de  solucio- 
nes; en  cujo  sentido  se  dice:  <un  pro- 
blema que  admite  cíen  soluciones,  es 
más  iNDBTBBuiHADO  quo  el  que  admi- 
te diez,  por  ejemplo.>  \  Gantidadbs 
IHDBTBBUIMADAS.  Cantidades  <jue  se 
introducen  en  el  cálculo,  sin  asignar- 
las presentemente  an  valor  definido. 

BmiOLOOfA.  In  negativo  y  determi- 
nado: latín,  indeíermlnStui;  italiano, 
indeterminaío:  francés,  indéterminé;  ca- 
talán,  indeterminat,  da. 

Indeterminativo,  va.  Adjetivo. 
Filosoíia.  Que  no  determina. 

Indevoción.  Femenino.  Falta  de 
devoción.  |  Derecho  romano.  Falta  de 
obediencia  j  respeto  á  la  voluntad  del 
que  tesik,  f  Cddiao  teodosiano.) 

Btdiolooía.  In  privativo  jr  devoción: 
latín,  indetoÜo;  Italiano,  indevotione; 
francés,  indévotion;  catalán,  indevocid. 

Indevotamente.  Adverbio  de  mo- 
do. Coa  indevoción.  \  Derecho  romano. 


La  bita  de  respeto  i  la  volantad  del 

testador,  fCddtffO  de  Jusllniam.) 

BTniOLCúfA.  Indevota  y  el  sunjo  ad- 
verbial mente:  latín,  indevoti;  catal&n, 
indevotameni;  francés,  indhotement. 

Indevoto, ta.  A^'etivo.  El  que  está 
falto  de  devoción.  El  que  no  es  afecto 
á  alguna  eosa  Ó  persona.  \  Derecho  ro- 
mano. Falto  de  obediencia  y  respeto  á 
las  lejes.  (Di^eeto.) 

Etiuolooía.  1»  privativo  y  devoto: 
latín,  indevotta;  catalán,  tMevot,  a; 
francés,  indévoí,  ote. 

Index.  Ussoulino.lNDiCB.  I  Nonio. 

flTiuoLoaíA.  Indice:  catalán,  m- 
<^.—<Lo  mismo  qae  índice.  Úsase 
de  esta  voz  con  especialidad  hablando 
del  de  los  reloxes.  Es  voz  puramente 
latina  v  poco  usada.  Q  Congregación 
del  Index.  Se  llama  en  Roma  aquella 
á  cujro  cuidado  está  el  examinar  los 
libros  que  no  se  permiten  correr  has- 
ta estar  expurgados  y  corregidos  por 
la  misma. >  (Acadbuia,  Diccionario 
de  1726.) 

Indezuelo.  Masculino  diminutivo 
de  indio. 

India.Femenino.  &eoffra/itt.~\.  DI- 
tiitián  del  territorio. — La  India  ofrece, 
perfectamente  marcadas,  dos  gandes 
divisiones  geográficas:  la  oriental  ó 
de  allende  el  Ganges,  transgangética 
ó  Indo-China,  j  la  occidental  6  de 
aqaende  el  Gangds,  cisgangitica  ó 
Indostán  propio.  Las  describiremos 
separadamente  par.i  más  cabal  inteli- 
gencia de  nuestros  ilustrados  lectores. 

I 

INDIA  TRANSOANadnCA  6  INDO-CHINA 

2.  Situación  y  limites. — Esta  dila- 
tada península  se  encuentra  entre  los 
96'-113*  de  longitud  oriental  del  me- 
ridiano de  Madrid  y  l*-27''  de  latitud 
septentrional,  confinando:  al  Norte, 
con  el  imperio  chino;  al  Este,  con  el 
mar  del  mismo  nombre;  al  Sur,  con 
el  estrecho  de  Malaka,  y  al  Oeste,  con 
el  golfo  de  Bengala  y  el  Indostán. 

d.  Sxtentidn^poblaeiifn, — El  terri- 
torio tiene  3.900  kilómetros  de  lar- 
go, de  Norte  á  Mediodía;  1.700  de  an- 
cho, de  Oriente  á  Occidente,  y  so- 
bre 2.294.000  cuadrados  de  superfi- 
cie, que  pueblan,  aproximadamente, 
de  35  á  40.000.000  de  habitantes. 

4.  Montañas,  ríos  y  ffol/os.—\tí&- 
viesan  esta  comarca,  apenas  conocida 
en  el  interior,  varias  cordilleras  ele- 
vadfsimas,  prolongación  de  las  del 
Asia  oriental,  las  cuales  descienden 
del  Norte  y  se  dirigen  paralelamente 
bacía  el  Mediodía,  siguiendo  las  cos- 
tas y  determinando  el  curso  de  sus 
caudalosos  ríos,  que  se  desbordan  pe- 
riódicamente. Entre  éstos,  se  distin- 
guen el  Arakán,  el  Irauaddv,  el  Zit- 
tang,  el  Brahmaputra,  el  Cambodja, 
el  Menam,  el  Tavag,  el  Tenasserim, 
el  Thsan-Luen,  el  Sang-koi  y  el  Me- 
nam-kong.El  golfo  de  Siam  se  interna 
por  la  parte  del  Sur  de  este  país,  sepa- 
rándole de  la  península  de  Malaka, 

5.  Clima ^producciones,-~ToáM\aa 
circunstancias  anteriormente  expues- 
tas, contribuyen  á  que  el  clima  sea 


vario,  en  general;  ardiente^  al  Medio- 
día y  en  las  costas,  y  templado,  en  el 
interior.  Las  producciones  son  análo- 
gas á  las  del  Indostán:  sus  magníficos 
bosques  producen  en  abundancia  el 
teck,  el  sándalo,  el  ébano,  el  sicómo- 
ro y  el  bambú;  las  llanuras  cultiva- 
das, el  arroz,  principal  alimento  de 
los  naturales,  algodón,  seda,  aceite, 
añil, caña  de  azúcar,  tabaco,  goma  lacaí 
pimienta,  ananas  6  piaas  y  naranjas; 
machas  de  sus  corrientes  arrastran 
arenas  de  oro,  y  algunas  de  sus  mon- 
tañas contienen  ricas  minas  de  plata, 
rabíes,  záfiros,  á^tas  ;  otras  piedras 
preciosas;  el  reino  animal  ofrece,  en- 
tre las  especies  carniceras,  el  ele&nte, 
el  rinoceronte,  la  pantera  y  el  .  mono 
blanco;  diversas  clases  de  pájaros  de 
vistosas  plumas  j  la  ^londrina  laUth 
gana,  notable  y  rarísima  por  siu  ni- 
dos gelatinosos. 

6.  Industria  y  cowítcio.— Los  pro- 
ductos industriales,  sí  no  tan  adelan- 
tados, se  parecen  bastante  á  los  de  la 
China.  Las  relaciones  mercantiles  con 
los  earopeos  serían  mucho  más  acti- 
vas, si  á  ello  no  se  opusieran  las  cos- 
tumbres salvajes  de  sus  moradores. 
Bato  no  obstante,  la  plaza  comercial 
de  Singapoore  es  de  las  más  ricas  del 
mundo,  y  los  franceses  7  los  ingleses 
han  conseguido  al  fin  establecer  reía* 
cienes  con  Siam,  cuyo  comercio  ha 
venido  siendo,  por  espacio  de  ochenta 
años,  privilegio  exclusivo  de  la  China. 

7.  Divisi^ poliiica. — Bajo  el  punto 
de  vista  político,  la  mayor  parte  de  los 
geógrafos  dividen  esta  península  en 
las  seis  grandes  regiones  siguientes; 

Imperio  Birmán:  situado  al  Ñor. 
deste  déla  Indo-Cbina,  en  el  espacio 
que  dejan  los  ríos  Sainen  é  Irauaddj: 
comprende  los  Estados  de  Birma  y 
Laos-Birmán,  distinguiéndose,  entre 
sus  poblaciones,  Mandalé,  capital  del 
imperio;  Sahainy,  sobre  la  orilla  de- 
recha del  uauaddjr,  con  hermosos 
templos,  T  Áva  (Ratnapura),  ciudad 
grande,  plaza  fuerte  y  antigua  capi- 
tal de  Birma,  con  magníficos  edificios 
y  hermosos  jardines.  El  gjbíerno  de 
este  Estado  es  absoluto;  el  emperador 
tiene  derecho  de  vida  y  muerte  sobre 
sus  vasallos,  á  quienes  inspira  cier- 
ta especie  de  veneración;  él  mismo 
designa  cuál  de  sus  hijos  ha  de  suce- 
dería en  el  trono;  pero  la  proclama- 
ción de  un  nuevo  príncipe  suele  pro- 
vocar enconadas  guerras  civiles:  co- 
bra el  diezmo  sobre  todos  los  produc- 
tos del  país  y  de  las  mercancías  im- 
portadas; ejerce  el  monopolio  de  va- 
rios artículos  industriales  y  es  dueflo 
único  de  todos  los  elefantes  del  impe* 
tío.  La  organización  política  de  la  In- 
do-China se  parece  macho  al  sistema 
feudal.  Los  habitantes  son  idólatras, 
pero  humanos  y  muy  amantes  de  la 
poesía,  de  la  música  y  de  las  diver- 
siones. 

3.'  Reino  de  Siam  6  Thai:  se  halla 
entre  los  imperios  de  Birmán  y  de 
Annam  y  se  divide  en  las  cuatro  pro- 
vincias de  Siam  propio,  Lao  Siamés, 
Camhodje  Siamés  y  península  de  Ma- 
laka, entre  cuyas  mejores  poblaciones 


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éO  INDI 


INDI 


INDI 


fiffavttt  Baitfflol,  capital  dsl  refoo, 
edificada  en  parte  sobre  balsas  ama- 
rradas á  lo  largo  de  las  márgenes  del 
rio  Meinam,  con  gnn  palacio,  buen 
arsenal,  excelente  puerto,  una  rica 
pagoda,  numerosas  j  colosales  esta- 
toas  y  macho  comercio;  Stam^  antig-ua 
capital,  eon  puerto  de  reg:ular  tráfico 
j  gran  número  de  notables  templos 
en  «a  recinto  j  en  las  cercanías,  que 
recuerdan  su  espléndido  pasado;  y 
Ánkor,  celebra  por  sai  minas.  El  go- 
bierno de  este  Estado  ek  una  monar- 
quía absoluta:  el  nombre  del  re^  no 
puede  ser  pronunciado;  imaginar  la 
posibilidad  de  su  muerte,  constituje 
un  crimen  capital:  se  lleva  un  regis- 
tro de  toda  ia  población  malaj^a,  la 
cual  se  destina,  durante  seis  meses, 
al  servicio  militar;  el  soldado  no  reci- 
be pa^  ninguna  y  está  obligado  á 
suministrarse  cuanto  há  menester.  Ca- 
da distrito  tiene  un  jefe  militar,  nom- 
brado por  el  soberano;  no  ha;r  ejército 

Sermanente,  i  excepción  de  la  guar- 
ía real,  compuesta  de  mongoles  y  de 
un  cuerpo  de  indios,  que  se  jactan  de 
descender  de  sangre  real:  an  batall  m 
compuesto  de  4(Ml  mujeres,  elegidas 
eon  gran  esmero  entre  las  jóvenes  más 
bellas  j  robustas  del  país,  forma  la 
guardia  particular  del  ny;  reciben 
un  buen  sueldo  y  están  perfectamen- 
te organizadas;  á  la  edad  da  13  años 
entran  á  formar  parte  de  aquel  privi- 
legiado cuerpo;  a  los  25,  pasan  á  la 
reserva,  y  cuando  abandonan  el  servi- 
cio personal  del  soberano,  se  las  agre- 
ga a  la  guardia  de  los  castillos  reales. 
Al  ingresar  en  el  ejército,  hacen  Toto 
formal  de  castidad;  sin  embargo,  al- 
gunas veces  las  distingue  el  monarca 
concediéndoles  plaza  entre  sus  muje- 
res legítimas.  Este  batallón,  sin  el 
cual  no  asiste  el  ny  á  ninguna  expe- 
dición militor,  admira  y  encanta  al 
mismo  tiempo  por  la  riqueza  de  su 
vestaario,  tu  marcial  continente,  su 
destreza  en  el  manejo  de  las  armas  y 
excelente  disciplina.  Los  habitantes 
da  este  reino  son  cobardes,  idólatras 
y  supersticiosos:  ios  sacerdotes  se  lla- 
man talaponeu 

3/  Malaka  independiente:  la  parte  in- 
dependiente de  esta  península  no  con- 
tiene más  que  pueblos  salvajes,  cono- 
cidos con  el  nombre  de  mti/a^új;  viven 
libres  al  abrigo  de  las  montaflas  del 
interior  ó  en  la  costa  meridional,  cous- 
titurendo  los  cinco  pecjueños  reinos 
de  Perak,  Salan^ore,  Djohore,  Pahang 
y  Rumbo;  son  negros,  feroces  y  muy 
diestros  en  el  manejo  del  puñal;  se 
visten  eon  un  pedazo  de  tela,  que  se 
rodean  á  la  cintura,  y  habitan  en  caba- 
ñas,  que  cubren  con  hojas  de  bambú. 
—Malakay  puerto  de  mar,  sobre  el  es- 
trecho de  su  nombre,  y  en  la  cual  con- 
servan los  ingleses  una  fuerte  guar- 
nición; Tiohor  y  Tronganon,  puertos 
también  de  considerable  comercio  en 
cera,  especería  y  piedras  preciosas, 
son  sus  principales  poblacionei. 
■  4.*  Imperio  de  Án»am,-~-\^  ú  ma- 
jor  de  los  Estados  que  forman  la  /»- 
ata  íransf/angéíica:  abraza  toda  su  par- 
ta oeieutal,  couüuaudo:  al  Norte,  con 


la  China;  al  Este  y  Sur,  con  el  mar 
de  igual  nombre,  y  al  Oeste,  con  el 
reino  de  Siam:  comprende  los  Estados 
de  Tonqutn  (Ánnam  septentrional), 
CochÍnciina{  Ánnim  meriaional),£7an- 
W/«jalgnBOS  territorios  feudatarios. 
Los  naturales  son  valientes  t  buenos 
soldados,  pero  idólatras.— Entre  sus 
poblaciones  más  importantes  se  euen- 
tan:  PÁu-CAuan  ó  aue,  capital  de  la 
Cochincfaina  y  de  todo  el  imperio, 
plaza  de  taa  más  fuertes  del  Asía,  oon 
un  buen  puerto  fortificado  i  la  euro- 
pea. Tasto  arsenal,  astilleros,  hermo- 
sos edificios  y  un  gran  palacio,  que 
ocupa  el  emperador;  Tonquín  y  Bac- 
kinkt  su  capital,  ciudades  considera- 
bles j  de  muchísimo  comercio;  Ket- 
cko,  capital  de  Tonquín,  asentada 
junto  á  la  embocadura  del  Sang-koi, 
eon  anchas  calles,  inmensos  jardines 
y  mezquinas  chozas;  Satgm,  capital 
de  Cambodje,  ciudad  bien  fortificada 
y  primera  plaza  mercantil  del  impe- 
rio, con  palacio  real  vastísimo,  que 
ocupa  el  centro  de  la  población,  y  un 
arsenal  marítimo  que  podría  competir 
eou  los  mejores  de  Europa:  los  reinos 
de  Ftiampa  y  Laciko  son  poco  exten- 
sos; carecen  de  poblaciones  notables, 
y  sus  moradores,  casi  salvajes  é  idóla- 
tras, pasan  ana  vida  errante,  entrega- 
dos ála  casa. — £1  soberano  de  Annam 
lleva  el  título  de  dovai;  su  poder  es 
despótico;  el  mandarinato  es  la  única 
dignidad  que  confiere  ála  nobleza;  la 
dirección  del  ejército  está  confiada  á 
cuatro  mandarines  militares. 

5.'  Posesiones  inglesas:  se  extien- 
den de  Norte  á  Mediodía  por  la  costa 
occidental  de  la  Indo-Chiná,  j  se  divi- 
dan en  dos  partes:  una  al  Norte,  que 
comprende  los  Kstados  de  Assam, 
Aracem,  Pegi  y  Tenasserin,  depen- 
dientes de  Calcuta,  y  otra,  al  Sur, 
que  forma  el  gobierno  de  los  E$trechos, 
compuesto  de  una  parte  de  la  Malaka 
y  de  las  islas  de  Singapoore  y  Pulo- 
Pinang»  Como  poblaciones  notables 
deben  citarse  las  siguientes:  Akijab, 
capital  de  la  Birmania  inglesa,  con 
puerto  de  gran  comercio;  Djorhat  y 
Jtangpur,  ciudades  famosas  por  sus 
fábricas  de  tejidos,  tráfico  en  espece- 
ría y  minas  de  carbón;  Arakán,  capi- 
tal del  antiguo  reino  de  su  nombre  y 
punto  de  peregrinación;  Jorge-Town, 
ciudad  liudísima,  en  la  isla  del  Prín- 
cipe de  Gales,  bien  construida,  mejor 
fortificada  y  con  floreciente  comercio; 
Mulmein,  población  nueva  y  cabeza  de 
los  establecimientos  ingleses  de  esta 
^Att6;Am/ierste-To/rn,  plaza  importan- 
tísima, bajo  el  aspecto  militar  /  me> 
cantil;  y  ¿Ungapoore,  en  la  isla  así  lla- 
mada, escala  de  los  buques  que  van  á 
los  mares  de  la  China  y  puerto  franco 
de  los  más  concurridos  del  A.sia,  con 
espaciosos  astilleros  y  vasto  arsenal. 
Estas  posesiones  van  cada  día  en  au- 
mento eon  las  conquistas  de  nuevos 
territorios. 

6/  Islas:  forman  una  extensa  cordi- 
llera, que  se  extiende  de  Norte  a  Me- 
diodía, en  el  golfo  de  Bengala,  entre 
el  cabo  Negro  y  la  isla  de  Sumatra, 
eonstitujreudo  los  dos  archipiélagos 


de  Nikaiar  y  Andamám,  eon  algunos 
pequeños  establecimientos  di□ama^ 
quesos,  y  este  último  eon  dos  célebres 
puertos:  «1  de  ComoaUt  y  el  CÁaíam* 

U 

UfDIÁ  ClSOAHOéTICA,  6  IHDOSTXx 

8.  Forma, — La  dilatada  península 
del  Indostán  presenta  la  forma  de  un 
inmenso  triángulo,  e«ja  base  esU  aa 
el  Norte,  y  el  TÓrtiee  en  el  Sur. 

9.  Siinaeiá»  «slrmtfiMMs.— Hállase 
ésta  entre  loa  9*  5r-36'  4^  éa  latitud 
septentrional  y  los  70M01*  de  longi- 
tud oriental  del  meridiano  de  Madrid. 

10.  Limites. — Este  vasto  territorio 
confína:  al  Norte,  con  los  montes  del 
Himalaja,  que  la  separan  del  Tíbet; 
al  Este,  con  la  Indo-China  y  el  golfo 
de  Bengala;  al  Sur,  con  el  Océano  In- 
dico, y  al  Oeste,  oon  la  región  pérsi- 
ca, Belutchistán  y  A.lfghanistán. 

11.  jlrM.— Mide  3.000  kilómetros 
de  largo,  de  Norte  á  Mediodía;  2.500 
de  ancho,  de  Oriente  i  Occidente, 
y  3.160.000  cuadrados  de  superficie. 

12.  Divisiones  naturales,  —  Las  de 
esta  región  pueden  reducirse  las 
siguientes:  1. ,  laa  cadenas  del  Hima- 
la/a  y  sus  valles;  2.%  la  llanura  del 
Granges,  poco  elevada  sobre  él  nivel 
del  mar,  y  expuesta,  por  lo  tanto,  á 
las  inundaciones  periódicas  de  aquel 
río;  3.*,  la  llanura  superior  del  mis- 
mo Ganges,  hasta  el  pie  del  Hima- 
la^a,  limitada,  al  Sur,  por  los  montes 
Vindhjrah,  y  al  Oeste,  por  el  Gran 
Desierto;  4.',  la  parte  Norte  de  la 
gran  meseta  central  basta  el  Nerbud- 
da,  que  la  divide  en  dos  mitades  dis- 
tintas; 5.*,  la  segunda  parte  de  esta 
meseta,  situada  al  Sur  del  expresado 
río,  más  elevada  que  la  anterior  y  que 
termina  en  la  unión  de  las  cadenas  de 
los  Ghattes;  6.°,  el  llano  que  se  ex- 
tiende desde  Coimbatore  hasta  el  cabo 
Gomorin;  7.*,  la  lengua  de  tierra  que 
ciñen  el  mar  y  los  Ghattes  del  Oes- 
te; 8.°,  el  terreno  comprendido  entre 
el  golfo  de  Bengala  y  los  Ghattes 
orientales;  y  9.  ,  la  península  de 
Gudj  érate.  Todas  estas  regiones  son 
completamente  distintas  las  unas  de 
las  otras,  tanto  por  su  aspecto  ñsico, 
su  clima,  su  formación  geológica,  so 
flora  y  su  fauna,  como  por  los  carac- 
teres etnográficos  de  las  naciones  j 
de  las  tribus  que  las  habitan. 

13.  Cosías. — Las  del  Indost  in,  pre- 
sentan: al  Noroeste,  la  península  de 
Gudjerate;  al  Oeste,  los  golfos  de 
Cutch  y  de  Cainbodje,  y  las  bahías 
de  Bombaj  y  de  Goa;  al  Gstu,  la  em- 
bocadura del  Caverjr,  en  el  golfo  de 
Bengala.  Sus  cabos  más  notables  son 
los  de  Comorín  y  Oiu. 

14.  Orografía, — En  la  misma  base 
del  triángulo  que,  como  jra  liemos 
dicho,  forma  esta  comarca,  se  extien- 
den tres  grandes  cordilleras,  separa- 
das por  altos  valles,  las  cuales  van 
elevándose  á  medida  que  avanzan  eo 
dirección  al  Norte.  La  del  Himalava 
corre  por  esta  parte,  mareando  el  li- 
mito entre  la  íkdia,  y  la  China,  en 
donde  descuellan  los  montes  más  eul- 


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INDI 

mínutw  del  globo,  y  envía  namero- 
su  nmifieaetones  al  Mediodía;  entre 
otM,  la  de  ffAattci,  que  se  bifurcan  en 
deicadenas  ja  oriental  jla  occidental. 

Íindelas  respectivamente  á  las  costas 
el  ffolfo  de  Beng^ala  j  de  Omán. 
En  »  isla  de  Ceilan  se  distingue  el 
monte  Hamazel  6  Pico  de  Adam. 

15.  S^Togfftfia. — La  multitud  de 
cordilleras  q^ae  dejamos  mencionadas, 
dan  origen  a  una  infinidad  de  cauda- 
loiai  corrientes,  ^ne  crazan  t  bañan 
el  país  en  todas  direcciones.  Bl  Oom- 
fe$,  río  sagrado  de  los  indios,  nace 
en  la  &lda  meridional  del  Himalaja. 
redbe  &  la  izquierda  las  aguas  del 
Rét^ñnga,  Ghmttf,  Gondak  y  Tittah; 
i  la  derecha,  las  del  Djamnah  y  Soné. 

Ídnemboea,  dividido  en  innumera- 
Us  brazos,  en  el  golfo  de  Bengala, 
despoéi  da  2.200.tílómetro8  de  curso: 
el  Jmdo  á  Sind  se  forma  al  Norte  del 
mismo  Himala^a,  recoge  á  la  derecha 
el  Ki^t  7  Kahir;  á  la  izquierda,  el 
Pandjad  con  sus  cinco  ríos:  el  Vjhe- 
Im,  Tekenab,  Ravei,  Sutleje  y  Bed- 
jai,  y  desagua  en  el  golfo  de  Omán, 
il  Oriente  y  al  Occidente,  se  ven  dos 
Tastísi mas  albuferas,  denominadas  res- 
petivamente Ckilka  y  Kin. 

16.  Climatología, — La  temperatura 
^ne  se  experimenta  en  esta  extensa 
Rgi6n,  varía  según  la  altura  y  latitud 
qtte  oenpan  los  pueblos.  En  el  Norte, 
el  clima  es  generalmente  dulce  y  sano: 
en  al  Sftediodia  v  en  las  costas,  los 
calores  del  estío  llegan  i  hacerse  in- 
soportables. La  temperatura  media 
anual  raras  veces  excede  del  27*:  en 
realidad,  no  se  conocen  más  que  dos 
estaciones,  Im  seca  y  la  lluviosa,  oca- 
sionadas por  los  monzones,  que  son 
los  vientos  dominantes  en  las  comar- 
cas de  la  India. 

17.  Qeologla. — Las  rocas,  da  for> 
maeiiSn  primitiva,  son  las  únicas  que 
se  aaeuentran  en  los  macizos  más  eie- 
ndoa:  en  ellos  predomina  el  gneis, 
mezclado  con  el  granito,  la  pizarra,  el 
esquisto,  la  piedra  caliza  j  el  már- 
mol. Bd  los  macizos  más  hacia  el  Me- 
diodía jr  menos  elevados,  el  sílice  cons- 
titaje  su  base,  la  cual  termina  en  la 
Ilaaun  del  Ganges.  Atravesando  ésta 
en  dirección  al  Norte,  se  ve  correr,  de 
Oriente  á  Occidente,  por  el  centro  del 
fndntán  la  cadena  de  los  montes 
Vindhjah,  cuja  formación  consiste 
principalmente  en  gneis,  excepto  en 
su  base.  Los  Ghattes  occidentales  j-  el 
ettribo  que  termina  en  el  cabo  Como- 
ría,  descansan  sohre  rocas  graníticas: 
el  gneis,  el  talco  y  el  granito,  que 
eompoDen  la  base  de  las  cadenasorien- 
tales,  aparecen  frecuentemente  cu- 
biertos de  creta  y  de  diferentes  már- 
moles primitivos  de  varios  colores.  Bn 
el  distrito  de  Midnapore  j  en  algunos 
otros  parajes  del  Indotíán  se  encuen- 
tra una  especie  de  cal  carbonatada, 
conocida  con  el  nombre  de  kauiar, 
propia  de  la  geología  de  la  India;  v  al 
Norte,  sobre  las  dos  riberas  del  Da- 
moda,  se  extiende  un  gran  valle  hu  - 
üero,  de  90  kilómetros  de  largo  por  18 
de  ancho.  Desde  el  mencionado  río 
Damoda  hasta  Benarés,  las  formacio- 


INDI 

'  n«f  gfraníticas  son  las  que  m&s  domi- 
nan; pero,  al  aproximarse  i  Soans,  el 
sílice  viene  á  ser  la  roca  de  la  superfi- 
cie del  suelo,  extendiéndose,  en  aireo* 
ddn  Norte,  hasta  Ag^a,  por  el  28*  de 
latitud.  Bl  basalto  cubro  el  territorio 
de  Hjderabad,  rodea  la  costa  de  Ma- 
labar y  forma  las  márgenes  del  Con- 
can:  las  grandes  llanuras  del  G«nges, 
del  Indo  7  de  los  caudalosos  ríos  del 
Indotíán,  se  hallan  compuestas  de  te- 
rrenos de  aluvión. 

18.  MineraUgia. — Bn  todas  las  co- 
marcas de  este  país  se  encuentran  es- 
parcidos con  profusión  el  hierro,  el 
cobre,  plomo,  estaño,  zinc,  imán,  sí- 
lice, arcilla,  basalto,  pórfidos,  bórax, 
gres,  hulla,  sal,  azufre  y  tierra  de 
porcelana;  así  como  amatistas,  záfiros, 
rubíes  j  otras  piedras  preciosas.  Bn 
el  interior  se  hallen  mucaos  j  hermo- 
sos diamantes;  partícalarmente,  en 
Bengala  y  Bundelkand,  qae  son  los 
más  ricos  del  mundo;  en  las  costas, 
bellísimas  perlas,  y  entre  las  arenas 
que  arrastran  las  corrientes  de  los 
ríos,  los  dos  minerales  más  codiciados 
de  la  humanidad:  el  oro  y  la  plata. 

19.  Zoología. — Eatre  las  numerosas 
especies  de  animales  que  se  crían  en 
los  espesos  bosques  y  risueños  valles 
del  Indostán  y  de  sus  islas,  se  distin- 
guen: el  elefante,  el  rinoceronte,  el 
tigre,  el  leopardo,  el  búfalo,  el  oran- 
gután, el  oso,  el  vampiro,  el  drome- 
dario, la  ardilla,  la  marmota,  el  gato 
de  algalia,  el  camello,  la  gacela,  el 
ciervo,  el  chacal,  el  iabalí,  el  mico  y 
una  gran  variedad  de  monos.  Bn  tí 

Sintoresco  valle  de  Cachemira,  abun- 
an  las  cabras,  con  cuya  finísima  lana 
se  fabrican  los  famosos  chales  que  lle- 
van aquel  nombre:  las  ballenas  fre- 
cuentan las  costas,  mientras  que  las 
anguilas  hormiguean  en  el  fondo  de 
los  ríos.  Las  serpientes  son  monstruo- 
sas y  terribles;  especialmente,  las  que 
se  encuentran  en  las  márgenes  del 
Ganges:  la  boa  alcanza  hasta  7  j  8 
metros  de  largo.  Bntre  las  aves,  des- 
cuellan el  buitre  real,  el  casoar,  el 
cisne,  el  pelícano  j  más  de  cuarenta 
especies  de  papagayos.  Los  insectos 
son  namerosisimos,  pero  el  gusano  de 
seda  está  considerado  como  3  más  no- 
table y  precioso  de  todos, 
j  20.  Agricultura. — El  suelo  de  esta 
región  es  uno  de  los  más  feraces  del 
globo,  debido  principalmente  á  la  íu-  ' 
j  Huencia  de  su  clima  tropical.  La  ve-j 

ffütacíún  ostenta  por  todas  partes  esa  I 
□zanía  propia  de  las  tierras  vírgenes, ' 
I  y  es,  por  lo  general,  tan  activa,  que  | 
I  en  muchos  parajes  da  dos  cosechas  al 
año:  una,  en  Septiembre  v  Octubre,  y 
'  otra,  en  Marzo  y  Abril.  En  el  Dekán,  I 
el  terreno  de  aluvión  mide  más  de  dos 
metros  de  profundidad,  y  el  valle  del 
i  Ganges  es,  sobre  todos,  de  una  ferti- 
I  lidad  extraordinaria.  Bn  casi  todas  las  í 
I  comarcas  se  ven  crecer  plantas  de  bri- 
I  liantes  flores,  de  vistosas  hojas  ó  de  j 
útiles  aplicaciones  fabriles  y  medici- 1 
nales,  como  la  adormidera,  la  zarza- i 
<  parrilla,  el  riubarbo,  el  jengibre,  la  | 
jalapa,  el  betel,  el  sésamo  6  ajonjolí,  i 
,  el  alcanfor,  la  rosa  y  el  jazmín;  y  it~  \ 


INDI 


61 


¡  boles  gigantescos,  de  espeso  follaje, 
de  olorosa  madera  y  de  preciosos  pro- 
ductos, como  la  palmera,  el  teek,  el 
plátano,  el  gnajabo,  el  bambú,  el  co- 
cotero, el  ébano,  el  moral,  el  sándalo, 
la  goma  laca,  el  bmoso  árbol  del  in- 
eieoso  y  la  inmensa  higneia  nopal. 
Entre  los  demis  cultivos  figuran:  el 
arroz,  alimento  preferente  de  los  in- 
dios; trigo,  cebada,  maíz,  avena,  mi- 
jo, café,  azúcar,  añil,  tabaco,  seda, 
cáñamo,algodón,  coral,  marfil,  agrios, 
frutas  deliciosas,  especias  y  aromas 
muy  estimados,  maderas  finss  y  de 
construcción,  legumbres  de  Buropa  y 
todas  las  dem&s  prodaeeiones  de.  los 
trópicos. 

21.  Industria. — La  industria  agri- 
cola  del  Indostán  se  halla  muj  atrasa- 
da, no  obstante  la  asombrosa  fécnndi- 
dad  de  tu  suelo.  La  baratara  de  los 
géneros  alimenticios  y  la  pereza  pe- 
culiar del  pueblo  indio,  le  naeen  des- 
cuidar el  cultivo  de  los  campos  hasta 
tal  punto,  que  algunas  veces  llega  á 
hacer  el  hambre  verdaderos  estragos 
en  la  península.  No  sucede  lo  mismo 
con  la  industria  manufacturera:  los 
objetos  de  fabricación  india  han  sido 
siempre  notabilísimos  y  muy  solicita- 
dos en  los  mercados  de  Buropa  por  su 
elegancia,  solidez  y  exquisito  gusto. 
Las  telas,  llamadas  tndianta,  vienen 
sosteniendo  brillantemente,  desde  los 
tiempos  más  remotos,  la  reputación  de 
los  &bricantes  indígenas;  /  no  es  me- 
nor la  celebridad  que  gozan  ans  exce- 
lentes paftoa  y  pañuelos,  ni  las  pre- 
ciosas sederías  recamadas  de  oro  y 
plata  de  Murchidabal,  Bengala  t  Sa- 
nta, ni  los  ricos  chales  de  Cachemi- 
ra, ni  los  magníficos  tapices  de  Patna, 
ni  las  ciento  veinticuatro  elases  de  te- 
jidos de  algodón,  que  se  trabajan  en 
Uadrás,  Paliaeata,  Masulipatam  y 
otros  puntos.  Los  indios  se  distinguen 
también  en  las  obras  de  filigrana^  en 
la  &brieacii5n  de  armas  blancas;  y  la 
ciudad  de  Golconda,  por  sa  célebre 
depósito  de  diamantes, admirablemen- 
te pulidos  y  tallados. 

22.  Comercio. — El  del  interior,  se 
halla  en  poder  de  los  banianos  6  in- 
dios, y  es  tan  activo  como  importan- 
te. Consiste  principalmente  en  el  cam- 
bio de  los  productos  del  país  y  distri- 
bución de  las  mercancías  europeas, 
que  desembarcan  en  los  pueblos  de  la 
península.  El  cabotaje  es  también  bas- 
tante extenso,  y  sus  pequeñas  embar- 
caciones llegan  frecuentemente  hasta 
la  isla  de  Ceilán.  El  Comercio  exterior 
está  explotado  casi  exclusivamente 

or  la  Inglaterra  y  otras  naciones  de 
'uropa,  que  han  conservado  sus  esta- 
blecimientos en  el  Indostán,  Los  prin- 
cipales artículos  de  exportación  son: 
madera,  azúcar, algodón,  especias,  sa- 
litre, goma  laca,  bórax,  cardamomo, 
tejidos  de  seda  v  de  algodón  v  chales 
de  Cachemira;  los  depósitos  o  escalas 
más  considerables,  Calcuta,  Madrás, 
Bombajr,  Surata,  Mangalose  y  Pondi- 
chéry. 

23.  Poblaeidn, — El  número  total  de 
habitantes  que  ocupan  las  diferentes 
comarcas  del  Indostánt  asciende,  se- 


I' 


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62  INDI 

Sán  eilculosaproximados,  á  193  ini-l 
ones,  entre  indios  6  indígenas,  ma- 
Ujos,  mongoles,  chinos,  guebros  6 
parsis,  árabes,  turcos  y  europeos, 
principalmente,  ingleses, 
-  24.  Afonedas i  petoi  V  medidas. — Las 
monedas  de  oro  de  la  India  son:  la  r«- 
;Ka(40  pesetas  próximamente)  j  los 
dÍTOTSos  pagodas  (2  pesetas  56  cénti- 
mos): las  de  plata,  la  rupia  (2  pese- 
tas), el  fanón,  el  medio  fanón  j  el  anas: 
las  de  cobre,  el  dudon  j  el  íncan.  Em- 
pléase además  como  moneda  una  es- 
pecie de  concha,  el  cawis  de  las  Lake- 
divas. — Pesat:  el  iandi  (230  kilogra- 
mos aproximadamente),  el  seer,  el  pa- 
lón, el  lar  j  el  man. — Medidas  itinera- 
rias: la  lengua  india  ó  cosr  (3.084  me- 
tros), el^aa  T  el  nari.  De  longitud  y  de 
superficies:  el  yes  (30  centímetros),  el 
malom,  la  pnkhi^bigga  y  la  cutcha- 
bigaa. 

25.  División  geogr^ea. — Bajo  el 
punto  de  vista  geográfico,  las  divisio- 
nes territoriales  de  U  India,  han  ex- 

Eerimentado  frecuentes  cambios.  Bal- 
i  la  divide  en  las  cuatro  regiones  si- 
guientes: l.*/ii(¿0r¿a'«  septentrional,  que 
comprende  las  comarcas  montuosas^ 
al  Oriente  del  Setledje  hasta  Bután  ó 
Bhotán,  incluso  el  valle  de  Cachemi- 
ra. 2.'  Indostán  meridional,  que  abar- 
ca la  major  parte  del  imperio  mogol 
antigno.  3.°  Dekán  septentrional,  des- 
de el  Nerbudda,  al  Norte,  hasta  el 
Tumbedra  y  el  Krichna,  al  Sur.  4." 
Dekán  meridional,  en  que  termina  la 

genínsula,  al  Mediodía,  hasta  el  cabo 
omorín. — Estas  regiones  se  subdiví- 
4en^el  modo  siguiente:  Indostán  sep- 
4enlrio»al:  Kasnimir  6  Cachemira, 
Gherovd>  Nepal,  Anda,  AUahabad, 
Behar  y  Bengala.  Indostán  meridio- 
nal: Labore,  Multan,  Sind,  Katch, 
Guzzerat,  Malwa,  Adjemir,  Oelhi  y 
Agrah.  Dekán  septentrional:  Kaudeich, 
Aurengabad,  Bedjapur,  Haiderabad, 
Bider,  Berar,  Ganduana,  Oríssa  y  Sir- 
kars  del  Norte.  Dekán  meridional: 
Kauara,  Malabar,  Eotchin,  Travan- 
kora,  Koimbetur,  Karnatic,  Salem  ó 
Barratnahal,  Maissur  y  Balaghat.— 
La  isla  de  Ceilán  y  los  archipiélagos 
de  lasMaldivasj  Lakedivas  están  uni- 
dos al  Dekán  meridional. 
.  26.  Dicisidn  política. — Bajo  el  con- 
cepto político,  el  Indostán  se  divide  en 
esta  forma:  Sstados  independientes:  Ne- 
pal y  Batán  6  Bhotia.  Estados  alia- 
dos í  tributarios  de  Inglaterra:  Sin- 
dhj,  Nizam,  Mjsore,  etc.  Estados 
europeos'.  India  inglesa,  holandesa, 
francesa  y  portuguesa. 

India  tnglesa. — Se  da  este  nombre  á 
los  numerosos  territorios  que  la  Gran 
Bretaña  posee  en  la  India,  cuya  ex- 
tensión es  igual  ¿  la  que  ocupa  toda 
la  Europa  continental,  sin  compren- 
der la  Rusia.— Tiene  de  superfície 
2.430.269  kilómetros  cuadrados,  que 
pueblan  sobre  283.000.000  de  habi- 
tantes, de  los  cuales,  196.000.000  son 
subditos"  directos,  y  87.000.000  va- 
sallos feudatarios.  Esta  dilatada  re- 
gión, en  la  cual  la  Corona  de  Ingla- 
terra sólo  poseía  en  1818  la  isla  de 
Ceilán,'  perteneció  á  la  célebre  Com- 


INDI 

]paS(a  de  las  Indias  orientales,  la  mas 
rica  y  poderosa  corporación  del  mun- 
do. Para  la  India  mgangétiea  se  dis- 
tinguen, en  los  territorios  ingleses, 
las  posesione»  inmediatas  y  las  posesio- 
nes mediatas:  aquéllas,  se  dividían  en 
siete  gobiernos  ó  presidencias:  Benga- 
la, MadriSt  Bomhay,  Pendjah,  Iza  pro- 
vincias del  Noroeste,  \m  provincias  cen- 
trales y  ú  Uda.'El  primero  era  el  asien- 
to de  un  gobernador  general,  de  un 
Consejo  supremo  y  de  un  subgoberoa- 
dor;  los  dos  siguientes  contaban,  cada 
uno,  un  gobernador,  un  subgobema- 
dor  y  un  Consejo;  el  Pendjab,  las  pro- 
vincias del  Noroeste,  las  provincias 
centrales  y  el  Uda  estaban  adminis- 
tradas por  nn  subgobemador. — Las 
posesiones  mediatas  se  hallan  goberna- 
das por  príncipes  ind^enas,  vasallos 
ó  aliados  de  la  Gran  Bretaila,  la  cual 
puede  tener  sus  goarnícionei  en  las 
plazas  fuertes.  Estos  posesiones,  son: 
Ádjemir,  que  comprende  los  Estados 
de  Bikanir,  Bundi.Djesseimira,  Djey- 
pur,  DjudpuróMarwar,  Kotah,  Odey- 
pur  y  Tonk:  KatcA,  los  de  Katch  y 
Bhudj:  Malwa,  los  de  Holkar,  Bopal 
y  Dawa:  Giazeral,  los  de  Bauswarra, 
Therad,  Turrad,  Duboi,  Noangar, 
Gundal  y  Kambaya:  ^IWaÁoM,  los  de 
Rewah,  Tehri  y  Pannah:  Ágra,  los 
de  KaroH,  Bhurtpora,  Dholpury  Mat- 
cherry;  Delhi,  el  de  Sirhind:  Bedja- 
pur, el  de  Colapur:  Raiierab,  Bider  y 
Aurengabad,  el  reino  de  Dekkan:  Mais- 
sur, Malabar,  con  los  Estados  de  Tra- 
vancor  y  Kotchin.  Islas  Lakedivas, 
compuestas,  en  su  mayor  parte,  de  is- 
lotes inhabitados. — En  la  India  írans- 
gange'tica  pueden  dividirse  en  dos  gru- 

fios  los  Estodos  sobre  los  cuales  tiene 
nglaterra  un  dominio  real  ó  simple- 
mente nominal. — Territorio  al  Oeste 
del  Irauaddp  y  del  Sainen:  reino  de 
Assam;  países  de  los  moitay  y  de  los 
karrows  (tributarios);  de  Djíntiah, 
de  Katchar,  de  Arakan  y  de  Pcgú. — 
Países  al  Este  de  ¿a/uen:  provincias 
de  Martaban,  de  le,  de  Tavay  y  de 
Tenasserim;  isla  del  Principe  de  Ga- 
les, la  de  Singapoore  y  el  territorio  de 
Malaka.  Todas  las  posesiones  de  la 
Indo-China,  basto  el  Arakan,  depen- 
dían de  la  Presidencia  de  Calcuto:  el 
resto  formalu  la  Presidencia  de  la  Bir- 
mania  británica. — El  gobierno  de  las 
Indias  en  Inglaterra  sufrió  un  cambio 
radical  en  1858:  la  célebre  Compañía, 
después  que  hubo  perdido  el  monopo- 
lio del  comercio  de  las  Indias,  abierto 
en  18{)5átodos  los  ingleses, y  en  1833, 

fiara  todas  las  naciones,  sólo  conservó 
a  administración  política  del  país, 
bajo  la  soberanía  de  la  Corona:  sus 
poderes  debían  ser  renovados  cada 
veinte  años  por  una  acto  especial  del 
Parlamento,  y  este  renovación  se  llevó 
á  cabo  en  1854.  Por  esta  época,  el  go- 
bierno de  la  India  en  Inglaterra  se 
componía  de  tres  autoridades:  1.*  La 
Corte  de  los  propietarios,  reunión  de  los 
poseedores  de  25.000  francos  en  ac- 
ciones, los  cuales  tenían  el  derecho  de 
elegir  parte  de  la  Corte  6  Consejo  de 
tos  directores,  2."  Consejo  de  los  dire^ 
iores,  compuesto,  de  los  poseedores 


INDI 

de  50.000  fianoofl  en  acciones,  haitt 
el  número  de  18:  12,  nombrados  por 
el  Consejo  de  los  propietoríoi,  y  6,  por 
la  Corona,  quienes  constituían  un  cion- 
sejo  encargado  de  dirigir  todos  los 
asuntos  de  la  Compañía,  el  cual  nom- 
braba, bajo  la  aprobación  de  la  Coro- 
na, el  gobernador  general  y  altos  fua- 
cionanos  de  la  India.  3.*  Una  ojicinon 
registro,  cuyo  presidente  era  miemÍ)ro 
del  Gabinete  y  vigilaba,  en  nombre  de 
la  Corona,  los  actos  de  los  directo- 
res.— La  rebelión  de  los  indios  hko 
sentir  la  necesidad  de  simplificar  esta 
administración  múltiple:  en  1858,  la 
Compañía  fué  disuelto,  y  su  activo 
quedó  á  cargo  del  Estodo,  mediante 
una  rento  perpetua  de  10  por  100  del 
capitol  social;  el  Consejo  de  directores 
y  las  oficinas  quedaron  abolidas,  pa- 
sando directamente  i  la  Corona  él  go- 
bierno de  la  Ihdu,,  el  cual  quedó  eons- 
tituído,  en  1865,  de  este  modo:  nn 
ministro  secretario  de  Estado  para  las 
Indias,  á,  quien  auxiliaba  en  sus  fan- 
ciones  un  Consejo  consulttto  de  15 
miembros;  8,  de  nombramiento  del 
Gobierno  y  7,  de  elección  de  sus  cole- 
gas.—Las  Indias  estoban  divididas 
en  8  gobiernos;  y  la  administración 
general  de  cada  uno  de  ellos,  confia- 
da, bajo  la  presidencia  suprema  del 
gobernador,  á  una  especie  (de  minis- 
terio, dividido  en  departomentos  del 
Interior,  de  Hacienda,  del  Extenor,, 
de  Asuntos  militores  y  de  Justicia.. 
Cada  gobierno  se  hallaM  sabdiTÍdido* 
en  distritos,  administrados  por  un  co- 
lector ó  recaudador,  en  coyas  atribu- 
ciones entraban  los  impuestos,  la  jus- 
ticia, la  policía  y  las  obras  piiblí^ 
cas. — ^El  presupuesto  de  U  Ihdia  era, 
en  1856-57,  de  825.000.000  de  pe- 
setas próximamente;  la  deuda,  de 
1.600.000.000.  La  insurrección  de 
1857  elevó  aquélla  á  más  de  3.384 
millones;  y  el  presupuesto  de  1875-76 
se  evaluó  en  1.361.000.000  los  gas- 
tos, y  en  1.295.000.000  los  ingresos. 
Ocasionaron  principalmente  este  au- 
mento los  gastos  de  la  guerra:  el  ejér- 
cito de  las  Indias  se  componía,  en 
1857.  de  320.000  hombres,  en  esto 
forma:  240.000,  de  tropas  indígenas, 
llamadas  ápayos;  30.000,  de  contin- 
gentes indígenas,  suministrados  p')r 
los  Estodos  confederados  y  dirigidos 
por  oficiales  ingleses;20. 000,  europeos 
detrupas  de  la  Compañfa.y  30.000, eu- 
ropeos, de  tropas  reales.— Inglatern 
invierte  en  estos  posesiones 2.000  mi- 
llones de  pesetos  al  afio,  obteniendo 
muy  poco  más.  Los  ingresos  y  gMt<^ 
calculados  para  el  afio  económico  qne 
terminó  en  Marzo  de  1889,  fueron 
de  81.636.678  libras  esterlííiaá  v 
81.659.660  respectivamente.— En  la 
misma  fecha  la  deuda  ascendía  -á 
206.619.559  libras  esterlinas.  El  efec- 
tivo del  ejercito  se  eleva  á  230.000 
hombres,  de  los  cuales  73.000  son  in- 
gleses y  23.000  voluntorios  europeos 
y  mestizos. 

India  francesa. — La  constituye  un 
gobierno,  cuya  capitol  es  Pondichérj. 
comprendiendo  además  á  Barical. 
Yanaon,  Chandernagor  y  Mahó,  y 


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INDI 

riulog^ias  sn  Misulipatam,  Calicat  j 
Sonta;  la  población  total  asciende  á 
285,022  habitantes,  y  U  superficie,  á 
49.622  hectáreas  cuadradas. 

Ihdu  netrUindeté. — (Véaw  BoUmda, 
cohnias.) 

hioiA.  p0ríiig%eta. — Se  compone  de 
Goa,  Pandjim,  Damann  j  Diu,  cuja 
soperficie,  de  3.922  kilómetros  cua- 
drados, pueblan  447.617  habitan- 
tes. 

27.  ffitíoria, — Los  pueblos  de  la 
aatigfiedad  disica  no  han  debido  co- 
uoeer  la  India  hasta  una  época  relati- 
vamente cercana  á  la  nuestra.  Las  ex- 
pediciones de  Semtramis  j  de  Sesos- 
tris  no  aparecen  del  tododemostradas, 
y  las  narraciones  de  los  indios  no  ofre- 
cen más  que  lejrendas  poéticas,  en  las 
que  sólo  se  mencionan  algunos  hechos 
nistóricoa,  desprovistos  de  cronología. 
Las  leyes  de  Hanú,  c^ae  nos  presentan 
el  cuadro  de  las  antiguas  institucio- 
nes de  la  India,  permiten  conjeturar 
qae  los  indios  no  formaban  una  sola 
raza;  que  estaban  unidos,  más  que  por 
la  identidad  de  origen,  por  la  comu- 
nidad de  religión,  j  que  los  brahma- 
nes, procedentes  sin  duda  de  la  Aria- 
na,  impusieron  su  jugo  á  las  diferen- 
tes razas  que  poblaban  aquel  Tasto 
país.  La  India  parece  no  haber  for- 
mado, en  ua  principio,  más  que  un 
solo  imperio,  basta  que  algunas  di- 
nastías se  repartieron  más  tarde  el 
territorio.  Bd  el  poema  del  Rám&yana 
aparece  uno  de  los  soberanos  del  Es- 
tado de  Ayodhya  (Uda),  apellidado 
Rima,  reuniendo  bajo  su  cetro  á  toda 
U  India;  y  otra  epopeja,  el  Mak&bi- 
raia,  presenta  el  país  dividido  en  di- 
ferentes Estados  independientes  y  des- 
garrado por  las  discordias  de  dos  fa- 
milias poderosas,  los  panáavat  y  los 
hunwu.  Distintos  imperios,  denomi- 
nados Bastínapura,  Uathura,  Ifagha- 
da,  Mitila,  Kasi,  existieron  más  adc- 
laate,  ra  simultánea,  ya  sucesiva- 
oeote.  La  historia  de  la  India  empieza 
it  adquirir  algda  grado  de  certeza  en 
el  sigloxi  antes  de  Jesucristo.  Darío  I, 
re;  de  los  persas,  sujetó  el  país  situa- 
do entre  el  Paropamiso  t  el  Indo,  for- 
mándola 20.*  satrapía  de  su  imperio, 
é  hizo  explorar  las  orillas  del  Indo, 
p-ir  Seyiax.  Herudoto,  que  es  quien 
refiere  estos  hechos,  sólo  llegó  a  co- 
aocer  la  parte  oriental  de  la  India  ;  y 
de  la  septentrional,  el  pequefio  Tibet, 
adonde  iban  loa  indios  todos  los  años 
i  proporcioaarse  el  oro  que  necesita- 
ban para  pagar  su  tributo  i  los  per- 
ns.  La  expedición  del  gnn  Alejan- 
dro, llevada  á  cabo  antea  de  la  venida 
de  Jesucristo,  abrió  á  los  occidentales 
el  amino  de  la  India.  Los  macedo- 
uios  encontraron  sobre  la  corriente  su- 
perior del  Indo  un  gran  número  de 
príncipes  independientes ,  mientras 
que  el  Mediodía  se  hallaba  dividido 
•-n  repúblicas  aristocráticas.  Alejan- 
itro  quiso  llegar  hasta  el  Ganges  y 
penetrar  en  la  ciudad  de  Palibothra 
(Patoa),  capital  del  poderoso  imperio 
délos  pratti,  situada  en  la  confluen- 
'^^  4"  '^^^^^  /  ^1  Djumnah;  pero 
ia  ^éicito  le  obligó  á  detenerse  sobre 


INDI 

las  márgenes  del  H^phase.  Después 
de  su  muerte,  un  indio  escure,  á  quien 
los  griegos  llaman  Sandrocottus  (el 
Tckandraarupía  de  los  historiadores), 
sublevó  el  país,  sometido  á  los  mace- 
donios,  se  nizo  el  libertador  de  su  pa- 
tria ^  arrojó  del  trono  á  la  raza  de  los 
prani,  ocupando  su  lugar.  Las  expe- 
diciones de  Alejandro  y  de  Seleuco; 
las  narraciones  de  Aristóbulo,  de  One- 
slcrites,  de  Nearco  y  de  Megástenes, 
embajador  del  rej  de  Siria,  habían 
dado  £  conocer  los  paíaes  del  Indo  y 
los,  del  Ganges,  y  revelado  á  los  grie- 
gos la  forma  triaitgular  de  la  India  y 
la  existencia  de  la  isla  Taprobana 
(Ceilán).  La  fundación  de  los  puertos 
de  Berenice  y  de  Myos-Hormos  sobre 
el  mar  Rojo,  así  como  el  descubri- 
miento, hecho  por  Hippalo,  de  los  mon- 
zones ó  brisas  del  mar  de  las  Indias, 
establecieron  un  comercio  regular  en- 
tre la  India  j  el  Egipto;  los  ^riee-os 
conocieron  entonces  las  especias,  los 
vinos  de  arroz  y  de  palma,  el  azúcar 
de  caña,  las  telas  de  seda,  U  goma 
laca,  el  aceite  de  rosa  y  de  otras  esen- 
cias, y,  finalmente,  los  animales  de  la 
India  y  las  plantas  de  los  trópicos. 
Estas  relaciones  continuaron  cuando 
la  dominación  romana  hubo  reempla- 
zado i  la  de  los  macedonios:  dos  reyes 
indios  enviaron  sus  comisiones  i  Au- 

fusto;  Claudio  recibió  una  embajada 
el  radjah  de  Ceilán.  PlÍnÍo  menciona 
una  multitud  de  pueblos  de  la  India, 
entre  los  cuales,  los  prasii  aparecen 
aún  como  los  más  poderosos;  pero  se 
detiene  poco  más  allá  de  la  emboca- 
dura del  Ganges.  En  Ptolomeo,  los 
conocimientos  de  los  antiguos  se  re- 
montan más  hacia  el  Oriente;  la  India 
está  dividida  en  India  de  allende  el 
Ganges,  é  India  de  aquende  el  Ganges, 
comprendiendo  los  pai$e$  del  oro  y  de 
la  plata  y  la  península  de  oro  (impe- 
rio birmano).  En  la  península  cisgan- 
gética,  el  imperio  de  los  ^(mü  se  pre- 
senta limitado  en  tiempos  de  Ptolo- 
y  parece  haber  cedido  la  prima- 
cía al  ae  los  caspireai  (Cachemira), 
que  se  extiende  en  el  valle  del  ludo 
hasta  Gagasmira  (Adjemir).  La  obra 
de  Ptolomeo  es  la  última  que  da  noti- 
cias ciertas  de  la  India  antigua,  cuya 
hittoria  aparece  de  nuevo  envuelta  en 
la  oscuridad  más  absoluta,  basta  la 
invasión  musulmana,  época  en  que 
puede  decirse  que  empieza  á  ser  real- 
mente conocida.  Por  los  años  707  de 
la  era  cristiana,  Kotaibah,  lugar- 
teniente del  califa  Abdul-Melek,  se 
hizo  dueño  de  las  orillas  del  Indo;  y 
en  los  comienzos  del  siglo  xi,  Mah- 
mud,  sultán  de  Ghiznee,  en  Affgha- 
nistán,  atravesó  este  río,  diezmó  la 
población  india  y  destruvó  los  Ídolos. 
A  fines  del  siglo  xii,  lograron  los 
a^ghans  arrojar  del  territorio  á  los  de 
Ghiznee;  penetraron  en  el  Indostán,  i 
bajo  las  órdenes  de  Mohamed  Guri,  y  ¡ 

3uedó  el  país  completamente  sometí-  ; 
o  al  mahometismo.  Muerto  Moha- 
med, su  general  Cootub  se  declaró  in- 
dependiente, estableciéndose  en  Del- 
hí,  en  1193.  Desde  esta  época  hasta 
1SÜ25,  vinieron  sucediéndose  hasta  26 


INDI 


63 


príncipes  tjfgkemt  en  el  reino  fundada 
por  Cootub.  Hacia  1450,  los  Lody,  go- 
Dernadores  de  Labore,  se  habían  apo- 
derado de  Delbi  y  de  otras  varias  pru- 
«incias;  pero  en  1518,  Baber,  biznie- 
to de  Tamerlán,  invadió  la  India,  al 
frente  de  los  tártaros  mongoles,  arro- 
jó del  trono  al  último  soberano  de  la 
raza  de  Cootub,  y  formó  un  poderosí- 
simo imperio,  el  cual  aloantó  el  más 
alto  grado  de  esplendor  bajo  el  reina- 
do de  Aurengzevb,  cuyos  dominios 
llegaron  &  extenderse  por  casi  to^a  la 
península.  Desda  la  muerta  de  .esta 
monarca,  acaecida  en  1707,  su  dilata- 
do imperio  va  deoayendo  sensiblemen- 
te por  la  debilidad  de  sus  príncipes  y 
desmembrándose  rápidamente  con  las 
conquistas  de  Nadir-Schah,  en  1739, 
y  las  intrigas  de  los  ingleses,  hasta 
quedar  el  país  dividido  en  numerosos 
Estados  independientes,  regidos  por 
los  nab&h$  y  tubait  mongoles,  i  cuyo 
frente  se  hallaban  los  seikAs  y  los 
mahrattes.  Los  portugueses  y  holande- 
ses explotaron  en  los  siglos  xti  y  zvii 
las  costas  de  la  Indu,  cuyo  camino 

3uedó  abierto  a  los  europeos  con  el 
escubrimiento  del  cabo  de  Buena 
Esperanza.  Has  adelante,  los  £rance- 
sea  y  los  ingleses,  mezclándose  en  los 
asuntos  de  los  indígenas  y  aprove- 
chándose de  sus  discordias,  nieron  en- 

Erandeciendo  sus  respectivos  Estados, 
as  guerras  entre  Francia  é  Inglate- 
rra, en  el  aiglo  xviii,  se  extendieron 
hasta  la  India,  en  cuya  época,  lord 
Clive,  general  inglés,  emprendió  se- 
riamente su  conquista:  empezó  apode- 
rándose de  Bengala,  enl7o9;  sometió 
é  hizo  tributarios  de  la  Gran  Bretaña 
á  los  jefes  de  las  tribus  de  Uda  y  de 
los  ciscara  del  Norte,  de  cu^o  modo 
fué  engrandeciéndose  poco  a  pooo  la 
colonia  y  tomando,  el  imperio  iodo- 
británico  las  colosales  proporciones 
que  actualmente  tiene.  Tipoo--Saib 

tuiso  oponerse  enérgicamente  á  la 
ominación  de  los  ingleses,  y  murió 
en  1799,  con  las  armas  en  la  mano. 
Las  últimas  conquistas  de  Inglaterra 
fueron  las  del  reino  de  Lahoie  y 
del  Syndhy,  en  184<),  y  la  de  Uda. 
en  1856,  que  provocó  al  año  siguiente 
la  formidable  insurrección  de  la  In- 
dia. La  anexión  violenta  del  último 
de  estos  Estados,  cuyo  soberano  había 
sido  injustamente  depuesto  por  el  go* 
bernador  general,  lord  Dalhousie,  eu 
1856,  colmó  la  irritación  de  los  indí- 
genas, entre  quienes  circulaba  una 
tradición,  igualmente  popular  entre 
los  musulmanes  y  los  indios,  la  cual 
fijaba  para  el  centesimo  afio  la  ruina 
de  la  dominación  inglesa,  que  databa 
de  1757.  Desde  fines  de  1856  co- 
mienzos del  siguiente,  una  vastísima 
conspiración  militar,  que  ocultaba  un 
pensamiento  de  independencia  nacio- 
nal, fué  fraguándose  entre  los  cipayvs 
ó  tropas  indígenas  del  ejército  de  Ben- 
gala, por  medio  de  símbolos  misterio- 
sos que  pasaban  de  mano  en  mano  en 
toda  la  Presidencia.  Una  preocupa- 
ción religiosa  hizo  estallar  la  revolu- 
ción: el  tercer  regimiento  de  caba- 
Ueria,  que  se  haluba  acantonado  en 


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64  INDI 

Meerut.  m  rtsistíó  tenazmente  i  reci- 
bir unos  oartuchos  qne,  según  de  pú- 
blico se  decía,  habínn  sido  confeecio- 
nados  «on  manteca  da  puerco,  subs- 
tancia impura  á  los  ojos  de  los  indios 
j  cu^o  solo  contacto  "les  hacía  perder 
su  casta:  se  reunió  un  consejo  de 
fl*uerra  en  9  de  iáiyo  de  1857,  j  como 
fueran  sentenciados  á  diez  años  de 
prisión  85  de  sus  individuos,  se  su- 
blsTd  al  siguiente  día  todo  el  regi- 
miento, puso  en  libertad  á  los  prisio- 
aeros,  arruteó  á  la  infiinteria  indíge- 
na en  sa  rebelión  j  asesinó  á  cuantos 
ofieialea  y  ñincíonaríos  europeos  ca- 
jeron  en  su  poder.  Bl  día  12,  entra- 
ron los  reroltosos  en  Dethi,  y  secun- 
dados por  la  guarnición  indiana, 
que  se  oabía  adherido  al  movimiento, 
se  apoderaron  de  los  establecimientos 
ingleses,  de  la  caja  militar,  del  ar- 
senal j  da  las  f6ru6caciones;  conti- 
nuaron los  asesinatos  de  europeos; 
sacaron  del  palacio,  en  donde  le  tenía 
preso  la  Compañía,  al  descendiente 
de  los  mogoles  y  le  proclamaron  rej 
de  la  India,  con  el  objeto  de  unir  al 
inoTimíento  ta  población  musulmana. 
SI  general  Roed,  ¿  la  sabeza  de  algu- 
nas tropas  europeas,  que  había  logra- 
do reunir,  se  dirigió  apresuradamen- 
te contra  Üelhi;  pero  llegó  casi  sin 
artillería^  tuvo  que  ocupar  solamente 
las  alturas  que  dominan  la  ciudad,  en 
donde  qa6d!o  muT  luego  sitiado  por 
los  insurrectos.  Al  recibir  la  noticia 
de  lo  ocurrido  en  Meerut  j  Delhi,  le- 
vantáronse los  ciperos  en  todas  las 
provincias  del  Noroeste.  El  ejército 
acampado  delante  de  Delhi,  que  en 
dos  meses  había  librado  23  combates 
á  los  insurgentes,  se  reanimó  con  la 
llegada  de  algunos  refuerzos.  £1  go- 
bernador de  Pendjab,  sir  John  La  wren- 
ce,  había  conseguido  mantener  á  su 
provincia  en  la  obediencia,  desarman- 
do á  las  tropas  indígenas  sospechosas 
j  aprovechándose  Imbilmente  del  odio 
que  4  los  aeikhs  del  Pendjab,  celosos 
musulmanes,  animaba  contra  los  in- 
dios, j  envió  al  general  Nicholson 
contra  Delhi  al  frente  de  14.000  hom- 
bres, con  cuyo  auxilio  pudo  aquel 
ejército  salir  de  la  defensiva.  El  sitio 
empezó  el  19  de  Agosto,  y  la  ciudad 
azyó,  al  fin,  en  poder  de  los  ingleses, 
después  de  seis  días  de  repetidos  y 
terribles  asaltos.  Preso  el  rey,  fué 
condenado  á  prisión  perpetua,  y  sus 
hiji>s,  degollados  en  la  plaza  pública. 
La  toma  de  esta  y  otras  dos  ciudades 
importantes,  que  se  hallaban  en  po- 
der de  los  revoltosos,  hirió  de  muer- 
te á  aquella  insnrreeción  formidable, 
que  no  contaba  ja  con  otro  centro  de 
resistencia,  y  eujos  mantenedores 
eran  derrotados  en  todas  partes  por 
los  generales  Grant,  Leaton,  Outram, 
Inglis,  Whitlock  y  Rose,  que  los  per- 
seguían sin  descanso,  auxiliados  do 
Juiih-Bahadur,  monarca  de  Nepal. 
Desde  Octubre  á  Diciembre  de  18jS, 
hubo  necesidad  de  sostener  una  se- 

f funda  campaña  en  el  Uda,  en  donde  . 
a  Beg%m,  esposa  del  último  soberano,  | 
y  tres  jefes  indígenas,  Nana-Safaib,  | 
Beni-Madho  y  Tantia-Topia,  habían  i 


INDI 

intentado  una  nueva  guerra.  Una  pro- 
clama solemne  de  la  reina  Victoria, 
publicada  en  1."  de  Octubre,  anun- 
ciando que  el  gobierno  de  la  India 
pasaba  a  la  Corona,  y  prometiendo, 
con  lina  amplia  amnistía  para  los  que 
se  sometieran  antes  del  1."  de  Enero, 
el  respeto  de  las  propiedades  particu- 
lares jr  de  la  religión,  fué  mu;  bien 
recibida  y  arudó  eñcazmente  las  ope- 
raciones militares.  Se  recogieron  más 
de  1.420.000  armas  de  todas  clases; 
S6  tomaron  1.569  fuertes  ó  cindadelas, 
de  las  cnales  se  destruyeron  1.525, 
quedando  las  44  restantes  para  el  ser- 
vicio del  Grobiemo,  y  la  autoridad 
británica  quedó,  por  último,  comple- 
tamente restablecida  en  el  Uda,  en  el 
mes  de  Enero  de  1859.  Tantia-Topia 
fué  preso  T  ahorcado  en  7  de  Abril; 
Beni-Madho,  muerto  poco  después,  y 
Nana  Sahib  desapareció.  La  insurrec- 
ción de  los  cipayos,  que  estuvo  á  pun- 
to de  acabar  con  la  dominación  ingle- 
sa, duró  dos  años;  aumentó  la  deuda 
de  la  India  en  más  de  mil  millones; 

Suso  fin  á  la  existencia  de  la  famosa 
ompañía,  la  cual,  según  ya  hemos  in- 
dicado, filé  abolida,  como  poder  polí- 
tico, por  una  acta  del  Parlamento,  pa- 
sando directamente  á  la  Corona  el  go> 
bierno  de  la  India;  el  Gabinete  de 
I«ondres  creó,  en  2  de  Septiembre  de 
1858,  un  ministerio  especial  páralas 
Indias,  en  tanto  que,  en  la  península, 
se  reorganizaba  el  ejército  bajo  una 
proporción  mucho  más  considerable 
de  tropas  europeas,  y  el  territorio 
quedó  mejor  repartido  entre  siete  go- 
biernos, con  la  creación  del  de  Pend- 
jab, el  de  las  provincias  del  Noroeste, 
el  de  las  provincias  centrales  y  el  de 
la  Birmania  británica  para  los  terri- 
torios de  la  Indo-China.  Después  de 
esta  época,  todavía  fueron  segregados 
de  la  Presidencia  de  Calcuta  los  go- 
biernos del  Uda  y  de  Assam,  admi- 
nistrados cada  uno  por  un  comisario 
en  jefe.  En  1871-73,  se  hizo  un  empa- 
dronamiento general  de  la  India,  de 
numerosos  documentos  estadísticos 
publicados;  y  en  la  actualidad,  las  di- 
visiones políticas  y  administrativas 
de  aquellas  posesiones  inglesas,  bas- 
tante distintas  de  las  divisiones  his- 
tóricas y  geográficas  antes  citadas, 
son  las  siguientes: 

La  Prbsidbncia  db  Bbnoala,  la  más 
extensa  é  importante  de  las  tres  en 

3ue  se  halla  repartido  el  territorio  in- 
o-bñtánico,  está  bajo  la  dirección  su- 
prema del  gobernador  ^neral,  y  se 
divide  en  10  gobiernos  inmediatos  y 
2  regiones  tributarias:  1.**  Las  Proñn- 
ciat  Bajas  6  Bengala  inferior,  regida 
por  un  gobernador,  comprende  10  di- 
visiones (Bhagalpur,  Burdván,  Chit- 
tagong,  Chota-^agj)ur,  Daka,  Ench- 
Benar,  Orissa,  Presidencia  ó  Calcuta, 
Patna  y  Rajshabi),  administradascada 
una  por  un  subdelegado  ó  comisario 
y  subdivididas  en  48  distritos.  2."  Las 
provinciat  del  Noroeste,  bajo  el  man- 
1  do  de  un  subgobernador,  abrazan  7  di- 
I  visiones  (Agrá,  Altahabad,  Buiiares, 
I  Ihansi,  Kemaon,  Moernt  y  líoiiil- 
ikund),  y  éstas,  34  distritos.  3."  La 


INDI 

provincia  de  Uda,  gobernada  por  on 
comisario  en  jefe,  consta  de4dÍTÍsio- 
nes  (Feyzabad,  Lucknow,  Barcilly  y 
SitapurJ,  y  éstas  de  doce  distritos. 

4.  " , provincia  de  Pendjab,  mandada  por 
un  subgobernador,  cuenta  10  divisio- 
nes (Ambala,  Amretsir,  Delhi,  Dera- 
jah,  Hissar,  Djallandar,  Labora,  Mul- 
tan, Peschawer  y  Rawalpindi),  gub- 
divididas en  30  distritos.  Este  gobier> 
no  está  encargado  de  la  vigilancia  po- 
lítica de  un  numero  bastante  conside- 
rable de  principados  indígenas,  repa> 
tidos  en  tres  grupos:  principados  de 
allende  el  SulUdie,  de  los  cuales,  el 
principal  es  Cachemira; ^riflctj^tuTof  de 
aquende  el  Sulledje  y  llanura  del  Sir~ 
ktnd,  á  cuya  cabeza  está  Bhawalpur. 

5.  *  Las  provinciat  centrales,  goberna- 
das por  un  comisario  en  jefe,  com- 
prenden 4  divisiones  (Chattisgarh , 
Djubbulnur,  Nagpur  y  Nerbuddah), 
con  18  distritos,  y  el  particular  del 
Godavery  superior,  administrado  por 
un  diputado  comisario:  de  este  gobier^ 
no  dependen  igualmente  algunos  prin- 
cipados indígenas,  entre  ellos,  el  de 
Bastar.  6.*,  Auam,  bajo  la  inspec- 
ción de  un  comisario  en  jefe,  fue  es- 
tablecido aisladamente  en  1873,  y 
repartido  en  distritos  y  principados 
tributarios.  7.*  Birmania  briídniea, 
gobernada  por  un  comisario  en  iefe; 
se  compone  de  3  dirisiones  (Arakan, 
Pegú  y  Teuasserín),  subdivididas  en 
15  distritos.  8.'  El  Radjepatmah, 
comprendiendo  el  distrito  inmediato 
de  Adiemir  y  Maiwara,  está  admi- 
nistrado por  un  comisario  en  jefe 
(1871)  y  siete  agencias,  que  vigilan  á 
los  príncipes  indígenas  de  Meíwar  ú 
Odypur,  de  Djeypur,  de  Marwar,  de 
Harasti,  de  los  Estados  orientales,  de 
Alwar  y  de  Sirohi.  9.*  El  Sérar,  en 
el  centro  de  la  India,  está  dividido  en 
Bérar  oriental  y  Bérar  occidental, 
con  3  distritos  cada  uno,  y  gobernado 
por  un  comisario  en  jefe,  ^ue  es  al 
mismo  tiempo  enviado  político  cerca 
del  Estado  ae  Nizam  ó  de  Haydera- 
bad.  10.  Bl  Curqt  distrito  inmediato 
de  la  costa  del  Imilabar,  se  halla  tam- 
bién bajo  el  gobierno  de  un  comisario 
en  jefe,  con  el  carácter  de  enviada  po- 
lítico cerca  del  soberano  de  Mysora. 
Las  otras  dos  regiones,  en  las  cuales 
el  gobierno  general  de  la  India  con- 
serva agentes  políticos,  sin  el  carác- 
ter de  administradores  de  distritos 
territoriales,  son:  1.*,  la  India  central, 
dividida  en  nueve  agencias  (Indora, 
Gualior,  Bhapal,  Bundelkund,  Bha- 
galkun,  Malwa  occidental,  Bhopa- 
wur,  Maunpur  y  Guna);  y  2.*,  el 
Hanipur,  situado  en  las  fronteras  de 
Assam. 

La  Presidencia  de  Boubat,  la  mis 

oiícidental  y  menos  extensa  del  Indos- 
tán,  está  rt  gida  por  un  gobernador  j 
comprende  3  di  visiones  administradas 
cada  una  por  un  comisario:  1.*,  la  di- 
cisión  del  Norte  (de  Bombay),  subdivi- 
dida  en  10  recaudaciones;  2.',  la  di- 
visión del  Mediodía,  en  9;  3.*,  la  rftü¿- 
ü  ¡n  del  Sind,  en  5.  De  este  gobierno 
dependen  19  agencias,  contándose, 
como  principales,  las  de  Kuth,  Katti- 


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INDI 


INDI 


INDI  65 


m,  Baroda,  Kolapur,  SattaraK  j 

Khairpur,  bd  el  Suid. 

La  Prbíiubncia  ub  Madhás,  que  es- 
tá aseatada  ea  la  parte  meridional  de 
is  península  iudostánica,  se  encuentra 
ssitaismo  bajo  el  mando  de  un  gober- 
aador;  abraza  20  distritos,  do  repar- 
tidos en  divisiones,  y  tiene  á  su  car- 
?o  la  vigilancia  de  ti  principados  íq- 
úig-enas;  entre  ellos,  Ijs  de  Cochín  y 
Travanora. 

Lai  capitales  respectivas  de  estas 
tres  presidencias  son:  Culcuía,  que  lo 
es  también  de  toda  la  I.n'dia  inglesa, 
situada  sobre  la  orilla  izquierda  del 
Hooghljr,  uno  de  los  brazos  del  Gan- 
ges, ciudad  magnífica,  resideucia  de 
ta  autoridad  superior,  con  buena  cin- 
dadela, sob.rbius  edificios,  mucho  co- 
mercio, establecimientos  científicos, 
gran  movimiento  literario  y  puerto 
de  los  más  concurridos  del  mundo. — 
Bomhaif,  en  la  extremidad  de  la  pe- 
r^ueña  isla  de  su  nombre,  cerca  de  la 
costa  de  Cuniiaaa,  ciudad  grande, 
ceairo  principal  del  comercio  inghís, 
puerto  franco  y  escala  además  de  los 
vapores  que  van  á  Suez,  por  Koratchi 
y  Aden,  y  poner»  la  India  en  comuni- 
cnción  con  Londres,  por  el  Cairo,  Ale- 
jandría y  el  Mediterráneo. — Madras, 
pjblacijQ  hermosa,  «sentada  en  la 
casta  de  Coromandel,  en  el  golfo  de 
Bengala,  con  excelentes  estableci- 
mieutos  científicos  y  literarios,  puerto 
de  muchísimo  tráfico,  manufacturas 
de  tejidos  y  una  de  las  mejores  forta- 
lezas de  la  India. — Si  á  los  gobiernos 
que  dejamos  ligeramente  descritos,  se 
añaden  ahora  el  de  la  ísIa  de  Ceilán, 
una  de  las  más  grandes  é  importantes 
del  Asia,  así  por  su  situación  como 

fi3r  los  productos  de  su  suelo,  el  de 
os  establecimientos  del  Elstrecho  (Sin- 
gapjore,  Malaka  y  Pulo-Pinang)  y  la 
comisaría,  subdelegación  ó  consulado 
de  las  islas  Andamán  y  Xicobar,  for- 
mado en  1872;  gobiernos  c^ue,  aunque 
no  dependen  de  la  administración  de 
La  India,  completau  este  país  al  Orien- 
te y  al  Occidente,  teadra  el  lector  á  la 
visu  el  enorme  conjunto  de  las  pose- 
siones inglesas  en  las  Indias  oriénta- 
los. 

28.  Btno^raJUt, — Bajo  el  nombre 
general  de  tndiot  se  comprende  á  todos 
los  pueblos  que  habitan  la  península 
iudustánica,  excepción  hecha  de  los 
colonos  europeos,  asiáticos,  america- 
nos y  maUjos,  que  se  hallan  estable- 
cidos en  el  país.  En  la  actualidad  se 
conocen  sobre  25  dialectos  ó  lenguas 
distintas,  que  indican  otras  tantas  na- 
ciones diferentes,  pudiendo  elevarse 
basta  5u,  si  se  incluven  las  tribus  sal- 
vajes y  bárbaras  de  las  montañas, 
i^ntre  los  pueblos,  pueden  citarse, 
como  principales,  los  bdugalios  o  ben- 
galestfs,  los  origas,  los  maratas,  los 
gudj-ífatanos,  los  telingas,  los  carna- 
•esjr  lus  indios,  pr 'piameute  dichos; 
eutre  las  tribus  bárbaras,  los  gondos, 
i.iscatías,  los  nepaltnos  y  otros.— El 
i^dio  es  alto  j  bien  formado:  tiene  la 
ciira  oval,  los  labios  gruesos,  la  mira- 
•ia  triste  v  lánguida,  las  cejas  arquea- 
das, loa  cabellos  finos  y  negeos,  las 


manos  y  los  pies  psqueños,  pero  las 
rodillas  disformes  y  las  piernas  delga- 
das; el  color,  negro  en  la  parte  meri- 
dional jr  amarillento  en  la  septentrio- 
nal. Las  mujeres  son  delicadas  y  de 
buenas  formas;  las  de  las  clases  infe- 
riores, tienen  el  cutis  de  un  moreno 
muj  oscuro;  las  de  las  clase;  eleva- 
das, casi  tan  terso  y  transparente 
como  el  de  los  europeos.  El  indio  es 
sobrio,  paciiinte,  cortés,  de  costumbres 
sencillas,  de  genio  vivo,  industrioso 
y  mwy  hospitalario;  pero  afeminado, 
sensual,  perezoso,  apático;  y  como 
cree  en  la  predestinacidn,  se  somete  á 
todo  con  bajeza.  Se  alimenta  esp-acial- 
mente  de  legumbres,  se  abstiene  de  la 
carne  de  animales  y  pasa  el  día  fu- 
mando tabaco  y  mascando  betel.  Las 
familias  distinguidas  han  adoptado 
un  traje  parecido  al  de  los  maho.neta- 
tíos;  pero  el  pueblo  conserva  el  vestido 
nacional,  compuesto  de  pedazos  de 
tela  con  qutí  se  cubren  los  ri.iones. 
Los  ricos  llevan  zapatos  bordados  de 
oro  y  plata:  los  pobres  caminan  con 
los  pies  desnudos.  Los  indios  habitan 
generalmente  en  chozas,  cujos  techos 
son  pendientes;  las  paredes  de  lieri'a, 
en  alg-unas  partes,  y  en  otras  de  peda- 
zos de  bambú  entrelazados,  cubiertos 
de  paja  ó  de  hierba;  las  habitaciones 
de  la  gente  acomodada  tienen  dos  pi- 
sos j  están  construidas  de  ladrillo,  con 
techos  planos  ^  elevados.  Lo  que  ca- 
racteriza los  pueblos  indios  y  su  ci- 
vilización, es  la  diferencia  invariable 
de  castas:  cuéntanse  cuatro  principa- 
les, subdivididas  en  84  clases.  Según 
los  brahmanes,  el  sabio  legislador 
Maná  dijo  que,  para  la  propagación 
de  la  raza  humana,  ¿ra^m  produjo 
de  su  boca  al  brahmán,  es  decir,  al  sa- 
cerdote; de  su  bra¿o  salió  el  cAaíria  ó 
el  tey;  de  su  muslo  nació  el  vessiak,  ó 
baniano,  esto  es,  el  mercader  y  el  cul- 
tivador, casta  la  más  esiimada  entre 
los  indígenas;  de  su  pie,  en  fin,  saeó 
al  sudra,  ó  sea  al  artesano,  que  es  el 
servidor,  el  esclavo  de  las  otras  cas- 
tas. A  los  brahmanes  se  les  confió  la 
enseñanza  de  los  Védas  ó  Escritura 
Sagrada,  el  cumplimiento  de  los  sa- 
críñcíos,  la  vigilancia  de  los  reyes, 
el  cultivo  de  la  literatura,  de  las 
ciencias,  de  las  artes,  de  la  instruc- 
ción pública,  el  ejercÍL-io  de  los  car- 
gos públicos  y  la  observancia  de  las 
leyes;  el  ckatria  ó  radjuk  tuvo  el  deber 
lie  gobernar  según  la  ley  de  Dios,  con 
el  apoyo  de  los  sacerdotes,  y  t'l  de  pro- 
teger al  pueblo;  el  vessiak  ó  vaysiá 
fue  obligado  á  trab  ijar  la  tierra,  cui- 
dar de  los  anijnales,  tejer  his  lelas, 
fabricar  todos  los  ubj  ;t.)s  necesarios 
para  la  vid»,  practicar  el  ca  nbi ),  ha- 
cer el  comercio  y  pagar  el  impuesto; 
el  sudra,  creado  el  ultimo,  tuvo  que 
resignarse  á  la  ob-'dieucia  y  á  la  es- 
clavitud. A  este  seguía  el  paria,  con- 
siderado como  la  escoria  de  la  socie- 
dad, que  no  constituía  casta,  y  á  quien 
una  antiquísima  preocupuciou  recha- 
zó del  trato  civil,  comí)  sucedió  en  Eu- 
ropa con  los  gitanos.  Todas  estas  ca- 
tegorías no  pueJtíu  mL'zclarse  entre  sí, 
puesto  que  los  hijos  están  obligados  á 


'  seguir  la  profesión  de  los  padres.  El 
matrimonio  se  halla  autorizado  entre 
los  indios  desde  la  edad  de  7  &  9  años, 
I  para  las  muchachas,  y  de  12  á  14  en 
los  jóvenes.  La  poligamia  está  permi- 
tida. Los  naturales  de  este  país  son 
supersticiosos  y  ponen  fácilmente  tér^ 
I  mino  á  su  existencia  para  probar  la 
sinceridad  de  su  fd.  Todo  el  mundo 
'  sabe  que  las  viudas  acostumbran  á 
quemarse  sobre  los  cuerpos  de  sus  es- 
^  posos.  Algunos  de  sus  alfaquíes  ó 
djogis  viven  hasta  40  años  en  jaulas 
I  de  hierro;  otros,  permanecen  peudíeof' 
tes  de  los  árboles  hasta  aue  sus  bra- 
I  zos  se  anquilosan  y  extenoani  J  otros, 
I  en  fin,  conservan  cetradu  lu  manos 
I  hasta  que  las  uñas»  en  su  ereeimiento 
natural,  atraviesan  la  carne  de  parte 
á  parte.  Los  indios  tienen  una  infíni- 
¡  dad  de  lugares  sagrados  adondt;  con- 
j  curren  en  peregriuaoijn:  en  algatius 
de  sus  fiestas  religiosas  reina  el  des- 
¡  orden  más  completo,  la  lÍL'eiicia  más 
;  escandalosa,  hasta  el  punto  de  que 
las  mujeres  impúdicas  se  pasean  en 
triunfo  á  la  vista  de  la  maltitud  pros- 
ternada. Lavan  en  el  río  r  en  los  es- 
tanques consagrados  üi  imágflnei  de 
la  divinidad  a  quieu  celebatit  y  al 
fuego  desempeña  un  papel  iatpó^n- 
ta  en  las  ceremonias  de  sua  Mcnfidos* 
I  Las  dévedassis  ó  áa^údent  Mtt  dertaf 
'  cantantes  y  bailannat  que,  antes  da 
la  edad  ndbíl,  se  destinan  al  servicio 
de  los  templos  y  de  sus  ministros,  pa- 
'sando  luego  ai  del  pábli>-o,  al  cual 
■  venden  sus  gracias  y  ravnres  en  bene- 
ficio exclusivo  de  los  brahin  uies. 

29.  Bellas  artes. — l.Ar/iii¿eciura. — 
I  Los  monumentos  religiosos  de  la  In- 
,  OIA  pueden  dividirse  en  tres  clases: 
los  templos  subterráneos,  las  rocas  ta- 
lladas y  esculpidas  y  las  pag'odiis  edi- 
ficadas con  materiales  ordenados.  Es- 
,  tas  tres  clases  representan  otro:;  tres 
'  períodos  distintos  y  saeesivos  del  arte 
arquitectónico;  pero  ainga&a  de  lu 
construcciones  actuales  pareee  remon- 
tarse más  allá  del  siglo  vm  de  nues- 
tra era.  Los  templos  snbterr&neos  se 
j  manifiestan  debajo  de  las  montaflas  de 
pórfido,  en  una  extensión  do  algunos 
kilómetros:  los  más  célebres,  se  en- 
cuentran en  las  cerc:inías  de  Bombaj 
y  en  la  isla  de  CeiMn;  los  más  curio- 
sos, en  la  pequeña  villa  de  KUora  ó 
Elora,  en  lus  Estados  da  Nizain.  En 
la  costa  de  Coromandel,  cerca  de  Ma- 
dras; en  la  antigua  ciudad  de  !Maha- 
balipur;  en  la  isla  Elefanta;  en  l;i  cié 
Salsette  ó  Salset;  en  Karli  (entre  liom- 
bay  y  Puaah),  se  ve  todavía  multitud 
de  grutas  ó  cavernas  consagradas. 
Estas  cavernas  6  grutes,  ordinaria- 
mente cuadradas,  descansan  sobre  na- 
merosos  pilares  y  se  abren  en  un  pe- 
ristilo ó  galería  sostenida  por  colum- 
nas. Bn  el  fondeé independiontomen- 
te,  se  encuentra  el  santuario,  dispues- 
to en  una  especie  de  nicho.  Los  pila- 
res son  generalmente  cu  adran  «rula  res 
:  y  terminan  en  forma  de  columnas  es- 
I  triadas,  que  sirven  de  aj^iyo  á  un  ca- 
pitel, sobre  el  cual  descansa  un  cima- 
cio cúbico  con  cartL'las.  Kl  trabajo  quf 
1  ofrecen  los  templos  tallados  en  las  ro- 


TOMOUI 


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66 


INDI 


oftB,  no  es  menos  asombroso.  Las  for- 1 
talezas,  como  en  las  demás  comarcas . 
del  Asia,  encierran  el  palacio  de  los 
reyes  j  el  templo  de  loa  dioses,  j  ocu- ' 
pan  un  espacio  considerable.  Él  pala- ! 
cío  de  Madurah,  que  no  tendrá  menos 
de  ana  milla  de  circunferencia,  con- 
tiene en  su  recinto  bosques,  estan- 
ques, jardines,  galerías,  edificios  j 
una  magníñca  pagoda,  cu^o  basamen- 
to es  de  piedra  de  talla,  7  la  parte  su- 
perior, de  ladrillo  barnizado:  tiene  37 
metros  de  ancho  en  su  base,  j  50  de 
altura.  La  construcción  de  las  pago- 
das ó  templos,  elevados  al  aire  libre, 
es  puramente  caprichosa:  terminan  en 
una  cúpula  ó  media  naranja  de  forma 
aplastada;  presentan  los  cielos  rasos 
abovedados;  las  fachadas  cerradas,  ^ 
dMCaasando  sobre  las  espaldas  de  gi- 
g^ntesoos  elefantes. — Los  palacios  se 
compones  ordinariamente  de  peque- 
ños patios,  cercados  At  edi6oios;  al- 
gunas veces,  al  deeñabierto;  pero  con 
más  frecuencia»  adornados  de  árboles; 
oada  uno  de  aquéllos,  se  halla  rodeado 
deunacoliimniita  on  forma  de  claustro. 
La  constrLicciüQ  de  Lis  ediíipios  es  só- 
lida; los  techos,  planos  con  azoteas, 
sobre  los  cuales  su  pueden  levantar 
siempre  con  regularidad  algunos  pi- 
sos: las  es  -aleras  son  estrechas  y  muy 
empinadas.  Las  casas  particulares 
están  edificadas  con  arreglo  á  los  mis- 
mos principios:  algunas  tienen  las 
paredes  estucadas  de  blanco;  otras, 
pintadas  de  na  color  rojo  oscuro;  en  el 
interior,  se  Ten  cubiertas  de  pintu- 
ras, representando  árboles  ó  asuntos 
mitológicos.  L«  oostumbre  de  levan- 
tar torres  en  las  puertas  de  lu  etuda- 
des  6  de  los  grandes  templos,  es  tan 
general  en  la  India  como  en  el  anti- 
guo Egipto,  salvo  una  pequeña  dife- 
rencia, j  es,  que  los  indios  no  elevan 
más  que  una  sobre  la  puerta,  en  tanto 
fjue  loa  egipcios  colocan  dos,  uua  en 
cada  lado.  Las  obras  más  grandes  de 
los  indios  son  quizás  sus  vastos  estan- 
ques: partfí  de  ellos,  abiertos  en  el  sue- 
lo, cerca  de  las  ciudades,  sirven  para 
los  baños  j  el  riego;  los  otros  est in 
formados  por  los  valles,  cu^as  salidas 
ciegan  diques  inmensos.  Aparte  de 
estos  grandes  dep  jsitos  de  agua,  exis- 
ten igualiaente  una  especie  de  pjzos 
redondos  ó  ooadradoi,  da  una  anchura 
j  profundidad  eontiderableStrodeados 
de  galenas  hasta  el  nivel  del  agua,  á 
los  que  se  desciende  por  anchas  esca- 
leras. Entre  los  monumentos  de  la  ar- 
quitectura india  se  cuentan  también 
las  columnas  v  arcos  de  trimifo,  de 
forma  cuadrada,  elevados  en  iionnr  de 
los  héroes  victuríosos,  y  los  puentes, 
curvos  raaelios  ó  pilares,  coinpui'stos 
de  eiiorm';s  pedruscos,  están  unidos 
los  unos  ;i  los  otros  p3r  piedras  de 
talla  de  una  s  jLi  pieza.  Iin  .1  igiiaiiis- 
tán  se  encuentrau  monumentos  sepul- 
crales de  una  construcción  particular, 
denominados  topes  ó  slupas;  los  dugo- 
has  de  la  isla  de  CeiUu  afeenin  una 
forma  un  tanto  diferente:  son  una  espe- 
cie de  túmulos  que  terminan  en  pirá- 
mides. Determinar  las  bases  de  la  nr- 
quitoetora  ¡adía,  sería  punto  menos 


INDI 

que  imposible,  si  se  atiende  á  que  las 
reglas  impuestas  á  los  arquitectos  por 
los  pri  ncipios  religiosos,  más  bien  que 
el  estilo  de  escuela,  eran  las  i|ue  indi* 
caban  á  aquéllos  la  disposición  é  im- 
portancia de  los  edificios.  Bn  cuanto 
a  la  ornamentación,  debía  ser  exclu- 
sivamente jerática  (especie  de  escri- 
tura sacerdotal  representada  por  figu- 
ras ó  signos  abreviados)  y  herir  cons- 
tantemente la  imaginación  ardiente 
y  desordenada  de  aquellos  pueblos, 
que  habían  quedado  estacionarios  en 
su  civilizat-i  in.  Los  musulmanes  fue- 
ron en  la  Edad  media  á  imponer  á 
estas  naciones  su  religión,  sus  cos- 
tumbres y  su  gusto  artístico,  viéndose 
entonces  reemplazar  las  mezquitas  y 
los  minaretes  á  los  templos  antiguos 
de  la  India.  Los  príncipes  deldjonki- 
des,  mogoles  y  persas,  elevaron  nu- 
merosas mezquitas  T  palacios  de  un 
esplendor  sin  igual.  Más  tarde,  los 
dominadores  cristianos  edificaron  sus 
mezquinos  ^  endebles  manu.nentos 
del  gusto  clasico,  que  forman  extraño 
eoiitraste  on  las  colosales  construc- 
ciones di!  los  tiempos  anteriores;  Ma- 
dras, Boinba^,  Calcuta  j  Chanderna- 
gor  se  parecen  á  otras  tantas  ciudades 
griegas. 

II.  ¿'icttiíura.  — Las  reglas  de  la 
arquitectura  india  se  hallaban  deter- 
minadas en  los  libros  sagrados,  7  los 
arquitectos,  revestidos  de  un  earácter 
semisacerdotal,  no  podían  separarse 
de  ellas.  Los  escultores  eran  dueños 
de  ejecutar  sus  obras  dentro  de  una 
esfera  mucho  más  lata:  su  arte  tenía 
también  sus  reglas  t  sus  principios, 
sus  tipos,  para  las  divinidades;  pero 
g;ozaban  de  una  libertad  absoluta  para 
inspirar  respeto  y  espauto  á  los  pue- 
blos, dando  á  las  partes  arquitectóni- 
cas y  ú  los  ornamentos  las  formas  más 
extravagantes  y  caprichosas.  Los  in- 
dios encontraban  en  su  mitología 
asuntos  verdaderamente  inagotables; 
pero  el  simbolismo  arbitrario  que  re- 
presentaba imágenes  ó  ideas  popula- 
res, hacía  mují  difícil  la  ejecución 
artística.  El  escultor,  condenado  á 
representar  las  divinidades  con  tres 
cabezas,  y  con  cuatro  y  hasta  con  doce 
brazos,  no  podía  llegar  nunca  á  pro- 
ducir obras  ordenadas.  Los  artistas 
indios  se  han  ejercitado  también  en  el 
bajo  reliare  j  en  la  estatuaria;  aun- 
que algunas  de  sus  figuras  no  carecen 
de  ejLpresión,  todas,  sin  embargo,  re- 
velan una  falta  absoluta  de  habilidad 
en  la  ejecución  j  una  ignorancia  com- 
pleta de  la  anatomía  y  de  las  propor- 
ciones. En  lo  que  más  se  distinguie- 
ron, fué  en  las  labores  y  adornos  ara- 
bescos. 

III.  Piniura.~~^\  arte  pictórico  se 
halla  todavía  en  la  infancia  entre  los 
iudius.  Las  paredes  de  los  palacios  y 
de  las  casas  ofrecen  diferentes  asuntus 
pintados  al  fresco,  y  algunas  veces  al 
oleo,  los  cuales  representan  escenas 
mitológicas,  batallas,  procesiones,  lu- 
chas y  animales,  bajo  la  forma  más 
grosera.  Las  miniaturas  de  la  India, 
conservadas  en  los  manuscritos,  no 
earecea  de  gracia  cuando  representan 


INDI 

escenas  de  la  vida  íntima,  j,  por  la 
facilidad  del  dibujo  y  la  expresión, 
están  consideradas  como  superiores  á 
las  chinescas.  En  la  biblioteca  impe- 
rial de  París  existe  ana  bellísima  co- 
lección de  obras  del  siglo  xvi,  y  el 
manuscrito  de  una  Historia  de  lot  rad- 

\jahs  del  Indottiin,  escrita  por  el  coro- 
nel Gentil,  en  1772,  j  adornada  de 
curiosísimas  miniaturas  que  el  autor 
encarg.i  á  un  artista  indio. 

IV.  Mísica. — La  de  los  indios  cuen- 
ta 84  tonos;  pero  ordinariamente  sólo 
se  emplean  3o.  Cada  uno  de  éstos  tie- 
ne una  expresión  particular,  destina- 
da á  producir  su  efecto  sobre  deter- 
minado gusto  ó  afección.  Estos  tonos 
toman  sus  nombres  de  las  estaciones 
del  año,  de  las  horas  del  día  y  de  la 
noche,  y  debe  tener  cada  uno  alguna 
cualidad  apropiada  al  tiempo  del  cual 
toma  la  denominaci  jn.  Los  aires  in- 

'  dios  se  parecen  entre  sí  y  son  nota- 
blemente dulces  y  melancólicos:  la 
ejecución  más  agradable  es  la  de  una 
sola  voz,  acompañada  por  la  vina  ó 
lira  indiana;  pero  la  más  frecuente  es 
la  que  se  efectúa  can  instrumentos  de 
cuerda  y  con  tambores,  cujro  estruen- 
do consiguen  dominar  los  cantores 
dando  gritos  dolientes  y  demasiado 
penetrantes  para  oídos  europeos.  El 
diapasón  de  los  indios  procede  por  oc- 
tavas, como  el  nuestro;  pero  ellos  no 
conocen  nuestra  armonía.  Entre  los 
instrumentos  que  les  son  peculiares, 
se  deben  citar:  el  sovg,  bocina  en  la 
que  los  brahmanes  soplan  con  todas 
sus  fuerzas  para  llamar  al  pueblo;  el 

ga%tka,  pequeña  campaua  de  bronce, 
adornada  de  una  cabeza  ;  dos  alas, 

3ue  aquéllos  tooin  en  los  vestíbulos 
e  los  templos  antes  de  empezar  los 
sacrificios;  el  eapii»  ó  bin,  compuesto 
de  dos  calabazas  de  desigual  tamaño, 
unidas  por  un  largo  tubo  de  madera, 
sobre  el  cual  se  extienden  dos  cuerdas 
de  acero  y  varias  de  algodón  engoma- 
do; el  íambura,  cayo  cuerpo  esta  for- 
mado de  una  especie  de  calabacín  con 
un  largo  mango,  montado  por  tres 
cuerdas  que  se  hieren  con  un  plectro; 
el  taranguit  instrumento  parecido  al 
'  violoncello,  aunque  más  pequeño,  y 
montado  por  majror  número  de  cuer- 
!  das;  el  sarnida,  violón  grosero,  con 
cuerdas  de  algodón;  el  omerti^  especie 
¡  de  timbal,  formado  de  una  nuez  do 
coco,  cubierta  de  una  piel  finísima, 
;  sobre  la  que  se  extienden  algunas 
cuerdas;  el  urni,  instrumento  del  mis- 
mo género,  pero  de  una  soia  cuerda: 
el  hauk,  tambor  enorme,  adornado  do 
'  plumas  V  de  crin,  del  cual  solo  se  hace 
uso  en  determinadas  festividades,  pre- 
vio permiso  de  la  autoridad  y  median- 
I  te  el  pago  de  cierta  suma;  el  huia, 
tambor  más  pequeño,  el  cual  se  toca 
con  la  mano;  el  mirdeng  ó  kloie,  tam- 
bor de  barro  cocido;  el  domjt,  grau 
tambor  de  figura  octógona;  el  thobta. 
compuesto  de  dos  tambores;  uno,  de 
barro  cocido;  y  otro,  de  madera;  el 
íiÁora,  formado  tambi  n  de  dos  tam- 
bores; pero  de  tamaño  desigual;  el 
d^ugo  ó  djumpa,  cilindro  de  barro  co- 
cido, sobre  el  que  se  extiende  una  piel , 


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U  caal  pndacB,  eon  el  firoteminfo  <te 
an  «rao,  un»  especie  de  tumbido  ó  su- 
sarro  socdo  y  cootínaado;  el  tnram^ 
«isi,  eonstrutdo  de  largos  trozos  da 
bambú,  aoidos  por  pequeflai  cnerdas 
qne  los  atraTÍesaa;  el  ramtif^a,  g^ran 
trompeta,  formada  de  cuatro  tubos  de 
metal  maj  delgados,  que  entran  los 
unoB  en  los  otros;  el  bawnk,  que  puede 
compararse  i  nuestra  trompeta  por  la 
forma  t  por  el  sonido;  el  snnctre,  es- 
pecie de  clarinete;  el  Uhrit  muj  pare- 
cido ¿  la  zampoúa  6  gaita;  el  Miuy, 
flauta  de  figura  de  pico;  j  el  erúAma, 
especie  de  flautín  que  se  sopla  con  la 
nariz. 

30.  LengMoi. — La  lengua  que  se  ds- 
sigoa  con  el  nombre  de  ttntcrtto,  j 
que  los  brahmanes  importaron  en  la 
India  en  una  época  no  aTerigoada, 
fué  la  dominante  en  esta  región,  du- 
rante algunos  siglos,  como  lo  prueban 
ias  huellas  que  ha  dejado  «n  casi  todos 
los  dialectos  posteriores.  Algunos  sa- 
bios han  pretendido  que  ú  san$eriío 
no  llegó  jamás  á  hablarse;  qne  era  una 
lengua  punmeute  artificial,  creada 
por  ios  ministros  de  la  religión  para 
su  oso  parlioular;  pero  autores  distiu- 
guidísimos  se  resisten  á  admitir  el 
aosurdo  de  que  un  idioma  del  cual  se 
encuentran  señales  en  todas  las  len- 
guas conocidas  con  las  denominacio- 
nes de  añamu  ó  indoeuropeas,  hajra 
podido  ser  una  creación  arbitraria  t 
caprichosa  de  algunos  sabios.  Éd 
sMuerito  ha  sido  hablado  en  tiempos 
maj  remotos,  en  las  orillea  del  Gan- 
ges, por  los  adoradores  de  Brahma. 
B«to  no  quiere  decir  que  ha^a  tenido 
allí  su  origen;  pero  lué  introducido 
por  aquella  raza  poderosa  aue  habita- 
ba la  antigua  As»,  sobre  las  riberas 
de  Üindon-Kho,  y  que  tantos  testimo- 
nios irrecusables  ha  dejado  de  sns  le* 
janes  emigraciones  en  una  infinidad 
de  idiomas.  Bsta  lengua,  importada 
por  hombres  más  civilizados  que  los 
prímiciros  habitantes  de  la  India,  rei- 
nó allí  del  mismo  modo  que  imperó 
más  tarde  el  latín  en  los  países  donde 
lo  impuso  la  conquista  romana.  En 
cuantu  á  la  época  eu  que  dejó  de  em- 
plearse, como  lengua  vulgar,  no  ha 
uodido  precisarse  aún;  pero  se  sabe 
i(U4,  reejiplazada  por  los  idiomas  que 
uacierun  de  ella,  quedó  reducida  & 
lengua  de  la  religión,  de  las  leyes  j 
de  la  buena  litemcura. — El  tanscrito 
estH  considerado  como  U  lengua  más 
perfecta  y  acabada  que  se  conoce,  la 
que  mujor  satisface  laa  exigencias  del 
lenguaje  y  la  que  más  reoursns  ofrece 
para  la  emisiiín  de  los  sonidos  v  la  ex- 
presiún  del  pensamiento.  Su  gramáti- 
ca, oomphja  al  parecer,  es  realmente 
je  una  sencillez  admirable,  que  deja 
mtxy  atrás  la  del  latíu,  Ja  del  griego 
y  la  del  germánico.  Sintético  por  en- 
jeleacia,  el  santcrito  expresa  con  una 
í'acilidad  v  claridad  perfectas  las  ideas 
más  :ibstractas  j  los  argumentos  más 
«Utiles:  es  la  verdadera  leng-ua  filosó- 
ñca  de  los  hombres  y  una  de  las  más 
;>  Míticas  por  su  flexibilidad  en  la  com- 
posición de  las  palabras  j  lo  pinto- 
reseo  df  sos  eipresíones.  Al  genio 


líÍDI 

'eminentemente  sintético  de  la  raza 
ariana  se  atríbujen,  eon  fundamento 
[  sobrado,  no  tan  sólo  la  facilidad  que 
ha  comunicado  á  su  lengua  de  signi- 
ficar en  una  misnu  frase  ▼  por  simples 
cambios  en  la  terminación  ó  prin- 
cipio de  las  palabras,  un  considera- 
ble número  de  ideas  con  sus  relacio- 
nes; sino  también  el  poderoso  talento 
'  que  revelan  sus  grandiosas  epopeyas; 
tan  admirables  por  el  conjunto  y  uni- 
dad de  acción,  como  por  la  variedad 
j  riqueza  de  los  episodios.  A  este 
I  mismo  genio  sintético  de  los  arianos 
.  de  la  India  debe  igualmente  atribuir- 
I  se,  con  el  carácter  altamente  filos  3ñeo 
de  su  lengua,  la  grandeza  de  compo- 
8Í''Íón  que  resalta  en  suscooeepcioaes 
'  religiosas  y  filosóficas.  Y  es  de  notar 
I  que  los  arianos  no  han  tomado  nada 
I  de  nadi%,  y  que,  separados,  desde  su 
origen,  del  tronco  común,  hallaron  el 
'  arte  de  dar  a  su  lengua  j  á  sus  con- 
{ cepciones  toda  la  perfección  que  en 
ellas  admiramos. — ^Las  raíces  del  wm- 
criío  son  m  mosílábicas.  Gl  número  de 
las  radicales  se  eleva  á  1.700;  pero  de 
las  voces  simples  pu>de  formarse  otro 
I  número  iudefínido  de  palabras  com- 
puestas.  La  analogía  de  esta  lengua 
con  las  indo-europeas  no  consiste  sólo 
en  la  identidad  de  las  radicales,  sino 
en  la  semejanza  que  existe  en  la  estruc- 
tura gramatical.  Por  ejemplo;  el  tant- 
critó  presenta  laa  privatíva.losaumen- 
tos  y  duplicaciones  del  griego,  los  in- 
crementos del  latín;  tiene,  como  estos 
idiomas,  tres  géneros  gramaticales, 
j  trds  números,  como  el  griego.  Su 
declinación  ofrece  ocho  casos  (dos  más 
que  el  latín,  ei  local  y  el  instrumen- 
tal); sin  embargo,  eu  número  dual, 
los  casos  se  reducen  i  tres.  Los  adje- 
tÍTos  tienen,  eomo  loa  sustantivos, 
inflexiones  de  casos.  Como  en  el  latín 
y  el  griego,  la  terminación  del  nomi- 
nativo singular  es  ordinariamente  la 
vocal  a,  para  el  femenino,  j  una  na- 
sal, para  el  neutro;  la  $  es,  por  lo  co- 
mún, la  final  del  genitivo.  La  conju- 
gación del  sánscrito  cuenta  seis  tiem- 
pos, seis  modos  y  tres  voces:  el  indi- 
cativo,tres  presentes/  dos  futuros;  los 
modos  subjuntivo  ú  optativo,  impera- 
tivo, precativo,  condicional  é  iafini- 
tivo.  un  solo  tiempo,  que  es  el  presen- 
te. En  el  activo,  los  verbos  regulares 
presentan,  según  diferentes  gramáti- 
cos, de  siete  á  catorce  conjugaciones. 
SI  pasivo  aUo  tiene  una  forma:  pero 
hay  que  añadir  los  verbos  causitivoa, 
desídeiativos  y  frecuentativos,  que  de 
él  se  derivan.  La  conjugación  no  ad- 
mite, sino  exeepcionalmente,  el  em- 
Ipleo  de  un  auxiliar,  que  es  el  verbo 
I  sustantivo  contraído.  El  satuerito  es 
muj  libre  en  la  construcci .3u  grama- 
tical; su  prosa  ofrece  una  extraordi- 
naria variedad  de  giros,  y  su  poesía, 
una  gran  ri-iueza  de  metros.  Se  escri- 
be con  un  alfabeto  que  le  es  propio,  j 
cuva  forma  actual  no  es  muv  anti- 
gua; el  (¿íranayár/ (escritura  de  losdio- 
863)  comprende  catorce  vocales  j  dip- 
tongos, dos  caracteres  que  expresan 
la  nasalidad  y  la  aspiración  finales,  y 
treinta  y  cinco  consonantes:  no  hajr 


ni  puntuación  en  las  frases,  ni  separa- 
ción entre  las  palabras;  sólo  el  cono- 
cimiento de  la  lengua  permite  distin- 
guir donde  empieza  y  termina  cada 
vocablo.  La  ortografía  está  siempre  en 

Earfecto  acuerdo  con  la  pronunciación, 
os  lingüistas  reconocen  en  el  «afueri- 
na dos  estados  diferentes,  que  corres- 
ponden á  los  dos  periodos  principales 
de  su  historia.  Los  Védat,  monumen- 
to ei  más  antiguo  de  la  literatura 
india,  se  hallan  mu;  distantes  de  las 
obras  posteriores,  que  se  atribujen  á 
la  edad  clásica  de  esta  literatura.  Su 
estilo  es  irregular,  casi  informe;  las 
palabras  carecen  frecuentemente  de 
desinencia  gramatical;  las  frases  S'm 
cortas;  la  construcción,  sencillísima: 
no  se  encuentra  ese  esmero  en  la  eufo- 
nía, ni  esa  precisión  de  formas,  que 
distinguen  el  taiaerito  literario;  ciertas 
voces  en  los  Véda$  no  tienen  el  mismo 
sentido  que  en  1»  lengua  clásica,  y  las 
partículas  separables  son  menos  fre- 
cuentes. Hacia  el  siglo  m  antes  de  la 
ara  cristiana,  el  sánscrito  (de  una  pa- 
labra compuesta  que  significa  acabado, 
perfecto)  tuvo  que  ceder  su  puesto, 
como  lengua  vulgar,  al  prakrtlo  {voz 
india  que  quiere  decir  derivado,  infe- 
rior, imperfecto).  Algunos  críticos  han 
pensado  que  era  esta  lengua  un  resto 
de  los  idiomas  que  se  hablaron  en  la 
península  antes  de  la  llegada  de  los 
brahmanes;  pero  la  opinión  general  la 
considera  como  un  santcrito  alterado  y 
corrompido  en  la  boca  de  las  castas  in- 
feríoree.  En  los  dramas  indios,  los  per- 
sonajes distinguidos,  príncipes  y  brah- 
manes, hablabanel5awcrtí0;  el  pueblo 
y  las  mujeres,  ei  prakrito*  Bsteha  deja- 
do &  su  res  de  ser  vulMr;  pero  ha  que- 
dado como  lengua  ruigiosa  entre  los 
t^'sdMf,  dando  origenávarios  dialectos 
modernos,  como  el  ^ai^acki,  el  maghor 
dit  el  makratte,  el  stantés  y  otros.  Oiei^ 
tas  composiciones  literarias  déla  India 
aparecen  escritas  en  diferentes  idio- 
mas: los  dioses  hablan  el  sánscrito;  los 
genios  benéficos,  el  prakriío;  los  de- 
monios, el  patcachi;  los  genios  más 
inferiores,  el  maghadi.  Esto  no  obstan- 
te, existen  también  algunos  poemas 
compuestos  únicamente  en  prakrito, 
como  el  Seta  Bandka,  La  medida  de 
los  versos  y  de  las  estancias  es  en  és- 
tos más  variada  que  eu  la  poesía  sáns- 
crita. De  un  dialecto  prakrito  nació, 
hacia  el  siglo  vi  de  nuestra  era,  el 
pali  ó  ¿a¿(,  que  los  budhistas  emplea- 
ron para  la  redacción  de  sus  \\htoB 
sagrados.  &te  antiguo  idioma  de  la 
India  pasó  al  estado  de  lengua  muer- 
ta; pero  subsiste  en  Ceilán  y  la  Indo- 
china, como  lengua  de  la  religión  y 
de  la  ciencia,  sirviendo  de  vínculo 
entre  los  pueblos  budhistas,  cuyos 
idiomas  vulgares  son  con  frecui-ncia 
muy  distintos  lus  unos  de  los  otros. 
Burnouf  y  Lassen  creen  que  el  pali 
nació  en  el  Indostán,  de  donde  salió 
con  las  doctrinas  de  Budha,  de  las 
cuales  era  interprete;  que,  como  deri- 
vado del  sánscrito,  ofrece  el  grado  de 
deformación  que  esta  lengua  sufrió  en 
el  siglo  V  de  nuestra  era;  que  sus  alte- 
raciones mismas  dieron  origen  al/ra* 


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r. 


Arito,  j  que  las  modificaciones  sucesi- 
Tas  del  sansvrito  antij^uo  haa  sido  el 
resultado  de  un  trabajo  interior,  no  de 
la  íntlueEicia  de  niugán  idioma  ex- 
tranjero, i^l  pali  abrevia  las  vocales 
larcas  del  sunscrito,j  iinadt,  por  una 
especie  de  compensación,  á  duplicar 
las  consonantes.  Opera  también  fre- 
cuentes contracciones;  conserva  los  ca- 
sos del  sánscrito  y  no  altera  las  termi- 
naciones de  la  declinación  j  de  la  con- 
iug;acióu,  sino  cuando  ofrecen  reunio- 
nes de  letras  que  ana  pronunciación 
debilitada  no  puede  /a  articular.  Ha 
desechado  el  número  dual  j  eonterva- 
do  los  tres  géneros,  así  como  el  sistema 
casi  completode  los  pronombres,  filem- 
leo  de  la  voz  pasiva  se  ha  hecho  raro; 
a  Toz  media  ha  desaparecido;  oomo 
igualmente  loa  modos  precativo  j  con- 
dicional. Para  escribir  el  pali,  existen 
varios  alfabetos:  losbirmanos  sesirven  ! 
de  una  forma  cuadrada;  los  siameses  : 
tienen  el  aicictei  khoAmen,  compuesto  j 
de  pequeñas  líneas,  dispuestas  angu-  ; 
larmente  entre  sí,  y  otro  alfabeto  más  I 
cursivo.  Estas  diversas  escrituras  pare- 1 
c?n  derivarsedeunantiguo  alfabeto  de 
los  budhistas,  formado  por  el  modelo  | 
del  devaníigart  brahmántco,  del  cual 
aan  desaparecido  algunos  elementos, ' 
mientras  que  otras  letras  han  sido ' 
cargadas  de  acentos  para  representar! 
las  gradaciones  de  la  pronunciación  ' 
empleada  en  la  Indo-Cliiaa.  Ex.isten  ' 
vanos  libros  escritos  en  este  idioma; ! 
ns  europeos  han  leído  y  explicado,  de 
ana  manera  más  6  menos  completa, ! 
d  versos  poemas  designados  bajo  el 
nombre  de  tcheriias;  el  Rasamhini, , 
colección  de  levendas;  una  crónica  in-  ^ 
titulada  .l/ah  t  cansa;  el  Boromal,  trata- 
do de  teología  y  de  filosofía;  el  Diva- 
pama  y  el  Dhaía  Jhaíuvansa,  obras  his- 
tóricas en  Terso;  el  Xammum,  código 
de  las  ceremonias  que  hay  que  obser- 
var para  elevar  á  un  sacerdote  de  Bu- 
dba  á  las  ordenes  superiores;  el£aflt- 
mamak^üt  ritual  del  culto  de  los  bu- 
dhistas,  j  el  Pkaíimokkha,  cuerpo  de 
las  reglas  que  se  deben  seguir  para 
conservarla  salud. — Anteriormente  al 
siglo  X,  otra  lengua,  la  hinduia,  deri- 
vada del  sanscriíí/  y  escrita  como  éste 
cm  el  alfabeto  devanúgart,  se  exten- 
dió en  todo  el  Norte  de  la  Indu,  y 
aun  hoy  se  la  encuentra  bajo  el  nom- 
bra de  brajbhakha,  en  el  país  de  Braj  i 
(Bundnlkundj.  Kl  hinduía,  aunque  al- 
terado por  los  mismos  indios,  conser- 
va, por  lo  regular,  todos  los  elemen- 
tjs  del  detanágart,  y  se  conoce  actual- 
mente con  el  nombre  de  hindi^  el  cual 
obtiene  la  preferencia  respecto  de  la 
lengua  literaria  de  los  pueblos  no  mu- 
sulmanes de  la  Imdia.  Este  es  el  idio- 
ma que,  en  el  paísd'^  Agrá  j  de  Delhi, 
se  llama  kk  lfi  boli  (lengua  pura).  Pos- 
teriormente al  siglo  xii,  los  indios 
musulmanes  empleaban  tlkindmtani, 
ijuo  es  una  mezcla  de  voces  ánbes  y 
persas,  y  en  el  cual  se  distinguen  dos 
dialectos  principales:  el  wrd%  (lengua 
de  los  campos),  que  se  usa  en  el  Nor- 
t    y  el  dakhni,  que  se  habla  en  el  Me- 
diodía. El  Aindiutaai,  adoptado  en  la 
corte  de  los  grandes  mogoles  j  en  casi 


ÍMÜÍ 

todas  las  ciudades  importantes,  ha 
permanecido,  bajo  la  dominación  in- 
glesa, como  lengua  de  la  diplomacia, 
de  la  administración  y  del  comercio. 
La  gramática  del  kinduitam  es  mucho 
más  sencilla  <^aa  la  del  sameriio:  sólo 
cuenta  dos  géneros,  dos  números  y 
seis  casos  para  los  nombres,  los  adje- 
tivos y  ios  pronombres.  Bn  algunos 
de  los  tiempos  de  U  conjugación,  se 
haca  uso  de  dos  auxiliares,  de  los 
cuales,  el  uno,  que  se  emplea  con  la 
voi  neutra  j  la  voz  activa,  significa 
ter  6  llegar  á  $er;  y  el  otro,  que  acom- 
paña la  voz  pasiva,  significa  *>.  Cada 
voz  se  conjuga  con  un  solo  paradig- 
ma; pero  los  verbos  compuestos  pue- 
den, según  la  forma  particular  que  Ies 
den  ciertas  modificaciones  traídas  al 
sentido  primitivo,  dividirse  en  diez 
clases:  nominales  ó  adverbiales,  in- 
tensivos,potenciales,  completivos,  in- 
coativos, permisivos,  adquisitivos,  de- 
siderativos,  frecuentativos  y  continua- 
tivos. Los  viajeros  dan  el  nombre  de 
moors  á  una  forma  corrompida  del  AtV 
dusíini,  patués  plagado  de  términos 
t  )mado8  de  todas  las  naciones  coa  las 
cuales  la  población  de  las  costas  se 
co:nunica;  principal  méate,  de  los  por- 
tugueses.— En  la  Indu,  existen  ade- 
más, entre  otros  menos  importantes, 
los  siguientes  dialectos  provinciales, 
derivados  del  sánscrito:  el  bengali,  len- 
gua que  se  habla  en  Bengala,  deno- 
minada también yaNf,  del  nombre  de 
la  antigua  capital  de  las  comarcas  en 
donde  aquJUa  está  en  uso.  Es  la  len- 
gua de  la  euseaanza  y  de  la  polémica 
literaria;  de  la  conversación,  de  la 
correspondencia  y  de  los  negocios;  y 
el  Gobierno  inglés  está  obligado  á  em- 
plearla en  sus  relaciones  con  los  in- 
dios. Aparte  de  algunos  términos  de 
origen  desconocido,  el  bengali  se  com- 
pone, en  más  de  la  mitad,  de  palabras 
procedentes  del  sánscrito  sin  altera- 
ción; y  el  resto,  de  las  tomadas  al 
persa  y  al  árabe,  con  algunas  voces 
malacas,  portuguesas  é  inglesas,  que 
han  ido  introduciéndose  con  el  fn- 
cui'ute  trato  comercial.  La  gramática 
del  bengali,  en  lo  que  se  refiere  á  las  co- 
sas ordinarias  de  la  vida,  es  sencillísi- 
ma: las  construcciones  se  hacen  con 
una  regularidad  y  claridad  notables; 
pero  al  pasar  á  otro  orden  de  ideas  más 
elevado,  t  )ma  sus  eipresiones  j  sus 
giros  d.d  sanscril-),  participando,  por 
consiguiente, del  sabio  artificio  de  esta 
lengua  sagrada.  Los  sustantivos  pi*e- 
seittan  los  tres  géneros:  el  masculino 
y  el  femenino  tienen,  para  los  dos 
números,  terminaciones  especiales; 
pero  el  neutro  carece  de  forma  parti- 
cular en  plural.  Cuenta  siete  casos  de 
di'ciinación,  ordenados  de  este  modo: 
no:ninativo,  acusativo,  instrumental, 
dativo,  ablativo,  genitivo  y  locativo. 
Los  adjetivos  se  hallandesprovistosde 
números  y  casos;  sólo  tienen  una  ter- 
minación especial  para  componer  el 
femenino.  Los  grados  de  comparación 
se  forman,  bien  con  afijos,  como  en  el 
santcriio,  bien  con  partículas,  como  en 
nuestras  lenguas  modernas.  Los  pro- 
nombres no  tienen  géneros.  En  el  ver- 


rm. 

bo,  la  raíz  constituve  el  imperatívpí 
los  modos  son  el  indicativo,  el  optati- 
vo ó  subjuntivo,  el  inceptivo  y  el  fre- 
cuentativo. Todos  los  tiempos  del  in- 
dicativo, á  excepción  de  un  presente, 
de  un  pretérito  y  de  un  futuro,  se  for- 
man del  participio  presente  combina- 
do con  el  verbo  ser  ó  estar.  Uno  de  los 
medios  de  componer  la  voz  pasiva, 
consiste  en  poner  el  nombre  del  agen- 
te en  caso  instrumental,  dejando  el 
verbo  en  la  forma  activa.  Haj  tres 
verbos  irregulares,  que  correspondou 
á  nuestros  verbos  ir,  venir  y  dar.  El 
participio  es  susceptible  de  tres  tiem* 
pos:  el  gerundio  tiene  una  declinación 
completa.  En  la  pronunciación  del 
lengali,  es  de  notar  la  intercalación  de 
una  o  breve,  como  la  a  breve  en  el 
sánscrito f  entre  las  consonantes  que  no 
se  hallan  separadas  por  otra  vocal. 
La  escritura  es  una  modificación  del 
devanügari:  las  formas,  más  redondas 
y  cursivas. — El  kawif  idioma  antiguo 
de  la  isla  de  Java,  es  una  corrupción 
del  sánscrito,  en  la  cual  ha  sido  éste 
despojado  de  sus  infiexiones,  tomando 
en  cambio  las  preposiciones  y  loa  ver- 
bos auxiliares  del  javanés  vulgar.  El 
kawi,  que  se  hablaba  igualmente  en 
Madura  y  en  Bali,  dejó  de  estar  en 
uso  en  el  siglo  xiv  de  nuestra  eia: 
sánscrito  por  su  nomenclatura,  tiene 
generalmente  la  gramática  del  java- 
nés j  de  otros  idiomas  malayos.  Hoj 
haca  las  veces  de  la  lengua  literaria  y 
sagrada.  Su  literatura  es  rica;  pero,  en 
su  mayor  parte,  una  imitación  de  la  dt- 
la  Lndia.  Entre  las  obras  que  abraza, 
merecen  citarse: el  Kanda, poema, cujo 
original  se  cree  perdido,  y  del  cual  se 
conserva  una  traducción  en  javanés, 
en  la  que  se  representa  la  lucha  de  las 
divinidades  indias  con  las  indígenas; 
el  Brata  2Wia(la  ffuerra  santa  ó  U 
guerra  de  la  desdicha),  poema  de  719 
estancias  de  diferentes  rimas,  cujo 
asunto  está  tomado  de  la  epopeja  in- 
dia del  Afa&i&kSrata;  el  MoMeA-JÜ^a 
(el  hombre),  poema  en  que  se  expone 
la  cosmogonía  de  los  javaneses,  se^ún 
el  dogma  de  los  budhistas,  j  el  A*íf- 
sasíra,  tratado  de  moral  del  sigln  xu 
ó  XIII.— El  cingalét  ó  ckinguUs  es  un 
idioma  derivado  del  sánscrito,  rico, 
enérgico  7  armonioso,  dumínante  en 
la  isla  de  Ceilán.  Su  construcción, 
aunque  muy  complicada,  es  siempre 
regular;  los  sustantivos  tienen  tres 
géneros,  dos  números  y  seis  casos;  los 
adjetivos  son  indeclinables;  el  compa- 
rativo y  el  superlativo  se  forman  can 
el  auxilio  de  partículas.  La  conjuga- 
ción es  bastante  completa.  £1  alfabeto 
se  compone  de  48  letras,  y  tiene  ade- 
más 480  sign  )S  para  expresar  otras 
tantas  abreviiituras  de  sílabas. — El 
mahraiíe,  idioma  indio  que  se  emp^'» 
en  el  Concán,  en  el  Gundwana  y  umü 
parte  de  las  provincias  de  Mahvah,  de 
Kaiul  isch,  de  Aureng-Abad.  de  Bed- 
japur,  de  Gudjerate  y  de  Berar.  Baj  > 
el  punto  de  vista  lexicográfico  y  gra- 
matical, el  makratteno  es  más  que  una 
mutilación  del  sánscrito  y  puede  con- 
siderársele como  hermano  del  bengal*. 
Bu  él  se  encuentra  un  determinado 


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Googíe 


mm 

número  de  sustantivos  persas,  íntro* 
ducido  por  la  conquista  musulmana; 
pero  los  adjetivos  y  los  verbos  son 
puramente  sánscritos.  Como  en  el  Ai»- 
aula,  las  inflexiones  gramaticales  pue- 
da  decirse  que  han  desaparecido  para 
dar  lagar  al  sistema  analítico  de  las 
partículas  y  de  los  auxiliares. La  cons* 
trucción  se  parece  &la  del  Aindiatani; 
pero  el  makratte  «s  más  lógico  que 
aquella  lengua  por  la  composicidn 
j  derivación  de  las  palabras.  Tiene 
varios  dialectos,  como  el  basojiuri  y  el 
uadi,  que  se  hablan  en  el  Malwah;  el 
Desh,  en  el  Nordeste  de  Punab;  el 
ioi**Í,  en  el  Kokunt.j  otros.  La  pro* 
nunciaciún  es  sorda,  lánguida  7  pesa- 
da. Los  maAraítes  emplean  dos  alfabe- 
tos diferentes:  para  los  asuntos  reli- 
giosos ó  de  carácter  elevado,  el  balhodh 
ó  haiabandi,  que  no  es  otro  que  el  de- 
tanñgar¡  de  los  libros  sánscritos;  para 
las  relaciones  ordinarias,  la  correa- 
poudencia  y  los  negocios,  el  mod  6 
modit  que  se  compone  de  44  letras,  di- 
fíciles de  leer  bajo  su  forma  cursiva. 
Se  conocen  varias  crónicas,  composi- 
ciones morales  r  cantos  de  guerra  es- 
critos en  esta  lengua:  Im  base  de  la 
versificación  es,  ja  la  medida  de  las 
siUbas,^a  la  rima.— El gweraU  6 gud- 
jerate,  dialecto  indio  que  se  usa  en  la 
península  de  igual  nombre  jen  al- 
gunas provincias  bañadas  por  el  Ner- 
buddba,  entre  los  parsis  que  profesan 
U  religión  de  Zoroastro.  Se  aproxima 
mucbo  al  hindustani;  tiene  la  misma 
senrilíez  de  declinación  j  de  conju- 
gación; las  reglas  de  la  sintaxis  son 
casi  idénticas  también  en  ambos  idio- 
mas. El  quiérate  sufrió  una  grande 
modiBcación  durante  la  invasión  mu- 
sulmana. Su  escritura  se  distingue 
por  la  ausencia  ó  separación  de  la  lí- 
nea horizontal  que,  en  las  otras  escri- 
turas de  la  India,  une  la  parte  supe- 
rior de  los  caracteres. — Él  pendjabi, 
dialecto  indio,  derivado  del  sánscrito, 
que  se  habla  en  el  Pendi&b,  j  en  el 
cual  están  escritos  los  libros  santos 
de  los  sejkhs.  Se  consemn  de  esta 
lengua  las  Gramáticas  de  Carej  j  de 
Leach  T  nn  Diccionario  por  Starkej. 
El  ttnaki,  dialecto  indio,  derivado 
ig'ualmente  del  sánscrito,  que  se  em- 
plea en  las  comarcas  del  Sind  ó  Indus 
inferior.  Se  tienen  una  Grramáíica  pu* 
blicada  por  Wathen,  j  un  Diccionario^ 
por  Stack. — El  orissa  es  uno  de  los 
dialectos  de  la  India  moderna,  nacido 
del  sánscrito.  Se  tienen  de  él  una  Gra- 
mática de  Sutton  y  un  Diccionario  de 
Kattak.— Independientemente  de  los 
idiomas  de  origen  brahmánico,  se  ha- 
blan en  el  Dekán  distintos  dialectos, 
como  el  íamuí  ó  malabar,  el  Manara  6 
Umáiico,  el  ma¡a¿fála  y  otros. 

31.  Literatura. — La  Inou,  es,  con 
la  Grecia  j  la  Italia,  la  comarca  del 
antiguo  mundo  que  major  número  de 
obras  literarias  ha  producido. — Su  fe- 
cundidad en  todos  los  géneros  ha  sido 
inmensa.  Europa  se  halla  muj  lejos 
de  poseer  todos  los  libros  compuestos 
en  la  India  antigua  y  moderna;  y,  sin 
embargo,  los  manuscritos  ó  textos  im- 
presos «n  Orienta  qae  j»  conoce  y  los 


mm 

que  lle?a  publicado»,  forman  una 
grandísima  biblioteca.  Estas  obras, 
algunas  de  las  cuales  están  muj  ex- 
tendidas, no  han  Uendo  á  nuestras 
manos  hasta  fines  del  siglo  ultimo. 
En  su  major  parte,  no  han  sido  aún 
traducidas  á  las  lenguas  de  Europa; 
y  un  gran  número  de  las  traduccio- 
nes corresponde  á  la  Alemania  j  á  la 
Inglaterra.  Francia  ha  entrado  hace 
poco  en  esta  misma  senda  j  puede  j^a 
adquirir  conocimiento  del  Ünente  sin 
necesidad  de  recurrir  i  sus  recinos. 
En  cuanto  á  España,  posee  ttmbién, 
aunque  pocas,  algunas  rersiones  j 
extractos  de  los  libros  de  algunos  fa- 
mosos orientalistas.  Las  obras  que 
constitujen  la  literatura  de  la  India, 
no  han  sido  producidas  en  un  corto 
número  de  años,  ni  aun  de  siglos:  sus 
poesías  más  antiguas  son  anteriores  á 
todo  lo  que  queda  de  los  monumentos 
más  antiguos  también  de  la  raza  aria- 
na,  j  no  puede  decirse  que  la  litera- 
tura sánscrita  haja  terminado,  puesto 
que  si  bien  es  cierto  que  la  antigua 
lengua  brahmánica  es  nna  lengua 
muerta,  no  lo  es  menos  que  algunos 
brahmanes  de  nuestros  tiempos  escri- 
ben todavía  en  sánscrito  j  lo  conside- 
ran como  el  verdadero  idioma  Utem- 
rio.  Así,  pues,  la  Uteraturaáñ  la  India 
es  tan  grande  por  su  antígaedad  como 
por  la  variedad  de  sus  admirables  mo- 
numentos. Pero  la  parte  clásica  de 
esta  literatura  se  encuentra  limitada, 
en  cuanto  al  territorio  en  donde  las 
obras  han  sido  compuestas,  á  un  espa- 
cio bastante  reducido, — En  efecto,  ai 
se  exceptúa  el  V^da,  que  es  el  libro 
primitivo  de  toda  nuestra  raza,  sin 
excepción,  el  cual  no  pertenece  exclu* 
sívamenU  á  la  India,  y  algunas  otras 
producciones  búdhicas  que  pueden 
asimismo  haber  sido  escritas  por  los 
indios  en  un  país  extranjero,  la  in- 
mensa mejoría  de  las  obras  sánscritas 
ha  sido  compuesta  á  orillas  del  Gan- 
ges y  del  lamuná,  j,  muj  particular- 
mento,ácort8  distancia  de  U  confluen- 
cia sagrada  de  estos  dos  ríos.  Se  sabe, 
especialmente  por  el  primer  libro  de 
las  lejes  de  Manú,  que  la  casta  de  los 
brahmanes,  que  era  casi  la  única  que 
cultivaba  las  letras,  tenía  el  deber  de 
no  franquear  cierto  límite  territorial, 

]  comprendiendo  el  valle  medio  y  supe- 

'rior  del  G-anges  con  sus  afluentes. 

I  Allí  fué  donde  se  elevaron  las  ciuda- 
des de  Auda,  de  OelUi,  de  Bénares  y 
otras,  no  menos  célebres  por  la  gran- 
deza de  su  civilización  moral  litera- 
ria, que  por  la  riqueza  j  bienestar 
de  sus  ha'bitantes.  A  partir  de  la  época 
védica,  se  hallaba  la  India  eu  pose- 
sión de  una  idea  que  no  apareció  sino 
muj  tarde  entre  los  griegos,  y  aun  en 
loa  escritos  de  algunos  filósofos:  la 
idea  de  la  unidad  de  Oíos.  Utos  fué 
concebido,  desde  aquellos  tiempus  re- 
motos, no  solamente  como  causa  crea- 
dora, en  lo  que  pueda  haber  en  él  de 
iiciivo,  sino  como  principio  neutral  é 
iiulivisible,  en  su  abstracción  más 

'  elevada.  La  noción  panteística  de 
Brali;Uii  animó  toda  la  literatura  de  la 

,  India  hasta  el  momento  en  que  el  bu- 


INDI 


69 


dhlsmo,  rama  desprendida  del  brah- 
manismo,  la  hizo  entrar  en  otro  nuevo 
orden  de  ideas  j  de  doctrinas.  De  la 
concepción  primera  de  la  unidad  de 
Dios  y  de  la  unidad  substancial  de  to- 
dos los  seres,  nació  una  moral  austera, 
cujos  principios  esenciales  quedaron 
establecidos  desde  los  tiempos  más 
remotos.  El  panteísmo  vino  á  ser  si- 
multáneamente como  el  regulador  de 
la  vida  práctica  j  del  pensamiento;  j 
así  sucede  que  se  le  encuentra  cjos- 
tantomente  en  las  obras,  ciijo  con- 
junto forma  la  literatura  india,  como 
se  encuentra  el  políte.'smo  en  todas  las 

firoducciones  del  geiii  i  griego.  Pero 
a  moral  que  entraf^a  el  p.intoísmo 
aventaja  con  mucbo  á  la  del  politeís- 
mo de  los  helenos,  lo  cual  consiste  en 
que  la  esfera  en  que  se  mueven  las 
personas  y  en  que  escriben  los  autores 
de  los  libros  indios,  es  muj  superior 
á  la  que  tenía  la  antigua  Grecia.  Esto 
mismo  sistema  panteísta  ha  colocado 
á  los  indios,  frento  á  frente  de  la  na- 
turaleza, en  una  sítuaeijn  espiritual 
completamente  distinta  de  la  de  los 
griegos.  Aquéllos  no  han  visto  en  el 
sistema  de  la  creación  más  que  nn  tea- 
tro de  la  actividad  humana;  en  las  co- 
sas inanimadas  j  en  la  vida  ve^tativa. 
nn  conjunto  de  materiales  útiles;  eu 
los  animales,  unos  enemigos  d  auxi- 
liares i  quienes  importaba  domar  á 
toda  costa:  lo  que  los  modernos  llaman 
el  sentimiento  de  la  naturaleza,  que  no 
es  otra  cosa  que  la  concepción  de  la 
vida  universal  en  lo  que  ésta  tiene  de 
poética  j  de  símpUica,  no  existe  en- 
tre los  griegos,  y  se  encuentra  en 
todas  partes  y  en  todas  las  épocas  en 
los  escritos  de  los  brahmanes.  Se  ha 
dicho  que  en  las  obras  de  los  indios, 
el  hombre  se  anonada  y  desaparLce 
anto  la  naturaleza  omnipotente;  j  es 
un  error  que  la  lectura  de  un  poema 
cualquiera  de  la  India  puede  fácil- 
mente desvanecer:  al  contrario,  en 
ninguna  literatura  antigua  se  mani- 
fiesta la  fuerza  moral  def  ho:nbre  con 
tanto  vigor  y  grandeza;  nadie  ha  dado 
tanta  importancia  ni  exagerado  tanto 
el  poder  j  la  supremacía  de  la  ciencia 
j  de  la  virtud,  como  los  indios  en 
ciertas  doctrinas  religiosas,  v  algunas 
veces  en  sus  poemas.  —  El  conoci- 
miento de  la  literatura  de  la  India  es 
de  grandísimo  interés  para  U  Europa. 
Se  ha  pretendido — dice  un  notaole 
orientalista — que  Atenas  inspiró  el 
genio  indio;  pero  hoj  se  saba  ja  po- 
sitivamente que,  en  la  ép'>ca  helé- 
nica, llevaban  más  de  dos  inll  años  de 
existencia  los  grandes  monumentos 
de  filoso  ta,  moral,  literatura  j  legis- 
lación del  .\sift.  Los  Vedas  están  con- 
siderados como  el  más  antiguo  mo- 
numento de  los  pueblos  indo-i-'uropeus: 
algunos  autores  hacen  remontar  su 
origen  á  los  primeros  períodos  del  úl- 
timo gran  cataclismo  gcol  'gico.  En  el 
concepto  de  los  brahmanes,  fué  re- 
velad) en  el  erida-yuga  (primera  edad) 
de  la  creación.  Este  libt-o,  que  verda- 
deramente anuncia  un  estado  social 
al  que  sólo  pudo  llegar  el  itombre 
después  de  una  elaboración  de  mu- 


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70 


INDI 


cbísimos  siglos,  encierra  las  formas 
más  completas  y  sig^aifícativas  de  su 
leng*ua  común  y  debe  ser  considerado 
como  la  clave  fundameatal  de  sus 
idiomas  particulares.  No  es  posible, 
por  lo  tanto,  hacer  nin^tín  progreso 
real  en  el  estudio  de  estas  leog-uas  sin, 
un  conocimiento  previo  del  idtomi 
védico,  al  cual  sólo  puede  llenrse  por 
el  del  sánscrito.  A.demáa,  loa  libros  de 
la  India,  priaciiMilmenta  los  Vida, 
contienen  los  mitoa  pnmitiros  que 
han  aervido  des;)ués  de  punto  de  par- 
tida á  todas  las  mitologías  occidenta- 
les, desde  la  Persia,  el  Asia  menor  y 
la  Grecia  antigua,  hasta  la  Irlanda  y 
Portugal;  si  bien  los  misioneros  del 
budhismo  propagaron  después  en  una 
gran  parte  del  mundo  antiguo  sus  doc- 
trinas, cujro  eco  resonó  basta  en  la 
misma  Grecia  civilizada.  En  tiempos 
de  los  rejes  macedoníos  en  Egipto,  el 
mundo  griego,  cura  civilización  se 
hallaba  concentrada  en  Alejandría, 
ojró  predicar  y  profesar  en  el  Museo 
las  doctrinas  de  la  India  y  se  las  asi- 
miló; de  donde  se  ha  conjeturado  <^ue 
dichas  doctrinas  fueron  las  que  facili- 
taron en  Oriente  la  difusión  del  cris- 
tianismo y  que  ejercieron  alguna  in- 
fluencia en  la  teolo^íi  de  Alejandría. 
En  otras  épocas  diferentes,  las  ideas 
de  la  India  invadieron  la  China,  el 
Tíbet,  Ceilán,  la  península  de  allende 
el  Ganges  y  un  considerable  número 
(le  islas  de  los  archipiülagos  de  Crien- 
te.  As!  es  que  nuestras  relaciones  con 
estas  comarcas,  que  la  ciencia,  la  in- 
dustria y  el  comercio  estrechan  más  j 
más  cada  día,  dan  un  poderoso  atrac- 
tivo y  aun  hacen  necesario  el  estudio 
de  los  libros  originales,  en  donde  es- 
tán depositados  tos  tesoros  de  su  sa- 
biduría maravillosa.  El  estudio  de  la 
India,  en  su  literatura,  ofrece  grandes 
dificultades,  tanto  por  la  falta  de  cM- 
nología,  como  por  la  casi  imposibi- 
lidad de  determinar  la  fecha  de  las 
principales  obras  sánscritas.  Sin  em- 
bargo, los  trabajos  de  los  últimos 
orientalistas,  particularmente  los  de 
Lassen  y  Eugenio  Burnouf,  han  de- 
mostrado que  el  eiamen  crítico  y 
comparativo  de  las  doctrinas  que  en- 
cierran, permite  alcanzar  algunas  fe- 
chas, al  menos  relativas  para  un  de- 
terminado número  de  obras  esenciales. 
Por  otra  parte,  el  budhismo  ha  empe- 
gado en  la  India  el  periodo  histórico; 
liene  una  cronología,  conservada  en 
algunas  partes  del  mundo  oriental,  y 
que  ofrece,  con  lo^  viajes  y  las  histo- 
rias de  los  griegos,  de  los  chinos  y  de 
los  pueblos  del  Mediodía  del  Asia,  si  n- 
crouismos  preciosos.  Por  último,  la 
naturaleza  de  ios  dogmas  védicos  y 
loa  caracteres  de  su  lengua  permiten 
también  afirmar  que  muchos  da  los 
himnos  del  Rtg-Vida  son  anteriores  á 
lo  que  el  Occidente  nos  presenta  de 
nás  anticuo  en  el  mismo  géuer»;  es 
ilecir,  á  Homero  y  Zoroastro.  Sin  Ue- 
i^ar,  pues,  á  fechas  exactas  y  precisas, 
se  pueden,  no  obstante,  determinar 
aproximadamente  ciertas  épocas,  en 
las  cuales  se  operaron  los  grandes 
désenvoWimíentos  de  las  ideas  y  de  la 


,  tNDI 

emlización  de  la  India,  y  se  produje- 
ron las  obras  admirables  en  que  aqué- 
llas se  manifiestan.  Tres  movimientos 
religiosos  se  diitinguen  en  esta  lite- 
ratura, á  los  cuales  corresponden  otras 
tres  categorías  de  obras:  la  religión 
primitiva,  contenida  en  los  Vida»;  el 
brahmanísmo,  que  inspiró  la  literatu- 
ra clásica  de  la  India,  y  el  badhismo, 
cujas  doctrinas  dieron  origen  á  un 
iinndmero  de  producciones  compues- 
tas, ra  en  sánscrito,  y%  en  los  idiomas 
que  de  él  se  derivan. 

Período  védico.—i.  Los  himnos  de 
lo»  Vidas.  Los  orígenes  del  período  li- 
terario á  que  corresponden  los  Védas^ 
no  se  encuentran  en  el  Indostán,  sino 
en  la  re^iin  de  los  Cinco-Ríos  ó  Pen- 
jib:  así  al  menos  lo  Índica  la  lectura 
de  los  himnos  de  aquel  libro,  en  don- 
de estos  ríos,  afluentes  del  Indo,  apa- 
recen designados  con  los  mismos 
nombres  que  los  griegos  han  reprodu- 
cido en  su  lengua,  desfigurindolos.  B^t 
de  creer  que  algunos  de  estos  cantis 
sean  anteriores  á  la  época  antiquísima 
en  que  los  árlanos  fuerob  á  establecer- 
se en  la  Pentapotamia.  Pero  sea  de 
esto  lo  que  fuere,  lo  que  importa  ha- 
cer eonaur  es  que  la  firma  primitiva, 
ba|o  la  cual  apareció  el  pensamiento, 
fue  el  verso;  ei  primer  genero  poético, 
el  himno;  la  oda,  poesía  lírica  p  ir  ex- 
celencia, constituye  otro  género  de 
fecha  posterior.  Todos  los  himnos 
comprendidos  en  los  cuatro  Vidas, 
forman  por  sí  solos  un  período  litera- 
rio de  larga  duración,  porque,  si  los 
más  antiguos  se  compusieron  fuera 
del  Penj&b,  los  últimus  lo  han  sido 
seguramente  en  los  valles  del  Ganges. 
Por  consiguiente,  no  es  dndoso  que 
los  árlanos,  antes  de  descender  á  estos 
valles,  descansaran  largj  tiempo  en 
los  Cin:o-Rios;  fundasen  estableci- 
¡  mientos;  rechazaran  á  los  primitivos 
,  habitantes  hacía  lasmontaíUs  cireun- 
.  vecinas,  donde  se  les  re  todavía,  y 
compusiesen,  durante  su  estancia  en 
estos  deliciosos  panjes,  la  mayor  pa^ 
te  de  sus  cantos  sagrados.  Tal  es  la 
época  primitiva  (^ue  constituveel  ver- 
;  dadero  período  vedico.  He  aqu[  ahora 
I  los  nombres  y  la  naturaleza  de  estas 
I  obras:  K^(/a(;  esta  palabra,  que  sig- 
nifica ciencia,  desigua  un  conjunto  de 
'  obras  poéticas  que  forman  la  c^grada 
I  Escritura  de  los  indios.  Sí  á  estas 
composiciones  primitivas  se  añaden 
I  los  desenvolvimientos  y  progresos  que 
I  han  experimentado  bajo  el  nombre 
de  BrAhmanas  y  de  Sutraa,  se  ten- 
drá el  cuerpo  completo  de  esos  li- 
bros dogmáticos.  Én  la  actualidad, 
los  Vidas  son  en  número  de  cuatro: 
el  R     el  S&VM^  el  Yaj&r  y  el  Á  íkar- 
w.  Ía»  tres  primeras  de  estas  cuatro 
colecciones,  están  reconocidas,  no  so- 
lamente como  auténticas,  sino  como 
canónicas,  p  ir  todos  los  sabios  de  la 
India.  BI  Atkarva-Vida  goza  de  me- 
¡  nos  autoridad,  sin  duda  pjr  pertene- 
I  f.et  á  una  épjca  posterior  á  las  otras. 
tSl  R'g'Vtaay  ó  simplemente  Vida, 
i  como  se  le  nombra  con  frecuencia,  es 
,  el  m  is  antiguo,  y  al  mismo  tiempo, 
el  mis  renendo  de  los  libros:  como  el 


INDÍ 

Sima,  Aó  Contiene  más  que  verso^ 
(rik);  pero  este  últí  no,  que  forma  er 
cierto  modo  el  ritual  de  las  ceremo- 
nias sagradas,  se  compone  de  versos 
tomados  del  R'g~V>'da,  arreglados 
confirme  i  las  necesidades  del  culto: 
de  suerte  que  el  ¡Síima  no  es  otra  cosa 
que  una  reproducción  del  Rf^-Vida. 
con  algunas  variantes  de  mas  ó  mt- 
nos  importaucii.  El  Ya; &r~  ViJa  ettñ 
escrito  en  rerio  y  en  prosa:  los  versos 
pertenecen  general  mente  al  R'g-VMa: 
ta  prosa  consiste  en  fórmulas  ó  reglas 
correspondientea  á  escuelas  distintas 
y  señalan  una  época  más  avanzada 
de  la  teología  india.  Forma  el  Yaj^r 
dos  colecciones  (sankití),  denomina- 
das Yaj&r  blanco  y  YajUr  n^gro,  cu  jos 
asuntos  son  idéuticos;  pero  que  no 
ofrecen  la  misma  coordinación.  Bn  la 

Srimera,  se  encuentran  l:is  fórmula^ 
el  sacrificio;  en  la  segunda,  al  con- 
trario, la^  fórmulas  van  seguidas  ordi- 
nariamente de  etplícaciones  dogmá- 
ticas y  de  todo  lo  que  concierne  al  ce- 
remonial. Bu  cuanto  ^XAtharoa-  Vida, 
está  compuesto  «uhisivamentedehim- 
nos  en  verso,  c  irao  el  R'g-  VCda,  cujo 
DÚmera  púa  d-í  setecientus;  pero  e^tos 
cantos  tienen  por  objetos  principal- 
mente las  fuerz-is  d.iSiructoras  de  In 
naturaleza,  los  animales  da'iinos,  tas 
enfermedades,  los  enemigos  públicos 
y  privados;  ^  maroan  una  época  en 
que  las  doctrinas  c  is  aol  gícas  de  los 
tiempos  anteriores,  al  caer  baju  el  do- 
minio de  la  plebe,  habían  ido  adulte- 
rándose con  sus  grnsens  y  rídfculaí. 
Supentieioaes.  El  R'g- Vida  no  es  In 
obra  de  un  solo  genio,  como  lo  de- 
muestra el  hecho  evidente  de  que  cad:i 
himno  de  la  col«ecijn  va  acompañado 
de  los  nombres  de  más  de  trescientos 
tyátatt  que  así  se  llaman  en  suscrito 
los  compiladores  de  la  India,  cuyos 
ejásat  pertsn«een  á  épocas,  familias  v- 
panijes  distintos  del  Saptasindhu. 
Esto  induce  i  creer  que  la  duraciín 
del  periodo  de  los  himnos  no  baj» 
ciertamente  de  tresci  entos  h&os;  pero 
debe  notarse  que  este  período  fué  pre- 
cedido de  ot;-a  edad  poética,  durantj 
la  c  jal  se  mezclaron  las  ^adiciones  in- 
dias con  las  de  los  persas,  así  cono  con 
las  de  todas  las  regiones  europeas  ocu- 
padas á  la  sazón  por  pueblo:^  ariaoos. 
En  cuanto  á  la  época  en  que  se  compu- 
sieron los  hi  niius,  no  hajr  monumen- 
tos que  ladetenninen  djamente;sibien 
existen  ciertos  indicios  que  pueden 
servir  de  criterio  para  cal;iilarla  de  un 
modo  aproximado.  Bn  etectt>,  Budha 
murió  en  el  año  Ó-ll  ó  Ó-13  autes  de 
Jesucristo;  su  ref)rma,  de  una  moral 
irreprensible,  supone  una  anticua  ci- 
vilización, que  no  pudo  ser  orre  que  la 
brahmánica,  la  cual,  como  toda  época 
de  cultura,  tiene  su  período  origina- 
rio, su  elaboración  sucesiva  y  su  edad 
media.  Fundados  en  esta  considera- 
ción, no  faltan  eruditos  que  atribu- 
len á  la  cultura  de  los  brahmanes 
mil  años  de  anterioridad  respecto  de 
la  predicación  de  Bu^lha,  cuyo  cálcu- 
lo implica  que  los  himnos  del  Rtg 
fueron  compuestos  hacia  el  siglo  xv 
6  XVI  antes  del  Salvador.  Coasid»- 


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INDI 

ndofl  aquellos  cantos  como  ohtAS  li- 
Utuíta,  puede  afirmarse  ^ue  eons- 
titojren  et  monumeato  casi  único  ds 
este  género  perteaeeieate  á  nuestra 
nía,  puesto  que  los  himnos  de  la  an- 
tigua Grecia  se  han  perdido,  sentadas 
raras  excepciones.  Los  del  Rt^-  Vfda 
100  clásicos,  así  en  el  fondo  como  en 
li  forma.  Se  diating-uen  en  que  su 
poesía  se  inspira  siempre  en  la  natu- 
ralesa  exterior,  6  en  ta  vida  normal 
de  las  poblaciones  arianas.  Los  fenó- 
menos físicos,  como  el  día  que  se 
aauncia,  el  ravo  que   fulmina,  los 
vieotos  que  soplan,  el  fuego  sacro  que 
se  enciende,  que  se  propaga  y  que  se 
exüugue;  la  marcha  de  los  arias  por 
éntrelos  pueblos  enemigos  jrbárbaros; 
U  agricultura,  la  vida  pastoril,  el  na- 
cimiento, el  matrimonio  y  la  muerte: 
tales  son  los  asuntos  ordinarios  de 
iqaellos  himnos,  asuntos  que  apare- 
eao  tratados  generalmente  con  gran 
luuUsz  j  euetitttd.  Al  lado  de  estos 
hachos  reales,  aquellos  fkaosos  eantos 
ofrecen  todo  an  mundo  da  ooncepcío- 
oes  simbólicas,  presentando  la  mis 

Íerfecta  analogía  con  las  dirioidades 
e  la  mitología  griega. — Cada  orden 
da  fsnÓmenos  naturales  se  atribujre  á 
un  poder  viviente,  al  cual  presta  la 
imiginaeión  una  forma  humana,  ha- 
ciéndole influir  después  en  la  manera 
da  obrar  de  los  hombres  de  aquellos 
tiempos.  Existe,  pues,  no  pantii»  té- 
dieo,  compuesto  de  seres  ideales,  pre- 
sidiendo a  la  naturaleza  entera  j  n- 
prodaciéndola  de  an  modo  oliuco  j 
poético  bajo  infinitas  formas.  Bn  al 
Ftá9  no  se  encuentran  esos  seres 
moastruosos  que  tanto  abundan  en  el 
panteón  brahmánico  de  las  épocas  pos* 
teiiores;  en  loa  ideales  védicos  so  ob- 
servan, por  el  contrarío,  la  misma 
medida  v  proporción  que  los  artistas 
griwos  nsQ  sabido  dar  á  laspintores- 
eas  divinidades  de  su  país.  El  estado 
de  la  sociedad  en  que  fueron  compues- 
tos los  himnos,  se  halla  vigorosamen- 
te descrito  en  toda  la  colección  del 
Rr^  Vida.  Las  familias  se  unen  estre- 
chamente por  su  origen  i  sus  ascen- 
dientes casi  divinos,  los  cuales  son 
considerados  como  los  autores  de  los 
dioses,  es  decir,  de  los  símbolos.  En 
ia  doctrina  mística  de  aquellos  tiem- 
pos, un  mismo  principio  ígneo  j  sa- 
bio anima  á  todos  los  seres  vivientes; 
se  transmite  á  las  generaciones  y  se 
manifiesta  sobre  el  altar  en  donde  arde 
al  fuego.  De  aquí  resulta  que  los  pa- 
dres son  para  los  hiioSf  no  solamente 
los  autores  de  sus  rormas  corporales, 
SIDO  también  el  principio  esenciU  de 
donde  les  ha  sido  transmitida  la  exis- 
tencia. Y  este  gran  principio  de  vida, 
que  Qo  se  puede  destruir  porque  es 
eterno,  une  las  generaciones  las  unas 
á  las  otras  de  una  manera  indisoluble 
7  Tiene  á  ser  «1  fundamento  de  la  fa- 
milia. 

2.  ^asuVis.— Bl  primitivo  estado 
de]  orden  doméstico  se  halla  indicado 
por  los  nombres  de  parentela,  cujra 
'•riginaria  significación  da  el  idioma 
rtiuicu,  ¡nauífdstando  con  toda  clari- 
liad  las  iunciuues  j  relaciones  de  sus 


IXDI 

diversos  miembros  entre  sí.  El  padre 
es  el  jefe  de  la  familia;  la  madre,  la 
que  gobierna  la  casa;  la  hija,  la  que 
ordeña  las  vacas;  el  hijo,  el  defensor. 
Loa  vocablos  védicos  que  expresan 
estas  relaciones,  son  los  misnios  que 
en  latín,  en  griego,  en  alem&n  j  otros 
idiomas;  pero  su  signiñcacíjn  no  se 
explica  fácilmente,  sino  en  la  lengua 
de  los  himnos. 

to  del  R  'g-  Védat  se  hallan  ja  ejemplos 
de  poligamia,  aunque  la  monogamia 
fué  y  es  todavía  la  institución  común 
de  todos  los  arias  de  la  India.  La  mo- 
ral de  aquellas  generaci  mes  venía  á 
ser  una  especie  de  metafísica  severa, 
donde  la  lioertad  de  la  mujer  fué  com* 
pleta  en  todos  los  caaos  de  la  vida;  de 
tal  suerte,  que  su  autonomía  se  con- 
servó incólume  aun  en  medio  de  la 
polig;imia.  Tampoco  hubo  jamás  com- 
pras toleradas  por  la  lejr,  cuja  prácti- 
ca parece  pertenecer  casi  exclusiva- 
mente á  las  sociedades  semíticas. 

4.  Sitada  tocial. — La  división  en 
castas  de  la  sociedad  india  no  existía 
aún  en  tiempos  del  R'g-Véda.  Haj  en 
en  él  brahmanes,  rljat  y  el  pueblo  de- 
signado bajo  el  nombre  de  etp;  pero 
se  podía  ser  rd/a  y  brahmán  á  la  vez, 
como  lo  prueban  numerosos  ejemplos. 
El  derecho  absoluto  de  sucesión  en  las 
funciones  no  aparece  allí  establecido, 
puesto  que  los  brahmanes  ejecutan 
actos  que  se  reservaron  después  á  las 
gentes  del  pueblo  y  aun  á  los  mismos 
pidras.  El  brahmán  del  R'g-Védtk  es 
el  padre  de  familia  en  el  ejercicio  de 
las  funciones  sagradas,  como  lo  es  el 
rej  mandando  el  ejército  ó  gobernan- 
do su  territorio  en  tiempo  de  paz, 
como  el  vic  represente  en  absoluto  el 
pueblo  de  los  «nos.  Pero,  á  medida 
que  el  establecimiento  de  éstos  se 
hacía  antiguo  y  se  consolidaba  en  la 
India,  fueron  formándose  familias  sa- 
cerdotales, encargadas  de  la  custodia 
del  himno  y  de  la  enseñanza  religio- 
sa, y  familias  feudales,  cuja  autori- 
dad, fundada  al  principio  en  la  rique- 
za, fué  luego  confirmada  por  la  cere- 
monia de  la  consagración.  Ultima- 
mente, llegó  an  tiempo  en  que  la 
riqueza  y  u  poder  de  los  señores  die- 
ron á  éstos  cierta  superioridad  sobre 
los  sacerdotes,  los  cuales  sólo  conser- 
varon desde  entonces  el  poder  espiri- 
tual, fundado  en  la  tradición  y  en  la 
ciencia.  La  jerarquía  de  las  castas  que- ' 
dó  definitivamente  constituida  cuando  , 
estos  dos  poderes  pasaron  á  manos  de  | 
una  sola  familia;  la  del  gran  poeta  vé-  | 
díco  Viewlmitra.  Esta  profunda  revu- 
lución,  que  se  llevó  á  cabo  entre  el  pe- , 
ríodo  -del  R'g  y  el  del  Yagíír,  no  en 
las  comarcas  del  Ganges,  sino  en  los 
valles  del  Saptasindhu,  marca  la  épo- 
ca famosa  en  que  dió  principio  eu  la 
India  la  sociedad  branmánica,  cuja 
constitución  ariana  ofrece  una  grando 
semejanza  con  el  sistema  feudal  de 
nuestra  Edad  media.  A  partir  de  los 
últimos  himnos áeiXRig-Véda,  la socíe-^ 
dad  tiende  á  constituirse  heroicamente 

fior  el  estilo  de  la  sociedad  griega  de , 
08  tiempos  de  Homero;  esto  es,  á  di-  j 


INDI 


71 


vidirse  en  an  número  considerable  da 
pequeños  reinos  ó  señoríos. 

5.  Culto  extemo.— "ñn  cuanto  al  cul- 
to, los  V^hs  suministran  loa  detalles 
más  cariosos  y  circunstanciados  de 
todas  sus  ceremonias.  Sin  embargo, 

'  para  restebleeerlas  bajo  su  forma  mis 
antigua,  es  necesario  buscarlas  en  el 
Rtg  y  demostrar  después  sus  desen- 
volvimiuitos  en  las  otras  compilacio- 
nes, como  en  los  Br&hmanat  y  1» 
S&írat.  El  culto  del  Rtg  es  sencillísi- 
mo. No  haj  templo;  todo  se  reduce  á 
un  altar  de  tierra,  erigido  en  un  pa- 
raje descubierto,  con  un  círculo  sagra- 
do, en  donde  los  sacerdotes,  en  núme- 
ro de  cuatro,  después,  de  siete,  van  á 
colocarse  para  desempeñar  cada  uno 
su  función  respectiva.  Se  enciende  el 
fuego  sacro  por  medio  del  frotamien- 
to díe  dos  pedazos  de  madera;  la  pri- 
mera chispa  se  alimenta  cjh  mauieca 
clarificada;  se  inflama  la  pira;  los  sa- 
cerdotes llevan  allí  la  ofrenda  de  las 
tortas  y  el  licor  fermentado  y  alcohó- 
lico del  sáata,  que,  por  medio  del  fue- 
go, se  ofrece  á  los  dioses.  Estos  pre- 
sencian la  ceremonia,  sentados  sobre 
el  césped  sagrado,  esparcido  alrede- 
dor del  altar.  Durante  este  tiempo, 
los  sacerdotes  cantan  el  himno  en  ho> 
aor  del  numen.  Tal  es  el  conjuuto  de 
una  ceremonia  védíca,  la  cual  se  repi- 
te tres  veces  al  día;  al  despuntar  la 
aurora,  al  medio  día  j  á  la  puesta  del 
sol.  En  circunstancias  extraurvÜna- 
rias,  se  ofrecían  también  sacríñcius  de 
sangre,  para  lo  cual  se  inmolaba  un 
caballo,  precedido  de  un  macho  ca- 
brío, y  la  carne  de  la  víctima,  asada 
al  fuego  sagrado,  se  repartía  entre  los 
asistentes  que  querían  comerla;  pero 
este  sacrificio  era  muj  costoso  y  que- 
dó como  ceremonia  real,  conocida  con 
el  nombre  de  acmatedka.  Todos  los 
detalles  del  culto  védico  se  hallan  es- 
trechamente unidos  á  una  metafísica 
profunda,  expuesta  en  todos  los  can- 
tos de  los  Vidas. 

6,  Metafísica  de  los  mitos. — El  foa- 
do  de  esta  doctrina  consiste  en  la  teo- 
ría de  los  asuras  ó  principios  de  vida 
(asu).  Estos  principios  de  la  creacikin, 
esencias  vivificadoras  del  universo, 
son  los  siguientes:  Agni  ó  el  fuego  es, 
en  su  revelación  substancial  j  prima- 
ria, la  llama  que  arde  en  el  combus- 
tible, alimentada  en  el  altar  con  los 
cuerpos  de  las  ofrendas.  Aquel  fuego 
se  extingue;  pero  en  realidad  no  hace 
mis  que  ocultarse  aparentemente  para 
renacer  en  cada  ceremonia,  sin  consu- 
mirse nunca.  Agni  es  también  el  fue* 
go  de  la  vida  que  se  condensa  en  los 
vegetales  j  los  animales;  el  fuego  del 
rajo  que  se  acumula  en  la  nube  y 
que,  descendiendo  con  la  lluvia,  nu- 
tre las  plantas  j  sirve  de  pábulo  á  la 
t;xistencia;  es  el  mismo  principio  que 
reside  en  la  manteca  consagrada,  ex- 
traída de  la  leche,  primer  alimento  de 
todos  los  animales.  Considerado  como 
principio  de  vida,  es  también  él  autor 
de  las  formas  y  llena  las  funciones  de 
Prometeo  y  de  Vulcano;  y  como  las 
cosas  no  tienen  utilidad  práctica  sino 
por  sus  formas  sensibles,  resulu  que 


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72 


INDI 


Áffni  viene  á  ser  también  el  {¡redac- 
tor de  todos  los  bíeaes.  Coasiderado 
en  los  animales,  se  transmite  de  uno  á 
otro  con  la  semilla  j  lleva  el  nombre 
de  Puriaha  ó  principio  masculino,  j 
en  este  concepto,  está  mirado  como 
el  origen  de  las  g-eneracionesjjcomo 
causa  primera  de  la  luz  j  productor  de 
las  formas  es,  por  último,  el  autor  de 
la  inteligencia  que  las  concibe.  Este 
padre  universal  da  los  vivientes  resi- 
de, por  lo  tanto,  en  todas  las  cosas:  tal 
es  ei  Á^ni  del  Rl0-Véda,  Los  aturai 
del  cielo  le  están  Ultimamente  anidos; 
los  unos  representan  las  diversas  ener- 

Í'ías  ceUilis  del  día  j  de  la  noche,  bajo 
os  nombres  de  Mitra,  Varuna  j  Ar^ü' 
mán;  los  otros,  los  del  sol,  coa  la  de- 
nominación de  Süria,  que  qoiere  decir 
brillante.  Como  Tiajero  eeíeste.  Siria 
es  un  enano,  el  cnaf  ereee,  j  en  breve 
espacio  recorre  por  completo  el  firma- 
mento. En  sn  punto  culminante,  toma 
el  nombre  de  VisAni,  qoe  significa: 
«el  que  penetra.  >  Bajo  la  denomina- 
ción de  iSatatri,  este  atura  está  desig- 
nado eomj  productor  de  formas,  j  con 
la  de  PátAan.  como  mantenedor  ó  pro- 
vidente. Kn  tin.  y^ieasuDat  es  la  pala- 
bra por  la  cual  se  quiere  significar 
que  penetra  j  habita  en  todos  los  se- 
res, y  bAjo  este  punto  de  vista,  su  mi- 
nisterio en  la  creación  se  aproxima  al 
de  Ayui.  En  efecto,  la  energía  atmosfé- 
rica del  sol  se  halla  simbolizada  en  la 
persona  de  Jnira,  dios  de  los  aires, 
que  aparece  al  amanecer  en  un  carro 
de  oro,  tirado  por  caballos  amarillos, 
precedido  de  un  cortejo  celeste  j  de  la 
Aurora,  escoltado  por  los  ifaruis,  que 
son  los  céfiros  suaves  j  sonoros  de 
Levante.  Iiulra  es  un  je»  de  guerra  j 
llega  para  librar  baulla  contra  los 
genios  que  retienen  las  a^uas  en  la 
nube  j  producen  la  esterilidad.  Bl 
y^Aia  esta  llano  de  himnos  en  que  se 
describe  el  combate  de  Jndra,  armado 
del  rayo  y  autiiiado  de  los  vientos, 
contra  aquellos  genios  de  la  tempes- 
tad aniquiladora.  Con  su  victoria, hace 
brotar  las  plantas,  nutre  á  lus  anima- 
les y  á  los  nombres,  mereciendo  el  ti- 
tulo de  Atura;  esto  es,  genio  de  la 
vida.  Considerado  como  símbolo,  su 
.iiguíficaciún  jerárquica  es  distinta, 
mesto  que  representa  el  dios  de  los 
,'uerrerus.  Vivatnvat  es  el  autor  de  la 
.aza  humana^  padre  de  Maná,  primi- 
I  ivo  ser  pensante,  y  también  de  j'ama, 
dios  de  los  muertos  y  de  la  justicia, 
tuvos  dos  personajes  son  el  Miuos  y 
•:1  'Rbadamanto  de  los  cretenses.  To- 
dos loi  pormenores  de  la  mitología 
védica  le  agrupan  en  torno  de  estas 
úus  cjncepciones:  el  fuego  Agni  y  el 
ool. — Los  Védat  dan  á  conocer  del 
nidmo  modo  el  origen  del  poder  espi- 
ritual entre  loa  arias  de  la  iMDja. 
liste  poder  se  confundió  primitiva- 
mente con  la  autoridad  paternal,  por- 
que, sieado  público  el  culto,  transmi- 
tieudusj  con  el  himno  la  doctrina  á 
las  faiuiiius,  el  padre  era  el  preceptor 
cíe  sus  pr<<pius  hijos,  de  quien  recibían 
por  la  eusti.ianza  sagrada  este  segua- 
'  o  naciniiauto,  que  íes  duba  el  nom- 
ure  de  üicijas,  entre  ios  brahmanes. 


INDI 

La  perpetuidad  de  esta  enseñanza  y 
su  transmisión  de  padres  á  hijos  cons- 
tituían la  codiciada  herencia  del  sa- 
cerdocio. Además,  el  sacerdote  estaba 
considerado,  por  su  ciencia  teológ-ica, 
como  el  único  hombre  capaz  de  com- 
prender los  símbolos,  de  aplicar  las  i 
ritualidades,  de  ofrecer  en  debida  for-  ! 
ma  el  sacrifício,  de  evocar  á  los  dioses  ' 
y  de  pedirles  gracia  y  avuda,  en  cam-  ■ 
bio  de  la  ofrenda  de  que  disponían, ' 
para  sí  y  para  los  asistentes.  Después, ' 
en  tiempis  del  4  Marra-  Vf'dtt.  el  poder  ' 
de  la  invocación  alcanzó  tal  importan- 
cia, que,  por  sí  solo,  podía  dar  la  vic- ' 
toria,  curar  las  dolencias,  procurar 
toda  suerte  de  bienes  materiales,  re- 
animar á  los  moribundos  y  resucitar 
á  los  muertos;  para  lo  cual  habían 
compuesto  los  sacerdotes  un  gran  nu- 
mero de  fórmulas  en  verso,  que  se  ha- 
llan en  la  última  colección  de  lós  T/- 
dat;  es  decir,  en  el  Atharva-VAia.  Fi- 
nalmente, cuando  la  sociedad  de  los 
arias  as  constituyó  en  castas  y  hubo  [ 
tomado  á  los  c&drat  como  siervos  he-  ' 
reditarios,  estando  las  funciones  le- 
galmente distribuidas,  la  de  estudiar 
y  enseñar  la  ciencia  sagrada  pertene- 
cía exclusivamente  á  los  brahmanes 
descendientes  de  los  antiguos  autores 
de  los  ritos  y  de  los  cantos  del  VMa. 
Su  independencia  recíproca  les  pro- 
porcionaba una  completa  libertad  de 
pensar;  se  engolfaron  en  los  proble- 
más  más  arduos  y  oscuros  de  la  meta- 
tísica  y  llegaron  á  ese  inmenso  des- 
arrollo del  panteísmo,  que  caracteriza 
el  Oriente  indio;pero  que  no  halogrado 
nunca  atraer  á  ningún  brahmán.  El 
himno  guarda  el  depósito  de  la  fe  anti- 
gua y  de  las  ciencias  tradicionales;  es 
el  fundamento  único  de  la  religión,  de 
la  lejyde  la  moral  pública;de  tal  suer* 
te,  que  la  sociedad  toda  descansa  en 
el  Vida,  Siendo  la  conservación  de  los 
cultos  de  familia  la  salvaguardia  de 
la  misma,  se  tenia  un  grande  interés 
en  conservar  los  himnos,  en  los  cuales 
se  hallaban  todos  los  símbolos  de  la 
fe.  Á.SÍ  se  ve  que  los  niüos  los  apren- 
dían oyéndolos  cantar  á  los  padres  al 
rededor  del  altar,  y  estudiándolos  lue- 
go bajo  la  autoridad  paterna.  Así  es 
como  los  himnos  han  venido  conser- 
vándose durante  el  transcurso  de  algu- 
nos siglos,  de  modo  que  el  día  en  que 
se  siuti  )  la  necesidad  de  compilarlos, 
no  hubo  más  que  dirigirse  á  los  des- 
cendientes de  los  antiguos  sacerdotes, 
({ue  los  habían  conservado  y  que  los 
cantaban  cada  dia  en  los  altares.  No 
hay  el  menor  motivo  para  dudar  de 
su  autenticidad,  perfectamente  de- 
mostrada por  toda  la  literatura  sáns- 
crita de  los  tiempos  posteriores  iiasta 
el  día  de  hoy.  En  la  India,  el  l'éda  us 
el  fundamento  de  toda  la  constitución 
religiosa,  como  lo  es  el  mosaísmo  en- 
tre los  hebreos;  el  Ecangelio,  entre 
[  los  cristianos,  y  el  Corán,  entre  los 
I  musulmanes,  amén  de  ser  la  base  de 
toda  la  constitución  civil  y  política, 
iisí  como  del  estado  social  délas  cas- 
tas. 

7.  Nuevo  espíritu  de  la  meíaflsica  re- 
li^iosa,  —  Puede  afirmarse  cou  toda 


INDI 

certidumbre  que  no  hay  en  la  India. 
nino;ún  libro  tan  venerado  como  el 
Véda,  sin  embargo  de  que  las  escue- 
las disiilentes  sembraron  en  él  gérme- 
nes manifiestos,  puesto  que  hay  doc- 
trinas heterodoxas,  señaladas  en  el 
mismo  R'g,  en  donde  ya  se  indiea 
cierto  espíritu  crítico,  desirrnllado 
luego  en  las  opiniones  de  Kapüayde 
Patanjali,  elevado  después  a  dogma 
en  las  predicaciones  búdhicas.  Lo  di- 
cho demuestra  que  no  es  posible  se- 
guir las  corrientes  de  las  ideas  que  se 

Sropagan  de  siglo  en  siglo,  á  través 
e  los  tres  mil  años  de  la  civilización 
india,  sino  remontándose  al  origen, 
que  se  halla  en  el  Vt'da;  y  principal- 
mente, en  el  Htff,  Bajo  otro  punto  de 
vista,  el  primero  de  dichos  m')numen- 
tos,  aunque  perteneciendo  á  los  arias 
del  Indo,  arroja  vivísima  luz  sobre  los 
tiempos  primitivos  y  las  antiguas 
creencias  é  instituciones  de  los  otros 

Sneblos  arianos.  Los  más  cercanos  á 
i  India,  eran  los  del  Irán  moderno, 
comprendiendo  sobre  todo  á  tos  medos 
y  persas. 

8.  SI  Avesía. — Los  pueblos  anti- 

fuos  de  estas  comarcas  nos  han  lega- 
o  un  libro  sagrado,  el  Aveita,  el  cual 
ofrece  respecto  del  V¡'da  las  más  gran- 
des analogías.  Pero  contiene  un  vio- 
lento antagonismo  por  lo  que  toca  á 
la  doctrina  india  de  los  dévas,  que 
reemplazó  á  la  de  los  aturas,  lo  que 
prueba  que  pertenece  á  una  época  pos- 
terior á  la  de  los  himnos  védicos.  En 
efecto,  en  el  Vida  no  se  nota  el  menor 
indicio  de  semejante  rivalidad.  Ade- 
más, la  grande  concepción  metalisica 
del  Avesta,  Ormuzd,  lleva  en  zend  el 
nombre  de  Ahurat  que  no  es  otro  que 
el  de  Asurat  lo  que  acerca  más  toda- 
vía la  doctrina  de  los  pueblos  de  Irán 
á  la  que  contienen  los  himnos  del  M'g 
y  del  iSáma,  Los  cultos  iranianos, 
idénticos  á  los  del  Véda  en  su  rituali- 
dad y  en  su  dogmatismo,  les  son  in- 
feriores en  su  belleza  literaria,  asi 
como  en  su  espíritu  tilosótico;  de  modo 
que,  en  el  estudio  de  los  antiguos 
tiempos  del  Asia  occidental,  no  es  po- 
sible alcanzar  grandes  progresos  sin 
el  conocimiento  de  los  himnos  indios. 

9.  ínfi-aencia  de  la  India  en  los  arias 
de  £uropa.— Lo  propio  puede  decirse, 
con  mayor  motivo  aún,  de  los  arias 
europeos,  comprendiendo,  al  Medio- 
día, los  griegos  é  italianos;  y  al  Xurte, 
la  mayor  parte  de  los  pueblos  de  nues- 
tro continente,  que  forman  hoy  las 
naciones  modernas.  Pero  el  estuuio  de 
las  tradiciones  y  de  los  oiígtínes  grie- 
gos es  mucho  más  difícil  que  el  de  las 
antigüedades  indias,  porque  los  grie- 
gos no  nos  han  dejado  un  libro  como 
el  Véda,  y  porque  sus  orígenes  son 
múltiples  y  no  exclusivamente  aria- 
nos,  tíia  embargo,  la  mayor  parte  de 
las  antiguas  religiones  griegas,  así 
como  las  instituciones  civiles  y  políti- 
cas del  mundo  helénico,  perteneciendo 
á  la  raza  de  los  arias,  encuentran  su 
explicación  en  las  del  Vt'da:  no  por- 
que se  originen  de  estas  últimas,  ni 
porque  suan  de  ú-clia  m  .s  reciuiite, 
sino  purque  la  aniigaedad  del  f  \da  y 


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iNDr 


INDI 


INDI  73 


U  claridad  de  sus  doctrinas,  cu^a  ex- 
plicación natural  se  encuentra  casi 
siempre  al  lado  del  símbolo,  permiten 

crítico  buscar  en  él  las  luces  que  la 
Grecia  no  le  puede  sumtaistrar.  Añá- 
dase que  las  palabras  que  entre  los 
^rit-^os  designaban  á  los  diosas,  los 
objetos  del  culto,  los  grados  de  paren- 
tesco, las  funciones  sociales  j  otros 
hechos  análogos,  carecen  casi  siempre 
({«sentido  en  la  lengua  friega,  tan 
apartada  de  su  ori^.-n,  mientras  que 
aquellos  mismos  términos,  empleados 
en  el  idioma  del  Vt'd.t,  tienen,  gene- 
ralmente hablando,  un  significado  evi- 
deate  y  clarísimo.  Cuando  se  procede 
ala  comparación  de  ambas  literaturas, 
dice  un  crítico  in<íigne,  nótase  desde 
luego  el  hecho  de  que  las  creencias  é 
instituciones  que  trajeron  las  antiguas 
|)eblacioDes.griegis,  llamadas  pelas- 
gas,  se  aproximan  á  las  del  K^^a  mu- 
cho más  que  las  de  loá. helenos;  de 
manera  que  el  período  da  los  liUmet 
pjre^e  equivaler  al  de  los  aturas,  que 

mujr  anterior  á  los  VéeUu  j  que 
subsistía  aún  en  tiempos  del  Ríe,  en 
tanto  que  los  dioses  nuevos  úolimpt- 
eós  corresponden  eiactísímamente  al 
(WQ^éón  brahmáuico,  posterior  al  Vé- 
da.  A.  partir  de  esta  fecha,  es  cuando 
sé  pueden  co  nparar,  punto  por  punto, 
aquellas  antiguas  tradiciones.^  com- 
prender las  dtí  Grecia  con  la  facilidad 
que  no  pudo  obtenerse  antes  del  des- 
cubrimiento de  loa  faimn.ot.  Bste  des- 
cubrimiento es  mujr  reciente,  pues  el 
primer  impreso  apareció  en  1833;  la 
tfadúcción  francesa  del  B  '^-  Véda  data 
de  1851:  el  texto  completo  es  todavía 
posterior;  j  sin  embargo,  á  pesar  de 
to  poco  qofl  se  sabe  aún  sobre  el  Yají^ 
j  el  Átiutna,  las  antigás  tradiciones 
délos  arias  europeos  del  Norte  han 
recilüdo  ja  numerosas  «xplieaciones. 
Piero,  si  sa  exceptúa  el  Ba(U  de  S(e- 
mnnd,  en  donde  se  halla  cousiguada 
la  mitología  escandinava  jr  cuja  fecha 
no  se  remonta  más  allá  del  siglo  xi  de 
npestra  era,  apenas  se  encuentra  otro 
guia  que  las  tradiciones  esparcidas  en 
toda  Europa,  las  cuales  han  sido  co- 
leccionadas, en  su  major  parte,  en  los 
últimos  tiempos.  Porque  es  notable  la 
perfecta  analogía  que  existe  entre  las 
creencias  antiguas  de  nuestras  comar- 
cas jr  Us  que  se  hallan  extensamente 
consignadas  en  la  literatura  del  gran 
pueblo  que  describimos,  Bitendidas 
entre  nosotros,  separadas  de  todo  cen- 
tro j  completamente  extrañas  á  las 
doettinaa  del  oristianismo,  que  las 
ha  reemplazado,  ae  manifiestan  oscu- 
ras V  frecuentemente  extravagantes; 
naidasásus  análogas  del  Véda,  vie- 
nen á  hacerse  naturales  é  inteligibles, 
dejándonos  entrever  en  el  pensamien- 
to de  nuestros  antepasadas  un  mundo 
mitoló^co  j  metafíisico  que,  sin  a^uel 
libro,  jamás  habría  podido  concebirse. 

ÍO.  C*ettián.'~-T^ot  último,  la  apa- 
rición del  texto  del  Véda  en  Europa 
ha  resuelto,  en  términos  definitivos, 
una  cuestión  desde  largo  tiempo  con- 
trovertída:  la  del  origen  de  nuestras 
lenguas  j  de  BUS  respectivas  afinida- 
des. £te  las  hacía  derivar  del  sánscrito 


V  se  atribuía  al  griego  una  antigüe- 
dad más  remota  que  ín  del  latín  j  que 
la  de  las  lenguas  del  Norte;  pero 
euando  se  ha  visto  que  el  Véda  no  es- 
tá en  sánscrito,  sino  en  una  lengua 
de  la  cual  dicho  idioma  se  deriva,  j 
que  se  aproxi  ma  mucho  á  la  del  A  vet- 
ta,  la  critica  no  ha  vacilado  en  dar  & 
nuestros  idiomas  un  origen  vedico. 
Continuando  luego  la  comparación  de 
las  lenguas  del  Occidente  con  las  del 
Oriente,  se  ha  visto  con  toda  eviden- 
cia que  el  griego  j  el  latín  no  proce- 
den el  uno  del  otro;  que  el  celta  es 
probablemente  anterior  al  antiguo  ale- 
mán y  al  gótico,  del  mismo  modo  que 
á  las  lenguas  eslavas  y  escandinavas; 
que  todos  estos  idiomas  del  Norte  pue- 
den igualmente  rivalizar  en  a:itígae- 
dad  con  los  greco-lntinos;  j,  por  úl- 
timi,  que  los  idiomas  de  Europa  son 
extraños  al  sánscrito  y  toman  direc- 
tamente su  caudal  de  la  lengua  pri- 
mitiva, que  se  habló  antiguamente  á 
orillas  del  Oxus.  De  este  modo  queda 
restubldcida  en  sus  elementos  la  uni- 
dad de  la  familia  ariann,  'lenominada 
ernmeamente  indo-germánica.  Entre 
todas  las  lenguas  que  la  familia  aria- 
na  ha  hablado,  ó  que  habla  todavía, 
no  haj  niiiguua  cujo  estudio  sea  de 
tanto  provecho  como  la  del  Vida,  pues- 
to que,  á  fuer  de  original,  sirve  de 
explicación  á  todas  las  otras,  lo 
cual  no  sucede  en  el  mismo  grado  ni 
aun  respecto  del  propio  sánscrito, 
atendiendo  á  que  representa  un  idio- 
ma derivado.  Antes  de  abandonar  el 
punto  central  de  su  raza,  los  arias 
pudieron  estar,  por  lo  que  toca  al 
Norte,  en  contacto  con  las  poblacio- 
nes tuzanianrtg,  las  cuales  habitan  en- 
tre el  mar  Caspio  j  el  mar  del  Japón, 
ó  sea  entre  la  cadena  del  Tíbet  j  las 
arenas  del  Océano.  En  cuanto  al  Sud- 
oeste, puede  afirmarse  que  no  estu- 
vieron en  comunicación  con  los  semi- 
tas, sino  por  su  raza  iraniana;  j  así 
sucede  que  la  literatura  védica  noofre- 
ce  el  ejemplo  de  una  sola  tradición 
hebraica  ó  caldea,  sino  que,  al  contra- 
rio, el  tetto  j  el  espíritu  de  la  men- 
cionada literatura  está  en  completa 
oposición  con  el  dogmatismo  j  la  le- 
gislación de  Moisés.  Más  aún:  los  pri- 
meros indicios  de  relaciones  entre  los 
hebreos  j  los  arias,  que  se  advierten 
en  la  Bilflia^  no  son  anteriores  al  rei- 
nado de  Salomón  v  se  refieren  al  co- 
mercio marftimo.  De  aquí  ha  podido 
inferirse  fundadamente  que,  en  tiem- 
pos de  aquel  rej,  los  primitivos  arias 
habían  llegado  ú  la  orilla  del  mar,  lo 
que  dió  origen,  en  las  épocas  heroi- 
cas posteriores,  al  periodo  de  los  him- 
nos del  Rig.  Las  razas  amarillas  que 
encontraron  los  arias  á  su  llegnda  en 
la  cuenca  del  Indo,  eran  salvajes,  v 
no  pudieron  ejercer  influencia  sensi- 
ble sobre  la  cultura  de  los  conquista- 
dores de  raza  blanca;  de  donde  se  in- 
fiere que  es  indispensable  admitir  la 
existencia  de  los  himnos  védicos  j  de 
cuanto  contienen,  como  creación  es- 

fiontánea  j  absolutamente  original  de 
a  familia  ariana,de  donde  saca  esta 
gran  &milia  el  carácter  fundamental 


que  la  distingue  de  todas  las  genera- 
ciones de  la  tierra.  Y  si  atendemoa  i 
su  remota  antigüedad,  la  civilización 
de  los  arias  indios  debe  considerarse 
como  el  documento  primitivo  j  monu- 
mental de  nuestra  raza. 

//.  Los  Bráknuauu  V  ¡m  Sü^ss. — 
Los^rJ^MaiMf  sirven  ne  complemento 
j  de  explicación  á  los  Védas,  pues  fue- 
ron compuestos  durante  el  período  que 
separa  los  himnos  de  la  epopeya  brah- 
manica,  y  contienen  colecciones  de 
notas  aclaratorias,  transmitidas  ú  las 
familias  de  sacerdotes,  las  cuales  di- 
fieren entre  sí,  según  las  ideas  filosó- 
ficas de  estas  familias  j  segiín  el  Véda, 
al  cual  se  refieren,  ous  comentarios 
son  preciosos  para  la  interpretación  de 
aquellos  libros, — LoaS&íras  contienen 
los  Bráhmanat  y  son  también  comen- 
tarios de  los  Védat;  pero  sucede  que 
sus  explicaciones  parecen  resumirse  & 
medida  que  se  mnltiplican,  j  esta 
concisión  aumenta  más  j  yás  saoaott- 
ridad,  por  cu  jo  motivo  sneleaenme- 
nos  claros  que  el  mismo  VHñ.  En  m 
majoría,  pertenecen  á  una  época  en 
que  la  sociedad  brahmánica  existía 
con  su  división  regular  en  cuatro  cas- 
tas. El  texto  de  los  himnos  su  tíjó  de- 
finitivamente y  para  siempie  en  his 
escuelas  de  los  brahmanes,  durantela 
edad  media  heroica,  sin  que  desde  en- 
tonces haja  sufrido  ningun»  altera- 
ción. La  gramática,  la  pronunciación, 
la  métrica  j  la  cantinela  de  los  him- 
nos quedaron  establecidas  en  los  tra- 
tados que  han  llegado  á  nuestros  días 

Íque  se  remontan  á  aquella  época, 
oa  numerosos  trabajos  relativos  á  la 
gramática  j  el  cuidado  de  fi^  el  sen- 
tido de  las  voces  védícas,  prueban  que 
este  idioma  no  estaba  ja  en  vigor  j 
que  era  reemplazado  por  la  lensrua 
sánscrita,  cujas  reglas  consignó  P..- 
nini. 

/2.  Lo$  üpanishad$,Loi  Upanishadi 
corresponden  sin  duda  á  épocas  muj 
distintas,  j  son  igualmente  comple- 
mentos dogmáticos  del  Véda.  La  me- 
jor parte  de  ellos  figuran  entre  los 
Srikmanas;  pero  algunos  tienen  tam- 
bién una  existencia  j  valor  indt^pen- 
dientes.  Estos  últimos  no  son,  gene- 
ralmente hablando,  más  que  el  üco  de 
especulaciones  filosóficas  propias  de 
taló  cual  escuela  brahmánica.  Por  lo 
demás,  los  sabios  no  los  han  clasifica* 
do  todavía  bajo  este  punto  de  vista 
histórico. 

Perioio  6rakminieo.-^Í .  Ette  |»erfo- 
do,  famosísimo  sobre  todo  encareci- 
miento, constituye  lo  que  se  llamafy;^- 
ca  sánscrita.  00  porque  la  lengua,  en 
la  cu»I  se  escribieron  sus  libros,  sea 
esencialmente  distinta  de  la  del  Véda, 
sino  porque  esta  última  viene  á  ser 
como  el  fondo  común  de  todos  los 
pueblos  de  lengua  ariana,  mientras 
que  el  sánscrito  es  el  idioma  clásico 
de  la  India.  El  género  épico  atoica 
las  primeras  edades  del  periodo  sans- 
ci-ito;  los  otros  géneros  vinieron  daS-' 
pues,  lo  mismo  que  en  Grecia;  j  m&o 
en  dicho  país,  el  género  épico  no  cesó 
de  cultivarse  mientras  que  los  otros 
se  desarrollaban,  j  tomó  en  los  parió- 

TOUO  lU  10 


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74 


INDI 


dos  de  decadencia  nuevo  impulso  y 
major  energía;  de  suerte  que,  bí  las 
dos  grandes  épopejas  indias  se  reñe- 
Ten,  como  la  JUaáa  y  la  Odisea,  á  los 
antiguos  tiempos  de  la  literatura  clá- 
sica, las  Pwrána$,  lo  mismo  que  los 
aryoMH/M,  son  de  una  fecha  mujr  pos- 
terior y  aun  reciente.  Entre  estas  épo- 
cas extremas  del  período  cl&síco,  se 
colocan  los  demás  géneroi  literarios; 
entre  otros,  el  dramático,  el  Urico  y 
la  poesía  ligera. 

^.  El  Mak-márata.  El  MaUbUra- 
ía,  esto  es,  el  Gran  bardiío  (palabra 
moderna  que  traduce  con  cierta  exac- 
titud el  vocablo  que  encabeza  esta  di- 
visión), parece  ser,  en  su  parte  esen- 
cial, la  más  antigua  de  las  epopeyas 
indias:  dábase,  desde  los  tiempos  más 
remotos  de  la  India,  el  nombre  de  bk&- 
rata  i  los  poetas  que  componían  ver- 
sos T  relaciones  heroicas.  Los  aedet  6 
bardos  indios  venían  y&,  desde  larffo 
tiempo,  rela^ndo  en  verso,  al  son  de 
la  vina,  las  hazañas  de  los  dioses  ^  de 
los  héroes,  cuando  la  guerra  formida- 
ble de  dus  familias  arianas,  en  el  No»- 
te  de  la  Ixdia,  se  hizo  como  el  tema 
principal  de  los  cantos  épicos.  El 
Maháoh^rata  no  llegó  á  ser  conocido 
en  Eur>jpa  en  toda  su  integridad,  sino 
por  la  edición  publicada  en  Calcuta 
en  1839:  ae  tenia  una  idea  del  suma- 
rio y  poseían  varios  fragmentos  que 
habían  sido  impresos  con  su  traduc- 
ción, ^a  latina,  ja  en  alguna  de  las 
lenguas  modernas,  como  la  Bhagual 
Geela  ( Bhágavad-Gm),  de  Wilkins 
(1785);elAaíií</'iVflífl;de  Bopp  (1819) 
y  el  Diluvio,  con  algunos  episodios 
diversos  (1829).  Este  poema  épico  de 
los  indios  no  contiene,  en  su  totali- 
dad, menos  de  250.000  versos,  gene- 
ralmente divididos  en  dísticos  6  elokas 
de  32  sílabas  cada  uno:  estas  32  síla- 
bas forman  dos  versos  de  á  16,  divi- 
didos á  su  vez  en  dos  hemistiquios 
de  8.  Este  es  el  verso  épico  de  la  poe- 
sía sánscrita  6  clásica  de  los  indios; 
pero  algunas  veces  también,  cuando 
el  giro  del  pensamiento  lo  exige,  se 
alarga  6  acorta  el  verso  y  toma  una 
forma  más  6  menos  lírica:  esto  es  lo 
que  se  nota  principalmente  en  las  par- 
tes del  poema  que  se  consideran  rela- 
tivamente modernas.  La  epopeja  se 
compone  de  18  cantos  ó  panas  y  con- 
tiene, como  complemento,  el  poema 
llamado  Harivausa  (cujro  título  quiere 
decir  genealogía  de  Harí^  esto  es,  de 
VishiLu),  traducidoal  francés  por  mon- 
sieur  Langlüis  (1835).  El  asunto  fun- 
damental del  poema,  como  ja  hemos 
indicado,  es  la  guerra  de  los  Curus  y 
de  ios  Pdndus  en  PantchMas,  con  mo- 
tivo de  la  supremacía  real  de  la  India. 
Los  adversarios  son  los  hijos  de  dos 
hermanos,  Pándu  y  Dhritarásktra,  des- 
cendieutes  del  dios  de  la  Luna.  Dhri- 
íarás/itra  tenía  cíen  hijos,  de  los  cua- 
les, el  primogénito,  Durifód/tana,  era 
el  más  furioso  contra  sus  ciuco  pri- 
mos. Tres  de  éstos  tenían  por  ma- 
dre á  PritH  ó  Kunti  y  eran  encarna- 
ciones divinas,  en  esú  forma:  Indhis- 
tkira  representaba  la  encamacijn  de 
Dhatma  ó  la  justicia;  Bhrin^t  de  V&- 


INDI 

jes  ó  el  viento;  Arjuna,  de  Idra,  dios 
del  cielo.  Los  dos  restantes,  que  com- 
pletaban el  número  de  cinco,  ñamados 
Nakula  y  Sahadtva,  eran  las  encarna- 
ciones de  los  caballeros  celestes,  ape- 
llidados Ápnius  (Azuínos),  qne  son 
los  Dioscurós  del  panteiSn  branmáni- 
co,  y  contaban  por  madre  i  Mádrí, 
hija  del  rej  de  Madra.  Dkrit&rásihra 
reinaba  en  Hastinftpura  (Delhi),  no 
obstante  ser  su  hermano  VkaA}x(elpár- 
lido)  el  primogénito;  pero  el  color  de 
la  tez  de  este  ultimo  le  había  excluido 
de  la  sucesión  al  trono,  por  eujo  mo- 
tivo hubo  de  retirarse  al  Himalava, 
en  donde  murió.  Huérfanas  las  cria- 
turas, fueron  conducidas  al  lado  de  su 
tío,  el  cual  las  educa  y  asiste  como  si 
fueran  sus  hijos  propíos.  El  Mak&bhA- 
rata  presenta  respecto  de  las  epopejas 
de  otras  naciones,  particularmente, 
respecto  de  la  litada,  notables  seme- 
janzas. Este  poema,  tomado  en  sa  to- 
talidad, contiene  una  multitud  de  1»- 
jandas;  las  unas,  de  un  carácter  pu- 
ramente histérico,  se  refieren  á  los 
tiempos  más  antiguos  de  los  arias; 
las  otras,  evidentemente  simbiltcas, 
sirven  de  complemento  ó  de  explica- 
ción á  las  que  se  encuentran  ja  men- 
cionadas en  el  Véda,  Casi  todos  los 
símbolos  helénicos  son  originales  del 
Asia;  pero  transformados  por  el  genio 
poético  de  los  griegos  y  localizados 
hábilmente  por  ellos  en  su  propio 
pjís.  No  admite  duda  que  la  major 
parte  de  este  pojma  es  de  épocas  muj 
diversas  y  relativamente  recientes,  j 
que  su  caudal  primitivo  apenas  tenia 
la  quinta  parte  de  la  eitensidn  que 
tiene  en  la  actualidad.  Los  textos  suce- 
sivos  del  Mahibhdraia  han  ido  agran- 
dándole cada  vez  más  v  han  hecho  de 
él  una  obra  sin  unidad  de  lengua,  ni 
de  doctrina,  que  pertenece  á  civiliza- 
ciout;s  y  á  creencias  sensiblemeute 
distintas  las  unas  de  las  otras.  Todo 
induce  á  creer  que,  en  la  escritura  pri- 
mitiva, los  héroes  humanos  no  se  ha- 
llaban aún  revestidos  del  carácter  mís- 
tico que  presentan  en  el  gran  poema; 
que  eran  rejes  árlanos  j  no  encarna- 
ciones divinas,  j  que  los  dioses  no  se 
interesaban  en  los  acontecimientos, 
sino  en  la  medida  en  que  se  interesan 
en  Homero.  Reducido  á  sus  primeras 
dimensiones,  el  Ma&ábháraía  puede 
elasiñcarse  con  alguna  razón  éntrelas 
obras  más  antiguas  de  la  lengua  sáns- 
crita j  remontarse  á  los  tiempos  h»r 
roicos  del  pueblo  indio.  En  cnanto  á 
las  adiciones  sucesivas  qué  ha  recibi- 
do el  Mah&bhArata  primitivo,  no  es 
posible,  en  el  estado  actual  de  la  cien- 
cia, fijar  con  exactitud  las  épocas  de 
aquellas  adiciones.  Lo  úuicoque  puer' 
de  decirse  es  que  en  él  se  encuentra 
el  eco  de  las  diversas  doctrinas  reli- 
giosas ó  ñlosjficas  que  ha  producido 
la  India. 

3.  La  Bh'tgavad-Gitá,  Haj  una 
parte  de  aquella  obra  que  forma  por 
sisóla  un  verdadero  p.ema,  j  cuja 
uni  ín  con  la  grande  epopejaes  pura- 
metile  aruñcial:  tal  es  U  Bhdgucad- 
G  'td,  nombre  que  significa  caii¿o  excc' 
lente,  considerado  en  la  Ihou  como  el 


INDI 

ultimo  del  AfakdbUdraíA.  &1  poeta  su* 
pone  que  antes  de  la  gran  batulla  épi- 
ca de  JCur  x.'íra,  le  faltd  «1  valor  al 
héroe  Arjuna,  á  la  presencia  de  aque- 
llos ejércitos  fratricidas  dispuestos 
al  combata:  su  escudero  Krishna,  qne 
no  es  otro  qne  Vishnn  «ntiarnado,  le 
infundió  ánimos,  exponiéndole  la  ley 
de  la  transmigración  j  el  destino  de 
los  buenos  j  de  los  malos.  Sea  cual 
fuese  la  escuela  filosófica  á  que  se  atri- 
buja  la  B&lgaead'Glíi,  la  doctrina 
que  enseña  es  esencialmente  brahmá- 
utea,  fundada  en  las  lejes  de  Manú  y 
en  los  Vidas,  cuja  autoridad  se  invo- 
ca t¡n  más  de  una  ocasión.  La  creencia 
en  los  dioses  antiguos  de  la  India,  al 
sistema  fundamental  de  las  castas,  1m 
deberes  de  cada  una  de  ellas,  se  recA«- 
miendan  allí  como  los  principios  con- 
servadores de  la  sociedad  j  las  condi' 
ciones  indispensables  de  la  nlnd  etei^ 
na.  Siendo  el  alma  inmortal— s^ón 
sus  doctrinas— la  muerte  es  indiferen- 
te, y  el  discreto  j  comedido  signen 
impasibles  las  lejes  de  su  casta,  sin 
desear  ninguna  recoinpensa,  entrega- 
dos en  absoluto  á  la  contemplación 
que  conduce  á  la  unificación  coa  la 
divinidad.  Cumplir  su  deber  pensan- 
do en  el  Hacedor,  tal  es  la  doctrina 
enseQada  en  los  tiempos  anteriores  & 
Manú.  La  inacción  no  es  una  virtud 
por  sí  misma;  la  acción  vale  mucho 
más  que  aquélla,  si  tiene  por  priaci- 

Eal  objeto,  por  término  final,  unirse  i 
líos  por  la  contemplación,  eis  decir, 
por  la  sumisión  de  los  sentidos  j  el 
sacrificio  de  los  deseos,  y  por  el  cono- 
cimiento de  la  esencia  divina:  tal  es  el 
soberano  bien  j  el  punto  supremo  de 
todos  los  esfuerzos  del  prudento.  Los 
hombres  que  posponen  la  práctica  & 
la  eontomplacíóu  ^  que  creen  la  obra 
superior  á  la  inteligencia,  no  sólo  se 
engañan,  sino  que  nO  pueden  identi- 
ficarse con  Dios  por  el  peusamteuto, 
condenándose  á  volver  a  la  vida  por 
la  lej  de  la  transmigración. — Kl  único 
medio  de  sustraerse  á  esta  candición 
del  renacimiento,  es  el  de  conocer  la 
naturaleza  divina  y  tener  sin  cesar  el 
espíritu  fijo  en  ella.  Por  este  camino, 
las  acciones  de  la  vida,  realizándose 
según  la  Ii>j  j  con  todo  desinterés,  en 
vez  de  encadenar  el  alma  á  lOs  senti- 
dos y  á  las  cosas  materiales,  la  dejan 
en  esa  santa  libertad  que  le  permite 
confundirse  en  la  esencia  divina  7  ase> 
gurar  la  vida  eterna. — La  doctrina  mo- 
ral, contenida  en\a  Bh^ataa-GiíA,  es 
de  una  elevación  ineun  mensurable  j 
de  una  filosofía  más  trascendente  y  ea- 
piritoal  que  la  del  apóstol  de  los  grie- 
gos, el  gran  Platón.  Y  tengase  pre- 
sente que  estas  doctrinas  no  son  una 
serie  de  prescripciones  dirigidas  á  loa 
solitarios  v  á  los  ascetas,  sino  que  es 
la  m  >ral  de  hombres  que  viven  en  el 
muudo,  para  quienes  el  pensamiento 
de  la  divinidad  es  un  principio  capaz, 
por  sí  solo,  de  convertir  en  hechos 
virtuosos  las  acciones  más  ordinarias 
de  ta  vida.  El  lector  ique  desee  cuno— 
cer  todas  las  doctrinas  contenidas  en 
la  Bkágavad'Gttíít  puede  ver  la  tra- 
ducción inglesa,  por  Wilkins  (Lou- 


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lííDt 

¿m,  1785);  U  lUmana,  pnr  Peiper 
(Leipxi^,  1834):  U  latina,  not  Schle- 

Sl,  edición  de  Laiien  (en  o.%  Bonn, 
Ú);  Ten,  tndacoión  griega  da  Gap 
baM  (Atenas.  1848),  j  O.  de  Hom- 
boldt,  Soire  tl  tpisoáiú  del  JíakSikira- 
te  mocido  con  tJ  nornh^  de  BkSffatad- 
m  (BerUn,  1827). 

4.  SI  RAwtítyaiut  6  sea  historia  de 
Rima.  El  Rimiyané,  de  menos  exten- 
sión, ofrece  esa  unidad  de  lengua  ^ 
de  doctrina  qae  caracteriza  la  obra  de 
no  solo  hombre.  Además,  Vyita  es 
en  la  iNoia  nn  personaje  casi  fabulo* 
so,  mientras  qae  i  VdmtH  se  le  ha 
tenido  siempre  por  nn  hombre  que 
realmente  ha  existido.  Este  solo  he- 
cho, uuido  i  la  perfección  literaria 
del  poema,  deraostrarfa  que  el  Rámá- 
jraas  es  posterior  al  Jtíaadbháraía.  El 
asanto  del  poema  se  refiere  i  la  con- 
i^uista  anana  del  Indostán  en  su  di- 
urno período,  pueato  que  la  conduce 
hista  la  .isla  de  íCfilin.  T  por  tiltímo, 
el  earieter  alegifrieo  de  los  personajes 
indica  una  época  m¿s  avanzada  en  el 
desarrollo  paotefsta  del  pueblo  indio. 
Sin  embargo,  la  orftica  no  encuentra 
modo  de  admitir  que  la  referida  epo- 
peja  descanse  sobre  un  fondo  de  tra- 
diciones realmente  históricas,  y  que 
Rima  haja  sido  en  efecto  el  conquis- 
tador j  civilizador  del  Mediodía.  Vol- 
viendo á  la  época  en  que  el  poema  de 
Tilmtki  fué  escrito,  debe  suponerse 
que  ^a  existía  cuando  los  antiguos 
navegantes  griegos,  anteriores  &  Ale- 
jandro, recorrieron  las  costas  del  mar 
Br^treoT  conocieron  las  Indias  sáns- 
critas. Bl  Rdatájfana  podría,  pues,  co- 
locarse entre  esta  época  j  la  de  Ho- 
mero; puesto  que  no  de|a  oi  aun  sos- 
pechar siquiera,  la  existencia  de  la 
leli^ón  bildhíea.  Aparte  de  esto,  los 
erítieos  europeos  tienen  que  examinar 
relativamente  i  este  poema,  asi  como 
para  la  grande  epopei^a,  las  partes 
realmente  antiguas  j  originales;  por^ 
que  es  evidente  que  algunos  fn^- 
mentosjrtodo  lo  que  concierne  ala 
encamación  de  Vishnu  en  R&ma,  son 
interpolaeiones. 

5.  Im  P»ráiMU.—hM  Purinas,  pa- 
labra qne  [>[>dría  traducirse  con  bas- 
tante •xaetitod  por  antigíuáadet,j  que 
deaiffna  ciertos  poemas  indios  que 
coauenen  varias  leyendas  humanas  6 
divinas,  recogidas  por  sus  autores  en 
las  tradiciones  nacionales  j  en  los  es- 
erítos  antiguos  de  los  brahounes,  per- 
tenecen al  ginero  épico,  con  algunos 
otros  poemas  de  menor  importancia. 
En  tiempos  remotos,  existían  varías 
obrma  poéticas,  llamadas  Pnrinas,  las 
nales,  6  se  han  perdido,  6  sus  textos 
no  han  llegado  hasta  nosotros.  Estas 
obras,  qne  quizás  se  remontan  á  la 
epoea  de  las  grandes  epopeyas,  han 
servido  de  puutu  d«  partida  á  las  P»- 
''4a««  actuales.  Las  Rosque  se  poseen, 
las  cuales  se  tienen  por  las  más  im- 
portantes, ofrecen  la  forma  de  las 
ep:>peya8;  la  naturaleza  de  las  doctri- 
nas que  en  ellas  sa  desarrollan,  pme- 

la  edad  moderna  de  su  composi- 
'  Um,  puesto  que  se  refieren  al  culto 
.-'  B  Us  eocaruacionas  de  \  ithau  j  de 


mt 

(^iva.  esto  es,  i  las  dos  religiones  más 
recientes  de  la  India.. 

6.  Lejfei  de  Ma%i.—h.  la  antigua 
literatura  india  corresponden  las  leaet 
deMani, 

7.  Código  de  TSjnavalkya.  —  Este 
código  es  mis  moderno,  puesto  que 
data  del  siglo  vi  de  nuestra  era. 

8.  Varios  géneros  de  erudición. — Las 
obras  relativas  á  la  legislación,  lia- 
ijadas  Dkarmacisiras,  son  numerosas 
en  la  literatura  sánscrita  y  correspon- 
den á  todas  las  épocas,  desde  los  di- 
versos códigos  que  llevan  el  nombre 
de  Mand,  hasta  nuestros  días.  A  estas 
composiciones,  de  una  extensión  ge- 
neral, hay  que  añadir  los  tratados 
especiales  en  que  están  contenidas  las 
prescripciones  y  las  reglas  propias  á 
cada  priictica,  a  cada  ejercicio,  a  cada 
función.  El  número  de  estos  tratados 
éli  considerable.— De  la  danza  india 
nació  el  drama  (en  prlkrito,  naiaj; 
como  de  las  fiestas  de  Baco  salió  el 
Coro,  el  cual  constituía  casi  por  sí  solo 
los  primeros  dramas  de  la  Grecia.  La 
•htnza  misma  parece  descender  de  las 
ceremonias  vedicas,  lo  que  explica  el 
por  qué  los  indios  atribuyen  al  drama 
un  origen  divino  y  suponen  un  poeta 
dramático  y  una  compañía  de  actores 
celestes  dando  representaciones  en  la 
corte  de  Indra.  Sin  embargo,  el  drama 
no  Ue^ó  á  conocerse  en  la  iNoii^hasta 
después  de  secularizada  la  danza:  sus 
asuntos  están  á  veces  tomados  de  la 
vida  ordinaria;  frecuentemente  apare- 
cen inspirados  en  la  tradición  épica 
del  ÁíaMikirata  ó  . del  Rámáyana;  al- 
gunos, en  el  Vida  mismo;  otros,  en  la 
Teyenda  de  Krisbna.  Las  composicio- 
nes dramáticas  antiguas  son,  ó  mito- 
lógicas, como  Vihrama  y  Urvact;  6 
de  intriga  y  carácter,  como  el  Carro 
deareiila  6  el  MndrÚrlUxata  (el  anillo 
del  ministro).  En  la  India  no  había 
teatro  público;  éste  se  componía  de  la 
corte  y  de  los  invitados;  los  actores, 

?[ue  pertenecían  á  los  dos  sexos,  no 
ormaban  una  clase  menospreciada. 
Una  representación  escénica,  hábil  y 
variada,  figuraba  los  objetos  fantásti- 
cos, como  los  naturales,  ^  algunas 
escenas  de  grande  espectáculo  para 
recreo  exclusivo  de  la  vista.  La  regla 
de  las  tres  unidades  se  reducía  sim- 

Slementa  i  la  unidad  de  acción:  el 
rama  en  da  suyo  romántico,  sin 
tocar  en  el  materialismo,  y  sin  exce- 
derse de  los  límites  de  la  verdad,  del 
buen  sentido  y  del  decoro.  Una  curio- 
sidad singularísima  nos  ofrece  el  tea- 
tro indio,  y  es:  la  composición  de  unas 
piezas  enteramente  metafísicas,  cuyos 
personajes  eran  ideas  ó  imágenes;  á 
este  género  pertenece  el  Prabddka- 
TcÁandrSdaya  ísalida  de  luna  de  la 
inteligencia).  Este  hecho  supone  un 
público  como  no  se  ha  conocido  otro 
Igual  en  ningún  teatro  de  Europa, 
antiguo  ni  moderno,  al  par  que  carac- 
teriza la  sociedad  culta  de  aquel  país. 
La  poesía  lírica  y  los  géneros  ligeros 
cuentan  en  la  India  numerosos  escri- 
tos: entre  éstos  debemos  citar,  como 
más  notables:  Za  Nube  mensajera  6 
Mégkadütat  que  se  atribuye  á  KlllidA. 


ÍÍÍDI  75 

sa,  el  poeta  más  célebre  de  la  India, 
cuya  composición  ha  servido  de  mo- 
d^o  á  muchas  obras  parecidas,  y  el 
QitO'tHvinda  (cauto  del  pastor),  de 
Javadéva.  El  estilo  de  esta  poesía  ro- 
mnntica  (excepHÓn  hecha  de  su  últi- 
mo poema,  que  es  una  especie  de  canto 
de  amor  místico  y  simbólico)  es  fre- 
cuentemente afectado,  y  algunas  ve- 
ces toma  cierto  carácter  sensualista 
y  hasta  libertino.  Este  género  data, 
por  lo  g^>neral,  de  los  tiemp  )s  en  que 
se  hallaban  en  todo  su  vigor  los  cultos 
de  Civa  y  de  Krisbna,  y  se  extendió 
en  los  comienzos  de  la  era  cristiana, 
conservándose  durante  la  dominación 
de  los  árabes. 

9.  La  fáb%lay  el  cuento. — La  fábula 
y  el  cuento  se  hallan  igualmente  re- 
presentados en  la  literatura  india  por 
varias  composiciones  importantes,  cu- 
ya existencia  está  ligada  á  la  histo- 
ria de  los  mismos  géneros,  en  Occi- 
dente. El  libro  más  antiguo  de  fábu- 
las es  el  Pantchalanlrif,  cuya  fecha  no 
se  puede  fijar;  pero  seguramente  no  es 
el  primer  libro  de  fábulas  que  había 
sido  escrito  en  aquel  país,  á  juzgar 
por  su  perfección.  La  naturaleza  délas 
creencias  religiosas  de  la  India  ponía 
al  ser  inteligente  en  rel.icióu  con  los 
irracionales,  hasta  el  punto  de  vivir 
en  común,  lo  cual  hizo  que  el  houibre 
sacase  las  realas  de  su  conducta  prác- 
tica de  los  hábitos  instintivos  del  ani- 
mal. No  hay,  pues,  motivo  para  con- 

Í'eturar  que  los  indios  hayan  imitado 
as  fábulas  griegas,  cuyo  género  pudo 
desarrollarse  del  mismo  modo  am  la 
influencia  de  la  India;  pero  es  punto 
perfectamente  averiguado  que  la  fá- 
bula vino  del  Asia  con  Esopo  el  Fri- 
gio, cuyo  personaje,  casi  mitológico, 
pudo  inventarla  ó  tomarla  de  los 
orientales.  Supuesto  cualquiera  de  los 
dos  casos,  resulta  que  la  fábula  es  una 
creación  de  Oriente.  El  Uiijpadtca 
(instrucción  saludable)  es  un  compen- 
dio del  Pantchataníra,  y  ambas  obras 
se  atribuyen  al  brahmán  Vishnucar- 
:  ma.  Schlegel  y  Lassen  han  dado  una 
traducción  latina,  que  fué  publicada 
en  1831;  Johnson,  una  inglesa,  en 
1848;  M,  Lancereau,  otra  francesa, 
en  1855;  pero  la  versión  alumana, 

Í»or  &f.  Benfey,  está  considerada  como 
a  más  fiel  y  perfecta.  Esta  última 
obra,  de  origen  brahmánieo,  no  con- 
tiene ninguna  aventura,  hecho  ni  pa- 
saje que  recuerde  el  budhismo,  y  pa- 
rece, si  no  anterior  á  esta  religión, 
contemporánea  al  menos  de  sus  pri- 
meros desarrollos. 

10.  Filosofía. — No  nos  es  posible 
tratar  aquí  en  detalle  de  la  literatura 
científica,  que,  por  sí  sola,  forma  en 
sánscrito  toda  una  biblioteca.  Entre 
las  obras  que  la  componen,  aparece 
en  primer  término  la  ttlosofía,  ya  por 
su  importancia  absoluta,  va  por  sn 
antigüedad  y  largo  desarrollo  históri- 
co. £1  período  vedico  había  ya  discu- 
tido ó  abordado  la  mayor  parte  de  las 
cuestiones  de  metaFísica  y  de  cosmo- 
logía, antes  que  estos  mismos  proble- 
mas fuesen  tratados  en  lengua  sáns- 
crita; no  ha  habido  interrupción  en 


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ÍNDÍ 


este  movimiento  de  ideas,  ni  en  el 
uso  de  las  dos  lenguas,  puesto  que 
ambas  han  coexistido  durante  algu- 
nos siglos.  En  el  Véda  y  en  los  más 
antiguos  Bráhmanai  es  donde  hzy  que 
buscar  tas  fuentes  de  toda  la  literatu- 
ra filosófica  de  la  India.  En  cuanto 
á  los  escritos  de  este  género  qne  le 
poseen,  la  existencia  de  antiguas  es- 
cuelas que  han  perpetuado  su  cele- 
bridad»  prueba  que  fueron  precedidos 
de  otros  muchos»  algunos  de  los  cua- 
les existen  aiia  indudablemente.  Los 
tratados  de  filosofía  llevan  el  nombre 
de  SUins,  hilo,  encadenamiento  de 
ideas.  Los  más  antiguos  ae  atribulen 
á  Kapila,  personaje  que  fué  diviniza- 
do luego,  j  á  quien  se  considera  coma 
el  fundador  del  sistema  sánkhua.  La 
metansica  del  budhismo  se  halla  es- 
trjchamente  ligada  á  ta  de  aquel  sis- 
tema, cujas  legendas  lo  presentan 
como  muj  anterior  al  Budba.  En  efec- 
to, todo  induce  i  conjeturar  que  Ka- 
pila  debe  corresponder  al  primer  pe- 
ríodo de  la  lei^ua  sauscrita.  Patanja- 
li,  j  después  Yálnaralkja,  fundaron 
j  aplicaron  á  la  vida  práctica  la  doc- 
trina del  Yó^a.  Estos  autores  apare- 
cen como  budhistaa,  (S  al  menos  como 
auxiliares  de  los  ascetas  de  «ta  reli- 
gión, en  un  tiempo  en  que  probable- 
mente no  era  aun  considerada  sino 
como  un  sistema  de  filosofía  moral. 
Haj,  por  lo  tanto,  una  relación  ínti- 
ma entre  los  libros  que  tratan  del  sis- 
tema sdnA&ya  j  los  que  exponen  el 
yóifa,  6  doctrina  de  la  unuí»  misíica. 
Entre  estos  últimos  debe  contarse, 
«demás  del  XII  libro  del  Mahábh&ra- 
tttj  la  Bhigavad'Git&,  que  aproxima 
la  doctrina  del  Yñga  al  culto  popular 
de  Krishna.  Este  hecho  parece  indicar 
que  aquel  poema  no  debe  ser  de  una 
focha  muj  antigua,  amén  de  qne  al- 
gunos de  sos  pasajes  hacen  sospechar 
que  sea  contemporáneo  de  la  predica- 
ción budhista  en  la  India,  la  cual 
comprende  por  sí  sola  una  larga  serie 
de  años.  En  esta  época  colocan  algu- 
noi  criticos  el  mavor  desarrollo  de 
esta  parte  de  la  literatura  filosófica 
entre  los  indios.  Al  lado  de  esta  es- 
cuela, florecía,  poco  tiempo  después, 
ta  fil'jsofí.-i  que  entrañan  los  Mítnánsá- 
KÍ:Íírits.  El  autor  del  más  antiguo  de 
ostos  libros,  que  se  da  como  el  revela- 
dor del  Sdma-  Véda^  es  Jaimini.  El 
ira  de  Bááaráyana  representa  el  se- 
g-undo  desarrollo  de  la  misma  doctri- 
na; y  sin  embargo,  la  autenticidad  de 
estos  dos  escritos  no  está  probada 
todavía.  Merece  (ütarse  también  el 
Bfáhma-Sútra,  el  cual  establece  que 
los  diferentes  sistemas  filosóficos  son 
más  ó  menos  erróneos;  que  el  mundo 
no  tiene  realidad  substancial,  jr  que 
sólo  Dios  existe  en  su  unidad  absolu- 
ta. Bsta  obra,  aunque  antigua,  es  de 
fecha  posterior  á  las  precedentes. 

1  i.  Lógica. — Lalógica  está  represen- 
tada en  sánscrito  por  una  larga  seriede 
producciones,  denominadas  también 
S'Uras,  que  se  enlazan  á  los  diferentes 
sistemas  de  filosofía  y  de  metafísica. 
Los  tratados  más  antiguos  se  han  per- 
dido ó  no  han  llegado  hasta  nosotros; 


mt 

los  más  recientes  han  sido  colecciona- 
dos bajo  los  nombres  de  Kanida  y  de 
Gdí'imi,  autores  de  época  incierta. 

Í2.  Gramática,  diccioaario,  retórica, 
poética,  métrica.— 'IjA  gramática  ocupa 
un  puesto  honroso  en  la  prodigiosa 
aglomeración  de  la  literatura  que  des* 
cribimos.  Piniui,  considerado  como  el 
legislador  de  la  lengua  sánscrita,  per^ 
tenece  á  una  época  muj  remota:  su 
Gram'íiea  es  estimada  como  un  libro 
de  inmenso  valor,  que  los  indios  han 
enriquecido  con  multitud  de  comen- 
tarios. Merece  mencionarse  el  vocabu- 
lario de  Amarasínha,  autor  contempo- 
ráneo de  Kálidísa,  según  algunos  crí- 
ticos. En  cuanto  á  los  tratados  de  re- 
tórica, poética  y  métrica,  compuestos 
en  diversos  períodos,  deben  reterirte, 
por  lo  lejano  de  su  origen,  i  la  edad 
antigua  de  los  Védas, 

i  s.  Attroítotnía,  números  decimallu, 
aritmética, álgebra. — La  astronomía  ha 
producido  en  la  India  un  número  bas- 
tante considerable  de  obras,  algunas 
de  tas  cuales,  de  una  importancia  real 
para  la  historia  de  esta  ciencia.  Los 
indios  han  sido  también  los  inventores 
de  los  números  decimales,  de  la  arit- 
mética y  del  álgebra,  transmitidas  al 
Occidente  por  medio  de  los  árabes, 
quienes  la  tomaron  nuevamente  de  los 
indios  con  la  astronomía. 

14,  Medicina.—ljL  India,  posee  mu- 
chos tratados,  que  son  preciosos,  ja 
considerados  en  si  mismos,  ja  bajo  el 
punto  de  vista  de  la  historia  de  dicha 
ciencia. 

15,  Otrot  rarttot. — La  literatura  in- 
dia abunda  en  tratados  relativos  á  la 
pintura,  escultura,  arquitectura  y  ar- 
te militar. 

16,  Literatura  búdhica, — Budha  apa- 
reció en  el  siglo  vi  antes  de  la  era 
cristiana  y  predicó  sin  escribir  una 
sola  letra.  Sus  predicaciones  se  diri- 
gían, ora  á  los  brahmanes,  ora  al  pue- 
blo, debiendo  notarse  que,  bajo  el 
concepto  metafísíct^  se  asimilan  al 
sistema  t&nkkga  y  no  contienen  nada 
de  nuevo;  pero  tendían  á  reformar  las 
costumbres  j  las  prácticas  religiosas, 
y  provocaron,  por  el  principio  de  la 
igualdad  de  los  hombres  ante  la  lej, 
la  abolición  de  las  castas,  y  por  con- 
secuencia, una  inmensa  revolución 
política.  Esta  tendencia  democrática 
de  la  reforma  se  hizo  sentir  en  toda 
la  literatura  búdhica,  porque  al  diri- 
girse á  las  masas  populares,  los  nue- 
vos predicadores  v  los  moralistas  se 
vieron  obligados  a  emplear  sus  expre- 
siones, su  lenguaje  y  sus  fíg^uras  de 
estilo,  y  á  separarse,  no  tan  sólo  de 
las  reglas  de  Pánioi,  sino  también  de 
lo9  hábitos  gramaticales  de  la  socie- 
dad cuita  de  su  tiempo.  En  la  litera- 
tura brahmánica,  el  prAkríto  no  apa- 
rece sino  accidentalmente  en  los  dra- 
mas; en  la  literatura  búdhica,  por  el 
contrario,  se  le  encuentra  en  todas 
partes.  Además,  las  necesidades  de  la 
enseñanza  popular  forzaron  al  maes- 
tro á  desenvolver  extensamente  sus 
ideas,  á  presentarlas  bajo  diversas 
formas  y  a  apoyarlas  con  ejemplos  é 
imúgene^,  de  donde  nace  la  difusión 


■mt 

que  reina  en  muchas  de  las  obras 
búdhicas,  sus  repeticioues  ^  sus  re- 
dundancias. Este  necho  explica  tam- 
bién el  inlpris  vivísimo  de  sus  narra- 
ciones j  la  impresión  profunda  que 
hicieron  sus  parábjlas.  El  sentimien- 
to moral,  la  caridad,  constituje  ordi- 
nariamente el  fondo  de  los  escritos 
búdhicos,  al  menos  de  los  antiguos, 
pues  las  doctrinas  metafísicas  j  las 
reglas  jerárquicas  no  fueron  expues- 
tas hasta  mucho  después  en  obras  es- 
peciales. Sin  embargo,  según  U  tra- 
dición, al  primer  concilio,  ^oe  se  re- 
unió en  el  llaghada  inmeidiatamente 
después  de  la  muerte  de  ^álEja-muni, 
dividió  ja  los  escritos  sagrados  en 
tres  series  comprendidas  bajo  el  nom- 
bre de  Tripitakaá  las  Tret  catas;  esto 
es,  las  tres  compilaciones:  la  primera, 
contenía  la  doctrina  de  Budha  con  el 
nombre  de  Sitrat;  la  segunda,  las  re- 
glas de  disciplina  ó  el  Vinaga;  la  ter- 
cera, la  metafísica  á  Ahkidhanna,  Esta 
división  primordial  ha  quedado  per- 
manente en  los  países  budhistas  del 
Norte  j  del  Mediodía.  Los  S&tras 
sánscritos  del  Nepal,  como  ha  demos- 
trado Eugenio  Burnouf,  son  dos  épo- 
cas diferentes  j  se  dividen  en  doscate- 
gorias:  los  SAtrat  simplet  y  los  grandes 
mitras;  éstos,  posteriores  por  la  len- 
gua, la  forma  y  la  doctrina,  no  son 
más  que  el  desarrollo  de  los  primeros 
j  presentan  al  maestro  en  medio  de 
una  corte  de  dioses  j  de  personaje! 
fantisticos,  que  no  se  encuentran  en 
los  S&iras  simples,  cuja  anterioridad 
está  demostrada  por  su  sencillez  rela- 
tiva. Los  jS4/riu  üúdbicos  más  anti- 
guos, los  que  se  remontan  al  último 
concilio,  ofrecen  el  cuadro  de  una  so- 
ciedad moral  y  materialmente  decaí- 
da por  el  exceso  mismo  de  su  civili- 
zación, lo  que  explica  claramente  el 
extraordinario  éxico  que  alcanzara  la 
predicación  de  Budha,  así  en  el  pue- 
blo bajo  como  en  todas  las  castas  de 
la  Indu.  Las  numerosas  obras  cono- 
cidas con  el  nombre  de  ToMtra^,  titulo 
que  designaba  ja  los  escritos  brah- 
mánicos  de  un  periodo  literario  más 
antiguo,  deb.:n  considerarse  coma  pos- 
teriores á  la  colección  del  TripUaka. 
Plagados  de  fórmulas  de  superstición 
j  de  magia,  los  Tantras  búdhicos  pa- 
recen ser  el  producto  de  una  alianui 
entre  el  culto  de  Budha  J  el  de  Civa: 
de  modo  que  este  último,  que  se  halla 
en  vig  >r  en  la  India,  se  encuentra, 
por  el  solo  hecho  de  su  unión  con  el 
budhismo,  colocado  entre  los  últimos 
desenvolvimientos  de  las  ideas  brah- 
mínicas.  El  examen  atento  de  los  li- 
bros búdhicos  servirá  grandemeatu 
para  resolver  importantes  cuestiones 
de  cronología  en  el  campo  inmenso  de 
la  literatura  indiana.  Parécenos  que 
aquel  examen  hará  p  isible  la  compa- 
ración de  las  tradiciones  del  Medio- 
día v  del  Norte  con  los  datos  que  su- 
ministran los  chinos  V  los  gríseos^, 
lográndose  fijar  el  enlace  de  las  doc- 
trinas filosóficas  j  religiosas  de  cad  < 
ép'jca,  así  como  el  carácter  de  su  esta- 
do social,  político,  moral  j  literario. 
Por  fortuna,  1  >a  estudios  sánscritos 


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INDI 


INDÍ 


INDÍ  77 


liaa  hecbtf  boUbles  progresos  en  Ii!u~ 
ropa,  de  algún  tiempo  á  esU  ^artc; 
sus  eoQocimieDtos  vaa  extendiéndose 
mis  cada  día;  j  todo  induce  ¿  creor 
que,  acrecentándose,  como  se  acie- 
cientan,  nuestns  relaciones  con  el 
Oriente ,  el  interés  hará  lo  que  no  ha 
podido  hacer  el  amor  de  la  ciencia  j 
tÁ  deseo  ilustrado  de  preparar  el  por- 
venir. 

S'i.  Analogías  torprendeñUf.—Sin 
poner  nada  de  nuestro  juicio,  sin  con- 
sultar en  modo  alguno  nuestras  creen- 
cias j  nuestros  sentimientos,  vamos  á 
exponer  el  prodigioso  cuadro  de  la 
teología  india,  ja  seg^n  el  contexto 
de  sus  libros,  ja  también  según  la 
opinión  de  los  eraditos  más  consuma- 
dos. Las  concordancias  que  se  echan 
de  rer  respecto  de  otras  religiones, 
son  tan  sorprendentes,  que  haj  un 
instante  en  que  se  apoderan  del  racio 
cinio  más  seTero,  de  la  conoieneia  más 
persuadida,  del  espíritu  más  profun- 
do. Dejemos  ahora  que  hablen  sin  ro- 
deos los  libros  j  los  sabios.  «Bosque- 
jado el  cuadro  que  precede;  dados  los 
antecedentes  que  dejamos  expuestos, 
bien  se  puede,  afirmar  que  la  especie 
de  maternidad  que  á  la  India  se  atri- 
baje,  es  de  todo  punto  irrefutable,  j 
que  Egipto,  Judea,  Grecia,  Roma, 
toda  la  antigüedad,  en  fin,  no  ha  he- 
cho otra  cosa  que  copiar  la  sociedad 
brahmánica  en  sus  castas,  sus  teorías, 
sus  religiones,  j  adoptar  sus  Brahmas 
6  divinidades,  sus  sacenlotes  j  sus 
levitas,  como  ja  anteriormente  había 
adoptado  la  lengua,  la  legislación  j 
la  fiiosona  de  la  primitiva  sociedad  de 
los  Védas. — Del  sánscrito  se  han  for- 
mado todas  las  lenguas  antiguas,  de 
las  cuales  se  derivan  las  modernas,  j 
tomado  sus  nombres  la  mitología  de 
lea  pueblos  primitivos;  j  así  se  ve  que 
el  Olimpo  griego  nació  seguramente 
del  Ulimpo  indio.  En  cuanto  á  la 
Iluda,  esiá  calcada  en  el  Rám&yana, 
así  como  las  fábulas  de  Esopo  son  las 
mismas  del  indio  Pilpaj  j  del  brah- 
mán Ramasamgajer.  La  historia  de 
la  filosofía  de  la  Inju,  sÍ  hemos  de 
creer  lo  que  dice  Coussín,  es  el  com- 
pendio de  la  historia  filosófica  de  la 
humanidad.  Bl  Véda,  considerado  en 
sns  himnos  más  antiguos,  no  ofrece 
el  menor  indicio  de  otra  filosofía  ni 
doctrina  religiosa  anteriores  á  las 
sajas.  Bl  desenvolvimiento  de  la  filo- 
sona  de  los  indios  ha  sido  original 
durante  el  lai^  período  de  su  du- 
ración: no  haj,  pues,  ni  asomo  de 
motivo  para  suponer  que  los  grie- 
gos bajiin  ejercido  sobre  ella  infiuen- 
cia  sensible;  antes  bien  está  demos- 
irado  que  en  la  época  en  que  los  anti- 
gnos  filósofos  de  la  Grecia  trajeron 
sus  conocimientos  de  lejanas  expedi- 
ciones por  el  Oriente,  ja  la  India 
había  visto  aparecer  sus  primeros 
glandes  sistemas  de  fiolosofía  védica, 
la  reacción  liberal  que  produjo  la 
leatntiva  de  Kfipila  j  la  profunda 
Hrmentación  de  ideas  de  donde  salió 
vlbudhismo;doctrinareformador8que  ¡ 
■  ino  á  cambiar  las  costumbres  j  los 
nsbitos  de  Oriente,  j  á  modificar  su  ¡ 


estado  social,  completamente  pertur- 
bado por  los  sacerdotes  brahmanes, 
predicando  U  igualdad  de  loshombres 
é  inslitujendo  una  lej  común,  un 
culto  universal,  en  oposición  con  los 
cultos  naturalistas  á  que  se  hallaba 
entregada  por  completo  el  J^sia.  El 
budhismo  fue  la  postrera  revolución 
religiosa  que  sufrió  la  India;  la  últi- 
ma que  puso  término  á  la  lucha  gi- 
gantesca j  á  la  emigración  en  masa 
de  los  pueblos  indios,  que  iban  en 
busca  de  países  en  donde  no  les  al- 
canzara la  venganza  de  los  brahma- 
nes. La  India,  pues,  no  llegó  á  ver  el 
budhismo  sino  durante  un  corto  espa- 
cio de  tiempo,  relativamente  á  la  lar- 
ga duración  de  su  historia,  debiéndo- 
sela considerar  como  la  tierra  clásica 
del  brahmanísmo;  religión  é  institu- 
ción social  que  han  resistido  á  las  in- 
vasiones sucesivas  de  los  mongoles, 
de  los  árabes  j  de  los  pueblos  de  Oc- 
cidente. No  es  en  el  VUa  ni  en  sns 
apéndices  donde  haj  que  ir  á  buscar 
los  elementos  de  esta  djctrina,  puesto 
que  el  Vtda  es  de  fdcha  anterior,  j  la 
major  parte  de  sus  manifestaciones  j 
comentarios  sou  concepciones  indivi- 
duales j  no  libros  canónicos.  Tres  es- 
critos contienen  principalmente  el 
drahmanismo  ortodoxo:  las  leves  de 
Maná;  el  Rám'iyana  y  el  MaAáhMrJÍa: 
el  primero,  bajo  la  forma  de  código; 
loi  restantes,  en  dos  grandes  acciones 
épicas.  Pero  el  brahmanísmo  no  ha 
dejado,  en  ningún  tiempo,  de  fundar- 
se en  la  autoridad  del  Véda,  que  es  el 
libro  revelado,  la  escritura  sagrada 
de  los  indios,  mientras  que  los  him- 
nos del  Riff-  Vtda  son,  en  su  mejoría, 
anteriores  á  la  creación  del  brahma- 
nísmo, si  bien  contienen  en  germen 
casi  toda  su  doctrina  religiosa  t  parte 
de  sus  instituciones  sociales.  La  reli- 
gión de  los  brahmanes  es  panteísta, 
en  su  doctrina  abstracta;  politeísta, 
en  su  culto;  espiritualista,  en  su  mo- 
ral. La  unión  del  panteísmo  con  un 
culto  j  tendencias  politeístas  tiene 
por  efecto  el  simbolismo  que  caracte- 
riza esta  religión,  j  la  asimila  á  la  de 
loa  antiguos  griegos.  Tres  concepcio- 
nes constitujen  sobre  todo  su  esencia: 
Brahma,  el  alma  del  mundo  ^  la  je- 
rarquía de  los  seres.  Por  encima  de 
todo  ser  individual,  se  ve  aparecer, 
hacia  el  fin  del  periodo  védico,  j  des- 
prenderse por  grados  de  toda  forma 
humana,  al  Ser  absoluto  é  invariable, 
despojado  de  todo  atributo  especial, 
de  todo  carácter  de  personalidad;  su 
nombre  es  neutral  como  él  mismo;  no 
ejecuta  ninguna  acción  determinada, 
ni  entra  en  relaciones  de  ningún  gé- 
nero con  los  seres  individuales;  no 
sjlo  difiere  de  ellos  absolutamente, 
sino  que  es  infinitamente  superior. 
He  aqui,  en  efecto,  la  naturaleza  del 
panteísmo:  sin  admitir  la  doctrina  oc- 
cidental j  semítica  de  la  creación, 
conserva  entre  el  Ser  absoluto  y  los 
dem^s  seres  una  distancia  infranquea- 
ble. Decir  que  en  el  brahmauismo 
todo  es  Dios,  es  confundir  esta  reli- 
gión, profundamente  concebida  j  lle- 
na de  grande;£a,  con  los  cultos  feti- 


chistas de  los  salvajes.  La  substancia 
inñnila,  que  es  BraAma,  tiene  por  de- 
bajo á  los  grandes  diose8,  deIos  cuales, 
el  más  elevado,  SraAmi  (nombre  mas- 
culino), se  llama  el  gran  creador  de 
los  mundos.  ¿Cómo  está  primer  prin- 
cipio activo  j  maseulino  ha  podido 
salir  de  Im  substsncia  íi^nita  de  Brah- 
ma? Los  indios,  para  responderá  esta 
preg  nti,  han  concebidi)  á  Mayi,  cu* 
JO  n  mbre  significa  magia,  ilusión  r 
cuja  significación  metafísica  es  la  de 
materia  (medida  j  Hmite,  tiempo  j 
espacio).  J/a^d  ue  es  un  personaje, 
sino  en  un  sentido  misterioso  j  simbó- 
lico; en  sí  mismo  no  es  absolutamente 
nada,  j  corresponde  á  lo  que  Platón 
llama  el  topos,  1%  madre  utii versal,  la 
para  y  simple  posibilidad  de  más  y  de 
menos.  Brahtní  no  es,  poes,  eterno 
como  Brahml,  sino  que  existe  en  la 
duración  iafinita,  pero  divisible,  del 
tiempo:  las  leyes  del  Mané  dan,  para 
fijar  el  dogma  á  h»  ojos  de  la  Qiul- 
titud,  la  duración  del  día  de  Brahmí 
j  de  sus  subdivisiones.  El  alma  4el 
mundo,  ParamiíMi,  es,  respecto  del 
universo,  el  principio  únieo  de  la 
vida,  que  procede  de  Brahmft:  tomada 
de  su  unidad,  no  tiene  eoneiencía  de 
sí  misma  j  no  coastituje  una  divini- 
dad; pero,  en  virtud  del  principio  in- 
telectual, M.mas,  que  as  el  vunos  de 
los  griegos  j  el  meas  de  los  latinos;  de 
ella  nace  J.AaMÍ(irJ,  cu  jo  genio  re- 
presenta el  yo;  esto  es,  la  personalidad 
necesaria  de  los  seres  iutoligentes  de 
todo  orden.  De  aquí  resulta  que  la  in- 
teligencia es  la  causa  de  la  individua- 
lidad j  de  la  parsonalidad  de  los  se- 
res; j  como  el  ViuM4  proviene  del  alma 
del  mundo,  de  la  eual  es  una  forma 
determinada,  j  el  alma  misma  trae  su 
origen  A»  Brahmd,  se  ve  que  todos  Ijj 
seres  tienen  su  priucipio  en  «ste  gran 
creador,  del  cual  se  alejan  tanto  me- 
nos, cuanto  más  desarrollado  j  mejo.* 
dirigido  ae  halla  en  ellos  el  principi  a 
intehctual;  estoes,  la  razón.  Tales  son 
los  principios  metafísicos  que  condu- 
j  eroc  á  los  brahmanes  á  su  gran  teorí^i . 
de  la  jerar^ía  de  los  seres.  En  efec- 
to, la  dignidad  de  cada  uno  de  ellos 
crece  ó  disminuje  con  su  inteligen- 
cia, j  sólo  por  el  predominio  de  la 
razón  pueden  aproximarse  á  su  ori- 
gen, que  es  BriMm&.  Todo  lo  que  sir- 
va de  obstáculo  á  la  inteligencia;  todo 
cuanto  puede  oscurecerla  o  aminorar- 
tiende  á  alejarlos  j  hacerles  descen- 
der en  esa  jerarquía  en  que  se  hallan 
clasificados  por  su  propia  naturaleza 
espiritual.  Por  la  inteligencia  de  que 
están  dotados,  se  elevan  los  seres  ha- 
cia el  Creador  j  se  unen  á  él  mental- 
mente; por  la  pasión,  son  arrastrados 
hacia  los  objetos  materiales,  cuva 
magia  j  encanto  los  envuelve,  los  se- 
duce j  los  sepulta  eu  las  tinieblas  de 
la  ignorancia:  j  una  vez  privados  de 
la  inteligencia  j  de  toda  conciencia  de 
sí  mismos,  descienden  á  los  últimos 
peldaños  de  la  escala  de  los  seres, 
cuja  cima  ocupa  el  Dios  del  univer- 
so,— Toda  la  legislación  de  la  India 
se  encuentra  igualmente  en  Roma, 
legataria  de  Egipto  j  de  Grecia;  exa- 


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78 


ÍNDÍ 


tlíDt 


míoenae  las  leyes  indias,  codificadas 
miles  de  años  ahtes  de  la  venida  de 
Cristo;  véanse  los  libros  8,*  j  9.*  del 
famoso  código  de  Maná,  que  tratan 
de  las  lejes  civil  j  criminal,  del  pro- 
cedimiento, de  la  conciencia  pública, 
de  los  testigos  j  del  testimonio,  y  de 
las  lejes  penales  para  los  crímenes  j 
delitos,  j  se  veri  que  el  juramento, 
la  propiedad,  U  prueba,  el  testamen- 
to, el  interés,  la  caución,  la  multa,  la 
prenda,  la  fianza,  el  arriendo,  el  al- 
quiler, la  hipoteca,  el  mateimonio,  en 
una  palabra,  todos  loi  derechos  y  to- 
das las  acciones  de  los  hombres,  han 
pasado  sucesivamente  de  la  India,  á 
nuestra  legislación.  El  código  de  Ma- 
ná, M&navúrdhartM'Qastra^  se  halla 
dividido  en  doce  libros,  comprendien- 
do 5.370  versos,  en  la  edición  publi- 
cada en  París,  en  1830;  en  los  cuales 
se  exponen,  como  enseñanza  revela- 
da, los  preceptos  de  la  ley.  Maaú  es 
el  nombre  de  un  ser  superior,  fre- 
cuentemente citado  en  la  literatura 
india:  su  primera  mención  se  en- 
cuentra en  el  Rtg-  VtíU,  monumento 
rl  mis  antiguo  aú  pensamiento  hu- 
mano, en  donde  aparece  como  el  padre 
común  de  tos  hombres;  loa  poetas  le 
atribuían  la  institución  del  sacrificio; 
los  arias  del  Indo  le  consideraban 
como  su  primitÍTO  legislador,  desde 
antes  que  descendieran,  hacia  el  Sud- 
este,  á  los  valles  del  Yamun&  y  del 
Ganges.  Este  fiimoso  sabio  de  la  In- 
dia, llamado  comunmente  «el  hijo  de 
Snajfambhuvapt  es  decir,  de  «aquel  que 
existe  por  sí  mismo,>  no  es  un  per- 
sonaje exclusivamente  indio,  puesto 
ue  su  origen  se  pierde  en  la  noche 
e  las  edades  antehistóricas;  las  tra- 
diciones le  hacen  remontar  i  los  tiem- 
pos en  que  su  rasa  vivía,  en  su  nnidad 
primordial,  &  lo  largo  de  las  orillas 
del  Oxus,  Toda  su  legislación  esti 
fundada  en  el  Vtíía;  el  espíritu  gene- 
ral que  anima  sos  leyes  puede  resu- 
mirse en  estas  dos  frases:  jntrvfa/Uioi 
y  sforej;  tnhordinae^  de  lot  kom&ra 
entre  ti.  Los  elementos  que  componen 
esta  sabia  legislación,  se  hallan  tan 
estrechamente  unidos,  que  es  muj  di- 
fícil determinar  si  las  castas  han  sido 
creadas  para  conservar  el  espíritu  re- 
ligioso, ó  si  la  doctrina  religiosa  fué 
concebida  ea  vista  de  la  conservación 
de  las  castas.  No  es  posible  suprimir 
□i  modiScar  ninguna  de  las  partes 
esenciales  que  constituyen  este  gran- 
dioso monumento  de  la  legislación  in- 
dia, sin  que  se  venga  abajo  toda  la 
obra. — No  menos  notables  que  las  an- 
teriores, son  también  las  analogías  que 
se  echan  de  ver  entre  las  religiones 
budhísta  y  cristiana.  El  budhismo,  se- 
gdn  H.  Dufa  j,e8  el  cristianismo  délas 
razas  amarillas.  La  profunda  diferen- 
cia que  existe  entre  las  dos  religio- 
nes, es  Correlativa  i  la  diferencia  de 
las  razas  que  han  practicado  el  origi- 
nal védico-brahmanico.  En  efecto,  las 
religiones,  como  las  demás  institu- 
ciones sociales,  son  producto  peculiar 
del  genio  de  cada  raza;  y  aparte  del 
elemento  tradicional  ^ue  conservan, 
llegan  al  nirel  moral  e  intelectual  de 


los  pueblos  que  las  adoptan.  Budha  j  discípulos  para  la  predicación  ;  final-' 
hubiera  sido  Jesús  en  el  Occidente,  I  mente,  fué  conducido  al  suplicio  por 
mientras  que  Jesús  habría  sido  Budha  I  los  enemigas  de  sus  doctrinas,  y,  al 
en  el  fondT  de  la  India.  Ambos  refcr-  espirar,  tembl'í  la  tierra  y  se  cubrió 


madores  tuvieron  un  mismo  modelo, 
Xritkna,  el  hijo  de  la  virgen  Dewna- 
guy,  la  encarnación  más  alta  de  Vísh- 
nu,  sobre  la  cual  está  basado  el  su- 
bli.ne  do^.na  del  Redentor  cristiano. 
Jezeut  ArisAna,  como  Budha  y  como 
Jeaít  Cristo,  vino  i  cumplir  la  pala- 
bra de  Dios  y  rescatará  la  humanidad 
de  los  pecados  cometidos  por  sus  ante- 
cesores. El  nacimiento  de  aquel  Re- 
dentor esti  anunciado  en  Ins  pr  'fecíaa 
del  Génrit  indio,  el  cual  explica  la 
creación  del  mundo,  la  rebelión  de  los 
dfvat  6  ángeles,  el  nacimiento  de 
Adhina  j  de  ffeva,  el  diluvio,  que  la 
cronología  india  señala  al  fin  del  tma- 
para  yuga,  es  decir,  tercera  edad  de  la 
existencia  ,del  mundo  (más  de  cuatro 
mil  años  antes  de  nuestra  eraS  y  de 
cuyo  catacli.smo  salóse  salvaron  Wai- 
msvaía,  su  familia,  las  semillas  de 
las  plantas  y  una  pareja  de  todos  los 
animales,  que  aquél  encerrara  en  el 
buque,  construíao  por  consejo  del  Se- 
ñor. Las  obras  de  teología  más  autén- 
ticas relatan  igual:netite  la  vida  de 
Devant^ay,  la  Virgen  María,  el  naci- 
miento de  KrükM,  las  persecuciones 
del  tirano  de  Madura,  la  degollación 
de  los  inocentes,  la  infancia  del  Re- 
dentor, su  vida  militante,  sus  máxi- 
mas, sus  parábolas,  su  enseñanza  filo- 
sófica y  religiosa,  y,  por  último,  su 
muerte  en  las  orillas  del  Ganges,  ca- 
lificada de  «verdadero  asesinato  sacer- 
dotal.» Krishua.como  Budha  después, 
como  Jesús  más  tarde,  se  había  ro- 
deado de  algunos  discípulos,  los  cua- 
les continuaron  luego  en  su  prístina 
pureza  la  predicación  del  maestro, dis- 
tinguiéndose, entre  todos  ellos,  un  jo- 
ven llamado  Ardjuna,  descendiente  de 
una  de  las  principales  familias  de  Ma- 
dura, el  cual,  abandonándolo  todo,  se 
unió  i  su  maestro,  jurando  consagrar- 
le toda  su  existencia,  y  ayudíudole 
en  la  propagación  de  sus  salvadoras 
doctrinas.  El  bautismo  cristiano  no  es 
iitra  cosa  qus  el  bautismo  indio:  los 
partidarios  de  Krishua  tienen  un  río 
sagi-ado,  el  Ganges,  como  los  sectarios 
de  Juan  Bautistt  tienen  el  suyo,  el 
Jordán,  sirviendo  ambos  igualmente 
para  lavar  la  mancha  de  origen.  Pero 
esta  costumbre  nació  en  el  extremo 
Oriente,  en  el  país  cliísico,  digámoslo 
así, de  las  abluciones  religiosas.  Cuan- 
do se  lee  la  historia  legendaria  de 
Budha  Sakyamuni,  dice  un  erudito, 
no  parece  sino  que  la  vista  recórrelas 
pág;inas  de  San  Mateo,  eapítulot  /,  //, 
/f  y  XXVII.  Segdn  la  leyenda, 
Sa'tyamuni  nació  de  una  virgen  de 
estirpe  real,  cuando  reinaba  la  paz  en 
toda  la  tierra;  se  profetizó  su  naci- 
miento; fué  en  su  cuna  adorado  por 
reyes;  presentado  al  gran  sacerdote 
del  templo,  quien  le  vaticinó  que  lle- 
garía a  realizar  grandes  empresas; 
niño  aún,  asombró  con  su  sabiduría  á 
los  doctores;  se  retiró  al  desierto,  don- 
de hizo  penitencia  durante  diez  añ  )s; 
fué  tentado  ñor  el  demonio;  escogió 


el  cielo  de  sombras.  Según  JaeoUiot, 
la  opinión  científica  de  la  India  anti- 
gua, sobre  la  creación  universal,  fué: 
que  el  principio  material  y  el  priiici- 

fiio  de  vida  se  uqieron  en  el  agua  bajo 
a  influencia  del  calor,  y  que  el  ser 
animado  ha  ido  progresando  por  las 
üolas  fuerzas  de  la  naturaleza,  elevin-. 
dose gradualmente,  de  un  tipoinfertor 
r'i  un  tipo  superior,  desde  la  mónada 
primera  hasta  la  prodigiosa  creación 
del  hombre.  La  l'>yenda  sacerdotil  dió 
origen  á  las  anticuas  legislaciones  y 
creó  en  el  mundo  el  derecbu  divino 
del  sacerdote  y  del  rey,  las  castns  y  la 
esclavitud.  La  leyenda  p>ética  inven- 
tó las  fábulas  que  después  produjeron 
todos  los  gérutx^,  acomodándolas  á  tas 
épocas  y  á  los  pueblos  á  que  se  desti- 
naron. El  caos,  el  espirita  divino  na- 
dando sobre  las  aguas,  la  separaeián 
de  la  luz  y  las  tinieblas,  la  creación 
del  cíelo  y  de  la  tierra  .en  seis  días;  el 
séptimo  en  qne  el  Señor  descansó, 
después  de  ver  que  era  buena  su  obra; 
la  rebeli  ín  de  los  ángeles,  que  eran 
arrojados  &  los  inflemos,  todo,  en  flUi 
se  halla  en  los  antiguos  libros  de  la 
India,  incluso  el  pecado  original.  He 
aquí  con  qué  senctllezy  delicadeza  se 
da  cuenta  de  la  caída  ^el  p-imer 
hombre. — «Distinguió  al  hombre  por 
la  fuerza,  la  estaturayla  maj.!stad,y 
le  llamó  AdAima  (en  sánscrito,  el  pri- 
mer hombre);  dió  á  la  mujer  en  dote 
la  gracia,  la  dulzura,  la  belleza,  y 
la  llamó  ffeva  (en  sauserito,  16  que 
completa  la  vida).  Entopces  Ádhima, 
volviéndose  haoia  su  mujer,  la  miró, 
y  su  corazón  latió  ñiertemente  en  su 
pecho  á  la  vista  de  tan  perfecta  her- 
mosura. Ella  permanecía  en  pie  de- 
lante de  él,  sonriéndose  con  virginal 
candor  y  turbándose  por  desconoci- 
dos deseos;  sus  largos  cabellos,  ex- 
tendidos en  derredor  de  su  talle,  se 
entretejían  en  caprichosos  rizos,  sir- 
viendo de  velo  á  su  púdico  rustro  y  á 
su  desnudo  seno,  que  la  emoción  co- 
menzaba á  agitar.  Adhima  se  aproxi- 
mó á  ella;  pero  temblando.  El  sol  iba 
á  desaparecer  en  el  Océano;  Adhima 
se  aventuró  entonces  á  pasar  la  mano 
por  la  cabellera  perfumada  de  su  com- 
pañera; sintió  como  si  un  escalofrío 
invadiese  el  cuerpo  de  Heva,  y  este 
escalofrío  se  apoderó  de  él  también. 
Tomóla  entonces  en  sus  brazos  y  la 
dió  el  primer  beso,  pronunciando  muy 
bajo  el  nombre  de  Heta,  que  se  le 
acababa  de  dar.  <¡A.dbiraa!>  murmuró 
suavemente  la  mujer  al  recibirle.  Y 
vacilante,  desvanecida,  se  desplomó 
en  los  brazos  de  su  esposo. — La  noche 
había  llegado  coa  sus  misterios;  los 
p'ijaros  apag.iban  sus  cantos  en  los 
bosques;  la  voluntad  del  Todopode- 
roso estiba  cumplida,  porque  había 
nacido  el  amor,  previa  la  unión  de 
U)S  dos  sexos.  .\.sí  lo  había  querido 
Brabma,  para  enselvar  á  sus  eriatunis 
que  la  compañía  del  hombre  y  la  mu- 
jer, sin  el  incentivo  del  amor,  sería 


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INDI 

nnt  monstraoaidad  contraria  i  la  na- 
taraleza  j  i  sa  lejr.  Bste  h«cbo  tenía 
logar  en  la  isla  de  Ceilin,  ó  aea  en  el 
paraíso  de  la  India,. 

S3.  Todavía  sowwt  eriiUamt.—'Ño 
parece  sino  que  el  origen  tiene  nn  es- 
píritu aniversal  que  se  transmite  £  los 
oi^aismos  de  la  vida,  dando  su  alien- 
to j  su  inspiración  á  todas  las  formas 
derivadas  del  principio  común.  Así 
acontece  que,  al  leer  el  HhnAyana,  se 
nos  figura  que  leemos  la  lllada,  ó  al 
leer  U  lUada,  se  nos  figura  que  lee- 
mos el  R^mi^ana.  Pero  hecha  abstra"- 
ción  de  esta  metafísica  íncompreosi- 
ble,  casi  digmntica,  de  los  hechos  orí 
ginarios,  ¿podrá  decirse  que  la  Iliadn 
está  bisada  sobre  un  poema  indio, 
que  el  autor  del  poema  griego  no  o^ó 
nombrar  tal  vez?  Algunos  filólogos 
lleTtn  ten  adelante  su  orientalismo, 
que  Ten  en  los  poemas  de  la  Grecia 
meros  plagios  de  los  poemas  de  la 
Im>ia,  cujas  ridiculas  exageraciones 
no  merecen  una  seria  refutación. 
j[G6mo  se  pUgia  la  guerra  de  Trova'' 
j^Cómo  se  plagian  us  divinidades  y 
los  héroes^  ¿Cómo  se  plRgi:in  los  rui- 
dos armoniosos  del  inmortal  ciego  de 
Ksmirna?  Bu  fin,  ¿cómo  se  plagia  el 
atma  del  poeta  HomeroV  Quien  fuera 
capaz  de  plagiar  ese  espíritu,  sería 
capaz  de  crear  el  mundo  de  la  nada, 
puesto  que  sería  capas  de  plagiar  á 
Oíos.  Grande  j  original  as  el  RámA- 
jfana;  grande  y  original  es  también  la 
/liada.  Si  vale  expresar  nuestro  pare- 
cer respecto  de  la  epopeja  última, 
afirmamos  que  no  es  ciertamente  más 
originil;  pero  que  es  más  grande. 
Ahora  decimos  acerca  de  la  religión, 
lo  que  acabamos  de  manifestar  aoerra 
de  la  poesía.  Asi  como  la  litada  no 
tiene  explteación  posible  fuera  de  Ho- 
mero, asi  la.  historia  y  la  legislación 
del  moaafsmo  no  pueden  tener  expli- 
cación posible  fuera  del  gran  legisla- 
dor israelita,  en  armonía  con  su  pre- 
destinación religiosa  j  con  los  secre- 
tos del  Altísimo.  Se  copia  una  expre- 
sión, se  copia  una  idea,  se  copia  una 
imagen;  pero  no  se  copia  la  inmensa 
creación  de  un  Uoisés;  más  claro,  no 
se  copian  los  genios.  Y  si  esto  no  ad- 
mite duda  respecto  de  Moisés,  menos 
duda  debe  admitir  respecto  de  Jesús, 
complemento  final  de  la  ley  y  de  la 
prufecíi.  ¡Se  habla  de  copias!  ¿Cómo 
ae  opia  la  sencillez  del  BvangelioV 
¿Cómo  se  copia  la  sublimidad? ¿Cómo 
se  copia  el  llanto  de  la  Virgen  María? 
¿Cómo  se  copia  aquella  lágrima,  la- 
ineatación  profunda  de  todas  las  ge- 
nencioues,  suspiro  de  la  tierra,  últi- 
mo modelo  de  la  moral,  último  mode- 
lo del  arte  *  Hablando  del  conjunto  de 
iiiittstras  Sagradas  Kscrituras,  pregun- 
ta nos  también:  ¿cómo  se  copian  esas 
initagrusas  genealogías,  que  han  ve- 
nido perpetuándose  y  cumpliéndose 
á  -sde  el  fondo  de  los  tiempos  bíblicos 
hasta  »1  día  postrero  de  la  Revelación; 
es  deCi r. désdeel Paraíso  h  ista  Patmos, 
desde  Átium  hasta  el  Evangelista,  des- 
de el  (renetit  hasta  el  Apocalifisi  de 
san  Juan.''  ¿Cómo  se  copian  tantos  ar- 
canos, tantos  portentos,  tantas  belle- 


INDI 

zas,  tantas  maravillas?  ¡Ahí  Un  Tios 
se  concibe,  se  siente,  se  ama,  se  ado- 
ra; no  se  dibuja:  un  Dins  se  reve- 
la; no  se  plagia.  Las  concordancias 
de  la  teología  de  los  indios  respecto 
de  otras  religiones,  no  quieren  de  ir 

2ae  sean  meros  plagios  las  creencias 
e  los  demás  pueblos.  Lo  que  prue- 
ban, es  que  la  iNoia  sirvió  de  cuna 
al  pensamiento  del  género  humano, 
lo  cual  explica  naturalmente  el  que 
allí  encontremos  las  tradiciones  re- 
ligiosas de  los  tiempos  vírgenes,  ini- 
ciaciones venerandas  del  vaticinio  y 
de  la  fe.  plegarias  solemnes  de  los 
primeros  hombres,  memorias  divinas 
de  augustos  misterios;  ó,  lo  que  es  lo 
mismü,  memorias  divinas  de  todas  las 
memorias  humanas.  Tampoco  admiti- 
mos, porque  no  lo  creemos,  que  el 
evangelista  cristiano  copiara  de  la  In- 
DT&,  cuando  tenia  delante  su  original, 
sin  hacer  menciín  de  que  un  san  Ma- 
teo tiene  bastante  con  no  Cristo;  como 
no  admitimos  de  la  propia  manera  que 
los  jurisconsultos  romanos  opiasen 
sus  códigos  de  tal  6  cual  libro  de  Me- 
nú, que  no  conocieron  probablemente. 
Lo  que  admiti-nos,  es  que  las  gran- 
des necesidades  de  la  vida,  del  enten- 
dimiento y  de  la  conciencia  son  comu- 
nes á  todos  las  hombres;  lo  que  cree- 
mos y  profr-saraos,  es  que  el  tiempo 
comprende  por  iguales  partes  á  todos 
ios  siglos,  por  cuya  razóii  es  el  cristal 
de  la  Providencia  en  donde  vienen  á 
reflejarse  todas  las  historias,  todas  las 
emociones,  todas  las  esperanzas,  todas 
liis  leyes,  todos  los  principios,  todos 
los  dogmas,  todos  los  mundos.  Por 
consecuencia,  considerándonos  i  nos- 
otros mismos  como  generací  >n  hama- 
na  y  raza  política,  admiramoa  las 
grandes  cosas  del  extremo  Oriente; 
pero  continuamos  apellidándonos  hi- 
jos de  Grecia  y  Roma.  Como  seres  ca- 
paces de  convencimiento  religioso,  no 
desconocemos  las  excelencias  del  bu- 
dhismo;  pero  ontinuamos  apellidán- 
donos hijos  del  fiazareno,  hijos  de  M^- 
ría,  hijos  d.>l  Calvario,  engendrados 
en  los  santos  dolores  de  la  Cruz.  Nues- 
tra Biblia,  en  su  período  hebreo  y 
cristiano,  está  considerada  por  todos 
los  sabios  como  el  primer  libro  de  la 
tierra,  enunciación  la  más  portentosa 
de  la  esencia  divina  y  de  la  mente  Im- 
mana.  ¡Se  habla  de  copiar!  ¿Cómo  se 
copia  eao?  .Si  el  copiar  bastase  á  pro  - 
pósito  de  las  Bscrituras  Sagradas,  es 
evidente  que  pudieran  existir  muchas 
copias.  Pues  ¿cómo  acontece  que  en  t:l 
transcurso  de  mis  de  dos  mil  quinien- 
tos años  no  se  ha  escrito  más  que  una 
Bihliaf  ¿Cómo  acontece  que  la  huma- 
nidad Rí)ngr.!gada  no  sería  capaz  de 
añadir  una  letra  al  mibgro  de  nues- 
tros dogmas'  En  fin,  lo  repetimos: 
iod'ivia  tomi'X  crisíiinos. 

S4.  Co¡iclu<:ióii. — Hemos  llegado  al 
último  término  del  presente  artícul'». 
al  cual  hemos  dado  toda  la  e:itensi  nt 
que  de  nosotns  reclamabau  la  imp  >r- 
tancia  y  trascendencia  de  las  materias 
que  en  él  se  tocan,  cuyo- conocimien- 
to, siquiera  sea  superfícial,  considera- 
ra s  del  mayor  interés  para  la  erudi- 


INDI 


79 


ciún  de  nuestra  patria.  Con  efecto^ es- 
tudiar la  Imdia,  como  dice  Jacolhott 
es  remontarse  á  los  primitivos  oríge- 
nes del  linaje  humano;  su  pasado  y  su 
porrenir,  como  afirma  De  Jancigny, 
intaresan  en  el  más  alto  grado  á  la 
humanidad  entan,  porque  el  nasado 
de  la  iNDiA-enaerra  en  sus  profundi- 
dades algunas  de  las  principales  reve- 
laciones-de-la  historia  del  mundo,  y 
su  porvenir  se  liga  de  una  manera 
cada  vez  más  íntima  á  la  suerte  de  las 
grandes  naciones  europeas.  Por  otra 
parte,  bajo  el  punto  de  vista  científi- 
co y  bajo  el  del  complemento  intelec- 
tual de  la  especie  humana,  el  estudio 
de  los  tiempos  anti^os  de  la  India  6 
del  mundo  brabmanico,  forma  esen- 
cialmente parte  integrante  del  pro- 
greso de  toda  la  tierra,  al-mismo  tiem- 
po que,  mirado  como  dogma  del  poN 
venir,  pertenece  sin  duda  á  los  gran- 
des aroanos  del  espíritu.  Tal  es  la 
India,  Tastístma  re¿itfn  del  Asia  me- 
ridional, considerada  como  la  más  ci- 
vilizada del  mundo  antiguo,  cuna  del 
saber  t  de  las  creencias  religiosas  de 
todos  IOS  pueblos,  teatro  de  Tm  revo- 
luciones más  formidables,  de  las  ha- 
zañas más  heroicas,  de  los  sucesos  más 
inesperados,  más  grandes  y  maravi- 
llosos que  registran  los  fastos  del 
mundo;  tierra  feracísima,  vegetación 
incomparable,  historia  üamaaa  á  des- 
correr el  velo  que  nos  oculta  cien  civi- 
lizaciones perdidas,  pueble  que  ii.tn 
visitado  los  filósofos  más  profundos, 
ios  más  grandes  historiadores,  los 
hombres  más  ávidos  de  ciencia,  los 
especuladores  más  atrevidos,  y  cuya 
conquista  llevaron  i  cabo  los  héroes 
mis  famosos  de  todas  Us  edades. 

BriHOLoafa.  Sánscrito  Sindkiu, 
nombre  del  Indo,  río:  Utín,  I»iía; 
italiano,  India;  catalán,  India;  fran- 
cés, Indi. 

Indiana.  Femenino.  Tela  de  lino 
ó  algodón,  ó  de  mezcla  de  uno  y  otro, 
pintada  por  un  solo  lado. 

ETiuoLoaÍA.  India,  de  donde  proce- 
de: catalán,  indiana. 

Indianero,  ra.  Masculino  y  feme- 
nino. El  que  trabaja  en  fábricas  de 
indiana. 

Indianista.  Masculino.  La  persona 
conocedora  de  la  lengua  de  los  indios. 

Indiano,  na.  Adjetivo.  El  natural, 
pero  no  originario,  de  la  India  ó  las 
Indias,  y  lo  que  pertenece  á  las  mis- 
mas. I  Llámase  umbién  asi  al  que 
vuelve  rico  de  ellas.  |  de  hilo  nkoro. 
Avaro,  miserable,  mezquino. 

Ktiuología.  India;  latín  de  las  íiis- 
cripci'>nes,  indiánus:  italiano,  indiano; 
t'ranc  -s,  (tu/iVif; catalán,  india,  indiana. 

Indias.  Femenín  >  ^)lural  meiafóri- 
eo.  Riquezas,  preciosidades.  |  Tenüu 
UN  TÍO  BN  Indias.  Locución  proverbial 
con  que  hacemos  burla  de  quien  se 
promete  villas  y  Castillas,  sin  más 
ayuda  que  la  de  un.deseo  casquivano, 
despertador  de  necios  caprichos. 

Etiuúloqía.  Indias  eceidmtalit. 

IndibiL  Jefe  de  loa  ilergctes  de 
Espa  :ia,  que  vivía  «n  el  siglo  lU  antes 
de  nuestra  era.  Hizo  alianza  oon  los 
cartagineses,  jr  gand  oon  lu  auxilio 


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80  INDI 


INDI 


INDI 


una  completa  victoria  á  BscIpMn,  en 
p\  a5o  211,  Después  se  uniiS  a  los  ro- 
manos, esperando  que  le  degaríaa  su 
reino;  pero  engañado  por  éstos,  se  re- 
belij  contra  ellos  j  los  derrotó  en  va- 
rias ocasiones,  muriendo,  por  fin,  en 
una  batalla  dada  en  el  aflo  205  antes 
de  Jesucristo. 

Inücación.  Femenino.  La  accidn 
ó  efecto  de  indicar.  I  ¿ÍK^útM.  Noción 
suministrada  por  u  examen  del  en- 
iFecmo,  de  la  cual  puado  dedacirae  el 
tratamiento  que  debe  emplearse. 

firiuoLoaía.  iniicor:  latín,  indt€&- 
fÜo,  precio,  tasa,  estimación  material 
de  las  cosas,  en  Ulpiano;  señal,  en 
Plinio:  catalán,  indieacUi  francés,  *«- 
dicaíion. 

SiNONiuiA.  IndicaeüSnt  intinttaeiá», 
advertencia,  fretenciónt  obtenación.  La 
indicado»  no  dice  nada,  no  da  á  cono- 
cer luda  de  un  modo  formulado. 

Indicar  es,  propiamente  hablando, 
hacer  ana  ae&al,  en  cu^a  virtad  poda- 
mos veair,  por  deducción,  en  conoci- 
miento de  la  cosa.  £1  canto  de  la$  avet 
m  indica  q%e  antanua.  Bato  quiere  de- 
cir: To  sé  que  las  aves  cantan  todos 
los  días  al  amanecer;  es  asi  que  jo 
oigo  el  primer  canto  de  las  aves,  lue- 
go debo  creer  que  amanece.  Temí  que 
habíate;  le  indiqué  por  medio  de  una  tc- 
*a  que  callara^  v,  en  efecto,  calló. 

La  persona  a  quien  se  indicó  qne 
callara  por  medio  de  señas,  no  com- 
prendía acaso  su  situación;  pero  la  in- 
dicación  le  obligó  á  deducir  que  iba  á 
cometer  una  imprudencia,  j  se  redujo 
á  guardar  silencio.  No  sabía  de  qué  se 
tra^ba,  no  conocía  la  cosa  de  un  modo 
terminante,  al  .motiro  de  la  indi^ién 
era  un  secreto  para  él;  sinemWgo, 
infirió  que  debía  callar. 
.  La  inátcMidn,  pues,  no  es  otra  cosa 
que  un  amago,  un  llamamiento  á 
nuestra  ratón. 

La  insinmaci^  se  diferenpia  del  an- 
terior Vocablo  en  que  puede  ser,  j  es 
frecuentemente  maliciosa,  aguda,  epi- 
gramática. El  pasaje  del  padre  Cobos 
es  un  buen  ejemplo  de  insinuación, 
«Hermano,  quien  quiera  chocolate, 
que  vara  á  tomarlo  á  su  celda.»  El 
padre  Cobos  se  iMisiuf  admirablemen- 
te i  su  compañero  con  esa  indirecta. 

Días  pasados  oí  de<;ir  i  una  señora 
la  siguiente  frase:  cSíempre  que  Fu- 
lano viene  i  mi  casa,  se  insinM  que- 
dándose á  comer.»  Este  es  otro  ejem- 
plo que  explica  mujr  bien  la  signifi- 
cación picaresca,  el  chiste  agre:jÍTo  j 
burlón  de  la  palabra  que  nos  ocupa. 
Siempre  que  se  usa  con  intención  sa- 
tírica, noi  deja  algo  picante  en  el 
oído. 

La  advertencia  está  en  relación  con 
las  ideas  de  bien  j  de  mal,  de  vicio  y 
de  virtud,  de  premio  j  castigo.  Siem- 
pre expresa  un  hecho  de  conciencia, 
de  moralidad.  El  padre  advierte  al  hijo 
que  no  salga  de  noche,  que  no  se 
case  con  tal  ó  cual  mujer,  que  no  em- 
prenda esta  ó  la  otra  negociación.  Ad- 
vertimos  para  que  la  parsona  advertida 
no  caiga  en  un  lazo,  para  que  evite 
algún  peligro,  para  que  no  le  vaa^n 
mal.  Advertir  es  cumplir  un  deber. 


La  prevención  supone  mando,  auto- 
rida;í.  El  jefe  previene  á  sus  soldados 
que  estén  alerta. 

La  obsermciín  supone  juicio,  análi- 
sis, razonamiento.  Para  Uijgiir  al  co- 
n:cÍiuiento  de  la  verdad,  hajr  varios 
sistemas  que  se  llaman  criterios.  Uno 
de  ellos  es  el  criterio  de  obsercaciJn, 
.Vs!  se  dice:  la  prudencia  aconseja  no 
desatender  las  obtervaciones  del  sabio. 
La  ohsertaeián,  pues,  pertenece  á  la 
filoBoHa  del  enteudímieuto;  es  una  de 
las  grandes  aptitudes  de  nuestro  es- 
píritu. 

El  amante  indiw  su  amor  con  una 

mirada. 

El  satírico  se  insinia  eon  una  in- 
vectiva. 
El  amigo  advierte. 
El  superior  ^rípüfttf. 
El  sabio  observa. 

De  modo  que  la  indicad^  se  oje. 

La  insinuación  h»ce  reir. 

La  advertencia  debe  oirse. 

La  prevención  debe  obedecerse. 

La  f'bscrvación  debe  estudiarse. 

Indie  «do,  da.  Participiu  pasivo  de 
indicar.  ||  Masculino.  Medicina.  El 
medio  que  emplea  el  médico  para 
comb:Ltir  la  enfermedad,  cuja  indica- 
ción le  ha  suministrado  el  estado  ac- 
tual del  enfermo. 

Etimología.  Latín  indícáíut,  parti- 
cipio paiiivo  de  indicare,  indicar:  cata- 
lán, iñdlcai,  da;  francés,  indique';  ita- 
liano, indicato. 

Indicador,  ra.  Masculino  y  feme- 
nino. El  que  indica.  ||  Adjetivo.  Pro- 
pio de!  índice.  ||  Que  indica.  H  Mascu- 
lino, Pieza  móvil  de  un  telégrafo  que 
representa  los  signaos,  Q  OrHitologia. 
Genero  de  aves.  j|  Indicb. 

EtIuolooÍa.  Indicar:  francés,  indi- 
catenr;  italiano,  indicatore. 

Indicante.  Participio  activo  de  in- 
dicar. Lo  que  indica.  Se  usa  también 
como  sustantivo. 

ETUiOLoaÍA.  Latín  indícans,  indican- 
íts,  participio  de  presente  de  indicare, 
indicar:  catalán,  tndicant. 

Indicar.  Activo.  Dar  á  entender  ó 
significar  alguna  cosa  con  indicios  y 
señales.  ||  Dibujo.  Representar  un  ob- 
jeto sin  furroas  detalladas,  en  cujro 
sentido  se  dice:  inuicar  las  masas  de 
un  cuadro. 

Ktuiolooía.  Latín  indicare,  de  in, 
en,  ueuiru,  sobre,  y  dícare,  dedicar, 
destiuar,  ofrecer;  forma  frecuentativa 
de  indic  W,  declarar,  descubrir,  mos- 
trar brevemente;  de  ih,  en,  y  díc''re, 
decir:  italiano,  indicare;  francés,  tWi- 
quer;  catalán,  indicar. 

Indicativo,  va.  Adjetivo.  Lo  que 
indica  ó  sirve  para  indicar.  ¡1  Gramá- 
tica. El  primer  modo  de  cada  verbo, 
qne  indica  ó  demuestra  sencillamente 
las  cosas;  como:  vo  soy,  tú  auas.  j|  Kl 
carácter  del  modo  indicativo  consiste 
en  aSrmar  las  cosas  de  un  modo  ab- 
soluto. Comprende  este  modo  todos  los 
tiempos  que  tiene  el  verbo  hasta  lle- 
gar al  modo  imperativo.  Por  consi- 
guiente, corr.!spijndün  al  modo  mui- 
caTivo  el  prusi-'ute,  el  pretérito  i;iiper- 
fucLo,  elpü.'fectu,  el  pluscuaiupurfecto 
y  el  futuro.  |¡  Lógica,  Cosa  afirmativa. 


(San  Isidoro.)  \  Fóhmula  lndicativa. 
Teol  gía.  Fórmula  absoluta  del  sacra- 
mento. H  SlQNOS  INDICATIVOS  DE  UNA 
ENFBBMBDAD.  Medicina.  Señales  que, 
por  su  propia  naturaleza,  por  sí  mis- 
mas, enseñan  al  médico  lo  que  debe 
hacer. 

Etiholooía.  Indicar:  latín,  úhAcSO- 
vus,  que  designa  ó  señala;  indicativus 
nodus,  modo  ¡ndicativo  de  los  verbos, 
en  Piisciano;  italiano,  indicativo;  fran- 
cés, indicatif;  provenzal,  indicatiu;  ca- 
talán, indicatiu,  va. 

Indicción.  Femenino.  CouTOcación 
ó  llamamiento  para  alp;una  junta  ó 
concurrencia  sinodal  o  conciliar.  \ 
Cronología,  El  período  que  se  forma, 
coutando  de  quince  en  quince  años, 
de  cuyo  cómputo  se  usa  en  las  bulas 
pontificias.  La  indicción  es  uno  de  los 
tres  ciclos  que  entran  en  el  período 
juliano.  I  Cañones,  Prescripción  im- 
puesta á  todo  el  cuerpo  de  los  fíeles, 
en  cuyo  sentido  se  dice:  indiccxóm  de 
un  ayuno  obligatorio  para  (oda  la 
cristiandad  católica. 

Etiuolooía.  Latín  indicHo,  eonvo- 
cacíón,  emplazo  para  concilio  ó  junta, 
en  el  Código  teodosiano;  forma  sus- 
tantiva abstracta  de  indicius,  declara- 
do, notorio,  participio  pasivo  de  tiuA- 
c're,  hacer  saber;  de  in,  en,  y  dicere, 
decir:  italiano,  indizione;  francés,  i%- 
dicíion;  catalán,  indicció. 

Reseña. — 1.  Cuando  se  quiere  ha- 
blar del  año  primero,  segundo  ó  ter- 
cero de  una  indicción,  se  dice:  indic- 
ción primera,  indicción  segunda,  in- 
dicción tercera,  ^  así  sucesivamente 
hasta  llegar  al  numero  de  quince. 

2.  ^i'ríarta  eaí^ttd.  Tributo  en  gra- 
ni),  impuesto  por  los  antiguos  roma- 
nos i  tiicilia  r  Cerdefia,  para  las  ne- 
cesidades de  la  annona  de  Roma.  El 
Senado  la  decretaba  y  Bjaba  el  precio 
á  que  debía  ser  pagado  el  grano. 

3.  Indicción  thihutabia.  Tributo 
anual,  impuesto  á  las  provincias  ro- 
manas, para  la  provisión  de  loa  alma- 
cenes militares. 

4.  Indicción  chonolóííica.  Ciclo  de 
quince  años  judíos,  fijado,  según  se 
cree,  para  la  revisi  in  catastral  que 
servía  de  norma  en  el  reparto  del  nue- 
vo impuesto.  Se  conjetura  qne  fué  in- 
ventana  en  tiempo  de  Constantino,  ó 
de  Constancio,  lo  más  tarde.  Cuando 
Cario  Magno  hizo  al  Papa  soberano 
temporal,  la  corte  de  Roma  principió 
á  contar  por  índiccionbs,  siendo  la 
piümera  la  del  i."  de  Enero  de  813. 
Entonces  se  distinguía  la  inoicción 
i/itpei'ial  6  césariana,  cuya  verdadera 
fúclia  era  el  24  de  Septiembre.época  en 
que  la  recolección  está  terminada,  y  el 
pueblo  en  disposición  de  pagar  los 
impuestos;  y  romana  ó  papal.  Antts 
de  Cario  Magno,  los  papas  contaban 
por  los  años  denlos  emperadores;  y  á 
fines  del  siglo  x,  por  los  años  de  su 
pontíñcado. 

Indice.  Masculino.  Indicio  ó  señal 
de  alguna  cosa.  ¡|  Licita  ó  enumeración 
breve,  y  por  orden, du  libros, capítulos 
ó  cosas  notables.  {|  Catálogo  contenido 
en  uno  ó  muchus  volúmenes,  en  el 
cual,  por  orden  ali'abélico  ó  cronolúgí- 


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-  INDI 

co  están  escritos  lós  «titorea  6  mate- 
rias de  las  obras  que'  se  conservan  en 
uom  biblioteca,  T  sirve  ^«ra  hallarlos 
con  facilidad  7  n-anquearloscon  pron- 
titud á  cuantos  los  buscan  ó  piden.  Q 
La  pieza  6  departamento  donde  está 
el  catálogo,  etc.,  en  Us  bibliotecas 
páblicas.  U  La  manecilla  6  mostrador 
He  los  relojes.  Q  Indbx  ó  índick;  CatiU 
de  los  libros  sospediosos  de  he- 
rejía, cuva  lectura  prohibe  la  Santa 
Sede,  aunque  no  ha^an  sido  condena- 
dos i  la  sazón  de  un  modo  jurídico.  \ 
BXFDBOATOBio.  Catálogo  de  los  libros 
caja  publicación  j  venta  se  prohiben, 
aturante  el  tiempo  en  que  se  les  «xpur- 

gt-coa  las  correcciones  impuestas.  Q 
OMQEIKOACIÓN  DEL   ImDICS.    La  OUe 

existe  en  Roma  para  examinar  los  li- 
bros nuevos,  pronibiendo  su  lectura  j 
%a  venta  en  caso  oportuno,  p  Poner 
UN  U8BO  EN  BL  ÍNDICE^  Locnción  pro- 
verbial. Incluirlo  en  el  catálogo  de  la 
prohibición.  |  Ponbr  dna.  cosa,  bn  bL 
ÍNDICE.  Frase  meuforiea.  Prohibir- 
la, y  Véase  Dbdo. 

Etimolooía..  Indicar:  latín,  Índex, 
Udicit  (cuto  ablatÍTO  es  índice);  ita- 
liano, tMoue;  francés  y  provenzal, 
tñdtx;  catalán,  fndiee, 
'  BéisMa  kittdriea. — Nombra  con  que 
se  designa  el  Jndes  librorwm  prohthi- 
fonm,  ó  sea  el  catálogo  de  los  libros 
prohibidos  por  la  Iglesia  romana,  por 
canteaer  errores  o  herejías.  Desde 
los  tiempos  más  antiguos  han  sido 

Proscritas  por  la  autoridad  eclesiástica 
LS  obras  reputadas  como  peligrosas 
para  la  lej  j  para  Us  costumbres, 
como,  por  ejemplo,  las  obras  de  Arrio 
y  de  los  autores  paganos  condenados 
jn  los  Concilios  de  Nicea  j  Constanti- 
lopla,  en  325  j  40Qi  Estas  prohibí- 
¿imes  se  renovaron  durante  toda  la 
Edad  media,  pero  fueron  más  nume- 
rqsaial  principiar  la  moderna,  cuan- 
do, merced  al  descubrimiento  de  la 
imprenta  y  al  moTimiento  de  la  Re> 
rorma,  se  multiplicanm  los  libros  t 
tos  ataques  contra  la  Iglesia.  En  1545, 
U  univetBidad  de  Lovaina  formó,  por 
orden  de  Carlos  V,  nna  lista  de  las 
obras  que  juzgaba  peligrosas;  y  este 
■ejemplo  fue  seguido  por  los  principa- 
les Estados  de  la  cristiandad;  jr  prin- 
'ipalmente,  por  Roma,  donde  el  papa 
Paulo  IV,  en  1559,  confió  á  la  Con- 
gregación del  Santo  Oficio  ta  redac- 
-iÓD  del  primer  Index  publicado  por 
'a  Santa  Sede.  El  Concilio  de  Trento 
iprobó  esu  institución,  (jue  regulari- 
•j  el  papa  Pío  V,  instituyendo,  en 
1565,  Dajo  el  nombre  de  Congregación 
'fei  Index,  un  Consejo  encargado  de 
'  iTitinuar  la  lista  de  las  obras  piohi- 
>idas.  Desde  aquella  época  se  ha  con- 
inuado  en  Roma  la  publicación  del 
'Wat,  jr  la  pena  por  las  infracciones 
-s  la  de  excomunión  mayor;  pero  la 
iereridad  de*  las  prohibiciones  está 
■ompensada  por  los  in'inltoSy  ó  sean 
irencias  concedidas  á  los  sabios  t  á 
'i  religiosos  para  leer  las  obras  in- 
iiiídas  en  el  Indicb. 
Indiciado,  da.  Adjetivo.  Forense. 
'.\  que  tiene-contra  sí  la  sospecha  de 
•  ber  cometido  un  delito.  |  Indicio. 


INDI 

Indiciador,  ra.  Masculino  y  feme- 
DÍno.  Kl  qae  indicia. 

ETiMOLOofA.  Indiciar:  catalán,  indi- 
ciador, a. 

■  Indiciar.  Activo,  Forense.  Descu- 
brir algún  reo  por  indicios.  ||  Indicar. 

EruioLoafA.  Indicio:  catalán,  indi- 
ciar.—«Dht  ú  ocasionar  indicios  de 
alguna  cosa,  por  donde  se  Tenga  en 
conocimiento  de  ella.»  (Academia, 
Diccionario  de  f7S6.) 

ladicip.  Uasculino.  Cualquier  ac- 
ción 6  seflal  que  da  á  conocer  lo  que 
está  oculto.  I  Indicios  ó  sospechas 
VBHEMBNTKS.  Forense.  Aquellos  que 
mueven  de  tal  modo  i  creer  que  algu- 
no es  reo,  que  ellos  solos  equivalen  á 
semiplena  probanza. 
'  EriMOLOaÍA.  Indicar:  latín,  indi- 
ctum,  señal,  argumento,  acusación; 
tema  sustantivo  de  indicare,  indicar: 
italiano,  indizio;  francis,  Índice;  cata- 
lán. Índice.  XjS  i  breve  de  indí-cíum  es 
la  í  de  indicare.  Si  viniera  de  índiccre, 
anunciar,  la  r  sería  larga:  indidnin. 
'  Reseña. — 1.  El  indicio  es  una  voz 
de  derecho  romano,  y  significaba:  «el 

f tremió  de  ia  delación,»  puesto  que  la 
e^  concedía  cierto  benefacio  al  que  in- 
dicaba alg^o  en  materia  de  crímenes. 

2.  Cuando  el  que  presentaba  el  in- 
dicio era  reo,  alcanzaba  la  impuni- 
dad, como  recompensa  de  la  delación: 
iNDiciUM  projiteri  ú  aberre;  delatar  á 
los  có^nplices  para  lograr  la  impuni- 
dad de  su  delito.  (Cicerón.) 

SiNONiuiA.  Indicio,  señal.  Indicio 
y  señal,  cuando  se  usa  como  sinónimo 
de  indicio,  son  las  circunstancias  que 
pueden  contribuir  al  descubrimiento 
de  un  hecho  oculto;  pero  la  señal  es 
más  patente,  y  depende  más  directa- 
mente del  hecho  que  el  indicio.  Una 
puerta  descerrajada  es  señal,  y  no  in- 
dicio,  de  violencia.  La  ocultación  de 
la  persona  á  quien  se  atribuye  aquel 
acto,  no  es  seña^,  sino  indicio  de  su 
culpa.  Bl  humo  es  señal,  no  indicio, 
de  tue^;  las  huellas  correspondientes 
á  las  dimensiones  de  los  piés  de  una 
persona,  son  indicios  de  su  tránsito 
por  el  sitio  eu  que  se  descubren. 
(Mo  :a.) 

Indico.  Masculino.  Indigo.— «Lo 
mismo  que  añil.»  (Academia,  Diccio- 
nario de  i  726.) — «Hócese  del  gasto  el 
indico,  que  es  como  ñor  de  pastel,  del 
cual  usaa  los  pintores  para  dar  el  azul 
oscuro.»  (Laguna,  So/jre  Dioscdrides, 
li'/ro  II,  capítulo  i  76.) 

Indico,  ca.  Adjetivo.  Lo  que  per- 
tenece á  Ift  India  ó  es  natural  de  ella. 

Etimolooía.  Latín  indUus. 

Indicto,  ta.  Adjetivo  anticuado. 
Señalado,  convocado. 

BTiuoLoaÍA.  Indi  'cidn. , 

Indiculo.  Masr!ultno.  Indicb. 

Indiestro,  tra.  Adjetivo  anticua- 
do. El  que  no  es  die^stro  ni  hábil  para 
alguna  cosa.  ¡ 

indiferencia.   Femenino.  Estado 
del  ánimo  en  que  no  se  siente  Íni.'li-! 
nación  ni  repugna-ic-ia  á  un  objeto  ó 
negocio  detenninailij,  como  cuando: 
decimos:  indi  •e.tiisciA  religiosa.  |]  Fi~  '\ 
losofia.  Libertad  que  p  'r.-nite  la  imdi- 
PBRBNCXA  en  punto  á  opiniones.  \  Me-, 


INDI 


81 


táfora.  Sueño  del  alma,  en  que  no 
sentimos  el  estímulo  de  las  pasiones; 
especialmente,  del  amor,  jj  Químicd. 
Estado  de  una  substancia  que  no  tien- 
de de  ningún  modo  á  combinarse  con 
otros  elementos,  por  estar  combinada 
ya  con  aquellos  cuerpos  que  le  son 
químicamente  afínes. 

ExiyoLOOÍA.  Indiferente:  latín,  in- 
diferencia; italiano,  índijferema;  fran- 
cés, indiférence;  caXáXí,^,  indiferencia. 

Indilerent*.  Adjetiro.  Lo  que  por 
sí  no  está  determinado  á  una  cosa 
más  que  á  otra.  Q  Lo  que  no  importa 
que  sea  ó  se  haga  de  una  ó  de  otra 
mrma.  Q  Lo  que  es  tan  frivolo  de  su- 
yo, que  no  merece  decidir  nuestra  vo- 
luntad, como  en  este  ejemply;  ^.quie- 
res el  pañuelo  de  lista  blanca,  ó  de 
lista  axuL^  El  interrogado  contesta:  es 
iNDiPBBBNTB.  Q  Q,%lm\ca.  Cl'BRPOS  in- 
Dii'EBBNTBS.  Cucrpos  compuestos  que 
no  ejercen  ya  reacciones  eléctrico— 
químicas,  si  se  combinan  con  otros 
cuerpos. 

Etuiolooía.  Latín  indejtrens,  m-. 
dijftrentu,  da  in  privativo  y  diJ7re»M, 
diferente;  <no  diferente,  igual  al  ma- 

Íor  número  de  las  eosar^  eontún,  ni 
ueno  ni  malo:»  italiano,  indiferente; 
francés,  índiférent;  catalán,  indife- 
rent,  a. 

Reseña. — Cuenta  la  historia  que  un 
filósofo  griego,  Anaxarco,  maestro  de 
Pyrrón,  se  cayó  en  un  hoyo  á  presen- 
cia de  su  discípulo,  Pyrrán  pasa  cerca 
del  hoyo,  en  donde  estaba  su  maestro, 
sin  dignarse  siquiera  volver  la  vista. 
Se  comprende  que  no  le  alargara  una 
mano,  porque  la  escuela  potlía  des- 
abrirse; pero  parece  natural  que  le 
preguntase:  «¿Se  ha  desnuoado  usted, 
señor  maestro?»  Sale  Anaxarco  de  su 
hoyo  con  los  huesos  acribillados  y  los 
pelos  de  punta,  mientras  que  Pyrrón 
le  contemplaba  de  hito  en  hito.  Bl 
maestro,  no  solamente  so  le  echó  en 
cara  BU  desdeñosa  eruelda4)  sino  qne 
le  juró  que  había  estado  Terdadera- 
mente  sublime.  La  sublimidad  de 
Anaxarco  era  la  extraña  sublimidad 
de  no  amar  á  nadie;  ni  á  su  maestro; 
ni  al  padre  de  su  alma. 

Moral  de  la  familia. — ¿Qué  es  peor, 
ser  iNDiFBRKNTB  Ó  Salvaje':*  La  huma- 
nidad contesta:  ser  indiferente:  y  la 
humanidad  tiene  razón.  Kl  salvaje  es 
algo;  el  indipbrbntb  no  es  nada. 

Indiferentemente.  Adverbio  de 
modo.  Indistintamente,  sin  diferen- 
cia. 

ETiuoLoaÍA.  Indiferente  ^  el  sufijo 
adverbial  mente:  catalán,  tndiferenl- 
ment;  francés,  indi^éremmmt;  italiano, 
indiferentemente;  latín,  imtijf¿f*nter. 

Indiferentismo.  MasonÜno.  Bita- 
do  del  ánimo  que  hace  rer  con  indi- 
ferencia los  sucesos,  ó  no  adoptar  iii 
combatir  doctrina  alguua.  Aplicase 
principalmente  á  las'creenoiaa y  prác- 
ticas religiosas. 

Etimología.  Indiferente:  italiano, 
indij^'-rtrntisino;  francés,  indiférentis- 
me:  cataMn,  inieferentishie. 

Indiferentista.  Adjetivo.  Propio 
del  indiferentismo.  |  Partidario  oel 
Íi>  Jii'orentismo. 


TO  MO  III 


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INDI 


Etiuolooía.  Indifereníittno:  italia- 
QO,  indij'erenliíía;  francés,  indifféren- 
iisie;  catalán,  indi/ereníisíiu,  secta. 

Indígena.  A.djetÍTo.  £1  que  es  na- 
tural del  país,  proTÍQcia  o  lugar  de 
que  se  tnita. 

ErufOLOofA.  Latín  inUgína,  nativo 
de  un  país,  hablándose  de  hombres  j 
de  dioses;  de  antigua  forma  <íe 
m,  en,  dentro,  t  genere,  engendrar; 
«engendrado  dentro,  en  el  país:»  ca- 
talán, indigena;  francés,  indtghu;  ita- 
liano, indígeno. 

Sentido  eíimoldgico.-~-ho  contrario 
del  latín  indhena  era  advena,  advene- 
dizo, venido  de  tierras  extrañas.  (Mon- 

Indigencia.  Femenino.  Falta  de 
medios  para  alimentaraot  vestirse,  etc. 

Et.uologU..  Indigente:  latín,  indi- 
gentía,  forma  sustantiva  abstracta  de 
indigent,  indigente;  catalán,  indigen- 
cia; francés,  i»digenee¡  italiano,  tndi- 
genté. 

Indi^eneidad.  Femenino.  Cuali- 
dad de  indígena. 

Indigente.  Adjetivo.  £1  que  está 
falto  de  medios  para  pasar  la  vida. 

Etimología.  Latín  indígens,  ind^gen- 
lis,  participio  de  presente  de  Indígere, 
formado  de  indu,  arcaísmo  de  ib,  en, 
dentro,  y  egere,  estar  necesitado:  ca- 
talán j  francés,  indigttU;  italiano,  iit- 
digente. 

Indigentemente.  Adverbio  de  mo- 
do. Con  indigencia. 

ETiHOLoaÍA.  Indigente  y  el  8u6jo 
adverbial  mente. 

Indigerible.  Ihdiokstiblb. 

Indigerído,  da.  Adjetivo  anticua- 
do. iNDIdBStO. 

Indigestar.  Activo.  Impedir  la  di- 
gestión. 

Etimología.  Ittdtgeito. 

Indigestarse.  Recíproco.  No  veri- 
fícarse  la  digestión. 

Indigestibilidad.  Femenino.  Cua- 
lidad de  lo  indigesto.  |  Condición  ás- 
l}era;  ^enio  duro. 

Indigestible.  Adjetivo,  Lo  que  no 
se  puede  digerir  6  es  de  muy  difícil 
digestión. 

Etiuoloqía.  Indigestar:  latía,  indi' 
gtsiUUis;  italiano,  indigaUbile;  fran- 
cés, indigestibU, 

Indieestión.  Femenino.  Medicina. 
Falta  de  digestión;  ó  sea  turbación 
momentánea  del  tubo  intestinal,  du- 
rante la  cual  permanece  la  digestión 
como  detenida.  Q  Metáfora.  Usada  esta 
palabra  en  sentido  moral,  cu^o  uso  es 
frecuente,  resultan  una  porción  de  is- 
iiiOBSTioNEs,  tales  como  la  indiobstión 
(le  las  ideas,  de  las  palabras,  de  los 
lichos,  de  las  miradas,  de  los  amores. 
H  De  la  voz  del  artículo  nos  valemos 
)ara  signifícar  6guradamente  que  es- 
;amos  hartos  de  cosas  que  fatigan,  ó 
lue  repugnan  por  su  pesadez  y  falta 
lio  sentido.  Ka  este  concepto,  hay  i.v- 
iiioBSTiÓN  hasta  de  personas,  como  se 
ve  por  el  sig*uiente  ejemplo.  Uno  ha- 
l)laoa  á  otro  de  una  tal  Mariquita, 
iiempre  que  acertaba  á  encontrarle, 
iiasta  que  el  sujeto  invadido  tuvo  que 
.lecirle:  «Hombre,  haga  usted  el  favor 
de  callar,  poique  ha  ae  saber  que  jra  \ 


INDI 

tengo  una  iNoiQBSTiÓNdeUaríquitas.» 

Etimología.  In  privativo  y  diges- 
tión: latín,  indigesih;  italiano,  indtges- 
ttone;  francés,  indigestión;  provenzal, 
ind^estio,end^est¡o;eñta\iü,Índigestuf, 

Reseña. — 1.  La  historia  refiere  in- 
DiOBSTiONES cariosísimas;  pero  lamas 
cariosa  es  la  de  Diógenes,  quien  se 
comió  un  pie  de  buej,  sin  aliño  ni 
condimento,  puesto  que  estaba  crudo, 
cuya  iNDi'JBSTiÓN  le  costó  pasar  á  me- 
jor vida. 

2.  La  gota,  el  mal  de  piedra  y  la 
INDIGESTIÓN  son  los  terribles  huéspe- 
des de  la  vejez.  (Montbsquieu.) 

Indigesto,  ta.  Adjetivo.  Lo  que  no 
se  digiere,  ó  se  digiere  con  dificultad. 

} Metáfora.  Lo  que  está  confuso,  sin 
orden  y  distinción  que  le  correspon- 
de, n  Duro,  áspero  en  el  trato.  |¡  Can- 
sado, en&doso,  en  cuyo  sentido  se 
dice:  «no  sea  usted  xmdiobsto.»  «iQué 
iNDtGBáTO  eres!» 

Etimología.  Provenzal  y  catalán, 
indigesí;  francés,  indigeste;  italiano, 
indigesto;  del  latín  indíaestus,  desorde- 
nado, confuso,  falto  de  método,  en 
Plinio;  sin  digestión,  ea  Macrobio;  el 
que  no  ha  digerido,  en  san  Isidoro; 
de  in  negativo  y  dtgésíus,  digisto. 

Indigetas.  Masculino  plural.  Cho- 
grafía  antigua.  Antiguos  habitantes 
de  la  España  tarraconense  que  linda- 
ban con  el  mar,  desde  el  cabo  de  Tosa 
al  de  Creus. 

ETiMOLoaÍA.  Latín  ind^etes^  dioses 
tutelares.  (Virgilio,  Aulo  Gblio.) 

Reseña  kiitu'rica.  Antigüedades.— 
Nombre  que  los  antiguos  romanos  da- 
ban á  los  héroes  divinizados  y  adora- 
dos como  protectores  de  un  sitio  par- 
ticular: Fauno,  Eneas,  Rómulo,  etc., 
eran  diese»  indígbtas. 

Indigitamento.  Masculino.  Anti- 
güedades romanas.  Inscripción  que  ha- 
cían en  un  libro  los  romanos  de  los 
dioses  y  de  las  ceremonias  que  á  cada 
uno  correspondía. 

EtimolooÍa.  Latín  indigílaminta, 
los  libros  de  los  pontífices,  en  que  es- 
taban escritos  los  nombres  de  los  dio- 
ses y  sus  ceremonias  (Fbsto):  fran- 
cés, indigitament. 

Indignación.  Femenino.  Enojo, 
ira,  enfado  contra  alguno. 

Etimología.  Indignar:  provenzal, 
indignado,  endignacio;  catalán,  indig- 
nactó;  francés,  indignation;  italiano, 
indegnasione,  indi^natione,  ind^namenr 
lo;  del  latín  indtgmílo,  enojo,  forma 
sustantiva  abstracta  da  indignStns,  in- 
dignado. 

Indignadamente.  Adverbio  de 
modo.  Con  indignación. 

Etimología.  Indignada  ^  el  sufijo 
adverbial  mente:  latín,  indtgnanier;  ca- 
talán, indignadament. 

Indignadísimo,  ma.  Adjetivo  su- 
perlativo de  indignado. 

Etimología.  Indignado:  catalán,  i«- 
dignadissim,  «, 

Indignado,  da.  Participio  pasivo 
de  indignar. 

Etimología.  Latín  indignatus,  par- 
ticipio pasivo  do  indignari,  indignar; 
italiano,  iniignato;  francés,  indigné; 
cataláa,  indignat,  da. 


INDI 

Iiulignainente.  Adverbio  deotodo. 

Con  indignidad. 

Etimología.  Indigna  y  el  sufijo  ad- 
verbial wnte:  latín,  indigné,  ind^nX- 
ter;  italiano,  indinamente;  francés,  m- 
dignement;  catalán,  ind^nament, 

Indípuinte.  Participio  actÍTo  de 
indignar.  El  qae  indigna  ó  n  in- 
digna. 

Indignar.  Activó.  Irritar,  enfadar 
á  alguno.  Se  usa  tainbién  como  recí- 
proco. 

Etimología.  Latín  indwniri,  llevar 
á  mal,  no  poder  sufrir,  forma  verbal 
de  indignus^  indigno:  italiano,  indeg- 
nare;  francés,  indigner;  provenzal,  t«. 
dignar,  endignar;  catalán,  indignar. 

Sentido  etimoi^ico,^^^  indignaeién 
es  el  enojo  que  causa  en  nuestro  áni- 
mo lo  indigno. 

Indignarse.  Recíproco.  Llenarse 
de  indignación. 

EtiuolooU.  Forma  raflexÍTa  de  in- 
di^uar:  cataláa,  indignarse;  francés 
sltndianer;  italiano,  indegnani. 

Indignidad.  Femenino.  Falta  de 
mérito  y  de  disposición  {>ara  alcana 
cosa.  B  Cualquiera  acción  impropiada 
las  circunstancias  del  sujeto  que  la 
ejecuta,  ó  inferior  á  la  calidad  del  sa- 
jelo con  quien  se  trata.  |  Anticuado. 
Indignación, 

Indign  aimamente.  Adverbio  de 
modo  superlativo  de  indignamente. 

Etimología.  Indigno:  latín,  indigni- 
tas,  forma  sustantiva  abstracta  de  in- 
dignut,  iodijgno;  italiano,  indegnita', 
francés,  indi^nite';  catalán,  indigiUtat» 

Indignísimo,  ma.  Adjetivo  super- 
lativo de  indigno. 

Etimología.  Indigno:  catalán,  ind^ 
níssim,  a. 

Indij^no,  na.  Adjetivo.  El  que  no 
tiene  mérito  ni  disp  )sición  para  algu- 
na cosa,  y  Lo  que  no  corresponde  á las 
circunstancias  de  algún  sujeto,  ó  es 
inferior  á  la  calidad  y  mérito  de  la 
persona  con  quien  se  trata. 

Etimología.  In  privativo  y  digno: 
latió,  indigna*;  italiano,  indegno  ( indi- 
ño  ):  francés,  indigne;  catalán,  úulig- 
ne,  a. 

Indigo.  Masculino.  Añil. 

Etimología.  Latín  ittdícum,  la  tinta 
de  China,  simétrico  de  indícus^  india* 
no,  porque  el  índigo  vino  de  la  India: 
francés,  Índigo, 

Reseña,— \.  Hay  muchas  especies 
de  ÍNDIGO,  pertenecientes  todas  al  gé- 
nero in  ligo/era,  familia  de  las  legu- 
miuosas. 

2.  Lo  que  se  llama  ÍMt)iGK>  biUtardo 
es  el  nombre  vulgar  de  la  nmorfke 

fruticulense,  de  los  botánicos  franceses. 

3.  «Hay  en  esta  provincia  de  Gu- 
zurat  mucho  pimiento,  j^engibre  é  ín- 
uioo.»  (Marco  Polo,  6b0,  siglo  xiii.) 

Indigocármina.  Femenino.  Qsí- 
mica.  Substancia  purpúrea  de  que  se 
ex.trae  el  índigo  impuro.. 

Etiholoqía.  índigo  y  aurmin:  fran- 
cés, indígocarmine. 

bidigófero,  ra.  Adjetivo.  Botáni- 
ca T  química.  Que  produce  índigo. 
I    Etimología.  Francés  indigo/ére,  del 
.  latín  indicnm,  índigo,  y  /Vrrtf,  lle- 
var. 


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INDÍ 

Indigotsto.  Ibseuliao.  Química. 
CombiaaciÓQ  del  ¿cido  iadígÓtieo  con 
ana  base. 

BtiuoloqU.  Indigitíw!  francés,  *»- 

difoíate. 

Indigotero.  Masculino.  BoUnica. 
El  arbusto  qne  produce  el  fndig«. 

Indigótico,  ca.  Adjetivo.  Quími- 
ca. Epíteto  de  un  ácido  producido  por 
Ii  acción  del  ácido  nítrico  sobro  el  ín- 
dico. 

ETiuoLoafi.  Tnáijioteror  francés,  in- 
difotiffue. 

Ikaxgotina.  Femenino.  Quimica. 
Sobitancia  extraída  del  índigo. 

finacfHXWÍA.  Ind^Ótka:  francés,  ta- 
áigjti*e. 

indijado,  da.  Adjetivo  anticuado. 
Lo  que  está  adornado  con  dijes. 

Indiligencia.  Femenino.  Falta  de 
diligencia  j  de  cuidado. 

Indio,  día.  Adjetivo.  Bl  natural  j 
originario  de  las  Indias.  ||  Lo  que  es 
de  colur  azul.  \  db  ckvlql.  El  que  en 
las  Indias  conducía  de  una  parte  á 
otra  las  cargas,  supliendo  de  esu  suer- 
te la  falta  de  muías  j  caballos.  ||  ¿So- 
mos INDIOS^  Btpresiün  familiar  con 
que  se  reemvíene  á  alguno  cuando 
quiere  engañar  ó  cree  que  no  le  en- 
tienden lo  que  dice.  ¡|  Es  un  inbio. 
Exprjsión  hiperbólica  de  que  nos  va- 
lemua  en  equivalencia  de:  es  un  sal- 
vaje. 

Btiuolooía.  India:  catalán.  •«- 

dio,  a. 

Indireccíón.  Femenino.  Falta  de 
dirección. 

Etimología.  In  privativo  j  direc- 
ción francés,  indirtction. 

Indiracta.  Femenino.  Cualquier 
medio  ó  proposición  de  que  se  usa 
paim  hacer  ó  decir  alguna  cosa  distin- 
u  de  lu  que  á  primera  vista  se  mani- 
fiesta. H  DKL  PADRE  CoBOS.  Familiar. 
Bl  medio  ó  proposieidn  con  que  clara- 
mente se  pide  alguna  cosa,  ó  se  dice 
á  oteo  lo  que  le  es  desagradable. 

BnuoLooÍA.  Indirecto:  catalán,  »»- 
directa, 

bdinctamante.  Adverbio  de  mo- 
do. De  un  modo  indirecto. 

B-nMOLoaÍA.  Indirecta  y  el  suBjo 
;idverbial  mente:  catalñn^  provenzal, 
imdireclamení;  francés,  tndireetement; 
italiano,  indirettamente. 

Indirecto,  ta.  Adjetivo.  Lo  que  no 
va  rectamente  á  algún  fin,  aunque  se 
e.:cimine  á  él. 

EruuLoofA.  Jn  privativo  jr  directo: 
Utiu,  indirieíns;  italiano,  indiretíq; 
proTenzal  y  francés,  indirect;  catalán, 
tudireeíe,  a. 

Indirigible.  Adjetivo,  Que  no  ad- 
mite dirección. 

Indisa.  Femenino.  Medida  de  lon- 
gitud asada  en  Bsmirna. 

Ikdiscerníble.  Adjetivo.  Imposi- 
ble de  dÍ8cerDÍr.||/'ííoíq/Ya  de  Leiinik. 
PRINCIPIO  iNDisCRRNiBi.B.  Principio  en 
cuja  virtod  no  pu-  den  existir  dos  co- 
sas exactamente  igitnles  en  (tantidad 
y  eo  calidad,  'miradas  bajo  el  pubto 
ne  vista  de  sus  diferentes  relaciones, 
p  rque  tal  semejanza  equivaldría  á  ia 
'idi-ntidarf. 

EtiuolooÍ A.  In  privativo  y  düeemi- 


INDI 

\  ite:  italiano,  indiscernible;  francés, 
ihditeemable. 

Indisciplina^  Femenino.  Falta  de 
disciplina. 

Etimología.  In  privativo  y  diicipli' 
na:  latín  de  las  glosas,  indisciplina; 
italiano,  inditciphnateaa;  francés,  tn- 
discipline;  catalán,  indisciplina. 

Indisciplinable.  Adjetivo.  Loque 
es  imposible  6  muj  dincil  de  ser  cty- 
rre  rido  ó  enseñado. 

Etimología.  Indisciplinar:  italiano, 
indiscipUnábile;  francés  j  catalán,  m- 
ditciplinalle. 

IncHadplinadamente.  Adverbio 
de  modo.  Sin  disciplina. 

BTiiiQLOofA.  Jnditcvplinada  y  el  su- 
fijo adverbial  mente:  latín,  indiscipti- 
naté,  en  Commodíano. 

Indisciplinado,  da.  Adjetivo.  El 
que  carece  de  enseñanza  ó  corrección. 
Q  Milicia.  £1  que  se  vuelve  contra  la 
disciplina. 

Etiuología.  Indisciplinar:  latín,  *V 
ditcipiinátue:  italiano,  indisciplinaío; 
francés,  indiscipliné;  catalán,  indisci- 
plináis da. 

Indisciplinar.  Activo.  Causar,  in- 
troducir la  indisciplina. 

Etimología.  IndiacipUna:  francés, 
indiscipliner. 

Indiscinliaanie.  Recíproco.  Obrar 
contra  la  disciplina. 

EmcOLoaÍA.  Forma  reflexiva  de  *'«- 
disctp.inar:  francés,  t' indiscipliner. 

Indiscreción.  Femenino.  Falta  de 
discreción  y  prudencia. 

Etimología.  In  privativo  y  discre- 
ei<fn:-\atín,  indiscreítc{QvicaEtiKT,  Ád- 
denda),  forma  sustantiva  abstracta  de 
indiscretas,  indiscreto;  catalán,  indis- 
credó;  provenzal,  indiscretiá;  francés, 
indisirJHon;  italiano,  indiscretione^  in- 
discreteua. 

Indiscretamente.  Adverbiode  mo- 
do. Sin  discreción  ni  prudencia. 

BnuoLoofA.  indiscreta  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  catalán,  indiscreta^ 
mtní¡  francéa,  indiscretemtnt;  italiano, 
indiscretamente;  latín,  indiscreté^  indis- 
crHim,  sin  dÍ8ttnción,-confu8amente. 

Indiscreto,  ta.  Adjetivo.  El  im- 
prudente, que  obra  sin  discreción.  Q 
Lo  que  se  hace  sin  discreción. 

Etimología.  In  privativo  v  discreto: 
latín,  inditcretus,  no  dividido  ó  sepa- 
rado, no  distinguible;  italiano,  indis- 
creto;  francés,  indtscreí;  catalán,  indis- 
creí,  a. 

Indisculpable.  Adjetivo.  Lo  que 
no  se  puede  ó  no  es  fácil  disculpar. 

Etimolooía.  In  privativo  y  diseñé 
pable:  catalán,  indisculpable. 

IndisculMbl  emente.  Adverbiode 
modo.  Sin  disculpa. 

ÉriMOLoaÍA.  Indiscnípahle  y  el  su- 
fijo adverbial  mente. 
\    Indiscntíble.  Adjetivo.  Que  no 
puede  discutirse. 

Etimología.  In  privativo  y  discuti- 
ble: francés,  indiscutable. 

Indisolubilidad.  Femenino.  La 
imposibilidad  de  ser  disuelta  ó  des- 
unida itlguna  cosa  de  otra.  |  Química. 
Propii'dad  de  la  substancia  que -no  se 
puede  disolver  en  tal  ó  cual  menstruo, 
en  enyo  sentido  se  dice:  la  indjíolu- 


INDI 


S3 


siilDAD  del  oro  en  el  ácido  nítrico. 
(Littké.)  U  Cánones.  Imposibilidad  de 
romper  los  vínculos  que  imprimen 
carácter  religioso,  como  cuando  deci- 
mos: la  INDISOLUBILIDAD  del  casft- 
miento. 

Etimología.  Indisoluble:  italiano, 
indissolubiliíá;  francés,  indissolubilité; 
catalán,  indissolubilitat. 

Indisoluble.  Adjetivo.  Lo  que  no 
se  puede  disolver  ó  desatar.  |  El  lazo 
INDISOLUBLE.  Exprcsíón  piroverbial.  El 
matrimonio. 

Btimolooía.  Latín  fW»f¿UftHÍ», 
que  no  puede  desatarse  6  romperse;  de 
M  privativo  y  dissSUtUiUs,  disoluble: 
italiano,  indissolkbile;  francés,  indisso- 
luble;  catalán,  indissoluble. 

Indisolublemente.  Adverbio  mo- 
dal. De  un  modo  indisoluble. 

Etimología.  Indisoluble  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  catalán,  indissoluble- 
ment;  francés,  indifsolublement;  italia- 
no, indissolubilmente;  latín,  indissolñ- 
Hiiíer,  sin  poderse  romper  ní  desatar. 

Indisolvente.  Adjetivo.  Que  no 
tiene  virtud  disolvente. 

Indispensable.  Adjetivo.  Lo  que 
no  se  puede  dispensar.  |  Lo  qué  es  ne- 
cesario ó  mu7  regular  que  suceda.  | 
Hacbbsb  bl  indispbksablb.  Frase  fn- 
miliar.  Exagerar  su  valimiento;  obrar 
con  ínfulas  de  gran  señor. 

Etimología.  In  ne^tivo  j  di^en- 
sable:  francés  y  catalán,  indispensable; 
italiano,  indispenmbile. 

Indispensablemente.  Adverbio 
de  modo.  Forzosa  y  precisamente. 

Etimología.  Indispensable  y  el  sufi- 
jo adverbial  mente:  francés,  iñdispensa- 
blement;  italiano,  indispensabilmeníe. 

Indisponer.  Activo.  Privar  de  la 
disposición  conveniente,  ó  quitar  la 
preparación  necesaria  para  alguna 
cosa.  Se  usa  también  como  recíproco. 
Q  Malquistas.  Se  usa  más  comun- 
mente como  recíproco,  j  así  se  dice: 
iNDispoRBBSB  con  alguuo.  I  Causai- 
alguua  indisposición  ó  falta  de  salud. 
Se  usa  más  comunmente  como  recí- 
proco por  experimentar  alguna  indis- 
posición. 

Etimología.  In  privativo  ^  dispo- 
ner: catalán,  indisposar;  francés,  indis- 
poser;  italiano,  in'lisporre. 

Indisponible.  Adjetivo.  Forense. 
Aquello  que  no  se  puede  disponer. 

Indisposición.  Femenino.  Falta  dv 
disposición  y  de  preparación  para  al- 
guna cosa.  II  La  desazón  ó  falta  nu 
muy  grave  de  salud. 

Etimología.  Indisponer:  catalán,  in- 
disposició;  francés,  tndisposition;  ita- 
liano, indisposñione. 

Ittdisposicioacilla.  Femenino  di- 
minutivo de  indisposición. 

Indispaesto,  ta.  Participio  pasivo 
irregular  de  indisponer.  U  Adjetivo. 
El  que  se  siente  algo  malo  ó  con  algu- 
'  na  novedad  ó  alteración  en  la  salud. 
I     EriMOLoaÍA.  Indisposición:  latín,  it,- 
-  dispusitus,  desordmiitdu,  mal  compues- 
to, de  in,  no,  y  dispUsílus,  distribuido 
con  ordea;    cataUn.  indisposat,  da 
francés,  in'it:pose';  italiano,  indisposío. 
i    Indisputable.  Adjetivo.  Lo  que 
,  no  admite  disputa. 


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84 


Indi 


ErncoLOofA.  In  privatiTd  y  disptiia- 
ble;  itsli&no,  indispuíabile;  francés  y 
catalán,  indÚBUtaSiU;  latín,  indúputS- 
6Uis. 

Indisputablemente.  Adverbio  de 

modo.  Sin  disputa. 

Ktiiiolooía.  Indisputable  j  el  sufíjo 
adverbial  mente:  francés,  indi$putahU' 
ment;  italiano^  indisputaiUmente. 

Indistinguible.  AdjetÍTo.  Lo  c^ne 
no  ae  puede  distinguir  ó  ea  muj  difí- 
cil que  ae  diatioga. 

EnuoLGOÍA.  Jn  privativo  v  dittin~ 
guibieí  italiano,  iniittiiK^ulbiu;  fran- 
cés, inditíinniMe. 

ladifltintaniente.  Adverbiode  mo* 
do.  Sin  distinción. 

Etiuolooía.  Indistinta  j  el  sufijo 
adverbial  mente:  latín,  induiincte;  ita- 
liano, indistintamente;  francés,  Índit~ 
tineíemení;  catalán,  indisiinctamení. 

Indistinto,  ta.  Adjetivo.  Lo  que 
no  se  distingue  de  otra  cosa.  |  Loque 
no  se  percibe  clara  y  distintamente. 

EriHOLoaÍA.  In  negativo  j  distinto: 
\iítíntindittinctus;CAt&lán,indistincí,a; 
francés,  indistincí;  italiano,  indistinto. 

Indístríbuido,  da.  Adjetivo.  Que 
está  sin  distribuir. — «Adjetivo  que 
regularmente  aplican  los  lógicos  al 
medio  en  el  silogismo,  cuando  no  está 
afdcto  con  el  signo  universal,  ó  no  se 
puede  hacer  el  descenso  por  particula- 
res.» ( AcADBUiA,  Diccionario  de  1726.) 

IndÍTÍa.  Femenino.  Achicobia. 

ETiuoLOaÍA.  Bndibia,  La  forma  tx- 
divia,  qué  aparece  en  algunos  Diccio- 
narios^ es  bárbara. 

Individua.  Femenino  familiar.  Ca- 
lificativo de  la  mujer  que  no  se  cono- 
ce, 6  que  no  se  quiere  nombrar,  to- 
mado siempre  en  mala  parte.  |  ¡Quá 
individua!  ¡vaya  una  individuaI  KiL- 
clamaciones  familiares  c^n  que  signi- 
ficamos que  se  trata  de  una  müjer  de 
historia. 

Etiuolooía.  Individuo. 

IndíTidnación.  Femenino.  Ihdivi- 
duaudad.  i  Filosofía.  Conjunto  de 
las  cualidades  particulares  que  coos- 
titujenal  individuo  considerado  como 
el  término  contrario  de  especie. 

Ktiholdqía.  Individuo:  catalán,  in- 
dieidaació;  francés,  i'n  iividualion. 

In  di  vidual.  Adj  eti  vo.  Didúcí  ca. 
Lo  qiie  es  propio  del  individuo  ó  lo 
que  le  pertenece.  ¡1  Lo  más  particular, 
propíi)  y  característico  de  alguna  cosa. 

UTiuoLoaÍA.  Inditiduo:  italiano, 
inditiduale;  francés,  individael;  cata- 
lán, individual. 

Individualidad.  Femenino.  Cali- 
dad particular  de  alguna  cosa,  por  la 
que  se  da  á  conocer  6  se  señala  sin- 
gularmente. Ij  Personalidad,  conside- 
rada como  sujeto;  en  cu^o  sentido  se 
dice:  «acudieron  á  la  reunión  todas 
las  INDIVIDUALIDADES  más  importantes 
del  partido,  [|  ¡Sistema  de  Gally  Spur- 
zheim.  Conocimieiiio  distinto  de  los 
cuerpos  esteriori'S. 

ExiMOLoaÍA.  Individual:  latín,  indi- 
ziduítas;  italiano,  índicidualitá;  fran- 
cés, individuante;  catalán,  individua- 
litaí. 

Individualismo.  Masculino.  Filo- 
sofa. Sistema  de  aislamiento  de  cada 


INDI 

cüa!,  efi  fos  a''ectn8,  en  los  intereses, 
en  los  estudios,  término  contrarío  del 
espíritu  de  asociación.  |  Política.  Teo- 
ría que  hace  prevalecer  los  derechos 
del  individuo  sobre  los  derechos  de  la 
sociedad,  porque  considera  que  los  in- 
tereses sociales  no  son  otra  cosa  que 
una  consecuencia  délos  intereses  hu- 
manos. La  práctica  del  individualismo 
político,  tal  como  lo  entienden  las  es- 
cuelas modernas,  consiste  en  la  con- 
sagración de  los  derechos  primordia- 
les y  necesarios,  inheitentes  á  la  na- 
turaleza humana.  En  este  acepción, 
puramente  política,  el  individuausuo 
es  lo  contrario  del  socialismo. 

Etimología.  Inditiduo:  francés,  iV 
dividualisme;  italiano,  individualismo. 

Individualista.  Slasculino.  Parti- 
dario del  individualismo. 

Etiuolooía.  Individualismo:  italia- 
no, individualitia;  francés,  individua- 
liste. 

Individualización.  Femenino.  Ac- 
ción ó  efecto  de  individualizar.  |  Fi- 

I  losofia.  Situación  y  carácter  del  objeto 
individualizado;  j  así  se  dice:  «Du- 
rante las  épocas  transcurridas  desde  el 

'  período  terciario,  ningún  tipo  nuevo 
ha  aparecido  en  la  .superficie  del 
globo;  pero,  en  cambio,  los  seres  exis- 
tentes han  adquirido  un  carácter  más 
general  y  más  profundo  de  individija- 
lizaCión;  esto  es,  han  adquirido  for- 
mas más  definidas  j  determinadas.» 
^jFx/rac/o  í/#FouviBLLB,  Presse  scienti- 
fique  i  i  863,  tomo  i.*,  página  458.) 

ExiMOLoaÍA.  Indivtdualitar:  italia- 
no, individuasioHe;  francés,  individua- 
lisaíion. 

Individualizado,  da.  Participio 
pasivo  de  individualizar. 

ExiuoLoaf  A.  Individualizar:  catalán, 
individual,  da;  francés,  individualisé; 
italiano,  individuato. 

Individualizar.  Activo.  Indivi- 
duas. Q  Filosofía,  Hacer  individual; 
revestir  del  carácter  de  individuo,  co- 
mo cuando  se  dice:  individualizar  las 
ideas. 

EtimolooÍa.  Individuo:  italiano,  »k- 
dividuarj;  francés,  individnaliser;  cata- 
lán, individúan sar, 

Individualménte.  Adverbíodemo- 
do.  Didáctica.  Con  individualidad.  || 
Con  unión  estrecha  ¿inseparable. 

Etiuolcoía.  Individmt  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  italiano,  tndividuaí- 
menle;  francés,  indiciduellement;  cata- 
lán, indiv'dualmení,  inditiduamenl. 

Individuamente.  Adverbio  de  mo- 
do. iNSBPABABLBUBNTg. 

Individuar.  Activo.  Especificar  al- 

fruna  cosa,  trater  de  ella  con  particu- 
aridad  y  por  menor.  ¡|  Filosofía.  Dar 
la  forma  individual,  constituir  el  in- 
dividuo. 

EtimolgoÍa.  Individuo:  francés,  /n- 
diviuuer;  catalán,  individuar. 

Reseña. — \.  La  Real  Academia  Es- 
pañola refiere  individualizar  á  indivi- 
duar,considerando  dichos  verbos  como 
voces  idénticas,  lo  cual  ofrece  ciertas 
dificultades. 

2.  Inditidualitar  quiere  decir:  enu- 
merar indi  vid  ualmenle;  esto  es,  enun- 
ciarlas cosas  con  sus  señas  individua- 


ItlDÍ 

les;  como  sí  presentera  individuo  poif 
individuo. 

3.  Individuar  quiere  decir:  dar  U 
forma  individual,  constituir  la  fuerza 
6  el  agente  que  se  llama  individuo. 

El  verbo  individualizar  lo  específica: 
el  verbo  individuar  lo  hace. 

Individualisar  enuncia:  inditiduar 
compone. 

Individualizar  crea  el  detelle,  iWt- 
viduar  crea  el  ente. 

Individualitar  represente  una  ac- 
ción: iWtnVMr  represente  un  método. 

Supongamos  que  hacemos  la  pin- 
tura de  un  hombre,  eipresando  todas 
Us  circunstencias  y  señales  que  des- 
criben etactemento  su  psrsona.  Pode 
mos  decir  que  lo  hemos  individualisa- 
do:  eso  es  individualizar. 

Supongamos  ahopa  que  lo  compara- 
mos á  otros  hombres,  que  lo  distin- 
guimos de  los  demás,  que  le  dam  js  su 
forma  propia,  su  propia  expresión,  su 
concepto  característico,  como  si  creára- 
mos una  substancia  metafísica,  un  su- 
jeto lógico,  un  ente  de  razón.  Dado 
este  supuesto,  podemos  decir  que  he- 
mos creado  un  individuo;  aso  es  indi- 
ñduar, 

Individnidad.  Femenino  anticua- 
do. Individualidad. 

Individuo.  .Masculino.  Cienciu. 
Todo  cuerpo  considerado  con  un  ser 
distinto  de  la  especie  á  que  pertene- 
ce. II  Lógica.  El  particular  de  cada  es- 
pecie, como:  Pedro  y  Juan  son  indi- 
viduos de  la  especie  humana,  y  Qu  - 
mica.  Todo  cuerpo  simple  ó  compues- 
to, crístelízable  ó  volátil,  sin  descom- 
posición. II  Zoología  y  bodinica*  Todo 
cuerpo  organizado,  que  vive  ó  ha  vi- 
vido con  existencia  propia.  Q  Derecho 
político.  El  ser  personal,  considerado 
como  término  opuesto  de  sociedad  ó 
Estedo;  j'así  decimos:  derechos  lndi- 
viDUALBi.  H  Pbbsona.  Ya  con  referen- 
cia á  tel  ó  cual  elasé  6  eorporación, 
como:  individuo  del  Consejo  de  Bste- 
do;  INDIVIDUO  de  la  Real  Academia 
Española;  ;fa  denoUndo  un  sujeto, 
cu^o  nombre  y  condición  se  ignoran 
ó  no  se  quieren  decir,  como  en  «1  ejem- 
plo siguiente:  «allá  encontré  á  vari  -s 
INDIVIDUOS.»  ti  Familiar.    La  propia 
persona  ú  otra,  con  abstracción  de  las 
demás,  como:  «Fulano  cuida  bien  de 
su  iNOivipuo;  me  he  propuesto  con- 
servar el  individuo.»  II  VAGO.  El  inde- 
terminado é  incierto.  ¡|  Mi  inuiviulo. 
Mí  persona,  en  estilo  faoiiliar. 

Etimología.,  individuo  i:  francés, 
iñdividu;  catalán,  inlividuo. 

Individuo,  dua.  Adjetivo.  Indim- 
dual.  jl  Lo  que  no  se  pu^de  separar, 
ni  dividir,  en  cuja  acepción  es  siuv- 
nimu  de  indiviso.  - 

Etimología.  Indiviso:  lat|n,.  iMt/fc/- 
duus;  individua  corpora,  átomos;  esto 
es,  cuerpos  indivisibles. 

Reseña  histórica.-^\.  El  latín  esco- 
lástico tiene  individua  ó  indichVAtta, 
que  significaba  los  seres  particulares 
en  que  se  dividen  las  especies,  pro- 
I  ductos  á  su  vez  de  la  diviaióu  de  los 
géneros. 

2.  También  tenia  la  expresión  in- 
DiviwvM       para  u^aitiear  la  idea 


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lNt)0 

¿a  nomU&ft  indÍTÍdualei},  da  nombres 

Sropios,  como  Pedro,  Sócrates;  de 
onde  TÍane  la  costumbre  de  entender 
por  INDIVIDUO  todo  ser  tonlado  de  un 
modo  singular  de  cualquier  especie. 
(Extracto  de  Ch.  db  Rbuusat.) 

IndÍTÍsamente.  Adverbio  de  mo- 
do. Sin  división. 

EtiuoloqU.  Indiviia  j  el  sufijo  ad- 
verbial vunte:  latín,  indiñié;  francés, 
imdivitftnení, 

ladivísibilidad.  Femenino.  La 
incapacidad  de  separarse  una  cosa  de 
otra  ó  de  dividirse  en  partas.  |  Física. 
Cualidad  y  estado  délo  que  no  puede 
ser  dividido,  como  cuando  se  dice:  U 
IND1VIS1BIUDAD  de  UD  átomo.  Q  ^eía~ 
JUiea.  Atributo  de  las  substancias 
espirituales»  consideradas  como  subs- 
tancias simples,  y  Teologia,  Atributo 
de  la  esencia  divina. 

ETiuoLoaÍA.  Indititihléi  catalán, 
indmtihiliiaí;  francés,  indivitibilit^; 
italiano,  indivisibUita. 

Indivisible.  Adjetivo.  Física,  Lo 
que  no  se  puede  dividir.  Q  Metafísica. 
Cualidad  del  espíritu  jr  de  los  seres 
espirituales.  ||  Teología.  Cualidad  j 
atributo  de  la  divina  esencia.  II  Filo-  , 


INDO 

varbial  mfííie!  catslán»  indécUmatt; 
francés,  indoálement. 
Indoctamente.  Adverbio  de  modo. 

Sin  instrucción. 

EriuoLoafA.  Indocta  j  el  sufijo  ad- 
verbial mente.'  latín,  indocÜ;  italiano, 
indottam¡ent€;  francés,  indoctemení;  ca- 
talán,  indocíament. 

Indoctísimo,  ma.  Adjetivo  super- 
lativo de  indocto. 

ETiuoLoofA.  Latín  indoeíissímus. 

Indocto,  ta.  Adjetivo.  El  qae  no 
es  docto  é  instruido. 

Etiuolgoía.  In  privativo  j  docto: 
latín,  indoctus;  italiano,  indoíto;  fran- 
cés, indocte;  catalán,  indocíe^  a. 

Indoctrinado,  da.  Adjetivo  anti- 
cuado. El  que  carece  de  doctrina  6  en- 
señanza. 

Indole.  Femenino.  La  inclinacidn 
natural  propia  da  cada  uno. 

Etiuolooía.  Latín  fWcí¿«t:  italiano, 
Índole;  catalán,  Índole. 

Sentido  etimológico.— ^\  latín  indSles 
se  compone  de  tndu,  arcaísmo  de  in, 
en,  dentro^  y  de  olescere,  crecer.  Por 
consecuencia,  la  índole  es  el  genial 
q^ue  crece  con  el  individuo,  que  cons- 
tituje  el  fondo  de  su  carácter,  de  su 


INDR 


85 


tofh.  Unidad  indivisible.  La  unidad  inclinacidn,  da  su  modo  de  ser,  pues- 
del  juicio,  que  es  la  unidad  del  alma;  to  que  equivale  á  un  reflejo  de  su  na- 
también  la  unidad  da  la  verdad,  infi-  turaleza. 

nitamente  más  segura  que  la  percep-  j    Sinoniuia.  índole,  temple,  genio,  ca- 


te, la  misma  responsabilidad.  _  ^  ^  temple  es  la  disposición  á  asas  mismas 
EtuolooCa..  fn  privativo  y  divisi-  cualidades  en  un  momento  determina- 
bU:  latín,  indiiñsUuis;  itaiiano,  indi-  do,  j  así  decimos  que  un  hombre  de 
tisibile;  francés  y  catalán,  inditisible.  ^  buena  índole  puede  estar  de  mal.  tem- 
IndÍTÍBÍbIemente.  Adverbio  de  .pie.  Genio  es  la  inclinación  natural  á 
modo.  Sin  división.  |  cierto  modo  de  obrar  en  ocasiones  es- 

ETWíOLoaÍA.  Inditisible  y  el  sufijo  peciales;  como  á  la  precipitación  an  la 
adverbial  mente:  catalán,  indivisible-,  duda,  á  la  ira  en  la  ofensa,  á  la  ezas- 


nrsí.'francés,  indivisiblem^nl;  italiano, 
indivlsihilmente;  latín,  indivisibilíter. 

Indiviso,  sa.  Adjetivo.  Lo  que  no 
está  separado  6  dividido  en  partes.  | 
Pao  INDIVISO.  Mjdo  adverbial.  Foren- 
se. Que  se  dice  de  las  herencias  cuan- 
do no  están  hachas  las  particiones. 

Ktiuolooía.  Latín  indltñsus;  de  in 
negativo  y  dit^us,  dividido:  catalán, 
inJivís,  a;  francés,  inditit;  italiano, 
imdieiso. 

Indivulgable.  Adjetivo.  Que  no 
debe  divulgarse. 

Indiyncucable.  Adjetivo  anticua- 
do. Lo  que  no  se  puede  ó  no  se  debe 
juigar. 

Indocibilidad.  Femenino.  Falta 
de  docilidad. 

Indócil.  Adjetivo.  El  6  lo  que  no 
tiene  docilidad. 

ErufOLOofA.  In  privativo  y  dócil: 
latin  clásico,  indocÚis;  italiano,  indd- 


peración  en  las  dificultades.  Carácter 
es  el  conjunto  de  todas  las  cualidades 
y  hábitos  del  hombre,  tanto  los  natu- 
rales, como  los  adquiridos  en  el  trato 
con  los  otros  individuos  de  su  espe- 
cie. La  Índole  j  el  temple  excitan  amor 
ú  odio;  el  genio  y  el  carácter^  la  esti- 
mación d  el  desprecio.  (Mora.) 

Indoloncía.  Femenino.  Insensibi- 
lidad á  los  objetos  que  mu«ven  regu- 
larmente á  otras  personas.  Q  Flojedad, 
pereza. 

Etiuolgoía.  Indolente:  latín,  ind^- 
leníta;  italiano,  indolema;  francés^  t'ff- 
dolence;  catalán,  indolencia. 

Indolente.  Adjetivo.  Insensible  á 
los  objetas  que  mueven  regularmente 
á  otras  personas.  ||  Flojo,  perezoso.  | 
Medicina.  Que  no  causa  dolor,  como 
cuando  se  dice:  gota  indolbntb.  || 
También  se  usa  .como  sustantivo,  en 
ciijo  sentido  suele  decirse:  cel  mundo 


ciie;  francés,  iudocile;  catalán,  indócil. ,  est  i  lleno  de  indolentes.) 


Indocilidad.  Femenino.  La  falta 
de  docilidad. 

.  EtÍholooCa.  Indócil:  latín,  indocUí- 
lítas,  en  Apulevo;  italiano,  indocilitá; 
francés,  indodlité;  catalán,  indociliíat. 

Indócilmente.  Adverbio  de  modo. 
Con  indocilidad;  en  términos  indó- 
ciles. 

BtiholooU.  Indócil  y  el  sufijo  ad- 


Etiiioloo£a.  Latín  indUens,  indUen- 
lis;  de  in,  no,  y  dolens,  doliente;  »«- 
doliente,  que  no  siente  dolor:  catalán 
y  franc  -s,  indolent;  italiano,. tWo¿m¿«. 

Indolentemente.  Adverbio  de  mo- 
do. Ton  indolencia. 

Etimolgoía.  Indolente  y  el  sufijo  ad- ; 
yerbial  mente:  francés,  indolemmení: ' 
italiano,  indolentemrnle. 


Indoleta  6  Indoletes.  líasculiuo 
plural.  Mitología,  Sobrenombre  de 
Baco,  vencedor  de  la  India. 

Indomabilidad.  Femenino.  Cuali- 
dad de  lo  indomable. 

ETiyoLcoÍA.  Indomable:  francés,  ts- 
dompiabiíite'. 

Indomable.  Adjetivo.  El  á  lo  que 
no  se  puede  domar.  |  Metífora.  In- 
flexible, con  relación  á  seres  morales, 
como  furia  indomíBlb,  carácter  ó  ge- 
nio INDOMABLE. 

Etimolooía.  In  privativo  y  doma- 
ble: latín,  indomabílis;  italiano,  indo- 
mabile;  francés  del  siglo  xvi,  indonta- 
ble;  moderno  indomptahU;  catatán, 
indomable. 

Indomado,  da.  Adjetivo.  Lo  que 
está  sin  domar  6  reprimir. 

Indomeñable.  Adjetivo.  Indoma- 
ble. 

Indomesticable.  Adjetivo.  Loque 

no  se  puede  domesticar. 

Etiuolooía.  In  privativo  y  domesti- 
cable:  catalán,  indomesticable. 

Indomesticado,  da.  Participio  pa- 
sivo de  indomesticar. 

Etimología.  In  privativo  y  domesti- 
cado: catalún,  indomesUcaí,  da. 

Indoméstico, ca.  Adjetivo.  Lo  qua 
está  sin  domesticar. 

Indómitamente.  Adverbio  modal. 
De  un  modo  indómito. 

Etiúolooía.  Indómita  y  el  sufijo 
adverbial  mente. 

Indómito,  ta.  Adjetivo.  Aplícase 
al  animal  que  no  se  pueda  domar  y  al 
qua  no  está  domado.  \  Metáfora.  Lo 
que  es  difícil  de  sujetar  ó  reprimir. 

Etimoldoía.  Latín  indomUus,  feroz; 
de  in  privativo  y  dSmUns,  domado, 
participio  pasivo  de  domare,  domar: 
italiano,  iHÓldmiío;  catalán,  indmit,  a. 
Indúuito  é  indoméstico  represenh»u  •.! 
mismo  vocablo  de  origen. 

Indostes.  Caudillo  español,  jefe  de 
una  de  las  tribus  celtíberas,  situa- 
das en  las  inmediaciones  del  Ebro. 
Después  de  la  derrota  de  Istolacío, 
por  Amílcar  Barca,  le  reempla?.  >  In- 
ooátes  en  el  mando  de  los  celtíberos; 
fué  atacado  por  el  general  cartaginés, 
que  le  hizo  prisionero  j  la  mandó  cru- 
cificar. 

Indost&n  ó  Hindostán.  Voz  com- 
puesta de  hindout,  hindus,  indous,  in~ 
dns,  indio,  y  del  persa  stuu  ó  están, 
país:  esto  es,  país  de  los  indios. — Stan, 
están,  tan  (persa),  son  voces  desinen- 
ciáles  que  significan  país,  y  se  en- 
cuentran en  muciios  nombres  geográ- 
ficos, como  Aquitinia  (país  de  los 
aquitanos),  Sdeíania,  Mauritania  (país 
de  los  moros),  etc.  (Munlau.)  I  India. 

Indotación.  Femenino.  Forense, 
Falta  de  dotación. 

ETiuoLoofA./n  privativo  jr  (^o/oerus: 
catalán,  indotació. 

Indotado, da.  Adjetivo.  El  ó  lo  que 
está  sin  dotar.  (|  Metáfora. Siupreudas 
que  le  hagan  recomendable. 

Etimología.  In  neg.itivo  y  dolado: 
latín,  inaolalus;  catalán,  in/olat,  da. 

Indra.  Masculino.  Mitohgía  indio. 
El  primero  de  los  ocho  l\ous  en  la 
religión  de  Brahma,  Es  eí  dios  del 
aire,  conductor  de  las  n<ib¿5,  uno  A<i 


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e6 


INOÜ 


los  ffuardianes  del  maado  j  regeots 
del  Oriente.EalMpiaturasfle  le  repre- 
senta montado  en  el  elefante  Iravat, 
con  cuatro  brazos  y  los  ojos  vendados. 
Sus  atributos  son  el  loto  j  el  rayo. 

ETiuoLOofA.  S.in8crito  Indras,  dios 
del  cielo:  grieg-o,  itOíJp  (aiikér);  latín, 
atker,  el  meg^o  elemental,  la  esfera 
del  fuego,  la  región  más  alta  del  aire, 
la  parte  más  sutil  de  el,  el  aire,  el 
cielo,  la  luz,  Júpiter,  dios  j  padre  del 
aire.  (Cicerón.) 

Indubitable.  Adjetivo.  Lo  que  no 
se  puede  dudar. 

Étimolosía.  Latín  iniuhitahUit;  de 
««,  no,  j  dUiía&íliiy  dubitable:  italia* 
no,  indubiíaHle;  francés  j  catalán,  in- 
d%bitaUe. 

Indubitablemente.  Adrerbio  de 
modo.  Ciertamente,  sin  podene  du- 
dar. 

EnuoLooÍA.  Indubitable  j  el  sufijo 
adverbial  mente:  latín,  indubítabílíter, 
ind&bííSté,  ind&bííSníer;  francés  j  ca- 
talán, indubiíabUment. 

Indubitadamente.  Adverbio  de 
modo.  Ciertamente,  sin  duda. 

EnuoLoaÍA.  Indubitada  j  el  sufijo 
adverbial  mente:  eatal&n,  indubitada- 
ment. 

Indubitado,  da.  Adjetivo  anticua- 
do. Lo  que  es  cierto  j  no  admite  du- 
da. I  Forente.  Firua,  indubitada. 

EriHOLOOfA.  Jh  privativo  y  dudado: 
latín,  indébítitus;  catalán,  indnbitatt 
da. 

Inducción.  Femenino.  Inatigacidn , 
persuasión.  Q  Filosofía.  Argumento 
que  se  forma  observando  el  mayor  nú- 
mero posible  de  hechos  ó  casos,  para 
venir  a  establecer  como  regla  ó  verdad 
general  lo  que  en  todos  ellos  se  veri- 
hca  uniformemente.  Esto  demuestra 
que  la  inducción  es  un  procedimiento 
analítico  en  que  vamos  de  los  efectos 
á  las  causas;  da  lo  particular  á  lo  ge- 
neral; de  las  consecuencias  al  princí- 

{lio.  Por  consiguiente,  basta  conocer 
o  que  es  verdad  en  algunos  hombres, 
para  saber  por  inducción  lo  que  es 
verdad  en  el  género  humano;  ó  lo  que 
es  verdad  en  algunos  países,  para  sa- 
ber lo  que  es  verdad  en  toda  la  tierra, 
supuesta  la  igualdad  perfecta  de  cir- 
cunstancias. I  Retórica.  Argumentoen 
que,  por  U  enumeración  de  los  parti< 
culares,  se  infieren  las  proposiciones 
generales  que  el  orador  intenta  pro- 
bar. La  inducción  retórica,  como  la 
INDUCCIÓN  lógica,  consiste  en  una  per- 
cepción, en  que  el  análisis  nos  lleva 
á  la  síntesis.  |¡  Corrientb  db  induc- 
ción. Física,  Acción  por  cujo  medio 
se  hace  pasar  la  corriente  eléctricades- 
arroUada  por  una  pila,  ó  por  un  imán, 
al  través  de  un  hilo  de  cobre  de  cieiv 
ta  longitud,  aislada  por  un  hilo  de 
seda  que  lo  cubre,  enrollado  en  ana 
canilla. 

^tiuqidqík.  Inducir:  latín,  tnducíh, 
introducción, argumento  oratorio;  for- 
ma sustantiva  abstracta  de  inducíus, 
inducido:  provenzal,  inductio;  catalán, 
inducció;  francés,  inductiont  italiano, 
induzione. 

Inducía.  Feminino  anticuado.  Tre- 
gua ó  dilación. 


INDÜ 

EriHOLOafA.  Latín,  indScU,  tre- 
guas, descanso;  de  in,  no,  j  (¿fic>«, 
conducir;  tno  conducir  las  tropas,  no 
lidiar.» 

Inducidamente.  Adverbio  de  mo- 
do. Por  inducción. 

Etiuolooía.  Inducida  j  el  sufijo 
adverbial  mente:  latín,  inducílvi. 

Inducido,  da.  Participio  pasivo  de 
inducir. 

Etiwolooía^  Latín  inducíui,  parti- 
cipio pasivo  de  indSc''re:  catalán,  úi- 
duAit,  da;  francés,  indnií. 

Inducidor,  ra.  Masculino  j  feme- 
nino. El  que  induce  á  alguna  cosa. 

ETiiiCH.oafA.  Jndueir:  latín  de  las 

? losas,  indietorp  forma  agente  de  f»- 
ucí1o,  inducción;  francés,  itutueteur; 
italianb,  indutíore;  catalán,  induki' 
dor,  a. 

Inducimiento.  Masculino.  Ihddc- 

CIÓN  ó  PERSUASIÓN. 

Inducir.  Activo.  Instigar,  persua- 
dir, mover  á  alguno,  f  Anticuado. 
Ocasionar,  causar. 

Etiholooi'a.  Provenzal  enduire, 
en/urre;  catalán,  indu&ir;  francés,  in- 
duire;  italiano,  inducere,  indurre,  del 
latín  induciré,  hacer  entrar;  de  in,  en, 
dentro,  sobre,  j  i^icVí,  conducir. 

Indúctil.  Adjetivo.  FUiea.  Que  no 
tiene  ductilidad. 

SruioLQOfA.  In  ^tintíro  j  dietil: 
francés,  indnetile* 

Inductivo,  va.  Adjetivo.  Filon- 
Jta.  Que  procede  por  inducción,  en 
CUJO  sentido  se  dice:  método  inducti- 
vo. I  Capacidad  inductiva.  Fitica. 
Facilidad,  más  ó  menos  grande,  con 
que  la  electricidad  neutra  se  descom- 
pone j  se  recomp)ne  en  el  interior  de 
una  misma  molécula;  término  contra- 
río de  coiiduclibilidad,  la  cual  consiste 
en  la  facilidad,  más  ó  menos  grande, 
con  que  la  electricidad  de  una  molé- 
cula se  comunica  á  las  moléculas  si- 
guientes. (LiTTRtf .) 

ErmoLOofA.  Latín  indueíttut;  ita- 
liano, 4nduíiivo;  francés,  indueti/¡  ca- 
talán, indueíiut  va. 

Inductor.  Adjetivo.  Física.  Círcu- 
lo inductor;  círculo  que  efíectúa  la 
inducción.  [|  Músculo  inductor.  Ana- 
tomía. Músculo  que  produce  una  con- 
tracción inducida. 

Etiholooía.  Inducir:  francés,  tfi- 
ducíeur. 

Indudable.  Indubitable. 

Indudablemente.  Adverbio  de  mo- 
do. De  un  modo  indudable. 

Etimología.  Indubitablemente. 

Indulgencia.  Femenino.  Facilidad 
en  perdonar  ó  disimular  las  culpas  ó 
en  conceder  gracias.  ]  Remisión  que 
hace  la  Iglesia  de  las  penas  debidas 
por  los  pecados.  [[  parcial.  Aquella 
por  la  que  se  perdona  parte  de  la  pe- 
na, l  PLBNARiA.  Aquella  por  la  que  se 
perdona  toda  la  pena. 

Etimología.  Indulgente:  provenzal, 
indulgencia,  endulgencia;  catalán,  itt- 
dulgencia;  francés,  indulgence;  italiano, 
indulginza;  del  latín  inau^entía,ÍQtm9^ 
sustantiva  abstracta  de  indulgens^  in- 
dulgente. 

Reseña  histórica. — Remisión  de  pe- 
nas temporales,  concedida  por  la  Igle- 


ÍNDü 

sfa  á  los  pecadores  penitentes,  £  eon- 
dioión  de  ajunos,  oraciones,  actos 
de  reli^i  in,  obras  piadosas,  limosoii, 
peregrinaciones, donaciones  para  cons- 
truir iglesias  ú  hospitales,  etc.  Según 
la  pena,  se  remite  en  todo  ó  en  ^rte; 
son  pleMrias  6  parciales,  no  pudtendo 
conceder  las  primeras  más  que  el 
Sumo  pontífice  La  distribución  de 
las  INDULGENCIAS  en  Alemania  por  el 
monje  Tetzel,  en  nombre  del  pipa 
León  X,  en  favor  de  los  que  contríbu- 
jeron  á  la  construcción  de  San  Pedro 
en  R  )ma,  fué  la  causa  ocasional  de  ha 
predicaciones  de  Lotero,  en  lól7.  El 
Concilio  de  Trento  reprimid  el  abuso, 
pero  mantuvo  el  derecho. 

Indulgente.  Adjetivo.  Bl  que  es 
fácil  en  perdonar  j  disimular  los  pe- 
rros ó  en  conceder  gracias.  . 

Etimología.  Latín  indulgens,  entit, 
participio  de  presente  de  indulgiré, 
conceder,  permitir,  perdonar:  italia- 
no, indulgente;  francés,  indulgent,  ente; 
catalán,  indulgent. 

Indulgentemente.  Adverbio  de 
modo.  Con  indulgencia. 

ETiMOLOofA.  Indalgeate  j  el  sufijo 
adverbial  mente:  catalán,  indulgent- 
ment;  fnincés,  indulge mment;  latín,  iVt- 
duLenter. 

Indultado,  da.  Participio  pasivo 
de  indultar. 

EtimolgoÍa.  IniulUtr:  catalán,  te- 
dnltai,  -  a. 

Indultar.  Activo.  Perdonar  á  uno 
la  pena  que  tenía  merecida;  excep- 
tuarle ó  eximirle  de  alguna  lej  ú  obli- 
gación. 

EriMOLoafA.  Indulto:  catalán,  in- 
dultar. 

Indultarlo.  Masculino.  El  sujeto 
que,  en  virtud  de  índnlto  ó  gncia 
pontificia,  podía  cbuceder  baneflcios 
eclesiásticos. 

EnuoLOOfA.  Indulto:  italiano,  iu- 
dultdrio;  francés,  indultaire;  catalán, 
indultari. 

Inlulto.  Masculino.  Gracia  ó  pri- 
vilegio concedido  á  alguno  para  que 
pueda  hacer  lo  que  sin  el  no  podría.  | 
Gracia  por  la  cual  el  superior  remite 
la  pena,  ó  exceptúa  j  exime  á  alguno 
de  la  lev  ó  de  otra  cualquier  obliga- 
ción. I  Cancillería  romana.  Privilegio 
atorgado,  en  virtud  de  bulas  del  Sumo 
pontífice,  á  cualquiera  corporación  ó 
particular,  de  poder  proveer  ciertos 
beneficios,  ó  de  conservarlos  en  su  po- 
der, mal  grado  las  disposiciones  del 
derecho  común.  ||  ds  los  rbvb^.  Fa- 
cultad de  hacer  nombramientos  en 
los  beneficios  consistoriales.  ||  db  los 
CARDENALES.  Facultad  de  conservar 
Ins  beneficios,  así  regulares  como  se- 
culares. ¡I  Anticuado.  Derecho  que  sj 
adeudaba  al  re_y  de  España  por  lo  que 
venía  de  las  indias  occideutales  en 
los  antiguos  galeones. 

Etimología.  Catalán  j  francés,  ñt- 
dult;  italiano,  indulto,  del  latín  indul- 
tus. 

1.  El  latín  indultus  significa  cosa 
acordada.  (Littbé.) 

2.  Esto  es  un  error,  el  cual  provie- 
ne de  que  se  ha  confundido  el  ultus 
de  indmitus,  indulto,  con  el  ultnt  de 


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INDU 

ensnlíiUt  participio  paaivo  de  amiMI- 

re,  consultar. 

3.  Esos  dos  temas  no  tienen  rela- 
ción alguna,  puesto  que  el  *U*S  de 
■ndultus  representa  una  forma  paralela 
de  ulíto,  Tengi-anza;  mientras  que  el 
niiut  de  coHtuUtu  representa  una  for- 
ma de  amsül?re,  tema  verbal  de  cón- 
sul, cansUlit,  eónsult  magistrado,  con- 
sejero público. 

4.  7Wíi¿<o  significa,  no  cosa  con- 
sultada, no  cosa  decidida,  sino  per- 
dóo, concesión,  indulgencia,  como  For- 
ma simétrica  de  indnltiu,  participio 
pasivo  de  induí^ertf  ser  indulveote. 

5.  La  forma  etimológica  de  indul- 
tu»  es  in.  Dejación;  d  eufónica  y  uitío, 
venganza:  tnr'á~%líia,  «no  venganza, 
perdón,  olvido.» 

6.  La  d  del  vocablo  latino  tiene  por 
objeto  distinguirlo  de  inulíui,  no  ven- 
gado, qoe  esla  misma  palabra  radi- 
cal: in-uliut,  no  vengado;  in-d-tilliu, 
concedido. 

Indumentaria.  Femenino.  Arqueo- 
logia.  Tratado  acerca  de  los  trajes,  y, 
por  extensión,  de  los  muebles  j  ador- 
nos dn  la  antigüedad. 

E-nHOLoaÍA.  Latín  ind^mintum,  el 
vestido,  eu  Cicerón,  forma  de  indúo, 
(j^ue  es  el  griego  ivSúw  (endúd),  ves- 
tir. 

Indumento.  Masculino  anticuado. 
Vestidura,. 

Indarable.  Adjetiro.  Que  no  pue- 
de durar. 

Indnraci¿n.  Femenino  anticuado. 
Enjub.!cimignto.  Q  Medicina,  Acción 
j  efectu  dtí  endurecerse,  como  cuando 
se  dice:  induración  del  tejido  celular; 
iNDURACioNBS  del  vientre. 

BTiuoLoaÍA.  Latín  índürSíus,  endu- 
recido, participio  pasivo  de  indurare, 
endurecer:  italiano,  indurare^  i»duri- 
re;  francés,  indurar;  de  tu,  eu,  j  dUra- 
re^  forma  verbal  de  (Alnu,  duro:  fran- 
cés, indtiration, 

Indasia.  Femenino.  Botánica,  Es- 
pecie de  túnica  membranosa  en  que 
están  eacerndos  los  cuerpos  reproduc- 
tores de  los  helechoi.  |  Mineralt^ia, 
Nombre  que  dió  Bosc  á  unos  cuerpos 
fósiles,  que  presentan  la  forma  de  un 
tubo  de  6  á'lO  milímetros  de  diáme- 
tro, j  de  6  á  8  centímetros  de  longi- 
tud, abierto's  por  un  lado  j  cerrados 
por  el  lado  opuesto.  Parece  ser  que 
dichos  cuerpos  fósiles  proceden  de  un 
insecto,  perteneciente  al  orden  de  los 
neceó  pte ros-  (Lsooarant.) 

ETiuoLoaÍA.  Jndutio:  francés,  in- 
dulte. 

Indunado,  da.  Adjetivo.  Historia 
ntturul.  Que  está  cubierto  por  una  in- 
dusía. 

IndasianOf  na.  Adjetivo.  Geolo- 
gía. Bjiíteto  de  las  capas  de  terreno 
que  3irv.:n  de  cubierta  á  los  restos  de 
utras  capas. 

B-nMOLOGÍA.  Tnduño» 

Inausio.  Masculino.  Antigüedades. 
Especie  de  túnica  que  las  mujeres  ro- 
manas Hevabau  interiormente  á  modo 
d'.'  eamisn. 

EnuoLooÍA.  Latín  indüsXum,  cami- 
sa de  mujer;  forma  de  indu^re,  vestir. 

1.  El  lat'n  indu're  está  formado  de 


INDU 

dentro,  j  un  radical  uére,  que 

no  se  conoce.  (Litthé.) 

2.  Estamos  seguros  de  que  el  sabio 
autor  no  llegó  á  ver  las  anteriores  lí- 
neas, porque,  si  las  hubiera  visto,  ha- 
bría discurrido  en  el  acto  que  el  ver- 
bo indu^re^  vestir,  es  literalmente  el 
griego  ivSúti)  (endúS),  jo  me  visto. 

Industria.Femeuiuo.  Maña  y  des- 
treza ó  artificio  para  hacer  alguna  co- 
sa. ]]  La  ocupación,  el  trabajo  que  se 
emplea  en  la  agricultura,  fábricas,  co- 
mercio v  artes  mecánicas.  Q  Ds  indus- 
T&iA.  Modo  adverbial.  De  intento,  de 
propósito. 

Etimolooía,.  Latín  industria,  habi- 
lidad, destreza  en  cualquier  arte:  ita- 
liano, industria:  francés,  iiuíustrie;  cap 
talán,  industria. 

Sentido  etimológico. — 1.  El  latín  »«- 
dttstria  se  compone  de  indu,  forma  an- 
tigua de  in,  en,  dentro,  js^ra."», cons- 
truir, fabricar. 

2.  Las  ideas  que  significa  el  vocá- 
blo  latino  son  las  siguientes:  idea  de 
rapidez:  industria  itenerit;  rapidez  en 
el  viaje  (Subtonio);  de  esfuerzo  j  vl- 
^or:  samni»  industriis;  con  esfuerzos 
inauditos  (Pláuto);  de  diligencia,  de 
cuidado,  de  esmero:  ta  scrtbendo  ta»- 
tum  iNDUáTBi^  ]^anam;  pondré  tanto 
cuidado  en  escribir...  (Cicerón);  de 
ejercicio  y  hábito:  ÍH^mwn  industria 
aUtnri  el  talento  se  alimenta  con  el 
^ercitío.  (Ibidsk.) 

3.  El  modo  adverbial-de  industru, 
á  propósito,  es  enteramente  latino,  se- 
gún vemos  en  Cicerón. 

4.  La  industria,  ateniéndonos  á  su 
significado  etimológico,  representa  la 
fábrica  interior  de  cada  nombre,  la 
particular  manufactura  de  cada  casa. 

Industrial.  Adjetivo.  Lo  que  per- 
tenece á  la  industria.  \  El  que  vive  de 
ella. 

ExiuoLoaÍA.  Industria:  italiano,  f  h- 
dusíriale;  francés,  indutíriel;  catalán , 
industrial. 

Indostríalinno.  Ibsculino.  Siste- 
ma que  consiste  en  considerar  la  in- 
dustria como  el  más  importante  obj  > 
to  de  un  Estado.  |  Preponderancia  de 
la  industria. 

Btucología.  Industria:  francés,  in- 
dusírialisme. 

Industrialista.  Masculino.  Parti- 
dario del  industrialismo.  |  Adjetivo. 
Conceruiente  al  industrialismo. 

Etimolooía.  Industrialismo:  fran- 
cés, indüsírialiste. 

Ininstrialmente.  Adverbio  de 
modo.  Con  industria. 

EriMOLoaÍA.  Industrial  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  latín,  industríi;  ita- 
liano, industrialaeníe;  francés,  indus- 
triellement. 

Indastriar.  Activo.  Instruir,  en- 
señar, amaestrar  á  alguno.  Se  usa 
también  como  recíproco. 

EtiuolooÍa.  Industria:  italiano,  ¿n- 
dustriare;  francés,  industriar;  catalán, 
industriar. 

Industriarse.  Recíproco.  Adies- 
trarse. H  Manejarse  bien  para  vivir. 

ETiMor.OGÍA.  Furraa  reflexiva  de  in- 
dustrial-: tciliano,  indusiriarti;  fran- 
cés, s'iudustrier;  catulún,  in.ius triarse. 


INEF 


87 


IndoatrioMmeiiia.  Adverbio  de 
modo.  Con  indastria  j  maña.  |  Anti- 
cuado. De  industria  ó  de  propósito. 

Etiholooía.  Industriosa  y  el  sufijo 
adverbial  mentf:  latín,  industríSsi;  ita- 
liano, indusíri&sameníe;  francés,  indus- 
trieusemení:  catalán,  industriosament. 

Industrioso,  sa.  Adjetivo.  El  que 
obra  oon  industria.  |  Lo  que  se  hace 
con  industria.  |  Hacendoso.  |  Hábil 
en  agenciarse  lo  necesario  para  vivir 
bien. 

EruiOLOofA.  Industria:  latín,  indus- 
íríosus:  italiano,  i.  duslrioso;  francés, 
itfiustrieux;  catalá'n,  industriÓs. 

InduTÍa.  Femenino.  Botánica.  La 
parte  accesoria  de  una  flor  que  cubre 
el  fruto. 

EnuoLDOÍA.  Latín  indHie,  vestido: 
iNDUvi.c  arboris,  corteza  de  un  árbol 
(Plinio);  francés,  iudutie. 

InduTÍido,  dd.  Adjetivo.  Botáni- 
ca. Cubierto  por  una  induvia. 

Induvial.  Adjetivo.  Botánica,  Que 
cubre  el  fruto. 

EriHOLOofA.  Induvia:  francés,  indu- 
vial. 

Inebriar.  Activo  anticuado.  Eu- 
BMAOAa  ó  BHBORBACHAB.  ||  Metáfora 
antigua.  Turbar  la  razón  ciertos  afeo- 
tos  violentos  y  pasiones,  como  la  ira, 
el  amor,  etc. 

EtiuolooÍa.  Latín  inébriire,  em- 
borrachar; de  in,  en,  y  f triare,  forma 
verbal  de  Ibríus,  ebrio. 

Inebriativo,  va.  Adjetivoanticua- 
do.  Lo  que  embriaga  o  tiene  virtud 
de  embriagar, 

InecoBomía.  Femenino.  Falta  de 
economía. 

Ineconómicamente.  Adverbio  de 
modo.  Sin  economía. 

ETiHOLOofA.  Ineconómica  y  el  sufijo 
adverbial  mente. 

Ineconómico,  ca.  Adjetivo.  No 
económico. 

Inedia.  Femenino.  Msdidna,  Esta- 
do de  una  persona  que  permanece  sin 
comer  ni  beber  por  mas  tiempo  del 
resillar. 

£tiiioloq(a.  Latín  imdía;  de  in 
privativo,  no,  y  edo,  yo  como. 

Inédito,  ta.  Adjetivo.  Aplícase  i 
lo  que  está  escrito  y  no  se  ha  publica- 
do aún. 

EriuoLoaÍA.  Editor:  latín,  inedííus, 
no  publicado;  de  in,  negación,  y  edí- 
íus,  forma  de  ed^'re,  sacar  á  luz;  ita- 
liano, inédito;  francés,  incdit;  catelán, 
inédit,  a. 

Inefabilidad.  Femenino,  Imposi- 
bilidad ó  grave  dificultad  de  ser  ex- 
plicada alguna  cosa  con  palabras, 
como  cuando  decimos:  la  inefabili- 
dad de  Dios. 

KriuoLOofA,  Inefable:  latín,  ineffSr 
btUías:  italiano,  inejfahilitái  francés, 
inefabililé;  catalán,  inefahiUtat. 

Inefable.  Adjetivo.  Lo  que  con 
palabras  no  se  puede  explicar,  en  zwyo 
sentidu  se  dice:  gozo  inbfablb,  miste- 

I  rio  INEFABLE,  INEFABLE  sabiduría,  1NE- 

^FABLB  felicidad.  ¡|  Cuando  decimos:  la 
,  INEFABLE  boudad,  U  iMBi^ABLE  clemcn- 
¡  cia,  se  entiende  que  hablamos  de  la 
clemencia  y  bondad  de  Dios. 
Etiuoloqía,  Latía  ine^aÜtist  ^u* 


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88 


INEP 


no  puede  explicarle  ni  ftun  daclne;  de 
m,  no;  ef,  por  «r,  fuera,  3^  fiiHit^ 
Torma' adjetiva  ficticia  de _/dr»,  nablar: 
in-ef'fai'tlis,  «palabra  que  no  puede 
salir  fuera:»  italiano,  inffáhile;  fran- 
cés, inefable;  catalán,  inefable. 

Inefablemente.  Adverbio  de  mo- 
do. Sin  poderse  explicar. 

Etimología.  Inefable  y  el  sufijo  ad- 
verbial mente:  latín,  ineffabUíter;  ita- 
liano, ineffabiltnente;  francés,  ine^a- 
blement;  catalán,  inefabUmení. 

Ineficacia.  Femenino.  Falta  de 
eficacia  j  actividad. 

BTnfOLOofa.  Inejtw:  italiano,  tuef' 
Reacia;  francés,  tfuJleMiHíi  catalto, 
ineñeetcia. 

Ineflcai. AdjetÍTO.  Loque  no  ei 
eficaz. , 

ETUfOLOofa.  Latín  inej^icax,  inef- 
jícSeit,  inútil;  de  in,  no,  pr  eJ^ícaXf  efi- 
caz: italiano  y  francés,  tnej^cace;  ca- 
talán, inefcát;  provenzal,  inefcas, 

Inéficazmente.  Adverbiode  modo. 
Sin  eficacia. 

BTiuoLOofA.  Ine/icaí  y  el  sufijo  ad- 
verbial mente:  francés,  ine^acement; 
htiut  ine^ca(^íer,  sin  efecto. 

Inegualdad.  Femenino  anticuado, 
Obsioualdau. 

Ihcqecución.  Femenino.  Falta  de 
ejecución. 

BriHOLoafÁ.  In  privativo  j  ejecu- 
ción: catalán,  inexecuciéi  francés,  úi- 
ex/eníion. 

Inejecutable.  Adjetivo.  Que  no 
puede  ejecutarse. 

ETiuoLoafA.  In  privativo  j  ejecuta- 
ble: fr&aees,inexécuíable. 

Inejecutado,  da.  Adjetivo.  Que 
uo  se  na  ejecutado. 

Inejercido,  da.  Adjetivo.  Que  no 
se  ha  ejercido. 

Inelegancia.  Femenino.  Falta  de 
clcj^ncia. 

.  fiielegante.  Adjetivo.  Lo  que  no 
os  elevante. 

Inuegantenente.  Adverbio  de 
modo.  Sin  elegancia. 

Etiholooía.  Inelegante  j  el  sufijo 
:idverbial  mente. 

Inelocuencía.  Femenino.  Falta  de 
elocuencia. 

Inelocuente.  Adjetivo.  No  elo- 
cuente. 

Ineludible.  Adjetivo.  Lo  que  no  se 
puede  eludir. 

Inembrionado,  da.  Adjetivo.  So- 
lánica.  Calificación  de  las  plantas  cu  jo 
modo  de  germinación  no  está  descu- 
bierto. 

BTiuoLoaÍA.  In  privativo  y  em- 
brión, 

Inenijanabilidad.  Femenino. 
Cualidad  de  lo  inenajenable. 

Inenfdenable.  Adjetivo.  Imposi- 
ble ó  dilicil  de  enajenarse. 

Inenajenado,  da.  Adjetivo.  No 
enajenado. 

Inenarrable.  Adjetivo.  Inbfablb. 

Inepcia.  Femenino.  Necedad. 

Etimología.  Inepto:  latín,  ineptía, 
necedades,  boberías:  italianu,  inezia; 
.'rancés,  inepíie;  caialún,  inepcia. 

Ineptamente.  Adverbio  de  modo. 
Sin  aptitud  ni  proporción,  necia- 
mente. 


INER 

ElTluoLoofA.  Tn^ta  y  el  sufijo  ad- 
verbial mente:  latm,  ineptí;  italiano, 
inettamente;  francés,  inepíemení;  cata- 
lán, inepíament. 

Ineptísimo,  ma.  Adjetivo  superla- 
tivo de  inepto. 

Ineptitud.  Femenino.  Inhabili- 
dad, "alta  de  aptitud  ó  de  capacidad. 

Etimología.  Inepto:  italiano,  inetti- 
titdine;  catalán,  ineptitud. 

Inepto,  ta.  Adjetivó.  Lo  que  no  es 
apto  ó  á  propósito  para  alguna  cosa. 
Lapersona  necia  ó  incapaz. 

Étiholooía.  Latín  inSptus;  de  «n, 
no,  y  ofitut,  apto;  «no  apto:»  italiano, 
iwíío; '  francés,  provenzal  y  catalán, 
ineple. 

Inequiangular.  Adjetivo.  Geome- 
tría. De  ángulos  desiguales. 

Inequidad.  Ihiquiuad. 

Inequilátero,  ra.  Adjetivo.  Mine- 
ralogía y  botánica.  De  lados  desigua- 
les, en  cuyo  sentido  sé  dice  que  las 
hojas  del  olmo  son  inei^uiláteras.  ■ 

Etimología.  In  privativo  j  «{'tti^- 
tero:  francés,  inéquilatere. 

Inequipedo,  da.  Adjetivo.  Zoolo- 
gía. De  piés  desiguales. 

BriHOLOofA..  in  privativo  y  equipe- 
do:  francés,  inequipede. 

Inequitativamente.  Adverbio  de 
modo,  qíu  equidad. 

Etiholoqu.  Inequitativa  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  francés,  in/guiíable-' 
ment,         -  - 

Inequitativo,  va.  Adjetivo.  Falto 
de  equidad. 

Etimología,  ifi  privativo  j  *^íto- 
tivo:  francés,  inéquiíable, 

Inequivalvado,  da.  Adjetivo.  His- 
toria natural.  De  valvas  desiguales. 

Etimología.  In  privativo  y  equival- 
vado:  fraoces,  inequivalve. 

IneqñiTalTO,  va.  Adjetivo.  In- 
equivalvado. 

Inequívoco,  ca.  Adjetivo.  Lo  que 
no  admite  duda  ó  equivocación.  D  Pa- 
tente, eficaz,  como  cuando  se  dice: 
pruebas  inequívocas  de  cariño. 

Inercia.  Femenino.  Flojedad,  de- 
sidia, inacción,  ¡j  Falta  de  energía.  Q 
Ciencias.  Estado  j  carácter  de  lo  que 
es  inerte,  ó  sea  falta  de  aptitud  para 
cambiar  espontáneamente  de  situa- 
ción. I  Física,  Propiedad  elemental  de 
la  materia,  en  cuja  virtud  no  pueden 
los  cuerpos  modificar,  por  su  propia 
fuerza,  el  estado  de  movimiento  ó  de 
reposo  en  que  se  hallan.  |]  Inercia  db 
la  matbiz.  Medicina.  Estado  de  este 
órgano,  que  no  se  rehace  ni  estrecha 
sus  paredes  después  de  la  expulsión 
del  feto, 

EtiuolooU.  Inerte:  latín,  iñertia; 
italiano,  inenia;  francés,  inertie;  cata- 
lán, inercia. 

Reseña. — 1.  Todo  cuerpo,  indife- 
rente por  sí  mismo  al  reposo  j  al  mo- 
vimiento, sigue  infalibleiuente  la  mis- 
ma línea  en  que  se  le  ha  movido.  Esta 
propensión  natural  á  no  mudar  de  es- 
tado se  llama  inercia. 

2.  Por  consiguiente,  la  inercia  no 
es  más  que  la  tendencia  de  los  cuer- 
pos á  permanecer  indefinidamente  en 
3U  estado  de  movimiento  6  de  reposo. 

3.  Debe  notarse  que  la  resistencia 


INES 

de  los  cuerpos  á  moverse,  esU  en  re- 
lación íntima  con  su  masa,  de  donde 
se  infiere  que  es  proporcional,  como 
el  peso,  á  la  cantidad  de  materia  que 
les  es  propia. 

4.  Por  último,  en  la  inercia  no  de- 
bemos ver  otra  cosa  que  un  resultado 
necesario  de  la  gravedad.  Quien  ex- 
plica la  lej  de  la  gravitación,  explica 
sin  duda  las  leyes  de  la  inebcia. 

Inerme.  Adjetivo.  El  ó  lo  que  está 
sin  armas.  Q  Metáfora.  Inofensivo, 
como  cuando  se  dice:  carácíerisEKHK, 
persona  inerme;  esto  es,  incapaz  de 
nacer  daño.  ||  Botánica.  Que  no  tiene 
espinas,  en  cujro  sentido  dicen  los  bo- 
tánicos: tallo  inerme.  II  Zoología.  Epí- 
teto de  los  animides  que  no  tienen 
cuerno  ni  defensa, 

Etimoloqía.  Latín  inermis,  de  in, 
negación,  y  ermis^  por  armts,  tema  de 
arma,  arma,  arma;  «sin  armas:»  ita- 
liano, francés  y  catalán,  inerme. 

Inerrable.  Adjetivo.  Lo  que  no  se 
puedo  errar. 

Etimología.  In  privativo  y  etrable: 
catalán,  inerrable;  latín,  inerrabílis. 

Inerrante.  Adjetivo.  Astronomía. 
Lo  que  está  fijo  y  sin  movimiento. 

Inerte,  Adjetivo.  Flojo,  desidioso. 
Se  aplica  en  sentido  material,  como 
en  cuerpo  iheete,  y  en  sentido  moral, 
como  cuando  decimos:  a/ma  inerte.  | 
Física.  Lo  que  no  tiene  actividad  pro* 
pía,  en  cuja  acepción' se  suela  decir 
que  los  minerales  son  cuerpos  inertes, 
puesto  que  aclarecen  como  despojados 
de  toda  especie  de  actividad.  |j  Suelo 
INERTE.  Geología.  Parte  de  la  tierra 
que  se  halla  entre  el  suelo  activo  y  él 
subsuelo,  la  cual  es  siempre  de  la 
misma  naturaleza  que  la  del  suelo 
activo. 

Etimoloqía,  Latín  i»eriÍSt  de  in, 
negación,  y  eriis,  por  aríis,  tema  de 
ars,  arlis,  articulación,  movimieiíto. 
Inertis  representa  in-artist  como  íüfr- 
mit  representa  tn-armis:  italiano  y 
francés,  inerte;  cataláui  inei't,  a. 

Inerudición,  Femenino.  Carencia 
de  erudición. 

Etimología.  Latín  tntrMltío  (san 
Jerónimo;  francés,  inérudition. 

Inerudito,  ta.  Sustantivo  y  adje- 
tivo. Falto  de  erudición.. 

Etimología.  Latín  ÍJíéríít/íítíj.  (Ci- 
cerón, I^UINTILIANO.) 

Inervación.  Femenino.  Acción  in- 
terior de  los  nervios. 

Etimología.  I  por  j«,  en,  dentro,y 
nervacian,  forma  sustantiva  del  latín 
nervus,  nervio. 

Inés.  FemeDÍoo.  Nombre  propio 
de  mujer:  santa  Inés. 

Etiuqlooía.  Latín  Agites,  simétri- 
co de  agnust  cordero:  griego,  á|ivóc 
(amnds);  francés  y  catalán,  Agnes. 

Inés.  Primera  mujer  de  Alfonso  VI 
'  de  León,  hija  de  Guido,  duque  de 
I  Aquitania.  Se  casó  con  Alfonso  en 
1073  y  contribuyó  eficazmente  á  la 
I  mutación  de  las  ceremonias  en  la  misa 
;  y  el  rezo.  Murió  sin  sucesión  en  1075 
y  fué  enterrada  ea  el  monasterio  de 
'  Saliayun. 

Inescación.  Femenino,  Anligüeda- 
\  des.  Práctica  supersticiosa  que  consis- 


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INES 

tía  en  curar  á  un  enfermo,  haciendo 
qué  un  animal  tragase  una  figura  de 
la  parte  afestada. 

Etimologíji.  Latín  ínescatío,  el  acto 
de  engañar,  forma  sustantiva  abstrac- 
to de  ineseStut,  atraído^  participio  pa- 
sivo de  ínet^re,  cazar  6  pescar  con 
comida  6  cebo,  atraer,  seducir,  enga- 
ñar; de  iM,  en,  dentro,  sobre,  j  escare, 
comer; de  «sea,  comida .  (San  Aoustín.) 

Inescrutahílíiad.  Femenino.  Cua- 
lidad j  carácter  de  lo  inescrutable. 

BrniOLoofA.  JneternUbU:  catalán, 
iuterutaiilitat. 

Inescrutable.  A.djetiro.  Lo  que  no 
se  puede  «aber  ni  areríguar,  como 
cuando  se  dice:  los  imbscrutablbs 
designios  de  la  Providencia,  losiNBS- 
CBUT&BLBS  arcanos  de  la  creación,  la 
ciencia  inescrutable  de  la  vida. 

E^iuOLOof  A.  In  negativo  y  eseruía- 
bU:  italiano,  ineseruíábiU;  catalán,  «n- 

Inescrutablemente .  A  d  r  e  i  b  i  o 
modal.  De  un  modo  inaveriguable. 

BniiOLOofA.  iMicníabU  j  el  sufijo 
adTerbial  mtníe. 

Inescudriñable.  Adjetivo.  Inbs- 
CBUTABLE.— «Adjetivo  de  una  termi- 
nación. Lo  que  no  se  puede  averiguar 
ó  escudriñar.»  (Academia,  Sicetona- 

ñode  me.) 

Ineaencial.  AdjetÍTO.  No  «uncial. 
Inesenci símente.  Adverbio  de 

modo.  Sin  ser  esencial. 

ETiuoLoaÍA.  JneiencUl  y  el  sufijo 
adverbial  nunte. 

Inespecificable.  Adjetivo.  Que  no 
puede  especificarse. 

Inespecificación.  Femenino,  Fal- 
ta-de especificación. 

Inespecificadamente.  Adverbio 
de  modo.  Sin  especificación. 

Btimolooía.  Inesptei/íeada  j  el  su- 
6jo  adverbial  mente. 

Inespecificado,  da.  Adjetivo,  Que 
no  está  especificado. 

InesperadAmente.  Adverbio  de 
modo.  Sin  esperarse. 

BimoLOOÍA.  Inetperada  ^  el  sufijo 
adverbial  mente:  italiano,  tnetperafa- 
nentej  francés,  inespérément;  catalán, 
inaperadament. 

uie^Mrado,  da.  Adjetivo.  Lo  que 
sucede  sin  esperarse. 

BnuOLOOÍA.  /*  privativo  y  espera- 
do: italiano,  inetperaío;  francés,  >m«- 
pér¿;  catalán,  inesperaí,  da. 

SiNomyiA.  Inesperado,  imprewsto. 
iMSperadc  supone  conocimiento  de  la 
posibilidad  de  una  cosa  q^ue  no  se  es- 

Sera  en  ana  ocasión  ó  circunstancia 
aterminada.  Imprevisto  supone  ígno- 
nmeia  de  la  posibilidad  de  la  cosa. 

La  muerte  de  un  hético  que  se  que- 
da hablando,  puede  mt  ineiperada,  se* 
gnu  las '  eircunstancias;  pero  nunca 
puede  ser  impretitía. 

Un  buen  general  prevé  en  la  gue- 
rra los  lances  que  parecen  más  remo- 
tos, j  está  sieínpre  dispuesto  á  las  sor- 
presas que  parecen  menos  posibles, 
porque  estos  accidentes,  aunque  ta»- 
perados,  nunca  deben  pan  él  ser  m- 
fiTfrittos.  (HusaTA.) 

Inespiritnal.  Adjetivo.  No  espi- 
ritual. 


INEV 

Inespiritnalidad.  Femenino.  Fal- 
ta de  espiritualidad. 

Inespiritualmente.  Adverbio  de 
modo,  bin  espiritualidad. 

EtiuolooÍa.  Inespiritual  y  el  sufijo 
adverbial  mente. 

Inestable.  Adjetivo.  Instable. 

Inestambrado,  da.  Adjetivo.  Bo- 
tánica. Que  carece  de  estambres. 

Inestancable.  Adjetivo.  Se  dice 
de  los  géneros  ó  productos  que  es  im- 
posible ó  muj  difícil  de  estancar.^ 

In  estato  cao.  Expresión  latina. 

In  STAT0  QUO. 

Inestimabilidad.  Femenino.  Ca- 
lidad de  lo  inestimable. 

BtiifOLOofA.  Inesíimaile:  catalán, 
inesíima&Hitat. 

Inestimable.  Adjetivo.  Lo  que  es 
incapaz  de  ser  estimado  como  corres- 
ponde. 

ETiyoLOOÍA.  In  privativo  y  estima^ 
ble:  latín,  inasíímabilis;  italiano,  ines- 
timabile;  francés  v  catalán,  inestima- 
bU. 

Inestimablemente.  Adverbio  de 
modo.  Con  inestimabilidad. 

ETiifOLoaÍA.  Inestimable  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  francés,  inestimable- 
ment;  italiano,  inettimabilmenie ;\&tín, 
intestimabilííer. 

Inestimadamente.  Adverbio  de 
modo.  Sin  ser  estimado. 

EtuiolooU.  Inatimada  y  el  sufijo 
adverbial  mente. 

Inestimado,  da.  Adjetivo.  Foren- 
se. Lo  que  está  sin  apreciar  ni  tasar. 

Ineterno,  na.  Adjetivo.  No  eterno. 

Ineufonia.  Femenino.  Gramática. 
Palabra  inventada  por  Carlos  Nodier 
para  significar  la  falta  de  eufonía. 
Esta  voz,  aunque  gráfica,  es  en  nues- 
tro juicio  innecesaria,  pues  es  lo  mis- 
mo que  cacofonía. 

Ineufónico,  (».  Adjetivo.  Filolo- 
gía. Que  carece  de  eufonía,  como  cuan* 
do  se  dice:  vocablo  ineufónico;  articu- 

ladén  INEUPÓNICA. 

IHeraloadOida.  Adjetivo.  Sin  eva- 
luar. 

Inevangélico,  ca.  Adjetivo.  No 
evangélico. 
Inevidencia.  Femenino.  Falta  de 

evidencia. 
Etimología.  Inevidente:  &aneés,  in- 

évidence. 

Inevidente. Adjetivo.No  evidente. 

EnwoLOQfA.  In  privativo  y  evilen- 
íe:  iVaDcés,  in/videní;  latín,  inévXdens, 
ineoideníis.  (Quichsrat.  Addenda.) 

Inevitabilidad.  Femenino.  Filoso- 
fia.  Cualidad  de  lo  inevitable,  en  cuvo 
sentido  se  dice:  inbvita  bilí  dad  del 
juicio,  como  resultado  necesario  de  la 
percepción. 

EtiuoloqU.  Ineñíable:  francés, 
éoitabilité. 

Inevitable.  Adjetivo.  Lo  que  no 
se  puede  evitar, 

BTiuoLOofA.  ín  privativo  y  «ííaWc; 
latín,  inenitahilis;  italiano,  ineviiábile; 
francés,  inecitdble;  catalán,  inevilabl: 

Inevitablemente.  Adverbio  de 
modo,  Sin  poderse  evitar, 

Etiholoqía.  Jneciíable  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  catalin,  inevitable- 
mtníi  francés,  inévHabUmtnti  italia- 


INEX 


89 


no, ineviíabiUnente;  latín,  inép"ía Mlíter, 

inexactamente.  Adverbio  de  mo- 
do. En  térmiuos  inexactos,  con  in^ 
exactitud. 

ETiiíOLoaÍA.  Inexacta  y  el  sufijo  ad- 
verbial mente:  italiano,  inesattamente; 
francés,  inexacíement. 

Inexactitud.  Femenino.  Falta  de 
exactitud. 

EriuOLoafA.  Inexacto:  italiano,  in- 
esattezta;  (riacéa,inexacíiíude;  catalán, 
inexactitut. 

Inexacto,  ta.  Adjetivo.  Lo  que  ca- 
rece de  exactitud, 

EtimolooIa.  In  privativo  y  exacto: 
italiano,  inetatto;  francés,  inesact;  ca- 
talán, inexacle,  a. 

Inexcusable.  Adjetivo.  Lo  que  no 
se  puede  excusar.  Q  Indispensable. 

BtiuolooÍa.  In  privativo  y  excusa- 
ble: latín,  inexcüiaoílis;  italiano,  Ínes~ 
cusábile;  francés,  inexcusable;  catalán, 
inetcusable. 

Inexcusablemente.  Adverbio  de 
modo.  Sin  excusa.  |  Indispensable- 
mente. 

Etiholooía.  Inexcusable  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  italiano,  inescusabil- 
mente;  francés,  inexcutablement;  cata- 
lán, inesentablement. 

Inexhausto,  ta.  Adjetivo.  Lo  que 
por  su  abundancia  ó  plenitud  no  se 
agota  ni  se  acaba. 

Inexigible.  Adjetivo.  Que  no  pue* 
de  exigirse. 

Etimología.  In  privativo  y  exigi- 
ble:  italiano,  inesigibUe;  francés,  ts- 
exigible. 

Inexistencia.  Femenino  anticua- 
do. Existencia  de  una  cosa  en  otra.  B 
Falta  de  existencia. 

EtiuolooU.  Inexistente:  francés, 
inexitíence. 

Inexistente.  Adjetivo  anticuado. 
Lo  que  existe  en  otro.  \  Lo  que  care- 
ce de  existencia. 

Etimolooía.  7»  privativo  y  existen' 
te:  latín,  inexisíeni,  inexistentis  (Qui- 
CHEBAT,  ÁddendaJ;  francés,  iuexisíant. 

Inexorabilidad.  Femenino.  Cuali- 
dad de  lo  inexorable. 

EriuOLOOfA.  Inexorable:  italiano, 
inesorabilitá. 

Inexorable.  Adjetivo.  El  que  no  se 
deja  vencer  de  los  ruegos,  ni  condes- 
ciende fácilmente  con  las  súplicas  que 
le  hacen. 

ETivOLoaÍA.  Latín  inexdrabíUs;  de 
in,  negación,  y  exdrábílis,  exorable  | 
tno  exorable;»  italiano,  iiiesorabilef 
francés  y  catalán,  inexorable. 

Inexorablemente.  Adverbio  mo- 
dal. De  un  modo  inexorable. 

Etimología.  Inexorable  y  el  su^a 
adverbial  mente:  italiano,  ñwonbíi" 
mente;  francés,  inexoraileáunt. 

Inexperiencia.  Femenino.  Falts 
de  experiencia. 

BnuoLoaÍA.  In  privativo  y  experien  • 
cia:  latín,  inexp^ientía,  en  Tertuliano; 
italiano,  inesperienza;  francés,  inexpí" 
rience;  catalán,  inexperie/tda. 

Inexperimentadamente.  Adver- 
bio de  modo,  Sin  ser  experimentado  Ó 
sin  experiencia. 

Etimolooía.  Inexperimentaá»  j  e> 
sufijo  adverbial  mente»  , 


TOMOUl 


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¡9 

Google 


9)  INEX 

InexperímdatftdOp  da.  Adjetivo. 
Na  ox.peTÍaien1iado. 

BnuoLOoU.  /«  privativo  y  experi' 
mentado:  francés,  inexpérimenU;  cata- 
lán, inesperimentat,  da. 

Inexpertamente.  Adverbio  de  mo- 
do. Sin  e-iperiencia, 

Etihología.  Inexperta  j  el  sufijc 
adverbial  mente. 

Inexperto,  ta.  Adjetivo.  El  que 
está  falto  de  eiperiencia. 

Etimología.  Jn  privativo  j  experto: 
latía»  Uuxperttu;  italiano,  inesperíOi 
francés»  prorenzal  j  catalán,  úu^ 
psrt. 

Inexpiable.  Adjetivo.  Lo  qae  no 
sapuede  expiar. 

BTiiiOLMu.7fi  privativo  j  tspiable: 
latín,  áinmiSUis,  lo  que  no  ae  puede 
perdonar  6  tatisfacer  con  lacrincios; 
Italiano,  inespiibile;  francés  j  catalán» 
inexpiable. — <Lo  que  no  puede  ser 
perdonado  ú  satisfecho  con  sacrificios 
ú  otras  cereiaoDÍas  satisfactorias.» 
(AcAüicMiA,  Diccionario  Je  Í7S6.) 

Inexpiadamente.  Adverbio  de  mo- 
do. Siti  espiaciÓD. 

Etiuología.  ¡nexpiada  y  el  sufijo 
adverbial  menís. 

Inexplicabilidad.  Femenino.  Cua- 
lidad de  lo  intix.plicable. 

Inei^licabb.  Adjetivo.  Lo  que  no 
se  puede  explicar. 

ÉrtHEOLoeÍA..  I»  neffativo  j  expUca- 
hU:  iatín,  intaspUcabUiv,  italiano,  inctr 
plieiMU¡  ñaness  j  catalán,  wewpUca- 
ble. 

Inexplicablemente.  Adverbio  de 
modo.  iJe  una  manera  inexplicable. 

Etimología.  Inexplicable  y  el  sufijo 
adverbial  maitr.  italiano,  inesplicabil- 
mente;  francés,  inexplieablement;  latín, 
inexpttcah'ilíter, 

Inexplicación.  Femenino.  Falta 
de  explicación. 

Inenlicadamente.  Adverbio  de 
modo.  Sin  explicación. 

KTtuoLooü.  InexpHeada  y  el  sufijo 
adverbial  nuiUe. 

Snexplioado,  da.  AdjetiTo.  Que  no 
ha  sido  explicado. 

BnuoLOoli,.  Latfn  iuéxpRcatm;  de 
in  privativo  y  explíi^tia,  explicado: 
francés;  inexjjligue. 

In  explícitamente.  Adverbio  mo- 
d.il.  De  lia  modo  inexplicito. 

Etimología. /««rpííciía  j  el  sufijo 
adverbial  menU. 

Inexplicito,  ta.  Adjetivo.  No  ex- 
plícito. 

Etimología.  In  privativo  y  explíci- 
to: latín,  inexpticiím,  difícil  de  enten- 
der, eiiigmátioo,  oscuro;  francés,  in- 
ej/pliciíe, 

Inexplorable.  Adjetivo.  Que  no  se 
puede  explorar. 

B^KOLoeU. /«privativo  y  explora- 
ble:  francés,  üuxptorable. 

Xnezplondamente.  Adverbio  de 
modo.  Sin  exploración. 

Etimología.  Inexplorada  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  latín,  inexplSraíi,  ca- 
sualmente, por  descuido. 

Inexplorado,  da.  Adjetivo.  Que 
no  ha  sid»  explorado.  | 

Etimología. /b  privativo  y  explora-  , 
do:  francés,  inexploré,  del  latía  inex-  \ 


INEX 

pióratust  no  descubierto,  no  reconoci- 
do, no  experimentado. 

Inexploaible.  Adjetivo.  jPVrú». 
Que  no  produce  explosión»  en  eujo 
sentido  se  dice:  la  mezcla  del  oxígeno 
y  del^hidrógeno  en  volúmenes  conve- 
nientemente desiguales  es  inbxplosi- 

BLB. 

Etimología.  In  privativo  y  expl«sir- 
ble:  francés,  inexptotible» 

Inexpoaíción.  Femenino.  Falta  de 
exposición. 

Inexpuesto,  ta.  Adjetivo.  No  ex- 
puesto. 

Inexpugnabilidad.  Femenino. 
Cualidad  de  lo  inexpugnable. 

Inexpugnable.  Adjetivo.  Lo  que 
no  sd  puede  tomar  ó  conquistar  á  fuer- 
za de  armas.  |  Metáfora.  El  que  no  se 
deja  vencer  ni  persuadir  fácilmente. 

ETiuoLoaÍA.  In  privativo  y  expug- 
nable:  latín,  inexptynabllit,  que  no 
puede  rendirse  6  conquistarse;  italia- 
no, inegpuanábile;  francés  y  cataláu, 
inexpugnable. 

Inexpugnablemente.  Adverbiode 
modo.  De  una  manera  inexpugnable. 

EriifOLoaÍA.  Inexpugnable  y  el  sufi- 
jo adverbial  mente. 

Inextenaamente.  Adverbio  de  mo- 
do. Sin  .suñciente  extensiín. 

Etuiolooía.  Inextensa  y  el  sufijo 
.adverbial  mentt. 

Inextenaíbilidad.  Femenino.  Fí- 
sica. Impjsibilidad  de  extensión. 

Btiuoloqía.  InexteiuibU:  francés, 
inexíensibilité, 

Inextensible.  Adjetivo.  Fitic».  Im- 
posible ó  difícil  de  extenderse. 

Etiuoloqía.  In  privativo  j  exieeui- 
ble  i'rancés,  inextensible. 

Inextenao,  sa.  Adjetivo.  No  ax- 
tenso. 

Etimología.  In  privativo  y  extenso: 
latín,  inex^ntu»;  catalán,  inesíent,  a. 

Inexterminable.  Adjetivo.  Impo- 
sible de  exterminar. 

Etiuología.  Ih  privativo  y  extermi- 
nable:  latín  de  san  Jerónimo,  inexUr- 
ffl"na¿i¿u,  inmortal;  francés,  inextér- 
mi«abie. 

Id  exterminado,  da.  Adjetivo. 
Que  no  ha  sido  exterminado. 

Inextinguible.  Adjetivo.  Lo  que 
no  es  extinguible.  |j  Metáfora.  Lo  que 
es  de  perpetua  ó  larga  duración. 

EtiuolooÍa.  In  privativo  ^  extin- 
guible: latín,  inexíiitguibUit;  italiano, 
inesíinguibite ;  francés,  inextinguible; 
catalán,  inexíingible. 

Inextirpable.  Adjetivo,  No  ius- 
ceptible  de  extirpación. 

Etimología.  In  privativo  y  extirpa- 
ble:  latín,  inextirpabílis;  francés,  inex- 
íirpable;  italiano,  inestirpábile, 

inextir^do,  da.  Adjetivo.  Que  no 
ha  sido  extirpado. 

Inextricaittlidad.  Femenino.  Cua- 
lidad de  lo  inextricable. 

Etimología.  Inextricable:  francés, 
inextricabtlilé. 

Inextricable.  Adjetivo.  Lo  que  no 
es  fácil  de  desenredar,  ó  lo  m\iy  in-  | 
trincado  v  confuso.  | 
I    Etimología.  Latiu  inextricabtlis,  de  . 
,  donde  no  se  puede  salir  ó  desembara- 
I  zarsei  de  in,  no,  y  ext$'i^!fUit,  forma , 


INFA 

adjetiva  de  eatñ^e,  desenvotvec: 
francés  y  catalán,  inexIrieaiU;  italia- 
no, inettrieabile. 

Inhcetiaimo,  ma.  A^jetÍTo  su- 
perlativo de  infaceto. 
Infaceto,  ta.  Adjetivo.  Insulso. 
Etimología.  In  privativo  y  faceto: 
latín,  infácHus,  frío,  insípido,  sin 
chiste  ni  gracia;  italiano,  infaceto. 

Infactíble.  AcLjetÍTO.  Que  no  pue- 
de hacerse. 

Etimología.  In  privativo  y  factihU: 
catalán,  infactible. 

Infacundo,  da.  Adjetivo.  SI  que 
no  es  fecundo  ó  el  que  es  de  pocas  pa- 
labras y  de  tosca  explicación. 

Etimología.  In  privativo  y  facun- 
do: latín,  inficnndiu:  italiano,  infa- 
eondo. 

Infalibilidad.  Femenino.  Imposi- 
bilidad de  engañar  ó  enrañarse.  j 
Ortodoxia.  Imposibilidad  de  errar  en 
materia  de  fe,  la  cual  corresponde  á 
la  Iglesia,  á  los  Concilios  y  al  sumo 

pontifica.  I  InPALIBIUDAD   PA.PAL.  Ls 

qui)  se  ha  proclamado  como  dogma  en 
el  último  Concilio  ecuménico. 

Etimología.  Infalible:  catalán, 
infal-libilitat;  francés,  infailUbilité; 
italiano,  infaüibilita,  infalUbiletsa. 

Reteña. — «La  in  aliuilidad  de  los 
Concilios  universales  está  demostrada 

Sor  las  Escrituras  v  por  la  tradición 
e  la  antigua  Iglesia.»  (Bossinr, 
Tar.,  XV,  m,) 

Xnfalibilista.  Uaaeuliao.  Partida- 
rio de  la  infalibilidad  del  Papa. 

Infalible.  Adjetivo.  Lo  que  no  pue- 
de engañar  ni  eugaOarse.  Seguro, 
cierto, indefectible. 

Etimología.  Latín  infalUHlit  (Qci- 
CHEBAT,  Addenda);  de  in  privativo  y 
fallUilis,  falible:  catalán,  infalMile; 
francés»  infailUHe;  italiano,  infalU- 
bile. 

InfaliUemente.  Adverbio  de  me- 

do.  Con  infalibilidad. 

Etimología.  Infalible  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  catalán»  infai-lible- 
ment;  francés,  infailliblemení;  it^3%ao, 
in/alUbilmeníe.  fil  italiano  tiene  m- 
faUaníemente;  de  w,  no»  j  el  latín  fU- 
linter,  con  falacia. 

InfalsificaUe.  Adjetivo.  Imposi- 
ble de  falsificarse. 

Etimología.  Jn  privativo  y  faieití- 
cabie:  francés,  infalsijtable. 

Infamable.  Adjetivo.  Sosoeptible 
de  ini^amia. 

Infamación.  Femenino.  La  acción 
y  efecto  de  infamar. 

Etimología.  Infamar:  latín,  ^ff- 
mat^o;  italiano,  infamatione;  foaneés, 
infamation;  catalán,  infawMcit!, 

Infamadamente.  Adverbio  modal. 
De  un  modo  infamado. 

EnMOLOoÍÁ.  Infamada  y  el  sufijo 
adverbial  mente. 

Infamado,  da.  Participio  pasivo 
de  infamar. 

Etimología.  Infamar:  catalán» 
famat,  da;  francés,  infamé;  italiano. 
infámalo. 

Infamador,  ra.  Masculino  y  fe- 
menino. El  que  infama. 

Etimología.  Infirmar:  latín»  infa- 
.  naior,  forma  agente  de  in/imStlOf  in- 


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fssnciótt;  ttaliano.  infimalore;  cmt»- 
lio,  infamador^  a. 

Infaman  te.  Participio  activo  de 
rahmñj,  Foreiuf.  El  ó  lo  que  infama. 

BnuoLOOfA.  Latín  i»fÍmMt,in^- 
mtntñ,  participio  de  presente  de  i»- 
fimare,  infamar:  italiano,  infamante; 
ftaiicés,  infámauí. 

Infamar.  Recíproco.  Quitar  la  fa- 
ma, honra  j  estimación  á  alg^una  per- 
sona. Se  usa  también  como  recíproco. 
I  DesacrediUr,  minorar  la  estimación 
en  qae  se  tiene  alguna  cosa. 

EnuoLoofA.  Infame:  latío,^  infa.na- 
re;  italiano,  infamare;  francés,  infa- 
wter;  catalán,  infamar, 

SiNomwA.  Infamar,  desacreditar. 
Estas  dos  palabras  se  diferencian  en 

3 ni  infamar  as  quitar  la  honra  á  esta 
aquella  persona»  J  desacreditar  es 
desconceptuarla  para  evitar  que  con- 
siga el  objeto  que  se  prop  me.  El  que 
i«/a«w,  lleva  la  peor  intención  j  cau- 
sa un  mal  directo:  el  que  ietaeredita, 
rebaja  i  la  persona  de  la  opinión  que 
tienen  mncnos  formado  de  ella,  j  lle- 
va el  deseo  de  la  venganza  6  de  la  en- 
vidia. SI  que  i«/afM4,  deja  una  man- 
cha difícil  de  borrar  en  el  individuo  ú 
quien  le  quita  la  honra:  el  que  det~ 
acredita,  trata  únicamente  de  inutili- 
zar el  mérito  ó  bondad  de  él. 

La  infamia  tarde  se  borra.  El  des- 
ertdiio  cae  c  ^n  más  fuer/a  sobre  el  que 
desacredita  que  sobre  el  desacredita- 
do. (Lónsz  PeleobÍn.) 

Infkmarse.  Recíproco.  Dbsson- 
BARSB.  I  Ser  infikmado.  \  Anticuado. 
DaTKaiGuasB. 

InCunaCiTO,  va.  Adjetivo,  f óren- 
te. Lo  que  in&ma  ó  puede  infamar. 

hlfiimatorio,  ria.  Adjetivo.  Far^ 
M.  Lo  que  infama. 

UnvoLoofA.  Infamaiiw.  italiano, 
■fl/aisa/ono;  catalán,  infamaíori,  a. 

Ittbme.  Adjetivo.  Lo  que  carece 
de  honra,  crédito  j  estimación,  g  Lo 
qae  es  malo  j  despreciable.  Q  Forense. 
Nota  que  imprimea  ciertas  sentencias 
de  la  insticin. 

EnuoLOOÍA.  Latín  infamis,  sin  cré- 
dito; de  tu,  no,  j  fama,  filma:  italia- 
no j  catalán,  tii/iim<f;  francés  del  si- 
glo xnr,  infame;  moderno,  infame. 

SiNoxiuiA.  Infamtf  inieno.  Infame 
es  el  hombre  que  por  su  conducta  pú- 
blica se  hace  acreedor  al  odio  de  los 
demás;  pero  que  obra  en  virtud  de  un 
deseo  Tetiemente  de  su  interés  propio, 
tía  cuidarse  del  mal  ajeno,  y  contra 
laa  reglas  de  la  moral  v  de  la  justicia, 
estaUeetdas  en  la  sociedad.  Infame  en 
su  sentido  propio  quiere  decir  sin 
fnima;  pero  como  la  fama,  también  en 
sentido  propio,  sólo  se  aplica  á  los  que 
hacen  bien,  á  los  que  ilustran  á  sus 
semejantes,  resulta  de  aquí,  que  el 
que  no  sólo  no  ilustra,  ni  hace  bien, 
sino  lo  contrario,  es  un  infame.  Inieno 
es  el  hombre  desmoralizado,  j  que  se 
complace  en  el  mal  ajeno  hollando  las 
lejes  divinas  y  humanas,  que  goza  en 
sna  maleficios, 7  cuya  idea  dominante, 
cajo  pensamiento  continuo,  único  j 
eadusivo,  ea  el  de  dañar.  Es  infame 
on  ladrón;  ea  inicwt  un  asesino.  (Ló- 


INPA 

Infamemente.  Adverbio  de  modo. 
Con  infamia. 

Btimología.  Infame  j  el  sufijo  ad- 
verbial mente:  italiano,  infamemente; 
francés,  infAmement;  catalán,  infame- 
ment. 

Infamia.  Femenino.  Descrédito, 
deshonra.  |  Maldad,  vileza  en  cual- 
quier línea.  |  Pubuar  la  infamia. 
Forense,  Frase  que  se  decía  del  reo 

cómplice  en  un  delito,  que  habiendo 
declarado  contra  su  compañero,  no  se 
tenía  por  testigo  idóneo,  por  estar  in- 
famado del  delito,  j  poniéndole  en  el 
tormento  jr  ratificando  allí  su  declara- 
ción, se  decía  que  puroaba  la  infa- 
mia, y  quedaba  válida  la  declara- 
ción. \  Refundir  infamia.  Frase  me- 
tafórica. Infamar,  deshonrar. 

Etimolooía.  Infame:  latín,  infamia; 
italiauo,  infamia;  francés,  im/oww;  si- 
glo XVI,  infamet/;  catalán,  infamia. 

Inf^uBÚdad.  Femenino  anticuado. 
Infamia. 

Infámiaimo,  ma.  Adjetivo  super- 
lativo de  infame. 

Infamóse,  sa.  Adjetivo  anticuado. 
Infamatorio. 

Infancia.  Femenino.  La  edad  del 
niño  desde  que  nace  hasta  los  siete 
años.  1]  Metáfora.  El  primer  estado  de 
una  COSA,  después  de  su  nacimiento  ó 
er¿cción;como  la  infancia  del  mundo, 
de  un  reino,  de  una  institución. 

EtimolcoÍa.  Infante:  latín,  infan- 
ña;  italiano,  fii/aiuia,  infaníiliti;  fran- 
cés, enfance;  provenzal,  enfatúa,  e/an- 
ta; catalán,  infancia. 

SentidoetimológiGO, — Se  llamó  infan- 
cia, porque  es  la  edad  en  que  no  se 
habla  con  expedición.  Esto  explica  el 
significado  del  latín  infanÜa,  en  Lu- 
crecio: «ignorancia  en  el  hablar,  fal- 
la de  explicación.» 

Sinonimia.  Infancia,  niñez. — Infan- 
cia es  la  primera  edad  del  hombre,  j 
por  extensión  la  primera  edad  de  una 
cosa  cualquiera. 

Niñez  es  la  infancia  considerada  con 
respecto  á  la  ignorancia  j  debilidad 
que  la  acompaña. 

Decimos  la  infancia  del  mundo,  la 
infama  de  la  sociedad,  porque  consi- 
deramos aquella  edad  en  sí  misma,  ó 
con  relación  á  sus  buenas  cualidades; 
un  filósofo  podrá  decir  que  el  mundo 
es  todavía  niño,  si  medita  sobre  la  pe- 
queñez  de  los  hombres  j  la  ignoran- 
cia de  BUS  verdaderos  intereses.  La 
infancia  del  hombre  es  la  edad  de  las 

f gracias,  de  la  inocencia  y  del  candor: 
a  niñez  es  la  edad  de  la  ignorancia,  de 
la  debilidad  pr  de  los  males.  Cuando 
acariciamos  a  un  niño,  le  llamamos  in- 
fanlito:  cuando  queremos  excusar  sus 
faltas,  decimos  que  todavía  ea  muj 
niño. 

Privar  de  la  existencia  á  una  cria- 
tura racional  se  llama  infanticidio:  del 
hombre  que  por  su  inexperiencia  ó 
poco  espíritu  se  deja  gobernar  por  los 
demás,  decimos  que  es  un  nifio.  Las 
acciones  que  suponen  pequenez  de  es- 
píritu, se  llaman  niñadas;  los  objetos 
de  aquellas  acciones,  se  llaman  niñe- 
rías. 

De  lo  dicho  proviene  que,  en  un  es- 


INFA 


91 


tilo  algo  elevado,  decimos  infante  en 
lugar  de  niño;  y  el  llamar  infantes  i 
los  hijos  de  príncipes,  creo  que  no 
tenga  otro  origen.  (Jonama.) 

Infancino.  Masculino  anticuado. 
Aceite  que  ae  extrae  de  los  olivos  ver 
des. 

Btimología.  Infancia,  aludiendo  i 
su  poco  tiempo. 

In&ndo,  da.  Adjetivo.  Lo  que  es 
torpe  é  indigno  de  que  se  hable  de 
ello. 

Etimolooía.  Latín  infandt,  que 
no  pueda  ó  no  debe  decirse;  de  in,  no, 

Ífandus,  participio  futuro  de  fari, 
ablar:  italiano,  infando;  catalán,  in- 
fundo, a. 

Infanta.  Femenino.  La  niña  que 
aun  no  ha  llegado  á  los  siete  afios  de 
edad.  Q  Cualquiera  de  las  hijas  legí- 
timas del  rey,  6  la  mujer  de  algún  in- 
fante. 

EnuOLOofA.  Infante;  catalán  anti- 
guo, in/anteaa!  moderno,  infanta, 

Infantadgo.  UaseuHno.  Infan- 
tado. 

Inbintado.  Masculino.  Territorio 
destinado  para  la  manutención  de  un 
infante  real.  B  Dignidad  de  in&nte. 

Etimología.  Infante:  catalán,  ta- 

faniat. 

Infantado  (duqub  pbl).  Hombre  de 
Estado  español,  teniente  general  y 
grande  de  España,  nacido  en  1113  y 
muerto  en  1845.  Hizo  la  campaña  de 
Cataluña  contra  la  república  francesa, 
en  1793,  con  un  regimiento  levantado 
á  sus  expensas.  Estuvo  complicado  en 
la  célebre  conspiración  del  Escorial,  y 
aunque  acompañó  á  Femando  VII  á 
Bayona,  de  vuelta  á  Espafia  sirvió  en 
clase  de  corondl  en  el  ejéroito  de  José 
Bonaparte,  hasta  que  después  de  la 
batalla  de  Bailen  dejó  el  servicio  y 
abrazó  la  causa  de  la  independencia. 
En  1814,  Fernando  VII  le  nombró 
presidente  del  Consejo  de  Castilla, 
puesto  que  ocupó  hasta  que  la  revolu- 
ción de  1820  le  desterró  á  Mallorca. 
Fué  presidente  de  la  regencia  nom- 
brada en  Madrid  por  el  duque  de  An- 

fttlema,  en  1823,  y  reemplazó  en  1825 
Cea-Bermúdez  en  la  presidencia  del 
Ministerio,  basta  que  las  intrigas  del 
partido  apostólico  le  derribaron.  Des- 
pués de  la  muerte  de  Fernando  Vil, 
pasó  á  Francia;  y  aun  cuando  luego 
volvió  á  España,  permaneció  comple- 
tamente alejado  de  los  negocios  públi- 
cos hasta.su  muerte. 

Infaataríano,  na.  Masculino  y  fe- 
menino. Nombre  que  daban  los  genti- 
les á  los  cristianos,  porque  creían  que 
éstos  inmolaban  niños. 

Etimolooía.  Latín  infaniartut,  el 
que  ama  á  los  niños;  matadores  de 
niños,  usado  en  plural.  (Tertuliano.) 

Infantazgo.  Masculino  anticuado. 
Infantado. 

Infante.  Masculino.  El  niño  que 
aun  no  ha  llegado  á  l;i  edad  de  sietü 
años.  U  Cualquiera  de  los  hijos  varo- 
nes y  legítimos  del  rey,  nacidos  des- 
pués del  primogénito,  y  £1  soldado 
que  sirve  á  pie.  |  Antícoado,  Hasta 
los  tiempos  de  Don  Juan  I  &e  llamó 
también  así  el  hijo  primog^to  dal 


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92  INF-A 


ÍMPa 


INPE 


rar.  Se  solía  añadir  hereáere  6  primo- 
génito heredero.  ||  A.aticuado.  El  des- 
ceadíente  de  casa  j  sangre  real;  como 
los  INPANTKS  de  Lara.  ||  Femenino  an- 
ticuado. La  hija  de!  rejr,  Q  ó  infantb 
DB  CORO.  En  algunas  catedrales,  el 
muchacho  que  sirve  en  el  coro  j  en 
varios  ministerios  de  la  iglesia,  con 
manto  j  roquete. 

Etimología.  Provenial  en^an,  ej'an, 
efan:  catalán ,  infant;  biirguiñón ,  éfan; 
picardo,  afán,  ejant;  francés  anti- 
cuo, enjte,  e»fet;  moderno,  enfaní;  ita- 
liano, infante;  del  latín  infam,  que 
no  habla,  que  está  en  la  niñez;  de  «m 
privativo  v  fant,  fantis,  participio  de 
presente  de  fari,  hablar.  El  francés 
tnfant^  infante,  está  tomado  del  voca- 
blo español. 

Reseña  histórica.— 'Jnfam:  compues- 
to de  tfi,  no,  j  fans,  fantis,  participio 
de  presisnle  de  for,  faris,  fari,  que 
significa  hablar:  in-Jans,  non-fans,  el 
que  DO  habla.  El  niño  que  no  habla, 
el  que  está  en  la  infancia,  edad  que  se 
extiende  hasta  los  siete  años. — El  hijo 
primogénito  del  re^  se  llama  principe; 
y  los  demás,  infantes.  El  primer  híjo 
del  rej  que  en  Castilla  se  llamó  in- 
fante (dice  Covarrubias)  fuá  el  pri- 
mogénito del  T6y  Don  Fernando  II  de 
León,  dicho  Don  Sancho,  j  que  por 
usarse  en  Inglaterra  este  título,  le  in- 
trodujo acá  su  madre  Doña  Leonor, 
infanta  de. Inglaterra.  El  mismo  títu- 
lo de  INFANTU  dieron  á  su  hermano 
Don  Fernando,  que  está  enterrado  en 
las  Huelgas  de  Burgos.  (Monlau.) 

Infantería,  Femenino.  AfUicia.  ha. 
tropa  que  sirve  á  pie.  |]  DB  tÍNSa.  La 
que,  formada  en  divisiones,  batallo- 
nes ó  trozos  menores,  combate  siem- 
pre unida  j  constituye  en  las  accio- 
nes el  principal  cuerpo  de  la  batalla.  |l 
LiosaA.  La  que,  fuera  de  las  líneas, 
hace  el  servicio  de  avanzadas,  escu- 
chas y  descubiertas,  combate  en  par- 
tida! sneltas,  j  en  las  acciones  se  ocu- 
pa principalmente  en  distraer  al  ene- 
migo, acusarle  los  flancos,  fatigarle  j 
perseguirle  en  sus  retiradas,  observar 
sus  movimientos  j  cubrir  los  del  pro- 
pio ejército,  |  la  ó  quedas  de  infas- 
TsnÍA.  Frase  familiar.  Andar  á  pie  el 
^ue  iba  á  caballo  6  cuando  otros  van 
a  caballo, 

KTaiovoaÍA.*  Infante:  catalán,  infan- 
tería; francés,  infante'ríe;  italiano,  »«- 
fanteria. 

Infanticida.  Común  de  dos.  Foren- 
te.  El  matador  de  niños  ó  infantes, 

EtiuolcoÍa.  Latín  infanticida;  de 
infant,  antit,  niño,  y  ead're,  matar: 
italiano  y  catalán,  infanticida;  fran- 
cés, infantieide* 

Sentido  etimológico, — Entre  los  lati- 
nos, se  denominaba  infanticida,  el 
que  daba  muerte  á  un  híjo  suyo.  (Teb- 

TULIANO.) 

Infanticidio.  Masculino,  Forense. 
La  muerte  dada  violentamente  á  al- 
gún niño  ó  infante. 

Kti  moloqí A .  Infanticida :  latín, 
ittfanticidium;  italiano,  infanticidio; 
francés,  infanticide;  catalán,  infanti- 
cid  i. 

Infantico,  ca,  Uo,  Ua,  to,  ta. 


Masculino  j  femenino  diminutivo  de 
infante  é  infanta. 

Infantil.  Adjetivo.  Lo  que  perte- 
nece á  la  infancia. 

EtiholooÍa.  Infante:  latín,  infanCf 
lis;  italiano,  infantile;  catalán,  *«/an- 
íil. 

Infantino,  Ha,  to,  ta.  Adjetivo  di- 
minutivo de  infante. 

Etimología. /n/a«<tf;  catalán,  infan- 
té;  latín,  infantÜut* 

Infanzón.  Masculino.  El  hijodalgo 
libre  de  todo  g^énero  de  aervicio,  que 
en  sus  tierras  y  heredamientos  no  ejer- 
cía otra  potestad  ni  señorío  más  que 
el  que  le  permitían  sus  privilegios  y 
donaciones. 

ETiyoLOOÍA.  Infante. 

Infanzonado,  da.  Adjetivo.  Lo  que 
es  propio  del  infanzón  ó  pertenece  á  él. 

Infanzonazgo.  Masculino.  El  te- 
rritorio y  solar  del  infanzón, 

InTanzonia.  Femenino.  La  calidad 
de  infanzón. 

Infartación.  Femenino.  Cirugía. 
Acción  Ó  efecto  de  infartar  ó  infar- 
tarse. 

Infartar.  Activo.  Cirugía.  Produ- 
cir un  infarto. 

ETiuoLOaÍA.  Infarto:  latín,  inftr^ 
cire,  rellanar. 

Infartarse.  Recíproco.  SobreTonir 
un  infarto. 

Inbtrto.  Masculino.  Cingia.  Tu- 
mor. 

Etiuoloqía.  Latín  infarcíus;  de  tn- 
farñre,  rellenar;  compuesto  de  in,  en, 
y  farctre,  embutir:  francés,  infarcíus. 

Sentido  etimológico. — Se  llamó  in- 
pasto,  porque  parece  que  la  glándula 
está  como  rellena  ó  embutida. 

Infatigabilidad.  Femenino.  Im- 
posibilidad ó  dificultad  de  fatigarse. 

ETiMOLoaÍA.  InfatigahUi  francJR, 
infati^abiliti. 

Infatigable.  Adjetivo.  Ikcansa- 

BLB, 

EnHOLOaÍA.  /«privativo  j/a/ya- 
hle:  latín,  infUíigabilit;  italiano,  infa- 
ticabile;  francés  y  catalán,  infatigable. 

Infatigablemente.  Adverbio  de 
modo.  Sin  fatigarse. 

Etiuoloqía.  Infatigable  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  francés  y  catalán,  im- 
fatigablement;  italiano,  infaíiai&ilnun- 
te;  íatín,  infafígabílííer. 

Infatuación.  Femenino.  Acción  ó 
efecto  de  infatuar  ó  infatuarse.  ^  Fa- 
tuidad, y  Vanidad,  orgullo,  presun- 
ción. I  Preocupación  hacia  alguna 
cosa. 

ETUiOLoeÍA.  Infatuar:  catalán,  in- 
faíuadó;  francés,  infatuation;  italiano, 
infaíuasione. 

Infataadamente.  Adterbio  de  mo- 
do. Con  fatuidad. 

Etimología.  Infatuada  y  el  sufijo 
adverbial  mente. 

Infatuado,  da.  Participio  pasivo 
de  infatuar. 

Etiuología.  Catalán  infatuat,  da: 
francés,  infatué';  italiano,  infatúate, 
del  latín  infatuatns,  participio  pasivo 
de  infatuare,  infatuar. 

Infatuador,  ra.  Sustantivo  y  ad- 
jetivo. Que  infatúa. 

Infatuar.  Activo.  Volver  á  alguno 


fatuo,  engreírle.  Se  usa  también  como 
recíproco. 

EtimolooCa.  Latín  infatutíre,  embo- 
tar el  enteudimiento;  de  tff,  en,  yfSr 
íuare,  forma  verbal  ficticia  de /a(«itt, 
fatuo:  catalán,  infatuar;  francá,  inft^ 
tuer;  ii&Uíno,  infatuare. 

Infatuarse.  Recíproco.  Enorgolle* 
cerse.  |  Volverse  fatuo. 

Infaustamente.  Adverbio  de  mo- 
do. Con  desgracia  ó  infelicidad. 

Etiholoou.  infautta  y  el  infijo  ad- 
verbial mente:  catalán,  vífautUmetí; 
italiano,  infaustamente. 

Infaustísimo,  ma.  Adjetivo  sapB^ 
lativo  de  infausto. 

Etiuolooía.  Latín  infauttú^ut: 
catalán,  infaustitsim,  a. 

Infausto,  ta.  Adjetivo,  í)esgraeia> 
do,  ínfeliK. 

EtiuolOjÍa.  In  privativo  /  fausU): 
latín,  infanstus;  italiano,  infausto;  ca- 
talán, infausi,  a. 

Infección,  Femenino.  La  acción  7 
efecto  de  inficionar.  B  Áíediana.  Ac- 
ción que  ejercen  en  la  economía  los 
miasmas  pútridos  ó  los  líquidos  viru- 
lentos. I  Sistema  de  Medicina  que  se 
vale  de  la  infección,  como  de  un  me- 
dio terapiutico. 

Etiuoloqía.  Infecían  provenxal, 
inf'ectio,  infeccio;  catalán,  infecció: 
francés,  infecíion;  italiano,  infesione. 
del  latín  infectío,  forma  lus^ntiva 
abstracta  de  infecíus,  infecto. 

Infeccionadamente.  Adverbio  de 
modo.  Por  infección. 

Infeccionado,  da.  Participio  pa- 
sivo de  infoociouar.  .  . 

Etimología.  InfecctMor:  catalán, 
infecciónate  ^/ia. 

Infeccionar.  Activo.  IhfxciÓnah, 
I  Causar  hedorj  corromper. 
ETiuOLOofA.  Infección:  catalán,  in- 
feccionar. 

lofeccionista.  Masculino.  El  mé- 
dico partidario  de  la  infección* 

Infecir.  Activo  anticuado.  Infi- 
cionar. 

Infectación.  Femenino  anticuado. 

Infección. 

Infectadamente.  Adverbio  modal. 
De  un  modo  infectado. 

Etimología.  Infectada  y  el  sufijo 
adverbial  mente. 
Infectado,  da.  Infecto,  ta. 
Infectador,  ra.  Sustantivo  7  adje- 
tivo. Que  infecta. 

Etimología.  Infectar:  latín,  infec- 
tor,  infectbris,  el  tintorero;  italiano, 
infettatore. 

Infectante.  Participio  activo  de 
infectar.  Didáctica.  Que  infecta,  en 
cuyo  sentido  se  dice:  tubttancia  infec- 
tante; ffiÜUma  INFSCTANTB. 

ETiMOLoaÍA.  InftGtar:  itax»fié9,  »- 

fecUwt. 

Infectar.  Acüvo.  Xvficiomar«  en 
las  dos  acepciones  de  esta  voz* : 

Etimología.  Iiatíu  infictre^  teüir: 
itali-ino,  infetlare;  francés^  mfecier: 
catalán,  infectar. 

Sentido  etimológico. — ^Nótase  la  ad- 
mirable ñlosoña  de  la  lengua.  Hl  la- 
tín iitficCre  (in,  en,  y  fac¿re,  Iwcei) 
significa  teñir,  variar  de  colores,  v 
extensivamente,  viciar,  corromper» 


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r 


INFE 


INFE 


INFE  S3 


(^rque  se  «dvirtid  que  las  subíta&clas 
eoifom^idas  mudaban  de  color.  Así 
aconteció  que  la  química  de  la  len- 
gua descompuio  la  idea  de  desteñir  ea 
la  idea  de  infbctáb»  aludiendo  i  que 
lo  infectado  se  desteñía. 

Infectivo,  va.  Adjetivo.  Lo  que 
inficiona  ó  puede  inficionar.  ¡|  Afedici- 
M.  Lo  que  ocasípna  enfermedades  pú- 
tridas. B  Enpbbmbdadzs  inpbctivas. 
Enfermedades  producidas  por  la  in- 
fluencia, ora  virulenta,  ora  miasmáti- 
ca, de  los  líquidos  ij  de  los  tejidos  IN- 
racTivos. 

BnuoLOoÍA.  Infecto:  latín,  «t/fcff- 
na,  en  Vitrubio,  propio  pan  teñir; 
italiano,  iufetíivo;  francés,  in/eetieux. 

Infecto,  ta.  Participio  pasivo  irre- 
gular de  infecir.  Q  Adjetivo.  Inficio- 
nado, eontag^iado,  pestilente,  corrom- 
pido. 

ExiMOLoaÍA.  Infectar:  latín,  infec- 
tut,  participio  pasivo  de  infícere,  in- 
fectar; provenzal  j  francés,  infecí; 
italiano,  infetto;  catalán,  infecte^  a. 

Infecandamente.  Adverbio  demo- 
do. De  una  manera  infecunda. 

Etimolooía.  Infecwnda  j  el  sufijo 
adverbial  mente:  latín,  in^cundi. 

Infecnndar.  Activo.  Privar  de  la 
fecundidad. 

lufecandarse.  Reciproco  anticua- 
do. Hacerse  infecundo. 

Infecandidad.  Femenino.  Falta 
de  fecundidad. 

EnuoLoafÁ.  Infecundo:  latín,  infe- 
cundílat;  italiano,  infeconditá;  francés, 
infécondité;  catalán,  infecunditat. 

Infecaado,  da.  Adjetivo.  Lo  que 
no  era  fecundo. 

Etiholgoía.  In  privativo  j  fecun^ 
do:  latín,  infecUndus;  italiano,  tn/econ- 
do;  francés,  infécond;  catalán,  infe- 
«tmdo. 

Inlélice.  Adjetivo.  Ihpbuz. 

InfelicMnente.  Adverbio  de  modo. 
Ihpbuzubntb. 

Infelicidad.  Femenino.  Desgracia, 
desdicha. 

BnuoLOOÍA.  Infeliz:  latín,  infettcU 
tüt;  italiano,  infeiiciia;  francés,  tnfi' 
lidt^t  siglo  xvi;  catalán,  infelicUat, 

Inifelicisimo,  ma.  Adjetivo  super- 
lativo de  infeliz. 

Etiholgoía.  Infeliz:  catalán,  infeli- 
cistim,  a;  latín,  infelicissimus. 

Infeliz.  Adjetivo.  Desgraciado.  || 
Familiar.  El  sujeto  bondadoso  y  apo- 
cado. 

EtxuolooÍa.  In  privativo  j  feliz: 
Utín,  infelixy  infecundo;  italiano,  «V 
feUw;  catalán,  inftlí*. 

Infolizme&te.  Adverbio  de  modo. 
Coa  infelicidad. 

Btuolgoía.  Infelit  j  el  sufijo  ad- 
verbial wuníe:  latín,  tnfelícUer;  ita- 
liaoo,  infeUemenU;  catalán,  infelit- 
me»t. 

Inferaxilar.  Adjetivo.  Situado  en 
el  sobaco. 

EnnoLoaÍA.  Latín  infínu,  bajo,  y 
veilar. 

Inferencia.  Femenino.  Ilación.  \ 
Acto  ds  ispbbbncia.  Lógica,  Acción 
del  juicio  en  que,  apreciando  algunas 
de  las  propiedades  de  un  objeta,  le 
atlíbuje  todas  las  demás  propieda- 


des, en  ea^a  virtud  corresponde  £  nna 

clase  particular. 

Etimología.  Inferir:  francés,  infé- 
rence;  catalán,  inferencia. 

Sinonimia.  Induccién,  inferencia. 
Por  la  inducción,  lo  particular  nos  sir- 
ve de  criterio  para  llegar  á  las  propo- 
siciones generales:  por  la  inferencia, 
la  parte  nos  sirve  de  criterio  para  lle- 
gar á  un  todo. 

La  inducción  es  el  método  de  la  uni- 
versalidad: la  inftreneiat  el  método  de 
la  clasificación. 

Induciendo,  se  comprende  un  siste- 
ma: in^riendOf  se  comprende  un  or- 
den, una  serie. 

Inferídad.  Femenino.  Estado  d  ca- 
rácter de  lo  infero. 

Inferior.  Adjetivo.  Lo  que  está  de- 
bajo de  otra  cosa  6  más  abajo  que 
ella.  [  Lo  que  es  menos  que  otra  cosa 
en  su  calidad  6  en  su  cantidad.  |  El 
que  está  sujeto  á  otro. 

Etimología.  Latín  tn/tVior,  com- 
parativo de  infiruíf  infero:  italiano, 
inferiore;  francés,  inferieur;  catalán, 
inferior. 

Inferioridad.  Femenino.  La  cali- 
dad de  lo  inferior.  |  La  sítuacién  de 
alguna  cosa  que  está  más  baja  qae 
otra  ó  debajo  de  ella. 

Etiiiolooía.  Inferior:  catalán,  infe- 
rioriiat;  francés,  inferiorité;  italiano, 
inferioriíá, 

Inferiormente*  Adverbio  de  modo. 
Con  inferioridad. 

,  Etimología.  Inferior  j  el  sufijo  ad- 
verbial mente:  catalán,  inferiorment; 
francés,  inférieurement;  italiano,  infe- 
riormente. 

Inferipido,  da.  Adjetivo.  Zoolo- 
gía. Que  tiene  los  piés  inferiores. 

Etimología.  Latín  inftríor^  infe- 
rior, y  pe»,  pvdit. 

Inferir.  Activo.  Sacar  consecuen- 
cia ó  inducir  una  cosa  de  otra.  |  An- 
ticuado. Ihcloib.  i  Ocasionar. 

Etimolooía.  Francés,  inférer;  ita- 
liano, inferiré;  del  latín  inferre,  sa- 
car consecuencia,  argüir;  de  in,  en,  j 
ferré,  llevar. 

.  Sinonimia.  Inferir,  deducir,  colegir. 
Se  injiere  v  se  deduce  de  las  pruebas  j 
de  los  hechos;  se  colige  de  los  indicios 
j  de  las  analogías,  lii  que  infiere  y  el 
que  deduce,  sacan  consecuencias;  el 
que  colige,  aventura  un  juicio.  El  ló- 
gico y  el  matemático  deducen  ó  inferen 
consecuencias  y  corolarios;  los  inteli- 
gentes en  minería  atli^en  por  el  color 
de  la  tierra  la  presencia  de  los  meta- 
les. Sin  embargo,  no  es  perfecta  la 
sinonimia  entre  inferir  y  deducir.  De- 
ducir supone  un  trabajo  más  compli- 
cado y  mayor  número  de  auteceden- 
,  tea  que  inferir.  Se  infere  de  un  hecho, 
de  una  proposición,  de  un  principio; 
se  deduce  de  muchos  hechos,  de  mu- 
chas proposiciones,  de  muctios  prin- 
cipios. Descartes  ha  dicho:  Pienso, 
luego  existo.  Esto  es  inferir,  uo  dedu- 
cir.{^ío^k.) 

Infermentado,  da.  Adjetivo.  Que 
no  ha  forraeniado. 

Etimología.  In  privativo  7 fermen- 
tado: latín,  .nfermeníalus. 

Infernáculo.  Masculino.  Especie 


de  juego  de  muchachos  qae  consiste 

en  trazar  en  el  suelo  varias  rajas  en 
cierta  disposición  que  dejen  casillas, 

Sor  las  cuales  se  hace  pasar  una  pie- 
ra  ó  tejo,  empujándolo  á  saltos  cou 
un  pie,  teniendo  el  otro  alzado. 

Etimología.  Forma  diminutiva  del 
latín  inferna,  los  infiernos. 

Infernal.  Adjetivo.  Lo  que  es  del 
infierno  ó  lo  que  pertenece  a  él.  Q  Me- 
táfora. Muv  malo,  dañoso  6  perjudi- 
cial en  su  línea. 

Etimología.  Inferno:  latín,  infer- 
nalis;  italiano,  infernale;  francés,  tft- 
femal,  ale;  provenzal,  infernal,  ¿fer- 
nal¡  catalán,  infernal. 

fofemar.  Activo.  Ocasionar  £  al- 
guno la  pena  del  infierno  6  lu  conde- 
nación. [|  Metáfora.  Inquietar,  pertur. 
bar,  irritar. 
Etimología.  Inferno. 
Inferno,  na.  Adjetivo.  Poética.  In- 
fbrnal. 

Infero,  ra.  Adjetivo.  Infernal.  \ 
Botánica.  CalificaciJu  de  las  partes  de 
una  planta  con  relación  á  otras  que 
están  encima  de  aquéllas. 

Etimología.  Latín  inferut,  inferí, 
el  infierno,  en  san  Jerónimo;  simétri- 
co de  inférui,  infera,  inferum,  bajo, 
profundo. 

1.  Sánscrito  adhas,  bajo;  adhara, 
inferior;  adhama,  ínfimo,  puesto  que 
la  dh  del  sánscrito  se  convierte  en/. 
(Bopp.) 

2.  Forma  simétrica  de  inferln», 
comparativo  de  infra,  bajo.  (Etimo- 
logistas  latinos.) 

3.  El  latín  inf'rus,  bajo,  representa 
una  forma  paralela  de  infero,  yo  llevo 
adentro,  jo  introduzco,  jo  entierro; 
de  in,  en,  j  ferré,  llevar. 

Inferobrant^uio,  quia.  Adjetivo. 
Zoología.  Que  tiene  las  branquias  co- 
locadas bajo  el  borde  saliente  de  la 
cubierta,  refiriéndose  á  moluscos. 

Etimología.  Inferir  y  branquia*. 

Inferovariado,  da.  Adjetivo.  Bo~ 
tánica.  Que  tiene  infero  el  ovario. 

Ittfértil.  Adjetivo.  No  fértil. 

Etimología.  Latín  inferíílit,  esté- 
ril; de  1»  privativo  j  ferülit,  fértil: 
italiano,  infertile;  francés,  inferlile. 

Infertilidad.  Femenino.  Esterili- 
dad. 

Etimología.  Infértil:  latín,  injert> 
litas;  italiano,  infertiUíá;  francés, 
fertilite;  catalán,  infertilitat. 

Infertilizable.  Adjetivo.  Que  no 
puede  fertilizarse. 

Infertilización.  Femenino.  Falta 
de  feriílizaciún. 

Infesta.  Femenino.  Cuesta  que 
desciende  á  una  hondonada.  En  Ga- 
licia. 

Infestación.  Femenino.  La  acción 

j  efecto  de  infestar. 

Etimología.  Infettar:  latín,  infes- 
tatto;  ítikliano,  infestagione,  infestatio- 
ne;  francés,  tii/Íf<to/f0M,*  catalán,  tM/V»- 

taciij. 

Infestadamente.  Adverbio  modal. 
De  un  modo  infestado. 

Etimología.  Infestada  j  el  sufijo 
adverbial  mente. 

Infestado,  da.  Participio  pasivo 
de  infestar. 


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•  ÍNPI 

EriMOLOofA,  Infestar:  latín,  infei- 
l'ilus:  <_-ai;ii:ín,  tn/esíaí,  da;  francés, 
infesté;  italiano,  infesíato. 

Infestador,  ra.  Sustantivo  7  ftdje- 
tÍTa.  Que  infesta. 

,  ^ETilkOLOaÍÁ.  Infettar:  catalán»  <«- 

fésíhdór,  a. 

Infestar.  Activo,  Inficionar,  apes- 
tar. B  Causar  daños  t  estragos  con 
hostilidades  y  correrías.  Usase  tam- 
Inén  coa  referencia  á  loi  estragaos  j 
molestias  que  ocasionan  los  animales 
j  las  pláQtiis  advenedizas  ea  los  cam- 
pos cuUivadu3,  j  auQ  en  las  casas. 

Qtimoluüía.  Catalán  infestar:  fran- 
cés^  infesler;  italiano,  infestare;  del 
latín  infeé^re,  hacer  daños,  estragos, 
correrías. 

1.  El  latín  w/íííiM,  pernicioso,  ene- 
migo, representa  una  forma  paralela 
de  infensus,  participio  pasivo  de  in- 
JíHrfíff,- atacar.  (Pbisciano.) 

2.  Infesíut  se  compone  de  tu,  nega- 
ción, j  fesíus,  alegre,  feliz.  (Otros 

BTIUOLOOISTAS  LATINOS.) 

3.  Ssta  última  etimología  no  admi- 
te discusidn.  ^estus,  dichoso,  es  un 
tema  simétrico  de  fettnm,  día  de  fies- 
ta, día  dedicado  &  la  religión,  día  sa- 
grado. Construyamos  ese  vocablo  con 
el  prefijo  privativo  in,  no,  j  significa- 
rá no  tehz,  no  festivo,  no  religioso, 
no  moral,  no  bueno;  v  extensivamen- 
te, impío,  KdTsrso,  odioso,  dañino,  «»- 

f estad  o. 

Infestísimo,  ma.  Adjetivo  super- 
lativo de  infesto. 

Infesto,  ta.  Adjetivo.  Poética,  Da- 
ñoso, perjudicial,  incómodo. 

Etimoloqía.  Infettar:  latín,  infes- 
Ms;  italiano,  infesto, 

InfoStOSO,  la.  Adjetivo.  Que  pue- 
de infestar. 

InflBudacldn.  Femenino.  ENPiTma- 

ClÓN. 

EriMor.oafA.  Enfeudación:  catalán, 
infeuda^-ti'i. 

Infeudar.  Activo.  Enpbudab. 

Etimolooía.  Enfewiar:  catalán,  in- 
feudar. 

Infiable.  Adjetivo.  Que  no  puede 
fiarse. 

Inflbiüación.  Femenino.  Opera- 
ción que  bonsiste  en  colocar  una  ar- 
golla ú  otro  obstáculo  en  las  partes 
genitales,  para  evitar  ciertas  conse- 
cueacias. 

ETiuOLOaí*.  Jnfibular:  francés,  i»- 
fbulaííón;  italiano,  in/íbulazione. 

Reseña. — LLainfibulacíún  se  prac- 
tica del  modo  siguiente:  se  tira  del 
pn!piu'io  Iiacia  adelante;  se  le  atravie- 
s:i  <¿on  un  lulo  grueso,  el  cual  queda 
ensartado  hasta  que  se  hayan  cicatri- 
zado los  ag-ujeros,  en  cuja  sazón  se 
sustitijj-e  t  i  hilo  por  un  anillo,  argo- 
lla ú  ntr.i  iibstáculo,  que  permanece 
en  su  lu^ar. 

2.  Por  consiguiente,  la  infibula- 
ctÓN  no  es  otra  c&sa  que  la  reunión, 
por  m(>dio  de  un  anillo  ó  cosa  seme- 
jante, de  los  órganos  cuya  libertad  es 
necesaria  al  acto  de  la  generación. 
-  InfibttEar.  Activo.  Hacer  la  infibu- 
lación. 

'  SmiOuaU.  Latín  i»/^¿ií/Srtf,  ajus- 
ta, apretar  con  hebilla;  de  ix,  en,  y 


INFI 

fU&laret  forma  verbal  de  fíbula,  fí- 
bula. 

Inficiente.  Participio  activo  anti- 
cuado de  infecir.  Lo  que  inficiona. 

ETiMOLoaÍA.  Injtei  '*:  latín,  infl- 
cíens,  entis,  participio  de  presente  de 
injlc^re,  inficionar. 

Infición.  Femenino  anticuado.  In- 
PBCciÓN.  B  .Anticuado.  Ficción. 

Inficionado,  da.  Participio  pasivo 
de  inficionar. 

Etwolooíí..  Inficionar:  catalán,  tn- 
fcionat,  da. 

Inficionamiento.  Masculino.  Ac- 
ción ó  efecto  do  inficionar. 

Inficionar.  Activo.  Corromper, 
contagiar.  ||  Metáfora.  Corromper  con 
malas  doctrinas  ó  ejemplos.  Usase 
también  como  recíproco. 

EriMOLoafA.  Inñcim:  catalán,  t*^- 
cionar. 

Infidel.  Adjetivo  anticuado.  In- 
fiel, por  el  que  no  tiene  la  fe  católica. 

Infidelidad.  Femenino.  Falta  de 
fidelidnd,  deslealtad.  ||  Carencia  de  la 
fe  católica.  Q  El  conjunto  7  universi- 
dad de  los  infieles  que  no  conocen  la 
fe  católica. 

Stiwolooía.  In^l:  catalán,  infde- 
litat;  francés,  inñdélité;  italiano,  inji- 
delita,  infedelita,  infedelta;  del  latín 
injídilUaSy  perfidia,  falta  de  fe,  en  Ci- 
cerón; el  error  de  los  infieles,  el  paga- 
nismo, en  san  Jerónimo:  ¡quantrn  inf- 
delitaíes  i»  amicis!  «¡Qué  de  traiciones 
en  la  amistad!» 

SiNONiuiA.  Infidelidad,  deslealtad. 
La  infidelidad  se  refiere  á  la  falta  de 
cumplimiento  de  los  deberes  que  el 
hombre  tiene  en  sociedad  para  con  su 
familia  j  con  sus  amigos;  deberes 
que  nacen  de  la  moral  bien  entendida 
j  aplicada  á  las  necesidades  huma- 
nas. La  deslealtad  es  esta  misma  ii^ 
delidad  de  los  inferiores  respecto  á  los 
superiores,  pero  en  el  orden  político. 
Es  infiel  un  nombre,  y  una  mujerque 
faltan  á  su  vez  á  los  deberes  del  ma- 
trimonio. Es  infiel  un  amigo  que  pu- 
blica un  secreto  que  se  le  ha  confiado 
por  otro. 

Es  desleal  un  guerrero,  un  magis-r 
trado,  ó  cualquiera  otro  funciouario 
público  que  falta  á  sus  deberes  como 
tal,  con  animo  decidido  de  perjudicar 
á  sus  superiores.  (López  Pblbgrín.) 

Infidelísimo,  ma.  Adjetivo  super^ 
lativo  de  infiel. 

Infidencia.  Femenino.  Falta  &  la 
confianza  j  fe  debida  á  otro. 

BnHOLooÍA.  Infido. 

Infidente.  Adjetivo.  El  que  come- 
te infidencia. 

Etimología..  Jff^eÍMaa:  catalán,  in- 
fident. 

Infido,  da.  Adjetivo  anticuado. 

Infiel,  dbslbal. 

Etiuolooía.  Latín  ¿m/Ww,  infiel; 
italiano,  infido. 

Infiel.  Adjetivo.  Falto  de  fideli- 
dad, desleal.  ||  Cfentíl,  pagano. 

Etimología.  In  privativo  y  fiel:  la- 
tín, infedelis;  italiano,  infedele;  fran- 
cés, infdile;  provenzal,  infizel,  enfzel; 
catalán  antiguo,  infael;  moderno,  tn- 
fel,  infidel. 

Sinonimia.  Infiel,  pérfido,  traidor. 


falso,  doble.  El  infiel  falta  á  la  fideli- 
dad ó  á  la  fe;  el  pérfido  oculta  sus  in- 
fidelidades y  aparenta  ó  finge  fide- 
lidad. 

La  perfidia  se  aplica  solamente  i 
las  personas:  la  infidelidad  se  aplica 
algunas  veces  i  los  aaimalei  en  sen- 
tido figurado. — Por  esto  dice  Buffin 
con  mucha  pio{»edad  y  elmocia: 
«El  gato  es  un  criado  infiel,  a  quien 
mantenemos  por  necesidad.»— Se  elo- 
gia la  nobleza  del  caballo  7  la  fideii- 
dad  del  perro;  pero  cuando  no  tienen 
estas  propiedades,  se  dice  t^ue  el  ca- 
ballo es  traidor,  7  el  perro  ti^tl. 

Una  esposa  será  infiel  sí  &lta  i  la 
fe  prometida;  mas  si  procura  pareeer 
fiel,  no  siéndolo,  es  pérfida* 

El  traidor  falU  á  la  fidelidad  que 
prometió  ó  juró  á  su  patria,  &  su  prínei* 
pe,  á  su  amigo,  ó  á  los  hombres  en  ge- 
neral. Así  es  que  su  &lta  ínfiu7e  nás 
en  el  orden  social  que  la  del  infieh  es 
más  pública  7,  por  decirlo  así,  perte- 
nece más  al  común  de  los  demás  hom- 
bres, 7  por  lo  mismo  eon8titu7e  ano 
de  los  delitos  que  castigan  las  leyes 
socialee  en  todo  país  civilizado.  He 
aquí  la  razón  por  qué  llamamos  frst- 
dor  á  un  hombre  que  nos  ataca  de 
improviso,  y  con  ventajas  indebidas, 
ó  al  que  descubre  nuestro  secreto  ó 
nuestros  designios  cuando  se  los  he- 
mos confiado,  aunque  ni  uno  ni  otro 
nos  hayan  hecho  promesa  ni  juramen- 
to alguno,  porque  existen  ciertas  pro- 
mesas y  convenciones  tácitas  entre 
los  hombres,  dictadas  por  la  lasÓa 
natural,  y  necesarias  para  la  conser- 
vación del  orden  social,  que  obligan 
á  todos,  aunque  carezcan  ellos  de  los 
mismos  materiales. 

Se  dice  que  un  hombre  es  falto^ 
cuando  no  obra  conforme  á  la  verdad 
y  se  esfuerza  por  pareeer  cual  no  es, 
para  engañarnos.  Este  adjetivo  se 
aplica  indistintamente  en  sentido  rec- 
to y  en  figurado  á  las  personas,  á  los 
animales  y  á  las  cosas,  siempre  que 
hay  ocultación  de  la  verdad  para  en- 
gañar. «Elste  hombre  es  falso  como 
muía  de  alquiler.»  «Es  falso  como  mo- 
neda de  plomo.»  «Un  amigo  falso.* 
«Una  forma  falsa.9  «Una  noticia 
falsa,» 

Doblé f  en  su  sentido  recto,  es  lo 
que  contiene  ó  vale  dos  veces  la  mis- 
ma cosa  sencilla,  y  este  adjetivo, 
aplicado  á  las  personas,  parecería  sinó- 
nimo perfecto  de  faUot  si  el  buen  nio 
no  hubiese  establecido  una  diferencia 
notable  entre  ambas  palabras.  Esta 
diferencia  consiste  en  que  el  adjetivo 
doble  se  aplica  únicamente  al  corazón 
del  hombre;  esto  es,  á  sus  intencio- 
nes, á  9U  alma,  al  paso  que  falso  in- 
dica no  solamente  los  designios,  sino 
las  acciones.  Doble  pertenece  al  carác- 
ter; falso,  á  la  conducta.  Así  decimos: 
doblez  de  corazón;  doble  intención;  Í0- 
ble  objeto. 

En  todos  estos  casos  indica  «1  adje- 
tivo doble  el  fin,  designio,  intención 
6  disposición  del  alma.  El  hombre 
doble  es  acaso  menos  perjudicial  que 
el  falso,  porque  aquel  no  hace  mái 
que  ocultar  su  segiinda  iateneíóai  y 

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INFI 


INFI 


INFI 


éita  DO  ■oUmeote  U  oculta,  simo  que 
Soge  que  no  lo  hace.  FinalmeDte.para 
conocar  bien  la  diferencia  que  hay 
eatre  estas  dos  palabras,  basta  aten- 
der al  significado  de  sus  contrarias: 
ftka  es  contrario  de  verdadero:  dobU 
H  contrario  de  tencillo. 

La  infidelidad  puede  ser  efecto  de 
debilidad  ó  de  irreflexión;  perolapír- 
fiáie,  la  traición,  la  falsedad  j  el  do- 
blet,  suponen  premeditación,  estudio 
j  Aprobación  de  medie».  (Condb  db  la. 
Costina.  ) 

Infielmente.  Adverbio  de  modo. 
CoD  infidelidad. 

.  KTatOLOOiA.  lujiel  j  el  sufijo  ad- 
Tsrbial  mente:  italiano,  infedelmente; 
fnacés,  im,'<'de'lewmt;  catalán,  in^l- 
«n¿.  ñ/delwtettt. 

luBerno.  Masculino.  El  lugar  des- 
tinado por  la  divina  justicia  para  eter- 
no castigo  de  los  malos.  Se  usa  tam- 
hiéo  en  plural  en  el  mismo  sentido.  Q 
El  tormento  j  castigo  de  los  condena- 
doi.  I  £1  lugar  adoude  creían  los  pa- 
nnos que  i  >ao  las  almas  después  de 
u  muerte.  Se  usa  en  plural  en  el  mis- 
mo sentido.  U  Licubo  ó  seno  de  A.bra- 
han,  donde  estaban  detenidas  las  al- 
nas de  los  justos  esperando  la  reden- 
eiÓD.  B  Bl  lugar  en  que  ha^  mucho 
alboroto  j  discordia,  y  U  misma  dis- 
cordia; y  ui  se  dice:  un  mal  matri- 
monio es  un  iNíiEBNo;  [qué  infierno 
degentel  {}  Eo  algunas  órdenes  reli- 

ns  que  deben  por  institato  comer 
lernes,  el  hospicio  ó  refectorio 
donde  se  come  de  carne.  Q  £a  la  taho- 
na, el  lugar  ó  cjncavo  debajo  de  la 
tierra  en  que  sienta  la  rueda  y  artifi  - 
cío  con  (}ue  se  mueve  esta  máquina.  |1 
Proiincial  Navarra  y  Aragón.  Pilón 
adonde  van  las  aguas  que  se  han  em- 
pleado en  escaldar  la  pasta  de  la  acei- 
tuna pan  apurar  toao  el  aceite  que 
coatiene,  en  el  cual,  reposadas  aqué- 
lla^ se  recoge  uno  de  inferior  cali- 
dad, llamado  aceite  de  inf ubno.  ¡  Da 

DS&AOBADBCIDOS    BSTÁ    EL  INPIBBNO 

IXSNO.  Refrán  con  que  se  denota  que 
la  tagratitad  es  el  más  aborrecible  t 
el  mú  comÚD  de  todos  los  vicios,  f 
Sbb  hut  dbmcaoo  paba  bl  infierno. 
Frase  familiar  con  que  se  moteja  al 
que  se  queja  con  leve  ó  ningún  moti- 
lo. I  ¡Vete  al  infierno,  que  se  vaya 

U.  INFIERNO,  ASÍ  SE  FUERAN  Á  LOS  IN- 

FiBBNOs!  Locuciones  familiares  con 
qae  significamos  nuestra  mala  dispo- 
«eión  y  voluntad  respecto  de  al- 
guno. 

Btiholooía.  Latín  injerni,  los  in- 
fiéraos, en  Propercio;  tnfema,  en  Ta- 
nto; injernus,  latín  de  san  Jerónimo; 
'ariante  de  injerut,  inferior,  lugar 
profundo:  provenzal,  in/em,  yfer,  etir 
/f"»»  'jT^rn:  catalán,  infern;  francés, 
**/er;  picardo,  infer;  burguiñón,  m- 
ftr;  italiano,  injemo» 

Ittflesto.  Masculino.  El  terreno  si- 
tuado al  pie  de  alguna  altura  ó  mon- 
Uña. 

EnuoLOofA.  Infesta* 

Infigurable.  Adjetivo,  Lo  que  no 
puede  tener  figura  corporal  ni  repre- 
sentarse con  ella. 

EtiuolooU.  In  privativo  y  figvo'a- 


hlei  italiano,  infywkhiUi  catalán.  »r- 
fi^nrabU. 

Infigurado,  da.  Adjetivo.  Que  no 
tiene  ^ura, 

ExiMOLoaÍA. /«  privativo  j^^ywa- 
do;  latín,  in/^Srátiu;  francés,  ts/f- 
ffure'. 

Infllema.  Femenino.  Cavidad  que 
deja  un  instrumento  punzante  en  el 
cráneo,  al  hacer  alguna  operación. 

Infilosófico,  ca.  Adjetivo.  Que  ca- 
rece de  filosoHa. 

Infiltración.  Femenino.  El  acto  y 
efecto  de  filtrarse  los  líquidos  en  cuer- 
pos sólidos.  B  Medicina.  Obstrucción 
blanda,  producida  par  la  presencia  de 
un  líquido  derramado  en  los  tejidos, 
entre  sus  elementos  anatómicos,  que 
tiene  como  separados,  en  cuvo  sentido 
se  dice:  la  infiltración  de  la  serosi- 
dad en  el  tejido  celular.  Q  Metáfora. 
Se  aplica  en  sentido  moral,  como  cuan- 
do decimos:  «tales  ideas  ó  tales  cos- 
tumbres son  el  resultado  de  la  infil- 
tración de  ciertas  doctrinas.» 

Etihiolooía,  InfiUr&r:  catalán,  ta- 
JiUració;  francés,  injíiíratün;  italiano, 
in^íratione. 

Infiltrado,  da.  Participio  pasivo  de 
infiltrar,  y  Medicina.  Epíteto  del  órga- 
no, miembro  ó  tejido,  cuando  ha  pene- 
trado en  alguno  de  ellos  cierto  líquido 
ó  serosidad,  eu  cujo  sentido  se  dice: 
tgido  celular  ihpiltbado. 

ETiMOLoaÍA.  Jniiirar:  francés,  «- 
filtré. 

Infiltrar.  Neutro.  Introducir  un  lí- 
quido en  los  poros  de  un  cuerpo.  ¡|  Me- 
táfora. Empapar  á  otro  en  las  doctri- 
nas que  uno  profesa.  |  Medicina.  Pe- 
netrar algún  líquido  ó  serosidad  en 
algún  tejido,  órgano  ó  miembro,  como 
cuando  se  dice:  «la  serosidad  infil- 
tra las  piernas  del  enfermo.» 

Etiholoqía.  Prefijo  tu,  en,  dentro, 
sobre,  y  filtrar:  francés,  infiltrer;  ca- 
talán, tajíltrar» 

Infiltrarse.  Recíproco.  Filtrarse. 

Infimo,  ma.  Adjetivo.  Lo  que  en 
su  situación  está  mur  bajo,  g  En  el 
orden  ;  graduación  de  las  cosas,  lo 
último  y  lo  que  es  menos  que  las  de- 
más. I  Lo  más  vil  y  despreciable  en 
cualquier  línea,  y  así  decimos:  la  ín- 
fima plebe. 

Btimoloqía,  Latín  injimns,  lo  más 
bajo,  superlativo  de  injtms,  bajo,  in- 
ferior: catalán,  ínfimo,  a;  francés,  itifi- 
me;  italiauo,  infinno. 

Inflngido,  da.  Adjetivo  anticuado. 
Fingido. 

Infingidor,  ra.  Masculino  y  feme- 
nino anticuado.  El  ^ue  fín^e. 

Infinible.  Adjetivo  anticuado.  Lo 
^ue  no  se  acaba  ó  no  puede  tener 

Infinidad.  Femenino.  La  calidad 
de  lo  que  no  tiene  fin.  y  Gran  número 
y  muchedumbre  de  cosas  ó  personas, 
como  cuando  decimos:  «infiníiiad  de 
gente;  infinidad  de  pájaros.»  ||  Meta- 
física. Necesidad  inexplicable  que  el 
alma  del  hombre  tiene  de  lo  infinito, 
y  así  se  dice:  «el  espíritu  goza  j  se 
dilata  en  la  idea  de  la  infinidad.» 

Etimología.  luñnilo:  latín,  infini- 
tas; italiano,  inñniia;  francés,  infini- 


té; ytQV^tLisX,  infiniiat,  enfsffikitj  ca-, 
Ulan,  ii^míat. 
Inflmtamente.  Adverbio  modal. 

De  un  modo  infinito. 

Etimología.  Infinita  y  el  sufijo  ad- 
verbial mente:  catalán,  infiaitament; 
francés,  infinimeni;  italiano,  infinita- 
mente: latín,  infinité. 

Infinitésimo,  ma.  Adjetivo.  Ma~ 
íemtUicas.  Infinitamente  pequeño. 

Etimología.  Latín  í»/?míi«,  infi- 
nito, y  el  sufijo  esimus,  que  expresa 
número  ordinal,  como  vtgesímuSt  vi- 
^simo:  francés,  infinitéitme;  catalán, 
tnfiniíe'ssim,  a. 

Infinitesimal.  Adjetivo.  Matemá- 
ticas. Cálcalo  que  comprende  al  inte- 
gral y  al  diferencial.  ||  Que  tiene  el 
carácter  de  una  cantidad  sumamente 
pequeña.  \  Por  extensión,  se  aplica  á 
las  partes  mu^  sutiles  ó  diminutas, 
como  en  el  ejemplo  siguiente:  «Si  una 

firogresión  armónica  reina  entre  todos 
os  seros  terrestres;  si  una  misma  ca- 
dena los  abraza  á  todos,  es  mu^  proba- 
ble que  esa  cadena  misma  se  prolon- 
gue á  todos  los  mundos  planetarios, 
que  los  una  &  todos  y  que  no  sean 
otra  cosa  que  partes  constitutivas  é 
infinitesimales  de  la  misma  serie.» 
(Bossuet,  Palingenesia,  S.) 

Etimología.  Infinitésimo:  catalán, 
infinitessimal;  francés,  infiniíésimal; 
italiano,  infinitetimale* ' 

Infinitísimo,  ma.  Adjetivo  lami- 
liar  superlativo  de  infinito. 

Infinitívo.  Masculino.  Gramática, 
Uno  de  los  modos  del  verbo  que  no 
denota  tiempo  determinado,  ni  núme- 
ro, ni  persona,  como  amar,  leer.  Por 
consiguiente,  amar  y  leer  son  respec- 
tivamente el  modo  infinitivo  dedichos 
verbos.  |  sustantivado.  El  infinitivo 
empleado  como  sustantivo  común,  y 
asi  se  dice:  *el  amar  y  el  cazar  penden 
del  azar;»  eel  leer  malos  libros  es  mu- 
cho peor  que  no  leer.»  |  El  infinitivo 
sustantivado  se  forma  siempre  ante- 
poniéndole el  artículo  el  en  singular. 

Etimología.  Infinito:  latín,  iNt^iNi- 
Tivus  modns,  moao  infinitivo,  así  lla- 
mado porgue  no  se  expresa  ó  define 
número  ni  persona;  italiano,  infiniti- 
vo; francés,  injíniíif;  provenzal,  infi- 
nitiu,  enfinitiu;  catalán,  infiniíiu. 

Sentido  etimológico. — Se  le  denomi- 
nó infinitivo,  aludiendo  á  que  no  de- 
termina nada,  como  lo  infinito.  Por 
decirlo  asi,  es' el  infinito  gramatical. 

Infinito,  ta.  Adjetivo.  Lo  que  no 
tiene  fin  ni  término.  |  Lo  que  es  muv 
numeroso,  grande  y  excesivo  en  cual- 
quiera línea.  ||  Adverbio  de  modo.  Ex- 
cesivamente, muchísimo.  ||  Metafísi- 
ca. Idea  de  las  cosas  infinitas,  cujro 
concepto  es  Oíos.  ||  hatbmÍtico.  Geo- 
metría, Nombre  dado  á  las  cantidades 
mejores  que  toda  otra  cantidad  asig- 
nable, cujra  idea  se  descubrió  eu  el 
primer  período  de  la  geometría.  Así 
sucede  que  el  infinito  matemático,  si 
no  se  formuló,  se  presintió  por  todos 
los  antiguos  geómetras.  ||  Calculo  ub 
lo  infinito;  orometría  db  lo  infini- 
to. Nombre  dado  primeramente  á  lo 
que  hoj  se  llama  cálculo  diferencial  é 
integral.  Según  Rolliu,  el  cálculo  de 


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96  INFL 

LO  INFINITO,  que  dicho  aatof  deaoml- 
na  maravillólo,  faá  debido  al  gnu 

Newton. 

Etimología.  In  privativo  y  ^nito: 
latín,  infínítut;  italiano,  infinito;  fran- 
cés, innni;  provenzal,  infinit,  enjinit; 
burguiñón,  in^ni;  catalán,  injinit,  a; 
infinií,  da, 

^fífia.— El  cálcalo  diferencial  j  el 
integral  se  llamaban  adn  el  cálculo  de 
LO  INFINITO  en  tiempos  de  Voltaíre: 
cXewton  iaventó  el  cálcalo  que  se 
llama  de  lo  infinito,  demostrando  un 
principio  nuevo  que  hace  mover  i 
toda  la  naturaleza.»  (Diccioiwrio  filo- 
sófico.) 

Infinitobista.  Masculino.  Btitoria 
de  la  fieiologia.  Partidario  de  una  doc- 
trina segán  la  cual  todos  los  cuerpos 
organizados  son  resultado  del  des- 
arrollo de  girmenes  que  van  saliendo 
unos  de  otros  hasta  el  infinito. 

ETiuoLOOfA.  Infinito  j  el  griego 
hio$t  vida. 

InfinitOTÍsta.  Infinitobista.  La 
forma  infiniíocista,  que  se  halla  en  al- 
gunos ííiccionarioSt  es  birbara,  puesto 
que  el  elemento  vista  no  representa 
el  griego  ^ío^  (bíosj,  vida. 

Infinta.  Femenino  anticuado.  Fin- 
cimiento. 

Infintosamente.  Adverbio  de  mo- 
do anticuado.  Fingidamente,  con  en- 
gaño. 

Infintoso,  sa.  Adjetivo  anticuado. 
Fingido,  disimulado,  engañoso. 

Infintnosamente .  Adverbio  de 
modo  anticuado.  Fingidamente,  con 

engaño. 

Inflriente.  Participio  activo  irre- 
gular de  inferir. 

Infirmación.  Femenino.  Accidn  6 
efecto  de  infirmar.  |  Forense,  Invali- 
dación. 

Stiuolooía.  Infirmar:  latín,  «ii^r- 
mStíOy  la  acción  de  quitar  la  fuerza, 
forma  sustantiva  abstracta  de  infirma- 
/«,  participio  pasivo  de  infirmare,  in- 
firmar: francés,  infirmation. 

Infirmar.  Activo  anticuado.  Dis- 
minuir, minorar  el  valor  j  eficacia  de 
alguna  cosa.  [|  Forense.  Invalidas. 

Etimología.  Latín  infirmare,  debi- 
litar; de  in  privativo  j  firmare,  forma 
verbal  de  firmus,  firme:  provenzal, 
enfirmar,  enfermar;  francés,  infirmer; 
italiano,  infermare;  catalán,  infirmar. 

Inflación.  Femenino.  La  acción  / 
efecto  de  inflar.  S  Uetáfora.  Engrei- 
miento y  vanidad. 

Etimología.  In/tar:  latín,  infiatío, 
ventosidad,  forma  sustantiva  abstrac- 
ta de  infiSlus,  inflado:  provenzal,  Ín~ 
fiado,  enfiaton;  catalán,  infiaciÓ;  fran- 
cés, in/íaíion;  italiano,  infia^ione. 

IníUmabilidad.  Femenino.  Físi- 
ca. Cualidad  de  lo  inflamable. 

Etimoloqía.  Jnfiamable:  francés,  in- 
fiamahilite';  italiano,  infiammahiliíá. 

Reseña. — Todas  las  materias  ani- 
males j  vegetales  contienen  una  gran 
cantidad  de  aire  fijo,  en  lo  cual  con- 
siste uno  de  los  principios  de  su  in- 
flamabilidad. 

Inflamable.  Adjetivo.  Lo  que  es 
fácil  de  inflamarse  ó  levantar  flama. 
l  Substancias  inflamables.  Qnímico. 


INFL 

Substancias  simples,  no  metálicas,  que 

firenden  fuego  fácilmente  j  arden  con 
Lama.  I  AiRB  inflamable.  Nombre 
que  se  dió antiguamente  al  gas  hidró- 
geno, fl  Metáfora.  Se  emplea  también 
con  relación  al  orden  moral,  como 
cuando  se  dice:  carácter  inflamable, 
genio  inflamable,  ^lara  dar  idea  de 
un  hombre  fogoso,  o  que  se  apasiona 
fácilmente. 

Etimología.  Infiamar:  italiano,  iii^ 
fiammaHle;  trances,  infiammaUe;  cata- 
lán, infiamahle. 

Reseña. —  «Hav  artes  que  debían 
transformarlo  todo  en  el  mundo,  como 
el  de  la  pSlvora  inflamable.»  (Vol- 
TAiBE,  Costumbres,  VIH.) 

«Los  raros  fenómenos  que  presenta 
el  aire  inflamable,  llamaban  por  en- 
tonces la  atención  de  losfisÍcos.>(CoN- 
DORCET,  Buc^uet.) 

Inflamación.  Femenino.  La  acción 
7  efecto  de  inflamar  é  inflamarse.  |  Fí- 
sica, Fenómeno  de  un  cuerpo  tyit  ar- 
de, levantando  llama.  j|  Medicina.  Ar- 
dor preternatural  en  el  cuerpo  animal, 
estado  caracterizado  por  cuatro  cir- 
cunstancias: tumor,  color  rojizo,  ca- 
lor 7  dolor  en  la  parte  afecta.  La  in- 
flamación se  origina  siempre  de  ana 
afluencia  anormal  de  sangre  en  los 
vasos  capilares.  Q  Metáfora.  Enarde- 
cimiento de  las  pasiones  y  afectos  de 
ánimo. 

Etimología.  Infamar:  latín,  infia- 
mSíio;  italiano,  tnfiamatione;  francés, 
in^ammation;  provenzal,  in/tammado, 
en/tamaeio,  effiamacio;  catalán,  infia~ 
macio;  giuebrino,  enfiammation. 

Inflamado,  da.  Participio  pasivo 
de  inflamar. 

Etimología.  Infiamar:  latín,  in~ 
fiammatns;  catalán,  infiamat,  da;  fran- 
cés, enfiammé;  italiano,  infiammaío. 

Inflamiador,  ra.  Adjetivo.  Qne  in- 
flama. 

Etimología.  Infiamar:  italiano,  m- 

fiammalore. 

Inflamamiento.  Masculino  anti- 
cuado. Inflamación. 

Inflamante.  Participio  activo  de 
inflamar.  ¡|  Adjetivo.  Que  inflama. 

Inflamar.  Activo.  Encender  algu- 
na cosa  levantando  llama.  Se  usa  tam- 
bién como  recíproco.  ||  Metáfora.  Aca- 
lorar, enardecer  las  pasiones  y  afectos 
del  ánimo.  Se  usa  también  como  re- 
cíproco. Q  Recíproco.  Ponerse  alguna 
cosa  de  color  bermejo  parecido  al  de 
la  llama.  I  Medicina,  Enardecerse  al- 
guna parte  del  cuerpo  del  animal  to- 
mando un  color  encendido. 

EtiholooÍa.  Latín  in/lammSre;  de 
in,  en,  dentro,  sobre,  7 fiammare,  tema 
verbal  de  fiamma,  llama:  italiano,  in- 
fiammare;  francés,  enfiammer;  proven- 
zal, enñamar;  picardo,  enfiamher;  cata- 
lán, infiamar. 

Inflamarse.  Recíproco.  Encender- 
se produciendo  llama.  \  Enardecerse. 
Q  Ser  atacado  de  inflamación. 

Inflamatorio,  ria.  Adjetivo,  i/i^í/i- 
cina.  Lo  que  causa  inflamación  ó  pro- 
cede de  ella,  en  cuyo  sentido  se  dice: 
calentura  mviJtMk.TQmK\  fenómenos  in- 

FLAUATOBIOS.   \  SaNGBB  INPLAMATO- 

Ku;  sangre  evacuada  en  una  sangría, 


INFL  * 

la  cual,  una  vez  coagulada,  presenta 
una  especie  de  corteza. 

Etimología.  Infiamar:  catalán,  in~ 
fiamatori,  a;  francés,  infiammafátre; 
italiano,  inñammatorio. 

Inflar.  Activo.  Hinchar  alguna 
cosa  con  aire,  gas  ú  otra  substancia 
aeriforme.  ||  Metáfora.  Ensoberbecer, 
engreír.  Se  usa  más  eomnamente 
como  recíproco. 

Etimología.  Latín  in/tirtf  hinchar 
con  el  viento;  de  in,  en,  dentro,  so- 
bre, y  fiare,  soplar:  catalán,  inflar. 
■  Inflativo,  va.  Adjetivo.  Lo  que  in* 
fla  ó  tiene  virtud  de  inflar. 

Etimología.  Infiar:  catalán,  t'ii,^ 
tiu. 

Inflexibilidad.  Femenino.  La  ca- 
lidad de  inflexible.  Q  Metáfora.  Cons- 
tancia 7  firmeza  de  ánimo  para  no 
conmoverse  ni  doblegarse. 

Etimología.  In^exsbte:  italiano,  «11- 
fiessibilita;  francés,  infiesñHlité;  cata- 
lán, iniemhilitat. 

Inflexible.  Adjetivo.  Lo  que  es  in- 
capaz de  torcerse  6  de  doblarse.  |  Me- 
táfora. El  que  por  su  firmeza  7  cons- 
tancia de  ánimo  no  se  conmueve  ni  a« 
doblega,  ní  desiste  de  su  propósito. 

Etimología.  I»  privativo  ydeñble: 
latín,  infiexíMlis;  italiano,  infiessibile; 
francés  7  catalán,  infiexible. 

Inflexiblemente.  Adverbio  de  mo- 
do. Con  inflexibilidad. 

Etimología.  Infiexible  7  el  sufijo 
adverbial  mente:  italiano,  infiessilñl- 
mente;  francés  7  catalán,  infiexiblement. 

Inflexión.  Femenino.  Él  torcimien- 
to ó  comba  de  una  cosa  que  estaba  de- 
recha. \  Música  y  declamación.  Hablan- 
do de  la  voz,  es  la  elevación  ó  depre- 
sión que  se  hace  con  ella,  quebrándo- 
la 6  pasando  de  un  tono  á  otro.  |  Gro' 
máHea»  La  variación  del  nombre  por 
sus  casos  7  números,  7  la  del  verbo 
por  sus  modos,  personas  7  tiempos.. 

Etimología.  Latín  infiexío,  dobla- 
dura, sinuosidad,  rodeo  de  un  cami- 
no, forma  sustantiva  abstracta  de  in- 
fiexus,  doblado,  participio  pasivo  de 
infiecthe,  encorvar;  de  in,  en,  7 fiect?- 
re^  loblar:  italiano,  infiettere;  catalán, 
infiexió;  francés,  infiextm;  italiano, 
infiessione. 

1.  El  latín  fiexio  significa  también 
la  idea  de  infiexión  gramatical,  como 
lo  demuestra  Quichbrat  en  su  Ad- 
denda, 

2,  Hay  lenguas  CU708  verbos  tie- 
nen muy  pocas  inflexiones,  como  la 
hebrea. 

Inflexióscopo.  Masculino.  Agiro- 
komta.  Instrument  1  para  medirla  des- 
viación de  los  ra70s  luminosos. 

EriMOLoaÍA.  Latín  infi?rus,  dobla- 
do, desviado,  7  el  ^'riego  skopel»,  exa- 
minar; vocablo  In'biido, 

Inflexipado,  da.  Adjetivo.  Zoolo- 
gía. Que  puüde  doblar  con  facilidad 
las  patas  anteriores. 

Etimología.  Latín  infiéxuf,  dobla- 
do, parlicipio  pasivo  de  infiectere,  do- 
blar, 7  pes,  pjüis,  pie:  francés,  infiexi- 
pede. 

Inflicción.  Femenino  anticuado. 
Castigo  corporal. 
Etimología.  Infiigir, 


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INFL 

suplico  i  nited  que  interponga  su  «i- 

Jíuíneia. 

Hablándose  de  una  persona  de  Ta- 
límiento,  solemos  decir:  csu  injlujo 
me  mata.»  La  palabra  in^uencia  no 
expresarla  esta  idea  con  el  mismo  vi- 
e:or. 

A.1  hablar  de  Dios,  no  deberíamos 
valemos  de  injluencia,  sino  de  injujo, 
porque  Dios  es  la  persona  en  sumo 
grado.  ¿Quién  se  resiste  al  m^k/o  de 
Jios? 

Pongamos  dos  ejemplos;  uno,  con 
relación  á  cosa,  j  otro,  con  relación  i 
persona,  y  seguramente  no  habrá  un 
entendimiento  tan  poco  versado  en  ca- 
sos de  lengua,  que  no  eche  de  ver  el 
distinto  sentido  de  las  dos  palabras. 

_    _  ^         Ejemplo  de  cosa:  nadie  desconoce 

fnncis,  injiiger;  italiano,  U^/^§ere;  la  injlaeni^a  de  la  poesía  del  Dante  en 
del  latín  injtighct  dar^  herir.  I  la  literatura  de  la  Bdad  media. 

1.  El  latín  iñjC^tre  se  compone  de  |    Ejemplo  de  persona:  el  ministro  ce* 
ú^^  en*  y  fl^íte^  golpear,  como  lo  de- .  dió  por  fin  al  injíujo  del  rej. 
muestra  jta^-nanf  Jiag'ellnm,  azote.      Pongamos  indujo  en  lugar  de  iV 
(LimA.)  \^uencia,  ó  iujluenaaan  lugar  de  íhJIw 

2.  Bsta  etimología  es  «rr¿nea.  El  jo,  j  notaremos  seguramente  cuanto 
latín  in/ti^ífre  representa  literalmente  ;  pierden  las  frases  anteriores  en  pr»- 
la  preposición  in,  en,  dentro,  j Jligí-  !  piedad  j  fuer/.a. 

re,  chocar.  {    La  infiuencU  as  un  injtmjo  univer- 

Inflorescencia.  Femenino.  Boíá-  sal. 
nica.  Orden  ó  forma  con  que  aparecen  ¡    El  in/lt^o  es  una  imfiueneU  perso- 


'  INFL 

Enflictívo.  T«.  A.djetÍT0.  Foretue. 
Que  inflige.  |  Propio  de  la  inflicción. 

BmiOLOOfA.  In^igir:  catalán,  injti- 
íint  va¡  fraoc'*s,  in^iclif,  en  Cotgrave 
(siglo  XTi);  italiano,  in^iitioo* 

fiaflictof  ta.  Participio  pasivo  Írre> 

Sillar  anticuado  de  infligir.  |  Forense. 
scíase  del  castigo  que  se  imponía  & 
alguno. 

BriyoLoafÁ.  Injligir:  latín,  in^ie^ 
tm,  golpeado,  herido;  participio  pasi- 
vo de  in^üre;  catalán,  indicie;  fran- 
cés, iñ/lige';  italiano,  iniiíío* 

Infligente.  Participio  activo  d«  in- 
fligir. Que  inflig'e. 

Infligir.  Activo.  Forense.  Hablan- 
do de  castigos  j  penas  corpirales,  im- 
ponerlas,  e  mdenar  á  ellas. 
Etiuolooía.  Provenzal  infligir: 


INFO 


97 


colocadas  las  flores  al  lírotar  en  las 
plantas;  y  así  se  dice:  m.<L08ijCBN- 
CIA.  en  parasol,  en  espiga,  racimo,  ra- 
millete, etc. 

BnuoLOofA.  Pre^'o  tu,  en,  dentro, 
sobre,  j  /íoreteeneia:  frane¿s,  injlores- 

Inflncidn.  Famanino  anticuado. 

Inflnencia.  Femenino.  La  aeciqn 
7  efecto  da  influir.  Q  Metáfora.  La  ín- 
tervencióa  que  alguno  tiene  en  un 
negocio  por  su  autoridad,  valimiento 
J  persuasión.  |  Metá  bra.  La  gracia  é 
inspiración  que  Dios  envía  interior- 
mente á  las  almas.  Q  Física.  Acción 
que  nn  cuerpo  electrizado  ejerce  á 
cierta  distancia  sobre  otro  cuerpo  en 
su  estado  normal,  g  Física  antigua, 
Bmanacíón  ó  fusión  material  que  se 


nal. 

Inflnente.  Participio  activo  da  in- 
fluir. Lo  que  influjre. 

laflaontements.  Adverbio  de  mo- 
do. Con  influencia. 

Etiuoloqíá.  Injluenigj  el  aufijo  ad- 
verbial menle, 

Infloidunaata.  Adverbio  de  modo. 
Por  influencia. 

BmcoLoaÍA.  Influida  y  el  sufljo  ad- 
verbial mente. 

Influido,  da.  Participio  pasivo  de 
influir. 

BtiiiolooU.  Injluir:  latín,  injluxus, 
participio  pasivo  de  it^uüre,  influir; 
iraucés,  enjlué;  catalán,  inluit,  da. 

Influir.  Activo.  Causar  ciertos  efeo* 
tos  unos  cuerpos  en  otros,  como  el  sol 
sobra  la  tierra.  |  Se  aplica  igual  men- 
:eriai  que  se  te  á  causas  morales;  j  así  se  dice  que 
suponía  provenir  del  cielo  j  de  los  I  im'LUYaM  el  ejemplo,  las  lejres,  las 
utros,  ejerciendo  su  influjo  en  las '  costumbres,  etc.  U  Metáfora.  Contri- 
ponona»  j  en  las  cosas.  buir  con  más  d  menos  eficacia  al  éxito 

BnifOLOOfA.  InjSair:  latín,  inJiUn-  de  nn  negocio.  Q  Metáfora.  Inspirar  ó 
üa,  forma  sustantiva  abstracta  de  in-  comunicar  Dios  algún  efecto  d  don  de 
jUant,  i»/íúentist  influyente;  iialiano,  su  gracia,  como  cuando  se  dice:  Dios 
vtflaamü;  francés,  inflnenee;  catalán,  |  es,  por  si  mismo,  el  bien  esencial  que 

INPLUVB  el  bien  en  cuanto  hace.  (Bos- 
SUBT,  Libre  albedrio^  f.)  ¡|  Física  eaíi- 
ywd.  Comunicar  el  fliíido  desconocido 


iinjb»¿»ñi. 

SmoNiHiA.  Influencia,  influjo. — /n- 
punda  tiene  una  aplicación  general, 
de  las  más  generales  que  conocen  los 
idiomas.  7h^b«ícmi  políticas,  socia- 
les, científicas,  filosóficas, administra- 
tivas, relio;iosas,  morales,  físicas,  at- 
mosféricas. Todo  tiene  influencia  en 
el  mando,  desde  el  aire  que  nos  mece 
el  cabello,  hasta  la  historia  que  nos 
educa  la  inteligencia;  desde  la  estre- 
lla basta  «l  arbusto. 

No  puede  decirse:  influjos  atmosfé- 
ricos, físicos,  morales,  religiosos. 

influjo  se  refiere  especialmente  ¿  la 
opiuión,  á  las  personas. 

«Snpliso  á  usted  qae  interponga  su 
influjo.^ 


Í^ue  se  suponía  proceder  del  cielo  j  de 
os  astros,  obrando  simultáneamente 
sobre  los  hombres  y  las  cosas,  n  Medi- 
cina Ajitigua,  Virtualidad  propia  de  la 
materia  sobre  la  economía  animal,  en 
cuyo  sentido  se  decía:  ttoda  la  dife- 
rencia de  los  tumores  proviene  sín 
duda  de  la  naturaleza  de  la  materia, 
la  cual  iMPLUTB  y  hace  el  tumor.» 
(Pareo,  V,  S,) 

Btmolgoía.  Latín  influiré,  inun- 
dar; de  fM,  en,  y  flu>e,  fluir:  italiano, 
influiré,  influere;  francés,  enfluer;  ca- 
talán, influir. 
Inflojo.  Masculino.  Ihfluxkcia.  I 


Esto  as  más  efieas  que  si  se  d^ese: :  Metáfora.  El  valimiento  y  poder  da 


una  persona  para  Con  otra,  6  la  inter- 
vención y  parte  que  tiene  en  algún 
negocio. 

EnuoLoofA.  Ii^uir:  catalán,  t'»* 
flux,  iafluxo;  francés,  influXy  flujo. 

Inflnvente.  Participio  activo  da 
influir.  Influbhtb. 

Etiuolooía.  Influir:  latín,  inflúens, 
inflUeniis;  italiano,  influente;  francés, 
influent, 

Inflayentemente.  Adverbio  de 
modo.  Infldbntbiibntb. 

Infoliado,  da.  Adjetivo.  Botánica, 
Que  no  tiene  hojas. 

ETiuoLúofA.  Jn  privativo  y  ^IÍS- 
lus,  de /dllutn,  hoja. 

Inforciado.  Ausculino.  La  segun- 
da parte  del  Digesío  6  Pandectas  de 
Justiníaao. 

Información.  Femenino.  Laacción 
y  efecto  de  informar  ó  informarse.  | 
Forense,  Averiffaacién  jurídica  y  legal 
de  algún  he<mo  6  delito.  |  Pruebas 
que  se  hacen  de  la  calidad  y  circuns- 
tancias necesarias  en  un  sujeto  para 
algún  empleo  ú  honor.  Hoj  tiene  más 
uso  en  plural.  |  Metáfora  antigua. 
Educación,  instbucciúh.  Q  ad  pbrpb- 
tuau,  ó  ad  pbbpxtuah  bbi  mbuobuu. 
Forense.  La  que  se  hace  judicialmente 
y  á  prevención  para  que  conste  en  lo 
sucesivo  alguna  cosa;  como  cuando  los 
testigos  son  viejos  ó  se  han  de  ausen- 
tar, fon  oBRBcao  ó  bn  dsbbcho.  El 
escrito  que  hace  el  abogmdo  en  fkvot 
de  su  parte.  Hoj  es  lo  mismo  que  pa- 
pel, SN  DBBBCHO.  |  DB  POBBlí  Ó  DI  PO- 

BBBZA.  La  que  se  hace  de  que  alguno 
no  tiene  bienes,  para  que  no  le  exijan 
los  derechos  que  se  originan  en  el  se- 
guimiento de  algún  pleito  ó  recarao. 

B  DB  VITA  BT  HOBIBUS.  La  qUC  86  haOC 

de  la  vida  y  costumbres  de  aquel  que 
ha  de  ser  admitido  en  alguna  comu- 
nidad ó  antes  de  obtener  alguna  dig- 
itidad  ó  cargo.  ||  buharía.  La  que  por 
la  naturaleza  y  calidad  del  negocio  se 
hace  por  el  juez  brevemente  y  sín  las 
solemnidades  que  se  observan  regu- 
larmente en  las  demás  informaciones 
jurídicas.  Q  Filosofía,  La  acción  de 
revestir  de  forma,  como  cuando  ae 
dice:  «el  hombre  es  la  xnfobhacióh 
suprema  y  como  la  síntesis  viva  de  las 
fuerzas  creadoras  del  globo.» 

EtiholooIa.  Informar:  latín,  («/Ár- 
maiio,  el  primer  borrón,  traza  ó  dise- 
üo  de  una  cosa;  y  figuradamente,  ima- 
gen, idea,  representación  que  se  for- 
ma en  el  entendimiento:  infobuatio 
verbi,  etimología  de  una  palabra,  en 
Cicerón;  provenzal,  informado,  enfor- 
nado;  portugués,  informacáo;  francés, 
iuformaíion;  italiano,  informatione;  ca- 
talán, informació. 

Informadamente.  Adverbio  de 
modo.  Con  información. 

BmcoLOOÍA.  Informada  y  el  sufijo 
adverbial  mente. 

Informado,  da.  Participio  pasivo 
de  ittf'ormar. 

Etimología.  Latín  informUtus^  par- 
ticipio pasivo  de  informSre,  informar: 
italiano,  tn/orsiiifo;  francés,  informé; 
catalán,  informal,  da. 

Inrormador,  ra.  Masculino  y  fe- 
menino. El  que  informa. 


sonó  III 


19 


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98  INFO 


INFO 


INFR 


EtimologU.  Injormar:  latín,  in/or- 
miíort  foima  a^nte  de  infomStio,  ía- 
formac¡6n:  italiano,  in/ormaíore;  fran- 
cé§,  infomaíeur;  catalán,  informa- 
dor, a. 

Informal.  Adjetivo.  Lo  que  no 
guarda  las  reglas  ^  circunstancias 
prevenidas.  Q  Se  aplica  también  á  las 
personas  que  en  su  porte  j  conducta 
no  observan  la  conveniente  gravedad 
j  puntualidad. 

Informalidad.  Femenino.  La  ca- 
lidad qne.  constituya  informal  i  una 
persona  ó  cosa. 

BtiuolooU.  Informal:  catalán,  («- 
formaliíat. 

Informalmente.  Adverbio  de  mo- 
do. Con  informalidad.  J  Informb- 

UBNTB. 

EtiholoqU.  Informal  y  el  infijo 
adverbial  mente. 

Informamiento.  Masculino  anti- 
cuado. Inforujlción,  por  la  acción  t 
efecto  de  informar  d  dar  noticia  de  al- 
guna cosa. 

Informante.  Participio  activo  de 
informar.  El  que  informa.  Q  Masculi- 
no. Kl  que  tiene  encargo  j  comisión 
de  hacer  las  informaciones  de  limpie- 
za V  calidad  de  alguno. 

Informar.  Activo.  Enterar,  dar  no- 
ticia de  alguna  cosa.  Se  usa  también 
como  recíproco.  ||  Forense.  Hablar  en 
estrados  los  fiscales  j  los  abogados  en 
cumplimiauto  de  su  empleo,  f  Filoso- 
fía, 3er  la  forma aabstancial  de  algún 
cuerpo.  I  Uetáfora  antigua.  Formar, 
perfeccionar  á  alguno  por  medio  de  la 
instrucción  j  buena  crianza. 

Etiuolooía.  Latín  informare,  darla 
primera  forma,  diseñar,  imaginar, 
instruir;  de  in,  en,  dentro,  j/orjíiar^, 
formar:  catalán,  informar;  francés, 
informer;  italiano,  informare;  proven- 
zal,  informar,  enfermar,  eformar* 

Informarae.  Recíproco.  Enterarse 
de  algo;  tomar  informes. 

Informativo,  va.  Adjetivo.  Lo  que 
informa  ó  sirve  para  dar  noticia  de 
alguna  cosa.  |  Anticuado,  filosofía. 
Lo  que  da  forma  j  ser  á  alguna  cosa. 

BrnioLooU.  Informar:  catalán,  in- 
formatiu,  va. 

1.  Informe.  Uaseuliuo.  La  noti- 
cia ó  instrucción  que  se  da  de  al- 
gún negocio  ó  suceso  ó  acerca  de  al  - 
guna persona.  ||  Forense.  La  exposi- 
ción que  hace  el  letrado  ó  el  nscal 
ante  el  tribunal  que  ha  de  fallar  el 
proceso. 

Etimología.  Informar:  catalán,  tn- 
forme. 

Sinonimia.  Informe,  información. 
Informe  es  el  simple  relato  de  los  an- 
tecedentes que  se  piden  aobre  la  cues- 
tión de  que  se  trata. 

Informaci<fn  expresa  la  idea  de  una 
serie  de  informe*  distintos,  hecha  con 
el  objeto  de  poder  comparar  difer.'ntes 
datos  j  adquirir  una  cabal  noticia  del 
asunto,  según  juicio  prudente. 

De  la  información  que  acabo  de  ha- 
cer, resulta  que  son  falsos  todos  loa 
informes  que  me  dieron. 

El  informe  se  da. 

La  informaeién  se  hace. 

Bi  iñform«  relata. 


La  informaron  busca,  observa,  pre- 
gunta, se  esconde,  averigua. 
El  infortM  puede  ser  ingenuo. 
La  informacidn  es  siempre  astuta  j 

maliciosa. 

Se  piden  informrs  i  los  particulares 
j  á  los  jefes. 

Se  entablan  informacionei  ante  la 
justicia. 

Ambas  palabras  vienen  de  forma, 
voz  derivada  del  griego  morp  i?,  que 
significa  molde,  hechura  6  modelo. 

Informarnos  de  una  cosa  no  es  más 
que  procurar  saber  en  qué  forma  ocu- 
rrió el  suceso  de  que  se  trata;  parece 
^ue  informándonos,  damos  fisonomía 
o  fiffura  á  los  hechos. 

¿  Informe.  Adjetivo.  Lo  ({ue  no 
tiene  la  forma,  figura  y  perfección  que 
le  corresponde.  ||  EsraaLLas  ihfor- 
UBS.  ÁstroMo  nía  nntigwt.  Las  i^ae  no 
entraban  en  ninguna  constelación,  lla- 
madas también  espirsiles,  Q  Jurisprn- 
dencia.  Lo  que  se  presenta  sin  la  for- 
ma prescrita  en  derecho. 

EriMOLoaÍA..  Latín  informis;  de  in 
privativo  /  format  «sin  forma:»  ita- 
liano, francés,  catalán  j  portugués, 
informe. 

Informemente.  Adverbio  de  mo- 
do. i)e  una  manera  informe.    .  ^ 

EnuoLoaÍA.  Informe  2  j  al  sufijo 
advuroiai  mente:  latín,  inforlnitfr. 

Informidad.  Femenino  anticuado. 
La  calidad  del  informe. 

ETUiOLOOÍa.  Informe  ?;  latín,  in- 
formitas;  italiano,  informiía;  francés, 
informite)  catalán,  informital. 
.  Infortificable.  Adjetivo.  Lo  que  no 
se  puede  fortificar, 

ETIM0I.O0ÍA..  In  pr¡v«tÍvo  j  forlifi- 
cabie:  francés,  infoiüjicíble;  catalán, 
infortificable. 

Infortificado,  da.  Adjetivo.  No 
fortificado. 

Infortuna.  Femenino.  Se^ún  Ins 
astrólogos,  el  influjo  adverso  é  infuus* 
to  de  los  astros. 

ETiuoLOofa.  Infortunio:  catalán, 
iníortuna, 

'Infortunadamente.  Adverbio  de 
modo.  Sin  fortuna,  con  desgracia. 

Etimología.  Infortunada  j  bI  sufijo 
adverbial  mente:  íatín,  infor tanate,  en 
Plauto;  italiano,  inforíMnatamenie;  ca- 
talán, inforíunadamení. 

Infortunado,  da.  Adjetivo.  Dbs- 

AFOHTUNAUO. 

Etimología.  Latín  infortanaíus,  in- 
feliz, miserable;  de  ín  privativo  j  for- 
íunatus,  dichoso:  italiano,  infortunato; 
francés,  infortune';  provenzal,  inforíth 
nat;  catalán,  inforíunat,  da. 

Infortunio.  Masculino.  Desgracia, 
desventura. 

Etimología.  Latín  inforfUnium;  de 
in  privativo  y  fortuna:  italiano,  infor- 
tunio: francés,  infortune;  cataHn,  in- 
fortuni. 

Infortuno,  na.  Adjetivo  anticua- 
do. Desavobtlnado. 

Infosura.  Femenino.  Veterimria. 
AouADURA.  —  cLo  mismo  que  aliito  en 
las  bestias.»  (Academia,  Diccionario 
de  17^6.)  —«Jnfosi'.i a  en  nuestra  len- 
cua  castellana,  es  lo  mismo  que  de- 
cir replexión;  cáusase  por  haber  co- 


mido el  animal  más  mantenimientode 
lo  necesario.»  (Abbbdondo,  Beeopila- 
cidn  de  Álbeiteria,  capitnlo  3f.) 

Infrs.  Voz  que  entra  en  la  compo- 
sición de  varías  palabras,  aftadiendo 
una  idea  de  inferioridad  ó  posteriori- 
dad en  cuanto  á  orden. 

Etimología.  Latín  tn/fo,  síncopa  de 
infüra,  simétrico  de  tn/^rat,  bajo,  de 
inferre,  llevar  adentro. 

iNf'RA,  Del  latín  infra,  derivado  de 
in,  pasando  por  el  adjetivo  inferut, 
como  quien  dice:  infera  parte.  Denota 
que  una  cosa  está  puesta  debajo  de 
otra,  según  se  ve  en  infr^eterito 
(abajo  firmado);  6  que  la  cosa  es  me- 
nos principal  ó  notable  que  la  sig- 
nificada por  el  simple:  por  este  mo- 
tivo, siendo  el  día  primero  t  el  últi- 
mo de  una  octaca  los  más  solemnes  de 
ella,  se  da  el  nombre  de  infra-oetavai 
los  seis  intermedios. — Apenas  se  usa 
el  infra  en  otras  voces  que  las  dos  que 
acattamos  de  citar.  (!ÍIonlau.) 

Infracción.  Femenino.  Transgre- 
sión, quebrantamiento  de  alguna  lej, 
pacto  ó  tratado. 

Etimología.  Infringir:  latín,  in- 
fractlo,  rotura,  quiebra  de  alguna  co- 
sa, forma  sustantiva  abstracu  de  «a- 
fract^t  infracto;  italiano,  la/rozww; 
francés,  infraction;  catalán,  ta/rse- 
do. 

Infracto,  ta.  Adjetivo.  El  que  es 
constante  j  no  se  conmueve  fácil- 
mente. 

ErufOLoofA.  Infringir:  latín,«ii/>S£:- 

tus,  quebrado,  roto;  participio  pasivo 
de  infringiré,  infringir. 

Infractor,  ra.  Masculino  jr  feme- 
nino. TRAXSORBáOB. 

Etimología.  Infringir:  latín,  la- 
fractor,  forma  agente  de  infractio,  in- 
fracción; francés,  infracieur;  catalán, 
infractor. 

Infraescrípto,  ta.  Adjetivo  anti- 
cuado. iNFaABSCRlTO. 

Infraescrito,  ta.  Adjetivo  que  se 
aplica  i  las  personas  que  se  nombran 
6  firman  al  nn  de  aig.;n  escrito. 

Etwología.  Latín  infra,  por  in^- 
ra,  abajo,  j  escrito:  catalán,  injirát" 
erií,  a. 

Infraganti.  Adverbio  da  modo.  Bh 

FRAGANTE. 

Infralapaario,  ría.  Adjetivo.  Epí- 
teto de  los  teólogos  que  sostienen  qns 
Dios  dió  el  ser  á  cierto  número  de 
hombres  únicamente  para  condenar- 
loa. 

Btiuolooía.  Latín  infra,  debajo, 
después,  y  lapsus,  caída:  catalán,  sn- 
fralapsarit;  francés,  infralapseáre. 

Infrangibie.  Adjetivo.  Lo  que  no 
se  puede  quebrar.  ||  Metafórico  anti- 
cuado. Lo  que  no  se  puede  quebrantar 
ó  violar. 

Etimología.  Latín  infra^Uit;  de  ta 
privativo  y  frogUit,  frágil:  francés, 
infrangibie. 

Infranqueable.  Adjetivo.  Imposí- 
.  ble  ó  difícil  de  franquear. 

Etimología.  Jn  privativo  ▼  fran^ 
qucahle:  francés,  infranchiseable. 

Infraoctava.  Femenino.  Liturgia, 
Los  seis  días  compreudidcs  en  la  oc- 
tava de  a^oaa  festividad  da  la  I^le- 


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1— -;.Tr — 


ÍÍÍFÜ 

■ii,  no  contando  el  primero  j  A  úí- 

timo. 

BnHOLoaÍA.  Latín  iii/ra,  debajo,  y 
úctava:  catalÁn,  infraoclivS, 

Infraoctavo,  t«.  Adjetivo.  Aplí- 
case á  cualquiera  de  los  días  de  la  in- 
frioctava. 

BnuoLoafa  Infrtoelava:  catalán, 
infraoctan. 

Infrascripto,  ta.  Adjetiro.  iKVRa- 
■scsrro. 

Infrascrito.  Adjetivo.  Inpbabs- 

CBtTO. 

Infraternal.  Adjetivo.  Que  no  et 
fraternal. 

EnuoLoofA.  I»  ^ñnÚYo  j  fnur~ 
nitl:  francés,  infraieinel. 

Infrecuentable.  Adjetivo.  Que  no 
puede  frecuentarse. 

Infracuantado,  da.  Adjetivo.  Que 
no  n  frecuentad-) 

EtiuolooÍa.  7n  privativoy  frecuen- 
tado: fraHcés,  infréqntntf. 

Infrecuente.  Adjetivo.  Que  carece 
de  frecuencia. 

Btiuolooía.  /«  privativo  y/rí(at«i- 
íí:  francés,  infréqiunt;  catalán,  wfre- 

Infrecaentemente.  Adverbio  de 
modo.  Sin  frecuencia. 
'  Btiu<hx>oía.  Infrecuente  j  el  sufijo 
adverbial  m«¿¿:  francés,  infréqnem- 
menl;  catalán,  infreqüenímení. 

Infrin^damente^  Adverbio  de 
modo.  Con  infracción. 

BtiholgoÍa.  Infringida  y  el  sufijo 
adverbial  mente. 

Infringir.  Activo.  Quebrantar.  Se 
aplica  á  Irs  leyes,  drdenes,  etc. 

BTntOLOOÍA.  Latín  infrimfhey  que- 
brantar con  frecuencia,  nacer  pedazos; 
de  is»  en,  y  frangiré^  romper:  catalán, 
ñfriiuir, 

In&  ingina.  Becfproco.  Ser  infrin- 
gido. 

Infracción.  Femenino.  Cierta  ren- 
ta que  se  pagaba  antiguamente  al 
daeüú  de  una  heredad. 

Infructíferamente.  Adverbio  de 

modo.  iNPBUCTnOSAVBNTE. 

Inl^ctifero,  ra.  Adjetivo.  Lo  que 
no  produce  fruto.  ||  Metáfora.  Lo  que 
no  ed  de  utilidad  ni  provecho  para 
nÍBg.in  fin. 

Infructuosamente,  .\dverbio  de 
modo.  Sin  fruto,  sin  utilidad. 

Bny<»x>ofA.  JnfmetHota  y  el  sufijo 
adverbial  MM/«;«ataláti,  infntctuota- 
wtent;  francés,  infructuerntement;  ita- 
liano, infrutínotaMenie. 

Infructuosidad.  Femenino.  La  ca- 
lidad de  lo  infructuoso. 

EriMOLOofA.  Infructuoso:  francés, 
infmcimotiié;  catalán,  infmctítosiiaí. 

Infructuoso,  sa.  Adjetivo.  Loque 
ea  inútil  para  algún  fin. 

BnuoLOOfA. y»  privativoy  fructuo- 
sa: Iñtia jinfrucíudtus;  italiano,  infrui- 
tmoto;  francés,  infmctueux;  provenzal, 
tnfrmctuot;  catalán,  infrucluós^  a. 

Infragifero,  ra.  Adjetivo.  Imfruc- 
TÍmo. 

Inftilado,  da.  Adjetivo,  Que  tiene 
infdlas. 

Inftdns,  Femenino  plural.  Adorno 
de  kna  blanca  á  manera  de  venda 
qq«  se  ponía  sobre  la  eabesa  de  loa 


IIÍFÜ 

sacerdotes  de  los  ífentiles  y  sobre  las 
de  las  víctimas,  liábanlo  también  en 
la  antigüedad  algunos  reyes.  H  Metá- 
fora, Presunción  ó  vanidad  de  alguno 
en  portarse  de  un  modo  superior  á  su 
clase  ó  facultades;  así  se  dice:  N.  tie- 
ne fNPUL\s  de  marq^ués. 

Gtiuolooía.  Latín  infila,  banda, 
faja,  mitra,  adorno  de  cabeza  de  que 
usaban  los  sacerdotes  y  las  vírgenes 
vestales,  con  el  cual  cubrían  también 
las  víctimas;  y  figuradamente,  man- 
do, gobierno,  autoridad:  catalán,  ín- 
fulas^ 

Heteña. -^Antigüedades.  Adorno  que 
llevaban  en  la  cabeza  los  sacerdotes, 
y  más  generalmente,  las  bestias  des- 
tinadas al  sacrificio,  entre  los  grie- 
gos y  los  romanos.  Era  una  especie 
de  banda  ó  diadema,  que  terminaba 
en  dos  cordones  en  forma  de  olivas 
ó  aceitunas,  hecha  de  lana,  y  de  co- 
lor verde  en  los  sacrificios  fúnebres. 
Los  vencidos  se  las  ponían  también 
para  indicar  sunnisidn  á  los  roma- 
nos. 

Infundadamente.  Adverbio  de 
modo.  3in  fundamento. 

BnuoLooÍA.  Infundada  y  el  sufijo 
adverbial  mente. 

Infundado,  da.  Adjetivo.  Lo  que 
carece  de  fundamento  racional. 

ETUfOLOOÍA.  In  privativo  y  funda- 
do: catalán,  in^undaí,  da, 

Infundibüídad.  Femenino.  Infu- 
sibilidad. 

Infundible.  Adjetivo.  Infusible. 

Etiholoqía.  Infusible:  catalán,  in- 
fundióle. 

Infundibulifero,  ra.  Adjetivo. 
Historia  natural.  Terminado  por  nn 
disco  en  forma  de«ventosa. 

EtiuolgoÍa.  Infundihula  y  t\  latín 
/«rrtf,  llevar. 

InftindibuUforma.  Adjetivo.  Di- 
dáctica. Que  tiene  figura  de  embudo. 

ETiuoLoaÍA.  Latín  infnndibUunt 
embudo,  y  forma,  forma:  francés,  in- 
fnndibuliforme;  catalán,  infundibuli- 
forme. 

Infündibulo.  Masculino.  Añato- 
mía.  Nombre  de  ciertas  cavidades  del 
cuerpo  que  tienen  forma  de  embudo. 
II  Historia  natural.  Nombre  délas  par- 
tes que  tienen  dicha  forma. 

EnHOLoaÍA.  Italiano,  infundibulo: 
frauiiés,  infundibiUum;  del  latín  t«- 
funUbilum^  embudo ;  de  infundere, 
echar  dentro  un  licor,  infundir. 

Infundido,  da.  Participio  pasivo 
de  infundir. 

Etimología.  Infundir:  catalán,  «n- 
fundií,  da:  francés,  in^sé. 

Infundir.  Activo.  Echar  algún  li- 
cor en  alg;una  vasija  u  otra  cosa.  || 
Anticuado.  Poner  algún  simple  ó  me- 
dicamento en  un  licor  por  cierto  tiem- 
po. |¡  Metáfora.  Comunicar  Dios  al 
!  alma  algún  don  ó  gracia.  ||  Causar  en 
el  áni  no  algún  inipulso.monil  ó  afec- 
tivo; como  iKFUNDiB  miedo,  fe,  cari- 
ño, etc. 

EnuoLoaÍA.  Latín  infundiré;  de  ta, 
dentro,  y  fund''re,  fundir:  catalán,  **• 
fun-íir;  francés,  infuser, 

Infurción.  Femeaino,  Tributo  que 
se  pagaba  al  se&or  de. un  lugar  en 


INFU  99 

dinero  ó  especie,  por  razón  del  solar 

de  las  casas. 

Infurcioniego,  ga.  Adjetivo.  Lo 
que  estaba  sujeto  al  tributo  de  infur- 
ción. 

Infurtir.  Activo.  Enfubt  s. 

Infuscar.  Aetivo  aafcieuado.  Oseo- 
recer,  ofuscar. 

Infusibilidad.  Femenino.  Cuali- 
dad de  lo  iafusiblflb  |  ^Íiks.  Besia- 
teacia  i  la  aooíón  del  Smgti,  resulta- 
do de  la  pureas  i  «mptuídsd  dala 
materia.  Toda  materia  impuia  d  eom- 
uesta  tiende  natunliaonte  i  la  fiui- 
iliflad. 

BTuioLoafa.  In/niüU:  frsaeéf,  ¿s- 

fusibiiité. 

Infusible.  Adjetivo.  Lo  que  no 
puede  fundirse  ó  derretirse,  cumo  el 
cuarzo  ó  el  jaspe,  por  ejemplo. 

Btiiíoloqía.  In  privativo  y  fusible: 
italiano,  infusibile;  francés,  infusible. 

Infusión.  Femenino.  La  acción  y 
efecto  de  infundir.  ||  i^arMac/a.  La  peí»- 
manencia  de  un  simple  ó  medicamen- 
to en  cualquier  licor.  Llámase  tem^ 
bien  así  el  iioor  sn  que  han  estado  por 
algún  tiempo  loa  simples  y  medua- 
mentos.  j  Hablando  del  sacramento 
del  bautismo,  la-  accióa  de  echar  el 
agua  sobre  el  que  se  bautiza.  ||  K^tar 

BN  INFUSIÓN  PARA  ALGUNA  COSA..  Frase 
metafórica  j  familiar.  HalLirse  en  ap- 
titud y  disposición  para  conseguirla 
en  breve.  Q  Metafísica.  La  acción  de 
derramar  en  nuestra  alma,  como  cuan- 
do se  dice:  «el  Espíritu  Santo  es  un 
maestro  invisible  y  secreto  que  se  co- 
munica con  el  alma  pev  la  swusidH 
de  la  verdad.» 

Etiuoloqía.  Latía  infüsío,  la  ac- 
ción de  infundir  á  echar  dentro  un  li- 
cor, forma  sustantiva  de  infWiMt,  in- 
fundido: provenzal,  inftísto,  enfutie¡ 
catalán,  infusil;  francés,  infusión;  ita- 
liano, infusione. 

Reseña.— «Kl  bautismo  se  practicó 
primeramente  pjr  inmersión,  la  cual 
tomó  después  la  forma  de  infusión.» 
(BossuBT,  Var.,  lii.J 

Infuso,  sa.  PartÍL'ipío  pasivo  irre- 
gular de  infundir,  'laro  conocimien- 
to de  Dios  y  amor  profundo  ct>n  que 
nuestro  espíritu  se  eleva  al  primero  de 
todos  los  seres,  en  cuyo  senUdo  se 
dice:  <la  eoaüneia  de  una  verdad  di- 
vina parece  ser  una  idea  infusa  en  el 
alma  del  hombre.»  |  Teología,  Cibn- 
ciA  infusa;  cieneia  da  Adam  por  la 
naturaleza  que  tenis  de  Dios,  Tibns 

ó  casa  TBNSR  U  OIBHC.A  INFU;iA.  Lo- 

cueión  familiar  con  que  nos  burlamos 
délos  sabiondos  presumidos. 

ETiMOLoaÍA.  Latín  infüsus,  derra- 
maüü,  participio  pasivo  de  ¡nfuiuiere, 
infundir,  esto  es,  ecbar  deutro  algún 
licor:  catalán ,  in  fúSf  a;  franeút  infut; 
italiano,  infuso. 

Infusorios.  Masculino  plural,  ffis- 
toria  natural.  Clase  que  comprende  los 
animalillos  que  ae  desarrollan  en  las 
iafusiones  vegetales  y  animales.  £^ 
táo  dotados  de  epidermis  y  de  pesta- 
ñas, habiéndose  advertido  que,  cuan- 
do carecen  de  pestaSsa,  tísnen  drga- 
nos  de.  una  fotms  áetennínada,  los 
cuales  les  sirven  como  de  resortes 

ZS21Í 

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fan  el  moTimieuto.  |  PaUontoUgíá* 
'Asiles  microscúpícoi  de  carapachos 
silicosos  ó  calcáreos,  que  se  hallan  en 
las  aguas  dulces  j  en  los  depósitos 
marinos.  Q  Adjetivo.  Epíteto  de  cual- 
quier gusano  que  se  desarrolla  en  las 
infusiones,  como  cuando  se  dice:  gu- 
sano» INFUSORIOS,  aftimalillot  infuso- 
rios. Q  Masculino.  Anatomía,  Instru- 
mento propio  para  introducir  un  lí- 
quido en  las  venas  de  algún  cadáver. 

BtiuoloqÍa..  Infundir:  latín  de  san 
Jerónimo,  iiifüsdrtum,  cañón  que  con- 
tiene  el  aceite  de  las  lámparas;  italia- 
no, in/tuorio;  francés,  infuioiret. 

Inga.  Femenino.  BoUniett.  Especie 
de  planta  leguminosa  de  la  America. 

MntOLoaÍA.  El  francés  tuga  quiere 
decir:  «nombre  de  una  corcha  á  corte- 
za de  América,  astringente  y  tínica.» 

Inganable.  Adjetivo.  Imposible  6 
difícil  de  ^nnar. 

Etimología.  In  privatÍTO  yganable: 
francés,  iiigagnaUe. 

Inganaao,  da.  Adjetiro.  Que  no 
ha  sido  ganado. 

Ingarantíbilidad.  Femenino.  Gua* 
lidad  de  lo  ingarmutible.  (Caballo- 

RO.) 

Ingarantíble.  AdjetÍTO.  Qae  no 
86  puede  garanUr. 

íngarantiblemente.  AdTubio  de 
modo.  Sin  garantía. 

EmuaLoaÍA,  IngaranñbU  j  ú  sufijo 
adverbial  mente. 

Ingarantido,  da.  Adjetivo.  No  ga- 
rantido. 

BnuoLoafA.  In  privatívoy^anMíí- 
do:  francés,  ingaranti, 

IngarantizadOt  da.  Adjetivo.  In- 
garantido. 

Ingen.  Masculino.  Mitología.  Divi- 
nidad moderna  de  los  japjneses. 

Ingenerabilidad.  PilosofU,  Cua- 
lidad de  lo  íngenerable,  como  cuando 
ae  dice:  la  iNasNSRAsiLiDAO  del  alma. 

BTiHOLoaÍA..  Ji^enerabÍé:{nucéM, 
wg«»éré'jilité, 

Xeggia, — ^La  teorU  de  la  inobnera- 
BiLiDAD  se  encuentra  ja  como  bosque- 
jada en  Aristóteles. 

Ingenerable.  Adjetivo.  Metafísi- 
ca, Lo  que  no  puede  ser  engendrado. 
Siendo  Dios  inobnurablBi  es  eterno; 
j  siendo  eterno,  es  inalterable.  (Teó- 
filo DB  Antioquía.)  y  Melafítica  anti- 
gua. Atributo  del  espíritu,  considera- 
do como  iNasHBRABLB  é  incorruptible, 
puesto  que  se  veía  en  él  una  porción 
de  la  misma  divinidad.  (Bossubt, 
ÁvertittemeiU  nr  U  reprockt  i'idolor 
trie.  -2tí.) 

EnMOLOOf*.  /n  privativo  j  genera- 
bUi  catalán,  ingeiurabUi  fnncM,  im^ 
nirahie, 

Ingenerativo,  va.  Adjetivo.  Que 

no  engendra. 

Ingeniador,  ra.  Masculino  j  femé- 
niño.  La  persona  que  ingenia  ó  in- 
ven tn. 

ETiuoLOofA.  Ingeniar:  provenzal, 
engiiikaire,  enginkador;  francés  anti- 
guo, engigneret  engigneor,  engígnenr; 
moderno,  ingénieur,  ingeniero;  italia- 
no, ingegnere;  del  bajo  latín  ingínia- 
tor,  forma  agente  de  ingtniSri,  inge- 
niar. 


Zngéníar.  Aetivo.  Trazar  6  iftren- 
tar  ingeniosamente. 

ETiuoLoaÍA.  Ingenio:  bajo  latín,  iV 
g^niari;  catalán,  engingur,  ingeniar; 
francés,  ingénier. 

Ingeniarse.  Recíproco.  Discurrir 
con  ingenio  trazas  y  modo  para  con- 
seguir alguna  cosa,  6  ejecutarla. 

EnuoLOofA.  Forma  reflexiva  de  in- 
geniar: catalán,  enginyane,  ingeniarse; 
francés,  iengénier;  italiano,  if^fg- 
narsi. 

Ingeniatnra.  Femenino  fiimiliar. 
La  industria  j  arte  con  que  alguno  se 
ingenia  y  procura  su  bien. 

Ingeniciüo,  la.  Adjetivo.  Botáni- 
ca, Califieación  de  las  plantas  que  no 
tienen  nudos. 

EtdiolooÍa.  /n  privativo  y  el  latín 
^Vcií/uM,  nudo  de  un  tallo  6  sar- 
miento; gínicUns,  el  nudo  que  echan 
las  varas  de  las  plantas.  (Varróx.) 

Ingeniería.  Femenino  anticuado. 
El  arce  que  enseña  á  hacer  y  usar  las 
máquinas  y  trazas  de  guerra. 

Ingeniero.  Masculino  anticuado. 
El  que  diacurre  eon  ingenio  las  trazas 
y  modos  de  conseguir  ó  ejecutar  algu- 
na cosa.  I  Milicia,  El  que  sirve  en  el 
cuerpo  de  ino3nibros,  el  cual  tiene  á 
su  cargo  la  disposición,  traza  y  ma- 
nejo de  las  máquinas  de  guerra,  eon 
todo  lo  relativo  i  las  obras  de  fortifi- 
caciÓD  y  ataque  y  defensa  de  las  pla- 
zas fuertes,  fOB  CAMINOS,  CANALBS  T 

PUBRTO).  El  que  traza  y  dirige  estas 
obras.  ||  db  marina.  El  oficial  militar 
que  dirige  y  vigila  la  construcción  y 
compostura  de  loa  bajeles  de  la  arma- 
da y  sirve  en  la  disposición,  traza  y 
manejo  de  las  máquinas  y  edificios 
propios  de  este  cuespo.  |  db  uinas.  El 
que  dinge  el  laboreo  de  éstas. 

SriMOLOaÍA.  /«fMMitfr:  catalán, 
tngingert  ingenier. 

Ingenio.  Masculino.  Facultad  en 
el  hombre  para  discurrir  é  inventar 
con  prontitud  t  beilidad.  Q  El  sujeto 
ingenioso  ó  dotado  de  habilidad  y 
agudeza.  I  La  industria,  maña  y  ar- 
tificio de  alguno  para  conseguir  lo  que 
desea.  ||  Máquina  ó  artificio  mecánico, 
jj  Cualquiera  máquina  ó  artificio  de 

f uerra  para  ofender  y  defenderse.  Q 
nstrumento  con  que  los  encuaderna- 
dores recortan  el  papel  y  los  libros 
que  se  han  de  encuadernar,  y  se  com- 
pone de  una  tuerca  que  pasa  por  dos 
maderillos  llamados  mesas,  y  de  una 
lengüeta  de  acero  fija  en  una  de  ellas, 
la  cual  al  movimiento  de  la  tuerca  se 
acerca  hacia  la  otra  mesa,  y  va  cor- 
tando el  papeL  B  db  azlcar.  El  con- 
junto de  aparatos  para  exprimir  la 
caila  j  obtener  el  azúcar.  Llámase 
también  inobnio  ¿  la  finca  que  contie- 
ne el  cañaveral  y  las  oficinas  de  bene- 
ficio, y  El  escritor  dramático.  ||  Afi- 
lar BL  INOBNIO.  Frase  metafórica.  Po- 
ner algún  estuerzo  extraordinario  de 
ingenio  para  salir  de  alguna  dificul- 
tad ó  satisfacer  á  ella.  Q  Aouzar  el 
iMOBNio.  Frase  metafórica.  Aplicarlo 
atentamente  á  la  inteligencia  ó  cono- 
cimiento de  alguna  cosa  ó  para  salir 
de  una  dificultad. 
ETU«H.oa<ju  Latín  ingMnm,  índo- 


IKGE 

propiedad,  virtud  nativa  de  lis  eo* 
I  sas,  disposicidn  con  que  el  hombre 
discurre;  forma  sustantiva  de  ingíi^ 
re,  inculcar  desde  el  nacimiento;  de 
in,  en,  y  el  antiguo  gín^e,  engendran 
provenzal,  engn,  engein,  engienk,  «a- 
^in;  normando,  engin;  francés  del  si- 
glo xii,efuiM;  moderno,  engin;  portu- 
gués, ingenio;  italiano,  ingegno;  cata- 
tán, ingeni. 

El  ingenio  es  un  genio  de  forma,  de 
detalles,  de  pormenores;  un  genio  ia- 
dustrioso,  casi  mecánico;  la  maúa  del 
genio. 

fil  genio  orea:  el  ingenio  combina. 
El  genio  hace:  el  ii^enU  dispona. 
Ingeniosamente.  Adverbio  da 

modo.  Con  ingenio. 

EnuoLoaÍA.  Ingeniosa  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  catalán,  ingeniosa^ 
mení:  francés,  ingéniensement;  italiano, 
i»gegnosamente;  latín,  inghtÍoiÍ, 

Ingeniosidad.  Femenino.  La  cali- 
dad del  ingenioso. 

Ingeniosiaimo,  ma.  Adjetiva  sa- 
psrlativo  de  ingenioso. 

Ingenioso,  sa.  Adjetivo.  El  ^ue 
tiene  ingenio  ó  lo  que  se  hace  eon  in- 
genio. 

EriMOLoafA.  Ingenio:  latín,  ingKnid-' 
sus;  iialiano,  ingrgnoso;  francés,  inaé' 
nienx;  provenzal,  enginhoo;  eatal», 

ingeniús,  a. 

Ingénito,  ta.  Adjetivo.  Lo  que  no 
ha  sido  engendrado.  |  Lo  que  es  con- 
natural y  como  nacido  con  alguno. 

BTiMOLoaÍA,  Latín  ingénitus^  con- 
natural, innato;  de  in,  ea,  y  gfnítus, 
engendrad»,  participio  pasivo  de  ge- 
nere, componente  de  gignJfre,  engen- 
drar: italiano,  ingénito;  catalán,  inge- 
nií,  a. 

Ingente.  Adjetivo.  Lo  que  es  mu; 

grande. 

EriMOLoaÍA.  Latín  ingens,  ingentiSt 
grande  con  exceso;  de  >*,  prefijo  au- 
mentativo, y  gínirtt  engendrar;  ita- 
liauo,  ingente. 

Ingenuamente.  Adverbiode  modo. 
Con  ingenuidad  6  sinceridad. 

EtwolooÍa.  Ingenua  y  el  sufijo  ad* 
verbial  nenie:  catalán,  ingénmmenl; 
francés,  ta^c''ttU'n«K/; italiano,  ingcnut- 
mente;  latín,  ingenié^  con  cortesanía  jr 
nobleza. 

Inzennídad.  Femenino.  Sinceri- 
dad, buena  fe,  candor,  realidad  en  lo 
que  se  hace  ó  se  dice.  ¡|  forense.  Esta- 
do ó  condición  del  que  ha  nacido  lí  • 
bre.  Llámase  así  en  contraposii:ión  al 
estado  y  eondicí  íu  del  que  ha  conse- 
guido su  libertad  por  ahorro  ó  manu- 
misi  ín. 

Btuioloqía,.  Ingenuo:  latín,  inge- 
nutías;  italiano,  ingenuita;  francés,  w- 
genuiÚ;  catalán,  ingenuitaí, 

SiNOKiuiA.  Ingenuidad,  tineeridod, 
franqueza.  La  ingenuidad  es  una  cuali- 
dad permanente  del  carácter:  la  since- 
ridad es  accidental  y  pasajera.  Un 
hombre  que  no  es  ingeauot  puede  ha- 
llarse en  el  caso  de  hablar  con  since- 
ridad. El  ingenio  dice  todo  lo  que  sabe 
y  siente:  el  sincero,  lo  que  le  conviene 
decir.  La  frangueta  obra  coa  más  am- 
plitud, 7  no  se  limita  á  expresar  la 
verdad,  sino  que  pide,  exig^  y  manda. 


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Bat&  mis  en  I*  coaducta  y  en  Us  ac* 
eiooes  que  en  las  palabras.  Hay  hom- 
bres tan  ingenuos,  que  no  pueden  di- 
nmular  sus  defectos.  Mi  amig^o  me 
eontá  con  sinceridad  sus  apuros,  y 
turo  la  franquna  de  pedirme  dinero 
prestado.  (Moba.) 

Ingenuo,  nua.  Adjetivo.  Real, 
docero,  candoroso,  sin  doblez.  \  Fo- 
rme, El  que  nació  libre  y  no  ha  per- 
dido sa  libertad. 

BnuOLOOfA.  Latín  ingínuut,  nativo, 
honrado,  noble,  forma  adjetiva  de  im- 
WaJrí,  inculcar  desde  la  niñez:  cata- 
lán, ii^énuOf  a;  francés,  ingénn;  italia- 
QO,  ingewno. 

Ortografía  etimológica»— 1^^  Acade- 
mia debe  adoptar  la  ortografía  latina 
iiyénno,  puesto  que  la  de  ingfínw  es 
bárbara. 

Reseña  Aiiídrica. — iHasifCO  se  lla- 
maba el  ciudadano  romano  nacido  de 
padm  libres,  6  solamente  de  padre  ó 
madre  libre.  En  la  época  de  los  empe- 
radores, desde  el  tiempo  de  Augusto, 
los  libertos  podían  llegar  á  ser  inGK- 
Kuos  por  merced  del  principe,  qae  les 
confería  todos  los  derechos  de  eiuda- 
daous  romanos.  Se  les  llamaba  inob- 
moa  del  César. 

Ingenuo  (Déciifo  Lauo).  Uno  de 
los  usurpadores  romanos  conocidos  con 
el  nombre  de  los  treinta  tiranos.  Era 
gobernador  de  la  Panonia  cuando  el 
emperador  Valeriano  partió  para  su 
expedición  á  la  Persia,  dejando  el  go- 
bierno &  sn  hijo  Galieno.  Por  no  obe- 
decer á  este  príncipe,  se  vistió  la  púr- 
pura j  se  proclamó  emperador;  pero 
GalieDo,  al  saberlo,  atravesó  la  Iiiria 
7  derrotó  al  usurpador  cerca  de  Mar- 
sa,  en  el  año  de  230,  desapareciendo 
éste  sin  que  pudiera  saberse  cómo 
murió. 

Ingeridamente.  Adverbio  de  mo- 
do. Entremetidamente. 

EriuoLoafA.  Ingerida  j  el  sufijo  ad- 
verbial mente. 

Ingeridor.  Masculino.  Abbidob, 
nsTaja  de  ingertar. 

Ingoridura.  Femenino.  La  parte 
por  (^nde  se  ha  ingertado  el  árbol. 

Ingerir.  Activo.  Introducir  una 
cosa  en  otra,  incorporándola  eon  ella. 
I  Metáfora,  ^clair  una  cosa  en  otra 
ueiendo  mención  de  ella.  |  Recípro- 
co. Entrometerse,  introducirse  en  al- 
guna dependencia  ú  negocio. 

fimiOLOOÍa.  Latín  ingerifre,  llevar 
dentro;  de  in,  en,  dentro,  sobre,  j 
gertre,  llevar:  italiano,  ingeriré;  fran- 
cés, ingérer;  catalán,  ingerirse, 

Ingertación.  Femenino.  Acción  ó 
efecto  de  ingertar.  |  Epoca  en  que  se 
ingerta. 

Ingertador,  ra.  Masculino  j  fe- 
menino. La  persona  que  ingerta.  || 
Adjetivo.  Que  sirve  para  ingertar, 

Ingertar.  Activo.  Introducir  una 
púa  verde  de  an  árbol  en  el  tronco  ó 
fama  de  otro  árbol.  Hay  diferentes 
modos  da  ingertar,  y,  según  la  di- 
versidad de  eHos,  tienen  varios  nom- 
bres; j  así  se  dice:  ikobrtar  de  ca- 
natillo,  de  coronilla,  de  corteza,  de 
eaendete,  de  mesa,  de  pie  de  cabra, 
«teéteia. 


EriMOLoofA.  Forma  aumentativa  de 

ingerir. 

Ingerto,  ta.  Participio  pasivo  irre- 
gular de  ingerir.  |  Masculino.  Arbol 
ingertado. 

Ingesta.  Femenino.  Bigiene.  Nom- 
bre que  se  da  á  las  materias  introdu- 
cidas por  las  vías  digestivas,  como 
los  alimentos,  los  ingredientes,  las 
bebidas  necesarias  á  la  digestión. 

EniCOLOOÍA..  Latía  ingesta,  termina- 
ción femenina  de  introduci- 
do, participio  pasivo  de  «K^tfr¿lr«,  inge- 
rir: francés,  ingesta. 

Ingestión.  Masculino.  Fisiología. 
Absorción  de  un  medicamento  ó  ali- 
mento por  la  vía  digestiva. 

Etimolooía.  Ingesta:  latín,  ingestto, 
forma  sustantiva  abstracta  de  inget- 
tas,  llevado  adentro;  francés,  ingestión. 

Ingina.  Femenino.  Quijada. 

Inglaterra.  Femenino.  Ge<^rafía, 
Uno  de  los  tres  Estados  diferentes  de 
que  se  compone  en  Buropa  el  Reino 
Unido  de  la  Gran  Bretaña. 

1.  Noticias  preliminare». — Este  di- 
latado pais  insular  parece  haber  iÍdo 
separado  del  continente  j  dividido 
por  las  irrupciones  del  Ociano  polar, 
cuyas  aguas  barrieron  algunas  veces 
su  superficie  y  trastornaron  sus  sel- 
vas, convirtiéndolas  en  minas  de  hu- 
lla y  abundantes  hornagueros.  Estas 
islas,  que  tan  distinguido  lugar  ocu- 
pan en  la  historia  moderna,  permane- 
cieron ignoradas  de  los  pueblos  de  la 
antigüedad.  Tomadas  por  los  roma- 
nos, fueron  luego  invadidas  sucesiva- 
mente por  los  sajones  en  447,  por  los 
daneses  6n  879  y  1012,  y  por  los  nor- 
mandos en  1066.  Esta  tierra  fría  y 
brumosa,  conquistada  siete  veces  por 
los  bárbaros;  esclavizada  por  las  leyes 
romanas,  sajonas,  danesas  y  norman- 
das; devastada  durante  siete  largos 
siglos  por  guerras  feudales,  dinásti- 
cas, extranjeras,  civiles  y  religiosas; 
gobernada  por  cincuenta  reyes,  de 
los  cuales  ninguno  llegó  á  merecer  el 
nombre  áe  Justo,  estaba  sin  duda  des- 
tinada por  la  Providencia  á  ser  un  día 
la  patria  de  uno  de  los  más  grandes 
pueblos  modernos,  cuna  de  las  liber- 
tades civiles  de  Europa,  modelo  de 
los  gobiernos  parlamentarios,  funda- 
dordel  juicio  por  el  jurado,  t  de  cuyos 
famosos  puertos  partieron  los  atrevi- 
dos na  vegantes  que  han  fundado  sobra 
las  orillas  del  Ganges  un  imperio  tan 
poderoso  y  extenso  como  el  de  los  Cé- 
sares romanos.  Sus  legisladores,  sus 
comerciantes  é  industriales  han  cons- 
tituido el  poder  industrial,  mercantil 
y  marítimo  más  grande  de  la  tierra; 
sus  filósofos  y  sus  inventores  han 
dado  á  la  civilización  europea  los  des- 
cubrimientos más  maravillosos.  Los 
pueblos  contemporáneos  le  deben  el 
conocimiento  déla  gran  fuerza  motriz 
que  dirige  la  mecánica  celeste,  la  in- 
vención de  la  vacuna,  del  alumbrado 
por  el  gas,  los  caminos  de  hierro  y  la 
aplicación  del  vapor  á  las  manufac- 
turas, á  los  transportes  y  á  la  nave- 
ga<*ióo.  Patria  de  Baeon,  de  Newton, 
ae  Jenner  y  de  James  \Vatt,  Inqla- 
TBRRA  ha  adquirido  legítimamente 


INGL 


101 


por  el  portentoso  genio  de  estos  hom- 
bres ilustres,  títulos  indisputables  al 
reconocimiento  eterno  de  todas  tas 
naciones.  Su  libertad  política;  su  ín- 
I  dustria,  que  han  multiplicado  las  ri- 
que/as  de  su  suelo;  su  culto,  que  debe 
I  so  principal  fuerza  al  aislamiento  de 
toda  influencia  extranjera,  han  inspi- 
rado á  sus  habitantes,  según  expre- 
sión de  Malte-Brun,  ideas  exclusi- 
vistas, principios  de  egoísmo,  que  se 
ha  convenido  en  llamar  espíritu  na- 
cional, los  cuales  han  dado  á  la  polí- 
tica inglesa  una  dirección  oblicua, 
que  hasta  sus  mismos  aliados  obser- 
van con  recelo.  ¡Extraño  y  admirable 
país,  cuya  fuerza,  puramente  arti- 
ficial, como  la  de  las  máquinas  ^ua 
centuplican  los  productos  de  su  in- 
dustria, ha  llegado  á  extenderse  de 
tal  modo,  que  no  se  puede  contem- 
plar sin  asombro  el  espectáculo  de  sn 
poder  formidable,  que  tanta  influen- 
cia ejerce  en  la  bal  anza  del  mundo! 
¡Región  sin  igual,  en  donde  el  lujo  y 
el  boato  corren  parejas  con  la  mise- 
ria; en  donde  la  buena  fe  del  indi- 
viduo se  encuentra  en  contradicción 
flagrante  con  el  sistema  gubernamen- 
tal, basado  en  las  máximas  de  Ma- 
qiiiavelo,  y  en  donde  el  amor  á  la  pa- 
tria se  ve  afeado  por  la  ruindad  del 
exclusivismo! 

2.  Geografía  física. — Límites,  La 
Inolatbbba,  propiamente  dicha,  está 
limitada:  al  Norte,  por  la  Escocia,  de 
la  cual  la  separan  una  parte  de  la 
corriente  del  Twed,  los  montes  Che- 
viot ^  el  Liddel;  al  Este,  por  el  mar 
del  Norte;  al  Sur,  por  la  Mancha,  y 
al  Oeste,  por  el  canal  de  San  Jorge  y 
mar  de  Irunda. 

3.  Situación  oitronómica. — ^Bl  terri- 
torio comprendido  en  los  expresados 
límites,  ocupa  la  parte  meridional  de 
la  isla  denominada  la  Gran  Bretaña, 
y  se  extiende,  con  el  de  la  Escocia, 
en  forma  de  triángulo,  entre  los 
49*  57'-55'  49'  de  latitud  septentrio- 
nal y  los  5'  25'  Kste  y  los  3*  Oeste 
del  meridiano  de  Madrid. 

4.  Extensión,  —  Los  geógrafos  la 
evalúan  en  408  kilómetros  de  largo, 
400  de  ancho  j  1.080  de  circunfe- 
rencia. 

5.  Afareit  islas  y  faros. — Los  maret 
que  rodean  las  islas  británicas  son: 
6Í  del  Norte,  la  Man 'ha,  el  canal  de 
Irlanda  y  el  Océano  .\tIántico,  que 
las  ciñe  por  el  Occidente. — Las  Í$la$ 
situadas  cerca  de  las  costas  de  Inqla- 
TBBRA,  la  de  Wiglit,  al  Mediodía;  las 
Sorlingues,  en  número  de  145,  al 
Sudoeste,  y  la  de  Man,  al  Occidente, 
en  el  mar  de  Irlanda.  — Entre  la  mul- 
titud de  faros  principales  que  se  ha- 
llan en  las  costas,  se  distinguen,  el 
de  Eddystone,  colocado  en  la  entrada 
de  la  bahía  de  Plymuth;  el  de  Tus- 
car,  sobre  la  costa  de  Wexford,  en 
Irlanda,  cuyas  luces  rojas  y  blancas 
se  dittinguen  desde  más  de  30  kiló- 
metros de  distancia:  el  de  Bell-Bock, 
cerca  de  Berwick,  en  Escocia,  cu/os 
movimientos  rotatorios  se  perciben  á 
los  36  kilómetros,  y  el  de  la  isla  da 
Lundy,  en  la  embocadura  del  canal 


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102  INGL 


INOL 


mat 


de  Brístol,  cuyos  TÍvísimos  resplan- 
dores se  alcanzan  desde  los  40. 

6^  Cosíast  cabos,  yolfot,  bakUu  y  ea- 
Mles.—hn»  cosías  orientales  y  meri- 
dionalea  se  presentan  menos  cortadas 
qne  las  occidentales,  y  miden  sobre 
2.000  millas,  comprendidas  las  sinuo- 
sidades.— Bstas  ofrecen  algunos  eabot, 
que  Tienen  i  ser  para  la  marina  na- 
cional como  otros  tantos  puntos  de  re- 
conocimiento: frente  por  frente  de  las 
islas  Sorlingues,  avanza  el  de  Land's- 
End  6  Finisterre»  el  Bolerium  Promon- 
torium  de  los  geág-rafos  antiguos;  al 
Norte  del  Paso  rie  Calais  se  encuentran 
los  dos  de  Suth-Foreland  j  Nort-Fo- 
reland*  este  üitimn  en  la  entrada  del 

fólfo  donde  desagua  el  Támesis;  el  de 
lamborugh,  formado  de  rocas  blan- 
cas da  150  á  180  metros  de  elevación, 
y  el  de  San  David  ó  David's-Kead,  el 
cual  termina  al  Oeste  el  país  de  Ga- 
les.— Entre  loa  golfos  más  considera- 
bles deben  citarse,  al  Oriente,  el  de 
Wash,  en  el  mar  del  Norte;  que  apa- 
rece cubierto  de  agua  en  las  altas  ma- 
reas» casi  seco,  en  las  b:ijas,  y  que  es 
muj  peligroso  á  causa  de  las  arenas 
movibles;  al  Mediodía,  el  de  Eteter; 
en  la  costa  oriental,  loa  de  Murraj  y 
Dornoch,  y  en  la  opuesta,  los  de  C\y- 
de  y  Solwaj. — Las  bahías  más  impor- 
tantes llevan  los  nombres  de  Caernar- 
vón  T  Cardigan. — Los  canales,  el  de 
San  Jorge, cujas  aguas  lamen  ellitoral 
del  condado  de  su  nombre,  al  Oeste 
del  país  de  Üales,  y  el  de  Brístol,  si- 
taado  al  Oriente,  en  el  mar  de  Irlan- 
da, que  baña  el  litoral  Sur  del  conda- 
do de  Monmnth,  la  parte  oriental  del 
de  Qliieester  y  las  costas  septentrio- 
nales de  los  de  Sómmerset  y  Devón. 

7.  Montañas,  ríos  y  lagos.  —  Las 
montañas  que  ocupan  el  centro  de  Tn- 
-olatbhra  son  numerosas,  aunque 
poco  elevadas;  160  de  éstas  han  sido 
medidas  porJámeson,  Plajfair,  Smith 
y  Conjrbeare,  y  su  altura  varía  de  500 
á  l.OOO  metros:  todas  ellis  forman 
una  cadena  de  colinas  con  muchos  pi- 
cos ó  crestas,  la  cual  se  ettiende  des- 
de el  cabo  Fintsterre  hasta  los  montes 
Cheviots,  en  una  bngitud  de  720 
kilómetros,  elevándose  y  ramificándo- 
se en  Escocia,  en  donde  uno  de  sus 
lámales  toma  el  nombre  de  montes 
(irampianos.— Casi  todos  los  ríos  de 
¡MaLaTHRBA  descienden  de  las  monta- 
ñas que  atraviesan  el  país  en  su  par- 
te occidental;  su  número  asciende  á 
325,  y  entre  loa  mñs  caudalosos,  se 
cuentan:  el  Támesis  (Thames),  que 
tiene  su  origen  en  los  montes  Cots- 
wold;  el  Trent,  que  nace  en  el  monte 
•Stone;  el  Tav,  que  parte  de  Ben-Lho- 
roond,  y  el  Severo,  que  arranra  del 
monte  Pljnlimmon:  este  último  des- 
emboca en  el  canal  de  Brístol;  los  tres 
primeros,  en  el  mar  del  Norte.  Casi 
todos  se  hallan  unidos  por  numerosos 
canales  navegables,  que  ofrecen  al 
país  un  vasto  sistema  de  comunica- 
ción; las  embocaduras  de  los  más  im- 
portantes de  aquellos  ríos  se  encuen- 
tran en  las  entradas  de  mar,  formando 
exedentes  puertos. — Entre  los  lagos 
d«  major  importancia,  figuran  el 


de  Derwent,  que  mide  cerca  de  4  ki- 
lómetros de  largo  por  1  '/i  de  ancho;  el 
Winandermere,  situado  sobre  el  lími- 
te de  los  condados  de  Lancáster  y  de 
Westraoreland;  el  Ulliwater,  el  So- 
liammere  y  el  Ramsajmere. 

8.  Climaíoloffia.  —  En  Inolatirrá 
no  se  conocen  esos  calores  y  fríos  ei> 
tremados  que  se  experimentan  en  los 
países  del  continente  situados  en  la 
misma  latitud:  atemperadas  las  esta- 
ciones más  opuestas  por  las  constan- 
tes brisas  del  mar,  la  temperatura  que 
se  disfruta  es,  por  lo  general,  dulce, 
templada,  casi  tibia.  La  excesiva  hu- 
medad del  aire  v  de  la  tierra  conser- 
va en  la  vegetación  una  frescura  y  lo- 
zanía que  no  se  encuentran  enninguna 
de  las  otras  comarcas.  El  fenómeno  de 
la  lluvia  tiene  lugar  en  Tnolatbrba 
bajo  la  influencia  de  todos  los  vientos, 
y  así  debe  naturalmente  suceder, 
puesto  que  la  incesante  evaporación 
del  mar  es  transportada  allí  por  cada 
fluctuación  del  aire,  sea  cual  fuere 
su  direcci-ín.  Ahora  bien;  la  cantidad 
de  agua  que  anualmente  desciende, 
está  calculada  por  los  hidrógrafos 
en  1.000  milímetros:  600  de  éstos  co- 
rresponden á  las  estaciones  de  otoño 
y  del  estío;  pero  como  no  se  necesitan 
más  que  541  para  el  riego  de  los  cam- 
pos, resulta  un  sobrante  de  59  milí- 
metros, que  retardan  la  madurez  de 
los  vegetales  j,  principalmente,  délos 
frutos.  El  viento  Oeste  distribuje  las 
lluvias  de  una  manera  muj  desigual 
entre  las  dos  costas  opuestas  de  la 
Gran  Bretaña:  en  la  oriental,  se  cuen- 
tan sobre  doscientos  treinta  dfas  bue- 
nos; en  la  occidental,  ciento  sesenta 
solamente;  en  los  parajes  eombatidos 
por  los  vientos  borrascosos  del  Atlán- 
tico, la  excesiva  humedad  del  clima, 
favoreciendo  la  vegetaeión,  viene  á 
ser  para  sus  moradores  causa  perenne 
(le  numerosas  enfermedades.  Los  mé- 
dicos atribuven  ¿aquella  humedad  la 
frecuencia  de  la  consunción,  la  cual 
produce  la  cuarta  parte  da  la  mortali- 
dad de  Londres. 

9.  Ventajas  y  desreníajas  de  U  silua-' 
ción  topográfica  del  territorio  británico. 
— Una  situación  insular,  que  contri- 
buje  á  la  seguridad  del  país  j  man- 
tiene su  independencia;  la  gran  proxi- 
midad de  las  regiones  occidentales  de 
Kuropa,  foco  de  la  civilización  mo- 
derna; un  clima  templado  por  la  ín- 
Hnencia  que  ejerce  el  Océano  sobre  la 
atmósfera;  un  suelo  que  hace  fecundo 
la  tibia  humedad  del  aire;  un  des- 
arrollo de  costas  de  más  de  24.000  ki- 
lómetros, qne  facilita  las  comunica- 
ciones comerciales  j  favorece  la  pesca; 
grandes  ríos  que  permiten  á  los  bu- 
ques internarse  en  el  país;  la  multitud 
de  puertos  qne  ofrecen  las  costas  en 
toda  la  circunferencia  de  la  Gran  Bre- 
taña y  de  Irlanda;  laauaencia  absolu- 
ta de  algunas  de lasfalagas  que  desoían 
á  ciertas  comarcas  del  continente,  co- 
mo los  temblores  de  tierra,  las  sequías 
V  las  inundaciones  de  insectos:  tales 
son,  según  M.  Moreau  de  Jona?s,  las 
ventajas  del  territorio  británico.  He 
aquí  ahora,  en  opinión  del  mismo  au- 


tor, Bus  principales  desventajas:  una 
posición  que  somete  lasprovinciasiep- 
tentrionales  á  laínfluencia  atmoifgriea 
de  las  regiones  boreales,  y  que  priva 
al  país  de  los  hermosos  cultivos  de 
Europa,  particularmente,  del  viñedo; 
una  inmensa  extensión  de  tierras  es- 
tériles, como  los  arenales  de  Imola- 
TERRA  propiamente  dicha,  los  panta- 
nos de  Irlanda,  los  matorrales  de 
Escocia  y  los  terrenos  cascajosos  del 
país  dfl  Gales;  la  falta  de  bosques  j 
de  selvas,  que,  no  obstante  la  abun- 
dancia de  las  minas  de  bulla,  ejerce 
una  influencia  perniciosa  en  el  estado 
físico  y  social  del  país,  j  las  copiosas 
v  frecuentes  lluvias,  ocasionadas  por 
la  evaporación  continua  de  los  mares 
que  le  circuyen.  El  clima*  empero,  si 
bien  húmedo,  es  bastante  saludable, 
especialmente  en  las  comarcas  del  in- 
terior, menoa  expuestas  que  las  marí- 
timas £  las  constantes  brumas  qne  in- 
vaden la  atmósfera  desde  los  primóos 
días  del  mes  de  Noviembre;  y  la  esta- 
dística demuestra  que  haj  en  Ingla- 
terra gentes  tan  robustas  y  de  edad 
tan  avanrada  como  en  los  demás  paí- 
ses europeos. 

1 0.  Riqueza  y  clasijicaci  'n  de  los  te- 
rrenos,— Haj  tres  modos  de  poseer  el 
suelo  de  Ingcaterra:  bajo  el  nombre 
de  free-held  iteiiÁo  franco)  se  designa 
toda  propiedad  que  pertenece  por  com- 
pleto al  que  la  ocupa,  aunque  lo  sea 
mediante  una  renta  anual;  el  copy-hold 
(arriendo  temporal)  es  la  pr  opiedad 
dependiente  de  alguna  tierra  feudal, 
j  sujeta  á  contribuciones  en  caso  de 
fallecimiento  ó  transferencia;  se  da, 
por  último,  la  denominación  de  leate- 
\old  (arriendo  por  contrato)  á  la  pro- 
piedad cuando  el  enfiteuta,  terrate- 
niente ó  propietario,  no  la  posee  más 
que  por  vida,  ó  por  un  término  que 
puede  extenderse  á  algunos  siglos.  Or- 
dinariamente,  el  verdadero  propieta- 
rio otorga  el  derecho  de  enajenación 
mediante  una  renta.  Según  recientes 
estadísticas,  las  dos  séptimas  partes 
de  los  agricultores  de  la  Gran  Breta- 
ña poseen  el  suelo  que  cultivan.  El  nú- 
mero de  éstos,  en  Inolatbkra  y  el 
país  de  Gales,  se  evalúa  en  más  de 
20:K000;  las  rentas  anuales  de  aque- 
llas propiedades  varían  deade  40  scbe- 
lines  (48  pesetas  próximamente)  á 
100.000  libras  esterlinas  (2.425.000 
pesetas).  En  el  Oeste,  la  propiedad  se 
halla  más  dividida  que  en  eí  Esta,  en 
donde  el  suelo  ha  sido  acaparado  por 
los  grandes  arrendatarios. — La  Imqla- 
TEERA.  propiamente  dicha,  y  la  Irlan- 
da apenas  cuenten  2.572  kilómetros 
cuadrados  de  bosques  j  de  selvas,  ó 
sea,  sobre  poco  más  ó  menos,  la  vigé* 
simaqtiinta  parte  de  su  superScíe;  es, 
sin  disputa,  el  país  menos  poblado  de 
Europa.  En  cambio,  las  praderas  j 
aprovechamiento  de  hierbas  ocupan 
más  de  una  tercera  parte  del  suelo, 
esto  es,  24.2^8  kilómetros  cuadrados; 
las  tierras  cultivadas,  22.736,  la  ter- 
cera parte  de  su  superficie  total.  He 
aquí  la  última  estadística  da  Ingla- 
terra, que  nosotros  conocemos,  tal 
cual  aparece  en  los  documentos  pa- 


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Uíetdo^  no  htee  mocho  tiempo,  por 
el  Oobierno  británieo:  tierras  Udo- 
nbles  jr  úrdiaes,  10.352.800  acres 
(160  percDts  cada  uao);  praderas, 
pistos  7  aguazales,  15.379.200;  bos- 
ques j  rarios  pastos  susceptibles  de 
coItiTo.  3,354.000:  terrenos  comple- 
tinieateestériles,3.2o6.000.— Lacul- 
tura  del  trJg^o  ocupa  anualmente  so- 
bre 1.500.000  hectáreas  (3.040  kiló- 
metros cuadrados,  casi  la  undécima 
parte  de  la  superficie  total);  la  d^l 
centeno,  100.000  hectáreas;  la  de  la 
cebada,  900.000;  las  del  trébol,  coles 
jotras  verduras,  1,200.000;  la  del  lú- 

5010,  19.000;  huertas,  29.000;  semi- 
enw,  6.6')0,  Loa  principalef  bosques 
son  el  de  Wíndsor,  cantado  por  Pope 
j  Dr/deu,  j  tos  de  Dean  Sherwood. 

11.  Producciones. — I.  Agricultura. 
Bl  laelo,  montuoso  j  arenisco  en  Es- 
cocia, j  pantanoso  en  Inglatesba, 
sólo  se  muestra  fecundo  en  las  llanu- 
ntj  en  los  ralles;  pero  el  genio  emi- 
'jeatemente  laborioso  j  activo  de  los 
ingleses  ha  logrado  vencerlos  obstácu- 
los naturales,  j  le  hace  producir  toda 
i-'lase  de  substancias  alimenticias  en 
aajor  cantidad  de  la  que  permiten 
lu  eondíciones  del  terreno,  merced 
lambían  ¿  los  progresos,  cada  vez  más 
notables,  que  en  este  país  alcanza 
:iqa8l  importante  ramo  de  la  rique- 
'A  de  los  pueblos.  Las  haciendas  más 
ertiles  son  las  de  los  condados  de 
Xorthnmberland,  Norfolk,  Sussex  j 
issex;  el  mejor  trigo  se  cosecha  en  los 
leKent,  Su  "ore,  Rutland,  Hertford, 
Sssex,  Henfnrd,  Berks  j  Hamp.  La 
¡ebada  constituía  antiguamente  U 
base  del  alimeato  de  los  campesinos: 
íojr,  sólo  se  emplea  en  el  principá- 
is de  Gales,  en  Cumbetland  y  ea 
Westmoreland.  Las  mavores  cosechas 
de  patatas  se  hacen  en  los  condados 
leCbester,  de  Lancaster,  de  York,  de 
'Umberland,  de  Bssex  j  de  Cornuai- 
Ues;  la  cidra  abu'ida  en  los  del  Me- 
diodía j  del  Sudeste;  las  cerezas  son 
excelentes  «n  el  de  Kent.  Las  prin- 
cipales producciones  agrícolas  con- 
sistan en  granos,  patatas,  legumbres, 
'ratas,  azafrán,  lino,  cíñamo  j  lúpu- 
lo, con  el  cual  se  fabrica  la  cerveza. 
— n,  Ganaier'a.  La  mitad  de  las  tie- 
rras cultivables  están  reservadas  para 
pastos,  que  se  de!;tinan  á  la  cría  de  ga- 
nados y  mejora  de  las  razas,  que  cons- 
útu/en  la  riqueza  territorial  delNOLA- 
raasA.  Los  caballo)  ingleses,  especial- 
mente los  de  caza  j  carrera,  son  los 
más  estimados  de  toda  Europa:  de  las 
lem-ís  especies  se  saca  todo  el  partido 
pasible,  así  de  la  carne  como  de  la 
■aanteca,  sebo,  queso  j  cueros  que 
proporcionan.  Los  carneros  permaoe- 
,:eD  en  el  eamp>  de  día  j  de  noche, 
lurante  casi  todo  el  año,  lo  que  aú- 
nenla n  itablemeute  la  finura  de  la 
lana.  Los  estadistas  ingleses  no  han 
hecho  t  >davía,  que  nosotros  sepamos, 
an  recuento  exacto  del  ganado  vacu- 
no; pero  todo  induce  á  creer  que  pasan 
de  6.000.000  de  cabidas:  el  número  de 
los  carneros  de  Ingl\tbbeia  j  del  país 
de  Gales  está  calculado  en  36.000.000. 
E3  peso  medio  de  un  buejr  es  de  800 


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libras  inglesas;  el  de  un  becerro,  de 
140;  el  de  un  carnero,  de  80;  el  de  un 

cordero,  de  40  &  50.  Los  cultivadores 
j  especuladores  de  Londres  j  de  sus 
cercanías  sostienen  sobre  12.000  va- 
cas, cu  va  leche  produce  800.000  libras 
esterlinas  (19.400.000  pesetas  pró- 
ximamente); en  algunos  condados  se 
cría  una  magnífica  raza  de  cerdos, 
cuyos  jamones  son  objeto  de  un  con- 
siderable tráfico, — 111,  Mineralogía. 
Bi  granito  constituje  la  base  de  todas 
las  montañas  que  cruzan  el  territorio. 
Los  terrenos  que  las  rodean  son  todos 
ricos  en  minas  de  hierro,  estaño,  co- 
bre, plomo  j  carbón  de  piedra.  La  pi- 
zarra jr  la  hnlla  son  las  dos  produc- 
ciones minerales  de  mayor  importan- 
cia de  la  Gran  Bretaña.  Las  principa- 
les hornagueras  se  hallan,  al  Norte,  en 
Mánchester,  Newcastley  Sunderland; 
al  Norte  jal  Noroeste,  en  Bírminghara , 
Chesterfield,  Newcastle-under-Tine  y 
WBdnesbur_y;al  Oeste, en Caermathen, 
Deaoforest,  Swansea  v  Tenbj;  los  de- 
pósitos de  hierro,  al  Norte,  en  Brad- 
fort,  Dalton,  Newcastle,  Rotherbam 
y  Sheffield;  al  Noroeste,  en  Bír- 
mingham,  Coalbrookdale  y  Wolver- 
hampton;  al  Oeste,  en  Abergavennj, 
Deanforest,  Tjdwill  y  Neath.  Las  mi- 
nas de  plomo,  al  Norte,  en  Bakewell, 
Allondale,  Darlington,  Richmond  y 
Stockton;  al  Norte  j  al  Oeste,  en  Brís- 
tol,  Holjwell,  Uold  vWolverhampton; 
al  Sur,  en  Helston;  las  de  estaño,  al 
Mediodía,  en  Bedruth,  Anstel, Tavis- 
toch,  Helston,  Truro  y  en  las  monta- 
ñas de  granito  t  de  esquisto  del  Gor- 
nuailles  y  del  Devonshire  (estas  mi- 
nas vienen  explotándose  desde  hace 
más  de  dos  mil  años).  Las  de  cobre 
se  encuentran,  al  Sur,  en  Hawk's- 
Head,  Newcastle-under-Tine;  al  Sud- 
oeste, en  Aber-Conwajr,  en  la  isla  de 
.\nglesej  y  Hol/well;  al  Oeste,  en 
Helston,  Sent-Anstel,  Sent-Just,  Ta- 
vistock,  en  el  Devonshire  v  Cor- 
nuailles.  Kn  ciertos  parajes  se  en- 
cuentran también  algunas  minas  de 
oro,  plata,  zin-;  y  antimonio.  Los  es- 
Udistas  evalúan  en  240.000.000  de 
pesetas  la  riqueza  mineral  de  la  Gran 
Bretaña  y  de  Irlanda.  Las  salinas  más 
abundantes  están,  al  Norte,  en  Spa, 
Button,  Weterbv,Hor¡o\vg,ite,Leam- 
nigton  jMathocítjal  Este,  en  Witham; 
al  Oeste,  en  Bath,  Cheltenham,  Gló- 
cester  y  Hotwels;  al  Sur,  en  Tun- 
briHge. — IV.  Caza  y  anca.  El  ciervo, 
el  g.irno  y  el  corzo  sólo  se  encuentran 
en  los  parques:  los  lobos  y  los  osos 
han  sido  casi  por  completo  extermi- 
nados; las  aves  acuáticas,  la  cigüeña 
V  varias  clases  de  rapiña,  particular- 
mente el  águila,  son  bastante  nume- 
rosas. La  pesca  es  abundante,  varia- 
da y  exquisita,  especialmente  las  tru- 
chas 7  los  salmonesque  se  crían  en  los 
lagos  de  Bscocia,  los  cuales  constitu- 
yen la  riqueza  más  importante  del 
país. 

12.  Industria. — Por  todas  las  cir- 
cunstancias que  dejamos  expuestas,  j 
por  diferentes  razones  puramente  his- 
tóricas, la  lNaLATBHR\  debe  ser  con- 
siderada como  el  pueblo  más  indus- 


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103 


trial  del  mundo.  Sin  embargo,  la  su- 

Seriorídad  de  su  industria  sólo  data 
e  ochenta  años  á  esta  parte.  La  es- 
tadística de  los  principales  inventos 
industriales  hechos  ó  introducidos  en 
aquel  país,  demostrará  lo  que  pueden 
la  energía  y  la  actividad  de  un  pue- 
blo. La  primera  manufactura  de  vi- 
drio fué  establecida  cerca  dé  Lon- 
dres, en  1457,  bajo  el  reinado  de  En- 
rique VI;  la  hulla  viene  empleándose 
como  combustible  desde  el  año  1307; 
en  1588,  se  publicó  en  Londres  el 
primer  diario  ingles;  los  primeras  ma- 
nufacturas de  seda  datan  de  1600; 
en  1670,  un  francés  importd  en  Inqla- 
TBRSA  el  arte  de  estampar  los  tejidos 
de  algodán;  en  1725,  estableció  New- 
Comen  la  primera  gran  máquina  de 
vapor,  llamada  atmosférica;  en  1738, 
inventd  John  Wvat,  ele  Bírraingham, 
otra  ^ara  hilar  el  algodón,  la  cual  no 
quedó  realmente  establecida  hasta 
1770;  ocho  años  más  tarde,  dió  á  co- 
nocer Crórapton  la  ^fnll•Jenny,  má- 
quina con  la  que  se  obtenía  el  núme- 
ro 315  en  la  filatura  del  algodón; 
James  Watt,  que  en  1769  haliía  ja 
montado  las  primeras  máquinas  de 
doble  efecto,  aplicó  esta  poderosa  fuer- 
za á  la  mecánica  de  las  hilanderías; 
en  1801,  estableció  TrvithicV  las  de 
vapor  de  alta  presión  v  locomotrices, 
y  en  1803  inventó  Radcliffe  otn  me- 
cánica con  la  cual  se  obtenía,  á  nn 
mismo  tiempo,  el  encadenamiento  ó 
ligadura  j  la  trama  de  los  tejidos. 
Finalmente,  en  1809,  concedió  el  Par- 
lamento á  Cartwright  una  recompensa 
de  250.000  francos  para  el  perfeccio- 
namiento de  un  telar  movido  por  el 
vapor;  y  en  1812,  James  Watt  cons*- 
trujó  sobre  el  río  Cljde  el  primer  bu- 
que de  vapor  que  ha  surcado  las  aguas 
de  la  Gran  Bretaña.  No  entra  en  nues- 
tros propósitos  hacer  la  historia  de  la 
industria  inglesa;  sólo  hemos  (querido 
indicar  estos  grandes  descubrimien- 
tos, porgue  ellos  han  sido  otros  tantos 
manantiales  de  la  riqueza  de  un  país 
cuja  actividad  comercial  ha  venido 
igualmente  desarrollándose  hasta  el 
más  alto  grado. — La  industria  britá- 
nica abraza  toda  clase  de  manufactu- 
ras, sobresaliendo  singularmente  en 
las  de  algodón,  quincallería,  maqui- 
naria, paños  y  otros  tejidos,  que  se 
transportan  á  las  Indias  orientales,  á 
Persia,  á  las  Bscalas  de  Levante,  á  los 
países  del  Norte,  á  España,  Portugal 
y  á  las  Américas. 

13.  Comercio. — Como  quiera  que  la 
industria  j  el  comercio  de  un  país 
marchan  siempre  en  perfecto  parale- 
lismo, por  la  variedad  v  riqueza  de  la 
industria  inglesa  ¡todrá  fácilmen- 
te deducirse  la  actividad  t  extensión 
de  su  comercia.  Este  puede  dividirse 
en  cuatro  categorías  bien  distintas: 
I.',  mercancías  importadas,  que  se  in- 
vierten en  el  consumo  de  las  fábricas 
ó  de  la  población:  2.^  morcain'ias  ¡mi- 
portadas  que  quedan  en  depósit  i  para 
ser  luego  transportadas  ¿  oirus  para- 
jes; 3.*,  mercancías  exportadas,  pro- 
venientes de  las  manufacturas  ó  de  la 
agricultura  del  país;  4.%  mercincíu 


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104  INGL 


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exportadas  proeedentss  de  lai  colonias 
6  del  extranjero. — Las  operaciones 
mercantiles  de  Inol^tbrra  están  era- 
luadas  en  más  de  3.OU0.OO0.OO0  de 

Sesetas  anuales,  no  comprendidas  Us 
el  tráfico  exterior.  Bste  extraordina- 
rio moTimiento  está  representado,  se- 
gún M.  Moreau  de  Jonnes,  por  el  flete 
de  más  de  26.000  buques,  aforados  en 
3.000.000  de  tonelada8;Ios  salarios  de 
200.000  marineros  j  de  7.000.000  de 
iidustriales;  los  gastos  de  construc- 
ción de  1.300  buques  por  año;  el  cré- 
dito necesario  para  sostener  una  deuda 

Íue  ascendía  no  hace  machos  años  á 
9.000.000.000;  j.  por  último,  el  sos- 
tenimiento» para  asegurar  este  comer- 
cio inmenso,  de  una  flota  de  500  á  000 
buques  de  guerra  y  armada  de  8 1 . 000 
hombres,  que,  en  tiempos  de  paz, 
cuestan  ila  nación  sobre 300.000.000. 
La  importación  j  exportaciones  con- 
sisten principalmente  en  caballos, ga- 
nados de  todas  especies,  manteca,  o  ue- 
so,  espenna,  carne,  pescados  salados, 
cerveza,  ron,  tejidos  de  todas  clases, 
manufacturas  de  sombreros,  zapatos, 
curtidos,  paños,  armas,  instrumentos 
de  todo  g'inero,  relojes,  quincalla,  jo- 
yería, papel,  colores,  vinos  j  artículos 
coloniales. 

14.  Vías  de  comunieacidn. — Contri- 
burén  también  poderosamente  á  la  en- 
Tidiable  prosperidad  del  comercio  in- 

flés  la  inmejorable  posición  geo^rá- 
ca  qae  el  país  ocupa  j  la  bcilidad 
j  expedición  de  las  comunicaciones, 
así  terrestres  como  marítimas.— ^ous- 
tituje  las  primeras  una  inmensa  red 
de  ferrocarriles  (raiUtayt)  que  tiene 
por  centro  ¿  Londres;  son  éstas  la  del 
Norte,  la  del  Noroetíe,  la  del  Oeste,  la 
del  Sudoeste,  la  del  Brighton,  la  de  los 
condados  del  Oriente  y  la  de  Cambrid- 
ge, de  las  cuales  se  desprenden  multi- 
tud de  ramales  de  consideración  que 
cruzan  el  territorio  en  todas  direccio- 
nes. FaTorecen  las  segundas  infinidad 
de  canales,  como  el  de  Foríh,  el  de 
Clyde,  el  Caledonio,  el  gran  Tronco,  el 
que  va  de  Leeds  &  Liverpool  j  otros; 
los  magníficos  puertos  de  Lon  'res, 
Brittol,  Liverpool  ^  Southampton,  j 
una  numerosa  marina  mercante,  pro- 
tegida por  otra  de  guerra  que  es,  sin 
disputa,  la  más  formidable  del  mundo 
y  sólo  tiene  por  rival  la  de  los  Esta- 
dos Unidos  en  tiempo  de  guerra. 

15.  Arquitectura. — Los  monumen- 
tos más  antiguos  de  la  arquitectura 
inglesa  son  las  piedras  druídicas  6 
célticas,  de  formas  variadas:  se  lla- 
man menhirt  (del  céltico  men,  pie- 
dra, é  Air,  larg^)  ó  peulvans  (depeul, 

f)ilar,  j  van,  piedra)  ciertos  mono- 
itos  de  forma  prolongada,  planta- 
dos verticalmente  en  la  tierra  á  una 
profundidad  bastante  considerable,  j 
cuya  altura  sobre  el  nivel  del  suelo 
varia,  por  lo  general,  de  2  á  10  me- 
tros. Estas  construcciones ,  elevadas 
por  los  pueblos  célticos,  principal- 
mente en  las  Galías  y  en  la  Gran 
Bretaña,  en  una  época  que  no  se  ha 
podido  precisar,  han  recibido  en  esta 
última  comarca  el  nombre  de  mensao 
(piedras  derechas),  y  ofrecen  cierto 


interés,  si  no  bajo  el  punto  de  vista 
del  arte,  al  menos  como  testimonio  de 
una  civilización  todavía  naciente.  Va- 
rios arqueólogos  hacen  remontar  has- 
ta la  época  ae  loa  bretones  algunas 
pequeñas  fortalezas  que  se  encuentran 
en  diferentes  puntos  del  país  v  que  se 
cree  hayan  servido  de  residencia  á  sus 
caudillos.  Las  primitivas  edificacio- 
nes civiles,  en  Inglaterra,  fueron  de 
madera,  de  arcilla,  de  cañas  ó  de  pie- 
dras irregulares:  las  casas  eran  circu- 
lares; los  techos,  de  bálago  ó  paja,  se 
elevaban  en  figura  de  pirámide  y  pre- 
sentaban una  abertura,  que  servía  de 
chimenea,  por  donde  penetraba  la 
claridad.  Los  romanos  no  llegaron  á 
construir  más  que  malecones  y  muros 
fortificados,  destinados  á  atajar  las 
correrías  de  los  caledonios.  Desde  la 
conquista  romana  hasta  la  de  los  nor- 
mandos, los  anglo-sajones  emplearon 
frecuentemente  á  los  artistas  france- 
ses para  la  construcción  de  sus  igle- 
sias y  monasterios;  el  convento  de 
Weremuth  y  la  catedral  de  Hexham 
fueron  levantándose  en  el  siglo  vii  por 
obreros  del  continente.  La  ornamen- 
tación ofrecía  por  entonces  una  mez- 
cla confusa  y  utntástica  de  figuras  de 
animales.  Los  an^lo-sajones  no  han 
tenido  nunca  arquitectura  propia,  por 
mis  que  se  haya  introducido  en  la 
lengua  de  las  artes  la  denominación 
de  estilo  ssj-'n, — Los  normandos  im- 
portaron  efestilo  grosero  de  la  arqui- 
tectura romano-bizantina,  que  toda- 
vía se  observa  en  las  catedrales  de 
GlÓcester,  de  Durham,  de  Bxeter,  de 
Peterborugh,  de  Santa  Cruz,  cerca  de 
Wínchester.y  delPriorato  deBotholp, 
pertenecientes á  la  misma  época.  Como 
obra  de  arquitectura  militar,  puede 
citarse  el  Torreón  blanco  de  la  Torre 
de  Londres.  La  ojiva  ó  arco  diagonal 
en  la  bóveda  gótica,  vino,  como  en 
Occidente,  aunque  un  poco  más  tarde, 
£  reemplazar  la  cimbra,  siendo  intro- 
ducido por  el  obispo  de  Winchester, 
Enrique  de  Blois,  hermano  del  rey 
Esteban,  Bajo  el  mando  de  Enrique  II, 
el  estilo  ojival  quedó  definitivamente 
establecido,  pasando  de  la  forma  m&s 
sencilla  ála  más  complicada  en  el  si- 
glo xir.  El  número  de  los  edificios  re- 
ligiosos levantados  desde  el  siglo  xin 
al  XV  es  considerable;  sólo  bajo  el 
reinado  de  Enrique  III  se  han  con- 
tado hasta  157,  Efntre  los  más  nota- 
bles, figuran  la  catedral  de  York,  la 
de  Cantorbery,  la  de  Salisbury,  la  de 
Lincoln,  la  de  Lichfíeld,  de  Wells, 
de  Winchester,  de  Chíchester  y  el 
monasterio  de  Wéstminster.  La  ar- 
quitectura militar  sigue  las  mismas 
ñises;  la  civil  ofrece  el  palacio  de 
WindsoT  y  el  gran  salón  del  palacio 
de  Eduardo  llf,  en  Wéstminster,  con- 
siderados como  dos  notabilísimos  mo- 
delos. El  estilo  ojival  inglés  presen- 
ta dos  caracteres  que  le  son  propios: 
1.*,  los  cruceros  de  las  ventanas,  que 
suben  rectos  hasta  la  bóveda  prin- 
cipal, de  donde  tomó  el  nombre  de 
perpendicular,  que  le  han  dado  algu- 
nos arqueólogos;  2.",  las  bóvedas 
cuadradas  que  se  hallan  en  cierto  nú- 


mero de  iglesíair.  En  general,  elutllo 
gótico  se  ha  bastardeado  en  Iwll- 
tbhra:  los  edificios  son  más  gr<weios 
y  se  hallan  más  recabados  de  ador- 
nos que  en  el  continente;  en  lugar  de 
las  elegantes  capillas  abovedadas,  que 
se  encuentran  en  los  templos  france- 
ses, sólo  se  ve  en  el  fondo  de  la  nave 
una  capilla  alumbrada  por  una  venta- 
na enorme;  las  naves  son  largas  y  bt' 
jas;  las  torres,  cuadradas  y  guarneci- 
das de  almenas,  que  le  dan  todo  el 
aspecto  de  las  torres  almenadas  de 
los  castillos  feudales.  La  decadencia 
se  anuncia  por  el  estilo  amanerado  y 
exuberante  que  se  llama  de  lo$  JV- 
dors,  el  cual  consiste  en  una  mezcla 
singular  de  los  caracteres  del  estilo 
gótico  con  las  formas  del  Renacimien- 
to. La  desaparición  del  género  gótico 
se  ha  atribuido  sin  fundamento  al 
cambio  da  religión  de  los  ingleses, 
siendo  as!  que  fué  ocasionada  por  la 
reforma  que,  en  el  arte  arquitectóni- 
co, se  produjo  en  Italia  y  que  penetró 
en  Inqlatbrra  más  tarde  que  en  los 
otros  países.  Los  monumentos  mis 
curiosos  del  estilo  de  los  Tudors,  son 
el  palacio  de  Richmond,  construido 
por  Enrique  VII;  el  de  Hamptors- 
yi      el  monasterio  de  Wést- 
minster, antes  citado,  la  capiWi  lla- 
mada de  Enrique  V'III.  El  estilo  clá- 
sico acabó  por  generalizarse  en  Ihola- 
TBRRA,  y  los  colonos  ^reco-romanos 
prescindieron  en  absoluto  de  loa  ador- 
nos flamígeros  de  la  olÍTa.  Jaime  I 
hizo  edificar  por  Iñigo  Jones  el  pala- 
cio de  Whíte-Hall;  el  mismo  arqui- 
tecto levantó  la  galería  de  Sommerset- 
Huse,  la  iglesia  de  San  Pablo  en  Co- 
vent-Garden,  y  la  casa  real  de  Greín- 
wich,  hojr  hospital  de  los  invilidos 
de  la  marina.  La  arquitectura,  aban- 
donada bajo  los  gobiernos  respectivos 
de  Carlos!  y  la  república,  na  volvió 
á  remontar  su  vuelo  hasta  después  de 
la  restauración  de  los  Estuardos. 
Cristóbal  Wren,  i  consecuencia  del 
incendio  de  Londres,  ea  1666,  propu- 
so un  plan  general  de  reconstrucción, 
conservando  el  eatilo  francés  en  la 
mayor  parte  de  sus  edificaciones.  Bajo 
U  dirección  da  este  artista  se  levanta- 
ron U  iglesia  de  San  Pablo,  bajo  el 
modelo  de  la  de  San  Pedro,  en  Roma; 
la  de  San  Esteban,  el  Theatrum  de 
Oxford  y  el  hospital  de  Chelsea.  En- 
tre los  arquitectos  contemporáneos  de 
Wren,  se  citan  á  James  Gibbs,  que 
construyó  los  templos  de  San  Martin 
y  de  Santa  María,  en  Londres^  i  Ni- 
colás Hanksmoor,  q^ue  trabajó  en  los 
castillos  de  Blenheim  y  de  Howard; 
á  Tomás  Archer,  á  quien  se  debe  la 
iglesia  de  San  Juan,  en  Wéstminster; 
á  Juan  James,  que  edificó  la  de  Green- 
wich  y  la  da  San  Lucas,  en  Middlesex; 
i  Fliteroft  y  é  Taiman,  arquitectos 
respectivamente  de  Woburn-Abbey  y 
del  palacio  de  Chata  .vorth.  John  Van- 
brugh,  pintor     arquitecto  ñ  la  vei, 
empleó  el  estilo  del  Renacimiento, 
descargándole  de  los  adornos  capri- 
chosos que  le  distinguen  en  otros 
países:  sus  construcciones  civiles  son 
grossraa  y  prueban  que  no  compren- 


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INGL 

dfi  It  belldz»  de  lu  prdporcionAt  7 
d«  lo»  detalles,  así  eorao  U  distribu- 
día  de  U  luz  7  de  la  sombra.  Los 
grandes  señores  del  sigilo  xviii  hteie- 
con  restanrat  sus  castillos  feudales, 
j  los  arquitectos  se  TÍeron  entonoes 
obligados  á  estudiar  el  estilo,  con  el 
objet'>  de  imprimir  á  aquellas  cons- 
trucciones el  carácter  propio  de  la 
época;  pero  resultó  una  escuela  de  es- 
tilas diferentes,  que  da  ,á  la  arquitec- 
tura inglesa  cierto-  viso  de  singula- 
ridad extravagante.  Por  esta  misma 
época  se  operó  una  revolución,  pro- 
vocada por  la  publicación  de  la  obra 
de  Rerett  j  James  Bstuart>  sobra  los 
monumentos  de  la  antigua  Grecia,  en 
virtud  de  lo  cual  desapareció  casi  del 
todo  el  estila  del  Renacimiento,  sin 
que  fuera  reemplazado  por  otro  oiigi- 
nal.  La  imitación  de  la  arquitectura 
griega  prevalecii  por  fin  después  de 
Hte  liempó;  los  ingleses  sé  apresura- 
ron á  reunir  los  dtbajos  de  todas  las 
eoostrucciones  de  aquella  proceden- 
cia, j  hoy  poseen  las  mejores  colec- 
ciones que  existep  de  las  obras  anti- 
guas, las  cuales  reproducen  en  sus 
espléndidas  publicaciones,  Bl  descur- 
brüniento.  de  las  ruinas  de  Pompeja 
J  dfl.Heroulaoo  ha  venido-  á  aumentar 
esta  jnsi  m  de  los  iof  Uses  por  lo  an- 
tiguo. Algunas  sociedades  sabias  iija- 
rofi  igualmente  su  atención  en  el  arte 
gótico;  Jobo  Cárter,  Britton,  Piigin 
j  otros  artistas  han  pablieadp  al  efecr 
tQ  varios  trabajos  mu7  importantes, 
7.Sn  la  actualidad»  no  sólo  se  restau- 
ran los  antiguos  montt.me&fe»,  sino 
que  se  imitan  oon  perfección.  Entre 
los  grandes  trabas  moderaos,  «e  ci- 
tan el  puente  de  Waterloo,  uno  de  los 
más  notables  del  mundo,  j  el  famoso 
túnel  que  pasa  por  debajojdel  Táme- 
sis,  construido  por  el  arquitecto  fran- 
cés Brunel,  .Los  ingleses  se  distin- 
goeo  f>or  la  valentía  de  sus  obras  de 
fuadíción,  de  las  cuales  dieron  una 
brillante  prueba  en  la  ereccíjn  del 
palacio  de  la  Exposición  universal  de 
Londres  en  1851,  denominado  Crtttal 
Paket,  transportado  después  á  S7- 
deaham.— Pueden  verse  Areheoloffia 
&ritaȖica,  obra  publicada  por  la  so- 
ciedad de  los  anticuarios  de  Lon- 
dres, 1770;  Ducarel,  ÁntífftedaeUs  om- 
glfh-tajonM,  traducida  al  francés  por 
LéeliaBdé  d'Anisj;  Strutt,  Áníi^uiíief 
0/ SmgUnd,  traducida  al  francés  por 
BoulHrd;  W.  R07,  The  militar^  aníi~ 
quUies  oftKe  Romans  i*  Britain,  Lon- 
dres, 1793;  Iw.  King.  Monumenta  a«- 
'íyaa,  1799-1806;  Storer,  Áníiguariam 
líinerary,  Londres,  1815-18;  Pugin, 
Soecime»  of  Gothie  architecture,  1821; 
Ckronole^icalandhistoricalillMtrations 
of  ike  ancUnt  architecture  of  &Teat- 
Brtíai»,  Londres,  1820-25;  J.  Cárter, 
The  aucient  architecture  of  England, 
1  «líó-1816;  Dallwa^,  Eft^Uth  archiiec- 
Ure,  Landres,  1840;  Uugdale  v  Bilis, 
^oaatíicoñ  GaUicannm,  1817-30. 

It),  j?«¿s//W(i.— Bste  arte  no  llegó  ¡ 
nunca  á  florecer  entre  los  ing-leses.  I 
L"S  antiguos  bretonas,  pooo  hábiles 
<D  tji  reproduecióa  de  las  imágenes 
dejiiunbres  7  de  animales,  esculpían 


INGL 

adornos  de  diferentes  géneros  sn  sus 
carros  de  guerra.  Los  romanos  lleva- 
ron i  iNOLaTBRRA  Us  estatuas  da  sus 
dioses  7  de  sus  grandes  hombres;  pero 
fueron  destruías  por  los  eristianos, 
los  ealedonios  7  los  daneses.  Sólo  un 
modelo  de  escultura  resta  de  los  an- 
glo-sajonea:  el  cuerno  de  Ulphus,  oon- 
servado  en  Tork.  Después  de  la  con- 
quista normanda,  las  obras  más  no- 
tables fueron  ejecutadas  por  artistas 
extranjeros:  tales  son,  entre  otras,  la 
urna  de  Eduardo  el  Confetor^  del  es- 
cultor romano  Pedro  Cavalini,  coloca- 
da en  la  iglesia  de  Wést  ninster;  las 
esculturas  de  los  templos  de  Cantor- 
ber7, de Oroviand,  de  lor':.  de  Wear- 
mouth  7  de  EI7.  Hasta  el  siglo  xiii  no 
empezó  la-escultura  inglesa  á  produ- 
cir obras  estimables;  pero  sólo  como 
auxiliar  de  la  arquitectura,  eu70s  mo- 
numentos decoraba.  Los  trastornos 
provocados  por  la  herejía  de  Wiclsff 
7  la  guerra  de  las  Dot  Sota»,  detu- 
vieron estos  primeros  progresos  del 
arte  escultural.  En  tiempos  del  Rena- 
cimiento llegó  de  Italia  un  artista 
distinguido,  Torregiano,  el  cual  hizo 
dos  obras  maestras:  el  sepulcro  de 
Enrique  VII  j  el  de  su  madre  Marga- 
rita, condesa  de  Ricfamond.  A.  esta 
misma  época  perteuece  el  túmulo  de 
lad7  Isabel  Busall,  que  se  ve  en  el 
monasterio  de  Wéstminster,  obra  de 
un  autor  desconocido.  Después  de  la 
restauración  de  los.Estuardos,  produ- 
jo lNai.AT8RU  dos  escultores  nota- 
bles: Gibbons,  que  sobresalió  ei^  el 
trabajo  en  madera,  7  Gibber,  autor  do 
las  estatuas  de  la  Demencia,  que  ador- 
nan el  vestíbulo  del  hospital  de  Bed- 
lam.  En  el  siglo  xvxii  ejecutó  Fraa- 
cis  Bird  algunos  bajo  relieves  en  el 
monasterio  de  Wéstminster;  el  fran- 
cés Roubilliae,  discípulo  de  Coustou, 
las  estatuas  de  la  Elocuencia  7  de 
IVewUm;  7  el  flamenco  R7sbrack,  los 
monumentos  de  Newton,  de  Prior, 
del  almiranto  Vernon  7  un  Bérculei, 
cuva  cabeza  ha  sido  copiada  de  la  del 
Hercules  Farnesio.  En  general,  los 
artistas  ingleses  se  han  distinguido 
más  en  la  escultura  de  ornamentación 
que  en  la  estatuaria.  Los  bustos,  las 
estatuas  ó  los  grupos  de  Westmacolt, 
de  Rossi,  de  Barr7,  de  Hacdonald, 
de  Wvat,  de  NoUekens,  de  Carew  7 
de  West,  gozan  de  una  reputación 
merecida. 

17.  Grabado. — Los  grabadores  in- 
gleses empezaron  á  darse  á  conocer 
en  los  siglos  xvi  7  xvii,  siguiendo  la 
misma  senda  trazada  por  los  artistas 
de  las  demás  nacioties.  Strange  imi- 
tó á  Laurent  Cars;  Vivares  7  Voolet 
tomaron  la  forma  de  Le  Bas;  pero 
unos  7  otros  sobrepujaron  á  sus  maes- 
tros, 7  Voolet,  partitiularmente,  hizo 
granaes7nobles esfuerzos eo el  mane- 
ja del  buril.  La  escuela  ingUsa  alcan- 
zó UQ  erando  éxito  en  el  grabado  de 
animales;  7  las  láminas  ó  planchas  de 
Landseer  son,  en  este  género,  verda- 
deras obras  maestras.  Por  lo  que  toca 
al  estilo  elevado,  iNaLATiíBBA.  no  ha 
dejado  modelos  dignos  de  estudio, 
por  cu7a  razón  se  debe  suponer  que 


IN&L 


103 


no  se  hsllaba  en  armonía  con  el  genio  ' 
particular  de  los  ingleses,  más  práe-. 
tico  ^ue  imaginativo,  más  sólido  que 
estético.  .  .   ,  ; 

18.  Pistara.— Este  sublime,  arte 
vino  desarrollándose  con  lentitud,  ca- 
si con  pereza,  entre  los  ingleses:  has- 
ta el  siglo  XVI  no  se  conocen  más  que 
las  iluminaciones  de  los  manuscritos 
7  algunos  frescos  groseros  eu  las  pa- 
redes de  las  iglesias  7  de  los  castillos. 
Los  monumentos  más  antiguos  son  el 
LViro  de  Darahm,  el  Eeati^elio  de  San 
Cuíhbert,  el  Ziira  de  San'  EtheUpald.j  . 
diversas  miniaturas  de  San  Dunstán-, 
en  la  Bibliotoea  bodleinae.  La  Refor- 
ma  destrujró  la  ma7or  parte  de  las  pin- 
turas religiosas.  A  la  aparición  de  al- 
gunos extranjeros  débese  el  que  el 
arte  inglés  alcanzara  cierto  brillo  des* 

Bués  de  esta  época:  Mabuse,  Gerardo, 
iorenbottt  7  Holbein  florecieron  en  la 
corte  de  Enrique  VIH;  Antonio  Moor, 
bajo  el  gobierno  de  María  Tudor;  Zuc- 
chero,  Lucas  de  Heere  7  Cornelio  Ka- 
tel  durante  el  reinado  de  Elísabetb.  El 
retrato  era  entonces  el  género  de  mo- 
da, j  dos  ingleses,  Hilfiard  7  Olíver, 
se  conquistaron  cierta  reputación  al 
lado  de  los  artistas  extranjeros.  Jaco- 
bo  I  llamó  igualmente  álNaLA.TBRBA.al 
holandés  Mjtens;  Carlos  I,  apasiona- 
do por  la  |>intura,  que  él  mismo  culti- 
vaba, llevo  á  su  corte  á  Rubens,  i  Van- 
D7ck,  Diepenbeck.Gentileschi  7  Juan 
Petitot;  adquirió  algunas  pinturas  dt 
Rafael  7  reunió  una  preciosa  colec- 
ción de  cuadros.  Bl  retratista  Jorge 
Jámeson,  qne  practicó  su  arto  en  Es- 
cocia, fué  discípulo  de  Rubens;  W. 
Dobson  7  Roberto  Walker  se  forma- 
ron con  el  estudio  de  las  obras  de 
Van-D7ck.  Por  estos  tiempos,  la  mi- 
niatura alcanzaba  notable  perfección 
en  las  hábiles  .-manos  de  John  Hos- 
kins  7  de  Samuel  Coopar.  La  influen- 
cia del  partido  de  los  puritanos,  du- 
rante la  revolución  de  iNaLJkTBBRA,, 
fué  tan  funesta  para  la  pintura  como 
lo  había  sido  antes  el  triunfo  de  la  Re- 
firma: á  los  ojos  de  esto  partido,  las 
artes,  como  la  literatura,  eran  obrado 
Satanás,  basta  el  punto  de  que  el 
Parlamento  iar^  hízo  vender  los  cua- 
dros 7  las  estatuas  del  palacio  de 
White-Hall.  Después  da  1»  restaura- 
ción de  los  {Gstuardos,  dos  extranje- 
ros, Peter  h^lj  7  Gk)ttfried  7  Kneller, 
devolvieron  á  la  pintura  de  retrato  su 
antiguo  brillo;  adornáronse  de  frescos 
la  mH7or  parte  de  los  edificios,  en  los 
quA  alcanzaron  gran  renombre  dos  ex- 
tranjeros, Verrio  7  Laguerre.  La  pin- 
tura de  historia  en  iNaLATüBBa  tuvo 
su  origen  en  los  primeros  aúos  del  si- 
glo xviii;  pero  toda  ella  se  reducía 
sencillamente  á  escenas  mitológicas  7 
alegorías  faltas  de  gusto,  7  si  excep* 
tuamos  á  James  Thornhiíl,  que  la  dió 
.-ilgún  impulso  con  sus  pinturas  de 
San  Pablo,  en  Londres,  del  palacio  de 
Bleinheim  7  de  la.  sala  de  armas  en 
Green-Wich,  no  tuvo  escuela  ni  su- 
cesores. W.  Hogarth  fué  el  pri  mer  pin- 
tor verdaderamento  original  ^ue  pro- 
dujo iNQLATBRBa,  el  cusl  croo  la  cari- 
(■atura  de  su  país,  sobresalió  eu  la  sá- 


TOMO  III 


M 


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106  INGL 


INGL 


INGL 


tin  dsUs  eostúmbrei  d«  au  tiempo  j 
de  loa  Tietos  iahenntM  i  U  humani- 
dtd;  imprimió  i  lapiatura  ciarU  tea- 
tencia  &  ezpniar  eiacUmente  la  na- 
turaleza ^ue  la  earacteriza,  y  grabó 
una  in6aidad  de  obraa  muj  estima- 
dai  de  los  inteligentes.  Después  de 
Hogarth,  Joshua  Rejrnolds,  aunqae 
debía  su  celebridad  al  retrato  princi- 
palmente, se  empeñó  en  dar  impulso 
a  la  gran  piatura  j  ensalzó  en  sos  es  - 
critos  el  mérito  de  los  maestros  italia- 
nos, que  él  mismo  había  estudiado. 
Todos  los  esfuerzos  ^ue  se  hicieron  en 
esteeénero  fueron  inútiles,  por  más 
que  los  grandes  señores  formaban  ri- 
cas galerías  de  cuadros;  faltaba  &  la 
pintura  de  historia  la  protección  y  el 
auxilio  del  GolñeniOt  qne  no  eneomen- 
daba  grandes  trabajos,  j  loa  artistas 
tenían  (^ue  sigetar  su  genio  á  las  con- 
Tenieneias  j  á  loa  caprichos  da  los 
particulares,  mientras  que  el  clero  an- 
glicano  hacía  una  oposición  tenaz  á  la 
pintura  decorativa  de  los  monumen- 
tos religiosos.  Rejoolds  encontró  dig- 
nísimos rí rales  en  los  retratisus  Alian 
Ramsaj^  y  Jorge  Romnej,  en  Tomás 
Gaínsborough  paisista  j  pintor  de 
animales,  T,  principalmente,  en  Ri- 
cardo Wilson,  imitador  de  Claudio 
Lorxain.  Benjamín  West,  que  le  reem- 
plazó en  la  presidencia  de  la  Acade- 
mia Real  de  Bellas  Artes  de  Londres, 
fué  menos  notable  por  sus  obras  t^ue 
por  la  organización  de  las  expoaicto- 
nes  da  pintaras.  Barrj,  Opie,NorÍhco- 
te,  Wn^ht,  Coplej  y  damáá  pintoras 
de  la  misma  época,  tienen  mis  ó  me- 
nos calor  é  imaginación;  pero  todos 
pecan  por  la  debilidad  del  dibujo  j  la 
exageración  de  lo  heroico  j  délo  pa- 
tético. Lotttherbourg  se  conquistó  un 
lugar  distinguido  como  pintor  de 
marinas,  y  G.  Morland  trato  los  asun- 
tos de  la  vida  común  al  estilo  flamen- 
co. Por  último,  U  pintura  sobre  vi- 
drio tomó  nuevo  vuelo,  gracias  á  los 
trabajos  de  Jarvis  y  de  Bginton,  y 
R«  Barker  cultivó  con  éxito  la  pintura 
de  panorama.  Bn  el  presente  siglo  no 
faltan  artistas  en  Ihoutbrra.  La  re- 
volución operada  por  David,  en  Fran- 
cia, en  la  pintura  de  historia,  apenas 
ha  ejercido  influencia  sobre  los  ingle- 
ses: Westall  es  quien  mejor  ha  imita- 
do los  efectos  teatrales  y  el  estilo  atil- 
dado y  pulido  del  artista  francés.  En 
Bo^dell.  Hilton,  Ettj,  Briggs,  Sto- 
tliard  y  otros  hay  más  independencia; 
John  Martín  ha  sabido  crearse  una 
escuela  con  sus  composiciones  colo- 
sales; pero  Danby,  imitador  de  su  es- 
tilo, apenas  ha  llamado  la  atención. 
Entrelos  retratistas,  figuran  Tomás 
Lawrence,  John  Jackson,  Jorge  Dawe, 
Th.  Philipps,  A.  See,  H.  ^oward, 
W.  Beechey.  James  Ward.  R.  Ro- 
thwell,  Pickersgill  y  W.  Hobday;  en- 
tre los  p  lísistas  más  notables.  Consta- 
ble, Colliiis,  Lee,  Glover  y  Calcott; 
entre  los  acuarelistas,  género  que  ha 
tomado  prodigioso  desarrollo,  deben 
citarse  á  Wild,  Prout,  Robson,  Essex 
y  Nash,  y  finalmente,  entre  los  mi- 
niaturistas se  distinguen  Engleheart, 
Harding,  Newton,  Roberston,  Douglas 


y  Davis. — Véanse  H.  Walpole,  Ame- 
dota  of  painUf^  i%  Sngla»d;  J.  Cár- 
ter, ^mi«n¿  paintins  and  tcul^turs  in 
ffn^Und,  Londres,  1837-1838,  y  L.  de 
Pesquidoux,  Jícóle  anútais*.  París, 

im. 

19.  Mútica, — Loa  primitivos  habi- 
tantes de  la  Gran  Bretafla  tenían  un 
gusto  muy  pronunciadjo  por  la  músi- 
ca*, los  bardos,  poetas  y  músicos  á  U 
vez,  llegaron  á  sar  muy  eatimados  por 
los  jefos  de  tribu, y  sus  cantos,  llanos 
de  impetuosidad  ó  de  ana  melancolía 
salvaje,  tenían  el  doble  privilegio  de 
excitar  y  de  aplacar  el  furor  de  los 
combates.  Guando  los  bratonesj  hu- 
yendo de  ta  invasión  de  los  sajcNies  y 
de  los  ingleses, se  retiraron  al  país  de 
Gales,  instituyeron  allí  anualmente 
las  fiestas  musieiúea  (StitMÍimod); 
fij-íionae  las  r^laa  da  k  poesía  y  ae 
la  música  y  se  concedinon  recompen- 
sas á  los  más  hábiles.  Esta  tradición 
se  perpetuó  hasta  fines  del  siglo  xui, 
época  en  que  Eduardo  1  sometió  i  los 
habitantes  de  aquel  país  é  hizo  pasar 
á  cuchillo  á  los  bardos.  Esto  no  obs- 
tante, el  EisUddwood  fué  restablecido 
en  tiempos  de  Enrique  VII  y  protegi- 
do después  p^r  Enrique  VIII  y  Elísa- 
beth,  viéndose  con  frecuencia  en  nuea* 
tros  días  á  ciertos  cantores,  agrupados 
al  rededor  de  un  tocador  de  arpa,  im- 
provisar vwsos  ó  oantar  femmiit  (ea- 
trofas  antiguas).  Loa  sajottes  introdup 
jeron  e6n  ellos  otnn  cantos,  enjro  ca- 
rácter contrastaba  eon  U  máma  da 
las  tribus  célticas;  sus  airea  naciona- 
les se  distinguían  por  la  energía  y  la 
sencillez.  Después  de  la  eonveraióm  de 
los  anglo-sajones  al  cristianismo,  el 
canto  gregoriano  fue  adoptado  en  las 
iglesias,  y  los  monjes  abrieron  escue- 
las para  la  enseñanza  de  la  música 
eclesiástica;  pero  se  tes  aenaa  de  ha- 
ber hecho  desaparecer  todaa  las  can- 
ciones profanas  de  los  nuevos  conver- 
tidos, de  las  cuales  no  queda,  en  efec- 
to, la  menor  señal.  La  imperfección 
del  sistema  y  de  la  notación  musical 
era  tal  en  aquella  época,  que  loa  estu- 
dios no  duraban  menos  de  diez  años. 
El  óigano  ae  generalizó  en  Imolatb- 
RBA,  mucho  tiempo  antes  que  eu  Fran* 
cía.  El  rey  Alfredo  el  Grande  tocaba 
el  arpa  con  maestría,  y  fundó,  en  886, 
una  cátedra  de  música  en  la  univer- 
sidad de  Oxford,  sin  qne  la  invasión 
normanda  consiguiese  ahogar  estos 
primer'»  progresos  del  arte.  En  la 
batalla  de  Bastings.el  músico  ambu- 
lante Taillefer  entonó,  á  la  cabeza  del 
ejército  de  Guillermo  el  Battardo,  la 
famosa  canción  de  Rolando.  En  el  si- 
glo XIII,  un  monje  de  Evesham,  Wal- 
ter  Odington,  escribió  un  interesante 
tratado  sobre  la  música  de  sus  tiem- 
pos, y  en  él  se  ve  que  las  notas  del 
diapasón  se  designaban  por  las  siete 
primeras  letras  del  alfíibeto;  que  el 
solfeo  se  practicaba  en  iNOLATaRRA 
según  el  método  de  Guido  de  Are.^zo, 
y  que  allí  se  conocía  el  espacio  musi- 
I  cal  de  cinco  líneas,  la  distinción  de 
las  largas  y  de  las  brevet  en  el  canto 
llano,  ta  división  de  los  tonos  y  hasta 
.  el  empleo  de  la  apoyatura.  Del  tiempo 


de  loa  mdaieoa  ambulantes  se  han  eanp 
servado  algunos  eantoa  eelesiáatiooa^ 
ai  bien  los  profknos  han  desaparecida 
por  completo,  pues  el  más  antiguo 

2ue  se  posea  fuó  escrito  oon  motive 
e  la  batalla  de  Aziocoart,  en  1415. 
Los  instrumentoa  de  música  que  se 
usaron  en  Iholatebba  hasta  el  li- 

flo  xH,  fueron:  el  arpa,  una  eapecie 
e  violón  de  cinco  cuerdaSr  el  eiitra, 
el  oboe,  la  zarapofia,  el  caramillo,  la 
flauta,  el  clarinete,  la  trompeta,  el 
tamb-ir  y  el  címbalo;  las  obras  de 
Chaucer  mencionaa  aidem.áa  1»  violn, 
la  gaita,  el  salterio,  el  laúd  y  la  gui- 
tarra. No  sa  conoce  la  época  ea  qaa 
los  signos  actuales  de  1»  noteoión  mu* 
sícal  fueron  introdueido»  «n  Ikola- 
Tsana.  Tomás  da  Walain|^m  (sin- 
glo XV)  meañeon  «inoo  aignoa  qM 
se  usaban  en  sa  tiamj^  b  iHÚnsM,  Ka 
¿arya,  la  hrete,  ta  imthne  y  k  aMÍit- 
ffw.  El  modelo  máa  antiguo  da  música 
impreaa  ae  eneuantra  ea  el  Po^ciro- 
nicón  de  Ralph  Higden  ^Wéstaaiits- 
ter,  1495)^  Existas  •émaia  doa  coleo- 
oionea  de  mú«ea  inglesa,  eampoaata 
en  el  siglo  zv:  ana  de  eUa«,  eoatiene 
los  airea  que  ae  atribuyen  i  W.  de 
Pewark,  Sheriogham  y  Turgea  (aUb- 
sicos  de  Enrique  VI);  Tutor  ó  Tudor, 
Banester,  Browne,  Ricardo,  INivy  y 
Cornyshe  (músicos  de  la  eapUla  de 
Enrique  VII),y  Phelyppes  y  Faiitfcx, 
eompomtores  muy  conocidos  e»  el  dfai; 
an  la  otra,  eonaervada  an  la  aaoaaU  da 
máaia  d«  Oxford,  ae  encuentran  ha 
composiciones  religiosas  de  Tavamer, 
Avery  Burton,  Kafar,  Hueh  Ashtoa, 
Th.  Aahwell,  J.  Norman,  J.  Shephard 
y  Tye.  Kirique  VIH  compuso  algu- 
nas piezas  sagradas  y  profanas,  que 
muestran  cierta  instrucción  en  el  con- 
trapunto.—En  la  reforma  litúrgica, 
que  se  operó  bajo  el  gobierno  de 
Eduardo  VI,  suprimiéronse  los  him- 
nos á  la  Virgen  y  á  los  santos,  y  se 
tradujeron  al  inglés  loa  salmos  de 
David  para  adaptarlos  al  antigno  can- 
to gregoriano.  En  cuanto  á  la  música 
pro  ana,  hallábase  casi  completamen- 
te abandonada  euando,  en  1588,  pu- 
blicó Bird  una  colección  da  madriga- 
les eoB  acompañamiento'  da  espineb, 
importados  de  Italia,  cuyo  género  fué 
cultivado  con  algún  éxito  por  Weel- 
kes,  Kirbye,  WiTbye,  Murley,  Dow- 
land  y  Bennet.  El  laúd  y  la  viola  eran 
entonces,  con  la  espineta,  los  princi- 
pales instrumentos  de  la  músiea  de 
cámara,  para  los  cuales  se  escribían 
algunas  pie:cas  en  estilo  {ygato,  duro 
y  grave,  pero  bien  entendió).  Duran- 
te la  comida  de  la  reina  Bliaabeth,  se 
cjecutabau  singulares  conciertos  eon 
trompetas,  timbales,  pífanos,  cometas 
y  tambores.  A  este  reinado  se  hace 
remontar  la  introducción  da  la  músi- 
ea en  las  representaciones  dramáticas: 
los  violones  se  dejaban  oir  antes  del 
primar  acto;  las  cornetas,  antes  del 
segundo;  las  flautas,  antes  del  tercero; 
los  oboes,  antes  del  cuarto,  y  los  tam- 
bores, antes  del  quinto.  Pocos  serán 
los  dramas  de  Shakespeare  en  que  no 
se  encuentren  algunas  piezas  de  can- 
to. La  revolución  de  Inulatbbba  fué 


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mt 

lón  más  faaeste  qa«  U  Reforma  pan 
el  arte  muiícal,  puesto  qae  Im  igle- 
nas  fueron  despojacks,  la  música  la- 
pada prohibida»  loa  órganos  des- 
truidos T  los  teatros  eerredos.  Des- 
pués de  la  restaurMÍ.Sn  d«  los  Situar- 
dos,qaedd  restaHeeido  el  senieio  ^e 
la  eapIU  nal;  se  agregó  ana  banda 
d»  24  riolones  i  la  eorte  de  Carlos  ti; 
inatitnjréxonse  eoneiertos  públicos,  se 
ioaoguro  en  Londres  una  ópera  ita- 
liana  oa  el  teatro  Haj-Market,  r  aúlo 
•Dtonees  erapetó  i  (jamarse  realmen- 
te  alguna  idea  del  arte  del  canto.  Bn- 
ríqne  Pureell,  Hnmpliraj  ^  Qibbous 
fueron  los  compositores  mas  notables 
de  su  tiemp'>.  Al  lado  de  la  ópera  ita- 
liana se  abrieron  otros  teatros  Ifrieoi: 
eu  Drorj-Lane  j  en  CeTent*Garden, 
se  representaron  algunas  operetas  in- 
glesas, análogas  «las  óperas  eómi- 
cas  franeesas;  pero  este  nuevo  género 
aleansó  eoita  rida,  pues  la  alta  socit- 
dad  lo  abandonó  por  la  dpera  italiaaa 
T  él  pueblo  sólo  gastaba  da  tns  ne- 
lodiaa  nacionales.  Bn  iNOLATsmA 
eiisten  boT  muchas  asociaciones  im- 
portantes: ios  cantantes  y  los  instro- 
meotistas  se  reúnen  en  gran  número 
para  hacer  oir  las  obsas  de  los  gran- 
des maestros;  pero  la  ejecución,  grava 
j  UH^eataosa,  notable  por  el  oonjanto 
,v  la  precisión,  conserra  siempre  al- 
gima  frialdad  j  carece  de  ese  primo- 
rose  ana,  de  eia  delieadesa  de  grada- 
dones  que  se  admira  en  otros  países. 
Bn  resaoaen:  iMOLBTaaBA,  mjo  el 
punto  d«  vista  del  arle  musical,  se 
halla  maj  distante  de  los  países  del 
eootioente.  Esto  no  obstante,  ha  pro- 
ducido Tanas  ohw  de  mérito,  entra 
la*  qae  sa  citan:  Una  wifrorfascMfa  <tt 
Uwi$ie*  wrécíiea,  por  Th.  Morley, 
Londres,  1597;  Prmñpiot  de  wtitica, 
por  Ob.  BnÜer,  1636;^^  loiprinci' 
fiotMiunUe$iUlaarmimía,  par  W.  Hol- 
der,  14S94;  ffitíoria  genétal  dt  i»  wiá- 
nos.porHa^ns,  1778. 

20.  LnfM. — La  lengua  iaglesa, 
tal  cual  se  habla  j  se  escriba  en  nues- 
tros días,  tuvo  por  elementos:  el  o//- 
tia,  idioma  primitivo  de  los  pueblos 
ochentales;  el  teutónico  6  germánico, 
intndneido  en  la  Oran  Bretaüa  en  el 
siglo  Tpor  loo  angl'>aa]ooes,  j  el  «er- 
«We  ó  franeés  mixto,  que  iñUaban 
«n  d  siglo  xt  QniUertto  el  CmuútO' 
(hrjtút  compañeros.  Paede  decirse 
qae  el  inglés  actual  se  compone  de 
ona  tareera  oarte,  6  ftoM  menos,  de 
palabni  gálicas  ó  eéUieas,  de  otra 
tereeia  parte  de  palabras  sajonas  ó 
aleannas,  de  nn  gran  número  de  vo- 
cablos franceses  j  de  ciertas  voces  la- 
tieas,  qae  no  ban  quedado  en  el  idío- 
na  francés.  La  lengua  de  los  anglo- 
sejeses,  qne  estavo  en  aso  durante 
Mis  siglos  en  todo  el  país,  excepto  en 
«1  Curaberlaad,  los  países  de  Gales  j 
deComuailles,  en  donde  la  población 
pRmitivs  había  buscado  un  refugio 
oontia  la  invasión  gemánioa,  no<&s- 
■paieeió  por  completo  hasta  nn  siglo 
étspoés  da  la  conquista  normanda. 
Viciada  per  asta  conquista^  que  aban- 
^Maado  «a  aso  i  laa  clases  inferiores 
Mastrananta,  dió  la  preferencia  ála  i 


IIÍGL 


ló: 


lengua  francesa,  resistió,  sin  embar- 1  ie,  el  uso  de  la  inversión  y  de  la  elip- 
gO)  J  se  enriqaeeiódeexpresionesnae-  sis,  sobre  todo  en  la  poesía.  Paro  el 
Tas,  de  giros  felices  y  de  cierta  el»-  desarrollo  de  la  nueva  forma  de  len- 
g«ncia  y  energía,  de  qne  no  habría  ffua  fué  tan  lento,  tan  p^raduado«  que 
sido  susceptible  sin  el  auitlio  de  un  la  dificultad  de  lle^r  a  una  solución 
nuevo  elemento.  ¿Bn  qué  época  deberá  cualquiera  quedó  ca«i  la  misma,  pues- 


-fijarselafbrmaciondela  lengua  ingle- 
sad cHaeia  1130,  dice  al  Dr.  Johnajn, 
el  ansio-sajón  tomd  una  forma  en  la 
cual  distinguíanse  ja  los  primeros  ele- 
mentos de  fa  lengua  in^^Iesa  actual;  la 
introducción  del  nuevo  idioma  no  fué, 
G<»no  ^neralmente  se  cree,  el  efecto 
inmediato  de  la  oonquíata,  viato  el 
corto  número  de  palabras  francesas 
que  se  encuentran  mezcladas  en  la 
lengua  hablada  ó  ascriu  durante  todo 
el  siglo  último.»  Importa  no  olvi- 
dar que  en  1042,  bajo  el  reinado  de 
Bduardo  el  Couftgtr,  que  había  pasa- 
do Teiotisiete  afios  en  su  destierro  de 
Normandfa,  la  lengna  francesa  no  era 
eompletamenta  eatrafia  en  la  eorte  de 


to  qae  las  composiciones  liteñríai 
de  aquella  época  pueden  pasar  por  las 
últimas  producciones  de  la  lengua 
madre^  ó  por  los  primeros  frutos  de 
la  que  se  le  da  por  hija.  Desesperan- 
zados de  determinar  la  causa,  los  me- 
jores maestros  modernos  han  conclui- 
do por  introducir,  en  sus  tratados 
sobre  la  vieja  lengua,  la  palabra  fran- 
cesa temisaj0¡t(í,  para  expresar  este 
estado  miito  v  todo  lo  que  ha  apare- 
cido desde  1150  a  1250.  Podría  aún 
añadirse  que  el  idioma  inglés  no  llegó 
i  hacerse  popular  hasta  los  tiempos 
de  Chaueer  (1328),  que  fué  quizás  el 
hombre  que  más  eficazmente  contri- 
bajó  á  la  formación  de  la  lengua. 


este  monarca,  y  no  es  de  extrañar  que  Durante  el  tiempo  transcurrido  desde 

eiertos  autores  bajan  colocado  la  apa-  la  conquista  (1069)  basta  mediados 

rieión  da  la  lengua  inglesa  en  una  del  siglo  xiii,  fueron  uniéndose  los 
época  anterior  á  la  que  le  han  asigna-  '  .- 


Johnson,  Bilis,  Hallam  j  Camp- 
bdl,  entre  otros.  Sin  embargo  de  que, 
después  de  la  conquista,»  lengua 
priiaitíva  no  volvió  á  aparecer  en  los 
actos  públicos  j  en  la  sociedad  de  las 
clases  superiores,  enouéntransa  toda- 
vía algunos  escritos  en  prosa  awlo- 
aajona,  hacia  el  reinado  del  rej  £te- 


normandos  y  las  razas  pritníU  vas  pau- 
latinamente hasta  confundir  sus  inte- 
reses j  sos  sentimientos.  A  medida 
que  la  seguridad  y  el  bienestar  iban 
consolidándose,  reanimábase  la  poe- 
sía nativa,  j  loa  poetas,  traduciendo  ó 
imitando  las  baladas  normandas,  los 
cuentos  y  los  romanees  de  los  trova- 
dores  franceses,  enriquecieron  la  len- 


ban  (1135).  Un  contemporáneo  del  ^  gua  de, palabru  nuevas,  introducidas 
poeta  angÍo>aormando  Roberto  Waoe,  ^  en  los  originales  extranjeros;  j  según 


el  anglo-aajón  Ijijainont,  hiso  en  su 
lengua  madre  una  tradnocidn  del  Bnh 
to  de  aquel  pieta,  t  au  obra  debe  se- 
ftalu  «1  principio  de  la  inglesa,  por 
la  mezcla  de  las  voces  normandas  in- 
troducidas en  el  poema,  que  estaban 
ja  consagradas  por  el  uso.  Bxiste 
también  una  oomposición  literaria 
que  un  erudito  del  siglo  rvi,  Petras 
Novilis,  dió  á  conocer  en  Francia  sin 
recordar  su  origen  inglés.  SI  paít  de 
Coea^m  (The  Land  «/*  Cokayue)  ha 


la  neteesidad  que  experimentaran  de 
sustituirlas  i  las  de  su  propio  Toca- 
bulario,  las  empleaban  como  más  ex- 
presivas 6  más  agradables.  Bs  da  sa- 
poner  que»  en  uu  principio,  llegara  á 
establecerse  entre  las  clases  del  pue- 
blo una  especie  de  jerigon;:a,  j^rodu- 
cida  por  la  mezcla  de  los  dos  idiomas; 
sin  embargo,  la  lengua  nacional,  al 
recibir  del  francés  la  cantidad  de 
voces  necesaria  para  expresar  laa 
ideas  j  laa  cosaa  nuevas,  no  hubo  de 


servido  á  los  rebuscadores  de  los  orí-  admitirlas  sino  por  grados  j  después 


B^nes  da  la  lengua  inglesa  para  pre- 
cisar aproximadamente  la  época  de 
su  definitivo  establecimiento.  Según 
sus  diversas  opiniones,  se  han  necesi- 
tado casi  dos  siglos  ^ara  llegar  á  este 
resaltado;  pero  la  extinción  de  las 
Tooes  aaionas,  j,  lo  que  caracteriza 
principalmente  la  lengua  inglesa,  sus 
nomerosos  galicismos,  que  se  introdu- 
jeron en  el  siglo  xiii,  dan  fe  de  ello. 
Si  se  compara,  dice  Hallam,  el  in- 
glés del  siglo  xiii  con  el  anglo-sajón 
del  siglo  XII,  se  ve  que  el  primero 
de  estos  idiomas  es  una  lengua  par- 
ticular, mis  bien  que  una  modifica- 
ción del  st^undo.  Uistintos  procedi- 
mientos han  podido  concurrir  muj 
bien  á  la  transformación  del  sajón  en 
inglés,  tales  como  la  contracción  ó 
modificación  de  la  pronunciación  j 
de  la  ortografía  de  las  palabras;  la 
omisión  de  ciertas  inflexiones,  es- 
pecialmente en  los  nombres,  j,  por 
conseenenda,  el  empleo  mis  frecuen- 
te del  articulo  y  da  los  auxiliares;  la 
adopción,  frecuente  también,  de  las 


de  someterlas  álas  reglaa  de  su  pro- 
pio idioma  v  de  su  gramática.  Bato 
es  lo  que  le  ha  dado  el  carácter  par- 
ticular que  distingue  á  la  lengua 
inglesa,  la  cual,  formada  de  elemen- 
tos distintoi;,  ha  sabido  aprovechane 
del  genio  de  las  otras  lenguas  sin 
perder  nada  de  su  originalidad.  La 
lengua  ingleu  ofrece  ciertas  singula- 
ridades que  proceden  más  de  su  carác- 
ter primordial  que  de  ninguno  de  los 
diversos  idiomas  que  le  fueron  im- 
puestos, en  los  cuales  no  se  encuentra 
nada  parecido.  Bn  efecto;  un  solo  mo- 
nosílabo, tMe,  sirve  de  artículo  defi- 
nido para  todos  los  géneros  j  todos 
los  números;  s  ó  sa,  según  que  U  pa- 
labra que  le  siga  empiece  por  una 
consonante  ó  por  una  vocal,  atrve  de 
artíenlo  indefinido  pata  los  dos  géne- 
ros. Bl  pronombre  posesivo  presenta 
otra  particularidad,  puesto  qne  se  re- 
fierflt,  no  al  géaero  de  la  co«a  poseída, 
sino  al  del  poseedor:  kit  (mu,  tns)  se 
emplea  oaando  el  poseedor  pertenece 
al  géaero  masculino  (hit  «on,  su  hijf). 


termínaciOLaes  francesas,  j,  finatmWi  humando  del  padre);  ker,  cuando  al 


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108  tmt 

fem«DÍno  (hír  ton,  teñúéüáoéé  i  lá 
madre).  Haj  Umbiéu  un  proDOinbra 
particular  para  los  aaimalds  y  las 
cosaa  inanimadas:  itt.  El  futuro,  en 
los  verbos  auiiliares  j  otros,  ofrece 
igualmente  una  singularidad  notabi- 
lisimaf  j  es  que  se  compone  del  infí- 
nitiro  con  dos  tu  x.iliares,  thall  j  mil, 
cajo  empleo  cambia  completamente 
el  sentido  d«  la  fnsa.  Skall,  en  la 
primera  persántt  7  tnll,  en  las  dos 
restantes,  desig'nan  simplemente  una 
accidn  futura;  ¡eill,  en  la  primen  per- 
sona, j  shallt  en  his  otras  dos,  expre- 
san la  Toluntad  del  que  habla,  la  re- 
solución, la  promesa,  la  orden  ó  la 
amenaza:  yo»  tvill  tee,  «usted  terá;» 
yon  thall  tel,  <soj  yo  quien  habla,  yo 
se  lo  haré  rer  á  usted.»  Una  costum- 
bre especialísima  en  el  idioma  inglés 
es  la  prodigiosa  cantidad  de  abrevia- 
turas que  se  emplean  en  la  lengu-i 
hablada,  y  que  hacen  dificilísima  lu 
audición  para  los  extranjeros.  Por  lo 
demás,  la  lengua  inglesa  cuenta  casi 
tantos  dialectos  como  condados.  Pue- 
den citane,  entra  otros,  el  cooincy,  el 
Joarin^  j  el  northumhifn;  pero  nin- 
guno de  los  dialectos  se  aleja  de  una 
manea  sensible  del  idioma  principal. 
Las  diferencias  consisten  en  una  ten- 
dencia más  pronunciada  á  las  abre- 
viaturas, en  la  coaserración  de  cierto 
número  de  palabras  anticuadas  ó  no 
usadas  en  otras  partes,  jr  en  el  empleo 
de  algunosidíotismos  locales.  Pueden 
verse  las  obras  siguientes:  Pevton, 
Bitíorif  of  íhe  Siiglit  language^  Lon- 
dres, 1771;  Henshall,  The  .  Saxotk  and 
Sn^ítih  langnaget  reciprocaüy  iUiutra- 
(he  of  each  other^  Londres,  1798; 
Skinner,  Étjfmologicm  lingum  anglica- 
Mí,  Londres,  1671;  Siamoloaicum  an- 
glicanum,  Oxford,  17^;  W.  Lemon, 
£i^lisheÍymologyfLoaána,nS^i  Baí- 
lejr,  Univwsal  eíymolaneal  SnglUk 
Dietionnry,  Londres,  1736;  S.  John- 
son, Dictimary  of  the  BnylitA  lang%a~ 
ge»  Londres,  1755,  completado  por 
Joord,  Londres,  1818;  Swalker,  A 
critical  pronouncing  dictionary,  Lon- 
dres, 1791;  Webster,  Dictimarg  of 
the  English  language,  Londres,  1831; 
Lindlev  Murray,  The  Bnglith  gram- 
mar,  York,  1795;  Siret,  EUmenls  de 
la  langue  anglaite,  París,  1805;  Edwid 
tiuest,  Bistory  of  Fnglish  rhuthms, 
Londres,  1838.  Además  han  sido  pu- 
blicados varios  Diccionariot  ingleses 
V  franceses  por  Boyer,  Chambaud, 
Fleming,  Ttbbins  v  otros,  y  ano  de 
Kelham  de  las  palabras  Iraneo-nor- 
mandas  que  se  encuentran  en  la  len- 
gua inglesa. 

21.  ZUeratnra. — Los  primeros  en- 
sajros  de  la  literatura  inglesa,  que 
había  precedido  á  la  de  los  anglo-sa- 
jones,  datan  del  siglo  xiii:  á  partir  de 
esta  fecha,  un  «preciable  crítico  fran- 
cés la  divide  en  los  siete  períodos  si- 
guientes.— Primer  periodo.  La  crónica 
rimada  del  monje  Kobartu  de  Glóces- 
ter,  desprovista  de  arte  y  de  originali- 
dad, indica,  no  obstante,  la  época  en 
que  la  lengua  empezó  á  formarse:  esta 
obra  no  aparece  escrita  ni  ea  sajón  ni 
en  francés,  sino  en  inglés.  Por  este 


mi 

mismo  tiempo,  los  poetas  de  ta  Gran 
Bretaña  traducían  o  imitaban  á  los 
trovadores;  pero  la  poesía  no  llegó  á 
tomar  verdadero  carácter  basta  el  rei- 
nado de  Eduardo  IIL  Lat  Fisiones  de 
Pedro  el  Labrador  data  del  afio  13G2 
y  es  la  primera  obra  poética  de  algu- 
na extensión  y  de  cierta  importancia 
que  se  encuentra  en  la  historia  de  la 
literatura  inglesa.  Fué  escrita  por  un 
sacerdote  secular,  Roberto  Langland, 
quien  se  propaso  hacer  la  sátira  ale- 
górica da  las  costumbres  del  clero  y 
w  sociedad  laica  de  su  tiempo;  pero 
el  escritor  más  grande  del  siglo  xiv 
en  iKaLATBiuiA  fué  Chancer,  a  quien 
se  llamaba,  en  el  estilo  de  la  antigua 
crítica,  el  padre  de  la  poetUt  británica. 
Bn  sus  primeras  obras  imitó  la  forma 
alegórica  de  la  Aooela  de  la  Rota; 
después  hizo  un  viaje  en  Italia  y  se 
inspiró  en  las  producciones  italianas, 
particularmente,  en  las  de  Boccacio. 
ou  grao  poema,  los  Cnentot  de  Canter- 
bmry,  que  contiene  varios  retratos  de 
las  costumbres  contemporáneas  vigo- 
rosamente trazados,  y  en  el  que  em- 
plea todos  los  tonos,  desde  el  más  fa- 
miliar hasta  el  más  sublime,  está 
compuesto  bigo  el  modelo  de  los  cele- 
brados Cueníot  del  citado  autor  ita- 
liano. Ghaucerha  conservado  el  lu^r 
más  distinguido  en  la  literatura  in- 
glesa, puesto  c^ue  la  crítica  moderna 
le  coloca  al  nivel  de  Spencer  y  de 
Shakespeare.  A.1  lado  de  su  ilustre 
nombre,  se  cita  alguna  vez  el  del 
poeta  Gower,  de  quien  se  tiene  un 
poema  intitulado:  Confettio  amaniit. 
A.  esta  primera  época  pertenecen  el 
viajero  Mandevüle,  que  había  visita- 
do el  Oriente,  y  John  Wickliffe,  pro- 
fesor de  teología  en  Oxford,  los  dos 
primero!  funcudores  de  la  prosa  in- 

f lesa. — Segundo  periodo  (de  1400  á 
553).  «La  aparición  de  Chaucer  en 
la  historia  de  la  literatura  inglesa  ha 
sido  comparada  á  la  de  un  Eermoso 
día  de  primavera,  que  habiéndose  an- 
ticipado prematuramente  á  la  marcha 
regular  de  las  estaciones,  se  ve  luego 
reemplazado  por  los  fríos  v  las  nie- 
blas.» En  efecto,  después  de  Chaucer 
no  se  encuentran,  por  espacio  de  mu- 
cho tie:upo,  más  que  escritores  de  se- 
gundo ordea.  Ea  la  poesía  se  citan  á 
Ljdgate,  que  hizo  la  historia  de  To- 
bas jr  la  de  la  destrucción  da  Troya; 
á  Roberto  Henrjson,  que  compaso  al- 
gunas fábulas  morales,  y  el  conde  de 
Surre^,  soldado,  viajero  y  poeta,  el 
cual  imitó  la  rima  j  la  melodía  de  la 
poesía  italiana  y  tomó  i  Petrarca  por 
modelo.  Surrej  tuvo  por  rival  i  sir 
Tomás  Wyatt,  cujas  canciones  y  so- 
netos, á  pesar  de  su  afectación,  no 
carecen  de  gracia  ni  de  viveza.  Los 
reinados  más  estériles  de  este  período 
fueron  los  de  Eduardo  IV,  Ricardo  III 
y  Enrique  VII.  Eutre  los  principales 

Írosistas  aparecen:  en  el  sigl  >  xv,  sir 
ohn  Fortescue,  que  escribió  un  tra- 
tado político  sobre  la  Diferencia  entre 
tna  monarguta  absoluta  y  «m  wMur- 
quia  limiíaaa,  obra  destinada  á  demos- 
trar la  supremacía  de  Inqutbeba 
•obre  Francia;  /  después,  bajo  ei  ret- 


ítÍGL 

l  nado  de  Enrique  VIII,  el  céleWe  to- 
más  Morus,  autor  de  la  Utopía  y  át 
j  varios  escritos  en  los  que  se  encuen- 
tran los  primeros  modelos  de  la  bellí- 
sima prosa  inglesa.  Mientras  que  To- 
más Booms  deludía  la  fe  católica,  oiro 
hombre  de  talento,  Hugh  Latiine^, 
combatía  en  favor  de  los  protestantes. 
El  escritor  más  erudito  de  principios 
del  siglo  xvt  fué  Leland,  discípulo 
de  las  universidades  de  Cambridge  j 
de  Oxford,  y  tan  conocedor  de  laslea- 
guas  antiguas  y  modernas  como  de 
la  suya  propia.  El  moTimiento  litera- 
rio que  se  produjo  durante  el  reinado 
de  Enrique  VIII,  tuvo  un  carácter 
esencialmente  religioso,  y  su  resulta- 
do más  importante  fué  la  publicación 
da  varias  traducciones  de  la  St.Uia, 
de  las  cuales  la  mejor  se  dio  á  luz  en 
MTitemberg  bajo  la  inspiración  direc- 
ta de  Lutero.  Entre  los  escritores  de 
esta  épica  se  cita  á  Roger  A.scham, 
preceptor  de  la  reina  Isabel,  el  cual, 
en  su  Maestro  de  escuela,  expusa  sa- 
nas y  elevadísimas  ideas  sobre  la  edu- 
etcUn.— Tercer  periodo  (de  1558  i 
1649).  Constituye  este  período  la  edad 
de  oro,  el  siglo  de  Anguato  de  U  lite- 
ratura inglesa.  El  estudio  de  las  lite- 
raturas clásicas,  la  invención  de  la 
imj^renta,  la  libertad  con  <^ue  se  día- 
cutía  sobre  todas  las  cuestiones  reli- 
giosas y  el  predominio  de  la  filosofía 
de  Platón  sobre  la  de  Aristóteles,  die- 
ron á  los  talentos  de  aquella  época 
una  fuerza  y  actividad  singulares.  La 
leogua  se  earíquecíó  de  muobas  voces 
importadas  de  la  antigüedad,  al  mis- 
mo tiempo  que  el  Rtinacimíento  pasó 
de  Italia  y  Francia  á  IzjaL&TBRRA. 
Algunos  escritores  iugleses  traduje- 
ron, no  solamente  las  obras  maestras 
de  los  griegos  y  de  los  ladinos,  sino 
tambíéu  las  de  loa  italianoa  modernos 
y  de  los  franceses.  La  lectura  de  la 
Biblia,  traducida  á  la  lengua  vulgar 
y  repartida  con  profusión  en  todas  las 
clases  de  la  sociedad,  contribuyó  po- 
derosamente á  aquel  movimiento  lifae- 
rario,  exaltando  las  imafipínaoiones  y 
proponiéndolas  pur  modelos  las  belle- 
zas sublimes  de  In  poesía  hebraica. 
Isabel  dispensó  toda  su  protección  á 
las  letras,  y  principalmente  al  teatro; 
y  sus  sucesores,  JaL;obo  I  y  Carlos  I, 
príncipes  más  literatos  que  políticos, 
continuaron  la  obra  comenzada,  coad- 
yuvando con  generoso  ardor  á  Ida  pro- 
gresos de  la  literatura  inglesa.  Fuen 
de  la  escena,  el  nombre  más  ^orioao 
entre  loa  poetas  fué  entoncea  el  de 
Speucer,  autor  de  ¿a  Reina  de  tas  Ha- 
das,  poema  caballeresco  j  alegórico, 
en  que  el  rey  Artur<)  deaempeüa  el 

firincipal  papel.  El  poeta,  uniendo 
a  alusión  á  la  alegoría,  designa  ba- 
jo nombres  con  vencí  ocales  algunos 
de  los  personajes  más  Conocidos ,  de 
su  tiempo.  La  Reina  de  la*  Moda* 
fué  acogida  con  ^ing^ular  entusias- 
mo por  Ta  nación  inglesa,  la  cual  ad- 
miro en  ella  el  lujo  de  1%8  imágeneay 
la  melodía  de  la  rima.  Spenoer  as«  en 
efecto,  el  más  armonioso  jr  abundante 
de  los  poetas  descripttvoa  de  iMaLa*»* 
RBA.  Su  imaginación  ao.«g.ni.Qujf 


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gorOML  óu«  U  d«  ¿.riosto  j  del  ^assdi 
aas  modelos;  pero  1«  contÍDuactóa  de 
U  alearía  hace  U  lectura  de  su  obra 
meaos  agradable  y  más  difícil  de 
comprender  que  la  Jtrutalén  Uberíada 
j  el  Rotando  furioso.  En  una  linea  in* 
ferior  á  Speneer,  &guran:  Roberto 
SouthwelU  sacerdote  católico,  perse- 
goido  j  encarcelado  por  sus  creen- 
cias; Daniell,  autor  de  tragedias,  de 
poemas  j  de  alganas  piezas  ligeras  j 
agradables;  Tom&s  Garew,  poeta  cor- 
tesano, indinado  i  los  cumplimientos 
oficiales  7  i  los  panwirieos.  t  Fair- 
hxj  el  brillante  tradaetor  dd  Tasso. 
Pero  las  obras  en  que  más  sobresalió 
la  poesía  inglesa,  en  el  siglo  xti,  fue- 
ron las  dramáticas.  Bl  teatro  tuvo  su 
origen  en  iHaLATBBBA,  como  en  el 
resto  de  Buropa,  en  los  Misterios,  apó- 
logos ó  sentencias  morales  de  la  Edad 
media.  La  primera  comedia,  propia- 
mente dicha,  que  lleva  el  título  de 
Balph  RoysUr  Dontttr,  és  de  N.  Udall 

Í'  data  del  reinado  de  Enrique  VIH; 
a  primera  tragedia  es  la  de  Oorioduc 
6  rerrex  jr  Porrex,  escrita  por  Sac!v- 
TÍlle  j  Norton,  jrepresentaaa  en  V^hi- 
tehau,  en  1561,  aute  la  reina  Isabel. 
Antea  de  la  aparición  de  Shakespeare, 
varios  poetas  dramáticos  habían  obte- 
nido ja  algunos  triunfos  en  la  escena. 
Entre  ellos  figuran:  Ljlj,  autor  del 
Supkues  ó  de  la  Ánaíoutía  del  espíritu; 
Kjd,  autor  de  la  Tragedia  española, 
tan  popular  en  un  principio  jr  tan  ri- 
diculizada más  tarde  por  ios  escritores 
dramáticos;  el  satírico  Nash,  el  deli- 
cado Greene,  y  Lodge,  actor,  poeta  j 
médico.  El  mas  célebre  de  los  prede- 
cesores de  Shakespeare,  es  Ccistábal 
Marlowe:  tres  de  sus  obras,  Eduar- 
do 11,  tragedia  histórica;  el  Judio  de 
Malta,  j  principalmente,  la  Vida  y  ta 
muerte  del  doctor  Fanttus,  encierran, 
entre  algunas  eiafferaeiones  j  bufona- 
das  de  mal  gusto,  bellezas  admirables. 
Rl  nombre  de  Shakespeare  bastaría 
por  sí  solo  para  llenar  la  ffloria  lite- 
raña  del  siglo  de  la  reina  Isabel:  es  el 
poeta  dramático,  cujo  renombre  se  ha 
extendido  más  j  disputado  menos  en 
el  mundo.  Shakespeare  tomó  sus  asun- 
tos de  los  noticieros  italianos,  de  las 
leyendas  de  la  Edad  medin,  de  las 
antiguas  piezas  inglesas,  de  las  Vidas 
de  Plutarco,  traducidas  por  Nortb,  ó 
de  las  crónicas  nacionales  de  Holins- 
hed:  Shakespeare  escribió  tragedias, 
comedias  j  piezas  llenas  de  imagina- 
ción j  de  fantasía,  que  no  pueden  cla- 
sificarse en  ningún  género  determina- 
do. Sns  mejores  tragedias  son:  Él  Rey 
Lear,  Sámlet,  Otelo,  Macbeth,  Julio 
Osar,  Ricardo  II  j  Ricardo  111;  en- 
tre sus  comedias,  se  citan  en  primer 
término:  SI  Mercader  de  Venena,  Las 
üleores  comadres  de  Windsorj  Como  us- 
ted quiera;  entre  las  piezas  puramente 
&ntásticas,  SI  Sueño  de  una  noche  de 
•eranejLa  Tempestad.  El  gran  mérito 
de  Shakespeare  consiste  en  la  variedad 
J  profundidad  filosófica  de  sus  con- 
cepciones. Puede  haber  obras  más 
acabadas  que  las  suyas,  pero  más  vi- 
gorosas, no.  Su  estilo  es  desigual  con 
meneocia,  gnseio  j  afectado  alga- 


lias  vdces;  perj  estos  defectos  desapa- 
recen ante  la  abundancia  de  las  imá- 

fenes  j  el  brillo  de  su  poesía  alucina- 
ora.  Shakespeare, que  apareció  en  una 
época  la  más  fecunda  del  teatro  in- 
glés, había  tenido  predecesores;  turo 
en  vida  rivales,  j  el  movimiento  dra- 
mático del  siglo,  que  no  había  empe- 
zado con  él,  no  terminó  tampoco  coa 
su  muerte.  El  público  inglés  aplaudió 
al  mismo  tiempo  que  á  Shakespeare,  j 
aun  después  de  éste,i  Ben  Johnson,  el 
más  sabio  j  clásico  da  los  autores 
dramáticos  de  esta  época,  el  cual  com- 
puso tragedias  romanas  j  comedias 
regulares; Beaumont y  Fletcher,cujas 
tragedias  se  aproximan  algunas  veces 
á  las  de  los  maestros;  Chapman,  que 
tradujo  á  Homero  y  escribió  para  el 
teatro;  Webster,  autor  de  La  Duquesa 
Amaljiyáel  Diahlo  ¿/nMco/Míddleton, 
Marston  y  Massinger,  cujas  obras  se 
representan  todavía  en  Londres;  Ford 
j  Tomás  Hejwood,  que  tenían  el  don 
de  lo  patético,  j  Shirlej,  coja  elegan- 
cia es  muj  renombrada.  Este  teatro 
tan  poderoso  fué  brutalmente  cerrado 

for  la  revolución  de  Inqlíltebm,,  en 
642,  j  no  volvió  á  abrir  sns  puer- 
tas hasta  la  restauración  de  los  Es- 
tuardos.  El  número  de  prosistas  que 

firodujo  este  brillante  período  de  la 
¡teratura  inglesa,  no  fué  menor  que 
el  de  los  poetas.  El  primero  que  apa- 
rece es  Felipe  Sidiiej,  quien  com- 
puso, treinta  años  antes  que  Orfej 
publicara  La  Astrea,  la  célebre  pasto- 
ra de  la  Arcadia.  Hooker  está  consi- 
derado en  la  Gran  Bretaña  como  uno 
de  los  talentos  más  vigorosos  que  ha- 

Ían  escrito  sobre  la  teología;  Bacon 
a  fijado  en  el  Noeum  oryanum  las  re- 
glas del  método  experimental  j  abier- 
to á  la  ciencia  moderna  un  sendero 
que  no  había  sido  seguido  desde  Aris- 
tóteles. Pero  el  genio  de  Bacon  era 
universal:  su  nombre  famoso  merece 
ser  citado,  no  sólo  como  filósofo,  sino 
también  como  hombre  de  Bstado,como 
publicista,  como  orador,  como  juris- 
consulto, como  historiador  y  como 
moralista.  La  Inqlatsbba  no  ha  con- 
tado otro  prosista  mejor,  debiéndosele 
considerar  como  el  primero  que  hizo 
de  la  prosa  inglesa  una  lengua  tan 
concisa  j  enérgica  como  el  latín.  Sir 
Walter  Raleign,  tan  conocido  por  sus 
aventuras  j  por  su  inmensa  fortuna, 
seguida  de  una  terrible  desgracia  j 
de  una  triste  muerte,  creó,  en  su  B'is' 
torta  del  mundo,  el  genero  j  el  estilo 
históricos,  que  habían  de  inspirar  des- 
pués libros  inmortales.  En  asta  misma 
época  distinguiéronse  también  mu- 
chos cronistas  doctos  v  concienzudos 
viajeros,  como  Howell  j  sir  Tomás 
Herbert;  arqueólogos  y  anticuarios, 
como  Guillermo  Camden,  y  filósofos 
como  Hobbes,  que  redujo  la  filosofía  á 
la  observación  de  los  fenómenos  sensi- 
bles, j  la  política  al  derecho  del  más 
fuerte.  Entre  los  teólogos,  pertenece 
el  primer  lugar  á  Jere.iu'as  Jajlon,  á 
quien  se  ha  llamado  el  Speucer  y  aun 
el  Shakespeare  de  la  teología  angticana. 
Este  ^ran  escritor  compuso,  para  las 
necesidades  de  la  polémica  del  día, 


109 


üd  gfan  número  de  obras  de  contro- 
versia, que  es  la  porción  menos  im- 
portante de  sus  producciones.  Sus  es- 
critos dogmáticos  respiran  major  ele- 
vación moral,  un  gran  deseo  de  cono- 
cer las  verdades  divinas  y  un  desdén 
absoluto  de  las  pasiones  mezquinas 
que  agitan  á  los  hombres.  Si  se  qui- 
sien  hacer  el  resumen  de  los  caracte- 
res generales  de  los  pr  'Sistas  de  esta 
edad,  se  vería  i^ue  lo  que  más  domina 
en  ella  es  la  libertad  de  la  composi- 
ción j  el  amor  de  la  antigáedad.  En- 
tonces no  existían  ni  escuelas  ni  gé- 
neros determinados:  muchos  poetas 
escribían  en  prosa,  j  no  pocos  prosis- 
tas componían  versos.  Unos  mismos 
talentos  se  ejercitaban  en  los  asuntos 
más  variados  j  más  opuestos,  al  pa- 
recer, debiendo  decirse  que  aquella 
época  fué  el  siglo  de  los  genios  origi- 
nales.—CaaWo/jíJÍorfoíde  1649á  1689). 
Estos  cuarenta  años  son  el  período  de 
transición  entre  el  siglo  de  Isabel  y 
el  de  la  reina  Ana.  Los  grandes  ta- 
lentos que  en  él  se  distinguieron,  no 
aparecen  aún  afiliados  á  nio^una  es- 
cuela; ofrecen  la  misma  originalidad 
j  espontaneidad  del  tiempo  presente, 
j,  sin  embargo,  en  manos  de  los  últi- 
mos de  ellos,  la  lengua  se  pule  j  toca 
á  la  perfección  clásica.  Entre  los  poe- 
tas, descuellan:  Cowlej,  que  sobresa- 
lió en  la  oda  anacreóntica  j  cuja  na- 
turalidad V  sencillez  llegaron  á  ha- 
cerle popular;  Waller,  poeta  de  salón, 
elegante,  gracioso  j  tierno,  adulador 
de  la  república  y  de  la  restauración 
sucesivamente,  j  Denfaam,  autor  de 
un  poema  descriptivo  escrito  con  sol- 
tura j  excelente  gusto.  £1  nombre 
poético  más  grande  de  este  período  es 
el  de  Milton,  el  cual,  antes  de  su  Pa- 
ralsoperdido,  que  es  la  única  obra  que 
de  él  conocemos,  había  ja  escrito  al- 
gunoa  poemas  encantadores  del  géne- 
ro descriptivo:  Comus,Lyeidas,  Allegro 
y  el  Penseroso.  El  estilo  de  Milton  es 
clásico  j  pintoresco  ála  vez, modelado 
en  el  de  los  poetas  trágicos  de  la  Gre- 
cia, lleno  de  imágenes  y  de  vida.  Su 

Srosa  nerviosa  v  extensa  lleva  el  sello 
e  las  obrns  latinas,  en  las  cuales  está 
calcada,  j  cujas  inversiones  v  giros 
conserva  en  inglés.  Samuel  Butler  ad- 
quirió al  lado  de  Milton  una  celebri- 
dad que  dura  todavía,  merced  á  la  pu- 
blicación de  su  poema  burlesco  Hudi- 
brás.  El  teatro,  cerrado  por  los  puri- 
tanos, fué  abierto  pür  Garlos  II;  pero 
llegó  á  representarse  más  que 


no 


un  pequeño  número  de  las  obras  que 
habían  sido  ja  juzgadas  por  el  públi- 
co antes  de  la  repuolica.  El  rej  j  los 
cortesanos,  á  su  regreso  de  Francia, 
pusieron  en  moda,  en  lugar  de  las 
obras  dramáticas  de  Shakespeare,  tra- 
gedias heroicas,  en  versos  rimados, 
imitadas  del  francés,  pero  escritas  con 
una  libertad  de  lenguaje  que  respon- 
día á  la  relajación  de  las  costumbres 
de  la  corte  d*;  lNaLA.TBRRA.  La  licen- 
cia de  las  obras  dramáticas,  que  ve- 
nían i  seruna  pura  comedia  de  intri- 
ga, imitación  de  nuestro  teatro,  era 
tal,  que  ni  aun  hoj  puede  leerse  nin- 
guna de  las  piezas  que  Drjden  com- 


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110 


im 


puso  para  diversiáD  y  entretenimiento 
de  los  hijos  de  Carlos  I.  Este  período 
habría  sido  lie  completa  decadencia 
para  el  teatro  inglés,  si  á  él  no  ^irte- 
neeieran  las  dos  obras  más  patéticas 
que  han  sido  representadas  en  la  es- 
cena da  la  Gran  Bretaña,  la  ffuérfana 
y  Venecia  salvada,  de  Otwaj;  de  las 
cuales  ha  dicho  un  crítico  c(^ue  ha- 
bían hecho  derramar  más  lagrimas 
que  Romeo  y  Julieta  y  Otelo.»  A  la 
cabeza  de  loa  prosistas  de  esta  época 
aparecen  dos  nombres:  Milton  y  Dr^- 
den. — En  la  filosofía  v  en  la  política 
siguen,  después  de  Milton,  Gowle^, 
cuja  prosa  es  tan  sencilla  como  enfá- 
tica su  poesía;  Al^ernon  Sidnej,  au- 
tor de  la  obra  intitulada  Discurtos  so- 
bre el  gobierno,  en  favor  de  las  ideas 
republicanas;  Tomás  Burnet,  que  dejó 
una  Teoría  sagrada  de  lá  tierra;  sir 
William  Temple,  uno  de  los  escrito- 
res que  más  han  contribuido  á  los 
progresos  de  la  lengua  inglesa;  y  á 
quien  se  deben  algunas  Memorias^  va- 
rías notas  oficiales,  una  vasta  corres- 
pondencia diplomáticai  nuas  miscelá- 
neas llenas  de  gracia  y  naturalidad; 
y  por  último,  Loe^:e,  cujra  filosoña, 
que  explica  todas  nuestras  ideas  por 
la  experíencia  y  los  hechos  derivados 
de  la  sensacidn  t  de  la  reflexión,  fué 
introducida  en  Francia  por  Voltatre 

Í desarrollada  luego  por  Condíllac. — 
a  historia  se  halla  dignamente  repre- 
sentada en  este  sijlo  por  lord  Claren- 
don,  quien  ha  relatado,  en  un  estilo 
sobrio,  la  lucha  de  los  realistas  jr  de 
los  republicanos,  en  la  cual  había  el 
autor  tomado  una  parte  muj  activa, 
figurando  en  las  filas  de  los  prime- 
ros.—La  Iglesia  anglicana  nos  ofrece 
también  los  nombres  de  algunos  de 
sus  más  elocuentes  predicadores  r  de 
sus  miís  profundos  teólogos:  Stilíing- 
fleet,  Sherlock,  South  j,  sobre  todos, 
Barrow  v  Tillotson.  Los  sermones  de 
Barrow  admiran  por  la  profundidad  j 
la  fuerza  de  pensamiento;  los  de  Ti- 
llotson, escritos  frecuentemente  sin 
arte  y  en  un  lenguaje  inculto,  encan- 
tan, sin  embargj,  por  la  naturalidad 
del  sentimiento  j  la  elevación  moral 
que  en  ellos  campean.  A  la  literatura 
propiamente  dicha,  se  unen  las  obras 
de  FuUer,  de  Walton,  de  Eátrange  7 
de  Tom  Brown.  La  lista  de  los  escri- 
tores de  este  período  puede  terminarse 
con  el  nombre  glorioso  de  un  escritor 
que,  desde  la  más  humilde  condición 
social,  supo  elevarse  hasta  las  eleva- 
das regiones  del  genio:  Bunjan,  el 
autor  del  Viaje  del  peregrino,  la  más 
popular  de  las  obras  que  han  sido  es- 
critas en  lengua  inglesa,  sin  excep- 
tuar RoHnsdn  Crusoé,  y  de  la  cual  se 
habían  hecho  ya,  en  los  comienzos  del 
siglo  XIX,  más  de  cincuenta  edicio- 
nes,—Quiníooíríorfo  (de  1689  á  1727). 
.En  este  período,  que  generalmente  se 
designa  con  el  nombre  de  Siglo  de  la 
reina  Alta,  imperó  la  escuela  ñ-ancesa: 
el  carácter  común  que  en  él  domina  es 
el  buen  juicio,  la  corrección  y  la  ele- 
gancia. Jamás  la  lengua  inglesaba 
sido  empleada  con  más  discernimien- 
to ni  escrítt  coa  mái  arte.  Los  postas 


IHGL 

no  tienen  nada  de  la  petulancia  y  des- 
igualdad que  distinguen  álos  escríto- 
res  del  siglo  de  Isabel:  son  claros,  pre- 
cisos, oportunos,  siguiendo  religiosa- 
mente las  reglas  del  Arte  poética,  de 
Boileau.  El  primero,en fecha, es  Prior, 
hombre  político,  diplomático,  repre- 
sentante de  la  corte  delNaLATBRRÁ  en 
Versalles.  Todo  el  tiempo  que  le  de- 
jaban libre  sus  trabajos  oficíales,  lo 
empleaba  casi  exclusivamente  en  es- 
cribir odas,  canciones,  epístolas,  epi- 
gramas y  cuentos:  in  variificaciún, 
ñcil  y  armoniosa, esmaltada  de  imáge- 
nes bríllatites  y  de  pensamientos  atre- 
vidos, recuerda  á  Horacio,áquientomó 
sin  duda  por  modelo.  Pope  se  aproxi- 
ma más  todavía  al  poeta  latino,  al 
cual  se  le  puede  comparar  rouj  bien 
por  la  pureza  del  gusto  y  la  sosteni- 
da elegancia  de  su  estilo,  siempre  co- 
rrecto y  delicado.  Es,  sin  disputa,  el 
más  clásico  de  los  poetas  ingleses.  La 
escuela  moderna  le  ha  atacado  con  la- 
fiudo  empeño;  pero  no  ha  conseguido 
destruir  sa  fiima  ni  arrebatarle  el  mé- 
rito de  haber  compuesto,  en  diferen- 
tes géneros,  las  obras  más  acabadas 
de  la  poesía  inglesa.  Rn  «u  Botqw  de 
Winasor,  revela  este  poeta  un  senti- 
miento verdadero  de  las  bellez^a  de  la 
naturaleza;  en  su  Bpittola  deSiolta  á 
Abelardo,  una  sensibilidad  exquisita; 
en  flu  Smajfo  sobre  la  critica,  un  espí- 
ritu firme  y  seguro;  en  su  Dnnciade, 
el  talento  de  la  sátira;  en  su  Entag9 
sobre  el  hombre,  el  alma  de  un  filósofo 
y  de  un  sabio,  y  en  todas  sus  compo- 
siciones, la  imaginación  y  el  estilo  de 
un  gran  poeta.  En  la  Ópera  y  en  la 
pastoral,  especie  de  drama  bucólico, 
obtuvo  Gay  un  éxito  que  debió  al  do- 
naire de  su  fácil  estilo.  La  Ermita,  de 
Parnell,  que  Pope  llamaba  una  obra 
excelente,  valió  i  su  autor  una  popu- 
laridad merecida.  Al  lado  de  estos  poe- 
tas queridoi  del  público,  consignare- 
mos, como  recnerdo,  los  nombres  de 
Green,  de  la  condesa  de  Wínchelsea 
y  de  Sommerville. — La  literatura  dra- 
mática de  este  período  si^o  ofrece 
obras  de  segundo  orden:  en  todos  los 
escritores  que  trabajaban  para  el  tea- 
tro, se  nota  la  misma  falta  de  inspira- 
ción. La  prosa  nos  o^ee  un  genero 
nuevo  de  literatura,  que  ha  dado  orí- 
gen  á  la  Revista  moderna:  el  En*ago, 
periódico  semanal,  consagrado  á  des- 
cribir las  costumbres  nacionales  6 
á  reproducir  los  rasgos  más  salien- 
tes de  la  naturaleza  humana.  Steele 
fué  el  fundador  de  este  nuevo  géne- 
ro, creando  El  Hablador;  Addison, 
el  periodista  que  más  lo  engrandeció, 
en  su  célebre  Espectador*  La  inlluen- 
cia  de  los  Ensayos  fué  igualmente 
favorable  para  la  moral  y  la  lengua. 
Addison,  particularmente,  difundió 
por  todo  el  país  una  infinidad  de  ideas 
sanas,  al  mismo  tiempo  que  daba  á  la 
prosa  una  corrección  y  una  pureza 
elegante,  de  que  apenas  se  encuen- 
tran ejemplos  en  las  épocas  anterio- 
res. En  1719,  Daniel  de  Foe,  uno  de 
los  escritores  más  fecundos  de  su 
tiempo,  inauguró  brillantemeute  la 
novela  moderna  con  la  creación  de  su 


Dowper  I 


popular  Rohinsén  Cnaoí. — Ei 
epooa,  el  género  epistolar,  que  Gowper 
había  ja  empleado  eon  éxito,  fué  cul- 
tivado por  ladj  Montagú,  esposa  del 
embajador  de  ÍNaLA.TBRRÁ  cerca  de  La 
Puerta  Otomana,  la  cual  ha  dejado, 
de  su  viaje  por  Cliente,  una  sene  de 
cartas  poéticas  y  picantes.— La  filo- 
sofía tuvo  por  representante  á  Shaftes- 
burjr,  uno.de  los  talentos  más  atrevi- 
dos del  siglo  xTii,  autor  de  las  O&sn^ 
vaeiones  aobre  U  virtud  y  de  nna 
famosa  «píitola  aobre  el  «ntuiiasmo; 
^  i  Berkelejr,  creador  de  un  uttama 
idealista,  «n  virtud  del  cual  los  cuer- 
pos no  existen,  pues  sólo  presenUai 
nuestras  miradas  una  apariencia  en- 
gañosa, semejante  á  la  Jdága  da  los 
indios.  A  esta  misma  época  perteoeoe 
el  más  grande  erudito  de  iHOLi^TEBRjk, 
Bentley,  editor  de  Horacio,  de  Te- 
rencio  y  d«  Fedro. — En  la  teología, 
nos  encontramos  con  el  nombre  del 
célebre  doctor  Clar  ee,  adversario  de 
Espinosa  y  de  Hobbes,  j  corresponsal 
de  Leibnitz. — Sexto  periodo  (de  1727 
á  1780),  Este  fué;  si  no  de  loa  más 

f grandes,  d«  los  más  fecundos  de  la 
itaratum  áaglesa,  y  en  el  que  alcan- 
zaron las  letras  majrores  progreso!  en 
el  pueblo,  penetrando  hasta  en  las 
clases  iafisriores  de  la  sociedad.  Bla&r 
compuso  un  poema  intitulado  El  Se^ 
pulcro;  Young  escribió  sus  XocAes,  las 
cuales  no  respiran,  como  han  creído 
algunos  espíritus  superficiales,  ladul- 
ce  melancolía  del  siglo  xiz,  sino  que 
expresan  el  dolor  acerbo  de  dd  alma 
herida.  Thomson  elevó  en  Las  Estaco- 
nes el  género  descriptivo,  por  la  no- 
bleza del  sentimiento  moral,  la  vívese 
del  patriotismo  y  el  amor  de  la  liber- 
tad, que  animan  sus  escenas,  copia- 
das de  la  naturaleza;  y  Collins  dejó 
algunas  égloga*  orientales  y  varias 
odas,  notables  por  la  brillantez  del 
colorido  mns  qne  por  la  novedad  y  la 
energtftdel  pensamiento.  Los  PÍaes- 
res  de  la  imaginacitín,  de  Akenside,  es 
UD  poema  demasiado  filosófico  y  abs- 
tracto, pero  en  él  se  respira  la  moral 
más  pura;  y  las  Odas  pindárieas,  de 
Graj,  pueden  compararse  á  los  mejo- 
res fragmentos  de  poesía  lírica  que  ha 
producido  la  literatura  inglesa:  su 
elegía  del  Cementerio  ha  sido  vertida 
á  todos  los  idiomas. — ffl  teatro  experi* 
mentó  durante  este  período  la  influen- 
cia del  gusto  friincás:  la  separación 
del  género  trágico  y  del  oÓmico/  que 
Johnson  había  jra  indicado  en  tiempos 
de  Shakespeare,  quedó  establecida 
como  una  ae  las  lejes  fundamentales 
del  arte  dramático.  Esto  periodo  faá 
infecundo  en  obras  originales,  pero  el 
genio  del  actor  Garrió'.^  supo  dar  vida 
y  popularidad  á  las  piezas  que  inter- 
pretaoa. — Entre  los  prosistas  del  si- 
glo xviii,  ocupan  el  primer  lugar: 
Kichardaon,  gran  anatómico  del  ct>- 
razón  humano;  Fieldin^,  pintor  sutil 
y  verdadero  de  la  sociedad  j  de  la 
vida  práctica:  no  pretende  conmover 
el  corazón,  pero  interesa  vivamente 
el  espíritu  por  la  variedad  y  la  exac- 
titud de  los  cuadro!  que  nos  pre- 
senta; SmoUett,  poeta»  bistoriulor, 


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INGL 

dtdactor  7  crítico  ha  dejado  atg'unas 
aoTcIas  muj  populares  en  Inolatb- 
BRAr  qoe  aon  mucho  más  estimadas  que 
su.  trabajos  históricos;  Steroe  ejer- 
ció una  grande  inflaencia  sobre  el 
gasto  da  aas  contemporáneos,  j  está 
coDiideiada  como  uno  de  los  mas  cé- 
leWea  escritores  aatírieos  ingleses.  A 
U  escuela  de  este  último  pertenece 
otro  escritor  más  delicado,  auoque 
menos  original  r  ameno,  Bnrique  Ma- 
ckenzie,  autor  de  Fl  BoJithre  tensihle, 
de  St  Hombre  de  mundo  j  de  J%lia  i» 
Rothi^né, — La  historia  está  igualmen- 
te representada  por  grandes  nombres 
en  esta  gloriosa  época  de  la  literatara 
inglesa,  inspirada  por  el  espíritu  crí- 
tico j  penetrante  de  la  filosofía  mo- 
derna j  exornada  con  todas  las  ^alas 
dd  lenguaje.  En  1751,  apareció  el 
primer  volumea  de  la  Sntoria  de  la 
GrtmBrttaÜa,  de  Hume;  obra  que  no 
ha  alcanzado  graa  autoridad,  bajo  el 
punto  de  vista  histórico,  pero  cujra 
daiidad  J  galaoun  de  estilo,  así 
como  el  arta  primoroso  de  las  narra- 
doaes,  la  hacen  interesante  é  instruc- 
tiva. Robertson,  autor  de  la  HixhrU 
de  StcocUt  no  tiene  el  aticismo  j  el 
gracejo  de  sa  rival;  pero  es  docto, 
erudito,  de  miras  generosas  r  libe- 
rales, j  llega  a  frisar  en  la  elocuen- 
cia por  la  sinceridad  j  la  elevación 
moral  del  sentimiento.  A  las  cuali- 
dades comunes  de  estos  dos  histo- 
riadores, reunía  Gibbon  conocimien- 
tos mucho  más  vastos:  en  su  Hitíoria 
de  té  decadencia  y  de  la  eaida  del  im- 
ferio remano  abraza  un  asunto  más 
grande  que  ninguno  de  sus  predece- 
sores, revdiando  en  su  desarrollo  una 
utansión  de  talento  que  ni  Hume 
ni  Robertson  alcanasron. — Bntre  los 
fil(^fbs  encontramos  el  nombra  de 
David  Hume,  el  cual  atueó  la  idea  de 
««»  T  la  relación  de  cauta  &  efécto^ 
eceando  un  escepticismo  de  un  géne- 
ro nuevo  qae  njs  reducía  al  nihilis- 
mo; Reíd,  adversario  del  anterior, 
aplicó  el  método  de  observación  al 
•otendimieato  humano.  El  poeta  Beat- 
tie  tomó  parte  tambiéu  en  la  lucha 
coQta  U  escuela  escéptica,  pero  sin 
ceiinw  á  las  rigurosas  reglas  de  la 
lógica.  A  la  escuela  filosófica  del  úl- 
tiño  siglo  pertenece  también  el  esti- 
mado moralista  j  economista  Adam 
Smitb.  el  cual,  en  su  Teoría  de  loe 
letímifUu  morales,  explica  toda  la 
uoial  por  la  simpatía,  j,  en  su  Al- 
fana d*  la$  «ocimei,  recomienda  la 
civisiín  dd  trabajo  y  la  libertad  com- 
pleta del  comercio  y  de  la  industria. — 
La  teología  fuá  objeto  de  empeñadas 
dispatas,  en  las  que  se  desplegó  gran 
lujo  de  talento  y  de  ciencia.  Ba  el 
numero  de  los  teólogos,  figuran,  en 
primer  término,  Warburton,  White- 
neld,  Weslejr,  el  doctor  Blair,  más 
conocido  como  critico  que  como  autor 
de  sermones,  y  el  doctor  Campbell, 
qos  escribió,  en  contestación  á  Hume, 
ana  Diteríaeidn  tobre  Íot  milagros.  Los 
literatos  puros,  que  no  pueden  figu- 
rar en  ninguna  categoría  determina- 
da, eonstitujren  ana  clase  namerosa, 
•  COJO  frente  aparece  Samuel  John- 


INGL 

son,  crítico  enérgico  y  de  sano  jui- 
cío.  —  La  elocuencia  paríame utaria, 
que  cuenta  nombres  ten  celebrados 
como  los  de  Chatham,  Burke,  Fox  y 
Shéridaa,  no  es  de  los  géneros  litera- 
rios menos  gloriosos  de  esta  época  fa- 
mosa.— Sétimo  periodo  (desde  1780 
hasta  nuestros  días). — Aquí  empieza 
lo  que  generalmente  se  llama  escuela 
romántica.  £1  movimiento  intelectual 
que  anima  en  Alemania  la  crítica,  y 
las  obras  de  Herder  y  de  Gcethe,  se 
comunica  &  Inolatirra  en  el  momen- 
to mismo  en  que  la  Historia  de  lapoe- 
s!a,  de  Warton,jde  las  viejas  baladas 
nacionales,  reunidas  por  el  obispo 
Percy,  afirman  el  imperio  y  la  liber- 
tad nativa  de  la  poesía  inglesa.  El  re- 
sultado de  este  retorno  á  la  inspiración 
espontánea  de  la  Edad  media,  fué: 
subordinar  el  arte  á  los  vuelos  de  la 
imaginación  y  desarrollar  en  los  es- 
critores el  gusto  de  la  fantasía,  á  ex- 
pensas del  método  y  de  la  medida, 
que  eran  los  signos  característicos  de 
la  edad  precedente.  El  poeta  que  dió 
la  señal  de  esta  transformación  de  la 
poesía  inglesa,  fué  Cowper,  el  cual 

fiasó  casi  toda  au  existencia  en  la  so- 
edad:  sus  versos  llevan  impreso  el 
sello  de  una  melancolía  religiosa  que 
era  el  rasgo  más  salieute  de  su  carác- 
ter. El  creó,  en  algún  modo,  la  nueva 
poesía  lírica,  en  la  que  el  alma,  dila- 
tándose por  completo  con  sus  más  se- 
cretos impulsos,  entra  en  comunica- 
ción con  la  naturaleza.  El  recibo  de 
un  retrato  de  su  madre,  el  aspecto  del 
campo  en  invierno,  uu  paseo  por  el 
bosque,  eran  para  él  motivos  de  poe- 
sía íntima,  que  los  escritores  de  la 
escuela  de  Pope  habrían  positivamen- 
te desdeñado.  Tal  era  el  carácter  de 
la  nueva  escuela.  Después  de  Cowper, 
Darwia,  eseritoi  ingenioso  y  brillan- 
te, abusí  tanto  del  estilo  descriptivo, 
que  sólo  alcanzó  una  popularidad  efí- 
mera. QüTord  perteneció  á  otra  es- 
cuela: erudito  y  satírico,  conservó  las 
tradiciones  de  Pope,  j  en  su  Baviade 
y  su  Afotviade  ridiculizó  á  los  malos 

Soetas  de  su  tiempo.  Crabbe  fué  uno 
e  los  escritores  que  mejor  han  des- 
crito los  países  ae  lNaLATBBR.\;  sus 
escenas  marítimas  son  verdaderas  y 
encantadoras.  Samuel  Rogers,  en  su 
mejor  poema,  Los  Placeres  de  la  memo- 
riat  se  ocupa  más  bien  en  observar 
las  evoluciones  misteriosas  ds  la  inte- 
ligencia que  en  reproducir  el  aspecto 
movible  del  mundo  exterior.  La  poe- 
sía de  Wordswortfa,  el  poeta  más 
grande  de  la  escuela  romántica,  des- 
pués da  Bvron,  es  metañsica  j  des- 
criptiva á  la  vez:  divaga  generalmen- 
te sobre  las  relaciones  del  hombre 
y  de  la  naturaleza;  pero  no  pjdría 
ser  transportada  &  un  idioma  ex- 
traño, porque  el  encanto  de  sus  ex- 
presiones pintorescas  y  la  melan- 
colía un  tanto  va^  de  su  imagina- 
ción, se  evaporarían  necesariamente 
al  abandonar  las  hermosas  tinieblas 
del  claustro  materno.  Coleridge  es 
también  un  poete  lírico  renombrado 
en  Inglaterra.;  pero  su  estilo,  Un 
adornado  y  recargado  de  imágeneSi 


INGL 


111 


no  siempre  corresponde  £  la  intensi- 
dad de  la  pasión  que  le  anima  v  á  la 
elevación  de  sn  pensamiento. — El  arte 
dramática  ha  alcanzado  en  iHatA-n- 
ttBx  ana  fbrtana  totalmente  contra- 
ría i  la  de  la  poesía  lírica;  de  suerte 
que,  á  medida  que  éste  se  elevaba, 
aquél  decaía.  El  procedimiento  de  los 
sentimientos  personales,  de  los  euales 
era  indicio  infalible  la  invasión  del 
lirismo,  ahogó  forzosamente  el  drama. 
Shéridan  Knowles,  el  mis  felñ  de  los 
trágicos  modernos,  ha  tratado  los 
asuntos  de  Virñnia,  Cayo  Oraco  y 
Guillermo  Tell,  En  cuanto  i  la  come- 
día, su  reaparición  en  la  escena  fué 
debida  al  telento  de  Jorge  Colman, 
autor  de  una  infinidad  de  piezas  po- 
pulares.— En  la  prosa,  la  novela  ocu- 
pa el  sitio  de  preferencia  como  en  el  si- 

flo  anterior.  La  primera  obra  noteble 
e  este  fénero,  posterior  al  año  1780. 
es  el  Valíek  de  Backford,caentoárabe, 
que  recuerda  las  graciosas  ficciones 
de  lai  Afil  y  %na  noches^  SI  Fraile,  de 
Lewis,  producción  extraña,  pero  ori- 
ginalísima,  en  la  que  se  mezcla  lo  pa- 
tético con  lo  maravilloso,  ha  obtenido 
un  grande  éxito  j  merece  larga  vida. 
Godwia,  publicista,  moralista,  bió- 
grafo é  historiador,  expresa,  en  su 
célebre  novela  de  Caleb  Villiam,  los 
sentimientos  valientes^  filantrópicos 
que  inspira  á  aquellas  almas  genero- 
sas el  espectáculo  de  los  vicios  del 
sistema  social.  Edgeworth  ha  descrito 
con  delicadeza,  en  obras  interesantes 
y  morales,  las  costumbres  de  su  país. 
Pero  todas  estas  celebridades  quedan 
oscurecidas  ante  la  gloria  de  Walter 
Scott,  que  supo  elevar  la  novela  á  la 
altura  ael  drama  y  del  poema  heroico. 
Éste  insigne  escritor  poseía  en  un  gra* 
do  eminente  todas  las  eaalidades  del 
novelista:  imaginaeidu,  sensibilidad, 
espíritu  de  análisis,  finura,  graeta  y 
viveza  de  genio.  Baste  recordar  los  tí- 
tulos de  sus  obras,  Kenilworth,  Los  pu- 
ritanos de  Escocia,  Ivanhoí,  La  prisión 
de  Bditnburgo,  que  serán  siempre  otras 
Untas  jojas  de  la  literatura  universal. 
Después  de  1780,  la  ciencia  histórica 
alcanzó  en  iKaLATBBRA  los  misinos 
progresos  que  en  el  continente:  la 
Historia  de  Greda,  de  Mítford,  empe- 
zada en  1784  ;^  concluida  en  1810,  na 
sobrepujado  a  todo  lo  que  anterior- 
mente se  había  escrito  sobre  el  asun- 
to. Roscos,  muerto  en  1831,  dejó  es- 
critas la  Vida  de  Lorenzo  de  Méaiás  y 
la  de  León  X.  Maekintosh  y  Linp'ard 
sa  consagraron  al  estudio  de  la  histo- 
ria natural.  Hallam,  por  su  Ojeada  so- 
bre el  estado  de  Europa  en  la  Edad  me- 
dia y  por  su.  IntroJnccL'n  i  la  historia 
de  la  literatura  en  Europa,  llegó  á  ad- 

3uirirs6  una  doble  gloria  de  crítico  y 
e  historiador:  la  firmeza  de  sus  jui- 
cios, la  extensión  de  sus  coaociinien- 
tos  T  la  gravedad  y  energía  de  su  esti- 
lo, le  colocan  á  la  cabeza  de  los  prosis- 
tas modernos.  El  coronel  Xapier  ha  es- 
crito su  Historia  de  la  guerra  de  Espaiia 
con  más  impareíalidad  que  Alisen  su 
notable  Hittoria  de  la  Europa  de  17S9 
á  Durante  este  último  período 

de  la  literatura  inglesa,  la  filosofía  ha 


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112 


estado  gloriosa  mente  rtpresentadft  por 
Üunld  Stawirt,  cutas  obnB  »  han 
hecno  cláiicas;  por  Brown,  su  sucesor 
en  U  cátedrt  de  U  anirenidad  de 
Bdimburgo,  j  por  Uaeldntoili.  Bnfre 
los  autores  de  misceliness  literarias, 
sería  injasto  pasar  en  silencio  los  nom- 
bres de  Haxlitt,  crítico  delicado,  j  de 
Isaac  Israeli,  autor  de  las  Curiosidades 
de  la  literatura.  Ba  otro  orden  de  ideas, 
Jeremías  Beutham  j  Malthus  se  hau 
conquistado  igualmente  una  gran  re- 
putación; el  primero,  como  moralista 
j  jurisconsulto,  j  el  segundo,  como 
economista. — Terminamos  este  breve 
é  imperfecto  resumen  histórico,  con- 
signando: que  el  carácter  más  notable 
de  la  actual  literatura  inglesa  es  el 
predominio  de  U  pronaobra  la  poesía, 
y  en  la  prosa,  la  saperiorídad  de  la 
historia  j  de  la  novela  sobre  los  demás 
géneros.  Todas  las  celebridades  poéti- 
cas se  han  visto  eclipsadas  por  la  ñima 
del  historiador  Macaulaj,  así  como 
por  los  brillantes  tiiunfüs  de  Dikens  j 
de  Thackeraj. — Puede  verse  á  Rober- 
to Chainbers,  Cj  dopediaof  Englith  li~ 
teraíure;  S.  Johnson,  Zí/«  of  thepoett; 
Warton,  The  hittoryojBngíiik poetry; 
Horacio  Walp.}Ie,  Catalogue  of  thero~ 
¡fal  and  noHe  autiort  ofÉngland,  Lon- 
dres. 1806;  J.-G.  Bar!  lace,  íIh  hislori- 
cal  skítch  of  the  progresa  in  knowleige 
in  Syiand,  ^Nichols,  Historia  de 
la  literatura  inglesa,  1817-31;  Graj, 
Historkal  sketch  of  tíü  origin  of  E%- 
alish  prose  Utonture  muí  %ts  progreseUf 
Londres,  1835;  Hawkins,  The  orúi» 
of  ihe  Snglith  drama,  Oxford,  1773; 
Campbell,  Lifes  of  ihe  poet»;  Ch.  Co- 
quarel,  Bittóire  de  la  poetie  anglaite, 
París,  1827;  Allán  Cúningham,  Bio- 
granhical  and  critical  history  of  íheBrü 
tish  literature  of  the  Uut  jff/íy  yeart, 
París,  1834;  L.  Uézi&res,  Hittoire  cri^ 
tique  de  la  liítírature  MfUiu,  París, 
1841,  3  volúmenes. 

22.  &oHemo.  —  Bl  de  Inouterba 
es  una  monarquía  hereditaria  j  cons- 
titucional. El  soberano  renne  a  la  dig- 
nidad de  magistrado  supremo  de  Ta 
nación,  la  de  jefe  de  la  Iglesia:  la  pri- 
mera, le  da  el  derecho  de  coavoear  el 
Parlamento  cuando  las  ciroanstancias 
lo  exijan,  declarar  la  guerra,  hacer  la 
paz,  alianzas  6  tratados  de  comercio, 
levantar  tropas  de  mar  j  tierra,  pro- 
rrogar, suspender  ó  disolver  las  Cá- 
maras, nomorar  á  todos  los  empleados 
civiles  j  militares,  j  á  las  principales 
dignidades  eclesiásticas;  la  segunda, 
le  confiere  el  de  couvocar  los  sínodos 
nacionales  y  provinciales.— El  re^ 
confía  el  poder  ejecutivo  á  doce  mi- 
nistros, que  forman  el  Gabinete,  á  sa- 
ber: el  presidente  del  Consejo,  el  Gran 
Canciller,  que  preside  la  Cámara  de 
los  Pares,  el  Canciller  del  sello  priv». 
do,  el  primer  lord  de  la  Tesorería,  que 
es  el  primer  ministro;  el  ministro  de 
Hacienda,  an  secretario  de  Bstado 
para  los  asuntos  interiores,  j  otro 
para  los  exteriores  y  las  colonias,  el 
presidente  de  la  ofícina  del  Registro 
j  del  Comercio,  el  intendente  de  la 
Moneda /elprimer  lord  del  Almiran- 
tazgo á  ministro  de  Marina.  Bstos  dft* 


INGL 

partamentos  ministeriales  j  las  admi- 
nistraciones qae  de  ellos  depsaden, 
ocupan  un  número  menor  de  funcio- 
narios qae  an  los  demás  países  euro- 
peos, relativamente  i  la  población, 
pero  están  mucho  mejor  remunerados. 
Bl  poder  legislativo  se  halla  represen- 
tado por  elTarlamento  inglés,  el  más 
antiguo  de  las  asambleas  legislativas 
de  Europa.  Se  compone  de  dos  cáma- 
ras: la  de  ios  Pares  j  la  de  los  Comu- 
nes. Constituyen  la  primera  3  prínci- 

Ses,  2  arzobispos,  uno  de  ellos,  irían- 
és;  20  duques,  22  marqueses,  138 
condes,  de  los  cuales,  28  son  escoce- 
ses y  16  irlandeses;  vizcondes,  27 
obispos,  112  barones  j  11  pares.  Se 
distinguen  en  cuatro  clases:  pares  de 
Inolatbuu,  de  Irlanda,  de  Escocia  j 
eclesiásticos:  su  número  varía,  según 
las  vacantes  por  defunción  t  los  nom* 
bramientos.  La  Cámara  de  los  Comu- 
nes tiene  un  número  determinado  de 
658  miembroB.-  471  por  IvaL&TBBRA, 
29  por  el  país  de  Gales,  53  por  Bsco- 
cia  y  105  por  Irlanda.  De  los  471  di- 
putados que  corresponden  á  lKai.A,TB- 
BBA,  144  son  nombrados  por  los  conda> 
dos,  4  por  las  universidades  y  323  por 
las  ciudades  y  villas.  A.  los  represen- 
tantes de  los  condados  se  les  designa 
con  el  nombre  de  knigkts  of  the  shire, 
caballeros  del  condado.  Bl  Parlamento 
propone  las  le^es  y  los  impuestos 
anuales;  pero  ni  éstos  son  elevados  á 
la  categoría  de  lev  sia  la  aprobación 
previa  de  las  dos  Címaras,  ni  aquéllas 
adquieren  fuerza  ni  valor  alguno  has- 
ta después  de  recibir  la  sanción  real. 

23.  Sistema  electoral. — Según  el  Ac- 
ta de  reforma  dt  i 867,  que  ba  modi- 
ficado el  sistema  electoral  de  Inqu- 
TBBR&,  todo  habitante  de  \m  grandes 
villas  (ciudades)  que  ocupe  una  casa 
á  título  de  propietario,  es  elector, 
siempre  que  lleve  un  año  de  residen- 
cia y  naya  satisfecho  la  cuota  munici- 
pal ó  de  pobres.  Los  enfiteutas,  houso- 
holders  Qefes  de  fiamilia),  son  elec- 
tores después  de  an  afto  de  domicilio, 
y  á  condición  de  pagar  personalmen- 
te la  cuota  municiml,  y  por  el  arren- 
damiento, un  schellingj  medio  cuan- 
do menos  (1  peseta  82  céntimos  pró- 
ximamente) cada  semana.  Los  qne  se 
designan  bajo  la  denominación  de  com- 
puni  householders ,  deben  satisfacer 
directamente  la  cuota  que  antes  en- 
tregaban porconductode  sus  landlords 
ó  propietarios  territoriales.  Bu  cuanto 
á  los  inquilinos  parciales  (loJgersJ, 
tienen  el  derecho  de  franquicia,  siem- 
pre que  justifiquen  un  año  de  residen- 
cía  y  pagiien  anualmente  un  alquiler 
de  10  libras  esterlinas  (243  pesetas). 
Bn  los  condados  basta  para  ser  elector 
poseer  la  propiedad  de  una  tierra  que 
produzca  5  libras  esterlinas,  ó  de  ocu- 
par un  inmueble,  pagando  12  libras 
de  alquiler  ó  arrendamiento,  y  estar 
sujetos  á  la  correspondiente  cuota  de 
pobres.  Las  circunscripciones  electo- 
rales han  experimentado  también  al- 
guna modificación,  pues  varias  pe- 
queñas poblaciones  que,  por  sí  solas, 
elegían  en  otro  tiempo  un  represen- 
tante, se  ven  hoy  privadas  de  tal 


INGL 

Srerrogatíva.  Las  ciudades  de  menos 
e  10.000  almas,  sólo  mandan  nn  di- 
puUdo  al  Parlamento.  Bl  número  de 
los  electores,  después  de  la  citada  re- 
forma, se  avalúa  en  1.440.000;  de  és- 
tos, 730.000  corresponden  á  las  gran- 
des ciudades,  de  los  cuales  45U.000 
son  obreros.  En  Inolit^kba,  la  elec- 
ción se  hace  levantando  la  mane;  pero 
si  el  resultado  es  dudoso,  se  recurre 
al  poli  ó  voto  escrito. 

24.  Organización  judicial. — La  jus- 
ticia está  administrada  en  los  conda- 
dos por  jueces  de  paz,  elegidos  entre 
los  principales  propieúrios,  y  su  nú- 
mero asciende  en  Inolatbbba  y  el 
país  de  Gales  á  más  de  18.000;  pero 
el  título  sólo  es  honorífico  para  algu- 
nos de  ellos.  Ejercen  gratuitamente 
sos  funciones,  conferidas  casi  siempre 
á  perpetuidad  ¡  y  entienden  en  lo  crimi- 
nal y  en  lo  civiL  Su  competencia  civil 
está  circunscrita,  poco  más  ó  menos, 
á  los  mismos  límites  qne  nuestrosjuz- 
gados  de  paz;  pero  cuando  ise  reúnen 
en  sesión  trimestral,  constituyen  un 
gran  jurado  y  su  iurisdícción  es  mu- 
cho más  extensa.  La  justicia  civilestt 
igualmente  ejercida  por  los  tribunales 
de  los  condadoSj  especie  de  juzgados  de 
primera  instancia,  compuestos  de  un 
solo  magistrado  inamovible.  Imoli- 
TBRRA.  está  dividida  en  8  circunscrip- 
ciones judiciales,  las  cuales  son -visi- 
tadas cada  seis  meses  por  los  miembros 
de  los  tribunales  superiores  de' Lon- 
dres,quienes  presiden  los  jurados.  En 
dicha  capital  existen  además  tribuna- 
les especiales t  como  el  del  Almirautat- 
go  y  el  de  Divorcios.  La  Cité  tiene  dos 
tribunal»  de  policía,  regidos  por  el 
lord  corregidor  y  un  aldertnan,  cuyo 
último  ear^o  equivale  á  nuestros  re- 
gidores. Ciertas  causas  pueden  ele- 
varse en  apelación  ante  la  Cámara  de 
los  Lores. 

25.  Administración  comunal.  —  El 
cuerpo  municipal,  totalmente  refor- 
mado en  virtnd  de  una  acta  reciente 
del  Parlamento,  se  compone  de  un  al- 
calde y  de  varios  regidores  (alderman) 
y  burgueses.  Se  comprende  bajo  esta 
última  denominación,  á  todos  los  in- 
dividuos que  llevan  tres  años  de  re- 
sidencia an  la  población  y  son  due- 
ños de  una  casa  6  tienda,  los  cuales 
son  llamados  á  elegir  los  concejales. 
Para  ser  elegible,  es  necesario  poseer 
un  capital  de  1.000  libras  esterlinas 
en  las  ciudades  compuestas  de  cuatro 
bar.'ios  ó  distritos  fwards),  y  otro,  de 
500  libras,  en  las  poblaciones  menos 
considerables.  Bl  número  de  los  con- 
cejales es  proporcionado  al  de  la  po- 
blauiún. 

26.  MaHnaif  fuerzas  militares. 
prosperidad  de  la  navegación  inglesa 
data  del  protectorado  de  Crom  wel:  una 
acta  reservó  exclusivamente  á  los  bu- 
ques nacionales  el  comercio  delNGLi- 
TBBBA  y  de  sus  colonias:  las  mercan- 
cías procedentes  de  los  demás  países 
no  podían  entrar  en  los  puertos  de  la 
Gran  Bretaña,  sino  bajo  el  pabellón 
inglés.  La  marina  mercante  ha  sido 
desde  entonces  una  grande  escuela, 
de  donde  la  marina  militar  ha  reclu- 


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INGL 

U3b  los  hombres  mái  hábiles  é  intré- 
ptdoi  ptra  cubrir  las- Tacantes  que 
dejabaa  eu  las  tripulaciones  así  las 
TÍctoriM  como  laa  derrotas. — Compo- 
nen la  marina  real  inglesa  910  bu- 
ques de  toda  clase,  i  saber:  312  de 
construcción  moderna;  213  de  eons- 
traeción  antigua;  90  torpederoa  de 
1.*  elase;  70  de  segunda;  147  vapores 
y  barcos  de  veta  para  servicios  de  es- 
táeidn  j  78  vapores  para  servíeioi  va- 
rios. Los  312  buques  de  construcción 
moderna  suman  1.098.995  toneladas, 
con  fuerza  total  de  2.245.500  caballos; 
tienen  en  conjunto  1.889  cañones  de 
mis  de  10  centímetroé,'  955  tubcs 
lanzatorpedos' j  74.875  tripulantes. 
Lo8  213'Duqdes  de  construcción  anti- 
gua suman  480.923  toneladas,  338.000 
caballos  de  fuerza,  998  cañones,  164 
tubos  lanzatorpedos  y  34.342  trípu- 
láctes.— La  defensa  del  territorio  está 
confiada  princípalmeott  á  las  fuerzas 
navales;  el  ejército  ñgurt  en  segunda 
línea,  á  menos  que  el  enemigo  no 
aoftenace  las  costas,  ó  qne  el  Gobierno 
interrenga  en  las  guerras  continenta- 
les. El  reemplazo  del  ejército  se  hace 
pfir  alistamiiintos  voluntarios;  y  es 
necesario  que  una  lej  declare  en  pe- 
ligro la  patria,  para  obligar  á  un  ciu- 
dadano inglés  á  empuñar  latí  armas, 
ffl  Parlamento  fija  el  número  de  las 
tfopas  regulares  todos  los  años.  El 
reclutamiento  de  la  marina  se  hace 
también  por  alistamiento,  como  en  el 
ejército;  pero,  en  tiempo  de  guerra, 
paede  el  Uobierno  recurrir  á  los  alis- 
tamientos forzosos  ó  orase  (leva),  la 
e&al  consiste  en  apoderarse  de  todos 
los  individuos  que  parecen  aptos  pira 
el  servicio  de  la  marina* — BÍ  efectivo 
d^l  ejército  permanente  es  de  253.675 
individuos,  de  los  cuales  132.005 
pxeátaa  servicio  en  el  Reino  Unido  j 
los  restantes  se  hallan  distribuidos  en 
la  India  (73.162),  Malta  (10.682),  Co^ 
lonia  del  Cabo  y  Natal  (8.733),  Gi- 
btalUr  (5.430)  j  Egipto  (4.369). 

27.  fnttrueciét  pública. — El  Gobier- 
no-británico no  sostiene  grandes  es- 
tablecimientos de  instrucción;  pero  el 
pais^  cuenta,  sin  embargo,  muchas 
instituciones  fundadas  y  asistidas  por 
los  particulares. — La  enseñanza  su- 
perior se  da  en  nueve  universidades, 
entre  las  que  figuran:  la  de  Oxford, 
fondada  en  el  año  896;  la  de  Cam- 
brid^,  en  915;  la  de  Londres,  en 
1826;  la  de  Edimburgo,  en  1852;  la 
de  Glasgow,  en  1453;  la  de  San  An- 
drés, «n  1411;  la  de  Aberdeen,  en 
1494 !  7  la  de  DabUn.  en  1591.  Los 
treegmndes  colegios  de  Eton,  Wést- 
mioster  y  Winchester  están  destina- 
dos para  preparar  á  los  discípulos  que 
deben  seguir  los  cursos  en  las  univer- 
sidades. Los  establecimientos  de  ins- 
traeción  primaria  han  sido,  en  su 
mayor  parte,  creados  por  los  particu- 
lares, ó  por  sociedades  filantrópicas: 
la  eoseSanza  es  gratuita.  Se  distin- 
!^en  las  ercuelas  de  párvulos;  las  de 
los  domínaos,  que  frecuentan  sobre 
2.000.000  de  adultos,  y  las  naciomleg, 
«n  donde  se  sigue  el  método  conocido 
con  el  nombre  ae  emeiwta  wtuína»S^ü 


INGL 

et  importe  de  las  suscripciones  de 
particulares,  se  ha  costeado  también 
el  Colfgio  del  Rey,  establecido  en  Lon- 
dres; en  casi  todas  las  poblaciones 
manu&etureras  se  han  fundado,  bajo 
la  denominación  de  mechaniet  insti- 
tuífs  (academias  mecánicas),  estable- 
cimientos para  los  artesanos,  ^  los 
dUtentert  o  disidentes  han  envido 
multitud  de  escuelas  para  los  niños 
de  su»  correligionarios.  Bl  número  de 
las  academias  é  institutos  eientHieos 
es  considerable;  especialmente,  eu  los 
grandes  centros  de  población,  y  los 
trabajos  de  algunos  de  ellos  los  han 
colocado  en  primera  línea,  entre  las 
sociedades  cientíñcas  de  Europa:  tales 
son,  por  ejemplo,  la  Sociedad  Seal  de 
Londres,  fundada  en  1662,  y  la  Socie- 
dad Real  de  Edimburgo,  El  Gobierno  no 
contribuye  en  nada  al  sostenimiento 
de  estos  centros  de  instrucción,  cos- 
teados e^Lclusí  va  mente  por  las  suscrip- 
ciones voluntarias. — Las  bibliotecas 
públicas  son  riquísimas  en  obras  pre- 
ciosas y  se  calculan  en  900.000  los 
volúmenes  qne  contienen, 

28.  Poblacién  y  euUos.~ljk  Ihols.- 
TBBRa,  propiamente  dicha,  vendrá  á 
ser  como  la  mitad  de  la  Prusia,  la 
Noruega  ó  la  Italia:  la  superficie  de 
su  territorio  no  está  en  proporción 
con  el  número  de  sus  habitantes,  con 
su  poder  y  sn  riqueza.  Su  actual  po- 
blación es  de  27.4H3.490  habiUntes. 
— La  división  de  esta  población,  se- 
gún la  diferencia  de  cultos,  ofrece  de- 
talles de  estadística  extremadamente 
curiosos.  Las  prolongadas  guerras  ci- 
viles, de  \fM  cuales  fué  la  religión, 
si  no  la  causa,  el  pretexto,  dejaron 
á  los  habitantes  de  las  islas  briti- 
nicas.dtvídídos  en  varías  sectas,  éhe- 
migas  irreconciliables  las  unas  de  las 
otras.  Los  anglicanos  siguieron  los  ri- 
tos de  la  Iglesia  episcopal  de  Inola.- 
'T>^aRa,  establecida  por  Enrique  VIII, 
cuando  éste  se  separó  de  la  Iglesia  ro- 
mana, que  era  el  culto  dominante,  la 
religión  del  Estado,  la  que  poseía  la 
autoridad  y  la  riqueza.  Los  católicos 
constituyen  el  culto  primordial  y  el 
de  la  mayor  parte  de  la  población  ir- 
landesa. Los  disidentes  forman  tres 
categorías:  la  de  los  mfíodisUu,  espe- 
cie de  reformados  anglicanos,  que  se 
han  multiplicado  prodigiosamente  en 
iNuULTBSRa  desde  priucipios  del  pre- 
sente siglo;  la  de  los  pariíanott  que 
componen  la  población  de  Bscocía, 
que  fueron  los  más  ardientes  auxilia- 
res de  Cromwell  y  los  que  más  contri- 
buyeron al  establecimiento  de  la  re- 
pública en  Ikglktbrra;  la  de  los  ana- 
oapíistas  ó  cuákeros,  esparcidos  por 
todas  las  islas  británicas,  los  cuales 
cooperaran  poderosamente  ála  funda- 
ción de  las  colonias  inglesas,  de  que 
se  formaron  los  Estados  Unidos,  y  los 
ju  lios,  que  residen  principalmente  en 
ínoljlt.  BR&.  La  Iglesia  anglicana  po- 
see en  este  reino  sobre  9.860  parro- 
quias: el  personal  da  su  clero  se  com- 
pone: de  dos  arzobispos,  el  de  York  y 
el  de  Cantorbery;  de  23  obispos,  qne 
son  los  de  Londres,  Durfaam,  Win- 
chester, 3ftngorf  Bath  y  Wells,  Gar- 


INGL 


113 


lisie,  Chester,  Chichester,  Kly,  Em- 
ter,  Glócester  y  Brístol,  Herefort, 
Lichfield,  Lincoln,  LlandafF.  Mán- 
chester,  Norwich,  Oxford  y  Peterbo- 
rough,  Ripon,  Rócbester,  Salisbury, 
Stasaph,  Sent-Davids,  Wórcester,  So- 
dory  Man.  El  número  de  los  minis- 
tros del  expresado  enlto  se  calcula  en 
20.000;  sns  rentas,  en  222.500.000 
pesetas  próuoumente;  la  dotación  de 
eada  eclesiástico,  en  mis  de  11.000 
peseta8.~Los  prelados  mejor  retri- 
buidos, son:  los  de  Ourhara,  que  po- 
seen sobre  576.000  pesetas  de  renta; 
los  de  Cantorbery,  500.000;  los  da 
York,  336.000,  Los  menos  ricos,  son 
lós  de  Sodor  y  de  Man ,  cuya  renta 
apenas  excede  de  55.000  pesetas.  Los 
rectores  de  las  parroquias  están  me- 
nos retribuidos  que  ¿i  alto  clero:  la 
mayor  parte  de  ellos  sólo  perciben 
2.000  pesetas.  Los  ministros  disiden- 
tes ni  tienen  rentas  ni  honorarios,  por 
cuya  razón  están  atenidos  á  los  dona- 
tivos voluntarios  de  sus  feligreses. 
Desde  el  reinado  de  Enrique  VIH,  los 
soberanos  de  Inol&tbbu  vienen  ejer- 
ciendo la  doble  autoridad  temporal  y 
espiritual;  son  los  jefes  supremos  de 
la  Iglesia  y  los  que  disponen  ú  orde- 
nan l:;s  ayunos,  las  oraciones  y  los  que 
confirman  los  nombramientos  de  los 
'  prelados.  La  celebración  deldumingo 
¡  se  observa  en  Inolaterba  con  una  re- 
'  ligiosidad  de  que  no  se  conoce  ejem- 
I  pío  en  ningún  otro  país.  Asi  sucede 
:  que  en  dicho  día  no  se  abren  los  tea- 
!  tros,  ni  se  baila,  ni  aun  se  juega  en 
I  las  casas  pariiculares,  llegando  esta 
rigidez  hasta  el  extremo  de  imponer 
multas  al  que  se  arriesga  a  cantar  ó 
tocar  algún  instrumento.  Londres,  en 
un  día  festivo,  más  qne  una  ciudad, 
parece  un  campo  santo. 

2  \  Propiedad  terriíorial.  —  La  no- 
bleza inglesa  es  la  menos  nnmerosay 
la  más  rica  del  universo:  no  cuenta 
otros  privilegios  que  los  que  van  uní- 
dos  á  su  calidad  de  propietaria  y  á  la 
dignidad  de  pares,  ni  está  exenta  del 
pago  de  los  tributos.  Algunos  lores 
disfrutan  una  renta  que  supera  con 
mucho  á  la  que  figura  ea  los  presu- 
puestos de^varing  soberanos  de  otros 
países:  la  casa  de  Sutherland  posee  en 
Escocia  una  superficie  de  400.000  heo* 
túreas,  ó  sea  1.168  kilómetros  cua-- 
drados.  La  propiedad  daba,  no  hace 
mucho,  sólo  en  la  Gran  Bretaña,  un 
total  de  22,668.000  hectireas  de  tie- 
rra y  2.511.994  casas  habitadas  é  iu- 
h-ibitadas:  el  número  délos  propieta- 
rios apenas  ascendía  á  600.000.  Por 
consecuencia,  cada  propiedad  repre- 
s^'utaba,  por  término  medio,  40  hec- 
táreas y  4  fincas.  Se  cuenta  un  pro- 
¡  pietario  de  tierra  ó  de  casas  por  cada 
¿i  iiabitantes;  un  propietario  rico 
'  por  cada  350  personas,  y  un  propieta- 
rio acomodado  por  cada  33.  Contraria- 
mente á  lo  que  fucede  en  otros  países, 
las  propiedades  medianas  son  mñs  nu- 
merosas que  las  pequeñas,  y  estas  úl- 
timas no  forman  más  que  una  125,' 
parte  de  la  población.  Con  razón, 
pues,  se  dice  que  Inglatebra.  es  la 
nación  más  rica  de  Europa  y  la  que. 


XOHO  111 


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114,  imh 

encierra  majoi  númflrodfl  gentu  mi- 
lerablei. 

30.  Montdat^^h^  quinen,  moDoda 
de  oro,  vale  ceret  de  25  pesetas  75 
céntimos:  la  corona  6  eronm,  de  plata, 
ie  divide  en  cinco  scAelUnes,  cada  uno 
de  los  cuales  equivale  á  1  peseta  25 
céntimos:  el  schellíu  se  subdivide  en 
12  penichet  ó  dineros.  La  libra  eiierlina 
vale  aproximadamente  24  pesetas  25 
céntimos. 

31.  Dhisión  política. — La  Inqlá- 
TiíRRA.  j  el  país  de  Gales,  incorpora- 
do á'ésta  en  1285  por  Eduardo  I,  con- 
tienen juntos  52  thires  ó  condados: 
40,  la  primera,  jr  12,  el  segundo;  6,  es- 
tán situados  ú  Norte;  10,  al  Medio- 
día; 18,  en  el  centro;  6,  al  Oriente,  j 
12,  al  Occidente.  Los  condados  del  Ñor- 
ti  son:  Norlhumberlandt  Ciimierland, 
Wetmoreland,  Durhain,  York  y  Lán- 
catíer:  sus  capitales  respectivas,  New- 
castle,  Carlisle,  Applebr,  Durham, 
York  j  Láncastér. — Condadot  del  Me- 
diodía: Sémmerset,  Wilí,  Berck,  Su- 
rrejf,  Kent,  Cornwall,  Devon,  Dorcel, 
Soatham¡.tjn  y  Sussex:  capitales,  Bath, 
Salisburj^,  tieading,  Guílford,  Can- 
torbjr^,  LauQcesti  n,  Eiteter,  Dorches- 
ter,  Winchester^  Chichester.  —  Con- 
dados  del  centro:  Chetter,  Derhyt  Not- 
tinghariit  Liiicoln,  Síajford,  X,éicester, 
Rutlandy  Shrop,  Wórcester^  Warmici, 
Northampton^  Hnntinúíon,  Meri/ord, 
UonmoutÁ,  Oldce$ter^  Oxforit  Bedfori 
y  Búckin^kam:  capitales,  Ghester^ 
Derbjr  ( Nojttingham,  Lincoln  (Stafford , 
Léicester,  Oakiam,  Sbrewsbnry.'WiJr- 
cester,  Warwich,  Nortbampton,Hun- 
tiogton,Hertford,Monmouth,Glóce8- 
ter,Ox.ford,  Bedford^Búckingliam.— 
Condados  delOr  tente:  NorfolkJ^amhr^- 
ge,  SuJ'olk,  Bere/ord,  Ésseay  Middle- 
tex:  capitales,  Norwich,  Cambridge, 
Ipswich,  Herfort,  Gólcbester  y  Lon- 
dres.— Condados  del  Occidente  ó  delpais 
de  Gales:  Anglesey,  Caernarvon,  Den- 
bigh,  Flint,  Merioneth,  Monígomery, 
Cdrdigan,  ítadnor,  Pembroke,  Caermart- 
hen,  Brecknock  y  GUmorgan :  capita- 
les, Beaumaris,  Caernarvon,  Denbigh, 
Flint,  Dulgellji  Montgomerjr,  Cárdi- 
gan,  Raduor,  Pembroke,Caernurthen, 
Breeknock  y  Cardiff. 

32.  Poblaciones. — Las  m&s  notables 
del  reino  que  se  describe,  son:  Lon- 
drest  cantal  (véase  en  la  letra  respec- 
tiva).— Acorta  distancia  de  aquélla, se 
halla  Wtndsor,  sobre  el  Támeais,  resi- 
dencia ordinaria  delacorteicon  13.000 
habitantes  (población  aproximada), 
hermoso  palacio  con  magnífica  capilla 
y-  parque. — Birmingham,  con  240.000 
almas,  considerada  como  el  inmenso 
taller  del  reino  por  sus  grandes  fábri- 
cas de  armas,  sus  joyerías,  máquinas 
de  vapor  y  gran  coraarcio  en  quinca- 
lla.—Zíc  rpaolt  ciudad  grande^  her- 
luuSB,  eminentemente  mercantil,  si- 
tuada en  la  embocadura  del  Mersej, 
con  440.000  habitantes,  vastísimos 
astilleros,  buenas  fábricas  de  maqui- 
naría, muchos  establecimientos  cien- 
tíficos, soberbios  edificios,  gran  centro 
manufacturero,  el  primer  depósito  da 
algodón  el  segundo  puerto  del  mundo 
por  stt  activo  y  extenso  comercio.  Para  | 


INGL 

tus  nuestros  ilustrados  lectores  ^ue- 
an  concebir  una  idn  del  movimien- 
to vertiginoso  de  Liverpool,  bastará 
decir  que  loa  buques  que  frecuentan  su 
puerto  anualmente,  representan  más 
de  6.000.000  de  toneladas.— J/iíiicAtrf- 
ter^  ciudad  populosa  del  condado  de 
Láncastér,  asentada  sobre  el  Irwol, 
con  más  de  400.000  almas,  y  el  ma- 
yoi  centro  de  la  industria  algodonera 
que  se  conoce  en  el  globo,  rodeada  de 
poblaciones  con  excelentes  fábricas  de 
seda  j  maquinaria.— ¿«ir<¿i,  centro  de 
los  huadoa  de  lanas,  de  la  fabricación 
de  paños  y  primer  mercado  de  estos 
artículos  en  el  reino,  situada  en  el 
condado  de  York,  con  190.000  habi- 
tantes.—íSIí/íW,  con  140.000  j  bue- 
nas fábricas  de  obras  de  aeero  y  de 
máquinas  de  vapor. — Plgmontht  asen- 
tada sobre  la  costa  en  el  condado  de 
Devon,  entre  las  embocaduras  del 
Pljm  y  del  Tamar,  con  100.000  al- 
mas, puerto  militar,  quizá  el  más 
considerable  de  Inqlatbrba,  arsenal 

f'  fortificaciones.  —  Bríslol,  ciudad 
impía,  hermosa,  bien  edificada  y  la 
más  mercantil  después  de  Londres, 
con  160.000  habitantes,  vastos  esta- 
blecimientos para  construir  locomoto- 
ras y  vapores,  industria,  universidad, 
baños  termales  y  magnífico  puerto. — 
Greenmich,  en  las  cercanías  de  Lon- 
dres, coa  80.000  almas,  espacioso  as- 
tillero, hospital  para  la  marina  y  el 
principal  observatorio  astronómico  del 
reino. — Porímouíh,  en  la  costa  meri- 
dional y  condado  de  Southampton, 
frente  á  la  pequeña  isla  de  Wigth, 
con  80.000  habitantes,  principal  de- 
partamento de  la  marina  inglesa,  pla- 
ta de  las  más  fuertes  del  Remo  Unido 
y  puerto  de- los  más  extensos,  más  se- 
guros y  mejores  del  Océano. — Bath, 
con  60,000  almas,  fábricas  de  papel  y 
famosos  baños  termales  mujr  concu- 
rridos.— Oxford,  capital  del  condado 
de  su  nombre,  ilustre  y  célebre  por  su 
docta  universidad,  con  35.000  almas, 
multitud  de  colegios,  bibliotecas  y 
gabinetes  de  curiosidades.  —  TorAf 
ciudad  lindísima,  antigua  mansión 
de  emperadores  romanos,  situada  so- 
bre el  Ouse,  con  40.000  habitantes,  y 
una  catedral,  que  es  de  los  mejores 
edificios  góticos  de  iNOLATaRBA.  — 
ffuU,  sobre  la  orilla  izquierda  del 
Humbert,  en  excelente  situación  para 
el  comercio,  que  hace  con  todos  los 
países  del  mundo,  con  100.000  almas 
y  el  primer  puerto  del  reino  para  la 
pesca  de  la  ballena. — SouíAaníptont 
con  45.000  habitantes,  extraordinario 
comercio  en  vinos  frauceses  y  princi- 

fial  estación  de  los  vapures  que  hacen 
a  carrera  de  América  y  de  las  Indias 
oútüUl&MtSúnderlumlt  con  140.000 
almas,  numerosa  marina  mercante, 
activo  comercio,  abundantísimas  mi- 
nas de  carbón,  espacioso  puerto  y  uu 
elevado  puente  s  >bre  el  Wear. — Cam- 
bridge, con  36.000  habitantes,  célebre 
universidad  y  buenas  bibliüteca.% — 
Derbg,  con  50.000  almas,  fábricas  de 
loza  y  china. — Chesler,  situada  sobre 
el  Dee,  con  30.'l00  habitantes,  nota- 
I  ble  por  su  canal  jr  ei^uisito  ^ueso. — 


INGL 

Nottinghant  capital  del  condado  d« 
igual  nombra,  con  70.000  habitantat, 
considerada  oomo  el  principal  depó- 
sito de  las  mejores  medias  de  seda,  de 
lana  y  de  algodón. — Ceterm  trtAen,  ca- 

fital  del  principado  de  Gales,  con 
0.000  almas,  en  cujra  comarca  se  en- 
cuentran las  notables  minas  de  estaño 
de  Cornuailles  y  las  de  hierro  de  i/«r- 
lAjr-Tgdtil. 

33,  ilistoria. — Por  los  años  55  antes 
de  la  era  cristiana,  conquistaron  lus 
romanos  la  Inolatebra  t  una  parta 
déla  Bscocid.  Esta  grande  isla  hnllá- 
base  entonces  habitada  p  ir  los  Cele- 
donios, que  ocupaban  el  Norte,  y  los 
bretones,  el  Mediodía,  quieuea  habían 
conservado  los  hábitos  de  la  Galia 
céltica.  El  retrato  que  César  v  Tácito 
nos  han  legado  de  estos  pueblos,  re- 
cuerda á  los  naturales  de  la  América 
septentrional.  Julio  César  dio  la  pri- 
mera descripción  auténtica  del  país 
ue  nos  ocupa,  al  cual  se  trasladó, 
espués  de  la  conquistada  las  Gallas, 
sin  que  obtuviera  grandes  resultados. 
A  principios  del  siglo  v  abandonaron 
la  isla  las  legiones  romanas;  peroquer 
daron  sus  moradores  sujetos  á  las  co- 
rrerías de  los  pictosy  scotos  del  Norte, 
y  en  449  viéronse  obligados  á  recla- 
mar el  auiílio  de  los  pueblos  de  la 
baja  Sajonia,  denominados  anglt,  an^ 
glos  y  sajones,  los  cuales,  so  color  da 
iimigos  y  de  aliados,  arrojaron  á  los 

fiictüs  del  territorio,  y  haciendo  luego 
o  propio  con  los  bretones,  se  ajpodera* 
ron  del  país,  lo  dividieron  en  siete  pe- 
queños estados,  7  tomando  sus  respec- 
tivos jefes  el  título  de  rejr,  viéronse 
entonces  elevarse  otros  tantos  reinos, 
unidos  entre  sí  por  una  confederación 
politica, conocida  en  la  historia  con  la 
denominación  de  hepíarquia,  la  cual 
duró  hasta  principios  del  siglo  ix.  Por 
esta  época  (827),  tueron  reuuid'-S  esr 
tos  siete  reinos  en  uno  solo,  y  quedo 
fundada  la  monarquía  inglesa  baxo  el 
cetro  de  Egberto,  rey  de  Wessex,  el 
cual  dió  á  todo  el  territorio  que  abM- 
caban  sus  dominios^  el  nombre  de 
AngUhmi  (tierra  de  los  anglosjt 
donde  se  deriva  la  denominación  mo- 
derna Fngland,  que  tos  españoles  %Ür 
ducimos  por  iNQLATBftU.  Bratt  loStait 
glos  una  tribu  de  suevos,  pueblo  da 
raza  germánica;  habitaban  el  Schles- 
wig,  entre  el  li:ihico  y  el.  mar  del 
Norte;  se  establecieron  principalmen- 
te en  el  Nortbumberland,  que  com- 
prendía toda  la  parte  septentrional  del 
Humber  y  la  meridional  del  Jorth,  é 
importaron  de  la  Germaiiía  loa  priO" 
cipios  de  nrganizacion  social  y  políti- 
ca. Alfredo  el  Grande  intentó  en  vano 
introducir  luego  los  reglamentos  ad- 
ministrativos de  Larluiuagno,  sia  que 
sus  sucesores  alcanzaran  resultados 
mis  felices  en  su  oposición  con  el  es- 
píritu de  libertad  que  animaba  á  sus 
pueblos.  En  1014  fué  conquistada  por 
buenón,  rey  de  Dinamarca,  y  en  1066 
ciñó  la  corona  Guillermo  de  Norman- 
día,  llamado  el  Conquistador;  fijjí  1» 
divisiúu  geográfica  actual  y  fundó  el. 
¡  ftíudaIÍ3iiia,pii-j  sin  poder  destruir  I» 
1  antigua  base  de  la  orgauizaoión  so- 


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dil 


fiíat 


dil  «nglo-sajona,  qae  «un  subsistía 
en  al  espíritu  del  pueblo  iofi^lés.  Des- 
de el  año  1100,  Enrique  I,  hijo  de 
ute  dltímo  monmrct,  le  vid  forzado  á 
leeoDoeer  los  derechos  de  las  ciudades 
j  manicipios,  concediendo  á  sus  va- 
nllos  lm  Moffna  Cartay  primer  funda- 
mento déla  CoDstítación  iaglesa:  este 
pacto  político,  entre  el  pueblo  7  el  so- 
berano, reconocía  la  necesidad  de  una 
Asamblea  nacional,  el  derecho  exclu- 
sivo absoluto  de  autorizar  el  impues- 
to, la  garantía  del  juicio  (5  fallo  de  los 
pares  j  de  la  observancia  de  ciertas 
formas  leales  en  todo  procedimiento 
eñDunal.BBjo-la8  dinastías  de  los  sa- 
jones la  Asamblea  nacional,  óWiíen- 
agmaí,  se  componía  de  prelados,  de 
abades  ó  clérigos,  de  alderman  j  de 
jueces:  bajo  las  de  los  normandos,  U 
eonitituyeron  exclusivamente  los  je- 
fes de  fa  Iglesia  7  del  ejército.  Bn 
1215,  los  condados,  las  ciudades  y  los 
manicipios  arrancaron  á  Juan  ¡sin 
Tierra  una  nueva  confirmación  de  la 
Mi^M  Carta;  pero  este  monarca,  des- 
pués de  haberlo  prometido  á  los  baro- 
nes revoltosos,  se  hizo  relevar  de  su 
jaramento  pOT  el  Papa,  el  cual  declaró 
la  Caria  ilícita  é  inicua,  anulándola 
j  prohibiendo  su  observancia  bajo  pe- 
na dfl  excomunión.  Los  barones  enton- 
ces acudieron  á  las  armas  j  elevaron 
a]  trono  i  Enrique  III,  quien  confir- 
mólt  Mjigna  Cartas  en  Í2()5,eon gran- 
des modificaciones;  en  1272,  fue  san- 
cionada por  Eduardo,  7  los  miembros 
dtil  Parlamento  alcanzaron  una  sen- 
tencia de  excomunión  contra  quien 
quiera  que  violara  el  pacto  fundamen* 
tal.  Birece,  sin  embargo,  dice  un  his- 
toriador, que  estas  precauciones  no 
inspiraban  gran  confianza,  puesto  que 
el  Parlamento  exinó  repetidas  veces 
de  los  soberanos  ^e  Inolatb&ra  la 
ratificación  7  confirmación  de  aquel 
gran  código  político,  á  saber:  cuatro 
veres  ¿  Enrique  III,  quince  á  Eduar- 
do ni,  siete  á  Ricardo  ÍII,  seis  á  En- 
riqüe  IV,  T  una  á  Enrique  V.  Merced 
i  «sta  noble  7  valiente  perseverancia, 
quedó  establecido  el  principio  funda- 
mental de  la  Constitución  inglesa,  de 
que  «ningún  impuesto  sería  reclama- 
do sin  previo  consentimiento  del  co- 
mún consejo  del  reino.» 

34.  Dinoitlas. — Las  dinastías  que 
se  baii  sucedido  hasta  el  día  de  ho7 
en  l>oi,\TBRRA,  son  once:  las  de  los 
sajones  v  Plantagenets,  que  duraron 
de200  ó  250  años,  7  las  de  los  Tudors 
7  de  la  casa  de  Brunswick,  que  reina- 
ron durante  más  de  un  siglo.  Después 
de  la  dinastía  sajona,  la  de  los  Plan- 
tagenets ha  sido  la  que  ma7or  nú- 
mero de  re7es  ha  dado  á  Inolaterra. 
Durante  este  largo  período,  el  gobíer* 
no  ingléiexperimentó  profandos  cam- 
bios 7  grannes  vicisitudes.  Las  gue- 
rras sangrientas  7  luchas  civiles  que, 
desde  largo  tiempo,  venían  perturban* 
do  al  país,  llegaron  á  su  colmo  por  la 
competencia  de  las  casas  de  Láneaster 
7  de  York,  que  se  disputaban  la  coro- 
na eon  empefio,  dividiendo  i  la  na- 
ción an  los  dos  famosos  bandos  de  la 
nn  (¿san  7  la  rota  encarnada,  por  los 


íngl 

afios  de  1461;  Enrique  YIH  produjo 
un  cisma,  en  1534,  separándose  del 
gremio  de  la  Iglesia  romana:  su  hija 
Isabel  elevó  la  lHaLA.tBaBA  á  un  gra- 
do de  poder  extraordinario  é  hizo  im- 
portantes adquisiciones  en  Ultramar; 
pero  manchó  su  gloriosa  historia  7  su 
grande  genio,  haciendo  morir  en  un 
cadalso,  en  1587,  i  su  prima  María 
(Sstnardo,  reina  de  Escocia.  El  secreto 
del  gran  poder  de  Ihglaterev  no  er»- 
pezó  á  ser  conocido  hasta  el  reinado 
de  aquella  princesa.  Isabel  fué  llama- 
da al  trono  en  el  instante  mismo  en 
que  la  reforma  religiosa  arrastraba 
tras  sí  á  todos  los  espíritus;  se  puso 
al  frente  del  movimiento,  7  hábil  en 
sacar  todo  el  partido  posible  de  la 
Constitución  inglesa,  tuvo  el  singular 
talento,  el  raro  tino,  de  gobernar  des- 

{lóticamente  sin  herir  los  instintos  de 
a  nación.  Restableeid  el  poder  de  las 
lejes,  introdujo  el  orden  en  la  Hacien- 
da, diÓ  nuevo  impulso  al  comercio  7 
&  la  marina,  armó  una  flota  pan  que 
diese  la  vuelta  al  mundo,  envió  coló» 
nias  á  las  dos  Indias  7  echó  los  ci- 
mientos de  aquella  poderosa  compa- 
ñía comercial  que  conquistó  después 
todas  las  comarcas  que  fertilizan  el 
Ganges  7  el  Indo,  fundando  de  esta 
suerte  el  pueblo  más  rico  del  globo. 
Su  sucesor,  Jacobo  VI,  rev  de  Esco- 
cia, proclamado  soberano  de  Imql&tb- 
Ra&  bajo  el  nombre  de  Jaime  l,  re- 
unió las  dos  coronas  que  el  interés  co- 
mún debió  colocar,desdeIargo  tiempo, 
sobre  unas  mismas  sienes.  Bajo  el  ru- 
ñado de  este  príncipe  alcanzó  el  co- 
mercio exterior  un  alto  grado  de  pros- 
peridad; pero  la  paz  del  reino  serió 
turbada  por  una  profunda  revolución 
i  que  dieron  margen  la  debilidad  7 
tendencias  despóticas  de  su  hijo  Car- 
los I,  el  cual,  condenado  por  los  jueces 
partidarios  de  Gromwell,  fué  decapi- 
tado en  1619.  Con  el  dictado  de  pro- 
tector, gobernó Cromwell  el  reino,  bajo 
CU70  mando  adquirió  la  marina  ingle- 
sa un  poder  extraordinario,  que  será 
siempre  un  título  de  gloria  para  aquel 
astuto^  terriblehombrede  Estado.  Res- 
tablecida la  monarquía,  subió  al  trono 
Carlos  II,  quien,  sabiamente  aconse- 
jado por  Clárendon,  protegió  el  co- 
mercio-7  la  agricultura,  7  fundó  la 
Sociedad  Real  de  Londres;  pero  compro- 
metió luego  los  intereses  de  iNQLaTB- 
RRA,  uniéndose  á  Luis  XIV  para  des- 
truir el  poder  de  Holanda,  7  su  suce- 
sor, Jaime  II,  arrojado  del  trono  por 
la  doble  influencia  de  la  Iglesia  atigli- 
cnna  7  de  la  aristocracia,  vio  después 
decretada  la  corona  en  favor  de  su 
verno  Guillermo,  príncipe  de  Orange. 
El  Parlamento,  iastruído  por  la  ex- 
periencia del  pasado,  redactó  el  Mll^ 
ri^ht  ó  petición  de  derechas,  que  res- 
tringía el  poder  real  7  encargaba  á 
las  Cámaras  la  vigilancia  de  los  gas- 
tos públicos.  Durante  el  reinado  de 
A.na,  hija  de  Jaime  II,  Terranova,  la 
bahía  de  Hudson,  Menorca  7  Gibral- 
tar  fueron  reconocidas  como  posesio- 
nes inglesas.  Bn  1714,  eon  arreglo  al 
acta  de  sucesión,  la  casa  de  Brunswick 
suministró  á  la  Gran  Bretaña  una 


ítÍGL 


115 


nueva  dinastía.  Los  reinados  de  Jor- 
ge I  7  de  Jorge  II  tuvieron  que  lu- 
char oontra  las  usorpaciones  del  prín- 
cipe Carlos  Eduardo.  Elevado  al  trono 
Jorge  III,  en  1760,  firmó  en  1763  al 
tratftdo  que  aseguraba  &  Inoi^tb&ba 
el  Canadá,  la  isla  de  Francia,  el  cabo 
Bretón,  la  Dominica,  la  Granada,  Ta- 
bag).  San  Vicente  7  una  parte  del 
Senegal;  pero  estas  conquistas  habían 
agotado  el  Tesoro  público,  cu^a  deu- 
da llegó  ¿  elevarse  á  la  considerable 
suma  de  3.552.000.000  de  francos. 
Para  atender  al  pago  de  esta  enorme 
cantidad,  se  aumentaron  los  impues- 
tos, los  cuales  hirieron  de  una  mane- 
ra especial  ¿  las  colonias  de  la  Amé- 
rica del  Norte,  que,  hasta  entonces, 
habían  disfrutado  el  derecho  de  deter- 
minarlos en  sus  asambleas  provincia 
les.  Los  diputados  anglo-amsricanos 
rechazaron  el  impuesto  votado  por  el 
Parlamento  ingles,  7,  reunidos  en 
congreso  nacional,  publicaron  la  eile- 
bre  declaración  en  virtud  de  la  cual 
las  colonias  coaligadas  se  erigían  en 
Estados  libres  7  soberanos,  bajo  le 
denominación  de  los  Trece- Ettados- 
Unidos.  Mandados  por  Washington  7 
auxiliados  por  la  Francia,  consiguie- 
ron los  anglo-americanos  emanciparse 

fiara  siempre  del  7ugo  de  la  raetrópo- 
i.  Como  si  intentara  indemnizarse  de 
la  párdida  de  la  América  del  Norte, 
conquistó  la  iNOLaTERBa  la  mitad  de 
los  Estados  de  Tipoo-Saeb,  en  la  In- 
dia, 7  echó  de  este  modo  los  funda- 
mentos de  la  m&s  rica  de  las  siete  co- 
lonias. Bn  el  interior,  la  tolerancia  re- 
ligiosa hizo  grandes  progresos;  el  de- 
recho de  los  jurados,  en  nuteria 
criminal,  quedó  establecido,  7  la  abo- 
lición de  la  esclavitud  proclamada. 
Cuando  estalló  la  revolución  francesa, 
sus  principios  fueron  acogidos  con 
verdadero  entusiasmo  en  las  reuniones 
políticas;  pero  el  partido  tory,  recupe- 
rando en  el  acto  todo  su  imperto,  or- 
ganizó contra  la  Francia,  en  1793,  la 
primera  coalición,  terminada  por  el 
tratado  de  Amiéns,  en  1802.  Una  nue- 
va coaliciin,  llevada  á  cabo  en  1805, 
bajo  los  auspicios  de  lN0LATd8RA,díó 
por  resultado  la  caída  del  imperio 
francés  7  el  restablecimiento  de  la 
casa  de  tíorbón. 

$7.  Sesnmen  Aistdrico, — El  fenda- 
lismo  duró  en  iNeLATSRRA  desde  1066 
á  1485,  ba^o  los  rciinados  de  veintitrés 
re7es;  el  despotismo,  desde  1485  i 
1641,  bajo  el  mando  de  siete  monar- 
cas; la  república  7  el  protectorado, 
desde  1641  á  1660,  y  el  gobierno  re- 
presentativo, desde  1668  hasta  nues- 
tros días. —He  aquí  ahora  el  cuadro 
de  los  soberanos  que  han  reinado  en 
la  Gran  Bretaña,  desde  la  invasión 
normanda:  Guillermo  el  Conquistador 
I  subió  al  trono  en  1066;  Guillermo  II, 
!en  1087;  Enrique  I,  en  1100;  Bste- 
¡ban,  en  1135;  Enrique  11,  en  1154; 
Ricardol,  en  1189;  Juan  sin  Tierra, 
en  1199;  Enrique  III,  en  1216;  Eduar- 
do I,  en  1272;  Eduardo  II.  en  1307; 
Eduardo  III,  en  1327;  Ricardo  II, 
¡en  1377;  Enrique  IV,  en  1399;  Eori- 
I  que  V,  en  1413;  Enrique  VI,  en  1422; 


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Il6  iMí 


Bdoardo  IV,  en  1461;  Eduardo  V, 
en  1483;  Ricardo  Til,  en  1483;  Bnri- 
quo  VII,  en  1485;  Bnriquo  VIII,  en 
1509;  Bduardo  VI,  en  1547;  U  reina 
María,  en  1553;  Isabel,  en  1558;  Jaco 
bo  I,  en  1603;  Carlos  I,  en  1625;  repú- 
blica 7  protectorado  de  Cromwell, 
desde  1641  á  1660;  Carlos  II,  en  1660; 
Jaime  II,  en  1685;  Quillermo  III 7 
María  11,  en  1689;  la  reina  Ana,  en 
1702;  Jorge  I.  en  1714;  Jorge  II,  en 
1727;  Jorge  III,  en  17fi0;  Jorge  IV,  en 
1820;  Guillermo  IV,  en  1830;  en 
1837,  Victoria  I,  y  en  1901,  Eduardo 
VII,  que  actualmente  reina. 

36.  Btnografia,  —  La  palabra  in~ 
gíé»  recuerda  uno  de  los  pueblos  más 
grandes  del  mundo,  j  Tiene  ¿  ser 
como  siaÓDÍma  de  nacionalidad,  de 
actividad  mercantil,  de  industria,  de 
riqueza  j  de  Estuosidad.  Estudiada 
etnográñcamente,  la  nación  ingle- 
sa se  halla  muj  lejos  de  ofrecer  la 
homogeneidad  de  raza  que  i  prime- 
ra vista  presenta.  Los  deaeenaiflntes 
da  los  antiguos  anglot  j  tajonet,  es 
decir,  de  los  ingleses  de  pura  raza, 
forman  una  fomuia  tan  bien  propor- 
cionada como  vigorosa.  Los  galos, 

3ue  habitaban  la  comarca,  á  la  cual 
ieron  su  nombro,  han  conservado, 
sin  mezcla  alguna,  el  tipo  bretm: 
son  menos  rudos  j  francos  que  los 
descendientes  de  los  anglos;  pero 
más  afables  j  muj  corteses  con  los 
extranjeros.  Bstos  tipos,  estas  di- 
versidades de  razas,  tienden  á  per- 
derse, 6  mejor  dicho,  á  confundirse 
en  la  gran  nacionalidad  inglesa.  Con 
tod^i  en  el  suelo  británico,  más  que 
en  ninguna  otra  comarca  de  Buru- 
pa,  las  tradiciones  se  hallan  pro- 
fundamente arraigadas;  las  coatum- 
.  bres  tienen  allí  fuerza  da  lev,  j  un 
hombre  de  Bstado,  sea  cual  fuese  su 
influencia,  no  osa  jamás  atacar  de 
frente  los  usos  de  tos  tiempos  aoti- 

?^uos.  A  principios  de  esta  siglo,  un 
amoso  escritor  francés ,  Cn&teau- 
briaad,  trazó,  en  su  Genio  del  C'risiia- 
nismo^  el  siguiente  retrato:  «El  pue- 
blo inglés,  mezcla  de  sangre  alemana 
j  de  sangre  francesa,  descubre  por 
todos  conceptos  su  doble  origen.  Su 
gobierno,  formado  de  trono  7  aristo- 
cracia; su  religión,  menos  pomposa 
qiie  la  católica,  j  más  brillante  que 
la  luterana;  su  soldado,  tardo  j  acti- 
vo á  la  vez;  su  literatura  j  sus  artes, 
su  lengua,  sua  ímpetus,  y  hasta  las 
formas  de  su  cuerpo,  todo,  en  fin, 
participa  de  los  dos  orígenes  de  que 
procede.  A  la  sencillez,  á  la  calma,  al 
-  buen  sentido,  á  la  lentitud  germáni- 
ca, reúne  la  brillantez,  la  ira,  la  sin- 
razón, la  vivacidad  y  la  elegancia  del 
carácter  francés.  Los  ingleses  tienen 
el  espíritu  público:  los  franceses,  el 
.  honor  nacional.»  Los  hombres  j  las 
cosas,  añade  otro  escritor  francés,  han 
cambiado  mucho  desde  entonces:  en 
.  nuestros  días,  la  cualidad  más  domi- 
nante del  carácter  inglés  es  ese  orgu- 
llo indomable  que  le  arrastra  á  aco- 
,  meter  las  empresas  más  difíciles. 
cBste  pueblo  se  considera  superior  eu 
todo  á  las  demás  razas  que  pueblan  la 


tlem.  Guando  dice:  tov  inffl^,  cree 
haber  dicho:  csojr  todo  ío  que  se  pue- 
de ser  en  esta  mundo.»  Afladamos, 
empero,  que  las  costumbres  inglesas 
van  despoj  indose  paulatinamente  de 
su  repugnante  exclusivismo  j  que,  si 
se  encuentran  todavía  an  Inolateru 
U  gravedad  j  la  flema  tradicionales, 
se  observa  también  al  miamo  tiempo 
una  marcadísima  tendencia  hacia  el 
nuevo  espíritu  de  sociabilidad;  aun- 
que el  carácter  nacional,  absorto  en 
sí  mismo,  se  resista  aún  al  senti- 
miento de  efusión  humana.  Desde 
tos  comienzos  del  presente  siglo,  el 
inglés  ha  viajado  mucho  por  el  conti- 
nente, de  tal  modo,  que  así  se  le 
halla  en  los  Alpes  7  en  los  Piri- 
neos, como  en  las  alturas  del  Tibet  jr 
del  Himala^ra.  Franco  jr  leal,  poco 
exigente  bajo  el  pimto  de  vista  de 
Xas  cumplimientos,  el  inglés  ha  veni- 
do á  hacerse  un  huésped  bastante 
cimodo,  por  consecuencia  de  su  con- 
tacto con  loapuebloi  del  continente,  j, 
sobre  todo,  del  francés.  Pero  no  es  en 
el  extranjero  donde  hajr  que  estudiar 
el  carácter,  las  costumbres,  los  hábi- 
tos, el  tipo  de  una  nación:  dibujemos, 
pues,  con  el  citado  autor,  el  retrato  del 
loglés  en  sí,  en  su  ciudad  de  Londres, 
en  sus  condados,  en  sus  ciudades,  en 
sus  villas,  en  sus  cortijos. — La  socie- 
dad inglesa,  asentada  todavía  sobre 
la  base  del  feudalismo,  presenta  tres 
categjrías  diferentes:  la  aristocracia, 
el  estado  burgués  ó  clase  media  j  el 
pueblo.  La  aristocracia  goza  todavía 
de  una  parte  de  tos  privilegios  de  la 
Edad  mediajcasitodossuslorestieneD 
la  pretensién  de  descender  de  los  gen- 
tilnombres  norraandoi  que  acompa- 
fiaron  á  Ouillermo  el  Vonquittadm'^ 
T  no  obstante,  según  algunos  genea- 
íogistas,  es  muj  dudoso  que  lord  John 
Bussell  mismo,  ese -Mootmorencj  de 
Inoljltbrba,  descienda  de  los  Rous- 
sel  normandos.  Bjran,  el  gran  poeta 
Byron,  decía  también  con  orgullo  que 
sus  antepasados  pertenecían  á  la  raza 
conquistadora.  Sin  descender  á  ínves* 
tigar  et  fundamento  de  estas  roman- 
cescas pretensiones,  diremos  solamen- 
te que  la  ma^or  parte  de  los  lores  in- 
gleses descienden  de  comerciantes,  de 
industriales  ennoblecidos,  sin  contar 
que  algunos  son  hijo»  de  <w«  ohrdt. 
Hoberto  Peel  ^  lord  Brou^ham  se  han 
creado  á  sí  mismos  sus  títulos  nobi- 
liarios. La  nobleza  inglesa  ha  tenido 
siempre  el  buen  talento  de  red  uta  r 
entre  las  capacidades  v  celebridades 
del  estado  burgués.  Tan  luego  como 
un  industrial,  UA  mercader,  un  abo- 
gado ó  un  médico  ha  adquirido  bas- 
tante fortuna  para  comprar  una  villa^ 
es  decir,  para  nacerse  elegir  miembro 
de  la  Cámara  de  los  Comunes,  toma 
asiento  en  et  Parlamento;  r  si  llega  á 
ser  un  buen  orador,  un  nombre  de 
Bstado  distinguido,  bien  pronto  se  le 
concede  un  escudo  de  armas  j  un  bla- 
són, j  al  hacer  su  entrada  en  el  mun- 
do aristocrático,  se  le  recibe  como  si 
realmente  descendiera  del  mismo  Gui- 
llermo el  £7oN^iMite</ar.  Los  lores  son 
los  hacendados,  los  enfiteutas,  esto  es, 


los  señores  dil  suelo  naeioni!,  jr  tet|< 
ben  el  sudor  j  la  sangre  de  las  vast^ 
líos,  mientras  que  los  lores  eclesiásti- 
cos reciben  el  diezmo.  Puede  afírIaa^ 
se  qiie  las  excesivas  riquezas  del  clero 
anglicano,  como  las  excesivas  de  la 
aristocracia  británica,  han  de  ser  ta 
causa  infalible  de  la  común  ruina.  El 
sistema  que  pone  en  manos  de  veinte 
señores  feudales  el  terreno  dé  la  in- 
inensa  ciudad  de  Londres,  no  tiene 
títulos  para  ser  más  estable  que  el  sis- 
tema de  la  usurpación.  Lo  cierto  ei 
que,  según  dice  la  historia  de  todos 
los  pueblos,  una  riqueza  tan  fastuosa, 
una  opulencia  tan  desmedida,  es  el 
enemigj  más  formidable  de'los  hom- 
bres. La  clase  media  inglesa  es,  ante 
todo,  comerciante  é  industrial:  sejMi- 
rada  de.la  aristocracia  por  una  linea 
de  demarcación  hasta  hoy  infranquea- 
ble, se  ha  mostrado  en  todo  tiempo 
favorable  á  los  movimientos  populares  ! 
que  han  estallado  en  las  naciones  ve- 
cinas. La  Cámara  de  los  CoiQunes,  eo 
la  cual  toman  asiento  sus  representan- 
tes directos,  es  el  centro,  el  foco  re^l  I 
del  gobierno,  del  poder,  de  la  nació-  j 
nalidad:  en  esta  Cámara  es  donde  se  I 
han  formado  todas  las  celebridades 
políticas  y  hombres  de  Bstado,  á  quie- 
nes debe  Inolatsrra  sus  libertades 
constitucionales.  El  pueblo,  es  decir, 
la  clase  obrera  de  las  ciudades  j  de 
los  campis  goza  de  toda  la  pleoitud 
de  la  libertad  individual:  la  lej  le  ! 
protege,  como  a  los  lores  j  i  los  bor- 

f'ueses;  pero  estas  dos  últimas  clases  i 
e  tratan  con  cierto  desdén,  el  cual  ha  ¡ 
inspirado  á  un  viajero  francés  las  si-  ! 
guientes  frases:  «en  iMaLATaBsá,  el  ! 
obrero  está  mejor  retribuido;  enFrsn- 
cia,  más  considerado^»  T  »  \ 

efecto:  en  Ihola.tbrba,  el  precio  de 
los  salarios  es  más  elevado  que  en 
Francia;  pero  el  obrero  se  halla,  en 
cierto  modo,  reducido  al  estado  de 
paria  indio;  la'  sociedad,  con  asegu- 
rarle el  precio  de  su  trabajo,  cree  ha-  I 
ber  cumplido  todos  sus  deberes.  Así  1 
ae  ve  el  aspecto  triste  y  desconsola 
dor  que  ofrecen  las  calles  de  M^n- 
chestec,  de  Bírmingham  y  aun  de 
Londres,  cuando  las  fábricas  arrojan 
aquellas  oleadas  de  millares  de  obre- 
ros sucios,  andrajosos,  embrutecidos 
por  el  abuso  de  los  licores  fuertes. 
Debemos  hacer  constar,' sin  embar- 

fo,  la  solicitud  con  que  el  Gobierno 
a  procurado  en  todo  tiempo  mejo- 
jrar la  existencia  material  de  los  arte- 
sanos, y  así  sucede  4^ue  casi  todos  los 
artículos  que  constituyen  el  prin- 
cipal alimento  de  las  clases  popu- 
lares se  hallan  exentos  de  pago  de 
derechos.  La  aristocracia  inglesa  quie- 
re, ante  todo,  que  el  trabajador  ett' 
alimentado,  pero  nada  máf.  La  bes- 
tía  de  carga  debe  tener  fuerza  para 
trabajar,  llevando  á  la  casa  del  amo 
su  utilidad  y  su  jgranjeria.  Quien  no 
ve  el  peligro  de  este  régimen,  está 
ciego,  porque  es  claro  que  llegará  una 
hora  en  que  la  bestia  conocerá  que  es 
hombre  Tarrojarálacarga.~ElingIés, 
observado  y  estudiado  en  el  hogar  do- 
méstico, en  la  familia,  presenta  tam- 


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INGL  117 


Uén  nh  tipo  7  un  carácter  que  le  «olí 
|>ropios.  Él  derecho  de  primogenítura 
existe  allí  en  todft  su  extensión;  U  pro- 
piednd  es  en  a1p<in  modo  inalienable; 
desuert«  que,  para  comprar  una  tierra . 
es  necesario  comprar  también  el  título 
á  la  cual  va  casi  siempre  unido.  Si  un 
lord  ó  un  opulento  Hacendado  tiene 
hijos  varones,  así  que  éstos  van  eum- 

filiendo  la  edad  de  2l  años,  los  llama  j 
ES  dice:  «Tú,  que  eres  el  priningénito, 
heredarás  mis  títulos  y  todo  lo  que  jo 
poseo,  así  lo  quiere  la  le^  inglesa;  tú,- 
que  eres  el  segundo,  seras  militar,  jo 
te  compraré  un  grado  en  el  ejército; 
tá,  que  erM  el  menor,  irás  á  Calcuta 
ó  i  otra  poseslén  británica,  yo  te  daré 
Qoa  pacotilla,  harás  tus  negocios,  te 
enriquecerás,  regresarás  á  lüaLATB- 
SBA.  a  los  40  años,  comprarás  entonces 
un  títnlo  é  irás  á  sentarte  en  la  Gáma> 
ra  de  los  Lores,  al  lado  de  tu  hermano 
májor. »  En  cuanto  á  las  jóvenes,  si  no 
encuentran  un  esposo,  no  sólo  rico, 
tino  con  títulos,  no  les  queda  otro  re- 
fugio que  los  conventos  o  monasterios, 
á  menos  que  no  prefieran  envejecer, 
Injo  el  nombre  terrible  de  ílas^  eo  la 
casa  paterna.  Y  he  aquí  llegada  la 
ocasión  de  decir  algunas  palabras  so- 
bre la  condición  déla  mujer  en  Ih- 
ouTBBBA,  7  de  destruir  algunos 
errores  tan  grandes  como  inveterados. 
Créese  generalmente  que  en  la  fami- 
lia inglesa  la  mujer  desempeña  un 
papel  seeondario,  y  no  es  cierto.  En 
ningpán  país  del  mundo  se  encuentra 
la  posición  de  la  mujer  mejor  deter- 
minada, más  claramente  dennida,  que 
entre  los  ingleses.  La  madre  de  fami- 
lia, ya  sea  noble,  ya  burguesa,  no  se 
ocupa  más  que  de  los  cuidados  del 
interior,  mientras  que  el  marido  le 
ahorra  los  quehaceres  de  los  negocios 
de  faera,  j  jamás  le  comunica  el  me- 
nor detalle  sobre  este  punto.  La  mu- 
jer, por  su  parte,  educada  según  la 
tradición  nacional,  no  pregunta  nun- 
ca nada  sobre  aquellas  cosas  que 
deben  serle  extrañas.  >Si  es  bastante 
rica,  ni  aun  se  ocupa  del  interior,  de- 

Í'indo  este  cuidado  á  una  ama  de  go- 
liemo.  En  cuanto  á  la  influencia  mo- 
ral que  ejerce,  es  tanta  ó  quizás  me- 
jor que  en  otros-  países  de  Europa, 
ta  donde  las  obligaciones  de  la  madre 
de  familia  están  incontestablemen- 
te mal  definidas,  j  en  donde  se  la 
ve  constantemente  mezclada  en  los 
asuntos  comerciales  ú  otras  ocupacio- 
nes, sin  tener  asignado  en  la  sociedad 
un  oficio  concreto.  La  ventaja,  por  lo 
tanto,  se  encuentra  desde  luego  de 
parte  de  la  madre  de  familia  inglesa, 
it  cual  no  ha  conocido  nunca  las  diñ- 
eultades  é  inconvenientes  que  ofrece 
la  vida  pública.  Se  dice  también  que 
cada  &milia  inglesa  viva  en  el  más 
eoapleto. aislamiento,  retirada  en  sí 
-misma  como  en  una  fortaleza:  en  efec- 
to, las  reaniones  son  raras  en  aquel 
país,  á  menos  que  no  tengan  un  ob- 
jeto político,  j  aun  en  estos  casos  ex- 
-ttpeionales,  no  se  mueven  los  ele- 
mentos de  la  vida  pública  como  se 
'úaaven  j  se  combinan  en  otras  par- 
ta.-.En  J.848,.ie  insurreccionó  el  pue- 


blo de  Londres;  millares  da  obreros, 
reunidos  en  uno  de  los  barrios  de 
aquella  populosa  capital,  amenazaban 
atentar  seriamente  contraía  seguridad 
pública;  pero  así  que  los  relojes  de 
Londres  aieron  las  seis  de  la  tarde, 
toda  aquella  enfurecida  muchedumbre 
se  dispersó  como  por  encanto.  ¿Qué 
era.  pues,  lo  que  allí  había  ocurrido' 
¿Habían  recibido  los  grupos  alguna 
carga  de  los  horsegaard$  (guardias  de 
á-cabailo)?  Nada  de  eso;  era  la  hora  da 
tomar  el  te,  j  el  obrero,  rutinario  por 
carácter  j  esclavo  de  las  necesidades 
materiales,  había  ido  á  encerrarse  en 
las  tabernas,  olvidándose  por  completo 
del  objeto  del  motín.  Es  esencialmen- 
te positivo  el  profundo,  el  religioso 
respeto  que  el  pueblo  inglés  pro»sa  á 
la  lej;  la  vara  negra  de  un  jefe  de  po- 
licía basta  para  disolver  un  grupo,  y 
no  se  ha  oído  jamás  que  haja  habido 
quien  se  resistiera  al  mandamiento 
ae  aquel  humilde  magistrado.  Pero  es 
preciso  que  los  legisladores  y  las  per- 
sonas encargadas  de  la  ejecución  de 
las  lejes  permanezcan  fieles  .al  culto 
de  la  tradición,  aun  á  las  costumbres 
más  vulgares.  Así  el  lord  canciller 
sería  considerado conio  un  profano,  si, 
en  el  ejercicio  de  sus  funciones,  no 
llevara  puesta  la  peluca  tradicional 
que,  por  sí  sola,  eonstituje  la  mitad, 
cuando  menos,  de  su  autoridad  origi- 
naria. Los  jueces  j  los  abogados  no 
ejercen  sin  peluca:  será  niuj  grotesco; 
pero  la  tradición  queda.de  esta  suerte 
mantenida  en  toda  su  fuerza,  j  en 
iNQLATsaRA  ha  reinado  siempre  de 
una  manera  tan  despótica  y  absoluta, 
que,  en  nuestros  días,  los  nombres  de 
Estado  se  ven  obligados  á  invocarla 
para  obtener  las  reformas  más  útiles 
y  necesarias.  Eso  que  se  ha  convenido 
en  llamar  el  de  corum,  ejerce  también 
una  grande  influencia  sobre  la  socie- 
dad inglesa.  Cuando  los  ingleses  han 
evitado  el  shocking  (chocante)  creen 
hallarse  á  cubierto  de  toda  tacha,  por- 
que el  thocking  sirve  j^ara  expresar 
todo  lo  que  podría  henr  las  conve- 
niencias sociales,  lo  que  nosotros  lla- 
mamos el  ridicuku  La  mujer  inglesa, 
además  de  sos  cualidades  físicas,  que 
son  excelentes,  es  buena,  afectuosa, 
caritativa,  y,  después  de  la  francesa, 
la  más  afable  del  universo.— El  inglés 
es  alto,  delgado,  rubio,  inteligente,  sa- 

faz,  valeroso,  idólatra  de  su  indepen- 
encia  y  amante  de  su  tradición:  orgu- 
lloso de  sus  instituciones  liberales,  no 
estima  más  que  aquello  que  pertenece 
á  su  patria.  Un  embajador  extranjero 
decía:  cen  todas  partes,  la  pobreza  es 
una  desgracia;  en  iN'QLATSREtA,  un 
crimen.^  No  haj  .país  en  el  mundo  en 
donde  menos  rubor  cause  el  pedir  j 
recibir  dinero.  La  seriedad  flemática 
^ujB,  generalmente,  caracteriza  á  los 
■ingleses,  hace  que  se  les  juzgue  mal 
á  primera  yista;  pero  cuando  conceden 
su  amistad,  lo  hacen  sin  reserva  j  sin 
.dolo.  La  piitria  y  la  familia  absorben 
por  completo  todas  ^us  afecciones: 
íiaj  en  el  fondo  da  su  carácter  una 
extraña  mezcla  de  generosidad,  hu- 
manidad, codicia  j  egoísmo.  Como 


eosmopolitarj  pródigos,  raeorren  to- 
das las  reptónos  del  globo  buscando 
un  remedio  contra  el  $ple€»  ó  melan- 
colía negra  q^ue  los  devora,  causa  de 

tantos  suicidios.  Las  clases  inferiores 
se  entregan  á  la  bebida,  y  el  número 
de  los  criminales  condenados  es  me- 
jor en  lNai.A.TBRBA.  que  en  ningún 
otro  de  los  Estados  de  Europa.  La 
gravedad  j  el  desdén  nacionales  tien- 
den á  desaparecer,  de  algún  tiempo  á 
esta  parte;  el  Gobierno  mismo,  sepa- 
rándose de  la  senda  del  aislamiento  j 
del  exclusivismo,  procura  acortar  las 
distancias  que  separan  á  los  pueblos, 
favoreciendo  con  su  poderosa  influen- 
cia y  eficaz  iniciativa  las  relaciones 
internacionales.  En  efecto;  en  1851 
dió  de  ello  noble  ejemplo  á  todos  los 
países  de  la  tierra,  abriendo  an  gran 
concurso  á  las  artes,  á  la  industria,  á 
todas  las  prodnccíonesdelgeniohuma- 
no;  espectáculo  verdaderamente  gran- 
dioso que  constituye  uno  de  sus  mejo- 
res timbres,  y  que  ba  sido  más  tarde 
dignamente  imitado  por  otras  nacio- 
nes; luchas  magníficas,  en  que  ven- 
cedores y  vencidos  pueden  estrecharse 
fraternalmente  las  manos;  santas  vic- 
torias que,  sin  costar  una  lágrima, 
sin  derramar  una  sola  gota  de  san- 
gre, han  inaugurado  la  nueva  era 
de  la  fraternidad  de  los  pueblos.  Pero 
el  organismo  interior  de  la^  familia 
inglesa  exige  de  nosotros  una  palabra 
mas. 

.  37.  Vida  ÍHíma. — Por  lo  qnese  re- 
fiere  á  la  vida  íntima  de  las  clases 

acomodadas,  puede  decirse  que  el  in- 
glés ha  copiado  su  vida  del  árabe, 
raza  única  en  materia  de  procurarse 
goces,  mi  matrimonio  en  Inqlxtbbba. 
no  se  junta  jamás  en  una  misma  es- 
tancia y  en  un  mismo  lecho,  sino  para 
loa  fines  del  amor.  Fuera  de  dichos 
casos,  vive  en  habitaciones  inmedia- 
tas, pero  distintas,  cuja  separación 
conviene  á  la  salud,  á  las  aficiones,  á 
los  hábitos  ó  á  los  achaques  de  cada 
uno,  evitando  así  la  presencia  de  cier- 
tos hechos  de  la  vida  real.  Podrá  de- 
cirse que  tales  hechos  son  naturales, 
pero  nadie  ignora  que  la  naturaleza 
tiene  inconvenientes,  que  son  contra- 
rios á  las  fantasías  de  un  deseo  amo- 
roso, porque  no  hay  nada  tan  fantás- 
tico como  las  aprensiones  del  deseo. 
^.Cuántas  y  cuántas  veces  no  consiste 
nuestra  felicidad  en  una  aprensión? 
El  matrimonio  no  ve  allí  lo  que  no  de- 
bería ver  ningún  matrimonio,  ni  oye 
tampoco  lo  que  un  matrimonio  no 
debe  oir.  Bí  evidente  que  en  la  vida 
íntima  del  hombre  j  la  mujer,  haj 
muchas  cosas  que  deben  dejarse  al  fe- 
liz secreto  de  la  ignorancia,  y  esta  dis- 
creción no  es  posible  sino  en  el  siste- 
ma de  los  árabes,  que  es  el  sistema  de 
los  ingleses.  La  inglesa  ae  levanta  por 
la  mafinna  y  se  encierra  en  sn  tocador, 
en  donde  el  marido  no  puede  entrar 
sin  permiso  de  su  mujer.  Los  ingleses 
ven  á  sus  esposas  cuando  ya  están  ade- 
rezadas, pudiendo  conservar  indefini- 
damente la  virginidad  de  sus  ilusio- 
nes, por  lo  cual  se  ha  dicho  con  razón 
que  «las  inglesas  no  dejan  nunca  da 


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imt 


ser  iiOTÍas.>  Respecto  de  lo  que  fue«> 
de  eo  otros  países,  no  es  necesario  ha- 
blar. Un  hombre  se  casa  eon  una  mu* 
jer,  qae  él  llama  un  ángel,  j  acaso 
acontece  que  el  áneel  amanece  con  un 
párpado  legañoso,  naciendo  caso  omi- 
so ae  ciertas  flaquezas  y  hasta  de  cie^ 
tas  liTÍandades  de  tempenmento,  por- 
que «1  temperamento  de  cada  cual  tie- 
ne también  sus  lÍTÍandades.  A.quella 
mujer  será  tan  án^l  j  tan  deidad 
como  sn  esposo  quiera;  pero  es  algo 
raro  ver  á  una  deidad  con  légañas. 
¡Cuántos  maridos  no  están  hastiados 
de  sus  mujeres  al  octaro  día  del  casa- 
miento! ¡Cuántas  mujeres  no  están 
hastiadas  de  sus  maridos  al  tercer  día 
de  su  matrimonio!  La  situación  de  di- 
chos casados  es  la  siguiente:  la  des- 
ventura, si  se  toleran;  el  divorcio,  si 
no  se  sufren;  el  euTenenamiento  j  el 
asesinato,  si  acuden  al  crimen.  La 
eonstitneidn  interior  de  la  familia  en 
Inolatbru,  el  régimen,  doméstico, 
tiene  muchas  ventajas:  1.',  la  salubri- 
dad j  la  higiene  del  matrimonio;  2.*, 
el  decoro  j  la  libertad  de  la  mujer; 
3.*,  la  independencia  j  la  comodidad 
del  hombre;  4.*,  el  menor  número  de 
divorcios  j  de  delitos;  5.%  el  mejora- 
miento de  la  raza,  en  virtud  de  una 
idealidad  que  no  puede  explicarse, 
pero  qne  existe  realmente  en  la  meta> 
física  misteriosa  de  la  imaginación  v 
del  sentimiento.  No  se  sabe  el  por  que, 
pero  la  alegría,  la  felicidad  j  el  amor 
de  los  padres  aparecen  en  la  genera- 
ción de  los  hijos.  Puede  asegurarse 

3ue  el  sistema  interior  de  la  casa  in- 
emniza  al  inglés  ea  cierta  manera 
de  las  enormes  monstruosidades  del 
orden  civil,  no  menos  que  de  los  aza- 
res de  nna  política  excesivamente  na- 
cional, apasionada,  peligrosa,  fantas- 
ma terrible  de  lo  futuro. 

Ingle.  Femenino.  La  parte  del 
cuerpo  en  que  se  juntan  los  muslos 
con  el  vientre. 

EtiuoloqÍa.  Sánscrito  anji,  las 
partes  púdicas:  latín,  tTi^uen,  las  par- 
tes naturales  y  la  ingle;  italiano,  in- 
ffuine;  francés,  ain^ (forma  que  aparece 
en  el  siglo  xu,  Job,  444);  walón,  ine, 
emez;  provenzal,  lengw;  esto  es,  l'en- 

Sentido  etimolóúico. — La  significa- 
ción de  iNOLB  es  la  de  pirtes  puden- 
das, así  en  sánscrito  como  en  latfa. 

bkglés,  sa.  A.djetivo.  El  natural  de 
lujglaterra  y  lo  perteneciente  á  aquel 
reino.  Se  usa  también  como  sustanti- 
vo. Q  Masculino.  El  idioma  inglés.  |¡ 
A  LA.  INGLESA.  Modo  adverbial.  Al  uso 
de  Inglaterra.  ||  Un  inglés.  Metáfora 
familiar,  ün  acreedor.  Mi  ixoLrts.Mis 
INGLESES.  Mi  acreedor,  mis  acreedo- 
res. Q  Estar  llbno  db  inolbsbs.  Lo- 
cución familiar.  Estar  lleno  de  dea- 
das. 

ETiifOLoafA.  Catalán  ingles^  a:  fran- 
cés, anglaxs;  italiano,  inglese,  de  An- 
ffies  6  Anales,  nombre  de  un  pueblo 

3ue  ocupaba  lo  que  es  hoj  el  ducado 
e  Mecklemburgt),  el  cnal  dió  nombre 
á  la  Inglaterra. 
^  Inglés  (Jorqe).  Pintor  español  del 
ligio  XV.  Se  distinguió  en  los  cuadros 


de  historia  jen  los  retratos.  Sus  prin- 
cipales obras  son:  los  retratot  del  mar' 
quét  de  Santilltma  ^  dttn  ^tpota,  y  el 
retablo  mayor  d«  U  iglesia  del  hospital 
de  fiuitrago. 

Inglés. (José).  Pintor  español,  dis- 
cípulo de  Richarte,  qne  nació  en  Va- 
hneia  en  1718  t  murid  en  1786.  Fué 
subdirector  de  la  Academia  de  Valen- 
cia, y  dejó  en  aquella  ciudad  algunos 
cuadros  de  mérito,  como  son:  La  yir- 
gen  de  los  Desamparados  y  /vuestra  Se~ 
ñora  del  Rosario. 

Inglesismo.  Masculino.  Defecto 
que  consiste  en  emplear  en  el  lengua- 
je voces  ó  construcciones  propias  de  la 
lengua  inglesa. 

Inglete.  Masculino.  La  linea  obli- 
cua del  cartabón  que  corta  en  dos  án- 
gulos iguales  el  recto. 

ErniOLoaÍA.  IngUt  por  semejanza 
de  forma. 

In  globo.  Loeueidn  adverbial,  pu- 
ramente latina,  pero  admitida  y  asa- 
da en  todas  las  lengnas  romances, 
qne  significa  en  glewt  en  masa,  en 
conjunto. 

Inglomania.  Femenino.  Pasión 
por  todas  las  cosas  inglesas. 

Inglorioso,  «a.  Adjetivo.  No  glo- 
riosa 

Etimolooía.  In  privativo  j^Íor»'Wo; 
latín,  iji^loriósus,  que  vive  sin  gloria; 
francés,  inglorieux,  siglo  xiv. 

Inglosable.  Adjetivo.  Loque  no  se 
puede  glosar. 

EriuOLOofA.  ín  privativo  y  glosable: 
catalán,  iníflosable* 

Ingluvies.  Masculino.  Zooiofilm. 
Parte  del  cuerpo  de  los  mamíferos 
comprendida  entre  las  ramas  de  la 
mandíbula  y  la  cima  de  la  laringe. 

Etiuolooía.  Latin  wgUvíett  ba- 
che de  las  aves,  en  Colnmela;  estó- 
mago, en  Apulejo;  de  in,  en,  dentro, 
y  gula,  garganta.  (Db  Mioubl  j  Mo- 

BANTS.) 

Ingobernable.  Adjetivo.  Que  no 
puede  gobernarse.  |  Metifon.  Indó- 
cil. 

EtiiiolooÍa.  In  privativo  y  gober- 
nable: catalán,  ingobernable;  francés, 
ingonternabU, 

Ingoña.  Femenino.  Especie  de 
bebida  muj  agradable  fabricada  con 
el  zumo  de  una  fruta,  en  Senegam- 
bta. 

Ingradnable.  Adjetivo.  Que  no 
puede  graduarse. 

E-mcoLOOÍA.  In  privativo  ygradna- 
ble:  catnlÁn,  ingradnable, 

Ingraduadamente.  Adverbio  de 
modo.  Sin  graduación. 

EtiuolgoÍa.  Ingradnada  y  el  sufijo 
adverbial  mente, 

Ingradnado,  da.  Adjetivo.  Qae  no 
está  graduado. 

Ingramatical.  .\djetivo.  Que  no  ae 
acomoda  á  las  reglas  gramaticales. 

EmiOLOofA.  Jn  privativo  ygramati' 
cal:  francés,  ingrammatiüaL 

Ingramaticalmente.  Adverbio  de 
modo.  De  una  manera  ingramatical. 

Etiuología.  Ingramatical  y  el  sufi- 
jo adverbial  mente. 

Ingratamente.  Adverbio  de  mo- 
do. Con  ingratitud. 


BrmoLOoU.  Ingrata  y  -el  sufijo  aá- 
verbial  mente:  catalAn,  ingraíament; 
francés,  ti^ralment;  italiano,  tiyrs- 
tameníe;  latín,  ingriti,  sin  gracia,  sÍB 

glasto. 

Ingratisimamente.  Adverbio  de 
modo  superlativo  de  ingratamente. 

Ingratísimo,  ma.  Adjetivo  supei^ 
lativo  de  ingrato. 

BriHOLoaía.  Latín  ingratitñmn»: 
catalán,  ingraíiásim,  a. 

Ingratitud.  Femenino.  Desagra- 
decimiento, olvido  ó  desprecio  dalos 
benefícins  recibidos. 

Etimolooía.  Ingrato:  latín,  ingrad" 
tüdo:  italiano,  ingratitudine;  francés, 
ingratiíude;  provenzal  y  eatalán,  ís- 
graíitut. 

Ingrato,  ta.  Adjetivo.  Desagrade- 
cido, el  que  olvida  6  desconoce  los 
beneficios  recibidos.  |  Desapacible, 
áspero,  desagradable. 

EnuoLGOÍA.  In  privativo  y  grato: 
latín,  ingritni;  italiano,  ingrato;  fran- 
cés, provenzal  y  catalán,  ingrat, 

Ingre.  Femenino  anticuado.  Im- 
olb. 

Ingrediente.  Masculino.  Cual- 
quier cosa  que  entra  coa  oiraa  en  al- 
gún compuesto,  como  remedio,  bebi- 
da, ffuisado,  etc. 

EnifOLOOfA.  Latín  ingr?^*nt,  in- 
grH  enlxs,  el  que  entra,  participio  de 
presente  de  ingrídi^  entrar  en;  de  m, 
en,  dentro,  y  grHdit  ir,  marchar:  cata- 
lán, ingredient;  francés,  ingréUtní;  ita- 
liano, ingrediente. 

Sentido  ettmol^ico. — 1.  InoredisN' 
TB  significa  cel  que  entra,»  aludien- 
do á  que  es  el  simple  que  entra  en 
la  composición  y  aderezo  de  alguna 
cosa. 

2.  La  defiaieión  de  la  Academia, 
que  va  al  frente,  es  inmejorable. 

3.  La  voz  del  artículo  tiene  un  uso 
frecuente  en  el  lenguaje  metafórico^ 
como  cuando  decimos:  tel  buen  ape- 
tito es  el  gran  iNaRBOiBim  d«  Los 
guisados;»  «la  alegría  de  la  salud  es 
el  gran  ingrbdibntb  de  las  diver- 
siones;» «el  contentamiento  inefable 
de  una  conciencia  pura,  la  hermosa 
sencillez  de  la  virtud,  el  candor  de 
un  deseo  virgen,  son  los  primeros 
maRBDisNTBS  en  los  manjares  dri  es- 
píritu.* 

Ingrenable.  Adjetivo.  Que  paede 
ingresar. 

Ingresar.  Neutro.  Entrar  una  pe^ 
sona  ó  cosa  donde  baj  mis  individuos 
de  su  especie,  ó  en  un  sitio  destinado 
á  depósito. 

ExiuOLOofA.  Ingreso:  catalán,  <*" 
grexsn; 

Ingresíón.  Femenino.  Imobbso. 

Etimología.  Latín  ing^essío^  forma 
sustantiva  abstracta  de  in- 
greso: francés.  i»gresgÍon. 

Ingreso.  Masculino.  Kntbada,  p*f 
el  espacio  por  donde  se  entra  en  algu- 
na parte.  ||  Acción  de  ingresar.  I  I»" 
TRADA,  p)r  principio.  Q  El  caudal  que 
entra  en  poder  de  alguno,  y  que 
de  cargo  en  las  cuentas.  |  i*l« 

TAB. 

ErmoLDOÍA.  Latín  «>''^**í;^ 
gressñt,  entrada,  priníipi»;  simei"»*' 


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INHA 

¿t  iiigrtstuM,  el  ^ue  ha  entrado,  su* 
pÍDO  d«  M^reí/i,  ingresar;  de  i%,  en, 
lieotro,  j  $rUi,  ir:  catalán,  ingrét; 
iUlitno,  in§r€tt9t 

Ing^lar.  Activo  anticuado.  Aou- 
na, 

InroMUZO  y  Rivero  (Pbdbo  db). 
Prelado,  teólogo  T  canonista  español, 
Qitural  de  Asturias.  Fué  diputado  en 
lu  Cortes  de  Cádiz,  donde  manifestó 
sus  opiniones  puramente  raonárqui- 
cis.  A  la  vuelta  de  Fernando  VII,  ob- 
tuvo elobispado  de  Zamora  y  después 
el  arzobispado  de  Toledo,  así  como  las 
(iigoidadtis  de  decano  del  Consejo  de 
Hitado  j  la  g^ran  cruz  de  Carlos  III. 
.Vsiatió  al  cónclave  en  que  salió  elec- 
to Gregorio  X\'I;  empezó  á  levantar 
en  Toledo,  junto  á  la  parroquia  de 
■WAndréa,  un  maj^nífíco  edíGcio  que 
destinaba  á  seminario  conciliar,  el 
cQil  no  lleg>ó  á  concluirse,  j  que^  fué 
laes»  destruido,  j  murió  en  dicha 
dudád  en  1836,  retirado  i  causa  de 
sos  opiniones  políticas. 

Innaina].  Adjetivo.  Anatomía.  Lo 
<{ixt  u  refiere  á  las  infles,  ó  corres- 
pondeáellas,  como ^litulula  ingU-Nal, 
iparato  ó  vendaje  inouinau  Q  Canal 
LVGUiNAL.  Especie  de  canal  situado 
sobre  el  plieg-ue  de  las  ingles,  oblicuo 
de  alto  abajo,  de  atrás  hacia  adelante 
;  de  dentro  hacia  fuera.  Q  Hernia  in- 
óoiNiL.  Hernia  que  se  forma  en  el 
canal  del  mismo  nombre.  Cuando  el 
tumor  uo  está  más  ^ue  en  lag  ingles 
lo  denominan  heruta  bubonocele,  que 
Dosotros  llamamos  imouin^l  ó  incom- 
pleta,  aludiendo  á  que  no  cae  en  el 
escroto.  (Pareo,  VJ,  14.J 

SmiOLOoIa..  Jnyle:  tatin,  iu^ninalis; 
italiano,  tn^uinable;  francés,  tn^uinal. 

Inguinaria,  Femenino.  Botánica, 
Planta  parecida  al  poleo,  que  se  usa 
para  aplacar  los  dolores  de  las  ingles. 

Btuholooía.  Inguinario. 

Inguinario.  I.nguihal. 

BnuoLOota.  Inguinal:  catalán,  «V 
jtiwi,  a. 

Ingargitable.  Adjetivo.  Que  se 
paeds  ingurg-itar. 

lagnrffit ación.  Femenino  anticua- 
do. Mtdtcina.  La  acción  y  efecto  de 
iagorgitar. 

BnuoLOofÁ.  Inguf^ilar:  francés,  ¿a- 

ugsrgitkr.  Activo  anticuado.  En- 
gullir. 

BnuoLoofA.  Latín  in^ur^ítSre,  en- 
gallir;  de  (tt,  en,  j  gurgltare,  forma 
verbal  ficticia  de  gurget,  abismo:  ita- 
liiao,  ingorgare,  ingurgitare;  francés, 
ingiurgiter. 

Ingoatahle.  Adjetivo  anticuado. 
Lo  que  no  puede  ó  no  se  puede  gus- 
ur. 

Btiuoi.ooía.  Jn  aeg&Üvo  y guttaUe: 
ntsUu,  ingustable:  latín,  ingustSbUis. 

IngVT,  Véase  Fery. 

Inhábil.  Adjetivo.  Falto  de  habili- 
dad, talento  é  instrucción.  Q  El  que  no 
tiene  laa  calidades  j  condiciones  ne- 
«larias  para  hacer  alguna  cosa.  |  Fo~ 
El  que  por  alguna  tacha  ó  de- 
lito no  puede  obtener  ú  servir'algún 
empleo  ó  dignidad. 

BTmoLooU.  /»  privativo  j  hábil: 


INHA 

latín,  inkdbUÍ$:  italiano,  inahile;  fran- 
cés, inhabile;  catalán,  inhábil. 

Inhabilidatd.  Femenino.  Falta  de 
habilidad,  talento  ó  instrucción.  ||  /'o- 
rente.  Defecto  6  impedimento  para 
ejercer  ti  obtener  algún  empleo  ú 
oficio. 

ETiMOLOofA.  Inhábil:  provenzal  j 
catalán,  tnhabilii'í;  francés,  inhabili- 
íe';  italiano,  inabilitá. 

Inhabilisimo,  ma.  Adjetivo  super- 
lativo de  inhábil. 

Inhabilitación.  Femenino.  La  ac- 
ción y  efecto  de  inhabilitar. 

Etimología.  Inhabilitar:  catalán, 
inhabilitacié. 

Inhabilitad  amen  te.  Adverbio  de 
modo.  Sin  habilitaci  ín. 

ETiMOLOaÍA.  Inhabilitada  j  el  sufijo 
adverbial  nente. 

Inhabilitado,  da.  Participio  pasi- 
vo de  inhabilitar. 

EnuoLOOÍA.  Inhabilitar:  catalán, 
inhabiUíai,  da;  francés,  inhabilité;  ita- 
liano, inabiliiato. 

Inhabilitador,  ra.  Sustantivo  y 
adjetivo.  Que  inhabilita. 

Inhabilitamiento.  Masculino  an- 
ticuado. Inhabilitación. 

Inhabilitar.  Activo.  Forense.  De- 
clarar á  uno  inhábil  ó  incapaz  de  ejer- 
cer ú  obtener  algán  empleo  u  oficio, 
g  Imposibilitar  para  alguna  cosa.  Sa 
usa  también  como  recíproco. 

Etiuolooía.  Inhábil:  catalán,  inha- 
bilitar: t'ranctis,  inhabUiier;  italiano, 
inabilttare. 

Inhábilmente.  Adverbio  de  modo. 
Sin  habilidad. 

ETiuOLOüfA.  Inhábil  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  catalán,  inábilatení; 
francés,  inhabilenent;  italiano,  inabil- 
meníe. 

Inhabitable.  Adjetivo.  Lo  que  no 

es  habitable. 

Etiuoluoía.  In  privativo  y  habita- 
ble:  latín,  inhUtíabílis;  italiano,  in- 
abitdbile,  in  ibiíevole;  francés  y  catalán, 
inhabitable, 

Inhabitaclóa.  Femenino.  Falta  de 
habitación. 

Etimología.  Jn  privativo  y  habtía- 
cién:  lalíu,  inhdbUalío;  francés,  iti^a- 
biíation. 

Inhabitado,  da.  Adjetivo.  Lo  que 
no  se  habita. 

EtmolooIa.  In  privativo  y  habita- 
do: latín,  iuh'Uítaías;  italiano,  inhabi- 
tato:  francés,  inhabite;  catalán,  inhabi- 
tat,  da, 

Inhábito.  Masculino.  Falta  de  há- 
bito. 

Etimología.  In  privativo  y  habito: 
francés,  inhahitude. 

Inhabituado,  da.  .Adjetivo.  Que 
no  está  habituado. 

Etimología.  In  negativo  y  habi- 
tuado: francés,  inhabitue';  siglo  wi,  en 
Pasquier. 

Inhabitual.  Adjetivo.  No  habi- 
tuado. 

Btimolooía.  In  privativo  j  habi- 
tual: francés,  inhahíael. 

Inhabitualidád.  Femenino.  Falta 
de  hábito. 

Inhabitualmente.  .Adverbio  de 
modo.  Sin  habituaii  ¡ad. 


INHI 


119 


Etiuoloo/a.  Jíihabitual  j  el  sufijo 
adverbial  menUm 

Inhalación.  Femenino.  Botánica. 
.\cción  de  penetrarse  laa  plantas  del 
aire  y  de  los  fliiidos,  en  medio  de  los 
cuales  viven.  I  Die^ticA.  Acción  de 
aspirar.  ||  Medicina.  Absorción,  por 
respiración,  ora  de  vapores  de  éter  6 
de  cloroformo,  con  el  objeto  de  pro- 
ducir la  insensibilidad,  ora  de  ciertas 
aguas  minerales  en  algunas  enferme- 
dades de  las  vías  respiratorias. 

EtimoloqU.  ÍMAd/ar:  latín,  inhala- 
tío,  acción  de  introducir  un  olor;  for- 
ma sustantiva  de  inhalaíus,  inhalado; 
f.aucés,  inhalaiion. 

Inhalante.  Adjetivo.  Anatomía 
fisiología.  Que  aspira  d  absorbe.  _ 
Va:»os  inhalantes.  Vasos  cuja  exis- 
tencia se  suponía,  para  explicar  los 
fenómenos  de  la  absorción;  pero  la 
observación  ha  demostrado  que  no 
existen. 

ETiMOLOofA.  Inhalar:  francés,  %nha~ 

lanU 

Inhalar.  Activo.  Fitioh^la,  Aspi- 
rar ó  absorber  por  inspiración. 

ETiuOLoaÍA.  Latín  inhalare,  soplar 
en  ú  sobre,  en  Lactanoio;  exhalar,  en 
Cicerón;  de  íh,  en,  sobre,  dentro,  y 
halare,  soplar:  francés,  inhaler. 

Inhalt.  Masculino.  Profesión  de  fe 
de  los  católicos  y  de  los  protestantes 
bajo  Carlos  V.  (Landais./ 

Inhallable.  Adjetivo.  Difícil  de  ser 
hallado. 

Inhartable.  Adjetivo.  Insaciable. 

Inherencia.  Femenino.  Filosofía, 
La  unión  de  cosas  inseparables  por  su 
naturaleza,  6  que  sólo  se  pueden  se- 
parar mentalmente  y  por  abstracción, 
como  la  cualidad  en  la  substancia, 
como  el  modo  en  la  esencia,  como  el 
contorno  en  la  figura,  como  la  línea  en 
el  contorno,  como  el  juicio  en  el  pen- 
samiento, como  la  verdad  en  el  juicio. 
La  inherencia  hace  en  filosofía  lo  que 
la  adhesi  n  hace  en  física,  puesto  que 
la  iNHBRE.\'CiA  liga  por  dentro,  como 
la  adhesión  liga  por  fuera, 

BTiuoLoaÍA.  inherente:  catalán,  i'a- 
ho'encia;  francés,  inkérenct;  italiano, 
inerenza. 

Inherente.  Adjetivo.  Filoso/U.  Lo 
que  por  su  naturaleza  está  de  tal  ma- 
nera unido  i  otra  cosa,  que  uo  se  puede 
separar,  en  cujro  sentido  se  díce  que 
la  gravitación,  esto  es,  la  tendencia 
hacia  un  centro, significa  una  propie- 
dad INHBRSNTE  á  la  materia. 

Etimología.  Latín  inharens,  in- 
hareníis,  participio  de  presente  de 
inharere;  de  in,  en,  y  aarere,  estar 
unido:  italiano,  tnerenie;  francés,  m- 
itérent;  catalán,  inherent. 

Inherentemente.  Adverbio  de 
modo.  Con  inherencia. 

Etimología.  Inherente  y  el  sufijo 
adverbial  mente. 

Inhestar.  Activo.  Enhestar. 

Inhibición.  Femenino.  Forense.  La 
acción  y  efecto  de  inhibir  ó  inhibirse. 

ErufOLOOfA.  Inhibir:  latín,  inhibí- 
tío,  acción  de  recular,  forma  sustan- 
tiva abstracta  de  inhW.tM,  inhibido; 
francés  y  provenzal,  inhibition;  cata- 
i  lúu,  inhbici'j;  italiano,  inibizione. 


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120 


INHO 


Inhibido,  da.  Participio  pasivo  de 
inhibir.  ^  Adjetivo.  Forense.  Lo  que 
es  objeto  de  inhibición,  eotaojuet  in- 
hibido. 

EtiuolooU.  Inhibir:  latín,  inhUt- 
íus;  catalán,  inhiiitt  da¡  francéi,  tn- 

hiié. 

Inhibir.  ActÍTO.  Forense.  Impedir 
que  un  juez  prosiga  en  el  conocimien- 
to  de  ug-una  causa.  Se  usa  también 
como  recíproco. 

EtiuoloqU.  Latín  inhibiré,  conte- 
ner, impedir,  estorbar,  imponer  un 
castigo;  de  m,  en,  j  Aabíre,  tener: 
pruvenzal  j  catalán,  inhUiri  francés, 
inhikr. 

lahibitoriamente.  Adverbio  mo- 
dal. Forense.  Da  un  modo  inhibitorio. 

EnuoLOofA.  Iñhiiitorú  y  el  su6jo 
adverbial  mente. 

Inhibitorio,  ria.  Forense.  Adjeti- 
vo que  se  aplica  al  despacho,  decreto 
ó  letras  que  inhiben  al  juez.  Se  usa 
también  como  sustantivo  en  la  termi- 
nación femenina. 

Btiuolooía.  InhVñr:  francés,  inhi- 
'Híoire;  catalán,  inhib'Aorio,  a. 

Inhiesta.  Femenino  provincial.  £1 
pueblo  sentado  en  un  acirate  á  que  se 
sube  desde  un  valle. 

StuioloqU.  Jnkiesio. 

Inhiesto,  ta.  .Adjetivo.  Enhibs'TO. 

Inhonestamente.  Adverbio  de 
modo.  Dbshohbstaubntb. 

Btdiología.  Latín  tnki^sti:  italia- 
no, inonestameiUe;  eatatán,  inkonesta- 
menl, 

Inhonestidad.  Femenino.  Falta 
de  honestidad  Ó  decencia. 

ExiMOLoaÍA.  I*  privativo  y  honesti- 
dad: latín,  inhonestas  é  ínhSHestáíío; 
italiano,  inonesía. 

Inhonesto,  ta.  Adjetivo.  Dbsho- 
MBSTO.  l  Lo  que  es  indecente  é  inde- 
coroso. 

EthioloqU.  Jn  privativo  y  honesto: 
latín,  Inhiíndsíus;  italiano,  inonesío; 
catalán,  inkouest,  a. 

Inhonorabilidad.  Femenino.  Cua- 
lidad de  lo  inhonorable. 

EtimolooU.  Inhonorable:  latín,  ín- 
h^norStío,  deshonor,  en  san  Jeróni- 
mo. 

Inhonorable.  Adjetivo.  Que  no 
merece  honor. 

Btiuología.  Jn  privativo  v  honora- 
óle:  latín,  ^tnltonorabUis  é  ínhondratM; 
íialiaiio,  inmorato;  francés,  inhonoré. 

Inhonorablemente.  Adverbio  mo- 
dal. De  un  modo  inhonorable. 

EtiuolosÍa.  Inhonorable  j  el  sufijo 
adverbial  mente. 

Inhonorar.  Activo  anticuado.  Das- 

HONRAR. 

Etimología.  Latín  líiiA¿(iiorar«.  (Ter- 
tuliano.) 

Inhonoriflcamente.  Adverbio  mo> 
dal.  De  un  modo  inbonorífíco. 

Etimología.  Inhoaoríjtca  y  el  suBjo 
adverbial  mente. 

Inhonorifico,  ca.  Adjetivo.  Que 
no  es  liotiorífico. 

Etimología.  /«  privativo  j  honorí- 
fico: latín,  "mkonoríJicM, 

Inhospedable.  .Adjetivo.  Inhospx- 

TAPLE, 

EtuioloqÍa.  Latín  íi^osjpHUUs,  de 


INHU 

fN,  no,  j  hospUalis,  hospital:  italiano, 
inospitait;  francés  del  siglo  xvi,  inhos- 

piíaile. 

Inhospitable.  Adjetivo.  Po4Hea. 
Lo  inhospitalario. 

Inhospitablemente.  Adverbio  de 
modo.  De  una  manera  inhospitable. 

EtiuoldoÍa.  Inhospitable  j  el  sufijo 
adverbial  mente. 

Inhospital.  Adjetivo.  Inhospita- 
lario. 

Inhospitalariamente.  Adverbio 
modal.  De  un  modo  inhospitalario. 

BnitOLoaÍA.  Inhospit  daría  ^  el  su- 
fijo adverbial  mente:  francés,  inhospi- 
taUérement:  latín,  ínhospítSltter. 

Inho3p:ta'arÍo,  ria.  Adjetivo.  Fal- 
to de  hospitalidad.  |  Pneo  humano 
para  con  los  ex.traíios.  Q  Lo  que  no 
ofrece  seguridad  ni  abrigo;  así  se  di- 
ce: plaja  INH0S.ITALAR1A,  etc. 

Etiuolooía.  Inhospitable:  francés, 
inkospitalier. 

Inhospitalidad.  Femenino.  Falta 
de  hospitalidad. 

Btiuología.  /n  privativo  y  hospita- 
lidad: latín,  inhospital- las;  italiano, 
inospilaliíá;  francés,  inhospilalité;  ca- 
talán, inkospilalital. 

Inhostil.  Adjetivo,  Que  no  es  hos- 
til. 

BnuoLoofA.  1%  privativo  7  kattih 
francés,  inkotíile. 
InhostUidad.  Femenino.  Falta  de 

hostilidad. 
Inhostilmente.  Adverbio  demodo. 

Sin  hostilidad. 

Etiuolooía.  Inhostil  y  ú  sufijo  ad- 
verbial mente. 

Inhumación.  Femenino.  Acción  á 
efecto  de  inhumar. 

Etiuología.  Inhumar:  francés,  in- 
hmnation, 

Keseña  histórica. — 1.  Los  persas  r 
los  egipcios  la  practicaban,  aunque 
no  les  era  desconocida  la  cremación 
de  los  cadáveres;  pero  los  primeros 
temían  profanar  el  fuego,  que  consi- 
deraban como  una  divinidad;  y  los  se- 

fundos,  que  lo  creían  una  fiera  ó  una 
estia  inanimada,  ae  abstenían  de  em- 
plearlo para  este  fío,  pues  sus  doctri- 
nas les  prohibían  entregar  á  las  fie- 
ras los  cadáveres. 

2.  Los  griegos  de  los  primeros 
tiempos  inhumaban  los  muertos.  Hér- 
cules introdujo  la  costumbre  de  que- 
marlos, usanza  que  ^a  estaba  en  vigor 
eu  tiempo  de  la  guerra  de  Trojra  y 
que  después  fué  general.  Esto  no  obs- 
tante, no  renunciaron  por  completo  á 
la  INHCUACIÓN,  que  en  tiempo  de  Pla- 
tón aun  se  practicaba,  según  la  conve- 
niencia délas  familias. 

3.  Los  romanos  principiaron  por 
inhumar  los  muertiis:  los  quemaron 
desde  tiempos  de  Numa,  pero  nn 
abandonar  la  inhuuaoón,  cu^o  uso 
se  conservó  entre  algunas  familias, 
aun  en  la  época  de  los  emperadores. 
Los  muertos  por  el  rajro,  j  los  niños 
que  perecían  antes  de  echar  los  dien- 
tes, eran  inhumados. 

4.  La  iNHUUACíó.v  se  conservó  en 
Roma  para  los  pobres  plebeyos,  como 
medida  de  economía.  Sus  cadáveres 
se  arrojaban  en  una  especie  de  cister- 


INHU 

ñas,  que  servían  dé  fosa  común  7  que 
estaban  situadas  en  los  suhurHos  6 
afueras  de  la  ciudad.  Hubo  mucho 
tiempo  en  Roma  una  de  estas  sepul- 
turas en  el  monte  Esquilino,  Los  ricos, 
los  ciudadanos  de  la  clase  media,  los 
esclavos  y  los  libertos  de  las  caus 
grandes,  eran  quemados. 

5.  Esta  costumbre  priucipió  ápet- 
dersB  en  tiempo  de  Teodosio  el  Ciran- 
de,  y  se  perdió  por  completo  en  el  de 
Teodosio  el  Jopen, 

fi.  Sem^'ante  revolución  se  atribu- 
ye al  cristianismo.  La  doctrina  de  la 
resurrección  de  los  muertos  t  el  tfr* 
mor  tal  vez  de  quemar  el  eauárerde 
algún  santo,  destinado  después  i  con- 
servarse en  reliquias,  fueron  caaiai 
bastantes  para  volver  á  la  inbuua- 
CIÓN,  que  llegó  á  ser  la  regla  invaria- 
ble de  IOS  pueblos  cristianos. 

7.  Los  galos,  en  la  época  de  la  con- 
quista romana,  quemaban  los  cadá< 
veres,  costumbre  que  aun  se  practica 
en  la  India. 

8.  Bntre  los  antiguos,  ia  inhuha- 
CIÓN  se  verificaba  al  lado  de  los  cami- 
nos ó  en  los  campos.  Así  se  hizo  tam- 
bién en  algunas  naciones  modernas. 

9.  Hacia  el  siglo  ix,  ó  cuando  más 
al  X,  el  deseo  de  ser  sepultado  en  tie- 
rra sagrada  hizo  nacer  el  uso  de  las 
sepulturas  en  las  iglesias  y  ante- 
iglesias. 

10.  Este  sistema  de  enterrar  i  los 
muertos  llegó  a  ser  sumamente  funes- 
to á  los  vivos,  y  en  el  siglo  pasado  se 
establecieron  numerosos  cementerios 
en  las  afueras  de  las  poblaciones,  que 
deben  bendecir  j  consagrarlas  auto- 
ridades eclesiásticas. 

11.  El  sistema  de  iNHUuACtÓN  vuel- 
Te  &  ser  considerado  funesto,  sobre 
todo  en  las  grandes  poblaciones,  y  el 
de  cremación  de  los  cadáveres  va  ga- 
nando terreno;  principalmenteV  en 
ciertas  naciones  extranjeras. 

12.  Las  lejes  deteriniuan  Us  for- 
malidades y  solemnidades  que  re- 
quiera toda  INHUUACIÓ!?,  así  como  las 
penas  en  que  incurren  los  que  eluden 
ó  infringen  su  cumplimiento. 

InhumanamentÍB.  Adverbio  de 
modo.  Con  inhumanidad. 

BtuiolooÍa.  Inhumana  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  catalán,  inhumana- 
inent;  francés,  inhumainement;  italia- 
no, inumanameníe,  latín,  inhümani. 

Inhumanidad.  Femenino.  Cruel- 
dad, barbarie,  falta  de  humauídad. 

ETiHOLOofA.  Inhumano:  latín,  tnhS- 
maníias:  catalán,  inhumaniíat;  fran- 
cés, inhumanite;  italiano,  inumanité. 

Inhumanísimo,  ma.  Adjetivo  su- 
perlativo de  inhumano. 

BriKOLOofA.  Latín  inkumanisstmui. 

Inbumanizable.  Adjetivo,  Impo- 
sible ó  dincil  de  ser  humanizado. 

Inhumano,  na.  Adjetivo.  Falta  de 
humanidad,  bárbaro,  cruel. 

Etiuolqoía.  In  privativo  y  hnma- 
np:  latín,  ínhümánus;  italiano,  inuma- 
no;  francés,  inhumain;  catalán,  /híw- 
má,  na. 

I  Inhumar.  Activo.  Dar  sepultura. 
I  Etimología.  Inhumare,  poner  bajo 
!  tierra;  de  tV,  en,  y  humare,  tema  ver- 


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bal  de  Hmui,  el  saelo:  iuliano, 
mar«;  francés,  inhumer» 

Slnoniuu.  Inhumttr,  Mterrar.  E%- 
Unar  es  el  teto  mater»!  de  poner  ó 
meter  entre  tierra  una  coia.  Inhumar 
M  enterrar  con  las  ceremonias  reli- 
giosai,  con  los  honores  fúnebres»  los 
de  la  sepultura.  Se  eníiem  todo  lo 
tpi9  n  cubre  en  la  tierra;  pero  no  le 
akima  sino  i  U  persona  numana  i 
quien  se  hacen  los  nonores  fúnebres. 
Los  mÍQÍstros  de  la  religión  inhuma* 
i  los  fieles:  un  asesino  eníierra  el  ca- 
dÍTer  de  uno  á  quien  ha  asesinado. 
Se  tntierra  en  cualquier  parte;  pero 
■ólo  se  inhuma  en  lugares  santos,  en 
los  que  están  consagrados  para  este 
aso  piadoso.  (CiBNrU¿oos.) 

Iniciable.  Adjetivo.  Susceptible  de 
ler  iniciado. 

Iniciación.  Femenino.  Ceremonia 
ó  acción  de  iniciar  6  iniciarse. 

BtiumaqU.  Iniciar:  latín,  inítia- 
&o,  iatroduccióñ,  conocimiento  que 
se  da  anticipadamente  de  los  miste- 
ríos  de  la  religión;  forma  sustantiva 
alntracta.de  inUi&tntt  iniciado;  italia- 
no, initiiaionei  fnncési  initiatimt;  ca- 
talán, iniciacid. 

Iniciadamente.  Adverbio  de  mo- 
do. Con  iniciación. 

EriuoLoofA.  Intekda  J  el  infijo  ad- 
Tcrbial  m€nt€. 

Iniciado,  da.  Participio  pasivo  de 
iniciar  é  iniciarse.  Q  Adjetivo.  lotro- ' 
dacido  en  sociedades  j  asuntos  secre- 
tos. D  Informado  en  las  interioridades  ' 
de  algún  negocio,  empresa  ó  condue- ' 
ta,  en  euvo  sentido  se  dice:  iniciado  I 
en  la  política  del  gobierno,  en  las 
tendencias  de  la  diplomacia,  en  el  se- 
creto dé  las  negociaciones.  I  Dícese  ; 
también  del  que  ha  penetrado  en  nn ; 
derto  orden  luperíor  de  ideas  j  doc-  i 
trinas,  como  cuando  decimos:  «está ' 
wiciAtK»  en  loe  arcanos  de  las  cien- 
cias.» I  PoliíHimo,  Instruido  en  los 
miateri(»  de  una  religión  pagana,  ad- 
mitido en  sus  ceremonias,  como  cuan- 
do se  dice:  ikiciaoo  en  los  misterios 
de  Eleúsis,  |  Usase  también  como 
sostantivo:  un  imicudo,  los  inicia- 
dos. 

Btimolooía.  Latín  tnítíShUf  parti- 
cipio pasivo  de  inítiiret  iniciar:  ita- 
liano, inixiato;  francés,  initi^;  cata- 
lán, inieiat,  da. 

bidal.  Adjetivo.  Todo  lo  que  se 
refiere  al  principio  da  las  cosas,  como 
coando  decimos:  da  marcha  inicial 
de  las  enfermedades;»  «el  carácter  ini- 
cial de  los  fenómenos.»  |  Vslocidad 
INICIAL  ns  DM  PROYECTIL.  MeUnica, 
La  veloeidad  con  qne  recorre  una  lí- 
nea sensiblemente  recta,  al  salir  del 
ca&ón.  I  Letra  imicul.  Caligrafía  é 
inprtnta.  La  letra  majúscnla  con  que 
se  principia  un  nombre  propio,  un 
capitulo,  un  período.  |  Pabtícula  ini- 
cial. 0ramÁtica,  La  partícula  que  se 
pone  delante  de  los  vocablos  radica- 
les, como  elemento  de  composici  ón, 
con  objeto  de  modificar  su  sentido, 
según  vemos  en  </«icomponer,  dlt^o- 
Qcr,  iMponer,  «poner,  en  donde  ha- 
llamos que  los  elementos  des,  dit,  im, 
«I  ion  partículas  ihicialis.  J  Fame- 


INIC 

niño  plural.  Las  iNictALSS.  Las  pri- 
meras letras  de  un  nombre  propio, 
como  cuando  se  dice:  «en  tal  inscrip- 
ción aparecen  unas  iniciales.»  |  Ci- 
vilización inicial;  tbocracia  ini- 
cial. 6^M¿tfSMf/<0r(f/feM.  Civilización 
ó  teocracia  que  aparece  en  el  fondo 
de  la  historia,  considerada  eomo  el 
fundamento  de  las  teocracias  ;f  eiyili- 
xaciones  saeesivas,  como  la  eiviliza- 
ción  de  Moisés,  ó  bien  como  la  teo- 
cracia de  los  pontífices  de  la  antigua 
Persia. 

Etimología.  Iniciar:  latín,  íntti&- 
Ut;  catalán,  inicial;  francés,  tniíial; 
italiano,  initiale. 

Iniciar.  Activo.  Admitir  á  alguno 
á  la  participación  de  alguna  ceremo- 
nia o  cosa  secreta,  enterarle  de  ella, 
descubrírsela.  Q  Se  usa  metafórica- 
mente con  aplicación  á  cosas  abstrac- 
tas ó  de  alta  enseñanza;  j  así  se  dice: 
INICIAR  ó  iNiciARSB  eu  los  arcsuos  de 
la  metafísica,  en  los  secretos  de  las 
artes,  etc.  |  Instruir  en  materia  reli- 
giosa, como  «iniciar  á  los  paganos  en 
los  nntos  dogmas  de  nuestra  reli- 
gión.» I  Metáfora.  Dar  i  entender  con 
cierta  cautel»  alguna  intención,  algún 

Sropósito,  algún  deseo,  eomo  cuando 
ecimos,  hablando  de  cualquiera:  «no 
hizo  más  que  iniciar  sus  pensamien- 
tos ó  sus  planes.»  ||  Polittitmo^  Ins- 
truir en  el  conocimiento  j  admitir  en 
las  ceremonias  interiores  ó  ritos  secre- 
tos de  una  divinidad  del  paganismo, 
como  cuando  se  dice:  «se  inició  en  los 
misterios  de  Baal.» 

ExiMOLOofA.  Latín  inttiSrt,  instruir 
en  los  misterios  de  Ceres  y  de  Baeo, 
en  Cicerón;  bautizar  é  instruir,  en 
Tertuliano;  principiar,  en  Palladio; 
trazar  un  camino,  en  san  Jerónimo; 
forma  verbal  de  intitumt  comienzo;  de 
ÍM,  en,  é  iíuM,  supina  de  tV;,  ir:  ita- 
liano, inifiare;  francés,  tnitier;  cata- 
lán, iniciar. 

Iniciarse.  Recíproco.  Imponerse 
en  los  secretos  de  una  secta  o  en  los 
principios  de  una  ciencia  ó  arte.  |  Re- 
cibir las  órdenes  menores.  B  Metáfora. 
Insinuarse  con  precaución;  7  así  de- 
cimos: «^a  se  inicia,  ja  principia  á 

INICIARSE.» 

Iniciativa.  Femenino.  Derecho  cons- 
tiludonal*  La  prerrogativa  de  hacer 
proposiciones  j  projectos  de  lev,  en 
cit^o  sentido  se  dice:  «el  derecho  de 
INICIATIVA  corresponde  á  los  diputa- 
dos j  á  los  ministros  de  la  corona  en 
las  monarquías  parlamentarias.»  jl  El 
heeho  de  adelantarse  á  otros  en  ha- 
blar ú  obrar,  como  cuando  deeimos: 
«Fulano  es  hombre  de  iniciativa;  Zu- 
tano toma  siempre  la  iniciativa.» 

EnuoLOofA.  Iniciar:  francés,  iffsWa- 
/ttv. 

IniciatÍTO,  va.  Adjetivo.  Lo  que 
da  principio  á  alguna  cosa. 
-ETiifOLOofA.  Inieiaiito:  catalán,  tnt- 
ciaíiu,  vff. 

Inicnámente.  Adverbio  de  modo. 
Con  iniquidad. 

EtiuolooÍa.  Inicua  j  el  sufijo  ad- 
verbial mente:  catalán,  inieaMent,  iW- 
^Kam-^/;  francés,  tni^%ement¡  italiano, 
tnicuameníti  latín,  ínfgui» 


12t 


Inicuo,  ona*  Adjetivo.  Malvado, 
injusto. 

EnvoLOOÍA.  Provenzal  teú,  ente: 
catalán,  inick,  en;  francés,  inipte;  ita- 
liano, inÍ¡no;  del  latín  íni^utu;  de  te, 
negación,  j  «;«w,igual:  ««-«faiit,  no 
igual,  no  justo,  no  proporcionado. 

Inienoefalia.  Femenino.  Ttratola- 
gia.  Estado  de  los  monstruos  inien- 
céfalos. 

ETiuoLOofA.  Jnienc{fak:  firaneés, 
inieHcephalie, 

Inienceráliano,  na.  Adjetivo.  Con- 
cerniente á  la  inieneefíilia. 

Iniencéfalo.  Masculino,  Teratolo- 
gía. Monstruo  cu^o  cerebro  hace  her- 
nia en  el  occipucio. 

Etimología,  Griego  rvtoK  (inion), 
nuca,  j  encéfalo:  francés,  iniencéphale. 

Iniesta.  Femenino  anticuado.  Re- 
tama. 

Inignal.  Adjetivo  anticuado.  Dbs- 

10  UAL. 

Inignaldad.  Femenino  anticuado. 
Dbsioualdad. 

Inimaginafale.  Adjetivo.  Lo  que 
no  es  imaginable. 

EnifOLOofA. /•  privativo  ¿  imog'~ 
'  nahle:  italiano,  tamMe^ine^í^;  fran- 
'  cés  j  catalán,  tnímaginabU. 

Inimicicia.  Femenino  anticuado. 
Enemistad. 

Btiuolooía-  «Lo  mismoc^ue enemis- 
tad. «(Academia,  Diccionrrr.ode  I7Í6.) 
«Puesto  que  se  hacía  diñeultosa  tal 
empresa  por  la  iniaticicia  grande  que 
entre  nuestros  padres  conocí».»  (Cbh- 
VANTBS,  Galatea,  libro  In  folio  W.) 

Inimiciamo,  ma*  Adjetivo  super- 
lativo anticuado.  Ene  miouísimo. 

Inimitakle.  Adjetivo.  Lo  que  no 
es  imitable. 

EtimolooIa.  /«  privativo  é  imiia- 
hU:  latín,  HímXíihUit;  italiano,  íntMt- 
Uhile;  francés  y  catalán,  in  'mitahle. 

Inimitablemente.  Adverbio  mo- 
dal. De  un  modo  inimitable. 

Etimología.  InimitabU  j  el  sufijo 
adverbial  mente:  francés,  inimitable- 
ment;  italiano,  inimiía^lmente. 

Inimitado,  da.  Adjetivo.  <v'Ue  no 
ha  sido  imitado. 

EtiuolooÍa.  In  privativo  é  imitado: 
francés,  inimiiá, 

Inimizdad.  Femenino  anticuado. 
Enb  mistad. 

Inimprimible.  Adjetivo.  Que  no 
se  puede  imprimir. 

EtiuolooÍa,  In  privativo  é  impri- 
mible: francés,  inim^tmahU, 

Ittindnstrial.  Adjetivo.  No  indus- 
trial. 

Etimología.  Jn  privativo  d  íw^as- 

trial:  francés,  inindnttrieux. 

Ininflamable.  Adjetivo.  Que  no  es 
inflamable. 

Ininfusible.  Adjetivo.  No  fusible. 

Ininjuriable.  Adjetivo.  Que  no 
puede  recibir  injuria. 

Ininteligencia.  Femenino.  Falta 
de  inteligencia. 

Etimolgoía.  Ininteligente:  francés, 
ininíelUgtnee. 

Ininteligente.  Adjetivo.  Que  ca- 
rece de  inteligencia. 

BtuiolooÍa.  Ih  privativo  £  inteli- 
geníe:  francés,  ininíelíigent. 


ToAio  111 


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122 


INIR 


laUtelijf  «BtementQ.  Adverbio  de 

modo.  Sia  tnteligeíicit. 

STUiOLOOf^.  Inintelifeníe  j  el  sü^- 
jojulverbUl  fitmcés,  ininielli- 

iBÍntrii^bilidad.  Femenino.Cua> 
lídad  de  lo  laintelígible, 
EtwolooU.  Ini%Ul^ihU:  francés» 

ininklligibilité. 

Inintelíffible.  AdjetiTo,  Lo  que  no 
es  inteligible. 

ETiuoLoaÍA.  In  privatiTO  é  inteligi- 
ble: btm,^fliftíí¿¿^yw¿í«;  italiano,  1»/»- 
Ulligibile;  francés,  ininUil'gibit;  cata* 
láa,  ineniel-iigihle. 

IninteligíblemeDte.  Adverbio  de 
modo.  Ds  una  manera  ininteligible. 

Etiuou)oíá.  Ininteligible  y  el  sufi- 
jo adverbial  mente:  francés,  ininielli- 
giblement;  italiano,  inintelligibilm'níe. 

Inintennitencia.  Femenino.  Me- 
dicina, Falte  de  intaimitencia. 

Ininterpretable.  Adjetivo.  Impo- 
sible ó  díToil  de  interpretei. 

BnHOLOofA.  In  privativo  é  interpre' 
íable:  latín^  íninUr^rUHbUit,  en  Ter- 
tuliano; francés,  intnierpre'íable. 

Iniaterpretado,  da.  Adjetivo.  Que 
está  sin  interpretar. 

ETiuoi.oofA./n  privativo  ó  interpre- 
table: IntÍQ  de  san  Jerónimo,  ininter- 
pretaUs:  francés,  intnierpréíé, 

Iniaterrupción.  Femenino.  Falte 
de  interrupción. 

ETiHOLoafa.  In  privativo  é  wtem^ 
eidn:  francés,  tmníempíto»* 

Ininterrupto,  ta.  AdjetiTO,  No  in- 
terrumpido. 

ETiiioLoaÍA.  In  privativo  i  inUrruf- 
ío:  francés,  ininterrompu, 

Ininyectable.  Adjetivo.  Que  no 
puede  in^ecterse. 

Iniodimia.  Femenino.  Teratología. 
Monstruosidad  debida  &  la  reunién  de 
dos  individuos  por  el  occipucio. 

Btuiolooía.  G-riego  Niov  ((nion), 
nuca,  jr  SíSuiw?  (Mdymot),  gemelo: 
francés,  iniodgmie. 

Iniodímio,  mía.  Adjetivo.  Terato- 
logía. Qub  presente  el  ftndmeno  de  la 
iniodimia. 

Etiuolooía.  Jiúodimia, 

Iniodimo.  Masculino.  Teratología. 
Monstruo  por  iniodimia. 
^  .Etimología..   Iniodimi^:  francés, 
iñiodgme. 

Iniope.  Hasealivo.  Teratología. 
Monstruo  con  un  ojo  «i  el  occipucio. 

ETiuoLOofA.  Griego  Ntov  (ínion), 
nuca,  y  ^^  {ops),  ojo:  francés,  iniope. 

Iniofiia.  Femenina.  Teratología. 
Presencia  anormal  de  un  ojo  en  efoc- 
cipucio, 

EtiuoloqU,.  Iniopet  francés,  iniopie. 

Iniquidad.  Femenino.  Maldad,  in- 
justicia grande. 

EpiuoLoaÍA.  Inicuo:  latín,  htü^ul- 
ías;  itflj^ano,  iniguitá;  francés,  intgui- 
íe;  provenzal,  iniquitat,  enequilaí;  ca- 
UIhd,  iniquiiat;  burgui&ón,  iniquitai. 

Iniquisimamente.  Adverbio  de 
modo  superlativo  deinic.uamente. 

Iniquisimo,  ma.  Adjetivo  super- 
lativo de  inicuo^ 

Inirrítabilidad,  Femenino,  Cua- 
lidad de  lo  ínirriteble. 

InirritaUe.  Adjetivo,  No  irritable. 


IKJÜ 

Iinodieial.  Adjetivo.  Que  no  es  ju- 
dicial. 

I^jaramentado,  da.  Adjetivo. 

Que  no  ha  sido  juramentedo. 

Etiuolooía.  In  privativo  j  jwrw' 
mentado:  latín,  w;5r3/M. 

lijaría.  Femenino.  Agravio,  ul- 
traje de  oba  ó  de  palabra.  Q  Fwente, 
Hecho  6  dicho  contra  razón  y  justi- 
cía.  y  Metáfora.  El  daüo  6  incomodi- 
dad que  causa  alguna  cosa. 

Etiuolgoía.  Provenzal  injuria,  en- 
juria:  catelán,  injuria:  francés,  injure; 
italiano,  ingiurtaj  del  latín  injñrta;  de 
in,  contra,  yju»,jarit,  el  derecho,  la 
lejr;  ccosa  contraría  á  la  justicia.» 

Sentido  etimológico, — La  ixjubia  es 
lo  contrario  del  derecho,  del  jut  lati- 
no, oomo  resulte  del  siguiente  texto 
de  Cicerón:  áejtire  et  injurid  disputare; 
cdisputer  sobre  lo  justo  j  lo  injusto.» 

SiMONiin  A.— /lUNTÚi,  ultraje.  Incuria 
presente  la  idea  del  agravio  violento. 
ultraje  presente  la  idea  del  vilipendio 
público. 

Desconfiar  de  la  honradez  de  un 
hombre  de  bien  es  una  injuria;  trater- 
le  públicamente  de  ladrón  es  un 

Trater  de  fea  á  una  mujer  hermosa 
es  un  agravio  que,  cuando  más,  no 
debiera  pasar  de  injuria;  pero  habrá 
pocas  que  no  lo  miren  oomo  ultraje* 

(HOBBTA.) 

Iqjuriable.  Adjetivo.  Que  puede 

ser  injuriado. 

lainriadamente.  Adverbio  de  mo- 
da. Con  injuria. 

SniK»<00ÍA.  Injuriada  y  el  sufijo 
adverbial  mente. 

Injuriado,  da.  Participio  pasivo 
de  injuriar,  y  Adjetivo.  Lo  que  ha 
sido  objeto  de  injuria. 

Btihqlooía.  Injuriar:  catelán,  tn- 
Juriaí,  da;  francés,  injuré;  iteliano, 
it^iurato, 

Injaríador,  ra.  Masculino  y  feme- 
nino. Forense.^  ^ue  injuria. 

EtimolooÍa.  Injuriar:  catelán,  t«- 
juriador.y  a. 

I^juriamiento.  Masculino  anti- 
cuado. La  acción  y  efecto  de  injuriar. 

Ii^ttríante.  Participio  activo  de 
injunár.  Forense.  El  que  injuria. 

Iqjuriar.  Activo.  Forense,  Agra- 
viar, ultrajar,  con  obras  6  palabras 
penadas  por  la  lej.  |  Dafiar,  menos- 
cabar, 

Etiuología.  lajürüiri,  causar  daño, 
forma  verbal  de  tnjüria,  injuria:  íte- 
liano,  ingiurare;  francés,  injurert  pro- 
venzal y  catelán,  enjuriar. 

Imariosamente.  Adverbio  de  mo- 
do. Forense.  Con  injuria. 

Etuioloqía.  Injuriosa  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  iteliano,  ingiuriota- 
mente;  francés,  enjurieusemení;  proven- 
zal y  catelán,  in^uriosamení;  latín,  in- 
jurióse. 

Injurioso,  sa.  Adjetivo.  Forense. 
Lo  que  injuria. 

EtiuolgoÍa.  Injuria:  latín,  injürw- 
sus,  injusto;  iteliano,  ingiurioso;  tnn- 
céa,  injurieux;  provenzal,  enjuriosi  ca- 
talán, injuriés,  a, 

.  Injustamente.  Adverbio  de  modo. 
Con  injusticia,  sin  razón. 


INMA 

ETiaoLoaÍA.  Injusta  y  el  sufijo  ad- 
verbial mente:  cateUn,  i»ju$lmeni; 
fíranoés,  injusíement;  iteliano,  injusté- 
mente;  latín,  imutíi. 

Injusticia.  Femenino.  Acción  con- 
traria á  la  Justicia.  |  Falta  de  justi- 
cia. ¡  NOToau  (recurso  de).  Forense. 
En  nuestro  antiguo  procedimiento,  el 
recurso  extraordiDano  que,  por  apa- 
recer contenerla,  se  daba  contra  las 
sentencias  de  los  tribunales  superio- 
res para  ante  el  Supremo.  Hojr  sola- 
mente subsiste  en  los  negocios  de  co- 
mercio, ^ue  se  substencten  con  arre- 
g-lo  al  Código  del  ramo. 

ETiyoLoaÍA.  In  privativo  y  justicia: 
latín,  injusíiíía;  italiano,  ««^íw^úia; 
franeés,  tft;Mítc«;provenial,ttt/w/ww; 
catelán,  injusticia. 

Injusticiabilidad.  Femenino,  Cnar 
lidad  de  lo  injusticia  ble. 

I^juaticiable.  Adjetivo.  Forense. 
No  justiciable. 

Ii^usticiablamente.  Adverbio  de 
modo.  De  un  modo  injustícíabla. 

ErmoLoaík.  Injustieinble  y  el  sufijo 
adverbial  mente. 

Injustificable.  Adjetivo.  Imposi- 
ble ó  difícil  de  justificarse. 

Etiuología.  In  privativo  y  justiji- 
cable:  francas,  injurtiñcable. 

Injustificación,  femenino.  Falte 
de  justificación. 

ÉtiuolooIa.  In  privativo  y  jusiiji- 
cacion:  frapcés,  injusíi^caíton. 

Injnstificadunente.  Adverbio  de 
modo.  Sin  justificación. 

Etiuología.  Injustificada  y  A  sufijo 
adverbial  mente, 

lojuatificado,  da.  Adjetivo.  No 
justificado. 

Injustíaimamente.  Adverbio  de 
modo  superlativo  de  injusto. 

Iigustisimo,  ma.  Adjetivo  super- 
lativo de  injusto. 

Inj  uato,  ta.  Adjetivo.  Lo  que  no  es 
justo. 

ETiyoLOOÍA.  Latía  injUstus^  de  m 
privativo  yjustus,  justo:  iteliano,  ís- 
giusío;  francés,  injuste;  provenzal,  ía- 
just;  catalán,  tnjusí,  a. 

Inlegible.  Adjetivo^  iLsaisLa. 
Inllevable.  Adjetivo.  Lo  que  now 
pujsde  soporter,  aguanter  ó  tolerar. 

inma.  Femenino.  Especie  de  tierra 
roía  que  usan  los  persas  para  dañe 
color. 

Inaucnlable.  Adjetivo.  Que  no  se 
puede  manchar. 

Inmaculada.  Adjetivo.  Epíteto  de 
la  concepción  de  la,  SanU  Virgen.  | 
Femeaiaometafóricó.  LaInhagulada. 
La  Virgen  María. 

Inmaculadamente.  Adverbio  de 
modo.  Sin  mancha, 

Etiuolooía.  Inmaculada  y  el  sufijo 
adverbial  mente. 

Inmaculadísimo,  ma.  Adjetivo 
superlativo  de  inmaculado. 

Inmaculado,  da.  Adjetivo.  Lo  que 
no  tiene  mancha.  Se  usa  comunmen- 
te en  sentido  metefóríco. 
I  BTmoLoaiA.  1%  negativo  y  mácula: 
latín,  imm^úliíus¡  catelán,  iumaculat, 
da. 

Inmacolicómeo,  nea.  Adjetivo. 
Sístomoloj/ia,  Calificación  de  losiofec- 


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INMÉ 


INME¡  12.^ 


tos  cu/is  aataau  soa  de  an  solo  color 
no  manchas. 

Btuiolooía.  In  prirativo,  wUcula  y 
cárneo- 

InmadoTM.  Femenino.  Cualidad 
6  utado  de  lo  inmaduro.  |  Falta  de 
raflexifín  en  el  modo  de  pensar  ú 
obrar. 

BtuoloqU.  /»  |»rintíTO  7  moín- 
m:  francés,  inmaturií/;  italimno,  turna* 

Inmaduro,  n.  Adjetivo  anticua- 
do. ImiATVBO. 

Inmaleabilidad.  Femenino.  Falta 
de  maleabilidad. 

InnakaUe.  AdjetÍTO.  Que  no  es 
maleable. 

Inmanchable.  AdjeÜTO.  lumaea- 
Iible. 

bimanejsible.  Adjetivo,  Lo  que  no 
es  man^abre. 

EtiuolooÍa.  Jn  privativo  7  Maff«/a- 
iU:  catalán,  inmanejable. 

Ininanente.  Adjetivo.  FilotojXa, 
Que  se  aplica  £  la  acción  cuyo  térmi- 
no se  queda  en  su  [mismo  principio  6 
causa  que  la  produce;  como  la  intelec- 
ción 6  acto  del  entendimiento.  {  Ac- 
cioNBS  iNUANBNTBS  DE  Dios.  Teologia. 
A^oellas  que  tienen  bu  término  en 
Dios  mismo,  por  oposicidn  i  las  ac- 
eiones  transitorias^  que  tienen  au  tér- 
mino fuera  de  Dios.  Por  ejemplo:  Dios 
engendró  al  Hijo  7  Bspíritu  Banto  en 
virtud  de  aocionet  INIIA.NBNTB3,  mien- 
tias  qne  cred  el  universo  en  virtud  de 
aedoaea  transitorias.  \  Inseparable  de 
It  naturaleza  de  un  objeto,  como  cuan- 
do se  dice:  «la  gravitación  es  inua.- 
N'^vrB  en  laaparticulas materiales.»  J 
Metáfora.  Constante,  permanente,  co- 
mo eoanda  decimos:  «la  dialéctica 
griega  se  volvía  hacia  la  especulación 
INUANBNTB  del  genio  oriental;  la  esen- 
cia divina, >  (CouBNOT,  Del  enlace  de 
*^ttnu  eonoeimienios,  II,  447.) 

SnuoLoofA.  Latín  inaiJbirsi,  forma 
nmmSmire,  permanecer  en  un  para- 
je; eompoeafeo  de  í»,  en,  7  maOre,  mo- 
rar, denvadb  de  mSme,  maflana.  Sig- 
nifica, poea,  un  atributo  que  mora  ó 
permanece  en  el  interior  de  los  obje- 
toa,  que  está  unido  á  su  esencia,  7  que, 
meado  ana  cualidad  inmutable  de  la 
Mfastancia,  no  puede  alterarse  por  la 
udón  de  fenómenos  exteriores:  ca- 
talán, inmanent;  francés,  inoMnení, 
mmanenl'. 

Innaaentamente,  Adverbio  mo- 
dal. De  un  modo  inmanente. 

SruioLOOÍA.  Jnmanante  7  el  sufijo 
adverbial  wuníe:  catalán,  inmanení- 
ment. 

Ismamafactarado,  da.  Adjetivo, 
Que  no  se  ha  manufacturado. 

luHircmible.  Adjetivo.  La  que 
no  se  puede  marchitar. 

BnuoLoofA.  Latín  mmarmaSSlii; 
ae  ts  privativo  7  marcenHmit,  mar- 
ebitable:  catalán,  inmareeitUU. 

iBBardiitabla.  Adjetivo.  No  mar- 
ehiuble. 

BtnKXmfa.  7»  privativo  7  «wrcAt- 
««r;  catalán,  inmarxittkhU.  I  I 

iBDUgiaado,  d«.  Adjetivo.  His- 
Ima  Miwvi.  Que  no  tíeue  ribete  dis-  < 
tinto. 


inmaterial.  Adjetivii.  Lo  que  no 
68  material. 

Btiuolooía.  2h  privativo  7  maU- 
rial:  latín,  inmat:rtalit;  italiano,  m- 
maíeriale;  francés,  inmatíriel;  catalán, 
inmaterial. 

Inmaterialidad.  Femenino.  Meta- 
JUica.  Calidad  de  lo  inmaterial. 

BnuoLOofA.  Inmaterial:  italiano, 
immaterialiíá;  francés,  mmaíérialiU; 
catalán,  inmaterialitat. 

Inmaterialismo.  Masculino.  Sis- 
temas Jílotífieot.  Sistema  de  los  que 
pretenden  ^ue  todo  es  espiritual  7  que 
no  ha7  mas  que  sensaciones  imagi- 
narías. 

ETUcoLOQfA.7snsí«na¿:itaIiano,t«- 
materialismo;  francés,  immatériaUtme. 

Inmaterialista.  Masculino,  Parti- 
dario del  inmaterialismo. 

Btiuolooía.  Inmatertalimo:  italia- 
no, inmaterialista;  francés,  inmatéria- 
liste, 

Inmaterialmente.  Adverbio  de 
modo.  Sin  matarialídad. 

Etiuolooía.  Inmaterial  7  el  sufijo 
adverbial  menU. 

Inmaturo,  ra.  Adjetivo.  Lo  que 
no  está  maduro  6  en  sazón. 

ETiHOLoaU.  Latía  immXtfbmin  de 
ta  privativo  ^  »3¿Srw,  maduro. 

Inmediación.  Femenino.  Conti- 
güidad, cercanía  de  una  cosa  i  otra. 

EtiuolooÍa.  Inwudial»:  catalán,  *s- 
mediació. 

Inmediatamente.  Adverbio  de  mo- 
do. Con  íumediación,  |  Adverbio  de 
tie:npo.  Luego,  al  punto,  al  instante. 

Etimología,  Inmediata  7  el  sufijo 
adverbial  mente:  italiano,  inmediata- 
ment;  francés,  inm/diale»unt;  catalán, 
inmediatament. 
Inmediata.  Adverbio  de  modo.  In- 

UBDUTAUBNTS. 

Inmediato,  ta.  Adjetivo.  Lo  qae 
no  tiene  punto  de  intermisión  respec- 
to de  otra  cosa,  á  diferencia  de  lo  me~ 
diaU>,  que  es  lo  que  está  en  medio. 
Por  consiguiente,  sucesor  inubdiato 
es  el  que  sigue  al  predecesor  sin  nin- 

funa  persona  intermedia,  como  el 
ijo  respecto  del  padre.  \  Por  exten- 
sión, se  entiende  lo  que  está  contiguo 
ó  mu7  cercano  á  otra  cosa,  aunque 
ha7a  puntos  intermedios,  como  cuan- 
do hablamos  de  poblaciones  inmedia- 
tas, sin  embargo  de  estar  separadas 
por  grandes  exteusiones  de  territo- 
rio. II  Ei'BCTOs  INUBDXVTOS.  Filosofía. 
Llámanse  así  los  primeros  efectos  de 
las  causas  finales.  |  Insbrción  inub- 
DUTA.  Bot'inica.  La  inserción  que  deja 
libre  el  órgano  inserto,  desde  el  mis- 
mo panto  en  que  aparece,  y  Pbimci- 

PtOS  INMBDIATOS  DE  LOS  VBGBTALBS  Y 

AlUHALBS.  Aiultomia  general.  Los  úl- 
timos cuerpos  salidos,  líquidos  d  ga- 
seosos, á  los  cuales  se  puede  Uegnr 
por  la  vía  puramente  anatómica;  esto 
es,  sin  descomposición  química.  Otros 
autores  dicen  que  son  principiot  ik- 
UBDiATos  los  que  se  obtienen  de  los 
cuerpos  orgánicos,  sin  ejercer  una  ac- 
ción descomponente.  .  I  Análisis  inme- 
diato. Qaimica  orgánica.  Separación 
de  los  principias  uiubdiatos,  conte- 
nidos en  una  aubst~ncia  orgánica,  en 


virtud '  de  {>rocediihiente8  espeaiales, 
como  los  reactivos  los  disolventes, 
fl  Contagio  inmediato.  Afedicina.  El 
que  se  verifica  mediante  el  contacto 
entre  el  individuo,  afecto  de  una  en- 
fermedad contagiosa  7  la  persona 
sana.J  Sb^obes  y  pbudos  inmedia- 
tos. Feudalismo.  Los  se&ores  v  feudos 
que  dependían  directamente  de  algún 
emperador  ó  rej,  sin  admitir  ni  re- 
conocer otro  soberano.  Littré  cita  el 
ejemplo  de  Enrique  de  Gortz,  nacido 
en  Franconia,  oarón  lvukduto  del 
imperio.  El  nombre  da  éarone4  iumb- 
DUTOS  era  mu7  comdn  ea  los  tiempos 
feudales.  ]  La  s:mEDtATA.  Expresión 
familiar  con  que  significamos  la  ne- 
cesidad de  una  acción,  que  debe  se- 
guir sin  demora,  como  en  este  ejem- 
plo: fsupuesto  un  desaire,  la  inub- 
ouTA  es  coger  la  puerta.»  Dicha  ex- 
presión, envuelve  una  frase  elíptica, 
equivalente  á  si  dijéramos:  supuesto 
un  desaire,  la  acción  inubdiata,  la 
conducta  inmediata,  la  cosa  inubdia- 
ta que  ha7  qae  hacer,  es  coger  la 
puerta.  Q  Echábala,  inubdiata.  Frase 
nmíliar.  Negar  una  cosa  descarada- 
menta,  ó  despedir  á  uno  en  términos 
mu7  desabridos,  como  cuando  se  dice: 
«apenas  conocí  sus  intentos,  le  hchií 

LA  inubdiata.»  i  DaBLB  a  AUIUNO  POK 

LAS  INUEDIATAS.  Fnse  familiar.  Es- 
trechar ó  apretar  á  alguno  con  accio- 
nes ó  palabras,  que  hiriéndole  en  lo 
que  siente,  le  convencen  7  dejan  sin 
respuesta.  ||  Llboae  i.  las  inmedia- 
tas. Frase.  Llegar  á  lo  máa  estrecho 
ó  fuerte  de  ta  contienda  en  alguna 
disputa  ó  pelea. 

BriuoLooU.  Latín  inm^diatuM  (en 
Quichbbat,  Áddenda);  de  in  pcivati- 
vo,  equivalente  á  no,  7  mUdiSín*,  me- 
diato; «no  mediato,  que  no  ha7  nada 
por  medio:»  italiano,  inmediato;  fran- 
cés, inmédiat;  catalán,  inmediatt  s. 

Sinonimia.  Ártícnút  primero. — ^Ih- 
ubdiato,  próxiuo,  contiguo,  cbsca- 
NO.  Inmediato  expresa  \k  idea  de  una 
cosa  que  está  á  corta  distancia  de 
otra,  pero  en  movimiento  las  dos. 
Próximo  expresa  la  idea  de  una  cosa 
puesta  en  movimiento  para  llegar  á 
otra  que,  no  estando  lejos,  no  se  mue- 
ve. Contiguo  expresa  la  idea  de  cosas 
inanimadas,  separadas  entre  sí  por  un 
pequeño  espacio.  Ctrcano  expresa  esta 
misma  idea,  pero  suponiendo  ser  ma- 
7or  la  distancia  que  separa  una  cosa 
de  otra.  (López  Piílbqbín.) 

Artienlo  legundo. — Inmediato,  fbó- 
xiMo,  obbcano.  De  io  inmeJiaío  nos 
separa  menor  distancia  que  de  lo  jtní> 
ximo;  de  lo  ^n£nMo,  menos  diftanqa 
que  de  lo  coreano.  Si  ae  habla  da  lo- 
calidad, lo  inmediato  es  lo  oontigno; 
si  se  trata  de  tiempo,  es  lo  que  sucede 
sin  intervalo  al  tiempo  en  que  se  ha- 
bla. La  casa  inmediata  á  la  Qiía  es  la 
que  está  pared  en  medio.  Está  cercano 
a  la  costa  un  buque  cuando,  según 
las  circunstancias,  puede  decirse  que 
no  está  lejos.  Está  próximo  á  entrar, 
cuando  se  halla  á  la  boca  d.el  puerto. 
El  ríú  considerable  más  cercano  á  Cá- 
diz es  el  Guadalquivir.  (Mora.) 

Inmedicable.  Adjetivo  metafórico. 


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l24 


ÍMMti 


Lo  qofl  no  se  puede  remediar  6  tfatar. 

Inmejorable.  A(i|jetÍTO.  Que  no  m 
puede  mejorar. 

Inmejorado,  da.  A^jetiTO.  Que  no 

hi  recibido  mejora. 

Inmemoralua.  A^jetÍTO  antioaa- 
do.  Ikusmobial. 

ETUcOLoafA.  In  nentiro  t  memora- 
ble: latía,  imm^miírioílit;  italiano,  iw- 
mmorábiU;  francéa,  mmánorabU. 

Inmemorablamente.  Adverbio 
modal*  De  un  modo  inmemorial. 

Btimolooía.  lummorabU  ^  el  sufi- 
jo aáTerbial  mente:  catalán,  tnmemarñ- 
6imeñí¡  italiano,  immmorabUmníe, 

Inmemorial.  Adjetivo.  Lo  que  es 
tan  anticuo,  que  no  haj  memoria  da 
cuindo  comenzó. 

Etiúoloqía.  l»wimorable!  catalán, 
inmemorial;  francés,  immémorial, 

Inmemorialmente.  Adverbio  mo* 
dal.  De  un  modo  inmemorial. 

Etimolooía,  Inmemorial  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  francés,  immémoriaU- 
ment. 

Inmensamente.  Adverbio  de  mo- 
do. Con  inmensidad. 

Etiuolooía.  fnmenia  j  el  sufijo  ad- 
Terbial  mente:  italiano,  inmensamente; 
fitaneéa,  immentément;  catalán,  inmen- 
Mment. 

Inmensidad.  Femenino.  MeUfUi- 
ca.  Infinidad  da  la  exiensiéa;  atributo 
de  sólo  Dios,  infinito  é  inmensunble. 
I  Muchedumbre,  número  6  extensidn 

grande. 

ExiuoLOOfA.  Inmenso:  latín,  immen- 
sitas;  italiano,  immensiíá;  francés,  tta- 
mensite';  catalán,  inmensiíat;  portu- 
gués, inmeiuidade. 

Inmenso,  sa.  Adjetivo.  Metafísica. 
Lo  que  no  tiene  medida  ó  es  infinito 
ó  ilimitado;  j  en  este  sentido,  es  pro- 
pio epíteto  de  Dios  v  de  sus  atriou- 
tos.  I  Por  exageración,  lo  que  es  mu^ 
grande  ó  maj  difícil  de  medirse  ó 
coatarse. 

BnuoLoota.  Inmhuut;  de  m  priva- 
tivo j  mensns,  medido,  participio  pa- 
sivo de  mé^i,  medir:  italiano,  {mmen- 
»;  francés,  immiue;  catalán,  i«»flu,<r« 

Inmensarabilided.  Femenino. 
Cualidad  de  lo  inmensurable. 

Inmensurable.  Adjetivo.  Lo  que 
no  se  puede  medir. 

ETi:t:oLoo(A.  Latín  immens9ribUis, 
que  no  ae  puede  definir;  de  in,  no,  j 
mensürabílist  mensurable:  italiano, »m- 
mensuraÓile;  francés,  immensurabU  é 
immesurable;  catalán,  inmensurable. 

Sinonimia.  Inmensurable,  inconmen- 
surabUf  inmenso, — El  primero  es  ge- 
neral j  se  aplica  indistintamente  á 
todo  lo  que  no  puede  ser  medido. 

El  segundo  se  emplea  respecta  de 
otra  cosa  ó  cantidad;  esto  es,  se  apli- 
ca á  eualquiera  cantidad  ó  cosa  que 
no  puede  tenar  una  medida  común 
con  otra. 

El  tercero  se  limita  á  dar  la  idea  de 
todo  lo  que  excede  á  una  medida  co- 
nocida. 

Jnmettsurable  prescinde  de  toda  com- 
paración. 

Inconmensurable  se  funda  en  la  com- 
paración (como  lo  indica  la  partícula 
cun  latina  que  entra  en  su  composi- 


ci<Sn);  pero  la  establece,  no  tüitt  las 
cosas  j  la  medida,  sino  entre  las  co- 
sas mismas  solamente. 

Inmenso^  por  el  contrario,  compara 
la  cosa  con  la  medida  que  se  conoce  á 
que  adopta  el  entendimiento. 

La  fuerza  de  la  naturaleza  es  w- 
mensurable. 

La  circunfereaoia  de  un  círculo  es 
inconmensurable  con  su  radio. 

Un  campo,  cuando  es  mayor  de  lo 
que  esperábamos,  nos  pance  ifmenso. 

Inmensurable  é  inmenso  se  asan  in- 
distintamente en  sentido  recto  j  figu- 
rado. 

In&mmemwrahle,  solamente  en  sen- 
tido recto.  (CoNDB  db  la  Cobtina.) 

Innensnrablemettte .  Ad  t  erbio 
modal.  De  un  modo  inmensurable. 

Etiuolooía.  Inmensurable  j  el  sufí* 
jo  adverbial  ment*:  latín,  inmensSra- 
tim. 

Inmerecidamente.  Adverbio.  Sin 

liaberlo  merecido. 

ETiifOLOQÍA.  Innureddn  j  el  sufijo 
adverbial  mente. 

Inmerecido,  da.  Adjetivo.  Lo  que 
no  se  ha  meneído. 

Inmer^ente.  Adjetivo  j  participio 
activo  de  inmergir  ó  inmergirse.  Di- 
dáctica. Que  inmeive  ó  se  inmerge. 

BriHOLOaÍA.  Latín  inmergenUy 
ablativo  de  immergeiat  immei-gentis^ 
participio  de  presente  de  imaiergire, 
inmergir:  francés,  immfrgeant., 

Inmergir.  Activo.  Didáctica»  Su- 
mergir algún  cuerpo  «n  el  líquido 
basta  que  éste  le  cabra,  6  en  ua  flui- 
do, sombra,  etc. 

ÉTiuoLoaÍA.  Latín  inmerg're,  su- 
merff'ir;  de  ta,  en,  jnteryVí,  hundirse 
en  el  agua:  italiano,  inMetyer:;  fran- 
cés, immergfft. 

Inmergirse.  Beeíproco.  Sumergir- 
se en  algún  cuerpo  capaz  de  ello. 

Inméritamente.  Adverbio  da  mo- 
do. Sin  mérito,  sin  razdn. 

EmiOLOofA.  Inmérita  y  el  sufijo  ad- 
verbial mente. 

Inmérito,  ta.  Adjetivo  aotieuado. 
Lo  que  no  tiene  mérito. 

Etiuolooía.  Latín  «míbVICíw,  ino- 
cente, sin  culpa  (ViROiLio);  no  mere- 
cido, injusto.  (Ovidio.) 

Inmeritorio,  ria.  Adjetivo.  Lo 
que  no  es  meritorio. 

Etimolcoía.  Jn  privativo  j  merito- 
rio: francés,  imméritaire;  catalán,  in- 
meritori,  a. 

Inmersión.  Femenino.  La  acción 
de  entrar  alguna  cosa  en  el  agua  ú 
otro  líquido  nasta  quedar  sumergida 
en  él.  ¡Punto  db  ihmbb^ióh.  Oj^tica, 
El  punto  por  donde  un  rajro  luminoso 
se  sumerge  en  un  medio  cual  [uiera. 
Q  Astronomía.  Prineipio  de  un  eclip- 
se, á  sea  el  instante  en  que  un  plane- 
ta entra  en  la  sombra  de  otro  planeta, 
en  cavo  sentido  se  dice:  <la  inubb- 
siÓM  de  la  luna  en  la  sombra  de  la 
tierra.»  Así,  pues,  la  inubrsión  de  un  j 
cuerpo  planetario,  considerada  en  su  ' 
efecto  visible,  no  es  otra  cosa  que  su  I 
oscurecimiento,  producido  por  la  in- 
terposición de  otro  planeta. 

ExiiiOLoaÍA.  1.  Inmergir:  latín, ' 
inmersíOf  el  acto  de  inmergir,  forma  , 


mm 

sustantiva  abstracta  de  mmirm,  pkt* 

ticipio  pasivo  de  immerghtp  hundir 
en  el  agua:  italiano,  immersione;Ítttíi- 
cés,  immertion;  catalán,  inmersÚ. 

2.  Esta  serie  viene  del  sánscrito. 
El  latín  mertus,  sumergido,  es  el  sáns- 
crito manías,  lavado;  lituanio,  merkit, 
merklas;  así  como  el  latín  mergens, 
que  se  sumerge,  representa  el  sánscri- 
to marjal,  que  lava. 

Inmersivamente.  Adverbio  die 
modo.  Por  inmersión. 

Etimología.  Inmersiva  y  el  safijo 
adverbial  mente. 

InmersÍTO,  Ta.  Adjetivo.  Coneei- 
niente  i  la  inmersión,  |.Calcuu- 
ciÓN  iHUBRSivA.  Didáctica,  Lft  prneba 
qae  se  hace  del  oro  ea  el  agoa. fuerte. 

EtiuoL'oaÍA.  Inmersión:  italiano, 
immersivo;  francés,  immertif, 

Inmersor.  Masculino.  El  que  me- 
tía en  el  agua  al  que  se  bautizaba  por 
inmersión. 

Inmigración.  Femenino.  La  ac- 
ción 7  efecto  de  inmigrar. 

Inmigrar.  Neutro.  Trasladarse  á 
una  reglón,  para  establecerse  en  ella, 
los  q^ue  estaban  domiciliados  en'  otra. 
Se  dice  especialmente  de  los  que  pa- 
san á  formar  nuevas  colonias,  ó  á  na- 
turalizarse en  las  7a  formadas. 

EtduxxkiÍa.  Smigrar:  latía,  inmi- 
grare. 

Inminencia.  Femenino.  Condicidn 
de  lo  que  es  inminente,  en  especial 
hablando  de  algún  riesgo.  Q  Inuihbh- 
ciA  MÓBBiDA.  Medicina,  Estado  inde- 
finible del  organismo,  que  no  es  toda- 
vía la  enfermedad;  pero  que  la  prepa- 
ra y  la  anuncia,  como  ai  fuera  ta  pri- 
mar florado. 

EtiuoloqÍa.  Inminente:  latín,  |MI•^ 
nenlta;  italiano,  imminenea;  francés, 
imminence. 

Inminente.  Adjetivo.  Lo  que  ame- 
naza ó  está  para  suceder,  hablándose 
de  riesgos,  desgracias  y  peligros, 
como  cuando  decimos:  ruina  imivxzv- 
TB,  eaíá»tro/e  inuinbntb.  Q  También 
suele  aplicarse  á  todo  suceso  presu- 
mible, que  se  juzga  cercano,  como  en 
este  ejemplo:  la  sabida  al  trono  de 
tal  ó  cual  príncipe,  es  un  hecho  imu- 

NENTB- 

Etiuolcuía.  Latín  immfnens,  immt- 
nentií,  participio  de  presente  de  immí- 
ft¿rf,  amenazar,  estar  cercano;  de  ta, 
en,  dentro,  sobre,  y  mSnere,  permane- 
cer: iHUiNBBB  morti,  estar  para  darse 
la  muerte,  en  Séneca:  imuinbbb  r^^v*, 
buscar  la  ocasión,  en  Tácito:  francés, 
imminení;  italiano,  imminentej  cata- 
lán, i/nMÍnent. 

1.  La  t  breve  de  immínere  represen- 
ta la  a  breve  de  vtaneoi  yo  permanez- 
co; asi  como  lá«  larga  de  immt^e, 
es  la  e  larga  de  mUnere,  permanecer. 

2.  Bsto  demuestra  que  imm^virei^ 
preseuta  imm&Hére,  permanecer  en  an 
objeto,  morar  junto  á  él,  estar  pen- 
diente, de  donde  vieae  el  sentido  lógi- 
co de  amenazar. 

Inminentemente.  Adverbio  de 
mod '.  ('ou  inminencia. 

Etiuolooía.  Inminente  y  el  sufijo 
adverbial  mení^.-francés,  imminommení; 
italiano,  imminentemente. 


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tmo 

tttmíacibilidad.  Femenino.  Pütea^ 
Cualidad  de  lo  inmiscible. 

Btiicoloqía*  Inmüeible:  finacis, 
iumiteiinliU. 

lamiscible.  Que  no  es  susceptible 
de  mexcUrse,  en  cuja  acepción  deci- 
mos: iuhsíanciat  iHiciaciBLBS. 

BTiHOLoaÍA.  Latín  iwnist^bUis 
(QuiCHBRAT.  Adde%4a);  de  tu,  no,  j 
mi$e\lttl%$j  lo  (|ae  puede  mezclarse: 
francés,  immitcthU^ 

Inmiscaente.  Participio  dctivo  de 
inmiscuir.  ^ 

Inmiscuir.  Activo.  Q,%ímica.  Mez- 
clar dos  ó  más  substancias.  ||  Recípro- 
co. Entretenerse,  tomar  parte  en  un 
asunto  6  negocio,  especialmente  cuan- 
do no  baj  razón  ó  autoridad  para 
ello. 

BrmoLooÍA..  Latín  i»mise9re;  de  *k, 
en,  j  miieirc,  mezclar:  francés,  ímmt«- 
eer;  italiano,  inmicir,  inmiscaírse. 

InmiBericordiB.  Femenino.  Falta 
da  misericoi^ia,  dureza  de  corazón, 
iühnmanídad. 

BriuoLoaÍA.  2n  ne^tivo  t  miteri- 
e9rdia:  catalán,  inmterieoraia;  fran- 
cés, Ímmi$¿ricorde;  latín,  ivmísMcor- 
dia,  (Tbbtui.ia.no.) 

InmÍBaricordiosamente.  Adver- 
bio de  modo.  Sin  misericordia. 

Etimología.  Inmitericordiosa  j  el 
sufijo  adverbial  mente:  catalán,  inmite- 
rieordiotamení;  francés,  immitíricor- 
diemtewunt ;  latÍD ,  mmíiMeerditer, 
(Tbbtoliako.) 

Inmisericordioso,  la.  Adjetivo. 
Despiadado. 

BriHOLOOfA,.  Inmisericordia:  cata- 
Un,  inmiterieordidif  a;  francés,  immité- 
ñcor^ens;  latía,  «MnlCf  Vlícort,  que  no 
tiene  compasión.  (Cicbróx.) 

Inmiiion.  Femenino.  Acto  de  en- 
cerrar  una  cosa  dentro  de  otra. 

BnuoLOofA.  Latín  immis$ío,  acción 
de  enviar  ó  de  dirigir  contra;  forma 
sustantiva  abstracta  de  immíssus,  par- 
ticipio pasivo  de  immiíí^re,  enviar  ha- 
cia; de  in,  en,  dentro,  sobre,  j  mtít?" 
rt,  enviar:  catalán,  inmissi  !. 

Inmóbil.  Adjetivo.  Inmóvil. 

BtiuoloqU.  Inmdnl:  catalán,  iiisuF* 
bU:  francés,  immobiU, 

Imnobilidad.  Femenino.  Ikmovi- 
UDAn. 

.  fhoáOLoaÍA.  InmooiUáad:  eatalin, 
iimoiititat;  francés,  immoiilitó. 
Inmoble.  Adjetivo.  Lo  que  no  se 

Saede  mover.  |  Lo  que  no  se  mueve.  || 
[etsfora.  Constante,  firme  é  invaria- 
ble en  las  resoluciones  6  afectos  del 
ánimo. 

BnuoLoaU.  Immáñl:  catalán,  ift- 
wtobU. 

Inmoderación.  Fenianino.  Falta 
d«  moderación. 

BnHOLoaÍA.  Latín  imm^dhUtto;  de 
i»  privativo  y  mdderaíU,  moderación: 
catalán,  inmoderaeid;  francés,  immodé- 
r«¿í<m;  italiano,  tmoderaíetta. 

Inmoderadamente.  Adverbio  de 
modo.  Con  inmoderación. 

BmcoLoofa.  Jumoderada  j  el  sufijo 
.adverbial  mente:  catalán,  i»moderad'.i- 
jNM/:  francés,  immodér^ent;  italiauo, 
S»oderaíameníe;  latín,  inmüdtraie. 

Inmoderado,  da.  Adjetivo  que  se 


IKMO 

'  apitca  á  la  persona  6  cosa  qne  no  tíe- 
I  ne  moderación. 

I  BTiuOLOofA.  Latín  immMhatut;  de 
'  in  privativo  r  mSdhatH$t  moderado: 
I  catalán,  inmoderat,  da;  francés,  msio- 
d¿rá;  italiano,  smt^erato. 

Inmodestamente.  Adverbio  de 
modo.  Con  inmodestia. 

Btiholooía.  Inmodesta  j  el  sufijo 
adverbial  mentt:  catalán,  imnodesía- 
mení;  francés,  immodestement;  italiano, 
immodetíameníe;  latín,  immSdesíé. 

Inmodestia.  Femenino.  Falta  de 
modestia. 

Etwolooía.  Inmodesto:  latín,  immS- 
destla:  italiano,  immodestia;  francés, 
immodestie;  catalán,  inmodestia. 

Inmodesto,  ta.  Adjetivo  que  se 
aplica  á  lo  que  no  es  modesto. 

EriHOLoaÍA.  Latín  inmodestus;  de 
in  privativo  j  miSdestu»,  modesto:  ca- 
talán, inmodest,  a;  fhincés,  immodeste; 
italiano,  immodesto. 

Inmódico,  ca.  Adjetivo.  Que  no  es 
módico. 

EriHOLoafA.  Latín  titmMfl»,  exce* 
sivo;  de  in,  no,  j  mSdtcus,  módico 

Inmodificable.  Adjetivo.  Que  no 
se  puede  modificar. 

Etimología.  In  privatÍTO  y  modif- 
eaUe  francés,  immdiJiabU;  italiano, 
immodi^eabiie. 

Inmoinlable,  Adjetivo.  Que  no 
admite  modulación. 

Inmoinlablemente.  Adverbio  de 
modo.  De  una  manera  inmodulable. 

Etimología.  InmodulahU  y  el  sufijo 
adverbial  mente,' 

Inmoduladamente.  Adverbio  de 
modo.  Sin  modulación. 

ETiHOLoaÍA.  Jnmodnlada  y  el  sufijo 
adverbial  mente. 

Inmodulado,  da.  Adjetivo.  Que 
no  es  modulado. 

EtiuoloqU.  Latín  inmdd&laíut,  fal- 
to de  armonía;  de  in  privativo  y  md- 
dülaíus,  modulado:  francés,  immodnlé; 
italiano,  immodnUto. 

Inmolación.  Femenino.  La  acción 
j  efecto  de  inmolar.  |  Dogma  cristia- 
no. Se  entiende  por  inmolación  el  sa- 
crificio del  cuerpo  del  Mesías,  del  mis- 
mo modo  que  se  entiende  por  infusión 
el  sacrificio  de  su  sangre,  como  precio 
de  redención  del  ^nero  humano.  En 
este  sentido  se  dice:  «el  cuerpo  y  la 
sangre,  euja  inmolación  v  efusufn  sal- 
varon al  mundo  en  Ja  Cruz.»  (Bos- 
Sübt,  Var.,  IVt  piírrafo  8.') 

Etimología.  Inmolar:  latín,  immS- 
l&tío,  sacrificio  de  una  víctima;  italia- 
no, immolazione;  francés,  immolation; 
catalán,  inmolacid, 

Rfseña  histiSrica. — La  inmolación 
de  víctimas  humanas  es  común  á  mu- 
chas naciones  y  gentes  de  la  anti- 
güedad. 

1.  Herodoto  afirma,  al  describir  los 
sacrificios  que  los  escitas  ofrecían  al 
dios  de  la  guerra,  que  le  inmolaban 
víctimas  humanas.  (Hollín,  HiHoria 
antigua,  Obrta,  toma  S.°,p  ¡ginaltí.) 

2.  A  fin  de  reparar  aquella  falta,  in- 
molaron  i  Saturno  doscientos  hijos  de 
las  mejores  casas  de  Cartago.  (Ibidbm, 
tomo  i,",  página  19^,) 

3.  Los  galos,  los  sirios  y  los  aatí- 


fMoi  gríe^s  nos  ofrecen  también  el 
^rbaro  ejemplo  de  esto  género  de 

INM0LACI0NB9.    (VoLTAIBB,  Cotinm- 

bres,  i47.) 

4.  Los  romanos  cayeron  después 
en  semejante  crimen  de  idolatría,  m- 
MOLANoo  i  dos  griegos  y  á  dos  galos, 
con  el  fin  de  expiar  ciertas  galante- 
rías de  tres  vestales.  (Plutabco.) 

5.  Antigüedades  romanas. — Ceremo- 
nia de  los  antiguos  romanos,  que  con- 
sistió al  principio  en  echar,  sobre  la 
cabeza  del  animal  destinado  al  sacri- 
ficio, harina  de  trigo  mezclada  con 
sal,  lo  que  se  llamaba  mola  salsa.  Los 
griegos  se  valían  de  granos  de  trigo  ó 
de  cebada,  á  que  tamoién  mezclaban 
sal.  Posteriormente  se  llamó  inmola- 
ción todo  el  acto  del  sacrificio. 

Inmolado,  da.  Participio  pasivo 
de  i D molar. 

Etimología.  Latín  immSlitus,  par- 
ticipio pasivo  de  immilare:  catalán, 
inmolat,  da;  francés,  immoU;  italiano, 
immolaío. 

Inmolador,  ra.  Masculino  y  femé- 
niño.  El  que  inmola. 

Etimología.  Inmolar:  latín,  inmiila' 
tar;  iuliano,  inmolaíore;  francés,  in- 
molateur;  catalán,  inmolador,  a. 

Inmolar.  Activo.  Paganismo.  Ma- 
tar degollando  en  honor  de  una  divi- 
nidad, en  cuyo  sentido  se  dice:  «in- 
molar víctimas.»  I  Politeísmo  romano. 
Derramar  la  salsa  mola  sobre  una  víc- 
tima antes  de  degollarla,  (Catón.)  J 
Recíproco  metafórico.  Dar  la  vida,  la 
hacienda,  el  reposo,  en  provecho  de 
alguna  persona  ó  de  algún  principio, 
como  cuando  se  dice:  «inholabsb  en 
aras  de  la  patria;  ihmolarsi  en  aras 
de  la  fe  de  Cristo;  iHMOLAasa  en  aras 
del  amor.»  |  Metáfora.  Sinónimo  de 
sacrificar,  como  en  el  ejemplo  siguien- 
te: fpueden  inmolabnos;  no  envile- 
cernos, ni  oprimirnos.» 

Etimología.  Latín  mSla,  harina  tos- 
tada, molida  y  espolvoreada  de  sal, 
de  que  usaban  en  los  sacrificios;  in- 
milare  (in-mÓlare),  sacrificar  matando 
alguna  víctima:  catalán,  inmolar; 
francés,  inmoler;  italiano,  inmolare. 
La  o  breve  de  inmolare  es  la  o  breve 
de  mUa. 

Reseña. — 1.  Derramar  la  <a¿ia  mo- 
la sobre  la  victima  antes  de  degollar^ 
la,  tiene  en  latín  la  siguiente  corres- 
pondencia: salsa  HOLA  ncA'sMsi  asper- 
gtre^  rociar  la  víctima  con  la  salsa 

MOLA. 

2.  Horacio  y  Tito  Livio  hablan  de 
corderos  y  bueyes  ihuolados  á  la  dio- 
sa Diana. 

3.  De  un  pasaje  de  Cicerón  se  in- 
fiere que  los  romanos  solían  inmolar 
víctimas  á  muchos  dioses  á  la  vez: 
quum  pluriius  diis  iNM0LA.Tua. 

Inmoral.  Adjetivo.  Lo  que  se  opo- 
ne á  U  moral  ó  buenas  costumbres. 

Etimología.  In  negativo  y  moral: 
francés,  immoral;  italiano,  mmorale. 
Los  eruditos  catalanes  deban  aOadit 
esta  palabra  á  su  Dieeionas^ 

Inmoralidad.  Femenino.  Falta  de 
moralidad,  desarreg^lo  en  las  costum- 
bres. 

Etimología..  Inmoral:  francés,  m- 


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126  tmió 

moraUtí;  italiano,  mmoraUtA,  Falta  I 
tambiéa  en  el  Diccionario  catalán. 

Inmoralizable.  Adietiro.  Que  no 
es  susceptible  de  moralizarse. 

Inmorig'eradamente.  Adverbio  de 
modo.  Sin  moriste  ración. 

BnuoLoaf  A^.  Inmorigerada  j  el  sufi- 
jo adrerbial  mente. 

Inmorigerado,  da.  Adjetivo.  Que 
no  es  morigerado. 

Inmortal.  AdjetÍTo.  Lo  que  no  es 
mortal  ó  no  puede  morir.  H  Uet&fora. 
Loque  dura  mucho  tiempo. 

BriuoLoaÍA.  Latín  immortalii;  de  in 
privalivo  T  moriSlit,  mortal:  catalán, 
'tal;  francés,  immorlel;  italiano, 
immoríaie, 

Inmort:ilar.  Activo  anticuado.  In- 

VO&TALIZAR. 

Inmortales  (los).  Masculino  plu- 
ral. Historia.  Cuerpos  de  tropa  desti- 
nados á  la  guardia  de  los  antiguos 
reres  de  Persia,  cuyo  efectivo  fué  de 
10.000  hombres. — Es  de  advertir  que 
se  llamaron  así,  porque,  tan  pronto 
como  uno  moría,  era  reemplazado  por 
otro,  de  suerte  que  nunca  disminuía 
su  número. 

Inmortalidad.  Femenino.  La  ca- 
lidad de  inmortal,  y  ^Tetáfnra.  Dura- 
ción mujr  larga  de  alguaa  cosa  en  la 
memoria  de  loi  hombres.  Q  Bl  premio 
de  la  ciencia,  del  heroísmo,  de  la  san- 
tídad  y  de  la  virtud. 

ETUiOLOofA.  Inmortal:  catalán,  in- 
mortaliíat:  francés,  immortalite';  italia- 
no, immortaliíi;  portugués,  inmoríati- 
dade;  del  latín  imnortHitat,  forma  sus- 
tantiva abstracta  de  inmorliUs,  in- 
mortal. 

Inmortalizable.  Adjetivo.  Que 
puede  inmortalizarse. 

Inmortalización.  Femenino.  Ac- 
ción ó  efecto  de  inmortalizar. 

EtiuoloqU.  Inmortalizar:  francés, 
immortaiisation. 

Inmortalizado,  da.  Participio  pa- 
sivo de  inmortalizar. 

Etiuoloqía.  Inmortalizar:  catalán, 
inmorUtlitatt  da;  francés*  tnmoría- 
IM. 

Inmortalizar.  Activo.  Hacer  per- 
petua una  cosa  en  la  memoria  de  los 
hombres.  Se  usa  también  como  recí- 
proco. 

Etimoloqía.  Inmortal:  catalán,  in~ 
mirtali  ar;  francés,  immortaliier;  ita- 
liano, immoríalare. 

Inmortalizarse.  Recíproco.  Ha- 
cerse memorable  ó  inmortal  en  la  me- 
moria de  los  hombres. 

Inmortalmente.  Adverbio  modal. 
De  un  modo  inmortal. 

ETiHOLoaÍA.  Inmortal  7  el  sufijo 
adverbial  mente:  catalán,  inmortal- 
mní/francés,  (mmortellement;  italiano, 
immortaimente;  latín,  immort'ilííer. 

Inmortiflcací¿n.  Femenino.  Falta 
de'  mortificación,  J  Atutismo.  Estado 
de  una  persona  no  mortificada. 
■  Etimología.  7n  privativo  ^  wor/i- 
ficación:  catalán,  inmortijicactó;  fran- 
.cés,  immortiñcation:  italiano,  immorti- 
ficazionr.  ■ 

Inmortíficado,  da.  Adjetivo.  Lo 
^ue  no  está  mortificado. 

ETnioLOOÍA.  In  privativo  y  morti- 


I  fiea^o:  francés,  tnmortifié;  catalán,  in- 
moHÍJi'cat,  da. 

Inmoto,  ta.  Adjetivo.  Lo  que  no 
se  mueve. 

EriuoLOofA.  Latín  inmütus,  inmo- 
ble, estable;  de  1*  privativo  7  ind<u, 
movido. 

Inmovible.  Adjetivo.  Inmoble. 
EtiuoloqÍa.  Latín  tmníobllis;  de  tn 
privativo  7  mdbUi$j  móvil:  catalán, 
tnmoñble. 
Inmóvil.  Adjetivo.  Inmoble. 
EniioLoaU.  Inmovible:  catalán,  tfi- 
mópil. 

Inmovilidad.  Femenino.  La  inca- 

f acidad  é  impotencia  de  moverse.  Q 
alta  de  movimiento.  I  Metáfora.  Fir^ 
meza  7  constancia  en  las  resoluciones 

6  en  los  a'^ectos  del  ánimo. 

ETiuoLoofA.  Inmovible:  latín,  m- 
mobíltías;  catalán,  inmovilitat. 

Inmovilizado,  da.  Adjetivo.  No 
movilizado. 

Inmovilizar.  Neutro.  Hacer  in- 
móvil. 

Inmudable.  Adjetivo.  Inmutable. 
Inmueble.  Adjetivo  que  se  aplira 
á  los  bienes  raíces,  en  contraposición 
de  los  bienes  muebles. 

ETiMOLoaÍA.  In  privativo  j  mueble: 
provenzal,  immoble;  {nncés,  immeuble. 

Inmundamente,  Adverbio  modal. 
De  un  modo  inmundo. 

ETiuoLoofA.  Inmunda  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  latín,  immUndé, 

Inmundicia.  Femenino.  Suciedad, 
basura,  porquería.  |j  Metáfora.  Impu- 
reza, deshonestidad. 

Etiuolooía.  Inmundo:  latín,  m- 
mundítia  é  immundíttes;  catalán,  in- 
mundicia; francés,  immondice;  italiano, 
immondizia. 

Inmundicidad.  Femenino.  Cuali- 
dad de  lo  inmundo. 

Inmundísimo,  ma.  Adjetivo  su- 
perlativo de  inmundo. 

Etiuolooía.  Latín  immundistímus: 
catalán,  inmundissim,  a.  . 

Inmundo,  da.  Adjetivo.  Sucio  j 
asqueroso.  I  luPUBO,  6  aquello  cujo 
uso  estaba  prohibido  á  los  judíos  por 
la  lej, 

BTiMOLoafA.  Latín  immUndus,  as- 
queroso; de  in  privativo  7  mundus, 
limpio,  puro,  bello:  italiano,  immun- 
do; francés,  immonde;  catalán,  t«««B- 
do,  a. 

Inmune.  Masculino  7  femenino. 
Libre,  ex.ento.  [|  Adjetivo.  Lo  que  go- 
za del  privilegio  de  inmunidad. 

Etimología.  Latín  immMnis,  libre, 
exento,  privilegiado;  de  in,  no,  7  mü- 
ffttf,  servicio,  carga:  italiano,  immune; 
catalán,  inmune. 

Inmunidad.  Femenino.  Libertad 
ó  exención  de  ciertos  oficios,  cargos, 

Sravámenes  ó  penas,  que  le  eonceae  á 
eterminadas  personas,  6  es  inherente 
á  algunos  lugares  6  sitios. 

Etimología.  Inmune:  latín,  {mmUnt- 
tas;  catalán,  tnmunitat;  provenzal,  im- 
munitat;  francés,  immunile;  italiano, 
immuniíá.  El  catalán  antiguo  tiene 
tmmuniiaí,  forma  etimológica. 

Inmutabilidad.  Femenino.  Cali- 
dad de  lo  que  es  inmutable;  7  así  se 
dice:  la  inmutabilidad  de  loa  eternos 


decretos  de  Dios.  ¡  El  atributo  6  prtf« 
piedad  de  inmutable  ó  de  no  estar 
sujeto  á  mudanzas.  ]  MeiafUitít.  Atri- 
buto de  la  esencia. 

ETiuoLoaÍA.  Inmutable:  latín,  *m- 
m^tibUítaí;  italiano ,  immutabiHtdt ; 
francés,  immutabilit/;  catalán,  inmuta- 
bilitat. 

Inmutable.  Adjetivo.  Lo  qne  no 
es  mudable.  ||  Metáfora.  El  iincDTA— 
ULE.  El  Altísimo. 

Etiuolooía.  Latín  {mmitcíbUit;  de 
in  privativo  7  m&<a¿K¿i>,  mudable:  ita- 
liano, iftímutabile;  ñ^ncés  del  siglo  XT» 
immutable;  moderno,  mtnuable;  cata- 
lán, iimutable. 

Inmutablemante.  Adverbio  do 
modo.  Sin  mutación. 

EruiOLoafA.  Inmutable  j  el  sufijo 
adverbial  mente:  italiano,  inmutait^ 
mente;  francés,  immuabiemént;  catalán, 
¡niüutablement. 

Inmutación.  Femenino.  Laaccidn 
7  efecto  de  inmutar  ó  inmutarse. 

Etimología.  Inmutar:  latín,  tmaff- 
tatío;  italiano,  inmutañsne;  catalán, 
inmutació. 

Inmutado,  da.  Participio  pasivo 
de  inmutar. 

Etiuolooía.  Inmutar:  latín,  msffi^í- 
tus,  participio  pasivo  de  immSíire;  cife- 
talau,  inmuíatt  da;  italiano,  immatato. 

Inmutar.  Activo.  Alterar  ó  variar 
alguna  cosa.  |  Recíproco  metafórico. 
Sentir  cierta  conmoción  repentina  del 
ánimo,  manifestándola  por  algún  ade- 
mán ó  por  la  alteñeidn  del  semblante. 

Etimología,  Latín  immMtSre,  va- 
riar; de  in,  en,  7  mutáre,  mudar:  ita- 
liano, immutare;  catalán,  inmutar. 

Inmutativo,  va.  Adjetivo.  Lo  que 
inmuta  ó  tiene  virtud  de  inmutar. 

Etoiología.  Inmutar:  catalán,  m- 
mutatiu,  va. 

Inmutilado,  da.  Adjetivo.  Que  no 
está  mutilado, 

ErmoLOGÍA.  Latín  inmUtílatut,  par^ 
ticipiu  pasivo  de  inmüt'lSre;  de  1*  ne- 
gativo 7  nS¿í/3r«,  mutilar. 

Innacible.  Adjetivo  anticuado.  Lo 
que  no  puede  nacer. 

Innaciente.  Adjetivo  anticuado. 
Lo  que  no  nace. 

Innasal.  Adjetivo.  Gramática.  Que 
no  es  nasal. 

Innasalidad.  Femenino.  GframáH- 
ca.  Cualidad  de  lo  que  no  es  nasal. 

Innascibilidad.  Femenino.  Cuali- 
dad de  lo  innascíble. 

EtiuoloqÍa.  Innatcible:  proven- 
zal, tainua¿i7rra<,- francés,  innascibiU' 
té;  latín,  innascWlítat  (Quicherat, 
Áddenda). 

Innascíble.  Adjetivo.  Que  no  pue* 
de  nacer  ó  ser  engendrado, 

Etiuolooía.  Latín  innascíiüli*;  de 
¿«privativo  7  natiHb'ílis,  que  puede 
nacer:  francés,  innascible, 

Innasciente.  Adjetivo.  Que  no  n»- 
ce  de  otro. 

Innato,  ta.  Adjetivo,  Lo  que  es 
connatural  7  como  nacido  con  el  mis- 
mo sujeto.  |]  Ideas  innatas.  Sistema 
ftloiáficíf  de  Descartes,  Ideas  no  adqui- 
ridas por  la  experiencia  ó  por  la  per- 
cepei^in,  como  inherentes  a  la  inteli- 
gencia del  hombre,  teles  como  lee  de 


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INXE 

ctiM-j  afecto,  del  géaeio  7  del.  indi- 
nduo. 

flTUKtt.OQU.  X«tt£n  iunSíut,  creado 
BD,  natural  de,  compuesto  del  ]^reñjo 
M,  en,  dentro,  y  MiuSf  nacido:  italia- 
ao,  innaío;  francés,  ÍnH¿¡  catalán,  tn- 

Reiiia. — Otros  filósofos,  antes  que 
Descartes,  nos  presentan  la  teoría  de 
las  ideas  innatas;  pero  las  referimos 
«1  sistema  cartesiano,  porque  Descar- 
tes j  su  escuela  son  los  que  hicieron 
de  aquella  teoría  una  especie  de  tesis 
filosófica. 

Innatural.  Adjetivo.  Que  no  es  na- 
tural. 

BnuoLOOfA.  I»  privativo  y  natural: 
Utin,  iuuaíUrális  (Quicuerat,  Adien- 
da);  italiano,  intialurale;  francés,  inna- 
tunl. 

Innaturalidad.  Femenino.  Falta 
de  naturalidad. 

bmatoralmente*  Adverbio  de  mo> 
do.  Sin  naturalidad. 

BruKHjooÍA.  JiuMiural  y  el  sufijo 
adverbial  mente. 

Iftnavezable.  Adjetivo.  Lo  que  no 
es  navegable. 

'Etuiolooía.  Latín  innavtgab'ílis;  de 
ÍK  privativo  y  nacydhilis,  navegable: 
italiano,  innav'.gihiLe;  francés,  innaci-' 
gaUe;  catalán,  innavegable. 

Innebuloso,  sa.  Adjetivo.  Que  no 
tiene  nubes. 

Innecesariamente.  Adverbio  de 
mrdo.  Sin  necesidad. 

ETiuoLoaÍA.  Imucesaru^  y  el  sufijo 
idreibial  mente. 

Innecesario,  ría.  Adjetivo.  Lo 
qae  no  es  necesario. 

SiMOxiuiA.  InnecesariOf  snper^uo.  Lo 
iwnecetario  no  hace  falta. 

Lo  tuperjiuo  sobra. 

Lo  innecesario  es  una  prodigalidad 
del  momento. 

Lo  ia^er^uo  es  una  prodigalidad 
elevada  á  sistema. 

El  que  da  dinero  por  lo  Mnecetario, 
m^gasts. 

El  que  lo  da  por  lo  iuperjuo,  dila- 
pida. 

Lo  Wmeatario  puede  ser  un  error. 
iMnper/tuo  es  siempre  un  exceso  j 

OB  vicio. 

Pero  no  digo  bien;  lo  superfno  es  el 
moustmo  que  ha  causado  más  vícti-  ¡ 
ntu  en  el  mundo.  Es  la  locura  del  [ 
ene,  no  teniendo  bastante  con  lo  que  i 
un  hecho  Dios  y  la  humanidad  para 
la  dicha  de  los  hombres,  quiere  ser '. 
dichoso  pidiendo  limosna  á  sus  capri- ! 
chos,  para  perecer  en  el  hastío  y  en  la  , 
mina;  esto  es,  en  la  miseria  del  alma 
J  del  cuerpo. 

El  Que  usa  lo  innecetartOi  tal  vez 
podrá  luchar. 

El  que  se  engolfo  en  lo  npérflno, 
tiene  que  caer. 

InneEar.  Activo  sntteuado.  Aboux- 

HU.  DEáHOKRAS. 

ETiuoLoaÍA.  In,  en,  y  nXfat,  la 
maldición  gentil,  la  palabra  contraria 
t  los  dioses. 

Innegable.  Adjetivo.  Ld  que  no  se 
puede  negar. 

EtuiqlooÍa.  1%  negativo  j  negable: 
italiauo,  innegahile. 


INNO 

Innegociable.  Adjetivo.  Imposi- 
ble 6  difícil  de  negociar. 

Etiuolooía.  In  privativo  7  fieyscia- 
ble:  francés,  innegociable. 

Innerrable.  Adjetivo.  Fiaiolo^la. 
Lo  que  está  dotado  de  la  innervación, 
d  propósito  de  loa  elementos  nervio- 
sos, poredntrapoaici  'n  respecto  de  los 
otros  elementos  no  dotados  de  aquella 
propiedad. 

ETiHOLOofA.  Innervacidn:  fraticés, 
innfrca'ile, 

Innervación.  Femenino.  Fisiolo- 
gía. Conjunto  de  I^fc  fenómenos  ner- 
viosos del  organismo,  ó  sea:  modo  es- 
pecial de  actividad,  inherente  á  los 
elementos  anatómicos  nerviosos,  ^, 
por  consecuencia,  á  los  tejidos  nervio- 
sos central  y  periférico,  en  cujro  sen- 
tido se  dice:  «conjunto  de  acciones 
nerviosas.» 

Etimología.  I»,  en,  y  nervio:  fran- 
cés, innervation. 

SiNONiuiA.  Inereaeitm,  sensibilidid. 
Muchos  confunden  estas  dos  voces  sin 
ratón  alguna  para  ello,  puesto  que 
equivale  á  confundir  la  parte  con  el 
todo.  La  iNERVACiÚM  es  la  actividad 
propia  de  los  elementos  y  tejidos  ner- 
viosos: la  tensibilidad  es  la  actividad 
propia  de  los  órganos  de  los  sentidos 
y  de  los  nervios  llamados  sensibles. 

(LiTTRd.) 

Innervado,  da.  Adjetivo.  Historia 
natural.  Qua  carece  de  nervosidades. 

Etuiolooía.  In  privativo  y  neroio. 

Innoble.  Adjetivo.  Lo  que  no  es 
noble. 

ExiHOLoafA.  Catalán  innoble:  fran- 
cés, ignoble;  italiano,  ignobile,  del  la- 
tín ignobílis;  de  por  in,  negación, 
y  gnobílis,  noble. 

Innoblemente.  Adverbio  de  modo. 
Sin  nobleza. 

Etimolcoía.  Innoble  y  el  sufijo  ad- 
verbial mente:  francés, ^Hd¿í«»iíttí;  ita- 
liano, ignobilmente. 

InnocÍTO,  va.  Adjetivo.  Que  no  es 
nocivo. 

Innocuo»  caá.  Adjetivo.  Lo  que  no 

hace  daño. 

Etiuoloqía.  Latín  inniicaus^  lo  que 
no  es  dañoso  ó  perjudicial;  de  is,  no, 
y  sjcat»,  fonna  adjetiva  de  nücerej 
dañar. 

Inn<Hninable.  A4jetivo.  Imposible 
de  nombrar. 

BTiuoLoofA.  Latín  inndmínSbílis,  lo 
que  no  se  puede  expresar  ó  explicar 
coa  su  nombre;  de  in  privativo  y  no~ 
iniuábtlis,  lo  que  puede  nombrarse, 
forma  adjetiva  de  ndmen,nomínis,  aom- 
bre:  francés,  innominable;  italiano,  ««• 
nomiHabile. 

Innominadamente.  Adverbio  de 
modo.  De  una  manera  innominada. 

Etiuolooía.  Innominada  y  el  sufijo 
adverbial  mente. 

Innominado,  da.  Adjetivo.  Ana- 
tomía. Que  no  tiene  nombre;  epíteto  | 
dado  á  diferentes  partes  del  orga- . 
nismo,  como  los  huesos  iMNOuiNADOj, 
los  huesos  ilíacos,  la  arteria  inno- 
uiHADA,  una  de  las  grandes  arterias  | 
del  cuerpo.  Q  La  Medicina  anticua 
empleó  la  voz  del  artículo,  como  sinó-  \ 
nima  de  cuneiforme,  según  resulta  del  | 


INNÜ 


127 


pasaje  siguiente:  «los  tres  huesos  in- 
NO^NADOS  (enneiformes)  del  tarso.  > 
(Pareo,  fV,  38,  siglo  xvi.) 

ETl^roLoc5fA.  In  negativo  y  nomina- 
do: catalán,  innominat,  da;  francés, 
nominé;  italiano,  innominato. 

Innoto,  ta.  Adjetivo.  Desconocido. 

Etimología.  In  privativo  y  el  latín 
nSíus,  conocido,  participio  pasivo  de 
noscere,  conocer. 

Innovación.  Femenino.  La  acción 
y  efecto  de  innovar.  \\  Botánica,  Se 
aplica  á  la  ramificación  de  las  hepáti- 
cas caulescentes  (cripl-j'gamasj.  La  in- 
novación consiste  en  el  desarrollo  de 
un  botón,  el  cual  produce  la  eontinua- 
ción  del  tallo. 

Etiuqloqía.  Innovar:  provenzal, 
ennovacio;  catalán,  innovado;  francés, 
innotation;  italiano,  nmovarione;  del 
latía  inndvafío,  forma  sustantiva  abs- 
tracta de  innotatnSf  innovado. 

Innovadameste*  Adverbio  de  mor' 
do.  Con  mutación  6  novedad. 

EnHOLoaU.  isaoRt^sj  el  niSjo  ad- 
verbial mente. 

Innovado,  da.  Partiripío  pa^vo 
de  innovar. 

Etuiolgoía.  Latín  inHwaíus,  parti- 
cipio pasivo  de  innovare,  innovar:  ita- 
liano, innóvalo;  francés,  innové;  otta- 
láti,  innovat,  da. 

Innovador,  ra.  Masculino  y  fe- 
menino. El  que  innova.  H  Espíbitus 
ivHovADOKEs.  Epí1»to  qu«  vuAt  den» 
á  los  reformistas. 

EiiuoLoaÍA.  Innovar:  latín,  inn8v^ 
ior  (QuiCHEBAT,  Addendaji  italiano, 
innovatore;  frano¿i^  MMK/Mr;  ckta<- 
lán,  innovador,  a. 

'  InnoTamiento.  Sbueafiui»  asti-- 

Cuado.  iNNOTACláff. 

Innovar.  Activo.  Mudar  6  altenr 

las  cosas,  introduciendo  novedades.  | 

Anticuado.  Renovar. 

Bti]I0L(X}£a.  Latín  innovare,  intro* 
ducir  usos  nuevos  ó  renovar  ios  anti- 
guos; de  in,  en,  dentro,  y  novare,  re- 
novar, forma  verbal  de  noous,  nuevo: 
provenzal  y  catalán,  innovar;  francís, 
tuttover;  italiano,  innovare. 

Innúlnl.  Adjetivo.  Qu»  no  «a  nd- 
bil. 

Etiuoloqía.  In  privativo  y  núbil: 
latin,  inn&but;  de  w  privativo  y  «SiJ- 
re,  casarse. 

Innumerabilidad.  Pemenino.  Mu- 
chedumbre graude  y  excesiva. 

Etiuología.  Innumeriible:  latín,  tn- 
nüm  rab'.éUas;  italiano,  innumerabiUtá. 

Innumerable.  Adjetivo.  Lo  que 
no  se  puede  numurar  ó  es  mu^^  difícil 
de  numerarse. 

Etiuoloqía.  Latín  innüm  'rabUis;  de 
in  privativo  Jrtií//i>¿¿í7;s,  numerable: 
catalán,  innumeraUe;  italiano,  innu- 
nerabite;  francés  de  La  Montaigne, 
innumerable;  tiempjs  de  Peirón  y  de 
Go3.Teteau,  Ínau7neraljií;  moderno,  t»- 
nombrable,  forma  ac^jetíva  de  nombre» 
número. 

Innumerablraaente.  Adverbio  de 

m  ido.  Siunúmero. 

ETiuOLOaÍA.  Innumerable  j^n.%)0 
adverbial  mente:  it&liano,  tnmwi«ni3./* 
,ncnte;  francés,  innombrahlement',  cata- 
lán, innn/nerablemeHt. 


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128 


INOB 


Innúmero,  ra.  AdjstiTo.  Innuub  - 

BABLE. 

ETiuoLOofA..  Latín  umúrnUruf.  (Ci- 

CBBÚN.) 

Innupta.  Femeaíno  antieuido. 

SOLTBBA. 

Etimología.  Jnnúbil:  latía,  innSpía; 
cataláu,  ianupla;  innupta  Minerva,  la 
casta  Minerva-,  inuftjs,  vírgenes,  don- 
cellas. —  cAdjetÍTO  usado  solamente 
en  la  terminación  femenina,  para  sig- 
nificar la  mujer  soltera.»  (Acaobuia, 
Diecionarió  de  1726.) 

Znnntriciótt.  Femenino.  Falta  de 
nutrición. 

InnutritÍTO,  va.  Adjetivo.  No  nu- 
tritivo. 

Ino.  Femenino.  Mitología.  Hija  de 
Cadmo  y  de  Hexmione,  tercera  mujer 
de  Atamas.  Creyendo  que  era  una  leo- 
na, dio  muertd  á  sus  hijos  Learco  j 
Uelicertes,  que  imaginaba  eran  dos 
leoncillos.  Después,  desesparada,  se 
precipitó  en  el  mar,  j  ^eptuuo  la 
convirtió  en  ninfa. 

Inobediencia .  Femenino,  Falta 
de  obediencia. 

EtiuolooU.  Inobediente:  latín,  in- 
SUdientXa;  catalán,  inohediéncia;  fran- 
cés de  Oresme,  inoiediettce;  moderno, 
wtobéitsance;  italiano,  inoibedienia. 

SiNomuiA.  Inobediencia,  daobedien- 
eia.  La  inobediencia  no  consiste  sino  en 
la  simple  falta  de  obediencia;  la  des- 
obediencia supone  un  movimiento  con- 
tra los  principios  morales  que  á  todos 
nos  imponen  la  obligación  de  obede- 
cer. 

Bl  hijo  que  tiene  la  inmensa  des- 
gracia  de  no  obedecer  á  sus  padres,- 
es  inobediente;  el  hijo  que  comete  el 
inmenso  crimen  de  levantarse  contra 
la  sagrada  autoridad  paterna,  es  des- 
obediente. 

La  inobediencia  no  puede  paliar  de 
ser  un  defecto;  la  desobediencia  puede 
ll^r  á  la  rebeldía. 

Generalmente  hablando,  se  princi- 
pia por  la  inobediencia  para  llegar  á  la 
desobediencia^  como  se  principia  por  la 
falta  para  concluir  por  la  culpa;  como 
se  principia  por  la  culpa  para  concluir 
por  el  pecado. 

Inobediente.  Adjetivo.  Bl  que  no 
es  obediente. 

EnuoLoaÍA.  Latín  inSbedíens,  lis, 
participio  de  presente  de  inSbedlre,  no 
obedecer:  catalán,  inobedient,  a;  ita- 
liano, inobbediente. 

Inobedientemente.  Adverbio  de 
modo.  Faltando  á  la  obediencia. 

IÍTIUUL03ÍA.  Inobediente  j  el  sufijo 
adverbial  mente. 

Inoligetable.  Adjetivo.  Que  no  ad- 
mite objeción. 

Injbgetablemente.  Adverbio  de 
mo  lo.  De  un  modo  inobjetable. 

EtiuolooÍa.  Inobjetable  j  el  sufijo 
adverbial  mente. 

Inol»  etadamente.  Adverbio  de 
modo,  bin  objeción. 

EriuoLoaÍA.  Inobjetada  j  el  f  afijo 
adverbial  mente, 

Inobjetado,  da.  Adjetivo.  Que  no 
ha  sufrido  objeción. 

Inobli^able.  Adjetivo,  Que  no  se 
puede  obligar. 


INOC 

Inobligacíón.  Femenino.  Sxen- 

ción  de  ooligacióo. 

Inoblígadamente.  Adverbio  de 
modo.  Sin  obligación. 

Etiuolgoía,  Inobli^ada  j  el  sufijo 
adverbial  mente. 

Inobli^ado,  da.  Adjetivo.  No  su- 
jeto á  obligación. 

Inobligativamente.  Adverbio  de 
modo.  Sin  que  sea  oblíg.ición. 

EriHOLoaÍA.  Inobligativa  y  el  sufijo 
adverbial  menté, 

InobligatÍTO,  va.  Adjetivo.  No 
obligativo. 

InobligatcMÍainente.  .Adverbio  de 
modo.  Ihoblioativaubntb. 

Etimología.  Jw/bligatoria  j  el  sufi- 
jo adverbial  mente. 

Inobligatorio,  ría.  Adjetivo.  Ih- 

OBLIQATIVO. 

Inobserrable.  Adjetivo.  Lo  que 
no  puede  observarse. 

Etiiíolooía.  In  privativo  y  observa- 
ble: latín,  inobservabais;  francés  y  ca- 
talán, inobservable. 

Inobserradauente.  Adverbio  de 
modo.  Sin  observación. 

EnuoLOGÍA.  Inobservada  y  el  sufijo 
adverbial  mente. 

laobiervado,  da.  Adjetivo.  Que 
no  ha  sido  observado. 

ETU«n;,oo£i,./H  pri  vati  vo y  observado: 
latín,  inobservaíus;  francés,  inobseroé, 

Inobservador,  ra«  Adjetivo.  Que 
no  es  observador. 

Inobserrancia.  Femenino.  Falta 
de  observancia. 

Etuiolooía.  Inobservante:  latín,  Kn- 
observantia;  catalán,  inobservancia,  in- 
observansa;  francés,  inobseroance. 

Inobaervante.  Adjetivo.  El  que  no 
es  observante. 

Etiuoloqía.  In  privativo  y  obser- 
vante: latín,  inobservant,  inobservaníis; 
catalán,  inobservant, 

InolMorrar.  Activo.  Faltar  &  la 
observancia. 

InobstractÍTO,  va.  Adjetivo.  Me- 
dicina. Que  no  obstruje. 

Inobstruidamente.  Adverbio  de 
modo.  Sin  obstrucción. 

BTiMOLoaÍA.  Inobstruida  y  el  sufijo 
adverbial  mente. 

Inobstruido,  da.  Adjetivo.  Que  no 
está  obstruido. 

Inooarpio,  pia.  Adjetivo.  Botáni- 
ca. Que  tiene  el  fruto  fibroso. 

ETUiOLOOfA.Oriego  t^,  Ivó^  ( is,  inos ), 
robustez,  fuerza,  uervio  (robur,  vis, 
nervus),  y  xapnó;  (karpós)y  frutó, 

Inocarpo.   Mascmíno.  Botánica, 
Género  de  plantas  dicotiledóneas,  de  ' 
Sores  compuestas.  | 

BTDiOLOoía.  Inoeaffio,  I 

Inocencia.  Femenino.  Estado  y  ca- 
lidad del  alma  que  carece  de  culpa.  | 
Estado  del  que  se  halla  inocente  v  li-  , 
bre  del  delito  c^ue  se  le  imputa.  ||  Sim-  \ 
plicidad,  senctUez.  \ 

EtiuolooÍa.  Inocente:  provenzal, 
innocencia;  burguiñón,  igndcence;  cata- 
lán, innocencia;  francés,  innocence;  íta- ' 
liano,  innocentia,  del  latín  innocenfia, 
moderación,  integridad,  forma  sus- 
tantiva abstracta  de  iflMj£«ns,ittocente. 

Inocencio.  Masculino.  Nombre  de  i 
varón:  san  Inucbncio,  1 


moc 

EtikólooÍa.  Latín  InnXeenñMi,  «a 
san  Isidoro  y  san  Gregorio. 

Inocencio.  Agrónomo.  Debió  vivir 
en  tiempo  del  emperador  Constancio, 
según  se  infiere  de  Amiano,  (^ue  le 
cita  como  existente  en  aquella  época. 
Sus  obras  se  han  perdido,  y  el  excerp- 
ta  ex  libro  XII  de  literis  que"  se  le 
atribujre,  parece,  en  opinión  de  For- 
eellini,  un  extracto  del  libro  XII  zur- 
cido por  alguna  pluma  poco  diestra. 
(De  Migubl  y  Morante.) 

Inocentada.  Femenino  familiat. 
Acción  ó  palabra  sencilla  ó  simple. 

Inocente.  .Adjetivo.  Elqueeitá 
libra  de  culpa,  m  usa  algunas  veces 
como  sustantivo.  Aplícase  también  á 
las  acciones  ^  cosas  que  pertenecen  i 
la  persona  inocente,  y  Cándido,  lin 
malicia,  fácil  de  engañar.  Q  Lo  que  no 
daña,  6  lo  que  no  es  nocivo.  Q  Se  apli- 
ca al  niño  que  no  ha  llegado  á  la  edad 
de  discreción,  y  por  eso  son  llamados 
iNOCBNTBS  los  niños  que  hizo  degollar 
Herodes.  Se  usa  también  en  esta  acep- 
ción como  sustantivo,  j]  ¡Qu¿  inocbntb! 
Exclamación  familiar  que  equivale  á: 
iqué  cándidol  y  [El  inocente!  ó  ¿qué 
tal?  ¡El  iNOOBirTBl  Exclamación  fami- 
liar de  que  nos  valemos  para  dar  i 
entender  que  una  persona  es  mu^  la- 
dina, 80  color  de  apariencias  candi- 
das. 

BrofOLOOfA.  Latín  innScens,  innX- 
centis,  no  dafiino;  de  in  privativo  y 
nScenSf  participio  de  presente  dewfc^ 
re,  dañar:  italiano,  innocente;  francés 
y  catalán,  innocent;  provenzal,  inno- 
cent,  innocen;  bur^uiñón,  i^nO^an* 

Sentido  etimológico. — ^Inoobmtb  vale 
tanto  como  in-noeivo. 

Inocentemente.  Adverbio  de  mo- 
do. Con  inocencia. 

BruiOLoaÍA.  Inocente  y  el  sufijo  ad- 
verbial mente:  catalán,  innocentmení; 
Bnry,innocentement:  hargmñóa,  tgno- 
faman;  firaneéi^  wnoeemment;  latín, 
niScenter, 

Inocentes  (los  santos).  Masculi- 
no plural.  Festividad  que  celebra  la 
Iglesia  en  28  de  Diciembre,  conme- 
morando de  este  modo  la  piadosa  m^ 
moría  de  los  niños  que  Herodes  man- 
dó degollar.  Q  En  otros  tiempos  había 
que  poner  mientes  en  los  préstamos 
que  nacían  en  dicha  fiesta,  porque  al- 
gunos solían  pasar  por  inocentada.  Haj 

fiueblos  todavía  en  donde  se  reúnen 
as  solteras,  eligiendo  una  calle  de 
tránsito.  A  todo  el  que  pasa  por  allí, 
se  le  reclama  ó  se  le  toma  alguna 
prenda  (ordinariamente  es  el  sombre- 
ro), la  cual  va  á  la  confitería  y  allí 
queda  como  en  calidad  de  rehenes, 
mediante  el  trueque  de  cierta  canti- 
dad de  dulces.  Excusado  parece  decir 
que  el  interesado  tiene  que  ir  á  resca- 
tar su  prenda,  pagando,  cotno  se  su- 
pone, la  cantidad  en  que  fué  tasada. 

Inocentico,  ca,  lio,  lia,  to,  ta. 
Adjetivo  diminutivo  de  inocente. 

ÉtimolooÍa.  Inocente:  catalán,  in- 
noceníet,  a.  El  Diccionario  catalán  no 
trae  estas  formas,  pero  recordamos  ha- 
berlas oído  en  Cataluña. 

Inocentisimamente.  Adverbio  de 
modo  superlativo  de  inocentemente. 


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■ni" 


moo 

taooentisimo,  ma.  Adjetivo  la- 
ptrlatiTO  de  inocente. 

ETIU01.00U.  Jnocentt:  cataláut  *»- 
nfiottUUtim,  a;  latín,  inm^jcentUtímut. 

Inocantón,  na.  Adjetivo  «umenta- 
tivods  inocente.  |  Met'ífora.  Demaiía- 
do  sencillo  j  fíteil  d«  engtflar. 

Inoeaiud.  FemeDincGaalidad  de 
lo  q  ue  no  es  nociro. 

SriHOLOOfA.  Inwcw. 

InocBlación.  Femenino.  La  aeción 
de  inooalar,  ó  sea  da  comunicar  arti- 
Adalmenta  ana  enfermedad  oontagio- 
sa,  con  el  fin  de  deavirtoatla,  iatro- 
doeiéndo  el  principio  material,  esto 
es,  el  virae;  j  así  se  dice:  la  inoouu- 
ciÓN  de  la  Tacana,  la  inoculación  de 
la  TÍruela.  y  Metáfora.  Transmisión  6 
pn^gación  de  los  sistemas*  de  las 
ideas,  de  Us  opiniones,  de  las  creencias 
teligiosas,  en  cujo  sentido  luele  de- 
cirse: <el  siglo  XVI  se  distingue  de  los 
ien^  parla  rápida  inocul\ción  de 
pensamientos  atrevidos  j  máximas  he- 
Fátíeas;»  g  Las  más  dé  las  veces  se  to- 
ma en  mala  parte,  como  si  se  aplicara 
á  la  INOCULACIÓN  del  vicio,  considera- 
do oomo  el-  virus  de  la  conciencia;  pe- 
ro debe  notarse  que  este  significado 
decpeetiro  no  se  extiende  i  todos  los 
casos  de  la  lengua,  la  eoal  noi  hace 
ver  que  la  bondad  de  la  virtnd  es  tam- 
biú  capaz  de  inoculación,  como 
eaaodo  se  dice:  «la  primera  de  todas 
las  eonquistas  es  la  inoculación  de  la 
libertad  en  el  espíritu  de  los  pueblos, 
en  el  sentimiento  de  las  naciones.»  | 
Por  tNoouLACiÓN  se  entiende  aetoal- 
mente  la  vacuna. 

BnmcoolA.  Latín  xuSt^li^t  1*  ac- 
ción de  ingerir  un  árbol  en  otro,  for- 
□u  sustantiva  abatnusta  de  inSc&latntt 
inoculado:  catalán,  inoeulacüf;  firancés, 
meuUtüm;  italiano,  inocHiaticne, 

Bmña. — :1.  La  inoculación  del  vi- 
ras eoQta^oso  se  practicó  con  éxito 
en  la  antigua  Arabia.  (Buffón,  Su" 
fUmMto  Á  M  Hitioria  natural,  Obrtu» 
íauíi, página  26i.) 

2,  La  inoculación  propiamente  di- 
du,  qne  era  muj  útil,  pasó  dwde 
Canstantinopla  á  Londres  (1721),  en 
donde  el  médico  Mead  la  practicó,  á  Je 
nunera  de  los  chinos,  con  un  indívi- 
(lao  que  se  le  dió  al  efecto.  (Fraa- 
Meníos  tobT9  la  hitioria,  artículo  23.) 

3.  La  reina  de  Inglaterra  mandó 
que  se  ensacara  la  inoculación  en 
cnatro  criminales;  j  así  se  hizo,  eoa 
buen  resaltado. 

:  4.  La  iNOcuuoiÓH  se  anunció  en 
Francia  cuatro  a&os  después  del  ensa- 
co qna  se  efectuó  en  Inglaterra,-  como 
-lo  dnmoeetra  la  carta  de  un.  médico 
fiancéci  dirigida  á  Dodard,  primer 
médico  dé  eamara,  é. impresa  en  Pa- 
ti»  en  1725.  Sin  embargo,  no  fué 
adoptada  hasta  1755.  (Littrí.) 
'  &•  Bl  Parlamento  consultó  á  la  Fa- 
cultad de  Teología  sobre  la  couvenien- 
<na  de  la  adopción,  á  pesar  de  haber 
-declarado  no  ser  voto  en  materia  de 
sacramentos.  (Ü'Albhbert,  Caria  á 
Vaüairt,  7  de  Agosto  de  1763.) 

6.  Bu  tiempos  del  autor  citado, 
^uve  lugar  la  inoculación  del  re/ j 
ie.su  bmilia,  ló  cual  pone  de  mani- 


fiesto  que  la  inoculación  era  ja  un 
hecho  público  y  solemne.  (D'Albu- 
BBET,  Caria  al  reg  dt  Pmsia,  1*  de 
Julio  de  1774.) 

7.  El  médico  Trouchin  filé  llama- 
do á  París  para  la  inoculación  del 
dut^ue  de  Orleáns.  (Condobobt,  Trou- 
chin. ) 

8.  Bl  uso  de  la  inoculación  es  con- 
veniente en  sumo  grado  para  conser- 
var la  hermosura.  (fiuproN.) 

9.  A  la  iNOCUUCiÓH,  propiamente 
dicha,  liguio  la  Tacana.  (Lirrat.) 

Inooiuadamento.  Adverbio  de  mo- 
do. Con  inoculaeidn. 

BnHOLoaÍA.  InoeuUuU  j  tü  sufijo 
adverbial  mente. 

Inoculado,  da.  Participio  pasivo 
de  inocular. 

Btiuoloqía.  Latín  it^c^látut^  par- 
ticipio pasivo  de  it^cUlSre:  catalán, 
inoculat,  da;  francés,  tnoM^;  italiano, 
inocchiato,  inoculato, 

Inocnlador.  Masculino.  Bl  que 
inocula. 

Btiuoloqía.  Inocular:  latín,  iftífe£? 
láíor,  forma  agente  de  indciilaiio,  in- 
oculación; catalán,  inoculador,  a;  fran- 
cés, inoculaieur;  italiano,  inoeulaíore. 

uocular.  Activo.  Medicina,  Co- 
manicar  por  medios  artificiales  una 
enfermedad,  contagiosa,  g  Metáfora. 
Pervertir^  cootaminar  á  otro  con  el 
mal  ejemplo  ó  la  falsa  doctrina.  Tam- 
bién suele  emplearse  en  buen  sentido, 
como  cuando  se  dice:  cinüculab  en  el 
corazón  el  santo  amor  de  la  virtud;» 
«inoculas  el  sentimiento  de  la  justi- 
cia en  el  espíritu  de  los  hombres.  > 

BtiuolooIa.  Catalán  inocular:  fran- 
cés, inoculer;  italiauo,  inocchiare,  in- 
oculare; del  latín  inde&lire,  ingerir, 
íngertar;  de  «ii,  en,  dentro,  j  ocilut, 
ojo  j  jema  de  los  árboles.  La  u  breve 
de  inoeúláre  es  indudablemente  la  u 
breve  de  ocúlm. 

Inocolarae.  Beciproeo.  Empaparse 
en  eitos  ó  las  otras  ideas. 

Inocnliatá.  Femenino.  Partidario 
de  la  inoculación. 

BTiuoLoaÍA.  JnoetUar:  fkancés  an- 
tiguo, inoculitte* 

Inocultamente..  Advedño  de  mo- 
do. Sin  ocultación. 

BTiii(».oaía.  Im  privativo  j  oenlta- 
wteníe. 

Inoculto,  ta.  Adjetivo.  Que  no 
está  oculto.  ■ 
Inocupación.  Femenino.  Falta  de 

ocupación. 

.  Btiuoloqía.  Jn  privativo  j  ecupa~ 
eiáni  francés,  ÍMoeet^iont 

InocupadOi  da.  Adjetivo.  Que  no 
está  ocupado. 

Inodorifero.  Adjetivo.  Que  no  es 
odorífero. 

BTiifOLOQÍA.  In  privativo  j  odorife' 
ro:  italiano,  inodorabile^ 

Inodoro,  ra.  Adjetivo.  Lo  que  no 
tiene  olor. 

EtiuolooIa.  Latín  indddrus,  del  pre- 
fijo negativo  in  j  odorut,  oloroso,  for- 
ma adjetiva  de  odor,  odbrist  olor;  ita- 
liauo, inodoro;  francés,  inodore. 

Inodular.  Adjetivo.  AnaíomiapaíO' 
Idaica,  Concerniente  al  iuódulo,  como 
ti  tejido  inodular* 


INOL 


129 


EriHOLOofA.  Inédnlo,:  francés,  ino- 
dulaire. 

Inódulo.  Masculino.  Anatomía  pa~ 
tológica.  Tejido  fibroso  accidental  que, 
desarrollándose  en  las  llagas,  cuando 
supuran,  forma  el  tejido  de  las  cice- 
trices.  (Dblpbch,  De  quelquet  phénom, 
de  t'inf.,  página  37S,) 

BriuoLoaÍA.  Griego  hil¡iri^{ind,di*)t 
fibroso,  é  uXi)  (hyte),  substancia,  «salñ- 
tancia  fibrosa:»  francés,  tnoduíaire, 

Jteseia. — Las  voces  inodular  i  inó- 
dulo fueron  inrentadas  por  el  eir^jano 
Oelpech ,  gloría  inmortal  de  la  eirugía 
j  de  la  escuela  de  Moutpeller,  eujo 
retrato  hemos  venerado  machas  ve- 
ces en  el  salón  de  aquella  ilustre  es- 
cuela. 

Inofendihle.  Adjetiyot  Qne  no  pue* 

de  recibir  o/ensa. 

Inofendido,  da.  Adjetivo.  Q;;^  no 
ha  sido  ofendido. 

BTIifOLOQfA.  Latín  ínoj^nsut;  in 
privativo  j  omentos,  ofendido,  parti- 
cipio pasivo  de  oj'end-'rt,  ofender. 

ínofensíble.  Adjetivo.  Que  no  es 
ofensible. 

Inofensivamente.  Adverbio  de 
modo.  De  uoa  manera  inofensiva. 

BTiMOLOofA.  Inofeniiva  j  el  sufijo 
adverbial  mente:  francés,  tno^ensiv^ 
ment;  iulíano,  inoJ'entivamenU}Uítíxít 
iiufinti,  sin  daflo.  (Aulo  GBup.J , 

inofensivo,  va.  Adjetivo.  Lo  que 
no  es  capaz  de  ofender. 

BTmoLOQÍA.  Prefijo  negativo  ta  j 
ofensito:  cataUn,  inofentiu,  va;  fran- 
cés, inoj'ensif;  italiano,  inoj^entiao. 

Inofenso,  sa.  Adjetivo  anticuado. 
Ilbso. 

Inoficiosamento.  Adverbio  de  mo- 
do. Sin  oficiosidad. 

Etiuología.  Jno/dcta  j  el  sufijo 
adverbial  mente:  latín,  íno^icioth 

Inoficiosidad.  Femenino.  Falta  de 
oficiosidad. 

ETiuoLoaÍA.  Prefijo  negativo  in 

Í-  ojiciotidadt  latín,  im^tciontat;  ita- 
iano,  ino^Hositá;  francés,  fao^cton- 
tá;  catalán,  inofi^otitat^ 

Inoficioso,  sa.  Adjetivo.  Forense, 
Lo  que  contraviene  al  cumplimiento 
de  los  deberes  familiares  de  piedad, 
consignados  en.  las  lejes.  Aplícase 
respecto  á  los  tes.tameutos,  dotes  j 
donaciones,  cuando  con  ellos  se  per** 
judica  á  los  derechos  de  los  heniaeroi 
á  quienes  se  debe  legítima. 

Etuioloq£a.  Prefijo  negativo  in  j 
ojicioso:  latín,  inoficioms,  intratable, 
que  á  nadie  obliga;  italiano,  ino^cio- 
$0;  francés,  ino^deu»;  catalán,  ino^- 
eiii,  a. 

Reseña. — Inoficioso  es  voz  de  de- 
recho romano:  inoffxciosuu  Uitame»- 
tum;  testamento  contra  las  lejas  de  la 
piedad.  (Cicbbón.) 

Ino^o.  Meseiilino  anticuado.  RoDt 

LLA. 

ETniúLOQÍA.  ffinojo. 

Inclita.  Femenino.  Mineralogía. 
Cal  carbonatada  de  esirtictura  fibrosa. 

ExuiOLoaÍA.  Griego  Evó?  (inós),  ge- 
nitivo de  ( isj,  nervio,  fibra,  j  litaos, 
piedra,  «piedra  fibrosa:»  frencés,  Íno- 
lite.  Los  autores  no  traen  esta  etimo- 
logía, pero  es  evidepte* 


TOMO  111 


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130  INOR 

Inolvidable.  A-djetivo.  Lo  quo  no 
paede  6  no  debe  olvidarse. 

XnoIvidadOrds.  A-djetiro.  Que  no 
ha  sido  olvidado. 

Inominioso,  sn.  Adjetivo  anticua- 
do. lONOUINlOSO. 

Inope.  MasculÍQo  anticuado.  Po- 
bre. 

Btuiolooía.  Inopia. 

Inoperable.  A.(^«tivo.  Cirugía.  Que 
no  se  puede  operar,  como  úlcertt  in- 
OPBRABLB,  eaUrata  inoperable. 

BtiholoqU.  2n  privativo  j  opera- 
ble: írancést  tMpérabU. 

Inoperado,  da.  A.djetivo.  Que  está 
sin  opjrar. 

Inoperante.  Adjetivo.  Que  no  pro- 
duce operación. 

Inopexia.  Femenino.  Fiiiologia, 
Goaffttlacidn  de  la  fibrina. 

Etiholooía.  Griego  fe,  lv¿c  (U, 
indtjtñhn,  jn^K  (p9mt)t  coagula- 
ción: francés,  inopexie. 

Inopia.  Femenino.  Indigencia,  po- 
breza, escasez. 

Btuiolooía.  LaUn  UMa,  ^breza; 
de  ta  negativo  y  qtei,  UM  nquezas: 
catalán,  inopia. 

Inopinable.  Adjetivo,  Lo  que  no 
es  opinable.  \  Anticuado.  Lo  que  no 
se  paede  ofrecer  á  la  imaginación  6 
no  se  puede  pensar  que  suceda. 

BTiif<H.oofA.  Latín  inopinobtlis;  de 
ffi,  no,  V  opíniHtú,  opinable:  catiJán, 
inooMoole, 

Inopinadamente.  Adverbio  mo- 
dal. De  nn  modo  inopinado. 

finMCS.oofA.  Incmnada  j  el  sufijo 
adverbial  nentt:  latín,  lndpiína»ter, 
tní!ftnati  é  tnd^inatd;  italiano,  inopina- 
UmMtí;  francés,  inopin/ment;  catalán, 
iHMinadameni. 

Inopinado,  da.  Adjetivo.  Lo  que 
sucede  sin  pensar  ó  sin  esperarse. 

BTnroLOOÍA.  Latín  ti^pinatui,  par- 
ticipio pasivo  de  InSpinari;  de  in,  no, 
y  opínUrt,  opinar:  catalán,  inopiñat, 
da;  francés,  tMj^tftí;  italiano,  tiw;|«M<o. 

inoportnnamente.  Adverbio  de 
modo.  Sin  oportunidad. 

BmcoLOQU.  InoporíuH»  ^  «1  sufijo 
adverbial  mente:  catalán,  tnopartnno' 
mnt;  francés,  fM/tpor/iM^iw»^*  italia- 
no, inopportWMmentt, 

Inoportnnidad.  Femenino.  Falta 
de  oportunidad. 

BTmoLoaÍA.  In/^^twnoi  francés, 
inopporluniíé. 

Inoportuno,  na.  Adjetivo.  Lo  que 
se  dice  ó  hace  fuera  del  tiempo  con- 
veniente. 

GTiMOLaQfA.  Jn  negativo  y  oportn~ 
no:  latín,  inopporíUnns;  catalán,  tnopor- 
íút  na;  francés,  inopporínn;  italiano, 
inopportnno. 

Inopulencia.  Femenino.  Falta  de 
opulencia. 

Inopulentamente.  Adverbio  de 
modo.  Sin  opulencia. 

InopnlentOi  ta.  Adjetivo.  Que  ca- 
rece de  opulencia. 

Inoración.  Femenino  antieaado. 

lONORANCU. 

Inorancia.  Femenino  antíeoado. 

lONOBANClA. 

Inorante.  Participio  activo  anti- 
cuado de  ignwar. 


INOS 

Inorar.  AeÜvo  anticuado.  IaM<»Aa. 

Inordenadamente.  Adverbio  mo- 
dal. De  un  modo  inordenado. 

Etiholooía.  Inordenada  j  el  sufijo 
adverbial  mente:  latín,  ínordtiatet  in- 
ort^nStimt  inordínalíter.  (Celso,  Ahia- 
HO  Mabcslino,  Cato  Aubbuo.) 

Inordenado,  da.  Adjetivo.  Lo  que 
no  tiene  orden,  lo  que  está  desorde- 
nado, 

Btuiolooía.  Latín  üttrdíniita,  de 
m  privativo  j  ordínatnSt  ordenado:  ca- 
talán, inordenatt  da. 

Inordinado,  da.  Adjetivo.  Ikobob- 

NADO. 

Inorgánico,  ca.  Adjetivo.  Sitloria 
natural.  Bpíteto  de  lo  que  no  tiene  diy 
ganos,  por  oposición  i  los  seres  orga- 
nizados  ó  vivientes.  I  Cuitapoa  utoa- 
oInicos,  Cuerpos  cada  una  de  cuvas 
moléculas  representa  un  individuo 
completo,  y  cujas  condiciones  de  exie* 
tencia  están  sometidas  únicamente  á 
le/es  mecánicas,  físicas  j  químicas. 
Estos  elementos,  que  algunos  autores 
llaman  primeros,  signiácan  el  térmi- 
no contrario  de  los  elementos  segun- 
dos, q^ae  los  miamos  autores  llaman 
orgánicos.  Q  Reino  inohoámico.  Con- 
junto de  los  cuerpos  desprovistos  de 
or^nización,  el  cual  comprende  los 
ouneiales.  Por  consiguiente,  bbiho  in- 
OEoXKicoquiere  decir  reino  mineral,  g 
Lbtba  IHOta^NIOA;  siqno  inosoánico. 
Qramitica  general.  La  letra  ó  el  signo 
que  no  pertenece  i  la  razón  etimoló- 
gica del  vocablo;  esto  ei,  á  la  consti- 
tución esencial  j  primaria  de  sus  ele* 
mantos. 

Btuiolooía.  Prefijo  m,  negación,  y 
orgáuicu:  italiano,  iitorginico;  francés, 
inorganique;  catalán,  inorgánicA,  ca, 

Inorganizable.  Adjetivo.  Que  no 
se  puede  ó  no'se  debe  organizar. 

ExiuoLoafA.  In  privativo  y  «ya»*- 
$able:  francés,  inor^anitable. 

Inorganiiado,  da.  Adjetivo.  Que 
no  está  orguiizado. 

Inoi^anizador,  ra.  Adjetivo.  Que 
no  es  organizador. 

Inori^ario,  ría.  Adjetivo.  No 
originario. 

Ulorme.  Adjetivo  anticuado.  Enobt 

HB. 

Inermemente.  Adverbio  de  modo 
anticuado.  Bnobiíbubnts. 
Inortodozia.  Femenino,  ^toio- 

doxia. 

Inortodoxo,  xa.  Adjetivo.  Hete- 
rodo  x.o. 

Inosato.  Masculino.  Qnimtca,  Sal 

formada  por  el  ácido  ioósico.  |  db  po- 
tasa. Principio  inmediato  existente 
en  el  tejido  muscular  de  los  mamí- 
feros. 

K-ciuOLOaiá..QñegoXi,lt6i;(it,inóiJ, 
fibra:  francés,  inotate* 

Inosculacíón.  Femenino.  Anastó- 
nosiB. 

Etimolooía.  Prefijo  m,  en,  v  ofdí- 
ISri,  besar,  de  oseúluwit  beso:  trances, 
inosculation. 

Inósico,  ca.  Adjetivo.  Química. 
Ácido  que  halló  Liebig  en  la  carne 
■muscular. 

Etuiolooía.. /«ofato:  firancés,  tiio- 
eigue. 


IN  PU 

laoaita.  Femenino.  Anétomin.  8abs- 
tancia  cuja  compoaieióa  ha  haelui  qoe 
se  la  clasifique  entre,  los  asáoires; 
pero  que  fué  hallada  en  los  músculos. 

ETiH(».oafA.  Inotató:  ñnneés,  mo- 
$ite, 

Inosteátomo.  Masculino.  Medid' 
na,  Bspecíe  de  tumor,  forsudo  de 
corpúsculos  gaseosos  y  da  masas  de 

fibras. 

BniiOLoafA.  Gríeg^      tnói,  fibra, 
y  ésíeátama:  trancés,  inoeíealome. 
Inoto,  ta.  Adjetivo  anticuado.  lo- 

MOTO. 

Inozidabilidad.  Femenino.  Cali- 
dad de  lo  inoxidable. 

Inoaddablo.  Adjetive.  Quemo  pae- 
de oxidarse. 

BnHai.OoU.  Prefijo  muraüve  «a  y 
omidaüe:  francés,  inMtjfdeSie. 

Ino3ddadamente.  Adverbio  do 
modo.  Sin  oxidación. 

Inoxidado,  da.  Adjetivo.  Qné  no 
está  oxidado. 

Ittoyo.  Maseolino  anticuado,  fio- 

D1LLA. 

BnuoLoaÍA.  Inege, 

In  pace.  Nombre  dado  al  lugar 
donde  se  eneerrabai  según  se  afirma, 
á  los  religiosos  condenados  á  miurte. 
Bocerrada  la  víctima,  se  cabría  la  se- 
pultura con  la  piedra  de  entrada,  di- 
ciendo: Vade  m  ncs.  Haj  todavía 
algunos  de  extos  calabosos,  y  se  cüa 
uno  de  la  abadía  de  JnmiégN. 

In  partibua.  Bspreetón  pacaaants 
latina,  adoptada  en  eastaUano  paca 
designar  á  los  prelados  que  tienen  por 
título  episcopal  el  nombra  de  al^a 
lagar  ó  territorio  ocupado  por  iafie- 
les.  Así  se  dice:  obispo  in  MSTiBUj, 
sobrentendiéndose  la  palabra  infdt- 
lium,  que  completa  el  concepto.  |  Me- 
táfora. Bipresión  de  que  nos  valeiota 
pera  significar  que  nos  hallamos  en- 
tre adversarios  o  enomigos;  especial- 
mente, en  punto  á  opiniones  y  escue- 
las. Por  ejemplo:  un  librepensador 
entre  doctrinarios,  6  un  doctrinario 
entre  librepensadores,  pedsá  decir: 
«en  este  certamen,  en  esta  mnión, 
en  esta  asamblea,  soy  el  obispo  m  par 

Btuolcoía.  Ja,  preposición  de 
ablativo,  en;^ar/i^,  ablativo  plural 
de  f»ert,  parttt,  parte,  é  in/ideUtm,  ge* 
nitivo  plural  de  tn/ideUt:  in  pabtibus 
infidelium;  en  partes,  lugares  6  terri- 
torio de  infieles. 

In  plano.  Sustantivo  y  adjetivo 
masculino.  Tipografía.  Looumón.pu- 
ramente  latina,  usada  en  libreria  y  en 
imprenta,  para  significar  la  forma  ó 
la  hoja  impresa  que  sólo  tiene  una  pá' 
gina  en  cada  lado. 

In  promptu.  Bxpresión  latina,  que 
se  aplica  á  las  cosas  que  están  á  la 
manó  ó  se  hacen  de  pronto;  y  asi  se 
dice:  Tojar  uh  naaTiDO,  ó  óoiiaTea 

UN  ACTO  IN  PaOUPTU. 

Btiuolooía.  /fl,  prepoeioión  de 
ablativo,  y  promptu,  ablativo  ámpron^ 
tus,  pronto. 

In  púribuB  ((jubdabsb).  Frase  fa- 
miliar. Quedarse  desnudo.  H  Recípro- 
co. Quedarse  sin  nada  de  lo  que  se  es- 
peraba ó  Be  ha  distribuido  á  otros. 


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r  — 


lííQÜ 

^  inquebrantable.  Adjetivo.  Que 
no  pQpde  quebrantarse. 

Inquietación.  Femenino  anticaa- 
do.  In^uistud. 

Inquietado,  da.  Participio  pasÍTO 
de  inquietar. 

EnitoLOQU.  Latín  itiquietatut,  pai^ 
ticipio  pasivo  de /fl^HÍrfdr^,  ÍQ(}uietar; 
italiano,  inquiétalo;  francés,  inqméU; 
catatán,  inquigíáí,  da. 

Inquietador,  ra.  Masculino  y  fe- 
menino. Bl  que  inquieta. 

Inquietamente.  Adverbio  de  mo- 
do. Con  inquietud. 

BtimoLooía.  Inquieta  j  el  sufíjo  ad- 
Terbial  mtnle:  italianOi  tHauiftamen- 
It;  francég,  inquiitmení;  latíSf  in- 
quiiíK 

Inquietar.  ActiTO.  Quitar  el  sosie- 
go, turbar  la  quietud.  Se  usa  también 
como  recíproco.  |  forense.  Intentar 
despojar  á  uno  de  la  quieta  y  pacíñca 
posesión  de  alguna  cosa,  ó  perturbar^ 
le  en  ella. 

Btuio'looía.  Jn^uüto:  latín,  tnquii- 
tire:  catalán,  inquietar;  francés,  inquié- 
íer;  italiano,  inquietare. 

Moral  de  Ut  familia. — fSi  un  ojo  te 
iNQUiiTA,  arráncalo  7  tiialo  i  la  ca- 
lle.» (Svangelio.) 

Inquietarse.  Recíproco.  Perder  el 
«o«ipgy):  sentir  alguna  incomodidad.  | 
Estar  inquieto. 

Inqnietisimamente.  Adverbio  de 
modo  superlativo  de  inquietamente. 

Inqniefieimo,  ma.  Adjetivo  luper- 
latiro  de  inquieto. 

Btiuolooía.  Latín  inquielisttmus. 

Inquieto,  ta.  Adjetivo.  El  que  no 
está  quieto,  6  es  de  índole  bullicio- 
n.  B  Metáfora.  El  que  está  desasose- 
gado por  alguna  agitación  del  áni- 
mo. I  Metáfora.  Se  dice  de  aquellas 
cosas  en  que  no  se  ha  tenido  quietud, 
tplicando  el  efecto  á  la  causa  de  él;  j 
uí  se  dice  que  ba  pasado  una  noche 
iNQUiiTA  el  que  la  ha  pasado  con  do- 
siiosiego  ó  inquietud. 

BnifCH/WÍA.  1%  negativo  j  quieto: 
latín  iu^fituSf  agitado,  turbado  exte- 
rior é  interiormente:  catalán,  ttt- 
quiett  a;  fraucés,  inquieí,  ¿te. 

Inquietud.  Femenino.  Falta  de 
quietud,  desasosiego,  jr  también  al- 
boroto, conmoción. 

EninxAOÍÁ.  Inquieto:  latín,  inquie- 
ndc;  italiano,  inquietudine;  francés, 
iuquiétud*;  catalán,  imquietuU 

Inqnüi&atOi  Masculino.  Arriendo 
de  una  casa  ó  de  parte  de  ella.  |  De- 
recho que  adquiere  el  inquilino  en  la 
casa  arrendada. 

Etiholooía.  Inquilino:  catalán,  in~ 
^uiíinaí;  latin,  inquítinaíus;  la  habita- 
ción del  inquilino. 

Inquilino,  na.  Masculino  j  feme- 
nino. Gl  que  ha  tomado  una  casa  ó 

Eirte  de  ella  en  alquiler  para  habitar- 
L Jj  Forense.  Akbendatauio. 
&nuOLOOÍA..  Latín  inqui^nnSf  for- 
ma de  incol^e,  inorar  en  un  paraje 
dado;  de  la,  en,  y  cotere,  cultivar,  y 
extensivameate,  vivir,  porque  el  hoiít- 
bre  vive  en  el  terreno  que  cultiva.  /»- 
fuUino  vale  tanto  como  iih^lono. 

Rueiú, — ^La  formacidn,  de  que  ba- 
Ualfontau,  es  inadmisible.  Tnquiti~ 


ÍNQÜ 

»M,  del  prefijo  m,  en,  colo^  eolito  cote* 
re,  habitar,  yaiienuSf  aliena^  alienum, 
cosa  ajena;  como  quien  dice:  el  que 
habita  en  un  lugar  ajeno;  quati  ÍHCoíent 
aliena. 

Inquina.  Femenino  &miHar.  Aver- 
sión, mala  voluntad. 

ETiMOLOofA.  InquitMT. 

Inquinado,  da.  Participio  pasivo 
de  inquinar. 

ErniOLOofA.  Latin  inquín&tuf,  par- 
ticipio pasivo  de  inquinare^  inquinar. 

Inquibamiento.  Masculino  anti- 
cuado. Infección. 

Inquinar.  Activo.  Manchar,  conta- 
giar. 

BTiMOLoefA.  Latín  iN^K«Sr«,  man- 
char, emporcar;  de  ta,  en,  dentro,  so- 
bre, y  «t(»*r«,  hacer  del  cuerpo. 

Inquirido,  da.  l^rticipio  pasivo 
de  inquirir. 

Etimolooía.  Latín  inquxñtuit  parti- 
cipio pasivo  de  inquXrere,  inquirir. 

Inquiridión.  Masculino  anticuado. 

En'QUIBIDIÓN. 

Inquiridor,  ra.  Masculino  y  feme- 
nino. Gl  que  inquiere. 

Inquiriente.  Participio  activo  de 
inquirir.  Que  inquiere. 

Inquirimiento.  Masculino.  Acción 
de  inquirir. 

Inquirir.  Actívo.  Indagar,  averi- 
guar o  examinar  cuidadosamente  una 
cosa. 

Etiuolooía.  Latín  inqulrere;  de  in, 
en,  7  ^KtfrtVr,  buscar:  catalán,  ta^»»- 
r«r,  inquirere  de  re  eapiialit  instruir  un 
proceso  criminal. 

El  que  busca,  se  mueve;  el  que  in- 
quiere, busca  con  intención,  con  dis- 
cernimiento, con  cuidado. 

Inquisición.  Femenino.  La  acción 
j  efecto  de  inquirir.  |  Tribunal  ecle- 
siástico, establecido  para  inquirir  y 
castigar  los  delitos  contra  la  fe.  fl  La 
casa  donde  se  juntaba  el  tribunal  de 
la  Inquisición.  Llamábase  también  así 
la  cárcel  destinada  para  los  reos  per- 
tenecientes á  este  tribunal.  Q  Hacbr 
iNQinsioiÓN.  Frase  metafórica  y  fami- 
liar. Examinar  los  papeles,  y  separar 
los  inútiles  para  quemarlos.  J  Inqui- 
sición del  BsTADó.  historia.  Tribunal 
8eereto,'de  atribuciones  ilimitadas,  es- 
tablecido en  la  antigua  república  de 
Veneeia.  J  Instrucción  de  un  proceso, 
entre  los  latinos.  (TÍ.CITO.) 

BxuiOLOofA.  Inquirir:  latín,  ta^sT- 
sítio,  averiguación,  forma  sustantiva 
abstracta  de  inquisitus,  inquirido;  ita- 
liano, inquitizione;  francés,  inquisiíion; 
provenzal,  inquisido;  catalán,  inqui- 
tidó. 

Reseüa  histMca. — 1.  La  Inquisición 
fué  una  institución  eclesiástica,  fun- 
dada por  la  corte  de  Roma,  con  el  fin 
de  indagar  ó  ifursirtr  7  castigar  todo 
delito  contra  la  fe. 

2.  Su  origen  se  hace  remontar  al 
aSo  1204,  época  en  que  el  papa  Ino- 
cencio III,  deseando  contener  los  pro- 
gresos da  la  herejía  de  los  albigeíises, 
envió  sus  delegados,  Pedro  de  CssteU 
ñau  y  otros  muchos  religiosos  bene- 
dictinos, á  predicar  al  Mediedía  de  la 
Francia.  _  '  ' 

3.  Estos  fueron  en  realidad  loa  pri- 


inqíj  lai 

meros  inquisidores;  y  hasta  algunos 
afios  después,  el  de  1215,  la  institu- 
ción no  tuvo  un  principio  dé  organi- 
zación, que  puedia  fijarse  en  el  nom- 
bramiento de  santo  Domingo  para  el 
cargo  de  inquisidor  general. 

4.  El  papa  Gregorio  JX  acabó  la 
obre  de  sus  predecesores  y  constituj^ó 
deñnitivamente,  en  1238,  este  tribu- 
nal que,  sometido  tan  sólo  á  la  Santa 
Sede,  tenía  el  derecho  de  perseguir  y 
juzgar  á  los  herejes  y  á  sus  adictos. 

5.  De  Italia,  donde  fué  adoptada  en 
varios  Estados,  pasó  á  Francia,  en  el 
reinado  de  San  Luís  (1255);  pero  no 
pudo  sostenerse  en  el  país  que  la  ha- 
bía servido  de  cuna,  si  así  puede  de- 
cirse. 

6.  No  fué  asi  en  Espafia,  donde  esta 
iutitución,  fundada  en  1232,  hizo  rá- 
pidos progresos,  y  donde  recibió,  en 
tiempo  de  los  Rejres  Católicos,  una 
nueva  organización  y  poderes  verda- 
deramente formidables. 

7.  Constituida  en  nuestra  nación 
con  el  fin  capital  de  perseguir  á  los 
judíos  y  moros  relapsos,  tomó  el  nom- 
bre de  Santo  O^do,  y  fué  colocada 
bajo  la  dirección  de  un  gran  inquisi- 
dor, con  un  consejo  adjunto,  denomi- 
nado  la  Suprema,  y  cuarenta  y  cinco 
inqilisidores  generales. 

o.  El  primer  gran  inquisidor  fué  el 
célebre  Tomás  de  Torquemada,  prior 
de  los  dominicos  de  Segovia;  pero  su 
nombramiento,  lo  mismo  que  el  es- 
tablecimiento del  Santo  Oficio,  fué 
aprobado  con  sentimiento  por  el  papa 
Sixto  IV,  á  quien  haj  que  hacer  la 
justicia  de  consignar  que  kahia  visto 
con  dolor  los  ilimitados  poderes  del  nut' 
vo  tri&unai. 

9.  Establecido  al  principio  en  Sevi- 
lla (1481),  el  Consejo  Supremo  de  la 
Inquisición  fué  trasladado  á  Madrid, 
donde  se  reunía  bajo  la  presidencia 
del  gran  inquisidor,  asistido  de  seis 
jueces,  de  un  procurador  fiscal  y  otros 
dignatarios,  cayo  nombramiento  era 
hecho  ó  aprobado  por  el  rej.  Había 
además  en  toda  España  un  gran  nú- 
mero de  individuos  afectos  al  Santo 
Oficio,  llamados  familiares,  que  lo 
eran  frecuentemente  personas  de  la 
nobleza,  á  causa  de  los  grandes  pri- 
vilegios de  que  gozaban. 

10.  Bl  procedimiento  inquisitorial 
debía  ser  secreto.  Bl  acusado,  ence- 
rrado en  una  prisión,  denominada 
casa  santa,  era  sometido,  en  los  casos 
menos  graves,  á  penas  espirituales; 
en  los  demás  casos,  podía  sufrir  hasta 
la  prisión  y  la  muerte. 

11.  Entregado  en  este  último  caso 
al  brazo  secular,  generalmente  era 
conducido  al  suplicio  cubierto  con  un 
sambenitOt  vestidura  en  forma  de  saco, 
con  una  cruz  delante  y  otra  detrás, 
con  diablos  bordados  ó  pintados.  Su 
sentencia,  solemnemente  pronuncia- 
da, era  lo  que  se  llamaba  auto  de  Je. 

12.  En  tiempo  de  Felipe  II  fué 
cuando  la  Inquisición  estuvo  en  auge 
en  fispaDa,  ^  sobre  todo,  en  los  Paí- 
ses^BaJos,  con  motivo  ó  pretexto  de 
l^rseguir  las  herejías. 

13.  En  el  siglo  xviii,  Juan  VI,  rejr 


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132  m<iv 


mñÁ. 


meo 


de  Portugal,  la  suprimítS  en  sa  reino. 

14.  Napoleón  I,  por  decreto  de  4 
de  Diciembre  de  Í8u8,  U  abolió  en 
España. 

i.j.  Femando  VII  U  restableció 
en  1814,  y  las  Cortes  la  suprimieron 
defínitivameate  en  1820. 

16.  La  Inquisición,  establecida  en 
Roma  por  Pío  VII,  no  fué  más  qae  un 
tribunal  de  disciplina  pan  el  cJero. 

17.  Como  tan  impoftanta  amato 
histórico,  en  que  nos  abstenemos  de 
comentarios,  excita  el  interés  de  todo 
lector  ilustrado,  recomendamos  la  lec- 
tura de  las  sig^uientes  obras:  Lim- 
borch,  HitUñre  de  l'  Jnquisiíion;  Lló- 
rente, Siiíoria  d$  la  Inuuisieión;  J.  de 
Mnistre,  Lettres  ««r  V  jn^uüiíio»  e>~ 
jiayuole;  Hétele,  L*  cardinal  Ximtnet 
eí  i'  S$U9e  d'  Bspagne;  v  Balmes,  El 
ProUttantitmo  y  el  CiUoíicitmo  coi»;»- 
radot, 

18.  Si  nuestra  toz,  siempre  impar- 
cial, pudiera  ser  oída,  rogaríamos  á 
la  Academia  de  la  Historia  y  al  cuer- 
po de  archiveros-biblioteearÍM,  que 
diesen  i  luz,  por  cuantos  medios  pu- 
diera sugerirles  el  amor  i  la  historia 
patria,  los  preciosos  documentos  re- 
latiTos  á  la  Inquisición,  Tcrdadero 
tesoro  de  nuestros  archivos. 

19.  Escritas  las  líneas  anteriores, 
hallamos  cuatro  antecedentes  que  co- 

.  rresponden  á  esta  materia. 

1.  £1  conde  de  Tolosa  adoptó  la 
Inquisición  en  1229. 

2.  Inocencio  IV  la  estableció  en 
toda  Italia,  excepto  Ñápeles,  en  1251. 

3..  La  Inquisición  tuvo  sus  tribu- 
nales en  Italia,  Francia,  España,  Pur* 
tugal  y  en  la»  Indias. 

4.  «Al  código  de  los  risigodos  se 
debju  todas  las  máximas,  tudos  los 
principios,  todas  las  tendencias  de  la 
actual  Inquisición.»  (Montbsquiku, 
Sspiriiu.de  lat  lej/es^XXVJJ,) 

Inquisidor,  ra.  Masculino  feme- 
ninoa  Imquiisidob.  \  Juez  eclesiástico 
que  conocía  de  las  causas  de  fe.  |j  Pbs- 
QUisiDOE.  I  Provincial  Aragón.  Cada 
uno  de  los  jueces  que  el  rey  ó  el  lu- 
garteniente ó  los  diputados  nombra- 
ban para  hacer  inquisición  de  la  con- 
ducta ó  contrafuerus  cometidos  por  el 
vicecanciller  y  otros  ma^^istraaos,  á 
fin  de  castigarlos  se^dn  las  calidades 
desús  delitos.  Estos  inquisidores,  que 
se  nombraban  de  dos  en  dos  aúos, 
acabada  su  encuesta,  quedaban  sin 
jurisdicción.  |  apostólico.  £1  nom- 
brado por  el  inquisidor  general  para 
entender  en  los  negocios  pertenecien* 
tes  á  la  Inquisición.  ||  os  £!sta.uo.  En 
la  república  de  Venecia,  cada  uno  de 
los  tres  nobles  elegidos  del  consejo  de 
los  Diez,  que  estaban  diputados  para 
inquirir  y  castigar  los  crimeaes  de 
Estado,  con  poder  absuluto.  |  gbni- 
HAl»  El  supremo  inquisidor,  á  cujro 
cargo  estaba  el  gobierno  del  consejo 
de  laquisición  y  de  todos  sus  tribu- 
nales. I  OBDiNA,Bio.  El  obispo  ó  el  que 
en  su  nombre  asistía  á  sentenciar  en 
definitiva  las  causas  de  los  reos  de  fe. 
'  EmiOLpoÍA.  Inquirir:  latía,  sm^hI- 
atOTt  inquUUorist  inresti^dor»  el  qae 
'inquiere;  catalán,  inquisidor. 


In^ttisitiv&mente.  Adverbio  de 
modo.  Con  el  designio  de  averiguar. 

InauisitÍTO,  va.  Adjetivo  anticua- 
do.  El  que  inquiere  v  averigua  con 
cuidado  V  diligencia  las  cosas  ó  es  in- 
clinado 8  esto. 

VermoioaU..  Inquisición:  latín,  i»- 
^utslíitut;  francés,  infuisitif;  catalán, 
tn^isiíiu,  w. 

Inqnisttoríftdo,  da.  Adjetivo.  Con- 
denado por  el  tribunal  de  la  Inquisi- 
ción. 

Inquisitorial.  Adjetivo.  Concer- 
niente á  U  Inquisición. 

BTUOLoaÍA..  Inquisici<m:  italiano, 
inquisitoriale:  francés,  inquisitorial. 

Inramo.  Masculino.  Nombre  dado 
á  un  algodón  en  rama  que  se  extrae 
de  Egipto  por  el  Cairo. 

Inremunerado,  da.  Adjetivo  an- 
ticuado. Lo  que  se  queda  sin  remune- 
ración. 

Inretar.  Activo  anticuado.  Irritar, 
anular. 

Insabible.  Adjetivo  familiar.  Lo 
que  no  se  puede  saber  ó  es  inaveri- 
guable. 

Insadabilidad.  Femenino.  Cali* 
dad  de  lo  que  es  insaciable. 
BTiHOLoaÍÁ.  insaciable:  italiano, 

insaiiabilila;  francés,  insatiahiliíé;  ca- 
talán, insaciahilitat;  del  latín  poste- 
rior insSiiabUíías,  cualidad  del  apeti- 
to que  todo  lo  quiere,  sin  satisfacerse 
jamás. 

Insaciable.  Adjetivo.  Lo  que  no  se 
puede  saciar. 

EriuoLoaÍA.  Prefijo  negativo  1117 
saciabie:  catalán,  insaciaole;  francés, 
insaiiable;  italiano,  insatiable;  latín, 
insatid/nlis. 

Insaciablemente.  Adverbio  de 
modo.  Con  insaciabilidad. 

ETiuoLoaÍA.  Insaciable  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  catalán,  insaciabíe~ 
ment;  francés,  insaíiablement;  italia- 
no, insatiabitmente;  latín,  insSti&bílt' 
íer. 

Insaculación.  Femenino.  La  ac- 
ción y  efecto  de  insacular. 

EtiuoloqU..  Insacular:  catalán,  im- 
saculació. 

Insaculado,  da.  Participio  pasivo 
de  insacular. 

Etiuología.  Insacular:  catalán,  in- 
saculat,  da, 

losaculador.  Masculino.  El  que 
insacula, 

Etiuolooíá.  Insacular:  catalán,  in- 
saculador,  a. 

Insacular.  Activo.  Poner  en  el 
saco,  cántaro  6  pliego,  el  nombre  de 
las  personas  señaladas  para  los  oficios 
públicos. 

Etimología.  Prefijo  «,  en,  y  sacu- 
lar, forma  verbal  del  latín  saccüluSt 
saquillo,  diminutivo  de  saecuSf  saco: 
catalán,  insacular. 

Insalificable.  Adjetivo.  No  salifi- 
cable. 

lasaliración.  Femenino.  Fisiolo- 
gía. Mezcla  de  los  alimentos  con  la 
saliva. 

EtuiolooÍa.  Prefijo  ím,  en,  sobre, 
dentro,  j  saUvaeidñ:  francés,  smalim- 
íion. 

InsalÍTar.  Activo.  FisxohgUt,  Mez- 


clar la  saliva  con  los  alimantof  «b  it 

acto  de  la  masticación. 

Etiuolooía.  /m,  eu,  y  salivar. 

Insalubre.  Adjetivo.  Lo  qm  ei 
mal  sano  ó  dañoso  á  la  salud, 

ETiiioLoaÍA.  Latín  insSÜibris;  de  in 
privativo  y  sUSbris,  salubre:  itaWo 
y  francés,  insalubre* 

InMlnbreinente.  Advorlño  da  mo- 
do. (;^n  insalubridad. 

EtwolooU.  Insaluhr*  y  el  snfijo 
adverbial  nunU:  italiano,  insaUbr». 
m^nie;  francÓs,  insalubrement;  latía, 
insidübríter. 

Insalubridad.  Femenino.  Falta  de 
salubridad,  j  Cualidad  de  las  eoai 
insalubres. 

ETUiOLoaÍA.  Insalubre:  latía,  tsil- 
lübriías;  iuliano,  insalubritá;  francés, 
insalubrité. 

Insanable.  Adjetivo.  Lo  que  no  le 
puede  sanar  ó  es  incurable. 

Etiuolooía.  Latín  insUn&bíUst  in- 
curable, en  Cicerón;  morul,  en  san 
Jerónimo:  catalán,  vuanable. 

Insanamente.  Adverbio  da  modo. 
De  una  manera  insana. 

Etiuolooía.  Insana  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  latín,  insine,  loa- 
mente. 

Insania.  Femenino.  Locuba. 

Etiuolooía.  Latín  insania  é  insti^ 
tas,  locura,  furor;  forma  sustantiva 
abstracta  de  insSnus,  insano:  fraacés, 
insanilé;  italiano,  insania. 

Insano,  na.  Adjetivo.  Loco,  da- 
mente,  furioso. 

EtiuoloqÍa.  Latín  insSnus,  insen- 
sato, furioso;  de  in,  no,  y  sSrius,  sano; 
c no  sano,  enfer.no  del  juicio,  loco:* 
catalán,  insá^na. 

Insaturable.  Adjetivo.  Que  no 
puede  saturarse. 

EtuiolooÍa.  h&tia  insSíarabUiSt  Íd- 
saciabie;  de  in  privativo  y  saÍHtaÚUs, 
saturable:  francés,  insaturable. 

Inscribir.  Activo.  Grabar  letreros 
en  metal  ó  en  piedra,  para  conservar 
la  memoria  de  algún  sujeto  ó  de  at- 

fún  hecho  memorable,  g  Geometría. 
ormar  una  figura  dentro  de  otra,  de 
suerte  que  toque  en  varios  puntos  al 
cojitorno  de  ésta.  U  Apuntar  su  nom- 
bre eutre  otros  para  un  objeto  deter* 
minado.  Usase  también  como  recí- 
proco. 

Etiuolooía.  Latín  imcrtbtret  ioti- 
tular;  de  in,  en,  sobre,  y  scrUtre,  es- 
cribir: francés  y  proveozal,  inseriré; 
catalán,  iuscriurer;  italiano,  ifucricere. 

Inscribirse.  Recíproco.  Escribirau 
nombre.  |¡  Suscribirse. 

Inscripción.  Femenino.  El  letrero, 
grabado  en  metal,  piedra  ú  otra  ma- 
teria durable,  para  conservar  la  me- 
moria de  algún  sujeto  ó  suceso.  |  Do- 
cumento Ó  título  de  una  renta  perpe- 
tua á  cargo  del  Estado. 

Etiuolooía.  Latín  inscrip(Uj,  títiilo 
de  libros,  monumento  público  de  In 
estatuas  y  de  los  sepulcros,  en  Cice- 
rón; acusación,  eu  Ulpiaiio;  nota  de 
infamia,  en  Petronio:  provenzal,  ins- 
cripíio;  catalán,  inscripcid;  francés,  isl- 
cription;  italiano,  inscritione. 

Inscripcionbs  db  los  uoinnnw- 
Tos.— 1.  Costumbre  general  de  Uae- 


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INSE 


iNSE  m 


tíffSe&d  faé  ponw  en  los  mouumfln- 
tóa  piiblícos  1KSCB1PC10NB3  de  dedica- 
toria, pira  conmemorar  qué  aoberano 
ó  qué  magistrado  le  había  erigido, 
coa  qaé  motivo  y  en  qué  año. 

2.  Bst»  eoatambre  fué  seguida  tara- 
luéD  «Q  los- monumentos  de  los  partí- 
enlares;  sobre  todo,  en  los  sepulcros. 

3.  Dichas  inscripoionbs  son  de 
gnn  precio,  consideradas  como  do- 
eomentos  históricos. 

4.  El  arte  que  estudia,  traduce,  io- 
terpreta  j  comenta  las  inscripcionbs, 
es  ta  epigrafía. 

5.  En  Frftocia  hubo  una  verdadera 
manía  de  poner  en  latín  las  inscbip- 
ciONBS  de  todo  género. 

6.  Bn  Italia,  sobre  todo  en  Roma, 
se  ha  conservado  la  costumbre  anti- 
gua; la  edificación,  como  la  restaura- 
ción, se  consagra  por  una  inscbifción 
especial. 

7.  Respecto  de  B8pafla,no  nos  acu- 
de qué  decir,  porque  no  quisiéramos 
censurar,  ni  ser  tampoco  eómplices  de 
nnestro  oriminal  abandono.  Lo  cierto 
es  que  aquí  tenemos  la  costumbre  de 
ir  i  visitar  los  monumentos  y  las  ins- 
cupciONBS  de  otros  países,  cuando  te- 
nemos ea  nuestra  casa  iNscaiPGiONBS 
j  monumentos  que  bastarían  para  ha- 
cer de  Bspaña  el  pueblo  más  célebre 
de  Europa. •A.l  recorrer  nuestras  olvi- 
dadas provincias,  el  ánimo  se  llena  de 
dulory  de  asombro.  Nada  más  común, 
aun  tratándose  de  las  poblaciones  de 
menos  consideración,  que  encontrar 
sillares  de  casas  ruinosas  con  inscrip- 
cionbs antiquísimas,  entregadas  á  las 
injurias  de  los  elementos  y  de  los 
hombres,  cuando  otras  naciones  las 
guardarían  cuidadosamente  entre  cris- 
tales. Amén  del  Museo  arqiuológico  na- 
mmdt  Sspa&a  debería  tener  uno  de 
los  siw«as  «jtúrificos  más  ricos  del 
mundo,  Y  no  faltará  quien  pregunte: 
«Pero  ¿qué  significan  las  iNüOBIpcio- 
HBS?»  Nosotros  contestamos  que  las 
uscBipcioMBS,  lo  (}ue  pudiéramos  lla- 
mar anales  lapídanos,  represeutan  hoj 
el  complemento  último  de  la  literatu- 
ra de  tus  pueblos,  porque  la  historia 
primitiva  de  la  humanidad  fué  la  his- 
toria de  piedra.  Para  los  pueblos  cul- 
tos, los  monumentos  son  la  escritura 
mis  auténtica  del  pasado,  los  grandes 
tatamentos  de  la  antigüedad, 

Inscriptible.  Adjeuvo.  Que  ss  pue- 
de ÍDScríDÍr. 

EtuiolooUt  Jiueriío¡  francés,  ins- 
criptiáU. 

Inscripto,  tft.  Participio  pasivo 
írtegular  de  inscribir. 

ETUcoLoaÍA.  JmeriHri  latín  ifu&rip- 
A»,  participio  pasiTO  de  xntcribíre, 
inscnbir:  francés,  úucrií;  catalán,  ¿m- 
erií,  a;  italiano,  inscritto. 

Inscrito.  Inscripto. 

Inscrutable.  AdjetÍTO  anticuado. 
Inbscbutablb. 

luculpir.  Activo.  Esculpir. 

Insecable.  Adjetivo  ñimiliar.  Lo 
qas  no  se  puede  secar  ó  es  muy  difí- 
cil de  secarse. 

'  BTUIOI.OOÍA.  /«  negativo  v  secable: 
eaulán<  imecable,—m\%MxLViueCah'ilis 
tifiruifica  indiviñble;  de  m,  no,  y  tecÁ- 


hUiSt  forma  adjetivada  $hire,  cortar: 
iNSBCABii.iA.  eorpora,  cuerpos  indivisi- 
bles, en  Eonio:  fírancés,  tnsecabU;  ita- 
liano, insecábile. 

Insección.  Femenino,  Incisión  ó 
cortadura. 

Inseotero.  Hasculino.  Bntomó- 

FOBO, 

BrncoLoafA..  Insecto, 

Insectícida.  Adjetivo.  Que  des- 
trure  los  insectos. 

Etimolooía.  Latín  inieclum,  insec- 
to, j  cadérg,  matar:  francés,  intecti~ 
cide. 

Insecticidio.  Masculino.  Destruc- 
ción de  los  insectos. 

Insectifero,  ra.  Adjetivo.  Knto- 
HÓPORo.  1  Mineralogía,  Que  contiene 
insectos  fósiles. 

Etiholooía.  Latín  insectwn,  insec- 
to, y  /«Tí,  llevar:  francés,  instclifire. 

Insectil.  AdjetÍTO  anticuado.  Lo 
que  pertenece  á  la  clase  de  los  insec- 
tos. 

Insectívoro,  ra.  AdjetÍTo.  Zool^^^ 
gia,  Qne  se  alimenta  de  insectos. 

ErncoLGOÍA.  Latín  insicium,  insec- 
to, y  tarare,  devorar:  francés,  inseeti- 
vors. 

Insecto.  Masculino.  Entomología. 
Nombre  que  se  da  á  una  clase  de  ani- 
males que  todos  son  pequeños,  ovípa- 
ros, y  carecen  de  sangre,  de  huesos 
y  de  corazón;  tienea,  cuando  menos, 
seis  piés,  machos  de  ellos,  dos  ó  cua- 
tro alas,  y  el  cuerpo  cubierto  en  parte 
con  una  costra  mas  ó  menos  dura.  La 
major  parte  de  ellos,  hasta  llegar  á 
adquirir  todos  sus  miembros,  pasan 
por  tres  estados  diferentes,  bajo  for- 
mas distintas  de  las  que  tienen  des- 
pués. 

B-ruHK^fA.  Catalán,  inseete;  fran- 
cés, imocUi  italiano,  insttto;  del  latín 
miScAmk  fbrma  sustantiva  de  (M/e8r«, 
dividir,  compuesto  de  m,  en,  y  siftíhre, 
cortar,  poique  el  insecto  tiene  vérte- 
bras ó  articulaciones,  y  cada  articula- 
ción fué  considerada  como  una  sección 
natural.  Por  consiguiente, tiM«cto  (Quie- 
re decir  cortado,  dividido  en  verte- 
bras. 

Reseña.^!,  Zoología  as/iyiM.— Pe- 
quefio  animal  invertebrado,  cujro  cue> 

{)0  está  dividido  por  anillos  ó  artiou- 
aciones. 

2,  Zoología  moderna, — Clase  del  reí- 
no  animal,  en  que  figuran  los  anima- 
les articulados,  provistos  únicamente 
de  seis  piés. 

'  3.  Los  insectos  más  grandes  que  se 
conocen  en  el  globo,  son  los  del  Bra- 
sil, de  la  Cayena  j  demás  provincias 
de  la  América  meridional.  (Buppón, 
Cuadrúpedos,  tomo  3."} 

4.  Es  curioso  notar  que  el  aceite  es 
una  substancia  venenosa  para  los  in- 
seotoí;  en  tales  términos,  <^ue  basta 
derramar  unas  gotas  de  aceite  sobre 
sus  estigmas,  para  que  mueran  en  el 
acto.  (BoNNET,  Observaciones.) 

Insectología.  Femenino.  Bntouo- 

LOGÍA. 

ETiMOLoaÍA.  Sntomologia:  francés, 
insecíologie. 
Insectólogo.  Masculino.  Bntouó- 

LOOD, 


ETiuoLoaÍA.  Smtoml^iéo:  f^anciís, 
insectologiqu', 

Insecuestrabie.  Adjetivo.  Que  no 
puede  secuestrarse. 

Insedttcido,  da.  Adjetivo.  No  se- 
ducido. 

Inseguir.  Neutro.  Seguir,  prose- 
guir, continuar;  y  así  se  dice:  insi- 
ouiBNoo  en  tal  sistema. 

£tih(»aoía.  Latín  insi^. 

Inseguramente.  Adverbio  de  mo- 
do. Con  inseguridad. 

Btuioloqu.  Inseguirá  y  el  sufijo 
adverbial  menU. 

Inseguridad.  Femenino.  Falta  de 
seguridad. 

ETiuoLOOÍA./iu«^i(fo;  francés,  *iur- 

CUfité. 

Inseguro,  ra.  Adjetivo.  Falto  de 
seg-uridad. 

insembrado,  da.  Adjetivo.  No 
sembrado. 

Inseminadón.  Femenino.  Próctica 
supersticiosa  á  la  cual  se  atribuía  la 
virtud  de  curar  llagas  y  heridas,  y 
que  consistía  en  impregnar  una  por- 
ción de  tierra  del  pus  de  la  herida  <}ue 
se  quería  curar  jluego  sembrar  dli  la 
planta  que  se  consideraba  conveniente 
a  la  curación,  regándola  con  el  agua 
que  había  servido  para  lavar  la  llaga. 

Etuiolooía.  Bajo  latía  intew^iiMtiQ, 
del  latía  »M¿ffilfiar«,  sembrar  en  algúu 
punto,  producir;  de  in,  en,  y  s^míndre, 
sembrar:  francés,  insÁninatton. 

Insenescencia.  Femenino.  Cali- 
dad de  lo  que  no  se  envejece.  Q  ds  las 

PAOULTADBS  INTELECTUALES.  Historia 

de  la  biología.  Propiedad  que  algunos 
fisiólogos  atribulen  á  las  focuítadcs 
mencionadas. 

BTUioLoafa.  I»  privativo  y  el  latín 
senescére,  envejecer,  forma  verbal  de 
$huw,  anciano:  francés,  insénescenu. 

Insenescente.  Adjetivo.  Que  entra 
ea  Is  senectud. 

Insenescer.  Recíproco.  Entrar  en 
la  senectud;  hacerse  muj  viejo. 

Btucoloqía,  Latín  insenesceré,  pos- 
terior á  la  época  de  Auf^usto;  de  in, 
en,  y  sínescíre,  hacerse  viejo. 

Insensatamente.  Adverbio  de  mi> 
do.  Con  insensatez. 

BTiiiOLoaÍA.  Insensata  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  catalán  antiguo,  tit- 
sensadameni;  francés,  intentémení¡  la- 
tín, insensaté,  en  san  Jeróuimo. 

Insensatez.  Femenino.  Necedad, 
falta  de  sentido  ó  de  razón. 

BTiHOLOaÍA.  Insensato:  catalán  an- 
tiguo, insensada;  moderno,  intensatesa. 

Insensato,  ta.  Adjetivo.  Tonto, 
fatuo,  sin  sentido. 

Etimología.  Latín  insensS^,  sin 
sentido;  de  in  negativo  y  sensatns, 
sensato:  catalán,  insensat,  'a;  francés, 
insensé;  italíaoo,  insensato. 

Insensibilidad.  Femenino.  Falta 
de  sensibilidad.  ||  Metáfora.  Dureza 
de  corazón  ó  falta  de  sentimiento  en 
las  cü.sas  que  lo  suelen  causar. 

Etiuolooía.  Insensible;  latín,  insen- 
tUUiiat(i^mcasviATtÁddendaJ;  italia- 
no, intensibiliíá;  francés,  insauibiliíé: 
catalán,  insensibiliíat;  portugués,  in- 
sauibilidade. 

Insensible.  Adjetivo.  Lo  que  care- 


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134  INSE 


ce  de  facultad  seositiva  ó  qae  no  tiene 
sentido.  I  Privado  de  sentido  por  al- 
gán  accidente  ú  otra  causa.  Q  Ihper- 
CBPTIBLB.  O  Metáfora.  El  que  no  sien- 
te las  cosas  que  causan  dolor  j  pena 
ó  mueven  á  lastima. 

Btiuqiooía.  Tn  ^ñvttiro  j  geiuible: 
\mtín,inteiuí6Uit:  italiano,  iníentiHU; 
francés  y  catalán,  intenñhU. 

Insensiblemente.  Adveibio  mo- 
dal. De  un  modo  insensible. 

StucoLOofÁ.  Itueiuiilt  j  el  sufijo 
adTttrbial  .ménít:  italianOf  úuentiitl- 
mente;  francés  y  catalán,  inttntiMi- 
rneut;  latín,  insemtWMUr, 

Insensitivo,  va.  Adjetivo.  Desti- 
tuido de  la  facultad  de  sentir. 

Inseparabilidad.  Femenino.  Ca- 
lidnd  de  Lo  que  es  inseparable. 

Etimolooía.  Inseparable;  latín,  m- 
sépdraÓUitai;  provenzal  j  catalán,  tit- 
teparabiliíat;  francés,  inséparaítilite'. 

Inseparable.  Adjetivo.  Lo  (^ue  no 
se  puede  separar.  Dfease  también  de 
las  cosas  que  se  separan  con  dificul- 
tad T  de  las  personas  estrechamente 
unidas  entre  si  con  víneulos  de  ami^ 
tad  ó  de  amor. 

BtuuxxmiU.  In  nativo  ▼  separa^ 
ble:  latín»  ñtaplírii^Us;  eatalán,  inse~ 
pnmiU;  franeesi  im^pirttHe;  italiano, 
intepamHle, 

Inseparablemente.  Adverbio  de 
modc.  Con  inseparabilidad. 

fiTiuoLOOÍA.  Inseparable  j  al  sufijo 
adverbial  mente:  catalán,  inteparable- 
mení;  francés,  int^arabúment;  italia- 
no, inteparabilneníe;  latín,  insipai'aiU 
íiter. 

tnseparadamente.  Adverbio  de 
modo.  Sin  separaci<ín. 
>,  ^iuqloqU.  Jnteparada  j  el  siifijo 
adverbial  mente, 

Inseparado,  da.  Adjetivo.  No  se- 
parado. , 

Insepnltable.  Adjetivo.  Qua  no 
puede  o  no  deba  ser  sepultado. 

InMpoXtado,  da.  Adjetivo  sntí- 
cundo.  íhsbpulto. 

Insepulto,  ta.  Adjetivo.  El  cadá- 
ver que  no  está  sepultado. 

BTlu<».oofA.  Latín  insépñltm,  par- 
ticipio pasivo  de  intepetire;  compuesto 
de  M,  no,  y  sepe^re,  enterrar. 

Xnsepúftnra.  Femenino.  lia  cir- 
cunstancia del  cadáver  insepulto. 

Inserción.  Femenino.  La  acción  j 
efecto  de  insertar  é  insertarse.  |  Áua- 
tomítt.  Intima  adherencia  de  una  parte 
del  cuerpo  en  otra,  la  cual  sirve  de 
punto  de  apojro;  j  así  se  dice:  la  m- 
ssaciÓH.de  un  músculo,  de  un  liga- 
mento, de  un  tendón,  en  tal  ó  cual 
bueao.  I  ¿aífÍNÚa.  La  misma  adheren- 
cia respeeto  da  loa  órganos  de  una 
planta,  como  cuando  decimos :  la  IH- 
SBRGiÓN  del  ovario,  da  los  estambres, 
de  la  corola.  ||  Cada  uno  de  los  puntos 
por  donde  se  efectúa  dicha  adheren- 
cia. 

Etiuolooú.  Latín  interlto,  iagert- 
miento, forma  sustantiva  abstracta  de 
interius,  inserto:  provenzal,  insercio; 
catalán,  tnierció;  francés,  intertion; 
italiano,  inserttone. 

Inserenable.  Adjetivo.  Que  no 
yveda  serenBna. 


Inserenidad.  Femenino.  Falta  de 

serenidad. 

Insereno,  na.  Adjetivo.  Que  no 
esU  sereno. 

ETmoLOOÍa.  Latín  interhuu,  (Esta- 

CIO.) 

Inserir.  Activo  anticuado.  Insbr- 
Ta,R.  y  Anticuado.  Inobrir,  inobrtar. 
II  Anticuado  metafórico.  Plantar  ó 
sembrar  alguna  cosa. 

ETiuoLOofa.  Latín  úuerere, 

Insertable.  Adjetivo.  Susceptible 
de  insertarse. 

Insertado,  da.  Participio  pasivo 
de  insertar. 

EriMOLOafA.  Insertar:  catalán,  i«Hr* 
tat,  da;  francés,  insére, 

Insertador,  ra.  Sustantivo  j  adje- 
tivo. Que  inserta. 

Insertar.  Activo.  Incluir,  introdu- 
cir una  cosa  en  otra,  formando  con 
ella  un  conjunto,  \  Poner  en  los  perió- 
dicos un  artículo,  noticia,  anuncio  ó 
cosa  semejante. 

Btuiolooía.  Latín  «Mj«ríar«,  poner 
dentro»  frecuentativo  de  inseriíre,  in- 
cluir; de  i»,  dentro,  y  serere^  enlazar, 
unir:  catalán  antiguo,  inserir;  moder- 
no,  ifutfrtor;  provenzal,  inserir;  fran- 
cés iiuérer;  italiano,  inseriré. 

Insertarse.  Reciproco.  Anatomía 
i  historia  naítml.  Estar  adherida  nna 
parte  del  cuerpo  en  otra,  como  en  el 
ejemplo  siguiente:  cBl  caaobar  tiene 
una  vejiguilla  de  hiél;  y  su  canal,  que 
se  cruza  con  el  canal  hepático,  va  á 
insertarse,  por  la  parte  de  arriba,  en 
el  duodeno.»  (Buppón,  Pájaros^  Uh 
mo  Í.\p¿ginaSÍi.) 

Inserto,  ta.  Participio  pasivo  irre- 
gular de  insertar.  |  Adgetivo  anticua- 
do. Inqbrto.  i  Anatomia  i  historia  na- 
iaral.  Que  ha  sido  objeto  de  inserción, 
ó  que  tiene  un  punto  de  adherencia, 

Íasí  ae  dice:  músculo  insbrto  en  tal 
ueso;  hoja  insbrta  en  el  tallo,  es- 
tambres INSERTOS  en  el  ovario,  etc. 

BriuoLoaU.  Latín  inseríust  partici- 
pio pasivo  de  isier^f,  introducir:  fran- 
cés, insére'. 

Inservible.  Adjetivo.  Lo  que  no  es 
servible  ó  no  está  en  estado  de  servir. 

Insesión.  Femenino.  Medicina.  Ba- 
ño de  vapor  en  el  cual  está  lantsdoel 
enfermo. 

EriuoLoaÍA.  Latín  insessus,  que  sir- 
ve de  asiento,  participio  pasivo  de  «r- 
stdere,  estar  sentado  sobre;  de  in,  en, 
sobre,  dentro,  y  sedere,  sentarse. 

Insexual.  Adjetivo.  Historia  naln- 
ral.  Que  carece  de  sexos,  como  algu- 
nas abejas. 

Etiuolooía.  In  privativo  y  iesuét: 
francés,  insexé. 

Insidia.  Femenino.  Askohanu,. 

EnuoLoaÍA.  Latín  insUHUt  asechan- 
za, forma  sustantiva  de  insÚere^  estar 
apostado:  catalán  antiguo,  insidia, 

Insidiadamente.  Adverbio  de  mo- 
do. Insidiosaubntb, 

Insidiador,  ra.  Masculino  y  feme- 
nino. El  que  insidia. 

Etimoloqía.  Insidiar:  latín,  insidia- 
tor;  francés,  insidtateur;  catalán,  ifu¿- 
diador,  ra. 

Inaidiar.  Activo.  Poner  asechan- 
zas. 


Etjuoloqía.  Latín  insídÜre,  eatir  «a 
emboscada;  de  in,  en,  y  s>dtre,  seo- 
tarae;  catalán,  insidiar. 

Insidiosamente.  Adverbio  de  mo- 
do. Cnn  insidias. 

Etimolooía.  Insidiosa  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  catalán,  insidiosa- 
ment;  francés,  insidieusemení;  italiuo, 
insidiosamente;  latín,  insidiisi. 

Insidioso,  sa.  Adjetivo.  El  qae 
arma  asechanzas.  |  Loqueas  hace  con 
asechanzas. 

ItrmouMÍA.  Insidia:  latín,  úuWiS- 
sus;  eaulán,  insidiós,  a;  francés,  ísft- 
dieux:  italiano,  insidioso, 

SiNONiifiA.  Insidioso,  capcioso.  Insi- 
dioso es  el  que  prepara  cautelosamea- 
te  los  medios  de  hacer  da&o;  eapeioso 
el  que  emplea  el  enga6o  j  el  artificio 

Sara  cautivar  la  voluntad  ajena,  ó  in- 
ucir  á  otro  en  error.  El  instrumento 
del  insidioso  es  la  asechanza;  el  del 
capcioso,  es  la  mentira  sutil  y  el  aoga- 
ño.  Se  dice,  hablando  en  metáfora, 
que  el  veneno  cubierto  de  floras  «s  m- 
sidioso,  y  llamamoa  capciosa  &  la  pre- 
gunta hecha  con  ánimo  de  compro- 
meter al  que  responda.  (Mora.) 

Insigne.  Adjetivo.  Célebre,  Üi- 
moso. 

ETmoLOQÍA.  Latín  inií^nis;  de  ts, 
en,  y  sifnnm,  signo,  marca,  sefial: 
italiano  y  francés,  insi^. 

Sentido  etimalt^ico, — El  latín  úuig- 
nis  se  tomaba  en  buena  t  en  mala 
parte,  como  en  los  ejemplos  que  si- 
gnen: iNsiGNis  facie,  de  cara  bellísi- 
ma; esto  es,  de  una  belleza  singular 
(Viaaiuo);  ceci  et  clandi  et  nt  gnu  m- 
siQNis  escesserit;  los  ciégaos,  los  cojo* 
y  todos  los  que  tenían  alguna  de^r- 
midad  al  morir.  (Tbrtuliamo.) 

Insignemente.  Adverbio  modal. 
De  un  modoánsigne. 

Etiuolooía.  Insigne  y  el  sufijo  ad- 
verbial mente:  latín,  insignUi;  cataUa, 
Uitt^nement. 

Insignia.  Femenino.  Señal,  distio- 
iivo  ó  divisa  honorífica.  |  Entre  los 
romanos,  cualquiera  de  las  banderas  ó 
estandartes  de  sus  legiones.  Se  aplica 
también  esta  voz  á  los  pendones,  es- 
tandartes, imágenes  y  medallas  que 
son  propias  de  alguna  hermandad  ó 
cofradía.  \  La  bandera  de  cierta  espe- 
cie que,  puesta  al  tope  de  uno  de  los 
palos  del  buque,  denota  la  gradua- 
ción del  jefe  que  lo  manda,  ó  de  otro 
que  va  en  él. 

Etiuolooía.  Insigne:  latín,  ins^ne, 
inslgniss  señal,  indicio,  nota  distinti- 
va; catalán,  insignia. 

Insignido,  da.  Adjetivo  anticua- 
do. Distinguido,  adornado. 

Insignmoacito.  Femenino.  iNsiOr 

NIPICANCIA. 

ETtMOLOof*.  Ins^nifieanaa:  cata- 
lán, insignificaeié, 

Insignilicaacia.  Femenino.  Nula 
importancia  de  una  cosa. 

Etimolooía.  Insignifi^mis:  ftenees, 
insigni/iance. 

Insignificante.  Adjetivo.  Lo  que 
nada  significa  ó  importa. 

Etimología.  Jn  privativo  y  signifi- 
cante: francés,  insignijMH;  catalán» 
imigni/eanU 


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\  INSI 

iBSunificatiTO,  va.  AdjetÍTO.  Lo 

aada  significa  6  axpreta. 
Inuenisimo,  na.  A.djetÍTO  luper- 

lativo  de  insigue. 
EniiOLOofA.  Latín  úu^ntwlíMw. 

(Tkbtuuáno.) 
I&simalar.  Activo  anticuado.  Aeu- 

ux  ó  delatar  á  uno  da  alff  ún  delito. 

fiTllK»i>of^  Latín  insiMularef  acu- 
Mi  de  in,  en,  j  $ímul,  juntamente. 

buinnaaMato.  Masculino  anti- 
ciudo.  EhsbSahza.  i  Anticuado.  Pre- 
cepto^  mandato. 

Insinaación.  Femenino.  La  acción 
jr  efiacto  de  insinuar  6  insinuarse.  || 
FtrtMe.  La  manifestación  ó  presenta- 
ción de  un  instrumento  público  ante 
joex  competente,  para  que  éste  inter- 
poBj^  en  él  su  autoridad  j  decreto 
judicial.  I  RttÓrica.  Una  délas  espe- 
cies de  exordio  de  que  se  vale  el  ora- 
dor para  captar  con  disimulo  la  bene- 
volencia j  atención  de  los  oyentes. 

BnitoLoaía.  Latín  iiul%m(io,  la 
acción  da  introducirse,  hablándose 
del  mar;  forma  sustantiva  abstracta 
^  iadbita^t  insinuado:  catalán^  tu- 
túuuaé;  francés  ^  proTenzal,  ñuinité' 
tiu^  italiano,  tii»«ii«io»r, 

Insiniiado,  da.  Participio  pasivo 
de  inainnar. 

Etimología.  Latín  tMtaaaíM,  in- 
troducidot  participio  pasivo  de  int^ 
ntare,  insinuar:  italiano,  tniinuaío; 
fnocás,  insinué;  catalán,  insinuat,  da. 

Insint&ante.  Adjetivo  y  participio 
aeiivu  de  insinuar.  Que  posee  el  ta- 
leuto  de  insinuar.  ¡  Si^niñcativo,  ex- 
presivo. Q  Penetrante,  irresistible,  ¿a- 
blando  de  lenguaje,  ademanes,  etc. 

Etiuolooíá.  Jnñamr:  francés,  *k- 
iiniuni;  italiano,  imtinuaníe,  del  latín 
Wiaaaiu,  iniítmaniis,  participio  de 
pcesentfl  de  insinuare^  insinuar. 

Insuñantemente.  Adverbio  de 
modo.  Con  insinuación. 

Exuiolooía.  jH$ÍHUMíe  j  el  sufijo 
adverbial  nuntt. 

Insinuar.  Activo.  Tocar  ligera- 
mente j  de  paso  alguna  especiti  ó  no- 
ticia, uo  hacer  más  que  apuntarla.  || 
Indicar  la  voluntad  ó  deseo  de  alguua 
cosa.  I  Forense.  Hacer  la  ínsiQuación 
ó  maniftístación  de  un  iastrumento 
ante  el  juez  competente,  para  que  iu- 
terpoDga  su  autoridad,  y  Reciproco. 
Iniroducírse  mañosamente  en  el  áni- 
mo de  alaguno,  ganando  su  gracia  y 
afecto,  y  Metáfora.  Introducirse  blan- 
da j  suavemente  en  el  ánimo  algún 
alecto,  vicio  ó  virtud,  etc. 

BriHOidOoLk.  Latín  insínudret  italia- 
no, insinuare;  francés,  insinuer;  cata- 
lán, insinuar. 

Sentido  etimoh^ico. — ^£1  verbo  lati- 
no se  compona  de  i»,  en,  j  sínuaret 
doblar,  encorvar,  forma  verbal  de  <iP 
ñus,  seno;  de  donde  viene  el  signifi- 
cado de  introducir  que  tiene  insinuare: 
iNsiNUAKS  raíem  Ur,is,  «hacer  entrar 
un  navio  en  la  ensenada.»  ¡Curiosi- 
dad di^na  de  ateueión!  La  insinua- 
ción primera  fué  la  de  las  aguas  ó  la 
de  las  naves. 

SiMONUUA.  Insinuar,  sugerir.  Se  »»- 
simia  para  dar  á  entenderi  se  sugiere 
paxa  obrar.  Pan  «MÚnwr  n  Tequiare 


INSI 

intención;  no  asf  para  sugerir,  j  asf 
puede  decirse:  el  menor  incidente  bas- 
ta para  sugerir  el  asunto  de  una  come- 
dia. Me  insinué  su  deseo  de  via|ar,  j 
esta  idea  me  smirié  el  desigmo  de 
acom|n&arlo.  (AÍora.) 

Insinuarse.  Recíproco.  Bxpresar 
muj  someramente  el  pensamiento, 
voluntad,  deseo,  etc. 

InsinuatÍTamanto.  Adverbio  de 
modo.  De  una  manera  insinuatin. 

Btiuolooíá.  InsvMuttiva  j  el  sufijo 
adverbial  mente. 

lasinuatÍTO,  va.  Adjetivo.  Que  in- 
sinúa ó  se  ínsioúa. 

StiuolcoÍa.  Insinuar:  francés,  in- 
sinuaíij';  italiano,  insinuaíteo. 

Insípidamente.  Adverbio  de  mo- 
do. Con  insipidez. 

Btiiioloo^.  Insípida  j  el  sufijo  ad- 
verbial mente:  francés,  imipidemení; 
italiano,  insípidamente. 

Insipidez.  Femenino.  La  calidad 
de  lo  insípido. 

Etiuolooía.  Insijiido:  provenzal, 
insipidilat;  francés,  insipidttá;  italia- 
no, insipideua;  catalán,  insi^^idesa. 

Insipidisimo,  ma.  Adjetivo  super- 
lativo de  insípido. 

ErniOLOOÍa.  Intipido:  cstiUn,  insi^ 
piditsiMy  a. 

InsiiúdOt  da.  Adjetivo.  Lo  que  es 
desaborido  ó  no  tiene  sabor  ni  sazón. 
|]  Metáfora.  Lo  <^ue  no  tiene  espíritu, 
viveza,  gracia  ni  sal. 

jBTiuOLOoÍA.  Latín  insípidus,  sin  sa- 
zón, sin  ^usto;  de  in,  no,  j  sapídus^ 
sabroso:  in-süpídus,  «no  sabroso:»  ca- 
talán, iasíjiií,  da;  firancés,  insipide;  ita- 
liano, insípido. 

SiNONiuiA.  IntipidOf  desabrido.  Insí- 
pido es  lo  que  uo  tiene  sabor;  desabri- 
do m\o  que  no  tiene  el  sabor  que  co- 
rresponde á  su  naturaleza.  Haj  mu- 
dias  substanciasqueson  por  si  mismas 
V  en  todas  oirounstancias,  ins^idas. 
Una  fruta  que  no  ka  llegado  i  su  ma- 
durez, d  que  está  demasiado  madura, 
ei  desabrida,  ho  desabrido  no  carece  de 
sabor,  pero  lo  tiene  viciado  y  desagra- 
dable. Estas  dos  significaciones  co- 
rresponden perfectamente  á  la  etimo- 
logía de  las  dos  voces  respectivas. 

(MOBA.) 

Insipiencia.  Femenino.  Falta  de 
sabiduría  ó  ciencia,  |j  Falta  de  juicio. 

Etluoloqía.  Latín  iutipientia,  de 
ta,  no,  y  sapientía,  labiduría:  italia- 
no, insipiema. 

Insipiente.  Adjetivo.  Falto  de  sa- 
biduría ó  ciencia.  ||  Falto  de  juicio. 

ETiuoLoaÍA.  Insipiencia:  latín,  insU 

f'iens,  de  in,  no,  y  sapiens,  sabio;  ita- 
iano,  insipiente.  Insipíent  representa 
in  sapiens. 

Insipientemeiite .  Adverbio  de 
modo.  Con  insipiencia. 

ETiuoLoaÍA.  Insipiente  j  el  sufijo 
adverbial  mente:  latín,  insipienter. 

Insipientísimo,  ma.  Adjetivo  su- 
perlativo de  íhsipieute. 

Etuiolooía.  Latín  insipieníissímut. 
(Sjínbca.  ; 

Insistencia.  Femenino.  La  perma- 
neucia,  coutinuaciiSn  y  porfía  acerca 
de  alguna  cosa. 
EtxuoloqÍa.  InstMisute!  catalán,  ««- 


INSO  135 

^stenáa;  firancés,  miwAnu»;  italiano, 

tnsisíema. 

Insistente.  Adjetivo  y  participio 
activo  de  insistir.  Que  insiste^ 

Etiuolooía.  Latín  inOstent,  intii~ 
tentis,  se  mantiene  y  persevera; 
participio  de  presente  de  insisiere,  in- 
sistir: francés,  intistant;  italiano,  in- 
sisíente, 

Insistidaiamte.  Adverbio  de  mo- 
do. Coa  insistencia. 

BruiOLoaÍA.  Inmtida  J  el  so^jo  ad- 
verbial menU. 

Insiatidor,  ra.  Adjetivo.  Que  in- 
siste. 

Insistir.  Neutro.  Instar  porfiada- 
mente, persistir  6  mantenerse  firme 
en  alguna  cosa. 

Stiholooía.  Catalán  insistir:  fran- 
cés, insister,  del  latín  insist^e,  parar- 
se en,  estribar,  apojar  una  cosa  en 
otra;  de  i»,  en,  sobre,^  y  sistere»  pa- 
rarse, simétrico  de  stire,  estar,  cnno 
lo  demuestra  el  supino  stiítim. 

Sinonimia.  Insistir,  persistir.  Se  in- 
siste antes  de  persistir:  de  modo  que 
persistir  no  es  más  que  insistircou  más 
empe&o  ;  tesón.  Hajr,  pues,  una  gra- 
duación entre  las  dos  acciones,  la  se- 
gunda de  las  cuales  es  más  enérgica 
que  la  primera.  Aquello  en  que  se  «»- 
tiste,  es  menos  grave  que  aquello  en 
que  se  persiste.  El  pretendiente  insiste 
en  su  solicitud;  el  hereje  ^lírn^ttf  en 
su  error.  (Mosa.) 

Insito,  ta.  Adjetivo,  Lo  que  es 
propio  y  connatural  i  .alguna  con  y 
como  nacido  en  ella. 

ETiHOLoaÍA.  Latín  tMi/w»,  ingerto, 
simétrico  de  insitus,  participio  pasivo 
de  inserere,  ingertar. 

Inaitor.  Masculino.  J/tísAyía.  0Íos 
que  presidía  á  las  operaciones  de  agri- 
cultura, y  en  especial,  á  los  ingertos. 

ExiMOLoaÍA.  Innto:  latín,  imítor, 
uno  de  los  dioses  campestres  (SiMa- 
ca);  el  que  ingiere.  (Punió.) 

InsoDriedu.  Femenino.  Falta  de 
sobriedad. 

Insobrio,  bria.  Á^io^^ó.  Qoe  no 
es  sobrio. 

Insociabilidad.  Femenino,  ^ts 
de  sociabilidad. 

ETUiOLoaÍA.  Insoeiaiie:  catalán,  in- 
sociabiUíat;  francés,  insociabilÍt¿;  ita- 
liano, insocia&iUía. 

Insociable.  Adjetivo.  El  huraño  ó 
intratable  é  incómodo  en  la  sociedad. 

ETiifOLOofA.  Latín  insSciabUis:  fran- 
cés y  catalán,  insoeiailei  italiano,  m- 
socialtile. 

Insociablemente.  Adverbio  mo- 
dal. De  un  modo  insociable. 

EnuoLoaÍA.  Insociable  y  el  sufijo 
adverbial  monte:  istncés,  ñuociabú- 
mmt. 

Insocial.  Adjetivo.  Insocublb. 
EriuoLoafa.  In  privativo  y  social: 

francés,  insocial. 

Inspcorríble.  Adjetivo.  Que.  no 
puede  socorrerse. 

Insocorrido,  da.  Adjetivo,  Que 
no  ha  sido  socorrido. 

I|isolación.  Femepíno.  Medicina. 
Enfermedad  esusada  en  la  cabeza  por 
el  excesivo  ardor  del  sol.  j  Terapéuti- 
ca, Medio  empleado  para  excitar  la 


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'136 


TNSO 


INSP 


ecoaomU  animal,  6  para  producir  la 
rubefaccióa.  ||  Física.  Cantidad  de  ca- 
lor solar,  derramada  en  la  tierra.  l|  Di- 
dáctica. La  acción  de  exponer  al  sol, 
como  cuando  se  dice,  en  términos  di- 
dácticos: la  INSOLACIÓN  de  papel  de 
cloruro;  la  insolación  de  las  tinturas, 
de  los  bálsamos;  la  insolación  de  las 
plantas  de  adorno. 

-  BtutoloqU.  Imokrt  latín,  iiuSlS- 
úo,  la  acción  de  poner  al  sol,  forma 
sustantiva  abstracta  de  insdiátus,  par- 
ticipio pasivo  de  insolSrt,  insolar;  ca- 
talán, imolació;  francés,  intelation; 
italiano,  insoUggione, 

Insolar.  Activo.  Diddeíiea.  Poner 
alg^una  cosa  al  sol;  como  hierbas,  plan- 
tas, etc.,  para  facilitar  su  fermenta- 
ción ó  secarlas.  |j  Recíproco,  ¿solear- 
se, enfermar  por  el  demasiado  ardor 
del  sol. 

EriuoLoaÍA.  Insolare,  exponer  al 
sol;  de  tn,  en,  y  soláre,  tema  verbal 
ficticio  de  tol,  sdlis.  el  sol:  francés,  in- 
toler:  italiano,  imolare. 

Insolarse.  Recíproco.  Exponerse 
al  sol. 

Insoldable.  Adjetivo,  Loque  no  se 
puede  soldar.  |  Metáfora.  Se  aplica  al 
jarro  ó  acción  que  no  se  puede  en- 
mendar ó  corregir. 

ETniOLOQÍA.  I»  privativo  y  toldan 
bU:  francés,  itUO%dahU;  catalán,  intol- 

InsolcUdo,  da.  Adjetivo.  Qae  no 
está  soldado. 

-'.  Insolencia.  Femenino.  Aeeión 
desusada  j  temeraria.  |  Atrevimiento, 
descaro.  |  Dicho  Ó  hecho  ofensivo  é 
insultante. 

BtiholooÍá.  Insolente:  latín,  ins^ 
lent'ia;  italiano,  insolenta;  francés,  ift- 
solence;  catalán,  insolencia. 

Insolentar.  Activo.  Hacer  á  ano 
insolente  j  atrevido.  Se  usa  más  co- 
mo recíproco. 

BtiuoloqÍa.  Insolente:  latín,  iM^ 
Useere;  catalán,  insolentar;  francés,  m- 
tolenter;  italiano,  in*oUiUá'$, 

Insolentarse*  Recíproco.  Decir  6 
hacer  iusolenctas. 

Insolente.  Adjetivo  qae  se  aplica 
al  que  eomete  insolencias.  Se  usa  tam- 
bién como  sustantivo.  Q  Orgulloso,  so- 
berbio, desvergonzado.  |  Anticuado. 
Lo  que  es  raro,  desusado  v  extraño. 

Stuiolooía.  Latín  insU^,  tnsdlen- 
tis;  de  in,  no,  y  sSlens,  participio  de 
presente  de  iSUre,  acostumbrar;  «no 
acostumbrado,  fuera  de  regla,  desme- 
dido:» catalán,  insoUni,  a;  trances,  in- 
soient;  italiano,  insolente. 

Sentido  eíimotdfico. — El  primer  in- 
solente fué  el  que  obró  de  una  ma- 
nera insótiíat  cujo  sentido  radical  in* 
terpretó  muj  bien  la  definición  de  la 
Academia. 

Insolentemente.  Adverbio  de  mo- 
do. Con  insolencia. 
.  ETiiioLoafa.  Insólenle  y  el  sufijo 
adverbial  meiUe:  latín,  (MoíAUct-,  fue- 
ñ  de  la  costumbre,  de  un  modo  insó- 
lito; italiano,  insolentemente;  francés, 
insolenment;  catalán,  insoUnínent* 

Insolentísimo,  ma.  Adjetivo  su- 
perlativo de  ÍQsultíute. 

Etimolooíá.  Insolenta  latín  ituo- 


lenlisslmus;  catalán,  intolentiistm,  a* 
Insólidamente.  Adverbio  de  mo- 
do. Sin  solidez. 

EriiioLoafA.  Insdlida  j  el  sufijo  ad* 
verbial  mente:  francés,  insoUdementé 

Insólidos.  Femenino.  Falta  de  so- 
lidez. 

Etiuolooí^  InsdUdo:  feancés,  insih 

lidité. 

Insólido,  da.  Adjetivo.  Que  no  es 

sólido. 

Etiuoloqía.  Latín  insSUdui,  de  in, 
no,  y  s8lidtu,  sólido:  francés,  insoUdg. 

In  sólidnm.  -Adverbio  de  modo. 
Forense,  Por  entero,  por  el  todo.  Se 
usa  más  comunmente  de  esta  voz  para 
expresar  la  ftenltad  ú  obligación  que, 
siendo  común  á  dos  6  más  personas, 
puede  ejercerse  ó  debe  cum^irse  por 
entero  por  cada  una  de  ellas;  y  asi  se 
dice  que  Juan  y  Pedro  son  deudores 

IN  8ÓL1DUH. 

EnuoLoofA.  Latín  in,  en,  dentro, 
sobre,  y  soltdnm,  sólido,  firme,  esta- 
ble, entero,  cabal:  catalán,  in  sólidnm. 

Insólitamente.  Adverbio  de  modo. 
De  una  manera  insólita. 

EriHOLoaÍA.  Insólita  y  el  sufijo  ad- 
verbial mente:  latín,  UuSñü;  fnneés, 
imolitement. 

Insólito,  ta.  Adjetivo.  Lo  qne  no 
es  común  y  ordinario. 

EriuoLOofA.  Latín  insíUtut,  no 
acostumbrado,  extraordinario;  de  w, 
no,  y  solUus,  participio  pasivo  de  sd- 
lere,  soler:  italiano,  insólito;  fhineés, 
insolite;  catalán,  insÓlit,  a. 

Insolubilidad.  Femenino.  Quími- 
ca y  matemáticas.  Cualidad  de  lo  inso- 
luble. 

BTiMOLOafa.  Insoluble:  latín,  insi^ 
lüoilttas;  italiano,  insolubilitá;  francés, 
insolnbiliié;  catalán,  insolubilidat. 

Insoluble.  Adjetivo.  Química,  Epí- 
teto de  las  substancias  que  no  se  pue- 
den diluir,  como  cuando  se  dice:  la  re- 
sina es  iNSOLUBLB  en  el  agua,  p  Mate- 
mática», Lo  que  no  se  puede  resolver, 
eomo  en  el  pasaje  que  sigue:  «hallar 
el  secreto  de  medir  este  ángulo  y  de 
conocer  sa  diferencia,  cuando  la  tie- 
rra esté  en  Cáncer  j  cuando  se  halla  en 
Capricornio;  tener  por  este  medio  lo 
que  se  llama  la  paralaxis  de  las  estre- 
llas fijas,  es  un  problema  insolublb, 
sí  no  se  emplean  otros  instrumentos 
que  los  conocidos  hasta  el  presento 
(VoLTAiRB,  Newton^  II,  i.)  II  Filoso- 
fía. Lo.  que  no  se  puede  definir  ni  ex- 
plicar; y  así  se  dice:  cuestión  insolu- 
ble; tesis  insolublk;  metafísica  inso- 
luole. II  Lo  que  no  se  puede  pagar,  en 
cuya  acepción  suele  emplearse  figu- 
radamente, como  cuando  se  dice:  «las 
deudas  del  hombre  para  con  Dios  son 

INSOLUBLBS.» 

«Denilaa  del  ooraióa 

IKBOLÜBLBS  ■OB.. 

Etiwolooía.  Latín  insUluMliSt  lo 

2ue  no  se  puede  pagar,  en  Séneca;  in- 
udable,  en  Quintiliano;  indisoluble, 
en  Macrobio;  de  «*,  no,  y  solUbUis,  so- 
luble: italiano,  insolÚile;  francés  y 
catalán,  insoluble. 

Insolvencia.  Femenino.  La  inca- 
pacidad de  pagar  alguna  deuda. 
Ktiuolooía.  Insmenle:  francés  del 


siglo  XVI,  iíuohente;  moderno,  jafsf- 

vabilité;  italiano,  insolvabilitÁ;  cata- 
lán, insolvencia^  del  latín  ficticio  insel- 
venita,  forma  sustantiva  abstracta  de 
insohens,  insolventis,  insolvente. 

Insolvente.  Adjetivo  que  sesf^ea 
al  que  no  tiene  con  qué  pagar. 

KTiHOLoaÍA.  Latín  insolveiu,  insol- 
ventis, participio  de  presente  de  insol- 
veré;  de  in,  no,  y  sólvíre,  desligar, 
pagar,  satísfocer:-italiano,  insoltinle; 
francés  del  siglo  -xvi,  insolvení;  mo- 
derno, insoloaole;  catalán,  tHiofe^Rf. 

Insomne.  Adjetivo  que  se  aplica 
al  que  no  duerme  ó  está  desvelado. 

Insomnio.  Uasculino.  Vigilia, 
desvelo. 

Btiuch.ooU.  Latín  insomnia,  vigi- 
lia; de  in,  no,  y  somnus,  sueüo:  fran- 
cés, insomnie;  italiano,  insonnia. 

Insondable.  Adjetivo.  Lo  que  no 
se  puede  sondear.  Dícese  del  mar 
cuando  no  se  le  puede  hallar  el  fondo 
con  la  sonda,  g  Metáfora.  Lo  que  no 
se  puede  averiguar,  sondear  6  saber  á 
fondo. 

Etimología.  In  negativo  v  sondaiU: 
francés  y  catalán,  insondable, 

Insondado,  da.  Adjetivo.  Que  está 
sin  sondear. 

Insonoridad.  Femenino.  Cualidad 
de  lo  insonoro. 

BruiOLoaÍA.  Insonoro:  francés,  tsw- 
norite;  italiano,  insonoriíi, 
■  Insonoro,  ra.  Adjetivo.  Lo  qae 
está  destituido  de  sonoridad.  |  Corr- 
pos  INSONOROS.  Física.  Cuerpos  que  no 
tienen  la  propiedad  de  producir  sonir* 
dos,  como  el  asfalto  que  se  comprime, 
ó  sea  el  empleado  en  pavimentos. 

Etimolooía.  Latín  instinam»;  de  ta, 
no,  y  sonoms,  sonoro:  francés,  tMmo- 
re;  italiano,  insonoro. 

Insoportable.  Adjetivo.  Insufri- 
ble, intolerable.  \  Metáfora.  Lo  que  es 
muy  incómodo,  molesto  y  enfadoso. 

Etimología.  I»  privativo  y  sopor- 
table: italiano,  insopportabile;  fran- 
cés, insopportable;  catalán,  insoporít' 
ble. 

Insoportablemente.  Adverbio  de 
modo.  De  una  manera  insoportable. 

EnuOLOOÍA,.  Insoportable  y  el  sufijo 
adverbial  m«>i<«:  italiano,  insopporta- 
bilmeníe;  francés,  insupportaoument; 
catalán,  insoportablement, 

Insorprendible.  Adjetivo.  Que  no 
puede  sorprenderse. 

Insospechosamente.  Adverbio  de 
modo.  Sin  sospecha.  (Caba.llbro.) 

Etimol  hjÍa.  InsospecÁosa  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  latín  posterior,  insm- 
peeíi. 

Insospechoso,  sa.  Adjetivo.  Que 
no  infunde  sospecha. 

Insostenible.  Adjetivo.  Que  no 
puede  sostenerse. 

BtiuolooU.  /•  privativo  y  sostm- 
ble:  italiano,  uuMtenibilo;  francés,  M- 
soutenablo. 

Inspección.  Femenino.  La  acdós 
y  efecto  de  inspeccionar.  |  El  cargo  y 
cuidado  de. velar  sobre  alguna  cust. 
|¡  La  casa  de  despacho  ú  oficina  dei 
inspector.  Q  Inspeccionks  gbnbbalbs. 
Altas  dependencias  del  Estado,  encai- 
gadas  de  la  vigilancia  superior  de  lof 


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■  msp 

ramoi  i  que  pertenecen.  {  Protestan- 
timo.  Uivisión  eclesiástica. 

EtiuologÍa.  Latín  inspeetio^  obser- 
ración  diligente,  revisiónj  foima  sus- 
UntÍTa  abstracta  de  inspictus,  partici- 
pio pasivo  de  inspie''re,  inspeceionar: 
catalán,  inspeccid;  francés,  inspectton; 
italiano,  Ín$jpetÍone, 

Inspección able.  Adjetivo.  Que 
paede  6  debe  ser  inspeccionado. 

Inspeccionadftmente.  Adverbio 
da  modo.  Con  inspección. 

EnuoLoafA..  Inspeccionada  j  el  su- 
fijo adverbial  «tente. 

Inspeccionar.  Activo.  Examinar, 
reconocer  atentamente  alg^una  cosa. 

BTUiOLOOfa..  Latín  inspectartt  con- 
siderar atentamente,  reconocer;  forma 
verbal  de  inspectum,  supino  de  inspíci- 
re,  examinar  con  diligencia:  catalán. 
Inspeccionar. 

Inspector,  ra.  Masculino  j  feme- 
nino. E\  que  reconoce  ^  examina  al- 
^na  cosa.  |]  El  jefe  militar  encargado 
en  otro  tiempo  de  velar  sobre  la  con- 
^enración  j  buena  disciplina  de  los 
cuerpos  de  infantería  ó  caballería  del 
ejército  ó  de  los  de  milicias,  etc.  Hoj 
se  da  el  nombre  de  dirsotobss  obnx- 
BALBS  á  todos  ó  la  mavor  parte  de  es- 
tos jefes.  Q  El  de  carabineros,  conser- 
n  el  nombre  de  inspbctob  obneral. 

EniioLOofA.  Inspgeeidn:  latín,  in$~ 
peetoTt  inspeeíoriit  visitador;  italiano, 
iupettore;  francés,  inspeeínr;  catalán, 
inipeetor. 

Inspirable.  Adjetivo.  Lo  que  se 
puede  atraer  con  el  aliento. 

Inspiración.  Femenino.  ^MÚ)^<a. 
La  acción  de  atraer  el  aire  é  introdu- 
cirlo en  los  pulmones,  llevando  á  di- 
chos órganos  varios  principios  (jue 
inflamen  más  6  menos  en  la  sanguifí- 
^eión.  I  Metáfora.  Ilustración  ó  mo- 
vimiento sobrenatural  que  Dios  co- 
munica á  la  criatura.  R  Ocurrencia  ó 
^eie  que  se  ofrece  á  la  imaginación 
repentinamente  y  como  sufrida  por 
algán  ser  invisible,  |  Entusiasmo  que 
arrebata  el  espíritu  de  los  poetas,  de 
1m  ^ntores,  de  los  músioos.|  poética. 
Sinónimo  de  estro  ó  numen  poético. 

EmioLOÓÍA.  Inspirar:  provenzal, 
insjñraíio;  catalán,  inspiraaó;  portu- 
^és,  insjtiracSo;  francés,  inspiraíion; 
italiano,  inspirazionef  del  latín  inspira- 
lío,  inspiración,  ora  poética,  ora  dívi- 
aa,  en  Solino;  resuello,  en  san  Isido- 
ro, forma  sustantiva  abstracta  de  ins' 
pirainit  inspirado. 

Inspiradamente.  Adverbio  de  mo- 
do. Con  inspiración. 

Etmología^.  Inspirada  j  el  snfijo 
sdrerbial  mentei  latín,  tiu^rStó. 

InspiradOi  da.  Participio  pasivo 
de  inspirar. 

BnuoLoofa.  Latín  intpiritns,  par- 
tícipÍ3  pasivo  dú  istptrSre;  inspirar: 
catJUiín,  inspírate  da;  francés,  inspiré; 
italiano,  inspiraío. 

Inspirador,  ra.  Adjetivo.  El  ó  io 
que  inspira. 

ETniotoofa.  Inspirar:  catalán,  ins~ 
pirador,  a;  francés,  inspirateur;  italia- 
no, inspiratore;  latín,  tnspirSíor, 

Inspirante,  Participio  activo  de 
in^izar.  El  que  inspira. 


INST 

Inspirar.  Activo.  Fisloli^la,  Atiaer 
el  aire  externo  al  pnlmón  por  la  dila- 
tación del  pecho.  |  Infundir  en  otro 
alffuna  cosa;  como  aliento,  espíritu, 
valor.  D  Anticuado.  Hacer  aire  con  al- 
guna cosa,  n  Metáfora.  Iluminar  Dios 
el  entendimiento  de  alguno  ó  excitar 
y  mover  su  volantad.  |  Soplas  la 

UUSA. 

BTiuoLOQfA.  Provenzal  jr  catalán, 
inspirar:  francés,  intpirer;  italiano, 
inspirare,  del  latín  inspirare,  introdu- 
cir viento;  de  ta,  en,  dentro,  y  tpirSr- 
re,  soplar. 

Inspirativo,  va.  Adjetivo.  Loque 
tiene  virtud  de  inspirar, 

ETiMOLoaía.  Inspirar:  catalán,  úu- 
piraliu,  va* 

Inspíratorio,  ría.  Adjetivo.  Fisio- 
logía. Que  sirve  para  la  inspiración, 
como  cuando  decimos: /Moctrntrn^oiiNS- 

PIRAT0KI05.  II  MÚSCULOS  INSPIRATOBIOS. 

Anatomía.  Músculos  que  sirven  como 
de  resorte  á  la  inspiración,  producien- 
do la  necesaria  dilatación  del  pecho. 
El  diafragma  es  el  principal  de  dichos 
músculos. 

EtiuologÍa.  Inspirar:  (nucís,  ins- 
piratoire. 

Inspisación.  Femenino,  Farmacia. 
Extracto  que  se  bace  de  varios  vegeta- 
les. 

EniiOLoafA.  Latín  de  Vegeeio,  si- 
glo IV,  inspistSre,  espesar;  inspisUUuSi 

espeso. 

Inspisado,  da.  .A.djetivo.  Farma- 
cia. Concreto  ó  espesado,  hablando  de 
ciertos  extractos  medicinales  de  plan- 
tas. 

Etiuolooía.  Inspisación. 
Inspisamiento.  Masculino.  Inspi- 
sación. 

Insqnisito,  ta.  Adjetivo  anticua- 
do. Exquisito,  buscado,  allboado. 

Instabilidad.  Femenino.  Falta  de 
estabilidad. 

Stimolooía.  Instable:  latín,  insti&t- 
liíaf;  italiano,  instabiUtá;  francés,  ins- 
íabitite';  catalán,  insíabiliíat, 

InstaUe.  Adjetivo.  Lo  que  no  es 
estable. 

ETiuoLoafa.  Latín  insíXbílis,  del 
prefijo  negativo  ta  y  stUSilis,  estable: 
Italiano,  instahiU;  francés  y  catalán, 

instable. 

Instablemente.  Adverbio  de  mo- 
do. Sin  estabilidad. 

Etimología.  Instable  y  el  sufijo  ad- 
verbial kínte:  francés,  instablemente; 
italiano,  inslabilmcnle;  latín,  insídbUt- 
ier.  j 

Instadamente.  Adverbio  de  modo. ' 
Con  instancia.  | 

Etimología.  Instada  y  el  sufijo  ad- 
verbial mente. 

Inalado,  da.  Participio  pasivo  de 
instar. 

Etiuolooía.  Latín  insíStum,  supino 
de  inst&re:  catalán,  instaí,  da. 

Instalación.  Femenino.  La  acción 
y  efecto  de  instalar  ó  instalarse. 

Etimología.  Instalar:  catalán,  ífu- 
talaciá;  francés,  insíallaíion;  italiano, 
instaltazione. 

Instalar.  Activo.  Poner  en  pose- 
sión de  un  empleo,  cargo  ó  beneficio. 
Usase  también  como  r¿dproco. 


INST 


137 


EriuOLOOfA.  Latín  síSre,  estar:  ale- 
mán, Stal,  lugar  cubierto,  habitación; 
bajo  latín,  síallum,  staila,  vivienda; 
stallns,  silla  de  postas;  installSre,  po- 
ner estaciones;  catalán,  instalar;  fran- 
cés, installer;  italiano,  installare. 

htatalarse.  Reciproco.  Posesionar- 
se. II  Establecerse. 

Instancia.  Femenino.  La  acción 
de  instar,  |  Forense.  El  ejercicio  de  la 
acción  en  juicio  después  de  la  contes- 
tación hasta  la  sentencia  definitiva. 
I  Memorial,  solicitud.  |  En  las  es- 
cuelas, la  impugnación  de  alguna 
respuesta  dada  i  un  argumento.  |  Da 
PBXUIBA  INSTANCIA.  Modo  adverbial. 
Al  primer  Ímpetu,  de  un  golpe.  Q 
Primeramente,  en  primer  lugar,  por 
la  primera  vez.  p  Absolveb  na  la  ins- 
tancia. Frase  forense.  Absolver  al 
reo  de  la  acusación  Ó  demanda  que 
se  le  ha  puesto,  cuando  no  baj  méri- 
tos para  darle  por  libre  ni  para  con- 
denarle, quedando  el  juicio  abierto 
para  poderlo  instaurar  con  nuevos  mé- 
ritos. II  Causar  instancia.  Frase  fo- 
rense. Seguir  juicio  formal  sobre  una 
cosa  por  el  término  y  con  las  solem- 
nidades establecidas  por  las  le^es;  y 
así  se  dice:  con  la  protesta  que  ante 
todas  cosas  hago  de  no  causas  ins- 
tancia. I  PaiMBBA,  SBQUNDA  Y  TKBCB- 
RA,  INSTANCIA.  Forense.  Primero,  se- 
gundo, tercer  juicio. 

EriuoLoofa.  Instar:  latín,  instanña; 
italiano,  istansa;  francés,  instance;  pro- 
venzal, instancia,  instanssa;  catalán, 
instanaa, 

Inatantáneamente.  Adverbio  de 
modo.  En  nn  instante,  luego,  al 
punto. 

Etiuolooía.  Instantánea  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  catalán,  instantánea- 
ment;  francés,  ÍHstantandmení;iU,Hnao, 
instantineamente. 

Instantaneidad.  Femenino.  Cua- 
lidad de  lo  instantáneo. 

Etiuolooía.  Instantáneo:  francés, 
istantanéit/. 

Inatantineo,  nea.  Adjetivo.  Lo 
que  sóli)  dura  un  instante. 

Enutn/MÍA.  Instante:  catalán,  iii*- 
tanti  neo,  a;  francés,  instaníané;  italia- 
no, itíantaneo. 

Instante.  Participio  activo  de  ins- 
tar. El  que  insta.  Q  Masculino.  La  se- 
xagésima parte  de  un  minuto.  Kn  la 
acepción  común  signifíca  tiempo  bre- 
vísimo. I  At  INSTANTE.  Modo  adver- 
bial. Luego,  al  punto,  sin  dilación.  | 
Cada  m  tantb.  Modo  adverbial.  Fre- 
cuentemente, á  cada  paso.  ||  En  un 
INSTANTE.  Modo  adverfaíaL  Brevísi- 
mamente,  prontísi mámente,  Poa 
INSTANTES.  Modo  adverbial.  Sin  cesar, 
continuamente,  sin  intermisión.  |  De 
un  momento  i  otro. 

Etiuolooía.  Latín  tnstans,  insUm~ 
tis,  forma  de  instare,  instar;  ó  bien  de 
in  privativo,  no,  y  stans,  antis,  que 
esta  presente;  <lo  que  no  está,  lo  i^ue 
no  es  estable,  lo  que  pasa  lue^o:s  ita- 
liano, istante;  íVaucés  y  catalán,  ins- 
ta» í. 

Sinonimia.  Instante,  monmto.  Un 
momento  no  es  largo;  un  «uftmfs  sa 
más  corto  aún. 


VOUO lU 


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ié  üístí 

EriuoLoofÁ.  Inttrumentar:  frftncíff, 
iiutnmentatioñ;  iteliaao,  ütrumenta- 
tioiu. 

Instrumental,  ¿djetívo.  Lo  qu« 
perteaeca  &  los  instrumentos  mdfi- 
cos.  I  Fortme,  Lo  perteneciente  á  los 
instrumentos  á  escrituras  públicas;  j 
así  se  llama  prueba  instbuiibnti.l  la 
que  se  hace  aólo  con  estos  instrumen- 
tos. I  Causa  instrumental.  Filotofia. 
La  que  sirve  de  instrumento. 

KmfOLOofA.  Jnttruwunto:  catalán, 
itutrumeiríai;  provenxal,  ins^umental, 
útrumeníal;  francés  de  Oresme*  insím- 
menttl;  modernOt  itatmmtntal,  aU;  ita- 
liano, ittntmentale. 

Instrumentalmente.  Adverbio  de 
modo.  Como  instrumento. 

KxvíOLoaÍA,  instrumental  j  el  sufijo 
adverbial  mente:  catalán,  insírumeníal- 
ment;  francés,  instmmentalement;  ita- 
liano, isírumeníalmente. 

Instrumentar.  Activo.  Música, 
Verificar  la  i nstra mentación. 

Btiicolooía.  Jnttrumento:  francés, 
instrumunler;  italiano,  isíromeniare. 

Instrumentista.  Masculino.  El 
músico  de  instrumento.  J|  El  &brican- 
te  de  instrumentos  músicos. 

BincoiAaÍA.  Instrumento:  catalán, 
iniinmeniisía;  francést  instruméntate. 

Instrumento.  Uascultno.  Cual- 
quiera de  las  herramientas  y  máqui- 
nas de  que  se  sirven  los  artífices  para 
trabajar  en  sus  oficios.  |  Ingenio  6 
máquina.  |  Aquello  de  que  nos  servi- 
mos  para  nacer  alguna  cosa.  Q  Foren- 
se. La  escritura,  papel  ó  documento 
con  que  se  justifica  ó  prueba  alguna 
cosa.  B  Mústca.  Toda  máquina  ó  arti- 
ficio hecho  para  producir  sonidos  ar- 
mónicos. I  Metáfora.  Lo  que  sirve  de 
medio  para  hacer  alguna  cosa  ó  con- 
8eg*uir  algún  fin.  |  db  canto.  Música. 
Anticuado.  Instrumento.  ||  db  vibn- 
TO.  I4OS  instrumentos  músicos  que  se 
tocan  por  medio  del  aire  ó  del  alien- 
to. I  MRUUÁTicos.  Plural.  Los  instru- 
mentos músicos  de  viento.  |  Acordar 

LOa  INSTRUUBMTOS  UÚSICOS  i  LAS  VO- 

CBS.  Frase.  Disponerlos  y  templarlos 
según  arte  para  que  entre  sí  no  di- 
suenen. j|  HaGBR  HABLARÁ  ALOÚNINS- 
TBUMBNTO.  Frase  metafúrica.  Tocarlo 
con  mucha  eipresión  jr  destreza.  ||  1 
SBBvm  DB  iMSTRUUBNTO.  Locucíón  fa- 
miliar. Contribuir  maquiaalmente  á 
la  realización  de  los  planes  de  algu- 
no, tobándose  ordinariamente  en  ma- 
la parte. 

KriMOLoaÍA.  Latín  instrUmentum, 
forma  de  instm^ret  fabricar:  catalán, 
instrumentt  insturment;  provenzal,  tfu- 
írument,  estrument,  esíruwun,  esturmen; 
barguiñón,  esíreuman;  francés  del  si- 
glo XIII,  estruaianzt  estruwun;  moder- 
na, intírument;  italiano,  iitrumento, 
strtmenío. 

lastruto,  ta.  Adjetivo  antícoado. 
Instruido. 

Insuave.  Adjetivo.  Lo  que  es  des- 
apacible, ingrato  á  los  sentidos,  que 
causa  una  sensación  áspera  jr  desagra- 
dable. 

ETiuoLoaÍA.  Latín  insnavts;  de  in, 
no,  y  suavis,  suave:  francés,  insuave; 
italiano,  insoave;  catalán,  insunu» 


Insaaremente.  Adverbio  Aé  mo- 
do. Sin  suavidad. 

Etimología.  Insuave  ^  el  sufijo  ad- 
verbial mente:  catalán,  tntuaument, 

Insubordinable.  Adjetivo.  Qua  no 
puede  subordinarse. 

Insubordinación.  Femenino.  Fal- 
ta contra  la  subordinación  y  el  act» 
de  cometerla. 

Btucolooía.  Insubordinar:  francés, 
insubordination;  italiano»  insubordina' 
ñone. 

Insubordinadamente.  Adverbio 

de  modo.  Sin  subordinacidn. 

BmiOLoaÍA*  Insubordinada  j  el  su- 
fijo adverbial  mente. 

Insubordinado,  da.  Adjetivo.  El 
que  falta  á  la  subordinación.  |  Parti- 
cipio pasivo  de  insubordinar. 

ETUfOLOoÍA.  Insubordinar:  francés, 
insubordonne:  italiano,  insubordínalo. 

Insubordínador,  ra.  Sustantivo 
y  adjetivo.  Que  insubordina. 

Insubordinar.  Activo,  Introducir 
la  insubjrdiuación.  Es  más  usado  co- 
mo reciproco. 

Insiwordínarse.  Recíproco.  Su- 
blevarse, rebelarse  contra  los  supe- 
riores. 

Insubsistencia.  Femenino.  Falta 
de  subsistencia. 

EtuioloqU.  Prefijo  negativo  in  y 
subsisieitcia:  catalán,  insubsistencia. 

Insubsistente.  Adjetivo.  Lo  que 
no  es  subsistente.  Q  Falto  de  funda- 
mento ó  razón. ' 

EtiuolooÍa.  Insubsiitfueia:  catalán, 
insubsi-  tent. 

Insubyugado,  da.  Adjetivo.  Que 
no  ha  sido  subyugado. 

Insuculencia.  Femenino.  Falta  de 
suculencia. 

Insuculento,  ta.  A^fetivo*  Qne 
carece  de  jugo, 
STiMOLoaÍA.  Iiuuculenda, 
Insudadamante.  Adverbio  de  mo> 
do.  Con  mucho  trabajo.  |  A&nosa- 
mente. 

ETiu(»x»fA.  iMudada  7  él  sufijo 
adverbial  mente. 

Insudador,  ra.  Sustantivo  y  adje- 
tivo. Que  insuda. 

Insudar.  Neutro.  Afanarse  ó  po- 
ner mucho  trabajo,  cuidado  y  dilí- 
1  gencia  en  alguna  cosa. 

Etimoloqía.  Latín  insudare^  sudar 
sobre;  de  tn,  en,  sobre,  dentro,  y  su~ 
daré,  sudar. 

Insuficiencia.  Femenino.  Falta  de 
suficiencia  6  de  inteligencia. 

Etiuología.  Insujciente:  latín,  ¿a- 
tu^ícientía,  forma  sustantiva  abstrac- 
ta de  insu^icíens,  insuficiente;  pro- 
venzal,  insujíeiencia;  catalán,  insu^- 
ciencia;  francés,  insuJlsMce;  italiano, 
intu0eiensa. 

Sinonimia.  Insu/teiencia,  incapaci'- 
dad,  ineptitud.  Se  desigua  por  estas 
palabras  la  falta  de  la  disposición  ne- 
cesaria para  salir  con  lo  que  uno  se 
propone,  pero  con  esta  diferencia: 
La  insujíciencia  viene  del  defecto  de 

{troporcion  entre  los  medios  y  el  fin; 
a  incapacidad,  de  la  privación  de  los 
medios;  la  ineptitud,  de  la  imposibili-  1 
dad  de  adquirir  ningún  medio.  j 
8e  pneae  muchas  veces  suplir  la, 


bísu 

insujícieneiaj  i  veces  se  pneda  enmefl-» 
dar  la  incapacidad;  pero  la  ineptitud  no 
tiene  remedio. 

Es  una  falta  precisar  á  los  jóvenes 
á  ser  eclesiásticos  cuando  se  conoce  su 
insu^iencia;  es  un  crimen,  cuando  se 
conoce  su  incapacidad;  y  es  un  despre- 
cio sacrilego  de  la  religión,  cuando  se 
les  fuerza  por  la  razón  misma  de  la 
ineptitud;  sin  embargo,  no  es  raro  ver 
esto.  (Makc.) 

Insuficiente.  Adjetivo.  Lo  que  so 
es  suficit-nte. 

ETucOLoaÍA.  In  privativo  y  snjSeteu- 
te:  latín,  iiaupciens,  insufiaentis;  ca- 
talán, insujicxent;  francés,  inn^^wat; 
italiano,  insujíciente. 

Insuficientemente.  Adverbio  de 
modo.  De  una  manera  insuficiente. 

Etiuología.  Insuficiente  ^  el  sufijo 
adverbial  mente:  catalán,  tnsu^eient- 
ment;  francés,  insu^samment;  italia- 
no, insuMcieniemente. 

Insuflación.  Femenino.  Acción  ó 
efecto  de  insuflar.  ||  Medicina.  Soplo 
por  cujo  medio  se  introduce  un  líqui- 
do, un  gas  ó  una  substancia  pulveru- 
lenta, ora  en  nn  órgano,  ora  en  una 
cavidad,  como  cuando  se  dice;  «ta 
insuflación  de  ciertos  polvos  en  el 
ojo;  la  INSUFLACIÓN  del  aire  en  el  pe- 
cho de  un  individuo  abogado.» 

BnMOLOaU. /fUfj/for;  latín,  intuf- 
Jlaíío,  la  acción  de  soplar  ó  de  inflar, 
forma  sustantiva  abstracta  de  insm^ 
re,  insuflar;  francés,  insu0aiion. 

Insuflado,  da.  Participio  pasivo 
de  insuflar. 

ETiMOLoaU.  In^^fiari  frane&i  ^ 
suMé. 

insuflador,  ra.  Sustuitíro  7  á^js- 

tivo.  Que  insufla. 

EtiuolooÍa.  Int^fiar:  fhuieésy  in- 
suj^aíeur. 

Insuflar.  Activo  anticuado.  So- 
plar. I  Médieina.  Introducir  (con  ayu- 
da del  soplo),  aire,  gas,  polvo,  líqui- 
do, como  procedimien¿D  terapéutico; 
y  asi  se  lUce:  «insuflar  aire  en  la 
boca  de  un  asfixiado;  insuflar  una 
vejiga.» 

ciTtMOLOoÍA,  Latín  insudare,  soplar 
ó  inflar  dentro;  de  in,  en,  dentro,  so- 
bre, y  s^^are,  soplar:  francés,  ts- 
suMer. 

insufHbie.  Adjetivo.  Lo  que  no  es 

sufrible. 

Etimología.  Prefijo  negativo  <'m  y 
sufrible:  catalán,  intufriUei  francés, 
insouffrable,  siglo  xvi. 

Insufriblemente.  Adverbio  mo- 
dal. De  un  modo  insufrible. 

ETiHOLOaÍA.  Insufrible  j  el  sufiio 
adverbial  mente:  catalán,  insufrible^ 
ment, 

InsniHdero,  ra.  AdjetÍTO  anticua- 

do.  Insufrible. 

Insuf^ido,  da.  Adjetivo.  No  sufri- 
do. Q  Quisquilloso. 

Etimología.  Prefijo  negativo  in  y 
sufrido':  catalán  anticuado,  «Ms/rif, 
da,  impaciente. 
Insula.  Femenino  anticuado.  Isla. 
Etimología.  Latín  insÚla. 
j     1.  Prefijo  in,  en,  y  el  radical  tul, 
j  que  se         en  ex'sul, pra^pl*  (LiT* 


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V    ■  INSÜ 


INSU  141 


2.  Síffún  esU  intarpretacítín,  insti- 
la ngaifica:  cen  el  suelo,  en  la  tie- 
rra,» puesto  que  el  radical  tul,  de  que 
habla  Littré,  representa  sSlum,  el 
laelo. 

3.  Prefijo  M,  en»  j  talo,  ablativo 
de  silwm,  el  mar:  i*'t<Ílo,  inrtüla,  ía- 
mla,  en  el  mir.  (Gubcio.) 

Ambos  orígenes  son  discretos  j 
bien  bascados,  pero  el  sentido  parece 
indinarse  en  favor  de  la  interpreta- 
ción de  Carcio:  catalán  antiguo,  (uiif 
la;  francés,  iiuule. 

Insulano,  na.  AdjetiToanticoado. 

Insular.  Adjetivo.  IslbRo. 

BtniaAOlA.  .  nsuU:  latín,  iniUlU- 
ra;  catalán,  inm^nr;  francés,  nuulai-' 
re;  italiano,  ímoUm, 

Insulsamente.  AdTsrbio  de  modo. 
Con  insulsez. 

ErniOLoaÍA.  In$ul$o  y  el  suSjo  ad- 
Terbíal  mente:  latín,  Íns*UÍ,  fna,  ne- 
ciamente, sin  gracia  ni  TÍveza;  cata- 
lán, intuísamení* 

Insulsez.  Femenino.  Calidad  de 
lo  insalso. 

Etim&looía..  Insulso:  latín,  insulsi^ 
tas,  frialdad,  desabrimiento,  imperti- 
nencia; catalán,  insulsedaí. 

Insulaisimamente.  Adverbio  de 
modo  superlativo  de  insulsamente. 

Insnlsisimo,  ma.  Adjetivo  super- 
lativo de  insulso. 

losnlso,  sa.  Adjetivo.  Insípido, 
xonzo  j  falto  de  sabor.  |  Metáfora. 
Falto  de  gracia  y  viveza. 

EnuoLoaÍA.  Latín  insulsus,  desabri- 
do, del  prefijo  negativo  in,  no,  j  sal-' 
su,  salado,  participio  pasivo  de  m¿- 
tUrSt  salar;  «no  salado,  sin  sal.>  /»- 
nlsus  quiere  decir  tMalsus:  catalán, 
iasuls,  a. 

Insultado,  da.  Participio  pasivo 

de  insultar. 

BnuoLoofA.  Insultar:  catalán,  tN- 
tnlíaí,  da;  francés,  insulté;  italiano, 
insnlíaío. 

Insultador,  ra.  Masculino  jr  femé* 
oino.  El  que  insulta. 

EnuoLoaÍA.  Insultar:  latín,  insul~ 
ütrixy  la  <^\M  insulta,  en  san  Jeróni- 
mo; francés,  tnsultateur;  italiano,  ik- 
sultatore. 

Insultante.  Participio  activo  de 
insultar.  £1  que  insulta  j  las  palabras 
ó  acciones  con  que  lo  hace. 

BnuoLoaÍA.  Latín  intuUam^  intuU- 
ttMtíi,  participio  de  presente  de  inutU- 
tire,  insultar. 

y  Insultar.  Activo.  Ofenderá  alguno 
revocándole  é  irritándole  con  pela- 
ras 6  acciones,  fl  Recíproco.  Accidbn* 

TABSB. 

Etiholcoía.  Latín  insultare,  saltar 
•obre;  de  in,  en,  j  saltare,  saltar:  ca- 
talán ,  insultar;  francés,  insuUer;  ita- 
liano, insultare. 

Sentido  etimológico. — 1.  El  latín  in- 
sall&re  representa  in-saltare,  saltar  en, 
dar  de  patadas,  befarse,  ultrajar.  SÍ 
primero  que  insultOt  fué  el  que  atacó 
t  otro,  como  si  cajrese  sobre  él. 

2.  Él  sentido  de  dar  patadas  se  en- 
eoentra  en  Terencio:  insoltabb  fores 
nleitus,  dar  patadas  en  una  puerta. 

Insulto.  Maseuliao.  La  acción  j 


efecto  de  insultar.  ||  Acometimiento  ó 
asalto  repentino  y  violento.  Q  Acci- 
dente, en  la  acepción  de  enfermedad 
ó  indisposición  repentina. 

ETiMOLoaÍA.  Insultar:  latín,  insul- 
tus,  &s,  é  insultatio,  mofa  con  sober- 
bia y  desprecio;  catalán  antiguo,  in- 
sulto; moderno,  insult;  francés,  íiifK^ 
te;  italiano,  insulto, 

Insumaiale.  Adjetivo.  Lo  que  por 
su  gran  número  no  puede  sumarse,  y 
asf  vale  tanto  como:  innuicbbablb, 
iNCRBÍBLB,  cuANTioiO,  etc,  según  los 
casos. 

Insume.  Adjetivo  anticuado.  Cos- 
toso. 

ETiuoLoaÍA.  Insnmaite. 

Insumergible.  Adjetíro.  Que  no 
puede  sumergirse. 

Insumisamente.  Adverbio  de  mo- 
do. De  una  manera  insumisa. 

Etiuolooía.  Prefijo  negativo  iny 
sumisamente. 

Insumisión.  Falta  de  sumisión. 

Insumiso,  sa.  Adjetivo.  Que  no 
está  sumiso. 

Insuperable.  Adjetiro.  Lo  que  no 
es  superable. 

Ktiuolooía.  Latín  ins^perabílis;  de 
in,  no,  y  süperSiilis,  superable:  cata- 
lán, insuperable;  francés,  insupérable; 
italiano,  insuperabile. 

Insuperablemente.  Adverbio  de 
modo.  Sin  poderse  superar. 

BTiuoLoaÍA.  Insuperable  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  latín,  insúperabtU- 
ter. 

Insupurable.  Adjetivo.  Lo  que  no 
se  puede  supurar. 

BTUfOLOOtA.  In  privativo  j  «vpsni- 
hle:  catalán,  insupurable, 

Insupnración.  Femenino.  Medi- 
cina. Futa  de  supuración. 

Insurgente.  Adjetivo.  El  levanta- 
do ó  sublevado.  Se  usa  también  como 
sustantivo. 

Etimología.  Latín  insurgens,  iiaur- 
gentis,  participio  de  presente  de  insur- 
gircy  levantarse;  de  tn,  eu,  y  surgiré, 
surgir:  italiano,  insorgente,  de  insor~ 
gere,  sublevarse;  francés,  insurgenís; 
catalán,  insurgent, 

SiNOMiuiA.  Insurgente,  rebelde,  fac- 
cioso, amotinado. — El  insurgente  nace 
una  acción  legítima  ó  legal:  usa  de 
su  libertad  ó  de  su  derecho  para  opo- 
nerse á  una  resolución,  ó  levantarse 
contra  un  designio  ó  empresa,  como 
lo  indica  su  mísmo  significado,  pues 
se  deriva  de  insurgere,  esto  es,  de  sur- 
gere  y  de  in,  levantarse  contra. 

El  rebelde  abusa  de  su  libertad  ó  de 
sus  medios  para  oponerse  á  las  leves 
vigentes  y  desobedecer  á  la  autoridad 
legítima. 

El  faccioso  excita  los  ánimos  á  la 
rebelión. 

El  amotinado  persiste  con  obstina- 
ción en  la  desobediencia. 

La  insurrección  supone  la  voluntad 
general  de  una  nación  ó  de  la  majror 
parte  de  sns  individuos. 

La  rebeldía  easi  siempre  se  funda 
en  intereses  particulares. 

Guando  España  se  levantó  contra  la 
dominación  de  Napoleón  Bonaparte, 
se  intvrrteeioitd,  y  tos  españoles  que 


I  sé  opusieron  á  ells,  fueron  tnMrgmíss; 

I  pero  las  turbulencias  causadas  en  Cons- 
tantinopla  por  los  genízaros,  fíieron 
rebeldía  manifiesta,  excitada  por  los 

facciosos  (^ue  fundaban  en  ellas  su  in- 
terés particular.  Todos  los  que  tuvie- 
ron parte  en  estos  movimientos,  fue- 
ron rebeldes,  y  los  ^ne  por  más  tiempo 
y  major  obstinación  permanecieron 
rebeldes,  fueron  amotinados. 

Sin  embargo,  la  palabra  «m/{m  indi- 
ca un  número  de  personas  más  corto, 
menos  considerable,  y  un  movimiento 
menos  duraderu  que  la  imwnveeMt. 

(CONDB  DB  LA  CoBTINA.) 

Insurgir.  NsuM  antíeosdo.  Aii- 

ZARSB. 

ETiuOLOOfA.  Insurgente. 

Insurrección.  Femenino.El  levan- 
tamiento, sublevación  ó  rebelión  de 
algiin  pueblo,  nación,  etc. 

BriMOLoaÍA.  2nsurrec0:  latín,  Us^ 
surrecño,  forma  sustantiva  sbetosetit 
de  insurrictus,  insurrecto;  catalán,  ííi- 
surrecció;  francés,  insurreetion;  italia- 
no, insurreñone. 

Insurreccionable.  AdjetiTO.  Que 
se  puede  insurreccionar. 

Insurreccionado,  da.  Psrtieipio 
pasivo  de  insurreccionar. 

Etimología.  Insurreccionar:  francés, 
insurge', 

Insurreccionador,  ra.  Sustantivo 
y  adjetivo.  Que  insurrecciona. 

Etimología.  Insurreedorntr:  fnrxtéa, 
insurrecleur. 

Insurreccional.  Adjetivo.  Goneer* 
niente  á  la  insurreccidn. 

Etimología.  Insurreeeicn:  catalán, 
insurrecciomil:  francés,  insumetümnel; 
italiano,  insurretionale. 

tnsnrreocionalmente.  Adrerbio 
de  modo.  Con  insurrección. 

Btimolooía.  Insurreccional  y  el  su- 
fijo  adverbial  mente:  francés,  insurrec' 
lionnellement;  italiano,  insurretional-' 
mente. 

Insurreccionar.  Activo.  Concitar 
á  las  gentes  para  que  se  amotinen  con- 
tra las  autoridades.  Q  Usase  tsmUéñ 
como  recíproco. 

Etuiología.  Inswreeeidn:  latín,  ts- 
turgtre,  ponerse  en  armas,  levautana 
contra  alguno;  itftllftao,  imkymí 
francés,  insur^er, 

InsurreccionunM*  BeeCptoeo.  Su- 
blevarse 6  rebelarse  etrntrn  algún  po- 
der establecido. 

Insurrectamente.  Adrezino  de 
modo.  Con  insurrección. 

Etimolooía.  InsurrtU9  J  A  sufijo 
adverbial  mente. 

Insurrecto,  ta.  Participio  pasivo 
irregular  de  insurreccionarse.  [|  Insur- 
gente. 

Etimología.  Latía  insurrectus,  le- 
vantado en  armas;  participio  pasivo 
de  insurgere,  insurreccionarse. 

Insusceptibili dad .  Femenino. 
!  Falta  de  susceptibilidad. 

Insnsceptibie.  Adjetíro.  Que  ao  u 
susceptible. 

Etimología.  Prefijo  negatiroís, 
no,  y  susceptible:  fisnois,  umteffií- 
ble,  siglo  XVI. 

Insusceptiblemente.  Adverbio 
modal.  De  un  modo  insusceptíble. 


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142  INTÉ 


INTE 


tlÍTE 


EriMOLo&fA.  Tmmetptibléj  ílwiñ^o 
adverbial  mente, 

Iii8U9tancial.  A.djetiyo.  Lo  qae  es 
depoca  6  niaguna  subataDcia  6  valor. 

Btuiolooía.  Pre6jo  negativo  in  j 
suiíaueial:  catalán,  insubsíaneial;  frau* 
cés,  imiábtíaníiel. 

Insostancialmente.  Adverbio  de 
modo.  Sin  subsUacia. 

BtiuolooU..  lutustaneial  j  ú  lufijo 
adverbial  nunU, 

Ininstancialidad.  Femenino.  La 
calidad  de  insustancial. 

Intacto,  ta.  Adjetivo,  Lo  que  no 
ha  sido  tocado  ó  palpado.  B  Lo  que  no 
se  ha  ventilado  ó  aquello  de  que  no  se 
ha  hablado.  Q  Metáfora.  Lo  que  no 
ha  padecido  menoscabo  6  detáriora- 
ción;  puro,  sin  mezcla. 

EtiuolooU-  Latín  i»íacíui;  de  in, 
no,  j  íactiu,  tocado,  «no  tocado:»  ca- 
talán, intaetef  c;  francés,  i»tMÍ;  italia- 
no, intatlo, 

Intackable.  Adjetíro.  Lo  que  no 
admite  ó  merece  tacha. 

Intangibilidad.  Femenino.  Cuali- 
dad ó  estado  de  lo  intangible. 

EtiuoLoaÍA.  Intangible:  francés,  tV 
tMuiHUté. 

Intangible.  Adjetivo.  Lo  que  no 
debe  ó  no  puede  tocarse. 

EnuoLOQÍA..  Pre6jo  negativo  m  j 
tangible:  francés,  intangible. 

Intangiblemente.  Adverbio  mo- 
dal. Da  un  modo  iotangible. 

ETiMOLoaÍA.  Iníangióle  j  el  aufijo 
adverbial  mente. 

Intasado,  da.  Adjetivo.  Que  esti 
sin  tasar. 

Integérrino,  ma.  Adjetivo  super- 
lativo de  íntegro. 

ifonlOLOaU.  JnUgro:  latín,  integerrir 
Mw;  eataUtt,  integérrimt  a. 

látegrabíe.  Adjetivo.A^tf¿rd.Que 
se  puet^  integrar;  j  así  se  dice:  fun- 
áones  iMTmaAELBS,  algebraicamente 
consideradas. 

BmcoLoala.  Integrar:  franeéii  inte- 
gra l/ie. 

Integración.  Femenino.  Algebra. 
Acción  ó  efecto  de  integrar. 

Etiuolooía,  Integrar:  latin,  inte- 
grSUo,  forma  sustantiva  abstracta  de 
int^rStm,  integrado;  francés,  intégra- 
tion;  italiano,  integrazione. 

IntegradOi  da.  Participio  pasivo 
de  integrar. 

ETiffOLOQfa.  Integrar:  latín,  inte- 
gritnt,  renovado,  restaurado,  partici- 
pio pasivo  de  iníegrire,  integrar;  fran* 
cés,  integré;  italiano,  int^rato. 

Integrador,  ra.  Sustaativo;  adje- 
tivo. Que  integra, 

Btiuoi^ooU.  Integrar:  latín,  inte- 
gr&íor,  forma  agente  de  integri^,  in- 
tegración. 

Integral.  Adjetivo.  Filotofia,  Que 
se  aplica  á  las  partes  que  entran  en  la 
composición  de  un  todo;  á  distinción 
de  las  partes  que  se  llaman  esenciales, 
sin  las  que  no  puede  subsistir  una 
cosa.  \\Matemáticai.  Cálculo  inverso 
del  diferencial,  |  db  una  cantidad  di- 
PBBKNCiAL.  Cantidad  cu^a  diferencial 
es  8u  incremento  infinitamente  pe- 
quefto. 

BtimolooÍa.  Integro:  catalán,  inte- 


gral; francés,  UU^ral;  italiano,  inté- 
grale. 

Integralmente.  Adverbio  modal. 

De  un  modo  integral. 

ETiMOLoaÍA,  Integral  j  el  sufijo  ad- 
verbial mente:  francés,  intégralement; 
italiano,  integralmente. 

Integramente.  Adverbio  de  modo, 
Entbbaubnts. 

EnuouHiÍA.  íntegra  j  el  sufijo  ad- 
verbial mente:  catalán,  ínísgrament; 
francés,  integrenent;  italiano,  integra- 
mente; latíu,  integré. 

Integrante.  Participio  activo  de 
integrar.  El  ó  lo  que  integra,  |  Inte- 
gral. |j  Parte  I^^TBORANTa  db  un  sa- 
CBAU  ¿NTO.  Teología.  Parte  qae  lo  com- 
pleta; paro  que  no  trasciende  á  su 
constitución  esencial;  de  tal  suerte 
que,  sin  la  parte  intbobantb,  al  sa- 
cramento podría  existir.  Por  ejemplo: 
hablándose  de  la  penitencia,  tas  prue- 
bas penales  son  la  parte  integrante 
de  aquel  sacramento,  las  cuales  no 
alteran  su  sentido  espiritual,  interior, 
profundo,  puesto  que,  sin  las  pruebas 
penales,  el  saemmento  de  la  peniten- 
cia conservaría  su  significación  teolé- 
gica.  H  Partes  intboramtbs.  Fitica. 
Partes  constitutivas  de  los  cuerpos, 
cuj'O  carácter  substancial  consiste  en 
ser  semejantes  á  la  masa.  Pueden  ser 
simples,  como  en  los  cuerpos  elemen- 
tales, ó  compuestas,  como  en  los  que 
contienen  muchos  elementos;  y  así 
decimos:  <las  meUculat  intborantbs 
del  mármol,  por  ejemplo,  son  el  car- 
bonato de  cal,  cujas  moléculas  ele- 
mentales son  el  uleio,  el  carbono  y 
el  oxígeno.» 

Etiuolooía.  Integrar:  catalán,  inle- 
grant;  francés;  integrtní,  ante;  italia- 
no, integrante» 

SiNONiMU.  Int^rante»  neneUL  Es 
integrante  cuanto  es  necesario  para 
conservar  la  integridad  del  ser;  es 
eeencial  cuanto  es  necesario  para  cons- 
tituirlo. Los  órganos  de  la  sensación 
son  partes  integrantes  át^  hombre;  sus 
facultades  etencialet  son  el  entendi- 
miento j  la  voluntad,  (Mora.) 

Integrar.  Activo.  Dar  integridad 
á  una  cosa,  componer  un  todo  de  sus 

fiartes  integrantes.  ¡|  Materna ticat.Kn' 
lar  la  integral  de  una  cantidad  dife- 
rencial, en  cavo  sentido  se  dice:  «in- 
tbgbar  una  diferencial.»  |  Anticua- 
do. Rbintsobar. 

BTniOLoaÍA.  Latín  integrSre,  reno- 
var, restaurar,  restituir  á  su  primer 
estado;  forma  verbal  de  integer,  ínte- 
gro: catalán,  integrar;  francés,  iníé- 
grer;  italiano,  int^rare. 

Integridad.  Femenino,  Perfección 
que  constituye  las  cosas  en  el  estado 
completo  que  deben  tener  sin  que  les 
falte  nada.  |  Metáfora.  La  calidad  de 
una  persona  íntegra,  desinteresada  y 
virtuosa.  ||  La  pureza  de  las  vírgenes. 

Etimología,  integro:  latín,  wíí^fí- 
tas,  el  total;  italiano,  iníegritá;  fran- 
cés, intégrité;  catalán,  iníegriiat. 

Integrífoliado,  da.  Adjetivo.  Bo- 
tánica. Que-tiene  completas  las  hojas. 

EnuoLoalA.  Latín  tnt'grum,  neutro 
de  intíger^  integro,  y^oliitn»,  forma 
adjetiva  de  fólhm,  hoja. 


Integríforme.  Adjetivo.  ffiiforU 
natural.  Ue  forma  completa. 

Etiuolgoía.  Integro  y  forma. 

integro,  gra.  Adjetivo.  Aquello  i 
que  no  taita  nínguaa  dejsus  partes,  f 
Metáfora.  Desinteresado,  recto,  probo. 

ETiif(x.oaÍA.  1.  Latín  infger,  por 
intí^er;  de  in,  do,  y  el  antiguo  tíigtr*, 
tocar;  centero,  tal  como  debe  ser  por 
razón  de  su  naturaleza:»  catalán,  fn- 
tegro,  a;  provenzal,  integre^  entegre: 
francés,  int  gre;  italiano,  Íntegro, 

2.  La  e  breve  de  int?ger  representa 
sin  duda  la  a  breve  de  tiigire,  tocar. 

3.  íntegro  é  intacto  son  la  misma 
palabra  de  origen. 

IntegnÓBtomo,  ma.  Adjetivo.  Co*- 
jniliologla.  Epíteto  de  las  conchas 
que  tienen  la  abertura  entera  por  de- 
lante. 

BTnioLoaÍA.  Latín  int^mm^  ínte- 
gro, y  el  griego  stdma,  booa,  abertu- 
ra; vocablo  híbrido. 

Integumento.  Masculino  anticua- 
do. Envoltura  ó  cobertura.  |  Anticua- 
do. Disfraz,  ficción,  fábula. 

Intelección.  Femenino.  La  aeeiéD 
y  efecto  de  entender:  |  Filotofia,  La 
tiacultad  de  concebir,  no  con  relación 
á  la  percepción  de  los  sentidos  corpo* 
rales,  sino  en  relación  con  el  sentido 
íntimo  ó  conciencia  refieja;  en  cujo 
sentido  se  dice:  «la  mTBLBCCiÓN  de 
Dios  no  puede  veuir  de  los  sentidos 
exteriores;  aino  del  sentido  espiritual 
de  la  reflexiou.» 

KtiuoloqÍa.  Latín  intellectto,  la  ac- 
ción y  la  capacidad  ó  virtud  de  enten- 
der; sinécdoque;  forma  sustantiva 
abstracta  de  intellSetnit  entendido: 
provenzal,  entelleetio;  francés,  intelUc' 
tion;  italiano,  intelletione. — «Lo  que 
es  capaz  de  entender.  Usase  regalar- 
mente  sustantivado,  poi  la  poteneia 
del  alma  racional,  que  la  hace  capas 
y  apta  para  entender  en  las  cosas,» 
(AcADBULA,  Dieeionario  de  17Í6.^ 

Intelectivamente.  Adverbio  de 
modo  Relativamenteála  inteligencia. 

Etiuología.  Inítleelivay  tS  naS^o 
adverbial  mente. 

Intelectivo,  va.  Adjetivo,  Lo  que 
tiene  virtud  de  entender.  Se  usa  tam- 
bién como  sustantivo  en  la  termina- 
ción femenina  por  la  facultad  de  en- 
tender. 

Etuiolooía.  Intelección:  latín,  m- 
tellecUtut;  italiano,  intellettivo;  fran- 
cés, intellectif;  provenzal,  intelledm; 
catalán,  ínící-íccíta,  ra. 

Intelecto.  Masculino.  Bntbndi- 
HiBNTO.  I  SistmatHloeófieo».  Facultad 
del  alma  que  le  da  la  aptitud  de  con- 
cebir, cual  si  fuera  el  agente  del» in- 
telección. II  El  alma  misma  en  enanto 
concibe,  ó  sea  el  espíritu  humano 
considerado  como  potencia  capas  de 
comprender  y  reflexionar.  \  Intblbc- 
TOAaBNTB.  Escolástica.  Facultad  men- 
tal que  concibe  de  un  modo  activo  las 
ideas,  mediante  sus  propias  percep- 
ciones. Q  Intelbcto  pacientb.  Facul- 
tad mental  que  no  concibe  sino  las 
ideas  que  le  envían  los  sentidos  exte- 
riores. 11  Teoría  db  loí  intelbctos. 
Filotofia  de  Abelardo,  Teoría  de  los 
conceptos  ó  ideas  genendea. 


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INTE 

SfOtOLOOfA.  Iníekceid». 

Intelectual.  ¿djetÍTo.  Lo  que  per- 
tenece al  entendí  niento.  \  Espibitual 
i  sÍD  cuerpo,  g  Anticuado.  El  dedica- 
do al  estudio  y  meditación. 

Ktiuolooía.  Intelección:  latín,  intel- 
leeíMalis;  ítii\ÍAiio,intglleíiuale;  francés, 
■nUUectuel;  proveazal,  inUllectnal;  ca- 
talán, Íntel~UctuaL 

Inielectaalidad.  Femenino  anti- 
caado.ENTBNLiiuiBNTO  en  la  acepción 
de  potencia.  |i  Filosofía.  Cualidad  de 
iu  cosas  intelectuales.  ||  Melajitiea. 
Término  contrario  de  materialidad. 

KnifOLOGÍA.  Intelectual:  latín,  in- 
tdUctü&titoi:  italiano,  iníelleítualitÁ; 
.ODcéa,  inielUeiuaUíé. 

^oxiuiA.  InteUciualidadt  inteligen- 
cia, entendimiento.  Inteleeíualidad  ex- 
prew  la  cualidad  indefinida  que  tie- 
otn  las  cosas  de  sar  intelectuales,  lo 
coal  quiere  decir  que  es  un  nombre 
abatracto,  aunque  esto  no  lo  explica 
todo,  ó  mejor  dicho,  no  explica  nada. 
La  abstracción  tiene  un  carácter  es- 
paciil,  tan  especial  como  digno  de 
estadio,  j  vamos  á  decir  lo  muv  poco 
(]ru  nos  ha  sido  dado  aprender  en 
medio  del  cruel  desamparo  en  que 
aoa  existe  la  crítica  de  la  palabra, 
eita  critica  que  debía  ser  (j  lo  será 
dffda  día)  el  último  ramo,  la  ciencia 
lus  noble  jr  más  necesaria  de  la  era- 
dieióa  universal,  porgue  el  kaklar  no 
as  otra  cosa  que  la  máa  alta  j  la  más 
difieil  de  las  profesiones  del  ser  inte- 
li^ate. 

El  carácter  raro  que  hemos  hallado 
en  la  abstracción,  consiste  en  lo  si- 
guiente: no  eipresando  el  nombre 
ahftzactolas  cualidades  de  las  cosas 
d«  un  modo  concreto,  en  una  forma 
determinada;  siguiñcándolas  de  una 
manera  indefinida,  nuestra  fantasía 
eacaentra  en  él  cierta  expresión  vaga, 
eoafosa,  casi  poética,  casi  armoniosa;  | 
la  vaguedad  j  la  confusión  que  vemoi 
por  fuerza  en  un  todo  que  no  conóce- 
nos, que  no  descubrimos,  que  no  ana- 
Humos;  la  armonía  j  hasta  la  belle- 
it  con  que  nos  cautiva  todo  misteric. 
SI  Qomore  abstracto  significa  el  con- 
jooto,  la  aaiversalidad  de  las  cuali- 
dades; j  como  que  el  conjunto  no  apa- 
rece, como  que  nosotros  no  divisamos 
la  universalidad  que  el  nombre  sigai- 
fiea,  resulta  que  nuestra  imaginación 
Te  nn  arcano,  porque  la  imaginación 
prioeípia  á  ver  en  donde  principia  á 
Qo  Tet  la  inteligencia.  Él  nombre 
abstracto  significa  un  todo  que  nos- 
otros no  conocemos:  vislumbramos 
sombras;  la  fantasía  se  exalta  con 
aquel  barrunto  de  lo  maravilloso,  con 
sqael  «mago  de  una  creación  casi  ago- 
rera; y  he  aquí  por  qué  el  nombre 
abstracto  particip:i  algo  de  la  idea  de 
■DTención,  de  la  idea  de  arte,  de  la 
idea  de  figura;  he  níyai  por  qué  tiene 
ósrto  eoutorno  estético,  sin  dejar  de 
ser  ana  elaboración  metafísica.  Y  esto 
'W  decimos  nos  da  ahora  luz  sobre  un 
nndmeno  que  hemos  experimentado 
mil  veces,  sin  haber  procurado  nunca 
^Uar  su  razón.  Cuando  estudiamos 
QD  panto  metaHsico,  un  hecho  abs- 
tM),  la  misma  íalta  de  una  figura 


INTE 

en  que  apojar  nuestro  raciocinio,  la 
misma  falta  de  una  forma  real  j  sen- 
sible, hace  que  pidamos  ajuda  á  la 
imaginación,  y  que  nos  creemos  un 
ideal,  un  símbolo;  j  así  ocurre  que,  á 
'alta  de  una  forma  existente,  nos 
agenciamos  con  nuestra  industria  una 
forma  inventada.  La  forma  no  existe 
tíu  el  objeto  metafisico,  nuestra  alma 
no  la  puede  ver;  mas  la  puede  inven- 
tar, V  la  inventa.  No  haj  realidad, 
pero  haj  fantasía;  no  está  allí  la  for- 
ma, pero  está  la  figura;  no  está  la 
idea,  pero  está  la  imagen.  He  aquí 
cómo  en  la  abstracción  entra  un  algo 
poético,  un  al^  artístico,  un  algo 
creador,  indefinido,  bello,  que  da  su 
último  gusto  i  los  estudios  espiritua- 
les. He  aquí  cómo  la  metafísica  se 
roza  con  la  imaginación;  he  aquí  có- 
mo es  posible  la  alian»  de  la  verdad 
7  de  la  belleza,  de  la  ciencia  J  del 
arte,  del  espíritu  y  de  la  invención; 
he  aquí  cómo  la  metafísica  es  la  últi- 
ma y  la  mis  elevada  poesía  de  la  in- 
teligencia, el  último  j  el  más  noble 
arte  del  pensamiento. 

¿Qué  significa  inteleetuatidadf  ¿Ex- 
presa más  ó  menos  que  entendimiento? 
;,Es  más  universal,  más  trascenden- 
te, más  profunda  <^ue  intel  genciaJ  ¿En 
qué  consiste  la  vida  especial  que  se 
echa  de  ver  en  aquella  palabra?  ^ué 
idea  alimenta  ese  oculto  atributo? 

Esto  preguntaba  un  acreditado  filó- 
sofo de  nuestro  siglo,  y  no  es  extra&o 
que  lo  preguntase,  porque  estaría  can- 
sado de  revolver  libios,  diccionarios 
y  enciclopedias,  sin  conseguir  dar  á 
sus  dudas  un  momento  de  calma  y  re* 
poso.  ¡Cómo  está  la  crítica  del  lengua- 
je! Es  decir,  ¡cómo  está  el  lenguaje, 
porc^ue  no  haj^  lenguaje  sin  crítica! 
¿Cuando  querrá  Dios  que  un  hombre 
de  talento,  un  hombre  que  nazca  para 
el  caso  (|Dios  le  dé  tantas  luces  como 
luces  hajr  en  el  cielo!),  venga  por  fin 
y  ponga  orden  en  este  inmenso  fá- 
rragol 

Cfontestando  al  filósofo  que  hace 
aquellas  preguntas,  decimos:  que  w- 
íelecíualiaad  no  se  diferencia  de  enten- 
dimiento en  que  exprese  menos  ó  en 
que  exprese  más;  que  no  se  distingue 
tampoco  de  inteligencia  en  que  sea  más 
ó  menos  profunda,  más  ó  menos  uní- 
versal  ó  trascendente.  Se  diferencia 
de  ambas  palabras  en  que  tiene  cier- 
to espíritu  de  invención,  cierto  gusto 
imaginativo,  cierto  limo  de  arte.  La 
inteligencia  y  el  entendimiento  hablan 
del  raciocinio,  del  conocimiento,  del 
discurso;  la  intelectualidad  habla  de 
un  misterio,  de  una  vaguedad,  de  una 
armonía,  de  una  creación,  porque 
creación  es  toda  imagen,  toda  figura 
que  se  inventa,  aunque  sirva  de  orna- 
to al  pensamiento  más  oculta  y  más 
metafisico.  La  inteliaencia  y  el  enten- 
dimiento discurren.  La  intelectualülad 
adivina.  La  inteleetnalidad  es  la  poesía 
del  entendimiento,  como  la  idealidad 
es  la  poesía  de  la  idea,  como  la  sono- 
ridad es  una  poesía  del  sonido.  En 
esto  consiste  la  idea  especial  que  echa- 
ba de  ver  el  filósofo  mencionado;  en 
esto  consiste  el  atributo  oculto  de  la 


INTE 


143 


palabra  que  nos  ocupa:  es  metafísica 
y  poética,  como  lo  es  todo  nombre 
abstracto,  como  lo  es  necesariamente 
toda  abstracción. 

Sentado  esto,  nada  más  fácil  que 
diferenciar  los  tres  vocablos  del  ar- 
tículo. 

La  inteligencia  conoce. 

El  entendimiento  jjizgti. 

La  intelectualidad  idealiza. 

La  inteligenita  es  vasta,  extensa, 
profunda,  universal. 

El  entendimiento  es  agudo,  incisivo, 
concreto,  práctico. 

La  intelectualidad  es  vin,  armonio- 
sa, fecunda,  brillante. 

La  inteligencia  es  un  principio. 

SI  aUendimienio  es  un  órgano. 

La  intelectualidad  es  na  ente  de 
razón. 

De  modo  que  la  inteligencia  está  en 
la  humanidad. 

El  entendimiento,  en  el  hombre. 

La  intelectualidad,  en  la  abstracción ; 
es  decir,  en  la  metafísica  y  en  alarte. 

La  intelectualidad  es  como  el  genio 
de  la  inteligencia. 

Intelectaalmente.  A-dverbio  mo- 
dal. De  un  modo  intelectual. 

ETiuoLoafa.  Intelectual  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  catalán,  Íníel4eciuat- 
ment;  francés,  intellectuellement;  ita- 
liano, intellettmlmente. 

Inteligencia.  Femenino.  La  faeuU 
tad  intelectiva.  |  Conocimiento,  com- 
prensión, el  acto  de  entender.  {  El 
sentido  en  que  se  puede  tomar  una 
sentencia,  dicho  ó  expresión.  ||  Habi- 
lidad, destreza  y  experiencia.  Q  Trato 
y  correspondencia  secreta  de  dos  ó 
más  personas  entre  sí.  ]|  Substancia 
puramente  espiritual,  n  intsuqbn- 
cia.  Modo  adverbial.  En  el  concepto, 
en  el  supuesto  ó  en  la  suposición.  | 

La  SUPBKU&  INTGUOGNCIA.,  DÍOS. 

Etuiolooía.  Inteligente:  latín,  intel- 
tigenita,  forma  sustantiva  abstracta  de 
intelligent,  inCelligentis ,  inteli^nte; 
catalán,  Íntel-lige'ncia;  f^ncés,  tnlelli' 
genee;  iUMtuo,  intelligenza. 

Inteligenciado,  da.  Adjetivo.  En- 
terado, instruido. 

Inteligente.  Adietiro.  Sabio,  pe- 
rito, instruido.  |  El  que  está  dotado 
de  facultad  intelectiva. 

ETiuoLOofa..  Intelección:  latín ,  iníel- 
ligente,  ablativo  de  inteillgens,  intelli- 
gentis,  forma  adjetiva  de  inteWgere, 
entender:  catalán,  inlel-ligeni;  francés, 
intelligent,  ente;  italiano,  iníelligente. 

Inteligentemente.  Adverbio  de 
modo.  Con  inteligencia. 

Etiholoqía.  Inteligente  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  francés  del  siglo  xvi, 
intelligeamment;  moderno,  iníeltigem- 
mení;  italiano,  intelliqenlemente. 

Inteligibilidad,  f'emenino.  Cuali- 
dad de  lo  inteligible. 

ETiieoLOOÍa.  Inteligible:  francés, 
inteltigi(/ilit¿. 

Inteligible.  Adjetivo.  Lo  que  es 
fácil  de  entenderse.  ||  Lo  que  se  oje 
clara  y  distintamente.  Q  Filoso/ia.  Se 
aplica  á  las  cosas  que  sólo  existen  en 
nuestro  entendimiento. 

Etiuolooía.  Inteligente:  latín,  *fl- 
tellígtiíUti  catalán,  iníel-ligibte¡  fraa- 


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144 


INTE 


eés,  inleWqihle;  italiano,  iníelligiHle. 

blteligiblementc.  A-dverbio  mo- 
dal. De  nn  modo  inteligible. 

BnuoLoaÍA.  Iníeliaiole  j  el  Bufíjo 
adverbial  mentg:  catalán,  intel-ligihle- 
mmt;  francés,  iuUlligihlment;  italia- 
no, intelligitílmeiUe;  latín,  vnUUigíb'i- 
UUr,  en  san  Agustín. 

Intemible.  Adjetivo.  Qae  no  es  de 
temer. 

Intemperadamente.  Adverbio  de 
modo  anticuado.  Sin  templanza. 

"^nuQUiaiK.  Intmperada  j  el  sufijo 
adverbial  menU:  catalán,  intemperada- 
mení;  francés,  intempérémení ;  latín, 
intemperanler. 

Intemperado,  da.  Adjetivo  anti- 
caado.  Destbuplado  ó  &lto  de  tem- 
planza. 

Intemperancia.  Femenino.  Falta 
de  templanza. 

BtimoloqÍa.  Prefijo  negativo  in  j 
tmperancia:  latín,  intempuraiUía;  ita- 
llano,  iníemperaiua;  francés,  íníempe- 
rtmee;  catalán,  inimparancia. 

Intemperante.  Adjetivo.  Destem- 
plado ó  falto  de  templanza. 

Etiuolocía.  Intemperancia:  latín, 
intemperans ,  intemph-OñtUi  francés, 
intempéranl. 

Ellatín  tiene  inUmphatug,  destem- 
plado: catalán,  inlemperat,  da;  fran- 
cés, iniempe'r/. 

Intemperatura.  Femenino  anti- 
ciudo.  Imtempbbxk. 

Intemperie.  Femenino.  Destem- 

{tlanza  6  desig^ualdad  del  tiempo  ó  de 
OI  humores  del  cuerpo  humano.  Q  A 
LA  iNTBUPBBiB.  Modo  adverbial.  A  cie- 
lo raso,  en  descubierto,  desamparada- 
mente, 6  sea  expuesto  al  riffor  de  los 
elementos,  como  el  frío,  la  lluvia. 

Btuiolooía.  Latía  intemperies,  des- 
templanza de  los  elementos  ó  de  los 
humores  en  el  hombre;  del  prefijo  ne- 
gativo in,  no,  y  temperies,  clima  tem- 
plado, forma  de  íempus,  íempifrit,  tiem- 
po: catalán,  intemperie;  francés,  in- 
tempérie;  italiano,  intemperie. 

uitempesta.  Adjetivo.  Poética. 
Que  se  aplica  &  la  noche  mujr  en- 
trada. 

GmcoLOofa.  Latín  intempestas,  la 
hora  en  que  todos  se  recogen;  de  in, 
no,  j  tempestas,  saztSo;  de  íempus, 
tiempo,  porque  el  tiempo  es  la  sazón 
universal. 

IntempestÍTsmenta.  Adverbio 
modal.  De  un  modo  intempestivo. 

BTmoLOOÍA.  Intempestiva  j  el  sufi- 
jo adverbial  mente:  catalán,  iníempes- 
tivament;  francés,  iníempestioemení; 
italiano,  intempestivamente;  latín,  i«- 
íempesítvé. 

Intempestivo,  va.  Adjetivo.  Lo 
que  es  fuera  de  tiempo  y  sazón. 

Etiuoloqía.  Intempesta:  latín,  ta- 
íempestitms;  italiano,  íntom;>«f /tro;  fran- 
cés, intempesíif;  provenzal,  intempes- 
tiu;  catalán,  intempestiu,  va. 

Intención.  Femenino.  La  determí- 
naciiSn  de  la  voluntad  en  orden  á  al- 
gún fin.  I  Metáfora.  El  instinto  dañi- 
no que  descubren  algunos  animales, 
i  diferencia  de  lo  que  se  observa  gene- 
ralmente en  los  de  su  especie;  y  así  se 
dice:  caballo,  toro  de  intención,  et- 


INTE 

eéiera.  {  Dar  intención.  Frase.  Dae 

ESPERANZA.  |  Fu.VDAR  6  TB>fBR  FONDA- 
DA INTENCIÓN  CONTRA  ALGUNO.  FrSSe 

forense.  Asistir  ó  favorecer  á  uno  el 
derecho  común  para  ejercer  alo^una 
facultad  sin  necesidad  de  probarlo.  | 
Priubba  iNTBNCiÓN.  Expresión  fami- 
liar. Modo  de  proceder  franco  y  sin 
detenerse  á  reflexionar  mucho.  ^  Sb- 
OUNDA  INTENCIÓN.  Familiar.  El  modo 
de  proceder  doble  y  solapa-lo.  ^  Ccba 
DE  PRiuBRA  INTENCIÓN.  La  que  se  hace 
de  pronto  á  un  herido. 

^TiuoLOQÍA.  Intentar:  latín,  inten- 
so, vehemencia,  deseo,  conato;  forma 
sustantiva  abstracta  de  inteníus,  par- 
ticipio pasivo  de  intendíre,  dirigir, 
tender  hacia  un  punto:  provenzal,  en- 
tencio,  eníensio;  catalán,  intencúí;  fnn- 
cés,  intentioñ;  italiano,  intenzione. 

Artículo  primero. — Intención,  de- 
siQNio,  MIRA,  PROYECTO.  La  inímcifín  es 
un  movimiento  del  alma,  por  el  cual 
se  propone  el  Hombre  ana  cosa  que 
esta  lejana  ^  que  tal  vez  ei  incierta. 

El  designuo  es  una  idea  resuelta  ya 
y  adoptada,  j  supone  meditación  j 
método. 

La  mira  indica  un  fin  determinado 
y  cierto,  que  no  pasa  más  allá  de  lo 
que  se  desea,  ni  supone  grandes  eom- 
binaciones. 

El  proyecto  es  el  arreglo  y  combi- 
nación de  los  medios  que  deben  em- 
plearse para  lograr  un  fin.  Sus  tntenr- 
ciones  serán  tan  sanas,  como  vastos 
sos  dv^nios.  Puso  sus  miras  en  Fula^ 
oa,  aunque  el  matrimonio  no  entraba 
en  d  numero  de  sus  proyectos.  Este 
provecto  nüpone intenciones  muy  puras, 
designio*  tany  vastos  y  miras  may  di- 
latadas. (Condb  de  la  Cortina). 

Artículo  segundo. — Intento,  inten- 
ción, propósito.  Son  actos  de  la  vo- 
luntad que  se  proponen  objetos  deter- 
minados, con  más  energía  que  el  sim- 
ple acto  de  querer;  pero  la  intención  es 
más  inactiva  y  oculta  que  el  intento, 
y  ni  propifsito,  mas  vehemente  que  el 
intento  y  la  intencúín.  El  paso  del  Ru- 
bicón  por  César  fué  uq  intento.  Su  in- 
tención era  entrar  en  Roma,  habiendo 
formado  el  propósito  de  usurpar  la  au- 
toridad suprema.  (Mora.) 

Articulo  tír«rfl.— Intención,  in- 
tento. Un  hombre  resuelve  marchar 
á  las  Indias  sin  dar  parte  á  nadie  de 
su  pensamiento.  Este  pensamiento  es- 
condido, este  secreto  de  su  voluntad, 
es  una  intención.  Ha  resuelto  ir. 

Acude  después  i  los  arbitrios  de 
que  dispone  para  realizar  su  propósi- 
to; empieza  á  convertir  en  hecho  aque- 
lla idea  oculta;  este  es  el  intento.  Pre- 
tende marchar. 

De  modo  que  la  deliberación  del  tn- 
tenio  se  llama  intención,  y  la  realiza- 
ción de  la  inteneúín  se  llama  intento. 

Más  claro:  llevado  el  intento  á  la 
conciencia,  es  intención. 

Llevada  la  intención  al  orden  de  los 
hechos  sensibles,  es  intento. 

Por  consecueucía,  intento  es  una  in- 
tención práctica,  y  la  intencid»,  un  in- 
tento moral. 

La  inteneii^  se  esconde. 

El  intento  se  manifiesta. 


INTE 

La  intención  resuelve. 

Gl  intento  ejecuta. 

La  intención  es  alma. 

El  intenta  se  inclina  al  acto. 

Persona  mal  intencionada  quiere  de- 
cir que  oculta  malos  pensamientos, 
malas  ideas:  es  espíritu. 

Robo  intentado  es  el  que  se  ha  que- 
rido ejecutar:  es  materia. 

Asi  es  que  Don  Quijote,  resolviendo 
deshacer  agravios,  enderezar  tuertos, 
enmendar  sinrazones,  mejorar  abusos 
y  satisfacer  deudas,  uo  da  parte  á  per- 
sona alguna  de  su  intención,  y  sin  que 
nadie  le  viese,  una  mañana,  antes  del 
día,  cabalga  sobre  Rocinante,  cou  el 
peregrino  atavío  de  sus  pertrechos  y 
de  sus  armas. 

Aquí  se  trata  de  un  intento  oculto, 
misterioso:  esta  es  la  intención, 

Pero  más  adelante  halla  un  camino 
que  se  divide  en  cuatro,  v  «luego  se 
le  vino  á  la  imaginación  (as  encnun- 
jadas  en  donde  Tot  caballeros  andan- 
tes se  ponían  á  pensar  euál  camino  fe 
aquellos  tomarían;  y  por  imitarlos,  se 
estuvo  un  rato  quedo,  y  al  cabo  de  ha- 
berlo muy  bien  pensado  soltó  tas  rien- 
das á  Rocinante,  dejando  á  la  volun- 
tad del  rocín  la  suya,  el  cual  siguió 
su  primer  intento,  <yxe  fué  el  irse  cr- 
mino  de  su  caballeriza. > 

Aquí  se  trata  de  la  realización  de 
una  voluntad,  de  una  intencidn  que 
camina  hacia  un  punto,  de  una  inte*" 
don  práctica:  es  decir,  se  trata  de  nn 
intento, 

Don  Quiote  oculta  su  propósito:  he 
aqáí  la  inúneiát. 

Rocinante  sigue  su  primer  impul- 
so, practica  su  inítneión  primert;  le 
aquí  el  intento. 

La  palabra  intendin,  aegán  su  eti- 
mología, significa  como  tener  dentro, 
intus  tenere,  lo  cual  expresa  perfecta- 
mente el  sigilo  propio  de  los  hechos 
morales,  el  secreto  de  la  conciencia. 

Intento  vale  tanto  como  tener  tendnr 
eiaSt  tender  hacia  una  cosa,  como  si 
dijéramos  aspirar,  cuyo  sentido  pri- 
mitivo aigninca  muy  bien  esa  especio 
de  holgura  ó  de  ensanche  que  los  he- 
chos toman  cuando  se  aplican;' porque 
parece  que  una  cosa  no  se  puede  ve- 
rificar sin  que  cobre  la  nueva  ente*' 
sión  que  necesita  para  tornarse  en  he- 
cho. Guando  una  idea  pasa  á  otra  es- 
fera, cuando  significa  otras  relacio- 
nes, cuando  su  sentido  se  agranda, 
parece  que  tiene  que  agrandarse  ella. 
Pues  bien,  esta  necesidad  de  dilatar- 
se, de  extenderse,  que  tienen  los  hecho* 
que  se  aplican,  es  lo  que  significa  la 
palabra  intento. 

Intencionadamente.  Adverbio  de 
modo.  Con  intención. 

Etimología.  Intencionada  y  el  sufi- 
jo adverbial  mente:  francés,  intentioñ 
nellement;  italiano,  intenüonatamente. 

Intencionado,  da.  Adjetivo.  El 
que  tiene  alguna  intención.  Se  üs* 
sólo  con  los  adverbios  hien,  mal,  «K/'^ 
y  peor.  ^  , 

ETiHOLOofA.  Intención:  catalán, 
teneiouat,  da;  francés,  iníentionn/. 

Intencional.  Adjetivo.  Lo  que  per 
teneee  i  los  actos  interiores  del  alma* 


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INTE 

Btiholooíi.  Inleiwtóñ:  latín  poste- 
ñor,  iittentiSntíü;  catilán,  inieiuiomali 
francés,  inteuíioniul. 

Intendonalmente.  Adverbio  mo- 
dal. De  nn  modo  intencional. 

Btdiolooíá.  JnUncional  j  el  sufijo 
adverbial  menU:  catalán,  iníencitmai- 
m*nt;  francés,  int€»ÍÍ4mnelUmentt 

Intendencia.  Femenino.  La  direo* 
cidni  cuidado  j  gobierno  de  alguna 
con.  ¡  El  distrito  á  que  se  extiende  la 
jurisdicción  del  intendente,  y  El  em- 

Sleo  de  intendenta.  ||  La  casa  ú  oficina 
el  iatendante. 

BnuOLOoU.  Latin  iníendÜre,  entau- 
der:  oataltin,  intewieneU;  francés,  t«- 
iemdmmer,  iuliaoo,  intatdeiua. 

Intendenta*  Femenino.  La  mujer 
del  intendente, 

'  KTiiii».eafA>  IntemlmUi  francés,  tN- 
tmdaníe. 

Intendente.  Masenlíno.  Bn  el  anti- 
gvío  sistema  administratiro,  e!  primer 
jefe  j  director  de  la  Hacienda  pública 
en  una  provincia.  Solía  darse  el  mismo 
tCtulo  a  algunos  jefes  de  fábricas  ú 
otras  empresas  entabladas  por  cuenta 
del  Erario.  ||  db  bjírcito.  El  que  diri- 
ge la  distribución  de  los  fondos  entre 
UM  cuerpos  del  ejército  que  existen,  no 
sólo  en  la  provincia  donde  reside,  sino 
en  las  demás  comprendidas  en  la  mis* 
macapitaníageneral.  ¡|  nnuánciTOSH 
OUPASA.  Kl  que  preside  en  el  ejército 
i  b  distribución  ae  los  fondos  y  aba» 
tecimiento  de  lo  necesario  para  la  ma- 
nutención de  las  tropas.  I  db  palacio. 
Bl  jefe  de  la  contabilidad  y  hacienda 
de  u  real  casa. 

BimoLoafA.  IntendencU:  eatalin, 
inteadent;  francés,  intendant;  italiano, 
imienienU. 

Intender.  Activo  anticuado.  Bh- 

nNDSB. 

Intensamente.  Adverbio  de  modo. 
Con  intensión. 

Btdíolooía.  Intensa  j  el  sufijo  ad- 
Terbial  mente:  catalán,  inteiuttmenL 

Intensidad.  Femenino.  Intensión. 

I  BbÚJULaIdB  INTBNSIDAD.^Í»M.AgU- 

j»  imantada,  sostenida  por  an  centro 
de  levedad,  la  cual  determina  con 
ana  oacilaeiones  la  intensidad  magné- 
tiea.  I  Intensidad  db  sonido.  La  nu- 
jor  ó  menor  fuerza  del  sonido,  deter- 
minado por  la  extensión  de  las  vibra- 
ciones del  cuerpo  sonoro  al  rededor  de 
aaposiciónde  equilibrio.  |  Gramática. 
Aplíeaae  al  major  grado  de  fuerza  con 
que  apoTamos  la  pronunciación  sobre 
una  sílaba  acentuada,  aludiendo  á  que 
sobré  ella,  cae  la  intensidad  de  la  voz 
dacento.  g  Gram-iticageiural.T^Tahién 
se  emplea  para  significar  la  diferen- 
cia que  se  nota  entre  los  sonidos  de 
las  articulaciones  ó  consonantes  fuer- 
tes y  suaves;  y  así  decimos  ^ue  la  in- 
TSNSiDAD  de  la  p,  articulación  fuerte, 
es  distinta  de  la  de  la  b,  articulación 
débil;  y  otro  tanto  pnede  decirse  de 
la  t  respecto  de  la  ó  de  la  i  respec- 
to déla ^. 

BmoLOOÍA.  Intento:  catalin,  inten- 
iUat;  portnffués,  inténtidadg;  francés, 
inintité;  italiano,  útítiui^. 

Intensión.  Femenino.  La  actin- 
dad  j  faena  de  las  ealidadei  de  los 


INTE 

cuerpos  naturales.  |La  Tefaemencia  de 
las  operaeiones  y  afectos  del  ánimo. 

ETiMOLoaÍA.  Intente:  latín,  inteuth, 
en  Séneca*  actividad,  ardor,  empeño, 
eficacia,  ftnrma  sustantiva  abstracta 
de  tNíminf,  intansoi  catalán,  inten- 
tió. 

Intensisimamente.  Adverbio  de 
modo  superlativo  de  intensamente, 

Intensisimo,  ma.  Adjetivo  supsN 
lativo  de 'intenso. 

Intensivamente,  Adverbio  de 
modo.  Con  intensión,  de  un  modo  in- 
tensivo. 

ETiuoLoaÍA.  Jntentita  y  el  sufijo 
adverbial  wunte:  francéa,  intentive^ 
mení;  italiano,  intentivaMeníe, 

Intensivo,  va.  Adjetivo.  Intenso. 
I  Forma  intensiva,  o  db  los  vbbboí 
INTENSIVOS.  Gramática,  Verbos  deri- 
vados que  expresan  la  acción  con  más 
intensidad  ó  con  más  frecuencia;  j  asi 
decimos  que  ^tro^esr,  por  ejemplo,  es 
la  forma  intensiva  de  piiar.  Q  Meta- 
fitica.  Término  contrario  de  colecti- 
vo; j  así  se  dice:  lo  infinit-j  represen- 
ta una  totalidad  absoluta  de  ser,  que 
no  es  colectiva,  sino  intensiva.  (Fb- 
NBLÓN,  Extracto  de  una  caria  nbrt  la 
refutación  de  Espinosa.) 

Etiuolcoía,  Intenso:  catalán,  inten- 
sin,  va;  francés,  intensif;  italiano,  in- 
tensivo. 

Intenso,  sa.  Adjetivo.  Lo  que  tie- 
ne intensi  .'n.  Q  Metáfora.  Lo  que  es 
mu^  vehemente  v  violento.  |  Mátiea» 
Dícese  del  sonido  que  vibra  fuerte- 
mente, g  Enfbbhedad  intbhsa.  Medi' 
ciña.  Enfermedad  eujos  síntomas  se 
manifiestan  violentamente. 

BnuoLoaU. /s<Mm,  antiguó  par- 
ticipio pasivo  de  iníendere,  extender; 
de  ta,  en,  y  tendlh-tt  tender:  catalán, 
intent,  «;  fmncés,  m<mu«;  italiano,  in- 
tenso. 

Intentable.  Adjetivo.  Que  pnede 
intentarse. 

BmioLOofA.  Intentar:  latín  de  las 
glosas,  inCeníSbUit, 

Intentado,  da.  Phrtíeipio  pasivo 
de  intentar. 

BtiuolooÍa.  Intentar:  latín,  inten- 
titus;  catalán,  intentai,  da;  fmnfiés, 
intente;  italiano,  iníentaU>, 

Intentar.  Activo.  Tener  ánimo  de 
hacer  alruna  cosa.  I  Procurar  ó  pre- 
tender. \Forente,  Proponer,  deducir 
el  actor  su  acción  en  juicio, 

ETiuoLoaÍA.  Latín  intentare^  enten- 
der con  frecuencia;  y  figuradamente, 
presentar  demanda  ante  la  justicia, 
amenazar,  atacar  en  términos  de  ora> 
toria,  forma  verbal  de  inteníut,  parti- 
cipio pasivo  de  intendire,  tender  hacia 
un  punto:  catalán,  intentar;  francés, 
intenter;  italiano,  intentare. 

Esto  demuestra  que  el  latín  intenta- 
re representa  la  forma  frecuentativa 
de  intend¿re,  de  donde  el  romanos  cas- 
tellano derivó  entender. 

El  ^ue  intenta,  entiende  y  obra. 

Bl  intento  es  inteligencia  y  acción. 

Intento,  ta.  Adjetivo  anticuado. 
Atento,  ||  Masculino.  Propósito,  in- 
tención, designio.  |  La  cosa  inten- 
tada. 

Etiuolooía.  Intentar:  latín,  ts^- 


INTE 


145 


fw;  italiano,  M<M<0;  eatalán,  intent. 
Intento  é  inteiuion  representan  la  mis* 
ma  palalna  de  origen. 

Intentona.  Femenino  &miliar;  In- 
tento temerario,  y  especialmente  si  se 
ha  frustrado. 

Etiuolcoía,  Intentar:  eatalán,  in~ 
íentona. 

Inter.  Adverbio  de  tiempo  anti- 
cuado. Interin. 

BtiuolooÍa.  cPreposieión  latina, 
mujr  usada  en  castellano,  especial- 
mente en  composición;  y  fuera  de  ella 
se  usa  como  adverbio,  ^  vale  lo  mis- 
mo que  entretanto  y  mientras.»  (Aca- 
dbuia.  Diccionario  de  1726.) 

SiNomuiA.  Inler,  entre,  entre.  De  la 
preposición  latiua  inier,  formada  de 
tn  y  de  la  desinencia  adverbial  ter.  Su 
sentido  propio  es  connotar  que  una 
cosa  está  en  medio  de  otras  que  la  ro« 
deán  á  la  tocan  por  todas  partes,  ó 
que  en  aqnel  mismo  espacio  interior 
se  verifica  alguna  acción:  inter-calar, 
iníer-ét,  inler-Unear  (entre- renglo  na  r), 
inier-mediOt  inter-peiar,  inter-regno,  i«. 
ter-venir. 

Eufonizaciónpopularde  interés  bn- 
TBB,  como  se  ve  en  entre-cejo^  entré-tC' 
jer,  entre-tiempo,  etc. — Bntre  equivale 
á  veces  i  los  adverbios  mal,  ligera  6 
escasamente;  así  entre-ahrir,  es  aorir  á 
medias;  entre-cano,  el  que  no  está  cano 
del  todo;  entre-nntar  significa  untar 
por  encima,  medio  untar. 

Jís/rstoma  la  forma  entro  en  el  ver- 
bo entrihmefery  sus  derivados,  los  cua. 
lea  tienen  poco  uso,  pues  sa  dicé  más 
comunmente  entremeter,  entre-metido, 

(MoNLAp.) 

Interantenario ,  ría.  Adjetivo, 
Zoología.  Que  esta  situado  entre  las 

antenas. 

BTiuoLoaÍA.  Inter,  entre,  j  antena: 
francés,  intérantennaire. 

Interarticular.  Adjetivo.  Anato- 
mía, Que  está  situado  entre  las  arti- 
culaciones, como  los  ligamentos  ó  los 
fibro-cartílagos  inter-articulares. 

EtdimxwU.  Inter,  entre,  y  aríieu" 
lar:  francés,  intérarticulaire, 

Interbran^uial.  Adjetivo.  Histo- 
ria ne^wrai.  Situado  entre  las  bran- 
qniaa. 

BtiuolooÍa.  Inter,  entre,  y  iran- 
jniat:  franoéi,  inieriranekial. 

Intercadencia.  Femenino.  Des- 
igualdad defectuosa  en  la  conducta  ó 
en  el  estilo.  ¡  Falta  de  uniformidad 
en  alguna  cosa.  H  Medicina,  Desigual- 
dad en  la  sucesión  da  las  pulsaciones 
arteriales. 

BtiuolooÍa.  Intercadente:  francés, 
intercadence;  cataláni  intercadencia. 

Intercadente.  Adjetivo.  Medicina, 
Lo  que  tiene  intercadencias;  y  así  se 
dice:  eaífS  WTsaOADBNTB.  ¡j  Fami- 
liar. ^TAB  intebcadbntb.  No  luUarse 
bien. 

BtiuolooÍa.  Latíu  ínter,  entrci  j 
cádens,  oSf^ffKú,  pattioipio  de  presmts 
de  cS^e,  eaen  fraocés  j  cataUüt,  i»- 
Urcadent. 

Intercadentemente.  Adverbio  de 
modo.  Con  intercadencia. 

Etiuolcoía.  InUr  y  el  sufijo  adver- 
bial mente:  catalán,  intercadeníment. 


Touo  m 


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146  INTE 

IntercalaoiAn.  Fememno.  La  ae- 
ei6a  j  efecto  de  intercalar, 
EruiOLoaU./ftf^caíor:  latín,  wln*- 

cUlStio;  italiaao,  intercalatiofu;  frta- 
céSf  ittUrealation;  catalán,  iniercalactc. 

lUteña  histórica, — 1.  Los  g^riegos  j 
los  romanos  dieron  este  nombre  k  la 
operación  iaventada  para  hacer  al  año 
solar,  que  fué  al  principio  su  aflo  ci- 
Til,  idfual  á  la  revolución  del  sol  en  el 
zodíaco. 

2.  El  año  griego  era  de  354dfaa:  j 
siendo  el  solar  de  365,  se  compensó  la 
diferencia  añadiendo  tres  meses  de  4 
treinta  días  al  fia  de  cada  afio. 

3.  Los  días  fueron  llamados  npU- 
menUífiott  y  los  meses,  intercalares. 

4.  BU  afto  romano  era  de  335  días: 
j  la  compenstcitfn  se  hacía  afiadien- 
do  88  j  90  días  altematÍTsmeiito  du- 
rante ooho  años,  T  66  lolamente  des- 
pués de  eada  petfodo  da  24  aflos. 

5.  Pero  como  no  querían  alterar  el 
ndmero  de  meses,  todos  los  días  eran 
intercalados  (y  de  aquí  la  toz  del  ar- 
tículo) entre  el  24  el  26  de  Febrero, 
que  al  prinoipio  filé  el  último  mes  del 
año. 

6.  Los  pontífices  estaban  en  Roma 
encargados  de  hacer  la  intbbcala- 
cióm;  peiO  no  lo  efectuaban  de  un  mo- 
do rwulat,  i  causa,  en  mis  de  una 
ocasión,  de  las  supersticiones  popula- 
res.  A  veces,  T  eon  miras  difisrentes, 
oonsuniían  afargar  6  acortar  el  afio. 

7.  fisto  acabó  por  ocasionar  tal  con- 
fnsión  en  el  cómputo  del  tiempo,  que 
Céut  se  Tió  en  la  precisión  de  acome- 
ter la  reforma  del  calendario. 

Intarcaladameute.  AdvetMo  de 
modo.  Con  intercalación. 

Btxuolooía.  hUertítladé  j  al  sufijo 
adverbial  mente. 

Intercalado,  da.  AdjetÍTo.  Añadi- 
do Ó  interpuesto.  |  Bpíteto  de  los  días 
no  críticos  en  las  enfermedades,  j  de 
los  días  de  apirexía  en  las  fiebres  in- 
termitentes. 

BTDioLoaía.  Intercalar:  catelén,  in- 
tercálate da;  ínneéa,  M«m»l/;italiáno, 
uUercalato. 

Intercalar.  AetÍTO.  Interponer  ó 
poner  ana  cosa  entre  otras.  Dfeese  con 
propiedad  del  día  que  de  cuatro  en 
cuatro  años  se  añade  al  mes  de  Febre- 
ro. Q  Adjetivo.  Lo  que  le  ha  puesto, 
ingerido  ó  añadido  i  otra  cosa. 

BTncoLoafa..  Latín  inleré&tére,  po- 
ner entre  otras  cosas,  de  inier,  entre, 
V  eitlüre,  llamar,  anunciar  en  alta  voz, 
forma  simétrica  de  edlendm^  calendas, 
porque  primeramente  se  dijo  del  día 
que,  de  cuatro  en  cuatro  aflos,  se  aña- 
de al  mes  de  Febrero:  italiano,  wter- 
calare;  francés,  wtereal$r¡  catalán,  in- 
tercalar. 

iNTBROALAnB:  compuesto  de  ínter, 
entre,  V  catare,  en  gnego  ialein,  lla- 
mar, líamar  en  alta  voz.  Intercalar  es 
interponer  ó  poner  una  cosa  entre 
otras;  dfeese  con  especialidad  del  día 
que  de  cuatro  «i  cuatro  años  se  añade 
u  mes  de  Febrero.  Intercalar  (interea* 
Mr,  rntercalarins)  estambi^  un  ad- 
jetivo que  significa  lo  que  se  ha  pues- 
to, ingerido  j  añadido  i  otra  cosa. 

(MONLAU.) 


DÍTE 

Interceder.  Neutro.  Ronr  ó  me- 
diar por  otro  para  alcanxarle  alguna 
gracia  ó  librarle  de  algán  mal. 

EriuoLoafa.  Latín  inierckUret  in- 
tervenir; de  Ínter,  entre,  y  cidire,  lle- 
gar; «ponerse  en  medio:»  italiano, 
intercederé;  francés,  intercéder;  cata- 
lán, intercedir. 

bitercepción.  Femenino.  Inte- 
rrupción del  curso  directo  ds  una 
cosa.  \  Interceptación. 

ETiuoLOOfa.  Latín  intereepfío,  la 
acción  de  coger,  forma  sustantiva 
abstracta  de  interceplus,  interceptado: 
proveiizal,  iniereejicio;  francés,  ínter' 
eepiion;  italiano,  tntereetione. 

Interceptación.  Femenino.  La  ac- 
ción j  efecto  de  interceptar. 

Interoeiitadamente.  Adverbio  da 
modo.  Con  interceptación. 

EriHOLoofa.  Interceptada  j  el  sufijo 
adverbial  mente. 

Interceptado,  da.  Partieipio  ps- 
sivo  de  interceptar* 

ETUiOLoaÍA.  Interceptar:  latín,  m- 
tercepíus,  participio  pasivo  de  iníerci- 
píre,  interceptar:  catalán,  interceptai, 
da;  francés,  intercepté;  italiano,  ínter- 
cettato. 

Interceptar.  Activo.  Apoderarse} 
de  algruna  cosa  antes  qae  llegue  al 
lu«tr  ó  persona  á  que  se  destinaba. 

ETiuoLOdía.  Latín  intercíp^et  sor- 
prender, coger  á  uno  en  el  lance;  de 
tN^,  entre,  j  cap>e,  coger:  catalán, 
interceptar;  nancM,  intereepter;  italia- 
no, intercettare, 

Intereervical.  Adjetivo.  Zoolojia, 
Situado  entre  las  vértebras  del  cuello. 

Intercesión.  Femenino.  La  acción 
j  efecto  de  interceder. 

BTiMOLOofA.  Latín  intereessto,  fo> 
ma  sustantiva  abstracta  de  intírcessni, 
participio  pasivo  de  inter<^i1re,  inter- 
ceder: italiano,  intercessione;  francés, 
intercession;  catalán,  iniereessid. 

Intercesor,  ra.  Masculino  j  feme- 
nino. Bl  que  intercede.  |  Femenino. 
La  intkbcbsora  db  los  pbcadobbs. 
La  Santa  Virgen. 

Btimolooía.  Initrcaidn:  latín,  tn- 
tereetsor,  ínterceitífri$¡  italluo,  üUer- 
«estore;  francés,  intercettewr;  catalán, 
interceuor, 

InteroeiOTlamente.  Adverbio  de 
modo  anticuado.  Con  Ó  por  intercesión. 

ETUfOLoeíA.  Inlerceioria  y  el  sufijo 
adverbial  mente. 

Intercesorio,  ria.  Adjetivo.  Se 
dice  de  lo  que  sirve  para  interceder. 

Intercidencía.  Femenino.  Música. 
Paso  que  en  el  canto  llano  se  ejecuta 
en  la  última  nr>tii,  ordinariamente 
después  de  una  larga  subida. 

Etwolooía.  Intercadencia. 

Intercidón.  Masculino.  Síitologia. 
Dios  que  presidís  la  corta  de  los  bos- 
ques. 

BTniOLOOfA.  Latín  intercUtre;  de 
in,  en,  dentro,  j  esdUre,  cortar. 

Intercidona. Femenino.  J6'ío¿9^ía. 
Divinidad  campestre,  adorada  princi- 
palmente por  los  carpinteros.  Imtbb- 
ciDÓH.  I  Diosa  que  protegía  á  las  mu- 
jeres contra  los  insultos  da  los  silva- 
nos 6  dioses  de  las  selvas. 
1    Etiholooía.  Intercidón* 


INTE 

Iittarcisión.  Femenino  antienado. 
La  acción  de  dejar  alternadamente  nn 

hueco  igual  al  que  se  llena. 

BnuoLoaÍA.  Interdtc:  latíui  inlert^ 
sío,  cortadura,  división. 

Interciso,  aa.  Adjetivo  anticuado, 
que  se  aplicaba  al  día  su  que  por  la 
mañana  era  fiesta  j  por  la  tarde  se 
podía  trabajar* 

EtucolooÍa.  Latín  ínteróisni,  divi- 
dido por  el  medio,  participio  pasivo 
de  inter&d:re^  dividir;  de  tatn*,  entre, 
y  cmdhe,  cortar. 

Interclancular.  Activo.  Anaio- 
mia.  Que  está  entre  las  clavículas,  ó 
que  se  extiende  de  una  á  otra. 

EtiuolooÍa.  Latín  ínter,  entre,  jr 
clavicula:  francés,  ínterclaviculaire, 

Interclusión.  Femenino  anticua- 
do, ffl  acto  de  encañar  una  ooea  wtre 
otras. 

Intercolnaiiiío.  Maseoliao.  Ar- 
mdtectura.  El  espacio  que  hay  entre 
dos  columnas. 

EtimolooÍa.  Iníercahumo:  &anoés, 
iníercolunnaire, 

Interoolnaio.  Htscnlino.  Ima- 

OOLiniNlO. 

EnuOLOofA.  Jnter,  entre,  v  eolnnma: 
latín,  intereSinmníim;  catalán,  interca- 
hmni. 

Intercostal.  Adjetivo.  ÁnatmU. 
Lo  que  está  entre  las  coatillas. 

BTIUQI.OOÍA.  Latín  «Uer,  entre,  j 
esrto,  costilla:  catalán,  mlfrcssAij;  fran- 
cés wfercoitalt  «if. 

Intarcnrrenoia.  Festeniae.  iM*- 
dna.  Desiguiddad  en  él  corso  de  una 
enfermedad. 

BnicoLOOÍA.  Intéreurrente. 

Intercurrente.  Adjetivo.  Medici- 
na. Desigual,  hablando  del  pulso. 

BtiholooÍa.  Latín  inter&^rens, 
entis;  de  inter,  entre,  j  cnrrem,  co- 
rriente: francés,  íníerckrrent, 

Intercntáneo,  nea.  Adjetivo.  Me- 
í^cina.  Lo  que  está  entre  cuero  7  car- 
ne. Aplícase  regularmente  á  los  hu- 
mores. B  Zooiojfia.  Lo  que  está  entre 
carne  j  piel. 

EriHOLoaÍA.  Látín  inter^  entre,  j 
cntáneo:  francés,  intercittané. 

Interdecir.  Aetivo.  Tsbai  ó  no* 
Bina. 

Btxholooía.  Provenzal  entrediré: 
francés,  interdire;  italiano,  iníerdíre, 
del  latín  intert^cüre,  decretar,  interpo- 
ner su  autoridad  el  magistradó,  pro- 
hibir; de  inter,  entre,  j  dicere,  decir. 

Interdentario,  ría.  Adjetivo.  Si- 
tuado entre  los  dientes. 

Interdicción.  Femenino.  Acción  ó 
efecto  de  interdecir.  |  Prohibición, 
^enie.  Suspensión  de  oficio,  carff.> 
ó  ministerio.  U  I^rmee.  Estado  de  la 
persona  que  na  sido  declarada  inca- 
pas  de  los  actos  de  la  vida  civil,  á  la 
,  que  se  le  nombra  un  curador  como  á 
los  menores. 

Etiuolooía.  Interdecir:  latín,  >a/«r- 
dtetía;  italiano,  ínterditione;  franoéi, 
interdiction;  catalán,  interdicdÓ. 

Interdicción  del  ftaego  j  del 
agna.  Historia,  Pena  judieiana  que 
los  romanos  imponían  al  ciudadano 
que  querían  condenar  al  destierro.  Al 
I  principio,  el  Ciudadano  romano  «na 


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INTE 


MTñlkblei  y  el  qlutiarfo  IiabiM*  rido 

ana  Terdaden  TÍot«neia,  pues  li  no 
'  Quertt  sameterse  i  é\,  habría  sido  pre- 
cito  apelar  á  la  fuerza;  pero  negtodo- 
le  en  sa  patria  el  fue^  y  el  tigOM,  h 
'  U  oUigai»  &  expatriarse. 

Interdicto.  Haseulino.  Fortme. 
Juieio  posesorio,  sunario  ó  samartsi- 
mo.  I  Bntredielio. 

ETOfOLOofa,.  ItUtrdieeühtt  latín,  in~ 
teriictuMj  decreto,  prohitrfcitfn;  eata- 
Mb,  interdicte;  pnrenzal,  entredick; 
ftaneés,  imUrdií;  italiano,  inlerdetio, 

¡teteus  AwMím.— Gennira  eelesiis- 
tiea  pronunciada  en  otro  tiempo  per 
al  Papa  é  yot  los  obispos,  que  prÍTaba 
i  les  habitantes  de  una  ciudad,  de 
una  proTÍneia  6  de  an  reiao,  de  los 
■aeramentos,  del  serricio  divino  j  de 
la  sepultan  en  lugar  sagrado.  Sin 
embalo,  se  administraba  el  bautismo 
á  los  nifios  y  la  confesiÓD  y  el  viáti- 
00,  á  los  moribundos.  Hoj  no  está  en 
uso;  sino  tratándose  de  una  iglesia 
que  tmenaee  ruina  ó  esté  profanada 
por  nn  eriraen;  pero  e«  todavía  nna. 
suspensión  de  funcíoneB  pronunciada 
eontralofl  ministros  del  culto. 

latercUlfttado,  da.  Adjetlrn.  iTíú- 
tfris  Mlura/i  Bpitsto  ds  Us  eisamu, 
&oÍa8  y  «tras  paites  intsrmediariu, 
ntatdiM  entee  otru  dos,  siendo  éstas 
máspequefiasi 

Interduca»  Femenino.  ^diUiE^SA^a- 
ia.  Nombre  con  qne  los  antiguos  ro- 
manos inToeabau  &  Juno,  euando  se 
coadueía  la  recién  casada  á  casa  de 
sQ  marido. 

&TiMOi,ooÍA.  Latín  interdtica,  de 
ter,  entre,  7  dmeíre,  conducir:  oata- 
lin,  iníerdmei. 

Interés.  Masculino.  ProTecho,nti- 
Itdad,  ganancia,  g  Bl  valor  t^ne  en  sí 
tiene  argtma  cosa*  |  Inclinacién  más 

nenes  vAemente  del  ánimo  hacia 
tm  objeto,  peisene  6  narracién  que  le 
atrae  ó  oonmueTe.  |  El  lucro  del  oa* 
^tal.  I  Plural.  Bienes  de  fiwtona.  | 
IimusBfl  Á  «umaciÓN.  Cuenta  que 
se  redoeaá  dividirlos  pagos  que  se 
baeen,  4  ensota  de  algún  eapital  que 
produce  iNTnufSss^  en  dos  partes  pro* 
-poreioaeies  á  la  cantidad  del  débito  y 
i  la  enmsi  de  los  intereses  devenga- 
dos, aplicándose  á  este  respecto  en 
parte  de «xtin^to  de  uno70tro;edmo, 
por  ejemplo,  si  el  débito  fuese  veinte, 
y  los  WTaBBSBS  adeudados  diez,  y  el 
pago  es  de  seis,  se  aplioaa  cuatro  al 
eapital  y  dos  á  los  i.ntbrbsbb.  |  A 
PionsATA.  Caeata  que  cooiiste  en  su- 
poner el  débito  que  han  de  producir 
los  lirmiesBS  en  cierto  dia;  y  al  tiem- 
po de  pagarse  alguna  porción  á  euen- 
u,  se  cubre  primeramente  oon  ella  ^ 
inrporte  ínt^ro  de  dichos  réditos, 
aplicándose  elreste en  cuenta  del  dÓ- 
iMto  principal,  el  cual  se  queda  esta- 
bleciao  en  el  míssao  día  qne  se  causó, 
7  desde  él  produee  les  ihtebmbs  que 
corresponden  4  la  cantidad  áqne  que- 
da r«daeído. 

Btmolooíá.  Latin  int^ue,  impor^ 
tar;  de  inter,  entre,  j  ette,  ser,  estar, 
eüstír:  eatelán,  imterdi;  provenzal  é 
italiano,  inter«$9«t  fraaoes  dri  s{*- 
gto  MT,  imtmit;  «odstno,  intMt. 


Senfidéeíimldgico.—Ei  interdi  es  la 
relación  que  existe  entre  las  cosas. 

Interesable.  Adjetivo  anticuado. 
Interesado,  codicioso. 

Interesadamente.  Adverbio  de 
modo.  Con  interés. 

BiiuoLoafA.  Interesada  y  el  sufijo 
adverbial  mentet  catalán,  intereuada^ 
ment. 

IntereSadisiiBO,  ma.  Adjetivo  su- 
perlntivo  de  interesado. 

BtDKKAafa.  Htmvsad»:  catalán,  m- 
terestadímm.  a. 

Interesado,  da.  Adjetive.  Bl  que 
tiene  interés  en  alguna  eoaa.  Ss  usa 
también  como  sustantivo.  |  Bl  que  se 
deja  llevar  demasiadamente  del  inte- 
rés, ó  sólo  se  muere  por  él.  ||  ^rtioi- 
pio  pasivo  de  interesar. 

EnitOLOaÍA^.  Interesar:  catalán,  tu- 
tereisat.  da;  francés,  intérest4;  italiano, 
interesiato. 

Interesal.  Adjetivo  anticuado.  In- 
teresable. 

Interesalidad.  Femenino.  Capaci- 
dad de  admitir  6  excitar  interés.  (Oa- 

BALUIRO.) 

Interesante.  Adjetivo.  Lo  que  in- 
teresa. 

Bniic».oaíA.  Interesur:  italiano,  in- 
teretsante;fnneéM,i»tématnti  catalán, 
Mlnwto*/. 

Interesar.  Neutro.  Tener  interés  en 
una  cosa  ó  sacar  utilidad  ó  provecho 
de  ella.  Se  usa  también  como  recípro- 
co, Q  Activo.  Dar  parte  á  al^^uno  de 
alguna  negociación  ó  comeroio  en  que 
pueda  tener  utilidad  ó  interés.  ^  Ha- 
cer tomar  parte  ó  empeño  á  alguno  en 
los  negocios  6  intereses  ajenos  como 
si  fuesen  propios.  Q  Mover  una  narra- 
ción ó  nn  poema  leído  ó  representado 
á  los  oventes  ó  lectores.  |  Inspirar  in- 
terés o  afecto  á  alguna  persona. 

BTiuOLOaÍA.  Interes:  catalán,  inte- 
ressoTt  intereuarse;  francés,  intéresser; 
italiano,  interetsare. 

Interesarse.  Recíproco.  Tomar  in- 
terés por  alguna  persona  6  cosa.  H  Te- 
ner empeño  en  algo.  |  Tomar  parte  en 
alguna  negociación,  ||  Afectarse  ó  re- 
sentirse, como  cuando  decimos:  inte- 
resarse el  corazón,  imterxsarsb  al- 
guna entraña. 

Interese.  Masculino  anticuado.  Ih- 
terAs. 

Interesencia.  Femenino  anticua- 
do. Asistencia  personal  á  alg^  acto 
Ó  función. 

Btwolooía,.  Latín  Ínter,  entre,  y 
euentia,  esencia:  catalán,  interessen^ 
cia. 

Interesente.  Adjetivo  anticuado. 
£1  que  asiste  6  concurre  á  los  actos  de 
comunidad  para  poder  percibir  algu- 
na distribución  que  pide  asisteaNS 
personal. 

BmioLoafa.  Inttnieneia:  eatalán, 
interessent. 

Interesillo.  Masculino  diminutivo 
de  interés.  Usase  siempre  en  sentido! 
desprenativo. 

Interespinoso,  sa.  Adjetivo.  Ana- 
(emiat  i}ü9  se  halla  situado  entre  las 
apófisis  espinosas  de  las  vértebras,  an 
cujo  sentido  se  dice:  les  míscnios  ih- 

TSaBSPlNOSOS. 


BnuOLOsfA.  Jnter,  entre,  y  $spiw>- 
101  francés,  intérespineux. 

Interferencia.  Femenino.  FUica. 
Fenómeno  que  la  luz  presenta  en  su 
inflexión  en  las  extremidades  de  cier- 
tos cuerpos.  \  Conjunto  de  los  fenóme- 
nos qne  ss  refieren  i  la  anterior  pro- 
piedad que  tiene  la  luz. 

EvnioLoaÍA.  Latín  ínter,  entre,  y 
ferré,  llevar:  francée,  interférenee, 

Reseña,^»GvM.náú  un  punto  lumine- 
so  envía  sus  rajos  ¿  dos  espejos  lla- 
nos metálicos,  los  cuales  forman  entre 
sí  nn  ángulo  de  1^  grados  próxima- 
mente, squellos  rayos.  reflejádoS  so- 
bre un  almnico  de  chimenea,  no  pro- 
ducen una  luz  constante  y  uni^tne, 
sino  una  sucesión  de  ráfagas  alterna- 
tivamente brillantes  y  osearas.  Esas 
ráfagas  ó  bandas  alternativas  de  luz 
se  denominan  iktsbpbrbncias. 

Interferente.  Adjetivo.  Física. 
Concerniente  á  la  interferencia,  l  Lo 
que  presenta  los  fenómenos  propios  de 
aquella  propiedad  de  la  luz.  |  Ratos 
interpbrsntbs.  Los  que  |ifodneen 
bandas  ó  ráfagas  alternativamente 
brillantes  y  oscuras. 

BtiholoqU.  Iníerfereneiat  ftaneés, 
ittíerferení. 

Interflbrilarío,  ría.  Adjetivo. 
Ánalmía.  Colocado  entre  los  fllnilss 
da  los  músculos,  en  cujo  sentido  di- 
cen los  anatómisos:  lípiido  istsaFi- 

BRILARIO. 

Interfoliiceo,  cea.  Adjetivo.  Bo~ 
tánica.  Epíteto  de  las  flores,  espinas, 
frutos,  etc.,  que  nacen  alternativa- 
mente entre  la  unión  de  las  hojas 
opuestas. 

ExiMOLoafA.  Latín  itUer,  entre,  7 
fSliaceusí  de^íKam,  hoja:  francés,  tV 
íerfoliacif. 

Interfoliar.  Activo.  Bncuademar 
un  libro,  metiendo  hojas  blancas  en- 
tre las  manuscritas. 

EriMOLOofA.  Interfoiiáceo, 

Interfirontal.  Adjetivo.  Ánntunía. 
Situado  en(»  las  dos  piezas  huesosas 
del  fnutal.  I  Bntm^l^la,  Pieza  de  la 
cabeza  de  los  insectos. 

EriMOLOOfA.  Inter,  entre,  y  frontal: 
francés,  interfronlal. 

Interiáa  de  Ayala  (Juan).  Merce- 
nario calzado  español,  doctor  en  teo- 
logía 7  catedrático  de  la  universidad 
de  Salamanca.  Fué  uno  de  los  qne 
primero  entraron  en  la  Academia  És- 
pañola  7  trabajaron  en  el  Diccionario 
de  la  lenyma.  Nació  en  Tenerife,  una 
de  las  Canarias,  en  1666,  y  murió  en 
Madrid  en  1730. 

Interin.  Masculino.  Intuomioíd. 
I  Adverbio  de  tiempo.  Bnteetanto  ó 
mientras. 

EriuoLOofA.  Latín  istAúi,  entre- 
tanto; de  inter^  entrCj  é  «m,  arcaísmo 
de  Mw,  sobrentendiéndose  ^^him'; 
inter-enifi  ttmpim,  centre  aquel  tiem- 
po:» catalán,  interim,  ínterin;  francés, 
tntérim. 

Reseña  histórica. — 1.  Formulario  de 
Cerlos  V  sobre  varios  puutoa  de  reli- 
gión, el  cual  no  debía  ser  válido  aiiio 
hasta  que  un  Concilio  viniese  á  deci- 
dir soMe  aquellas  materias,  por  cujra 
nsón  llevaba  el  nombre  de  tNTvaiii. 


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Í48  ÍNTÉ 

2.  8t  ÍNTBftiH  d«  Carloi  T  permitía 
el  MSAmiento  de  los  déri^s  j  U  eo- 
maaitfn  bajo  Ua  doa  eapeeiei. 

3.  Carlos  V  pablied  en  U  Dieta  da 
-Augsburgt},  el  15  de  Hajo  de  154B, 
&a  9nm  íníerim,  (jue  es  no  formulario 
de  fe  T  de  disciplina.  (Voltaiki,  Ámt' 
Í€t;  Emperador  Cario»  V.)  Lo  «pues- 
to, está  de  acuerdo  eon  los  si^uieates 
datos:  Decreto  de  Julio  Fluvio,  obis- 
po de  Naamburgo,  Sfi^uel  Heldinsf, 

■  obispo  titular  de  Sidóu,  Juan  Agrí- 
cola, predicador  del  elector  de  Bran- 
deburgo,  y  confirmado  por  Carlos  V, 
en  law,  que  conteafa  piescripeiones 
en  materia  de  religión  que  debían  ser 
.Taloderas  hasta  la  definitiva  decisión 
del  Concilio  de  Trento.  Aanqae  con- 
forme en  los  demás  puntos  a  la  doc- 
trina oatóliea,  permitía  el  matrimonio 
de  loa  cléríg:o8  j  la  eomunidn  bajo  las 
doa  especies.  No  satisfizo  ai  i  los  lu- 
teranrá  ní  i  los  católicos,  y  sólo  por 
•  la  fuena  pudo  ser  pueste  en  vigor. 

Intflrínación.  Femenino  forense 
anticuado.  Intbbina.mibnto. 

Interinamente.  Adverbio  de  tiem- 
po. Con  interiaidad  ó  en  el  ínterin. 

EnicoLoaÍA.  Interina  y  el  sufijo  ad- 
verbial mente:  catalán,  iníerinameHt. 

Interinamiento.  Masculino  foren- 
se  anticuado.  La  acción  y  efecto  de 
interinar. 

Interinar.  Activo  forense  anticua- 
do. Aprobar,  ratificar  6  confirmar  una 
cosa  jurídicamente. 

BnuoLcoÍA.  Interin, 

Interinario,  ría.  Adjetivo  aaticna- 
do.  Ihtbrino. 

Interíngerto»  ta.  Adjetivo.  Inger- 
ta entre  dos  partes. 

Interinidad.  Femenino.  Calidad 
de  interino.  |  Gobierno  establecido 
interinamente. 

Etwoloqía.  Interino:  cataláui  tM- 
teriniiaí;  francés,  iníérimaí. 

Reseña  histérica, — La  historia  uo 
guarda  uoticia  de  una  imtbkinidad 
que  ha  ja  sido  buena.  Esto  consiste  en 
que  tiene  la  contra  de  dos  males  gra- 
vísimos: la  inatabilidad,  que  es  la  du- 
da  de  lo  presente,  v  la  iocertidumbre, 
que  es  la  duda  de  lo  futuro. 

Interino,  na.  Adjetivo.  Lo  que  sir- 
ve por  algún  tiempo,  supliendo  la 
falta  de  otra  cosa.  B  Aplícase  más  co- 
munmente al  qoe  ejerce  un  cargo  ó 
empleo  por  ausencia  6  falta  de  otro. 

Etimolooía.  Interin:  catalán,  i*le~ 
riño,  a;  francés,  intérimaire. 

Interior.  Adjetivo.  Lo  que  está  de 
la  parte  de  adentro,  y  Lo  que  está  muj 
adentro,  y  lül  ánimo,  |  Metáfora.  Lo 
que  sólo  se  siente  en  el  alma,  y  Mas- 
culino. En  los  coches  de  tres  divisio- 
nes ó  cajas,  la  de  enmedio.  y  Masculi- 
no plural.  Entrañas. 

Etimoldoía.  Uatalán  interior:  fran- 
cés, intMeur;  italiano,  interiore,  del 
latín  interíoft  comparativo  del  anti- 
guo intírus,  del  mismo  radical  qiie  el 
prefijo  i»,  en;  (Littrí.) 

SuKuniOA.  Articulo  primero. — Ih- 

TSaiOR,  IMtBBNO,  INTBÍNUCO*  InUrtOT 

se  dice  particularmente  de  las  cosas 
espirituales;  interno  tiene  más  rela- 
ción oon  las  partes  del  cuerpo;  mM»- 


iée0  <e  aplica  al  valor  6iU  calidad 
que  resulta  de  la  esencia  de  las  cosas 
mismas,  independientemente  de  la  es- 
timaoidn  que  de  ellas  hagan  los  hom- 
bres. 

La  devoción  debe  ser  interior;  las 
enfermedades  internas  son  las  más  pe- 
ligrosas. Las  frecuentes  variaciones 
en  la  moneda  han  enseñado  á  poner 
más  atención  en  su  valor  infruueeo, 
(Marcu.) 

Árticnto  tegnndo. — Intbbior,  intbb* 
NO,  fHTiuo,  iNTRÍNSBCO.  IntcrtOT  é  in- 
terno expresan  solamente  colocación; 
intimo  é  intrinteco  expresan,  además 
de  colocación,  unión  y  naturaleza. 
Interior  es  lo  que  está  debajo  de  la 
superficie  de  los  cuerpos,  6  dentro  de 
los  límites  de  la  extensión.  Lo  inumo 
dista  más  de  la  superficie  j  de  los  lí- 
mites que  lo  interior.  Lo  Intimo,  no 
sólo  pertenece  i  la  parte  central  de 
las  cosas,  sino  á  su  modo  de  ser.  Ijo 
intrínseco  está  identificado  6  forma 
parte  de  la  esencia.  Lo  interior  de  un 
reino  es  todo  lo  que  no  es  frontera  ni 
costa.  Son  internas  las  enfermedades 
de  las  visceras.  Una  convicción  pro- 
funda está  en  lo  íntimo  del  alma.  Un 
vicio  intrínseco  ao  se  desarraiga  fácil- 
mente. Se  dice  ropa  interior,  conmo- 
ciones internas,  relaciones  intimas  y 
cualidades  intrínsecas.  (Mora.) 

Interioridad.  Femenino.  Condi- 
ción ú  cualidad  de  lo  interior.  |  Plu- 
ral. El  ánimo  ó  la  mente,  ó  lo  que  pasa 
en  ellos.  ||  Secretos  ó  sucesos  privados 
de  las  familias,  en  cuyo  sentido  se  di- 
ee:  chajr  que  respetar  las  intbbiori- 
DAD8S  de  cada  uno.»  U  Metáfora.  Se 
aplica  también  en  sentido  moral,  como 
cuando  decimos:  las  intbbiohidadbs 
del  corazón;  las  intbbiobidadbs  de  la 
conciencia;  las  iht8biobida.obs  de  un 
deseo. 

ExiuoLoafA.  Interior:  catalán,  <n- 
terioritat;  portup^ués ,  interioridade ; 
fraueés,  iníériorttá;  italiano,  interio- 

ritá, 

Interiorisimo,  ma.  Adjetivo  su- 
perlativo de  interior. 

Interiormente.  Adverbio  de  lu- 
gar. En  lo  interior. 

EtiuolooU.  Interior  j  el  sufijo  ad- 
verbial mente:  catalán,  tnteriorment ; 
franeés,  intériewremení;  italiano,  inte- 
rionuníe, 

Inteijección.  Femenino.  Gframdti- 
ca,  Una  de  las  partes  de  la  oración 
que  sirve  para  expresar  los  afectos  / 
movimientos  del  animo. 

ETiuoLOofA.  Provenzal  iníerjeetio: 
catalán,  iníerjeecúS;  francés,  iníerjee- 
tion;  italiano,  interjesione;  del  latín  ih- 
terjecdo,  interposición,  forma  sustan- 
tiva abstracta  de  interjecius,  colocada 
entre,  arrojado  en  medio,  participio 
pasivo  de  ínterjieere,  ingerir;  de  Ínter, 
eattt,  jacíret  arrojar,  porque  la  «a- 
tefjeccuíñ  es  una  parte  de  la  oración 
que  se  arroja  en  medio  de  la  frase. 

Inteij  acciona!.  Adjetivo.  Propio 
de  la  interjección. 

Intei^eccionalmente.  Adverbio 
de  modo.  Por  interjección. 

ETiiioLoofA.  Interjeeeioñal  j  ú  su- 
fijo adverbial  atente. 


tNTí! 

taterjectivamente.  AdvaUs  é» 

modo.  Por  interjección. 

BnuOLoaía.  I»letjeelÍ9*  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  francés,  merjeUiee- 
ment;  latín,  interjecttvi, 

intenectiTO,  ra.  Adjetivo,  Gr$. 
mitiea.  Que  envuelve  interjecoióa.  | 
Relativo  á  la  interjección. 

BTUfOLOOÍA.  Iníerjeedén:  latín,  w- 
terjeeavms. 

Interlinea.  Femenino,  imprente. 
El  espacio  que  media  entre  dos  lias» 
escritas  ó  impresas,  y  Lámina  de  me- 
tal que  sirve  para  separar  eonveniea- 
temente  las  líneas. 

EtiuolooÍa.  Latín  ietíer,  entre,  j 
linea:  francés,  iníerligne;  italiano,  in- 
terlinea; catalán,  interlinea, 

Interlineación.  Femenino.  La  ac- 
ción V  efecto  de  interlinear. 

EriuoLoaía.  IníerUnenr:  eataltn, 
interiineaeia';  francés,  ietíerlUtéation. 

Interlinaadamento.  Adverbio  de 
modo.  Entre  renglones,  y  Con  ínter- 
lineaciones. 

EnuoLOGÍA.  Interlineada  y  el  sufijo 
adverbial  mente. 

Interlineado,  da.  Participio  pasi- 
vo de  interlinear,  y  Imprenta^  Adjeti- 
vo. Lo  que  eatiá  separado  por  ioterU- 
neas,  en  cuyo  sentido  se  dice:  molde  n- 
TBRi.iNiíADo,  impresión  intsbi.inbad&. 

ETmoLOOÍA.  Interlinear:  catalía, 
interuneat,  da;  francés,  interligné;  ita» 
liano,  interlineato. 

Interlineal.  Adjetivo.  Lo  que  sa 
escribe  en  el  blanco  que  haj  eatra 
dos  líneas  ó  renglones,  en  eujo  sen- 
tido se  dice:  yMfs  uiterlinial.  Se 
aplica  i  la  versión  de  la  Biblia  entre- 
rrenglonada 6  impresa  de  modo  que 
vaja  alternando  un  rene^lón  de  U 
traducción  con  otro  de  la  lengua  ori- 
ginal; y  así  se  dice:  la  iktbruneal 
de  Arias  Montano,  y  Biblias  int^ru- 
NBAUts.  Biblias  en  que  el  latín  está 
impreso  entre  las  líneas  del  hebreo  j 
del  griego,  en  cujro  sentido  se  dice 
<iue la  políglota  de  Londres  tiene  una 
interpretación  intbrlinb&l,  la  ctul 
no  se  halla  en  la  políglota  de  París. 
(BicHABD  SiifÓM.  Crittc^  del  AnUgw 
Testamento,  página  583,  en  RickeUt,} 
y  Vbbsión  iNTBBLiHBAj..  Pfooedimies- 
to  discurrido  por  Maasais,  como  mé- 
todo para  enseñar  una  lengua.  (Coh- 
DiLLAG,  0raaUíie»,) 

BrufOLoafa.  InterUmea:  catalán,  in- 
terlineal; francés,  ñUerlútdaire;  italia- 
no, interlineare^ 

Interlinear.  Activo.  B>T<tBaRBN- 

OLONAB. 

Etimolooía.  Interlínea:  catalán,  is- 
terlinear;  francés,  inierligner;  italia- 
no, interlineare. 

Interlobular.  Adietívo.  Ánaiemla. 
Situado  entre  los  lóbulos  de  un  ór- 
gano. 

Etikolooía.  Latin  inter,  entre,  7 
lobular:  catalán,  interlobular;  francés, 
inter  lobulaire. 

Interlocución.  Femenino..  Plática 
ó  conferencia  altwnada  entre  dos  ó 
más  personas. 

EnuoLOQU.  tatfn  Mlsr¿¿CeiAe.  ie- 
terrupción  de  ana  plática  por  interpo- 
sición de  otra,  forma  sustantiva  abt- 


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INTE 


INTE  149 


'  .fiméta  de  inítrlSf^tus,  ptiticipio  pasi- 
.  To  de  inierlíqui,  interponerse  en  la 
•  nnTersaeión;  da  wta^,  entre»  j  toqui, 
hablar;  cattlán^  interiocuei^;  francés, 
iuterloeuiio»;  italiano,  ütterlocwñane. 
biterlocntor,  ra.  Masculino  j  fe- 
.  menino.  Bl  que  habla  á  alguno  o  lle- 
ra la  Toz  en  nombre  de  otro.  |  Cada 

-  uno  de  los  personajes  que  se  introdu- 
cán en  un  diálogo.  £n  las  comedias  se 

-  llaman  por  lo  común  personas. 

EtiuouxjÍa.  Iñtertocución:  catalán, 
■  iiUeriocuíor,  a;  francés,  iníerlocuíeur; 

-  italiano,  interlocutore. 

Interlocutorúmente.  Adverbio 
.  modal  forense.  D.e  un  modo  interlo- 
eutorio. 

Btimología.  Jníerlocuíoria  j  el  su- 
fijo adverbial  meníe:  catalán,  inUrlo- 
cutoriamení* 

InterloGutorio,  ría.  Adjetivo  fo- 
rense qoa  se  aplica  al  auto  ó  senten- 

-  cia  qae  aa  da  antes  de  la  definitiva. 

BnuoLoofa.  Interlocttctám  eatal&n, 
iu^locuíorif  a;  francés,  imierlocuicire; 
italiano,  interloeutorio. 

Intérlope.  Adjetivo.  El  comercio 
fraudulento  de  una  nación  en  las  co- 
lonias de  otra,  ó  usurpación  de  privi- 
legios concedidos  á  una  compañía 
^ra  las  colonias.  También  se  aplica 
»  los  but^ues  dedicados  á  este  tráfico 
sin  autorización. 

ETmoLooÍA.  Alemán  literario,  ««- 
ierUnfen;  de  unUr,  entre,  y  h*fe*t 

-  correr;  «correr  entre  otros,  deslizarse 
fraad  alen  lamente:»  bajo  alemán,  en- ' 
terlQpe%;  inglés,  U>  interiop«,  hacer  el 
oficio  de  intérldpe;  francés,  intérlope» 

Interlunio.  Masculino.  Attrono- 
«lis.  "ÉX  tiempo  de  la  conjunción  en 
que  no  ae Tela  luiuu 

EnuoLoafa.  Latin  MferAñilfim,  el 
tiempo  en  que  no  se  ve  la  luna,  cuan- 
do «sti  en  eonjunción  con  el  sol;  de 
Mfer,  entre,  j  iñna:  catalán,  (n¿«r¿Mttt; 
francés,  interlune;  italiano,  interlunio» 

Intermarginal.  Adjetivo.  Situado 
en  la  parte  interior  del  borde. 

Intermaxilar.  Adjetivo.  Anato- 
mía. Situado  entre  los  dedos  maxila- 
res. \  HUSSO  INTBRU&XILAB  Ó  INCISIVO. 

Zoolí^la.  Hueso  ]^ar  que  ocupa  la  ex- 
tremidad del  hocico,  en  la  majror  par- 
te de  los  mamíferos. 

ETUioLOafa.  Inter^  entre,  j  main- 
lar:  francés,  iníermamüüire. 

Intermediado,  da.  Adjetivo  anti- 
.enado.  IuTBCUBDia 

Intennadiar.  Neutoo.  Existir  6  es- 
tar ana  cosa  en  medio  de  otras. 

Etiholooía.  luUrmedto:  ctt&Un, 
üUtrwudiar, 

Intormed ¡ariamente.  Adverbio 
de  modo.  Intermediando, 

EnMOLDOÍa.  Intermediaria  j  el  su- 
fijo adverbial  mente. 

Intermediario,  ría.  Adjetiva.  Que 
intermedia. 

ETUtOLOoía.  Intermedio:  francés,  tV 
terwudiaire;  italiano,  intermediario. 

Intermedio,  día.  Adjetivo.  Lo  que 
está  entremedias  ó  en  medio  de  los 
extremos  de  lugar  6  tiempo.  ||  Mascu< 
lino.  Bl  espacio  que  hav  de  un  tiempo 
.á  otro  6  de  una  acción  á  otra.  U  Kl 
.paile,  múaica,  saínate,  etc.,  que  se 


ejecuta  entre  los  actos  de  una  comedia 
ó  de  otra  pieza  de  teatro,  |  Cada  uno 
de  los  espacios  en  que  la  escena  que- 
da vacía,  j  cae  el  telón  de  boca. 

Etuiolooía.  Latín  intermüíílut,  de 
Ínter,  entre,  v  m^dint,  medio:  proven- 
sal,  m<r«n«cA;  ca  talán,  úií«fm«at;  fran- 
cés, intermide;  italiano,  intemem,  in- 
termedio. 

Interminable.  Adjetivo.  Lo  que 

no  tiene  término  ó  fin. 

BtuioloqU.  Latín  iníermínabílis, 
del  prefijo  negativo  in  y  termindbilis, 
forma  adjetiva  ficticia  de  terminare, 
terminar:  catalán,  interminable;  fran- 
cés, infármwabie;  italiano,  iníermina- 
bile. 

Interminablemente.  Adverbio  de 

modo.  Sin  término. 

EriMOLoaía.  Intemoablt  j  el  sufi- 
jo adverbial  mente, 

Interminado,  da.  Adjetivo.  Que 
está  sin  acabar. 

BTUcoLoaÍA.  Latín  tafímlíiiS/w,  par- 
ticipio pasivo  de  intermínSri,  de  in, 
DO,  y  íermtnari,  terminar:  catalán,  in- 
terminat,  da;  francés,  iniemUná;  italia- 
no, interminato. 

Intermisión.  Femenino.  Interrup- 
ción ó  cesación  de  alguna  labor  ó  de 
otra  cualquiera  cosa  por  algún  tiem- 

fto.  y  Medicina.  Intervalo  que  separa 
os  accesos  de  una  afección  intermi- 
tente, como  cuando  se  dice:  hay  neu- 
ralgias cuyas  iNTBRUisioNBS  duran 
veinticuatro  horas.  Q  Jíetá/ora,  Tam- 
bién se  emplea  figuradamente,  como 
en  el  ejemplo  que  sigue:  «La  tristeza 
es  el  descanso  del  dolor,  especie  de 
iNTKBicisiÓN  de  la  fiebre  del  alma,  que 
nos  lleva  á  la  curación  ó  &  la  muerte.» 
(Chatkaubbund.) 

BniioLoofa,  Provenzal  itUermúiio: 
catalán,  iníermiatid;  francés,  intermis- 
sion;  italiano,  intermissione,  del  latín 
iníermissío,  cesación,  descanso,  forma 
sustantiva  abstracta  de  intermittutt 
participio  pasivo  de  inttrmUt^,  inter- 
mitir. 

SiNOMiuiA.  Articulo  primero, — In- 
TBBMisiÓM,  iNTHBBUPCiÓN.  La  intermi- 
tión  nace  de  la  cosa  misma  de  que  se 
habla;  la  interrupción,  de  la  cosa  mis- 
ma ó  de  una  causa  extraña.  Hay  tn- 
Urmisié»  en  el  pulso,  en  las  erupcio- 
nes Tolcáuícaa,  en  los  vientos.  Hay 
interrupeúíH  cuando  un  fuerte  ruido 
obliga  al  orador  á  callar;  cuando  la 
guerra  suspende  el  curso  de  los  nego- 
cios. (MoBa.) 

Artículo  tegwndo, — Intbruisión,  ih- 
TBRROfCiÓN.  La  intermisión  es  una  tre- 
gua, un  descanso. 

La  interrupción  es  un  trastorno, 
casi  una  alarma. 

La  intermisión  puede  ser  un  medio 
de  armonía,  de  paz,  de  mejora. 

La  interrupción  es  siempre  un  obs- 
táculo, un  peligro,  una  especie  de 
rompimiento,  una  verdadera  turba- 
ción. 

Lo  que  es  capaz  de  intermisiones, 
pierde  intensidad. 

Lo  que  padece  intsrrupdwMtt  pier- 
de concierto,  unidad,  fuerza. 

Todo  hecho  que  no  es  infinito, 
puede  tener  sus  naturales  wf^i'ttOMf* 


Kl  que  intente  dar  cabo  á  una  em- 
presa, procure  con  mucho  cuidado  po- 
nerla á  cubierto  de  la  más  pequefla 
interrupción.  Más  vale  continuar  per^ 
I  diendo,  que  interrumpir  ganando. 
Hay  intermisiones  en  las  calenturas, 
en  la  política,  hasta  en  la  historia.  Lo 
que  se  llama  edades  medias  en  los 
anales  de  la  humanidad,  no  son  otra 
cosa  que  verdaderas  intermisionet  del 
espíritu  humano. 

Hay  interrupciones  en  nuestros  pla- 
nes y  negocios. 

Intermitencia.  Femenino,  Medi^ 
ciña.  Discontinuación  de  la  calentura 
ó  de  otro  cualquier  síntoma  que  cesa 
y  vuelve.  {(  dbl  pulso.  Fenómeno  que 
se  verifica  siemipre  que  faltan  uno  ó 
muchos  latidos,  tratándose  de  un  nú- 
mero determinado  de  pulsaciones.  Por 
consiguiente,  equivale  á  la  interrup- 
ción anormal  del  pulso.  |j  Física.  Es- 
tado natural  de  la  electricidad  pro- 
ducida por  los.aparatoa  electro-mag- 
néticos, en  que  la  corriente  se  com- 
pone de.  una  serie  .de  movimientos 
impulsivos,  los  cuales  tienen  la  pro- 
piedad de  contraer  los  músculos.  | 
Cualidad  y  carácter  de  lo  intermiten- 
te, en  cuyo  sentido  ae  dice:  la  ihtbr- 
MiTBNCiA  de  un  manantial. 

EtwolooÍa.  Intermitente:  cataláu, 
intermitencia,  francés,  intermiííenee; 
italiano,  intermittenza. 

Intermitente.  Adjetivo.  Lo  que  se 
interrumpe,  ó  cesa  y  vuelve  á  prose- 
guir. I  FxBBBB  iNTaRMiTBNTB.  Medid- 
na.  Fiebre  que  cesa  y  vuelve  con  in- 
tervalos determinados,  y  Tipo  iNTaa- 
WTBHTB.  Orden  que  siguen  los  sínto- 
mas de  una  enfermedad,  mostrándose 
T  desapareciendo  alternativamente.  | 
Pulso  intbrkitbnts.  Pulso  cuyos  la- 
tidos cesan  por  intervalos  desiguales. 

EnuOLOoia.  Latín  inlermittínst  in- 
termittentis;  participio  de  presente  de 
intermitiere,  intermitir:  catalán,  Ínter- 
mitent;  francés,  imtermittestíi  italiano, 
intermitente. 

Intermitentemente.  Adverbio  de 
modo.  Con  intermitencia. 

ETiHOLoofa.  Intermitente  y  el  sufijo 
adverbial  mente. 

Intermitir.  Activo.  Suspender  por 
algún  tiempo  una  cosa,  interrumpir 
su  continuación. 

Etiuoloqía.  Latín  intermitfrt,  ha- 
cer tregua;  de  inter,  entre,  y  miUHre^ 
poner:  italiano,  intermitiere, 

Intermuscular.  Adjetivo.  Anato- 
mía, Que  está  entre  los  músculos,  en 
cuyo  sentido  se  dice:  las  aponfurosis 

liNTEBMUSCULABES. 

ETiuoLOGÍa.  Inter  y  mutcular:  fran- 
cés, iníermusculaire. 

Internación.  Femenino.  La  acción 
y  efecto  de  internar  ó  internarse;  y 
así  se  dice:  derecho  de  internación. 

ETiifOLOaÍA.  Internar:  francés,  i«- 
ternaíion,  tomnáo  de  nuestro  romance; 
catalán,  tntemació. 

Internacional.  Adjetivo.  Lo  (^ue 
se  refiere  á  las  relaciones  que  median 
entre  diversas  naciones  ó  reinos. 

ETiuoLoafa,  Latín  inter,  entre,  y 
nacional:  francés,  iuítmationali  itaíiar 
no,  intenusmaiéU, 


V 


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150 


latomad»,  dft.  Fartioipie  pMÍTo 

de  iatetnar. 

EtiuqlooU.  InUnurt  cttaUn,  tn- 
Umaif  d»¡  fmic^>  interné;  italiano, 
inteméto* 

Intomamente.  Adnrbio  d«  logar. 

iNnRIOBUBNTI. 

Intammr.  AetÍTO.  CondueiT  ana 
cota  tiem  adentro.  Usase  eomo  »c(- 
proeo  tratándose  de  personas.  {  Neu- 
tro. Penetrar.  |  Recíproco  metafórico. 
Introdacirse  6  insinuarse  en  los  secre- 
tos y  amistad  de  alguno  6  profiindí- 
xar  alguna  mataría. 

BnuoLOoU.  Inttmo:  catalán,  inter- 
nar, inteméne;  £tancés,  intenur;  ita- 
liano, ifftenwrs. 

Internarte.  Recíproco.  Internar, 
como  neutro.  |  Sondear  alguna  ma- 
teria. I  Metáfora.  Ir  más  allá  de  lo 
prudente  en  asuntos  que  erigen  cier- 
te  preeaaeid&;  7  así  se  dioe:  «ese  hom- 
bre se  ufTBSHA  demaaiado;9  cea  los 
anntos  de  sa  Camilla,  no  dejó  de  in- 

RBNABn.» 

Iatera«ción.  Femenino.  Hatnnu 
extraordinaria,  eamieerfa. 

Btuiolooü.  Latín  intemif^  matan- 
za; de  Ínter j  entre,  y  nex,  muerte  ale- 
Tosa:  iMTBBNicio  geníit,  exterminio 
de  nn  pueblo.  (TÁCITO.)  San  Isidoro 
tiene  intemedet, 

Interao,  nn.  Adjetivo.  Interior. 
l  Db  interno.  Modo  adverbial  anti- 
cuado. Iktbriorubntb.  i  Masculino. 
Bl  que  vive  en  un  establecimiento  pá- 
blieo,  ora  para  recibir  una  enaeñan- 
u,  era  para  ejercer  cualquier  oficio 
BO  mannal,  en  oujo  sentido  se  dice: 
iNTBBNO  de  nn  eolegío;  intbrno  del 
Hospital  general  ú  otro.  I|  Angulos 
iNTCBNOS.  QemetfU,  Angolos  forma- 
dos interiormente  por  dos  paralelas  7 
una  secante.  |  Botonbs  intbrnob.  Bt- 
tiniea.  Los  que  pertenecen  ocultos 
en  el  cuerpo  del  tronco,  del  tallo  6  de 
la  rama,  hasta  la  sacón  en  que  ger- 
mina la  jema.  \  PRiMcmOá  intsrnos. 
FitiologUt*  Principios  inherentes  al 
cuerpo  humano,  sin  los  cuales  no  po- 
dría existir  ninguna  materia  organi- 
zada. La  vida,  en  lo  que  tiene  de  esea- 
cuü,  no  es  otra  cosa  que  un  ^incifio 
INTERNO,  eminentemente  fisiológico. 
I  BNPEniiBDADBSiNTBRMAS.  Medicina* 
Las  que  tienen  su  asiento  en  un  órga- 
no interior  7  que  se  derivan  de  una 
cansa  intbrha.  I  PatolooÍa.  interna, 

6  MbDICINA  PBOmHBMTB  DICHA.  La 

que  se  ocupa  de  las  enfermedades  que 
provienen  de  cansas  interiores.  \  Ana- 
Am<a.  Que  está  cerca  de  nn  plano  ver- 
tical 7  que  se  supone  atravesar  el 
cuerpo,  siguiendo  la  línea  mediana  7 
diyidiéndoloen  dos  partes  simétricas.  j| 
Todo  lo  que  existe  en  el  interior  de  la 
economía  animal,  en  cuanto  define  ó 
califica  la  situación  de  un  iSigano;7aflí 
se  dice:  fa*  intbrha  del  cráneo.  ¡  His- 
toria intbrna.  La  que  se  ocupa  en  el 
examen  de  los  hechos,  considerados 
en  af  mismos,  sin  relacionarla  de  nin- 
n*án  modo  con  sus  causas,  ni  con  los 
oocomentos  históricos,  fl  Obsbrvación 
ñmsKA.  Pñwlogia.  Acción  de  nues- 
tto  oipirittt  que  estudia  los  hechos  que 
te  Tenfiean  en  sí  propio;  esto  es,  en  el 


í 


INTE 

sentido  íntimo  6  conciencia  refleja. 
La  observación  intbrha  no  es  otra  cosa 
que  la  reflexión,  la  cual  se  conoce,  se 
siente  7  se  estudia  á  sí  misma  con 
ideas  propias.  \  Fubeo  intbrno.  Sticct 
ó^loieñn  moraL  Bl  sentimiento  natu- 
ral del  bien  7  del  mal,  considerado 
eomo  prindpio  de  virtud  7  norma  de 
eondttcte,  el  cual  tiene  por  regla  la 
Batisfkcetdn  7  el  remordimiento.  |  Lo 
iktbrno.  La  ooneienoia,  el  alma,  en 
cuvo  sentido  solemoi  decir:  ceso  toca 
á  lo  intbsno.» 

ETiyoLOOÍA.  Latín  inUmmt;á.tintert 
entre,  dentro:  italiano,  interno;  fran- 
cés, interne;  eaUlán,  intem^  a. 

Sinonimia.  Articulo  jjrtwwro.— In- 
terno, INTERIOR,  ÍHTiHO.  Una  ds  las 
anomalías  más  notebles  de  la  lengna 
castellana  es  la  eonserracióa  de  mu- 
chos comparativos  7  superlativos  pu- 
ramente latinoa,  CU70S  positivos  no  se 
usan  7  carecen  de  dios  ó  los  suplen 
con  otros  de  diferente  níc.  Asi  es, 
que  decimos  menor  7  müUmo;  ulterior 
7  úitimo;  inferior  7  nprewto;  essterior  7 
eatremo;  inferior  e  injímo;  7  no  hace- 
mos uso  alguno  de  sus  positivos  pro- 
pios, á  diferencia  de  mejor  7  Óptimo; 
peor  7  pétimo;  mayor  7  máañmo,  ciijqs 
positivos  bueno,  malo  7  magno  son  los 
mismos  que  conservan  en  latín.  De 
aquí  debemos  deducir  que  interior  é 
intimo  son  dos  grados  de  comparación, 
7  que  éste  determina  claramente  la 
diferencia  de  su  significado. 

Interno  es  lo  que  está  profundamen- 
te oculto  dentro  de  una  cosa,  7  cuan- 
do nos  servimos  de  este  adjetivo,  pres- 
cindimos de  la  posibilidad  que  puede 
tener  lo  wiemo  de  no  serlo,  ó  de  ser 
externo.  Por  esta  razón  se  emplea  con 
más  freeneneia  en  sentido  figurado,  7 
nos  valemos  tento  de  interno  como 
extemo  para  indicar  lo  que  está  den- 
tro ó  fuera  de  una  cosa,  porque  con- 
viene así  en  cierio  modo  á  la  esencia 
déla  misma  cosa.  Así  decimos:  en  es- 
te colegio  ha7  discípulos  intemot  7 
extemot. 

Lo  interior  está  oculto  por  lo  exte- 
rior; esto  es,  llamamos  interior  á  lo 
que  se  oculta  á  nuestra  visto,  porque 
la  superficie  de  la  cosa  que  lo  contie- 
ne, nos  impide  verlo.  Por  esta  razón 
decimos:  vida  interior;  habitación  in- 
terior;  el  wteñor  de  nn  reino,  7  en 
ninguno  de  estos  casos  usamos  del  ad- 
jetivo interno,  (Conde  im  la  Cortina.) 

Articulo  eegundo. — Intbrno,  ihtb- 
RiOR,  íntimo,  intrínsbco.  Lo  interno, 
supone  organización,  cuando  se  em- 
plea en  sentido  propio.  Patología  •»- 
tema,  lesión  interna.  No  puede  decir- 
se: patología  interior,  intima,  intrinse- 
ea,  ni  lesióaintrínseca,  intima, interior. 

Lo  interior  se  aplica  á  todo  aquello 
que  tiene  cavidad;  pero  cavidad  que- 
esté  guardada  por  formas  exteriores. 
Bl  interior  de  una  botella,  de  una 
casa,  de  un  abismo,  de  un  hombre. 
No  puede  decirse:  lo  interno,  lo  intimo 
ó  lo  intrínseco  de  un  abismo,  de  una 
casa,  de  una  botella.  No  puede  decir- 
se tampoco,  para  significar  la  misma 
telteión,  lo  wfemo,  lo  intimo,  lo  w- 
fr(aww  de  nn  hombre. 


intime  se  aplict  al  ser  ñefeuL  Lo 
intimo  es  el  secreto  de  nnettrat  ideas, 
de  nuestros  afectos,  de  nnettrat  imá- 
genes, de  nuestras  esperanzas,  de 
nueatros  dolores;  es  la  lumbn  que 
nos  calienta  en  él  hogar  del  alma;  se 
á  nn  mismo  tiempo  un  gran  arcano» 
una  gran  lucha  7  nna  grtn  poesCt. 

Asi  decimos:  la  Terwtd  partee  fsr 
la  esencia  intínut  del  pensamiento. 

Ei  amor  es  la  esencia  intma  de  noot- 
tros  corazones. 

No  puede  decirse:  la  esencia  int*~ 
ríor,  la  esencia  interna,  la  esencia  in- 
írímeea,  porque  no  ha7  nna  etsneia 
que  sea  extrinsecet,  qne  tea  Mterwr, 
que  sea  externa. 
^  tina  madre  dice:  guardo  la  memo- 
ria de  mi  hijo  en  lo  más  tefiew  de  mi 
corazón.  Nada  más  absurdo  que  deeír: 
en  lo  más  interior,  en  lo  más  iatíemo, 
en  lo  más  imtrituéco  de  mi  eorasfo. 

Intrínseco  se  refiere  á  la  constítu- 
ción  esencial  de  lat  cettt,  á  esa  serie 
de  eualidadas  que  van  nnídát  á  las 
substancias  que  Dios  ha  creado,  for- 
mando con  ellas  nn  todo  indivisible, 
un  grupo  invariable,  una  IS7  de  la 
creación,  nn  dogma  natural. 

El  astro  es  luminoso:  sin  la  lux  no 
existiría  el  astro. 

La  luz  es  clan:  sin  la  clariikd  no 
existiría  la  luz. 

La  luz  es  una  cualidad  wfKwmi 
del  astro. 

La  claridad  es  otra  cualidad  intriñ- 
seca  de  la  luz. 

Todo  atributo  toa  qne  el  objeto 
nace,  es  ieUrtmeeo  en  aquel  objeto. 

Pensar*  querer,  sentir,  imaginar, 
asociarse,  creer,  moverte  7  reprodu- 
cirse; he  aquí  otras  tantas  enalidades 
inMmoeat  del  hombro.  Borradts  esu 
cualidades,  se  borra  el  ser  hamaoe. 
Bl  que  atente  contra  esas  cnali^Mcs 
originarias,  no  atenta  conten  d.  Wanr 
bre,  sino  contra  el  orden  nnÍTMSsl, 
contra  la  lej  de  la  natnralesa,  «entra 
la  Ie7  de  Dios. 

Lo  interno  es  orgánico» 

Lo  interior,  físico. 

Lo  íntimo,  moral. 

Lo  intrínseco,  filosófico. 

Lo  interno  se  estudia  7  te  toligt* 

Lo  interíor  se  re^stea. 

Lo  íntimo  te  tiento. 

Lo  intrínseco  se  explica. 

latemodio.  Masculino.  SotíniM, 
El  espacio  que  ha7  entre  dos  nudo*» 
en  los  tallos  de  las  plantas. 

BrtMOLOOfa.  Latín  inlemSd'lMih  » 

fwrte  que  media  entre  lot  nndot  en 
os  tallos  de  las  plantas;  de  ínter»  en- 
tro, 7  iñdns,  nudo. 

Intemomediftl.  Adjetiro.  -o»""*" 
to^ia.  Epíteto  de  la  cuarta  nervadura 
principal  del  ala  de  los  insectos. 

Etimolooía.  Interno  7  medial:  fren- 
cés,  interno-médial.  . 

Intemóteos.  BíascnUno 
Nombre  que  se  da  á  los  doce  inútetiw 
de  los  dedos. 
BtuiolooÍa.  Interno j  óseo. 
Intemnnciatam.  Femenino-  w 
go  de  internuncio.  , 

BfiMOLoaí&./«<«nMNa«.'  ix»^^^ 
iemonciatnre;  italiano,  ttíoi 


«1 


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Google 


INTE 

Internancio.  Masculiatt.  Kl  cnie 
haUa  por  otro,  el  tnterloeutor.  |  Mi- 
DÍstro  pontificio  que  hac«  veces  de 

aimeio.  Llámase  Umbiéa  así  el  mí- 
DÍstro  del  emperador  de  A.ustri«  que 
reside  en  Constaatiaopla. 

BnuoLoaU.  Latín  intemuaííut,  for- 
ma sustantiva  de  iníernuntiáre,  parla- 
mentar; de  iníeTf  entre^  j  nuníiáre, 
ananciar:  catalán,  inUr*u»ci;  francés, 
i*íer*once;  italiano,  iniernuntio. 

Interoceánico,  ca.  á.djetivo.  Que 
está  entre  dos  oce'auos,  como  el  Atlán* 
tico  y  el  Pacífico. 

EnHOLoaÍA.  Latín  iníer^  entre,  j 
oaÓMico:  francés,  inttrocáauiqut, 

Ittteroculor.  Adjetivo.  Zoología, 
Situado  «ntre  los  ojos. 

BnMOLOOÍA.  Inter  j  oeuUr:  francés, 
intéroeutain. 

InteróMo,  im.  Ánatonia*  Adjeti- 
vo. Que  ef  tá  «ntre  los  huesos,  en  cu^o 
sentido  se  dice:  arttrias  intxrósras; 

UmU  1NT8BÓSBA,S.  |  MÚSCULOS  INTEB- 

óssos.  Músculos  que  ocupan  él  espa- 
cio que  los  haesos  del  metacarpo  j 
del  metatarso  dejan  entre  si.  g  Liqa- 
UNTOS  xntkejSBOS.  Ligamentos  colo- 
cados entre  ciertos  huesos,  para  evi- 
tar que  se  desvien,  y  Múscülo  sbmi- 
nrTUÓSBO.  Ánaíomía  antigua.  Nombre 
dado  i  dos  músculos  pertenecientes: 
el  uno,  al  pulgar;  J  el  otro,  al  £n- 
diee. 

Etiuolooía.  Inter  j  ¿sm:  ftuacAi, 
MrMtena. 

Intorp^iUr.  Adjetivo.  Situado 
«otn  lea  papUu. 

InteraanetsL  Adjetivo.  Ánate- 
Mfst  ^iteto  de  un  hueso  que  se  halla 
entre  ios  frontales,  los  parietales  j  el 
oeópnt  superior  en  los  mamíferos.  La 
Vetariaaiia  suele  llamarle  kue$o  cuct- 
drado, 

Bmiouraf A.  Inter  j  parietal:  fran- 
«éa,  inttrpariéíal, 

Inteipelación*  Femenino.  La  ac- 
ción y  efecto  de  interpelar. 

BriiiOLOoU.  Interpelar:  latín,  inier- 
peUñíío;  italiano,  interpellatione;  fran- 
cés, interpellation;  catalán,  interpelóles 
áó. 

latflrpeUdftmwite.  Adverbio  de 
modo.  Con  interodaeión. 

HtimoloqU.  Interpelada  j  «1  «n^o 
adverbial  mente. 

Interpelado,  da.  Participio  puivo 
de  interpelar. 

-BnuOLoaía.  Interpttar:  latín,  inter- 
felUtne;  catalin,  iníerpel4at,  da;  fran- 
cés, interpelé;  italiano,  interpeÜaUK 

bterpelador,  ra.  Sustantivo  y  ad- 
jetivo, (^ue  interpela. 

BTlU0U>aía.  Interpelar:  catalán,  m- 
terpei'iaaor,  a;  francés,  interpetlaíenr; 
italiano,  iníerjtellator^\ 

Interpelante.  Participio  activo  de 
interpelar,  (jue  interpela. 

Interpelar.  Activo.  Implorar  el 
awdlio  de  alguno  ó  recurrir  á  él  so- 
licitando  su  amparo  y  protección.  ¡| 
Ftírenu.  Rtt^uenr  é  instar  sobre  el 
cumplimiento  de  algún  mandato.  | 
Aplazar  i  alguno  pan  reconvenirle 
soore  la  legalidad  o  conveniencia  de 
algún  hecho  en  que  ha  tenido  parte.  | 
En  los  cuerpos  pt^ticos  deliberantes, 


INTE 

hacer  cargos,  ó  pedir  explicaciones  en 
son  de  censura. 

ETiuoLoaÍA.  Latín  útterpellSre,  in- 
terrumpir; de  Ínter,  entre,  y  el  anti- 
guo ^f//are,  simétrico  de  peñere,  arro- 
jar; «arrojar  en  medio  de  la  conversa- 
ción, cortar  la  plática,  interrumpir:» 
catalán,  interpeUlar;  francés,  imterpel- 
ler;  italiano,  interpellare. 

Interpínado,  da.  Adjetivo.  Botá- 
nica. Bpiteto  de  las  hojas  que  tienen 
foliólas  pequeñas  entre  sus  foliólas 
prÍDcipaies. 

BtiuologÍa.  Francés  interpinné;  ds 
Ínter,  entre,  y  pinni,  del  latín  pinM- 
tutt  alado;  de^tnmi,  pluma,  que  es  el 
griego  nívvi]  (pinnej,  de  ttl-oíyju  (péta~ 
mai),  volar;  icswv¿<  (peteinA),  ave. 

Interpolación.  Femenino.  La  ac- 
ción y  efecto  de  interpolar.  |  Matmá- 
ticas.  Método  por  el  cual  nos  propone- 
mos encontrar  una  fórmuU  algebrai- 
ca, la  cual  satisfaga  cierto  número  de 
observaciones  y  que  pueda  substituir, 
dentro  de  las  observaciones  mencio- 
nadas, á  la  verdadera  ley  del  fenóme- 
no. I  Física.  Operación  que  consiste 
en  intercalar,  por  medio  del  cálculo, 
ciertos  términos  entre  dos  series  de 
números  ó  de  observaciones.  Q  Inte- 
rrupción, intermisión  ó  cesacidn  en 
alguna  cosa. 

ETUcoLoaía.  Interpolar:  catalán,  im- 
terpolació;  francés,  tnterpolation;  ita- 
liano, ínter polatione,  dellatín  interpo- 
litio,  la  acción  de  ajustar  y  de  comp» 
ner,  fbrma  sustantiva  abstracta  de 
interp^litus,  interpolado. 

Interpoladamente.  Adverbio  de 
modo.  Con  interpolación. 

EriuoLoaU.  Interpolada  j  ti  sufijo 
adverbial  mente:  catalán,  interpolada- 
ment. 

Interpolado,  da.  Participio  pasivo 
de  interpolar. 

Etiuolooía.  Latín  iníerpolalus^  par- 
ticipio pasivo  de  iníerpUare,  interpo- 
lar: catalán,  interpolat,  da;  francés, 
interpolé;  italiano,  intervolato. 

Interpolar.  Activo.  Interponer  una 
cosa  entre  otras.  Q  Interrumpir  ó  ha- 
cer una  breve  intermisión  en  la  conti* 
nuacióu  de  una  cosa,  volviendo  lueg»o 
á  proseguirla. 

Enu^iiXiía.  Latín  interpolare,  com- 
poner, renovar;  de  ínter,  entre,  y  pS- 
hre,  hacer  girar,  volver;  de  jtdlus, 
polo:  catalán,  interpolar;  francés,  in- 
terpoler. 

1.  El  verbo  pdlSre  se  halla  en  En- 
nio:  POLARB  agros,  laborear  los  cam- 
pos; esto  es,  hacer  girar  la  tierra,  re- 
volverla, mezclarla. 

2.  El  latín  p3lare,  por  pSlere,  ei  el 
griego  polein  (noXs  tv). 

Interponer.  Activo.  Poner  unas 
cosas  entre  otras.  Se  usa  también  como 
recíproco.  ¡|  Anticuado.  Poner,  apli- 
car. II  Metáfora.  Poner  por  intercesor 
ó  medianero  á  alguno.  |  Forense.  For- 
malizar por  medio  de  un  pedimento 
alguno  de  los  recursos  legales,  como 
el  de  nulidad,  de  apelación,  etc. 

EtiuolooU.  Latín  interj^^re,  de 
Ínter,  entre,  v  pdnere,  poner:  catalán, 
interposar:  francés  Mlflyofsr;  italia- 
no, tnterporre 


INTE 


151 


Interjponerse.  Recíp»^.  Poneue 
en  medio.  Q  Mboiab,  por  interceder. 

Interposición.  Femenino.  La  si- 
tuación ó  posición  de  una  cosa  entra 
otras.  Q  Metáfora.  La  mediación  ó  in- 
tervención da  algún  sujeto  en  cual- 
quier negocie.  1  El  espacio  que  media 
de  un  tiempo  i  otro, 

ETUiOLOata.  Latín  interposUio,  for- 
ma sustantiva  abstracta  de  interpSsí- 
tus,  participio  pasivo  de  interpin^re, 
poner  en  medio:  provenzal,  interpni-' 
do;  catalán,  interpésido';  francés,  ift- 
terposition:  italiano,  interposizitne. 

Internósita  persona.  Locación  la- 
tina usada  en  el  foro  para  denotar  el 
sujeto  que  hace  alguna  cosa  por  otro. 

Interpositivo,  va.  Adjetivo.  Botá- 
nica. Interpaesto,  refiriéndose  á  cier- 
tas partes  de  los  vegetales.  |  Flores 
iNTBBPOSiTiVAS.  Lss  Quo  iiáceu  eut» 
dos  pares  dé  hojas  opuestas,  alternan- 
do con  ellas.  ¡  BSTAMBUES  INTSRPOSI- 

Tivos.  Los  que  están  situados  entre 
las  divisiones  de  un  perianto  simple 
ó  de  uua  corola.  |  Pétalos  intbbfosi- 
Tivos.  Los  que  alternan  con  las  divi- 
siones del  cáliz. 

ETiuoLoaÍA.  Interponer:  francés,  tu- 
terpasitif;  provenzal,  interpositiu. 

Interpoútor.  Masculino.  IIeoia- 

DOR. 

Interprender.  Activo  anticuado. 
Tomar  u  ocupar  por  sorpresa  alguna 

cosa. 

Interpreaa.  Femenino.  UUkU. 
Acción  súbita  é  imprevisU. 

Etiuolooía.  Inter  y  presa. 

Interpretable.  Adjetivo.  Que  se 
puede  interpretar. 

ETiuoLoaÍA.  Interpretar:  latín,  im- 
terprHabUis;  italiano,  interpretáUle; 
francés,  interpritaUe;  catalán,  inter- 
pretable. 

Interpretablemente.  Adverbio 
modal.  De  un  modo  interpretable. 

ETiuoLoaÍA.  Interpretable  y  el  sufi- 
jo adverbial  mente. 

Interpretación.  Femenino.  La  ac- 
ción y  efecto  de  interpretar.  ¡  t)B  lbh- 
OUAS.  Secretaria  en  que  se  traducen 
al  castellano  los  documentos  y  pape- 
les legales  escritos  en  otra  lengua. 

EruiOLCÓfA.  Interpretar:  laub,  in- 
terpriutttot  forma  siutantiva  abstracta 
de  interpr^Utlns,  interpretado:  proven- 
zal, interpretado;  catalán,  tñterprstadd; 
francés,  interpr¿tation;  italiano,  Mffr- 
pretatione. 

Interpretadaménte.  Adverbio  de 
modo.  Por  interpretación. 

ETDfOLOQÍA.  Interpretada  y  el  sufijo 
adverbial  mente. 

Interpretado,  da.  Participio  pa- 
sivo de  interpretar. 

ETiMOLoafA.  Latín  intérprít&tne, 
participio  pasivo  de  interprftSre,  in- 
terpretar :  catalán ,  interpretat,  da; 
francés,  tnterpre'té;  italiano,  interpré- 
tate. 

Interpretador,  ra.  Masculino  y 
femenino.  El  que  interpreta.  Q  Anti- 
cuado. Traductor. 

EnuOLOofA.  IiU^pretar:  latín,  in- 
terpretStor,  Torma  agente  de  iníerpri- 
taffo,  interpretación:  provenzal,  inter- 
ipretádor,  interpretaire;  catalán,  inter^ 


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155 


INTE 


priímdor,  a;  fraocés,  ÍM^/H'/¿«/íiir,  en 
CotgraTe;  italiano,  interpretatore. 

Interpretante.  Participio  actiro 
de  ÍQterpretar.  El  que  interpreta. 

Interpretar.  Activo.  Explicar  ó 
declarar  el  aentido  de  alguaa  cosa.  | 
Tradaciide  una  lengua  á  otra.  |  En- 
tender 6  tomar  en  buena  <S  mala  par- 
te alguna  acción  6  palabra,  y  Atriouir 
una  acción  ¿  algún  fia  6  cansa  par- 
ticalar. 

EnHOLOGÍA.  Latín  interpreta!,  tra- 
ducir, explicar,  de  Ínter,  entre,  j  de 
un  radical  pret,  conocer:  sánscrito, 
prach;  Htuaaio,  protas,  inteliff'encia; 
godo,  fratkjan,  ^ot  prathjan;  alemán, 
J'raffeu,  por  pragen;  proreozal,  inter~ 
pretor,  eníerpreíar;  ntiíinfiníerpreítr; 
francés,  iuterpre'ter;  italiano,  interpre- 
tare. 

InterpretatÍTamente.  Adverbio 
modal.  De  un  modo  interpretativo. 

BruioLoaÍA.  Interpretativa  ^  el  su- 
fijo adverbial  mente:  francés,  tníerpre- 
tativement;  catalán,  iníerpretaíioament. 

Inteipretativo,  va.  Adjetivo.  Lo 
que  airve  paraioterpretar  alguna  cosa. 

ErufOLoaÍA.  Interpretar:  provenzal, 
iniérpreíatin;  catalán,  inlerpretatiu,  va; 
fnaeéa,  inierprétaU/i  italiano,  inter- 
pretativo; 

Intérprete.  Común  de  dos.  El  (jue 
interpreta.  |  Metáfora.  Cualquiera 
cosa  que  sirve  para  dar  á  conocer  los 
afectos  j  movimientos  del  alma. 

ETiMOLOaÍA.  Interpretar:  latín,  in- 
terpret,  interprUi*;  catalán,  intérprete; 
^ncés,  inierprite;  italiano,  interprete. 

Intérpretes.  Uasculino  plural. 
Historia.  Nombre  que  se  daba  á  cier- 
tos agentes  de  corrupción  que,  entre 
los  antiguos  romanos,  comerciaban 
en  los  comicios  para  obtener  los  su- 
fragios de  los  ciudadanos  i  favor  de 
los  candidatos  que  los  pagaban.  Eran 
los  agente*  electorales  da  la  antigüe- 
dad. 

Interpaecto.  Partieipio  paaÍTo 
irregular  de  interponer. 

EtiiiolOoU.  Interponen  latín,  la- 
terposttuit  participio  pasivo  de  inter- 
ponere,  interponer:  catalán,  inter^osaí, 
dm  francés,  inierpot4;  italiano,  xnter- 
potto. 

Interráneo,  nea.  Adjetivo.  HisU>' 
ria  natwal.  t¿ue  crece  en  el  seno  de  la 
tierra. 

Interregno.  Masculino.  £1  espa- 
cio de  tiempo  en  que  un  reino  está 
sin  rej, 

Etiuolooía.  Latín  interr^nnm^ 
Ínter,  entre,  j  r^^aaM,  reino:  catalán. 
ínterregm;  francés,  inUrregn»;  iUMt- 
no,  Mferrá^N0. 

Beteña  histJriea,  —-I,  Llamábase 
asi  en  Boma  la  vacante  momentánea 
del  consulado,  cuando  espiraban  los 
poderes  de  los  cónsules  y  sus  suceso- 
res lio  habían  sido  nombrados  por  los 
comicios.  Estas  treguas,  aunque  ra- 
ras, procedían  de  auspicios  desfavo- 
rables, ó  de  intrigues  que  habían  im- 
pedido á  los  comicios  reunirse  á  tiem- 
po ó  realizar  sus  decisiones.  Y  á  fiu 
de  que  el  gobierno  no  estuviese  va- 
cante, el  Senado  escogía  de  su  seno 
un  miembro  que  investía  con  el  poder 


INTE 

consular,  dándole  el  título  de  interrex. 
Este  magistrado  no  ejercía  su  poder 
mis  que  cinco  días,  al  cabo  de  los 
cuales  se  le  nombraba  un  sucesor, 
que  reunía  j  presidía  los  comicios  / 
les  hacía  nombrar  nuevos  cónsules. 
Si  no  sucedía  así,  transmitía  su  poder 
á  otro  ínterrea,  que  tenía  las  mismas 
atribuciones;  j  así  se  iban  nombran- 
do otros,  hasta  la  elección  de  cónsu- 
les. El  primer  interre»  no  podía  re- 
unir los  comicios,  sin  duda  para  que 
el  pueblo  tuviese  algunos  días  de  re- 
flexión, pues  el  iNTBBREaNO  en  pro- 
ducido casi  siempre  por  disentimien- 
tos populares. 

2.  Ea  la  antigua  Polonia,  cuando 
vacaba  el  trono,  el  arzobispo  de  Gues- 
ne  gobernaba  con  el  título  de  interrea, 

Interrey.  Masculino.  Título  que 
en  algunas  unciones  han  tomado  ios 
encargados  del  gobierno  mientras  el 
trono  ha  estndo  vacante. 

ETiHOLoaía.  Interregno;  latín,  inte- 
rrex,  egig. 

Interrogación.  Femenino.  Psb- 
GüNTA.  y  (Magra/ta.  Nota  ó  sefial  que 
se  usa  en  la  escritura  cuando  se  pre. 
gunta,  j  se  usa  asi  (í).  \\  Betúrica.  Fi- 
gura da  pensamiento.  La  pregunta 
que  el  orador  hace,  no  porque  duda, 
sino  para  declarar  con  más  fuerza  y 
vehemencia  algún  afecto,  /  alguna 
vez  para  convencer  y  confundir  á 
aquellos  i  quienes  se  dirige  la  pa- 
labra. 

EtiuologÍá.  Interrogar:  latín,  in- 
terri^aUo,  forma  sustantiva  abstracta 
de  tnterrS^atuif  interrogado;  catalán, 
interrogació;  portugués,  interrogando; 
francés,  interrogation;  italiano,  ínter- 
rogoiione. 

Interrogado,  da.  Participio  pasi- 
vo de  interrogar. 

EriMOLoaÍA.  Latín  interrUoSín»,  pre- 
guntado, participio  pasivo  ae  ínterrS- 
gare,  preguntar:  catalán,  mterrogat, 
da;  francés,  interrogué;  itidiano,  inter- 
rogato, 

Interrogador,  ra.  Sustentivo  y 
adjetivo.  Que  interroga. 

ÍEmiOLOOfa.  Interrogar:  latín,  in- 
terri^itor,  forma  agente  de  interroga- 
tio,  interrogación:  catalán,  interroga- 
dor, a;  francés,  iníerrogatenr;  italiano, 
iníerrogatore. 

Interrogante.  Participio  activo  de 
interrogar.  El  qne  interroga.  |¡  Adje- 
tivo. Gramática.  Se  aplica  a  las  notas 
y  señales  de  interrogación;  y  así  se 
dice:  puuto  iNXBaBOQÁNTs. 

Interrogar.  Activo.  PBEOüNTaa.  U 
Hacer  preguntas  eon  autoridad  pu- 
blica y  solemne,  como  la  del  juez 
que  iNTBBKoaa  al  reo,  ó  con  autori- 
dad moral,  como  la  del  hombre  que 
interroga  á  su  propia  conciencia,  ó 
como  la  del  padre  que  interroga  i  su 
hijo  en  materia  grave. 

Etimología.  Latín  iníerrdgSre,  pre- 
guntar, acusar,  argüir;  de  Ínter,  en- 
tre, y  robare,  pedir  coa  instancia:  pro- 
venzal, interrogar,  enterrogar;  burgui- 
ñón,  etarrúgai;  francés,  ínterroger;  ita- 
liano, interrogare;  catalán,  interrogar. 

Sinonimia.  Interrogar,  preguntar. 
Estas  dos  palabras  se  refieren  á  lo 


INTE 

que  se  dice  á  alguno  para  saber  de  él 
aquello  de  que  uno  se  quiere  infor- 
mar. 

Preguntar  indica  un  espíritu  de  cu- 
riosidad; interrogar  supone  autoridad. 

(Ló;>BZ  PBLBOaÍN.) 

Interrogativamente.  Adverbio  de 
modo.  Con  interrogación. 

ETiiioLoaÍA.  Interrogativa  j  el  sufi- 
jo adverbial  mente:  catalán,  tnterrega- 
tivamení;  latín,  inlerrSgaíivé,  por  modo 
interrogativo. 

Interrogativo,  va.  Adjetivo,  ffre* 
mátiea.  Lo  que  sirve  para  preguntar; 
y  así  se  suele  decir:  modo  de  hablar 
XHTBBaoaATivo,  seúal  6  nota  iNTKsao- 

SATIVA. 

EnuoLoaÍA.  Interrogar:  latín,  ts- 
terrdgadvus ,  en  Priscíano;  italiano, 
interrMativo;  francés,  interr^ati^;  pro- 
venzaL  interr^atia;  catalán,  taCnrs- 
gatin,  va. 

Interrogatorio.  Masculino.  Foreu- 
te.  La  serie  de  preguntas  que  se  ha- 
cen al  reo  ó  i  la  parte  y  los  testigos: 
ó  bien  el  conjunto  de  las  ^ue,  para 
asuntos  administrativos,  dirige  el  Go- 
bierno ó  los  jefes  superiores  á  sos  su- 
bordinados. 

BTiMOi^ía.  Interrogar:  latín,  m- 
terrdgatortnt,  en  el  Dtgetto;  italiano, 
interrogatorio;  francés,  interregaltñre; 
provenzal  y  catalán,  interrogatori, 

Interromper.  Aetivo  aationtdo. 
Intbbruhpib.  . 

Interroto,  ta.  Participio  pasivo 
irregular  anticuado  de  interrumpir. 

Interrumpidamente.  Adverbio  de 
modo.  Con  interrupción. 

Etiuolooia.  Iníerntmpidamentei  la- 
tín, interrupíe;  catalán,  iníerrompude- 
nent. 

Interrumpido,  da.  Participio  pa- 
sivo de  interrunipir. 

ETUi<H.oofA.  Francés,  iníerromp»: 
italiano,  interrotto;  del  latín  intemtp- 
tnt,  participio  pasivo  de  interrumpere, 
interrumpir. 

Intarrumpir.  Activo.  Estorbar  ó 
impedir  la  continuación  de  algona 
cosa. 

Btiholooía.  Provenaal  enírerompre: 
catalán,  interrtímprer ;  francés,  inte- 
rrompre;  italiano,  iníerrompere,  del  la- 
tín interrumpiré,  atajar,  impedir,  es- 
torbarla continuación;  de  iníer,tüXn, 
y  rumpifre,  romper. 

Interrupción.  Femenino.  La  ac- 
ción y  efecto  de  interrumpir,  g  Retj- 
rica.  Sinónimo  de  suspensión  ó  reti- 
cencia. 

EtuiOLoaÍA.  Latín  interrupHo,  des- 
continuación, aposiopesis  ▼  reticen- 
cia, en  Quiatiliano;  forma  sustantiva 
abstracta  de  intermptn»,  interrumpi- 
do: italiano,  ínterruzione;  franeés,  ta- 
terruption;  catalán,  inierrapciá, 

Interrnpto,  ta.  Partíeipio  pasivo 
irregular  de  intemimpir. 

Interruptor,  ra.  bustanttvo  y  ad- 
jetivo. Que  interrumpe. 

ETiuoLoaÍA.  Interrumpir:  latín,  i»- 
terrupíor;  italiano,  interrutUtre;  frto- 
cés,  interrupteur. 

Intersecarse.  Recíproco.  Cfeome- 
íría.  Cortarse  ó  cruzarse  dos  líneas, 

Etihoumsía.  Interteeeidn* 


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INTE 

Intersección.  Femenino. 

SRCci<)n  con  qae  dos-líneas  6 
superficies  ó  cuerpos  se  cortan  entre 
sí;  jBsí  se  dice:  Is  línea  recta  es  la 
i^BSEccxÓN  <1«  doa^lanos,  el  círculo 
t;f  la  iNTBSSBCCiÓN  de  dos  esferas,  etc. 

£TlifOt.oof&.  Latín  iníersecífo,  cavi- 
dad que  haj  entre  los  dientecillos  de 
una  frisa,  en  Vitrubio;  operación  ce- 
sárea, en  san  Isidoro;  de  inter,  entre, 
jsaáo,  sección,  corte,  forma  snstan- 
tira  abstracta  de  intenectug,  partici- 
pio pasivo  de  intert-eirí;  de  iníer,  en- 
tre, j  títArtf  eortar:  francés»  i%Urtec- 
A'm;  itftliano,  ittítrswtione;  catalán» 

Inteñerir.  Activo  antienado.  In- 
^rír  nnas  cosas  entre  otras. 

Intenittdo.  Mascalino.  FUiea.  La 
hendidura  ó  espacio,  por  lo  común 
ptqutaño,  que  media  entre  dos  cuer- 
pos ó  entre  dos  partes  de  un  mismo 
caerpo,  ea  cu^o  sentido  se  dice:  bl 
msBSTicio  de  la*  moUcutat.  QIntbb- 
VALO.  I  Porentei  W  espacio  de  tiempo 
que, .  sejrún  las  legres  eclesiásticas, 
aebe  mMiar  entre  la  recepción  de  dos 
óréenM  sagradas.  Se  usa  comunmen- 
te an  plural. 

StuM)¿ooía.  Latín  inUrtttitttM»  es- 
pacio» intervalo»  distancia;  forma  si- 
aiflteiea  de  ñUnlSret  estar  en  medio, 
da  imttr,  entre,  j  iOre,  estar:  italia- 
no,- imftnfitíoi  francés»  4iitertíiee;  ca- 
talán»  tñttrstid. 

Intertr«iverao»  u.  Adjetivo.  Si- 
tuado entre  las  apófisis  trasversas  de 
tas  vértebras. 

Intertrigo.  Masculino,  Medicina. 
Escoriación  de  la  piel  por  roce  ó  por 
la  acritud  de  la  orina. 

BTm<X.oofA.  Latín  intertrigo,  inter- 
tríeinis,  desolladura  de  una  parte  que 
laae  con  otra,  en  Varrón;  de  inícr, 
entre,  j  fr're,  consumir  frotando, 
moler:  trances,  interiri^é. 

Intértro^ical.  Adjetivo.  Geogra^ 
JU.  Que  esta  situado  entre  los  trópi- 
cos, en  eujo  sentido  se  dieérjMU«f 
iNTBBTBOPiCALKa.  \  Que  poEtcáece  á 
las  regiones  intertropicales»  como 
cuando  decimos:  «el  carácter  inter- 
tropical de  las  floras  sucesivas  du- 
rante los  cuatro  primeros  períodos 
g'eolúgicofl.» 

EmoLÓofA.  Latín  tater»  entre»  7 
tnpical:  francés,  intertropical, 

interasurío.  Mascuíino.  Forenee, 
Interés  de  nn  cierto  tiempo,  ó  el  pro- 
vecho j  utilidad  que  resulta  del  goce 
ó  posesión  de  alguna  cosa.  |  iiotal. 
Furente,  £1  interés  que  se  debe  á  la 
mujer  por  la  retardación  en  la  restitu- 
ción de  su  dote. 

ETiifOLOoÍA.  Latín  interisMrínm, 
nnancia»  interés  de  cierto  tiempo»  en 
Ulpianc:  catalán,  iníertanri. 

Jtetena, — Es  voz  de  derecho  romano. 

Intervalo.  Masculino.  El  espacio  ó 
distancia  <}ne  htj  de  un  lugar  á  ota> 
ó  Ap  un  tiempo  á  otnh  |  Músiea.  El 
tiempo  qi^'media  entre  un  sonido  j 
otro.  Loa  hay  sencillos  y  dobles.  || 
Clako  intervalo.  Lúcito  intbiivalo. 
I  LÚCIDO  INTSRVALO.  El  espacio  de 
tiempo  en  que  los  que  han  perdido  el 
jnieie  hablan  en  ractfn. 


INTE 

BtiuolooÍa.  Catalán  interoal-to: 
provenzal,  enireml;  francés,  intervalU; 
italiano,  interoalla,  del  latín  intTVH' 
llum,  intermedio  de  lugar  j  tiempo; 
de  inter,  entre,  y  valtus,  valla,  «espa- 
cio entre  dos  vallas»  límites  6  barre- 
ras.» El  catalán  anticuado  tiene  fli/r«^ 
valí. 

SiNomuiA.  Intervalo,  intermedio.  El 
intervalo  es  la  interrupción  pasajera 
de  lo  que  se  está  haciendo;  el  interme- 
dio es  el  t»<«rM¿0<^ue  divídelas  partes 
de  un  acto  homogéneo,  como  los  en- 
treactos de  una  comedia.  Hay  interva' 
¡o  entre  el  almuerzo  y  la  comida,  en- 
tre el  ocaso  y  la  noche,  entre  escribir 
una  carta  y  enviarla  al  correo.  Hay  un 
intermedio  en  los  cuerpos  colegiados» 
cuando  se  suspende  una  sesión  para 
continuarla  después.  (Mora.) 

Intervención.  Femenino.  La  ac- 
ción y  efecto  de  intervenir.  [|  Forente. 
La.asistencia  de  algún  sujeto,  nom- 
brado por  el  juez  ú  otro  superior  para 
intervenir  en  algón  negocio,  sin  cuya 
presencia  y  asenso  nada  se  puede  ha- 
cer. Q  Ádministració».  Oficio  público  y 
oficina  del  interventor. 

EtiuolooU.  Intervenir:  latín,  inter- 
ventio,  forma  sustantiva  abstracta  de 
interventiu,  participio  pasivo  de  inter- 
v^nlre,  intervenir;  catatán»  interoenciií; 
francés»  interoention;  italiano,  inter- 
venxione.  El  catalán  antiguo  tiene  in- 
tereeniencia. 

Intervenido,  da.  Participio  pasi- 
vo de  intervenir. 

Etimología.  Latín  interveníut,  par- 
ticipio pasivo  de  interventre:  catalán, 
entrevingut,  da;  entrevengut,  da. 

Intervenidor,  ra.  Masculino  y  fe- 
menino anticuado.  Interventor. 

Intervenir.  Neutro.  Asistir  con 
autoridad  á  algún  negocio.  [|  Interce- 
der, ser  mediador  en  un  negncio  ó  in- 
terponer su  autoridad.  ||  Haoer  tenido 
parte  en  algún  asunto.  |  Impersonal. 
Acontecer. 

Etiholoqía.  Latín  tníerutníre,  de 
inter,  entre,  y  vÜnJre,  venir:  proven- 
zal, intervenir,  eniretenir;  portugués, 
iníereir;  francés,  interoenir;  italiano, 
interventre;  catalán,  entrevenir,  interve- 
nir. 

Interventivo,  va.  Adjetivo.  Con- 
cerniente á  la  intervención. 

Etiuolooía.  Intervenir:  francés,  in- 
íer cení  i/. 

Interventor,  ra.  Masculino  y  fe- 
menino. El  (]ue  interviene.  |  Emplea- 
do ^ue  autoriza  y  fiscaliza  ciertas  ope- 
raciones, á  fin  de  que  se'hagan  con 
le^lídad. 

EnicoLOOfA.  Intervenir:  latín,  in- 
terventor, iníervenídritp  forma  agente 
de  interventíú,  intervención;  catalán, 
interventor;  francés,  interventeur;  ita- 
liano, interventore. 

Intervértebra.  Femenino.  Anaío- 
MÍ1.  Vértebra  interpuesta  entreoirás 
dos.  . 

Intervertebral.  Adjetivo.  Anato- 
mía, tíituado  éntrelas  vértebras.  |  Te- 
jido iNTBRvERTüBiíAL.  Tejido  fibroso, 
provisto,  en  el  centro,  de  una  substan- 
cia blanda  análoga  al  cartílago»  y  co- 
locado entre  los  cuerpos  de  las  vérte- 


INTE 

bras,  exceptuando  el  atlas  y  el  axis!  | 
AauJEROstvTBBYERTSBRALBS'  Abertu- 
ras redondas  que  forman  las  sesgadu- 
ras  de  las  ap^ínsis  transversales  ate  las 
vértebras, juntándose  dedos  en  dos. 
Las  aberlura»  intbrvbrtbbRalbs  se  lla- 
man también  abertura!  de  conjugación, 
y  son  las  que  dan  paso  á  los  nervios 
espinales. 

EriuoLoaÍA.  Inter  j- vérie&ra:  fnn- 
cés,  intereertéirúlei' 

Inter  vivos,  ^ense.  Expresión 
latina  que  los  jurisconsultos  aplican  á 
las  donaciones  que  se  hacen  de  pre- 
sente y  de  un  modo  irrevocable. 

ETiuoLoaÍA.  Latín  Ínter,  entre, 
vives,  acusativo  plural  de  vivut,  vivo. 

Interyacente.  Adjetivo.  Lo  que 
está  én  medio  6  entre  otras  cosas. 

ETiuoLoofA.  Latín  interjHcent,  in- 
terj&éeniie,  participio  de  presente  de 
inlerjíícere,  estar  en  medio;  de  inter, 
entre,.y  yáfffí,  yacer. 

Intestable.  Adjetivo.  Derecho  ro- 
mano. El  que  no  puede  testar^y  ei.que 
no  puede  ser  testigo. 

Intestadamente.  Adverbiode  mo- 
do. Sin  testar. 

Etiuolooía.  Intestada  y  el  sufíjb 
adverbial  mente. 

Intestado^  da.  Adjetivo.  Forense. 
El  que  muere  sin  hacer  testamento. 

EriMOLOofA.  Iníestaío:  francés,  ts- 
teiíat;  catalán,  intestat,  da;  del  latín 
iniestatus;  de  te»  no»  y  íestStuSf  parti- 
cipio pasivo  de  testari,  testar. 

Intestinal.  Adjetivo.  Anatomía. 
Lo  que  pertenece  á  los  intestinos,  y 
así  se  dice:  eont^ucfo  intestinal;  ywa- 

nOS  INTESTINALES. 

Etiuoloo<a.  Intestino:  francés»  in- 
testinal; italiano»  intestinale. 

Intestino,  na.  Adjetivo.  Lo  ^ue  es 
interno.  ||  Metáfora.  Civil,  domestico, 
y  así  se  dice:  ^»«rra  intestina.  |  Mas- 
culino. Medicina.  Nombre  comunmen- 
te usado  en  plural:  conducto  membra 
noso,  muscular,  situado  en  el  vientre, 
y  cuya  longitud  es  seis  ú  ocho  veces 
mayor  que  la  del  cuerpo,  y  sirve  prin- 
cipalniente  para  terminarse  en  él  la 
digestión  de  los  alimentos,  principia- 
da-en  el  estómago,  y  para  expeler  los 
excrepientos.  Los  anatómicos  los  di- 
viden-en  dos  clases:  delgados  y  grue- 
sos; los  primeros  se  nombran  duode- 
no,yeyuno  é  íleon,  y  los  segundos, 
ciego,  colon  y  recto.  El  intestino  se 
extiende  desde  el  estómago,  hd^  el 
ano, 

1.  ^«•ícaciVaeritfMTfl.— Latín  intcs- 
ünnt,  interior;  de  intns,  dentro:  cata- 
lán» intettíf  na;  francés,  intesti»,  ine; 
italiano»  intestino. 

2.  Derivaddn  segunda. — Intestino  1: 
Utin,  iniesiSnnm;  y  mejor,  intestina, 
orum,  los  intestinos;  catalán,  intesti; 
francés,  intestin;  italiano,  intestino. 

3.  La  raíz  de  esta  serie  es  el  sáns- 
crito an  ^        )i  mover,  penetrar;  an- 

irán,  antiSfan,  entrañas;  griego  £vt::ov 
(énteron). 

Sinonimia.  Inlestino,  tripa.  Ning-ti- 
na  de  las  dos  palabras  da  noticia  íuv.í- 
tómica  de  aquellos  órganos.  Amb;)s  se 
refieren  á  circunstancias  accidentales. 


Touo  m 


so 


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154 


INTI 


litítííñio,  i  la  situaeitfiu 

Tripa,  i  la  forma. 

XnUstino  quíare  decir  qua  está  dea- 
tro:  intk»  ttare. 

Tripa  vieae  de  estirpe,  tUrptt  ttir^ 
pi$,  ea  latín,  que  significa  raíz,  por- 
que las  tripas  son  parecidas  á  las  raí- 
ces. 

Intima.  Femeniao.  Intimación. 

Intimación.  Femenino.  La  aeeión 
y  efecto  de  iutímar. 

BrtifOLoaÍA..  IníiMor:  latíu,  íníXmo- 
Uo,  notificación,  forma  sustantiva  abs- 
tracta de  tnílÍMaíM,  intimado;  catalán, 
intimot  intinwaá;  francéi ,  MmatiM; 
pfOTenzal,  intkiwuUio¡  italiano,  mA'mo- 

Intimadamanto.  Adverbio  da  mo- 
do. Goit  intimación. 

ETiuoLoaU.  IntitMda  j  «1  aufijo 
adverbial  menU, 

Intimado,  da.  Participio  pasivo 
de  iriH^nar. 

BtuioloqU.  Intimar:  catalán, 
mit,  da;  francés,  vUmé;  italiano,  «h- 
timato. 

Intimamente.  Adverbio  de  modo. 

Con  iatiraidad. 

ET1UOI.00ÍA.  Intima  y  el  sufijo  ad- 
verbial ruente:  catalán,  inUmame%t; 
francés,  intimemMt;  italiano,  intimO' 
mmíe;  útin,  intími. 

tnlímar.  Activo.  Declarar,  notifi- 
car, hacar  atibar  alguna  eoaa.  D  Foren- 
se, béspachar  cartas  6  despachos  inti- 
matorios. I  Recípnieo,  latioducírse 
UQ  cuerpo  ó  una  cosa  material  dentro 
de  otra  por  las  porosidades  ó  espacios 
huecos.  [[  Metáfora.  Introducirse  en  el 
Hfecto  ó  ánimo  de  alguno,  estracharse 
con  alguno. 

BruiOLoafa.  Intinto:  latín,  intimare, 
liaeer  notorio,  declarar,  exponer;  pío* 
vfluzal  j  catalán,  wtimar;  francés,  im- 
tinter;  italiano,  intimare. 

Intimatorio,  ría.  Adjetivo  foren- 
se que  se  aplicaá  las  cartas,  dea;pachos 
o  letras  con  que  se  intima  algún  de- 
creto ú  orden. 

ETiuoLooía.  Intimar:  oatalin,  mI¿- 
m  ttori,  a. 

Intimidable.  Adjetivo.  Que  se  in- 
timida. 

Intimidación.  Femenino.  Aeciún 

de  intimidar  ó  intimidarse. 

E-nMOLoaÍA.  Intimidar:  francés,  ¿a- 
timiáaíion;  italiano,  iníimidatione* 

Intimiiad.  Femenino.  Amistad 
estrecha  é  íntima. 

Etimolooú.  Intimo:  eatalán,  iuti- 
milat;  francés,  intimiíe;  italiano,  w/í- 
miía. 

Intímidadamente.  Advexbio  de 
iimdo.  ''on  intimidación. 

Btiholooía.  Intimidada  y  A  Infijo 
adverbial  mente, 

Intími  lado,  da.  Participio  pasivo 
de  intimidar. 

EtimoloqU.  Intimidar:  catalán*  m- 
íimidaí,  di;  francés,  intimidé^  ttalia- 
iníimidaío. 

Intimidar.  Activo.  Ponsz  6  úosar 
mitido. 

Btihología.  Prefijo  in,  en,  j  tí>ai- 
d'>:  caialiiu,  tníimidar;  fraacéá,  iniiati- 
dtr;  iialiuno,  inl'mxdare. 

SiNOM  lA.  Intimidar,  amc  'rentar. 


INTO 

La  misma  dífarencia  hay  entre  estas 

dos  voces  que  entre  timidez  y  miedo, 
de  las  cuales  se  derivan.  Lo  que  inti- 
mida, produce  menos  efecto  que  lo  que 
amedrenta.  Lo  que  intimida,  embara- 
'¿a;  lo  que  amedrenta,  retrae.  Los  obs- 
táculos intimdan;  los  peligros  ame- 
drentan. Un  orador  novel  se  intimida 
en  presencia  de  un  concurso  numero- 
so; al  hombre  más  intrépido,  ameiTenr 
ta  la  certeza  de  una  muerte  inevita- 
ble. (Mora.) 

Intimidarse.  Recíproco.  Sentir 
miedo. 

intimo,  ma.  Adjetivo.  Lo  más  in- 
terior, ó  interno.  ||  Se  aplica  también 
á  la  amistad  raur  estrecha  j  al  amigo 
muy  querido  y  de  confianza. 

Etiu(hx>oÍa.  Sánscrito  tat,  dentro: 
grie^,  ¿vTÓc  (entdt);  latín,  taía4,  den- 
tro; míimus,  íntimo;  italiano,  intimo; 
francés,  intime;  catalán,  {«¿m,  ■. 

Intindón.  Femenino.  Liturgia.  In- 
mersión de  un  pedacito  de  hostia  con- 
sagrada en  el  cáliz. 

Etiuolcoía.  Latín  intinctio,  accidn 
de  mojar;  acción  de  templar  el  bierro 
en  el  agua,  en  san  Isidoro;  el  bautis- 
mo, en  Tertuliano,  forma  sustantiva 
abstracta  de  intinctus,  participio  pasi- 
vo de  intingife,  mojar  en;  de  in,  en, 
j  tingire,  teüir, mojar:  francés,  m^Íhc- 
tüm. 

Intitulación.  Femenino  anticua- 
do. TÍTDLO  Ó  imcaiPCióH. 

Intitulado,  dá.  Participio  pasivo 
de  intitular. 

Etiuolooía.  Intitular:  catalán,  «n- 
tiíttlat,  da;  francés,  intitnlé;  italiano, 
intilo'.ato. 

Intitular.  Activo.  Poner  título  á 
un  libro  ú  otro  escrito.  Q  Dar  algún 
título  particular  á  una  persona  ó  cosa. 
Se  usa  también  como  recíproco,  ||  An- 
ticuado. Nombrar,  seúalar  ó  destinar 
á  alguno  para  determinado  empleo  ó 
ministerio.  \  Anticuado.  Dedicar  una 
obra  á  alguno,  poniendo  al  frente  su 
nombre  pan  autorizarla. 

BTiHOLoaÍA.  Catalán  MítAUsr:  pro- 
venzal,  inHtolar»  intitular;  francés,  in 
titaler;  italiano,  intiítlarei  del  latín 
iníít&lire;  de  m,  en,  y  UtUSre,  ti- 
tular. 

Intitularse.  Recíproco.  Darse  al- 
gún título.  Q  Tener  esta  ó  la  otra  de- 
nominación. 

Intiyuyu.  Uascalino.  Culebra 
grande  y  temible  del  país  de  las  Ama- 
zonas. 

Intolerabilidad.  Femenino.  La 

calidad  de  lo  intolerable. 

EtimolooIa.  InUtlerablt:  francés,  (»• 
íolérabiliíé. 

Intolerable.  Adjetivo.  Lo  qne  no 
se  puede  tolerar. 

Étiholoqía.  In  negativo  y  tolera- 
ble: latín,  ini^jleribilig;  catalán,  intole- 
rabie;  francés,  intolerable;  italiano,  is- 
toUerubile. 

Intolerablemente.  Adverbio  mo- 
dal. De  un  modo  intolerable. 

Etiholoqía.  Intolerable  pr  el  sufijo 
adverbial  mente:  catalán,  tníolerabte- 
meni;  francés,  intoléraUement;  italia- 
no, iHíollerabilmen^;  latín,  iníurrabí- 
Itter. 


INTR 

Intolarado,  da.  Adjetivo.  Que  no 
ha  sido  tolerado. 

Btiholooía.  Latín  tnídlerStm;  de 
in,  no,  y  tórritut,  tolerado:  intoler^ 
tus  ager,  enfermo  no  recreado  con  al- 
gún alimento:  francés,  intoléré. 

Intolerancia.  Femeniao.  Falta  de 
tolerancia, 

ETiMOLOofA.  Intolerable:  latín,  int&- 
VranÜa;  italiano,  •NÍo¿¿fra«a;  francés, 
intolérance;  catalán,  intolerancia. 

Intolerante.  Adjetivo.  Bl  que  no 
tiene  tolerancia. 

Etiuolooía.  Intolerable:  latín,  iñl^ 
l^rans,  intjl'rantit;  italiano,  tiiMj«nm> 
te;  francés,  intol&aníí  eatalán,  inta- 
lerant. 

Intolerantemente.  Adverbio  de 
modo.  Sin  tolerancia. 

ETUiOLoafa.  Intolerante  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  francés,  intoléram- 
ment;  italiano,  iníollerantemeníe;  latín, 
intWranter, 

Intolerantiamo.  Masculino.  Doc- 
trina de  la  intolerancia. 

ETnioLoaÍA.  Intolerante:  eatalán  j 
francis,  intoleranOtme;  portugués  é 
italiano,  intolerantimo. 

Into&BO,  sa.  Adjetivo  que  se  a^i- 
ca  al  que  no  tiene  cortado  el  pelo.  | 
Metáfora.  Ignorante,  inculto,  rw- 
tico. 

BTmouKifa.  t«at£n  m^afsr,  no  eox^ 
udo  el  cabello;  de  m,  no,  y  Ont», 
forma  de  tvaiire,  ttesquilar. 

Intorse.  Adjetivo.  Mistoria  natnrd. 
Torcido  bacía  dentro. 

ETUioLoofA.  Francés  intorse,  del  It* 
tín  iníortnm  é  intortns,  sincopa  de  m- 
trotersnt;  de  intro,  dentro,  j  esrf «I, 
vuelto;  «vuelto  bacía  dentro.» 

Intoraióa.  Femenino.  ^Soíániea. 
Torsión  natural  de  las  plantas  trepa- 
doras. 

Etiholooía.  Latín  intortto,  torce- 
dura,  forpaa  sastantiva  abstracta  de 
intdrtns,  torcido,  doblado,  participio 
pasivo  de  intor^úire,  torcer  en;  de  m, 
en,  y  torqnéra,  torcer,  doblar;  Áaneés, 
intorsion. 

Intoxicación.  Femeninb.  Mediciu 
¿«ya/.  ÉttTenenamiento.  |  ifei^Ktas.  In- 
troducción de  una  substancia  tóxica 
en  la  economía  viviente;  v  asi  decimos 
que  las  exhalaciones  de  los  pantanos 
son  verdaderas  intoxicaciones.  Q  In- 
toxicación SATuaNiNA.  Nombre  dado 
á  los  efectos  tóxicos  producidos  por  la 
acción  pmlongada  de  los  preparados 
de  plomo.  Llamóse  saturnina,  aludien- 
do á  que  el  plomo  estaba  consagrado 
á  Saturnu. 

Btiuoloqía.  Intoxicar:  bajo  latía, 
intoxicamentum;  francés  del  siglo  xu, 
intosekemení;  moderno,  intoxicatíon*- 

Intoxicar.  Activo.  Envenenar. 

EruioLoafA.  Latín  in,  en,  j  toxican, 
tósigo:  provenzal,  entoyssegar,entia/te- 
gar,  entoxigar;  francés,  intoxi^ner,  fo. 
iFabri. 

Intra.  Del  latín  intri,  derivado  de 
Ȓi,  pasando  por  el  adjetivo  inUras, 
como  quien  aice  iNTEaA-/wríí.  Equi- 

¡  vale  á  dentro  de,  y  solo  tieue  uao  en  in- 
Tox-murot  (dentro  de  murallas,  deii- 

'  tro  de  uüa  ciudad,  villa  ó  lu^ar).  De 
inieras  salieron  también  intenor  (com- 


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INTñ 

|nrttíTO)fl<ii<»iiw(8up8rIativo).  (Mon- 

UD.) 

Intracrescente.  Adjetivo.  Que 

crece  ea  el  íoterior. 

bitradós.BfaBculÍno.  Arquitectura. 
L«  can  c¿acava  de  una  dovela  ó  de 
BD  arco. 

EtiholooU.  Francés  intrad«t,  del 
UUq  «/ra,  entre»  y  el  francés  iot,  dor- 
so, espalda. 

IntradncibU.  Adjetivo.  Que  no  es 
tradncible. 

EtmoLooÍA.  Prefijo  negativo  m  t 
índueible:  italiano,  intraáucibiU;  fran- 
cés, intriulMmUe. 

Intradncido,  da.. Adjetivo.  Que 
no  está  traducido. 

BnHOLOoU.  Prefijo  ne^tivo  i»  y 
tndwü  o:  francés,  Í%lrad%tt. 

latrftiiHiros.  Modo  adverbial  lati- 
no. Dentro  de  una  ciudad,  villa  ó  lu- 
g:ar. 

BnuOLOofa.  Latín  imita,  dentro,  y 
M»rM:  francés  y  catalán,  imtrormuros, 
tomado  de  nuestro  romance.  El  latía 
de  Aseonio  tiene  intramüranm»,  lo  que 
está  dentro  de  las  muí-alias. 

Intraneidad.  Femenino.  Incorpo- 
ración de  un  caerpo  «n  otro  6  de  una 
cosa  en  otra. 

BrtuoLoafa.  IntriMt. 

Intráneo,  nea.  Adjetivo  antiena- 
do.  Intbrno. 

BTiuoLoefÁ.  Latín  tn/rSiiew,  de 
adentro,  del  interior. 

Intran?itaMe.  Adjetivo  que  se 
aplica  al  lugar  6  sitio  por  donde  no 
se  puede  transitar. 

ÉnuoLooÍA.  Prefijo  n^ativo  in  y 
trantiíabU:  catalán,  iníran$itabU, 

Intransitado,  da.  Adjetivo.  Que 

110  ha  sido  transitado. 
Intransitivo,  va.  Adjetivo.  Gra~ 

MiííicB.  Que  se  aplica  á  los  verbos 
cuja  acción  no  pasa  á  otra  cosa;  por 
ejemplo:  »ae€r,  morir,  aWar,  viajar, 
puesto  que  no  pnede  decirse:  yo  naseo 
tlnaemteuto,  yo  muero  la  muerte,  yo 
ando  la  andadura,  yo  viajo  el  viaje. 

BrucOLOoU.  Prefijo  »«,  no,  y  tran- 
litiw  latín,  «nAwMlffMM,  que  no  pasa 

111  si^nificacida  i  otia  cosa  o  persona; 
i-ataUo,  intramitiut  w;  francés,  *«- 
traatitif;  italiano,  inírantiS^vo, 

IntransnintabiUdad.  Femenino. 
Didácíiea.  Calidad-  de  lo  que  es  in- 
tnaimutable. ' 

Intransmutable.  Adjetivo.  Didác- 
tica. Lo  que  no  se  puede  transmutar. 

Etihol'ooía.  Prefijo  in,  no,  v  íram- 
mutable:  francés,  intranimuahle;  cata- 
lán, intratUMa  t  ible. 

Intransportable.  Adjetivo.  Que 
DO  puede  transportarse. 

wmoiLOQih.  Prefijo  Mf  n  V  trau*- 
fOrtakU:  francés,  iiftransporíaole.. 

Intrahterino.  iNTaAUTERmo. 

Btiholooía.  La  forma  iuíraníerino, 
que  aparece  en  alguuos  Diccionarios, 
es  errata  de  imprenta. 

Intrasmntaulidad.  Femenino. 

IVTBAHSMUTAIIILIDAD. 

latraamnlable.  Adjetivo.  In- 

TSANSMUTABLE. 

latrasportable.  Adjetivo.  In- 

TBAKdPORTABLK. 

btratt.  Femenino  anticuado,  Re- 


INfk 

fresco  ftl  entrar  enj^osesión  de  algo. 

BTiMOLOofA.  Latín  inírSía,  toma  de 
posesión,  de  intrátuSj  entrado. 

Intratable.  Adjetivo.  Lo  que  no 
es  tratable  ni  manejable.  |  Se  aplica  á 
loS' lugares  y  sitios  difíciles  de  tran- 
sitar. I  Metáfora.  Insociable  6  de  ge- 
nio áspero. 

Etiuolooía.  Prefijo  in,  no,  y  trata- 
hWt  francés,  intraitable;  italiano,  iit- 
tratábile;  catalán,  intractabU. 

Intrauterino*  na.  Adjetivo.  Ana- 
tomía y  filotofia.  Que  te  verifica  den- 
tro del  útero. 

Etiuolooía.  Latín  intra^  dentro,  y 
uterino:  iranoés,  iníra'Utéri». 

Intrépidamente.  Advwbio  de  mo- 
do. Con  intrepidez. 

BnuoLOOÍA.  Jntréj^ida  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  catalán .  intrépiiament; 
francés,  intrépidememt;  italiano,  intré- 
pidamente; XtXxn.intrcpidi. 

intrepidez.  Femenino.  Arrcño,  es- 
fuerzo, valor  en  los  peligros.  Q  Osadía 
ó  falto  de  reparo  ó  reñeuÓn. 

EtimoloqIa.  Intrépido:  catalán,  iii- 
trepidesa,  intripeditat;  francés,  intré- 
pidité;  italiano,  inírepidetsa, 

In^épido,  da.  Adjetivo.  El  que 
no  teme  en  los  peligros.  |  Se  luele 
aplicar  al  que  obn  ó  habla  sin  re- 
flexión. 

BniKOAaÍA.  Catalán,  intrépiíf  da; 
francés,  in&épide;  italiano,  inírípidOy 
del  latín  inírepUiut,  arrojado;  de  i'm, 
no,  y  írhidut,  tembloroso.  Intrépido 
quiere  decir  literalmente  «que  no 
tiembla.» 

Intribntar.  Activo  anticuado. 
Atbibutab. 

Intricable.  Adjetivo  anticuado. 
Intrincable. 

Intricación.  Femenino  anticuado. 
Intrincación. 

Intricadamente.  Adverbio  de  mo- 
do anticuado.  Intrincadauentb. 

Intricamiento.  Masculino  anti- 
cuado. Intbinoamiknto. 

Intri<»r.  ActiTO  anticuado.  Enre- 
dar. 6  anmanflar  una  eow  con  otra. 
Usábase  también  eomo  recíproco.  | 
Metáfora  antigua.  Ihtrincab. 

Intriga.  Femenino.  Manejo  caute- 
loso, acción  que  se  ejecuta  con  astu- 
cia y  ocultamente,  pan  conseguir  al- 
gún fin.  H  Enredo,  embrollo. 

Etimolooía.  Latín  írica,  tricarum, 
bagatelas:  catalán,  intriga;  francés, 
intrigue;  italiano,  intrigo. 

Sentido  etimolégico.— Según  la  eti- 
mología, la  intriga  es  un  oficio  de  es- 
casa monta,  una  cortesanía  al  menu- 
deo, una  baja  industria. 

Intrigante.  Participio  activo  de 
intrigar.  El  que  intriga. 

Intrigantemente.  Adverbio  de 
modo.  Con  intriga. 

Etiuolooía.  Iníriganie  y  el  sufijo 
adverbial  aunte. 

Intrigar.  Neutro.  Ejercitarse  en 
intrigas. 

Etiuolooía.  lutria:  catalán,  iníri' 
gár;  provenzal,  enírtcar,  intricar;  fran- 
cés anticuo,  entri^uer;  moderno,  t»- 
trigner:  italiano,  intrigare. 

Intrincable.  Adjetivo,  Lo  que  se 
puede  intrincar. 


INTR 


155 


Etiuolooía.  Intrincar:  catalán,  in- 
trincable. , 

Intrincación.  Femenino.  Ift  ac- 
ciúu  y  efecto  de  intrincar. 

Intrincadamente .  Adverbio  de 
modo.  Con  intrincación. 

Etiuolooía.  Intrincada  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  catalán,  intrincada- 
ment. 

Intrincado,  da.  Participio  pasivo 
de  intrincar. 

Etiuolooía.  Intrincar:  catalán,  tn- 
írincaí,  da. 

Intrincamiento.  Masculino.  In- 
trincación. 

Etiuolooía.  Intríucaeió»:  eatalán, 
inírincamení. 

Intrincar.  Activo.  Enredar  6  «- 
marañar  al  ^na  cosa.  |  Metáfora.  Con- 
fundir ú  obscurecer  los  pensamientos 
ó  conceptos. 

Etiuolooía.  Intrigar:  latín,  imtrica- 
re;  catalán,  intrincar. 

Intrínsecamente .  Adverbio  d« 
modo.  Interiormente,  en  lo  interior. 

Etiuolooía.  /ttírÍMíca  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  latín,  intrinsecus;  ea- 
talán, intrlnsecament;  francés,  inírin^e- 
quement;  italiano,  intrínsecamente. 

Intrínseco,  ca.  Adjetivo.  Interior. 
[|  Metáfora.  Intiuo-  |  dórente.  Judi- 
cial. I  Física.   CONTBXTÜBA  INTBÍN- 

SICA  de  los  cuerpos;  la  contoxturA  de 
que  están  dotados  en  virtud  de  las  le- 
ves inalterables  de  su  naturaleza.  Q 
MúsctTLOs  intrínsecos.  Añaíomia. 
Músculos  propios  y  exclusivos  de  cier- 
tos órganos,  términos  contrarios  de 
otros  músculos  que  pertenecen  á  los 
mismos  órganos  y  á  otras  partes  con- 
tiguas. Q  Arouubntos  intrínsbcos. 
Líbica.  Argumentos  sacados  de  la 
misma  índole  de  las  cosas.  Q  LuoAass 
couuNBS  intrínsecos.  Retórica  anti- 

Íua.  Ciertas  propiedades  capitales  que 
as  retores  ae  la  antigüedad  oonsi- 
deraban  como  de  esencia  en  el  sujeto, 
entre  las  cuales  figuraban  laj  si- 
guientes: ta  defiuiciún.  la  enumeru- 
ciótt,  las  causas  v  los  efectos,  tas  se- 
mejanzas j  desemejanzas.  Estas  pro- 
piedades capitales  se  llamabun  tam- 
nién  lugares  comunes  interiores  v 
eran  el  término  contrarío  de  los  laga- 
res comunes  extríusejcos  ó  ex.lK^i6r>>s. 
(Sxtracto  de  Littré.)  |¡  Cualídapbs 
INTRÍNSECAS.  FHosoJia.  Cuslídadus 
esenciales  al  concepto  de  la  cosa;  v 
así  se  dice:  <la  incorporeidad  es  unu 
cualidad  intrínsbca  del  espíritu.»  jj 
Valor  intrínseco;  el  valor  que  tie- 
nen las  cosas  en  virtud  de  lo  que  son 
y  representan  por  sí  mismas;  esto  es, 
independientemente  de  todo  conve- 
nio. El  valor  intrínseco  de  la  onza 
(moneda)  ei  el  que  tiene  por  razón  de 
su  peso  y  de  los  quilates  de  sn  oro, 
por  oposición  al  valor  extrínseco,  que 
es  la  estimación  convencional  v  anto- 
rítaría  que  te  da  el  Estado.  valor 
intrínseco  de  una  cadena  ó  de  unos 
'  pendientes  será  el  que  tengan  dichos 
I  objetos,  en  relación  directa  con  su 

fiesú  y  con  el  precio  de  su  materia;  ó 
o  que  ea  lo  mismo,  excluida  la  mano 
de  obra. 

Etikolooía.  Adverbio  latino  lalns- 


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166  nm. 

sícH»,  interiormente;  de  iníra,  dentro, 
y  s?c»i,  \o  \atgo  de  una  cosa,  expre- 
sando la  idea  de  una  long'itud  6  espa- 
cio interior:  bajo  latín,  ÍHtrins"cus; 
italiano,  intrínseco;  francés,  ínlrinsé- 
gue;  pro-venzal,  intrintec;  catalán  bd- 
tfguo,  iñtrinek,  m;  moderno,  inUin- 
sech,  ea, 

Intro,  entro,  entr.  Del  adverbio 
UtÍDo  intrdf  formado  de  la  preposición 
iut  pasando  por  el  adjetivo  inusitado 
úUertu:  es  una  abreviacidn  de  i*tero, 
subentendido  loco.  Es  el  opaesto  de 
extra,  j  si^niñca  (¿en/ro,  en  lugar  in- 
terior, y  pot  lo  común  con  la  idea  ac- 
cesoria de  movimiento.  Apenas  tiene 
uso  más  qae  en  iníré-ito,  en  intro- 
ducir y  sus  derivados,  y  en  el  verbo 
anticuado  intro-me terse,  hoy,  entro- 
metrrse  6  entr  e-meterse. — Fntr-ar,  del 
latín  intrare,  no  es  más  que  el  adver- 
bio intrd,  con  la  desinencia  ar  (are), 
de  la  primera  conjus^ación.  (Monlau.) 

Introducción.  Femenino.  La  ac- 
ción y  efecto  de  introducir.  |  Metá- 
fon.  Entrada  j  trato  &miliar  é  ínti- 
mo con  alg^unft  persona.  |  Prepara- 
ción, disposición,  6  lo  que  es  propio 
para  llegar  al  fin  que  uno  se  ha  pro- 
puesto; en  este  sentido  se  llama  tam- 
bién  INTRODUCCIÓN  el  prólogo  de  un 
libro  ó  de  otro  escrito. 

Btuiolooía.  Introducir:  latín,  tu- 
troductío;  italiano,  introdusione;  fran- 
cés, iníroduction;  catalán,  iñírodwxió; 
portugués,  introdu^ao. 

Introducido,  da.  Adjetivo.  El  que 
tiene  entrada  y  familiaridad  en  una 
casa. 

EtimoldoÍá.  Latín  intrSductus,  par- 
ticipio pasivo  de  intrddUc^re:  catalán, 
itttrodukit,  da;  francés,  introduit. 

Introdocidor,  ra.  Masculino  y  fe- 
menino anticuado;  Intboductor.  Q 
Anticuado.  Mbtbdob*  en  la  acepción 
del  que  introduce  contrabandos. 

Introducir.  Activo.  Meter  adentro 
ó  dar  entrada  á  uno  en  algún  lugar. 
Se  usa  también  como  recíproco.  |  Ha- 
cer hablar  á  uno  en  algún  diálogo, 
escrito  ó  cosa  semejante.  3  Metáfora. 
Dar  principio  á  una  cosa  ó  ponerla  en 
uso.  fí'acilitar,  j^roporcionar;  como 
la  gracia,  la  amistad.  Se  usa  también 
como  recíproco.  |  Recíproco.  Entho- 
UETcass,  en  la  acepción  de  meterse 
uno  en  lo  que  no  le  toca. 

Etimolooía.  Provenzal  entroduire: 
catalán,  inlrodvhir;  francés,  introám- 
re;  italiano,  introdurre;  latín,  introdU' 
eére;  de  inlro,  dentro,  r  dücíre,  con- 
ducir; «conducir  hacia  dentro.» 

iQtroducirso.  Recíproco.  Lograr 
entrada  en  al>^una  parte. 

Introductivo,  ¥a.  Adjetivo.  Que 
intro'duce.-ll'Conceraiénte  á  la  intro- 
ducción. 

BniiOLOafÁ.  Introducir:  provenzal, 
itiírodücíiu;  francés,  inírodueíifi  ita- 
liano, introduttivo. 

Introducto,  ta.  Adjetivo  anticua- 
do. Habituado,  acostumbrado. 

Introductor,  ra.  Masculino /  fe- 
menin'p.  que  ijitroduce.  y  db  bmba- 
JADOUBS.'ÉI  sujeto  destinado'en  algu* 
ñas  cortes  para  acompañar  á  Jós  em- 
bájadores'  y  ministros  extranjeros  en 


las  entradas  públicas  j  otros  actos  de 

ceremonia. 

Btuiolooíá.  Introducir:  latín,  in- 
troductor; italiano,  introiutlore;  fran- 
cés, introductew;  catalán,  introduc- 
tor, a. 

Introductorio,  ría.  Adjetivo  an- 
ticuado. Lo  que  sirve  para  introdu- 
cir. 

BtiuolooU.  Introductivo:  latín,  >m* 
tr3duet5rÍHt;  francés,  intrjductoire. 

Introito.  Masculino.  Entrada  6 
principio  de  una  cosa.  I  Lo  primero 
que  lee  el  sacerdote  en  el  altar  al  dar 
principio  á  la  misa. 

Etiuoloqía.  Provenzal  introit:  fran- 
cés, introlt;  italiano,  introito;  del  la- 
tín introítuSf  introliUs,  entrada,  simé- 
trico de  introííus,  adonde  se  ha  entra- 
do, participio  pasivo  de  introire;  de 
intro,  dentro,  é  iré,  ír;  catalán,  intróit; 
francés,  tntrolt. 

Intrometerse.  Recíproco  anticua- 
do. Entrombtbbsb. 

Intromisión.  Femenino.  Intro- 
ducción. 

Etiuolcoía.  Provenzal  iníromissio: 
francés,  iníromitsion;  italiano,  la/ro- 
messionet  del  latín  t«/r9]iiüm,' admiti- 
do dentro,  participio  pasivo  de  intrS- 
milfre;  de  intro,  dentro,  y  miíttn, 
poner. 

Intropelvimatro.  Masc^ulino.  Me- 
dicina. Instrumento  destinado  á  me- 
dir los  estrechos  de  la  vagina. 

Etuiolooía.  Iníro,  pelvu  y  metro. 

Intropion.  Masculino.  Medicina. 
Encorvadura  de  los  párpados  hacia 
dentro. 

ETiuoLoofA.  Francés,  fN<roptM. 

Introrse.  Intorso.  ' 

Etimoluoía.  La  forma  introrse,  que 
se  halla  en  algunos  Diccionarios,  es 
bárbara. 

Introspectivo,  va.  Adjetivo.  Di- 
dáctica. Qiie  sirve  para  examinar  el 
interior  de  una  cosa. 

ETiuoLoafA.  Latín  introspecütre, 
mirar  por  dentro,  frecuentativo  de 
introspicere;  de  intro,  dentro,  y  el  an- 
tiguo *;)íc"rí,  examinar:  francés,  tn- 
trospectif. 

Intrusamente.  Adverbio  de  moáp. 
Por  intrusión. 

Etimología.  Intrusa  y  el  sufíjo  ad- 
verbial mente:  catalán,  intrusament. 

Intrusar.  Activo.  Meter,  introdu- 
cir, colocar  una  persona  sin  derecho 
ó  indebidamente. 

EriMOLOofA.  Latín  inirSdt^re,  en- 
trometerse; de  in,  en,  y  trudhe,  ím- 

Íieler  cbn '  fuerza:  italiano,  intrudere; 
ranees,  intrure. 

Intrusarse.  Recíproco.  Apropiar- 
se, sin  razón  ni  derecho,  un  cargo, 
una  autoridad,  una  jurísdisccidn,  etc. 

Intrusióp.  Femenino.  La  acción 
de  introducirse  sin  derecho  en  alguna 
dignidad,  jurisdicción,  oficíb;  pro- 
piedad, etc. 

ETiMOLOofA.  Intrusarse:  catalán, 
iñtrusio';  francés,  intrusión;  italiano, 
intrusione. 

Intruso,  sa.  Adjetivo.  El  que  6  lo 
que  se  introduce  sin  derecho. 

Etuiolooía.  Latín  intr&svs,  partici- 
;  pió  pasivo  da  inírSd^e:  catalán,  in- 


INTÜ 

trús,  a;  francis,  mAw;  italiano,  tu- 

truso. 

Intsia.  Femenino.  Botiniea.  Géne- 
ro de  plantas  leguminosas  de  Mada- 
gascar. 

latsUceo,  cea.  Adjetivo.  Botáni- 
ca. Concerniente  ó  análogo  i  la  intsia. 

Intuición.  Femenitío.  Teología. 
Visión  bbatÍpica.  |  Filosofía,  La  per- 
cepción clara,  íntima,  insta&tánea,  de 
una  idea  6  una  Terdad,  tal  como  ii  se 
tuviera  &  la  vista. 

EriuoLOofA.  Latín  intUttXo  (QtiiCOS- 
rat,  Áddenia),  vista  ioiérior;  forma 
sustantiva  abstracta  dé  intuitos^  par- 
ticipio pasivo  de  intuert,  contemplar; 
de  tM,  dentro,  y  tueri,  mirar;  «mirar 
dentro:»  catalán,  intuido;  francés,  ts- 
tuition;  italiano,  ttt¿Ht»'-.Ní. 

Intuitivamente.  Advérbio  de  mo- 
do. Con  intuición. 

Etimología.  Intnitita  y  el  sufijo 
adverbial  mente',  francés,  infitioe- 
ment;  italiano,  intuitivamente;  catalán, 
intuitivament. 

Intuitivo,  va.  Adjetivo.  Lo  per- 
tanecienta  á  la  intuición,  6  que  par- 
ticipa de  sú  carácter.  |  Teol^üt,  Vi- 
sión INTUlTtvi.  YlSlÓM  BEATIFICA.  B 

Sistemas  filosóficos.  Pan  algunos  filó- 
sofos, la  reflexión  no  es  mas  que  una 
fórmula  de  la  intuición,  sin  cu;o  se- 
creto no  podría  levantarse  el  hombre 
á  las'  ¡deas  más  univér£ales;  j,  por 
consiguiente,  á  los  conocimientos  más 
abstractos.  Q  Proposición  intuitiva. 
La  que  no  admite  demostración,  por 
lo  mismo  que  lleva  en  si  la  evidencia 
absoluta,  en  la  cual  ve  el  espíritu  un 
concepto  simple;  y  como  simple,  in- 
definible; y  como  indefinible,  inde- 
mostrable. Ejemjtio  de  una  proposi- 
ción ó  de  ona  verdad  intuitiva:  %ser 
y  pensar  mu  una  misma  cosa. pán  el 
alma  del  hombre.»  Todos  estamos  pe- 
netrados ^e  la  verdad  divina  de  aque- 
lla senteiicia;  pero  no  hallaremos  nin- 
gún^  sabio  eujra  ciencia  pueda  expli- 
carla.* 

Etiuoloqía.  Intuición:  catalán,  ts- 
tuiti'u;  va;  francés,  intuiíif;  italiano, 
iníttitito. 

Intuito  (por).  Adverbio  de  modo 
anticuado.  En  ataneiÓn,  en,oonsiden- 
ciórí,  por  razón. 

EfiuoLOOÍA.  Intuición.'  , 

Intuitn.  Masculino  anticuado.  Vis- 
ta, ojeada  ó  mirada.  J  Pos  intuitu. 
Modo  adverbial  anticuado^  Pos  in- 
tuito. 

BTiii(a.ooÍA.  Intuito. 

Intum.  Masculino.  Botánica.  Espe- 
cie de  planta  corirtibífera  de  la  Gui- 
nea, cujTQ  jugo  emplean  loa  negros 
para  pintarse  la  piel.  ■  .  , 

Intumescencia.  Femenino.  Didác- 
tica, La  acdión  de  hincharse  cualquier 
objeto.  Q  MOVIU.IBNTO  db  intumbscbh- 

CIA  DB  LA  COSTRA  TBRRBaTRB.  Gcolo- 

gia.  Movimiento  que  preside  á  la  edi- 
ficación de  las  masas  continentales  ^ 
que  no  se  ejerce  en  una  línea,  sino  en 
una  grande  superficie.  B  Bot  'nica.'^^- 
mefacci,ón  de  las  hojas  de  la  sensitiva, 
producida  en  la  Biüsé  del  pecíolo,  fl  Ft- 
sioU^U  y  Medicina.  Aumento  de  volu- 
men de  un  tajido,  en  uua  parta  cnal- 


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llíÜlt 

qttíen  del  cuerpo,  jr  así  se  dice:  la| 
ixTOuBSCftNCU  del  bazo.  \\  Hinchazón. 

^ttuco/Xííá..  Latía  iulUnetcere,  hin- 
eharse;  de  i«  y  íúmeieere,  forma  ver- 
bal d«  fjínor.  tumor:  &ftneés,  iníums- 
eentí;  italiano,  intumei^ta;  catalán 
aati^uo,  iñtMteteencia, 

lotns,  inte,  índn,  in.  Del  latín  m- 
tu,  adverbio  formado  de  úi  j  del  sufijo 
ta,  ttu.  Significa  del  interior,  interior- 
mente, pot  adentro.  ktíindihiíTiaeqm- 
Tale  á  ilruere  á  construir  interiormen- 
te; i%te-Uge%cÍa,  i  intut-Ugere,  leer  por 
dentro;  in-i/írío,  á  estímulo  ó  aguijón 
interior;  intue-tiacepción,  á  tomar  por 
dentro,  habiéndose  dado  este  nombre 
al  modo  de  nutrición  j  crecimiento 
de  loa  aeres  organizados  ó  vivos. 

fagamos  nour  ahora  que  infra,  tV 
tetf  inttUt  intro  é  f m/m,  están  formados 
de  w;  que  tu,  según  se  ve  en  los 
poetas  anteriores  &  la  edad  de  oro  del 
latín,  tenía,  ya  como  preposición  se- 
parable, va  como  prefijo,  las  formas 
endo  é  indu  (formas  muj  afines  de  las 
rríe^s  endon,  Mftu,  que  vale  i»tus)t 
diciéndose,  verbigracia,  e»d<hperaíor 
á  ituíu-perator  por  im-perator,  indu~pe- 
dio  por  ÍM-ped\o,  indu-gredi  por  in-gre- 
di,  etc.,  j  que  los  derivados  de  in  par- 
ticipan más  ó  menos  de  la  signiñca- 
cíón  de  este  pre6jo  radical,  observán- 
dose empero  que  cuando  se  usan  como 
preposiciones  denotan  más  comun- 
mente relaciones  de  lugar,  j  relacio- 
nes de  modo  6  manera  cuando  se  usan 
como  adverbios.  (Monlau.) 

Intusnscepción.  Femenino.  Fisio-. 
le^.  Introducción  en  un  cuerpo  or- 
^nieo  de  las  materias  que  se  asimi- 
laaiél.  H  Cirugía.  Introducción  anor- 
mal de  un  intestino  dentro  de  otro.  | 
PoB  iNTDSUáCBPC>ÓK.  Anatomía.  De. 
dentro  afuera. 

BniKx/KiÍA.  Latín  intns,  dentro,  j 
tuelp^re,  tomar;  de  tusuntt  hacia  arri- 
ba, j  cápere,  coger:  francés,  intutsus- 
cepcion. 

ReieSa. — 1.  Todas  las  partes  del 
cuerpo  se  desarrollan  en  virtud  de  hi 
LNTUáuscBPCiÓN  de  Us  moléculas  que 
les  son  análogas.  (BuPFÓN,  citado  por 
Littré.) 

2.  Dicese  que  un  cuerpo  organizado 
se  desarrolla,  cuando  sus  partes  se 
extienden  en  todos  sentidos  por  la  ik- 
nisuscBPCiÓM  de  materias  extrañas. 
(BoNSBT,  Palingenesia,  FJ,  4.) 

Inola.  Femenino.  Botánica*  Bspe-. 
cíe  de  planta  sinantérea. 

BiiuoLoafA.Latíiitiiií/s,  hierba  más 
pequeña  j  más  amarga  que  la  pasti- 
naca (pLiHio):  francés,  inute, 

Inúleo,  lea.  Adjetivo.  Análogo  á 
la  fnuln. 

Inalina.  Femenino.  Q,*imica.  Es- 
pecie de  almidón  sacado  de  la  raíz  de 
la  ínula. 

BTiuoLoofA.  ínula:  francés,  inuline. 

Inoloideo,  dea.  Adjetivo.  lNih.EO. 

Inulto,  ta.  Adjetivo.  Poética,  Lo 
qae  queda  sin  venganza. 

BnilOLDOÍA.  Latín  inulíus;  de  in, 
no,  f  nttñi,  vengado,  participio  pasi- 
to oe  uíeiici,  vengar,  vengarse. 
^  liúlmeridatl.  Femenino  anticuado. 

LXKgiiKBABlUDAO.  -  i 


I  inundación.  Femenino.  La  abun- 
dancia de  las  aguas  cuando  cubren 
los  campos,  ó  salen  de  madre  los  ríos 
ó  el  mar.  ¡|  Metáfora.  Multitud  exce- 
siva de  cualquiera  cosa. 

Etimolooía.  Inundar:  latín,  inun- 
daíío,  forma  sustantiva  abstracta  de 
inwndattu;  catalán,  inundaeid;  francés, 
inondatioa;  italiano,  iwmdañone. 

Inundado,  da.  Participio  pasivo 
de  inundar. 

ETiuoLoaÍA.  Latín  inunditu»,  par- 
ticipio pasivo  de  inundare:  catalán, 
inmdaí,  da;  francés,  inond^;  italiano, 
inondato;  ginebrino,  ¿nondé, 

Inundancia.  Femenino  anticuado. 
Inundación. 

Inundante.  Participio  activo  de 
inundar.  El  ó  lo  que  inunda. 

Inundar.  Activo.  Cubrir  de  agua 
los  campos  6  anegarlos.  \  Metáfora. 
Llenar  un  país  de  gentes' extrañas  ó 
de  otras  cosas.  Se  usa  también  como 
recíproco. 

ETiuoLoaÍA.  Latín  inundare,  cubrir 
de  aguas;  de  in,  en,  ^  nndare,  levan- 
tar olas:  catalán,  tnnndar;  francés, 
inonder. 

Inunible.  Adjetivo.  Que  no  se  pue- 
de unir. 

Inurbanamente.  Adverbio  de  mo- 
do. Sin  urbanidad. 

Etiuolooía.  Inurbana  y  el  sufijo  ad- 
verbial mente:  italiano,  taiir^aaamMí^- 
latín,  inurbani,  rústicamente,  sin  cul- 
tura ni  gracia. 

Inurbanidad.  Femenino.  Falta  de 
urba'iidad,  desatención,  descortesía. 

Etimología.  Inurbano:  italiano, 
inurbaniiá;  francés,  inurbanité. 

Inurbano,  na.  Adjetivo.  Falto  de 
urbanidad. 

Etiuolooía.  Prefijo  in,  no,  y  urba- 
no: latín,  tniir¿anM,-italiano,t)i«r¿dtt9. 
«Rústico,  poco  cortés  ó  poco  cultiva- 
do.>  (^cADE-uiK,  Diccionario  de  ilÜS.) 

Inus  6  Inuus.  Masculino.  Mitolo- 
gía. El  dios  Pan,  que  preside  j  guar- 
da los  ganados. 

Inusado,  da.  Adjetivo  anticuado. 
Inusitado  ó  desusado* 

inusitadamente.  Adverbio  mo- 
dal. De  un  modo  inusitado. 

Etimolcoía.  Jnittiíttda  y  el  sufijo 
adverbial  mente. 

Inusitado,  da.  Adjetivo.  Lo  que 
no  es  usado. 

Etiuol^gía.  Latín,  inUsUatus,  de 
ta,  no,  y  witaíus,  usado:  catalán,  ifi- 
witaí,  da;  francés,  inutttó;  italiano, 
inusitaíOf  inutato. 
Inusual.  Adjetivo.  Que  no  es  usual. 
Inútil.  Adjetivo.  Lo  que  no  es  útil. 
Etiuolooía.  Prefijo  »m,  no,  y  útil: 
latín,  inütílis;  italiano,  inutile;  fran- 
cés, inulile;  provenzal,  inútil;  catalán, 
inútil. 

Inútile.  Adjetivo  anticuado.  In- 

i  ÚT!L. 

Inutilidad.  Femenino.  Falta  de 
utilidad,  ó  calidad  délo  ^ue  es  inútil. 

Etiuolooía.  Inútil:  latín,  inStílíías; 
italiano,  inuíHita;  francés,  inuíilite'; 
catalán,  inutilitat;  portugués,  inutili- 
dade. 

Inútilísimo,  ma.  Adjetivo  super- 
1  latÍTÓ  de  inútil. 


INVA  157 

Inutilización.  Femenino.  Acción 
ó  efecto  de  inutilizar. 

Inutilizadamente.  Adverbio  de 
moHo.  He  una  manera  inutilizada. 

Etiuolgoía.  InutiUtaia  y  el  sufijo 
adveruiiil  menU. 

Inutilizado,  da.  Participio  pasivo 
de  inutilizar. 

EnuoLOofa.  In%tili*ar:  francés,  is- 
Míilité;  catalán,  innliUnt,  da. 

Inutilizador,  ra.  Sustantivo  y  ad* 
jetÍTo.-Que  inutiliza. 

Inutilizar.  Activo.  Hacer  inútil, 
vana  ó  nula  cualquier  cosa.  Se  usa 
también  como  recíproco. 

Etiuolooía.  Inútil:  catalán,  MH<t- 
lisar. 

Inutilizarse.  Reciproco.  Volverse 
inútil  alguna  cosa. 

Inútilmente.  Adverbio' de  modo. 
Sin  utilidad. 

Etiudlooía.  7«iíf«r^  el  sufijo  ad- 
verbial mmíf:  catalán,  tffií/rteeii/;  fran- 
cés, inutilement;  italiano,  inutikunte; 
latín,  inñtíHíer. 

In  utroque.  Expresión  latina  que 
se  usa  precedida  del  noinbre  doctor, 

Sara  designar  al  que  lo  es  en  ambos 
erechos,  esto  es,  en  el  civil  y  canó- 
nico; y  se  dice  figuradamente  del  que 
esti  instruido  en  dos  facultades,  pro- 
fesiones, etc.  D  Numitmática.  T&mmén 
aparece  la  misma  expresión  en  el  exer* 
go  de  las  onzas  de  oro:  in  utroque 
lix,  sobrentendiéndose  hemisferio  ó 
mundo:  cfeliz  en  ambos  mundos  ó  he- 
misferios.» 

Invadeable.  Adjetivo  que  se  apli- 
ca al  río  que  no  se  puede  vadear.— 
cAdjetivo  de  una  terminación  que  se 
aplica  al  río  que  no  se  pueda  vadear; 
y  por  traslación  se  dice  de  otras  cosas.» 
(ACADEUiA,  Dieeioiurío  de  i7S6.f 

Invadido,  da.  Participio  pasivo  de 
invadir. 

BtiuologÍa. /amitr:  latín,  úieiíftti, 
participio  pasivo  de  invid^e;  catalán, 
tncadit,  da. 

Invadirá  Activo.  Acometer,  entrar 
por  fuerza  en  alguna  parte. 

ETiuoLoaÍA.  Latín  tnvadire,  acome- 
ter, asaltar,  entrar  por  fuerza;  de  in, 
en,  hacia,  dentro,  y  vdd'^re,  ir:  italia- 
no, invadere;  catalán,  invadir. 

Invaginación.  Femenino.  Cingla. 
Introducción  preternatural  de  una 
porción  de  intestino  en  el  que  le  pre- 
cede ó  sig-ue, 

Etiuolooía.  Latín  in,  en,  y  vagi- 
na, vagina;  propiamente,  vaina,  caja, 
estuche:  francé^,  wot^inaHon. 

Invaginarse.  Recíproco.  Meterse 
un  intestino  en  el  contiguo. 

Etiuolooía.  Invaginación:  francés, 
inoaginer. 

Invalidación.  Femenino.  La  ac- 
ción y  efecto  de  invalidar. 

Etiuolooía.  Invalidar:  catalán,  tn- 
validació;  francés,  inwUidatio»;  italia- 
no, invalidatione. 

Invalidad.  Femenino  anticuado. 
Nulidad. 

Inválidamente.  Adverbio  de  mc- 
do.  Con  invalidación. 

EtiuologÍa.  Inválida  y  el  sufijo  ad- 
verbial mente:  catalán,  inválitíntMnti 
francés,  invalidemeni;  italiano,  imwi* 


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i5S  ÍNVÁ 


INVE 


ÍNVB 


dametUe;  latín,  i»calid¿, — <Sia  valor, 
con  nulidad.»  (Acadeuia,  Diccionario 

de  me.) 

Invalidar.  Activo.  Hacer  inválida, 
nnUi  ó  de  nii^a  valor  j  efecto  alg^u- 
II a  cosa. 

Etiuolooía.  Inoéliio:  catalán,  invor 

iidav;  francés,  invilider;  italiano,  i«- 
ealidare. 

InvalidM.  Fanenino.  Falta  de  va- 
lidas. 

KlliuiLoafA,.  Jnmtido:  catalán,  inta- 
liáitat;  francés,  inwlidií/;  italiano,  i»- 
talidita. 

Inválido,  da.  Adjetivo.  Lo  que  no 
tiene  fuerza  ui  vigor.  Aplícase  por  lo 
común  á  los  soldados  viejos  ó  estro- 
peados. Se  usa  también  como  sustan- 
tivo. II  Motúfora.  Lo  que  es  nulo  ^  de 
ningúit  valor,  por  no  tener  las  condi- 
ciones que  exigen  las  le^es.  ||  Falto 
de  vigor  j  de  solidez  en  el  entendi- 
miento ó  en  la  razón.  |  Plural.  El  re- 
tiro, pre  ó  jubilación  qae  se  concoide 
á  los  soldados  que  han  servido  cierto 
n&iQWD  de  años,  ó  que  han  hecho  ai- 
ganos  servicios  de  los  eoales  han  que- 
dado estropeados. 

BnuouMsia.  Prefijo  %%,  no,  víUdo: 
latín,  inviÜdiUf  débil,  enférmizo;  íta- 
tiaao.  invalido;  fraacés,  invalide;  cata- 
lán, ittv'ílil,  áa. — tinválido  se  llama 
coiniiiiiiieiite  el  soldado  que  jra  no 
puedtí  servir  en  la  campaña,  ó  por 
achaques,  ó  por  vejez.»  (Acadbuia, 
Diconario  de  ÍI^G.) 

Invarlabilídad.  Femenino.  La  ea- 
lídiid  de  invariable. 

Etiuolooía.  InDiriable:  catalán,  in- 
mriabilitaí;  francés,  invariabilité;  ita- 
liano, inmriabilitá. 

Invaiiable.  Adjetivo.  Lo  que  no 
padeofl  6  no  puede  padecer  variación. 

BTiicoLoaia.  Prefajo  in,  uo,  y  varia- 
ble: francés  j  catalán,.  imariaoU;  \%k- 
liaa»,  imvarMhiU. 

fayariaMimarto.  Adverbio  de 
modo.  Sin  variación. 

BnuoLOOÍa.  IntariaiU  y  el  sufijo 
•adverbial  mente:  italiano,  invariabil- 
menie;  francés  y  catalán,  invariable- 
iiient. 

Invariación.  Famenino  anticuado. 
Substancia  permanente  y  sin  varia- 
ción de  alguna  cosa  ó  en  alguna  cosa. 

Invariadamente.  Adverbio  de  mo- 
do anticuado.  Sin  variación. 

Btiuoloqía.  Insariada  y  el  sufijo 
adverbial  Mi««¿«. 

Invatíado,  da.  Adjetivo.  Lo  que 
no  se  lia  variado. 

Etiuoloqía.  Prefijo  i»,  ao,y  varia- 
do: catalán,  issana/,  «^.—«Cosa  sin 
madaaza  6  variedad.»  (Acadbmia, 
Diecionario  de  i7S6.^ 
.  Invasión.  Femenino.  La  acción  y 
efecto  de  invadir. 

EtiuologÍa.  Latín  invasío,  acome- 
tida con  violencia  é  ímpetu,  forma 
sustantiva  abstracta  de  invasut,'p&rú- 
i-iplo  pasivo  de  inmd^re,  invadir:  ita- 
liano, ¡ncaüune:  fiMUcés,  invasión;  pro- 
venz  il,  envazio:  i'iUalán,  invasiá. 

Sinonimia.  J m-'imn,  incursión,  irrup* 
ci-JH.  I.a  intdsiiia  es  una  hostilidad 
ordenada,  que  tieue  su  origen  en  la 
pQlítici,/,qU4  se  hice  según  las  prác- 


ticas  militares,  y  con  movimientos 
estratégicos.  La  incursión  es  una  co- 
rrería (•■)  territorio  extraño,  hecha  con 
rapidez,  acompañada  de  saqueo  y 
mortandad,  pero  que  no  envuelve  for- 
zosamente la  idea  de  posesión  dura- 
ble. La  irrupción  es  una  incursión  he- 
cha en  grande,  y  con  el  objeto  de  con- 
quistar. La  ocupación  de  Argel  por 
las  tropas  francesas  fué  una  ineasión; 
las  entradas  de  los  indios  por  el  Nor- 
te de  Méjico  y  por  el  Sur  de  Chile* 
son  inenrsione».  Las  conquistas  de  Ita- 
lia, España  y  las  Gallas  por  las  na- 
ciones de  la  Germania  fueron  irrup- 
ciones. (Mora.) 

Invasivo,  va.  Adjetivo.  Concer- 
niente á  la  invasión. 

ETiuOLOofA,  Invasión:  francés,  i«- 
vasif. 

Invasor,  ra.  Masculino  y  femeni- 
no. El  que  invade. 

ETiaoLooÍA.  Invasión:  latín,  íaeo- 
lor:  cat  il  MI,  incasor, 

Invectira.  Femenino.  Discurso 
acre  y  vehemente  contra  alguna  per- 
sona /)  C'isa. 

Etimología.  Latín  posterior  invec- 
íte^t  Prisciano,  las  Catilinarias  de 
Cieerjn,  de  invectns,  participio  pasivo 
de  invehiré,  desencadenarse  contra;  de 
in,  en,  y  vei^e,  conducir,  arrastrar: 
cataljn,  invectiva;  francés,  invective; 
italiano,  inveííiva. 

Sinonimia.  Incectiva^  sátira.  <La 
diferencia  que  hajr  entre  estas  dos 
palabras,  consiste  en  que  invectiva  se 
refíjre  siempre  á  censurar  j  criticar, 
con  violencia  y  acritud,  á  un  solo  in- 
dividuo; mientras  que  \k  sátira,  ver- 
daderamente tal,  censura  y  critica  las 
costumbres  públicas,  ó  las  opiniones 
de  muchos,  valiéndose  al  efecto  del 
ridículo,  de  la  gracia  y  del  chiste. 
Aquélla  es  una  saeta  que  hiere;  ésta, 
un  espejo  en  donde  se  retratan  en  toda 
su  desnude?,  los  vicios  y  las  miserias 
humanas.  El  objeto  de  la  invectiva  es 
mancillar,  irritar;  teniendo  por  cau- 
sas motrices  á  la  ira,  á  la  envidia  y  á 
la  venganza.  L^  invectiva,  por  consi- 
guiente, es  innoble,  como  hija  de  pa- 
siones ruines.  hK  sátira,  por  el  con- 
trario, es  noble,  porque  sus  causas 
motrices  son  la  inteligencia,  el  talen- 
to y  la  ilustración.  La  invectiva,  colé- 
rica y  llena  de  saña,  señala  con  el 
dedo  á  un  individuo,  al  que  quiere  ha- 
cer su  víctima.  \aSí  sátira,  cun  el  cora- 
zón tranquilo,  la  frente  serena,  y  son- 
riéndose,  mira,  contempla  y  compade- 
ce á  la  humanidad.»  (LÓPBZ  Pelborín.) 

Invectivamente.  Adverbio  de  mo- 
do. Con  invectivas. 

Etimoloqía.  Invectiva  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  latín,  invectivalíter. 

Invehir.  Activo  anticuado.  Hacer 
ó  decir  invectivas  contra  alguno. 

Etimología.  Latín  incea''re,  des- 
atarse en  injurias.  (Plimo.) 

Invencibilidad.  Femenino.  Cua- 
lidad de  lo  invencible.  (Caballero.) 

ETiMOLoaÍA.  Invencible:  italiano,  in- 
vincibiliíá. 

Invencible.  Adjetivo.  El  ó  lo  que 
no  puede  ser  vencido. 

Etimología.  Prefijo  í»,  no,  y  venci-  \ 


ble:  latín,  invtndbUit;  italiano,  lana- 
ciHle;  fnncéa,  invinci ble;  catalán,  ts- 
zinciblf,  invencible. 

Sinonimia.  Invencible,  invicto.  In- 
vencible es  un  adjetivo;  invicto  es  un 
epíteto.  Llamamos  invencible  vX  que  no 
lia  sido  ni  puede  ser  vencido;  Msteto, 
al  héroe  que  se  ha  distinguido  por  sus 
eminentes  prendas  militares  y  por  sus 
grandes  triunfos  en  la  guerra.  De  tal 
cuerpo  del  ejército  se  oice  que  es  ta- 
venetbl'.  Nuestros  historiadores  dan  el 
titulo  de  invicto  á  Carlos  V.  (Moba.; 

Invencible.  Adjetivo  y  masculino. 
Mitología.  Sobrenombre  de  Júpiter. 

Invenciblemente.  Adverbio  mo- 
dal. Ue  un  modo  invencible. 

Etimología.  Invencible  y  el  sufijo 
adverbial  m^nte:  catalán,  invindbu- 
menl,  invenciblernent;  francés,  invinci- 
bUjneni:\U\\s.tio,invincÍbHtMnte;  latín, 
invinctbílíter. 

Invención.  Femenino.  La  acción  ,} 
efecto  de  inventar.  9  La  cosa  inventa- 
da. I  Hallazgo.  ||  Engaño,  ficción.  | 
liel'rica.  Parte  de  la  retórica  que  en- 
seña á  disponer  del  modo  más  conv>>- 
iiiente  un  discurso. 

Etimología.  Provenzal  inveniio:  ca- 
talán, invcnció;  francés,  inventi^;  ita- 
liano, tncinufW,  del  latín  iiuénño. 
hallazgo;  forma  sustantiva  abstracta 
de  inventas,  hallado. 

Invencionero,  ra.  Masculino  y  fe- 
menino. El  que  inventa.  |  Bmbuste- 
ro,  engañador. 

Invendible.  Adjetivo.  Lo  que  no 
puede  venderse. 

Etimología.  Prefijo  in,  no,  y  vendi- 
ble: latín,  invendí^iis;  italiano,  inven- 
dibile;  francés,  invendable, 

Invenerable.  Adjetivo.  Que  no 
puede  venerarse. 

Inveng  .ble.  Adjetivo.  Imposible 
de  vengar. 

Inventado,  da.  Adjetivo.  Que  no 
ha  sido  vengado. 

Etimología.  Prefijo  ih,  no,  y  venga- 
do:  francés,  inveiue'. 

InveniÜe.  Adjetivo  anticuado.  Lo 
que  se  puede  hallar  6  descubrir. 
Invenir.  Activo  anticuado.  Hallab 

ó  DESCUBRIR. 

Inventación.Femeninoantteuado. 
La  acción  y  efecto  de  inventar. 

Inventado,  da.  Participio  pasivo 
de  inventar. 

Etimología.  Inventar:  catalán,  >ff- 
ventai,  da;  francés,  inventé;  italiano, 
inventato. 

Inventador,  ra.  Masculino  y  fe- 
menino anticuado.  El  que  inventa. 

Inventar.  Activo.  Hallar  6  descu- 
brir, á  fuerza  de  ingenio  y  medita- 
ción, ó  por  mero  acaso,  alguna  cosa 
nueva  o  no  conocida.  |  Fingir  hechos 
fkisos,  levantar  embustes. 

Etimología.  Inr^ío:  latín,  inveníre; 
italiano,  inventar  'raocés,  invenler; 
BaTTy,s'inventer, icibirse;  catalán, 
inventar. 

Inventar.' adámente.  Adverbio  de. 

modo.  Con  inventario. 
Etimología,  inventariada  y  el  suBt, 

jo  adverbial  mente. 

I  Inventariado,  da.  Participio  pasi- 
{ vo  de  inventariar. 


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INVE 


INVE 


mVE  159 


EnuoLOOf A.  Inventariar:  catalán , 
invemíariaif  da;  francés,  iuventorU, 

Inventariar.  Actiro.  Hacer  inven- 
Urio. 

Etimología-  Inventario:  francés, 
inuntorier,  de  inventoire,  anticua  for- 
ma de  mcMtotrv;  catalán,  tntenta- 
rier. 

Inventarío.  Masealino.  Forense. 
Bl  asiento  de  los  bienes  y  demás  co- 
sas pertenecientes  á  alguna  persona  ó 
comunidad,  hecho  con  orden  v  distin- 
ción; ordinariamente,  mediando  auto> 
ridad  de  juez.  Llámase  también  así  el 
papel  ó  iastrumento  en  que  están  es- 
entaidiebascosas.— *Se  llama  asimis- 
mo la  memoria  de  bienes  qae  dan  los 
caballeros  de  las  órdenes  militares  to- 
dos los  años,  para  cumplir  con  el  voto 
de  pobreza.>  (Acadbuia,  Diccionario 

de  me.) 

Btiuolooía.  Provenzal  j  catalán, 
inventari:  francés,  invenlaire;  italiano, 
inveníariOf  del  latín  inveníarlumt  lis- 
ta, memoria  de  hacienda  j  bienes, 
forma  de  inotnire,  hallar.  El  inventario 
M  una  nota  de  cuanto  se  halla, 

InventiTa,  Femenino.  La  facultad 
7  disposición  para  inventar.  ||  Anti- 
cuado, Tnvbmcióh. 

Etiiiolooía.  Inventivo:  catalán,  ««- 
teníiva, 

InventÍTO,  va.  Adjetivo  que  se 
aplica  al  que  tiene  disposicidn  para 
iaventar,  y  también  i  lo  que  es  inven- 
tado. 

ETiuoLoafA.  Inventar:  catalán  anti- 
guo, inceiitin,  va;  francés,  inveníi/. 

Invento.  Masculino.  Intención. 

Btiuolooía.  Latín  tnoenlus,  parti- 
cipio pasivo  de  inv'^níre,  hallar;  de  in, 
en,  sobre,  y  wnJre,  venir;  catalán,  in- 
Cfnto. 

Inventor,  ra.  Masculino  j  feme- 
uino.  Bl  que  inventa.  I|  El  que  finge 
ó  discurre  siu  más  fundamento  que  su 
volantaríedad  y  capricho. 

Bti|iolog{a.  Inventar:  latín,  ineen- 
tor;  italiano,  inventare;  francés,  inven- 
tewr:  catalán,  inventor;  a. 

Inverecnndo,  da.  Adjetivo  que  se 
aplica  al  que  no  tiene  vergüenza. 

BnuoLooÍA.  Prefijo  t«,^no,  t  tere- 
cundo:  latín,  i«o''r?cS«iii«.--c Desho- 
nesto, torpe  y  &Uo  de  vergüenza.» 
(Acadbuia,  Dicciomrioáe  17Í6.J 

InveridicOf  'Ca.  Adjetivo.  No  ve- 
rídico. 

Inverísimil.  Adjetivo.  Lo  que  no 
tiene  apariencia  de  verdad. 

ErmoLOofA.  Inverosímil. — «Lo  que 
no  tiene  apariencia  de  verdad,  por  lo 
enal  no  se  puede  ó  no  se  debe  creer. 
Algunos  dicen  inverorímil  con  menos 
propietjad.  Latín  inverisimilis.»  (Aca- 
demia, Diccionario  de  1 7S6.) 

Inverísimilitad.  Femenino,  Falta 
de  apariencia  de  verdad. 

BrniOLooÍA.  Inverosimilitud. 

Inverísimilmente.  Adverbio  de 

■aodo.  iNVEBOSÍHlLMeNTS. 

Invemacíón.  Femenino.  Acción  ó 
efscto  de  invernnr. 
BTiHOLOOfA.  Invernar:  francés,  Aí- 

Invemácvlo.  Masculino.  El  lugar 
«ttHerto  y  abrigado  artificialmente 


para  defender  las  plantas  de  la  impre- 
sión del  frío. 

Etimología.  Invernar:  latín,  Alíír- 
nSeiila,  cuarteles  de  invierno. 

Invernada.  Femenino.  La  estación 
del  invierno. 

Etimología.  Invernar:  italiano,  ta- 
vemaía;  catalán,  ivemada. 

Invernadero.  Masculino.  Sitio  có- 
modo y  i  propósito  para  p.isar  el  in- 
vierno, y  destinado  á  este  fin.  Díceso 
más  comunmente  de  los  parajes  des- 
tinados para  que  pasten  los  ganados 
en  dicha  estación. 

BTiHOLoaía.  Invernar:  catalán,  iver- 
nader, 

Invemadara.  Femenino.  iNvea- 

NACIÓN. 

Invernal.  Adjetivo.  Lo  pertene- 
ciente al  invierno. 

Etiuolooía.  Invierno:  francés.  Ai- 
vernal;  del  latín  AlbemáUs.  (En  Qui- 
che rat,  Áddenda.) 

Invemamiento.  Masculino.  In- 
vernación. 

Invernar.  Neutro.  Pasar  el  invier- 
no en  alguna  parte.  |  Ser  tiempo  de 
invierno. 

Etiuolooía.  Invierno:  latín,  ¡íl6er-- 
ndre,  forma  verbal  de  hUernus;  italia- 
no, invernare;  francés,  kivemer;  pro- 
venzal y  catalán,  «WMar. 

Inverniso,  sa.  Adjetivo.  Lo  que 
pertenece  al  ínTÍemo  o  tiene  sns  pro- 
piedades. 

Etimología.  Invierno:  catalán,  «iwr- 
nenck,  ca. 

Inverosímil.  Adjetivo.  Inverisí- 
mil. 

Etiuolooía.  Latín  m,  no,  venu, 
verdadero,  y  timíle,  semejante;  «no 
semejante  á  la  verdad:»  catalán,  tnr;- 
rosimil. 

Forma  etimológica,  —  1 .  La  forma 
inverisUnil,  aceptada  por  nuestra  Aca- 
demia, no  es  conforme  á  etimología, 
puesto  que  el  elemento  veri  es  el  ge- 
nitivo de  virus  y  las  derivaciones  no 
parten  jamás  de  dicho  caso. 

2.  Inverosímil  significa  literalmen- 
te: «no  semejante  a  lo  verdadero,»  lo 
cual  demuestra  que  el  latín  térus  debe 
estar  en  dativo,  y  nadie  ignora  que  el 
dativo  de  virus  es  vero:  in-tero-smíle. 
Deseamos  que  la  ilustre  Academia 
adopte  la  forma  gramatical,  si  juzga 
convenientes  nuestras  razones. 

Inverosimilitnd.  Femenino.  Inve- 
risimilitud. 

ETiuoLoaÍA.  Inverosímil:  catalán, 
inverosimiliíuí,  forma  correcta. 

Inveroaimilmente.  Adverbio  de 
modo.  Con  inverosimilitud. 

Etiuoloqía.  Inverosímil  y  el  sufijo 
adverbial  mente. 

Inversado,  da.  Adjetivo.  Blasón. 
Epíteto  heráldico  de  las  figuras  pues- 
tas inversamente  en  el  escudo. 

Etiuolooía.  Latín  inversSri,  fre- 
cuentativo de  inverCre,  invertir. 

Inversamente.  Adverbio  de  modo. 
A  la  inversa. 

Etimología.  Inversa  y  el  sufijo  ad- 
verbial mente:  francés,  inversement. 

Inversíble.  .Vdjetívo.  Que  puede  ó 
debe  ser  invertido.  j¡  Botánica,  Califi- 
cación de  las  toliculas  de  las  plantas 


susceptibles  de  juntarse  can  &  efcra 
por  la  parte  superior,  dirigiéndose 
hacia  la  cima  del  pecíolo  común. 

Inversión.  Femenino.  La  «cciÓn  y 
efecto  de  invertir.  Q  Gramática.  Desíg- 
nase así  toda  construcción  que  se  apar- 
ta del  orden  analítico;  esto  es,  de  la 
sintaxis  natural;  y  asi  decimos  que  el 
latín,  como  el  italiano  y  el  etfwfiol, 
abunda  en  inversiones.  |  Inversión 
BXPLÁKiCA.  Anatomía.  Especie  de  ano- 
malía que  consiste  en  desviar  las  vis- 
ceras de  su  posición  normal  y  aun  co- 
locarlas en  sentido  opuesto,  f  MiUeia. 
Disposición  de  un  cuerpo  que  tiene  á 
la  izquierda  su  primera  subdivisión, 
en  lugar  de  tenerla  á  la  derecha, 
Marina  degnerra.  Evolución  mediante 
la  cual  pasan  á  ocupar  la  última  línea 
los  buques  que  estaban  al  frente.  |! 
Música.  Especie  de  imitación  que  coti> 
siste  en  reproducir  una  parte  de  la 
melodía,  tomando  las  notas  en  un  or- 
den inverso. 

ETIU0L03ÍA.  L>itíu  incerslo,  trastor- 
no de  las  cosas,  alegoría,  anástrofe; 
forma  sustantiva  abftracta  de  inver- 
sus,  inverso:  catalán,  t»wr<»tf;  francés, 
inversión;  italiano,  inversione. 

Inverso,  aa.  Participio  irregular 
de  invertir.  ||  Adjetivo.  .Alterado,  tras- 
tornado. Q  A  LA  ó  ME  LA  IHVnaSA. 

Modo  adverbial.  Al  eontrarío.  l  Pro- 
posición inversa.  L^iea.  La  proposi- 
ción cuyos  términos  están  construidos 
en  un  orden  inverso  relativamente  á 
los  términos  de  otra  proposioión,  oorao 
en  este  ejemplo:  «toda  virtud  es  bue- 
na; toda  bondad  es  virtuosa,»  ó  como 
en  el  siguiente  que  cita  Littré:  «los 
locos  son  malos;  ios  malos  son  loeos.> 
O  Romboide  inverso.  Mineralogía. 
Aquel  ciivoB  ángulos  salientes  son 
iguales  á  los  ángulos  planos  del  nú- 
cleo, presentando  una  forma  invsrsa 
de  la  primitiva.  Q  Cantidad  inversa. 
Mat'máticas.  Variación  de  cantidad 
que  aumenta  á  proporción  que  otra 
disminujre,  ó  que  -disminuye  á  pro- 
porciJn  que  la  otra  aumenta.  Por 
ejemplo:  en  una  balanza  de  bnsos 
desiguales,  el  peso  «jue  forma  el  equi- 
librio está  en  relación  inversa  de  la 
longitud  del  brazo.  Q  Regla  de  tres 
inver-ía.  Aquélla  en  que  el  número 
que  se  busca  es  tanto  mayor  ó  menor, 
cuanto  es  menor  ó  mayor  el  númem 
dado.  Por  ejemplo;  cien  obreros  han 
empleado  veinte  días  en  dar  cima  li 
un  trabajo:  ¿cuántos  días  necesitarán 
quince  obrerosV  He  aquí  uii  caso  de 
regla  inversa,  y  Música,  Imitación 
INVERSA.  Inversión.  ¡|  En  razón  in- 
versa. Modo  adverbial.  En  un  senti- 
do diametral  mente  opuesto;  y  ast  de- 
cimos que  la  masa  mayor  afrae  á  1» 
menor  en  razón  inversa  del  cuadrado 
de  sus  distancias. 

Etimología.  Latín  inversus^  vuelto 
al  contrario,  participio  pasivo  de  in- 
vertiré, invertir:  italiano, mr  no;  fran- 
cés, inverse:  catalán,  inver$,  «. 

Invertebrado,  da.  Adjetivo.  Zoo- 
logia,  Que  carece  de  vertebras  6  de 
esqueleto  interior,  en  cuyo  sentido 
dice:  los  animales  IN verte URAOor 
Masculino  plural.  Los  inveetb 


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160  INVE 


INVI 


INVI 


DOS,  que  n  dividoD  en  tinnulados  (mmo 
si  dijóniDOS  anillado»),  vertebrados  y 
gastivos,  moluscos,  radisríos  y  espon- 
g-isrios. 

EriHOLOofA.  Prefijo  in,  no,  J  verU~ 
hado:  francés,  iutert¿hré. 

Invertido,  da.  Participio  pasivo 
de  invertir. 

Etiuolooía.  Invertir:  catalán,  »«- 
oertií,  da;  francés,  inver4i, 

Invertiiniento.  Masculino.  Inver- 
sión. 

luTertir.  Activo.  Alterar,  trastor- 
nar las  cosas  ó  el  orden  de  ellas.  \ 
Hablando  de  caudales,  emplearlos, 
gastarlos.  |  Hablando  del  tiempo,  ocu- 
parlo de  ana  ú  otra  manera. 

BtuiolooU.  Latín  ineertre,  tras- 
tornar; de  ÍN,  en,  j  vertiré,  volver: 
francés,  invertir;  italiano,  intertere; 
catalán,  invertir, 

Investo  (Matbo).  Escultor  español 
del  siglo  xii.  Su  obra  más  notable  es 
el  retablo  de  la  iglesia  de  Villacas- 
tin. 

Investiduni.  Femenino.  La  acción 
y  efecto  de  investir  de  alguna  digni- 
dad, jurisdicción,  etc.  |¡1)brecho  db 
INVESTIDURA.  Hittoria  del  pontificado. 
Derecho  que  tenía  el  sumo  jpontifíce 
de  dar  la  invbstídura.  de  slgnn  feudo 
ó  dignidad  eclesiástica.  |  £1  mismo 
derecnp  respecto  de  la  autoridad  real; 
y  así  se  decía:  «dar  las  investiduras 
de  tal  ó  cual  reine.» 

ETiuoLoaÍA.  Jnvestir:  italiano,  f»- 
vetfiíwa;  francés,  inceetiture;  catalán, 
ilutettidMra. 

JteieñA  histérica.— Kcto  de  poner  en 
njuesión  de  un  inmueble,  de  un  feudo 
O  de  na  beneficio.  Esta  traslación  de 
dominio  iba  acompañada,  en  la  Edad , 
media,  de  ciertas  forous  simbóli- 
cas, yh  naturales,  ^a  de  convenio.  Se 
efectuaba  publicamente,  en  la  corte 
del  soberano  ó  del  señor,  en  presencia 
de  sus  oficiales,  y  levantando  el  acta 
oportuna. 

Investigable.  Adjetivo.  Según  el 
uso  casi  común,  lo  que  no  se  puede 
investigar. 

ETmoLOOÍA.  Investigar:  latín,  inves' 
a^iiUis;  itaXaao,  iiitw¿¿^aj><s;  cata- 
lán, inves^ahle. 

lUTOStigación.  Femenino.  La  ac- 
ción y  efecto  de  investigar. 

EruroLoaÍA.  Latín  investigado,  pes- 
quisa, examen,  forma  sustantiva  abs* 
tracto  de  invesógatns,  investigado:  itO' 
liuiOt  investigazione;  francés,  investid 
^aíion;  catalán,  investioañá. 

Investigado,  da.  Participio  pasi- 
vo de  investigar. 

Btuiolgoía.  Latín  invesRgatus,  par- 
ticipio pasivo  de  investigare,  iuvesti- 
^r:  catalán,  investigatf  da;  italiano, 
Mvettigato. 

Investigador,  ra.  Masculino  j  fe- 
menino. El  que  investiga. 

Etiuolooía.  Investigar:  latín,  imom- 
íigator;  italiano,  invest'gaiore;  francés, 
invettigaíeur;  catalán,  investigador,  a. 

Investiganúento.  Masculino.  In- 

VBSTIOACION. 

Investifar.  Activo.  Hacer  diligen- 
cias para  descubrir  alguna  cosa. 
BriuoLOOfA.  Latín  investigare,  in- 


dagar, descubrir,  hallar  el  vestigio 
dealguna  cosa;  de  in,  en,  y  vestigare, 
forma  verbal  de  vesfígium,  vestigio: 
italiano,  investigare;  catalán,  investi- 
gar. 

InvestigiatiTa.  Femenino  anti- 
cuado. Facultad  de  investigar. 

Investir.  Activo.  Conferir  alguna 
dignidad  ó  cargo  importante.  No  tie- 
ne ja  régimen  directo  sino  con  las 
preposiciones  con  ó  df,  y  aun  así  es  de 
poco  ó  ningún  uso.  Se  dice  más  bien 
DAR  LA  INVESTIDURA  de  doctor,  dc  Ca- 
ballero de  alguna  de  las  órdenes  mili- 
tares, etc. 

EtimolcoÍa*  Latín  investiré,  reves- 
tir, cubrir,  guarnecer;  de  tn,  en,  y 
vestiré,  vestir:  francés  y  catalán,  im- 
vesíir;  italiano,  investiré. 

Inveteración.  Femenino.  Acción 
ó  efecto  de  inveterar. 

ErutOLoafA.  Inveterar:  latín,  inv?- 
íÜratío, 

Inveteradamente.  Adverbio  mo- 
dal. De  un  modo  inveterado. 

EtimologU..  Inveterada  y  el  sufijo 
adverbial  mente. 

Inveterado,  da.  Adjetivo.  Anti- 
guo, arraigado, 

ETiuoLoaÍA.  Latín  invettratut,  par- 
ticipio pasivo  de  invHySre,  inveterar: 
catalán,  inteterat,  da;  francés,  inveteré; 
italiano,  inveíeraio. 

Inveterar.  Activo.  .4.rraigar  algu- 
na cosa:  asegurar  su  duración. 

Etiuolooía.  Latín  invUerare,  con- 
servar alguna  cosa  para  que  se  haga 
añeja;  de  ijt,  en,  y  víterSre,  forma 
verbal  de  veías,  viejo:  italiano,  invete- 
rare; francés,  inve'térer;  catalán,  tiie«- 
íerarse. 

Inveterarse.  Recíproco  anticuado. 
Envbjecbbsb. 

Inviar.  Activo  anticuado.  Enviar. 

Invictamente.  Adverbio  modal. 
De  un  modo  invicto. 

EtimoldoÍa.  Invicta  y  el  sufijo  ad- 
verbial mente:  latín  posterior,  iavicte, 
incontestablemente. 

Invictísimo,  ma.  Adjetivo  super- 
lativo de  invicto. 

Etiuolooía.  Invicto:  catalán,  invic- 
tíssim,  a;  latín,  invictissimut. 

Invicto,  ta.  Adjetivo.  No  vencido, 
siempre  victorioso. 

BTiuoLOofA.  Latín  invicíus,  de  in, 
no,  y  vicias,  vencido:  catalán,  invicíe. 

ínvidia.  Femenino  anticuado.  En- 
vidia. 

Invidiar.  Activo  anticuado.  Envi- 
diar. 

Invidioso,  sa.  Adjetivo  anticuado. 

Envidioso. 
Invido,  da.  Adjetivo  anticuado. 

Envidioso. 

Etiuolooía.  Latín  invtdus:  invidus 
laudis,  envidioso  de  la  gloria.  (Cice- 
rón.) 

Invierno.  Masculino.  Una  de  las 
cuatro  estaciones  del  año,  que  cj- 
mienza  el  día  22  de  Diciembre  y  aca- 
ba el  21  de  Marzo.  |]  Cuando  bn  vera- 
no ES  invierno,  y  bm  inviebno  vbra- 
No,  NUNCA  BS  BUEN  aSo.  Refrán.  ("Véa- 
se Verano.)  I 

BTtuoLOofA.  1.  Sans'.'rito  ! 


fhij,  derramar;  himan,  Akiomn,  njeveí 
griego,  eheXma  (xeH"t)>  po'  in- 
vierno; latín,  kiems,  Aimit,  el  frío  de 
la  nieve;  kí&émus,  el  invierno;  cata- 
lán, tff«r»;  walón,  'ivijir;  bnrguifldn, 
Aivar;  francés  del  idglo  xiit,  ivem, 
que  pasó  al  provenzat  y  al  catalán; 
moderno,  hiver;  italiano,  iavemo;  li- 
tuanio,  tierna;  ruso,  tima. 

2.  E\  griego  y tífLit  (cheiitifi)  repre- 
senta A''tma,  traducción  evidente  del 
sánscrito  hiiman,  cosa  que  se  derrite, 
que  se  difunde,  que  se  derrama;  nieve. 

Invigilancia.  Femenino.  Acción  ó 
efecto  de  invigilar. 

Etiuolooía.  Invigilar:  francés,  tw- 
vigilance. 

Invigilar.  Neutro.  Cuidar  solícita- 
mente de  alguna  cosa. 

Etimología,  Prefijo  «,  no,  y  vigi- 
lar: latín,  invigilare. 

Invinación.  Femenino.  Teología, 
TransubstanciaciÓn  del  vino  en  san— 
gre  de  nuestro  Señor  Jesuerifto. 

EtiuolooU.  In,  en,  y  nnoi  francés, 
intinatioa. 

Invincible.  Adjetivo  anticuado. 
Invencible. 

Inviolabilidad.  Femenino.  La  ca- 
lidad que  constituye  inviolable  algu- 
na persona  ó  cosa,  y  asi  decimos:  la. 
iNvioLABiiJDAD  de  U  lejT,  la  inviola.- 
BiLiDAD  del  magistrado,  la  invio:abi- 
LiDAD  de  los  templos..  [|  de  la  corona. 
Derecho  eonstitactonal.  Alta  prerrogati- 
va que  tiene  el  monarca,  en  los  stst^ 
mas  representativos,  de  no  ser  respon- 
sable de  los  actos  de  'su  gobierno,  | 
LBOiSLATivA.  Ls  que  oorresponde  al 
diputado  de  la  nacido,  en  cuanto  á  ta 
expresión  de  sus  ideas  en  el  santuario 
de  las  le/es,  así  como  &  la  gánntía  y 
seguridad  de  su  persona.  Q  db  asilo. 
Historia  antigaa.  Sinónimo  de  dere- 
cho de  asilo. 

Etiuoloqía.  Inviolable:  catalán,  m- 
violaUlifat;  francés,  Ínviola6ilite';  ita- 
liano, inviolabiliiá;  portugués,  invio— 
labilidade. 

Inviolable.  Adjetivo.  Lo  que  no 
se  debe  ó  no  se  puede  violar  ó  profa- 
nar. B  Derecho  constitncional.  Condi- 
ción y  carácter  inherentes  á  la  autori- 
dad o  &  la  persona  del  monarca,  en 
los  sistemas  representativos,  á  conse- 
cuencia de  no  ser  responsable  de  los 
actos  de  su  gobierno. 

Etiuolooía.  Latín  invilíli&iliii -la 
que  no  se  puede  quebrantar  ó  profa- 
nar; de  in,  no,  v  vi^lH&ilis,  violable: 
italiano,  immoÚoi^?;  francés  y  catalán, 
inviolable. 

Inviolablemente.  Adverbio  de 
modo.  Con  inviolabilidad.  |  Invali- 
blbmentb- 

Etiuolooía.  inviolable  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  latín,  ineióUbílíter; 
francés,  provenzal  y  catalán,  inviola~- 
blement;  italiano,  inviolabilmente. 

Inviolado,  da.  Adjetivo,  Lo  oue 
se  conserva  en  toda  su  integridad  y 
pureza. 

Etiuolooía.  Latín  intiUatus,  ínte- 
gro, perfecto,  sin  corrupción  ni  man- 
cha: italiano,  inviolato;  francés,  invio- 
le';  catalán,  inviolaí,  diu 

Invirtud.  Femenino  anticuado. 


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lííVT: 

Filia  de  rirta^,  aceiÓn  opuesta  á  ella 
Invírtaoswnente.  Adverbio  de 
modo  ántictudo.  Sio  TÍrtud,  vieiosa- 
aente. 

lavirtUMO,  Adjetivo  anticua- 
do. Lo  qua  es  falto  de  virtud  ú  opaes* 
to  i  ella.  - 

Innsilnlidad.  Femenino.  La  ca- 
lidad q^ofl  eonstítnjre  alguna  persona 
ó  cosa  iDTÍsible. 

RnuoLooiK»  I»vüi&le:  latín,  i»oiti~ 
híUtas:  italiano,  ínvitibilita;  francés, 
UvitiÓilií/;  provenxal  j  catal&n»  ««i»- 
slHUtat. 

Invisible.  Adjetivo.  Lo  que  es  in- 
capaz de  ser  visto.  Q  E.v  un  invisible. 
Bxpresión  familiar  anticuada,  Prontf- 
símamente,  en  un  momento, 

BñMOLOofA..  Latín  ini^sWilis;  de  in, 
no,  j  vUWlis,  visible:  italiano,  invi- 
úhiCe;  fraucés  V  catalán,  intñtible;  pro- 
^'ftDzal,  inviaibU»  ewDttihle. 

IiiTOÍMem«nte.  Adverbio  modal. 
De  un  modo  invisible. 

Bnuotoofa..  fnvMibUjttX  su6jo  ad- 
veriñal  mente:  francés  j  catalán,  invi- 
tiUewtení;  italiano,  invitibÜmeute;  la- 
tín, inñitHliter* 

bivitable.  Adjetivo,  Digno  de  sor 
invitado. 

BnuOLOOfA.  Invitar:  latín,  intñtS^ 
híÜSt  deleitable,  blando,  gustoso, 
atractivo^ 

Invítacióii.  Femenino.  La  acción 
/  efeeto  de  invitar.  |J  Convite. 

BnuoLOOlA.  InxñHr:  latín,  invitS^ 
üo,  brindis  demasiado  repetidos;  ita- 
liano, invitazione;  francés,  inniaiion. 

Inritadamente.  Adverbio  de  mo- 
do. Con  invitación. 

VsmOLoaijL.  Invitada  j  el  sufijo  acU 
varbial  flifltfe. 

iBfitádor,  rm.  Ifasculino  j  feme- 
nina. Bl  d  U  que  invita. 

Invitar.  Activo.  Convidar,  incitar. 

BnuoLOOÍA..  Catalán  invitar:  fran- 
cés, inviter;  italiano,  Mvttor»,  del  la- 
tín úwitare. 

SufOHiuiA.  Invitar,  convidar.  Yo  i»- 
ñUti  mi  contrario,  con  el  fin  de  que 
niga  en  una  reunión  los  cargos  que 
pienso  dirig^irle. 

Convido  a  mis  amigos,  ó  ¿  mis  su- 
periores, con  «1  proprísito  de  obse- 
iniarles.  . '  ' 

La  inviíaeitjn  puede  ser  astuta,  oap- 
üosa,  desleal,  arresiva. 
'  El  convite  puede  ser  ambicioso;  pero 
W  ambición  que  convida,  es  galante, 
iibeial,  ag|asajadora. 
'  üú^invitactiín  ha  llevado  i  machos 
al  cadalso. 

Del  convite  se  pasa  muchas  veces  á 
ladisolaeión. 

/snfo  para  qae  me  oigan. 

Cowido  para  que  me  celebren. 
-  En  naestro  siglo  son  algo  más  fre* 
ooentes  las  invitaciones  (^vtttlQS  convites. 

Bu  nna  palabra,  la  invitaeiím  es  el 
fBcuiso  de  los  pequeños. 

El  convite  es  el  golpe  de  Estado  de 
los  grandes. 

Los  convites  me  hacen  sonreír. 
'  Im  invitaciones  me  hacen  sudar. 

Twitatiój  entre  los  latinos,  aignift* 
nba  cierta  idea  de  arorócaeidn.  iQaé 
"bioeststol  ■ 


INVO 

laVitfttÍTO,  vü.  Adjetivo.  Tmvit*.- 

TOIIIO. 

Invitatorio.  Maseuliao.  Litnrgia 
católica*  La  antífona  aue  se  canta  y 
repite  en  cada  vorso  del  salmo  Venite, 
al  principio  délos  maitines.  ¡Cartas 
iNviTATORUs;  cartas  aue  el  Papa  di- 
rigía á  los  obispos  de  las  ciudades  su- 
fragáneas, invitándoles  á  qne  fuesen 
á  Roma  para  formar  el  concilio  ro-- 
m:ino,  el  cual  tenía  lugar  en  cada  ani- 
versario dé  la  eonsagracidn  del  sumo 
pontífice. 

BriMOLoafA.  /untar:  f^neés,  imir- 
tatoire. 

Invito,  ta.  Adjetivo  anticuado.  In- 

vicm 

Invocable.  Adjetivo.  Qoe  puede 

ser  invocado. 

Invocación.  Femenino.  La  acción 
7  efecto  de  invocar.  \  Poética.  La  par- 
te del  poema  en  qne  se  invoca  alruna 
deidad,  verdadera  6  fklsa,  para  dar  á 
la  acción  el  sentimiento  maravilloso, 
carácter  propio  de  la  epopeya. 

Btiuolooía.  Invocar:  latín,  inviicií- 
ño,  la  acción  de  llamar,  forma  sus- 
tantiva abstracta  de  %nvS<^w,  catalán, 
invocació;  franeés,  invocation;  italiano, 
invocatiime, 

Invocadamenta.  Adverbio  de  mo- 
do. Con  ó  pjr  invocación. 

Etimolgoía.  Invocaba  j  él  sufijo 
adverbial  mente. 

Invocado,  da.  Participio  pasivo 
de  invocar, 

BTmoLOOÍA.  Invocar:  latín,  ¿iie^cS- 
ías;  italiano,  invócala;  francés,  inao- 
qué;  catalán,  laiWM/,  da. 

Invocador,  ra.  Masculino  j  feme- 
nino. Bl  que  invoea. 

ETiHOLoaU.  Invocar:  latín,  inodcS- 
lor;  italiano,  invocatore;  fraqipés,  *six>- 
cateur. 

Invocar.  Activo.  Poética,  Implo- 
rar el  aux.ilio  de  una  divinidad,  ver- 
dadera ó  falsa,  para  dar  al  poema  la 
fábula  maravillosa.  Q  Llamar  uno  á 
otro  en  su  favor  j  auxilio.  Usase  tam- 
bién hablando  de  cosas,  como  cuando 
se  dice;  invocab  el  auxilio  de  Dios, 
la  clemencia  del  rej,  el  nombre  de  la 
patria,  la  sombra  de  los  antepasados, 
los  manes  de  un  pueblo. 

BmiOLOofa.  Latín  invÜMret  llamar 
adentro;  de  in,  en,  dentro,  sobre,  y 
vScSre,  llamar:  italiano,  /mvom»;  fran- 
cés, invoqner;  catalán,  invocar» 

Sinonimia.  Arílculo  primero. — In- 
vocas, IMPLORAR.  Bl  que  invoca,  lla- 
ma á  otro  para  que  lo  auxilie;  el  que 
implora,  pide  con  insisttíncia,  con  fer- 
vor T  con  lágrimas.  El  cristiano  invo- 
ca el  nombre  de  Dios,  é  implora  su 
misericordia.  (3foRA.) 

Articnlo  segundo, — Invocar,  bvo- 
CAB.  Invocar  es  pedir  una  ajuda,  una 
esperanza,  un  consuelo. 

Evocar  es  traer  algo  del  otro  mun- 
do, es  arrancar  algo  de  las  tumbas. 

invoca  una  deidad,  se  (hmca  un 
recuerda  glorioso. 
Se  evoca  una  sombra. 
Invocar  es  retórico. 
Svaear  es  &ntástico. 
La  invoeaeidn  alienta. 
La  evocae^n  espanta. 


INVO 


161 


Invocatorio,  ría.  Adjetivo,  Lo 
que  sirve  para  invocar. 

BnuOLoafA.  ineocar;  italiano,  i«ro- 
catorio;  francés,  invocatoire;  catalán, 
invocaíori,  a. 

lavolcablo.  Adjetivo.  Qna  no  pue- 
de volcarse. 

Involuc^.  Femenino.  Botánica, 
Especie  da  bráctea,  que  se  encuentra 
en  la  base  de  las  umlielas  par'^inles. 
I  Involucro  secundario  eon  relación 
i  un  involucro  generaL 

BnvoLOofA.  Involutivo:  francés,  in- 
volucelU. 

Involucelado,  da.  Adjetivo.  Bo- 
tánica. Provisto  de  una  involucela. 

Btiuou)oU.  Intolncela:  francés,  in- 
volitcellf. 

Involución.  Femenino.  Botánica. 
Posición  de'  lo  involutado. 

BriMOLOOÍA.  Involutivo:  latín,  s'ae¿- 
IStto,  la  acción  de  envolver;  francés, 
involution;  provenzal,  envoludó. 

Involucrable.  Adjetivo.  Suscepti- 
ble de  ser  involucrado. 

InvolacraciÓD.  Femenino.  Acción 
ó  efecto  de  involucrar. 

Involucradamente.  Adverbio  de 
modo.  Con  involucracióa. 

BTiyoLooÍA.  Intolucrada  j  el  sufijo 
adverbial  menif. 

Involucrado,  da.  Participio  pasi- 
vo de  involucrar.  |j  Adjetivo.  Botá- 
nica, Provisto  de  un  involucro. 

Btimoloqía.  Involncrar:  francés,  m- 
volneré. 

Involucrador,  ra.  Masculino  j 
femenino.  Bl  que  involucra. 

Involuoral.  Adjetivo.  Botánica. 
Que  unce  en  el  involucro. 

BniioLoafA.  Involucro:  firancés,  m- 
volucral. 

Involucrar.  Activo.  Ingerir  en  los 
discursos  ó  escritos  cuestiones  ó  asun- 
tos extraños  al  principal  objeto  de 
aquéllos. 

BtiuolooU.  Intolucro, 

Invol aeriforme.  Adjetivo.  Histo- 
ria natural*  Que  presenta  la  forma  de 
un  involucro. 

Involucro.  Masculino.  Botánica. 
Compuesto  de  brácteas  dispuestas  de 
un  modo  e'ctraño.  (Caball&ro.) 

EriMOLOOfA.  Latía  involücrum,  todo 
lo  que  sirve  para  cubrir,  forma  de  in- 
volvUref  envolver:  francés,  involucre, 

Jieseña.—'Rl  involucro  consiste  en 
la  reunión  de  brácteas  que  forman, 
en  torno  de  una  flor,  cierta  cubierta 
general  á  manera  de  gargantilla.  £1 
INVOLUCRO  es  propio  j  exclusivo  de 
las  umbelas. 

Involuntariamente.  Adverbio  de 
modo.  Sin  voluntad  ni  consenti- 
miento. 

Btiuolooía.  Involuntaria  ^  el  sufi- 
jo adverbial  mente:  italiano,  tnvoluntt^ 
riamente;  francés,  involuniairement;  ca- 
talán, involuntariament. — «Forzada- 
mente, sin  voluntad  ni  consentimien- 
to.» (ÁCADEUIA,  Diccionario  de  1726,) 
-  Involuntariedad.  Femenino.  La 
calidad  que  conatituje  las  acciones 
involuntarias. 

BnuoLoaÍA.  Involuntario:  catalán, 
invoiuntarietat. 
Involuntario,-  ria.  Adjetivo.  Lo 


TOMO  lil 


ai 


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162  INYE 

que  no  ef  Toluntario.  Aplíetse  tam- 
bién i  los  moTimíentOfl  tísicos  6  mo- 
rales oue  saceden  independientemen- 
te  de  la  voluntad. 

BnuoLOoU.  Latín  Ínt><5lMníarÍMs;  de 
«II,  no,  7  vdlimtSrtiu:  italiano,  «moo/om* 
iario;  francés,  invoUitíairt;  eatalin, 
involuntañ,  a. 

Involatíi.  Femenino.  Voluta. 

iDTolnUdo,  da.  Adjetivo.  Botáni- 
ca, De  bordes  arrollados,  hablando  de 
ci»tas  hojas  de  veg^etales;  y  así  se 
dice:  péiaíot  ihvoldta,i:03. 

EtiuolcoU.  JnvoluUvo:  francés,  in- 
voluU. 

Involutifbliado,  da.  Adjetivo. 
Que  tiene  las  hojas  arrolladas  desde 
su juinta  hasta  la  base. 

BnuoLOaÍA.  Involutath  y  el  latín 
fSUataa,  de^Kvm,  hoja, 

InvolutiTO,  va.  Adjetivo,  Botáni- 
M.  De  flores  arrolladas. 

ETiuoLoofA.  Latín  invHüíut,  en- 
vuelto, participio  pasivo  de  involvitre, 
envolver:  francés,  inwlntif, 

luTolTente.  Adjetivo.  Qae  envuel- 
ve. 

EmiOLOofA.  Latín  mdSAwm,  mvdl- 
vfítíis,  partíeipio  de  preseüte  da  invol- 
tÜre,  envolver. 

Invnlnerabilidad.  Femenino.  Cna* 

lidad  de  lo  invulnerable. 

BTuoLoaÍA.  Invulnerable:  italiano, 
invulnerabilitá;íx9iXitéSfinv%lnerabiUté, 

Invulnerable.  Ai^'etivo.  Lo  qne  no 
puede  ser  herido. 

KriuoLoaÍA,  Latín  ini>%li^SÍÍÍl%$t 
lo  que  no  pnede  ser  herido;  de  i»,  no, 
y  vulnÜrSoUis,  vulnerable:  italiano, 
inwlnerá&ile;  francés,  invulnerable;  ca- 
talán, invulnerable. 

Invulnerablemente.  Adverbio  de 
modo.  Con  ín vulnerabilidad. 

IBensiOLoaÍA,  Invulnerable  ^  el  sufi- 
jo adverbial  mente:  francés,  tnvulnéro' 
blemeití. 

Inxír.  Activo  anticuado.  Arrojar, 

echar. 

Inyección.  Femenino.  La  acción  y 
efecto  de  infectar.  |  Introducción  de 
ciertas  materias  en  los  va«os,  ora  sea 
para  alterar  su  volumen,  ora  para  da> 
les  color  especial,  en  cujo  sentido  se 
dice:  «la  invección  de  un  cadáver.»  | 
Medicina.  El  líquido  inyectado  como 
remedio:  intección  emoliente,  in- 
YBCciÓN  detersiva.  |  Estado  de  reple- 
ción de  los  vasos  capilares  por  la  san- 
gre. II  Inybcciombs  ánatóuioas.  Pie- 
zas anatómicas  preparadas  por  la  in- 
YSCCtÓN,  las  cuales  han  perfeccionado 

frandemente  la  anatomía,  al  par  que 
acen  su  estudio  menos  repugfoan- 
te.  I  Geología,  Penetración  de  una 
raca  líquida  en  otra  roca  no  solidifi- 
cada aún;  en  cuyo  sentido  se  dice;  la 
INYECCIÓN  del  granito  en  el  ^neis. 

Etimología.  Infectar:  latm,  injec- 
tío,  fürma  sustantiva  abstracta  de  in- 
jecíkí,  echado  dentro,  participio  pasi- 
vo de  injiche,  echar  sobre. 

i^j¿Ha.— Las  INYECCIONES  anató- 
micas fueron  invención  del  holandés 
Rujrsch,  quien,  á  la  gloria  del  inven- 
to, supo  unir  la  excelencia  en  tales 
trabados. 

Sutoria. — Impuesto  que  estableció 


IÑIG 

Jufltíniano,  á  favor  de  los  que  morfan 
de  hambre  ó  peste.  Los  que  se  libra- 
ban de  estas  calamidades  pagaban 
este  impuesto. 
Inyectación.  Femeniao.  Iimc- 

OlÓN. 

Inyectador,  ra.  Masculino  y  fe- 
menino'. Bl  que  inyecta.  Q  Masouliao. 
El  instrumento  con  qne  se  inyecta. 

BnicoLoefa.  Inyeetari  fnneés,  ta- 
Jeetewr, 

Inyeetamlento.  Hasenlino.  Ih- 

TBCCIÓN. 

Inyectar.  Activo.  Medicina,  Intro- 
ducir algún  fluido  en  otro  cuerpo  con 
algún  instrumento;  y  asi  se  dice:  w- 
YBCTAS  cierto  líquido  en  los  vasos  de 
un  cadáver,  en  el  recto,  en  una  Haga; 
INYECTAS  las  venas,  las  arterias,  los 
vasos  linfáticos  con  mercurio. 

Etiholooía.  Francés,  injeeter:  ita- 
liano, injettare,  del  latín  injeciSre, 
arrojar  sobre,  forma  verbal  de  injee- 
tum,  supino  de  injiche,  compuesto  de 
in,  en,  yjiacürgt  arrojar. 

Reseña  histérica. — Reynier  Giaaf 
fué  el  primero  que  inventó  una  nueva 
especie  de  jeringa,  por  cuyo  medio 
inyectaba  en  los  vasos  una  materia 
colorada.  La  observación  del  movi- 
miento de  la  sangre  en  los  vasos  le 
sugerió  el  ínventode  la  jeringa.  (Fon- 

TBM8LLE,  RutfSch.) 

Inyectarse.  Recíproco.  Medicina, 
Recibir  un  exceso  de  sangre  en  los 
vasos  capilares,  y  así  se  dice:  «sus 
ojos  se  iNYBCTAH.>  Q  Estar  lleno  de  un 
líquido  inyectado,  como  cuando  deci- 
mos: «el  mercurio  SB  INYECTA  en  los 
vasos  linfáticos;  las  venas  se  inyectan 

Eor  el  orificio  aórtico  del  corazón.»  Q 
llenarse  alguna  cosa  de  líquido. 
Inyectar,  ra.  Masealino  y  femeni- 
no. Inyecta DOB. 

Inyuncto,  ta.  Participio  pasivo 
irregular  anticuado  de  inyungir. 

Inyungir.  Activo  anbcoado.  Pre- 
venir, mandar,  imponer. 

Etiuolooía.  Latín  inj^^re,  encar- 
gar, disponer:  injungére  delectas,  dis- 
poner ó  decretar  alistamientos  de  gen- 
te para  la  ffuerrs.  (TáciTO.) 
Ifiame.  Masculino.  L>ame. 
ifligo.  Masculino.  Nombre  patro- 
nímico. lONAClO. 

tüiguez.  Masculino  patronímico. 
El  hijo  de  íñi^o.  Después  pasó  á  ser 
apellido  de  familia. 

tñiguez  de  Kendoza  (ImAs).  Una 
de  las  muchas  favoritas  d«  Alfonso  IX 
de  León  é  hija  de  don  Ifiigo  de  Men- 
doza, ricohombre  y  seflor  de  Lodio. 
Parece  que  debe  contarse  como  la  pri- 
mera favorita  que  tuvo  el  rey,  pues 
antes  de  casarse  con  Doña  Berenguela, 
había  ya  nacido  Doña  Urraca,  hija  de 
Don  Alfonso  y  de  Doña  Inés.  Esta 
Doña  Urraca  casó  con  don  Lope  Díaz 
de  Haro,  señor  de  Vizcaya.  Su  madre 
fué  muy  célebre  por  su  extraordina- 
ria hermosura. 

Iñiguez  de  la  Vega(ELviBA).  Hija 
de  don  Suero  Fernández  de  Villalo- 
bos. Kstaba  dotada  de  singular  talen- 
to y  belleza,  y  fué  amante  del  rey  de 
Castilla  Enrique  II,  que  tuvo  de  ella 
dos  hijos:  Alfonso  Enríquez  de  Gasti^ 


lOÜI 

lia,  del  cual  descienden  loi  condes  de 
Noroña;  y  Juana,  que  casó  coa  Pedro 
de  Aragón,  b^e  d«l  marqués  de  Vi- 
llena. 

Iflonur.  Activo  anticuado.  I«no- 
aiB. 

Iñueloa.  Masculino  plural.  Büoi 
que  forman  decos  v  sirven  en  lot 
lares  paia  snlBzar  te  tala  que  Sft«eab« 

con  la  que  empieza. 

lo.  Femenino.  MHokgia,  Hija  de 
Inaoo,  amada  de  JáplUr  que,  para 
substraerla  álaa  asechanzas  de  Venus, 
la  convirtió  en  vaca.  Juno  se  la  hi» 
entregar  y  le  puso  por  gaaidián  á  A^ 
gos,  el  de  los  cien  oíos.  Habiéndola 
abortado  Mercurio  de  su  vigilante, 
filé  perseguida  pox  un  tábano;  reco- 
rrió tierras  y  mares,  y  llegó,  por  fta, 
á  Egipto,  donde  recobré  su  forma  pri- 
mitiv&.  Casó  con  Telégono  y  fué  ma- 
dre de  Epafo.  Según  las  fábulas  grie* 
gas,  introdujo  en  ^ipto  el  culto  de 
Ceres,  bajo  el  nom«e  de  Isis.  Fué 
también  adorada  y  su  culto  m  coafitá* 
dió  con  el  de  dicha  diosa.  El  m«dio  da 
que  se  valió  Merenrlo  paia  dai  ma» 
te  á  Argos,  fué  el  de  adormecerle  tar- 
fiendo  la  flauta.  Se  dice  qae  cuando 
lo  iba  huyendo  del  tábano  que  contsa 
ella  envió  Juno,  pasí  junto  á  su  pa- 
dre, y  con  el  pie  escribió  su  nooure 
en  la  arena,  con  lo  cual  se  dió  á  cono- 
cer; pero,  al  irla  á  coger  loaeo,  la 
picó  el  tábano  y  se  arrojó  al  mar. 
Pasó  á  nado  todo  el  Mediterráneo,  y 
llegó  á  Egipto,  donde  Júpiter  la  vol- 
vió á  su  forma  primitiva,  y  tuvo  de  ella, 
á  Epafo.  Los  egipcios  la  erigieron  ^- 
tares  y  la  dedicaron  sacrifidos,  ba^o 
el  sombre  de  Isis.  Júpiter  laconcedió 
ta  inmortalidad  y  la  casó  coa  Osiris. 
Se  la  ha  representado  baja  difereaetos 
formas ,  confundiéndola  frecnentia- 
mente  con  Cibeles. 

lodam*  ó  lodamia.  Faneurno. 
Mitoloyia.  Sacerdotisa  de  Miuwva, 
que  penetró  una  noche  en  el  santaa- 
río  Sñ  la  diosa,  por  lo  que  ésta  la  pe- 
trificó mostrándola  la  cabeza  de  Me- 
dusa. I  Otra,  madre  de  Deuealión. 

lodnidrato.  Masculino,  QnÍmum. 
Sal  formada  por  la  oombínaciÓB  del 
ácido  iodhídnco  con  una  base. 

ETiuoLoaÍA.  lodhidrico:  ftancés, 
iodhydrate. 

lodhidrico.  Masculino.  Qhímícs. 
Ácido  compuesto  de  iodo  y  de  hidró- 

feno,  por  cuya  razón  se  le  llama  tam- 
ién  ácido  hidriódico. 
Btiuolooía.  lodo  é  Aidr^eiUK  ten* 
cés,  iodhydrique. 

I6dico,ca.  Adjetivo.  QttlMtoi.  Aci- 
do iónico;  el  segundo  de  los  ieidoe 
que  el  iodo  produce  en  «unbinaeión 
con  el  oxígeno. 
EtiuologÍa.  Iodo:  íraneés,  iodique. 
lodido.  Masculino,  Química,  Com- 
binación del  iodo  con  un  cuerpo  me- 
nos electro-negativo  que  él,  en  la 
cual  las  relaciones  atómicas  eon  las 
mismas  que  en  los  ácidos. 
EtuiologÍa.  Iodo:  francés,  iodide. 
lodismo.  Masculino.  Medieinom  Ac- 
ción mórbida  produmda  por  d-  uso 
reiterado  d«l  ioda; 
ExucoLOOfA.  Iodo:  franoés»  iodime* 


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ÍOGL 


ÍOT 


If»SU  163 


todo.  Haseulino.  QvtMíes.  Gnerpo 
rimple  no  metilieo,  de  olorfaerte,  que 
M  emplea  en  la  euneión  de  paperas, 
obttraeeiones  j  escirtoa. 

BtiuOLOofA.  Griega  Xw  (Um),  vio- 
leta; Uík8i]^  (isdftj:  francés.  iW^. 

lút4*é  hi$t<íriai.—l.  El  iodo  faé 
hallado  por  Oottrtois  en  lis  ag-uae  ma- 
dres de  loa  Va*'ff^es  á  principios  del 
sig-lo  «etual.  1811.  El  iodo,  de  bolor 
azuloso  con  brillo  raetñlíeo,  se  fande 
á  107' 7  esparce,  inmediatamente  qae 
se  le  calienta,  nn  vapor  de  color  de 
violeta,  de  cuja  circunstancia  tomó 
nombre.  (Littr^.) 

2.  En  efecto,  el  ^ego  \áh¡<i  signi- 
fica: «de  color  de  violeta.» 
.  Iodo-bórico,  Masculino.  ^%(miea. 
Ácido  aue  resulta  de  la  combínacióa 
del  ieiao  itfdico  j  del  bórieo. 

firmoLoofi.  Iodo  j  Mrieo:  &«aeés, 
iado-borifiu, 

lodo-doraro.  Masculino.  Q»<M^- 
M.  Compuesto  que  resulta  de  la  eom- 
binacióa  del  iodo  ó  de  un  ioduro  con 
DD  clomro. 

RtwoloOía.  Jodo  j  clorvo:  fran- 
e¿a,  íodo-ekhntre. 

kdoformo.  Masculino.  Química, 
Cuerpo  particalar  correspondiente  al 
eloroiormo.  Los  elementos  de  este 
cuerpo  estin  agrupados  de  tal  modo, 
que  representarían  los  del  icido  fór- 
míeo,  si  el  oxígeno  de  este  icido  se 
sostitttjera  por  un  equivalente  de 
iodo. 

SnuouooíA.  Iodo  7  fdrmieo:  firaa- 
ees,  iodoj'orme. 

lodo^nosta.  Pemeníoo.  Estadio 
del  iod  I. 

BnxoLoaÍA.  Grieeo  li&fii)<  fÍ5di$), 
color  de  violeta,  iodo,  j  ymati  (gn^ 
m),  conocimiento:  francés,  iodognose. 

lodometria.  Femenino.  Química, 
Método  para  determinar  el  peso  ó  la 
dosis  de  la  cantidad  de  iodo  contenida 
ea  lili  líquido.  ' 

Etiholooía.  lodo  y  el  griego  m^ 
tron,  medida:  francés,  iodoméírit. 

lodosol.  Masculino.  Qitímí^a.  Nom- 
bra de  lot  ioduros  dobles,  ó  sea  de  las 
sila  producidas  por  la  combinacién 
de  un  ioduro  de  metal  electro-negati- 
vo eoa  na  ioduro  de  metal  electro-po* 

SitÍTO. 

BtiHOLoaf  A.  Francés  iodoselí  da 
Mi  V  »ett  sal. 

lo^oUiia.  Femenino.  Mtdicina. 
Disininneión  de  carnes  j  fuerzas,  pro- 
docidas  por  abusa  de  iodo. 

BriHOLOOfA.  Iodo  j  tisit:  francés, 
iodop/itnisie. 

lodnro.  Masculino.  Química,  Com- 
binación del  iodo  eon  un  cuerpo  sím- 
pie. 

Stiuolooia.  Iodo:  francés,  iodvre. 

lofoaa.  Femenino.  Tiempos  heroi' 
cot.  Ninfa  que,  según  algunos  mitó- 
logos, faé  madre  de  Deucalión.  Otros 
dicen  «jne  este  fué  hijo  de  lodamia  j 
de  Júpiter. 

loglar.  Masculino  anticuado.  Jo- 
oukB.  I  Anticuado.  Músico. 

loglaria.  Femenino  anticuado. 
Jurla,  didio  fastivo. 

lozlwia.  Femenino  anticnado.  lo- 


logo.  Masculino  anticnado.  Jdboo. 
I  Anticuado.  Burla. 

lograr.  Masculino  anticuado.  Ju- 
glar, burlador. 

loguer.  Neutro  anticuado.  Tener 
acto  cama!. 

loicio.  Masculino  anticuado.  Jm- 

010. 

lolcos  ó  lolchos.  Femenino.  Mi- 
tologia.  Capital  de  la  Tesalia,  famosa 
por  haber  nacido  en  ella  Jasón,  j  ha- 
berse reunido  los  príncipes  criemos 
ue  fueron  i  eonquistar  el  vellocino 
e  oro. 

lolas.  Masculino.  Mitología.  Hijo 
de  Ificles,  nieto  j  corapafiero  de  Hér- 
cules, á  quien  avodó  a  vencer  la  hi- 
dra de  Lerna  quemándola  con  un 
hierro  candente.  Según  Díodoro  Sícu- 
lo,  condujo  á  Cerde&a  una  colonia  de 
helenos. 

lole.  Femenino.  Miíologia.  Hija  de 
Burito,  rej  de  ^calia,  amada  de  Hér- 
cules, que  la  llevó  i  Trachina.  Cuan- 
do murió  dicho  héroe,  casó  con  su 
h\jo  Hgllus. 

lolito.  Masculino.  Mineralogía.  Pie- 
dra que  tiene  el  color  de  la  violeta. 

EtuiolooÍá.  Griego  fov  (ion),  vio- 
leu,  j  X(tt<K  (lÍthot}t  piedra:  fnncés, 
iolilkt. 

lón.  Masculino.  Tiempot  Heroicos. 
Hijo  de  Xuto  j  de  Creusa,  hija  de 
Brecteo.  Casó  con  Hélice,  de  quien 
tuvo  varios  hijos  y  reinó  en  el  Atica, 
que  se  llamó  mucno  tiempo  Jonia,  re- 
cordando su  nombre.  Llevó  varias  co- 
lonias al  Asía  menor,  estableciéndo- 
las en  la  Caria,  que  antes  había  con- 
({tiistado.  Fné  el  fundador  de  la  raza 
jónii:a,  hermano  de  Aqueo  j  marido 
de  Hélice,  hija  del  rey  detíno.  Según 
Bstrabóo,  reinó  en  el  Atica  entre 
Erecteo  II  y  Cecrops  II,  j  fué  quien 
dividió  en  tribus  á  los  atenienses. 
Eurípides  le  representaba  como  hijo 
de  Apoto  j  de  Creusa.  Según  Velevo 
Patéreulo,  bajo  la  conducta  de  un  lla- 
mado lÓN,  fueron  los  habitantes  del 
Atica  á  colonizar  el  Asia  menor;  pero 
no  fué  de  este  Ión,  hijo  da  Xnto  j 
marido  de  Hélice. 

longleria.  Femenino  anticuado. 
Burla,  dicho  festivo. 

lopas.  Masculino.  Mitología.  Prín- 
cipe de  Africa,  que  tocó  el  laúd  duran- 
te el  festín  que  Dido  dió  i  Eneas. 

lo-paean.  Interjección.  Grito  de 
alegría  j  de  invocación,  que  los  anti- 
guos repetían  en  los  sacrificios,  en  los 
juegos  solemnes,  etc. 

loplokos.  Masculino.  Miiolagía. 
Sobrenombre  de  Baco. 

ErmoLoafA.  Griego  lonXóxw;  (iopló- 
kos),  el  ^ue  entrelaza  violetas,  de  Tov 
(ion),  violetas,  j  lOdxtú  fpUASjt  jo 
tejo. 

lord.  Femenino.  Mitología  escandí- 
nava.  La  tierra,  mujer  de  Odín. 
lornada.  Femenino  anticuad  o.  Joa< 

HADA. 

los.  Masculino.  Geografía  antigua. 
Nombre  que  tuvo  la  isla  do  Nio,  una 
de  las  Spórades,  donde  se  dice  que 
murió  Homero. 

lot.  Femenino.  /V/ojc^ia,  Décima 
letra  del  alfabeto  gótico  j  alemán» 


equivalente  i  una  t  muj  breve,  j  £ 
veces  i  una  j. 

londebnik.  Masculino.  Historia. 
Título  de  nn  eódiso  ruso,  publicado 
por  el  czar  Iván  IV,  en  1550. 

Ionios.  Masculino.  Antigüedades 
griegas.  Canto  en  honor  de  Ceres. 

Ipecacuana.  Femenino.  Botánica. 
Planta  de  la  América  septentrional, 
que  echa  las  hojas  unidas,  opuestas, 
muj  prolongadas,  lisas  j  planas;  las 
flores  blancas  y  pequeñas;  las  bajas 
casi  aovadas  y  tersas,  con  una  celdi- 
lla que  encierra  dos  semillas  unidas, 
oblongas,  planas  por  dentro  y  gibosas 

flor  fuera.  La  raíz  de  eíta  planta,  que 
leva  el  mismo  nombre  y  el  de  i^u- 
quillot  es  emética,  tónica,  purgante  v 
sudorífica. 

BTMOLOofA.  Brasileflo  ipetíuuana, 
que  quiere  decir  raía  rayada  (Pou- 
cejkt):  latín  técnico,  aselepiat  atthma- 
tica,  de  Linneo,  ipecacuana  de  la  Isla 
de  Francia;  ascúpias  vincetoxieum,  de 
Linneo,  que  es  la  ipecacuana  de  los 
alemanes,  denominada  por  los  france- 
ses dompte  venin^  doma-veneno,  tra- 
ducción del  latín  vincetoxieum ^  vence- 
tósigo;  catalán,  ipecacuana;  francés, 
ipécacuann. 

Ipil.  Masculino.  Árbol  de  Filipi- 
nas, de  madera  muv  dura  y  correosa. 

Ipo.  Masculino.  Veneno  activo  que 
fluje  de  algunos  árboles  del  archipié- 
lago índico. 

Ipocrisia.  Femenino  anticuado. 
Hipocresía. 

Xpoctono.  Masculino.  Mitología, 
Sobrenombre  de  Hércules,  por  haber 
destruido  los  gusanos  que  roían  las 
vides. 

ErncoLOofA.  Griego  tnoxt^voc  (ipok- 
tónosj,  de  r<|.  (tps),  gusano,  y  xTÉivto 
(ktéind),  yo  mato:  francés,  fpoctone. 

Ipomea.  Femenino.  Botánica.  Plan- 
ta convolvulácea. 

Etiholooía.  Francés,  ipomée. 

Ipso  facto.  Locución  puramente 
latina,  usada  en  castellano,  que  signi- 
fica inmediatamente,  en  el  acto,  y  tam- 
bién por  el  mismo  hecho. 

ETiuoLoaÍA.  Latín  ipso,  ablativo  de 
ipse,  el  mismo,  y  facto,  ablativo  de 
factus,  hecho,  «por  el  mismo  hecho;» 
francés  y  catalán,  ipso  facto, 

Ipso  jure.  Locución  latina  usada 
en  A  foro  para  denotar  que  una  cosa 
no  necesita  declaración  del  juez,  puea 
consta  por  la  misma  Uy. 

EnuoLOofA.  Ipso  y  jure,  ablativos 
de  ipse  y  jus,  juris,  derecho:  «por  el 
mismo  derecho.» — «Modo  adverbial, 
que  equivale  por  el  mismo  derecho, 
sin  necesitar  de  nueva  declaración.  Es 
voz  puramente  latina,  pero  muv  usa- 
da.» (AcADBUiA,  Diccionario  de 
—«Aunque  el  delito  sea  de  tal  cali- 
dad que  imponga  la  pena  i/;st)jKr¿.» 
(Becopilación^liiiro  V,  titulo  10,  ley  1.^) 

IpSnliceS  (UÍÁOBNES).  AtiligHeda- 
des.  Medallones  ó  láminas  de  metal, 
en  forma  de  hombres  j  mujeres,  i^ne 
los  magos  usaban  en  los  sacrificios 
amatorios. 

BtiuolooÍa.  Latín  iptct  el  mismo, 
é  iltfíSt  iliieii,  ave  de  raelamo,  atrac- 
tivo, lúlago:  francés,  ipnUtk$$. 


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164  IR 

Ir.  Neutro.  Andar  6  moTene  ét  ttti 
lug^r  hacia  otro.  Se  usa  también  como 
recíproco.  I  Estar  ó  ser.  Caminar  de 
acá  para  allá.  ||  Aposta.r,7  así  ae  dice: 
VAK  cien  doblones  á  que  sucedió  tal 
cosa,  d  CoDiistir»  depender;  ^  así  se 
dice:  en  eso  vá  6  le  va.  la  TÍda  6  la 
honra  á  Fulano.  |  Importar,  intere- 
sar; T  así  se  dice:  nada  me  va  ao  ello. 
H  Disting-uirse,  diferenciarse  una  per- 
sona ó  cosa  de  otra;  j  así  ae  dice:  lo 

aue  VA  del  padre  al  hijo.  Q  Se  asa  para 
enotar  hacia  donde  se  dirige  un  ca- 
mino; y  así  se  dice:  este  camino  va  i 
tal  parte,  j  Seg'uir  alguna  carrera;  J 
jsí  S6  dice:  tB  por  la  iglesia,  por  la 
milicia,  etc.  |  Obrar,  proceder.  |  De- 
clinarse, 6  eonj  ugarse  algún  nombre 
Ó  verbo  por  otro.  ||  En  varios  juegos 
de  naipes,  entrar,  jj  Junto  con  los  ge- 
rundios da  algunos  verbos  denota  la 
acción  de  ellos  v  da  á  entender  la  ac- 
tual ejecución  de  lo  que  dichos  verbos 
significan;  verbigracia:  vahos  cami- 
nando; ó  que  la  acción  empieza  á  ve- 
rificarse como:  TA  ANOCHECIENDO,  esto 
es,  principia  á  anochecer.  ||  Junto  con 
algunas  voces,  significa  el  modo  de  ib; 
como  IB  i  pie»  á  caballo,  á  fausto,  bien 
6  mal.  I  Junto  con  el  participio  pasivo 
de  los  verbos  activos,  significa  pade- 
cer su  BcciÓDt  y  con  el  de  los  recípro- 
cos, ejecutarla;  v  así  se  dice:  xa  vendi- 
do; IB  atenido.  Q  Junto  con  la  prepo- 
sición á  j  algún  infinitivo,  significa 
■disponerse  para  la  acción  del  verbo 
con  que  se  junta;  por  ejemplo:  voy  £ 
salir;  vahos  &  almorzar.  Q  Junto  con 
la  preposición  con  vale  tener  ó  llevar 
lo  que  el  nombre  significa;  jr  asi  se 
dice:  lE  con  tiento,  con  miedo,  con 
cuidado.  I  Junto  con  la  preposición 
contra,  vale  perseguir,  y  también  sen- 
tir  ó  pensar  lo  contrario  de  lo  que  sig- 
nifica el  nombre  á  que  se  aplica;  como: 
IR  contra  la  corriente,  contra  la  opi- 
nión de  alguno.  |  Recíproco.  Morirse 
ó  estarse  muriendo,  g  Salirse  algún  lí- 
quido insensiblemente  del  vaso  ó  cosa 
en  donde  está.  Aplícase  también  al 
mismo  vaso  ó  eosa  que  lo  contiene;  j 
así  se  dice:  ese  vaso,  esa  fuente  se  va. 
|¡  Deslizarse,  perder  el  nivel;  así  se 
dice:  IRSE  loa  pies,  por  resbalar;  ibsb 
la  pared,  por  amenazar  ruina,  y  Gas- 
tarse, consumirse  ó  perderse  alguna 
cosa.  I  Desgarrarse  ó  rompersealguna 
tela,  y  también  envejecerse.  Q  Vento- 
sear ó  hacer  alguno  sus  necesidades 
sin  sentir.  ||  adelante.  Frase.  No  de- 
tenerse, proseguir  en  lo  que  se  va  di- 
ciendo ó  tratando,  J|  al  Jordán.  Frase 
familiar  con  que  se  denota  que  al;>:uno 
se  ha  remozado  ó  ha  convalecido.  Q 
AllíL  8b  va.  Véase  Allí..  U  Allá  va 

BiO  ó  ALLÁ  TA  LO  QUE  KS.  Vcase 

Allá.  II  Ib  alto.  Frase.  Se  dice  de  los 
ríos  ó  arrojos  cuando  van  may  creci- 
dos, l  BiBM  Ó  UAL,  Frase.  Hallarse  en 
buen  d  mal  estado  alguna  cosa.  1|  con 
ALQUHO.  Frase.  Ser  de  la  opinión  6 
didteaien;  eonvnúx  con  ¿1.  y  Estar  de 
■a  parta  d  á  su  fiivor.  Q  Ihásb  lo  ama- 
do tqübdabá  lo  dbscolobado.  Refrán 
con  que  se  da  á  entender  que,  pasado 
el  deleite  que  causa  alguna  pasión 
d«tonlo&ad«i  qiwd«  §úU  u  dsssrédito, 


m 

el  deshonoróla  vergüenza.  J  Ib  pa-^ 
BANDO.  Frase  con  que  se  significa  que 
alguno  se  mantiene  en  el  mismo  esta- 
do en  orden  á  su  salud  6  conveniencia, 
sin  especial  adelantamiento  ó  mejoría. 
II  LBJ03  ó  UU7  LBJOS.  Frase  metafóri- 
ca. Estar  muy  distante  de  lo  que  se 
dice,  se  hace  ó  se  quiere  dar  i  enten- 
der. I  Ibsb  uubibndo.  Frase  metafóri- 
ca. Ir  6  caminar  may  despacio,  con 
desmajo  ó  lentitud.  U  roa  alto.  Fra- 
se. En  el  juego  de  trucos  y  billar  es 
cuando  ano  hace  saltar  fuera  su  bola 
por  encinu  de  la  tablilla,  con  lo  cual 
se  pierden  rajas.  |  alouka  cosa.  Fra- 
se metafórica.  No  entenderla  ó  no  ad- 
vertirla. I  LOS  OJOS  TEAS  A  LO  UN  A  P8B- 
BONA  Ó  COSA.  Frase.  Quererla,  desear- 
la con  extremo.  |  sobbb  alouna  cosa. 
Frase.  Seguir  algún  negocio  sin  per- 
derlo de  vista,  f  Ib  y  venir.  Frase. 
Insistir  en  alguna  cosa,  revolviéndole 
continuamente  en  la  imaginación,  j 
así  se  dice:  si  da  usted  en  ir  t  venib 
en  eso,  perderá  el  juicio.  Q  A  qran  ib, 
AL  MÁS  IR.  Expresión  anticuada.  A, 

TODO  CORRER.  |  Ni  VA  NI  VIBNB.  Bx- 

firesión  familiar  con  que  se  explica 
a  irresolución  de  alguna  persona.  | 
^QuiáN  VA?  6  iiQuiáM  VA  ALLÁV  Expre- 
sión de  que  se  usa  regularmente  por 
la  noche,  cuando  se  descubre  algán 
bulto  ó  se  siente  algún  ruido  j  no  ae 
ve  quién  lo  causa,  i  Sin  iblb  mi  ti- 
HiBLB.  Expresión  de  que  se  usa  para 
dar  á  entender  que  no  le  importa  i 
alguno  aquello  de  que  se  trata.  ||  Pob 
donde  fueres  ó  donde  pubbbs,  haz 
couo  viBRRS.  Refrán  que  advierte  que 
debe  cada  uno  acomodarse  á  los  usos 
V  estilos  del  país  donde  se  halla,  y 
Tanto  se  le  da  pob  lo  que  va  couo 
POB  lo  qub  viene.  Frase  con  que  se  da 
á  entender  que  á  alg^uno  no  le  impor- 
ta nada  lo  que  sucede,  y  Vaya.  Usado 
como  interjección,  sirve  para  expresar 
algún  enfiido,  j  también  para  apro- 
bar alguna  cosa,  j  para  excitar  ó  con- 
tener; j  asi  se  dice:  ¡vaya!  deje  usted 
eso;  ¡vaya,  vaya!  despache  usted,  etc. 

JEsTAB  IDO.  Frase  familiar.  Estar 
elado  ó  profundamente  distraído. 
EtholooIa.  Griego  l»(46)tyQ  voj: 
latiu,  «o,  irt;  italiano,  ir*;  fnnoésj 
ca  talán,  «>. 

Ib.  Del  latín  «0,  ú,  «>«,  im,  itMm, 
que  significa  ir,  andar.  El  verbo  sim- 
ple iré  se  junta  con  casi  todos  los 
prefijos  (ab,  ad,  anb,  ante,  com,  «2,  tn, 
t«/cr,  obt  per,  frans,  etc.),  j  da  lugar 
á  un  gran  número  dé  compuestos. 
(Monlau.) 

•  SiNO.MHiA.  Artiwlo  primero. — Ib, 
IRSE.  Estos  dos  verbos  no  pueden 
usarse  indistintamente,  porque  irse 
tiene  la  fuerza  de  ausentarse  sin  rela- 
ción al  paraje  á  ijae  se  va,  sino  sólo 
al  que  se  deja;  é  «r,  por  el  contrario, 
no  hace  relación  al  q^ue  se  deja,  sino 
á  aquel  adonde  se  va. 

Hb  resuelto  iru  de  Madrid,  puede 
no  saber  adónde  irá,  ó  qué  camino 
elegirá;  j  no  se  dirá  en  este  caso:  ha 
resuelto  ir  de  Madrid,  sin  determinar 

Srecisamente  el  paraje  adonde  va,  ó 
catino  que  lleva.  Y  asi  cuando  digo:, 
me  VOJ,  formo  una  &ase  completa. 


tfiAC 

porque  como  el  verbo  portf  solo  kaes 
relación  determinadamente  al  pataje 
en  que  me  bailo,  explico  completa- 
mente que  le  dejo,  que  me  ausento; 
pero  ñola  hago  igualmente  completa 
si  digo  solamente;  jo  voj,  pues  falta 
saber  adónde,  jorque  el  verbo  no  lo 
determina  por  sí  solo.  (Hcbrta.) 

Árticulo  f«yWo.— Ik^  ibsb.  Ir  es 
moverse  de  un  lugar  para  otro  deter- 
minado: poner  el  cuerpo  en  movi- 
miento con  cierta  dirección  fija.  Ine 
es  simplemente  ausentarse.  Nótase 
estadiferendaanlosejamploB  siguien- 
tes: ¿dónde  han  ido  los  ^ue  se  Jíertuf 
Se  /%¿  de  la  casa  para  tr  i  la  iglesia. 
Me  oey,  j  puede  que  vajfa  i  paseo. 
(Moba.) 

Ira.  Femenino.  Pasión  del  alma, 
que  mueve  á  indignación  j  enojo,  j 
Apetito  ó  deseo  de  injusta  vengan»: 
es  uno  de  los  siete  pecados  capitales, 
y  Apetito  ó  deseo  de  venganza,  según 
orden  de  justicia.  \  Metáfora.  La  furia 
ó  violencia  de  los  elementos.  |  Plural. 
La  repetición  de  actos  de  saüa,  enco- 
mio, Tenganza.|i)B  DiosI  Expresión  de 
que  se  osa  para  "manifestar  la  extrafie- 
za  que  causa  alguna  cosa,  ó  la  dema- 
sía de  ella,  especialmente  cuando  «e 
teme  produzca  sus  malos  efectos  con- 
tra nosotros.  |  Iba  db  HEavANOS,  iba 
ra  diablos.  Refrán  que  da  á  entender 
^ue  son  mucho  peores  los  efectos  de  la 
ira  cuando  es  entre  personas  que,  por 
el  parentesco  ú  otros  motivos,  deben 
tener  más  unión  j  amistad.  \  A  iba 
DE  Dios  no  hay  casa  fubbtb.  Refrán 
con  que  se  da  á  entender  que  al  po- 
der de  Dios  no  haj  cosa  que  resista. 

I  Ob  iba  DEL  SEÑOB  Y  DE  ALBOROTO 

DBL  PUEBLO  TE  LiBBE  Dios.  Refrán  que 
denota  cuán  temible  es  el  enojo  y  la 
violencia  en  los  poderosos  j  una  con- 
moción popular,  y  Dbscaboáb  i,a  iba 
BN  ALauNO.  Frase.  Desfogarla.  |Ll>- 
NABSB  DB  IRA.  FrasB.  Eofodarse  6  irri- 
tarse mucho. 

Etucülooía.  Sánscrito 

(trs)  ó  irsift  aborrecer,  envidiar;  ini, 
aborrecimiento,  cólera:  griego, 
(¿ris),  contienda;  latín,  tra;  firancés  é 
inglés,  iré;  ruso,  iarot/¡  italiano,  pro- 
venzal  j  catalán,  «ra. 

Iracaba.  Femenino.  Botánica.  Ár> 
bol  de  las  islas  occidentales,  de  hojas 
parecidas  á  las  de  la  higuera,  de  flo- 
res amarillas  y  aromáticas,  j  de  fruta 
parecida  á  la  pera. 

Iracundamente.  Adverbio  de  mo- 
do. Con  iracundia. 

EtiholoqÍa.  Iracunda  j  el  sufijo  ad- 
verbial 0UM¿f.- italiano,  iracondaMenle; 
latín,  irac&ndé. 

Iracundia.  Femenino.  Propensión 
á  la  ira. 

Etiuolooía,  Latín  iracundia;  italia- 
no, iracontíia;  cataláUf  iraeundia'-~ 
«Por  lo  regular  se  toma  lo  mismo  que 
ira;  j  añade  el  ser  con  exceso  ó  ser  el 
hábito  vicioso  de  quien  fíicilmente  se 
dejar  llevar  de  la  ira.  Es  vos  jiuramen- 
te  latina. >  ( Acadbuia,  />M:efON<ina 
deilSe.J—^i&Mcho  va  de  la  ira,á  la 
iracundia;  porque  Ja  ira  nace  deU 
ocasión,  j  la  iracundia  de  mala  oon- 


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IRAL 


miA 


IRIA        '  165 


ík\6d,>  (GcbtaÚ,  BptttoUt  fami- 
litrei,) 

Iracuado,  da.  A-djetivo.  El  aae  es 

fropeoso  i  la  ir»,  l  Po/tica.  Aplícase 
tos  elementos,  cuando  están  dema- 
■tadamente  alterados  7  enfurecidos. 

BTiifOLOOfA.  Iracwtaia:  latín,  ira- 
^§ñáiu;  italiaao,  iracondo,  iraeondiao; 
eatalán,  iracundo,  o. 

Indé.  Masculino.  Decreto  impe- 
rial en  Tnrqufa. 
BuHOLOofA.  Pronunciación  turca 

del  árabe  irada  (V^t)|}>  Toiuntad, 

deseo:  francés,  irad/. 

Irado,  da.  Adjetivo  anticuado. 
Bandido.  |  t  pagado.  Expresión  que 
se  halla  en  donaciones  antíg'aas  de 
los  rejes,  de  la  cual  se  usaba  af  tiempo 
de  nombrar  lo  que  se  reservaban  en 
los  lug-ares  donados.  Eutre  estas  re- 
servas, ana  era  que  el  rej  había  de 
poder  entrar  en  los  tales  lugares  siem- 
pre qae  quisiese,  irado  t  pasado; 
esto  es,  airado  6  apaciguado,  de  gue- 
rra ó  de  pax. 

BTUioi.oofa.  Airado.  Es  una  bri- 
llantísima iaterpretaciÓQ. 

Irak.  (Bajo  latín.)  Masculino.  Vi- 
drio de  Irak.  |¡  Vaso  ó  redoma  de  la 
misma  materia. 

BrmoLOOfA.  Arabe  Cirakl}^ 

adjetivo  relativo  del  nombre  propio 
Vrai,  provincia  de  la  Babilonia  de  los 
anti^oa,  en  donde  se  fabricaba  un 
vidrio  umejante  al  cristal,  llamado 

ti  vidrio  'irakl  (ji'j^t 

Rettfla  kitttfnea^—EL  latín  de  la 
Edad  medía  nos  ofrece  muchas  y  va- 
riadas formas  del  radical  árabe. 

1.  Jrttkt.  cVaaos  vitríos,  eouza 
(conzB)  iraké,»  (BtpaXa  Sagrada,  LX, 
409.) 

2.  Iraaam.  «Et  concham  iragan.9 
(Ihid.,  ÍXXVJ.  página  50.) 

3.  ¿rachas*  cEt  tres  fíalas  quas  di- 
cant  rotomas  iraeha»:»  «que  llaman 
redomas  de  lrak*>  (Ibid.) 

4.  Aeyralis.  «Vasa  vitría:  concas 
atr/ralit  II.»  (Yaras,  Crónica  di  la  or- 
den de  san  Benito,  V,  424.) 

Iraíba.  Masculino.  Palmera  del 
Brasil,  cuja  médula  es  comestible. 

Irala  (DoHiMao  Martínez  db).  Ca- 
pitán espafiol,  uno  de  los  conquistado- 
res de  la  América  meridional.  Nació 
en  1486;  formó  parte  de  la  expedición 
de  Mendoza,  en  1534;  contribuyó  al 
descubrimiento  de  los paísesque  riega 
el  río  de  la  Plata;  sucedió  en  el  go- 
bierno de  Buenos  Aires  &  Juan  de 
Ajólas,  T  luego,  á  Alvaro  Núñez  Ca- 
beza de  Vaca,  j  murij  en  1Ó57. 

Irala  Tuao  (Matías  Antohio). 
Pintor  y  grabador  espaúol,  que  nació 
eo  1680  j  murió  en  1753.  Tomó  el 
hábito  en  el  convento  de  la  Victoria 
de  Madrid,  jr  siguió  practicando  su 
arte,  en  el  que  formó  algunos  buenos 
discípulos.  Entre  sus  cuadros  más  no- 
tablea  se  distinguen:  san  Francisco  de 
^aula  dittriiujfendo^nías  medicinales 
i  les  paires;  santo  Tomás  de  Áquino^ 
qne  existe  en  AlcaU  de  Henares,  j 
gran  número  de  dibujos  y  grabados 


ae  S0  eonserran  en  él  museo  de  Ma- 

rid. 

IrarM.  Recíproco  anticuado.  Ax- 

RAaSB. 

Irascencia.  Femenino  anticuado. 
Iracundia. 

Irascibilidad.  Femenino.  Propen- 
sidn  á  la  ira. 

EnvoLoof A.  Irascible:  italiano,  •Vm* 
eibilita;  francés,  iraseiHlité. 

Irascible.  Adjetivo.  Lo  pertene- 
ciente á  la  ira.  |  El  que  es  propenso  á 
irritarse. 

EtiuolooÍa.  Ira:  latín,  irascUtlit; 
italiano,  irasclbile;  francés  y  catalán, 
irascible. 

Irenarca.  Masculino.  Entre  los  ro- 
manos se  llamaba  así  el  magistrado 
destinado  á  cuidar  de  la  quietud  y 
tranquilidad  del  pueblo.  O  Historia 
úriega.  Oficial  encargado  de  mantener 
la  tranquilidad  pública  en  las  provin- 
cias del  imperio  griego. 

Etiuolooía.  Griego  eípi)váp^f)c  ( eiré- 
nárckes);  de  eireni,  paz,  y  archein, 
mandan  latín,  irhiarcha;  francés, 
iréhargue.  El  griego  tiene  también  la 
forma  tlpi^vxpyo^  (eirenarcAos). 

Irene.  Femenino.  Nombre  griego 
de  mujer. 

EraíOLoafA.  Griego  Eípiívi]  (Siré- 
né),  Irene  j  paz:  latín  posterior  á  la 
época  de  Augusto,  /fak;  francés,  Ire- 
ne; catalán,  frena. 

1.  Irene.  Del  griego  eireni,  paz, 
tranquilidad.  Nombre  propio  de  mu- 
jer, como  Ireneo  (pacífico)  es  nombre 
propio  de  hombre.  De  abí  también 
irenarca,  como  quien  dice:  jefe  de  los 
pacificadores;  entre  los  antiguos  grie- 
gos y  romanos,  juez  áepas;  magistra- 
do destinado  á  cuidar  de  Ukpat,  de  la 
equidad  y  tranquilidad  del  pueblo. 

(MONLAU.) 

2.  Irene.  Femenino.  Planeta  te- 
lescópico, descubierto  en  1851. 

EnuoLoaÍA.  Irene  1:  francés,  Irhu. 

Irénico,  ca.  Adjetivo.  Historia 
eclesiástica*  Lisaca  irénioos.  Libros 
destinados  á  calmar  las  discordias  en- 
tre las  opiniones  cristianas  de  los  pri- 
meros siglos. 

Iriarte  (laNACio).  Pintor  español, 
que  nació  en  Azcoitia  en  1620  v  mu- 
rió  en  1685.  Fué  discípulo  de  Herrera 
el  viejo;  se  distinguió  como  paisajista, 
mereciendo  grandes  elogios  de  Muri- 
Uo,  y  fué  iino  de  los  fundadores  y  pri- 
mer secretario  de  la  Academia  de  Se- 
villa, en  cuja  ciudad  murió.  En  el 
museo  del  Prado  existen  algunos  pai- 
sajes sujos. 

Iriarte  (Don  Touás).  Siguiendo 
las  huellas  de  la  del  8r.  Fernández 
Navarrete  j  otros  notables  críticos, 
vamos  á  trazar  la  biografía  de  este 
erudito  literato,  que  debe  á  sus  céle- 
bres /lUttlat  literarias  un  nombre  ver- 
daderamente universal.  Nació  el  se- 
ñor íaiARTB  en  la  villa  de  Orotava 
(Tenerife)el  18  de  Septiembre  de  17o0. 
Sus  padres  fueron  don  Bernardo  de 
Iriartb  j  doña  Bárbara  de  las  Nieves 
Hernández  de  Oropesa*  A  los  diez 
años  comenzó  á  estudiar  la  lengua  la- 
tina bajo  la  dirección  de  su  hermano, 
Fraj  Joan  Tomás  de  Iriabtb,  de  la 


orden  de  Predicadores,  haciendo  ta- 
les adelantos  que,  á  instancias  de  su 
tío  don  Juan  de  Iriabte,  biblioteca- 
rio del  rej,  salió  para  Madrid  i  prin- 
cipios de  1764,  despidiéndose  de  su 
patria  eon  unos  dísticos  latinos,  que 
nadie  crejó  pudiesen  ser  de  un  joven 
de  tan  corta  edad.  Continad  Bn>Ma- 
drid  su  educación  su  tío  don  Juan  de 
laiARTB,  i  cujo  lado  estudió  latini- 
dad, humanidades,  matemáticas,  geo- 
grafía, historia,  física,  j  las  lenguas 
inglesa,  francesa  é  italiana.  A  los  sie- 
te años  de  enseñanza,  j  después  de  la 
muerte  de  so  tío,  se  ocupó  de  la  co- 
rrección é  impresión  de  la  gramática 
latina  (1711),  j  de  las  demás  obras 
que  publicó  hasta  1776.  Tuvo  Iburtb 
siempre  gran  afición  á  la  música,  j 
ja  en  Canarias  tocaba  varios  instru- 
mentos; pero  en  Madrid  se  perfeccio<- 
nd  eon  las  lecciones  de  su  amigo  y 
maestro  don  Antonio  Rodrl^aas  de 
Hita.  Su  mucho  amor  i  la  poesía  le 
hizo  escribir,  cuando  apenas  conta- 
ba 18  años,  la  comedia  Hacer  ^ue  ha- 
cemos, que  imprimió  en  1770  con  el 
anagrama  de  Don  Tino  Imarela,  tra- 
duciendo luego  del  francés,  para  los 
teatros  de  los  sitios  reales,  las  come- 
dias: Bl  Filósofo  casado.  La  Escocesa, 
La  Tragedia,  El  Huérfano  de  la  C/íi- 
Ha  j  otras,  amén  de  algunos  dramas 
originales,  ocupándose  en  estos  tra- 
bajos hasta  1785.  En  la  colección  que 

{lublicó  de  sus  obras,  dejó  de  incluir 
as  comedias:  Bl  Malgastador,  La  3t- 
cocesa.  El  mal  hombre,  El  Aprensivo, 
La  Pnpihjuiciosa  ^  El  Mercader  de 
Bsmirna.  rot  fallecimiento  de  su  tío 
don  Juan  de  Iriartb,  le  sucedió  en 
1771  en  el  empleo  de  ofieial  traductor 
de  la  primera  secretará  de  Estado, 
cargo  en  el  que  le  había  soplido  du- 
rante sus  enfermedades,  asistiendo 
con  el  marqués  de  los  Ll;inos  úlas  se- 
cretarías del  Perú  ^  de  la  Cámara  de 
Aragón.  Por  este  tiempo  (1772)  tuvo 
la  comisión  de  componer  Él  Mercurio 
histórico  y  político,  que  mejoró  mucho, 
j  tradujo  de  orden  puperior  varios 
apéndices  para  una  obra  en  defensa 
de  Palafox,  escribiendo  los  versos  la- 
tinos j  castellanos  al  nacimiento  del 
infante,  é  institución  de  la  orden  de 
Carlos  III.  Por  entonces  aserlbi¿  au 
notable  obra  Los  literatos  en  cuaresma, 
y  varias  poesías  sueltas,  j  algunas 
epístolas  a  su  amigo  doa  José  Cadal- 
so. En  1776  se  le  nombró  arehiveio 
del  Supremo  Consejo  de  la  Goerra,  J 
al  año  siguiente  publicó  la  tradttcciott 
^et\  Arte  poética  de  Horacio.  Sedaño,  el 
colector  del  Parnaso  Español,  la  criti- 
có duramente,  contestándole  Iriaiítb 
con  el  conocido  diálogo:  Donde  las  lo- 
man las  dan,  en  1778.  A  principios 
del  año  1780,  Ibiarte,  dice  otro  de  sus 
biógrafos,  se  propuso  que  la  música 
no  careciese  de  un  libro  Heno  de  pre- 
ceptos, como  ja  contaban  la  poesía  y 
la  pintura,  y  escribió  su  famoso  poe- 
ma La  Música,  obra  mo^f '  apreeiaUfl 
por  las  ideas  y  acertados  eonsejos  que 
encierra,  por  más  que  no  cuente,  con 
una  de  las  condiciones  esenciales  del 
poema,  que  es  la  inspiración  poética, 


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166  IRIA 

afecto  qaiz¿s  da  U  m&xímt  de  Ikiart^ 
de  que  Uu  versos  debían  ser ^ácileSt  fw- 
tufalet  y  exentos  de  artijícioso  ornato. 
Batre  los  convidados  á  la  lectura  de 
este  poema  se  hallaba  el  satírico  é  io- 
exozable  Huerta,  el  antagonista  de 
Ibusts  en  todo,  j  «I  oir  eite  verso: 

■La*  aamillai  de  mq.xitl  «rtsoutOi* 

se  IsTantó  Huerta  j  abandonó  U  sala 
diciendo:  que  ni  aquel  era  verso,  ni  el 
aator,  poeta.  Cierto  que  el  citado  vex^ 
so  no  es  bueno;  pero  no  lo  es  menos 
q^oe  Iriutb  devohió  i  Huerta  la  cri- 
tica de  un  modo  cruel,  como  veremos 
mis  adelante.  Bn  1782  publicó  sus 
célebres  Fábulas  lilerarias,  que  fueron 
criticadas  en  El  Amo  erudito,  de  For- 
ner,  al  que  contestó  Ibiartb  con  su 
ñimosa  sátira:  Para  casos  tales,  suelen 
,  tener  los  maestros  oficiales.  Entusiasta 
de  Virgilio,  quiso  ensacarse  en  un 

Soema  épico,  y  eli^ó  la  conquista  de 
[éjico;  pero  conociendo  las  grandes 
dificultades  que  el  asunto  ofrecía,  le 
sustituyó  por  la  traducción  de  la  Snei» 
da,  deque  publicó  cuatro  libros.  Por 
orden  del  ilustre  conde  de  Florida^ 
Manca,  escribió  las  Lecciones  inttructv- 
009  soéro  ia  moral,  ¡a  hñtorta  y  la  y^o- 
frafla,  para  iastrueción  de  íos  niños 
de  las  escuelas.  En  1787  publicó  la 
colección  de  sus  obras  en  seis  tomos, 
que  después  de  su  muerte  se  ha  reim- 
preso eu  ocho,  afiadiendo  en  los  dos 
últimos  muchas  obras  inéditas.  Eo 
dicha  colección  incluyó  La  Señorita 
mal  criada,  El  Señorito  mimado  j  El 
don  de  gentes,  comedias  que  compuso 
en  distintas  épocas.  Hallándose  en 
Andalucía  (1790)  á  restablecerse  de 
sus  males,  escribió  el  rann  ílogo  Guz- 
mán  el  Bueno,  y  en  El  Corresponsal  del 
Censor  publicó  una  sátira  en  latín  ma- 
carrónico contra  el  mal  gusto  de  núes* 
tras  escuelas.  Tradujo  con  gran  pure- 
za j  erquisita  gracia  El  Nuevo  Rohtn- 
so»,  de  Campe,  de  cuja  obra  se  han 
hecho  maltítud  de  ediciones.  La  vida 
sedentaria  que  hacía,  agravó  su  pade- 
dimiento  de  gota,  de  cujas  resultas 
murió  en  17  de  Septiembre  de  1791, 
siendo  enterrado  al  siguiente  día  en 
la  parroquia  de  san  Juan,  de  Madrid. 
«Poeta  de  escaso  numen— dice  el  se- 
ñor Gil  j  Zarate — pobre  versificador, 
pero  literato  de  vasta  erudición  j  pro- 
fundos conocimientos.  Su  posií^ión  so- 
cial, su  ameno  trato  j  extensas  rela- 
ciones, le  dieron  g^an  fama  j  le  hi- 
cieron tener  en  la  literatura  un  influjo 
funesto,  pues  su  ejemplo  acreditó  el 
prosaísmo  en  la  poesía,  defecto  que 
enndióde  un  modoasombroso.  Iriartb  , 
sin  embargo,  á  la  manera  de  Huerta, 
logró  publicar  una  obra  que  asegura 
su  fama:  las  Fábulat  literarias  non  un 
monumento  que  nunca  perecerá;  aco- 
modábase mM  este  género  á  la  Indole 
de  su  talento  j  á  su  manera  de  versi- 
ficar; haj  en  estas  composiciones  gra- 
cia, viveza,  naturalidad,  j  basta  los 
versos  son  mejores  que  en  sus  demás 
obras.  Al  escribirlas,  iRt&BTS  se  mostró 
una  vez  en  su  vida  lo  (^ue  no  era,  poe- 
ta.» Nuestro  gran  Quintana,  contea- 
tando  á  cierto  artículo  pablieado  por 


IRIA 

Mr.  O...  en  la  Vkada  Jlosdfca,  contra 
las  fábulas  de  Ibubtb,  dice:  «Mire 
usteii,  señor  sentenciador,  aunque 
Iriabtb,  como  fabulista,  está  á  una 
distancia  inmensa  de  Lafontaine,  tie* 
ne,  sin  embargo,  dotes  muj  aprecia- 
bles  para  que  nadie  se  permita  hablar 
de  él  cnn  esa  severidad  desdeñosa. 
Invención  ingeniosa  las  más  veces, 
oportunidad  en  las  aplicaciones,  na- 
rración despejada,  lenguaje  claro  j 
paro.  Es  cierto  que  carece  de  la  sen- 
eíllei!  j  del  talento  descriptivo,  que 
distinguen  al  Esopo  francés;  pero  el 
carácter  burlón  j  chistoso  que  ma- 
nifiesta en  estas  composiciones,  la 
viveza  j  propiedad  de  su  dialogo,  in- 
teresan j  agradan  generalmente,  ha- 
lándose tan  lejos  del  vicio  de  la  in- 
sulsez, que  acaso  da  en  el  extremo 

opuesto  de  excesiva  discreción  

Ks  falso  que  todas  las  fábulas  de 
Iriabtb  bajan  sido  escritas  con  el 
objeto  de  zaherir  á  los  escritores  de 
quienes  el  autor  estaba  quejoso;  pues 
aunque  algunas  de  ellas  puedan  tener 
aplicación  á  sus  querellas  literarias, 
la  major  parte  descubren  la  intención 
general  de  dar  consejos  á  los  literatos 
principiantes,  bajo  la  forma  de  apólo- 
gos. Nosotros  preiciadimos  de  si  éste 
es  ó  no  nn  defecto  tan  esencial  como 
el  diarista  pretende;  pero  es  incontes- 
table que  las  Fábulas  literarias  de 
Ibiástb  no  han  dejado  por  eso  de  co- 
rrer en  boca  de  los  literatos,  v  de  los 
que  no  lo  son;  que  se  aprenden  con 
facilidad  por  los  muchachos  á  quienes 
se  dan  á  estudiar;  que  muchas  de  sus 
expresiones  se  han  hecho  proverbia- 
les, T  que  se  repiten  con  frecuencia 
las  ediciones  que  se  hacen  de  ellas. 
^Pueden  acaso  los  franceses  decir  otro 
tanto  de  sus  fabulistas  posteriores  á 
Lafontaine?»  Para  concluir,  copiare- 
mos las  frases  del  célebre  literato 
francés  Florián,  que  debió  gran  parte 
de  su  reputación  á  las  imitaciones  que 
hizo  de  nuestra  literatura,  el  cual 
dice  á  este  propósito: — «Yo  debo  mu- 
cho á  Iriabtb.  poeta  muj  estimable 
para  mí,  de  quien  he  tomado  mis  me- 
jores apólogos.»  No  queremos  dar  por 
terminado  nuestro  trabajo  sin  copiar 
la  famosa  posdata  de  una  interesante 
carta  de  Ibubtb,  fechada  en  Madrid 
el  27  de  Marzo  de  1787,  en  la  cual  va 
devuelto  el  golpe  á  Huerta,  de  que 
hablamos  anteriormente,  j  sin  copiar 
el  retrato  que  de  este  literato  hace  el 
erudito  escritor  Sr.  Ochoa: — cHuerta 
fué  enemigo  de  todos  los  literatos  de 
su  tiempo,  j  no  perdonó  ni  aun  á  los 
antiguos.  Con  todos  mantenía  polé- 
micas j  á  todos  criticaba:  era  tan  orí- 
pfinal  en  sus  costumbres  como  en  sus 
ideas  literarias;  empeñado  á  toda  cos- 
ta en  llevar  adelante  su  projecto  de 
reforma  literaria,  se  creó  una  escuela 
nueva,  cnjo  lema  era  españolismo,  j 
no  había  quien  pudiese  hacerle  com- 

firender  j  admirar  las  mejoras  j  ade- 
antos  de  las  demás  naciones.  Era  esta 
idea  una  especie  de  caballerismo  en 
él,  ^  le  poseía  de  tal  modo,  que  al 
mejor  de  sus  amigos  ridiculizad 
■iempra  que  directa  o  indirectamente 


TRID 

despreciaba  ó  ajaba  á  sns  pretendidos 
ídolos  literarios.  Por  esta  causa,  For- 
ner,  Ibiartb,  Jovellanos,  j  todos  los 
literatos  del  siglo  pasado,  noi  han 
dejado  escritos  romances  6  invectivas 
contra  él  j  sus  doctrinas,  criticándo- 
le: unos,  de  pedante;  otros,  de  loco; 
los  más,  de  intratable  é  iocorregible, 
á  pesar  de  no  negarle  ingenio  j  faenn- 
dia.» — He  aquí  ahora  laoartadelBUR' 
tb: — <Ya  sabrá  uated  que  murió  el  po- 
bre Huerta,  j  que  ha  dejado  vacante 
una  silla  en  el  Parnaso  j  una  jaula  en 
Zaragoza.  He  sentido  su  pronta  moer- 
te,  por  su  persona,  á  quien  nanea 
tuve  odio,  sin  embargo  de  que  hizo 
todo  lo  posible  por  perder  cuantos 
amigos  tenía;  j  jo,  uno  de  ellos;  pero 
en  cuanto  autor,  creo  (j  entre  nos  sea 
dicho),  que  el  buen  gusto  nada  ha 
perdido.  Ahora  me  ocurre  el  modo  de 
reducir  á  un  epitafio  en  verso  el  pen- 
samiento que  apunto  arriba;  pero  no 
diga  usted  á  nadie  que  es  mío,  porque 
no  quiero  meterme  con  los  muertos: 

•De  jiiioio,  if ,  mas  no  d«  iiie«ido  momo, 
Aquí  Hnarta  •!  HadRK  deacanso  goM; 
D«ja  xm  pacato  vaea&t»  «n  el  Parnaao 
Y  ana  jaola  Taoia  «n  Zaragos».* 

Irídáceo,  cea.  Adjetivo.  lafnno. 

Iridación.  Femenino.  Afineralogia. 
Propiedad  de  ciertos  minerales  que 
produeen  en  el  órgano  de  la  ñeta  la 
impresión  de  los  colorea  del  iris. 

Etiuolooía.  Irideo:  francés,  trúo- 
íion. 

Irideaa.  Femenino  plural,  ffoíáni- 
ca.  Familia  de  plantas  cujo  tipo  es  el 
iris. 

Etimología.  Irideo:  francés,  iriddes. 

Iridectomia.  Femenino.  Cimgla. 
Escisión  de  una  parte  del  iris. 

Etimología.  Iris  íf  j  el  griego 
¿XT0(JLT¡  (ektome),  escisión;  de  ek,  fuera, 
j  tome,  sección:  francés,  irideetomie, 

Iridectómico,  ca.  Adjetivo.  Con- 
cerniente B  la  iridectomia. 

Irideo,  dea.  Adjetivo.  BvUmiea. 
Parecido  al  iris,  y  Femenino.  Género 
de  algas. 

EtiHOLOofA.  Iri»  S:  latín,  irhsut, 

IrideMlTi^e.Femenino.BpÉMKBO. 

Iridescente.  Adjetivo.  Que  refleja 
los  colores  del  iris. 

EriMOLoaÍA.  Iris  1:  ^ncés,  iridet- 
cent. 

Iridico,  ca.  Adjetivo.  (Rímica, 
Epíteto  del  óxido  del  iridio  y  de  lai 
sales  que  produce* 

BTiuoLOOfA.  Iridio:  franela,  vri- 
diqv*. 

Iridio.  Masculino.  Química.  Cuer- 
po simple  que  pertenece  á  la  quinta 
sección  de  metales. 

BTniOLOGÍA.  Latín  técnico  iridimm, 
metal  descubierto  en  1803,  uno  de  los 
cuerpos  simples,  forma  de  irtf,  por- 
que las  disoluciones  del  iridio  pre- 
sentan todos  los  colons  de  aquel  me- 
teoro. 

Iridipenne.  Adjetivo.  Ornitología. 

Que  tiene  nías  erizadas. 

Etimolooía.  Jris  2  j  el  latín  pen^ 
na,  ala,  pluma:  francés,  iridipenne. 

Iriditis.  Femenino.  MediHi»,  In- 
flamación del  iris. 

StiuolooÍa.  Vocablo  híbrido,  dd 

L 

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IRIS 

latín  irSdit,  ^«nitivo  d«  tris,  J  al  sa- 
fijo  griego  iíu,  laññvueióu, 

Xndocele.  Femenino.  Ciruja.  Hei- 
oía  del  iria,  á  través  de  ana  llaga  6 
á»  una  úlcera  de  la  e*5rnea. 

Btiuolooía.  Jrü,  membrana,  j 
it'l^t  tumor:  francés,  iridodle. 

Irido-colóboma.  Femenino.  Cirv- 
fia.  E.seisi'ín  del  iris. 

Etuiolooía.  Ii-it,  membrana,  j  ko- 
í-i¿dma  (juAóSfé^),  mntikcida:  fran- 
cés, trodoeolobomf. 

Iridodialis.  Femenino.  Ciruglü* 
Daspraadimiento  da  uns  parte  del 
itii  púa  piodueir  ana  papila  artifi- 
cial. 

BTiHOi.oe(A>  Iri»t  mombrana,  y 
üxkfti*  (6iAufft(),  MparadiSn;  francés, 
fte, 

>pitosis.  Femenino.  Cingta. 
Procedencia  del  iris. 

BTiMOLoaÍA.  Jri»,  membrana,  j 
^^t».  caída:  francés,  iridoptou. 

Irídosmiaa.  Femenino.  Mineral»- 
fia.  Liga  natural  del  iridio  y  del  os- 
mio, llamado  también  iridio  nativo. 

EnuOLOofA.  Iridio  j  agmto:  francés, 
iridoimine, 

Itidtecopo.  Masculino.  Cimgia. 
Instramento  fbrmado  de  ana  concha 
opan.  eon  ana  pequeña  perforación  j 
dattínado  al  «xamen  del  interior  del 
ojo. 

BmiOLooÍA.  lri$t  membrana,  y  el 
fri^  tkopémt,  examinar;  francés  «n- 
doKtpe. 

bidoao,  aa.  Adjetivo.  lafoico. 

frtdotomia.  Femenino.  Ctn^ía. 
lacisiÓB  del  iris  pata  praetiear  una 
papila  artifícial. 

ETXMOK.00U.  /rú,  membrana,  y  to- 
me, sectión;  francés,  iridoiomU. 

Irína.  Femenino.  Química.  Cuerpo 

3ae  n  separa  en  cristales  del  ag^a 
estilada  de  la  raíz  de  violeta. 
BnuOLOofA.  Irino:  francés,  trtM. 
Iringio.  Mascolino.  Nombre  dado 
al  cardo  corredor. 

Irino,  na.  Adjetivo.  Farmaeia.  Epí- 
teto da  nn  ungüento  en  que  entra  el 
iría. 

BnniLoafa.  Jris,  planta. 

1.  iris.  Femenino,  ifi/o/o^io.  Hija 
del  centauro  Taamas  y  de  Blectra, 
^aa  fué  mensajera  de  los  dions;  par- 
tiealarmente,  do  Juno,  7  convertida 
<o  arco-irÍ4.  No  haj  estatua  alguna 
qoe  la  represente;  pero  en  los  vasos  y 
bajo  relieves  se  ía  figura  con  túnica 
la^,  cabello  sujeto  por  una  banda, 
lias  en  los  hombros  y  el  caduceo  y 
ana  cesta  de  fruta  por  atributos. 

BmiotooÍA.  Griego  'Ipt^  (JrifJ¡  la- 
tín, Jriif  IfUit;  francM  y  eatalin, 
Irii. 

Ib»,  laiDis:  del  griego  aVq,  jo  ha- 
Uo,  yo  anuncio.  Nombre  propio  de  la 
acnsajera  de  los  dioses,  aplicado  lu- 
eesÍTamente  al  arco  celeste  que  llama- 
moa  areo-trit,  £  una  piedra  preciosa, 
i  ana  especie  de  planta,  etc.  (Moh- 

Uü.) 

3.  Irla.  Masculino.  Mintralogia* 
Arco  celeste  de  varios  colores  que  se 
ve  en  las  nubes.  Q  Piedra  preciosa. 
ÓPALO  NOBLS.  I  Ánatmia,  Oircalo  de 
varios  eolores  que  se  ve  inmediato  i 


IRLA 

la  pupila  del  ojo.  ||  Metáfora.  El  que 

Soné  paz  entre  los  que  están  discor- 
es. 

Stih(k.ooÍa.  Jrit  i, 

3.  Iría.  Masculino.  Botánica,  Gé- 
nero de  plantas  qne  tiene  por  tipo  la 
familia  de  las  irldeas  y  cujas  espe- 
cies dan  unas  raíces  útiles.  Q  Ibis  db 

LOS  PANTANOS,  ó  tRIS  AMARILLO  DB  LOS 
PANTANOS;    IBIS    PSBUDO-ACOBUS,  de 

Linneo,  cujas  semillas  tostadas  se 
emplean  para  dar  aroma  al  café  de 
achicorias.  \  Ibis  db  Alemania  (iris 

Í'trmániea,  de  Linneo);  cultivado  en 
os  Jardines,  como  planta  de  adorno 
por  sus  hermosas  flores  azules.  Q  Pi- 
QUBílo  ibis;  ibis  Pinin.A  de  Linneo.  f 
Ibis  db  FLo::B:fCiA;  lai»  PLOBBNTmA 
de  Linneo.  H  Polvos  db  ibis.  Polvos 
de  olor,  de  la  raíz  de  dicha  planta.  || 
Vbbdb  ibis.  Color  delicadísimo  que, 
formando  un  hermoso  verde,  tiene 
empleo  útil  en  la  miniatura  j  en  la 
aguada. 

Btdiolooía.  Jrit  2,  por  semejanza 
de  color:  francés,  trif.— ^Planta  que 

ftroduee  sos  hojas  muj  parecidas  á 
as  del  gladiolo,  aunque  más  anchas 
j  más  viciosas.  Produce  las  florea  en 
diversas  partes  del  tallo,  diatantes 
igualmente  unas  de  otras,  j  de  dive^ 
sos  colores.  La  mis  es  nudosa,  maci- 
za j  de  muy  gxato  olor.  Diúaele  este 
nombre  por  la  diversidad  del  color  de 
sus  flores,  qne  son  semejautes  á  las 
del  artuhirit.  Bu  esta  acepción  es  sus- 
tantiva ibmenino.»  (Acadbuia,  Dic- 
eúmario  de  17S6.) — cLa  trtx,  llama- 
da en  nuestro  vulgar  east^lano  lirio 
cárdeno,  produce  las  hojas  semejantes 
á  las  del  gladiolo.»  (Laguna,  So^e 
Diosetkidet,  libro  1,  capitulo  i.') 

Irisación.  Femenino.  Aspecto  que 
presentan  varios  cuerpos  matizados 
de  distintos  eolores. 
BTUfCttOOfA.  Irxtar. 
Iríaado.  da.  Adjetivo.  Qne  presen- 
ta los  colores  del  iris. 
BrnioLoofA.  Jritar:  francés,  irisé. 
Irisar.  Activo.  Comunicar  los  co- 
lores del  iris.  (Caballbro.) 
BmiOLOoÍA.  Irit  i:  francés,  frtwr. 
Irisar  ó  iriaar.  Activo.  Minvrtío- 
gia.  Despedir  destellos  de  las  eon  los 
colores  del  arco-iris. 
Iritis.  Femenino.  Ibiditis. 
Irlanda.  Femenino,  Cierto  tejido 
de  lana  j  algodón,  <jue  tomó  este 
nombre  por  haber  venido  de  Irlanda. 

Tela  fina  de  Uno  que  viene  de  esta 
isla. 

Irlanda.  Femenino.  Geografía* 
Grande  isla  de  la  Europa  occidental, 
enclavada  en  el  Océano  Atlántico,  al 
Oeste  de  la  Gran  Bretafis,  con  la  cual 
forma  el  Reino-Unido  del  mismo  nom- 
bre. 

1.  Situación  y  Uniíes. — Se  halla 
comprendida  entre  los  51"26'-55<'23'  de 
latitud  septentrional  j  los  l°45'-<i*48' 
de  longitud  occidental  del  meridiano  I 
de  Madrid,  j  limitada:  al  Norte,! 
Oeste  y  Sur,  por  el  Atlántico,  y  al ' 
Este,  por  el  canal  del  Norte,  el  marde  | 
Irlanda  j  el  canal  de  San  Jorge,  que 
la  separan  de  la  Gran  Bretaüa.  I 

2.  Sattmiány  pobUdám,—^  teiri- 1 


IRLA 


167 


torio  presenta  la  figura  de  un  romboi- 
de, cujo  mayor  largo  es  de  400  kiló- 
metros, desde  el  cabo  Mízen  hasta  el 
de  Fair,  j  su  major  ancho,  de  256, 
desde  la  costa  del  condado  de  Majoá 
la  del  Down:  la  supsrfieie  se  evalúa 
en  8.277.379  hectáreas,  que  pueblan 
4.704.750  habitantes,  según  censo  de 
1890. 

3.  JiUtt  caho$t  hakiat  y  pueríct. — 
La  costa  irlandesa  apereee  como  sem- 
brada da  pequeñas  íslaa,  entre  la<! 
cuales  se  distinguen  las  de  AchlUe. 
Clare,  South-Arran,  Valentía  y  Bacb- 
Uo.  Los  cabos  principales  son  loa  de 
Aehille,  Clear,  Cmmaon,  Fair,  Malin- 
Keads  y  Dunmore,  punto  el  Bkás  occi- 
dental de  Burops;  en  la  sosta  m«idio- 
nal  se  enea«ttran  las  bahías  de  Gonrt- 
maeksherrj,  Cloghaakiltj  v  otras: 
en  la  oriental,  Us  de  I>ubUa,  Dun- 
dalk»  Dundrum  j  We\ford-Haven;  en 
la  occidental,  las  da  Done^l,  Slig  , 
Killala,  Clew,  Galwaj,  Tralee,  Bran- 
don,  Dingle,  Bantrj  j  Dunmanus; 
en  la  del  Sor,  sa  ven  los  puertos 
de  Cork,  Waterford,  Dungarvajo  j 
Youghall. 

4.  -IfontañaSj  riot  y  l  iffo».—'BÍ  sutüo 
de  Iblanda  es  todo  llano  al  Norte  j 
al  centro;  montuoso,  al  Mediodía.  A 
excepción  de  las  cadenas  de  Devil'sbit 
j  de  Sliebhloocn,  qne  ofrecen  bastan- 
te desurollo  en  1m  condados  de  Tip- 
perarj,  de  King's  y  de  (^een's,  las 
restantes  del  país  forman  grupos  ais- 
lados de  poca  extensión:  el  más  im- 
p)rtante  de  éstos  está  situado  «1  el 
lingulo  Sudoeste  déla  iria,  en  los  con- 
dado» de  Kerrj  j  de  Cork,  al  rededor 
de  l«i  lagos  Killernej.  Las  cum- 
bres más  elevadas  son  las  de  Wíc- 
klow,  en  el  condado  de  igual  nombre, 
sobre  la  costa  oriental  de  Iblamda;  la 
de  Mourne,  en  el  condado  de  Üown: 
el  grupo  del  condado  de  Dooegal,  los 
deLeitrim,  Sligo.  Majo,  Galwaj,  j, 
principalmente,  el  Gurrana-Tual,  que 
es  la  major  de  todas  y  mide  sobre 
1.000  metros.— Los  ríos  más  notables 
de  los  infinitos  que  lertilizao  el  terrip 
torio,  son:  el  Shanenon,  el  Blackwa- 
ter,  el  Suir,  el  Nore,  el  Barrow,  el 
Lee  y  el  Bandon,  que  se  unen  al  Océa- 
no, en  la  eosta  meridional;  el  Slanej, 
elLiífej  y  el  Bojne,  tribuUrios  del 
mar  de  Irlanda,  j  el  Bann  j  el  Joj- 
le,  que  desaguan  en  la  costa  septen- 
trional de  la  isla.  Los  lagus  ó  longÁM 
cubren  una  superficie  de  455.j99 
aeres  (160  perchas,  ó  sea  46.0(55  me- 
tros cuadrados),  distinguiéndose  en- 
tre ellos  el  Neagh,  el  Brue,  el  Corrib. 
el  Mask,  el  Alien,  el  Hee,  el  Derg  y 
los  de  Killarnej,  célebres  en  todos  los 
snales  irlandeses  por  la  belleza  desa>f 
paisajes* 

5.  Climatohyia.—'Lñ  temperatura 
de  Ihlanda  es  poco  variable;  el  clima 
bastante  benigno,  aunque  húmedo. 
Bn  el  Norte,  el  tennómtitro  se  eleva, 
por  término  medio,  4  +  8*  89  ceati- 
grados;  en  el  Sur,  á-|-  11"  11.  Bn  Us 
re^-iones  meridionales  J  occideutales, 
las  nieves  j  los  hielos  son  de  muj 
corta  duración:  los  vientos  dominan- 
tn,  los  del  Ueste  y  Sudoeste,  qup  rei- 


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168 


IRLI 


■ttañ  fffiaerttcaeate  dunate  naett'me- 
-ses  del  año. 

'  6.  Geolo^ia.—E\  suelo  de  Irlanda 
es  de  foraucido  primitiva  j  de  tran- 
licidn.  Lot  MouFQe  7  otrai  montafias 
del  Nordeste  ettán  compuestas  de  gra- 
nito, pizarra»  pórfido,  etc.;  el  granito 
domina  en  el  grupo  de  Wicklow;  y  en 
los  condados  de  SU  jo  y  otras  comar- 
cas del  Oeste,  se  encuentra  mezclado 
coa  el  gneis,  la  pizarra,  el  cuarzo  y 
ana  especie  de  arena  rojiza.  La  piedra 
caliza  abunda  en  toda  la  isla,  excepto 
en  algunos  parajes  del  Occidente  y  del 
Norte.  Entre  los  principales  ralles 
hulleros  figuran  los  de  Killcennr, 
Tipperarj,  Cork,  Kerrj,  Limerick, 
Loug'h,  Alien,  Monagbao,  Dublín  y 
Galwaj.  Los  condados  de  Donegal  y 
de  Galwa^  dan  ¿  la  estatuaria  már- 
moles casi  tan  hermosos  como  los  de 
la  misma  Italia,  j,  particularmente, 
los  grises  j  negros  de  Eilkennj  son 
mo^  buscados. 

7.  Produccionet. — Entre  las  rique- 
zas minerales  de  la  isla  le  cuentan  el 
antimonio,  el  manganeso,  el  serpen- 
tín, el  espejuelo,  amén  del  cobre  y  del 
plodia,  qne  se  encuentran  en  los  con- 
dados de  Cork,  Wicklow-,  Kerrj  j 
otros.-— El  suelo  de  Irlanda  tiene  aca- 
so la  tierra  mis  rica  de  Europa,  j,  sin 
embargo,  bajo  el  punto  de  vista  agrí- 
cola, el  país  es  de  los  más  pobres.  La 
eteesÍTa  humedad  impide  en  ciertos 
parajes  el  cultivo  del  trigo;  el  de  la 
patata,  principal  alimento,  si  no  el 
únieo,  del  irlandés,  es  considerable,  y 
en  menor  cantidad  la  avena,  la  cebada 
y  el  centeno.  Los  terrenos  cultivados 
se  evalúan  en  13.464.300  aérete  dividí- 
doe  en  esta  forma:  avena,  1.922.406; 
trigo,  565.764;  cebada,  243.235;  ha- 
bas, 25.823;  guisantes,  24.926;  cen- 
teno, 21.502;  pataus,  742.899;  na- 
bos, 255.058;  cáñamo,  53.863;  he- 
oor 1.154.302.  Les  tierras  no  cultiva- 
das sé  elevan  i  6.295.735  acra*  Cons- 
titnjen  la  principal  ri<]ueza  del  suelo 
loe  pastos,  mnj  superiores  á  los  más 
exqitísitos  de  los  eondados  de  Ingla- 
tarñ,  y  con  los  qne  se  alimenta  tnu- 
efafsimo  ganado.  Las  especies  bovinas 
están  cruzadas  con  las  razas  inglesas; 
el  caballo  es  de  pequeña  alzada,  pero 
fuerte  ^  robusto;  el  .carnero  de  ongen 
irlandés  tiene  tanto  pelo  como  lana; 
latf^  cabras  son  numerosas;  la  cría  de 
cerdos,  considerable.  En  1895  se  con- 
laban  en  el  país  533,320  caballos; 
4.407.741  cabezas  de  ganado  vacuno; 
4.080.694  de  ganado  lanar;  1.405.508 
cerdos;  92.8^  asnos,  j  sobre  8  '/j 
millonee  de  aves.  Los  mares  que  ro- 
dean las  islas  son  abundantísimos  en 
toda  clase  de  pescados:  á  mediados  de 
siglo  ocupábanse  en  la  pesca  15.932 
barcas  y  70.011  pescadores,  entré 
hombres  y  niftos. 

8.  Industria  y  comercio. — LalnUN- 
DA  DO  es  un  país  manufacturero.  Antes 
de  la  revolución  de  1688,  la  fabrica- 
ción de  paños  alcanzó  bastante  impor- 
tancia; pero  la  envidia  délos  fabrican- 
tes ingleses  la  destruyó  en  gran  par- 
Ce,  y  ei)  18^9  sólo  contaba  la  isla  31 
hilanderías  de  lana,  que  proporcxo- 


IRLA 

naban  trabajo  á  1.236  personas.  La 
industria  de  los  hilos  es  mucho  más 
importante;  la  elaboración  de  licores, 
considerBble;los  tejidos  de  seda  j  lana, 
llamados  muselinas,  muj  estimados. 
La  exportación  de  los  productos  bru- 
tos alimenta  casi  exclusivamente  su 
comercio:  la  cantidad  de  telas  exporta- 
das ha  llegado  áelevarseá  14'>.50!).000 
metros,  loa  cuales  representaban  un 
valor  de  4.000.000  de  libras  esterlinas 
(97.000^000  de  pesetas).  Su  principal 
mercado  es  la  Gran  Bretaña:  los  tres 
grandes  centros  de  exportación  Liver^ 
pool,  Bristol  y  Glasgow. 

9.  Canales  y  ferrocarriles. — Bajo  el 
punto  de  vista  de  las  comunicaciones, 
los  caminos  irlandeses  están  mu;  bien 
conservados.  Los  gastos  de  construc- 
ción y  reparación  se  cubren  por  medio 
de  cuotas  y  donativos  voluntarios,  Du- 
blín es  el  centro  de  tres  líneas  férreas: 
el  Qreat-South-  Western,  que  recorre 
toda  la  parte  Sudoeste  de  la  isla;  el 
Cfrsat- Western,  que  une  á  todas  las  ciu- 
dades del  Oeste;  la  línea  de  Dublin  á 
Belfast,  y  de  Belfast  á  Armaeh,  Bn- 
niskillen  y  Sligo.— Las  vfas  fluviales 
son  numerosas,  pues. casi  todas  las 
corrientes  se  prestan  á  la  navegación: 
entre  las  más  notables,  citaremos  el 
Gran  Canal,  el  canal  Real,  el  canal 
de  Ulster  y  el  de  Suir. 

10.  Dmsiáñ  política, — El  reino  de 
Irlanda  está  dividido  en  cuatro  pro- 
TÍDCias,  á  saber:  Ulster,  al  Norte; 
¿einster,  al  Oriente;  Afunster,  al  Me- 
diodía, y  Connua^ht,  al  Occidente,  las 
cuales  se  hallan  á  su  vez  subdÍTÍdidas 
en  32  condados,  repartidos  en  esta 
forma:  Provincia  db  Ulstbk:  conda- 
dos, Ánírin,  Doten,  Armagh,  Tyrone^ 
Londonderry,  Donegal,  FermánagA,  C'a~ 
M»  y  Monaghan;  capitales  respecti- 
vas, Belfast,  Downpatrick,  Armagh, 
Omagh,  Londondery,  Donegal,  En- 
niskillen.  Cavan  y  Sumaghan. — Pbo- 
TiNou  DB  LBiRsna:  eondados,  Dw* 
hlin,  Ltmth,  JSast'Meaíht  Wiekloit, 
Wtíe/ord,  Kilkenw,  Carlorv,  Kildare, 
Queen's-Cowtg,  I^ng's-Conntyt  West~ 
Meath  y  Longford;  capitales  respecti- 
vas, Dublín,  Dundalk,  Trim.  Wick- 
low, Weiford,  Kilkenny,  Carlow, 
Kildare,  Marjborougb,  Puilipstown, 
Mulliugar  ;  Long^rd. —  Provincia 
DB  Munstbr:  eondados,  Clare,  Lime~ 
rick,  Kerry,  Cork,  Waterford  y  Tip- 
perarg;  capitales  respectivas,  Knnis, 
Limerich,  Tralee,  CorJt,  Waterford  y 
Clonmel. — Provincia  db  Connauqbt: 
eondados,  Leitrim,  Sligo,  Roscommon, 
Mago  y  Galwag;  capitales  respectivas, 
Garrick-on-Shannon,  Sligo,  Koscom- 
mon,  Castlebar  y  Galwa;. 

11.  Poblaciones  importánteit—Dih- 
bHn$  capital  del  reino,  situada  en  la 
bahía  de  su  nombre,  en  una  posición 
sumamente  pintoresca,  con  353.082 
habitantes,  sede  arzobispal,  magní- 
fico palacio,  excelentes  ediücios,  an- 
tigua casa  del  Parlamento^  colegio  de 
la  Trinidad,  Bolsa  real,  aduana,  cuar- 
teles, hospital  de  inválidos,  universi- 
dad,- industria  extensa  y  mucho  co- 
mercio. Corkt  segunda  plaza  mer- 
eantil  de  Irlanda,  con  unos  80J200 


IRLA 

habitantes,  buen  astillero' militar  j 
uno  de  los  mejores  puertos  de  Europa, 
¿í/^nsí.puertoj ciudad  lindísima,  con 
208.200  habitantes,  muchas  fábricas 
de  telas  y  de  algodón  y  activo  comer- 
cio. Limerick,  ciudad  notable  por  su  ex- 
tensión, con  39.670  habtUntes;  puer- 
to de  mucho  tráfico.  Waterfi.rdt  una 
de  las  primeras  ciudades  del  reino, con 
112.768  habitantes,  puerto  bien  de- 
fendido y  considerable  comercio  en 
Imanados.  Qahtag,  ciudad  grande,.eon 
44.000  almas  v  pesca  de  saliñones. 
Kilkenny,  con  l2.50a  habitantes,  edi- 
ficios revestidos  de  mármol  j  fábricas 
de  buenos  paños.  Londonderry,  ciudad 
nueva,  hermosa  y  fuerte,  con  29J200 
habitantes, 7  Wexford,  población  rica, 
oonl4.000habitantes7notable  puerto. 

12.  Grobiemo. — La  Cónstitución  de 
Irlanda  es  casi  idéntica  á  la  de  In- 
glaterra; pero  hasta  el  afio  1829  no 
empezaron  los  irlandeses  á  gozar  de 
las  mismas  prerrogativas  políticas  de 
loa  ingleses:  antes  de  esta  fecha,  esta- 
ban considerados  como  ilotas  de  la 
Gran  Bretaña.  Desde  el  acta  dé  mnión, 
este  reino  se  halla  representado  en  la 
Cámara  de  los  Lores  por  28  parea  vi- 
talicios, elegidos  por  el  cuerpo  entero 
de  los  pares  irlandeses,  y  por  coatro 
arzobispos,  perteneeíenterá  los  cuatro 
arzobispados  de  Irlanda;  en  la  de  los 
Comunes,  por  105  miembros,  elegidos 
por  los  individuos  que  pagan  una  con- 
tribución mínima  de  20  libras  ester- 
linas (485  pesetas).  El  poder  ejecutivo 
está  confiado  á  un  virrej,  ó  lord-lugar- 
teniente, ó  durante  su  ausencia,  á  nn 
lord-juez,  un  lord-canciller,  un  coman- 
dante de  las  fuerzas  y  un  oonsejo  pri- 
vado, compuesto  principalmente  de 
altos  funcionarios  ministeriales.  Bl 
lord-lugarteniente  tiene  bajo  sus  ór- 
denes á  un  secretario  en  jefe;  el' cual 
es  miembro  de  la  Cámara  de  los  Co- 
munes V  especial  responsable  del  go- 
bierno de  la  isla.  La  administración  de 

1'usticia  está  á  car^  de  un  lQrd.canei- 
1er  amovible,  auxiliado  por  algunos 
magistrados  y  12  jueces  procedentes 
de  ios  tres  distintos  tribunales:  el  res- 
to del  mecanismo  judicial  es  el  mismo 
que  en  Inglaterra.  El  lord-canciller 
puede  nombrar  y  separar  á  los  magis- 
trados de  los  condados,  de  cu^a  cooí* 
ducta  es  responsable.  El  manienimien. 
to  de  la  tranquilidad  pública  está  en- 
comendado á  un  lord-lugarteniente,  i 
quien  auxilian  infinitos  vicelorps<In- 
garteníentes;  el  cuerpo  de  policía, 
mandado  por  un  inspector  general, 
euenta  con  varios  subinsipeetores  é  ins- 
peotores  de  condado.  La  fuerza  arma- 
da, que  en'tiempo  de  paz  es  de  26,000 
hombres  próximamente,  se  ihalla  bajo 
la  -direoción  de  un  eomandante,-eiiJ6 
euartel  general  está  en  Kilmainliam. 

13.  ^¿»»u«.— Las  dos  terceras  par- 
tes de  los  habitantes  de  Irlanda  pro- 
fesan el  culto  católico  romano.  Esta 
Iglesia  se  encuentra  dividida  en  4a^ 
zobispados,  2^  obispados  y,  ún  deter- 
minado número  de  parroquia^;  la  an^ 
glicana  es  la  religión  del  Estado  y 
euenta  2  arzobispados,  1-0  obispados 
y  sobre  2.400  parroquias»  A;l  luo  de 


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IRLA 


IRLA 


IRLA  169 


•rtof  dot  priooipalM  oaltot,  txiite 

mulUtud  de  sectas  disídentei  de  la  re- 
K^ótt  protestante,  eon  mia  de  500 
cjog-reracíonei. 

14  Instrucción  pública. — El  Gobier- 
no inglés  haee  todo  género  de  esfuer- 
zos por  extender  la  instniooián  en  la- 
unda;  i  mediados  de  siglo,  el  aúma- 
ro  de  las  escuelas  nacionales  se  eleva- 
ba i  4.109,  á  las  que  asistían  más  de 
500.000  alumnos,  además  de  las  2.936 
llamadas  del  domin^Of  que  eosatau 
sobra  250.000  discípulos. 

15.  Idioma. — £1  irlandés  es  uno  de 
loa  idiomas  célticos  de  la  rama  ffaélí- 
sa,  Uuuda  erinaek  por  tos  que  le  ha- 
blan 6  iriai  por  los  iagleses.  Está 
llsM  da  sonidos  guturales,  y  pocas 
seria  las  langoas  cuja  oicograua  se 
se|Mxa  tanto  de  la  pronunciacidn. 
Gníese  que  en  otros  tiempos  los  drui- 
das del  país  escribían  este  idioma  por 
medio  de  runa»  ó  signos  misUriosot 
(caracteres  particulares  de  escritura, 
propios  de  la  raza  germánica  primiti- 
n),  los  cuales  llevaban  el  nombre  de 
(tfssi,  j  ae  componían  de  pequeñas 
llaeas  trazadas  perpendicular  u  obli- 
eoamente,  en  una  larfpii  línea  hori- 
sontal  que  Im»  reunía.  En  los  manua- 
eríios  más  antiguos  aparece  eacrito 
■adianta  una  variedad  particular  del 
alfiibeto  latino,  eujra  inveneidn  se  atri- 
ba/e  i  san  Patricio.  Véase  Uae  Cur- 
tía, BUmtntt  of  th9  Iriik  langnage, 
LoTaiaa,  \12&,r  Si^litk-lritk  metió- 
9try,  París,  1732;  O'  Brien,  2rit  Sn~ 
fUtck  Dielionaru,  París,  1768,  a  Irith 
Qnnwutr,  Dublín,  1809;  Vallenoej. 
Án  Buay  on  the  antiquitv  of  íhé  Irith 
tatfuof*,  Dublín,  1772,  j  Orammar 
«f  Ue  Ibtmo-Ctlíic  or  Irith  ianaua~ 
f*il782;J.-J.  Mareel,  Ahhabet  ir- 
iandait  pricedé  d'une  Noticu  hittori- 
fif,  París,  1801;  O  ReiUy,  lrÍ>K-Bn- 
fUth  Dicíionargy  lo  which  it  annexed 
am  Irith  Srammar^  Dublín.  1817^2, 
J  O'Donovau,  Grammar  of  the  Irith 
tmnoffe,  Dublín,  1815. 

16.  Literatura. — ^La  irlandesa 
prende  dos  clases  distintas  de  eom- 

Csieionea:  los  viejos  cantos  de  los 
idos  gentiles,  que  nos  ha  conserva- 
do la  tradición,  j  las  obras  cristianas 
de  los  antiguos  monjes.  Algunos  can- 
tes irlandesM,  cujro  origen  es  muj 
probable  que  se  remonte  á  los  si- 
glos VI  j  vn,  se  encuentran  coleccio- 
nados en  la  importante  obra  publica- 
as  por  el  doctor  O'Connor,  baj»  el 
tfloto  de:  Rerawt  hibernicarum  tcripto- 
»M  wíereSr  cuatro  volúmenes  en  4,". 
U  tradtciÚD  de  las  letras  latinas  y 
gri^s  se  eonservú  en  Irlanda  desde 
«i  siglo  V  al  Tin,  período  durante  el 
J»!  cayeron  ea  la  barbarie  los  países 
deleontineute:  en  Hy.Lismore,  Ban- 
for,  Cloufort,  Clonard,  Armagh,  etc., 
«tableeiéronse  eaouelaa,  adonde  iban 
a  lÉtadiar  de  todas  las  regiones  reci- 
us.  Entre  los  maestros  irUndeses  que 
*npnndiaron  sns  excursiones  por  el 
ttintinente,  figuran:  en  los  siglos  vi 
yptt  san  CoTombaolo,  que  visitó  la 
wii,  la  Suiza  7  la  Lombsrdía;  san 
«all,  tn  disfiiptUo;  sao  Rodíng,  fun- 
udor  da  Beaiüiea»  en  Argonna;  san 


JuToio,  fundador  de  La^n^,  7  san 
Livín,  que  predicó  la  fe  cristiana  &  los 
gaoteses;  en  el  siglo  vm,  San  Virgi- 
lio, obispo  que  fué  de  Salzbourg,  y 
sus  compañeros  de  predicación  en  Ba- 
viera,  san  Declán  j  san  Alto;  Dobdán, 
llamado  el  Qriepo,  obispo  de  Chiam- 
sée,  y  los  gramáticos  Cokhus  ó  Coel- 
chu  el  Sabio,  Cruiudmelus  y  Malra- 
chanus;  en  el  siglo  ix,  Clemente,  que 
fué  llamado  á  la  corte  de  Cario  Mag- 
no; el  monje  Dicnil,  autor  del  De  men- 
t%ra  orhi*  térra,  publicado  por  Walc- 
kenaer,  en  1807;  Claudio,  que  ha  de- 

Í'sdo  diferentes  glosas  sobre  casi  todos 
08  libros  de  la  Sagrada  B^critura; 
Dungal,  encargado  por  Cario  Mag- 
no de  la  instrucción  de  la  juventud 
de  Pavía,  y  Mannón  y  Juan  Scot  Erí- 

fene,  que  estuvieron  en  Francia 
urante  U  época  de  Carlos  el  Cñl- 
•0. 

17.  ffoMhrei  notables. — La  Iblah- 
DA  ha  producido  muchos  hombres 
ilustres,  asi  en  las  letras,  en  las  cien* 
cias  y  en  las  artes,  como  en  la  guerra 
y  la  marina.  Ossián  dió  su  nombre  i 
nna  infinidad  de  cantos  nacionalea, 

fierpetnados  hasta  nuestros  días  por 
os  bardos,  sus  continuadores,  y  loa 
traductores  ingleses  Swift,  Shéridan, 
y  Tomás  Moore,  los  cualea  ilustraron 
su  país  en  las  letras  como  Castlereagh 
en  la  política;  Welliogton,  el  gene- 
ral mM  famoso  del  Reino-Unido,  na- 
<MÓ  en  eata  isla,  jr,  últimamente,  la 
Cámara  de  los  Comunes  de  Inglaterra 
recuerda  aún  laa  brillantes  y  caluro- 
saa  protestas  del  célebre  O'Connell, 
en  favor  de  la  independencia  política 
y  religiosa  de  Iblamda. 

18,  Etnografía.  —  Los  irlandeses 
perteneosQ  a  la  raza  gaélica,  en  ge- 
neral, ó  más  bien  á  la  gran  familia 
eéltioa,  de  la  cual  han  conservado  los 
caracteres  distintivos,  caracteres  que, 
desde  principios  da  este  siglo,  van 
perdiéndose  bajo  el  azote  déla  mise- 
ria. Los  irlandeses,  se^n  Brice,  pue- 
den actualmente  dividirse  én  dos  cla- 
ses: ia  bien  mantenida  y  la  mal  alimen- 
tada. Bsta  ultima  presenta  nna  pas- 
mosa uniformidád  física  y  moral:  el 
pelo  es  oscuro  ó  negro,  particular- 
mente en  la  parte  meridional  de  la 
isla;  los  ojos,  pardos  ó  azules;  las  ce- 
jas, bajas  y  espesas;  la  cara,  larga;  la 
nariz,  pequeüa  y  algo  arremangada. 
La  estatura  es,  por  lo  común,  elevada; 
las  formas,  proporcionadas,  sobre  todo 
en  el  Norte,  donde  el  tipo  ^aélico  se 
conserva  más  puro.  Los  irlandeses : 
tienen  ana  extraordinaria  facilidad 
de  lenguaje,  y  es  euríostsimo  advertir 
que  todo  mendicante  es  un  hombre 
de  baen  talento,  orador  ó  filósofo. 
Desde  el  reinado  de  Isabel,  la  pobla- 
ción del  Mediodía  de  Irlanda  fué 
mezclíndose  con  los  españoles  j  los 
alemanes  palatinos.  Los  naturales  del 
país  son  vehementes  eo  sus  pasiones, 
crédulos,  vanos,  irascibles,  irresolu- 
tos y  llevan  hasta  la  exageración  el 
amor  ó  el  odio:  son  valientes  basta  la 
temeridad,  pero  se  amilanan  fácil- 
mente ante  el  infortunio;  leales  y 
sdictM  á  sus  conviccioDes  religiosas  y 


políticas,  pero  intemperantes  y  pere- 
zosos hasta  el  extremo. 

19.  Bistoria*—\ja  primitiva  histo- 
ria de  Irlanda  es  muj  poco  conocida. 
Antiguamente  se  Hamo  ffibemia^  ifi^ 
vernat  Ir,  Sri,  Srin;  en  inglés,  y«- 
landi  Impotentes  los  romanos  para  so- 
meter la  isla  á  su  poderoso  imperio, 
sólo  han  dejado  en  ella  insignificantes 
vestigios.  Én  el  siglo  v  de  nuestra  era 
introdujo  san  Patricio  el  cristianismo 
en  aquella  comarca.  Esto  es  todo  lo 
que  se  sabe  de  los  primeros  tiempos. 
Las  continuas  guerras  entre  los  pa- 
queaos soberanos  del  país,  interrum- 
pidas por  las  invasiones  de  Jos  dane- 
nes:  he  aquí  todo  lo  que  refieren  eon 
alguna  elaridsd  los  anales  irlandesas 
hasta  el  «fio  de  1171,  época  en  que 
Enrique  II  de  Inglaterra  logró  apode- 
rarse del  territorio.  El  rej  Juan  lo 
dividió  en  doce  condados;  pero  el  po- 
der de  Inglaterra  era  por  entonces 
sólo  nominal,  V  ciertas  familias,  como 
los  O'Connor,  ios  O'Neil,  0*Meaghlin, 
Bjrne,  O'Toole,  entre  otras,  conser- 
varon todavía  por  mucho  tiempo  su 
autoridad  real,  fin  1315,  Eduardo  II, 
hermano  de  Roberto  Broce  de  Esco- 
cia, invadió  la  isla,  y  la  famosa  gue- 
rra de  las  Dos  Rotat^  en  la  eual  se  viÓ 
aquélla  obligada  á  tomar  parte^  la 
arrastró  á  tu  ruina.  El  gobierno  de 
Enrique  VIII  y  la  Reforma  arrcjsron 
&  la  iBLikNDA  a  ana  serie  da  revolu- 
ciones sangrientos,  qne  se  prolonga- 
ron hasta  el  reinado  de  Isabel,  Uno 
de  los  miembros  de  la  familia  O'Neil, 
que  la  gobernaba,  llamó  á  España  en 
auxilio  del  catolicismo  amenazado:  la 
destrucción  de  la  terrible  armada  de 
Felipe  II  forzó  á  los  irlandeses  &  so- 
meterse. El  reinado  de  Jacobo  I  j  los 
comienzos  del  de  Carlos  I,  fueron 
tranquilos;  pero  después  de  la  muerte 
de  este  último  monarca,  estalló  en 
Iblanoa  una  formidable  insurrección; 
llegó  Cromwell  i  la  isla,  7  para  some- 
terla, tuvo  que  tomar  por  asalto  i 
Droghoda  y  pasar  á  cuchillo  4  todos 
los  habitantes  de  esta  ciudad.  Para 
prevenir  nuevas  rebeliones,  desposeyó 
a  los  propietarios  de  los  Vg  de  sus 
tierras,  las  cuales  entregó  i  sus  sol- 
dados. Empezaba  la  isla  á  reponerse 
de  este  terrible  golpe,  cuando  aconte- 
ció la  caída  de  Jacobo  II,  el  cual,  arro- 
jado de  Inglaterra,  se  refugió  en  Ir- 
landa, donde  los  católicos  romanos  le 
recibieron  con  los  brazos  abiertos. 
Este  destronado  príncipe,  pueato  á  la 
cabeza  de  las  tropas  franco-irlandesas, 
intentó  mantenerse  en  la  isla;  pero 
las  batallas  de  la  Bojne,  en  1690, 7 
de  Anghrim,  en  1691,  en  las  cuales 
quedó  aquél  derrotado  por  Guiller- 
mo III,  fueron  los  últimos  esfuerzos 
de  la  independencia  irlandesa.  El 
nuevo  soberano  de  Inglaterra  otorgó  a 
los  vencidos  una  capitulación  honrosa 
bajo  el  nomhtaÁQ  contenió  de  Simenck i 
el  cual  les  dejaba  alguna  libertad; 
pero  la  violación  de  este  tratado,  po- 
cos años  después,  consternó  al  país, 
que,  incapaz  de  sublevarse,  emigró 
en  masa.  La  juventud  corrió  á  alis- 
tare en  laa  filas  de  loa  ejércitos  fran- 

TOüO  lil  ^ 

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170 


mo 


eeMi»  eti^oi  puestos  supieron  oooser- 
▼ar  con  honor.  Después  ds  la  revolu- 
eidn  fra Deesa ,'eonta Dan  los  irlandetes 
recuperar  su  libertad  con  el  auríUo 
da  la  Francia;  pero  el  mal  éxito  de  la 
insurrección  de  1798  acabó  de  desco- 
razonarlos. Con  el  fin  de  atraerse  & 
este  pueblo,  tan  pronto  vencido  como 
en  armas,  el  G^obierno  ingles  le  con- 
cedió en  1800  los  mismos  derechos 
que  á  la  Gran  BretaQa,  dedicándose 
luego  arteramente  á  enervar,  por  la 
miseria,  &  sus  enérgicos  y  belicosos 
habitantes.  Hoj,  después  de  algunos 
años  de  una  tranquilidad  que  parecía 
inalterable,  el  orden  públíoo  ha  vuel- 
to ¿alterarse  en  Iblanda.  Las  auto- 
ridades inglesas  han  mandado  cerrar, 
con  este  motivo,  las  oficinas  del  co- 
mité de  la  Lú/a  Agraria^  en^os  miem- 
bros han  daiío  al  país  nn  manifiesto 
protestando  contra  el  acto  de  faena 
del  Gobierno  da  Inglaterra,  j  exhor- 
tando al  pueblo  irlandés  á  que  perse- 
vere en  su  resistencia  pasiva,  negán- 
dose al  pago  de  todo  alquiler  6  arrien- 
do. Esta  declaración  de  guerra  de  la 
Liga  al  Gobierno,  ha  sido  contestada 
con  otra  declaración  de  guerra  del 
Gobierno  á  la  Li^,  el  cual,  conven- 
cido de  la  necesidad  de  entrar  en  el 
camino  de  una  represión  enérgica,  ha 
«nprimido  la  Liga  Agraria,  declarán- 
dola criminal;  ha  arrestado  á  sus  indi- 
viduos; detenido  á  los  representantes 
de  lBLAjn>Á,qne  han  protestado  vigo- 
rosamento  en  las  Gamaias  inglesas, 
7  enviado  refuenos  á  las  órdenes  del 
virrej.  Este,  haciendo  uso  de  todas 
Ittg  facultades  que  le  concede  tXlill 
de  represión,  ha  ocupado  el  país  mi- 
litarmente, declarando  á  algunos  con- 
dados en  estidn  de  guerra,  verificado 
numerosas  prisiones,  sin  que,  hasta 
la  presente,  pueda  traslucirse  el  des- 
enlace de  este  nuevo  conflicto. 

Btiholoqía.  i.  ¿Iteración  del  la- 
tín Jierujfú,  Irlanda.  (Whitlby  Sto- 
n.) 

2*  Vascuence  Irrilandat  cuerpo 
agradable.  (Cita  de  Momlau.) 

3.  Irlandés  Bria,  tierra  d«  Srín: 
inglés  antiguo,  Brin¡  moderno,  /r«- 
Umd*  (Idbu.) 

Derivación. — Irlandéa^rta;antiguo 
inglés,  Sr%%:  moderno,  Jreland;  latín, 
Irlanda,  Irlandia;  italiano  j  catalán, 
Irlanda;  francés,  Irlande, 

Irlandés,  sa.  Adjetivo.  El  natural 
de  Irlanda  j  lo  perteneciente  á  esta 
isla.  Se  usa  también  como  susuntívo. 

Etiuolooía..  Irlanda:  italiano,  ir- 
latt'ií-ye;  francés,  tr/fffu/aú;  catalán,  «r- 
land/t,  a, 

Lridnd«8co,  ca.  Adjetivo  antieiu- 
do.  Iblani  ii. 

Irmin.  Masculino.  JftVo^ia  sajona. 
Nombre  que  los  antiguos  sajones  da- 
bu  á  M»te.  I  Bnndidón.  Bautua  an- 
tigua que  representaba  un  hombre 
armado  i  U  maneta  de  loe  antiguos 

fírmanos,  qoa  estaba  colocada  en 
resbarg.  ciudad  fuerte  de  Wesrfalia, 
y  que  fue  destruida  por  Cario  Magno. 
Hallase  también  en  los  autores  bajo 
el  nombre  de  Armensul. 
Iro.  Masculino.  Mi^hgUu  Mendi- 


IRRA 

go  de  ítaea,  ano  de  los  pretendientes 
de  Penélope,  i  quien  Ülises  mató  de 
un  puñetazo.  Su  extremada  pobreza 
llego  i  ser  proverbial,  y  se  dió  sa 
nombre  A  todo  al  que  vive  en  la  ma- 
yor miseria.  También  se  la  llamó 
ÁmeOt  que  debe  considerarse  como 
sn  verdadero  nombre.  Q  Tiempos  he- 
roicos. Otro,  hijo  de  Actor  j  padre  de 
Euritión. 

Ironia.  Femenino.  Retáriea.  Figu- 
ra con  (^ue  se  quiere  dar  á  entender 
que  se  siente  lo  contrario  de  lo  que  se 
dice, 

EtiuologÍa.  Griego  tlpuytta  (eiri' 
neíaj:  latín,  trteta/ittlianojr  catalán, 
ironía;  francés,  ironie. 

Sentido  etimlógieo» — ^Bl  griega  eir^ 
neta  representa  una  forma  de  >lpw 
(eirojt  JO  digo.  Por  consiguiente, 
quiere  decir:  «dicho  intencionado.> 

IsoNfa:  del  griego  eirdneia,  disimu- 
lo, burla,  derivado  de  eirdn,  burlón, 
disimulado. — Consiste  la  xbonía.  en 
atribuir  á  un  objeto  cualidades  con- 
trarias á  las  que  tiene,  pero  de  modo 
que  se  conozca  que  no  le  convienen 
realmente.  La  ibonU  se  deja  conocer 
por  el  tono  de  voz  en  el  que  habla,  y 
por  al  contexto  j  demás  circunstan- 
cias en  el  que  escribe.— La  ibonU 
toma  diferentes  nombres  según  el 
modo  y  la  intención  con  que  se  usa. 
Siete  especies  de  ibonía  cuentan  los 
preceptisías,  y  todas  llevan  nombre 
griego,  á  saber:  la  antí/ratis  (contra- 
frase), el  asteism  (urbanidad),  el  ca- 
rientismo (graciosidad),  el  cUuatmo 
(irrisión  ó  mofa),  el  diasirmo  (chanza 
pesada),  la  mimesis  (imitación  ó  re- 
medo) y  el  sarcasmo  (escarnio).  (Mon- 

U.U.) 

Irónicamente.  Adverbio  de  modo. 
CoD  ironía. 

Etimología.  Irónica  y  el  sufijo  ad- 
verbial mente:  catalán,  irónieamenl; 
francés,  ironiqnement;  italiano,  Írd~ 
nicameníe;  latín,  irdnicit 

Irónico,  ca.  Adjetivo.  Lo  que  con- 
tiene ironía. 

BTDfOLOOÍa.  IrottU:  griego  «tfwvtxéc 
(eiróni/ttisj;  latín,  irdnSau;  catalán, 
iréiiek,  di;  francéi,  iromifw;  italiano, 
irónico, 

Iroqués,  sa.  Sustantiro  7  adjetivo. 
Natural  y  propio  de  una  comarca  del 

Canadá. 

Irracionabilidad.  Femenino.  Na- 
turaleza de  lo  irracional. 

Irracionable.  Adjetivo  anticuado. 
Ibbacional. 

Irracíonablemente.  Adverbio  de 
modo  anticuado.  Ibbacionalukntb. 

Irracional.  Adjetivo.  Lo  que  ca- 
rece de  razón.  Usado  como  sustantivo 
es  el  predicado  esencial  del  bruto, 
qae  le  diferencia  del  hombre.  |]  Lo 

3ae  es  opuesto  á  la  razón  ó  va  fuera 
e  ella.  |  Geometría  y  aritme'tica.  Lo 
que  no  nene  medida  ^conocida  ni  se 
puede  explicar  con  número  cierto.  | 
Matemáticas.  Se  dice  de  la  cantidad 
que  no  tiene  medida  común  con  nin- 
guna unidad. 

Etiuolooía,  Latín  irrStiBnSlis,  de 
in,  negación,  y  r&íionalis,  racional: 
italiano,  irrasionalej  ^noés,  irraíion- 


IRRE 

nel;  provenzal,  mrafÍMal¡  oataláa,  «pu 

raeionai. 

Irracionalidad.  Femenino*  Li  ea- 
lidad  de  lo  irracional. . 

EnuoLOaÍA.  IrratíonaU  latín,  irnt- 
tidniiiUtat;  italiano,  irra^onMitíí; 
catalán,  irraeionaUíat* 

Irradonaliaimo,  ma.  AdjetÍTOsn- 
perlativo  de  irracional. 

Irracionalmente.  Adverbio  de 
modo.  Con  irracionalidad,  de  un  mo- 
do irracional. 

EtiuoloqÍa.  Irracional  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  catalán,  irraeional- 
ment;  francés,  irrationnelloment;  ita- 
liano, irragionetoliiMnU;  latín,  fm¡(/i9- 
n&ttter. 

Irradiación.  Femenino,  Píiiu. 
Emisión  de  los  rajros  de  nn  cuerpo  ta- 
minoao,  como  cuando  se  dice:  «la 
UBADIAOIÓH  de  las  estrellas  sobre  la 
superficie  del  mar.»  Q  Difusión  opera- 
da en  las  imágenes  de  los  cuerpos  lu- 
minosos, la  cual  aumenta  su  diámetro 
aparente.  Newton  propuso  un  medio 
sumamente  sencillo  para  evitar  qoe 
los  diámetros  aparentes  se  alterasen 
con  los  efectos  de  la  ibbadiación.  (La 
Placb,  Exposición  4  V,  3,  que  Zitlré 
cita.)  II  Ibbadución  db  labfibb&sódb 
LOS  VASOS.  Ánatomia.  Disposición  que 
laa  fihraa  ó  los  vasos  presentan  cuan- 
do, partiendo  de  un  centro  común,  se 
dirigen,  en  forma  de  rajoa,  hacia  una 

Sacte  perirérica  más  ó  menos  extendi- 
a.  I  FiñolMÍa,  Hablándose  del  ser 
organizado,  llámase  ibbai>xacióm  todo 
movimiento  qne  se  efectúa  del  centro 
á  la  circunferencia;  y  así  ae  dice  que 
el  plexo  solar  es  un  centro  de  ibbadu* 
ciON  para  los  órganos  de  la  vida  ve- 
getativa. (LiTTBá.)  D  Botánica,  Lámi- 
na íctricularia  que  llena  las  mallas 
de  las  capas  leñosas. 

BtiuolooIa.  Irradiar:  francés,  k- 
radi'iliün. 

Irradiador,  ra.  Adjetivo.  Qus  iris* 
dia. 

Irradiar.  Activo.  Física.  Difundir 
rajroB  de  lux  nn  cuerpo  laminoso  so- 
bre otro. 

BnK(K.oafa.  Francés  irradier:  ita- 
liano, irradiare t  del  latín  irrUiSre, 
iluminar  con  rajros  de  luz;  de  ir,  por 
«a,  en,  j  rUdiSre^  radiar. 

Irrazonabilidad.  Femenino.  Cua- 
lidad de  lo  irrazonable. 

Irrazonable.  Adjetivo.  Lo  que  no 
es  razonable.  |  Anticuado.  Ibbacio- 

maL-  .  , 

EtiuologÍa.  Irracional:  latín,  íf"" 
tidn&bllis;  iialiano,  irra^io»evole;tn^ 
cés,  irraisonnable;  catalán,  irrakonaok. 

Irrazonablemente.  Adverbio  de 
modo.  No  razonablemente. 

Etuíolcoía.  Irratonable  y  «1  bobJ" 
adverbial  menU:  francés,  irraisvsnn» 
ment;  latín,  irrStionihíliter, 

Irreal.  Adjetivo.  Falto  de  reslidad. 

Irrealidad.  Femenino.  Caalidao 
de  lo  irreal.  , 

Irrealisable.  Adjetivo.  ^0  reali- 
zable. 

Etiuolooía.  IfruUí  francés, 
lisabie.  , 

IrreaUzablemenU.  Adverbio»»- 
daU  De  na  modo  irrealizable. 


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IRRÉ 

BruioLOaÍA.  JrrMiMU  J  ú  infijo 
ulTerbial  mente. 
Irrebatible.  AdjetlTo,  Ihdxspdta- 

BLI. 

Irrebatiblemente.  Adverbio  de 
modo.  IndispaUblementfl,  sólida,  con< 
nneeatemente. 

BtdcolooÍa.  IrreHtiSH  j  el  eafijo 
adrerbial  mente» 

IrracoineBdable.  AdjeÜTo.  No  re- 
feomeDdable. 

Irreconciliable.  Adjetivo  qae  ae 
ipliea  al  que  no  quiere  roUer  i  u  paz 
j  amistad  con  otro. 

ErutoiAofA.  Prefijo  *r,  por  ta,  ne- 
gtcióu,  jrtconeHiabur  catalán, tfTíCM- 
eiUo6U;  francés,  irreconciliable;  ita- 
liiQO,  irreconciliabile. 

Irreconciliablemente.  Adverbio 
modil.  De  un  modo  irreconciliable. 

BTmoLOaÍA.  Irreconciliable  j  el  su- 
fijo adverbial  mente:  catalán,  trrecon- 
aUabletnent;  francés,  irr/conciliable- 
mení;  italiano,  irreeonctHabilmeníe. 

IrrecnperaLble.  Adjetivo.  Lo  que 
ao  se  puede  recuperar. 

BmfOLOOíi,.  Prefijo  ir,  por  ta,  oa- 
gacióu,  V  reenjurabte:  eatafán,  irrecn~ 
pertiU;  naaces,«rr«eM9ra¿í«;Ítaliano, 
irreenperabiíe,  del  latín  irrífcUpÜrSbilie. 

Irrecnsaible.  Adjetivo.  Lo  que  no 
le  puede  recusar.  |  Anticuado.  Inbvi- 

TARLB. 

BTniOLoafa.  Prefijo  ir,  por  la,  ne- 
ncióu,  j  recusable:  latín,  irrUcutUbí- 
lit;  francés,  irrécutable;  catalán,  irrecvF- 
uble. 

Irrecnsablemente.  Adverbio  de 
■nodo.  De  una  manera  irrecusable. 

EtmoLoaía.  Irreaaable  ^  el  sufijo 
adverbial  nuntet  hanoés,  trri&uabU- 
mnU, 

ImchasnUe.  Adjetivo.  No  recha- 
table. 

Irredar^ible.  Adjetivo.  No  re- 

dtrgCLible. 

Irredimible.  Adjetivo,  Lo  que  no 
n  puede  redimir. 

É-riHOLOOfA.  Prefijo  *r,  por  »,  ne- 
neiÓQ,  j  redimible:  italiano,  irr^iml- 
bilt;  caulán,  irredimible. 

1.  Bl  equivalente  en  francés  es  ir- 
rt^tahU;  del  prefijo  negativo  tV,  por 
is,  j  rtekeUtble,  forma  adjetira  de  ro- 
cieter,  comprar  nuevamente;  de  re, 
reiteraciiSn,  j  acheíer,  derivado  del 
bajo  latín  aeeapiíare:  francés  del  si- 
g\o  XI,  ackeíer;  xv,  ackapter;  norman- 
ao,  tcater;  burguifldn,  echetai;  proven* 
ul  j  anticuo  español,  acaptar, 

2.  £1  bajo  latín  accapiídre  se  com- 

KDedeoc,  por  ad,  cerca,  j  cMput,  ea- 
u. 

Irreducible.  Adjetivo.  Loque  no 
SQ  puede  reducir. 

ÉriHOLOOfA.  Prefijo  ir,  por  la,  ne- 
0«eiun,  T  reducible:  francés,  irrédncti' 
ole;  catalán,  irreduible. 

Irreembolaable.  Adjetivo.  No  re- 
embolnable. 

BnuoLoofA..  Prefijo  iV,  por  in,  ne- 
peiuD,  j  reemboltaSle:  francés,  irrem* 
bourtable. 

Irreflexión.  Femenino.  Falta  de 
raflexi<Sn. 

BrufOLoafju  Prefijo  tr,  por  in,  no, 
J  re/texivn:  fraaoú,  irre/leMon, 


iRRíi 

Irreflexivamente.  Adverbio  de 

modo.  Con  irrefieiión. 

EriMOLOofA.  Irrejíeaiva  j  el  aufljo 
adverbial  mente. 

IrrefleziTO,  va.  Adjetivo.  El  que 
no  reflexiona,  6  lo  que  se  dice  j  hace 
sin  reflexionar. 

BmiOLoaÍA.  Pre^o  ir,  por  ta,  ne- 
gación, j  rejlemvo:  francés,  wr4JU^ 
cki. 

Irreformable.  Adjetivo.  Lo  qne 

no  se  puede  reformar. 

EtuioloqÍa.  In  negativo  j  refor~ 
mable:  catalán,  irreformable;  francés, 
irr/formable;  latín,  irrU^ormabiU*, 

irrefragable.  Adjetivo.  Lo  qne  no 
se  Düede  contrarrestar. 

Btiuoldoía.  Latín  irr¡lfrSgn}Alis(fiXi 
QuicuBBAT,  Addenda),  compuesto  de 
in,  negación,  y  refrag%r%t  contradecir, 
coatender,  oponerse. 

1.  El  latín  refragdri  se  compone 
del  prefijo  reiterativo  re  j  de  un  radi* 
cal  fragt  que  entra  en  $n-fre^-ium. 

(LiTTBÉ.) 

2.  Rejrag^ri  se  compone  del  prefijo 
reiterativo  re  y  de  fratufo,  yo  rompo: 
re-frangUre,  re-fragare,  re-fr¡^Srij  rom- 
per muchas  veces,  luchar,  oponerse, 
contradecir.  (Etimolooistas  latinos.) 

3.  Por  consiguiente,  el  radical  frag, 
de  que  habla  Littré,  es  el  latín  fran- 
g^re,  hacer  pedazos:  catalán,  irrefra- 
gable; francés,  irrefragable;  italiano, 
irrefragábile. 

4.  Confirma  la  discreta  interpreta- 
ción de  loa  etimologistas  latinos  el 
antecedente  de  que  la  forma  primiti- 
va de  frango  es  frago. 

Irrefragablemente.  Adverbio  mo. 
dal.  De  un  modo  irrefragable. 

ETJM0iOQÍÁ,é Irrefragable  j  el  sufijo 
adverbial  mente:  francés,  irrefragable- 
nent;  italiano,  irrefragaiilmeníe;  ettih- 
lán,  irrefragabtemení. 

Irregenerable.  Adjetivo.  No  re- 
generable. 

ErmoLoaÍA.  Prefijo  ir,  por  in,  ne- 
gación, jr  regenerabU:  francés,  irrégé^ 
nérable. 

Irregular.  Adjetivo.  Lo  que  va 
fuera  de  regla  6  es  contrario  á  ella.  | 
Lo  que  no  sucede  común  j  ordinaria- 
mente. I  El  que  ha  incurrido  en  algu- 
na irregularidad  canónica.  |  Gramati' 
ca,  Cual<^uiera  de  los  verbos  que  en  su 
ooajugaciÓD  no  conservan  constante- 
mente las  letras  radicales  6  las  termi- 
naciones ordinarias. 

EriKotoofA.  Prefijo  tV,  por  ta,  no, 
V  regalar:  provenzal,  irregular,  yregn- 
lar;  francés,  irre^ulier;  italiano,  irre~ 
golare;  catalán,  irregular. 

Irregularidad.  Femenino.  La  ca- 
lidad que  constituj^e  las  cosas  irregu- 
lares. \  Impedimento  canónico  para 
recibir  las  órdenes  ó  ejercerlas  por 
razón  de  ciertos  defectos  naturales  ó 
por  delitos. 

Etuiolooía.  Irregular:  provenxal ; 
catalán,  irregularitaí;  francés,  irr/gu- 
lariU;  italiano,  irregulariíá* 

Irregularmente.  Adverbio  de  mo* 
do.  Con  irregularidad. 

EtluoLOOÍA.  IrregiUar  y  ú  sufijo 
adverbial  mente:  catalán,  irregular* 
ment;  francés,  irreguliirement. 


tmn  iii 

Irrehnaable.  Adjetivo.  Qoe  no 
puede  rehusarse. 

Irreligión.  Femenino.  Falta  de 

religión. 

ETiiioLoafa.  Prefijo  ir,  por  ía,  no, 
^  religión:  francés,  irreligión;  italiano, 
xrreligione;  catalán,  irreligión 

Irreli^osamente.  Adverbio  de 

modo.  Sin  religidn. 

EnuoLoafa.  Irreligiosa  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  francés,  irr^tgiense- 
ment;  catalán,  irreligiotament;  italia- 
no, irreligiosamente;  latín,  írrel^gioié. 
^  Irreligiosidad.  Femenino.  La  ca- 
lidad que  constituye  á  uno  irreli- 
gioso. 

Etiuolooía.  Irreligioso:  latín,  irrlf- 
lifidsUas;  italiano,  irreligioríta;  tna-^ 
ceStirreligiosiíe;eMt»\in,irrelÍgiositat, 

Irreligioso,  aa.  Adjetivo.  Falto  de 
religión,  y  Lo  qne  se  opone  al  espíri- 
tu de  la  religión. 

Etuología.  Prefijo  tr,  por  m,  ne- 
gación, 7  rtf/i^íow;  latín,  trrWg^n; 
italiano,  irreligioso;  francés,  irreii- 
gienx;  provenzal,  irreligios;  catalán, 
irreligiós,  a. 

Irremediable.  Adjetivo.  Lo  que 
no  se  puede  remediar. 

ETiifOLoaÍA.  Prefijo  ir,  por  in,  ne- 
gación, y  ríe  medial/le:  francés,  irre'me- 
aiable;  italiano,  irremeaiabile,  irreme~ 
diivole;  catalán,  irremediable. 

Irremediablemente.  Adverbio  de 
modo.  Sin  remedio. 

ErufOLoaÍA.  Irremediable  y  el  sufijo 
adverbial  nmff;  fraaeés,  irremediable' 
ment;  Italiano,  irremediabilmente;  cata- 
lán, irremediabUment. 

Irreminiscencia.  Femenino.  Fal- 
ta de  reminisceuida. 

Irremisible.  Adjativoi  Lo  qne  no 
se  puede  remitir  d  perdonar. 

Étiuoloqía.  Latín  irr^mist\VllÍM,  de 
ir,  por  iM,  negación,  j  rími5íTíí/(í,  re- 
misible; catalán,  irremisible;  francés, 
:  irremissible:  italiano,  irremissibile. 

Irremisiblemente.  Adverbio  de 
modo.  Sin  remisi  ln  ó  perdón. 

EtiuoloOÍá.  Irremisible  j  el  sufijo 
adverbial  mcnle:  cataMn.  irremissible- 
OTíní;  francés,  irrémissihUment:  italia- 
no, irremissibilmente;  latin,  irremissi, 

Irremiaiótf.  Femenino.  Falta  de 
remisión. 

Irremorible.  Adjetíto.  No  remo- 
vible. 

Irremnnerable.  Adjetivo.  No  r»- 
munerable.  1  De  mucho  mérito. 

Etiholoqia*  Prefijo  tr,  por  ta,  no, 
^  remunerable:  latín,  wrfagafriWís; 
Italiano,  irremunerabilem 

Irremunerado,  da.  A^Jettvo.  No 
remunerado. 

Irreparabilidad,  Femenino.  Ona- 
lidad  de  lo  irreparable. 

Irreparable.  Adjetivo.  Lo  que  ao 
se  puede  reparar. 

émiOLoaÍA.  Prefijo  ir,  por  ib,  ne- 

ffaciun,  y  reparable:  latín,  irr!ht^ñói- 
is;  iuUano,  írri»fMr¿Mlf; catalán,  4rri#* 
parable. 

Irreparablemente.  Adverbio  de 
modo,  bin  arbitrio  para  rspacar  algún 
daflo. 

ETXK0L0<ri!ju  Irreparable  y  el  sufijo 
adverbial  nuñtet  catalán,  irreparmhb- 


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1T3 


m^t;  francas,  irreparablmcnt;  lUllá- 
ñb,  impanHlmenU. 
.  Irnprensibilidftd.  Femtnino. 
Caalidad  de  lo  irreprensible. 

irr^réheHsiéiliíé, 

Irreprensible.  Axljetirot  Lo  qa« 
00  «s  dig-no  de  repreniiÓn. 

EnuoLGOÍA..  Preñjo  tr,  por  in,  do, 
^  reprenfiltlt:  latín,  irripreh^nsUtlis; 
Italiano,  irreprentibile;  francés,  irr«-!- 
préhen$ible;  catalán,  irreprehemible. 

Irreprensiblemente.  Adverbio  de 
modo,  bin  motivo  de  reprensión. 

KTtuOLOQÍA.  JrrepnnüUe  ^  el  lufi- 
jo  adverbial  mente:  catalán,  trreprehen- 
tiblefuenl;  francés,  irre'prékensVAement; 
\t»\\Kií<i>t%rreprensibilmeKte;  latín,  irrc 
prekmñhíítíer, 

Irreprochabilidad.  Femenino. 
Cualidad  de  lo  irreprochable. 

Irreprochable.  AdjetiTO.  No  re- 
pioehaole* 

BTXHOLoafÁ.  Prefijo  tr,  por  in,  no, 
^  reprochable:  francés,  irr^rechaHe; 
italiano,  irreprobabile, 

Irreproductivo,  va.  Adjetivo.  No 
reproductivo. 

ETiuotooÍÁ.  Pre6jo  ir,  por  in,  no, 
y  reproductiro:  francés,  irréproductif. 

Irrepublicano,  na.  Adjetivo,  No 
republicano.  (Cabalbiíso.) 

Irrescatable.  Adjetivo.  No  resca- 
table. 

Irresistibiüdad.  Femenino.  Cua- 
lidad de  lo  irresistible.  ||  os  la  qrjl- 
ciA.  Teclogia.  Principio  condenado 
por  las  decisiones  del  Concilio  de 
Trento. 

GTXHOLOofÁ.  Irresistible:  francés, 

irrésistibilií.'. 

Irresistible.  Adjetivo.  Lo  que  no 
puede  resistirse.  [  Gracia  laBBSisTi- 
BLB.  Teología*  Qracía  que  se  impone 
al  creyente  j  que  anula  su  libre  albe- 
drío,  puesto  que  no  la  puede  resistir, 
cuya  doctrina  es  herética,  según  el 
Concilio  do  Trento. 

EriHOLoaÍA.  Preñjo  ir,  por  in,  no, 
y  resisíií/ie:  catalán,  irreiisíibU;  fran- 
cés, irresistible;  italiano,  irremtlbile, 

¿nretistiblemente.  Adverbio  de 
modo.  Sin  poderse  resistir. 

EtiholooU.  Irresistible j  el  snfijo 
adverbial  mente:  francés,  vrrésistibu^ 
ment¡  italiano,  irresistiiilmeitte;  oata* 
iáo,  irresistiblement. 

-  Irresoluble.  Adjetivo.  Loqneno 
se  puede  resolver  ó  determinar.  | 
Jbrssoluto. 

.  GTiyoLOoiA,  ir,  por  ta,  no,  y  reso~ 
luble:  latín,  irr^sUübilis;  catalán,  irr*- 
'Soluble;  francas,  irresoluble;  italiano, 
irresolttbile, 

>  Irresolución.  Femenino.  Falta  de 
resolución. 

■  :  Btuiouioía.  Prefijo  tr,  por  t»,  no, 
y  resolución:  catalán,  irresoíudd;  fran- 
jees, itrátolufion;  italiano,  irretohuime. 

'   Irresolutamente.  Adverbio  de 

•modo.  Con  irresolución. 

ÉriuOLOOfA.  Irresoluta  j  el  snfijo 
adverbial  ííRücéB,irré$ohimeití; 

■italiano,  irresolvícinente. 

Irresoluto,  ta.  Adjetivo.  Bl  que 

<  no  tieoe  resolución. 

-  BxwoLOOÍA.  Latín  irrKiIflMUt  de 


IRRE 

«r,  por  i»,  no,  y  ritiílitfU,  Msaslto: 
catalán,  irresolut,  e;  franeéli  vrréspW; 
italiano,  irresoluto. 

Irrespetnoiamente.  Adverbio  de 
modo.  Sin  respeto, 

BtucologU.  Irrespetuosa  y  el  snfijo 
adverbial  mente:  francés,  irrespectnen- 
tement, 

IrrespetoosOi  sa.  Adjetivo.'  No 

respetuoso. 

fiTWOLOOÍf.  In  privativo  y  respe- 
tuoso: francés,  irrespectueus* 

Irrespirable.  Adjetivo:  ^íedietna» 
Lo  que  no  es  propio  para  la  respira- 
ción, en  cuyo  sentido  se  dice:  aire 
irrespirable,  gas  irrespirable. 

EviuoLoofA.  /r,  por  in,  no,  y  rtspi- 
rabie:  latín,  irrespJrSbUis;  catalán, 
irrespirable. 

Irresponsabilidad.  Femenino. 
Falta  de  responsabilidad. 

ETiuoLOalA.  Irresponsable:  francés, 
irresponsabiliíé. 

Irresponsable.  Adjetivo.  Derecho 
constitucional.  No  responsable.  B  Po- 
DBB  laRSáPONSABLB.  KI  poder  real. 

ETiuoLoaÍA.  In  privativo  y  respon-' 
sable:  francés,  irresponsable. 

Irresponsablemente.  Adverbio 
de  modo.  Sin  responsabilidad. 

ETiifOLoaÍÁ.  Irresponsable  y  e]  sufi- 
jo adverbial  mente:  francés,  irresponsa- 
blement. 

Irrewelto,  ta.  Adjetivo.  Isnaso- 

LUTO. 

Irreverencia.  Femenino.  Falta  de 

reverencia. 

BTiuoLoaÍJk.  Irreieerente:  latín,  trrt'- 
i^rentU;  francés,  irr/vérence;  italiano, 
irreverenta;  catalán,  irreverencia. 

Irreverente.  Adjetivo.  Lo  que  es 
contra  la  reverencia  ó  respeto  debi- 
do. 

BtiuoLoaU.  Preñjo  ir,  por  in,  no, 
y  reverente:  latín,  irrít^írens,  irrUohen- 
ti»;  italiano,  irreverente;  francés,  irre'- 
vérent;  catalán,  irreverent. 

Irreverentemente.  Adverbio  de 
modo.  Sin  reverencia. 

Etuiolooía.  Irreverente  j  el  sufijo 
adverbial  mente:  catalán,  irreverent- 
meni;  francés,  irretéremment;  italiano, 
irrevernUemente, 

brrevocabilidad.  Femenino.  La 
oalidad  que  constituye  una  cosa  Irre- 
vocable, oomo  la  laftBvoGABiuiDAD  de 
los  tiempos  pasados;  la  isaavocA-Biu- 
nao  de  la  historia. 

BTiuoLoaÍA.  Irrevocable:  francés, 
irrévocabi'itc;  italiano,  irreoocabiliiá. 
—«Estabilidad  ó  Srmeza  de  un  acto, 
que  hace  que  no  se  pueda  revocar.» 
(AcADBifiA,  Diedonano  de  1726.) 

Irrevocable.  Adjetivo.  Lo  que  no 
se  puede  revocar,  cuya  voz  se  emplea 
en  sentido  político,  judicial,  forense, 
moral  y  dogmático.  Ejemplo  de  la 
acepción  política:  le^  isrsv.  cablb;  de 
la  judicial:  strn^scia  iRBBVOCaBm;  de 
la  forense:  (¿OMCKfaxBBavoCABUt.de  la 
moral:  decisión  iBASfockBUtf  tol untad 
iBasvocABLE;  de  la  dogmática:  «los 
decretos  de  Dios  son  irbevocablb¿.> 

BTIUOLOaÍA.  Prefijo  ir,  por  í»,  no, 
y  recocable:  latín,  irrhocabUis;  italia- 
no, irrevocabile;  francés,  irr¿voeable; 
catalán,  irrevocable. 


ÍRM 

Irrevocablemente.  Adverbio  »o* 
dal.  De  un  modo  irrevocable. 

Brtuoi^ÍA.  irrevocable  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  latfa,  irremabí^ter; 
iXÚUw, irrevocabilmentet{tnnaé9,irr¿' 
tocablement;  catalán,  irrevocablemení. 

Irrigación.  Femenino.  Riego.  | 
Medicina.  Aoeión  de  dejar  caer  sobre 
una  parte  enferma  algún  líquido, 

ETluoLoaÍA.  Proveuzal  irrigado: 
francés,  irriya/im;  italiano,  im^azio- 
ne,  del  latín  irrtaSiío;  forma  sustan- 
tiva abstracta  de  irrf^'itiLS,  reeado, 
participio  pasivo  de  trrí^ire;  de  ir^ 
por  (N,  en,  y  rfySrv,  ngar. 

Irrísibla.  Adjetivo.  Loque  es  dig- 
no de  risa  y  deaprecio. 

Btuoloqía.  Latín  irruíbllis,  aque- 
llo de  que  se  puede  hacer  burla;  de  ir, 
por  in,  en,  y  rUUtliSf  risible:  catalán, 
irrisible, 

Irriaiblemente.  Adverbio  modal. 
De  uu  modo  irrisible. 

ETiuoLoaÍA.  Irrisible  y  el  sufijo  ad- 
verbial mente. 

Irrisión.  Femenino.  Burla,  despre- 
cio, chocarrería. 

BTUCOi,oaU.  Catalán  irrüiJ:  fran- 
cés, irrisión;  italiano,  irritione,  del  la- 
tín irristo,  desprecio,  burln;  forma 
sustantiva  de  trriti»,  participio  pasi- 
vo de  irrUire,  mofarse;  de  ir,  por  tn» 
en,  y  rídere,  reír. 

Irrisoriamenta.  Adverbio  de  mo- 
do. Por  irrisión. 

BiiuoLoaÍA^  Irrisoria  y  el  suüjo 
adverbial  mente t  catalán,  irrisorior- 
meiU. 

Irrisorio,  ría.  Adjetivo.  Lo  que 
mueve  ó  provoca  á  risa  y  burla, 

ETiuoLOafA.  Irrisión:  latín,  trftf^ 
ríu$;  catalán,  irrítori,  a. 

Irritabilidad.  Femenino.  La  pro- 
peasiún  á  coumoverse  ó  irritarse  con 
violencia  y  facilidad.  Q  Cualidad  y  es- 
tado de  los  caracteres  Ó  temperameo- 
toa  irritables.  |i  Fisiúkfia.  Nombre 
dado  á  las  diversas  grauciones  de  la 
ac^vidad  en  Us  propiedades  substan- 
ciales de  los  elementos  anatómicos; 
sobre  todo,  de  la  actividad  en  las  pro- 

Siedades  animales  de  que  están  dota- 
os ciertos  tejidos.  Esto  es  lo  que  los 
fisiólogos  denominan  «diversos  gra- 
dos de  la  actividad  vital.»  Por  consi- 
guiente, si  se  suprimiera  1»  ibrita- 
BILIDAD,  como  propiedad  elemental  y 
animal  de  la  materia  organizada,  no 
sería  posible  la  vida.  |  Bot  iniea*  Pro- 
piedad que  caracteriza  á  los  filetes 
de  ciertos  estambres,  los  cuales  son 
capaces  de  movimiento  durante  la 
época  de  la  fecundación.  Los  antiguos 
atribuían  á  la  elasticidad  estos  fenó- 
menos de  la  iBBiTABiUDAn  de  los  ve^ 
ge tales. 

EniíOLOaÍA.  Irritable:  latín,  írrí/a- 
btliías,  pr»pensión  á  la  ira;  francés, 
irritabiliíé;  catalán,  irritabilitat;  ita- 
liano, irritabilitá. 

Reseña.— \,  Sistma  de  Haller.  En- 
tiéndese por  iBRiTABiLtDAp  la  propie- 
dad de  que  están  dotadas  ciertas  par- 
tes de  los  cuerpos  vivos,  en  cuya  vir- 
tud se  contraen  por  si  mismas,  inde- 
pendí entf^m^n  te  de  la  voluntad.  d«l 
aiiimal.  sprnetiAo  á  1»  pruebs,  J  sín 


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muí 

qae  experim«at«ii  dolor  ilguno.  (Cw- 
DOtcrr.) 

2.  SitíetMt  de  Bonnet. — La  ibrit*- 
BiuD&D  es  U  propiedad  de  las  fibras 
muscalares,  por  cayo  resorte  se  con- 
traen por  sí  mismas  al  contacto  de 
todo  cuerpo»  ora  sea  sólido,  ora  sea 
fluido.  ( UonsidaracioTies,  Cuerpog  oryá- 
nim,  tomo  6.* y  página  405,) 

3.  Yo  no  conocía  á  la  sazón  la  teoría 
de  la  laaiTABiLiDAD,  que  ha  represen- 
tado «n  físioloffta  un  papel  tan  grande, 
T  que  atribuí  á  la  elasticidad,  con 

.ueoal  DO  tiene  relación  alguna.  (Bon- 
mr,  Ohw,  tomo  1.',  pigina  176,) 

4.  La  IBBITABIUDAD  Tegetal  está 
excitada  por  un  estimulante  como 
la  IRRITABILIDAD  aníioal.  (Idbu,  Con~ 
tempUciona  naturales,  tvaio  1.°, 
mota  10.) 

5.  El  estimulante  de  la  iRRrrA.Bii.i- 
DiD  Tegetal  es  la  necesidad  de  repro- 
ducir j  perpetuar  la  especie,  lo  cual 
explica  el  aecho  curiosísimo  de  ^ue 
la  IRRITABILIDAD  de  los  filetes  de  cier- 
tos estambres  QO  se  desarrolla  sino  en 
la  época  de  la  fecundación. 

Iiritabilismo.  Masculino.  Ststtma 
j(i»oí'^]^tei7. Sistema  délos  irrttabilistas. 

Imtabilista.  Masculino.  Sistema 
iñolágica.  Sectario  que  atribule  todos 
loa  fenómenos  fisiolígieos  á  un  alma 
sensitiva  cayo  agente  principal  se  su- 
pone ser  el  sistema  nervioso. 

BTXUOLoaí  A .  Irritabilidad. 

1.  Irritable.  Lo  c|ue  es  capaz  de 
irritación  ó  irritabilidad.  ||  Lo  que 
tiene  ^rticular  propensión  4  irritar- 
se, asi  física  como  moralmente,  en 
cujo  sentido  se  dice:  «sistema  nervio- 
so irritablb;  aenio  irritablb.»  ||  .^i- 
sr«¿c|^ía.Cualíaad  de  que  están  dotadas 
todas  las  partes  de  los  cuerpos  titos, 
cairas  eiciCaciones,  arregladas  conve- 
niantemente  por  la  naturaleza,  son 
eauaa  de  que  aumenten  de  intensidad 
todas  BU9  propiedades.  De  este  prínci- 

{no  se  deduce  qae,  para  la  práctica  de 
a  finolocía,  irrita:  Lb  quiere  decir 
intonso.  También  se  infiere  que,  sin 
laiBBrrABiUDAD,  las  propiedades  subs- 
tanciales de  los  elementos  anatómicos 
7  las  propiedadss  animales  de  los  te- 
jidos no  podrían  llegar  á  su  majror 
grado  de  desarrollo,  esto  es,  á  su  ma- 
jror  grado  de  perfección,  quedando 
manca  la  actÍTidad  vital.  \  Experien- 
cias repefcidísímas  han  demostrado  que 
las  partes  vitales  soi^  las  más  irrita- 
SLES,  entre  las  que  ocupan  el  primero 
7  el  segando  lugar  las  visceras  st- 
goíentes:  primero,  el  corazón;  segun- 
do, los  intestinos  7  el  diafragma.  Q 
Estambhbs  iRRiTABLBá.  BoíáiMa.  Es- 
tambres cujos  filetea  son  capaces  de 
cierto  moTÍmieoto  en  la  época  de  la 
feenndaeión,  sin  que  se  pueda  atri- 
buir i  ninguna  faerza  mecánica  cono 
«da.  No  parece  sino  que,  en  el  mo- 
mento de  facundar,  la  naturaleza  con- 
vierta «L  vida  lo  que  no  es  más  que 
órgano»  cuya  hipótesis  nos  llevaría  á 
suponer  una  fisiología  vegetal  tras- 
cendente. 1  Tumor  laatTABLE  dbl  pe- 
CBO  (ceU  de  la  mujer).  Patología,  Tu- 
mor que  causa  Tivísímoa  dolores  7 
qM  wneU  tomar  por  ua  cáncer. 


mm 

BteuoLOQÍa.  ¿rriíar:  latin,  irrltiíM- 
lis;  iulíano,  irrüiHl^  francés  7  cata- 
lán, irritable, 

2.  IrritablB.  Adjetiro.  Forense. 
Lo  que  ae  puede  anular  ó  inTalídar. 
Etiho£.oqía.  írrititcim  2. 

1.  Irritación.  Femenino.  Enojo 
graTC.  l  Medicina,  Conmoción  ó  agi- 
tación TÍolenta  de  los  humores;  esto 
es,  acción  que  ocasiona  cierta  actí- 
TÍdad  exeesÍTa  en  una  parte,  7  el  re- 
sultado de  aquella  acción.  Puede  ser 
interna,  como  la  irritación  de  los 
iatestiaosi,  ó  externa,  como  la  irri- 
tación de  la  piel  que  produce  el  veji- 
gatorío  ú  otro  cáustico. 

BniKn.oo{A.  Irritan  latín,  mt3<3- 
íto;  italiano,  irriíatione;  francés,  irri~ 
tatio»;  catalán,  irritaeid;  portugués, 
irritacSo. 

2.  Irritación.  Femenino.  Fortnse. 
Invalidación. 

EriyoLoaÍA.  Latín  tVHí^tM,  rano, 
nulo;  de  m,  no,  7  ratus,  fijo,  constan- 
te, Taledero:  testatnfntum  ibritum  /»" 
cifre;  anular  su  testamento.  (Cicb- 

RÓH.) 

Forma etimol^ica. — Nótesela  admi- 
rable filosofía  de  la  lengua.  La  segun- 
da i  de  irritns,  que  es  breve,  represen- 
ta la  a  breve  de  riítut:  innatas,  tr^dtm 
(por  asimilación  de  la  rj,  ir-rítu$¡  irri- 
tiK,  no  valedero,  no  fijo,  no  cons- 
tante. 

Irrltadamente.  Adverbio  modal. 
De  un  modo  irritado. 

ETiicoLOofA.  Irritada  7  el  sufijo  ad- 
verbial mentí. 

Irritadisimo,  me.  Adjetivo  snpe^ 
lativo  de  irritado. 

BTmoLoaÍA.  Irritado:  catalán,  «m- 
tadissim,  a. 

Irritado,  da.  Participio  panvo  de 
irritar. 

Etiholooía.  Irritar:  latín,  irrita- 
tus;  italiano,  irritato;  francés,  irrité. 

Irritador,  ra.  Masculino  y  feme- 
nino. £1  que  irrita. 

BTDfOLOGfa.  Irritar:  latín,  irrita- 
íor. 

Irritamente,  Adverbio  de  modo. 

Forense.  Inválidambntb. 

KTiuoLOofA.  Irrita  7  el  sufijo  ad- 
verbial mente:  latín,  irríti,  vanamente. 

Irritamiento.  Masculino.  Irrita- 
ción. 

ETiMOLOaÍA.  Irritar:  latín,  »rrí/a- 
mentum:  francés,  irritament;  catalán, 
irritament. 

Irritante.  Partieipioactivo  de  irri- 
tar. El  ó  lo  que  ¡rríta.  g  Mbdicaubn- 
Tos  IBRITANTBS.  Medicina.  Los  que 
excitan  nuestros  órganos  hasta  el  pun- 
to de  hacerles  perder  el  concierto  nor^ 
mal  de  sus  funciones.  Q  Masculino 

f>lural.  Los  irutantbs.  Comprenden 
03  rubtifacientes,  los  cáusticos,  los 
espispásticos  ó  vejigatorios.  |  Biolo- 
gía. Se  ha  observado  que  los  irritan- 
tes suelen  ser  un  principio  de  secre- 
ción, como  sucede  con  el  musco  que 
el  ratón  almizclero  secreta,  cuando  la 
irritación  de  aquella  substancia  no 
permite  que  el  animal  la  retenga  en 
su  bolsa. 

EnuoLOOÍA.  Irritar:  latió,  irriíans, 
irrtíaníit,  participio  pasivo  de  irrJla- 


173 


re,  irritar;  italiano,  irritante;  fnncés 
j  catalán,  irritant, 

i.  Irritar.  Activo.  Excitar  viva- 
mente laira.  Q  Conmover7  agitar  on 
violencia.  |  Producir  cierta  excitación 
en  nuestro  organismo,  á  consecneacia 
del  ejercicio  irregular  de  algunas  fun- 
ciones, como  el  estornudo  repetido, 
que  suele  irritar  la  membrana  pitui- 
tosa, 6  como  el  mueho  hablar,  que 
irrita  la  garganta.  En  estos  casos, 
la  fisiología  jla  patologia  se  confun- 
den. I  MÓdiáM.  Ganiar  ana  imta- 
ción. 

Btiiuk^oU.  Sánscrito  de  los  Vedas 
rat,  rágati,  él  ladra:  latín,  trrira,  «s- 
nr«,  ladrar,  graSir;  MM,  «oflire- 

cer  á  un  perro;  italiana,  tmlsn^&ail^ 
cés,  irriítr;  catalán,  irriíof, 

1.  La  forma  latina  hirrire  es  bár- 
bara, puesto  que  el  verbo  del  articulo 
se  compone  del  prefijo  in,  en,  v  rire, 
gruñir,  del  sánscrito  védico  raí,  la- 
drar. 

2.  El  latín  irritare  no  es  otra  cosa 
que  la  forma  frecuentativa  de  irrire, 
gruñir,  como  creen  fundadamente  los 
etimologistas  latinos. 

3.  En  efecto,  añadamos  el  antiguo 
itare,  frecuentativo  detV«,  al  elemento 
»rr,  radical  de  «rrir»,  j  taadieoiec  A 
verbo  dri  artSealo:  mt  Í0t»,  irrUtr», 
irritar, 

2.  Irritar.  Activo.  Foronn,  Ans- 
iar, invalidar. 

BTiuoLOofA.  Irrita&¿ni:\h1&a  cpf^ 
tare:  quoi  contra  koe  faetum  fnerit, 
irritatur;  «sea  nnio  todo  enantose 
hiciere  sobre  esto.»  (Código  Ttodctia- 
no.) 

IrrítatÍTO,va.  Adjetivo.  Medicina. 
Que  írrita,  que  tiene  la  facultad  de 
irritar,  como  el  movimiento  irhitati- 
vo  que  la  trichina  produce  en  loa  mús- 
culos. 

ETluoLoaf A.  Irritar:  francés,  irrita- 
ti/;  italiano,  irritativo. 

Irrito,  ta.  A4|atrT«,  Ffmta,  (Pe- 
rgeko  rommu.)  Inválido^  sbi  fbaiM  ni 

obligación. 

EnHOLoaÍA.  LatAf  IrrVfsf,  nnlo, 
abolido;  de  in,  no.  j  r¿/us,  pensado, 
previsto,  seguro,  firme,  sólido;  parti- 
cipio pasivo  (ie  reor,  r'eri,  creer,  pen- 
sar: catalán,  irritaí,  da;  irrií,  a. 

Irrogable.  Adjetivo.  Que  sapasda 
irrogar. 

Irrogación.  Femenino,  AoeMa  6 
efecto  de  irrogar. 

Etiuolooía.  Jrrogar:  latín,  irrÜgi- 
íio,  forma  sustantiva  de  irrUgStus, 
irrogado. 

iSissiia  kistírita. — Modo  depvonaa- 
ciar  una  nstencia  ó  dictar  una  pena 
contra  nn  ciudadano.  Lof  romanos 
atribuían  gran  importatteia  i  Ul  ob- 
servancia de  las  fótmttlast  las  pala- 
bras eran,  por  decirlo  así,  saenmen- 
tales.  En  general,  se  seguía  para  la 
inROOACiÓN  la  misma  forma  que  para 
la  adopciijn  de  una  lev. 

Irrogado,  da.  Participio  pasivo  de 
irrogar. 

Etmología.  Irrogar:  latín,  irrogü- 
íus,  impuesto,  establecido;  participio 
pasivo  de  irr^irtf  irrogaar:  oatalao^ 
trrogatt  itfr 


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174  ISAB 


ISAB 


ISAB 


Irrogador,  ra.  SutantiTO  j  tdje- 
tÍTo.  Qu«  irroga. 
IlToguniento.  Hueolino,  Ibbo- 

Irroffar.  ÁeÜTO.  Cansar,  oeaaio- 
ntr;  asi  se  dice:  la  ibbooó  un  gran 
paijuieio.  Se  nía  también  como  recí- 
proco. 

BnuoLoaÍA,.  Latín  irrlS^Srtt  «ta- 
blecer;  de  ir,  por  i»,  en,  j  redare,  pro- 
mulgar una  le;:  catalán,  irrogar, 

Irrnente.  Participio  actiro  de 
irruir. 

Emiotooíju  Latfn  irrüent,  irrÜen- 
tU,  participio  de  preaento  de  irmXre, 
irruir. 

Irrnidor,  ra.  SaetantiTO  j  adjeti- 
vo. Qae  irnije. 
Iirnimianto.  Haienlino.  Ibbdp- 

OldM. 

Irmír.  AetiTO.  Aeonutar  eon  Im- 
petu. I  IHVA.DIB. 

BnHOLOofA.  Latfn  ^rv^,  entrar 
con  furia,  arrojarse  eon  ardor  sobre; 
de  i»,  en,  y  At^e^  caer  precipitada- 
meote:  catalán  antiguo,  %rr%ir. 

Irrupción.  Femenino.  Acometi- 
miento impetuoso  ó  impensado.  |  In- 
vasión. 

BnuoLoafA.  Latín  irrupfío,  inva- 
sión, correría,  acometimiento  violento 
é  impeaiado;  forma  sustantiva  abs- 
tracta de  irruptiUt  participio  ^sivo 
de  immpertt  totrodueirse  oon  ímpe- 
tu; de  >R,  en,  j  rtm^tre,  romper,  des- 
pedatar:  italiano^  srn»i(W«;  lancea, 
%rruptiimí  catalán,  irrmpeU» 

Irruyente.  Partici]no  activo  de 
irruir. 

Irse.  Recíproco.  BIarchabsb.  {  Me- 
táfora. Monrse.  |  Deslizarse.  |  Gas- 
tarse. I  Ventosear  ó  hacer  alguno  sus 
uecesidades  sÍd  sentir.  Q  Excederse  de 
algún  modo.  \  Ibsb  dkl  SBauRO.  Lo- 
cución familiar.  Decir  disparates,  de- 
nuestos, iosolencias.  y  Ibsb  de  punto. 
Locución  familiar. 

Isaac.  Masculino.  Biblia.  Hijo  de 
Abraham  y  de  Sara,  que  nació  el 
año  1896  antes  de  Jesucristo,  tenien- 
do entonces  90  años  sn  madre  y  100 
an  padre.  Sara  se  ech¿  i  reir  cuando 
le  fué  vaticinado  el  nacimiento  de 
Isaac;  y  de  ahí  este  nombre,  formado 
del  hebreo  Uahak,  que  significa  rita, 
sonrisa.  (Monlav.) 

Isabel.  Nombre  propio  de  majar: 

SANTA  ISABBL. 

EriuoLOafA.  Hebreo  Je»ah§l,  mujer 
de  Acbab.  (Biblia.) 

Isabel.  Reina  de  Inglaterra,  hija 
de  Enrique  VIII  y  de  Ana  Bolena; 
nació  en  1533  y  murió  en  1603.  Aun- 
que su  padre  la  había  declarado  ilegi- 
tima é  incapaz  de  reinar,  revocó  esta 
declaración  en  sn  testamento,  é  Isa- 
bel subió  al  trono  &  la  mnerte  de  su 
hermana  María,  en  1558.  Uno  de  sus 
primeros  actos  fn¿  restablecer  la  reli- 
gada protestante  queMaría  había  pros- 
crito y  constituirse  jefe  de  la  Iglesia. 
Bajo  su  reinado  florecieron  la  agri- 
cultura, el  comercio  y  la  marina,  y  se 
hicieron  grandes  economías  en  la  Ha- 
cieoda;  pero  empafiÓ  su  gloria  con  la 
conducta  que  observó  con  la  infortu- 
nada reina  de  Escocia,  María  Bstuar- 


do.  Irritada  contra  esta  príncesá,  que 
había  tenido  la  impmdeneia  de  tomar 
el  título  de  reina  de  Inglaterra,  pero 
cujra  principal  causa  consistía  en  ser 
mucho  más  hermosa  que  ella,  promo- 
vió disturbios  en  sus  Estados,  la  Ua- 
md  á  Inglaterra,  donde  la  tuvo  pri- 
sionera, 7  la  envolvióen  nna  acusación 
de  atentado  contra  su  persona,  llevan- 
do su  rencor  hasta  hacerla  decapitar 
en  1587.  Con  pretexto  de  vengar  esta 
muerte,  armó  Felipe  II,  rej  de  Espa- 
ña, contra  la  Inglaterra  una  escuadra 
formidable  que  llamó  la  Invencible,  y 
que,  como  es  sabido,  fué  dispersada 
por  las  tempestades  y  batida  an  detalle 
por  los  enemigos.  Isabel  envió  en  se- 

Suida  socorros  á  Bnric^ue  IV,  ocupa- 
0  entonces  en  conquistar  su  reino; 
reprimió  á  los  irlandeses,  á  quienes 
España  había  sublevado  en  16W,  y  fo- 
mentó á  sn  vez  la  insurrección  de  los 
Pafaes  Bajos  contra  España.  Muchos 
soberanos  solicitaron  su  mano,  y  en 
más  de  una  ocasión  la  invitó  el  Parla- 
mento á  fijar  sü  elección,  pero~  jamás 
quiso  casarse;  tuvo,  sin  embargo,  mu- 
chos favoritos,  entre  ellos  Uudlej, 
duque  de  Leicester,  y  Roberto,  conde 
de  Essex.  Habiéndose  sublevado  este 
último  contra  ella,  hizo  que  le  conde- 
naran á  muerte;  pero  apenas  se  eje- 
cutó la  sentencia,  se  arrepintió  de  su 
conducta,  y  llena  de  dolor  murió  á 
poco,  designando  por  sucesor  á  Jaco- 
bo,  re/  de  Escocia  é  hijo  de  María 
Estuanlo.  Isabel  gobernó  con  un  des- 
potismo casi  absoluto  j  convocó  po- 
cas veces  el  Parlamento:  reunía  á  lea 
cualidades  de  un  gran  rej,  todas  las 
debilidades  de  una  mujer.  (Sala.) 

Sesumen.—!,  Anítt  de  subir  al  tro- 
no. Durante  el  reinado  de  su  herma- 
na María  Tudor,  hija  de  Catalina  de 
Aragón,  fué  perseguida»  como  pro- 
testante, por  el  obispo  Gardiner;  y 
habiendo  resultado  comprometida  en 
la  conspiración  de  Wiat,  se  vio  eoce- 
rrada  en  la  Torre  de  Londres  y  en  el 
castillo  de  Wosdstock. 

2.  Sn  el  ^ono. — Creo  la  Iglesia  an< 
glíeana  en  virtud  del  bilí  délos  treinta 
y  nueve  artícelos. 

Logró  que  el  Parlamento  la  decla- 
rara reina  de  derecho  divino  y  gober- 
nadora suprema,  así  de  la  Iglesia 
como  del  ^tado.  . 

Impuso  á  los  individuos  del  clero  y 
á  los  funcionarios  civiles  el^tirdmeii/e 
de  supremacía  espiritual  de  la  corona. 

Terminó  á  merced  de  la  paz  de 
Chiteau-Cambresis  (1559)  la  guerra 
en  que  Felipe  II,  eomo  esposo  de  Ma- 
ría Tudor,  había  empeñado  i  Ingla- 
terra contra  Francia. 

Se  alió  con  los  calvinistas  del  oon- 
tinenta. 

Supúnese  que  no  fué  extraña  á  la 
conspiración  de  Amboíse,  que  debía 
derrocar  á  los  Guisas. 

Recabó  que  Conde  v  Colígnj,  en 
premio  de  su  ajuda,  la  pusieran  en 
posesión  de  la  ciudad  del  Havre(15^), 
que  tuvo  que  restituir  dos  aflos  des- 
pués. 

A  más  de  la  persecución  de  María 
Eituardo,  tavoreció  en  Bseoeia  &  loa 


partidarios  de  John  Knox  contra  U 
regenta  María  de  Loreoa,  sirviendo 
de  esta  suerte  la  cania  del  protestan- 
tismo. 

Se  coaligd  oon  Enrique  IV  y  tomtf 
la  ofensiva  contra  España,  de  cujas 
resultas  Hawkins  saqueó  las  colonias 
españolas  de  América,  al  propio  tiem- 
o  que  el  conde  de  Esssx  oomber^ 
eaba  a  Cádiz. 

Apoyó  en  Portugal  las  pretensiones 
del  prior  de  Crato,  con  el  intento  de 
perjudicar  los  derechos  de  Felipe  II  i 
la  sucesión  de  aquella  corona. 

Anuló  la  acción  de  ambas  Cámaras 
y  no  tuvo  más  lej  que  su  libre  albe- 
drío. 

Sustituyó  al  jurado  tos  tribunales 
de  excepción,  tales  como  el  tribunoiát 
alta  comisión  y  la  famosa  e&mara  «ttr»- 
liada,  cómplices  humildes  de  las  pa- 
siones de  la  mujer  y  de  la  política  de 
la  reina  absoluta. 

3.  Retrato  de  la  reina. — Inteligen- 
cia superior,  talento  profundo,  carác- 
ter teuaz,  habilidad  maravillosa,  in- 
triga consumada,  gran  espíritu  de 
gobierno.  Gstas  extraordinarias  dotes 
vienen  á  explicarnos  la  situación  del 
pueblo  inglés  bajo  aquel  prodigioso 
reinado:  Spencer,  Shakespeare  j  Fran- 
cisco Bacon  enaltecían  con  sus  libros 
las  artes  y  las  ciencias,  cubriéndolo 
todo  con  su  manto  de  gloria;  el  pri- 
mer periódico  inglés,  TÁe  Engltsk 
Aíercnrjf,  se  dió  &  tusen  aquella  época; 
6orecían  inmensamente  la  industria  y 
el  comercio;  se  inauguraba  la  Bolsa 
de  Londres,  con  el  título  de  Soj^él 
Sxchaí^ey  cambio  real  (1571);  la  ma- 
rina contaba  1.232  buques,  de  40  que 
antes  tenía;  Cavendísb,  Waltar  Ra- 
leig,  Drake,  Hawkins,  Davis,  Hum- 

fthrej  Gilbert  y  Frobisher  surcaban  • 
os  mares,  realizando  las  osadas  em- 
presas de  donde  viene  la  Inglaterra  de 
aoy.  Sólo  asi  se  explica  también  el 
hecho  casi  fabuloso  de  que  una  reina 
en  quien  se  mezclaron  más  de  una 
vez  la  reina  y  la  dama,  se  viera  idea- 
lizada por  todo  ti  mando  con  el  epí- 
teto de  la  Reina  virgen. 

4.  Retrato  de  la  mujer.  —  Carácter 
moral,  (Tondueta  liviana,  irritabilidad 
extrema,  vaoidad  pueril,  envidia  r«n- 
corosa,  crueldad  heredada  de  sn  pa- 
dre. 

Carácter  iníelectMal.  Isabel  fné  in- 
dudablemente la,  mujer  más  docta  de 
BU  país  y  uno  de  los  entendimientos 
más  educados  de  su  siglo.  Hablaba 
correcta  y  fácilmente  el  griego,  el  la- 
tín, el  italiano  y  el  francés;  de  tal 
modo,  que  compartía  los  largos  ocios 
de  SUS  deleites  con  el  placer  de  tradn. 
cir  á  Sófocles,  Demóstenes,  Horacio, 
y  en  comentar  al  ^ran  Platón.  Tra- 
tándose de  esta  mujer  singularísima, 
uno  de  los  genios  más  confusos  que 
conocen  los  fastos  humanos,  la  histo- 
ria no  tiene  mis  qne  dos  caminos: 
adorarla  antes  v  quemarla  después,  ó 
quemarla  en  vida  y  adorarla  en  mnerte. 

5.  Entre  los  pretendientes  que  la 
solicitaron  en  matrimonio,  figuran  el 
duque  de  Holsteio,  el  de  Alengon,  el 
hijo  del  Elector  palatino,  d  conde  da 


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ISAB 


ISAB 


ISAB  175' 


Airan,  «1  nj  d«  Suecia  y  Felipe  IT. 
6.  ConlgÁBKLftcalxS  la  nmt  de  los 

Tador. 

Isabel  de  Borbón.  Beina  de  Espa- 
ñi,  hija  de  Enrique  IV  de  Francia  y 
de  María  de  Médioís,  nacida  en  Fon- 
tiinebleaa  en  1602  j  maerU  en  1644. 
Siendo  de  corta  edad,  fué  prometida 
«1  príncipe  del  Piamonte;  ^eio  poco 
deipués  ae  ajustó  j  llevó  a  efecto  el 
doble  nutrimonio  de  esta  princesa  con 
el  TBy  de  España,  Felipe  IV,  j  de  la 
hermana  de  éste,  Ana  de  Austria,  con 
Lois  XIII  de  Francia,  hermano  de  Isa- 
Bn«  Consagrada  desde  entonces  á  los 
intereses  del  reino,  no  pudo  ver  con 
iadiforencia  la  inevitable  ruin»  á  que 
le  conducía  la  desatentada  adminis- 
tneíÓD  del  cond»4uqaede  Olivarea,^ 
trabajó  asiduamente  hasta  conseguir 
10  caída;  eontribujrd  con  eficacia  á 
levantar  un  ^ército  de  50.000  hom- 
bres para  sostener  el  honor  de  las  ar- 
mas españolas,  é  hizo  que  su  marido 
le  pusiera  á  la  cabeza,  quedando  ella 
entreunto  encargada  del_  gobierno. 
Querida  de  todos,  y  después  de  haber 
hecho  cuanto  bien  estaba  en  su  mano 
realiiar,  murió  á  los  23  años  de  reina* 
do  y  41  de  edad.  En  esta  princesa, 
como  en  Isabel  de  Valois,  se  ha  ceba- 
do la  calumnia  durante  dos  siglos,  su- 
¡MBÍéndolft  anos  criminales  amores 
con  el  famoso  cuanto  desdichado  don 
Joan  de  Tarsis,  segundo  conde  de  Vi- 
llamediana.  A  pesar  de  las  pruebas 
aducidas  por  los  que  han  querido  sos- 
tener  esta  calumnia  histórica  y  del 
«pojo  que  parecían  prestarle  algu- 
nas eomposiciones  del  mordaz  poeta, 
ho;  la  luz  ha  venido  á  esclarecer  este 
punto,  y  la  virtud  de  Isabbl  dk  Bob- 
BÓH  ha  quedado  ¿  salvo  de  toda  ca- 
lumniosa imputación.  SI  doctísimo  li- 
terato don  Juan  Eugenio  Hartzen- 
busch,  en  su  discurso  de  contestación 
ádonFranciacoCutanda,  al  hacer  éste 
la  recepción  en  la  Academia  Española, 
ha  contribuido  tan  poderosamente  á 
esckrecer  este  episodio  del  reinado  de 
Felipe  IV,  que  hoj  nadie  se  atreve  á 
sostener  teñamente  lo  que  basta  aquí 
sa  había  eonsiderado  como  verdad  m- 
eontroTertible. 

Isabel  de  Braganaa.  Reina  de  Es- 
paba,  bija  de  Juan  IV  de  Portugal  / 
mojer  de  Fernando  VII,  qne  nació  en 
Lisboa  en  1797  y  murió  en  Madrid 
en  1818,  Casada  en  1816  con  Fernan- 
do, muy  pronto  su  carácter  dulce  y 
Graneo,  su  sólida  instrucción  y  su 
amor  á  las  ciencias  y  á  las  artes,  así 
como  los  beneficios  que  derramaba  en 
torno  SUJO,  unidos  al  interesante  es- 
pectáculo que  ofrecía  el  verla  en  pú- 
olieo  dendo  el  pecho  á  una  bija  que 
tuvo,  la  granjearon  universales  sim- 
patías. Estas  se  manifestaron  plena- 
mente en  las  demostraciones  publicas 
de  dolor  qne  dio  la  nación  entera  al 
ocurrir  au  temprana  muerte. 

Isaibel  Qara  Eugenia  de  Aus- 
tria, la&nta  de  Bspafia,  duquesa  de 
Brabante  y  condesa  de  Flandei,  hija 
de  Felipe  11  y  de  Isabel  de  Valois; 
nació  en  1566  v  murió  en  1635.  Pro- 
puesta por  el  Gabinete  español»  oomo 


nieta  del  pariente  más  próximo  de 
Enrique,  para  ocupar  el  trono  de 
Francia,  vió  éste  frustradas  sus  pre- 
tensiones cuando  se  atendió  al  mejor 
derecho  de  Enrique  de  NaTarra.  Cuan- 
do Felipe  II  perdió  la  eiperanxa  de 
cefiir  la  eorona  de  Francia  £  las  sie- 
nes de  su  hija,  la  casó  eon  Alberto, 
hijo  de  Maximiliano  II,  en  1597,  dán- 
dola en  dote  la  soberanía  de  los  Paí- 
ses Bajos  T  el  Franco  Condado,  Isabbl 
acompañó  á  su  esposo  en  las  euerras 
contra  los  holandeses,  y  hallándose 
en  el  sitio  de  Ostende,  se  dice  que  hizo 
voto  de  no  mudarse  de  ropa  blanca 
hasta  haber  tomado  la  plaza.  Esta,  no 
obstante,  resistió  tres  afios  el  sitio,  y 
como  la  princesa  cumpliera  escrupu- 
losamente su  promesa,  sus  ropas  to- 
maron un  color  leonado,  que  dio  orÍ- 

fen  al  color  llamado  Isabbl.  Privada 
a  la  soberanía  de  los  Países  Bajos 
por  su  sobrino  Felipe  IV,  que  no  la 
dejó  sino  el  título  de  gobernadora,  de- 
fendió el  Brabante  contra  los  repeti- 
dos ataques  del  príncipe  de  Orange  y 
desbarató  una  conspiración  que  se  tra- 
maba para  erip^ir  los  Países  Bajos  ca- 
tólicos en  república  independiente. 

Isabel  de  Castilla  ó  Isabel  la  Ca- 
tólica. En  el  oscuro  cuadro  en  que  se 
agitan  las  figuras  del  débil  é  impo- 
tente rej  Enrique  IV;  de  su  ambicio- 
sa mujer  la  princesa  Doña  Juana  de 
Portugal;  del  orgulloso  favorito  don 
Beltrán  de  la  Cueva,  que,  merced  al 
amor  de  Doña  Juana,  se  elevó  en  po- 
cos años  desde  paje  de  lanza  á  la  alta 
dignidad  de  marqués  de  Ledesma,  du- 
que de  Alburquerque  y  gran  maestre 
de  Santiago;  y  de  aquellos  nobles  re- 
beldes, encanecidos  en  las  facciones, 
que  en  una  asamblea  reunida  en  la 
ciudad  de  Avila  deponen  á  Enrique  IV 
^  le  despojan  en  estatua  de  todas  las 
insignias  reales,  aparece  la  infanta 
Do.^A  Isabbl,  nacida  en  la  villa  de 
Madrigal  el  22  de  Abril  de  1451,  como 
un  punto  luminoso,  como  una  blanca 
estrella  en  un  cielo  oscuro,  como  la 
hermosa  luz  que  ha  de  ^uiar  á  Casti- 
lla al  puerto  de  salvación,  según  tra- 
taremos de  demostrar.  La  reina  Doña 
Juana  había  dado  ¿  luz  una  hija,  que 
los  enemigos  de  su  esposo  trataron  de 
ilegítima,  apellidándola  la  Beltranea» 

Sor  juzearla  Mía  del  orgulloso  valido 
on  fieltrán.  Educada  DoRa  Isabbl, 
en  Arévalo,  con  la  major  piedad  y  re- 
cogimiento por  su  noble  madre,  con- 
taría doce  años  apenas  cuando  Dou 
Enrique  la  llevó  á  su  palacio,  con  su 
hermano  Alfonso,  aparentemente  para 
terminar  su  educación,  pero,  en  reali- 
dad, dice  el  padre  Flórez,  para  que 
no  sirviese  de  bandera  á  los  descon- 
tentos. Tarea  inútil,  pues  los  nobles 
rebeldes,  al  deponer  a  Enrique,  pro- 
clamaron á  Alfonso.  Muerto  repenti- 
namente Don  Alfonso,  el  5  de  Julio 
de  1467,  en  Cardeña,  j  privados  de 
un  jefe  los  nobles  confederados,  ofre- 
cieron la  eorona  á  la  infanta  Do5:a 
Isabbl,  que  la  rehusó  diciendo:  Desee 
á  mi  hermano  el  rey  una  larga  vida,  y 
mentrat  él  «tea,  %u%ca  consentiré  en  to- 
mar ti  titulo  di  rtina;  noble  respuesta 


que  le  eaptÓ  las  simpatías  de  todos  los 
castellanos,  los  cuales,  vista  la  ilegi- 
timidad de  la  Beltraiujat  obligaron  á 
Enrique  á  reconocer  por  su  heredera  i 
su  hermana  Isabbl,  acto  solemne  que 
se  celebró  el  19  de  Setiembre  de  1468 
en  la  Venta  de  lo»  Toros  de  Quisando. 
Entre  los  diversos  pretendientes  á  la 
mano  de  DoSa  Isabbl,  se  contaba  el 
infante  DonFernando  de  Aragón;  pero 
este  enlace  no  era  del  agrado  de  una 
parte  de  la  nobleza,  que  habría  prefe- 
rido una  alianza  con  Portugal,  y  mu- 
cho menos  de  Enrique,  que  á  él  se 
opuso  con  todas  sus  fuerzas.  Doña 
Isabbl,  sin  embargo,  aconsejada  por 
sus  parciales  7  atendiendo  al  porve- 
nir de  Castilla,  resolvió  unirse  con 
Don  Fernando,  desposándose  con  él 
en  Valladolid,  i  euja  ciudad  había 
llegado  seeratamente  el.ia&nte  de 
Aragón  el  18  de  Oetnb»  da  1469,  ea- 
sáadose  al  siguiente  dia  en  oLpaúeio 
de  un  campeón,  don  Juan  de  vivero. 
Días  antes  había  escrito  á  su  herma- 
no, que  estaba  en  Sevilla,  pidiéndole 
permiso  para  presentarse  a  él  con  su 
marido;  y  apenas  realizada  la  boda, 
los  jóvenes  esposos  le  enviaron  emba- 
jadores, asegurándole  su  obediencia  j 
su  deseo  de  considerarle  como  á  un 
padre,  remitiéadole  las  capitulaciones 
firmadas  por  el  infante  Dou  Fernan- 
do. El  re^  acogió  muv  fríamente  á  los 
embajadores,  los  soalas  no  pudieron 
recabar  de  él  otra  respuesta  que  ésta: 
Sem^aníe  asunto  es  muif  grave  y  yo  iv- 
solveré  sobre  él.  Sea  que, Enrique. ao 
hubiese  olvidado  los  iatiureaes  de  la 
que  juzgaba,  6  aparentaba  al  mraos 
juzgar  como  sn  hija,  ó  que  la  boda  de 
su  hermana  con  Don  Fernando  no  le 
agradase,  lo  cierto  es  que  anuló  la 
declaración  hecha  en  favor  de  Dofía 
Isabel  y  declaró  á  Doña  Juana  por 
su  sucesora  única  j  directa,  en  la  hora 
de  su  muert«(12deDiciembrede  1474). 
Fernando  é  Isabbl  protestaron.  Dona 
Juana,  desposada  recientemente,  por 
consejo  de  sus  amigos,  con  el  xay  Don 
Alfonso  de  Portugal,  que  ambiciona- 
ba la  corona  de  Castilla,  v  apojada 
por  el  arzobispo  de  Tuledo,  el  mar^ 
qués  de  Villana,  la  familia  de  los 
Mendosas  y  obros  nobles,  resolvió  fiM 
su  causa  al  t^ee  de  las  armas.  La 
infanta  Do.^a  Íbabbl  tenía  á  su  favor 
i  la  mejoría  de  la  nobleza  y  del  pue- 
blo, por  la  brillante  reputación  que 
había  logrado  adquirir  en  medio  de 
aquella  corrompida  corte  y  á  través 
de  aquellos  turbulentos  dí;is.  Durante 
algún  tiempo  vaciló  la  fortuna,  basta 

?ue  en  la  célebre  batalladeToro(1476) 
ué  derrotado  el  ején-iio  del  rej  de 
Portugal  y  los  partidarios  de  la  Bel- 
íraneja  comenzaron  á  someterse,  hasta 
que  la  infeliz  princesa,  abandonada  de 
Don  Alfonso, qne  ^  no  podía  alcanzar 
con  su  mano  una  corona,  tomó  el 
velo  de  religiosa  en  Coimbra.  Don 
Fernando  heredó  en  aquel  mismo  año, 
por  muerte  de  so  padre,  el  íeiao  da 
Aragón,  y  al  tratarse  de  la  unida  de 
ambas  coronas,  apareció  la  primera 
nube  en  el  cielo  de  Isabbl  j  Fernando, 
que  Isabbl  supo  disipar  con  su  gran 


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ISAB 


talento  y  ia  rntg^ainimo  eonctfn.  Bn 
«oftambrfl  en  U  Edad  media  que  el 
lexo  más  fuerte  ejerciese  todos  los  de> 
reehos  por  el  mis  débil;  pero  los  cas' 
tellsnos,  celosos  de  su  independencia 
7  de  las  prerrog>ativas  de  sa  reina, 
resolvieron  asegurarla  el  ejercicio  real 
de  ellas.  Al  fio,  se  acordó  que  los 
nombres  de  los  dos  esposos  figurasen 
juntos  en  todos  los  actos  del  gobier- 
no; jr  en  la  moneda,  el  del  rey  el  pri- 
mero, en  consideración  á  su  sexo,  pero 
en  el  escudo  real»  las  armas  de  Casti- 
lla las  primeras;  que  Isa.bsl  nombra- 
ra para  todos  los  empleos  civiles  y  mi- 
litares de  Castilla  j  para  los  benefi- 
cios eclesiásticos;  que  siempre  que  se 
hallaren  reunidos  gobernasen  juntos; 
y  cada  uno  en  la  provincia  en  que  se 
bailare,  cuando  estuviesen  separados. 
Tal  divisidn  de  poderes,  dice  un  ilus- 
trado aatori  fué  religiosamente  obser- 
vada durante  toda  su  vida  por  Doña 
Is&BSL,  á  eujras  altas  dotes  j  singular 
capacidad  se  debió  la  paz  j  baena  in- 
teligencia en  que  vivió  con  el  ambi- 
cioso Don  Fernando,  sin  tolerarle  in- 
tervenir en  el  gobierno  de  Castilla. 
Sin  embargo,  el  rej  de  Aragón  mostró 
claramente  su  reseutimiento  por  la 
superioridad  de  facultades  otorgadas 
á  su  esposa;  pero  ella  consiguió  aqui> 
tarle  dulcemente  con  las  protestas  de 
su  amor  y  eon  las  seguridades  de  que 
ella  sólo  sería  reina  donde  él  fuese 
re/.  Las  fiimilias  de  los  Quzmanes  y 
de  los  Ponces,  así  como  otras  varias 
de  AndalnoUt  so  color  de  afianzarse 
eonttm  los  ioemigos  del  reino,  acre- 
centaban fus  estados  é  iban  haciéndo- 
se temiUes.  DoSa.  Isabbl  tomó  £  su 
amo  tan  grave  asunto:  llegó  á  Se- 
vilU  (1478j;  arregló  las  disensiones 
entre  el  duque  de  Medina-Sídonia  j 
el  marqués  de  Cádiz,  recobrando  las 
tierras  que  tenían  de  la  corona;  orde- 
nó varios  castigos  j,  por  último,  otor- 

f*ó  un  perdón  general,  que  le  atrajo 
as  bendiciones  de  gran  número  de 
fiimilias.  En  esta  ciudad  y  en  este  año 
dió  á  luz  al  príncipe  Don  Juan.  Re- 
sueltos los  reyes  á  dar  una  prueba  de 
vigor  contra  la  morisma  y  aprove- 
char la  división  que  reinaba  entre  los 
árabes,  exigieron  al  rej  moro  de  Crra- 
nada  el  tributo  pactado  con  sus  ante- 
CMores,  que  hacia  tíempo  que  los  ára- 
bes no  pagaban.  El  rej  moro,  sin  in- 
tímidarse,  respondió:  Que  donde  los 
árahee  «uñaban  ra  noiüdttt  forjaban 
íambie'n  las  armas,  y  sin  razón  tii  de- 
recho se  apoderaron  de  la  importante 
plaza  de  Zafaara,  dando  así  la  señal 
de  nna  invasión  de  los  castellanos  en 
Andalucía  y  de  una  tenaz  y  porfiada 
lacha.  Resuelta  á  todo,  Doña  Isabiíi., 
que  había  quedado  en  Castilla  orga- 
nizando tropas,  se  presentó  en  el  ejér- 
cito de  Andalucía,  causando  su  pre- 
sencia, dice  el  señor  Díaz  Canseco,  el 
mayor  entusiasmo  entre  aquellos  in- 
domables guerreros,  v  no  sin  funda- 
mento, pues  ora  auxiliaba  á  Don  Fer- 
nando con  sus  consejos,  ora  reelntaba 
fuerzas,  ora  se  exponía  i  los  majrores 
peligros,  prestando  nuevo  valor  á  sus 
•oludos,  que  teniéndola  eeresi  se  juz- 


ISAB 

gabán  eapsees  de  los  más  altos  hechos. 

En  el  campo  moro  ardía  la  peor  de 
todas  las  guerras,  la  guerra  civil:  el 
infante  fioabdíl,  en  unión  de  su  tío 
Mohamed-el-Zagal,  destronó  i  su  pa- 
dre, y  luego  tío  y  sobrino  se  declara- 
ron la  guerra;  los  suyos  les  obligaron 
á  dividir  el  dominio  del  reino  y  á  lu- 
char sin  tregua  contra  los  cristianos. 
¡Triste  ilusiónl  Boabdil,  sitiado  en 
Loja  (14S6),  no  recibió  loa  auxilios 
ofrecidos  por  su  tío,  y  herido  y  de- 
rrotado, se  entregó  á  Don  Fernando, 
ouien,  oído  el  parecer  de  la  reina,  le 
dejó  en  libertad,  logrando  lo  qne  Do- 
Ña  Isabbl  había  predicho,  esto  es, 
que  apenas  se  vió  libre,  volvió  las  ar- 
mas contra  su  traidor  tío  Mohamed-el- 
Za^al.  A  pesar  de  sus  divisiones  in- 
teriores, que  llevaron  á  una  de  las 
facciones  moras  á  luchar  al  lado  de 
los  cristianos,  y  de  ser  Granada  una 
ciudad  abierta,  su  conquista  costó 
diez  largos  años  de  nna  lucha  obsti- 
nada y  sangrienta,  durante  los  cuales 
fué  tomada  Alhema,  baluarte  y  ante- 
mural de  Granada;  Málaga,  depósi- 
to del  comercio  entre  España  y  el 
Africa,  y  Baza,  ciudad  entonces  de 
50.000  habitantes.  En  el  interior  de 
la  ciudad  sitiada,  el  hijo  combatía 
contra  el  padre;  Abdalah  y  su  tío  el 
Zagal  se  repartían  los  restos  de  aque- 
lla soberanía  agonizante;  y  Boabdil, 

firisíonero  en  un  nuevo  combate  de 
os  reyes  castellanos,  teniendo  en  po- 
der de  ellos  á  un  hijo  en  calidad 
de  rehenes,  y  habiéndose  visto  obli- 
gado para  salvarse  á  reconocerse  va- 
sallo de  Isabbl  y  Fernando,  seguía, 
más  bien  que  impulsaba,  la  obstinada 
defensa  del  pueblo.  Do.^a  Isabbl,  ído- 
lo de  los  castellanos,  sitió  la  ciudad 
con  80.000  soldados,  á  cuyo  frente  se 
hallaban  los  futuros  conquistadores 
de  Berbería,  Málaga  y  Xápoles,  Pedro 
Navarro,  el  marqués  de  Cádiz  y  el 
Gran  Capitán.  No  es  posible  pintar 
las  contrariedades  y  las  luchas  que  el 
ejército  cristiano  nubo  de  sostener, 
contento  y  satisfecho,  por  tener  á  su 
lado  á  su  querida  reina;  ni  la  fe  y  el 
valor  de  aquella  heroica  señora,  á  la 
que  nada  logró  vencer,  ni  menos  des- 
animar: un  moro  fanático  intentó  dar- 
la de  puñaladas,  salvándose  mila^- 
samente;  nn  incendio  destruyo  el 
campamento,  que  ella  reedificó,  no  de 
lienzo,  como  el  anterior,  sino  de  pie- 
dra, haciendo  levantar  en  ochenta  días 
la  población  da  Sania  Fe,  con  lo  cual, 
al  par  que  mostró  su  diligencia  por 
el  soldado,  indicó  á  los  moros  que,  si 
persistían  en  no  rendirse,  el  sitio  se- 
ría eterno.  Agobiada  la  ciudad  por  el 
hambre,  el  pueblo  amotinado  abrió 
sus  puertas  á  Isabbl  y  Fernando,  bajo 
la  promesa  de  que  se  les  dejarían  jue- 
ces de  su  nación  y  el  libre  ejercicio 
de  su  culto;  y  el  2  de  Enero  de  14^2, 
la  enseña  de  Cristo  substituyó  en  los 
altos  minaretes  de  Granada  á  la  me- 
dia luna.  Cuando  Boabdil  presentó  á 
los  reyes  la  llave  de  la  ciudad,  y  Íes 
pidió  permiso  para  retirarse  al  Africa 
con  gran  parte  de  sus  riquezas,  la 
noble  reina  arrojó  ti  hijo  de  Boabdil, 


ISAB 

que  tenía  ftn  rehenes,  en  los  biaiot  de 
su  padre,  como  el  mejor  eonsaeloqas 

ftodfa  darle  en  lance  tan  amargo.  Pare 
a  conquista  de  Granada,  la  salida  de 
España  de  ta  morisma,  después  de 
ocho  siglos  de  incesante  lucha,  la  le- 
conquista  de  nuestro  hermoso  SHelo, 
no  bastaban  á  su  gran  corazón,  y  el 
cielo  le  pruporcionó  la  dicha  de  uuir 
su  nombre  á  una  empresa  considerada 
entonces  imposible, al  descubrimiento 
de  un  nuevo  mundo.  Un  pobre  y  os- 
curo genovés,  Cristóbal  Colóo,  lia 
nombre,  sin  pan  que  llevar  á  la  booa, 
él,  que  llevaba  en  la  frente  un  mondo, 
conoce  los  errores  de  la  antigua  geo- 
grafía, proclama  nuevos  principios, 
ofrece  á  su  patria,  primero,  y  In^o  á 
los  reyes  de  Portugal  y  de  Inglaterra, 
un  nuevo  mundo,  que  nadie  acepta. 
Acude  al  campo  de  ^iita  A,  delante 
de  Granada,  y  habla  eon  el  rey  Fer- 
nando, que  le  despide  eon  neritud; 
pero  estaña  allí  Üo.^a  Isabel,  que  era 
un  talento  profundo,  una  iiitaligeneU 
superior,  que  oye  á  Colón,  que  le  oom- 

S rende  y  le  admira,  y  que,  en  vista 
e  la  negativa  de  su  esposo  á  tomar 
la  más  mínima  parte  en  la  empresa 
por  cuenta  de  su  reino  de  Arsgsn, 
empeña  sus  alhajas  por  las  cantidtdei 
necesarias  para  la  expedición.  Ocho 
meses  después  de  la  conquista  de  Gra- 
nada salió  Colón  del  puerto  de  Palos, 
en  Huelva,  eon  tres  carabelas,  púa  Ir 
á  surcar  mares  deseouocidos,  onsear 
otro  continente  en  el  hemisferio  occi- 
dental y  conquistar  nn  nombre  eterna 
Después  de  una  navegación  larga  y 
penosa.  Colón  r^esd  á  Palos  al  lo 
de  Marzo  de  1493;  los  reyes  se  halla- 
ban á  la  sacón  en  Barcelona,  y  el  ilus- 
tre marino  corriiáaquelU  oíudsd,  eo 
la  que  obtuvo  una  entrada  triunfid, 
á  darles  cuenta  de  su  viaje,  á  noti- 
ciarles sus  descubrimientos,  á  presen- 
tarles los  individuos  de  las  razas  que 
habitaban  aquellas  zonas,  hasta  en- 
tonces desconocidas,  y  á  entregarles, 
con  el  oro  de  sus  montañas,  lü  pro- 
ducciones más  raras  y  curiosas  de  la 
7ona  tórrida.  Isabel  y  Fernando  le 
hicieron  sentar  junto  ásn  trono,entt» 
blecieron  á  su  familia  eon  el  tltólo  de 
duque  de  Veragua,  confirmaiDn  los 
privilegios  que  con  él  habían  pactado 
y  prepararon  una  nneva  escuadra  pera 
que  Colón  continuase  sus  descuorí- 
mientos  y  estableciese  nuevas  colo- 
nias. ¡Lástima  grande  que  esta  ilustre 
señora,  dejándose  llevar  delasqunas 
de  los  cortesanos  envidiosos  de  Colón 
y  de  los  turbulentos  aventureros  á 
quienes  él  tuvo  que  castigar,  creyera 
q.ue  la  malversación  y  la  avaricia  de 
Colim  eran  las  causas  del  poco  dinero 
que  se  recibía,  y  tolerase  que  el  gran 
almirante  atravesara  cargado  d«  cade- 
nas los  mismos  mares  que  su  poderoso 
genio  había  dominado!  Por  fortuna, 
comprendió  que  había  sido  pérfids- 
mente  engañada  y  le  devolvió  su  gra- 
cia, dándole  el  mando  de  una  nueva, 
aunque  pequeña,  escuadra  al  objeto  de 
buscar  un  camino  más  corto  pars  las 
Indias. Durante  la  guerra  de  Granadn, 
los  Reyes  Cst>51ico8  pagaron  el  ipoyo 


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ISAB 


qao  los  nobles  les  prestaron  i  costa 
de  graades  privilegios  j  ricas  oonce- 
sioDes:  casi  Codas  las  propiedades  te- 
rritoriales» dice  un  autotj  se  hallabaa 
ea  podev  de  los  grandes;  una  parte  de 
lu  tierras  conquistadas  pasaba  a  sus 
manos,  j  las  iamunidades  y  derechos 
d«  los  nobles  los  elevaban  al  rango  de 
peqqeüos  soberanos;  los  alistamientos 
voluntarios  fueron  ínsafieientes  para 
la  guerrat  y  como  los  bienes  de  la 
nobleza  se  bailaban  exentos  de  las 
ca^s  públicai,  U  de  saminiitiac 
soldados  puií  soUmente  sobre  laseta- 
dadet.  ho9  rojea  confiaron  i  las  ciu- 
dades el  caidsdo  de  Kurteser  sus  ejér* 
eitoi,  eoncediéndolei  en  premio  rae- 
ros, privilegios  j  voto  en  Cortes;  re- 
vocaron las  concesiones  heehas  á  los 
grandes  para  comprar  sn  snmisión, 
así  por  Enrique  Iv  como  por  ellos; 
pooo  á  poco-eitendieron  las  prerroga* 
uvas  de  la  corona  j  recortaron  el  po- 
der dé  los  nobles;  por  último,  frente 
i  1o<  seftores  pusieron  á  his  ciudades, 
eujos  diputados,  con  gran  disgusto 
di  los  nooles,  tenían  una  oonsidera- 
bla  parte  en  el  gobierno,  puesto  que 
Us  Cortes  votaban  las  oontríbuciones, 
oto^ban  los  subsidios  para  la  gue  - 
na,  decidían  las  cuestiones  más  ar- 
dus  y  publicaban  Us  lejes.  Da  este 
modo,  y  las  más  veces  por  decisión 
del  Cónsfljo  de  Castilla,  morón  arran- 
eando á  los  gmndw  las  oonsiderables 
tieriafl  que  so*  predecasorei  y  ellofe 
mismos  les  habían  aoneadido;  en  la-^ 

Jar  de  abandonarles  la  goberoaeidn 
el  Retado  y  los  primeros  puestea  de 
la  administración,  fueron  llamando 
para  ocuparlos  i  hombres  del  pueblo; 
reanisron  ios  tres  grandes  maeatraz- 
gos  de  las  órdenes  militares  de  A.lcia- 
tara,  Santiago  y  Uontesa,  teniendo 
la  habilidad  da  hacérselos  conferir 
por  los  mismos  caballeros,  con  la 
aprobación  del  Papa,  y  conquistando 
así  de  un  golpe  un  numeroso  ejército 
J  enantioaos  bienes.  Llegamoa  á  la 
negra  nube  que  oscurece  el  reinado 
de  Dou  IsABBL,  al  ostableeimíento  de 
la  Inqnisición,  realizado  i  instanrás 
del  eélebr*  fraj  Tom&a  de  Torqae- 
mada,  por  U  «sois  eizaña  nmcUda 
emite  el  grano  do  U  fe,  por  la  maU- 
cu  del  enemigo,  por  el  comercio  congen- 
Ut  mahometanas  y  judaica»  y  por  el  mh- 
eko  desorden  de  lot  reinados  precedentes. 
El  eondo  d9  Fabraquer,  ocupándose 
de  éste  asunto,  declara  que  la  Inqui- 
sición destruyó  por  largo  tiempo  la 
felicidad  de  los  pueblos  y  sofocó  el 
genio  y  las  luces  bajo  un  odioso  des- 
potismo; lo  cierta  es  que  su  estableci- 
oieato,  aunque  dirigido  en  un  prin- 
cipio oontra  los  moros  7  los  judíos, 
li^ó  á  ser  un  arma  terrible,  y  el  plan- 
teamíento  de  aquel  odioso  tribunal 
encontró  grandes  obstáculos  en  Bspa- 
úa,  principalmente  en  A.ragón,  pues- 
to^ qos  en  Zaragoza,  y  dentro  del 
mismo  templo,  fué  asesinado  ano  da 
les  inqoisiaores  para  atemorizar  á  los 
demás.  Una  Tez  colocado  el  pie  en 
ana  pendiente  tan  resbaladiza,  no  era 
posible  retroceder;  así  es  que  los  ju- 
díos no  tardaron  en  recibir  U  orden 


ISAB 

de  convertirse  &  la  fe  cristiana  d  salir 
de  España,  en  el  término  de  cuatro 
meses,  sin  poderse  llevar  oro  ni  pla- 
ta, abandonando  nuestro  suelo  ctento 
setenta  mil  familias,  que  se  refugiaron 
en  Portugal,  Italia  y  Africa,  llegando 
el  caso  de  dar  una  viña  por  un  peda- 
zo de  tela  para  cubrirse,  j  ana  casa, 
por  un  caballo  para  huir.  Esta  ezpul- 
sión  fuá  terrible  para  la  población  y 
la  industria  de  España;  y  sin  embar- 
go, siete  años  después  (1499)  se  dio 
an  golpe  todavía  major.  Al  mirar 
violada  la  majoria  de  Us  condiciones 
con  que  los  moros  de  Granada  se  en- 
tregaron, víctimas  de  U  animosidad 
del  clero,  y  no  pudiendo  sufrir  U 
opresión  en  que  vivUu,  se  lanzaron 
los  moros  á  las  Alpujarras,  aguardan- 
do socorros  de  sus  hermanos  de  Afri- 
ca. Oou  Fernando  se  presentó  ante 
ellos  con  un  ejército;  pero  reconocien- 
do lo  cara  que  pagaría  sa  victoria, 
ofreció  á  los  moros  buques  para  pasar 
al  Africa,  á  raxán  de  veinte  ducados 
por  familia,  logrando  de  este  modo 
que  emigraran  más  setenta  mil  fa- 
milias, las  cuales  le  produjeron  con  el 
pago  de  su  huida  un  tesoro  inmenso, 
que  Don  Fernando  empleó  en  asegu- 

'  rar  la  superioridad  de  sus  armas  en 
Italia.  En  el  ho^ar  de  la  reina  no  ha- 

:  bía  más  que  tristezas  y  lágrimas:  la 
muerte  de  sa  híjq  Don  Joan  fué  le- 

fuída  de  U  de  U  princesa  iMbel,  casa- 
a  con  el  rej  de  Portanl;  de  los  sínto- 
mas de  locura  de  la  infanta  Dofia  Jua- 
na, la  infeliz  esposa  de  Felipe  el  ffer- 
moso;  y  del  repudio  de  Doñ^  Catalina 

for  au  disoluto  esposo  Enrique  VIII  de 
Dglaterra.  Do.^a.  Isabel,  dice  uno  de 
sus  mii  distinguidos  biúgrafos,  aque- 
lla gran  reina,  adorada  del  pueblo, 
no  pudo  resistir  á  tantas  desgracias; 
una  mortal  languidez  minaba  su  eus- 
teneia,  7  los  pesares  domésticos,  uni- 
dos á  una  enfermedad  del  pecho,  de- 
bilitaron su  oonatitueión  física  y  mu- 
rió en  Madrid  el  año  de  1504,  Clorada 
de  $us  súhditos  y  admirad^  de  la  Baro~ 
pít,  d^ando  poi  heredara  universal  de 
sas  estado*  a  sa  hija  Qoñt  Jn«na,  y 
disponiendo  que  fi  el  nrohidoque, 
esposo  de  éaU,  no  qnería  venir  á  Es- 
paña, fuese  su  «spoao  Don  Fernando 

Sobernador  de  loa  reinos  de  Castilla 
asta  que  sa  nieto  Garlos  llegase  á  la 
ma^or  edad.  Dulce  y  generosa,  tem- 
pló oon  au  cleoiencia  el  riguroso  ca- 
rácter de  Oon  Fernando;  protectora 
de  los  Ulentos  y  del  genio,  los  animó 
y  dió  vida  con  su  liberalidad.  A  ella 
se  debe  U  expulsión  de  los  moros,  el 
haber  abatido  el  despotismo  de  los 

f grandes  y  restablecido  el  imperio  de 
as  leyes;  el  descubrimiento  de  Amé- 
rica; el  mejoramiento  de  la  adminis- 
tración pública;  U  creación  de  la  San- 
ta Hermandad,  encargada  de  perse- 
l^uir  y  castigar  los  detitos  cometidos 
mera  de  poblado;  U  recopilación  de 
las  Ordtnanzas  y  U  introducción  de 
grandes  mejoras  en  la  legislación  ci- 
vil. La  ilustre  escritora  francesa  Ma- 
dame  Mongellas,  dice  «que  Do^a  Isa- 
BBL  reunU  á  las  cualidades  de  un 
grande  hombre,  Us  amables  prendas 


ISAB 


177 


da  ana  majer,  y  qne,  tan  liábil  en 
manejar  las  riendas  del  Estado  como 
en  conducir  un  ejército,  s^bía  inspi- 
rar confianza,  exciUr  el  vMor,  apro- 
vecharse de  Us  círcunsUaeias,  vencer 
las  dificulUdea  j  llegar  á  su  objeta, 
bien  por  el  camino  de  an  héroe,  bien 
ojn  la  destreza  de  an  político  profun- 
4o.>  Otro  ilustrado  publicista  afirma 
que  DoSa  Isabel,  para  ser  admirable 
en  todo,  jamás  olvidó  por  Us  ocupa- 
ciones dtl  gobierno  y  de  la  guerra  las 
obligacioues  propias  de  su  sexo;  aña- 
de que  dirigía  por  «i  misma  U  edu- 
eaoian  de  sas  hijos,  enseñaba  i  Us 
hembras  las  Ubof  es  femeninas,  7  se 
preciaba  de  qaa  su  marido  no  se  ou- 
Diese  puesto  une  camisa  fus  sl¡a  no 
hnHese  hilado  y  cosido.  Gonclujainos: 
si,  como  afiripa  nn  emiaente  liísto- 
rUdor,  DoSa  Ísasbi,  fué  apuesta  por 
completo  al  establecimiento  de  la  tn- 
quisiciJa,  y  «ólo  cedió  &  imperiosas 
exigencias  df  U  época  j  i  necesida- 
des  del  momento,  bien  puede  asegu- 
rarse, sin  dudas  y  sin  temores,  que  el 
reinado  de  Isabbl  la  Católica  es  la 
págiiia  mús  gloriosa  de  nuestra  histo- 
ria patria. 

J»iHM*tfii.— Opinemos  como  opine- 
mos, vajamqs  adonde  vayamos,  los 
españoles  somos  hijos:  antes,  de  Oon 
Alfonso  el  Sahlo  en  la?  Partidas;  des- 
pués, de  Isabbl  la  Católica  en  el 
territorio.  De  todos  fué  madre,  puesto 
que  á  todos  nos  dió  gloria  y  patria. 

Isabel  de  Foraesio.  Reina  de  Es- 
paña, hija  de  Eduardo  111,  duque  de 
Parm(i,7  mujer  de  Felipe  V  de  Espa- 
ña, que  nació  en  1692  y  murió  en  1766. 
Aunque  poco  agraciada  de  rostro,  el 
resto  da  su  persona  no  estaba  despro- 
visto de  encantos,  unido  lo  cual  á  una 
vjva  imaginación  y  un  talento  é  ins- 
trucción superiores  á  su  sexo,  llegó  á 
dominar  tan  completamente  á  su  ma- 
rido, que  ésta,  no  sólo  la  profesó  siem- 
pre una  verdadera  pasión,  sino  que 
en  todos  los  negocios  seguía  con  pre- 
¿sreneia  sus  indicaciones.  Esta  in- 
fluencia empezó  á  dejarse  sentir  en  la 
expulsión  del  reino  de  la  Princesa  de 
los  Ursinos,  acto  que  le  conquistó  bien 
pronto  ana  ardiente  popularidad,  aun- 
que luego  U  malogró  hasta  cierto 
punto  con  la  preferencia  que  manifes- 
tó en  la  distribución  de  car^s  públi- 
cos. No  obstante,  conservo  siempre 
gran  influencia  en  los  negocios^  tuvo 
00  poca  parta  en  todas  las  medidas 
que  señalaron  aquel  reinado,  j,  parti- 
cularmente, el  ministerio  del  cardenal 
Alberoni.  Después  de  la  muerta  de 
Felipe  V,  vivió  en  U  major  reclusión 
en  San  Ildefonso^  y  sólo  cuando  murió 
su  hijastro  Fernando  VI,  volvió  á  U 
corte  á  gobernar  el  reino  hasta  la  lle- 
gada de  su  hijo  majror  Carlos  III,  <iue 
se  hallaba  en  Nápoles.  Murió  siete 
años  después,  en  Aranjuez,  j  fué  en- 
terrada con  Felipe  V  en  San  Rdefonso. 

Isabel  de  Portugal.  Reina  de  Es- 
paña, segunda  mujer  de  Don  Juan  II 
de  Castilla  j  de  León,  hija  del  infan- 
te Don  Juan  de  Portugal  y  de  Isabel 
Barcelos;  casó  con  Don  Juan  II  en 
1447,  contribuyendo  poderosamente  á 


TOUO  III 


23 


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1Í8  ISAB 


ISAN 


ISCA 


U  Olida  del  coadesUble  don  Airara 
de  Lana.  Tuto  ds  ua  matrimonio  dos 
hijos:  Isabal,  que  luego  fué  réioa  de 
Bipafla,  coa  el  título  de  la  Católica,  y 
Alfonso,  &  qaien  el  rey  se  inclinaba 
á  dar  el  cetro,  por  algunos  disgustos 
que  le  había  dado  efpríncipe  finri- 
(^oe,  hijo  de  su  primera  esposa  Cata- 
Una  de  Aragvjn,  pero  cujro  pensa- 
miento no  efectuó  por  no  exponer  el 
reino  i  la  guerra  civil.  Biaeito  Don 
Juan  II,  en  i454,  Isabel  sintió  tinto 
su  pérdida,  que  fué  acometida  de  una 
enajenación  mental,  por  lo  cual  se  re- 
tirá á  la  villa  de  A.révalo  y  allí  vivid 
haita  el  tfio  1496,  en  que  murió  des- 
pués de  cuarenta  j  dos  de  viudez, 
cuando  ya  reinaba  en  Castilla  su  hija 
Isabel,  «leipo  fué  tnsladado  por 
Im  eoiditdM  d*  ¿ite  «1  mouMafia  de 
MimOoni^  4a  fitiig«s»  ú  háo  de  sa 
esposo. 

Isabel  de  Valois.  Reina  de  Espa- 
ña, tercera  mujer  de  Felijie  II.  Nació 
en  Fontainebteau  en  154d  y  murió  en 
lifadrid  en  1568.  Era  hija  de  Enri- 
que II  j  de  Catalina  de  Médicis.  Fué 
prometida  al  hijo  de  Enrique  YIII  de 
Inglaterra,  Eduardo  VI,  que  murió 
antes  de  efectuarse  el  matríuionio; 
después  lo  fué  del  desdichado  prín- 
cipe Carlos,  hijo  de  Felipe  II,  y  con 
este  motÍTO  fné  llamada  Princesa  de  la 
Pat,  porque  sa  nnidn  produjo  el  tra- 
tado de  Chltoaa-<kmbre8Í8,  que  puso 
Sn  &  Ugoeir*  sntre  Bspafla  y  Fran- 
ca. P«D  tamo  9a  este  tiempo  faubie- 
n  mnerto  la  esposa  de  Felipe  II.  Ma- 
ría Tador,  reina  de  Inglaterra,  pidió 
éste  para  sí  la  mano  de  Isabel,  qaele 
fué  concedida,  verificándose  las  bodas 
en  París,  donde  el  duque  de  Alba  re- 
presentó al  monarca  español.  Reunié- 
ronse los  esposos  oGcialmente  en  Gua- 
dalajara  y  después  se  trasladaran  & 
Valladolid,  para  asistir  al  juramento 
del  príncipe  Carlos  como  heredero 
del  trono.  Bn  1503  pasaron  al  Bsco- 
rial,  para  presenciar  la  ceremonia  de 
colocar  la  primera  piedra  en  el  mo- 
nasterio de  San  Lorenzo.  En  1566  dió 
á  luz  IsABBL  una  hija,  que  se  llamó 
Isabel  Clara  fliuania,  que  fué  gober- 
nadora de  los  Países  Bajos,  y  al  afio 
siguiente  tuvo  otra,  que  se  llamó  Ca- 
talina Micaela  y  casó  con  Carlos  Ma- 
nuel, duque  de  Saboya.  En  1568  vol- 
vió á  sentirse  embarazada;  pero  los 
médicos,  que  desconocieron  su  mal, 
empezaron  á  propinarla  drogas  y  pó- 
cimas, m\iy  comunes  en  aquella  épo- 
ca, y  que  sólo  consiguieron  provocar 
U11  aborto  que  produjo  la  muerte  de  la 
reina.  Esta  repentina  desgracia,  acae- 
cida casualmente  á  los  pocos  meses 
del  fallecimiento  del  príncipe  Carlos, 
cuntribu^ó  no  poco  á  cimentar  la  ca- 
lumniosa sapoucída  da  ^aa  había  sido 
eareaenada  por  mandato  de  Felipe  II, 
qae^  conocedor  de  los  criminales  amo- 
res de  su  hijo  con  su  esposa,  había 
determinado  lavar  con  la  muerte  de 
antbps  ofensas  hechas  á  su  honra. 
Afortunadamente  la  historia  ha  doshe- 
cho  hoj  tales  fábulas,  y  sólo  la  novela 
puede  entretenerse  en  mancillar  la  re- 
putación de  una  pzinoesa  que  siem- 


pre fué  justamente  tenida  por  decha- 
do de  virtudes.  Su  cuerpo,  sepultado 
primero  en  el  convento  de  las  üescal- 
zas,  de  Madrid,  fué  trasladado  al  Bs- 
corial  en  1577. 

Isabela.  Comdn  dados.  Isabbuno, 
segunda  acepción, 

laabelino,  na.  Adjetivo.  Se  aplica 
&  la  moneda  que  lleva  el  busto  de 
Isabel  II.  ||  Con  el  mismo  epíteto  se 
distinguió  á  las  tropas  que  defen- 
dieron su  corona  contra  el  preten- 
diente i  ella.  I  Tratindosa  de  caba- 
llos, color  de  perla  6  entra  blanco  y 
amarillo. 

Isadelfla.  Femenino.  Botánica.  Es- 
tado de  las  planUs  isadelfias.  |  Tera- 
tología. Estado  de  los  monstrnos  do- 
bles, compuestos  de  dos  cuerpos  per^ 
fecta  é  igualmente  desarrollados,  cada 
uno  de  los  cuales  tiene  todos  los  órga- 
nos necesarios  á  la  vida. 

ETiuoLoafa.  Jtadelfo:  ftaneia,  wa- 
delpMe. 

taadelfo,  fa.  Adjetivo.  Botánica, 
Que  tiene  los  estambres  reunidos  en 
dos  haces  iguales.  |  Teratología,  Mons- 
truo por  isadelfia,  como  los  gemelos 
siameses  que  estuvieron  en  París. 

STiuoLOofA.  Grieffo  fvoc  (itat), 
igual,  y  sSeABÓc  (adelphátj,  hermano: 
francés,  isadelphe. 

Isagoge.  Voz  puramente  latina, 
derivada  del  griego*  Intboduccióh. 

BmiOLOOfA.  Griego  ümrfiayi^  (€Í$a~ 
gdgUj;  de  isot^  igual,  y  agdffói,  qne 
conduce;  «que  conduce  de  nn  modo 
igual:>  latín  de  Gelio  y  de  san  Isido- 
ro, isügdffa,  plural,  principios,  elemen- 
tos de  cualquier  ciencia  6  arte;  cata- 
lán, isagoge. 

Isagógico,  ca.  Adjetivo  anticuado. 
Lo  perteneciente  &  la  isagoge  6  intro- 
ducción. 

Isaías.  Bl  primero  de  los  cuatro  pro* 
fetas  majrores.  Era  hijo  de  Amóa  j  so- 
brino de  Amasias,  rey  de  Judá;  vivía 
á  fines  del  siglo  viiiy  principios  del  vii 
antes  de  Jesucristo  y  profetizó  bajo 
los  reinados  de  Osías,  Joatam,  Achaz 
y  Bzequías.  A  esta  último  príncipe  le 
anunció  da  parte  de  Dios,  primero, 
que  iba  i  morir  mnr  pronto;  después, 
que  su  vida  se  iba  a  prolongar  quince 
aSos  más;  y  para  confirmar  su  prome- 
sa, mandó  retroceder  la  sombra  del 
sol  dos  grados  sobre  el  cuadrante  de 
Achaz.  Al  fin,  fué  condenado  á  muer- 
te y  partido  en  dos  mitades  bajo  el 
reinado  del  impío  Manases,  hijo  de 
Ezequias,  hacia  el  año  694  antes  de 
Jesucristo  y  cuando  contaba  130  años 
de  edad.  Isaías  se  distingue  por  la 
vehemencia  de  la  expresión,  por  la 
sublimidad  de  las  imágenes  y  la  cla- 
ridad de  las  ideas.  Aunque  escribió 
en  prosa,  es  uno  de  los  grandes  poetas 
hebreos. 

ETiyoLOOÍA.  Del  hebreo /ascAs,  sa- 
lud, salvación,  y  lak^  el  Sefior,  Nom- 
bre del  primero  de  los  cuatro  profetas 
principales.  Era  hijo  de  Amos,  her- 
mano de  Amasias,  rejr  de  Judá.  (Mo.v- 

LAU.) 

Isandro.  Masculino.  Tiempos  he- 
roicos. Hijo  de  Belerofonte  y  de  Filo- 
noe,  que  murió  á  manos  de  Marte  en 


ana  batalla  que  dió  i  lof  f oUnoa,  pío- 

tegidos  de  aquel  dios. 

Isantéreo,  rea.  Adjetivo.  S^iití' 
ca.  De  antenas  igoales. 

BTXUOLoafA.  /raaío:  griego,  ii0i, 
igual,  y  antkifM,  ñotlio',  francés, 
isanthere, 

Isanto,  ta.  Adjetivo.  De  tegumen- 
tos florales  parecidos  entre  sí. 

ETiuOLOofA.  Griego  <«(»,  igual,  j 
áníhos,  flor:  ívo^  SvOx;  francés,  tiaiUA«. 

Isara.  Masculino.  Geografía.  El 
IsABA,  río  de  Francia,  que  nace  ea 
Saboja  (Plinio).  B  Bl  Uise,  río  de 
Francia,  que  nace  en  Honao  j  des- 
agua en  el  Sena. 

BtiuolooÍa.  Latín  Itára, 

laaría.  Femenino.  Boíániea,  Géne- 
ro de  hongos  caracterizados  por  una 
especie  de  capa  forináeaa  qno  los  cu- 
bre. 

Iiariado,  da.  AdjetÍTO.  Botámita, 
Parecido  á  la  ísaria. 

Isátida.  Femenino.  Boíániea,  Es- 
pecie de  plaftta  crucifera.  |  Zoología. 
Especie  de  mamífero. 

ÉtuiolooÍa.  Imtis. 

Isatideo,  dea.  Adjetivo,  ffittoria 
natural.  Parecido  i  la  isitida. 

Isatina.  Femenino.  Quimiea.  Pro- 
ducto de  la  oxidación  del  fndiffo  azul, 
calentándole  eon  una  porción  de  ácido 
nítrico  débil. 

EnuOLOota.  Itatit:  fteneés,  tiatiiu, 

Isatia.  Femenino.  Botánica,  Espe- 
cie de  lechuga  silvestre. }  Otra,  hor- 
tense, llamada  glasto»  que  sirve  para 
teñir  de  azul. 

Btimolooía.  Griego  foontc  (itatit), 
de  \.vé.^ta(isÁd*S},  yo  pulo,  jo  aderezo, 
porque  se  orejó  que  el  jugo  de  uta 

filante  deshacia  las  arrogas  de  la  pial: 
atfn  técnico,  isatis  ttnctoria,  de  Lin- 
neo;  francés,  isatis;  latín,  itStis,  yit- 
láatoídea.  Adjetivo.  Medicina,  Epí- 
teto de  la  bilis  azulada  que  se  Tomita 
en  alftiinas  enfermedades. 

BTmoLOaÍA.  Itatit  y  eldos,  forma, 
aludiendo  á  que  la  isaíit  es  da  color 
azul. 

Isániico  (tributo),  ffittoria^,  Im- 
puesto que  los  emperadores  de  Orien- 
te se  obligaron  á  pagar  i  los  iaauros, 
pan  impedir  sus  incursiones  en  tie- 
rras del  imperio. 

Isca.  Femenino.  Qeogra^  aaft- 
gna.  Ciudad  de  la  Bretaña.  (Antohi- 
NO  Pío.) 

Etiholooía.  Latín  /rea. 

Iscañote.  Sustantivo  y  adjetivo. 
Natural  j  propio  de  Iscarioth,  anti- 
gua población  de  Judea.  \  Traidor, 
por  alusión  &  Judas  Iscariote. 

ETiMOLoaÍA.  fsearioih,  ciudad  de  la 
Judea,  en  la  tribu  de  Bfraim.  J*d*t 
IscARiOTB  llevaba  el  nombre  de  dicha 
ciudad,  por  ser  hijo  de  ella:  latín, 
Jtciridtes;  francés,  Jsearioíe,  (Biblia.) 

Iscariotistas.  Masculino  plural. 
Historia  religiosa.  Sectarios  que  te- 
nían la  major  veneración  á  cuantas 
habían  causado  mavores  malea  en  el 
mundo,  tributándoles  una  especie  de 
culto  religioso.  Figuraban,  comopa- 
tronos  especiales,  Caín,  Cham,  wtll 
y  otros,  bajo  el  patronato  general  de 
Judas  Iscariote. 


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ISÉO 

Iscnocia.  Femenino.  MeHeina* 
Del^átix  dal  cuer^. 

KmcoLoof  A.  Griego  Is^*^  (itehndtjt 
flaeo,  débil. 

IscDofonia.  Femenino.  Mtiicina. 
Debilidtd  de  la  voz. 

BtIHOLOGÍA..    Griego  tcrxvofwvta 

{itekiioph^Ía);  Abuchn  x,  débil,  jjiAd' 
«f,  voz:  francéa,  itckn(^kMÍe. 

lacoblenia.  Femenino.  MtdiHna. 
Sopresión  de  un  flujo  mucoso. 

BnuoLOOÍA.  Griego  iir)(tn  (isehein), 
detener,  j  bléna,  mucosidad. 

Iscofonia.  Femenino.  Medicina. 
Vicio  de  la  roz  que  consiste  en  la  di- 
ficultad de  pronunciar  ciertas  letras. 

EnuoLoeÍA.  Griego  Uciei»,  dete- 
ner, impedir,  ^  ph5ni,  voz. 

Iscogalactia.  Femenino.  Afedici- 
«4.  Falta  de  leche  en  los  pechos. 

BTUOLoofA.  Griego  íschein,  dete- 
ner, j  aála,  ^álaktoif  leche. 

Iscóloqmá.  Femenino.  Medicina. 
SnpresiiSn  de  los  loquios. 

ÉnifOLoaÍA.  Griego  itckeiñt  dete- 
ner, j  lockéUit  loquios;  forma  de  lóckos 
(Uyoc),  parturienta. 

ucomania.  Femenino.  Medicina. 
Sapresión  de  los  menstruos. 

Étuolooía.  Griego  isehein,  dete- 
ner, j  mrn  (|j.^v),  mes,  regla. 

laconiosis.  Femenino.  Medicina. 
Sapresión  de  una  excreción  habitual, 

KTUiOLooía.  Griego  ítcAetn,  dete- 
ner, j        (iiüov),  pus. 

Iscnpto,  ta.  Adjetivo  anticuado. 

BsOUTO. 

bcrético,  ca.  Adjetivo.  Medid'- 
u.  Cálificadón  da  los  medicamentos 
que  se  emplean  oontxa  la  iscuña. 

Bniccn.oola.  /«mtm;  franeéa,  itekn^ 
rHifiu. 

Iwmría.  Femenino.  Medicina,  Re- 
tsneiún  da  orina. 

EniiOLOOfA.  Griego  tv^oupía  ^ú- 
ehnria),  ele  isekeint  detener,  7  oUron 
(oupov),  orina:  francés,  itehurie* 

Itea.  Femenino.  Mitolcgia,  Una  de 
lu  nereidas.  (ApoLOooao.) 

Iseas.  Femenino  plural.  Historia 
^niigna.  Fiestas  en  honor  de7«M,  que 
duraban  nueve  días,  j  á  las  cuales  se 
Ueraban  vasos  con  trigo  j  centeno. 
Bntre  los  romanos  degeneraron  en  es* 
cenas  licenciosas,  porlo  que  el  Senado 
lu  prohibió  en  el  año  696  de  Homa. 
BI  emperador  Cómmodo  las  resta- 
bleció, 

IselástioM  (jusaos).  irw<0m«N- 
áfnm.  Combates  de  atletas  que,  entre 
los  antiguos  griegos,  daban  al  rence- 
dor  el  derecho  de  entrar  en  su  ciudad 
natal  sobre  una  cuadriga,  pasando  por 
una  brecha  formada  expresamente  en 
la  muralla  para  recibirle.  Bl  vencedor 
ara  mantenido  después,  hasta  el  fio 
de  lus  días,  ¿  expensas  de  la  patria. 
Estos  combates  formaban  parte  de  loa 
cuatro  grandes  juegos  de  Grecia,  que 
eran  los  olímpicos,  píticos,  ístmicos  7 
ñemeos.  Roma  otorgó  &  los  atletas 
tSKLÁsnoos  los  mismos  derechos  que 
Qrecia  les  había  concedido. 

Imo.  Masculino.  Retórico  griego 
eileidense,  preceptor  de  Demóstenes. 
(QniiTiLUNo.)  \  OtrOf  también  grie- 
go, oontempotánso  da  Plinio,  á  qdan 


ÍSID 

este  autor  alaba  mucho.  (Pumo.) 

EnHOLOofA.  Latía  Isaut. 

Iseón.  Masculino.  Antigüedades. 
Nombre  de  un  templo  consagrado  á 
/sir. 

Iserina,  Femenino.  Mineralogía. 
Especie  de  mineral  férreo. 

Étiii(U.ooía.  Francés  iserine. 

lafíBBdiar,  Masculino.  Mitologia, 
Angal  eastodio  de  la  castidad  de  las 
mujeres.  (Landais.) 

Ishi.  Masculino.  Nombre  que  los 
habitantes  de  la  isla  de  Formosa  dan 
á  Dios. 

Isiaco,  ca.  Adjetivo.  Lo  pertene- 
ciente i  la  diosa  Isis.  |  Masculino. 
Antigüedades.  Mbsa  isíaca. Nombre  de 
un  monumento  célebre  de  la  antigüe- 
dad, el  cual  contiene  la  figura  v  los 
misterins  de  Isis  con  un  gran  numero 
de  ceremonias  religiosas  de  los  egip- 
cios. LafMsmsÍAOA,  hallada  en  elsa- 
queo  de  Roma  de  1525,  existe  en  Tu- 
rín  y  ha  sido  grabada.  (LittbA.) 

Btiuoloqía.  7«ú:  latín,  ieiHent; 
francés,  isiaqne, 

laiacos.  Masculino  pluTal.  Histo^ 
ria  antigua.  Sacerdotes  de  Isis,  Ves- 
tían una  larga  túnica  de  lino,  lleva- 
ban &  veces  Ta  estatua  de  la  diosa  y 
en  las  ceremonias,  el  sistro,  instru- 
mento de  metal  sonoro. 

ETiuoLoafA.  Latín  isiSeus,  en  Ovi- 
dio; isidci,  plural,  en  Suetonio, 

Reseña  histórica, — No  podían  comer 
carne  de  puerco  ni  camero,  ni  condi- 
mentar con  sal  su  comida.  Llevaban 
la  cabeza  rasurada  y  se  distinguían 
por  diferentes  singularidades  en  su 
traje  y  en  su  modo  de  vivir. 

ísiacos  (misterios).  Adjetivo  plu- 
ral. Sisloria  antigua.  Misterios  de 
Itist  una  de  las  divinidades  egipcias, 
que  era  &  !a  vez  y  bajo  diferentes  con- 
ceptos, hermana,  esposa  y  madre  de 
Osiris. 

laidoríaao,  na.  Adjetivo.  Lo  per- 
teneciente á  san  Isidoro.  ||  Se  dijo  de 
ciertos  monjes  jeróoimos,  instituidos 
por  frajr  Lope  de  Olmedo  y  aprobados 
por  el  papa  Martino  V,  los  cuales, 
entre  otras  cosas,  tuvieron  la  de  san 
Isidoro  del  Campo,  en  Sevilla. 

Isidoro  (san).  Cronista,  gramático 
/  teólogo  erudito,  y  uno  de  los  san- 
tos que  más  honran  á  su  patria.  Na- 
ció en  Cartagena,  ciudad  de  España, 
el  afto  570  de  la  era  cristiana.  Fué 
hijo  de  Se veriano,  gobernador  de  aque- 
lla ciudad,  y  se  «aneó  con  su  herma- 
no Leandro,  anobispo  de  Sevilla,  al 
cual  sucedió  en  601.  Fué  el  oráculo 
de  España  durante  treinta  y  cinco 
afios,  y  murió  en  4  de  Abril  del 
año  636,  Dejó  escritas  muchas  obras, 
entre  ellas,  un  Cronicón  que  compren- 
de desde  los  tiempos  de  Adán  hasta 
el  año  636  de  la  era  cristiana;  la  His- 
toria de  los  reyes  godos,  vándalos  y  sue- 
vos; veinte  libros  de  Etimologías;  un 
Catálogo  de  los  escritores  eclesiásticos; 
Comentarios  sobre  las  Sagradas  Sscritu- 
ras,  etc.  Pero  la  que  entre  todas  se  re- 
comienda más  á  los  amantes  del  latín 
y  de  la  sabía  antigüedad,  es  la  terce- 
ra do  éstas,  la  cual  tiene  por  título 
Or^imim  «m  Btgmologianm  liM  XX, 


ÍSIS 


179 


La  mejor  edición  de  las  obras  de  sah 
Isidoro  es  la  de  Madrid,  dos  volúme- 
nes en  folio.  (Da  Miodbi.  y  Morante.) 

Isidro  (san).  Patrón  de  Madrid, 
<a  cotra  villa  nació  por  los  años 
de  1083  j  manó  en  30  de  Noviembxa 
de  1170.  &a  hijo  de  padrea  humil- 
des; su  principal  ocupación  fué  la  de 
labrador,  jr  en  la  extensa  y  fértil  ve- 
ga ^ne  lodaaba  entonces  á  Madrid, 
simó  i  nn  rico  hacendado,  llamado 
Iván  de  Varras.  Casado  con  una  don- 
cella natural  de  Torrelaguna,  cujas 
virtudes  la  han  elevado  también  á  los 
altares  con  el  nombre  de  santa  María 
de  la  Cabeza,  su  vida  fué  dechado  de 
piedad  t  modelo  de  virtudes.  A  su 
muerte  fué  sepultado  en  la  parroquia 
de  San  Andrés,  debajo  del  sitio  en 
que  hoj  está  el  altar  major,  en  el 
cual  se  señaló  el  de  la  sepultura  por 
una  reja.  Después  ha  tenido  varias 
colocaciones,  /  hoj  sus  restos  se  ha- 
llan, en  unión  de  los  de  su  esposa,  en 
iina  magnifica  urna  de  plata  en  el 
altar  majror  de  la  eolegiaU  da  su  ad- 
vocación. Aunque  la  piedad  del  pue- 
blo de  Madrid,  atenta  á  la  tradición 
de  sus  muchos  milagros,  había  conta- 
do i  Isidro  desde  su  muerte  en  el  nú- 
mero de  los  bienaventurados,  has- 
ta 1619  no  fué  pronunciada  su  beati- 
ficación, acto  que  celebró  Paulo  V  á 
instancia  de  Felipe  III.  Tres  años 
más  tarde,  en  1622,  Benedicto  XIII  le 
canonizó,  y  la  ya.  entonces  corte  de 
Madrid  le  escogió  para  su  patrono. 
Las  fiestas  que  la  villa  celebró  con 
este  motivo  fueron  suntuosísimas.  De 
ellas  nos  ha  dejado  extensa  relación 
multitud  de  documentos  da  aquella 
época,  y  especialmente  un  poema  que 
Lope  escribió  para  aquella  solemni- 
dad, compitiendo  con  Calderón,  que 
celebró  en  gallardos  romancéalas  vir- 
tudes del  santo.  Recuerdo  de  la  vida 
de  este  bienaventurado  varón,  se  con- 
servan en  Madrid:'una  capilla  en  una 
casa  de  la  calle  del  Aguila,  en  que, 
según  tradición,  vivió  el  santo;  otra, 
en  la  casa  llamada  de  los  Vareas,  si- 
tuada en  la  plaza  de  San  Andrea,  con- 
tigua á  la  parroquia  de  este  nombre, 
por  suponerse  que  allí  vivió  y  murió 
Isidro  siendo  criado  de  Iván  de  Var- 
gas, y  otro  santuario  en  la  casa  nú- 
mero 3  de  la  calle  del  Almendro,  hay 
propiedad  del  marqués  de  Villanueva 
de  la  Sagra,  en  la  que  se  dice  que  el 
santo  encerraba  sus  ganados.  Su  fies- 
ta se  celebra  en  Madrid  el  15  de  Ma- 
jo, la  cual  consiste  en  la  célebre  ro- 
mería que  lleva  el  nombra  del  santo 
patrono. 

Isión.  Masculino.  Mitolyia.  Tem- 
plo y  simulacro  de  Isis» 

Isis.  Femenino.  MiíolMÍa.  Diosa 
de  los  antiguos  egipcios,  hermana  y 
mujer  de  Osiris,  cu^o  tocado  simbóli- 
co consiste  en  un  disco  con  dos  cuer- 
nos de  vaca.  Era  la  personificación  del 
poder  generador  y  fecundante  de  la 
naturaleza,  y  se  la  representaba  bajo 
la  forma  de  uoa  Dovilla  ó  ternera;  sin 
duda  por  esto  los  griegos  la  identifi- 
caron con  la  vaca  lo.  Los  egipi:Íos, 
que  le  debían  las  primeras  nociones 


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18Ó 


ÍSLÁ 


dfl  «grienltura,  jr  también  <!  oso  del 
trig'o  y  otrot  granas,  U  asimílaroa 
coa  Cérea.  Q  Como  mujer  de  Osirii, 
que  era  el  sol,  representó  Ta  luna.  Q 
Fué  madre  de  Horo  j  HarpcScrates.  Q 
Tenía  culto  célebre  en  Sais,  Busirii» 
Coptog,  y  su  culto  pasó  á  la  Grecia*  | 
Desde  el  siglo  t  antes  de  Jesucristo, 
tuvo  ua  tacellun  cerca  del  templo  de 
Esculapio  Arcageta^  á  setenta  esta- 
dios de  Titorea,  en  Fóeida.  Loscoria- 
tios  la  Teneraban  como  protectora  de 
la  navegactón,  j  Apule;^o  ha  dejado 
una  curiosa  descrijpción  d«  suf  Bas- 
tas. I  En  Roma  tue  conocida  an  tíem- 

Sé  da  Sila.  Ba  loa  monumentos  ^  me- 
llas apareoB  como  una  mujer  joven 
j  hermosa,  de  cabeza  con  caernos  6 
con  un  globo  lunar;  j  firecuentamen- 
te,  laclando  a  Horo.  Sus  atributos  eran 
el  loto  j  el  sistro.  Los  artistas  roma- 
nos sólo  U  distinguían  de  Juno  por 
un  largo  manto  j  un  velo  con  fim- 
brias. I  Puede  afirmarse  que  la  histo- 
ria de  esta  diosa  no  fué  conocida  fu^ 
ra  de  lü^-pto  más  que  por  las  relacio- 
nes de  los  griegos,  fisto  explica  las 
contradicciones  en  que  incurren  va- 
rios autores  de  la  antig&edad  al  ha- 
blar de  la  hermana  y  mujer  del  gran 
Osiris;  contradicciones  que,  por  otra 
parte/nos  ereemos  obligados  á  con- 
signar para  que  el  lector  erudito  pue- 
da aintetixar  lo  más  impártante  que 
se  ha  dicho  acerca  de  una  divinidad 
tan  célebre.  Según  los  griegos,  Isis 
fué  bija  del  Tiempo,  Croóos  ó  Satur- 
no, j  de  Rea.  No  laltan  mitólogos  que 
la  suponen  hija  de  Júpiter  j  de  Juno. 
Los  egipcios  la  llamaron  Pi~joh  y  la 
creyeron  hija  de  ciertas  divinidades, 
que  tenían  un  nombre  especial  en  su 
lengua.  Casó  coa  su  hermano  Osiris, 
con  quien  enseñó  á  los  hombres  el 
cultivo  de  la  tierra.  Muerto  Osiris  por 
Tifón,  Isis  recorrió  tierras  y  mares 
para  hallar  los  restos  de  su  esposo;  y 
cuando  los  encontró,  le  erigió  dife- 
rentes mausoleos.  I  Eadeadvertirque 
Isis  fué  considerada  como  peraonifíca- 
ción  de  la  naturaleza.  Bnel  frontispi- 
cio del  templo  q^ue  tuvo  en  Sais,  se 
leía  esta  notable  inscripción:  Soy  todo 
lo  que  earUttt  y  itinyún  mortal  ha  podido 
levantar  el  velo  que  me  cubre.  Los  mm- 
ierios  de  Isis  tenían  alguna  analogía 
con  los  de  Ceres  Eleusina,  y  los  egip- 
cios celebraban  anualmente  una  fies- 
ta en  conmemoración  de  su  viaje.  I 
A  stronomia  egipcia.  El  signo  Virgo.  | 
Isis  sidub.  Á$tronomia  romana.  La  es- 
trella de  Isis  ó  de  Venas  (Plihio).  ||  á  r- 
íronomia  moderna.  Pequeño  planeta  des- 
cubierto en  1856  (Littbí).  |  Historia 
natwral*  Género  de  pólipos.  (L&ndais.) 

SnHOLOoía.  Griego  Hau;  (hit):  la- 
tin,  Uitt  Itidisi  francés,  liit;  italia- 
no, /»*. 

Isitas.  Masculino  plural,  ffitlária 
religiosa.  Miembros  de  una  secta  ma- 
hometana, que  negaba  al  origen  di- 
vino del  Corán. 

EnuoLOofA.  Ita'Merdard,  &nátíco 
fundador  de  dicha  secta. 

Isla.  Femenino.  Cierta  porción  de 
tierra  rodeada  entaramente  de  agua 
por  el  mar  ó  por  algún  r(o.  \  Metate- 


ra.  Ua  edificio  6  conjunto  de  casas 
cercado  por  todas  partes  de  calles.  \ 
En  isla.  Modo  adverbial.  Aislada- 
mente. 

KTiuoLcaÍA.  Latín  intUa:  italiano, 
isola;  francés  del  siglo  xii,  %»U;  mo- 
derno, tle;  provenzal  j  catalán,  isla* 

Isla  (el  padre  Francisco  dk).  Na- 
ció el  21  de  Abril  de  1703  en  el  lugar 
de  Vidanes,  casualmente,  por  ir  su 
madre  á  cumplir  una  promesa  i  un 
santuario  cerca  de  Valderas,  antigua 
villa  del  reino  de  León,  en  que  se  es- 
tablecieron después.  Sus  padres,  que 
descendían  de  noble  cuna,  llamában- 
se don  José  Isla  de  la  Torre  y  dn:.a 
Ambrosía  Rojo,  señora  tan  Instruida 
como  piadosa.  Desde  niño  dió  Isla 
claras  muestras  de  su  precoz  ingenio, 
de  suerte  que  á  los  once  años  había 
ja  concluido,  con  admirable  aprove- 
chamiento, los  estudios  previos  al 
bachillerato  en  lejes,  cujo  título  re- 
cibió en  tan  corta  edad.  Lejos  de 
habef  pensado  en  su  juventud  en 
abrazar  el  estado  eclesiástico,  intentí 
casarse  con  una  señorita  hermosa  y 
distinguida;  mas  ja  sea,  como  opinan 
algunos,  que  juznra  díHcil  vivir  en 
su  nuevo  estado,  basta  recibir  la  he- 
rencia de  sus  padres,  sin  otros  bienes 
que  su  trabajo,  ó  que  la  causa  fuera 
otra,  es  lo  cierto  que,  no  sin  trabajo, 
rompió  aquéllas  relaciones  y  logró  de 
S  I  buena  madre  que  le  permitiera  de- 
dicarse á  practicar  los  ejercicios  espi- 
rituales de  san  Ignacio  de  Lojola,  en 
la  Compañía  de  Jesús.  El  resultado 
fué  entrar  en  la  Compañía  en  1719, 
cuando  contaba  16  años,  ^  ser  con- 
ducido para  el  noviciado  a  Villagar- 
cía  de  Campos.  Novicio  tan  ejemplar 
como  esclarecido  ingenio,  tradujo  del 
francés,  cuja  lengua  no  conocía  á 
fondo,  una  Novena  de  san  Francisco 
Javier^  emoltiaudo  todo  su  tiempo  en 
el  estudio  ae  la  geografía,  cronología, 
francés,  y  muj  particularmente  de  la 
historia  eclesiástica  y  pro/ana,  A  los 
19  afios  tradujo  la  obra  francesa  de  i 
Fleehier:  Historia  del  gran  2^odoiio, 
una  de  aus  mejores  obras,  i  pesar  de 
lo  poco  satisfecho  que  se  mostraba  de 
este  trabajo.  Estudiando  teología  en 
Salamanca,  el  erudito  padre  Luis  de 
Losada,  conociendo  su  mérito,  tomó 
á  Isla  por  colaborador  en  la  obra  La 
Jwentud  fy-iun/antet  notable  descrip- 
ción, en  prosa  y  verso,  de  las  fiestas 
que  celebró  el  colegio  de  jesuítas  de 
Salamanca  en  Junio  de  1727,  con  mo- 
tivo de  la  canonización  de  san  Luis 
Gonzaga  y  san  Estanislao  de  Kostka, 
religioso  el  primero  y  novicio  el  se- 
gundo de  la  Compañía,  No  tardó  Isla 
en  ser  maestro  y  en  desempeñar  cáte- 
dras muj  principales,  tales  como  las 
de  ^loso/la  y  teología,  en  Segovia, 
Santiago  y  Pamplona,  donde  se  ejer- 
citó también  en  la  predicación,  v  lue- 
go, en  Valladolid.  Estando  de  lector 
de  teología  en  Pamplona,  tradujo  con 
gran  acierto  el  Compendio  de  la  tíistO'^ 
ria  universal  de  Sspaña,  del  padre  Dn- 
ehesne,  precedido  de  un  excelente  pró- 
logo, con  notables  aclaraciones  acerca 
de  loa  soberanos  de  Nararra  y  del 


ISLA 

reinado  de  Fernando  é  Isabel  La  pri- 
mera obra  qne  dió  á  luz  con  su  ver- 
dadero nombre  ^  apellido,  fué  el  Día 
grande  de  Navarra,  descripción  de  las 
fiestas  reales  celebradas  en  Pamplona 
en  1746  por  el  advenimiento  de  Fer- 
nando VI  at  trono,  y  la  primera  tam- 
bién en  que  mostró  su  carácter  festivo 
y  satírico,  ridiculizando  la  pomposa 
exageración  con  que  entonces  se  es- 
cribían los  relatos  de  las  fiestas  y  so- 
lemnidades públicas,  lo  cual  le  valió 
duros  cargos,  de  que  le  absolvió  la 
Diputación  de  Navarra,  declarando 
que  la  citada  obra  contaba  con  sn 
major  aprecio  y  estimación,  A  pesar  de 
que  muchos  prelados  y  homores  de 
letras  le  inducían  á  escribir  obras 
originales,  dado  su  gran  talento  j 
vasta  instrucción,  Isla  ae  empeñó  en 
traducir  el  célebre  Año  cristiano  del 
padre  Croisset  (tarea  que  hubo  de  in- 
terrumpir Varias  veces  por  su  falta  de 
salud  T  las  obligaciones  de  su  institu- 
to), persuadido  de  que  con  esta  piado- 
sa empresa  realizaba  Un  gran  bien. 
La  reina  Doña  María  Bárbara  de  Por- 
tugal quiso  tenerle  por  confesor;  pero 
Isla,  dandó  una  nueva  prueba  de  su 
modestia,  se  eicusó  de  aceptar  tan  ele- 
vado cargo.  A  los  26  aflea  comenzó  i 
predicar,  y  viendo  el  lastimoso  estado 
en  qat  se  hallaba  la  oratoria  aagrada, 
inició  la  reforma  por  medio  de  sus 
Sermones,  publicados  en  17^,  En  el 
año  siguiente  insistió  en  lamentarse 
de  los  malos  predicadores,  (^ue  no  ha- 
cían más  <iae  peinar  la  retórica,  atusar 
las  voces  y  formar  un  juego  de  ajedrez 
con  las  palabras.  Conociendo  la  inuti- 
lidad de  estos  trabajos  y  decidido  á 
extirpar  los  vicios  de  la  oratoria  sa- 
grada, apeló  á  la  poderosa  arma  del 
ridiculo  y  escribió  su  célebre  obra 
Historia  del  famoso  predicador  Fray 
Gerundio  de  Campatas,  á  la  que  debe 
en  gran  parte  su  grande  fama  litera- 
ria. Según  el  erudito  Monlau,  Frai/ 
Gerundio  es  el  Don  Quijote  del  púlpi- . 
to,  con  lo  cnal  ereemos  haber  dicho 
cuanto  podíamos  en  su  elogio,  j  el  re- 
verendo padre  maestro  fray  Alonso 
Cano,  calificador  de  la  suprema  y  ge- 
neral Inquisición,  dice  en  la  censura 
de  esta  obra  (26  de  Octubre  da  1757) 
que  la  Historia  del  famoso  predicador 
Fray  Gerundio  de  Uampaza$  es  un  li- 
bro que  falta,  como  otros  muchos  sobran. 
A  los  50  años,  la  salud  de  Isla  se  ha- 
llaba profundamente  quebrantada,  por 
lo  cual  sus  superiores,  que  le  trataban 
con  especial  cariño,  accedieron  á  sus 
deseos  de  retirarse  á  alguno  de  los  co- 
legios situados  en  poblaciones  cor- 
tas; los  últimos  catorce  años  que  per- 
maneció en  España,  los  pasó  en  V'i- 
llagarcía  de  Campoa,  donde  conoció 
al  padre  José  Petisco,  gran  maestro 
en  lenguas,  que  encargó  á  Isla  la 
interpretación  de  algún  autor  latino, 
escogiendo  Isla  la  Senectud  y  Amatad, 
de  Cicerón,  que  se  imprimieron  eon 
sus  notas,  T  tradujo  también  en  verso 
castellano  las  Sátiras  latinas  de  Lucio 
Sec taño f  yuTti  que  sirviesen  á  los  dis- 
cípulos del  colegio,  coa  quienes  tenía 
freeuelitei  conferencias.  Óbligado  por 


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ISLA 

ijplieii      no  padodttsatencter,  pre- 
dicó en  la  cuaresma  de  1757  ea  Zara- 
gota  7  luego  se  retiró  al  colero  da 
FoDteTfldxa.  No  cesó  de  escribir  j  re- 
cibir eartai,  paes  muj  amante  de  todo 
progreso,  ^uerúi  conocer  todas  las 
uñeras  obras  y  todos  los  adelantos 
nusfos.  Recibid  con  la  mnjror  resiff- 
Dicíón  la  orden  de  expulsión  de  los 
jesuítas  (3  de  Abril  de  1767),  pero  ai 
líg'uieQte  día  fué  atacado  de  un  acci- 
dente de  perlesía:  tratóse  de  sangrar- 
le  j  eritar  que  partiese  con  sus  com- 
paíieros,  pero  él  se  negó  resueltamen- 
U  í  quedarte  j  fué  coaducido  en  una 
liten.  KepitiÓseleelataque,  pr  merced 
i  ana  sangría»  pudo  llegar  a  Santia- 
go, donde  contaba  con  amigos  jr  pa- 
rieotea,  j  donde  le  sobrevino  un  ter- 
cer ataque  que  se  cre^ó  mortal.  A.tí- 
sado  ei  capitán  general  de  Galicia, 
dispuso  que  el  padre  Isla  no  conti- 
nuase el  Tíftje  hafta  recobrar  las  fae> 
lu,  y  que  fuese  alojado  en  alguna 
eomnnidad  rel^osa,  m  fin  de  que  re- 
eflnera  todos  los  auxilios  necesarios. 
Tnudadado  al  monasterio  de  benedic- 
tinos da  San  Martín,  á  pesar  del  cui- 
dado con  que  fué  atendido,  volvió  á 
soMr  un  nuevo  ataque  apoplético, 
qae  se  resolvió  naturalmente.  Cuando 
se  le  consideró  con  fuerzas  para  entrar 
en  una  litera  j  reunirse  con  sus  her- 
manos, que  era  su  deseo,  fué  conduci> 
do  á  la  Corafia*  adonde  lleg5  débil  y 
enfermo,  peto  contento  por  hallarse 
entre  loa  sujos.  A.  pesar  de  los  con- 
sejos de  sns  superiores,  se  empeñó  en 
marchar  á  Italia  con  sus  compañeros, 
embarcándose  en  el  navio  San  Juan 
Nepomneeno,  no  sin  recibir  del  capitán 
general  las  mayores  muestras  de  res- 
peto j  catiflo.  Éste  navio  fué  separado 
de  los  otros  ^or  una  tempestad  en  el 
golfo  de  León,  alcanzando  en  veinte 
aiasáCivitmvechia;  pero  no  pudiendo 
desembarcar  en  las  plavas  italianas, 
bordearon  por  el  mar  de  Toscana,  lle- 
gando por  último  á  Calvi.  Difícil  era 
nftllar  alojamiento  para  todos;  pero 
Isla  tuvo  la  fortuna  de  que  el  prebos- 
te le  ofreciera  su  casa,  en  la  que  per- 
maneció los  catorce  meses  que  los  je- 
suítas estuvieron  en  Córcega,  tradu- 
ciendo las  Cartas  del  abDgado  Cont- 
taaüni,  obra  de  ocho  tomos,  que 
eoBclujó  después  en  los  Estados  pon« 
lifidos  j  que  le  sirvió  para  perfeccio- 
narse en  la  lengua  toscana.  Cuando 
la  piedad  de  Carlos  III  ordenó  se  les 
diese  paso  libre  para  los  Bstados  pon- 
tifleios,  j  dinero,  el  padre  Isla  se  di- 
rigió por  Sestri  j  el  Apenino  á  Bolo- 
nia. Cferca  de  esta  ciudad,  en  la  aldea 
de  Crespelano,  en  la  quinta  y  en  el 
mismo  aposento  del  conde  Grasst,  que 
éste  le  cedió,  dedicóse  nuevamente  al 
estudio  y  al  trabajo.  Merced  á  su  es- 
clarecida fama,  pronto  se  vió  rodeado 
de  bombres  ilustres  j  literatos  distin- 
goidoSf  de  quienes  recibía  las  majo- 
res  maestras  de  admiración  y  afecto. 
Un  din»  cierto  caballero  comenzó  á 
denigrar  de  tal  modo  la  Compafiía  de 
Jtsús,  que  IsLÁ  no  pudo  menos  de  sa- 
lir i  su  defensa.  Síipolo  el  cardenal 
mivexxí»  7  en  U  noche  dd  8  al  9  de 


ISLA 

Julio  de  X773  fué  allanada  la  eása  por 
los  esbirros,  y  el  fiscal  ó  juez  del  cri- 
men se  apoderó  de  Isla  y  de  sus  pá- 
peles, y  lie  trasladó  en  coche  á  la  cár- 
cel eclesiástica  ó  de  corona,  destinada 
á  los  que  eran  juzgados  por  el  tri- 
bunal del  arzobispado.  A  los  diez  y 
nueve -días  fué  sacado  de  Bolonia  para 
la  aldea  de  Budrín,  lugar  de  su  des- 
tierro, y  antes  del  mes  su^o  la  orden 
de  extinción  de  la  Compañía  de  Jesús. 
Tenía,  poes,  que  trabajar  para  vivir. 
y  el  padre  Isla  era  muy  anciano  para 
eso.  Si  se  hubiese  hallado  libre,  los 
condes  Tedesqui  se  le  habrían  llevado 
á  Bolonia,  pues  le  querían  mucho;  y 
á  fin  de  conseguirlo,  escribió  una  hu- 
milde carta  al  conde  de  Fioridablanca, 
embajador  de  España  en  Roma;  pero 
no  pudo  alcanzar  su  pretensión  hasta 
dos  afios  más  tarde,  en  que  falleció  su 
<ntÍMC*a{/<irelcardenalMalvezzi,1775. 
De  vuelta  i  Bolonia,  fué  recibido  con 
grandes  demostraciones  de  cariño:  los 
condes  TedMqni  le  albergaron  en  sn 
casa  y  pusieron  un  criado  i  sus  órde- 
nes, y  el  número  de  sus  amigos  au- 
mentaba de  cada  día.  El  cultivo  de  es- 
tas relaciones  le  hizo  conocer  quién 
fué  el  que  le  delató  al  cardenal,  y  sa- 
bedor de  que  no  podía  casar  á  una 
hija  qae  tenía  por  serle  imposible  al- 
canzar una  dote  que  para  ella  solici- 
taba, fué  Isla  á  ver  i  una  de  las  prin- 
cipales damas  de  Bolonia,  v  logró  la 
dote  para  la  hija  de  su  delator.  Por 
favorecer  á  un  caballero  español  c^ue, 
maltratado  por  la  fortuna,  le  suplicó, 
no  dinero,  pues  sabía  que  Isla  no  le 
tenía,  sino  alguna  obra  suja  que  ven* 
der  para  mejorar  su  estado,  puso  en 
castellano  la  célebre  novela  ^oMíartu 
de  Qil  Bla»  de  Santitlana^  y  le  remitió 
el  manuscrito.  Otras  varias  obras  es- 
cribióel  padrelsLA,  délas  cuales,  unas, 
salieron  al  público,  y  otras,  quedaron 
inéditas.  Entre  las  primeras,  se  ha- 
llaban las  Carta*  de  Juan  de  la  Sncina, 
obra  satírica,  ingeniosa  y  festiva, 
para  ridiculizar  el  pedantesco  Método 
racional  de  curar  sahañoneSt  que  publi- 
có un  cirujano  de  Segovia,  y  de  la 
cual  se  hicieron  varias  ediciones.  Re- 
jlewionei  cristianas  sobre  ¡as  grandes 
verdades  de  la  fe  y  sobre  hs  pvtnctp  ales 
misterios  de  la  Pasión  de  Nuestro  Señor 
Jesucristo  (iiíánA,  1785,  imprenta  de 
Ibarra);  versa  sobre  la  muerte  y  el 
pecado  mortal;  abunda  en  apotegmas 
y  en  refleiiones  sentenciosas,  advir- , 
tiéndose  en  toda  ella  una  sincera  con- 
vicción religiosa.  Cartas  familiares, 
publicadas  por  su  hermana  en  1786, 
comprendiendo  las  particulares  escri- 
tas a  varios  sujetos,  modelos  en  su 
género,  tanto  más  notables,  cuanto 
que  no  las  escribió  con  el  objeto  de 
publicarlas,  como  lo  prueba  el  decir, 
tanta  era  su  modestia,  «que  el  que 
fuese  su  major  enemigo  no  le  podría 
hacer  major  mal  que  publicar  unas 
cartas  escritas  sin  cuidado,  de  galope, 
ninguna  de  erudición,  las  más  familia' 
res,  casi  todas  de  confama,  y  todas,  sin 
casi,  ligerisimas*  ¡Imprimir  unas  cartas 
de  estilo  alegre,  de  alusiones  festivas,  de 
gradas  frescas,  de  iietivunes  francos. 


ISLA  181 

y  dt  unjesuita/*,.  ¡Qué poco  saben  uste- 
des el  berenjenal  en  que  me  meterían!» 
Esto  respondía  ¿  los  amigos  que  le  in- 
vitaban a  que  las  publicase.  El  último 
de  sns  trabajos  literarios  es  la  traduc- 
ción del  Arte  de  encomendarle  i  Dios, 
escrito  en  italiano  por  el  padre  Be- 
Uatí,  hecha  para  rwalarla  a  su  her- 
mana dofia  María  Francisca  de  Isla 
y  Losada,  mt^er  reputada  por  literata 
y  de  ^nde  talento,  i  la  enal  que- 
ría entrañablemente.  Imprimióse  «sta 
obrita  en  Madrid  (1783),  v  en  1786  se 
hizo  una  nueva  edición.  La  fama  de 
Isla  necia  de  cada  día  más.  El  Insti- 
tuto cientíñco  de  Bolonia  y  los  hom- 
bres más  eminentes  buscaban  el  Fray 
Gerundio  como  joja  iaestímable;  los 
críticos  nacionales  y  extranjeros  le 
enaltecían,  varios  solicitaban  su  Co- 
rrespondencia, y  muchos  hicieron  el 
viaje  desde  sus  respectivos  países  para 
conocerle  personalmente.  Poco  apega- 
do á  los  bienes  temporales,  rebusdlos 
auxilios  que  le  ofrecían,  excepción  he* 
cha  de  los  que  le  enviaba  su  querida 
hermana,  y  no  sacó  de  sos  obras  pro- 
ducto alguno,  pues  una  vez  cubierta 
la  cantidad  que  tomaba  para  impri- 
mirlas, abandonaba  en  beneficio  de 
otros  el  producto  de  sus  pi^nancias, 
repartiendo  entre  los  necesitados  todo 

10  ^ue  le  quedaba.  En  Italia  se  le  re- 
pitieron con  major  fuerza  los  ataques 
apopléticos,  que  sobrellevó  con  ejem- 
plar paciencia,  manifestándose  más 
chistoso  cuanto  más  aumentaban  sus 
padecimientos  físicos.  No  eran  efecto 
sus  sátiras,  como  han  creído  algunos, 
de  un  carácter  aero  r  maligno,  olvi- 
dando que  en  ellas  solo  habu  Joviali- 
dad j  gracejo,  sin  la  menor  ofensa, 
7  que  ísuí.  sólo  las  dirigía  contra  la 
ignorancia  orgnllosa  Ó  la  ridiculex 
atrevida,  obrando  meramente  como 
censor  festivo  y  severo,  dentro  de  la 
república  de  las  letras,  pero  sin  aten- 
tar jamás  contra  las  cosas  privadas  y 

Eersonales.  La  pureza  de  sus  eostum- 
res  y  su  amor  á  las  máximas  y  pre- 
ceptos del  cristianismo  fueron  elogia- 
dos por  sus  más  enconados  adversa- 
rios; y  en  las  cartas  que  escribía  á  su 
cariñosa  hermana  procuraba  templar 
el  dolor  que  su  próxima  muerte  ha- 
bía de  eausarie.  En  el  año  1779  fui 
mujr  marcada  su  decadencia,  y  el  día 

11  de  Abril,  mientras  que  rezaba  el 
rosario,  ^nedó  desmajado  en  brazos 
de  su  enado.  El  viático,  que  recibió, 
le  produjo  gran  consuelo  j  alivio  cor- 

{loral.  Agravado  á  los  tres  días,  pidió 
a  extremaunción,  que  pareció  reani- 
marle, si  bien  le  quedaron  lisiados  el 
muslo  j  pie  izquierdo  é  impedida  la 
mano,  impedimento  que  pronto  se  ex* 
tendió  á  todo  el  costado.  Largos  me- 
ses sufrió  postrado  el  padre  Isla,  has- 
ta la  madrugada  del  2  de  Noviembre 
de  1781,  en  que  falleció,  &  la  edad 
de  78  años,  seis  meses  jocho  días. 
La  condesa  Tedesqui,  en  cuja  casa 
espiró,  hizo  modelar  su  cara  en  jeso 
para  formar  luego  el  busto,  y  dispuso 
un  entierro  grandioso.  Su  muerte  fué 
universalmente  sentida,  sobre  todo 
en  España  é  Italia,  sn  cuna  7  sn  se- 


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182 


ISLA 


pulcro,  tino  de  sna  antiguos  hermanos 

escribió  en  la  sepultura  del  padre  Isla. 
(que  la  tiene  en  la  parroquial  de  Santa 
María  de  la  Múratele  de  la  ciudad  de 
Bolonia)  el  sififuiente  epitafio^  modelo 
de  estilo  Upidario: 

J>.  O.  Ji.  (A  Dios  fiptlmo  miximo.) 
A  JMéf  Fratwiteo  4$  leu, 
nmetón  «tpaHoi,  dtUnitf»  miSh, 
Varón 
De  infftnio 
Oraeioto,  /«cundo,  CHttltimo, 
Am*mMmpp4ít  mu  eltganté  paritdad: 
D*  tnttndiMttnto 
Amplio,  detptjado,  tutUm», 
DUpuftopor  nattir<ü*nátada$lm»et»nrin»{ 
En  ea%i  toia»  tílat  iludido: 
Dé  Juicio 
JJuatado  4  toa  rt^é*  le  «rWea, 
BHérica  urbanUimt*, 
SlméM/t»tí»e  d^mtor  «la  fo «Iotmmíb 
Mffrada, 

etoffioa. 
De  quien 
Ifuneo  M  cansó  ti  que  le  ola, 
ííunca  te  caneará  ei  que  le  li-a; 
Quien  puede  deriree 
Qutfui  en  la  oratoria  patria,  un  T*^Í0, 

Sn  Is  kMoHa,  un  Lii>4»t^ 
En  la  po«ato  Itrita  ^joeota,  «m  Soneto; 
Quien 

tfkaíio  m  tierra  de  Valtt^mo,  M  reino 
do  León, 
A  U  4o  Abra  4o  jm. 
Per  tu  Éximia  iugouuidaá  4o  oerotín, 
PitrlairroproHOOi'oSoniaddeeuteoetumbroo, 
fiuumudo  de  $ue  familiarto, 
Aprooiadíoimo  de  lo»  extroHao, 
OrudmomU  Maltratado  por  loo  utomttiiu 
knmanae; 
Meto  do  ánimo  t'furzado  i  invicto: 
Mx-JetHlta  deeterraáo, 
píamente  t'alierió  en  B 'hnia 
A  J  de  Xiiv.e'iibre  de  17SX 
Con  dolor  de  su»  amigos. 
P. 

paes,alj)iedel  Apenino, lejos 
de  «o!  patria,  diee  MonUu,  como  las 
de  otros  varios  españoles  célebres,  re- 
posan las  cenizas  de  nuestro  simpáti- 
co escritor*  Duélenos  la  distancia  que 
nos  separa  de  ana  inanimados  restos, 
j  desearhmos  que  con  los  de  Moratín 
j  de  otros  espaQoles  iosig-ues,  á  quie- 
nes el  hado  aa Terso  hizo  que  muriesen 
en  el  ostracismo  ó  en  extranjera  tierra, 
ocupasen  sus  respectivas  uríias  en  un 
panteón  narianal,  qui;  fuesi;  ;v  na  tiem- 
po venerable  g^aleria  fiiiiebre  de  nues- 
tras celebridades  un  todos  Lis  ramos,  j 
templo  augusto  eii  c\\\o  a;irt)Í!'nte  de 
gloria  eucuntrarían  inspiraciones  de 
virtud  T  de  esfuerzo  nuestros  jüveaes, 
recuerdos  de  noble  orgullo  los  espa- 
fiolei  todos,  j  motiVM  de  admiración 
y  respeto  los  extranjeros  que  visitan 
nuestra  patria.  Vamos  á  terminar.  Bra 
el  padre  Isla,,  seKÚn  udo  de  sus  me- 
jores biógrafos,  de  estatura  pequeña, 

Sero  bien  proporcionada:  algo  rehecho 
esde  su  edad  media,  ni  grueso  ni 
flaco;  gesto  grave  j  mesurado,  color 
encendido,  ojos  vivos  y  brillantes. 
Hasta  los  6"}  años,  época  en  que  sin- 
tió los  primeros  amagos  apopléticos, 
su  lengua  era  ágil  y  graci  i^a,  como 
la  fantasía,  cuvos  feliL-es  arranques 
interpretaba.  Su  conversación  era 
amenísima  é  iba  sazonada  siempre 
con  cueiitecitos,  agudezas,  antítesis  jr 
alusiones  escocidas  y  eruditas;  y  esta 
amenidad  envidiable  era  constante, 
igual  como  su  carácteri  sin  sombra  de 
ft{aet»ci^  7  sin  tacha  de  verbosidad. 


ISLA 

Si  hubiese  sido  dable  recoger  todoi 
los  dichos  graciosos,  las  prontas  agu- 
dezas y  los  saladísimos  epigramas  con 
que  salpicaba  abundantemente  sus  co- 
loquios, tendríamos  hoy  una  volumi- 
nosa floresta  6  colección,  incompara- 
blemente superior  á  la  de  los  más  in- 
geniosos y  fecundos  decidores.  El  se- 
ñor Gil  y  Zarate  dice  de  él:  «Kucho 
más  aventajado  literato  .(^ue  Feijóo,  y 
no  menos  osado,  fu¿  el  jesuíta  José 
Fkancisco  db  Isla,  cu;70s  escritos 
ocupan  gran  parte  del  siglo  en  que 
vivió  j  cuya  famosa  obra  Fray  6tru»- 
dio  di  Campatai  tavo  un  éxito  prodi- 
gioso.» Otro  distinguido  escritor  le 
juzga  de  esta  suerte:  "E\  padre  Isla 
fué  un  escritor  de  mucho  ingenio,  de 
copiosa  erudición,  de  festiva  pluma, 
laborioso  por  demás,  y  sobre  todo,  un 
escritor  útil  y  de  sano  juicio.  Si  no 
regeneró  completamente  la  oratoria 
sagrada  de  España,  puso  de  su  parte 
cuanto  le  era  dado  para  conseguirlo. 
Educado  I^a  en  la  atmósfera  de  los 
resabios  del  culteranismo,  domada  su 
imaginación  por  la  severidad  inflexi- 
ble de  las  prácticas  de  su  orden,  ^  sin 
prosadores  ni  poetas  contemporáneos 
a  quienes  emular,  no  era  fácil  (^ue 
diese  rienda  suelta  á  sus  inspiracio- 
nes, ni  que  oease  erigirse  en  dictador 
literario,  aun  cuando  se  hubiese  sen- 
tido con  bríos  para  desempeñar  tan 
envidiable  papel.  El  padre  Isla  re- 
flejó su  época:  no  hizo,  ni  tal  vez  pu- 
do hacer  más.  Tal  cual  alarde  que  se 
permitió  en  sus  primeras  armas  lite- 
rarias, hubj  de  costarle  caro;  y  la  po- 
lémica acre  y  la  persecución  y  el  ana- 
tema 00  son,  en  verdad,  incentivos 
(mucho  menos  en  España  y  á  media- 
dos del  siglo  xvm)  para  que  el  eenio 
se  deje  llevar  de  su  espontaneidad. 
Para  concluir,  transcribiremos  algu- 
nas de  las  décimas  que  el  padre  Isla 
compuso  cuando  la  Inquisición  pro- 
hibió la  circulación  de  su  famosa  no- 
vela Frau  Gerundio  do  Cttmpauu,  en 
vista  de  las  polémicas,  el  escándalo  j 
las  protestas  que  había  producido: 

•Aunque  por  diversos  modoS 
Ia  emuíacióii  obre  ya, 
Mi  Gerundio  imoraso  eat4 
En  la  memoria  de  todos. 
No  se  librarán  de  apodos 
Loa  truhanes  babladoreSi 
Charlatanes  decidores; 
Y  mucho  mejor  obrara 
La  Inquisición,  si  mandan 
Becoger  predicadores. 


ISLA 

j  obras,  diee  un  antor,  deben  eonser- 
,  varse  como  monumentos  histéricos  de 
grato  recuerdo  y  provechosa  enseñaa- 
!  za;  á  todo  lo  cual  añadimos  nosotros 
.  de  nuestra  cnenta  y  riesgo  que,  guar* 
I  dada  la  conveniente  proporción  da 
¡  país  y  de  aiglo,  nuestro  padre  Isla 
¡  es  la  enorme  figura  del  Rabelaii  es- 
pañol. 

Ifllami.  Masculino.  Entre  los  tur- 
cos, «mi^o  y  pacífico. 

Islamismo.  Masculino.  Culto  déla 
religión  mahometana.  |  Mabometit- 

mo. 

EnuoLoafA.  Árabe  itlSm  ({«^|) 

«resignación  á  la  voluntad  de  Diotu 
francés,  ülamimg¡  italiano,  úUmit- 

mo. 

IsIamisU.  Masculino.  Mahoub- 

TANO. 

ETiMOLOOÍa.  Itlamitmo:  flraneés,  »• 

lamite. 

Islán.  Masculino  anticuado.  Cierta 
especie  de  velo,  guarnecido  de  enca- 
jes, con  que  se  cubrían  la  cabeza  las 
mujeres  cuando  no  llevaban  manto. 

ííslandés,  m.  Adjetivo.  El  natural 
de  Islandia. 

'^TtMOLOdih,  ItUndia:  italiano,  ú- 
landese;  francps.  iilaiuiai». 

Islandia.  Femenino.  QeogrolU. 
Grande  isla  de  América,  en  el  Atláo- 
tico  septentrional,  denominada  gene* 
raímente  tierra  de  hielo, 

BnuoLoaÍA.  Inglés  /c<-ía«,  de  ict, 
hielo,  y  lan,  tierra. 

Islándico,  ca.  Adjetivo.  Lo  perte- 
neciente á  la  Islandia. 

Islas  Filipinas.  Geografía.  Archi- 

fiiélago  de  la  Malasia,  situado  entre 
os  120  y  130°  de  longitud  Este  del 
meridiano  de  Madrid  y  ó  y  21*  de  la- 
titud Norte.  Fué  descubierto  por  Ma- 
gallanes y  perteneció  á  España  basta 
1898  eu  que  fué  cedido  á  los  Estadas 
Unidos  en  virtud  del  tratado  de  Pa- 
rís, Población.  7.500.000  habitantes. 
Comp  nese  de  unas  1.200  islas  é  islo- 
tes. La  mayor  de  todas,  la  de  Luxón, 
tiene  U  figura  de  un  brazo  doblado, 


Tan  severo  tribunal, 
Fuera  mejor  que  celara 
Que  del  carro  no  tirara 
Tanto  fi^rosero  auimal. 
Hombre  justo,  león  real, 
Aguila  de  agudo  pico, 

Y  buey  grave:  no  replico; 
Que  asi  el  profeta  lo  vió: 
Mas  ¿qué  va  que  no  se  halló 
Entrelos  cuatro  un  borrico? 

Recoja,  sabio,  advertido, 
El  tribunal  de  la  fe, 
Gerundios  que  andan  &  píe 

Y  hacen  daño  conocido. 
No  preste  piadoso  oído 
A  tanto  (íerundia  orate, 

Y  dfl  persuadirse  trate 

gue  las  quejas  aparenta, 
orqne  le  falta  la  renta 
Del  tabaco  y  chocolate.» 

Tal  fué  el  padre  Isla,  escritor  cuyss 


dos  lagos,  el  de  Bay  j  el  de  Faal,  al- 
gunos volcanes  en  actividad,  ua  no 
considerable,  el  Pasie,  en  cuya  orilla 


se  asienta  la  capital  del  arcbipiélt£^> 
Manila;  cuenU  107.171  habitantMj 
edificios  públicosy  religiosos  notabi» 
antes  del  terremoto  de  1863,  qoe  loi 
destruyó  en  su  mayor  parte;  li  bi« 
algunos,  como  la  catedral,  se  han  re- 
edificado. Es  puerto  espacioso  y  moj 
frecuenUdo.  Cavite,  en  la  misma  isU. 
tiene  astillero  y  arsenal.  La  isla  de 
Mindanao  es  la  segunda  porauex""" 
sión:  el  interior  está  habitado  por 
tribus  malayas  musulmanas.  Zam- 
boanga  es  la  principal  población  de 
esta  grande  isla. 

En  el  grupo  de  las  Visayas  baj  p«- 
.|ueñaf  islas  notables  por  su  riquo^ 
y  por  lo  denso  de  la  población,  "i*"" 
do  las  principales  Samar,  Leyte./e- 
bú  y  Panay,  que  mantienen,  especi* 

i  mente  las  dos  últimas,  activo  comer; 

¡  cío  exterior.  El  arcliipielngo  de  Jo'^; 

¡  situado  al  Sur  de  Filipinas  recoot)C"' 
en  1877  la  soberanía  del  gobierno  «- 


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ISMA 


ISOB 


ISOC  183 


piílol.  Lu  prodacciones  principales 
na:  abacá,  tabaco,  axácar^  atroz, 
eicto  j  café.  Sa  flora  j  su  fauna  rí<itLf- 
nmas  sod  laa  propias  de  los  trópicos, 
aaDqae,  excepto  el  caimáa,  no  existen 
tllí  las  grandes  j  dañinas  fieras  j 
reptiles  ^ne  fracueotan  otras  islas  de 
U  Malasia.  Abunda  el  carbin,  el  hie- 
rro, el  oro;  pero  las  ezplotacioaes  mi- 
neras están  en  la  infancia.  Reciente- 
mente unido  el  archipiélago  al  resto 
del  mundo  por  uu  cable  submarino  y 
por  una  línea  regular  de  vapores  co- 
rreos, desestancado  el  tabaco  é  inicia- 
da una  enltura  material  poderosa, 
con  líneas  telegráficas  j  una  red  de 
fetroearriles,  es  seguro  que  ha  de  en- 
trar en  el  concierto  universal  con  las 
riqueiai  sin  explotar  que  encierra  su 
focando  suelo,  ou  población,  católica, 
calta  en  cierto  modo  j  de  antiguo  fa- 
miliariiadn  con  lu  costumbres  j  las 
artes  enropeas,  es  apta  para  el  traba- 
jo j  lo  sena  mis  si  en  su  seno  se  des- 

fiertasen  lu  necesidades  propias  de 
Ds  pueblos  civilizados.  Entre  la  mul- 
titud de  dialectos  que  los  filipinos 
hablan,  los  principales  son  el  Ugalo 
/  el  visaja.  fin  Manila  hay  una  nni- 
Tersidad  y  muchos  centros  de  ense- 
ñanza. 

BmcoLoaÍA,.  Se  denominaron  Fiu- 
mus  por  haber  sido  descubiertas  en 
tiempos  de  Felipe  II, 

Iilefio,  fla.  Adjetivo.  Bl  natural 
de  alguna  isla  j  lo  perteneciente  á 
lai  islas, 

VittMoioaÍA.  lila:  catalán,  itlti^,  a; 
UlmiMo, «. 

uleo.  Muculino.  Terreno  aislado 
6  cercado  de  peñascos,  de  suerte  que 
00  esté  llana  la  entrada  á  él. — <Parte 
da  isla,  6  á  manera  de  isla,  que  por 
lo  regular  es  de  peñascos  en  forma 
decorooa.»  (Aoadbuia,,  Diccionario 

i*  me.) 

Isleta.  Femenino.  Isla  pequeña. 

BnitoLoofA,  ItU:  firanccs,  tUtte; 
catalán,  itleta, 

lalica,  lia,  ta.  Femenino  diminu- 
tivo  de  isla. 

BnuOLOafa.  hla:  catalán,  islot. 

Islilla.  Femenino,  La  parta  del 
eoarpo  desde  el  cuadril  hasta  debajo 
del  brazo. — «La  parte  del  cuerpo  en  el 
animal,  desde  el  cuadril  hasta  debajo 
del  brazo,  que  también  se  llama  ijar.» 
(áCADBina,  IHeeioÉario  de  17Í6,J 

Islote.  Masculino.  Isla  pequefia  j 
despoblada.  Q  Peñasco  mujr  grande, 
rodeadil  del  mar. 

BTZUOLOaÍA.  Jila:  catalán,  itloL 

Iimaelianos.  Masculino  plural. 
BiiUtria,  Musulmanes  que  creían  que 
los  verdaderos  imanes  eran  los  ali- 
du;  que  Ismael,  hijo  de  Djafer,  había 
sido  el  último  imáu  visible,  j  que  el 
califato  pertenecía  de  derecho  á  sus 
descendientes,  como  verdadera  poste- 
ridad de  Fátima,  hija  de  Mahoma. 
Abdallah  (Obeídallali-al-Mahadí), 

?iretandÍdo  descendiente  de  Ismael, 
andó  la  dinastía  de  los  fatimiUs,  6 
UMAtLiANos  del  Oeste,,  de  donde  su 
doctrina  pasó  i  Egipto  con  la  dinas- 
tía. L«  doctrina  de  esta  secta,  com- 
pletamente subversiva  para  el  isla- 


misino,  aunque  afectaba  gran  celo  en 
sn  favor,  sé  propagó  en  las  logias  se- 
cretas, llamadu  agambleas  de  ta  »abi~ 
dmrla  y  presididas  por  el  daial-doat  6 
misionarib  supremo.  Comprendía  nue* 
ve  grados  de  iniciación,  durante  los 
cuales  se  combatían  todas  las  creen- 
cias de  los  discípulos,  se  les  persua- 
día de  que  todas  las  acciones  son  in- 
diferentes, de  que  nada  es  verdadero 
j  de  que  todo  es  permitido.  Este  odio- 
so escepticismo,  combinado  con  el 
fatalismo  oriental  y  la  completa  su- 
misión al  jefe  de  la  secta,  sirvió  pos- 
teriormente á  Hassán-Sabah  para  ían- 
á^T  la  Orden  de  los  Asetinot.  Las  opi- 
niones ismaelianas,  mezcladas  con  un 
sinnúmero  de  locuras  y  supersticio- 
nes, subsistieron  mucho  tiempo  entre 
los  drusos  del  Líbano,  algunos  de  los 
cuales  veneran  todavía  al  califa  xsuan- 
LI4NÓ  Hakem,  como  encarnaciSn  de 
Dios. 

Ismaelismo.  Masculino.  Sistema 

de  l:)s  ismaelitas. 

Etiuolooía.  Ismaelita:  francés,  ti- 
ma¿litme. 

Ismaelita.  Adjetivo.  Nombre  que 
se  da  á  los  árabes  como  descendieuies 
de  Ismael.  |  Aoarbmo  6  sanitACBNO. 

BTiuoLoafa.  Ismael,  hijo  da  Abra- 
ham:  francés,  ismaélite» 

Ismara.  Femenino.  Tiempos  heroi- 
eos.  Monte  famoso  de  la  Tracia,  cujo 
vino,  según  Homero,  elogió  Ülises. 
Teseo,  rsy  de  Tracia,  fué  llamado  Js- 
mario  por  el  nombre  de  aquel  monte. 
J  Ciudad  de  Tracia,  cerca  del  monte 
Ismaro. 

Iimaro.  Masculino.  Tiempos  heroi- 
cos. Hijo  de  Marte,  que  dió  su  nom- 
bre i  un  monta.  B  Hijo  de  Antaco, 
que  mató  á  Hipomedonte  delante  de 
Tebas.  Q  Hijo  de  Eumolpo,  el  primero 
de  los  eumólpidas,  que  institujó  con 
su  padre  los  misterios  eleusinos. 

Etiuolgoía.  Griego  ^IsftÁpwi  ( Ismá- 
rosj,  monte  de  Tracia:  latín,  IimUms. 
(Virgilio.) 

Ismene.  Femenino,  Mitología,  Hija 
de  Edipo  j  de  Yocasta,  y  hermana  de 
Antígona.  (Estacio.) 

ETiuoLoafa..  Griego  'Iffitijvsí  (Isme- 
nesj:  latín,  Ismenes. 

Ismenias.  Masculino.  Músico  fa- 
moso de  Tebas.  (Plinio.)  Q  Un  jefe  de 
los  beocios.  (Tito  Livio.) 

STOCOLoaía.  Latín  Ismenías, 

Isménides.  Femenino  plural. 
Mitología,  Ñín&s  del  ifflWMo.  río  de 
Beocia.  |  Sobrenombre  de  los  teba- 
nos. 

Ismenio.  Masculino.  Mitología, 
Sobrenombre  de  Apolo,  tomado  del 
culto  que  se  le  tributaba  en  Beocia, 
donde  corre  el  río  Istneno, 

Ismeno.  Masculino.  Mitología, 
Hijo  de  Pelasgo,  ó  de  Anfión  pr  de 
Niobe,  que  dió  sn  nombré  á  un  no  de 
Beocia.  Según  Plutarco,  herido  por 
las  flechas  de  Apolo,  se  precipitó  en 
el  rio  Cadmo  6  Ladón,  que  después 
tomó  su  nombre, 

lamo.  Masculino.  IsTuo. 

lao.  Prefijo  técnico,  del  griego  ívoc 
(isos),  igual, 

Isobafla.  Femenino.  Historia  naíif 


ral.  Estado  de  nn  enerpo  qu  aSía 
fleta  un  color. 

ETiuOLOOfÁ.  Griego  fmc  (Um), 
iffual,  y  potfij  (iaphí),  color;  de  ^itptn 
(oáphetn),t&ñir:  mncé»,  isobaphie, 

Isobaromótrico,  ca.  Adjetivo.  Ft' 
sica.  Que  presenta  las  mismas  altutaa 
geométricas,  en  cujo  sentid  ae  dice; 

curvas  ISOBAROMéTRICA.S. 

ETiuoLoaíA.  Jso  y  ¿ofwMSMwr fran- 
cés, ¡sobar  orne  trique. 

Isobriado,  da.  Adjetivo,  Botánica. 
Que  crece  igualmente  por  uno  y  otro 
larlo. 

Etiicolooía.  Griego  isoSf  igual,  y 
brgein  (^pOet^),  impultt»  eo&  fiumt 
francés,  iso'jryé. 

Isocardas.  Femenino  plural.  jStt^ 
toria  naHural.  Qénero  de  coiuhu,  coi»» 
prensivo  de  loa  animelés  enemadoi 
en  una  eoaeba  moy  o^est,  eoIdil6^- 
me,  como  la  iBOOAMU.j'^etiilMm 

BnMOLoaía.  I$o  y  íaféU,  eonu^: 
francés,  isoearde, 

laocárpeo,  pea.  Adjetivo.  Boláni' 
ca,  PukNTAs  isoJÁBPBASi  plantas  cujo 
fruto  presenta  tan  tu  divisiones  como 

el  perianto. 

Etimolooía,  Xwy  jUijMSi, flrato: 
francés,  isocaypé. 

Isocilindnco,  ca.  Adjetivo.  Geo- 
arafia  astronómica.  De  cilindros  igua- 
les, como  la  proyección  isociLÍND&ica. 

ETniOLOOÍA.  Iso  y  cilíndrieo:  fran- 
cés, isacglindrique, 

IsooUnOt  aa.  Aiiy'etivo.  Didicíka, 
Que  tiene  la  miima  inelinatídn  que 
otra  con. 

Eriuoboaík*  Qriego  ises,  igual,  y 
klinif  ínclinaeidn:  mncés,  isocUns, 

IsodAn.  IsocoLÓH.  La  forma  tM- 
el  n,  que  aparece  en  algonoi  2HttU~ 
nariost  es  b;irbara. 

Isocolón.  Masculino.  Retórica,  Pe- 
ríodo cuvos  miembros  son  iguales. 

EriMOLoaÍA.  Griego  ÍVoí  (isos), 
igual,  ^  ittüXov  ( kdlon),  miembro:  fran- 
cés, isocolon. 

Isócrates.  Nombre  de  uno  de  los 
oradores  griegos  más  famosos,  nacido 
en  Atenas  e)  año  primero  de  la  olim- 
píada 86."  (436  antes  de  Jesucristo). 
No  pudiendo  sacar  butanto  partido 
de  la  oratoria,  se  dedicd  i  Ofoftaot  ÚM 
elocuencu  y  á  oomponar  ainonoB  j 
alegatos  de  encawo,  con  lo  enid  gand 
sumas  considerablei.  Nicocles,  rej  de 
Chipre,  le  diÓ  veinte  talentos ^( cerca 
de  20.000  duros)  por  un  solo  discurso. 

lacere.  Adjetivo.  Historia  natnral. 
De  color  uniforme. 

EriuoLOaÍA.  Isos,  igual,  y  chróa 
(Xp(ía),  color. 

laocristos.  Masculino  plural.  His- 
toria eclesiástica.  Herejes  del  siglo  vi, 
que  pretendían  que  los  apóstoles,  para 
gozar  de  alguna  ventaja  en  la  resu- 
rrección, debían  ser  iguales  á  Jesu- 
cristo. Tomaron  sus  doctrinas  de  Teo- 
doro de  Capadocia,  discípulo  de  Orí- 
genes. Más  g^malaento  tediee:  tec- 
la xsocBista. 

ETiHOLoefA.  Gríeg)»  fonC  (iiot), 
igual,  y  XoMt^  fCmtdtJ,  Giisto: 
francés,  isocnriite, 

Isocromia.  Femenino.  Siadnimo 
de  litocromía. 


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m 


isoa 


-  Etimolooü^  7^01  y  tkr$'¡M,  color: 
francés,  isochromie. 

laocronismo.  Masculino.  Mecáni- 
«g.  Condición  3  carácter  de  lo  isócro- 
no. \  Igualdad  de  duración,  ea  cujo 
sentido  se  dice:  el  iBocaOMisyo  de  la 
péndula.  Q  Fisiología.  Simultaneidad 
de  acción  eotre  dos  órganos  que  se 
corresponden. 

.  BTw<».oaU.  líóoroM:  feanoé^  üo- 
ehronisvu. 

.  Isócrono.  Adjetiro.  Mteániea.  Se 
aplioa  i  los  moTÍmientos  qae  ae  ha- 
cen en  igual  tiempo,  por  cujra  razón 
se.  denominan  mettmieníot  isócronos. 
H  PuiJSACiOMBS  ISÓCRONAS.  Fisiologla, 
Las  pulsaciones  arteriales  respecto  de 
las  del  corazón. 

ETUcoLoaÍA..  Griego  Wi^povoc  (ité- 
chronotj;  de  üos^  igual,  /  ckr<í»ot, 
tiempo:  catalán,  iiócrom;  francés,  úo- 
ckrone* 

Isodictilo,  la.  Adjetivo.  Zoologia. 
Que  tiene  cuatro  dedos  hendidos,  dos 
hacia  adelante  j  dos  haoía  atrás. 

BruoLOofA.  2so  j  tíetih:  francés, 
isotUctwie. 

Isodinimico,  oa.  Adjetivo.  Que 
tiene  la  misma  fuerza*  LUtea  isodiná- 
uica;  línea  que  pasa,  por  los  puntos 
de  la  tierra  en  donde  la  inflaencía 
masrnética  es  la  misma. 
.  ETDioLoaÍA..  Ito  jdinimieot  fran- 
cés, isoi^mmigue, 

Isodinamo,  ma.  Adjetivo.  Bi>tá*U 
jM.  Que  crece  con  igualdad  por  ambos 
lados. 

ETiMOLoaÍA.  Jso  ^  dynamis,  fuerza. 

Isodonto.  Adjetivo.  Zoolwfia.  Ca- 
lificación da  los  reptiles  ofidianos  que 
tienen  diantea  maxilares  simples  é 
iguales. 

ETiuoLoaU.  Itosy  odoSs»  oddkío», 
diente:  francis,  itodonie, 

Isoédrico,  ca.  Adjetivo.  JUituralo- 
gia.  De  fteetas  iguales. 

BnxaxraÍA.  Griego  itos,  igual,  j 
édra^  cara,  faz:  francés,  isoédrique, 

Isoetaa.  Femenino  plural.  Botáni- 
«a.  Familia  de  plantas  criptógamas, 

3ue  se  conservan  del  mismo  modo 
uraate  todo  si  aflo. 
STiHOLoafA.  Griw-o  Xm^  (is»t), 
iff  tuüfj  S'TOC  ( éto9 },  año:  n-as  cés ,  itoétáes. 

Isófllo,  la.  Adjetivo.  Botánica.  De 
hojas  iguales;, 

BtiuolooÍa.  Griego  Uot,  igual,  j 
phvllon,  hoja:  francés,  itophylle. 
Isótimo,  na.  Adjetivo.  De  voz  igual. 
HnicoLoaU.  /w  y  pidni^  voz. 
Isogeotermo,  ma.  Adjetivo.  Fiti^ 
ea.  D«  igual  temperatura.  |  Línea. 
isooaOTBBMA.  Línea  que  .pasa  por  to- 
dos los  puntos  en  que  la  temperatura 
media  del  suelo  es  lajuisma. 

EtiuolooÍa.  Griego  itoi,  igual; 
gaia,  tierra,  y  ikermo't,  caliente:  tvo; 
■pía  6ep|ióí:  francés,  isogéotherme. 

bogónico,  ca.  Adjetivo.  Mintra- 
logia.  Que  tiene  la  misma  declinación, 
esto  as,  que  describe  loa  mismos  án- 
gulos. (LiTTRé.) 

BTiifOLOOfju  Itdffant:  francéa,  ito- 
gonique. 

Isógono,  na.  Adjetivo.  GeomelrUt, 
De  ángulos  iguales. 
BmiOLoaíI.  Griego  Un,  ¡gnal»  7 


ISON 

gonott  ángulo:  catalán,  itogono;  fran- 
cés, íío^oaí.— fTérmioo  geométrico 
^ue  se  aplica  á  las  ñgaras  que  tienen 
ángulos  iguales.  Es  voz  griega.» 
(AoADBUiA,  Diccionario  de  i7z6.) 

Isograña.  Feraeoiao.  Reproduc- 
ción exacta  de  manuscritos  y  géneros 
de  escritura,  y  Facsímile. 

EtiuoloqU.  Ito  y  graphan^  des- 
cribir: francés,  itographit. 

Isogriflco,  oa.  Aoíjetivo.  Goneer- 
■niente  á  la  isografia. 

lajlogo,  ga.  Adjetivo.  QaÍMtoo. 
CuBRPOS  isÓLoaos.  Cuerpos  que  tie- 
nen una  oomposición  igual  o  seme- 
jante. II  Sustantivo  plural.  Los  isó- 
Loaoi  del  alcohol  normal. 

ETiuoLoafA.  Ito  y  ¡^ot,  relación: 
francés,  isologue. 

Isomería.  Femenino.  Álgebra. 
Operación  por  la  cual  se  despoja  una 
ecuación  de  las  fracciones.  ||  Química, 
Conjunto  de  causas  que  pueden  vol- 
ver isómeros  á  los  cuerpos.  D  Cuali- 
dad y  estado  del  compuesto  isómero. 

Isomérico,  oa.  Adjetivo.  Belativo 
á  la  isomería. 

ErniOLOttÍA.  IttnurUu  firaneéa,  ¿10- 
m/rigue, 

IsMnerismo.  Ibtseulíno.  Quimiea, 
Condición  en  cuja  virtud  ciertoa  cuer- 
pos, dotados  de  una  misma  constitu- 
ción moleenlar,  tienen  propiedades 
diversas. 

EiTMOLoaía.  It^iunt  francés,  if9- 
mérísme. 

laómero,  ra.  Adjetivo.  Mineralo- 
gía. Que  esú  formado  de  partes  seme- 
jantes. B  CuBapos  isÓHBRos.  Qaimiea. 
Cuerpos  compuestos  de  los  mismos 
elementos  y  en  numero  igual;  pero 
cujas  propiedades  físicas  y  químicas 
difieren  en  la  esencia,  cuja  circuns- 
tancia induce  á  creer  que  están  disr- 
puestos  entre  sf  de  nn  modo  distinto, 
y  Sustantivo  plunl.  LosisóiiiBOS.ea 
CUTO  sentido  se  dice  que  la  esencia 
del  limón  es  uno  de  los  isóvbros  de 
la  esencia  de  trementina.  (Littré.) 

ErntoLoafA.  Ito  y  [Upoc  (mérot), 
parte:  francés,  itomire. 

Isométrico,  ca.  Adjetivo.  Mineror 
logia.  De  dimensiones  iguales. 

Etiuolooía.  Ito  y  méiri&tt  francés, 
itométrique. 

Isomorfia.  Femenino.  Qirfsifea.  Es- 
tado de  lo  isomorfo. 

Etiuología.  homorfoi  francés,  Uo~ 
marpkie. 

uomorflsmo.  Masculino.  Isoicob- 

FIA. 

ETiMOLoaÍA..  Itmwfias  francés,  Í99- 
morpkitme.  ■ 

Isomorfo,  Ca,  Adjetivo.  Química. 
Epíteto  de  las  substancias  que  afectan 
la  misma  forma  cristalina  en  sus  com- 
binaciones, con  respecto  á  idénticas 
proporciones  atomísticas. 

Etiuolooía.  Ito  y  [lop^ií  (morpAi), 
forma:  francés,  isomorphe. 

Isonomia.  Femenino.  Igualdad  de 
derechos  civiles.  |  db  los  cri-^talbs. 
Mineralogía.  Estado  ó  cualidad  de  los 
mismos  cristales  construidos  segúu 
la  misma  regla. 

BtiuoloqU.  Itdnomo:  francés,  ito~ 
nonie. 


ISOS 

Is¿norao,  ma.  Adjetivo.  Minen- 
logia.  Cristalbs  isÓNQifos.  Criatiles 
cujos  decrecimientos  son  iguales,  uí 
en  sus  bordes  como  en  sus  ángulos, 

Etimolooía.  Ito  y  (niaut)t 
1^J>  regla:  francés,  ittnome. 

laoperimetro,  tra.  Adjetivo,  De 
contornos  iguales  en  longitud,  en 
cujo  sentido  ae  dice:  polígonos  lacK 

PBBÍMBTftOS,  polígonos  CUJQ  CifCUÍtO 

es  igual. 

BmcoLOofA.  Ito  y  parimttro:  fran- 
cés, itopéríwtitrt.—tTétmiao  geomé- 
trico ^ua  se  aplica  á  alcanas  figuras 
que  tienen  ámbito  ó  cirounfereacia 
igual  á  otras  con  quienes  se  oompa- 
ran:  eomo  un  cuadro  de  cinco  pies  de 
línea,  que  se  dice  ser  isoperímatro  i 
un  pentágono  de  cuatro;  porque  aaa 
y  otea  figura  tienen  veinte  piés  At 
ámbito.  Ke  voi  griega.»  (Aoadbiua, 
Diccionario  dt  f7Í6.) 

Isopétalo,  la.  Adjetivo,  Boíéaité, 
De  pétalos  iguales. 

BrtMOLoaÍA.  Ito  y  pUalot  franeéi, 
itopetale. 

Isoplearo.  Adjetivo.  T&mino  gtt- 
néíñeo,  <Lo  mismo  que  iriiagido 
equilátero,  ó  oujos  lados  son  iludes, 
Bt  voz  griega.»  (Academia,  Dtoeiomh 
rio  de  1726!) 

Isópodos.  Masculino  plural,  ¿otn 
¿«^ía.  Los  xsÓPODOs;  orden  de  crustá- 
ceos que  comprende  las  euoaracbu 
caracterizadas  por  un  abdomen  volu- 
minoso, cabeza  pequeña,  siete  pares 
de  pies  semejantes,  sin  ó^nos  rta- 
piratorios  en  el  exterior. 

BTuoLoaÍA.  Ito  y  jwit,  poddt^  pie: 
francés,  isopodt. 

Isopósono,  na.  Adjetive*  Orw'o- 
Ayia.  CaTífícación  de  las  aves  que  ti» 
nen  iguales  los  lados  de  la  barba. 

BTUfOLoaÍA.  Ito  y  pogí»,  barba. 

IsopoUtia.  Femenino.  Igualdad  de 
derechos  políticos. 

BTnc<x.00ÍA.  Griega  InneXmía  (Íi»' 
politeíti ):  de  isot,  igual,  j  ^UUUt  de* 
recho  civil:  francés,  isopoltíie. 

Isoquxro,  ra.  Adjetivo.  Hittoria 
natural.  De  brazosóapéndíees  igualas. 

ETtuoLOoiA.  /««  7  eMr  (x>H 
mano. 

Isorimnno.  Masculino.  Botinica. 
Árbol  de  Malabar,  cuja  savia  se  asó 
cpmo  eficaz  remedio  contta  las  pul- 
monías. 

Isósceles.  AdjetiTO.  OMmtIrla. 

Véase  TniÁNODLO. 

B-miOLOOlA.  Griego  teoaxíXi|<  (itoi- 
kéUt);  da  itot,  igual,  7  fiU^H,' pierna: 
latín,  itotdiUti  francés,  itotdUáitoci' 
catalán,  itótceltt. 

IsósCBLEs;  del  griego  tiof,  iw» 
igual,  j  de  tkélot,  pierna.  Lláttsas 
isósceUt  al  triángulo  que  tiene  doi 
lados  iguales,  los  cuales,  ooraoqucle 
sostienen,  se  consideran  como  dos 
piernas.  (Monlau.) 

Isoscelia.  Femenino.  flWswM*. 
Propiedad  de  un  triángulo  isóseelei. 

ETmoLOGÍA.  ItóteeUt:  francés  ««- 
célie. 

Isoaférioo,  ea.  Adjetivo.  Qoe  es 
de  esfera  igual. 

BniiOLoaÍA.  Ito  y  tt/ifUoi  ftaneás, 
itutpÁért^nt, 


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ISPI 

.IsosUraono,iia.  A(^etÍvo.  Botdui- 
es.  Galifietción  d«  plantas  que 
tMiieii  an  ndmqro  d«  eitambns  igual 
al  d*  U«  diTÍiiooM  da  U  eoiolm  en 
cayo  leotido  se  dice:  Jtor  i$o$íéMOH0 
(Qor  que  tiene  igual  numero  de  péta- 
loi  que  de  estamtjirei). 

StwolooU.  Js9s  j  i  timón  (raf^ib»), 
estambre:  francés,  isosUmoiu, 

Isotelia.  Femenino.  Ant^üeiades 
pi^at.  Grado  medio  entre  la  eondi- 
eiiín  del  extranjero  domiciliado  j  la 
de  ciudadano  griego  propiamente 
dicho. 

fimiOLoaÍA.  Griego  IvtniXcta  (isoU- 
teia);  de  ifos,  i^ual,  j  télot,  carga, 
impuesto  páblieo:  francés,  isotélie. 

Isótelo.  Masculino.  Bl  <}ae  gozaba 
de  la  isotelia,  en  cuja  Tirtud  se  le 
coneadían  .todos  los  pririlegios  inhe- 
rentes al  derecho  de  ciudad. 

ÉnicoLoaÍA,.  Itoielia:  griego,  («wct- 
Ai¡(  (itotelis);  francés,  isotile, 

Isotermo,  ma.  Adjetivo.  Física, 
De  i^ual  temperatura.  |  Líkbas  iso- 
TiBius.  Meteorología.  Lineas  que  pa- 
san por  todos  los  lugares  deiglooo, 
en  que  la  temperatura  media  del  año 
ei  la  misma.  El  espacio  comprendido 
eotn  dos  líneas  isoteshás  lleva  el 
aambre  de  zona  6  borde  uoTsaHO. 

(LlTTBd.) 

BnuoLoafA.  Tso  j  thermótt  calien- 
te: ftaneés,  Uoíhertne. 

AtfAte.— <£1  sistema  ds  lineas  iso- 
niíi&«,  isdteras  é  isoquímenai  que 
propuse  en  18I7,.|^odrá  tal  yez  sumi- 
nistrar naa  base  cierta  á  la  elimatolo- 
gÍM  eomparada.»  (UuuaoLOT,  Chsno- 
}9aU,) 

Isótero,  ra.  Adjetivo.  il/>ííoroía;¿a. 
LíHBÁ  isÓTEBA-  Línea  (jue  pasa  por 
todos  los  puutos  de  la  tierra  que  tie- 
nen en  verano  la  misma  temperatura 
media. 

Etiuolooíá.  Griego  Toof  (isos)t 
igual,  j  Ojpo;  (théros),  estío:  francés, 
itotkére. 

Reseña, — La  voz  del  artículo  fué 
inventada  por  el  sabio  alemán  Hum- 
boldt, 

Iipara.  Femenino.  Hfitolo^Sa,  J)i- 
rinidad  de  Jos  habitantes  de  la  costa 
de  Malabar.  Ba  voz  que  sólo  sa  halla 
ea  las  relaciones  de  los  viajeros,  j 
qae  probablemente  representará  una 
uteraci  ín  de  Jswara.  La  forma  Jtpare- 
i<t,  de  algunos  Diccionarios,  es  una 
alteracián  mayor. 

kpida.  Femenino.  Órnitologla.  Ave 
solitaria  j  brava,  pequeña  de  cuerpo. 
Tiene  el  lomo  verde  cerúleo,  y  pues- 
ta al  flol,  parece  záSro.  £1  pecho  pare- 
ce una  ascua  de  lumbre,  no  tiene  más 
qae  dos  dedos  en  los  piés;  las  uñas 
torcidas,  el  pico  pequeño  y  derecho, 
las  alas  cerúleas,  las  plumas  primeras 
langas,  con  algunos  puntillos  á  mane* 
ra  de  rajos  de  sol,  y  la  lengua  muj 
pequeña.  Susténtase  da  peces,  por  lo 
eoal  la  llaman  también  martín-pesca- 
doc  (AcADBHU,  Diccionario  de  17$6,) 

«Xa  (</»tWa,que  en  Portugal  llaman 
Acábela,  y  en  latín  Martin  tt  Piscaíor, 

Íen  Castilla  Ave  del  Paraíso,  pir  la 
enoosiva  de  sus  plumas,  9»  ave  pe- 
qnefta  jf  tiene  el  lomo  verde  jr  eeriU^o*» 


ISQU 

(Jtmu.  Wstoria  natural  de  ates  y  ««*• 
mtles,  libro  1,  capitulu  39,) 

Ispir.  Neutro.  Esponjarle  alguna 
cosa. 

Xsqaemia.  Femenino.  Medicina* 
RetancitSn  ó  suapensidn  de  un  flujo 
habitual  de  sangre,  |  Patología.  De- 
tencitín  de  la  circulación  arteriaU 

Btiiíolooía.  Griego  Uckein,  dete- 
ner, y  Aaíma,  ksata,  sangre:  francés, 
isch^tnie, 

IsquemAn.  Masoalino.  Nombre 
griego  y  latino  de  cierta  hierba. 

Etimología.  Griego  lffx«4«í  f*^" 
chaimas):  latín,  itehawton.  (Plimio.) 

Isqoiadelfla.  Femenino.  Teratolo- 
gía. Monstruosidad  de  dos  fetos  uni- 
dos. 

BtiuoloqÍa.  Isqmadelfo. 

Isquiadélfico,  ea.  Adjetivo.  Tera- 
tología. Que  presenta  los  earaetores  de 
la  isquiadelna. 

Isquiadelfo,  fa.  Adjetiro.  Terato- 
logía. Monstruos  isQUiADBi.Foa.Mons- 
truos  dobles,  cuyos  cuerpos,  situados 
en  sentido  contrario,  están  soldados 
por  el  bacinete;  esto  es,  por  la  parte 
inferior  del  tronco. 

EtiuolooÍa.  Griego  íschein^  dete- 
ner, y  adelphdSf  hermano;  Xv^tn  á8«X- 
ifó^:  francés,  ischiadelphe, 

Isquíagra.  Femenino»  Medicina. 
Gnta  fija  en  la  cadera. 

ETDfOLoaÍA.  Griego  isckion,  hueso 
innominado,  y  ágra,  invasión;  irjfjLW 
af^at:  francés,  isckiagre* 

Isqniagria.  Isquuob^*  La  forma 
itquiagria,  que  aparece  en  algunos 
Dicáottarios,  debe  ser  errata  de  im- 
prenU. 

laquial.  Adjetivo,  Anatomía,  Refe- 
rente al  isquion. 
Etiicolooía.  iifaiM:  francés,  «s- 

chial. 

Isquialgia.  Famanino.  Jff^icífla. 

ISQUIAOBA. 

ÉnuoLoaÍA.  Jsqnion  y  álgos,  dolor. 

Isquiático,  ca.  Adjetivo.  Ánato- 
tnia.  Que  se  relaciona  con  el  isquion. 

BT;uoLoaÍA.  Jsguion:  francés,  is- 
chiaíiqne. 

Isquiatocele.  Femenino.  Isqdio- 

CBLB. 

Istjuidroflds.  Femenino.  Medicina, 
Supresión  del  sndor. 

Étiuolooía.  Griego  Uckein,  dete- 
ner, é  ¡11/  /Or,  agua. 

Isquiepatli.  Masculino.  Zoología. 
Animal  de  Guatemala  parecido  a  la 
zorra. 

Isquiedra.  Femenino.  Botánica. 
Árbol  mnj  alto  de  los  bosques  del 

Porú. 

Isijaio.  Voz  qne  entra  en  la  eom- 
posictón  de  varías  palabras  de  anato- 
mía para  indicar  la  cadera. 

BnicoLoaÍA.  Griego  Xay>i.M  (iscMon)y 
el  hueso  innominado. 

Isqnio-anal.  Adjetivo.  Anatomía. 
Perteneciente  al  isquion  j  al  ano, 
eomo  el  músenlo  i3:íuio-anal. 

BtuiolooCa.  Jsqnio  y  ano:  francés, 
ischio-anal. 

laquio- cavernoso,  sa.  Adjetivo. 
Anatomía.  Perteneciente  al  isquion  y 
al  cuerpo  cavernoso,  eomo  al  músculo 

UQUíO'CAVBBXOSO. 


ÍSRÁ 


185 


ETiuoLoaÍA*  Isjnia  j  eateruoso; 
francés,  iscAio-cavemenx, 

Is(}uiocele.  Masoulino.  Cirugía. 
Herma  isquiática. 

BnuoLoafA.  Griego  isckion  j  kéli, 
tumor;  Xrgwi  xi{X«} :  francés,  iseaiocéir, 

Isqnio-eoccigep.  Adjetivo.  íÍm- 
toaiia.  Referente  al  isquio  y  al  eoccis, 
c  )mo  el  oidscnlo  laQUio-coccíOBO,  que 
va  de  la  espina  eici¿tica  al  borde  del 
eoccis  j  i  la  parto  inferior  de  la  fez 
lateral  del  sacmm. 

BtUI0LOO<^ /Sf«M  7  CMCti:  ft«IM<l| 
ischioC'Ccigien. 

bquio-femoral.  Adjetivo.  Anato- 
mía. Heferento  al  isquion  y  al  fémur, 
como  el  músculo  isQUKVFBifoaaL. 

Btiuolooíá.  Isguio  j  femoral:  fran- 
cés, i$c/iio-femoral. 

bqnxon.  Mascnlino.  Anatomía, 
Parto  inferior  de  las  tres  piezas  que 
esmponen  el  hueso  innominado  tnlus 
nifios.  ¡  EUgidn  inferior  del  mismo 
hueso  en  loa  adultos. 

BriicoLoafA.  Isquio:  francés,  t<- 
ehion, 

Isquiopagia.  Femenino.  Tarafolo- 
gla.  Anomalía  que  caractarisa  á  los 
monstruos  isquiópa^jwu 

BtiuoloqÍa.  Jsjutiípagot  francAi,  »• 
ehiopagie, 

Isquiópagos.  Masculino.  Téraiota- 
gía.  Los  is.¿uíúpagos.  Monstruos  com- 
puestos de  dos  individuos  que  tienen 
un  ombligo  común  y  que  están  uní- 
dos  por  la  región  hipogástrica* 

BTiuoLoaÍA.'  Isqmo  7  jtageía,  t^o; 
t  vj^iov  miyttc:  francés,  isektohagt, 

1.  IsraeL  Masculino.  Sobrenom- 
bre de  Jacob. }  Dios  oi  Isbabu  Jeo- 
vah.  U  Hno  db  Isbasl.  Hombit  de  la 
lej  antigua. 

EriuoLoofA.  Hebreo  fWii,aer  prin- 
cipie, T  Al,  Dios,  sobrenombre  que 
dió  á  Jacob  el  ángel  que  luchó  con 
él:  latín  de  Prudencio,  Israel:  francés, 
Israé'l;  lenguas  romanas,  Israel. — 
<Nombre  dado  al  patriarca  Jacob  con 
motivo  de  su  lucha  contra  un  ser  di- 
vino: del  hebreo  sara^  combatir,  y  El, 
Dios  ( capítulo  XXXII  del  Génesis), — 
Sus  descendientes  se  llamaron  israeli- 
tas 6  kebreos  después  del  destierro  de 
Babilonia,  yndíos,  de  Jekendi,  Judea, 
Jndá, — Otros  descomponen  la  vpx  Is' 
rael,  haciéndola  equivalente  á  al  que 
ve  á  Dios.»  (MoNLAU.) 

2.  Israel  (bbino  db).  Uno  da  los 
reinos  que  se  formaron  en  Palestina, 
en  tiempo  de  Roboam,  sucesor  de  Sa- 
lomón. Comprendía  diez  tribus  he- 
braicas: Aser,  Neftalí,  Zabulón,  Isa- 
car,  Manasés,  Efraín,  Dan  j  Simeón, 
al  Oeste,  7  Gad  7  Rubén,  al  Bste.  Su 
capital  fué  Sichent  después  Samaría. 
Correspondía  á  lo  que  se  llamó  mñs 
tarde  Galilea,  Samaría,  Perea  7  la 

Sorción  Oeste  de  la  Judea  propia.  lu- 
el  al  verdadero  Dios,  casi  siempre 
entregada  i  la  idolatría  7  en  guerra 
contra  el  reino  de  Judá,  tuvo  qne  su- 
I  frir  diversas  invasiones.  Después  Te- 
glath-Phalasar,  rey  de  Asiría,  se  apo- 
deró de  la  porción  del  país  situada  al 
Bste  del  Jordán,  así  como  de  las  tri- 
bus da  Aser,  Neftalí  7  Zabulón.  Su 
sucesor  Salnunasar  tomd  i  Samaría, 


TOMO  III 


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186  ISRA 

ea  718  aotei  de  Jesucristo;  coacluytl 
con  el  reino  de  Isrul  j  llevó  noa 
parte  de  sus  ha1)ifaates  en  cautÍTÍdad 
a  üs  ocillas  del  Tigris»  Los  rejes  de 
IsaasL  faetón: 

AatM 
del 

...  M— Iw 

Jeroboam  .  .  ...  .  962 

Nadab   942 

Haasa.  .  .  I  .  .  .  .  919 

.  Ela.  ,   918 

*  Zamrt.  ....  .  :  .  918 

Amrí   907 

Acab.".  888 

Ocosías.  ......  887 

Joram.  .......  87^ 

■    Jehú 874 

Joacbáz   832 

*  Joás.;  ".   817 

Jeroboam  ll.  ;  .  .  .  776 

IJITBBEBaNO 

Zacarías   767 

8ellam   766 

Manabem   754 

Phaeeia.  ......  763 

Phaeeo   726 

Oseas   718 

Cfréeso  que  el  país  ocupado  por  los 
iiiaelitas  uo  extendió  sus  límites  más 
allá  del  Oáucaso,  por  la  parte  del  Nor- 
te; del  archipiélago  griego,  por  la  de 
Oaste;  d}  la  emoocadura  ael  golfo 
arábigo  ó  del  mar  Rojo,  por  la  del 
Suridel  nacímieato  del  Kuiratesipor 
la  del  Este. 

EtuColooía.  Israel  1, 

Reseña. — I.  La  Sagrada  Gseritara 
llama  i  Israel  <puéblo  y  heredad  del 
Señor.!  (Exodoy  capitulo  TU,  versícu- 
lo 7;  Levitico,  XJlX,  26;  DeuUrotto- 
niot  IV,  SO;  primer  Uhra  de  ¡os  Re~ 
3fM,X,  i.) 

2.  Las  diez  tribus  de  Iskabl  se  se- 
pararon de  la  casa  de  David,  conforme 
a  la  predicción  del  profeta  Ahias. 

3.  Dichas  tribus  son  trasladadas  á 
la  Asiriá.  (Libro  III  de  los  Reyes, 

4.  Muchos  de  TseasL  siguen  á  los 
levitas  á  Jerusaléo  contra  las  diez  tri- 
bus. (II  de  losParalipóme%Qí,XI,  16,J 

Israelita.  Adjetivo.  Lo  pertene- 
ciente al  reítio  de  Israel.  Se  usa  tam- 
bién como  sustantiro. 

ETiuoLOOÍa.  Israel:  latín,  isrSe^ía, 
en  san  Jerónimo;  francés,  israélite; 
italiano  j  catalán,  israelita» 

SiNONiHiA.  Israelita,  judio,  Israel 
quiere  decir  hombre  que  ve  á  Dios.  Esta 
palabra  no  designó  al  principio  nin- 
gún pueblo,  sino  que  fué  el  nombre 
que  »  ángel  dió  á  Jacob,  como  se  re- 
fiere en  el  capitulo  XXXII  Añ\  Gréne- 
sist  nersiculo  iS, 

«iSi  dijo  (el  ángel):  de  ninguna 
manera  se  llamará  tu  nombre  Jacob, 
sino  Jtrael.» 

Después  se  aplicó  á  todo  el  pueblo 
hebreo,  salvado  de  Egipto,  j  última- 
mente designó  las  diez  tribus  que 
formaban  el  reino  de  Israel. 

Judio  viene  de  /«(¿a,  hijo  de  Jacob 
T  de  Lía,  hermana  de  Racneli  bija  de 
Labán. 

f  Concibió  la  cuarta  teipjparitf  un 


ISTM 

'lijo,  j  dijo:  ahora  alabará  al  Sefior, 
V  por  esto  le  llamó  Judd,  j  cesó  de 
parir.»  (G¿hesit,  capitulo  XXZX,  mt- 
tkulo  35,  J 

De  modo  que  Judd  significa  «Zs- 
banta. 

Este  hijo  de  Jacob  fué  después  el 
cabeza  de  un  reino,  de  donde  viene  el 
pueblo  judío,  que  se  llamaba  primiti' 
vamente  el  reino  á^Judá,  para  distin- 
guirlo del  reiuo  do  Israel. 

Por  lo  tanto,  pueblo  de  Imtel  quie- 
re decÍT  pueblo  de  Jaeoi, 
'  Paeblo  judio  equivale  &  pueblo  da 
Judd, 

Los  israelitas  se  llamaron  hebreos 
basta  el  destierro  de  Babilonia.  Des- 
pués de  esta  época  tomaron  el  nom- 
bre de  judi'>s. 

Israelítico,  ca.  Adjetivo.  Lo  per- 
teneciente al  reino  de  Israel. 

Israfil  Masculino.  Religión  maho- 
metana. El  ángel  que  hará  resonar  la 
trompeta  del  juicio  final. 

Issachar.  Masculino.  Biblia.  Jefe 
de  tribu  hebrea. 

ETiuoLoaÍA.  Voz  hebrea  que  quiere 
decir  hay  recompensa,  aludiendo  á  las 
mandragoras  que  Lía  dió  á  Raquel. 

.Stfftfjla.— Bata  tribu  obtuvo  el  me- 
jor terreno  de  Cauaán.  Se  extendía  á 
lo  largo  del  valle  de  Jezrael:  al  Me- 
diodía tenía  la  media  tribu  occidental 
de  Manases;  al  Norte,  la  de  Zabulón; 
al  Oeste,  el  Mediterráneo.  Eran  las 
más  notables  de  sus  16  ciudades  R<^ 
meíh  ó  Jaramoíh,  jBnyannim  6  Ánem, 
ciudades  levíticas;  Sunam  ó  danem,  en 
la  que  acamparon  los  filisteos  antes 
de  atacar  á  los  israelitas  en  la  monta- 
ña de  0-elboé,  donde  murió  Saúl  con 
tres  hijos  sujos;  Ápe/,  ante  la  cual 
fuer  m  derroudos  dos  veces  más  los 
israelitas;  Jezrael,  en.  el  centro  de  la 
tribu  j  en  nn  valle  célebre  por  la  vio- 
toria  de  Gedeón,  qu9  con  300  hom- 
bres venció  á  135.000  madianitas;  y 
Cesiifk  j  Daberelk,  ciudades  también 
levíticas. 

Issoria.  Femenino.  Mitología.  So- 
brenombre de  Diana,  en  Esparta. 

Ista  (llbvab  k  La).  Femenino  anti- 
cuado. Llevar  en  alto  ó  á  cuestas. 

Istmicas.  Femenino  plural.  Título 
de  las  odas  de  Píúdaro  en  alabanza  de 
los  vencedores  en  los  juegt»  istmios. 

ETiuoLoaÍA.  Istmico. 

Istmico,  ca.  Adjetivo.  Coneemiea* 
te  al  istmo  j  á  los  juegos  istmios. 

Etiuolooía.  Istmo:  uitín,  isthmícus. 

Reseña  histérica, — Juegos  institui- 
dos por  Sísifo  en  honor  de  Melicertes, 
hijo  de  Atamas,  rer  de  Tobas,  j  de 
Ino.  Estos  juegos  nieron  reorganiza- 
dos por  Teseo,  j  eran  parecidos  á  los 
olímpicos.  Se  celebraban  cada  tres, 
cuatro  ó  cinoo  años  en  el  istmo  de  Co- 
rinto,  en  honor  de  Neptuno,  j  consis- 
tían en  lucha,  carrera,  salto,  disco, 
música  jr  poesfa.  El  vencedor  era  pre- 
miado con  una  corona  de  hojas  da 
pino. 

Istmios,  ias.  Adjetivo  plural.  Ait- 
tigüedades  griegas.  Certámenes  ó  jue- 

ños  que  se  celebraban  cada  tres  años, 
amados  istmifte,  jorque  tenían  lagar 
en  el  istmo  de  Gorinto. 


ITAL 

BtücolooU.  Jitmo!  latín,  itikmí; 
plural;  francés,  isthnieu. 

Istmltia.  Femenino.  MediwM.  In- 
flamación del  velo  del  paladar. 

ETn«».oafA..  Griego  utkmós,  aago»> 
tura,  pasaje  estrecho,  j  el  sufijo  mé- 
dico itis,  indamaetón. 

lato».  Masculino.  QeofrafU,  Len- 
gua de  tierra  que  une  dos  continen- 
tes, ó  una  penínsola  ooa  un  continen- 
te, oomo  el  de  Panamá,  el  de  Gorinto 
ó  el  antiguo  istmo  da  Soez.  ||  ámU- 
mU.  Nombre  con  qaa  se  designan  eie^ 
tas  partes  del  cuerpo  por  su  semqau' 
za  respecto  de  la  forma  de  un  istmo; 
j  así  se  dice:  bl  istmo  de  la  gargan- 
ta. S  DB  ViBüssBNS.  Relieve  día  fibras 
musculares  que  se  halla  al  tededor  de 
la  tosa  oval  del  tabique  de  las  aurícu- 
las del  corazón.  |  Botánica.  Gompre- 
sión  que  separa  dos  divisiones  en  no 
fruto  articulado. 

ETiuOLoaCa.Oriego  U^^(%»thm4*}, 

{tasaje:  latín,  itthmus  é  «f MsMs;  eati- 
án,  istwse;  francés,  istkme, 

IsTHVus;  del  griego  isthmm,  que 
significa  cuello,  j  según  otros,  éneo- 
adnra. — ^Lengua  de  tierra  que  une  ó 
,  unta  dos  continentes  t  que  tiene  la 
brma  de  un  conducto  o  oaello  largo. 

'MONLAC.) 

Istmocarpo,  pa.  Adjetivo.  Botáni- 
ca. Epíteto  de  las  plantas  eujo  firñto 
es  estrecho  en  la  parte  media. 

EtdiolooÍa.  Itthmós,  angostura,  y 
harpis,  fruto:  francés,  istkmocarpe. 

Istria.  Femenino.  Geografía.  Pro- 
vincia de  Italia,  en  los  confinen  del 
Ilírieo. 

Btiholooía.  Utria,  Btstría,  (Pu- 
nió.) 

Istriar.  Activo.  Bstbiáb. 

Istrio,  tria.  Sustantivo  jadjetivo. 
Natural  jr  propio  de  tstria. 

BnMOLOoU.  Latíu  ü/nu,  úlHteiu. 

latsrara.  Masculino.  Mit'^ogia  in- 
dia. La  inteligeueia  suprema,  creado' 
ra  jr  conservadora,  según  el  sistema 
de  filosoiía  india,  llamada  sánihga, 
formado  por  Patandjalí. 

Itaca.  Femenino.  Geografía  anii- 

{ua.  Isla  del  mar  de  Jonia,  reino  de 
¡aertes  y  de  Ulises. 
BnMOLooÍA.  Latín  JthSea.  (Viaai- 
uo.) 

Itadano,  na.  Sustantivo  j  adje- 
tivo. Natural  j  propio  de  Itaca,  isla 
jónica. 

Btimolooía.  /taca:  latía,  UhScHiu, 
ithaansis,  ilhicéatns,  iíh&cus. 

Itaco,  oa.  Sustaativo  j  adjetivo. 
Itacumo. 

Italia.  Femenino.  Geografkt.lttiat- 
sa  península  de  la  Europa  meridiosal. 

1.  Situación  astronómica. — Se  eo- 
euentrn  comprendida  entre  los  36^ 
AQ'-W  39*  de  latitud  septentrional  J 
10'  10  -22'  10'  de  longitud  oriental 
del  meridiano  de  Madrid. 

2.  Confines. — Los  ramales  de  los 
Alpes  la  separan:  al  Norte,  de  la  Frsn* 
oía,  de  la  Suiza  j  de  la  Alemania;  si 
Este  se  halla  limitada  por  el  Adriáti- 
co y  el  canal  de  Otranto;  al  Sur,  por 
el  mar  Jónico  y  el  Mediterráneo,  y  si 
Oeste,  por  el  golfo  de  Génova  j  et  floar 
Tinano.  . 


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iTAn 


ITAt 


ITAL'  187 


'd.  'Ttfritcria.^Sgk»  ñúo;  tal  cutí 
aptreM  boj  constituido,  conp  nnde 
la  penfaanU  iUlica,  ha  iaha  de  Cer- 
deña.  j  de  Sicilia,  7  los  anhipiélagoa 
ToBCUío  f  de  Lípati. . 

4.  Cimjí^acid». — La  península 
italiana  presenta  la fomui  perfecta  de 
uña  gan  bota  .de  noabaTt  eaya  espue- 
la termina  en  el  oKmte  Gargraao, 

5.  ÍSmperJítieyp»blaciát^'—-El  ma^or 
Uigo  de  esta  poxtáón  dfl  Europa  mide 
1.300  kilÓBOíetros;  su  aacKo,  500;  al- 
gunos de  sus  estrechoJi  60;  le  super- 
iete  total,  296.323  kilómetros  cua- 
drados, que  poablaa  29.943.607  habi- 
tantes. 

6.  Cpgtat. — Las  del  A.drlátioo  tie- 
nen 1.043  kUdmetros  de  desarrollo; 
están  formadas  de  alaTÍón,  enUertas 
de  ag^uazales  y  son  muj  poeo  aínae- 
sas,  pues  únicamente  ofrecen  dos  hen- 
didaras  ó  entradas  notablea:  el  gulfo 
de  Venecia,  en  U  extremidad  septen- 
trional, j  el  de  ManfredOQÍa,  deter- 
minado por  el  vasto  promontorio  del 
monte  OarnnoL;  la  del  mar  Jdníce, 
de  843  kilómetros  de  longitud,  pre- 
senta el  golfo  de  Taranto  7  el  de  Squil- 
laee;  U  occidental,  del  antiguo  reino 
de  Nápolea,  en  el  mar  Tirreno,  mide 
1.110  kilómetros  y  en  ella  se  encaen- 
tian  los  golfos  de  Gioja,  Santa  Eufe- 
mia, Pohoaatro,  Salerno,  Nápolea  y 
Gaeta-,  en  la  Mediterráneo,  de  555 
Idtómein»  de  exfeenaién,  se  ts  el  gran 
golfo  da  GéooTa. 

7.  Ca&ot  é  UUu. — Los  cabos  más 
«alientes,  qoe  forman  la  artremídad 
de  la  península  italiana,  llevau  los 
nonlmB  de  Ñau,  CaTallo,  de  Leuca, 
de  Us  Colomnas,  Stilo,  Spartiranto  y 
deU'Ajmi;  siguen  á  éstos  después  los 
del  Vftticaao,  Licosa,  Campanella  y 
Cireeo. — ^Todaa  las  islas  que  depen- 
den geográficamente  de  Italia,  están 
aitoadas  en  el  Mediterráneo,  ex.cepto 
el  pequeño  art^piélago  de  Trementi, 
que  se  halla  en  «1  Adriático,  loa  Íalo- 
tes  del  «tifo  de  Taranto  y  las  rocas 
▼eeiDas  ael  cabo  Ñau ,  sobre  ana  de 
las  en^ea  et^ocaron  los  antigaos  la 
■onda  de  Calipio.  Las  tras  más  imp- 
portantes  de  estaa  ialaa,  aon:  laBíei- 
lia,  la  Cardeña  y  la  Córcega. 

8.  Orografía, — ^A.  dos  se  reducen 
las  principaKs  cordilleras  de  monta- 
ñas que  cruzan  este  territorio:  la  de 
ios  AipM  y  la  de  los  ApemuM. — La 
primara  se  extiende,  trazando  un  se- 
mieíreolo  irregular,  desde  el  golfo  de 
GénoTB  haata  el  Adriático;  rodea  casi 
por  completo  la  región  septentrional 
de  la.lTAUA,  determinando  este  lími- 
te y  separándola  del  resto  del  eonti- 
nestCi,  j,  tomando  distintos  nombres, 
cambia  de  rambo  en  algunas  partes, 
snbdindiéodose  engrandes  eslaboues 

Saa  le  dan  una  extensión  inmensa, 
otee  los  Apeninos  y  el  monta  Viso, 
se  Uaaa  A  lpe$  MarUimo*;  entre  el  Viso 
7  el  monte  Ceñís,  Á^t  Colio$;  entre 
el  Genis  7  el  monte  filanco,  Alpes 
&rtflfai;entre  el  Blanco  7  monte  Rosa, 
Aíptt  Penninot;  entre  el  Rosa  y  el 
moBte  San  Gotaide,  Lepontinos; 
7  más  al  Oriente,  Alpn  R/íicos,  Cúr- 
aseas f  Jmliams  7  Dimricat.  Los  Á 


Nóricot  flú^  un  ramal  que,  dírigiéd- 
dose  haela  d  TTbroeate,  termina  en  «1 
OuiBbio,  carea  de  la  capital  de  Aus- 
tria. Bata  cordillera  presenta  las  eunl- 
bres  más  deradas  del  continente:  al 
monte  Blanco^  el  Rosa^  el  OrtUr^  el 
Sylwo,  el  Ginebra,  el  Iteran,  el  Viso 
y  ti  grande  de  San  Bernardo, — IjS  se- 

Sonda,  ó  sea  la  de  los  Apeninos,  se 
es[Mrende  de  la  anterior  en  el  monte 
Cassino,  al  Noroeite  del  golfo  de  Gé- 
nora,  atraviesa  toda  la  península  de 
Norte  á  Sur.,  costeando  aquel  ^olfo,  7 
se  bifurca,  hacia  la  parte  meridional, 
en  dos  ramales  que,  tomando  direccio- 
nes opuestas,  eoneln7en,  al  Oriente, 
en  el  cabo  de  Lenca,  7  al  Mediodía, 
en  el  estrecho  de  Messina.  Los  dife- 
rentes eslabones  que,  apo7ados  en 
esta  gran  cadena,  se  prolongan  hasta 
el  UMiterráneo  7  el  Adriátíeo,  forman 
distintos  sistemas  que  toman  Um  nom- 
bres de  Apenitu)  Septentrionalt  Apenino 
Central,  iSnb^Apenino  Toseano,  S»b^ 
Apenino  Romano,  Apenino  Meridional 
y  Apenino  Vesubio/no,  Las  cimaa  más 
altas  de  esta  cordillera  son:  el  Cono, 
el  Felino,  el  monte  de  la  Sibila,  el 
Gargano  y  el  VesuHo, — Bu  los  Apeni- 
nos, como  en  los  Alpes,  las  comunica- 
ciones se  Terifican  por  los  estrechos 
desfiladeros  que  ofrecen  las  montañas. 
Los  pasos  de  Tende,  del  monte  Gine- 
bra, del  monte  Cenia,  del  pequeño  7 
grande  San  Bernardo  7  del  Simplón, 
son  los  más  célebres  de  los  Alpes;  las 
garantas  de  la  Boeehetta,  de  Ponte- 
moli,  de  la  Pietra-Mala  7  algunas 
otras  del  Apenino  Meridional,  las  más 
notables  de  los  Apeninos. — Entre  las 
montañas  de  segundo  orden,  se  cuen- 
tan: la  Golfanera,  en  Toscana,  7  los 
monotes  Afassic»,  Bárbara,  Capua  y 
Santo-Angelo,  en  Nápoles. 

9.  Hidrografía, — Los  ríos  de  este 
país,  poeo  caudalosos  á  causa  de  la 
corta  extensión  que  tiene  la  península 
de  Oriente  á  Occidente,  forman  tres 
Tertientes  notables:  la  oriental,  que 
euTÍa  siu  aguaa  al  Adriático;  la  me- 
ridional, al  mar  Jónico,  7  la  oociden- 
taL  al  Mediterráneo.  Bl  más  impor- 
tante da  todos  los  da  la  vertiente 
oriental,  es  el  Pq:  nace  en  el  monte 
Viso,  en  los  confines  de  Francia;  baña 
á  Catiff  nano  7  Tarín,  riega  el  antiguo 
reino  Lombardo*  Vé  neto  7  desagua  en 
el  Adriático, después  de  recibir,»  dere- 
cha e  izquierda,  numerosos  afluentes: 
el  Adige  sale  del  Tírol,  pasa  por  Tren- 
te, Varona  7  Legnano,  y  se  divide  eu 
varios  brazos  cerca  de  su  desemboca- 
dura; el  }{eía%ro  y  Tronío  fecundizan 
los  antigaos  Estados  pontificios;  el 
Pescara,  Ofanío  7  otros  menos  cauda- 
losos corren  por  el  territorio  de  Nápo- 
les. En  .el  mar  Jónico  se  vierten  el  Bra- 
daño,  B'isento  7  el  Giarretta,  que  pasa 
por  Sicilia.  En  Mediterráneo  desem- 
bocan, entre  otros,  el  rsr,  que  sirve 
de  límites  entre  Franciarla  Cerdeña; 
el  Jifiifrii,  que  corre  por  los  territorios 
de  Módena  7  Toscana;  el  Tíber,  que 
crasa  los  que  fueron  Estados  del  Papa, 
7  el  Chiana^  que  se  bifurca  en  el  Ar- 
nc.  Los  lagos  son  infinitos  7  pinto- 
rescos, aunque  de  mediana  extensión, 


distinguiéndose  el  de  ff(a«Íra;q'ae  Se 
baUa  en  los  oonfinei  de  la  ^j'a';el 
Ttuimeno,  en  ou7as  cercanías  alcan- 
ad  Aníbal  uno  de  sus  más  gloriosos 
triunfos;  el  Covm,  que  da  nacimiento 
alrío^«^a,Tel  ^o^rar,  en  donde  tiene 
su  origen  el  Tesine.  Los  de  Lesina, 
Verano,  Salpi,  Concaeckio  y  Cutíiglio- 
ne  comunican  con  el  mar  7  están  cla- 
aificados  en  el  numero  de  las  lagunas. 

10.  CUmatoiogia, — La  dulzura,  la 
apacilálidad  del  clima  de  Itaua,  sin- 
gularmente  en  las  comarcas  meridio- 
nales 7  en  la  isla  de  Sicilia,  es  pro- 
verbial: en  las  regiones  del  Norte, 
bastante  desapaelUa.  Ba  las  Alpes,  el 
frío  que  le  experimenta  es  tan  exten- 
so como  el  del  Norte  del  Báltiee:  en 
los  Apeninos  7  en  la  Uaaara  del  Po 
desciende  algunas  vecea  á — 10*  centí- 
grados, mientras  que,  en  la  Calabria, 
el  descenso  apenas  alcanza  á  O*,  ele- 
vándose freeuente:nente  á-t-So".  En 
los  Estados  romanos  7  en  la  Toscana, 
los  calores  llegan  á  hacerse  insoporta- 
bles. El  clima,  aunque  cálido  en  ge» 
neral,  es  saludable,  excepto  en  las  la- 
gunas del  Po,  eu  los  arrozales  de  la 
Lombardía,  en  las  Msrmmot  de  Sie- 
na 7  de  Pisa,  en  los  aguazales  Ponti- 
nos  de  Roma  7  en  las  costas  del  mar 
Tirreno,  á  causa  de  lis  vapores  pald> 
dicos  que  exbalan  aus  terrenos  panta- 
nosos. Todo  el  literal  comprendido 
entre  el  Amo  7  el  Voltorno  es  eono- 
oido  büjo  el  nombre  de  Áfaremmoi,  en 
cuva  especie  de  campiñas,  sitaadas 
sobre  la  orilla  del.  mar,  es  donde  la 
vegetación  se  muestra  mía  súbita  7 
aeiiva.  Sus  desiertos,  que  ocupan  una 
grande  extauaión  del  territorio,  se  ven 
de  golpe  cubiertos  de  riquísima  mies, 
la  cual  desaparece  con  la  misma  cele- 
ridad para  Oar  cabida  á  inmensas  pra- 
deras upizadas  de  césped,  en  donde 
pacen  numerosos  rebaños,  que  los  pas- 
tores guardan  montados  á  caballo  7 
lanza  en  mano.  Bn  Italu,  no  se  cono- 
cen más  que  tres  estsciDoas:  un  estío 
caluroso,  un  invierno  breve  7  una  pri- 
mavera agadabilisima.  Los  árboles 
florecen  wi  Enero  7  Febrero;  el  vera- 
no empiexa  en  Abril  ó  Ma70, 7  las  llu- 
vias en  Octubre  7  Noviembre. 

11.  Ú^tfO^td.— Las  rocas  esquisto- 
sas, micáceas,  graníticas,  tálcicas,am- 
fíbólicas  7  calizas,  constituyen  princi- 
palmente el  centro  de  los  Alpes  italia- 
nos. Sobre  sus  pendientes  se  encuen- 
tran fragmentos  de  cantos  rodados,  7 
en  los  depósitos  intermedios,  en  donde 
se  hallan  las  rocas  del  centro,  restos 
orgánicos  7  numerosas  calizas  grises 
7  negruzcas.  Estas  calizas  forman  to- 
das las  mootaüas  que  se  elevan  sobre 
el  Adriático.  Terrenos  intermedios, 
mezclados  con  una  gran  cantidad  de 
grawaea  (arena)  7  rocas  serpentinosas 
7  calizas  constitu7en  el  Apenino,  dos- 
de  los  Alpes  haata  laa  Calabrias.  So- 
bre las  vertientes  de  esta  cadena  te 
ven  calizas  compactas,  grises  y  blan- 
cas, sostenidas  por  varios  dep  isitus  de 
espejuelo  que  encierran  oousíderables 
bancos  de  azufre.  Las  capas  superio- 
res del  Apenino  están  compuestas  de 
terrenos  terciarios  que  contienen  mul- 


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188 


ITAL 


titud  de  eondlM  ftísileg;  en  lal  Cala- 
brias, pnsentan  el  vnnlto,  el  ffneii, 
mica  7  alg>anos  depósitof  seeunurioi. 
Los  terrenoi  Toleinieoe  forman  los 

f grupos  de  Santa  Fiora,  al  Mediodía  de 
a  Toscana,  de  Viterbo  jrde  Roma,  en 
los  aatig^uos  Estados  pontificios;  de 
'Santa  Agata,  de  Hoea-Monfiaa  y  de 
Nápoles,  en  el  aiitigfuo  reino  de  las 
■Dos  Sicilias.  AI  Sste  se  encuentra  el 
del  monte  VoUurno,  j  al  Sur  el  del 
Vesubio,  único  cráter  en  aetÍTidad  en 
-el  continente  italiano. 
'  12.  Min$rél$fla,'—lTáidk  posee 

f grandes  riquezas  minerales,  partieu- 
armente  en  mármoles,  que  son  hei^ 
-moioa  j  abandantes.  Bn  los  Alpes  se 
eneaentranloadelVicentfn;  en  elApe* 
niño,  el  verde  de  mar  de  la  Boechet- 
ta;  el  portar  (especie  de  mármol  negro 
con  Tetas  amarillas)  del  cabo  Venero, 
el  estatuario  de  Cerrara,  el  jaspe  de 
'Barga,  los  verdes  de  Florencia  ^  de 
Prato,  el  negro  de  Pistoja»  el  lapislá- 
zuli, el  amarillo  de  Siena  y  el  broca- 
tel (mármol  jaspeado)  de  Piombino. 
£n  loa  terrenos  Tolcánicoa  existen  va- 
rios criaderos  de  hulla;  en  Volterra, 
magnifico  alabastro;  en  el  Talle  de 
'Aosta,  pórfidos  j  cristales  de  roca;  j 
en  Toscana,  ágatas,  calcedonias  j 
'otras  piedras  preciosas.  El  alumbre  j 
el  azufre  son  oomuaes  á  todas  las  co- 
' marcas:  la  pncelana  j  la  sal  gema 
'abundan  en  los  Estados  romanos  y  en 
'los  alrededores  de  Nápoles,  sobre  todo 
en  PuzzoU.  Sa  cuentan  además  algu- 
nas vetas  de  oro- j  varios  filones  de 
plata,  cobre,  hierro,  plomo,  mercu- 
rio, zinc,  vitriolo,  arsanico  y  antimo- 
nios. En  cuanto  á  las  aguas  minera- 
les, frías  y  termales,  son  renombra- 
das las  de  Acqui,  Aíz,  San  Gervasio 
y  Oleggio,  de  ios  Estados  sardos;  las 
de  Luca  y  San  Julián,  del  anticuo 
ducado  de  Toseana,  j  los  infinitos 
manantiales  gaseosos  que  se  encuen- 
tran en  los  alrededores  de  Nápoles. 

13.  Flora, — EL  suelo  de  Italia  pre- 
senta una  gran  variedad  de  plantas 
alpinas  y  tropicales.  La  Lombardía 
'  produce  abundante  grano  y  posee  nu- 
'  merosos  arrozales;  el  lino  de  la  Tos- 
cana  es  renombrado,  y  en  los  territo- 
rios de  Niza,  Genova  j  Luca  se  cul- 
tiva toda  clase  de  frutas  exquisitas. 
"El  olivo,  el  naranjo,  el  limonero,  la 
higuera,  la  palma  y  el  alfóncigo  cu- 
bren las  provincias  meridionales  de 
los  Estados  romanos;  el  algodonero, 
la  caQa  de  azúcar,  el  tabaco,  el  rega- 
liz, el  azafrán,  la  rubia,  el  maná  y 
otras  resinas  abundan  en  la  parte  Sur 
del  antiguo  reino  de  Nápoles.  La  vid 
da  en  casi  todas  las  comarcas  excelen- 
tes vinos:  en  las  regiones  superiores 
de  los  Alpes  se  elevan  el  abedul,  el 
tejo,  el  alerce,  6  cedro  del  Líbano,  y 
abeto.  El  haja  no  alcanza  un  des- 
arrollo arriba  de  1*760  metros  de  al- 
tura; la  encina,  TllO,  y  el  castaño, 
O'SOO.  Italu  está,  por  lo  general, 
poco  poblada  de  árboles;  sin  embarga, 
en  los  parajes  del  Mediodía  sa  enouen< 
tian  hermosos  grupos  de  cipreses,  de 
áloes  y  de  moreras.  En  el  monte  C^ar- 
granosa  encuentran  algunos  bosques 


ITAL 

Ürondosísimos,  ▼  en  la  (Talabri*  M 
cita,  como  notable,  el  de  Sila. 

14.  Faina, — En  las  montañas  v  en 
las  selvas  viven  el  oso,  el  iabaíf,  el 
lobo,  el  tejón,  el  puerco  esptn,  el  zo- 
rro, el  hurón,  el  lince,  el  lirón,  la 
marmota,  al  ciervo,  el  corzo,  la  ga- 
muza, el  macho  cabrío  y  mucha  caza 
menor.  El  águila  y  el  buitre  se  cier- 
nen sobre  las  cumbres  de  los  Alpes; 
infinitas  especies  de  pájaros  pueblan 
las  risueñas  campiñas  de  Itália,  J  su 
ornitología  ha  sido  objeto  de  un  tra- 
bajo notable  de  S.  A.  Ch.  L.  Bona- 
parte,  príncipe  de  Masignano.  Los 
reptiles  venenosos  y  los  insectos  peli- 
grosísimos son  también  numerosos: 
entre  los  primeros,  se  citan  la  víbora 
y  el  áspid;  entre  los  segundos,  el  es- 
corpión, la  tarántula  y  la  cantárida. 
La  cría  de  abejas  y  de  gusanos  de 
seda  es  importante.  Las  costas,  los 
ríos  y  los  lagos  abundan  en  pescados 
de  diferentes  clases;  el  mar  Tirreno 
suministra  gran  cantidad  de  atunes, 
anchoas  y  sardinas;  la  costa  calabre- 
sa,  jibias,  almejas  y  corales.  El  gana- 
do vacuno,  lanar  y  cabrío  es  numero- 
so y  de  hermosa  raza;  las  cabras  y  los 
carneros,  muj  estimados;  los  cerdos, 
sabrosísimos,  particularmente  los  de 
la  Calabria.  Los  caballos,  si  se  ex- 
ceptúan los  de  las  Dos  Sicilias,  no  ^o- 
zan  do  gran  fama;  pero,  en  cambio, 
las  muías  y  los  asnos  son  excelentes 
y  Utilísimos  para  el  servicio  de  los 
transportes. 

15.  Agricultura, — La  variedad  del 
clima  y  la  feracidad  del  suelo  de  Ita- 
lia bastarían  á  hacer  de  este  delicioso 
país  uno  de  los  más  productivos  de 
Europa,  si  el  importante  ramo  de  la 
agricultura  no  sa  hallara  aún  tan 
atrasado,  especialmente  en  las  comar- 
cas del  centro  y  del  Mediodía,  jr  an 
los  antiguos  dominios  de  la  Iglesia, 
convertidos  en  desiertos  pestilantes. ' 
Sin  embargo,  á  pesar  de  estas  cir- 1 
cunstancias  desnvorables,  las  pro- 1 
ducciones  agrícolas  son  abundantísi- 
mas, y  no  sólo  satisfacen  las  necesi- 
dades de  la  población,  sino  que  dejau 
un  sobrante  que  es  objeto  de  una  con- 
siderable exportación.  Los  bien  rega- 
dos campos  de  la  Lombardía  y  de  la 
Toscana  dan  anualmente  de  cuatro  ¿ 
cinco  cosechas;  las  llanuras  piamon- 
tasas  y  lombardas,  arroz  en  grande 
escala;  las  maremmaty  exuberancia 
de  granos.  El  cultivo  del  maíz,  vino, 
aceite,  frutas,  abrios,  azafrán  v  otros 
artículos  es  casi  general  ec  Itaua. 
La  cosecha  de  cereales  está  evaluada 
en  65.000.000  de  hectolitros;  la  del 
vino,  en  20.000.000;  la  del  aceite,  en 
1.552.000.  El  valor  toUl  de  los  pro- 
ductos agrícolas  excede  de  3.000  mi- 
llones de  pesetas. 

16.  InátttUia. — La  Italia,  que  en 
la  Edad  media  se  hallaba  á  la  cabeza 
de  la  industria  manufacturera,  figura 
hoj  después  de  Inglaterra,  Francia 
y  Alemania.  Esto  no  obstante,  mu- 
chas de  sus  comarcas  constitujen 
otros  tantos  centros  fabriles  de  algu- 
na consideración,  distinguiéndose:  en 
loa  tridos  de  seda,  Turio,  Genova, 


ITAL 

Luca,  Nápoles,  Palermo,  (Ratania,  A.n- 

cona,  Florencia,  Pésaro  y  Bolonia;  en 
terciopelos  negros,  Genova;  en  guan- 
tes da  hilo,  Palermo;  en  flores  artifi- 
ciales, Genova,  Turín,  Bolonia  y  Ro- 
ma; en  guantes  de  pieles,  Nápoles, 
Ga'nova,  liorna  y  Luca;  en  curtidos, 
Rieti,  Aneona,  Roma,  (jónova,  Solfra 
j  Arpiño;  en  papel,  Luca,  Pescia, 
Colla,  Genova,  Tabrino,  Turín  v  Fi- 
brino;  «n  esencias  y  azúcar  piedra, 
Florencia,  Niza,  Ñapóles,  Reggio, 
Roma  y  Palermo;  en  instrumentos  de 
óptica,  Módena  y  Turín;  en  bisutería, 
Roma,  Bolonia,  Floreaeia,  Turín  y 
Nápoles;  en  ratinas  (especie  de  teji- 
dos de  lana),  el  Píamente;  en  jabones, 
Nápoles  y  Liorna;  en  Titriolo,  Viter- 
bo;  en  aceites,  Toseana  y  Nápoles;  en 
quincallería,  Turín,  Genova,  Varallo, 
Pístoja  y  Campobusto;  en  hierros,  el 
Piamonte  y  la  Calabría;  an  cristales, 
Crévola;  en  porcelanas,  Florencia  y 
Turín;  en  loza,  Faenza,  Pésaro  y  Pi- 
nerolo;  en  obras  de  barro  cocido,  Flo- 
rencia; da  alabastro,  Volterra  y  Cas- 
telvetrano;  de  mármoles,  Carram  y 
Dussardo;  en  paños,  Mondovi,  Savi- 
glíano,  Turín,  Pinerolo,  Voltri,  Bor- 
zpnasca.  Arpiño,  Nápoles  y  Estados 
romanos;  en  cererías.  Liorna,  Flo- 
rencia, Roma  y  Nápoles;  en  cuerdas 
de  guitarra,  Nápoles  y  Roma;  en  som- 
breros de  paja,  Toscana,  Nápoles, 
Genova  y  Tnrín;  en  obras  de  eoral, 
Genova,  Nápoles,  Liorna,  Pisa,  Cas- 
telvetrano  y  Catania;  da  ágata  y  de 
ámbar,  Catania;  an  perlas  falsas,  Ro- 
ma; en  mosaicos,  Florencia. — La  in- 
dustria manu&cturera  de  Italia  cuen- 
ta ja  sobre  377  sociedades,  las  cuales 
reúnen  un  capital  de  1.500  millones 
de  pesetas  próximamente. 

17.  Comercio. — El  de  este  país,  si 
bien  no  se  halla  en  el  estado  próspero 
y  floreciente  que  alcanzara  en  los 
siglos  XII,  xin,  XIV  y  xv,  es  todavía 
bastante  considerable.  Los  principales 
artículos  de  exportación  consisten:  «i 
seda,  aceite,,  granos,  sal,  cáñamo, 
frutaa  secas  y  en  almíbares,  naranjas, 
limones,  vinos,  vinagres,  rosoli,  esen- 
cia^ jabones,  quesos,  lana,  caballos, 
corú  en  bruto  j  - labrado,  mármol, 
alumbre,  azufre,  pucelana,  perlas 
falsas,  papel,  pergaminos,  tejidos  de 
seda,  terciopelos,  guantes  de  pieles, 
brocados  de  oro  y  plata,  tríaca,  y  un 
considerable  número  de  objetos  para 
el  culto,  de  bellas  artes,  mosaicos, 
cuadros  y  esculturas.  En  los  de  im- 

fiortaciótt,  figuran:  géneros  colonia- 
as,  pescados  salados,  algodón,  telaa, 
paños,  quincallería  de  Hierro,  vinos 
de  Francia  y  una  infinidad  de  objetos 
de  manu&ctaras  extranjeras,  especial- 
mente de  modas. — La  pesca  del  atún, 
de  U  anguila,  de  las  anchoas  y  sardi- 
nas; los  bancos  artificiales  de  ostras 
del  lago  de  Fúsaro  y  las  carnes  sala- 
das, son  objeta  de  nn  importante  trá- 
fico en  el  interior. 

18.  MovimUnto  mariíimo  mercantil, 
— Durante  el  año  de  1889,  entraron 
en  los  diferentes  puertos  de  Italia 
sobre  116.790  buques  nacionales  y 
extranjeros,  aforados  en  20.906.315 


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ITAL 


ITAL  189 


toDoladti.— El  comercio  exterfoi  fué, 
aproximadamente,  de  1.006  millones 
d«  pesetas,  las  exporUciones,  y  de 
1.441  las  importacionés;  total,  2.447. 

19.  Marina  mercaníe. — La  del  país 
qae  se  describe,  cuenta  6.442  bar- 
eos  de  vela,  aforados  en  6  42.''225  to- 
neladas, j  279  Yapores,  en  182.249, — 
La  población  na  ral  mercante  asciende 
i  193.400  marineros. 

20.  Bstablecimientot  de  crédito* — 
Comprenden  éstos:  el  Banco  de  It*.- 
Lu,  formado,  en  1864,  de  la  reunión 
de  los  antiguos  bancos  Sardo  j  Tos- 
cano,  al  cual  cuenta  once  estableci- 
mientos principales,  de  que  dependen 
namerosas  sucursalea;  el  Banco  de 
bs  Do8  Síeilias,  fundado  en  el  si- 
glo XTi,  reorganizado  en  1863,  y  que 
conserva  en  el  Mediodía  nna  grande 
importancia;  la  Caja  del  Comercio  y 
de  la  Industria,  y  mia  de  150  de 
ahorros. 

21.  CanaUt  y  puertos. — La  Italia 
posee  un  considerable  número  de  tra- 
oajos  bidráulicos  notables,  j  la  parte 
■epttntrional,sobre  lodo,  es  un  modelo 
por  sn  excelente  sistema  de  riegos.  El 
antiguo  reino  Lombardo- Véneto  se 
halla  cruzado  de  canales  de  toda  es- 
pecie: siSIo  en  Venecia  se  cuentan  2 13, 
muchos  de  ellos  naTegables.  Bn  las 
demás  comarcas  de  la  península,  par- 
ticularmente en  CerdeSa,  Mídena  y 
los  Estados  romanos,  son  más  los  de 
ríe^  que  los  navegables;  entre  estos 
últimos,  se  citan  los  de  Pisa,  Cento  y 
Tassoúi;  el  que  pone  á  Ferrara  en 
eomunicacióa  con  el  Po  di  Maestro  y 
et  de  Módena  i  Panato.  Entre  los 

fraudes  canales  de  riego  y  de  desagüe 
el  Norte  del  país  figuran  el  de  Ivrea, 
Cagliano  y  Botto,  los  cuales  forman, 
con  sus  numerosos  brazos,  el  sistema 
de  ríefro  de  las  fértiles  provincias  de 
TercelH,  Biella  y  Cásala.  Los  anti- 
guos ducados  de  Toseana  y  Módena  y 
las  legiones  de  Ferrara,  RáTena  y 
Bolonia  se  encuentran  igualmente 
surcados  de  canales;  y  como  notables, 
ion  dignos  de  mención  los  de  la  Ve- 
naría, Caloso,  Chiana  y  Ombrona. 
Finalmente,  el  más  famoso  de  todos, 
por  su  antigüedad,  es  el  pequeño  ca- 
nil de  Castel-Gandolfo,  en  los  anti- 
guos Bstados  del  Papa,  que  data  de 
cuatro  siglos  antes  de  nuestra  era. — 
Los  mejores  puertos  son  los  de  Geno- 
va, Ñapóles,  venecia.  Liorna,  Paler- 
mo,  CiTÍta-VeccbÍá,  Ancona  /  Messi- 
na. 

22.  Carreteratff  ferroearriUs, — En- 
tre laf  Tfos  de  comunicación  terres- 
tre, (jue  ponen  £  la  Italu  en  contac- 
to directo  con  las  demis  comarcas 
de  Europa,  merecen  consignarse:  los 
soberbios  caminos  del  monte  Cenis  y 
del  Simplón;  los  que  fueron  abiertos 
por  el  Spliegen,  Stelvio,  la  Cortina  j 
la  Ponteba,  en  la  Itaua  austríaca; 
los  de  San  Gotardo,  en  la  Italia  sui- 
za; jr  en  el  interior,  el  de  Genova  á 
Liorna,  el  de  Cagliari  ¿  Sassíán,  el 
de  Turfn  á  Genova, de  Génova  á  Xiza, 
de  Liorna  á  Grossero,  el  de  la  Calabria 
y  el  que  oonduce  &  Brindis.  Estas  ca- 
rreteras ¿  caminos  ordinarios  ocupan 


nnft  extensión  de  90.221  kilómetros. 
—Las  vías  férreas  forman  un  vasto 
sistema,  cujos  centros  se  hallan  en 
Roma,  Florencia,  Turín,  Nápoles  y 
Verona;  da  los  cuales  parten  las  li- 
neas da  Venecia  á  Verona  y  Milán; 
de  Verona  á  Mantua,  de  Milán  á  Car- 
melata,  de  Turín  á  Génova,  de  Ale- 
jandría i  Arona,  de  Mortara  á  Vige- 
vano,  de  Turín  á  Susa,  de  Turm  á 
Pignorólo,  de  Turín  á  Coni,  de  Flo- 
rencia á  Liorna,  de  Pisa  á  Luca,  de 
Roma  á  Frascati  y  s  Monte-Cattini; 
de  Florencia  á  Pistoja  ó  Pistoia,  y  de 
Nápoles  á  Novara.  Todas  estas  líneas 
han  ido  mejorando  v  prolongándose 
síngiilarmente:  en  1889  contaba  va 
Italu  coa  13.063  Idlómetros  de  fe- 
rrocarriles. 

23.  Cataa»  principales  de  progreso.  — 
El  considerable  aumento  que,  en  los 
últimos  años,  han  experimentado  las 
riquezas  del  suelo  de  este  país,  débe- 
se principalmente  á  los  progresos  de 
la  libertad  política,  á  la  supresiún  de 
las  aduanas  interiores,  producto  de  la 
unidad  italiana;  á  los  tratados  de  co- 
mercio, concluidos  en  las  condiciones 
del  libre  cambio,  con  la  majror  parte 
de  las  potencias  europeas;  y,  final- 
mente, al  notable  desarrollo  de  las 
instituciones  de  crédito  y  vías  de  co- 
municación, que  dejamos  ligeramen- 
te apuntadas. 

24.  Gobierno, — La  fbrmade  gobie^ 
no  de  la  nueva  Italu  es  monárquica 
constitucional.  £1  rey  gobierna  por 
sus  ministros,  con  el  concurso  de  dos 
Cámaras:  hay  un  Senado  vitalicio, 
nombrado  por  el  monarca,  y  un  Con- 
greso de  los  Diputados,  que  elige  la 
nación,  cada  cinco  aúos,  por  sufragio 
restringido.  El  censo  electoral  no  ex- 
cede de  40  francos. — Constituyen  el 
Gabinete  nueve  ministros:  Interior, 
Ne^cios  extranjeros,  Culto  y  la  Jus- 
ticia, Guerra,  Hacienda,  Instrucción 
pública.  Obras  públicas,  Marina  y 
Agricultura,  Industria  y  Comercio. 
Los  ministros  están  auxiliados  por 
secretarios  y  directores  generales.  Un 
Consejo  de  Estado  y  un  Tribunal  de 
CueuUs  completan  la  organizacijn 
superior  administrativa. 

25.  División  política. — Hasta  hace 
poco  tiempo,  la  península  italiana 
estuvo  dividida  en  diversos  territo- 
rios, regidos  por  soberanos  indepen- 
dientes, amen  de  las  comarcas  que  se 
hallaban  bajo  el  dominio  del  imperio 
austríaco.  Hoy  lleva  la  denomiaaciiín 
exclusiva  de  reino  de  Italia,  puesto 
que  el  territorio  de  las  legaciones  pon- 
tificias fué  incorporado  á  la  unidad 
nacional  eu  el  último  movimiento.  La 
monarquía  iuliana  se  divide  en  69 
provincias,  repartidas  en  los  8  países 
siguientes: — 1,  Lomfjardia,  15  provin- 
cias: Alejandría,  Bérgamo,  Brescia, 
Cagliari,  Como,  Cremona,  Coni,  Gé- 
nova, Milán,  Puerto-Mauricio,  Nova- 
ra, Pavía,  íi^assari ,  Sondrio  y  Turín.— 

II.  Venecia^  9  provincias:  Belluno, 
Mantua*  Padua,  Rovigo,  Treviso, 
Udina,  Venecia,  Verona  ^  Vicenza.— 

III.  Emilia^  9  provincias:  Bolonia, 
Ferrara,  Forli,  Muss-Carrara,  MJde- 


na,  Parma,  Plastncia,  Rárena  y  Reg- 

f io  de  Emilia.— IV.  Marcas  y  Om- 
rla,  5  provincias:  Ancona,  Ascoli, 
Macerata,  Perusa  y  Pesare— V.  Tos-^ 
cana,  7  provincias:  Arezzo,  Florencia, 
Grosseto,  Liorna,  Luca,  Pisa  y  Sie- 
na.—  VI.  Territorio  napolitano,  16 
provincias:  Chieti  (antigua  Abruzzo 
citerior).  Teramo  (primer  Abruzzo  ul- 
terior), Aquila  (segundo  Abruzzo  ul- 
terior), Potenza  (antigua  Basilicata), 
Benavento,  CTosenza,  (Calabria  cite- 
rior), Reggio  (primera  Calabria  ul- 
terior), (^atanzaro  (segunda  Calabria 
ulterior),  Foggía  (antiguo  Capita- 
nato),  Campo-Basso  (antigua  Moli- 
sa).  Ñipóles,  Salerno  (antiguo  Princi- 
pado citerior),  Avellino  (Principado 
ulterior).  Barí,  Caserta  (antigua  Tie- 
rra de  Labor),  y  Leeca  (Tierra  deOtran- 
to).— VII.  lila  de  Sicilia,  7  provin- 
cias: Caltanisetta,  Catania,  Girgenti, 
Messina,  Siracusa,  Palermo  y  Trápa- 
ni. — VIH.  Lo  que  se  llamó  Territorio 
romano  está  hoy  reducido  solamente 
á  la  provincia  de  Roma,  6  Latió,  que 
comprende  los  distritos  de  Roma,  Vi- 
terbo,  Civita-Vecchia,  Velletri  y  Fro- 
sinone. — Estas  provincias  se  hallan 
subdivididas  en  distritos;  los  distri- 
tos, en  cantones,  j  los  cantones,  en 
mutiicipios. 

26.  Organización  administrativa. — 
Cada  una  de  las  mencionadas  provin- 
cias se  encuentra  administrada  por  nn 
prefecto  ó  gobernador,  asistido  por  un 
consejo  de  gobierno,  ó  de  prefectura, 
formado  de  cinco  individuos,  y  de  un 
Consejo  provincial,  compuesto  de20  á 
60  miembros,  los  cuales  nombran  una 
diputación  provincial  de  cuatro  indi- 
viduos para  que  los  representen  eu  el 
intervalo  de  sus  sesiones,  que  no 
exceden  de  quince  al  abo.  Los 
distritos  están  gobernados  por  sub- 
prefectos.  Los  términos  municipales 
cuentan  nn  Conseje  comunal,  formado 
de  15  á  60  miembros,  el  cual  celebra 
dos  sesiones  al  aflo  j  elige  anual- 
mente una/aato  muMcipal,  compuer- 
ta de  nn  alcalde,  qne  nombra  el  rey 
cada  tres  aflos,  y  de  2  &  8  asesores  ó 
adjuntos. 

27.  Organización  judicial, — La  jus- 
ticia está  representada:  por  jueces  de 
paz  en  los  cantones;  por  triounilei  de 
primera  instancia  en  los  distritos;  por 
24  tribunales  de  apelación,  eu  Roma, 
Turín,  Génova,  Casal,  Milán,  Bres- 
cia, Bolonia,  Parma,  .Encona,  Floren- 
cia, Luca,  Nápoles,  Trani.Catanzaro, 
Aquila,  Palermo,  Messina,  Catania, 
Cagliari,  Venecia,  Macerata,  Perusa, 
Módena  y  Potenza;  y  finalmente,  por 
cuatro  tribunales  de  casadóHt  en  Turín, 
Florencia,  Xipoles  y  Palermo. 

28.  Cultos. — La  religión  general  y 
dominante  en  Italia  es  la  católica, 
con  tolerancia  de  todas  las  demás.  Los 

f riegos  profesan  su  rito;  los  indivi- 
iios  de  origen  germánico,  el  lutera- 
nismo  y  el  calvinismo;  en  las  gran- 
des ciudades  y  plazas  de  comercio 
existen  algunos  judíos.  El  catolicis- 
mo cuenta  260  diócesis,  repartidas  en 
213  obispados  y  47  arzobispados. 

29.  Jnstruecvf»  pública.  — del 


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190  ITAL 


ITAt 


tTAL 


pftís  que  nos  ocupa,  kt  exparimentS' 
do  de  algunos  años  i  asta  parte  un 
extnordinario  desarrollo.  Se  distin- 
^•n  tres  clases  de  ensefianza:  la  su- 
perior,  que  se  da  eo  las  universida- 
des; los  colegios  de  instruccióa  supe- 
rior» y  las  escuelas  especiales.  Las 
univarsidadeSt  en  número  de  20,  se 
hallan  establecidas:  en  Nápoles^  Pa- 
vía, Turín,  Pisa,  Bfideaa,  Padua, 
Bolonia,  Catania,  Palermo,  Parma, 
GénoTa,  Siena.  Cagliari,  Measioa  7 
Sassari;  Ferrara,  Perusa,  Urbino,  Ma- 
cérate j  Camerino.  Las  quince  prime- 
ras están  sostenidas  por  el  Estado;  las 
cinco  restantes,  por  las  provincias  ó 
municipios.  La  escuela  superior  de 
Roma  (anticua  universidad  transfor- 
mada en  1870),  y  el  Instituto  superior 
de  Florencia,  creado  en  1859,  reúnen 
todos  los  ramos  de  la  enseñanza.  En 
esta  ciudad  existen,  ademit:  una  es- 
cuela práctica  de  medicina  y  cirugía 
y  un  museo  de  dencias  fEsícas  y  na- 
turales; en  Mílin,  una  escuela  de  in- 
genieros, y  en  Pisa,  otra  normal  pre- 
paratoria para  los  profesores  destina- 
dos á  la  enseñanza  secundaria.  Esta 
se  da  en  87  liceos,  250  gimnasios  (co- 
legios comunales)j^  147  institutos  téc- 
nicos (escuelas  profesionales).  La  ins- 
trucción primaria  comprende:  30.321 
colegios  elementales;  21  preparato- 
rios para  institutores;  18  para  institu- 
trices, y  3.576  escuelas  de  noche  y  de 
domingo.  El  presupuesto  de  la  ense- 
ñanza pública,  que  en  1858  impor- 
taba 5.4^7.000  liras,  por  todos  los 
Estados  de  Itaua,  se  devó,  en  1873, 
á  19.377.000. 

FutruamUitargt. — Constitujen 
éstas  el  ejército  activo,  con  las  reser- 
vas y  la  g'uardia  nacional  movilizada 
y  la  marina. , 

31.  Sjá-cito,—Ea  1890,  el  ejercito 
italiano  contaba  2.852.323  hombres, 
de  los  cuales  servían  en  activo  262J247 
con  14.211  oficiales. — El  contingente 
anual  es  de  100.000  hombres;  la  du- 
ración del  servicio  de  doce  años:  tres, 
en  el  ejército  activo»  y  los  nueve  res- 
tantes en  la  reserva. 

32.  Marina,  —  En  el  referido  año 
de  1890,  oomponían  la  armada  italia- 
na 252  buques,  clasificados  en  esta 
forma:  12  buques  de  combate  de  pri- 
mera eUse  acorazados,  3  de  segunda 
aeoracados  también,  10  de  segunda 
no  acorazados,  19  de  tercera  clase, 
5  transportes  de  primera,  7  de  segun- 
da, 5  de  tercera,  6  buques  escuela, 
5  para  la  defensa  de  costas,  50  torpe- 
deros de  alta  mar,  59  para  el  servicio 
de  costas  y  otros  varios,  con  un  total 
de  242.3  i8  toneladas,  628  cañones  y 
18.250  hombres  de  tripulación. 

33.  Organización  militar. — El  reino 
está  dividido  en  cinco  comandancias 
de  cuei-po.t  de  ejército:  Roma,  Mili'm, 
Verona,  Ñipóles,  y  Palermo;  y  éstas 
en  16  tubditisionet  miliíares  terriioria-' 
jes:  Verona,  Padua,  Milán,  Homa, 
Turín,  Alejandría,  Genova,  Bolonia, 
Florencia,  Perusa,  Nápoles,  Chietí, 
Bari,  Salemo,  Palermo  y  Messina. 

34.  Escuelas  y  ettailedmientot  mili- 
OrM.— Las  principales  oscualas  que 


cuenta  el  ejército  de  Italia,,  ton:  U 
Academia  de  Turín,  para  las  armas 
especiales;  una  escuela  de  aplicación 
á  Estado  Majror;  las  dos  escuelas  de 
infantería,  dnlvrea  j  da  Módena;  la 
esouela  de  caballería  de  Pignerolo;  la 
escuela  normal  de  los  iersa^lieri,  en 
Liorna,  y  los  colegios  militares  de 
Milán,  Asti,  Florencia,  Parma,  Ñápe- 
les y  Palermo,  en  donde  se  forman  los 
alumnos  para  la  Academia  de  Turín. 
Entre  los  establecimientos  figuran: 
los  talleres  generales  para  la  prepara- 
ción del  material,  en  Turín,  Floren- 
cia y  Nápoles;  las  fundiciones  de  ca- 
ñones en  Nápoles,  Parma  y  Turín; 
las  fábricas  de  armas,  en  Turín.  Bres- 
cia  y  Torre-Annunciata,  cerca  de  Ná- 
poles; fábricas  de  pólvora,  en  Fossano 
(Piamonte)  y  en  Scafati  (provincia  de 
Avelino);  un  laboratorio  pirotécnico, 
en  Turín,  j  una  fábrica  de  pontones, 
en  Pavía. 

35.  Or^anúaeidH  mariUma  militar.^ 
Las  costas  de  la  península  é  islas  itáli- 
cas se  hallan  divididas,  como  las  nues- 
tras, en  tres  departamentos:  el  del  Nor- 
te, en  la  Spezzia,  que  comprende  las 
costas  del  mar  Tirreno  hasta  el  Tévere 
con  la  isla  de  Cerdeña;  el  del  Sur,  en 
Nápoles,  ^ue  abraza  la  St<-ilia  y  las 
costas  occidentales  r  meridionales  de 
las  provincias  napolitanas  hasta  el  ca- 
nal de  Otranto;  jeldel  Adriático, para 
todas  las  costas  de  este  mar,  en  Ve- 
necia.  Al  frente  de  cada  uno  de  estos 
departamentos,  se  eneaentr*  un  pre- 
fecto de  marina. 

36.  £scuelas  y  estahleamienios  marí- 
timos,— La  armada  italiana  posee  dos 
escuelas  de  marina:  ana,  «n  Genova, 
y  otra,  en  Nápoles.  Al  frente  da  los 
establecimientos  marítimos  aparecen: 
los  arsenales,  situados  en  Genova, 
Spezzia,  Porto- Fe rrajo,  Nápoles,  Pa- 
lermo y  Ancona,  y  los  talleres  de 
construcción,  en  Génova,  Varigaano 
(en  el  golfo  de  ^jMZzia),  Liorna  y  Gas- 
te Ua-ma  re. 

37.  Presupuestas  y  deuda. — El  pre- 
supuesto total  de  ingresos,  de  1891, 
ascendió  á  1.830.248.142  liras  ó  peae- 
Us;  el  de  gastos,  á  1.872. 13a27I.  La 
deuda  estaba  representada,  en  1.*  de 
Junio  de  1890.  por  578.984.932  pese- 
tas de  intereses. 

38.  Poblaciones  principales. — Entre 
las  numerosas  ciudades  que  cuenta 
este  reino,  merecen  mención  particu- 
lar, Roma,  capital  de  la  monarquía, 
cuya  descripci  Jn  haremos  en  su  lugar 
respectivo.  Florencia  (véase  en  la  letra 
correspondiente).  -'Nápoles,  capital 
que  fué  del  antiguo  reino  de  las  Dos 
Sicilias,  considerada  como  una  de  las 
ciudades  más  agradables  del  mun- 
do, asentada  sobre  el  golfo  de  su. 
nombre,  con  494.314  habitantes, 
clima  apacible,  suelo  feracísimo, 
buenos  palacios,  suntuosas  iglesias, 
hermosas  fuentes,  dilatados  paseos, 
magníficos  teatros,  excelente  uni- 
versidad, precioso  museo,  numerosos 
establecimientos  científicos  y  litera- 
rios y  una  rica  biblioteca  en  manus- 
critos antiguos;  puerto  cómodo  y  se- 
guro; industria  extensa  y  variada;  co- 


mercio activo  y  pintorescos  abedtdo- 
rea,  sembrados  de  recuerdos  venen- 
bles  desús  pasados  tiempos.— Paítfrsio, 
capiul  de  toda  Sicilia,  situada  sobre 
la  costa  septentrional  de  esta  isla,  en 
el  fondo  del  golfo  de  su  nombre:  es 
ciudad  grande  y  fuerte,  con  S^^fi.OOO 
habitantes,  buenos  edificios,  calles  an- 
chas y  rectas,  plazas  anchurosas  y 
adornadas  de  estatuas,  que  recuerdan 
la  dominación  española;  universidad, 
jardín  botánico,  monumentos  artísti- 
cos, establecimientos  literarios  v  de 
beneficencia;  dos  puertos,  abundante 
campiña,  varias  fabricas,  mucho  co- 
mercio y  alrededores  igualmente  fér- 
tiles y  deliciosos. — Mmnt  ciudad  im- 
porUnte,  llamada  la  Grande,  con  12  ki- 
lómetros de  circuito  y  una  de  las  más 
bellas  de  toda  Italia,  capital  de  la 
Lombardia  y  da  la  provincia  de  su 
nombre:  ae  encuentra  situada  w  on 
risueflo  Talle,  regado  por  el  Olont,  so- 
bre la  oiílla  izquierda  ¿Jt  este  río;  es 
residencia  de  fas  primeras  autorida- 
des del  país,  de  un  tribunal  de  casa- 
ción y  de  un  arzobispado,  ilustrado 
por  san  Ambrosio  y  san  Carlos  Bo- 
rromeo,  y  cuenta  321.839  habitantes, 

frandiosos  edificios ,  riquísimas  bi- 
liotecas,  liceos,  gimnasios,  colegios 
de  internos,  escuela  militar,  politéc- 
nica, elementa],  de  veterinaria,  de 
uímica,  de  bellas  artes,  de  música, 
e  sordomudos  y  otros  tarioa  estable- 
cimientos de  instrucción;  archivos, 
museos  de  pinturas  y  de  medallas, 
gabinete  de  bistoria  natural,  jardín 
botánico,  observatorio  astronómico, 
vasta  industria,  extenso  comercio  y 
notables  monumentos,  entre  los  que 
sobresalen  la  catedral  (ilDnomoJ,  in- 
menso bosque  de  capiteles,  verda- 
dera maravilla  del  arte;  la  basílica  de 
san  Ambrosio,  el  palacio  del  faenado, 
el  palacio  real  de  Ciencias  y  Artes  y  el 
famoso  teatro  de  la  Btcala. — Turín, 
capital  del  antiguo  reino  de  Cerdeña  y 
del  nuevo  de  Italia  Hasta  el  año  1861; 
se  halla  colocada  en  medio  de  una  lla- 
nura, perfectamente  regada  por  el  Po 
y  el  Doria,  con  252.80U  almas,  espa- 
ciosas callea,  grandiosos  edificios, 
universidad,  academia,  líceo,  teatros, 
buen  arsenal,  floreciente  industria  y 
notable  cindadela,  de  la  que  ae  con- 
servan importantes  foitiftcadonea  que 
hacen  de  la  ciudad  una  excelente  ma- 
za de  armas. — G^ta^  ciudad  bellísi- 
ma, capital  que  fué  de  la  antigua  y 
poderosa  república  de  Génova;  se  en- 
cuentra situada,  en  forma  de  anfitea- 
tro, sobre  el  golfo  de  su  nombre,  con 
179.500  habitantes,  soberbios  paseos, 
calles  magníficamente  adornadas  de 
edificios  de  mármol  pulido,  establecí* 
míenlos  literarios  y  de  beneficencia, 
nniversidad,  fábricas  de  tejidos  de  se- 
da,algodón,  paños,  cintas,  papel,  pas- 
tas, esencias,  jabón'y  flores  ariificta- 
les;  vasto  arsenal  con  grandes  astilla* 
ros  de  constracción  para  la  marina  de 
guerra,  fundicionesde  cañonesy  puer- 
to militar  de  los  más  mercantilea  dél 
reino. — r«i««M,  ciudad  oélebre,  rica 
y  de  las  más  hermosas  de  Europa;  eli- 
davada  en  el  Adriático  y  «difiteda  to* 


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ITAL 

bntftuni*  aa  al  eentto  da  un  iiim«n- 
n  lago  qu«  llera  su  nombrt:  forma 
jobre  70  islotes,  diTÍdidoi  por  149  ca- 
italsi,  enlazados  por  450  paeates,  7 
meados  por  9.000  góndolas  negras, 
qoe  dtB  a  esta  población  singular  un 
aipeeto  sorprendente  j  maravilloso: 
II»  calles  son  generalmente  estrechas, 
U*  plazas  anchurosas;  cuenta  sobre 
1^800  almas,  una  biblioteca  con 
más  de  600.000  ndúmenei  é  infinidad 
de  maaiiseritoa  preciosoi;  rico  museo; 
Tirios  es  tablecimiea  tosliterarios  j  30- 
bubios  edificios  j  monumentos  de 
arte,  oomo  el  palacio  ducal,  la  iglesia 
de  &ft  Marcos,  el  arsenal  7  el  campa- 
uiúo  (il  eampMiU ),  ^ue  vienen  á  ser 
otros  tantos  testimonios  de  su  pasada 
grandeza. — Liorna,  ciudad  lindísima, 
sitoada  á  orillas  del  Héditerráneo,  y 
ana  de  laa  plazas  mercantiles  más 
»aeariidas  de  Itaua.,  con  97.000  al- 
mas, buen  lazareto,  escala  principal 
da  vapores  jr  puerto  franco  de  consi- 
derable comercio,  defendido  por  exce- 
lentes fortificaciones,  perfectamente 
combioadas. — Boloñia,  ciudad  arzo- 
bispal, grande,  industriosa,  mercantil 
7  la  aáa  impártante,  después  de  Ro- 
ma: sa  halla  enclavada  en  el  canal  de 
la  nombra,  entre  el  Reno  7  el  Savena, 
ea  ana  deliciosa  campiña,  con  75.000 
habitantes,  notables  iglesias,  palacios, 
casa  de  moneda,  instituto,  museo,  bi- 
blioteca, teatros,  una  torre  oblÍQua  7 
uoa  universidad  ilustre,  que  fué  mu7 
eonoirrida  en  la  Edad  media  7  está 
coasiderada  oomo  la  más  antigua  de 
Buropa.— J/«»»w,  ciudad  episcopal, 
gande  7  hwmosa,  fundada  por  los 
antiguos  wuttnioi  7  capital  de  la  pro- 
vídcu  de  sa  nombre,  admirablemente 
situada,  an  forma  de  anfiteatro,  sobre 
la  margen  oriental  del  puerto;  está 
bien  construida,  carada  de  murallas 
7  perfintamente  d^endida  por  una 
«iodadela  de  construcción  moderna  7 
por  los  fturtes  de  San  Salvador  7  de  la 
Liuíema:  encierra  130.000  habiuntes, 
notables  edificios,  buenas  calles,  un 
liado  paseo,  llamado  del  Corso,  uaa 
«Qcba  plaza,  en  la  que  se  admiran 
una  Cuente  7  la  estatua  ecuestre  de 
Cirios  li;  preciosa  catedral;  un  famo- 
■0  Cuo,  colocado  sobre  una  elevadísi- 
ma  torre,  psra  que  sirva  de  guía  á  los 
nasegautes,  7  el  primer  puerto  mili- 
Ur  7  mercantil  de  la  Italu  meridio- 
aal,  escala  da  los  vapores  de  la  línea 
de  Ñipóles  á  Palermo» — Catanh,  ciu- 
dad ígnalmMite  grande  7  hermosa, 
con 60.000 almas,  ssdearzobispal ,  uní- 
verñdad,«atableeimÍentos  científicos, 
jardín  botánico^  buenoa  edificios,  ezi- 
tensa  iudoatria,  puerto  de  mucho  co- 
mercio en  granos,  7  en  oa7as  iumedia- 
eiones  se  levanta  el  Eíua  ó  Mougiheliú, 
ca^oa  torrentes  de  lava  han  cubierto 
freeuentemente  sus  famosos  monu- 
mentos.-—KtfroM,  ciudad  magaifíca, 
bien  edificada,  con  70.000  habiUn- 
tes,  sociedad  de  ciencias,  academias 
de  agricultura,  escultura,  pintura, 
eoflMreío  7  artes;  museo,  arsenal,  nu- 
Bisroaoa  monumentos  antiguos  7  mo- 
dernos, 7  l^nsa  fuerte  sobre  el  Ádige, 
jfie,  em  Legnano,  sitotd»  lobre  al 


ITAL 

mismo  río,  ^  Mantna  t  Peseliiera,  g»- 

bre  el  Miocio,  forma  lo  que  se  llama 
el  cuadrilátero,  posición  estratégica 
de  las  más  ventajosas  de  Europa.— 
Ancona,  ciudad  episcopal,  construida 
en  forma  de  anSteatro  en  la  pendien- 
te de  una  colina  que  se  extiende  sobre 
el  Adriático,  con  29.000  almas,  plaza 
fuerte,  puerto  franca,  con  un  soberbio 
muelle  de  máa  de  650  metros  de  lar- 
go, dof  áreos  de  triunfó,  macho  co- 
mercio en  granos,  seda,  lana  7  cera, 
7  estación  de  los  vapores  de  Trieste  7 
de  Levante. — Padua,  ciudad  fuerte, 
colocada  sobre  el  Bacchiglione,  á  35 
kilómetros  Oeste  de  Venecia,  7  no- 
table por  su  universidad,  fundada 
en  1228  é  ilustrada  por  sus  profesores 
Galileo  7  Guglielmini,  7  por  discípu- 
los como  el  Dante,  Petrarca  7  Tasso: 
encierra  sobre  74.000  habitantes,  bue- 
nos edificios  7  maraTillas  de  arte, 
como  el  palacio  de  Justioia,  la  cate- 
dral, las  iglesias  de  San  Antonio  7 
San  Justino  7  el  monumento  de  Pe- 
trarca; academias  de  ciencias,  lite- 
zatara  7  artes,  nutridas  bibliotecas, 
jardín  botánico,  museo,  observatorio, 

Íes  patria  además  de  san  Antonio  7 
e  Tito  Livio. — Alejandría,  eiudad 
lindísima,  edificada  sobre  el  Tanaro, 
en  la  confluencia  de  este  río  con  el 
Bórmida,  de  56.000  almas:  sus  admi- 
rables fortificaciones,  construidas  du- 
rante la  dominación  de  los  franceses, 
hacen  de  Alejandría  una  de  las  plazas 
más  fuertes  da  Italu,  famosa  por  los 
sitios  que  ha  sufrido  7  en  cu7as  inme- 
diaciones, poco  fértiles,  se  entiende 
bacía  el  Sudeste  una  espaciosa  llanu-  ' 
ra  en  la  que  se  levanta  la  peque&a  vi<  . 
lia  de  Marenao,  célebre  por  la  batalla 
que,  en  1800,  ganó  Bonaparte  á  los 
austriacos. — Purwa,  capital  que  fué 
del  antiguo  ducado  de  su  nombre, 
ciudad  deleitosa,  rodeada  de  muros  7 
defendida  por  una  eiudadela,  7  resi- 
dencia de  los  tribunales  civil  7  crimi- 
nal y  de  un  obispada:  contiene  47.000 
almas,  hermosos  paseos,  calles  anchas 
7  rectas,  escaela  militar,  colegios 
eclesiásticofl  de  Afarta  Zuisa  7  de  &e~ 
nedictinot,  de  bellas  artes,  de  canto, 
de  sordomudos,  colección  de  estam- 
pas, galería  de  cuadros,  museo  de  an- 
tiga^ades,  jardín  botánico,  teatros, 
fábricas  de  paños  7  de  lienzos,  7  una 
universidad  fundada  en  1423,  supri- 
mida en  1532  7  restablecida  en  1854, 
que  comprende  las  facultades  de  teo- 
logía, de  derecho,  medicina,  física, 
matemáticas,  filosofía  7  letras.— 
teneia,  ciudad  fuerte,  colocada  sobre 
la  ribera  derecha  del  Po,  á  53  kiló- 
metros Noroeste  de  Parma,  con  35.000 
almas,  escuelas  de  jurisprudencia,  de 
pintura  7  de  escultura,  cindadela  7 
un  hermoso  puente  sobre  el  Trebia. — 
Afódena,  población  bellísima,  capital 
que  fué  del  ducado  de  igual  nombre, 
situada  entre  el  Sechio  7  el  Panaro, 
7  residencia  actual  de  un  tribunal  de 
aj>elac¡jn,  de  un  obispado  7  de  una 
sinagoga,  con  60.0U0  habitantes,  ex- 
celentes edificios,  establecimientos  de 
instrucción,  sociedad  italiaaa  de  cien- 
cias, escuelas  da  taterinazia,  militar 


ITAL 


191 


7  de  ingenieros,  magnífico  palacio 
ducal,  espaciosos  cuartclas  7  una  ca- 
tedral construida  de  mármol,  con  to- 
rre elevadisima,  llamada  Ghirlandi» 
na. — Cagliari,  capital  de  la  extensa 
isla  de  Gerdeña,  silla  arzobispal  7 
puerto  de  mar,  en  el  golfi»  del  mismo 
nombre,  con  buen  castillo,  nDÍvwai- 
dad,  vasto  comercio  7  38.0EK)  habi- 
tantes.— Trápanit  antigua  Drepanim, 
eiudad  fortificada  7  capiul  de  la  pro- 
vincia de  sn  nombra,  fundada  sobre  el 
Mediterráneo,  en  la  extremidad  orien- 
tal de  la  isla  de  Sicilia,  á  81  kilóme- 
tros de  Palermo,  con  38.231  almas, 
obispado,  colegio  real,  fabricación  de 
objetos  de  coral,  puerto  de  mucho  trá- 
fico en  granos,  numerosa  marina  mer- 
cante 7  varias  ruinas  antiguas,  entre 
las  que  se  distingas  un  tfvtflo  de 
Venui.-^Fogffia,  capiul  del  anti- 
guo CapUamato,  \íoj  de  la  provineía 
de  BU  nombre,  con  40.283  habitan- 
tes, hospicio,  escuela  de  economía  nt- 
ral,  senunario,  biblioteca  7  extraor- 
dinario comercio  en  granos  7  almen- 
dras.— Femra,  eiadad  grande,  a- 
pital  da  su  provincia  7  plaza  fuerte 
sobre  nn  brazo  del  Po.  con  75.553  al- 
mas, silla  arzobispal,  suntuosas  igle- 
sias, magníficos  MÍficios,  buena  uni- 
versidad, archivo  famoso,  mucha  in- 
dustria, floreciente  comercio  7  nn 
hermoso  eanai  de  navegación  hasta  el 
Adriático,  que  la  pone  en  comuniea- 
ciÓQ  con  el  Pd  di  Maetíro. — Pita,  ciu- 
dad arzobispal  7  capital  de  la  provin- 
cia del  mismo  nombre,  con  38.000  al- 
mas, observatorio  astronómico,  cé- 
lebre universidad,  notables  bafios, 
llamados  de  San  JulUm,  magníficus 
puentes  sobre  el  Amo  j  ana  pneiosa 
torre  oblicua. — Zuca,  ciudad  fortifica- 
da, capital  del  antiguo  ducado  de  sa 
nombre,  7  wrtualmeute,  de  ana  de  las 
provincias  da  It^lu;  edificada  sobre 
el  Seehio,  en  el  centro  de  ana  campi- 
ña cultivada  como  un  jardín,  con 
68.000  habitantes,  arzobispado,  tri- 
bunales, establecimi entibe  de  cien- 
cias, artes,  letras  7  bibliotecas  con 
buenos  mannscrítos.— ^te«d,  ciudad 
arzobispal,  grande  7  hermosa,  capi- 
tal de  provincia,  situada  i  60  kildme- 
tres  de  Florencia,  sobre  tres  colinas, 
en  sitio  delicioso,  con  25.000  almas  7 
numerosos  edificios  que  neuerdan  su 
antigua  opulencia. — Tm'enío,  ciudad 
de  la  provincia  de  Lecee,  con  27.000 
habitantes,  buen  puerto  en  el  golfo 
de  su  nombre,  rada  importante,  vas- 
tas salinas,  manufiicturas  de  algodón, 
telas,  mosélinas,  regular  comercio  7 
abundante  cosecha  de  exquisitos  vinos 
en  las  cercanías. — ^^aetws,  ciudad  déla 

Srovincia  de  Crénova,  con  3t>.3()0  ba- 
ilantes, puerto  sobre  el  golfo  de  este 
nombre,  sede  episcopal,  pla/a  fuerte, 
fábricas  de  fundición,  de  cristales, 
loza,  jabón,  áncoras,  papel,  lienzo  y 
blondas,  7  gran  comercio  de  géneros 
culoniftles. — Girgtnti,  capital  de  su 
provincia,  situada  en  una  colina, 
con  22.000  álmas,  restos  de  monu- 
mentos antiguos,  puerto  mu7  oonca- 
rrido,  algunas  fortificaciones,  gran  cu> 
seeba  da  «eradas  7  zios  minas  ds 


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192  ITAL 


ITAL 


ITAL 


azufre  «n  tai  eontornói.— <S^'r<n»a» 
antigua  metrópoli  de  la  Sicilia/ capi- 
tal ho^  de  la  provincia  de  su  nombre, 
con  27.000  almas,  puerto  sobre  la  ex- 
.treinidad  oriental  de  la  isla,  en  el 
Mediterráneo,  sede,  arzobispal,  colé- 

Sto  real,  seminario  j  muchos  recuer- 
os hístóiicos. — Mantua,  patria  de 
■  Virgilio,  capital  de  la  provincia  de 
igual  nombre,  situada  sobre  un  la^o 

2ae  forma  el  río  fiiíncio,  con  30.000 
abitantes,  grandiosos  edificioa  J  una 
de  lu  plazas  más  formidables  deEuro- 
ipí,—kreffio,  anticua  Husaiim  JuUi, 
capital  de  la  provincia  de  su  nombre 
en  el  estrecho  de  Messina,  con  19.000 
almas,  considerada  como  la  pobla- 
ción más  rica  del  reino  por  el  comer- 
cio j  la  industria  de  sus  moradores. — 
Rávena^  capital  también  de  su  provin- 
cia, asentada  entre  el  Moatono  y  el 
Ronco,  circuida  de  terrenos  pantano- 
sos que  emponzoñan  la  atmósfera, 
con  6U.334  almas,  edificios  antiguos, 
calles  estrechas,  que  dan  á  la  pobla- 
ción cierto  aspecto  sombrío,  tribunal 
de  comercio,  galería  de  cuadros,  mu- 
seos, templos,  en  uno  de  los  cuales  se 
conservan  las  cenizas  del  Dante,  j 
varias  antigaedades  que  recuerdan 
que  fué  el  principal  apostadero  de  la 
marina  da  los  Césares  y  capital  de  lot 
egareai, — Niza,  actualmente  incorpo- 
rada á  Francia,  era  la  capital  de  los 
Alpes  marítimos,  situada  á  18  kiló- 
metroa  de  la  desembocadura  del  Var, 
con  88.300  habitantes,  bellos  edifi- 
cios, biblioteca,  liceo,  escuela  de  hi- 
drografía, puerto  franco,  abundante 
pesca,  deUfflioaoB  alrededores  j  un  cli- 
ma cuja  benignidad  atrae  todos  los 
inviernos  &  considerable  número  de 
forasteros. 

39.  Ftnógrafia, — Los  habitantes  de 
algunas  comarcas  de  Italia,  particu- 
larmente del  antiguo  reino  de  Cerde- 
fla,  son  faertes,  uboriosos,  activos  j 
emprendedores;  los  de  otras,  como  los 
antigaoa  Bstadoa  pontificios  j  reino 
de  Ñapóles,  débiles  de  carácter,  flo- 
jos, fanáticos,  j  más  inclinados  á  la 
vida  artística  que  á  los  azares  j  es- 
truendo de  la  guerra.  Los  italianos  se 
distinguen,  generalmente  hablando, 
por  su  natural  aptitud  para  las  bellas 
artes;  It&ua  ha  marchado  siempre  á 
la  vanguardia  de  la  civilización,  j  de 
este  país  clásico  han  salido  en  to- 
das apocas  los  genios  más  privi- 
legiados en  la  música,  la  pintura, 
la  escultura,  la  arquitectura  y  el  gra- 
bado. 

40.  .jlr^at/etfAini.— Blartearquitec- 
tónico  italiano  puede  decirse  qne  data 
del  siglo  IV  da  nuestra  era,  pues  repre* 
senta  el  momento  histórico  en  que  se 
derrumba  el  poderoso  imperio  romano 
y  en  que  el  cristianismo,  extendiendo 
el  dominio  de  su  dogma,  ofrece  á  los 
artistas  nuevos  manantiales  de  inspi- 
ración. Los  monumentos  de  la  anti- 
g.iedad  permanecen  todavía  en  pie, 
como  otros  tantos  ejemplos  vivientes, 
j  las  tradiciones  del  arte  pagano  se 
perpetúan  de  continuo  en  las  escuelas; 
pero  el  ^uato,  pervertido  por  un  largo 
«omerao  eon  u  Qriente,  sa  manifiesta 


extraño  i  las  reglas  severfsimas  de  la 

sencillez  y  de  la  belleza;  se  trabaja 
activamente,  pero  sin  estudios  repo- 
sados y  profundos  y  sin  otras  miras 
que  la  ganancia.  De  aquí  resulta  que 
las  exigencias  de  la  vída  fastuosa, 
como  los  capricho!  de  la  imaginación 
desordenada,  producen  naturalmente 
una  exuberancia  de  detalles  j  de  ador* 
noa  tras  los  cuales  desaparecen  por 
completo  las  grandes  formas.  Los  mo- 
numentos antiguos  van  á  perecer  tam* 
bien  al  par  que  los  verdaderos  princi- 
pios del  arte.  En  tiempos  de  Teodosio 
□o  quedaban  ja  en  Roma  más  que  el 
bautisterio  de  San  Juan  de  Letrán  y 
el  mausoleo  de  Santa  Constancia,  que 
se  remontan  á  la  época  de  Constanti- 
no; se  juzgó  necesario  reedificar  la 
major  parte  de  los  monumentos  de- 
gradados ó  destruidos;  pero  los  prime- 
ros emperadores  cristianos,  lo  mismo 
que  los  bárbaros,  procedentes  de  la 
Crermania,  en  el  siglo  v,  continuaron 
la  obra  de  destruccidn:  Constantino, 
Teodosio  y  Honorio  mandaron  cerrar 
ó  demoler  los  edificios  consagrados  al 
paganismo.  Salida  de  las  catacumbas, 
adonde  la  persecución  la  había  lle- 
vado en  busca  de  an  asilo,  la  nueva 
religión  no  podía  producir  de  un  solo 
golpe  un  arte  nuevo.  Empezó,  pues, 
por  apropiará  sus  necesidades  algu- 
nas de  las  construcciones  aun  exis- 
tentes; las  basílicas  romanas  queda- 
ron convertidas  en  templos  cristianos, 
pudiendo  decirse  que,hasta  el  siglo  xx, 
tal  fué  el  único  plan  que  se  adoptó 
para  la  construcción  de  todas  las  igle- 
sias del  Occidente.  Constantino  man- 
dó erigir  en  Roma,  eon  las  columnas 
y  los  restos  de  los  monumentos  paga- 
nos, las  basílicas  del  Salvador,  ó  de 
San  Juan  de  Letrán,  de  San  Pedro, 
de  San  Pablo,  de  Santa  Cruz,  de  San 
Andrea,  de  Lorenzo,  de  Santa 
Inés  j  de  los  Santos  Marcelino  y  Pe- 
dro; estas  iglesias  primitivas,  obras 
precoces  de  un  arte  imperfecto,  casi 
rudimentario,  debieron  ser  reconstrui- 
das por  Teodosio  ó  por  los  papas  de 
los  siglos  T  j  TI.  Más  tarde  se  edifi- 
caron, entre  otras,  Santa  María  la  Ma- 
vor,  Santa  Agata,  Santa  Bibiana,  San 
Pancracio,  San  Sabino,  Santa  Práxe- 
des, San  Silvestre,  Santa  María  Ara- 
celi  y  San  Clemente,  imitaciones  to- 
das de  la  basílica.  Bajo  Yalentinia* 
no  III,  la  ciudad  de  Rávena,  en  la 
cual  residieron  la  mavor  parte  de  los 
emperadores  de  Occidente,  vio  levan- 
tarse la  basílica  Major,  Santa  Agata, 
San  Francisco,  San  Juan  jr  la  capilla 
sepulcral  de  los  santos  Nazaño  y  Cel- 
so. Las  únicas  modificaciones  impor- 
tantes que  se  introdujeron  en  el  esti- 
lo de  la  arquitectura,  fueron:  1.°,  la 
sustitución  de  la  bjveda  en  el  arqui- 
trabe, que  prevalecía  precedentemente 
sobre  las  columnas;  2.*,  la  prolonga- 
ción de  la  pnrte  transversal  de  la  ba- 
sílica, necesaria  para  formar  la  cruz; 
3.°,  la  construcción,  en  las  afueras  é 
inmediato  á  la  basílica,  de  un  bautis- 1 
terio,  en  donde  se  confería  el  bautis-  \ 
mo.  Batas  mismas  reglas  arquitecto-  , 
nibas  fueron  observadas  durante  U] 


dominación  de  los  ostrogodos.  El  g^n 
Teodorico,  educado  en  Bizancío,  don- 
de había  cobrado  afición  á  las  artes, 
hizo  edificar  en  Rávena  la  basílica  de 
San  Apolinar,  la  de  Hércules,  la  de 
San  Teodoro,  el  bautisterio  de  Santa 
María-in-Cosmedino,  un  palacio  j  un 
mausoleo,  en  va  cúpula  estaba  forma- 
da de  una  sola  piedra  de  Istria,  v  que 
narece  ser  hoj  la  iglesia  de  Santa 
María-della-Rotottda.  Símaco  noa  ha 
conservado  el  nombre  del  arquitecto 
Daniel,  director  de  las  obras  ae  estos 
monumentos.  Otro  arquitecto,  Aloi- 
sius,  fué  el  encargado  de  restaurar  los 
edificios  de  Roma.  Bn  Pavía,  en  Mon- 
za  y  en  Nápoles  se  levantaron  varias 
iglesias,  palacios  y  baños;  ^  cuando 
Cassiodoro,  nno  de  los  ministros  de 
Teodorico,  se  retiró  del  mundo,  fun- 
dó el  célebre  monasterio  del  Monte- 
Cassíno.  Amalasunta,  hija  de  Teodo- 
rico, continuó  ornaudo  á  Rávena; 
j  á  su  reinado  pertenecen  la  iglesia 
de  San  Vital  y  el  bautisterio  de  San 
Juan,  construidos  en  estilo  bizan- 
tino. Aunque  en  la  historia  de  las 
artes  se  ha  ja  empleado  la  denomina- 
ción de  etíiio  lombardo,  los  lomba^ 
dos,  que  ocuparon  la  Italia  septen- 
trional desde  508  hasta  774,  no  llega- 
ron á  tener  en  arquitectura  nn  estilo 
que  les  fuera  propio.  Salidos  de  los 
bosques  de  la  uermauia  á  ignorando 
los  primeros  elementos  de  la  construc- 
ción, no  pudieron  menos  que  adoptar 
el  arte  de  los  vencidos,  esto  es,  el  arte 
romano  degenerado.  Los  monumen- 
tos, bastante  raros,  de  este  período,  se 
reconocen  en  sus  formas  bajas  y  r^ 
dondas;  en  las  columnas  cortas,  que 
descansan  sobre  un  simple  pedrusco; 
en  los  capiteles  cónicos,  adornados  de 
follajes  y  de  animales;  en  las  bóvedas 
de  albaftilería,  ^ue  reemplazan  Ím  te- 
chos de  maderaje;  en  ona  grosera  or- 
namentación de  columnatas  j  d«  ar- 
cos, unidos  al  muro;  en  los  cabos  ó 
cordones  que  marcan  exteriormente 
los  pisos,  j  en  las  ventanas  estrechas, 
como  las  saeteras  ó  torrecillas.  En 
las  lejes  de  los  lombardos  se  va  que 
Como  fué  la  ciudad  que  auminístró 
entonces  los  mejores  aro uitectos  j  pi- 
capedreros. Hasta  el  siglo  zi,  los  ita- 
lianos, ja  por  efecto  de  su  hábito,  ja 
por  antipatía  contra  los  griegos,  ja 
por  rigidez  de  los  papas  en  no  dejar 
que  se  alterara  sensiblemente  el  tipo 
primitivo  de  la  basílica,  tuvieron  que 
atenerse  al  estilo  latino.  Pero  las  re- 
laciones comerciales  de  Amalfi,  de 
Pisa,  de  Genova,  de  Ancona  j  de  Ve- 
necia  eon  el  imperio  de  Oriente,  tra- 
jeron una  alianza  del  elemento  latino 
con  el  bizantino,  de  donde  resoltd  un 
nuevo  estilo,  denominado  ronsM,  r^- 
mano-hizantino  j,  algunas  veces,  Am»- 
bardo  de  la  segunda  ¿poca.  Por  el  con- 
tacto de  Europa  con  el  Asia  .durante 
las  cruzadas,  recibió  el  nuevo  estilo, 
sobre  todo  en  Venecia  j  en  Sicilia, 
el  sello  fantástico  j  maravilloso  dalos 
I  orientales,  singularmente  en  la  omm- 
\  mentación.  Otros  cambios  experimen- 
,  tó  también  la  arqnitectnn:  ^e  proloa- 
I  gómás  aún  la  oartft  tf^nsvenal  que 


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ITAL 


ITAL 


ITAL  19S 


formaba  I»  mus  latina  j  le  adornaron 
da  ea pillas  sos  eatremiaade8;ae  agran- 
dé la  bóveda;  le  elevó  más  ó  menos  el 
coro;  ae  ensanchó  la  cripta,  en  donde 
u  depositaban  las  reliquias,  que  vino 
i  formar  oomo  una  pequeüa  ifflesia 
■ubterránea;  las  naves  colaterales  de 
la  basílica,  extendiéndose  hasta  más 
allá  de  los  brazos  de  la  cruz,  tomaron 
la  forma  abovedada:  una  cúpula  se 
levautd  en  el  panto  de  iatersecciún  de 
la  nave  principal  y  de  los  brazos  de  las 
emees;  los  techos  de  vigas  horizonta- 
les fueron  sustituidos  por  los  techos 
abovedados  en  madera,  y  los  pilares, 
por  columnas;  las  formas  de  sus  capi- 
teles variaron  hasta  el  infinito  jr  los 
zótt^oi  se  elevaron  sensiblemente;  las 
ventallas  se  aumentaron,  se  hicieron 
más  anchas  j  frecuentemente  dupli- 
cadas; las  puertas  se  decoraron  de  es- 
culturas; sobre  los  edificios  de  media- 
na impartancia  se  levantaron  torres 
de  campanario,  mieutras  que  las  ca- 
tedrales conservaban ,  como  escep- 
ciún,  sus  cúpulas  aisladas;  lo»  arcos 
de  bóveda  simulados  sólo  sirvieron 
para  marcar  los  pisos  sobre  los  muros 
exteriores;  la  fachada  principal  se 
adornó  de  un  gran  rosetón  calado  ó  de 
una  anchísima  ventana  circular;  los 
edificios  tomaron  de  día  en  día  mayor 
elevación,  apoyando  sus  muros  en  es- 
tribos extenores.  Las  piedras  de  dife- 
rentes colores,  empleadas  en  la  cons- 
trucción, eaprichosamente  cpmbíoit- 
du  con  el  ladrillo,  ofrecían  á  la  vista 
una  yaiiedad  agradable.  Bu  el  núme* 
ro  de  los  monumentos  de  este  período, 
que  se  eatiende  hasta  el  siglo  xiti, 
están  comprendidos  los  de  San  A  mbro- 
siú  de  Milán;  San  Zenún,  San  Fermo 
y  San  Antonio  de  Verona;Sao  B  ueban 
de Bolonia;SanCiriacojSanta  María 
de  ¿.ncona,  y  Santa  María  de  M^n¿a; 
las  catedrales  de  Parma,  de  Plasen- 
cia,  de  Módena,  de  Como,  de  Mantua, 
deCremooa,  de  Ferrara  y  de  Pisa; 
las  ermitas  de  Padua;  San  Miguel  de 
Pavía;  San  Miguel  de  FbreDciii  y  San- 
ta Marta  de  Bergamo;  las  iglesias  de 
Santa  María  la  Major,  San  i''raiicisco, 
San  Juan  San  Pablo,  en  Roma.  Las 
torres  anejas  á  los  monasterios  da- 
un  también  de  esta  época:  las  más 
notables  son  las  de  San  Juan  de  Le- 
trán  j  de  San  Pablo,  en  Roma;  y  la 
de  San  Zenón,  en  Verona.  La  arqui- 
tectura civil  siguió  el  mismo  movi- 
miento de  la  arquitectura  religiosa. 
Bn  todas  las  ciudadesselevantaron  pa- 
lacios públicos,  en  los  cuales  se  obser- 
van principios  comunes  de  construc- 
ción; es  un  cuadradoque  rodea  un  pa- 
tio interior,  cujo  pórtico  f  ^rma  el  piso 
bajo,  sobre  el  cual  se  encuentran  los 
departamentos  destinados  para  ías 
juntas  6  sesiones,  alumbrados  por 
grandes  ventanas,  mientras  que  al- 
gunas estatuas  adornan  ordinaria- 
mente el  frontispicio.  Como  las  riva- 
lidades de  las  poblaciones  entre  sí,  ó 
de  los  partidos  de  ana  misma  ciudad, 
«n^ndraimn  luchas  frecuentes  y  san- 
grientas, los  edificios  municipales, 
y  aun  las  viviendas  de  los  ricos  pro- 
pietarios, se  fortificaron  y  almenaron 


de  una  manera  conveniente  para  re- 
sistir un  verdadero  sitio.  Tales  son 
los  antiguos  castillos  de  Florencia,  de 
Verona,  de  Vicenza,  el  palacio  ducal 
de  Ferrara  y  el  castilla  DelU  Torri, 
en  Turín.  A  pesar  de  la  multitud  de 
monumentos  elevados  en  Italia  du- 
rante el  período  romano,  son  contados 
los  nombres  de  los  arquitectos  <^ue 
han  llegado  hasta  nosotros.  Bn  Pisa 
hizo  Busc/tetío  la  cúpula;  Deotisalvi, 
el  bautisterio;  Bonanno,  la  torre  ó 
campanario  perpendicular;  NicoUit  y 
Andrea  construyeron  San  Michel-in- 
Borgo,  el  campo  santo  y  el  cimborio 
de  San  Xicolás.  Al  primero  se  le  de- 
ben también  el  palacio  de  los  Anzia- 
ni,  en  Pisa;  la  Trinidad,  en  Floren- 
cia, j  San  .Antonio  de  Padua.  Grivdeití 
levantó  la  fachada  de  San  Martín,  en 
Laca;  Mttrchiont  d'  Árezzo,  las  cate- 
drales de  Pistola  y  de  Volterra;  la 

Íiarroquía  de  Arezzo  y  la  torre  de  los 
/onti,  en  Roma;  Bgidio  de  Afilan^  el 
palacio  de  Eccelín;  Leonardo  BoccaUc- 
ca,  el  salón  ó  palacio  comunal  de  Pa- 
dua; Lorento  Mactani,  la  media  na- 
ranja de  Orvieto;  Aguxtiny  Agnalode 
Siena,  el  palacio  de  la  ciudad  de  este 
nombre;  el  fraile  Ristoro  di  Cambio, 
la  iglesia  de  Santa  María  Nueva,  en 
Florencia;  Arnolfo  di  Lapo,  la  cate- 
dral, y  el  religioso  Juan,  el  puente 
de  la  Carreja  en  la  misma  población. 
Bn  Roma  se  distinguió  la  familia  de 
loa  Cotmator,  llamada  así  de  su  jefe 
Cosma;  eran  todos  habilísimos  en  el 
arte  de  las  incrustaciones  en  mosaico, 
i  T.  como  arquitectos,  dejaron  las  tri- 
bunas de  San  Lorenzo,  de  Santa  Ma- 
ría Araceli  y  de  San  Cesáreo,  el  claus- 
tro de  Subiaco  y  el  pórtico  de  la  ca- 
tedral de  Civita-Castellana.  Dos  de 
sus  discípulos,  Pedro  y  Juan,  cons- 
truyeron los  monasterios  de  San  Juan 
de  Letrán  y  da  San  Pablo,  en  Koma. 
.V  fines  del  siglo  xiii  se  ve  aparecer 

fior  primera  vez  el  eitilo  ojival,  que 
os  italianos  llamaron  gótico  ó  aleiitán, 
\y  aun  b.irbaro,  porque  fué  importado 

f'  tor  los  alemanes  prncedentes  de  aque- 
la  raza.  Pero  este  nuevo  estilo  se  ern- 
I  pleó  como  ornamentación,  más  bien 
'  que  como   sistema  arquitectónico. 
\  Mientras  que  las  fachadas  y  puertas 
principales  afectaban  la  forma  ojival 
'  y  se  adornaban  ali^tinas  veces  de  cim- 
¡  balillos,  conservábanse  en  el  interior 
de  las  iglesias  el  arco,  las  bóvedas  de 
arista,  las  columnas  redondas,  los  ca- 
piteles y  las  coritisas.  debiendo  notar- 
se que  la  cúpula  no  se  sustituyó  en 
ningún  caso  por  el  campanario  y  la 
ag-uja.  Dos  ediñcios  úincamente  fue- 
ron concebidos  y  ejeiMitados  en  el  es- 
tilo puramente  ojival:  la  igle^iía  su- 

fierior  de  San  Francisco,  en  Assisse,  y 
a  catedral  de  Milán,  cuyas  dos  obras 
I  se  atrib'iyen  á  los  arquitectos  alema- 
nes Jacobo  y  Bnrique  de  Galmodia. 
Los  edificios  en  que  se  empleó  el  ea- 
'  tilo  ojival  simplemente  mezclado  con 
'  el  estila  romano,  son:  el  campo  santo, 
Santa-María- iella-Spina  de  Pisa,  San 
Anastasio  y  la  catedral  de  Verona, 
San  Antonio  de  PaJua,  las  íglesiiis  ca- 
tedrales de  Florencia,  d  Arezzo, de  Sie- 


na, de  Orvieto  y  San  Jnan  de  Nápoles. 
Giotto,  más  conocido  eomo  pintor^ 
levantó  la  media  naranja  de  Floreu- 
cia;  Andrés  Oreagna  fué  el  arquitecto 
de  la  Loggit  dei  Lanxi  de  la  misma  ein- 
dad.  Con  el  siglo  xii  empezó  una  edad 
nueva  para  el  arte  italiano,  el  cual 
supo  romper  las  trabas  que  impedían 
todo  movimiento  á  la  escuela  romano- 
bizantina.  Los  modelos  antiguos,  que 
lograron  salvarse  de  la  destrucción  de 
los  hombres  y  del  tiempo,  fueron  es- 
tudiados con  verdadero  ardor.  En  este 
período,  que  ha  recibido  el  nombre  de 
Renacimi'^nto,  no  pudieron  adoptarse 
las  divisiones  y  las  disposiciones  ar- 
quitectónicas de  los  edificios  greco- 
romanos,  puesto  que  el  plan  de  los 
monumentos  modernos  era  el  resulta- 
do de  necesidades  desconocidas  en  las 
sociedades  paganas;  pero  se  volvió  á 
la  antigüedad  en  cuantos  las  propor- 
cionesi  delincaciones  y  ornato.  El  es- 
tilo del  Renacimiento  fué,  más  que  un 
sistema  nuevo  de  arquitectura,  una 
nueva  forma  de  ornamentación,  ini- 
ciada por  Bruoellesclii,  natural  de 
Florencia,  y  autor  de  la  cúpula  de  la 
catedral,  de  las  iglesias  del  Santo* 
Espíritu  y  de  San  Lorenzo,  y  del  pa- 
lacio Pitti,  en  aquella  ciudad.  La 
alianza  del  arte  antiguo  y  del  estilo 
romano,  y  algunas  veces  también  de 
la  ojiva,  que  se  observa  en  las  obras 
de  aquel  grande  arquitecto,  se  dis- 
tingue igualmente  en  los  trabajos  de 
sus  discípulos  éimitadores,  tales  como 
el  palaciu  Ricardi,  el  de  Tornabuo- 
ni  y  el  de  Cafareggi,  en  Florencia;  y 
el  castillo  de  la  Faggiuola,  por  Mi- 
chelozzi;  el  palacio  Strozzi,  en  la  mis- 
ma ciudad,  piir  Beuito  Majano  y  Cro- 
naca;  los  paiac-ios  levantados  en  Siena 
y  en  Urbíno  por  Francisco  de  Giorgio 
y  por  Uoselliiii;  las  iglesias  de  S;in 
Agustín  y  de  Santa  María  del  Pueblo, 
en  Roma,  por  Pintelli;  los  pórticos  in- 
teriores del  palacio  llamado  de  Vene- 
cía,  en  la  ciudad  de  este  nombre,  por 
Julián  Majano,  y  el  grande  hospital 
de  Milán,  por  Antonio  Fílarete.  La 
llegada  de  los  griegas  fugitivos  de 
Constantinopla,  en  1453,  dió  nuevo 
impulso  al  gusto  por  lo  antiguo,  y  no 
pasó  mucho  tiempo  sin  que  desapare- 
cieran por  completo  las  últimas  huellas 
de  los  estilos  de  la  Bdad  media.  Ha- 
cía esta  misma  época  se  encontraron 
los  libros  de  V'itrubio,  los  cuales,  es- 
tudiados y  comentados,  vinieron  á  ser 
el  único  código  de  la  arquitectura. 
Alberti  esíjribiií  su  grande  obra  De  re 
adijcatoriá  según  los  preceptos  del 
autor  latino,  que  é\  puso  en  práctica 
en  el  palacio  Rueceliat  y  en  el  coro 
de  la  Anunciada,  en  Florencia,  y  en 
las  iglesias  de  Snn  Andrés,  en  Man- 
tua, y  de  San  Francisco,  en  Riminí. 
De  la  Toscana,  el  estilo  del  Renaci- 
miento se  extendió  á  todas  partes*  En 
Venecía,  donde  los  monumentos  da 
estilo  bizantino  se  hallaban  cubiertos 
de  adornos  de  un  gusto  puramente 
oriental,  el  arte  antig'uo  no  pudo  con- 
servar más  que  la  sencillez  y  la  pure- 
za de  sus  líneas,  y  las  obras  concebi- 
das según  sus  principios,  ofrecieron 


TOMO  (.1 


i» 


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i94 


ITAL 


irnalmente  una  g:ran  riqueza  deeota- 
tiTa.  La  imitación  de  lo  antiguo  em- 
pezó i  manifestarse  de  nna  manera 
ostensible  en  las  construcciones  dirí- 
g>idasporuna  célebre  familia  de  ar- 
quitectos, los  Lombardi:  Pedro  Lom- 
bardi  levantó  los  templos  deSanta  Ma- 
ría de  los  Milagros  j  de  Santa  María 
Madre  de  Dios;  los  palacios  Contarioi, 
Vendraminojr  Comer,  y  los  monumen- 
tos deZem  y  Mocenigo;  Martín  Lom- 
bardi hizo  la  escuela  ó  cofradía  de  San 
Mareos  j  la  fachada  de  San  Zacarías; 
Moro  Lombardi,  la  iglesia  de  San 
Miguel  de  Murano.  A  esta  misma  es- 
cuela pertenecieron:  Bergamasco,  ar- 
quitecto de  la  capilla  Emiliana  j  del 
palacio  de  los  Cfamarlengos;  Biccio, 
autor  de  la  escalera  de  los  Gigantes  y 
de  la  fachada  interior  del  palacio  de 
los  Diix,  j  Scarpagnino,  a  quien  se 
debe  la  fachada  de  la  escuela  de  San 
Roque. — Contra  este  lujo  de  ornamen- 
tftciüD  de  la  arquitectura  veneciana, 
partió  de  la  Lombardía  una  protesta 
vivísima,  que  tuvo  por  principal  órga- 
dO  á  Lazzari  Bramante.  En  el  claustro 
de  San  Ambrosio^  en  el  Lazareto,  en  el 
palacio  Castiglioni,  en  la  iglesia  de 
Santa  María  de  los  Angeles  j  otras, 
se  observa  todavía  ana  mezcla  del 
estilo  romano  j  del  estilo  del  Rena- 
cimiento; pero  los  monumentos  que 
aquel  arquitecto  hizo  en  Roma,  el 
palacio  de  la  Chancillen'a,  el  de  Gi- 
raud,  el  patio  del  Vaticano  en  su  for- 
ma primitiva  j  la  iglesia  de  San  Pe- 
dro, tal  cual  él  la  concibió,  son  la 
expresión  más  acabada  del  estilo  clá- 
sico italiano  en  toda  su  sobriedad  y 
belleza.  Entre  los  discípulos  ó  émulos 
de  Bramante,  se  cuentan:  Peruzzi, 
que  ediñcó  en  Roma  la  Farnesina  t 
los  palacios  Chigí  y  Mássimo;  Rafael, 
de  quien  se  tiene  en  la  misma  ciudad 
los  palacios  Berti  y  Vidoni,  v  en  Flo- 
rencia los  de  Gaadolfini  /  Uguccio- 
ni;  Sangallo,  director  del  palacio  Fa> 
nesio,  en  Roma;  Ligorio,  arquitecto 
de  la  ciudad  Pía,  en  la  misma  pobla- 
ción, y  SerKo,  que  fué  á  Francia  á 
trabajar  en  los  palacios  del  Louvre  y 
de  Fóataiuebleau, — Sin  embargo,  un 
nuevo  elemento,  el  pintoresco,  iba  á 
introducirse  en  la  arquitectura  7  á  al- 
terar su  pureza.  Hasta  aquí,  los  edi6- 
;ios,  creados  con  un  objeto  de  utili- 
dad ó  para  un  destino  importante,  ha- 
bían ostentado  el  sello  de  la  grandeza 
y  de  la  senirillez:  ahora,  con  el  propó- 
sito de  satisfacer  el  gusto  de  los  prin- 
cipes y  de  los  señores  por  el  lujo,  los 
arquitectos  van  á  dedicarse  á  buscar 
iiraias,  combinaciones  y  efectos  que 
a^ra'ien  á  la  vista.  Miguel  Algel,  con 
toda  la  autoridad  de  su  genio,  consa- 
gró esta  introducción  del  elemento 
pintoresco,  de  que  ja  habían  dado 
ejemplo  los  artistas  veaecianüs:  San 
Pedro  de  Roma  y  su  tniuensa  cúpula, 
la  decoración  exterior  del  Capitolio, 
el  claustro  de  Santa  María  de  los  An- 

feles  j  la  biblioteca  Lauretana,  en 
lorencia,  son  sus  principales  obras. 
Después  de  él,  algunos  talentos  supe- 
riores, Julio  Romano,  en  Mantua; 
Fontana,  eo  Roma;  Sansoviao,  Sca- 


ITAL 

mozEi  y  Da  Ponte,  en  Veneola,  sostn- 

vieron  el  sistema  pintoresco,  el  cual, 
no  obstante,  privado  del  soplo  podero- 
so de  Miguel  Angel,  que  lo  había  ani- 
mado, dejaba  entrever  una  próxima 
decadencia.  En  vano  Vignole,  Alersi, 
Ammanati,  San-Micheli  ;  Palladio, 
ateniéndose  á  los  preceptos  antiguos 
j  á  la  escuela  de  Bramante,  protesta- 
ron contra  la  invasión  del  pintoresco. 
El  siglo  xvii  no  tuvo  otro  ideal  que 
buscar  la  pompa  v  la  riqueza,  desple- 
gándose un  lujo  de  adornos  verdade- 
ramente deslumbrador;  de  aquí  lo  que 
los  críticos  italianos  llamaban  el  etUlo 
de  los  flia^wflif/df.— Después  de  esto, 
se  quiso  encarecer  y  aumentar  et  va- 
lor de  lo  que  existía,  y  eajendo  el 
arte  en  la  extravagancia,  se  llegó  al 
estilo  estrambótico.  Las  estrías  de  las 
columnas  fueron  adornadas;  los  capi- 
teles, los  arquitrabes,  las  cornisas  y 
los  frisos  se  recargaron  de  volutas,  de 
follajes, de  adornos,  de  festones  j  mol- 
duras, bajo  los  cuales  desapareció  la 
línea  recta.  Cario  Maderno,  que  ter- 
minó las  obras  de  San  Pedro  de  Roma, 
fué  uno  de  ios  iniciadores  de  esta  ar- 
quitectura corrompida.  Lorenzo  Be- 
mini,  que  levantó  la  columnata,  el 
baldaquino  ó  palio,  y  la  cátedra  de 
San  Pedro,  en  Roma;  la  grande  esca- 
lera del  Vaticano  y  el  palacio  Barbe- 
rini,  llevó  más  allá  todavía  el  lujo  y 
la  grandiosidad  en  el  ornato.  Ponzio  y 
Ramaldi,  en  Roma;  Buontalenti;  Pa- 
ri^i»  Nigetti  y  Silvani,  en  Florencia; 
Mida  y  Mangoni,  en  Milán,  y  Victo- 
ria y  Champagna,  en  Veneeia,  siguie- 
ron el  mismo  camino. — Lo  que  pro- 
dujo el  siglo  Jtvm,  no  merece  en  rea- 
lidad el  nombre  de  arte:  los  arquitec- 
tos italianos  apenas  hicieron  otra  cosa 
que  imitar  servilmente  á  los  extranje- 
ros. Ivara  y  Vanvitelli,  autor  del  cas- 
tillo de  Caserta,  quiso  traer  la  arqui- 
tectant  á  sus  verdaderos  principios; 
pero  sus  nobles  esfuerzos  fueron  com- 
pletamente estériles.  En  cambio,  Pi- 
ranesi  y  Milizia  alcanzaron  más  tarde 
lo  que  Vanvitelli  no  pudo  conseguir, 
y  entonces  se  formó  una  escuela  digna 
de  este  nombre;  la  del  marqués  Cag- 
nula,  Simonetti,  Campesi  7  Stem,  á 
quienes  Milán,  Roma  y  Nadóles  son 
deudores  de  sus  recientes  edificios. — 
Para  más  datos,  puede  verse:  Saruelli, 
Antiea  basilicografia.  Ñápeles,  1702; 
J.  Blaeuj  íiuevo  teatro  de  Jíaliot  en 
holandés,  Amsterdam,  1704,  4  volú- 
menes en  folio;  Burmann,  Thesaurus 
antiguitatum  Jtalia;  Séroux  d'  Agni- 
court,  Ilistoire  de  V  arípar  les  mo»8- 
ments,  París,  1803-23,  6  volúmenes  en 
folio;  Cordero,  Della  italiana  artíhiiet- 
tura  durante  la  dominazione  longobarda, 
Brescia.  1829;  Kinglit,  La  arquiiectn- 
ra  ecleaitstica  de  la  Italia,  en  inglés; 
L.  Tajflor  y  l).  Cresj,  Arquitectura  de 
la  Edad  media  en  Italia,  en  inglés, 
Londres,  1829,  en  4.";  Selvático,  5í//a 
arckile llura  et  della  scultura  di  Vetu- 
cia,  Veuecia,  1847;  Letarouilljr,  Les 
Edi/ices  de  Rome  moderne,  París,  1840 
y  18o5,  3  volúmenes  en  folio  de  plan- 
chas y  un  volumen  en  4."  de  texto. 
41.  Escultura. — En  el  último  siglo 


ITAL 

del  imperio  romano,  la  escultura,  aun 
cuando  recordaba  la  composición,  el 
adorno,  el  ajuste  y  la  expresión  de  las 
obras  más  antiguas,  revelaba,  sin  em- 
bargo, una  gran  ignorancia  en  la 
ejecución.  Los  bajo  relieves  del  arco 
de  Constantino,  en  Roma,  los  sarcó- 
fagos de  la  emperatriz  Helena,  de 
Santa  Constanza,  de  Junius  Bassas, 
de  Probns  Anieins  y  de  Oljbriu»,  v 
los  demás  monumentos  del  mismo  ge- 
nero que  se  conservan  en  el  museo 
del  Vaticano,  demnestran  la  íklta  de 
habilidad  práctica  de  los  artistas.  El 
cristianismo  era,  digámoslo  asf,  de- 
masiado joven  todavía  para  crear  ti- 
pos nuevos:  después  de  haber  derri- 
bado muchos  ídolos  del  paganismo, 
los  cristianos  que  se  dedicaron  á' las 
bellas  artes,  se  circunscribiaroá  k  imi- 
tar los  modelos  que  habían  escapado 
á  la  destrucción;  únicamente^  bajó  la 
influencia  de  ideas  morales  m&i  aus- 
teras, se  veló  lo  desnudo  7  se  celardn 
más  las  formas.  La  escultura  89  em- 

f)leÓ,  desde  un  principio,  en  decorar 
as  basílicas  cristianas.  La  mavor^at- 
te  de  las  estatuas  se  ba,cía  entonces 
en  metales  preciosos:  el  bibliotecario 
Anastasio  menciona  un  considerable 
número  de  ellas,  las  enales  fueron  .da- 
das por  los  emperadores  á  los  papas, 
ó  ejecutadas  á  expensas  de  estos  últi- 
mos; pero  ninguna  ha  llegado  hasta 
nosotros,  pues  todas  desaparecieron 
en  los  saqueos  de  Roma  por  los  bár- 
baros. En  cuanto  á  las  ctuces,  pate- 
nas, vasos  sagrados,  incensarios,  can- 
deleros  y  lámparas  con  ornamentos  y 
figuras,  que  también  existían,  sólo 
han  podido  conservarse  algunas  raras 
reliquias  en  el  Tesoro  do  Roma.  Las 
estatuas  ecuestres  de  Teodorico  el 
Grande,  fundidas  en  Roma,  en  Ráve- 
na,  en  Nápoles  y  en  Pavia,  prueban 
que  el  arte  del  fundidor  se  conssrvaba 
tddavía  en  el  siglo  vi,  Ó  cuando  me- 
nos que  había  recibido  nuevo  impul- 
so bajo  la  dominación  de  los  godos. 
Pero  las  obras  más  notables  de  estos 
primeros  siglos  de  la  Italia,  cristia- 
na, fueron  hechas  en  marfil:  tales  son, 
entre  otras,  los  dípticos,  los  báculos 
y  las  sillas  episcopales,  las  cubiertas 
de  los  evangelios,  los  altares  portáti- 
les y  los  relicarios.  Hasta  la  época  He 
la  invasión  normanda,  apenas  había 
pasado  la  escultura  al  interior  de  las 
basílicas,  7a  porque  las  estatuas  en 
materias  preciosas  no  podían  séir  ei- 

Suestas  por  fuera,  bien  por  no  ree6r- 
ar  á  la  muchedumbre,  recientemen- 
te convertida,  el  culto  de  los  ídolos. 
Bajo  los  lombardos,  empezaron  &  de- 
corarse de  esculturas  las  puertas  prin- 
cipales de  los  templos:  las  estatuas  de 
Rolando  y  de  Oliveros'que  se  ven  en 
la  catedral  de  Verona,  natan  de  esta 
época,  y  ellas  atestiguan  la  barbarie 
de  los  artistas,  como  igualmente  los 
\  bajo  relieves  de  la  Puerta  Romana,  en 
Milán,  no  obstante  haber  sido  ejecu- 
tadas dos  siglos  más  tarde.  Sólo  bajo 
la  influencia  del  gusto  bizantino  en- 
tró la  escultura  en  una  vía  de  pro- 
greso. Desde  fines  del  siglo  ix,  un 
artista  lombardo,  Volvinus,  adornó 


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ITÁL 


ITAL 


ITAL  195 


én  pUU'ei  célebre  altar  de  la  iglesia 
de  San  Ambrosio,  en  Milán.  En  el  si- 
rio XI,  las  puertas  de  bronce  esculpi- 
das, qae  se  UcTaron  de  Grecia  para 
decorar  loa  pórticos  de  los  templos  de 
San  Marcos  en  Veneeia,  de  San  Pablo 
en  Roma,  j  de  la  catedral  de  Nápo- 
les,  sirrieron  de  modelo  para  las  puer- 
tas de  las  catedrales  de  A.malfí  j  de 
Benevento,  j  después,  para  las  de 
Pisa,  ejecatadasen  1180  por  Bomano, 
jlas  del  bautisterio  d»  San  Juan  de  Le* 
tr&n,  en  Roma,  construidas,  en  1203, 
por  Pedro  j  Huberto  de  Plaseneia. 
Los  nombres  de  los  demás  artistas  del 
siglo  XII  que  se  han  conservado,  son: 
Guillermo,  autor  de  los  bajo  relieves 
de  la  catedral  de  Módena;  Nicolás  de 
Jicarolo,  que  decoró  á  San  Zenón  de 
Verona  j  la  catedral  de  Ferrara;  An- 
telani,  cjae  trabajó  en  Parma;  Rober- 
to, en  Pisa;  Bidnino,«n  Luca,  j  Grúa- 
monti,  en  Pistoia.  Sus  obras  revelan 
cierta  eleraeión  de  ideas,  pero  la  eje- 
cución es  todavía  bárbara.  Gn  el  si- 
glo xiif ,  Nicolás  de  Pisa,  escultor  y 
arquitecto  £  la  Tez,  diÓ  nueva  direc- 
ción i  los  estadios.  Discípulo  de 
maestros  eriegos,  que  trabajaban  en 
la  catedral  de  sa  patria,  siguió  en  un 

frrincipio  su  estilo;  pero,  admirado  de 
a  belleza  de  ciertas  esculturas  anti- 
guas, que  habían  sido  trasladadas  de 
Grecia  por  los  písanos,  meditó  sobre 
sus  modelos,  adoptó  los  principios 
que  enseñaban  y  condujo  el  arte  al 
estudio  de  la  naturaleza.  Las  escultu- 
ras dé  las  cátedras  de  Pisa  y  de  Sie- 
na, asi  como  las  del  sepulcro  de  San- 
to Domingo,  en  Bolonia,  demuestran 
los  progresos  que  había  realizado. — 
Andrés  de  Pisa  hizo,  en  el  siglo  si- 
guiente, una  de  las  puertas  del  bau- 
tisterio de  Florencia;  y  entre  sus  dis- 
cípulos ó  imitadores  esculpieron:  An- 
drés Orcagna,  el  altar  de  oro  de  San 
Miguel;  Massucoio,  los  sepulcros  del 
re;  Roberto  j  de  la  reina  kancha,  en 
Nápoles;  Alberto  di  Arnaldo,  la  Ma- 
dona  del  Bignllo,  en  Florencia;  Lam- 
berti,lnde  la  Misericordia,  de  Arezzo; 
Lan^ni,  el  sepulcro  de  los  Pépolí,  en 
Bolonia;  Bononí  da  Campione,  el  de 
Can  della  Scala,  en  Verona;  Baldue- 
ei<s  el  de  San  Pedro  mártir,  en  Milán; 
Calendario,  los  capiteles  adornados  de 
estatuas  del  palacio  ducal,  en  Vene- 
eia. En  la  misma  época,  Cione,  padre 
de  Orcagna,  su  discípulo  Leonardo, 
Pedro  de  Florencia,  Qíulio  de  Pisa  y 
Jacobo  de  Ognabene  hicieron  el  altar 
de  la  catedral  de  Pistoia  y  el  del  bau- 
tisterio de  Florencia,  dos  obras  nota- 
bilísimas en  platería.  Cuando  llegó  el 
Renuimiento,  la  escultura  ae  desarro- 
lló rápidiraente  por  el  estadio  de  la 
antigüedad  y  adquirió  esa  habilidad 
de  ejeención  práctica  que  faltó  á  la 
edad  precedente.  En  Siena  se  formó 
nna  escueta,  bajo  la  dirección  de  Ja- 
cobo  della  Quercia,  llamado  della  Fon- 
ie  á  causa  de  la  fuente  Qaja  (ale- 
gre, encantadora)  que  ejecutó  en 
Aquella  población,  y  del  cual  se  con- 
serran  también  bellísimas  obras  en 
Laca  j  en  Bolonia;  de  esta  escuela  sa- 
lieran excelentes  artistas,  como  Ma- 


teo de  Luca,  Nicolás  del  Arca,  Vec- 
chietto,  Nicolás  di  Piero  y  otros.  Sin 
embargo,  la  ciudad  de  Florencia  pro- 
dujo escultores  más  notables  todavía. 
Lorenzo  Ghiberti  hizo  las  dos  famosas 
puertas  en  bronce  del  bautisterio,  en 
cujTos  bajo  relieves  supo  reunir,  á  la 
sencillez  y  elevación  del  pensamiento, 
la  nobleza  del  adorno,  la  hermosura 
de  la  forma,  la  pureza  de  la  ejecución 
j  el  efecto  dramático  délos  contrastes 
pintorescos.  Ejecutó  también  varias 
estatuas  en  bronce  para  la  iglesia  de 
Oro  de  San  Miguel;  los  sepulcros  de 
San  Zenobio  y  de  San  Proto;  algunos 
bajo  relieves  para  la  iglesia  de  San 
Juan  de  Siena,  y  diversas  obras  de 

filatería  que  se  han  perdido,  cuja  de- 
icadeza  y  gusto  encomia  Vasari.  Do- 
nato ó  Donatello  fué  quien  mejor  im- 
primió á  la  escuela  florentina,  y  aun  á 
toda  la  escultura  italiana,  ese  carác- 
ter de  naturalidad  que  ha  conservado 
después.  Preocupado  exclusivamente 
con  la  idea  de  la  verdad  y  de  la  imi- 
tación exacta  de  la  naturaleza,  se  ol- 
vidó que  la  belleza  es  una  de  las  con- 
diciones esencialísimas  del  arte,  y 
descendió  hasta  el  realismo.  Sus  obras 
se  distinguen,  más  que  por  la  energía 
y  la  nobleza'del  pensamiento,  por  la 
expresión  profunda  de  las  formas,  re- 
velando una  gran  ciencia  anatómica, 
una  rara  habilidad  de  ejecución  y  un 
cabal  conocimiento  de  los  efectos  de 
las  pasiones  sobre  el  organismo.  El 
alma  no  se  había  visto  nunca  tan  bien 
retratada  en  el  cuerpo,  lo  cual  signi- 
fica que  supo  dar  ser  á  una  escultura 
trascendental  y  sabia,  á  cujo  título 
merece  el  claro  renombre  de  escultor 
filósofo.  Sus  principales  obras  son,  en 
Florencia,  las  estatuas  de  san  Pedro, 
de  tan  Marcos,  de  san  Gregorio,  de  J«- 
ditht  de  Demdt  y  varios  bajo  relieves 
en  San  Lorenzo  y  en  la  catedral;  en 
Padua,Ia  estatua  ecuestrade  Gaítame- 
laía  y  otros  bajo  relieves  en  la  cate- 
dral. A  Lucas  della  Robbia  se  deba 
un  lugar  distinguido  por  sus  escultu- 
ras en  barro  cocido  y  barnizado,  en 
las  que  la  pureza  del  gusto  y  un  esti- 
lo casi  antiguo  ae  unen  á  la  ingenui- 
dad y  sencillez  de  la  Edad  media.  Des- 
pués de  Ghiberti,  de  Donato  y  do  Lu- 
cas della  Robbia,  siguen  el  arquitecto 
Brunelleschí,  de  quien  se  tiene  un 
hermoso  Crucifijo  de  madera  en  Santa- 
Marfa-Novella;  Filarete,  que  esculpió 
las  puertas  de  San  Pedro  en  Roma; 
Antonio  Rossellini,  autor  de  los  se- 
pulcros del  cardenal  de  Portugal,  en 
San  Miniato,  T  de  María  de  Aragón, 
en  Nápoles;  Bernardo  Rossellini,  su 
hermano,  j  Benito  Majano,  los  cuales 
hicieron  respectivamente  los  mauso- 
leos de  Marzupiui  y  de  Strozzi,  en 
Florencia;  Andrés  Verrochio,  de  quien 
posee  Veneeia  la  estatua  de  CoUeoni; 
Andrés  Sansoviao,  cuja  producción 
más  notable  es  su  bellísimo  grupo  de 
santa  Ana,  la  Virgen  y  el  Niño  Jesús, 
que  se  encuentra  en  San  Agustín  de 
Roma;  Vellano,  Juan  de  Pisa,  Bertol- 
do  y  Nanni  di  Banco,  discípulos  de 
Donatello;  Desiderio  de  Settignano, 
Agustín  de  Guccio,  Minio  de  Fíésole 


y  los  hermanos  de  la  Robbia,  imita- 
dores del  estilo  de  Ghiberti;  y,  final- 
mente, Rusticci,  Baccio  de  Montelupo 
y  Benito  de  Rovezzano.  En  Roma  fué 
donde  se  distinguió  Paolo  Romano, 
autor  de  las  estatuas  en  plata  de  los 
apóstoles,  fundidas  por  los  alemanes 
durante  el  saqueo  de  la  ciudad  enl527; 
y  en  Nápoles,  se  dieron  á  conocer  An- 
drés CÍccione,i^ne  hizo  el  sepulcro  de 
Iiadislao,  j  Aniello  Fiore,ciy^as  obras 
se  admiran  en  la  iglesia  de  Santo  Do- 
mingo. Los  progresos  de  la  escultura 
fueron  más  lentos  en  la  Italia  septen- 
trional, desprovista  casi  por  completo 
de  monumentos  antiguos;  sin  embar- 
go, pueden  citarse,  en  Veneeia,  dos 
familias  de  escultores:  la  de  los  Bon 
(Juan,  PantaleÓQ  y  Bartolomé),  cujo 
buril  sencillo  y  natural  recuerda  aún 
las  tradiciones  de  la  escuela  bizanti- 
na, j  la  de  los  Lombardi,  célebres 
también  como  arquitectos,  los  cua- 
les experimentaron  más  la  influencia 
de  los  modelos  antiguos.  La  escoltara 
de  ornamento  llegó  á  ser  una  rama 
importantísima  del  arte.  En  el  núme- 
ro de  los  artistas  célebres  que  á  ella 
se  dedicaron,  figuran,  además  de  los 
citados  Ghiberti,  Brunellesch!  y  Lu- 
cas della  Robbia,  que  habían  em- 
pezado por  ser  simples  plateros,  en 
Lombardía,  Ríccio  Briosco,  de  quien 
conserva  Padua  el  magnífico  cande- 
labro de  san  Antonio;  Alejandro  Leo- 
pardi,  autor  de  los  pedestales  en  bron- 
ce de  la  plaza  de  San  Marcos,  en  Ve- 
necia,  y  Basti,  Bambaja,  Brambilla 
V  Agrate,  cujos  trabajos  enriquecen 
la  hermosa  Cartuja  de  Pavía.  La  pla- 
tería tomó  igualmente  un  desarrollo 
considerable:  Leonardo  di  Ser  Gio- 
vanui,  Bartoluccio  Ghiberti,  Verro- 
chio, Cennini,  Pollajuolo,  y  princi- 
palmente, Benvenuto  Cellini,  supie- 
ron elevarla  á  un  alto  grado  de  per- 
fección. El  último  de  estos  notantes 
artistas  dejó  también  varias  obras  de 
estatuaria  muj  celebradas,  tales  como 
el  PíTíííí  de  la  Loggia  de  los  Lanzi, 
en  Florencia,  y  la  Kinfa  de  Fontai- 
nebleau. — Como  ja  lo  había  hecho 
para  las  formas  arquitectónicas,  el 
j^enio  portentoso  de  Miguel  Angel, 
elevándose  algunas  veces  sobre  las  re> 

fias  de  la  escultura,  empleó  la  forma 
umana  en  creaciones  colosales,  en 
las  que  el  estilo  j  la  expresión  presen- 
tan un  carácter  en  cierto  modo  sobre- 
humano; sus  obras  más  encomiadas 
son:  las  estatuas  de  la  Mañana,  del 
Medio  día,  de  la  Tarde  j  de  la  Noche, 
en  el  sepulcro  de  los  Médicis;  la  esta- 
tua de  Lorenzo  de  Médicis,  conocida 
con  el  nombre  de  Pensiero  (Pensa- 
miento); el  Moisés  del  mausoleo  de 
Julio  11,  en  Roma,  y  las  dos  figuras 
de  esclavos  que  posee  el  museo  del 
Louvre.  El  Baco  y  el  David,  que  se 
ven  en  ¥\oxíXíC\h\  Nuestra  Señora  de 
la  Piedad,  en  el  templo  de  San  Pe- 
dro, en  Roma;  el  Cristo  de  l¡i  iglesia 
de  la  Minerva  j  el  Angel  de  tíanto 
Domingo,  de  Bolonia,  son  obras  (jue 
este  insigne  artista  ejecutó  en  su  ju- 
ventud; menos  grandiosas,  pero  más 
humanas.  Los  discípulos  mis  ilustres 


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Id6  ITAt 


IfAL 


qua  taro  Miguel  Angel,  fueron:  Mon« 
torsoli,  Montelupo,  Guillermti  della 
Porta,  tutor  del  sepulcro  de  Pío  III, 
en  3an  Pedro  de  Roma;  Amanati,  que 
hizo  la  fuente  da  la  plaza  del  Gran 
Duque,  en  Florencia,  y  Danti  y  Ban- 
dini.  Miguel  Angel  tuvo  tambii;n  un 
rival,  Baccio  Bundinelli,  el  cual  deco- 
ró de  estatuas  j  de  bajo  relieves  el 
coro  de  la  catedral  de  Florencia,  obras 
cuya  exageración,  falsa  grandeza  j 
pésimo  gusto,  contribujreroa  podero- 
•amente  á  la  decadencia  de  la  escul- 
tura italiana.  En  efecto;  á  partir  del 
siglo  xTii,  los  eseultorei,  ieparándose 
del  buen  camino,  buscan,  mái  que  la 
gracia  j  la  belleza  de  la  línea,  la  ex- 
presión y  el  efecto  pintoresco.  El  Ber- 
nin  ostentó,  lo  mismo  en  la  escultura 
que  en  la  arquitectura,  un  carácter 
teatral  y  afectado:  no  hay  nada  más 
pomposo  que  las  estatuas  de  Constaa- 
lino  y  de  Longino,  eu  San  Pedro  de 
Koma;  nada  más  expresivo  que  la 
fígura  de  santa  Bibiana,  ni  nada  más 
sensual  que  la  de  santa  Teresa,  en  la 
iglesia  de  la  Victoria.  Todo  el  cuida- 
do de  los  artistas  de  entonces  era  dar 
al  mármol  la  flexibilidad  de  la  carne 
vde  las  telas.  Moechi,  Baggi,  Bolgí, 
Ferrata  t  Aspetti,  Baratta,  Fansega 
y  Algardi  tomaron  á  Btrnin  por  mo- 
delo; Cioli,  Fon;ginÍ,  Mosca,  bcaha  ^ 
Lorenzetto,  rindieron  menos  culto  á 
la  extravagancia.  Las  obras  da  Juan 
de  Bolonia  fueron  igualmente  conce- 
bidas y  ejecutadas  en  mejor  estilo, 
como  lo  prueban  su  Hapto  de  las  sali- 
nas, en  Herencia;  el  MercuriOf  de  Bo- 
lonia, y  la  fuente  de  Baboli.  Stéfano 
Maderno  fué  también  uno  de  los  que 
protestaron,  aunque  vanamente,  con- 
tra los  errores  del  arte. — La  decaden- 
cia continuó  todavía  durante  el  si- 
glo XTiu,  en  cuya  época  aparecen 
Uusconi  y  Pompeo  Battoni  como  los 
únicos  escultores  dígaos  de  mención. 
Hacia  fines  del  si^o,  el  veneciano 
Canova  inteutó  regenerar  la  estatua- 
ría, llevándola  al  estudio  de  la  anti- 
güedad; pero  sus  obras  no  son  otra 
cosa  que  imitaciones  pálidas, sin  ener- 
gía, en  las  que  la  gracia  ocupa  el  lu- 
gar de  la  verdadera  belleza.  Entre  sus 
discípulos  se  citan  á  Antonio  de  Este, 
famoso  por  sus  bustos  y  sus  relieves; 
Giuseppe  de  Fabris,  autor  de  los  mo- 
numentos del  Tasso  j  de  León  X; 
C.  Tadolíni,G.  Jinelli,  los  dos  Fe- 
rrari, y  principalmente,  Bartolini  y 
Pompeo  Marcbesi,  que  figuran  en  pri- 
mer lug;ir.  Fuera  da  esta  escuela, 
los  únicos  quQ  han  adquirido  cier- 
ta reputación,  boq  Cajetano  Monte, 
B.  Comollí,  Sangiorgio,  Paftí,  Pam- 
paloiii  y  Pérsico.  Finalmente,  el  di- 
namarqués Thorwaldsen,  durante  el 
tiempo  que  permaneció  en  Italií, 
formó,  entre  otros  discípulos,  á  Galli, 
Bemoní  y  Teueraiii. — Citaremos,  co- 
mo uno  de  los  autores  que  mejor  tra- 
tan esta  materia,  ú  Cikiognara,  Sío~ 
ria  delta  Scultura,  Florencia,  1813*18, 
tres  volúmenes  en  folio. 

42.  Grabado. — Los  primeros  graba- 
dores italianoseran  dibuiantesorigi  na- 
léSj  como  Botícelli,  Anana  Hantegna 


y  PoUajuolo,  los  cuales  reproducían 
con  el  buril  sus  propias  concepciones 
con  una  corrección  y  firmeza  de  dibujo 
verdaderamente  admirables.  Pero  á 

fiartír  de  Marco  Antonio  Kaimondi, 
a  escuela  de  los  grabadores  sobre 
metal  se  consagró  a  popul*"'zar  las 
obras  de  loa  grandes  pint>r's,  cir- 
cunstancia que  la  puso  en  ^'  '  ''  ^3S 
conHiciones  da  proj^raso,  I.  .«ndi, 
discípulo  de  Rafael,  reprodúw,  bajo 
su  dirección,  loa  dibujos  de  loa  car- 
tones de  su  maestro,  y  contribuyó  de 
esta  manera  á  popularizarlos:  se  hizo 
luegojefe  de  escuela  y  dejó  namero- 
aoa  discípulos,  entre  otros,  Agustín 
de  Veneeia,  Marco  de  Rávena,  Vico 
da  Parma,  Buonasone  de  Bolonia  y 
los  Ghisi,  notables  todos  por  un  di- 
bujo generalmente  correcto  y  un  buril 
preciso,  ajustado,  pero  seco.  Ugo  da 
Carpí  llegó  ú  dar  tres  y  cuatro  tonos  al 
grabado  en  camafeo.  Valpato  y  Rafael 
Morghen,  á  pesar  de  su  reputación, 
fueron  grabadores  monótonos,  qua  no 
supieron  tomar  el  carácter  de  sus  mo- 
delos, y  á  cuya  feliz  elección  debieron 

ririncipalmeute  su  renombre.  Los  Mü- 
1er,  no  obstante  su  origen  germáni- 
co, pertenecen  á  la  escuela  italiana, 
y  sus  Vlrgtnet  ton  obras  muy  nota- 
bles.— En  la  actualidad,  la  escuela 
italiana  sigue  las  tradiciones  da  la 
escuela  francesa,  de  la  cual  ha  toma- 
do la  facilidad  y  la  brillantez.  Eutre 
sus  grabadores  más  distinguidos  figu- 
ran: M.  Toschí,  autor  de  la  Entrada 
de  Enrique  JV  en  París;  Mercurí,  á 
quien  se  debe  Los  segadores  en  las  la- 
ganas  Poníinat,  y  M.  Calamatta,  el 
cual  ha  grabado  el  Vuío  de  Luis  XIII, 
43.  Pintura. — Losmonumentos  más 
anti„''uos  de  la  pintura  cristiaua  se  en- 
cuentran en  las  catacumbas  de  Roma; 
pero  no  hay  motivos  para  afirmar  que 
esos  monumentos  sean  anteriores  al 
siglo  V.  Ninguno  de  los  escritores  de 
las  edades  precedentes  habla  de  pin- 
turas existentes  en  las  catacumbas,  y 
el  poeta  Prudencio,  que  es  el  primero 
que  menciona  ana  representación  del 
martirio  de  san  Hipólito,  no  Índica 
el  lugar  en  donde  se  hallaba  colocada. 
En  una  carta  dirigida  por  Adriano  I 
á  Cario  Magno,  se  ve  que  el  papa  Ce- 
lestino I  (424-432)  hizo  adornar  de 
pinturas  el  cementerio  de  Santa  Pris- 
uila.  Por  lo  tanto,  es  verosímil  qua, 
hasta  después  del  triunfo  del  cristia- 
nismo, no  se  decoraran  los  lugares  en 
donde  hab.'an  sido  enterrados  sus  pri- 
meros santos  y  sus  mártires.  £n  las 
catacumbas  de  los  santos  Marcelino 

? Pedro,  de  san  Calixto  j  de  sania 
iiés,  reputadas  por  las  más  antiguas, 
los  artistas  cristianos  han  pint«lo  el 
Cristo  bajo  las  figuras  simbólicas  de 
Orfoo,  de  Moisés,  de  Tobías,  de  Da- 
niel, de  Jonás  y  del  Buen  Pastor;  há- 
llanse  también  varias  imágenes  ro- 
deadas de  coronas  de  laurel;  Jesús, 
en  medio  de  sus  apóstoles;  la  Virgen 
y  el  Cristo;  la  Comida  de  las  ágapas; 
los  jóvenes  hebreos  en  la  hornaza,  y 
otras  escenas  del  Antiguo  Testamen- 
to. El  estilo  de  estas  obras  es  bárba- 
ro, aunque  demuestra  uu  imitación 


de  los  modelos  de  la  antigüedad  pa- 
gana. Por  lo  demás,  las  pinturas  de- 
corativas de  las  catacumbas  han  sido 
hechas  en  diferentes  épocas,  y  proba- 
blemente hacia  fines  del  siglo  vm.— ■ 
LasdeSanPoncianoy^e  San  Valentín 
presentan  figuras  menos  paganas;  los 
adornos  son  más  austeros  y  los  asun- 
tos da  invención,  más  recientes,  como 
El  Bautismo  de  Cristo,  La  CrueijSadó» 
y  Los  santos  emUíañot  conmédos  por 
la  Divinidad. -^Lu  pinturas  fueron 
igualmeata  «jeeatadas  an  los  templos: 
san  Paulino,  obispo  de  Ñola,  adornó 
eon  ellas  U  Basflíoa  de  San  Félix; 
Prudencio  habla  de  una  pintara  de 
san  Casiano  en  la  iglesiit.  4e  Imola; 
el  papa  Símaco  hizo  pintar  La  Confe- 
ti Jn  de  san  Pedro ,y  León  I ,  los  retratos 
de  los  4G  primeros  papas  an  la  basí- 
lica de  San  Pablo.  Las  pinturas  que 
cubrían  las  paredes  de  los  edificios 
sagrados  y  de  los  palacios  han  desapa- 
recido casi  por  complato,  pues  lasque 
se  conservan  en  la  iglesia  de  los  san- 
tos Xazario  j  Celso,  en  Varona,  son 
del  siglo  vil  ú  VIII. — Durante  el  mis- 
mo período,  el  mosaico  fué  con  fre- 
cuencia preferido  á  la  pintara  propia- 
mente dicha:  estas  obras,  aparte  de  su 
mayor  solides  j  duración,  presentan 
las  figuras  colocadas  sobre  un  fondo 
de  oro,  que  aumenta  U  riquexa  del 
trabajo  y  exige  menos  estudio  para 
la  ejecución.  Los  mosaicos  da  Santa 
María  la  Mayor  y  del  bautisterio 
de  San  Juan  de  Letrán,  del  siglo  v, 
y  los  de  los  santos  Cosme  y  Da- 
mián, del  siglo  VI,  están  ejecutados 
eu  el  estilo  latino  y  son  sin  duda 
obra  de  maestros  italianos.  Loa  mo- 
saicos de  Santa  Inés,  de  Santa  Práxe- 
des y  de  San  Clemente,  en  Roma;  de 
San  V'ítal,  en  Rávena;  de  San  Marcos, 
en  Veneeia;  de  San  Ambrosio,  en  Mi- 
lán; de  San  Pedro,  en  Pavía;  y  de  San 
Esteban,  en  Ñápeles,  perteuecen  á  los 
siglos  vit  al  XI. — La  pintura  sobre 
manuscritos  ha  dejado  también  algu- 
nas obras.  El  Virgilio  del  siglo  v  que 
posee  la  biblioteca  del  Vaticano,  oon- 
tieue  varias  miniaturas  que  ofrecen, 
respecto  de  las  pinturas  de  las  cata- 
cumbas, un  parecido  notable.  En  el 
Terencio  del  siglo  ix,  ({ue  conserva  la 
misma  colección,  la  imitación  de  lo 
antiguo  es  mucho  menos  sensible  y 
más  incorrecto  el  dibujo. — Los  tras- 
tornos políticos  de  Italia,  la  insufi- 
ciencia de  los  artistas  y  le  severidad 
de  la  arquitectura  romana,  que  se 
prestaba  menos  que  la  basílica  primi* 
tiva  á  la  decoración  pictórica,  habían 
hecho  caer  la  pintura  en  la  barbarie, 
cuando  en  el  siglo  xi  vino  á  operarse 
un  verdadero  renacimiento  bino -la  in* 
fluencia  del  arte  bizantino.  Se  esta- 
bleció en  Roma  una  asouela  ^ríe^.  y 
cierto  número  de  artistas  siguió  las 
prácticas  de  aquel  arte,  pero  dulcifi- 
cando la  austeridad  con  la  gracia.  Di- 
chos artistas  fueron  Guido,  Barabuoi 
y  Diotisalvi.  Mino  de  TurriU,  oriun- 
do también  da  Siena,  decoró  en  Roma 
parte  de  Santa  María  la  Mayor  y  res- 
tauró el  mosaico  de  San  Juan  de  Le- 
trán. Oaddo  Gaddi,  hábil  mosaiata» 


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ITAt 


ITáL 


ITAL  197 


tfibajá  en  Florencia  t  en  Rima,  j  sus 
obras,  como  las  de  Mino,  ofrecen  una 
meiela  del  estilo  latino  con  el  ^rU^n.^ 
Gianta  de  Pisa  fué  quien  niejr>r  dió  á 
flui  fiaras  U  expresión  humnnn,  en 
«I  siglo  XIII.— -Bajo  la  direcci  m  de 
Apolonío,  uno  de  los  maestros  extran- 
jeros que  ornaban  de  mosaicos  la  igle- 
sit  de  San  Marcos  de  Venecia,  hizo 
Cimabue  sus  primeros  estudios.  Pero 
el  ejemplo  de  í^ieolás  de  Pisa,  el  cual 

Í regeneraba  la  escultura  por  el  estud  Ío 
Ta  ioterpretacióii  de  la  naturaleia, 
I  hizo  abandonar  los  procedimientos 
tradicionales.  Los  progresoaque  Uotó 
á  cabo  en  el  arte  excitaron  la  admi- 
ración de  los  contemporáneos,  en  ta- 
les términos  que  su  Madona  de  Santa 
Ifaría  Notrella,  considerada  como  la 
maraTÍlla  de  sus  tiempos,  fué  llevada 
procesional  mente  por  los  florentinos. 
La  ejecución  dista  mucho  de  ser  aca- 
bada, pero  la  concepción  no  carece  de 
originalidad  j  de  grandeza.  En  Assise 
exilien  también  algunas  de  sus  pintu- 
ras. Con  Cimabue  empezó  el  verdade- 
ro estilo  italiano  y  lo  que  se  llama 
etCMeU  Jorentina.  Giotto,  su  discípu- 
lo, le  aventajó  en  gracia:  la  exjiresión 
sehíxo  en  él  más  humana,  más  ver- 
dadera; las  formas  llegaron  á  ser  más 
eorreetas,  el  ropaje  más  natural,  j 
los  eseorzos  empezaron  entonces  á 
estudiarse.  Hubo  durante  el  siglo  xiv 
una  escueia  giotltsca,  compuesta  de  los 
discípulos  de  tiiotto,  Stéfano  de  Flo- 
reoeia.  Tadeo  Gaddi,  Simón  Memmi, 
CaTallini,  Capaniia,  Laurati,  Giotti- 
no,  Simún  de  Nápoles,  Juan  de  Mi- 
lán, Menabuoi  de  Padua,  Guillermo 
de  Forli,  Antonio  de  Venecia  j  An- 
siólo Gaddi. — Otros  artistas,  como 
tíafialmacco,  los  Orcagna  ^  Traíni, 
permanecieron  fieles  al  estilo  anti- 
guo, del  cual  conservaron  las  tradi- 
cioaes  típicas.  Los  artistas  de  dos  es- 
cuelas riTiilea  desplegaron  á  porfía 
tos  talentos  «n  la  decoración  del  cam- 
po uuitOt  «n  Pisa,  único  monumento 
de  la  pintara  al  freieo.— La  escuela 
da  Oiotto,  no  sólo  prosperó  en  Tosca- 
na,  sino  que  se  extendió  igualmente 
á  Lombardta,  en  donde  llegó  á  contar 
eotre  sus  miembros  áStéfano  j  Jaime 
de  Verona.  Guisto,  Juan  Miretto,  A.1- 
liehiero  y  Jaime  Avanzi.  Por  la  mis- 
ma época,  la  escuela  de  Siena,  repre- 
sentada por  Simone  de  Martino,  con- 
tinuaba (iistiiiguiéndose  por  la  dul- 
zura del  estilo,  el  cual  degeneró  luego 
rápidamente  hasta  debilitarse  j  extin- 
guirse. Los  pintores  á  quieaes  se  ha 
liado  el  n  ^mbre  de  miniaiuritias,  entre 
los  que  figuran  Odertgi  d'Agubbio, 
Franco  de  ijülonia,  Vital  delle  Mado- 
ne,  Pianello  Lippo  Dalmasio,  Getitile 
de  Fabriano,  Guido  Palmemeci  y  Fra 
Angélico  de  Fiésole,  se  iospiraron  en 
su  talento;  es  la  misma  manera  de 
pintar  con  tintas  débiles;  el  mismo 
cuidado  en  evitar  todo  rasgo  dema- 
siado saliente  de  la  vida  real  v  de  es- 
piritualizar la  naturaleza  huuiana. — 
''on  el  siglo  XV  se  manifestó,  en  la 
pintura  italiana,  ana  tendencia  cada 
día  más  pronanciada  á  reproducir  la 
naturaleu  en  toda  su  verdad;  á  rom- 


per las  trabas  impuestas  hasta  enton-  | 
ees  al  arte  por  las  exigencias  del  es-  [ 
tilo  religioso,  y  á  abarcar,  con  una 
libertad  iti;mitada,  todos  los  asuntos, 
asi  profanos  como  sagrados.  El  do- 
minio del  arte  iba  á  engrandecerse: 
forma,  cl^resión,  disposición,  ador- 
nos, mc'^'.ülado,  claro-oscuro,  colo- 
rido, debía  ser  objeto  de  un 
cuidado'  examen.  Tres  pintores  de 
la  escuela  florentina  ejercieron  una 
grande  influencia  sobre  este  nuevo 
desenvolvimiento  de  la  pintura  en 
el  camino  de  la  naturalidad:  Paolo 
Uecello,  el  cual  aplicó  i  su  arte  los 
principios  de  la  perspectiva  lineal; 
Massolnio,  con  quien  la  ejecución 
práctica  obtuvo  notables  progresos,  y 
.Massaccio,  sobre  todos,  quien,  desem- 
barazándose de  los  últimos  restos  del 
arte  tradicional,  inauguró  lo  que  po- 
dría llamarse  estilo  dram  'itico.  Después 
de  éste,  se  puede  mencionar  á  FiUp- 
po  Lippi,  el  primero  que  representó 
en  los  cuadros  paisajes  de  cierta  im- 
portancia; á  Botticelli,  BaldoDÍnetti, 
Andrés  del  Cartagno,  Benozzo  Gonza- 
li,  Roselli,  Ghirlandajo  y  PoUajuolo, 
cuyas  pinturas  se  distinguen  ^_or  la 
ciencia  anatómica,  y  á  Luca  bigno- 
relli,  Fra  Bartolomeo  y  otros.  Una 
costumbre  común  á  todos  estos  pinto- 
res, fué  la  introducción  en  susobrasde 
retratos  de  contemporáneos.  ElfMfura- 
lismo  llfgó  igualmente  ¿practicarse  en 
Lombardia,  y  ai  no  se  le  encuentra 
aún  en  la  escuela  de  la  cual  formaron 
parte  Joppa,  Civercbio,  Revilacqua, 
Fossano  y  Montorfano,  inspiró  al  me- 
nos la  de  Padua,  fundada  por  Squar- 
cione  r  Andrea  Montegna:  de  aquí  se 
extendió  á  los  Estados  venecianos  con 
Parentino,  Pizzolo  y  Buono;  á  Bolo- 
nia, con  Lorenzo  Costa;  á  Ombría, 
con  Fíorenzo  di  Lorenzo;  á  Parma, 
con  los  hermanos  Mazzuoli;  á  Lodi, 
con  los  hermanos  Piazza,  /  á  Milán, 
con  Bramantino  y  Borgognone.  Sin 
<  embargo,  hubo  en  Ombría,  particu- 
larmente en  Perusa,  una  escuela  que, 
adoptando  completamente  los  progre- 
:  sos  que  hacía  la  pintura  en  la  eje- 
cución práctica,  conservó  las  tradi- 
:  clones  del  estilo  religioso,  sin  dejar- 
las alterarse  al  contacto  de  las  ideas 
antiguas  y  paganas,  y  que  puede  con- 
siderársela como  nacida  de  la  escuela 
'  de  Siena  7  de  los  miniaturistas  del 
'  siglo  XIV.  Después  de  haber  contado 
I  entre  sus  maestros  á  Tadeo  Bartolo,  de  | 

■  Siena;  Martinelli,  Antonio  de  Folig- 
1  no,  Besonfigli  y  Nicolás  Alunno,  aa- 
!  quirió  nuevo  brillo  con  Pinturicchio 
,  y  Pedro  Vannuchi,  llamado  el  Perugi- 

■  no,  el  cual  tuvo  á  su  vez  por  discípulo 
)  á  Luitrí  l'ln^egnoy  Manni,  San  Gior- 
i  gio,  Pacchiarotto  v  últimamente  á 
1  Kafael  Sanzin,  que  los  eclipsó  á  todos. 
!  Bolonia  tenía  también,  eu  Francesco 
>  Francia,  un  jefe  de  escuela,  el  cual  se 

-  aproximaba  bastante  á  los  artistas  de 

-  Perusa  por  el  sentimiento  piadoso  y 
•  la  delicadeza  de  la  ejecución.  Aparte 
t  de  los  pr  gresos  del  naturalismo  en  el 
i  arte,  el  siglo  xv  vió  operar  otra  revo- 
k  lución,  cuya  señal  dió  la  escuela  ve- 
'  nsciana,  que  había  permanecido  fiel 


más  tiempo  que  las  otras  á  la  pintura 
bizantina.  Antonello  de  Messina,  po- 
seedor del  secreto  por  el  cual  Juan  de 
Bniges  había  hecho  más  fácil  el  em- 
pie.)  de  la  pintura  al  óleo,  lo  introdu- 
jo en  Venecia  por  loa  años  de  1450, 
en  tanto  que  el  Dominico  lo  daba  á 
conocer  en  Florencia.  Este  género  de 
pintura  fué  adoptado  en  todas  partes 
para  los  cuadros  de  caballete;  pero  los 
primeros  que  se  sirvieron  de  él  para 
reemplazar  el  fresco  en  las  grandes 
comp  )SÍciones,  fueron  los  artistas  ve- 
necianos. Juan  Belliní  y  gn  hermano 
Gentile  dieron  á  la  escuela  veneciana 
esa  superioridad  de  colorido  qne  tan- 
to la  na  distinguido  siempre.  Entre 
sus  discípulos  ó  émulos,  se  citan  á 
Cima  de  Conegiiano,  Basaiti,  Buon- 
consi^Iio,  Marescalco,  Previtali,  Pe- 
nacchi,  Catena,  Bissolo,  Santa  Croce, 
Rocco  Darcone,  Juan  de  Udiue,  Ca- 
riano  de  Bérgamo,  Pellegrino  de  San 
Daniele,  Carpaccio,  Mansueti,  Laz- 
zaro  Sebastiani,  Libérale,  Francesco 
Morone,  Girolarao  dai  Libri  y  Mon- 
tagna  de  Vicenza.  Cualquiera  que 
f  íese  el  mérito  de  estos  pintores,  to- 
dos ellos  quedaron  mujrpor  debajo  de 
los  artistas  que  condujeron  el  arte  al 
úhimo  extremo  de  la  perfección,  como 
Leonardo  de  Vincí,  Miguel  Angel, 
Rafael,  el  Giorgione,  elTizianojel 
Correo;gio,  jefe  de  la  escuela  de  Par- 
ma, llamado  el  Divino.  Por  la  cir- 
cunstancia de  haber  nacido  hacia  fines 
del  siglo  xr,  se  les  designó  por  sus 
discípulos  con  el  nombre  de  Cingue- 
centisíi,  esto  es,auíoretdeldécimojui»Ío 
siglo,  Leonardo  de  Vinci,  después  de 
haber  estudiado  en  Florencia  con  Ve- 
rrocchío,  llevó  á  la  escuela  milanesa 
nueva  y  fecunda  vida.  Puede  afirmarse 
que  ningún  artista  realizó  tan  cumpli- 
damente como  él  la  idea  que  se  tenía 
de  la  antigua  pintura:  ciencia  de  la 
perspectiva  y  de  la  luz,  estudio  minu- 
cioso'de  la  tbrma,  arte  del  modelado, 
anchura  del  dibujo,  suavidad  exqui- 
siu  de  pincel,  profundidad  de  expre- 
sión; no  le  faltó  más  que  el  genio 
creador  de  Miguel  Angel  6  de  Rafael 
para  ser  el  pintor  más  grande  de  los 
tiempos  modernos.  Sin  hablar  de  la 
famosa  Cena  de  Milán,  fresco  admira- 
ble, considerado  como  su  obra  maes- 
tra  j  del  cual  apenas  quedan  restos 
hoy  día,  pueden  citarse  los  lienzos 
que  posee  el  museo  del  Louvre:  la  Vir- 
lyen,  el  Niño  Jesús  ¿ianía  Ana,  y  ese 
retrato  de  Mona  Lisa,  célebre  bajo  el 
nombre  de  la  Joconda,  pintado,  según 
las  expresiones  de  Vasari,  «de  una 
manera  capaz  de  hacer  estremecer  al 
artista  más  vigoroso.»  Después  de 
Leonardo  de  Vinci,  la  escueta  mila- 
nesa fué  representada  en  el  siglo  xvi 

Sor  Bemardino  Luini.  Melzi,  .^alaino, 
[arcod'Oggione,  Cesare  da  Cesto,  Sa- 
lario, Beltrafüo,  Gauden^ío,  Ferrari, 
Kazzi,  apellidado  eI^o'/ü]»a,yBecca  Ai- 
mi.  Miguel  Angel  se  abrió  un  camino 
independiente.  Apenas  dejó  más  que 
una  obra  de  pintura, el  asombroso  fres- 
co del  Juicio  final  c^Me  adorna  la  bóve- 
da de  la  capilla  Sixtinade  Roma,  pues 
los  cuadros  que  le  le  atribuyen  fueron 


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Íd8 


ITAL 


ejecutados  por  sus  discípulos  según 
sus  dibujos.  El  calor  de  su  composi- 
ción, su  conocimiento  profundo  de  la 
anatomía  t  la  Talentía  de  sus  contor- 
nos j  de  sus  eaeorzos,  le  dieron,  como 
en  U  arcjuitectura  7  ^  escultura,  una 
originalidad  poderosa,  llevada  hasta 
la  exageración  por  sus  imitadores. 
Si  se  exceptúan  á  Daniel  de  Valtena 
y  Sebastián  del  Piombo,  demasiado 
éonoeedores  para  reproducir  las  faltas 
del  maestro,  no  se  encuentran,  des- 
pués de  él,  más  que  pintores  que  ca- 
yeron en  la  hinchazón  y  en  la  false- 
dad, como  Yasari,  Rossi,  Naldini, 
los  Zuccari..  Vanni,  el  caballero  de 
Arpiño,  Fontana,  Cesi,   Semíni  y 
Cambiaso.  En  la  pintura  de  retrato, 
Atigello  Allori,  llamado  Broncino  (tos- 
tado ó  quemado  del  sol),  j  su  sobrino 
Alessandro,  pertenecen  i  una  misma 
escuela.  Ha^  que  exceptuar  á  Andrea 
del  Sarto,  cuja  pintura  se  aproxima 
á  la  escuela  naturalista,  aunque  sua- 
vizadft  por  una  gran  sencillez  y  una 
ertremada  finara  de  dibujo  y  de  ex.- 
presión.  Fueron  sus  discípulos  Fran- 
ciabigio,  el  Pontormo  y  el  Rosso.— 
Rafael  Sanzio,  apellidado  el  Dimito^ 
es  el  verdadero  jefe  de  la  escuela  roma^ 
na.  Reunió  las  cualidades  de  los  otros 
maestros,  sí  no  en  el  mismo  grado  de 
perfección  y  de  autoridad,  en  una 
medida  que  fai-/.o  de  él  el  primero  de 
los  pintores,  según  el  juicio  de  su 
época:  aunque  más  ^ue  juicio,  pu- 
diera llamarse  sentimiento.  Habiendo 
tenido  por  maestro  al  Perugino,  se- 
gún queda  manifestado,  tomó  de  la 
escuela  ombriana  esa  expresión  pia- 
dosa, ese  donaire  recogido  y  casto, 
esaduhura  indefinible,  esos  contornos 
sutilísimos,  envueltos  en  un  aura  que 
nos  fascina,  cujo  género  se  adaptaba 
tan  admirablemente  i  la  naturaleza 
de  su  inspiración.  Rafael  tuvo  indu- 
dablemente la  concepción  más  alta  y 
sublime  de  la  grandeza  ideal  de  la 
naturaleza  humana,  y  su  genio  mara- 
villoso se  refleja  en  todas  sus  obras, 
sin  debilitarse  nunca,  con  la  misma 
belleza,  pura,  misteriosa,  solemne. 
De  entre  sus  grandes  creaciones  cita- 
remos solamente:  El  Pasmo  de  Sicilia; 
La  Disputa  del  Santísimo  Sacramento; 
La  Escuela  de  Atenas;  La  Transjigv- 
raciiSn;  Las  Sibilas;  El  Triunfo  de  Ga- 
latea;  Las  Bodas  de  Psyché;  La  Ba- 
talla de  Constantino;  La  Virgen  de  Fo- 
ligno;  La  Madona  de  Sixto  V;  La  Sacra 
Familia,  del  Louvre,  j  los  retratos  de 
^«¿10  JI  y  áe  la  Fomarina.  Hasta 
aquí  hemos  seguido  las  ideas  de  los 
tivmpos  del  gran  pintor,  aquellos 
tiempos  que  lo  divinizaron,  porque 
Rafael  no  era  el  maestro,  sino  el  Dios 
de  Roma  y  sus  discípulos.  Los  mo- 
dernos, sin  mermar  en  nada  el  in- 
menso renombre  que  le  pertenece 
pues  la  fama  tiene  también  su  juro 
de  heredad,  no  ven  en  Urbíno  el  pri- 
mer genio  de  la  pintura  italiana,  su- 
bordinándolo á  los  dos  maestros  que 

Síntaron  los  célebres  cartones  de  los 
Lédicis.  Rafael  de  Urbino  se  formó 
mediante  la  industria  de  su  díligen- 
eift,  en  tanto  que  lo«  doi  mantros  de 


ITAL 

los  cartones  se  crearon  por  su  propia 
virtud,  cual  sí  la  inspiración  divina 
se  hubiese  reflejado  en  el  maravilloso 
panorama  de  su  genio.  Realmente, 
Rafael  estudió  el  ideal  clásico  de  Leo- 
nardo de  Vinci,  la  magnífica  audacia 
de  los  frescos  de  Miguel  Angel,  el  co- 
lor magistral  de  Fra  Bartoíomeo,  la 
naturalidad  de  los  antiguos  florenti- 
nos, la  antigüedad  en  las  coleccio- 
nes de  Roma;  y  de  todos  los  caraote- 
res,  de  todas  las  formas,  de  todas  las 
bellezas,  que  supo  trastornar,  acomo- 
dándolas á  su  imagen  y  semejanza, 
resultó  el  milagro  de  su  escuela;  es 
decir,  cierto  conjunto  armonioso,  sor- 
prendente, fascinador.  Cuando  se  es- 
tudian las  dos  épocas  de  la  pintura 
de  Rafael,  se  ve  claramente  que  es  un 
discípulo  de  los  grandes  cartones  de 
Florencia,  lo  cual  significa  que  viene 
de  los  dos  maestros  verdaderamente 
reformadores  y  ori^nalísimos,  Leo- 
nardo de  Vinci  y  Miguel  Angel.  Para 
couTencemos  de  este  verdad,  basta 
examinar  los  frescos  de  Urbino  en  la 
basílica  del  Vaticano,  pertenecientes 
al  primer  período  de  su  arte,  y  el 
fresco  que  se  halla  en  la  pared  dere- 
cha de  los  corredores  por  donde  se 
va  á  la  capilla  de  Sixto  V,  el  cual  re- 
presenta el  famoso  incendio  de  Íl  Sor- 
go, en  que  un  hijo  salva  á  su  padre 
anciano,  llevándole  sobre  las  espal- 
das entre  torrentes  de  llamas  rojizas 

Í'  de  humo  negro.  En  los  frescos  de 
a  basílica  de  San  Pedro  admiramos  la 
corrección  prnpia  de  Urbino,  limpia, 
brillante,  angelical;  pero  desnuda  de 
la  majestad  de  la  proporción  v  del 
prestigio  de  la  fuerza  creadora.  En  el 
fresco  del  célebre  incendio  del  barrio 
de  Transtévere,  encontramos  ya.  la 
noble  osadía,  la  imponente  grandeza, 
el  generoso  Impetu,  el  alma  creadora 
y  potente,  que  Urbino  tomó  de  otra 
parte.  Tor  ultimo,  en  los  frescos  del 
Vaticano,  Rafael  pintó  con  sus  propios 
pinceles:  en  el  fresco  deilBorgo,  pin- 
tó con  el  pincel  del  monstruo  que  ha 
inmortalizado  la  capilla  Sixtina.  Los 
mejores  maestros  de  la  escuela  roma- 
na, después  de  Rafael,  fueron  Julio 


ITAI 

maestro  i  su  vez  de  Cagliari,  de  Pal- 
ma el  Joven  y  de  los  Bassanos.  En 
cuanto  á  Correggto,  si  bien  pecó  bajo 
el  punto  de  vista  de  la  pureza  y  gra- 
vedad del  estilo,  sobresalió  en  cambio 
por  la  anchura  del  modelado,  la  dis- 
tribución de  la  luz  y  de  lat  sombras, 
la  calidad  del  tono,  la  excelencia  del 
empaste  T  la  solidez  de  lá  pintura.  Bl 
arte  del  Gorreggio  era  el  reiultado  de 
un  instinto  y  ae  na  sentimiento  par- 
ticulares, que  no  podían  formularse 
en  doctrinas,  por  cuja  razón  no  llegó 
á  constituir  una  escuela,  dus  obru, 
sin  embargo,  excitaron  el  entusiasmo 
general,  y  de  aquí  el  que  tuviera  mu- 
chos imitadores;  entre  ellos,  Francis- 
co Mazzuoli ,  apellidado  el  Pannegiani- 
no,  y  Schidone  de  Módena,  en  quien 
la  dulzura  degenero  en  morbidez,  el 
sentimiento  en  afección,  j  la  fisei- 
lidad  en  licencia.  Después  de  esta 
edad  gloriosa  de  la  pintura  italiana, 
empezó  la  decadencia  en  el  siglo  xtii. 
Tres  hermanos,  Luis,  Aníbal  y  Agus- 
tín Garraeci,  Intenteron  atajarla;  hi- 
ciéronse  jefes  de  una  escuela  llamada 
ecléctica,  en  la  cual  se  procard  reunir, 
como  en  un  haz,  las  cualidades  intai- 
tivas  de  los  maestros  precedentes.  De 
esta  escuela  salieron  Tiarini,  Cavedo' 
ni,  Spada,  Massari  y  Salví,  eclipsa- 
dos luego  por  algunos  de  sus  compa- 
ñeros, los  cuales  contaron  á  su  vez 
discíj^ulos  distinguidos:  el  gran  Gui- 
do Reni,  maestro  de  Cagnacci,  de  Se- 
meuza,  de  Canuti  y  d'Elisabeth  Sira- 
ni;  Barbieri,  apellidado  el  Ouerckino 
(el  tuerto);  Albano,  maestro  de  Mola 
y  de  Andrés  Sacchi,  j  el  llamado  Do- 
miniguino,  Domenico  Lampuri,  cujrt 
Confesidn  de  san  Gregorio  es  hoj  ri- 
val de  la  Tramformación  y  de  Nuestra 
Señora  de  Poltgno,  los  dos  cuadros 
maestros  de  Rafael.  A  pesar  de  los  no- 
bles esfuerzos  de  los  hermanos  Garrae- 
ci, los  pintores  adoptaron  el  estilo  de- 
corativo y  teatral,  que  les  valió  el  so- 
brenombre de  maquiniítas,  tomando 
frecuentemente  por  modelo  la  natura- 
leza más  vulgar.  Al  frente  de  ellos  fi- 
guraba Miguel  Angel  de  Caravagio, 
<^uien  tuvo  por  principales  discípulos 


Romano,  el  Primaticio,  Niccolo  dell'-  á  Lafranco,  Pedro  de  Corteña,  Carlos 


Abbate,  Francisco  Penni,  Ferino  del 
Vaga,  Polidoro  de  Caravagio,  Andrea 
Sabbatini,  Pellegrino,  Benvenuto  Ti- 
si,  llamado  il  (raro/alo,  Giacomone 
de  Faenta,  Timoteo  Viti  ^losCampi. 
Giorgione  j  Ticiano,  discípulos  de 
Juan  Bellini,  dieron  á  la  escuela  vene- 
ciana todo  su  brillo.  Los  retratos  del 
uno  son  notables  por  su  color  y  su 
verdad:  el  otro,  admirable  como  pin- 
tor de  historia  y  también  de  retratos, 
y  considerado  como  el  primer  gran 
maestro  que  el  paisaje  ha  contado, 
posejó  en  grado  sumo  la  fuerza  y  la 
armonía  del  color,  que  constitujcn  el 
carácter  propio  de  su  hermosa  escue- 
la. A  éstos  siguieron  después  Palma 
el  Viejo»  Bonifacio,  Lorenzo  Lotto, 
Schiavione,  Paris,  Bordone,  Pordeno- 
ne,  Moroni,  Romaníno-Man;anza,  Bru- 
sasorci.Moro,  MorGtto,Farittata,  Cam- 
pagnola,  Zelotti,  Savoldo,  j,  final- 
mente, Tintoretto  y  Pablo  YennMe, 


Maratta,  Antonio  Canaletto  y  Car- 
los Cigoain.  Estos  mismos  principios 
fueron  aplicados  á  la  escuela  napolita' 
na,  la  que,  hasta  la  llegada  de  Penni 

Íde  Polidoro  de  Caravagio,  sólo  ba- 
ta producido  á  Colantonio  del  Fiore 
y  Antonio  Salario,  conocido  con  el 
nombre  de  el  Zíngaro  (el  gitano).  Ri- 
vera, llamado  el  Bspagnotetto;  Preti, 
apellidado  ilCalabresse;  SalvadorRosa, 
Luca  Giordano  y  Solimene,  están  se- 
ñalados como  los  representantes  mM 
famosos  que  tuvo  aquella  escuela.— 
El  estilo  de  los  maquinistas  fué  impor- 
tado á  Venecia  por  Turchi  7  Basseti, 
á  Verona,  por  Salmeggia,  Tiépohy 
Ricci.  Otro  pintor,  el  tíarocho,  poso 
en  moda  la  gracia  melindrosa  7  «' 


sentimentalismo,  que  fueron  tai^ien 
los  caracteres  de  Carlos  Dolci.— En  ^' 
iglo  xviii,  sólo  figura  Pompeo  Batto- 
li,  afiliado  á  laescuela  ecléctica,  ües- 
iu6s  de  esta  época,-  Appiadi^  «A  Hi- 


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ras 

■  US 

más 


ITAL 

lán;  Benvenuti,  en  Florencia,  y  C«- 
maecini,  en  Roma,  experimentaron 
más  ó  menos  la  inSuencta  de  la  escne- 
la  francesa  de  David  j  se  Ies  puede 
considerar,  por  sus  garandes  decoracio- 
ñas  al  fresco,  como  unidos  á  la  escue- 
la da  loa  maguinistu.  Merecen  citarse, 
por  último,  el  pintor  francés  Fabre, 
estableeido  en  Florencia,  cuyos  paisa- 
jes no  son  menos  notables  que  sus  cua- 
dro» históricos;  Hajrez  y  Pelagio,  pin- 
tores de  historia,  en  Milán;  ^gliara, 
pintor  de  arquitectura;  Brmini,  antor, 
en  Floreocia,  de  lindísimas  miaiatu- 
s,  T  Sabbatini,  muy  elogiado  por 
s  dibujos  hechos  a  pluma,— Para 
BS  cabní  conocimiento  de  la  historia 
de  la  piutura  italiana,  puede  verse: 
Vasari,  La  Vita  de  pillori,  Florencia, 
1550,  en  folio,  traducida  al  francés 
por  Jeanron  y  Léclanché,  París,  1840, 
10  Tolúmenea  en  8.°;  Lanzi,  Éittoirt 
de  la  peiníure  en  lialie,  traducida  al 
fíancés  por  M.""»  Dieudé,  París,  1824, 
5  volúmenes  en  8.*;  Artaud,  Contide~ 
raíiong  <«r  l'  etat  de  la  peintwe  en  lia- 
lu  daiu  les  úuaíre  sihlet  gui  <mtpréc¿- 
tUeeUi  de  Éapkaél,  París,  1808  y  1812, 
eu  8.*;  Andy,  Riitoire  de  la  peinture 
en  Jíalie,  París,  1817.  en  12.%Bour- 
bet,  ffittoire  de  la  peiníure  en  lialie, 
París,  1817;  G.-T.  James,  The  Ualian 
schools  of  painíingt  Londres,  1820, 
en  8/;  W.  Ottlev,  Bisioirede  la  pein- 
ture iialienne,  París,  1834,  en  8.**;  Ros- 
síni,  Storia  della  piitura  italiana,  Pi- 
sa, 1840;  J.  Coindet,  Bisloire  de  la 
fieintnre  en  líalir,  París,  un  volumen 
«Q  12.*;  De  Stendhal,  Histoire  de  la 
jteiníure  en  /¡alie,  nueva  edición,  Pa- 
rís. 1860,  en  12/ 

.  44.  Música. — En  loa  primeros  si- 
g-los  qne  siguieron  &  1»  caída  del  im- 
perio Mmauo,  la  música  italiana  es- 
ubi  reducida  al  canto  llano,  en  sus 
dos  formas  sucesivas,  denominadas: 
Canto  ambrosiano  y  Canto  gregoriano; 
su  escala,  imperfecta  y  reducida,  ser- 
vía igualmente  para  las  composicio- ' 
lies  del  gñnero  profano.  No  ha  sido 
posible  hasta  ahora  determinar  en  qué 

ftroporcipn  empleó  el  arte  cristiano 
os  elementos  de  la  música  hebraica  y 
de  la  música  griega.  Tampoco  ha  po- 
dido fijarse  con  exactitud  la  época  eu 
qne  fueron  empleados  los  instrumen- 
tos en  el  servicio  divino:  según  gene- 
ral opinión,  el  uso  del  órgano  en  la 
Iglesia  romaua  data  del  aQo  670.  Des- 
de esta  fecha  hasta  el  siglo  xi,  los 
hechos  relativos  á  la  música  italiana 
son  rarísimos.  A  Oui  d'Arezzo,  monje 
benedictino,  muerto  en  1050,  se  le 
atribuyen  grandes  reformas  en  el  sis- 
tema musical;  creó  el  diapasón  mo- 
derno, convirtiendo  en  un  hexacordo 
los  tetimcordos  de  los  griegos;  dio  á 
las  DOtas  los  nombres  con  que  hoy  se 
Ies  designa;  imaginó  el  espacio  y  es- 
tableció el  uso  y  la  distinción  de  las 
llaves.  Forlcel  ha  combatido  victorio- 
samente esta  tradición;  pero  no  por 
elloqaeda  menos  demostrado  que  Uui 
d'Arezzo  coleccionara  los  preceptos  de 
indsiea,  poco  extendidos  entonces,  de 
^us  antecesores  y  contemporáueos,  y 
que  introdujera  un  naevo  método  para 


ITAL 

la  enseñanza  del  canto.  Las  guerras 
de  que  fué  teatro  la  Italia  durante  la 
Edad  media,  detuvieron  los  progresos 
del  arte  musical,  y  para  hallar  nuevos 
indicios,  hay  que  remontarse  á  fines 
del  siglo  siii.  Dante  elogia  á  un  mú- 
sico llamado  Casella.  y  un  amigo  del 
mismo  poeta,  Scocchetti,  puso  en  mú- 
sica algunos  de  sus  versos.  Por  esta 
e'poca,  Marchetto  de  Padua,  comenta- 
dor de  Francdn  de  Colonia,  escribid 
un  Lucidarinm  música  plana  y  un  Po- 
marium  música  mensurata,insevto8  por 
Gilberto  en  su  colección  de  los  Serip- 
tares  eclesiasíici  de  musieá  sacrá  (to- 
mo III). — En  el  siglo  xiv,  un  floren- 
tino, Francesco  Landino,  apellidado 
Cieco  (el  ciego),  fué  muy  celebrado, 
no  solamente  como  compositor,  sino 
como  organista,  y  algunas  de  sus 
obras  se  encuentran  en  un  manuscri- 
to de  la  Biblioteca  imperial  de  París. 
En  1310,  una  sociedad  de  músicos 
ejecutó  en  Florencia  los  Landi  spiri- 
tuati.  Boccacio  nos  representa  á  los 

ftersonajes  de  su  Decamerón  tocando 
a  viola  y  el  laúd,  como  acompafta- 
miento  de  canto  y  danza;  de  donde  se 
puede  inferir  que  la  música  se  culti- 
vaba ya  por  las  gentes  del  vulgo. 
También  habla  de  un  tal  Minuccio 
d'Arezzo,  como  excelente  tocador  de 
violay  cantor  consumado.  Finalmente, 
existe  una  bula  del  papa  Juan  XXII, 
en  1322,  en  la  que  se  prohibían  las 
semibreves,  las  mínimas,  las  armonías 
bárbaras  j  todos  los  adornos  (^ue  ha- 
bían alterado  la  pureza  primitiva  del 


ITAL 


199 


Nápotes  se  fundaron  tres  escuelas:  la 
de  Santa  María  di  Loreíto,  en  153^;  la 
Pietá  dei  Turehini  y  Sant'Onofrio,  en 
1583,  y  la  de  Ipoveri  di  Giesu  Ckrit- 
to,  en  1589.  En  Roma,  en  Florencia, 
en  Verona  y  en  Milán,  florecieron 
otros  establecimientos  de  la  misma 
clase.  Los  géneros  de  composición  se 
distinguen  los  unos  da  los  otros,  peto 
todos  se  cultivaron  con  buen  éxito.  A 
IVlestrina,  discípulo  del  francés  Gon- 
dinel  y  sucesor  de  Animuccia,  como 
maestro  de  capilla  de  San  Pedro,  en 
Roma,  se  le  apellidó  el  Creador  de  la 
música  de  iglesia  modema;a\i»  composi- 
ciones, si  bien  carecen  i  veces  de  me- 
lodía, se  distinguen,  en  cambio,  por 
la  claridad  y  majestad  del  estilo,  la 
sencillez  en  la  modulación  y  la  obser- 
vancia severa  de  las  reglas  de  la  ar- 
monía. Fué  jefe  de  la  escuela  romana 
y  contó  entre  sus  discípulos  é  imita- 
dores á  los  hermanos  Juan  María  y 
Bernardo  Nanini,  Felice  Auerio,  An- 
tonio Cifra  y  Ruj^iero  Giovanelli.  La 
escuela  lombarda  se  hiao  igualmente 
famosa  y  contó,  además  ae  su  jefe 
Costanzo  Porta,  á  Pietro  Ponzio,  de 
Parma;  á  Orazio  Vecchi,  de  Milán,  y 
á  Paolo  Cima.  Rocco  Rodio  fué  la 
principal  gloría  de  la  escuela  napoli- 
tana, en  tanto  que  la  veneciana,  fun- 
dada por  el  ñameuco  Willaert,  tuvo 
por  representantes  á  Giovanni  Croce, 
Giovanní  Feretti,  Mateo  Asóla,  An- 
drea Gabrieli,  Giovanni  Gabrielí,  so- 
brino del  anterior,  y  Antonio  Sarto- 
rio. A  este  mismo  siglo  corresponde 
una  nueva  forma  de  composición  sa- 


canto  eclesiástico.  —  Durante  el  si- 
glo XV,  varios  artistas  de  U  escuela  \  grada:  el  oratorio.  La  música  profana 
galo-belga  vinieron  á  dar  impulso  al  tomó  vuelos  al  mismo  tiempo  qne  la 


genio  italiano.  La  capilla  del  Papa  y 
í8  de  las  otras  cortes  de  Italia  re- 
clutaron  varios  compositores  y  canto* 
res  flamencos,  franceses,  españoles  y 
alemanes,  Juan  Tinctor  partió  de  Bél- 
gica, por  los  años  de  1450,  para  fun- 
dar una  escuela  en  Nápoles;  un  ale- 
mán, Enrique  Isaak,  fué  el  primero 
que,  hacia  1475,  escribió  en  Florencia 
los  Cantos  carnacalescos.  Entre  los  ita- 


música  religiosa.  Las  melodías  popu- 
lares napolitanas,  conocidas  eon  los 
nombres  de  ana,  eanxonetta  j  villa- 
nella,  estuvieron  en  moda  en  toda  Eu- 
ropa, como  lo  habían  estado  en  la  Edad 
medía  los  cantos  de  los  trovadores. 
Diferentes  sociedades  de  aflcionados 
cantaban  madrigales,  compuestos  para 
varias  voces  y  en  un  estilo /it^aío,  so- 
bre versos  de  Petrarca,  de  Ariosto  ó 


líanos,  en  quienes  el  ejemplo  de  los  |  del  Tasso,  por  Animaccia,  Palestrina 
extranjeros  excitó  la  emulación,  se  y  Luca  Marenzio,  de  la  escuela  roma- 
cita  un  famoso  organista  de  Floren-  ¡  na;  el  príncipe  Gesualdo,  de  la  escae* 
cía,  Antonio  dfglt  organi.  El  piutor  la  napolitana;  José  Calmo  y  Giacomo 
Leonardo  de  Vinci  fue  músico  y  toca-  Gastoldí,  de  la  escuela  lombarda,  y 
ba  diferentes  instrumentos;  el  duque  '  Costaazo  Festa  y  Antonio  Bi£S,  de  la 
Luis  Sforza  fundó  en  1483  una  es-  |  escuela  veneciana.  Hacía  1583,  tomó 
cuela  pública  de  música,  en  Milán;  nacímieato  en  la  corte  de  los  duques 
Prosdocimo  de  Beldemandis,  natu- 1  de  Ferrara  y  en  Venecia  una  nueva 
ral  de  Padua,  es  autor  de  unos  tra-  ,  especie  de  música,  la  música  concer- 
tados sobre  la  música  acompasada  '  tante,  cuya  introducción  se  atribuye 
y  sobre  el  contrapunto;  Francisco  Ga-  ,  á  Annibale  Melone,  compositor  de  la 
torio,  de  Lodi,  abrió  en  Mantua,  en  escuela  romana.  Finalmente,  en  1590, 
Verona  y  en  Milán  varios  cursos  pú-  fue  considerablemente  perfeccionado 
blicos  sobre  la  música,  mientras  que  el  sistema  de  la  armonía  por  Claudio 
en  sus  obras:  2'heorica  música,  Practi-  Monteverde,  discípulo  de  la  escuela 
ca  música.  De  harmonia  musicorum  ins- ,  veneciana.  Otros  varios  escritores con- 
írumentorum,  se  halla  completamente  tribuyeron  también  á  los  progresosdel 
expuesto  el  sistema  musical  déla  épo-  arte,  particularmente,  Pedro  Aarón, 
ca.  Con  el  siglo  XVI  empezó  un  período  Luis  Fogliani,  Juan  María  Lanfran- 
brillante  para  el  arte  italiano.  Octavio  co,  el  i)adre  Angel^de  Picitón,  Nicolás 
Petrucci  de  Fossombroue  inventó,  en  Vicentino,  el  abad  Aifi*uino,  Juan 

"^"•^  '  "  -'aArtusi  ■  " 

aatematí 

Bottr¡ga__,  __     _  _   

con  este  medio  de  propaganda.  En  na,  el  padre  Ludovico  Zaccoui  y  Zar- 


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200  ITAL 


ITAL 


ITAL 


loni,  quo  fué  il  más  aotable  de  todo». 
Bl  siglo  XVI  presenció  el  estreno  da 
un  genero  nuevo,  el  género  dramático, 
destinado  á  adquirir  en  las  edades  au- 
cetÍTas  una  importancia  j  una  aupe- 
rioridad  iacon  testa  ble.  La  aplicación 
de  la  música  á  loa  dramas  era  sin  du< 
da  más  antigua,  puesto  qua  en  1440, 
seffÚD  UQoa,  6  aa  1480,  aes-ún  otros, 
se  oabia  ja  reprasentado  en  Roma  una 
Converiiónde  t»n  Pablo  coa  música  de 
Francisco  Barerini;  en  1475,  un  dra- 
ma de  Angel  Politién,  titulado  Or/eo; 
y  aun  se  añade  que,  desde  el  año  1300, 
se  recitaban  en  verso  las  acciones  he- 
roicas de  los  grandes  capitanes  al 
compás  de  la  música.  Pero  estos  anun- 
cios del  arte  no  eran  más  que  ensayos 
informes.  Alfonso  della  Viola,  maes- 
tro de  capilla  en  Ferrara,  pasa  por  el 
primero  que  unió  el  canto  á  la  .decla- 
mación en  las  representaciones  escé- 
nicas, j  0,0  cabe  ya.  duda  ninguna  de 
qu0  la  pieza  más  antigua  que  apare- 
ci5  .en  forma  de  ópera  es  el  Orbeccko, 
de  Oiraldi  Cinthio,  tragedia  que  aquél 
puso  en  música  j  que  fué  representa- 
da en  Ferrara  en  1541.  Claudio  Ue- 
ruUi  Orazio  Vecchi  t  Emilio  del  Ca- 
valiere  hicieron  también  algunas  ten- 
taiivas  dfll  mismo  genero;  pero  todas 
ellas  no  eran  más  que  especies  de  mo- 
nólogos, compuestos  en  estilo  de  ma- 
drigales y  cantados  por  varias  voces, 
sin  acompañamiento  de  ningún  ins- 
trumento. Con  la  Dafne,  de  Perí,  re- 
presentada en  Florencia  en  1597,  y 
en  Im  cual  la  declamación  hablada 
fué  sustituida  por  el  recitado  ó  decla- 
mación lírica,  se  diú  un  gran  paso 
hacia  adelanta.  El  brillante  éxito  de 
estn  inn)vaci>ín  fué  consagrado  por 
U  Swridice,  de  Parí  y  de  Julio  Cacci- 
nt,  oajro  estreno  tuvo  lugar  en  Fio* 
rencia  en  1600,  con  motivo  del  ma- 
trimonio de  Enrique  IV  con  María  de 
Médicis,  y  por  la  Ariadna  y  el  Or/«o, 
de  Mouteverde,  en  1607.  Es  digno  de 
notarse  que  por  este  tiempo  empeza- 
ron á  emplearse  algunos  instrumen- 
tos de  orquesta.  El  drama  lírico  per- 
maneció estacionario  durante  los  pri- 
meros años  del  siglo  xvji.  Francesco 
Cavalli,  maestro  de  capilla  en  Flo- 
rencia, intentó,  en  su  ópera  de  Ja$Q» 
(1649) ponerla  expresión  de  sus  arias 
en  armonía  con  la  situación  de  los 

Sersonajes,  mientras  que  Carissimi 
íó  más  gracia  al  recitado,  más  movi- 
miento, variedad  t  elegancia  á  los 
acompañamientos  de  bajo;  una  forma 
más  regular  á  los  oratorios,  y  puso 
en  moda  la  initramantación  de  or- 
questa en  la  música  de  los  templos. 
Álejand  ro  Scarlatti  separó  del  recitado 
el  aria,  la  cual  se  confundía  frecuen- 
temente con  él,  y  creó  la  »info»ia.  La 
construcción  de  teatros  permanen- 
tes y  públicos  permitió  multiplicar 
las  representaciones,  que,  hasta  en- 
tonces, habíun  tenido  lugar  en  los 
salones  particulares.  Dominico  Maz- 
zocchi,  músico  de  la  escuela  romana, 
se  distinguió  en  la  composición  de  los 
madrigales;  Gregorio  Allegri,  Valen- 
tioi,  Beruabeí,  Henévoli,  Pertí  j  Sté- 
fani,  en  U  música  sagrada;  Colonna, 


en  6!  oratorto.  Horacio  Benévoli, maes- 
tro da  capilla  del  Vaticano,  perfeccio- 
nó la  ciencia  del  contrapunto,  en  tanto 
que  la  cant-xta,  destinada  á  reempla- 
zar al  madrigal,  fué  cultivada  feliz- 
mente por  Carissimi,  Stradella,  Scar- 
latti, Cestí,  Ludovíco  Rossi,  Bassani, 
Latti  j  Gasparini.  La  música  instru- 
mental marchaba  á  la  par  con  la  vo- 
cal. Dos  familias  de  guitarristas,  de 
Cremona,  perfeccionaron  en  samo  gra- 
do la  fabricación  de  loa  violones.  Una 
escuela  de  violón,  fundada  por  Gorel- 
li,  produjo,  entre  otros  tocadores  dis- 
tinguidos, á  Francesco  Geminiani, 
losnermanos  Somis,  de  Turín;  Albí- 
noni,  de  Venecia;  José  Torrelli,  de 
Verona;  José  Valentini,  Üarietto,  de 
Ñápales;  Pedro  Locatelli,  de  Berga- 
mo,  y  Veracini,  de  Florencia.  Un  cé- 
lebre músico  de  Ferrara,  Frescobaldi, 
organista  del  Vaticano,  inventó  una 
nueva  manera  de  tocar  el  órgano,  la 
cual  consistía  en  ligar  y  sostener  los 
sonidos,  representando^  reproducien- 
do alternativamente  algunos  temas  ú 
objetos  de  imitación.  La  ciudad  de 
Bol  onia  se  distinguió  entre  las  demás 
por  sus  escuelas  musicales,  hasta  el 
punto  de  que  tres  sociedades  se  for- 
maron en  ella  en  pocos  años:  la  de  los 
Floridi,  fundada  en  1615  por  Adrián 
Banchieri,  la  de  los  FUomusi  y  la  de 
los  Filoschici,  establecidas  en  1622 
y  1633  por  Jeirónimo  Giacobbi,  las 
cuales  quedaron  refundidas  en  \ti  Aca- 
demia JUarmónica,  creada  en  1666  por 
Vicente  Carratl.  Entre  los  autores  de 
obras  teóricas,  se  citan  á  Lemmo  Ros- 
si,  Lorenzo  Penna,  Scipión  Ceretto, 
Esteban  Bernardi,  Camilo  Anglería, 
Juan  María  Buononcini,  Angelo  Be- 
rardi,  el  padre  Daniel  BartoTi  j,  so- 
bre todos,  J.-B.  Dont.  El  siglo  xviii 
fué,  sin  disputa,  la  época  más  notable 
y  fecunda  de  la  música  italiana.  Maes- 
tros renombrados  conservaron  escue- 
las de  las  que  salieron  grandes  talen- 
tos en  todos  los  géneros:  los  Fedi  y 
Amadorí,  en  Roma;  Pistocchi,  en  Bo- 
lonia; Redi,  en  Florencia;  Brivio,  en 
Milán;  Piíli,  en  Módena,  y  Giz/.i, 
Púrpora,  Leo,  Durante,  Feo,  Sala, 
Fenarolí  y  Tritto,  en  Nápoles.  En 
ningún  otro  tiempo  se  ha  practicado 
el  arte  del  canto  de  una  manera  tan 
brillante:  la  escuela  romana  dió  á 
Bernacehi,  Pasi,  Fabri,  Guarducci, 
Ausani,  Crescentini,  la  Gabrielli  y 
la  Catalani;  la  escuela  napolitana  fué 
ilustrada  por  Farinellí,  CaffarelU, 
Gízzielli,  Millico,  Aprile,  Matncci  y 
la  Mingotti;  á  la  escuela  lombarda 
pertenecen  Appiano,  Salimbeni,  Mon- 
ticelli,  Guadagni,  Giovanne  Paita, 
Cario  Scalzi,  Aug.  Fontana,  Ottani, 
David,  Marchesi,  Viganoni,  la  Vis- 
contina  y  la  Grassini;  Porporino  y  la 
Bordiui  se  formaron  en  Venecia;  Man- 
zuoli  y  la  Tramontini,  en  Fioreticia. 
Los  escritos  teóricos  se  multiplicaron 
y  entre  sus  autores  figuran  Zacharía 
Tevo,  el  padre  Martíni,  el  padre  Sac- 
chi,  el  conde  Algarotti,  el  padre  Pao 
lucci,  el  caballero  Planelli^Signorelli, 
J.-B.  Mancini,  Maufredjni,  el  padre 
Valotti,  el  canónigo  Belli  y  el  padre 


Sabbatini.  Con  todos  estos  elementos, 
los  recursos  se  aumentaron  y  el  tra- 
bajo de  la  composición  llegó  á  ser 
mas  rico  y  abundante.  La  música  sa- 
grada contó  entre  sus  tesoros  las  obras 
de  Ottavio  Píttoni,  de  Pórpora,  de 
Leo,  de  Durante,  los  6'laÍaí  de  Pergo- 
lese  y  de  Boccherini,  los  Salnot  de 
Marcelo  y  una  infinidad  de  piezas  es- 
critas porFioroni,  Saludini,  Mei,San- 
Martini,  Santarelli,  Bertoni,  Casali, 
los  PP.  Martini  y  Valotti,  Zanotti, 
VigQoli,  Ottani  y  Orsíai.  Lt  poesía 
del  drama  lírico,  notablemente  per- 
feccionada por  Metastasio,  excitaba 
sin  violencia  la  inspiración  de  los 
músicos.  Tres  generaciones  de  com- 
positores dramáticos  vinieron  suce- 
aiéndose  en  progreso  constante  en  el 
transcurso  de  nn  mismo  siglo.  Perte- 
necen á  la  primera:  Pórpora;  Leonar* 
do  Vinci,  el  cual  supo  dar  á  las  arias 
majror  desarrollo  y  una  forma  más  re- 
gular; Perg<)lese,  llamado  el  Divino, 
cuyas  melodías,  llenas  de  expresión, 
aunque  poco  celebradas  en  su  tiempo, 
e:íCitaron  después  de  su  muerte  el 
más  frenético  entusiasmo;  Logrosei- 
no,  i  quien  los  napolitanos  llamaban 
el  Diot  do  la  ópera  bufa;  PistorinI,  do- 
tado de  un  talento  flexible,  y  Galup- 
pi,  uno  de  los  mejores  compositores 
para  la  ópera  cómica.  En  la  segunda 
generación  figuran:  Jommelli,  cuja 
música  de  cámara  y  de  iglesia,  como 
la  de  sus  obras  teatrales,  se  distio- 

ffue  por  la  originalidad  de  las  ideas, 
a  sencillez  admirable  de  las  melo- 
días y  la  riqueza  dé  la  armonía;  Pic- 
cinot,  músico  de  una  gran  fecundi- 
dad, el  cual  fijó  la  forma  del  dúo;  Sar- 
ti,  dulce  y  elegante  en  sus  melodías, 
aunque  poco  profundo,  y  Sacchiní, 
tan  elogiado  en  Francia  por  U  pureza 
y  la  expresión  de  sus  cantos  como 
por  la  facilidad  y  riqueza  da  sus  aeom- 
pañamientos.  Tres  maestros,  por  últi- 
mo, aventajaron  todavía  á  sus  prede- 
cesores: Guglielmi,  Paisiello  y  Cima- 
rosa,  cnjas  composiciones,  considera- 
das como  obras  maestras  de  canto, 
llevan  impreso  el  sello  de  la  más  pro- 
funda originalidad. — En  la  música 
instrumental,  el  siglo  xviii  produ- 

Í'o  también  artistas  distinguidísimos, 
osé  Tartini.  célebre  por  la  invención 
de  un  aistema  de  armonía,  formó  una 
escuela  de  violón,  en  la  que  enseñó  el 
nuevo  modo  de  manejar  ó  conducir  el 
arco,  que  él  había  aprendido  de  su 
maestro  Veracini:  contó  entre  sus  dis- 
cípulos á  Nardini,  Morigi,  Ferrari, 
Capuzzi,  Gelestini  y  Pugnati,  maes- 
tro á  su  vez  de  Yiottí  y  de  Brun . 
Alejandro  Rolla  se  dió  á  conocer  por 
su  talento  en  la  viola  y  en  el  violoo; 
Antonio  Lolli  6gura  igualmente  en- 
tre los  violinistas;  y  los  hermanos 
Alejandro  j  Jerónimo  Berozzi  alcan- 
zarun  una  gran  reputación:  el  uno, 
en  el  fagot,  y  el  otro,  en  el  óboe. — 
Los  últimos  años  del  siglo  xvm  y^  l  'S 
primeros  del  xix  forman  un  período 
intermedio,  que  se  prolonga  hasta  la 
aparición  de  fíossini,  durante  el  cual 
los  compositores  se  concretaron  á  imi- 
tar los  modelos  de  U  edad  precedente 


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ITAL  201 


ji  perfeeoionar  lot  procedí  mÍ«iitoi; 
lia  qaa  m  noten  en  todo  esa  tiempo 
progreioa  seasibles  bajo  el  punto  de 
TÍstt  de  Ift  ÍDvencí  jn.  Loi  unos,  fue- 
ron i  eitableeerse  j  hacer  represanUr 
su  obras  en  el  attranjero:  Salíeri  j 
RigkiDi,  «a  AlemaDÍa;  Bernardo  Hen- 
gaztí,  Bernardo  Porta.  Della  Mar(a, 
bpontoni,  Gherubiní,  Paér  y  Carafa, 
en  Fraoeia.  Los  otros,  que  permane- 
cieron en  Italia,  quedaron  eclipsados 
con  la  lleuda  del  nuero  compofitor» 
figurando  entre  ellos:  Narzolinii  mú- 
sico gracioso,  aunque  falto  de  nervio; 
Vicenzo  Federici,  el  cual  escribía 
para  los  teatros  de  Londres  /  de  Ita- 
Lu;  Francisco  Mosca,  de  un  talento 
limitado,  j  i  quiea  se  atribuye  el 
primer  empleo  del  crescendo;  Francis- 
co Gnecco,  curo  estilo  es  incorrecto, 
débil  y  trivial;  Zio^relli,  director 
del  eoaservstorio  de  Nápoles;  Simón 
yÍAjt  6  Majer,  imitador  do  Mozart; 
Floiannti,  nombrado  maestro  de  ca- 
¡  pilla  en  Roma;  los  heroaanos  Orgita- 
I  00,  notables  por  la  originalidad  de 
sui  eantínelms;  Francisco  Morlaccfai, 
¡  mósieo  bastante  feeu  udo  j  estimado,  j 
I  Carlos  Coccia,  director  de  la  ópera  iía- 
¡  lianaen  Lisbns  j  en  Londres.— A  este 
periodo  se  refieren  dos  grandes  funda- 
ciones: la  del  Licfo  musical  (1805),  en 
donde  ense&ó  el  padre  Mattei,  j  la  del 
Cnsenatorio  de  Milán,  á  eujo  frente 
íigaró  Asioli  com  >  primer  director.— 
Macha  parte  de  la  gloria  da  Italia 
dorante  el  sigilo  xix,  reside  en  el  genio 
briUtnta  j  fecundo  de  Rossini,  cujas 
obru  maestras  alcanzaron  na  éxito 
aiombrosoea  el  mundoenteio.En  1813 
di¿  Tañendo  j  La  líaliana  en  Argel; 
!  en  1816,  Bl  Snrbero  de  SeviiUj  el  Oie- 
i»;  en  1817»  La  Gazza  ladrn  j  La  Ce~ 
\  nerentola;  en  1818,  Mosé  in  Sgitto; 
«a  1819,  La  Donna  del  lago;  en  1824, 
Scmlnmis;  en  1827,  SI  sitio  de  Corin- 
to,  que  no  es  más  que  un  Maometto  re- 
tocado para  la  escena  fraQcesa;en  1828, 
'  Bi  Conde  Org,  j  en  1829,  Guillermo 
TeU.  La  popularidad  de  esta  música 
no  puede  ser  comparada  con  ninguna 
otra  de  tiempos  anteri  ^res,  encontrán- 
dose en  ella  un  caudal  prodigioso  de 
cantos  felices,  de  ¡tispiraeionas  dra- 
iDttieasjr  de  melodías  elegantes,  que 
encantan  el  oído  j  eonmuerea  el  co- 
razón. En  las  óperas  de  los  antiguos 
maestros  abundan  los  recitados,  las 
nrías  y  l.)S  dúos:  de  los  primeros  usó 
It  ssini^  pocas  veces  en  sus  obras, 
>  ncuizándolus  con  riquísimos  dibujos 
de  orquesta;  dio  más  movimiento  a  la 
«ceióu,  mayor  importancia  á  los  cuer- 
pos corales  7  no  dejó  nunca  que  el  in- 
terés se  debilitara  en  el  intervalo  de 
j«i  piezas.  Todos  los  medios  materia- 
les empleados  por  los  precedentes  com- 
positores, ules  como  la  variedad  de 
ritmos,  los  dúos,  los  concertantes,  el 
fraceiido,  los  diversos  géneros  de  mo- 
dulieiones  y  de  acompañamientos, 
sapo  Rossini  apropiárselos  hábilmen- 
te; estos  medios,  infecundos  sin  duda 
ni  las  manos  de  las  medianías,  reci- 
bieron naeva  vida  eon  la  fecundidad, 
la  gracia  j  el  éalor  de  sas  inspiraci  o- 
Lumias  d«  Bomíoí  ancoaCiaron 


interpretes  dignísimos,  como  Veluti, 
Hubioi,  Zozzari,  Galli,  Lablancbe, 
A.  Nourrit,  Duprez,  la  Pasaroni  y 
Pasta.  Los  demás  compositores  ita- 
lianos del  siglo  XIX  no  hicieron  otra 
oosa  que  seguir  el  sendero  trazado  por 
Rossini  é  imitar  sus  cantos,  las  for- 
mas y  la  instrumentación,  entre  loa 
caales  se  cuentan:  Pacini,  Vacoaj,  Va< 
léntini,  Persiani,  Baldacci,  Aspa,  Pe- 
trelli,  Ricci,  Raimondi,  Bonficoi,  Sa- 

Sienza,  Coppola,  Costamagna,  Ne^ri, 
ini,  Lillo  y  Casamorata.  Por  encima 
de  estos  compositores  debemos  colocar 
al  famoso  maestro  Mercadante;  y  por 
encima  de  Sfercadante  y  al  nivel  de 
Rossini,  i  los  inmortales  Donizetti, 
nacido  en  1798,  lauro  hermosísimo  de 
sus  tiempos,7  Bellini,  naeído  en  1802, 
gloria  eterna  de  nuestro  siglo,  incom- 
parable en  una  dulzura  que  él  supo 
convertir  en  encanto.  Si  el  arte  con- 
siste en  nn  embeleso,  en  nn  éxtasis, 
en  un  hechizo,  Bellini  es  superior 
á  todos;  á  Rossini  también.  Cuando 
Rossini  ojró  La  Sxtranjera,  que  fué 
una  de  las  primeras  obras  de  Bellini, 
exclamó:  «Este  principia  por  donde 
nosotros  concluímos.»  Las  principales 
obras  del  fecundo  y  magniBco  Doni- 
zetti son:  Ana  Bolena,  SI  Bllsir  de 
amor,  Lucrecia  Sargia,  Oemma  de  Ver- 
g^,  Marino  Faliero,  Belisario,  La  Hija 
del  Regimiento^  Don  Pascual,  la  Lituia 
de  Ckítmonaix,  Maria  de  Bohán^  La 
Favorita,  Los  ¡iártíresy  Lncla  de  Lam- 
mermoor,  cujos  nombres  bastan  para 
hacer  latir  nueaíro  pecho  y  alucinar 
nuestra  fantasía.  Entre  las  operas  más 
célebres  de  Bellini,  deben  citarse:  SI 
Pirata,  La  Sxtranjera^  Mónteteos  y 
Capeletos,  Beatriz  de  Tenda,  La  Sonám* 
bula.  Los  Puritanos  ^  la  Norma,  la 
perpetua  desesperación  da  los  músi- 
cos, cuja  ópera  no  es  más  ni  menos 
que  una  melodía.  Los  afortunados 
intérpretes  de  Bellini  fueron:  Ru- 
bieri,  Tamburini,  Heric-Lalanda,  la 
Pasta  j  la  Malibrán,  la  última  de 
las  cuales  interpretó  el  alma  del  mú- 
sico con  el  interés  de  un  doble  ge- 
nio, porque  era  el  interés  del  genio 

¿del  amor.  Si  fuera  pérmitido  esta- 
lacor  comparaciones  entre  talentos  de 
la  suprema  alcurnia,  pudiéramos  de- 
cir que  Rossini  es  al  poeta  sabio;  Do* 
nizetti,  el  ángel;  Bellini,  el  querube. 
Rossini  nos  hace  ver  un  mundo;  Do- 
nizetti nos  abre  las  puertas  del  Paraí- 
so; Bellini  nos  conduce  al  cielo.  Cuan- 
do veamos  que  alguna  criatura  llora, 
ojendo  cantar,  no  preguntemos  quién 
es  el  autor  de  a^uel  canto.  Bl  interior 
de  Vicente  Bellini  es  un  alma  pobla- 
da de  seres  divinos.  Murió  cuando  no 
había  cumplido  32  aüos.  ¡Qué  dolor 
tan  grande  para  el  artel  Bs  decir,  ¡qué 
dolor  tan  grande  par»  todos!  Paro  de* 
bemos  eonsolarnos: 

■Si  bnen»  flor  m  net  taé, 
Bsen  aroma  noc  d«j6.> 

El  compositor  más  nombrado  des- 
pués fué  José  Verdi,  notabilísimo  por 
sus  progresos  en  materia  de  instru- 
mentación y  da  interés  dramático. 
Rossini  decía  que  todo  lo  malo  de 
Verdi  era  sujo,  mientras  que  lo  bueno 


I 


ara  copiado.  La  aborrsef*  en  talas 
términos  que,  hallándose  una  vea 
en  Bolonia,  si  mal  no  recordamos, 
abandonó  inmediatamente  la  ciudad 
porque  allí  se  representaba  el  Bigoletto. 
Sin  embarffo,  Verdi  eaiuó  eierta  revo- 
lución eit  la  mdsiea  de  tn  siglo  y  ma- 
chos le  llaman:  el  rey  de  U  escena.  Bu 
la  música  religiosa  puede  citarse  al 
abate  Baini,  compositorj  cantor  de  la 
capilla  ponti6cal,  y  i  Tereiani,  maes- 
tro de  capilla  de  San  Juan  de  Letrán. 
Bn  la  música  instrumental,  se  distin- 
guieron el  organista  Parisí  y  los  vio- 
linistas Poliedro  y  Rovelli,  que  el 
maravilloso  talento  de  Paganini  hizo 
olvidar.  Paganini  era  una  especie  de 
semidiós  del  violín,  conTartido  por 
aquel  gran  genio  en  arca  misteriosa 
da  la  música. 

45.  Lengua, — El  italiano  as  ano  de 
los  idiomas  neo-latinos,  al  eaal  ha  aído 
considerado,  aa  sa  más  elevado  ori  - 
gen,  como  una  daodécima  forma  del 
antiguo  latín.  Bn  efecto,  al  latín  pri- 
mitivo, siguiendo  la  lej  {^neral  da 
las  lenffuas,  fué  continuamente  per- 
diéndolas formas  complicadas  de  sus 
declinaciones  y  conjugaciones,  para 
adoptar  las  más  claras  y  analíticas;  ai 
lado,  pues,  del  latín  literario,  fijado 
por  los  escritoras  de  genio  y  hablado 
por  laa  clases  instrnmas  da  la  socie- 
dad romana,  existía  una  lengaa  me- 
nos correcta,  aunque  igualmente  ló- 
gica, llamada  lengua  rustica  y  lengua 
de  los  campos,  que  era  la  de  los  cam- 

Sesinoa,  la  de  la  plebe  y  la  da  los  sol- 
ados. Desda  el  siglo  ii  de  la  era  eris- 
tiaua,  se  ancaentran  sefialas  da  asta 
lengua  en  las  inscripciones  da  las  es- 
taca mbis,  en  las.cuales  veíase  ja  ano 
de  los  caracteres  principales  qaa  ha- 
bía de  ofrecer  luego  el  iuliano:  la  su- 
presión de  las  declinaciones,  j  la  ten* 
dencia  hacia  ana  terminación  única 
délos  sustantivos.  Con  el  tiempo,  j 
bajóla  induencia  de  los  cataclismos 
históricos,  esta  lengua  popular  acabó 

f)or  sustituir  al  antiguo  latín  en  el 
enguaje  ordinario.  El  primer  monu- 
mento escrito  en  este  nuevo  idioma, 
que  puede  ja  llamarse  italiano,  data 
del  a5o  1135;  as  una  inscripción  en 
varso  grabada  sobre  una  piedra  de  la 
bóveda  de  la  catedral  de  Ferrara;  paro, 
desde  el  siglo  iz  y  aun  el  tux,  sa  en- 
cuentran también  rastigios  de  la  nae- 
va lengua  en  los  nombres  propios 
de  hombres  j  de  lugares  (^ue  contie- 
nen las  actas  privadas  ó  publicas.  Los 
caracteres  de  este  italiano  antigno, 
que  ha  conservado  el  italiano  moder- 
no, consisten:  1.°,  en  una  terminación 
invariable  ó  casi  invariable,  sustitui- 
da á  las  desinencias  variadas  de  la  de- 
clinación latina,  j  que  fué,  ^neral- 
mente,  la  del  ablativo  latino  singular: 
así,  se  dice  genitore,  domino,  en  vez 
de  geniíoris,  genitorem,  domini,  domi- 
num;  2.*,  al  italiano  descompuso  las 
formas  complicadas  por  las  enales  al 
antiguo  latm  marean  los  diversos 
tiempos  del  verbo,  por  medio  de  Yer- 
bos auxiliares,  como  ter6  estar,  haber 
ó  tener,  hacer,  ir  y  venir;  3,*,  H  sopre- 
sión  de  los  casos,  qoe  determinaban 

tDHÓ  III  CQ 

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202  ITAL 


ITAL 


ITAL 


lai  relaciones  bajo'Us  caáles  concebía 
la  intelig'encia  los  objetos  exteriores, 
trajo  el  uso  de  voces  particulares  (pre- 

fiosiciones)  para  continuar  marcando 
as  relaciones  expresadas:  líber  Petri 
viene  ¿  ser  il  libro  di  Pietro,  El  anti- 
guo adjetivo  del  latía  Ule,  illa,  em- 
pleado ja  por  el  mismo  Cicerón  con 
el  g^enitivo  de  un  modo  determinado, 
vino  á  ser  como  el  compañero  insepa- 
rable del  sustantÍTO,  j  formó  la  espe- 
cie particular  de  rocablos  llamada 
artículo:  il,  U»,  eali.  La  inmenia 
majoría  de  laa  palabras  italianas  ea 
incontestablemente  de  origen  latino; 
sin  embargo.  la  Ztaua  llegó  á  vene 
durante  largo  tiempo  tan  perturbada 
por  las  invasiones,  que  puede  decirse 
que  su  lengaa  tiene  una  Ssonomía 
menos  latina  que  el  español.  El  ita- 
liano ha  conservado  un  considerable 
número  de  voces  pertenecientes  á  las 
lenguas  de  los  pueblos  que  precedie- 
ron á  los  latinos,  tales  como  el  ílíri- 
eo,  el  etrasco,  el  ombriano,  el  oseo  j 
el  sabino;  ha  tonudo  algunas  ex- 
presiones á  las  razas  conquistadoras, 
galos,  germanos  y  eslavos,  j  recibido 
otras  varias  de  los  sarracenos  j  de  los 
ponedores  griegos  de  la  baja  Italu. 
Mái  armonioso,  aunque  menos  sonoro 
que  el  español,  el  italiano  tiene  de 
nuestra  lengua  la  abundancia  v  la 
sencillez;  sencillez  que  está  unida  al 
origen  democrático  de  la  lengua,  la 
cual  se  formó  en  las  poderosas  repú- 
blicas de  Pisa,  de  Florencia,  Genova, 
Venecia  y  Pav(a.  Por  otra  parte,  el 

fran  numero  de  genios  diferentes  que 
an  escrito  en  asta  hermosa  lengaa, 
la  han  adaptado  á  todos  los  tonos, 
desde  el  más  trivial  hasta  el  más  su- 
blime. Aquí  debe  notarse  un  fenóme- 
no oariosiiimo,  el  cual  demuestra  que 
las  lenguas  se  subordinan  en  su  for- 
mación j  desarrollo  á  ciertas  leyes  de 
una  filosofía  que  pudiera  llamarse 
histórica.  Realmente,  en  las  alterna^ 
ti  vas  del  idioma  italiano  se  ven  refle- 
jadas punto  por  punto  las  distintas 
fases  de  la  vida  política  de  aquella 
gran  nación.  Asi  sucede  que  la  len- 
gua aparece  sencilla,  concisa,  viril, 
en  progreso  constante,  mientras  que 
el  pueblo  de  aquellas  repúblicas,  des- 

fdegaiido  toda  su  energía,  todo  su  va- 
or,  todas  sus  virtudes,  conservó  en 
sus  costumbres  la  sencillez  j  la  rude- 
za da  la  sobriedad.  Por  el  contrario, 
la  lengua  italiana  perdió  sin  duda  la 
fuerza  nativa  de  su  origen,  la  virtud 
de  las  primeras  razas,  ctiando  las  cos> 
tumbres  se  corrompieron,  cuando  los 
hombres  se  afeminaron,  cuando  la  na- 
ción, caída  del  antiguo  trono,  notuvo 
aliento  para  defender  el  sagrado  de- 
pósito de  su  independencia.  Al  caer 
el  pueblo  cayó  su  palabra,  como  cayó 
subistoria,  como  cayó  su  literatura, 
como  cayó  también  su  hermoso  arte. 
£1  italiano  se  halla  muy  lejos  de  ser 
hablado  con  la  igual  pureza  en  toda 
la  península,  pues  existen  numerosos 
dialectos,  mu^  separados  del  italiano 
clásico,  que  tienen  su  origen  en  la 
invasión  y  la  conquista.  Los  más  in- 
eorrectot  ion  «1  lombardo,  el  vmciano. 


y  particularmente,  el  nap»litano  de  los 
calabreses  y  de  los  abruzos.  El  tosca- 
no  de  Florencia  es  el  italiano  niás 
puro,  castizo,  entonado  y  armonioso, 
notándose  que,  en  boca  del  pueblo  ro- 
mano, toma  un  acento  particularísimo 
de  nobleza  y  de  melodía.  Así  se  dice, 
á  guisa  de  proverbio:  «habla  toscana 
en  lengua  romana.»  En  efecto,  oirel 
toseano  i  una  mujer  educada  de  Ro- 
ma, es  eomo  oir  fa  vibración  de  un 
arpa  6  ú  canto  de  un  av«.  No  pa- 
rece sino  que  el  italiano  clásico  es  el 
dialecto  toseano,  elevado  á  la  cate- 
goría de  lengua  nacional,  en  virtud 
de  cierta  cultura  que  la  historia  ex- 
plicará un  día.  Sin  embargo,  hay  una 
opinión  que  considera  el  italiano  li- 
terario como  formado  indistintamente 
de  todos  los  dialectos  de  Itai-ia.,  el 
cual  ha  conservado  lo  que  cada  uno 
de  ellos  tenia  de  más  perfecto.  Esta 
opinión,  que  es  la  del  Dante,  ha  to- 
mado recientemente  cierto  crédito  en 
el  reino  de  Itaua..  ¡Lástima  cierta- 
mente que  de  un  idioma  tan  hermoso 
hayan  hecho  una  simple  solfk,  esque- 
leto deforme  de  la  lengua  madre!  £1 
que  tenga  necesidad  da  adquirir  ideas 
más  extensas  sobre  este  punto,  puede 
consultar  las  obras  siguientes:  Aeca- 
rísio,  Graninatica  voi^are,  Bologna, 
1536;  Scipio  Lentulus,  Jíalica  fframa~ 
tica  pracepía  ac  ratio,  Nápoles,  1568; 
Nouvelle  meíhode  de  M.  M.  de  Porí- 
Royal  pour  apprendre  la  langue  italien^ 
He,  París,  1660;  Veneroni,  Le  maítre 
italient  Ams.,  1691;  Corticelli,  Rególe 
ed  otseroationi  della  lingua  toscana  ri^ 
doíta  á  netodot  Bologna,  1745;  Soave, 
Grammatica  ragionaia  della  lingua  ita^ 
liana,  Parma,l772i  Luneau  de  Bois- 

fermaia,  Conn  de  Uiuue  itaUenne, 
arís,  1783;  Barberí,  Grammaire  det 
grammaires  iUtliennet,  París,  1819; 
Martelli,  Oranmaire  iialienn*  éUmen- 
taire,  París,  1826;  Cerutti,  Gramma- 
tica jloso^cé  della  lingua  italiana,  Ro- 
ma, 1839;  Accarisio,  Vocabelario  ed 
ortografia  della  lingua  volgare,  Cento, 
1543;  II  voca&olario  degli  academici 
della  Crmca,  Venecia,  16X2;  Antoni- 
ni,  Ditionario  italiano,  latino  ifrance- 
$e,  1735;  Atberti  di  Villanova,2?íc/iW 
naire  italien /fai^ais,'pAiis,  1825;  Bo- 
navilla,  Voeabolarioettmologicct  Milán, 
1825;  Tomaseo,iV^M<7eo  Dmonario  dei 
tinonimi  della  lingua  italiana.  Floran- 
cía,  1830;  Ditionario  della  Ungua  italia- 
na, Bolonia,  1819-26;  Vocabolario  «»(- 
v«rsale  italiano,  Nápoles,  1829-40, — 
Jr.  Alunno,  Le  richeiie  delta  lingua 
italiana,  Venecia,  1543;  Giambullari, 
Jl  Gelo,  cioé  ragionameníi  della  prima 
origine  della  toscana  lingua,  Florencia, 
1546;  Persio,  Discorso  iniorno  alia  con- 
formita  della  lingua  italiana  con  la  gre- 
ca^ Bolonia,  1592;  Buonmattei,  Della 
lingua  toscana  libri  II,  Florencia  ,1643; 
F.  de  Diano,  Fiume  delV  origine  della 
lingua  italiana  é  latina,  Venecia,  1626; 
Oct,  Ferrari,  Origines  lingua  itálica, 
París,  1676;  Galeaoi,  DeW  uto  é  de' 
pregi  della  lingua  italiana,  Turín,l791; 
Tozzellí  Mazzoni,  Origine  della  linaua 
italiana,  Bolonia,  1831;  Romani,  Ó^e- 
re  tojira  ia  lingua  italiana,  Úilan, 


1825;  Castiglía,  Studii  dtlla  lingua  iUh 
liana,  Patermo,  1836. 

46.  Literatura. — La  historia  de  la 
literatura  italiana  puede  dividirse  en 
cinco  períodos:  el  l.'.que  se  extiende 
hasta  el  siglo  \iv,  abraza  la  reapari- 
ción de  las  letras  en  Italu  después 
de  la  invasión  de  los  bárbaros,  y  los 
primeros  ensayos  de  los  poetas  bajo  la 
influencia  de  los  modelos  provenzalei; 
el  2.*,  que  aparece  dominado  por  tres 
grandes  figuras:  el  Dante,  Petrarca  y 
Boccacio;  el  3.°,  que  comprende  la  se- 
gunda mitad  del  siglo  xv,  todo  el  xvi, 
que^  es  la  edad  del  Renacimiento,  y 
encierra  lo  que  se  llama  el  siglo  d« 
León  X;  el  4,°.  que  se  compone  del  si- 
glo xvix,  durante  el  cual  la  Italia,  á 

f tesar  de  su  decadencia,  obró  sobrólas 
iteraturas  vecinas,  y  del  xviu,  en 
que  experimentó  la  influencia  france* 
sa;  y  el  5.°,  que  comprende  It  edad 
contemporánea. 

Primer  período.— ha  literatura  ita- 
liana no  procede  inmediatamente  de 
la  literatura  latina,  pues  las  letras  ro- 
manas, que  se  hallab  an  en  decaden- 
cia casi  desde  la  época  da  los  empera- 
dores, fueron  decliuando  hasta  Uins- 
tantino,  «1  cual,  abandonando  á  Roma 

fior  Bizancío,  did  el  golpe  mortal  á 
as  letras  y  á  las  artes  en  toda  Italia. 
A  partir  del  triunfo  de  la  religión 
cristiana  bajo  aquel  emperador,  la  li- 
teratura eclesiástica  fue  la  única  que 
suministró  obras  notables:  aunque  la 
invasión  de  los  bárbaros  aniquiló  toda 
cultura  moral,  y,  si  bien  introdujo  uu 
elemento  nuevo  en  el  agotado  suelo  de 
la  vieja  Italu,  su  esterilidad  continuó 
todavía  durante  mucho  tiempo.  Sin 
embargo,  el  estado  de  este  país  bajo 
los  reyes  godos  y  lombardos  no  Ue^ó 
á  ser  tan  desesperado  como  podría 
creerse;  los  vencedores  tomaron  algo 
de  la  civilización  de  las  naciones  con- 
quistadas, y  basta  citar  á  Teodorieo 
para  demostrar  que  los  monarcas  go- 
dos consideraron  como  un  alto  honor 
el  proteger  las  letras.  En  la  época  de 
Cario  Magno  hallábase  la  Italia  más 
civilizada  que  los  demás  países  de 
Europa,  por  cuya  razón  vemos  que 
aquel  príncipe  se  empeüa  en  atraerá 
su  corte  á  literatos  y  artistas  italia- 
nos; entre  otros,  á  Teodulfo,  godo  de 
origen,  obispo  que  fué  de  Orleáns. 
Con  los  sucesores  de  Cario  Maffoo 
vnelve  el  reinado  de  las  tiniebiu, 
que  es  el  reinado  de  la  escolástici. 
Los  únicos  estudios  de  estas  edades 
remotas  son  la  jurisprudencia  y  » 
teología;  las  miserables  disputas  de 
escuela  absorben  todavía  á  los  pocos 
talentos  que  se  ocupan  de  aqoellia 
ciencias;  las  palabras  sustituyen  á los 
conceptos;  la  sutileza  y  el  sofisma,  » 
la  ingenuidad  y  sencillez  de  los  me- 
jores siglos.  El  pontificado  de  Greeo- 
rio  Vll  (1073-1085)  vio  aparecer  lo* 
primeros  vislumbres  del  renacimien- 
to de  la  literatura  en  Italia-  B't« 
Papa  dió  orden  á  los  obispos  para  que 
conservaran  cerca  de  su  Iglesia  una 
escuela  destinada'á  la  eoseñanza  de 
las  letras,  al  mismo  tiempo  que  j» 
condesa  Matilde  fundaba  la  oDivern- 


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TTAL 


ITAL  203 


did  de  Bolomii,  en  donde  m  ei tupiaba 
al  Código  de  JastÍDiaDO.  Todas  las 
Dotabiliaades  de  eita  época  son  hom- 
bres de  i^li*sia,  j  los  dof  más  eéle- 
bnst  nacidos  en  Italul»  pasaron  so 
TÍda  lejos  dtt  ^sa  país.  Fneron  ¿stos 
Lafinueo,  da  PaTf a,  que  hixo  del  mo- 
sutetio  dfi  Bao»  en  Normandía,  una 
esooela  &iaosa,  7  combatid  enérgica- 
meota  la  herejía  do  Beraoger;  j  sao 
áaselmo  de  Aosta,  su  discípulo,  mon- 
je, orno  él,  de  Bec  7  anobispo  de 
CaDtorber7. — El  sig-Io  zii  hiso  eatrar 
ea  la  dviUzaeión  europea  na  elemen- 
to naere:  las  croxadas  habían  estable- 
cido jcomunicaeíones  entre  Constaotí- 
aopla  é  Italia,  7  los  obispos  italia- 
nos, flOTÍados  freoasntemente  como 
embajadores  cerca  del  imperio  de 
Oriente,  tavieion  ocasiiSn  de  iniciarse 
ea  el  eonoeimiento  de  la  lengua  7  de 
la  litecfttttra  de  los  grieg-os.  Desgn- 
eiadament»,  la  Iglesia  7  la  Italia 
•tan  objeto  de  lepetídos  trastornos; 
las  eleceioaes  de  los  papas  ocasiona- 
ban «Htflietos,  qae  los  emperadores 
da  Alemania  resoW&tn;  varios  antípa- 
m  prorocaroQ  eismas;  Arnaldo  de 
Breseia  intentd  establecer  ea  Roma 
uaa  república,  que  el  papa  Adcia- 
so  IV  no  podo  destruir  sino  con  el 
toxilio  del  emperador  Federico  Bar- 
banoja.  Durante  estas  turbulencias, 
lis  letras  languidecían  é  Italu  no 
llegS  á  producir  otro  hombre  célebre 
que  Pedro  Liombardo,  llamado  al  Maet- 
trtdé  ia$  sentencias,  fota  fué  ta  época 
d«  la  gmnde  autoridad  de  Aristóteles; 
lis  leuas  se  hallaban  reunidas  á  la 
gramática,  7  la  dialéctica  7  las  dispu- 
Us  de  los  rMlitíM  7  de  los  nominates 
íufadian  las  escuelas  todas.  El  italia- 
no no  eustía  ana;  7  si  algún  idioma 
To^ar  se  bablaba  comanmaote,  no  sa 
eianbía,  pues  el  latín,  que  había  pa- 
ssdo  al  estado  de  lengua  muerta,  era 
la  lengua  única  de  los  autores.  Las 
producciones  más  notabln  de  este  pe- 
ríode  son  las  crónicas  locales.  Písa^ 
Génova  7  líilán  tenían  su  historiador 
o(KÍal,  w  cnal  narraba  los  aconteci- 
mientps,  de  que  él  mismo  era  testigo, 
con  parcialidad,  sin  duda,  pero  no  sin 
eurioaidad  é  interéa.  Bn  tanto  que  al 
iiaUaao  sa  elai»raba  lenta  7  oscura- 
mente, axistiaa  7a  ea  el  Mediodía  de 
la  Franeia  una  lengua  completamen- 
te formada  7  una  escuela  de  poeaía 
flneeieate.  Los  troTadores,  llamados 
á  Ituja,  tavieron  allí  sus  imitadores 
jseeoaeesL  Bl  primer  italiano  que  se 
did  á  conocer  eomo  poeta  provenzal, 
hi  Alberto  Malaspina,  hacia  fines 
del  siglo  xii.  Cítaase  también  s  Sor- 
dflllo,  de  Mantua,  á  quien  Dante  ha 
eoKsagrado,  en  su  PHrffaíorio,  algunos 
da  sus  más  hermosos  versos;  á  Lafran- 
eo  Cicala,  de  Genova;  á  Bartolomeo 
Zoiri,  de  Venecia;  ¿  Lambertini,  de 
Bolonia;  i  Laofranchi,  de  Písa,  7 
otros.  Pero  la  influeacia  de  los  trova- 
dores, no  sólo  produjo  en  Itaua  poe- 
tu  proveníales,  sino  que  hizo  nacer 
los  primeros  poetas  italianos,  que  se 
sirvieron  de  la  lengua  de  su  país.  A 
partir  del  año  1220,  Federieo  II  tuvo 
«a  Sioilia  oM  eorts  bnlla«ts,  ea  U 


q»  se  ealtÍTÓ  la  poesía  natñonal,  cuts 
escuela  ll^ó  á  ser  tan  célebre,  que, 
según  el  Dante,,  dábase  en  su  tiempo 
á  toda  obra  en  verso  el  nombre  de  1»- 
ciliana.  k  esta  misma  escuela  pertene- 
Meron  también  Gtullo  de  Alcamo,  Fe- 
derico II,  su  canciller  Pedro  de  las 
Viñas,  Jaeobo  de  Sentino,  los  dos  Co- 
lonna  (Guido  7  Odo),  Ramieri  7  Bu- 
riero  de  Palermo.  De  1250  á  1270,  se 
formó  en  Bolonia  otra  nuera  escuela 
de  poesía,  eu70  jefe  fue  Guido  Ouini- 
CfUi.  Cuando  se  comparan  las  obras 
de  este  autor  con  las  de  sus  anteceso- 
res, se  encuentra  en  ellas  más  arte  en 
el  conjunto,  más  imaginación  7  ras- 
gos ingeniosos  en  los  detalles,  ma7or 
elevación  de  sentimientos  j  de  ideas, 
así  oomo  un  lenguaje  mas  flexible, 
mis  limado  7  onginal;  pero  en  sus 
piezas,  salvo  raras  excepciones,  se 
aota  también  el  gusto.  7  el  sistema 
proveazal,  puesto  que  todas  ellas  ver^ 
san  sobre  el  amor  eaballeresoo.  A  la 
eaeuela  de  Bolonia  pertenece  igual- 
mente Guidotto,  notable  por  su  exqui- 
sita senñbilidad.  Brnnetto  Laiini,  el 
maestro  de  Dante,  compuso  algunos 
versos  amorosos;  cultivó  oon  preferen- 
cia la  ciencia,  la  filosofía  7  la  litera- 
tura, 7  se  dice  que  tradujo  al  italiano 
la  Retórica  7  varios  fragmentos  de  las 
arengas  de  Cicerón,  sentando  de  este 
modo  los  principios  de  gusto  7  de 
composición  literaria  más  generales  7 
elevados  que  los  dominantes  hasta 
entonces.  La  principal  obra  de  Bru- 
netto,  intitulada  SI  Tesoro,  es  nn  re- 
sumen de  toda  la  ciencia  de  su  tiem- 
po, que  logró  adquirir  en  sus  nume- 
rosos viajes.  Por  el  doble  efecto  de  loa 
preceptos  7  de  los  ejemplos  de  Bru- 
netto  Latini,  la  tendencia  hacía  los 
estudios  7  las  especulaciones  filosó- 
ficas se  generalizó,  refiejáodose  hasta 
en  la  nueva  escuela  de  poesía  que 
acababa  de  formarse  en  Florencia,  la 
enal  ae  cuidaba,  más  que  de  expresar 
el  amor,  de  definirlo  sutilmente  en  el 
sentido  de  las  opiniones  de  Aristóte- 
les. Guido  Cavaloanti,  poeta  de  esta 
escuela,  compuso  algunas  baladas  7 
canciones,  en  las  que  introdujo  in- 
oportunamente sus  disertaciones  filo- 
sóficas 7  recuerdos  de  la  antigüedad. 

Seauudo  periodo. — Junto  á  los  ma- 
nes de  machos  siglos  desgraciados; 
sobre  las  tumbas  de  cien  generaciones 
despedazadas;  entra  cien  osamentas 
de  edades  perdidas,  hav  un  hombre 
puesto  de  pie,  con  los  brazos  cruza- 
dos, de  mirada  tranquila,  de  frente 
inspirada,  de  corazón  ardiente,  de 
fe  profunda,  de  pensamiento  pidero- 
so,  de  inspiración  sublime;  está  páli- 
do, silencioso,  inmoble,  como  la  figu- 
ra de  la  eternidad:  es  el  Dante,  jbs- 
pectáculo  portentoso!  Un  solo  poeta, 
al  judio  errante  de  su  siglo,  el  alma 
de  los  gibelinos  de  su  nación,  pone  la 
controversia  sobre  la  urna  veneranda 
de  las  tradiciones;  pone  un  libro  sobre 
la  omnipotencia  del  pontificado;  ea  el 
germen  oculto  de  formidables  guerras 
religiosas  7  muda  de  un  golpe  la  faz 
del  mundo.  jSíI  Aquel  homlnre  que- 
mado.en  efigie,  el  hereje  d«  aqaellu 


edades,  creí  eon  sus  dolores  un  imeTo 
espíritu  7  anima  eon  él  el  asqne- 
leto  del  presente  7  el  fantasma  in- 
menso del  porvenir.  Aquel  peregrino 
que  recorre  las  ciudades  de  Itali  a  oon 
un  niño  ea  «1  hombro,  casi  imploran- 
do la  caridad  pública,  impera  hov  en 
todas  partes  eomo  profeta  de  los  tiem- 
pos, oomo  apóstol  de  las  eonmeaelas, 
como  re7  de  la  historia.  ¡Bien  ha7a 
al  cíelo  que  así  dispone  invisiblemen- 
te las  cosas  de  la  tierral  ¡Oh  Ser  altí- 
simo 7  augustol  ¿Quién  será  capaz  de 
sondar  oon  su  ciencia  los  abismos  de 
tu  aabiduría?  Ya  que  no  sabemos  com- 
prenderte, es  preciso  sentirte  7  ado- 
rarte.— Dante  inauguró  magnífica  7 
brillantemente  una  civilización  nue- 
va. Aparte  del  poemo  épico  (La  Divi' 
na  Comedia),  por  el  cual  es  general- 
mente conocido,  dejó  otras  varias 
obras  importantes.  La  primera  es  la 
Vita  «MM  (Vida  nueva),  que  eseribid 
en  1291,  á  la  edad  de  21  aftos.  Bajo 
este  título  coleccionó  todas  las  poesías 
que  había  dedicado  á  Beatriz,  muerta 
después  de  ano  6  dos  aAoi,  7  las  unió 
entre  si  por  sus  comentarios  históri- 
cos ó  psicológicos,  en  donde  consignó 
todo  lo  que  su  memoria  le  recortura 
acerca  de  las  causas  que  le  habían  ea- 
tímulado  á  componer  aquellas  poesías 
7  las  impresiones  bajo  las  cuales  ha- 
bían sido  escritas. — El  tratado  latino 
De  Bloquio  vul^ari  (De  la  lengua  7  de 
la  elocuencia  vulgar),  sa  halla  divi- 
dido en  dos  partes.  La  primera  está 
consagrada  á  la  historia  de  los  dia- 
lectos italianos:  Dante  los  clasifica 
con  método  7  sienta  algunas  afirma- 
ciones curiosas.  Según  él,  el  dialecto 
en  el  cual  escribían  los  poetas  del  si- 
glo xui,  no  era  el  diidecto  ^rtieolar 
de  ninguna  de  las  provincias,  ni  de 
las  ciudades  de  Ituia,  sino  nn  dia- 
lecto de  corte,  un  dialecto  ideal,  mo- 
delo formado  indistintamente  de  lo 
más  perfecto  de  los  dialectos  locales, 
7  al  que  da  el  nombre  de  dialecto 
cardinal  ó  ilustre*  Bn  la  segunda  par- 
te del  tratado  de  la  elocuencia  vul- 
gar, ha  establecido  los  principios  de 
una  hipótesis  sobre  la  poesía.  Des- 
pués de  ocuparse  de  ésta,  en  general, 
trata  de  su  forma  7  de  sus  diversos  es- 
tilos, que  son  el  trágico,  el  cdmieo  7  el 
elegiaco;  pero  toma  estos  términos  en 
un  sentido  completamente  distinto  de 
su  sentido  clásico  7  escolar.  Por  trá- 
gico, entiende  el  estilo  noble  7  ele- 
vado; por  cómico,  el  estilo  bajo  7  me* 
dio;  por  elegiaco,  el  estilo  bajo,  con 
exclusión  completa  de  otro,  sin  en- 
trar en  explicaciones  particulares  re- 
lativamente á  estos  dos  últimos  esti- 
los, el  elegiaco  7  el  cómico;  7  en  cuan- 
to al  trágico,  sólo  encuentra  tres 
asuntos  que  le  convengan:  el  vml>r 
guerrero,  el  amor  7  la  virtud.  Una 
tercera  obra  de  Dante,  SI  Banquete 
(21  conñto),  es  nn  comentario  ci<ntífi- 
co  7  filosófico  de  14  canciones  de  las 
más  bellas  que  hasta  entonces  había 
escrito.  Finalmente,  se  tiene  de  él  uu 
tratado  latino.  De  monarcAid,  escrito 

Sara  sostener  el  partido  dd  empera- 
er  Bniiqus  VII.  En  estft  obra,  divi- 


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204  ITAt 


ÍTAL 


tTAL 


dida  ea  tras  partes,  eiamiña:  1.*»  ti 
la  monarquía  univeraal  M  necesaria  á 
la  felicidad  del  común  da  los  hom- 
bres; 2.°,  si  el  pueblo  romano  había 
tenido  el  derecho  de  ejercer  esta  mo- 
narquía; 3.%  si  la  autoridad  del  mo- 
narca proceda  ó  depende  de  Dios  6  de 
otro  ministro  ó  TÍearío  de  Dios.  Re- 
sueltas afirmativamente  las  dos  pri- 
meras cuestiones,  en  la  tercera  se 
ciñe  principalmente  á  demostrar  que 
el  emperador  es  independiente  del  po- 
der del  Papa;  sostiene  que  los  sobera- ; 
nos  dependen  directamente  de  Dios, 
j  tiende  á  no  reconocer  la  autoridad 
del  Papa  fuera  de  lo  espiritual.  La 
fama  de  Dante  dominó  su  siglo,  pero 
sería  injusto  pasar  en  silencio  el  mo- 
vimiento literario  de  entonces.  Era 
aquélla  la  época  en  que  Roberto  de 
Anjou,  rej  de  Nápoles  j  conde  de 
Provenza,  protegía  á  los  sabios  7  aun 
turo  la  noble  emulación  de  igualar- 
les. La  ma/oría  de  los  príncipes  de 
Itaua,  7,  a  ejemplo  de  éstos,  los  ciu- 
dadanos ricos,  turíeron  i  gloria  el 
proteger  i  los  escritoras  7  i  Tos  artis- 
tas, los  cuales  quizás  no  bajan  al- 
canzado nunca  majror  protección  ni 
más  honores  que  en  aquella  época. 
Las  universidades  de  Bolonia  j  de 
Padua  contribuyeron  poderosamente 
á  propagar  v  etteader  el  gusto  de  las 
letras  en  Italia,  7  sus  profesores 
eran,  en  su  major  parte,  hombres  de 
talento  reconocido,  como  Pedro  de 
Albano  7  Ceceo  de  Ascoli  Ciño  de 
Pistola,  profesor  de  jurisprudencia, 
era  igualmeote  conocido  como  poeta, 
7  hasta  el  mismo  Petrarca  le  dispen- 
só el  honor  de  imitarle.  La  historia, 
que  es  el  género  en  que  más  se  han 
distinguido  los  italianos,  empezó  á 
tener  sus  intérpretes:  Diño  Compa- 
gni,  florentino,  escribió  una  Crónica 
que  se  ex.tiende  desde  1280  á  1312; 
Juan  Villani  redactó  también,  si  no 
con  más  latitud  7  talento,  con  cierta 
especie  de  dignidad,  aunque  en  esti- 
lo débil,  una  historia  de  Florencia, 
desde  su  fundación  hasta  el  año  de 
1343;  obra  que  Mateo  Villani,  su 
hermano,  7  Felipe,  hijo  de  Mateo, 
continuaron  hasta  1364, 7  que  ha  si- 
do colocada  entre  los  libros  clásicos 
italianos.  Venecia  tuvo  también  su 
historiador,  el  dur  Andrés  Dándolo, 
CU70  libro,  escrito  en  latín,  compren- 
de desde  los  primeros  aflos  de  la  era 
cristiana  hasta  mediados  del  siglo  xiv. 
Albertíno  Mussato,  de  Padua,  cronis- 
ta 7  poeta,  dejó  escrita  una  historia 
intitulada  Augusta,  que  contiene,  en 
16  libros,  ta  vida  del  emperador  En- 
rique Vil.  Bn  otros  ocho  libros  rela- 
ta los  acontecimientos  que  sobrevi- 
nieron á  la  muerte  de  este  príncipe, 
hasta  1317;  tres  libros  en  versos  he- 
roicos, en  que  se  ocupa  del  sitio  de 
Padua  por  Can  Grande  de  la  3cala, 
7  otro  en  prosa,  en  que  describe  las 
revueltas  v  disturbios  que  descarta- 
ron á  dicha  ciudad  7  que  la  hicieron 
pasar  ai  dominio  de  los  señores  de 
Verona.  Las  poesías  deMussato,  epís- 
tola^ elegías  7  églogas,  están  escri- 
tas en  latín,  7  en  un  estilo  Abundan- 


te 7  fácil.  Compuso  además  dos  tra- 
gedias, en  la  misma  lengua,  las  pri- 
meras que  han  sido  escritas  en  Ita- 
lia.: Sceelinut,  0U70  protagonista  es 
el  famoso  Bzzelino,  7  Áckilles,^a.e 
tiene  por  asunto  la  muerta  de  Aqui- 
lea.— ^Petrarca  comparte  con  Dante  la 

frloria  de  haber  formado  la  poesía  itS' 
iana.  Sos  obras  latinas,  en  las  cuales 
fundaba  toda  la  esperanza  de  su  re- 
nombre, 7  que  han  sido  completa- 
mente olvidadas,  no  carecen  de  méri- 
to. Cicerón  7  Virgilio  fueron  los  dos 
modelos  que  se  propuso  en  su  prosa  7 
en  sus  versos.  ETntre  sus  mejores  obras 
se  citan:  un  Tratado  de  la  una  y  de  la 
otra  fortuna,  en  el  que  se  desarrolla  la 
idea  fílosóñca  de  que  es  frecuente- 
mente más  diñcil  de  sostener  la  bue- 
na que  la  mala  fortuna;  otros  trata- 
dos De  la  vida  solitaria  y  sobre  el  ocio 
de  los  reliáiosoti  un  tratado  Del  menos- 
preeio  delmwndot  en  forma  de  diálogo 
entre  el  autor  7  san  A^stfn;  nn  es- 
crito singularmente  original,  intitu- 
lado: De  <»  propia  ignorancia  y  de  la 
de  m%cho$  otros,  en  coatestación  á  al- 

f unos  jóvenes  que  le  habían  tratado 
e  ignorante  porque  no  participaba 
de  su  exclusiva  admiración  por  Aris- 
tóteles; un  poema  no  terminado,  el 
Africa f  en  honor  de  Escipión  e\  Afri- 
cano; doce  églogas,  algunas  de  las 
cuales  son  verdaderas  sátiras  contra 
los  papas  7  los  abusos  de  la  Iglesia, 
7  una  correspondencia  sostenida  con 
todos  los  grandes  hombres  de  enton- 
ces, 7  en  la  cual  se  encuentra  la  his- 
toria política  7  literaria  de  la  época. 
El  Canzoniere  (El  Cancionero),  colec- 
ción de  poesías  en  lengua  vulgar,  7 
que,  por  esta  razón,  la  consideraba 
Petrarca  casi  como  un  error  de  su  en- 
tendimiento, fué,  sin  embargo,  lo  que 
le  elevó  á  la  categoría  de  uno  de  los 
primeros  poetas  da  Italia.  Uno  solo 
es  el  asunto  que  llena  por  completo 
aquella  serie  de  pequeños  poemas:  la 
pasión  absolutamente  platónica  que 
Petrarca  sentía  por  Laura  de  Noves, 
dama  tan  virtuosa  como  bella;  pero  la 
monotonía  del  asunto  desaparece  ante 
el  brillante  colorido  de  las  imágenes 
7  la  magia  encantadora  del  estilo. 
Dante  7  Petrarca,  genios  igualmente 
privilegiados,  representan  dos  carac- 
teres completamente  opuestos.  En  Pe* 
trarca  todo  es  suave,  todo  es  oulto, 
brillante,  delicado,  como  el  rostro  de 
Laura;  mientras  que  en  Danta  asoma 
casi  siempre  la  rudeza  sublime  del  pa- 
tricio, la  bárbara  sublimidad  del  hé- 
roe. Petrarca  es  el  ra70  de  una  estre- 
lla; Dante  es  el  ra70  de  una  tempes- 
tad.— Boccacioes  para  la  prosa  lo  que 
Dante  7  Petrarca  para  la  poesía:  sus 
escritos  son  el  tipo  del  lenguaje  cas- 
tizo 7  elegante;  su  estilo,  pintoresco 
7  gracioso;  libre  en  sus  arranques, 
pero  siempre  correcto  en  sus  térmi- 
nos, ha  quedado  como  modelo  de  los 

S resistas  italianos.  La  principal  obra 
e  Boccacio,  el  Decanterdn,  na  sido 
mu7  estimada  en  todas  partes.  Entre 
las  producciones  latinas,  citaremos: 
un  Tratado  de  la  genealogía  de  los  dio- 
u$t  cu  al  cual  ba  reanido  todo  lo  que 


sus  estudios  le  habían  enseñado  sobr* 

el  sistema  mitológico  de  los  antiguos; 
un  pequeño  tratado  sobre  las  monta- 
ñas, bosques,  fuentes,  lagos,  ríos,  es- 
tanques 7  los  diferentes  nombres  del 
mar,  el  cual  pudo  ser  mu7  útil  en 
aquellos  tiempos  para  el  estudio  de 
la  geografía  antigua,  ea7as  nociones 
eran  entonces  tan  confusas  como  las 
de  la  mitología;  un  Tratado  de  las  des- 
dichas de  los  hombres  y  de  las  mujeres 
ilustres;  un  libro  De  las  mujeres  cele- 
bres; diez  7  seis  églogas  que  versan 
casi  todas  sobre  hechos  particulares,  ó 
sobre  asuntos  de  la  historia  de  sn  épo- 
ca, diHcilesde  comprender  por  la  du- 
reza 7  oscuridad  det  estilo.  Boccacio 
compuso  varios  sonetos  7  poesías  amo* 
rosas  en  lengua  vulgar,  los  coales 
arrojó  al  fuego  cuando  Uagj  i  eonoeor 
los  versos  de  Petrarca,  conserrando 
solólos  grandes  poemas.  Se  le  debe 
la  gloría  da  haber  inveatadn  la  otíava 
rima,  forma  poética  que  fué  desde 
luego  adoptada  por  todos  los  épicos 
italianos,  excepto  el  poeta  Trissitto. 
La  TAe'seida  fué  el  primer  poema  en 
que  Boccacio,  renunciando  á  sus  sue- 
ños 7  fantasías,  desarrolló,  á  ejemplo 
de  los  antiguos  poetas,  una  acciin  la- 
teresante,  Hábilmente  enlazada  7  sos- 
tenida. El  FilosíralOt  poema  dividido 
en  diez,  partes,  tiene  por  asunto  el  amor 
de  Troile,  hijo  de  Príamo,  por  Chr7- 
seis,  la  traición  de  ésta  7  la  desespera- 
ción del  amante  engañado.  La  Acade- 
mia de  la  Crusea  ha  incluido  esta  pro- 
ducción ea  el  número  de  las  que  ejerceó 
autoridad  en  la  lengua  italiana.  El  Fi- 
heapo,  que  parece  ser  su  primera  obra 
en  prosa  italiana,  es  una  novela  deea- 
baliería  con  todas  las  aventuras  é  io- 
verosimilitudes  propias  del  género;  la 
Fiammetía,  novela  también,  dividida 
en  siete  libros,  aparece  escrita  en  es- 
tilo más  natural:  la  heroína,  que  no 
es  otra  que  la  primera  María  ae  Ná- 
piles,  retiere  en  ella  sus  amores  coo 
Piinfíio,  quien  representa  á  Boccacio. 
El  Corbaccio^  6  ¿abeñnto  d'amore,  es 
una  sátira  violenta  7  frecuentemente 
cínica  contra  una  viuda  á  qnien  Boc- 
cacio había  pretendido  7  de  la  cual 
había  sido  desdeñado.  Citanmos,  por 
últi  mo ,  el  meló  6  A  dmeto,  especie  de 
pastoral  en  prosa  7  verso,  primer  en- 
sa7o  de  una  invención  tiueva,  7  el 
Urbano,  pequeña  novela,  ea  la  qae 
figura  como  protagonista  el  empera- 
dor Federico  Barí  larrojá.  El  hábito 
adquirido  en  este  gtkiero  de  literatu- 
ra hizo  que  Boccacio,  al  componer  su 
Origene,  vita  i  eos  tumi  di  Dante  A  li~ 
g/tieri,  escribiese,  más  que  una  histo- 
ria, una  novela,  pasando  ligeramente 
sobre  las  acciones,  los  infortuni'~'S  7 
las  obras  del  gran  poeta,  7  ocupñndo- 
se  largamente  de  sus  amores.  Las  lec- 
ciones que  dió  Boccacio  en  sus  pos- 
treros años  acerca  de  La  Ditina  Come- 
dia, las  cuales  se  extienden  hasta  el 
17."  canto  del  Infierno,  están  cf'nside- 
radas  como  el  primer  modelo  italiano 
de  la  prosa  didáctica.  En  la  segunda 
mitad  del  siglo  xiv  se  echó  de  ver  el 
poderoso  impulso  dado  por  Dante, 
Petrarca  7  Boccacio, -causas  evideutea 


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tTAt 

da  aquelU  grtnde  actividad  iateleo- 
toal.  Las  uniraraidadea  aaminlstra- 
ban  hombres  notablas  en  todos  los 
nmos  del  humaDO  saber.  Luía  Mar- 
aigli,  Luis  Donato  y  otros  muchos 
ocupaban  dignameote  las  cátedras  de 
teolog'ía.  La  astrología,  ciencia  qui- 
mérica, pero  mu^  estimada  en  la  Edad 
media,  era  cultivada  por  Andolone 
del  Ñero,  Genois  j  Tomás  de  Pisano; 
Pablo  el  Geómetra  no  se  limitó  á  las 
vanas  inTestig'aciones  de  la  astrolo- 

fría;  Pedro  Orescenzio  escribió  sobre 
a  agricultura;  y  la  jurisprudencia, 
cultivada  en  todos  los  tiempos  coa 
buen  éxito  en  la  universidad  de  Bolo- 
nia, recibió  un  nuevo  impulso  con  las 
obtM  y  la  enseñanza  de  Bartoli ,  autor 
de  los  tnUdoa  De  los  güelfot  y  de  los 
gibeUnoSt  Dt  la  adminisíraciij»  de  la 
replica.  De  ¡a  tiranía  y  otros.  Pedro 
Vülaui  escribió  las  Vidas  de  los  hom- 
bres ilustres  de  Florencia  y  alcanzó 
la  gloria  de  ser  elegido,  en  1401,  para 
reemplazar  á  Boccacio  en  la  interpre- 
tacióu  de  £a  Divina  Comedia,  que  co- 
mentaba  por  entonces  Benvenuto  de 
Imola,  autor  de  una  Historia  de  los 
emperadores.  Marino  Sanuto  dejó  una 
narración  notable  de  sus  viajes  á 
Oriente»  Bl  número  de  loa  versiSca- 
dorea  llegó  á  aer  major  todavía,  y 
entre  ellos  figuran  varias  mujeres. 
Santa  Catalina  de  Sena  se  hizo  céle- 
bre por  la  pureza  y  vivacidad  de  su 
estilo;  Federico  Frezzi  intentó  imitar 
en  sn  QuadriregiOt  ó  Qnadriren^e,  La 
Divina  Conudia  de  Dante;  Buonacorso 
de  Montemagno  casi  llegó  á  igualar  á 
Petrarca  en  sus  poesías.  En  1378,  dió 
á  lux  Gíovanni  Fíoreutíno,  bajo  el 
título  de  Jl  Pecorone  (El  Necio),  una 
colección  de  cuentos  superiores  á  los 
de  Sacchetti  t  que  pueden  figurar 
dignamente  al  lado  de  loa  de  Bocca- 
cio. De  esta  colección,  conocida  en 
toda  la  Europa  de  la  Bdad  media, 
tomó  Shakespeare  algunos  detalles 
que  aparecen  en  ana  obras;  particu- 
larmente, en  la  Historia  del  mercader 
d*  Vnucia. 

Ttrur  ;wríA/o.— Hemos  llegado  al 
siglo  da  la  erudición.  Estimulados 
por  algunos  principes  Uteratosi  como 
loa  Mediéis,  determinaron  los  sabios 
despertar  de  nuevo  el  gusto  por  la 
antigüedad;  descubriéronse  numero- 
sos manuscritos,  y  los  que  /a  se  co- 
nocían, fueron  explicados.  La  major 
parte  de  los  hombres  que  ilustraron 
esta  periodo,  procedían  de  las  escue- 
las de  dos  célebres  gramáticos:  Juan 
de  Rávena  t  el  erudito  griego  Ma- 
nuel Chrjsolares.  Guarino  de  V^erona, 
discípulo  de  Juan  de  Rávena,  se  di- 
rigió k  Constantinopla  con  el  objeto 
ánico  de  aprender  el  griego  en  la  es- 
eaeU  de  Ohrjraolarea.  De  regreso  de 
sus  viajes,  en  donde  había  recogido 
roanuacritoa  precíoaoa,  fué  pro^sor 
alternativamente  en  Verona,  en  Pa- 
duA,  Bolonia,  Venecis  y  Ferrara.  Sua 
principales  obras  aon  traducciones  la- 
linaa  de  algunas  Tidas  y  varías  obras 
morales  de  Plutarco,  y  aobre  todo,  de 
la  GeMrafía  de  Strabón;  eacribió  la 
vida  oa  ¿riatótolas  jr  la  da  Platón,  / 


ITAL 

Mmposo  una  gramática  griega  y  otr* 
latina.  Jaan  Anrispa  fiie  igualmente 

Srofeaor  en  las  principales  ciudades 
a  Italia,  estudió  el  griego  en  Cons- 
tantinopla y  explicó  y  multiplicó  las 
copias  de  las  poesías  de  Calimaco,  de 
Píudaro  y  de  Opiano;  así  como  las 
obras  de  Platón,  de  Plotino  j  de  Je- 
nofonte. Leonardo  Bruni,  discípulo 
de  Juan  de  Rávena,  secretario  apjstó- 
lico  y  más  tarde  canciller  de  la  repú- 
blica de  Florencia,  dejó  un  grao  nú- 
mero de  traducciones  de  los  autures 
griegos  y  Padres  de  la  Iglesia ;  una 
Historiade  Florencia,  que  abraza  desde 
su  origen  hasta  el  año  de  1404;  unas 
Memorias  6  Comentarios  sobre  los  acon- 
tecimientos públicos  de  su  tiempo,  y 
las  biograffas  de  Dante  jr  de  Petrarca. 
Poggio-Braceiolíni  gozó  de  alguna 
autoridad  en  la  literatura,  y  fué  uno 
de  los  que  majores  servicios  prestaron 
en  esta  época.  Bncontró  muchos  ma- 
nuscritos en  los  monasterios  de  Fran- 
cía  y  Alemania;  entre  otros,  de  Quin- 
tiliano,  Vitrubio,  una  obra  de  Lac- 
Cancio  y  varios  discursos  de  Cicerón; 
ademáscompuso  algunos  tratados  filo- 
sóficos notables:  Del  azote  de  los  prínci- 
pes; De  las  vicisitudes;  De  la  fortuna; 
De  la  hipocresía,  y  aan  Historia  deFlo- 
renda,  desda  1350  hasta  1455.  Pogffio 
sostuvo  grandes  polé-nicas  con  Tos 
eruditos  contemporáneos,  habiendo 
sido  su  adversario  más  célebre  Filel- 
fo,  quien  estudió  en  Constantinopla, 
fué  catedrático  en  Bolonia  y  Florencia, 
dejó  diferentes  traducciones  latinea  de 
la  Seídrica  de  Aristótelea,  de  los  tra- 
tadoa  de  Hipócrates,  de  las  Vidas  dé 
Plutarco,  de  la  Ciropedia  de  Jenofon- 
te, amén  de  componer  algunos  trata- 
dos filosóficos;  Diálogos  sobre  el  mo- 
delo del  Banquete  de  Platón,  sátiras 7 
epístolas  curiosas  para  la  historia  de 
su  siglo,  y  unas  poesías  latinas  que 
le  valieron  la  corona  poética  de  ma- 
nos del  rej  de  Nápoles.  En  el  si^lo  xt 
tuvo  principio  la  emigración  de  los 
griegos  á  Itaua,  que  tanto  contribu- 
yó al  renacimiento  de  las  letras.  Se 
puso  en  moda  el  estudio  de  la  ciencia, 
que  dió  margen  á  frecuentes  y  apasio- 
nadas polémicas,  j  se  inauguraron 
laa  diaputas  sobre  Aristóteles  y  Pla- 
tón. Pero  los  hombres  de  este  siglo  de 
la  erudición  no  se  limitaron  af  exa- 
men de  los  antiguos,  al  estudio  de 
sus  lenguas  j  á  la  interpretación 
de  sus  obras  maestras,  sino  también 
á  la  investi^acióndela9antig:iei.tades, 
délas  medallasjde  los  monumentos  de 
toda  especie.  Pomponíus  Leto  ó  L¡£tus 
exploro  las  a'ntigüedades  de  Koma  con 

Sróspera  fortuna  y  dejó  varios  trata- 
os sobre  las  le/es  y  laa  costumbres 
de  los  antiguos  romanos,  más  una 
historia  délos  emperadores.  El  histo- 
riador más  célebre  de  aquellos  tiem- 
pos fué  i£oea$  Sjlvíus  Píccolomini, 
el  cual  llegó  á  ser  Papa  bajo  el  nom- 
bre de  Pío  ll;  eacribió  unos  Comenla- 
rioi  en  doce  libroa  aobre  loa  acontecí- 
mientos  en  Itaua,  hasta  au  época; 
díveraoa  opúsculos  filosóficos  y  algu- 
nos tratados  de  gramática  y  de  filoso- 
fía. La  literatura  italiana  aa  ríquíai- 


ITAL 


ma  eñ  liiatoríadores,  á  lo  caa!  ha  eoui 
tribuido  poderosamente  el  fracciona- 
miento del  territorio.  SambellicQ  7 
Bernardo  Giustíanini  escribieron  en 
este  mismo  siglo  la  historia  de  Vene- 
cia;  Vergerio,  la  de  los  príncipes  de 
Carrera;  Juan  Simonetta,  la  de  Fran- 
cisco Sforia;  Bernardino  Corio,lade 
Milán;  Giorgio  Stella,  la  de  Genova. 
La  major  parte  de  estas  obras  fueron 
escritas  en  latín,  salvo  la  de  Nápoles, 
de  Pandolfo  Collenuccio,  que  aparece 
en  lengua  italiana.  Bl  desbordamien- 
to de  los  poetas  latinos  fué  en  este  si- 
glo mucho  majror  todavía  que  en  el 
precedente;  pero  aerfa  inútil  hacer  la 
enumeración  de  ana  compoaícionea, 
faltas  de  genio,  en  aa  majoría^  7 
completamente  olndadaa.  La  poeaia 
italiana  no  estaba,  sin  embargo,  dea- 
atendida:  el  ejemplo  dado  por  Loren- 
zo de.Médicis  vino  á  estimular  á  los 

fioetaa.  Laa  canciones,  las  églogas  y 
as  poesías  morales  de  este  príncipe 
se  hicieron  notables  por  la  elegancia 
del  estilo  T  la  energía  de  los  pensa- 
mientos. Sigue  á  éste.  Policiano,  au- 
tor de  La  Gonjuracitfn  de  los  Pazziy 
de  las  MisceUneaSt  sabio  universal, 
filósofo,  por  seguir  la  corriente  de  su 
tiempo,  y  poeta  por  naturaleza,  cujo 
numen  empezó  á  manifestarse,  desde 
la  edad  de  (Quince  aAos,  con  la  publica- 
cí  Jn  de  vanos  epigramas  y  epíatolaa. 
Sannazar  expreao  sus  sentimientos  pa- 
trióticos en  unos  sonetos  bellísimos  y 
armoniosos:  au  pastoral  de  la  Arcadia, 
a  pesar  de  la  pobreza  del  asunto,  al- 
eansó,  sólo  en  el  siglo  xvi,  haata  60 
edicionea.  Loa  demáa  poetaa  italianos 
de  la  misma  época  quedaron  mur  por 
debajo  de  los  precedentes,  ffl  siglo  xvi 
representa  la  grande  época  de  la  lite- 
ratura italiana.  Loa  eruditos  del  si- 
glo XV  habían  preparado  inmensos 
materiales  á  la  generación  siguiente, 
y  los  herederos,  al  recogerla,  se  mos- 
traron dignos  de  la  herencia  de  sus 
gloríoaoa  antepasados.  La  epopeja 
caballeresca,  que  produjo  obras  ma- 
gistrales, está  inspirada  en  la  Crdi«- 
ca  de  Cario  Magno  y  en  loa  Dor^  pa- 
res, atribuida  al  arzobispo  Turpino. 
Cada  autor,  sirviéndose  de  este  nom- 
bre para  hacer  pasar  aua  hiatorias 
más  increíbles,  introdujo  en  ellas,  aíu 
ningún  escrúpulo,  las  invenciones  y 
los  caracteres  que  su  fantasía  le  su- 
ministrara. La  familia  de  Cario  Maff>- 
no  fué  modificándose  á  capricho  de 
cada  autor,  y  casi  siempre  encontró 
medio  de  asimilar  á  aquel  grande  em- 
perador la  familia  del  pequeño  prín- 
cipe italiano  que  le  protegía.  Todos 
estos  poemas  se  parecen  en  la  identi- 
dad de  fórmulas,  en  la  incoherencia 
del  estilo  y  en  la  profusión  de  los  de- 
talles; et  autor  empieza  cada  canto 
con  una  súplica  y  lo  termina  inter- 
pelando á  sus  lectores,  frecuentemen- 
te para  obtener  sn  benevolencia.  A 
los  poemas  de  Cario  Magno  y  de  loa 
D&cepam,  siguieron  después  otros, 
tomados  de  asuntos  antiguos,  par- 
ticularmente de  la  ¿Hada  y  de  la 
Odisea,  Tales  son,  entre  otros,  la  Des* 
tmcción  de  Troya,  al  Agüites,  el  Bneas 


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m 


j  el  UUtet  d«  Dolce,  todas  imítacio- 
nei  insulsas  del  sablíme  Homero. 
Bernardo  Tasso,  padre  del  ^raa  poeta 
del  mismo  nombr?,  fué  enviado  a  Es- 
paña eo  1535  por  Ferrante  Sanseve- 
rino,  príncipe  de  Salomo,  donde  co- 
nociií  el  Ámad'it  de  Gaula,  de  Montal- 
TO,  7  compaso  sobre  tos  principales 
episodios  da  esta  novela  su  poema  de 
Amadi^i  di  Francia,  el  cual  es  niia 
imitaciiín  libre  del  original,  sin  otra 
modificación  importante  que  la  adi- 
eidn  de  dos  penonajes:  Alidor,  hei- 
ittao  da  Orianot  j  Minnda,  hermana 
de  Amadfs>  Bl  estilo  es  correcto,  la 
Tersificacidn  pura,  noble  jr  agradable. 
Este  poema  ocupa  el  segundo  lugar 
en  la  epopeja  romántica  j  sólo  cede 
la  Bupreotacía  á  Rolando  Furio$o, — El 
Tasso  compaso  á  los  18  años  un  poe- 
ma épico  en  doce  cantos,  cujro  héroe 
es  Reinaldo,  hijo  de  A^món  j  primo 
de  Rolando:  su  amor  por  la  bella 
Clarisa,  sus  primeros  hechos  de  ar- 
mas, llevados  á  cabo  para  obtenerla, 
los  obsticolos  que  separan  á  los  dos 
amantes,  y,  finalmente,  su  unido, 
constituyen  el  asunto,  el  nudo  y  el 
desenlace  de  este  poema  de  p^cos  co- 
liocído.  Bu  el  ocaso  de  su  vida,  refan- 
dió  el  Tas»  au  mejor  obra  en  este 
género,  la  Jermalén  liberíadát  en  un 
segundo  poema  intitulado  Jerutalé» 
conquistada^  que  prefirió  al  primero. 
Por  la  misioa  época  escribió  Loi  SieU 
dlaSt  poema  sobre  la  creación  del 
mundo,  obra  no  terminada,  en  la  que 
se  encuentran  trozos  de  una  gran  be- 
lleza. La  gloria  del  Tasso  eclipsó  la 
de  todos  los  poetas  de  su  tiemp  >. — El 
arte  dramático  se  formó  en  Italia. 
antes  que  en  los  demás  países  de  i£u- 
copa.  t¿u  el  siglo  xiv,  tenían  va  los 
italianos  algunas  tragedias  regulares; 
en  el  XV,  aparecieron  ¿a  Caíinia,  de 
Polentone;  M  An/irií»  y  Bl  José,  de 
Cotlenuceío;  y  en  el  xvx,  tas  repre- 
sentaciones dramátioas  constituían  la 
principal  dirersidn  de  todas  las  cor- 
tes, inclusa  la  de  Boma.  León  X  hizo 
representar  á  sus  expensas  la  trage- 
dia de  Sophonisho,  que  Tríasino  le  ha- 
bía dedicado.  Este  poeta  se  distioguió 
por  su  imitación  servil  del  teatro 
griego  y  por  la  introdacción  de  los 
versus  libres  en  las  composiciones  d  ra- 
máticas,  que  él  empleaba  alternAn- 
dolos  frecaentemeote  con  los  rimados. 
Sophoni$bo  marca  un  progreso  sensi- 
ble en  la  tragedia  italiana,  al  par  que 
revela  el  gran  talento  de  su  aator.  El 
buen  éxito  de  esta  obra  fué  general, 
así  en  ¡TAUa  como  en  Francia,  en 
donde  llegó  á  traducirse  repetidas 
veces.  Gl  florentino  Ruccellayo,  si- 
guiendo el  ejemplo  de  Trisaino,  eligió 
para  su  primera  obra,  intitulada  Ro- 
samunda, un  asunto  histórico,  el  cual 
dispuso  en  la  forma  de  los  griegos, 
empleando  los  coros  v  los  versos  libres 
para  el  diálog'o.  Su  Oresl^s  no  es  otra 
cosa  que  la  Jj'tgtnia  en  Táuride,  imita- 
da, si  no  traducida,  de  Eurípides. — 
Martelli,  autor  de  TulUa,  tomó  su 
asunto  de  Tito  Lívio:  esta  pieza,  á 
pesar  de  sus  defectos  y  del  carácter 
tdioso  de  la  heroína,  oa  sido  consi* 


ITAL 

derada  por  los  italianos  eomo  una  de 
Ins  primeras  entre  las  tragedias  que 
señalaron  en  Italia  el  renacimiento 
del  arte. — La  comedia  no  había  exis- 
tido en  este  país  antes  del  siglo  xvi, 
sino  bajo  la  forma  de  farsa  ó  de  pan- 
tomima. En  esta  época  se  recurrió 
de  nuevo  á  los  modelos  antiguos.  Las 
comedias  de  Planto  y  de  Terencio 
fueron  estudiadas  y  aun  representa- 
das, ya  traducidas,  ya  en  latín;  y  en 
esta  escuela  se  formó  una  pléyade  de 
autores  cómicos,  los  cuales  llegaron 
á  hacerse  tan  notables  por  su  tuento 
como  por  su  iarooralidad.  Bl  carde- 
nal Bibbiena  fué  el  primero  de  aque- 
llos que  hizo  representar  ante  León  X 
su  obra  titulada  La  Calandria,  cayo 
asunto  no  nos  atrevemos  á  reseñar 
por  respetos  al  público  y  á  nuestro  li- 
bro. Ma<^uiavelo  compuso  la  Cliihia, 
comedia  imitada  de  la  Casina  de  Plan- 
to, igualmente  libre,  y  una  traduc- 
ción de  la  Adriana  de  Terencio. — 
Juan  María  Cecchi  fuá  uno  de  los  me- 
jores y  el  más  fecundo  de  los  autores 
cómicos  da  su  siglo;  dejó  impresas 
diez  comedias,  tomadas,  en  su  mayor 
parte,  de  los  citados  escritores  Plauto 
y  Terencio.  Bn  la  lista  de  los  poetas 
cómicos,  se  encuentran  inelaídoscasi 
todos  los  nombres  célebres  da  aquella 
época:  Anníbal  Caro,  el  famoso  tra- 
ductor de  la  Enñda;  Guarini,  autor 
del  drama  bucólico  21  Paslorfido;  Ber- 
ni,  Firenzuola,  Caporali  y  Tausillo, 
quienes  siguieron  las  huellas  trazadas 
por  Aretino,  autor  de  Ei  Mariscal,  La 
CorUtana,  Él  Hipócrita,  La  Tarántula 
y  £1  Filosofo;  y  Gelli  y  Beolco,  lla- 
mado el  Riazantef  el  cual  llegó  á  ad- 
quirir una  celebridad  extraordinaria 
porsusfarsasde  Carnaval. — La  poesía 
dídáeiica,  para  la  cual  se  tomó  siem- 
pre á  Virgilio  por  modelo,  nos  ofre- 
ce: el  poema  de  la  A^ricnltura,  par 
Alemanni;  el  de  lu  Abejas,  por  Huc- 
oellayo;  Tarios  sobre  la  ÑavegacUn, 
porBaldi,y  uno  sobre  la  Cata,  p)r 
.'kandiaaese  y  por  Valvasone.  Entre 
las  poetisas  que  alcanzaron  alguna 
fama,  figuran:  Victoria  Colouna,  Ve- 
rónica Gambara,  Gaspara  Stampa  y 
Laura  Terracina. — £1  siglo  xti  tíó 
aparecer  la  herejía  de  Lotero  y  la  de 
Cal  vino,  de  donde  resultó  que  ningún 
teólogo  se  consideró  dispensado  de 
combatirlas  según  sus  fuerzas;  algu- 
nos de  ellos  lo  hicieron  con  gran  ta- 
lento, distinguiéndose  los  cardenales 
Bellarmino  y  Baronías.  Kl  primero 
compuso  varías  obras  de  controver- 
sia, propiamente  dichas;  el  segundo, 
consagró  sa  laboriosa  erudición  á  es- 
cribir los  Anales  eclesitisfieos,  trabajo 
inmenso,  que  revela  un  talento  vasto 
y  profundo,  para  el  cual  tuvo  nece- 
sidad de  investigaciones  verdadera- 
meute  prodigiosas. — Las  universida- 
des continuaron  durante  esta  época 
en  un  estado  ñoreciente.  Los  derechos  ¡ 
civil  y  canónico,  estudios  favoritos  | 
de  la  Edad  media,  no  liabían  sido  I 
abandonados,  y  el  de  las  lenguas  an-  i 
tiguas  se  hallaba  más  en  boga  que  ¡ 
nunca.  Varias  imprentas,  magnífica- 
mente establecidas,  maltiplicaban  las  1 


ÍTAi 

'  obras  maestras  da  la  antigüedad:  las 
lenguas  orientales,  principalmente  el 
hebreo,  eran  cuidadosamente  estudia- 
das, como  el  griego  y  el  latín;  una 
imprenta  provista  de  caracteres  orien- 
tales se  fundó  en  Roma;  las  aatigñ»- 
dades  eran  igualmente  consultadas, 
las  inscripciones  reproducidas,  mien- 
tras que  algunos  sabios  anticuarios, 
como  Sigonius,  Pannini  y  Valeriano, 
interrogaban  constantemente  los  mo- 
numentos romanos,  griegos  y  egip- 
cios, y  fueron  los  verdaderos  funda- 
dores de  este  importante  ramo  de  la 
ciencia  histórica. — Maquiavelo  está 
considerada  como  el  escritor  político 
más  grande  de  su  siglo.  Aparte  de  su 
famoso  tratado  del  Principe,  escribió 
una  Historia  de  Florencia,  varios  dis- 
cursos sobre  el  Arte  de  la  guerra  y  so- 
bre Tito  Livío,  en  los  que  se  admiran 
la  profundidad  de  sus  pensamientosy 
un  estilo  nervioso  y  elegante.  La  re- 
putación de  Maquiavelo  eclipsó  de  tal 
modo  la  de  los  escritores  políticos  de 
su  época,  qae  apenas  son  conocidos 
los  nombres  de  (íianotto,  de  Conta- 
riui  y  del  mismo  veneciano  Paruta, 
cuyos  excelentes  Discwsos  peUticos, 
que  forman  dos  libros,  le  aseguran 
un  buen  lugar  entre  los  publicistas 
iulianos. — ^La  historia  fue  uno  de  Ira 
géneros  que  más  se  cultivaron  en  el 
siglo  XVI.  Pablo  Jove  es  quizás  el 
más  conocido  de  los  escritores  que 
trataron  de  la  historia  general.  La 
Historia  de  mi  tiempo  fue  la  primera 
obra  que  emprendió,  la  última  que 
dió  á  luz,  y  la  que  le  valió  más  elo- 
gios y  críticas.  Aparte  de  ésta,  dejó 
también  las  Vidis  de  Alfonso  I,  du- 
que de  Ferrara,  de  Gonzalo  de  Córdo- 
ba, de  León  X,  del  marques  de  Pea- 
cara,  del  cardenal  Pompeyo  Colonna, 
y  una  descripción  de  la  Gran  Bretaña 
y  de  Moscivia,  Todas  sus  obras,  ex- 
cepto un  Comentara  sobre  la  guerra 
de  los  turcos,  fueron  escritas  en  latín. 
Venecia  tuvo  también  sus  historiado- 
res: el  más  célebre  entre  ellos  fué  Pa- 
blo Parata.  Su  profundo  conocimien- 
to de  los  negocios  públicos  y  de  las 
relaciones  exteriores  de  su  país,  die- 
ron á  BU  Historia  una  grande  autori- 
dad y  un  extraordinario  interés.— El 
cardenal  Guido  Bentivoglio  compuso 
una  Historia  de  las  guerras  de  Flandes, 
muy  superior  a  la  que,  sobre  el  mis- 
mo asunto,  publicó  en  latín  el  padre 
Estrada,  jesuíta.  En  el  siglo  xvi  se 
hicieron  los  italianos  los  historiógra- 
fos de  los  pueblos  extranjeros.  Paulo* 
Emilio  fué  llamado  i  Francia  por 
Luis  XII,  cuya  hospitalidad  le  re- 
compensó escribiendo  una  Historia  de 
Francia,  que  excitó  la  envidia  y  la 
admiración  de  los  eruditos  franceses. 
Pülidoro  V  irgilio  publicó  también  la 
Historia  de  Inglaterra;  Davanzati  Bos- 
tichi,  la  Historia  del  cisma  de  Ingla- 
terra, y  Lucio  Mariueo,  la  Historia  de 
España.  En  el  género  de  los  cuentos 
populares,  cDcontramos  de  nuevo  a 
Maquiavelo.  Su  Bdphegor,  sútira  diri- 
gida contra  las  mujeres,  en  general, 
y  la  suya,  en  particular,  está  escrito, 
como  . todas  sus  obras,  en  nn  «súlo 


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ITAL  207 


brillante  j  con  ana  eieg:ancia  que  le 
ha  Talido  el  ser  colocada  en  el  núme- 
ro da  los  textos  de  la  lengua.— Firea- 
xttola  7  el  Lasca  han  dejado  iffual' 
mente  algunos  Cntntot  encantadores, 
notables  por  la  originalidad  de  la  in- 
Tención  j  la  pnreza  del  estilo. — Entre 
las  DOTefaa  pueden  citarse  la  Finela, 
de  Nicolás  Franco,  j  las  creaciones 
hntisticas  de  rarios  autores,  menos 
elegantes  que  ctprichosos,  tales  como 
los  DUeurtoi  de  los  animalss  ( Discorti 
defH  anmali)  de  Firenzaola;  Los  a»to- 
jo$  Í9l  Umekro,  j  la  Circe,  de  J.-B.  Gel- 
Iñ— Casi  todas  las  obras  didácticas 
de  este  siglo  fueron  escritas  en  forma 
da  diálogo.  Entre  ellas  figuran:  los 
Ánlmii,  de  Bembo,  j  el  Étcolano,  de 
Vaiehi,  sobre  la  lengua  vulgar;  pero 
las  más  cebradas  de  todas  las  de 
este  género  han  sido  los  Diálogos, 
de  Speroni,  7  £1  Cortetano,  de  Casti- 
glíone* — A  Aretino  se  le  debe  la  pri- 
mera eoleccián  de  Cartas,  escritas  so- 
bre diversos  asuntos,  que  aquel  autor 
tratd  con  su  licencia  acostumbrada. 
Sa  ejemplo  fué  imitado  j  la  Italia  se 
TÍÓ  materialmente  inundada  de  epís- 
tolas. Las  colecciones  más  famosas  son 
las  de  Caro,  Tolomei,  Fracastor  j 
Bonfadio. 

Cmarto  poriodo. — Con  el  siglo  xtii 
se  hizo  sensible  U  decadencia  de  esta 
literatnra.  En  la  poesía  lírica  debe- 
mos mencionar  á  Gabriel  Ghiabreraj 
el  cual,  abandonándola  senda  trazada 
por  Petrarca,  imitó  i  los  griegos, 
pri&ei pálmente  á  Píndaro  j  Anacreon- 
te.  J.-B.  Marini,  el  gran  corruptor  de 
la  j^oeaía  italiana,  adquirió  una  repu- 
tación inmensa  en  toda  la  Europa,  en 
donde  extendió  su  deplorable  sistema 
poético.  Dotado  de  verdadero  talento 
y  de  una  focilidad  maravillosa,  puso 
todas  sus  brillantes  facultades  poéti- 
cas al  servicio  de  una  imaginación 
desenfrenada.  Marini  dejó  escritos 
nn  considerable  número  de  madriga- 
les jr  de  sonetos;  pero  la  cumposición 
qne  le  dió  mavor  celebridad  fué  El 
Admtiit  la  cual  no  es  otra  eosa  que  un 
resumen  de  las  cualidades  7  de  los 
defectos  de  su  autor.  Marini  tuvo  mu- 
chos imitadores;  algunos  poetas,  tales 
como  Fulvio  Testi,  Benito  Menzini  7 
Francisco  Itedi,  conservaron,  sin  em- 
baigo,  las  tradiciones  del  buen  gusto 

Ír  de  la  sencillez.  Pero  el  poeta  más 
evantado,  más  moral  7  más  patrióti- 
co de  todos  los  de  Italia,  fué  Vicente 
Filiea78,  quien  elevó  la  poesía  lírica 
á  so  ma7or  grado  de  perfección.  Es- 
cribió varias  canciones  para  celebrar 
las  victorias  de  los  cristianos  sobre 
los  tnrcos,  que  bebían  sitiado  á  Víe- 
na;  pero  la  que  más  se  admira,  es  la 

3ae  compuso  para  Juan  Sobieski,  rey 
e  Polonia.  En  la  poesía  didáctica, 
Baldi,  sabio  matemático  7  autor  de 
algunas  églogas  imitadas  de  Virgilio, 
escribió,  en  versos  taoUi  (sueltos)  7 
excelente  estilo,  un  poema  de  La  iVo- 
Mfaeúí*t  sembrado  de  episodios  inte- 
resantes. Después  de  esta  obra,  se  ci- 
tan La  Sertida,  de  Alejandro  Tesauro;  I 
el  poema  latino  de  Benito  Kogacci  en  ¡ 
dqttef  biyo  «1  título  d«  Sutino,  sel 


trata  de  la  filosofía  moral,  7  el  árt¿  ¡ 
poética  de  Uenzini,  escrito  en  Ursa  n- 
Ma,  en  el  euid  se  ocupa  el  autor  prin- 
cipalmente de  la  lengua  7  da  la  ver- 
sificación italianas.  A  fines  del  si- 
glo xvx  dió  Caporali  el  ejemplo  del 
estilo  satírico  en  su  Viaje  al  Pama- 
so,  á  quien  imitó  luego  Cbiabrera  en 
sus  Sermonif  tomando  á  Horacio  por 
modelo.  Ludovico  Adimari  explotó 
el  asunto,  siempre  fecundo,  de  la 
crítica  de  las  mujeres;  7  &ilvador 
Rosa,  pintor  7  poeta  al  mismo  tiem- 
po, compuso  algunas  sátiras,  que  se 
nicieron  populares,  7  afrontó  con  no- 
ble valentía  los  vicios  de  su  época. 
En  la  comedia,  J.  B.  Porta,  natural 
de  Nápolea,  discípulo  de  Plauto  7  de 
Terencio,  reunía,  á  una  gran  riqueza 
de  invención,  un  estilo  noble,  patéti- 
co ó  festivo,  según  las  situaciones  en 
que  colocaba  á  los  personajes.  Sus 
mejores  piezas  son:  Colérico,  Los 
hermanos  rivales.  La  Hermana  7  Bl 
Moro.  Buonaroti  el  /omi,  sobrino  del 
^ran  Miguel  Angel,  tuvo  la  singular 
idea  de  dar  cinco  comedias  seguidas 
sobre  el  mismo  plan:  esta  obra,  que 
lleva  por  título  La  Feria,  dura  cinco 
días  7  cada  Jornada  comprende  cinco 
actos.  Su  mérito  principal  consiste  en 
la  pureza  del  lenguaje.  La  invención 
del  drama  puesto  en  música,  llama- 
do ópera,  data  de  principios  del  si- 
glo XVII.  Di^kno  fué  el  primero  que 
se  representó  en  Florencia  en  1594. 
Rinaceini  mejoró  este  nuevo  género  é 
hizo  representar  la  Surydice,  en  aque- 
lla misma  población,  7  la  Ariana,  en 
Mantua.  La  introduci;ión  de  la  ópera 
desterró  del  teatro  italiano  la  verda- 
dera targedia.  En  este  siglo  apare- 
cieron, eu  el  género  histórico,  la  Hir- 
toria  de  Ñápales,  por  Capecelatro,  7 
las  obras  de  Leti,  menos  estimadas 
que  numerosas.  En  169U  se  fundó  en 
Roma,  en  el  palacio  Corsini,  que  ha- 
bitaba la  reina  Cristina  de  Suecia,  la 
famosa  Academia  de  los  Areadet,  so- 
ciedad compuesta  de  sabios  7  de  lite- 
ratos, á  CU70  frente  se  hallaban  Gra- 
vina  7  Grescimbeni.  Los  principales 
títulos  de  gloria  de  estos  dos  jefes  fue- 
ron sus  trabajos  de  critica  sobre  la 
lengua  italiana.  Gravina  escribió:  ¿a 
RoMdn  poética  7  un  Tratado  de  la  trage- 
dia;  Crescimbeni,  un  Tratado  sobre  la 
helUza  de  la  poesía  italiana.  La  Biblio- 
teca de  la  elocítencia  italiana,  de  monse- 
ñor Fontanini;  los  diversos  escritos 
de  Apóstol  Zeno  7  del  marqués  Maf- 
fei,  7  la  Perfecta  poesía,  de  Muratori, 
son  guías  8eguro87de  una  importan- 
cia indiscutible  para  el  estudio  de  la 
literatura  de  Itaua.  La  influencia  de 
la  escuela  filosófica  de  Francia  se  hizo 
sentir,  no  sólo  en  las  ideas,  sino  tam- 
bién en  el  estilo,  puesto  qne  los  auto- 
res italianos  tomaron  da  la  escuela  de 
Voltaira  esa  elegante  precisión  vesos 
giros  felices  que  caracterizan  la  es- 
cuela del  siglo  xviu,  7  su  tendencia 
á  la  imitación  los  condujo  hasta  el 
neologismo.  José  Baretti,  el  cual  ha- 1 
I  bía  viajado  mucho  tiempo  por  Fraii- 
¡  cía,  7  particularmente  por  Inglaterra, 
I  fué  uno  de  los  primeros  propagadores 


I  de  las  ideas  filosófieaf .  Vico  fuftdó 
en  Italu  la  filosofía  de  la  historia;  el 
abata  Genovssi,  que  siguió  7  ampUó 
las  teorías  da  Vico,  procuró  elevar  i 
su  nación  al  nivel  de  las  que  acal«- 
ban  de  precederla  en  la  carrera  cien- 
tífica, 7  publicó  las  Utditaeiones  filo- 
sMcat,  imitadas  de  Descartes,  .7  las 
Lecciones  de  cmh^cm,  justamente  esti- 
madas.—El  jesuíta  Javier  Bettínellí 
se  hizo  discípulo  ardiente  de  Yoltai- 
re;  Melchor  Cesaratti  prestó  un  gran 
servicio  á  las  letras  oon  la  publicación 
de  su  Ensayo  sobro  la  ^loso/  a  de  las 
lenguas;  7,  finalmente,  Franoisoo  de 
Alberti  merece  citarse  con  admiración 
por  su  colosal  empresa  del  Diañóikario 
universal,  critico,  enciclope'dieo^^lAa 
ideas  filosóficas  del  siglo  xviu  hicie- 
ron también  su  revolución  «a  la.  his- 
toria, introduciendo  en  ella  un  espíri- 
tu de  crítica  mucho  más  severo.  Pie- 
dro  Giannone,  en  una  HisUma  eitil 
del  reine  de  Ñapóles,  obra  más  erudita 
que  industriosa,  se  hizo  notable  por 
sus  atrevidas  observaciones;  Luía  An- 
tonio Muratori,  en  un  estilo  más  na- 
tural que  aliñado  7  correcto,  redactó 
los  Atifiles  de  Itaua,  en  los  que  in- 
CIU7Ó  los  resultados  de  sus  numerosas 
investigaciones  críticas;  Garlos  Dañi- 
na hizo,  en  un  estilo  noble  7  atilda- 
do, la  Historia  de  las  reoolueione$  de 
Itaua,  á  la  que  siguió  después  la 
Historia  de  las  revolueiomet  do  AUma- 
nia;  7  Pedro  Verri,  por  último,  escri- 
bió una  \¿rti(frís  de  Afilám,  su  patria, 
tan  interesante  eomb  instructi».-^£l 
éxito  infeliz  que  alcanzaran  los  ensa- 
70S  intentados  desde  Ariosto7  el  Tas- 
so  en  el  géuero  épico,  no  desanimó  á 
los  italianos.  Antonio  Caraecio  com- 
puso un  poema,  bajo  el  título  de  El 
imperio  vengado,  en  el  que  ensalza  á' 
los  príncipes  de  Occidente  que  se 
aliaron  para  restablecer  el  imperio 
de  Oriente,  mostrándose  débil  imita- 
dor del  Tasso.o— Los  traductoxu  fue  - 
ron  más  dichosos:  la  traducoióu  de  la 
Eneida  de  Beverini  es  superior  á  la  de 
Anífattl  Caro;  Gornelio  .Bentivcylio 
publicó  la  tradueeión  de  la  Tebaida  de 
Staeo,  7  el  abad  Gssarotti,  uaa  ver- 
sión de  los  poemas  atribuidos  á  Os- 
sián,  considerada  generalmente  como 
verdadera  obra  maestra,  7  una  tra- 
ducción menos  feliz  de  la  íliada. — La 
tragedia,  abandonada  completamente 
por  la  ópera,  hizo  grandes  esfuerzos 

Eir  levantarse  de  su  lecho  de  muerte, 
os  primeros  escritores  que  empren- 
dieron de  nuevo  la  senda  abandonada, 
fueron  Delfino  Martellí  7  el  marqués 
MalTei,  eu70  Merope  causó  una  revo- 
lución en  el  arte  dramático.  El  autor 
se  propuso  en  esta  obra  interesar  á 
sus  compatriotas,  dando  á  la  tragedia 
una  nueva  forma,  que  reunía  lo  natu- 
ral 7  lo  patético  de  los  griegos  7  el 
movimiento  7  la  regularidad  de  los 
franceses,  sin  otro  objetivo  que  el 
amor  maternal.  El  éjcito  que  obtuvo 
Merope  fué  eitraordinario,  no  sólo  en 
I  Italia,  sino  en  Francia,  en  donde 
Voltaíre  la  censuró  para  imitarla  lue- 
go.—Kntre  los  ensayos  de  este  g^-ne- 

ro  intentados  por  ouos  esoritofas,  de- 


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•208 


ITAL 


i' 


ViDÍ  citar»  las  tragedias  crúttftDai  de 
Aníbal  Márchese  /  del  padre  Hianchi; 
las  notables  Virginia  y  Bruto,  que  Ja- 
vier Paosuti  tomó  de  la  historia  romia- 
nai/las  producciones  de  Antonio  Oon- 
ti,  escritas  en  asiib  seTcro  j  con  ud 
verdadero  sentimiento  da  U  aatigae- 
dad.  tiigli  7  Jagiuoli  ae  esforzaron 
igualmüate  por  inspirar  ¿los  italia- 
nos el  gusto  de  la  sencillez  j  reg^ula- 
ridad  de  las  obras  francesas. — \íctor 
Aifíeri  entró  en  la  carrera  literaria 
con  un  plan  de  reforma  perfectamente 
combinado,  siendo  su  ohjeto  batallar 
contra  lo  que  él  llamaba  la  corrupción 
del  teatro  italiano  j  la  molicie  metas- 
ídñea.  Sa  sistema  poético  tenía  por 
fin,  no  sólo  restablecer  el  gusto  lite- 
rario de  los  italianos,  sino  devolver- 
les, inspirarles,  el  sentimiento  de  la 
libertad.  Con  este  espíritu  compuso 
principalmente  Vtr^inüi,  La  Conjura- 
eid»  de  lo»  Paai,  Timoled»,  Los  dos 
Sruí«s,  Ágisj  Dok  Carlos,  entre  otras 
no  menos  notables  prodaociones.  Al- 
fieri,  escribiendo  para  la  reforma  mo- 
ral j  poética  de  aa  siglo,  debió  for- 
marse todo  un  sistema  dramático;  su- 
jetó su  estilo,  en  cuanto  le  /ué  posi- 
le,  i  la  sencillez  enér¿^ioa  de  Dante, 
7,  en  sus  esfuerzos  hacia  lo  grandio- 
so» no  siempre  logró  evitar  la  rudeza; 
se  creí  una  Teisifícación  vigorosa, 
-limpia,  brillante;  simplificó  la  acción 
trigica  j  desarrolló  los  caracteres  á 
expensas  de  los  aconteeimientoa.Pero,. 
sin  que  dejemos  de  admirar  la  eleva- 
ción de  los  sentimieatos  que  expresa» 
ae  le  puede  tachar  el  haber  recargado 
de  lombiai  aof  hermoioi  euadroa,  j 
el  haber  hecho  demasiado  repulsivos 
á  sua  traidores,  lo  cual  constituje 
siempre  un  defecto  bajo  el  punto  de 
vista  del  arte  y  del  conocimiento  del 
corasón  humano.  La  noble  tentativa 
del  inmortal  Alfieri,  censurada  seve- 
ramenta  en  un  principio,  acabi  por 
obtener  la  aprobación  general  j  cons- 
tituir una  escuela  famosa,  en  la  cjue 
Uagd  á  formarse  toda  una  generación 
de  poetas. — La  comedia  había  sido 
igualmente  abandonada  por  la  ópera 
en  «1  siglo  xvu,  j  todos  los  literatos 
que  florecieron  en  los  comienzos  del 
siglo  xvm  comprendieron  la  necesi- 
■dul  ds  restablecerla  7  regularizarla. 
\  este  objeto,  Jer  'mimo  (iigli  tradujo 
ni  italiano  Bl  Hipócrita^  de  jloliere,  j 
LosHi'iganteStáñ  Racine,dandodeeste 
modo  á  sus  compatriotas  una  idea  de 
lo  que  debía  ser  la  buena  comedia. 
El  marqués  MaTei  publicó  Las  Ctre- 
mo%xa,s  y  El  Raguet,  en  la  última  de 
las,  cuales,  particularmente,  trató  de 
poner  en  ridículo  á  los  italianos  que 
desnaturalizaban  su  idioma  intructu- 
'■ieudo  en  él  locuciones  francesas.  Ju- 
lio César  Becelli  atacó  á  los  pedantes 
de  su  tiempo  en  Los  Falsos  sahios,  SI 
A  bogado  y  Los  Poetas  témicos.  Hiccobu- 
ai  intentó  resucitar  la  antigua  come- 
dia nacional,  en  tanto  que  el  mar- 
qués de  Liveri,  atendiendo  particu- 
larmente á  los  efectos  escénicos,  diJ 
á  la  escena  major  animación,  dispu- 
so los  personajes  por  grupos,  hacién- 
doles contribuir,  de  una  nuneta  bá- 


ITAL 

MI  i  ingeniosa,  al  efecto  general.  To- 
das estas  reformas  parciales  prepara- 
ron el  camino  á  Goldoni.  Dotado  de 
un  talento  seguro,  vigoroso  v  origi- 
nal, no  menos  que  da  una  ñicilidad 
extraordinaria, dió  al  teatro  ISObhras, 
en  las  que  se  observa  una  admirable 
variedad  de  intrigas,  de  caracteres  j 
de  situaciones,  tiu  estilo  no  es  del 
todo  correcto,  amén  de  que  sus  pro- 
ducciones se  resisten  algunas  veces 
de  la  precipitación  con  que  fueron  es- 
critas; pero,  en  cambio,  no  puede  ne- 
gársele un  estro  poético  singular,  un 
profundo  conocimiento  de  los  resortes 
de  la  escena  j  del  carácter  italiano. 
El  gran  Goldoni  dio  dos  empresas  á 
su  patria:  el  teatro  cómico  de  su  tiem- 
7  1a  gloria  de  un  nombre  ilustre. 
Sus  mejores  comedias  san:  La  Joven  , 
honrada^  La  Buena  mujer^Sl  Ca  fé,  El , 
Ca&alleroy  ladama,  Pamela^ El  Aman- : 
te  militar.  El  A  binado  veneciano  y  El  ¡ 
Verdugo  benéfico,  la  última  de  las  cua- 1 
les  fue  escrita  para  el  teatro finncés. — ' 
£1  soneto,  composición  métrica  muj  ¡ 
estimada  en  Itáiia,  fué  cultivado  en 
el  siglo  xviu  por  J.-B.  Cotta,  Julián 
Camani  7  Onofrio  Minzoni,  los  cua- 
les se  consagraron  á  perfeccionar  este 
pequeño  7  difícil  poema.  Frugoni  es- 
cribió, no  sólo  sonetos,  sino  odas, 
églogas,  epístolas  7  sátiras,  en  cujos 
géneros  demostró  nna  imaginación 
riquísima  7  una  gian'  soltura  de  ex- 

firesión.  Angel  Mazza,  último  poeta 
¡rico,  hizo  hablar  á  su  milsa  el  len- 
guaje de  la  filosofía.  J.  Carlos  Passe- 
roni  7  Lorenzo  Pignotti  se  ejercita- 
ron en  el  apólogo,  en  el  cual  el  jesut- 
taRoberti  desplegó  alguna  invención; 
Bertola  sobrepujó  frecuentemente  á 
sus  antecesores  en  la  sencillez  j  en  la 
acracia;  P.  Rolli,  aparte  de  un  oonsi- 
aerable  número  de  traducciones,  com- 
puso varias  cantatas  mu7  estimadas; 
7  Spolverini  dejó  un  poema  didácti- 
co sobre  el  Cultivo  del  arroz.  Entre  los 
poetas  satíricos»  mencionaremos  á 
tr.  Gasti,  autor  de  Los  Animales  par- 
lantes,— La  Itaua,  tan  rica  en  histo- 
rietas versificadas,  ha  carecido  en 
todo  tiempo  de  novelas  en  prosa.  La 
única  producción  notable  de  este  gé- 
nero es  El  Congreso  de  Ciíeres,  del  con- 
de Algarotti,  especie  de  sátira  contra 
las  mujeres.  El  conde  Alejandro  Ver- 
si,  erudito  mu7  versado  en  la  histo- 
ria antigua,  publicó  una  Vida  de 
Erástraío,  que  dijo  haber  descubierto 
en  un  viejo  manuscrito, 7  Las  Áveníu- 
rat  de  Safo,  en  que  procuró  imitar  la 
elegante  sencillez  de  los  griegos. 
Pero  la  obra  &  la  cual  debe  princi- 
palmente su  reputación,  es  la  de  Las 
Noches  romanas,  que  se  componen  de 
una  serie  de  conversaciones  que  el 
autor  supone  haber  tenido  con  las ! 
sombras  de  los  antiguos  romanos  más  ! 
ilustres;  especialmente,  con  Cicerón, 
de  CU70  asunto,  originalísimo  enton-  j 
ees,  deduce  algunas  comparaciones, 
ingeniosas  entre  las  instituciones  de| 
la  antigua  Roma  j  las  de  la  Italia  ¡ 
moderna.  Lo  (}ue  más  distinguió  á 
este  escritor  fue  la  gracia  7  la  natu-  , 
ralídad  de  so.  estilo,  formaÜo  en  U  es- 1 


ITAL 

cuela  da  los  grandes  prosistas  Italia- 
nos, 

Q,uinte  y  último  períod$, — Los  tras- 
tornos que  la  revolución  francesa  pro- 
dujo en  Italia,  el  espíritu  militar  7 
las  ideas  liberales  que  despertó,  7, 

fior  consecuencia,  las  aspiraciones  á 
a  unidad  política,  se  reilejaron  seusi- 
blemente  en  la  literatura  patria.  £11 
la  lengua,  el  partido  de  los  puristas 
manifestó  una  tend<'ncia  marcadísi- 
ma á  purgarla  de  toda  locución  frati- 
cesa,  remontándose  al  origen  nacio- 
nal de  Dante  7  de  otros  escritores  an- 
tiguos. En  la  poesía,  se  entabló  una 
lucha  empeñada  entre  los  clásicos,  que 
habían  permanecido  fíele*  á  la  tradi- 
ción mitológica,  7  loa  románticos,  í 
quienes  las  literaturas  ingesa  7  ale- 
mana habían  abierto  nuevos  horizon- 
tes. Los  puristas  llegaron,  por  fin,  al 
logro  de  sus  deseos;  pero  loa  estados 
sucesivos  de  opresión  7  de  revuelta, 
de  decaimiento  7  de  sobreexcitación 
política,  por  los  cuales  ha  venido  pa- 
sando Italia  hasta  nuestros  días,  no 
han  dejado  á  los  espíritus  la  calma 
necesaria  para  ocuparse  seriamente 
de  tales  cuestiones,  7  la  contienda  en- 
tre clásicos  7  románticos  no  ha  que- 
dado terminada  aún.  Al  frente  de  los 
puristas  aparece  Antonio  Cesarí,  el 
cual  llevó  hasta  el  extremo  su  predi- 
lección por  la  lengua  del,  siglo  xiv, 
CU70  sistema  verdaderamente  exclu- 
sivo exageró  Pellegrino  Farini.  Vin- 
cenzo  Monti  se  manifestd  también 
purista  7  clásico,  pero  con  más  guáto 
7  talento,  así  como  su  7erno.  Uiulio 
Perticari,  profundamente  vefsado  en 
el  conocimiento  de  las  antigüedades 
italianas.  Sin  mezclarse  para  nada  en 
las  luchas  políticas,  como  los  otros 
escritores,  Giusjppe  Parini  logró  for- 
marse, en  sus  poesías,  un  eslilo  enér- 
gico, original.  Hugo  Foseólo  escribió 
algunas  tragedias,  imitadas  de  las  de 
Alfieri;  pero  no  contribu7eron  tanto  á 
su  reputación  como  sus  últimas  cartas 
dejacobo  Ortls,  imitación  del  Werther 
de  Gcethe,  7  otros  trabajos  sobre  Dan- 
te, Petrarca  7  Boccacío.  Las  obras 
dramáticas  de  Silvio  Pellico,  conoci- 
do por  el  precioso  libro  intitulado: 
Mis  prisiones;  las  de  Maroncelli,  de 
Lui^i  Scevola,  de  Cesara  della  Vallen 
de  Francesco  della  Valle  j  de  Gosen- 
za,  son  bastante  endebles.  Al  lado  de 
los  románticos  se  ha  colocado  á  Ale- 
jandro Manzoni,  el  cual,  en  dos  trage- 
dias, Jl  Conle  de  Carmagnola  j  Adel- 
chi,  abrió  nuevas  sendas  al  arte  dra- 
mático italiano  7  tuvo  por  imitadores 
á  Tebaldo  Fores,  Cristoforis,  Hossini 
7  Cario  Marenco,  quienes  llevaron  al 
teatro  los  grandes  acontecimientos 
que  tuvieron  lugar  en  Italia  durante 
la  Kdad  media.  Otros  varios  poetas 
dieron  modestamente  el  nombre  de 
dramas  á  sus  tragedias,  tales  como 
Giuseppe  Kevere,  Antonio  Gigliani, 
Felice  Turatti  ^  Giacinto  Batiaglia. 
Los  draatat  htsí<íricos  de  Giovanne 
Sabbatiní,  más  tyio  obras  dramáticas, 
son  escenas  históricas.  En  la  comedia, 
Gerardo  del  TesU  se  :ha  conquista- 
do un  lugar  distinguido^  GervdQ  dt 


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ITAL 

RoMi  M  mnj  «timado  por  sn  ti- 
tile ntírieo  T  nordaz;  Albeito  Nata 
aobnsalfl  en  la  deliaeaeióa  da  los  ca- 
racunsy  j  al  eoade  Gíraud  por  la  ex- 
teuidn  f  la  eficacia  del  sentimieato. 
L»  obn  aiáa  notable,  en  el  venero 
épMMt M  la  de  Tommaso  Oroisi,  i  £om- 
ürditíUpTvm  cr^ciaía,  en  15  cantos; 
Florio  y  Aiiei  ion  «atores  de  una  es- 

§ecí«  de  ^>ope/a  romántica  inlitula- 
a:  La  Deitrucaónd*  JenuaUn.  SíItío 
Psllioo  ba  publicado  varías  poesías 
bajo  al  título  da  Ántiche;  Costa,  an 
poami  aobn  el  deaeubri  miento  de 
Xmériea;  üomanieo  fiiorei*  La  Pace 
d'AdriémoptH,  j  Oiovanni  de  Marti- 
no,£a  Or§da  regenerata,  cujros  dos  úl- 
timos poemas  están  inspirados  en  el 
ranaeimientú  político  de  la  Grecia.  Bn 
el  número  de  los  poetas  líricos,  ñga- 
raa:  Clara.  Bonf^i,  G.  Fantoni,  A.  Pa- 
radisi,  Ger,  de  Rossi,  G.  Meli,  Moa- 
ti,  SíItío  Pellico,  Manzoni,  el  conde 
Leopardi,  Luigi  Carrero,  Giovanni 
Bereheto,  A^tíno  Ca^noli,  Giovan- 
ni PrUi,  Giuseppe  Guisti,  BrofTerio, 
Gionaiki  Slarebetti  j  otros  muchos. 
Un  áoreotíao,  Angelo  d'Elcí,  ha  me- 
neido  poraut  sitiraa  el  sobrenombre 
da  Jmwiuñt  itaíianc.  La  novela  ha  to- 
naáo  ana  a^itensión  considerable,  cu- 
JO  primar  impulso  partió  del  ^enio 
da  Manzoni  cúnsanPromntitpoitfLoi 
J)apo$ad»9L  cuadro  brillantísimo  de 
Iw  eostnmbres  t  de  la  historia  del  si- 
glo  xTii  en  el  Norte  de  Itália..  A  esta 
obra,  signen  después:  La  Monaca  di 
Moma  j  Luisa  Strozti,  por  KossíqÍ; 
L'BUart  Fitrramotea  j  el  Niccolo  dt 
Lnpif  por  Mássimo  d'Azeglio,  j  el 
iimrce  Viteonti  de  Grossi.  Figuran 
también  como  novelistas  distinguidos 
Várese,  Bazzoai,  Falcoaettí,  Lanzetti, 
Gneratsi,  Sacehi,  Marocco,  Zorci, 
Vina,  el  príncipe  de  Santa-Rosa,  Ba- 
taglia  y  Ranieri.  La  historia  se  culti- 
va en  tí  presente  siglo  con  tanto  cui- 
dado eomo  acierto.  Entre  las  investi- 
gadonat  doctas  deben  mencionarse, 
ea  primar  tínoino,  las  de  Micali,  La 
Itaua  anUf  de  la  dominación  roma- 
na, y  de  Garzetti.  Pero  todos  estos 
tmbajof ,  muy  apreciables  sin  díspn- 
ta,  desaparecen  ante  el  gran  monu- 
raanto  histórico  que  coloca  i  Italia 
á  la  cabeza  de  los  pueblos  cdltos  en 
este  género,  el  más  importante  da  las 
buenas  letras:  la  Hittoria  universal  de 
César  Cantú,  esfuerzo  milagroso  de  la 
erudición  de  un  solo  hombre.  Bl  au- 
tor que  da  cima  á  ana  obra  tamaña, 
se  nos  representa  en  la  imaginación 
casi  tan  grande  cotuo  la  humanidad. 
BÁ  el  generoso  puebli  italiano  no  le- 
vanta una  piedra  á  esa  ffisloria.  pue- 
de aQrmarse  que  ja  no  hav  piedras 
en  Itaua.  Cesare  tíalbo,  Lutgi  Bartí, 
Gius'-ppe  Compagaoni  y  Ant.  Coppi 
se  hallan  igoalmeiite  ocupados  «n  la 
historia  general  de  Italia,  en  tanto 
qite  la  historia  especial  de  las  provin- 
cias y  de  las  ciudades  ha  sido  objeto 
de  numerosos  trabajos,  entre  los  cua- 
les se  citan:  la  Historia  de  Sápoles, 
por  Pagano;  laé  Vtsp&as  sicilianas,  de 
Amsij  las  Tablas  ouynpl'gicas  de  la 
kistarU  d*  fíanneia,  póí'  Reumont;  la 


ITAL 

BistoriA  de  Toscana,  por  Lorenzo  Pig- 
notti;  la  Historia  de  Mitán,  por  Piettro 
Custodi;  ta  Historia  de  Pisa,  por  Bo- 
naini;  la  ffisloria  de  Ge'nova,^oT  Car- 
io Várese  j  por  Girolarao  serra;  la 
Hisloria  de  la  Sicilia,  por  Giuseppe 
Alessi;  la  Historia  de  la  revolución  de 
Nájioles,  por  Cuoco;  la  Historia  moder- 
fu  de  Ñapóles,  por  Colleta;  la  Histo- 
ria de  ia  Siálta,  por  Piettro  Lanza, 
prfaeipe  de  Scordia;  la  Historia  de 
Italia,  por  Cario  Botta,  autor  tam- 
bién de  una  Historia  de  la  guerra  di  la 
independencia  de  los  Bttados-rnidoi  de 
Ámriea.  Finalmente,  el  conde  Pom- 
peo Litta  ha  publicado  Las  Familias 
celebres  de  Italia;  t  Lanzi,  Cicogna- 
ra,  Giuseppe  Bossi,  FumigalH,  Fe- 
rrario,  Inghirami,  Rossini  y  Visconti 
se  han  ocupado  de  la  historia  de  las 
bellas  artes.  Sobre  la  literatura  ita- 
liana, pueden  verse  las  siguientes 
obras:  Alaecí,  Poeta  anlicM,  Ñapóles, 
1661;  Crescímbeni,  Storiadella  volear 
poesía,  1698;  Muratori.  Delta perfeita 

fioesía  italiana,  Módena,  1726,  dos  vo- 
úmsnes  en  4.*;  Quadrio,  Storiaire^iO' 
ne  d'oani  poesía,  Bolonia,  1739;  Gim- 
ma,  Idea  delta  storia  delt  Italia  lette- 
rata,  Nápoles,  1723,  dos  volúmenes 
en  4.*;  Mazzuchelli,  GUserittorid'ljX' 
tu,  Breseia»  1753;  Tiraboachi,  Storia 
delta  ¡etteratura  italiana  fino  aW  an- 
nomo,  Módena,  1777-81. 14  volú- 
menes en  4.*;  Corniani,  I  secoU  delta 
letter atura  italiana,  Brescia,  1818,9  vo- 
lúmenes en  8.*,  con  una  continuación 
por  Ticozi,  Milán,  1832-33,  dos  volú- 
menes en  8.*;  G.  MaíTei,  Storia  delta 
letteratura  italiana  fino  al  secóle  xix, 
Milán,  1834,  cuatro  volúmenes  en  8.°; 
Ugoni,  Delta  letteratura  italiana  nelta 
teconda  netá  del  secólo  xviii.  Brescia, 
1820  V  21,  tres  volúmenes  en  8.*;  Am- 
brosoli,  Manuale  delta  letteratura  ita- 
liana, Milán,  1831-33,  cuatro  volúme- 
nes sn  ^,'\G\ngM«íii,  Histoire  de  la  lit- 
t^ralure  iíalienne,  continuada  por  Salfi, 
París,  1811  i  1835, 13  volúmenes  en 
8.*;  Salfl,  Revsméde  V  kistoire  de  la  Ut- 
terature  italienne,  París,  1826,  dos  vo- 
liimenesan  8.*;  Sísmondi,  De  lá  Hité- 
rature du  midide  V  Burope,  París,  1629, 
cuatro  volúmenes  en  8.";  Riecoboni, 
Histoire  du  thé&tre  itatien,  París,  1727, 
dos  volúmenes  en  8.';  Rannucei,  Ma* 
nuale  delta  letteratura  det  primo  secólo, 
Florencia,  1837;  L'imorelli,  Origine  1 
proaresi  delte  helte  lettereitaltane,  Milán, 
1845;  Giudíci,  Compendio  delta  storia 
delta  letteratura  italiana,  Florencia, 
1851 ;  Rather  V,  Injluenee  de  V  Italie  sw 
les  lettres fran^aises,  París,  1853,  en8.' 

47.  Italia  antigua  y  sus  divisiones 
sucesivas  hasta  nuestras  dUu,—lAM  an- 
tiguas divisiones  generales.anteríores 
á  la  república  romana,  son  poco  cono- 
cidas. Bn  fll  sifflo  VI  antes  de  la  era 
cristiana  so  hallaba  dividida  en  Galla 
cisalpina,  Italia  propiamente  dicha, 
y  Grande  Grecia.  Bajo  el  imperio  as 
dividió  en  once  regiones:  Galia  cisal- 
pina, Lig-uria,  Verietia,  Btruria,  Om- 
bría, Sabina,  Latium,  Samnium, 
Apulia,  Lucania  j  Brutíum.  Bn  la 
división  del  imperio  romano,  an  337, 
la  Italia  entera  formó  una  da  las  pre* 


ITAL 


209 


facturas  del  imperio  de  Occidente,  di> 
vidída  en  cuatro  diócésia  y  proconsu- 
lados. Después  de  la  caída  de  este 
poderoso  iiupsrio,  en  570,  quedó  de 
nuevo  dividida  en  posesiones  lombar- 
das, (|ue  abarcaban  toda  su  parte  sep- 
tentrional, una  sección  de  sn  parte 
oentraI(co ataban  36  condados),  j  en 
provincias  del  imperio  de  Oriente, 
que  comprendían  el  exarcado  de  Rá- 
vena  y  la  Pentápola.  En  el  siglo  ix, 
formó  Cario  Magno  nn  reino  de  Ita- 
Ua  con  la  Lombardfa  y  las  provincias 
de  aquende  los  Alpes,  oediando  doi- 

Sués  i  loi  pontífices  el  oxaroado  de 
■ávena  t  la  Pentipolak  A  partir  del 
siglo  X,  basta  al  xn,  quedé  la  Itaua 
fraccionada  en  una  multitud  de  pe- 

3uefios  ducados  j  condados  iudepan- 
ientes,  en  incesante  guerra  los  unos 
con  los  otros.  En  el  siglo  xil  se  eri- 

fleron  en  repúblicas  todas  las  oiuda- 
es  marítimas,  como  Venecia,  Géno- 
va,  Pisa,  Amnlfi  v  Xápoles,  mientras 
que  en  Lombirdfa  cierto  númwo  de 
ciudades  libres  eonstitujeron  una 
confederación  llamada  Liga  lensharda, 
i  enjo  firente  aparecieron  MiUn  y 
Pavía.  Hasta  la  revolución  franeasa, 
vino  la  Italia  siendo  objeto  do  otras 
varias  divisiones  y  sufriando  la  domi- 
nación, 7a  do  los  omporadorea  do  Ale- 
mania, 7a  do  los  papas  ó  de  otrai  po- 
tencias. Antes  de  1^,  presentaba  ol 
siguiente  grupoi  el  reino  de  CerdoSOt 
la  república  de  Genova,  la  de  Vano- 
cis,  los  ducados  de  Módena,  do  Tos- 
cana,  los  Estados  de  la  Iglesia  y  el 
reino  d«  Nápoles.  En  17v7,  la  parte 
de  la  Italia  conquistada  por  la  Fran- 
cia formó  la  república  cisalpina, 
comprendiendo  el  Milanesado,laLom- 
bardía,  los  ducados  de  MÓdena,  de 
Maasa-Carrara  T  trae  l«racÍonea  do  los 
Estados  de  la  iglesia,  fin  1805,  la  re- 
pública cisalpina,  unida  al  imperio 
frane^,  tomó  el  nombre  de  runo  de 
Italia,  que,oxtendióndose  por  diver- 
sas partea  dol  temtorio,  llegó  á  con- 
tar 24  departamentos:  Agooa,  Olona, 
Lavio,  Adda,  Petio,  Meüa,  Alto-Po, 
Mincio,  Adige,  Alto-Adige,  Baechi- 
glione,  BrenU,  Adriática,  Pavía,  Ta- 
gliamento,  Passariano,  Crostúlo,  Pa- 
nero, Rano,  Bajo*Po,  Rubieona,  Me- 
tauro,  Musona  y  Tronto.  Bn  1808,  el 
ducado  de  Toscana  formó  los  departa- 
mentoa  del  Mediterráneo,  Arno  y 
Omfafoaa;  loa  Estados  del  Papa  com- 
ponían jra  los  da  Trasimena  y  Roma, 
en  tanto  que  el  reino  de  Nápoles 
dependía  del  imperio  franeéa.  Des- 
de 1815,  la  Itaua,  salvas  ligeras  mo- 
dificaciones, vino  conservando  laa  di- 
visiones políticas  siguientes:  el  reino 
de  Cerdeña,  que  a«  dividía  en  princi- 
pado del  Piamonte,  ducado  de  Gano- 
va,  ducado  do  Saboja  ó  iala  do  Gorde- 
fla. — Los  cuatro  ducados  italianoa  de 
Parma,  Módena,  Luca  y  Toscana,  que 
se  subdividían:  el  primero,  en  Parma» 
Plasencia  /  Guastala;  el  secundo,  en 
Módena,  Reggio  y  Mirándola;  el  ter- 
cero, en  Luca;  y  el  cuarto,  en  Floren- 
cía,  Siena  y  Pisa. — Los  Bstados  Ponti- 

áciot  so  dividían  on  30  provincias. — 
I  «vino  ie  Nápoktt  on  oinoo  regiones, 


TOMOUt 


ar 


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210  ITAL 


ITAL 


ITAL 


i  nbar:  loe  Abrazos,  Apalift,  Tierra 
de  Labor,  las  Calabrias  y  la  isla  de 
CerdeQa. — Llegada  U  hora  de  llevar 
&  cabo  la  anhelada  unidad  italiana  j 
de  constituir  un  Estado  poderoso,  el 
reino  de  Gerdafia  sirvió  de  núcleo  á  su 
formación,  al  cual  faeroa  anexionáa- 
dose  lucesiTamente  los  ducados  de 
Parma,  de  Módena,  de  Toscana  ^ 
otros  pequeQos  territorios;  todo  el  rei- 
no de  Nápoles  ó  de  las  Dos  Sicilias; 
las  provincias  que  se  hallaban  aún 
bajo  el  domiaio  del  Austria  t  los  Bs- 
udos  de  la  Iglesia.  Hoy  la  lTja.ÍÁ  es 
de  los  italianos,  y  su  territorio,  como 
jra  hemos  consignado  en  otro  lugar  de 
este  artículo,  comprende,  además  de 
las  islas  de  Cerdeña  y  de  Sicilia,  ^  de 
los  archipiélagos  Toscano  j  de  Lipa- 
ri,  toda  la  península  itálica,  excepto 
el  cantón  «uixo  del  Tasaiao  t  el  Tirol 
iuliaao,  ntudoi  al  UedioaU  da  los 
Alpes. 

48.  Sutoria,— Ia  Italu  ac  llamó 

SrimítÍTamente  Satvmin  (la  iSktefiilía 
e  Justino),  nombre  que  la  Tino  de 
Suturho,  el  cual,  según  tradiciones 
fabulosas,  habíase  refugiado  en  esta 
comarca,  cerca  del  rey  Jano,  á  quien 
enseñó  el  uso  de  las  letras  t  ae  la 
agricultara.  Hacía  los  a&os  de  1710 
antes  de  Jesncristo,  recibió  la  deno- 
minación de  Enotria  (la  CSnotria  de 
Servio),  de  (Snoirus,  fundador  de  una 
colonia  de  arcadios;  recibiendo,  por 
último,  la  de  Itaua,  de  Italia,  uno 
de  los  sucesores  de  (SnSUrm,  Por  esta 
misma  época,  edificó  Eneaa  a&  esta 

Safs  la  ciudad  da  Lañnw  (ct  LaHüAw» 
a  Tito  Livio).  Talu  ion  las  primeras 
tradiciones  latinas  que  encontramos 
de  la  región  que  se  describe. — Bn  su 
origen  estuvo  poblada  de  aborígenes, 
liburnos,  óseos,  pelasgos  j  siculos, 
después  de  los  cuales  fueron  estable- 
ciéndose sacesívamente  los  helenos, 
los  etruscos  j  los  celtas.  Bstos  últi- 
mos llegaron  150  años  después  de  la 
fundación  de  Roma,  en  el  momento 
mismo  en  que  el  poder  del  pueblo 
etrusco  se  hallaba  en  todo  lu  apogeo. 
Traoscurrido  un  si^Io,  tres  naciones  se 
dividieron  el  dominio  de  esta  penín- 
sula: los  galos  al  Norte,  los  romanos 
en  el  centro,  j  los  aamnítas  al  Medio- 
día.  Pero  Roma,  que  era  la  llamada  i 
reinar  sola  an  este  vasto  territorio, 
sometió  sucesivamente  á  los  samnitas 
j  &  los  galos  á  hizo  de  Itaujl  una 
provincia  romana,  42  años  antes  de 
nuestra  era.  Esta  comarca  sufrió  en- 
tonces todas  las  vicisitudes  del  im^te- 
rio  romano,  j  á  la  destrucción  de  este 
se  vio  desgarrada  por  los  bárbaros, 
quienes  se  habían  arrojado  sobre  su 
fértil  suelo,  pasandu  alternativamen- 
te á  podar  de  los  hérulos,  de  los  godos 
j  de  los  lombardos.  Estos  últimos,  se 
dividieron  el  país  con  el  imperio  de 
Oriente  y  fundaron  en  él  una  monar- 
uía  que  duró  dos  siglos,  la  cuál  fué 
eitruída  por  Cario  Uagno.  El  poder 
temporal  ae  los  papas  empezó  á  ssta- 
blecerse;  pero  nasta  (Gregorio  YII 
permaneció  dependiente  del  poderoso 
imperio  de  Alemania.  Por  esta  misma 
época  se  poMsionaroa  loi  Kormtndoi 


de  la  parte  meridional  ds  Ita.lu,,  Tt 
en  1130,  tomó  Rogero  11  el  título  ae 
rejr  de  las  Dos  Sicilias.  La  guerra  de 
los  gdelfos  V  gíbelinos  trajo  luego  la 
expulsión  de  los  normandos,  de  don- 
de resultó  que  las  ciudadéa  lombardas 
y  toscanas,  erigídaa  nuevamente  en 
repúblicas,  w  vieron  libres  de  aefto- 
resdel  otro  lado  de  loa  Alpei.  Una 
infinidad  de  pequeños  Estados  se  re- 
partió después  la  It&lu,  la  cual  vino 
siendo  teatro  de  continuas  revueltas 
y  de  las  discordias  civiles  mis  de- 
sastrosas. Las  Visceras  Sicilianat, 
en  1282,  separaron  á  Nápoles  de  la 
Sicilia;  Milán,  constituido  en  metró- 
poli de  un  ducado,  pasaba,  délas  ma- 
nos de  los  Yisconti,  á  las  de  los  Sfo> 
za;  Amadeo  11  daba  á  la  Saboya, 
en  13tj3,  una  grande  importancia;  la 
casa  de  Este  reinaba  en  Ferrara;  lot 
Gonzaga,  en  Mantua;  loa  Médicis  co- 
menzaban ya  i  dominar  en  la  Tosca- 
na; los  Dux  de  Venectn  ensanchaban 
el  territorio  de  esta  república,  mien- 
tras que  los  pontífices,  arrojados  da 
Itaua  hacía  mucho  tiempo,  fijaban 
nuevamente  su  residencia  en  Roma. 
Francia  y  España  se  disputaron  en- 
tonces eldominio  de  esta  comarca,  la 
cual,  después  de  haber  intentado  ava- 
sallarla Carlos  Vai,  Luís  XII  y  Fran- 
cisco I,  pasó,  por  último,  á  formar 
parte  de  la  corona  de  España.  El  rei- 
no de  las  Dos  Sicilias  fue  conquista- 
do en  1505;  el  ducado  de  Milán,  ana 
de  sus  provincias,  en  15W,  acabando 

[lor  ejercer  so  preponderancia  en  tod« 
a  penínsuU  durante  dos  siglos,  ex- 
cepto Venecia,  que  supo  conservar  sn 
i nde pendencia.  En  el  siglo  xviu,  pasó 
el  Milanesado  á  poder  del  Austria; 
los  Estados  de  Parma  y  de  las  Doa  Si- 
cilias, al  de  dos  príncipes  de  la  casa 
de  Borbón,y  España  perdió  toda  su 
influencia  en  Itaua..  Las  guerras  de 
la  revolución  y  el  imperio  francés 
cambiaron  completamente  la  faz  de 
este  país:  la  Saboya,  el  Piamonte,  el 
Milanesado,  la  Lombardía,  Genova, 
los  Estados  romanos,  Nápoles,  «1  Ti- 
rol, toda  la  Italia,  excepto  la  Carde- 
ña  y  la  Sicilia,  cayó  bajo  la  domina- 
ción francesa,  prolongándose  ésta  has- 
ta la  caída  de  Napoleón.  El  acta  del 
Congreso  de  Viena,  en  1815,  restitu- 
vó  al  Papa  sus  BsUdos;  al  Austria,  al 
Milanesado  y  Venecia;  i  la  easa  de 
Saboya,  la  áaboya,  el  Piamonte,  Ge- 
nova y  Niza;  dos  príncipes  anstriacos 
obtuvieron  la  Toscana  y  Módena;  Ma- 
ría Luisa,  el  ducado  de  Parma;  y, 
después  de  los  Cié»  días,  regresó  á  Ná- 
poles Fernando  IV,  cuyo  soberano  se 
había  retirado  i  Sicilia  durante  la 
ocupación  francesa.  En  1848,  Venecia 
y  el  Milanesado  se  sublevaron  contra 
el  poder  del  Austria;  Roma  arrojó  al 
Papa  y  se  constituyó  en  república, 
cuyo  ejemplo  siguió  la  Toscana.  Un 
afio  después,  los  ejércitos  austríacos 
le  posesionaban  del  reino  Lombardo- 
Véneto  t  da  la  Toieana,  mientras  que 
los  de  Francia  restablecían  la  autori- 
dad pontifical  an  Roma, 

49.  Oj)reti(í»  austriaca, — El  poder 
del  Austrift  en  U  península  ¡tilica 


llagó  á  ser  omnipotente  dude  1849 
hasU  1859:  en  Módena  v  en  Floivo- 
cia,  bajo  el  reinado  de  loa  arehida- 
ques;  «n  Parma,  bajo  Carlos  III  de 
Borbón;  en  Nápoles,  bajo  Fernan- 
do II;  y  en  Roma,  combatiendo  la 
reforma  que  reclamaba  la  Frauda, 
logró  ocupar,  durante  diez  años,  las 
Mareas  y  las  Romanías.  POr  los  tra- 
tados parciales  firmados  con  los  pe-' 
queños  príncipes  del  centro,  obtúvu 
el  derecho  de  intervenir  por  la  fuerza 
en  las  revoluciones  popularas  y  de 
ocupar  el  país  militarmente  en  caso 
da  guerra,  cjmo  defensa  avanzada  de 
sus  propias  posesiones;  inquietando  i 
la  Cerdeña,  por  su  extensión  sobre  el 
Apeuino,  al  mismo  tiempo  que  ani- 
quilaba el  reino  Lombardo -Véneto 
con  impuestos  y  requerimientos  mi- 
litaras. Pero  sn  influeocin  fué  dismi- 
nuyendo en  Europa,  en  donde  sé  ha- 
bía enajenado  las  simpatías  de  las 

grandes  potencias:  de  la  Prusia,  da- 
ilitando  su  importancia  en  Alema- 
nia (1850-52);  de  la  Rusia,  pagándo- 
la con  ingratitudes  en  la  guerra  de 
Oriente;  de  la  Francia  y  del  Reino 
Unido,  no  tomando  ninguna  parte  ac- 
tiva en  la  guerra,  ¿  pesar  de  sos  pro- 
mesas y  oponiendo  todos  los  obstácu- 
los posibles  á  la  constitución  de  los- 
Principados  Unidos  y  á  la  libre  nave- 
gación del  Danubio.  La  Cerdeña,  por 
el  contrario,  se  había  engrandecido 
por  la  parte  gloriosa  que  tomó  en  la' 
guerra  de  Oriente,  por  lá  consolide- 
ción  del  régimen  constitucional,  por 
el  refugio  que  ofreció  á  todos  loi  pros- 
criptos de  la  península  j  por  la  nabi- 
lidad,  audacia  Ó  astucia  con  qaeio 
ministro,  M.  de  Cavour,  sefiafó  i  la 
Europa  entera,  an  el  Congreso  de  Pa- 
rís, las  üsurpaciones  del  Austria  y  la 
situación  deplorable  del  pueblo  italia- 
no. Este  es  el  lugar  de  hacer  presente 
que  el  Austria  bizo  cuanto  supo,  y 
mis,  para  malquistarse  la  opinión  df 
Europa  y  del  mundo:  1.",  á  principios 
de  1859,  reunió  más  de  200.000  sol- 
dados en  el  reino  Lombardo- Véneto, 
postrando  las  fuerzas  pr  la  vida  de 
aquel  país;  2.°,  obligó  a  la  C^efia  ú 
que  acudiese  en  defensa  de  su  opre- 
sión; 3.°,  rechazó  las  ideas  propuestas 
por  las  grandes  potencias  continenta- 
les acarea  de  Is  urgencia  de  nn  Con- 
graso y  de  un  desarme  general;  4.*, 
intimó  i  la  Cerdeña  un  desarme  en 
el  preciso  término  de  tres  días,  ame- 
nazándola con  una  invasión  inmedia- 
ta en  caso  contrarío.  La  usurpación  y 
el  despotismo  tienen  también  su  fre- 
nesí; y  debemos  creer,  aun  cuando 
sea  poco  caritativo,  que  el  Austria  se 
encontraba  en  el  período  frenético- 
No  fué  la  suerte  de  las  armas  la  que 
arrojó  al  Austria  del  territorio  italia- 
no, sino  el  absurdo  de  su  sistema;  I» 
cual  hace  evidente  que  las  naciones, 
antes  de  caer  en  sus  ejércitos,  eaén 
en  su  política;  y  antes  de  caer  en  su 
política,  caen  en  sn  espiritu,  en  su 
conducta,  en  sn  tentimiento  moral. 
Bl'Auatria  cnyó  en  el  territorio  por- 
que antes  había  eaído  en  U  eon- 
ciencia* 


2 


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ItAL 

60.  Za  gmnra  dt  ia  indeptHdeneui.'r' 
La  Cerdeña  fué  auxiliada  j  aosteaida 
por  la  Francia,  la  cual  no  podía  ver 
impasible  extenderse  la  inrliiencia 
aottriaca  más  allá  de  los  límites  fija- 
dos por  los  tratados  de  1815  j  amena- 
xar  los  Alpes. — El  general  austriaco 
Gjula/  pasó  el  Tessino  el  29  de  A.bril 
j  destruyó  en  diez  días  la  proviacía 
de  Novara,  eu  tanto  que  los  franceses 
scudíao,  por  Susa  j  por  Genova,  en 
socorro  de  los  piamonteses.  La  victo- 
ria del  general  Forej  en  MoHtibelle, 
en  20  de  Majo,  iaaugunS  brillante- 
mente U  campaña;  la  victoria  de  los 
piamonteses  en  PaUttro,  el  30  jr  31 
de  Majo;  U  gran  batalla  de  Mwtntat 
«n  4  de  Jiinio,  ganada  por  Napo- 
liÓD  111;  la  de  J/ar/^nán,  8  de  Junio, 

fior  el  general  Baragaa;  d'Hillters,  j 
os  progresos  de  Garibaldi,  que  en 
•1  Norte  había  avanzado  victorioso 
hasta  Bérgamo,  hicieron  perder  á  los 
aastriacos  en  medio  mes  toda  la  Lom- 
bardía.  Ku  24  de  Junio,  intentaron 
reouperarla  con  una  fuerza  de  220.000 
hombres  eu  la  jornada  de  Solfeñno, 
la  cual  duró  diez  j  seis  horas  j  abrió  á 
les  aliados  victoriosos  la  entrada  del 
eaadrilátero  de  plazas  fuertes.  Pero 
la  agitación  que  se  propagaba  por 
toda  la  Ita.lu,  principalmente  en  los 
Estados  pontiñcíos,  por  el  levanta- 
miento de  las  Homanias  j  da  Perusa; 
las  amenazas  de  ana  guerra  en  el 
Rhín,  lanzadas  por  la  major  parte  de 
los  príncipes  alemanes  afectos  al  Aus- 
tria, obligaron  á  Napoleón  &  detenerse 
j  iconcluir  con  Francisco  José  la  paz 
de  Tillafranca,  en  11  de  Julio,  que 
fas  confirmada  por  el  tratado  firmado 
en  Zurich,  entre  Francia,  CerdeQay 
Austria,  el  10  de  Noviembre.  Esta 
última  potencia  vió  pasar  á  ia  Cerde- 
úa  la  Lombardfa,  desde  Tessino  basta 
Mincio,  pero  conservó  sus  plazas  fuer- 
tes del  cuadrilátero. — Bl  partido  li- 
beral italiano,  sostenido  j  alentado 
por  las  promesas  de  Inglaterra,  hizo 
uacer  en  toda  Italu  la  idea  de  la  uni- 
dad política,  bajo  la  casa  de  Sabojra, 
céntralo  estipulado  sn  los  tratados  de 
Tillafranca  j  de  Zurich,  los  cuales 
maban  ana  confederación  italiana, 
en  la  que  entraban:  el  Austria,  los 

Srittcipes  restaurados  de  Parma,  de 
[ódena  v  de  Toseana;  el  Papa  j  el 
rev  de  Nápoles.  Desde  principios  de 
la  guerra,  el  gran  duque  de  Toseana 
le  vió  forzado  á  huir  de  Florencia, 
en  27  de  Abril,  cujo  país  quedó  bajo 
la  protección  de  Víctor  Manuel.  Par- 
ma j  Módena  sigueron  la  misma 
conducta,  así  que  partieron  sus  so- 
beranos j  otro  tanto  hicieron  los 
romanos  tan  luego  como  el  Austria 
hubo  retirado  sus  tropas  el  8, 11  /  12 
de  Junio.  Los  Estados  del  eentro,  á 
cuyo  dele^do  llamó  el  Gobierno  sar- 
de, proceaieron  entonces  al  nombra- 
miento de  los  gobernadores  nrovisio- 
iiales:  Ricasoli  lo  fué  de  Florenda, 
en  1."  de  Agosto;  Farini,  de  Módena 
V  de  Farma,  en  27  de  Julio  j  18  de 
Agosto;  j  Cipriani,  de  Bolonia,  en 
2  de  este  último  mes.  Batos  tres  go- 
bamadorei  íbroarou  una  liga  militar 


iTAt 

defensiva,  T,bajo  su  protección,  sin  la 
presencia  de  un  solo  soldado  piamoti- 
tés,  las  Asambleas  de  aquellas  cuatro 

firovincias  votaron  la  prescripción  de 
as  derechos  de  sus  antiguos  sobera- 
nos j  se  anexionaron  á  la  Cerdeña. 
Víctor  Manuel,  ligado  por  los  compro- 
misos de  Villafranca,  aceptó  aquellos 
votos  ^  ofreció  sostenerlos  ante  las 
potencias  de  Europa,  pero  sín  aceptar 
definitivamente  las  ofertas  que  se  le 
hacían.  Las  Asambleas  nombraron  en- 
tonces al  príncipe  de  Carignán,  primo 
del  rejr,  regente  de  la  Ita.ua.  central; 
pero  habiéndose  éste  negado  á  aceptar 
el  cargo,  fué  elegido  Buoncompagni 
gobernador  ^neral  de  la  Liga,  c^ue 
quedó  dividida  en  dos  Estados  distin- 
tos: la  Toseana,  bajo  el  gobierno  de 
Ricasoli;  y  Parma,  Módena  j  la  Ro- 
manía, que  se  unieron,  bajo  la  auto- 
ridad de  Farini,  j  tomaron  el  nombre 
de  Gobierno  real  de  la  Emilia.  Abo- 
liendo las  aduanas  entre  los  Estados 
de  la  Liga  y  la  Cerdeña;  adoptando 
las  lejes  civiles  del  Estatuto  sardo, 
prepararon  los  Estados  del  centro  la 
unión  política,  realizada  al  fin  por  un 
segundo  voto  de  las  Asambleas  y  por 
la  aceptación  del  rejr  de  Cerdefia, 
quien,  en  cambio  de  este  engrandeci- 
miento, consentido  por  Francia,  cedió 
á  esta  pstencia  la  Saboja  v  Niza  por 
el  tratado  de  Turiu,  de  24  de  Majo 
de  1860.— Uaa  campaña  de  dos  me- 
ses, emprendida  por  dos  ejércitos  for- 
midables, había  libertado  á  la  Itaua. 
septentrional;  el  eentro  debía  su  inde- 
pendencia á  la  habilidad  de  sus  hom- 
bres de  Estado,  pero  quedaba  intacta 
todavía  la  parte  Sud  del  territorio. 
Fernando  II,  rey  da  las  Dos  Sicítias, 
había  muerto  el  22  de  Majo  de  1859; 
y  su  hijo,  Francisco  II,  perseverando 
en  la  política  de  su  padre,  continuaba 
la  opresión  violenta  en  el  interior  y 
la  alianza  estrecha  con  la  Austria  en 
el  extranjero.  Bl  4  de  Abril  de  1860, 
estalló  eu  Sicilia  una  revolución;  Pa- 
lermo,  Uessina  v  Catauia  se  subleva- 
ron; pero  estrechados  en  el  interior  de 
las  ciudades,  retiráronse  los  insurrec- 
tos al  interior  de  la  isla,  en  donde 
fueron  auxiliados  porGaribaldi, quien 
no  cesaba  de  agiur  al  país,  á  pesar 
de  la  desaprobación  oateasibíe  del  go- 
bierno de  Xurín.  Bl  10  de  Majo  des- 
embarcó Garibaldi  en  Marsala,  al 
frente  de  una  partida  de  2.000  hom- 
bres; tomó  la  dictadura  de  la  isla  en 
nombre  de  Víctor  Manuel,  organizó  el 
día  14  un  gobierno  provisional,  batió 
dos  veces,  él  15  j  el  16,  á  las  tropas 
reales  y  se  apoderó  de  Palermo,  que 
fué  bombardeado,  el  27,  por  la  armada 
napolitana.  Estos  reveses  obligaron  á 
Francisco  11,  en  26  de  Junio,  á  ofrecer 
al  país  una  Constitución  y  una  alian- 
za con  la  Cerdafla;  pero  ja  era  tarde. 
Garibaldi,  después  de  haberse  apode- 
rado de  Measina  el  28  de  Julio,  pasó  á 
Reggio  j  marchó  sobre  Nápoles  (en 
donde  entró  el  7  de  Septiembre),  cu  jo 
ejército  real,  medio  desorganizado, 
sólo  opuso  una  débil  resistencia.  Fran- 
cisco II  se  retiró  á  Capua  j  se  ence- 
rró, por  último,  en  Gaeta,  después  de 


ítál 


211 


haber  ^sto  i  su  ejército  deshecha  en 
las  orillas  del  Volturao.  Al  mismo 
tiempo,  las  tropas  pontificias,  que, 
bajo  las  órdenes  del  general  francés 
Lamoriefóre  t  autiliadas  por  las  na- 

fiolitanas,  habían  conseguido  detener 
os  movimientos  de  G»ribaldÍ,  se  vie- 
ron sorprendidas  por  la  invasión  de 
los  piamonteses  en  las  Marcas  j  la 
Ombría;  batidas  por  ellos  en  Castel- 
fidardo,  el  18  de  Septiembre,  vióse 
Lamorici¿re  forzado  á  refugiarse  en 
Attcona,  en  donde,  atacado  simtiltá- 
neamente  por  mar  j  por  tierra,  tuvo 
que  capitular  algunos  días  después. 
Dueños  los  piamonteses  de  las  Mar- 
cas j  de  la  Ombría,  entraron  en  el 
reino  de  Nápoles  j  batieron  en  Iser- 
nia  á  los  napolitanos.  Consultadas  las 
provincias  por  medio  del  sufragio  nní- 
versal,  proclamaron  todos  por  rej  á 
Víctor  Manuel,  el  cual  hizo  en  Ñápe- 
les su  entrada  solemne  el  7  de  No- 
viembre, aceptando  el  22  la  anexión 
á  su  reino  de  las  Marcas  j  de  la 
Ombría.  Bl  joven  rej  de  Nápoles,  si- 
tiado por  los  pÍamonles<^s,  se  defendió 
en  G-aeta  con  bríos  heroicos  durante 
cuatro  meses;  pero,  obligado  á  ceder 
ante  'uerza  major,  abandonó  la  ciu- 
dad j  se  retiró  á  Soma,  el  13  de  Fe- 
brero de  1861.  A  la  toma  de  Gaeta 
siguió  luego  la  apertura  del  primer 
ParlamiUo  italiano,  el  cual  proclamó 
i  Víctor  Manael  rejf  de  Italia,  el  17 
de  Marzo.  La  muerte  prematura  de 
M.  de  GaTOur,  acaecida  el  5  de  Junio, 
el  fraccionamiento  de  los  partidos  po- 
líticos, el  estado  de  la  Hacienda  y  el 
bandolerismo  que  imperaba  en  las 
provincias  napolitanas,  hicieron  difi- 
cilísimos los  comienzos  del  nuevo  rei- 
nado.  Faltábanle,  para  abarcar  toda 
la  península,  Roma  j  Venecta,  la 
cual  conservó  el  Austria  basta  1866. 
A  principios  del  citado  año,  la  gue- 
rra entre  el  Austria  y  la  Prusia  pare- 
cía inmiuente,  mientras  que  Italia, 
aliándose  con  esta  última  potencia, 
declaró  la  guerra  en  18  de  Junio.  La 
armada  italiana,  que  había  franquea- 
do el  Mincio  el  23,  se  vió  rechazada 
más  allá  de  este  rio  por  la  victoria 
que  el  archiduque  Alberto  obtuvo  so- 
bre ella  en  Custozza  al  siguiente  día; 
j  el  20  de  Julio,  la  fiou  de  Itaxia, 
mandada  por  el  almirante  Persano, 
quedó  deshecha  en  Lissa,  sobre  las 
costas  de  Dalmacia,  por  el  almirante 
austriaco  TegethoíF.  Sin  embargo,  las 
victorias  de  los  prusianos  en  Bohe- 
mia fueron  la  salvación  de  la  unidad 
italiana.  Bu  4  de  Julio  reclamaba 
Francisco  José  la  mediación  de  Na- 
poleón III,  cediéndole  Veneoia;  el  25 
quedó  concluida  una  suspensión  de 
armas  entre  Italia  y  Austria,  á  la 
que  siguió  la  paz  firmsda  en  Viena 
el  3  de  Octubre,  siendo  incorporada 
Vsnecia  al  reino  de  Italia.  En  cuan- 
to á  Roma,  aquella  potencia,  en  vir- 
tud de  un  convenio  ajustado  con 
Francia  el  15  de  Septiembre  de  1864, 
se  comprometió  á  no  atentar  contra 
el  territorio  pontificio;  á  establecer 
en  la  frontera  de  este  Bstado  una 
fuerza  militar  capaz  de  impedir  toda 


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mt 


iafí^óa  lie  los  volüaUrios¡  toiaar  i 
sa  otrg>o  Qoa  parte  de  U  dinda  ro- 
mana, proporcional  á  U  imporUnoia 
da  las  proTiaoias  pontiOeias  anexio- 
nadas á  la  corona,  y  ttasUfiar  JT^' 
biemo  de  Turío  á  la  ciudad  de  FIo- 
renoia*  la  cual  fas  declarada  oficial- 
menta  capital  del  r^ino  el  26  de  .Vbrü 
d«  1863.  La  Francia,  en  cambio  de 
estaa  concesiones,  se  oblíg^aba  á  era- 
caar  i  Roma  en  al  téripiuo  de  dos 
aftoi.  Bu  e  ecto,  el  12  de  Diciembre 
da  1866  abandonaba  el  territorio  ro- 
mano el  última  cuerpo  áft  tropas  fran- 
ceiu;  j  el  Papa,  para  la  mejor  deíen- 
n  de  aua  flatados,  había  organizado 
on  ejército  de  voluntarios  franceses, 
balgis,  auiiríaeos  j  suizos.  Las  deser- 
ciooea  de  al.u;anos  de  estos  soldados, 
particularmente  las  del  ouerpo  fran- 
cés denominado  legión  de  Anítóes,  mo- 
tivaron que  el  ministro  de  la  Guerra 
de  Francia  llamase  á  la  obediencia  á 
sus  soldados  enviando  ú  Homa  á  uno 
de  sus  g-enerales.  Quejóse  Itaua,  de 
estas  medidas,  cunsiderándulas  como 
una  infracción  del  convenio  de  15  de 
Septiembre,  j  en  el  verano  de  1867, 
numerosos  Tolantarios  garibaldinos 
inteataroa  franquear  la  frontera  ro- 
mana. En  el  mes  de  Octubre,  la  inva- 
dió Qaribaldi  con  algunos  millares 
de  hombres  j  marchó  sobre  Roma,  en 
donde  esperaba  ser  secundado,  pero 
la  capital  permanecid  inalterable.  Un 
cueroo  de  ejército  francés  partid  de 
Toltm,  eontribu/endo  con  las  tropas 
pontificias  á  la  derrota  de  Garíbaldi 
en  Mentaaa,  j  desde  este  momento 
empezó  la  secunda  ocupación  france- 
sa. £1  general  Paillj  abandonó  á  Ro- 
ma el  2  de  Diciembre,  dejando  una  di- 
visión en  Civita-Vecchía.  Bl  Gobier- 
no italiano,  después  de  haber  desar- 
mado á  los  voluntarios  que  sobrevi- 
vieron al  desastre  de  Mentana,  j  de 

Íirender  al  mismo  Garibaidi,  activó 
as  negociaciones  relativas  á  los  inte- 
reses de  la  deuda  pontificia,  la  cual 
quedó  fijada  en  17.000.000  anuales, 
que  debían  satisfacerse  al  Papa  ^or 
mediación  ds  Francia,  j  reclamo  i 
ésta' que  retirase  sus  tropas  da  Itaua; 
j  á  Pío  IX,  que  otorgase  un  indulto 
á  los  condenados  políticos.  Estas  re- 
clamaciones fueron  desatendidas,  j  la 
irritación  que  produjo  subió  de  pun- 
to cuando  se  tuvo  noticia  de  la  re- 
unión del  Concilio  del  Vaticano^  cu^as 
doctrinas  se  consideraban  como  una 
amenaza  contra  las  instituciones  ci- 
viles y  políticas  de  los  Estados.  Así 
que,  tan  luego  como  Francia,  al  ex- 
perimentar sus  pri  ¡ñeros  reveses  en 
su  guerra  contra  la  Prusia,  tuvo  ne- 
cesidad de  retirar  sus  tropas  de  los 
Estados  pontifioiofl»  al  6  de  Agosto 
de  1870,  el  territorio  papal  fué  inme- 
diatamente invadido  por  el  ejército 
italiano,  el  cual,  con  el  apojo  del  par- 
tido nacioiial,  entró  casi  sin  resisten- 
cia en  la  ciudad  de  Roma  el  21  de 
Septiembre. 

51.  Nueva  Itaua.— El  2  de  Octu- 
bre del  citado  año  de  1870,  un  plebis- 
cito, expresado  por  133.680  votos 
afirmativos  contra  1«507  negativos. 


ÍTAt 

reelamd  U  incorporación  de  los  Bstai^ 
dos  pontificiofl  ¡i  reino  de  Italia,  1> 
cual  quedó  decretada  el  8  j  ratificada 
el  21  y  29  de  Diciembre  pnr  lasC&ma- 
ras  italianas.  Roma  fué  declarada  ca- 
pital; j  una  le^,  llamada  de  garantíate 
votada  por  el  Parlamento,  determina- 
ba las  relaciones  entre  el  Estado  italia- 
no y  el  soberano  pontífice.  5n  virtud 
de  esta  lejr,  el  Papa  conserva  todos  los 
privilegios  homiríticos  de  la  sobera- 
nía; una  pensi.ín  anual  de  3.223.000 
francos,  consignada  en  los  presupues- 
tos italianos,  ^ara  sostenimiento  de 
la  corte  pontificia;  los  palacios  del  Va- 
ticano j  de  Santa  María  la  Majror, 
con  todas  sus  dependencias;  la  ciudad 
dfl  GastelrGandolfo  y  aquellos  pun- 
tos sn  que  el  Papa  reside  aún  tempo- 
ralmente, los  Duales  se  hallan  exclui- 
dos de  la  jarisdicción  del  Bstado.  Las 
legaciones  de  la  Santa  Sede  y  los  mi- 
nistros acreditados  cerca  del  soberano 
pontífice  conservan  las  prerrogativas 
reconocidas  por  el  derecho  internacio- 
nal á  los  agentes  diplomáticos.  Con  el 
objeto  de  establecer  ia  teoría  dp  \zlgle- 
sia  libre  en  el  Ettado  lUre,  ideal  de  Ca- 
vour,  el  ejercicio  de  la  autoridad  reli- 
giosa del  Papa  está  exento  de  toda  in- 

ferencia  del  poder  civil;  el  juramento 
e  los  obispos,  el  e^^tM/ar  mí  quedan 
abolidos;  los  concilios  y  laa  reuniones 
tíolesiástioas,  de  cualquier  naturale- 
7.a,  pueden  verificarse  libremente  v  el 
Papa  comunicarse  con  el  episcopado  y 
todo  al  mundo  católioo,  sin  que  pueda 
inmiscuirse  en  ello  ol  Gobierno  iialia* 
no.  Finalmente,  las  eorpontcíones  re- 
ligiosas cujros  edificios  fueron  reco- 
nocidos como  necesarios  en  Roma  para 
establecer  las  administraciones  públi- 
cas, por  consecuencia  del  traspaso  de  la 
capital,  recibirían  una  renta  de  cinco 
por  100  igual  al  producto  neto  de  los 
edificios  expropiados.  El  2  de  Julio 
de  1871  el  Gobierno  italiano  trasladó 
oficialmente  á  Roma  la  capital  de  la 
monarquía,  en  la  cual  hizo  su  entrada 
el  rejr  VCctor  Manuel,  seguido  de  la 
major  ^rte  de  los  ministros  extran- 
jeros, mientras  que  el  soberano  pon- ' 
tífica,  que  había  rechazado  laa  propo- 1 
siciones  que  anteceden,  protestó  con- 
tra la  ocupación  de  su  territorio.  Tal  ¡ 
es  la  historia  y  la  vida  de  Itaj,ia,  her-  ¡ 
mana  ilustre  de  nuestro  país,  hermo-  , 
so  SorÚD  de  la  Europa  y  del  mundo. ' 

Ktiuolooía.  Griego  'UaXtu^flí'iIotJt 
de  donde  los  latinos  dijeron  d-UuIiís, 
vU&luSf  ternero,  novillo:  latín,  Jiálía,  \ 
el  país  de  los  buepres;  italiano  y  cata- 
lán, Italia;  francés,  iíalir, 

Italianismo.  Masculino.  Modo  de 
hablar  propio  de  la  lengua  italiana 
aplicado  á  otra. 

Btxholooía.  luUano:  italiano,  «te- 
Utmumoi  fraacéi^  xta,l%anUme, 

Italianización.  Femenino,  Acción 
ó  efecto  de  italianizar.  (Caballero.) 

Italianizador.  ra.  Sustantivo  y 
adjetivo.  Que  italianiza. 

Italianizar.  Activo.  Dar  acento, 
aire  ó  apariencia  de  italiano.  \  Hacer 
adoptar  la  paneras  italianas. 

Etiuolooía*  Italiano:  francés,  Ha-  [ 
liañi»er,  i 


ITEM 

Italianisarje.  Recíproco.  Adoptar 
el  acento  Italiano.  \  Mexelar  f talianis- 
mos  en  la  eonversacióo  6  escritura. 

Italiano,  na.  Adjetivo.  Bl  natural 
de  Italia  y  lo  perteneciente  4  ella.  | 
Masculino.  Bt  idioma  Italiano.  D  A  la 
ITALIANA.  Frase.  A  estilo  de  Italia. 

EriKOLoafA.  Itálico:  italiano,  ita- 
liano; fi-aacés,  itaUtn;  catalán,  ittUit 
na. 

Itálico,  ca.  Adjetivo.  Lo  pertene- 
ciente á  Italia;  y  así  ae  dice:  antigüe- 
dades itXlicas;  guerra  itálica.  ||  El 
natural  de  Itálica.  ||  Uanza  itálica. 
La  inventada,  en  el  reinado  de  Au- 
gusto, por  Piladas  y  Baülo;  daña 
teatral,  compuesta  de  pantomimas  cé- 
lebres. Q  Secta  itAlica.  La  secta  de 
Pitágoras,  denominada  así,  porque 
este  filósofo  enseñó  en  Italia,  es  decir, 
en  la  parte  oriental  de  Italia,  llamada 
Magna-Grecia.  |  Horas  itálicas.  Las 
veinticuatro  horas  del  día  natural,  que 
se  cuentan  entre  dos  ocasos  consecuti- 
vos del  sol.  11  Caractsrss  itáucos. 
Los  que  no  difieren  de  los  romanos, 
sino  en  ser  algo  más  curvos. 

EnuoLoaÍA.  Italia:  latín,  itlllicui; 
italiano,  italit,  itdlMit^  italiana;  ca- 
talán, iUlich,  ca;  francés,  iíali^ne. 

Itálico  ÍD^üiiBCEio).  Adjetivo.  ffÍ$ÍO' 
rio.  En  la  república  romana,  consistía 
en  la  exención  de  impuestos  de  que 
gozaban  ciertas  propiedades  de  los 
pueblos  de  JtaUa,  desde  el  Rubieón 
hasta  el  estrecho  de  Sicilia.  Teqlan 
las  mismas  cargas  6  iguales  derechos 
que  los  latinos,  excepto  no  poder  lle- 
gar directamente  á  ser  ciudadanos  ro- 
manos sin  pasar  antes  por  el  derecho 
de  Lacio. 

Etiuoí.ooÍa.  Latín  jas  italicl-u. 

Itálico  (Siuo).  Poeta  épico  latinn, 
que  nació  hacía  el  año  25  de  Jesucris* 
to,  en  Italia,  según  unos,  ó  en  la 
antigua  Itálica,  ciudad  de  España, 
según  otros,  y  murió  el  afio  100,  sien- 
do pra  de  edad  may  avanzada.  Nos 
dejo  un  poeipa  épico  en  17  libros, 
cujo  argumentó  versa  sobre  la  ssgno' 
da  guerra  púnica-  Esta  obra  fué  des- 
cubierta por  Poggio  en  1414,  en  la 
Vbadía  de  St.-Oall.  <Db  Miofiu.  y 
Moran  TB<) 

Atalo,  Masculino.  Historia  antigua. 
Hijo  de  Telégono  y  Penélope,  que  se 
estableció  en  Italia,  á  que  dio  nom- 
bre, j  reinó  sobre  los  enotrios. 

ETUiOLoaU..Latin7í(r/Nj  (Virgilio). 

Italo,  la.  Adjetivo.  Poética,  Ita- 
ua no. 

Item.  Adverbio  latino  de  i^ue  se 
usa  para  hacer  distinción  de  artículos 
ó  capítulos  en  alguna  escritura  ú  otro 
instrumento,  y  también  por  señal  de 
adición.  Dícese  también  (teu  uÁS. 

ETiyounÍA.  1.  Sanscriio  íttM;  la- 
tín, ita,  dfl  esta  manera:  ita  e$t  homo, 
«es  un  hombre  así,  de  e^ta  calafia;  tal 
es  su  genial,»  en  Terencio;  sánscrito 
itíhum,  así;  latín,  i/m,  así,  del  mismo 
modo,  iím.hi';a\fifrgraiummi/iijecerii, 
ñau  Sctevola i  «grandemente  me  com- 
placerás, también  áEscévoIa,»  en  Ci- 
cerón; lenguas  romanas,  iíem, 

2.  Él  latín  ita  ó  ¡íím  representan  la 
miaipa  palabra  de  origen. 


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ITlL 

pai  de  nn^tim. 

Itovmdte.  Funnino.  hí  bmI6ii  j 
•fceto  il«  itemr. 

BrmoLoofA.  RtUtr^tiÓ»:  UtÍD, 
fWf,  U  aecido  de  rtitQimr,  en  Cié»- 
Tém  Bflguada  Tuelu  qua  m  da  i  vn 
ttmno,  en  ColomeU;  dereelio  de  se- 
gunda manumjtiáii,  en  Ulpiano;  for- 
ma lastantiva  abitraota  da  it^ritiu, 
itevado;  eataláa,  iUr»cU;  proveasal, 
iUftío:  fnincéa,»lA'«iiM;iCaIiano,  iti- 

Iterado,  da.  PMtieipift  piÜTO  de 
iterar. 

BrncOLOoU.  Lat{a  ilíritui,  partici- 
pio pasÍTo  de  itífrire:  eataUn,  iier»ít 
dé;  miBoés,  Ít&^  italiano,  ittrato. 

Iterar.  A.ctÍTo.  Repetir. 

Btiu(H^íi..  Sanserito  iMm,  otro: 
latf»,  itfmm,  otm  ves;  iterare^  repe- 
tir; italiano,  iltnrti  ffaBoé^  üérer; 
catalán,  itermr. 

Iterativo,  va.  Adjetivo.  Füfenst. 
Lo  ^ne  tíene  la  eonduión  de  repetirse 
ó  reiterarse, 

BmiOLOofA.  Ittrar:  catalán,  iteran 

It«rícia.  Femenino.  Totbricia. 

Itifálico.  Masculino.  A%tigii4dade» 
friegMi,  Referente  al  itífalo.  ||  Métrica 
griega  j  latina.  |  Vbrso  itipálioo. 
V^stso  compuesto  de  tres  troqueos  ó  de 
tfes  dvíotilos  T  an  ^ambo,  llamado  así 
porque  en  el  qoe  M  «autaba  en  las 
fiestas  de  Baco. 

BTiMOLoaÍA.  Tíífalo:  grieifo,  Ik- 
»kXXtxó<  (UkypUUiMs}i  latín.  VMy- 
^mUÍAcnm;  fianoés,  iikj^pkñlíifnt, 

ItiCalo.  Uasculiao.  Amuleto,  en 
forma  de  pene,  que  se  llevaba  anti- 
¡^mante  al  eaeUe. 

Bnuoc/rafa.  Griego  ItúvaXXw;  /"«My- 
fkUU»};  de  lt¿c  ^<<iy«^/ derecho,  y 
^áUot;  (phállo$)y  representmción.  del 
miembro  rihl,  la  cual  figuraba  an  tas 
tiestas  de  ciertas  deidades,  espeoiat- 
menteea  las  de  Baco,  eonsiderándola 
>wmo  UD  símbolo  de  la  fecundidad  de 
la  natanlezaí  fmncés,  itAyph«lU. 

ItifaláforocMasculinoplaral.  An- 
tigUtUcht,  Saeardotss  de  las  o^ías, 
qne,  en  las  proeedones  de  las  bacan- 
tes, iban  disfiruadoa  de  Pannos,  re- 
sudando H  las  personas  ebries  j  can- 
tando hi  maos  taquieos. 

BnMOSMfa.  ItíftU  j  phortís^  que 
lleva:  eatalin,  itiJéiií/«ro$;  bajo  laun, 

Atttia  AíMAús^Eian  aaosrdotes 
de  Príapo,  loa  enalas,  en  las  fiestas 
ealebradaí*  en  su  henor,  Uevábsa  iü- 
/•U»,  da  dnade  tomaroa  el  nombrado 

ITX'ALÓFOBOa. 

ItüUo,  la.  Adjetiro.  BtUmiM.  Que 
tieoe  hnjai  rectas. 

BnuoLooíiL.  Griego  itkyif  daxeelio, 
7 pkyllon,  hoja:  ;tÁ  fv^lw. 

Itil.  Masculino. VAeAíttíce.  Árbol 
qae  se  cría  en  la  proTincía  de  Luja, 
en  el  Potú,  lemejants  axteriormente 
al  awasaiio,  pero  de  tan  dafliaos  eflu- 
vios, ^ne  hasta  pasar  por  junto  á  él 
pan  hiooharse, 

Itilo.  Maacalino.  Mitología,  Hijo  de 
(^to  y  de  Aadoaa.  Una  noeha  su  ma- 
dre 1«  iKRtó  involaatariaiMate;  /  Im- 


ITOR 

biendo  pedido  la  muerte  á  los  diusea, 

fué  eonrertida  en  jilguero, 

EriifOLOofA.  Latín  It^lus, 

ItimlK».  Uaseuline.  AmtífüMlt'fe». 
Canción  de  loa  antiguos  en  honor  de 
Baco.  I  Másioo  qae  la  ejeoataba.  || 
Baile  con  la  música  de  esta  misma 
eaneidii. 

Itinerario,  ría.  Adjetivo.  Lo  per- 
teneciente á  caminos.  |  Masculino.  La 
descripción  7  dirección  de  algún  ca- 
mino, eipresando  los  lugares  y  posa- 
das por  donde  so  ha  de  tmnsitar.  |¡ 
Milicia*  La  partida  ^ue  se  adelanta 
para  preparar  alojamaeoto  á  la  tropa 
que  va  de  marcha. 

Stwoloqü..  Latín  iiín^raríum,  des- 
eripeíón  de  un  viaje;  forma  de  iter, 
itíiurit,  camino,  jornada;  forma  de 
iíum,  ido,  supino  de  iré,  ir:  catalán, 
itineran;  flranoés,  iti*éraire. 

Itinarario  da  Antoniae  Pió.  iñ»- 
toria  jf  arfueologia.  Véase  lo  que,  aoer- 
ea  de  eate  preeioaa  moaumento  de  la 
antiffaadaa,  decimos  en  nuestro  ar- 
«mío  GALzaDA. 

Itis.  Masculino.  MitolagU.  Hijo  de 
Teseo.  Progne,  su  madre,  le  sirvió 
para  ser  comido  en  nn  festín,  j  fué 
convertido  en  faisán;  ssgúa  algunos 
autores,  en  ruisefior.  |  Nombra  de  un 
guerrero.  (Bstaoio.) 

BTii«».oaÍA.  Latín 

Itoé  Itóa.  Maseulino.  Mitote^. 
Nieto  de  Deeaalicte,  que  invento  el 
arte  de  laborar  los  metales. 

Ilómata.  Adjetivo  masculino.  Mi' 
íalopía,  Sobnnombra  b^o  d  enal  era 
Jdpiter  adorado  en  Ii9vU,  mudad  de 
Tesalia. 

ItoNoas.  Fameaino  plural,  ffisto- 
ria  anft^iw.  Fieatas  qua  aanalraente 
se  eeleblrabau  en  Mésenla  en  honor  de 
Júpiter,  qne  había  sido  criado  por  las 
ninfas  JCotue  y  Neda  en  las  grutas  de 
Itomtf  en  Tesalia. 

Itómeta  ó  Itomeo.  Masenlino.  Mi' 
teloaid.  Sobrenombre  de  Júpiter,  to- 
mado del  culto  que  se  le  tributaba  en 
liorna,  eiudad  de  Tesalia,  doQde  se 
oelebrabao  en  sn  honor  las  llamadas 
jUsItu  imiBAt. 

Itría.  Femenino.  Óaido  de  itrio. 

BriMOLoaU.  (Landais.) 

Itrio.  Masculino.  Bspaeio  da  subs- 
tanda  metálica. 

BmcoLOOf A.  Itria. 

Itrocarita.  Femaniao.  Qatefca. 
Fluato  de  itrio  y  de  eerio. 

Itárbide  (AousTf.N).  Emperador  de 
Méjico,  qne  nació  en  Valladolid  de 
Méjico  en  1763  y  murió  en  1834.  En- 
tró i  servir  á  las  17  años  como  volun- 
tario en  los  provinciales  de  au  eiudad 
natal,  en  eujo  cuerpo  era  teniente 
cuando  en  1810  estalló  la  insurrec- 
ción acandillada  por  el  curada  Dolo- 
res, don  Miguel  Hidalgo.  Invitado 
iTÚBitu  por  el  jefe  de  la  insurreooión 
á  tomar  parte  en  ella,  resistió  cnéigi- 
camante  y  prestó  gtaadea  servicios  al 
Gobierno  español,  persiguiendo  tin 
descaneo  á  loa  aublendoa  y  oeasio- 
n&ndirfes  infinitaa  pérdidas,  «n  recom- 
pensa de  lo  cual  ascendió  en  poco 
tiempo  al  empleo  de  coronal.  Obtuvo 
despuéa  el  mando  de  algunas  provia* 


ITOR 


218 


das;  r  la  im^taaeia  ana  había  ad- 
quirido desperté  ra  amMeida  en  tér- 
minos que ,  al  saberse  la  revolucidn 
die  la  ^DÍnsnk  en  1^30,  noeurd  ob- 
tener un  mando;  llamó  á  si  á  naa  per- 
eión  de  jafea  distinguidos  y  alxó  el  es- 
tandarte da  la  Mvolueióo  qoe  muj 
pronto  filé  secnndada  por  todo  el  paia. 
Venoidaa  laa  tsopas  espaflolas  an  to- 
das putee,  se  aeaaió  na  Congreso,  (jue 
empesd  á  dictar  lejes,eaande  ana  m- 
sarceoeidn  militar,  imponiendo  su  vo- 
luntad al  Congreso,  proclamó  empera- 
dor á  iTóasiDa  el  18  de  Mayo  de  1822. 
El  Doevo  soberano  aetabkeció  ana  casa 
imperial  al  estilo  de  las  de  Europa,  y 
raa j  pronto,  olvidando  mum  compro^ 
misos,  quiso  gobernar  por  sí  solo,  se 
indisposo  con  el  Congreso  y  la  disol- 
vió. En  Dieismbre  del  mismo  a&o,  el 
ooroael  Santa  Ana  peodamó  la  repú- 
blica, grito  que  fue  rápidamente  ae- 
oundado  por  al  méreito  j  las  pobla- 
eienea;  y  aunque  Ivúrbim  qaiao  tran- 
sigir, ranniando  nneramente  el  Con- 

freso  disnelto,  sdlo  eonsiguió  aer 
spnesto  por  él  y  desterrado  á  Italia, 
pan  donde  se  embarcó  en  Í82S.  Des- 
pués de  viajar  por  Eurooa  algunos 
meses,  se  fijó  en  Londres,  desde  Sonde 
dió  un  manifiesto;  y  como  las  ootleias 
^ue  recibía  de  sus  amigos  le  {untaron 
a  stt  país  presa  de  la  más  espantosa 
anarquía,  escribió  al  Congreso  ofre- 
eiéttdole  sn  persona,  así  eomo  recur- 
sos en  armas,  municiones  y  dinero. 
Bl  Con^fnoo  le  declaró  traidor  y  le 
condeno  á  muerte  si  volvía  á  pisar 
el  territorio  de  la  repáblica;  pero  él, 
sin  tener  noticia  de  esta  determina- 
ción, se  ambared  en  Londrea  j  llegó  á 
las  eoatas  mejieanas  en  Julio  de 
Apenas  naktó  á  tiarm.  ftié  preao  por 
las  fuersas  que  mandaba  el  comandan' 
te  militar  La  Garza,  que  le  condujo  á 
Soto-la- Mari  na;  y  á  peaar  de  la  orden 
que  existía,  envió  una  consulta  al 
Congreso  del  Bstado  da  Tamaulipas, 
reunido  en  Padilla,  y  c(mdnjo  allí  al 
prisionero.  Bl  Cong<reso  reprendió  á 
La  Garza  por  su  vacilación  en  obede- 
cer la  le^  7  dispuso  inmediaumente 
la  ejecución  de  iTt'asiDB,  que  fué  fu- 
silado á  las  pocas  horas.<  láos  restos 
se  trasladaron  á  Méjico  eñ  du- 
rante ta  ad^niatnieldn  del  general 
Bustamante.  " 

Itmaoa.  Mnaeidinoplunl.  ^sofra- 
Jta  antigua.  Naturales  deiaTraaoní- 
tíde,  famosos  porsa  habilidad  en  ma- 
nejar el  arco.  (CicsaÓN,  Lucaho.) 

BtiuolooÍa.  Latín  ItUrm,  fbnna  de 
//fiTM,  la  Traeonítide,  pafs  de  la  Ca- 
lesirta. 

Iturita.  Femenino.  Geografía  «i|fi- 
gua.  Nombre  antiguo  de  una  cf ndad 
de  la  Tarraconense,  que  pnade  ser 
Sangüesa,  tANTONiNO  Pío.) 
'  EnHOLOofa.  Latfn  /Atrtiaa  4  Itm- 
risa, 

ItnnibiUan  (Amionio  di).  Na- 
I  vegante  espa&ol,  que  nació  en  Metri- 
'  co  en  1656  7  murió  an  171Í8.  Hiao  va- 
rias campañason  la  América  del  Sur; 
I  se  dísiÍDguíó  contra  los  ingleses  en  el 
{ Mediterráneo  7  se  dedicó  también  á 
¡la  oonstmooiAi  Daval,  aoavoa  da  la 


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cual  escribió  uua  ubra  titulad^: 
glas  y  proporciones  para  la 
bajeles. 

lubre(Á).  Locución  Adrtrbial  anti- 
eaftda.  Por  6  en  otra  parte, 
lude^.  MftmUap.ftfttwiMkdQ*  Jubz. 
lodeaWi^áiU  ÁM^taM»»  Bi^o  de 

jadío. 

Indgar.  Activo  anticuado.  Juzoih. 

Indf o.  MaaeajUuuu«9tiw«f^  ^"^^ 
dOi  aenteacia.       ,  • 
.  Indicio.  MafeiiUno.uitleívido.  Joi- 

ludiz.  Masculino  anticuado.  JoKZ. 
ludizo.  Masculino  anticuado.  Jui- 
cio. 

luego.  Masculino  anticuado.  JOB- 
,00.  II  Anticuado.  Burla. 

luez.  Masculino  anticuado.  JuBz. 

luge.  Masculino  anticuado.  JuBz. 

lugraressa.  Femenino  anticuado. 
JuQLARBSSÁ,  música. 

luiz.  Masculino  anticuado.  Jubz. 

laiso.MaseulÍDo  anticuado.  Juicio. 

lalgar.  AetiTOitQttea^do.  Juzgar, 
decretar,  aentenoiar..' 
.  i  Ii|ltiq>pHaHitii»«ittieiud<k  JoLio. 

IBliior.  Maaadliño  aBtiéaado.  Siíb- 
dito  de  un  majror  d  seflor. 

lunir.  Neutro  anticuado.  Jun- 

TABSB. 

lunnir.  Activo  anticuado,  ükcir. 

lunt amiento.  MaacuHao  anticua- 
do. Vínculo. 

luntar.  Activo  anticuad*)» Jhtntar, 
.  unir,  ¡j  Anticuado.  Co^a.  .    .  . 

lar.  MaBcalinoaaticaado.  Dendio, 
poder. 

EriMOLoafa.  Latín  j%s, 

lura.  Femenino  anticuado.  Jmu.. 

JURAUBNTO. 

larmda.  Fameoiao  anticuado.  Ju- 
naioutro.  I  Antíeuado.  PanusA. 

•  lanmenter.  Activo  aatioaado. 

OBAUBNTAB.  . 

luramento.  Masculino  anticuado. 

JURAUBNTO. 

luramientar.  Activo  anticuado. 

JüRAUBNTAB. 

luramiento.  Masculino  aatieuado. 

JUHAMBN  rO. 

lurar.  Activo  anticuado.  Jürár. 
\  Neutro.  Jurar  con  alguno.  Fiase 
anticuada.  Conjaian^,  formar  ^r- 

ciatidad. 

luria.  Femenino  anticuado.  lufiio. 

lurio.  Masculino  anticuado.  I)ere- 
eho^  poder.  |  Antiattiuio.,Posi8tdif. 
.  BniKnAOtfa.  Ar. 

taro.  Maaculino. anticuado.  linio. 

las.  Adverbio  da  lugar  aaticuado. 
J  nsa  o. 

lusano,  na.  Adjetivo  a: 'i  lado. 
Loque  está  debajo.  [|  Antiuiado.  Lo 
-  que  viene  rl^^spués,  venidero. 
EtiuologU.  ittí. 

luso,  vdverbio  de  lugar  anticuado. 

Dbuajo. 

.  ETIUOLOOfA.  lut. 

lusta.  Femenino  anticuado.  Jus- 
ta. \  Anticuado.  Contienda,  pelea, 
lustar.  Neutro  anticuado.  Pblbar. 

•  ¡I  Metáfora.  Disputab. 
.  -BrtuoLoaU.  Juttar, 

.-  :;liiBtioía.Feinenínoantieitado.JuB* 
i  KiOu.  D  Aotlauado.  Oaattlfo,  pena. 
itt  ^onticiar. .Retira  «ntienado.  Joz- 


IXIF 

OAR.|[  Anticuado.  Ajustitnar,  castigar. 

lustiza.  Femenino  anticuado.  Jus- 
ticia. 

lustizar.  Activo  anticuado.  Sbn- 
TBNCiAB.  g  Anticuado.  Ajusticias. 

lutancia.  Femenino.  Cópula  car- 
nal. 

EtuiolooÍa.  Uetitesis  de  iu»íar. 
lutcar.  Activo  anticuado.  Juzgar. 
lutro.  Masculino  anticuado.  Bui- 
tre. 

laaez.  Masculino  anticuado.  Jubz. 
Inycío.  Masculino  anticuado.  Jui- 
cio. 

luys.  Masculino  anticuado.  Jubz. 
layzio.  Masculino  anticuado.  Jui- 
cio. 

luKgado.  Masculino  anticuado. 
Juzgado,  tribunal.  |  Anticuado.  Pro- 

OBSO. 

Iva.  Femenino.  Botánica.  Iva  hus- 
CATA.  Artética,  ajruga  6  pirrilio.  (Pu- 
mo.) 

Btucoloq(a.  Francés  if:  normando, 
i;  bajo  latín,  ipput»  del  alto  alemán 
tica;  alemán  moderno,  Sibe^  en  rela- 
ción con  el  céltico:  kymrj,  j/wi:  bajo 
bretdn,  tein;  inglés,  yM>.  (LiTrat.) 

1.  Esta  etimología  no  está  conforme 
con  las  realidades  de  la  lengua.  El  alto 
alemán  t'nw  no  es  otra  cosa  que  la  al- 
teración ff>ética  del  latín  abUa,  raíz  de 
abijfürt,  obrar  hacia  fuera,  hacer  aboi^ 
tar,  porque  se  creyó  que  la  ita  nar- 
caía  hacía  abortar  á  las  mujeres. 

2.  Bsto  significa  que  la  raíz  de! 
nombre  del  artículo  es  latina,  no  ale- 
mana ni  céltica. — «Especie  de  hierba 
llamada  así  en  las  boticas,  en  griego 
Umep^tis,  y  vulgarmente  oya^a.  Es 
una  planta  algún  tanto  arqueada  en 
sus  tallos,  que  se  extiende  por  tierra; 
las  hojas  son  parecidas  &  las  de  la 
siempreviva  menor,  aunque  más  me- 
nudas y  espesas.  Huele  mucho  al  pino. 
Sus  ñores  son  amarillas  ó  blancas, 
muy  menudas,  y  la  raíz  como  la  de  la 
chicoria.  Llámanta  vulgarmente  pi- 
níilo.  Hay  tres  especies  de  ella,  y  ma- 
cho y  hembra;  la  segunda  especie  lla- 
man en  las  boticas  iva  mutcata,  6  ar- 
tética.» (Laguna,  Sohrt  DiMcdridiS, 
libro  jn,  capitulo  169,) 

Ivornal.  Adjetivo  anticuado.  Lo 
que  toca  al  invierno. 
Ivemar.  Neutro  anticuado.  IinraR- 

HAB. 

Itímboo,  ca.  Adjetivo.  Ibicbnoo. 

Ivierno.  Masculino  anticuado.  In- 
viRRNO.  I  Metáfora  anticuada.  Cosa 
mala. 

Ixia.  Femenino.  Botánica,  Planta 
irídea  que  se  cultiva  por  adorno  en 
los  jardines. 

BnuoLOofA.  Latín  ixia,  la  hierba 
camaleón.  (Punió.) — «Cierto  humor 
pegajoso,  á  manera  de  engrudo,  que 
se  halla  congelado  en  las  raices  del 
chamaleón,  hierba.»  (Acaobuia,  Z^í^ 
cionariode  17S6,) 

Ixiiceo,  cea.  Adjetivo.  Botánica. 
Parecido  á  la  ixia. 

Ixient.  Participio  activo  anticuado 
de  ixir.  Saliente,  qjin  sala;  saliendo. 

Izieo,  «a.  Adjetivo.  Ixxácbo. 

Ixifonae.  AdjetÍTO.  Historia  naln- 
rai^  Que  tiene  ia  fornu  de  ixia.  . 


I2SQÜ 

Uioida.  ffittfitia  M/fiMÍ..lKra> 


Kl. 


Ixión.  Masculino.  Mitolo^,  Rej 
de  los  lápítas,  hijo  de  Fle^ia.  padre 
de  Piritoo,  que  prometió  cierto  pre- 
sente á  Deyogeno,  y,  no  queriendo 
pagar  su  deuda,  le  dio  muerte.  Re- 
chazado por  todos  después  de  su  cri- 
men, Júpiter  le  compadeció  de  él  vía 
llevó  al  cielo,  donde  se  atrevió  á  ha- 
cer el  amor  i  Juno,  por  lo  que  aquel 
dios  le  precipitó  en  el  Tártaro,  doaáa 
fué  condenado  á  estar  eternamente 
encadenado  á  una  rueda  de  culebrai 
que  está  en  continuo  movimiento. 

EruiOLOafA.  Latín  /xton.  (OviD:a) 

Ixionidea.  Masculino  plural.  Jtfí- 
tolpgía.  Descendiente  de  Piritoo,  hijo 
de  ixi-in.  (pRorBRCio.) 

EnuoLOGÍA.  Latín  IxtonUft. 

Ixir.  -Neutro  anticuado.  Saur. 

EtiuolooÍa.  Latín  esirg;  de  «s,  fu- 
ra, é  tre,  ir. 

Izómatat.  Masculino  plural,  ffii- 
torta  aníiffua.  Nombre  que  suela  ha- 
llarse con  aplicación  á.  los  escitas. 
También  se  encuentra  ía  forma  iaí- 
matas  y  bxómatas. 

BTUfOLOOÍA.  Latín  ejiSmítm  é  isi- 
mkíe,  (Valbbio  Flaco.) 

Izora.  Masculino.  Mitología.  Díri- 
oidad  de  los  indios;  voz  que  no  debe 
ser  sino  una  corrupción  de  Iswara. 

Ixtago.  Masculino.  Zoología.  Bipe- 
cie  de  serpiente  del  Brasil. 

Ixa.  Femenino.  Qermanla.  Mujer 

fiública.  \  ¡Iza!  Voz  de  que  se  vtfen 
os  marineros  para  izar. 
EnuoLOofA.  JzaVf  imperativo,  se- 
gunda persona  .del  aíngujar;  iza  U: 
catalán,  ista. 

liado.  Masculino.  Gtrmaaia.  Bl 
anuncebado. 

Izaga.  Femenino.  El  lugar  en  don* 
de  hay  muchos  juncos. 

Izar.  Activo.  J/iirtMd.  Tirar  de  al- 
guna cuerda  ó  cabo  para  levaatar  Us 
vergas  y  velas  de  la  embarcación,  / 
hacer  otras  maniobras. 

BtiuologÍa.  Alemán  hisie»:  danés, 
kei$e;  antiguo  inglés,  Aogie;  antig'uo 
escandinavo,  ktsa;  sueco,  hitta;  ita- 
liano, issare;  francés,  kitter¡  catalán, 
iii«r;  portugués,  úar. 

Izedei.  Maseulino  plural,  iftf^ 
yfa  india.  Genios  benéficos  en  la  nli- 
gión  de  Zoroaatro,  creados  por  Or- 
muzd.  Son  28;  van  después  de  los  si^ 
te  Amchaspandos,  á  los  cuales  sirves 
de  ministros,  y  son  los  opuestos  á  loi 
dioses  ó  genios  del  mal. 

Izgi.  Masculino  plural.  Gtegnfu 
antigua.  Pueblos  de  la  India. 
EnuoLoaÍA.  Latín  Itgi. 
Iziralón.  Masculino.  Gt^rafía  i»- 
iigua.  Ciudad  de  Tracia.  (Amtomso 
Pío.) 

Etiuología.  IHrillon. 

Izizum.  Masculino.  GtograJU^CiO' 
dad  de  Egipto. 

Etiuología.  Latín  7si2«»i> 

Izquierda.  Femenino.  Szkbstu. 

Btwolooía.  Uguierdo:  cauUn»/'' 
^urra;  na  esquerrat  mano  itqm*'' 

Izquierdear.  Neutro  rneuf^ríco. 
Apaiursa  de  lo  que  dicto  la  ratóo  7 


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IZQÜ 

el  juicio.— «Bastardear  ó  torceraet  fí- 
sica ó  moralmente.  Bs  formado  del 
nombre  izquierdo.»  (AcADSUUt  Dic~ 
dmuriodtmej 

Izquierdo,  da.  AdjetÍTo  que  se 
aplica  •  los  miembros  dobles  del  ani- 
mal, que  caen  al  lado  del  corazón.  Los 
aue  corresponden  al  lado  opuesto  se 
llaman  derkchos.  Por  ampriación  se 
aplican  estas  TOces  á  los  sitios  j  otras 
cosas  que  caen  al  mismo  lado,  j  Zur- 
do. I  Se  dice  de  la  caballería  que  por 
mala  formación  saca  los  pies  ó  manos 
hacia  fuera,  y  mete  las  rodillas  aden- 
tro, l  Metáfora  antigua.  Torcido,  g 
Nombre  patronímico  de  Tarón. 

EnMOLOOÍA.  Latin  seavut,  tañóla: 
catalán,  esquerre,  lo  que  está  á  la  iz- 
qaierda;  uquerrát  «a,  zurdo,  del  an- 
ticuo esqturrert  o. 

liqaierdo  (Pbdbo).  Bscultor  espa- 
ñol, enjn  celebridad  se  debe  á  sus 
trabajo!  en  al  aitesonado  del  para* 


IZQÜ 

ninfo  da  la  anÍTersidad  de  Alcalá,  en 

1519. 

Izquierdo  de  Ribera  y  Lezaún. 

(BcaBNio).  Diplomático  esj)añol,  que 
nació  en  Zaragoza  j  manó  por  los 
a&os  de  1816.  En  tiempo  del  ministe- 
rio Qrímaldi  fuá  director  del  gabinete 
de  historia  natural  de3Iadrid;despnés 
de  desempeñar  varias  misiones  que  le 
encargaron  los  ministros  Floridablan- 
ca,  Lerena  j  Valdés,  fué  presentado  á 
GodoT,que  le  nombró  consejero  de 
Estado  Honorario.  Estuvo  encargado 
de  varias  misiones  confidenciales  en 
París  durante  el  Directorio;  nombra- 
do ministro  plenipotenciario  en  1806, 
firmó  en  1807  el  tratado  de  Fontaíne- 
bleau,  por  el  que  se  repartía  el  Portu- 
gal entre  Francia,  España  j  el  prín- 
cipe de  la  Paz.  Cuando  supo  que  este 
tratado  quedaba  sin  efecto,  vino  á  Ma- 
drid V  reveló  todos  los  proyectos  de 
Napoleón,  haciendo  díspoiur  nn  naje 


IZZI 


215 


de  la  familia  real  á  Méjico.  Luego  que 
Carlos  IV  pasó  á  Francia,  fué  algúu 
tiempo  su  encargado  de  negocios  cer* 
ca  del  Gobierno  francés,  y  después  le 
retiró  á  la  vida  privada. 

Izzet-Molla.  Poeta  turco  ap^lida- 
do  Ketckedjizadeh  (hijo  del  cocinero), 
que  murió  en  1830.  Después  de  des- 
empeñar algunos  cargos  judiciales, 
compuso  muchas  poesías  en  honor  de 
Mahmud  j  alcanzó  el  favor  de  éste; 
pero  algún  tiempo  después  fué  deste- 
rrado por  haber  escrito  egigramas  con- 
tra el  soberano  con  motivo  de  su  ma- 
nifiesto contra  los  rusos  en  1828.  Pu- 
blicó varios  /NosMt  6  eoleceiones  de 
poesías. 

Isxi  (Soliuán).  Historiador  turco, 
que  murió  en  1755.  Fué  maestro  de 
ceremonias  de  la  corte  otomana  j  cro- 
nista imperial.  Su  principal  obra  es 
una  Historia  que  comprende  el  perfo- 
do  de  1744  i  1752, 


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J,  Undécima  letra  de  nuestro  alTa- 
ueto/octaTade  las  consonantes.  Tiene 
coQ  todas  las  vocales  la  pronunciación 
fuerte  que  la  g  en  las  combínauiones 
p.gx.  Su  nombre  ea  jota.  (Acadb- 
HtA.)  ¡I  La  JOTA,  no  se  encuentra  jamás 
en  combinación  con  la  i,  tratándose 
de  voces  derivadas  inmediatamente 
del  latía.  Por  eonsig-uiente,  todos  los 
Tocablos  en  que  aparezca  la  eombina- 
ciÚQ  mencicnada^  no  son  deproceden- 
cía  directa  latina.  |  Tampoco  ta  naa 
antes  de  consonante^  ai  al  final  de  las 
ToeeS|  sino  en  ciertos  vocablos  toma- 
dos del  árabe,  ó  en  aquellos  en  que 
la  y  representa  la  j:,  como  en  carcaj 
(carcax),  reloj  (relox).  ||  El  vulgo  eiS- 
paüol,  especialmente  en  Andalucía, 
aspira  la  A,  cjnvirtiéndola  enj;  y  así 
dice:  jacer,  jacha,  j<iragán,jigo,  jigüe- 
ra,jonto.  |  Es  la  décima  letra  de  los 
alfabetos  francés  j  catalán.  ||  En  los 
idiiimas  neolatinos,  \&j  no  se  duplica 
en  ningún  caso,  |¡  Farmacia.  Bu  com- 
binacioQ  con  ciertos  sígaos,  sígniííca 
(la  JOTA  minúscula)  las  abreviaturas 
de  libra,  onza,  dracma,  escrúpulo. 
Desde  la  adopción  del  sistema  deci- 
mal, se  cuenta  por  gramos,  g  Gramtt- 
tica  samerita,  &  la  octava  de  las  con- 
sonantes j  la  tercera  de  las  paladia- 
les. I  Gramdtiea  árabe.  El  primitivo 
ánlw  lignificaba  el  sonido  de /por 
medio  del  djim  (ilj);  pero  en  el  árabe 
moderno  se  ha  introducido  nuestra^ 
eoo  tres  puntos  encima.  ||  Literatura 
Utina.  Décima  letra  del  alfabeto  lati- 
no, consonante  que,  aunque  primiti- 
vamente se  escribía  con  el  mismo  sig- 
no que  la  vocal  i,  era  ja  considerada 
por  los  antiguos  como  esencinlmente 
distinta  de  esta  vocal.  Es  la  letra  que 
más  estrecho  parentesco  tiene  con 


\  la  í.  Así  sucede  que  en  la  formación 
¡  de  las  palabras  y  en  la  flexión,  lu  j  se 
cambia  fre  que  a  te  mente  en  i:  Pompi- 
jns,  Pompei;  Gaju!-',  Gai;  jam,  ettam, 
i/uonlam;  ajo,  aUam.  Y  recíprocamente 
los  poetas  cambian  ta  i  ea_;'  por  posi- 
ción: a</jHe,  ahjetUus,  por  ahite,  abie- 
tUus,  etc.  Como  abreviatura  signifi- 
ca: J.  O.  M.=  /oPt  Optimo  Máximo; 
J.  VL.^Jum  Regina;  J.  V.  T.  WbÍio 
Victrix  Togat-i.  |]  El  fenicio  iot  j  el 
griego  idía  explican  el  por  qué  los  la- 
tinos daban  á  la  jota  el  sonido  de  t, 
cuja  pronunciación  pasó  al  antiguo 
romance  castellano,  en  donde  vemos 
que  jamás  se  escribía  iamá».  Por  esta 
razón  los  latinos  no  la  combinaban 
nunca  con  la  t,  lo  cual  hubiera  equi- 
valido á  la  repetición  de  sonidos  idén- 
ticas. 

Etimología.  Latín  j,  transfor- 
mación del  griego  I,  i  (Iwa,  iota);  del 
fenicio,  iot. 

Reseña*— \,  La  j,  en  su  forma,  no 
es  más  que  una  i  prolongada  hacia 
abajo,  j  era  en  el  fondo  la  misma  i. 
La  iota  latina  ha  pasado  en  castellano 
á  y  en  unas  pocas  voces,  como  ayudar, 
mayo,  mayor,  i,acer,  yugo,  etc.,  7 
impropia,  gutural  fuerte,  ó  juta^  en 
las  demás;  verbigracia:  Jocoso,  Juan, 
judío,  juezy  jumento,  justicia,  jucentud, 
majestad,  etc. ,  de  jocoso,  Joanne,judmo, 
judice,  jumento,  justicia,  juventtite,  ma- 
jes iate. 

2.  Bn  el  siglo  xiv  se  introdujo  la 
práctica  de  poner  un  punto  sobre  la  i 
para  major  claridad  en  la  escritura; 
práctica  que  se  extendió  á  la  y,  j  se 
conserva  noj  día,  en  atención  á  que 
esta  letra  es  tam)>ién  una  verdadera  t. 

3.  Antiguamente,  j  hasta  el  reina, 
do  de  Felipe  IV,  pronunciaba  el  cas- 


tellano lajoto  con  suavidad  (iota),  lu 
mismo  que  el  provun/.al  ó  el  francés: 
asi  la  y  de  hijo  sonaba  como  la  de  In 
voz  francesa  joli.  (Monlau.) 

4.  No  habiendo  sido  la  J  antigua- 
mente sino  ¡a  misma  letra  quu  la  1, 
careció  de  valor  numérico;  y  solamen- 
te se  representó  por  medio  de  la  J  la 
última  I  de  las  letras  numerales,  lla- 
madas cifras  fioancieras;  verbigracia, 
228  se  escribe  CCXXVIIJ.  Aíffunos 
autores  pretenden,  aunque  sin  uinda- 
mento  j  -sin  precisar  la  época,  que  la 
J  ha  valido  ciento;  afirmación  poco 
probable,  pues  el  valor  de  esta  canti- 
dad ha  sido  el  numérico  de  la  letra  C. 
Sin  embargo,  puede  haber  tenido  un 
valor  numérico  análogo,  como  en  la 
imprenta,  por  ejemplo,  donde  ha  ser- 
vido para  marcar  la  décima  hoja  de 
una  obra.  Q  La  J,  como  abreviatura, 
sólo  suele  usarse  en  J.  C. ,  que  puede 
tener  la  triple  significación  de  ye»-' 
cristo,  Jurisconsulto  y  Julio  César, 

5.  Hasta  mediados  del  si^lo  XVI,  es 
decir,  hasta  los  primeros  tiempos  de 
la  imprenta,  no  se  regularizó  el  valor 
de  la  J,  que  se  llamó  entre  los  fran- 
ceses, distinguiéndose  de  la  I,  como 
la  V  consonante  se  distinguió  de  la  « 
vocal.  Pelletier,  en  1550,  y  Kamus, 
en  1557,  determinaron  esta  adopción, 
y  los  impresoras  holandeses  fueron  los 
primeros  que  emplearon  la  J,  llamada 
entonces  por  esia  causa  J  de  Holanda. 
En  el  latín  de  la  Edad  medía,  para  la- 
tinizar los  nombres  bárbaros,  se  sus- 
tituía frecuentemente  la  (7  á  la  J,  ^ 
asi  suele  hallarse  ^on^HIMI  J/ortfi- 
nu>n,gaola  y  jaola- 

(i.  En  la  derivacdós  de  «Ijfanu  pe- 
labras,  las  lenguu  románAS  han  con- 
vertido vtijlik^  litiu,  como  vemM.  ^  •  v 

TOMOin  1»  . 

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218 


JABA 


en  nuestro  ^amba»  del  latín  gamba, 
pierna. 

7.  Los  romanos  dieron  nn  valor  in- 
variable á  la  J  colocada  ante  vocal. 
Esta  letra  constitujd  por  sí  toda  una 
sílaba  completa,  larga  6  breve,  como 
en  lo,  patria  dulcia,  A.  veces  sólo  for- 
maba sílaba  con  la  vocal  sigaiente, 
como  en  ianitor,  iocns. 

Ja.  Masculino.  Décimatercia  letra 
del  alfabeto  turco. 

Jaa-lwchi.  Masculino.  Especie  de 
eapitán  de  inñantería  entre  los  turcos. 

Jaa-já.  Masculino.  Bspecie  de  ár- 
bol de  nigricia  que  crece  en  los  para- 
jes húmedos. 

ETiuoLoofA.  Vocahlo  indigna* 

Jaaroba.  Femenino.  Especie  de  fa- 
seola  del  Brasil,  cujras  raices  son  co- 
mestibles. 

ETiHOLOofA.  Vocablo  brasileño. 

Jaba.  Femenino  americano.  Espe- 
cie de  cesto  tejido  de  la  hoja  del  ja- 
rej.  I  Llbvab  ó  tenbr  la  jaba.  Frase 
familiar  americana.  Tener  el  pelo  de 
la  dehesa.  (CABALLBao.) 

Jabado,  da.  Adjetivo  americano. 
Pintado  de  blanco  j  pardo  6  negro. 
Se  dice  de  loa  gallos  v  gallinas. 

Jabig*'^*  HaseoTino  plural.  Re- 
ligión nafumeUna,  Sectarios  mahome- 
tanos que  no  conceden  á  Dios  más  que 
unn  presciencia  limitada. 

Jabalcón.  Masculino.  El  madero 
que  se  tiende  desde  la  viga  maestra, 
en  el  tejado,  jr  el  que  se  coloca  obli- 
cuamente para  sostenes  cualquier  va- 
no 6  voladizo. 

Etuiolooía.  Arabe  djtmlt  dj^mel, 

(i^*tfin«/,eamello;  q|^/JL|«£^  (¿jáma- 
lo»), porque  esa  parte  abovedada  del 
tewo  presenta  la  forma  del  lomo  de 
aquel  animal.  (Quatbbmebs,  Dozy.) 

Jabalconar.  Activo.  Formar  con 
jabalcones  el  tendido  del  tejado.  Q 
Sostener  eon  jabalcones  algún  vano  6 
voladizo. 

Jabali.  Masculino.  Cuadrúpedo 
montaraz,  muj  común  en  varias  par- 
tes de  España,  del  cual,  domesticado, 
han  provenido  los  marranos,  y  se  dis- 
tingue de  éstos  principalmente  en  t&- 
ner  los  colmillos  inferiores  largos,  en- 
corvados y  prolongados  fuera  de  la 
boca. 

BiiKOLOofA.  Árabe  ijahal  (^^Uj^} 

monte;  djabati  (^Jh^^  montaraz: 

catalán,  iat»t¿i. 

1.  Pedro  de  AlcaU  traduce  jabalí 
puerco  por  djabalit  y  puerco  montes  ó 
jabalín  por  khiiuir  djabaU, 

2.  «Llamamos  en  España  Jabalín  á 
lo  que  el  Moro  llama  Oibeli,  que  es 
puerco  montes.»  (Rojas.) 

3.  Del  árabe  gebel,  monte  6  sierra: 
especie  de  adjetivo  sustantivado  que 
se  aplica  para  designar  el  puerco  mon- 
tes ó  salvaje.  (Momlau.) 

Jabalín.  Masculino  anticuado.  Ja- 
balí. 

1.  Jabalina.  Femenino.  La  hem- 
bra del  jabalj'«  ~ 

2.  Jabalina.  Femenino.  Arma  á 
manera  de  úna  pica  6  vúiablo,  de  que 


JABE 

se  usaba  más  comunmente  en  la  caza 
ma^or. 

ÉTiuoLOofA.  Medio  alto  alemán  ga- 
bilñt:  antiguo  ^?ímtxizo,gabelote,g ave- 
lote;  (tiacés,Javeloí. 

Jábalo.  Masculino.  Hijuelo  de  la 
jabalina. 

Jabalón.  Masculino.  Jabalcón. 

Jabalonar.  Activo.  Jabalconar. 

Jabaluno,  na.  Adjetivo.  Propio 
deljabalí. 

Jabañón.  Masculino.  Germania.  SI 
ratón. 

Jabardear.  Neutro.  Hacer  las  abe- 
jas segunda  cría  después  de  la  princi- 
pal, j  separarse  en  corto  numero  de 
su  mnestra  la  madre. 

Etiuología.  Jabardo. 

Jabardillo.  Masculino.  Jabardo, 
por  junta  de  gente. 

Jabardo.  Masculino.  La  segunda 
cría  que  hacen  las  abejas  después  de 
la  principal,  y  se  huye  de  la  madre. 
Q  Metáfora,  ^nta  de  gente  baja  ó  de 
mala  vida. 

1.  Jabaris.  Masculino.  Cuadrúpe- 
do de  América  parecido  al  jabalí. 

2.  Jabaris.  Masculino  plural,  ^tf- 
ligión  moAímetaHa.  Sectarios  maho- 
metanos que  creen  en  la  fatalidad. 

Jabato.  Masculino.  El  hijo  peque- 
ño á  cachorro  de  la  jabalina. 

Jabe.  Masculino.  Historia,  Nom- 
bre que  los  samaritanos  daban  al  Ser 
Supremo. 

¿TiuoLoafA.  Hebreo  jav,  eon  el 
mismo  significado. 

Jábeba.  Femenino.  Flauta  moris- 
ca. I  Jábsoa. 

Jabebineta.  Femenino.  Bspecie  de 
raja  que  se  pesca  en  hfi  costas  del 
Brasil. 

Jábocaó  jábega.  Femenino.  Una 
red  grande  ó  conjunto  de  redes  que 
se  emplean  en  pescar  j  otros  usos.  | 
Instrumento  músico,  especie  de  flau- 
ta, que  usan  los  moriscos. 

ETiMOLOOfa.  Arabe  ehaieka,  red:  ca- 
talán, xábega*  Jábega  v  jabeque  son  la 
misma  pfilabra  radical. 

Jabeguero,  ra.  Adjetivo.  Lo  per- 
teneciente á  la  jábega.  (  Masculino. 
Provincial  Andalucía.  £1  pescador  de 
jábega. 

Jabeque.  Masculino.  Embarcación 
mujr  usada  en  el  Mediterráneo,  de 
construcción  diferente  de  las  fragatas, 
aunque  con  igual  número  de  palos: 
navega  á  vela  j  remo.  |  Gfermanía,  Ci- 
catriz que  deja  en  el  semblante  una 
cuchillada,  en  cujo  sentido  se  dice: 
pintar  un  JABBQtm. 

BTiuOLOofA.  Arabe  ehabala,  ckabe- 
ka,en'úeñc;chabak^  cAa¿rA,enJaI,red. 

1.  La  forma  del  vocablo  presenta 
una  variedad  extraordinaria,  pues  se 
encuentra  chébek,  chabbak,  ckpobak,  en 
fiocthor,  Marcel  j  Naggiar;  chabbéc, 
ehehbéc,  ckobbéc,  según  la  pronuncia- 
ción africana;  así  como  una  antigua 
forma  tonbehX,  sunbekl,  en  Meninski: 
«buque  muj  asado  en  Asia;»  genus 
navigii  i»  Asia  frequentis,  de  donde  se 
origina  seguramente  el  italiano  tam- 
becco. 

2.  Jabegut  significó  al  principio 
red.  (Jal.) 


JABO 

3.  La  transición  de  red  i  barco  ea 
donde  hav  redes,  es  muv  dificultosa. 

(DOZT.) 

4.  La  voz  del  artículo,  eomoel  mii- 
mo  Dozj  nos  dice,  significa  red^  en 
Marcel  j  Bocthor. 

5.  En  cuanto  á  dar  al  buque,  con- 
tinente, el  nombre  de  la  red,  objeto 
contenido,  no  puede  ser  dificultoso, 
porque  en  cometer  esa  figura  eoosiste 
cabalmente  la  metonimia. 

6.  Bl  jabeque  era  un  barco  pesador, 
como  nsulta  en  un  pasaje  de  la  Ckn- 
nica  do  Conde  Do»  Pedro,  siglo  ir, 
que  Jal  cita,  lo  cual  hace  ver  ({üb  já- 
bega, red,  y  jabeque,  barco  de  pesca, 
son  la  misma  palabra  de  origen.  Las 
antiguas  formas  no  permiten  dudar: 
xabeca,  red;  xabeque,  buque. 

Derivación. — Arabe  diabbak,  chab- 
bek:  italiano,  sciabecco,  %ambeca>,tiaK- 
becco;  francés  antiguo,  ckabek;  moder- 
no, chébec;  portugués,  xabeco,  enxahe- 
que,  chaveco;  catalán,  xabech. 

7.  A  la  misma  serie  corresponde  ti 

Sortugués  enxavyo,  red  para  pescar, 
el  árabe  eck-chabeka,  red  j  pesque- 
ría, en  EdrisT,  así  como  etaavegus, 
«pesca  de  solhas  (solías)  e  ontropeíie 
miudoi»  pesca  de  sollos  /  otro  pesca- 
do menudo.  (Santa  Rosa.) 
Jabeqain.  Masculino.  Chajibbquín. 
Jabeto.  Masculino.  Especie  de 
crustáceo  muj  pequeño  de  la  costa  de 
Africa. 

Jabi.  Masculino.  Arbol  del  Tuca- 
tán,  cujra  madera  se  usa  en  la  cons- 
trucción de  buques.  II  Especie  de  man- 
zana pequeña  y  silvestre.  \  Especie 
de  uva  inferior  que  se  cría  en  Gra- 
nada. 

BTiifOLOofA.  Arabe  cka'Bi,  ach- 
cha'btf  en  Cheeuri:  «la  manzana  de 
primavera  es  la  que  se  llama  ac&- 
cAa'bi.» 

Jabino.  Masculino  provinósl. 
Chaparro. 

EtiuolooÍa.  Jabi. 

Jabirú.  Masculino.  Género  de  avei 
zancudas. 

Etimología.  Francés  jabirú.  (Buf- 

FÓN.) 

Jabladera.  Femenino.  Instrumen- 
to de  que  se  sirven  loa  toneleros. 
-   Btiuolooía.  Francés  jabliere,  for- 
ma dojable,  jable. 

Jame.  Masculino.  La  cavidad  cir- 
cular en  que  se  encajan  las  tiestas  de 
los  toneles  y  botas. 

BTiuoLoaÍA.  Francés  jabky  cnjo 
origen  no  se  conoce.  (LittbA.) 

Jablonowski  (los).  Historia.  Fa- 
milia de  principes  de  Polonia,  cu^os 
principales  miembros  fueron:  Esta- 
nislao, gran  general  de  la  corona;  ;¡ 
José  Alejandro,  que  fundó  en  Leipzig 
una  sociedad  ó  academia  de  la  histo- 
ria, llamada  jablonoviana,  que  aun 
existe. 

BtiuolooCa.  Jablonoi,  nombre  de 
una  comarca  de  la  Gran  Polonia. 

Jaboleno.  Masculino.  Historia  ro- 
mana. Célebre  jurisconsulto  del  tiem- 
po de  Trajano.  (Capitolino.) 

BxiuoLoaU.  Latín  Jabolinus. 

Jabón.  Masculino.  Compuesto  ar- 
tifiicial  de  un  álcali  j  aceite,  que  se 


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JABO 


JACA 


JACA  219 


iJisuelTeeii  el  ag'u»,  formando  espu- 
ma y  tiñéndola  de  blanco.  Sé  usa 
principalmente  para  lavar  las  ropas, 
j  M  llama  jabón  blando  el  ^ue  es  de 
eolor  oscuro  y  de  eo&sistencia  de  un- 
g'aeoto,  7  JABÓN  DUBO  el  que  es  de  co- 
lor blanco  y  tiene  mucha  ma/or  con- 
sistencia. O  Metáfora.  Cualquiera  otra 
masa  que  tenga  semejante  uso,  aun- 

3ae  sea  blanda  ó  no  esté  compuesta 
e  lo  que  el  jabón  común.  Q  de  Pa- 
LBHCiA.  Familiar.  La  pala  con  que 
las  lavanderas  golpean  la  ropa  para 
limpiarla  y  gastar  menos  j'abdn,  y 
por  alusión  se  toma  también  por  la' 
zurra  de  palos.  \  dr  pibdra.  Familiar. 
El  duro.  Ij  DB  SASTRE.  Piedra  blanca, 
especie  de  ^eso,  con  que  señalan  los 
sastres  lo  que  ban  de  cortar  d  coser.  Q 
Dab  un  jabón.  Frase  metafórica.  Cas- 
tigar &  alguno  6  reprenderle  áspera- 
mente. 

BnuOLoaU.  Griego  vaimiv  (tapón): 
latín,  sapot  saponii;  italiano,  sapo- 
ne;  francés  del  siglo  xiii,  sdvelon;  si- 
^lo  XVI,  savoa,  forma  moderna;  por- 
tugués, sa&So;  catalán,  sabó;  proven- 
zai,  tah;  picardo,  tavelon, 

1.  Pliiiio  dice  que  esta  voz  es  de 
origen  galo:  galUarum  hoc  inventum. 

2.  Sin  embargo,  el  griego  clásico 
tapd*  parece  excluir  la  procedencia 
cátiea  de  este  nombre. 

3.  La  V  del  vocablo  francés  es  bár- 
bara, puesto  que  la  p  del  griego  y  del 
latín  se  traduce  por  ¿  en  el  romanee, 
como  letras  añnes. 

Jabonado.  Bfasculino.  La  acción  y 
efecto  de  jabonar.  |  Bl  ciimulo  de  ropa 
blanca,  especiatmente  la  delpfada,  que 
se  da  á  jabonar  ó  viene  ya  jabonada. 

BTmoLOofA.  Jabonar:  francés,  ta- 
voitne:  italiano,  intaponaio. 

Jaiwnador,  ra.  Masculino  y  feme- 
nino. El  que  jabona. 

BtiuologU.  Jabonar:  francés,  »a- 
ctmneur. 

Jabonadura.  Femenino.  La  ac- 
ción j  efecto  de  jabonar,  y  Plural.  Bl 
agua  que  queda  mezclada  con  el  ja- 
bón j  tu  espuma,  ó  la  misma  espu- 
ma que  se  forma  al  jabonar. 

muoLOQÍA.  Jabonador:  francés,  lo- 
rMMMiue;  italiano,  taponaía. 

Jabonamiento.  Masculino.  Jabo- 

HADUBA. 

Jabonar.  Activo.  Fregar  ó  estre- 
gar la  ropa  ú  otras  cosas  con  jabón  y 
agua,  para  lavarlas,  emblanquecerlas 
ó  ablandarlas.  Q  Metafórico  y  fami- 
liar. Tratar  á  alguno  mal  de  palabras 
ó  reprenderle  ásperamente. 

BTiMOLoafA.  Jab-Jn:  francés,  taoon- 
ner:  iuliaao,  insaponare;  walón,  <a- 
treé. 

Jabonatríz.  Femenino  familiar. 
Jabonadoba. 

Jaboncillo.  Masculino.  La  bolilla 
ó  pastilla  de  jabón,  confeccionado  con 
alguna  cosa  antmática,  de  que  se  usa 
mucho  para  lavar  las  manos  y  hacer 
la  barba.  |  Un  trozo  de  clarión,  de 
qne  usan  los  sastres  para  delinear  en 
lu  telas  la  figura  j  eorte  de  los  ves- 
tidos. 

Jabonera.  Femenino.  Plasta  que 
crece  espontánea  en  varías  partes  de 


fiispaña.  Consta  de  varios  vastagos, 
nudosos^  blandos,  con  hojas  en  for- 
ma de  hierro  de  lanza,  con  tres  ner- 
vios. Las  flores  nacen  en  hacecillos,  y 
son  6  blancas  ó  de  color  de  rosa  cla- 
ro. El  zamo  de  esta  planta  y  su  raíz 
sirve,  como  el  jabón,  para  limpiar  la 
ropa.  ¡I  ó  JABUNBRA  DE  LA  Mancha.  En 
Ara^n  y  otras  parte  dan  este  nom- 
bre a  una  planta  que  es  de  dos  pies 
de  altura,  con  los  vastagos  nudosos, 
las  hojas  muy  estrechas  y  carnosas,  y 
las  llores  pequeñas  y  blancas.  Eu  al- 
gunos países  la  usan  en  lu^^ar  de  ja- 
bón para  lavar  las  ropas  de  lana.  Q  La 
caja  para  el  jabón  que  hay  en  los  re- 
cados de  barba  ó  de  lavar  las  manos. 

Etiuolooía.  Jabón:  francés,  rnton- 
niere,  saponaire;  latín  técnico,  tapindus 
SAPONARIA,  del  latín  sapOt  saphiis,  ja- 
bón, cujo  jugo  produce  un  efecto 
análogo  al  de  dicha  substancia. 

Jabonería.  Femenino.  Bl  lugar  ó 
sitio  en  que  se  fabrica  ó  vendé  el  ja- 
bón. 

EnHOLoaU.  Jabón:  francés,  tavon- 
nerit;  italiano,  taponeña;  walón,  sa- 
wnnreú 

Jabonero.  Masculino.  La  persona 
que  hace,  fabrica  ó  vende  el  jabón. 

Btiuología.  Jabón:  francés,  tavon- 
nier;  italiano,  saponajo. 

Jabonete  ó  jabonete  de  olor. 
Masculino.  Jaboncillo* 

Jaboniaar.  Activo  familiar.  Jabo- 

MAB. 

Jabonoso,  sa.  Adjetivo.  Lo  que  es 
de  jabón  6  de  naturaleza  de  jabón. 

ETiifOLoafA.  Jabón:  francés,  tavon~ 
néux;  itnU&no,  saponáceo. 

Jaborandi.  Masculino.  Planta  de 
raíz  gruesa,  de  flor  con  cuatro  hojas 
blancas  y  fruto  de  dos  cáscaras. 

Jabotí.  Masculino.  Especia  de  tor- 
tuga negra. 

Jabuco.  Masculino  americano.  Ces- 
to redondo  de  boca  estrecha,  que  se 
hace  de  varios  bejucos  y  cañas. 

Jaburan^ba.  Masculino.  Botáni- 
ca. Arbol  del  Brasil,  eujras  hojas  pa- 
san por  un  excelente  específico  contra 
las  enfermedades  del  hígado, 

ErikKnxwía.  Vocablo  oratiUño, 

Jabuticaba.  Masculino.  Bot&nica. 
Grande  árbol  del  Brasil. 

BnuoLoofA,.  Vocablo  indU/ena:  ttKtí- 
céa,  j  abdicaba 

Jabutra.  Masculino.  Especie  de 
garza  de  América. 

Jaca.  Femenino.  Haca. 

Jacacab.  Masculino.  Especie  de 
alondra  del  Brasil. 

Jacal  j  jacale.  Masculino  ameri- 
cano. Choza  ó  cobertizo  hecho  de  ca- 
ñas, carrizos,  paja,  etc. 

Jaoamaciri.  Masculino.  Especie 
de  picaza  del  Brasil. 

Jacamar.  Masculino.  Omiíoloffia. 
Género  de  aves  trepadoras  de  la  fami- 
lia de  los  cuneirrostros,  que  se  ali- 
mentan de  insectos  y  habitan  en  la 
América  meridional. 

Jacana.  Masculino.  Género  de  pá- 
jaros zancudos. 

EriuoLoaÍA.  Francés /acaiia.  (Lan- 

DAIS.) 

Jacanápero.  Masculino.  Especie 


de  mono'indígená  de  las  islas  de  Cabo 

Verde. 

Jacapa.  Masculino.  Omitologia.Qé- 
ñero  de  pájaras  silvanos  de  la  Améri- 
ca meridional.  - 

ETiuotooía.  Vocablo  indígenat  fran- 
cés, jacapa, 

Jacapani.  Masculino.  Ornitología, 
Especia  de  ruiseñor  muscívo^, 

Jacapo.  Masculino.  Especie  de  gra* 
ma  del  Brasil. 

ETiuoLOofA.  Vocablo  brasileño. 

Jaoapucago.  Masculino.  Botánica. 
Arbol  del  Brasil,  que  produce  una 
nuez  aceitosa. 

EruiOLoaf A.  Voablo  indígena:  {nn" 
cés,  jacapueajo. 

Jicara.  Femenino.  Composición 
poética  ligera  hecha  en  asonantes.  U 
Especie  de  son  para  bailar,  y  el  baile 
ó  canto  de  este  son.  Q  Bulla,  algaza- 
ra; reunión  de  gente  alegre.  |  Menti- 
ra. Q  Familiar.  Cuento,  nistorieta.  | 
dianza,  broma,  f  Familiar.  Molestia 
6  enfado. 

EtiuoldoÍa.  Latín  juego, 
chiste,  gracia,  donaire,  aludiendo  á 
que  es  un  canto  divertido:  catalán, 
xdcara. 

Jacaracia.  Femenino.  Botánica. 
Planta  espinosa  del  Brasil,  cayo  tron- 
co está  lleno  de  una  médula  que  cae 
hecha  polvo  cuando  se  quita  la  cor- 
teza. 

Jacaranda.  Masculino.  Botánica. 
Arbol  del  Brasil. 

Btiholooía.  Francés  jacarande:  ca- 
talán, sBoearanda, 

Jacarandaina.  Femenino.  Jaca- 

BANDANA. 

Jacarandana.  Femenino.  Germa- 
nía.  Rufianesca  ó  junta  de  rufianes 
ó  ladrones.  ||  Bl  lenguaje  de  loa  ru- 
fianes. 

ETiii(x.oafA.  Jácara. 

Jacarandina.  Femenino.  Germa- 
nia.  Jacarandana.  ||  Jácara,  ó  el 
modo  particular  de  cantar  los  jaques. 

Jacarandino,  na.  Adjetivo.  Lo 
que  pertenece  á  la  jacarandina. 

Jacardo.  Masculino.  Chacal. 

Jacarear.  Neutro.  Andar  cantan- 
do jácaras  frecuentemente.  |  Andar 
por  el  lugar  cantando  y  haciendo  rui- 
do. I  Familiar.  Molestar  á  alguno  con 
impertinencias  y  palabras  ridiculas. 

Jacareo.  Masculino.  Acto  ó  efecto 
de  jacarear. 

Jacarero.  Masculino.  La  persona 
que  anda  por  el  lugar  cantando  jáca- 
ras. I]  Bl  que  es  alegre  de  genio  y 
chancero. 

Jacareto.  SfascuUno.  Especie  de 
cocodrilo. 

BTiuoLoafa.  Francés  jacaret,  (L an- 
dáis.) 

Jacarílla.  Femenino  diminutivo 
de  jácara. 

Jacari'ní.  Masculino.  Ontitotogía. 
Nombre  específico  del  tangara  jaeari- 
Ht,  especie  de  pájaro  del  Urasif. 

EriuoLOofA..  Brasileño  jacarini: 
fnncéSfjacarini. 

Jácaro,  ra.  Adjetivo.  Lo  que  per- 
tenece y  toca  al  guapo  y  baladrón.  Q 
Masculino.  El  guapo  y  baladrón.  (|  A 
LO  JÁCARO.  Modo  adverbial.  Con  afec- 


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220 


JACE 


tációnt  valentía  ó  bizarría  en  el  modo 

ó  traje. 

ETiuOLoaÍA.  Jácara, 

Jacativa.  Masculino.  Botánica,  ki- 
bol  del  Brasil  que  produce  un  fruto 
parecido  al  limón. 

ExmoLoaÍA.  Vocablo  brasileño. 

Jacco.  Masculino.  Mitología.  Pon- 
tífice japonés  encargado  de  la  disci- 
plina religiosa. 

Jacea.  Femenino.  Botánica.  Géne- 
ro de  eentáureas. 

BtimolooCa.  Latín  técnico  eenlawra 
ihc&k,  de  Liuneo:  francés,  jac¿e, 

Jaceinas.  Femenino  plural.  Bútá- 
Hxca.  Tribu  de  plantas  de  flores  com- 
puestas. 

BtiuolooÍa.  Jacea:  francés,  jacéi~ 
néet. 

Jacena.  Femenino.  Arquitectura. 
La  viga  atravesada  que  sostiene  las 
demás  vigas  menores. 

EtiuoLoofA.  1.  Árabe 

(djaizj,  viga.  (DozT.) 

2.  En  efecto,  añadamos  &  djait  el 
sufijo  español  ena  j  tendremos  djaiu- 
na,  perfectamente  paralelo  de  jacena. 

3.  La  vacilación,  ex.presada  por  Do- 
zv,  tendría  lu^r  cuando  el  si^niSca- 
áa  de  usos  términos  fuese  distinto; 
pero  .siendo  idéntico,  la  duda  es  una 
demasía  de  modestia. 

Jacer.  Activo  anticuado.  Tibar  ó 

ARROJAB. 

Etuiolooía,.  Latín  ^'flííírí. 

Jacerina.  Femenino.  Nombre  de 
una  cota  de  malla  muy  fina. 

KTiuoLoaf  A.  1.  Arabe  A  l-djatair,  <la 
ciudad  de  Argel,»  en  donde  antigua- 
mente se  fabricaban  esas  armaduras. 

(COVARRUBIAS,  DÍSZ.) 

2.  «Esta  etimología  carece  de  base, 
porque  en  .Vr^el  no  hubo  jamás  seme- 
jante industria,  como  lo  demuestra  el 
silencio  absoluto  de  todos  los  auto- 
res. > 

«Según  Beiffénbe^,  el^n  de  jaceri- 
na representa  jaque,  como  jaque  á 
jaco  de  malla.» 

«Resta  cerina,  que  puede  ser  el  ára- 
be urad,  del  persa  iir&,  malla  j  cota 
de  malla.»  (Dozy.) 

Esta  opinión  del  docto  profesor  de 
Leyde  no  puede  admitirse  sin  reserva. 

1.  La  ap'icope  áe  jaque  en  el  ja  de 
jacerina  ofrece  una  grande  dificultad, 
no  habiendo  formas  intermedias  que 
expliquen  la  transformación. 

2.  La  prioridad  de  jaque  ó  jaco  ns- 

Secto  de  la  voz  del  artículo  no  se  ha 
emostrado  todavía;  amén  de  que  lo 
demostrado  hasta  el  presente  hace 
muT  dudosa  acuella  prioridad. 

3.  Según  DitZt  jaque  (jacof  túnica, 
eu  cu  JO  sentido  se  deeifiiaeo  de  malla; 
francés,  jaque  de  maüUs)  aparece 
en  1358,  de  cayo  dato  no  se  puede 
dudar,  puesto  que  el  francés /ac^u^  se 
encuentra  en  Du  Cange,  siglo  xiv. 

4.  Y  esta  noticia  está  confirmada 
por  la  cita  de  Dozj,  la  cual  se  refiere 
á  un  documento  de  1369,  once  años 
después  de  la  cita  de  Diez. 

5.  Nuestro  antiguo  vocablojiMdran, 
que  se  halla  en  el  Cancionero  de  Bae- 
ua,  nos  presenta  la  segunda  a  dejaza- 


JACI 

riño,  lo  perteneciente  i  la  ciudad  de 
^rg'el,  y  este  indicio  merece  llamar  la 
atención. 

6.  Demos  á  nuestro  ^aiaraH  la  s  del 
francés  jazeraní  ó  del  portugaés^'azí- 
riña  j  tendremos  jazarán,  per  ecta- 
mente  simétrico  de  djazair,  la  ciudad 
de  Argel, 

7.  Por  otra  parte,  el  jo  do  jaco,  tú- 
nica ó  cota,  j  el  árabe  tarad,  utrad, 
habrían  diáo  ja-zaradina,  ja-feradina. 

8.  Suponiendo  que  la  derivación  se 
hizo  del  persa,  la  forma  debió  set  ja- 
tirina,  cuyos  vocablos  no  aparecen  en 
ninguna  parte. 

9.  Es  de  presumir  que  la  afirma* 
eion  de  Covarrubias  ten^^  más  im- 
portancia de  la  que  el  sabio  Dozj  le 
na  concedido.  Mientras  que  nuevos 
datos  no  fijen  la  cuestión,  no  es  po- 
sible separar  jatarino,  cosa  de  Ar^el, 
j  jasaran,  por  jasaran,  arma  argelina. 

Derivación. —  Arabe  Al-djazair,  lá 
ciudad  de  Argel;  ^oíartíio,  lo  pertene- 
ciente á  dicha  ciudad;  jataran,  arma, 
en  el  Cancionero  de  B^tiiZ\jateran,ja' 
ceran,  en  Saez;  moderno, jacerina;  por- 
tugués, j'ítfmiw;  francés  antiguo,  ^'a- 
terant,  jazerenc;  italiano,  gkiazterino. 

Jaceríno,  na.  Adjetivo  anticuado. 
Lo  que  es  duro  j  difícil  de  penetrar, 
como  el  acero. 

EtiuologÍa.  Jacerina, 

Jacilla.  Femenínn,  Jazilla. 

Jacinta.  Femenino.  Nombre  pro- 
pío  de  mujer. 

ETiifOLoaÍA.  Jacinto. 

Jacintina.  Femenino.  Especie  de 
piedra  parecida  al  jacinto. 

Jacintineo,  nea.  Adjetiro.  Aná- 
logo al  jacinto. 

Jacintino,  na.  Adjetivo  propio  del 
jacinto. 

Jacinto.  }&A%ñix\\jío,  Botánica.  Plan- 
ta de  cebolla  que  entre  hojas  largas, 
crasas  j  estrechas,  echa  una  caña,  y 
en  su  cima  seis  ó  siete  flores  en  espi- 
ga, por  lo  regular  azules,  y  alguna 
vez  blancas  ó  algo  purpúreas,  conoci- 
das eon  el  mismo  nombre  en  la  jardi- 
nería. I  Mineralogía.  Piedra  preciosa 
de  color  rojo  oscuro.  Es  transparente, 
dura,  y  se  estima  para  adornos.  \\  Mi- 
tología, Hijo  de  Ebalo.  0  Nombre  grie- 
go de  varón:  san  Jacinto. 

BTiuoLOaÍA.  Griego  ^üi&mvtiwifJíiú- 
kintitos}:  latín,  Hyacinthut,  Hgacin- 
íhoi;  francés,  JaeintAe;  catalán  anti- 
guo,'./actat;  moderno,  </aemto;  italia- 
no, Giacinto. 

Reseña. — 1.  Lospoetasfíngieronque 
el  JACINTO,  planta,  nació  de  la  sangre 
de  Ajax,  con  las  dos  primeras  letras 
de  su  nombre,  cuando,  vencido  por 
Ulises,  se  dió  muerte. ' 

2.  El  JACINTO,  piedra,  semejante  al 
rubí,  es  de  tres  especies:  una,  de  co- 
lor de  naranja;  otra,  de  girasol;  otra, 
de  cidra. 

3.  Hyacinihus.  Nombre  propio  de 
persona,  de  una  piedra  preciosa,  de 
cierta  planta  bulbosa,  etc.  Voz  helé- 
nica y  de  origen  mitológico,  com- 
puesta de  al  (aj)  y  ánthos,  flor,  por 
alusión  al  desgraciado  fin  que  tuvo  el 
joven  y  hermoso  príncipu  Jacinto, 
hijo  de  Ebalo,  cuya  amistad  se  dispu- 


JACO 

taron  el  violento  Bóreas  y  el  amable 

Apolo.  (MONLAU.) 

Jacio.  Masculino.  Marina.  Calma 
chicha. 

1.  Jaco.  Masculino.  Vestido  corto 
que  usaban  los  soldados  en  lo  anti- 
guo, ceñido  al  cuerpo,  de  tela  muj 
grosera  y  tosca,  hecha  de  pelo  de  ca- 
bras. \  Jaqub.  i  También  se  decUí  ja- 
que y  JACO  de  m  illa. 

ETXuoLoafA.  Alemán  Jache:  sueco, 
jacka;  trances, yacjuí,  en  Du  Cange; 
inoderno,ya^««;  italiano,  ^tocco;  cau- 
lán,  jaco, 

1.  La  forma  jaque  se  encuentra  en 
las  Cortes  de  León  y  de  Castilla. 
( i  J,  página 

2.  El  francés ^'oyite  es  la  raíz  de^a- 
^uette,  chaqueta.  Por  consiguiente, 
jaco chaqueta  representan  sin  dud¡i 
la  misma  palabra  de  origen. 

2.  Jaco.  Masculino.  Caballo  pe- 
queño, tomado  generalmente  en  la 
acepción  de  caballo  ruin. 

STiuoLoaÍA.  Jaca, 

Jacob.  Masculino  anticuado.  Nom- 
bro propio.  Santiago. 

Jacob.  Patriarca  hebreo,  hijo  de 
Isaac  y  de  Rebeca,  nacido  en  1836  an- 
tes de  Jesucristo.  El  nombre  de  Jacob 
viene  del  verbo  hebreo  áhab,  de  que 
es  futuro  j  que  significa  suplantado, 
el  que  tiene  cogido  á  otro  por  la  plan- 
ta del  pie.  Este  nombre  fué  dado  al 
patriarca  Jacob  por  haber  venido  al 
mundo  asido  del  talón  de  su  hermano 
Esaú,  á  quien  quería  retener  en  el 
vientre  materno  a  fin  de  venir  al  mun- 
do antes  que  él;  con  lo  cual,  según  la 
Escritura,  se  demuestra  que  los  dos 
hermanos  habían  adquirido  antes  de 
ver  la  luz  la  costumbre  de  disputarse 
el  derecho  de  primogenitura.  Más  tar- 
de, Jacob,  aconsejado  por  su  madre, 
que  le  prefería,  habiendo  comprado  ñ 
su  hermano  Gsaü  la  primogenitura 
por  un  plato  de  lentejas  y  habiéndole 
usurpado,  por  medio  de  una  super- 
chería, la  bendición  de  su  padre,  hu- 
yó  para  evitar  su  cólera  á  casa  de  su 
tío  Labán,  en  Mesopotamia,  En  el  ca- 
mino vió  en  sueños  una  escala  miste- 
riosa, que  iba  de  la  tierra  al  cíelo,  y 
cujos  escalones  estaban  cubiertos  de 
ángeles  que  subían  y  bajaban.  Al  lle- 
gar á  casa  de  Labáu,  se  comprometió 
á  servirle  siete  años  para  obtener  la 
mano  de  su  hija  Rebeca;  pero  habién- 
dolé  engañado  su  tío,  tuvo  que  pasar 
otros  siete  en  la  servidumbre  después 
de  haberle  concedido  en  el  primer 
plazo  Labán  á  su  hija  mayor,  Lín. 
Cargado  de  grandes  riquezas,  volvió 
al  cabo  á  la  tierra  de  Canaán,  se  re- 
concilió con  su  hermano,  que  fué  á 
vivir  á  la  Idumeay  se  retiró  áSethcl. 
Jacob  tuvo  doce  hijos:  Rubén,  Si- 
meón, Leví,  Judá,  Isacar,  Zabulón, 
Dan,  Nephtalí,  Gad,  Aser,  José  y 
Benjamín.  Cuando  su  híjo  José  llegó 
á  ocupar  una  alta  posición  en  Egipto, 
llamó  á  su  lado  á  su  anciano  padre  y 
le  estableció  en  Gessén.  Jacob  murió 
allí  á  la  edad  de  147  años,  siendo  el 
tronco  de  las  tribus  hebraicas.  El 
nombre  de  Israel  le  había  sido  dado 
en  conmemoración  de  su  lucha  con  un 


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JACO' 


JACO 


JACQ  221 


áng^el,  fígara  bíblica  que  ha  sido  ex^ 
plieada  de  diversas  maneras. 

BTiuoLoaÍA.  Jacobs  suplantado, 
forma  de  akab,  aludiendo  á  que  nació 
coD  la  mano  asida  al  talón  de  su  her- 
mano Esaü. 

Jacobea.  Femenino.  Botánica. 
Subg^énero  de  plantas  senecionídeas.  |¡ 
Jacobea  blbta.nte.  Nombre  que  dio 
llcench  al  seneción  pseudo-elegante 
de  Lesson,  el  cual  no  debe  confundir- 
se con  el  ftf»^ci'>ttffí/'^aflí«  de  Linneo.  ]¡ 
Jacobba.  marítima.  Uno  de  los  nom- 
bres Tnlgares  de  la  sineraria  marítima 
de  Ltaneo  ($i*antéreas),  llamada  tam> 
bien  Ul  cineraria.  (Lsqoarant.) 

ErucOLOofA.  Francés  jacoi»,  deJa- 
coha,  nombre  latino  de  Jacques,  por- 
que dicha  planta  se  llama  vulgarmen- 
te  la  hierba  de  Saint-Jac^w* 

Jacobea'stro.  Masculino.  Botáni- 
ca. Subdivisión  de  plantas  del  géne- 
ro jacobea,  <jue  comprende  las  espe- 
cies de  perianto  simple  j  monótilo, 
con  flores  machoi  j  medios  florones 
hembras. 

Jacobebide.  Masculino.  Botánica. 
Subdivisión  de  plantas  del  género 
jacobea,  que  comprende  las  esp^'cies 
de  perianto  simple  polifilo,  j  cujas 
flores  son  hermafroditas. 

Jacóbeo,  bea.  Adjetivo.  Análogo 
á  la jacobea. 

Jacobinico,  ca.  AdjetÍTo.  Propio 
de  los  jacobinos. 

Jacobinismo.  Masculino.  Doctri- 
na democrática  revolucionaría. 

Etiholoo[a.  Jacoho:  francés,  jaco- 
hinhme;  caialán,  jacolinismo. 

Jacobinista.  Sustantivo.  Partida- 
rio del  jacobinismo. 

Jacobinizar.  Activo.  Hacer  &  al- 
guno jacobino. 

Jacobino,  na.  Masculino  j  feme- 
nino. El  que  profesa  la  doctrina  del 
jacobinismo.  |  Miembro  de  una  socie- 
dad palítica,  establecida  en  París, 
eujro  programa  era  la  igualdad  ^  la 
democracia  absolutas.  Por  extensión, 
pasó  i  ser  el  apodo  de  los  partidarios 
más  ardientes  de  las  ideas  exagera- 
das, no  sólo  en  Francia,  sino  en  toda 
Europa. 

Etimología.  Se  denominaron  jaco- 
binos purque  se  reunían  en  el  con- 
vento del  mismo  nombre,  aludiendo  á 
(}ue  se  había  edificado  cerca  de  la 
iglesia  de  San  Jacobo,  para  unos  re- 
lig:iosos  y  religiosas  de  la  orden  de 
santo  Domingo:  italiano,  jacobino; 
francés,  jacobin:  cataliín,  jacobí. 

Reseña, — Dicha  sociedad  se  fundó 
en  1789  j  llegó  á  formar  una  podero- 
sa facción  política,  casi  un  partido 
nacional.  Los  franceses  le  llaman  el 
partido  jacobino. 

Jacobinos  (club  db  tos),  ffisío- 
ns. — 1.  Su  origen  fué  el  llamado  club 
hret¿n,  fundado  en  Versalles.  pocos 
díu  después  de  reunirse  los  Sstados 
generales,  por  los  diputados  de  Ure- 
taúa,  para  conferenciarsobre  los  asun- 
tos de  los  debates  parlamentarios. 

2.  En  él  fueron  recibidos  los  dipu- 
tados de  los  tres  órdenes  y  de  las  di- 
ferentes secciones  de  la  Asamblea  ua- 
eioual. 


3.  Trasladada  ésta  á  París,  des- 
pués de  las  jornadas  de  5  ^  6  de  Oc- 
tubre, el  club  bretihi  se  instaló  en  el 
convento  de  jacobinos,  sito  en  la  calle 
de  Saint-Honoré,  admitió  en  su  seno 
á  todo  ol  que  fué  presentido  por  cua- 
tro socios,  j  tomó  el  nombre  de  Socie- 
dad de  los  A  migos  de  la  Constitución» 

4.  El  fia  que  se  propuso  primera- 
monte  este  club,  fué  combatirla  in- 
fluencia de  La  Fa^ette  sobre  las  guar- 
dias nacionales  7  las  municipalidades 
de  Francia,  que  quería  contener  den- 
tro de  la  moderación  y  de  la  pruden- 
cia; mientras  los  mienbros  del  clab  de 
los  jacobinos  se  proponían  oponer  á 
cada  cuerpo  civil  t  militar,  partida- 
río  del  orden  legal,  una  sociedad  de- 
nunciadora V  desorganizadora. 

5.  Admitido  en  el  club,  según  he- 
mos dicho,  todo  ciudadano  propuesto 
por  cuatro  socios,  su  número  fué  con- 
siderable; ta  popularidad  se  conquistó 
por  medio  de  las  majrores  ex.ageracio- 
nes,y  pronto  estalló  una  escisión  (Ma- 
yo de  1790)  por  la  usurpai;iÓn  de  in- 
fluencia de  la  Asamblea  nacional. 

6.  Los  fundadores  del  club  bretón 
formaron  después  la  Sociedad  de  Í7H9; 
y  al  siguiente  año  el  club  de  Feuillans, 
que  sirvió  para  avivar  el  ardor  de  los 
jacobinos,  cuya  sociedad  teuta  rami- 
ficaciones en  toda  la  Francia  y  afilia- 
dos más  de  1.200  clubs  en  las  pro- 
vincias. 

7.  En  el  mes  de  Mayo  de  1791, 
apareció  el  Diario  de  la  Sociedad  de  los 
Amigos  de  la  £7oMjí/¿ttc»(/R,  que  propagó 
el  espíritu  revolucionario  y  preparóla 
caída  de  la  monarquía. 

8.  Los  JACOBINOS  organizadores  de 
las  jornadas  revolucionarias,  sumi- 
nistraron (10  de  Agosto  de  1792)  el 
personal  á  la  célebre  Commune  de  Pa- 
rís, titulándose  Sociedad  de  amigos  de 
la  libertad  y  la  igualdad.  Desde  dicho 
día,  estuvo  en  sus  manos  el  gobierno 
de  Francia. 

9.  El  9  Thermidor  puso  fin  á  su 
dominación,  y  la  juventud  dorada  (véa* 
se  nuestro  artículo  titulado  así)  de 
Fréron  terminó  la  obra  que  los  ther- 
mídorianos  habían  principiado  en  la 
Convención. 

10.  El  CLUB  OB  LOS  jacobinos  fué 
cerrado  en  Noviembre  de  1794. 

11.  Los  jacobinos  ó,  por  mejor  de- 
cir, los  restos  de  su  partido,  intenta- 
ron más  de  una  vez  recobrar  su  ^oder 
y  fundaron,  ai  fin  del  Directorio,  el 
club  du  Manége,  y  posteriormente  el 
club  de  la  rué  du  B.tc;  pero  el  18  Bru- 
mario  puso  fin  á  estas  sociedades. 

12.  Antes  y  después  de  la  revolu- 
ción, ae  dió  el  nombre  de  jacobinos, 
en  general,  á  todos  los  demagogos 
exaltados. 

Jacobita.  Femenino.  Nombre  de 
una  secta  cristiana,  monofísita,  que 
no  admitía  en  Jesucristo  más  que  una 
sola  naturale;.a.  kan  subsiste  en  .Siria, 
Armenia  y  Etiopia,  siendo  I\ara-Araid 
el  punto  de  residencia  de  su  jefe. 

EtimolooÍa.  ./acoio  Zanzale,  obispo 
de  Kdesa,  fundador  de  esa  secta  cris- 
tiana, muerto  á  fines  del  siglo  ii 
(178):  fiíin:és,jacob¡if.  | 


Jacobitas.Masculinoplaral.  Nom' 
bre  de  los  partidarios  de  Jacobo  II 
de  Inglaterra,  después  de  la  destitu- 
ción de  aquel  principe.  |]  Historia. 
Nombre  de  los  cristianos  coftos  de 
Egipto. 

ETiicoLOofA.  Jacobo  12,  en  1688. 

Jacobo.  Masculino.  Nombre  pa(ro< 
nímico.  Santiago. 

Etiuolooía.  Jacob, 

Jacobo  Trezzo.  Escultor  italiano, 
sobrino  y  discípulo  del  siguiente,  lla- 
mado el  Moio,  para  distinguirle  de 
aquél.  Trabajó  también  en  las  obras 
del  Escorial,  y  entre  otras,  en  los  eu- 
taHiidos  y  embutidos  de  la  estatua  de 
Felipe  lU. 

Jacome.  Masculino.  Nombre  pa> 
tronfinico.  Jaiub  ó  Saktiaoo. 

Etiholooía.  Jacob. 

Jacome  ó  Jacobo  Trezzo.  Escul- 
tor y  grabador  en  hueco,  nacido  en 
Milán  en  1550.  Habiendo  cobrado 
gran  fama  por  su  habilidad,  fué  lla- 
mado á  España  y  entr  i  al  servicio  de 
Felipe  II,  quien  le  encargó  la  parte 
de  escultura  y  adorno  del  gran  taber- 
náculo del  altar  mayor  dJl  Esc>>rial, 
obra  que  llevó  ¿  cabo  con  primorosa 
ejecución,  valiéndole  el  ser  colmado 
de  honores  y  distinciones.  Su  muerte 
acaeció  en  Madrid,  en  1589,.y  en  una 
casa  que,  sicuada  en  la  calle  que  hoy 
lleva  8u  nombre,  había  construido 
para  él  su  amigo  Juan  de  Herrera. 
El  historiador  Dávila,  confundiendo 
á  Jacdhe  Tbbzzo  con  otro  caballero 
italiano  que  vivió  en  Madrid  por  los 
mismos  tiempos,  y  cuyo  nombre  era 
Jacobo  Grattis,  refiere  al  escultor  una 
vida  de  disipación  y  escándalo  muy 
semejante  á  la  del  legendario  don 
Juan  Tenorio,  y  que  terminó  por  un 
arrepentimiento  ferviente,  traducido 
en  actos  piadosos,  tnles  como  la  cous-l 
trucción  del  santuario  que,  en  memo- 
ria del  fundador,  se  llama  del  Caba~ 
llero  de  Gracia,  Datos  fehacientes  han 
venido  á  destruir  el  aserto  de  Üávila 
y  a  probar  que  Jacoub  Tbbzzo,  que 
dió  su  nombre  á  la  calle  de  Jaeú.néire~ 
tOf  no  tiene  relación  alguna  con  Jaco- 
bo Grattis,  que  dió  el  suyo  á  la  calle 
del  Caballero  de  Grada, 

Jacopin.  Masculino.  Especie  depí- 
cogordo  de  las  ludias. 
Etiuolooía.  Francéayaco^ifo.  (Lan- 

DAI5.) 

Jacqueria.  Femenino.  Historia. 
Nombre  con  que  se  conoce  la  insu- 
rrección de  los  paisanos  contra  los  se* 
ñores  de  Francia,  durante  la  cautivi- 
dad del  rey  Juan  en  Inglaterra  (1358). 
Apareció  en  el  Beauvais,  y  ganó  rá- 
pidamente el  Amíénois,  el  Ponthieu, 
el  Vermandois.  el  Valois,  la  Brie,  y 
toda  la  Isla-de- Francia.  Su  carácter 
fué  atroz,  pues  los  jac^<  arruinaban 
los  castillos  y  cometían  contra  los  no« 
bles  toda  clase  de  violencias.  Los 
burgueses  de  las  ciudades  y  los  seño- 
res se  reunieron  para  exterminarlos, 
y  siete  mil  de  ellos  fueron  ahorcados 
en  Mean>  . 

Etimología.  1 .  Jacque,  palabra  que 
significa  una  especie  de  casaca. 

2.  yac^Htf  lionhomme,  sobrenombre 


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222 


JACU 


que  á  Gaillet,  jefe  de  los  insurrectos, 
daban  sus  tropas. 

3.  Según  otros  autores,  se  dió  e^ 
nombre  por  los  seilores,  en  aefial  de 
desprecio,  á  los  paisanos,  tanto  tiem- 
po dóciles  T  humildes. 

Jacra.  Femenino.  Jugo  que  se  sa- 
ca de  los  cocos  6  del  árbol  que  los 
produce. 

BTUfOLOOÍA. /lurra:  francés,  ^'acrí. 

Jactin.  Masculino.  Medida  de  lon- 
gitud usada  en  la  Guinea. 

Jactancia.  Femenino.  Alabanxa 
propia,  desordenada  jr  presuntuosa. 

ETiuoLOofa.  Latín  jacíantUt  arro- 
gAucia,  vanidad;  forma  sustantiva 
abstracta  de  jacíanSy  antis,  participio 
de  presente  de  jactare,  divulgar,  va- 
nagloriarse; frecuentativo  de  jaclfre, 
arrojar:  catalán, yic^anaa;  provenzal, 
jactancia;  francés,  jacUMce;  italiano, 
giattamia. 

SiNONiyiA.  Jactancia,  arrogancia. 
Jactancia  es  alabanza  propia,  presan* 
tuosa  y  exagerada;  arrogancia  es  as- 
piración ostentosa  y  manifiesta  á  la 
superioririad,  expresada  por  la  voz  y 
por  el  gesto.  No  todo  el  que  esjactan- 
tioto  es  arrogante.  El  hipócrita  se yae¿a 
en  tono  humilde  de  sus  virtudes  j  de 
sus  penitencias.  BI  usurpador  8«  «rr»< 
yi  faculudea  i  que  no  tiaas  derecho. 
(Mora.) 

'  Jactandosamente.  Adverbio  de 

modo.  Con  jactancia. 

BTiuoLOafa,.  Jactanciosa  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  l&tía,  jactSníer. 

Jactancioso,  sa.  AdjetÍTO.  El  que 
se  jacta. 

ÉtiuoloqÍa..  Jactancia:  catalán,yac- 
tuHcióit  a;  ítaacés,  jacíantieua. 

Jactante.  Participio  activo  anti- 
cuado de  jactarse.  El  que  se  jacta. 

Jactarse.  Recíproco.  Alabarse  ex- 
cesiva y  presuntuosa  ó  desordenada- 
mente de  la  propia  excelencia,  y  tam* 
bien  de  la  que  el  propio  se  atribuje, 
y  aun  de  acciones  eriminalesd  ver- 
gonzosas. 

EnuoLoaU.  Jactancia:  catalán, /ae- 
tarse;  francés,  se  jacter;  XtXxn,  jactare 
te:  JACTASE  se  de  re  aligua,  vanaglo- 
riarse de  alguna  cosa. 

Jactura.  Femenino  anticuado. 
Quiebra,  pérdida  ó  daño  recibido. 

Jacna-aganga.  Femeaino.  Botúni- 
ca.  Pianu  uel  Brasil,  cujras  hojas  pro- 
ducen la  misnia  picazón  que  la  ortiga, 
j  sus  Hores  son  azules  y  amarillas. 

BTniOLOOÍA.  Vocablo  brasileño, 

Jacuano.  Masculino.  Especie  de 
árbol  gomífero  de  Madagascar. 

Jacnlación.  Femenino.  ÁntigUeda- 
det»  Juego  de  los  griegos  que  consis- 
tía en  arrojar  dardos,  piedras,  etc.,  lo 
más  lejos  posible. 

EriuouKtÍA.  Latín  jácUum,  dardo 
y  todo  objeto  arrojadizo,  en  Cicerón  y 
en  san  Isidoro. 

Jaculatoria.  Femenino.  Oración 
breve  y  fervorosa  con  que  el  alma  se 
eleva  á  Dios.  I 

ETiuOLOoÍA.i/acu¿(i¿orÍ0.- catalán,  | 
jaculatoria;  ívaaaéBfjaealatoire;  italia- 
no,/acaia/orio. 

Jaculatoriamente.  Adverbio  mo- 
dal. A  modo  de  jaculatoria. 


JAEN 

BTiuoLOofa.  Jaculatoria  y  el  sufijo 
adverbial  mente. 

Jaculatorio,  ría.  Adietívo  que  se 
aplica  á  lo  que  es  breve  y  fervoroso. 

ETiMOLoaíl.  Latín  j&c%lat5riúi,  lo 
que  sirve  para  disparar;  áej&ciliri, 
lanzar  el  dardo;  forma  verbal  de ^^k- 
¿ttm,  dardo  ó  flecha;  derivado  áejací- 
rcy  arrojar:  catalán,  jaculatori,  a. 

Jacnlt.  ]dasculÍno.  Antiguo  libro 
de  los  jueces.  íLandais.) 

Jacurata.  Masculino.  Especia  da 
páiaro  del  Brasil. 

ETiMOLOQfA.  Jacurata.  (Büffón, 
Dietionnaire  de  Poitevin.) 

Jacusi.  Masculino.  Mitokfta,  Uno 
de  los  dioses  de  los^aponeses,  que  pa- 
rece ser  el  Bsculapio  de  los  griegos. 

Jacutaga.  Masculino.  El  primero 
de  los  dos  eunucos  á  cu^o  cargo  está 
el  tesoro  del  sultán. 

Jachalí.  Masculino.  Botánica.  Ár- 
bol de  unos  veinte  pies  de  altura,  in- 
dígena de  la  América,  bien  p;>blado 
de  hojas  en  figura  de  hierro  de  lanza 
y  lustrosas.  Su  madera,  que  es  suma- 
mente dura,  se  aprecia,  así  como  su 
fruto,  llamado  jagoa. 

Jada.  Femenino.  Provincial  Ara- 
gón. Azada. 

Jadar.  Hascnlino.  Afitologia.  Nom- 
bre del  buen  principio  en  algunos 
pueblos  idólatras. 

Jado.  Masculino.  Piedra  muj  dura 
de  color  verde  oscuro,  de  que  se  sir- 
ven en  América  los  naturales  del  país 
eu  lu^ar  del  hierro  para  hacer  armas 
y  vanos  instrumentos.  Recibe  un  her^ 
moso  pulimento,  y  por  eso  se  hacen 
de  ella  varios  adornos  ^  dijes. 

EtiuoloqU.  Francés  jade,  cujo 
origen  no  se  conoce.  (Littré.) 

Jadear.  Neutro.  Respirar  con  difi- 
cultad y  fatiga  por  el  causancío. 
HtimolooÍa.  Onomaíopeya. 
Jadeo.  Masculino.  La  acción  de 
jadear. 

Jadhar.  Masculino.  Mitología,  Di- 
vinidad benéfica  adorada  en  la  isla  de 
Madagascar.  Bs  el  buen  principio  de 
los  Madecases.  (Landais.) 

Jadiano,  na.  Adjetivo.  Que  con- 
tiene jade. 

Jadiar.  Activo.  Provincial  Ara- 
gón. Cavar  con  la  jada. 

Jaecero,  ra.  Masculino  y  femeni- 
no. El  que  hace  jaeces. 

1.  Jaén.  Masculino.  Geografía.  El 
más  reducido  de  los  cuatro  antiguos 
reinos  de  Andalucía,  formado  por  los 
árabes  é  incorporado  en  el  siglo  xiu 
á  la  corona  de  Castilla.  Su  pequeño 
territorio  abarcaba  una  extensión  de 
110  kilómetros  de  largo,  otros  tantos 
de  ancho  y  sobre  1.474  cuadrados  de 
superficie.  Los  cinco  partidos  que  lo 
constituían,  según  al  Ivomenelator  6 
Diccionario  formado  en  tiempo  de  Flo- 
ridablanca,  comprendían  5  ciudades, 
58  villas,  13  lugares,  un  barrio,  15 
cortijos,  12  despoblados  r  2  ventas, 
repartidos  de  este  modo:  Jaén,  2  ciu- 
dades, 21  villas,  5  lugares,  9  cortijos 
y  una  venta.  Andújar,  una  ciudad  y 
2  lugares.  ^a»a,  una  ciudad,  14  vi- 
llas, un  lu^ar,  un  barrio,  5  cortijos,  I 
8  despoblados  y  una  venta.  Marios,  \ 


JAEN 

9  villas  j  un  lugar.  Úbeda,  una  ciu- 
dad, 14  villas,  4  lugares,  nn  cortijo 
y  4  despoblados.  Los  nuevos  pueblos 
de  Sierra  Morena,  que  componían 
entonces  una  intendencia  aparte,  fue- 
ron agre^ndose  á  la  actual  provin- 
cia, en  virtud  de  las  divisiones  terri- 
toriales llevadas  á  cabo  en  el  presente 
siglo. 

Jaén.— Una  de  las  8  pravincias  en 
que  se  halla  dividida  actualmente  la 
comarca  de  Andalucía,  formada  en 
1822  de  la  mayor  parta  del  antiguo 
reino  de  su  nombre,  y  de  algunas  pe- 
queñas porciones  de  los  de  Granada  y 
Murcia  y  de  la  antigua  provincia  de 
Toledo.  Está  considerada  como  de  ter- 
cera clase  en  lo  civil  y  administrativo, 
correspondiendo,  en  lo  judicial  y  mi- 
litar, a  la  audiencia  y  capitanía  gene- 
ral de  Granada,  y  en  lo  ecleaiestieo 
al  arzobispado  de  Granada. 

1.  SitMtÁény  limites. — Se  encuen- 
tra situada  entre  los  37**  28'-38'33'  de 
latitud  septentrional,  y  los  0*  35'  de 
longitud  occidental  y  0°  50'  de  lon- 

fitttd  oriental  del  meridiano  de  Ma- 
rid,  á  286  kilómetros  de  distancia 
de  esta  población.  Confina,  al  Norte, 
con  la  provincia  de  Ciudad  Real;  al 
Este,  con  la  de  Albacete;  al  Sur,  con 
la  de  Granada,  y  al  Oeste,  con  la  de 
Córdoba. 

2.  Bxtensión  y  po6laeié».—hm  an- 
teriores límites  comprenden  una  ex- 
tensión de  142  kilómetros,  de  Oriente 
á  Occidente;  1 15  de  Norte  á  Mediodía, 
y  13.426  cuadrados  de  superficie,  que 
ocupan  731  poblaciones,  distribuidas 
en  nueve  partidos  judiciales  (Andií~ 
jar.  La  Carolina,  Catorla,  ffneimot 
Jaén,  Linares,  Martas,  Orcera  y  Úbe- 
da), divididos  en  99  ayunumien- 
tos,  cuya  población  total  asciende  á 
457.188  habiUntes. 

3.  Orografía, — >La  provincia  que  se 
describe  se  encuentra  casi  completa- 
mente circuida  de  montañas,  las  cua- 
les se  ramifican  por  el  territorio  en 
una  grande  extensión.  Entre  las  prin- 
cipales, figuran:  Sierra  Morena,  que 
se  interna  en  el  país  por  Villa  Rodri- 
go, determinando  los  límites  que  le 
separan  en  Ciudad  Real,  por  el  lado 
del  Norte  y  parte  del  Oeste,  hasta 
Córdoba.  En  el  pueblo  de  Geuave  da 
principio  la  sierra  de  Segura,  que  for- 
ma el  límite  oriental  de  la  prttvincia. 
se  enlaza  en  Bujaraiza  con  la  de  Ca- 
loría y  Cuatro  Villas,  y  coni-luye.  al 
Este,  en  las  márgenes  del  Guadianit 
menor.  De  este  parnje  arranca  otra 
cordillera,  que  termina  en  la  Piedra 
del  Neblin,  entre  los  términos  de  Ca- 
bra y  Jodar,  llamada  Sierra  Cmtada 
ó  Sierra  de  Cabrilla  del  Santo  Crisif- 
De  la  mencionada  Piedra  del  Neblín 

Sarte  otra  cordillera  en  dirección  de 
"ordeste  á  Sudoeste,  la  cual  va  to- 
mando los  nombres  de  diferentes  pue- 
blos que  cruza,  dividiéndose  en  Puer- 
ta de  Arenes,  en  donde  nace  una  nufr 
va  cadena  que  se  prolonga  de  Sur  s 
Oeste,  atravesando  otras  varias  pobla- 
ciones comprendidas  dentro  del  perí- 
metro de  la  provincia. 

4.  Hidrografía.— E\  término  de 


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JAÉN 


JAÉN 


■JAÉN 


223 


Jkíttj  rodeado  de  sierras,  como  7a  he- 
mos indicado,  presenta  en  el  centro 
una  alternativa  de  cerros,  más  ó  me- 
nos elevados,  j  de  valles  deliciosos 
que  bañan  j  fecundizan  numerosas 
eorríentes,  distinguiéndose  sobre  to- 
das d  Gmádalquivirt  el  cual  recoge  to- 
das las  affuas  que  flnjren  por  U  pro- 
vineia.  Nace  éste  cerca  de  Caxorla; 
costea  su  sierra  j  la  de  las  Cuatro  Vi- 
llas, en  direccidn  al  Este;  pasa  por 
Bujaraiza,  siguiendo  diferentes  rum- 
bos j  engrosando  su  caudal  con  el 
tributo  de  muchos  ríos,  fuentes  y  arro- 
jos, se  interna  por  Montoro,  en  la 
provincia  de  Córaoba.  En  el  número 
de  aquéllos,  que  desaguan  en  el  Gua- 
dalquivir, figuran:  el  Aauacebat,  ó 
GiMtUceóaiy  formado  por  dos  ramales 

{trincipales:  el  uno,  naca  en  la  fuente 
lamada  de  la  Aetna,  en  donde  se 
eontemplaa  las  risueñas  explanadas 
de  Jabucaballo,  j  alimentado  por  di- 
fere&tes  arrojos  se  precipita  de  Orien- 
te á  Hediodia,  formando  las  dos  pin- 
torescas cascadas  conocidas  con  los 
nombres  de  Chorro  Gil  y  Chorro  de  ¡a 
P%erU,  por  los  cuales  desciende  el 
agua  desde  una  altura  de  más  de  cua- 
renta metros;  el  otro,  compuesto  de 
tres  abundantes  arrojos;  uno,  que 
tiene  su  origen  en  Blanquilla  la  Baja, 
otro  en  Piedras-Morenas,  j  el  tercero 
eñ  el  AgnuttUro  d«  lot  HermanUlos,  los 
cuales,  reunidos  en  la  Serraduras 
constitujen  un  riachaelo,  cujas  cris- 
talinas aguas  permiten  ver  las  are- 
nas j  hasta  los  oligetos  más  diminu- 
tos que  se  encuentran  en  su  fondo; 
el  rio  CatorU  naca  en  la  falda  Noroes- 
te de  la  sierra  da  igual  nombre,  corre 
de  Mediodia  á  Norte,  y  después  de  re- 
gar multitud  de  TegAS,  huertas  y  oli- 
vares, desagua  en  la  margen  izquier- 
da del  Guadalquivir,  en  las  iumedia- 
ciones  de  Santo  Tomé;  el  Guadiana 
Menor,  forondo  también  de  dos  rama- 
les, el  Barbaia  y  Chtardal,  y  de  otros 
varios  ríos,  desemboca  por  el  sitio  de- 
nominado Puente  de  la  Reina,  término 
de  Ubeda,  frente  á  Torre-pero-gil;  el 
Jandmlüla  parte  de  la  sierra  de  Huel- 
ma,  pasa  faldeando  las  eminencias  de 
Si«n-</razada  hasta  la  venta  del  Vi- 
drio, corre  por  entre  los  términos  de 
Jodar  y  de  Quesada,  j,  después  de 
recoger  algunos  arrojos,  termina  su 
corso  por  frente  de  Ubeda,  un  poco 
más  arriba  del  Puente  Viejo;  el  de 
Cuadros,  tiene  su  origen  en  la  falda  de 
la  sierra  de  Torres  y  Albanchez,  baja 
por  el  término  de  Bezmar,  en  donde 
toma  este  nombre,  atraviesa  la  aldea 
de  Garcies,  fecundiza  las  tierras  del 
cortijo  de  Ninches  r  muere,  como  los 
otros,  eu  el  Guadalquivir,  por  el  tér- 
mino de  Baeza,  á  muj  corta  distancia 
del  magnífico  puente  de  Hazuecos. — 
Finalmente,  depositan  sus  aguas  por 
U  orilla  izquierda  de  aquel  rio,  el 
Torres,  el  Ja^  y  el  Salado,  mientras 
ue  lo  verifica  por  la  derecha  el  ffaa- 
sitaiar. 

&.  Ctimaíoloffia.SÍ  viento  Oeste, 
d  mis  constante  de  todos  en  cual- 
quiera época  j  estación,  denominado 
Áirep  por  los  naturales  del  país,  es 


fresco  en  el  verano  y  húmedo  en  el  in- 
vierno; el  Norte,  que  domina  también, 
aunque  con  menos  frecuencia,  seco  j 
frío;  el  Este,  llamado  Solano  y  que 
reina  algunas  veces,  abrasador  en  el 
estío,  frío  en  el  ínTÍerno,  y  deletéreo 
eu  todo  tiempo;  el  Sur,  apenas  llega 
á  ser  conocido.  La  atmósfera,  bien 
sea  {)or  los  cerros  que  circulen  la  pro- 
vincia, bien  por  la  posición  elevada 
que  ésta  ocupa,  6  por  los  vientos  sa- 
ludables que  la  combaten,  aparece 
casi  siempre  clara,  pura,  tibia  j  diá- 
fana. El  clima,  aunque  húmedo  j  cá- 
lido en  algunas  comarcas,  es  gene- 
ralmente sano  j  favorable  i  la  vege- 
tación; el  termómetro  Reaumur  raras 
veces  excede  de  los  30°  sobre  O  ni 
desciende  á  4"  bajo  0.  A  todas  estas 
circunstancias  se  debe  sin  duda  la 
salud  robusta  de  sus  habitantes  j  la 
ausencia  casi  absoluta  át  esas  enfer- 
medades endémicas  que  en  otras  par- 
tes diezman  las  poblaciones. 

6.  CaUdttd  ¡f  eireunstancioM  del  te- 
rreno,— ^Los  montes  que  cíften  este  te- 
rritorio ocupan  más  de  la  mitad  de 
su  superficie.  La  parte  comprendida 
entre  las  vertientes  de  Sierra-Morena 
j  la  orilla  derecha  del  Guadalquivir, 
constituje  la  zona  más  templada  de 
la  provincia.  La  naturaleza  de  su  te- 
rreno, salvas  pequeñas  excepciones,  es 
silícea,  poco  compacta  y  muy  i  pro- 
pósito, por  consiguiente,  para  el  cul-  , 
tívo  del  olivo.  Las  comarcas  situadas 
entre  los  ríos  Guadalimar  j  Guadal- 

auivir,  T  desde  la  margen  izquierda 
e  éste  hasta  la  derecha  del  Guadia- 
na, corresponden  £  la  segunda  sona: 
su  temperatura  es  notablemente  más 
fría  que  la  anterior;  el  terreno,  extre- 
madamente tenas  j  compacto,  pues 
en  todo  él  se  encuentra  la  greda  en 
abundancia,  está  destinado,  casi  en 
su  totalidad,  á  la  siembra  de  cerea- 
les. Bl  espacio  que  se  extiende  entre 
las  desembocaduras  del  Guadiana  y 
del  GuadalbuUón,  ;)r  la  orilla  izquier- 
da del  Guadalquivir,  forma  la  terce- 
ra zona:  su  temperatura  guarda  un 
término  medio  entee  las  dos  pre- 
cedentes; el  terreno,  ni  es  tan  ligero 
como  el  de  la  primera,  ni  tan  tenaz 
como  el  de  la  segunda,  pero  da  consi- 
derables cosechas  de  granos  r,  parti- 
cularmente, de  aceites.  Desde  la  iz- 
quierda del  GuadalbuUón  j  su  des- 
embocadura en  el  Guadalquivir,  y 
toda  la  izquierda  de  éste,  hasta  salir 
de  la  provincia,  se  considera  como  la 
cuarta  j  última  zona:  su  temperatu- 
ra, por  lo  común,  si  no  tan  elevada, 
se  aproxima  mucho  á  la  primera,  es- 
pecialmente en  las  inmediaciones  del 
Guadalquivir;  su  terreno  es  el  más 
privilegiado  de  todo  el  país;  ni  tan 
tenaz  como  el  de  la  segunda,  ni  tan 
silíceo  como  las  otras,  guarda  en  su 
composición  la  proporción  más  ade- 
cuada para  toda  clase  de  cultivos,  los 
cuales  son  tan  variados  como  abun- 
dantes. 

7.  Producciones. — El  suelo  de  la 
provincia  que  nos  ocupa  es  poco  fér- 
til en  Ins  puntos  elevados,  cuja  su- 
perficie aparece  poblada  de  árboles; 


estéril  j  arenoso  en  algunas  comar- 
cas; fecundo  y  riquísimo  en  los  va- 
lles; pero  el  cultivo  de  los  campos  está 
algo  descuidado,  si  se  exceptúan  los 
alrededores  de  la  capital.  La  sierra  de 
Segura  presenta  ana  vegetación  in- 
mensa; sus  maderas  son  numerosas  y 
de  la  mejor  calidad.  En  sus  cumbres, 
en  sus  sinuosidades  'y  quebradas  ele- 
vadísímas,  crecen  árboles  corpulen- 
tos, á  propósito  para  la  construcción 
naval:  el  pino,  de  todas  especies,  par- 
ticularmente el  llamado  blanco,  ó  sal- 
gareño,  es  el  que  más  abuuda  j  el  que 
adquiere  dimensiones  más  colosales. 
Siguen  á  éste  la  encina,  el  roble,  el 
fresno,  el  tejo  j  otros  diferentes  árbo- 
les j  arbustos  útilísimos  para  la  cons- 
trucción civil  y  las  artes,  y  para  el 
sostenimiento  de  los  animales,  que 
constitujen  la  casi  exclusiva  riqueza 
del  país;  la  cantidad  de  enebros,  de 
que  se  hace  uso  para  la  extracción  de 
la  miera;  la  salvia,  el  tomillo,  el  ro- 
mero, la  alucema  y  el  espliego,  que 
producen  estos  montes,  así  como  el 
alquitrán,  la  pea  j  las  resinas  que  de 
ellos  se  saca,  son  igualmente  de  algu- 
na consideración.  Los  montes  de  las 
Cuatro  Villas,  como  los  de  Cazorla, 
Quesada  j  Pozo-Alcón,  ofrecen  en  sus 

ftrod acciones  grandes  analog'as  con 
os  de  Segura.  En  ellos  se  crían  tam- 
bién multitud  de  pinos,  aunque  de 
inferior  calidad;  carrascos  de  una  ele- 
vación j  rectitud  admirables;  sarga- 
tillos,, robles,  tejos,  fresnos,  auebis, 
sabinas  y  enebros;  infinidad  de  ar- 
bustos, cmno  madroños,  agraces,  len- 
tiscos, marañas,  coscojas,  romeros  y 
boies;  avellanos,  perales  y  otros  fru- 
tales tan  apetecibles  como  delicados, 
j  muchas  plantas  aro  náticas  j  medi- 
cinales, como  la  salvia,  el  sen,  la  cen- 
taura j  otras.  La  riqueza  j  variedad 
de  estos  montes;  la  exuberancia  y 
finura  de  sus  aguas;  sus  magiiífícas 
cascadas,  sus  inmensos  é  impenetra- 
bles bosques,  sus  profundos  valles  j 
elevadas  rocas,  desde  alguna  de  las 
cuales  se  alcanza  á  ver  una  zona  de 
220  kilómetros,  hacen  de  este  país 
uno  de  los  más  pintorescos,  sorpren- 
dentes j  agradables  del  suelo  penin- 
sular. Entre  las  principales  produc- 
ciones agrícolas,  citaremos:  el  trigo, 
la  cebada,  la  escaüa,  garbanzos,  ha- 
bas, maíz,  vino  j  aceite;  algo  de  lino, 
cáñamo  y  seda;  muchas  j  sabrosas 
legumbres  j  hortalizas,  j  trutas  deli- 
cadas de  todas  clases,  entre  las  que 
se  distinguen  las  exquisitas  guindas 
garrafales  del  río  de  Jaén,  las  ricos 
melones  de  Grañena,  las  apetecidas 
brevas  j  granadas  de  Jíinen  i,  los  ex- 
celentes higos  de  Quesnda,  los  nom- 
brados melocutones  de  A-lcaudete,  las 
ciruelas  Claudias  de  Ubeda,  que  com- 

ftiten  con  Us  mejores  de  España,  jr 
as  peras  de  agua  de  los  pueblos  con- 
finantes de  Jandulilla,  que  lio  ceden 
en  lo  dulces  á  las  famosas  bergamo- 
tas de  Guadíx. 

8.  Riqueta  pe(^ria.—^ou  los  nu- 
tritivos pastos  que  abundan  en  toda 
la  provincia,  se  mantienen  muchos  j 
muj  buenos  ganados  de  todas  clases, 


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224 


JAÉN 


JAÉN 


JAÉN 


caballnr,  malar,  asnal,  vacuno,  lanar, 
cabrío  j  de  cerda.  El  ganado  caballar, 
aunque  no  goza  hoy  la  nombradla 
que  alcanzara  en  otra  época,  por  ha- 
berse casi  concluido  la  hermosa  raza 
de  Loma  de  Ub^da,  críanse,  sin  em- 
bargo, en  Jaén  y  en  la  místha  Loma, 
otros  de  gran  fuerza  y  vigor,  si  no  de 
estampa  tau  gallarda  como  aquélla; 
el  mular,  destinado  general  mente  para 
las  rudas  faenas  del  campo,  se  cria  eu 
toda  la  provincia,  y  es  de  buena  es- 
tampa, corpulento,  brioso  y  de  mu- 
cha resistencia;  el  asnal,  no  es  tan 
basto  como  el  de  Castilla  ni  tan  fino 
como  el  de  la  Andalucía  baja,  pero 
existen  algunas  castas  excelentes  que 
reúnen  la  fuerza  á  la  agilidad;  el  va- 
cuno ha  sido  de  los  más  bravos  y  aun 
pujantes:  encerrado  durante  seis  me- 
ses en  la  sierra  de  Cazorla,  sin  ver  en 
esté  tiempo  un  solo  hombre,  ni  á  su 
gañán  siquiera,  se  hacia  fiero  y  pega- 
joso como  ninguno;  pero  esta  famosa 
casta  ha  ido  debilitándose  hasta  el 

£ punto  de  no  poder  hoy  competir  con 
US  célebres  ganaderías  de  otras  par- 
tes; el  lanar  no  es  tan  abundante  co- 
mo en  otra  época  por  la  falta  de  pastos 
frescos  que  se  observa  desde  que  han 
sido  roturadas  todas  las  sierras  sus- 
ceptibles de  Ubor;  sin  embarco,  críase 
el  suficiente  para  abastecer  a  los  pue- 
blos j  aun  para  exportarlo  á  otras 
provincias;  el  cabrío,  menos  delicado 
para  los  pastos  que  el  anterior,  es 
mucho  mas  numeroso,  y  de  su  lecha 
se  fabrican  sabrosos  quesos;  el  cerdal, 
perfectamente  cebado  con  los  buenos 
pastos  que  hay  en  los  cortijos  y  dehe- 
sas, y  particularmente  con  la  bello- 
ta de  las  sierras,  es  excelente,  abun- 
dante y  preferido  al  de  los  demás 
países. 

9.  Cata  y  pescA. — La  caza  major  y 
mimor,  así  en  los  montes  como  en  las 
llanuras  y  en  los  valles,  es  también 
considerable  en  esta  provincia:  la  te-r 
rrestre  consiste  en  janalíes,  venados, 
corzos,  cabras  monteses,  conejos,  lie- 
bres y  ciervos,  las  cuales  aparecen  en 
Sierra  Morena  tan  luego  como  empie- 
zan á  derretirse  las  nieves;  la  volátil 
es  de  perdices,  chochas,  codornices, 
palomas,  zorzales  y  otros  pájaros  de 

fiaso.  Kn  todos  los  ríos  que  nacen  de 
i>s  montes  de  Segura  y  de  sus  rami- 
fícaciones,  se  pescan  exquisitos  bar- 
bos, anguilas,  bogas  y  muchas  tru- 
chas de  gran  tamaño,  especialmente 
en  el  Aguamala,  algunas  de  las  cua- 
les han  llegado  á  pesar  hasta  siete  li- 
bras. 

10.  Mineralogía.— '^iti  importante 
ramo  ha  constituido  en  todos  los  tiem- 
pos una  de  las  principales  bases  de 
riqueza  de  la  provincia  de  Jaén.  To- 
das las  montañas  que  dividen  su  te- 
rritorio, singularmente  las  de  Sierra 
Morena,  contienen  riquísimos  criade- 
ros de  minerales  de  hierro,  de  plata, 
de  oro,  y  en  particular  de  cobre  y  de 
plomo,  los  cuales  se  preseatan,  por  lo 
común,  en  filones  de  más  6  menos  po- 
tencia en  terreno  primitivo.  Este  úl- 
timo, sobre  todo,  forma  la  base  de  la 
industria  minera  del  país:  sus  minas 


producen  anualmente,  por  termino 
medio,  sobre  2.750.000  kilogramos 
de  mineral,  que  dan:  900.000  kÍlo- 

f ramos  de  plomo  de  primera^  200.000 
e  segunda. — En  lae  faldas  de  todas 
las  sierras  de  la  provincia  se  encuen- 
tran abundantes  canteras  de  piedra 
tosca  y  berroqueña,  jaspes  y  pizarras 
de  un  brillo  agradable:  cerca  de  Jaén 
existen  algunas,  de  las  cuales  se  ex- 
trajo la  piedra  para  su  magnífica  ca- 
tedral, la  elegante  balaustrada  que  la 
circuje  y  las  columnas  del  museo  de 
pinturas  de  Madrid;  es  de  un  color 
claro  y  hermoso,  ni  tan  blanca  como 
el  mármol,  ni  tan  negra  como  algu- 
nos jaspes.  En  el  cerro  de  Jabalcuz 
las  hay  también  excelentes,  de  un  co- 
lor oscuro,  aplomado  /  negro,  de  muy 
buen  efecto  cuando  se  las  pulimenta 
con  esmero;  y  en  otros  varios  puntos 
una  piedra  durísima,  llamada  ^aja/u- 
na, y  la  franca  de  la  Loma  de  Obeda, 
que,  aunque  arenisca  eu  su  raíz,  se 
endurece  y  fortifica  extraordinaria- 
mente con  la  impresión  del  aire  at- 
mosférico y  se  ennegrece  por  comple- 
to con  el  baño  de  las  aguas  pluvia- 
les.— En  los  términos  de  Cazorla  y  de 
Quesada  se  encuentra  multitud  de  es- 
puraeros  y  arrovos  salados,  y  en  las 
inmediaciones  del  camino  de  Baeza  á 
Jaén  y  sitio  de  la  Venta  Q^uwuiday  se 
ven  las  famosas  salinas  de  Don  Beni- 
to, capaces  de  abastecer  por  sí  iotas  á 
toda  la  provincia. 

11.  Aguas  mineralet. — Los  celebra- 
dos baños  de  Jabalcuz,  llamados  así 
por  el  cerro  en  cuya  falda  nacen,  es- 
tán situados  á  unos  tres  kilómetros  de 
Jabn,  entre  Oriente  y  Occidente.  Sus 
virtudes  medicinales,  según  el  resul- 
tado de  observaciones  clínicas,  son 
eficaces  en  todas  aquellas  afecciones 
que  reconocen  por  principal  causa  la 
irritabilidad  del  sistema  nervioso,  la 
rigidez  en  los  sistemas  muscular  y 
fibroso,  en  los  fiujos  rebeldes  j  habi- 
tuales, en  la  dismenorrea  ó  menstrua- 
ciones eortas,  en  las  gastritis  cróni- 
cas, obstrucciones  viscerales  y  en  las 
nefritis  calculosas;  siendo  aun  más 
marcada  la  acción  terapéutica  de  es- 
tas a^uas  en  las  afecciones  gotosas, 
y  mas  especialmente,  en  las  reumáti- 
cas; cerca  de  Villalba,  surge  un  ve- 
nero de  agua  ferruginosa  y  medicinal 
muy  acreditada  y  eñcaz  para  las  do- 
lencias de  estómago;  á  ocho  kilóme- 
tros de  distancia  de  la  ciudad  de  An- 
dújar,  se  hallan  las  aguas  sulfurosas 
de  la  Fuente  de  la  Encina,  ensayadas 
con  éxito  en  los  padecimientos  cutá- 
neos; y  en  los  alrededores  de  Martos, 
se  encuentran  los  baños  sulfurosos  de 
su  nombre,  que  se  recomiendan  para 
las  mismas  enfermedades  que  las  de 
la  fuente  anterior. 

12,  Industria. — Los  principales  ra- 
mos industriales  del  país  consisten  en 
la  minería  y  la  agricultura,  cuyas 
producciones  van  aumentando  consi- 
derablemente con  la  mejora  del  culti- 
vo; sigue  á  éstos  la  corta  y  conduc- 
ción de  maderas  de  las  sierras,  la  fa- 
bricación de  capotes,  paño  pardo,  ja- 
bón, sombreros,  curtidos,  lien/oa  co- 


munes, tejidos  de  hilo,  mantelerías 
finas  y  telas  para  colchones,  cuyos 
preciosos  dibujos  ^  colores  imitan  la 
de  Lombardta.  Existen  además  nume- 
rosos telares  donde  se  tejen  lienzos 
ordinarios  de  cáñamo  y  lino,  estam- 
brados, estameñas  y  mantas  para  los 
aperos  de  las  muías  de  labranza;  in- 
finidad de  molinos  harineros;  muchas 
ebanisterías  y  ferreterías  en  notable 
progreso,  y  todas  las  demás  artes  y 
oficios  que  exigen  las  necesidades  de 
un  pueblo  culto.  La  elaboración  del 
aceite  es  extraordinaria,  pues  hay  pue- 
blos, como  Ubeda  y  MÍsrtos,  en  cuyo 
recinto  se  cuentan  mág  de  cien  moli- 
nos aceiteros. 

13.  Comercio, — Entre  los  artículos 
de  consumo  que  son  objeto  de  expor- 
tación, figuran:  el  trigo,  la  cebada, 
garbanzos,  escaña,  judías,  centeno, 
orejones,  higos,  ciruelas  y  otras  fru- 
tas secas;  aceite,  vino,  aguardiente, 
bellotas,  castañas,  peras,  guiadas, 
manzanas  y  toda  clase  de  ganados;  las 
importaciones  consisten  en  pescado 
seco  y  fresco,  atroz,  azúcar,  bacalao, 
patatas,  batatas,  naranjas  y  otros  pro- 
ductos. 

14.  Ferias. — Las  más  notables  de  U 
provincia  son:  la  de  Noalejo,  que  se 
celebra  el  8  de  Septiembre;  la  de  Al- 
calá la  Real,  del  21  al  24  de  Septiem- 
bre; Baeza,  del  18  al  31  de  Majo;  Ube- 
da, desde  el  29  de  Septiembre  at  15  de 
Octubre;  La  Carolina,  el  3  de  Mayo,  y 
Andújar,  del  20  al  22  de  Septiembre; 
los  principales  objetos  de  trafico,  son: 
ganados  de  todas  clases,  útiles  para 
la  labor,  frutas  secas  y  frescas,  ropas, 
quincalla,  dulces,  juguetes  para  niños 
y  objetos  de  cobre  y  hierro.  Kn  Jaén 
hay  un  mercado  semanal,  y  sus  ferias, 
que  tienen  lugar  el  15  de  Agosto,  el 
18  de  Octubre  y  el  30  de  Noviembre, 
consisten  principalmente  en  ganados 
asnal, caballar,  de  cerda  y  vacuno  para 
carne  y  labores. 

15.  Jaén. — Ciudad  con  ayunta- 
miento, residencia  de  un  gobierno  a- 
vil,  de  una  comandancia  militar,  da 
un  obispado  sufragáneo  de  Granada, 
de  uua  administración  de  rentas,  y 
capital  de  la  provincia  j  de  la  juris- 
dicción de  su  nombre.  Se  encuentra 
enclavada  entre  sierras,  en  la  falda  te- 
rriza-de un  monte  denominado  Cerro 
del  Castillo,  sobre  el  GuadalbuUón,  á 
los  37'  48'  de  latitud  septentrional  y 
O*  5'  30"  de  longitud  orienUl  del  me- 
ridiano de  Madrid,  con  2>.000  habi- 
tantes. El  clima  es  benigno  y  saluda- 
ble; las  estaciones  se  suceden  con  bas- 
tante regularidad,  si  se  exceptúa  la 
primavera,  ^ue  algunas  veces  no  Ueg» 
a  ser  conocida,  ya  por  la  prolonga- 
ción del  invierno,  ya  por  la  anticipa- 
ción del  verano;  estas  dos  estaciones, 
aunque  suelen  experimentarse  en  ellas 
excesos  de  frío  y  de  calor,  son  ge- 
neralmente de  poca  duración;  el  oto- 
ño es  con  frecuencia  la  estación  ffiss 
templada  y  agradable  del  año.  Es- 
ta ciudad  estuvo  encerrada  dentro 
de  unos  límites  muy  estrechos,  du- 
rante las  guerras  contra  los  moros, 
en  que  la  necesidad  de  la  defensa 


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Jaén 

aglomendtt  los  edificios  hac»  1»  ra(s 
d«l  peñón  del  castillo:  ho^  la  pobla- 
cúSn  va  extendiéndose  por  el  lado  que 
míiñ  al  Oriente,  en  lérminos  que,  los 
grandes  barrios  de  San  Ildefonso  j 
de  la  Catedral,  han  sido  ediñcados 
fiofira  de  las  antiguas  murallas. — La 
eiadad  está  bastante  bMn  construida, 
si  se  exceptúa  la  parte  del  castillo; 
las  callea  antiguas  son,  por  k>  común, 
más  estrechas,  inclinadas  7  tortuosas 
que  las  modernas;  están  formadas  por 
•dificios  miá  irregulares  j  mediana- 
menta  empedradas.  Las  calles,  ^r  lo 
general,  son  poco  anchas;  las  prínei- 

KIm  tienen  de  cuatro  i  cinco  metros 
iatitadi  la  más  notable  de  todas, 
Uunada  de  la  Carrera,  es  igual  en 
toda  su  extensidn  y  mide  sobre  diez 
metros  de  ancho. — La  necesidad  de 
aponer  una  resistencia  ñrme  contra 
los  Tientos  del  Oeste  y  Sudoeste,  cuja 
rioleocia  ha  llegado  á  derribar  casas, 
árboles  y  personas,  ha  hecho  que  las 
casas  se  edifiquen  con  gruesísimas 
paredes  ó  de  buen  tapial  encajonado 
ea  esquinas  T  pilares  de  piedra.  La 
ioTtBA  general  de  los  edificios  regula- 
res consiste  en  un  portal  con  segunda 
puerta,  un  patio  claustrado,  habita- 
ciones bajas  pan  Tcrano,  un  cuarto 
mi«  elevado  con  ventanas  6  balcones 
con  cristales  y  aposentos  para  invier- 
no «m  cocinas  en  el  mismo  piso;  y 
Mobn  éste,  una  cámara  con  ventanas 
i  la  calle.  Por  este  modelo  hay  bas- 
tantes casas  magníficas,  modernas 
casi  todas,  muchas  de  .ellas  con  un 
tercer  piso  habitable,  hermoseadas 
con  jardines,  particularmente  las  que 
forman  las  líneas  de  circunvala- 
ción, y  con  buenos  pozos  de  a^ua  po- 
table,— Tres  son  las  plazas  principa- 
les que  embellecen  esta  capital:  la  de 
Sania  Maríaj  qne  mide  72  metros  de 
Jarffo,  de  Norte  á  Mediodía,  por  43  de 
ancho,  de  Oriente  á  Occidente;  la  de 
San  francisco»  da  figura  un  tanto  irre- 

Í-nUr,  formando  declive  y  con  una 
oento  de  taza  en  su  parte  más  eleva- 
da, j  la  del  Mercado,  que' es  la  mayor 
de  todas,  de  74  metros  de  longitud, 
de  Oriente  i  Occidente,  por  38  de  la- 
titud, de  Norte  á  Mediodía,  con  bue- 
nos bancos  de  piedra  labrada  y  ador- 
nada de  flores  vistosas,  de  acacias  y 
otros  árboles  americanos. — La  pobla- 
ción cuenta  además  numerosas  fuen- 
tes públicas  y  particulares  de  exqui- 
sita agua,  algunas  de  ellas  de  ele- 
gante arquitectura;  doce  iglesias  pa- 
rroquiales, varios  hospitales,  baños 
públicus,  moute  de  Piedad,  museo, 
teatros,  biblioteca,  sociedad  Económi- 
ca de  Amigos  del  País,  cárcel,  mata- 
dero, cuarteles,  hospicio,  casa  de  ex- 
pósitos, seminario,  instituto,  colegios 
y  multitud  de  escuelas  de  primera  en- 
seftaaza.  Entre  los  edificios  públicos 
y  da  particulares,  citaremos  como  no- 
tables: el  palacio  episcopal  y  el  de 
los  condes  del  Villar  Don  Pardo;  la 
casa  del  señor  obispa  Suárez  de  la 
Faente  el  Sauce;  la  del  capitán  don 
Femando  Quesada  Ulloa,  la  de  don 
Críitdbal  de  Vilches,  la  del  conde 
Qiniex  j  la  llamada  de  los  Masones;  ¡1 


JAÉN 

el  Calvario,  el  cementerio,  el  polTorfn 
y  ana  alameda,  cuyo  salón  tiene  94 
metros  de  largo  por  18  de  ancho,  con 
asiento  corrido  y  algunos  pequeños 
jardines.  Entre  sus  monumentos  es 
digna  de  mención  una  hermosa  cate- 
dral, cura  obra,  trazada  y  dirigida 
por  don  Ventura  Rodríguez,  director 
de  la  Academia  de  San  Fernando, 

Íuedó  completamente  terminada  en 
801  y  consagrada  el  22  de  Mano. 
Este  magnífico  edificio,  situado  entre 
la  plaza  de  la  Constitución,  la  de  San 
Francisco  jr  callejón  de  la  Mona,  ha 
sido  levantado  sobre  el  mismo  solar 
que  ocupaba  una  mezquita  árabe,  que 
el  rev  Don  Fernando  III  transformó, 
en  el  siglo  xiii,  en  templo  del  cristia- 
nismo. Su  planta  exterior  es  rectan- 
gular, pues  aunque  la  sacristía  v  sala 
capitular,  situadas  en  el  costado  iz- 
quierdo, T  el  sagrario,  en  el  derecho, 
forman  dos  cuerpos  salientes,  como 
los  brazos  de  una  cruz,  corre  de  uno 
á  otro  extremo,  comprendiendo  la  fa- 
chada principal,  un  atrio,  (j^ue  cerca 
un  enverjado  de  hierro  sólido  y  de 
elegante  dibujo,  interrumpido  por  fi- 
lares  que  sostienen,  sobre  bases  áti- 
cas, piñas  y  flameros.  La  fachada 
principal,  que  mira  al  Occidente,  tie- 
ne 19  metros  de  elevación  y  32  de  la- 
titud, sin  comprender  las  dos  torres 
que  la  flanquean:  éstas,  que  tienen 
1 1  '50  metros  de  grueso  en  su  base,  se 
elevan  hasta  una  altara  de  62  metros, 
formando  cuatro  cuerpos:  los  dos  pri- 
meros, de  sección  cuadrada  y  senci- 
llos; el  segundo,  tiene  también  dos 
balcones  á  la  altura  de  las  ventanas 
del  atrio;  el  tercero,  presenta  en  sus 
ángulos  dos  medias  columnas  corin- 
tias estriadas  y  adaptadas  á  unas  pi- 
lastras áticas,  T  en  cada  frente,  tres 
arcos,  en  donde  se  hallan  colocadas 
las  campanas;  el  cuarto  cuerpo  es  un 
octágono  inscrito  en  una  balaustrada 
de  piedra,  interrumpida  por  pedesta- 
les (|ue  sostienen  unas  preciosas  pi- 
rámides. En  cada  uno  de  sus  lados 
hay  una  ventana;  en  el  centro  de  la 
del  Norte,  está  colocado  el  reloj, y  so- 
bre la  cornisa  del  octágono,  se  elevan 
unos  remates,  coronándolo  todo  la  cú- 
pula, que  termina  en  otro  en  que  des- 
cansa la  cruz.  Las  tres  puertas,  que 
dan  entrada  á  las  naves  de  la  iglesia, 
aparecen  divididas  por  ocho  medias 
columnas  de  orden  corintio,  estriadas: 
la  del  centro,  que  es  mayor  que  las 
otras,  está  comprendida  entre  cuatro 
medias  columnas  pareadas,  y  en  sus 
jambas  y  en  la  archívolta  del  arco 
presentan  una  graciosa  decoración,  y 
otra,  mús  sencilla,  en  las  laterales. 
Sobre  estas  puertas  se  destacan  unos 
altos  relieves,  que  representan  la 
Asañeión,  en  el  centro;  santa  Catali- 
na, á  la  derecha,  y  san  Miguel,  á  la 
izquierda,  perfectamente  ejecutados. 
En  los  intercolumnios  se  ven,  en  ni- 
chos ligeramente  decorados,  las  esta- 
tuas de  san  Pedro  y  san  Pablo,  y  en- 
cima, así  como  sobre  las  puertas,  cin- 
co balcones  en  la  fachada,  y  dos,  en 
I  las  torres,  en  la  misma  línea,  adorna- 
idoi  con  diferentei  molduras.  La  cor- 


JAÉN  226 

nisa  general,  ornada  con  algunas  la- 
bores, sirve  de  apoyo  á  una  balaus-* 
trada  de  piedra  dividida  porped  esteles 
decorados,  sobre  los  cuales  descansan 
las  estatuas  del  rey  Don  Fernando,  en 
el  centro,  y  los  evangelistas  y  docto- 
res de  la  ley,  en  los  costados.  Forma 
el  segundo  cuerpo  un  ático,  adornado 
sencillamente  con  pilastras,  entre  las 
que  se  ven  tres  ventanas,  y  sobre  él 
corte  un  zócalo,  en  el  que  se  asienten 
unos  remates  graciosos,  que  coronan 
el  edificio  por  todas  sus  partes.  En  el 
costado  del  templo  que  da  frente  al 
Mediodía,  hav  una  linda  portada  de 
los  órdenes  dérico  y  jónico.  El  arco 
de  la  puerta  ostenta  una  pintoresca 
decoración,  y  en  sus  enjutas  resaltan 
dos  alegorías  de  la  Piedad  y  de  la  Re- 
ligión, primorosamente  ejecutadas; 
sobre  la  puerta,  nn  relieve  que  repre- 
senta la  Asunción  y  varios  angelitos, 
que  sostienen  el  manto  de  la  Virgen. 
La  portada  del  Norte  está  formada 
por  dos  columnas  de  orden  compues- 
to, que  sostienen  un  cornisamento, 
sobre  el  que  descansa  un  ático,  en 
cuyo  centro  aparece  un  nicho,  que 
ocupa  la  Concepción,  rodeada  de  se- 
rafines, y  á  los  dos  lados,  las  estatuas 
de  David  y  Salomón.  Bn  los  muros 
laterales  del  templo  se  ven,  en  ei  pri- 
mer cuerpo,  unas  ventanas  que  dan 
luz  á  las  capillas,  y  en  el  segundo, 
balcones  adornados  con  moldaras  y 
frontones  semicirculares.  El  cuerpo 
del  cimborio  sobresale,  y  en  sus  mu- 
ros tiene  abiertas  las  ventanas  que 
dan  luz  á  la  iglesia,  en  cuya  parte 
superior  hay  una  cornisa,  en  la  que 
asienta  el  zócalo,  el  cual  sostiene  los 
remates  qne  adornan  el  edificio  por 
todos  sus  lados.  Finalmente,  en  la 
bóveda  que  cubre' este  último  cuerpo, 
carga  la  linterna,  en  que  ae  reparten 
ocho  ventanas,  que  coronan  una  cor- 
nisa, sobre  la  que  se  apriya  la  cúpula. 
El  interior  de  la  catedral  afecta  la  fi- 
gura de  una  cruz  latina,  presentando 
la  forma  de  un  paralelógramo  rectán- 
gulo, y,  en  dirección  de  su  longitud, 
se  halla  dividida  en  tres  naves,  de  las 
cuales,  la  central,  que  es  la  mayor, 
tiene  sus  bóvedas  sostenidas  por  gran- 
des y  elegantes  pilares  de  orden  co- 
rintio de  sección  cuadrada,  que  des- 
cansan sobre  un  elevado  pedestal  del 
mismo  género.  El  pavimento  de  este 

f^rzn  edificio  es  de  mármol.  Las  naves 
atórales  presentan  sus  bóvedas  apo- 
yadas, por  una  parte,  en  los  pilares 
de  la  central;  y  el  arranque  da  la 
opuesta,  sobre  medias  columnas  co- 
rintias en  idénticos  pedestales,  adap* 
tadas  á  la  pared  qne  forma  el  frente 
exterior  de  las  capillas.  Estas  se  en- 
cuentran adornadas  de  ritjuíaímos 
cuadros  y  esculturas  de  mérito.  Una 
de  ellas  contiene  una  preciosa  reli- 
quia, la  Santa  Faz,  impresa  sobre  el 
paño  de  la  Verónica.  Bl  coro  está  de- 
corado con  gran  lujo  y  riqueza.  El 
presbiterio  se  eleva  sobre  un  atrio  de 
tres  pies  de  altura,  formado  por  una 
escalinata  de  mármol  negro,  en  sus 
cuatro  frentes,  y  cercado  por  una  ver- 
ja dorada;  en  su  centro,  sobre  tres 

TOMO lu  m 


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226  JAÉN 

g^dat  de  jaspe  «nearnaclo,  se  leTaaU 
el  altar,  m.  el  que  esti  colocada  una 
mesa  cubierta  por  na  paño  ejecutado 
en  bronce,  7  trea  ángeles  de  mármol 
blanco  en  ademán  de  recogerle.  Sobre 
aquella  superficie  se  alza  un  taber- 
náculo, compuesto  de  ocho  columnas 
de  serpentina ,  con  basas  y  capiteles 
de  bronce  dorado,  j  otras  preciosas 
labores,  y  sobre  una  cornisa  de  már- 
mol de  mezcla,  descansa  la  cúpnla, 
que  termina  en  una  cruz  de  cristal  de 
roca:  apoyados  en  los  pedestales  de 
cuatro  pilares  en  que  descansa  la  bd- 
veda,  se  elevan  sobre  nubes  otros  tan- 
tos ángeles,  cada  uno  de  los  cuales 
sostiene  una  hermosa  lámpara  de  pía* 
ta.  Bste  magnífico  monumento,  que 
acabamos  ligeramente  de  resefiar,  fue 
obra  del  espirita  religioio  de  los  ha- 
bitantes de  Ja&h,  la  cualjpudo  llevar- 
se á  cabo  mercad  á  sai  limosnas  y  al 
celo  de  los  prelados  de  aquella  época: 
en  su  fábrica,  toda  de  piedra,  primo- 
rosamente labrada,  el  edificio  aparece 
grandioso;  considerado  en  su  orden  y 
suntuosa  decoración,  se  ostenta  ver- 
daderamente sublime. 

16.  Té'minOfforma,  divitiona,  pro- 
ductos, aspecto  del  país. — El  término 
de  la  ciodad  se  halla  circundado  de 
montes  y  cerros  en  todas  direcciones 
y  á  distancias  diferentes  de  la  pobla- 
ción, excepto  por  el  Norte  y  Oriente: 
su  figura  es  irregular,  con  muchos 
ánguos  entrantes  y  salientes  en  su 
eiroanferencia.  £1  suelo  puede  divi- 
dirse en  dos  grandes  porciones:  la 
parte  montuosa  y  de  plantací(Sn;  la 
parte  Uaná  ó  campiña.  Todos  los  te- 
rrenos comprendidos  dentro  del  ex- 
tenso círculo  que  abraza  su  término, 
forman  un  magnífico  valle,  sobre  el 
cual  se  destacan  gallardamente  los 
cerros  del  Zumel,  Zumel  Redondo, 
PeQas  de  Castro,  Peña  de  Celada  y 
varias  colinas,  ofreciendo  á  la  vista 
un  suelo  desigual,  variado,  extraor- 
dinariamente pintoresco.  Cruzan  este 
valle,  en  dirección  del  Mediodía  al 
Norte,  el  río  de  JaAm,  con  su  magní- 
fica corona  de  huertas,  ^  el  arroyo 
Valparaíso,  da  Sudoeste  a  Este,  com- 
pleundo  el  encanto  de  su  feeondisi- 
ma  ribera.  En  estos  terrenos  se  en- 
cuentran todas  las  plantaciones  de 
vides  y  olivos,  las  cuales  tapizan  casi 
literalmente  el  suelo  hasta  la  cumbre 
de  los  cerros  del  interior.  Hubo  un 
tiempo  en  que  estos  sitios  eran  mon- 
tuosos y  apenas  producían  otra  cosa 
que  pastos,  salvo  algunas  viñas  y^  oli- 
vares, diseminados  siu  urden  ni  ar- 
monía: hoj,  por  el  contrario,  todo 
aparece  cuidadosameute  cultivado; 
todo  es  vida  y  vegetación.  Los  varia- 
dos colores  de  la  vid,  del  olivo  y  otra 
infinidad  de  plantas;  el  animado  mo- 
vimiento de  las  gtjutes  del  campo;  las 
numerosas  casas,  de  blanquísimas  pa- 
redes, que  pueblan  aquel  valle;  la 
multitud  de  vereda:>  qu.e  lu  cruzan  en 
todas  direccionesjla  transparencia  de 
las  aguas  que  lo  bañan,  reflejando  los 
objetos,  forman  un  conjunto  delicio- 
so, que  ofrece  grata  contemplación  al 
filúsofo,  inspiraciones  al  poota  y  mo- 


JAÉN 

tivos  de  aplicación  práctica  al  econo- 
mista. La  calidad  de  los  terrenos  ri- 
tuados  al  Mediodía  de  la  ciudad,  me- 
jora en  los  parajes  llanos  que  medían 
entre  los  cerros;  así  es  que,  mientras 
en  las  faldas  elevadas  de  éstos,  el  te- 
rreno se  presenta  arenoso  v  pedregoso, 
en  los  llanos  se  ve  con  Secuencia  la 
tierra  arcíllo-arenosa,  tan  á  propósi- 
to para  el  cultivo  de  la  vid  y  del  oli- 
vo. Esta  circunstancia  y  la  de  reco- 

fer  las  humedades  y  substancias  que 
escienden  filtradas  de  las  alturas, 
hacen  de  los  llanos  unos  terrenos  muy 
superiores  y  susceptibles  de  sostener 
por  largos  años  la  vegetación.  Los 
terrenos  que  se  extienden  al  Oriente 
y  Norte  de  la  población,  desproTÍitos 
de  montes  y  de  cerros,  son  los  que  se 
conocen  con  el  nombre  de  campiña. 
Ea  ellos  no  se  encuentran  plantacio- 
nes de  árboles,  pues  se  hallan  dedi- 
cados casi  exclusivamente  al  cultivo 
de  cereales;  en  particular,  del  trigo. 

17.  Flora. — La  flora  de  este  térmi- 
no ea  por  demás  variada:  en  la  fami- 
lia de  las  rosáceas,  en  sus  dos  tribus 
más  interesantes,  tanto  amigdaláceas 
como  pomáceas,  se  dan  exquisitos 
frutos:  el  almendro,  el  melocotón  j  el 
ciruelo  con  muchas  de  sus  variedades; 
el  albaricoquero  y  el  cerezo,  con  otras 
de  extraordinario  mérito;  el  manzano, 
con  otras  muchas  á  cual  más  aprecia- 
bles;  el  peral,  con  algunas  varieda- 
des excelentes;  el  membrillero,  el  nís- 
pero y  algún  acerolo.  En  la  especie 
más  notable  de  la  familia  de  las  am- 
pelideas,  que  es  la  vid,  se  crían  igual* 
mente  otras  variedades  muT  buenas 

fiara  postre,  las  cuales  se  cultivan  en 
as  huertas;  en  la  familia  de  las  in- 
glandeas,  figura  el  nogal,  de  sabroso 
fruto  ^  de  rica  madera.  El  espárrago, 
alcarcil  silvestre  y  la  alcachofa  de 
cultivo  son  muy  abundantes.  En  los 
jardines  y  los  campos  crecen  bellísi- 
mas flores  de  delicioso  aroma  y  deli- 
cados matices:  en  las  ranunculáceas 
se  encuentran  los  ranúnculos  más 
variados  y  de  elegante  poesía;  en  las 
jazmíneas,  el  jazmín,  U  lila  y  otras 
mil  de  gran  mérito  en  diferentes  es- 
pecies; en  las  labiadas,  que  tanto 
abundan  en  este  término,  principal- 
mente en  los  montes,  se  cuentan  el 
romero,  el  espliego,  la  salvia,  la  men- 
ta ó  hierba  buena,  el  tomillo,  el  oré- 
gano, la  mejorana,  el  toronjil  y  la 
albahaca:  entre  las  plantas  medicina- 
les, se  citan  la  cicuta,  la  mostaza, 
zaragatona,  mal  vas,  mal  va  visco,  cino- 
glosa, vetónica,  beleño,  acónito,  anís, 
cominos,  rudas,  lepidimus  laílfolium, 
belladona,  manzanilla,  chicoria,  sal- 
via, rábano  rusticano,  lirios,  sabina, 
tréboles  y  otra  infinidad  que  sería 
prolijo  enumerar.  Entre  las  produc- 
ciones agrícolas,  haremos  mención 
del  trigo,  cebada,  garbanzos,  lente- 
jas, alberjones,  guijas,  habas  y  maíz, 
en  cuanto  á  semillas;  en  líquidos, 
aceite  de  olivas  y  vino;  en  horúlizas, 
lechugas,  escarolas,  tomates,  pimien- 
tos, bijreugenas,  nabos,  rábanos,  co- 
les, brécoles,  coliflores,  acelgas,  car- 
dos, apio,  habichuelas,  calabazas. 


JAÉN 

verdolagas  y  zanahorias;  en  firatas: 
los  melonei,  lu  sandías,  el  pepino  y 
otras.  Entre  lai  maderas,  se  ntilisan 
el  cerezo,  el  moral,  el  álamo,  el  fina- 
no,  el  nogal  y  algunos  pinoa. 

18.  Cata. — El  desmonte  y  las  rota* 
raciones  han  disminuido  mucho  Is 
caza,  que  en  otro  tiempo  era  abundan- 
te; sin  embargo,  en  la  actualidad  hay 
bastantes  perdices,  chochas,  lorzales, 
palomas,  codornices,  trigueros,  toto- 
vías, gangas  y  otros  pájaros;  liebres 
y  conejos.  Entre  los  animales  dañi- 
nos, se  encuentran  lobos,  zorras,  tu- 
rones, tejones  y  topos. — En  cuanto  i 
ganados,  no  6s  muy  abundante;  espe- 
cialmente, el  de  cerda,  caballar  y  la- 
nar, por  la  falta  de  buenaa  deheiu; 
U  labor  de  ando  de  la  oampifia  se 
hace  con  bueyes;  la  trilla,  con  ye- 

Suas,  y  las  eonduccionei^  en  cañetas 
B  bueyes  6  i  lomo,  en  burros. 

19.  Industria. — La  induatría  agrí- 
cola es  la  más  importante  de  esta  po- 
blación, en  la  cual  figuran  ademii 
varias  fábricas  de  paños  pardos,  de 
lienzos,  de  mantelería,  lienzos  lisos  r 
fuertes,  telas  rayadas  para  pantalo- 
nes, fajas  de  estambre,  jabón  blando 
y  de  piedra,  y  aguardientes;  molinos 
de  aceite  y  demás  artea  y  oficios  ne- 
cesarios. 

20.  Comercio. — El  comercio  es  in- 
significante; pues  todo  él  se  reduee  á 
la  importación  de  los  artículos  india- 

Sensables  para  el  consumo  de  la  ciu- 
ad,  y  exportación  del  lobrante  ds 
las  cosechas  y  de  algunas  manube- 
tnras. 

21.  Poblaciones.— Li8  más  nota- 
bles de  la  provincia,  son:  Linares, 
que  describiremos  en  su  letra  respec- 
tiva; Úbeda,  ciudad  situada  en  loi 
famosos  cerros  de  su  nombre,  con 
20.000  habitantes,  colegio  de  padres 
escolapios,  campiña  feraz  y  nca  en 

f tastos,  con  que  se  mantiene  una  de 
as  mejores  razas  de  caballos  andalu- 
ces; Alcalá  la  Real,  ciudad  también, 
con  16.041.  habitantes,  un  antiguo 
castillo,  campo  poblado  de  vides  y  en 
cuya  jurisdicción  se  encuentran  los 
baños  minerales  de  la  Ribera  y  Fuelle- 
álamo;  Marios,  población  muy  nom- 
brada en  la  historia  de  Fernando  IV 
el  Smplasadot  por  la  célebre  peña  de 
la  cual  fueron  precipitados  los  herma- 
nos Carvajales,  con  17.000  habitantes 
y  aguas  minerales;  Baeza  (véase  en  so 
letra  correspondiente);  Ándijar,  asen- 
tada sobre  el  Guadalquivir,  con  16.000 
habitantes,  abundante  campiña,  ex- 
tensos olivares,  hermoso  puente,  al- 
guna industria  y  fábricas  do  alcarni- 
zas;  Baile'*,  ciudad  famosísima  desde 
la  guerra  de  la  Independencia,  por  1« 
gloriosa  batalla  ganada  á  los  france- 
ses en  sus  cercanías,  con  8.580 
tantos;  Áleaudete^  en  terreno  quebrs-- 
do,  pero  muy  feraz,  con  6.237  almas: 
Porcuna,  población  notable, 
cho  grano  y  9.150  habitantes; 
carrillo,  con  8.219,  aceite,  garbanzos 
y  buenos  pastos;  Quesada,  villa  en  paH 
quebrado,  con  4.822  habitantes  y  bue- 
nas salinas;  Cazorla^euUa  sierrasdesu 
nombre,  con  5.580  habitantes  y  tbun- 


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JAÉN 


dueía  de  higos,  maderaje  j  sal;  la 
CaroUna,  población  nueva,  de  hermo- 
la  eanstrueción,  capital  de  las  eolo- 
Mu  ir  mUmaiui  establecidas  en  Sie- 
na-Korena  en  el  reinado  de  Garlos  III, 
con  6.468  habitantes  7  considerables 
plantíos  de  oHtos,  moreras,  vides  j 
frutales;  Mancha-Rtal,  en  terreno  de 
mnebos  granos,  con  5.688  almas;  Se- 
nm,  situada  en  la  sierra  de  su  nom- 
ore,  con  2.900  habitantes  jr  poblsdade 
bos4jnes,  que  producen  excelente  ma- 
dera de  construcción;  Arpona,  villa  de 
algana  importancia,  con  6.524  habi- 
tantes; T  Navas  de  Tolota,  célebre  por 
U  grande  j  decisiva  batalla  que  Al- 
fonso Yin  ganó  á  los  moros,  la  cual 
celebra  la  Iglesia  anualmente  bajo  el 
título  da  Triunfo  de  la  Sania  Cruz» 

22.  .ffAi<yra/?a.— Los  habitantes  de 
esta  provincia  son,  por  lo  común,  ac- 
tivos, laboriosos  j  sufridos,  por  ca- 
ríeter;  dóciles,  sobrios  j  pacíficos, 
por  temperamento  j  educación;  alti- 
vos j  agradecidos  al  mismo  tiem- 
po, ni  saben  mostrarse  ingratos,  ni 
soportan  con  paciencia  la  hurailla- 
cioD.  La  virtud  de  la  hospitalidad  es 
general  en  todos  los  naturales  del 
país,  si  bien  se  marca  más  en  los  de 
las  aldeas  y  pueblos  de  escaso  vecin- 
dario. El  carácter  de  los  habitantes 
de  la  capital  participa  de  la  honradez 
j  formalidad  castellanas,  sin  carecer 
de  ese  gracejo  peculiar  de  los  andalu- 
ces; asi  se  dice,  j  no  sin  fundamento, 

3ae  la  provincia  de  Jaén  es  la  Galicia 
0  las  Andalucías.  Las  mujeres  son 
generalmente  muj  bien  formadas,  j 
no  es  raro  admirar  en  ellas  todos  los 
eacantos  propios  de  su  sexo  llevados 
á  UD  alto  grado  de  perfección. 

23.  ffitioria.—m  origen  de  esta 
iMblacidn  se  pierde  en  la  oscuridad  de 
loa  siglos:  algunos  autores  dicen  ha- 
berse llamado  Anringia;  por  cujo  an- 
tecedente, confirmado  por  otras  cir- 
HiQBtancias,  se  asegura  que  es  la 
Omuit  hética,  adscrita  al  convento 
jurídico  de  Ecija,  nombrada  por  Pli- 
uio.  Esta  adulteración  de  Áurin^is  en 
Omyú  08,  en  concepto  de  un  geógra- 
fo, samameute  fácil,  siendo  permuta- 
bles la  ^  j  la  (>,  la  A  jr  la  J2  entre 
los  antigaos,  como  se  ha  observado 
repetidas  veces. — ^La  historia,  en  la 
pnmera  mención  qua  haee  de  ella,  la 
presenta  vat  opulentísima,  con  un  te- 
rreno de  los  más  fértiles,  j  á  sus  habi- 
tantes, explotando  minas  de  plata. 
(Tito  Livio.)  El  cartaginés  Asarúbal 
<TÍsg5n  la  fortificó  con  extraordinario 
esmero,  considerándola  como  ciuda- 
deU  inexpugnable  para  apocar  en  ella 
sos  expedicijnes  mediterráneas,  como 
io  era  Cartagena  para  las  marítimas. 
£0  la  famosa  expedición  militar  lle- 
vada &  cabo  por  los  dos  hermanos  Es- 
cipiones,  tan  próspera  7  feliz  que 
casi  puso  á  su  disposición  las  dos  És- 
paíias,  se  dió  enfrente  de  esta  ciu- 
dad, según  el  autor  antes  citado,  una 
gian  Iwtalla,  en  la  que  quedaron  los 
•«rtaginesn  completamente  derrota- 
dos, perdiendo  8.000  hombres,  cerca 
de  1.000  prisioneros  y  58  banderas. 
U»  Bsdpiones  no  lograron,  sin  em- 


Jaén 

bargo,  apoderarse  de  la  ciudad,  ni  se 
detuvieron  ¿  ponerla  sitio;  su  con- 
quista estaba  reservada  para  Publio 
Cornelio  EscipiÓn,  llamado  el  /ovm, 
7,  más  tarde,  el  Africano,  el  cual  la 
sitió  estrechamente  j  la  tomó,  por  úl- 
timo, mediante  un  sangriento  y  horro- 
roso asalto.  Esta  conquista  fué  mu^ 
del  agrado  de  Escípión,  quien  no  cesó 
de  aplaudirla,  comparándola  á  la  de 
Cartagena,  año  20W  antes  de  Jesucris- 
to.— Algunos  restos  de  un  acueducto 
j  otras  antigüedades  romanas,  recien- 
temente descubiertas,  atestiguan  tam- 
bién su  existencia  en  tiempo  de  los 
romanos.  Difícil  sería  puntualizar  la 
historia  de  Jaés  durante  las  inva- 
siones bárbaras  que  asolaron  las  pro- 
vincias del  imperio  j  muj  particular- 
mente la  Bética,  hasta  que  se  redon- 


JA¿N 


227 


del  infante  Don  Juan  Manuel.  La  his- 
toria de  esta  ciudad  no  ofrece  nada 
de  notable,  desde  esta  faeha  hasta 
el  año  de  1808,  en  qus  reconoció  la 
suprema  autoridad  del  gobierno  esta- 
blecido en  Sevilla,  no  sin  algunos  des- 
órdenes, de  los  cuales  fué  victima  el 
corregidor,  asesinado  en  un  pueblo 
inmediato,  adonde  había  sido  condu- 
cido  preso  por  sospechas  de  traición. 
A  fines  del  mes  de  Junio  del  citado 
año,  entraron  los  franceses  sin  resis- 
tencia en  este  pueblo  indefenso,  que- 
mando V  saqueando  las  casas  y  dego- 
llando basta  los  niños  j  los  viejos. 
En  1810,  volvieron  los  invasores  á 
apoderarse  de  Jaén,  en  donde  perma- 
necieron hasta  el  17  de  Septiembre 
de  1812,  en  que  fué  completamente 
evacuado.  En  26  de  Febrero  de  1820 


deó  el  dominio  de  los  godos  en  la  pe-'  salió  el  batallón  de  provinciales  de  esta 
nínsula,  hallándose  envuelta  en  la  ciudad  contra  el  inmortal  caudillo  de 
general  del  país.  Destruida  esta  do-  la  libertad  don  Rafael  del  Riego;  y  en 
minación  en  las  orillas  del  Guadalete,  19  de  Marzo  juró  la  población  el  Có- 

por  el  territorio  de  Jaén  se  dirigió 
Tarik  hacia  Toledo,  contándose  entre 
las  poblaciones  que  quedaron  bajo 
el  libre  dominio  del  godo  Teodomiro, 
en  virtud  del  céleore  tratado  de 
Orihuela,  celebrado  entre  aquél  7  el 
caudillo  musulmán  Abd-el-Azid.  En 
el  reparto  de  tierras  hecho  por  Abul- 
khatar,  año  744,  pasó  esta  ciudad  á 
los  de  la  tribu  de  Kiusrin,  de  la  cual 
tomó  el  nombre  de  Kiuñn.  Bajo  el  po- 
der musulmán  alcanzó  un  estado  no- 
reciente,  pues  los  Arabes  la  fortifica- 
ron T  denominaron  Gien,  que  los  es- 
pafioles  tradujeron  luego  por  Jaén. 
Bu  la  división  de  España  hecha  por 
Tttsuf,  año  747,  aparece  con  el  nombre 
de  S^iurin  ó  Daquén,  figurando  entre 
las  principales  poblaciones  del  Anda- 
¿(Tf.  Proclamado  Abdalá  por  muerte  de 
su  hermano  Moudhir,  emir  de  Córdo- 
ba en  788,  confió  á  Omar  el  gobierno 
de  Jaín,  que  su  padre  había  ejercido 
anteriormente,  el  cual  fué  luego  pa- 
sando de  manos  de  varios  walís,  entre 
otros,  Omap-ben-Hescham-ben-Abd- 
el-Acíd,  Obeidalá-ben-Omeja,  Labi- 
ben-Obeidalá,  Mohamed-ben-Abd-el- 
Wadh,  Abu-Djafar-el-Oskej  v  Abu- 
Oman-Alí-ben-Muza;  el  cual  lo  era 
en  1245,  cuando  el  rej  Don  Fernando 

Suso  cerco  &  nuestra  ciudad.  El  emir 
e  Granada,  Mohamed-Alhamar,  salió 
en  auxilio  del  walí  de  Jaín,  siendo 
derrotado  por  Fernando,  que  le  salió 
al  encuentro.  Finalmente,  en  1246, 
después  de  un  sitio  que  duró  algunos 
meses,  logró  el  monarca  cristiano  apo- 
derarse de  la  población,  cu  jo  territo- 
rio se  vió  atacado  y  saqueado  por  los 
árabes  en  1295,  1368  j  1407.  Los  ha- 
bitantes de  Jaén  figuran  en  varias 
empresas  militares  de  aquellos  tiem- 
pos, y  entre  otras,  en  la  guerra  que 
el  rey  Don  Juan  hizo  al  de  Granada 
para  obligarle  á  pagar  su  tributo;  en 
la  algarada  que  el  señor  de  Yaldecoi- 
neja  y  el  obispo  de  Jaéh  emprendie- 
ron por  los  campos  de  Guadix  en 
1435,  y  otras  frecuentes  hostilidades. 
Üiez  años  después,  la  cedió  el  rey  de 
Castilla  á  su  hijo  el  príncipe  Don  En- 
rique, y  en  1507  se  hallaba  en  poder 


19  de  Marzo  juró  la  población 
digo  venerando,  formado  por  las  Cor- 
tes de  Cádiz  bajo  el  cañón  enemigo.  El 
día  12  de  Septiembre  entró  en  Jaén  el 
general  Riego,  al  frente  de  7.000  in- 
fantes y  400  caballos;  el  13  se  alarmó 
el  vecindario  al  tener  noticia  de  la 
aproximación  de  una  división  francesa 
compuesta  de  12.000  hombres;  el  ma- 
logrado general  Riego  sostuvo  un  ata- 
que reñidísimo  por  espacio  de  seis  ho- 
ras, defendiendo  la  puerta  de  Moros 
y  el  castillo,  viéndose  los  franceses 
obligados  á  replegarse  hacia  la  vega; 

fero  la  llegada  de  otra  diviaiÓQ  de 
8.000  hombres  por  el  camino  de  An- 
dújar,  forzó  &  Riego  á  retirarse  hasta 
Jimena.  En  30  de  Agosto  de  1835,  se 
sublevó  Jaín  contra  el  ministerio  To- 
reno;  once  días  después  salía  el  bata- 
llón de  milicia  urbana  con  el  provin- 
cial de  Murcia,  el  de  Córdoba,  algu- 
nas compañías  del  de  Guadix  y  Jerez, 
el  regimiento  de  caballería  4."  ligero, 
un  escuadrón  de  Sagunto  y  siete  ba- 
tallones de  milicia,  que  componían  la 
brigada  de  la  provincia,  á  tomar  el 
punto  de  Despeñaperros,  para  hacer 
frente  á  las  tropas  del  gobierno,  que 
mandaba  el  general  Latre,  las  cuales 
se  pronunciaron  el  19  del  mismo  mes; 
y  el  25  entraban  de  nuevo  en  Íaé»  la 
milicia  y  demás  tropas  que  habían  sa- 
lido, siendo  recibidas  con  grandes  fes- 
tejos. En  1."  de  Agosto  de  1836,  pro- 
clamó esta  ciudad  la  Constitución 
de  1812;  en  8  de  Septiembre  de  1840 
se  pronunció  la  población,  así  como  la 
milicia,  cuya  sensatez  evitó  todo  de- 
sastre y  el  que  se  atentara,  como  al- 
gunos pretendían,  contra  la  vida  del 
gobernador;  y  en  28  de  Junio  de  1843 
volvió  de  nuevo  á  pronunciarse  por  el 
programa  del  ministerio  López,  ma- 
nifestando las  mismas  tendencias  li- 
berales en  todos  los  movimientos  po- 
líticos que,  desde  entonces,  han  veni- 
do sucediéndose  en  España. 

24.  ffoMhres  nútahlet,~~Zktn  eañn- 
ta  entre  sus  hnos  á  los  esclarecidos  va- 
rones Jorge  Escobedo  y  Alarcón,  ca- 
marista de  Indias  y  autor  de  varias 
obras  relativas  á  la  mejor  administra- 
ción de  aquellos  países;  don  Gontalo 


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2á3 


Fernándn  d«  GiSrdoba,  conmjoro  de 
CastiUft  j  autor  da  variaa  obni  saffa- 
daa  /  de  leg'islacitfn;  Sebastián  Mar- 
tínez, pintor  del  rej  Don  Felipe  IV; 
Fray  Manuel  Molina,  émulo  de!  ante- 
rior; el  arzobispo  Don  Maximiliano 
de  Austria  j  Fraj  Francisco  Rades  de 
Andraba,  capellán  da  honor  del  rej 
Don  Felipe  tí. 

25.  Heráldica. — El  escndo  de  armas 
de  esta  ilustre  ciudad,  cuartelado,  os- 
tenta dos  easti  líos  y  dos  leones,  orlado 
de  siete  castillos  dorados  en  campo  de 
gules,  y  siete  leones  rojos  sobre  plata 
j  corona  real  al  timbre,  concedida  por 
el  rer  Don  Enrique  I  con  los  títulos 
de  MuT  NoBLB  y  Mut  Lbal  Guabda,  t 
Defensa  de  los  bbybs  db  Castilla. 

Btiholoqía.  Latín  OÍ€«*íum,  i, 
Gieima,      origen  del  inbe  Djayén 

2.  Jaén.  Adjetivo  qne  se  aplica  i 

cierta  uva  blanca  algo  crecida  y  de 
hollejo  grueso  t  duro.  Se  da  el  mismo 
nombre  á  la  vid  t  Tiduüo  que  la  pro- 
duce. I  En  plural,  jaénes. 

EnuoLoaÍA.  Jaé»  I. 

Jaén  y  Castillo  (Alfonso).  Lite- 
rato español,  que  nació  en  1134  j  mu- 
rió en  1762.  Fué  profesor  de  Filosofía 
y  bellas  letras  en  Cádiz  y  dejó,  entre 
otras,  las  obras  siguientes:  FmíósÍÍ'- 
eo$  tueñoi  erítico-moralet;  Carta  métrica 
en  asunto  del  buen  gobierno;  Vida  y  vir- 
tmdet  de  la  reina  3oña  María  Amalia 
de  Sajonia,  mujer  de  Carlos  111;  Diario 
de  los  obsequios  hechos  por  la  dudad  de 
Cádit  al  primer  embajador  de  Marruecos 
Sidi  Hamed  Gacel, 

Jaenés,  sa.  Adjetivo.  El  natural 
de  Jaén  ^  lo  que  pertenece  á  esta  ciu- 
dad ó  reino. 

Jaeriz.  Masculino  anticuado.  Ja- 
raíz. 

Jaez.  Masculino.  Todo  el  adorno 
que  se  pone  á  los  caballos  para  lucir- 
lo, l  Adorno  de  cintas  con  que  se  en- 
jaezan las  clines  del  caballo  en  días 
de  función  ó  gala.  Llámase  medio  jabz 
cuando  sólo  están  entrenzadas  la  mi- 
tad de  las  clines.  H  Metáfora.  Calidad 
ó  propiedad  de  alguna  cosa.  |  Cferma^ 
nía*  Éopa  6  vestidos. 

ETiuoLGoía.  Árabe  if^p^  (djakH), 

apparatus,  «arreos  de  caballo.»  en  Ibn- 
Batuta,  Lañe,  Frejtag.  (Enoblmann, 

DOZY.) 

1.  La  forma  jahe's  se  halla  en  el 
Cancionero  de  Baena. 

2.  También  se  Átcitíjaeca  de  cama, 
como  se  ve  en  el  Diccionario  del  padre 
Jerónimo  Víctor. 

Jafet.  Masculino.  Historia  Sagra- 
da. HijoprimogénitodeNoé.  ('¿fd/iah 

ETiuoLoaiA.  Latín  Jipheij  J&' 
pheth. 

Reseña* — 1.  Jafet  pobló  la  mayor 
parte  del  Occidente.  (BosauET,  SisU>~ 
ria,  I,  2,J 

2.  JAvat  desarrolló  las  ramificacio- 
nes de  su  raza,  de  un  lado  por  los  va- 
lles del  Cáucaso,  hasta  las  orillas  del 
Ganges,y  del  otro  por  el  Asía  menor  y 
las  islas  hasta  las  costas  de  la  Grecia 
y  Its  cercanías  del  Parnaso.  Sus  hijos 


fueron  Gomer,  Uagog,  MadaT,  Javán, 
Túbal,  líasoch  y  Thiras.  (Biblia.) 

Jafético,  oa.  Adjetivo.  Concer- 
niento  á  Jafet, 

Jaflk.  Femenino.  Geografía  &  histo- 
ria. Ciudad  y  puerto  de  ¿iria,  céle- 
bre por  la  peste  que  diezmó  la  arma- 
da francesa  en  1799.  En  1837  un  te- 
rremoto sepultó  en  ella  á  13.000  per- 
sonas; 6.000  habitantes. 

Jaga.  Femeninoanticuado.  Llaqa. 

Jaga-Baba.  Femenino.  Mitología. 
Divinidad  que  parece  ser  la  Belana  de 
los  antiguos  eslavos. 

Jagaco.  Masculino,  Especie  de  pes- 
cado abdominal. 

Jagar.  Activo  anticuado.  Llaqab. 

Jagamat.  Masculino.  Mitología 
india.  Nombre  bajo  el  cual  los  incíios 
adoraban  á  Wishnd. 

Jago.  Masculino.  Especie  de  pal- 
mera muy  elevada  de  la  América  me- 
ridional. (Caballbbo.) 

Jagoaruca.  Masculino.  Especie  de 
animal  del  Brasil,  que  ladra  como  un 
perro  y  pasa  por  tal;  su  color  es  blan- 
co y  pardo. 

BnuoLOofA.  Vocablo  brasileUo. 

Jagout.  yiascnliao.  Mitología.  Uno 
de  los  dioses  de  primer  orden  entre 
los  árabes. 

Jagra.  Masculino.  Azúcar  extraído 
de  la  nuez  del  coco. 

EnuOLoaÍA.  Persa  cheker,  azúcar: 
francés  antiguo, ya^r«.  (Dbtic.) 

Jagaa.  Femenino.  Fruto  del  jacha- 
lí, que  es  de  figa»  de  un  cono,  de  co- 
lor amarillo,  y  con  la  corteza  lisa  y 
señalada  con  cuadros  empizarrados. 
Es  de  gusto  dulce  y  agradable. 

Jaguacati.  Masculino.  Especie  de 
mar  tí  u-  pt:scndor. 

Jagaacini.  Masculino.  Animal  del 
Brasil,  de  la  magnitud  de  una  zorra  y 
casi  igual  en  color. 

Jaguadero.  Masculino  anticuado. 

DbSAOU  ADERO. 

Jaguar.  Masculino.  Zoología.  Es- 
pecie de  cuadrúpedo  carnívoro  del  ge- 
nero gato. 

Etiuoloqíá.  Nombre  de  este  animal 
en  el  Brasil  (Buppóm):  francés,  jo^Kar. 

Ja^aarttte.  Masculino.  Enorme 
gato  indígena  del  Paraguay. 

Etiholoqía.  jaguar;  tnncnjjagua^ 
rite,  en  Landais. 

Jaguarondo.  Mascilino.  Mamífe- 
ro del  Paniguay,  semejante  al  gato. 

ETiuoLoaÍA.  Jaguareté:  ínncÓMfjua- 
garundi,  en  Landais. 

Jagüey.  Masculino.  En  el  Perú,  la 
balsa  grande  en  que  se  recoce  el  agua. 

Jahariz.  Masculino  anticuado.  Ja- 
raíz. 

Jaharrado.  Masculino.  Enliicido. 

ÉrncoLOOfA.  Jaharrar. 

Jaharrar.  Activo.  A  Ibañilería. 
Allanar  la  pared,  igualándola  con 
yeso  y  raspándola. 

EnuoLOOÍA.  Árabe  jU«^  fdjai- 

ySr),  cal;  dja^ltrst  {^jtí^  )»  eencalar 

con  cal,»  en  Pedro  de  Alcalá. 

Jaharro.  Masculino.  Acción  6  efec- 
to de  jaharrar. 
Jahel.  Femenino.  Histeria  sagrada. 


Jaim 

Mujer  judfa  que  mató  mientfal  dor- 
mía al  general  eananeo  Sisan.  íBi' 

blia.) 

EtíholoqU.  Latín  J&hel. 

Jahivé.  Masculino.  GermauU,  Bl 
amanecer. 

Jaim.  Masculino.  Pescado  sin  es- 
camas de  las  cercanías  de  Nicea. 

Jaime.  Masculino.  Nombre  patro- 
nímico. Santiago. 

.  Etiuolooía.  Jacob:  catalán,  Jaurn. 

Jaime  (Conde  db  Urobl).  En  biz- 
nieto de  Alfonso  IV  de  Aragón,  y, 
fundado  en  este  derecho,  disputó  á 
Don  Fernando  de  Antequera  la  coro- 
na de  aquel  reino;  pero  vencido  por 
su  rival,  murió  en  una  prisión  devo- 
rando la  ira  que  su  derrota  le  había 
producido. 

Jaime  I.  Rey  de  Aragón,  llamado 
el  Conquistador.  Fué  hijo  de  Pedro  11; 
nació  en  Montpeller  en  1208  y  mu- 
rió en  Játiva  en  1276.  Sucedió  á  su 
padre  á  la  edad  de  seis  años,  y  fué 
colocado  por  los  aragoneses  bajo  Is 
tutela  del  gran  maestre  Guillermo  de 
Moredón.  Después  de  apaciguar  al- 

funas  revueltas  intestinas  y  de  haber 
sredado  el  condado  de  Montpeller 
por  muerte  de  su  madre, casó,  en  1220, 
con  Doña  Leonor,  infanta  de  Castilla 
y  hermana  de  la  reina  Berengoela; 
sometió  al  vizconde  de  Bearne  y  al 
señor  de  Albarracín,  y  volviendo  lue- 
go sus  armas  contra  los  moros,  con- 
quistó á  Mallorca,  Menores,  Valencia 
y  Murcia.  Emprendió  luego  una  expe- 
dición pan  ir  á  combatir!  los  infiues 
en  Palestina,  pero  una  violenta  tem- 
pestad dispersó  sus  naves  y  malogró 
su  empresa.  Acometido  de  una  en- 
fermedad, hizo  voto  de  entrar  en  la 
orden  del  Císter,  pero  murió  sin  ha- 
ber podido  cumplirle,  dejando  la  co- 
rona de  Aragón  á  su  hijo  Pedro  III,  y 
la  de  Mallorca,  á  Jaime. 

Jaime  11.  Rey  de  Aragón,  llamado 
el  Jftsliciero.  Era  nieto  «1  anterior  é 
hijo  de  Pedro  III;  nació  en  1260 
y  murió  en  1327.  Proclamado  rey  de 
Sicilia  en  1286,  derrotó  á  su  competi- 
dor Carlos  de  Anjou,  cuyas  fuerzu 
marítimas  fueron  deshechas  en  más  de 
un  encuentro  por  el  almirante  arago- 
nés Roger  de  Lauria;  conquistó  lapt- 
labria  y  las  islas  del  golfo  de  Ñápela; 
fue  coronado  rey  de  Aragón  á  la  moer- 
te  de  su  hermano  Alfonso  III;  hjW 
alianza  con  el  rev  de  Castilla;  quiso 
abandonar  la  Sicilia  á  los  franceses, 
pero  su  hermano  Fadrique,  á  quien 
había  dejado  allí  de  gobernador,  »e 
opuso  á  ello  á  mano  armada;  derroto 
en  1299  la  escuadra  de  este  último; 
fundó  en  1300  la  universidad  de  Lé- 
rida; desterró  de  su  territorio  á  los 
templarios;  se  alió  con  el  rev  de  Cw- 
tilla  para  hacer  la  guerra  á  los  moros 
de  Granada,  fundíla  orden  de  Mon- 
tesa,  reunió  Cortes  en  Gerona  y  en  fi" 
ngoza  y  tuvo  por  sucesor  á  w  «"J" 
Alfonso.  .. 

Jaime  I.  Rey  de  Mallorca,  hijo  de 
Don  Jaime  el  Conquistador  y  d*,^"' 
ña  Violante  de  Hungría;  nació  en 
1243  y  murió  en  1311.  Recibió  de  su 
padre  en  1256  las  islas  Baleares,  ei 


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condado  del  Roselldn  j  el  sefiorto  de 
Montpeller,  oblivando  i  su  hermanti 
íDAjot  Pedro  III  &  que  eoafírmase  esta 
donadón;  tuvo  ffuema  eon  éste,  ; 
después,  eon  su  Hijo  Alfonso  111,  que 
qaerfan  incorporar  &  la  eorona  de  Ara- 
gón la  parte  que  Jáiub  I  había  sepa- 
rado para  su  Hijo.  Jaiub,  tan  injusta- 
mente atacado,  fué  sostenido  por  los 
papas  j  los  rejres  de  Francia.  En  1298 
idxo  un  tratado  definitivo  con  Jaimel  I 
de  Araron,  para  arreglar  las  relacio- 
nes délos  dos  reinos.  Desde  entonces 
se  ocnpó  en  fomentar  la  prosperidad 
de  su  país,  haciendo  renacer  la  agri- 
cultura T  la  industria;  reedificó  el 
castillo  de  BelWer;  fundó  un  gran  nú- 
mero de  villas,  acuñó  moneu  é  hizo 
varias  fundaciones  piadosas. 

Jaime  II.  Re^  de  Mallorca,  nieto 
del  anterior  é  hijo  del  infante  Don 
Femando;  nació  en  Sevilla  en  1315 
T  mnritf  en  1349.  Elevado  al  trono  de 
Mallorca  por  muerte  de  su  tio  Don 
&neho  ea  1334,  fué  reconocido  por 
Jaime  11  de  Aragón  j  Carlos  Iv  de 
Francia.  Hizo  la  guerra  á  los  moros 
T  después  ¿  los  genoveses,  hasta  que, 
habiéndose  enemistado  con  Padre  IV 
de  Aragfóo,  éste  aprovechó  el  momen- 
to en  que  Jaiub  se  hallaba  en  lucha 
con  el  rer  de  Francia  á  propósito  del 
seAorío  de  Mootpeller,  j  le  hizo  citar 
para  responder  á  una  acusación  de 
felonía.  Como  no  compareciera,  Pedro 
le  despojó  de  todas  sos  posesiones 
en  13^,  sin  que  pudiera  recobrarlas 
á  pesar  de  la  protección  del  Papa. 
En  1349  vendió  al  rey  de  Francia  el 
señoría  de  Moutpeller  en  120.000  es- 
cudos' de  oro ,  que  le  sirvieron  para 
equipat  una  escuadra  ^  desembarcar 
en  Uallorca;  pero  vencido  en  los  cam- 
pos deLluchmayor,  pereció  con  tanta 
gloria  como  poca  fortuna. 

Jaime  IIl.  Rej-  de  Mallorca,  hijo 
del  anterior ;  nació  en  Perpiñán  en 
1336  y  murió  en  1375.  Habiendo 
caído  prisionero  en  la  batalla  en  que 
su  padre  perdió  la  vida,  estuvo  cauti- 
vo doce  años  en  Barcelona,  donde  sn 
tio  Pedro  IV  de  Aragón  no  le  escaseó 
todo  génerodebumilTacíones.  Habien- 
do logrado  fugarse  en  1362,  se  refugió 
en  Ñapóles,  donde  se  casó  con  Juana, 
viuda  y  heredera  de  aquel  reino.  De- 
seoso de  reconquistar  el  trono  de  su 
mdre,  le  unid  al  ejército  conducido  á 
España  por  el  príncipe  de  Gales,  para 
sostener  ¿  Don  Pedro  de  Castilla  con- 
tra las  pretensiones  de  Enrique  de 
Trastamara;  pero  aunque  éste  prome- 
tió ayudarle,  posteriormente  olvidó 
sus  promesas.  Después  de  caer  prisio- 
nero del  de  Trastatnara  y  de  pagar 
Juana  un  crecido  rescate  para  obtener 
sa  libertad,  volvió  á  hacer  varias  ten- 
tativas para  recobrar  su  reino,  pero 
siempre  fué  rechazado  por  las  fuerzas 
superiores  de  Pedro  IV  y  murió  repen- 
tinamente en  Vallderán,  pueblo  inme- 
diato á  Urgel,  atribuyéndose  su  muer- 
te ¿  envenenamiento. 

Jairado,  da.  Participio  pasivo  de 
pairar.  |  Mascolino.  El  corte  que  se  da 
jaírando. 
Jairar.  Activo.  Cortar  los  zapate- 


JALE 

ros  alguna  pieza  con  la  eacbilla  in- 
clinada hacia  afuera. 

Jaire.  Masculino,  Línea  curva  qne 
se  hace  á  una  pieza  que  se  ha  de  en- 
samblar con  otra. 

Jakusis.  Masculino  plural.  3fiío~ 
logia.  Espíritus  malignos,  que  los  ja- 
poneses suponían  esparcidos  en  los 
aires. 

Jal.  Masculino,  ffenumia.  El  do- 
gal. 

Jalaco.  Masculino  anticuado.  Ca- 
potillo DB  DOS  HALDAS. 

Jalandrino.  Masculino.  Palomo. 

Jalapa.  Femenino.  La  raíz  de  una 
planta  que  crece  de  suyo  en  varias 
partes  de  Méjico;  especialmente,  en  la 
provincia  de  Jalapa,  de  donde  tomó 
el  nombre.  Es  acre,  de  color  rojo  os- 
curo, de  olor  desagradable,  y  se  usa 
en  la  Farmacia  como  un  purgante  po- 
deroso. 

ETMOLoalA.  Catalán  xalapa:  tnn- 
céa,  jalap;  italiano,  scialaffa;  la.tin  téc- 
nico, mtrabilit  jaUpa»  de  Linneo;  de 
Xalapa,  ciudad  de  Méjico,  de  donde 
vino  l&  jalapa  en  1609. 

Jalápico,  ca.  Adjetivo.  Química. 
Ácido  jalápico;  resina  que  existe  en 
la  jalapa,  en  pequeñísima  cantidad. 
Es  lo  que  otros  autores  llaman  rodeore- 
íina. 

Jalapina.  Femenino,  Química,  Ex- 
tracto de  jalapa. 
ExiuoLoafA.  Jalapa:  francés,  yaía- 

pine. 

Jalares.  Masculino  plural,  Qerma>- 
nía.  Los  calzones. 

Jalbegar.  Activo.  Emjalbboab.  Q 
Metáfora.  AÍbitab  6  componer  el  ros- 
tro con  afeites.  Se  osa  también  como 
recfproeo. 

Jalbegue.  Masculino.  Blanqueo 
con  cal.  f  Metáfora.  El  afeite  de  que 
suelen  usar  las  mujeres  para  blan- 
quearse el  rostro. 

EtiholoqU.  Jalbegar. 

Jaldabaot.  Masculino.  Nombre 
que  daban  los  nicolaítas  á  un  ser  á 
quien  tributaban  los  honores  divinos. 

Jaldado,  da.  Adjetivo.  Jaldb. 

Jalde.  Adjetivo.  Amarillo  subido, 
y  Blatón,  Epíteto  heráldico  del  metal 
oro,  como  cuando  se  dice:  en  campo 

JALDB. 

ETiicoLOofA.  Latín  aalius,  color 
verde  claro:  alemán,  geU,  amarillo; 
inglés,  tfellom;  italiano,  giallo;  fnn- 
cés  y  provenzal,  jame;  walón,  y¿nr; 
namurés,  jane;  picardo,  gane. 

Jaldera.  Femenino  anticuado.  Fal- 
da ó  halda. 

Jaldo,  da.  Adjetivo.  Jalde. 

Jaldre.  Masculino.  Cetrería.  El  co- 
lor de  las  aves. 

Etimología.  Jalde. 

Jalea.  Femenino.  Conserva  conge- 
lada y  transparente,  hecha  del  zumo 
de  algunas  frutas.  [|  DEL  AOBO.  Con- 
serva de  cidra.  ||  Hacbrsb  una  jalba. 
Frase  metafórica  y  familiar.  Dbbbb- 
TIRSB,  por  enamorarse. 

Etiholooía.  Jaletina, 

Jalear.  Activo.  Iilamar  los  perros 
¿voces  para  cargar  ó  seguir  la  caza.  || 
Animar  con  pomadas,  ademanes  y 
expresiones  á  los  que  bailan. 


JALO 


Jaleante.  Recíproco.  Bailar  ja- 
leo, n  Divertirse  bulliciosamente.  U 
Menearse  con  gracia. 

Jaleco.  Masculino  anticuado.  Ca- 
potillo DE  DOS  HALDAS. 

Etimología.  Chaleco. 

Jalemo. Masculino,  jl/fío^la.  Djos 
que  presidía  á  los  honores  fúnebres. 

Reseña. — 1.  Era  hijo  de  Apolo  y  su- 
frió tantos  infortunios,  que  su  nom- 
bre se  hizo  proverbial  en  el  sentido 
de  un  ser  desgraciado. 

2.  De  este  origen  viene  jalemiat, 
término  aplicado  a  los  cantos  con  que 
se  celebraban  los  funerales. 

Jaleo.  Masculino.  La  acción  ^  efec- 
to de  jalear.  Q  Diversión  bulliciosa  de 
gente  ordinaria. 

Etimología.  Onomatopega. 

Jales.  Masculino  anticuado.  Lien- 
zo recio  y  grueso  que  sirve  para  cu- 
brir las  cargas. 

Jaletina.  Femenino.  Especie  de 
jalea  más  fina  v  menos  condensada, 
que  se  sirve  en  las  mesas,  y  se  com- 
pone del  jugo  de  cualquiera  fruta 
mezclada  eon  azúcar;  y  también  se 
hace  con  substancia  de  pechugas  de 
gallina,  manos  de  ternera  y  polvos  de 
asta  de  ciervo. 

Etiuolooía.  Gelatina. 

Jalisco,  ca.  Adjetivo.  Lo  pertene- 
ciente á  este  Estado  de  la  República 
Mejicana  y  el  natural  del  mismo.  Se 
usa  también  como  sustantivo. 

Jalma.  Femenino.  Enjalma. 

Etiholooía.  Latín  «o^ma,  la  albar- 
da  de  las  bestias  de  carga;  simétrico 
de  tügitía,  la  saeta,  porque  la  jalma 
de  los  latinos  era  puntiaguda. 

Jalmenus.  Masculino.  Tiempos  he- 
roicos. Hijo  de  Marta,  uno  de  los  jefes 
de  los  griegos  en  el  sitio  de  Troya. 

Jalmero.  Ifaseutíno.  Enjalmbbo. 

EriHOLoafA.  Latín  wmSHCm. 

Jalón,  Masculino.  Geometría.  Palo 
ó  estaca  que  sirve  para  alinear  los  te- 
rrenos en  las  mediciones  de  los  mis- 
mos y  en  el  levantamiento  de  planos 
ó  de  mapas. 

Etimoloqía.  Bajo  bretón  gitalen, 
verea:  francés, yaíwi. 

Jalonear.  Activo.  Poner  jalones  en 
algún  terreno. 

Etimología.  Jalón:  francés,  jalón- 
ner. 

Jaloque.  Masculino.  Viento.  Si- 
roco. 

EriHOLOofA.  Xirgut:  árabj,  xUluq, 
en  Pedro  de  Alcalá,  «viento  entre 
Orientey  Austro;»  chaluk,  ehfluk,  cho- 
Ink,  formas  árabes;  ckaluq,  en  Nag- 
giar  y  Delaporte. 

1.  El  árabe  ckaluq  es  la  traducción 
del  español  xaloque,  simétrico  de  xir- 
gue,  porque  el  vocablo  del  artículo 
distaba  tanto  de  la  forma  de  origen 
que  los  mismos  árabes  no  conocieron 
su  charqui,  oriental.  (Dozt.) 

2.  Esto  hubo  de  suceder,  pero  no  se 
puede  asegurar  sin  la  ayuda  de  uue- 
vos  datos:  1.°,  porque  teniendo  el  ára- 
be su  vocablo  charqui,  oriental,  no  se 
comprende  qué  oficio  hacía  el  nombre 
extranjero  chalMh,  que  es  el  xulü'/  de 
Pedro  de  Alcalá;  2.",  porque  la  forma 
chuiuit  que  Dozy  considera  como  la 


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230 


JAMA 


tnnicripcidn  arábiga  de  nuestro  ealo- 
ffM,  puede  representar  uaa  variante 
de  cinrUq,  la  salida  del  sol,  pues  la  r 
7  U  2 10  eonfunden  en  árabe,  del  mis- 
mo modo  que  en  las  lenguas  roma- 
nu;  3.*,  porque  la  Ain'ea  Ungum  ara- 
biemtnachalugt  ekoluq,  chuiuq,  siroco, 
adoptando  laf  de  cíurUj,  la  salida 
del  sol.  (Sxtraeío  dt  Dbvic.) 

3.  No  es  posible  separar  jaloqw  y 
sirgue  fjirgue),  cuto  vocablo  represen- 
ta sin  duiHi  el  áraoe  chargui,  oriental. 

4.  La  opinión  de  Dozj  es  perfecta- 
mente segura.  La  derivación  ha  teni- 
do lugar  del  modo  siguiente:  árabe, 
ckargui;  español,  xirgue,  convertido 
anjaloguef  de  donde  viene  el  árabe 
mthg,  de  Pedro  de  Alcalá. 

Jalsontles.  Ilíasculíno  plural.  Las 
partas  del  metal  mal  molidas  que  se 
remuelen. 

Jallipén.  Masculino.  Qermunia.  La 
comida. 

Jallnllo.  Masculino.  Provincial  An- 
dalucía. Pan  6  masa  que  se  pone  sobre 
las  ascuas  para  que  se  tueste  ó  ase. 

Jamaca.  Femenino  americano.  Ua< 

lUCA. 

Jamacaruo.  Masculino.  Especie  de 
higuera  americana.  (Landa.is.) 

Etimología.  Francés ^'awactfn»;  vo- 
cablo indígena. 

Jamaicano.  Sustantivo  j  adjetivo. 
Natural  y  propio  de  la  Jamaica,  isla 
de  las  Antillas,  perteneciente  á  Ingla- 
terra. 

Jamaiqués,  Jamaica. 

Jamaiquina.  Femenino.  Quími», 
Baae  salifieable  descubierta  en  la  cor- 
teza de  un  árbol  de  la  Jamaica:  andina 
inermit. 

Etimolooía.  Jamaica:  francés,  Jo- 
maicine. 

Jamáis.  Adverbio  de  tiempo  anti- 
cuado. Jamás. 

Jamal.  Masculino.  Pescado  may 
grueso  de  Egipto, 

Jamambi^os.  Masculino  plural. 
Religiosos  fonáticos  del  Japón  que 
pretenden  conversar  con  los  espíritus 
malignos. 

Etiuolooía.  Francés  janambuxei* 
(Landais.) 

Jaman<na.  Femenino  &miliar.  Co- 
mida. 

BriyoLCoU.  Jambre^  pronunciación 
morisca  de  hambre. 

Jamancio.  Masculino.  Descamisa, 
do,  hombrón.  \  Bullanguero  por  me- 
drar. 

Etiuolooía.  Janumda, 

Jamar.  Activo  anticuado.  Llamar. 

Jamarse.  Recíproco  anticuado. 
Acudir,  acogerse. 

Jamás.  Adverbio  de  tiempo.  Nun- 
ca, en  ningún  tiempo.  U  Unido  con 
los  adverbios  nunca  y  siempre  les  da 
major  fuerza,  fl  Anticuado.  Sisupas. 
I  Anticuado.Algunavez.  ||  Jaháspor 
jamás.  Modo  adverbial.  Nunca  jamás. 

Etiuolqoía.  la  y  más,  iamás,  como 
se  escribía  antig^mente:  latín,  jam 
moffis;  italiano,  ytumfliiu;  francés, ^a- 
mais;  burguiñón,  jaimoi;  nivernés, 
^'atfflu;  catalán  provincial,  jam/t;  ca- 
talán, tna¡f,  habiendo  omitido  el  ta, 

JÍMtf^a.— La  significación  primíti- 


JAMB 

va  y  propia  de  este  adverbio  es:  en  tiem- 
po alguno,  en  cualquier  tiempo.  De 
suerte  que  jamás  no  es  de  sujo  nega- 
tivo; pero  ha  sucedido  con  este  ad- 
verbio lo  que  con  nada  y  nadie,  esto 
es,  que  á  fuerza  de  emplearse  en  fra- 
ses negativas,  en  las  cuales  no  es  suja 
sino  de  otras  palabras,  la  negacit^, 
llegó  á  significarla  por  sí  solo.  De  de- 
cir, por  ejemplo,  no  lo  veré  jamás  (en 
tiempo  alguno)  se  pasó  á  decir:  jamás 
(de  ningún  tiempo)  le  veré.  Pero  jamás 
conserva  aún  su  signíñcado  positivo 
en  ciertos  giros,  verbigracia:  ¿Le  has 
visto  JAMÁS?  |Castígueme  el  cielo,  si 
JAMÁS  he  pensado  engañarte!  Losjus- 
tos  gozaran  de  la  presencia  de  Dios 
por  siempre  jamás.  (Monlau.) 

SiMONiuiA.  Jamás,  nunca.  Jamás  ex- 
presa la  idea  de  lo  que  no  se  quiere 
que  suceda,  por  aquel  que  puede  por 
■í  propio  hacer  alguna  cosa,  /  está 
decidido  á  no  hacerla  por  el  conven- 
cimiento que  tiene  de  que  sería  per- 
judicial. 

Nunca  expresa  la  idea  de  que  una 
cosa  que  se  apetece,  no  sucederá,  y 
no  porque  sea  imposible,  sino  por  la 
desconfianza  que  el  sujeto  que  la  de- 
sea tiene  de  su  propia  fortuna.  La 
idea  da  jamás  se  refiere  á  la  fortaleza, 
al  enojo,  á  la  indignación.  La  idea 
de  nunca»  i  la  de  pusilanimidad,  á  la 
de  duda,  á  la  de  desesperación.  Jamás 
transigiré  con  mis  enemigos,  dice  un 
general  que  espera  la  victoria  al  fren- 
te de  sus  contrarios. 

Jamás  consentiré  que  mis  dominios 
sean  menoscabados,  dice  un  rej  á  sus 
ministros.  Nunca  seré  feliz,  dice  un 
filósofo  en  el  retiro  de  su  gabinete; 
nunca  llegaré  á  conocer  las  causas  de 
las  cosas;  nunca  la  posteridad  bará 
justicia  á  mis  investigaciones; yasiós 
me  apartaré  de  mi  propósito;  nunca 
tendré  recompensa.  (López  PaLsaaÍN.) 

Jamasn.  Masculino.  Mitología. 
Conjuro  particular  de  los  jammados  en 
sus  operaciones  mágicas. 

Jamava.  Masculino.  Especie  de 
tela  riquísima  de  la  India. 

ExiMOLoaÍA.  Francés  jsswMi,  espe- 
cie de  tafetán  de  Indias,  bordado  ó 
embutido  de  oro  y  de  seda. 

Jamba.  Femenino.  Árguitecíura, 
Cualquiera  de  las  dos  piezas  labra- 
das que,  puestas  perpendicularmente 
en  los  dos  lados  de  las  puertas  ó  ven- 
tanas, sostienen  el  dintel  de  ellas. 

ETiMOLoafA.  Griego  na^ir^fkampe), 
curva:  latín  de  Yegeeio,  gamba,  pier- 
na; italiano  y  catalán,  gamba;  fran- 
cés del  siglo  xitgambe;  francés,  ^am- 
¿e;  pro  venza  1,  camlia;  picardo,  yaní«. 

Jambaje.  Masculino.  Arquitectura* 
El  conjunto  de  jambas. 

Etimolooía.  Jamba:  francés.  Jam- 
baje. 

Jambelán.  Masculino,  Botánica. 
Arbol  de  la  India  ( Eugenia  Jambos ), 
que  produce  un  fruto  comestible,  lla- 
mado manzana. 

Etimología.  Malayo  djamhelan,  de 
djamboa,  djambut  rosa:  francés.  Jam- 
bóse, Jambosier;  isla  de  Francia,  ^am- 
boloiígu!,  jamboiigae;  Santo  Domingo, 
jambolane.  (Dbvic.) 


ÍAUE 

Jámbico,  ca.  Adjetiro.  TIhbicO. 
Jambilla.  Femenino.  Árguitecíura. 
Diminutivo  de  jamba. 

1.  Jambo.  Masculino  anticuado. 
Yambo. 

2.  Jambo.  Absculino.  Nombre 
malayo  de  un  fruto  de  Indias. 

Etimolooía.  Malajo  djambou,  roía: 
francés, ^affi^o. 

Jamboa.  Femenino.  Especie  de  li- 
món de  las  islas  Filipinas. 

Etimolgoía.  Jambo:  francés,  ^'sm- 
bra. 

Jambolero.  Masculino.  Botánica. 
Arbol  de  la  India  que  forma  un  gé- 
nero en  la  familia  de  las  mirtíneas. 

ExiMOLOofA.  Malajo  ^^<^  (ipm^ 

bou),  árbol  de  la  India,  que  produce 
un  fruto  comestible  llamado  momsss 
de  rosa,  equivalente  al  Jíu^ani»  «Osu- 
dos de  la  botánica. 

BeseMa, — Una  eipeeie  de  jAia(x.no 
tiene  en  malayo  el  nombre  de  «^'ssi- 

bou-Kling    ¿t^^^^)'  quiere 

decir  literalmente :  «jambolero  de 
Kling,»  nombre  que  dan  los  malayos 
á  la  costa  de  Coromandel. 

Jambolón.  Masculino.  Boiémea. 
Especie  de  mirto  de  la  India. 

Btimolooía.  Jambo  2:  francés, 
jambolon,  especie  de  jambelán,  cuyo 
fruto  es  muy  semejante  á  la  aceituna; 
jambolier,  árbol  de  Indias,  de  Is  fami- 
lia de  los  mirtos. 

Jamborlier.  Masculino.  Provin- 
cial  Aragón.  Camarb&o. 

Jambosado.  Masculino.  Botánica. 
Especie  de  plantas  del  genero  jambo- 
sero,  cuyo  fruto  exhala  olor  de  rosa  v 
sirve  en  las  colonias  para  preparar 
una  bebida  deliciosa  y  estomacal. 

Jambosero.  Masculino.  Botánica. 
Género  de  plantas  miftoides,que  com 
prende  vanos  árboles  v  arbustos. 

Etimolooía.  Jambo  z. 

Jamboso.  Masculino.  E>specie  de 
jambosero. 

Jambrar.  Activo,  Provincial  Ara- 
gón. Enjambrar. 

Jamba,  Masculino.  Oermanía.  El 
apio. 

Jamad.  Masculino  antícosdo.  Ja- 

HSTB. 

Jambar.  A.ctívo.  GAiauBi  rol- 
garmente. 

Jamelgo.  Bíasculino.  Caballo  fla- 
co, malo  y  de  mal  aspecto.  |  Mata- 
lón. 

Jamerdana.  Femenino.  El  paraje 
adonde  se  arroja  la  inmundicia  de  los 
vientres  de  las  reses  en  el  rastro  ó 
matadero. 

Etimolooía.  Jamerdar. 

Jamerdar.  Activo.  Limpiar  los 
vientres  de  las  reses.  g  Lavar  mal  y 
de  priesa. 

Etimolooía.  Ja,  eufonización  án- 
be,  y  laerdar,  forma  del  latía  mtrdtt 
inmundicia. 

Jamet.  Masculino  antícaado.  Ja- 
mete. , 

Jamete.  Masculino.  Especie  de  tela 
que  se  usaba  en  lo  antiguo.  . 

Jametería.  Femenino.  Provinciai 
Murcia.  ZalamebÍa, 


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JANA 


JANI 


JANO  231 


Jamid.  Uasoalino  ■nticuado.  Ja- 

UBTB. 

Jamídas.  Masculino  plural.  MUo- 
lofié.  Hijos  ó  descendientes  de  Jamns, 

ane  lobTesalieron,  como  ¿1^  en  el  arte 
a  los  auff unos. 

Jamilu.  Femenino.  Alpechín. 
BnuoLOoU.  Árabe  JL^^  ^Jfh  (dja- 

wñl),  írasa  derretida. 

1.  Jamis.  Femenino.  Especie  de 
tela  de  al^od<5n  de  Levante. 

2-  Jamis.  Masculino.  Nombre  de 
ciertas  mezquitas  levantadas  en  Tur- 

3 nía  por  los  sultanes,  que  las  dotaron 
e  rentas  considerables. 
Jammabos.  Masculino  plural. 
Bittoria  religiosa.  Nombre  de  una  sec- 
ta de  monjes  japoneses»  que  seguían 
una  regla  muj  austera. 

Jammalooon.  Masculino.  Mitolo- 
gía. Infierno  de  loa  indios,  que  co- 
rresponde al  pn^torio  de  los  cris- 
tianos. 

Jamoji.  Masculino.  Bspecie  de  ar- 
temisa del  .Tapón. 

Jamón.  Masculino.  Pbbnil. 

ETUfOLOOÍA.  Jamba,  porque  es  la 
jvmba  6  la  pierna  del  cerdo:  picardo, 
fanbón;  burgfuiodn,^ain¿t(ja;  francés, 
jüfnho». 

Jamona.  Adjetivo  familiar  que  i e 
aplica  k  la  mujer  que  ha  pasado  ja 
da  la  juventud;  especial  mente,  si  es 
gruesa. 

BTiifOLoaÍA.  Jamón,  Llámase  jamo- 
na, porque  eati  eurada  como  el  per- 
nil. 

JamoBcico,  Uo,  to.  Masculino  di- 
minutivo  de  jamón. 

Jamrosa.  Femenino.  Especie  de 
jambosero  de  las  Antillas. 

Jamnga  ó  jamugas.  Femenino. 
Bspecie  de  silla  Kecha  de  unos  correo- 
nes  7  brazos  de  madera  á  modo  de  los 
de  las  sillas  comunes,  pero  redondos  y 
más  largos.  Sirven  para  que  las  mu- 
jeres vajran  cou  alguna  conveniencia 
sentadas  en  las  caballerías,  afirmán- 
dolas j  asegurándolas  sobre  el  albar- 
dón  ó  albaraa. 

BTiicoLOaÍA,.  Jornia,  pierna,  porcino 
las  fiemas  van  apoyándose  en  la  Ra- 
nina, por  jomiii^e.  Hemugtt  es  un  vo- 
cablo bárlútro,  puesto  que  no  existe  la 
forma  kcmha. 

Jamngnilla.  Femenino  diminuti- 
vo de  jamug-a. 

Jamas.  Masculino.  Mitología,  Fa- 
moso adivino,  hijo  da  Apolo. 

Jamnscar.  Activo  anticuado.  Cha- 

HUSCAB. 

Jana.  Femenino.  Mitología.  Ve- 
rrón llama  así  á  la  luna,  denominada 
también  Diana. 

Janaca.  Femenino.  Janaco. 

Btiholooía.  Francés  janaca,  en 
Landais. 

Janacis.  Masculino.  Nombre  que 
se  da  ea  Turquía  á  los  jóvenes  vale- ; 
rosos;  j  especialmente  á  los  que  se 
destinan  á  las  armas. 

Janaco.  Masculino.  Bspecie  de  cua- 
drúpedo africano  del  género  antílope. 

BniiOLOOÍA.  Janaca, 

Jananino.  Masculino.  Nombre  que 
dan  los  negros  de  la  Guinea  á  unos 


duendas  que  consideran  como  los  ma- 
nes  de  sus  antepasados. 

Janat.  Masculino.  Lugar  de  bien- 
aventuranza prometido  í  los  musul- 
manes después  de  la  muerte. 

Jándalo,  la.  Adjetivo  que  se  apli- 
ca al  modo  de  andar  j  hablar  afectado 
de  los  andaluces.  Es  voz  familiar  que 
se  usa  comunmente  para  notarles  la 
pronunciación  fuerte  ó  demasiadamen- 
te gutural  de  la  h.  Se  usa  también 
como  sustantivo. 

EtiholoqÍa.  Aspiración  moruna  de 
ándalo,  por  andaluz. 

Jandiroba.  Femenino.  Planta  tre- 
padora de  America,  eujo  fruto  se  pa- 
rece á  la  pera. 

ETiuoLoaÍA.  Francés  jandirobe;  vo- 
cablo indígena, 

Janero,  ra.  Adjetivo  anticuado. 
Que  pertenece  al  mes  de  Bnero. 

Janfrederío.  Masculino.  Botánica, 
Bspecie  de  mirto  africano. 

ETiuoLoofA.  Francés ^aa/r/^me. 

Jang.  Masculino.  Aiumal  &baloso 
entre  los  chinos. 

Jan^ac.  Masculino.  Especie  de  al- 
godón indiano. 

Jangada.  Femenino.  Compuesto 
de  maderos  ó  fragmentos  que  se  hace 
para  salvarla  gente  cuando  se  pierde 
el  bajel. 

Jangomas.  Masculino.  Botánica. 
Árbol  de  la  isla  de  Java. 

Btiholoqía.  Francés  joM/mat. 
(Lahoais.) 

Jangua.  Femenino.  Embarcación 
pet^ue&a  armada  en  guerra,  muj  se- 
mejante á  la  jangada. 

Jangn-mon.  Masculino.  Mitología. 
Divinidad  que  adoraban  los  habitan- 
tes de  la  Bretaña. 

Jania.  Femenino.  Bspecie  de  cora- 
lina. 

Janicefalia.  Masculino.  Teratolo- 
gía. Monstruosidad  del  janíeeps. 

EriuoLoaÍA.  Janicejis. 

Janiceps.  Masculino.  Teratología. 
Monstruo  que  tiene  doble  cabeza  con 
dos  caras  opuestas. 

ETiHOLoaÍA.  Latín  Jinut,  Jano, 
dios  con  dos  caras,  y  cept,  tema  de 
c&pntt  cabeza:  ttaLaeia,  janiceps. 

Reseña, — ^Los  janícbps  tienen  dos 
cuerpos  íntimamente  unidos  por  la 
parte  superior  del  ombligo  común. 

Janicola.  Femenino.  GcMraJía  an- 
tigua. Nombre  primitivo  de  Italia,  for- 
ma de  Jano,  su  primer  rej. 

Etimología.  Latín  Janícula. 

Janiculo.  Masculino.  Uno  de  los 
siete  montes  de  Roma,  del  otro  lado 
del  Ttber;  hoy,  Montorio.  Lo  encerró 
en  la  ciudad  Anco  Marcio,  y  se  llamó 
Janículo,  aludiendo  á  un  barrio  ó 
arrabal  que  allí  levantó  Jtmus,  pri- 
mer rej  de  Italia. 

ETiuoLoafA.  Jano:  latín,  JSnícúlim, 
diminutivo  de  /aii«f,  Jano:  francés, 
Janicnle. 

Janiforme.  Adjetivo.  Do  dos  ca- 
ras. 

BTiHOLoafA.  Latín  JSnia  y  forma. 
,  Janipaba.  Masculino,  Botánica. 
Árbol  del  Brasil  y  de  las  Antillas,  de  ■ 
ñores  campaniformes  j  de  fruto  medi- 

cinaL 


EriMOLoaÍA.  Franoés  janipñia,  sn 

Landais;  vocablo  indígena, 

Jano,  na.  Adjetivo  anticuado.  Lla- 
no. I  Masculino.  Mitología,  Nombre 
de  un  antiguo  repr  del  Lacio,  á  quien 
los  romanos  erigieron  un  templo  i^ue, 
cerrado,  simbolizaba  la  paz,  y  abier- 
to, la  guerra,  y  Cabeza  con  dos  ros- 
tros que  miran  á  lados  opuestos. 
(Mabty  y  Caballbbo.)  }  Cbrrab  bl 
TBUPLO  DB  Jano.  Frase  proverbial. 
Celebrar  paces.  Q  El  ubs  om  Jamo. 
Historia  romana.  Enero. 

BTiuoLoaÍA.  Latín  JSnut, 

1.  Üícese  que  viene  de  jjirf/er,  por- 
tero, porque  la  fiifoula  pinta  i  JVno 
como  portero  del  cielo;  ó  de  jStttía, 
puerta,  porque,  como  numen  tutelar 
del  año,  abre  la  puerta  de  este  perio- 
do de  tiempo.  (Moni.au.) 

2.  Cicerón  hace  salir  JSnmo  de 
Banut;  esto  es,  de  eundo,  de  ir,  por- 
que el  afio  ó  el  tiempo  anda,  camina, 
pasa,  sin  cesar.  (Iobíi-) 

3.  Ambas  interpretaciones  son  erró- 
neas. Janus  representa  JJiáuus,  cuya 
forma  se  conserva  en  Diana.  (Littb¿.) 

4.  Ciertamente;  Janus  representa 
Dianui,  como  Júpiter  representa  i^in- 
piteri  del  sánscrito  dgu,  cielo. 

5.  Confirma  plenamente  la  ante- 
rior interpretación  que  el  significado 
mitológico  de  Jano  es  Apolo  ó  ^  Sol, 
pintado  con  dos  caras;  una,  delante, 

3ue  es  la  figura  del  oriente;  y  la  otra, 
etrás,  que  es  la  figura  del  ocaso.  Por 
consecuencia,  puede  afirmarse  eon 
cabal  certidumbre  que  y«M  repre- 
senta D^ust  Día,  el  Sol;  esto  e^ 
Apolo,  para  el  lenguaje  de  la  fábula. 

ReseiM.—^o  era  solamente  un  re; 
del  Lacio;  sino  también  el  nombre  de 
una  gran  divinidad  romana,  según 
resulta  de  las  noticias  qoe  insertamos 
á  continuación. 

Tiempos  heroicos. — Personaje  de  los 
tiempos  fabulosos  de  la  historia  ro- 
mana, hijo  de  Apolo  jrdeCreusa,  hi- 
ja de  Brecteo,  rejr  de  Atenas,  qua  fué 
robado  á  Delfos,  donde  le  adoptó-Xi- 
feo,  que  se  había  eaudo  con  Ünosa. 
A  la  cabeza  da  ana  flota  poderosa 
fué  &  colonizar  una  peque&a  región  de 
Italia,  frente  al  sitio  donde  estuvo  em- 
plazada Boma,  junto  á  la  orilla  dere- 
cha del  Tíber  7  sobre  una  colina  que 
llamó  JanieaUa  6  Janieollit  ( colina  de 
Jamo).  Saturno  se  asoció  á  Jano,  que 
compartió  con  él  su  reino;  y  agrade- 
cido el  dios,  hizo  que  pudiera  leer  lo 
futuro  y  lo  pasado.  Nada  se  sabe  del 
reinado  de  Jano  sino  que  fué  muj  pa- 
cífico y  se  coloca  hacia  los  años  1400  ó 
1450  antes  de  Jesucristo.  En  tiempos 
de  Rómulo  y  de  Tulio,  Jano  fué  deifi- 
cado y  los  romanos  acabaron  por  con- 
tarle en  el  número  de  los  dioses  majo- 
res,  invocándole  al  principio  de  todos 
los  sacrificios,  por  creerle  inventor  de 
los  ritos  sagrados.  Era  dios  tutelar  de 
las  puertas  y  de  los  oaminos,  j  ae  le 
representaba  oon  doa  eaxas,  páfa  tig- 
nificax  que  tenU  tü  don  dé  ver  «I  pa- 
sado ;  el  porvenir;  j  eon  una  llave 
en  la  mano  izquierda,  como  dios  que 
abría  el  año,  cujro  primer  mes  llevó 
su  noííiiiTe  (JanudnusJ;  y  en  la  derecha 


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232  JANS 


JANS 


JAPI 


una  baqueta,  ama  ó  iniignift  d«  los 

porteros  romanos. 

Jano  Gifkvnte  (tbuplo  de),  ffru- 
diddn.  Templo  erigido  por  Rómulo  j 
"Tatio,  entre  los  montes  Gapitolíno  j 
■Qnirinal.  Era  mujr  pequeño,  todo  de 
^nmce,  7  estaba  dedicado  i  Jamo, 
como  dios  del  aflo. 

Jano  Gémino  (tbmflo  db).  Br%-' 
dieiáh  Bstalm  situado  en  Boma,  cerca 
d*  la  puerta  Carmental,  j  al  píe  de  la 
punta  Sud  del  monte  Capitolino.  Fué 
erigido  por  Numa,  que  consideraba  & 
Jáno  como  dios  de  la  paz.  Desde  su 
eonstruccidn,  permanecía  abierto  en 
tiempos  de  guerra,  j  cerrado  en  los 
de  paz.  Existía  aún  con  el  mismo  des- 
tino bajo  los  últimos  emperadores,  j 
era  1q  bastante  grande  para  que  el  Se- 
nado pudiese  reunirse  en  él.  Durante 
un  período  de  mil  años,  no  se  cerró 
más  que  ocho  veces,  siendo  la  última 
que  la  historia  menciona  en  994,  por 
Gordiano  III. 

Janos.  Masculino  plural.  HUtoria. 
knoa  de  piedra,  con  cuatro  puertas, 
eujos  ejes  se  cruzaban,  destinados  á 
servir  de  cita  i  los  pretores  j  banque- 
ros de  la  antigua  Roma.  Loa  más  cé- 
lebres fueron  los  erigidos  en  el  Foro 
romano,  llamados:  el  uno,  del  Este;  y 
el  otro,  Janüs  inferior^  llamándose 
Jaños  medios  el  espacio  comprendida 
entre  ambos.  Había  otro,  célebre  tam- 
bién, llamado  Janus  g%adri/on$,  si- 
tuado en  el  fontm  harium  (mercado 
de  los  bueyes),  del  cual  existen  mi- 
nas da  mármol  blanco  macizo,  cuyas 
caras  tienen  veinte  metros  cada  una. 
Se  oree  que  fué  erigido  por  Domi- 
ciano. 

Janonro.  Ibscuiino.  Especie  de 
jaguar. 

Janaenio  (Coknblio  Janséh,  llama- 
do). Obispo  de  Iprés  (Bélgica)  j  pro- 
movedor de  una  doctrina  teológica 
que  se  hecho  célebre  bajo  el  nom- 
bre de  jénsenismo;  nació  en  una  ciu- 
dad de  Holanda,  poco  distante  de 
Leerdam  j  llamada  ¿cquoi,  en  1585, 
muriendo  de  la  peste  el  6  de  Majo 
de  1638.  Su  padre  se  llamaba  Juan 
Otto  j  tomó  el  nombre  de  Jans¿n  ó 
Jansbnio  (hijo  de  Juan)  en  la  univer- 
sidad de  Lovaina,  donde  hizo  sus  es- 
tudios. Allí  contrajo  estrecha  amistad 
con  el  futuro  abad  de  San  Cjrán,  en- 
tqnces  conocido  por  el  nombre  de  Juan 
Duvergier  de  Hauranne,  quien  le  lle- 
vó á  fSrís  j  hizo  que  el  obispo  de  Ba- 
yona le  encomendara  la  dirección  de 
un  colegio  que  aquél  había  fundado 
hacia  poco.  Jansbnio  no  ocupó  aque- 
lla plaza  mucho  tiempo,  volviendo 
en  1617  á  Lovaina,  donde  se  le  confío 
la  dirección  del  colegio  de  Santa  Pul- 
quería. Aquella  universidad  le  con- 
fírió  dos  años  después  (1619)  el  doc- 
torado en  teología,  y  en  1630  una  cá- 
tedra de  Sagrada  Escritura,  que  des- 
empeñó por  espacio  de  cinco  años. 
Su  elevación  á  la  silla  episcopal  de 
Iprés  (1635)  le  fué  fatal.  La  peste,  in- 
vadiendo su  diócesis,  hizo  de  Jansb- 
nio una  de  bus  víctimas.  A  sus  cuali- 
dades personales  j  á  su  mérito  como 
profesor,  debió  una  consideración  que 


la  gloria  literaria  no  había  consagra- 
do, pues  en  vida  sólo  publicó  dos  ó 
tres  folletos,  que  no  hubieran  sido 
bastantes  á  legar  su  nombre  á  la  po»- 
teridad,  si  una  obra  póstuma  no  hu- 
biera cimentado  su  reputación  de  filó- 
sofo. Bl  Áuauttinus,  esto  es,  el  resu- 
men de  la  doctrina  contenida  en  san 
Agustín,  que  Jansbnio  quiso  susti- 
tuir á  la  de  Aristóteles  en  la  enseñan- 
za, j  que  tenía  por  objeto  principal 
combatir  al  jesuíta  español  Molina, 
fué  impreso  en  Lovaina  en  1640,  á 

Sesar  de  las  intrigas  de  la  Compañía 
e  Jesús  para  impedir  su  publicación. 
Bl  obispo  de  Iprés  había  encargado 
poco  antes  de  morir,  á  dos  de  sus  me- 
jores amibos,  á  Fromond  y  Calesio, 
el  más  cuidadoso  esmero  en  la  impre- 
sión, encomendándoles  no  la  alterasen 
en  nada,  «porque,  decía  en  su  testa- 
mento, oreo  que  difícilmente  admite 
alteración  alguna.»  Pero,  añadía: 
«Sin  embargo,  si  la  Santa  S^de  quie- 
re que  se  haga  alguna  modificación, 
desde  ahora  la  acato,  como  hijo  obe- 
diente y  sumiso  que  soy  de  una  Igle- 
sia en  cuyo  seno  he  vivido  y  muero. » 
A  pesar  de  esta  declaración,  su  deseo 
no  se  vió  cumplido.  Impreso  el  An^iU- 
tinus  tal  como  su  autcr  le  había  escri- 
to, bien  pronto  se  vió  á  los  teólogos 
divididos  en  jansenittas  y  molinislas, 
excitando  á  los  papas  Inocencio  X  y 
Alejandro  VII  á  condenar  cinco  de  las 
proposiciones  del  libro  y  á  proscribir 
a  todos  cuantos  no  se  adhiriesen  á 
esta  condena.  Las  cinco  proposicio- 
nes condenadas  eran:  1.*  Algunos 
mandamientos  de  la  ley  de  Dios  son 
imposibles  de  cumplir  sin  la  gracia. 
2.'  Bn  el  estado  de  pecado  no  se  resis- 
te  nunca  á  la  gracia  interior.  3.*  üna 
obra  es  meritoria  ó  demeritoria,  cuan- 
do se  ejecuta  sin  la  violencia;  aunque 
sin  necesidad.  4.*  La  voluntad  del 
hombre  puede  someterse  ó  resistirse  á 
la  gracia;  y  5.*  Jesucristo  no  murió 
por  todos  los  hombres,  sino  por  ios 
predestinados.  A  pesar  de  esta  pros- 
cripción, las  doctrinas  de  Jansbnio 
se  esparcieron  rápidamente,  haciendo 
tantos  prosélitos,  que  en  tiempo  de 
Clemente  XI  hubo  necesidad  de  em- 
pezar de  nuevo  la  persecución.  Refu- 

fiadas  en  el  si^lo  ultimo  en  Francia, 
oy  puede  decirse  que  no  (^ueda  de 
las  doctrinas  de  Jansbnio  mas  que  la 
admiración  hacia  un  hombre  que, 
arrastrado  6  no  por  el  error,  demues- 
tra en  su  obra  un  profundo  estudio  y 
una  intuición  poco  común. 

Jansenismo.  Masculino.  La  doc- 
trina de  Jansenio  sobre  la  gracia,  que 
llama  eficaz  porque  sin  ella  no  pue- 
de el  hombre  practicar  el  bien,  y  sobre 
la  predestinación,  se^un  la  cua.  el 
divino  Mesías  no  murió  por  todas  Ib 
criaturas. 

Etimología.  Jansen  6  Jansenius, 
Jansenio,  obispo  de  Iprés,  autor  de  un 
libro  ruidoso  sobre  san  Agustín:  ímn- 
cés^jansénisme;  catalán,  jansenisme. 

Jansenista,  .\djetivo.  El  que  sigue 
la  doctrina  de  Jansenio. 

Etiuolooía.  Jansenimo:  francés, 
janséniste;  catalán ,  jansenista. 


Janaaniatico,  ca.  Adjetivo*  Con- 
cerniente al  jansenismo. 

Jantar.  Activo  anticuado.  Yantas. 

Jantina.  Femenino.  Zoología.  Qé- 
nero  de  moluscos  gasterópodos,  délos 
cuales  se  extrae  la  purpura. 

EriuoLoaÍA.  Latín  seanthnt  especie 
de  piedra  preciosa;  del  griego 
( xaiUhéi)  y  neanlhíurnt  especie  de  lam- 
pazo, planta;  del  griego  (ávOiev  (aiit- 
thion). 

Sentido  etimológico.— h\  jantina  se 
llamó  así  por  ser  del  color  de  la  pie- 
dra preciosa  y  del  lampazo. 

Jante.  Masculino.  Geografía.  Río 
de  la  Tróade.  g  Otro,  de  Lidia.  B  Ria- 
chuelo de  Epiro. 

EtiuolooL.  Latín  KamtknuiSvtr 

GILIO.) 

Sentido  etimológico. — El  Janto  si 
denominó  así  aludiendo  al  color  de 
sus  aguas,  semejante  al  de  la  piedn 
preciosa  xantkos. 

Jantolitta.  Femenino.  Barbotina. 

Janual.  Adjetivo.  Propio  de  Jano. 
B  Que  tiene  dos  catas. 

Etiuolooía.  Jane:  latín,  jttudílit. 

Januales.  Femenino  plural,  ^a^'- 
güedades.  Fiestaa  de  Rema  en  honor 
de  Jano. 

EtiuolgoÍa.  Janual:  latín,  jaflKoZIa. 

Reseña  histórica. — Fiestas  que  los 
romanos  celebraban  en  honor  de  /«m 
el  1.*  de  Enero,  mes  que  le  estiba 
consagrado,  y  en  que  se  le  ofrecía  in- 
cienso, fruta  y  un  pastel,  llamado 
janual.  Bn  dicho  día,  los  parientes  y 
los  amigos  se  hacían  diferentes  rega- 
los, deseándose,  como  ahora  decimos, 
feliz  entrada  de  año,  pues  apenas  hay 
uso  ni  costumbre  en  el  mundo  mo- 
derno que  no  tenga  sus  raices  en  el 
antiguo.  Los  cónsiues,  ^ue  en  el  mis- 
mo día  entraban  en  el  ejercicio  de  sn 
cargo,  iban  en  nn  caballo  blanco  al 
Capitolio. 

Janus-mon.  Masculino.  ÜitoUgia. 
Divinidad  adorada  antiguamente  por 
los  habitantes  de  la  Borgoña. 

Japeto.  Masculino.  Mitología.  Uno 
de  los  gigantes,  hijo  de  la  Tierra  y  de 
Tártaro,  padre  de  Atlante,  Bpimeteo 
y  Prometeo. 

Etiuolooía.  Latín  Jápetut,  (Ho- 
bacio.) 

Japigia  (sBGiÓN).  Femenino.  GeO' 
grafía  antigua.  La  Calabria  ó  la  Pulla, 
provincia  de  Italia. 

Btucolooía.  Latín  JUpvgXa,  la  Ca- 
labria; Jdpugíum,  el  cabo  de  Santa 
María,  en  el  antiguo  reino  de  Ñapó- 
les; jkpggest  los  calabreses.  (Oyinio, 
Punió.) 

Japigio.  Masculino.  Geografía  aur 
tigna.  Nombre  del  cabo  del  antiguo 
reino  de  Nápoles,  llamado  hoy  de 
Santa  María. 

Etiuología.  Latín  Japygtwn.  (Pu- 
mo.) 

Japis.  Masculino.  Médico  que  curó 
una  iierida  á  Eneas;  el  cual  dió  nom- 
bre á  la  región  Japidia.  (Virgilio.) 

Etiuolooía.  Latín  Jápis. 

Japix.  Masculino.  Mitología.  Hijo 
de  Dédalo,  que  dió  su  nombre  ¿  la  re- 
gión Japigiv. 

BTIUOLOGÍA.Lattn  J^y«(HoRAGio). 


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JAQU 

Japón,  na.  Adjetivo.  El  nataral 
del  JapÓD  6  lo  pertenaciente  i  «quel 
reino.  Se  nu  también  eomo  soatan* 

tÍTO. 

Japonense.  AdjetiTO.  El  natural 
del  Japón  j  lo  que  pertenece  á  él. 

Japonés,  sa.  AdjetÍTo.  El  natural 
del  Jspdn  j  lo  perteneciente  i  eate 
reino. 

Jsqne.  Masculino.  Yalenftfn,  ru- 
fián, perdonavidas.  Pndo  deeirie  de 
JBQDB.  I  Bn  el  jue^  del  ajedrez,  el 
Unce  en  que  con  esta  voz  se  da  stíbo 
siempre  que  el  rej  está  herido  de  al- 
grona  pieza  ó  trebejo  del  contrario, 
para  que  se  libre  7  aparte.  Q  Anticua- 
do. Especie  de  peinado  liso  que  esti- 
laban las  mujeres  antisfuamente.  Q 
Prorincial  Aragón.  Cuaiqniera  de  los 
dos  lados  de  las  alforjas.  |  luterjec- 
ción  con  que  se  avisa  á  algnno  que  se 
aparte  ó  se  Taja.  Dfcese  frecuente- 
mente JAQua  de  aqui,  y  se  toma  la 
alusión  del  juego  del  ajedrez.  {  Ger- 
mmmía.  El  rufián. 

BrniOLoaU.  Arabe  persa  eehchih, 
el  ny;  del  artículo  ecA^  por  al,  el,  j 
ekoA,  rev:  francés,  éckea;  portugués, 
fscs^x:  italiano,  faiccil>;proTenzal, 
etcae;  catalán, ^'o^,  ««eses. 

1.  La  expresión  jaqne-maíe  es  el 
¿imbe  ech~ekat-mal,  «el  re;  ha  muer- 
to:» francés,  éckec  eí  mat;  portugués, 
TSjTW  maíe;  italiano,  teacco  mato. 

2.  Esto  demuestra  que  el  vocablo 
tos^íe,  del  árabe  mat,  muerto,  no  tiene 
relación  alguna  con  matar. 

Jaqueador,  ra.  Itaseulino  j  fe- 
menino. £1  que  jaquea. 

Jaquear.  Activo.  Dar  jaques  en  el 
jau^  del  ajedrez. 

Jaqueca.  Femenino.  Medicina.  Do- 
lor grande  de  cabeza  que  da  por  lo 
r^war  en  la  mitad  6  en  ana  parte 
de  ella. 

BnuOLOoU,.  Griego  xicj^tCía  (kaehe- 
xía);  de  xsxéc  fkaMt^,  malo,  j  t^ía. 
fAá:ía),  estado:  francés,  eachexie. 

Jaquel.  Masculino.  Bkso».  Cua- 
dro. 

Etimología.  Jaque. 
Jaquela.  Famenino.  Especie  de 
red. 

Etiiiou>o(a.  Jaquel. 

Ja^qnelado,  da.  Adjetivo.  Blatén, 
Lo  dividido  en  casas  como  las  del  aje- 
drez. I  Se  aplica  á  los  diamantes  j 
ütras  piedras  preciosas  labradas  á  ma- 
nen dfrcnadros, 

ETUfOLoaf A-  Jaquel. 

Jaquelina.  Femenino.  Espede  de 
vasija. 

ErmOLoafA.  -Jaquel,  por  semejanza 
de  fbnna. 

Jaquenae.  Sustantiva  y  adjetivo. 
Jaqués. 

Ja^ero.  Bfasculino.  Peine  peque- 
ño j  bno. 

Jaqués,  sa.  Adjetivo.  £1  natural 
de  Jaca  j  lo  perteneciente  á  aquella 
ciudad.  f|  Sueldos  jaqubsbs.  Antigua 
moneda  de  Aragón,  mnv  nombrada 
en  la  faistorín  de  aquel  ilustre  reino, 
la  cual  TUTO  diferentes  valores.  (Sábz, 
Vahr  He  las  moneda».) — cSe  aplica  á 
-ierta  clase  de  moneda  que  se  labraba 
íntignaoMats  aa  la  ciadad  de  Jaca,  v 


JARA 

que  los  reyes  de  Aragón  juraban  man- 
tenerla, r  no  labrar  otra  de  distinto 
cuño  ni  En  la  una  parte  tenía  la 
efigie  del  rev,  j  en  la  otra,  una  cruz 
patriarcal.  Llamóse  después  moneda 
JAQOBSA  ¿  toda  la  del  cuño  de  Ara- 
gSn  de  lej  y  peso,  y  se  jMoe  por  fór- 
mula en  todas  las  escrituras  públicas, 
con  pena  de  nulidad  en  su  defecto.» 
(AcADBUiA,  Diccionario  de  Í726.)— 
«El  rey  confirmó  la  mm^da  jaqubsa 
que  postreramente  se  había  labrado 
en  tiempo  del  rey  Don  Pedro  su  pa- 
dre; y  ofreció  y  juró  que  no  daría  lu- 
gar que  de  nuevo  se  labrase  otra,  ni 
subiese  ni  bajase  de  ley  ni  de  peso.» 
(ZüEiTA,  Ansleí  de  Arag-ín,  lifro  JI, 
capitaíoli.) 

Jaqueta.  Femenino  anticuado. 
Chaqueta.  \  Vestidura  á  manera  de 
justillo,  con  cuello  y  mangas  y  sin 
faldones.  Es  voz  extranjera,  y  de  ella 
se  formó  chaqubta,  que  es  como  tiem- 
po há  llamn  exclusivamente  esta 
prenda  de  vestir. 

?TiMOLoaÍA.  Jaco  i. 

Jaquetilla.  Femenino  anticuado. 
Chaqueta  corta. 

Jaquetón.  Masculino  aumentativo 
anticuado.  Chaqueta  más  larga  que 
las  comunes.  I|  Jaqub,  panparrSn. 

Jáquima.  Femenino.  La  cabezada 
de  cordel  que  suple  por  el  cabestro 
para  atar  las  bestias  y  llevarlas. 

Etiuolooía.  Arabe  «As^IsM 
ktma).  (Engblmann.) 

1.  La  voz  del  artículo,  con  el  mis- 
mo significado  que  tiene  en  español, 
se  encuentra  en  un  relato  de  Abde- 
rramán  III,  que  vivía  en  el  siglo  x: 
«habiendo  traído  el  criado  una  her- 
mosa y«^sima  (ehaquima)  de  seda,  mi 
abuelo  me  dijo:  tómala,  Abderramán, 
que  ella  ta  servirá  grandemente  para 
evitar  lances  como  el  que  ta  ha  ocu- 
rrido hoy.  Pónla  bajo  ta  brida  de  tu 
caballo  y  asegúrate,  cogiendo  el  cabo 
de  \i  jáquima,  cuando  te  apees.»  (Ibm- 
HajÍíí, manuscrito  de  Oxford,  folio  30, 
citado  por  DozT.)T 

Jaquimazo.  Masculino.  El  ^olpe 
dado  con  la  jáquima.  |  Metafórico  y 
familiar.  Pesar  ó  chasco  grave  dado  á 
alguno. 

Jaquimón.  Masculino  americano. 
La  caneza  de  cuero  que  se  une  al 
cabestro  para  atar  las  oestias. 

EriuoLOofA.  Jiquima. 

Jaquir.  Activo  anticuado.  Dbjab, 
dbsam  pasar. 

Jar.  ffermanía.  Orinar. 

Jara.  Femenino.  Botánica.  Arbus- 
to que  levanta  de  alto  á  lo  más  dos 
varas:  echa  unas  hnjns  encontradas, 
largas,  ásperas  por  el  envés,  y  fiures 
grandes,  blancas  con  una  mancha  os- 
cura, formada  cada  una  de  hojas  dis- 
puestas al  modo  de  las  rosas.  Hay 
otras  varias  especies  del  mismo  géne- 
ro. I  La  saeta  ó  palo  anroiadizo,  tosta- 
do, con  su  punta  muy  delgada  y  sutil, 
n  CERVAL.  Planta  que  crece  de  suyo  en 
España,  y  que  se  diferencia  de  la  jara. 
á  la  cual  es  muy  parecida,  en  tener  las 
hojas  de  figura  de  corazón,  las  fiores 
blancas,  sonrosadas  por  sus  bordes,  y 
en  carecer  del  jago  resinoso  que  aque- 


JARA 


233 


lia  tiene.  I  EsTBPA.  Mata,  especie  de 
JARA  muy  común  en  España,  con  ho- 
jas aovadas,  ásperas,  Jugosas,  y  dores 
olancas  ó  amarillas,  «que  son  medici- 
nales. 

BriuoLOofA.  Arabe  cka'ra,  «mata  ó 
breña,»  en  Pedro  de  Alcalá.  La  anti- 
gua forma  mará  hace  evidente  esta  eti- 
mología, puesto  que  el  cha  se  con- 
vierte en  ma  eon  suma  frecuencia. 

Jarabe.  Masculino.  Bebida  dulce 
y  medicinal  que  confeccionan  los  bo- 
ticarios hasta  la  consistencia  del  almí- 
bar, y  según  tos  ingredientes  ó  el 
simple  de  que  se  forma,  toma  nombre; 
como  JARABE  de  violetas,  de  camuesas, 
rosado,  etc.  |  Metáfora.  Cualquier  be- 
bida  compuesta,  que  excede  en  el  dul- 
ce, especialmente  sí  no  está  muy  fría. 
11  Ser  todo  jarabe  db  pico.  Frase  con 
que  se  manifiesta  que  alguno  dice  lo 
que  no  ha  de  ejecutar. 

ETiMOLoaÍA.  Arabe  chariba,  beber; 
ckarái,  jarabe,  en  Becri:  «julepe  6  xa- 
rabe,  lamedor  que  lame  el  dotieate,» 
en  Pedro  de  Alcalá;  hidromel  (ckarab 
de  miel),  en  Ibn-Djobaír;  charabi,  el 
que  vende  jarabes:  tifruporum  venditúr; 
charabaíi,  «el  que  confecciona  jara- 
bes:» qui  sjfrupos  confecii;  bajo  latín, 
tyruput,  liruppus,  ti/ruppus,  en  üu  Can- 
ge;  tciruppus;  italiano,  t  roppo^  tcirop- 
po,  sciloppo;  francés  antiguo,  estyrot 
(sig4o  xm);  yeterop  (si^lo  xvj;  moder- 
no, sirop;  provenzal,  emarop»  isiaropf 
yssaivp;  portugués,  xartme. 

Reseña. — Devic  establece  la  sime- 
tría entre  el  portugués  xarope  y  turra- 
pa,  cayendo  en  tres  errores: 

1.  "  El  vocablo  surrapa  no  es  de  ori- 
gen portugués,  puesto  que  representa 
el  español  surrapa;  y  más  propiamen- 
te, surrapas. 

2.  "  Este  nombre  significa  «vino  que 
ha  perdido  su  fnerza.» 

3.  *  El  español  surrapas  no  tiene  re- 
lación alguna  oon  xarope,  puesto  que 
se  deriva  del  antiguo  turras,  pelos, 
como  dice  muy  bien  Covarrubías. 

Jarabear.  Activo.  Recetar  jarabes; 
darlos.  I  Neutro.  Andar  tomando  ja- 
rabes. 

Jarabearse.  Recíproco.  Tomar  ja- 
rabes, regularmente  para  disponerse 
y  prevenirse  á  la  purga.  Se  usa  tam- 
bién como  verbo  activo  respecto  del 
médico  que  los  da  ó  manda  tomar  con 
frecuencia. 

Jaraca.  Masculino.  Zoología.  Es- 
pecie de  serpiente  de  la  América  me- 
ridional. (Caballbbo.) 

EnuoLoaÍA.  Vocablo  indígena. 

Jaracuo.  Masculino  anticuado.  Ja- 
raqui. 

Jaraíz.  Masculino.  Laoar.  Kn  al- 
gunas partes  se  toma  por  lagar  pe- 
queño. 

Jaral.  Masculino.  El  sitio,  paraje  ó 
lugar  poblado  de  jaras.  ||  Metáfora. 
Lo  que  está  muy  enredado  ó  intrin- 
cado, aludiendo  á  la  eipesaia  de  los 
jarales. 

Jaramugo.  Ibsculino.  BaUniea. 
Planta  que  crece  de  suyo  en  varías 
partes  de  España:  echa  desde  la  raíz 
^  hojas  aovadas  recortadas  por  sus  bor- 
'  des,  y  de  pie  y  medio  de  larprn,  de  enr 


TOMO  |U 


80 


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234 


JARD 


medio  de  las  eatlasae  levanta  el  tallo, 
lleno  en  su  parte  superior  de  ramos, 
que  terminan  en  racimos  de  flores 

pequeQas. 

.  Jarameño,  ña.  Adjetivo  que  se 
aplica  á.los  toros  que  se  crían  sn  las 
riberas  dsl  Jarama,  celebrados  por  su 
bravura  j  ligereza. 

Jaramugo.  Masculino.  Nombre 
q^ue  los  pescadores  de  mar  dan  indis- 
tintamente á  todos  los  peces  pequeños 
de  que  se  sirven  para  cebo. 

Jarana.  Femenino.  Bulla,  gresca, 
alffvzara. 

EnuOLOofA.  La  j  de  Jarana  se  en- 
cuentra en  el  latín  Jar^ívin,  querella. 

Jarandina.  Femenino.  wrmanU* 
Junta  de  rufianes. 

Jaranear.  Neutro.  Andar  en  jara- 
nas. 

Jaranero,  ra.  Adjetivo.  Bl  aficio- 
nado á  jaranas. 

Jarano.  Adjetivo  masculino  ame- 
ricano. Ancho,  chamberga.  Se  dice 
del  sombrero. 

Jarapote.  Masculino.  Provincial 
Aragón  y  Andalucía.  Jxbopso. 

Jarapotear.  Activo.  Provincial 
Aragón  jr  Andalucía.  Jaropear. 

Jarapoteo.  Masculino.  Jaropbo. 

Jaraqui  ó  Jaracno.  Masculino. 
Huerto  ú  sitio  de  recreación. 

Jareraca.  Femenino.  Zoqlogia,  Es- 
pecie d^  víbora  del  Brasil. 

Ettuolooía.  Vocablo  bratiléño. 

Jarava  (Juan  de).  Naturalista  y 
médico  español,  que  vivía  en  Lovaí- 
na  á  mediados  del  siglo  xvi.  Se  cono- 
cen las  siguientes  obras  suyas:  üisío- 
ria  de  las  hierbas  y  plantas  ae  Dioscóri- 
(¿eSf  Anatarbeo  y  otros  eéUhret  natura- 
listas; /filosofía  natural  breve  j  Proble- 
mas y  preguntas  problemáticas» 

Jarazo.  Masculino.  SI  golpe  6  he- 
rida hecha  con  la  jara. 

Jarcia.  Femenino.  Carga  da  mu- 
chas cosas  distintas  para  algún  uso  ó 
fin.  I  Kl  conjunto  de  muchas  CQsas  di- 
versas ó  de  una  misma  especie»  pero 
sin  orden  ni  concierto;  y  así  se  dice: 
hay  tal  JARCIA  de  esto  ó  de  aquello, 
etcétera.  |]  Los  aparejos  y  cabos  de  un 
buque.  Se  usa  frecuentemente  en  pin- 
ral.  I  El  conjunto  de  instrumentos  y 
redes  para  pescar. 

Btiuoloqía.  Antiguo  wareia:  latín, 
S'ircire,  componer;  sarditor»  sastre  re- 
mendón, en  las  inscripciones;  fttrcÜno- 
componer  sus  ropas;  sarcínaíor,  el 
castre,  en  Plauto;  tareína,  equipaje, 
ardo  de  ropa,  víveres,  carga  ae  cosas 
a/erentes,  en  César:  catalán,  aarcia. 

1.  jporme  etimológica, — El  antiguo 
earáa  representa  f orcw,  perfectamen- 
te paralelo  del  latín  tamiMg  que  sue- 
na sáreina. 

2.  Los  latinos  pronunei^tron  mil 
veces  esta  voz  en  Espafta*  jpaesto  que 
es  un  vocablo  que  emplea  César. 

3.  Al  derivar  nuestro  sarcia  del  la- 
tín sardna,  no  exponemos  una  conje- 
'  ira,  sino  que  datuos  una  etimología. 

Jarciar.  Activo.  Bniabcub. 

Jarda  (líajo  latín).  Femenino.  Ve- 
líi-inaria*  Tumor  duro,  flemoso  algu- 
na vez,  que  se  desarrolla  en  la  parte 
lateral  externa  del  jarrete  del  caballo, 


JARD 

en  la  parte  {tostetior  superior  del  hue- 
so de  la  canilla. 

ETiMOLoaÍA.  1.  Árabe (dja~ 

radh),  «todo  tumor  que  nace  en  la 
cuartilla  del  animal  de  carga,  6  en  el 
nervio  inferior  del  pie;>  tumor  omnit 
naíus  in  suffraginejumenti  a*l  in/eriore 
pedís  ñervo.  (Menikski.) 

2.  Esta  definición  concuerda  con  un 
texto  del  si^lo  xni:  cespecie  de  hin- 
chazón blanda,  del  tamaño  de  un  hue- 
vo d  mavor,  que  nace  en  losjarretes;» 
quasimoUit  si^afio  ad  magnitudinem 
ovi  aut  amphus...  nasdtitr  in  garreíts 
{Líber  de  cura  Muorumt  compositms  a 
Jordano  Rufo,miliíe  calabrenst;  manus- 
crito latino,  fondo  antiguo  de4a  BibUo- 
leca  nanionaí  de  París,  número  7058): 
francés,  jarde;  italiano,  giarda._  ,  j 

Jardera.  Femenino  anticuado. 

JALDBav. 

Jardín.  Masculino.  Huerto  de  re- 
creación, compuesto  de  diversas  flores 
y  de  hierbas  finas  y  olorosas,  forman- 
do regularmente  cuadros  y  otras  dis- 
tintas figuras  con  las  mismas  hierbas 
y  flores.  |j  En  los  bajeles,  el  lugar  co- 
mún, y  La  mancha  que  deslustra  y 
afea  la  esmeralda.  D  Germania.  Tien- 
da de  mercader  ó  feria.  S  botánico. 
El  terreno  destinado  para  cultivar  las 

S lautas  que  tienen  por  objeto  el  esta- 
io  de  la  botánica. 

ETiuoLoaÍA.  Godo,  gards:  antiguo 
alto  alemán,  karto,garto;  alemán,  Gar- 
ten;  irlandés,  gort;  italiano,  giardino; 
francés  y  proveazal/^'íírim;  burgui- 
ñón,  jaiin;  Berry,  jardrin;  catalán, 
jardí;  portugués, yorrfíj». 

1.  Littré  conceptúa  que  esta  raíz 
germánica  está  en  relación  con  el  grie- 
go ^óptoí  (ch'Srtos),  corral  Ó  cortijo  ce- 
rrado con  bardas  para  criar  aves;latín, 
chorSf  ehortis  y  cors,  coríis;  bajo  latín, 
cwtiií  antiguo  eslavo,  grad;  ruso,  go- 
rad. 

2.  Otro  etimologista,  citado  por 
Monlau,  pregunta:  «^vendrán  de  jor- 
Áden  (JordinJ  las  voces  Garden  de  los 
alemanes  y  de  los  ingleses^  y^ertifíe 
de  los  franceses  y  espaholesJ^» 

3.  Otros  pretenden  que  la  voz  del 
artículo  se  deriva  del  hebreo  iahar, 
que  significa  selva. 

Jardincico.  lio,  to.  Masculino  di- 
minutivo dejardín. 

Jardinería.  Femenino,  El  arte  de 
cultivar  los  jardines. 

ETiiiOLoaÍA.  Jardín:  c&tsMn,  Jardi- 
nería, jaruinalge;  francés,  jardinage. 

Jardinero,  ra.  Masculino  y  ^me- 
nino. El  que  por  oficio  cuida  y  culti- 
va algún  jardín. 

Etimología.  Jardinería:  francés, 
jardinier;  CRtAlia,  jardiner;  Berry,  jar- 
drinier;  italiano,  giardiniere. 

Jardines  colgados  de  Babilo- 
nia. Historia,  Estos  pensiles  han  sido 
considerados  como  una  de  las  siete 
maravillas  del  mundo.  Estaban  en 
terrazas  cortadas,  sobre  bóvedas  de 
ladrillo  cocido,  y  se  componían  de 
jardines  de  lujo,  donde  había  gran- 
des árboles  y  hermosas  plantas,  rega- 
das por  arroyos  ó  riachuelos  ariífieia- 
les.  Los  arcos  estaban  impregnados 


JARI 

de  cierto iKtún,  que  haoíá  en  los  tiem- 
pos antiguos  el  oficio  dé  cal  hidráuli- 
ca, y  descansaban  en  gruesos  pilarei 
de  tierra,  en  los  cuales,  sin  duda,  es- 
taban plantados  los  árboles  grandes. 
La  construcción  se  elevaba  al  bordo 
del  Eufrates  y  presentaba  nu  cuadri- 
látero  de  cuatro  pleías  (ó  sean  anos 
124  metros)  de  fado,,  compuesto  d» 
muy  fuertes  murallas;  las. más  altas 
se  elevaban  i  60  piés  (uáor26  metn» 
del  suelo).  Se  subía  á  estos  jardines 

Sor  magníficas  escaleras,  y  máqtiiiias 
e  Arquímedes  servían  para  subir  el 
agua  del  Eufrates  á  los  arpóyos.  Se 
atribuye  su  fundación  á^mínHnia,i 
Oiro,..6  i,  Nabacodonosor;  j  se  «üw 
que  este  últiqió  rey  loi  construyó  páia 
sü  mujer  eoñ'el  botín  prooede'ste'da 
la  conquista  de  Jadea.  No  ha  .pitado 
quien  ha  creído  fabulosa  la  existencia 
de  estos  jardines;  pero  examlnaado 
Jos  textos  dé  Q.  CurcioVda  Estrabón 
y  de  Diodoro  Sículbj  por  más  que 
esos  textos  no  sean  muy  claros,  se  de- 
duce que  eran  una  obra  colo3:il, 'inge- 
niosamente concebida;  pero  de  nio- 
gúu  modo  imposible,  ni  de  mi¿  em- 
presa que  la  fabrica  de  las  pirámides 
de  Egipto..  , 

.  Jarainico,  Uo.  to.  MasculTuo  di- 
minutivo de  jardf  n* 

ETinÓLOaía.  Jardín:,  francés  y  cmU.- 
lin,jardÍHet, 

Jardinista.  La  persona  eateodida 
en  jardines. 

EnuoLpaík.  Jardín:  fnncés,  jardi- 
nis  c. 

Jardinomaniá.  Femeniao.  Blaofa 
por  los  jardines. 

Jardin6mano,  na.  Masculinoy  fe- 
menino; Bl  maniático  por  los  jardines. 

Jareta.  Femeniao.  Costura  que  se 
hace  en  la  ropa,  doblando  la  orilla  ^ 
cosiéndola  por  un  lado,  de  suerte  que 
quede  un  hueco  para  meter  por  él  una 
cinta  ó  cordón,  a  fin  de  encoger.ó^n- 
sanchar  la  vestidura  cuando  se  ata  al 
cuerpo.  I  Marina.  La  red  hecha  de 
madera  ó  de  cabos,  debajo  de  la  cual 
se  pone  la  gente  á  pelear  para  estar 
con  mái  resguardo  y  seguridad.  La 
que  está  hecha  de  madera  se  llama 
también  ajedrez.  \  dblajabciá.  Ua- 
rina.  Las  vueltas  que  forma  un  cabi 
de  los  obenques  de  una  banda  á  lus 
de  la  otra,  para  sujetar  las  jarcias  ; 
detener  las  socalladas  de  los  palos 
cuando  hay  balances. 

ETiicoLoaÍA.  Arabe  chariía,  cuerda; 
y,  figuradamente,  cordón. 

Sentido  eíimoldgico.^l.  Lajflrt/s  no 
se  llamó  así,  aludiendo  á  la  coatura, 
sino  al  cordón  ó  cicuta  que  se  pasa. 

2.  El  árabe  ekarita  quiera  decir: 
«cuerda  de  nave,»  en  Pedro  de  Alca- 
lá; «cuerda,»  en  Ibn-Djobair  y  en  el 
Cartíis,  (Enobluann,  Dozy.) 

Jaretera.  Femenino.  Jabbbtbsa- 

Jaretón.  Masculino.  Alfosia. 

BTuioLoaÍA.  Jareta. 

Jarii'e.  Masculino,  Jbbifb. 

Jariío,  fa.  Adjetivo.  Bof»*"."' 
vistoso,  bien  compuesto  ó  adorusuo. 

Etimolooía.  Arabe  cAarif,  noWe. 
excelente:  antiguo,  xari/o,  xartfa- 

Jariloca.  Masculino.  Tabli'aoe 


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JABH 

úiéfioi  di»  pulgada?  de  larga  j  me- 
dia de  «ncho,  coa  an  diente  en  cada 
Qba  de  sus  extremidades  y  que  sirve 
deplantilla. 
JaríUo.  UaseulioA  Planta.  Barba 

A>¿M  ó  DE  AbÓN. 

BtiuOLOOÍA.  Jara. 

'  Jarnota.  Femenino.  Patata. 

Jaro,  ra.  A.djetÍTo  que  se  aplica  á 
loi  pneteos  que  tiran  á  rojos  ó  cárde- 
núa.  '  * 

Jarocho,  cha.  Uaseumo  j  feme- 
nino americano.  CAkraswo.  Aplícase 
también  á  los  mulatos  7  ¿  todos  los 
d«  ráz*  africana. 

Jaromazo.  Mascalino.  Entre  pas- 
tores, la  herida  hecha  con  jara  ú  otra 
madera  y  la  cansada  por  alguna  caída. 

Jarciar.  Activo.  Dar  á  alguno  mu- 
chos jaropes  ó  medicinas  de  ootica.  | 
Uetifora.  Disponer  j  dar  en  forma  de 
jarope  algún  otro  licor  qae  no  sea  de 
botica. 

Jarope.  Masculino.  Bebida  ó  con- 
fección líquida  que  se  da  á  los  enfer- 
mos, CUTO  principal  iop^redíente  es 
azúcar  clarificado.  Q  Metáfora.  El  tra- 
m  amargo  6  bebida  desabrida  y  fasti- 
liosa  que  se  da  &  alguno. 

BriMOLoaÍA.  Jarais. 

Jaropear.  Activo.  Jaropar. 

BmiOLoofA.  Frecuentativo  áa  jaro- 
par. Klaien  jarwa,  da  muchos  jaropes: 
({aien  jaropea,  da  muchos  jaropes  fre- 
cuentemente. 

Jaropeo.  Masculino.  £1  uso  exce- 
sivo y  frecuente  de  jaropes. 

Jarra.  Femenino.  Vasija  de  barro 
fino  con  vientre,  cuello  y  asa.  |  Orden 
antigua  de  caballería  en  el  reino  de 
Ara^n^  que  tenía  por  insignia,  en  un 
collar  de  oro,  una  jarra  con  azucenas. 

I  DX  JARRAS  ó  BN  JARRA  Ó  BN  JARRAS. 

nado  adverbial  para  explicar  la  pos- 
tura del  cuerpo,  que  se  hace  encor- 
vando los  brazos  y  poniendo  las  ma- 
nos en  la  eintura. 

Btiholoqía.  Árabe  djarra  (^|^); 

portugués ,yarr«,  tatra;  francés,  i'arr«; 
italiano,  ytara,  parro;  en  el  Arcnípié* 
lago,  iarros. 

Jarra^n.  Masculino  anticuado. 
El  paraje  6  sitio  en  que  había  huertas 
ó  huertos  para  recreación. 

Jarrar.  Activo.  Jaharrar. 

Jarrazo.  Masculino  aumentativo 
de  jarra  y  jarro.  |  Qolpe  dado  con 
jarra  6  jarro. 

Jarrear.  Neutro  familiar.  Sacar 
frecuentemente  agua  «5  vino  con  el 
jarro.  \  Metáfora  familiar.  Beber  mu- 
cho, aer  dado  á  la  bebida,  como  cuan- 
dosedice:  cFttlaaojASRBA;»  cjaestan 

lARBBANDO.» 

Jarrar,  ra.  Masculino  y  famenino 
anticuado.  Tabernero. 

Btimología.  Jarro. 

Jarrero.  Masculino.  El  que  hace  6 
vende  jarros,  y  también  el  que  cuida 
<iel  agua  6  vino  que  se  pone  en  ellos. 

Jarreta.  Feraeniño  diminutivo  de 
jarra; 

Jarretar.  Activo  anticuado.  Dbs- 
JARRETAB.  f  Metáfora.  Enervar,  debi- 
litar, quitar  las  fuenai  6  el  ánimo. 
Se  usa  también  eomo  recíproco. 


Jarr 

Jarrete.  Masculino.  En  los  cüa- 
drúpedos,  la  parte  posterior  de  la  ai^ 
ticulacíón  de  la  rodilla  (que  en  el 
hombre  se  llama  corva),  compuesta 
por  la  tibia,  los  huesos  tarsianos  y  los 
metatarsianos. 

ETiHOLoafA.  Bajo  bretón  íar,  garr^ 
pierna:  galo,  gar;  francés  del  siglo  xii, 
garez,  plural;  siglo  xiii,  gare,  gairCy 
jarez;  siglo  xvi,  jarréis  en  Pareo,  que 
es  la  forma  moderna;  italiano, yar¿(<o; 
normando,  ^arret;  picardo,^tt^f,ya- 
rei;  gínebnno,  jatrre:  jarre  de  veau, 
jarrete  de  ternera. 

1.  Las  antiguas  formas  francesas 
vienen  á  demostrarnos  que  la  deriva- 
ción se  hizo  del  céltico  yar,  pierna. 

2.  Eltextofrancésdelsíglo XII dice 
así:  il  Irenchad  les  oarbz  des  chevals  ki 
traistrent  les  chars;  «cortó  los  jarretes 
de  loa  caballos  que  tiraron  de  los  ca- 
rros.» (Rois,  página  1i7.) 

3.  La  etimología  que  deriva  jabbb- 
TB  di  jarra,  por  semejanza  de  forma, 
es  absurda  de  todo  punto. 

Jarretera.  Femenino.  Liga  con  su 
hebilla,  con  que  se  ata  la  media  6  el 
calzón  jf>or  el  jarrete.  |  Orden  militar 
instituida  en  Inglaterra,  llamada  así 
por  la  insignia  que  se  afiadió  á  la  or- 
den de  San  Jorge,  que  fué  ana  liga. 

ETiuOLoafA.  Jarrete:  francés,  ^arf*- 
tiire;  burguiñ"ón,y«í«>í;  BeTTy,jarr&' 
íier;  picardo,  garíier;  inglés,  garter. 

Reseña  histórica. — 1.  Orden  de  la 
Jarbbtrba.  La  instituvó  Eduardo  III 
en  1349. 

2.  La  ocasión  fué  la  siguiente:  ha- 
llándose en  un  baile  la  hermosa  con- 
desa de  Salisburj,  dama  del  rejr,  se 
le  eajó  una  liga,  que  0I  rev  cogió  del 
suelo,  exclainando:  «Baldonado  sea 

'  quien  piense  mal  de  esta  aventura;» 
I  esto  es,  «mal  hajra  quien  mal  piense 
de  esto;»  (honni  $oit  qiU  mal  g  pense), 

3.  La  orden  de  la  Jarretera  se  lla- 
ma también  de  San  Jorge,  aludiendo 
á  que  lleva  ia  imagen  del  santo  encla- 
vada en  un  círculo  de  oro  guarnecido 
de  diamantes  y  atada  á  un  cordón 
azul.  Este  cordón  se  corre  por  el  lado 
izquierdo  de  la  espalda  j  va  á  caer  en 
el  lado  derecho  de  la  cadera,  presen- 
tando la  forma  de  escarpa. 

4.  Lo  expuesto  está  conforme  con 
los  siguientes  datos:  «Eduardo  III, 
rejr  de  Infflatarra,  instituyó  esta  or- 
den de  caballería,  en  1340,  con  moti- 
vo de  la  victoria  deCrecy,  donde  ha- 
bía dado  como  palabra  de  orden  gaster 
(jarretiere).  Según  otra  tradición,  y  es 
la  más  propagada,  en  1349,  la  conde- 
sa do  salisburj,  &  quien  Eduardo 
amaba  apasionadamente,  perdió  en 
un  baile  una  liga,  que  el  rev  princi- 

ftió  á  buscar.  Su  acción  excitó  la  hi- 
aridad  de  los  cortesanos.  Honni  soit 
qui  mal  y  pense:  «¡aj  de  aquel  que 

f líense  inall>dijoel rejr;  «tal  vezaque* 
tos  que  se  ríen,  se  crean  un  día  muy 
honrados  con  llevar  una  semejante;» 
y  poco  tiempo  después  fundó  esta  or- 
den de  caballería,  orden  que  tiene  por 
jefe  al  soberano  de  Inglaterra  y  que 
no  puede  contar  más  de  26  miembros, 
comprendido  el  rey  ó  la  reina.  Entre 
otras  insignias,  los  caballeros  llevan 


Jasi 


235 


una  liga  blanca  en  la  pierna  izquier- 
da; y  la  reina,  en  el  brazo.  La  divisai 
es  la  misma:  Honni  soií  guí  mal g pen- 
se, que  hemos  citado, 

Jarretiera.  Femenino  anticuado. 
Jarrbtbha,  en  la  segunda  acepción. 

Jarretillo.  Masculino  diminutivo 
de  jarrete. 

Jarrico,  lio,  to.  Mascalino  dimi- 
nutivo de  jarro. 

Jarro.  Masculino.  Vasija  de  barro 
ó  de  algún  metal  &  manera  de  jarra 
con  un  asa  lola.  Q  Familiar.  Provin- 
cial A.ragón.  El  que  grita  mucho  ha- 
blando sin  propósito,  principalmente 
si  es  mujer.  {]  db  aoua.  La  porción  de 
ella  que  se  saca  de  la  acequia  por  es- 
pacio de  medio  cuarto  de  hora.  j¡ 
Echarle  á  uno  un  jarro  db  aoua. 
Frase  familiar  y  metafórica.  Dejar  á: 
uno  suspenso  ó  cortado  en  la  disputa 
6  enojo  con  alguna  expresión  burles- 
ca ó  insulsa. 

Etimoloqü.  Jarra:  catalán,  gerro, 
jarro. 

Jarrón.  Masculino  aumentativo  de 
^arro.  iArgniteclnra.  Adorno  seme- 
jante al  jarro,  que  se  suele  poner  en 
los  rematea  de  las  fábricas,  especial- 
mente en  las  portadas. 

Jarrnmbo.  Mascalino.  Gf«rm»nia. 
El  harxbro. 

Jarseta.  Femenino.  Especie  de 
garza  real. 

Etimolooía.  Fr&ncésjarsettet  simé- 
trico de  garzeiíe,  garceta,  ave. 

Jarsia.  Masculino.  OenuaUa.  La 
justicia. 

Jart.  Masculino.  Mamífero  de  piel 
bellísima,  de  la  Laponía. 

Jarnparicurabn.  Masculino.  Fru- 
to del  Brasil. 

Etimología.  Vocablo  brasileño:  fnn- 
céa,  jampariatrabu.  (Landais.) 

Jasa.  Femenino  anticuado.  Saja- 
duba. 

Jasador.  Masculino  anticuado.  Sa- 
jador 6  SANORADOR.  |  Anticuado.  Ins< 
trumento  para  sajar. 

Etiicología.  Jota. 

Jasadorcillo.  Masculino  anticua- 
do, diminutivo  de  jasador. 

Jasadura.  Femenino  anticuado. 
Sajadura. 

EtiholoqU.  Jasa. 

Jasar.  Activo  anticuado.  Sajab. 

Etimología.  Jasa. 

Jasia.  Femenino.  lo,  hija  de  Ina- 
co,  rey  de  Argos.  (Virgilio.) 

EriMOLoaÍA.  Jasio:  latín,  Jasía. 

Jasio.  Masculino.  Tiempos  heroi- 
cos. Rey  de  Argos,  padre  de  Atalan- 
ta. (Ovidio.)  Q  Otro,  r^  de  Samotra- 
cia,  hijo  de  Júpiter  y  Electra, 

ÉTivoLOofA.  Latín  JSsiut. 

Jasión.  Masculino.  MitoU^la,  Per* 
sonaje  fabuloso,  nacido  de  Júpiter  y 
Electra,  hija  de  Atlas,  que  llevó  el 
Palladium  a  Laocotracia,  y  se  enamo- 
ró de  Ceres,  de  quien  tuvo  á  Pluto. 
Contribuyó  mucho  á  que  se  extendie- 
ra el  culto  de  la  diosa  en  Grecia  y  en 
Sicilia. 

Etimoloqía.  Latín  JMon,  (Ovidio.) 
Jasis.  Femenino.  Timpu  kerokM, 
Atalanta,  hija  de  Jasio. 
Etimolooía.  Latín  /liíf. 


.Digitized  by  Google 


á36  JASP 


JAÜL 


JA.VÓ 


Jasón.  Masculino.  Mitología.  Hijo 
de  Esón,  rej  de  Tesalia,  7  de  Alci- 
meda,  jefe  de  los  argonautas.  Casó 
eon  Medea,  hija  de  Etas^  vty  de  Gol- 
eos*  ^  quien  abandonó  después. 

Etiuoloiía..  Latín  J&to».  (Ovidio.) 

Satüa. — Hi^o  de  Elsón,  rej  de  lol- 
cofl,  en  Tesilu,  jr  de  Aicimede,  que 
fué  confiado  desde  niño  ftl  centauro 
QuinSn  j  despojado  de  U  herencia  pa* 
terna  por  Palio.  A  la  edad  de  20  años 
trattf  de  que  Pello  le  Testitu/ese  lo 
usurpado;  pero  éste,  deseando  alejar- 
le»  le  aconsejó  que  fuese  á  la  Cólqui- 
dft  ¿  conquistar  el  vellocino  de  oro. 
Reunió,  en  efecto,  algunos  jefes  eolios 
y  fué  jefe  de  la  expedición  de  los  ar- 

f onautas.  En  la  Cólquída  robó  á  Me- 
ea,  con  quien  casó.  La  muerte  de  Pe- 
lio  no  le  restítujó  el  trono  de  lolcos. 
Arrojado  por  Acasto,  se  retiró  á  Co- 
rinto»  donde  repudió  á  Medea  para 
casarse  con  Creusa  ó  Glauca,  hija  del 
rej  Creón.  Medea  se  vengó  haciendo 
morir  á  Creusa,  Sísifo  y  los  dos  hijos 
que  había  tenido  de  Jasón,  quien  mu- 
rió  miserable,  según  unos,  después  de 
vivir  errante  j  sin  asilo;  j  según 
otros,  después  de  recobrar  el  poder  en 
lolcos,  donde  reinó  paeÍ6cftmente. 

Jaspacato.  Jaspaoato.  La  forma 
jaspacalOy  que  aparece  en  algunos  Dic- 
cionaríof,  es  bárbara. 

Jaapagato.  Masculino.  Piedra  pre* 
ciosa,  compuesta  de  jaspe  verde  y 
ágata. 

EriuoLoafA.  Francés  ^¡¡págate. 

(LiTTBÉ.) 

Jaspe.  Masculino.  Piedra  dura, 
que  forma  una  de  las  especies  de  la 
sílice  /  es  susceptible  de  hermoso  pu- 
limento. Sus  colores  son  el  rojo,  el 
pardo  y  el  verde,  más  6  menos  oscu- 
ros, á  veces  con  pintas.  También  hajr 
lAsra  listado.  En  el  oso  vulgar  se  en- 
tienden con  el  nombre  de  jAsra  pie- 
dras dé  otra  naturaleza  y  más  blan- 
daS(  como  las  serpentinas  y  algunos 
mármoles. 

Etimología.  Griego  Xtiinvi  (íaspit): 
latín  técnico,  jatpis,  idis;  italiano, 
iaspide;  francés  y  catalán, yaj^«;  pro- 
venzal,y«pi. 

Jaspeado,  da.  Adjetivo.  Lo  que 
está  manchado  y  salpicado  de  pintas. 

ETUfOLOarA.  Jaspear;  catalán,  jas- 
peaty  da;  jaspejaí,  da;  francés,  jaspe. 

Jaspeador,  ra.  Masculino  y  feme- 
nino. Él  que  jaspes. 

Jaspeadura.  Femenino.  Acto  y 
efecto  de  jaspear. 

Jaspear.  Activo.  Pintar  imitando 
los  colores  del  jaspe. 

Etiuolooía.  JaMp»!  francés,  ja$per; 
&ita\iat  jaspear  ijaipejar;  francés, /ai 
per. 

Jaspeo.  Masculino.  Acto  6  efecto 
de  Jaspear, 

Etiuolooía.  Joipeari  francés,  jat- 
pure. 

Jáspico,  ca.  Adjetivo.  Que  es  de 

jaspe. 

ExiuoLoafA.  Jas^e:  fnncés^jatvi^te. 
Jaapoide.  Adjetivo.  Parecido  al 
jaspe. 

ÉTiuoLoafA.  Jatpey^}  griego  Odot, 
forma:  ftuncés,  jaipcide. 


jastial.  Masculino.  Lieazn  de  pa- 
red. II  Metáfora.  Hombrón  rústico  j 
grosero. 

Btiuolooía.  Sasiión.  Jastial  re- 
presenta bastiaL 

Jataboca.  Masculino.  Especie  de 
bambú  muy  largo. 

Jateo,  tea.  Adjetivo.  Manteria.  Se 
aplica  al  perrillo  que  persigas  á  las 
zorras, 

Jati.  Masculino.  Especie  de  faqair. 

Jatibés.  Jativés. 

ETiuoLoaiA.  La  foirok  jatibéi,  que 
trae  la  Academia,  no.es  correcta,  pues- 
to que  nuestro  Jiiiva  viene  del  árabe 
Xátiva. 

JitÍTa  6  Xitiva  (pronunciada  la 
X  como  ch).  Ciudad  del  antiguo  reino 
de  Valencia,  á  la  cual  dieron  los  feni- 
cios el  nombre  de  Seíab't  por  alusión 
á  las  ricas  telas  de  lino  que  desde 
mujr  antiguo  se  fabricaban  en  ella. 
Samuel  Bochart  supone  dicho  nom- 
bre compuesto  de  las  voces  fenicias 
seti  iuít,  tela  6  teüdo  de  lana  (Puig- 
blanch  cree  errada  esta  etimología). 
Corrompieron  este  nombre  los  grie- 
gos, llamándola:  Estrabón,  Setahit;y 
rtolomeo ,  Saitahi»;  á  su  imitación  la 
llamaron  S9lahi$  los  romanos  y  los  go- 
dos; estropeáronla  á  su  manera  los 
árabes ,  con  virtiéndolo  en  Xátiva 
(Chátiva),  y  últimamente,  nosotros 
hemos  acabado  de  desfigurarlo  di- 
ciendo y  escribiendo  Jítiva. 

Jativense.  Sustantivo  y  adjetivo. 
Jativés. 

Jativés,  sa.  Adjetivo.  Lo  pertene- 
ciente á  Játiva  y  el  natural  de  esta 
ciudad.  Se  usa  también  como  sustan- 
tivo. 

Jato,  ta.  Masculino  y  femenino. 
BacEsao. 

JatroÜBito.  Masculino.  QkÍimíoi. 
Combinación  del  ácido  iotrófieo  con 
una  base. 

EriuoLoofa.  Jatrpfo:  ümioóa,jatr<h 
pkate. 

Jatr¿fico.  Adjetivo  masculino. 
Química.  Epíteto  de  un  ácido  sacado 
de  la  simiente  del  jatrofo. 

Jatrofo.  Masculino.  Botánica. 
Planta  de  la  familia  de  las  euforbiá- 
ceas. 

ETiHOLOofA,  Latín  técnico,  jatbo- 
PHA  m%itifide  y  jatkopha  <mrcat  <Lb- 
ooarant):  francés,  jefro^Ae. 

Jando,  da.  Provincial  Rioja.  El 
manjar  eon  poca  sal  ó  ninguna. 

Jaigaó  Janxa.  Femenino,  Qeogra- 
/íe.  Ciudad  del  Perú,  á  175  kilómetros 
Este  de  Lio»,  115  Norte  de  Huanea- 
bélica,  sobre  el  río  de  su  nombre,  con 
10.000  habitantes.  Tal  vez  las  riquezas 
que  traían  de  ells  los  indianos,  como 
antes  se  llamaba  i  los  que  venían  de 
Indias,  dió  origen  á  U  proverbial  rí- 

3ueza  que  se  atribule  á  dicha  ciu- 
ad.  B  ESTAB  ó  VIVIR  BM  LA  CIUDAD  DB 

Jauja.  Frase  familiar.  Vivir  perfecta- 
mente sin  necesidad  de  acudir  al  tra- 
bajo, ponderando  as(  la  abundancia 
de  aquella  población. 

Jaula.  Femenino.  Caja  formada  de 
mimbres  ó  alambres  para  encerrar  pá* 
jaros,  n  Encierro  formado  con  enre- 1 
jados  de  hierro  6  de  madera,  como  1 


los  que  se  hacen  para'  asegurar  los 
locos  y  las  fieras.  Q  AroanaABsa  tu  la 
JAULA.  Frase  metafériea  y  familiar. 
Afanarse  y  fatigarse  en  vano  por  sa- 
lir con  su  intento, 

Etiuolgoía.  Burguiñéo  eatge:wt- 
lón,  chaive;  provensal  moderno,  yMÍ; 
francés,  ay«;  ittluMO,  oaiÜa,  wgia: 
veneciano,  ^6ia¡  del  latín  cM,  de 
eiPUSf  vacío,  hueco. 

Jaulica,  lia,  ta.  Femenino  dioii- 
nutivo  de  jaula.  |  Jauulla.  Antieaa- 
do.  Adorno  pata  la  cabeza  hecho  á 
manera  de  red. 

Jaulón.  Masculino  anmaatatiro  de 
jaula. 

Janrado,  da.  Adjetivo  antíeaado. 
Xaurado. 

Jiuregui  (Gaspab).  Guerrillero 
espaüol.  que  naei-i  en  17'»1  y  murió 
en  1844.  Fué  llamado  el  Pastor  do- 
rante la  guerra  de  la  Independenda. 

Sorque  ejercía  aquella  profesión  cuan- 
o  tomó  las  armas  y  levantó  una  par- 
tida, que  causó  grandes  pérdidas  á 
los  franceses.  A  la  vuelta  da  Feman- 
do VII  foÁ  nombrado  brigadier,  v 
en  1820  se  pronuncié  en  favor  de  la 
causa  constitacional,  paleando  ¿  las 
órdenes  de  Torrijos  contra  el  ejército 
invasor  en  1823.  Emigró  á  Ingistern 
cuando  se  estableció  el  absolutisiBo; 
volvió  á  España  después  de  la  muerte 
de  Fernando  VII,  fué  jefe  político  de 
Cádiz  é  hizo  la  guerra  de  los  siete 
años,  distinguiéndose  por  su  aetivi- 
dad  y  su  valor. 

Jábregoi  y  AguUar  (Joan).  Poe- 
ta 7  pintor  español,  que  nació  pw  los 
años  de  1570  y  murió  en  1650.  Fué 
caballero  de  la  orden  de  Calatrava  y 
caballerizo  de  la  reina  Isabel  de  Bor^ 
bón,  esposa  de  Felipe  IV.  Pasó  á 
Roma,  donde  cobró  afición  á  las  be- 
llas artes  y  aprendi>i  la  pintura,  lle- 
gando i  ser  un  artista  aventajado. 
'  Uurante  su  permaneneia  en  la  capi- 
tal del  orbs  católico,  publicó  ana  tra- 
daccíón  de  la  Amimta  del  Tasso.  Los 
demás  escritos  que  dejÓ  son:  BaUtllt 
naval  de  los  dt  César  contra  los  gri*Jff 
de  Marsella;  Bl  Arte  de  lapiiUura;  Dis- 
curso poético  contra  *l  kabíar  culto  y  os- 
<mro  tn  prosa;  Sí  Orfee,  poema  heroi- 
co; y  Bi  Retraído,  comedia.  Gomo 
pintor,  dejó  una  Venus  salinda  del 
laüo,  y  un  Narciso, 

JamrU.  Femenino.  El  agregado  de 
perros  que  cazan  juntos  y  componen 
una  cuadrilla. 

Jauto,  t^.  Adjetivo.  Provincial 
Aragón.  Insípido  y  sin  ^al. 

GTiMOLoaf  A.  Jaudo,  El  jando  de  la 
Rima  es  el  jauto  de  Araron. 

Java.  Femenino,  Creografia,  W« 
famosa  de  la  India. 
Etimoldoía.  Latín /aM. 
Javarí.  Masculino.  Especie  de  ja- 
balí americano. 

Etimología.  Jabali:  francés,  ja- 
varis. 

Javaro.  Masculino.  Javabi. 
Javo,  va  ó  Javanés,  aa.  Adjetivo. 
El  natqral  de  la  isla  de  Java  y  lo  per- 
tetiaciente  á  ella. 

I  Javonaro.  Masculino.  Especie  i« 
[jaguar. 


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JGA 

Jiixo.  Utseulíno.  Sttprttmo  pontf- 

6(6  del  Japón. 

Jayán,  na.  Masculino  j  femenino. 
La  persona  de  grande  estatura,  ro- 
buBtar  de  machas  faenas.  |  Oerma- 
El  rufián  á  quien  todos  respetan. 

EnuoLOofi..  JatjÍn  es  la  toz  ingl»- 
n/Mfl/,  gigante,  escrita  en  castella- 
no como  se  pronuncia  en  inglés;  en 
lo  cual  se  ve  prácticamente  el  anti- 
guo sonido  dental  da  la^  castellana, 
eomoeorrespondiente  al  que  dan  los 
ingleses  i  la  y  del  citado  nombre, 
qae  es  dental  6  francés,  no  gutu- 
ral.— ^Bs  Tox  que  entraría  por  alto  en 
Bapafla  (dice  PuigbUncfa)  en  algún 
balote  de  libros  de  caballería.— De 
MutU  hace  venir  también  Goyarru- 
Dias  la  TOz  jayán, 

Jayanazo,  za.  Btasealíno  aumen- 
tativo de  jaján. 

Jazmrino,  na.  Adjetivo  anticuado. 
K  natural  de  Argel  j  lo  pertenecien- 
te á  esta  ciudad. 

ETiHOLOofa.  Arabe  al-djatííir^  la 
mdad  de  Argel. 

Jazilia.  Femenino.  La  seQal  6  ras- 
tro que  deja  alguna  cosa  sobre  la  tie- 
rra en  que  ha  estado  poralgún  tiempo. 

Jazmelea.  Femenino.  Especie  de 
aceite  balsámico  mineral. 

B-rmoLOGÍA.  Francés  j«n«í^4r,  aeei* 
taoae  se  extrae  de  las  flores  de  la 
violeta  blanca.  (Landais.) 

Jumin.  Ibsculino.  Botánica.  Ar- 
bostoqoo  se  cultiva  en  los  jardines, 
j  echa  machos  tallos  verdes,  vestidos 
de  hojas  encontradas,  ^  compuestas 
de  hojuelas  que  se  crian  por  pares 
con  una  ma^or  en  el  extremo.  Sus 
flores,  que  se  conocen  con  el  mismo 
nombre,  son  blancas  y  de  olor  suave  y 
agradable.  Q  riíal.  Especie  de  jazmín 
qae  algunos  llaman  jkzuís  db  Espa- 
ña por  criarse  se  ü  alada  mente  en  Ca- 
taluña, Valencia  y  Uurcia.  Sus  tallos 
son  derechos;  las  hojas,  aladas  ó  com- 
puestas de  machos  pares  de  hojuelas, 
rematan  en  tres  reunidas  hasta  cierto 
tteeho  por  sus  bases,  j  las  flores,  á 
las  cuales  se  da  el  mismo  nombre, 
colorean  algo  por  fuera  t  son  blancas 
por  dentro;  majrores,  mas  hermosas  y 
macho  más  olorosas  que  las  del  jaz- 
HiV  común. 

BmiOLOofA.  Persa  y  árabe  yüsemin 

(iaK^^W)*  l^tín  técnico,  yMmittiNM, 

jmemninm^  gelseminium,  yelaemium; 
portu{^ués  y  inncés,jasmin;  italiano, 
jekowrino;  catalán,  gessami,  jasmí. 

Forma. — El  cambio  de  la  y  inicial 
tnj  espafiola  es  normal,  como  se  ve 
tajüeeo,  átyelekf  ó  tnjueejia,  dey»- 

Jazmíneo,  nea.  Adjetivo.  Sotáni" 
ei.  -De  la  naturaleza  del  jazmín. 

ErmoLoofA.  Jazmín:  fnneés,  jas- 
mnée. ,  familia  de  plantas,  en  el  sis- 
teoiade  Jassíeu. 

Jazminoide.  Adjetivo.  Jazmíneo. 

Jaz/gos.  Masculino  plural.  Geo- 
fnfía  antigua.  Los  jazyoos;  pueblos 
üe  la  Sarmacia.  (Tácito.) 

EniiOLoafA.  Latín  ya^_^M. 

Je*.  Femenino.  Tributo  que  se  pa- 
gaba-antiguamente  por  la  entrada  de 


JEPT 

los  géneros  de  tierra  de  moros  i  Cas- 
tilla T  Andalucía. 

Jeoba.  Femenino.  Geoorafia  anti- 
gua. Ciudad  de  Fenicia.  (Plinio.) 

Btimolooía.  Latín  Jehha. 

Jebe.  Masculino.  Alumbre. 

Jebús.  Masculino.  Historia  Sagra 
da.  Antiguo  nombre  de  Jerusalén. 

EriuoLOofA.  Latín  GehM,  hijo  de 
Canaán,  que  la  fundó.  (San  1sidoro.)| 

Reseña. — Se  habla  de  Jebús  en  el  li- 
bro de  Josué  (capitulo  XV,  versícu- 
lo 8.'):  en  el  da  los  Juecet  {XVI,  iO) 
y  en  los  ParalipÓinenos  ( XI,  4). 

Jebuseos.  Masculino  plaraL  fíis^ 
loria  Sagrada,  Los  naturales  de  la  an 
tigua  Jebús.  , 

EnuoLoofA.  Jehét. 

Reseña. — Los  jbbusbos  no  pudie- 
ron ser  subyugados  por  Israel.  (Jue- 
ces, 1,  21.)  Lo  fueron  al  cabo  por  Da- 
vid. (Segundo  libro  de  ios  Rfges,  V,  7.) 

Jecuiba.  Masculino.  Botánica.  Ar- 
bol del  Brasil,  cuja  madera  rojiza  se 
emplea  en  varias  obras. 

ETiHOLoaf  A.  Vocablo  hasileño. 

Jeda^iam  Happenini  Bedraschi 
ó  Rabi  Jedahia.  Poeta  y  teólogo  ju- 
dío, que  nació  en  Barcelona  por  los 
años  de  1250.  Era  tan  versado  en  el 
conocimiento  de  la  ley  mosaica,  que 
sus  correligionarios  le  eligieron  por 
su  orador.  Sus  obras  más  notables 
son:  Bachinat  Ol  m  (apreciación  é  exa- 
men del  mundo);  Baquetka  (oración), 
poema,  y  Losha  Zahaw  (lengua  de 
oro),  comentario  de  los  salmos. 

Jeera  ó  Jera.  Femenino.  La  tierra 
que  dejaron  en  seco  los  esteros. 

Jefatura  ó  Jefatura  política.  Fe- 
menino. La  dignidad  ó  cargo  de  jefe 
superior  político  de  una  provincia.  Q 
Hoy  se  llama  Gobierno  ctvil.  Edificio 
en  que  están  las  oficinas  de  dicho 
jefe. 

Jefe,  fa.  Masculino  y  femenino. 
El  .superior  ó  cabeza  de  algún  cuerpo 
ú  oficio.  II  Masculino.  Blasón,  El  es- 
cudo pequeño  que  carga  sobre  el  gran- 
de 6  principal.  \  db  du.  üftVicta. Cual- 
quiera de  los  que  turnan  por  días  en 
el  servicio  de  vigilancia.  |  db  bscua- 
DRA.  En  la  marina,  el  ^rado  6  clase 
que  equivale  á  la  de  mariscal  de  cam- 
po en  el  ejército.  ¡|  político.  El  que 
tiene  el  mando  superior  de  una  pro- 
vincia en  la  parte  gubernativa,  ó  sea 
el  gobernador  civil.  |]  Mandar  en 
JB?B.  Frase.  Milicia.  Mandar  como 
cabeza  principal. 

EtimoloqU.  Francés  ckef:  Berry, 
ehé;  ^rovenzal  y  catalán,  cap;  walón, 
chif;  Italiano,  capo;  del  latín  caput, 
cabeza,  principio. 

Jefta.  Femenino.  Historia  Sagra- 
da, Ciudad  de  la  tribu  de  Jada.  (Bi- 
blia.) 

Etimolooía.  Latín  Jephta. 
Jefti.  Noveno  juez  de  Israel,  que 
murió  en  1182  antes  de  Jesucristo. 

Era  hijo  de  una  prostituta,  y  los  hijos 
legítimos  de  su  padre  le  arrojaron  de 
su  compañía.  Entonces  se  unió  á  unos 
aventureros  y  sus  hazañas  fueron  ta- 
les, que  sus  compatriotas  le  llamaron 
para  que  les  anudara  en  la  guerra 
contra  los  amonitas,  á  lo  cual  no  la 


JEIT 


237 


firettd  tino  con  la  eondieidn  de  que 
e  nombraran  sa  jefe.  En  el  momeuto 
de  salir  á  campaña,  para  implorar  el 
favor  de  Dios,  hizo  voto  de  ofrecerle 
en  holocausto  al  primero  de  su  casa 
que  saliera  á  su  encuentro  á  su  vuel- 
ta. Su  hija  única  fué  la  que  salió,  y 
4  quien  hubo  que  sacrificar;  aunq^ue 
no  se  dice  con  seguridad  si  la  quitó 
la  vida,  6  sólo  la  condenó  á  una 
virginidad  perpetua,  como  permiten 
creer  los  textos  sagrados,  oscuros  en 
este  punto.  Hizo  después  la  guerra  á 
los  eiraimitas,  celosos  de  sus  triunfos, 
y  los  venció  haciendo  en  ellos  una 
gran  matanza.  La  Escritura  Sagrada 
refiere  que,  después  de  ponerlos  en 
fuga,  los  hizo  esperar  en  un  desfila- 
dero y  i  medida  que  llegaban  les  ha- 
cía pronunciar  la  palabra  tibbelet;  loa 
que  decían  tchihmet  eran  reeonoeidos 
por  efraimitas  y  sacrificados,  pere- 
ciendo así  40.000.  (Biblia. 


ETiHOLOofa.  Latín  Jepktke  y 
Jephte. 

Segar.  Neutro  anticuado.  Llboar. 

Jenová.  Jbhovau.  La  forma  Jbho- 
vX,  que  trae  la  Academia,  no  es  la 
etimológica.  Propiamente  hablando, 
semejante  vocablo  no  existe. 

Jenorah.  Masculino.  Nombre  de 
Dios  en  la  lengua  hebrea. 

EmoLOofA.  Hebreo  ttjh^  (leho- 

vakj. 

ÉettMa. — Nombre  ineftible  de  Dios 
entre  los  hebreos.  Compuesto  de  cua- 
tro vocales  de  la  lengua  de  Israel,  es 
también  una  combinación  de  las  le- 
tras del  verbo  katak  (ha  sido  eterna- 
mente), esto  es,  el  ^ue  ka  sido,  et  y 
ttrá.  Este  nombre  misterioso  y  aidora- 
ble  fué  revelado  á  Moisés  por  Aqdbi. 
que  diÓ  al  hombre  la  maravillosa  fa- 
cultad de  aplicar  un  signo  sensible  á 
cada  objeto  ideal,  de  signiJícarjeomM' 
nicar  á  sus  semejantes  hasta  las  ideas 
más  abstractas.  (Mon*lau.) 

Jehú.  Rey  de  Israel,  hijo  de  Josa- 
fot,  que  murió  en  816  antes  de  Jesu- 
cristo. Era  oficial  del  ejército  de  Jo- 
ram  cuando  fué  ungido,  por  un  pro- 
feta ^ue  envió  Elíseo,  j  al  consagrar- 
le le  impuso  el  precepto  de  exturminai' 
toda  la  raza  de  Acab,  que  favorecín 
el  culto  de  Baal  y  perseguía  á  los 
adoradores  del  verdadero  Dios,  y  en 
particular  á  los  profetas.  Jbhú  cum- 
plió el  precepto;  mató  á  Joram  j 
Ocozfas,  hizo  precipitar  á  Jezabel  por 
una  ventana  de  su  palacio  j  pasar  á 
cuchillo  á  setenta  hijos  de  Acab,  que 
quedaban  en  Samaría,  á  los  hermanos 
de  Ocozías  y  á  todos  los  adoradores  de 
Baal, cuyo  culto  desapareció  del  seno 
de  Israel.  (Biblia.) 

JeidoTesia.  Masculino.  Nombre 
dado  en  Turquía  á  una  raza  de  came- 
llos de  corta  altura. 

Jeito.  Masculina  Especie  de  red 
sardinera. 

HTiuoLOOfA.  Jitar:  provenzal,  geí: 
Berrj[,  gitte;  normando,  jet;  francés 
del  siglo  XII,  giest,  gez  fplural);  mo- 
derno, j(t;  italiano,  getto;  del  latín 
jactus,  participio  pasivo  de  jaetre, 
echar,  esparcir. 


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m  JENt 


JENO 


JENO 


J^.  Femenino.  En  nuestras  pro* 
TÍncifts  de  Leyente,  el  trigo  can  deal. 

Jején.  Maiéulino.  Uosquito  común 
en  toda  la  América.  Ei  muy  pequeño 
j  tan  incómodo  por  su  picadura,  como 
por  el  ruido  que  hace.  Q  Americano. 
BaouA  de  los  buquet. 

Jek.  Masculino.  Serpiente  acu&tica 
del  Brasil. 

Jelfe.  Mtsculino.  El  esclaro  negro. 

Jeliz.  Ubliz.  La  forma  jelit,  que 
trae  la  Academia,  no  es  etimológica. 

Jelosia.  Femenino  antictuido.  Cr- 

LOSÍA. 

Jema.  Femenino.  La  parte  de  ana 
viga  ó  madero  que  queda  con  corteza 
por  estar  mal  escuadrado. 

Jeme.  Gbmb.  La  forma y<M«,  ^ue 
tiu  la  Academia,  no  es  etimológica. 

Jemoso,  sa.  Adjetivo.  Se  aplica  i 
la  viga  6  madero  que  tiene  alguna 
jema. 

Jenabe.  Masenlino.  Mostaza,. 

BTiHOLoaÍA,  Griego  vívant  (tínapi): 
árabe,  tinab;  antiguo  xenabe,  xanablty 
axenablr,  en  el  Libro  it  la  ¿ÍMleria 
(folio  S6). 

Jenable.  Masculino.  Mostaza.. 

ETiuoLoaÍA.  Genabe. 

Jenero,  ra.  Adjetivo  anticuado. 
Perteneciente  al  mes  de  Enero.  |  Mas* 
culino  anticuado.  Ensko. 

Jen^brante.  Masculino  anticua- 
do. Cierta  confitura  que  se  hacía  de 
jengibre. 

Jengibre.  Masculino.  Raíz  medi- 
(■¡□nl  de  una  hierba  del  mismo  nom- 
bre que  se  cría  en  las  Indias.  Es  del 
grueso  del  dedo  pequeQo,  un  poco 
aplastada,  nudosa,  cenicienta  por  de- 
fuera y  blanca  amarilleata  por  aden- 
tro: su  olor  es  aromático  agradable,  j 
de  sabor  acre  j  picante,  como  el  de  la 
pimienta. 

EriuoLoaÍA.  Sánscrito  ¿rin^avera; 
de  fringa,  cuerno,  j  vera,  semejante, 
semejante  al  cuerno,  aludiendo  á  la 
forma  de  la  raíz:  persa,  chankovér; 
árabe,  zanjabil;  griego,  C'níSipt 
giberij¡  latín,  tii^i&  rt;  italiano,  w»- 
SfHfV,  tfíuero,  untovero;  francés,  yim- 
^embre;  ^toyemal,  jengibre,  gingibre, 
aengiebre;  portugués,  gengibre;  cata- 
lán, gingibre,  genaiirg, 

Jengibrero.  Masculino.  El  qne 
vende  g-engihre. 

Jeniquén.  Masculino.  Especie  de 
cáflamo  de  Chile,  de  que  hacen  las 
jarcias  en  el  astillero  de  Guajaquil. 

Jenízaro.  Masculino.  Soldado  de 
un  cuerpo  de  tropas  turco  y  privile- 
giado. Q  Malvado,  despótico. 

BnuOLQOfA.  Turco  yeni 
naevo^  y  ieheri  (^^^)t  soldado,  mi- 
licia: yeni-tckeri  (v^tí^iJ^):  tttn- 

céa,  janitsaire;  catalán,  y»í»(iro;  ita- 
liano, gianniuero. 

Retiña  AtsiJWoi.— Cuerpo  de  infan- 
tería turca,  instituido  hacia  1350  por 
el  sultán  Grikhan,  para  la  guardia 
del  trono  V  defensa  de  las  fronteras, 
y  reclutado  entre  jóvenes  cristianos  y 
prisioner'^s  de  guerra.  Fueron  6.000 
•n  itt  origen  /  llegaron  faasu  150.000, 


habiendo  40.000  de  ellos  sólo  en  Cons- 
tantinopla.  Tenían  majror  paga  y  me- 
jor comida  que  las  demás  toopas,  de- 
biendo notarse  la  curiosidad  de  que 
sus  grados  se  designaban  por  medio 
de  nombres  de  empleos  culinarios. 
As!  era  que  el  sultán  se  llamaba  pri- 
mer alimentador;  el  primer  oñcial,  pri- 
mer distribuidor  de  la  sopa;  y  se- 
guían el  primer  cocinero,  el  primer 
aguador,  etc.  Cada  regimiento  tenía 
su  homo  de  cocina,  mientras  que  la 
marmita,  que  servía  para  la  distribu- 
ción del  rancho  suministrado  por  el 
sultán,  era  venerada;  á  su  rededor  se 
celebraba  consejo;  el  perderla  consti- 
tuía una  especie  de  infamia,  j  en 
tiempos  de  revueltas,  se'  solía  romper 
delante  del  palacio  en  señal  de  insu- 
bordinación. Después  da  haber  con- 
tribuido a  los  triunfos  de  los  otoma- 
nos, se  alzaron  en  armas  contra  el  sul- 
tán, y  Mahomed  II  (1826)  decretó  su 
disolución,  haciéndolos  asesinar  en 
Constantiüopla  y  en  todas  las  provín- 
cías.  La  matanza  de  los  jenízaros  es 
acaso  la  más  horrible  que  conoce  la 
historia,  hasta  el  extremo  de  que  el 
Bosforo  fué  convertido  en  un  inmen- 
so campo  santo. 

Jenner  |  Eduardo).  Célebre  médico 
inijflés,  nacido  en  1743  en  Berkelej 
(Glocester)  y  muerto  en  Cheltenham 
en  1823.  Estudio  en  Londres  en  las 
cátedras  de  J.  Hunter  y  practicó  la 
Medicina  en  su  ciudad  natal,  dedicán- 
dose con  incansable  asiduidad  al  es-^ 
tttdio  de  la  historia  natural.  Allí  fue 
donde,  «n  1776,  tuvo  ocasión  de  obser- 
var que  el  compox  ( varióle  vaecine},  eií- 
fermedad  de  las  vacas,  cuando  se  ino- 
cula en  el  hombre,  le  preserva  de  la 
viruela,  pero  no  publicó  su  descubri- 
miento hasta  1788.  Desde  entonces, 
el  empleo  de  la  vacuna  se  introdujo 
en  la  Medicina,  y  la  humanidad  debió 
á  Jbnnbb  uno  de  los  más  eminentes 
servicios.  Muchas  corporaciones  cien- 
tfñcas  de  Europa  le  inscribieron  entre 
sus  miembros;  en  Inglaterra  se  acuñó 
una  medalla  en  su  honor;  el  Parla- 
mento decretó  una  recompensa  de 
20.000  libras  esterlinas  á  favor  .sujro, 
V  en  1826  se  le  erigió  una  estatua  en 
la  catedral  de, Glocester.  Jbnnbr  dejó 
escrita  una  obra  titulada:  An  inquiry 
inio  the  caw«  «arf  e^ecls  of  the  vario- 
Im  vaccina,  que  se  imprimió  por  vez 
primera  en  Londres  en  1798, 

Jeno,  na.  Adjetivo  anticuado. 
Lleno. 

Jenocles.  Poeta  trágico  ateniense, 
que  vivía  en  el  siglo  iv  antes  de  Je- 
sucristo. Fué  contemporáneo  de  FilÍ- 
po  de  Macedonia  y  dejó  diferentes 
obras,  que  se  han  perdido. 

Jenócrates.  Filósofo  griego  de 
Calcedonia,  que  floreció  en  el  siglo  v 
anus^e  Jesucristo.  Fué  discípulo  de 
Platón,  dirigió  la  Academia  después 
de  Espeusipo  j  trató  de  conciliar  la 
doctrina  de  su  maestro  con  el  pitago- 
rismo. Fué  célebre  también  por  sus 
virtudes  y  su  desinterés  jr  obtuvo  de 
los  atenienses  comisiones  importan- 
tes. Sus  principales  obras  son:  Tra- 
tado del  arU  de  reinar  y  Tratado 


de  la  natwaléia,  ambas  perdidas  hoj, 
JenóCanes.  Célebre  filósofo  y  poe- 
ta griego,  jefe  de  la  escuela  eleática  y 
fundador  del  panteísmo.  Nació  en  do- 
lofón,  en  el  Asia  menor,  por  los  a|os 
de  617  antes  de  Jesucristo  y  murió  de 
edad  mu^  avanzada  en  la  ciudad  de 
Elea,  donde  ejercía  la  profesión  de 
rapsoda.  La  esencia  de  su  sistema 
consistía  en  reducir  cuanto  etiite  á 
una  unidad  absoluta,  que  identificaba 
con  el  mismo  Dios;  agregó  á  su  doctri- 
na metafísica  una  doctrina  física,  que, 
de  la  manera  absurda,  propia  de  aque- 
llas edades,  explicaba  los  fenómenos 
según  las  apariencias  que  se  ofrecían 
á  los  sentidos.  De  sus  obras  silo  se 
conservan  algunos  incompletos  frag- 
mentos, que  se  consideran  como  pre- 
ciosos para  la  historia  de  la  filosofía. 

Jenofonte.  Ilustre  historiador, 
filósofa  V  general  ateniense,  qae.aa- 
ció  en  Erquia,  en  el  Atica,  hacia  el 
año  445  antes  de  Jesucristo  y  murió 
en  335.  De  su  familia  sólo  se  sabe 
que  su  padre  se  llamaba  Grjlus.  A 
la  edad  de  16  años  era  yu  uno  de  los 
discípulos  más  queridos  de  Sócrates 

f'  estaba  dotado  de  una  singular  be- 
leza,  ventaja  mixy  estimada  entre  los 
griegos,  que  no  creían  que  el  talento 
DÍ  las  virtudes  pudiesen  tener  asiento 
en  un  cuerpo  mal  conformado,  Sócra- 
tes, según  refiere  Diógenes  de  Laer- 
cio,  le  encontró  un  día  en  la  pía» 
pública,  jr  sorprendido  de  su  hermosa 
figura  le  atajó  el  paso  con  su  bastón, 
preguntándole:  «¿Dónde  compras  las 
cosas  necesarias  á  la  vida? — En  el  mer 
cado,  respondió  el  joven.— íY  dJnde 
puedes  aprender  á  ser  hombre  hon- 
rado?» Je.\o?ontb  se  quedó  suspenso. 
— Sígneme  y  lo  aprenderás,  le  argu- 

Íó  Sócrates. — Desde  aquel  momento 
BMOFONTB  80  uníó  de  tal  modo  á  su 
maestro,  que  á  todas  partes  le  acom- 
pañaba. Tan  cerca  de  éi  se  encontra- 
ba en  la  batalla  de  Delium  (424),  que 
Sócrates  le  salvó  la  vida.  Algunos 
años  más  tarde,  en  un  encuentro  cuj^o 
nombre  ha  quedado  desconocido,  pa- 
rece ser  que  ^uedÓ  prisionero  de  ios 
beocios,  siguiendo  entre  ellos,  según 
el  testimonio  de  Philostrato,  las  lec- 
ciones de  PrÓdico  de  Ceos.  Entre  esta 
batalla  y  la  marcha  de  Jbnofonti  al 
ejército  de  Ciro,  veintítréi  aflos  des- 
pués, haj  una  laguna  no  explicada 
en  su  biografía.  Se  supone  que  sirvió 
en  alguna  de  las  expediciones  de  la 
guerra  del  Peloponeso,  y  que,  á  I" 
pericia  militar  desplegada  entonces, 
se  debieran  el  puesto  que  ocupó  en  h 
retirada  de  lot  Diet  m^lj  la  confian- 
za de  sus  compañeros.  Debió  asimis- 
mo escribir  algunas  de  sus  obras  du- 
rante este  periodo,  el  Banquete,  por 
ejemplo,  cujra  fecha  puede  fijarse  en 
el  año  421  antes  de  Jesucristo.  El  íé^ 
tfn,  que  es  el  pretexto  del  diálogo 
fué  dado,  en  efecto,  con  motivo  de  la 
victoria  de  Autoljcas  en  el  Pancrs- 
cio,  victoria  que,  según  Ateneo,  tt 
alcanzó  en  el  cuarto  año  de  la  olim- 
piada 89.  Este  escrito  debe  ser,  pues, 
sólo  posterior  en  algunos  afios  al  en- 
cuenlro  de  Delium.  A  otro  diáioj;o  de 


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JENO 


JENO 


JEQU  23» 


^EMOPOWTfc,  el  ffitrif»,  s«  tsig^nt  It 
fecha  de  402.  Bntre  el  BafiqMeU  j  el 
Bitr^,  debió  seguir  Is  escuela  de 
elocuencia  de  Iiócrates,  caja  influen- 
cia, bajo  el  panto  de  vista  del  estilo, 
parece  manifiesta  á  los  ojos  de  la  crí- 
tica en  la  segunda  de  aquellas  obras. 
Pandado  en  este  dato,  se  cree  que 
títíó  de  405  ¿  401  en  la  corte  de  Dio- 
nisio el  Antiguo,  tirano  de  Sicilia.  En 
la  misma  época  acabó  t  publicó  la 
Hiitoria  de  ta  puerta  del  Peloponeso, 
dil  Tucídides,  eujo  manuscrito  sólo  él 
poseía.  En  401,  Jbnoponts  partió 
par*  el  Asia,  llamado  á  la  corte  de 
Ciro  el  Joven,  Sócrates,  á  quien  había 
connltado  previamente,  no  había 
querido  ni  retenerle  ni  obligarle  & 
abandonar  la  Grecia,  aconsejándole 
que  se  atuviera  al  oráculo  de  Delfos; 
pero  Jenofonte,  ¿  quien  aquel  viaje 
halagaba  vivamente,  en  lugar  de  pre- 
giiutar  si  haría  bien  Ó  mal  en  em- 
prenderle, ae  limitó  ¿  consultar  qué 
«icriGcio  debería  hacer  para  atraerse 
el  favor  de  los  dioses.  A  su  vuelta  de 
Delfos,  saludó  á  su  maestro  j  se  em- 
barcó. En  Cerdeña  encontró  á  Próxe- 
nes,  enviado  antes  ({ue  él  &  la  corte 
de  Ciro,  fiste  príncipe,  que  iba  á  em- 
prender contra  Artajeijes  la  lucha  en 
qae  perdió  la  vida,  no  dijo  nada  i 
JisOFOUTE  ile  sus  piojrectos;  Clearco 
eñ  el  único  de  los  griegos  que  estt- 
b*  en  el  secreto  de  U  expulición,  j 
ftij  el  que  hizo  partícipe  de  él  i  Jeno- 
fonte. Después  que  la  lucha  contra 
Artajerjes  se  desenlazó  con  la  victo- 
ria de  Cunaxa  j  con  la  muerte  de 
Ciro,  la. situación  de  los  griegos  que 
éste  tenía  i  sueldo  se  hizo  por  extre- 
mo crítica;  situación  que  se  agravó 
canudo  Clearco  y  otros  veinticuatro 
jefes  del  ejército,  calendo  en  un  lazo 
tendido  por  Tisapherno,  fueron  asesi- 
nados. Én  earte  momento  es  donde 
comienu  «1  verdadero  papel  de  Jbno- 
roNTB.  Cuando  todo  parecía  perdido, 
cuando  los  griegos,  distantes  más  de 
seiscientas  leguas  de  su  paísj  en  una 
tierra  desconocida  j  hostil,  privados 
de  los  jefes  en  que  tenían  puesta  su 
confianza,  estaban  próximos  á  des- 
bandarse para  buscar  individualmen- 
te sa  saWaci  'n,  Jenofonte  reanimó 
el  valor  de  los  soldados,  demostró  c^ue 
nn  ejército  de  10.000  hombres,  bien 
armados  j  disciplinados,  podía  mu- 
cho; reuniendo  á  los  principales 
capitanes,  logró  que  adoptasen  sus 
ideas.  Conseguido  esto,  fué  elegido 
con- otros  cuatro  para  ejercer  el  man- 
do, y  aunque  colocado  en  último  tér- 
mino por  ser  el  más  joven  de  ellos,  fué 
en  realidad  el  alma  de  acjuella  sorpren- 
dente retirada  de  lot  Diex  mil,  que  ha 
'inmortalizado  al  historiarla.  Jeno- 
fonte no  abandon  ')  el  ejército  que  ha- 
bía salvado  basta  después  de  haberle 
entregado  en  manos  de  Tjrmbrón,  á 
las  óraenes  del  cual  los  mercenarios 
griegos  Volvieron  al  Asia  á  hncer  la 
guerra  contra  Pharnabaza  y  Tisapher- 
no i  sueldo  de  Esparta  (399).  En  el 
momento  en  que  Jbnofüntb  entraba 
en  Atenks,  Sócrates  era  condenado  á  ! 
muerte.  Puede  suponerse  que  en  esta  | 


épooa  faé  eaando  escribió  los  Dichot 
mmorahlet,  la  Apología  de  S<ícratett  la 
ScOKomía  y  la  Hipparquia,  Como  apo- 
logista de  Sócrates,  tenía  por  rival  á 
Platón;  pero  hay  motivo  para  suponer 
que  existiera  poca  simpatía  entre  am- 
bos, pues  mientras  que  Platón  no 
nombra  siquiera  i  Jenofonte,  éste 
sólo  le  menciona  una  vez,  y  á  pro- 
pósito de  un  hecho  insignifii-aute. 
Estos  trabajos  ocuparon  á  Jenofonte 
durante  el  intervalo  que  separa  su 
vuelta  de  Asia,  con  los  Diez  mil,  de 
su  marcha  al  mismo  país  á  las  órde- 
nes de  Agesilao.  Su  unión  al  ejército 
expedieionario  del  rejr  de  Esparta  se 
debió  á  un  decreto  de  destierro  pro- 
nunciado contra  él  á  causa  de  su  mco- 
HÜmo;  esto  es,  de  su  adhesión  á  la  La- 
cedemonia.  Sólo  por  un  error  pudo 
Pausaoias  retrogradarla  fecha  de  este 
decreto  á  la  épsca  en  que  Jenofonte 
partió  con  el  ejército  de  Ciro,  sin  ver 
que  él  mismo  nos  muestra  que,  á  su 
vuelta  de  la  retirada  de  lot  Diet  mil, 
todavía  no  había  sido  desterrado. 
Acompañó,  pues,  i  Agesilao  al  Asia, 
volvió  con  este  príncipe  cuando  la 
coalición,  excitada  por  los  medos  con- 
tra Lacedemonia,  obligó  á  la  repú- 
blica á  poner  sobre  las  armas  á  su 
dército,  y  se  halló  al  lado  del  rey  de 
Esparta  en  la  batalla  de  Goronea. 
A  los  atenienses,  aliados  de  los  teba- 
nos  en  aquella  guerra,  les  costó  no 

Soco  trabajo  perdonar  i  sus  conciuda- 
anos  el  haber  peleado  contra  ellos;  y 
sólo  al  cabo  de  veintisiete  años  se 
decidieron  á  derogar  el  decreta  de 
destierro.  Jenofonte  pasó  todo  aquel 
largo  período  en  Esparta.  Se  había 
casado  á  la  vuelta  de  su  primera  ex- 
pedición al  Asia  y  tenia  dos  hijos,  á 
quienes  se  llamaba  los  Dioscuros,  no 
sabemos  si  porque  eran  gemelos  ó  por 
su  agilidad  en  la  equitación  7  en  los 
juegos  circenses.  Parece  ser  que  pose- 
yó en  Scillonte,  entre  Esparta  y  Olim- 
pia, considerables  dominios,  que  le 
habían  sido  donados  por  Esparta,  lle- 
gando á  decir  Pausanias  que  se  le  ha- 
bía hecho  el  presente  ds  la  ciudad  de 
Scillonte,  colonia  de  Lacedemonia,  lo 
que  es  imposible,  pudiendo  admitirse 
sólo  que  los  lacedemonios  le  hubieran 
conferido  su  gobierno.  Sin  embarg^o, 
Jenofonte  no  habla  de  nada  parecido 
á  esto,  por  más  que  se  detenga  con 
complacencia  en  describir  en  el  Ana- 
batio.  su  estancia  en  Scillonte.  En 
aquel  hermoso  retiro  es  doude  escri- 
bió el  Analasio  (retirada  de  los  Diez 
mil),  la  Cyropedia,  los  Cynegéticos,  el 
Tratado  de  la  F^uitacidn,  y  <íonde  aca- 
bó las  Helénicas,  de  las  que  ya  había 
escrito  anteriormente  dos  libros  para 
continuar  la  Hittorxa  de  Tucídides.  Allí 
vivía  en  reposo  hacía  cerca  de  veinti- 
cuatro afios,  cuando  los  helenos  inva- 
dieron  aquel  territorio  (368);  los  do- 
minios de  Jenofonte  fueron  devasta- 
dos y  él  mismo  tuvo  que  emprender 
la  fuga.  Entonces  se  retiró  á  Lepreum 
y  después  á  Corinto,  llevándose  con 
él  á  sus  dos  hijos.  Al  año  siguiente, 
los  atenienses,  á  propuesta  de  Eubulo, 
revocaron  el  decreto  de  destierro  que 


pesaba  sobre  éh  pero  es  dudoso  que 
volviera  á  Atenas,  pues  sn  avanzada 
edad,  que  ya  frísaoa  en  los  80  afios, 
hace  creer  que  vacilara  en  cambiar  de 
domicilio.  Demetrio  de  Magnesia  su- 
pone que  murió  en  Corinto,  donde  ha- 
bía terminado  la  Cyropedia  y  las  ffelé- 
nicaSf  y  escrito  un  breve  tratado  de 
ffcoHomia  sobre  las  cuestiones  de  ha- 
cienda del  Atica,  «Antes  de  bajar  al 
sepulcro,  que  vea  al  menos  á  mi  pa- 
tria tranquila  y  floreciente,»  deda  en 
ella,  lo  que  prueba  que  el  destierro  no 
había  apagado  su  patriotismo.  Sus  dos 
hijos  se  alistaron  bajo  las  tanderas 
atenienses,  y  como  los  papelea  se  ha- 
bían trocado  en  Grecia,  siendo  enton- 
ces Atenas  aliadade  Esparta  contra  los 
tebanos,  los  hijos  de  Jenc^onte,  com- 
batiendo por  su  patria,  permanecían 
fieles  á  la  política  de  su  padre,  siem- 
pre adicto  á  Esparta,  tino  de  ellos,^ 
Grylus,  pereció  eu  Mantinea.  Jeno- 
fonte recibió  esta  noticia  en  Corinto, 
en  el  momento  en  que  celebraba  ún 
sacrificio.  Al  escucharla,  se  quitó  lu 
corona  que  tenía  en  la  cabeza;  pero 
sabiendo  luego  que  su  hijo  había 
muerto  con  valor  y  que  había  herido 
por  su  propia  mano  á  Epaminondas, 
volvió  s  ponérsela  sin  verter  una  lá- 
grima, contentándose  con  decir:  «Ta 
sabía  yo  que  tenía  un  hijo  mortld.> 
Los  escritos  de  Jenofonte  se  divi^ 
en  cuatro  series.  Escritos  histórieos: 
el  Anaiasiot  las  Helé»icAiA%  (^mpt- 
dia  y  la  Vida  de  Agesilao.  Escritos  di- 
dácticos: la  Hipparq%iat  la  Sj%itaci<ín 
y  los  Cgnege'íicos.  Escritos  políticos: 
la  República  dé  Esparta,  la  República 
de  A  tenas  y  las  Cuestiones  econ^icas 
del  A  tica.  Escritos  filosóficos  ó  mora- 
les: Dichos  memorables  de  States, 
Apología  de  Sécrates^  la  Economía,  el 
Banquete  y  el  Hierón.  La  primera  edi- 
ción, aunque  incompleta,  de  \%%.Obras 
de  Jenofonte,  se  debe  á  Ph.  Junte 
(Florencia,  1516).  La  primera  comple- 
ta fuá  emprendida  por  Melanchtnon 
(Haya,  1540),  y  Bnnqne  Estie^nedió 
en  1561-1581  una  mejor,  i  la  cóal  va 
unida  la  tradaccíón  latina.  Posterior- 
mente, Gail  (1797-1804)  hizo  una  edi- 
ción que  da ,  £  la  vez  que  el  texto  gri^ 
go,  las  traducciones  latina  y  francesa 
en  seis  tomos,  conteniendo  el  7.'  una 
rica  colección  de  variantes  y  de  obser- 
vaciones críticas.  Entre  las  traduccio- 
nes francesas  que  existen,  además  de 
la  de  Gail,  citaremos  las  de  Dacíer, 
Dumas,  Larcher,  Levesqué  y  Tal- 
bot.  De  el  A  nabasio,  la  Úgropedia^  la 
Apología  de  Sócrates,  loa  Bichos  memo- 
rables y  la  Equitaci'n,  se  cuentan  un 
gran  número  de  traducciones  y  edi- 
ciones separadas.  Una  de  las  más  no- 
tables por  su  esmero  es  la  dé  ]A:Bg%i- 
taeióH,  necha  por  P.  L.  Couvier,  y  que 
va  acompañada  del  texto  grit:go.  . 

Jénolx.  Masculino.  JáNULi. 

Jónuli.  Masculino.  Oropiúente, 
color  amarillo  claro  para  pintar. 

Jeque.  Masculino.  Voz  árabe  que 
significa  hombre  anciano,  y  se  toma 
también  por  el  superior  ó  regulo  en- 
tre los  moros,  que  gobierna  y  manda 
algún  territorio  ó  provincia,  ya  sea 


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240  JERE 


JERE 


JERE 


como  ibbfltaao^  ja  como  fiudatorio* 
l  La  alfvqa.  V^ase' Jaqub. 

ÉTiuoLOaÍA..  Antíg^ao  seque;  del 
Átabe  ckeikA. 

Jera.  Femenino.  Provincial  Extre> 
madun.  La  tierra  que  puede  arar  en 
un  día  un  par  de  bueyes.  Q  Anticua- 
do. JiSA,  banquete,  festín. 

Btiuos^Ía.  Latín  sirusy  la  tarde: 
italiano,  sera;  francés,  toir;  |>roTen- 
sal,  ser,  sera;  burgfui&ón,  lOt.-^Jera 
repreaenta  sera,  porque  la  junta  labra 
haita  la  tarde. 

Jerapellina.  Femenino.  Vestido 
TÍejo  beoho  pedazos  6  andrajoso. 

JArarca.  Masculino  anticuado.  El 
sttpenor  j  princifial  en  el  orden  de 
Ut  eoias  eclesiásticas. 

BtiuolooÍa.  Jérarqnia:  griego 
(kierárckis)t  el  que  preside  á 
las  fiestas  sagradas,  pontífice:  qui  iO- 
eripraest,  poníi/es.  (Léopold.) 

Jerarcado.  Masculino.  Titulo  6 
dignidad  de  jerarca;  tiempo  de  su  du- 
ración y  territorio  de  su  jurisdicción. 

Jerarquia.  Femenino.  El  orden  en- 
tre los  diversos  coros  de  los  ángeles 
v-los  grados  diversos  de  la  Iglesia. 
Por  extensión  se  aplica  á  otras  perso- 
nas r  cosas. 

Btiholooía.  Griego  Upapx'ct  (hie- 
rarchia ),  de  hierds,  sagrado,  j  urchein, 
mandar:  latín,  hierarekía;  italiano, 
ger^rehUi  francés,  kiérarckU;  proTen- 
sal,  winireAM,  ferarekia;  catauua,/»- 
fwvafa;  .portugués,  jflVfVMa. 

Sentid*  etimol^ico. — I.  El  griego 
Uf6^(hier4t},  sagrado,  está  en  relación 
con  ^ipoK  (gérasj,  honor,  dignidad; 
yipwv,  i^ifcrnK  (gér^  géroiUes),  an- 
cdano. 

2»  griego  géroM,  honor,  es  li- 
teralmente el  sánscrito yar4  (^)i 

jez,  de  la  raíz  j&r. 

3.  La  primera  jiearquÍa  que  cono- 
ció el  muudo  fué  positivamente  la  an- 
cianidad. 

JerArqnico,  ca.  Adjetivo.  Lo  que 
toca  j  pertenece  á  la  jerarquía. 

.Btiuolooía.  Griego  tepsp^^ixóc  (kie- 
rarekiMsJ:  latín,  hieranhiau  (en  Qui- 
CBBBAD,  Addenda):  italiano,  tf^rorcAi- 
<a;  ^neés,  kiérar^iquei  catuán,  gé- 
rdrmiekf  ea, 

JerMiiada.  Femenino.  Nombra  de 
las  lamentaciones  de  Jeremías.  |  La^ 
mentaciones. 

BnuoLoaÍA.  Jeremtasi  francés,  j¿- 
rémiade. 

1.  Jeremías.  Uno  de  los  cuatro 
profetas  mayores,  que  nació  el  a&o  630 
iintes  de  Jesucristo  en  la  aldea  de 
Anathoth,  de  la  tribu  de  Benjamín,  y 
murió  hacia  el  de  590.  En  la  imposi- 
Inlídad  absoluta  de  comprobar  los  he- 
chos relativos  á  un  personaje  tan  dis- 
tante de  nosotros,  hemos  de  conten- 
tarnos con  referir  su  vida,  valiéndonos 
de  los  confusos  datos  que  ha  dejado 
él  mismo  en  el  libro  de  sus  profecías, 
j  de  algunos  otros  esparcidos  en  di- 
versos pasajes  de  otros  libros  sagra- 
dos. &giin  ellos,  JxRsyÍAS  era  hijo  de 
Helcias,  uno  de  los  sacerdotes  de  Ana- 
thoth.  Dios  se  le  apareció  t  le  dijo: 
«Antes  de  tu  coDcepción  te  he  desti- 


nado i  ser  el  profeta  de  las  naeiones.» 
JBaBUÍÁS  era  entonces  un  niño  j  co- 
menzó profetizando  &  su  país  males 
espantosos  v  amenazando  a  sus  habi- 
tantes con  la  cólera  de  Dios,  mientras 
que  renunciaba  á  las  riquezas  j  des- 
preciaba, no  sólo  los  placeres,  sino 
hasta  los  cuidados  y  el  amor  de  su  fa- 
milia. Perseguido  por  sus  compatrio- 
tas, se  refugió  en  Jerusalén,  donde 
reanudó  sus  siniestras  prediccione'^. 
Eq  esta  ciudad  pasó  una  gran  .  parte 
de  su  vida.  Las  desgracias  que  anun- 
ciaba á  los  judíos,  entregados  casi  to- 
dos á  la  idolatría,  y  la  libertad  de 
BUS  invectivas,  pusieron  más  de  una 
vez  su  vida  en  peligro,  sin  reducirle 
al  silencio.  La  conquista  del  reino  de 
Judá  por  Nabucodonosor,  las  desdi- 
chas de  un  pueblo  gobernado  por  un 
rej  extranjero  (Sedecías),  j  por  últi- 
mo, la  ruina  de  Jerusalén  j  la  mar- 
cha de  los  judíos  para  la  cautividad, 
dieron  un  golpe  terrible  á  su  acendra- 
do patriotismo.  Entonces  fué  cuando 
verdaderamente  compuso  sus  Zatam- 
íacionee,  esos  sublimes  arranques  líri- 
cos que,  como  la  tempestad,  parecen 
conmover  hasta  los  ámbitos  del  cielo. 
Nabucodonosor  le  dejó  en  libertad  de 
seguir  á  sus  compatriotas  ó  de  quedar 
en  Jerusalén.  El  profeta  optó  por  esto 
último,  sin  duda  para  prodigar  sus 
consuelos  á  los  vencidos.  Poco  tiempo 
después,  el  gobernador  caldeo  de  la 
Judea  fué  asesinado,  jr  un  gran  nú- 
mero de  judíos,  temiendo  la  venganza 
del  rej  de  Babilonia,  hujó  á  Egipto, 
arrastrando  consigo  al  profeta  j  a  su 
discípulo  Baruch.Bn  este  país  se  cree 
que  muriera,  lapidado  quizá  por  sus 
compatriotas,  á  quienes  irritaban  sus 
reproches  ^  sus  amenazadoras  profe- 
cías. Ei  hbro  de  las  Lamentaciones, 
uno  de  los  más  inspirados  jr  hermosos 
de  las  Sagradas  Escrituras,  en  donde 
haj  tantos  libros  tan  hermosos  y  tan 
inspirados,  se  compone  de  cinco  capí- 
tulos. Cuatro  de  ellos  son  las  verda- 
deras lamentaciones,  mientras  que  el 
quinto  es  una  magnífica  plegaria.  Los 
capítulos  I,  II  y  IV  están  divididos 
en  22  versículos  y  cada  uno  de  ellos 
señalados  por  una  letra  del  alfabeto. 
No  se  sabe  si  estas  letras  han  sido  in- 
troducidas  en  el  texto  por  el  mismo 
autor  6  por  sus  comentaristas,  como 
signos  numéricos.  Se  ha  discutido  mu< 
cho  sobre  el  acontecimiento  que  ins- 

Siró  las  Lamentaciones.  Josefo  y  san 
erónimo  las  confunden  con  las  que 
el  autor  escribió  sobre  la  muerte  de 
JosÍRs,  lo  cual  no  puede  ser  sosteni- 
ble.  El  asunto  principal  no  parece  ser 
otro  que  la  ruina  de  Jerusalén.  No 
puede  concebirse  nada  más  conmove- 
dor, más  patético,  que  las  quejas  (^ue 
arrancara  al  poeta  la  caída  de  la  rema 
de  las  ciudades;  nada  más  tierno,  que  \ 
las  ardientes  súplicas  que  dirige  & 
Dios  en  favor  de  la  ciudad  abandona- 
da. Además  de  este  libro,  escribió  otro 
de  Lamentaciones  sobre  la  muerte  de 
Josías,  que  no  ha  llegado  á  nosotros, 
y  otro,  de  Profecías,  en  52  capítulos. 
Esta  obra,  considerada  literariamente, 
tiene  el  defecto  de  todas  las  de  su  gé- 


nero; está  redactada  en  términos  tan 

oscuros,  los  pensamientos  del  escritor 
están  tan  desordenados,  que  casi  es 
imposible  dar  con  su  verdadero  senti- 
do. Aumenta  la  dificultad  que  ofrece 
su  interpretación,  el  desacuerdo  casi 
continuo  que  existe  entre  el  texto  he- 
breo y  el  griego,  lo  que  hace  suponer 
que  los  Setenta  no  tuvieron  á  la  vista 
la  versión  hebraica  que  nosotros  po- 
seemos. jBB::if.'AS,  sin  embargo,  nr> 
escribió  en  el  estilo  pomposo  j  solem- 
ne de  los  otros  profetas;  sus  frases  son 
siempre  enérgicas,  pero  sencillas, has- 
ta el  punto  de  aue  signaos  comenta- 
ristas, entre  ellos,  el  mismo  san  Je- 
rónimo, las  han  tachado  de  trivialidad 
desaliño.  Esto,  no  obstante,  se  pue- 
e  afirmar  que  el  secreto  de  las 
«¿NteooMs  es  la  sencillez  de  Jbrb- 
uÍAS,  como  el  secreto  de  la  /¿<MEa  es 
la  imponente  sencillez  de  Homero. 

Etiuolooía.  Uno  de  los  cuatro 
grandes  profetas.  Su  nombre  está  com- 
puesto del  verbo  hebreo  ramnm  (ha 
cantado,  ha  elevado  ó  ensalzado)  j  del 
sustantivo  lah  (Dios);  cjmo  quien  ^i- 
ce:  grandeza,  elevación  de  Dios.  Nació 
el  año  630  antes  de  Jesucristo.  Se  le 
atribuje  el  admirable  salmo  cxxxvi, 
¿'uper  ^vmina  Bahglonit,  que  se  halla 
traducido  en  todos  los  idiomas  por  los 
mejores  poetas,  j  en  el  nuestro  por  el 
padre  Fra^  Luis  de  León.  Los  Treno»  ó 
Lamentaciones  de  JbbbmÍas  están  di- 
vididos en  cinco  partes  ó  capítulei; 
cada  capítulo  consta  de  22  estrofaa  6 
períodos;  j  cada  período  empieza  oon 
una  de  las  22  letras  del  alnoeto  he- 
breo, Aleph,  Beth,  Ghimel,  Daleth,  et- 
cétera. Los  sirios,  los  árabes  v  los 
persas  siguen  aún  hoj  día  la  misma 
costumbre,  como  recurso  mnemónico 
ó  mnemotéenico,  en  los  escritos  sen- 
tenciosos y  demás  cujas  partes  no 
tienen  mucha  ilación  éntre  lí.  (Hon- 

LAU.) 

^»ña.— Cuando  los  judíos  salie- 
ron de  Jerusalén  para  el  cautiverio  de 
Babilonia,  entonaron  el  magnífico  sal- 
mo de  Jeremías:  De  lo  profundo  ekmé 
á  tlf  ¡oh  Señoril  y  la  inspiración  del 
gran  profeta  retumbó  al  mismo  tiem- 
po en  el  centro  del  globo,  en  las  altu* 
ras  de  Bethel  j  en  la  cumbre  del  Gá\- 

Sota,  testigo  de  la  Redención ,  s^pin- 
a  <;una  del  género  humano.  Touvía 
bov  se  enseña  á  los  peregrinos  cris- 
tianos el  camino  de  la  cautividad.  Jbbb- 
HÍAS  vivió  en  una  grutn,  que  euste 
aún  en  los  alrededores  del  valle  llama- 
do de  la  Gehenna,  entre  la  gruta  de 
los  Apóstoles  y  el  Campo  de  Sangre, 
comprado  con  los  treinta  dineros  de 
Judas,  á  muj  poca  distancia  del  gran 
valle  de  Josa'at.  La  gruta  tiene  en- 
frente el  monte  de  Sión  y  la  famosa 
puerta  de  David.  Desde  aiuel  hojo 
(porque  la  gruta  de  Jeremías  no  es 
más  que  un  hojo  practicado  en  la 
roca)  ojó  el  profeta  el  llaoto  de  los 
niúos  judíos  que  eran  bautizados  con 
fuego  en  el  valle  del  Hijo  de  ffinmín^ 
bárbara  idolatría  contra  la  cual  pidii 
justicia  al  cíelo  la  voz  poderosa  de 
aquella  conciencia  inspirada  j  subli- 
me. Jamás  ningún  pseta  ha  dado  ¿ 


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JERI 


JERI 


JERO  241 


lua  eáatoi  mu  loaoridad  mi»  «rmo- 
niosa,  «na  éntonaciiSn  mÍM  robusta, 
u&a  idealidad  mia  imponente,  un 
sentimiento  mis  proñindo,  nn  eapíri- 
ta  jnás  Teligioio.  iCñríotidad  ineom- 
prensiblel  El  más  afortunado  de  los 
mortalesr  Salomón;  el  más  afligido  de 
los  hombres,  Job;  la  mis  contrariada 
de  Ub  criaturas,  el  inmenso  poeta  de 
las  Zmwuntacionet,  Jbbbicías,  son  los 
tres  genios  á  quienes  debe  el  mundo 
la  pintura  más  formidable  de  las  mi- 
senas  de  la  humanidad,  al  mismo 
tiempo  que  pre^naban  con  su  fe  el 
santo  misterio  de  su  grandeza.  ¡Abl 
Si  la  Biblia  desapareciese  de  la  tierra, 
la  humanidad  quedaría  casi  i  oscu- 
ras; pero  la  Biblia,  como  las  estrellas 
del  firmamento,  no  puede  negarnos 
n  luz.  Bn  fin,  JsBnnas,  más  que  nn 
hombre,  es  Una  erocación  solemne 
del  espíritu  de  la  historia,  una  c^ue- 
rella  arrebatadora  de  la  eoneiencia  de 
la  humanidad. 

2.  Jeremias.  Masculino.  Nombre 
que,  por  alusión  al  célebre  profeta,  se 
da  á  la  persona  llorosa  6  quejumbrosa 

HzwoLoaü.  Jermias  1 . 

Jera  (Francisco).  Historiador  es- 
paftol  del  siglo  XVI.  Acompañó  &  Fran- 
ciseo  Pizarro  en  sus  expediciones  j 
eieribió  ana  Historia  d$  la  eononitta 

Jeras.  Hasoulino.  Nombre  de  un 
Tino  procedente  de  la  ciudad  de  este 
nombre.  Yéaae  Cádiz. 

EmiOLoaU.  Ijitín  C^iMam,  Cwi- 

Jeresano,  na.  AdjetÍTO.  El  natu- 
ral de  Jerez  j  lo  perteneciente  á  los 
pueblos  de  este  nombre.  Se  usa  tam- 
bién como  sustantivo. 

Jerga.  Femenino.  Tela  gruesa  j 
rústica.  Tómase  también  por  cual- 
quier especie  de  paño  grosero,  sea  de 
lana*  de  pelo  ó  cáñamo,  y  Jebiochu; 
7  asi  se  otee:  habla  en  JBBaa.  |  Jaa- 
a6as,  H  EsTAB  ó  ponib  una  cosa  bn 
JUOA.  Fiase  familiar.  Haberse  em- 
pezado T  no  estar  perfeccionada. 

Jergón;  Mascuuno.  Funda  gruesa 
ea  forma  de  colchón,  que  se  llena  de 
pija,  atocha  ó  cortaduras  de  papel.  || 
Metáfora.  Vestido  mal  hecho  j  poco 
ajustado  al  cuerpo.  |  Metafórico  y  fa- 
miliar. La  persona  gruesa,  pesada, 
tosca  jr  perezosa. 

Etuiolooía.  Jcrjfa. 

Jerguera.  Femenino.  Especie  de 
sauce. 

Jergaeral.  Uasculiao.  Sitio  hú- 
medo que  abunda  de  jergueras. 

Jergueta.  Femenina  diminutivo 
dfl  jerga. 

Jergnilla.  Femenino.  Tela  delga- 
da de  seda  ó  lana,  ó  mezcla  de  una  j 
otra,  que  se  parece  en  el  tejido  á  la 

^  %ri£axgo.  Masculino.  Empleo  ó 
digpidad  de  jerife. 

Jerife.  Masculino.  Nombre  de  dig- 
nidad que  se  da  entre  los  moros,  por 
la  Doblexa  que  ¿Uos  atribujren  á los 
descendientes  de  su  fitlso  profeto. 

BrnoLOoU*.  Axabe  «iw^  noble: 
catalán,  y«ri/'. 


Jerigonza.  Gbbioonza.  La  forma 
jerí^tnea,  que  trae  la  Academia,  no  es 
conforme  al  origen  del  rociólo. 

i2f»fla.— Jerigonza,  y  mejor,  yífí- 
^OHza,  ^iri^onza.  «Díjose  cuasi  gregi- 
gonxa,  porque  en  tiempos  pasados  era 
tan  peregrina  la  lengua  griega,  que 
aun  pocos  de  los  que  profesaban  la- 
cnltades  la  entendían,  y  así  decían: 
hablar  griego  al  que  no  se  dejaba  en- 
tender; Ó  se  dijo  del  nombre  «yrw, 
gyri,  que  es  vuelta  y  rodeo...»  (Cova- 
BBUBiAS.1— Esta  última  es  la  verdade- 
ra etimolojgfa,  j  la  misma  que  da  Ro- 
sal,— Gengonxa  se  eompone  do  girar 
y  de  yotue  ó  gotae;  asf  es  una  gerigoa- 
ta  ójerigtmzar,  como  se  dijo  antigua- 
mente, girar  las  rilabas  (como  de  Aar^ 
ta  hacer  takurL  hacer  girar  las  pala- 
bras, como  sobre  un  gozne,  trastocar 
las  razones  6  argumentos,  armar  un 
guirigay,  etc.  (Ik&NLAü.) 
Jerigonzar.  GBftiaoHzAB. 
Jeringa.  Femenino.  Instrumento 
compuesto  de  un  cilindro  Ó  cañón 
grueso  de  metal,  en  cuto  extremo  se 
ajusta  otro  cañoncito  delgado,  por  el 
cual  se  atrae  un  líquido  cualquiera  al 
hueco  del  cilindro,  y  después  ae  arroja 
con  fuerza  hacia  el  punto  que  se  quie- 
re por  medio  del  empuje  del  émbolo. 
I  Atuda.  Instrumento,  etc. 
EtiuolooIa.  Antiguo  eeringa:  (pe- 
go oúpiYí  ( sgrigx),  tubo:  latín,  tgringa, 
en  Vegecio;  italiano,  ««Vtn^d,  tcilivga; 
francés,  seringue;  portugués,  teringa; 
provenzal,  sirtngua;  catalán,  aerínga. 
Jeringación.  Femenino.  Jibimoa- 

DURA.' 

Jeringado,  da.  ^irtieipio  pasivo 
de  jeringar. 

ETiiiOLOofA.  Jeringar:  catalán,  «e- 
ringat,  da;  francés,  $&ring%é. 

Jeringador,  ra*  Sustantivo  j  ad- 
jetivo. Que  jeringa. 

Jeringadura.  Femenino.  Acción  6 
efecto  de  jeringar. 

EtuolooíA.  Jeringar:  catalán,  Ke~ 
ringada. 

Jeringamiento.  Uasculíno.  Js- 

RINOADUBA. 

Jeringar.  Activo.  Arrojar  por  me- 
dio de  la  jeringa  el  líquido  con  fuer- 
za y  violencia  á  la  parte  que  se  desti- 
na. I  Introducir  en  el  vientre  con  la 
jeringa  algún  licor  para  limpiarlo  y 
purgarlo.  1  Metáfora  familiar.  Moles- 
tar o  en&dar,  en  cujo  sentido  se  dice, 
hablando  de  quien  nos  incomoda: 
¡cuánto  me  jbbinoaI  {Bien  me  ha  »- 
RiNOADo!  ^Cuándo  se  hartará  de  }e- 

BINOAUfB? 

ErucfOXiofA.  Jeringa:  francés,  teriih 
gaerf  catalán,  aeringar,  xirin^ar. 

Jeringativo,  va.  Adjetivo.  Que 
jeringa  o  sirve  para  jeringar. 

Jeringazo,  Masculino.  Acto  de 
arrojar  ellíquido  que  está  introduci- 
do en  la  jeringa,  y  también  el  mismo 
licor  así  arrojado. 

EtiuolgoÍa.  J^nga:  catalán,  a«~ 
rtngassa. 

Jeringuilla.  Femenino  diminuti- 
vo de  jeringa.  ,|  Flor  blanea  y  muy 
fragante. 

Jeringuita.  Femenino  diminutivo 
de  jeringa. 


-  Jéijenn.  Femenino  antleudo. 
Cierta  jpiedia  preciosa. 

J«i3«s.  Quinto  rej  de  Persia,  hijo 
de  Darío  I.  Sucedió  á  su  padre  en  485 
antes  do  Jesucristo,  en  perjuicio  de  su 
hermano  Artabazo;  sometió  al  Egip- 
to, que  se  había  sublevado;  emprendió 
la  segunda  guerra  de  Media;  invadió 
la  Grecia  con  nn  eiéroito  de  un  millón 
de  hombres,  que  atravesaron  el  He- 
lesponto  sobre  un  puente  de  barcas, 
después  de  haberse  roto  uno  por  las 
tempestades,  lo  que  hizo  que  Jbbjbs 
mandara  azotar  al  mar  y  dar  muerte  á 
los  que  habían  dirigido  la  oonstruo->- 
cíón.  Marchó  después  hacia  el  paso  de 
las  Termópilas,  donde  300  esparta-* 
noi,  mandados  por  Leónidas,  detn» 
vieron  algún  tiempo  á  su  inmeiiso 
ejército;  incendió  a  Atonas;  tomó  á 
Tebas  V  á  Platea;  pero  habiendo  sido 
destruida  su  escuadra  en  Salamina, 
volvió  al  Asia,  dejando  un  ejército  en 
Grecia.  Perdió  las  batallas  de  Micale 
y  de  Platea,  en  479,  7  fué  muerto 
en  472  por  Artabán,  capitán  de  su 
guardia. 

Jerjirína.  Femenino  anticuado. 
BachiUera,  habladora. 

Jeroboam  I.  Rev  de  Israel,  que 
murió  en  954  antes  de  Jesucristo.  Fué 
hijo  de  Nabat,  de  la  tribu  de  Efrafn, 

Ír  encargado  por  Salomón  de  eobrar 
08  impuestos,  escuchaba  las  oonti- 
nuas  quejas  de  los  pueblos,  que  se  la- 
mentaban de  las  prodigalidades  de 
Salomón,  y  se  interesaba  en  sus  con- 
flictos, lo  cual  le  dió  gran  populari- 
dad. Habiéndole  anunciado  el  profeta 
Ahías  que  llegaría  á  ser  rej  de  diez 
tribus,  Salomón  quiso  deshacerse  de 
él,  y  sólo  se  libró  de  la  muerte  hu- 
jendo  á  Egipto.  Roboam,  hijo  v  suce- 
sor de  Salomón,  no  quiso  escuchar  los 
consejos  de  jBROBOAy,  ni  aliviar  las 
cargas  de  sus  pueblos,  lo  cual  produjo 
la  separación  de  diez  tribus,  que  pro- 
clamaron rej  á  Jbboboau.  Este,  ^ara 
asegurar  au  dominación,  fortificó 
las  ciudades,  7  á:  fin  de  distraer  á  su 
pueblo,  estableció  el  culto  del  becerro 
ae  oro,  fundando  templos  para  este 
ídolo  en  Bethel  7  en  Dan,  y  nombran- 
do sacriñcadores.  El  profeta  Judón  se 
presento  á  reprenderle,  7  como  el,re7 
alzara  la  mano  sobre  él,  la  mano  se 
le  secó  V  se  partió  el  ara  de  los  sacri- 
ficios. Curado  por  la  intercesión  del 
mismo  profeta,  persistió  en  sus  extra- 
víos, hasta  que  murió  á  los  veintidós 
años  de  reinado. 

Jeroboam  II.  607  de  Israel,  hiio 
de  Joás,  que  murió  en  785  antes  de 
Jesueristo.  Sucedió  á  su  padre  en 
mientras  que  Amasias  reinaba  en 
Judá.  Estableció  su  capital  en  Sama- 
ría; imito  7  excedió  en  impiedad  á 
sus  antecesores;  venció  á  los  sirios, 
que  le  habían  despojado  de  una  par- 
te de  su  torritorio,  7  reinó  pacífica- 
mente cuarenta  años. 

Jerofonte.  Masculino.  Ántígieda- 
deu  Sacerdote  griego  que  enseñaba 
los  misterios  á  los  iniciados. 

Etiuolociía.  Griego  Uponivn];  (hie- 
rophánlesj;  de  Upó;  (Merds),  sagrado, 
7  fatvEtv  (phaUÜiaJt  niostrar;  «mos- 


fOMOlU 


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JERO 


tnúrUa'  wsu  sagpncUi:»  latíii,  Aí^t- 
rdpkMtat  ÜÜrdjtiMitti  fnncét,  ¡li^ 

Jeroglifico.  Maiculino.  Símbolo 
6  ñ^n  que  eontiene  cierto  lentido 
misterioio.  Usaban  estos  signos  algu- 
nos pueblos  de  la  antigüedad,  seAa- 
ladamente  los  egipcios,  j  se  conser- 
Tan  todavía  en  la  escritura  de  ciertas 
lenguas  de  Oriente.  |  Adjetivo.  Lo 
que  pertenece  al  jeroglífico. 

Etimología.  Griego  UpáyXiipoí 
riígl^phos);  de  MerÓs,  sagrado,  y^íy- 
pnetny  grabar;  «letras  sagradas,>  por- 
que los  sacerdotes  eran  los  únicos  que 
las  podían  descifrar:  latín,  Aur8gi^~ 
páicut;  italiano,  gere^li^;  francés, 
M/ro/linhff  sustaativo;  Ai&Mliphi^ 
qué^  adjetivo;  eataláut  ^«tmJí^A. 

^0«a;^Cav&ctBr  aimbiSlieo  que 
usaban  Im  •gípctoi  pam  consignar 
los  misterios  ae  su  religidn  j  los  se- 
cretos de  su  política.  Está  compuesta 
de  las  dos  voces  gribas  kUrét,  sagra- 
do, j  glyphS,  yo  graoo;  como  quien 
dice:  earactertt  sa§radot  grabado»  ó  et- 
culpiáot.  Llamábanse  sagrados,  por- 
que sólo  los  sacerdotes  sfibísn  desci- 
nvrlos.  (MoNLAU.) 

Jevomico,  ca,  llq»  U«,  to,  ta. 
Ifasculino  diminutivo  de  Jeromo,  ma. 

Jeromo,  ma.  Masculino  j  femeni- 
no. Nombre  patronímico  de  varón  j 
de  mujer.  Jebómiho,  Jbbóniua, 

JoronimiaBO,  na.  Adjetivo.  Lo 
que  pertenece  ¿  la  orden  de  san  Jeró- 
nimo. 

E^nuoLoaÍA.  JerAimó:  firanc^i, 
rcnvvUque. 

Jeroaimita.  Masculino.  Miembro 
de  la  orden  de  san  Jerónimo. 

BnuoLoaÍA.  Jtt^mot  francés,  AtV 
ronvmiíet. 

Ittuña.  1. — La  orden  de  los  jbbo- 
NiHiTAS  se  llamó  así,  porque  se  for- 
mó bajo  la  advocación  de  san  Jeróni- 
mo; pero  seguía  U  regla  de  san 
Agustín. 

2.  Se  fundó  en  Espaflia  durante  el 
siglo  XIV  y  fué  su  primer  superior 
don  Pedro  Fernando  Pecha,  camar- 
lengo de  don  Pedro  el  CriuL 

3.  Otros  autores  traen  los  siguien- 
tes datos. 

Hittoria  r^/tytOM.— Belinosos  que 
se  proponían  pot  modelo  la  vida  de 
san  Jerónimo  en  U  soledad  de  Betli^ 
leem.  Los  hubo  de  varias  clases,  á 
saber:  1.*,  de  España,  de  la  Orden 
Tercera  de  san  Francisco,  iustitiiídos 
en  1370  por  Tomás  de  Siena  y  dedi- 
cados á  la  educación  de  la  juventud, 
que  poseyeron  el  Escorial;  2.",  los  ere- 
mitas de  san  Jerónimo,  congregación 
muj  austera,  fundada  en  1380,  en  la 
Umbría,  por  Pedro  de  Pisa;  3.°,  la  so- 
ciadad  de  san  Jerónimo  de  Fiesole, 
que  seguía  la  regla  de  san  Agustín; 
y  4.°,  ios  JSKOMiMiTAS  de  la  observan- 
cia, fundada  hacia  1424  por  Lope  de 
Olmedo,  que  reformó  la  regla  de  To- 
más da  Siena. 

Jerónimo  (Sah).  Hieronywu.  Pa- 
dre de  la  Iglesia  latina,  que  nació  ha- 
cia el  año  de  331  enSiridón(Dalmacía) 
y  murió  en  420.  Siendo  hijo  de  padres 
gentiiesj  estudió  en  Ro.iia  bajo  la  di- 


JERO 

reeciÓB  dé  Donato;  se  convirtió  al  cris- 
tianismo; viajó  por  la  Galia  y  el  Asía 
y  abrazó  If  vida  monástica.  Arrojado 
por  los  cismáticos,  á  quienes  había 
combatido  con  ardor,  desertó  de  la 
Siria,  adonde  se  había  retirado;  vol- 
vió á  Roma  en  378;  fue  secretario  del 
papa  Dámaso,  t  se  retiró,  por  último, 
al  monasterio  de  Behtleem,  en  Pales- 
tina, donde  se  dedicó  sin  descanso  al 
estudio.  Las  pasiones  del  mundo,  que 
turbaron  el  alma  de  san  Janóxíiuo,  la 
agitación  de  los  viajes  j  de  las  luchas 
religiosas,  así  como  las  austeridades 
del  desierto,  agitaron  su  imaginación 
poderosa  y  dieron  á  su  estilo  una  elo- 
cuencia conmovedora  j  completarneuf 
te  original.  Este  es  el  carácter  de  la 
versión  de  las  Escrituras,  conocida 
por  la  V^ilgata  y  adoptada  por  ü  Con- 
cilio-de  Trento,  como  U  única  canó- 
nica. Sin  embargo,  donde  más  á  lai 
claras  se  mani0esta  el  estilo  fogoso  y 
viril  de  SAN  Jbkóniho,  es  en  sus  es- 
critos polémicos  contra  Joviniano, 
Pelagio  y  Vigilancio.  Entre  sus  obras 
históricas,  la  más  célebre  es  la  tra- 
ducción de  la  Crónica  de  Eutebio.  Ade- 
más dejó  una  colección  de  Cartas  fa- 
niliares,  verdaderos  modelos  de  ele- 
gancia 7  de  inspiración.  Muchas  de 
ellas  contienen  elogios  fúnebres,  bio- 
grafías de  santos  ascetas  j  reOexiones 
^  discusiones  sobre  la  Biblia.  Las  me- 
jores ediciones  de  sus  obras  son:  la 
de  Martina;,  París,  1639-1706  (5  vo- 
lúmenes en  folio),  T  la  de  Mafifei,  Ve- 
neeia,  1770.  La  úrlwia  católica  cele- 
bra su  fiesta  el  30  de  Septiembre. 

Etiuolooí A.  Griego  *lEpúvu[i,oc 
(ffierónymosj;  de  hieróSy  sagrado,  7 
oiMfma,  nombre:  latín,  ffíerdnymns; 
catalán,  Geroni,  Jerónimo;  <7er(fním,  a, 
religioso  de  san  Jerónimo. 

Heteña. — Todavía  se  conserva  en 
Bethleemla  habitación  humildeenque 
SAN  Jbróniico  tradujo  la  Biblia,  del 
mismo  modo  que  nna  palmera,  sem- 
brada por  su  mano  en  ün  jardín  pró- 
ximo. Cuando  se  penetra  en  aquel 
aposento,  idealizado  por  la  poesía  sa- 
grada de  tantos  arcanos  j  de  tantos 
sigloi,  se  nos  figura  que  todo  el  mun- 
do comparece  ante  el  genio  de  aquel 
coloso  dd  siglo  IT. 

Jerónimo  de  Praga.  Cilebrehe- 
resíarca  del  siglo  xr,  ami^  y  discí- 
pulo de  Juan  de  Huss.  Nació  en  1378 
Y  estudió  en  París,  Colonia  y  Heidel- 
berg.  Hombre  dotado  de  un  talento 
sutil,  pero  de  menos  entereza  de  ca- 
rácter que  su  maestro,  á  pesar  de  ha- 
berle defendido  con  vigor  en  el  Con- 
cilio de  Constanza  (1413),  no  tardó  en 
abjurar  de  sus  opiniones  por  temor  al 
suplicio.  Libre  de  la  prisión  á  que  con 
Juan  de  Huss  había  sido  reducido,  y 
creyéndose  á  salvo  de  todo  peligro, 
volvió  á  emprender  sus  predicaciones. 
Pero  éstas  duraron  bien  poco,  porque 
vuelto  á  caer  en  manos  de  sus  perse- 
guidores, fué  quemado  vivo  en  Cons- 
tanza en  1416,  como  hereje  relapso. 
Sus  escritos  han  sido  coleccionados 
con  los  de  su  maestro. 

Jerónimo,  ma.  Adjetivo.  Lo  que 
pertenece  á  la  orden  de  san  Jerónimo 


JPSÜ;, 

d  i  individuos;  7  asi  se  dice:  moa- 
je  naÓNiMO.  monja  ishón^ua.  Se  usa 
también  como  sustantivo  en  ambas 
terminaciones. 

Jerora.  Femenino.  Rosa  de  Jericó. 

Jerosolimitano,  na.  Adjetivo.  £! 
natural  de  JerusaLén  ó  lo  pertene- 
ciente á  esta  ciudad. 

EmoLOQÍA.  Jenualtm:  latín,  kii- 
rosiilyviií&itKt;  aUMa^JfrotiUm  y  it- 
rosolinilá^  na. 

JeroTÍn.  Masculino.  Nombre  de 
un  peso  usado  en  el  Cairo,  eqniva- 
leote  á  unas  200  libras. 

Jerpa.  Femenino,  ffl  ttnniento 
delgado  r  estéril  que  echan  las  ^- 
desporla  parte  ot  abigo  j  junto  al 
tronco. 

Jer^Mria.  Femenino  anticuado. 
El  sitio  donde  se  matan  los  carneros^ 

Jerrícote.  Masculino.  Especie  de 
guisado  ó  potaje  que  se  compone  de 
almendras,  azúcar,  salvia  v  jengibre, 
cocido  todo  en  caldo  de  gallina. 

Jertas.  Femenino  pluraL  0trmá^ 
nia.  Las  orejas. 

Jeroaalén.  Femenino.  Bistoria  sa- 
grada. Ciudad  cajutal  de  la  Juda», 
teatro  de  U  íodeneión  d«t  género  hu- 
mano. 

Etimología.  Del  hebreo  leroutclU' 
iMtn,  lertmsckalm,  que  significa  «- 
sióñ  de  pat,  visión  per-fecta.  Ue  dicha 
vos  hicieron  los  griegos  y  los'  latióos 
Hyerotolyma  (de  Aierot,  santo;  sagra- 
do; esto  es,  la  Santa  Salem^  la  ciudad 
sagrada)  7  leros&lem.  La  ciudad  san- 
ta, fundada  en  el  Asia  por  el  smno 
«acerdote  Melquiaededi,  recibió  Mi* 
nombre  de  Salem  (ciudad  de  la  pat). 
a&adido  ^  modificado  de  varios  mo- 
dos en  diversas  épocas.  (Monlau.) 

JervigoiUef.  Femenino.  Género  de 
calzado  que  cubría  el  pie  y  parte  de 
la  pierna. 

Jervilla.  Femenino  antieatdo. 
Sbrvilla. 

Jese.  Masettlino.  Especie  de  pes- 
cado del  género  ciprino. 

Jesita.  Femenino.  Especie  de  cen- 
cha univalva  del  Mediterráneo. 

Jeso.  Masculino.  Nombre  de  na 
dardo  que  tenía  un  codo  Üe  Utig», 
medio  cuadrado  y  de  punta  mujegu- 
zada.  I  Jbsb. 

Jestari.  Femenino.  GermtuiU*  La 
caja.  ^ 

Jesnato.  Masculino.  Histm*  ttte- 
siásíica.  Individuo  de  una  congrega- 
ción de  frailes  laicos,  que  san  Juan 
Colombino  fundú  en  Siena  para  eoe- 
sagrarse  al  cuidado  de  los  pobres  y  « 
los  enfermos.  La  aprobó  Urbano  v, 
en  1367,  y  seguía  la  regla  de  sin 
Agustín. 

Etiuolooía.  Jesús:  bajo  latín»  jf" 
swUi,  plural;  catalán,  yffn(«í»;£f»"*'' 
Júnate* 

Jesncristo.  Masculino.  Non^' 
sacrosanto  de  nuestro  Redentor  el  ni- 
jo  de  Dios  hecho  hombre.  Se  compone' 
de  las  palabras  Jbsús,  qne  sig^íj*" 
Salvador,  y  Chisto,  que  -sigoihca 
UHOIDO.  9  ¡Jesucristo  ub  valo*- 
elaaaeiui  con  que  significamos  que 
nos-vemos  en  un  grave  apuro; 
en  peligro  de  muerte.  Snale  amF>*^' 


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.....    JÉstI  . 

m  «b  tentido  ftsliro,  para  expresar 
«B.  movimÚBto  de  aorprasa.  |  Este 
auito  nombre  ñgni*  en  varias  locu- 
ciDuumdgaies,  ora  come  eonjurOf  ora 
como  proverbio;  y  así  ñ  dice:  «ni  Js- 
socteno  IaIu  de  valer,  si  Mñgo  i  co- 
gerle'.» (  Tambiéa  se  emplea  Trecaeil- 
téminte  ea  M^tiok  de  íaterjeccióu, 
como  cuando  decimofi:  ¡JasncftisTO  de 

«•jl¿M/¡JBeUCRÍáTO«£0.'¡jBSUCBISTO! 

Nos  valemos  de  las  aoteriores  iater- 
jeceioaes  {fau  manifestar  admiración, 
•xtrañeza ,  entusiasmo.  ||  Hisi  .rio. 
Orden  de  JasucblSTO.  Orden  de  caba- 
llería instituida  ep  AvígQ.5n,  en  1320, 
por  el  sumo  pontífice  Joan  XXII.  Su 
insifpnia  era  una  erus  de  oro,  esmal- 
tada de  rojo,  contenida  en  otra  del 
mismo  metal. 

Etiuolooía.  Jesit  j  Cristo:  catalán, 
JefucrUí;  fr&ncés,  JÜMt-Ckrití;  latín 
de  la  lg\e»iií,J¿tus-Ckritíut. 

Jescuta.  Masculino.  Beligioso  del 
orden  de  clérigos  rag^ulares  de  laCom* 
paitía  de.  Jesús,  fundad^  por  san  Ig- 
nacio de  Lo/ola. 

EtdÍolooÍa.  Jnús:  catalán, ^Mw^; 
faíncéa,j¿t9itei  italiano,  gitsutía,  y«- 
niía, 

RtuñA. — 1.  Funddse  dicha  orden 
en  1534  para  la  enseñanza  de  la  ju- 
ventud j  el  servicio  de  las  misiones. 

2.  La  abolió  el  papa  Clemente  XIV 
en  21  de  Julio  de  1773,  restablecién- 
dola Píe  Til  en  14  de  Agosto  de  1814. 

3.  Francia  expulsó  a  los  jesuítas 
en  1764  j  después  en  1881. 

4.  España  los  expulsó  también  en 
un  mismo  día  bajo  el  reinado  de  Car^ 

losm. 

5.  Aunque  la  opinión  general  mira 
con  sozobra  la  moral  jesuítica  por 
ciertas  restricdones  mentales,  debe- 
moa  decir  que  didia  orden  ha  produ- 
cido varones  sapientísimos  en  todos 
tiempos.  Sn  constitución  es  tan  ad- 
miraole,  que  ha  hecho  de  la  Compañía 
de  Jesás  una  red  extendida  en  torno 
del  globo  en  que  habitamos.  En  don- 
de quiera  que  la  humanidad  no  esti 
dentro  de  la  Compañía,  puede  asegu- 
rarse que  la  Compañía  esÜ  dentro  de 
la  humanidad.  Créese  que  los  Jisui- 
TAS  diseminados  en  toda  la  tierra  no 
exceden  de  12.000. 

^  Lo  expuesto  esti  eonfonna  con  los 
^núentes  datos: 

1.  Orden  conocida  también  con  el 
nombre  de  Sodedadó  Compañía  át  Je- 
tés,  fondada  en  1534  por  Ignacio  de 
Lojola  j  aprobada  por  una  bula  de 
Paulo  III,  de  27  de  Septiembre  de 
1540. 

2.  Sus  fines  son:  1.",  la  instrucción 
de  los  fieles  católicos  en  la  doctrina  jr 
en  las  verdades  cristianas;  2.",  la  con- 
versión de  los  herejes  y  de  loa  in- 
fieles. 

3.  Los  medios  principales  que  em- 
plearon son  la  predicación,  la  con- 
fesión, los  ejercicio*  espirituales  j  la 
edneadón'de  la  juventud. 

4.  Establecidos  en  los  momentos  en 
que  más  necesitaba  la  Iglesia  defen- 
sores contra  los  ataques  de  la  Befor^ 
Aia,  los  JBáuiTAS,  además  de  los  tres 
votos  eomunM  a  las  dttnás  órdenes, 


obediencia,  pobreza  y  castidad,  ha- 
cían el  de  ir  adonde  quiera  que  los 
enviase  el  pontífice  contra  los  herejes, 
los  cismáticos  j  los  ínfiele». 

5.  De  Faris,  donde  puede  decirse 
que  nació  esta  orden,  pues  Ignacio  de 
Lojola  había  ido  á  aquella  ciudad  á 
estudiar  teología,  el  nuevo  instituto 
transportó  pronto  su  centro  de  acción  á 
Roma,  j  auí  se  propagó  con  tanta  ra- 
pidez que,  en  15o6,  áia  muerte  de  su 
primer  jefe,  tenía  doce  provincias  en 
Europa,  sin  contar  las  de  Africa,  las 
de  las  Grandes  Indias  y  las  del  Nue- 
vo Mundo,  por  medio  de  activos  mi- 
sioneros, españoles  los  primeros  de 
ellos,  como  Francisco  Javier,  Boba- 
dilla,  Laínez,  Rodríguez,  Salmerón 
y  el  saboyano  Pedro  Fevre. 

6.  Este  prodigioso  éxito  continuó, 
merced  al  espíritu  organizador  del 
padre  Ijaínez,  que  reemplazó  como 
general  &  Ignacio  de  Lojrola^  bajo 
U  acertada  uminístración  de  Claudio 
Acquaviva  (1581  á  1615). 

7.  Después  de  las  constituciones 
de  los  JBSUÍTAS,  su  gobierno  se  con- 
fió, con  la  autoridad  más  absoluta,  á 
un  general,  residente  en  Roma,  aseso- 
rado de  un  consejo  de  muchos  asisCenr- 
tes,  y  colocado  bajo  la  alta  vigilancia 
de  un  admonitor,  encargado  de  exami- ; 
nar  su  conducta. 

8.  Las  asambleas  ó  eowfreyaciones  i 
generales,  formadas  por  representantes 
de  la  orden,  se  verifican  regularmen- 
te para  la  elección  del  general;  tienen 

fiotestad  legistativa  y  deciden  sin  ajpe- 
ición  los  asuntos  de  más  cuantía, 
amén  de  que  pueden  convocarse  jun- 
tas extraordinarias  cuando  la  grave- 
dad de  las  circunstancias  lo  exige. 

9.  La  Compañía  está  dividida  en 
muchas  naciones  6  asistencias,  que  se 
subdíviden  en  provincias,  cuja  direc- 
ción está  confiada  á  directores  provin- 
ciales, nombrados  por  él  general. 

Jesuitesas.  Femenino  plural.  Ilis- 
torta  religiosa.  Orden  de  mujeres,  ins- 
tituida en  1534,  á  imitación  de  la  de 
jesuítas,  p6r  dos  inglesas,  Warda  y 
Tuitía.  Hacían  voto  de  pobreza,  cas- 
tidad y  obediencia;  pero  no  vivían  en 
clausura vpredicaban  en  las  iglesias. 
Urbano  VUl  suprimió  esta  orden  en 
1631. 

Jesuítica.  Familiar.  Jbsvíta,  en 
la  segunda  acepción. 

Jesuíticamente.  Adverbio  de  mo- 
do fomiliar.  Con  Jesuitismo. 

EriuOLoaÍA.  Jesuítica  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  francés,  J/suÍtique~ 
msHÍ. 

Jesuitíco,  ca.  Adjetivo.  Lo  perte- 
neciente á  la  religión  de  la  Compañía 
de  Jesús. 

ETiifOLOaÍA,.  Jesuíta:  catalán,  ^'««f- 
tich,  ca;  francés,  jésuitique. 

Jesuitisa.  Femenino.  Monja  de  la 
enseñanza  de  la  Madre  de  Dios. 

Eruioi.oQÍA.  Jesuíta:  f^ncés,  jésui' 
tesse;  catalán, /ciifiíúst». 

Jesuitismo.  Masculino.  Doctrina 
de  los  jesuítas.  ¡I  Metáfora  &miliar. ' 
Conducta  simulada;  hipocresía.  | 

ETiuoLOofa..  Jesuíta:  francés, 
ti*w>i  italiano,  yrxwtVúmo.  | 


ÍESTT  243 

Jesuitízar.  Activo.  Volver  jesuíta 
á  alguno., (Mártt  t  Caballero.) 

Jesús.  Masculino.  Nombre  adora- 
ble que  se  da  á  la  segunda  persona  de 
la  Santísima  Trinidad,  hecha  liombre. 
para  redimir  al  ^nero  humano.  || 
Usado  como  Inteijección,  sirve  para 
manifestar  admiración  ó  susto.  Usasu 
también  como  exclamación  piadosa. 
En  uno  y  otro  sentido  no  es  raro  es- 
forzar lá  idea  con  la  frase:  jJbsús  uil 
VBOBs!  y  Dbcir  los  JESUSES  equivalía 
en  lo  antiguo  á  ajudar  á  bien  morir. 
DEh  UN  DECIR  Jbsus.  Modo  adverbial. 
Muj  brevemente,  en  un  instante.  Q 
¡Jesús,  María  y  José!  Interjección 

3U8  suele  pronunciarse  todavía,  cuan- 
0  se  oje  que  alguno  estornuda.  Dí- 
cese  que  viene  esta  práctica  piadosa 
de  que  hubo  en  lo  antiguo  una  enfer- 
medad en  qué  el  estornudo  era  como 
un  síntoma  de  iniierte.  Por  conse- 
cuencia, al  oír  estornudar,  se  decía: 
¡Jesús,  MabÍa  t  JosAl  con  el  doble 
fin  de  encomendar  á  Dios  el  alma  del 
muerto  y  de  poner  por  mediadores 
aquellos  nombres  sacrosantos,  para 
librarse  de  la  calamidad. 

Etiuoloqía.  Nombre  propio  del 
Hijo  de  Dios,  diminutivo  de  Jekovah 
(el  que  es,  el  Ser  por  excelencia), 
nombre  propio  de  Dios  en  la  lengua 
hebrea. —El  monograma  de  Jesús  es 
IHS,  cifra  en  la  cual  la  ^no  es  nues- 
tra H,  sino  la  ¿to  ó  la  if  larga  majus> 
cula  de  los  griegos.  La  cifra  IHS  en 
rigor  no  es  monograma,  ni  cifra,  sino 
una  abreviatura  ai  modo  de  los  grie- 
gos, quienes  ponían  las  dos  primeras 
letras  y  la  ultima  del  nombre.  El 
acento  que  debe  llevar  la  H  (ita), 
una  veces  es  el  cincunflejo;  otras,  es 
una  tilde  6  rajita  horizontal,  y  otras 
lo  convertimos  en  una  cruz  (Monlau): 
latín  de  san  Jerónimo,  Jésus;  franzés, 
Jésus;  catalán,  Jesús. 

Jesús,  HIJO  DE  SiRAC.  Sabio  judío, 
á  quien  se  atribuye  el  Eclesiástico.  No 
se  saben  particularidades  de  su  vida, 
y  hasta  se  ignora  la  época  en  que  vi- 
vió, aunque  la  opinión  más  fundada 
le  coloca  en  el  siglo  u  antes  de  Jesu- 
cristo. Para  la  composición  de  sn  obra 
tomó  sus  apotegmas,  en  parte,  del 
Antiguo  Testamento,  y  en  parte,  de 
otras  colecciones  de  sentencias  6  gnfl- 
mos,  que  jra  no  existen,  insertando 
además  en  ella  el  fruto  de  sus  propias 
meditaciones,  inspiradas  por  la  lectur 
ra  de  las  Escrituras.  Los  protestantes 
tienen  el  Sclesiásíico  por  apócrifo. 

Jesús(Touá.s  de).  Escritor  religio- 
so español  de  la  orden  de  los  carmeli- 
tas. Se  ignora  la  fecha  de  sn  nact- 
mientovlas circunstancias  de  su  vida, 
sabiéndose  sólo  que  murió  en  16^ «, 
dejando,  entre  otras  obras,  las  si- 
guientes: De  la  contemplación  ditina; 
Espejo  de  religiosos;  Comentarios;  Com- 
pendio de  hg  arados  de  la  oración,  y  De 
la  antigüedad  y  santos  de  ta  arde»  dtl 
Carmen. 

•  Jesús  y  Jódar  (Francisco).  Car- 
melita descalzo  y  teólogo  espai^ol,  que 
nació  en  1569  y  murió  en  1643.  0.»¿o 
el  favor  de  los  rejres  Felipe  III  y  Fe- 
lipe IV  y  dig'ó  las  siguientes  obras: 


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áii  JfiTA 

Difeur$9t;  Mies  dv  los  Uiw  fnÜtH- 
do$j  EjercicUn  gspirittutUt, 

Jesús  ▼  Madrid  (Antonio  Vickn- 
n  os),  ratile  franciscano  rsseritor 
español*  que  nació  an  1702  y  mmió 
en  1770.  Sus  principales  obras  son: 
SI  Negro  más  prodigtoto;  vida  de  tan 
Benito  de  Palermo;  San  Pedro  do  Al- 
cántara defendido,  j  Crdnien  do  U  tr^ 
den  de  deteakos. 

Jesús  7  Maris  (ordbn  db).  Suto- 
ria, Orden  de  caballería,  instituida 
en  Roma  bajo  el  jpontifícado  de  Pau- 
lo Y.  Cada  caballero  debía  mantener 
un  hombre  armado  j  un  caballo  para 
la  defensa  del  estado  eclesiástico.  Era 
preeiso,  para  entrar  en  esto  orden^ 
nacer  pruebas  de  nobleza,  6  una  fun- 
dación de  600  libras  de  rents.  La  in- 
signia en  una  cnu  azul  celeste,  en 
medio  de  la  eoal  estaban  impresos  los 
nombres  da  Jesús  t  María;  en  las 
solemnidades,  los  caballeros  restían 
de  blanco. 

Jesús  Maris  (Antonio  ob).  Car- 
melita descalzo  j  hag^iógrafo  español 
del  siglo  xviu.  Perteneció  á  la  servi- 
dumbre del  marqués  de  Villena,  con 
quien  pasó  &  Méjico  en  1640;  fué  pre- 
so por  los  argelinos  en  1649  jr  murió 
algunos  años  después  en  Bspaña.  Sus 
escritos  más  notables  son:  Vida  del 
arzobitpo  de  Toledo  Motcoto  y  Sandoval 
y  Boecio  de  Con$olaei<fn. 

Jesús  Haría  (Bbrnasdo  db).  Mer- 
cenario descalzo  j  teólogo  español, 
que  nació  en  Madrid  en  1616,  profesó 
en  1632  j  murió  en  1687.  Sus  princi- 
pales escritos  son:  Teología  moral; 
Teología  escolástica  j  Sermones. 

Jesús  Maria  (Jacinto  db).  Fraile 
agustino  español  ^  capellán  castrense 
en  Filipinas.  Nació  á  últimos  del  si- 
glo XVI  y  murió  en  1631,  degollado 
por  un  pelotón  de  indios  que  manda- 
ba, al  volver  de  una  ezpeaición. 

Jesús  Maria  (José  db).  Carmelita, 
literato  y  hagíógrafo  español,  que  mu- 
rió en  1629.  eSus  escritos  mis  notables 
son:  Excelencia  de  ean  Joti;  Vida  de 
tanta  Catalina  de  Toledo;  Vida  del  ve- 
nerable padre  Juan  de  la  Criu;  Vida  de 
frag  Francitco  del  Divino  Jetút;  Sit- 
tona  de  la  Virgen;  A  labamat  de  la  cat- 
iidadf  y  Escuela  de  oraciones. 

Jesús  Maria  (Juan  de).  Carmelita 
descalzo  j  teólogo  español.  Nació 
en  1593;  pasó  á  Italia,  donde  fué  ami- 
go del  cardenal  Belarmino  ^  aun  del 
papa  Paulo  V  j  compuso  vanas  obras, 
que  se  publicaron  en  dos  tomos. 

Jesusear.  Neutro.  Repetir  mu- 
chas veces  el  nombre  de  Jesús. 

Jesusta.  Masculino  j  femenino. 
Miembro  de  una  orden  religiosa  que 
siempre  tenía  en  la  boca  el  nombre  de 
Jesús;  se  ocupaban  en  asistir  j  medi- 
cinar á  los  enfermos.  (Caballero.) 

ETiuoLoaÍA.  Es  mu^  posible  que 
jesusta  represente  jetuato,  por  errata 
de  iiqprenta. 

Jeta.  Femenino.  Los  labios  grue- 
sos y  abultados.  ¡|  Provincial  Aragón. 
BSPiTA.  ^  KbTAR  COK  TANTA  JBTA.  Fra- 
se familiar.  Mostrar  eu  el  semblante 
enojo,  disgusto  ó  malhumor. 

Jetar.  Provincial  Aragón.  Dssieir 


.íltíA 

algo  ep  cesa  líquida;  y  asf  dicen:  n- 
TAB  la  iftlsa,  JBTAB  uu  sjo  V  echarlo 
en  el  guisado.  |  Anticuado.  Bbta. 

Jeus.  Masculino  plural.  Geografía 
antúna.  Los  jbtas,  pueblos  de  la  isla 
de  fós^  en  «1  mar  Egeo.  (Plinio.) 

EriuoLOaÍA.  Latín  Jeta. 

Jete  (Granada).  Masculino.  Lugar 
vecino  al  puerto  de  Almuñécar  ó  de 
Sexif  eorrespsndiente  al  Saaetadnm 
del  Itinerario  de  Antonino  Pfo,  que 
ha  heredado  su  nombre. 

Jeto.  Masculino.  Provincial  Ara- 
gón. La  colmena  vuía,  untada  con 
aguamiel,  pan  que  aeu¿in  &  ella  los 
enjambres. 

Jetudo,  da.  Adjetivo.  El  que  tiene 
jeta. 

Jeyunar.  Neutro  anticuado.  Atu- 

HAB. 

Jesabel.  Reina  de  Israel,  que  casó 
con  Acab  por  los  años  907  antes  de 
Jesucristo.  Persuadió  á  su  marido  á 

Jue  desterrase  el  culto  del  verdadero 
IÍ08>  reemplazándole  con  el  de  Baal. 
Hizo  morir  apedreado  á  Nabot,  acu- 
sándole, por  medio  de  testigos  falsos, 
para  vengarse  de  que  no  hubiera  que- 
rido vender  su  viña  i  Acab;  bajo  los 
reinados  de  Oeozías  y  Joram,  sus  hi- 
jos, tuvo  menos  poder,  y  cuando  Jehú 
fué  une-ido  rej  de  Israel  y  recibió 
la  misión  de  exterminar  á  la  familia 
de  Acab,  después  de  dar  muerte  á  Jo- 
ram y  Oeozías,  se  dirigió  al  palacio 
que  habitaba  Jezabel,  yin  hizo  arro- 
jar por  una  ventana,  quedando  muer- 
ta en  el  acto,  y  siendo  devorada  por 
los  perros,  según  profeti/.ó  Elias. 

Jta.  Femenino.  Planta  de  la  Haba* 
na,  sumamente  espinosa. 

Jiacotin.  Masculino.  Especie  de 
faisán  de  América. 

Jibado.  Gibado.  La  foijaz  jibado, 
que  aparece  en  algunos  Dxccionariot, 
no  es  la  aceptada  con  razón  por  la 
Academia.  Eu  el  mismo  caso  se  en- 
cuentran jibadwra,  jibamiento,  jibar^ 
jiboto* 

Jibadura.  Oibaddba. 
Jibamiento.  Gibauibhto. 
Jibar.  Gibas. 

Jibaro,  ra.  Adjetivo  americano. 
Epíteto  de  loa  animales  domésticos 
que  se  hacen  montaraces,  particular- 
mente de  los  perros.  I  Metafórico  ame- 
ricano. Agreste,  grosero. 

Jibia.  Femenino.  Pescado  parecido 
al  calamar,  que  carece  de  cola  y  tiene 
dos  apéndices  en  la  cabeza.  [|  El  hueso 
blando  de  dicho  pescado. 

Etiuolooía.  Jiba,  por  semejanza 
de  forma:  francés, 

Jiboso.  Giboso. 

Jícacos.  Masculino.  Hioacos. 

Jicama.  Femenino.  Raíz  semejan- 
te á  la  yuca,  que  se  cría  eu  la  provin- 
cia de  California,  de  que  hacen  su  pan 
los  indios. 

Jicara.  Femenino.  Vasija  pequeña 
de  loza,  que  sirve  para  varios  usos,  y 
principalmente  para  tomar  chocolate. 

Etluolooía.  1.  cLatín  scgpAus,  del 
griego  <Txú<^o<;  (skyphot),  taza  para  be- 
ber.» (Anónimo.) 

2.  Por  más  oue  se  ensanchen  las 
nglas  del  método  de  la  derivación,  I 


itUk 

no  ée  puede  explicar  de  qa<  modo 
tcyphnsan  podido  tomarse  en  jIoabaí 
No  negamos  que  baja  sueedido,  pues- 
to que  faaj  ejemplos  de  corrupciones 
aún  mayores;  pero  repetímos  que  no 
hay  manera  de  explicarlo. 

Jicarazo.  Maaculíoo.  La  propina- 
ción alevosa  de  veneno. 

Jicarica,  lia,  ta.  Femenino  dimi" 
nutivo  de  jicara. 

Jicarón.  Masculino  anmentatívo 
de  jicara. 

Jicote.  Masculino  americano.  Es- 
pecie de  avispa  de  color  amarillo  y 
negro,  que  pica  terriblemente. 

Jicotera.  Femenino  americano. 
Panal  que  forman  los  jicotes  en  los 
agujeros  de  las  paredes. 

Jicrita.^  Femenino.  Saeo  en  que 
llevan  los  indios  la  comida  para  sus 
viajes. 

Jifa.  Femenino.  Lo  que  se  arroja  ó 
lo  que  falta  y  quitan  en  los  matade- 
ros cuando  se  matan  y  desenartizan 
las  reses  para  el  público. 

Etiholooía;  Arabe  djifa,  ccarue 
mortezína,»  en  Pedro  de  AleaU.  {k<Sk- 
DBMiA,  Marina,  MOllbr,  Dozv.) 

Jiferada.  Femenino.  El  golpe  dado 
con  el  jífijro. 

Jifería.  Femenino,  QI  ejercieio  de 
matar  y  desollar  las  reses. 

Etimología,  Jifa. 

Jifero,  ra.  AcQetive.  Lo  que  per- 
tenece el  matadero,  y  por  alusión  vale 
sucio,  puerco  y  soez.  ||  Masculino.  El 
cuchillo  con  que  matan  y  descuarti- 
zan las  reses.  \  Bl  oñcial  que  mátalas 
reses  y  las  descuartiza. 

EriuoLoafA.  Jifa. 

Jifia.  Femenino.  Pbz  bspada. 

Jiga.  GiOA.  La  forma  jiga,  que  trae 
la  Academia,  no  es  etimológica. 

Jigote.  GicoTB.  La  forma  j^ote^ 
que  trae  la  Academia,  no  es  etimoló- 
gica. 

Jiguilete.  Masculino.  Nombre  que 
se  da  en  la  India  á  la  planta  conocida 
en  castellano  con  el  nombre  de  añil. 

Jqallar.  Masculino.  Bl  monte  po- 
blado de  jijallos. 

Jqallo.  Masculino.  Arbusto  depoco 
menos  de  una  vara  de  altura,  cuyas 
hojas  son  muy  angostas,  cenicientas 
y  blandas.  Es  excelente  pasto  de  ga- 
nados. 

Jijo.  Masculino  provincial.  Ripio, 
materiales  menudos. 

Jijona.  Femenino.  Variedad  de 
trigo  de  buena  calidad  qne  se  cría  en 
la  Mancha. 

Jilbo.  GiLBO.  La  forma  jUbo,  que 
trae  la  Academia,  no  es  conforme  i 
origen.  La  Academia  debe  volverá  It 
forma  antigua,  única  correcta. 

Jileco.  Masculino  anticuado.  Ca- 
potillo DB  nos  HALDAS. 

ExuioLoaÍA.  Antiguo  ¡eileeo,' 
Jilguero.  GiLGUERo.  La  íotrúnjit' 

güero,  que  trae  la  Academia,  no  tleue 

raíz. 

Jílmaestre,  Masculino.  Artille- 
ría. El  teniente  de  mayoral  que  suple 
por  éstii  en  el  gobierno  de  caballds  ó 
muías  de  transporte     las  piezaS.' 

Jimagua.  Masculino  aijieriesiiO', 
Gbhblo.  • 


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JIME 

Jimená.  Femenino.  Nombn  de  U 
mnjet  del  Cid. 

ÉTiMOLoafA.  Jimeno. 

Jiménez,  Masculino  anticuado. 
Nombre  patronímico.  Bl  hijo  de  Jí- 
meno.  Hoj  sólo  se  usa  como  apellido 
de  familia. 

Jiménes  (Francisco).  Pintor  es- 
pafiol,  que  nació  en  AnrÓn  en  1598 
7  moño  en  1666.  Paad  algunos  afios 
en  Roma  con  objeto  de  perfeccionarse 
en  su  arte,  j  al  volver  a  su  país  eje- 
cutó algunas  obras  da  mérito;  entre 
ellas,  dos  cuadros  que  hav  en  la  capi- 
lla de  san  Pedro  Arouéa  de  la  catedral 
de  la  Seo  de  Zaraguza  j  na»  Adoración 
de  ¡n  Reyest  en  la  catedral  da  Te- 
mel. 

Jiménez  (Francisco  Mioubl).  Pin- 
tor español,  discípulo  de  Domingo 
Martínez,  ^ue  nació  en  Sevilla  en  la 
primera  mitad  del  siglo  xvm  y  murió 
•n  1792.  Fué  maestro  j  director  de 
la  escuela  de  dibujo  de  Sevilla,  j  dejó 
en  aquella  capital  diferentes  obras  de 
mérito;  entre  ellas,  dos  cuadros  histo- 
riados qne  se  hallan  en  la  iglesia  de 
San  Felipe  Neri. 

Jiménez  f  Josd  Albbrto).  General 
de  la  orden  del  Carmen  ^  grande  de 
Bspaña,  que  nació  á  mediados  del  si- 
glo xvu!.  Pío  VI  le  confió  una  misión 
para  Ñápeles,  con  objeto  de  arreglar 
ciertas  discordias  que  había  entre  am- 
bas cortes,  j  murió  en  1781. 

Jiménea  (Luis).  Obispo  de  Elvas 
7  escritor  ascético  español  del  si- 
glo XIII.  Su  principal  obra  se  titula: 
De  vida  angélica, 

Jiménez  de  Alsuna  (Juan).  Bs- 
enltor  español  j  uno  de  los  mejores 
maestros  de  sn  siglo.  Sos  obras  mis 
notables  son  dos  estatuas  de  la  ásim- 
ei^  j  de  mu  JtrifiUno,  que  presentó 

Sira  el  retsUo  mayor  déla  parroquia 
a  Cascante,  en  Navarra. 
Jiménez  Angel  (José).  Pintor  es- 
pañol del  siglo  XVII,  natural  de  Tole- 
do y  discípulo  de  Antonio  Rubio,  de 
aqaella  ciudad.  Sucedió  i  Claudio 
Coello  en  la  plaza  de  pintor  de  la  ca- 
tedral, T  dejó  varias  obras  de  mérito; 
entre  ellas,  el  fresco  que  cubre  el  ca- 
marín de  la  ermita  de  Nuestra  Señora 
de  los  Remedios,  en  la  villa  de  Sonse- 
ea,  provincia  de  Toledo. 

Jiménez  Donoso  (Josá).  Pintor  j 
arquitecto  español,  que  nació  en  Con- 
sueta en  1628  j  murió  en  1690.  Fué 
discípulo  de  sn  padre  Antonio  Jimé- 
nez 7  después  pasó  á  perfeccionarse 
i  Roma,  donde  sus  principales  estu- 
dios fueron  de  arquiteetura  7  perspec- 
tiva. Las  obras  mas  notables  que  dejó, 
son:  dos  cuadros  en  la  capilla  de  ^n 
Juan  de  Letrin,  en  Valencia;  una 
Virgen,  un  tan  Juan,  un  tan  Bruno  7 
ana  Adoraeüfn  de  los  Reyes,  en  la  Car- 
teja  de  Valdecristo,  en  Segorbe;  La 
Bncamaeidn,  en  el  colegio  de  Loreto 
de  Madrid;  La  Trinidad,  en  la  iglesia 
del  mismo  nombre;  tan  Ignacio,  san 
Francisco  Javier  7  algunos  frescos,  en 
San  Isidro  el  Real;  Líisioria  de  los  san- 
M  Jutío  y  Pastor,  en  la  parroquia  del 
mismo  nombre;  Vida  de  tan  Benito, 
ta  8u  Hastío;  Agwneúín,  Swño  de  tan 


JINE 

Jase,  7  frescos,  en  san  Basilio;  el  re-> 
tablo  ma7or,  san  Francisco  de  Paula 
7  varios  retratos,  en  la  Victoria;  san 
Agustín,  en  las  Trinitarias;  tan  Ñico- 
las  de  Barí,  en  el  Caballero  de  Gracia; 
.salón,  antesala  7  escalera  de  la  Casa- 
Panadería;  frescos  de  la  sala  capitu- 
lar de  la  Cartuja  del  Paular,  7  san 
Francisco  de  Salet,  en  Salamanca. 

Jiménez  de  lúda  (Rodbioo).  Hi»> 
toriador  español,  cardenal  7  arzobis- 
po de  Toledo.  Asistió  al  Concilio  la- 
teranense ,  convocado  por  Inocen- 
cio III,  que  le  nombró  su  legado  en 
España  por  diez  años;  excitó  á  san 
Fernando  á  derribar  la  antigua  cate- 
dral de  Toledo  7  á  edificar  la  que  bo7 
existe;  asistió,  en  compañía  de  Alfon- 
so VIH,  i  la  batalla  de  las  Navas  de 
Tolosa;  conquistó  á  Cazorla  7  su  te- 
rritorio 7  murió  en  1247,  al  volver  de 
su  tercer  viaje  á  Roma.  Fué  hombre 
de  profunda  erudición  7  en  extremo 
dado  á  los  estudios  históricos,  habien- 
do dejado  escritas  las  sip^uientes 
obras:  Historia  de  España;  HttUma  de 
Un  árabes  é  ffitíoria  de  Rma, 

Jimeno.  Masculino.  Nombre  patro- 
nímico de  varón. 

EnifOLoaÍA.  Jiménez. 

Jimeno  (Matías).  Pintor  español 
del  siglo  XVII,  discípulo  de  Vicente 
Carducho.  Entre  sus  cuadros  más  no- 
tables, se  citan:  La  Encarnación  del 
Hijo  de  Dios;  Nacimiento  de  Jesucristo; 
Ep^ania  7  Presentación  en  el  Templo. 

Jimenzar.  Activo.  Provincial  Ara- 
gón. Quitar  á  golpes  de  pala  ó  piedra 
al  lino  ó  cáñamo  seco  la  simiente, 
para  llevarlo  i  poner  en  agua. 

Jimio,  mla-Maieulino  j  femeni- 
no. Simio. 

Jinebro.  Uaienlino  anticuado, 
fimsno. 

Jinesta.  Ginesta.  La  forma yiiwi- 
ta,  que  se  halla  en  algunos  DieGÍúna~ 

ries,  no  tiene  raíz. 

Jinestada.  Ginbstada.  La  forma 
Jinestada,  que  trae  la  Academia,  no  es 
la  etimológica. 

Jineta.  Femenino.  Lanza  corta 
con  el  hierro  dorado  7  una  borla  por 
guarnición,  que  en  lo  antiguo  era  in- 
signia de  los  capitanes  de  infante- 
ría. Q  Cierto  tributo  qne  en  otro  tiem- 
po pagaban  los  ganados.  ||  El  arte  de 
montar  á  caballo,  según  la  escuela  del 
mismo  nombre.  Se  usa  en  el  modo  ad- 
verbial Íl.  la  JiNBTA.  B  El  empleo  de 
sargento.  ||  Tbhbb  los  cascos  ¿  la  ji- 
neta. Frase  familiar.  Tener  j>oco  jui- 
cio ó  ser  alborotado  7  bullicioso. 

EmroLoafA.  Jinete. 

Jinete.  Masculino.  Soldado  de  & 
caballo  que  peleaba  en  lo  pintiguo  con 
lanza  7  adarga,  7  llevaba  encogidas 
las  piernas  con  estribos  cortos.  |  El 
que  está  montado  á  caballo.  Q  Hállase 
usado  por  caballero. 

Etimología.  Berberisco  teneta, 
nombre  de  una  tribu  que  montaba 
mu7  bien  á  caballo. 

Jinetear.  Activo  americano.  Do- 
mar los  caballos  cerriles  montándo- 
los, II  Americano.  Subir  en  un  toro. 

Jínetón.  ilasculíno  aumentativo 
de  jineta. 


jmi 


245 


Jinglar.  Keutro.  Moverse  de  nna 

fiarte  a  otra  colgado,  como  en  el  eo- 
umpio. 

Jingreta.  Femenino  anticuado. 
Burla,  mofa. 

Jingiina.  Femenino.  Nombre  de 
una  6aut»  pequeña  de  los  antiguos. 

Jiiya.  Femenino  anticoado.  Azu- 

PAIPA. 

£T»f0L0OÍA.7lK/0. 

Jiigo.  Masculino  anticuado.  Azo- 
Faifo. 

BmiOLOOÍA.  JonJolL 

Jii^ol.  Masculino.  Azüpaifa. 

Jinjolero.  Masculino.  Azufaifo. 

Jipato,  ta.  Adjetivo  americano. 
Pálido,  enfermizo  en  el  semblante.  B 
Americano.  HártO,  repleto  de  comida. 

Jiquilite.  Masculino.  Asiu 

Jira.  Femenino.  El  pedazo  figo 

fraude  7  largo  que  se  corta  ó  rasga 
e  alguna  tela.  Q  Banquete  campestre 
que  se  hace  entre  amigos  con  regoci- 
jo 7  bulla.  Jl  Hacbb  jiras  t  capwo- 
TBS.  Frase  lamíliar.  Hacsb  mamoas  t 

CAPIROTES. 

ExuiOLoaÍA.  Girar,  La  forma  jira, 
que  trae  la  Academia,  dó  es  etimoló- 
gica. 

Jirada.  Gibaoa.  La  fbrma^  jirada, 
que  aparece  en  algunos  JHecionariM, 
no  tiene  raíz. 

Jirafa.  Femenino.  Camello  pardal. 

ETiHOLoaÍA.  1.  Arabe  soro/a, /<nf- 
/a,  7  djarafa,  en  Humbert:  catalán, 
girafa;  francés,  girafe. 

2.  La  forma  asorafa,  que  se  halla 
en  la  Ohronica  de  0o»  Alonso  X  (fo- 
lio  5,  b,),  es  el  árabe  M-zora/a. 

Jiraldete.  Masculino.  Roquete  sin 
mangas. 

Etiuolooía.  JireL 

Jirándula.  Girándula.  La  forma 
jirándula,  que  aparece  en  algunos 
Dieeionarios,  no  tiene  n(z. 

Jirapliega.  Femenino.  Especie  de 
eleetuario  compuesto  de  cosas  pur- 
gantes. 

Jirasal.  Femenino.  Fruto  de  un 
árbol  de  la  India  llamado  laca. 

Jiraspe.  Masculino.  Hilo  de  oro  7 
seda  mu7  delgadito,  7  cordón  de  la 
misma  materia,  que  usan  los  árabes 
como  adorno. 

Jiraumón.  Masculino.  Botánica. 
Árbol  de  la  India,  cuja  fruta,  del  mis- 
mo nombre,  es  parecida  á  la  calabaza. 

Jiraupialffara.  Femenino.  Zoolo- 

Í'la,  Culebra  del  Brasil,  que  se  sube  á 
&  copa  de  los  árboles  á  comerse  los 
huevos  de  las  aves. 
BmuHAofA.  Vocablo  hatiliño. 
Jirel.  Masculino.  Especie  de  jaez. 
EtiholooU.  Arabe  djilel,  djellaU, 
en  Daumas;  djellali,  en  Tristam,  vo- 
cablos que  se  usan  aún  en  Argelia. 
Jirgonz.  GiROONz. 
Jir|fonza.  Femenino  anticuado. 
Especie  de  piedra  á  que  se  atribula 
tener  virtud  contra  el  veneno. 
Jírguero.  Masculino  anticuado. 

Jll.OUBRO.  . 

Jiribado.  Masculino.  &ermania, 
Bl  guisado. 

£ride.  Femenino.  Botdnicé.  Plan- 
ta que  tiene  las  hojas  como  el  lirio 
cárdeno,  aunque  mas  anchas  7  pun- 


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JOB 


JOB 


tiaffudas.  En  madio  de  ellai  lale  un 
tn\w  da  mediana  grosura,  del  cual 
nacen  unas  rainaa  de  trea  esquinas 
Uaaaa  de  ciertaa  florea  purpúreas. 
Produce  la  simiente  redonda  j  roja, 
^nownda  en  unas  como  vainas,  y 
tiane  hoUejas  como  loa  de  las  habas. 
^  n^edioinal,  t  Lagaña  pretende  que 
sea  la  $pat%la  faíida. 
Jirimiquear.  Neutro  «marieano. 

SOLLOSAB. 

BnuoiAOU.  ^orjermi^ar;  da  Jé- 
remiat, 

Jirino.  Uáieuliao.  Bl  embrido  de 
la.  rana. 

Jirofina.  Femenino.  Especie  de 
salaa  que  se  oompone  de  bazo  de  car- 
nero, pan  tostado  jr  otros  ingredien- 
tes. 

Jiroflé.  Masculino.  Botánica.  Ár- 
bol de  la  India  que  produce  los  clavos 
de  especia,  7  crece  nasta  treinta  pies. 

ETiuoLOsfa.  Griego  xapuófuXXov 
( laryóphp  llon y,  de  xipuov  ( káryon ),  no- 
gal, T  foQXw  (phylUm),  hoja;  «hoja  de 
nogal:»'  latín,  caryophylUm;  italiano, 
garofatto;  francés  del  siglo  xit,  y iro- 
fre;  moderno,  girofie;  provenzal  jr  c^- 
UXkviy  girojle,  gerofit. 

JiroB.  GiBON.  La  forma  jtri^,  que 
,tne  la  Academia,  no  tiene  raíz. 

Jironcillo,  to.  Giboncillo,  ito. 

Jirpear.  Activo.  Cavar  las  cepas 
de  las  vides  al  rededor,  dejando  un 
hojo  donde  se  detenga  el  agua  cuan- 
do se  riegan  ó  llueve. 

Jis.  JoascuIÍBO,  Pintwra.  Clarión. 

Jisca.  Femenino.  Cisca  6  cabbizo. 

Jisma.  Femenino  anticuado.  Cuen- 
to á  chisme. 

EtimolooÍa.  Citma. 

JismerOt  ra.  Adjetivo  anticuado. 
Cuentero. 

BmuniOaiA.  /úsm. 

JÍ3te.  Masculino.  La  espoma  de  le 
cerveza. 

Jitar.  Activo.  Provincial  Aragón. 
Arrojar  6  echar  fuera.  Sdlo  tiene  7a 
.oso  en  las  montaftas. 

ETtu(x.ooÍA.  Latín /acíSr;,  frecuen- 
tativo dejacere,  lanzar:  catalán,  y;- 
í*r;  aragonés, yi/ar;  Benj,  giUr;  pro- 
venzal, aitart  gíetar,  geíar;  francés, 
jeler;  italiiíaOt  criiíare,geUar«. 

Jito.  Masculino.  Fundición.  La  ca- 
nal por  donde  corre  el  metal  fundido, 
jr  también  el  agujero  por  donde  entra 
en  la  matriz.  ||  M  metal  que  solua  de 
toda  letra  ó  pieza  que  se  vacía. 

Etiuolooía.  Jitar. 

Jitomate.  Masculino  americano. 
Tomate. 

Jif  abar.  Neutro.  &erwuMU,  Can- 
tar. 

{Jol  Interieecidn  de  que  ae  uw  pam 
hacer  parar  las  cabailenas. 

Joa  6  Joba.  Femenino.  Marina. 
Crecimiento  de  las  ligazon&s  de  cuen* 
fa  en  las  cintas  altas. — cEl  crecimien- 
to ó  aumento  que  se  da  á  los  maderos 
de  cuentas  en  las  puntas  altaa  que 
hacen  el  costado. >  (vocabulario  marí- 
timo de  Sevilla.) — <íDeJoba  medio  codo 
ó  proa,  repartido  ec  tantas  partes 
igjiales  cuantas  fueren  las  orengas.» 
(Jtteopilapión  de  leves  de  Indioi, 


Joan.  Masculino.  Nombre  patroní- 
mico anticuado.  Juan. 

Jóaneta.  Femenino.  Especie  de  tó- 
nico. 

Joaquimismo.  Masculino.  Doctri- 
na que  consiste  en  pretender  que  el 
Evangelio  de  Jesucristo  debe  ser  abo- 
lido, como  se  abolió  la  le;  de  Moisés; 
al  cual  sucederá  un  tercer  estado,  que 
será  el  estado  de  la  perfeceióUf  lla- 
mado el  reino  del  Espíritu  Santo.  En 
este  reino,  que  el  al»d  Joaquín  de- 
nomina el  Evangelio  eterno,  la  propie- 
dad será  abolida,  lo  cual  quiere  de- 
cir que  el  reino  del  padre  Joaquín  no 
venará  nunca,  porque  abolir  la  pro- 
piedad es  abolir  al  hombre.  El  hom- 
bre es  propiedad  también,  como  todas 
las  cosas  que  no  representan  el  ser 
absoluto. 

Etimología.  Abad  Joachim  (Joa- 
quín) de  Floro,  autor  del  Evangelio 
etemo(sig\oxii):íraxxeéB,JoaccAim%sme. 

Joaqnimiaia.  Masculino.  Sectario 
del  joaquimismo,  ó  sea  del  Evangelio 
eterno. 

ETUiOLoaía.  Joetgwmimot  firancés, 
joaekimitU, 

Joás.  Masculino.  ffittorU  Sagrada. 
Hijo  de  Ocozías,  sobrino  de  AUlía. 

BTXucn.oo£A.  Latín  Joát. 

Job.  Masculino.  Historia  Sagrada. 
Personaje  bíblico,  que  vivía  en  Ara- 
bia hacia  el  siglo  xvx  antes  de  nues- 
tra era,  j  que  sólo  nos  es  conocido 

{lor  el  libro  de  la  Santa  Biblia,  que 
leva  su  nombre.  A  juzgar  por  este  li- 
bro, Job  debía  ser  un  hom  we  sencillo 
j  recto,  temeroso  de  Dios  y  enemigo 
implacable  del  mal.  Habitaba  en  la 
tierra  de  Has,  territorio  cuja  situa- 
ción se  ignora.  Tenia  siet¿  hijos  j 
tres  hijas;  poseía  7.000  cabezas  d,e  ga- 
nado lanar,  3.000  camellos,  500  pa- 
res de  bueyes  y  500  caballerias;  era 
dueño  de  numerosos  criados  j  se  le 
reputaba  con  justicia  por  gozar  de  la 
posición  más  opulenta  da  la  comarca. 
A  pesar  de  sus  riquezas,  conservó  un 
corazón  recto  ^  temeroso  de  Dios. 
Paro  como  Satán  afirmase  que  su  fe 
dependía  sólo  de  su  prosperidad,  el 
Señor,  para  probar  lo  contrario,  le 
permitió  someter  á  Job  á  las  más  ru- 
das pruebas,  sujetándole  á  toda  clase 
de  males,  excepto  la  mnerte.  A  con- 
secuencia de  esta  permisión,  de  alU  á 
poco  los  sábeos  le  roban  sus  buejes 
7  caballerías;  el  fuego  del  cielo  devo- 
ra sus  rebaños;  sus  3.000  camellos 
caen  en  poder  de  los  caldeos,  7,  por 
último,  un  viento  furioso,  soplando 
del  Desierto,  derriba  la  casa  donde  to- 
dos sus  hijos  estaban  reunidos  y  los 
sepulta  en  las  ruinas.  Job  recibe  estas 
tnstes  noticias  una  &  una,  7  un  solo 
grito  escapa  de  su  pecho:  <Desn%do 
salí  del  seno  de  la  tierra,  desnudo  polv^ 
r¿  á  ella.  Di'jg  me  lo  habla  dado  todo: 
El  me  lo  gwía;  que  su  sanio  nombre  sea 
bendito.»  Peco  la  prueba  se  extiende 
bien  pronto  al  mismo  Job.  El  desdi- 
chado se  ve  cubierto  de  una  lepra  as- 
querosa, que  se  extiende  rápidamente 
desde  sus  piés  hasta  su  cabeza.  Senta- 
do en  un  muladar,  rae  con  un  pedazo 
de  teja  el  fétido  humor  que  escapa  de 


sus  úlceras,  j  cuando  sñ  mísnu  mti- 
jer  viene  á  culparle  por  su  resi^a- 
ción  ^  su  humildad:  Toda  se  U  debe- 
mos a  Dios,  le  responde;  ti  de  El  reci- 
bimos los  bienes,  ¿por  gué  no  recibí  üt 
malesf  Tres  de  sus  amigos,  Gliphat, 
Baldad  j  Sophar,  sabedoras  de  sus  in- 
fortunios, acuden  á  veife;  ñero  ante 
el  espectáculo  de  los  males  de  que  te 
ven  nerído,  permanecen  mudos  siete 
días  7  siete  noches;  por  fin,  oc^iffuen 
hablarle  7  tratando  de  conTeneerle  de 
que  las  adversidades  sólo  pueden  eaw 
sobre  los  malvados,  le  dirigen  las  más 
sangrientas  invectivas  7  le  abruman 

6  humillaciones.  Job  toma  á  Dios  por 
testigo  de  su  inocencia  7  protesta  que 
es  oprimido  sin  razón.  En  la  histo- 
ria de  Job  se  encuentran  pensamien- 
tos de  una  profundidad  iacrefble  con 
respecto  &  la  existencia  del  mal  físico 

7  del  mal  moni,  bajo  el  imperio  de 
un  Dios  poderoso  7  bueno.  De  pronto 
un  nuevo  interlocutor,  llamado  Blia 
ó  Elihú,  más  joven  que  los  otros,  toma 
la  palabra,  no  para  acusar  á  Jos  de 
haber  merecido  por  sus  crímenes  les 
severos  castigos  que  Dios  le  envía, 
sino  para  hacerle  notar  que  ha  mos- 
trado demasiado  orgullo,  protestando 
de  su  inocencia,  porque  ningún  mor- 
tal puede  jactarse  de  penetrar  los  al- 
tos juicios  de  Dios  7  de  haber  sido 
siempre  perfecto  á  sus  ojos.  Lueeo 
toma  Dios  la  palabra,  7  después  de 
reprender  la  presunción  del  jovea 
Ehhú,  recuerda  algunos  de  los  prodi- 
gios que  ponen  de  manifiesto  su  po- 
der, en  un  lenguaje  lleno  de  eleva- 
ción, de  grandeza  7  de  majestad.  Bd- 
tonces  Job  reconoce  qne  había  traspa- 
sado ios  límites  que  debían  marcarle 
su  pequenez  7  su  ignorancia;  á  con- 
secuencia de  lo  cual.  Dios,  satisfecho 
de  su  mansedumbre,  le  cara  de  sai 
males  7  le  duplica  las  riqnetas  qae 
había  perdido.  El  patriarca  vivió  to- 
davía ciento  cuarenta  afios,  durante 
los  cuales  confióle  Dios  siete  hijos 
7  tres  hijas. — El  muladar  de  Job,  su 
resignación,  los  reproches  de  su  mujer 
7  las  invectivas  (te  sus  amigos,  han 
pasado  al  lenguaje  vulgar,  dando  mo- 
tivo á  frecuentes  alusiones. — La  me- 
jor traducción  que,  separándonos  de 
la  incluida  en  la  Biblia,  se  conoce  del 
Libro  de  Job,  es  la  que  M.  Ernesto 
Renán  dió  á  luz  en  París  en  1839. 
En  su  prefacio,  el  autor  declara  qua 
su  versión  está  hecha  sobre  el  tazto 
massoréíieo,  salvo  dos  ó  tres  pasajes, 
en  que  todos  están  de  acuerdo  qne 
deben  corregirse;  pero,  francés  antes 
que  todo,  se  aparta  pi»  completo  del 
método  iJemán,  qn*  consiste  en  cal- 
car eserupulosamante  la  palabra  ale- 
mana sobre  la  hebrea.  11.  Renán  ha 
suprimido  la  división  en  capítulos, 
como  introducida  en  una  época  poste' 
rior  al  poema,  ^  ha  tratado  de  inspi- 
rarse en  el  estilo  del  ¿Abro  i*  Jos, 
para  que  se  sienta  en  la  tradacción 
algo  de  la  sublime  cadencia  que  pres- 
ta tanto  encanto  al  texto  hebreo.  Les 

fiersonajes  del  poema  no  son  judíos;  el 
ugar  de  la  escena  está  aituade  fuent 
de  la  Palestina;  en  él  no  so  sneo^nr 


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JOB 


JOCO 


JOHA  247 


tn.  alusión  alguna  á  los  usos  mosai- 
eos,  7  Job  no  parece  conocer  otro  cul- 
to que  el  patriarcal.  Desorientados 

fior  todas  estas  circunstancias,  hálii- 
Bs  críticos  han  pretendido  que  el  Li- 
6ro  de  Job  no  era  de  origen  hebraico. 
Bsta  opinión  debe  ser  tenida  como 
errónea,  si  se  quiere  decir  coa  esto  que 
la  lengua  empleada  en  él  no  es  puro 
hebreo,  ó  que  el  texto  que  ha  llegado 
i  nosotros  no  es  m&s  que  la  traduc- 
ción hebraica  de  una  obra  escrita  en 
otro  dialecto  semítico.  Lo  que  no  ad- 
mite dads,  es  qne  el  fondo  de  laa  ideas 
de  Job  no  m  especial  de  la  raza  he- 
brea, sino  coman  á  toda  la  semítica; 
de  donde  es  preciso  concluir  que  el 
Zidro  ie  Job  es  anterior  á  la  época  ¿n 
que  las  instituciones  religiosas  de  los 
hebreos  tomaron  una  forma  deñnitiva 
merced  á  la  legislación  mosaica.  Se- 
gún Renán,  la  composición  entera  de 
esta  obra  admirable  descansa  en  una 
legenda  idumea,  j  las  tesis  filosóficas 
desarrollas  en  sus  diálogos,  no  son 
otra  cosa  que  lugares  comunes  de  la 
doctrina  semítica.  Por  la  comparación 
de  los  textos,  por  el  estudio  de  los 
historiadores  y  de  la  estética  de  la 
lengua  hebrea,  hay  fundamento  para 
adherirse  á  una  opinión  muy  acredi- 
tada, que  coloca  la  aparición  del  li- 
bro baeia  el  afto  700.  Queda  que  son- 
dear una  nuera  enestión,  la  cu  la  au- 
tenticidad del  precioso  documento  que 
se  examina.  ¿Es  todo  ¿1  de  la  misma 
mano?  Renán  no  lo  cree;  pero  al  mis- 
mo tiempo  combate  á  los  críticos  que 
le  suponen  obra  de  muchas  genera- 
ciones. A  despecho  de  numerosas  con- 
tradicciones que  presentan  las  diver- 
sas partes  en  el  londo  j  en  la  forma, 
no  admite  como  cierta  otra  interpola- 
ción que  la  del  discurso  de  Elíhfi> 
A.qui  termina  la  parte  científica  del 
comentario  de  M.  Renán;  pero  antes 
de  darnos  el  texto  de  la  obra,  se  es- 
fuerza en  se&alar  la  grandeza  j  la 
profundidad  de  su  pensamiento.  En 
ningona  parte,  con  efecto,  la  austeri- 
dad, la  elevación  j  sobrio  ornato  que 
eaiscterizan  á  todas  las  obras  origina- 
les de  la  raza  semítica,  se  manifiestan 
con  un  hechizo  más  seductor.  Jamás 
libro  filosófico  ó  religioso  alguno  ha 
denotado  tanta  vivacidad  de  imagi- 
nación, tanta  fuerza,  ni  tanta  pasun 
concentrada  jr  encerrada  en  los  lími- 
tes del  más  escrupuloso  razonamien- 
to. M.  Renán  hace  también  notar  que 
la  época  del  Libro  de  Job  es  la  de  la 
deoulencia,  entre  los  hebreos,  de  las 
ideas  mitológicas,  que  hormigueaban 
en  la  Hj  mosaica  en  sus  primeros  pa- 
sos. Bn  una  palabra,  el  Libro  de  Job 
es  la  expresión  de  la  turbación  inevi- 
table que  se  apodera  de  la  concien- 
cia humana  en  a^uel  instante  supre- 
mo en  que  principiaba  á  desvanecer- 
se la  vieja  teoría  patriarcal,  fundada 
únicamente  en  las  delicias  de  este 
mundo,  es  decir,  en  los  goces  de  la 
vida  terrestre.  Por  consiguiente,  el 
Libro  de  Job  marca  un  trastorno  ne- 
cesario j  profundo  en  el  espíritu  de 
aquellas  edades,  una  verdadera  palin- 
geuesfa  pnrvidencial. 


^«íSa.— Príncipe  de  ¿rabia,  céle- 
bre por  tres  cosas  que  rajraron  en  lo 
sublime:  una  fe  extraordinaria,  una 
extraordinaria  poesía  j  una  extraor- 
dinaria .paciencia;  en  cujo  sentido  se 
dice,  á  guisa  de  proverbio:  «tiene  más 
paciencia  que  Job.»  (Anónimo.) 

Jobero,  ra.  Adjetivo  americano. 
£1  que  tiene  el  cutis  manchado  de 
blanco  y  verde. 

Etimología.  Hohero.  La^  de  jobero 
no  es  mis  que  la  aspiración  de  la  A  de 
hohero,  Maravilla  encontrar  en  Améri- 
ca nuestro  antiguo  vocablo. 

Jobo.  Masculino.  Arbol  de  Améri- 
ca, muy  alto  jr  frondoso,  al^  parecido 
al  cedro,  cuya  fruta,  del  miuno  nom- 
bre, es  una  especie  de  ciruela  amari- 
lla, y  CoaRER  JOBOS.  Frase  familiar 
americana.  Hacbb  novillos. 

Jocabed.  Femenino.  Historia  Sa- 
grada. Madre  de  Moisés.  (Biblia.) 

Etiuolooía.  Latín  Jochahed. 

Jocasta.  Femenino,  ¡diiologla.  Hi- 
ja de  Meneceo,  hermano  de  Creonte, 
rey  de  Tebas,  y  mujer  de  Layo;  muer- 
to el  cual,  casó  con  su  propio  hijo 
Edipo,  de  quien  tuvo  dos  hijos,  Eteo- 
cles  y  Polinices,  que  se  mataron  uno 
á  otro;  y  ella,  á  si  misma. 

ETiUQLodú.  Latín/tfeflf /«.(^HBCA. ) 

Jo«key.  Masculino.  Voz  inglesa 
que  significa  criado  joven  destinado  á 
seguir  montado  i  su  señw  y  correr 
sus  caballos  ó  dirigirlos. 

Btiuoloqía.  Inglés yocAw,  del  fran- 
cés ^'a^tt^í,  corrupción  de  Jacques,  Ja- 
cobo,  aplicado  á  BÍgaificar  la  idea  de 
un  homore  de  poco  valer,  de  un  pobre 
diablo. 

Jocó.  Masculino.  Especie  de  oran- 
gután. 

Jocoque.  Masculino.  Jocotiui. 

Jocoqui.  Masculino.  Nata  agria, 
de  que  se  hace  mucho  aprecio  en  al- 
gunas provincias  de  Méjico. 

Jocosamente.  Adverbio  de  modo. 
Con  jocosidad. 

EtiuoloqIa.  Jocom  y  el  sufijo  ad- 
verbial mente:  latín,  j^ati;  italiano, 
giocosamente;  catalán, yocoMMM/. 

Jocoserio,  ria.  Adjetivo.  Lo  ^ue 

Sarticípa  de  serio  y  jocoso;  y  asi  se 
ice:  romance  jocosbbio.  Q  Lo  que  tie- 
ne la  propiedad  de  expresar  con  for- 
mas festivas  y  alegres  pensamientos 
serios  y  sentenciosos. 

ETiicoLoaía..  Joaao  j  tvrio:  eatalin, 
jocoserio,  a. 

Jocosidad.  Femeaino.  Chiste^  do- 
naire. 

Etiuolooía.  Joeoto:  italiano,  yifffis- 
sita;  catalán,  jocofitaL 

Jocosísimo,  ma.  A^ietívo  super- 
lativo de  jocoso.. 

Jocoso,  sa.  AdJetÍTO.  Fsitivo  y 
gracioso. 

BtuiolooÍa.  Latín  JSedtuSt  alegre, 
festivo,  cliancero,  gracioso;  forma  ad- 
jetiva de  Jocus,  chanza,  dicho  agudo; 
italiano,  yrocúfo;  catalán,  ^ocúlt,  o. 

Sinonimia.  Joeoto,  festivo.  Suele 
confundirse  la  significación  de  estas 
dos  palabras,  pero  inexactamente.  IíB 
jocotidad  es  de  suyo  chocarrera,  por- 
que de  suyo  traspasa  los  límites  de  lo 
festivo:  aa  Joeoto  un  hombre  que  en  el 


dseir  pone  en  acción  los  más 
ezagisrados  de  agradar  á  sus  semcgan- 
tes.  Es  fettivo  un  hombre  que  en  el 
decir  pone  en  acción  los  medios  más 
finos,  delicados  y  contenidos  de  agra- 
dar á  sus  semejantes.  El  jocoso  es  ex- 
travagante; t\p¿tivo,is  alegremente 
discreto.  Bertoldo  'es  un  {(ersonaje^'o- 
coso;  Cervantes,  un  esoritor  fotitvo, 
(Lópiz  PblborÍn.) 
Jbcoyol.  Masculino  americano. 

ACBDBRA. 

Jocoyote.  Masculino  americano. 
El  hijo  menor,  que  suele  ser  también 
el  mas  querido  ae  sus  padr^. 

Jocundidad.  Femenino  anticuada. 
Alegría,  apacibílidad. 

BtuiolooÍa.  Jocwtdo;  latín,  jSetít- 
ditas,  agrado,  encanto,  deleite;  italia- 
no, Woconiifzza;  GSLialin,  jocuñditat. 

Jocundisimo,  m^\Adjetívo  anti- 
cuado superlativo  de  jocundo. 

Jocundo,  da.  Adjetivo  anticuado. 
Plácido,  alegre  y  agradable. 

Etivolooía.  L^UixJ&cundus  yjocünr- 
dus,  agradable,  forma  de  Jocus,  gra- 
cia, chiste,  donaire,  diverstón(DB  Mi* 
OUBL  y  Morante):  italiano,,  gMCOtute- 
vote,  giocondo;  ítaücÓBtJoeonae. 

Reseña. — El  latía  J9cu%ámt  se  li«Ua 
en  lasioscripciones  como  nomtee  pn»> 
pió,  de  donde  hubieron  de  tomado 
Átioato  y  La  Fontaine  paia  inmoiti^ 
lizarlo  con  su  genio. 

Joel.  Masculino.  ffUíoria  Swraétt* 
Hirió  priinogénito  de  Samuel./' SibUa.) 

Etimología.  Latín  Joel. 

Jofaina.  Femenino.  Au<ifai«í.. 

Jofor.  Masculino  anticuado.  Fn- 
nóstieó* 

EmiOLoaÍA.  Árabe  ^afr  (  j^?^) 

en  Ibn-Khallican,  Ibn-Khaldún,  Hei^ 
belot  y  Shaw.  La  voz  del  artícMlo  se 
halla  en  el  Diccionario  del  padre  Jaró> 
nimo  Víctor  y  en  Mármol,  cuyo  últir- 
mo  autor  dice:  «jamás  se  tuvUnm  por 
contentos,  sn^irando  siempre  con  la 
memoria  de  su  antigua  en,  y  confia- 
dos en  unas  ficciones  vanasJlsBMdas 
Jofvr»  6  pronósticos:  sólo  en  ollas  po- 
nían sn  esperanza,  porque  les  deefain 
que  habían  de  volver  á  ser  mAros  y  á 
su  primer  estado^»  (Mtkeiián  dé  Ut  shk 
ritcot,  folio  3t.) 

Jofire.  Masculino  anticuado.  Jor- 
fe. Q  Masculino.  Nombre  patronímico 
de  varón.  Gopbkdo. 

Joglar.  Masculino  anticuado.  Jd- 

OLAB. 

Joglareu.  Femenino  anticuado. 

JcaLABBSA. 

Jo^leria.  Femenino  anticuado. 
Pasatiunpo,  regocijo,  placer» 

Joguer.  Neutro  anticuado.  Acos- 
tarse. 

Jogní.  Masculino.  Nombre  de  unos 
peregrinos  indios,  que  viven  de  Li- 
mosnas. 

Johanniabeiy .  Masculino.  Uno  de 
los  mejores  y  más  estimados  vinos  del 
Rhin. 

ETiiioLoaÍA.  Alemán  Johanni:^- 
BBRG,  nomlwe  drf  lugar  en  cuyas  cer- 
canías existe  el  viñedo;  de  berg,  mon- 
tafia,  y  JoAunnef^  Juan:  francés,  JoAan- 
nitierg. 


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'2Í8 


JOÑA 


Joicio.  Masculino  anticuado.  Jui- 
cio. 

-Jojoba.  Femenino.  Fruta  america- 
na, parecida  i  las  judías  paquefias  y 
de  color  de  castaña. 

Jóle.  Femenino.  Tiempo»  heroicos. 
Hija  de  Burito»  rej  de  Oecalia.  (S¿- 

MCCA.) 

-   BtiuoloqU.  Latín  Jóte, 

Jolgorio.  MaBCttlino  familiar.  Be- 
■ff'>cÍjo,  broma,  diversión. 

EnMOLoaÍA.  JTiff/yar.  Joloorio  re- 
presenta ko^eriOf  mediante  U  aapira- 
eii5n  de  la  A. 

Jolíes.  Fenienino.  Acci(Sn  alegre, 
6  palalira  festiva  propia  de  la  moce- 
dad. Es  tomada  del  fnncés  joli,  que 
significa  aleg;re  jr  festivo.  (Academia, 
Dtccionario  de  17Í6.) 

JoHto.  Masculino  anticuado.  Cal- 
ma, suspensión.  ]]  Quedarse  ó  vol- 
téese UN  JOLITO.  Frase  anticuada. 
■Quedarse  suspenso  ó  chasqueado. 

EniiOLoafA.  «Viene,  según  Cora- 
rrubias,  del  verbo  italiano  gioire,  que 
vale  tomar  reposo  j  holffanza.9  (Aca- 
DSuiA,  Dieeümaño  Je  iT26,J 

Jena  ben  Ganadt.  Oramitieo  ja- 
dío, ^ue  Tivfa  en  Córdoba  á  mediados 
del  sig'lo  XI,  ejerciendo  la  Medicina. 
■GomtntiÓ  las  teorías  gramaticales  de 
Judi  Chaju^  y  dejó  además  un  Libro 
de  imettigaettín,  Ctranitica  y  Dieciona- 
rio  heireot  y  otro,  De  Íot  rmeáiot  tim- 
ptes. 

Joná».  Hittoria  Sagrada.  (De  una 
palabra  hebrea  que  significa  paloma.) 
Uno  de  los  doce  profetas  menores, 
hijo  del  profeta  Amathi,  que  vivía  en 
la  legundm  mitad  del  siglo  vm  antes 
de  Jasueriato,  T  orofetízó  el  reinado 
de  Jerobpam  II.  Habiéndole  ordenado 
d  Señor  que  fuera  &  predicar  á  loi 
ninívitaa  la  destrucción  de  su  ciudadi 
trató  de  evadir  los  peligros  de  esta 
misión.  La  nave  en  que  se  había  em- 
barcado, estaba  próxima  á  zozobrar, 
euando  ae  persuadió  de  que  su  des- 
obediencia i  las  órdenes  del  cielo  era 
la  causa  de  la  tempestad,  y  obligó  á 
los  marineros  á  que  le  arrojaran  al 
mar  para  apaciguarla.  Tragado  por 
una  ballena,  permaneció  tres  días  en 
el  cuerpo  del  ceticeo,  AJgunos  críti- 
cos han  objetado  que  la  garganta  de 
la  ballena  apenas  basta  á  dejar  pasar 
un  arenque,  pero  tales  objeciones  no 
son  admisibles,  cuando  de  un  mila- 
gro se  trata.  No  es  mis  difícil,  con 
efecto,  pasar  por  una  garganta  de 
cuatro  centímetros  cuadraos,  que 
permanecer  tres  días  en  el  estómago 
del  cetáceo  sin  ahogarse.- Sin  embai^ 
^0,  JoNÁs  no  sólo  vivió  los  tres  días 
indicados  en  el  vientre  de  la  ballena, 
sino  que  compuso  en  él  un  cántico 

2ue  ha  llegado  hasta  nosotros,  siendo 
espués  arrojado  vivo  á  la  pla^a.  En- 
tonces recibió  nuevas  órdenes  de  Dios 
y  esta  vez  marchó  i  Nfnive  con  la  ca- 
beza cubierta  de  cenizas  y  amenazan- 
do  á  la  ciudad  con  la  destrucción  en 
al  plazo  de  cuarenta  días.  No  obstan- 
te, los  ninivitas  apaciguaron  la  cólera 
de  Dios  con  grandes  penitencias,  y 
merecieron  asi  su  perdón.  Jonás  en- 
tonces se  mostró  afligido,  temiendo 


JONS 

f tasar  por  un  falso  profeta;  pero  Dios 
e  hizo  arrepentirse  mediante  una  lec- 
ción. Un  corpulento  árbol  crece  du- 
rante la  noche;  pero  &  la  mañana  se 
seca  súbitamente:  Josís,  privado  de 
su  sombra,  comienza  á  lamentarse. 
«Pues  si  así  te  añiges,  le  dice  el  Se- 
ñor, por  la  pérdida  de  un  árbol  que 
ha  tardado  una  sola  noche  en  crecer, 
¿por  qué  quieres  que  destruja  una 
ciudad,  cuya  edificación  ha  costado 
tantos  siglos?» 

Resumen. — Según  sabios  críticos, 
los  pasajes  análogos  á  los  de  la  balle- 
na, no  deben  tomarse  en  un  sentido 
literal,  sino  en  la  acepción  parabóli- 
ca, casi  jeroglífica,  que  constituye  el 
alma  de  la  literatura  de  los  orientales. 

Etimología.  Otros  etimologistas 
entienden  que  Jonás  significa:  «fuego 
del  Señor.» 

Jonatás. .  JTi'fforta  Sagrada.  Hijo 
del  rey  Saúl. 

Etuíología;  Vocablo  hebreo  que 
significa:  dado  á  Dios,  Deo  date;  la- 
tín, JSn&that. 

Jones.  Masculino  plural.  Geoarajla 
antigua.  Los  jones,  pueblos  de  Jonia. 
(Cicerón.) 
ETiMOLoaÍA.  Latín  jWr. 
Joneso.  Masculino.  Especie  de  ár- 
bol de  las  Indias. 

Jonia.  Femenino.  Geografía  anti- 
gua. Provincia  del  Asia  menor.  (Pou- 
PONio  Mbla.) 

ETiyoLooÍA.  Griego  "Iwv  (hn)^  uno 
de  los  hijos  de  Heleno,  padre  de  la 
raza  griega,  según  la  tradición;  latín, 
lonía,  francés,  Jonie;  catalán, /<»tta. 

Jonias  (islas).  Femenino  plural. 
Geografía  ant^ita.  Islas  del  mar  Egeo, 
cerca  ae  Jonia.  (Avibno.) 
BxmoLoaÍA.  Latín  Jonídet  imule. 
Jónico,  ca.  Adjetivo.  Bl  natural 
de  Jonia  j  lo  perteneciente  á  esta 
provincia.  |  Arjuitecíiartt.  Se  aplica 
a  uno  de  los  cinco  órdenes  de  anjui- 
tectura,  en  el  cual  la  columna  tiene 
18  módulos,  uno  la  basa,  y  el  capitel 
está  adornado  de  cuatro  grandes  vo- 
latas, y  tiene  doce  partes  de  las  18  en 
que  se  divide  el  módulo.  ||  Dícese  de 
los  edificios  en  que  se  observa  este 
orden,  y  se  aplica  á  cualquiera  de  los 
miembros  que  están  constraídos  con 
arreglo  á  sus  proporciones;  como  ca- 
pitel JÓNICO,  columna  jónica,  templo 
jónico,  i  Masculino.  Pie  de  verso  que 
conata  de  cuatro  sílabas.  Es  mayor  ó 
menor:  el  major  tiene  las  dos  prime- 
ras largas  y  las  otras  breves,  y  al 
contrano,  el  menor.  |  Diaíeeto  jónico; 
uno  de  los  cuatro  en  que  se  divide  la 
lengua  griega. 

Etiuolooía.  Jonia:  griego,  ItovtKÓ^ 
(ionikés);  latín,  ionícnt;  catalán,  jó- 
nick,  ca;  francés,  ionien,  ionigue. 
Jonio,  nia.  Adjetivo.  Jónico. 
Jonjoli.  Masculino  anticuado. 
Ajonjolí. 

Jonopso.  Masculino.  Planta  pará- 
sita orquídea  del  Perú.  ¡ 
Jonson  (Bbn  ó  Benjamín).  Poeta 
dramático,  contemporáneo  de  Shakes- 
peare, que  nació  en  Londres  en  1574 
y  murió  en  la  misma  ciudad  en  1637. 
Obrero,  soldado  en  Holanda,  estu-. 


JORD 

diante  en  Cambridge,  actor,  duetísts, 
converso  al  catolicismo  y  vuelto  de 
nuevo  á  la  Iglesia  protestante,  acabó 
por  escribir  para  el  teatro,  en  1593, 
bajo  la  protección  de  Shakespeare,  de 
quien  en  más  de  una  ocasión  se  había 
burlado,  haciéndole  blanco  de  morda- 
ces sátiras.  Poeta  laureado  en  1619, 
murió,  sin  embarvo,  en  la  miseria. 
BI  estudio  de  los  clásicos  j  de  las  re- 

flas  del  teatro,  la  erudición,  cierta 
ignidad  T  un  verdadero  talento  pan 
la  sátira,  nacen  aprecíable  la  lectura 
de  sus  obras  dramáticas,  queascienden 
al  número  de  cincuenta,  sobresalien- 
do entre  ellas  sus  tragedias:  Seganoy 
Caíilina.  Sus  numerosas  Mosquee  (pa- 
satiempos de  salón)  y  sus  poesíaE 
{ Forett  Underwodt )  revelan  un  talento 
más  puro.  Además  de  esto,  escribió 
una  Gramática  inglesa,  cjue  demuestra 
sus  no  escasos  conocimientos  en  filo- 
sofía. Su  tumba  se  conserva  en  Wésty 
mínster;  sobre  ella  sólo  haj  grabadas 
estas  palabras:  *¡0h  extraño  Bbn  Jon- 
son!» Xa  mejor  edición  de  sus  obras 
es  la  de  W.  6iffi>td  (siete  Toliimenei 
en  8.*),  Londres,  1816. 

Jonaco.Masculino  americano.  Rin- 
cón ó  cuarto  húmedo  y  oscuro,  que 
se  halla  debajo  de  la  escalera  de  las 
casas. 

Jope.  Masculino.  Especie  de  insec- 
to. D  Interjección  familiar.  Joro. 

¡Jopo!  Interjección  familiar.  iFae- 
ra  de  aqui! 

ExiuoLoaÍA.  Hopo,  por  aspiración 
de  la  A. 

Joppo.  Femenino.  Geografía  anii- 
gua.  Deliciosísima  ciudad  de  Palesti- 
na, no  lejos  del  Carmelo  y  enfren- 
te de  san  Joan  de  Acre;  noj,  Ja£i. 
I  Jaffa. 

Etimología.  Joppe.  ( Biblia.) 

Jorcar.  Activo.  Provincial  Extre- 
madura. Aechas. 

Jorco.  Masculino.  Provincial  K 
tremadura.  Fiesta  ó  baile  algo  Ubre 
que  se  usa  entre  gente  vulgar. 

Jordán.  Masculino.  Se  dice  de  todo 
lo  que  remoza,  hermosea  y  purifica. 
Es  metáfora  tomada  del  río  Joroán, 
santificado  por  el  bautismo  del  Sal- 

VADOB. 

Etiuolooía.  Hebreo  jor,  tLtnyo,  j 
aden,  edén,  delicia;  «río  delicioso:»  la- 
tía, /or(/Snt>;  italiano,  A'onísstf;  fran- 
cés, Jtmrdain, 

JoBDÁH,  ANIS.  De  la  voz  hebrot 
jor,  arrojo,  y  aden,  6  edén,  placer;  rio 
ávl  placer,  arroyo  agradable.  Este 
célebre  río  llamado  noj  el  'Arden, 
nace  en  el  monte  ffermén  (en  el  aoti- 
Lfbano),  atraviesa  el  lago  de  Taba- 
rieh  (Genezareth)  y  la  Palestina,  J 
desagua  en  el  mar  Muerto.  (M(»(* 

LAÜ.)  , 

Jordán  (Esteban).  Pintor,  escul- 
tor y  arquitecto  español,  que  d«io  en 
Valladolid  en  1543  y  murió  en  loOJ. 
Fué  discípulo  de  Alonso  Berruguete 
7  amigo  de  Domingo  Theotocópu"i 
llamado  el  Greco.  Hizo  un  viaje  á  Ita- 
lia con  objeto  de  perfeccionarse  en  su 
arte,  y  al  volver  a  España  fué  nom- 
brado escultor  de  Felipe  II.  Sus  obras 
más  notables  son  tres  retablos  qw 


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JORN 

asisten:  «a  It'MAgtlalanft  de  Vallido^ 
lid.  ea  Saate  llarU  de  Rioneo  /  en 
el  natuarío  de  Montsemt. 

Jordán  (Saltador).  Piator  eipe- 
flol  de  la  escuela  de  Madrid,  qae  tí- 
T£a  por  lot  añoi  de  1636.  Adquirió 
gnu  reputación  como  retratíita,  j 
entre  otros  muchos,  todos  notables 
por  el  dibujo  j  parecido,  se  cita  en 
particular  el  de  don  Francisco  de 
QneTedo  j  Villegas. 

Jorfe.  Ifasculino  anticuado.  Pared 
de  piedra  seca.  |  Tormo  de  piedra  6 
peAasco  en  alto. 

BnuoLGOÍA.  Arabe  ájórf,  montón 
de  tierra,  trinchera,  dique,  terraplúi, 
baluarte:  agfer, 

Jorfear.  Neutro.  Formar  un  suelo 
sin  b^Tedillas.  |  Anticuado,  Fabricar 
un  jorfe. 

aorgoUBt  no.  Masculino.  &tm<H 
*úi.  Compañero  6  criado  de  rufián. 

Jorguín.  Masculino.  Hollín. 

Jorguina.  JobouinsbU. 

Jorgninsria.  Femenino  anticua- 
do, Hbcuicbría. 

Joijin.  JoaaufH. 

Jogina.  JosouiNA. 

Jomada.  Femenino.  El  camino 
que,  jendo  de  riaje,  se  anda  regular- 
mente en  un  día.  |  Todo  el  camino  ó 
Tiue,  aunque  pase  de  un  día.  0  Bx- 
peución  miliUr.  y  El  riaje  que  los 
rejes  hacen  i  los  sitios  reales.  Llá- 
mase también  asi  el  tiempo  que  resi- 
den en  alguno  de  estoa  sitios.  |  Lan- 
ce, ocasión,  circunstaacis.  |  Metáfo- 
ra. Bl  tiempo  de  la  Wda  del  hombre, 
j  tembién  el  paso  que  da  el  alma  de 
esta  Tidaá la  eterna.  [|  Metáfora.  Cual- 
quiera de  las  partes  en  que  se  divide 
la  comedia  española,  que  por  lo  re- 
gular son  tres.  \  Metáfora.  En  la  im- 
prenta es  lo  que  puede  tirar  la  pren- 
sa en  un  día.  ||  boupida.  Anticuado. 
.yilicia.  Batalla  ó  acción  general,  g 

A  OKANOIS  ó  Á  LABOAS  JOSNADAS.  Mo- 

do  adverbial.  Con  celeridad  y  preste- 
za. (  Al  pin  db  la  jornada.  E!Lpre- 
sión.  Al  cabo  de  tiempo,  al  concluir- 
se, al  descub.irse  alguna  cosa,  y  Ca- 
minas POR  SUS  JORNADAS.  Frasc  meta- 
fórica. Proceder  con  tiempo  j  refle- 
ádn  en  algún  negocio. 

Btdiolooía.  Jornal:  italiano,  ytor- 
,i*ia  (de  y<tf/-<í(í,  día);  francés, ^/onrit^!' 
(del  antiguo  iomade,  jouma'iej;  pro- 
venía! j  catalán,  JoDtarffl;  tíerr/,yor- 
née;  burguifiún,  jobc'í. 

Jomada  romana.  Historia.  Llá- 
mase así  el  día  rumano,  ó  la  manera  di' 
distribuir  el  día  en  Roma.  Dividíase 
en  mañana,  mediodía  y  tarde  ó  noche. 
Por  la  mafiana,  los  ricos  recibían  ó 
sus  clientes,  que  desde  la  aurora  se 
hallaban  á  sus  puertas.  Las  visitas 
duraban  di>s  horas,  de  seis  á  ocho  de 
la  mañana.  El  patrooo  subía  en  su  li- 
tera é  iba  á  algún  /brKiíi,  mientras 
que  sus  clientes  más  fieles  le  escolta- 
ban á  pie.  En  la  tercera  hora  (xküt^c 
de  la  mañana)  principiaban  los  nego- 
cios, que  duraban  hasta  el  mediodía, 
ú  hora  texUi,  en  que  iba  á  comer  j  ó 
dormir  la  siesta  hasta  la  hora  octava 
(dos  de  la  tarde).  Algunos  se  dodíca- 
ban  al  trabajo  durante  una  hora.  A  lu . 


JORR 

hora  noM  (tres  de  la  tarde)  principia- 
ba la  tarde  ó  la  noche,  en  cuya  sazón 
cesaban  los  negocios,  se  IcTantaban 
de  dormir  y  se  iban:  unos,  al  carneo 
de  Marte,  con  el  fío  de  hacer  ejerci- 
cios, y  otros,  á  la  Via  Apia,  paseo 
principal  de  Roma,  donde  acudían  á 
caballo  ó  en  carro.  A  la  primera  hora 
ú  kora  prima  (cuatro  de  la  tarde),  iban 
al  baño,  comían  después,  á  Teces  lar- 
gamente, y  se  acostaban  at  dejar  la 
mesa. 

Jora«dica,  Ua,  ta.  Femenino  d¡- 

miuntÍTO  de  jornada. 

Jemal.  Masculino.  El  estipendio 
que  gana  el  trabajador  en  un  día  en- 
tero por  su  trabiyo.  \  Anticuado.  Me- 
dida de  terreno,  como  aranzada,  fane- 

K,  etc.,  T  sería  la  tierra  que  trabaja- 
eaundía  un  jornalero.  \  A  jobnal. 
Modo  adverbial  con  que  se  explica  al 
ajuste  que  se  hace  de  alguna  obra 
paludo  los  jornales,  en  contrapo- 
sición de  cuando  se  ajnsta  á  des- 
tajo. 

Etimología.  Latín  diurnSXit,  forma 
de  diumm^  diurno:  italiano,  ^tonta/;: 
francés,  Journal;  provenzal,  joman; 
catalÁn,  jornal. 

Jornalar.  Neutro  anticuado.  Tra- 
bajar á  jornal. 

Jornalero.  Masculino.  El  que  tra- 
baja por  su  jornal. 

BtiuolooU.  Jornal:  catalán,  ^'onw- 
ler¡  francés, /«nnwítsr;  italiano,  yiVr- 
iutlier$. 

Joro.  Masculino.  Especie  de  saúco 

del  Japón. 
EtiuoLOofA.  Francés,  joro,  (Lan- 

DAIS.J 

Joroba.  Femenino.  Cobcota.  B  Me- 
tafórico y  familiar.  Impertinencia  y 
molestia  en'adosa,  como  cuando  se 
dice:  ¡QUE  jorobaI 

Jorobado,  da.  Adjetivo.  Cobcova- 
00.  |j  Participio  pasivo  de  jorobar.  Se 
aplica  en  estilo  metafórico  y  familiar 
al  que  ha  sufrido  alguna  molestia;  y 
así  se  dice:  ¡bibn  mb  ha  jobobado! 

Jorobador,  ra.  Sustantivo  j  adje- 
tivo. Que  joroba. 

Jorobadura.  Femenino.  Acción  6 
efecto  de  jorobar. 
Jorobamiento.  Masculino.  Joao- 

BADUBA. 

Jorobar.  AcUto  familiar.  Moles- 
tar, enfadar  con  instancias  imperti- 
nentes, oomo  cuando  decimos:  ¡qub 

UANBRA  DE  JOROBAB! 

Jorobeta.  Masculinofamiliar.  Apo- 
do que  se  da  al  jorobado. 

Jorongo.  Masculino  americano. 
Poncho  con  que  se  cubre  la  gente  del 
campo,  y  á  veces  la  de  las  ciudades, 
los  que  se  hacen  de  tela  fina  j  diver- 
sidad de  matices. 

Joropa.  Masculino.  Especie  de  pal- 
mera de  la  América  meríoional. 

Joror.  Masculino.  Red. 

EtimolooU.  Jorar, 

Jorguín.  Masculino.  JoBOtrfif. 

Jorrar.  Activo  anticuado.  Rbhol- 

OAB. 

Etiuolooía.  Jorro, 
Jorro  (á).  Modo  adverbial  anti- 
cuado. Marina.  A  bbuolqus.  |  Ycase 

Rbd. 


JOSA 


249 


EnuoLoa{A.l.Árabe^r^f4r«fTS^, 

llevar  arrastrando;  y  como  vocablo  de 
marina,  ramolear,  «navegar  á  jorro,» 
en  Pedro  de  Alcali;  «llevar  á jorro,» 
en  Víctor^  «traer  á  jorro,»  en  Barran- 
tes Maldonado;  «levar  á  xorros,»  «lle- 
var á  remolque,»  en  portugués. 

2.  De  aquí  proTÍeae  el  portugués 
jorrS»,  torro,  torra,  carreta;  esto  es, 
aparato  que  se  remolca  por  los  buejes; 
terreiro,  cachazudo;  jtittf  dejprro,  palo 
grueso  que  no  podía  transportarse  sino 
con  ayuda  de  la  carreta. 

3.  Covarrubias  conocía  perfoete- 
mente  el  significado  de  jorro;  pero 
equivocó  su  etimología;  «llevar  una 
cosa  á  Jorro  es  sacarla  j  tirarla  con 
guindaíata  arrastrando,  ora  sea  del 
a^a,  ora  tea  da  la  tierra;  dizen  ler 
arábigo  de  cAnrr,  qna  significa  lo  mea* 
mo.» 

4.  La  etimología  del  árabe  djarra, 
remolcar,  que  es  de  Dozy,  está  confir- 
mada  por  un  pasaje  de  las  Afil  y  nna 
noches,  que  dicho  autor  cita:  «los  pira- 
tas echaron  garfios  á  la  nave  y  la  lle- 
varon de  remolque;»  en  donde  la  idea 
de  remolcar  se  expresa  par  ndjarroia, 
que  es  el  verbo  en  cuestión. 

Josa.  Femenino.  Terrepo  plantado 
de  árboles  que  llevan  fruta  de  hueso, 
7  se  ingertan  por  lo  eomiin  en  almen- 
dros. 

Josaíat.  Sittoria  Sagrada,  Rej  de 
Judá,  hijo  y  sucesor  de  Asa.  Ocupó  el 
trono  de  904  á  880  antes  de  Jesucris- 
to, y  no  cesó  de  ser  fiel  al  Señor,  que 
favoreció  siempre  sus  armas.  Los  filis- 
teos t  los  árabes  le  pagaron  tributo. 
La  Escritura  le  reprocha  su  alianza 
con  Acab,  al  cual  se  unió  contra  el  rej 
de  Siria,  á  pesar  de  las  advertencias 
del  profeta  Miqueas;  pero  él  reparó 
esta  desobediencia  con  el  celo  con  que 
emprendió  en  su  reino  la  tarea  de 
constituir  el  orden  civil,  escogiendo 
sabios  jueces  y  reformando  la  discí- 

Slina  sagrada  por  medio  de  atinadas 
isposiciones.  Su  hijo  Joram  casó  con 
Atalfa,  hija  de  Jezabel. — Moalled* 
JosAFAT,  próximo  i  Jerusalén,  al  pie 
y  al  Este  del  monte  de  las  oliras,  es 
célebre  por  la  TÍctoria  qua  Josafat, 
con  la  ajuda  de  Dios,  alcanzó  sobre 
los  ammonitas  y  moabitas.  Se  ha  com- 
prendido mal  generalmente  laprofecía 
de  Joel,  que  fija  el  lugar  del  último 
juicio  en  el  t»i¿/e  Josafat.  La  ex- 
presión del  profeta  es  completamente 
metafórica,  aludiendo  áque  el  valUde 
Josafat  es  el  inmenso  cementerio  de 
Jerusalén. 

Etimología.  Del  hebreo  lota^k&h, 
compuesto  de  laohf  lehovah,  Dios,  t 
sehaphat,  juzgar:  esto  es,  jntdo  ao 
Diot.  Nombre  propio  de  un  monarca 
de  Judá,  que  entro  á  reinar,  después 
de  la  muerte  de  an  padre  Asa,  hacia 
los  años  928,  ó  segdn  otros,  914  an- 
tes de  Jesucristo.— Alcanzó  una  gran 
victoria  contra  sus  enemigos  en  el  va* 
lie  situado  entre  el  torrente  Cedrón, 
el  jardín  de  las  Olivas  y  Jerusalén,  y 
de  ahí  el  dar  á  aquel  sitio  geográfico 
la  denominación  da  vallo  do  Jotafat. 

(MONLAU.) 


TOUO  III 


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250^  ÍOSÉ 


JOSÉ 


JOSE 


•  BéHMs,~~'ña'tí  Ttllt  del:  mismo 
nombre,  por  don^e  corre  el  torrenU 
Óedr'ón,  se  cóilserTa  aúo  él  sépulcró' 
monumental  del  personaje  de  e&ta  bio- 
grafía. Se  halla  en  la  párté  deOríentei 
00  lejoi  del  monte  del  S$ed*d<tlo,  én 
donde  idolatfó  Salomón,  j  del  sitio  en 
que  estuvo  la  higuera  dondb  se  ékoteó 
Judas  Iscariote^ 

Jps¿.  Pati^iarca  hebreo,  hijo  de  Ja- 
cob ^  de  Raquel,  que  nacid  en  1213  j 
m'und  en,1103  antes  de  Jesúcristo,  ó 
»tf¡áu6títiS  eronologías,nkció  en  17^ 
2  mtuió  en  1635.  La  pfedilecci(ía  que 
tenía  por  ü  Su  padre,  excitó  la  eavi- 
dia  de  sus.  hermanos,  que  le'  Tendie- 
ron ¿'uhoi  mercaderes,  lOs  cuales  le 
Ueífaron  ¿  Egipto,  donde  entní  de  es- 
¿Uto  en  casa  de  Pntíátf,  uno  de  los 
mis  importsntes  oficialas  del  palacio 
de  Faiiaón.  Putifar  le  puso  al  frente 
de  sa  casa  j  le  díd  las  maTores  prue- 
bas de  afefitoi  doposítando  en  él  su 
con6anza¡  pero  la  dicha  qne  Josí  go~ 
zaba  en  aquella  casa  se  vió  bien  pronto 
acibarada,  porque  habiéndose  apa- 
sionado de  el  la  esposa  de  su  sefior,  j 
viendo  que  JosA  no  la  correspondía, 
le  acuso  ante  su  marido  de  haber  que* 
rido  seducirla,  j  fué  encerrado  en  una 
prisión.  Inspirado  allí  JosAf  or  la  aa- 
biduria  divina,  explicó  los  sueños  de 
dospíisioneros.que  estaban  encerrados 
con  ftl,  anuncí  jmdoles  su  destino; pre- 
dieción  ijue  se  vió  cumplida.  Noticio- 
so Faraón  de  estos  suoesos,  mandó  que 
le  llevaran  ¿  sa  presencia  para  que  ie 
interpretara  un  extrañosueño  que  ha- 
bía tenido  y  que  nadie  podía  expli- 
carle. José  predijo  entonces  siete  años 
de  hambre,  precedidos  de  otros  siete 
de  abundancia.  Admirado  el  re^  de 
tanta  sabiduría,  le  nombró  su  primer 
ministro  jr  le  encargad  que  reservara 
un  residuo  de  los  primeros  años  para 
la  é^ca  de  la  escasez.  Cuando  llegó 
este  tiempo,  Jacob,  &lto  también  de 
granos,  envid  sus  hijos  i  Egipto  para 
comprarlos,  j  entonces  Jos&  se  dió  á 
conocer  i  sus  hermanos,  los  perdonó 
jr  obtuvo  para  ellos  la  tierra  de  Oes- 
8¿n.  Gobernó  j^or  muchos  años  el 
Egipto  j  murida  losllO  años  de  edad, 
dejando  dos  hijos:  Manases  j  Efraín, 
que  habían  sido  adoptados  por  Jacob 
j  que  dieron  su  nombre  i  otras  tan- 
tas tribus  hebreas. 

EtuiolooÍa.  Ioiej}i,  losephiu:  del 
hebreo  losupA,  que  significa  aumen- 
to, perfección,  derivado  de  ituaph, 
añadir,  aumentar.  Nombre  propio  de 
uno  de  los  doce  hijos  de  Jacob  y  de 
Raquel,  del  esposo  de  María  j  de  otros 
santos  y  personajes  ilustres,  (Mon- 

José  (san).  Esposo  de  la  Virgen 
María  y  padre  putativo  de  Cristo.  Era 
vástago  de  la  tribu  de  David,  vivía 
en  Nazareth,  con  bastante  escasez  de 
fortuna,  j  ganaba  su  snstento  ejer- 
ciendo el  oficio  de  carpintero.  Guando 
María  se  sintió  encinta,  quiso  repu- 
diarla; pero  instruido  por  un  ángel 
del  misterio  de  la  Encarnación,  con- 
sintió en  seguir  viviendo  con  ella  j 
en  educar  á  su  hijo.  Lne^o  ^ue  nació 
Jesus,hu/ó  con  éi  y  con  Marta  á  Egip- 


to, para  librar  i  aqufl  de  la  perseca- 

Cíón  de  Herodes,  que  quería  hacer- 
le morir.  Después  de  muerto  el  rej, 
volvió  Josd  á  Naiareth  v  continuó  su 
oficio  de  carpintero.  La  Iglesia  católi- 
ca celebra  su  fiesta  el  19  de  Marzo. 

José  Bonaparte.  Hermano  mayor 
de  Napoleón,  que  nació  en  1768,  t  su 
carrera  política  estuvo  siempre  subor* 
dinsda  a  la  de  su  hermano.  Durante 
el  consulado' de  éste  desempeñó  algu- 
nas misiones  diplomáticas,  y  á  poco 
de  establecerse'  el  imperio,  en  1806, 
recibió  el  trono  de  Nápoles.  Dos  años 
después  pasó  al  de  España,  á  su  pesar, 
y  en  d  ae  nuntuTo  nasta  1813,  sin 
«zar  un  momento  de  paz,  por  la  lu- 
ehtí  que  tuvo  que  sostener  contra  los 
españoles.  Después  de  la  abdicación 
de  su  hermano,  se  retiró  á  los  Estados- 
Unidos,  donde  vivió  con  el  título  de 
conde  de  SurvilUers.  (Sala..) 

José(FRANcisco  Lkclbbc  DD  TsBlf- 
BLAT,  conocido  por  el  padre  Joté).  Na- 
ció en  París  en  1577  v  murió  en  1638. 
Era  hijo  de  un  presidente  del  Parla- 
mento v  embajador  en  Venecía,  y  de 
María  Lafayette,  descendiente  de  un 
mariscal  de.  Francia.  El  duque  de 
AlencÓQ,  hermano  de  Enrique  III, 
y  SM.  hermana  la  duquesa  de  Angule- 
ma,' le  tuvieron  en  la  pila  bautismal. 
Su  educación  fué  brillante;  aprendió 
el  italiano,  el  inglés,  el  alemán,  el 
español,  el  griego  y  el  hebreo.  Ta  era 
conocido  en  Europa  con  el  nombre  de 
harán  de  AfanjHe;  había  abrazado  la 
carrera  de  las  armas  y  hecho  una  cam- 
paña á  las  órdenes  del  condestable 
Montmoreacv,  cuando,  llevado  de  su 
vocación,  senízo  capuchino  en  1599, 
á  pesar  de  la  oposición  de  su  madre. 
Arrastrado  á  la  política,  se  le  vió  en 
1616  agente  activo  de  la  corte  en  las 
conferencias  de  Londum  con  Conde. 
En  1617-19  excitó  al  duque  de  Nevera 
á  ayudar  á  los  niegos  contra  los  tur- 
cos, y  en  1618  hizo  un  viaje  á  Madrid 
con  el  carácter  ostensible  de  misione- 
ro pars  excitar  el  celo  relinoso  contra 
la  Turquía,  pero  en  realidad  como 
explorador  secreto  de  l^chelieu.  Con- 
fidente íntimo  de  los  designios  de  este 
ministro  y  su  agente  más  adicto,  es- 
taba en  relación  con  todoa  los  hom- 
bres que  tomaban  parte  en  los  asun- 
tos políticos  de  Europa,  sin  tener, 
empero,  carácter  alp;uno  oficial.  Su 
correspondencia  es  siempre  ambigua, 
indirecta,  oculta  por  un  pseudónimo 
que  muchas  veces  es  el  de  La  Verdu- 
re.  El  nombre  por  que  más  ae  le  co- 
noce, es  por  el  de  la  Sminencia  gr%$, 
con  que  le  designaban  sus  contempo- 
ráneos. Este  personaje  fué  el  enviado 
en  1629  á  la  Dieta  de  Ratisbona,  para 
excitar  á  los  príncipes  alemanes  con- 
tra el  emperador  Fernando  II  é  impo- 
nerle la  deposición  de  Wallenstein  y 
del  lugarteniente  de  su  ejército.  El 
fué  quien  en  1636  aseguró  á  Richelieu  | 
en  el  poder,  después  de  la  toma  de 
Corbia.  Al  saber  su  muerte,  el  carde- 
nal exdamó:  ciUe  perdido  mi  brazo 
derecho I> 

José  de  Arímathea.  Judío  de  la 
tribu  de  Efraín,  rico  habitante  de  Je- 


tnsalén  <  individuo '  del  ÍBhnlejrín. 
Afecto  en  secreto  i  las  doetónu  dt 
Jesús,  tuvo  por  razón  de  su  cargo  que 
asistir  al  consejo  en  que  filé  condena- 
do el  Salvador,  absteniéndose, sin  em- 
baído, de  tomar  parte  en  aquel  per- 
verso j  uício.  Muerto  Jesús,  y  á  pesar 
de  exponerse  á  perder  con  ello  el 
prestigio  que  entre  esüribas  y  fríseos 
gozaba,  obtuvo  de  Pílato  el  cuerpo  del 
Crucificado,  después  de  la  Pasión;  le 
desprendió  del  infamante  maderable 
dió  sepultura  en  un  sarcófago,  que 
dentro  del  mismo  huerto  de  su  casa  po- 
seía. Canonizado  por  la  Iglesia  católi- 
ca, su  fiesta  se  celebra  el  17  de  Marzo. 

.  Josefia.  Femenino.  Nombre  propio 
de  mujer. 

EnMOLoaÍÁ.  Jeti, 

Josefina  (Maif^  Josefuia  Rosi 
Taschbb  bs  LA  PA.aniB).'  Emperatriz 
délos  franceses  y  esposa  de  Napoleón 
Bonaparte,  que  nació  en  Trois>Ilestc 
(Martinica)  de  una  familia  originaria 
del  Blasois,  el  24  de  Junio  de  1763. 
A  los  15  años  se  estableció  en  Fran- 
cia, v  el  13  de  Diciembre  de  1779  u 
unió  en  matrimonio  al  vizconde  Ale- 
jandro de  Beauharnais,  del  cual  tuvo 
dos  hijos,  Eugenio  y  Hortensia,  Cuan- 
do su  marido  fué  encarcelado  durante 
el  Terror,  le  rodeó  de  los  más  tiernos 
cuidados  jr,  aunque '  sín  conseguirlo, 
hizo  ios  mejores  esfiierzos  para  li- 
brarle del  cadalso.  Presa  ella  misma, 
no  recobró  su  libertad  hasta  el  9  The^ 
midor.  Amiga  de  Tatlién  y  de  Barril^ 
mujer  seductora,  menos  por  su  belle- 
za que  por  su  gracia,  buena  y  virtoo- 
sa,  aunque  un  tanto  frivola,  hizo  qa« 
el  general  Bonaparte  se  enamorara  de 
ella  y  le  diera  su  mano  el  9  de  Marzo 
de  1796.  En  Malmaisón,  como  en  las 
Tullerías,  dió  suntuosas  fiestas  y  aupo 
atraer  con  su  amabilidad  no  pocoi 
partidarios  á  la  causa  de  aquel  que, 
en  el  campo  de  batalla,  poseía  el  se- 
creto de  hacer  suja  la  victoria.  El  solo 
reproche  que  la  hacía  Napoleón  en 
su  prodigalidad  y  su  lujo;  pero  hasta 
en  este  defecto  veía  compensación, 
pues  eon  él  reanimaba  el  comercio,  la 
industria  j  las  artes.  Consagrada  em* 
peratriz  el  2  de  Diciembre  de  1804, 
no  pudo  enorgullecerse  mucho  tiempo 
de  ceñir  á  sus  sienes  la  corona.  El 
cielo  la  había  negado  un  heredero  para 
el  emperador,  y  este  príncipe,  después 
de  las  escenas  más  conmovedoras,  It 
obligó  á  un  divorcio  que  ae  consumé 
el  16  de  Diciembre  de  1809.  Entonces 
Josefina  se  retiró  á  una  hermosa  fin- 
ca de  Navarra,  de  t^ue  su  marido 
la  había  hecho  donación,  y  desde  allí 
sostuvo  con  él  una  correspondencia 
que  no  dejó  de  excitar  los  celos  de 
María  Luisa.  Después  de  la  caída  del 
emperador,  recibió  notables  pruebas 
de  la  alta  estima  en  que  los  re^es  coa- 
ligados la  tenían,  y  murió  en  Mal- 
maisón el  29  de  Majo  de  1814.  Sus 
restos  mortales  jacea  en  la  iglesia  de 
Uueit.  JosspiNA  amaba  las  letras  v 
las  artes,  cultivó  la  botánica  y  dejó 
una  preciosa  colección  de  plantas  ra- 
ras. Como  muestra  de  sus  no  escasos 
talentos, se  conservan:  Mmoriat  acere* 


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iíJóüfiúf  ííbr5P*«'  LenormandíSvo- 
lúmeaes  en  8.*);  Carta*  de  NapoUdk  á 
Jotefina  tharante  la  cámpaña  tu  JttUa, 
9l  eouniado'v  él  imperto,  PKfiUf  1827; 
7  Cm-U»  de  Josefina  A  Napoleón  jf  á  s% 
iff*.  París,  1833  (2  TolúmeneB  8.') 

Josefinos.  Muculino  plnral.  ffit" 
torta.  Partidarios  de  Francia  t  del 
rej  José,  hermano  de  Napoleón  I,  que 
le  dieron  la  corona  de  España  en  Ju- 
nto de  1808.  La  major  parte  se  vió 
obligada  á  abandonar  á  Bspaña  con 
los  ejércitos  franceses  en  1813;  j  des- 
paés  que  Napoleón  devolvió  el  trono 
i  Fernando  VII,  por  el  tratado  de  1 1 
de  Diciembre  de  1813,  todos  los  que 
habían  desempeñado  algún  cargo  fue- 
ron proscritos  sueesivamente  por  las 
Cortes  á  causa  de  haber  apocado  la 
invasión  ertranjera;  j  por  Fernando, 
como  partidarios  del  usurpador  (f  de 
Febrero  s  30  de  Mago  de  1814). 

Jowflitu.  Masculino  plural.  Hit- 
torin  reliffioiai  Sectarios  vandenses, 
que  sólo  contraían  matrimonio  espi- 
ritual. Sus  errores  fueron  condenados 
por  los  papas  Lucio  IIX  (1184)  j  Gre- 
gorio IX  (1233). 

Josefo  (Flavio).  Historiador  úidío, 
nacido  en  Jerusalén,  el  año  37  de 
nuestra  era,  j  muerto  en  Roma  hacia 
el  95.  Pertenecía  i  la  familia  de  los 
Bfacabeos  j  muj  joven  se  afilió  á  la 
secta  de  los  bríseos,  en  la  cual  se  hizo 
notable  por  su  austeridad.  Después 
de  haber  tratado  en  vano  de  contener 
la  rebelión  de  los  judíos  contra  Roma, 
aceptó  la  misión  ae  defender  su  causa 
•a  la  Galilea,  ^  sostuvo  én  Jotapat 
un  obstinado  sitio  contra  Vsspasiano 
T  Tito,  Obligado  á  rendirse,  predijo  á 
Vespasiano  su  elevación  al  imperio, 
se  eonquÍ8t<S  su  amistad,  acompañó  & 
Tito  al  sitio  de  Jerusalén^  j,  después 
de  la  toma  de  esta  ciudad,  si^ió  al 
vencedor  4  Roma,  donde  recibió  el 
derecho  de  ciudadanía,  el  título  de 
caballero  j  una  pensión.  Dejó  escrito: 
ffisí«ria  de  lo»  judíos  contra  los  rom»- 
■moe  Jf  de  la  ntina  de  Jenaalén,  en  siete 
libros,  obra  mnj  estimada  de  Tito, 
qoien  la  hizo  traducir  al  latín;  Anti- 
fUdadee  judaicas,  en  20  libros;  ffit- 
4oria  áe  toe  jndioe  desde  el  éenetit 
iasUí  el  reinado  do  Nerdn;  dos  libros 
Contra  Ápi^,  en  que  combate  las  su- 
posieiones  erróneas  del  pa^nismp 
aceres  de  los  orígenes  j  objeto  del 
culto  hebreo;  unas  Mewutrias,  en  que 
el  autor  da  cuenta  de  su  vida,  j  su 
Discurso  eo  elogio  de  los  Macabeos, 
que  JosBPO  titula  SI  Imperio  de  la  ra- 
fjn.  Todas  estas  obras  fueron  escritas 
en  lengua  griega  j  conocidas  por 
AgTÍppa,  hermano  de  Berenice,  que 
ha  certificado  su  autenticidad  en  las 
cartas  laudatorias  reproducidas  por  el 
historiador.  San  Jerónimo,  que  llama 
i  JosBPO  el  Tito  Lipio  de  la  Grecia, 
nos  dice  que  se  le  elevó  una  estatua 
en  Roma.  Las  obras  que  se  conser- 
van de  JosiFO,  hftD  sido  reunidas  por 
Havercam'p,  con  la  traducción  lati- 
na de  J.  Hudson,  Amsterdam,  1726 
(2  volúmenes  en  folio),  t  por  G.  Dui- 
fbrf,  París»  1865  (2  volúmenes),  co- 
leeeión  Didot.  La  mejor  inducción  ti 


íVanc^s  es  la  del  ^adre  J.  Cruflfét;  lía- 
rís,  175S  (4  Tolumunes  en  4.*).  De 
Amaldo  de  Andílly  existe  una'  tra- 
diicciónde  las  Antigüedades  judaicas 
j  de  la  Guerra  de  los  judias^  Amster- 
dam, 1681  (5  volúmenes  en  12.*)  . 

Jostrado,  da.  Adjetivo  que  wñ 
aplica  al  virote  guarnecido  de-un  cer- 
co de  hierro,  al  modo  de  las. puntas 
de  las  lanzas  de  justar,  j  con  u  cabe- 
za redonda. 

Josué.  Jefe  del  pueblo  hebreo,  hQo 
de  Num,  de  la  tribu  de  Efraín,  y  su- 
cesor de  Moisés,  que  nació  en  Egipto 
en  1534  y  murió  en  1424  antes  de  Je- 
sucristo, i  la  edad  de  .  110  años.  Se 
llamó  al  principio  Oseas,  nombre  que 
Moisés  cambió  por  el  de  Josoá;  suce- 
dió á  aquél  en  el  mando  de  los  judíos, 
i  quienes  condujo  ¿  la  tierra  de  pro- 
misión, que  dividió  en  doce  tribus. 
Pasó  el  Jordán,  se  apoderó  de  Jerícó, 
haciendo  derribar  los  muros  de  la  ein- 
dad  al  son  de  las  trompetas,  j  veació 
á  Adonisedee,  rey  de  Jebús,  en  Ga- 
baón,  así  como  á  otros  cuatro  sobera- 
nos que  se  habían  coaligado  eon  este 
príncipe  para  destruirle.  La  Escritura 
refiere  que,  hallándose  combatiendo 
cuando  declinaba  el  día,  Josuá  con 
una  palabra  detuvo  el  curso  del  sol,  j 
el  día  duró  hasta  que  terminó  la  pe- 
lea. Empleó  cuatro  años  en  la  con- 
quista del  país  de  Canaán,  y  tuvo,  en 
nn,  la  satisfacción  de  ver  á  aquel  pue- 
blo, que  había  llevado  nómada  del  de- 
sierto, establecido  en  la  tierra  que  la 
voluntad  divina  le  señalaba  por  mo- 
rada. En  la  Biblia  hay  un  libro  eon 
su  nombre,  que  se  le  atribuye,  y  que 
contiene  su  historia.  (Sala.) 

Jota.  Femenino,  Nombre  de  la  le- 
tra J.  I  Cosa  mínima.  Se  usa  siempre 
con  negación,  como  cuando  decimos: 
ni  JOTA.  [|  Tañido  y  baile  muy  usado 
en  España,  y  especialmente  en  Ara- 
gón y  Valencia.  |]  Ojota.  Especie  de 
menestra  que  ya,  ¿  lo  menos  con  este 
nombre,  apenas  es  conocida.  Q  No  sa- 
BSR  UNA  JOTA.  Fraso.  Ser  muy  igno- 
rante en  alguna  cosa.  {]  Sin  faltar 
UNA  JOTA.  Frase.  Sin  paltar  una  cova. 

JotabiUa.  Femenino.  Especie  de 
alondra. 

Jote.  Masculino  americano.  Galli- 
naza, ave. 

Jovada  ó  Juvada.  Femenino. 
vincial  Aragón.  Bl  terreno  que  puede 
arar  en  nn  día  un  par  de  muías. 

Etimoloqía.  Raíz  árabe  djabdha 

tirar,  como  el  buey  tira 

del  arado;  argelino, {{/«¿t^a^^y^^.^^ 

arado,  y  extensivamente,  un  par  de 
bueyes,  en  Cherbonneau  y  Martín.  Bl 
sabio  Dozy  demuestra  esta  etimología 
con  excelentes  datos. 

1.  En  Argelia  no  se  mide  nunca  un 
terreno  que  se  cultiva,  sino  que  se 
dice:  «esta  tierra  tiene  tantas  6  cuan- 
tas djebdas,*  como  sí  se  dijese:  «tan- 
ta»Jovadas,>  (Cherbonneau.) 

2.  Diehda  quiere  decir  en  Constan- 
tina:  cía  porción  de  terreno  que  pue- 
de labrar  en  un  día  un  par  de  one- 
jes.»  (Pbax.) 


■  5.  Du'Cátíge  atribuye  el  orig-en  del 
bajó  \ú,tínjova,  joMta,  i  los  árabes  de 
las  Baleares:  «majoricensibus  voces 
familiares,  qnas  ií  ah  Arahibus  Salea- 
rium  incoUs  acMptas  retinuere,  apud 
quos  ítayif^^niM,  seu  modus  ágri  di- 
citnr,  taibetsi  maioris  qnantitatis.» 

4.  Esta  misma  viene  á  ser  la  defi- 
-nicíón  déyillanueva.conla  diferencia 
de  que  no  se  refiere  á  los  árabes  de 
las  Baleares,  sino  que  habla  de  los 
valencianos,  qnienes  recibieron  la  voz 
propuesta  de  loi  árabes  de  otros  reí- 
nos:  «majoricensibus  et  olim  Valenti- 
nis  voces  familiares,ab  arabibus  utrius- 
que  regni  incolis  aecep^.»  (Viaje ¡li- 
terario, IV,  Ü66.J  1 

5.  La  forma  yoüo,  que  eis  el  b^o  la- 
tín jova,  aparece  en  el  Fuero  de  Moli- 
na: «vecino  de  Molina  que  bebiere 
dos  yoeos  (yuntas)  de  bueyes  con  su 
heretat.»  (LLOBSifTX,  Nottcias  de  las 
tres provútcias  Vascongadas,  TV,  i^.) 

6.  El  bajo  latín  tiene  joveitut  con 
el  significado  de  gañán,  en  una  carta 
aragonesa  de  1192,  por  la  cual  se 
ordena:  «que  nadie  dañe  ni  se  apode- 
re de  los  bueyes  ni  de  los  otros  ani- 
males de  labranza,  ni  del  arado  con 
sns  aperos,  ni  del  gañán,  joverius;» 
«constituentes  ne  boves  aratorios  aut 
csetera  quselibet  animalia  aratoría, 
vel  aratrum  cum  sais  apparatibus,  et 
jOTBBio  sive  bubulco  Isedere  vel  inva- 
dere  quoquo  modo  prasumat.»  (Car- 
piNTiKB,  en  Du  Canob.) 

7.  La  forma  juverlus  ae  halla  en 
otro  documento  aragonés  de  1291  con 
el  mismo  significado:  «ítem  quod  por- 
tarius  vel  auquis  oifficialis  noster  non 
possit  pignorare  aliqua  animalia  ara- 
toría, nec  juverios,  nec  iostnuiienta 
laborandi  seu  colendi.» 

8.  La  {oTmu  jubatta,  con  la  signifi- 
cación de  jovaaa,  se  encuentra  en  la 
cana  de  población  de  Egea,  dada  á 
fines  del  sic'lo  xii,  1180,  por  el  rey  de 
Aragón  AInmso  el  Batallador:  eÉb  in 
illa  torre  de  BscorÓn  non  avet  nisi  sei 
jubaítas...  similiter  illa  Torre  de  Ca- 
nalla yi  jubaítas...  etilla  Torre  longa 
dos;i{i(ií/(».»(MuÑoz,^»mw,  I,29íf.) 

9.  La  forma  jotata-á»  Du  Cange 
se  halla  tadibien  en  un  documento 
de  1273:  citem  pro  \iti9.jovata  vinese, 
quam  habernos  in  Alcudia  Xativse 
contigua  vine»  Joannis  Martiniez  de 
Heredía:»  «por  una  jotada  de  viña 
que  poseemos  en  Alcudia  de  J&tiva, 
contigua  &  la  viña  de  Juan  Martínez 
de  Heredia.» 

Jove.  Mitología.  J^tbr. 

Jovellanos  (Don  Gaspar  Melchor 
db).  Habiendo  dedicado  el  distinguí- 
do  publicista  señor  Cean  Bermúdez  un 
libro  entero  á  reseñar  la  vida  del  gran 

Eatricio,  objeto  de  este  artículo,  nos 
emos  creído  obligados  i  tomar  pot 
normR  su  trabajo,  digno  en  todos  con 
ceptos  de  estima  y  de  admiración, 
sin  perjuicio  de  consultar  otros  mu- 
chos autores.  Nació  don  Gaspar  Mel- 
chor DB  JOTBIXAHOS  CU  Is  Culta  citt- 

dad  de  Gijón,  el  5  de  Enero  de  1744. 
Era  su  padre  don  Francisco  Gregorio, 
regidor  y  alférez  mayor  de  la  citada 
■vina,  j  tuvo  ocho  hermanoi^  cinco 


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352 


JOVE 


TBronesi  de  loi  cutíes  él  en  «1  Inoero, 
T  tres  hermanas.  Los  dos  mayores 
fueron  dedicados  á  la  marioa,  j  él, 
atendidas  sus  dotes  de  carácter,  fué 
destinado  á  la  lelesia.  Al  cumplir  los 
13  ailol*  le  confirió  la  primara  tonsu- 
ra el  revereado  obispo  de  la  didcesis, 
para  qae  pudieia  obtener  un  beneficio 
simple  en  San  Bartolomé  de  la  Nava, 
en  la  misma  provincia.  CarnS  el  dere- 
cho en  la  aaiversidad  de  Avila,  obte- 
niendo los  grados  de  bachiller  t  li- 
cenciado en  le^es  en  ésta  j  en  la  de 
Osma,  trasladándose  lúe»  á  la  de 
Alcalá,  escuela  renombrada  entonces 
en  filosofía  y  letras  Al  terminar  el 

Srimer  año,  cediendo  á  las  instancias 
e  su  familia,  á  la  que  no  había  visto 
hacía  ocho,  se  trasladó  á  su  país,  es- 
todiando  minuciosamente  sus  produc- 
tos, sua  elementos  de  riqueza,  sus 
necesidades  respecta  i  ilustración  jf 
el  estado  del  proletariado,  al  ^ue  mas 
farde  había  de  atender  oumpladamen- 
te.  No  tardó  en  lucir  sus  grandes  co- 
nocimientos en  el  derecho,  en  los  ejer- 
cicios á  una  cátedra  de  cánones  en  la 
universidad  de  Alcalá,  (jue  hubiera 
obtenido  á  no  verse  obligado  á  salir 
de  aquella  ciudad  para  practicat  fe- 
rias informaciones  de  pruebas  parii  el 
ingrreso  de  varios  colegiales.  Poste- 
riormente quiso  hacer  oposición  á  la 
canongía  doctoral  de  Taj;  pero  al  de- 
tenerse en  la  corte,  sus  primos  los 
marqueses  da  Casa-Tremañes  y  su 
grande  amigo  y  protector  el  señor 
Arias  Saavedra,  lograron  disuadirle  é 
inclinarle  á  la  magistratura,  obte- 
niendo para  él  el  nombramiento  de 
alcalde  de  la  Quadra,  de  la  real  au- 
diencia de  Sevilla  (31  de  Octubre 
de  1767),  cargo  más  bien  honorífico, 
puesto  que  no  disfrutaba  de  sueldo 
entero.  Al  despedirse  del  conde  de 
Aranda,  éste  le  ordenó  que  no  se  enctu- 


espald. 

lamento  de  París,  daterr*ndo  tslet  ta- 
leoi.  La  critica,  al  verle  an  el  tribunal 
sin  la  famosa  peluca»  ae  cebó  en  él, 
juzgándole  autor  de  una  novedad, 
proaooto  de  an  mandato  de  su  jefe. 
Era  DOK  Qasp&r  Hblohoe  ob  Jovb- 
LLAHOS  de  estatura  proporcionada, 
más  bien  alto  que  bajo,  cuerpo  airoso, 
cabeza  erguida,  blanco  y  rojo,  ojos  vi- 
vos, pies  j  manos  como  de  dama,  an* 
dar  firme  y  decoroso,  limpio  y  aseado 
en  el  vestir;  sobrio  en  el  comer  y  el 
beber,  atento  en  el  trato  familiar, 
dulce  y  persuasivo,  generoso  y  aun 
pródigo,  religioso  sin  preocupación, 
ingenuo  y  sencillo,  amigo  constante, 
fuerte  en  el  estudio  y  duro  en  el  tra- 
bajo. Su  ^enio  emprendedor  le  llev¿ 
por  al  camino  do  laa  reformas;  es  de- 
cir, del  martirio,  y  desde  ana  prima- 
ros afios,  dice  ú  señor  Diana,  aa  pro- 

Iinao  desterrar  loa  errores  da  noeatca 
agislaeidn  civiL  El  20  da  Diciembre 
del  mismo  año  empezó  á  diafhitar  al 
aneldo  entero,  jr  el  26  de  Febrero  de 
1774  ascendió  al  cargo  de  oidor.  Muj 
experto  en  el  despacho  de  loa  aaontos 
cifila*,  era  nuevo  en  loa  que  §•  rafb- 


JOVE 

rfan  al  gobierno;  mas  pronto  conoció 
el  carácter  /  tendencias  de  la  admi- 
nistración pública  y  dió  un  nuevo  ses- 
go á  sus  estudios,  convencido,  según 
escribió  en  un  magnífico  i?  tiwr»  tebre 
la  camesifo  cíeiV  (1796)  de  que  «una  na- 
ción que  cultiva,  trabaja,  comercia, 
navega,  reforma  ana  antiguas  institu- 
ciones y  levanta  otras  nuevas;  una  na- 
ción que  se  ilustra,  que  trata  de  mejo- 
rar su  sistema  político,  necesita  todos 
los  días  nuevas  le^ea,  y  la  ciencia  de 
que  se  deben  tomar  sus  principios,  y 
el  arte  de  hacerlas  según  ellos,  son  del 
todo  forasteros  á  nuestra  común  ju- 
risprudencia.» Unió,  pues,  á  los  co- 
nocimientos del  legislador,  los  indis- 
pensables de  la  economía  civil  ó  polí- 
tica, y  aunque  parezca  increíble,  tan 
graves  estudios  no  le  impidieron  de- 
dicarse con  entusiasmo  á  la  poesía. 
Sevilla  fué  para  Jovelunos  un  pue- 
blo lleno  de  felicidBdea;  allí  aumentó 
sus  ja  grandes  eonocimientoa,  allí 
g^ió  da  unaa  simpatíaa  nnirersalea, 
siendo  su  casa  el  centro  á  que  acudían, 
lo  mismo  el  magnate  que  el  sabio, 
igual  el  artista  que  el  industrial  ó  el 
obrero.  [Cómo  extrañar,  por  tanto, 
que  su  nombramiento  de  alcalde  de 
casa  y  corte  fuese  recibido  en  Sevilla 
con  un  sentimiento  indescriptible! 
Apenas  llegado  á  Madrid,  fiié  visita- 
do por  sus  primos  los  marqueses  de 
Valdeeorzana,  los  condes  de  Mora  y 
Fonclán,  el  marquéa  de  Escalona,  el 
duque  de  Almodóvar  y  otras  distin- 

Suidas  personas,  á  oujos  oídos  había 
egado  la  lama  del  gran  talento  que 
le  adornaba.  La  Academia  de  U  Hia- 
toria,  á  instancias  de  su  director,  se- 
ñor Campomanes,  le  nombró  indivi- 
duo supernumerario  el  16  de  Abril 
de  1779.  La  de  San  Fernando,  dos 
meses  después,  y  la  Española,  el  24  de 
Julio  de  1781.  Las  comisiones  del 
(üonsejo,  tales  como  repesar  comesti- 
bles y  asistir  á  incendios,  no  se  ave- 
nían con  su  carácter;  asi  fué  que  sus 
parientes  lograron  trasladarle  á  uoa 
plaza  del  CTonsejo  de  las  Ordenes  (1780). 
Una  de  sua  primeras  comisiones  fué 
visitar  el  convento  de  San  Marcos  de 
León  (Marzo  de  1782)  y  autorizar  la 
elección  de  prior;  y  ja  aerea  de  su 
país,  resolvió  visitarle,  llevando  la 
orden  para  construir  el  camino  de 
Oviedo  á  Gijóu,  el  cual  vid  comenzar 
en  sus  dos  extremos  el  18  de  Septiem- 
bre. Intereaado  grandemente  en  la 
prosperidad  de  su  patria,  lejó  á  la 
Sociedad  de  Amigos  un  elocuente  dis- 
curso exhortando  á  abrir  una  suscrip- 
ción para  enviar  dos  jóvenes  á  estu- 
diar las  matemáticas  y  la  física  en  el 
colegio  de  Vergara,  projecto  que, 
aunque  acogido  con  entusiasmo,  no 
se  realizó  por  entonces.  I)e  Oviedo 
TÍaitó  Covadonga,  como  él  lo  hacía 
nempre,  estudiando  loa  terrenos,  los 
pnertoa,  U  instrucción,  todo.  A  ins- 
tiaeiaa  da  aua  amigos,  se  decidió  á 
dejar  que  se  representaran  au  magnf- 
fiá  tragedia  Ptlayo  y  su  notebla  co- 
media El  DtliMetunU  honradoy  que  al- 
eanzanm  un  éxito  ruidoso.  Deapuna 
da  seia  mesea  de  aotenci»,  r^reiió  i 


JOVE 

Madrid,  agregándole,  al  eirgo  qu 
desempeñaba,  el  de  8uperÍQ  tendeóte 
de  los  tesoros  de  las  órdenes  de  Cala- 
trava  y  de  Alcántara,  y  á  poco  fite 
nombrado  ministro  de  la  Junta  de  Co- 
mercio, Monedas  j  Minas,  alcanzan- 
do tal  popularidaa  y  tal  aprecio,  qoe 
en  todas  laa  esfsraa  era  conocido; 
respetado,  lo  cual,  como  era  de  temer, 
le  suministró  muchos  envidiosos;  es- 
pecialmente, al  ser  elegido  presiden- 
te de  la  Junta  creada,  de  orden  del  re;, 
para  premiar  laa  obras  dramáticas 
que  se  presentasen  al  concurso  abier- 
to con  motivo  de  laa  fiestas  ^or  el  do- 
ble alumbramiento  de  la  prmeesa  de 
Asturias,  que  dió  á  luz  dos  infaates 
gemelos.  En  1786  escriluó  y  puUieó 
en  SI  Cens»r  dos  famosas  sátins; 
en  1787,  su  célebre  Jnforwu  iohrek 
iey  aararia,  y  luego  las  biografías  de 
don  Ventura  Rodiíguez  y  Carlas  111. 
un  arquitecto  y  un  rej,  con  el  éxito 
mis  brillante.  Era  tal  au  fiima,  que 
hasta  el  Ministerio  de  Marina  ^aiso 
utilizar  su  capacidad  y  le  envió  a  As- 
turias para  estudiar  laa  minas  deca^ 
bón  (Abril  de  1790),  Poco  tardó  an 
desempeñar  su  cometido  en  Salaman- 
ca, y  habría  seguido  á  Asturias  á  no 
saber  el  arresto  en  Madrid  de  su  gran- 
de amigo  el  conde  de  Cabarrúa:  pidió 
permiso  al  ministro  de  Marina  para 
venir  á  la  corte  con  objeto  de  infor- 
mar reservadamente  al  tribunal  de 
las  Ordenes  sobre  puntoa  del  majoi 
interés;  pero  en  realidad  para  tratar 
de  salvar  á  Cabarrúa.  Súpolo  el  Go- 
biemo  y  le  intimó  la  salida  inmedia- 
tamente, teniendo  qua  ausentares  de 
Madrid  sin  lograr  su  noble  designio. 
ComprendiencK»  que  su  salida  era  no 
destierro,  decidió  vivir  tranquilo  jmo 
doblegarse. á  laa  intrigaa  cortesanas: 
sus  padres  habían  muerto,  y  au  her- 
mano don  Francisco  la  preparó  las 
mejores  habitaciones  de  la  casa  en  que 
había  nacido;  allí  colocó  an  librería; 
se  dedicó  á  sus  trabajos,  estudiando 
oon  gran  empeño  las  riquezaa  que  en- 
trañaba su  país,  las  Tentajaa  de  esta- 
blecer comunicaciones  entre  las  miass 
y  los  puertos  de  mar,  aaí  como  otros 
medios  de  engrandecimienta.  Sí  en 
Sevilla  aa  casa  era  el  centro  de  los 
hombres  eminentes  jel refugio  délos 
pobres,  lo  propio  y  aun  máa  acontecía 
en  su  patria.  Por  fin,  vid  «knseg^ido 
uno  de  loa  más  grandes  deaeos  de  sa 
TÍda:  la  concesión  del  Instituto  á$ím^ 
ria$u>t  obra  á  la  que  había  dedicado 
gran  parte  de  su  existencia,  á  la  cual 
sa  consagró  con  el  major  ahia<^< 
desempeñando  la  cátedra  de  gramáti- 
ca general  y  pronunciando  innumera- 
bles discursos  encaminadoa  á  desper- 
tar la  afición  de  sus  alumnos.  Esto 
sin  contar  el  eatablecimiento  de  es- 
cuelas da  niñas  y  niños  en  Qijón,  el 
empedn^o  de  1h  ealles,  loa  mnroi 
que  hizo  conatruir  para  contrarrestar 
el  empuje  de  laa  olai^  y  otru  impor- 
tantísimas empresaa.  A  petar  de  \f» 
deseos  da  qne  Tolvíera  á  Madrid,  qae 
sos  amigos,  y  más  apecialmente  el 
señor  Anaa  Saavsdra,  le  manifesté^ 
han  á  fin  da  que  Asete»  iw  telmlei^ 


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JOVB 

fTéttMse  nnnoi  tervicio»  4  iu  patria ,  9e 
negó  diciendo  que  había  resuelto  es- 
cribir ana  obrita  para  la  instrucciija 
pública,  j  su  corto  influjo,  favor  y 
amistad  quarfa  dedicarlo  al  nuevo  es- 
tablecimiento  que  estaba  á  su  cargo, 
y  i  etia  pnñncta  en  q%e  naci  y  cuento 
morir.  La  comisión  que  le  babía  con- 
fiado el  Gh>bÍemo  le  obügó  á  marchar 
á  Vizcaya  &  estadiar  sus  industrias, 
fijándose  muj  particularmente  en  la 
ferrerfa,  y  i  poco  de  sn  regreso  &  As- 
turias, se  halló  con  el  nombramiento 
de  smbajador  en  Rusia:  dudaba  en 
admitir,  cuando  le  llegó  el  nombra- 
miento de  ministro  de  Gracia  j  Jus- 
ticia, j  entonces  el  entusiasmo  de  sus 
|MÍsano8  no  tuvo  límites.  Con  pena 
abandonó  su  patria  j  sn  tranquilidad, 
encaminindose  á  la  Oorte.  Én  Gua- 
darrama se  halló  con  su  amigo  Ca- 
barrús,  que  le  aguardaba,  7  por  cayo 
consejo  Godoj  había  nombrado  mi- 
nistro á  DON  Gaspab.  Mas  al  oir  Jo- 
TILLANOS  de  labios  de  Cabarrús  la  si- 
tuación del  país,  las  intrigas  de  la 
corte  j  la  oposición  que  la  reina  ha- 
bía hecho  i  su  nombramiento,  supli- 
có i  su  amigo  que  le  permitiera  r»- 
niuciar  la  cartera  y  volver  i  Astu- 
rias;  pero  faé  en  vano.  Los  dos  ami- 
bos Ue|raron  al  Escorial,  y  Godov  los 
invitó  a  comer.  Jovellanos  escribe  de 
esta  OTmida  que,  al  ver  sentado  i  Go- 
áoy  entre  su  mujer  v  Pepita  Tudó, 
no  pudo  comer,  m  Aailar,  ni  sotegar. 
Los  rejes  recibieron  afectuosamente 
á  J0VSLLAN03,  si  bien  m&s  earíflosa- 
mente  el  rej  que  la  reina;  en  cuanto 
á  Godojr,  el  entusiasmo  que  vió  pro- 
ducir en  el  país  la  elevación  de  Jove- 
llanos no  pareció  agradarle,  y  cuan- 
do le  pidió  que  despojara  de  su  mitra 
&  aeito  prelado  de  América  y  Jove- 
llanos se  negó  sin  antes  estudiar  si 
«ra  justo,  el  disgusto  fué  mayor.  Bl 
deseo  de  Gabarros  era  que  Jotblla- 
HOs  jr  Saavedra,  asociaaos  &  Godor, 
regenerasen  el  gobierno  del  país.  No 
se  conocían  Jovellanos  t  Saavedra; 
pero  grandes  patricios  y  hombres  su- 
periores, bien  pronto  se  comprendie- 
ron, teniendo  la  franqueza  de  exponer 
al  Tty  la  situación  de  los  negocios  pú- 
blicos sin  ambajes  ni  rodeos.  El  rej 
se  deshacía  en  elogios  á  la  reina  díe 
estos  dos  hombres,  y  ésta,  que  com- 
prendió que  cuanto  ellos  ganaran  en 
el  concepto  del  re;  lo  perdería  GKidoT, 
no  estaba  satisfecha.  Además  de  la 
reina  y  de  Oodoj,  JovBLtANOs  v  Saa- 
vedra debieron  hacerse  temibles  á 
otros  que  no  vacilaron  en  apelar  con- 
tra ellos  al  Teneno.  |Conseeaencia  na- 
tural da  aouella  degradada  y  corrom- 
pida eortef  Las  virtudes  cívicas  y  pri- 
vadas de  Jovm.ANOS  y  Saavedra,  su 
grande  inteligencia,  sn  inmensa  po- 
pularidad y  el  cariño  V  la  confianza 
que  el  rej  les  mostraba,  hicieron  á 
Godoj  abandonar  la  secretaría  de  Es- 
tado, si  bien  por  poco  tiempo,  pues 
un  día,  &  pretexto  de  la  mala  salud 
i^ue  disfrutaban  desde  el  conato  de 
envenenamiento  de  que  fueron  vícti- 
mas Jotsllanosv  Saavedra,  se  vieron 
«Eoneiadof  (15  oe  Agosto  de  1798). 


JOVE 

En  los  nueve  meses  que  Jovellanos 
ocupó  el  ministerio,  dice  el  señor 
Amador  de  los  Ríos,  no  cesó  de  pro- 
curar la  vindicación  da  los  derechos 
de  la  propiedad,  el  amparo  de  los 
oprimidos,  la  protección  de  las  artes, 
del  comercio  y  de  la  industria,  el  li- 
bre fomento  de  la  agricultura,  y 
sobre  todo,  la  instrucción  pública.  Al 
despedirse  de  los  rejres.  Garlos  IV  le 
manifestó  lo  satisfecho  que  quedaba 
de  sus  servicios,  y  María  Luisa  le  dijo 
qae  no  había  tenido  parte  en  su  exo- 
neración. Semejante  disculpa,  cuan- 
do JovBLLANOS  uo  la  scusaba,  prueba 
claramente  que  á  ella  debió  su  caída. 
La  salida  de  Jovellanos  del  gobier- 
no fué  universal  mente  sentida;  él  por 
su  parte,  no  tuvo  otro  sentimiento,  al 
regresar  á  sn  casa,  que  hallarla  vacía 
de  su  querido  hermano  Francisco, 
que  tanto  le  amaba.  Resuelto  á  aho- 
gar su  pena  en  el  trabajo,  se  dedicó  & 
mejorar  la  enseñanza  de  su  Instituto. 
En  1801,  al  notar  que  se  le  negaba 
todo  recurso,  comenzó  i,  temer  por  él. 
En  una  traducción  al  castellano,  im- 
presa en  Londres,  del  Contrato  social 
de  Juan  Jacobo  Rousseau,  se  hacían 
por  el  traductor  en  las  notas  grandes 
elogios  de  Jovellanos;  y  al  saberlo, 
sospechando  que  era  un  lazo  de  sos 
enemigos,  escribió  al  ministro  de  Es- 
tado, quien  le  contestó  que  recogiese 
los  ejemplares  que  pudiera;  pero  aña- 
diendo, gue  se  abstuviese  de  escribir  á 
ningún  ministro.  Por  último,  un  día  le 
sorprendieron  en  su  cama  ;  le  coa- 
dujeron &  la  isla  de  Mallorca,  como 
reo  de  Estado,  apoderándose  de  todos 
sus  |)apeles.  La  villa  entera  de  Gijón 
despidió  vertiendo  amargas  lágrimas 
al  que  consideraba  conio  un  padre. 
Conducido  sin  prevenciones  que  pu- 
dieran salvar  su  decoro,  con  una  es- 
colta, como  un  criminal,  tardó  treinta 
y  seis  días  en  el  viaje,  sufriendo  las 
madores  privaciones.  Bn  Palma  fué 
conducido  i  la  Cartuja  de  Jesús  Na- 
zareno, donde  encontró  una  habita- 
ción decente  y  un  cariñoso  afecto  en 
los  monjes,  y  allí  redactó  una  notable 
representación  ai  rej,  en  que  hacía  la 
reseña  de  su  prisión  y  de  su  viaje,  j 
pedía:  l.'Que  si  se  le  imputaba  algún 
delito,  se  le  hicieran  cargos  y  se  oje- 
ran  sus  defensas.  2.*  Que  en  cualquie- 
ra tribunal  á  que  se  le  sometiera,  es- 
taba pronto  &  responder  de  su  conduc- 
ta. 3.*  Que  una  vez  declarada  su  ino- 
cencia, se  le  reintegrase  de  la  nota  y 
baldón  que  había  sufrido  en  su  repu- 
tación V  buen  nombre  (24  de  Abril 
de  1801).  Esta  exposición  fué  enviada 
al  señor  Arias  Saavedra,  á  quien  el 
marqués  de  Valdecorzana  había  ofre- 
cido presentarla  al  rev.  En  tanto  que 
los  asturianos  hacíanlos  majores  es- 
fuerzos para  salvarle,  Jovellanos  se 
dedicó  en  la  Cartuja  á  estudiar  botá- 
nica, bajo  la  dirección  del  religioso 
boticario  del  convento,  que  era  uo  sa- 
bio. El  5  de  Majo  de  1802  fue  con- 
ducido violentamente  por  el  sargento 
major  de  dragones  de  Nuraancia  al 
castillo  de  Bellver,  á  causa  de  haber- 
se hallado  varias  copias  de  la  exposi- 


JOVE 


2m 


ción  dirigida  al  rej.  No  tardó  en  ver- 
se más  cruelmente  tratado,  n^^dole 
hasta  los  medios  de  curarse  ona  en- 
fermedad contraída  en  su  cautiverio,^ 
hasta  los  baños  de  mar  para  el  alivio 
de  unas  cataratas.  Al  fin,  el  5  de  Abril 
de  1808  se  le  alzó  el  destierro,  permi- 
tiéndole venir  á  la  Corte,  con  motivo 
de  la  exaltación  al  trono  del  príncipe 
de  Asturias  Don  Pemando,  ¿  quien 
pidió,  antes  de  abandonar  U  isla,  qae 
su  conducta  se  juzgase  por  an  tribu- 
nal V  se  le  devolviese  la  honra  qne 
había  perdido.  El  20  de  Majo  Uegó  á 
Baroelona,  donde  supo  todos  los  gran- 
des sucesos  ocurridos  en  la  Corte; 
abandonó  Barcelona,  pan  huir  de  las 
visitas,  j  en  Zaragoza  tuvo  una  gran 
ovación,  pidiendo  todos  á  Palafox  que 
le  retuviera  allí  como  consejero  de 
sus  operaciones;  el  estado  de  salud  de 
Jovellanos  no  la  permitió  acceder  á 
los  deseos  de  Palafox  j  de  los  zarago- 
zanos; pero  felicitó  al  general  por  su 
deseo  de  oi^anizar  la  lucha  j  convo- 
car las  Cortes,  saliendo  de  Zaragoza 
con  una  escolta  de  escopeteros  que 
dejó  en  la  primera  venta.  El  10  de  Ju- 
lio llegó  i  Jadraque,  á  la  casa  de  su 
amigo  Arias  de  Saaredra;  y  al  si- 
guiente día  recibió  el  nombramiento 
de  ministro  del  Interior  de  José  Bo- 
naparte,  que  rechazó.  Pasó  algunos 
días  entregado  á  su  curación  con  la 
asistencia  de  un  médico  llegado  de 
Madrid,  cuando  recibió  el  nombra- 
miento de  individuo  de  la  Junta  cen- 
tral, juntamente  con  su  amigo  el  mar- 
qués de  Campo  Sagrado;  bieu  hubie- 
ra querido  excusarse  con  sus  65  años 
j  sus  achaques,  pero  era  un  buen  pa- 
tricio j  aceptó,  llegando  á  Madrid  i 
fines  de  Septiembre.  En  la  primera 
conferencia,  celebrada  en  la  casa  del 
Príncipe  Pío,  trataron  de  combatir 
las  intrigas  de  los  nunidos  en  Aran- 
j  uez,  poniendo  &  sn  frente  al  conde  de 
Aranas;  j  de  las  dietas  que  habían 
de  disfrotar  los  individuos  di  la  Jun- 
ta, j  que  él  renunció.  Luego  se  ocu- 
pó en  tramar  los  negocios  y  en  emitir 
un  magnífico  y  profundo  dictamen  so- 
bre la  institución  j  forma  de  gobier- 
no; pidió  datos  al  ilustrado  canónigo 
Martínez  Marina  sobre  la  forma  de 
convocatoria  por  estamentos;  reunió 
en  Madrid  los  magistrados,  para  que, 
á  pesar  de  la  invasión  francesa,  pu- 
dieran administrar  justicia;  y  tomó 
una  parte  eficaz  en  los  trabajos  de 
traslación  de  la  Junta  central  de 
Aranj uez  á  Toledo,  Talavera,  Truji- 
Uo  T  Sevilla,  en  cuja  ciudad  fue 
recibido  con  un  inmenso  júbilo;  allí 
encontró  los  antigaos  amigos,  un 
pueblo  entusiasmadoj  &  su  compañe- 
ro de  gobierno  don  francisco  Saave- 
dra. Las  fuerzas  de  Jovellanos  es- 
taban casi  agotadas,  V  sin  embargo, 
no  hubo  negocio  de  la  Junta  en  que 
no  tomase  parte  activa:  formuló  un 
dictamen  para  renovar  los  vocales  de 
la  Junta  en  el  plazo  que  se  señalase. 
Se  ocupó  en  ella  del  desagradable  in- 
cidente respecto  á  la  conducta  del 
marqaés  déla  Romana  en  Asturias; 
expuso  su  opinión  sobre  las  Oortes,  j 


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254 


JOVE 


fotmá  u  sabio  pUn  de  instraccióa 
pública.  Al  tnsladane  la  Junta  &  la 
lila  de  Lfldn,  fdé  el  último  de  sus  in- 
4ÍTÍdaoa  que  abandond  Sevilla.  Ins- 
talada la  primera  Regencia,  el  31  de 
Rnero,  depositó  la  Junta  en  ella  toda 
la  autoridad  que  venía  ejerciendo. 
Afectado  por  las  calumnias  de  que  la 
Junta  fué  objeto  por  parte  de  algunos 
maldicientes,  pidió  ála  Regencia  per- 
miso para  retirarse  á  su  país  j  un 
sueldo  para  poder  mbsúiir.  La  Regen- 
cia se  negó  á  separarle  de  su  cargo  de 
consejero  de  Estado,  tatíifeeha  de  los 
importantes  servicios  que  había  prestado 
A  t%  patria;  peto,  en  gracia  a  su  mal 
estado  de  salud»  le  concedió  licencia 
pan  ir  &  Gijón  iconvalecer,  j  á  su  ins- 
tancia restableció  el  importante /m/^- 
tuto  ÁtíuríanOj  que  él  nabía  creado, 
dejándole  en  libertad  de  no  percibir 
la  mitad  del  sueldo  de  consejero  de 
Estado,  en  beneficio  de  la  patria,  como 
había  ofrecido.  Tranquilo  su  espíritu 
por  la  actitud  para  coa  él  del  nuevo 
(iobierno,  sólo  le  molestaba  que  todo 
su  capital  para  hacer  un  tan  largo 
viaje  consistiera  en  8.000  reales,  te- 
niendo que  aceptar  los  12.000  que 
de  sus  ahorros  de  largos  aQosle  ofre- 
ció su  mayordomo  don  Domingo 
García  de  Lafuente;  mas  deseoso  de 
pagar  aquella  noble  acción,  le  cedió 
eu  propiedad  una  casa  que  poseia  en 
1(M  arrabales  de  Gijón.  El  26  de  Fe- 
brero de  1810  aalíj  para  Asturias  en 
el  bergantín  Nuestra  Señora  de  Cova- 
doiua.  La  noticia  que  tuvo  al  saltar 
en  Noja,  de  haber  invadido  Asturias 
los-  franceses,  hallarse  posesionados 
de  Oviedo,  Gijón  jr  Aviles,  le  llenó 
de  consternación.  Sin  la  c^enerosa 
Bospitalídad  de  la  viuda  é  hijos  de 
Cendón,  el  antigiio  ministro  no  ha- 
bría tenido  donde  albergarse.  Un  día 
recibió  lá  feliz  noticia  de  que  los  as- 
turianos habían  arrojado  efe  su  suelo 
á  los  franceses,  j  ja  se  disponía  ¿ 
marchar,  cuando  tuvo  la  infausta  nue- 
va de  que  los  franceses  eran  otra  vez 
dueftos  do  Oviedo ^  Gijón.  Entonces 
a|a  ardor  patrio  le  inspiró  aquel  subli- 
me canto  de  gaetxtk,  qu«  empieza: 

|A  Im  anua,  vallantaa  aatnraa, 
Bnpafiadlas  eoa  naavo  vigor, 

Saa  6(r»  vaa  al  tirano  da  aorop» 
l  aolar  da  FaUyo  inanltól 

¡Así  escribU  un  anciano  de  casi 
70  afios,  dice  uno  de  sus  mejores  bió- 
ffrafosl  Al  cruel  dolor  de  ver  invadi- 
do nuevamente  su  suelo  natal,  se  unió 
otria  nueva  pena.  Una  noche  (¡ver- 
güenza causa  el  escribirlo!)  «se  le  pre- 
sentó el  coronel  Osorio,  en  nombre  de 
la  Junta  de  Santiago,  á  pedirle  su 
pasaporte  V  á  inspeccionar  sus  pape- 
les.» Herido  en  su  dignidad  el  ilustre 
anciano,  honra  de  su  patria,  elevó 
sentidas  protestas  j  amargas  quejas 
á'  sa  Regencia  j  al  capitán  general  de 
Galicia.  La  Regencia  reprobó  la  con- 
ducta de  la  Junta  de  Santiago;  pero 
nada  provejó  respecto  &  las  justas 
quejas  de  JorELLUtos.  Ocupálñse  en 
escribir  la  defensa  de  la  Junta  cen- 
tral, cuando  tuvo  la  dicha  de  abrazar 
i  su  majozdomo  García  da  Lafuente, 


;JOVE 

y  el  disgusto  de'saber  la  muerte  de  so  ¡ 
antiguo  amigo  jr  protector  el  sefior . 
Arias  Saavedra.  Al  saber  que  el  país  \ 
se  hallaba  libre  de  franceses,  se  enca- 
minó á  Gijón;  pero  &  pesar  del  secre- 
to con  que  hizo  el  viaje,  por  todas 
partes  fué  objeto  de  las  más  grandes 
ovaciones.  En  Gijón  se  lanzaron  las 
campanas  al  aire,  se  dispararon  las 

f>iezas  de  artillería,  se  empavesaron 
os  buques,  T  el  pueblo  entero  gritaba 
bajo  sus  bafcones:  /  Viva  el  padre  de 
la  patria/  Apenas  llegado,  se  ocupó 
de  la  reparación  del  Instituto,  que  los 
franceses  habían  convertido  en  cuar- 
tel; pero  pronto  se  supo  que  los  ejér- 
citos de  Napoleón  invadían  de  nuevo 
el  país,  y  el  achacoso  anciano  se  ve 
obligado  á  refugiarse  en  el  bolantín 
vizcaíno  SI  Volante,  üna  horrorosa 
tempestad  tuvo  al  buque  ocho  dfas 
entre  la  vida  j  la  muerte;  por  fin, 
arribaron  al  puerto  de  Vega,  entre 
Luarca  y  Navia,  y  se  dispusieron  á 
salir  para  Ribadeo.  Saltó  en  tierra  Jo- 
VBLLAHOS  j  se  hospedó  en  casa  de 
TicUes  con  su  amigo  el  sefior  Valdés 
Llanos.  Un  horroroso  huracán  destro 
zó  ei  buque  aquella  noche,  y  por  mi- 
lagro pudo  salvarse  el  sefior  García 
de  Lafnente,  que  en  él  había  quedado. 
La  dolencia  que  aquejaba  al  sefior 
Valdés  Llanos,  se  agravó  terrible- 
mente al  entrar  en  Llanas:  Jovella- 
Hos  no  se  apartó  un  instante  de  la 
cabecera  de  su  lecho,  sirviéndole  por 
su  mano  las  medicinas;  el  dolor  que 
le  produjo  la  gravedad  del  mal  de  su 
amigo  de  la  infancia,  le  postró  en 
cama,  v  declarada  luego  una  pulmo- 
nía fulminante,  espiró  Jovslluíos, 
ignorando  el  fallecimiento  del  señor 
Valdés  Llanos,  á  la  edad  de  67  afios. 
La  Junta  de  Asturias,  domiciliada  en 
Castropol,  manifestó  el  profundo  do- 
lor que  le  causaba  tan  grande  pérdi- 
da, y  comisionó  á  dos  individuos  de 
su  seno  para  que  asistieran  á  su  en- 
tierro, que  fue  tan  suntuoso  y  mag- 
nífico como  el  lugar  y  las  tristes  cir- 
cunstancias, por  que  al  país  atrave- 
saba, lo  permitían.  La  noticia  de  su 
muerte  cundió  por  toda  Bspsfia  con  la 
celeridad  del  rajo,  y  en  todas  partes 
causó  la  misma  tristísima  impresión, 
arrancando  suspiros  á  todos  los  pe- 
chos, y  lágrimas  i  todos  los  ojos.  Las 
Cortea  reunidas  en  Cádiz,  dedicaron  á 
la  memoria  del  insigne  patricio  el  si- 

f^uiente  decreto:  «Las  Cortes  genera- 
es  y  extraordinarias,  queriendo  hon- 
rar la  memoria  del  difunto  cO:4  Gas- 
par Melchor  de  Jovbllanos  con  un 
testimonio  público  que  pueda  ser  co- 
rrespondiente á  su  patriotismo  y  cons- 
tante adhesión  á  la  santa  causa  que 
la  nación  defiende,  á  sus  afanes  j  sin- 
gular esmero  por  la  educación,  á  su 
amor  á  la  humanidad,  á  su  infatiga- 
ble trabajo  por  difundir  entre  sus  con- 
ciudadanos las  luces  y  la  ilustración, 
y  la  firmeza  con  que  sufrió  la  pei^ 
seoución  que  le  hizo  padecer  la  mano 
cruel  del  despotismo;  y  atendiendo 
igualmente  á  las  ventajas  que  pueden 
resultar  de  la  ensefiauza  públiGa  de 
su  Juforme  sobre  el  expediente  de  la 


J0V5¡ 

lejf  erraría,  han  Tenido:  l.*,á  decla- 
rar, como  por  el  presenta  declaran, 
benemérito  de  la  patria  á  don  GAbíAB 
Mblchob  db  JoviLLAHOs;  j  2.*,  en 
mandar,  que  el  Informe  que  extendió 
él  mismo  sobre  el  expediente  de  la 
ley  agraria,  se  tenga  presente  en  la 
comisión  de  Agricultura  de  las  Cortes^ 
para  que  acerca  de  su  lectura  en  es- 
cuelas ó  estudios  públicos,  propon^ 
lo  que  crea  más  conveniente  á  la  mis- 
ma agricultura.  Lo  tendrá  entendido 
la  Regencia  del  reino,  j  para  que  lle- 
gue a  noticia  de  todos,  lo  mandará 
imprimir,  publicar  y  circular. — Ma- 
nuel Villafaña,  presidente. — José  Ma- 
ría Calatrava,  diputado  secretario.— 
Juan  Antonio  Sombieli,  diputado  se- 
cretario.— Dado  en  Cádiz  á  24  de 
Enero  de  1812.— A  la  Regencia  del 
reino.» 

Las  elocuentes  demostneiones  de 
universal  aprecio,  añade  an  eminente 
escritor,  que  se  consagraron  á  la  me- 
moria de  Jovbllanos,  dicen  mujalto 
que  su  mérito  era  extraordinario,  que 
sus  virtudes  eran  muchas,  que  sas 
talentos  eran  grandes,  que  era,  en 
fin,  uno  de  esos  hombres  que  la  Pro- 
videncia envía  al  mundo  como  mode- 
los acabados  dentro  de  las  condicio- 
nes de  la  perfectibilidad  humana.  Bl 
pensamiento  dominante  de  Jovella- 
NOs  era  que  España  participase  de  los 
progresos  y  adelantos  que  en  las  artes 
y  en  las  ciencias  conquistaban  las  de- 
más naciones.  Sus  obras,  encamina- 
das á  este  fin,  forman  cinco  tomos, 
comprendiendo  las  siguientes  mate- 
rias: legislación,  instrucción  públi- 
ca, &:eograña,  historia,  artes,  anti- 
güedades, literatura,  industria  j  co- 
mercio. El  escrito  que  le  díó  ms^or 
celebridad,  fué  el  Informe  de  ley  aftf' 
rtd,  verdadero  pedestal  de  su  gloria. 
Sus  opiniones  sobre  instrucción  pú- 
blica se  mauifestaron  repetidas  veces 
en  sus  lujormes.  En  uno  de  ellos  dice: 
«Ya  no  e's  un  problema,  es  una  ver- 
dad generalmente  reconocida,  que  la 
instrucción  es  la  medida  común  de  la 
prosperidad  de  las  naciones,  y  qufl 
así  son  ellas  poderosas  ó  débiles,  fe- 
lices ó  desgraciadas,  según  son  ilus- 
tradas ó  ignorantes.» 

J^fVflWA.— Bl  personaje  de  ests  mo- 

f 'rafia,  considerado  como  poeta*  como 
itera to,  como  político,  como  economis- 
ta, como  magistrado,  como  estadista, 
como  legislador,  representa  induda- 
blemente la  personificación  másexten* 
sa  y  universal  del  si^lo  xviii.  Cotisida* 
rado  como  patricio  insigne,  grave  y 
severo,  parco  y  sencillo,  observador  J 
diligente,  alentado  y  brioso,  sin  men- 

fua  ni  mancha  de  ninguna  especie, 
gurará  siempre  entre  los  mártires  y 
los  héroes  de  España.  Bajo  cualquiera 
de  las  dos  figuras,  su  recuerdo  P"*^ 
nece  á  U  gloria  que  lo  inmorialwó; 
de  tal  suerte,  que  el  nombre  de  Gas- 
par Mblchob  db  Jovellakos  se  ha 
convertido  en  una  especie  de  blasoa 
nacional. 

Joven.  Stasculino  y  femenino.  Ls 
persona  que  está  en  Uedad  de  la  ju- 
ventud. Se  aplica  también  á  amm*' 


k 


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JOVE 


JOVI 


JUAN  255 


7. man  á  otras  cosás;  cerno  tíena, 
tía»,  olÍTar.  I  El  jovbn  qub  no  tra- 
baja, CUANDO  BS  TIBJO  DDBBUB  BN  PA- 
JA. B«fr&Q  qu«  aconseja  que  debe  tra- 
bajarse en  la  jurentud,  para  no  mo- 
rir de  miseria  en  la  vejez.  |  Hacbbsx 
ta.  JovsN.  Locucidn  íamilíar,  aplicada 
i  loa  TÍejos  qae  quieren  rejuTenecer  i 
la  fuerza. 

Btxholooía.  Sánscrito  y  nosn:  persa, 
djttoan;  latín, /jíp"*»*;  alemán,  Jun^; 
TUSO,  io4ni;  italiano,  giotine^  gimane; 
francés  del  siglo  xii,  joau¡  moderno, 
/mm«;  proTenzal,  jou;  catalán,  jova» 
itmamaoijove,  masculino.. 

1.  El  Mn  jUv^ú  jjüiare,  ayu- 
dar, representan  la  misma  palabra  de 
origen,  como  lo  demuestra  el  sánscri- 
to jr»  (^)»  acrecer,  aumentar,  unir; 

ySnvanan,  juventud;  y«n»i  jo- 
Tcn,  simétrico  de  jfavanai,  los  que 
«ombaten,  los  que  auxilian,  loi  que 
Ayudan, 

2.  La  abreve  de  yJÍRMf  es  eierta- 
inente  la  n  á^JUvare, 

3.  La  equivalencia  catalana  denues- 
tro  refrán  es:  lo  jots  qw  no  (rabalUf 
fuén  e$  veü  dorm  á  la  palla. 

SiNONUOA*  Joven,  moto.  La  toi  jo- 
«»  explica  la  idea  absolutamente;  la 
vos  w«z0  la  explica  comparativamente, 
porque  la  juventud  es  la  edad  del 
nombre  entre  la  nífiez  j  la  edad  va- 
ronil, como  desde  los  catorce  hasta 
los  veintiún  años;  v  la  mocedad  es  el 
lismpo  que  el  hombre  conserva  aquel 
vigor,  parecer  ó  disposición  que  son 
propios  de  la  juventud,  y  pueden  du- 
rar mis  ó  menos  tiempo. 

Un  hombre  de  treinta  años  no  es  ja 
ÍP90*t  según  la  rigurosa  propiedad  de 
la  voz;  pero  es  mozo  todavía. 

Por  eso  se  dice  con  relación  á  aque- 
lla disposición  física  que  caracteriza 
el  esudo  de  mozo:  es  un  buen  mozo, 
porque  un  buen^'mm  no  aludiría  á  la 
<üs]»ai«ón  ñsiea,  sino  á  las  buenas 
prendas  j  calidades  morales  de  un 
Hombre  que  se  halla  determinada- 
mente en  la  edad  juvenil.  En  la  es- 
cuela militar  sólo  se  admiten  jávenet, 
esto  es,  con  relación  á  la  edad  deter- 
minada que  allí  se  requiere. 

Por  la  misma  razón,  j  con  alusión 
á  la  idea  que  aplicamos  á  la  voz  tno», 
llamamos  asf  vul^^armente  al  gana- 
pán, aunque  sea  viejo;  al  criado  que 
se  ocupa  en  los  oficios  que  suponen  ó 
-requieren  la  agilidad  j  disposición 
que  naturalmente  acompañan  j  son 
propias  de  la  juventud,  i  en  muchas 
partes  se  da  el  nombre  de  vwo  i  todo 
nombre  soltero.  (Hubbta.) 

Jovenado.  Masculino.  En  algunas 
drdenes  reli^Osas,  el  tiempo  que  es- 
tán los  religiosos  ó  religiosas,  después 
-de  la  proiesión,  bajo  la  dirección  de  un 
maestro.  Llámase  también  asi  el  sitio 
donde  habitan  y  se  juntan. 

Etimología.  Joten, 

Jovencico,  ca,  lio,  lia,  to,  ta. 
-Adjetivos  diminutivos  de  joven.  Se 
usan  máa  comunmente  como  iostan- 
tivos. 

BnuoLoofA.  Jov«nt  catalán,  jíne~ 
4;- latía.^tfffMdUw,  señorito,  pi- 


saverde, en  Catón  ;/jÍ0mitía,  mucha- 
cha, doncella,  en  san  Jerónimo. 

Jovenete.  Masculino  diminutivo 
de  joven. 

Jovenete,  ta.  Femenino  familiar. 
Jovbn. 

Jovia.  Femenino.  Mitología.  Sobre- 
nombre de  Venus.  (Inscripciones.) 

Etimología.  Latín  JÜna,  nombre 
tomado  de  Jovivs  Pagas,  aldea  cerca 
de  Ñola,  en  donde  había  un  templo 
consagrado  á  Júpiter. 

Jovial.  Adjetivo  que  por  su  étimo* 
logia  significa  lo  perteneciente  á  Jovb 
ó  Júpiter.  |  Se  toma  generalmente 
en  significación  de  alegre,  festivo, 
apacible. 

ETtuoLOofA.  Latín  jSoiSlis,  en  Ma- 
crobio; lo  perteneciente  á  Júpiter;  y 
extensivamente,  de  buen  agüero,  fes- 
tivo, agradable,  gracioso:  italiano, 
giociale;  francés,  jovial,  ale;  catalán, 
jovial. 

Sinonimia.  Jovial,  alegre,  contenió. 
Uno  6S  jovial  por  carácter;  uno  es  ale- 
gre por  temperamento;  uno  está  con- 
tenió por  alguna  circunstancia  parti- 
cular. Un  hombre  jovial  se  esfuerza 
por  hablar  en  chanza;  da  cierto  colo- 
rido de  alegría  á  todo  lo  qne  hace  6  i 
todo  lo  que  dice.  Un  hombre  at^rt  es 
un  hombre  de  humor  festivo  j  diver- 
tido. Un  hombre  está  contento  cuando 
experimenta  actualmente  alegría,  por 
el  Duen  éxito  de  una  empresa,  en  la 
que  él  ha  trabajado  con  calor  para  lo- 
grarla. (Lópbz  Pblbqrín.) 

JovialiaSa  Femenino  plural.  Poli- 
teísmo. Fiestas  que  celebraban  los  an- 
tiguos en  honor  de  Júpiter. 

STUOLoaÍA.  Latín  jovialía. 

Jovialidad.  Femenino.  Alegría  y 
apacibilidad  de  ffenio. 

Etimolooía.  Jovial:  catalán,  jomar- 
litai;  francés,  jovialit¿;  italiano,  ytV 
vialita. 

Jovialmente.  Adverbio  da  modo. 
Con  jovialidad. 

Etimología.  Jovial  j  el  sufijo  ad- 
verbial mente:  ínucés,  jovialemonL 

Joviano.  Masculino.  Historia  ro~ 
mana.  Emperador  de  Roma,  sucesor 
de  Juliano.  (Auiano.) 

Etimología.  Latín  Jovianus. 

Jovianos.  Masculino  plural.  His- 
toria romana.  Soldados  de  dos  legiones 
romanas.  (Amiano.) 

Etimología.  Latín  j'ovtSm. 

Jovinianistas.  ^sculino  plural. 
Historia  eclesiástica.  Herejes  de  la  sec- 
ta de  Joviniano.  (Sam  Isidoro.) 

Etimología.  h»X\njtivinianUteB. 

Joviniano.  Heresiarca  milanés  del 
siglo  IV,  cuyas  doctrinas  fueron  refu- 
tadas por  san  Agustín  y  san  Ambro- 
sio ^  condenadas  por  el  Concilio  de 
Milán.  Predicaba  que  todos  los  bauti- 
zados que  no  hicieran  abjuración  del 
sacramento,  recibirían  igual  recom- 
pensa en  el  cielo;  negaba  la  virgini- 
dad de  Haría  después  del  nacimiento 
de  Jesús;  sostenía  que  el  cuerpo  de 
Cristo  había  sido  fantástico  y  que 
ninguna  clase  de  penitencia  era  pro- 
vechosa al  alma. 

Etimología.  Latín  /«Mtiaw.  (San 

ISIDOBO.) 


Jevio.  Masculino.  Sobrenombre  de 
Diocleciano.  (Claudiano.)  Q  Lbgióh 
jovia.  Historia  romana.  Legión  for- 
mada por  dicho  emperador* 

Etimología.  Latín  Jdtins,  forma  de 
JÜvis,  Jove. 

Joya.  Femenino.  Pieza  de  plata  ú 
oro  trabajada  con  primor  y  curiosidad, 
en  que  están  engastadas  piedras  pre- 
ciosas, y  que  sirve  para  adorno  de  la 
persona,  especialmente  de  las  muje- 
res. U  El  premio  que  se  da  por  alguna 
acción  de  habilidad  6  destreza.  |  Ár~ 
qnittetwra  y  artilleria.  AsraÁaALO.  | 
Plural.  Todos  los  adornos  y  vestidos 
que  pertenecen  i  una  mujer,  especial- 
mente cuando  sale  de  an  easa  para  ca^ 
sarse. 

Etimología.  Latín  j^tcw,  juego;  esto 
es,  juego  de  luz,  brillante:  catalán, 
joga;  italiano,  jtm^;  francés,  Ü-jou 
(oijott);  de  bis,  dos,  y  el  latín /¿fcw; 
fdoble  juego  de  luz.»  (MAhaos,  Lxt- 
TBÉ,  Díaz.) 

Joyante.  Adjetivo.  Se  aplica  á  la 
seda  muy  fina  y  de  mucho  lustre. 

ETiMOLoaÍA.  Joya,  por  el  brillo. 

Joyel.  Masculino.  Joya  pequeña 
que  por  lo  común  se  lleva  pendiente. 

EtiholooÍa.  Joya:  bajo  latín,  Jf¿cS- 
lis,  jdcalla;  catalán  antiguo,  fiwell; 
^lOYomaX,  joyel,  joell;  francés  del  si- 
glo Til,  joian;  moderno,  j'ayatt;  italia- 
no, gioietlo. 

Joyera.  Femenino.  La  que  tiene 
tienda  de  joyería.  I  Anticuado.  La 
mujer  que  bacía  y  bordaba  adornos 
mujeriles. 

Joyería.  Femenino.  El  trato  y  co- 
mercio de  joyas,  la  tienda  donde  ae 
venden,  y  el  taller  en  que  se  cons- 
truyen. 

Etimología.  Joyat  catalán,  joyeriéi 
francés,  joaill»rie. 

Joyero.  Masculino.  Iffl  que  tiene 
tienda  de  joyería. 

Etimología.  Jej^a:  catalán,  jo^orí 
francés,  joailUer;  ittXWao,  pcjmUro. 

Joyita.  Funenino  diminutivo  de 
joya. 

Etimología.  Joya:  catalán,  joyeta. 

Joyo.  Masculino.  Especie  de  grama 
que  se  cría  entre  los  trigos  y  cebadas; 
produce  una  espiga  blanca  y  delgada 
con  seis  ó  más  granos  que  salen  al- 
ternativamente de  los  dos  lados  de  la 
cima  en  forma  de  espígaillas,  con  una 
semilla  menor  que  la  del  trigo,  ence- 
rrada en  una  cáscara  negra,  que  se  ter- 
mina casi  siempre  en  cierta  barbilla  ó 
raspa  puntiaguda. 

Joyón,  hnisculino  aumentativo  de 
joya. 

Joyosa.  Femenino.  Oermasda*  La 
espada. 

Joyuela.  Femenino  diminutivo  de 
joya. 

Jua-bel.  Masculino.  Arbolillo  de 
América  cuya  raíz  es  medicinal. 

Juaguarzo.  Masculino.  Arbusto 
conocido  en  varias  provincias,  espe- 
cialmente en  la  Mancha,  que  produce 
las  hojas  sin  pezón,  vellosas  por  am- 
bas haces,  con  tres  nervios  que  corren 
desde  la  basa  hasta  la  punta,-y  las  flo- 
res blancas  en  racimos. 

Joan.  Masculino,  Membre  propio  de 


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JUAN 


JUAN 


JUAN 


varón:  uuvJoAir.  |  (^mania.  Cepo  de 
j^lesii.  II  D8  QAEONA.  Germanía,  El 
-pfojo,  I  DÍAZ.  Germania,  Candado  ó 
cernulura.  |  dorado.  GtnuutU,  Mo- 
neda de  oro.  |  kachib.  GernumU.  El 
machete.  |  pl&tbbo.  GemtMÍa,  Slone- 
da  da  plata.  |  taufb.  GemanUi.  El 
dado  de  jugar.  Q  Buen  Juan.  Expre- 
aióa  familiar  que  se  aplica  al  hombre 
sencillo  y  ficú  de  eogaSar.  \  Don 
Juan  ó  ooh  Pbdbo  db  nockb.  Don 
dlboo  db  nochk.  ||  juam  db  bubm  al- 
MA. Buxtf  Juan.  |  lamas.  Expresión 
&miUar  que  se  aplica  al  hombre  de 

f;enio  apocado,  que  se  presta  coa  fací- 
idad  i  todo  cuanto  se  quiere  hacer 
de  él.  I  PALOMO.  Familiar.  El  hombre 
que  no  se  vale  de  nadie  ní  sirre  para 
nada.  |  Hacbb  san  Juan.  Frase  fami- 
liar. Despedirse  los  mozos  asalariados 
antes  de  eamplir  el  tiempo  de  su 
ajuste. 

EnuoLoaÍA.  L  Hebreo  Jochanan» 
que  significa:  cjehovah  es  elemente.» 
(Lirrai.) 

2.  Hebreo  Uhokhanan^  ^cia  6  don 
de  Dios;  de  Jekotah,  Dios,  y  khanan, 
ser  misericordioso.  (Monlau.) 

3.  Estas  dos  etimologías  son  una 
en  el  fondo.  Partiendo  de  la  de  Uún- 
lau,  la  derivación  es  la  siguiente: 

Deriracij'n^  —  Hebreo  Jehoh&anan: 
griego  *|ci)iw7];  latín, /o¿Afwx;frauoés, 
Jean  (iatigaQJehan);poTt\igné8,JoSo; 
catalán,  /«I».- /tfr  lo  JoAir  ^  Tarrago- 
M  (ftr  V  orníó  ftr  U  dnenUsJ;  «ha- 
cana  el  desentendido;»  eato  ei,  «dame 
pan  j  dime  tonto.» 
•  Jnut  «1  Bautista.  Preenraor  de 
Jesús,  hijo  de  Zacarías  y  de  Isabel, 
que  nació  pocos  meses  antes  que  el 
Salvador  j  murió  el  afio  32  de  la  era 
-cristiana.  Vaé  consagrado  á  Dios  des- 
de sus  primeros  años  y  se  retiró  al 
deaterto  para  entregarse  allí  á  los  ri- 

Sres  da  una  TÍda  austera  t  ejemplar, 
afio  29  de  Jesucristo  salió  de  su  so- 
ledad j  predicó  en  las  orillas  del  Jor- 
dán la  Tenida  del  Mesías.  Multitud  de 
judíos  couTertídos  le  pidieron  el  bau- 
.tismo,  lo  cual  le  dió  el  sobrenombre 
de  BemlñU,  El  mismo  Jesús  quiso 
reeibir  de  sti  mano  aquel  signo  de  pu- 
rificación. Poco  después  fué  encerrado 
en  una  prisión  por  haber  protestado 
enérgicamente  contra  la  unión  inces- 
toosa  de  Heredes  Antipas  con  Hero- 
días,  stt  cañada,  y  más  adelante  con- 
denado á  muerte  y  decollado  ¿  peti- 
ción de  Salomé  m  bailarina,  hija  de 
Herodíaa.  La  fiesta  de  la  Natividad 
de  SAH  JuAM  Bautista  se  celebra  el 
24  de  Junio, 

Reuña. — Aun  se  conserva  en  la  an- 
tigua ciudad  de  Samaría  el  calaboso 
en  que  el  Bautista  fué  bárbaramente 
degollado,  así  como  varias  columnas 
del  palacio  de  Herodes,  donde  se  dió 
el  convite  en  que  la  cabeza  del  santo 

E recursor  fuá  servida  en  un  plato  ó 
andeja  á  guisa  de  manjar.  No  habla- 
mos de  oídas,  puesto  que  hemos  visi- 
tado dichos  parajes  y  tenemos  varias 
reliquias  de  estas  ucrosantas  memo- 
rias de  nuestra  fe. 

Juan  el  Evanf^elistn.  Uno  de  loa 
doce  apóstoles,  hijo  del  Zebedeo  y  her- 


mano de  Santiago  el  Mayor,  qne  na- 
ció en  Betsaida  (Galilea)  y  ejerció  en 
un  principio  el  oficio  de  pescador. 
Conuba  escasamente  25  años  cuando 
fué  llamado  al  apostolado  por  Jesús. 
Testigo  de  casi  todos  los  milagros  del 
Salvador  y  su  discípulo  más  querido, 
le  acompañó  al  huerto  de  las  Olivas  y 
al  monte  Calvario,  j  fué  &  quien  Je- 
sús recomendó  especialmente  á  su  ma- 
dre al  tiempo  de  morir.  Empezó  á  pie- 
dicar  el  ETvangelio  inmediatamente 
después  de  la  Kesurrección;  asistió 
al  Concilio  de  Jerusalén  el  afio  51  y 
después  se  fué  á  predicar  la  fe  al  Asia 
menor,  crejréodose  que  llej^ara  hasta 
el  país  de  los  parthos.  Fue  el  primer 
obispo  deÉfeso;^  habiendo  sido  pre- 
so el  año  95,  fue  conducido  á  Roma, 
donde  mandó  Domiciano  arrojarle  á 
una  caldera  de  aseite  hirviendo,  sin 
que  sufriera  lesión  alguna,  según  la 
tradición  refiere.  En  seguida  fué  des- 
terrado i  la  isla  de  Patmos,  en  donde 
escribió  «1  Apoealipm,  esto  es,  la  re- 
velaciÓD,  obra  mística  y  alegórica, 
cuyo  verdadero  sentido  aún  no  se  ha 
podido  comprender.  Vuelto  &  Éfeso 
ae8[)ués  de  la  muerte  de  Domiciano, 
escribió  su  Evangtlio  y  murió  en  di- 
cha ciudad  i  los  94.  años,  el  101  de 
Jesucristo.  Quedan  de  él,  además  de 
las  obras  expresadas,  tres  Bpütolat 
canónicas.  Su  fiesta  se  celebra  el  27  de 
Diciembre  y  su  emblema  es  el  águila. 

R$s4ña.—\.  En  la  clasificación  filo- 
sófica de  las  variaa  escuelas  á  que  per- 
tenecen los  evangelistas,  san  Juan,  el 
mis  sabio  de  todos  ellos,  representa 
la  escuela  platónica. 

2.  Dentro  del  sentido  ortodoxo,  el 
Apeealiptis  es  la  parábola  más  subli- 
me de  las  Sagradas  Escrituras,  rayos 
del  cíelo  que  iluminó  el  alma  del  dis- 
cípulo, del  evangelista  y  del  apóstol. 

3.  Respecto  del  Apocaliptis^  acon- 
tece lo  que  respecto  de  las  sentencias 
de  Jesús  y  de  las  epístolas  del  inmen- 
so apóstol  san  Pablo:  no  se  sabe  cómo 
están  escritas.  Hay  tal  torrente  de 
inspiración,  qne  sa  belleza  no  cabe 
en  nuestro  espíritu,  sin  que  podamos 
determinar  si  tanta  delicia  se  debe  al 
encanto  del  arta  6  al  sumo  ingenio  de 
Ufe. 

Joan  I,  Rey  de  Aragón,  hijo  de 
Pedro  IV  el  Cermonioso;  nació  en 
1350  y  murió  en  1395.  Sucedió  i  su 
padre  en  1387  y  se  dejó  dominar  por 
su  mujer  lolanda,  que  fué  la  que  go- 
bernó el  reino.  Los  aragoneses  se  su- 
blevaron varias  veces  á  causa  de  la 
preferencia  que  daba  aquella  princesa 
a  las  personas  y  á  los  usos  de  Fran- 
cia, su  patria.  Juan  1  rechazó  al  con- 
de de  Armagnac,  que  invadió  sus  Es- 
tados; envió  socorros  á  su  sobrino 
Martín, du<^ue  de  Montblanc,para  con- 
quistar la  bictlia;  sometió  á  la  Cerde- 
ña  y  murió  de  la  caída  de  un  caballo. 

Juan  11.  Duque  de  Pe&atíel,  y 
después  rey  de  Aragón  y  de  Navarra; 
era  hijo  de  Fernando  l  el  Juslo;  nació 
en  1397  y  murió  en  1487.  Ocupó  el 
trono  de  Navarra  en  1420,  por  su  ca- 
samiento con  Blanca, hija  de  Carlos  III 
el  Noble;  fué  coronado  con  ella  en  1429 


y  tuvo  dos  hijos:  Cftrlos,  dnqne  de 
Víapa,  y  Blanca,  que  casó  qob  fi^d- 
que  IV  de  Castilla,  Tomó  posettóa  del 
trono  de  Aragón  por  muerte  de  su  her- 
mano Alfonso  el  Ma^tUnimo^  en  1458, 
y  sostuvo  una  larga  guerra  con  Ecri- 
que  IV  de  Castilla  y  con  su  propio 
hijo  Carlos,  á  quien  tuvo  que  ceder  el 
gobierno  de  Catalufia.  Muerto  éste,  le 
sublevaron  los  catalanes,  procUmando 
rey  á  Pedro,  infante  de  Portugal,  y 
luego,  á  Renato  de  Anjou;  y  para  lo- 
meterlos,  tuvo  que  pedir  recunos  á 
Luis  XI  de  Francia,  empeñando  el 
Rosellón  y  la  Cerdefia,  lo  cual  dió  la- 
gar á  otra  guerra,  que  Juan  dejd  sin 
terminar  cuando  murió. 

Juan  I.  Rey  de  Castilla  y  da  León, 
hijo  de  Eori:jue  II,  el  de  la$  Aferceáet, 
que  nació  en  1358  y  murió  ^n  1390. 
Sucedió  i  su  padre  en  1379;  ratificó 
la  alianza  que  aquél  había  hacho  eos 
Carlos  V  de  Francia;  arregló  el  can- 
miento  de  su  hijo  recién  nacido,  Bn- 
rique,  con  la  infanta  Beatriz,  hija  de 
Fernando  de  Portugal;  y  comoquiera 
que  éate  faltase  al  pacto,  le  declaró 
una  guerra  en  que  fueron  derrotados 
los  portugueses,  haciéndose,  por  fin, 
la  paz  y  arreglándose  el  mammoaio 
de  Beatriz  con  Fernando,  hijo  segun- 
do del  rey  de  Castilla.  Se  declaró  «d 
favor  del  papa  Clemente  VII,  qne  te- 
nia por  competidor  á  Urbano;  jootÓ 
Cortes  en  Segovia  y  ordenó  que  en  lo 
sucesivo  00  se  contasen  los  años  por 
la  era  Juliana,  sino  por  la  de  Cristo. 
Habiendo  muerto  el  rey  de  Portugal, 
el  de  Castilla  quiso  nacer  valer  los 
derechos  de  su  nuera  Beatris,  bija  del 
rey  difunto;  pero  encontró  resisten- 
cia en  el  país,  donde,  por  fin,  se  pn>- 
clamó  rey  al  infante  Oon  Juan,  mas» 
trt  de  Avis,  hijo  de  Don  Pedro  I  y  de 
Doña  Inés  de  Castro,  siendo  vencido 
Don  Juan  I  en  la  célebre  cuanto  des- 
graciada batalla  de  Aljubarrota.  Soi- 
tuvo  después  otra  guerra  con  al  du- 
que de  Lancaster,  esposo  de  Coostia- 
za,  hija  de  Don  Pedro  I  de  Castills, 
que  había  invadido  sus  reinos,  y  por 
fin  hizo  la  paz  con  él,  concertando  el 
matrimonio  del  infante  Enrique  coo 
Catalina,  hija  de  aquél,  y  estipulán- 
dose que  en  lo  sucesivo  el  heredero 
de  la  corona  de  Castilla  se  llamara 
Principe  d*  Aitnrias,  Juntó  Cortes 
diferentes  veces  para  arreglar  asun- 
tos del  reino,  y  murió  de  una  caída 
que  dió  de  un  caballo,  en  Alcalá  de 
Henares. 

Juan  II.  Rey  de  Castilla  y  León, 
hijo  de  Enrique  III,  el  Doliste;  Q«* 
ció  en  1405  y  murió  en  1454.  Suce- 
dió á  BU  padre  en  1406,  bajo  la  tutela 
de  su  madre  Catalina  y  de  su  tío  Fer- 
nando. Habiendo  sido  elegido  éste 
rey  de  Aragón,  y  muerto  poco  des- 
pués, así  como  la  reina  Catalina,  con- 
tinuó gobernando  el  mismo  Consejo 
de  regencia  que  ésta  tenía,  hasta  (}ue 
el  joven  rey,  al  empuüar  por  sí  mis- 
mo, el  cetro,  nombró  para  sus  con- 
sejeros los  mismos  que  lo  habían  sido 
de  su  padre.  La  privanza  de  Don  Al- 
varo de  Luna  empezó  á  esparcir  el 
descontento,  y  una  noche  el  ra/  fue 


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JUAN 

arrebatado  por  \o$  iafaotes  Juan  7 
Buciciue  de  A.ragón,  que  la  condujo- 
«OD  i  AtíU;  pero  pudo  fufarse  ^  for- 
Mlk6  eausa  á  los  rebeldes,  i  quienes, 
ñu  «mb«r^,  perdoné  en  142a.  Estoi 
TolTÍaroa  a  tomar  las  armat  j  arras- 
traron á  la  lucha  ¿  los  reiaoa  de  Ara- 
(fdn  7  de  Navarra,  obligando,  por  fia. 
•1  Mj  i  deaterrar  al  condestable.  Pero 
opoto  &  .esto  siguieran  grandei  axi- 
^tnciae  por  parte  del  rer  de  Navarra 
j  del  partido  enemigo  del  de  Lana, 
qiM  t«nia  al  rej  como  cautÍTo  sin  de- 
jarle U  menor  libertad  en  sus  accio- 
nes, llegó  á  estallar  una  lucha  en  que 
el  rej  de  Navarra  fué  derrotado  en  la 
batalla  de  Olmedo,  muriendo  en  ella 
«1  infant«  Don  Enrique  j  siguiéndo- 
ae  deade  luego  la  vuelta  del  condes- 
table al  poder.  Este  llegó  &  indisj^ 
nacse  con  el  mismo  Enrique,  príncipe 
4a  Asturias,  /  oon  su  madrastra  Isa- 
bel de Portógal,  ¿quien había  casa- 
do con  Don  Juah  IX,  la  cual,  4  fuer- 
ai  do  asediar  i  su  esposo,  le  arrancó 
una  orden  de  prisión  contra  D.  Alva- 
ro, siendo  éste  juzgado  y  decapitado 
an  Valladolid  en  1453.  Tantas  luchas 
/  penalidades  habían  acibarado  la  vi- 
da del  rej,  concluyendo  por  acabar  la 
sojr*  si  sAo  siguiente  de  la  de  su  favo* 
rito.  Su  debilidad  para  el  gobierno  no 
le  impidió  tener  gran  valor  personal 
j  notable  pericia  para  la  guerra;  ganó 
mnehas  victorias  a  los  moros  de  Gra- 
nada; estableció  una  guardia  real  j 
planteó  un  ejército  permanente.  Favo* 
sació  ü  estadio  del  derecho,  publicó 
lajrss  j  nfovmas  útiles  7  dispensó 
gian  proteceión  &  las  letras,  a  las 
coalas  ara  muy  dado,  floreciendo  en 
sneorte  poetas  tan  eminentes  como 
Jnui  da  Mena,  Jorge  Manrique  7  el 
marq^aés  de  Santillana.  De  su  primer 
matrimonio  con  María  de  Aragón  dejó 
á  &ir¡que  IV,  el  Impointe,  7  del  se- 
gando, oon  Isabel  de  Portugal,  á  Isa- 
bel la  Católica  7  al  infante  Don  Alfon- 
so. Quien  logró  la  fortuna  de  ser  pa- 
dre de  Isabel  la  Católica,  tiene  grandes 
títulos  al  amor  de  los  espafioles;  aun 
prescindiendo  del  padrón  ds  sus  pro- 
oios  hechos. 

Jnan  III  ó  Juan  do  Albret.  Rev 
de  Navarra,  hijo  de  Alano,  seflor  de 
Albret.  Casó  en  1484  con  Catalina  de 
Ñanrra,  hernuna  7  heredera  de  Fran* 
cisco  Fabo,  v  fué  coronado  rev  de  Na- 
varra en  1489;  pero  carecía  de  valor, 
7  atacado  en  1510  por  Femando  el  Car 
tóUc»,  huyó  ante  su  qércíto  7  perdió 
la  alta  Navarra,  que  fué  incorporada 
á  la  corona  de  Castilla  en  1522.  No 
conservó  más  que  el  Beame  7  murió 
en  Francia  en  1516,  dejando  ua  hijo, 
Enrique  II,  re7  titular  de  Navarra, 
CDTa  hija,  Juana  de  Albret,  fué  madre 
de  Bnrique  IV  de  Francia. 

Juan.  Infante  de  Castilla,  hijo  de 
Alfimso  el  Sabio,  7  célebre  por  sus 
turbulencias.  Reclamó  la  ejecuclófi 
del  testamento  de  su  padre  contra  las 

Kitensíones  de  sn  hermano,  el  re7 
n  Sancho;  cssó  con  la  hija  de  Loj^ 
da  Haro;  ae  alió  con  los  moros  7  sitió 
á  Tarifa,  defendida  por  Guzmán  al 
¿aunw»  i  «U70  hijo,  qna  tenía  en  su 


JUAN 

podar,  mandó  matar;  pretendió  la  re* 
gencia  durante  la  minoría  de  Alfon- 
so XI  7  murió  en  1313,  en  una  expe- 
dición contra  los  moros  de  Granada. 
Su  nombre  póstumo,  más  que  el  re- 
cuerdo de  una  vida,  es  la  aparición 
de  una  sombra,  donde  no  se  refleja 
otn  los  qna  la  inmensa  glorw  de  su 
padre. 

Juan.  Hijo  del  anterior,  llamado  él 
Cmitralueho,  Sucedió  £  su  padre  en  la 
parte  de  regencia  que  ejercía  7  fué 
asesinado  por  orden  de  Alfonso  XI, 
al  poeo  tiempo  de  haber  tomado  las 
riendas  del  gobierno. 

Juan.  Hijo  bastardo  de  AKonso  XI 
de  Castilla  7  de  Leonor  de  Guzmán. 
Fué  muerto  en  1359,  á  la  edad  de  19 
aflos,  por  orden  de  Don  Pedro  el  Crael. 

Juan.  Hijo  de  Alfonso  IV  de  Ara- 
gón V  de  Leonor,  hermana  de  Alfon- 
so XI  de  Castilla.  Tomó  parte  en  las 
turbulencias  de  este  último  reino;  en- 
tró á  poseer  el  señorío  de  Vizca7a.  j 
fué  muerto  por  orden  7  £  presencia 
de  Don  Pedro  el  Cr*el. 

Joan.  Príucipe  de  Asturias,  hijo 
de  los  Revés  Católicos  Dju  Fernando 
7  Doña  Isabul,  que  nació  en  1478, 
fuéjurado  heredero  de  la  corona  en 
1479  en  Toledo,  Zaragoza,  Barcelona 
7  Valencia;  casó  con  Margarita,  hija 
del  emperador  Maximiliano,  7  murió 
sin  sucesión  eu  1497. 

Juan  da  Austria  (don).  Frente  á 
la  siaiestra  figura  del  rev  Felipe  II, 
se  presenta  la  franca  7  leal  de  este 
joven  príncipe,  cual  un  don  déla  Pro- 
videncia otorgado  á  España  para  rea- 
lizar ana  de  las  más  grandes  empre- 
sas  que  registra  la  nistoria  de  las 
naciones  civilizadas.  Nos  referimos  al 
combate  de  Lepanto,  página  la  más 
gloriosa  de  la  cristiandad.  Do.v  Juan 
Da  AusTBiA  era  hijo  natural  del  em- 
perador Carlos  V  y  de  una  joven  de 
Ratisbona,  llamada  Bárbara  Blom- 
berg,  hija  de  un  ciudadano  particular 
de  Ratisbona i^jiA^^J  que  vivía  de  su 
hacienda,  la  cual  casu  con  Jerónimo 
Piramo  Kegell,  comisario  del  ejército 
del  re7,  da  quien  tuvo  dos  hijos;  7 
una  vez  muerto  Kegell,  fué  traída  á 
España  por  disposición  de  su  hijo 
Don  JuaM,  de  acuerdo  con  su  herma- 
no Don  Felipe  II,  que  la  asignó  una 
pensión  de  3.000  ducados  anuales, 
estableciéndose  en  San  Cebrián  de 
Mazóte  (Castilla  la  Vieja)  primero,^ 
luego  en  Colíndres,  donde  murió 
en  1598.  £1  niño  Doh  Juan  fué  con- 
fiado por  el  emperador  á  su  ma7ordo- 
mo  don  Luis  Quijada,  señor  de  Villa- 
garcía,  ra  mauor  confidente,  y  á  quien 
Jiaha  los  más  delicados  secretos.  Educa- 
do en  Lemanes,  cerca  de  Madrid,  se- 
gún el  historiador  Vander  Hammen, 
por  un  clérigo  llamado  Bautista  Vela, 
sus  primeros  años  los  pasó  mezclado 
con  los  otros  niños  del  pueblo,  sin  que 
nadie  sosjiechase  su  alta  alcurnia. 
Por  disposición  de  su  padre,  7  al  ob. 
jeto  de  que  recibiera  la  conveniente 
educación,  fué  trasladado  el  niflo  i 
Villagarcia,  al  lado  de  la  esposa  de 
don  Luis  Quijada,  doña  Magdalena 
de  UUoa,  hermana  del  marqués  de  la 


JUAN  257 

'  Mota,  dama  tan  instruida  como  vir- 
tuosa. Alguna  vez  fué  presentado  £ 
Carlos  V  en  su  retiro  de  Yuste  pur 
Quijada,  como  un  paje  Stt70,  gozando 
el  emperador  con  su  presencia;  pero 
sin  proferir  ona  frase  que  le  permi- 
tiese, si  no  comprender,  adivinar  al 
menos  que  era  su  hijo.  En  1559,  sn 
hermano  Felipe  11  le  nizo  traer  á  va- 
lladolid, para  que  presenc-iara  en  su 
compañía  un  auto  de  fe;  7  á  los  pocos 
días,  dispuso  ir  con  su  corte  al  mo- 
nasterio de  la  Espina,  donde  Quijada, 
prevenido  del  caso,  besó  de  rodillas  la 
mano  de  Don  Juan;  los  nobles  le  hi- 
cieron pleito  homenaje,  7  el  re7  Don 
Felipe,  ciñéndole  la  espada  7  colgán- 
dole al  cuello  el  Toisón  de  Oro,  eicla- 
mó:  «/Buen  ánimo,  niño  mío,  que  sois 
hijo  a*  un  noHlítimo  taron!  SI  empero- 
dar  Carlos  V»  que  en  el  cielo  vive,  fue' 
mi  padre  ¡f  el  vuestro,»  Jdzgune  déla 
sororesa  de  Don  Juan.  A  sn  regreso 
&  Valladolid,  el  re7  le  puso  casa, 
nombrándole  por  a7o  á  don  Luis  Qui- 
jada 7  ordenando  que  se  le  diera  el 
título  de  txcelencia,  si  bien  todos  le 
llamaron  alteta  desde  aquel  día.  En 
las  Cortes  de  Toledo  (1560),  para  el 
reconocimiento  7  jura  del  príncipe 
Don  Carlos,  asistió  Don  Jdan  con  la 
familia  real,  j  como  no  contaba  los  14 
años  cumplidos,  el  re7  hubo  de  dis- 
pensarle la  edad  para  que  prestara 
juramento  é  hiciera  pleito  homenaje 
á  su  sobrino.  En  1562  le  envió  el  re7 
con  su  hijo  Don  Carlos  j  su  primo 
Alejandro  Farnesio  á  la  ciudad  de  Al- 
cala,  tanto  para  que  hiciera  compañ^ 
al  príncipe,  cuanto  para  instruirse. 
Don  Felipe  (díeese  que  siguiendo  las 
instrucciones  de  su  padre)  destinó  ¿ 
Don  Juan  á  la  Iglesia,  solicitando 
para  él  en  1574  el  capelo  de  cardenal, 
que  habría  obtenido  si  providencial- 
mente no  se  interpusiera  la  cuestión 
de  etiqueta  entre  los  embajadores  de 
Francia  7  España.  Al  saber  Don  Juan 
que  se  le  destinaba  á  la  Iglesia,  excla- 
mó, en  un  arranque  de  valerosa  in- 
dignación, <que  se  quitaría  la  vida 
si  supiese  que  otro  amaba  la  gloria 
más  que  él.»  Atraído  por  la  carrera 
de  las  armas,  al  regresar  de  Alcali  á 
Madrid,  sin  consultar  á  nadie,  se  en- 
caminó á  Barcelona,  resuelto  á  eon- 
corrír,  como  un  simple  soldado,  al 
socorro  de  Malta;  7  eran  tales  las 
simpatías  7  tan  grande  la  influencia 
que  ejercía  entre  los  nobles,  por  su 
elevado  carácter  7  su  gran  corazón, 
que  muchos  caballeros  resolvieron 
acompañarle  en  su  alentada  empresa. 
Postrado  de  la  fiebre  en  Zaragoza, 
apenas  se  encontró  mejorado  cuando 
salió  para  Barcelona;  pero  en  Mont- 
serrat le  alcanzaron  los  correos  de  su 
hermano,  con  una  carta  en  que  le 
amenazaba  con  su  desagrado  si  no  se 
apresuraba  á  regresar,  lo  cual  le  hizo 
retroceder  de  su  empeño.  En  cambio 
de  sa  obediencia  7  convencido  de  que 
la  vocación  de  Don  Joan  era  la  mili- 
cia 7  no  el  báculo,  le  diÓel  mando,  con 
el  tltnlo  de  general  de  la  mar,  de  la 
escuadra  encargada  de  limpiar  las  is- 
las 7  las  costas  de  los  feroces  corsarios 

TOMO  til  88 

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253  JUAI^Í 


JUAN 


JUAN 


queltt  infestaban»  colocandoáiu  lado, 

en  eUae  de  lugarteniente,  i  doii  Luis 
de  Requeséns;  j  entonces,  con  más 
empeño  que  la  vez  anterior,  resolvie- 
ron espontáneamente  seguirle  muchos 
nobles  j  caballeros.  Con  33  galeras 
salió  del  puerto  de  Cartas'ena,  co- 
rriendo aquel  año  el  litoral  del  Océano 
^del  Idiediterráneo, pasando  alternati- 
yamente  de  una  á  otra  costa  de  Espa- 
ña y  Africa,  hasta  Argel,  Oran  y  Ma- 
zalquÍTÍri  dando  siempre  caza  á  los 
corsarios  berberiscos  y  acreditando  en 
aqnel  j^mer  ensayo  $u  capacidad  para 
majfores  y  más  arduas  «mnretas  nava- 
iet,  A  su,  regreso  i  Barcelona  y  Ma- 
drid (156S),  fué  recibido  con  tales 
muestras  de  júbilo,  que  acreditólas 
justas  simpatías  que  había  sabido  ad- 
quirirse. Se  rebelan  los  moros  de  Gra- 
nada, y  Don  Juan,  siempre  ansioso 
de  gloria,  pide  marchar  á  reducirlos. 
No  se  decide  por  el  pronto  su  herma- 
no el  rejTi  se  ignora  si  por  el  temor  ó 
por  envidia;  pero  el  ejército  de  Don 
Felipa,  &lto  de  paeas,  se  desbanda  y 
comienza  &  talar  ef  país.  Alarmado  el 
re^,  no  vacila  ja  en  poner  al  frente 
del  ejército  á  Don  Juan,  cuja  activi- 
dad, valor,  talento  j  fortuna,  sobrepu- 
jan á  todas  las  esperanzas.  Las  disen- 
aiones  de  los  moriscos  le  ajodan  po- 
derosamente. Aben-Humeja,  su  rey, 

Iterece  asesinado  por  Aben-Aboo,  que 
e  sucede,  y  que  muere  igualmente 
asesinado.  La  discordia  penetra  ea  las 
filas  de  los  sublevados  y  los  moriscos 
ceden  al  fín  (1570),  después  de  dos 
años  de  una  obstinada  lucha  y  de  ha- 
ber perecido  más  de  20.000  españoles 
y  100.000  moriscos  en  una  guerra  fa- 
tal para  la  agricultura,  las  manufac- 
turas y  el  comercio,  j^rÚKitpaí  causa  de 
la  decadenzia  de  Sspaña,  Después  del 
sitio  de  Malta,  los  otomanos  se  habían 
apoderado  de  Chipre  y  sus  progresos 
en  las  costas  del  Mediterráneo  alar- 
mal»n  á  la  cristiandad.  El  pontífice 
Pío  V  excita  en  vano  el  calo  de  los 
pueblos  para  emprender  una  guerra 
de  religión,  Gl  siglo  de  las  cruzadas, 
dice  un  distinguido  historiador,  había 

f lasado  va.  Felipe  U  tan  sólo  escucha 
a  voz  del  pontífice  y  entra  en  la  liga 
que  forman  los  venecianos  y  el  Papa. 
Una  formidable  escuadra  se  reúne  al- 
gunas semanas  después  en  Mésiua,  y 
el  mando  de  las  fuerzas  combinadas  se 
confia  á  Don  Juan  de  Austria,  para 
quien  se  inventa  el  pomposo  título  de 
generalísimo.  Esta  distinción»  concedi- 
da á  un  joven  de  26  años,  pareció  ea 
un  principio  debida  al  favor;  pero 
bien  pronto  fué  generalmente  aplau- 
dida por  la  sorprendente  liberalidad 
del  resultado.  Los  aprestos  de  Se- 
lim  n  son  dignos  del  sucesor  del 
magnífíco  Solimán.  Antes  de  que  la 
ñota  de  la  liga  hubiese  salido  de  Me- 
sína,  la  escuadra  otumana,  mandada 
por  el  íntrépito  Alí,  reforzada  con 
todos  los  corsarios  del  Africa,  sale  de 
Constantinopla,  pasa  el  Helespoiitn  y 
el  Archipiélago  j  se  extiende  a  lo  lar- 
go de  la  costa  occidental  de  Grecia, 
hasta  el  golfo  de  Lepanto  6  Corinto. 
Bl  día  7  de  Octubre  de  1571  se  avista- 


ron tmbat  esenadras.  La  snperioridad 
de  las  fuarns  musulmanas  no  puede 
contener  ní  nn  momento  el  gaenero 
ardor  de  Don  Juan  db  Austbia.  Cuan- 
do Andrea  Doria,  Ascanio  de  la  Cor- 
na  j  el  mismo  Sebastián  Veniero  se 
muestran  temerosos  de  entrar  en  la 
lid,T  llegan  hasta  decirle  que  con- 
vendría retirarse,  Don  Juan  exclama: 
Señores,  ya  no  es  hora  de  aconsejar,  sino 
de  combatir,  y  corriendo  de  la  una  á 
la  otra  nave,  comienza  á  arengar  á  sus 
soldados.  A  los  españoles  les  dice  en 
sonoro  acento:  «Hijos,  á  vencer  hemos 
venido,  ó  á  morir,  si  Oíos  lo  quiere^ 
No  deis  lugar  á  que  vuestro  arrogan- 
te enemigo  os  pregunte  con  soberbia 
impía:  ¿Dónde  esta  vnetiro  Dtoif  Pa- 
lead con  fe  en  su  santo  nombre,  que 
muertos  6  victoriosos  gozaréis  de  la 
inmortalidad.»  A  los  venecianos,  les 
grita:  «Hoj  es  día  de  vengar  afren- 
tas; en  las  manos  tenéis  el  remedio  de 
vuestros  males;  manejad  con  brío  y 
cólera  las  espadas.»  El  fuego  de  sus 
palabras  inuma  el  ardor  de  los  com- 
batientes, y  cual  si  el  aliento  de  su 
boca  tuviese  un  poder  invisible  v  so- 
brenatural, el  viento,  contrario  basta 
entonces  á  la  armada  cristiana,  se 
vuelve  contra  las  naves  turcas.  Don 
Juan  ordena,  entre  otras  cosas,  cortar 
los  espolones  de  todas  las  galeras,  co- 
menzando por  la  Real,  que  él  monta- 
ba, providencia,  según  se  vítf  des- 
pués, importantísima.  No  resistimos 
al  deseo  de  copiar  la  descripción  que 
de  esta  memorable  jornada  hace  el  se- 
ñor Lafuente  en  su  magnífica  ffisio- 
ria  de  E$paña,  siquiera  naja  de  ser  en 
extracto:  «Marchaban,  como  de  van- 
guardia, 6  galeras  venecianas.  El  ala 
ó  cuerno  izquierdo,  compuesto  de  60 

f aleras,  iba  á  cargo  del  proveedor 
arbarigo.  Mandaba  el  ala  derecha 
Juan  Andrea  Doria,  con  casi  igual 
número.  En  el  centro,  que  consti- 
tuían 66,  entraba  la  Real,  con  el  ge- 
neralísimo Don  JuaNi  llevando  á  sos 
dos  lados  &  los  dos  generales  de  Ro- 
ma j  Venecia,  Colonna  j  Veniero,  j 
á  la  popa,  al  comendador  major  de 
Castilla,  Requeséns,  su  lugartenien- 
te. Constituían  la  retaguardia  ó  es- 
cuadra de  socorro  35  galeras  al  man- 
do de  don  Alvaro  de  Bazán,  marqués 
de  Santa  Cruz.  La  armada  turca,  más 
numerosa,  formaba  una  media  luna, 
dividida  también  en  tres  cuerpos, 
mandados  por  el  virrej  de  Alejandría, 
el  de  la  derecha,  con  55  naves;  el  de 
la  izquierda,  por  Uluch-Alí,  que  lle- 
vaba 93,  j  el  centro,  que  contaba  con 
96,  por  Pertew ^  AlÍ,lleTando  además 
su  correspondiente  Tetaguardia.  De 
suerte  queeorrespondíanlrenteáfren- 
te  j  cuerno  i  cuerno  los  de  ambas 
escuadras.  Por  todo  el  ámbito  que 
abarcaba  la  vista,  no  se  divisaban  si- 
no batideras  j  gallardetes  de  variados 
colores.  Los  dos  ejércitos  navales  se 
contemplaron  un  breve  espacio  con 
mutua  admiración. Interrumpió  aquel 
imponente  silencio  el  estampido  de  un 
cañonazo,  que  disparó  la  galera  de. 
Alt,  á  que  contestó  con  otro  la  Real  de 
Don  Ju4N.  A  las  primeras  detonacio- 


áat  da  la  artillería,  que  anunciaros 
el  combate,  siguió  pronto  el  clamo- 
reo j  los  alaridos  con  que  los  musul- 
manes acostumbraban  a  comenzar  lu 
batallas.  Chocó  primeramente  la  de- 
recha de  los  turcos,  mandada  por  el 
virrej  de  Alejandría,  con  la  izquierda 
de  los  cristianos,  que  guiaba  el  pro- 
veedor Barbarigo.  Los  venecianos  p^ 
leaban  á  roatro  descubierto,  con  Is 
saña,  el  brío  j  el  encono  de  qaieaes 
combatían  contra  los  verdugos  de  sus 
compatricios.  Habíaselas  el  genovés 
Dona  con  el  argelino  Ulnch-Alí,  ú 
cual  apresd  la  capitana  de  Malta  y 
pasd  &  eaohíUo  á  todos  sos  defísnspns, 
excepción  del  prior  j  otros  dos  éahi- 
Ueros  qne,  acnbillados  de  heridas,  se 
salvaron  por  contarlas  entre  los  ^lue^ 
tos.  Buscáronse  con  igual  anhelo  Alí 
Bajá  j  Don  Juan  db  Austbu,  huta 
el  punto  de  chocar  con  terrible  es- 
truendo ambas  galeras,  pero  haciendo 
la  artillería  j  arcabucería  de  la  Reel 
de  España  grandísimo  estrago  en  la 
gente  de  la  del  turco.  Hízose  general 
el  combate,  y  revolviéronse  entre  sí 
las  galeras  enemigas.  Blanqueaba  si 
mar  con  la  espuma  que  formaba  «1 
hervor  de  las  olas:  el  humo  que  bro- 
taba de  los  cañones  j  arcabuces  oscu- 
recía el  horizonte,  haciendo  noche  ta. 
medio  del  día,  j  las  chispas  que  en 
su  choque  despedían  las  espadu  jss- 
cudofl,  parecían  relámpagosque  salían 
de  entre  las  negras  nubes.  CruzábiD» 
se  en  el  aire  las  balas  j  las  flechas. 
Tragábase  el  mar  los  leños,  cajeado 
revueltos  turcos  y  cristianos,  abraza- 
dos, como  hermanos,  con  el  odio  de 
enemigos.  Al  lado  de  una  nave  que 
engullían  las  olas,  devoraba  otras  el 
voraz  incendio.  Sobre  un  bajel  turco 
se  veía  enarbolada  una  bandera  cris- 
tiana, j  encontrábase  una  galera  de 
Castilla  guiada  por  un  comandante 
turco.  Peleaban  cuerpo  á  cuerpo  des- 
pués de  iotas  las  espadas:  todo  era 
estrago  y  muerte;  la  san^  lle^i 
enrojecer  el  mar.  Con  su  joven  e  in- 
cansable  brazo  manejaba  Don  Juan 
DB  Austbia  sin  cesar  su  espada,  siem- 
pre en  continuo  peligro  su  persona: 
joven  parecía  también  en  el  pelear 
el  anciano  Sebastián  Veniero;  no  des- 
mentía Colonna  en  el  combate  el  ilus- 
tre nombre  de  su  familia;  mostrábase 
Requeséns  digno  lugarteniente  de  un 
caudillo  tan  valeroso  como  DonJdan; 
el  príncipe  de  Parma  acreditaba  que 
corría  por  sus  venas  la  sangre  de  Ca^ 
los  V;  no  arredraban  al  de  Ürbino  las 
heridas  que  recibía;  Figueroa,  Zapa- 
ta, Carrillo,  todos  los  capitanes  de  Is 
Real»  trabajaban  con  menosprecio  de 
lu  vida,  como  hombres  avezados  á  los 
combates;  cuando  la  Real  se  creía  apu- 
rada, porque  también  Alí  j  Pertew* 
Bajá  peleaban  como  héroes  con  sa9 
jenízaros,  acudía  don  Alvaro  de  B>- 
zin,  como  si  moviera  sus  galeras  un 
rajo,  V  acuchillaba  musulmanes,  yl" 
arrasaba  todo,  embotándose  las  bala» 
en  su  rodela  j  escudo,  j  se  movía 
como  un  torbellino,  sin  que  entibiara 
su  fuego  ver  hundirse  á  su  lado  baje- 
les y  caer  sin:  vida  capitanes^  Cuando 


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JUAN 

i  Doria  le  tenía  astrachado;  en  conflio 
to  Ulaeh-Alí,  allá  arrancaba  el  mar- 
qaés  de  Santa  Graz,  dejando  asedara- 
da  la  JU»l,  y  rescatando  la  capitana 
de  Malta,  daba  desahogo  al  venoves, 
poniendo  en  afrentosa  fuga  al  argeli- 
no. Imposible  sería  reseñar  las  haza- 
ftai  gigantescas  de  cada  capitán  y  de 
cada  soldado.  Justo  es  citar,  sin  em- 
bargo, al  insigne  autor  da  Don  Q,uij<h 
Uf  el  gran  Miguel  de  Cervantes,  que 
postrado  de  fiebre  en  la  galera  3far- 
nm  de  Andrea  Doria,  abandoaá  el 
hamílde  leeho  en  qae  vaeia,  para  com- 
batir;  j  herido  en  u  peeho  y  en  la 
mano,  no  quiso  retirarse  hasta  que 
terminó  el  combate  de  su  galera,  en 
qae  murió  su  insigfne  j  denodado  ca- 
pitán Francisco  de  San  Pedro.  Caído 
al  Bgna  Fertew-Baiá,  perseguido  por 
don  Juan  de  Cardona,  t  entrada  sa 
galera  por  Paulo  Jordán  Urbíno,  tuvo 
u  senskier  que  ganar  á  nado  una 
barquilla  en  que  huir.  No  dieron 
los  existiaaos  el  grito  de  ¡victoria! 
hasta  que  rieron  á  Alí-Bajá,  des- 
pués de  porfiados  esfuerzos  de  los 
300  jenízaros  de  su  Real, .  caer  so- 
bra erojift  herido  de  bala  en  la  frente 
por  vn  Mcabocero  de  Doh  Juan:  otro 
u  cortó  la  cabeza  pr  la  presentó  al 

Csimlíaimo,  que  hidalgamente  afeó 
nrisado  la  acción,  ordenando  que 
filen  arrojada  al  mar,  si  bien  no  pudo 
impedir  que  fuese  clarada  en  una  lan- 
ía. Bl  último  encuentro  fué  entre  las 
galeras  de  Ulnch-A.lí  y  las  de  Doria; 
mu  habiendo  llegado  las  de  Don 
JcAM,  hnjá  el  turco  con  40  bajeles, 
pereciendo  su  ^ente  casi  toda,  traga- 
da por  el  mar  o  acuchillada  entre  las 
breflaa  por  loa  renecianos,  al  tratar 
de  desembarcar.  Perdieron  los  tarcos 
en  este  memorable  combate  224  baje- 
les; de  ellos,  130  quedaron  en  poder 
da  lof  eristianot;  maa  de  90  se  aumie- 
na  ea  lai  aguas  6  se  qnemaront  aal- 
rindose  40  tan  sólo.  Molieron  en  el 
combate  25.000  turcos,  quedando  pri- 
sioneros 5.000.  Tomáronles  los  coli- 
gados 117  cafiones  gruesos  r  250  de 
menor  calibre.  Mas  de  12.000  cristia- 
no^ que  llevaban  cautiros  j  como  re- 
maros, alcanzaron  su  libertad.  Los 
cristianos  turieron  también  pérdidas 
lamentables,  pues  murieron  cerca  de 
8.000  raleroaos  guerreros  y  marinos; 
de  ellos,  2.000  españoles;  800  del 
pontífice;  j  los  restantes,  venecianos. 
En  cnanto  á  bajeles,  tan  sólo  se  per- 
dieron 15.  En  cambio,  los  fanales  de 
oro,  las  banderas  de  púrpura,  borda- 
das de  oro  j  plata,  y  las  estrellas,  la 
lona  7  las  colas  del  bajá,  fueron  pre- 
ciosos trofeos  que  recogieron  de  la  ba- 
talla los  aliados.  Tal  fué  el  combate 
de  Lepanto,  aalración  de  la  cristian- 
dad,, el  máa  famoso  qoe  registra  la 
lústoria.  Los  jenízaros  dejaron  de  ser 
inrencibles,  y  la  Sublime  Puerta  de- 
bió perder  su  supremacía  en  el  Medi- 
tamneo,  abandonando  sus  intentos 
ds  hacer  á  la  Europa  mahometana. 
Así  habría  sido  á  creer  al  raleroso 
Don  Jdah»  que  deseaba  acometer  nue- 
TU  empresas  pan  acabar  de  aterrar 
i  loa  táreos;  pero  sometido  el  asun* 


JUAN 

to  á  consejo  de  los  Jefes  de  la  liga, 
según  él  hacía  siempre,  los  pareceres 
se  dividierou,  como  de  costumbre.  So- 
lemnizaron los  rencedores  su  triunfo 
con  una  festividad  religiosa  (14  de 
Octubre),  acordando  que  cada  jefe  se 
retirara  á  invernar  con  su  respectiva 
escuadra.  Partió  Don  Juan  con  la  su- 
ya.  el  28  para  Corfú,  y  el  31,  después 
de  vencer  recios  temporales,  se  halló 
de  regreso  en  Mesina,  donde  fué  re- 
cibido con  un  júbilo  indescriptible. 
Hemos  expuesto  lasnzonei  de  porc^ué 
no  se  saco  de  esta  notoria,  que  hizo 
famoso  el  nombre  de  Don  Juan  db 
Austria,  todo  el  fruto  que  se  debien. 
Las  desavenencias  entre  los  j  efes  de  la 
liga  entorpecían  toda  empresa;  y  poco 
después,  la  muerte  de  Pío  V  hizo  di- 
solver la  coalición.  Recibió  Felipe  II, 
dice  el  conde  de  Fabraquer,  con  frial- 
dad y  celos  la  noticia  de  este  gran 
triunfo,  pronunciando  estas  célebres 
frases:  «Don  Juan  víhcúÍ;  ^ero  le  expu- 
so demasiado  y  pudo  Aaber  stdo  vencido;» 
como  si  todo  general  no  se  expusiera 
al  dar  una  batalla.  Don  Juan  ds  Aus- 
TBlA  se  apode»  de  Túnez  (1572)  y 
acaricia  la  idea  de  fundar  para  sí  uu 
reino  cristiano  en  Africa,  sobre  las 
ruinas  de  Gartago,  como  an  punto 
aranzado  de  la  civilización:  aperado 
por  la  Santa  Sede,  solicita  de  su  her- 
mano el  título  de  tey  de  Túnez;  pero 
el  desconfiado  Felipe  se  lo  niega,  y 

Eoco  tiempo  después  de  la  marcha  de 
>0N  Juan,  Túnez  vuelve  á  caer  en  po- 
der de  los  musulmanes.  En  los  casos 
extremos,  dice  el  señor  Lafuente,  y 
cuando  amenazaba  algún  grave  peli- 
gro ó  estaba  á  punto  de  perdone  un 
estado,  era  cuando  Felipe  II  recurría 
á  su  hermano  Don  Juan;  así  le  enrió 
en  1570  &  Granada,  j,  en  1576.  á  los 
Países-Bajos,  que  no  habían  podido 
reducir  á  la  obediencia  ni  el  infiexi- 
ble  duque  do  Alba,  ni  el  conciliador 
don  Luii  da  Bequeséns.  Apenas  lle- 
gado Don  Juan  Í  Flandes,  ratificó  la 
pacificarán  de  Gante  y  ofreció  casti- 
gar los  desmanes  de  la  tropa,  bastan- 
do estas  promesas  para  que  fuera  re- 
cibido por  gobernador.  Con  gran  sen- 
timiento habían  evacuado  los  Países 
Bajos  los  tercios  españolea.  Blanco 
Don  Juan  de  crueles  maquinaciones, 
se  retín  á  Namur.  El  príncipe  de 
Orange  comienza  las  hostilidades 
entn  como  un  rejr  en  Bruselas.  Re- 
núevase  la  guerra;  ruelren  los  tercios 
españoles  á  Flandes  y  Don  Juan  inti- 
ma á  los  Países-Bajos  ^ue  le  entre- 
guen el  mando  de  sus  ejércitos  y  cor- 
ten toda  relación  con  el  príncipe  de 
Orange.  Algunos  nobles  enridiosos 
quieren  prodamaral  archiduque  de 
Auatría,  Matías,  hermano  del  empe- 
rador de  Austria,  pensando  de  este 
modo  conquistar  el  apo^o  da  éste:  la 
división,  dice  un  conocido  autor,  iba 
á  perder  á  los  flamencos,  cuando  el  de 
Orange,  no  sólo  accede,  sino  que 
aplaude  la  elección  de  Matías.  Entra 
el  archiduque  en  los  Países-Bajos; 

Sero  sin  contar  con  otro  apo/o  que  el 
e  Isabel  de  Inglaterra,  pues  su  hez* 
mano  el  emperador  se  eucierza  en  una 


JUAN 


completa  neutralidad.  Don  Juan  no  se 
intimida  j,  al  frente  de  su  ejército,  to- 
ma á  Charleroi  y  gana  la  famosa  bata- 
lla de  Gemblours,  causando  á  loa  fla- 
mencos una  pérdidadelO.OOObombres 
entre  muertos,  heridos  j  prisioneros. 
Bl  príncipe  de  Orange,  al  intento  de 
indisponer  á  Don  Juan  db  Austria 
con  su  hermano  Don  Felipe,  cuyo  ca- 
rácter suspicaz  y  desconfiado  conocía, 
y  lograr  sa  retirada  de  Flandes,  pro- 
paloqne  Dos  Juan  andaba  en  tratos 
para  casarse  con  Isabel  de  Inglate- 
rra, r  con  el  apoyo  de  su  esposa  y  la 
aprobación  de  los  flamencos,  procla- 
mane  rey  de  los  Países  Bajos,  asegu- 
rándoles su  nuera  religión  ;  sus  an- 
tiguos privilegios.  Cierto  es  que  en  lo 
primero  había  algún  fondo  de  verdad, 
pues  mediaron  cartas  y  regalos  entre 
Isabel  de  Inglaterra  y  Oon  Juan,  con 
la  aprobación  de  Don  Felipe,  que,  si- 
guiendo sus  ideas  absolutas,  esperaba 
que  el  vencedor  de  Lepauto  haría  ab- 
jurar á  su  esposa  la  religión  protes- 
tante; pero  Don  Juan  no  era  de  igual 
opinión,  7,  pensando  con  major  no- 
bleza, escribió  á  Doña  Isabel  dulce- 
mente, desistiendo  de  la  projectada 
bo^  y  rol  viendo  ¿  su  primitivo  pro- 
resto  de  unirse  con  la  desgraciada 
María  Stuard,  reina  de  Escocia.  Gomo 
este  plan,  dice  el  teftor  Lafuente, 
había  sido  siempre  tan  del  agrado  del 
Papa,  se  apresuró  á  enviarle  las  bulas 
confiriéndole  la  investidura  de  aquel 
reino.  Gozoso  Don  Juan  db  Austria, 
despachó  á  su  secretario  íntimo  don 
Juan  de  Escobedo  para  Roma  y  Ma- 
drid, con  el  encar^  de  dar  gracias  al 
pontífice  y  de  noticiar  al  rej  su  her- 
mano las  victorias  que  obtenía  en  lus 
Países  Bajos  y  su  deseo  de  que  no  ol- 
vidara sus  promesas  respecto  de  la 
empresa  de  Inglaterra,  pues  muy 
pronto  confiaba  volver  á  la  obediencia 
a  las  provincias  de  Flandes.  Don  Fe- 
lipe, cada  din  mda  celoso  de  ta  AeraumOf 
temeroso  de  ^ue  Don  Joan,  una  rea 
obtenido  el  triunfo  en  Inglaterra,  (|ai- 
siera  proclamarse  rey  de  los  Países 
Bajos,  comenzó  por  entretener  á  Es- 
cobedo oon  falsas  promesas  y  acabó 

Eor  firmar  su  sentencia  de  muerte. 
Ion  Juan  db  Austria  supo  un  día 
con  el  más  profundo  dolor  que  su  se- 
cretario, su  amigo,  su  confidente,  ha- 
bía sido  muerto  una  noche  en  Ma- 
drid al  salir  del  palacio  del  rey.  Adi- 
vinó al  verdadero  autor  de  esta  muer- 
te, atribuida  al  secretario  de  Estado 
Antonio  Pérez,  la  cual  permaneció 
siempre  en  el  mayor  misterio.  En 
Flandes  recibió  Dom  Juan  un  aviso, 
enriado  desde  Londes  por  Don  Ber- 
nardino  de  Mendoza,  según  el  cual 
un  titulado  Moss  de  Racleff,  cuyo  re- 
trato le  enviaba,  se  había  comprome- 
tido á  matarle,  por  encargo  del  almi- 
rante Cobbe  y  mister  Wálsinghen, 
emisarios  de  Isabel  de  Inglaterra,  que 
sin  duda  pensaba  vengar  de  este  modo 
el  desaire  y  la  actitud  del  héroe  de 
Gemblours.  Con  efecto,  hallándose  un 
día  Don  Juan  dando  audiencia,  pene- 
tró Racleff  sin  ser  visto,  é  impetró  su 
apoyo  en  nombre  del  rey,  suherma- 


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26  o  ÍUaK 


íuaN 


no,  eomo  tíetínit  que  dijo  ser  k 
desgracia^  T  mártir  de  !■  nligión  ca  - 
tdlica,  ea  la  cual  quería  rirtr  j  mo- 
rir. Don  Jua,n,  que  le  había  coaocido, 
le  ofreció  au  proteccíiSD  j  disimulada- 
mente ordeno  al  eapítáa  de  su  guor- 
dia  que  le  prendiese  al  aalir.  Preso 
Raclefi  j  sujeto  al  tormento,  declaró 
que  llevaba  una  daga  envenenada  para 
clavarla  á  Doh  Juah,  tan  pronto  como 
hubiera  podido.  Bl  héroe  de  Lepanto, 
hallándose  en  su  campo  atrincherado 
de  Namur,  encara^iS  &  su  ami^o,  el  fa- 
moso ingeniero  Gabrlo  Cerbellonit  la 
construcción  de  un  fuerte  sobre  un 
collado  llamado  Bowsit  &  una  legua 
de  Namur.  Daraat«  la  obra,  ambos 
adolecieron  de  ealentums.  üom  Juam 
se  hizo  llevar  é  la  fortaleza,  &  un 
cuarto  desmantelado  que  ocupaba  el 
capitán  Zúñiga,  j  á  pesar  de  la  eon- 
fianza  que  los  médicos  mostraban  du 
curarle,  llamó  á  su  presencia  á  todos 
los  consejeros  T  generales,  j  nombró 

Sor  general  del  ejército  jr  gobernador 
e  los  Estados  de  Flandes  á  su  sobri- 
no  Alejandro  Farnesio,  hasta  que  el 
rejr  proveyese;  luego  tomó  los  sacra- 
mentos j  se  dispuso  á  morir,  no  siu 
recomendar  á  su  hermano  Don  Felipe 
que  mirase  por  su  madre  j  hermanos, 
e  hiciera  colocar  sus  restos  al  lado  de 
los  del  emperador  su  padre.  Después 
cayó  en  un  violento  delirio,  en  que 
representaba  al  vivo  estar  dando  una 
batalla,  j  al  fía  espiró  el  1."  de  Octu- 
bre de  1578,  álus  33  años,  llorado  de 
todo  el  ejército.  No  faltan  escritores, 
los  cuales  afirmen  que  Don  Juan  pe- 
recióenvenenadOfjr  para  ello  se  fundan 
en  las  sospechas  que  contra  él  mani- 
festaba su  nermano  Don  Felipe,  j  en 
que  CerbeUoni,  enfermo  de  igual  do- 
lencia, se  salvó  siendo  un  anciano,  j 
Don  Juan,  que  se  hallaba  en  la  ple- 
nitud de  la  vida,  sucambió,  contra  la 
opinión  de  los  médicos  que  le  asistían. 
Lo  cierto  es  que  el  misterio  que  ocul- 
ta la  muerte  del  príncipe  Don  Carlos, 

Srorecta  su  terrible  sombra  sobre  la 
e  Don  Juan,  j  aquí  nos  paramos,  por- 
que hajr  enigmas  que  sólo  pertenecen 
a  la  divinfi  Providencia.  Embalsama- 
do el  cadáver  de  Don  Juan,  españo- 
les, alemanes  j  flamencos  se  disputa- 
ron la  honra  de  conducir  la  caja  mor- 
tuoria, viéndose  obligado  Alejandro 
Farnesio  á  disponer  que,  de  tiempo 
en  tiempo,  se  remudaran  los  conduc- 
tores, para  que  todos  participaran  de 
tan  ansiado  honor,  Tudo  ú  ejército 
asistió  llorando  á  la  fúnebre  ceremo- 
nia, en  tanto  que  la  Europa  entera  se 
conmovió  al  recibir  tan  triste  noticia. 
Sus  oenizas  reposaron  en  U  iglesia 
mayor  de  Namur,  hasta  que,  en  Mayo 
de  1579,  fueron  traídas  al  panteón 
del  Escorial.  Un  célebre  escritor  ex- 
tranjero, Vander  Hammen,  en  el  libro 

3ue  dedicó  á  reseñar  su  vida,  le  pinta 
e  esta  suerte:  «Fué  Don  Juam  db  Aus- 
tria de  temperamento  sanguíneo,  ga- 
llarda  presencia,  algo  más  aue  rae- 
diaiu  estatura,  inclinado  á  lo  justo, 
dt  ftgttdo  ingenio,  buena  memoria, 
Rentado  y  fuerte,  tanto,  que  armado 
aftdaba  como  si  no  tuviera  cosa  algu- 


na flobra  sC;  ligero,  agradabla,  corteé; 
gran  honrador  de  las  letras  y  las  ar- 
mas; excelente  hombre  de  á  caballo. 
Tuvo  la  frente  señoril,  clara,  espacio- 
sa; ios  ojos  grandes,  despiertos  y  gar- 
zos; un  mirar  grave;  hermoso  rostro 

Ípoca  barba,  nudo  talle  y  airoso;  li- 
eralidad  en  acciones  y  palabras;  fe 
en  las  promesas,  fidelidad  en  el  servir 
á  su  hermano,  discreción  y  esfuerzo; 
celo  en  la  religión  oatólica,  reverencia 
á  las  cosas  y  personas  sagradas,  se- 
creto y  presteza  en  ejecutar,  crédito  y 
autoridad  aun  con  los  enemigos.  Ven- 
cía con  denuedo,  gobernaba  con  be- 
nignidad, proveía  y  ordenaba  con  lu- 
dureza;  hallábase  constante  en  los  ca- 
sos prósperos  y  adversos; experimenta- 
do en  la  milicia  terrestrey  marítima, 
de  ^ran  conocimiento  en  los  consejos; 
sabia  elegir  sus  ventajas,  medía  bien 
las  fuerzas,y  acomodábala  provinden- 
cia  á  los  casos  y  deliberaciones,  según 
la  variedad  de  los  accidentes;  presen- 
tábase á  lus  soldados  con  afabilidad 
y  ordenaba  con  agrado.  Con  esto,  y 
con  hablar  á  cada  uno  en  ra  lengua 
materna,  tenía  obediente  á  lus  órde- 
nes y  mandamientos  tanta  diversidad 
de  gentes,  tanta  variedad  de  costum- 
bres, tanta  desproporción  de  Animos 
como  le  halla  en  los  ejércitos,  com- 
puestos de  ordinario  de  diferentes  na- 
ciones.» Otro  autor  extranjero,  Ben- 
tivoglio,  en  las  Gnertas  de  Flaniei, 
compendia  la  historia  de  Don  Juan  os 
Austria  en  los  siguientes  términos: 
«Ilustró  su  nombre  en  la  profesión 
militar  con  tres  nobles  empresas.  En 
la  primera,  enfrenó  el  atrevimiento 
morisco;  en  la  segunda,  el  org'ullo 
mahometano;  en  la  tercera,  el  furor 
flamenco.  En  cada  una,  sus  triunfos 
sobrepujaron  con  grandes  ventajas  á 
la  edad:  porque  venció  á  los  moros, 
apenas  salido  de  la  infancia;  humilló 
á  los  turcos,  apenas  entrado  en  la  flor 
de  la  juventud;  y  reprimió  á  los  bel- 
gas con  tal  maestría  de  gnerra,  que 
un  viejo  y  consumado  capitán  no  la 
podía  mostrar mayor.»Para  terminar, 
el  gran  Lope  de  Vega  dedicó  á  la  me- 
moria del  célebre  Don  Juan  db  á.us- 
TEiA  el  siguiente  precioso  epitafio, 
digno,  en  i?ual  y  larga  medida,  del 
poeta  y  del  héroe: 

•Hfsom»  «teruo  Leputoi 
Moso  h«  mnerto,  viejo  tvd, 
Qn«  al  mando  en  un  ti*mpo  di 
Lástins,  «BTidiA  y  •■pttnto.» 

Al  leer  y  estudiar  la  vida  del  per- 
sonaje de  estos  apuntes,  no  ha^  más 
remedio  que  exclamar:  «regocíjese  el 
mundo,  al  ver  que  el  cielo  envía  á  la 
tierra  tales  días  de  júbilo  en  las  gran- 
des solemnidades  de  la  historia.»  Los 
pueblos  cristianos  no  han  labrado  ana 
piedra  á  la  memoria  de  nuestro  per- 
sonaje; y  nosotros  decimos  que  la  Eu- 
ropa cristiana  no  ha  sido  agradecida 
con  el  genio  español  que  salvó  i  la 
Europa  y  á  la  cristiandad. 

Juan  José  de  Anatria.  Hijo  na- 
tural de  Felipe  IV,  De  nadie  son  des- 
conocidos los  escandalosos  amores  del 

Salán  monarca  con  la  célebre  come- 
ianta  llamada,  por  anos,Mar(a,y  por 


otros,  Inés  Isabel  Calderón,  y  por  to» 
dos  apellidada  la  Calderón^.  Fruto  de 
ellos,  nació  en  1629  el  personaje  de 
esta  biografía,  y  en  1643,  Felipe  IV, 
instigado  por  el  conde-duque  de  Oli- 
vares, que  quería  que  el  rey  le  diera 
el  ejemplo  para  reconocer  a  un  bis- 
tardo  que  se  encubría  con  el  nombre 
de  J%l%á%  ó  JnUaniUo  Valcárctl,  reco- 
noció públicamente  i  DoN  Joan  Josí 
DB  AusTBU.  Aquella  preferencia  que, 
entre  los  muchos  hijos  naturales  que 
tenía,  hacía  el  rey,  no  dejó  de  eicitar 
la  maledicencia  del  vulgo  que,  recor- 
dando los  escandalosos  amores  de  la 
eomedianta  con  el  duque  de  Üedina 
de  las  Torres,  encontraba  en  el  bas- 
tardo rasfl*os  fiaonómieoB  del  afortu- 
nado rival  de  Felipe  IV.  Sea  del  he- 
cho lo  que  quiera,  lo  cierto  es  que,  al 
reconocerle  el  monarca,  le  colmó  de 
honores  y  distinciones,  eonfíriéndole 
en  1647  el  mando  del  ejército  de  Ita- 
lia, donde  se  apoderó  de  Nápoles^de 
otras  plazas.  Trasladado  aespaes  á 
Cataluña,  sometió  en  poco  tiempo 
todo  el  Principado,  que  se  hallaba  ea 
rebelión,  siendo  desjpués  enviado  á 
Flandes,  donde  perdió  contra  Turena 
la  célebre  batalla  de  las  Dunas.  Des- 
pués de  gobernar  en  Flandfes  algáa 
tiempo,  se  le  confió  el  mando  de  una 
expedición  á  Portugal,  en  donde,  des- 

Sués  de  algunas  victorias,  fué  veaei- 
o  en  Estremoz.  Muertd  Felipe  IV, 
tomó  parte  en  las  revueltas  que  se 
suscitaron  con  motivo  de  la  regencia; 
fué  desterrado  á  Consuegra  por.  la  rei- 
na regente,  que  poco  más  tarde  le 
nombró  virrey  de  Aragón.  Cuando 
Carlos  II  llegó  á  la  mayor  edad,  le 
llamó  á  su  lado  y  le  nombró  su  pri- 
mer ministro,  en  cuyo  puesto  acabó 
sus  días  el  año  de  1679,  siendo  sepul- 
tado en  el  panteón  del  Escorial. 

Juan  Hannel.  Infante  de  España 
y  uno  de  los  poetas  y  literatos  mis 
ricos  y  g^loriosos  de  sn  tiempo.  Eia 
hijo  dú  infante  Manuel  j  nieto'del 
rey  de  Castilla  Fernando  ni  él  Smío. 
Nació  en  1280  y  murió  en  1347,  des- 
pués de  haber  tomado  parte  en  Us 
revueltas  y  guerras  civiles  de  la  mi- 
noridad de  Alfonso  XI,  lo  cual  no  la 
impidió  dedicarse  al  estudio  y  á  las 
tareas  literarias.  Sus  principales  obras 
son:  Bl  Conde  Liuanor;  Crónica  de  Bs' 
paña;  Libro  á$  lot  sabios»  del  caballero, 
del  escudero  V  del  infante;  Libro  de  c*- 
balleros;  Libro  de  cata;  Libro  de  los  en^ 
aeños;  Libro  de  los  cantares;  Libro  de 
ios  consejos  j  Libro  de  lo$  ejemplos:  Dos 
Juan  Manuel,  presea  y  corona  de  los 
ingenios  de  su  siglo,  representa  in- 
dudablemente' una  de  las  grandeus 
monumentales  de  la  literatura  patria> 
Es,  á  buen  seguro,  una  de  las  más 
nobles  y  hermosas  figuns  del  genio 
español. 

Juan  de  JoanM  (Vicbntb  Macip, 
conocido  por).  Célebre  pintor  nacido 
en  Fuen  te-la -Higuera,  cerca  de  Valea- 
eia,  en  1532,  y  muerto  en  Bocairtnte 
en  1579.  Pasó  muchos  años  sn  Italia, 
donde  estudió  las  obras  de  RafiieU 
cuyo  estilo  adoptó;  se  hi>o  un  pintor 
notable,  y  de  vuelta  á  ea  patria,  £ua« 


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ÍÜAN 

¿i  «n  TalsDíria  ana  escuela  &  qae 
aoadió  maltitad  de  discípulos.  Do- 
tado de  una  piedad  tal  que  jamás 
empelaba  na  cuadro  sin  prepararse 
aates  reoibieado  los  sacramentos  y 
eatr^ndose  4  ajnnos  j  peaitenciaSi 
no  podía  poner  su  pincel  al  servicio 
da  otras  ideas;  asi  es  qne  entre  sus 
namerosas  obras  no  se  encuentra  una 
aola  de  asunto  pro&no.  El  ntf  mero  de 
éatat  que  deooraa  las  iglesias  de  Es- 
pafifti  es  eonsiderable.  La  ciudad  de 
Valencia  aólo,  posee  más  de  40  cua- 
dros snjros,  entre  los  cuales  citare- 
mos: san  Francisco  de  Sale»,  Cristo 
mntrto  j  SI  Salvador  en  medio  de  dos 
profetas.^X  museo  del  Louvre  conserva 
muchos  liemos  de  este  ilustre  maes- 
tro, entre  otros,  una  magnífica  Cena^ 
j  en  el  de  lifadríd  se  custodia  su  obra 
maestra ,  el  Jifaríirio  de  um  Esteban, 
asunto  desarrollado  en  seis  tablas,  re- 

S atadas  como  un  verdadero  portento 
e  la  escuela  antigua  española.  Las 
obras  de  Juan  db  Joanbs  se  recomien- 
dan por  la  corrección  j  pureza  del  di- 
bajo, por  nn  estilo  lleno  de  nobleza, 
por  la  verdad  del  colorido,  por  la  ri- 
queza j  notable  plegadura  de  los  pa- 
ños j  por  la  majestad  j  expresión  de 
sus  Bgaras,  particularmente  de  las 
cabezas  de  Cristo,  en  las  cuales  supo 
infondir  una  dulzura  infinita.  Algu- 
nos críticos  le  han  tachado  de  frial- 
dad; pero  la  contemplación  de  sus 
cuadros,  que  despierta  siempre  en  el 
alma  un  poderoso  sentimiento  místi- 
co, prueu  de  una  manera  incontes- 
table el  genio  del  que  con  razón  est& 
considenulo,  no  ja  como  jefe  de  la 
escuela  valenciana,  sino  eomo  uno  de 
loa  más  notables  maestros  de  la  espa- 
ñola. En  fin,  JvAM  DI  Joanbs  es  el 
gran  pintor  de  las  Cenas  del  Salvador^ 
en  cujos  asuntos  no  tiene  rival  en 
ninguna  escuela  conocida. 

Juan  (Pbdru).  Escultor  español  j 
uno  de  los  mejores  artistas  de  su  épo- 
ca. De  su  vida  sólo  se  sabe  que  mu- 
rió en  1436.  Su  obra  más  notable  es 
el  retablo  major  de  la  catedral  de 
Ter>'ag:tna. 

Juan  de  Sevilla  ó  de  Luna.  Ra- 
bino judío  del  siglo  XII.  Cultivó  las 
matemáticas  j  la  astronomía,  j  tra- 
dujo, á  petición  de  Raimundo,  arzo- 
bispo deToledo,  algunas  obras  árabes, 
relativas  á  la  filosofa  de  Aristóteles. 
Las  principalei  son:  BpHome  íoíius  as- 
trtlogim;  Ckiromaníia  j  A  l/ar^anum. 

Jaan  7  Santacilia  (Jobob).  Céle- 
bre marino,  matemático,  astrónomo, 
geógrafo  v  explorador  español,  que 
nació  en  No/elda,  en  1713,  j  murió 
en  Madrid,  en  1775.  Siendo  muy  jo- 
ven aún,  entró  en  la  orden  de  Maíta, 
j  habiendo  abrazado  la  carrera  de  la 
marina,  hizo  varias  campañas  en  la 
costa  de  Africa,  como  simple  guardia, 
T  se  halló  en  la  eipedíción  de  Oran. 
Bn  1734  fué  comisionado,  en  unión 
de  don  Antonio  de  UUoa,  para  acom- 
pañar á  los  académicos  franceses,  La 
Condamine,  Bougner  jGodin,  envia- 
dos al  Perd  £  metur  un  grado  del  me- 
ridiano 7  á  determinar  la  figura  v  di- 
mensiüuea  de  la  tierra.  A  su  vuelta  á 


ÍUAN 

Éspafia,  taé  nombrado  capitán  de  na- 
vio j  comisionado  para  ir  á  Ingla- 
terra á  estudiar  los  adelantos  de  la 
marina.  Dirigió  la  construcción  del 
Observatorio  astronómico  de  San  Fer- 
nando; fuá  nombrado  jefe  de  escua- 
dra, comandante  de  los  guardias  ma- 
rinas ^  director  de  los  arsenales.  Hizo 
un  viaje  á  Blarmeeos  en  calidad  de 
embajador  extraordinario,  j  obtnvo 
sucesivamente  los  cargos  y  honores 
de  director  del  Seminario  de  Nobles 
de  Madrid,  individuo  de  la  Sociedad 
Real  de  Londres,  de  la  Academia  de 
Berlín  j  corresponsal  de  la  de  Cien- 
cias de  París.  Dejó  varios  libros  es- 
critos entre  los  que  merecen  especial 
mención:  fíisíorta  del  viaje  á  la  Amé- 
rica meridional;  Noticias  secretas  de 
América  sobrt  el  estado  naval,  militar 
ypoliíieo;  Compendio  de  la  navegación^ 
para  nto  de  los  guardias  marinas;  Exa- 
men marítimo  teSrieo-prácíico  ó  tratado 
de  meeánicA  aplicada  i  la  eonstruccidn, 
eonoeimiento  f  manejo  de  los  baques,  y 
Estado  de  la  astronomUt  en  Europa.  El 
nombre  de  sabio  español,  con  que  le 
señalan  naciones  extranjeras,  poco 
acostumbradas  á  reconocer  relevantes 
méritos  en  los  hijos  ilustres  de  Espa- 
ña, demuestra  sobradamente  que  la 
fama  de  Jorob  Jvkíf  se  ha  extendido 
más  allá  del  país  que,  para  gloria  de 
sus  compatriotas,  tuvo  la  suerte  de 
mecer  su  cuna. 

Juana.  Femenino.  Nombre  'propio 
de  mujer. 

EtiuoloqÍa..  Juan:  latín,  JoSnna, 
(Biblia.) 

Juana.  Reina  da  León  jr  de  Casti- 
lla, segnnda  mujer  de  Fernando  III 
el  Santo.  Era  hija  de  Simón,  eonda  de 
Dammartf  n,  t  biznieta  de  Luis  Vil  de 
Francia.  Se  había  tratado  de  casarla 
con  el  rey  de  Inglaterra,  Enrique  III, 
y  aun  estaban  concluidas  las  negocia- 
ciones; pero  no  llegó  á  efectuarse  U 
boda  por  haberse  descubierto  que 
existían  entre  los  contrayentes  víncu- 
los de  parentesco.  Casada  con  Fer- 
nando de  Castilla,  en  1237,  le  acom- 
pañó en  todas  sus  expediciones  mili- 
tares, se  retiró  luego  á  Francia  y  mu* 
rió  en  1278. 

Juana  de  Castro.  Esposa  ¡legíti- 
ma de  Pedro  I  de  Gaatilla.  Era  hija 
de  Pedro  de  Castro,  caballero  de  Ga- 
licia, y  viuda  de  Diego  de  Haro,  se- 
ñor de  Vizcaya.  Enamorado  de  ella 
el  rey,  que  estaba  ya  casado  con 
Blanca  de  Borbón  y  con  María  de  Pa- 
dilla, la  pretendió  por  esposa,  y  aun- 
que ella  rechazó  las  proposiciones  del 
monarca,  éste  halló  medio  de  enga- 
ñarla y  se  casó  con  ella  en  1353, 
abandonándola  al  día  siguiente.  Jua- 
na vivió  después  ea  Dueñas  hasta  au 
muerte,  ocurrida  en  1374. 

Juana  de  Portugal.  Reina  de 
Castilla  y  de  León,  nacida  en  1439  y 
muerta  en  1475.  Era  hija  de  Eduar- 
do, rey  de  Portugal,  y  de  Leonor  de 
Aragón, y  casóeon  Enrique  IV  de  Cas- 
tilla, que  se  había  divorciado  de  su 
primera  esposa,  Blanca  de  Navarra, 
en  1453.  Tuvo  de  aquel  matrimonio  á 
la  iniknta  Juana,  llamada  la  Beltra- 


JUAN 


261 


neja,  porque  la  voz  pública  atribifa 
su  paternidad  al  favorito  D.  Beltrán 
de  la  Cueva.  Algunas  turbulencias 
qne  estallaron  contra  el  privado,  obli- 
garon á  la  reina  i  retirarse  de  la  corte 
y  á  vivir  en  el  castillo  de  Alaejos, 
donde  se  dice  que  turo  amores  con 
Pedro  de  Castelli,  sobrino  del  ano- 
bispo  de  Sevilla.  Posteriormente  vol- 
vió i  rennirse  á  su  marido  y  murió 
seis  alios  después  que  él. 

Juana  Hannel.  Reina  de  Castilla 
V  de  León,  hija  del  infante  Don  Juan 
Manuel  y  biznieta  del  rey  Don  Fer- 
nanda ÍII.  Nació  en  1333;  casó  con 
Enrique  de  Trastamara,  quien  des- 
pués reinó  con  el  nombre  de  Enri- 
que II;  estuvo  presa  de  orden  del  rey 
Don  Pedro;  huyó  á  Francia  con  su  es- 
poso, y  después  que  éste  dió  muerte  á 
su  hermano,  en  Montiel,  fué  procla- 
mada reina,  muriendo  en  Salamanca 
en  13S1  r  siendo  enterrada  en  la  ca  - 
pilla  de  los  Reyes  moros  de  Toledo. 

Jnana,  infanta  de  Castilla,  llama- 
da la  Beltraneja,  Era  hija  de  Enri- 
que IV,  el  Impotente,  y  de  Juana  de 
Píirtugal,  y  nació  en  1642.  Las  rela- 
ciones amorosas  de  la  reina  con  don 
Beltrán  de  la  Cueva  hicieron  se  cre- 
yese á  Juana  hija  del  favorito,  lo 
cual  dió  motivo  a  una  liga  para  ex- 
cluirla de  la  herencia  del  trono  y 
para  dar  la  sucesión  al  infante  Don 
Alonso,hermanodelrey,  Muerto  aquel 
príncipe  en  Cardeñosa,  según  algunos 
suponen,  víctima  de  un  envenena- 
miento, los  confederados  obligaron  á 
reconocer  por  sucesora  á  su  hermana 
Isabel.  Bl  marqués  de  Villena,  para 
conciliar  ambos  partidos,  propuso  la 
mano  de  Isabel  á  Alfonso  V  de  Portu- 
gal, T  la  de  Juana  al  príncipe  Juan^ 
hereaero  de  aquél;  pero  Isabel  se  negó 
terminantemente.  Prometida  Juaha 
después  al  príncipe  de  Quíena,  quedó 
también  sin  efecto  el  matrimonio  por 
negarse  las  Cortes  á  sancionarlo.  Lue- 
go que  murió  Enrique  IV,  Alonso  de 
Portugal  se  decidió  á  tomar  por  es- 

Sosa  a  Juana,  y  al  efecto  entró  en 
astíUa,  proclamando  su  futuro  ma- 
trimonio, y  tomó  el  titulo  de  rev  en 
unión  con  aquélla ,  intimando  i  Fer- 
nando á  Isabel  á  restituir  la  corona; 
hasta  que,  vencido  en  la  batalla  de  To- 
ro, se  retiró,  pidió  auxilios  á  Luís  XI 
de  Francia  para  ayudar  á  Juana  á 
conquistar  su  reino,  y  no  obteniendo 
resultado,  desistió  de  todo  empeño  é 
hizo  la  paz  con  los  Reyes  Católico». 
Jdama  entonces  entró  en  un  monaste- 
rio de  Coimbre,  donde,  á  pesar  de  sus 
votos,  fué  solicitada  posteriormente 
en  matrimonio  por  Francisco  Febo, 
rey  de  Navarra,  hijo  de  Gastón  de 
Foix  y  de  Magdalena  de  Francia,  hija 
de  Luis  KI.  Más  tarde  lo  fué  también 
por  el  mismo  Fernando  Y,  viudo  ya 
de  Isabel,  el  cual,  por  medio  de  aquel 
matrimonio  y  alegando  luego  los  de- 
rechos de  Juana  a  la  sucesión  de  Bu- 
rique  IV,  esperaba  despojar  á  su  yer- 
no Felipe  el  Hermoso,  que  gobernaba 
en  Castilla  Í  nombre  de  su  esposa 
Juana  la  Zoca,  Juana  continuo  en 
Portugal,  llamándose  reina,  y  murió 


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262  JUAN 

en  1S30,  «n  al  palacio  d»  Lisboa,  i  la 
edad  da  69  afioa. 

Juana  Enrít^ues.  Reina  de  Na- 
Tarra  t  de  Arag-on,  que  naeid  por  los 
afios  de  1425  j  man<i  en  1468.  Bra 
hija  de  D.  Fadriqae  Earfquez,  señor 
de  Medina  de  Rioaeco,  conde  de  Mel- 
gar y  almirante  de  Castilla,  j  ae  casó 
en  1444  con  Don  Joan  11,  rer  de  Na- 
Tarra,  j  después,  de  Aragón,  viudo 
eatonces  de  Blanca,  hija  de  Car- 
los III  el  Noble,  Tomó  gran  ascen- 
diente sobre  su  marido,  especialmen- 
te después  del  nacimiento  de  Feman- 
do, que  luego  fué  el  Re^  Católico.  Le 
hizo  desheredar  &  su  hijo  major,  ha- 
bido en  flu  primer  matiimoaio,  el 

Eríndpe  de  Viana,  qae  se  había  sa- 
leTado,  reclamando  para  s(  el  titulo 
de  raj  de  Nararra.  Habiéndole  hecho 

Erisionam,  te  sublevd  en  su  favor 
atalufia,  por  lo  que  se  vid  obligada 
&  ponerle  en  libertad;  pero  la  muerte 
del  desdichado  príncipe,  acurrida  de 
allí  á  poco  tiempo,  hace  supouer  que 
le  mandara  envenenar.  Esto  aumenté 
el  furor  de  la  insurreccién,  j  Juusá. 
se  vió  sitiada  en  Gerona;  pero  llamé 
en  su  auxilio  i  Gastén  de  Foix,  que 
la  socorrió.  Combatió  contra  Juan, 
duque  de  Lorena,  que  disputaba  la 
Cataluña  á  su  marido,  jr  murid  en  el 
sitio  de  Rosas. 

Juana  la  Loca.  Reina  de  Castilla, 
hija  de  los  Rejres  Católicos  Don  Fer- 
nando j  Do&a  Isabel,  que  nació  en 
Toledo  en  1479  j  murió  en  Tordesi- 
Uas  en  15^.  Se  casó  en  1496  con  el 
archiduque  de  Austria,  Felipe  el  ffer- 
mosot  á  ^uíen  acompañó  á  Bruselas, 
donde  dié  i  laz  i  Carlos  V.  Volvió  á 
España  con  el  archiduque  en  1502, 
llamada  por  la  reina  madre,  que  que- 
ría cederle  la  corona,  é  hizo  reconocer 
sus  derechos  j  los  de  su  esposo  en  las 
Cortes  de  Aragón  r  de  Castilla.  Ha- 
biendo vuelto  Felipe  á  los  Países 
Bajos,  huleado  del  carácter  irritable 
j  del  excesivo  amor  de  su  esposa,  se 
quedó  ésta  en  Bspafia  con  au  madre; 
j  da  las  muestras  da  dolor  que  hizo 
por  aquella  separación,  empezaron  al- 
gunos i  tomar  pretexto  para  creerla 
víctima  de  una  enagenaoión  mental, 
que  tal  vez  no  reconocb  otra  causa 
que  los  violentos  celos  que  tenia  de 
su  marido.  Unseg^undoalumbramiAi- 
to,  ca/o  fruto  fue  el  príncipe  Fernan- 
do, no  miti^  aquel  triste  estado,  j 
Juana,  poseída  de  un  verdadero  fre- 
nesí, corrió  á  Flandes  &  reunirse  con 
BU  esposo.  Poco  después  acaeció  la 
muerte  de  Isabel  la  Católica,  j  enton- 
ces Juana  se  embarcó  de  nuevo  con 
Felipe  en  dirección  i  España  j  lleg5 
i  la  península  en  1506,  después  de 
tras  meses  de  estancia  en  Inglaterra, 
donde  les  habían  arrojado  las  tempes- 
tades. Tomó  Felipe  las  riendas  del 
gobierno  bajo  pretexto  de  la  incapa- 
cidad de  Juana,  queriendo  ocupar  el 
trono  exclusivamente  hasta  que  ñiera 
major  da  edad  su  hijo;  pero  los  cas- 
telíítnos  se  opusieron  á  sus  desigpnios, 
reconociéndola  por  soberana  en  las 
Cortes  de  Valladolid,  r  i  su  hijo  por 
haredaro  de  Castilla  j  León.  La  muei^ 


JUAN 

te  prematura  de  Felipe  llanÓ  de  tal 
amargura  el  pecho  de  JüANAt  que  po- 
cos fueron  ja  los  que  dudaron  de  su 
falta  de  razón  al  verla  entregada  á  las 

extravagancias  más  caprichosas.  Re- 
corriendo media  España  tras  del  ca- 
dáver de  su  esposo,  del  que  no  que- 
ría separarse  jamás,  se  estableció  en 
Tordesillas,  donde  díó  sepultura  álos 
restos  del  que  tanto  había  amado,  j 
allí  vivió  cuarenta  7  siete  años  sin 
perder  de  vista  el  sepulcro  un  solo 
instante. 

Juana  de  Arco.  Heroína  torenesa 
conocida  con  al  nombre  de  la  Doncella 
de  Orleánttj  qua  oontríbu^ó  poderosa- 
mente i.  levantar  el  espíritu  nacional 
de  la  Francia  para  terminar  la  guerra 
de  loa  cien  años,  arribando  del  reino 
á  los  ingleses  que  le  babCan  invadido, 
llegando  á  hacerse  casi  por  completo 
dueños  del  reino.  Seg^  los  últimos 
datos,  nació  en  Domremj  (Baja  Lo- 
rena) en  1409  y  era  hiju  de  Santiago 
de  Arco  ^  de  Isabel  Romée.  Su  infan- 
cia j  su  juventud,  pasadas  en  el  cam- 
po, donde  se  dedicaba  á  guardar  ga- 
nado, tuvieron  por  espectáculo  todos 
los  males  de  la  guerra,  haciendo  que 
su  imaginación,  impresionada  por  la 
vergüenza  de  la  ocupación  inglesa, 
por  las  miserias  de  las  discordias  ci- 
viles y  el  interés  novelesco  que  des- 
pertaba el  delñn  Carlos,  la  liicieran 
creer  qua  el  cielo  la  deparaba  una  mi- 
sión sobrenatural.  A  la  exaltadón  de 
su  mente,  acosada  por  místicos  ensue- 
ños, en  que  oía  clara  v  distintamente 
voces  divinas,  no  tardó  en  unirse  la 
credulidad  popular,  que,  esperando 
ver  realizadas  sus  más  legítimas  aspi- 
raci-iaes,  acabaron  por  impulsarla  á 
seguir  una  senda  que  había  de  hallar 
por  término  el  martirio.  Después  de 
una  larga  lucha,  se  dedicó  á  aceptar 
el  papel  á  que,  según  ella,  la  destina- 
ba el  cielo.  Entonces  tenía  18  años,  y 
un  tío  SUJO,  Andrés  Laxart,  que  ha- 
bía sido  el  primero  en  convencerse  de 
su  misión,  la  conduio  á  Vaueouleurs, 
y  la  presentó  i  Baudrícourt,  ^berna- 
dor  de  la  plaza.  Este  la  envió  á  Chi- 
nón,  donde  el  rej  Carlos  VII  tenía  su 
corte.  Allí  llegó  el  24  de  Febrero 
de  1429,  fué  introducida  en  la  cime- 
ra real,  jr  sin  haber  visto  jamás  al 
monarca,  le  sefialó  entre  la  multitud 
de  cortesanos  entre  quienes  se  había 
ocultado;  le  habló,  según  se  dice,  de 
secretos  de  él  solo  conocidos,  y  le  pro- 
metió hacer  levantar  el  sitio  de  Or- 
leáns,  último  baluarte  de  la  monar- 
quía francesa,  j  consagrarte  en  Reims. 
Ante  aquella  resolución,  el  pueblo  se 
dejó  convencer  y  la  corte  no  se  mos- 
tró más  rehacía.  En  su  consecuencia, 
se  armó  j  equipó  á  Juana;  los  más 
antiguos  generales  tuvieron  que  su- 
frir el  ascendiente  de  una  mujer,  y 
los  soldados,  arrastrados  por  el  fa- 
natismo, se  dejaron  guiar  por  ella. 
Afortunadamente,  aquel  entusiasmo 
no  fué  perdido,  puesto  que  el  29  de 
Abril  Juana  entraba  en  Orleáns;  el 
4  de  Majo  de  1429,  el  ejército  tomaba 
posesión  de  la  plaza,  j  el  8,  Orleáns 
se  encontraba  libre.  La  inspirada 


JUAN 

campesina  se  abrió  an  aagulda  pasó 

hasta  Reims,  por  medio  da  la  batalla 

de  Pataj,  y  el  13  de  Julio  cumplíala 
última  parte  de  su  promesa,  haciea- 
do  consagrar  á  Carlos  VU.  Entonces 
Ju<g^\  crejó  su  misión  cumplida  j 
quiso  retirarse;  pero  ae  la  retuvo  &  su 
pesar.  Perdida  ja  la  confianza  en  el 
apojo  sobrenatural  que  creía  tener 
hasta  allí  en  su  ajuda,  sufrió  una 
derrota  delante  de  París,  acadiÓ  al 
socorro  de  Compiegue,  sitiado  por  los 
burguifiones,  j  penetró  en  la  pla- 
za; pero  habiendo  hecho  una  salida 
el  24  de  Majo  de  1430,  no  pudo  vol- 
ver á  entrar  an  la  ciudad  por  haber 
caído  prisionera  del  bastardo  da  Wan- 
domme.  Juan  de  Luxemburgo,  qae 
mandaba  el  ejército  sitiador,  se  hizo 
cargo  de  ella  v  la  vendió  en  10.000 
libras  i  los  in«eses  con  asentimiento 
del  duque  de  Borgofia,  su  aliado.  Los 
ingleses  decidieron  que  fuera  juzga- 
da como  nigromántica  j  hereje,  y  un 
largo  é  inicuo  proceso  se  comenzó  en 
Rouen.  El  obispo  de  Beauvaia,  Pedro 
Cauchon,  que  debía  su  silla  episcopal 
al  roj  de  Inglaterra,  Enrique  V,  fué 
nombrado  para  presidir  el  tribunal 
infame.  Se  trató  de  envolver  &  Juana 
en  una  red  de  sutilezas  teológicas;  se 
la  quiso  persnadir,  por  lo  menos,  á 
que  confesara  que  el  demonio  la  ins- 
piraba; pero  ella  mostró  durante  sos 
interrogatorios  una  sanare  frfa,  una 
inteligencia,  una  elevación  da  senti- 
mientos, una  elocuencia  sencilla  j 
persuasiva  j  hasta  una  ironía  supe- 
rior á  su  pericia  militar,  qua  dasra- 
necieroa  aquella  esperanza.  Entonces 
se  puso  en  juego  la  astucia  para  ha- 
llarle culpable,  firmó  ingenuamente 
una  declaración  distinta  de  la  que 
había  prestado,  y  después  de  habér- 
sela condenado  á  prisión  perpetua  con 
la  prohibición  de  usar  otros  vestidos 
que  los  de  su  sexo,  se  le  quitó  duran- 
te la  noche  su  traje  de  mujer.  Sor- 
prendida con  la  armadura  que  la  ha- 
bían dejado  v  con  la  cual,  por  pudor, 
se  cubrió  á  la  aproximación  de  los 
guardias,  fué  condenada  como  relap- 
sa á  ser  quemada  viva  en  la  plaza  del 
Mercado  Viejo,  ejecutándose  tan  bár- 
bara sentencia  el  31  de  Majo  de 
1431.  Teinticinco  afios  después,  Car- 
los Tn,  con  el  eoncarao  del  papa  Ca- 
lixto  III,  hizo  revisar  el  proceso  j  re- 
habilitó la  memoria  de  Jujuui,  enno- 
bleciendo á  su  familia  con  el  título 
de  Ly$  y  eximiéndola  de  cargas  J  tri- 
butos. Todos  los  años  se  celebra  en 
Orleáns  con  una  procesión  cívica  el 
aniversario  de  la  libertad  del  territo- 
rio. El  8  de  Majo  de  1855  se  inaugu- 
ró en  una  de  las  plazas  de  la  ciudad 
una  hermosa  estatua  ecuestre,  obra 
del  escultor  Fojatier;  Rouen  había 
levantado,  desde  hacía  largo  tiempo, 
un  monumento  de  escaso  mérito  a  It 
heroína;  y  en  Domremj  se  sustitujó» 
en  1856,  con  una  estatua  de  bronce, 
el  busto  colocado  en  1820.  La  poesía 
se  ha  inspirado  muchas  veces  en  1* 
casta  j  noble  figura  de  la  Doneelh  d« 
OrUán»,  Chapelain  la  ridiculizó  fia 
intención  de  hacerlo.  Voltaira  eoiaa- 


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JUAN 


JUAN 


JUAN  263 


tió  la  &1U  impeidonable  de  quezer 
befarse  de  ella  en  uii  poema  burlesco; 

ftero  al  mismo  tiempo  Scbilleila  idea- 
izaba  magníGcameate  en  ano  de  sus 
mejores  dramas.  Entre  los  poetas  fran- 
ceses modernos,  ha  habido  machos 
que  la  han  cantado;  pero  aunque  al- 
anos han  rajado  é  gran  altura  en 
inspiración  t  en  elegancia,  ninguno  ha 
podido  rÍTalizar  cou  la  patética  seuci- 
Uez  de  la  historia.  M.  Jales  Quicherat 
ha  publicado  en  la  colección  de  la 
Academia  de  la  Historia  de  Francia  el 
texto  «aténtico  del  proceso  de  Juana 
DS  Abco,  de  an  sentencia  j  da  su  re- 
habilitación. La  historia  completa  de 
la  Doncella  de  OrUáni,  por  Lebrón  des 
Charmets,  1817  (4  volúmenes  en  8.'), 
aunque  no  está  al  nÍTel  de  la  ciencia 
histórica  actual,  es  digna  de  tenerse 
en  cuenta.  Entre  los  trabajos  más  re- 
cientes, deben  citarse  los  de  Michelet, 
Benzí,  Vallet  de  Viriville,  resumidos 
en  ana  Vida  de  Juana  db  Arco,  pu- 
blicada en  1854  por  M.  A.  Desjardins. 
Lamartine,  en  Él  Cmlúador,  consa- 
gró á  JnAMA,  DI  Abco  una  eloeoente 
biografía. 

Reseña.  —  Cuando  la  Doncella  de 
OrUán*  dejaba  su  prisión,  con  la  fren- 
te erguida,  en  el  día  del  auto,  dijo 
tranquilamente  al  oído  del  obispo  de 
BeauTais:  «Por  tí  voj  á  la  hoguera,> 
iCómo  cajreron  aquellas  palabras  de 
Ta  TÍctima  en  el  corazón  del  obispo? 
Unicamente  la  justicia  divina  lo  pue- 
de comprender.  Esta  razón  es  una  de 
las  más  grandes  pruebas  de  que  exis- 
te nn  Hacedor  Supremo.  Realmente 
bar  muchas  cosas  en  este  mundo  ^ue 
sólo  las  puede  comprender  la  justicia 
de  Dios.  Juana  db  Arco,  tú  moriste 
en  el  fuego,  para  vivir  siempre  en  el 
amor  del  mando:  ]hj  de  los  que  mue- 
ren en  la  conciencia,  para  morir  des- 
pués en  la  eternidad!  [Venturosa  Jua- 
na ns  ArooI  ¡Desgracido  obispo  de 
BeauTaial 

Juana  (la  papisa).  ¿Existió,  entre 
el  pontificado  de  León  1 Y  j  el  de  Bene- 
dicto 1X1,  un  papa  de  nombre  J uan  VIH 
que  ha  sido  borrado  de  la  lista  de  los 
sucesores  de  san  Pedro?  ¿Era  este  papa 
una  mujer?  A  esta  doble  pregunta  se 
ha  contestado  de  dos  maneras  diame- 
tralmente  opuestas.  Mientras  unos, 
creyendo  que  de  ello  dependía  el  pres- 
tigio del  pontificado,  se  han  obstina- 
do en  responder  negativamente,  otros, 
haciendo  an  arma  de  la  resolución  de 
este  problema  histórico,  han  afirmado 
los  hechos  con  no  menos  obstinación. 
A  nuestro  juicio,  no  sÓlo  ba  habido 
apaaionamiento  por  ana  parte  j  por 
otra,  sino  i^ue  para  ambas  el  trabajo 
ha  sido  estéril.  Ni  el  honor  de  la  Igle- 
sia pierde  nada  con  que  el  sacro  Co- 
legio se  dejara  sorprender  un  día  por 
un  impostor,  ni  nada  tampoco  ganan 
los  que  creen  que  hechos  ae  esta  na- 
turaleza hacen  perder  su  importancia 
al  pontificado.  El  único  interés  que 
delw  existir,  para  el  historiador  im- 
parcial y  justo,  es  el  prestigio  de  la 
verdad,  razón  y  asiento  de  la  historia. 
Pongamos  i  nuestros  ilustrados  lecto- 
res en  alganos  antecedentes.  Nótase 


que  en  el  sfgls  pasado  nadid  creía  ja 
en  la  legenda  de  la  papisa  Juana,  cu- 
jo  movimiento  principió  al  declinar 
el  siglo  XI.  En  efecto,  Florimond  de 
Boemond  escribió  un  libro  titulado: 
El  error  popular  de  la  papisa  Juana 
(1587),  obra  que  dió  comienzo  á  la 
reacción  contra  la  opinión  admitida 
hasta  entonces  universalmente.  Na-, 
merosos  escritores  sostuvieron  des- 
pués la  tesis  anterior,  y  lo  que  es  más 
curioso,  los  autores  de  la  protesta,  que 
debían  tener  un  interés  major  en  des* 
prestigiar  al  papado,  fueron  los  que 
atacaron  con  major  ardor  la  leyenda 
de  la  PAPISA  Juana,  llevados  indüda- 
blemente  de  una  convicción  sincera  j 
profunda,  porque  no  debemos  suponer 
que  entrara  en  sus  intentos  el  nacer 
alarde  de  generosidad  histórica.  To- 
dos estos  trabajos  tienen  por  comple- 
mento los  escritos  del  cardenal  Baro- 
nio,  cujo  erudito,  con  el  fin  de  des- 
embarazarse de  las  dificultades  j  ma- 
rañas de  la  cuestión,  procuró  remo- 
verla en  su  fondo.  El  cardenal  dice. 

Jae  las  debilidades  del  verdadero 
uan  VIH  fueron  causa  de  que  mu- 
chos le  comparasen  á  una  mujer,  en 
donde  la  vul^r  malicia,  que  siempre 
se  tuerce  hacia  lo  malo',  encontró  asun- 
to para  dar  ser  í  la  lejenda  de  la  pa- 
pisa Jdana.  Nuestra  tarea  queda  re- 
ducida á  dar  conocimiento  de  los  da- 
tos anteriores  al  siglo  xvi,  por  supo- 
ner que  son  los  menos  conocidos.  El 
fundamento  de  la  lejeada  de  nuestro 

Eersonaje  consiste  en  suponer  que  hu- 
0  un  Juan  VIII,  sucesor  de  León  IV, 
cujo  pretendido  papa  era  una  inglesa 
ue,  después  de  hacer  graodes  estu- 
ios  en  Atenas,  había  ido  á  fijar  su 
residencia  en  Roma,  ocultando  su  sexo 
verdadero,  j  donde  la  reputación  ex- 
traordinaria de  sus  talentos  la  había 
hecho  elegir  papa  en  855,  á  la  muerte 
de  León  IV.  Más  tarde,  habiendo  que-, 
dado  en  cinta  de  resultas  de  sus  reía* 
cienes  eon  uno  de  sus  servidores,  al 
atravesar  un  día  el  trayecto  que  media 
entre  el  Coliseo  j  la  iglesia  de  San 
Clemente,  jendo  en  pública  y  solem- 
ne procesión,  había  dado  á  luz  una 
niña,  y  a  consecuencia  de  la  vergüen- 
za que  tal  acto  la  produjera,  nabia 
muerto  allí  mismo.  Platina  añade, 
como  cosa  dudosa,  pero  generalmente 
admitida,  que,  desde  este  escaadaloso 
accidente,  siempre  <^ue  se  entronizaba 
un  papa,  se  le  hacia  sentar  en  una 
silla  horadada,  colocada  en  la  capilla 
de  Letrán,  en  la  que  el  sacro  Colegio 
se  aseguraba  de  que  no  había  error 
de  sexo.  Voluntariamente  hemos  omi- 
tido en  nuestro  relato  todas  las  cir- 
eunstancias  dramáticas  con  que  re- 
visten el  hecho  ciertos  historiadores, 
haciendo  á  Juana  monja  desde  la 
edad  de  22  años,  suponiendo  que  des- 
pués huyó  á  Grecia  en  compañía  de 
un  joven  fraile,  por  quien  había  con- 
cebido una  violenta  pasión,  y  otros 
numerosos  episodios  que  entran  más 
en  el  terreno  de  la  novela  que  en  el 
de  la  historia.  Sin  embargo,  el  episo- 
dio principal  necesita  una  explica- 
ción, jr  ja  que  no  podemos  darla  cum-: 


plida,  Vámes,  por  lo  menos,  i  exami- 
nar los  testimonios  en  que  seapoja. 
Anastasio,  bibliotecario  del  Vaticana 
y  contemporáneo  de  Juana,  ha  reco- 
nocido él  necho  en  su  Líber  ponttjicar- 
lis.  Es  cierto  que  la  mención  de  este 
pontificado  ha  sido  suprimida  en  las 
diversas  reimpresiones  que  del  libro 
de  Anastasio  se  han  hecho;  pero  exis- 
te en  la  edición  primitiva,  que  es  del 
año  1602.  Después  de  Anastasio,  se 
encuentra  entre  los  testigos  de  la  exis* 
tencia  de  la  papisa  Juana  uiia  gran 
laguna,  que  se  explica  por  el  escaso 
numero  de  escritores  que  existía  en 
aquella  época  y  por  la  infinidad  de 
manuscritos  perdidos  en  una  larga 
serie  de  guerras  y  revoluciones.  La 
primera  mención  que  encontramos,  se 
refiere  al  siglo  xi  y  pertenece  á  Ma- 
rianos Scotus,  del  cual  transcribimos 
las  simientes  palabras:  «A  León  IV 
sucedió  una  mujer,  Juana,  por  espa- 
cio de  dos  años,  cinco  meses  y  cuatro 
días.»  En  el  siglo  xu,  Othón  de  Frin- 
singen,  en  sus  Crónicas;  Godofredo  de 
Viterbo,  en  su  PauteSn»  y  Biartín  de 
Polonia,  capellán  de  Clemente  IV,  en 
el  siglo  xiii,  no  son  menos  explícitos. 
Desde  entonces,  es  inútil  acumular 
testimonios,  que  se  multiplican  de 
una  manera  verdaderamente  abruma- 
dora. El  hecho  de  la  existencia  de  la 
PAPISA  Juana  es  universalmente  adop- 
tado, de  tal  modo  que,  hasta  fines  del 
siglo  XVI,  no  se  puede  hallar  un  solo 
escritor  que  lo  contradiga.  Entre  los 
que  lo  afirman,  nos  basta  citar,  á  cau- 
sa de  su  autoridad  especíalísima,  los 
nombres  de  san  Antonino  de  Floren- 
cia, de  Ranulfb,  de  Bernardo  Quj,  de 
Qerson,  de  Piccolomini  (más  tarde, 
Pío  II)  y  de  Fulgosio.  Al  lado  de 
estos  testimonios  escritos,  no  &ltan 
tampoco  algunos  hechos  materiales. 
Teodorico  de  Nimes,  secretario  de  di- 
versos papas,  había  visto  en  Roma  un 
grupo  representando  á  Juana  j  á  su 
hija,  cajo  hecho  atestigua  san  Anto- 
nino, 7  graves  historiadores  aseguran 
que  ¡Sixto  V  hizo  arrojar  al  Tíber 
aquel  singular  monumento.  En  el  si- 
glo XV,  la  basílica  de  Sieoa  poseía 
una  colección  de  bustos  de  todos  los 
papas;  el  de  Juana  figuraba  en  ella 
con  esta  inscripción:  Joanes  VIII,  fe- 
minaCJuan  VIII,  mujer).  Mabillón^ 
Launoi  lo  vieron,  /  este  .último,  irri- 
tado sin  duda  por  contradicciones  mal 
fundadas,  dice  «que  sería  preciso  ser 
ciego  para  no  verlo. »  Baronio  decidió 
al  papa  Clemente  VIH  á  suprimir  este 
bustoescand^oscFauchétjr  MabUlón 
vieron  asimismo  la  &mosa  silla  hora- 
dada, ideada  por  Benedicto  III,  para 
impedir  un  nuevo  error.  Por  último, 
si  tuera  preciso  invocar  la  autoridad 
de  la  Iglesia  misma  en  favor  de  la 
existencia  de  la  papisa  Juana,  encon- 
traríamos en  las  dctas  del  Concilio  de 
Constanza  uua  omisión  tan  significa- 
tiva, que  tiene  casi  el  valor  de  una 
confesión  terminante.  El  Concilio,  que 
procesó  á  Juan  de  Huss  con  el  firme 
propósito  de  condenarle,  y  que  le  hizo 
sufrir  un  largo  y  minucioso  interro- 
gatorio acerca  de  sus  errores,  no  pen- 


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264 


JUAR 


wó  jamiy  «n  emitir  xaa  opinídn  formal 
sobre  la  axisteacia  de  Juana.  Vamos 
á  termiaar  coa  an  antecedente  (^ae  no 
debe  omitirse,  Godofredo  de  Viterbo 
afirma  que  el  nombre  de  la  papisa 
Juana  nié  suprimido  en  el  catálogo 
de  los  samos  pontífices.  Contra  estas 
noticias^que  parecen  irrefutables,  hajr 
el  testimonio  de  Hincmar  de  Reims, 
contemporáneo  de  Juaha,  quien  ase- 
fifura-de  una  manera  terminante  «que 
habiendo  enviado  (el  emperador  Lota- 
rio)  diputados  á  Roma,  para  obtener 
un  privileeio*  supieron  en  el  camino 
la  muerte  de  Leda  IV.  j  qne,  cuando 
llegaron  &  Roma,  Benedicto  III  ocu- 
paba la  silla  pontifical,»  cajo  hecho 
supone  que  no  pudo  tener  lugar  el 
pontificado  de  la  pahsa  Jdana.  £a 
cuanto  á  nosotros,  sin  decir  que  sí, 
sin  decir  que  no,  opinamos  ^ue  la 
existencia  dte  la  papisa  Juana  fue  uni- 
versalmente  creída  hasta  fiaesdel  si- 
glo XTi,  j  que  la  legenda  6  la  realidad 
de  dicho  personaje  es  un  punto  histó- 
rico, si  no  inexplicable,  inexplicado. 
JuuiRS.  Femenino  plaral.  Palillos 

ri  usan  los  guanteros  para  ensan- 
r  los  guantes. 

Juanero.  Masculino.  ffermanU»  El 
ladrón  que  abre  cepos  de  iglesia. 

ErucoLoaÍA.  /mu. 

Juanete.  Masealino.  Bi  hueso  del 
nacimiento  del  dedo  graeso  del  {>ie 
cuando  sobresale  mucho.  I  Cualquie- 
ra de  los  dos  huesos  altos  de  las  meji- 
llas, cuando  abultan  demasiado  ó  se 
descubren  mucho.  |  Jfsn'M.  Cada  una 
de  las  Telas  que  van  sobre  la  gavia  j 
el  velacho,  j  algunas  veces  tombién 
encima  de  la  sobremesana. 

Juanetudo,  da.  AdjetiTo.  El  que 
tiene  juanetes. 

Juanico,  ca,  lio,  Ua,  to,  ta.  Mas- 
culinos j  femeninos  dimiautivot  de 
Juan,  Juana. 

Brnic&ooíi.  Jtuut:  catalán,  Jéuet, 

Jnaaiata.  Sustantivo.  Nombra  da- 
do en  al  n^lo  t  i  loi  defensorei  de 
san  Juan  Cnsdstomo. 

Juanistas.  Masculino  plaral.  J7tf* 
toría  áeUtiástiea,  Individuos  de  una 
secta  cristiana,  difundida  en  Asia,  la 
cual  no  administraba  el  bautismo  más 
que  en  nombre  del  Bautista. 

ETiuoLoofa.  San  Juan  Bautista: 
toLncéifjoAannisíe. 

Juaroa.  Femenino.  La  suciedad 
que  contrae  el  paúo  por  el  aceite,  cola 
7  otros  ingredientes  con  que  se  ma- 
niobra. 

Juardoso.  Adjetivo.  Se  aplica  al 
paño  que  tiene  juarda. 

Juárez  (Benito  )  Hombre  de  Es- 
tado amerícaiiu  y  presidente  de  la  re- 
pública de  Méjico,  en  los  momentos 
tal  vez  más  dincíles  por  que  ha  atra- 
vesado el  que  fué  imperio  de  Mote- 
zuma.  Nació  en  el  pueblo  de  Ixtláu, 
en  el  Estado  de  Oaxaca,  en  1805.  Sus 
padres,  de  condición  humilde,  perte- 
necían á  esa  raza  indígena  pura,  que 
tan  abatida  j  menospreciada  se  veía 
entonces.  Pobre  y  sin  apoyo,  tuvo  du- 
rante s'i  juventud  que  luchar  coa  mi- 
les de  obstáculos;  pero  an  terquedad  le 
hizo  triunfar  de  ellos,  consiguiendo  el 


JUAR 

título  de  doetor  en  derecho  de  la  uni- 
versidad de  Méjico  ^  conquistándose 
una  justa  reputación  en  el  foro,  en 
los  años  que  ejerció  como  abogado. 
Tomando  parte  después  en  los  asuatos 
públicos,  inauguró  su  carrera  política 
comogobernadordelEstadodeOaxaca. 
En  1856,  fué  nombrado  representante 
de  su  proviacía  en  el  Congreso;  y  al 
año  siguiente,  elegido  presidente  del 
Tribunal  Supremo  de  Justicia,  título 
que  le  aseguraba,  en  caso  de  interini- 
dad, la  vicepresidencia  déla  repúbli- 
ca. Después  de  la  caída  del  Gabinete 
Comoatort  j  de  su  reemplazo  por  el 
del  general  Znloaga»  Juabbz,  que  es- 
taba al  frente  del  partido  eonstitueio- 
nal,  protestó  en  nombre  de  la  Consti- 
tucioa  de  1857;  rehusó  reconocer  el 
nuevo  poder  j  llegó  á  establecer  un 
gobierno  en  Veracruz.  La  guerra 
civil  dió  comienzo.  La  suerte  de  las 
armas  fué  por  el  pronto  contraria  á 
los  partidarios  de  Juírkz,  á  quienes 
el  general  Miramón,  comandante  en 
jefe  del  ejército  del  Norte,  batió  en 
varios  encuentros;  pero  estos  desas- 
tres, compensados  por  otra  parte  con 
lai  TÍctonas  del  ejercito  del  Este,  no 
dieron  un  resultado  decisivo,  gracias 
&  la  incapacidad  del  presidente  Zu- 
loagft.  Después  de  la  sedición  militar 

?ue  derroco  á  éste  (23  de  Diciembre, 
858)  7  que  colocó  en  su  puesto  i  Mi- 
ramón,  JoXbbz  rechazó  con  altivez 
toda  proposición  de  arreglo.  Miramón 
quiso  atacarle  en  Veracruz;  pero  el 
partido  constitucional  tomó  en  Méjico 
una  actitud  sobrado  amenazadora  para 
que  el  joven  general  se  atreviera  á 
insistir  en  sus  planes.  Intentó  atraer- 
se las  simpatías  del  país  por  actos  de 
liberalismo;  pero  en  aquel  momento 
(Abril  de  1859)  JuXbbz  obtuvo  una 
considerable  ventaja,  puesto  qae  el 
Gabinete  de  Washington  había  reco- 
nocido su  poder.  Miramón  protestó, 
pero  su  rival  no  tardó  un  punto  en 
aprovecharse  de  la  sanción  oficial, 
que  acababa  de  recibir,  y  decretó  ac- 
tos tan  importantes  como  la  institu- 
ción del  matrimonio  civil;  puso  en 
ejecución  una  línea  férrea  entre  Vera- 
cruz  V  la  capital  j  confiscó  los  bienes 
del  clero.  Entretanto,  la  guerra  con- 
tinuaba sin  resultados  decisivos  para 
ninguno  de  los  dos  bandos.  En  Marzo 
de  1861,  Miramón  puso  sitio  á  Vera- 
cruz;  pero  JuáRSZ,  no  sólo  resistió  el 
ataque,  sino  que  rehusó  ventajosas 
proposiciones  de  paz.  Rehabilitado 
por  mar,  dejó  á  lot  sitiadores  consu- 
mirse bajo  los  muros  de  la  ciudad,  y 
oblígánoolos  á  levantar  el  sitio,  apro- 
vechó su  debilidad  para  tomar  la 
ofensiva,  j,  á  fin  del  año,  logró  ver  á 
Miramón  reducido  al  valle  de  Méjico. 
El  22  de  Diciembre,  su  lugarteniente 
Ortega  dispersaba  el  último  ejército 
de  su  adversario  en  la  batalla  de  San 
Miguelito  y  aseguraba,  al  ñn,  el  triun- 
fo al  partido  constitucional.  Hecho 
esto,  y  mientras  que  el  g-eneral  Mi- 
ramón  huía  á  Europa  (II  de  Ene- 
ro, 1862),  JuÁRBZ  entraba  en  Méjico, 
formaba  su  Gabinete,  destituíaá  todos 
los  empleados  del  antiguo  Gobierno, 


JUAR 

fionfa  en  vigor  las  lejes  relativas  i 
08  bienes  del  clero  y  despedía  con  las 
formas  más  expeditivas  álos  represen- 
tantes de  las  potencias  extranjeras  que 
habían  demostrado  sus  simpatías  al 
general  Miramón.  Reconocido  por  In- 
glaterra en  el  mes  de  Febrero,  y  por 
Francia,  algunas  semanas  después, 
trató  de  afianzar  su  poder,  haciéndo- 
se reelegir  presidente  (11  de  Junio, 
18611;  pero  no  por  eso  lo^ró  compri- 
mir los  desórdenes  interiores,  ni  ea- 
tisfacer  las  reclamaciones  de  las  na- 
ciones extranjeras.  Seducido  á  soste- 
nerse por  medio  de  la  fuerza,  después 
de  rom])er  sus  relaciones  oon  Bspafia, 
no  temió  (17  de  Julio)  fiiltar  a  sus 
compromisos  con  Francia  é  Inglate- 
rra, suspendiendo  por  dos  años  el 
pago  de  las  indemnizaciones  pactadas 
anteriormente.  Esta  violación  do  los 
tratados  fué  seguida  de  una  coalición 
entre  las  tres  potencias  europeas.  Ta- 
jadas en  sus  intereses,  y  bien  pronto 
una  expedición  francos oglo*española 
desembarcó  en  Méjico.  El  Congreso 
dió  plenos  poderes  á  Juírbz  para  re- 
sistir á  la  intervención  de  los  aliados, 
en  eu^a  virtud  hizo  un  llamamiento 
á  las  armas  á  la  nación  entera  (20  de 
Septiembre,  1861).  Descontento  de  ha- 
ber visto  fracasar  los  preliminares  de 
la  paz  (19  de  Febrero,  1862),  mandó 
fusilar  al  ^neral  Robles  (23  de  Mar- 
zo) y  exigió  que  los  franceses  le  en- 
tregaran al  general  Almonte,  que 
estaba  bajo  su  protección.  Rechazada 
esta  demanda,  rotas  las  conferencias 
entabladas  en  Drizaba  (6  de  Afarilj,  la 
guerra  dió  comienzo  con  Francia,  por 
haber  quedado  satisfechas  Inglaterra 
V  España.  No  ae  sabe  eómoel  ejército 
francés,  después  de  haber  sido  deno- 
tado ante  la  formidable  defensa  de 
Puebla,  se  vió  obligado  á  retroceder  en 
medio  de  las  majorea  privaciones  para 
esperar  refuerzos;  pero  ello  es  lo  cierto 

3ue  este  primer  triunfo  exaltó  gnn- 
emente  las  ideas  y  eaperansas  de 
JuÁBBZ.  Sin  embargo,  las  fuerzas  del 
Gobierno  mejicano  no  podían  ser  ba»> 
tantes  á  contrarrestar  los  poderosos 
refuerzos  venidos  de  Francia,  lo  cual 
motivó  que  el  año  de  1863  no  fuese 
otra  cosa  para  Juárez  que  una  serie 
no  interrumpida  de  descalabros  y  des- 
venturas, en  loa  cuales  no  tuvo  otro 
amparo  que  la  perseverancia  de  su  ca- 
rácter y  el  aliento  de  su  corazón.  Des- 
pués de  evacuar  la  capital,  se  retiró  á 
Cuernavacas;  luego,  á  San  Luis  de 
Potosí,  en  donde  procuró  reorgaoiaar 
su  gobierno  y  eligió  al  general  Dobla- 
do para  presidente  de  ministros, 
niendo,  por  último,  que  retirarse  y 
establecerse  en  Zacatecas.  Cuando  el 
nuevo  imperio  de  Maximiliano  pare- 
cía á  punto  de  consolidarse  con  las 
victorias  del  ejército  francés,  Juáasz 
tuvo  el  gran  desconsuelo  de  verse 
abandonado  de  sus  más  valiosos  se- 
cuaces, como  Uraaga  y  Doblado,  que 
se  adhirieron  al  imperio,  en  Julio  y 
Agosto  de  1864.  González  Ortega  y 
Negrete  resisten  aún,  fieles  á  la  cansa 
nacional;  pero  graves  desastres  sufri- 
dos en  las  márgenes  del  río  Naza^ 


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JUAR 

cajo  desbordamiento  aumenta  sus 
pérdidju,  acabaron  por  diaparaar  las 
armai  en  el  mes  de  Septiembre,  Ya  no 
haj  posible  contra  la  monarquia  otra 
cosa  que  el  plan  de  guerríllaSi  j  Juá- 
rez decide  sosteoerse  hasta  el  fin. 
Perseguido  de  cerca,  tiene  que  refu- 

fiarse  en  Tejas;  pero  reaparece  poco 
espués.  Alentado  por  el  apoyo  j 
prestigio  moral  de  la  Unión  del^or- 
te,  y  más  aún  por  las  inspiraciones 
dfl  su  fe»  espera  un  momento,  que 
considera  decisiro,  j  el  momento  lle- 
gó. El  cuerpo  expedicionario  francés, 
erejendo  asegurada  la  monarquía, 
abandona  á  Méjico;  pero  apenas  se 
embarca,  JuAkbz  tómala  ofensiva.  En 
los  primeros  días  de  1866,  los  repu- 
blicanos se  apoderan  de  Bagdad;  se 
Iiacen  duefios  de  Alamar,  en  la  pro- 
Tincia  de  Sinaloa,  t,  al  mando  de  Es- 
cobedo,  el  principal  sostén  de  Juábbz, 
obligan  á  la  villa  de  Matamoros  á  ren- 
dirse después  de  una  serie  de  sangrien- 
tos combates  (24  de  Junio  de  1866). 
Ai  fin  del  año,  el  poder  constitucional 
de  Juábbz  toca  á  su  término  legal,  j 
su  competidor,  González  Orte^,  se 
declara  presidente  de  la  república  en 
manifiesto  fechado  en  Nuera  Orleáns. 
Pero  la  suerte  se  declara  en  &Tor  del 
primero  y  su  competidor  es  hecho  pri- 
sionero en  la  Trontera  de  Tejas  por  or- 
den del  Gobierno  de  los'Estados-Uni- 
dos,  que  reconocen  i  Juábbz  como 
presidente  /  le  envían,  en  calidad  de 
representantes  oficiales,  &  M.  Camp- 
beli  j  al  general  Sherman.  Ortega  lo- 
i^ra,  sin  embargo,  penetrar  en  Méjico; 
p-'ro  cae  en  manos  de  sus  adversarios 
y  la  autoridad  de  Juábbz  queda  con- 
s  alidada  (Enero  de  1867).  Entretanto, 
el  emperador  Maximiliauo  se  ve  pre- 
cisado á  abandonar  la  capital  para  re- 
fugiarse en  Querétaro;  pero  bien  pron- 
to losjuaristai  asedian  la  ciudad,  al 
mando  de  Escobedo,  j  el  15  de  Mayo, 
después  dé  una  lucha  de  las  más  vi- 
Tas,  se  apoderan  de  ella.  Bñ  medio  de 
la  genenl  ezacerbacidn  de  los  odios 
del  partido  triunfiinte,  J'uXbrz  hace 
comparecer  á  Maximiliano  ante  nn 
consejo  de  guerra  que,  el  19  ds  Ju- 
nio, le  condena  á  muerte  en  nnién  de 
his  generales  Miramón  j  Mejía.  Al- 
íganos días  después  de  laejecución  de 
la  sentencia,  Méjico  y  Veracrui  se 
rinden  á  discreción  álas  tropas  del 
presidente  Juábbz;  trata  desde  enton- 
ces á  los  gobiernos  extranjeros  de  po- 
tMiL-iaá  potencia;  rehusa  entre^r  á 
Austria  los  restos  de  Maximiliano, 
mijutras  que  no  sean  reclamados  ofi- 
cialmente, y  no  consiente  en  entrar 
en  relaciones  comerciales  con  las  na- 
cíonei  europeas  en  tanto  que  no  reco- 
nozcan BU  gobierno.  Al  mismo  tiem- 
po, convocaba,  en  virtud  délas  resta- 
blecidas leyes  republicanas,  el  con- 
greso nacional,  al  cual  proponía  en  su 
mensaje  un  conjunto  de  reformas  li- 
berales, que  fueron  saludadas  con  et 
aplauso  del  país.  En  el  mes  de  Octu 
bre  era  reelegido  presidente  de  la  ro 
pública  mejicana  y  prestaba  de  nuevo 
juramento  en  25de  Diciembre  de  1867. 
^n  embargo,  á  pesar  del  eutosiauno 


JUAR 

del  partido  republicano  hacia  su  jefe, 
diversas  tentativas  de  revuelta  tuvie- 
ron lugar  en  Jalapa;  y,  sobre  todo, 
en  el  Yucatán;  pero  todas  fueron  so- 
focadas en  breve  término.  El  general 
Ortega,  que  había  fomentado  muchas 
de  ellas,  acabó  por  abdicar  de  sus 
pretensiones  en  favor  de  su  rival,  y  un 
decreto  de  amnistía,  concedido  á  los 
partidarios  del  emperador  Maximilia- 
no (Abril  de  1869),  acabó  de  asegurar 
á  Juábbz  en  el  podar. — Querétaro  fué 
teatro  del  triun'b  de  Juábbz,  y,  sin 
embargo,  es  la  sombra  de  su  vida. 
Allí  se  habían  encontrado  dos  hom- 
bres esclavos  de  su  deber.  Maximilia- 
no, el  emperador  que  lleva  su  hidal- 
guía hasta  el  punto  de  arrostrar  la 
muerte  autos  ae  dejar  el  puesto  en 
que  se  le  había  colocado,  se  encuentra 
prisionero  del  indomable  indio  de  los 
bosques,  que  lo  había  arrostrado  todo 
por  la  independencia  da  su  país.  La 
república,  triunfando  del  imperio,  te- 
nía un  difícil  problema  que  resolver: 
la  vida  del  emperador.  Juábbz  fué  el 
destinado  á  resolverlo  en  hora  men- 

f uada.  Perdonares  señal  de  valor;des- 
acerse  de  un  contrario  vencido  por 
su  mala  fortuna,  es  un  olvido  lamen- 
table. Podrá  a^dirse  que  la  opinión 
pública  lo  hizo,  6  que  lo  hizo  un  con- 
sejo de  guerra,  lo  cual  vale  tanto 
como  pretender  escudarse  con  la  tris- 
te política  de  excusas  embozadas. 
Juábbz  acudió  á  un  consejo  de  guerra 
para  derivar  la  responsabilidad  del 
atentado;  pero  la  historia  no  se  deja 
engañar  así.  La  historia  sabe  perfecta- 
mente que  el  consejo  de  guerra  era  él. 
Por  cousi gruiente,  hay  que  decirlo  con 
honrada  franqueza:  quien  mató  al  em- 
perador Maximiliano  fué  el  presiden- 
te Juárez.  No  admita  duda  que  el 
personaje  de  esta  bíograña  tuvo  en  su 
abono  ciertas  razones;  pero  la  san^^re 
del  desgraciado  principe  es  un  estig^ 
ma  etarno.  Entro  el  que  sacrifica  y  el 
sacrificado,  nosotros  nos  arrodillamos 
sin  vacilar  con  quien  se  arrodilla 
para  morir.  El  que  mata,  antas  que  á 
nadie,  se  mata  á  sí  propio:  el  que 
muere  en  una  hora  de  terrible  infor^ 
tuttio,  puede  morir  con  alma  entera. 
Venga  la  muerte;  pero  que  nos  halle 
con  nuestra  alma.  Antas  que  Juábbz, 
antes  que  Méjico,  antes  que  todo  el 
mundo,  es  un  sentimiento  de  huma- 
nidad. Aparte  la  sombra  que  se  cier- 
ne sobre  el  sepulcro  de  nuestro  perso- 
naje, el  npúblicd  mejicano,  el  patri- 
cio insigne,  es  uno  de  esos  genios 
pjderosos  á  quienes  Dios  concede  la 
irracia  de  reproducirse  de  su  sombra* 
Finalmente,  nuestro  personaje  no  es 
un  individuo;  es  su  patria.  Mari<! 
en  1872.  Si  hay  un  mundo  más  allá 
de  esta  vida,  en  donde  el  hombre 
pueda  arrodillar^je  para  pedir  perdón, 
.'uábbz  se  debe  arrodillar  delante  de 
su  victima,  como  su  victima  se  arro- 
dilló delante  de  una  cruz.  Las  lágri- 
mas de  un  pueblo,  que  venera  su  se- 
pultura, dicen  bien  claro  que  Bbnito 
Juábbz,  el  héroe  de  su  pueblo  y  de  su 
raza,  pudo  engañarse,  quemado  por 
lá  fiebre  del  paciiotismo ;  pero  que  su 


JÜBI  .565 

noble  memoria  estará  siempro  muy 
por  etaeima  de  lu  bnjas  aalumnias 
con  que  el  odio  ha  intentado  man- 
charla. 

Juárez  de  Toledo  (Juufa).  Espa- 
ñola celebro  por  su  valor,  que  vivís  á 
fines  del  siglo  xv.  Fué  esposa  de  Juan 
de  Rivera,  general  de  los  Reyes  Cató- 
licos; defendió  el  paso  de  Montoma- 
yor,  contra  el  rey  de  Portugal,^  des- 
preció con  altivez  laa  proposiciones 
que  la  hizo  el  monarca  lusitano  para 
atraerla  á  su  partido. 

1.  JnlM.  Bbseulino.  Nombre  da 
un  dios  moro. 

EtiuolooLl.  Fonm  nmátiicB  de 
Jehovah  y  de  Jdpitar. 

Beieña. — El  vocablo  Joba,  no  es  otra 
cosa  que  la  traducción  morisca  del 
/pAoeaádelos  hebreos,  Ó  del  Júpiter 
de  los  latinos. 

2.  Joba.  Masculino.  Bietorta  an~ 
tigm.  Nombro  de  dos  reyes  de  Mauri- 
tania, el  segundo  de  los  cuales,  ven- 
cido por  los  romanos,  escribió  en  Re- 
ma sobro  geografía,  historia  y  otros 
asuntos.  (Cébab.) 

Reteiüi. — También  hablan  do  los 
anteriores  personajea  Plinto  y  Pris- 
cianoi 

Jubarba.  Femenino.  ¿o<ia»«.  Fa- 
TAcaaSA.  I  Hay  cuatro  especies  da  ju- 
BABsa:  una,  que  oomsponde  al  S0Si^- 
vivum  íecíorum,  de  Linneo;  otra,  que 
corrosponde  al  tediun  telephium;  otra, 
al  tedum  al&im;  otra,  al  tedtm  ure, 

EnuoLOOÍa.  1.  Latín  Jooi»  éarba, 
barba  de  Júpiter:  italiano,  barba  de 
Giove;  francM  del  siglo  xiu,  Jumbar- 
be;  modeiaOf  joubarbe;  provenzal,  bar- 
bayol;  iiral6n,j0bade;  namurés,  jibau~ 
de;  ñtinAVLt,  pmbarbe,  ioubar. 

2.  Littré,  calculanao  qne  ap<:nus 
exista  semejanza  entra  la  JUBaasA  y 
la  barba  de  Jove^  sospecha  ^ne  cierto 
nombre  galo,  citado  por  Diosoórides, 
pudo  confundirse  con  la  ¿aria  de  Jú- 
piter. 

3.  S^gún  esta  eonjetora,  la  tos  del 
artículo  se  derivaría  del  nombre  galo 
ioumbaroum,  equiralente  á  U  forma 
griega  que  trae  Dioscórides:  Un^- 
poói*  (IV,  16). 

Jttbera.  Femenino  anticuado.  Casa 
de  labranza. 
Jnberia.  Femenino  anticuado.  Ju- 

BBRA. 

Jubete.  Masculino.  Xubbtb. 

Jubeteria.  Femenino  anticuado. 
La  tienda  donde  se  vendían  jubones 
y  otras  ropas.  |  Anticuado.  El  ofido 
de  jubetero. 

Jubetero.  Masculino  anticuado. 
El  que  hacía  y  componía,  jubones  j 
otras  ropas. 

Jubilable.  Adjetivo.  Qne  poado 
jubilarse. 

Jubilación.  Femenino.  Relevación 
del  trabajo  ó  carga  de  algún  empleo, 
conservando  al  que  lo  tenía  los  hono- 
res y  el  sueldo  en  todo  ó  en  parta.  || 
Anticuado.  Júbilo. 

Etikolooía.  Jubileo,  aludiendo  á 
que  es  la  remisión  ó  el  jubileo  del  tra- 
bajo: latín, ^»¿iíja^,  aclamación,  gri- 
tos de  alearía;  tnneé»,j9ÍilatÍ9»s  ce^- 
tA\ñn,juhlacio. 

TOMO  |U  Si 

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m  jTJBi 


JÜBI 


JUCL 


JS«fM9#i— L«  prívifcin  jubilación 
w  ooDoadfa  ¿  loi  que  babbn  Mrridu 
cincusQtft  años,  época  que  compren- 
día el  jubijeo  de  Moisés. 

Jabilado,  da.  PArtioipío  pasivo  de 
Jubilar.  U  Masoulinp.  La  persona  á 
quien  se  ha  dado  jubilación. 

ÉsmoLoaik.  Jubiiar:  catal&n,  ^'ft- 
bihí,  da;  francés,  ^'«¿tT/,  Ueoo  da  jú- 
bilo; italiano,  gipbilálo. 

JubÜftdori  ra.  Masonlinp»  BS  qne 
jubila. 

SriuoLOaU.  JmHU»:  itaU«no,/iK- 
Jobilailúaato.  Kasoaliao.  Jobiu- 

CIÓN. 

Jiibilanto.  Participio  aQtÍTo  anti- 
cuado de  jubilw.  Bl  qne  se  jubila  ó 
se  alera. 

JuBilar.  Activo.  Bumir  i  alguuo 
del  trabajo  j  funciones  de  su  empleo 
por  ancianidad  d  enfermedad,  conser- 
vándole durante  su  vida  el  todo  6  par- 
te del  sueldo  que  disfrutó,  j  sus  qo- 
nprea  ó  los  del  grado  superior.  U  Fa- 
miliar.  Desechar  por  inútil  alfuna 
cosa  7  no  servirse  más  de  ella.  ||  Reci- 
proco. Conseguir  la  jubilación.  |  An- 
ticuado, Alegrarse,  regocijarse^ 

EtímoumíÁ.  JuHieo:  catal&D,  juH- 
kir,ju6iiane. 

Jubileo.  Masculino.  Entre  los  ía- 
raelitas  era  una  fiesta  pública  que  se 
.  c^ebraba  al  terminar  «ada  período  de 
siete  aemaoaa  de  a&os,  ó  sea  al  comen- 
sal el  año  quinouegésimo.  Ka  este 
añono  se  sembraba  ni  se  segaba;  to- 
dos los  predios  vendidos  ó  de  cual- 
quier manera  enajenados,  volvían  á 
su  antiguo  dueño,  j  los  esclavos  he- 
breos, con  sus.  mujeres  é  hijos,  reco- 
braban la  libertad.  ||  Entre  los  cristia* 
nos  es  una  indulgencia  plenaria,  so- 
lamne  j  universal,  concedida  por  el 
Papa  ea  ciertos  tiempos  y  en  eiertas 
oeasiooes  mediante  bula,  en  cujro  sen- 
tido se  dice:  la  bula  del  jubileo.  |  El 
espacio  ^ue  contaban  los  judíos  de  un 
jubileo  a  otro.  {|  db  caja.  £1  que  se 
concede  con  la  obligación  de  dar  al- 
guna limosna.  Diósele  este  nombre, 
porque,  para  recoger  dicha  limosna, 
ae  solían  ponercajas.  |  Ganab  el  jubi- 
leo. Frase.  Hacer  las  diligencias  ne- 
cesarias para  conseguirlo.  ||  Pon  jubi- 
leo. Modo  adverbial.  Rara  vez,  con 
alusión  á  que  el  jubilso  se  concedía 
de  cien  en  cíen  años.  ¡|  Metáforat  La 
entrada  j  salida  frecuente  de  muchas 
personaa  ta  alguna  casa  ú  otro  sitio. 

Etiuoloqía.  Hebreo  ídbel  (^J^) 

trompeta,  aludiendo  i  que  con  trom- 
peta se  anuueíaba  el  jubileo;  eAenaík 

he^iit  (  ÍTnjlíI^?^)'  ^® 
remisida:  latía,  Jujilaus;  italiano, 
gimhhÜeo;  francés,  jubile;  provenzal, 
ju'Aleuí  catalán,  ^'«^'¿#0. 

Ifittoria. — Fiesta  de  los  judíos  /  de 
los  cristianos.  Entrelos  judíos,  se  ce- 
lebraba cada  cincuenta  años.  Este  año 
su  llamaba  año^'tt¿«'¿ar  ó  del  jubileo.  ; 
Entonces  las  deudas  eran  abolidas  ó 
presoritas,  como  diríamos  hov;  los 
bienes  enajenados  eran  devueltos  á  i 
sos  primeros  poseedores,  6  i  sos  he- 1 


redaroii  lof  individuos  que  le  Halla- 
ban en  la  servidumbre,  recobraban  su 

libertad.  Jubileo  es  palabra  que  vie- 
ne de  ^ovel,  trompeta ,  porque  su  pu- 
blicación se  hacía  con  este  instrumen- 
to. Entre  los  cristianos,  es  cierto  tiem- 
po durante  el  cual  el  Papa  concede 
indulgencias  plenarias,  precedido  y 
acompañado  de  oraciones  ó  rogativas 
especiales.  Bonifacio  YIII  le  estable- 
ció en  1300.  El  jubii^  regular  se  ce- 
lebraba al  principio  cada  cien  años. 
Clemente  VI  le  limitó  á  cincuenta; 
Grworio  XI,  á  treinta  j  tres;  j  Pau- 
lo if,  á  veíntieinco.  El  nombre  de  ju- 
BiLBO  no  fué  adoptado  hasta  1473,  por 
Sixto  IV;  antes  se  designó  esta  solem- 
nidad con  el  nombre  deyroa  iudnlge»- 
OM.  También  hay  un  jubileo  al  adve- 
nimiento de  cada  Papa,  que  lo  puede 
asimismo  ordenar  en  circunstancias 
particulares  y  excepcionales. 

Lo  expuesto  está  conforme  con  los 
siguientes  datos: 

1.  JUBILAS  enfiw.  Del  hebreo  úfíoi, 
sonido  a^udo  y  prolongado,  como  el 
de  la  bocina  ó  trompeta,  al  son  de  la 
cual  ae  anunciaba  el  año  de  remisión, 
que  á  esto  equivale  el  año  jubilar  ó 
del  JUBiLBo,  vox  que  otros  sacan  direc- 
tamente del  verbo  hJbilt  remitir,  con- 
donar, reptituir. — Entre  los  hebreos, 
laa  tierras  j  los  instrumentos  de  su 
labranaa  estaban  como  vinculados  en 
las  familias;  y  sus  poseedores  podían 
enajenarlas  por  un  tiempo  dado  ó  em- 
peñarlas ó  desempeñarlas;  pero  en  el 
año  del  jubileo  (de  cincuenta  en  cin- 
cuenta años)  caducaban  todos  los  em- 
peños 7  prescribían  todas  las  deudas, 
volviendo  los  bienes  al  poder  de  sus 
antiguos  dueños.  Asi  es  que  los  pres- 
tamistas tenían  que  echar  siempre  sus 
cuentas  ajustadas  á  la  mayor  ó  menor 
proximidad  del  año  jubilar. 

2.  En  la  lej  de  gracia,  el  jubileo 
es  también  una  indulgencia  plenaria, 
solemne  v  univenal,  concedida  por 
el  Papa,  a  imitación  de  aquella  sabia 
lejr  del  legislador  de  los  hebreos.— 
Boni&oioVÍII  instituyó  el  jubilbü 
cristiano,  ó  aáútaiUo,  en  la  forma  que 
hojr  conserva  todavía,  y  se  celebró 
con  gran  pompa  el  año  1300,  aunque 
sin  llevar  el  nombre  de  jujilbo,  dis- 
poniéndose que  igual  indulgencia  se 
ganase  cada  cien  años.  Clemente  VI 
ordenó  que  se  ganase  cada  cincuenta 
años,  y  lué  quien  le  d¡ó  el  nombre  de 
JUBILEO.  En  1389,  Urbano  V  redujo 
este  plazo  i  treinta  j  tres  años,  en 
memoria  de  los  que  vivió  Nuestro  Se- 
ñor Jesucristo;  pero  en  1449,  Nico- 
lás V  lo  puso  otra  vez  á  cincuenta 
años.  En  1470,  Paulo  II  lo  redujo  á 
veinticinco  años;  y  en  1473,  Sixto  IV 
confirmó  esta  última  reducción,  que 
es  la  que  subsiste  todavía. 

3.  Además  de  este  JUBILEO  ordinario 
Ó  periódico  (el  último  año  santo  fué 
el  de  1852),  el  Papa  concede  otros  á  su 
elección  y  en  ciertas  ocasiones  ímpor- 

;  tantes.  El  último  JUJiLEude  esta  clase, 
ó  extraordinario,  ha  sido  el  concedido 
por  su  santidad  Pío  IK  en  su  encícli- 
I  ca  de  l.^'deAgosto  de  1854.  (M.ónlau.) 
I   4.  El  JUBILEO  israriita  era  Ift  pri- 


mera de  sos  leyes  civiles,  puesto  que 
daba  su  constitución  y  su  forma  a  la 

propiedad. 

5.  Durante  el  jubileo  que  tuvo  lu- 
gar á  mediados  del  siglo  xiv,  1350, 
acudieron  á  Roma  sobre  200.000  pe- 
regrinos. 

6.  En  Francia,  llámase  también  ju- 
bileo á  una  festividad  religiosa,  pu- 
ramente doméstica,  con  que  se  suele 
celebrar  el  haber  cumplido  cincuenta 
años  de  matrimonio,  ó  ds  haber  ser- 
vido algún  empleo  durante  ú  tiempo 
mencionado. 

7.  También  se  conoce  el  matrimoiUo 
d$  jnsiXAO,  que  es.  el  que  aa  celebra  á 
los  cincuenta  afios  de  unión  conyugal, 
suponiendo  que  el  primer  easamieatu 
ha  quedado  nulo,  en  virtud  dé  la  re- 
misión del  JUBILEO  canónico. 

Júbilo.  Masculino.  Gozo,  alegría, 
regocijo. 

EtiuolooÍa.  Jubileo:  latín, ^'SÍHiuh, 

Írritos  de  gozo;  italiano,  catu- 
án, jfiíM^o.  El  jubileo  era  el  júbilo  de 
una  fiesta,  como  el  jóbua  as  el  jubi- 
leo del  corazón. 

Jubón.  Masculino.  Vestidura  que 
cubre  desde  los  hombros  bástala  cin- 
tura, cefiiday  ajustada  al  cuerpo.  Q  dk 
AZOTEá.  Familiar.  Los  azotes  que  ae 
daban  por  justicia  en  las  espaldas.  ¡ 
DS  HuniLLoe.  Es^cie  de  cota.  |  ojk- 
TEADO.  Cierta  detensa,  hecha  en  fbr- 
ma  de  jubón,  que  usaban  antigua- 
mente, la  cu^  era  de  una  redecilla  du 
acero  muy  menuda,  puesta  sobre  al- 
guna cosa  fuerte,  como  ante.  Q  Bub  ■ 

JUBÓN  UB  TENGO  BN  FftANCIA.  Frase  fu 

miliar  que  se  usa  para  burlarse  d>,- 
quien  se  jacta  de  tener  alguna  cosa 
que  en  realidad  no  le  puede  servir. 

Etiholooía.  Aljuba:  árabe  djub&eí, 
djoubbet;  i)rovenz8l,  jupa,  jupón;  bur- 
guifión,yt^a,-  normando, /upta;  por- 
tugués, ftbáo;  francés,  jupe^  jupou; 
italiano,  ytH0/»s,  aiubhone. 

Reteñí,— Aijula,  chupa  v/aMi  re- 
¡Mresentan  la  misma  palabra  de  oñ- 

Jabona».  Masculino  aumentatív  > 

dejub>jn. 

Jttboncíco,  lio,  to.  Masculino  di- 
minutivo de jubón. 

Jabonero.  Masculino.  £1  que  tie- 
ne por  oficio  hacer  jubones. 

Jucefia.  Femenino  anticuado.  Ml- 
neda  de  oro  antigua. 

EriHOLoafA.  Árabe  ¡¿^^lm-í^ 

(yotuofia),  forma  de  Yusof,  Fowo/* 
(Abou-Ya'cub),  sultán  almohade  que  fu 
acuñó  en  el  siglo xvii,  de  llC2á  1184; 
matmodina  juzepia,  en  Sáez  (  Valor  de 
la»  monedat,  S1A,  3i5j:  valenciano, 
jnsanvet,  monedas  antiguas.  (Ros.) 

Jada.  Femenino,  lina  de  las  sefia- 
les  que  los  árabes  ponen  sobre  sus 
letras  en  vez  de  vocales. 

EnMOLoaÍA.  Arabe  ehaUlt  con  el 
mismo  sentido,  ÍMolleb.) 

1.  Dozy  trae  cAqA^ú,  que  se  halla  en 
Ibn-Batouta  y  en  Ibn-al-BaitSr. 

2.  Pedro  de  Alcalá  emplea  jucU  y 
xacla. 

Forana.— 'l.  El  ch  iniciiil  se  cjii- 
viortc  (¡a  a,  como  «u  ag^beh»  de  acA- 

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ti$Íié9i  M  aiMílufti,  de  ach-ekiquéf\ 
ea  «atofiteat,  de  ocA-Mt^ut^a,  6  como 
en  ajaraca,  de  ach-ckaraqa;  v  U  mís- 
nu  fotma  suele  toniai  el  m  medial, 
como  eu  ttmxa^iUy  de  ar-reckS,aa. 
Chaklxe^T^núíy  pues,  JiaAt. 

2.  0  medial  suele  tornarse  en 
como  en  cAvea,  de  ekagqaf  ó  como  en 
di¿«¿a»  de  kaiaba* 

Xakl  representa  mili. 

3.  Convirtamos  U  k  medial  en  e, 
como  en  carcaj,  de  tarkack.  y  tendre- 
mos ímelf  cujra  pronunciftcióo  suave 
es  suela,  como  la  de  mahieb  es  maha- 
Ub;  la  de  rah»  rahal  ó  r^fal;  la  de  roi- 
U,  roíOM;  la  de  fohrií,  takare^to. — «B 
00  lo  he  tenido  eD  poca  merced,  hou- 
la  e  gracia  e  merced  que  au  Ex.'  me 
ha  hwliú,  en  concederme  esta  merced 
que  le  supliqaé,jporla  cual  en  contí- 
aeate  tomé  u  pluma  «  vos  escrebí  la 

CBute  en  est»  letra  arábiga  clara  e 
xttchda  (1),  la  qual  vos  mujr  bien 
e9noceTS.>  {Carta  (tel  moro  Zegrí  al 
duue  ie  Seta;  Memorial  histórico  etp<h 
mjnhlicado  por  ta  Beal  Academia  de 
la  Historia,  U»M  III t  página  Üó.) 

Juchicapal.  Ifascalino.  Botánica. 
Arbol  grande,  de  madera  fuerte  j  ex- 
quisita, que  te  cría  en  la  Vera  Paz, 
provincia  d«  Guatemala»  j  da  un  bál- 
samo ó  resina  muj*  olorosa. 
ETiifOLooÍA.  Vocablo  indijgena, 
Jndá  (tbibu  db).  Historia  Sagrada. 
La  tribu  de  Judá,  voz  oue  signiSca 
akhama,  se  estableció  al  Occidente 
de!  mar  Muerto.  Fué  desde  un  prin- 
cipio la  mús  poderosa  de  las  tribus  de 
Isnel.  Ocupaba  un  terreno  mcmtaoso, 
pero  lleno  de  valles  fértiles,  excepto 
<-a  la  parte  del  Bste,  que  estaba  baña- 
da por  el  mar  jra  mencionado.  Por  el 
Norte  lindaba  con  la  tribu  de  Benja- 
mín; por  el  Oeste,  con  la  de  Simeón; 
por  el  Sur,  con  los  desiertos  de  Idu- 
mea,  Entre  sus  ochenta  j  tres  ciuda- 
des eran  citadas  particularmente  las 
niUTe  ciudades  reales  de  Jerimothf 
COTO  rej^  había  resistido  fuertemente 
á  Josué;  Lachis,  cuyos  moradores  fue- 
roa  degollados;  Sobna  ó  Lebn^^  que 
hiio  también  una  larga  resistencia; 
Maeeda  y  Odolam,  rodeadas  de  caver- 
nas; Sglón  j  Dahir;  Hebtón,  ciudad 
levfüca  y  de  refiigio;  Arud,  que  de- 
pendía de  los  amorraos;  Cariatht^ 
ns,  6  ciudad  de  los  Bosques;  Bethsa- 
■■a,  ciudad  levítica;  Betkleemt  á  más 
da  16  kilómetros  al  Sur  de  Jerusa- 


(1)  Bi«D  3m ciada,  m  daelr,  blsn  pnafcanda 
¿TOMlisudAí  poniendo  4  Oftds  oonson»nt« 
el  •icDo  TOCftl  qn»  le  eorr«apoQde.  A  estos 
*iCnoa  liHmsn  loa  grftmAticos  ár^bea  hara- 
<•(,  BocianM  ú  aJgttoada  moyimiontoa,  ^ox- 
TuealizKn  Im  aoDsonuit*  ¿  la  maoran. 
Parees  ser  qne  «q  el  idioma  vulgar  de  los 
Moros  granadinos,  as  llamaban  xuclo*,  pnea 
Pfdro  de  Alcalá,  ao  sn  ArUpara  iigeramemte 
-mbcrla  lengua  arábiga  fCfranadn,  nos,  4.*, 
s.^táitíán),  dio*  »•!  en  al  «apftolo  primertf: 
•Btatnwi  danotazqna  loa  arábigos  no  iie* 
nsn  latraj  voonlaa]  como  los  latinos,  mas 
«t*Mn  M  hkffar  dauas  oiartaa  Mfialas  ana 
•U«s  dixen  arnclof,  con  laa  onalea  a  oon  toaos 
loa  earactaras  snsootehot  leen  y  escriben 
to4»  lo  naeaaario.»  Xuda,  enarébÍ|o,Bigni- 
Sea  pnnto  «ncamado  qae  se  pone  sobre  ana 
eoaa  blanoa,  y  como  los  árabes  granadinos 
j  loa  merisooa  aroatumbraban  É  plntftr  los 
tigaoe  Tooalea  de  barmelldn,  prinoipalmen* 
tseniraaaacrjtos  aljamiadoB,da  atnif  aro- 
*ia*slUatBar  á  las  Tooalas  aiMlMf  M  aon- 
tia'b*  fojrmO  el  vtrbo  «vetar. 


JÜDa 

lén.  j  Sngaddi,  á  orillas  del  -mar 
Sfuerto. 

Judi  -  Ben  -  Samuel  -  Ha  -  Leyi. 

Poeta,  teólogo  j  eruditojudío,  naci- 
do en  España  iiacia  1080  j  muerto 
en  1140.  Era  hijo  de  un  hombre  tan 
piadoso  como  sabio,  Samuel-Ha-Leví, 
^  suegro  de  Ab.ín-Ezra,  personaje 
Igualmente  distinguido.  Habiendo 
emprendido  un  viaje  á  Jerusalén,  Ju- 
dí-Bun-Sauuel  ,  llegó  á  la  ciudad 
santA  con  los  piés  desnudos  j  decla- 
mando en  voz  alta  una  composición 
en'  verso  que  había  compuesto  sobre 
las  desdichas  de  Jerusalén,  cuando  un 
mah  )metano,  irritado  de  oírle,  lanzó 
su  caballo  sobre  él  v  le  aplastó.  JodX- 
BsM-SiHUBL-HA-LBvf  está  reputado 
por  uno  de  los  más  grandes  ^etas 
judíos.  De  él  se  ecmservan  poesías  en 
árabe  y  en  hebreo,  que  han  sido  pu- 
blicadas en  diversas  colecciones  de 

Siega rias,  conocidas  bajo  el  nombre 
e  Macheüors.  Su  obra  principal  es  el 
célebre  Cozri,  que  compuso  en  árabe 
T  que  Judá-Ben-Tibón  tradujo  al  he- 
breo. «Esta  obra,  escrita  en  forma  de 
diálogo  entre  un  rey  de  Cozar  y  un 
sabio  judio,  designado  con  el  nombre 
de  Isaac  Sanghari,  dice  Miguel  Nico- 
lás, tiene  por  objeto  establecer  la  ver- 
dad y  la  divinidad  déla  religión  ju- 
día. Para  conseguir  esto,  el  autor  re- 
futa las  falsas  opiniones  de  los  filóso- 
fos y  los  errores  de  los  camítes,  nom- 
bre bajo  el  cual  designa,  SQgáa  el 
parecer  de  algunos,  á  los  cristianos, 
y  trata  de  probar  la  necesidad  de  jina 
revelación  sobrenatural,  demostrando 
que  la  razón  no  puede  por  sí  misma 
llegar  á  conocer  cuál  es  el  culto  que 
conviene  á  Dios,  sin  que  Dios  mismo 
la  esclarezca  de  una  manera  especial. » 
Los  judíos  tienen  esta  obra  en  la  más 
alta  estima.  Buxtorf,  Wolff  j  Marto- 
loccia  le  dedican  ua  profundo  estudio, 
y  Silvestre  de  Sacv  no  duda  en  colo- 
carla en  primera  linea  entre  los  libros 
del  mismo  género.  La  primera  edi- 
ción de  la  versión  hebrea,  hecha  por 
Judá-Ben-Tibón,  es  la  de  Yenecia, 
1347,  en  4.*.  Buxtorf  ha  traducido  el 
Camal  latín,  Basilea,  1663;  A.benda- 
na,  al  portugués,  1663,  y  Jolowícx, 
al  alemán,  1841-42. 

Jndá  Hakkadosch.  (Esto  es,  el 
Santo.)  Fundador  de  la  escuela  de  Ti- 
beriade,  que  nació  en  Séphora  en  120 
y  murió  en  194.  Se  honró  con  la  amis- 
tad de  los  emperadores  Antonino  y 
Marco  Aurelio  y  se  le  cree  autor  de  la 
Mischna,  primera  parte  del  Talmud, 
cuja  edición  más  completa  es  la  de 
Surenhusius,  Amsterdam,  1698  (6  vo- 
lúmenes en  folio),  en  hebreo  y  latín, 
con  notas  y  comentarios. 

Jndá  (LsÓN  db).  Célebre  hereje 
nacido  en  Alsacia,  en  1482,  v  muerto 
en  1542.  Tradujo  casi  todo  ú  Antiguo 
Testamento  del  hebreo  y  el  N'uevo,  del 
griego.  Su  versión,  publicada  en 1543, 
se  conoce  por  la  Biblia  da  Zwrich. 

Judaicamente.  Adverbio  de  mo- 
do. A  estilo  de  judíos. 

EnuoLoafá.  Judaica  y  el  sufijo  ad- 
verbial mente:  latín,  jidaie*;  francés, 
judaiquemcnt. 


JÜDA 


Q&1 


JudaicQi  ca.  Adjetivo.  Lo  perte- 
neciente á  los  judíos.  I  Judaica  ó  na- 
lutA  JUDAICA.  Femenino.  Petrificación 
mu/  común  en  variai  partas  de  Espa- 
ña. Es  ovalada,  de  media  á  una  pul- 
gada de  la^o,  puntiaguda  por  uno 
de  sus  extremos,  y  por  el  otro,  acom- 
pañada de  su  piececillo.  Las  haj  que 
enteramente  lisas,  y  otras,  que 


son 


están  cubiertas  de  puntos  dievados  á 
de  rayas. 

Etuiolgoía.  Indio:  latín,  jü'fatcus; 
italiano,  giudaico,  giudesco;  francés, 
jndatgue;  <MU\in,judáieh,  ca. 

Judaismo.  Masculino.  La  religión 
de  los  antiguos  judíos,  verdadera  \ey 
de  Moisés,  la  cual  fué  perfeccionada 
con  la  Uy  de  ^eía.  |  Se  aplica  hoj 
á  la  supersticiosa  y  tenaz  observan- 
cia de  IOS  ritos  j  ceremonias  de  la  lej 
de  Moisés,  por  los  judíos  dispersos  en 
el  mundo.  \  También  se  entiende  por 
JUDAÍsyo,  según  la  doctrina  de  la  es- 
cuela cristiana,  el  grado  de  inferiori- 
dad dogmática  de  la  lej  antigua  eon 
relación  al  Evangelio. 

Etxholooía.  Jltdaico:  Ittía,  f'SdíUt'' 
MM,  en  Tertuliano;  italiano,  gindais- 
wo;  fnxLeéa,judMim;  m.túáa,  Judait- 
me. 

Judaita.  Ifasculíno.  El  natural  de 
Judá.  I  Nombre  de  una  secta  judia 
que  tuvo  por  jefe  á  un  tal  Judá,  en 
tiempoi  de  Poncio  Pilatos.  Para  los 
jUDAiTAa  en  un  gran  pecado  obedecer 
¿  Roma,  por  cnyn  razón  promovieron 
on  motin  furioso  contra  el  mismo  Pi- 
latos. 

ETiuoLOQfA.  /wíi:  francés,  Judafte. 

Judaizante.  Participio  activo  de 
judaizar.  El  que  judaiza.  Se  usa  tam- 
bién como  sustantivo. 

Etuolooía.  Judaitar:  latín  de  san 
J&tóaimo,jiidaizant,jüdaitaníit,  parti- 
cipio de  presente  áejüdaixare^  judai- 
zar; francés,  j^dtOtaní;  italiano,  yÍM- 
daizzante. 

Judaiiar.  Neutro.  Abrazar  la  reli- 

fión  de  los  judíos;  practicar  pública 
privadamente  ritos  y  ceremonias  de 
la  le;  judaica. 

EriifOLoaÍA.  Judaico:  latín  de  san 
Jerónimo, ^w/atzorc;  italiano,  gindait' 
tare;  {íAncGS,  jndalser;  catalán, ^/w^i- 
sar,Jndaghar, 

Judas.  Masculino  metafórico.  Ale- 
voso, traidor.  |  El  gusano  de  seda 
que,  subiendo  al  embojo,  no  hila,  ó  el 
que,  clavándose  en  alguna  punta,  se 
muere  y  queda  coleado,  g  Una  figura 
ridicula  que  se  suele  poner  eu  las  ca- 
lles en  ciertos  días  de  cuaresma  y 
luego  se  quema,  jj  Pabecbb  ó  sstar 
HECHO  UM  Judas.  Frase  familiar.  Te- 
ner roto  y  maltratado  el  vestido,  ser 
desaseado.  Q  ¡Eslaestampa  db  Judas! 
Exclamación  familiar  con  que  encare- 
cemos la  mala  condición  de  alguno. 
ETiHOLoaÍA.  Judas  Iscariote. 
Jadas.  Masculino.  Historia  Sagra- 
da. Uno  de  los  hijos  de  Jacob,  que  dió 
su  nombre  al  antiguo  Israel,  conver- 
tido en  reino  de  Judá. 

ErmoLoaÍA.  Raíz  hebrea  que  sig- 
nifica confesión* 

Reseña  histórica. — 1.  Nacimiento  d« 
,  Judas.  ( Génesis,  XXIX,  oO.j 


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268 


JUÜA 


2.  Ignorándolo,  ti«né  oomereió  ton 
Thamar,  mujer  de  la  hijo.  (Capituío 
XXXVJII,  15.) 

3.  Da  seg-uridad  por  iii  bermano 
Benjamín.  (XLIIl,  k) 

4.  Vaticinio  de  que  no  faltará  el 
cetro  de  Judá  hasta  que  Tenga  el  Me- 
sías. (XLIX,  10. ) 

5.  De  aquel  Tatícinio  se  habla  tam- 
bién ea  el  Deutennumio  (XXXIII»  7): 
en  el  libro  de  los  Jneeet  /7,  f);  en  el 
segando  de  los  Reye»(  ViJf  ii)  y  en  el 
serundo  de  los  Paralipdmeiu»  (  VI,  6. ) 

Judas  Bañabas.  Masculino. 
torta  Sagrada.  «Bntonces  pareció  bien 
á  los  apóstoles  j  á  los  presbíteros  oon 
toda  la  Iglesia  elegir  varones  j  en- 
viarlos á  Antioqufa  con  Pablo  j  Ber- 
nabé, á  Judas  que  tenía  el  sobrenom- 
bre de  BassabáS,  t  á  Silas,  varones 
principales  entre  los  hermanos.  Os 
enviamos,  pues,  á  Judas,  j  i  3ilas, 
qtie  03  dirán  de  palabra  esto  mismo. 
Y  Judas  j  Silas,  que  eran  profetas, 
consolaron  con  muchas  palabras  á  los 
hermanus  t  los  confirmaron  en  la  fe.» 
(Hechos  4*  \m  ApüíaUt,  XV,  ¿2,  27, 
3f.) 

Judas  Galileo.  Masculino.  Sitio- 
ria  Sagrada.  Después  de  f  \te  (de  Theo- 
das)  se  levantó  Jodas  el  Galileo  en 
el  tiempo  del  empadronamiento,  j 
arrastró  tras  sf  al  pueblo;  mas  él  pe- 
reció también,  j  fueron  dispersos  to- 
dos cuantos  los  siguieron.  (Seckn  de 
lot  Ápóttolet,  F,  SI,) 

Restña. — 1.  GI  empadronamiento  de 
que  se  habla  en  los  Hechoi  de  los  A pJs- 
toles,  es  el  que  llevó  á  cabo  Cjnno, 
gobernador  de  la  Siria. 

2.  Con  aquel  pretexto  solicitó  el 
impostor  Judas  al  pueblo  á  que  se 
sublevase,  dándole  á  entender  que 
aquel  censo  no  tenia  otra  mira  que  el 
hacerlos  á  todos  esclavos,  pretendien- 
do por  este  medio  que  le  tuviesen  en 
concepto  de  libertador  de  Israel.  (Jo- 
SEPO,  aníiq»t  Ubr9  XVIIJ»  capitu- 
lo Í.V 

Judas  Iscariote.  Sisíoria  Sagra- 
da, Uno  de  los  doce  apóstoles,  cujo 
nombre  parece  <|ue  viene  de  Keriotk, 
ciudad  ae  Juda,  ó  de  la  tribu  de 
Efraín,  donde  nació.  Se  cree  que  era 
el  tesorero  de  la  pequeña  asociación 
de  Jesús  j  sus  discípulos  y  que,  oomo 
tal,  llevaba  la  bolsa  común.  San  Juan 
le  acusa  de  ser  un  hombre  sin  hon- 
radez, y  como  prueba  de  su  avari- 
cia, cita  el  pesar  que  le  produjo  el 
ver  i  Mar  .'a  cíe  Magdala  derramar  un- 
güentos olorosos,  sin  duda  de  gran 
valor,  sobre  la  cabeza  de  su  maestro, 
en  Betania.  Llevado  de  esta  avaricia, 
ó  tal  Tez  impulsado  por  resentimieu- 
tos  {personales,  se  presentó  á  los  per- 
seguidores de  Jesús,  ofreciéndose  á 
entregarle  por  30  monedas  de  plata. 
Aceptado  si  odioso  pacto,  cumplió  su 
promesa  mostrando  á  su  maestro  con 
la  sefia  convenida  de  antemano,  que 
era  la  de  darle  un  beso  en  el  rostro. 
Arrepentido  luego  al  ver  las  conse- 
cuencias de  su  traición,  quiso  devol- 
ver el  dinero,  ^  como  no  se  lo  admi- 
tiesen, le  arrojó  en  el  templo  y  se 
abozcfí  de  una  higuera.  Aquel  dinero 


JUDÉ 

sirvid  para  comprar  i  un  al&rero  un 
campo  destinado  ¿  dar  sepultura  á  los 
extranjeros;  porque  tales  monedas, 
dice  la  Bscritura,  no  podían  ingresar 
en  el  tesoro  público,  en  razón  á  ser 
precio  de  sangre.  Así  sucedió  que  el 
terreno  comprado  se  llamó  Hakel  de~ 
mak  (Campo  de  Sangre).  San  Pedro  di- 
fiere de  san  Mateo  en  los  detalles  que 
da  sobre  la  muerte  del  apóstol  traidor, 
y  también  en  que  dice  que  Judas  mis- 
mo compró  el  campo  con  -  el  vil  sala  - 
rio  de  su  crimen. 

Reseña.  I. —  Es  elegido  apóstol. 
(Soaiwlio  de  San  Mateo,  X,  4,) 

2.  Contrata  con  los  fariseos.  (Sah 
Lucas,  XII,  4.) 

3.  Entrega  á  Cristo.  (San  Matbo, 
XXFI,  W  y  46;  San  Mabcos,  XIV, 
4S;Sks  Juan,  XFIII) 

4.  Así  estaba  profetizado.  (Psalmos, 
XL,  10;  LIV,  14;  O  VIII,  8;  San 
Juan,  VI,  70;  XII,  4.) 

5.  Judas  Iscariote  se  ahorca  en 
una  higuera  que  había  en  el  valle  de 
Josafat,  cujro  paraje  se  muestra  toda- 
vía á  los  peregrinos  cristianos. 

JudasMacabeo.  Historia  Sagrada. 
Célebre  general  judío,  designado  por 
el  sumo  sacerdote  Matatías,  su  pndre, 
para  suceierle  en  el  mando  de  los 
ejércitos.  Derrotó  áApolonío,  Nicanor, 
Gorgias^  Lisias,  enviados  contra  él 
por  Autioco  Bpifiines,  rev  de  Siria. 
Aprovechó  un  momento  de  paz  para 
restablecer  el  templo  de  Jerusaléu. 
Emprendida  de  nuevo  la  guerra,  de- 
rrotó á  los  idumeos  j  á  los  amonitas, 
y  dispersando  á  loa  pueblos  que  te- 
DÍan  sitiadas  varías  plazas  fuertes  del 
país  de  Galaad,  volvió  á  Jerusalen 
cargado  de  despojos.  Venció  en  varios 
encuentros  á  los  ejércitos  de  Antíoco 
Eupator  y  de  Demetrio  Soter,  y  fué 
muerto  en  un  combate  contra  las  tro- 
pas del  último,  160  años  antes  de  Je- 
sucristo. 

Reseña,  1.— Blígenle  caudillo  de 
sus  hermanos.^i'rÚKr  liiro  de  los  Ma- 
cábeos,  II,  06.) 

2.  Pelea  esforzadamente.  (Segundo 
di  los  Macabeút,  VII,  Í3.) 

3.  Muere.  (Primero  dé  Ídem, 
IX,  17. J 

Judas  Tadeo.  Historia  Sagrada. 
Uno  de  los  doce  apóstoles,  hermano  de 
Santiago  el  Menor  y  primo  carnal  de 
Jesús.  Se  cree  que  se  ocupaba  en  las 
labores  del  campo  antes  ae  seguir  á 
su  maestro.  Predicó  el  Evangelio  en 
Samaria,  Judea,  Siria,  Idumea  j  Me- 
sopotamia,  suponiéndose  que  sufrió 
el  martirio  en  Petsia  ó  en  Armenia. 
Existe  de  él  una  epístola,  que  es  la 
última  de  las  siete  canónicas,  en  que 
combate  los  errores  de  los  nicolaítas, 
lossimonianos  j  los  gnósticos,^  cuva 
autenticidad  se  ha  puesto  en  duda,  bu 
fiesta  se  celebra  el  28  de  Octubre. 

Judea*  Femenino.  Geografía  anti- 
gua. La  tierra  de  Canaán,  una  de  las 
comarcas  más  famosas  de  los  Santos 
Lugares,  testigos  de  todos  los  miste- 
rios de  la  Redención. 

BTiuoLOaÍA.  Latín  Judtea. 

Judería.  Femenino.  Barrio  desti- 
nado para  la  habitación  de  los  judíos. 


Jubi 

B  Cierto  pecho  ó  oontribueión  quepi* 
gabán  los  judíos.  |  Anticuado.  Jo- 
daísho. 

Juderiega .  Femenino .  Tributo 
que  pagaban  los  judíos,  de  treinta  di- 
neros por  cabeza  cada  a&o,  ea  pena 
de  haber  comprado  á  Cristo  por  este 
precio. 

Judezno,  na.  Masculino  j  femeni- 
no anticuado.  Hijo  de  judío. 

Judgar.  Activo  anticuado.  Juz- 
gar. 

Judia.  Femenino.  Planta  bien  co- 
nocida, que  se  cultiva  comuamente 
por  el  uso  qns  se  hace  de  su  fruto  eo* 
mestible,  así  seco  como  verde.  Beba 
los  tallos  endebles  j  las  flores  dis- 
puestas en  racimos  mellizos.Se  conoce 
también  esta  legumbre  con  los  oom- 
bres  de  habichuela  y  de  alubia.  |  db 
CARETA.  Especie  de  judía  que  vino  de 
la  India  á  Italia,  y  de  allí,  á  Bspaíia, 
de  tallo  más  pequeño  que  la  comÚD, 
casi  derecho,  y  de  vainas  casi  aplasta- 
das y  con  arrugas  y  el  grano  blanco, 
señalado  en  la  punta  con  una  man- 
ehita  redonda  y  negruzca. 

Judiada.  Femenino.  Acción  inhu- 
mana. Jl  Lucro  excesívo^escandaloM. 

Judiazo,  za.  Masculino  y  femeni- 
no familiar  aumentativo  de  judío. 

Judicación.  Femenino  anticuado. 
El  acto  de  juzgar. 

Judtcante.  Masculino.  Provinciil 
Aragón.  Cada  uno  de  los  jueces  ^ae 
condenaban  ó  absolvían  i  us  miou- 
tros  de  justicia  denunciados  y  acusa- 
dos por  delincuentes  en  sus  oficios. 

Judicar.  Activo  anticuado.  Jm- 
qab. 

Judicativo,  va.  Adjetivo  anticua- 
do. Lo  que  juzga  6  pnede  hacer  juicio 
de  al^o. 

Etimología.  Juzgar:  latín,  jfiíñ«- 
tivus  (QüicuBHAT,  Addenda);  italiano, 
giudicativo;  ír^ncéa,  judieaÜf;  prOven- 
zaltjudicatiu. 

Jndicatum  solri.  Derecho  ff^*^' 
Caución  judicatuu  solví.  Caución 
que  se  puede  exigir  á  todo  extranjero 
que  intenta  una  acción  contra  on 
francés  ante  los  tribunales  francesei. 

Etuioloqía.  Judieatum  solvi,  <h 
que  se  juzgue,  debe  pagarse;»  de/i- 
aicatum,  cosa  juzgada,  y  solvi,  serpa- 
gado,  forma  deponente  de  solthf^ 
pagar:  francés, ^'«(¿ícaí»»  solvi. 

Judicatura.  Femenino.  El  ejerci- 
cio de  juzgar.  ||  La  dignidad  óemplíO. 
de  juez,  y  til  tiempo  que  dura. 

Etimología.  Juzgar:  catalán, 
catara;  francés,  judicature;  italiano. 
giudicatura. 

Reseña,— Ia  judicatuba  soeis  re- 
presentarse por  medio  de  una  estatua 
sin  manos  j  con  los  ojos  clavados  en 
el  suelo.  Esto  quiere  decir  que  no  debe 
ver  ni  tomar. 

Judicial.  Adjetivo.  Lo  que  perte- 
nece al  juicio  ó  á  la  administración  de 
la  justicia.  ||  Anticuado.  Criminal. 

ETiuoLoaÍA.  Justicia:  latín,  ji^iaS- 
lis;  italiano,  giudieiale  ó  giuditiaU, 
judiciario  á  giudñiario;  francé^/s^ 
ciaire;  chX^lka,  judicial. 

Sinonimia.  Judicial,  jurídica,  ÍA Ju- 
dicial toca  á  la  judicatura. 


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JUDI 

hojurteti^f  i  U  jarisprudeacia. 
Ealojitdidul  actúan  jueces  j  escrí- 

bauos. 

En  lo  Jmriáico  no  interriene  nadie 
mis  que  eljuritta. 

Asi  deeimos:  procedimientos  iudi- 
déies.  Nada  mis  absurdo  que  decir: 
proeedímieDto8yi(W(¿t>ot. 

Disertacidn/arí^icd.  Nada  más  anó- 
malo que  decir:  disertaciones  judi- 

Lo  jndiM  as  la  curia:  una  organí- 

aáón. 

LojmrtíUeo  m  el  derecho,  una  cien- 
cia. 

Judicialmente.  Adverbio  de  mo- 
do. En  juicio. 

EtiuouȒa.  Judicial  j  el  su6jo  ad- 
rerbial  nunU:  latín,  jüdíciálUer;  ita- 
liano, ^iudiáalmenttt  giudizialmeníe; 
fnjieés^  judieúirmmts  catalán,  jW»- 
átlment. 

Judiciaria.  Femenino.  Yáase  As- 

TROLOOÍA  JUDICU.au. 

Jodiciario,  ría.  AdjetÍTO.  Lo  per- 
teneciente i  la  astrologia  jddicu.bu. 
Se  usa  también  como  sustantivo  por 
el  que  ejerea  esta  vana  j  supersticiosa 
astrologia.  ||  Anticuado.  Judicial. 

BtihologIa.  Judicial:  latín,  j'ikíiCcfá- 
rÜsf;  catalán,  jWwmW,  a. 

Jndicíosainente.  Adverbio  de  mo- 
do anticoado.  Juiciosahbíiti. 

Jodicioio,  M.  Adjetivo  anticuado, 
imcioso. 

Jadiega.  Femenino.  Cierta  especie 
de  aceituna  buena  para  hacer  aceite, 
pero  no  para  comer. 

EnvoLOOÍA.  Judiego,  aludiendo  á 
qae  es  mala  para  comer. 

Judiego,  ga.  Adjetivo  anticuado. 
Lo  perteneciente  á  los  judíos. 

Jodihuela.  Femenino  diminutivo 
de  jadía,  en  sus  dos  acepciones. 

ÉriuoLoofA.  Judio:  catalán,  jm- 

Judihuelo.  Haaculino  diminutivo 
da  jadío.  Díeese  también  por  despre- 
oo  de  cualquier  judío  ó  del  que  ha^ 
sospecha  de  que  lo  es. 

Judio,  dia.  Adjetivo.  Lo  pertene- 
cit!Dte  á  judíos,  g  Masculino  y  feme- 
díqo.  £1  que  profesa  la  ley  de  Moisés. 
Se  dio  este  nombre  á  los  israelitas 
despaes  del  cautiverio  de  Babilonia, 
perla  prepoDderancia  de  la  tribu  de 
/«ü,  í  Voz  injuriosa  7  de  desprecio 
de  que  suele  usarse  en  casos  de  cólera 
J  eQüjo.  I  Masculino.  Cierta  variedad 
dejadla  de  hoja  major  j  más  redon- 
da, «on  laa  Tainas  nuis  anchas,  cortas 
j  estoposas,  y  que  ae  eonoce  más  co- 
■nanmeate  con  el  nombre  de  judio- 
MS.  Q  Metáfora.  Avaro,  usurero.  [|  db 
■¡M&iu  El  judío  convertido  á  quien  se 
le  permitía  vivir  entre  cristianos,  y 
pata  ser  conocido  se  le  ponía  una  se- 
fial  en  el  hombro. 

BTnioLoaU.  Judá:  gfriego  louSaio? 
(ioudam);  Iztíjif  jüdai,  los  hebreos; 
lUliano,  eiitdeo;  francés  del  siglo  xii, 
j^KH  judíos;  moderno,  jMi/;  proven- 
ul,y«nn(,  juzieu;  catalán,  juheu,  va; 
portugués,  yní/eo. 

Raeña, — 1,  Sus  ceremonias  (las  de 
los  JODÍos)  eran  una  sombra  de  las  co- 
w»  que  habían  de  ser.  (JSxodo,  XII J,  9 


JUDI 

y  f4;  Nimerot,  XV,  38;  Dtuterono- 
mOt  XVI,  i;  ÉzEQuiBL,  XX,  iO;  San 
Pablo  i  lot  corintios,  primera  epitío- 
la,  X,  1;  teaunda,  ILlt  13;  i  los  he- 
breos, VII,  17;  VIII,  5;  iZ,  i,  fO, 
23;  X  1.) 

2.  Algunas  particulares  costum- 
bres de  mdíos.  (Gmesis,  XXXII,  31; 
Jueces,  XI,  40;  Ruth,  IV,  7;  segundo 
de  los  Paralipómenos,  XXXV,  "io.) 

Judio  errante.  Personaje  lej^en- 
dario,  condenado  á  la  inmortalidad 
y  al  movimiento  perpetuo,  j  que,  se- 
gún la  tradición,  no  posee  nunca  más 
de  cinco  monedas  de  cobre,  de  que 
disponer  á  la  vez,  pero  que  encuentra 
siempre  esta  exigua  suma  en  su  bol- 
sillo. La  levenda  del  Juofo  bbbantb  no 
está  ni  en  los  Evangelios  apócrifos  ni 
en  las  obras  de  los  padres  de  la  Igle- 
sia. Parece  ser  oriffinaria  de  Constan- 
tinopla  ^  datar  del  siglo  tv,  época  del 
descubrimiento  de  la  verdadera  cruz. 
De  ella  existen  dos  versiones  princi- 
pales: la  de  Oriente,  mencionada  en 
el  siglo  xiii  por  Mateo  de  París,  moa- 
je  de  San  Albano,  que  llama  al  Judío 
UBRáNTS  CaríapMlus  y  le  hace  portero 
de  Poncio  Pilato;  y  la  de  Occidente, 
más  antigua  en  Europa  que  la  prime- 
ra, que  le  da  el  nombre  de  Akseverus 

Íle  asigna  el  oficio  de  zapatero  eu 
erusaleo.  Según  esta  última,  cuando 
Jesús,  llevando  sobre  sus  hombros  el 
madero  de  la  cruz,  pasó  por  delante 
del  taller  de  ÁAsetei-us,  los  soldados 
que  conducían  á  la  augusta  víctima 
al  Calvario,  movidos  á  piedad,  roga- 
ron al  artesano  le  dejara  tomar  algu- 
nos instantes  de  reposo  en  el  zaguán 
de  su  casa.  Áhseverus  no  accedió  á  su 
súplica,  y  dirigiéndose  al  Salvador  le 
dijo:  *¡Anda¡  ¡anda!*  «También  tú 
andarás,* — le  respondió  con  dalzura 
el  sublime  mártir; — recorrerás  toda  la 
tierra  haeta  la  consumaeiDn  de  los 
siglos,  T  cuando  tu  planta  ñitigada 
quiera  detenerse,  esa  terrible  paubra 
que  has  pronunciado  te  obligará  á 
ponerte  en  marcha  de  nuevo.»  Desde 
el  día  úg^x\QXxXei,Áhsecerus,  impulsado 
por  una  fuerza  sobrenatural,  debió, 
para  cumplir  el  decreto  divino,  co- 
menzar su  interminable  viaje.  «Jamás 
se  le  ha  visto  reír,»  dice  uu  escritor 
que  data  de  1618,  y  añade:  «Hajmu- 
cbas  personas  de  calidad  ^ue  le  han 
visto  en  Inglaterra,  Francia,  Alema- 
nia, Hungría,  Persia,  Suecia,  Dina- 
marca, Escocia  jotras  comarcas;  como 
también  en  Rostock,  en  Weimar,  en 
Dantzi^  y  en  Kcenigsberg.  En  el  aOo 
de  157a,  dos  embajadores  de  Holstein 
le  vieron  en  Madrid;  en  1599  se  en- 
contraba en  Viena,  y  en  1601  en  La- 
beck.  El  año  1616  se  le  vio  en  Livo- 
nia,  en  Cracovia  y  en  Moscow,  y  mu- 
chas de  las  personas  que  le  vieron, 
llegaron  hasta  hablar  con  él.»  Acerca 
de  este  asunto,  se  debe  citar  la  anti- 
quísima canción  popular  del  Braban- 
te, que  da  al  Judío  bbrantb  el  nom- 
bre de  Isaac  Laqueden,  Además  de  este 
trozo  de  poesía,  aue  no  brilla  segura- 
mente por  la  belleza  de  su  forma  ni 
por  la  corrección  de  su  estilo,  otra 
multitud  de  obras  han  sido  inspira- 


JUDI  269 

das  en  diversos  pafsea  por  la  mara- 
villosa levenda.  Qcethe,  en  su  juven- 
tud (1774),  tuvo  la  idea  de  tomar  la 
lejenda  del  Judío  brbantb  por  asun- 
to de  una  epopeya.  En  sus  Memorias 
expone  el  plan  de  este  proyectado 

floema,  diciendo:  «Quería  servirme  de 
a  leyenda  como  de  un  hilo  conduc- 
tor para  representar  el  desarrollo  pro- 
gresivo de  la  religión  y  de  las  revo- 
luciones de  la  Iglesia.»  Otro  célebre 
poeta  alemán,  Schubert,  ha  dejado  un 
fragmento  lírico  sobre  el  eterno  pere- 
grino. Francia,  además  del  Áksnerus 
de  M.  B.  Quinet,  que  hace  del  Junfo 
BBBANTB  U  personificación  del  géne- 
ro humano,  después  del  advenimiento 
de  Jesús,  tiene  la  novela  de  Eugenio 
Sué,  que,  como  nadie  ignora,  es  una 
obra  de  combate  contra  los  jesuítas, 
y  una  bellísima  canción  de  Beranger. 

}ue  se  ha  traducido  al  castellano.  Kl 
UDÍo  BBBANTB  OS  evidentemente  el 
símbolo  del  pueblo  judío  desde  el  sa- 
crificio del  Calvario. 

Judión.  Masculino.  Judío,  varie- 
dad de  la  judía. 

Judíos  (los).  Masculino  plural.  En 
el  artículo  judío  nos  limitamos  á  de- 
finir dicha  palabra  j  A  suministrar  al- 
gunas nociones  elementales.  Aquí  nos 
proponemos  presentar  en  cierto  con- 
junto la  existencia  del  judaismo,  dan- 
do  alguna  noticia  de  su  origen,  de 
sus  cambios  históricos,  de  sus  trans- 
formaciones políticas,  de  sus  adversi- 
dades, de  sus  divisiones,  de  sus  cis- 
mas, de  su  ortodoxia,  de  sus  perse- 
cuciones, de  su  población,  de  sus 
caracteres,  de  sus  letras.  Nos  parece 
que  nuestros  benévolos  lectores  no 
llevarán  á  mal  la  presente  resefia, 
puesto  que  sn  estudio  compendiado 
ahorra  el  sacrificio  de  macho  tiempo, 
el  gasto  y  la  consulta  de  no  pocos  li- 
bros. La  nza  judía  no  tiene  solamen- 
te la  importancia  general  de  la  histo- 
ria; sino  también  el  interés  partíeala- 
rísimo  da  un  pueblo  indefinible,  el 
cual  se  presenta  ante  la  evocación  de 
diez  y  nueve  siglos  como  una  inmensa 
sombra  del  Calvario,  entre  misterios 
sacrosantos  y  augustas  promesas  que 
adora  nuestra  fe. 

Historia.  —  1.  Pueblo  célebre  del 
Asia,  salido  de  la  raza  semítica,  de- 
signado también  con  el  nombre  de 
pneblo  de  Dios,  por  haber  sido  escogi- 
do para  recibir  r  conservar  en  depó- 
sito sagrado  todas  las  verdades  reli- 
giosas. 

2.  Primero  se  llamaron  hebren,  de 
ffeber,  ano  de  los  antepasados  de 
Abraham;  y  después,  israelitat,  de  la 
palabra  Israel,  sobrenombre  dado  á 
Jacob.  Los  JUDÍOS  (luSatot,  iudteoij  no 
recibieron  esta  denominación  hasta  la 
cautividad  de  Babilonia,  por  razón  de 

?ue  los  habitantes  del  reino  de  Judá 
ueron  los  últimos  sometidos  á  la  do- 
minación extranjera. 

3.  La  historia  de  la  nacionalidad 
judía  puede  dividirse  en  cuatro  pe- 
ríodos: 1.*,  desde  la  promesa  ó  llama- 
miento de  Abraham  hasta  la  salida  de 
Egipto;  2.*,  desde  la  salida  de  Egipto 
huta  d  establecimiento  de  los  rejes; 


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m  jvm 


JUDl 


JÜDl 


3.*,  deade  el  estiblecimíento  de  tos 
rejes  hasta  la  vuelta  de  la  cautividad 
de  Babiloaia;  j  4.",  desde  la  vuelta  de 
la  cautividad  de  Babilonia  hasta  la 
ruiaa  de  Jerusatm  por  A.driano. 

4.  Bl  primer  período  comprende 
desde  199ti  á  1645  aatea  de  Jesucris- 
to. El  origen  del  pueblo  hebreo  se  re- 
monta &  la  ToeaeioD  de  Abraham,  que, 

Eaia  corresponder  al  llamamiento  de 
líos,  abandonó  la  Caldea,  hacia  el 
año  1999  antes  del  divino  Mesías,  j 
fué  ¿  habitar  la  tierra  de  Canaán, 
donde  debía  fijarse  dei^aés  toda  la 
nación  de  qae  fué  origen.  A.  la  mner^ 
te  de  Abxafiam,  eon  quien  había  prin- 
cipiado el  gobierno  patriarcal,  esta 
poder  pasiS  a  su  hijo  Isaac,  qnien  le 
transmitió  á  Jacob,  uno  de  sus  hijos, 
al  cual  confirid  todos  sus  derechos, 
con  la  bendición  paternal.  Después  de 
haber  marchado  7  casado  en  la  Meso- 
potamia,  Jacob,  que  durante  su  riaje 
había  recibido  el  nombre  glorioso  de 
Itrael,  volvió  al  país  de  Canaán,  don- 
de fué  padre  de  doce  hijos,  diez  de  los 
cuales  estaban  destinados,  con  dos 
hijos  dft  José,  i  ser  jefes  de  las  tribus 
del  pueblo  de  Dios.  Jacob,  llamado  á 
Egipto,  donde  su  hijo  José  había  sido 
nombrado  primer  nüoistro  de  Faraón, 
M  ratableció  en  la  tierra  de  Gessén 
con  toda  au  familia,  compuesta  enton- 
ces de  setenta  personas  (1729  antes  de 
Jesucristo).  Sus  deseendieutes  se  mnl* 
liplicaron  tanto,  que  los  re/es  de 
Egipto,  temerosos  de  su  número,  les 
sometieron  i  la  servidumbre  t  á  las 
faenas  más  penosas,  terminando  por 
decr&tai  la  muerte  de  sus  hijos  varo- 
nes. Pero  Moisés,  salvado  milagrosa- 
mente de  las  aguas  para  llegar  á  ser 
el  libertador  da  su  nación,  puso  fin  ¿ 
su  esclavitud,  haciéndola  salir  de 
Egipto,  después  de  haber  operado  va- 
rias portentos,  con  el  fiu  de  dar  á  co- 
nocer la  misión  que  de  Dios  había  re- 
cibido. 

5.  Bl  aegundo  período  a>mprende 
deade  164&  á  108()  antas  del  Reden- 
tor. Bajo  la  conducta  de  Moisés,  los 
israelitas  se  pusieron  en  camino  ha- 
cia el  país  de  sus  antepasados,  <][ue 
llamaban  tierra  depr&misián,  j  prin- 
cipiaron por  acampar  á  orillas  del 
mar  Rojo,  an  donde  todavía  se  con- 
servan los  pozos,  llamados  salobres, 
coa  cujas  aguas  saciaron  su  sed  los 
fugitivos,  mediante  el  milagro  de 
Moisés,  que  refiere  la  santa  Biblia. 
Después  atravesaron  dicho  mar,  cu^as 
a^uas  sepultaron  eompletamante  al 
ejército  egipcio  que  loa  perseguía. 
Llegados  al  desierto,  pasaron  cua- 
renta años  en  medio  de  las  vicisitu- 
des de  la  vida  nómada  j  recibieron 
de  Dios,  al  pie  del  Sinaí,  esa  lev  ad- 
mirable que  se  contiéne  en  el  Decálo- 
go j  an  el  Levltico,  la  cual  debía  ser 
su  código  religioso,  político  v  civil. 
A.  Moisés,  que  murió  en  1605,  suce- 
dió Josué  ea  el  mando  de  los  israeli- 
tas. Más  feliz  que  au  antecesor,  que 
no  había  hecho  mis  que  entrever  la 
tierra  prometida,  como  figura  de  la 
esperanza,  condujo  allí  á  su  pueblo, 
gr  deapaés  de  haber  combatido  á  las . 


naciones  enemigas  que  le  disputaban 
la  conquista,  partió  las  tienes  y  las 
ciudades  entre  las  doce  tribus.  Con  el 
establecimiento  definitivo  de  los  is- 
raelitas en  él  país  de  Canaán,  co- 
menzó verdaderamente  su  nacionali- 
dad (1580).  El  gobierno  de  Josué 
que,  como  el  de  Moisés,  se  distinguió 
por  su  carácter  completamente  teo- 
crático y  guerfero,  fué  reemplazado 
momentáneamente  por  el  deCaleb  j  el 
de  los  antiguos,  hasta  la  época  en  que 
los  israelitas  cajeron  en  la  molicie  y 
en  la  idolatría,  siendo  sometidos  á  di- 
ferentes servidumbres.  Bntonces  apa- 
recieron los  jnecet,  que,  designados 
por  Dios  ó  escocidos  ^or  el  pueblo, 
cumplieron  la  difícil  misión  de  gober^ 
nar  las  tribus  indóciles,  cuya  majror 
parte  había  tenido  la  suerte  de  sal- 
varse déla  dominación  extranjera.  La 
administración  de  los  jueces,  que  no 
fué  sino  una  continua  alternativa  de 
derrotas  y  triunfos,  comenzó  en  Oto- 
niel(1554)jterminóenSamuel(1080), 
á  quien  el  pueblo,  cansado  jra  de  la 
judicatura,  pidió  el  establecimiento 
del  poder  real. 

6.  Bl  tercer  período  comprende  des- 
de 1080  &  536.  Saúl,  elegido  7  consa- 
grado rejr  por  orden  de  Dios,  en  cujo 
nombre  continuaba  ejerciéndose  el 
nuevo  poder,  se  separo  del  camino 
que  debió  seguir  j  la  corona  pasó  á 
David,  quien,  ¿  sus  altas  cualidades, 
unió  el  honor  de  ser  jefe  de  la  familia 
de  donde  salió  luego  el  Mesías  (1040 
á  1001).  Salomón,  nijo  de  este  prínci- 
pe, heredó  los  talentos  políticos  j  el 
gsnio  literario  de  David,  y  por  sus 
conquistas,  unidas  álas  de  sus  prede- 
cesores, extendió  hasta  el  Eufrates  j 
el  mar  Rojo  los  límites  de  su  reino, 
que  elevó  al  mayor  grado  de  prospe- 
ridad (1001  á  962).  Pero  bajo  el  rei- 
nado tiránico  de  au  hijo,  se  promovió 
un  cisma  entre  las  doce  tribus,  dos  de 
las  cuales,  que  permanecieron  fieles  á 
Roboam,  formaron  el  reino  de  Judá, 
mientras  que  las  otras  diez  constitu- 
yeron el  de  Israel,  en  que  Jeroboam 
fué  reconocido  como  jefe  (962).  Esta 
separación  violenta,  dividiendo  un 
pueblo  que  no  había  formado  hasta 
entonces  más  que  una  ^gran  familia, 
así  pob'tica  como  religiosa,  ocasionó 
entre  los  dos  Estados  rivales  una  lar- 
ga serie  de  guerras,  que  prepararon 
la  caída  común.  Aunque  Jerusalén, 
capital  del  reino  de  Judá,  fué  el  cen- 
tro del  culto  tributado  al  verdadero 
Dios,  los  príncipes  que  reinaron  si- 
guieron frecuentemente  el  ejemplo  de 
los  reyes  de  Israel,  entregándose  á  la 
impiedad  /  á  la  idolatría.  En  vano 
algunos,  como  Josafaty  Ecequías,  in- 
tentaron sacar  á  la  nación  de  su  aba- 
timiento moral;  pero  Acab  j  Atalía 
encontraron  muchos  más  imitadores 
que  los  piadosos  reyes,  y  el  castigo, 
anunciado  mucho  antes  por  los  profe- 
tas, intimidó  á  los  dos  reinos  de  Is- 
rael y  de  Judá.  El  primero  de  estos 
Estados  fué  destruido,  en  7X8  antes 
de  Jesucristo,  por  el  rey  de  Asiría, 
Salmanasar,  quien,  después  de  haber 
tomado  á  Samaria,  la  capital,  llevó  á 


E^ínive  cautivos  á  sus  habitantes.  Ün 

I  siglo  después,  Nabucodonosor  II,  ny 
de  Babilonia,  invadió  también  el  rei- 
no de  Judá  y  se  hizo  duefio  de  Jera- 
salén,  en  tiempos  de  Joabhím  (606); 
después,  bajo  Sedeeías,  habiendo  voli- 
to a  tomar  esta  ciudad,  la  arroinó 
por  completo  con  su  templo  y  redujo 
a  la  esclavitud  á  la  mayor  parte  u 
sus  habitantes  (587).  Conducidos  los 
JUDÍOS  á  Babilonia,  vivieron  allí  se- 
tenta aftos  en  el  cautiverio  (606á  530) 
hasta  la  época  en  que  Ciro,  cooquis- 
tador  de  Babilonia,  les  permitió  re- 
gresar i  su  patria  y  levantar  de  nae- 
vo  á  Jerusalén. 

7.  El  cuarto  perfodo  comprende 
desde  536  antes  de  Jesucristo,  á  535 
de  nuestra  era.  Lleg-ado  al  país,  que 
después  se  llamó  Judea,  el  pueblo  ju- 
dío, bajo  la  dirección  de  Zorobabel, 
de  Esdrasy  de  Nehemías,  se  ocupó  de 
reconstituir  su  religión  y  su  naciona- 
lidad. El  templo  volvió  á  alzarse  so- 
bre sus  ruinas,  y  el  nuevo  ^tado,  di- 
vidido en  cuatro  provincias  principa- 
les, formó  una  especie  de  repóbliei 
teocrática,  á  cuya  cabeza  estuvo  na 
gran  sacerdote,  asistido  por  un  Sa»- 
iedri»  6  (Tonsejo  de  27  ancianos.  La 
paz  y  la  prosperidad  que  la  Jadea 
gozó  bajo  los  reyes  de  Persia,  fueroa 
turbadas  por  la  irresistible  invasiéa 
del  grande  Alejandro  (332),  tocando 
lueg^  en  suerte  á  nno  de  eus  suceso- 
res, Ptolomeo,  rey  de  Egipto  (320), 
de  cuyo  poder  pasó  al  dominio  del 
rey  de  Siria,  Seleuco  Nicator  (300). 
Vuelta  muy  pronto  á  poder  de  los  re- 
yes de  Egipto,  acabó  (208)  por  volver 
al  de  los  seleucidas,  que,  so  pretexto 
de  religión,  hicieron  sufrir  á  sus  ha- 
bitantes las  persecuciones  más  crueles 
y  tomaron  varias  veces  á  Jerusalén  y 
su  templo.  Para  librarse  de  uo  yaff> 
que  había  llegado  á  ser  intolerable, 
los  JUDÍOS  se  sublevaron  bajo  .la  con- 
ducta de  Matatías  j  de  eus  nijos,  los 
cuales,  asegurando  la  independeoeia 
de  au  patria,  merecieron  el  gloriosos»' 
brenombro  de  áfacaieos  (169).  Bn  te- 
compensa  de  sus  servicios,  ios  Mac^ 
heos  obtuvieron  el  privilegio  de  per- 
petuar en  su  familia  el  poder  sobera- 
no, que  ejercieron  bajo  el  título  de 
grandes  pontífices  hasta  el  advenimien- 
to de  Aristóbulo  I,  (jue  tomó  el  dicta- 
do de  rey  (107).  Vanos  príncipes,  co- 
mo los  de  la  raza  asmonea,  le  habísn 
dejado  la  aucesíón,  cuando  los  roma- 
nos, aprovechándose  de  la  rivalidad 
de  Hircano  II  y  de  Aristóbulo  H,  ta- 
tervinieron  violentamente  en  los  ne- 
gocios del  país  y  destronaron  luego  á 
Antígono,  qué  mé  condenado  á  muer- 
te por  orden  de  Marco  Antonio.  Con 
este  príncipe  terminó  el  reinada  de 
los  asmoneos  (371),  y  un  rey  extran- 
jero, Heredes  el  Idumeo,  fue  impues- 
to á  los  JüDÍos  por  la  política  romana, 
cuyos  intereses  había  servido  con 
lor.  Después  de  Herodes,  en  cuyo  rei- 
nado se  verificó  el  nacimiento  del  Sal- 
vador del  mundo,  dividido  su  reino 
en  cuatro  tetrarquías,  bajo  los  nom- 
bres 4e  Judea,  Galilea,  Iturea  y  Ba- 
tanea, fué  repartido  entre  sos  nijos; 


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JUDI 

pMo  mkj  pronto  los  roaunot,  por  el 
ttvio  d*  prociuraíoret  enoaxgados  de 
administrar  el  país,  aeabaron  de  eita- 

blecer  eom^^letamente  su  dominación. 
Lai  eoneauo&ea  de  estos  gobernado- 
res', entre  quienes  se  distinguieron 
Poaoio  Pílalos. jr  Gesio  Floro,  excita- 
ron TUios  leTantamientos;  j  para  cas- 
tigar ana  de  aquellas  rebeliones  (65), 
V'e^asúno  invadió  la  Judea  j  prin- 
cipió contra  Jerusalén  el  famoso  cer- 
co, qa«  dejó  para  continuar  á  su  liijo 
Tito.  Después  de  una  resistencia  de 
las  más  obstinadas,  dorante  U  cual 
la  lucha  de  las  &ceionea  interiores  se 
nnió  i  los  ataques  de  los  extranjeros, 
la  ciudad  toé  tomada  por  asalto  (70); 
d.tenqilo,  presa  de  las  llamas;  jr  la 
mATor  parta  de  los  habitantes,  conde- 
nam  4  la  muerte  6  á  la  escúntud. 
Bepoblada  otra  vea  la  ciudad  santa, 
una  nuera  sedición,  dirigida  por  el 
impostor  Baroboebiebae,  atrajo  sobre 
ella  la. venganza  de  A.driano  V  (135); 
jdeatrujéndola  completamente,  orde- 
nó la  matanza  deSOü.OOO  judíos,  dis- 
pauando  el  resto  de  la  población  por 
JOS  diTezsos  puntos  del  imperio.  Con 
este  suceso  termina  la  historia  de  la 
nsionalidad  de  un  pueblo  que,  desde 
•ntaness,  no  ha  tenido  ni  gobierno  ni 
patria;  j  que,  extendido  por  toda  la 
tionm,  títió  en  medio  de  los  demás 
pKoUos,  pasando  por  las  más  terribles 
TÍcisitudaa. 

8.  fiCientras  qae  cierto  iiúmwo  da 
ftmiUss  judías  mu  á  llevar  su  reli- 
gión á  machas  comarcas  del  Asia, 
particalannente,  á  orillas  del  Eufra- 
tes, otra  parte  de  aquella  nación,  esta- 
Üeeída  en  Occidente,  principió  á  su- 
fiñr  los  efectos  de  una  intolerancia  de 
qaa  día  había  dado  un  ejemplo  espan-- 
toso  en  la  cumbre  del  Gól^ta.  La  Sa- 
grada Escritura  lo  había  dicho:  «quien 
cara  un  hojo,  cae  en  el  hojo  que 
eava;>  j  la  raza  judía,  cumpliendo  la 
aentenaa  de  los  libros  sagrados,  ha- 
bía caído  en  el  hojro  insondable  de  su 
iaiquidad  j  de  su  desventura.  En 
efiisto,  los  JUDÍOS,  objeto  de  aversión 
paxa  los  cristianos,  cujra  religión  ha- 
bía legado  á  ser  la  de  todo  el  impe- 
lía, finroB  molestados  desde  el  reina- 
do do  Constantino,  cujas  host^icUt- 
des,más  ó  menos  j^sivas,  se  convir^ 
túoroa  en  verdaderas  persecuciones 
bajo  los  reinados  de  los  emperadores 
Jostiniano  y  Heraclio.  Despojados  de 
sos  derechos  por  los  emperadores  de 
Orieate;  proscritos  por  los  príncipes 
visigodos  de  España,  su  suerte  mejo* 
ró  cuando  las  conquistas  del  islamis- 
mo fueron  al  psís  que  halütaban.  Loa 
csli&s  del  Cairo  y  de  Córdoba  lesper- 
y^itiapftti  entregarse  al  comercio;  j  en 
eoBlaoto  con  el  genio  de  los  árabes  de 
E^pafia,  eoUivarop  erai  áxito  las  cim- 
cias  y  la»  artes. 

9.  Tratados  poco  faTOiaUemente  en 
los  dilerentiss  Estados  d«  la  cristian- 
dad; sobre  todo,  á  partir  de  las  cru- 
zada^ sufrieron  las  vejaciones  más 
dnras,  ora  por  parte  de  las  poblacio- 
nes cristianas,  ora  por  parte  de  los 
gobiernos.  Puestos  fuera  del  derecho 
comttn;.secuestrades,  por  decirlo  así. 


JUDI 

en  cnart^fl  aislados  que  habitaban; 
llevando  en  su  vestido  marcas  distín* 
tivas  y  humillantes,  eran  frecuente- 
mente condenados,  bajo  los  más  fri- 
volos pretextos,  á  enormes  multas  y 
á  desuecros  crueles. 

10.  Así  se  ve  que  en  1255  fueron 
sometidos  en  Inglaterra  á  una  «mtri- 
bución  de  5.000  marcos  de  plata;  y 
expulsados  después  (1290)  del  reino 
por  orden  de  Eduardo  X. 

11.  En  Alemania  fueron  propiedad 
personal  de  los  emperadores  y  de  los 
príncipes,  v  en  más  de  una  ocasión, 
veadiaos,  ó  desterrados  de  Víena,  por 
Matías  Corvino,  sin  volver  allí  hasta 
el  reinado  de  Fernando  I. 

12.  En  cuanto  á  España,  donde  los 
JUDÍOS  habían  gozado  de  una  larga 
prosperidad,  la  Inquisición  los  expul- 
só (1592);  y  una  multitud  de  &milÍ8s 

ftroBcritas  marchó  á  refugiarse  á  Ho- 
anda  7  á  las  principales  nudadei 
marítimas  de  Italia. 

13.  Después  de  haber  estado  en 
Francia  tolerados  durante  largo  tiem- 
po, fueron  objeto  de  las  prevenciones 

Sopulares  y  víctimas  de  dos  decretos 
e  destierro  (1306  y  1395);  pero  vol- 
vieron á  entrar  después  (15  jO),  y  las 
ciudades  de  Burdeos  y  Bayona  les  fue- 
ron abiertas.  A  fines  del  siglo  xvm, 
Franciia  dió  el  primer  ejemplo  de  la 
emancipación  u  los  judíos.  Exentos 
dB8d*1784  del  impuesto  decapitación, 
á  que  se  hallaban  sujetos,  fueron 
(1791)  llamados,  por  un  decreto  de 
la  Asamblea  constituyente,  á  gozar 
de  la  igualdad  civil  j  política;  y  des- 
de esta  época,  asimilados  por  la  ley 
i  todos  los  demás  ciudadanos,  pudie- 
ron distinguirse  en  las  diferentes  ca- 
rreras sociales. 

14.  Otros  Estados,  aun  mejoranda 
la  condición  de  los  judíos,  los  tuvie- 
ron mueho  tiempo  sometidos  i  ciertas 
prohibiciones:  así  vemos  que  en  Roma 
no  podían  habitar  más  que  un  cuartel 
cerrado,  llamado  Vhtíto;  en  Alemania, 
Ies  fué  prohibido  ejercer  tal  ó  cual 
profesión,  mientras  que  en  Inglaterra 
gozaron  de  gran  libertad  y  se  les 
abrieron,  aunque  no  sin  difiráltades, 
las  puertas  del  Parlamento.  A  decir 
verdad,  las  puertas  del  Parlamento 
inglés  no  se  abrieron  tanto  á  los  ju- 
díos, como  á  las  enormes  riquezas  de 
una  familia  de  aquella  raza,  uno  de 
cuyos  individuos  tuvo  la  fortuna  de 
ser  el  primer  diputado  en  la  Cámara 
de  los  Comunes.  Por  lo  que  toca  á 
Busia,  Portugal  y  España,  sabido  es 
que  las  fronteras  de  dichos  países  'ne- 
rón infranqueables  para  los  indivi- 
duos de  la  raza  en  cuestión,  mientras 
que  la  Saecia  no  les  permitió  estable- 
cerse en  todas  las  ciudades  hasta  el 
año  de  1854,  cuja  especie  de  privile- 
gio ó  nacía  fué.objeto  de  una  ley. 

15.  £1  número  de  judíos  disemina- 
dos por  las  cinco  partes  del  mundo, 
se  calcula  en  más  de  7.000.000,  cuya 
mitad  vive  en  Europa.  Es  curioso  no- 
tar que  sólo  la  Rusia  viene  á  tener 
el  40  V„  de  la  total  población  ju- 
día; el  Austria,  el  14;  la  Ptusia  y  todu 
el  resto  de  Alemania,  poso  más  del 


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Vi  */«.  mientras  qae  la  cíAa  ,e»  me- 
nor en  Francia  qae  «»  Alemaaia  y 
Prosia  en  la  proporción  ds  1  á  8.  Este 
caadro  estaaístieo  demuestra  qae  el 

mayor  ó  menor  número  de  judíos  está 
en  relación  directa  con  el  mayor  ó 
menor  grado  de  civilización  de  los 
pueblos  en  donde  residen.  H*  aquí 
el  guarismo  de  la  población  iudía  en 
las  naciones  de  que  hemos  nablado: 
Rusia,  dos  millones  ochocientas  mil 
(2.800.000);  Austria,  un  millón  tres- 
cientos setenrtaycia«omil(1.375.000); 
Prusía,  trescientos  cuarenta  mil  ocho- 
cientos (340.800);  resto  do  Alevoaoáa, 
ochenta  mil  (80.000);  Praneia,  ein- 
coenta  mil  (50.000). 

16.  Jítf¿f0VtfM.--Attnqae  oonfandi- 
dos  eon  toaos  los  pueblos  de  Is  tierra, 
permanecen  flelos  á  la  religión  de  sus 
padres.  El  judaismo,  llamado  también 
nosaítmo,  porque  Dios  lo  reveló  á 
Moisés,  tiene  por  bases  los  principios 
religiosos  coateaidos  en  el  Antiguo 
Testomento,  como  la  creeoeia  en  un 
solo  Dios  (Movék,  el  Seftor),  la  in- 
mortalidad del  alma  y  el  juicio  final. 
Por  lo  demás,  les  judíos  no  reoonocen 
la  divinidad  de  Jesucristo  y  esperan 
siempre  la  venida  de  un  Mesías,  que 
asegurará  á  su  nación  todo  el  imperio 
de  la  tierra.  En  cuanto  al  culto,  las 
funciones  diversas  prescritas  por  el 
legislador,  estaban  primitivamente 
confiadas  á  los  levita»,  ó  miembros  de 
la  tribu  de  Leví.  La  cetebrasíte  del 
de  hi  pMcmt-y  otras- fiestas; 


« 

observancia  del  ayuno,  átwtínencia  de 
las  viandas  prohibidas  continuamen- 
te, faeron  practicadas  siempre  por  loi 
judíos;  el  hebreo  es  la  leago*  litúr- 
gica, y  durante  las  ceremonias  que 
practican  en  sus  síuag'^s  bajo  la 
dirección  de  sacerdotes,  llamados  ra- 
bituu,  llevan  ordinariamente  thepiliut, 
con  sentencias  sacadas  de.  los  libros 
sagrados.  Sin  embargo  de  su  aparen- 
te unidad,  ta  religión  judaica  no  ha 
dejado  de  verse  atacada  por  el  espíri- 
tu do  secta,  desde  la  profunda  divi- 
sión quo  en  ella  produjo  el  fiamoso 
cisflsa  de  Samaría.  iDespoés  da  T<4ver 
de  la  cautividad,  los  samaritanos  acá. 
barón  de  alterar  el  antiguo  culto,  mez- 
clando algunas  ceremonias  del  paga- 
nismo asirlo  y  erigiendo  sobre  el  mon- 
te Garizín  un  temple  rival  d«l  de  Je- 
rusalén (435  años  antes  de  Jesucristo). 
Otras  sectas,  esencialmente  diferentes 
en  prioeipios  y  eostumbies,  se  hicie- 
ron notar  entre  los  judíos,  tales  como 
las  de  los  fariseoB,  los  sádoeeos,  los 
terapeutas  y  los  essenios.  Cuando  se 
consumó  por  Adriano  la  dispersión  de 
los  JUDÍOS,  cierto  número  de  doctores 
continuó  entregado  á  los  estudios  -teo- 
lógicos de  las  escobas  fundadas  en 
Tiberiade  y  Asora,  cerca  de  Babilonia} 
y  uno  de  ellos,  el  rabino  Judá,  com- 
puso, bajo  el  título  de  Miscknm^  una 
colección  de  tradiciones  y  de  leyes 
orales  que,  con  la  Oeitiara  ú  comenta- 
rio del  rabino  Asser,  forma  lo  que  se 
llama  el  Talmud,  Esta  vasta  colección, 
terminada  en  el  siglo  vi,  vino  á  ser 
p  ira  la  mayor  pane  de  los  judíos  el 
fuudameato  de  sua  creencias  religij- 


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saa;  pero  rahüsando  los  disideiitei  te- 
conocerle  autoridad  alguna,  se  diÓ  el 
nombre  de  talmudistas  a  aquellos  que 
segpuían  el  Talmud,  por  oposición  á  los 
uraitat  que,  sin  admitir  más  que  el 
texto  de  la  Biblia,  rechazaban  todo 
comentario  á  loa  libros  sagrados.  En 
Francia,  desde  que  el  gran  Sanhedrín, 
coDToeado  en  1806f  reconoció  la  com- 
patibilidad de  las  lejea  civilei  del  país 
con  las  prescripciones  religiosas  de 
loa  JUDÍOS,  estos  últimos  no  dependen 
del  Consejo  superior,  llamado  Consa^ 
torio  itraeliia,  más  que  en  lo  telativo 
al  culto.  Bn  otros  Bstado^  los  rahinot 
son  Jaeces  j  sacerdotes  de  su  nación. 

Vf,  Los  JUDÍOS,  originarios  de  la 
Caldea,  tuvieron  al  principio,  i  ejem- 
plo de  BU  fundador  Abraham,  vida 
pastoril  y  se  distinguieron  por  cos- 
tumbres completamente  patriarcales. 
Después  de  haber  sido  nómadas  du- 
rante su  estancia  en  el  desierto,  se 
fijaron  es  su  suelo  propio,  una  vez 
dueños  de  la  tierra  prometida;  j  me> 
eed  á  sus  progresos  en  la  agricultura, 
esta  región  UegÓ  ¿  ser  una  de  las  más 
fértiles  del  Asia.  Poco  dados  á  las 
ciencias,  se  entregaron  con  fortuna  al 
comercio;  j  más  adelante  su  espíritu 
mercantil  se  desenvolvió  de  tal  suerte, 
que  en  la  fidad  media  concentraron 
en  sus  manos  el  monopolio  de  todos 
los  negocios,  principalmente,  de  la 
banca,  j  muchas  veces,  de  la  usura. 
Laa  narraciones  de  los  libros  santos 
que,  al  hablar  de  este  pueblo,  revelan 
su  inclinación  á  la  superstición,  á  la 
idolatría  j  á  las  insurrecciones,  ates- 
tiguan que  tampoco  estuvieron  exen- 
tos de  otros  vicios.  Los  judíos  mo- 
dernos han  conservado  cierta  resig- 
nación tradicional,  al  verse  vejados  ú 
oprimidos;  auncjue  hajr  quien  dice  que 
aquella  paciencia  procede  más  de  ser- 
vilismo j  de  abyección,  que  de  eleva- 
ción de  sentimientos  y  ¡grandeza  de 
alma.  Pero  lo  que  caraeteriaa  verdade- 
ramente al  judio^  es  la  avaricia,  sor- 
da,dara,insaciable,universal,hasta  el 
panto  de  buscar  con  .el  mismo  ahinco 
un  miserable  ochavo  que  una  onza  de 
oro.  Como  él  conciba  que  su  interés 
le  llama,  hará  las  concesiones  más 
bajas  j  viles,  aun  tratándose  de  los 
objetos  de  su  cariño,  de  su  amor,  de  su 
honra,  si  es  verdad  que  una  ansia  tan 
extrema  puede  tener  honra,  cariño  y 
amor.  £1  judío  cuenta  el  dinero  con 
suma  prontitud,  como  nadie  en  el 
mundo;  marcha  mur  aprisa,  como  si 
temiera  que  le  van  a  pedir;  mira  fur- 
tivamente, para  que  no  sorprendan  en 
sus  ojos  el  astuto  secreto  de  sus  caba- 
las; camina  con  la  cabeza  inclinada 
al  suelo,  encorvando  un  poco  la  nuca, 
como  si  imaginase  que  lleva  sobre  las 
espaldas  un  talego  de  oro.  £1  sabio 
que  inventó,  á  modo  de  ídolo,  el  be- 
cerro de  metal  dorado,  se  hizo  dueño 
indudablemente  de  la  raza  judía.  ¿Se 
habrá  dado  el  caso  de  que  hava  muer- 
to un  solo  JUDÍO,  desde  que  el  mundo 
existe,  sin  tener  encima  al^uoa  mo- 
nedaV  Nos  parece  que  no.  Excusado 
fuera  decir  que  todos  estimamos  nues- 
tros intereses,  quién  más,  quién  me- 


JUDI 

nos,  y  es  natural  que  así  suceda; 
pero  el  judío  no  los  estima,  los  idola- 
tra. El  JUDÍO  está  enamorado  del  di- 
nero como  el  hombre  está  enamorado 
de  la  mujer;  de  modo  que  tiene  para 
una  moneda  hasta  ternura,  hasta  ilu- 
siones, hasta  suspiros,  hasta  lágri- 
mas. Haj  que  conocer  de  esta  mane- 
ra á  la  raza  judía,  para  comprender 
que  el  Iscariote  vendiese  al  Redentor 
por  treinta  dineros.  En  fin,  el  día  en 
que  un  judío  no  hace  un  negocio,  se 
le  antoja  que*  se  halla  en  gracia  del 
espíritu  malo  y  ,siente  la  furia  de  un 
poseído.  Otro  hecho  concurre  á  for- 
mar el  carácter  del  raro  individuo  que 
aquí  se  describe;  una  fidelidad  estric- 
ta en  atenerse  á  ciertos  usos  de  su  na- 
ción, conservando  el  aire  oriental  y  la 
costumbre  de  enlazarse  exclusivamen- 
te con  las  mujeres  de  su  raza,  en  las 
cuales  hallamos  tipos  encantadores, 
de  íntimo  misterio,  de  ilusión  vaga  y 
poderosa,  hermosos  recuerdos  de  las 
mujeres  de  la  Biblia,  sombras  fantás- 
ticas de  las  vírgenes  de  Sión.  Mas 
conviene  advertir  que  la  mujer  judía 
no  tiene  tanto  hechizo  en  ninguna 
parte,  como  en  las  poblaciones  de 
Africa.  La  hebrea  africana  es  induda- 
blemente una  de  las  mujeres  inás 
ideales  y  fkseinadoias  de  la  humani- 
dad. Aunque  el  lector  discreto  plegué 
sos  labios  con  el  firunee  sutil  de  una 
sonrisa  maliciosa,  casi  se  nos  figura 
que  estamos  más  por  las  jodias  que 
por  los  JUDÍOS. 

18.  Literatura. — La  lengua  primi- 
tiva de  los  hebreos,  mezcla  confusa  de 
muchos  idiomas  semíticos,  se  alteró 
durante  la  cautividad  de  Babilonia  y 
se  cambió  en  lengua  siro-caldea,  que 
llegó  á  ser  el  idioma  rabíaico  emplea- 
do en  la  Edad  media.  En  el  hebreo 

Suro  se  compuaieron  los  libros  sagra- 
os, desde  Moisés  hasta  los  profetas; 
en  cuanto  a  las  demás  partes  del  An- 
tiguo Testamento,  algunas  fueron  re- 
dactadas en  caldeo;  j  otras,  en  grie- 
go, lengua  en  que  se  hizo  la  célebre 
versión  llamada  de  los  Setenta.  Des- 

Sués  del  Antiguo  Testamento,  en 
onde  se  encuentran  esos  admirables 
modelos  de  literatura  sagrada,  supe- 
riores á  cuanto  el  genio  ha  podido 
crear,  los  judíos  citan,  entre  el  núme- 
ro de  sus  composiciones  nacionales, 
leyendas,  poemas  históricos,  obras 
morales  v  colecciones  genealógicas. 
Bajo  la  dominación  de  los  sucesores 
de  Alejandro,  sus  relaciones  con  los 
griegos  les  llevaron  á  estudiar  la  filo- 
sofía; y  más  tardé,  entre  otros  siste- 
mas, el  gnosticismo  halló  entre  ellos 
muchos  partidarios. Bs  indudable  que 
se  entres-aron  al  absurdo  de  las  cien- 
cias ocultas,  como  la  cébala  y  la  as- 
trología;  pero  tampoco  puede  negarse 
que  en  toda  la  Edad  media  cultivaron 
con  éxito  la  Medicina  y  las  matemá- 
ticas; y  los  sabios  Aben-E/.ra  y  Maí- 
mónide  fueron  célebres  por  sus  escri- 
tos. En  los  tiempos  modernos,  los  tra- 
bajos de  Mendelssohn,  de  Üesau  y  de 
Wereli,  de  Hamburgo,  reanimaron, 
por  decirlo  asi,  la  literatura  rabinica, 
que  en  nuestros  días  ha  tenido  im- 


JUDI 

portantea  publioaciones  en  Alemania 
y  Francia,  donde  M.  Cahén,  cono- 
cido ya.  por  sus  Arckivet  isi^Uíes,  ha 
dado  una  excelente  traducción  de  la 
Biblia,  según  el  texto  hebreo.  Eatra 
otras  varias  celebridades  de  nuestra 
época,  debemos  citar  los  nombres  fa- 
mosísimos de  dos  compositores  de  mú- 
sica: Mejerbeer  y  Haydn. 

19.  Representación  social  dt  los  n~ 
oíos  en  nuestro  tiempo. — ^Puede  dedris 
que  los  papeles  se  han  trocado  de  ua 
modo  absoluto.  Los  jonfos  sonaetotl* 
mente  barones,  diputados,  caballenu, 
capitalistas,  príncipes  de  las  grandes 
ciudades,  verdaderos  re^s  de  los  re- 
jres  de  Buropa.  £1  espíritu  de  toleran- 
cia, que  és  dogma  práctico  de  la  ca- 
ridad, les  abrió  el  sepulcro  en  que  vi- 
vían. Ellos  no  creen  en  aquel  espíritu, 
alma  sublime  del  Bvangelio;  pero 
aquel  espíritu  los  ha  resucitado. 

20.  Bibliográña. — Como  comple- 
mento de  esta  leve  reseña,  recomen- 
damos á  nuestros  ilustrados  lectores 
las  obras  de  Toray,  Boissy  y  de  Mol- 
denhauer,  sobre  la  historia  de  los  ju- 
díos de  Inglaterra,  Francia  y  de  Espa- 
ña; las  Memoires  surl'e'íat  desjui/s,^! 
Wav;  Depping,  Lctjuif»  daau  le  nqrm 
áae;  Beugenot,  Les  judift  do  l'Oóá- 
aent;  y  la  excelente  obra  que  en  mus* 
tros  días  publicó,  sobre  SÍ  estado  jfeoHr 
dición  Moaal  de  losjudiot  en  España,  el 
señor  don  José  Amador  de  los  Bies, 
á  cuvo  glorioso  recuerdo  tributamos 
este  humilde  j  ferviente  homenaje. 

Jadith.  Historia  Sagrada.  Ueroíaa 
judia,  hija  de  Merari,  de  la  casa  de 
Simeón,  y  mujer  de  Manases,  rico 
ciudadano  de  Betulia.  Siendo  aún  jo- 
ven, se  quedó  viuda  y  vivía  en  Betu- 
lia austeramente,  cuando  acudió  á  si- 
tiar la  ciudad  Holofernes,  general  de 
Nabucodonosor,  rej  de  Babilonia.  Ha- 
bía jra  éste  cortado  un  acueducto,  que 
alimentaba  de  aguas  la  ciudad,  T  r^ 
ducido  á  sus  habitantes  al  último 
extremo,  cuando  se  presentó  JudiTh. 
pidiendo  permiso  para  trasladarse  al 
campo  enemigo  y  prometiendo  sal**' 
la  ciudad.  Al  efecto,  se  vistió  sus  me- 
jores galas,  y  acompañada  de  una 
criada,  se  dirigió  en  busca  de  Holo- 
ferpes,  y  luego  que  estuvo  en  su  pre- 
sencia, le  prometió  entregarle  á  Be- 
tulia, pidiéndole  únicamente  licencia 

{tara  dirigirse  todos  los  días  á-un  va- 
le inmediato  á  hacer  oración.  Uii>} 
uso  del  permiso  tres  días,  y  al  cuarto, 
después  de  un  banquete  en  que  Holo- 
fernes quedó  completamente  embria- 
gado, le  eortó  la  cabeza  con  su  pro- 
pia espada,  y  guardándola  en  un 
saco,  salió  como  de  costumbre  TS« 
dirigió  á  Betulia.  Los  habitantes,  lle- 
nos de  júbilo,  y  cantando  alabanui 
al  Señor,  hicieron  una  salida  7.**"'^ 
taron  completamente  á  los  asirios.  SI 
Libro  de  Judith  es  uno  de  los  que 
constituyen  el  Antiguo  Testameato. 
En  él  se  refiere  el  sitio  de  Betulia.  El 
autor  es  desconocido,  atribuyéndolo: 
unos,  al  gran  sacerdote  Joaquín,  y 
otros  á  Josué,  hijo  de  Josedec. 

Reseña.  1.  Viuda  de  Betulia,  rica 
y  honesta.  (Juditb,  VIÍL) 


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JUEG 


JUEG 


JUEZ  273 


2.  Corta  U  etbem  i  Holofer.ies 
fXJJJ,  10). 

3.  Muere  firy,  i8). 

4.  La  tumba  de  JuditHi  casi  des- 
tnudA,  se  eonserTa  aun  al  pie  deja  an- 
tigua Betulia,  qae  es  hoy  ud  monte 
iotubitado,  de  poca  elevación  j  casi 
redondo.  Se  encuentra  en  los  eontor- 
noe  del  Campo  de  Jacob,  del  Pozo  de 
la  Samaritana,  del  monte  Hebal»  del 
monto  Garizfn,  en  el  territorio  de  la 
antigua  Sichem;  hoj,  Neápolis. 

Jneces.  Uaeculino  plural.  Siitoria 
Súfrad»,  Entre  los  heoreos,  jefes  que 
lo  eran  temporalmente,  para  lib3rtar 
de  U  servidumbre  al  pueblo.  Los  úl- 
timos unieron  los  poderes  militar,  ja- 
dieial  j  sacerdotal.  Su  historia  está 
eonsig-nada  en  un  libro  de  la  santa 
Biblia,  llamado  de  los  Jubcbs,  cuyo 
antw  es  dssconocido.  He  aquí  la  lista 
de  los  jueces: 

antoriores 
al  l£>»t>« 

Othoniel   1554-1514 

Jephté   12-13-1237 

Ahod   1496-1411 

Abesán   1237-1230 

Deliam   1396-1356 

AhislÓQ   1230-1220 

.  Gedeóa   1349-1309 

Abdón   1220-1212 

Abimeler.i.  .  .  .  1309-1306 

Sansón.   1172-1152 

Thola.   1306-1283 

Heli   1152-1112 

Jair   12S3-1261 

Samuel   1092-1080 

Los  juBCKa  de  Israel  gobernaron 
cerca  de  trescientos  cincuenta  años. 
(Beckot  de  los  Apitíolet,  XIJI,  20.) 

Juego.  Masculino.  Entretenimien- 
to ó  diTMsión.  H  Cada  una  de  las  ín- 
Tsneionea  ó  combinaciones  diversas 
qse  sirven  para  jugar  con  naipes,  j 
se  distinga uea  por  un  nombre  especial, 
CODO  la  malilla,  traillo,  etc.  ||  Con* 
junto  de  buenas  cartas.  |j  Metáfora. 
La  dispoaiciÓQ  con  que  están  unidas 
deseosas,  de  suerte  quo  sin  separarse 
paedan  tener  movimiento;  como  las 
co^funturas,  goznes,  etc.  Tómase  Um- 
bién  por  el  mismo  movimiento.  |  La 
¡labilidad  y  arte  para  conseguir  algu- 
na cosa  <S  para  estorbarla,  y  Un  deter^ 
iniaado  número  de  cosas  que  tienen 
ciertaeoueziún  y  proporción  entre  sí; 
como  an  juboo  de  hebillas,  un  juboo 
de  botones,  etc.  ||  Gu  los  carruajes  de 
cuatro  ruedas,  se  llama  así  la  arma- 
zón compuesta  de  ruedas,  ejes,  va- 
ras, etc.  I  Divídese  en  job-jo  delan- 
tero 7  JUBOO  trasero.  |  Plural.  Las 
fiestas  j  espectáculos  p  'tblicos  que 
se  osaban  en  lo  antig-uo.  ;  caíítbado. 
Cualquiera  de  los  de  naipes  que  ao  es 
de  envite.  §  db  aol-as.  ub  luces,  db 
coLoaBs.  Se  dice  de  los  visos  y  cam- 
biantes que  resultan  de  la  caprichosa 
mezcla  ó  disposición  particular  de 
estas  cosas.  ¡¡  de  cartas.  De  naipes. 

(dbuanos.  Acciones  y  movimientos 
de  alegría  que  hacen  dos  ó  más  per- 
sonas retozando  y  dándose  golpes  con  ! 
las  manos.  ||  La  agilidad  de  mau'^s . 
<»D  que  los  titiriteros  y  otras  personal  i 


engafian  y  burlan  la  vista  de  los  es- 
pectadores con  varios  géneros  de  en- 
tretenimientos. II  Acción  ruin  por  la 
cual  se  hace  desaparecer  en  poco  tiem- 
po alguna  cosa  que  se  tenía  á  la  vis- 
ta. B  DB  MANOS,  JUBOO  DB  VILLANOS. 

Refrán  que  reprendo  si  retozar  ^ju- 
gar con  las  manos,  como  impropio  de 
gentes  bien  nacidas  y  de  buena  crian- 
za. I  DB  NIÑOS.  Uetáfora.  Modo  de  pro* 
ceder  sin  consecuencia  ni  formalidad. 

I  DB  PALABRAS  Ó  vocBá.  £1  USO  de  ellas 
en  diversas  significaeiones  ó  en  sen- 
tido equívoco,  ||  db  pasa  pasa.  Jubqo 
DB  MANOS.  I  DB  PSLOTA.  Kspecie*  de 
JUBQO  entre  dos  ó  más  personas,  que 
C3nsiste  en  arrojar  de  unas  á  otras  ó 
hacia  alguna  pared  una  pelota  con  la 
mano  Ó  pala.  Si  se  dirige  de  persona 
á  persona,  se  llama  juboo  i.  labgo,  y 
si  á  la  tapia^  se  llama  plb.  Q  La  casa  ó 
el  sitio  destinado  para  jugar  á  la  pe- 
lota. I  DB  PRENDAS.  Diversión  casen 
que  consiste  en  decir  ó  hacer  los  con- 
currentes alguna  cosa,  pagando  una 
prenda  el  que  no  lo  hace  bien.  Q  sts 
subrtb.  BÍ  que  depende  sólo  de  la 
suerte,  y  no  de  la  habilidad  y  destre- 
za del  jugador.  Q  db  tira  t  afloja.  El 
que  consiste  en  asir  cada  uno  de  los 
que  lo  juegan  la  punte  de  una  cinta 
ó  pañuelo,  reuniéndolas  todas  por  el 
extremo  opuesto  la  persona  que  dirige 
el  juego,  y  cuando  esta  manda  aflojar, 
deben  tirar  los  demás^  ó  al  contrario, 
perdiendo  prenda  el  que  yerre.  |  db 
trucos  ó  db  billar.  La  casa  adonde 
se  va  ájugarálostrucosóal billar.  Q 
PUBRA.  Expresión  usada  en  algunos 
juegos  de  envite  cuando  se  envida  to- 
do lo  que  falta  para  «eabar  el  juego. 

Q  público.  Ia  eass  en  donde  se  juega 
públicamente  con  permiso  del  Gobier- 
no. I  Acudir  bl  juboo  1  alouno.  Dar* 
LB  BiBN.  y  COMOCBR  BL  JUBOO.  Frase 
metafórica.  Penetrar  la  intención  de 
alguno,  f  Dab  bibn  ó  mal  bl  juboo. 
Frase.  Tener  favorable  ó  contraria  la 
suerte,  y  DssPiNTARSBBi.JUBao.  Frase. 
Engañarse  por  estar  la  pinta  equivoca- 
da,tomandonnpalo  por  otro.  II  Hacbr 
jusao.  Frase.  Mantenerlo  ó  perseverar 
en  él.  I  Mbtápoba.  Convenir  ó  propor^ 
Clonarse  una  cosa  con  otra.  |  Frase. 
Entre  jugadores,  decir  a^uel  á  quien 
le  toca  las  calidades  que  tiene;  como  la 
entrada,  paso,  etc.  fl  Meter  sn  juboo. 
Frase.  Mbtbb  bn  fuoa.  |  Por  juego 
ó  POR  modo  db  juboo.  Expresión  por 
burla,  de  chanta,  y  Vbb  bl  juboo. 
Frase.  Conocbr  bl  juboo.  y  mal  pa- 
sado. Frase.  Conocer  que  a^ún  ne- 
gocio está  en  mal  estado. 

Etiholooía.  1.  El  latín  tiene  tres 
voces  sinónimas  para  sigoiScar  la  idea 
del  juego:  ludus,  lusus  yjocuf.  Una 
de  las  principales  diferencias  entre  las 
dos  primeras,  es  que  ludut  envuelve 
la  idea  de  ganancia;  y  Itisiu,  la  de 
distracción  ó  entretenimiento  agrada- 
ble. Ludus  lucñ,  iusus  volupíatts.  dice 
Rícter.  Jocns  se  refiere  más  bien  á 
las  palabras  que  á  la  acción,  y  sobre 
todo,  se  opone  completamente  á  terio, 
oposición  que  no  existe  .respecto  de 
ludtís  y  lMsn$.  Jocum  vero  aceipimm 
qwd  at  eonírarium  serio,  dice  Quinti- 


liani.  De  Joeo,  ablativo  áejoeus,  esti 
formada  nuestra  voz  juego;  en  fran- 
cés, en  catalán, yoc/t;  y  en  italia- 
no, gincs  ó  giecai  en  portugués,  jogo, 

(MONUU.) 

2.  Esta  serie  viene  del  sánscrito 
<^*0i  jugar.  Por  consiguiente, y¿ícss  re- 
presenta düaa,  como  /a»  r^resenta 

ditm. 

Jnegnodco,  lio,  to*  Masculino 

diminutivo  de  juego. 

Jaera.  Femenino.  Provincial  Ex- 
tremadura. Especie  de  harnero  de  es- 
partos casi  juntos  unos  s  otros,  suje- 
tos con  cuerdas,  que  sirve  para  lim- 
piar ó  aechar  el  trigo. 

Jueves.  Masculino.  Bl  quinto  día 
de  la  semana,  y  de  comaobbb.  El  penúl- 
timo antes  de  carnaval.  ¡|  de  coui>a- 
DRBS.  Bl  anterior  al  de  las  comadrea. 

J  DB  LA  ORNA.  Anticuado.  JUBVBS  SAM- 

to.  y  QORDo.  El  inmediato  á  las  car- 
nestolendas. I  lábdbro.  JuBVBS  aoB- 
DO.  y  santo.  El  de  la  semana  santa,  j| 
Cosa  dbl  otro  jubvis.  Expresión. 
Cosa  muy  extra&a  ó  difícil,  ó  pocas 
veeei  vista. 

EtxholooIa.  Latín  Jovis  diet,  día 
de  Júpiter;  italiano,  giovedX;  francés 
del  siglo  xn,  juesdi;  moderno,  Jeudi; 
provenzal  y  catalán,  dijons. 

Juez.  IdHscuIino.  El  que  tiene  au- 
toridad y  potestad  para  juzgar  /  sen- 
tenciar. I  DB  primera  instancia.  £1 
ordinario  de  un  partido  ó  distrito,  y 
En  las  justas  públicas  y  certámenes 
literarios,  el  que  se&ala  para  cuidar 
de  que  se  observen  las  leves  impues- 
tos en  ellos,  j  distribuir  los  premios. 

SEl  que  es  ucunbrado  para  resolver 
gana  duda.  ||  ad  qubm.  Forense,  El 
juez  ante  quien  se  interpone  la  apela- 
ción de  otro  inferior.  |  ¿  quo.  Forense. 
ÉX  juez  de  quf%n  se  apela  jMira  ante  el 
superior.  J  írbitro.  Arbitro,  en  la 
acepción  4«  juez,  y  db  SBCHO.  El  que 
falla  sobre  la  certeza  de  los  hechos  y 
su  calificación,  dejando  la  resolución 
legal  al  de  derecho.  Tales  son  los  jue- 
ces en  cuestiones  sobre  riesgos  y  dis- 
tribución de  aguas.  |  jurado,  en  la 
acepción  de  individuo  del  tribunal 
del  mismo  nombre,  f  oaÑadero,  bs- 

TUECHO  COMO    SENDERO,    ó  DBBBCHO 

COMO  SENDBRO.  Refrán  que  denota  que 
el  juez  que  se  muda  cada  año  es  estre- 
cho en  el  cumplimiento  de  su  oficio, 
porque  ha  de  ser  residenciado  presto, 
I  COMPBTBNTB.  Bl  que  tiene  jurisdic- 
ción para  conocer  del  asunto  ó  neg^ 
cío  de  que  se  trata,  y  couprohisario. 

COHPROWSARIO.   y  COHSBRVADOB.  Bl 

eclesiástico  ó  secular  nombrado  para 
defender  de  violencias  &  alguna  igle- 
sia, comunidad  ú  otro  establecimien- 
to privilegiado.  Llámase  también  con- 
servador simplemente,  y  de  alzadas. 
En  lo  antiguo,  cualquier  juez  superior 
á  (^uien  iban  las  apelaciones  de  los  in- 
feriores. II  ox  apelaciones.  Juez  db 
alzadas.  II  DB  balanza.  Balanzario. 
I  DB  COMPETENCIAS.  Cualquiera  de  los 
ministros  de  los  consejos  que  compo- 
nían la  junta  de  este  nombre,  encar- 
gada de  decidir  las  competencias  que 
se  suscitan  entre  diversos  jubcbs  so- 
bre jurisdicción.  |  db  cohpbouiso. 


TOMO  III 


SB 


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274 


JUGA 


CoMFBoms&uo.  I  DB  SMQUEBTA.  Mi- 
nistro to^do  de  Angdn,  c^ae  hacía 
inqaisiciúa  contra  los  mimstroa  de 
justicia  delincuentes,  j  contra  los  no- 
tarios j  escríbanos,  j  los  castigaba 
procediendo  de  oficio,  jr  no  á  instan- 
cia de  parte,  g  dblboado.  Dblboado. 
J  DB  BSTUt)io.  En  la  universidad  de 
Salamanca  era  el  que  conocía  de  las 
causas  de  los  graduados,  estudiantes 
ministros  que  gozaban  del  fuero  de 
.a  universidad.  |  de  plz.  El  que  por 
nuestras  actuales  lejres  oje  á  tas  par- 
tes^ antea  ide  consentir  que  litiguen, 
procurando  reconciliarlas,  j  resuelve 
de  plano  las  cuestiones  de  ínfímacuan- 
tia.  También,  cuando  es  letrado,  sue- 
le suplir  al  juez  de  primera  instancia 
en  las  vacantes,  enfermedades  ú  otros 
impedimentos.  |  bntbbciadob.  Aioal- 

DB  BHTRBaA.DOB.  ||  SNCOHraTBHTB.  El 

qne  no'  tiene  jurisdicción  para  co- 
nocer en  el  negocio  de  que  se  trata,  p 
IN  cmtu..  Cualquiera  de  los  seis  pro- 
tonotarios  apostólicos  españoles,  & 
quienes  el  nuncio  del  Papa  en  estos 
reinos  debía  cometer  el  conocimiento 
de  las  causas  que  venían  en  apelación 
á  su  tribunal,  no  pudiendo  él  conocer 
por  sí  sino  en  los  casos  en  que  su  sen- 
tencia causaba  ejecutoria:  hoj  conoce 
la  Rota  de  las  causas  de  que  ellos  co- 
nocían. I  UATOB  DB  Vizcaya.  Minis- 
tro togado  de  la  chancillería  de  Valla- 
dolid,  que  por  sí  solo  conocía  en  se- 
gunda instancia  de  las  causas  civiles 
j  criminales  que  iban  en  apelación 
del  corregidor  y  juaticiai  ordinarias 
de  Vizcaya.  |  Oficial  ob  cafa  t  bs- 
PADA.  Cualquiera  de  los  ministros  de 
capa  7  espada  que  había  en  la  audien- 
cia de  la  contratación  á  Indias  en  Cá- 
diz, cuando  existía  este  tribunal.  | 
PBSQUisiDOR.  El  que  se  ctestinaba  ó  en- 
viaba para  hacer  jurídicamente  la  pes- 
quisa de  algún  delito  ó  reo.  |  8DBDB- 

LSaADO.  SUBDBLBOADO. 

Etimología.  Provenzal  y  catalán, 
j*íaei  portugués,  yntz;  francés,  jh^í; 
italiano,  yiwt»,  del  jüdexy  jüdt- 
eUt  de  f'w,  justicia,  y  des,  díeú,  tema 
de  áfe^t  decir,  establecer,  determi- 
nar. 

Reseña  Hbliea, — 1.  Oficio  j  autori- 
dad de  los  jueces.  (Fwodo,  ZVIII, 
iSy  21;  Levííico,  XIX,  15;  Deuteronth 
«»,  /,  13;  Jot%ét  VII t  19;  Primero 
de  los  Beyes,  VJII,  1;  Segundo  de  los 
Paralipémenos,  XIX,  6;  Bclesiásíico, 
IV,  10;  Psalmos,  LXXXI;  Prover- 
6m,  XVIII,  5,  19;  Isaías,  7,16; 
X,  1;  Jeremías,  V»  t6.) 

2.  El  Nuevo  Testamento  habla  tam- 
bién sobre  este  punto.  (San  Locas, 
XVIII,  2;  XXIII,  í,  13,  2S¡Bav 
JüAN,  VII,  U;  VIII,  15,) 

3.  Oíos  es  el  jubz  del  universo. 
( Génesis,  XVIII,  S5;  Deuteronomio, 
X,  17.) 

Jugada.  Femenino.  La  acción  y 
efecto  de  jugar,  l  Metáfora.  La  aceión 
mala  inesperada  contra  alguno. 

EriuOLOOfa. /«^ar;  catalán,  yu^at^a. 

Jugadera.  Femenino.  Lanzadera. 

Jut^ador,  ra.  Masculino  j  femeni- 
no. El  que  juega.  Q  El  que  tiene  el 
vicio  de  jugar.  ||  El  que  tiene  especial 


JUGA 

habilidad  y  es  muj  diestro  en  jugar. 
D  DB  UANoa.  Bl  que  hace  juegos  de 
manos.  Q  El  uejos  jugados  sin  cau- 
tas. Expresión  metafórica  y  familiar 
con  que  se  denota  que  se  ha  dejado  de 
incluir  á  alguno  en  el  negocio  ó  di- 
versión en  que  tiene  mayor  inteligen- 
cia ó  destreza. 

BTUOLoaÍA.  Jvgari  provenzal,  jO' 
guador,  jo^uaire;  catalán,  jugador,  a; 
francés,  loueur;  italiano,  giuocaíore; 
burpuifton,  jueu. 

Jagano.  Masculino.  Madera  fuerte 
de  Guayaquil,  que  se  emplea  en  aquel 
astillero  para  la  construcción  de  em- 
barcaciones. . 

Jugante.  Participio  activo  de  ju- 
gar. El  que  juega. 

Jugar.  Activo.  Entretenerse,  di- 
vertirse con  algún  juego  c^ue  tiene  re- 
glas, mediando  ó  no  mediando  inte- 
rés. Q  Perder  al  juego;  y  así  se  dice: 
fulano  HA  JUQADO  cuanto  tenía.  \  Ha- 
blando de  los  miembros  corporales, 
usar  de  ellos  dándoles  el  movimiento 
que  les  es  natural.  Q  En  los  jue^s  de 
naipes  es  echar  la  carta  ó  el  naipe  en 
la  mesa,  ||  Hablando  de  las  armas  es 
tener  uso  ó  ejercicio  de  ellas.  |¡  Ha- 
blando de  las  armas  ofensivas  y  de- 
fensivas es  usar  de  ellas.  Q  Travesear, 
retobar.  Q  Burlarse  de  alguno.  Q  Ha- 
cer JDBOO.  Corresponder  una  cosa  con 
otra.  I  Ponerse  alguna  cosa,  que  cons- 
ta de  varías  piezas,  en  movimiento  ó 
ejercicio  para  el  objeto  i  que  está  des- 
tinada; como  las  máquinas,  las  tra- 
moyas en  los  teatros,  etc.  ||  Intervenir 
6  tener  parte  en  la  disposición  de  al- 
gún negocio;  y  así  se  dice:  fulano  job- 
QA  en  este  asunto.  Q  Arriesgarse, aven- 
turarse; asi  se  dice:  jugar  el  todo  por 
el  todo.  II  En  ciertos  juegos  de  naipes 
es  lo  mismo  que  entrar;  y  así,  decir 
jubqo  es  lo  mismo  que  decir  bmtro. 
Q  L  LAS  BONICAS.  Frass  que  se  usa 
cuando  dos  personas  echan  la  pelota 
de  una  mano  á  otra,  jugando  sin  de- 
jarla caer  al  suelo.  Aplícase  también 
á  otros  juegos  cuando  no  se  juboa  in- 
terés, l  fubbtb.  Frase.  Aventurar  al 

Í'uego  grandes  cantidades.  \  aauBSo. 
■'rase.  Juoab  fubbtb.  Q  Se  osa  con 
pronombre  personal  antepuesto  ó  pos- 
puesto, pero  sin  perder  la  condición 
de  activo,  en  estas  y  otras  expresio- 
nes: sb  jugó  á  un  as  toda  la  paga;  jv- 
GARNOS  la  vida.  Q  Ahí  la  jubga  üh 
ZURDO.  Expresión  familiar  con  que, 

f positiva  ó  irónicamente,  se  pondera 
a  habilidad,  destreza  ó  inteligencia 
de  algún  sujeto.  |  Ni  juega  ni  da  db 
BARATO.  Frase  metafórica  y  familiar 

?ue  significa  proceder  con  total  indí- 
erencia  y  sin  tomar  partido. 

Etimología.  Juego:  latín, jjIcSri, 
chancearse;  italiano,  giuoeare;  mncés 
del  siglo  xui,Juer;  moderno,  jouer; 

f troveaal,  jogar;  burguiñón,^'iM;  wa- 
ón.JoíMf;  c&iAlin,  jugar,  jugarse. 

Jugarreta.  Femenino  familiar.  Ju- 
gada mal  hecha  y  sin  conocimiento 
del  juego.  |  Familiar  metafórico. 
Truhanada,  mala  pasada. 

Jugarse.  Recíproco.  Aventurar  al- 
guna cosa  al  juego.  |  Ser  jugado,  asi 
en  sentido  físico  como  en  moral;  ju- 


JUGL 

GAR8B  la  vida,  la  hacienda,  la  honik. 
Ha  habido  hombres  que  sb  han  juga- 
do á  sus  propios  hijos  y  mujeres. 

Juglandaceo,  cea.  Adjetivo.  Bo- 
ídniea.  Concerniente  ó  parecido  al  no- 
gal. 

Etiuología.  Latín  juglans,  juglan^ 
íis,  sobrentendiéndose  nux,  nuez;  fru- 
to del  nogal;  de  j»,  tema  de  JUpíter, 
Júpiter,  y  glam,  bellota;  «bellota  de 
Júpiter.» 

Juglandeas.  Femenino  plural.  Bo- 
tánica. Familia  de  plantas  separadas 
de  las  amantíceas,  cuyo  tipo  es  d  no- 
gal (juglans  regia,  de  Linneo). 

Etimología.  Jvglandáceo:  francés, 
jugíande'es. 

Ju^landina.  Femenino.  Qs^imia. 
Principio  amargo  de  la  eorteza  de 
nuez  verde. 

ETiM(H.oaÍA.  JuglanMceo!  friaoéi, 
juglandtne. 

Juglar.  Adjetivo  que  se  aplica  al 
qne  se  ejercita  en  juegos  y  truhane- 
rías. Se  usa  más  comunmente  como 
sustantivo.  Q  Anticuado.  Farsante. 

Etimología.  Juego :  latín ,  jSiMlSíor; 
catalán  antiguo,  joglaresch,  bufones* 
co;  moderno,  juglar,  joglar;  proven- 
zal, iuglar,  juglar;  francés,  jonglewr; 
italiano,  gioceolatore. 

ReseAa.-~~\.  Los  juglarbs modernos 
han  perdido  todo  su  sabor,  de  anti- 
güedad, y  esa  especie  de  continente 
histórico,  verdadero  talante  de  ra», 
que  da  á  Us  cosas  la  metafísica  de  su 
origen.  Decimos  metafísica  de  w  m- 
^«11,  parque  no  existe  un  hecho  origi- 
nal sm  la  idealidad  imponente  y  se- 
vera de  las  causas  originales.  Los  ju- 
glares de  los  tiempos  medios,  á  imi- 
tación de  los  trovadores,  componían 
poemas,  cuentos  y  apólogos  que  can- 
taban en  las  ciudades,  en  los  torneos, 
en  los  castillos,  en  las  abadías,  en  los 
campos,  en  las  florestas,  en  las  pla- 
yas, uniéndose  al  canto  del  hombre  el 
canto  del  cíelo,  de  la  tierra  y  del  mar. 

2.  En  Francia  se  llamaron  también 
menestrales  y  constituyeron  una  esfie- 
eie  de  clase  civil.  Así  se  ve  en  la  his- 
toria qne  vivían  en  un  mismo  barrio 
y  que  dieron  lu  nombre  á  la  iglesia 
de  San  Julián,  de  la  cual  fueron  fun- 
dadores, en  1331,  los  juglares  Hugo 
el  Loreués  y  Jaime  Grnre.  (Duclos, 
iién.jeux  scéniques.) 

3.  Un  documento  del  siglo  xv  ha- 
bla todavía  de  los  juglares  como  de 
hombres  á  quienes  cconviene  casti- 
gar, porque  pretenden,  á  merced  de 
sus  mañas  é  industrias,  adquirir 
cuantiosas  riquezas  en  mi  señorío,  d*^ 
ma  seigneurie.»  (Ch.  d'Orl.,  Bol.,  Izo, 
citado  por  Littré.) 

4.  Posteriormente  se  dió  el  nombre 
en  cuestión  á  todo  hombre  de  avealu- 
ras,  de  galanteos  en  la  oscuridad,  de 
pendencias,  de  desafíos,  de  cahas  ro- 
tas, de  gregüescos  agujereados,  de 
golilla  sin  gasa,  que  ha  perdido  el  oí- 
ato  de  la  goma  y  del  slmidón,  te- 
niendo por  único  consuelo  el  verse 
mal  traída  y  peor  llevada.  Bn  fin, 
hubo  tiempo  en  que  se  llamabau  JU- 

j  clares  aquellos  hidalgos  indescnp- 
I  tibies  de  los  siglos  xv  haata  el  xtu, 


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JUGÜ 


JUIC 


ÍUIC  276 


los  euliles,  ni  aun  pan  dormir,  apar- 
ttlnn  la  espada  del  ciato,  por  cuja 
ratón  no  podían  nunca  quedarse  en 
caen»;  que  disfrazaban  la  pasión  del 
hambre  con  la  pasión  de  los  amores; 
qne  rondaban  las  cortes  de  los  prín- 
cipes; que  imploraban  faTorpara  mo- 
rir briosamente  en  las  batallas,  no 
habiendo  pintado  la  gloria  en  camisa, 
porque  no  sabían  pintar.  Hablando 
en  el  lenguaje  de  aquellos  siglos, 
puede  decirse  que  Miguel  de  Cervan- 
tes 7-  Lnis  de  Gamoens  fueron  dos  ju- 
OLiKBs  de  su  tiempo. 

5.  Bn  ciertos  parajes  de  América  se 
da  el  mismo  nombre  á  los  adivinos  de 
tos  salvajes;  especialmttnte,  cuando 
ejercen  la  Medicina. 

Joglara.  Femenino  anticuado.  Ju- 

QLAUSA. 

Jaglaresa.  Femenino,  La  mujer 
juglar.  B  A.nticuado.  Farsanta. 

EniioLooíi,.  Jmglart  catalán,  jn^la^ 
rm, 

Jvgleria.  Femenino,  ¿demin  6 
modo  propio  de  los  jagflares.  l  Parti- 
da de  juglar. 

E-nuoLoafA.  Juglar:  latín,  jdeúla- 
S9;  catalán,  jufflwU,  jo¡Ui¡ria¡  fran- 
CM,  jongUrie» 

Jugo.  Masculino.  El  zumo  ó  sns- 
tancia  de  las  hierbas  y  cosas  húme- 
das. I  Metáfora.  Lo  provechoso,  útil  7 
lostancial  de  cualquiera  cosa  mate- 
rial ó  inmaterial. 

BnuoLOGÍA.  1.  Latín  JM,  el  caldo 
ó  salsa,  el  moje;  de  juvire,  porque  el 
jugo  ayiuta  al  cuerpo  hamsno.  (Pac- 
aoL,  ^Utdopor  Db  MiaVBL  y  Moran* 

TI.) 

2.  Bi  una  brillantísima  interpreta- 
ddn,  según  nsulta  de  U  derivación 
rigaiente: 

Derivación.  —  Saneríto  y»,  reunir, 
mezclar,  acrecer;  raíz  áBj&vSre,  ayu- 
dar; yUtkttt  caldo;  yts,  yisas,  salsa; 
litoanio,  J%ka;  raso,  incha;  antiguo 
alemán,  jauehe;  inglés,  /««w,  jugo; 
itiaf,^ti^oso;j»Íciae$s,  abundancia  de 
P^o;  iutcelets,  sin  jago;  francés, /iM, 
parte  líquida  de  los  vegetales;  latín, 
pu,  guiso,  salsa,  moje. 

Jogosamente.  Adverbio  modal. 
De  nn  modo  jugoso. 

HtiHOLOofA.  Jugosa  y  el  sufijo  ad- 
verbial mente. 

Jncosidad.  Femenino.  La  disposi- 
ción Realidad  de  lo  jugoso. 

Jugoso,  sa.  Adjetivo.  Lo  qne  tíe- 
ne Jugn.  g  Metáfora.  Sustancioso. 

BnuoLoofA.  Ju^o:  francés,  juteux. 

Jugne.  Femenino.  Pringue,  sucie- 
dad húmeda. 

ETIHOLOaÍA.  Jugó. 

Jnguete.  Masculino.  Alhajilla  cu- 
riosa j  de  poco  valor,  que  sirve  para 
entretenimiento  de  los  niños.  ||  Chan- 
za ó  burla,  g  Canción  alegre  y  festiva. 
I  Por  jdoubtb.  Modo  adverbial.  Por 
eltanza  ó  entretenimiento. 

BmiouxiÍA.  Jnyo:  fiancós,  jotut; 
^vny,joueííe. 

Juguetear.  Nentro.  Bntretenerse 
juMndo  V  retozando. 

Jog^etico,  Uo,  to.  Uaseolino  di- 
minutivo de  juguete. 

Joguetón,  na.  Adjetivo  que  se 


aplica  á  la  persona  ó  animal  qne  jue- 
ga v  retoza  con  fracuencia. 

Jugaetonamenta.  Adverbio  mo- 
dal. De  un  modo  juguetón,  ó  reto- 
zando. 

EtiuoloqÍa.  Juguetón»  j  él  sufijo 
adverbial  mente. 

JuguetoncUlo,  lia,  to,  ta.  Adje- 
tivo diminutivo  de  juguetón,  na. 

Juiciero.  Masculino  anticuado.  El 
que  juzgaba  sin  fundamento. 

Juicio.  Masculino.  Facultad  del 
alma  en  cuya  virtud  el  hombre  puede 
distinguir  el  bien  del  mal  y  lo  ver- 
dadero de  lo  falso.  Q  Lógica.  Acto  del 
entendimiento,  qne  sigue  á  la  aten- 
ción y  da  por  resultado  el  raciocinio. 
II  Bl  estado  de  la  sana  razón  como 
opuesto  á  la  locura  ó  delirio;  y  así 
decimos:  está  en  su  juicio;  está  fuera 
de  JUICIO,  ü  Opinión,  parecer  ó  dicta- 
men. I  El  pronóstico  que  hacen  los 
astrólogos  de  los  sucesos  del  año. J| 
Metáfora.  Cordura,  prudencia.  Q  ^th 
rente.  El  conocimiento  de  alguna  cau- 
sa, en  el  cual  el  juez  ha  de  pronun- 
ciar la  sentencia.  Q  Forense  anticua- 
do.La  sentencia  del  juez,  J  db  faltas. 
Forense.  Aquel  en  que  estas  se  per- 
siguen y  castigan  ante  los  jaeces  de 
paz  y  con  asistencia  delpromotor  fis- 
cal, l  BXTBAOBDiNAaio.  fWrtWí.  Aqucl 
eu  que  se  procede  de  oficio  por  el  juez. 
También  se  llama  extraordinario 
a^uel  en  que  se  procede  sin  el  orden 
ni  reglas  establecidas  por  derecho 
para  los  juicios  comunes.  Q  bjscuti- 
vo.  Véase  Vía  bíbcutita.  |  final. 

JmCIO  UNIVERSAL.   Q  PARTICULAS.  El 

que  Dios  hace  del  alma  en  el  instante 
en  que  se  separa  del  cuerpo,  y  uni- 
versal. Bl  que  ha  de  hacer  Jesucris- 
to de  todos  los  hombres  en  el  fia  del 
mundo  para  dar  á  cada  uno  el  premio 
ó  castigo  de  sus  obras.  Q  Juicios  di 
Dios.  Pruebas  que  se  hacían  en  lo 
antiguo,  como  la  del  duelo,  la  de  ma- 
nejar hierros  ardientes,  etc  g  Justos 
JUICIOS  DE  Dios.  Expresión.  Decretos 
ocultos  de  la  divina  Justicia,  g  Abrir 
bl  JUICIO.  Frase  forense.  Instaurar  el 
príncipe  tf  el  tribunal  supremo  un 
juicio  ja  iijecatoriado  para  que  las 
partes  deduzcan  de  nuevo  sus  dere- 
chos. I  Amontonarbe  bl  juicio.  Frase 
fitmiliar.  Ofusaano  la  razón  por  enojo 
ó  por  error.  Q  Asentar  bl  juicio.  Fre- 
se. Empezar  á  tener  juicio  y  cordu- 
ra. H  Cargar  bl  JUiciOt  Frase  meta- 
fórica. Véase  Cargar  la  cohsidbra- 
CIÓN.  ¡I  Convenir  i  alguno  bn  juicio. 
Frase  forense  anticuada.  Ponerle  de- 
manda judicial.  I  A  JUICIO.  Frase  fo- 
rense anticuada.  Acudir  ó  concurrir 
al  tribunal  competente  á  litigar  las 
causas  y  pleitos.  ||  Entrar  bn  juicio 
CON  ALGUNO.  Frsse.  Pedirle  j  tomarle 
cuenta  de  lo  que  se  le  ha  entregado  y 
ha  practicado  en  cumplimiento  de  su 
obligación.  I  Estar  en  su  juicio  ó 
HUY  EN  JUICIO.  Frase.  -Estar  alguno 
bien  dispuesto  y  tener  cabal  y  entero 
su  entendimiento  para  poder  obrar 
con  perfocto  eonooimiento  y  adverten- 
cia, ll  Estas  pubba  db  juicio.  Frase. 
Padecer  la  enfermedad  de  manía  ó 
locura.  I  Falto  db  juicio.  El  que  pa- 


dece alguna  demencia.  [[  Pabbcbr  bn 
JUICIO.  Frase  forense.  Deducir  ante  el 
juez  la  acción  Ó  derecho  que  se  tiene, 
ó  las  excepciones  que  exclnjen  la  ac- 
ción contraria.  I  Pedir  EN  JUICIO.  Fra- 
se fbrense.  Comparecer  alguno  ante  el 
jues  á  proponer  sus  acciones  y  dere- 
chos. I  Pbbdbb  bl  JUICIO.  Frase  de 
que  se  usa  para  ponderar  la  extrafie- 
za  que  causa  alguna  cosa.  J  Ponbr  bn 
Jtncio,  Frase  anticuada.  Comprome- 
ter en  hombres  prudentes  la  resolu- 
ción de  algún  negocio.  I  Privarse  de 
jmcio.  Frase.  Volverse  loco.  Q  Ser  un 
JUICIO.  Frase  familiar  con  que  se  pon- 
dera la  multitud  confusa  de  personas 
ó  cosas,  g  Suspender  el  juicio.  Frase. 
No  determinarse  á  resolver  en  aleuna 
duda  por  las  razones  que  hacen  nier- 
za  por  una  y  otra  parte.  Q  Tener  el 
JUICIO  BN  LOS  TALONES.  Frase  metafó- 
rica V  familiar  con  yie  se  da  á  enten- 
der la  poca  reflexión  y  cordura  con 
qne  alguno  se  porta  en  sus  operacio- 
nes. I  VOLVER  1  UNO  EL  JUICIO.  Frasc. 
Trastornárselo,  hacérselo  perder.  Q 

VoLVÉRSBLB  el  juicio  1  ALGUNO.  F»- 

sa.  Volverse  loco. 

ETiMOLoaÍA./»i^íir:provenzal,y«í- 
jamen;  catalán,  ^udid;  francés,  juge- 
ment;  antiguo,  juise;  italiano,  giudi- 
do,  giudicamenío;  latín,  jUdidum,  fa- 
cultad de  puzgar,  decreto,  sentencia. 

El  catalán  antiguo  tiene  j'sAty^'sAy. 

Reseña  Hblica. — No  se  debe  dar  un- 
ció ó  sentencia  sin  deliberar  antes  y 
sin  conocimiento  de  causa.  (Génesis, 
IJ2,  1i;  XI,  5,  i8.  Si;  Bsodo,  IIJ, 
8;  XXIII,  f;  Deuteronomio,  XIII,  6; 
Xril,  9;  XIX,  18;  Josué.  VII,  i 9: 
XXII,  13;  Jueces,  XX.  S,  19;  Prover- 
bios, X  VIII,  13;  Beletiásíico,  XI,  7; 
Primero  de  los  Maeabeot,  Vil,  7.) 

Juicios  de  Dios.  Masculino  plu- 
ral. Historia  de  la  Edad  media, — 
1.  Pruebas  judiciales,  medios  em- 
pleados en  justicia  durante  la  £^ad 
media,  para  asegurarse  de  la  falsedad 
ó  de  la  verdad  de  una  acusación.  Como 
suponían  en  todo  una  intervención 
divina  en  favor  del  Justo,  se  llamaron 
juicios  db  Dios.  Había  varias  clases 
de  estas  pruebas  judiciales. 

2.  La  prueba  del  agua  se  hacía  de 
dos  maneras:  por  el  agua  hirviendo  y 
por  el  agua  fría. 

3.  La  del  ayM  caliente  estuvo  reser- 
vada á  los  nobles»  los  sacerdotes  y 
otras  personas  Ubres;  y  consistió  en 
sumergir  el  brazo  en  una  cuba,  para 
sacar  de  allí  una  piedra  y  un  anillo 
bendito,  á  una  profundidad  m^s  ó 
menos  grande,  según  la  naturaleza 
del  crimen;  después  de  envuelto  el 
brazo,  el  juez  ponía  un  sello  sobre  la 
envoltura,  jr  si  á  la  vuelta  de  tres  días 
el  acusado  no  tenía  quemadura,  era 
declarado  inocente.  Una  nieta  del  em- 
perador Loterio,  acusada  de  incesto, 
encontró  quien  sufriera  esta  prueba 
en  su  lugar.  El  papa  Inocente  III  la 
prohibió  en  el  Concilio  de  Letrán. 

4.  Tratándose  de  nuestro  país,  no 
tenía  lugar  en  una  cuba,  sino  en  una 
caldera,  de  donde  viene  la  leg  Oalda- 
RiA,  que  forma  parte  da  los  antiguos 
códigvg,  ó  bien  la  legislación  'eudal. 


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2Í6  iViC 

5.  La  prueh  del  agua  fr(a  ettavo 

firincipslraente  destinada  á  los  po- 
ires,  /  consistía  en  arrojarlos  s  ua 
río,  ia^'i  6  cuba,  después  de  atarles  la 
mano  derecha  con  el  pie  izquierdo;  j 
la  mano  izquierda,  con  el  pie  derecho. 
El  agaa,  de  antemano  bendita,  de- 
bía recibir  al  culpable;  ^  si  sobre- 
nadaba, era  declarado  criminal,  J  ii 
se  sume^ía,  era  reconocida  su  ino- 
cencia. Se^ún  alrunos  autores,  la 
culpabilidad  se  declaraba,  por  el  con- 
trario, en  Tanas  localidades,  cuando 
el  paciente  se  iba  al  fondo  del  agua. 
Esta  prueba,  prohibida  en  Francia  por 
Luis  le  Debonnaire  en  829,  continuó, 
sin  embarffo,  siendo  empleada,  y 
hubo  eiemplos  de  ella  ea  1590  y  en 
1617,  a  pesar  de  un  decreto  del  Par- 
lamento, en  1601,  j  fué  impuesta  á 
los  acusados  de  brujerías, 

6.  La  prueba  del  fuego  consistía  en 
hacer  pasar  al  acusadlo  á  través  de 
una  hoguera;  de  donde,  'si  salía  víto, 
su  inocencia  era  incuestionable,  £1 
sacerdote  Barthelemy  la  sufrió  en 
Antioquía  en  1099.  Algunas  reces 
los  libros  fueron  sometidos  también  á 
la  wueba  del  fu^Of  arrojándolos  en 
medio  de  las  llamas  j  juzgando,  por 
el  estado  sa  que  se  sacaoan,  si  eran  6 
no  ortodoxos. 

7*  La  prueba  del  hierro  candente  se 
practicaba  de  diferentes  modos.  El 
acusado,  para  probar  su  inocencia, 
andaba  con  los  pies  descalzos  sobre 
nueve  6  doce  barras  enrojecidas  al  fue- 
go. Otras  veces,  tomaba  en  la  mano 
una  barra  de  hierro  enrojecido,  y  la 
levantaba  dos  ó  tres  veces  en  el  espa- 
cio de  nueve  pasos.  En  otras  ocasio- 
nes, el  hierro  candente  tenía  ta  forma 
de  un  guantelete,  donde  el  paciente 
metfa  la  mano  y  el  brazo.  Pasados 
tres  días,  la  mano,  envuelta  en  un 
saeo  sellado,  no  debia  ofrecer  se&al 
alguna  de  quemadura.  Si  presentaba 
aleiiA  vestigio,  era  declarado  crimi- 
nal. 

8.  La  prueba  del  duelo  consistía  en 
un  combate  entre  el  acusador  y  el 
acusado:  ea  lo  que  le  llamaba  wmiate 
judiciario, 

9.  En  Al  prueba  de  la  erut,  ambas 
partea  debían  permanecer  con  los  bra- 
zos extendidos  en  forma  de  cruz;  y  el 
que  primero  los  dejaba  caar,  perdía 
su  causa. 

10.  Había  un  oficio  eclesiástico  es- 
pecial, que  precedía  á  las  pruebas  jn- 
diciales,  el  cual  se  halla  en  los  anti- 
guos libros  de  la  Iglesia,  tales  como 
el  Mandaíum  de  la  iglesia  de  Loissón. 
Por  lo  ^neral,  se  exorcizaba  el  agua 
6  el  hierro,  diciéndose  una  misa,  á 
continuación  de  la  cual  comulgaba  el 
presunto  reo  v  besaba  la  cruz.  Por 
consiguiente,  las  pruebas  que  encon- 
tramos en  la  Edad  media,  llamadas 
Juicios  db  Dios,  son  seis:  agua  ca- 
liente, agua  fría,  fuego,  hierro  encen- 
dido, desafío  y  cruz. 

Juicios  de  la  mar.  Véase  Olbbón. 
Juiciosamente.  Masculino.  Cou 
juicio. 

BTUiOLoaÍA.  Juiciosa  y  el  sufijo  ad- 
verbial mente:  catalán,  judidotameni; 


fnncést  j'udicieuemeñt:  italiano,  p'ii- 

diciosameníe. 

Juicioso,  sa.  Adjetivo.  El  que  tie- 
ne cordura  y  asiento,  y  Lo  que  está 
hecho  con  juicio. 

Btiuolooía.  Juicio:  catalán,  Judi- 
cióty  a;  francés,  judicieux;  italiano, 
giudieioso. 

Jujuba.  YuYUBA.. 

Julepe,  Masculino.  Farmacia^  Be- 
bida dulce  compuesta  de  aguas  desti- 
ladas ó  licores  cocidos  y  clarificados  y 
azúcar.  Q  Familiar.  Reprimenda,  cas- 
tigo. 

oTiHOLOafi,*  Arabe  persa  djulah» 

djulab  (oM>).  del  persa  gutSi;  de 

gulf  rosa,  y  ab,  agua;  «agua  rosada:» 
francés  y  catalán,  julep;  portugués, 
julepe;  italiano,  giuleboo;  bajo  latín, 
julapium:  «hacen  una  poción,  que  dan 
al  enfermo  y  que  llaman  julah:  esto 
es,  agua  Áervida,  de  donde  es  m\iy  pro- 
bable que  se  derive  nuestro  julep.» 
(CflABDlN,  Viajje  á  Persia.) 

Forma,— 1.  El  dj  árabe  se  convierte 
normalmente  en  y,  como  en  aljaba,  de 
al-dja'ba;  como  en  aljamia,  de  aWad- 
jam;  como  en  aljo^/a,  de  aí-dji^á/a; 
como  eu  aljuba,  de  aí-djubba. 

Djulab  representa  yKM¿. 

2.  La  a  se  torna  en  e,  como  en  «to- 
/ea,  de  at-ta/ak. 

Jul&b  representa  juleb, 

3.  La  h  final  se  convierte  en^,  co- 
mo en  arrope,  de  ar~rob,  6  como  en 
lalep,  de  sahleb;  y  lo  mismo  acontece 
cou  la  b  medial,  como  en  rápita,  de 
rabila. 

Juleb  representa yttí«;7,  cuja  pronun- 
ciación suave  esjul  pe. 

4.  Labernia  con8Íaerayu¿(r;?«  yjarO' 
pe  como  voces  sinónimas,  lo  cual  es 
un  error.  Jarope  se  refiere  ijarabe,  no 
k julepe jCwyu.  advertencia  no  olvidarán 
seguramente  los  literatos  catalanes. 

Jalonar.  Activo  familiar.  Dar  una 
reprí  menda.  ^Familiar.  Cascar,  azotar. 

Julepeo.  Masculino  familiar.  Re- 
primenda. |]  Familiar.  Zubra. 

Julia.  Femenino.  Nombre  romano 
de  mujer.  [|  Historia  roraana.  Hija  de 
César  y  de  Cornelia.  |  La  hija  de  Au- 
gusto, desterrada  á  causa  de  sus  li- 
viandades. 1}  La  Uamadapor  otro  nom- 
bre Procila,  que  fué  madre  de  Agríco- 
la. Q  La  hija  de  Tito,  amada  de  Dio- 
nisio. 

EnuoLoaÍA..  Julio:  latín,  Julia. 

Julia  Bona.  Femenino.  Geo^rajia 
antigua.  Ciudad  de  la  Galia  bélgica. 

Etihologíá.  Latín  JüUa  Bonna. 

Julia  Concordia.  Femenino.  ffeo~ 
grafía  antigua.  Ciudad  de  la  Hética. 

ÉTUiOLOofA.  Latín  Julia  Concordia, 

Reseña, — También  se  llamaba  Juila 
VhrXtas  y  Julia  Contrihuta. 

Julia  Campestre.  Femenino.  Geo- 
grafía antigua.  Ciudad  de  U  Maurita- 
nia tingitana.  (Plinio.) 

Etimología.  Latín  JÍlía  Campes  trie. 

Julia  Felicitas.  Femenino.  Geo- 
grafía antigua.  Ciudad  de  Portugal. 

ÉtiuolooÍa.  Latín  Julia  Felicitas. 

Julia  Félix.  Femenino.  Geografía 
antigua.  Ciudad  de  Umbría;  hoy,  ré- 
saro. 


JÜLl 

Etiholcoía.  Latín  Jütíá  FeHx. 

Julia  Fidancia.  Femenino.  Geo- 
grafía antigua,-  Ciudad  de  la  Galia 
cispadana. 

Étimolooía.  Latín  Julia  Fidenlk. 

Julia  Líbica.  Femenino.  Gaura- 
fia  antigua.  Ciudad  de  Catalu&a¡1ioj, 
Linca. 

BTiuoLOaÍA.  Latín  JüUta  Lvbiea. 

Julia  Seria.  Femenino.  Geografía 
antigua.  Lugar  fuerte  del  antiguo  rei- 
no de  Navarra;  hoy,  Seria. 

EtiholooÍa.  Latín  J%Wt  Seria, 

Julia  Tradacta.  Femenino.  On- 
grafía  antigua.  Ciudad  de  Berbería; 
no,y,  Tánger, 

ETUfOLoaÍA.  Latín  JltUa  Traducía. 
(Plinio.) 

Julián  (san).  Obispo  de  Cuenca, 
que  nació  en  1128  y  murió  en  1208. 
Fué  notable  por  su  caridad,  mante- 
niéndose del  trabajo  manual  v  repar- 
tiendo sus  rentas  entre  los  pobres.  La 
popularidad  que  adquirió  porsusvir* 
tudes,  hiso  que  el  pueblo  le  elevara  i 
los  altares.  Su  fiesta  sa  celebra  el  28 
de  Enero. 

Julián  (el  comdb  don).  (Gobernador 
de  la  Bélica  á  principios  del  siglo  viu 
y  tristemente  célebre  en  ]a  historia  da 
nuestra  patria  por  haber  contribuido 
poderosamente  &  la  invasiiSn  musul- 
mana. En  sus  primeros  afios  defendíé 
mucho  tiempo  la  plaza  de  Ceuta  con- 
tra los  repetidos  ataques  de  los  ára- 
bes. Pero  al  advenimiento  del  rej  Ro- 
drigo, abrazó  con  ardor  la  causa  de  i 
los  hijos  de  Witiza,  que  habían  sido 
despojados  de  la  corona  eu  709.  Lta 
descontentos,  no  sintiéndose  bastante 
fuertes  para  despojar  al  usurpador  de  | 
sus  derechos  sin  el  apojo  extranjero, 
llamaron  á  los  moros  en  su  auxilio. 
JuuÁN  les  entregó  la  plaza  da  Ceata 
y  acompañó  la  expedición  que  des- 
embarcó en  España;  en  la  batalla  de 
Guadalete  peleo  en  su  favor,  y  segán 
algunos,  en  la  noche  que  precedió  al 
tercer  día  del  funesto  combate,  pisó 
al  campo  enemigo  á  ver  á  los  hijos  de 
Witiza,  y  á  concertar  la  deserción  da 
éstos,  que  tuvo  lugar  al  día  siguiente. 
A  pesar  de  estos  servicios,  los  vence-  I 
dores  no  guardaron  consideraci<»i  al-  , 

ffuna  al  cohdb  Ooh  Julián  después  de 
a  victoria,  sino  que  le  encerraron  ea 
una  prisión  y  le  confiscaron  sus  bie- 
nes, ignorándosocÓmo  y  cuándo  mu- 
rid.  Una  antigua  tradición,  que  ao 
han  dudado  en  acoger  graves  historia- 
dores, supone  que  la  causa  que  arras- 
tró al  COMDB  Don  Juuán  á  su  traición, 
fué  la  violencia  cometida  por  Rodrigo 
en  una  hija  de  ac[uél,  llamada  Fio- 
rinda  por  los  cronistas  cristianos,  y  la 
Cata,  por  los  árabes,  y  que  serví» 
como  dama  de  la  reina  Egilona.  Sia 
embargo  de  la  antigüedad  de  la  tra- 
dición, bo^  la  historia,  menos  propen- 
sa á  dar  crédito  á  leyendas,  la  hado- 
clarado  apócrifa,  no  dudando  en  atn- 
buir  la  traición  de  Don  Julián  á  las 
causas  que  dejamos  apuntadas  en  w 
cuerpo  de  esta  biografía. 

Juliano  (Flavio  Claudio).  Empe- 
rador romano,  hijo  de  Julio  Coostaa- 
cio  y  sobrino  de  CQnstautÍno,,quo  iw- 


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JÜLl 


JULI 


JUME  277 


tíó  en  3dl  ée  j6sucrísto;fu¿  nombraclo 
gobernador  de  las  Galias  con  al  título 
ae  CétaripoT Constancio,  en  335,  fijan- 
do su  resideacía  en  Luctecia  (París), 
j  se  distÍDguifS  en  muchas  expedicio- 
nes contra  los  germanos,  á  quienes 
derrotó  cerca  de  Estrasburgo  en  357. 
Cuatro  años  después,  habiéndole  or- 
denado Coastaneio  que  enviara  de  la 
Gftiia  al  Oriente  parte  de  sus  tropas, 
éstas  se  sublevaron  j  proclamaron 
emperador  i  Joluno  en  361.  Gons- 
tanúo  maiebd  inmediatamente  á  su 
encuentro;  pero  murió  en  el  camino, 
de  suerte  que  Juuano  quedé  dueño 
absoluto  del  imperio.  Entonces  renun- 
cié abiertamente  al  cristianismo,  en 
caja  religión  había  sido  educado  i 
su  pesar,  lo  cual  le  valió  el  sobre- 
nombre de  Apóstata  con  que  ha  pa- 
sado á  la  historia.  Su  administración 
fué  prudente  j  hábil;  publicó  lejes 
sabias  j  reformé  muchos  abusos;  j 
aunque  sin  perseguirlos,  manifestó  su 
profundo  odio  i  sus  antiguos  correli- 
g^onarios.  Marché  después  contra  los 
persas,  sometió  la  Armenia  y  la  Me- 
sopotamia;  pasó  el  Tigris,  tomé  á  Cte- 
sifonte  ▼  avancé  hasta  la  Asiria;  mas 
babieDoo  sido  este  país  devastado  por 
el  enemic-o,  se  vié  obligado  á  retirar- 
se; fué  berido  mortalmente  en  un 
combate  j  espiró  á  la  noche  siguien- 
te, después  de  dos  años  escasos  de 
reinado.  Este  príncipe,  cuyo  talento 
igualaba  á  su  elocuencia  j  á  sus  co- 
Docimieatos  ülosóficos,  había  adopta- 
do el  manto  j  la  barba  de  los  estoicos. 
Dejé  varias  obras  teológicas  y  mora- 
les, así  como  satíricas,  que  son  sus 
mejores  producciones,  distinguiéndo- 
se especialmente  las  tituladas:  Lo$ 
Cesaret  y  el  Mitopooíín. 
EniiOLoaU.  Latín  Jsimmt, 
Jnliano  (Saltio).  Jurisconsulto 
distinguido.  Floreció  en  tiempo  de 
Adriano,  Antonino  Pío  y  Marco  Aure- 
lio. Fué  electo  cónsul  el  año  148  de 
ta  «ra  cristiana,  y  falleció  hacia  el 
año  167.  De  sus  obras  se  conservan 
muchos  fragmentos  en  el  Dtgeslo.  (Db 
Miguel  y  Morantb.) 

Jallas.  Femenino.  Qei^rafla  míí~ 
Sw.  Ciudad  de  Palestina.  (San  Isi- 

DOBO.) 

BTiHoi.oofA.  Latfn  JüUat, 
Jalicft.  Femenino.  Cbrcbta,  ave. 
Julienses.  Masculino  plural.  Geo- 
fnJU  amíiffua»  Pueblos  de  la  España 
tarraconense.  (Flihio.)  Q  Pueblo  de 
Italia,  al  pie  de  los  Alpes.  |  Pueblo 
de  la  Toscana,  juuimsbs  Aretíni.  | 
Pueblos  de  Carnia.  juubnsbs  CaTn<h- 
nm.  I  Habitantes  de  Pisa.  II  Natura- 
les de  Frejus.  Q  Habitantes  de  Julió- 
polis. 

Etíuolooía.  Latín  julienses. 

Juliers.  Femenino,  Geografía  an- 
ticua. Ciudad  de  la  baja  Alemania. 
(Tácito.) 

ErmoLoafA.  Latín  J^liScum. 

Julio.  Masculino.  El  séptimo  mes 
del  año,  según  nuestro  cómputo. 

iviXi  mensis.  De  Julio  Césnr,  pri- 
mer emperador  de  Roma,  que  naci(> 
•1  12  de  este  mes.  Antes  se  llamnba 
(ínafíKf,  porque  era  en  efecto  el  guñi- 


lo  mes  del  afio  de  Rómulo. — La  fami- 
lia/h/ío  pretendía  descender  de  Ju- 
hijo  de  Eneas,  el  cual  tomó  este 
nombre  (dice  Catón  en  sus  Origenex) 
después  de  haber  dado  muerte  á  Me- 
sencio,  porque  en  la  época  de  aquel 
combate  tenía  aún  el  primer  vello  de 
barba,  Ja  lanugo  6  el  bozo  que  los 
griegos  llamaban  (ouXd;  (ioalos).{}&.o:a- 

LAÜ.) 

Deríwtcián. — Griego  IwiXo?:  latín, 
jBlíus,  el  mes  de  Julio;  italiano, 
luglio;  francés,  Juilleí;  catalán,  Ju- 
liol;  portugués,  Julho;  burguifión^ 
Jeuiilai. 

Julio  Cárnico.  Masculino.  Oeogra- 
fia  antigua.  Ciudad  entre  la  Italia  y  el 
Ilirio. 

ETiuoLoaÍA.  Latín  Jv,Uwn  Cami~ 
cum. 

Jalio  Castro.  Masculino.  Geogra- 
fía antigua.  Ciudad  de  la  Bética. 

ETiHOLoaÍA.  Latín  JñHvm  Casírwn. 

Reseña. —  También  se  la  designa 
con  los  nombres  de  J^líwm  Forum^ 
Jüíium  Sexíijírmium. 

JqIío  Romano  (Julio  Pifpi,  cono- 
cido por).  Pintor,  arquitecto  é  inge- 
niero, y  el  mejor  discípulo  de  Rafael, 
que  nacié  en  Roma  en  1492  y  murió  en 
1546.  Educado  al  lado  de  su  maestro, 
desde  los  primeros  pasos  de  su  carre- 
ra artística  demostré  sus  felices  con- 
diciones para  la  pintura,  hasta  el 
punto  de  que  Rafael  lo  empleara  en 
sus  trabajos  del  Vaticano  y  del  pala- 
cio de  loa  Borgias.  Siendo  todavía 
muy  joven,  bosíjuejó  una  Santa  Fa- 
milta,  que  terminé  su  maestro,  para 
Francisco  I  y  que,  después  de  haber 
sido  uno  de  los  más  preciados  orna- 
mentos de  la  capilla  del  rey  en  Fon- 
tainebleau,  se  custodia  hoy  en  el  mu* 
seo  del  Louvre.  A  la  muerte  de  Rafael 
acabé  con  Perusi  muchos  de  sus  cua- 
dros, T  en  particular,  la  célebre  esce- 
na déla  ^dM/fyaracfVf». Deslumhrado 
por  la  manera  vigorosa  de  Miguel 
Angel,  quiso  imitarle  y  se  separo  de 
la  suave  sencillez  de  su  primer  mo- 
delo, logrando  sólo  que  su  dibujo  se 
trocara  en  duro  y  exagerado.  Duran- 
te el  pontiScado  de  Clemente  VII,  di- 
rigió la  construcción  de  la  villa  Mada- 
ma en  el  Monte-Morio,  la  adorné  de 
admirables  frescos  y  pinté  la  Derrota 
de  Majencio,  que  le  colocó  al  nivel  de 
los  primeros  maestros.  Sin  embargo, 
algunos  dibujos  licenciosos  que,  de- 
jándose llevar  de  las  aficiones  de  la 
época,  ejecuté  en  un  momento  de  ex- 
travío, le  hicieron  perder  la  protec- 
ción del  Papa,  teniendo  que  retirarse 
á  Mantua,  donde  llegó  á  ser  jefe  de 
una  célebre  escuela.  Allí  fortifícÓ  la 
ciudad,  la  preservó  de  las  inundacio- 
nes del  Po  y  del  Mincio,  desecó  los 
pantanos  de  las  cercanías  y  edifícó  el 
magnífico  palacio  del  Te.  En  seguida 
pasó  á  Bolonia,  dió  los  planos  para  la 
fachada  de  la  iglesia  de  San  Petronio 
y  no  volvió  á  Roma  hasta  el  pontifi- 
cado de  Paulo  III.  Allí  construyó  los 
palacios  de  Censi,  Albertini  y  la  villa 
Lante,  y  murió  dejando  un  nombre 
célebre  en  la  historia  del  arte  Bu  Ju- 
lio ROHANO  se  admira  una  gran  fe-  , 


euadtdad  de  imaginación,  un  profun- 
de conocimiento  ael  gusto  antiguo  y 
una  composición  correcta  y  llena  cíe 
energía;  pero  deslucida  i  veces  por 
un  color  desentonado  y  demasiado 
brillante.  Sus  obras  mas  estimadas 
son:  en  Roma,  SÍ  Diluvio;  La  Flage- 
lación, Judith  y  la  Fornarina;  en  el 
museo  del  Louvre,  La  NaHvidadt  A 
Triunfo  de  Tito  y  Vespasiana,  Venus  y 
Vulcano,  la  Virgen,  ú  Niio  Jetát, 
san  Juan  y  su  propio  retrato,  j  en 
Madrid,  una  TnntJ^wratüfnt  imita- 
ción de  Rafael. 

Juliópolis.  Femenino.  Geografía 
antigua.  Ciudad  de  Bitinia.  y  Otra, de 
Egipto.  Q  Otra,  de  la  gran  Frigia. 
(Plinio.) 
EriMOLoaÍA.  Juliopíílis. 
Julis.  Femenino.  Geografía  anti- 
gra.  Ciudad  de  la  isla  de  (5eo.  (Pli- 
nio.) 

Etíuolooía.  Latín  JuUt* 

1.  Julo.  Masculino.  Chiía  d«l  ga- 
nado. Tómase  por  lo  mismo  que 
manso. 

2.  Jalo.  Masculino.  Tiempos  keroi- 
eov.  Julo  Ascario,  hijo  de  Eneas.  (Vu- 

QILIO.) 

ETuiOLOOfa.  Latfn  Jslus, 
Juma  ó  Jamá.  Masculino.  Nom- 
bre que  los  moros  dan  al  viernes. 

Jumenta.  Femenino.  La  hembra 
del  jumento. 

Jumental.  Adjetivo.  Lo  que  perte- 
nece al  jumento. 

Etíuolooía.  Jumento:  latfn,jjlnm- 
fííríus,  lo  perteneciente  &  las  bestias 
de  carga,  en  Apul^o;  palaftenero,  en 
las  inscripciones:  meaiau  jtihbnta- 
Rius,  el  alWtar. 

Jumentazo.  Maicolino  aumenta- 
tivo de  jumento. 

Jumenticio,  da.  Adjetiro.  Ju- 
kbntal. 

Jomentil.  Adjetiro.  Lo  pertene- 
ciente al  jumento. 

Jumentillo,  lia,  to,  ta.  Masculi- 
no y  femenino  diminutivo  de  jumen- 
to y  jumenta. 

Jumento.  Masculino.  Asko.  Q  Me- 
táfora. El  hombre  ignorante  y  necio. 

EriuoLoafA.  1.  L&tínjümentum,  voz 
que  generalmente  se  tiene  como  fbr- 
madadeyjícSr^,  ayudar,  y  la  desinen- 
cia mentó:  esto  es^  meníum^utans,  co- 
sa que  ayuda.  JtnuntOt  en  castellano, 
significa  asno,  y  metafóricamente,  el 
hombre  ignorante  y  necio;  pero  ^ff- 
mHtttm,  entre  los  latinos,  se  aplicaba 
á  todo  animal  que  ^udaba  á  tirar,  i 
llevar  carga,  ó  &  ubrar  la  tierra, 
según  puede  verse  en  los  autores. 

(MONLAU.) 

2.  Sin  embuigo,  Aulo  Gelio  opina 
ijue  jütnentum  viene  dejungere,  uncir; 
jugiim,  yugo;  de  modo  que  Jumenta 
significa  príncij^lmente  los  animales 
de  tiro,  las  bestias  uneidas,  atadas  al 
gugo,  (Idbm.) 

3.  La  etimología  de  juvart,  ayudar, 
es  ho^  completamente  insostenible. 
El  latín  yfifftfníwm  representa  la  sin- 
copa áQjSgumentum,  jugmintmm,  for- 
ma sustantiva  de  jungcre,  uncir,  de 
jáyaw,  yugo. 

Z?ff->MOM."Latfn  j^um,  el  yugo; 


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278 


JUNC 


JUNI 


JUNO 


jungeret  uncir; jltw«i/i*»i,  potjuffmin- 
íumtjuffumhtíum^  bestia  da  tiro:  ita- 
liano, giwaunto;  francés,  prorenzal  3 
catalán  t  portugués,  ivmento; 

BeTtyjJeauiU. 

4.  Coafirma  cata  etimología  el  si- 
ffuiente  texto:  juubntuh  i  jwkgendo» 
V  litlera  aitritsi  «jvhsnto  Tiene  del 
gsrundio  latino  jwigemdo,  juntando, 
mediante  la  elíiión  de  ú  letra  $.* 
(Nonio.) 

5.  Connrmala  tambiénla  •  larga  de 
jüméníum,  que  marca  sin  duda  la  eli- 
sión de  la    de  jungendp, 

Jameón.  Masculino  fiunilUr.  S*,- 

HUUBBIO. 

Juncáceo,  cea.  Adjetivo.  Sotíni^ 
ca.  Parecido  al  junco. 

EtiuoloqU. /meo;  Utín»  /widbf, 
jun^nus. 

Juncada.  Femenino.  Cierta  espa- 
cie de  fruta  de  sartén.  |  Medicamento 
compuesto  de  lo  tierno  j  blanco  de 
los  juncos,  mezdado  con  manteca  de 
vacas  j  otros  incrredientel^  para  darlo 
á  comer  i  los  caballos  cuando  tienen 
muermo, 

Juncagineo,  nea.  A^jettTO.  Jün- 

CiCBoi 

Etimolooía.  Francés  juncagin/e$, 
forma  dñjuneoáfo,  nombre  inventado 
por  Toumefort,  derivado  de  junen», 

junco. 

Juncago.  Masculino.  Jnnoo  bas- 
tardo, planta. 

BtiuoloqÍa..  Juncagineo, 

Juncal  ó  Juncar.  Masculino.  El 
sítioen  donde  se  crían  muchos  juncos. 

ETiuoLOaÍA..  Junco:  \ítín,Junceíum^ 
na  Varrón;  catalán,  ^'oncar. 

1.  Juncaría.  Femenino.  Botánica. 
Planta  ramosa  j  vulneraria. 

EtuiolooÍa.  Juncáceo, 

2.  Juncaría.  Femenino.  Qtogror- 
fia  antigua.  Nombre  latino  de  una 
ciudad  de  la  Tarraconense;  hoj.  Jun- 
quera. (A,NTÜNIN0  Pío.) 

EtiuoloqÍa.  Latín  Juncaría. 

Juncia.  Femenino.  Botánica.  Plan- 
ta parecida  á  los  juncos,  con  raíz  lar- 
ga, negra  y  olorosa,  j  vástagos  trian- 
gulares, j  en  cada  uno  una  panoja 
compuesta  de  pequeñas  espigas  esca- 
mosas. Es  medicinal.  Q  Vbndbs  jun- 
cia. Frase  metafórica.  Jactarse,  echar 
bravatas. 

Btiuoloqía.  Junco. 

Jnncial.  Masculino.  Sitio  poblado 
de  juncia. 

Junciana.  Femenino.  Hojarasca, 
jactancia  vana  j  sin  fundamento. 

StimologÍa.  Juncia. 

Junciera.  Femenino.  Vaso  de  ba- 
rro, cuya  tapa  tiene  muchos  agujeros 
para  que  por  ellos  salga  el  olor  délas 
hierbas  aromáticas  que  se  ponen  den- 
tro de  él  con  vinagre  para  perfumar 
las  casas. 

Etiholooía.  Juncia. 

Juncino,  na.  Adjetivo.  Lo  que  es 
de  juncos  ó  está  compuesto  con  ellos. 

ErncoLoaf^.  Latín  iuneinug.  (Fil- 
mo.) 

Juncioso,  sa.  Adjetivo.  Que  está 
lleno  de  juncia. 
Juncir.  Activo  anticuado.  ÜKCut  6 

TUMCIB. 


Junco.  Masculino.  Planta  que  se 
cría  en  lugares  muy  húmedos  j  echa 
muchos  vastagos  rollizos,  flexibles, 
puntiagudos  j  por  dentro  esponjo- 
sos: las  flores,  que  nacen  tres  ó  cua- 
tro pulgadas  nuSs  abajo  de  la  punta 
del  vástagú,  se  componen  de  seis  ho- 
jas es  forma  de  estrellas.  |  Especie  de 
embarcacidn  pequeña  que  usan  en  las 
Indias  orientales.  |  db  Indias.  Cada 
ramo  nuevo  6  delgado  de  un  árbol 
maj  espinoso,  v  de  fruto  redondo, 
hermosamente  adornado  de  estrías  en- 
carnadas, ^ue  se  cría  en  varios  países 
de  la  India  oriental.  Este  junco  es 
mucho  más  consistente  que  el  nues- 
tro, aunque  más  flexible  y  elástico,  j 
por  lo  mismo  sirve  ordinariamente 
para  bastón,  no  excediendo  su  diáme- 
tro de  dos  ó  tres  líneas,  pues  en  sien- 
do más  grueso  se  llama  caña  ds  In- 
dias. 

Etimología.  Latín  Juncíns,  junto; 
jungue,  nnir;yimcM,  lif^adura:  italia- 
no,yt'sfKo;  fiñneés  del  siglo  xu,june; 
moderno,  jone;  ^ptorejail,  jone,  june; 
catalán,  ^oncA. 

Juncosa( Joaquín).  Pintor  español, 
religioso  de  la  Cartuja  de  Scala  Dei, 
que  naciá  en  Oornudella  en  1631  j 
murió  en  1708.  Estudió  en  Roma  y 
pintó,  tanto  en  Italia  como  en  España, 
cuadros  de  mérito,  entre  los  que  mere- 
cen citarse:  s<m  Bruno  leyendo  su  regla 
á  sus  discípulos;  Nacimiento  y  corona- 
ñón  de  la  Virgen^  y  frescos. 

Juncosa  (José).  Pintor  espa&ol, 

firimo  del  anterior,  7  que  mund  por 
!)S  años  de  1705.  Aj'udó  en  varias 
obras  á  su  primo;  pintó  en  1682  los 
frescos  de  la  capilla  de  la  Concepción 
de  la  catedral  de  Tarragona,  y  además 
un  gran  número  de  cuadros,  como 
son:  san  Die^o  predicando^  santa  Tecla 
en  el  martina  del  fuego,  y  dos  benedic- 
tinos adorando  al  Santísimo  Sacramento, 
Juncoso,  sa.  Adjetivo.  Lo  que  se 
parece  al  junco.  |j  Se  aplica  al  terreno 
qne  produce  juncos. 

ETiuoLoaÍA.  Junco:  latín,  ^imcosim. 
Junde.  Masculino.  ffermaUa,  £1 
soldado. 

Junglada.  Femenino  anticuado. 
Lbbbada* 

Jnni  (Juan  db).  Escultor,  pintor  y 
arquitecto  italiano,  (jue  vino  á  Espa- 
ña á  mediados  del  siglo  zvi.  Vivió  en 
Valladolid  y  ejecntiS,  ent»  otras  obras 
importantes, el  retablo  majorde  Nues- 
tra Señora  de  'la  Antigua  de  aquella 
ciudad;  el  principal  y  trascoro  de  la 
catedral  de  Osuna;  el  retablo  de  la  ca- 
pilla de  los  Benaventes,  en  la  pa- 
rroquia de  Santa  María  de  Rioseco;  el 
de  la  parroquia  de  la  villa  de  Santia- 
go V  el  de  una  capilla  de  la  catedral 
de  Segovia. 

Junia.  Femenino.  Junia  Padilla^ 
mujer  de  Maximino.  (Cicerón.) 

Étimolooía.  Latín  Jünía. 

Jnnio.  Masculino.  El  sexto  mes 
del  año,  que  era  el  cuarto  entre  los 
antiguos  romanos. 

Btiuolooía.  Latín  Jüníus:  italiano, 
giugno;  francés,  provenzal.^anA 
(Jui );  catalán,^*a«y;  huignifíónt^eum; 
Úmytjumi  portugués, ^'««^  (j^^oj* 


1.  Jünlus  YÍent  áe  juoeniiuSf  junte* 
ribus  (los  jóvenes),  porque  los  roma- 
nos habían  dedicado  este  mes  i  la/si- 
oentud  qne  servía  en  la  guerra,  (lía.— 

CBOBIO.) 

2.  El  mes  de  Jumo  tomó  el  nombre 
de  Junio  Bruto,  qat  expulsó  i  los  ra- 
jes de  Roma.  (Ctta  de  Momlau.) 

3.  Otros  lo  derivan  de  la  diosa 

no,  y  entre  ellos,  Ovidio,  quien,  en  el 
libro  V  de  sus  Faitott  hace  decir  4 
aquella  diosa: 

Juanra  4  iiMire  nonúM  «o»>«N  Ao&ac. 

4.  La  etimología  más  probable  ee 
la  de  Juno;  «mes  consagrado  á  esta 
divinidad  gentil.»  (Lirmá.) 

1.  Júnior.  Masculino.  Vozlatiaa 
aplicada  al  joven  religioso  que,  des- 
pués de  haber  professao,  esta  aún  su- 
jeto á  la  enseñanza  j  obediencia  del 
maestro  de  novicios. 

EtiuolooÍa.  Latín  jSníor,  jWniiris, 
comparativo  áejüvenitt  joven;  íONIOR 
annot  un  año  mas  joven. 

2.  Júnior.  Mascnlino.  Geógrafo 
cujas  obras  publicó  el  sabio  A.  Mai. 

(Db  MlOUBL  J  MOBANTB.) 

EtiuolooÍa.  Júnior  i* 

Juniperáceo,  cea.  Adjetivo.  Pare- 
cido al  junípero. 

EtuiolooÍa.  Latín  jfiniper?nt. 

Junípero.  Masculino.  Enebro. 

EtiuolooÍa.  Latín ^Ssíp.-fw;  dejií— 
níor,  más  joven,  y  párete,  parir;  esto 
es, dar  fruto,  «que  da  fruto  temprano. » 

Juno.  Masculino.  Astronomía.  Uno 
de  los  planetas  pequeños,  situado  en- 
tre Vesta  y  Ceres,  el  cual  opera  sa 
revolución  al  rededor  del  sol  en  mil 
quinientos  noventa  y  un  días;  esto  es, 
en  cuatro  años,  cuatro  meses  y  once 
días.  \  Mitología,  Una  de  las  princi- 
pales divinidades  del  paganismo,  her- 
mana y  esposa  de  Júpiter,  reina  de 
los  dioses.  I  El  AVB  db  Juno.  El  pavo. 

EtiuoloqÍa.  Latín  Juno,  contrac- 
ción de  Jopino,  forma  de  Jovis,  Jove 
(LiTTBÉ):  francés,  Junou;  catalán. 
Juno. 

Reseña. — La  diosa  Juno,  conside- 
rada como  mitología  y  como  historia, 
es  al  mismo  tiempo  una  extensa  crea- 
ción de  la  fábula  y  uno  de  los  genios 
más  poderosos  que  figuran  en  la  Jlia~ 
da  y  en  la  Eneida,  así  como  uno  de 
los  mitos  que  más  se  extendieron  por 
una  gran  parte  del  Occidente,  hasta 
penetrar  en  las  costas  de  Africa.  Tal 
es  la  razón  que  nos  obliga  á  consa- 
grarle una  breve  reseña.  Nadó  en 
Argos,  ó  en  Samos,  y  fuó  robada  por 
el  Océano  y  Tetis,  según  Homero  y 
Hesiodo;  según  otros  autores,  por  las 
Horas  ó  por  los  hijos  del  río  Aste- 
rión,  ó  por  el  arcadio  Témenos.  Sus 
bodas  con  Júpiter  fueron  celebra- 
das con  extraordinaria  magnificencia, 
pues  todos  los  dioses  del  cielo  y  de  la 
tierra  asistieron  á  ellas,  y  sólo  faltó 
una  ninfa,  Quelonea,  que  fué  conver- 
tida en  tortuga.  De  su  matrimonio 
nacieron  Hebe  y  Vulcano.  Según  tra- 
diciones posteriores,  tuvieron  otros 
hijos,  Marte  y  Tiefón,  si  bien  se 
creían  nacidos  únicamente  de  la  dio- 
sa. Trató  cruelmente  á  las  diviuida- 


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JÜNT 


JUNT 


JÚPI  279 


AtM  é  i  las  mortales  preferidas  por  su 
marido,  tales  como  lo,  Latona,  Calixto, 
Semele  j  Alcmena,  qae  sufrieron  sn 
celosa  venganza.  Persiguió  i  Hércu- 
les, hijo  de  Alcmena,  durante  toda  su 
▼ida,  y  no  le  admitió  en  el  cielo  sino 
á  despecho  sujro.  El  niño  la  mordió 
en  el  pecho,  j  su  leche,  vertida  en  el 
espacio,  formó  la  Via  láctea.  Castigó 
í  Sidé,  Cftsiope  y  Anazibia,  que  osa- 
roo  compararse  á  ella,  y  disputó  en 
las  bodas  de  Tetis  y  Peleo  el  premio 
de  la  belleza  á  Venus  y  Minerva. 
Vencida  por  el  juicio  de  Paria,  tuvo 
siempre  implacable  odio  á  la  familia 
de  Príamo  y  persiguió  i  los  trojauos 
hasta  Italia,  lo  cual  explica  el  gran 
papel  que  representa  en  Homero  y 
ViníUo.  Mucho  después,  en  los  poe- 
tas ae  los  siglos  11  y  m,  aparece  ani- 
mada del  mismo  rencor  y  toma  parte 
contra  los  romanos  descendientes  de 
Eneas.  Con  este  carácter,  no  podía 
vivir  en  buena  inteligencia  con  Jú- 
piter, que  más  de  una  vez  hizo  sentir 
sus  iras  á  su  esposa.  Un  día,  en  que 
se  dió  á  conspirar  contra  él,  unida  á 
todos  los  dioses,  Júpiter,  ayudado  de 
Tetis  y  del  gigante  Briareo,  la  sus- 
pendió con  una  cadena  de  oro  entre 
el  cielo  y  la  tierra,  y  así  la  tuvo  hasta 

2ae  le  aplacaron  las  súplicas  de  los 
amás  liioses.  Jdno  preside  los  matri- 
moniosj  protege  la  salud;  es  la  dio- 
sa de  las  mujeres  castas,  por  el  con- 
trarío de  Venus,  que  lo  es  de  las  cor- 
tesanas. Su  culto  fué  muj  general  en 
toda  Orecia,  /  su  templo  más  célebre 
estuvo  entre  Argos  y  Micenas,  en 
donde  había  una  estatua  gigantesca 
de  la  diosa,  obra  de  Policletes.  Cada 
cinco  años  se  celebraban  allí  las  Ae- 
reas, fiestas  famosas  de  su  culto.  Bu 
Sames  su  templo  gozaba  del  derecho 
da  asilo,  mientras  que  su  nombre  era 
adorado  generalmente  en  Italia,  Es- 
paña y  Cartago.  Los  atributos  de  di- 
cha dtosa  eran  el  velo,  emblema  déla 
castidad,  la  diadema  y  el  cetro,  em- 
blemas del  poder,  y  el  pavo  real,  em- 
blema de  la  gallardía  y  de  la  hermo- 
sura. 

Junones.  Müologia.  Genios  tute- 
lares de  las  mujeres  entre  los  anti- 

Sios  romanos,  por  los  que  jamban 
s  matronas. 

EtimolooU.  Juno:  francés,  Juwna, 

Jonquera.  Femeníoo.  Junco,  por 
planta.  ||  Nombre  d«  varías  poblacio- 
nes de  España. 

ETiuOLOofA.  Junco:  el  latín  tiene 
Jnncartat  Junquera,  ciudad  de  la  Ta- 
rraconense, que  existe  aún  entre  Ge- 
rona y  Perpiñán. 

Junqueral.  Masculino.  Juncal. 

Janquillo,  to.  Masculino  diminu- 
tivo de  junco.  |  Jcuquillo.  Planta  de 
jardinería,  de  flores  muy  olorosas  de 
color  amarillQ,  cuya  caña  ó  tallo  es 
liso  T  parecido  al  junco.  Es  una  espe- 
cie de  narciso.  Q  Junco  de  Indias.  J| 
A  rquitectura,  Moldun  redonda  y  mas 
delgada  que  el  bocel. 

Jnnta.  Femenino.  Reunión  de  va- 
rias personas  para  conferenciar  ó  tra- 
tar de  algún  asunto,  ^  cada  uun  de 
las  conferencias  ó  sesiones  que  cele- 


bran. I  El  todo  que  forman  varias  co- 
sas unidas  6  agradas  anas  á  otras. 
\  La  unión  de  una  6  mis  cosas.  Q  Mar- 
nna.  Empalme,  costura.  Q  Cantería, 
Cada  una  de  las  dos  superficies  la- 
terales de  un  sillar  que  se  ha  de  co- 
locar junto  á  otros.  ||  Juntura.  \  ns 
DESCAsaos.  Tribunal  ó  junta  de  suje- 
tos nombrados  por  el  rey,  que  inter- 
venía en  el  cumplimiento  y  ejecución 
de  los  testamentos  y  últimas  volunta- 
des de  los  reyes, yen  la  satisfacción  de 
sus  deudas.  \  os  clases  pasivas.  La 
que,  con  sujeción  á  leyes  y  reglamen- 
tos, acuerda  el  sueldo  á  que,  por  sus 
años  de  servicio,  tiene  derecho  un 
empleado  cuando  se  le  declara  cesante 
ó  jubilado,  y  asimismo  las  pensiones 
de  viudedad  ú  orfandad,  ||  de  sani- 
dad. La  que  hay  para  precaver  los 
contagios  en  los  puertos  y  otras  par- 
tes. No  se  hace  mérito  de  otras  juntas 
bien  conocidas,  porque  su  objeto  6 
funciones  se  designan  claramente  en 
su  propia  denominación;  verbigracia: 

JUNTA  DB  ACRBBDORBS,    DE  MÉDICOS, 

etcétera. 

Etiuología.  Juntar:  latín,  junctío, 
forma  sustantiva  abstracta  d.ñjunctus, 
junto:  antiguo  francés, yotWtf;  moder- 
no, ^onction;  catalán,  junta,  jvinmó, 
junad;  italiano,  ^/unto. 

Juntado,  da.  Participio  pasivo 
de  juntar.  J  Masculino.  Arquitectura. 
Unión  perfecta  en  un  ángulo  de  dos 
trozos  de  cornisa  corrida  con  tanya. 

EnuOLOOfA.  Juntar:  catalán, 
tat,  da, 

Juntador,  ra.  Masculino  y  feme- 
nino anticuado.  El  que  junta. 

ETiiiOLoaÍA.  Juntar:  latín,  Junc^or. 

Juntadura.  Femenino  anticuado. 
Juntuba. 

Juntamente.  Adverbio  de  modo. 
Con  unión  ó  concurrencia  de  dos  ó 
más  cosas  en  un  mismo  sujeto  ó  lu- 
gar. II  Anticuado.  Unániubhbnte.  | 
Adverbio  de  tiempo»  A  un  mismo 
tiempo. 

Etiholoo£a.  Junta  y  el  sufijo  ad- 
verbial mente:  e^tMliatjuníattuni;  íttiü- 
eés,joníÍveme»t¡  italiano, y»iHi6if)imí«; 
latín,  yitncíín. 

Juntamiento.  Masculino  anticua- 
do. La  acción  y  efecto  de  juntaró  jun- 
tarse, l  Anticuado.  Junta  ó  asam- 
blea. U  Anticuado.  Juntuba. 

Juntar.  Activo.  Unir  unas  cosas 
con  otras.  ||  Congregar.  Se  usa  tam- 
bién como  recíproco.  ||  Acopiar,  y  asi 
se  dice:  juntar  dinero,  juntab  víve- 
res, etc.  y  Reciproco.  Arrimarse,  acer- 
carse mucho  a  otro.  ||  Acompañarse, 
andar  con  alguno.  ¡|  Tener  acto  car- 
nal. 

Etiholooía.  Sánscrito,  yw,  que 
toma  la  «  como  característico  de  cla- 
se, yuno/mf,  yo  junto;  ¡funjmas,  nos- 
otros juntamos:  \%tin,jun^¿re,  jun- 
tar; Ju^um,  yu^,  juntura;  italiano, 
giugnere;  francés,  joindre;  provenzal, 
juu&er,  jonher,  jogner;  catálan,yNftíar, 
juntarse. 

Sinoniuu.  Juntar,  unir.  Estas  dos 
palabrasse  refieren  á  la  proximidad  de 
algunos  objetos,  de  maueraque  seto- 
i  can  bi  son  distintos,  ó  que  concurren 


para  formar  un  todo,  si  no  existe  nía* 
gún  género  d«  diferencia  entre  ellos. 

Las  cosas  juntas  están  cerca  las 
unas  de  las  otras;  se  puede  separarlas 
sin  que  muden  de  naturaleza.  Las  co- 
sas unidas  están  de  tal  manera  amol- 
dadas unas  á  las  otras,  que  es  impo- 
sible desunirlas  sin  que  cambien  el 
todo,  ó  el  conjunto  que  forman  estan- 
do unidas.  Dos  planchas,  se  dice  que 
eatin  juntas,  eii&ado,  siendo  distintas, 
pueden  ser  separadas  sin  mudar  el 
todo  que  resulta  de  su  reunión;  se 
dice  que  están  unidas,  cuando  están  de 
tal  manera  amoldadas  mutuamente, 
que  forman  nn  todo  individual,  y  que 
no  pueden  ser  separadas  sin  cambiar 
ó  mudar  este  todo.  (López  PelbobÍh.) 

Juntera.  Femenino.  Especie  de  ce- 
pillo largo,  cuyo  hierro  ocupa  sola- 
mente la  mitad  de  la  madera ,  y  la 
otra  mitad,  que  resalta  un  poco,  se 
afirma  en  el  canto  de  la  pieza  que  se 
acepilla. 

ETiHOLOofA.  Juntura. 

Junterilla.  Femenino  diminutivo 
de  juntera.  Juntera  pequeña  que  sir- 
ve para  principiar  los  rebajos,  por  lo 
cual  se  llama  comunmente  junteri- 
lla de  rebajos. 

Juntillas  {L  pie).  Locación  adrer- 
bial.  Con  los  pies  juntos. 

Junto,  ta.  Participio  pasivo  irre- 
gular de  juntar.  ¡|  Adjetivo.  Unido, 
cercano.  ||  Adverbio  de  lugar.  Cebca. 
y  Adverbio  de  modo.  Juntamente, 
i  un  mismo  tiempo,  con  anión  y  con- 
currencia. I  Juntos  los  Pids.  Modo 
adverbial.  A  pie  juntillas.  p  de  pob 
junto.  Modo  adverbial.  Por  junto.  Q 
Pon  JUNTO.  Modo  adverbial.  Eo  grue- 
so, por  mayor. 

Etiuolooía.  Juntar:  \tLtín,  junctus, 
participio  pasivo  átjungere,  unir:  ca- 
talán, junt;  francés,  joint;  italiano, 
giunto. 

Sentidoetimol^ico, — 'EXlaXi^junctus 
es  el  sánscrito  yiy^as,  jfuktat,  unido, 
ligado;  lituauio,  jungtas;  así  como  el 
latín  junctío,  juntura  de  partes,  es  el 
sánscrito  yuktU,  unión.  (Véase  yuoo.) 

Juntorio.  Masculino.  Cierta  espe- 
cie de  tributo. 

Juntura.  Femenino.  La  parte  6 
lugar  en  que  se  juntan  y  unen  dos  ó 
mas  cosas.  \  Anticuado.  Junta,  por 
el  todo  de  varias  cosas  unidas  ó  agre- 
gadas, y  Anticuado.  Mezcla,  jj  cla- 
VAL.  Anatomía.  La  unión  de  lo^  hue- 
sos entrando  el  uno  en  el  otro  á  ma- 
nera de  clavo.  ||  hodátii..  Anitomia, 
Juntura  nudosa.  |  nudosa.  Anato- 
mía, La  que  forman  dos  huesos  en- 
trando en  la  cavidad  del  uno  la  cabe- 
za ó  nudo  del  otro,  y  es  la  que  sirve 
para  el  movimiento.  ^  serrátil.  Ana- 
tomía. La  que  tiene  dos  liuesos  en 
figura  de  dientes  de  sierra,  de  modo 
que  las  puntas  que  salea  del  uno  en- 
tran en  los  huecos  del  otro. 

ETiHOLOOfA.  Juntar:  latín,  junctü- 
ra;  catalán, /imíiiru;  fnxicés,  jointure; 
ital  iauo,  giuntura. 

Jupin.  Masculino.  Mitología.  Nom- 
bre que  solían  dar  á  Júpiter  los  poe- 
tas franceses. 

Júpiter.  Masculino.  Astronomía, 


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280  JUPI 


JUPI 


JUPI 


El  mayor  de. los  planetas  conocidoi, 
quR  tarda  ea  hacer  sa  revolución  al 
rededor  del  sol  cerca  de  doce  años.  H 
Química.  Estaño.  ||  Mitología,  El  so- 
berano de  los  dioses.  ||  El  hado,  el 
destino. 

£tiholoo<a.  1.  Júpiter ^  Jovi>;  de 
dieipaier,  padre  del  día;  ó  de  Zeus  j 
paíer.  Dios  el  padre,  ó  padre  de  los 
dioses;  6  de  juvans  paíer,  padre  que 
auxilia,  que  ajruda. — Júptíer  m  foi- 
mó  de  Jehovah  j  lehomh,  y  ésta  pare- 
ce  la  etimoWia  más  cierta.  Con  efec- 
to, de  Jehovah  hizo  el  latín  Jovis^  coa- 
virtiendo  el  ai  hebraico  en  is,  pues 
debe  advertirse  qae  Ton*,  ademas  de 
ser  el  genitivo  de  Júpiter,  fué  primi- 
tívuuente  nominativo  de  Joi>i$,  lotii. 
Tenemos,  pues,  que  JúpiUr  equivale 
á  Jihupater,  compuesto  de  JeMnah  y 
paier;  en  seguida  se  hizo  Júpater,  y, 
pnr  último,  conmutando  la  aen  que- 
dó Júpiter,  como  Dietpiter,  Manpi- 
ter,  etc.  (Monláu.) 

2.  Júpiter  representa  Júpiter,  Diupi- 
ter,  diut'páter,  forma  evidente  del 
sánscrito  dvu,  raíz  de  la  palabra  Dios^ 
simétrico  de  dya,  raíz  de  la  palabra 

3.  Por  consiguiente,  Júpiter  signi- 
fica: cpadre  de  los  dioses,»  que  vale 
tanto  como  decir:  «padre  de  los  días.» 

4.  Joñs,,  Jove,  no  se  formó  de  Jeho- 
noil,  lino  que  viene  del  s;rieg-o  dydu», 
lo  enal  demuestra  que  ut  forma  eti- 
mológica de  Joñ»  es  DÍovÍs,  por  Pyo- 
dit,  expresión  exacta  del  vocablo 
griego. 

5.  T  de  dydut,  derivado  del  sáns- 
crito dyu.  Dios,  se  formó  Zeus,  me- 
diante la.  elisión  de  la  y  de  la  con- 
versión de  la  y  en  z,  cuyo  cambio  es 
normal  en  el  griego,  como  dice  muj 
bien  Littré. 

6.  La  forma  Dio$t  genitivo  do  Zeus, 
es  una  prueba  incontestable  de  la 
transformación. 

Derivación. — Latín  Júpiter,  J^is, 

Sor  IHupUer,  Diovit,  «padre  de  los 
íosm:»  ftaneúf  Júpiter;  catalán,  Jú- 
piter. 

Jietefla. — 1.  Dios  supremo  de  los 

f riegos  y  de  los  latinos,  cuya  leyen- 
a  fué  enriqueciéndose  de  edad  en 
edad  por  las  ficciones  de  los  poetas  y 
de  las  legendas  de  otros  país. 

2.  Fue  hijo  de  Rea  v  de  Saturno, 
el  cual  devoraba  á  sus  hijos  inmedia- 
tumente  que  nacían,  por  cuya  razón 
JÚPiTBB  tuvo  necesidad  de  que  lo  sal- 
vara su  madre,  quien  presentó  á  Sa- 
turno, en  lugar  de  su  hijo,  la  famosa 

Siedra  de  la  fábula.  Se  decía  que  ha- 
ia  nacido  en  un  monte  de  la  Arcadia; 
y  principalmente,  en  Greta,  dond«, 
según  unos,  fué  amamantado  por  la 
cabra  Amaltea;  según  otros,  por  las 
ninfas,  hijas  de  Meliso,  rey  cretense; 
y  según  los  más,  por  los  curetas  y 
coribantes,  que  bailaron  al  son  de 
timbales  y  tambores  para  impedir  que 
Saturno  oyese  los  giitos  de  su  hijo. 

3.  Los  Titanes,  para  asegurar  la 
existencia  del  niño,  atacaron  á  Satur- 
no, le  destronaron  y  prendieron.  Jú- 
piTBR  no  tenía  á  la  sazón  más  que  un 
aüo;  ayudado  de  los  ciclopes  y  de  los 


centfmanoi  Bríareo,  Cotto  y  Cyna, 
fué  en  socorro  de  su  padre;  atacó  a  los 
Titanes  en  el  monte  Üthr^s,  y  desde 
lo  alto  del  Olimpo  los  precipitó  en  los 
inñernos.  Poco  después,  destronó  á 
Saturno,  le  sucedió  y  repartió  el  man- 
do con  sus  dos  hermanos,  Neptuno  j 
Pintón;  pero  pronto  los  gigantes,  hi- 
jos de  la  Tierra,  cómelos  Titanes, 
quisieron  vengar  á  sus  hermanos  y 
fueron  poniendo  unas  monta&as  sobre 
otras  para  escalar  el  cielo.  Júpitbb  les 
dió  muerte  á  ellos  y  á  sus  nzas,  ha- 
biendo tenido  en  esta  empresa  el  fa- 
vor de  los  demás  dioses,  j  en  particu- 
lar, la  ayuda  de  Hércules,  con  cuyo 
motivo  quedó  dueflo  absoluto  de  todo 
lo  creado. 

4.  En  «I  cielo,  juzgaba,  castigaba 
y  avenfa  i  las  divinidades.  En  la  tie- 
rra, dió  muerte  con  sus  rayos  á  Escu- 
lapio; precimtó  á  Ixión  en  los  inñer- 
nos; hirió  úTúntalo,  Salmoneo,  Capa- 
neo,  Idas,  y  encadenó  á  Prometeo  en 
la  roca  del  Cáucaso.  Una  vez  bajóá 
las  regiones  de  la  Arcadia,  oprimida 
por  Licaón,  tirano  impío;  le  convirtió 
en  lobo;  incendió  su  palacio,  y  allí  se 
abrasaron  seis  hijos  suyos.  Bn  otra 
ocasión  visitó  la  Frigia  con  su  hijo 
Mercurio,  no  habiendo  hallado  hos- 
pitalidad sino  en  casa  de  Filemón  y 
Baueis,  dos  ancianos  muy  pobres  y 
muy  virtuosos,  cuya  casa  convirtió 
JónTBB  en  un  templo;  y  á  ellos,  des- 
pués de  muchos  años,  en  ámbar  j  en 
tilo. 

5.  Como  juez  del  mundo,  envió  un 
diluvio  para  castigar  la  maldad  de  los 
hombres,  no  habiendo  exceptuado  de 
aquel  azote  más  que  á  Deucalión, 
principe  de  Tesalia,  y  á  Pirra,  su  mu- 
jer; por  cuya  circunstancia  aquel  di- 
luvio se  conoce  en  la  historia  con  el 
nombre  de  diluvio  de  Deucalión. 

6.  Además  de  Juno,  tuvo  otras  mu- 
jeres, así  diosas  como  mortales.  Entre 
las  diosas,  cuéntense:  Mnemosina, 
Temis,  Ceres,  Latona,  Proserpína, 
Venus  y  otras  varías  de  menos  condi- 
ción. Entre  los  mortales:  Niove,  Se- 
mele,  Europa,  Leda,  Alcmena,  madre 
de  Hércules,  Dáuae,  hija  de  Acricio, 
rey  de  Argos,  y  otras  muchas,  que 
fuera  prolijo  enumerar. 

7.  Algunos  de  aquellos  matrimo- 
nios parecen  ser  alegorías,  como  el  de 
Mnemosina,  madre  de  las  musas,  que 
representa  el  símbolo  de  la  inteligen- 
cia y  de  la  memoria,  de  donde  se  ori- 
gina la  edad  de  oro. 

8.  Sus  principales  hijos  fueron  los 
siguientes:  Venus,  Apolo,  Diana, 
Mercurio,  Baco,  Hércules,  Pólux, 
Perseo,  y  la  gran  patrona  del  Atica, 
la  que  nació  armada  de  la  cabeza  de 
su  padre,  la  guardiana  de  Troya  ven- 
cida, el  genio  hermoso  del  Partcnón, 
magnífico  portento  del  arte  gentil; 
Minerva. 

9.  Tales  son,  manifestados  á  la  li- 
gera, los  hechos  capitales  de  la  asom- 
brosa leyenda  de  Jiíiter,  la  más 
asombrosa  del  polítcísnui;  leyenda  ( 
greco-romana,  eoinpucsia  de  elemen- 
tos infinitamente  distintus,  de  tod:is 
procedencias,  eu  donde  parecen  con- 


centrarte las  grandM  ínTencíonei  del 
mundo  pagano.  Bn  J(jriTBB,  como  en 
todas  las  personificaciones  de  la  mis- 
ma índole  que  nos  presenta  la  genti- 
lidad, hallamos  cierto  fondo  de  histo- 
ria, de  filosofía,  de  erudición,  entre 
los  fingimientos  de  la  fábula;  y  sobre 
todo,  la  suprema  concepción  religiosa 
de  los  griegos  y  de  los  latinos,  equi- 
valente al  Ser  primero,  al  Ser  por  ex- 
celencia, que  han  concebido  y  adora- 
do todas  las  razas.  En  fin,  Júpiter, 
como  las  demás  representaciones  uní- 
versales  del  gentilismo,  viene  á  ser  la 
primera  objetividad  humana  de  la 
esencia  divina. 

10.  [Metafísica  inconcebible!  ¡Sabi- 
duría verdaderamente  inefitble!  El  te- 
ma Jov,  que  las  lenguas  griega  y  ro- 
mana aplicaron  á  Jupitbb,  es  el  mis- 
mo tema  que  encontramos  en  otro& 
muchos  idiomas  para  designarla  exis- 
tencia delgran  principio,  como  vemos 
en  Jehoüak,  Jesús  y  el  Juba  moro.  Y 
ese  elemento t/oí,  que  representa  Diov, 
aparece  en  el  griego  Zeus,  cuyo  geni- 
tivo hace  Dios;  como  aparece  en  el 
anticuo  latín  DÍus,  que  los  clásicos 
convirtieron  en  Deus,  de  donde  viene 
nuestro  Dios;  como  aparece  de  la  mis- 
ma manera  en  la  raíz  dip,  que  signi- 
fica cielo  en  lengua  sánscrita;  el  mis- 
mo div,  que  quiere  decir  genio  en  la 
mitología  persiana.  jAhl  ¿Quién  se 
atreve  sin  remordimiento  á  llamar 
bárbara  la  vida  de  los  primeros  hom- 
bres? ¿Quién  se  atreve  á  condenar  la 
civilización  y  la  lengua  de  los  anti- 
guos? El  sol  que  alumbró  las  maña- 
nas vírgenes  de  la  vida,  es  el  mismo 
sol  que  alumbra  actualmente  en  el 
cielo  de  la  humanidad.  Bn  una  pala- 
bra; el  Dios  de  entonces,  es  el  Dios 
de  ahora. 

11.  Júpiter  presidíalos  imperios, 
las  ciudades,  las  familias,  todos  los 
actos  de  la  vida  pública  y  privada. 
Era  el  dios  del  juramento  y  de  los  su- 
plicantes; mandaba  en  el  trueno,  en 
el  rayo,  en  la  lluvia,  en  toda  la  natu- 
raleza; estaba  en  el  ambiente  y  en  to- 
das partes;  de  donde  viene  la  senten- 
cia: Jut'iTBR  guogumque  vides,  como  si 
dijéramos:  <en  donde  quiera  ves  á 

JÚPITER.» 

12.  Fué  adorado  principalmente  en 
Creta,  Arcadia,  Olimpia  y  en  los  de- 
siertos de  la  Libia,  bajo  el  célebre 
nombre  de  Júpiter  AmmCn. 

13.  Su  primer  oráculo  era  el  de 
Dodona,  en  Kpiro. 

14.  Entre  las  fiestas  principales, 
que  se  celebraban  en  honor  suyo,  de- 
ben citarse:  los  juegos  olímpicos,  las 
Uceas  de  Arcadia  y  las  diatias  ate- 
nienses. 

15.  Entre  sus  atributos,  fieuraa; 
el  águila,  la  encina,  el  rayo  y  efcetro. 

16.  La  mejor  de  las  infinitas  esta- 
tuas erigidas  al  padre  de  los  dioses, 
era  la  de  Júpiter  olímpico  de  Fidias, 
de  oro  y  marfil,  una  de  ias  siete  ma- 
ravillas del  mundo,  la  cual  no  existe 
hace  muchos  siglos.  Sin  embargo, 
Grecia  conservaba  aún  varias  figuras 
antiquísimas  de  su  primera  divinidad  . 

17.  Volviendo  á  la  lucha  de  los  Ti- 


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JURA 

taaes/  ds  los  ffigftutos»  debe  adrer- 
tirae  que  aquellos  combates  fiimosos 
llenan  los  libros  7  los  monumentos  de 
la  antigüedad  griega,  hasta  el  punto 
de  representar  dos  magnificas  epope- 
jas  de  los  tiempos  heroicos.  ¡Tan  cier- 
ta es  qae  la  religión,  aun  siendo  fabu- 
losa, es  la  ^ue  crea  m&s  formas  socia- 
les, como  SI  enciarnara  en  el  espíritu 
de  las  generaciones,  reproduciéndose 
indefinidamente  como  un  elemento  de 
historia,  de  ciencia,  de  moral,  de  lite- 
ratura y  de  arte!  Y  esto  consiste  en 
que  los  pueblos  doblan  humildes  la 
eerriz,  no  á  quien  tiene  fuerza  para 
apoderarse  de  su  cuerpo,  sino  á  quien 
tiene  inspiración  para  enseñorearse 
de  sos  esperanzas  j  de  su  fe.  ¡Sí!  Los 

ftaeblos  resisten  á  los  que  temen  j  á 
os  que  odian:  se  entregan  con  delicia 
á  los  que  veneran  y  á  los  que  aman. 
T  para  decirlo  de  una  vez,  son  rebel- 
descon  los  conquistadores:  son  dóci- 
les con  los  misterios.  Están  prontos  en 
toda  sazón  para  conjurarse  contra  los 
tiranos,  como  están  dispuestos  cons- 
tantemente á  sacrificarse  en  aras  de  sus 
dioses;  de  donde  resulta  que  el  pensa- 
miento de  una  primer  cansa,  como  la 
escala  de  Jacob,  hace  que  el  cielo  baje 
á  ta  tierra  y  que  la  tierra  suba  al  cíe- 
lo, simbolizando  en  una  fórmula  co- 
mún la  idea  suprema  de  Dios  3  del 
hombre.  jtQueréis  haceros  dueños  de 
la  humanidad?  Pues  haceos  dueños  de 
su  fantasía;  haceos  dueños  de  ese  gran 
mito;  porque  el  hombre  lucha  contra 
todo;  pero  no  lucha  con  los  arcanos, 
Qo  lucha  con  las  sombras,  no  lucha 
con  la  poesía,  lo  cual  quiere  decir  que 
no  lucha  con  su  propia  imaginación, 
qiíe  es  la  poesía  de  su  alma,  la  crea- 
ción divina  7  el  dirino  reinado  de  su 
genio. 

Jar.  Uasculino  anticuado.  Dese- 
cho. 

EmiotOGÍA.  Juro. 

Jura.  Femenino  anticuado.  Juba- 
unto,  I  El  acto  solemne  en  que  los 
estados  ▼  ciudades  de  un  reino,  en 
nombra  de  todo  él,  reconocen  7  juran 
la  obediencia  á  su  príncipe,  {j  os  uan- 
CUADRA  Ó  OB  LA  HANCUADRA.  Forense 
antienado.  Juraubnto  db  calumnia. 
I  Jura  mala  bnpibdbacaioa.  Refrán 
que  enseña  que  no  se  debe  ejecutar  lo 
mnlo,  aunque  se  ha7a  jurado. 

Btwolooía.  Jurar:  latín,  Jüraíío, 
Tonna  sustantiva  abstracta  de^Ñra/iM, 
jurado;  catalán,  jurd. 

Joraderia.  Femenino  anticuado. 

JoBADUafA. 

Jnrado.  Masculino.  El  sujeto  CU70 
cargo  versaba  sobre  la  provisión  de 
víveres  en  los  avuntamientos  7  con- 
cejos. I  EN  CAP.  Én  la  corona  de  Ara- 
gón era  el  primero  de  los  jvbaoos, 
que  se  el^ía  de  los  ciudadanos  más 
ilostres,  que  ya  habían  sido  insacula- 
dos én  otras  bolsas  de  jueádos,  y  que 
tuviesen  cuarenta  años  cumplidos.  | 
Tribunal  de  origen  inglés,  introduci- 
do 7a  en  varías  naciones,  curo  cargo 
es  determinar  7  declarar  el  hecho, 

3aedando  al  cuidado  de  los  magistra- 
osla  designación  de  la  pena  que  por 
las  le7és  corresponde  al  niismo.  ||  L,lá- 


JURA 

mase  así  también  cada  uno  de  los 
individuos  que  componen  dicho  tri- 
bunal. 

Etiuoloo{a.  Latín  jñrSíuit  partici- 
pio pasivo  da  j&r&re,  jurar:  catalán, 
juratt  da;  franeés,/w/;  italiano,  gi%^ 
rato. 

Jurador,  ra.  Masculino  7  femeni- 
no. El  que  jura.  Hoy  sólo  se  dice  del 

3ue  tiene  vicio  de  jurar.  Q  Antieua- 
o.  El  que  declara  en  juicio  con  jura- 
mento. 

Etiuolooía.  Jurar:  latín,  jf^Síor, 
forma  agente  dejIírS^,  jura;  italia- 
no, yimvfofv. 

Juradoria.  Femenino  anticuado. 

JlTRADUBÍA. 

Jnrádnria.  Femenino.  El  oficio  7 
dignidad  de  jurado. 

Juramentado,  da.  Participio  pa- 
sivo de  juramentar.  Q  Masculino  7  fe- 
menino. El  que  ha  prestado  jura- 
mento. 

Etihülooía.  JurammUa^:  catalán, 
juramentat,  da. 

Juramentador,  ra.  Sustantivo  7 
adjetivo.  El  que  juramenta. 

Juramentar.  Activo.  Tomar  jura- 
mento á  alguno,  I  Recíproco,  Obli- 
garse con  juramento. 

ETiuoLoofA.  Jmramfítto:  catalán. 
Juramentar,  jwamentam. 

Juramentarse.  Recíproco.  Com- 
prometerse con  jurameínto. 

Juramento.  Masculino.  Afirma- 
ción ó  negación  de  alguna  cosa  po- 
niendo por  testigo  á  Dios,  ó  en  sí  mis- 
mo ó  en  sus  criaturas,  jj  asertorio. 
Aquel  con  que  se  afirma  la  verdad  de 
alguna  cosa  presente  ó  pasada.  Q  con- 
minatorio. Aquel  con  que  se  amena- 
za á  alguno.  ||  db  caluUnia.  Forense. 
£1  que  hacen  las  partes  al  principio 
del  pleito,  testificando  que  no  proce- 
den ni  procederán  con  malicia.  |  db- 
cisoRio.  Párente.  Aquel  que  una  par- 
te exige  de  la  otra  en  juicio  6  fuera 
de  él,  obligándose  ¿  pasar  por  lo  que 
ésta  jurare.  \  dbfbbido.  Dboisobio.  Q 
bxbcratobio.  Maldición  que  se  eáha 
uno  á  sí  mismo  sí  no  fuere  verdad  lo 
que  asegura.  |  falso.  El  que  se  hace 
con  mentira.  \  jíidicial.  F<»fense.  El 
que  toma  el  juez  de  oficio  ó  á  pedi- 
mento de  la  parte.  [  promisorio.  Fo- 
rente.  Aquel  con  que  se  promete  al- 
guna cosa.  I  suPLBTORio.  Forensc.  El 
que  se  pide  á  la  parte  á  falta  de  otras 
pruebas.  ||  St  el  juraubnto  es  por 

NOS,  LA  BUBRA  SS  NUESTRA  POE  DtOS. 

Refrán  que  da  á  entender  la  facilidad 
con  que  algunos  juran  en  falso  por 
su  propio  interés. 

ETiHOLoaÍA.  Jurar:  latín,  jüramen- 
twn;  italiano,  ^i»rant««/0;  francés, 
rmení;  provenzal  y  catalán,  iNroMMí. 

Jurante.  Participio  activo  anti- 
cuado de  jurar.  £1  que  jura. 

Jurar.  Activo.  Afirmar  ó  negar  al- 
guna cosa,  poniendo  por  testigo  á 
Uios,  o  en  sí  mismo  ó  en  sus  criatu- 
ras, j  Reconocer  solemnemente  y  con 
juramento  de  fidelidad  7  obediencia 
la  soberanía  de  un  principe.  |[  bh  fal- 
so. Asegurar  con  juramento  lo  que  se 
sabe  que  no  és  verdad.  ||  Echar  votos 
V  reniegos.  |  jurársela  ó  jubXbsblas 


JURI 


m 


i  ALOUNO.  Frase  familiar.  Asegurar 
que  se  ha  de  vengar  de  él. 

EnifOLoofA.  Latín  jürSre,  de  7W, 
jürit,  la  le7,  la  justicia:  italiano,  ^fV 
rare;  francés,  jurer;  provenzal  7  cata- 
lán, jurar. 

Éeteña. — El  iurab  es  uno  de  los 
hechos  á  que  se  da  mis  importancia 
en  las  Sagradas  Escrituras,  desde  el 
Ge'ntsit,  que  habla  sobre  este  punto 
en  diez  capítulos,  hasta  el  Apoeaiip- 
ti4,  que  le  dedica  el  versículo  6  del 
capítulo  X. 

Juratoria.  Femenino.  Provindal 
Aragón.  La  lámina  de  plata  en  que 
está  escrito  el  Bvangelio,  7  sobre  la 
cual  ponen  las  manos  los  magistrados 
para  hacer  el  juramento,  g  Adjetivo. 
Véase  Caución  íobatobia.  • 

Juratorio.  Masculino.  El  instru- 
mento en  que  se  hacía  constar  el  ju- 
ramento prestado  por  los  magistrados 
de  Aragón. 

EriuOLOafA.  Jurar:  latín,  jm^Ud- 
rius;  italiano,  yt'srsíorio;  francés« 
ratoire;  provenzal,  Juratory. 

Jurdía.  Femenino.  Especie  de  red 
para  pescar. 

Jurel.  Masculino.  Pez  que  se  cría 
en  los  mares  de  España.  Es  de-  pie  7 
medio  i  dos  píes  de  largo,  azul  por  el 
lomo,  7 '  por  el  vientre  blanco  con 
manchas  rojas.  Tiene  sobre  el  lomo 
dos  aletas,  y  en  cada  uno  de  los  cos- 
tados una  linea  de  púas. 

Jurgina  6  jurguina.  Femenino 
Hechicera. 

Etimología.  Latín  ywrffÍKJM,  quere- 
lla: de  iurgare,  contender,  reñir  con 
palabras;  á&jure,  ablativo  de  iu$,jü- 
riSy  el  derecho,  7  hacer.  El  latín 
tiene  Jurgatrüt,  la  que  rifle,  en  san 
Jerónimo. 

|Juri!  Interjección  anticuada.  Es- 
pecie de  imprecación. 

Juriar.  Activo  7  neutro  anticua- 
do. JuBAB,  vulgarmente. 

Jurídicamente.  Adverbio  de  mo> 
do.  En  forma  de  juicio  6  derecho.  | 
Por  la  vía  judiciaria,  por  ante  un 
juez.  P  Con  arreglo  á  lo  dispuesto  por 
la  107.  I  En  términos  propios  7  rigu- 
rosos de  derecho,  en  lenguaje  legal. 

Etíuolooía.  Jurídica  7  el  sufijo  ad- 
verbial mente:  catalán,  jurldicament; 
(nncés,  juridiquemenl;  italiano,  (fiuri- 
dieameníe. 

Juridicial.  Adjetivo  anticuado. 
Judicial. 

Juridíción.  Femenino  anticuado. 
Jurisdicción. 

Jurídico,  ca.  Adjetivo.  Lo  c^ne 
está  ó  se  hace  según  forma  de  juicio 
ó  de  derecho. 

Etdiolooía.  Juieiii:  latin,  JprIíflíflM; 
italiano,  ffiuridico;  francés,  juriiique; 
catalán,  ^KríeítcA,  a. 

Jurio.  Masculino  anticuado.  Jubo 
ó  derecho  perpetuo  de  propiedad. 

Jurisconsulto.  Masculino.  El  que 

Srofesa  con  el  debido  título  la  ciencia 
el  derecho,  p  En  lo  antiguo,  ^  intér- 
prete del  derecho  civil,  cu7a  respuesta 
tenía  fuerza  de  107.  |  Jurisperito. 

BTiMOLoofA.  Latín  jüritconsültms, 
doctor  en  le7es,  jurisperito;  Aojas, 
jürisj  el  derecho,  7  connllum,  conaul- 


TOMO  lU 


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es 

Google 


JURI 


tado,  .süpino  de  eon$mtíre,  consultar: 
CAttXin,  juritconsuli;  (nncésjuriscon- 
.tulíe. 

^nrísdicciÓD.  Femenino.  Poder  ó 
autoridad  qna  tiene  alguno  para  go- 
bernarr  poner  en  ejecución  lasle- 
jres.  j  l^nniao  de  algún  lugar  ó  pro- 
riaeia.  p  El  territorio  en  que  un  juez 
ejerce  aui  &eultades  de  tal.  Q  Autori- 
dad 6  fuerza  de  alguna  cosa  sobre 
otra.  I  DBLBOADA.  La  que  ejerce  al- 
~guno  en  lugar  de  otro  por  comisión 
que  se  le  da  para  asunto  j  tiempo  de- 
■  temiinsdo.  |  forzosa,  forense.  La  que 
tiene  el  superior  ó  juez  respecto  de 
sus  subditos.  I  ORDINARIA.  Forenu.  La 
que  procede  del  fuero  común,  en  con- 
traposición i  la  privilegiada.  |  vo- 
luntaria. Forensf,  La  que  tiene  un 
juez  sobre  los  que  voluntariamente  se 
sujetan  &  su  decisión  en  alguna  cau- 
sa. I  Caer  dibajo  db  la  jurisdicción 
ó  PODBR  DB  ALQUNó.  Fraso  metafórica 
y  familiar.  Estar  sujeto  á  su  dominio 
ó  Tolantad.  B  Declinar  jurisdicción. 
Frase  forense.  Alegar  alguno  no  deber 
comparecer  ni  contestar  á  la  demanda 
que  se  le  pone  ante  juez  que  no  es 
competente.  |  Rbasumxr  la  jdbisdic- 
ciÓN.  Frase  forense.  Suspender  el  su- 
perior ó  quitar  por  algún  tiempo  la 
jurisdicción  que  otro  tenía,  ejercién- 
dola por  si  mismo  en  el  conocimiento 
da  algún  negocio.  [|  Kbfundir  ó  rb- 
FUNDiRSB  LA  JURISDICCIÓN.  Frsse  fo- 
rense. Recaer  ó  reunirse  en  una  sola 
persona  ó  en  pocas  la  jurisdicción  qne 
residía  en  muchas. 

EtiuolooÍa.  Jurídico:  latín,  jürit- 
(¿icíío;  italiano,  ^tvrtf^MiOfw;  francés, 
juriidiction;  catalán,  jurüdkci¿,jwe- 
dicei¿. 

Jurisdiccional.  Adjetivo.  Lo  que 
pertenece  á  la  jurisdicción.  |  Sbñorío 
JUBumiccioNAL.  Feudalismo.  El  de  los 
sefiores  territoriales  de  la  Bdad  me- 
dia. 

BtuiolooÍa.  Jnrisdiccidn:  catalán, 
jurisdiccional;  francés,  jurísdietionnel; 
italiano,  ytW¿'(^tzioifa¿r. 

Jurísperícia.  Femenino  anticua- 
do. Jurisprudencia. 

ETiyoLOOf A.  Latín  jñrtftpiriiía. 

Jurisperito.  Masculino.  El  que 
conoce  en  toda  su  extensión  el  dere- 
cho civil  y  canónico,  aunque  no  se 
ejercite  en  las  tareas  del  foro. 

Btivolooía.  h^iin  ^v.ritphitu$,  doc- 
to en  el  derecho;  jut,  jiris,  la  jus- 
ticia, }a  lej,  ;r  ;)^;íw,  perito:  italia- 
no, ffiar'iijpífi  /o;  catalán,  juritpérit. 

Jurisprudencia.  Femenino.  La 
ciencia  del  derecho.  Q  Bl  conjunto  de 

Erineipios  legales  que  tiene  un  pue- 
lo  ó  una  época,  en  eujo  sentido  se 
dice:.LÁ  JUBispRUDBNCiA  de  los  anti- 
guos; LA  JURispRUDBNCiA  de  los  mo- 
dernos;  la.  jurispruosncia  romana; 
LA  JDBispRUDBNClA  españols.  |¡  Orden 
de' hechos  establecido  por  prácticas 
constantes,  las  cuales  forman  las  tra- 
diciones reglamentarias  de  una  cor- 
oración,  como  cuando  decimos:  cta- 
es  ó  cuales  disposiciones  no  se  avie- 
nen con  LA  JURISPRUDENCIA  del  Con- 
greso.» l  Concepto  propio  y  persona- 
lisimo  con  que  un  juez  interpreta  y 


JURO 

aplica  las  lejes,  ajustándose  á  lo  que 
pudiera  llamarse  su  criterio  jurídico  ó 
conciencia  le^.  Por  ejemplo:  sen- 
tando hipotéticamente  que  en  la  pro- 
vincia d!e  Madrid  se  cometen  pocos 
estupros  y  muchos  robos,  es  eviaente 
que  la  audiencia  territorial  será. más 
severa  con  los  robos  que  oon  los  estu- 
pros, (>orque  así  lo  .exige  una  razón 
moral  insejwrable  del  espíritu  de  la 
lej,  sustancia  necesaria  d!e  todo  dere- 
cho. Supongamos,  por  el  contrarío, 
que  en  Aragón  se  cometen  muy  pocos 
robos  y  muchos  estupros,  y  compren- 
deremosperfectamente  que  la  audien- 
cia de  Zaragoza  sea  mas  severa  con 
los  estupros  que  con  los  robos,  casti- 
gando con  mayor  grado  de  penalidad 
fas  acciones  que  necesitan  major  gra- 
do de  represión.  Al  hablar  ahora  de 
los  mencionados  delitos,  podremos  de> 
cír  que  su  pena  es  mayor  ó  menor, 
según  la  particular  jurisprudencia  de 
los  tribunales  de  Madrid  y  de  Zara- 
goza. U  Especie  de  sanción  pública  y 
solemne  de  un  hacho  ejecutado  du- 
rante mudio  tiempo  á  ciencia  y  pre- 
sencia de  todo  el  mundo,  como  sí  hu- 
biera recibido  la  ejecutoria  del  con- 
sentimiento universal;  en  cuyo  senti- 
do se  dice:  «tal  6  cual  cosa  tiene  en 
su  abono  la  jurispbudbncia  de  la  cos- 
tumbre.» 

Etucolooía.  Latín  jUritprüdeuíU; 
áü  jüris,  genitivo  de ^'m,  la  justicia, 
y  jtrüdentlai  conocimiento;  «conoci- 
miento del  derecho  ó  de  la  justicia:» 
catalán, yKrís^rurfíJWta;  francés,  jurit- 
prudence;  italiano,  giuritprudtnta, 

Jurispradente,  Masculino.  Jubis> 
perito. 

EtiuolooU.  Latín  iñritprUdeni,  «»• 
íis:  catalán,  iVw/írtóíJií. 

Jurista.  Masculino.  El  que  estu- 
dia ó  profesa  la  ciencia  del  derecho. 
B  El  que  tiene  juro  6  derecho  á  algu- 
na eosa. 

Etimología.  Jmrídico:  catalán,  ju- 
rista; francés,  juriste;  italiano,  yisris- 
tat  doctor  en  derecho. 

Jurjina.  Femenino  anticuado.  Jur- 
aiNA. 

Juro.  Masculino.  Derecho  perpe- 
tuo de  propiedad.  [[  Especie  de  pen- 
sión perpetua  concedida  sobre  las  ren- 
tas públicas,  ya  sea  por  merced  gra- 
ciosa, ja  por  recompensa  de  servicios, 
ó  ya  por  vía  de  réditos  del  capital  re- 
cibido. I  MOBOso.  Aquel  á  cuya  co- 
branza se  ha  dejado  de  acudir  por  es- 
pacio de  cierto  número  de  a&os,  y 
porque  el  dinero  no  esté  ocioso  se  vafe 
el  príncipe  de  él  con  la  calidad  de  sa- 
tisfacerlo i  la  parte  siempre  que  acre- 
dite su  pertenencia,  y  CÍasbr  bl  jubo 
ó  LIBRANZA.  Frase.  Tbnbr  cabiuie.vto 
en  la  relación  por  antelación.  ||  Ob 
.UBO.  Modo  adverbial.  Ciertamente, 
I  por  fuerza,  sin  remedio.  Q  ó  por  juro 
I  DE  HBRBDAD.  Modo  adverbial.  Perpe- 
I  tuamente,  para  que  pase  de  padres  á 
i  hijos. 

EnuoLOofA.  Latín  jure,  ablativo 
!de_;ui,  jüris,  el  derecho  tomado  ad- 
I  verbialmente,  como  vemos  en  Cíce- 
'  rón.  Quiere  decir;  con  justo  título, 
I  con  razón  y  ley. 


JUST 

Jtt^arba.  Femenino.  Planta. 

Brusco. 

EtiuolooÍa.  Juharha.  Lsforma^'sf- 
barha,  que  trae  la  Academia,  no  tiene 
raíz. 

Jusello.  Masculino.  Especie  de  po- 
taje que  se  haca  con  caldo  de  carne, 
perqil,  queso  y  huevos. 

BriiiOLOGfA.  Latínjvf,  caldo,  ñlsa, 
mojeWiu  coNDiTUUf  salsa  bien  uzoaa- 
da.  (CacBRÓN.) 

Jnseate.  Femenino.  Marea. 

Btiholooía.  Latín  deorium,  hacia 
abajo;  latín  de  la  Edad  media, ^oiaai, 
jusum;  fcnacés,  jusant;  portugués,;*- 
sante.  (Littré.) 

Reseña. — Por  juteníe  se  entiende  la 
bajada  de  la  marea;  y  así  es  que  los 
franceses  dicen:  Jtoí  et  josant;  fiujo 
y  reflujo. 

Juagar.  Activo  anticuado.  Conde- 
nar á  perder  por  justicia  alguna  eou. 

EtuiolooÍ  A.  Juagar. 

Justa.  Femenino.  Pelea  ó  combate 
singular  que  se  hace  á  caballo  coa 
lanza.  1  Torneo  ó  juego  de  á  caballo 
en  que  acreditan  los  caballeros  ib 
destreza  en  el  manejo  de  las  armas.  | 
QemaMa,  La  justicia. 

ETiHOLOofA.  Latín^Hf^it,  plural,  for 
malidades,  cesas  convenidas  ó  ajus- 
tadas: catalán,  jw/a;  francés  del  si- 

flo  xii.jotíe;  \ui,  juste;  francés  mb- 
emOtjoHte,  forma  incorrecta. 
Sentido  etimológico. — Llamóse  juiia 
porque  se  ajustaba  á  ciertas  reglas, 
esto  es,  porque  mediaba  t^uiíe  ó  con- 
venio. 

Justador.  Masculino  anticuado. 
Ajustador  Ó  jubón.  [|  Bl  que  ajusta. 

BtimolooÍa.  Justar:  catalán, ^Mto- 
dor;  francés  del  siglo  xii,joutteor;  xv, 
jousteur;  moderno,  jouteur. 

Justamente.  Adverbio  de  modo. 
Con  justicia.  |  Ajustadamente;'  y  así 
se  dice:  este  vestido  viene  justAHSN- 
TB  al  cuerpo.  ||  Cabalmente,  ni  'más 
ni  menos;  asi  se  dice:  eso  ha  sucedi- 
do JUSTA UBNTB  como  JO  pensal».  j 
Adverbio  con  que  se  expresa  la  iden- 
tidad de  lugar  ó  tiempo  en  que  suce- 
de alguna  cosa;  y  así  se  dice:  Fulano 
se  hallaba  justaubntb  en  aquel  pue- 
blo. 

Btiholooía.  Justa  y  el  sufijo  adrei^ 
bial  mente:  Uiíu,  justé;  catalán, ;'mÍ»- 
mení;  {nacés,  jusíement;  italiaDO,yiN^ 
(amenté. 

Justaposición.  Yuxtaposición.  La 
íoxm^justa-jposicidn,  que  aparece  en  al- 
gunos/^icctosaWof,  es  bárbara  .puesto 
que  j%tta  representa  yuta,  del  Utin 
jnxta,  cerca.  JutUtpottcidn  significa 
posicid»  justa»  cuyo  sentido  no  tiene 
que  ver  con  ^uxíapotiadn,  que  P**"* 
ción  inmediata,  contigua,  modo  de 
formación  en  los  minerales;  j  así  de- 
cimos que  las  rocas  se  forman,  aomoa* 
tan,  crecen,  por  yiMría/ioitCM^ 

Justar.  Neutro.  Pelear  ó  combatir 
en  las  justas. 

ETiMOLoaÍA.  Jntta:  caUlán,  juit^- 

Justedad.  Femeninoanticuado.U 
calidad  de  justo.  ||  Anticuado.  lgu"j- 
dad  ó  correspondencia  justa  y  exacta 
de  alguna  cosa.  , 

Jnstesa.  Femenino.  Cualidad  ce 


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JUST 


JUST 


JUSt  28á 


lo  justo  5  preciso.  |j  A.Qticuado.  3vs~ 

TBDAU. 

BriuoLOolk,.  Jutío:  iUluno,  pusíei- 
ta;  francés  uiÚgnOt  jmtUiá;  moderno, 
justesig. 

1 .  Justicia.  Femenino.  Virtud  que 
inelinii  á  dar  á  cada  uno  lo  que  le  per- 
tenece. Q  Teología.  El  atributo  de  Dios 
por  el  cual  arregla  todas  las  cosas  en 
número,  peso  j  medida.  Ordinaria- 
mente se  entiende  por  la  divina  dis- 
posición con  que  castigólas  culpas.  | 
Ortodoxia.  Una  de  las  cuatro  virtudes 
cardinales,  que  consiste  én  arreglarse 
á  la  suprema  justicia  y  voluntad  de 
Dios.  I  Derecho,  razón,  equidad.  \  £1 
conjunto  de  todas  las  virtudes,  que 
constituye  bueno  al  que  las  tiene.  [[Lo 
que  debe  hacerse  según  derecho  ó  ra- 
zcÍd;^  así  se  dice:  pido  justicia.  Q 
Pena  6  castigo  público.  Q  El  ministro 
ó  tribdual  que  la  ejerce.  H  Masculino 
antifuado.  ALauACiLUAVOR.  ||  dbAba- 
oÓN.  El  magistrado  supremo  de  aquel 
reino  que,  con  el  consejo  de  cinco  lu- 
gartenientes togados,  hacía  justicia 
entre  el  rej  y  los  vasallos,  y  entre  los 
eclesi¿sticosjseculares.  Hacía  en  nom- 
bre del  rejr  sus  provisiones  é  inhibi- 
ciones,-cuidaba  de  que  se  observasen 
los  fueros,  conocía  de  los  agravios  he- 
chos por  los  jueces  y  otras  autorida- 
des, j  fallaba  los  recursos  de  fuerza.  Q 
DB  Di03.  Bspecie  de  imprecación  con 
que  se  da  á  entender  que  alguna  cosa 
es  indigna,  como  pidiendb  1  Dios  que 
U  castigue.  {  db  sanorb.  Anticuado. 

MlBO  IIIPBBIO.  |]  UATOB  DB  CaSTILLA. 

Diguidad  de  las  primeras  del  reino, 
que  gozaba  de  grandes  preeminencias 
V  iáeultades,  y  s  la  que  se-  comunica- 
ba toda  la  autoridad  real  para  averi- 
(pur  los  delitos  y  castigar  á  los  de- 
líncuenteB.  Desde  el  siglo  decimocuar- 
to se  hizo  esta  dignidad  hereditaria 
en  la  casa  de  los  duques  de  Bejar,  en 
donde  permanece,  aun^ne  sin  ejerci- 
cio. Llamábase  también  de  la  casa 
del  rej  j  reinos.  |  on  uñaría.  Foren^ 
».  La  que  tiene  |K)r  sí  derecho  de 
conocer  en  primera  instancia  de  todas 
las  eaasas  ;  pleitos  del  fuero  general 
qae  ocurren  en  su  distrito.  |  oaIOI^tAL. 
La  inocencia  y  gracia  en  que  Dios 
critS  i  nuestros  primeros  padres.  \  Ad- 
uiNiSTBAR  JUSTICIA.  Frsse  forense  que 
dice  de  losjueces  que  juzgan  sobre 
ella,  ó  hacen  que  se  ejecute  lo  que  es 
joito.  U  La  justicia  db  Enbbo,  Ex- 
presión familiar  con  que  se  da  á  en- 
tender que  ciertos  jueces,  ú  otros  fun- 
cionarios, no  suelen  perseverar  en  el 
nimio  rigor  que  ostentan  cuando  prin- 
cipian á  ejercer  sus  cargos.  ||  ¡Aquí 
as  LA  justicia!  Expresión  provincial. 
¡Favor  á  la  justicia!  [|  db  justicia. 
Modo  adverbial.  Debidamente,  según 
«isnciA  T  razón.  §  Estab  k  justicia. 
Frase.  Estar  k  dbrbcbo.  Q  Hacbr 
JusTicu.  Frase.  Obrar  en  razón  con 
alguno  ó  tratarle  según  el  mérito,  sin 
atender  á  otro  motivo,  especialmente 
cuando  ha^  competencia  y  disputa.  | 
la  POB  JUáTiciA.  Frase.  Poner  pleito, 
acudir  á  algún  juez  ó  tribunal.  |j  Ju9- 
Ticu,  MAS  NO  POK  MI  CASA.  Refrán  que 
io«eba  que  todos  desean  que  se  cas- 


tiguen los  delitos;  pero  no  cuando  Son 
ellos  los  culpados,  |  Oír  en  justicia. 
Frase  forense.  Admitir  eljuezjse- 

fuir  la  demanda  según  los  términos 
el  derecho.]! Pedir  bn  justicia.  Fra- 
se forense.  Poner  demanda  ante  juez 
competente.  |[  Penm  justicia.  Frase. 
En  el  sentido  recto  vale  acudir  al  juez 
para  que  la  haga,  y  se  extiende  á  sig^ 
nificar  el  pedir  con  razón  y  equidad 
en  cualquiera  materia.  |  Poner  pob 
justicia.  Frase.  Demandar  á  alguno 
ante  el  juez  competente.  ||  Tenerse  X 
LA  justicia.  Frase.  Detenerse  j  ren- 
dirse á  ella.  I  Familiar.  Castigo  de 
muerte.  Así  se  dice:  en  este  mes  ha 
habido  dos  jvsticias.  |  Db  justicia 
en  justicia.  Se  dice  de  loa  desterrados 
que  se  conducen  de  pueblo  en  pueblo 
o  de  alcalde  en  alcalde  hasta  su  des- 
tino. 

ETiMOLoaÍA.  Jutto:  latín,  jnsíUía; 
italiano,  ffivslizia;  francss,  Jusíice; 
provenzal,  justicia;  ^talán,  jmtida; 
portugués,  jiatiea;  burgutftón,  jeus- 

tice. 

Reseña. — 1.  Jurisprudencia. — Jus- 
ticia distributiva.  La  que  arregla  la 
proporción  con  que  deben  distribuir- 
se las  recompensas  y  los  castigos. 

2.  Justicia  conmutativa.  La  que  re- 
ffla  la  proporción  equitativa  que  debe 
haber  entre  los  objetos,  cuando  se 
dan  unos  por  otros. 

3.  Justicia  de  fuero  interno.  Ani- 
mo decidido,  voluntad  perfecta  y  há- 
bito constante  de  dar  á  cada  uno  lo 
que  es  suyo. 

4.  La  le^  escrita  con  relación  á  la 
naturaleza  de  las  causas  6  de  los  ne- 
gocios que  se  ventilan  en  vías  de  de- 
recho-,, j  así  decimos:  justicia  civil; 
justicia  criminal. 

5.  La  justicia  divÍM*  La  moral  Su- 
prema. 

6.  La  justicia  Awmm.  La  moral 

del  mundo. 

7.  La  justicia.  La  administración 
de  justicia  en  toda  la  nación. 

8.  Justicia  de  Diot,  Castigos  de 
la  Providencia. 

9.  Feudalismo. — Justicia  real.  La 
que  se  ejercía  en  nombre  del  ny. 

10.  Justicia  patrimonial  6  señorial. 
La  que  se  ejercía  en  nomb/e  del  señor. 

11.  Justicia  manual.  La  que  daba 
derecho  al  señorío  de  apoderarse  de 
los  muebles  del  pechero,  por  razón 
de  atrasos  en  las  rentas. 

12.  Su  última  perfección  no  se  tie- 
ne en  esta  vida,  en  donde  vivimos  con 
pecado.  (Génesis,  VI,  3;  VIH,  21.  J 

SiNONmiA.  Articulo  Rimero.— -3vs- 
TiCiA,  EQUIDAD.  La jwftcía,  consídcra- 
da  como  sinónima  de  equidad,  es  una 
obligación  á  <^ue  se  ha  sometido  el 
homore  reducido  &  sociedad,  y  que, 
por  consiguiente,  se  debe  arreglar 
psr  la  le^  positiva.  La  equidad  es  una 
obligación  fundada  en  los  principios 
de  la  lejr  natural,  que  no  está  sujeta 
á  le^es  humanas,  antes  bien  éstas, 
para  ser  justas,  deben  arreglarse  á 
ellas.  Y  así  la  justicia  impone  deter- 
minadamente la  obligación  de  dar  á 
cada  uno  su  derecho,  de  la  cual  no  se 
puede  separar,  ni  el  juez  que  la  ad- 


ministra, niel  individuo  respecto  de 
su  igual,  sin  exponerse  á  que  una  au- 
toridad superior  Ies  obligue  por  fuer- 
za á  su  observancia;  pero  la  equidad 
modifica  aquella  misma  idea,  repre- 
sentándola respecto  del  juez  con  reía* 
ción  á  aquella  moderación  prudente 
con  que,  sin  faltar  á  \a  justicia,  regula 
en  caso  necesario  el  derecho  dudoso, 
las  circunstancias,  las  recíprocas  con- 
veniencias, etc.;  y  respecto  del  indi- 
viduo con  relación  á  una  obligación  á 
cui^  cumplimiento  no  se  le  puede 
obligar  con  la  autoridad  legal,  pero 
que  le  imponen  la  honradez,  la  con- 
ciencia ú  otras  consideraciones  pode- 
rosas. 

Los  arbitros  juzgan  muchas  veces 
más  bien  por  una  prudente  equidad, 
que  por  ei  rigor  de  la  justicia. 

hh  justicia  exige  que  paguemos  á 
nuestros  acreedores,  y  \tí  equidad,  que 
socorramos  á  los  menesterosos.  (Huer- 
ta.) 

Articulo  secundo. — Justicia,  recti- 
tud. La  justicia  consiste  en  el  respeto 
de  los  derechos  ajenos;  la  rectitud,  en 
la  estricta  y  escrupulosa  observancia 
de  las  leyes  morales.  Ia  justicia  no  se 
ejerce  mas  que  en  casos  de  conflicto 
entre  pretensiones  ó  derechos  opues- 
tos; la  raiíitud,  en  todas  las  acciones 
de  la  vida.  El  juez  es  justo  cuando 
sentencia  con  acuerdo  á  lo  probado; 
es  recto  cuando  resiste  á  empeños,  so- 
duceiones  y  amenazas.  (Mora.) 

2.  Justicia.  Femenino.  Mitohgia. 
Diosa  de  los  antiguos  romanos,  que 
se  representaba  bajo  la  forma  de  una 
virgen  de  aire  severo,  teniendo  en 
una  mano  el  cuerno  de  la  abundancia 
ó  una  espada,  j  en  la  otra,  una  ba- 
lanza. 

Justicia  (derbcho  de).  Historia  de 
la  Edad  media.  Atributo  de  la  sobe- 
ranía, ora  real,  ora  señorial,  de  la  cual 
hablaremos  aquí.  El  señor  feudal  ad- 
ministraba tresjusticiasta^fo,  M«t/tay 
baja.  El  seflor.  alto  justicibrO  couocui 
en  todas  las  cansas  civiles,  no  exeep:- 
tuadas  de  su  jurisdicción  por  lejes 
expresas  del  soberano.  En  materia 
criminal  y  en  punto  al  régimen  del 
Estado,  su  autoridad  estala  limitada 
por  la  del  rej;  aun  cuando  podía  im- 
poner la  pena  de  muerte,  si  era  señor 
de  horca  y  cuchillo,  El  medio  justicie- 
ro conocía  únicamente  en  primera 
instancia,  tratándose  de  las  causas  ci- 
viles. En  lo  criminal,  su  competencia 
estaba  reducida  á  imponer  pequeñas 
penas  corporales  y  multas.  Él  bajo 
JUSTicxRRO  no  conocía  más  que  en  las 
acciones  personales  ó  reales  hasta  de- 
terminadas sumas,  así  como  en  cier- 
tos delitos  que  se  castigan  con  multas 
de  poca  cuantía. 

Justicia  ma^or.  Masculino,  ifú- 
toria.  Gran  justiciero,  magistrado  in- 
violable y  sagrado,  creado  en  Aragón 
para  ser  protector  del  pueblo,  á  seme- 
janza de  los  tributios  de  Roma,  y  re- 
presentante del  rey,  á  semejan  ^.a  de  los 
eforos  de  Esparta.  A  fuer  de  intérprete 
supremo  de  las  leyes,  podía  recurrirse 
á  el  contra  las  sentencias  de  losjueces 
reales  ó  señoriales,  oficio  de  impor- 


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2S4  JUST 


JüST 


JUST 


tBQCíft  suma  en  aquellos  tiempos,  en 
que  la  inmunidad  v  el  privilegio  do- 
minaban en  todas  Tas  esferas.  Él  jus- 
ticia MAYOR,  custodio  de  las  liberta- 
des del  país,  era  quíen  recibía  del 
inonarca,  á  su  advenimiento  en  el 
trono,  el  juramento  de  g^rdar  los 
fueros  j  estilos,  teniendo  eu  su  pecho 
la  punta  de  la  espada  desnuda  del 
iusTicu  MAYOR.  Ésta  Ceremonia  se 
veriftcó  hasta  Pedro  I,  ó  sea  hasta 
fines  del  siglo  xi.  El  magistrado  ara- 
gonés extendía  su  jurisdicción  á  los 
actos  de  los  ministros,  á  quienes  po- 
día excluir  de  la  dirección  de  los  ne- 
gocios; á  la  proclamación,  á  las  orde- 
nanzas y  á  la  misma  conducta  del  rejr. 
Desde  los  primeros  tiempos  de  la  mo- 
narquía, EL  JUSTICIA  fué  escogido  por 
el  re/  entre  los  nobles  de  segundo 
orden,  interesados  en  serrir  de  con- 
trapeso á  loa  ricos-homes,  como  tam- 
bién al-  poder  real,  j  hasta  el  aíio  1347 
pudo  ser  revocado  por  el  monarca,  y 
aun  quedar  aigeto  a  confiscación,  de- 
gradación j  muerta.  Habiendo  llega* 
do  á  ser  fd  único  representante  de  los 
fueros,  por  la  abolición  del  prtviUoio 
de  imiií*,  que  permitía  á  los  grandes 
confederarse  contra  la  corona  cuando 
creían  violadas  sus  inmunidades,  fué 
declarado  inamovible,  y  esta  inamo- 
vilidad  fué  confirmada  por  las  Cortes 
de  1442.  Pero,  al  mismo  tiempo,  era 
responsable  ante  las  Cortes  j  ante  la 
comisión  permanente,  que  cada  asam- 
blea nombraba  al  terminarse  r  que  re- 
gularizó unalev  de  1461.  En  1591 ,  Fe- 
Upe  II,  aprovechándose  de  un  tumulto 
de  los  aragoneses,  suprimió  aquellos 
fueros  que  no  eran  compatibles  con  la 
autoridad  real.  El  justicia  matos 
Juan  de  Lanuza  pagó  con  su  cabeza, 
y  aunque  la  dignidad  de  Justicia  si- 
guió aparentemente,  fué  en  realidad 
abolida,  y  su  poder  abrogado  por  el 
rej,  como  antes  de  1347,  sin  tener 
ante  el  del  monarca  importancia  al- 
guna. 

Justiciador.  Masculino  anticuado. 
El  que  hace  justificación. 

Justiciar.  Activo  anticuado.  Ajus- 
ticias. [|  Anticuado.  Condbnab. 

Justiciazgo.  Masculino  anticuado. 
El  empleo  ó  dignidad  de  justicia. 

Justicieramente.  Adverbio  de 
modo.  Con  arreglo  á  justicia.  |j  Que 
castiga  con  rigor  los  delitos. 

EtimolooÍa.  Justiciera  y  el  sufijo 
adverbial  mente. 

Justiciero,  ra.  Masculino  y  feme- 
nino. El  que  observa  y  hace  observar 
rigurosamente  la  justicia.  |  El  que 
castiga  con  rigor  los  delitos;  jen  este 
sentido  llamamos  JUSTiCiRfto  al  rey 
Don  Pedro. 

EtimolooÍa.  Justicia:  provenzal, 
juslicier;  catalán, jiMíicjíf,  a;  francés 
Rntigao ^jiaticiere,jusiiceor;  moderno, 
justicier;  italiano,  giustUiere, 

Justificable.  Adjetivo.  Que  puede 
justificarse. 

Etiuoloqía.  Justificar:  italiano, 
gi%stiji(able;  francés,  jusii^aUe, 

Justificación.  Femenino.  Confor- 
midad con  Injusto.  |  Forense.  Proban- 

(^0.6  hace  el  reo  de  su  justicia,  des- 


vaneciendo los  cargos  que  se  le  han 
hecho.  ¡¡  Prueba  convincente  de  algu- 
na cosa.  I  Teología.  Santificación  in- 
terior del  hombre  por  la  gracia,  con 
la  cual  se  hace  justo.  ||  Imprenta.  La 
justa  medida  del  largo  que  han  de  te- 
ner los  renglones  que  se  ponen  en  el 
componedor.  \  Fundición  de  caracteres 
de  imprenta.  Comparación  de  la  letra 
nuevamente  fundida  coa  la  letra  ma- 
triz. 

JiTitíOLOoU.  Juiti^car:  latía  de  san 
Jeiúnimo,Jtuti/lcátto,  indemnización 
del  delito  imputado,  forma  sustanti- 
va abstracta  aejustí/lcatus,  justifica- 
do; cít&lin,  jutlificació;  ínncésy^to- 
venzail,  jttsti^caiion;  italiano,  yÍMíi^- 
catione. 

Meseña.—'l.  Justificación  teoló^i- 
ca.  Zuíeranismo.  Imputación  de  la  jus- 
ticia del  divino  Verbo,  el  cual,  ha- 
biendo pagado  las  culpas  de  todos  los 
hombres,  hizo  necesaria  la  no  impu- 
tación del  pecado. 

2.  Doctrina  católica. — Infusión  de 
la  gracia  que  borra  el  pecado  y  da 
santidad  i  nuestro  espíritu,  hacién- 
dole agradable  á  Dios.  (Bossubt,  R¿- 
fiexions  sur  l'écrit  de  Moianus.) 

3.  La  JUSTIFICACIÓN  del  impío  no 
solamente  se  atribuye  á  la  fe;  sino 
también  á  otras  virtudes,  como  á  la 
esperanza  f  ^Ofltaaof,  VIIl^  :2^^;ála 
caridad  (Éxodo,  XX,  6;  Proverbios, 
X,  12;  San  Lucas,  VII,  47  j;  il  te- 
mor (Éelesiásticot  /,  27,  28)f  y  á  las 
obras  de  penitencia  (Sabiduría,  X/, 
24.) 

4.  Tratándose  de  la  justificación 
por  la  penitencia,  se  citan  los  ejem- 
plos de  la  Ma^aiena,  del  hijo  pródi- 
go y  del  publicano. 

Justíflcadaniente.  Adverbio  de 
modo.  Con  justicia  y  rectitud.  |  Con 
exactitud,  sin  discrepar. 

EtimolooÍa.  Justificada  y  el  sufijo 
adverbial  nwMtó:  catalán,  _;i«/t/ícaí¿a- 
me^t;  fnnoéstjustifiabiementi  italiano, 
ffius  tificaíamente. 

Justificadisimamente.  Adverbio 
de  modo  superlativo  de  justificada- 
mente. 

Justiflcadisimo,  ma.  Adjetivo  su* 
perlativo  de  justificado. 

Justificado,  da.  Adjetivo.  Lo  que 
08  conforme  á  justicia  y  razón.  |j  Se 
aplica  al  que  obra  con  arreglo  ¿  di- 
chos principios.  |j  Teología.  Él  que  ha 
recibido  la  justificación.  En  este  sen- 
tido, suele  usarse  sustantivamente, 
como  cuando  se  dice:  «el  justificado 
está  seguro  de  sí  mismo;»  «los  justi- 
ficados no  temen  el  juicio  del  mun- 
do.» II  Participio  pasivo  de  justificar. 

Etimología,  haitin  juslíftcdtus,  par- 
ticipio pasivo  deyaífí/ícarí,  justificar: 
cítzUü,  justifica í, da;  {nams^Justífie'; 
itAViAuo,  jitaíificaio. 

Justificador.  Bfasculino.  Santifi- 

CADOK. 

Etimología.  Justificar:  latín,  jusíí- 
ficaior  (eu  Quichbbat,  Aiideti4a),  y 
;'usít/)íca¿rt£,  femenino,  en  Ttirtulíano; 
\\»\\AXvo,  giusíificatore;  francés,  jtisti- 
Jicaíettr. 

Justificante.  Participio  activo  ¿a 
justificar.  Lo  que  justifica.  Q  Teotegia, 


Que  infunde  la  justicia  de  ta  gracia; 
esto  es,  que  nos  hace  justos  en  el  fue- 
ro interior.  U  Masculino  plural.  Los 
JUSTIFICANTES.  Los  documentos  justi- 
ficativos, 

Etiholooía.  Latín  justifican»,  ju- 
üfícantis,  participio  de  presente  de 
jusítficSre:  cntiiún,  jusíificant;  fnií- 
cés,  justifiant;  iiaMuao,  Justificante» 

Jostiflcar.  Activo.  Hacer  Dios  jus- 
to ¿  alguno  dándole  la  gracia.  I  Pro- 
bar judicialmente  alguna  coia.  ¡  Pro- 
bar alguna  cosa  con  razones  conviu- 
centes,  testigos  y  documentos,  y  Rec- 
tificar ó  hacer  justa  alguna  cosa,  g 
Ajustar,  arreglar  alguna  cosa  con 
exactitud.  H  Probar  la  inocencia  de 
alguno  en  lo  que  se  le  imputa  Ó  pre- 
sume de  él.  Se  usa  también  como  re- 
cíproco, p  En  la  imprenta,  igualar  el 
largo  de  las  líneas  según  la  medida 
exacta  que  se  ha  puesto  en  el  compo- 
nedor. 

Etiholooía.  Latín  jusíífican,  de 
jnstus,  justo,  y  fitcare,  tema  frecuen- 
tativo de /oc^,  hacer:  catalán,  ^si/»- 
ficar;  fnneén,  juitifier;  italiano,  ^tM- 

íificare. 

Justificativamente.  Adverbionuh 
dal.  De  un  modo  justificativo, 

Etiholooía.  /«fíf/feaít'oa  el  sufijo 
adverbial  meni€. 

Justificativo,  va.  Adjetivo.  Fo- 
rense. Lo  que  sirve  para  justificar  al- 
guna cosa;  y  así  se  dice:  instrunuo- 

tOS  JUSTIFICATIVOS. 

Etiholooía.  Justificar:  provenzal, 
justificaíiu;  catalán,  Justificatiu,  w; 
francés,  jusíijwtif;  italiano,  giusti- 
ficativo. 

Justillo.  Masculino.  Vestido  inte- 
rior sin  mangas  que  cifie  el  cuerpo,  / 
no  baja  de  la  cintura. 

Btiholooía.  JmHo:  eatalán,jsf<(¿ío; 

francés,  juste. 

Justínianol. Emperador  de  Orien- 
te V  uno  de  los  más  sabios  legisladores 
del  mundo,  hijo  de  un  humilde  labra- 
dor, que  nació  en  Taareslo,  pueblo  de 
Dardanía,  en  484,  y  ocupó  el  trono  de 
527  á  565.  Elevado  al  imperio  su  tío 
Justino,  le  educó  con  el  más  cuidadoso 
esmero;  le  díó  títulos  de  nobleza  y  le 
invistió  con  las  dignidades  de  jefe  su- 

Íremo  de  los  ejércitos  y  de  consol. 
UST1NIANO,  correspondiendo  á  estas 
beneficios,  rechazó  al  príncipe  godo  VÍ- 
taliano,  que  aspiraba  al  trono,  y  se 
captó  las  simpatías  del  pueblo  por  las 
prodigalidades  de  su  consulado,  y  del 
elero  porsu  escrupulosa  ortoduzia.  Ce- 
ñida a  sus  sienes  la  corona  imperial  por 
abdicación  de  su  tío,  después  de  una 

f uerra  defensiva  contra  Persia  (5^  J 
32),  sostenida  especialmente  pvr  el 
valor  de  Belisario,  Justiniano  resol- 
vió dar  uua  sólida  constitución  al  im- 
perio romano.  Era  preciso  ante  todo 
arrojar  á  los  bárbaros  de  las  provin- 
cias de  que  se  habían  hecho  dueños, 
y  obedeciendo  sus  órdenes,  Belisano 
destruyó  el  imperio  de  los  vándalos 
en  Africa  (532-634)  y  empezó  por  los 
ostrogodos  la  conquista  de  Italia,  qu« 
liabía  de  terminar  Narsiis.  Una  par- 
te de  la  costa  occidental  de  España 
fué  tomada  á  los  visigodos,  en  o52, 


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JUST 


JUST 


JUST  285 


jr  ana  nueva  g-uerra  contra  los  persas 
(540-562)  aseguró  á  JtisriNiANO  la 
Cólquida,  j  á  ios  cristianos  de  ta  Per- 
sía  la  libertad  de  su  culto  oon  la  con- 
diciÓB  de  pagar  un  tributo  de  3.000 
píaxaa  de  oro,  mientras  los  búlgaros, 
^ue  habían  atravesado  el  Danubio 
t{)59),faei«B  MchaxadoaparBeliaarío. 
Nuestro  personaje  hizo  construir  de 
añera  planta  la  iglesiadeSaotaSoña, 
en  Conatantinopla;  joonstru^ó  jr  repar 
ró  mn  considerable  número  de  ^^as 
fuertes  en  Dacia,  en  Tracia,  en  Tesa- 
lia, en  Macedonia.  en  Bpiro  j  en  las 
odllaa  del  Eufrates,  j  reedificó  la  mu- 
ralla con  que  Anastasio  había  prote- 

fido  á  Consta utínópl a.  En  su  reina- 
o,  dos  monjes  nestorianos  trajeron 
de  la  China  los  primeros  gusanos  de 
seda,  j  sobre  todo,  se  llevó  á-cabo  el 
gsan  pensamiento  de  la  reda^ctán  da 
un  cuerpo  de  legislación, obra  qne  con- 
firió á  Triboniano  y  á  otros  jariacon- 
sultos.  fin  529,  apareció,  bajo  el  nom- 
bre de  Código^  una  nueva  colección  de 
las  Constituciones  romanas,  más  com- 
pleta que  las  de  Grmirio,  Hermóge- 
aes  j  Teqdosip  II.  Su  530  publicó  el 
Dyfsto  ó  Pandeelat;  compilación  de 
las  obniA  átí  los  grandes  jarisaonsal- 
tos;  sobre  todo,  del  siglo  u,  y  las 
Instituía*  extractadas  principalmente 
de  Gaio;  en  534,  dio  á  luz  la  segunda 
•dición  del  Código,  que  es  la  que  ha 
llegado  á  nosotros,  jr  con  las  Novelas 
puso  ténnino  á  su  obra.  Salvo  este 
último  cuerpo,  los  trabajos  legislati- 
vos de  JuaTiNUNO  no  son  más  que 
compilaciones  que  están  mujr  lejos  de 
sw  perfectas  bajo  el  punto  de  vista 
del  método  ^  de  la  composición.  Con 
nzÓQ  se  ba  censurado  á  Triboniano 
j  i  sos.  .colaboradores  por  haber  mp~ 
dificado  j  &lsificado  más  de  ana  Tes 
los  textos  los  antigaos  j  uriseonsul- 
tos,  para  ponerlos  de  acuerdo  con  la 
politi&a  del  podqr  absoluto,  que  reina- 
ba eq  aqael  tiei^po,  habiendo  dado  por 
resultado  una  obra  confusa,  indiges- 
ta, ininteligible  j  contradictoria.  Sin 
embargo,  la  compilación  justíniaoa, 
llamada  Corpus  j%rit  civilis,  ha  hecho 
llegar  hasta  nosotros  una  parte  de  los 
monumentos  de  la  le^slación  roma- 
na. Su  influencia  en  el  Oriente  fué 
escau,  porque  nuevas  lejes,  suce- 
diéndose  sin  cesar,  impidieron  siem- 
pre su  aplicación;  pero  en  Occidente 
su  trascendencia  fué  inmensa.  A.I  re- 
nacimiento del  derecho  romano  en  el 
siglo  xu,  el  texto  del  Corpusjuris  ci- 
fltw  fué  cabierto  de  glosas;  íoa  juris- 
consultos, salidos  de  las  escuelas  de 
Italia^  se  convirtiera  en  consejeros 
de  los  emperadores  en  su  lucha  contra 
los  papas;  j  de  los  reyes,  contra  el 
fenoahsmo,  de  donde  resultó  que  las 
le/€8  de  JusTiNtANO,  encarnando  en 
lu  instituciones,  en  los  usos  j  en  las 
coMumbres,  fueron  la  base  sobre  que 
descansa  todavía  una  gran  parte  del 
derecho  civil  de  los  pueblos  de  lüuro- 
pa  ^  de  las  nacíoues  civilizadas  en 
toda  ta  tierra.  Mirada  ta  cuestión  de 
este  modo,  JusTiNiANo  es  uno  de  los 
hombres  que  han  dejado  más  pensa- 
mientos y  más  memorias  en  el  mun- 


do. Pero  los  hombres  no  son  perfec- 
tos, j  el  gran  emperador  tuvo  que 
rendir  vasallaje  á  las  flaquezas  de  la 
humanidad.  JuSTiNXAHoeasóecn  Teo- 
dora, antigás  eomadianta  del  eíroo, 
tanjsélebre  por  su  hermosura  como 
por  su  licencia.  La  astuta  cortesana 
se  ense&oreó  de  tal  modo  de  su  mari- 
do, que  lo  envileció  hasta  el  punto  de 
tomar  parte  en  aquellas  rivalidades  de 
azules  j  de  verdes  que  ensangrentaron 
más  da  una  vez  las  arenas  del  circo; 
que  dieron  margen  á  la  conspiración 
de  Níka;  qne  produjeron  la  desgracia 
de  Belisario,  y  cerraron  la  famosa  es- 
cuela fílosófica  de  Atenas. 

Jnstiniano  (Códioo  db).  Masculi- 
no. Código  de  JusTiNiANO,  dividido 
en  12  libros,  el  cual  comprende  las 
Constituciones  de  los  príncipes,  desde 
Adriano  hasta  Justiniano  mismo,  que 
le  mandó  formar.  Salió  á  luz  por  pri- 
mera vez  en  al  año  529  de  la  era  cris- 
tiana y,  corregido  y  aumentado,  vol- 
vió á  publicarse  nuevamente  en  el 
534.  (Db  MiouBL  y  Mobantb.) 

Jostíno.  Célebre  historiador  latino 
del  siglo  u.  Floreció,  según  se  cree, 
en  el  reinado  de  los  Antoninos. — De 
él  nos  ha  quedado  la  historia  titulada: 
Hisioriarum  Philippicarum  et  íotius 
mundi  oriffinum  ex  Ttogo  Pompeio  ess- 
cerpíarum  Ubri  XLIV.  La  mejor  edi- 
ción de  esta  obra  es  la  publicada  por 
Dübner,  en  Leipzig,  1S31,  en  8."  (Db 
MieuEi.  y  Mobantb.) 

Justiprecisüble.  AdjetÍTO.  Que 
puede  justipreciarse. 

Justipreciación.  Femenino.  Ae- 
(HÓn  ó  efecto  de  justipreciar. 

Justipreciadamente .  Adverbio 
de  modo.  Con  jastiprecio. 

BtiuolooU.  Ju$ttpreeiada  y  el  sufi- 
jo adverbial  mmte. 

Justipreciador,  ra.  Masculino  y 
femenino.  Bl  que  justiprecia. 

Justipreciar.  Activo.  Apreciar  y 
tasar  alguna  (osa. 

Juatfprecfo.  Masculino.  Tasa- 
ción. 

EtihologÍa.  Justo  y  precio, 

Justiaimamente.  Adverbio  de  mo- 
do superlativo  de  justamente. 

Jastisimo,  ma.  Adjetivo  si^perla- 
tivo  de  justo. 

Justo,  ta.  Adjetivo.  £1  que  obra 
según  justicia  y  razón.  |  Lo  que  es 
arreglado  á  justicia  y  razón.  ¡El  que 
vive  según  la  le^  de  Dios.  ||  Teología, 
Bl  que  se  encuentra  en  estado  de  gra- 
cia. Cuando  se  toma  en  este  sentido, 
se  emplea  sustantivamente;  y  así  se 
dice:  «la  gloria  es  el  reino  de  los  ju&* 
TOS.»  I  Lo  (|ue  es  igual  á  otra  cosa, 
ja  sea  en  numero,  jra  en  peso  ó  medi- 
da. II  Masculino.  Germaula.  Jubón.  || 
Adverbio  de  modo.  Justamente,  debi- 
damente. II  Apretadamente.  Con  es- 
trechez. I  Al  justo.  Modo  adverbial. 
Ajustadamente,  con  la  debida  propor- 
ción. II  Cabalmente,  apunto  fijo.  |¡  Kn 
JUSTOS  Y  cbbybntes.  Modo  adverbial 
familiar  de  que  se  usa  para  asegurar 
que  uua  cosa  es  cierta.  ||  Pagar  jus- 
tos pob  racADOftBS.  Frase  con  que  se 
explica  que  á  veces  pag>an  los  inocen- 
tes por  los  culpados.  | 


EriMOLOofA.  h^ii'o.jusiusy  participio 
pasivo  del  antiguo ^tt^.'O,  yo  mando, 
lurma  verbal  deyiu,  el  derecho. 

1.  £1  latín  jm  está  en  relación  con 
la  raíz  sánscrita  ya,  juntar,  reunir, 
porque  el  derecho  viene  á  ser  una  liga 
social.  (Cita  de  Littbí.) 

2.  De  Diia,  Dios,  perdida  la  i/,  sa-  • 
cao  algunos  autores  tus^jut,  la  justi- 
cia, principal  atributo  de  Dios.  (Cita 

de  ^NLAU.) 

3.  Bu  efecto; /w  puede  representar 
dius,  forma  primitiva  da  Peus,  Dios, 
como  Jovis  representa  Diovis;  ó  cjmo 
jam  representa  dtam.  La  forma  cuadra 
y  el  sentido  es  perfecto;  pero  el  sáns- 
crito gu,  adaptar,  ajustar  una  cosa 
con  otra,  reunir,  nos  ofrece  la  forma 
gitis,  acuerdo,  ^ne  parece  llevarnos  á 
justus,  justo,  ó  a  Jut,Íüris,  ta  justicia 
esto  es,  la  unión,  al  lazo  que  junta  á 
todos  los  hombres.  Como  el  lector  ve, 
esta  etimología  queda  en  suspenso, 
esperando  nuevas  noticias. 

SiNOmuiA.  Articulo  primero. — Jos- 
to,  bquitativo.  Estos  términos  desig- 
nan an  general  la  naturaleza  da  nues- 
tros deberes  hacia  los  damas.  Lo  que 
distingue  éí  sentido  d«  estas  palabras 
es  la  idea  del  fundamento  an  que  es- 
triban estos  deberes. 

Lo  que  es ^'«1^,  se  hace  eo  virtud 
de  un  aereebo  perfecto  y  rigoroso:  su 
ejecución  puede  exigirse  por  la  fuer- 
za, ai  no  se  satisface  voluntariamente. 
Lo  q^ue  es  equitativo,  no  se  hace  sinj 
en  virtud  de  un  derecho  imperfecto  v 
no  rigoroso:  su  ejecución  no  puede 
exigirse,  sino  <]ue  pende  del  honor 
de  la  conciencia  de  cada  uno. 

El  contrato  de  alquiler  da  al  pro- 
pietario el  derecho  de  exigir  del  in- 
quilino, aun  por  fuena,  el  alquiler  ó 
paga  de  la  caaa;  es,  ^vi9»,  justo  pa- 
garlo, y  es  ana  ¿uai/tda  eludir  ó 
rehusar  an  pago.  M  pobre  no  tiene 
sino  ua  derecho  imperfecto  &  la  li- 
moma  <jue  pide,  y  no  puede  exigi^rla 
de  justicia;  pero  el  principio  de  la 
igualdad  natural  la  constituve  un  de- 
ber para  la  conciencia  del  hombre 
rico;  es,  pues,  equitativo  cumplir  con 
esta  obligación  y  el  dispensarse  de 
ella,  cuando  se  puede  cumplirla,  sí  no 
es  una  injusticia,  es  al  menos  uua 
iniquidad. 

Las  lejes  positivas  son  las  <iue  es- 
tablecen el  derecho  rigoroso;  los  prin- 
cipios de  la  ley  natural  son  los  que 
establecen  el  derecho  mano$  rigoroso 
conforme  á  la  igualdad  natura),  y  los 
que,  por  consiguiente,  determinan  lo 
que  es  equitativo  ó  inicuo. 

La  justicia  está,  pues,  fundada  en  la 
ley;  pero  la  ley  misma,  para  someter 
las  voluntades  á  la  obediencia,  y  para 
no  ser  tiránica,  debe  estar  fundada  en 
la  equidad,  cuyas  sanas  máximas  son 
eternas,  y  deben  ser  el  tipo  de  todas 
tas  leyes. 

Los  arbitros  juzgan  ordinariamen- 
te más  bien  por  las  reglas  de  la  «^ai- 
dad  que  por  el  rigor  de  la  justicia; 
pueden  hacerlo  así,  porque  las  partes 
son  libres  en  instaurar  demanda  ante 
los  tribunales,  si  no  quieren  confor- 
marse con  la  decístÓa  de  los  árbítros; 


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2S6  JUVE 


JUVE 


JüZG 


V  deben  hacerlo  así,  porque  ejercen 
un  ministerio  de  conciliación  y  de 
paz,  que  siempre  supone  medios  ra- 
zonables. 

Los  jueces  subalternos  ó  inferiores 
»inuuos  Jueces  de  rigor,  que  no  de- 
ben desviarse  en  nada  de  \ajus¿Ícia, 
parque  no  son  más  que  los  ministros 
de  la  ley.  Los  jueces  de  los  tribunales 
supremos  deben  juzgar  según  equidad, 
cuando  la  lej,  por  cualquiera  razón 
que  sea>  está  en  contradicción  con  sus 
máximas;  pues  la  parte  de  autoridad 
que  les  esta  confiada  por  el  legislador* 
los  hace  á  la  vez  ministros  i  intérpre- 
tes de  la  ley.  (Uarch.) 

Articulo  s^wu¿o.— Justo,  justxcib- 
RO.  Justo  es  el  hombre  que  desea  dar 
á  cada  uno  lo  que  es  suyo,  aun  cuan- 
do se  equivoque  después  y  sea  injusto 
en  el  hecho.  Para  wt  justo,  basta  que 
quiera  serlo  en  el  santuario  de  su  con- 
ciencia. 

Justiciero  es  el  hombre  que  hace 
justicia^  aunque  no  obre  en  su  alma 
el  de'seo  moral  del  hombre ^luto. 

El  justiciero  busca  una  sentencia. 

El  justo  una  razón. 

KXjuitieiero  es  una  práctica. 

S\  justo  es  un  convencimiento. 

Acerca  de  la  etimología  de  estos 
nombres,  dice  Monlau:  <L)e/>i«5  (ge- 
nitivo de  Zeus,  aplicado  á  Júpiter), 
perdida  la  d,  sacan  algunos  autores 
las  voces  latinas  »»,/»,  el  derecho; 
y  iusíiíiatjustitúti  1»  justicia,  princi- 
pal átributo  de  Dios.» 

iLástima,  dirán  más  de  cuatro,  que 
la  justicia,  derivación  de  Dios,  no  sea 
administrada  en  el  mundo  por  la  in- 
teligencia soberana  de  donde  pro- 
cede! 

Jttsto  (P&PiRio).  Disting-uido  ju- 
risconsulto. Floreció  después  de  la 
muerte  del  emperador  M.  Aurelio  An- 
toninb.  Tenemos  en  el  Digetto  algu- 
nos fragmentos  de  sus  20  libros  de 
Constituciones.  .j(DB  MiauiL  y  Mo- 
rante.) 

Juta.  Femenino.  Pájaro  de  las  In- 
dias occidentales,  muy  semejante  á 
las  aucas,  que  los  salvajes  de  ta  pro- 
vincia de  Quito  crían  en  sus  habita- 
ciones. 

Jutia.  Femenino  americano.  Hu- 
tía., animal  cuadrúpedo. 

Jntnrna,  Yuturna. 

Jauicio.  Masculino  anticuado. 
Juicio. 

Javada.  Femenino.  Jovada,  en 
Aragón. 

Javara  (Fblipb).  Arquitecto  ita- 
liano, que  nació  en  1658  y  murió 
en  1755.  Fué  discípulo  de  Carlos  Fon- 
tana, é  hizo  varias  obras  de  méri- 
to en  Mesina,  su  patria,  Tarín,  Mi- 
lán, Mantua,  Roma  y  otras  ciudades 
de  Italia.  Llamado  i  Portugal  por 
Juan  V,  did  los  planos  para  la  iglesia 
patriarcal  y  el  palacio  real  de  Lisboa, 
y  últimamente,  habiendo  pasado  áBs- 
pa&a,  por  invitación  de  Felipe  V,  á 
reediñcar  el  antiguo  alcázar  de  Ma- 
drid, que  acababa  de  destruir  un  in- 
C'jndiu,  murió  al  empezar  á  trazar  tos 
planos. 

Juvenal.  Adjetivo  anticuado.  Ju- 


venil. Aplicábase  mis  comunmente  i 
los  juegos  que  instituyó  Nerón,  cuan- 
do se  cortó  la  barba  y  la  dedicó  á  Jú- 

fiiter,  y  al  día  que  afiadió  Calígula  á 
as  saturnales  para  que  lo  celebrasen 
los  jóvenes.  , 

Etiuoloqía.  hsXivíjiivh&lis!  nivs- 
NAUs  dies,  el  día  de  la  juventud,  que 
era  el  añadido  á  los  délas  saturnales 
(SuBTONiu):  jiv^alia,  fiestas  en  ho- 
nor de  los  jóvenes,  equivalentes  al  3U- 
VBNAUS  ludus,  juego  juvenal,  qne  se 
halla  en  las  inscripciones. 

Juvenal  (D.  Junio).  Famoso  poeta 
latino  satírico,  que  nació  en  Aquino, 
ciudad  de  Italia,  el  aflo  42  de  la  era 
cristiana  y  se  distinguió  como  orador 
antes  de  darse  i  conocer  como  poeta. 
Escribió  su  primera  sátira  en  tiempo 
de  Domiciano;  las  más,  en  el  reinado 
de  Trajano,  y  la  décimatercia  y  déei- 
maquinta,  en  el  de  Adriano.  Él  his- 
trión Paris,  favorito  de  esjte  último,  lle- 
no de  resentimiento  por  verse  aludido 
en  la  sátira  séptima,  intrigó  para  que 
le  desterrasen;  y  en  efecto,  á  pesar  de 
su  edad  avanzada,  le  enviaron  á  Egip- 
to con  el  especioso  pretexto  de  que 
mandase  una  legión,  y  allí  se  cree 
que  murió,  contando  ya  más  de  80 
años.  De  él  nos  quedan  16  sátiras,  lla- 
nas de  fuego  y  vehemencia;  pero  el 
estilo  es  oscuro  y  poco  natural,  y  tan 
libre  en  algunas  ocasiones,  qne  se 
hace  muy  peligrosa  su  lectura.  Una 
de  las  mejores  ediciones  de  estas  sá- 
tiras es  la  publicada  por  Ruperti  en 
Leipzig,  1820, 2  volúmenes  en  8."(Db 

MiaUBL  y  MORANTB.) 

Juvenales.  Femenino  plural.  Á%- 
tiaüedades.  Fiestas  que  celebraban  los 
jóvenes  de  Roma  después  de  las  satur^ 
nales, 

BtwolooÍa.  Juvenal. 

Juvenalius.  Femenino.  Fiestas  que 
celebran  los  romanos  en  honor  de  Ju- 
Tenta. 

BmK»XK»{A.  Juvenales. 

Juvenco,  ca.  Masculino  y  femeni- 
no anticuado.  Novillo,  lla. 

Etiuolooía.  Latía  jü«ñK«f,  joven, 
hablándose  de  animales:  jcvencus 
(bosjt  novillo.  (ViBoiuo.) 

JuTenoo  (Vbcio  Aquilino).  Pres- 
bítero y  uno  de  los  primeros  poetas 
cristianos,  que  nació  en  España  de 
una  familia  ilustre.  Floreció  en  el  rei- 
nado de  Constantino  Magno,  de  quien 
hace  mención  al  final  de  su  obra,  y 
debió  escribir  antes  del  año  337,  en 
que  falleció  este  principe.  De  Juven- 
co nos  ha  quedado  la  obra  titulada: 
ffistoria  epaugelica  libri  IV,  escrita 
en  versos  hexámetros,  la  cual  no  es 
otra  cosa  que  la  historia  de  la  vida  de 
Jesucristo,  donde  sigue  con  laudable 
fidelidad  el  texto  délos  cuatro  evan- 
gelistas. Monsieur  Ladvocat  dice  que 
su  Tersifieación  es  de  muy  mal  gusto 
(d'uumauvaitfoüt)  j  su  latinidad  pé- 
sima, sin  un  adarme  de  pureza  (et  sa 
laíiniíén'ettpoint puré).  Otros,  sin  em- 
bargo, ven  las  cosas  de  muy  diferen- 
te modo,  y  el  sabio  Furlanetto,  que 
no  es  español  por  cierto,  y  á  quien 
nadie  podrá  negar  con  justicia  su 
gran  voto  en  la  materia,  dice  que  Ju- 


VKHCO  en  esta  obra  perspicua  eatis  et 
nativa  %tiíur  dtcfione,  Quizá  hubiera 
formado  el  se&or  abate  un  juicio  me- 
nos desfavorable  de  nuestro  compa- 
triota, si,  como  nació  en  España,  hu- 
biese nacido  al  otro  lado  de  los  Piri- 
neos. (Db  MiauBL  y  MoRANTa.) 

Jnveml.  Adjetivo.  Lo  que  psrta- 
nece  á  la  juventud. 

Etiuolooía.  Joven:  latín,  ^'jívlsl/u,- 
italiano,  ^iooeniUf  giowmUe;  francés, 
juvenile;  provenzal,  joveml,  JwnU; 
catalán,  y  «vmi^ 

Juventa.  Femenino.  Mitología. 
Diosa  que  presidía  á  la  edad  de  la 
adolescencia. 

BnuoLoofA.  Latín  /tsAiIss,  perso- 
nificación mitológica  de  la  edad  juve- 
nil. (QtCBaÓN,  Hoaacio.) 

Juvantud.  Femenino.  La  edad  que 
media  entra  la  niñee  y  la  edad  viril. 
I  Bl  conjunto  de  jóvenes. 

BnuoLoaÍA.  Jotten:  latín,  y^eluíiM, 
jiventUtis;  itkíi*no,  giopeník,  ^iovinez- 
ta;  íruacés,  jeuneue,  juvéñlttá;  etiUL- 
liUfjuventut. 

Juxtapoaición.  Yuxtaposición. 

Juyabal.  Masculino.  Uno  de  los 
nombres  del  azufaifo. 

Juzgado.  Masculino.  La  junta  de 
jueces  que  concurren  á  dar  sentencia, 
y  comunmente  se  da  este  nombre  al 
tribunal  de  un  solo  juez,  y  también  al 
sitio  donde  se  juzga.  |  Judicatura,  em- 
pleo ú  oficio  c^e  juez,  y  juzgado  t  sbn- 
TBNCiAOo  (estar  i).  Frtse  ftmitiar. 
Quedar  obligado  á  oir  y  eonssntir  la 
sentencia  que  se  diere.  |  Participio  pa- 
sivo de  juzgar. 

Btiuolooía.  LsLtÍtljSdttílíUS,l^TÚ~ 
cipio  pasivo  de  jfkltckre,  administrar 
justicia,  establecer  ^  determinar  el 
derecho:  italiano,  gtudicaío;  francés, 
jug/;  catalán, yWtcaí,  da. 

Juzgador,  ra.  Masculino  y  feme- 
nino auticuado.  Jukz. 

BnicoLOofA./iM^ar;  proTensal,y«f- 
gairejutjaire,  jutgador^jmjador;  fran- 
cés del  siglo  jxWfj^ere,  jugeor;  mo- 
áerao,  ju^eurr  en  sentido  irónico;  ita- 
liano, giudifMtore,  El  latín  tiene  jSdt' 
tíitrÚB,  jVdMtrieit,  la  que  juzga  ó  de- 
cide, en  Quintiliano,  lo  cual  supone 
la  fotcoA  judicator,  jüdicatdriSf  juzga- 
dor. 

Juzgaduría.  Femenino  anticuado. 

Judicatura,  cargo  ú  oficio  de  juez. 

Juzgamiento.  Masculino  anticua- 
do. La  acción  y  efecto  de  juzgar. 

Jnzgamundoa.  Común  de  dos.  El 
murmurador. 

Juzgante.  Participio  activo  de  jua- 
gar. El  que  juzga. 

Juzgar.  Activo.  Dar  sentencia  co- 
mo juez.  I  Persuadirse  de  alguna  cosa, 
creerla,  rormar  dictamen.  ||  Anticua- 
do. Condenar  á  alguno  por  justicia 
en  la  pérdida  de  alguna  cosa,  confis- 
cársela. 

ExiMOLOOfA.  Latín  jSdtcSre,  dar 
sentencia ,  forma  verbal  átsjüdex,  jS~ 
dicis,  el  juez:  italiano, yiWtcar»;  fran- 
cés, j'a^w;  provenzal,  jutíafj  jutgar; 
cataíaUiyiKnair;  portuguu,  yaiyar 


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K  ■  Duodécimaletn  del  alfib«to  eaa- 
tellaao,  y  novena  de  laa  oopsonaates. 
Ha  astado  en  desaso  por  espacio  de 
bastantes  años,  sapliéndose,  como  to* 
davía  se  suple  en  algunos  vocablos, 
con  la  C  antes  de  laSTOcales  A,  O,  U, 
/  eoD  la  Qiinterponiéadose  laU, antes 
de  la  B  j  de  la  I.  g  Entre  los  latinos, 
la  K  significa  kalendas,  6  calendas, 
como  ordinariamente  se  escribe  aho- 
ra. Como  letra  numeral,  valía  dos- 
cientos j  cincuenta;  j  popiÓudola  una 
nyiUi  encima,  X,  valia  doscientos  y 
einenenta  mil.  Su  nombre  es  ká.  ||  Las 
voces  que  escribimos  con  proceden 
de  las  lenguas  siguientes:  ,  alemán, 
ánbe,  chino,  flameneo,  ^iego,,groe- 
landés,  hebreo,  holandés,  indio,  in- 

£lés,  japonés,  latín,  malabares,  ma- 
ijo,  persa,  ruso,  sueco,  tártaro; /al- 
guna que  otra  voz  de  los  dialectos  del 
Africa  j  América.  |j  Gravtáíiea  sans- 
criU.  Ka  la  primera  de  las  siete  con- 
sonantes ^turales.  \  Gramática  he- 
brea. Undécima  letra  del  alfabeto  he- 
breo, cu;^o  sonido  es  Ao^.  Jj.  Gramática 
¿rabe.  Séptima  letra  del  alfabeto  ára- 
be, Jka,  perteneciente  al. número  de 
las  Utra»  lunabks,  y  vigésimasegiin- 
da,  íéf,  y  Gramática  griega.  Decima 
letra  del  alfabeto,  cujo  sonido  es  <(<í;i'- 
pa.  I  Undécima  letra  de  los  alfabetos 
alemán,  ing^lés,  francés  j  catalán. 
I  Numismática.  K  es  la  marca  de  las 
monedas  acuñadas  en  Burdeos,  fl  Bpi- 
frajía,  &n  las  antiguas  medallas  y 
monedas  de  los  emperadores  de  Occi- 
dente, quiere  decir  Con^UmOño;  y  en 
Us  inscripciones  de  la  Edad  media, 
K*rolut,  Carlos;  cuja  abreviatura 
adoptaron  en  las  monedas  nacionales 
diferentes  monarcas  de  Inglaterra.  || 
Historia  antigua»  Los  antiguos  roma- 


nos marcaban  la  K  con  un  hierro  can- 
dente en  la  frente  de  los  calumniado- 
res. I  Literatura  latina.  Undécima  le- 
tra del  alfabeto,  usada  por  los  priegos 
y  apenas  empleada  por  los  latinos, 
que  la  sustituyeron  por  la  C.  ||  El  la- 
tín antiguo  tiene  las  formas  Kato, 
Kálhtda,  Kana,  Kanu»,  KharCago,  Kot- 
ndiiSj  en  san  Isidoro,  las  cuales  se  es- 
cribieron con  C,  cuando  esta  letra 
sustituyó  á  la  K,  Q  Además  de  las 
«breviaturaa  que  cita  la  Academia,  se 
encuentra  usada  en  las  siguientes: 
K^Caso;  K  k^Capitalis;  KK^at- 
trorum;  K  8=Ciris  sui$., 

Btimolooía.  Griegp  K  x:  x^itm  ( ká/h 
pa);  fenicio,  ia/,  hebreo,  hff; 
árabe,  kef. 

Ka.  femenino.  Nombre  de  la  le- 
tra K. 

Kaa.  Femenino.  Bspecío  de  cúrcu- 
ma de  Ceiláu. 

Kaftb.  Poeta  árabe,  que  nació  en 
el  año  I  de  la  hegira.  Empezó  escri- 
biendo sátiras  contra  el  Profeta  y  su 
nueva  secta,  por  lo  cual  fué  desterra- 
do cuando  Mahoma  se  apoderó  de  la 
Meca.  Entonces  se  dirigió  á  Medina, 
consiguió  que  le  presentaran  al  Profe* 
ta  y  le  leyó  una  composición  en  honor 
suyo  y  de  la  reforma.  Mahoma  le  per- 
donó y  le  regaló  su  m^nto  verde,  lo 
cual  hizo  qqe  se  diera  á  la  composi- 
ción el  nombre  de  poewt  deí  Manto, 
Los  herederos  .de  Kaab  vendieron  el 
manto  en  20.000  monedas  de  plata  á 
los  omiadas,  los  cuales  le  conservaron 
cuidadosamente,  pasando  después  á 
los  abasidas  hasta  el  añp  1258. 

Kaarsaak.  Masculino.  Especie  de 
ave  de  Groelandia,  llamada  así  por 
su  canto. 

Etiuolooía.  Voa^blo  groclandü. 


Kaava.  Masculino.  Bebida  em- 
briagante que  extraen  de  »er.ta  raíz 
los  salvajes  de  la  isla  de.  los  Arnica. 
.  Etiholooía.  Arabe  íaMm,  cafe  de 
los  árabes:  francés,  Aaro.— Kaava  ó 
KAVA  y  ca/«'  son  la  misma  palabra  de 
origen.  (Ribhzi.) 

Kab  ó  Gab.  Masculino.  Medida 
hebrea,  equivalente  á  un  litro. 

ETiuoLoafa.  Hebreo  eabi  Granees, 
ca¿,  kab.  (LiTTBÍ.) 

Kabada.  Femenino.  Nombre  de 
cierto  traje  militar  da  los  griegos  mo- 
dernos. 

Etuiolooía..  Bajo  latín  ka.bbaí>iuu 
tagmni  catalán,  kabada. 

Reseña.—^  bajo  latín  kabbadinm, 
supone  una  forma  bajo  griega  xct^Si- 
iwtfkabbááion). 

.  Kabak.  Masculino.  Especie  de  fu- 
madero público  en  Moscovia. 

BriHOLoafA.  Ruso  kabak,  taberna: 
francés,.  AadaA. 

Kabésqní.  Masculino.  Moneda  de 
plata  de  Persia. 

Etiuolooía.  Vocablo  per$iano:  cata- 
lán, kaietqui. 

Kabila.  Kabila. 

Kabin.  Masculino.  Matrimonio  por 
determinado  tiempo,  que  se  celebra 
en  algunos  países  jnahometaaos. 

Etimolooía.  Persa  kabin:  francés, 
kabin,  suma  que  el  marido  debe  abo- 
nar á  las  mujeres  que  repudia. 

Kabal  6  Ai^hanistán.  1.  Prdi- 
minares. — Bl  Afqhanistám  ó  Kabul 
corresponde  á  los  antiguos  países  del 
Asia,  de  la  Bacttiana,  etc.,  que  for- 
maron un  reino  griego,  después  de  )a 
conquista  de  Alejandro.  Emancipán- 
dose hoy  y  volviendo  á  caer  mañana 
bajo  la  dominación  de  los  reyes  per- 
sas y  de  los  emperadores  del  Mogol, 


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288  KADE 


KALE 


KALM 


acometieron  ála  Persia,  de  cuyo  terri- 
torio fueron  arrojados  al  cabo  de  cinco 
años,  en  1737,  por  Nadir-Scbah.  Las 
guerras  civiles  que,  desde  entonces, 
no  han  cesado  en  Apohanistán,  le 
han  arrebatado  Zahora,  Cachemira  y 
aun  puede  decirse  que  el  Multan. 

2.  Diüitión  política.  —  Las  cinco 
ffrandes  del  ApohamistXn,  subdividi- 
du  en  provinciM,  Bon  lai  ñg^uientes: 

PwviMiii  Cinnui  Huiruni 


Afghanistán,  pro- 
piamente dicho....  KtOnd   6.000.000 

Balkh                      Balkh   l.OOO.OOO 

KorMán-Afghán        Berat   1.GOO.O0O 

SaUtáa  ¿  Sadieatáa  DjOai-Ahtn...  60U.O0O 

Hiüttii                     MtMán   IXXXUnO 

abtat  9«ural  da  la  jwMaeMn.  10000.000 


3.  Gobierno. — El  Afobanistán  se 
gobierna  por  un  schad  ó  paditchah, 
cujra  autoridad  no  está  limitada  sino 
por  los  grandes  del  Estado. 

4.  Religión. — La  dominante  en  el 
país  es  el  islamismo.  La  de  Brahmm 
cuenta  también  numerosos  sectarios. 

5.  Geografía. — Está  situado  entre 
los  28  j  3«"  latitud  Norte  y  entre 
los  64*  y  190*  longitud  Este  Madrid. 
Lo  limitan,  al  Norte,  la  Tartaria  y  el 
imperio  chino;  al  Estey  al  Sudeste,  el 
IndosUn;  al  Sur»  el  Beluehiitán;  al 
Noroeste,  la  Persia.  Tiene  anos  1.389 
kiMnietros  de  foryo,  por  1.111  de  a««ii0 
de  Norte  á  Sur,  y  presenta  una  super- 
ficie de  216.647  kilómetros  cuadra- 
dos. Bl  país  produce  trigos,  centeno, 
arroz,  tabaco,  lino,  algodón,  rubia, 
caña  de  azúcar,  jengibre,  etc.  Es  uno 
dt  los  países  más  elevados  del  A.sia. 
Los  montes  del  Indo-Knsch  ó  Ciucaso 
Indico  se  extienden  al  Norte  de  Este 
á  Oest«,  el  Braknikt  ó  Esbisnih,  de 
Norte  á  Sur,  en  el  centro  del  Afqha- 
vistjIn.  £1  Sind  6  Indus,  uno  de  los 
principales  ríos  del  Asia,  lo  separa  del 
Indostán  y  recorre  las  llanuras  del 
Alultán;  el  Selmend  ddsagua  ea  el 
lago  Ztrrakt  en  el  centro  del  pab* 

6.  Ciudades  prineipaUt.  —  Kabul, 
capital,  situada  sobre  el  río,  que  llera 
su  nombre,  y  residencia  del  soberano, 
cuenta  80.0U0  habitantes.  Kandahar, 
antigua  capital,  sumamente  mercan- 
til, tiene  100.000.  ^a/>i^  (Bactra)  una 
de  las  más  antiguas,  7.000.  Berat 
(Alejandría))  ciudad  muy  comercial, 
100.000.  Bamián,  al  Este  de  Herat, 
famosa  por  sus  antigüedades  esculpi- 
das en  la  peüa  Djeht-Abad,  lO.OUO; 
y  Multan,  ciudad  grande  conquistada 
por  Bunget-Suig,  ny  de  Lahora, 
60.000  habitantes. 

Ekaci.  Masculino.  Especie  de  árbol 
grande,  de  cuyo  tronco  suelen  hacer 
canoas  los  negros. 

Kadel«a.  Femenino.  Especie  de 
judia  de  Malaca, 

EriuoLoafA.  Ifslayo  kedeli:  latín 
técnico,  p&aseolui  mofftmiu,  cadsi.ium, 
de  Rumf;  franc»,  AadeUt,  eadali,  ka- 
dali,  cadelú 

Kadenm.  Femenino.  Mujer  del 
sultán. 

EriHOLOofA.  Kadina, 

Kadezalita.  Femenino.  Secta  ma- 


hometana, cuyas  ceremonias,  en  las 
honras  tributadas  á  los  difuntos,  pa- 
recen provenir  de  cierto  conocimiento 
del  purgatorio. 

EtiuolooÍa.  Bajo  latín  kadesalitat 
catalán,  kadetalita. 

Kadi.  Masculino.  Cadí. 

Kadichah.  Primera  mujer  de  Ma- 
homa,  que  nacidpor  los  aQos  de  564 
y  murió  en  628.  Tuto  del  reformador 
cuatro  hijos  y  otras  tantas  hijas,  en- 
tre ellas,  la  bella  Fátima.  Bra  de  la 
tribu  de  los  koreiscitas,  TÍnda  de  dos 
maridos  y  de  40  aSos  de  edad,  cuan- 
do se  eaáó  eon  él  Profeta,  el  cual  la 
colocó  en  el  numero  de  las  cuatro  mu- 
jeres predestinadas. 

Kadina.  Femenino.  Nombre  que 
se  da  á  cada  una  de  las  primeras  da- 
mas del  sultán  después  de  la  kadeum. 

ETiuoLoaÍA.  Turco  qadin,  forma  de 
khaloün,  dama,  señora  de  la  casa;  fran- 
cés, iadine, 

Kadoche.  Cadochb. 

Kahuana.  Femenino.  Especia  de 
tortuga,  cuya  concha  se  emplea  en 
obras  de  embutido. 

EtiuolooÍa.  Francés  kaiowmne. 

(LiTTRÉ.) 

Kaid.  Caid. 

Katmac.  Blascnlino.  Bspecie  de 
sorbete  torco. 

ETiMOLoafa.  Turco  ^afsio^,  crema 
de  leche:  francés,  Aatnue, 

KaisBÍ  Abn-Nasser  El  Feda 

(BBN-AiSA    BBN-KAN-BL-ACHBILf  Ó  el 

Sevillano).  Escritor  árabe,  que  nació 
en  Sevilla  y  murió  en  Marruecos  en 
1140.  Es  autor  de  las  obras  siguien- 
tes: Elogiot  de  los  hombres  ilustres  por 
tu  erudición  y  talentos  poéticos;  Los  Co- 
llares de  oro  y  De  las  pasiones  del  alma. 

Kakatoes.  Masculino.  Ornitología. 
Especie  de  loro  notable  por  su  mofio 
de  varios  y  brillantes  colores. 

EtiuolooÍa.  Latín  técnico  OKaíiM, 
onomatopeya  del  grito  del  pájaro. 

(BUPPÓN.) 

Kakerlak.  Maseulino.  Especie  de 
insecto  ortóptero. 

EtiuolooÍa.  Holandés  kakirUk: 
francés,  kakerlat,  cancrelas,  canerelat. 

Kakeriaqne.  Masculino.  Nombre 
de  los  albinos  de  la  isla  de  Java. 

EtimolooÍa.  Francés  kakerU^, 

(LlTTRÉ.) 

Kakerlaqnismo.  Masculino.  Con- 
dición y  carácter  de  los  albinos  de 
Java. 

Btiuolooía.  Kakeriaqne:  francés, 
hakerlaguisme. 

Kakodilo.  Masculino.  Química. 
Radical  compuesto,  que  es  un  líquido 
incoloro,  muy  refrigerante,  de  olor 
poco  agradable  y  fuerte. 

EtiuolooÍa.  (iriego  xaxóc  (kakót), 
malo,  y  el  radical  ¿fi  (od),  olor:  fran- 
cés, kakodgU. 

Kalator,  Masculino.  Antigüedades. 
Heraldo  que  anunciaba  á  los  romanos 
el  día  de  fiesta  para  que  suspendiesen 
los  trabajos. 

EtiuolooÍa.  Calendas:  latín  anti- 
guo, kalator. 

Kaleda.  Masculino.  Antigua  mito- 
logía sajona.  Dios  de  la  paz. 

Kaleidoscopio.  Caleidoscopio. 


EtiuolooÍa.  Caleidoscopio:  francés, 
kaleidoscope. 

Kalenaa.  Calenda. 

Kalendado,  da.  Participio  pasivo 
del  verbo  kalendar  en  sus  acepciones. 
{hjCKTyamtL,  Diccionario  de  f7S6.) — cY 
así  se  ofrecen  kalendados  por  ella  al- 
gunos concilios  de  Africa.»  (Makqu¿s 
DB  MoNDÉJAR,  Exdmen  cronológico.) 

Kalendar.  Activo.  Ponerla  fecha 
ó  data  del  día,  mes  y  año  en  las  es- 
crituras, cartas  ú  otros  instrumentos. 
Es  tomado  del  nombre  kalenda.  (Aca- 
DBUiA,  Diccionario  de  1720.)—*Kiü«»- 
daba  sos  escrituras  ^  contratos  por 
los  años  de  su  impeno.»  (MAaQués  db 
MoNDÉJAB,^ irasiM  crono^^ieo.J-tSiá' 
nifíca  también  poner  en  lista  para  al- 

fún  fin.»  (AcADBuiA,  Dieeienariú  da 
726.) 

Kali.  Masculino.  Nombre  árabe  de 
varias  plantas,  de  cuyas  cenizas  se 
extrae  la  sosa.  |  Química.  La  potasa. 
— «Lo  mismo  que  Alkalí.  Los  quími- 
cos usan  esta  voz  sin  el  artículo  Ai, 
como  los  árabes.»  (Agadbuia,  Diccio- 
nario de  1720.) 

Btiu(».üoía.  I^atín  técnico,  taísol» 
KALI,  de  Linneo:  francés,  kali. 

Sentido  etimológico. — 1.  SeleUama 
salsola,  que  vale  tanto  como  salada, 
porque  u  eali,  de  hojas  espinosas» 
nace  sin  cultivo  en  la  orilla  del  mar. 
Pertenece  á  la  &milia  de  las  qutnopó- 
deas  y  abnnda  mucho  en  el  continen- 
te europeo. 

2.  El  álcali  de  los  árabes  no  es  otra 
cosa  que  una  sal  producida  por  la  de- 
cocción de  dicha  planta. 

Kalidaaa.  Célebre  poeta  indio,  au- 
tor del  drama. titulado:  El  Reconocí-' 
miento  de  Sakuntala  6  el  anillo  fatal,  j 
de  muchos  otros  poemas.  Vivía  en  la 
brillante  corte  Vikramaditya  hacia  el 
año  56  antes  de  Jesucristo  y  fué,  por 
consiguiente,  contemporáneo  de  Vir~ 
gilío  y  Horacio.  La  ternura  de  san 
sentimientos  y  el  poderoso  ímpetu  de 
su  imaginación  le  colocan  en  un  »ltq 
puesto  entre  los  poetas  de  todos  los 
países.  Del  atractivo  de  sus  descrip- 
ciones puede  juzgarse  por  su  intere- 
sante drama  Vtkrama  j  Ürvati,  por 
el  poema  Zas  Estaciones  y  ^OTlnNn^ 
mensajera  (Meghadota),  en  donde  pin- 
ta los  transportes  que  la  naturaleza  ex- 

fierimenta  cuando,  después  de  una 
arga  se(juía,  aparece  la  primera  nube 
que  indica  la  estación  de  las  lluvias. 
Se  le  deben  también  Aguimetra  yMa- 
laviea,  comedia  en  cinco  actos;  Rava— 
gunsa,  poema  en  diez  y  nueve  cantos, 
y  Nalodaga,  poema  en  cuatro  cantos. 
Entre  las  traducciones  que  de  algunas 
de  las  obras  de  Kalidasa  se  lian  he- 
cho, merecen  especial  mención  las 
que  del  Sakuntala  han  hecho  Chezy 
(París,  1830),  al  francés,  ^  el  señor 
Ayuso,  al  castellano  (Madnd,  1860). 

Kalium.  Masculino.  Qatotes.  El 
potasio. 

KtimolooÍa.  Kali:  francés,  kalinm, 

(LlTTHK.) 

Kalmia.  Femenino.  Botánica.  Gre- 
nero  de  plantas  de  la  familia  de  las 
ericíneas. 

ETiuoLoaÍA.  P.  JCalm,  discípulo 


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KANG 

sa«cp  de  Lúineo»  &  qaien  aa  maestro 
U  dsdied;  frabcés,  Aalmit, 

Kcdmuco.  Calmuco. 

Kaípiik.  Masculino.  Bonete  eon 
fono,  may  usado  en  Oriente. 

EríuoLOofA.  Turco  galpak:  francés, 
hahak,  ealpakt  talpack,  eolhack. 

Kamacita.  Femenino.  Mineralo- 
tím,  Combínieitfn  ftrmeinosa  que  se 
Italia  ea  e)  hierro  meteórieo. 

BtiuoLOofA.  Oríego  {kámax), 
armaxiÍD:  francés,  lUmaeiie. 

Kamichi.  Masculino.  OnuWo^ia. 
OénerodeaTea  sanendaadel  Braail. 
(Casallbbo.) 

KmioLOoU.  V9eahUbrMtü«íto:tnTi- 
cés,  kamichi, 

JléteHa. — 1 .  El  eauichi  es  un  pája- 
ro grande,  ne^ro,  del  orden  de  los  ca* 
sadores,  que  vive  en  las  marismasde  la 
Onjana  j  del  Brasil.  Hoj  se  conocen 
dos  especies:  el  k  av  ichi  cornudo  j  el  ka- 
michi fiel,  que  guarda  las  aves  caseras 
como  los  mastines  fardan  el  ganado. 

2.  Ambas  especies  corresponden  al 
OTá»n  palamcdea,  de  Linneo. 

Kaminal.  Masculino.  Nombre  dado 
•n  {«erante  á  una  sal  impura  com> 
pnwta  de  alambre,  petróleo  j  salfoto 

Kuds.  Masculino.  MitoíógU  jtpo- 
MM.  Hombre  de  lasdirinidades  evjo 
enlto  es  el  siotismo. 

BnMOLOoÍA.  Japonés  JTamú. 

Xamioino.  Nombre  que  dan  los 
tarcos  á  un  ropaje  que  se  ponen  para 
visitar  las  pagodas. 

Kampen  (Jacooo  van).  Cele- 
bra anabaptista  holandés,  muerto 
ea  1535.  Fué  uno  de  los  principales 
partidarios  de  Joan  de  Lejrden;  le 
acompañó  á  Mfinster;  asistió  á  su  co- 
ronación j  fué  nombrado  por  él  obis- 
po de  Amsterdin,  en  1534.  Después 
se  dirigió  á  dicha  ciudad  eon  Juan  de 
Geelen  j  organixó  ana  vasta  eonjura- 
eídn,  qne  no  tardó  en  ser  descabierta. 
Permaneció  oealto  sein  meses,  al  cabo 
de  los  cuales  fué  hallado,  juzgado  y 
condenado  &  muerte,  suplicio  que  su- 
frió  después  de  una  hora  de  exposi- 
ción pública,  de  cortarle  la  lengua  y 
la  mano  derecha,  y  siendo,  por  últi- 
mo, entregado  á  las  llamas;  aunque 
la  hoguera  no  recibió  otra  cosa  que 
nn  cadáver. 

Kan.  Kbak.  La  forma  JTas,  qne 
trae  la  Academia,  no  es  etimológica. 

Kanato.  Khanato. 

Kanchii.  Masculino.  Zookytá,  Ca- 
brito de  los  bosques  de  Sumatra. 

fimiOLOoU.  Malayo  iamtekil:  latín 
tienieo,  mo$eku$  javanicui;  francés, 
kmKkil, 

Kaneli.  Masculino.  Botánica.  Ár- 
bol de  las  Indias  orientales,  cajras  ho* 
Jas  secas,  reducidas  á  polvo  y  toma- 
das en  leche,  cortan  la  diarrea. 

Kanguroo.  Masculino.  Zoología. 
Cuadrúpedo  del  orden  de  los  marsu- 
piales macrópodos,  sin  dedos  pulga- 
res en  los  miembros  posteriores  y  enya 
mandíbula  superior  presenta  seis  dien- 
tes. Bs  más  á  propósito  para  el  salto 
que  para  la  carrera. 

BnnoLoola.  Francés,  iimyafw,  jls«- 
furo»,  kanganm,  kango%ro%.  (LittkÉ.) 


KANT 

Kant  (Manobl).  Célebre  filósofo  y 
matemático  alemán, que  nació  en  1724 
y  murió  en  1804.  Estudió  en  la  uni- 
versidad de  Kcenigsberg,  j  recorrió 
en  pocos  aíios  casi  todo  el  círculo  de 
los  conooimientos  humanos;  vivió  por 
espacio  de  mucho  tiempo  oscuro  y 
pobre,  siendo  durante  quínoe  años 
pasante  de  una  escuela.  »i  1770  ob- 
tuvo la  cátedra  de  lógica  v  matemáti- 
cas en  la  uníversidaa  de  Koenigsberg; 
en  1786  fué  nombrado  rector  do  Ta 
misma  V  en  1787  entró  en  la  Acade- 
mia de  Berlín.  Es  autor  de  un  sistema 
que  hace  época,  y  que  ha  producido 
en  la  filosofía  una  verdadera  revolu- 
ción, en  el  cual  se  propone  someter  á 
la  crítica  todos  los  conocimientos  hu- 
manos, y  de  aquí  ha  tomado  su  doc- 
trina el  nombre  de  criticismo.  Para 
estodistingoe  en  nuestros  conocimien- 
tos dos  partes:  la  una,  que  pertenece  i 
los  objetos  del  pensamiento,  y  que  ad* 

auírimos  por  la  experiencia,  y  á  esto 
ama  él  la  materia,  «l  •hjttivo;  la  otra, 
que  pertenece  al  sujeto  que  piensa,  á 

3ue  el  espíritu  saca  de  su  propio  fon- 
o,para  añadirlo  á  los  datos  ae  la  ex- 
peneoeia;  esta  es  la  forma,  *l  tubfttí- 
M.  La  rasón  apliea  la  forma  i  la  ma* 
tena,  eomo  el  sello  deja  su  huella  en 
la  cera;  además  cree  ver,  como  exis- 
tente en  las  cosas,  lo  que  no  está  real* 
mente  sino  en  sí  misma.  Kant  hace 
la  enumeración  de  estas  formas,  que 
son  inherentes  á  la  razón  humana,  y 
que  llama  indistiutamente  ideas  i 
prióri,  ideas  oaras,  categórioaa,  colo- 
cando á  sn  caneza  las  ideas  de  titmpo, 
de  espacio,  de  sustancia,  de  causa,  de 
unidad,  de  existencias,  etc.  Pregun- 
tándose después  cuál  es  el  valor  de 
nuestros  conocimientos,  y  si  podemos 
pasar  legítimamente  del  sujeto  kl  ob^ 
jeto,  declara  que  no  podemos  eonooer 
directamente  sino  lo  que  nos  snminis» 
tra  la  experieneia;  que  todo  lo  demás 
es  simplemente  un  objeto  de  fe  ó  de 
creencmi  y  que  de  este  modo,  nues- 
tras ideas  de  alma,  del  universo,  de 
Dios,  no  tienen  certidumbre  alguna 
objetiva.  Sin  embargo,  por  una  feliz 
contradicción,  concede  en  moral  á  la 
razón  humana  una  autoridad  que  le 
niega  en  metafísica;  así  oree  en  la  li- 
bertad, en  la  lev  imperativa  del  deber, 
en  la  necesidad  de  una  armonía  entre 
el  honor  v  la  virtud,  restableciendo 
como  indudables  las  verdades  que 
aquéllas  implican)  como  son  la  exis- 
tencia de  Dios  V  la  inmortalidad  del 
alma.  En  moral,  enseña  este  filósofo 
una  doctrina  rígida,  fundada  sobre 
la  idea  del  bien  absoluto,  y  que  re- 
cuerda el  estoicismo.  Sus  principales 
obras  son:  Críticade  la  raidupura  (Ri- 
ga, 1781);  Criliea  de  la  ruón  práctica 
(Riga,  1788);  Critica  d«l  jnicio  ettético 
y  teológico;  Prolfcdnenos  para  toda  me- 
tafUica  futura  (Riga,  1783);  Funda^ 
mentoi  de  la  metafísica  de  lat  eoitnm- 
brea  (Riga,  178^;  Principio»  metafUi- 
cos  de  ta  ciencia  de  la  naturaUía(Rigtí, 
1786);  La  religión  en  los  Umiíe$  de  la 
raK^/)iira  (Koenigsberg,  1793);  Me- 
iaf (tica  de  tas  eottumbres  en  dos  par- 
les: 1.'  Metafísica  del  derecha  {IW); 


KAOL 


289 


2.*  Principios  metafisicos  de  la  doctrina 
de  la  virtud  (lWlíy,  Aníropolcgiá  en  el 
seníidoprMmátic9{Kaa\gsheig,ll^y, 
Lógica  (KoBuigsberg,  1800);  Pede^&- 
yíe  publicada  por  Pmlitz  (Leipzig, 
1817),  V  Lecdonet  sobre  la  meíafíst' 
ca,  publicadas  por  el  mismo  (Erfurt, 
1821).  Sus  obras  relativas  á  las  oien- 
oias  j  á  la  filosofía  de  la  naturaleza 
son:  Pensamientos  sobre  el  verdadero  m- 
lorde  tas  fuertas  vivas  (Kcanígsbe»^, 
1746);  Teoria  general  del  cielo  (175^; 
MttaphgsiGee  enm  &nmeHajwles  m$us 
M piilosophia  (1746);  Nueva  teoria  del 
movimiento  y  del  reposo  (1758);  Snsa- 
yo  sobre  las  enfermedades  del  espíritu 
(1764);  Programa  de  un  curso  de geogra- 
fía  física  (1765),  y  De  lasdi/erentes  ra- 
tas de  ios  hombres  (1775).  Kn  Alemania 
se  ha  publicado  una  edición  completa 
de  las  Obras  de  Kant,  hecha  por  Ro- 
senkranz;  sus  principales  obras  filosó- 
fioas  han  sido  traducidas  al  francés 
por  J.  Tiason  v  por  J.  Barni  (París, 
1841-45,  un  volumen  en  8.*),  y  reeien- 
temente  se  han  vertido  al  eastellano 
algunas  de  ellas,  tales  como  la  Criti- 
eade  la  rosón  y  la  Líbica» 

Kantismo.  Masculino.  FtUsofía, 
Sistema  fundado,  á  fines  Aa\  pasado 
siglo,  porJfíMwj  Kant,  eujo  filósofo 
se  propone  determinar  la  parte  que 
tiene  la  razón  humana  en  los  conoci- 
mientos, asentando  la  teoría  de  la  ra- 
zón ó  ciencia  pura.  Bsta  ciencia  esta- 
blece que,  én  el  orden  de  la  razón  es- 
peculativa, todo  lo  que  traspau  los 
límites  de  la  experiencia  es  puramen* 
te  hipotético;  pero  admitiendo  que,  en 
la  esRra  de  la  razón  práctica,  lo  que 
no  es  más  que  hipotético,  espeoolati- 
ramente,  llega  á  ser  real  en  el  terre- 
no práctico.  Por  consiguiente,  el  re- 
sultado de  la  crítica  de  Kant  es  el  es* 
eepticismomstafisieoj  el  dogmatismo 
moral.  (Lixisá.)  |  El  kantismo  signi- 
fica una  fórmula  nueva,  más  acomo- 
dada 6  la  actividad  del  discurso,  más 
adaptada  al  resorte  de  los  juicios;  esto 
es,  más  psicológica,  pero  no  lleva  al 
mundo  de  la  filosofía  ningún  nuevo 
espíritu,  ningún  nuevo  sistema. 

Ka&tísta.  Masculino,  fil  partidario 
del  kantismo. 

BriuoLoaÍA.  Kantismo:  francés,  kan' 
tiste. 

Kanan.  Masculino.  Comida  fúne- 
bre que  celebran  anualmente  los  rusos 
en  la  tumba  de  sus  parientes. 

Kaolín.  Masculino.  Tierra  con  que 
se  fabrica  la  porcelana. 

Etiii<».ooía.  Chino  kao,  alto,  y  Ung, 
colina:  kaoling,  colina  alta,  nombre 
del  paraje  de  donde  se  extrae  la  tierra 
ó  arcilla  kaolín. 

Reseña  histórica,— l.  Bl  kaolín  es 
una  arcilla  blanca,  suavemente  pura, 
con  mezcla  de  alúmina,  de  sílice  y  po- 
tasa, la  cual  entra,  como  parte  esen- 
cial, en  la  fabricación  de  la  porcelana. 

2.  Los  KAOLiNS  más  estimados  son 
los  de  la  China  y  del  Japón,  los  cua- 
les se  distinguen  por  la  limpieza  de 
su  blancura.  Los  de  Sajonia  tienen  ao 
ligero  tinte  entre  amarillo  y  encar- 
nado, el  cual  desaparece  tan  pronto 
cjmo  se  expone  al  fuego.  Loa  de 


TOMO  1(1 


ti 


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290  KARA 


KARO 


KAZI 


Sa¡n(-Irltx-U-F«r(ih«,  i  outtro  mirí&F 
mttros  de  Limogea  (Provsiiz»),  son 
blftoeos  por  lo  general.  (LiTTRd.) 

KaoUnisacion.  Femenino.  Trans- 
formación de  una  sabstancia  en  kao- 
lín, j  así  se  dice  que  el  oligoclasis  es 
un  mineral  mu^  propenso  a  la  kaoli- 
mzACiÓN.  (FouRNBT,  AccdemU  de 
Cunetas,  tamo  53,  página  695.) 

Kaolininr.  ÁetiTO.  Transfonnar 
en  kaolín. 

EtzkolooU.  kaolín:  ficueés,  ímU- 
niter. 

KaoUnizane.  Recíproco.  Trans- 
formarse en  IcmIíOi  como  cuando  se 
dice;  el  oUgoclftsis  se  kaoliniza  fteil- 
mente.  ^LiTmd.) 

Kaobno.  Masculino.  Eaolík. 

Knovana.  Kahuaná.  La  forma 
iaovana,  que  aparece  en  algunos  Die- 
cionarioti  no  tiene  raíz. 

KapiÜi-bi|ji.  Masculino.  £1  que 
custodia  las  puertas  del  palacio  del 
sultán. 

Kapila.  Filósofo  indio,  fundador 
de  la  secta  llamada  Sankhya.  Se  le 
considera  ctuno  un  atarata  6  encama- 
ción de  Siva,  y  su  doctrina,  de  que  se 
deriva  el  budhismo,  se  remonta  á  mis 
de  siete  siglos  antes  de  nuestra  era. 
Proclama  la  independencia  de  la  ra- 
zón j  descubre  el  alma  por  los  medios 
de  un  justo  discernimiento.  El  primer 
objeto  de  Kahla,  como  el  de  Budha, 
es  curar  &  los  hombres  de  los  males  de 
la  vida;  es  decir,  de  la  ley  de  la  trans- 
migración. Los  futras  6  aforismos  de 
Kapila.  se  hallan  consignados  en  una 
obra  llamada  Sankhya,  impresa  en  Se* 
rampur  en  1821. 

Kapot.  Masculino.  Arbol  gigan- 
tesco que  produce  una  substancia  al- 
godonosa. 

Kappa.  Masculino.  Décima  letra 
del  alfaDeto  gringo. 

ETIllOLOOfA.  A. 

Kappike.  Masculino.  Moneda  mos- 
covita que  equivale  á  unos  siete  ma- 
ravedía. 

Kara-angoUn.  Masculino.  Soíi- 
niea.  Arbol  grande  del  Malabar,  aue 
produce  á  un  mismo  tiempo  las  no- 
res,  las  hojas  y  los  frutos. 

Karabé.  gXrabb. 

Karad.  Masculino.  Tributo  que  |)a- 
gan  &  la  Sublime  Puerta  todos  los  sub- 
ditos DO  musulmanes. 

Etiuología.  Arabe  kharSdj,  im- 
puesto anual. 

Karaffán.  Masculino.  Animal  car- 
nívoro 1^1  género  perro. 

Etiuoloqía.  Francés  kart^an. 
{Limi.) 

Karaita.  Común  de  dos.  El  que 
nertenece  i  la  neta  judaica  que  pro- 
fesa escrupulosa  adhesión  al  texto  li- 
toral de  la  Ventura,  rechazando  las 
tradiciones. 

Karane.  Masculino.  FnidieiAh  Es- 
pecie de  carruaje,  tirado  por  muías, 
que  usaban  los  griegos. 

EtiuolooÍa.  Bajo  latín  karane,  del 
griego  xipavoc  y  x¿pii)voc  ( AdrSnos  y  kd- 
reitjs),  altura,  vértice,  cabeza. 

Karata.  Femenino.  Especie  de 
áloe.  (Caballbbo.) 

ETiu(».oofA.  Francés  Aaroío,. 


Reseña>-^1*  La  kakata  u  an  ÍIoe 

de  América,  del  cual  sacan  los  salva- 
jes una  especie  de  hilo  empleado  en  la 
fabricación  de  telas  y  redes. 

2.  También  se  llama  de  la  misma 
manera  otra  especie  de  áloe  mujr  co- 
mún, así  en  las  Antillas  como  en  la 
Jamaica,  cayo  fruto,  parecido  á  una 
pera,  tiene  un  agridulce  muy  gasto- 
so. (LlTTBd.) 

Kari.  Masculino.  Polvo  que  se  trae 
de  las  colonias,  con  el  cual  se  prepara 
una  mostaza  mny  fuerte,  de  que  suele 
usar  el  pueblo  francés. 

BTtu(».oof  A.  Vocablo  indi^onax  fran- 
cés, inri. 

KarÍTeti.  Masculino.  ¿tflÓNtco.  Ea* 
pecie  de  árbol  del  Malabar,  cujo  fruto 
es  purgante. 

- .  KanETona.  Femenino.  Casa  de  ma- 
nufacturas reales  en  Persía. 

Karlstadt  ó  Garlostadio  (Andrís 
BoDENSTEiN,  llamodo).  Célebre  refor- 
mador alemán,  que  nació  en  Karlstadt, 
en  FrancoQÍa,  por  los  años  de  1483  j 
murió  en  Basiles  en  1541.  Fué  profe- 
sor de  teología  en  la  universidad  de 
Witemberg;  tomó  parte  en  la  discu- 
sión religiosa  de  Leipzig  y  sostuvo  la 
doctrina  de  san  Agustín  sobre  la  gra- 
cia; designado  como  partidario  de  Lu- 
tero  ea  la  bula  de  excomunión  lanza- 
da coacra  ésto  en  1520,  apeló  de  la 
decisión  del  Papa  á  un  Concilio  gene- 
ral; publicó  después  varios  fofletos 
contra  el  culto  de  las  imágenes,  con- 
tra la  confesión  auricular  y  contra  el 
celibato  de  los  sacerdotos.  Tuvo  des* 
pués  algunos  altercados  con  Lutoro, 
sufrió  diversas  persecuciones,  jr,  últi- 
mamento,  obtuvo  un  curato  en  Basi- 
lea,  donde  acabó  sus  días.  Sus  princi- 
paleiB' obras  son:  Dslasantidad  cristia- 
na; De  las  dos  esvedes  de  la  Cena;  De  la 
e^caciade  las  inaulgencias;  Del  pontífice 
romano;  Del  sacerdocio  y  del  sacrijScio 
de  Cristo;  De  la  abolieukt  del  cnlío  de 
las  imágenes,  y  HcmlUu  sobré  el profe- 
ta  MaUqnlas, 

KArmátíca.  Adjetivo.  Escritura 
kabmítica.  Escritura  árabe  siu  pon  - 
tos diacríticos,  más  redondeada  que  la 
escritura  cúfica. 

BtiuoldoÍa.  Karmatiqne,  (Littré.) 

Karmes.  Kbbubs. — cEl  gusanillo 
que  se  engendra  dentro  del  coco  de  la 
grana,  por  lo  cual  se  llama  carmesí  la 
tintura  de  esto  color,  mudando  la  k 
en  la  c  fuertevy  en  las  boticas  la  con- 
fección hecha  de  dicha  grana  se  llama 
confección  de  (tícAínnM,  mudada  la  ti 
en  ^  la  A  en  la  £  aspirada.  Bs  voz 
arábiga.»  (Academia,  Diccionario  de 

me,) 

Karmeias.  Femenino  plural.  A^- 
tí^tedades.  Ciertas  ferias  que  se  Qele- 
brabsD  periódicamente  en  Flandes. 

Etiuoloqía.  Flamenco  kerk-misse; 
de  keri,  iglesia,  y  misse,  misa,  porque 
dichas  ferias  se  solemnizaban  con  mi- 
sas y  procesiones:  francés,  karmesse, 
forma  antigua;  kermesse,  forma  mo- 
derna, que  es  la  etimológica. 

Karmonsali.  Masculino.  Especie 
de  navio,  muj  mal  formado,  que  usan 
los  egipcios. 

I    Karous.  Masculino.  Especie  de  pez 


que  se  erfa  en  casi  todof  loi  rfu  da 

Énpto. 

Kasi.  Masculino.  El  cuarto  pontí- 
fice de  los  persas. 

Katcher.  Masculino.  Lugartenien- 
te del  be^,  entre  los  árabes. 

Katmia.  Femenino.  ^0tí»tai.Nom* 
bre  del  género  ktbiscus,  del  cual  se  co* 
uocen  tres  especies:  kHiscus  syriaeia, 
kibiscus  trioniwn,  kibisens  esculentus. 

EtiuoloqU.  Arabe  kkaíml:  francés, 
kaími,  ketmi. 

Reseña.—!.  Este  género  eorrespou- 
de  á  la  familia  de  las  malváceu  y 
comprende  gran  número  de  plantas 
exóticas. 

2.  El  árabe  khaírni,  kkitmt,  equiva- 
le á  la  altea,  en  Frejtag;  á  la  malva 
délos  manales  (inglés  marskmUloie), 
en  Richardsoo;  al  malvabísco,  en  B^- 
thor,  cuyo  autor  trae'  también  U 
ma  khetmijfa. 

Katrán.  Masculino.  Katrán  bh- 
OARNADO  DB  Pallas.  Baíz  eucsmada 
y  leñosa  que  se  emplea  en  Rusia  para 
el  curtido  de  las  pieles,  la  cual  pro- 
viene del  síatiee  taíi/olia,  de  Smitii. 
familia  de  las  plombagíneas. 

Etimología.  Ruso  ¡üiran. 

Kaaini  v  Gazini.  (Bajo  latín.) 
Nombre  dado  á  una  especie  de  pUta* 
que  se  empleó  mucho  durante  laadád 
media. 

BroiOLOofA.  1.  Árabe  viqo, 
antiguo,  puro.  (Moora.) 

2.  Arañe  kkSrcJnl,  liga  de  zinc  y 
cobre,  en  De  Sae^;  sine,  en  Humbe^; 
zinc  y  liga  de  sine  y  cobre,  en  Boc- 
thor. 

1.  La  forma  kami,  que  aparece  ea 
un  documento  de  Asturias  de  1078, 
representa  kasini,  porque  la » no  se 
puntuaba  antiguamente.  En  aquel  do- 
cumento se  dice:  «que  la  noble  señora 
doña  Major  Frojlaz  había  vendido 
una  tierra  en  las  Asturias  al  obispo 
de  Astorga,  de  quien  había  recibido 
trescientos  dos  sueldos  de  plata  «»- 
»t:pro  euo  accepmms  devoUs  CCCJl 

solidos  de  argento  XAZia.» 

2.  Después  se  habla  de  un  «caballo 

apreóado  en  ciento  cincuente  sueldoi 
de  plato  casini»  y  de  un  «vaso  de  pis- 
ta purísima,  que  pesaba  setenta/ ciO' 
co  sueldos;»  et  uno  caiallo...  preeiaío 
in  eentwn  ^uin^na^inía  solidos  de  argeO' 
to  KAZMi,  el  uno  vasodepnrissmoaffen- 
to  pensante  septnagintaqninqne solidos.* 
(Bspaña  Sagrada,  XXXVÍJA  89.J 

3.  Esto  demuestra  que  kasins  no 
significa  viejo,  antiguo,  puro,  ww*' 
crejó  Moura,  puesto  que  para  Awff- 
nar  la  plato  pura  se  emplea  el  jmrii- 
nne  argento,  , 

4.  La  forma  eazeni  se  halle  en  al 
testomento  de  Ramiro,  rey  de  A»- 
gón ,  en  1061:  ei  illos  vassM  fuot 
tius  fiiivs  mens  comparaverit  et  redsmt- 
rit,  peso  per  peso,  ae  plata  aiU  de  ca»* 
NI,  illos  prendaí  et  reddimat.  (J»» 
Martínez,  Historia  de  san  *  ** 
Peña,  página  439.) 

5.  La  forma  kasini  se  encuentra  w 
tina  escritura  de  venta  de  1016,  de- 
mento portugués:  «vendeo  a  LoT™?. . 
Moura  Zuleimáo  Iben  Giarah  A"" 
huma  grande  ñizenda  em  tíUm*  for 


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KeaN 


KEaN 


veinte  lofdos  de  argento  k<ui%%.*  {^h 
Padm  Santa  Rosa,  JJ,  B9  y  10.) 

6.  La  forma  kaetmot  M  halla  en 
otro  docnmento  portuffaéi,  que  es  ana 
escritura  de  venta  del  siglo  ix,  893: 
foi  opr^o  4S  toldo»  KAZiuos,  cel  pre- 
ño roé  45  tueldot  kazxmos.»  (Santa 

7.  Debe  creerse  que  la  forma  co- 
rxeeta  es  luim,  de  acuerdo  con  la  in- 
terpretación del  sabio  Dozy. 

8.  Debemos  notar,'  con  el  único  ob- 
jeto de  qne  sirva  de  dato,  que  el  ára- 
be tiene  ihatlna,  tesoro  del  gran  se- 
ñor. La  forma  es  perfecta,  mientras 

3 as  el  sentido  no  presenta  grandes 
ificultades,  puesto  ^ue  la  idea  de 
tesoro  pudo  pasar  i  significar  la  idea 
de  plata. 

Keabe.  Masculino.  Santuario  cona* 
traído  en  el  centro  del  templo  de  la 
Meca. 
BriMOLOOfA.  Ki&la. 
Xean  (Bduohdo).  Célebre  trágico 
inglés  j  uno  de  los  maestros  más  an> 
daees  jr  extraordinarios  de  la  escena 
moderna,  que  sació  en  Londres  el  4  de 
Noviembre  de  1787  j  murió  en  Rich- 
mond  el  15  de  Majo  de  1833.  Tuto 
por  madre  i  la  hija  del  poeta  SaviUe 
Carej,  j  por  padre  &  un  pobre  tallis- 
t*,  Aarou  Kean,  hermano  del  famoso 
m.fmico  j  ventrílocuo  Moisés  Kean, 
por  más  que,  andando  el  tiempo,  pro* 
tendiera  hacerse  pasar  por  bastardo 
del  duque  de  Norfolk, muerto  en  1815. 
Apenas  pudo  andar,  se  le  colocó  en  la 
eompaSía  del  teatro  da  Drurj-Lane, 
donde,  bajo  la  dirección  de  un  titirite- 
ro en  bogarse  dialocaron  sus  miembros; 
j  á  los  cinco  años,  figuraba  al  lado  de 
John  Kemble  para  desempeñar  el  pa- 
pel del  eeniecfllo  en  las  escenas  de  las 
■brajas  del  Maebetk.  Luejg^  fué  envia- 
do a  la  escuela;  pero  litti^ado  de  una 
eaistencia  demasiado  uniforme  se  es- 
capó de  casa  de  su  madre  j  se  engan- 
chó, como  grumete,  á  bordo  de  un 
boque  próximo  á  partir  para  la  isla 
de  Madera.  La  servidumbre  absoluta 
en  que  se  encontró',  no  podía  conve- 
nirle; simuló  una  sordera  completa  jr, 
después  de  pasar  algunos  meses  en  un 
hospital,  logró  que  se  le  licenciara. 
De  vuelta  á  Londres,  no  encontró  ja 
á  sa  madre.  Batonces,  sin  abrigo  j 
■in  dinero,  no  tuvo  va  más  que  un  re* 
earso;  el  de  unirse  a  una  compaQía  de 
saltimbanquis,  en  que  le  eontrataron 
coa  la  miñón  de  representar  el  papel 
de  un  mono,  tarea  que  desempeñó  á 
las  mil  maravillas.  Después  de  un 
breve  viaje  á  Portsmouth,  donde  sólo 
dió  represeutac iones  en  una  casa  par- 
ticular, volvió  á  Londres,  en  donde 
mis  Tidswell,  actriz  de  Drurj-Lane, 
convirtiéndose  en  su  protectora,  le 
hizo  aparecer  en  Sadler's-Wells.  La 
manera  con  que  recitó  su  papel  le 
hizo  objeto  de  solicitud  por  pnrte  de 
ana  empresa  que  tenía  los  teatros 
del  condado  de  Torksire,  j  aunque 
sólo  contaba  trece  aflos,  obtuvo,  con 
el  nombre  de  Caireg,  que  había  toma- 
do, ruidosos  j  merecidos  aplausos. 
En  Wiadsor,  representando  ante  la 
iamilia  red,  túvola  fortuna  de  llamar 


la  atención  del  doctor  Drurj,  que  le 
oolocó  en  el  colegio  de  Etón;  pero  ha- 
bituado, como  estaba,  á  la  vida  inde- 
pendiente v  aventurera,  no  pudo  per- 
manecer aUÍ  más  de  tres  años.  Desde 
ac[uel  momento,  toma  la  rara  profe- 
sión de  comediante  de  la  legua;  v 
sufriendo  tedas  las  vicisitudes-de  tal 
vida,  tan  pronto  se  le  ve  silbado  en 
una  parte  como  aplaudido  en  otra.  En 
aquella  época  y  como  si  su  situación 
necesitara  comj^licarse,  decidió  con- 
traer matrimonio.  Entonces  tenía  20 
años,  j  en  Julio  de  1808  se  casó  con 
María  Cambera,  una  pobre  muchacha 
á  quien  la  miseria  había  hecho  actriz, 
sin  que  la  preocupase  para  nada  un 
arte  que  no  comprendía.  De  aquel 
matrimonio  tuvo  dos  hijos,  el  mayor 
de  los  cuales  murió  de  corta  edad.  Por 
último,  Eduundo  Kban  encontró  en 
el  doctor  Drurjr  un  sabio  apreciador 
de  su  talento,  cujros  gérmenes  empe- 
zaban á  manifestarse,  j  el  26  de  Ene- 
ro de  1814  consiguió  presentarse  por 
vez  primera  en  Drurv-Lane,  en  el  pa- 
pel de  Shylock  del  Mereador  de  Veñe- 
citt.  Aquella  fué  la  revelación  de  un 
arte  Q  uevo.  Despreciando  todas  las  tra- 
diciones, Kban  presenta,  en  lu^ar  de 
un  viejo  avaro,  de  un  usurero  ávido  de 
riquezas,  un  ser  perseguido  j  tras- 
tornado por  las  ideas  de  venganza;  re- 
juvenece al  personaje  v  de  seguro  le 
convirtió  en  lo  que  nacía  imaginado 
Shakespeare.  La  ovación  fué  completa. 
Alentado  por  aquel  éxito,  interpretó 
los  papeles  de  Hamlet,Tago  j  Romeo, 
produciendo  en  todos  un  efecto  indes- 
criptible. Pero  sus  dos  mejores  crea* 
cienes  fueron  las  de  Otelo  j  de  Ricar- 
do III.  Su  triunfo  fué  tal,  que  el  teatro 
en  que  trabajaba  produjo  en  seis  me- 
ses más  de  1.000.000  de  francos  de 
rendimientos,  calculándose  que  sas 
ganancias  personales  ascendieron  á 
4Í50.000  francos  por  año.  Esta  extre- 
ma opulencia,  que  sucedía  á  una  ex- 
trema miseria,  deslumhró  al  gran  ar- 
tista, que  se  entregó  á  prodigalidades 
sin  límites,  agravadas  por  las  fanta- 
sías más  extravagantes  j  los  gustos 
más  crapulosos.  Sostenía  una  caballe- 
riza espléndida;  tenía  muebles  in- 
crustados de  oro,  suntuosas  casas  de 
recreo  j  no  sabía  prescindir  de  los 
más  ruinosos  caprichos.  Sin  embargo, 
eato  no  era  más  que  un  lujo  aparente; 
sus  verdaderos  placeres  estaban  en  la 
taberna,  en  la  sociedad  de  una  espan- 
tosa banda  de  vagos,  que  él  llamaba 
sus  queridos  lobos  j  con  los  cuales  po- 
día entregarse  libremente  á  su  afición 
al  juego,  á  la  esgrima,  al  boxeo  j  al 
ffin.  En  una  de  las  más  ínfimas  taber- 
nas de  Londres,  en  el  Coai-Ifole  (Agu- 
jero del  carbíSn),  fué  donde  muchas 
veces  buscó  los  tipos  de  Ricardo  III, 
Hamlet  y  Romeo,  para  arrastrarlos 
después  por  la  escena,  tambaleándose 
por  los  efectos  del  alcohol.  Más  de 
una  vez,  Kban  apareció  en  el  teatro 
en  tal  estado  de  embriaguez,  que 
hubo  que  obligarle  á  ocultarse  entre 
bastidores.  En  la  primera  mitad  de 
su  carrera,  el  público  lo  toleraba  todo 
en  gracia  á.  su  genio,  del  cual  abusa- 


ba hasta  el  punto  de„salpicar  uao  de 
los  pasajes  más  solemnes  de  una  obra 
trágica  con  cierta  pirueta  caprichosa, 
la  cual  recordaba  el  antig'uo  arlequín 
j  que  se  hizo  célebre  en  tos  fastos  es- 
cénicos. El  público  fanatizado  aplau- 
día sin  reserva  hasta  sus  más  inexpli- 
cables extravíos,  lo  cual,  unido  i  los 
esfuerzos  de  un  arto  potente,  difhndbi 
su  fama  por  toda  Europa,  de  tal  suer- 
te que,  cuando  en  el  mes  de  Julio 
de  1818  fué  á  París,  Taima  le  ofre- 
ció un  soberbio  banquete,  en  el  que 
estaban  reunidos  los  artistas  más  dis- 
tinguidos de  la  escena  francesa.  Ha- 
cia el  fin  de  aquel  año,  fué  cuando 
ejecutó  el  Bruto,  con  tal  éxito,  que 
su  reputación  se  ensanchó  más  jr  más. 
En  1819,  apareció  en  Edimburgo,  j 
al  año  siguiente,  pasó  á  los  Estados 
Unidos.  A  su  vuelta,  viendo  que  su 
gloria  comenzaba  á  eclipsarse,  em- 
prendió un  viaje  al  Canadá,  no  como 
actor,  sino  pensando  en  rehacer  su 
fortuna,  como  aventurero,  entre  los 
explotadores  de  las  minas;  pero  vien- 
do que  aquel  provecto  tenia  más  de 
sueño  que  de  realidad,  no  tardó  en 
dar  la  vuelta  á  Londres.  De  su  in- 
mensa fortuna  no  conservaba  nada, 
todo  lo  había  derrochado  en  una  vida 
de  disipación  v  de  desorden;  pero  le 
quedaba  todavía  bastante  talento  para 
proporcionarse  una  cómoda  existen- 
cia. Los  años  de  1827  j  1828  vieron 
sus  últimos  triunfos;  en  1828,  fué  á 
París  é  interpretó  el  Ricardo  III  en 
el  teatro  Favart,  Una  noche  fué  pre- 
ciso ir  á  buscarle  al  café  Inglés,  donde 
se  embriagaba,  mientras  que  el  pú- 
blico esperaba  ja  en  el  teatro  que  se 
levantara  el  telón.  Por  única  respues- 
ta, lansó  una  botella  i  la  cabeza  del 
infeliz  criado  ^ne  iba  4  darla  el  aviso. 
Por  fin,  en  un  momento  de  lucidez, 
se  dirigió  al  teatro  j  apareció  en  es- 
cena en  un  estado  lamentable;  tan 
lamentable,  que  no  ojó  otro  saludo 
que  silbidos  atronadores.  Aquellos 
momentos  de  terrible  explosión  le 
turbaron  por  unos  instantes;  pero 
como  si  concentrase  de  un  golpe  todas 
las  fuerzas  de  su  talento,  hizo  su  pa- 
pel con  una  perfección  tan  maravillo- 
sa, que  arrancó  al  público  un  grito 
unánime  de  entusiasmo.  ¡Aj!  Aquel 
esfuerzo  casi  sobrehumano,  fué  uno 
de  los  últimos  albores  de  su  grande 
espíritu.  Al  año  siguiente,  reapareció 
durante  algún  tiempo  en  Cfovent- 
Garden  j  después  ingresó  definitiva- 
mente en  Drurj-Lane;  Cuatro  aflos 
después,  gastado  por  las  licencias  de 
au  vida,  murió  en  una  edad  en  que  su 
talento  hubiera  debido  estar  en  toda 
su  fuerza,  dejando  en  la  miseria  á  su 
mujer  Ó  hijo.  Alejandro  Dumas  ha 
popalarizado  su  nombre  en  un  drame 
que  lleva  por  título:  SI  desorden  y  i. 
genio.  Entre  los  grandes  admiradores 
de  Kean,  debemos  citar  en  primera 
línea  á  lord  Bjron,  que  sólo  acudía 
al  teatro  cuando  este  actor  hacía  el 
protagonista  del  Ricardo  III,  E^an 
poseía  un  talento  original  j  excep- 
cionales cualidades  para  la  escena, 
desplegando   siempre  una  anecia 


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«temdori  y  una  frtnca  eipresida  de 
las  pasiones;  sobre  todo,  déla  malicia 
j  de  la  orueldad.  Los  caracteres  rudos 
7  los  sentimientos  salvajes  de  la  tra- 
gredia  góúctí  tuvieron  siempre  en  él 
an  fiel  Intérprete.  Los  papeles  de 
Shjrlloc  y  de  Ricardo  til,  que  fueron 
en  todas  Its  épocas  de  su  carrera  ar- 
tlitíea  809  má«  ruidosos  trianfoa  i  los 
ojos  de  la  maltitadi  no  pudieron  nun- 
ca competir  con  el  ¿xito  alcanado  en 
el  acto  tercero  del  Otilo,  en  el  cual 
se  mostró  por  primera  vez  patético 
j  sencillo,  nasta  rajar  en  lo  subli- 
me. Eban  fué  siempre  el  ídolo  de  la 
multitud,  que  veía  en  él  su  personi- 
ficación mis  elevada  entre  las  magní- 
ficas apoteosis  de  cien  triunfos;  en 
tanto  que  los  periódicos  sacaban  par- 
tido hasta  de  sus  defectos-naturales, 
puesto  que  era  bajo  de  estatura  y  de 
voz  ronca,  celebrando  como  inspira- 
eionw  da  su  g^nio  originalísimo  los 
gestos  j  ademanes  desenfadados  y  la 
manen  completamente  nueva  de  re- 
citar. No  obstante,  si,  como  Lekaín, 
pudo  hacer  olvidar  sus  desventajas 
tísicas  &  f^ierza  de  expresión  y  de  sen* 
timiento,  no  se  posesionó  de  la  ma- 
jestuosa sencillez  que  Kemble  supo 
desplegar  en  la  íaterpretacíóa  de  los 
personajes  heroicos;  aunque  le  aven-* 
tajó  en  otro  sentido, 
Metumen, — Eduumdo  Kbah  fué  el 

fraude  sucesor  de  Garrík,  el  formida- 
le  rival  de  Kemble  j  el  actor  más 
osado  de  la  escuela  de  Shakespeare. 
Kemble  no  pasaba  de  ser  el  artista  de 
unag-eneración:  Kban  se  convierte  en 
un  demonio  de  la  escena,  aparición 
sombría,  extraña,  indefinible,  que  uo 
tiene  iffual,  como  otro  hombre  gi^n- 
tesco  de  aquellas  edades  se  torno  en 
demonio  de  la  poesía;  an  demonio  que 
inventa  un  siglo,  un  pueblo,  una  his* 
toria,  porque  una  historia  crea  i^uieii 
crea  un  pueblo.  Realmente,  la  histo- 
ria antigua  tuvo  que  hundirse  bajo  el 
coloso  de  sus  creaciones,  como  si  no 
pudiese  con  el  peso  enorme  de  aque- 
lla cabeza. 

Keberes.  Masculino  plural.  Miem- 
bros de  una  secta  de  Persi.i  que  pro- 
fesaba el  politeísmo,  crejrendo  en  la 
inmortalidad  de  las  almas. 

Kebir.  Masculino.  ÁiíronomU  «a- 
/tywa.  Nombre  de  la  estrella  Sirio. 

BruKXxmfa.  Arabe  JCeür,  grande; 
el  perro  grande,  Sirio;  ^ncés,  £46ir, 

Keepsake.  Masculino.  Libro  que 
se  da  de  regalo  entre  los  ingleses,  el 
cual  contiene  uua  especie  de  miscelá- 
nea de  versos,  fragmentos  de  prosa  y 
grabados. 

Etimoldoía.  Inglés  keepsakg;  de 
ío  keept  guardar,  y  sake,  amistad,  re- 
cuerdo afectuoso:  francés,  kteptakt, 

Keith  (JoaaB).  Famoso  cuákero, 
que  vivía  eu  Escocia  en  el  siglo  xvu. 
Abrazó  los  principios  de  Fox,  se  dis- 
tinguió por  su  celo  y  elocuencia  jr  fué 
perseguido  y  encarcelado  por  sus  opi- 
niones religiosas.  Viajó  por  Alemania 
y  América  y  se  le  condenó  ¿  su  vuel- 
ta por  su  doctrina  de  la  existencia  de 
do$  Cristos;  el  uno,  corporal;  y  el  otro, 


esftlritual,  en  un  sínodo  general  re- 
',  unido  en  Londres.  Dejó  una  obra  ti- 
tolada:  Ex(me%  del  eeíada  del  anke' 
ritmo. 

Kelín.  Masculino.  Botánica.  Planta 
rastrera  de  la  India,  cujas  raices  tu- 
berculosas son  comestibles. 

Kelotomia.  QoBLOToyfa. 

Btiuolooía.  Qw/0<oM<a:  francés, 
Itehtomie, 

Kéllermann  (PsANciaoo  Caisró- 
bal).  Célebre  general  francés,  que  na- 
ció en  1735  T  murió  en  1820.  En  1752 
emprendió  la  carrera  de  las  armas, 
hizo  la  guerra  de  los  Siete  años,  se 
encargó  en  1771  de  una  honrosa  mi- 
sión en  Polonia  y  fué  nombrado  co- 
ronel en  1784  y  mariscal  de  campo 
en  1785.  Adicto  i  la  revolución,  llegó 
á  general  de  división,  comandante 
del  ejército  del  Mosela  y  ganó  sobre 
los  prusianos,  de  concierto  con  Du- 
mouriez,  la  batalla  de  Valmj,  el  20 
de  Septiembre  de  1792.  Custine,  gene- 
ral en  jefe  del  ejército  del  Rhin,  le 
denunció  dos  yeces  i  la  Convención. 
Enviado  al  ejército  de  los  Alpes  y  de 
Italia,  la  calumnia  le  persiguió  aún 
y  fué  encerrado  durante  trece  meses 
en  la  Abadia.  Puesto  en  libertad  des- 
pués del  9  Thermidor,  obtuvo  de  nue- 
vo el  mando  del  ejército  de  los  Alpes. 
De  vuelta  i  París  en  1797,  organizó 
la  gendarmería  y  fué  nombrado  miem- 
bro de  la  comisión  militar  organizada 
por  el  Directorio.  Napoleón  le  nombró 
senador,  gran  cordón  de  la  Legión  de 
Honor,  mariscal  del  imperio,  duque 
de  Valmj  j  general  en  jefe  de  todas 
las  tropas  de  reserva  del  Rhin.  Ape- 1 
sar  de  esto,  EBLusBicaNH  Totd  en  1814  ¡ 
la  caída  del  emperador  y  aceptó  de  la  I 
Restauración  el  título  de  par  de  Fran- ' 
cia. 

KeUermann(FRANCisco  Esteban). 
Primero,  marqués,  y  después,  duque 
de  Valmj.  Era  híjo  del  anterior;  na- 
ció en  Metz  en  1770^  murió  en  1825. 
Siguió  á  Bonaparte  a  Italia;  fué  nom- 
brado general  de  división  después  de 
la  jornada  de  Merengo;  se  distinguió 
en  las  batallas  de  Austerlitz,  Vimeiro 

Ír  Bautzen,  y  luego  en  la  de  Water- 
00.  Fué  par  durante  loa  Cien  días,  y 

fior  más  que  la  segunda  Restauración 
o  cxclujora,  en  1820  sucedió  i  su 
padre  en  U  alta  Cámara. 

Semble  (Juan  Fbupb).  Uno  de  los 
más  famosos  actores  con  que  se  honra 
la  escena  inglesa,  que  nació  en  Pres- 
ión en  1757  j  murió  en  Lausana  el 
26  de  Febrero  de  1823.  Hijo  de  Roger 
Komble  y  hermano  de  la  célebre  mís- 
trcss  Siddons,  fué  destinado  desde  su 
más  tiarna  edad  al  estado  eclesiástico, 
por  ol  cual  no  mostró  jam^s  la  menor 
vocación.  Después  de  haber  acabado 
sua  estudios  en  Douai,  abrazó  mujjr 
joven,  contra  la  voluntad  de  su  fami- 
lia, la  carrera  dramática.  Bu  Wolver* 
hampton,  fué  donde  obtuvo  sus  pri- 
meros triunfos;  después  apareció  su- 
cesivamente eu  vanos  teatros,  entre 
otros,  en  los  de  Mánchester,  Liver- 
pool y  York,  de  donde  pasó  al  teatro 
de  Dublín  en  1780,  j  dos  años  des- 
pués á  Londres,  contratado  en  el  tet* 


tro  de  Drurjr-Lane.  A  contar  desde 
este  momento,  su  reputación,  ensan- 
ch&ndose  de  dU  en  día,  no  tardó  en 
hacerse  inmensa.  Bien  pronto  no  tuvo 
rival,  sobro  todo,  en  la  interpretaciúa 
de  los  sublimes  ctraeteras  de  Hac- 
beth,  Otelo,  Hamlet,  Bruto,  Bervelej 
y  Coríolano.  Era  desde  hacía  diez 
años  director  de  Drurj-Lane,  cuan- 
do, después  de  algunas  dificultades 
con  la  empresa,  abandonó  de  pronto 
aquel  teatro,  campo  de  sus  triun- 
fos (1801).  Durante  los  dos  años  si- 
guientes, recorrió  Francia  y  España, 
adquiriendo  ¿  su  vuelta  á  Londres  uns 
parte  en  la  empresa  del  teatro  de  Co- 
vent-Garden,  donde  continuó  siendo 
el  actor  favorito  del  piiblico  y  el  trá- 
gico más  popular  de  su  época,  hasta 
que  en  1817  abandonó  U  escena  para 
siempre,  retirándose  &  Lausana.  Jomt 
Kbmblb  no  era  lo  que  puede  llamarse 
un  actor  de  genio;  tema  un  profundo 
talento,  excelente  juicio,  ambición, 
una  actividad  extraordinaria,  y  estu 
cualidades,  ajudadas  de  los  arran- 
ques é  inspiraciones  de  su  hermans, 
la  sublime  mistress  Siddons,  le  hicie- 
ron capaz  de  vencer,  no  sólo  su  &lts 
de  genio,  sino  también  los  defectos 
de  una  voi  insegura  y  de  una  respi- 
ración fatigosa.  En  un  género  de  pa- 
peles, en  los  heroicos,  alcansó  la  per- 
fección del  arte.  Si  en  la  interpreta- 
ción de  las  pasiones  borrascosas  ^ 
crueles  pudo  ser  aventajado,  ja  aas 
tuvo  igual  en  calor  y  elevación  épica. 
Dotado  de  una  majestuosa  figura,  de 
una  noble  fisonomía  que  recordaba 
los  rasgos  característicos  del  tipo  ro- 
mano, parecía  que  la  toga  en  su  tra- 
je habitual.  Youug,  que  se  formó  en 
su  escuela,  le  fué  inferior,  no  habien- 
do podido  el  mismo  Kean  sobrepujar 
le  en  los  personajes  nobles,  majestuo- 
sos y  caballerescos.  El  célebre  trágico 
se  dió  á  conocer  también  como  escri- 
tor en  algunas  obras,  tales  como  Tkt 
projectt,  Thefarm  house,  The  Pannel; 

Sero  se  dice  que  tuvo  «1  buen  jQÍ<!Í^ 
e  condenar  al  fuego  una  edición 
completa  de  poesías  escritas  en  su  ju- 
ventud. Su  memoria,  glorificada  eo 
varias  ocasiones  por  el  pueblo  inglés, 
recibió  un  digno  homenaje  en  1833, 
cuando  se  colocó  su  estatua  en  la  aba- 
día de  Wetsmlnster,  al  lado  de  la  de 
Garríck.  Falta  otra  piedra;  la  de  Bd- 
mundo  Kean. 

Kemble  (Caslos).  Actor  in^es, 
famoso  también  jr  hermano  menor  del 
precedente,  que  nació  en  Brecknock, 
en  el  país  de  Galles,  el  25  de  No- 
viembre de  1775,  y  murió  en  Londrw 
en  Noviembre  de  1854.  A  la  edad 
de  13  años  fué  colocado  en  el  colegio 
de  Douai  por  su  hermano  John;  pero 
á  su  vuelta  á  Inílaterra,  deslumora- 
do  por  los  brillantes  tnun'os  de  su 
hermano  y  de  su  hermana  (mistress 
Siddons),  abrazó  la  profesión  de  estoa 
últimos,  estrenándose  eu  1792  en 
SchefBeíd  en  el  papel  de  Orlandjáv  it 
comedia  Át  jfon  litu  iU  Su  manera  de 
declamar,  en  general,  sobria  y  dis- 
tinguida, produjo  poco  efecto,  dejan- 
do en  el  ánimo,  mas  que  la  impr^on 


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denu  creación  artística,  la  de  una 
lectan  bien  hecha.  Falto  de  inspira- 
eidn  7  de  energía,  por  más  que  com- 
prendiera perfectameDte  los  tipos  qae 
representaba,  no  podía  despertar  el 
entasiasmo;  sin  embargo,  sa  concien- 
cia para  el  estudio,  su  asiduidad  y  su 
discreción  acabaron  por  hacer  de  él 
un  actor  que,  si  nunca  se  llevó  tras  sí 
i  las  masasj  no  dejó  nada  que  desear 
á  la  Inás  exigente  crítica.  Dotado  de 
una  hermosa  presencia,  de  una  fiso- 
nomía acentuada  j  de  una  notable 
elegancia,  representó  con  gran  sape- 
ñoridad  tres  clases  de  papeles:  los 
amantes  tiernos,  como  Komeo;  los 
personajes  trágicos,  dotados  de  senti- 
mientos nobles  j  elevados,  como  Laer- 
tes  y  Fauleonbrid^,  T  los  caracteres 
de  profianda  sensibilitud,  como  Casio. 
Si  janUs  mostró  en  la  tn^dia  ni  la 
originalidad,  ni  el  atrevimiento,  ni 
Us&caltades  de  Sean,  ni  los  impe- 
toosos  arranques  de  Macreadj,  fue  en 
cambio  más  universal  que  estos  dos 
célebres  actores,  después  de  los  cua- 
les debe  figurar  inmediatamente.  De- 
dicado también  al  estudio  de  la  lite- 
ratura dramática,  dió  al  teatro  un 
considerable  número  de  obras,  que  se 
representaron  con  aplauso  j  que,  si 
la  mavoría  ha  caído  en  desuso,  que- 
dan algunas  para  probar  que  Carlos 
Kbmblk  era  igualmente  concienzudo 
bajo  el  doble  aspecto  de  poeta  j  de 
actor, 

Kempia  (TouXs).  Escritor  ascéti- 
co, nacido  en  Eempen,  diócesis  de 
Colonia,  hacia  el  aflo  de  1379,  y 
muerto  en  1471.  Su  verdadero  nom- 
bre  era  Hemerlen;  en  latín,  Mfalleolvt, 
que  quiere  decir  pequeño  martillo.  A. 
la  edad  de  20  afios,  entró  como  novicio 
en  el  convento  de  monjes  regulares  de 
Afomíe  Saní»  I%é$,  de  que  un  hermano 
SUJO  era  prior;  pronunció  sus  votos 
eo  1406,  j  recibió  tas  órdenes  sacerdo* 
tales  transcurridos  seis  años.  En  1409 
se  desterró  con  toda  la  comunidad, 
obedeciendo  ana  orden  del  Papa,  j  se 
retíró  al  monasterio  de  Lunekerke, 
en  Frísia.  Vuelto  al  convento  tres 
afios  después,  fué  elegido  subprior  y 
acabó  sas  días  en  el  ejercicio  de  sus 
ftiucionef.  Tal  fué  la  apacible  vida 
de  ote  monje,  cu;fo  nombre  traspasó 
los  moros  silenciosos  del  claustro, 
pan  esparcirse  por  toda  Europa.  Sin 
acontecimiento  algnno,  teniendo  por 
solo  abono  sus  meditaciones  y  estu- 
dios, sus  copias  de  antiguos  manus- 
critos, sus  trabajos  teológicos  y  sus 
oraciones,  su  nombre,  llenando  toda 
la  Edad  media,  ha  llegado  hasta  nos- 
otros, porque  se  le  ha  considerado,  y 
mnchos  le  consideran  todavia  hoj, 
cerno  el  verdadero  autor  de  la  Imita- 
ción de  Jetncritto.  Las  máximas  de  hu- 
laildad  y  de  resignación,  que  abun- 
dan en  osla  obra,  cuyo  autor  no  que- 
ría ser  conocido  mát  que  de  Dios,  con* 
eoardan  admirablemente  con  la  vida 
estudiosa,  sditaria,  humilde  y  con- 
tMtt^tÍTa  d«l  personaje  de  esta  bio- 
grsTO.  ffin  flml»^,  Iwjr  autores  que 
afirman  que  la  Zmitmá»  es  obra  del 
teteillet  Joan  Genon  ó  Gersen,  ha- 


KEPL 

hiendo  dado  esta  tesis  ocasión  á  una 
interminable  serie  de  polémicas,  en 
que  la  opinión  ha  parecido  un  mo- 
mento pronunciarse  en  favor  de  este 
último.  No  obstante,  la  balania  se  ha 
inclinado  en  favor  del  primero,  ha- 
biendo contribuido  poderosamente  á 
ello  el  celo  del  prelado  belga  M.  Mo- 
lón, que,  en  su  obra  Reckerchet  sar  le 
véritable  auíeur  de  l'Initation  (París, 
1858,  tercera  edición),  después  de 
resumir  todas  las  controversias  ante- 
riores á  él,  si  no  demuestra  de  una 
manera  palmaria  que  Tomís  Keupis 
sea  el  autor  de  tan  preciosa  obra,  adu- 
ce argumentos  que  dcgan  poco  espacio 
á  la  duda. 

Kan.  Masculino.  Medida  de  Siam, 
equivalente  á  medía  van. 

EnuoLGOÍA.  Bajo  latín  üm;  cata- 
lán, ím. 

KenoBoico.  Qübnozoico. 

BnuoLooÍA.  QttMozeico:  firaneés, 
ienozol^ue. 

Kepis.  Masculino.  Especie  de  cha- 
có pequeño.  Es  voz  tomada  del  ale- 
mán. (ACADBMIA.) 

BtiuolooÍa.  Francés  k^{,  gom  6 
morrión  que  los  soldados  franceses 
llevaban  en  Africa,  alteración  del  ára- 
be fSei,  fisi,  de  Fez,  en  donde  se  ha- 
cían. Por  consiguiente,  el  alemán  no 
tiene  relación  alguna  con  la  voz  del 
artículo, 

Kepler.  Masculino.  Atíronomia. 
Nombra  de  unt  cuarta  mancha  de  la 
lona. 

ETiuoLoaÍA.  JTepler;  astrónomo: 
francés,  K^Ur. 

Kepler  o  Keppler  (Jdan).  Ilustre 
astrónomo,  y  uno  de  los  creadores  de 
la  astronomía  moderna,  que  nació 
en  Masttatt,  cerca  de  Weil  (Wurtem- 
berg)  el  27  de  Diciembre  de  1571,  y 
murió  el  15  de  Noviembre  de  1630. 
Hasta  la  edad  de  doce  años  sirvió  en 
una  taberna,  que  había  abierto  su 
padre;  pero  cerrado  este  estableci- 
miento por  una  quiebra,  tuvo  que  de- 
dicarae  á  los  trabucos  del  campo,  que 
bien  pronto  la  debilidad  de  su  cons<- 
titución  le  obligó  á  abandonar.  Bas- 
cando entonces  un  porvenir  en  los 
estudios  teológicos,  entró  á  los  18  aftos 
en  el  seminario  de  Tubinga,  donde 
poco  después,  y  gracias  á  los  conse- 
jos de  MsBSÜin,  le  consagró  al  estudio 
de  las  matemáticas,  siendo  nombrado 
á  los  22  años  profesor  en  Grcetz  (Sty- 
ria).  Arrojados  en  1600  los  profesores 
protestantes  de  sus  cátedras,  tuvo  que 
abandonar  la  ciudad;  pero  llamado 
por  Tjcho-Brahe,  fué  a  establecerse 
en  Praga,  donde,  á  la  muerte  de  aquel 
sabio  (1601),  le  reemplazó,  como  as- 
trónomo de  la  corte,  con  la  asignación 
de  1.500  florines,  que  le  fueron  siem- 
pre  mal  pagados.  Nombrado  luego 
profesor  de  Lintz,  trasladó  á  aquella 
ciudad  su  residencia  v  de  allí  fué  lla- 
mado para  salvar  do  la  hoguera  á  su 
madre,  acusada  de  hechicería,  mu- 
riendo en  Ratisbona  en  uno  de  los 
viajes  que  se  veía  obligado  i  empren- 
der pan  solicitar  el  pago  de  los  atra- 
sos de  sos  pensiones.  A  su  muerte 
sólo  dejó 22  escudos,  un  traje  jr  dos  ca* 


KEPL 


293 


misas,  mientras  loa  príncipes  á  quie- 
nes había  servido,  le  debían  29.000 
florines.  Esplkr  había  abnsado  el 
sistema  de  Oopémieo  y  deseaba  ar- 
dientemente hacer  un  descubrimien- 
to que  lo  confirmase.  Gopérnlco  y 
Tjcno-Brahe  habían  conservado  una 

Earte  de  los  círculos  de  Ptolomeo,  y 
[bplbs  no  se  apartó  por  el  pronto  de 
estos  sistemas.  En  la  nipótesis  de  mo- 
vimientos circulares  de  los  planetas 
alrededor  del  sol,  aceptada  basta  en- 
tonces, era  necesario  admitir  los  cen- 
tros de  órbitas  fuera  del  sol  en  un 
pnnto  vacío  de  materias.  Kbplbb  sos- 
tuvo que  los  movimientos  planetarios 
debían  referirse  al  centro  del  sol  ver- 
dadero. Pan  explicar  sus  observa- 
ciones, emprendió  largos  y  penosos 
cálculos,  que  le  condujeron,  por  fin, 
á  la  verdad.  Las  observaciones  de 
Marte,  hechas  por  Tjrcho-Bnhe,  le 
habían  llevado  á  reconocer  que  las 
íttteraecciones  de  los  planos  de  Iss  ór- 
bitas planetarias  con  el  de  la  eclípti- 
ca, son  rectas  que  pasan  por  el  centro 
solar.  Descubrió  que  las  áreas  descri- 
tas por  los  rayos  que  parten  del  cen- 
tro del  sol,  son  proporcionales  á  los 
tiempos  y  que  las  curvas  descritas  re- 
presentan elipses,  de  las  que  el  cen- 
tro solar  es  un  foco.  Hasta  el  6  de 
Marzo  de  1618,  no  pensó  en  comparar 
la  duración  de  las  revoluciones  con 
el  cubo  de  las  distancias;  pero  un 
error  de  cálculo  no  le  permitió  desou- 
brir  la  lepr,  hasta  que,  volviendo  á  sus 
observaciones  el  15  de  Majo  siguien- 
te, eneontró  al  fin  la  proporción  de 
los  cuadrados  de  las  distancias  con  el 
cubo  de  los  ^es.  De^fnciadamente, 
Bjiplbb  mezclaba  á  los  más  sabios 
descubrimientos  de  su  genio,  diserta- 
ciones extrañas  sobre  las  ideas  pita- 
góricas nlativas  á  las  propiedades 
místicas  de  los  números,  a  la  rítmica 
de  los  cuerpos  celestes  7  á  la  in- 
fluencia de  los  astros,  tal  como  la 
había  considerado  la  astrología.  En 
cuanto  &  las  predicciones  sacadas  de 
sus  observaciones  astronómicas,  se  le 
disculpa  diciendo  «que  no  hacía  otra 
cosa  que  ceder  á  las  instigaciones 
de  los  príncipes  que  le  empleaban  y 
á  las  preocupaciones  de  su  tiempo.» 
En  cuanto  á  las  otras  ideas,  son  fruto 
de  su  imaginación  idealista.  Kbplbr 
había  buscado  durante  mucho  tiempo 
los  lazos  que  podían  existir  entre  las 
distancias  medias  de  los  planetas  al 
sol;  V  había  encontrado  que,  iroagi- 
nando  una  sucesión  de  esferas  de  ra- 
dios iguales  á  los  de  las  órbitas  de 
Mercurio,  Venus,  la  Tierra,  Marte, 
Júpiter  y  Saturno  y  circunscribiendo 
á  los  cinco  primeros  el  octaedro,  el 
icosáedro,  el  dodecáedro,  el  tetraedro 
y  el  hexaedro  regulares,  cada  sólido 
sería  inscrito  inmediatamente  en  la 
esfera  inmediata.  Pero  las  distancias, 
mejor  conocidas  hoy,  no  eoncuerdan 
con  los  números  que  se  obtienen  de 
estas  consideraciones  geométricas, 
además  de  resultar  que  Tos  planetas 
descubiertos  posteriormente  no  po- 
drían ser  clasificados,  puesto  que  no 
pueden  tenerse  más  de  cinco  p(^»* 


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294 


KERA 


dros  regulares.  Sin  embaro'O,  Ebplbb, 
ademii  de  tu  poderoso  talento,  esta- 
ba dotado  de  una  perseverancia  á  toda 
prueba,  y  después  de  estas  ideas  que 
se  encuentran  expuestas  en  su  prime- 
ra obra:  ProdroMUi  diteríaíionum  eos- 
Mt^rapMcarum,  publicada  en  1596, 
dio  todavit  un  paso  más.  Una  vez  de- 
terminadas las  lejes  del  movimiento 
dfl  los  planetas,  estaba  demasiadp  ce^ 
ea  de  su  causa;  esto  es,  de  la  Uy  new- 
toniana,  para  no  tratar  de  descubrirla. 
Asf  se  le  ve  hacer  residir  la  fuerza 
motril  en  el  sol  y  comparar  la  acción 
de  esta  fuerza  al  flujo  delaluzque.ema- 
na  de  aquel  astro,  mostrando  la  afec- 
ción mutua  que  existe  entre  los  cuer- 
pos, j  probando  que  esta  atracción, 
semejante  á  la  del  imán,  es  propor- 
cional á  la  masa.  Lo  sorprendente  es 
que  la  comparación  que  establece  en- 
tropía atracción  y  la  luz,  no  le  condu- 
jera á  la  ley  de  la  razón  inversa  del 
enadradode  las  distancias.  Las  nocio- 
nes mecánicas  estaban  poco  adelanta- 
das en  aquella  época  jr  ésta  fné  indu* 
dablemente  la  causa  de  que  Kbplbb 
dejase  i  Newton  la  gloria  de  deseu- 
bnr  el  principio  de  la  gravitación 
universal.  Estos  presentimientos  de 
ella  se  encuentran  en  la  obra  que  tie- 
ne por  título:  Asíronomia  noea,  tive 
phisica  calestit  (Praga,  1609).  A  Kb- 
plbb, dedicado  también  al  estudio  de 
la  óptica,  se  le  debe:  una  teoría  de  la 
visión,  algunos  estudios  sobre  la  re- 
fracción, una  tabla  de  refracciones 
astronómicas diversas  explicaciones 
de  fenómenos  relacionados  con  la  as- 
tronomía. Entra  las  obras  de  este 
grande  hombre,  las  principales,  ade- 
más de  las  qae  jra  hemos  citado,  son: 
Dt  tuUa  MM  tft  p«de  $erjte»tarii  (Pra- 
ga, 1606),  obra  en  que  se  trata  de  la 
aparición  de  una  nueva  estrella  en  la 
constelación  del  Serpentario,  j  en  la 
que  se  pretende  probar  que  el  princi- 
pio de  nuestra  era  debe  empezarse  á 
contar  cuatro  ó  cinco  años  antes;  Dü^ 
trica  (Francfort,  1611,  y  Londres, 
1653),  donde  estudia  las  propiedades 
de  los  lentes;  ^armoJiMfflHWt(Leintz, 
1619),  donde  se  encuentra  expuesta  su 
tercera  lej;  De  comentii  Ubri  tres 
(Augsburgo,  1619),  donde  hace  mover 
los  cometas  en  linea  recta;  Tabula 
Rudolphina  {\}\mt.t  1627),  dedicadas 
al  emperador  Rodolfo  II,  comenzadas 
por  Tjcho-Brahe,  ;  en  que  se  en- 
cuentra la  historia  de  la  invención  de 
los  logaritmos,  y  /.  Kepleri  tomni^m 
(Francfort,  1634),  obra  publicada  por 
su  hijo  j  en  la  que  se  describen  ios 
fenómenos  celestes,  tales  como  apa- 
recerían en  un  observatorio  colocado 
en,  la  luna. 

Kepleriano,  na.  Adjetivo.  Física. 
Lo  perteneciente  á  Kepler.  |  Lab  tbbs 
LBYBS  KBPLBBiANAS.  Llámause  así  los 
principios  que  precedieron  y  facilita- 
ron el  descubrimiento  de  la  gravita- 
ción, como  ii  Newton  descendiera  de 
Kepler,  en  cojo  sentido  se  dice:  los 

KBPLBRUNOS. 

Keracele.  Qubbacblb. 
BrtKOLOaU.  QinmKei*:  francés,  ké- 


KERM 

Kerafiloso.  Qubbafiloso. 

Etikolooía.  Querafiloio:  francés, 
k/rapfi¡fUeux. 

Kerafilocele.  QtJBBaPiLOCBLS. 

ETiuoLoofa.  Quera^loceU:  francés, 
k&aph^Uocéle. 

Keramiano,  na.Masculino  y  feme- 
nino* Sectario  musulmán,  cuja  doc- 
trina consiste  en  suponer  que  ha  de 
entenderse  literalmente  lo  que  dice  la 
Betlia  del  Corán  acerca  de  los  brazos, 
de  los  ojos  y  de  las  orejas  de  Dios. 

ETUCOLoaía.  Kerán,  fundador  de  la 
secta:  bajo  latín,  ierániima;  catalán, 
keraniá. 

Kerapseudis.  QtiBBA,PSBtJDis. 

GnuoLoaU.  Q,uerapteudis:  francés, 
kérapseudis. 

Keratectomía.  Qdbbjltbctomía. 

ErmoLoofA.  Qneréteeiomía:  francés, 
kérateclomie. 

Keratina.  Qdbbatina. 

Btiuolooía.  Qfluratitut:  francés, 
ratine. 

Keratitis.  Qubbatitis. 

BnvoLoaÍA.  Queratitit:  francés,  ké- 
ratiíe.  Algunos  Diccionarios  traen  las 
formas  ieraíitis  y  queratites,  «inflama- 
ción de  la  córnea,»  en  donde  hallamos 
dos  errores:  1.*  keratitis  es  vocablo 
anticuado;  2.'  queratites  no  significa 
nada  en  lenguaje  técnico. 

Keratocele.  Qubbatocblb. 

BTUiOLOafA.  Q,iuratQceU:  francés, 
kératocile, 

Kerato-estafilino.  Qubbato  bb- 

TAPIUNO. 

Etiuolooía.  Qwrato-estajilino:  fran- 
cés, kérato-staphylin. 
Kerato-Üiringeo.  Qubrato-fabín- 

QBO.  . 

Etuiplogía.  Querato-farii^eo:  fran- 
cés, kérato-phartfngien. 

Keratonto.  Queratopito. 

BtucoloqU.  Queraíojito :  francés, 
kératophyle. 

Keratógeno.  QuBBATÓaBNo. 

ETUfOLoaÍA.  QííteraUjgeM:  francés, 
kéralog'ene. 

Keratoglosis.  Qdbratoqlosls. 

Keratoide.  Qubbatoidb. 

Etiholoqía.  Q,neratoid«:  francés, 
kératolde. 

Keratomalasia.  Qubbatomalasu. 

Etiuoloqía.  Q,wratQmalMÍa:  fran- 
cés, kératomalasie, 

Keratonixis.  Qdbbatonxus. 

BrucoLoafA,*  Q^üratonixis:  francés, 
kératonjxis. 

Keratotomia.  Qubbatotouía. 

BnuOLOola.  QjiuraioUm^:  francés, 
kératotoinie. 

Keratótomo.  Qubbatótouo. 

BrmoLoaÍA.  Q^ueralótomo:  francés, 
káralotome. 

Keraunográñco.  QuEBAUNoaaí.- 

PICO. 

Etiuolooía.  Queraunográ^co:  fran- 
cés, heraunograpÁique. 

Kermes.  Masculino.  Historia  natu- 
ral. Insecto  que  se  cría  ea  la  coscoja 
y  del  cual  se  extrae  un  hermoso  tinte 
'  encarnado  ó  de  color  de  grana.  De  su 
[  nombre  se  han  derivado  las  palabras 

..CABMÍN  y  CABUBSÍ.  fl  HINBBAL.  Cierta 

,  preparación  roja  ó  encamada  de  anti- 
,  inoiiio. 


KHOD 

ETiuoLoofA.  1.  Árabe  al-qwmif, 
del  artículo  árabe  oí,  el  ^fatrsiú^:  la- 
tín técnico,  chermes;  portugués,  Í#r- 
mei;  francés,  kermh, 

2.  En  el  Diccionario  del  padre  Je- 
rónimo Víctor  significa  grano  de  es- 
carlata. 

Kerra.  Kbsba.  La  forma  Urra, 
que  se  encuentra  en  algunos  Dieei»- 
narios,  no  tiene  rafa. 

Kerria.  Femenino,  ¿o^fatoi.  Ar- 
busto del  Japón,  pertenecieute  á  un 
género  de  rosaceas. 

Etiuolooía.  Bellenden  Km,  botá- 
nico inglés,  á  quien  se  dedicó  dicha 
planta:  latín  técnico,  EBaaiá-jap^Uai; 
trances,  kerrie. 

Kesra.  Masculino.  Ghamática  ára- 
be. Uno  de  los  tres  signos  de  que  se 
sirven  los  iraboB  para  formar  loi  so- 
nidos. 

ErucoLoaÍA.  Árabe  Íe<ra. 
Reseña, — ^Bl  U»ra  suena  como  la  <  jr 
se  coloca  delugo  del  nombre,  en  for- 
ma de  una  pequefla  ra;)ra  horisontal, 
semejante  a  nuestro  guión. 

l.Khan.  Masculino.  Título  de  la 
autoridad  soberana  en  Tartaria;  y  así 
se  dice:  el  khan  de  los  tártaros,  f  En 
la  Puerta  Otomana,  únicamente  el 
gran  señor  puede  llevar  el  título  de 
KHAN,  pospuesto  á  su  nombre:  tuUán 
Selim  KHAN.  I  Bn  Persia,  el  título  de 
CHAN  designa  el  rango  de  los  gober- 
nadores de  provincia. 

BruioLoaÍA.  Persa  MS»,  variante 
de  un  nombre  tártaro,  que  sigaiñcs 
dignatario,  príncipe:  francés,  khan. 

a.  Khan.  Masculino.  Fonda  pan 
los  pasajeros  en  Oriente. 

ETUiOLoaÍA.  Árabe  khan,  en  rela- 
cióu  cuu  kitaneht  casa:  francés,  lia». 

Khanato.  Masculino.  Dignidad/ 
territorio  de  jurisdicción  del  khan, 

ETUicnx)ofA.  Khan  1. 
I  Kharizi  ó  Alcarizi  (Jbhudak  bbn- 
i  Salomón).  Rabino  espa&ol  del  si- 
glo XII.  N'iajó  por  Palestina,  Grecia, 
Persia,  Moscovia,  Alemania  y  Fran- 
cia, j  además  de  algunas  poestsaj 
traducciones  al  hebreo,  dejó  con  el 
título  de  Tachkemoni  ua  tratado  de 
retórica,  moral  y  poesía* 

Khadive,  Masculino.  Título  dade 
al  virrej  de  Egipto,  único  que  se  em- 
plea en  la  actualidad. 

KTiiiOLoaÍA.  Persa  Ihodin,  prínci- 
pe, rey,  soberano:  francés,  khédiu. 
I    Khodon  (Fax).  Fundador  del  bu- 
dhismo  Biaméi,  birmán  y  eambogia- 
I  no,  que  nació  en  una  ciudad  de  la  In- 
'  dia,  llamada  Kabillafat,  por  los  años 
'  de  543  antes  de  nuestra  era,  j  murió 
:  en  463.  Bra  hijo  de  Sirosutbot,  rej  de 
I  un  pequeño  estado  de  la  India,  /  de 
la  princesa  Maha-Ma^a.  Se  casó  con  la 
princesa  Pinfa,  de  quien  tuvo  un  hijo; 
pero  poco  después  renunció  á  su  es- 
posa, á  su  palacio  jr  ásu  corona,  huvó 
a  las  selvas,  se  hizo  bonzo,  y  al  cabo 
de  seis  años  de  vida  contemplativa, 
salió  de  su  retiro,  seguido  da  una 
^  multitud  de  discípulos,  con  los  cualei 
!„recorrió  las  principales  ciudades,  prfr 
[  dícando  una  ley  nueva.  No  sólo  filé 
'  bien  recibido,  sino  que  hizo  numero- 
.  sos  prosélitos;  pero  al  mismo  tieot- 


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KILO 


KINK 


KIRI  295 


po  n  dofltrina  7  na  TÍrtudM  le  i us- 
cilftTOii  eneraigoi,  que  después  de  ha- 
ber intentado  darle  muerte,  al  fin  le 
envenenaroa  en  una  comida.  La  teo- 
gonfa  india  ha  divinizado  á  este  per^ 
sonaje,  eonsídar&ndole  como  la  cuarta 
encamaoí<5n  de  Badha. 

Kiang.  Masculino.  Palabra  china 
que  significa  río  j  entra  en  la  com- 
potieioB  da  mnenas  voces  geogrifi- 
cu. 

Kiuter.  Masculino.  Ciniffia  aníi~ 
pM,  Vendaje  en  forma  de  X,  para 
mantenei  unidos  los  fragmentos  de  la 
rtítala  en  caso  de  fractura. 

Kiastro.  Masculino.  Ejasteb. 

Kibla.  Femenino.  Punto  hacia  el 
cual  se  Tuelven  los  mahometanos, 
cuando  onn. 

Btmolooía.  Arabe  qiblat  enfrente; 
esto  es,  en  dirección  del  templo  de  la 
Heea:  francés,  kUla,  iUlat. 

Kief.  Masculino.  Vigésimaquinta 
letra  del  alfabeto  tarco. 

Kifonismo.  Quiponisuo. 

BtwolooU.  Q,%i/onitmo:  francés^ 
fypkonume, 

kiliárea.  Femenino.  Medida  de 
loperfide  que  equivale  á  mil  áreas  6 
diez  hectáreas. 

Kilo.  Prefijo  técnico,  del  griego 
lQ»t  {elUlúñJt  mil,  el  cual  se  antepo- 
ne i  Tariaa  unidades  del  sistema  mé- 
trieo  para  expresar  la  idea  de  millar. 

Kilogramo.  Masculino.  Medida  de 
peso  que  tiene  mil  gramos.  Equivale 
próximamente  i  dos  libras  j  una  ssxf 
ta  parte  más. 

BnMOLOOÍA.  Griego  ytkm  fehílioij^ 
mi\,  jaramo:  francés,  kilogramme. 

Kuolitro.  Masculino.  Medida  de 
capacidad  que  tiene  mil  litros. 

SnuoLOofa.  Griego  chUiot,  mil,  j 
litro:  francés,  iitoUtre. 

Kilómetro.  Masculino,  Medida  de 
longitud  que  tiene  mil  metros.  Una 
legua  espafiola  equivale  i  algo  más  de 
cinco  kilómetros  t  medio. 

BtiholoqÍá.  Griego  ekiUoi,  mil,  j 
mélnm,  medida;  x^'ot  fUtpov:  francés, 
Ulnütre;  catalán,  JUlámetro, 

JKffHIa.— Atendido  este  origen,  cla- 
ro es  que  Ail^etro  debería  escribirse 
jiUámetn,  ehilám^o  6  palémttro,  se- 
gún puede  verse  por  el  valor  á  la  pro- 
nunciación que  hemos  dado  á  la  le- 
tra^ (cÁi). — Miriámetro  debería  ser 
Umbiéa  myrióméíro,  miriómeíro,  por- 
que diez  mil  es  |i¿jXoi  (.myrioi):  asi  de- 
cún  los  griegos  Wfrio¡tarpot  (que  da 
diez  mil,  ó  muchísimos  frutos),  como 
nosotros  decimos  termámtroy  no  ter- 
mimttro. — "So  son  estos  los  únicos  re- 

rros  que  ponen  los  buenos  helenistas 
Us  voces  griegas  aplicadas  hacia 
fines  del  si^lo  xviii  al  nuevo  sistema 
inétrieo  decimal.  Casi  todas  (dicen) 
son  de  ana  formación  irregular.  De- 
ámUn  es  nombre  medio  latino  y  me< 
dio  griego.  Dtedmíro  es  el  dnico  que 
está  fbrmado  según  las  reglas  de  la 
lengua  griega.  Grrama  y  gramo ^  que 
quiere  decir  linea,  es  tos  pésimamen- 
te escogida  para  la  idea  que  se  la  hace 
expresar.  Pero  el  uso  ha  pasado  por 
enrima  de  todas  esas  irregularidades, 
Mhándolesel  selloUn  profundamente, 


que  hoj  día  son  7a  casi  irreparables. 
— Acerca  de  la  autoridad  del  uso,  da 
Tarrdn  (en  su  tratado  de  JUn^ua  latí' 
M,  IXf  16)  un  consejo  muj  ingenio- 
so. Cuando  el  uso  (dice)  ha  autorizado 
voces  irregulares,  pero  que  todavía  es* 
tán  poco  arraigadas  6  generalizadai^ 
refórmense  sin  demora;  pero  si  están 
muy  arraigadas,  j  es  casi  imposible 
tocar  á  ellas,  lo  mejor  será  usarlas  lo 
menos  ^sible:  de  este  modo  se  volve- 
rán añejas,  jr luego  será  más  fácil  refor- 
marlas. Cwm  siñt  in  eotuuetudine  contra 
raiionm  alia  verba  ita  %t  ea  facili  tolli 
pottint,  alia  %t  viaduntnr  esse  fixa;  qua 
levitnr  hmreni  ac  tine  ojfensione  commu- 
taripouint,  $íatim  ad  raííonem  corrigi 
Oj^oríeí;  q%a  tamen  nm(  ita  %t  in  graten- 
tta  corrigere  nequeat,  quin  ita  dtcat,  ki* 
(moríet,  ti  po$$u,  non  uíi;  fie  enim  0^ 
fetcení,  ae  patea  Jam  oélitrata  /adliui 
cottmí  poiemnt. 

Kilopodia.  Qqilopodu.. 
.   Etuioloqía..  Qnilopodia:  firancés, 

Kima.  Masculino.  Bot^ica.  Tri- 
dacno  gigante. 

BTiuoLoaÍA.  Malayo  hJnta:  francés, 
hima;  latín  técnico,  chima  gigat. 

Kimry.  Sustantivo  y  adjetivo.  Len- 
gua céltica  que  tiene  tres  dialectos 
principales:  el  «eUh,  hablado  en  el 
país  de  Galles,  muerto  hov;  el  aímico 
o  comnliano,  que  se  hablaba  en  otra 
comarca  de  Inglaterra,  y  el  orsimesiw 
6  bajo  6re0nt  hablado  en  Bretaña,  pro- 
vincia de  Francia.  Por  kimrg  se  suele 
entender  el  melsh  6  galo. 

EriHOLOaÍA.  Francés  kjfmri,  kgnri- 
qw,  kgmryque. 

Kinato.  QuiHATO. 

BrniOLoaíá.  Qninato:  firancés,  ki- 
naíe. 

Kínesia.  Femenino.  Facultad  quis 
tiene  el  alma  de  imprimir  movimien- 
to &  los  miembros,  tratándose  de  la 
]  aerie  de  funciones  que  dependen  de 
los  actos  volitivos. 

EtiuolooIa..  Bajo  latín,  kínesia:  ca- 
talán, kinesia. 

Kinesimetria.  Femenino.  Medida 
del  movimiento. 

ETUfOLOOÍa.  ITinetia  y  metro:  bajo 
latin,  kinetimetria;  catalán,  kinetime~ 
tria. 

Kinesiterapia.  Qoinbsitbbapia. 

Etiuolooía.  Quineei terapia:  fran- 
cés, kinésitkérapie. 

Kinesódico.  Quinksódico. 

Etuiología.  Quinesódico:  francés, 
kine'sodiqne. 

King.  Masculino.  Nombre  común 
á  todos  los  libros  de  los  filósofos  chi- 
nos. II  Los  ciMCO  KiNOs.  Nombre  de  los 
libros  sagrados  de  la  China,  los  cuales 
contienen  la  doctrina  filosófica  y  mo- 
ral de  Confucto.  (LiTTaá.) 

ETiuoLoala.  Chino  Ungi  francés, 
kim. 

Éinico.  QuÍNico. 

EtimolooU.  Q,uÍnico:  francés,  hini- 
qne, 

Kinkfljou  y  Eincigoa.  Masculino. 
Zoología.  Género  de  mamíferos  plan- 
tígrados,  que  comprende  una  sola  es- 
pecie: el  potos  candivolvulut,  que  habi- 
ta en  la  América  ecuatorial. 


BnicoLOofa.  VoeaBU  ináigaMU  hvi- 
té$t  iineajeu,  kinkaion, 

Kinni^aflóa.  QuimioaBiriAit. 

BnuoLoaía.  (¿uiniugraJUit  ínaeh, 
kynnograpkion. 

Kinnor.  Masculino.  Especie  de 
arpa  que  usaban  los  hebreos.  (Gaba- 

LLEBO.) 

Reseña. — Bu  medio  de  mil  opinio- 
nes contradictorias,  sácate  en  limpio 
que  el  EiN.voB  era  un  instrumento  de 
madera,  que  tenía  una  forma  trian- 
gular, que  estaba  montado  con  ner- 
vios ó  intestinos  de  animales,  tendi- 
dos á  lo  largo  del  instrumento  y  que 
el  número  de  sus  cuerdas  era  muy 
variable.  (La  Faob,  ffistoírt  aénéraU 
de  la  mneiqne,  tomo  Jl,  page  S92.J 
^  Kinorntodón.  Femenino.  «La  rosa 
sUveatra  que  nace  en  los  parajes  in- 
cultos. Tiene  pocas  hojas,  que  se  mar- 
chitan fácilmente,  y  á  cualquier  vien- 
to se  caen,  y  queda  un  botón  grueso, 
que  se  madura  por  el  otoño,  y  se  co- 
noce estarlo  eu  el  color  muy  rubio 
que  adquiere  y  de  él  se  hace  la  con- 
serva que  en  las  boticas  se  llama  kg~ 
norrkoddn.  Es  voz  griega,  que  signi- 
fica: Rosa  de  perro.a  (acadbioa,  Dte- 
eionario  de  17z6.) 

Kinovate.  Quinovatb. 

EtiuolooÍa.  Q;uino9ate:  franeéi» 
nooate. 

KinÓTÍco.  QuiNÓvico. 

BTuioLoafa.  QwW»».'  franeéi,  iy* 
nomfue, 

SiqjAil.  Masculino.  fúíffnajSs^ra- 

da.  Nombre  de  un  ídolo  que  los  israe- 
litas adoraron  en  el  desierto,  f  Biblia.) 

Kiosko.  Masculino.  Mirador  ó  pa- 
bellón de  gusto  oriental,  conque  sue- 
len adornarse  los  parques  y  jardi- 
nes. Q  Por  extensión  se  empieza  á  dar 
igual  nombre  á  los  pabellones  ó  tien- 
das circulares,  ó  de  construcción  va- 
ría, que  sirven  para  depósito  ó  des- 
pacho de  diferentes  artículos  en  las 
plazas  y  sitios  más  públicos. 

BnicoLoaÍA.  Persa  y  turco  kSchkt 
koScAÁ,  quinta:  francés,  kiotque, 

Kiosquiforme.  A^etivo.  Que  tie- 
ne forma  de  kiosko. 

Kíótomo.  QuiÓTouo. 

EriMOLOafA.  Quióíomo:  francés,  kio- 
lome. 

Kiriado,  da*  Participio  pasivo  del 
verbo  kiriar.  Aquel  á  ^uien ,  Ó  por 
quien,  se  eantanlos  kyries  6  re^on- 
808.  (AOADBuza,  Dieeionario  de  17z6.) 

•Qa«  todo  pTi*d«  puuM 
p«r  T»nir  «n  prooaudn 
Kjfriada  d*  los  nífloa 
1»  mojer  qa»  no«  euuó.* 

(QuaVKDO,  Xu§a  7.*) 

Kiriar.  Activo.  Cantar  los  kyries  ó 
responsos.  Es  voz  inventada  y  fbnna- 
da  de  la  palabra  ^rtes.  (Acaoihia, 
Discionanode  i726.) 

Kirie.  Masculino.  La  deprecación 
que  se  hace  al  Señor,  llamándole  con 
esta  palabra  griega,  al  principio  de 
la  misa.  Se  usa  más  comunmente  en 
plural. 
.  Btiuologí A.  Kirieleisón. 

Kirieleisar.  Activo.  «Cantar  el 
kirieleisón,  de  cura  voz  se  formó,  in- 


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KIST 


vtntiudolt.»  (AoADsifiA,  DieeioMrío 
át  i  726.) 

da  j  á  U  femn  b%  -ana,  visMi 
la  T»i  qae  m«  Jtírt'eíafMii, 
YMpoiMftn  Y  □aroemiosn.» 

(AxABTASio  PastalKSv,  tu»  obra».) 

Kirieleisón.  Blasculino.  Kiais.  Q 
Familiar.  El  eaato  de  los  entierros  y 
oficio  de  diruatoi.  I  Camtab  sl  kibik- 
LSieÓN.  Frue  familiar.  Pedir  miseri- 
_oordia. 

ETiuoLOaU.  Griego  xúp»  (kyrit), 
vocativo  de  xúfito<  (Hyrio»),  Señor,  y 
¡Lkkrflv*  («lié$o»),  ten  piedad,  formado 
íXitú,  tener  misericordia;  «ten  miBeri- 
corcÚa,  ¡oh S6ñorI:»fraacés,  kyrié-éUi- 

ION. 

Kyríee.  Masculino.  Aquella  parte 
de  la  misa  en  que  se  repite  varias  ve- 
ces la  Toz  kyrieélmon;  v  asi  se  dice: 
cBstán  en  los  kjries.»  Es  voz  friega. 
(AOADBiiu*  DiccíOMorií  de  1726.^— 
«Lft  repetición  de  estos  clamores  sig- 
nifica también  la  repetición  de  los 
rw.»  (FñkY  Luis  D>  Granada,  Com- 
pendio de  la  doctrina  erisíiana.)-—*'PoT 
alutión  significa  la  repetición,  con- 
tinuación, ó  abundancia  de  als^una 
coM.S'(A.CADEmá.,Diccionariodeu!í6,) 
— «Los  viejos  bebieron  iíne  tine,  los 
mosos,  ad  omnia,  j  las  seSorai,^  los 
KYRiBs.»  (Cbbvantbs,  NouU»  ^em- 
plaret.) 

Kiriologia.  '^uibiolooía. 

ETiHOLoafA.  Quirioloffía:  &aacés, 
kjftioló^ie. 

Kinológico.  QüiBioLÓQico. 

Etiuolooía.  Qniriolófico:  francés, 
hjffiologique, 

Kirronosis.  Quirbonosis. 

Btiholooía.  QaitrMMUM.-  fiaaoés, 
kirrmou. 

KirS'Taser.  Kibsch-wassbb. 

BnuoLoafA.  La  forma  itri-ooifr, 
que  traen  álgunos  Diccienariot  ^  no 
tiene  raíz. 

Kirsch -wasser.  Masculino.  Licor 
espirituoso  obtenido  por  la  destilación 
de  ciertas  cerezas  silvestres, 

BTiyQLOOÍA.  Alemán  Kirtckfcatter; 
de  hincha  cereza,  j  fr<w«r,  agua, 
«agua  de  cereza:»  francés,  kincK-wat- 
ter. 

Kislar-agi.  Bfasculino.  Jefe  de 
los  eunucos  negroa  en  el  serrallo. 
Kiste.  Kisto. 

Kistico,  ca,  ó  qoistiooi  ca.  Ad- 
jetivo. Cirugía.  Lo  relativo  al  kisto  Ó 

3 oíste,  en  cnjo  sentido  se  dice:  cavi- 
ad  KÍSTICA. 

BtiuolooÍa..  JTwío:  francés,  kisd- 
q%e. 

Kisto.  Masculino,  i'aíoío^ia.  Veji- 
ga ó  saco,  por  lo  común  membranoso, 
que  se  desarrolla  anormalmente  en  di- 
ferentes regiones  del  cuerpo  j  que  con- 
tiene humores  ó  materias  alteradas. 

Etiuolcoía.  Griego  winic  (kjf$HtJ, 
vejiga:  francés,  kiste. 

ReteAa, — 1.  El  kitto  6  quitío  es  una 
membrana  sin  abertura,  la  cual  se  des- 
arrolla accidentalmente,  mediante  la 
dilatación  de  los  conductos  excretores 
de  las  diversas  especies  de  glándulas, 
caje  orificio  se  obstruye.  «Muchas 
veces  el  hamor  se  halla  encerrado  en 


KLEB 

un  KISTO  j  membrana  que  le  et  p^)- 
pia.  (Pabbo.  V,  16.) 

2.  Convendría  escribir  quitto»  á  fin 
de  uniformar  nuestra  ortografía,  dan- 
do á  los  vocablos  de  esU  serie  una 
forma  espaftola. 

Kístotomia.  Quistotouía. 

Etiuoloqía.  QuitíotoMUu  firancés, 
kisíotomie. 

Kistótomo.  QuisTÓTOHO. 

Etiuolcoía.  (¿wtíiííomo:  francés, 
kitíoiome. 

Kleptomania.  Clbptomanía. 

Etimología.  Cleptomanía:  francés, 
kUpíoMaKie. 

Ki-Tseu.  Filósofo  chino,  que  vivfa 
en  el  siglo  xiu  antes  de  nuestra  era. 
Era  tío  del  emperador  Cheou-Siu,  i 
cujro  sanguinario  furor  sólo  consiguió 
escapar  fingiéndose  loco.  Bajo  el  rei- 
nado del  sucesor  de  este  príncipe, 
Wcn-Wang  (1122)  reapareció  en  la 
corte  j  llegó  á  ser  gobernador  de  la 
Corea.  Sus  ideas  científicas,  filosóficas 
y  políticas,  que  se  encuentran  eipues- 
tas  en  el  Libro  sagrado  de  loe  anales, 
del  que  Pauthier  ha  hecho  la  traduc- 
ción en  los  £i&ros  sagrados  de  Oriente, 
son  considerados  por  algunos  como  un 
preludio  del  sistema  de  Confucio.  Para 
muestras  de  las  reglas  de  conducta 
que,  según  Ki-Tsbu,  debe  seguir  un 
soberaao,  citaremos  el  siguiente  trozo 
de  su  libro:  «El  soberano  debe  culti- 
var la  virtud,  reprimir  el  vicio  j  las 
malas  pasiones  de  sus  subditos;  re- 
compensar el  mérito  j  el  talento;  mos* 
trarse  indulgente  con  los  que  carecen 
de  apojo;  firme,  con  los  que  son  ricos, 
fuertes  j  poderosos.  Debe,  sobre  todo, 
para  inspirar  odio  al  vicio  j  amor  á  la 
virtud,  alejar  de  su  persona  á  los  hom- 
bres viciosos  j  rodearse  de  hombrea 
virtuosos  j  de  instrucción.» 

Kleber  (Juan  Bautista).  Uno  de 
los  generales  franceses  de  la  época  de 
la  Revolución  que  más  se  distinguie- 
ron por  su  valor  y  sus  conocimientos 
militares  en  las  guerras  de  la  repúbli- 
ca, que  nació  en  Estrasburgo  en  1753 
v  murió  el  14  de  Junio  de  1800.  Era 
hijo  de  un  modesto  obrero;  pero  dos 
nobles  bá varos  le  dieron  medios  de  ir 
&  París  á  estudiar  las  matemáticas  j 
la  arquitectura,  entrando  luego  como 
alumno  de  la  escuela  militar  de  Mu- 
nich. Alistado  al  servicio  del  Austria, 
en  el  regimiento  de  Kaunitz,  donde 
fué  subteniente  én  1776,  presentó  su 
dimisíju  en  1783,  entró  en  Francia  j 
obtuvo  una  plaza  de  inspector  de  las 
fortificaciones  públicas  de  Belfort. 
En  1792  partió  como  voluntario;  sir- 
vió á  las  órdenes  de  Custine;  se  hizo 
notar  por  su  bravura  j  sus  conoci- 
mientos militares;  defendió  á  Magun- 
cia, como  ayudante  general,  y  dió  co- 
mienzo á  su  reputación  militar  en  este 
puesto,  por  más  que  no  consiguieron 
conservar  la  ciudad.  Encarcelado  des- 
pués déla  rendición  de  la  plaza,  fué  en- 
viado más  tarde  como  general  de  bri- 
gada á  la  Vendée,  donde  se  distinguió 
en  el  eucuentrode  Torfou,en  el  que  con 
4.000  hombres  resistió  á  20.00Ü  vea- 
deanos;  decidió  la  victoria  en  Cholet  ^, 
desDués  de  una  desgracia  momenta- 


KLOP 

nea, batió  ilosvendeanos  en  Msaijso 
Savenapr.  Hubiera  terminado  la  gue- 
rra civil,  si  se  le  hubiese  dejado  admi- 
nistrar el  país  insurrecto  como  él  que- 
ría; pero  el  comité  de  Salud  públia 
hizo  funcionar  la  guillotina,  Klubb 
demostró  su  indignación  y  fué  deste- 
rrado. Sin  embargo,  bien  pnmto  sus 
talentos  militares  fueron  neeesarioi  j 
en  1794  fué  nombrado  general  de  di- 
visión y  enviado:  primero,  al  ejército 
del  Norte,  7  luego,  al  del  Sambrej 
Mosa.  Allí  se  cubrió  de  gloria  en 
Fleurus;  destrozó  á  los  enemigos  en 
Marchíenes;  tomó  á  Mons,  Lovaiaajr 
Maestrich  y  dirigió  durante  el  infier 
no  el  sitio  de  Maguncia.  En  1795, 
hizo  prodigios  á  la  cabeza  de  UB  ala 
del  ejército  de  Jourdán,  forzó  slpsio 
del  Rhin  y  venció  al  príncipe  de  Wa^ 
temberg,  en  Alteukircheu;  al  genenl 
Krav,  en  Ealdieck,  y  al  general  War- 
tensleben,  en  Friedberg.  Estos  triua- 
fos  iban  á  ser  coronados  por  la  rendi- 
ción de  Francfort,  cuando  cajó  en  des- 
gracia del  Directorio  (1797j.  Retirado 
a  Estrasburgo,  trabajó  en  sus  Mim- 
rias,  hasta  que  Bonaparte,  encargado 
de  la  expedición  de  Égtpto,  jquerien- 
do  tener  á  su  lado  los  mis  hábilu  ge- 
nerales, llamó  a  Klbbbr,  que  aceptó 
el  puesto  que  se  le  ofrecía.  Al  escalar 
los  muros  de  Alejandría,  recibió  ua 
balazo  en  la  cabeza,  que  le  tuvo  algún 
tiempo  postrado;  pero  apenas  restable- 
cido, acompañó  al  general  en  jefe  á  Si- 
ria y  se  hiso  admirar  en  Jaf&,  CorsuD, 
Gaza,  Monte-Tabor  y  Abukir.  Bona- 
parte, al  abandonar  el  Egipto,  confió 
el  ejército  i  Elbbbb,  que  consintió  en 
la  convención  de  El-Arisch,  para  vol- 
ver con  sus  soldados  á  Francia;  pero 
el  almirante  inglés  Eeith  se  negó  i 
ratificarla,  exigiendo  que  los  fraa- 
eeses  se  rindiesen  como  prisioneros  de 
guerra.  KLBBBB,indignado,  puso  en  la 
orden  del  día  la  carta  del  almirante, 
seguida  de  estas  concisas  palabras: 
«tildados,  á  tales  insolencias  no  n 
contesta  más  que  con  la  victoria.  ^ 
paraos  á  combatir.»  La  batalla  de  fle- 
iiópolis  fué  ganada  por  10.000  fran- 
ceses contra  80.000  turcos  j  el  alto 
Egipto  quedó  reconquistado.  El  vea- 
oedor,  ocupado  en  consolidar  su  obra, 
empezaba  á  hacer  sentir  las  conse- 
cuencias de  una  sabia  y  enérgica  ad- 
ministración, cuando  un  musulmzn 
fanático  le  asesinó  en  el  Cairo,  hacien- 
do perder  á  Francia  una  de  sus  mas 
legitimas  glorias.  El  elogio  de  Klbw» 
fué  pronunciado  en  Egipto  por  í  oo- 
rier,  y  en  París  por  Garat.  Bstrubor- 
go  le  levantó  una  estatua  colosai  w 
bronce  el  14  de  Junio  de  1810.  KUj- 
BBB  fué  un  verdadero  héroe,  Ten» 
esUtura  elevada,  una  hermosa  Sgon 
y  un  rostro  en  que  se  reflejaba  el  ▼»* 
lor  de  su  alma  y  la  nobleza  de  w  »- 
rácter.  ' 

iZ¿íM««.— Klbbbb  unía,  » 
lor  audaz  y  sereno,  una 
penetrante  y  un  golpe  de  "***»**^J(, 
ro.  Completaban  su  noble  v  eje»*^^ 
carácter  la  instrucción  del  homora 
Estado  y  la  nobleza  del  CBballwo- 

KlopstOCk  (PSDBBICO  QOTWJ»"'- 


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KLOP 


KNOX 


KNOX  297 


Um4*  1m  garandes  poetas  de  Alema- 
nú,  que  nací*  an  Qaedlinburgo  (Sa- 
janía)  el  2  da  Julio  de  1724  y  murió 
el  24  de  Harzft  de  1803.  Estudió  eu 
Jflna  jr  en  Munich,  y  se  adhiñó  al 
eírenlo  de  hombrea  eminentes  cuyos 
libros  T  folletos  iban  dirigidos  contra 
Gottscner,  defensor  in'atigable  de  las 
imitaciones^  de  las  traducciunes.  Sin 
embargo,  se  mezcló  poco  en  las  dis- 
putas de  escuela,  y  en  lugar  de  escri- 
bir para  demostrar  que  los  alemanes 
debían  pensar  en  producir  por  sí  mis- 
mos, prefíríú  predicar  con  el  ejemplo. 
Separándose  de  los  caminos  trillados, 
abordó  un  asunto  más  difícil  y  gran- 
de que  el  de  los  poemas  épicos  más 
famosos,  y  el  «ño  de  1748  aparecieron 
los  tres  primeros  cantos  de  la  Mesia- 
da.  Su  aparición  produjo  en  Alemania, 
entera  un  sentimiento  anántme  de 
«sombro,  hasta  el  punto  de  colocar  el 
nombre  de  8u  autor  al  lado  de  los  de 
Milton  y  Homero.  A  pesar  de  los 
iplausos,  Klosptqck  prosiguió  su 
obra  con  la  lentitud  y  la  ealma  que 
reclamaban  la  trascendencia  y  la  ma- 
jestad del  asunto.  Después  de  haber 
visitado  la  Suiza,  díó  á  la  estampa 
eu  1751  los  cinco  primeros  cantos,  y 
eii  1755  loa  completó  con  cinco  más, 
llegando  con  ellos  hasta  la  muerte 
del  dÍTÍno  Mesías.  Entonces  residía 
ea  Copenhague,  adonde  había  sido 
llamado  por  Federico  V,  cuando  ya 
había  contraído  matrimonio  con  Mar- 
garita Moler,  más  conocida  por  el 
nombre  de  Meta  y  la  misma  que  el 
poeta  canta  con  el  de  Cidlt  en  su  Me- 
tUd^.  Los  diez  últimos  cantoi  de  rate 
poema,  t^ue  son  los  que  celebran  la  Re- 
surrección y  los  prodigios  de  que  fué 
acompañada,  no  aparecieron  hasta 
1T73.  Toda  la  obra  está  escrita  en  ver- 
sos hexámetros  á  imitación  de  los  an- 
tigaos. Klosptqck  quiso,  como  lo  in- 
dica el  nombre  de  su  epopeya,  cantar 
el  adyeniraiento  del  Mesías.  Lo  que 
Milton  había  encontrado  en  el  Áníi^no 
Teiiawtmlo,  el  poeta  alemán  lo  encon* 
tro  en  el  Nuevo.  Como  Milton,  perma- 
nece fielátodaslastradicioaesbíblícas, 
permitiéndose  sólo,  en  su  calidad  de 
poeta,  escoger  los  nombres,  los  hechos 
y  ks  fechas  que  convienen  mejn  á 
sus  cantos.  El  poema  la  Mesütd*  está 
lleno  de  poesía  y  de  elevación;  los  epi- 
sodios se  desarrollan  perfectamente 
Mttducidos,  y  en  las  narraciones  bri- 
lla ese  talento  que  sólo  poseen  los 
escritores  superiores.  Sin  embargo, 
las  disertaciones  pecan  de  difusas;  en 
in  estilo  se  nota  a  veces  una  hincha- 
zuQ  que  afea  sus  muchas  bellezas;  sus 
héroes  están  demasiado  elevados  sobre 
«l  nivel  de  ia  humanidad  y  los  cau- 
tos que  siguen  á  la  muerte  del  Sal- 
vador, carecen  del  interés  profundo 
que  en  el  cuerpo  de  la  obra  se  admi- 
ra. Mal  grado  estos  defectos,  la  Me~ 
nada  es  el  más  hermoso  poema  épico 
(te  Alemania,  y  ocupa  y  ocupará  stem- 

E)Fe  un  digno  puesto  entre  las  más  ce- 
ebradas  epopeyas  antiguas  y  moder- 
nas. Además  de  sste  poema  monu- 
mental, Klosptoor  ha  legado  h  la 
posteridad  uua  iio  esr:iKi  coleoción  de 


odas*  en  las  que  se  encuentra  á  veces 
la  elegancia  de  Horacio,  la  energía 
un  tanto  ruda  de  los  antiguos  bardos 
y  el  entusiasmo  sincero  de  los  poetas 
hebraicos;  tres  tragedias,  tituladas  la 
¿fuerte  de  Adán,  Salomón  y  Dwi-i;  un 
poema  heroico  y  patriótico,  que  lleva 
por  nombre  Hermán;  algunos  ensayos 
en  prosa,  y  una  correspondencia  tan 
voluminosa  como  interesante.  Las 
obras  de  Klosptock  han  sido  coleccio- 
nadas por, üoeschen  (Leipzig,  1798  V 
1809,  7  volúmenes  en  4.");  por  MM. 
Spindier  y  Back  (Leipzig,  18  volú- 
menes en  8.°),  y  por  Cutta  de  Stutt- 
gart,  del  cual  existe  una  edición  en 
un  solo  volumen  en  folio.  De  la  Me-' 
siada  existen  traducciones  á  la  mayor 
parte  da  los  idiomas;  pero  las  mejo- 
res son  las  hechas  al  francés  por 
d'Honer  (1825,  3  volúmenes  en  8.*) 
jM.n»  A.  de  Carlovrita  (1847,  on  To- 
Inmen  en  12.*) 

KnipperdoIUnff  ó  Knipper-Dol- 
link  (Bbrmabdo).  Jefe  de  los  anabap- 
tistas de  Münster,  que  nació  á  fines 
del  siglo  XV  y  murió  en  1536.  Acogió 
en  su  casa  á  Juan  Matshys  y  á  Juan 
de  Leyden,  y  predicó  públicamente  la 
doctrina  de  su  secta,  por  lo  cual  fué 
encarcelado  varias  veces.  En  1534, 
los  anabaptistas  le  nombraron  burgo- 
maestre de  Münster,  mientras  que 
Juan  de  Leyden,  entre^ndole  la  es- 

{tada  de  Sansón,  le  erigía  ejecutor  de 
a  justicia.  Con  esta  espada  en  la 
mano  y  aeompafiado  de  cuatro  satéli- 
tes,  recorría  la  ciudad,  esparciendo  el 
terror  y  decapitando  por  si  y  ante  si 
á  los  que  se  oponían  i  su  autoridad. 
Cuando  Juan  de  Leyden  faé  aclama- 
do rey  de  los  anabaptistas,  le  nombró 
esíaíuder;  pero  cometió  tales  violeo- 
cias,  que  tuvo  que  encerrarle  por  al- 
gunos días.  Habiendo  al  fin  vencido 
el  partido  católico,  condenó  á  Knip- 
PEaooLLiN»  á  ser  desgarrado  con  te- 
nazas candentes,  y  en  seguida  atrave- 
sado con  la  espada  de  que  él  se  había 
servido,  lo  cual  se  ejecutó  sin  que  des- 
mintiera por  un  momento  su  valor 
brutal  y  su  bárbara  ferocidad.  El  ca- 
dáver fué  metido  en  una  jaula  de  hie- 
rro y  colgado  del  campanario  de  la 
torre  de  »n  Lamberto,  como  reliquia 
de  abominación  j  de  escándalo. 

Knout.  Masculino.  Suplicio  usado 
en  Rusia,  y  que  consista  en  colgar  al 
paciente  de  modoque  el  peso  del  cuer- 
po carga  sobre  una  viga  en  que  se 
apoya  el  vientre,  y  en  esta  disposición 
se  descargan  sobre  la  espalda  golpes 
con  un  látigo  de  cuero  terminado  por 
bolas  de  alambre. 

ETOfOLoaÍA.  Ruso  knout,  vocablo 
que  no  existe  en  las  otras  lenguas  es- 
lavas y  que  parece  ser  de  origen  tár- 
taro: francés,  inout, 

Knox  (Juan).  Uno  de  los  promove- 
dores de  la  Reforma  en  Eíscocia,  que 
nació  en  Gíffort  ó  en  Haddington  en 
1505  y  murió  en  Edimburgo  en  1572. 
Estudió  en  la  universidad  de  San  An- 
drés, donde  las  doctrinas  de  Gerson  y 
de  Pedro  de  Ailly,  sobre  la  suprema- 
cía de  los  concilios  generales,  sembra- 
ron en  su  espíritu  las  primeras  semi- 


llas de  las  ideas  democráticas,  oue 
quiso  más  tarde  introducir  en  la  Igle- 
sia r  en  el  Estado,  y  después  de  reci- 
bir las  órdenes  sacerdotales,  se  dedicó 
á  la  enseñanza  de  la  filosofía.  La  lec- 
tura de  la  BiHia  y  de  los  Santos  Pa- 
dres le  hicieron  repudiar  la  teoría  es- 
colástica; las  predicaciones  de  Tindal 
y  de  Wíshart  le  llevaron  decidida- 
menta  á  las  nuevas  doctrinas  religio- 
sas y  no  temió  propagarlas  desde  su 
cátedra  de  la  universidad.  Habiéndo- 
sele amenazado  con  la  hoguera,  tuvo 
que  huir  (1542);  pero  arrastrado  de 
nuevo  á  San  Andrés  por  un  motín, 
fué  hecho  prisionero  al  apoderarse  la 
regente  de  la  ciudad  (1547).  Fué  con- 
denado á  remar  en  las  galeras  france- 
sas y  recobró  su  libertad  en  la  época 
del  matrimonio  de  María  Bstuardo 
con  el  delñn,  volviendo  á  Inglaterra, 
donde  puso  toda  su  actividad  y  su 
elocaencia  al  servicio  de  la  Reforma, 
rehusando  un  obispado,  por  no  que- 
rer admitir  la  jerarquía  aristocrática 
del  clero  inglés.  Cuando  la  reina  Ma- 
ría restableció  el  catolicismo,  dejó  la 
Inglaterra  y  fué  á  ponerse  al  frente  de 
una  iglesia  que  algunos  compatriotas 
suyos  habían  fundado  en  Francfort. 
Después  se  trasladó  á  Ginebra,  donde 
tuvo  por  maestro  y  por  amigo  á  Cal- 
vino,  á  quien  igualaba  en  inflexibíli- 
dad  y  sobrepujaba  en  energía,  y,  por 
último,  aprovechando  la  p^ítica  tole- 
rante de  ÍUría  de  Lorena,  regresó  á 
su  patria,  donde  se  preparó  á  ser  el 
organizador  religioso  de  Escocia  y  su 
dominador  moral.  Empezando  por  ga- 
nar á  la  nobleza  en  favor  de  sus  pro- 
yectos, muy  pronto  contó  con  la  adhe- 
sión de  lord  James  Stuard,  hermano 
natural  de  la  reina  y  prior  de  San  An- 
drés, de  lord  Horn  y  de  lord  Erskine. 
Bajo  el  impulso  de  estos  poderosos 
personajes,  dos  de  los  cuales  fueron 
después  regentes  de  Escocia,  las  fami- 
lias influyentes  se  constituyeron  en 
congregaciones  religiosas  y  se  com- 
prometieron solemnemente  á  trabajar 
en  la  propaganda  de  sus  principios. 
Sostenido  por  lo  mis  escogido  de  Es- 
cocia, Knox  se  puso  sin  temor  enfren- 
te del  clero  católico  de  Edimburgo. 
Allí,  durante  diez  días  y  sin  ninguna 
oposición,  explicó  loa  Evangelios  ante 
una  multitud  inmensa,  atraída  por  la 
elocuencia  de  sus  predicaciones;  pero 
cuando  quiso  arrastrar  al  pueblo  como 
había  arrastrado  á  la  nobleza,  la  opo- 
sición se  desencadenó  eontra  él.  El 
clero  apeló  á  la  regente,  y  represen- 
tándole los  peligros  de  una  innova- 
ción religiosa,  obtuvo  fácilmente  ple- 
nos poderes  contra  el  audaz  predica- 
dor, de  quien  ya  había  tratado  de  des- 
embarazarse, por  medio  de  la  violen- 
cia, en  el  condado  de  Augus.  Knox 
comprendió  la  inutilidad  de  resistir  y 
partió  para  Ginebra,  donde  se  le  ofre- 
cía un  curato.  Sin  embargo,  no  por 
esto  dejó  de  incoársele  un  proceso,  en 
que,  acusado  y  fácilmente  declarado 
convicto  de  herejía,  se  pronunció  una 
sentencia  de  muerte  en  hof^uera,  que 
sólo  en  efigie  pudo  cumplirse  en  la 
plaza  de  la  Crut  Alia  de  i¿dimburgo. 

TOMO  ui  as 

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293  KNOX 


KOCK 


KOCK 


Hn  esta  época  (1558)  fué  enmelo  lan- 
zó contra  María  de  Inglaterra,  la  re- 
gente de  Escocia,  j  Catalina  deMédi- 
cis,  su  violento  j  curioso  opúsculo: 
M  primer  sonido  da  la  trompeta  contra 
el  monstruoso  gobierno  de  tas  mujeres, 
Al  año  siguiente,  volvió  ¿  Escocia 
llamado  por  sus  partidarios,  en  el  mo- 
mento en  que  la  funesta  influencia  de 
los  Guisas  amenazaba  la  libertad  re- 
ligiosa. Las  persecQcioDes  le  precipi- 
taron &  la  revuelta,  inevitable  desde 
su  llegada,  j  proscrito  por  un  conci- 
liábulo que  presidía  el  primado,  su- 
blevó á  Perth,  acompaño  al  ejército 
protestante,  que  fué  á  apoderarse  de 
Edimburgo;  pero  que  no  pudo  mante- 
nerse allí,  levantando  por  todas  par- 
tes el  espíritu  de  los  reformados,  los 
cuales  dominaron  después  de  muerta 
la  regente  (1560).  Una  vez  dueños  del 
pais,  piden  al  Parlamento:  1.°,  que  el 
clero  católico  fuera  suprimido;  2.°,  la 
doctrina  de  la  substanciación  condena- 
da; 3.",  las  peregrinaciones,  prohibi- 
das; j  4.°,  subrogada  la  creencia  en 
el  purgatorio  j  en  la  intercesión  de 
los  santos.  El  credo  ó  profesión  de 
fe,  que  redactaron  simultáneamente  á 
propuesta  del  Parlamento,  fué  votada 
y  sancionada  por  aclamación,  á  con- 
aeeaencia  de  lo  cual  quedó  prohibido 
el  ejercicio  público  j  solemne  de  la  fe 
católica.  La  austera  disciplina  presbi- 
teriana de  Enox  quiso  imponerse; 
pero  halló  una  oposición  invencible,  á 
causa  del  carácter  democrático  que  le 
era  propio,  no  habiendo  logrado  que 
fuese  adoptada  sino  parcialmente.  Por 
fin,  durante  la  regencia  de  María  Es- 
tuardo,  desplegó  una  extraordinaria 
energía  de  obra  y  de  palabra,  comba- 
tiendo sin  tregua  el  poder  absoluto  y 
lasjerarquías  del  catolicismo.  Además 
del  folleto  que  hemos  citado,  había 
escrito:  Exhortaciones  cristianas  á  aque- 
llos que  profesan  el  Evangelio  de  Cristo 
en  et reino  de  Inglaterra  (1554);  Carlas 
á  la  reina  María,  regente  de  Esco- 
cia (1556);  Breve  exhoríaddn  á  Jnglor 
térra  (1559)  ó  Historia  de  la  re  forma 
religiosa  en  Escocia,  obra  postuma,  que 
no  vió  la  luz  pública  hasta  algunos 
años  después  de  la  muerte  de  su  au- 
tor. También  se  le  debe  una  traduc- 
ción inglesa  de  la  Santa  Biblia. 

Resumen. — 1.  Renato  dé  Knox. — 
Fué  un  hombre  fanático,  intolerante, 
de  vasta  instrucción,  de  inteligencia 
luminosa,  de  excelente  palabra,  de  pa- 
siones profundas,  de  convicción  inge- 
nua, de  carácter  duro,  de  costumbres 
puras,  superior  al  miedo,  inaccesible 
á  la  corrupción,  extraño  i  preocupa- 
ciones V  afectos  personales,  el  genio 
inglés  de  la  Reforma,  el  alma  podero- 
sa v  el  corazón  invulnerable  de  la  rei- 
na Isabel.  Le  &ltó  una  virtud  para 
ser  cristiano;  perdonar.  Le  &ltó  otra 
virtud  para  ser  apóstol;  ser  cristiano. 

2.  Relrato  de  ta  Reforma. — La  Be- 
forma  prohibe  al  catolicismo,  como  el 
catolicismo  prohibe  á  la  Reforma. 
Por  consiguiente,  aquellas  luchas  no 
fueron  otra  cosa  que  la  proscripción 
contra  la  proscripción,  el  odio  contra 
el  odio,  el  veneno  contra  el  veneno, 


manía  terrible  y  eterno  achaque  de 
todas  las  sectas.  Por  fortuna,  vino  el 
espíritu  de  tolerancia,  salvándose  con 
él  la  pasión  sublime  de  la  Cruz,  que 
pregona  en  el  mundo  la  pasión  subli- 
me de  la  caridad. 

Eock  (Cablos  Pablo  db).  Fecundo 
y  popular  novelista  y  autor  dramático 
francés,  que  nació  en  21  de  Majo 
de  1794,  en  Passj,  cerca  de  París,  y 
murió  en  29  de  Agosto  de  1871.  Kra 
hijo  de  un  banquero  holandés,  esta- 
blecido en  París,  y  que  fue  guilloti- 
nado durante  lá  época  del  Terror. 
Educado  por  su  madre  pan  el  alto 
comercio,  abandonó  bien  pronto  esta 
carrera  por  la  de  las  letras,  ¿  la  cual 
le  había  aficionado  la  lectura  de  Du- 
craj-Dumínil  y  de  Pigault-Lebrun. 
Su  primera  novela.  El  hijo  de  mi  »«- 
jer  (1813),  que  tuvo  que  editar  á  sus 
expensas,  no  le  dió  resultado  alguno, 
por  lo  que,  volviendo  los  ojos  al  tea- 
tro, escribió  varios  melodramas  lúgu- 
bres, que  se  representaron  en  el  4m- 
bigú.  Sin  embargo,  demasiado  com- 
prendía que  no  era  aquel  el  género 
que  convenía  á  sus  facultades  j,  aban- 
donando lo  serio  por  lo  cómico,  se 
dedicó  á  Qaaúh'vc  vandeeilles  y  libretos 
de  óperas  cómicas.  Tampoco  era  aque- 
lla la  literatura  de  su  vocación.  De 
las  muchas  obras  que  escribió  en  el 
período  de  1818  á  1823,  sólo  un  vflK- 
deville,  Le  Afuleíier,  se  ha  salvado  del 
olvido,  gracias,  no  al  genio  de  nues- 
tro personaje,  sino  á  la  música  de  Hé- 
rold.  En  cambio,  la  novela,  á  cuyo 
género  tuvo  que  volver,  le  guardaba 
muchas  días  afortunados,  que  le  hi- 
cieron popular  en  Francia  y  en  el 
mundo.  La  lista  del  repertorio  de  sus 
obras  asombrará  sin  duda  á  nuestros 
ilustrados  lectores.  Novelas:  El  hijo 
de  mi  mujer  (1813);  Georgina  ó  la  kija 
del  notario  (1820);  Ghttíavo  el  calavera 
(1821);  Mi  vecino  Raimundo  (1822); 
M.  Dupont  (1824);  Andrés  el  sabogano 
(1825);  ¿a  hermana  Ána  (1825);  El 
Barbero  de  París  (1826);  La  lechera  de 
Montefermeü(l8an)i  La  Casa  Blanca 
(1828);  El  huñ  muehsiAo  (1828);  La 
mmeTt  el  marido  f  el  amante  (1^9); 
El  hombre  de  la  naturaleta  y  el  hombre 
eivilisado  (1830);  El  Cornudo  (1831); 
Magdalena  (1832);  La  doncella  de  Bel- 
traducida  al  espaftol  con  el  títu- 
lo de  la  Inocente  Virginia  (1834);  Nun- 
cay  siempre  (1835);  Zicina  (1836);  Flo- 
res V  mariposas  (1836);  Un  quid  pro 
quo  (1837);  Bigote  (1838J;  Un  joven 
encantador  (1839);  El  hombre  de  los  tres 
calzones  (1841);  La  hermosa  joven  del 
boulevard  (1840);  Bisiologia  ael  casado 
(1841);  Carotin  (1842);  27»  hombre 
disponible  (1843);  I^ceía  para  casarse 
(1843);  Unmarido perdido  (1843);  Des- 
venturas de  u»  iiuíés  (1843);  Eduardo 
y  s%  prima  (1843);  El  amor  migado 
(1843);  Tyler  el  cobrador  (1844);  La 
familia  Qogo  (1844);  Mi  amigo  Pif- 
fard  (1844);  Sin  corbata  (1844);  ParU 
al  haleidoscopio  (1845);  Un  baile  en  el 
gran  mundo  (1845);  El  amante  de  la ; 
Luna  (1847);  Taquinet  el  jorobado 
(1848);  Ai  Jardín  turco  (1818);  El 
amor  quepasag  el  amor  que  «>««(!  8  iO); 


Un  ruU»  (185»);  Cerisetíé  (1851);  SI  \ 
pantano  de  Aníeuil  (1851);  Un  señor  \ 
atormentado  (1853);  La  Ramilletera  del  I 
Chateau  d'Eau  (1854);  i/r.  Okéram  ' 
(1858);  Mr.  Choublanc  en  busca  de  su 
mujer  (1858);  Pablo  y  t%  perro  (1858); 
Madame  de  Mont^fiaquin  (1858);  La  Se- 
ñoriía  del  quinto  piso  (1857);  La  fami- 
lia Braillard  (1858);  El  Millonario 
(1858);  La  mujer  de  tres  caras  (1859); 
Mr.  Qogo  (1859);  La  doncella  de  los 
tres  corsés  (1861);  El  Prado  de  amapo- 
las (1862);  Los  Compañeros  de  la  Trufa 
(1862)  ;  Los  Hijos  del  Boulevard  (18^); 
Los  Nietos  de  Óartouche(\8&^);  Las  ms- 
jeres,  el  vino  y  el  jneao  (1864),  y  La 
$e»da  de  los  druelos  (iS65).— Duvab 
BN  TBBfl  Ó  uiñ  actos:  Madama  de  Val- 
noir  (1814);  Catalina  de  Curlandia 
(1814);  El  Trovador  portugués  (1815); 
La  Batalla  de  Veillune  (1815);  El  Mo- 
lino de  Mansfeld  (1816);  Todo  ó  nada 
(1836);  La  viepera  de  Wagram  (1842); 
La  Bohemia  de  París,  en  colaboracíóo 
con  Gustavo  Lemoine  (1844),  v  Bl 
Castillo  de  Vincemnes  (1844).— Vm- 
DBviLLBS  r  ÓPBBA8  oóuiCAs:  El  hijo 
de  mi  mmer  (1835);  Una  noche  en  ti 
castillo  (1818);  Jf.  Montón  (1818);  ! 
Los  esposes  de  qninee  años  (1821);  Él  ¡ 
día  de%oda  (1821);  Bl  Mulero  (1&3); 
¿M  infieles  (1823);  Los  hijos  die  mam 
i>«<¿ro(1825);  Unah%emafortnina{\SS&)\ 
Bl  Caiendarío  do  loo  viajeros  (182^);  Xs 
doncella  do  Bellenlle  (1834);  ¿7»  buen 
muchacho  (1836);  Sansifn  y  BaUla 

(1836)  ;  Los  Bisares   de  gnamidé» 

(1837)  ;  Las  Banaderas  de  PitUviers 

(1838)  ;  La  Ramilletera  de  los  Campos 
Elíseos  (1838);  Un  baile  de  grisetas 

(1839)  ;  La  familia  Fanfreluche  (1840); 
M.  Gribouillet  (1841);  La  Posada  de 
Ckantilly  ( 1842) ;  Juegos  inocentes 
(1842),  en  colaboración  con  Varin;  El 
Lazareto  (1842);  En  la  playa  (1842), 
on  colaboración  con  Varin;  El  tea- 
tro y  la  cocina  (1844);  El  buey  gordt 
(1845);  Mi  vecino  Bagnolet  (18&);  Un 
aguacero  (1845);  Los  baño»  Á  domicilio 
(1845);  Él  agua  y  el  fuego  (1846);  SI 
Practicante  i\8^Í);Bl  BoticaríodePw- 
toise  (1845);  Ojo  y  nariz  (1849);  El  m- 
ño  de  un  propietario,  en  colaboiación 
eon  (iuérouU  (1849),  y  Una  casa  en 
que  se  tiene  miedo  (1858).  Mnchos  de 
los  asuntos  de  estas  obras  están  saca- 
dos de  sus  novelas.  Además  de  ellas 
tiene  publicadas  La  alondra  y  la  palo- 
ma, comadiK  de  magia, en  colaboración 
con  Garmousche;  Cuentos  en  verso 
(1842);  Miscelánea  crítica  y  literaria 
( 1825) ;  Cuentos  y  canciones  ( 1843) ;  Flon , 
fion,  laríra,  don,  daine,  colección  de 
canciones  (1865),  y  diversos  cuentos 
ó  pequeñas  novelas  diseminados  en 
diferentes  publicaciones  períódicas> 

Resumen.—!,  Su  literatura.  Paül 
DB  KocK,  al  pintar  las  costumbres 
populares,  copia  al  natural,  y  sus  co- 
lores son  verdaderos;  sobre  todo,  ale- 
ares; pero,  más  atento  i  excitar  U 
risa  del  público  y  á  tener  un  gran  nú- 
mero de  suseriptores  que  á  mantener- 
;  se  dentro  del  decoro  del  arte  y  del 
necesario  continente  moral,  ha  des- 
prestigiado sus  felices  disposiciones, 
dando  lugar  á  que  la  critica  ilustia- 


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KON 


KOSC  299 


da,  en  Tez  de  designarle  con  el  honro- 
so nombre  dá'un  buen  noTelista,  le 
llame  el  escritor  de  las  grisetas.  En 
muchas  de  las  obras  cujos  títulos 
hemos  insertado,  su  literatura  no  es 
más  ni  menos  que  el  panorama  escan- 
daloso de  su  siglo. 

2.  jSW  retrato. — Fecundidad  extra- 
ordinaria, chistes  inagotables,  t ra- 
yes ura  de  ingenio,  talento  práctico  de 
obserraeíón,  conocimiento  minucioso 
j  profundo  del  corazón  humano,  cuyo 
ciimulo  de  dotes  dichosas  está  deslu- 
cido ¡Mr  un  desen&do  que  raya  en 
licencia»  por  una  licencia  que  raya  i 
Teces  en  cinismo.  Pí^cl  db  Koce  es 
un  genio  que  da  risa  por  oro;  que  da 
chocarrerías  por  fama  popular.  En 
efecto,  la  chocarrería  puede  dar  fama; 
pero  la  fama  dista  bnstante  de  la  glo- 
ria. En  Paul  db  Kock  hay  malea- 
miento  del  gusto,  porque  hay  malea- 
luiento  del  espíritu,  y  esto  es  lo  ^rave 
de  la  cuestión.  £1  hombre  necesitaba 
mucho,  pedía  mucho  al  noTelista,  y 
el  noTelísta,  para  dar  gusto  al  hom- 
bre, se  Tió  en  el  caso  de  hacerse  ju- 
glar. Cuando  se  conozca  una  genera- 
ción de  escritores  juglares,  la  elección 
de  rey  no  puede  ser  dudosa:  toca  in- 
dudablemente á  Pa.ul  db  Kook. 

Kodafá.  Uasculino.  Jefe  de  los 
sofís  en  Persia. 

Kod£i.  filasculino.  El  maestro  del 
sultán. 

Ko(ya.  Masculino.  Secretario  de 
Bstado  en  Turquía  y  en  los  Estados 
berberiscos. 

BfiiiOLoafA.  Bajo  latín  iodja:  cata- 
lán, kodja. 

Kodreti.  Masculino.  Substancia 
grasosa,  en  cuya  composición  entra  el 
petróleo. 

KokadatOB.  Masculino.  Are  galli- 
nácea de  Africa. 

Kon-Fon-Tsea  (Conpucio).  Uno 
de  los  más  célebres  filósofos  chinos, 
que  nació  en  el  aflo  551  antes  de  Jesu- 
cristo, en  Tseou,  ciudad  del  princi- 
pado de  Lou,  y  murió  en  479.  Fué 
hijo  de  un  gobernador  de  provincia  y 
descendía  de  una  familia  de  donde  sa- 
lió la  dinastía  de  Chang,  la  cual  había 
dado  á  la  China  su  primer  legislador, 
Hoaug-Ti.  k  los  17  años,  tenía  á  su 
carg^  una  inspección  de  granos  y  de 
TÍverea.  Casado  á  los  19,  fiié  encar- 
gado de  una  dirección  general  de 
agricultura,  cargo  que  renunció  á  la 
muerte  de  su  madre,  para  conformar- 
se á  una  costumbre  casi  olvidada  en- 
tonces. Después  de  las  exequias,  en 
las  que  empleó  ritos  fúnebres  que  re- 
montaban su  origen  á  muchos  siglos 
atrás  y  que  duran  hoy,  se  condenó  á 
un  duelo  solitario  durante  tres  afios. 
En  aquel  retiro,  meditó  sobre  las  leyes 
eternas  de  la  moral;  estudió  profunda- 
mente las  tradiciones  de  la  sabiduría 
antigua  y  resolvió  reformar  las  cos- 
tumbres de  su  país.  A  este  fin,  reco- 
rrió las  diversas  partes  del  imperio. 
El  rev  de  Tsí  le  llamó  á  su  corte;  pero 
Tiendo  que  allí  no  recogía  más  que 
estériles  aplausos,  volvió  al  reino  de 
Lou,  su  patria,  en  donde  se  atrajo 
durante  diez  años  más  de  3.000  diací- 


fiulos;  la  mayor  parte,  hombres  de 
etras,  mandarines,  gobernadores  y 
oficiales  militares,  que  propagaron 
su  palabra  por  todo  el  imperio.  En- 
cargado de  la  magistratura  suprema 
de  la  justicia,  señaló  su  ministerio 
con  la  ejecución  de  altos  personajes, 
los  euaíes  se  habían  enriquecido  con 
eueciones  escandalosas.  Fomentó  la 
agricultura;  reglamentó  los  tributos 
y  acrecentó  las  rentas  del  soberano, 
al  mismo  tiempo  que  aseguraba  el 
bienestar  del  pueblo.  Sin  embargo,  á 
pesar  de  esta  recta  y  beneficiosa  ad- 
ministraeión,  el  amor  &  los  placeres 
estaba  tan  arraigado  en  las  costum- 
bres de  los  cortesanos,  que  no  podían 
ver  con  buenos  ojos  al  que  tomaba, 
como  base  de  sus  leyes,  la  austeridad 
y  la  virtud.  A  fuerza  de  intrigas  y 
maquinaciones,  consiguieron  deste- 
rrar al  ilustre  filósofo,  (jue  se  vió  pre- 
cisado á  vagar  largo  tiempo  de  país 
en  país,  tan  pronto  admirado,  tan 
pronto  perseguido,  pero  en  lucha 
siempre  con  la  miseria.  A  los  68  años 
volvió  á  entrar  en  su  patria,  en  donde 
dió  término  á  las  obras  que  le  inmor- 
talizaron en  toda  la  tierra.  He  aquí 
una  reseña  de  sus  preciosos  libros,  que 
serán  siempre  un  monumento  de  la 
literatura  universal  y  la  primera  glo- 
ria de  su  pueblo:  Ckon-Kinff,  tratado 
de  moral  y  de  política,  en  ejemplos, 
que  resume  Tetnte  años  de  estudios 
sobre  el  antiguo  gobierno  chino,  des- 
de el  emperador  lao  hasta  el  año  621 
antes  del  Mesías,  abrazando  un  perío- 
do de  diez  y  ocho  siglos.  En  el  Chon- 
King  establece  en  términos  concretos 
las  relaciones  entre  el  soberano  y  los 
subditos,  entre  el  padre  y  los  hijos, 
entre  el  esposo  j  la  esposa,  viniendo 
i  ser  una  especie  de  génesis  político 
y  social.  Este  libro  se  tradujo  al  fran- 
cés por  el  padre  Gaubil  (París,  1770). 
Bl  Tck%m-Fticon  (la  primavera  y  el 
otoño)  es  ana  historia  del  reino  de 
Lou;  el  Rtao-Kin^,  un  diálogo  sobre 
la  piedad  filial,  \Á  como  e 
(la  gran  ciencia)  t  el  Tehong-Yong 
(el  medio  invariable)  son  colecciones 
de  preceptos  morales.  Estos  libros  han 
sido  traducidos  al  latín  y  parafrasea- 
dos por  los  padres  Intorccetta,  Her- 
drich,  Bougemont  y  Couplet,  baio  el 
título  de  CoNFUCius  Sinarvs  philoso- 
phw  (París,  1687).  El  Tckong-Yong  se 

fiublicó  en  chino  con  la  traducción 
atina  y  francesa,  por  Abel  Rémusat 
^  (1817),  y  el  Fa~Hio,  por  Panthier 
(1837).  Se  encuentran  también  estas 
obras  con  difusos  comentarios  en  la 
colección  del  padre  Noel:  Sinensis  im- 

f\er%i  Ubri  clasici  VI  (Prag^,  1784), 
ibro  traducido  al  francés  por  el  pa- 
dre Pluquet  (1784),  7  volúmenes  en 
18.").  La  Vida  de  Conpücio  ha  sido 

Sublicada  por  el  padre  Amyot  en  sus 
(emorias  acerca  de  los  chinos,  tomo  ISj 
así  como  la  Moral  d<f  Conpucio,  en 
Amsterdam  (1688). 

Jiesumen.  —  Generalmente  hablan- 
do, se  tienen  ideas  equivocadas  acer- 
ca del  gran  personaje  de  esta  biogra- 
fía. No  viajó  fuera  de  su  país,  no  tomó 
nada  de  otras  naciones  para  la  forma- 


ción de  su  sistema,  ni  fué  legislador 
de  la  China,  como  algunos  autores  le 
llaman,  puesto  que  no  tuvo  autoridad 
para  promulgar  leyes,  ni  fué  tampoco 
innovador;  sino  restaurador  de  las 
antíguaH  civilizaciones.  En  efecto,  lo 
que  hizo  Coní-^ucio,  no  fué  otra  cosa 
que  reconstituir  su  pueblo  con  los 
usos,  con  las  costumbres  y  con  las 
leyes  de  los  antiguos,  de  cuyo  espíri- 
tu sacó  la  esencia  de  su  moral,  la  pri- 
mera de  todas,  si  no  existiese  el  Etsu- 
gelío.  Con  el  fin  indicado,  corrigió  el 
Ché-Ki^t  comentó  el  Li~hi  y  reTisó 
los  kifigs,  libros  sagrados  del  pueblo 
chino.  Por  consiguiente,  Confucio  no 
fué  el  civilizador:  sino  el  creador  de 
la  Cliina.  Sus  discípulos  y  admirado- 
res fuoron  bastante  numerosos  para 
leTantnr  una  ciudad  sobre  su  sepul- 
cro. ¡Mag-iiíñca  posteridad  de  seme- 
jante tumba! 

Kooro.  Masculino.  Nombre  que 
dan  los  negros  á  an  instrumento  de 
música  con  18  oueidaji^  semejante  al 
arpa. 

Aopa.  Frudicién.  Nombre  de  una 
antigua  letra  que  ha  quedado  en  el 
alfabeto  griego  con  la  representación 
numérica  de  noventa. 

BtmozAGÍA.  Griego  xórnu  no- 
venta; xü  xómaiftd  képpa),  marcadO) 
señalado:  latín,  hoppa. 

Kopek.  Masculino.  Honed»  nM 
de  poco  valor. 

Etimología.  Ruso  kopeck,  moneda 
de  cobre  equivalente  á  poco  más  de 
un  Cuarto. 

Kopu.  Masculino.  Especie  de  tela 
fabricada  en  la  China  con  la  eortesa 
de  Un  lirbol. 

Kosa.  Jefe  de  la  tribu  de  1m  eo- 
raischitas  y  abuelo  de  Mahoma,  que 
nació  en  398  de  nuestra  era  y  murió 
hacia  480.  Sus  talentos  y  sus  eminen- 
tes cualidades  le  valieron  una  alta 
considerapióa  en  su  tribu.  Casó  con  la 
hija  da  Bblil,  gaardtán  de  la  easa 
santa;  se  apoderó,  en  440,  de  la  inten- 
dencia de  la  Gaaba  j  del  poder  polí- 
tico; reunió  al  rededor  de  la  Caaba 
las  familias  de  su  tribu,  de  donde  pro- 
vino su  sobrenombre  el  Mond-Janmi 
(el  que  une),  con  el  fin  de  tener  á  su 
lado  los  mantenedores  de  su  autori- 
dad; fundó  también  la  ciudad  de  la 
Meca  á  hizo  construir  un  palacio  lla- 
mado Derannadwa  (casa  del  consejo), 
en  que  se  trataron  los  asuntos  públi- 
cos, se  llevaron  á  cabo  los  principales 
actos  de  la  vida  civil  y  donde  se  en- 
contraba el  estandarte  (liwa),  que 
Kosa  ponía  en  mano  de  los  coraiscni- 
tas  cuando  partíu  i  la  guerra.  Este 
jefe,  que  aurcaba  hs  principales 
atribacionM  religiosas,  civiles  y  polf- 
ticaa,  ctmToeaba  ^  presidía  el  consejo 
de  la  nación  ó  imponía  y  levantaba 
los  tributos.  Hizo  reconstruir  la  Caa- 
ba, impuso  una  carga  anual  para  so- 
correr á  los  peregrinos  que  acudían 
á  visitar  aquel  templo;  y  al  morir, 
transmitió  su  poder  á  su  hijo  Abd- 
Eddar. 

Kosciuszko  (Tadho).  Célebre  ge- 
neral y  dictadorpolaco,  nacido  en  17-l(i 
en  Siehniewcze  (Lituania),  de  padres 

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nobles,  pero  pobres,  j  muerto  an  So- 
leara (Suiza)  en  1817.  Decidido  i 
abrazar  la  carrera  de  las  armas,  hizo 
sus  primeros  estudios  en  la  escuela  de 
cadetes  de  Varsovía,  pasando  luego  á 
Francia  para  completarlos.  De  vuelta 
á  Polonia,  era  ja  capitán,  cuando  una 
intriga  amorosa  le  obligó  á  expatriar- 
se, trasladándose  á  América,  donde 
peleá  por  la  independencia  de  los  Es- 
tados-Unidos al  lado  de  Washington 
y  de  Lafavette,  siendo  nombrado  in- 
geniero del  ejército  con  el  grado  de 
coronel,  primero,  j  más  tarde,  de  ge- 
neral. Cuando  jra  firmada  la  paz,  es- 
talló la  guerra  entre  Polonia  y  Rusia, 
en  1792,  acudió  á  su  país  j  tomó  el 
mando  de  una  división  á  las  órdenes 
de  José  Poniatowski,  distinguiéndose 
en  las  batallas  de  Zielence  y  Dubien- 
ka.  Pero  como  el  tej  Estanislao  Au- 
gusto, resuelto  á  conservar  su  corona, 
se  apresurase  á  aceptar  una  paz  poco 
digna,  KosciDSZKO,  en  unión  de  más 
de  500  oficiales,  hizo  dimisión  de  su 
cargo  y  se  retiró  á  Leipzig,  en  donde 
la  Asamblea  legislativa  le  confirió  el 
titulo  de  ciudadano  francés.  La  tira~ 
nía  de  la  Rusia  produjo  la  insurrec- 
ción polaca  de  1794,  cu^os  jefes  lla- 
maron inmediatamente  a  Kosciuszko 
y  le  pusieron  á  su  cabeza.  Después  de 
sostenerse  algunos  meses  y  de  alcan- 
sar  victorias  tan  brillantes  como  la 
de  Bazlawice,  cayó  peligrosamente 
herido  en  la  batalla  de  li&ciciouze  y 
fué  conducido  á  los  calabozos  de  San 
Petersburgo,  donde  permaneció  dos 
años.  Al  cabo  de  ellos,  fué  puesto  en 
libertad  por  el  nuevo  czar,  Pablo  I, 
que  tenía  empeño  en  seguir  una  polí- 
tica totalmente  opuesta  á  la  de  Cata- 
lina su  madre.  Volvió  á  América,  en 
donde  pasó  algún  tiempo  con  sus  an- 
tiguos comparieros  de  armas,  y  regre- 
só á  Francia  en  1798,  pasando  algu- 
nos años  eo  Fontainebleau  en  casa  de 
su  amigo  Pedro  José  de  Zeltner,  an- 
tiguo ministro  plenipotenciario  de 
Suiza  en  Francia.  Cuando  abrió  Na- 
poleón la  campaña  de  1806,  quiso  que 
KusciuszKO  sublevase  la  Polonia;  pero 
éste  exigió  para  efectuarlo  garantías 
que  no  se  le  concedieron,  v  Napoleón 
liallú  modo  de  dirigir  á  los  polacos 
una  proclama  firmada  por  Kosciusz- 
ko, a  quien  prohibió  desmentirla  en 
los  periódicos.  Alejandro  I  de  Rusia 
tuvo  entrevistas,  en  1814  y  en  1815, 
rleseando  atraer  á  los  patriotas  pola- 
cos; pero  después  del  triunfo  de  los 
aliados  en  Waterloo,  cortó  toda  nego- 
ciación, y  KosciübZKO,  profundamen- 
te contrariado,  se  retiró  á  Suiza,  don- 
do  acabó  sus  días  dos  aüos  después. 
Sus  restos  fueron  trasladados  á  Craco- 
via é  inhuuiados  en  la  catedral,  entre 
los  de  Juan  Sobieski  y  los  del  prín- 
cipe José  Poniatowski. 

Resumen. — La  historia  de  este  per- 
sonaje nos  presenta  un  hecho  singu- 
lar, precioso  resumen  de  su  vida,  por- 
que es  un  precioso  resumen  de  su 
alma.  Bn  el  momento  de  morir,  legó 
en  su  testamento  cierta  suma  con 
el  fin  de  fundar  una  escuela  en  Amé- 
rica para  la  instrucción  de  los  negros, 


qne  JélTerson  ha  abierto  en  Newark. 
viendo  á  su  patria  en  la  esclavitud, 
consagra  su  ultimo  suspiro  á  la  edu- 
cación, qne  es  la  redención  de  los 
esclavos.  La  presencia  de  un  hombre 
ue  se  acuerda  de  los  grandes  dolores 
el  mundo  en  el  instante  de  bajar  á 
la  eterna  sombra,  tiene  una  expresión 
que  maravilla  y  hace  llorar.  Quien 
muere  de  ese  modo,  no  muere.  Seme- 
jante muerte  vale  algo  más  que  el  he- 
roísmo necesario  para  ganar  una  ba- 
talla. ^ 

Kossnth  (Luis).  Célebre  revolucio- 
cionario  húngaro,  que  nació  en  1806 
en  Monok,  en  el  condado  de  Zemplin. 
Desde  muj  joven  se  dio  á  conocer  por 
sus  ideas  patrióticas  y  su  oposición  á 
la  dominación  austriaca;  fué  diputado 
suplente  en  los  Estados  de  Presburgo, 
y  con  objeto  de  reconstituir  el  parti- 
do patriótico,  emprendió  unapuolica- 
ción  periódica  en  forma  de  cartas  ma- 
nuscritas, que  en  poco  tiempo  reani- 
maron el  espíritu  público,  pero  que  al 
fin  costaron  á  sus  autores  una  sen- 
tencia de  cuatro  años  de  prisión.  Am- 
nistiado en  1840,  tomó  en  1841  la 
dirección  del  Diario  de  Pettk,  en  el 
que  sostuvo  los  principios  de  una 
moderada  libertad.  Abandonando  lúe* 
go  el  periodismo,  se  ocupó  en  fundar 
asociaciones  nacionales,  cuyos  afilia- 
dos se  comprometieron  á  usar  exclu- 
sivamente productos  de  la  industria 
húngara;  impidiendo  así  el  desarrollo 
industrial  del  Austria  en  Hungría. 
Elegido  diputado  en  1847,  defendió 
con  gran  elocuencia  los  intereses  de 
su  partido;  en  1848,  pidió  como  ga- 
rantía de  las  futuras  reformas  la  for- 
mación de  un  ministerio  húngaro  res- 
ponsable, y  habiendo  acudido  á  Viena 
á  presentar  la  petición  al  emperador, 
fué  recibido  en  la  capital  con  las  más 
entusiastas  aclamaciones,  y  obtuvo 
en  efecto  la  formación  del  ministerio 
Bathyanji,  en  el  que  se  encargó  del 
departamento  de  Hacienda.  Su  con- 
ducta en  el  ministerio  continuó  siendo 
conciliadora,  hasta  el  punto  de  acu- 
sarle de  tibieza  por  la  causa  nacional; 

f>ero  las  rebeliones  de  la  Croacia  ;  de 
a  Servia,  favorecidas  primero  en  se- 
creto y  después  abiertamente  por  el 
Austna,  dieron  nuevo  giro  á  los  acon- 
tecimientos, promoviendo  la  disolu- 
ción del  gabinete  Bathj^anji,  y  la  for- 
mación de  una  jnnta  de  defensa ,  á  cu- 
ya cabeza  se  puso  Kossuth,  revistién- 
dole de  poderes  extraordinarios.  Ha- 
biendo estallado  la  revolución  en  Vie- 
na, quiso  marchar  á  apoyarla;  pero 
sus  tropas  hubieron  de  ceder  ante  los 
imperiales;  éstos  en  seguida  se  enca- 
minaron á  Presburgo,  donde  entraron 
fácilmente,  y  de  allí  pasaron  áPestb, 
donde  empezaron  á  ejercer  las  horri- 
bles venganzas  dispuestas  por  el  (to- 
bierno  del  nuevo  emperador  Francisco 
José,  llevando  al  caldalso  multitud  de 
patriotas.  Kossuth,  que  había  pedido 
recursos  extraordinarios,  se  vió  obli- 
gado á  aceptar  la  guerra  de  extermi- 
nio, que  en  pocos  días  cubrió  de  ca- 
dáveres y  ruinas  el  suelo  de  Hungría, 
la  Transilvania  y  el  Banato.  El  Aus- 


tria, cada  vez  mis  apurada,  pidió 
auxilio  á  la  Rusia;  y  el  Gobierno  de 
Hungría  declaró  oue  la  casa  de  Habs- 
burgo  había  dejado  de  reinar  eu  ella, 
y  proclamó  dictador  á  Kossuth.  Este 
organizó  un  ministerio,  publicó  una 
protesta  contra  la  intervención  rusa, 
pidió  apoyo  á  los  Gobiernos  de  Ingla- 
terra y  Francia,  que  ni  le  escucna- 
ron,  y  procuró  por  todos  los  medios 
sostener  la  lucha,  que  los  ejércitos  de 
Paskiewitsch.  Haynau,  Nugent  y 
Jellachich  iban  concentrando  en  ud 
círculo  muy  limitado,  sin  que  pudie- 
ran impedirlo  las  victorias  de  Vemy 
Goerg.-y ;  el  brillante  hecho  de  ar- 
mas de  Klapka,  delante  de  Komom, 
inutilizado  por  Ga?rgey,  reanimó  nn 
momento  las  esperanzas.  Pero  un  con- 
sejo de  guerra,  en  que  Kossuth  ma- 
nifestó el  deseo  de  sostener  la  lucha 
mientras  quedara  un  solo  hombre, 
desechó  esta  idea,  y  entonces  aquél 
presentó  su  dimisión,  que  la  Uieta 
aceptó,  confirmando  el  poder  dictato- 
rial á  Gcergey.  Al  saber  la  traición 
de  éste  en  Vilagos,  se  refugió  Kos- 
suth en  Turquía,  desde  donde  poco 
después  pasó  á  Inglaterra  y  de  allí  á 
los  Estados  Unidos,  volviendo  á  djar 
otra  vez  su  residencia  en  Inglaterra, 
sin  haber  podido  visitarla  Francia  en 
aquella  época,  donde  el  gobierno  de 
Bonaparte  le  impídióá  entrar.  En  1875 
se  estableció  en  Turín  y  hacia  el  79 
dio  al  público  la  primera  parte  de  sus 
memorias,  ^ue  fué  traducida  en  fran- 
cés con  el  titulo  de  Recuerdo»  y  acri~ 
iot  de  mis  destierros  (París,  1880,en  8.') 
En  Septiembre  de  1892  fué  visitado 
en  Turin  por  20  diputados  húngaros 
que  fueron  á  felicitarle  por  haber  cum- 
plido noventa  años  y  con  este  motivo 
se  celebraron  fiestas  en  Hungría.  Mu- 
rió en  Turín,  en  20  de  Marzo  de  1894. 

Kouán.  Masculino.  Botánica,  Plan- 
ta con  cuyo  grano  se  hace  carmín. 

Etimología..  A'£>íí<in.  (Littró.) 

Krause  (Carlos  Cristian  Fbdbri- 
co).  Filósofo  alemán,  que  nació  ei; 
Eisemberg  (ducado  de  Altemburgo^ 
en  1781  y  murió  en  Munich  en  1«32. 
Fué  hijo  de  un  ministro  protestante  « 
hizo  sus  estudios  elementales  en  sa 
ciudad  natal,  enviándole  luego  su  pa* 
dre  á  completarlos  en  la  universi  dad 
de  Jena.  La  filosofía  de  Schelling  y  de 
Hegel  absorbían  entonces  toda  la  aten- 
ción de  Alemania.  Erausb  fué  á  oír  á 
dichos  filósofos,  se  apropió  una  parte 
de  sus  doctrinas;  pero  rehusó  afi- 
liarse á  su  sistema,  abriendo  en  Je- 
na (1802)  un  curso,  que  interrumpid 
en  1804  para  ir  á  continuar  sus  estu- 
dios en  Budolstadt,  Dresde  y  Berlín- 
Las  lecciones  que  dio  en  esta  última 
ciudad  tuvieron  cierto  éxito;  pero  las 
suspendió  para  recorrerla  Alemania. 
Francia  é  Italia.  A  su  vuelta  de  Fran- 
cia (1822)  abrió  en  Gcettinga  un  cur- 
so libre,  que  trasladó  en  ln31  á  Mu- 
nich, muñendo  al  año  siguiente,  en 
el  momento  en  que  daba  la  última 
mano  á  muchas  obras  las  cuales  deja- 
ba sin  terminar.  Sus  discípulos  han 

Sublicado  después  los  últimos  ^tos 
e  la  ciencia  de  su  maestro.  Uno  de 


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KRAU 


KRAU 


KRIC  30i 


ellos,  M.  Pascual  Daprat,  ha  sido  el 
que  los  Ka  dado  á  conocer  en  Fraircia. 
Krausb,  filósofo  ecltíctico,  no  tiene 
más  que  uaa  orig;iaalidad  de  segun- 
do orden.  El  mismo  resume  de  este 
modo  el  espíritu  de  su  doctrina:  «El 
sistema  de  la  ciencia  reconoce  la  críti- 
ca del  conocimiento  humano,»  j  se  es- 
fuer2a  en  ejecutar  y  completar  lo  que 
Kant  había  empezado.  <Ea  lo  que  toca 
i  los  sistemas  de  Schelling  j  Hegcl, 
participo  de  sus  opiniones,  que  son  las 
mismas  de  Platón,  sobre  la  existencia 
de  UQ  conocimiento  primitivo  j  fun- 
damental; pero  lo  que  ellos  llaman 
int»ieÍone*  tnteUcímkst  es  para  mí  la 
i»lmei¿n  de  Dios,  del  ier»  Parto  de  un 
hecho  prímitiTo  de  eoncieocia,  de  la 
iuíuición  radonalt  para  añrmar  en  él 
el  principio  de  todas  las  cosas.  Esta 
doctrina  no  es,  sin  embar^,  la  de  Ja- 
cobi,  puesto  que  Jacobi  mega  la  posi- 
bilidad de  conocer  el  principio  abso- 
luto j  se  acoge  á  la  fe.  Convengo,  por 
!o  demás,  con  él  en  que  la  afirmación 
del  Dios  vivo  es  la  condición  de  todo 
verdadero  conocimiento  de  la  vida  j 
de  los  deberes  que  á  ella  se  refieren, 
aunque  el  conocimiento  humano  no 
tenga  necesidad  para  llegará  ella  del 
sentimiento  que  supone.»  Kuiiss* 
como  se  advierte,  tiene  menos  oonTÍo- 
ciones  personales  que  deseo  de  fundir 
todos  los  sistemas  filosóficos  en  uno 
solo,  que  sería  el  eclecticismo,  debien- 
do notarse  que  su  tentativa  en  Alema- 
nia es  contemporánea  de  la  da  Víctor 
Cousin  en  Francia.  Para  él,  no  haj 
sistema  que  sea  la  verdad  absoluta; 
sólo  existe  la  ciencia,  que  los  compren- 
de, los  compara,  los  generaliza,  los 
juzga.  De  esta  manera  extiende  el 
análisis  científico  á  la  universalidad 
de  los  sistemas.  El  objeto  de  la  cien- 
cia es  el  alma  humana;  su  fin,  Dios  j 
la  naturaleza.  La  naturaleza  tiene  su 
razón  en  Dios,  obra  en  él  y  la  ciencia 
misma  toma  del  Ser  divino  su  origen 
j  su  autoridad.  El  análisis  psicológi- 
co explica  á  la  vez  la  unidad  j  la  va- 
riedad de  los  conocimientos  científi- 
cos. Esta  doctrina  ha  recibido  en  Ale* 
manía  el  nombre  de  tieíema  de  la  cien- 
cia. Se  compone  de  dos  partes.  La  pri- 
mera, es  la  parte  iuhjeíiva  ó  anaUítca, 
Corresponde  á  la  psicología  y  á  la  ló- 
gica y  constituye  el  estudio  del  alma 
Eumana.  La  segunda  parte  del  siste- 
ma es  la  sintética  ú  objetiva  y  corres- 
ponde al  estudio  de  la  naturaleza  y  de 
Dios,  á  las  ciencias  naturales,  á  la 
teodicea  y  ála  moral.  Kbausb  procede 
por  inducción  y  se  remonta,  desde  el 
individuo  material  j  observable,  hasta 
Dios,  en  cujo  seno  llega  á  descubrir 
por  el  discurso  una  individualidad 
más  poderosa,  razón  necesaria  del  in- 
dividuo terrestre.  Entre  sus  escritos 
científicos,  citaremos:  Apuntes  de  la 
l:gÜM  histórica  (Jena,  1803);  F%nda~ 
meíUo  de  «»  sistema  J.losóJico  de  las  ma- 
temáticas (Jena,  1804);  Manual  de  la 
teoría  de  las  combinaciones  ^  de  la  arit- 
mética con  una  exposición  nueva  y  clara 
i¡e  la  teoría  de  lo ^niío  éin^nito  (Dres- 
de,  1812).  Sus  obras  de  filosofía,  pro- 
piamente dicha,  son:  Ensai/os  sobre  la 


base  científica  de  la  moni  (Leipzig, 
1810);  Diario  de  la  vida  humana  (Dres- 
de,  1811);  Ensayo  sobre  el  arquetipo 
de  la  Auffianif^(it¿(Dresde,  1812);  Tesis 
^/jjo/íc¡ij(ü(Bttinga,  1824);  Compendio 
del  sistema  de  la  filosofía  (Gcettinga, 
1825):  Apuntes  del  sistema  de  la  Ugica 
(Gcettinga,  1828);  Lecciones  acerca  del 
sistemade  íajf/o50/ta(G-aettinga,1828); 
Lecciones  acerca  de  las  verdades  funda- 
mentales de  la  ciencia,  consideradas  con 
relación  ála  vidaiGoiiiWn^íL,  1829).  Los 
trabajos  de  Kbausb  sobre  el  derecho 
son:  Fundamento  del  derecho  natural  ó 
Enselvo  fñ^óMo  sobre  el  ideal  del  de- 
recho (Jena,  1803);  Apuntes  acerca  del 
sistema  de  la  filosofía  del  derecho  ó  de- 
recho natural  {GasÁúngíi,  1828).  Ade- 
más, se  le  deben  otros  muchos  escri- 
tos sobre  la  masonería,  la  música  y  el 
lenguaje,  entre  los  que  merecen  citar- 
se: ÉspiritualizaciÓn  de  los  símbolos 
fundamentales  de  la  francmasonería 
(Freigberg,  1810);  Los  tres  más  anti- 
guos monumentos  fundamentales  de  la 
francmasonería  y  su  historia  (Dresde, 
1813);  Compendio  de  la  historia  de  la 
música  con  instrucciones  preparatorias  á 
la  teoría  de  este  arte  {Qc&ttingst,  1827); 
J)e  la  dignidad  de  la  lengua  alemana 
(Dresde, 1816),  é  lutroducd-'m  á  un  nue- 
vo wcabfilariocompleto  delalengua  usual 
alemana  (Dresde,  1816).  Los  escritos 

Sóstumoi  de  Kbausb  se  componen  de: 
•eccimus  de  la  lógica  analítica  y  de  la 
enciclopedia  de  la  filoro^^  (Ocettinga, 
1836),  obra  conocida  líaio  el  titulóle: 
Teoría  del  conocer  y  del  conocimiento; 
Filosofía  absoluta  de  la  religión  (Goet- 
tinga,  1835-36,  2  volúmenes  en  8.*); 
Ensayos  estéticos  6  De  la  filosofía  de  lo 
bello  y  de  las  bellas  artes  (Gcettinga, 
1837,  en  8.°),  y  multitud  de  opúsculos 
y  artículos  en  diversas  pablicaciones 
periódicas. 

Resumen. — La  doctrina  de  Kbausb, 
más  que  el  sistema  de  un  filósofo,  es 
la  maravillosa  confusión  de  un  sabio 
dotado  de  una  erudición  increíble.  En 
su  gigantesca  literatura  parece  reñe- 
jarse  cuanto  ha  pensado  y  cuanto  ha 
dicho  la  humanidad,  mereciendo  el 
título  de  ecléctico  por  antonomasia. 
No  es  un  filósofo  de  la  escuela  ecléc- 
tica: es  el  ecléctico. 

1.  Diciendo  que  el  ser  equivale  á 
una  constante  contradicción,  profesa  la 
filosofía  de  los  orientales,  la  disolven- 
te metafísica  de  los  asiáticos,  cuyos 
tipos  más  universales  son  las  castas 
indias,  el  Ormuzd  y  Arhimán  del  ma- 
gismo persa  (el  bien  y  el  mal,  el  día 
y  la  noche),  y  la  autoridad  omnipo- 
tente de  los  faraones  de  Kgipto.  Esta 
filosofía  engendra  la  teocracia,  en  re- 
ligión; el  absolutismo,  en  política;  la 
esclavitud,  en  el  orden  civil,  la  de- 
gradación del  ser  humano,  en  el  or- 
den moral. 

2.  tiu  teoría  sobre  el  ser,  uno  y  ne- 
cesario; sobre  la  identidad  del  ser  y  de 
la  ciencia;  sobre  el  prindpio  de  la  cien- 
cia que  está  en  el  sujeto,  no  es  otra  cosa 
que  la  negación  absoluta  de  la  ley  de 
ta  contradicción,  que  establece  en  otro 
lugar,  y  un  remedo  de  la  filosofía  teo- 

I  lógica  de  la  escolástica;  de  modu  que. 


antes  que  un  sistema  de  filosofía,  debe 
llamarse  un  sistema  teológico. 

3.  Las  in  iinidualidades  incompren- 
sibles, que  halla  en  el  seno  del  pen- 
samiento universal,  dan  lugar  á  cier- 
tas corrientes  divinas,  cuya  acción  es 
eterna  en  el  seno  de  lo  infinito.  Esto 
vale  tanto  como  exponer  en  términos 
krausistas  el  conocimiento  primitivo 
y  fundamental  de  Platón,  la  mónada 
de  Pitágoras  (que  después  pasó  á  ser 
la  mónada  de  Leibnitz),  Ó  la  idea  in- 
nata de  Descartes,  ó  la  visión  celeste 
de  Malebranche,  ó  la  idea  pura,,  el 
concepto  absoluto,  da  otra  escuela  ale- 
mana. 

4..  El  reoíifSM,  que  encontramos  en 
su  doctrina,  nos  trae  &  la  memoria  la 
experiencia  de  Loke  j  la  sensación  de 

Condillac. 

5.  El  idealismo  su  sistema  lo  pone 
en  relación  con  la  metafísica  de  Kant 
y  de  Fichte,  de  quienes  ha  tomado  el 
concepto  subjetivo  y  objetivo  de  la  cien- 
cia, que  Qs  la  ciencia  misma  en  su 
principio,  en  su  acción  y  en  su  fin, 
amalgama  confusa  de  ciencia,  de  teo- 
dicea y  de  moral. 

6.  La  exposición  dogmática  de  sus 
teorías  parece  inspirarse  en  la  identi- 
dad absol^ta  de  Schelling;  aunque  debe 
advertirse  que  esto  es  más  bien  una 
concesión,  hecha  á  la  lógica  del  pro- 
cedimiento, que  una  parte  real  de  la 
filosofía  del  autor. 

7.  En  fin,  la  inmensa  doctrina  de 
Kbausb,  una  de  las  revelaciones  más 
extensas  y  prodigiosas  del  espíritu 
humano,  no  es  un  sistema;  es  un  mé- 
todo. Si  no  es  un  método,  es  eipande- 
monium  de  una  sabiduría  que  asusta. 

Kremlin. Masculino.  Palacio  de  los 
czares  de  Uusia,  en  Moscou. 

ETiuoLoaÍA.  Ruso  kremlím:  francés, 
hremlin. 

Kreutzer.  Masculino.  Moneda  de 
Alemania,  equivalente  á  la  sexagési- 
ma parte  del  ñorín,  j  que  quiere  de- 
cir cruzado. 

EriMOLOofA.  Alemán  Kreuiz,  cruz: 
francés,  krentser;  catalán,  kréutter. 

KricIinaóKrichsna.  Nombre  que 
tomó  Vishnú  en  su  octava  encarna- 
ción, la  más  bella  y  pura  de  todas. 
Según  las  leyendas  indias,  Kbiohha 
nació  en  Mathura,  de  Vasudeva  y  de 
Devakí.  El  hermano  de  éste,  Kansa 
(encarnación  de  Siva),  amedrentado 
por  una  predicción  que  amenazaba  su 
vida,  quiso  matar  á  su  sobrino.  Pero 
el  niño  fué  salvado  por  unos  pastores 

Í',  llegado  á  hombre,  triunfó  en  todas 
as  peligrosas  pruebas  por  que  Kansa 
le  hizo  pasar.  Después  de  haberle  dado 
muerte  por  su  mano,  tomó  el  partido 
de  los  pandous,  raza  oprimida  por  los 
kausous  y  aseguró  la  victoria  á  su 
jefe  Ardjuna.  &ta  lacha  ei  U  conoci- 
da con  el  nombre  de  Make^amia  (gran 
guerra).  Se^m  unos,  se  remonto  en 
seguida  al  Vaiimnia,  palacio  divino; 
según  otros,  fué  muerto  accidental- 
mente por  el  cazador  Angada ,  en  cuya 
época  comenzó  la  edad  negra  6  de 
hierro  (Kalionga).  Otra  tradición  dice 
que  el  cuerpo  del  Dios-ílombre  fué 
convertido  en  uu  trono  de  sándalo  y 


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302  KULD 


KURD 


KYRI 


ue  llevado  por  las  apuas  á  Us  orillas 
el  Orísa,  se  adora  todavía  en  Dja- 
gaentat.Seis  mil  ochocientas  mujeres, 
á  quienes  había  inspirado  amor,  se 
entregaron  á  las  llamas,  despaés  de 
su  muerte.  Bl  mito  de  Krichna  ofrece 
singulares  analogías  coa  los  de  Júpi- 
ter, Apolo,  Hércules  j  hasta  con  la 
vida  de  Jesús;  pero,  en  realidad,  no 
es  otra  cosa  que  el  símbolo  poético  de 
una  lucha  real  entre  los  sectarios  de 
Vishná  j  los  de  Siva.  La  vida  de 
Kricbha  es  el  asunto  de  un  famoso 
poema  indio,  el  Skagavttta-Purana, 
que  se  ntríbuye  á  Vopadeva,  poeta  del 
siglo  XIII,  J  que  ha  sido  traducido  al 
francés  por  a.  Bumouft  en  1841. 

Krik.  lUaealino.  Bspeeie  de  papa- 
gñw  verde  de  ¿Imáriea. 

JCttbUfti-KlMadClii-Tsn.  Empe- 
ndot  de  U  Chfiu,  j  fundador  de  la 
vigésima  dinastía  llamada  de  los  Yuan 
ó  Mogoles.  Era  nieto  del  conquistador 
Gen^is-Khan.  Nació  en  1214  j  muriá 
en  1294  de  la  era  cristiana.  Reunió  la 
China  á  su  imperio,  que  consistía  en 
la  Tartaria,  el  Pegú,  el  Tíbet  j  el  Ton- 
kín;  proteg-ió  las  ciencias  y  Us  artes  y 
publicó  un  nuevo  código  legislativo, 
tíegún  los  historiadores  chinas,  era 
excesivamente  supersticioso,  mu^  afi- 
cionado al  vino  y  á  las  mujeres  r  te- 
nía una  adhesión  ridicula  a  los  íamoi 
del  Tíbet.  El  célebre  viajero  Marco 
Polo,  comerciante  veneciano,  recorríé 
varike  inoviacias  del  imperio  elúao 
dátente  eti  xeinado  y  escrifaiá  tme  ve- 
leeidn  de  eae  viqee,  qna  faenm  con- 
siderados por  mueho  tiempo  eomo  fa* 
bul  lisos. 

Kugo.  Masculino.  Especie  de  sa- 
cerdote del  Japón. 

Kuldeos.  Masculino  plural.  Hislo- 
ria.  Nombre  que  se  dió  en  Escocia, 
hacia  el  siglo  ix,  á  unos  eclesiásticos 
que  c  imponían  el  clero  en  unión  con 
los  monjes,  j  que  pasaban  por  haber 
pertenecido  i  tt  jefftrqaie  de  los  ea- 
nóaigoe* 


EruiOLoafA.  Irlandés  eeiU  Dae,  ser- 
vídores  de  Dios:  francés,  kuldees. 

Kurdistán.  Masculino.  Geografía. 
El  KuanisTÁN  j  el  Al-I)jezireh  están 
compreadidog  en  el  país  de  Irak,  de- 
nominado generalmente  Irak-Áraby. 
Para  la  más  cabal  noticia  de  nuestros 
ilustrados  lectores,  haremos  á  conti- 
nuación una  breve  reseña  de  cada  uno 
de  dichos  territorios. 

1.  Irak-Araby.  —  Bl  Irak-Arabj, 
llamado  también  país  de  Irak  ó  de 
Irán,  comprende  la  antigua  Babi- 
lonia V  la  Caldea;  el  Kurdistán  y 
el  A.l-Djezireh  están  á  su  Norte;  la 
Persia,  al  Oeste;  el  golfo  Pérsico,  al 
Sudoeste;  el  desierto  de  Arabia,  al 
Sud  j  al  Oeste.  Su  ma/or  largura, 
desde  el  golfo  Pérsico  hasta  la  fron- 
tera kurda,  es  da  945  kilómetros;  su 
majror  anchura  es  de  278  kilómetros, 
contando  84  en  su  parte  más  estre- 
cha. Bste  país  está  regado  en  toda  su 
extensión  por  el  Eufrates  y  el  Tigris, 
en  cujas  orillas  viven  un  gran  nume- 
ro de  tribus  nómadas.  Cerca  de  Kor- 
ma  se  reúnen  ambos  ríos  y  forman 
una  sola  corriente  que,  bajo  el  nom- 
bre de  Chat-El-Arab  (Río  Unido),  di- 
rige sus  aguas  hacia  el  golfo  Pérsico. 
—Toda  la  industria  de  esta  provincia 
puede  decirse  que  está  concentrada  en 
Bagdad,  ciudad  celebre  por  sus  ricos 
bazares,  sus  tejidos  de  algodón  j  sus 
terciopelos. 

2.  Al-D^mnk.-^'BX  nombre  arábi- 
go AUDjmreh  significa  lo  mismo 
que  el  Mesopotamia  de  los  griegos; 
uno  y  otro  indican  la  situación  de  un 
paÍH  comprendido  entre  dos  ríos.  El 
Tigris  separa  esta  provincia  del  Kuit- 
DiSTÁN  j  del  Irak;  el  Eufrates  la  se- 
para de  la  Arabia,  de  la  Siria  y  del 
Asia  menor.  La  cordillera  de  monta- 
ñas del  Norte  la  sirve  de  límite  para 
con  la  Armenia;  tiene  946  kilómetros 
de  largo,  de  Sudeste  á  Nordeste;  su 
anchura  media  es  de  223  á  389  kiló- 
metros, en  que  sólo  se  halla  una  Ua- 


nura  inmensa  sin  accidente  alguno, 
monótona  como  un  mar  de  arena;  pro- 
duce ajenjo  v  algunas  plantas  aromá- 
ticas; pero  de  todos  modos,  es  país 
estéril  y  no  presenta  ni  un  solo  árbol 
grande  ni  pequeño.  Este  desierto,  se 
mejante  al  de  la  Arabia  (excepto  ep 
sus  proporciones),  está  poblado  de  as 
nos  salvajes,  de  avestruces  y  de  antí- 
lopes ó  gacelas,  presa  común  del  león 
que  loa  acecha  entre  los  tamarindos, 
los  cipreses  y  los  sauces,  que  enees 
en  las  márgenes  de  los  ríos. 

3.  Kurdistán. — Al  Sur  de  U  Ar 
menia  turca  se  presenta  el  Kurdisták 
ó  KouRDiSTÁN,  que  linda,  por  el  Este, 
con  la  Persia.  Esta  provincia,  que  tie- 
ne 695  kilómetros  de  la^  por  278  de 
ancho,  está  coronada  por  los  montes 
Gordianos,  cubiertos  de  bosques  de 
encinas  ó  de  grandes  dehesas.  Sus  ha- 
bitantes, los  Kurdos,  son  pueblos  pts- 
tores  nómadas,  sujetos  á  una  especie 
de  gobierno  feudal,  divididos  en  pe- 
queños principados. 

Kurdo,  da.  Adjetivo.  El  naíunl 
del  Kurdistán  j  lo  relativo  á  esta  re- 
gión. 

Kurtchis.  Masculino.  CuerpG  de 
caballería  entre  los  persas,  compuesto 
de  la  nobleza  antigua. 

Etimolooía.  Persa  kourtchi:  fran- 
cés, kurickis. 

Kutubut.  Masculino.  Nombre  ára- 
be de  una  especie  de  melancolía,  en 
que  el  enfermo  no  se  encuentra  bien 
en  ningún  lugar,  pasando  sin  cesar 
de  un  punto  á  otro. 

BTUiOLOOfA.  Vocablo  árahe:  eataUo, 
kutubut. 

Kwas.  Masculino.  Nombre  de  ana 
bebida  que  los  rusos  componen  con 
frutos  agrios  y  cortezas  de  pan,  pues- 
to todo  en  fermentación. 

Etimolooía.  Ruso  jIwm.- franeés, 
kmas. 

Kymry.  Kimry. 

Kyríe.  Masculino.  Kirik. 

Kjrie-Eleison.  Masculino.  Kirie. 


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L 


L.  Décimatercia  letra  da  naeatro 
abecedariOt  y  décima  de  las  consonan- 
tes. Su  nombre  es  ble.  H  Letra  nume- 
ral que  tiene  el  valor  de  cincuenta. 
(Acaobuia).  i  Cuando  tiene  una  rava 
eDcima,  L,  vale  cincuenta  mil.  |  La 
Bi>8  se  pronuncia  pegando  la  lengua 
al  paladar.  |  Es  abreviatura  de  la^ 
la*,  en  la  fórmula  de  etiqueta  social 
B.  L.  M.,  besa  la  mano;  B.  L.  P., 
besa  los  pies,  y  Comercio.  A-breviatura 
de  libra,  ya  como  moneda,  ja  como 
peso.de  cuja  palabra  es  inicial.  Q  Quí- 
mica. Abreviatura  de  liihivm  en  las 
formulas  atómicas.  ||  Imprenta  anti- 
gua. En  la  foliatura  de  los  libros, 
significaba  la  duodécima  hoja.  ||  Co- 
mo signo  de  orden,  expresaba  tam- 
bién el  duodécimo  objeto  ó  lugar  de 
una  serie.  |  NumimáUea,  En  las  mo- 
nedas francesas,  es  la  inicial  de  Louis, 
Luis,  nombre  de  varios  rejes  de 
aquella  nación.  ]  Tratándose  de  los 
rejes  Luis  XII,  Luis  XIV  y  Luis  XV, 
la  L  aparece  con  una  corona  en  la 
parte  superior.  Dos  elei  enlazadas  re- 

Eresentan  el  mismo  nombre,  por  ser 
t  ci&a  heráldica  que  usaron  en  sus 
bordados,  carruajes  V  escudos.  Q  Tam- 
bién es  la  marca  de  la  moneda  acuña- 
da en  Bayona.  J  Gramática  saiucriía. 
Ssla  vigésimaseptima  consonante  del 
alfiibeto  devanagari;  la  sexta  de  las 
consonantes  dentales  j  la  trigésima- 
novena  de  las  letras  sonoras,  f  Grama- 
Uu  hebrea.  Duodécima  consonante  del 
al&beto,  cuyo  nombre  es  iamed;  aun- 
qoe  los  gramáticos  recomiendan  que 
le  pronuncie  como  sal».  |  Gramática 
értue.  Letra  vigésimacnarta  del  alfa- 
beto j  la  déeimatercia  de  las  talares, 
euyo  nombre  es  ía».  l  Gramática  grie- 
ga. Letra  del  alfabeto,  cuyo  nombre 


ea  íámbda^  |  Como  letra  numeral, tenia 
el  valor  de  30  7  de  30.000.  en  comU- 
nación  con  nn  tilde,  semejante  á  una 
coma.  Cuando  el  tilde  se  colocaba 
después  de  la  letra,  X,,  representaba 
treinta;  cuando  se  ponía  antes,  ^X,  re- 
presentaba 30.000.  I  El  tema  U  (la) 
en  los  compuestos  significa  mucho, 
valde.  I  La  L,  en  la  misma  lengua,  es 
de  las  llamadas  ametáholot  («[utáSoXo^, 
inmutable),  aludiendo  á  que  no  pue~ 
de  cambiarse  por  ninguna  otra.  En 
las  monedas  griegas,  en  las  toserás  y 
en  los  papiros,  cuando  aparece  con  su 
forma  antigua  (<^),  7  no  con  la  poste- 
rior (A),  significa  ATKABAS  (Lü- 
KÁ.BÁS},  palabra  griega  antigua  que 
significaba  año.  Q  Gramática  general. 
La  L  viene  á  ocupar  el  mismo  lugar 
en  todos  los  alnbetos  neo-latíaos  y 
germánicos,  y  puede  decirse  que  re- 
presenta la  articulación  dulce,  líqui- 
da ó  lingual  suave  de  la  r,  que  es  la 
fuerte  líquida  ó  lingual  ruda;  y  esta 
observación  se  comprueba  ñor  el  he- 
cho de  que  las  personas  que  nronun- 
cian  difícilmente  la  r,  y  también  Us 

Eoco  instruidas,  la  sustituyen  por  la 
;  verbigracia:  ChamheU,  por  Óhani- 
herí.  Hay  además  pueblos  enteros,  tal 
como  el  chino,  que  se  hallan  en  este 
mismo  caso,  y  que  no  tienen  en  su 
lengua  la  articulación  r,  por  lo  que, 
al  naturalizar  todo  nombre  extranje- 
ro, permutan  dicha  letra  por  su  afi- 
ne, la  L.  II  La  forma  de  esta  letra,  es 
decir,  la  forma  mayúscula,  es  la  mis- 
ma en  todos  los  alfabetos  modernos  y 
en  muchos  antiguos,  tales  como  el 
armenio,  el  árabe,  el  siríaco,  el  etrna- 
co  y  el  samaritano:  no  fué  la  misma 
en  el  alfabeto  griego  antiguo,  toman- 
do una  forma  más  angulosa  é  incli- 


nada (O,  qu9  M  fvÁ  mlinciido  doa- 
paé«(  A ).  OrmáiifiB  gmarmU  D  nod^ 
cima  letra  de  los  aükbatos  alemán. 

inglés,  francés  y  catalán.  Q  Historia, 
Entre  los  lacedemonios,  la  L  era  el 
signo  distintivo  que  decoraba  el  ea- 
taudarte  de  aquel  pueblo.  |  Literatura 
latina.  Duodécima  letra  del  alfabeto 
latino,  perteneciente  al  número  de 
las  consonantes,  y  lina  de  las  que 
ordinariamente  se  liquidan  cuando 
va  seguida  de  una  muda.  |l  Muchas 
consonantes  se  cambian  en  l  por  asi- 
milicióo,  como  en  UbiuMS,  por  Uhe- 
rvtlus;  anneiAMS,  por  anni(ÍÍUw;au.^0, 
per  adligo;  «ll'ií,  por  ufiiUiu.  |  Bn  la 
primitiva  lengua  latina  no  aparecía 
como  signo  doble;  y  asi  se  escribía 
macelum,  polmam»  por  mmoiUnm,  jmí- 
lucere.  \  En  el  tránaifo  del  griego  al 
latin,  ó  sea  al  latinizarse  ciertas  pa- 
labras griegas,  la  L  doble,  es  decir, 
la  doble  lámbda,  se  conmutaba  en  li, 
lo  cual  explica  el  hecho  curioso  quo 
del  griego  ipó/Aov  (ph'!lio>iJ,  hoja,  se 
formase  el  latín  phblhim.  que  el  latín 
posterior  convirtiií  en /"liuni.  |]  (.'omu 
abreviatura,  sig^nitica  Luctus,  cuando 
va  delante  de  los  nombres  propios, 
como:  L.  Cornelius  Sulla,  Lucio  6'ci-- 
tK¿M  ^t^.  II  Epigrafía.  En  las  inscrip- 
ciones representa:  Laríbus,  latum,  ti- 
bens,  liberta,  libíríus,  loco,  longnu, 
lex,  ludí,  legio,  leuca,  lector,  lusírum, 
Lycius. 

EtiuolooU.  Latin  ¿,  l;  griego, 
A,  X,  Xf[i6¿a  (lámbda);  hebreo,.  ¿a»wt¿; 
árabe,  ¿m». 

.^«ia.— 'Baialetm  es  la  lingml  por 
excelencia,  y  en  casi  todos  loa  alfa- 
betos conocidos  tiene  la  figura  más  ó 
menos  parecida  á  una  lemjua. 

Conmutada  en  t,  eu  ube^a,  ajeno. 


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304 


LABA 


ajo,  contejOt  espejo^  myo,  ojo,  Uja,  del 
l«tf D  apicuU,  alienOf  aílie,  concilio,  spe- 
culOf  mU'Of  ocniOf  tw*Ía. 

Conmutada  en  H  (artteulacitSn  6  le- 
tra peculiar  de  nuestro  alfabeto)  la 
doble  l  de  los  latinos,  como  en  arella^ 
na,  calU,  fuelle,  muelle,  pollo,  valle, 
del  latín  avel-lana,  cal-li  6  cal-le,  fol- 
li,  mol'li,  pul-lo,  val-le. 

El  provenzal  (catalún,  valenciano, 
etcétera),  el  portugués  y  el  italiano 
conmutan  muchas  veces  la  l  de  ori- 
gen latino  en  //;  los  valencianos  di- 
cen, por  ejemplo,  espill,  j  los  portu- 
gueses, etpelko  (esp  -lio),  al  espejo,  del 
latín  speculo;  los  catalanes  y  valen- 
cianos hicieron  /í/  (hijü),/tt//a  (í"oja 
ú  hoja),  mulUr  (mujer),  v  ios  italia- 
nos. ^¿10  (fillio),  foilia  (follía),  mo^lie 
(moUie),  dellatín  fiUOt  folia,  muhere. 
— Esta  conmutación  sa  observa  tam- 
bién en  el  castellano  antis-uo,  como 
en  las  voces  baralla,  concello,  mellor, 
moller  (reñejo  sin  duda  de  la  influen- 
cia provenial),  y  otras  varias,  hov 
anticuadas,  habiéndose  vigorizado  la 
muelle  articulación  de  la  II  con  la 
sustitución  de  la  y.*  así  decimos:  bara- 
ja, consejo,  mejor,  mujer.  En  el  caste- 
llano moderno  (como  en  los  demás 
idiomas  neo-latinos)  la  conmutación 
de  la  l  sencilla  del  ktín  en  ü  es  fre- 
cuentísima cuando  la  l  de  origen  va 
seguida  de  (.*  así  es  como  de  ^milia- 
n»,  Apulia,  balista,  Btliana,  Sulalia, 
fuiÍ0Íne,  Anmiliare,  hibilia  (latín  bár- 
baro, por  Bispali),  Juliano,  Massilia, 
wíuatia,  han  salido:  Milhin,  Pulla 
Í]a),  ballesta^  Villena,  Olalla,  kolUn, 
humillar,  Sevilla,  Ulan,  Marsella,  vi- 
tualla. 

Suprimida  en  baño,  del  latín  bal- 
neo,  y  en  umbral,  que  antes  fué  ¿«m- 

bral. 

Suprimida  una  l  en  coloquio,  iluso, 
mil,  pilida,  del  latín  col-loquio,  il-lu- 
30,  mil-le,  pal-lido;  es  decir,  suprimi- 
da una  t  siempre  que  la  palabra  ori- 

final  latina  tiene  dos,  y  no  ha  habi- 
0' conmutación  en  II.  (Monlau.) 

1 .  La.  Gramática.  Forma  femenina 
del  artículo  indicativo,  que  se  ante- 
pone á  los  nombres  apelativos  y  mu- 
chas veces  á  los  propios  de  este  géne- 
ro. I  Acusativo  del  singular  del  pro- 
nombre personal  femenino  ella.  Suele 
algunas  veces  posponerse  al  verbo 
formando  una  sola  dicción  con  él. 

Etimología.  SI. 

2.  La.  Masculino.  Música.  La  voz 
sexta  de  la  escala  ó  diapasón. 

EriMOLoafA.  Ultima  nota  de  la  pri- 
mitiva escala  musical,  inventada  por 
Gui  d'Arezio,  quien  la  tomó  de  la  pri- 
mera eatro&  del  himno  da  san  Juan 
Bautista:  üTfucantlaxis  REsonare  /íbris 
Mira  ^estorum  Vkmuli  tuorum,  solw 
pollutt  Lk.bü  reatan.  La  escala  de  Gui 
d'Arezzo  constaba  de  seis  notas,  se- 
gún acabamos  de  ver;  mí,  re,  mi,  fa, 
sol,  la. 

Labact&u.  Masculino.  Saíiinica. 
Arbolito  de  Gochinchina,  de  hojas 

brillantemente  plateadas  y  de  flores  latinas  sino  desáe  la  época  de  Cons- 
blancas  muj  vistosas.  tantioo  el  Grawle;  pero,  según  I)u 


LABA 

siarca  francas,  que  nacid  en  1610  y 
murió  en  1674.  Uespués  de  ser  jesuíta 
T  distinguirse  como  predicador,  se 
hizo  protestante  fundó  la  secta  llama- 
da de  los  /a¿aiit</nf, que  subsistió  cerca 
de  un  siglo  en  Alemania.  Los  princi- 
pales artículos  de  su  doctrina  eran  la 
abolición  de  la  jerarquía  y  subordi- 
nación eclesiástica,  la  comunidad  de 
bienes  y  la  autorización  de  suplir  la 
Biblia  con  la  inspiración  interior. 

Labadismo.  Masculino.  Doctrina 
consistente  en  pretender  que  la  jerar- 
quía eclesiástica  debía  a.bolirse,  sien- 
do suplida  por  la  inspiración  interior. 

EriuoLoaÍA.  Labaaie,  teólogo  fran- 
cés del  siglo  XVII,  1610:  francés,  la- 
badisme. 

I*abadÍ8ta.  Masculino.  Partidario 
6  discípulo  de  Labadíe. 

BTiifOLOoU.  Labadismo:  firancés,  la- 
badiste, 

Labán.  Patriarca  bíblico,  que  vi- 
vía en  el  siglo  xviii  antes  de  Jesu- 
cristo. Era  nieto  de  Nacor  é  hijo  de 
Üatuel  el  ¿iirio,  de  la  familia  de 
Abraham,  y  habitaba  en  Mesopota- 
mia.  Fué  padre  de  Lía  y  de  Haquel, 
las  cuales  dió  en  matrimonio  á  Jacob 
en  recompensa  de  catorce  afios  que 
le  sirvió.  Los  bienes,  ad-ninistrados 
por  Jacob,  prosperaban  y  quería  que 
siguiese  en  su  compañía;  pero  Jacob 
dejó  i  su  suegro  sin  decirle  palabra, 
y  éste  le  siguió  por  espacio  de  siete 
días,  deseando  alcanzarle  pan  mal- 
tratarle y  cogerle  su  ganado  y  bus 
hijas;  pero  Dios  se  le  apareció  en  sue- 
ños y  le  prohibió  hiciese  el  menor 
daOo  á  Jacob.  En  el  monte  Galaad  le 
alcanzó  y  ofrecieron  juntos  sacrificios 
y  se  reconciliaron,  reclamando  Labán 
solamente  á  su  yerno  los  ídolos  que 
suponía  haberle  robado.  Jacob,  que 
estaba  inocente,  le  invitó  á  que  regis- 
trara todo  su  equipaje;  pero  Haquel, 
que  estaba  sentada  encima,  y  que  era 
quien  los  había  ocultado,  se  excusó 
de  levantarse,  fingiendo  estar  indis- 
puesta, por  no  restituir  á  su  padre 
aquel  objeto  de  superstición  y  de  &1- 
80  culto.  Contentos  unos  y  otros  se 
separaron  el  año  1739  antes  de  Jesu- 
cristo, y  se  cree  que  Labán  en  lo  su- 
cesivo se  dedicd  á  la  adoración  del 
verdadero  Dios. 

Labarino.  Masculino.  Especie  de 
turbinela. 

Etimología.  Francés  labarin,  del 
latín  labor,  Wñ,  baiar. 

Lábaro.  Masculino.  Kl  estandarte 
de  que  usaban  los  emperadores  ro- 
manas, en  el  cual,  desde  el  tiempo  de 
Constantino,  se  puso  la  cruz  y  cifra 
del  nombre  de  Cristo.  \  La  cifra  del 
nombre  de  Cristo,  compuesta  de  la 
X,  Ji,  y  PyRo,  griegas,  que  por  man- 
dato de  Constantino  se  puso  en  el  es- 
tandarte imperial,  que  llamaban  tam- 
bién LÁBARO. 

Etimoi.oo{a.  1.  Latín  lab&rum, 
e\iyo  origen  no  se  conoce.  El  vocablo 
en  cuesticin  no  aparece  en  los  autores 


EtiuolooÍa.  Vocablo  indígena. 
L«badie  (Joam).  Teólogo  y  here- 


Cange,  el  láharo  está  impreso  en  las 
medallas  de  los  primitivos  empsrado-  cióu,  vicio,  peste 


LABE 

res.  Y  como  allí  figura  á  propósito  de 
las  victorias  alcanzadas  sobre  los  bár- 
baros del  Norte,  Du  Cange  cree  que 
los  romanos  recibieron  la  bandera  j 
el  nombre  de  las  naciones  conquista- 
das. (LiTTRÉ.) 

2.  El  láharo  era  el  estandarte  mi- 
litar de  rica  tela,  bordada  de  oro  j 
guarnecida  de  pedrería,  que  los  em- 
peradores romanos  llevaban  á  campa- 
ña con  alguna  empresa  ó  divisa  de  su 
escudo.  Después  de  Constantino  Mag- 
no, se  puso  en  medio  de  aquella  ban- 
dera una  cruz  con  el  alpha  y  el  otarga 
de  los  griegos  (principio  jr  fin);  y  por 
timbre,  en  lo  alto  del  asta,  el  nombre 
de  Cristo  cifrado  en  las  dos  letras 
griegas  X  P.  (Valbubna.) 

3.  El  pueblo  latino  no  recibió  de 
las  naciones  conquistadas  la  bandera 
y  el  nombre,  puesto  que  el  vocablo 
propuesto  tiene  en  el  latín  una  raíz 
muj  conocida.  LM&rum  representa 
una  forma  simétrica  de  libare,  balan- 
cearse, ondear.  Se  le  llamó  Úbáru», 
porque  ondeaba:  catalán,  lábaro;  fran- 
cés, labarum. 

Lo  expuesto  está  conforme  con  el 
texto  siguiente:  cEstandarte  militar, 
que  llevaban  delante  los  Emperado- 
res cuando  salían  á  campañ».  Era  de 
extraña  riqueza  por  ser  tejido  con 
oro  y  adornado  de  piedras  preciosas, 
y  en  el  medio  estaba  puesto  el  nom- 
bre del  Emperador,  y  alguna  empre- 
sa suja,  y  se  le  daba  especial  culto 
por  todo  el  ejército;  pero  desde  el 
tiempo  de  Constantino  el  Magno  se 
mudó  el  epígrafe,  poniendo  en  medio 
del  una  cruz  con  el  AlpkayOmega 
de  los  griegos  á  los  lados,  y  por  tim- 
bre en  lo  alto  del  asta,  el  nombre  de 
Cristo  cifrado  en  las  dos  tetras  grie- 
gas R/loo  y  Chi.  Hoy  entendemos  por 
utnARo  el  nombre  de  Cristo  cí  Vado 
de  este  mod3.»  (Acadbmía,  Dicciona- 
rio de  nn.) 

4.  Historia. — Era  una  pequeña  ban- 
dera de  púrpura,  cuadrada,  fija  j  ten- 
dida al  extremo  de  una  lanza,  j  con 
una  franja  por  bajo.  Bn  el  centro  es- 
taban pintadas  y  entrelazadas  las  dos 
letras  griegas  X  yV,  representando á 
la  vez  el  monograma  de  Cristo  (Xpt>- 
-có^)  y  la  cruz  del  Salvador.  Constan- 
tino iba  contra  Magencío  (312),  cuan- 
do una  cruz  luminosa  se  le  apareció 
en  el  cielo  con  esta  inscripción:  iN 
Hoc  SIGNO  viNCES,  j9or  este  si^no  vence- 
rás. X  la  no.'he  sic-uiente,  vió  en  sue- 
ños á  Jesucristo,  llevando  un  estan- 
darte adornado  con  un  signo  seme^ 
jante;  y  entonces  hizo  construir  uno 
igual  al  que  había  visto  cu  manos  del 
Dios-Uombre,  y  le  llamó  lababüu, 
nombre  cujo  verdadero  origen  se  ig- 
nora. Esta  bandera  era  llevadas  la 
cabeza  del  ejército  ^  confiada  á  la 
custodia  de  50  preteríanos  de  los  más 
valerosos. 
Labaza.  Femenino.  Laupazo. 
Labdacismo.  Lambdacisvo. 
Lábdano.  Masculino.  Ládano. 
Labe.  Femenino.  Mancha,  tilde, 
plaga. 

ETuioLoaÍA.  Latín   labtt,  corrup- 


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ABE 


1.  Bl  Utín  lahei  represénU  una  for- 
mi  de  labor.  Ubi,  caer,  perecer,  morir. 

2.  Labi  es  simétrico  de  liba,  iUhas- 
u,  eiUr  para  caer,  j  da  labe$,  ruina. 

3.  Todas  esUfc  formas  esUn  en  re- 
lación con  el  Terbo  griego  lamiánd 
[U^Ttta),  coger,  arrebatar. 

4.  El  griefo  lambánd  es  paralelo  de 
lÜi  (iaSi),  ímpetu  febril,  acción  de 
coger,  inrasíÓD  (prehtmxo), 

5.  Bl  griego  labi  es  la  traducción 
^ega  del  sánscrito  láihat,  contacto, 

íaTasión;  del  verbo  lahk 

cansar,  morer.  No  cabe  en  el  método 
de  la  deri  ración  ficparar  las  siguientes 
formas:  ianscrito  uibh,  lábhat;  griego, 
UmUndy  la&9¡  latín,  Ú¿o,  lUiascOt 
htr,  Ubet, 

6.  Sia  embargo  de  la  diferencia  de 
prosodia,  las  anteriores  formas  latí- 
ais representan  la  misma  palabra  eti- 
moUgica.  Bsta  palabra  etimológica  as 
en  aueatro  juicio  el  sánscrito  labht  al- 
eaniar,  moTer,  porij^ue  la  idea  át  al- 
cance íios  lleva  a  la  idea  de  contacto; 

como  U  idea  de  contacto  implica 
)a  idea  de  sacudida  ó  de  movimiento. 
No  damos  ana  etimología;  sino  ^ue 
exponemos  simplemente  tina  conje- 
lon, 

Libelado,  da.  Adjetivo.  Conq%iUo- 
lojU,  Concha  labblada..  Concha  uni- 
fUTa  cujo  borde  interno  se  prolonga 
,    ea  ana  especie  de  labio. 

BnuoLoaÍÁ.  ¿«¿«ío:  francés,  labelU. 

Labelo.  Masculino.  Botánica.  Seg- 
mento inferior  de  una  cubierta  floral 
úiiiea,  que  se  distingue  generalmente 
por  una  fonna  j  un  color  especíales. 
El  perianto  de  las  orqaídeaa  es  un 

ÉniioLoaU*  Latín  lUbdllum,  dimi- 
nntivo  da  k^nm,  labio:  francés,  la~ 
MU. 

Labéb.  Masculino.  Botámiea,  Arbol 
■aojr  elevado  de  Madagascar. 

Labeo  (Mabco  Antistio).  Floreció 
en  Uejipo  de  Augusto,  j  gozaba  de 
gnn  repotaciiSn,  pasando  por  el  pri- 
our  jurisconsulto  de  aquella  ilustrada 
épeca.  Quedan  muchos  fragmentos  de 
sos  tseritos  incluidos  en  diferentes 
lugares  del  Diffttto.  (Di  AbousL  j 
Morante.) 

BnuoLoQÍA.  Latín  Zlibío. 

Labeón.  Masculino.  IcííoUmÍh,  Es- 
p«eie  de  pescado  peqaeflo  maUcopte- 
rigio, 

Laberia.  Femenino.  Nombre  roma- 
no de  mnjer. 

BniioLoofÁ.  Lahmúi  latín,  ¿UMa. 
(Añthtlogia  latina.) 

Labbrinticamenta.  Adrerbio  mo- 
^1<  A  modo  de  laberinto, 

BnuoLooU.  Laberíntica  j  el  su6jo 
«dverbial  mente. 

Laberíntico,  ca.  Adjetivo.  Con- 
eeraíente  ó  parecido  ¿  un  laberinto. 

Bthología.  Laberinto:  latín,  Idh- 
riMtkicm;  iuliano,  ¡ab&iniieo;  francés. 

Laberintiforme.  Adjetivo.  Que 
tiene  la  forma  de  laberinto. 

Laberinto.  Masculino.  Lagar  ar- 
tificioumeute  formado  de  calfes,  en- 
eraeijadu  j  plazaelu ,  para  que  eon- 


LABÉ 

fundiéndose  el  que  está  dentro  no 
pueda  acertar  con  la  salida.  |  Metáfo- 
ra. Cosa  confusa  j  enredada.  [  Anato- 
mía. La  segunda  cavidad  del  oído,  | 
Poética.  Composición  en  que  están  co- 
locados los  versos  ó  dicciones  de  modo 
<)ue  por  cualquier  parte  que  le  lea,  se 
encuentra  cadencia  j  sentido. 

EriiiOLoaU..  Griego  XaSúptv6o<  (la- 
b^rinihos),  por  ramarenthot,  del  egip- 
cio ra  mare,  palabra  del  rej  Jifare,  y 
el  sufijo  griego  intlm;  latín,  Ubyrin- 
thm;  catalán,  laherintQ\  francés,  tahj^~ 
riníhe;  italiano,  labirinío.  Bl  eatalan 
antiguo  tiene  tabint. 

Meeeña. — 1.  Nombre  dado  por  los 
antiguos  á  un  conjunto  de  salas  ó  ga- 
lerías numerosas,  que  se  comunicaban 
unas  con  otras,  j  a  todo  lugar  lleno 
de  revueltas  j  cortado  por  diferentes 
caminos^  encrucijadas,  hasta  el  pun- 
to de  ser  diiicil  el  hallar  la  salida. 
Había  dos  en  Egipto:  el  de  Mendet, 
atribuido  á  un  principe  de  este  nom- 
bre 7  situado  en  la  isla  del  lago  Mee- 
ris;  jr  el  de  doce  Seiores^  construido 
al  Súdate  del  mismo  lago,  haeia  el 
aao  660  antes  de  Jesucristo,  porPsan- 
mético  y  sus  compañeros  de  poder. 
Bate  último  estaba  dividido  en  doce 
palacios,  cada  uno  con  doce  puertas; 
tenía  dos  habitaciones;  una,  encima, 
7  otra,  bajo  tierra,  conteniendo  en 
suma  3.000  cámaras;  j  en  la  parte 
subterránea,  se  bailaban  los  sepul- 
cros de  los  revés  j  de  los  cocodri- 
los sagrados.  Éste  monumento  existía 
aún  en  tiempos  del  emperador  Au- 
gusto. 

2.  El  LABERINTO  de  Creta,  construí- 
do  según  se  dice  por  Dédalo,  confor- 
me al  modelo  del  de  los  doce  SeÑoree, 
estaba  cruzado  por  grandes  calles,  j 
destinado  á  sepultura  de  los  reyes;  se- 
gún la  fábula,  sirvió  de  prisión  al 
Mi  nota  uro. 

3.  Hubo  además  el  i.abb»into  áb 
Lemnos,  donde  los  cabiros  celebraban 
su  culto  j  que,  según  Plinto,  supera- 
ba i  todos  los  demás  en  maguiocen- 
cia;  j  un' LABERINTO  de  Clusium,  en 
Italia,  vasto  hipogeo,  eujo  autor  se 
cree  fué  Porsenna,  nj  de  los  clusinos 
en  la  Etruria. 

Laberio.  Caballero  romano  j  poe- 
ta cómÍQO,  escritor  de  mimos,  que  na- 
ció el  afio  648  de  la  fundación  de  Ro- 
ma. Se  citan  hasta  43  títulos  de  otras 
tantas  composiciones  suyas;  pero  sólo 
se  han  conservado  algunos  fragmen- 
tos que  andan  esparcidos  en  las  obras 
de  varios  . escritores  antiguos.  Cuéntsr 
se  de  él  que  Julio  César  le  obligó  á  re- 
presentar uno  de  sus  mimos;  y  como 
se  hubiese  excusado  inútilmente  para 
no  hacer  una  cosa  tan  poco  digna  de 
su  edad  j  circunstancias,  hace  ver  en 
el  prólogo  que  se  le  había  forzado  á 
ello,  j  alce  para  disculparse: 

A  «nim  ipti  di  negar»  eui  nikil  potuerumt 
tíoninem  ms  denagarñqmtpowtpatif 

Se  queja  luego  de  au'  mala  suerte, 
y  añade: 

Ei>90  hi»  Mettiié  aimü  actí*  «M  m»tn, 
Squu  Romaniu  tan  $gratnu  mM 
Dottum  TéMrtar  Mímtal 

fie  Tenga  luego  en  el  euM  do  la  ft- 


LAB! 


305 


bula  sembrindola  de  alusiones  pican- 
tes j  maligüas  contra  el  príncipe,  j 
dice  en  la  persona  de  Siró: 

/FftM  taMUM  Iñtrua,  romamtil 
j  poco  después  añade: 
Xta«*M  étt  «mUm  Umemtfutm  wuM  Ummi, 

Dicen  que  al  pronunciar  estas  pa- 
labras, todos  loa  espectadores  fijaron 
sus  ojos  en  César,  mu  embargo,  con- 
cluida la  representación,  el  empera- 
dor le  enrió  un  anillo  de  rmlo,  per- 
mitiéndole dejar  el  teatro.  Este  inci- 
dente le  eostó  mnchaa  humillaciones 
á  Labbbio  por  parte  de  los  demás  ca- 
balleros, j  al  fin,  murió  en  Puzoli 
diez  meses  después  que  Julio  César, 
44  a&os  antes  de  Jesucristo,  (üb  Mi- 
guel J  MOBANTE.) 

Etiuolooía.  Latín  LUbMut, 

Labia.  Femenino  familiar.  La 
afluencia  persuasiva  j  gracia  en  el 
haUar. — tBl  modo  de  hablar  suare, 
perfumado  T  afluente.  Trabe  tu  eti- 
mología del  nombre  labio,  por  la  afec- 
tación j  movimiento  de  la  boca  con 
que  se  forman  las  palabras.»  (Acadb* 
uiA,  Diccionario  de  1726,) 

Etiuolooía.  Labio:  catalán,  Ihüa. 

Labiado,  da.  Adjetivo.  Botánica, 
Se  aplica  á  la  flor  de  una  pieca  entera 
p:>r  la  base,  y  que  por  arribase  repar- 
te en  dos,  alto  j  bajo,  i  manera  da 
labios, 

ErtuoLDOÍA.  Labio:  catalán,  llabiat, 
da;  francés,  labi/;  italiano,  hbiaío. 

Labial.  Adjetivo.  .Gramática.  Se 
aplica  á  las  letras  y  roces  que  ae  pro- 
nuncian juntando  los  labios;  como 
son  la  B,  U  P,  la  V,  la  F  7  la  M.  | 
Anatomía.  Lo  referente  ¿  los  labioSf 
como  Cuando  se  dice:  articulación  la- 
bial. I  MÚSCULO  L-ABiAi,  (múscillo  or- 
bicular de  loa  labios);  múseulo  oval, 
colocado  en  torno  de  ía  abertura  da  la 
boca,  en  el  espesor  de  los  labios. 

ETUioLOOÍA.  .£a¿M/:  francés,- ¿s^mI; 
italiano,  labiale. 

Labiatifloro,  ra.  Adjetivo,  ¿ofó- 
nica.  De  flores  labiadas. 

BriMOLoaÍA.  Latín  ficticio  labiSín$t 
labiada,  y  Jos,  J¡&rUt  flor:  francés, 
labiatijlors. 

Labida.  Femenino.  Sntomologia. 
Género  de  insectos  bimeoópteros  de 
mandíbulas  moj  grandes,  eon  un  sob 
diente. 

BtuioLOOfa.  Griego  X»Sk  (l»ii')t 
pinzas. 

Labidóforo,  ra.  A^jetiro.  ZooU- 
yítf.  Que  tiene  una  especie  de  tenaaas 
en  la  extremidad  del  abdomen. 

Etimología.  Griego  XaSí?  //«M»/, 
pinzas,  V  phorótt  que  lleva:  francés, 
labidophure. 

Labiduro,  ra.  Adjetivo.  Entomolo- 
gía. Caliñcacíón  de  los  insectos  que 
tienen  la  cola  terminada  por  una  es- 
pecie de  horquilla  ó  tenazas. 

EtihologÍa.  Griego  labitt  pinias, 
j  oúra,  cola:  francés,  labidowe. 

Labina.  Femenino.  Zoología»  La- 
bio belfo  ó  prolongado  qne  tienen  al- 
gunos animales. 

EriuoLoafA.  Griego  labi»,  pinzas. 

Labiémago.  Masculino.  Botániea. 
Arbusto  de  nueTS  áitíez  piñ  de  dto. 


TOMO  ai 


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306 


LABO 


coD  hojas  lanc«ada«  de  color  Twde  Oi* 
caro  j  lustrosai. 

Etiuolooía..  Zabierno. 

Labjerno.  Masculino.  Ai.adibrna. 

Labihendido,  da.  Adjetivo.  Que 
tídoe  partido  el  labio  superior. 

I«atoiinatro.3(aaculiao.  Oittetrieu. 
Instrumento  que  consista  en  una  es- 
pecie de  compás  de  prOporciónj  adap* 
tado  á  los  mangos  del  fórceps;  cuto 
objeto  es  medir  las  dimensiones  déla 
cabeza  de  una  criatura,  contenida  adn 
en  el  útero. 

BtimoiaoÍ A.  Griego  Ubit,  pinus,  J 
mé(t'<m,  medida:  francés»  laiatiire. 

Labio,  labios.  Masculino.  La  par- 
te exterior  de  la  boca,  que  es  carnosa, 
sin  hueso  alguno  j  cubre  la  dentadu- 
ra. ||  Metáfora.  La  extremidad  jr  bor- 
de de  alguna  llaga,  vaso  ú  otra  cosa. 
B  Cerrar  los  labios.  Frase.  Ca.lla.r. 
¡  MouDüRSB  LOS  LABIOS.  Frase  meta- 
fórica. Mostrar  uno  sentimiento  ó  pe- 
sadumbre de  hallarse  burlado  6  no 
poder  ejecutar  ó  decir  lo  (^ue  desea,  | 
Frase  metafórica  j  familiar.  Violen- 
tarse para  reprimir  la  risa  ó  el  habla, 
n  No  D^üCOSBB  LOS  LABIOS.  Frase  me- 
tafórica. Guardar  silencio.  B  No  dbs- 

PpOAB  ó  NO  DBSCOSBB  ALGUNO  SUS  LA- 
BIOS. Frase.  Callar  6  no  contestar.  O 
No  uoRDERSB  LOS  LABIOS.  Frasc  meta- 
fórica y  familiar.  Decir  su  sentir  con 
desembarazo  j  libertad.  |  Sellar  el 
LABIO  Ó  LOS  LABIOS,  FrasB  metafórica. 
Callpir,  enmudecer  6  suspender  las 
palabras. 

fiTucoLOOÍA.  1.  Latín  ViHum,  forma 
de  ianb^rtt  lamer,  cujo  Yerbo  es  toz 
imitatira.  (Cita  dt  Dk  Miqubl  j  Mo- 
nAíJTa.) 

2.  Gl  latín  lambtre  se  refíeñ  al-^rie- 
go  Xáicmv  (Uptem),  lamer:  el  labio  es 
el  órgano  que  lame.  A.  esta  misma  se- 
ria corresponde  el  alemán  Lipptt  lar- 

bio.  (LiTTBd.) 

3.  La  derivación  es  la  úguiente: 
sánscrito  Up  anunciar,  ha- 
blar, porque  el  labio  es  el  órgano  de 
la  palabra;  Upoi^  boca,  discurso:  li- 
tuaniot  ¿Hjw,  ¿tpimiu;  céltico,  lap;  ale- 
mán, Lippe;  inglés,  lip;  griego,  Xxn- 
Tiiv  (Uptein),  lamer;  latín,  Ubíum, 
por  Ídpi»m;  iamberót  por  laphSre;  ita- 
liano, iabbroi  &ancÓ8,  Uwe;  proven- 
zal,  úbrat;  catalán,  llabi.  Ubi. 

lUtda. — Z^bio  no  se  derivó  de  la- 
mer; sino  lamer  de  ¿sMo^  porque  el  ór- 
gano quQ  Ume,  existid  antes  que  la 
aseión  de  lamer. 

Labio-nasal.  AdjetiTO.  Gramáti- 
ca. Epíteto  de  las  letras  que  se  pro- 
nuncian con  los  labios  j  la  nariz,  co- 
mo la  flf , 

Etíuolooía.  Labio  y  nasal:  francés, 
íabio-nasaly  labtale  natale. 

Labo.  Masculino.  Ornitología.  Gé- 
nero de  aves  palmípedas  longipennes. 

SríMOLpoÍA.  Griego  labis,  pinzas. 

Lanpr.  Femenino.  Trabajo,  así  por 
la  acción  como  por  el  efecto  de  traoa- 
jar.  I  En  las  telas  j  otras  cosas  es  lo 
mismo  que  DIBUJO.  |  La  obra  de  coser, 
bordar,  etc.,  en  que  se  ocupan  las  mu- 
jeras.  I  Usado  sienipre  con  el  articulo 
¿0,  es  la  eséaeU  de  niñái  donde  aprea- 


LABO 

den  i  hacer  labor;  j  en  este  sentido 
se  dice  ir  á  la  labor,  sacar  la  niña  de 
la  LAEo  t.  I  Labranza,  en  especial  por 
la  de  las  tierras  que  se  siembran.  U 
Cada  una  de  las  vualtas  de  arado  ó 
cavas  que  se  dan  á  la  tierra.  \  Entre 
los  fabricantes  de  teja  v  ladrillo,  cada 
millar  de  esta  obra.  |  Provincial.  La 
simiente  de  los  gusanos  de  seda.  | 
bianca.  Entre  las  labores  mujeriles 
es  la  que  hacen  en  lienzo.  \  Hacer 
LABORii.  Frase.  Provincial  Aragón. 
Tomar  las  medidas  convenientes  para 
la  eonsecueión  de  alguna  cosa.  Q  Mb- 

TBR  BN  LABOR  LA  TIERRA.  FrSSe.  Ls- 

brarla,  prepararla  para  la  semente- 
ra. U  Vivir  db  sus  labores.  Frase  fa- 
miliar. Vivir  de  su  trabajo;  especial- 
mente, de  la  costura. 

GTiMOLOafA.  \.  Latín  IMor^  en  rela- 
ción con  ídbo,  labar«y  estar  para  caer, 
vacilar,  (De  Mioubl  t  Mobahtb.) 

2.  Littré  refiere  el  latín  l&bor  al 
antiguo  alemán  arapeit;  alemán  mo- 
derno, Árbeitf  del  sánscrito  arabh, 
rabh,  obrar  Tiolentamente,  moverse 
con  rigor,  cujo  origen  peca  de  exce- 
sivamente erudito. 

Derivación.—  Latín  lUbo,  vacilar; 
lÜbort  trabajo;  italiano,  laboro;  fran- 
cés, labeur;  provenzal,  Ubor,  ¿Mr;  ca- 
talán antiguo,  labor, 

3.  La  significación  del  vocablo  la- 
tino'es  tan  extensa  como  puede  infe- 
rirse de  los  siguientes  textos:  laborbs 
uterit  «las  labores  6  tirabajos  del  úte- 
ro;» esto  es,  los  hijos  (Claudio):  la- 
bores belU,  «los  trabajos  ó  empresas 
militares»  (Viboilio):  accracit  labor, 
«crece  la  enfermedad»  (Plauto):  la- 
BORBU  Siutinere,  «sostener  el  peso» 
(ViTRUBio):  ret  na^ni  labobbs,  «cosa 
de  gran  trabajo;»  esto  es,  majr  difí- 
cil (Cicbbón):  i«  LABonB  m«0,  «en  mis 
infortunios»  (Inxu):  tumptnm  ei  labo- 
BBM  iniumere  in  rem  aliguam,  «hacer 
gastos  j  ssftierzos  (laboree)  para  reali- 
zar alguna  empresa»  (Idem):  labores 
magnat  suspicere,  «soportar  el  peso  de 
grandes  trabajos»  (loBic):  operum  labo* 
RBu  miraíur,  «admira  el  trabajo  de  los 
artistas*  (Vmoiuo):  labores  Lucina, 
«las  labores  de  Lucina;»  esto  es,  el 
partu.  (Idem.) 

4.  El  mismo  autor  tiene  una  ex- 
presión sumamente  feliz:  solis  lunttgue 
labores,  «las  labores  del  sol  y  de  la 
luna;»  es  decir,  los  eclipses. 

5.  Por  consiguiente,  el  latín  ISbor 
significa:  trabajo,  molestia,  desgra- 
cia, sufrimiento,  dolor,  enfermedad, 
solicitud,  cuidado,  artificio,  obra. 

Laborable.  Adjetivo.  Lo  que  se 
puede  laborear  Ó  trabajar. 

ETiMOLóifA.  Laborear:  francés,  Is- 
bourahle. 

Laborado,  da.  Participio  pasivo 
de  laborar, 

Etiuoloqía-  Latín  Idhdr&tut,  parti- 
cipio pasivo  de  Idbdrare:  catalán  anti- 
fi^uo,  taioraí,  da;  francés,  labowré\  ita- 
liano, lavorato. 

Laborador.  Masculino.  Trabaja- 
dor ó  LABRADOR. 

Etimolcoía.  Laborear:  provenzal. 
laborador,  la&oraire,  laboraire;  bu^ui- 
üún,  iniboreií  francés  del  siglo  xui, 


LABO 

laboreor;  moderno,  laborenr;  italiano, 
iavoraíore;  latín  de  san  Agustín,  IH- 
bdraíor. 

Laborante.  Participio  activo  anti- 
cuado de  laborar.  El  que  labora  6  tra- 
baja.— «El  oficial  i^ue  trabaja  en  cual- 
quier especie;  particularmente,  en  te* 
las  r  sedas.»  (Acadbuu,  Dicctonarij 

de  me.) 

BTiuoLoaÍA.  Latín  laborante,  abla- 
tivo de  lUbSranSf  aniit,  participio  de 
presente  de  l^borire. 

Laborar.  Activo  anticuado.  La- 

LRAB,  ( 

EtiholoqEa.  Laborear. 

Laboratorio.  Masculino.  La  ofici- 
na en  que  se  hacen  las  operaciones 
químicas,  las  farmacéuticas  v  las  ex- 
periencias de  la  biología.  Q  Toda  ofi- 
cina en  que  se  practican  opéracíonei 
semejantes,  como  cuando  decimos: 
«tiene  un  labobatobio  de  destila- 
ción.» I  Metáfora.  Se  aplica  i  los  he- 
chos naturales,  en  euvo  sentido  se 
dice:  «el  labom^tohio  de  la  naturale- 
za,» para  significar  el  seno  de  la  tie- 
rra, de  las  aguas,  de  la  atmósfera, 
crisol  inmenso  en  que  una  química 
portentosa  opera  las  primeras  modifi- 
caciones de  las  substancias.  Nada  mis 
común  qué  oír  decir:  «todo  se  transfin- 
ma  en  el  laboratorio  del  universo;» 
«el  astro  es  el  laboratorio  de  la  lux.» 
Q  También  se  emplea  en  sentido  mo- 
ral, como  cuando  se  dice:  «el  espíritu 
humano  es  el  laboratorio  invisible 
de  las  ideas.» 

Etíuolooía.  Laborear:  oatalán,  U- 
boruiou;  francés,  laboraiotre;  italiano, 
laboratorio. 

Laborcica,  lia,  ta.  Femsnino  di- 
minutivo de  labor. 

Laborear.  Activo.  Labrar  ó  tra- 
bajar alguna  cosa.. |  Neutro.  Marina. 
Pasar  y  correr  un  cabo  por  la  roldapa 
de  algún  motón.  U  Beneficiar  las  tie- 
rras o  los  campos. 

ETmoLooÍA.  Latín  lüiSrSre,  tomt 
verbal  de  Ubor,  labor,  trabajo:  italia- 
no, lavorare;  francés,  ¿aAovrtfr;  provep- 
zal,  laborar^  horar,  laurar;  cataUa 
antiguo,  laborar;  picardo,  rabonrer. 

Laboreo.  Masculino.  Minas.  El 
trabajo  que  se  hace  en  las  minas 

fiara  descubrir  y  extraer  los  metí- 
as, y  Marina.  El  orden  y  disposición 
de  los  que  se  llaman  en  las  embarca- 
ciones cabos  de  labor  para  el  conve- 
niente manejo  en  las  vergas,  maste- 
leros y  velamen.  |  Bl  eoftivo  da  U 
tierra  ó  del  campo. 

Etuiolooía.  Laborear:  italiano,  Is- 
vóreccio;  francés,  la^oara^e;  provenial. 
laboratge;  burgui&ón,  laiboraige. 

Laborera.  Adjetivo  anticuado  qne 
se  aplicaba  á  la  miyer  diestra  en  las 
labores  de  manos. 

Laborinto.  Masculino  anticuado. 
Ladebinto. 

Laborío.  Masculino,  Labob  ó  iva- 
bajo. 

Laboriosamente.  Adverbio  de  mo- 
do. Con  laboriosidad.' 

Etíuolooía.  Laboriosa  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  latín,  ¿¿[¿m9f«;itaHa- 
uo,  laboriosamenU;  francés,  hborietáC' 
ment;  catalán,  lak^  lQSamtnt. 


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LalwríoBidad.  FdmeniDO.  Aplíca- 
dia  ó  iitclinación  al  trabajo. 

BnuóLoaÍA.  ZíiloñMo:  catalán,  Ut- 
horiañíai;  fi-ftDcés,  lahorímU;  iíaM^- 

Ménl  de  U  /««tiw.— La  laborio- 
MDAO  «a  la  graa  hacienda  del  indÍTÍ- 
doo.  Bl  hombre  laborioso  no  puede 
ser  pobre. 

Laborioso,  m.  AdjetÍTO.  Trabaja- 
dor, aficionado  al  trabajo»  amieo  de 
trabajar.  J  Trabajoso,  penoso.  ¡  Di- 
omi^N  LABOBiosA.  La  que  se  rerifíca 
da  aa  modo  lento  j  con  cierta  penosa 
di&saltad.  |  Parto  labobioso.  Bl  que 
excede  de  veinticuatro  horas  y  que 
reelama  los  auxilios  del  arte;  acaso  el 
mío  de  ÍDatramentos,  sin  embargo  de 
la  buena  dúpoueítSn  6  litoación  de  la 
cristura. 

EnuoLoaÍA.  Za&or:  latín,  Uhorid- 
tui;  iUlian^D,  ¡^ariwi^  francés,  la6o- 
rien;  provanzal,  iahtnotj  catalán, 

Lftbra.  Famanino.  CamterU»  La  ac- 
dte  da  labru  la  piedra. 

Labrada.  Femenino.  Labbado, 
por  la  tierra  arada,  barbechada  p 
dinuesta  para  sembrarla  al  año  si- 
patente.  ]|  Plaial.  Qtmania,  Las  he- 
billas. 

BriuOLOafA.  Labrar:  catalán,  ¿¿aH- 
riif  7  lUurd:  camp  de  llaubó;  ccam- 
po  da  labranza:»  llauró  de  pa;  stierra 
de  labor:»  segona  iXaubó;  csegunda 
Taelta.» 

Lakmdeo.  Masculino.  Mitolojia. 
Sobrenombre  da  Júpiter  entre  los  an- 
liffBos  pueblos  del  Asia  menor. 

nuioLoaía.  Latín  Zairaáeut.  (Pu- 
m) 

labradero,  ra.  Adjetivo.  Lo  que 
ea  proporcionado  pan  la  labor  j  se 
pOKÍa  labrar. 

Labradlo,  dia.  A^jetÍTo.  L&bban- 
Tto. 

Labrado,  da.  Adjetivo  que  se  apli- 
ca i  las  telas  ó  géneros  que  tienen  ai- 
rona labor,  en  contraposición  de  los 
Iisoa.  I  Mascnliao.  El  campo  que  está 
labrad.  Se  usa  más  comunmente  en 
plural.  {  Plural.  Gfermanía.  Los  boti- 
aes  ó  borceguies.  U  Participio  pasivo 
ie  labrar. 

BnHOLOOÍA.  Labrar:  catalán,  la- 
bnt,  da,  pulido,  a;  Ikurat,  da,  an- 
do, da. 

Labrador.  Masculino.  El  que  la- 
bra la  tierra.  Q  Masculino  y  femesÍDO. 
Kl  ^ae  posee  hacienda  de  campo  j  la 
cultiva  por  su  cuenta.  H  El  que  vive 
en  aldea  6  paeblo  pequeño,  j  aunque 
no  H  ocupa  en  la  labranza,  tiene  el 
traje  v  costumbres  de  los  labradores. 
I  Atyetávo.  Lo  que  trabaja  ó  es  á  pro- 
patito  para  trabajar. J  Femenino, 
&ermania.  La  mano,  g  Labrador  chu- 
CHiao,  NUNCA  BUEN  APBRO.  Refrán  con 
que  se  denota  que  el  labrador  que  se 
distne  en  la  caza,  adelanta  poco  eu  la 
l^ranza.  |  Labrador  db  capa  neoba 
FOCO  ICBDRA.  Refrán  con  que  se  da  á 
eoteider  que  lo  que  pierde  á  los  la- 
bradoxee  es  el  lujo. 

EriHOLoafa.  Labrador:  catalán^ 
Uatrador.  a. 

Labrador  ^Juan).  Pintor  eiípaflol 


LAfik 

de  la  escuela  sevillana,  que  nació  en 
la  primera  mitad  del  siglo  xvi  j  mu- 
rió en  1600.  Fué  discípulo  del  divino 
Morales  j  no  pintó  mas  que  asuntos 
da  naturaleza  muerta,  igualándole  po- 
cos artistas  en  la  representación  de 
flores  jr  frutos.  Bn  el  palacio  de  Ma- 
drid se  ven  varios  ^orerot  j  /nierot 
hechos  de  su  mano. 

labrador  (Pbdbo  Góubz).  Diplo- 
mático español,  que  nació  á  fines  del 
siglo  último  j  muríd  en  1843.  Asistió 
al  Congreso  de  Víena,  cu^as  actas  se 
negó  &  firmar,  por  creer  menoscaba- 
da en  ellas  la  dignidad  de  EspaSa: 
pasó  al  servicio  del  Pretendiente,  á  la 
muerte  del  rej  Fernando  Vil,  jr  fué 
empleado  por  aquél  en  varias  nego- 
ciaciones. Dejó  un  opúsculo  sobre  el 
Comreto  de  Viena, 

Labradora.  Femenino.  En  la  ger- 
manía  significa  la  mano.  (Juan  Hi- 
DALOO,  en  su  Vocabulario.) 

Labradoroico,  ca,  lio,  Ua,to,  ta. 
Masculino  y  femenino  diminutivo  de 
labrador,  ra. 
Labradoresco,  ca.  Adjetivo.  Lo 
ue  pertenece  á  labrador  y  es  propio 
eél. 

Labradorita.  Femenino.  Minera- 
logía, Variedad  de  feldespato,  que 
abunda  en  las  costas  del  Labrador. 

Etimología.  Labrador:  francés,  la~ 
bradorite,  labrador. 

Labrandera.  Femenino  anticua- 
do. La  mujer  que  sabía  labrar  6  hacer 
labores  mujeriles. 

Labrante.  Masculino.  El  que  en- 
talla las  piedras. 

ETiifOLOOÍA.  Labrar. 

Labrantín.  Masculino.  El  labra- 
dor de  poco  caudal. 

Labrantío,  tía.  Adjetivo  que  se 
aplica  al  campo  6  tierra  de  labor. 

Labransa.  Femenino.  El  trabajo 
de  cultivar  la  tierra,  g  La  agricultura 
y  arte  de  labrar  las  tierras,  ó  la  profe- 
sión de  labrador.  |  Hacienda  de  cam- 

Eo  ó  tierrás  de  labor.  U  Anticuado, 
abor  ó  trabajo  de  cualquier  arte  ú 
oficio. 

BtiuoloqU.  Labrar:  catalán,  Iktu- 
ransa. 

Labrar.  Activo.  Trabajar  en  algún 
oficio,  n  Trabajar  alguna  materia  re- 
duciéndola al  estado  ó  forma  conve- 
niente para  usar  de  ella;  y  así  se  di- 
ce: LABftAB  la  madera,  labrar  plata, 
etcétera.  |  Cultivar  la  tierra.  ||  Arar, 
I  BoiFiOAB  6  mandar  edificar.  |  Coser 
ó  bordar  6  hacer  otras  labores  muje- 
riles. I  Neutro.  Hacer  fuerte  impre- 
sión en  el  ánimo  alguna  cosa,  y  en 
especial  cuando  es  gradual  y  durable, 

Etiuqlooía.  Laborear:  catalán  anti- 
guo, labrar,  pulir;  moderno,  llaurar, 
arar,  beneficiar  la  tierra. 

Labrax.  Masculino.  7c¿io¿0^ía.  Pes- 
cado conocido  vulgarmente  con  el 
nombre  de  \oho  marino. 

ETiuoLoaÍA.  Labro. 

Ijabrero,  ra.  Adjetivo  que  se  apli- 
ca á  las  redes  de  cazonal,  ó  que  sir- 
ven para  la  pesca  de  tos  cazones. 

ETiMOLoaíA.  Labro. 

Labriego.  Masculino.  El  iildeano 
y  labrador  rústico. 


Laca  30i 

Etiuoloo^a.  Labrar, 
LabrieUo.  Masculino  anticuado  di- 
minutivo  de  labro,  por  labio. 
EtiuolooU*  Latín  IdbelUm,  (Ciob- 

BÓN.J 

Labro.  Masculino  anticuado.  La- 
bio. Q  Ictiología.  Pescado  agradable^ 
de  variados  colores.  ||  Zoología.  Labio 
superior  de  los  mamíferos,  ||  En^no- 
logia.  La  pieza  que  forma  la  extremi- 
dad del  pico,  en  los  insectos,  v  que 
hace  las  veces  de  labio  superior.  \ 
Conquiliología,  Borde  extremo  de  una 
concha  univalva. 

ETiMOLoaÍA.  Latín  labrut^  forma  de 
lahrum,  labio,  por  semejanza  de  figu- 
ra: francés,  lawre,  eenero  de  pescados 
que  tienen  los  laoios  dobles  j  car- 
nosos. 

Labroideo,  deo.  Adjetivo.  But»- 
ria  natural.  Parecido  al  labro. 

EriMotoGÍA.  Lobroides, 

Labroides.  Masculino  plural.  le- 
tiologia.  Familia  de  pescados,  cnjo 
tipo  es  el  ginero  labro. 

Etiuoloo^a.  Latía  la6ru$,  labro^j  el 
griego  eUoi,  forma:  francés,  ¡a^r^tdes. 

Labrusca.  Femenino.  La  vid  sil- 
vestre. 

ETiicOLOaÍA.  Provenzal  labrusca:  ca- 
talán, llambrusca;  francés,  labriuque, 
lambuche,  lambrusque;  Berrv,  lambreu- 
cke;  italiano,  lambrusca;  del  latín  la- 
brusca, viña  silvestre. 

Laca.  Femenino.  Especie  de  goma 
resinosa,  muj  encarnada,  que  elabo- 
ran sobre  las  ramillas  de  un  árbol  de 
la  India  oriental  y  de  Méjico  ciertos 
insectos,  y  que  regularmente  se  trae 
en  granos  pegados  á  los  palillos  de  di- 
chas ramillas.  U  Color  rojo  que  se  hace 
del  extracto  de  la  cochinilla,  de  la 
raíz  de  la  rubia  y  del  palo  del  Brasil. 
Q  En  general  suelen  dar  este  nombre 
los  pintores  á  los  colores  que  M  ex- 
traen de  varios  vegetales. 

EtiuoloqÍa.  Sánscrito  lakshA^  in- 
secto que  da  esa  especie  de  goma; 
lakíaia,  la  laca;  caldeo,  ¿iiila;lnba- 

persa,  lakkylsk  (jj;);  italiano,  Za<í(»; 

francés,  laque;  provenzal,  laca;  cata- 
lán, llaca, 

Reseña. — 1.  Los  indios  de  la  costa 
del  Malabar  la  denominan  caiulacca, 
cayo  primer  elemento  es  el  malaxo 

kagou  (  ^    ),  que  significa  árbol. 

2.  Los  árabes  aplican  también  el 
nombre  kkk,  louk,  likk»  á  ciertas  subs- 
tancias colorantes,  análogas  á  la  laca. 
(fferbarium  ÁmboinenseTj 

Lacaisimo.  Masculino  &miliar. 
Lacayo.  (Caballbbo,) 

Lacambra  y  Larroca  (Josá  An- 
tonio). Médico  español,  que  nació  á 
principios  del  siglo  xviii  y  murió 
en  1776.  Fué  profesor  de  anatomía  en 
Zaragoza,  médico  del  hospital  de  Gra- 
cia de  la  misma  ciudad,  director  de 
su  anfiteatro  anatómico^  socio  de  la 
Academia  de  Oporto.  Dejó,  entre  otras 
obras,  las  siguientes:  Materia  medica 
alphabetica  sinopsis  y  Operaeién  médica 
ieifrico  práctica. 

Lacazgama.  Femenino.  Botánica. 
Planta  de  faojas  parecidas  á  las  de  la 


3 


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áÓ3 


LACA 


buglosa  silvestre, con  flores parpúreas 
y  semilla  cenieieata. 

Lacatana.  Femenino.  Botánica, 
Variedad  del  banaDO,  cultÍTado  en  Fi* 
lipinafl. 

Etuiolooía.  Vocablo  indígena. 

Lacato.  Masculino.  Química.  Com- 
binación del  ¿eido  láccico  con  una 


Lacayatrii.  Fomeniao  fiuniliar, 
Gaiu)A. 

EmiOLoaÍA.  Lacayo. 

Lacayo.  Masculino.  Criado  de  li- 
brea cuja  principal  ocupación  es  se- 
guir &  su  amo  á  pie,  i  caballo,  ó  ja 
en  la  trasera  del  coche,  ja  en  el  pes- 
cante del  mismo,  según  sea  su  cons- 
trucción. I  Anticuado.  El  mozo  de  es- 
puelas, ü  Anticuado.  Soldado  ligero 
de  á  pie,  de  dos  que  acompafiaban 
como  escuderos  á  los  caballeros  y  ri- 
cos hombres  en  la  guerra  j  otros  lan- 
ces de  empeño.  |  Lazo  de  cinta  que 
llevaban  las  mujeres  colgado  de  la  ca- 
misa ó  jubón. 

.  BtmolpoU.  Vos  de  incierto  ori- 
gen, pues  unos  la  sacan  del  etíope, 
otros  del  latín,  del  vascuence,  del 
gríe^  moderno,  del  italiano,  del 
godo,  del  árabe,  del  alemán,  etc.  Su 
primera  acepción  fué  mozo  do  emtelaSi 
que  va  delante  del  sefior  enando  éste 
monta  &  oiballo.  cBs  vocablo  alemán, 
aflade  Covarrubias,  introducido  en 
Bspaña  por  la  venida  del  rej  Filipo, 
que  antes  no  se  conocía.»  Lope  de 
Vega,  en  una  de  sus  comedias,  (que- 
riendo burlarse  sin  duda  de  las  etimo- 
logías de  sonsonete,  descompone  la~ 
cayo  de  acá  (haca)  j  ayo. 

TA  UsTftria  tu  oca, 
pnu  yo  aeré  da  oca  «1  ayo,  y  or«a 

Ínl»  potqa*  «luafta,  y     d«l  acá  «1  ayo, 
I  dieron  Mta  nombr*  d«  Zioeayo. 

(ifoiLAUO 

iJtfnVactcAi.— Catalán  alacayo,  laca-- 

Ío;  francés  del  siglo  xv,  laguariz,  en 
tu  Cange;  halagues,  alagues,  alacays, 
lacayt,  en  el  mismo  autor;  siglo  xvi, 
laquaiSf  forma  moderna;  italiano,  lac- 
ché. 

1.  cZacd^o  representa  una  forma  de 
laca,  aludiendo  á  que  el  traje  de  los 
primitivos  lacajos  era  rojo.»  (Anó- 
nimo.) 

2.  Latín  Uecire,  lamer,  golosinear, 
de  donde  proceden  el  provenzal  les, 
lacai,  goloso;  antiguo  portugués,  ka- 

CO,'{DÍBZ.) 

3.  Arabe  /«¿tu,  exponer;  lacayo 
quiere  decir  expósito.  (Hbbbei.ot.) 

4.  «Latín  ISqueare,  sujetar;  de  ¿o- 

Í'uíus,  nodo,  derivado  de  las,  Uteit, 
azo.»  (Anónimo.) 

^(0ma.— «El  francés  la^uait  es  una 
forma  idéntica  del  latín  lágneus,  IS- 
queSre.» 

Sentido.— '«E\  lacayo,  gente  engan- 
chada para  la  guerra,  sígniñca  ama- 
rrado, sujeto.» 

5.  Arabe  lakiyy,  sirviente,  criado. 

(PlUAU.) 

Primera  etimología. — Lacayo  no  pue- 
de derivarse  de  Laca,  porgue  laca  es 
vocablo  del  siglo  xvi,  mientras  que 
lacayo  aparece  á  principios  del  si- 
glo XV, 

StgyMáa,.—'&\  latín  ¿wcirr.  lamer. 


tACfi 

hubiera  producido  Ucayo,  leceayo,  Ur 
quait,  lecchi,  de  cujas  formas  no  haj 
ejemplo.  Por  otra  parte,  la  significa- 
ción de  goloso,  que  Diez  atribuje  al 
vocablo  en  cuestión,  ño  se  relaciona 
con  el  sentido  histórico  de  la  vos  la- 
cayo. 

Tercera, — ^El  árabe  laeaa,  exponer, 
no  está  conforme  con  el  significado 
etimológico  del  nombre  propuesto. 

Cuarta. — La  simetrís  que  se  nota 
entre  el  latín  USqueus,  nudo,  j  el 
francés  lajuait,  hombre  sujeto  al  ser- 
vicio de  otro,  no  tiene  ninguna  sig- 
nificación, puesto  que  la  forma  radi- 
cal no  es  lagnais,  sino  laquarit,  hala- 
gnest  alagues,  alacays,  lacayt;  lo  cual 
demuestra  que  el  vocablo  francés  se 
deriva  del  español  lacayo, 

Quinta. — Arabe  lakiyy^  servidor, 
dependiente. 

Forma. — La  A  árabe  es  evidente- 
mente la  c  del  vocablo  español,  del 
mismo  modo  que  las  áos  yy  de  lakiyy 
son  la  y  de  lacayo  j  lacayt,  cuja  ulti- 
ma forma  se  encuentra  en  Du  Cange. 
Puede  asegurarse  que  la  y  griega  del 
vocablo  francés  es  la  y  del  vocablo 
español;  así  como  la  y  del  vocablo 
español  representa  sin  duda  las  dos  yy 
del  nombre  árabe. 

Sentido. — El  primer  laeajo  era  ana 
especie  de  escudero  que  acompañaba 
á  su  señor  á  la  guerra,  de  donde  vie- 
ne al  francés  laquais  la  significación 
de  gente  enganchada  ó  de  soldado, 
que  tiene  en  los  antiguos  textos.  La 
etimología  de  Pihau  es  la  que  más  se 
ajusta  al  espíritu  j  á  la  letra  del  vo- 
cablo en  cuestión, 

Lacayota.  Femenino.  Botimca. 
Planta  trepadora  de  la  América,  j  el 
fruto  de  la  misma. 

EtiuolooÍa,  Vocablo  iniiaena, 

Laeaynelo.  Masculino  diminutivo 
de  lacajo. 

Lacayuno,  na.  Adjetivo  familiar. 
Lo  perteneciente  al  lacajo. 

Láccico,  ca.  Adjetivo.  Q,uimica. 
Acido  Láccico.  Ácido  que  existe  en 
la  laca,  en  estado  natural,  ó  sea  en 
bastnnes. 

EtiuolooÍa.  Laca:  francés,  lacctque. 

Laccina.  Femenino.  Substancia 
resinosa  pura  que  Jorma  la  base  de 
las  lacas  del  comercio. 

Etiuolooía.  Laca:  francés,  lacdne. 

Laccifero,  ra.  Adjetivo.  Que  pro- 
duce goma  laca. 

ETiMOLoa¿A,.  ZoM  y  ferrt,  llevar  6 
producir. 

Lacear,  Activo,  Adornar  con  la- 
zos, y  Atar  con  lazos.  |  Disponer  la 
caza  para  que  venga  al  tiro  tomándo- 
te el  aire. 

Etiuoloqía,. ¿oro:  provenzal,  lassar, 
lachar;  valún,  lési;  namurés,  lási;  ita- 
liano, allacciare;  francés,  lacer. 

Laceario,  ría.  Adjetivo.  Zoología. 
Que  tiene  la  cola  comprimida. 

Etiuolooía.  Lato,  por  semejanza 
de  furma. 

Lacedemón.  Adjetivo.  Lacbobuo- 
Nio.  I  Mitología,  Hijo  de  Jiipiter  j  de 
Ta^gtíta,  que  dió  su  nombre  á  Espar- 
ta, donde  fué  el  cuarto  rej.  Los  la- 
cedemuniüs  la  atribuían  la  introduc- 


Lacé 

cíón     cuito  de  las  gradas  «nOfeeU. 

ETiuoLOofá.  Latín  L&cUesnon,  Li' 
cedamonit,  hijo  de  Júpiter  j  de  Taj- 
geta,  fundador  de  una  ciudad  célebre 
que  se  llamó  Laeedemonia, 

Lac3demonii.  Femenino,  ffeoyra- 
/ta  antigua.  Ciudad  de  la  Grecia,  en 
el  Peloponeso,  célebre  por  sus  lejes, 
por  sus  hazañas,  por  sos  oonqnistu  j 
sus  costumbres, 

Etuiolooía.  Laeedmdn:  latín, 
aidamSnta;  catalán,  Laeedemonia;  fran 
oés,  Lacédémone;  italiano,  ¿a«(¿mmú. 

Reteña. — Uno  d«  los  dos  nombres 
qne  se  daban  i  la  ciadad  de  Esparta. 
No  obstante,  el  nombre  de  lacÉdbuo- 
Nios  se  aplicaba  principalmente  á  loi 
habitantes  del  territorio  de  Esparta; 
j  el  de  espertiatet  6  «tpío-tanci,  i  los 
de  la  ciudad. 

Lacedemónico,  ca.  Adjetivo. 
Concerniente  á  los  lacedemonios. 

Lacedemonio,  nía.  Adjetivo.  El 
natural  de  Laeedemonia  y  lo  pertene- 
ciente á  ella. 

ETiuoLoaÍA,  Laeedemonia:  latín, 
Idc^deem'ínlut;  italiano,  lacedemonio; 
francés,  ¡aeéd¿mome»;  catalán,  Ucedo- 
monit  a. 

Lacapede  (Bbrhakdo  GaaváN  Es- 
TBBAK  DB  Lavills,  conde  dej.  Célebre 
naturalista  francés,  que  nació  en  Agen 
el  26  de  Diciembre  de  1756,  y  murié 
en  Epinaj,  cerca  de  Saint-Denis,-  el  6 
de  Octubre  de  1825,  Era  hijo  do^uan 
José  Medard  de  Laville,  lugartenienta 
del  senescalato.J  tomó  su  nombre  da 
una  heredad  que  le  había  legado  al 
morir  un  tío  sujo.  Su  padre,  viudo, 
le  educó  con  una  ternura  j  uniiuidado 
infinito,  escogiendo  con  las  más  es- 
crupulosas precauciones  lo  mismo  sus 
amigos  que  bus  lecturas,  A  los  doce 
años,  segiin  su  propia  oonfesiite,LA- 
OBPBDB  no  tenía  la  menor  idea  dsl  nuL 
De  estas  primeras -costumbres  de  su 
juventud  i«  quedó  nn  tinte  general  de 
optimismo  que  se  extendía  a  todos  sos 
juicios  sobre  los  hombres  y  sus  astos, 
uniéndose  á  esta  benevolencia,  nn  tan- 
to frivola,  un  ardiente  deseo  de  haée^ 
se  útil  á  cuantos  le  rodeaban.  Las  dos 
pasiones,  entre  las  cuales  se  dividió 
su  vida,  fueron  la  historia  natural  J 
la  música.  Los  consejos  de  Buifón 
de  Gluck  no  contribujeron  poco  á 
desarrollar  estas  dos  aficiones.  Ado- 
lescente era  todavía  cuando  envió  á 
dlack  algunos  trozos  de  la  partitura 
de  Ármida,  asunto  que  pensaba  tra- 
tar cuando  supo  que  el  ilustre  maes- 
tro se  ocupaba  en  ponerle  en  música. 
Aquella  partitura  le  valió  elogios,  tal 
vez  un  f  oco  exagerados,  lo  mismo  (jue 
Lin  mediano  trabajo  sobre  la  electrici- 
dad, que  había  remitido  al  oiismo 
tiempo  á  Buffón.  Exaltado  por  estos 
primeros  aciertos,  corrió  á  París.  Al 
liía  siguiente  de  su  llegada,  después 
de  haber  sido  acogido  con  la  majar 
cordialidad  por  los  dos  maestros  orne- 
tos  de  su  culto,  almorzó  en  casa  del 
arzobispo  de  Ljon,  su  deudo,  jr  se  vié 
allí  rodeado  por  lo  ^máa  escogido  en 
las  artes  j  en  las  ciencias.  Gluck  le 
llevó  i  su  casa  j  le  liizo  oír  sn 
eettet.  Un  principe  alemán  le  procuré 


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tACfi 


LACE 


LA  cm  SOñ 


poco  ctespsés  un  despacho  de  coronel 
en  no  regimiento,  jr  por  más  que  no 
llegara  i  tomar  posesión  de  su  cargo, 
ra  nueva  posición  le  permitió  presen- 
tarse dignamente  en  la  sociedad. 
De  1781  á  1785,  publicó  una  Poética 
dt  ¡»  música  que  fué  mu^^  bien  recibi- 
da 7  que  le  valió  las  felicitaciones  del 
ley  de  Prusia,  así  como  diversos qjús- 
cmos  sobre  la  electricidad  j  la  física 
general;  qae  le  aseopnraron  más  j  mis 
l\  afecto  de  Buffón.  Bste  le  propuso 
entonces  contiuuar  su  Historia  natu- 
ral d«  lo»  aninudet,  j  para  qae  pudie- 
ra entregarse  libremente  &  estos  tra- 
bajos, le  alcanzó  una  plaza  en  el  ga- 
binete de  historia  natural  del  tey.  La- 
CBPBDB  publicó  en  1788,  algunos  me- 
ses antes  de  la  muerte  de  Duffón,  el 
primer  volumen  de  su  Historia  de  lot 
audrípedos  ovíparos,  j  al  siguiente 
año  el  segundo,  que  trata  de  las  ser- 
pientes.  «Esta  obra,  dice  Cuvier, 
marca  el  progreso  que  habían  hecho 
las  ideas  iniciadas  hacía  ciurenta  años 
acerca  de  la  historia  natural.  En  ella 
no  se  ven  las  huellas  de  esa  antipatía 
hacia  los  métodos  y  las  nomenclatu- 
ru,  de  que  BuSISn  se  había  dejado 
arrastrar.  Lacspbdb  establece  clases, 
órdenes,  géneros;  caracteriza  con  la 
major  precisión  las  subdivisiones  y 
enamera  con  cuidadoso  esmero  las  es- 
pecies que  deben  agruparse  en  ellas.» 
A.  decir  verdad,  el  plan  estaba  mejor 
concebido  que  ejecutado;  las  subdivi- 
siones adoptadas  por  Laobpbob  esta- 
ban fundadas  en  caracteres  más  apa- 
rentes que  verdaderamente  científí- 
eos;  pero  esto  no  quiere  decir  en  modo 
alguno  que  su  nueva  manera  de  ver 
las  cosas  DO  diera  resultados  felicísi- 
mos para  la  ciencia.  A  semejanza  de 
muchos  hombres  de  su  país,  aplaudió 
los  primeros  actos  de  la  Revolución, 
cnjts  consecuencias  no  podía  prever, 
j  >e  dejó  llevar  por  el  movimiento 
mucho  más  allá  que  la  major  parte 
de  los  nobles  que  se  mostraron  parti- 
diños  de  las  nuevas  ideas.  Llevado 
SQcesí  vam ente  á  la  presidencia  de  su 
sección,  á  una  comandancia  en  la 
euirdia  nacional,  al  Consejo  general 
del  departamento  de  París,  á  la  Asam- 
blea eonstitujreate  j  á  la  legislativa, 
^ne  presidió  un  momento,  desplegó 
en  estas  funciones  las  cualidades  de 
SD  carácter,  i  la  vez  firme  t  benévolo. 
Obligado  i  huir  durante  el  Terror,  le 
eosto  mucho  trabajo  verse  separado  de 
sus  estadios  jf  qaiso  volver  á  Parts; 
pero  Robespierre,  á  quien  consultó 
CM  este  objeto,  respondió  prudente- 
mente: «Si  eitá  en  el  campo,  bien 
estáallí.»  Siguiendo  este  consejo,  no 
toItÍó  á  París  hasta  después  del  9  Ter- 
midor  en  que  lo  hizo  con  el  título  de 
discípulo  do  ¡a  Ssc%ela  normal,  título 
extraño  si  se  tiene  en  cuenta  su  edad 
quefrisaba  en  los  40  años^  sus  grandes 
obras,  jque  tomaron  con  el  Bougainvi- 
Ue,  Waiflj,  Fourier  y  el  mísmoXapla- 
ce.  La  juntadelosnuevos  profesores  del 
Museo  se  apresuró  á  llevarle  á  su  seno, 
pidiendoparaélla creación  de  una  nue* 
Ta  cátedra  relativa  &  la  historia  natu- 
rtl  de  loa  leptilei  j  da  los  peces.  Lk~ 


CEPSDB  obtuvo  en  ella  un  ¿xito  bri- 
llante, al  cual  debió  ser  llamado  muy 
pronto  al  Instituto,  de  cuyo  cuerpo 
fué  uno  de  los  primeros  secretarios 
en  1797  y  98.  En  esta  época  contrajo 
matrimonio  con  madame  Gautier,  her- 
mana del  general  Jubé,  adoptando  el 
hijo  que  eUa  tenia  de  su  primer  ma- 
trimonio. Desde  entonces  se  le  ve  com- 
pletamente consagrado  á  sus  primeros 
trabajos.  De  1789  á  1803  publica  los 
cinco  volúmenes  de  la  Historia  de  la$ 
mariposas,  sn  obra  más  importante,  4 
la  cual  sigue,  en  1804,  la  Historia  do 
los  cetáceos.  Pero  de  nuevo,  j  por  un 
llamamiento  de  Bonaparte,  vuelve  & 
entrar  en  la  carrera  política.  Por  más 
que  Lacbpedb,  á  nombre  del  Insti- 
tuto, hubiese  jurado  odio  &  la  monar- 
quía en  manos  del  presidente  de  los 
Quinientos,  su  repuolicanismo  era  de- 
masiado débil  para  rechazar  las  ofer- 
tas del  usurpador.  Nombrado  sena- 
dor en  1799,  presidente  del  Senado 
en  1801,  gran  canciller  de  la  Legión 
de  Honor  en  1803,  senador  perpetuo 
en  1804  y  ministro  de  Estado  al  mis- 
mo afio,  supo  conquistarse  en  el  des- 
empeño de  sus  diversas  funciones  una 
reputación  de  hombre  da  Estado  ten 
hábil  como  íntegro.  Sin  embargo,  ana 
sombra  oscurece  estas  virtudes.  Si- 
guiendo al  que  había  empezado  por 
reconoc^er  como  tirano,  sus  arencas 
están  impregnadas  de  una  sumisión 
que  se  parece  al  servilismo.  Después 
de  la  caída  de  Napoleón,  se  apresuró 
á  felicitar  á  Luis  XVIIl,  en  Saint- 
Onen,  y  quedó  en  extremo  satisfecho 
de  la  acogida  que  se  le  hizo.  Nom- 
brado inaividno  de  la  Cámara  de  los 
pares,  pero  privado  del  título  de  gran 
canciller,  que  le  concedieron  los  Cien 
diaSf  mostró  por  el  rey,  en  la  segunda 
restauración,  la  misma  adhesión  que 
había  mostrado  al  emperador,  y  apre- 
ciado como  hombre  aa  ciencia,  pero 
00  muy  bien  quisto  como  hombre  po- 
lítico, acabó  sus  días  de  una  fiebre 
variolosa.  Además  de  las  obras  de  que 
hemos  hablado  ya,  se  conservan  en 
las  Memorias  del  Instituto,  los  Elogios 
de  Dolomieu,  Daubenton  y  Vauder- 
monde;  algunas  Memorias  sobre  el  Ór- 
gano de  la  vista  en  lot  peces:  una  Nueva 
tabla  metódica  para  la  clasificación  de 
las  aves,  otra  Sobre  los  mamíferos,  y 
otra  Sobre  los  mtrmecdfagos,  así  como 
en  los  Anales  del  Museo,  diversas  mo- 
nografías de  animales  no  descritos 
anteriormente  y  otros  trabajos  dignos 
de  aprecio.  Dedicado  á  otra  clase  de 
estudios,  publicó  también  una  Histo- 
ria general  de  la  Europa  {\^  volúmenes 
en  8.*),  que  no  apareció  hasta  después 
de  su  muerte,  y  una  obra  titulada 
Anales  de  la  naturaleza,  igualmente 

góstuma.  Desmarest  ha  publicado  las 
^bras  completas  de  historia  natural  de 
Lacbpbde,  con  la  sinonimia  de  los  más 
célebres  autores  modernos  (1826, 11  vo- 
lúmenes en  8.°).  Como  músico,  la  re- 
putación de  Lacbpbde  no  parece  es- 
tar fundada  más  que  en  complacen^ 
Has  de  salón.  Había  compuesto  un 

gran  número  de  óperas:  Omfale,  Sean- 
trberg  y  A  (eina,  una  misa  de  repumt 


y  había  puesto  en  música  diversos 
pasajes  del  Telémaco  de  Fenelón; 
pero  si  no  hubiera  contado  con  otros 
títulos,  decididamente  éstos  no  hd- 
bieran  hecho  [íasar  su  nombre  i  la 
posteridad. 

Lacer.  IbiricaUno  anticuado.  La- 
ceria. 

Lacera.  Masculino  anticuado. 

Guarda. 

Lacerable.  Adjetivo.  Qna  puede 
ser  lacerado. 

Etiuolooí A.  ¡Aturar:  francés,  UU- 
rabie;  italiano,  laceribiki  del  latín  U- 
tírSHlit. 

Laceración.  Femenino.  I«a  acción 
y  efecto  de  lacerar. 

EtimoloqÍa.  Lacerar:  latín,  l!íc?ra- 
ño,  la  acción  de  maltratar  ó  de  rom- 
per; forma  sustantiva  abstracta  de 
laceratus,  lacerado:  francés,  lacération; 
italiano,  laceramento,  lacerazione. 

Laceradamente.  Adverbio  de 
modo.  Con  laceración. 

ETiuoLoaÍA.  Lacerada  y  el  sufijo 
adverbial  mente, 

IjaceradOt  da.  Adjetivo.  Infeliz, 
desdichado.  [|  Contegiado  del  mal  de 
san  Lázaro. 

SniiOLoafA.  Latín  Uct^tas,  hecho 

fiedazos;  participio  pasivo  de  Úctrire, 
acerar:  italiano,  ¡acerato;  francés, 
loiíéré. 

Lacerador.  Masculino  anticuado. 
Acostumbrado  á  trabajos,  eapaz  de 

resistirlos. 

Btiuolooía.  Lacerar:  latín,  Uehi- 
tór;  italiano,  laceraíore. 

Lacerar.  Activo.  Lastimar,  gol- 
pear, magullar,  herir.  Se  aplica  tam- 
bién á  cosas  inanimadas,  como  la  hon- 
ra, la  reputación.  ||  Anticuado.  Esca- 
sear,ahorrar,gastarpoco.  ¡  |  Anticuado. 
Penar,  pagar  al^ún  delito.  §  Metáf  - 
ra  antigua.  Perjudicar,  poner  en  mal 
á  alguna  persona  con  otra.  Q  Neutro 
anticuado.  Padecer,  pasar  trabajos. 

ErncoLpofA.  Sánscrito  uraco,  hacer 
jirones;  cólico,  Ppinw;  (brákos),  jirón; 
gTÍego,XÍMpfn;  (lákeros),  desgarrado; 
Aixo^  (lákos),  desgarradura;  Xaxitv  (la- 
kéinj,  desgarrar;  latín,  lacer,  hecho 
pedazos;  llWrire,  romper;  italiano, 
lacerare;  francés,  lacérer. 

Lacerarse.  Recíproco.  Mortificar- 
se, despedazarse. 

La  Cerda  (Alfonso  db).  Infante  de 
Castilla,  hijo  de  Fernando  de  la  Cer- 
da y  nieto  de  Al'bnso  el  Sabio;  llama- 
do el  Desheredado.  Hizo  varios  esfuei^ 
zos  para  sentarse  en  el  trono  de  Cas- 
tilla j  en  1303  se  retiró  á  Francia, 
donde  Garlos  el  Hermoso  le  di6  la  ba- 
ronía de  Lunel,  en  la  que  murió 
en  1327.  Tuvo  dos  hijos,  Luis  v  Car- 
los, el  primero  de  los  cuales  ñie  almi- 
rante; y  el  segundo,  condestable  de 
Francia,  que,  nombrado  por  Juan  el 
Bufno  en  1350,  se  atrajo  más  tarde  el 
odio  de  Carlos  el  Malo,  rej  de  Nava- 
rra, y  fué  muerto  por  orden  suja 
en  1354.  Tuvo  ademas  otro  hijo  lla- 
mado Juan,  muerto  en  1356  por  Don 
Pedro  I  de  Castilla. 

La  Cerda  (Fernando  db).  Infante 
de  Castilla,  hijo  de  Alfonso  el  Sahio  y 
padre  del  anterior,  que  nació  en  1354 


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310  LACE 


Lací 


LÁ  COM 


y  recibid  el  sobrenombre»  que  ¿08- 

frués  quedó  como  apellido  de  su  famí- 
ia,  por  ser  en  extremo  relludo.  Se 
casó  en  1269  con  Blanca  de  Francia, 
hija  de  San  Luis»  asistiendo  á  las  bo- 
das Felipe  el  Atrevido,  su  cu&ado, 
Eduardo,  heredero  de  Inglaterra,  j  el 
Ttj  de  Granada.  Encargado  de  la  re- 
gencia durante  ttiyi  ausencia  de  su 

Sadré,  murió  en  Villarreal  en  1275, 
ejando  dos  hijos,  Alfonso  y  Fernán- 
do,  conocidos  con  el  nombre  de  infan- 
ta de  la  Cerda,  que  fueron  despojados 
de  la  sucesión  por  su  tío  Sancho  IV 
el  Bravo. 

I«acerear.  Neutro  anticuado.  La- 
cerar, por  padecer,  pasar  trabajos. 

I*aceria.  Femenino.  Miseria,  po- 
breza. I  Trabajo,  fatin,  molestia.  | 
^ticuado.  EnfermecUtd  de  san  Lá- 
zaro. 

BnuoLOofA.  1.  Lázaro:  catal&n  an- 
tígoo,  liaíteria,  miseria;  Uaíteria- 
nunt,  daño;  líaíterita^,  dafiar.  No  es 
posible  separar  estas  formas  de  LUt^ 
ter,  Láxaro. 

2.  El  latín  liteirta,  <}ue  se  halla  en 
las  inscripciones,  sigaiñca  parte  de&< 

ferrada,  restos,  cenizas;  forma  ctÍ- 
ente  de  lücerSre,  lacerar. 
Laceria.  Femenino  antícaado. 
Conjunto  de  lazos, 
liacerio.  Uaacnlino  aaticoado,  La- 

CBRIA. 

Lacerioso,  sa.  A.djetÍTo  anticua- 
do. £1  que  padece  laceria  Ó  miseria. 

Lacena.  Femenino.  A  ntigüedadet. 
Especie  de  manto  que  unban  los  ro- 
manos. 

BnuoLoofa.  Latín  Utcima,  gabán 
que  se  ponían  los  romanos  sobre  la 
toga  ó  túnica  contra  las  llnvías  j  el 
fru>;  derivado  de  ¡as,  lUeitf  lazo,  por- 
que se  sujetaba  al  hombro  con  un 
broche,  lazo  ó  nudo,  £  guisa  de  clámi- 
de: francés,  tacerne. 

Reseña. — Especie  de  toga  cuadran- 
guiar,  larga,  casi  siempre  menos  an- 
cha que  la  verdadera  toga,  y  que  se 
sujetaba  6  ceñía  sobre  el  pecho.  Fué 
usada  como  vestidura  militar  en  los 
primeros  siglos  de  Roma,  y  reempla- 
zó frecuentemente  i  la  toga  en  tiem- 
po de  los  emperadores,  desde  el  prin- 
cipado de  Augusto.  Era  generalmente 
de  lana  blanca  /  de  púrpura  las  más 
ricas. 

t«acertiano,  na.  Adjetivo.  ZooUh- 
gia.  Que  tiene  analogía  con  el  lagarto. 

ETiMOLoaÍA.  Lagarto:  francés,  la- 
ceríiem. 

Lacertiforme.  Adjetivo.  Eittoria 
natural.  En  forma  de  laa;arto. 

ETiuOLoaÍA.  Latín  lacerta  y  UUer- 
íut,  lagarto,  y  forma,  forma. 

Lacertínido,  da.  Adjetivo.  Zoolo- 
gía. Parecido  al  lagarto. 

BTUCOLoaÍA.  Lacertiano, 

Lacertino,  na.  Adjetivo.  Ctmeer- 
niente  al  lagarto, 

EnHOLoaíA.  Lacertiano. 

Lacerto.  Masculino  anticuado.  La- 

OASTO. 

Lacertoide.  AdjetiTo.  Zoologia. 
Parecido  á  un  lagarto. 

ETXUOLoafa,  Lagarto  y  el  griego 
^o»f  forma. 


Lacertoso,  sa.  Adjetivo.  Í/i«^M. 

Musculoso.  I  Fornido. 

Etimología.  Lacerto. 

Lacetano,  na.  Masculino  y  feme- 
nino. Numbre  de  anos  antiguos  habi- 
tadores de  España. 

ETXUOLOofA.  Latín  lacetani,  los  ha- 
bitantes del  territorio  de  Lérida,  en 
Catalufia  (Gísab):  catalán,  laceti,  m. 

Lacxaación.  Femenino.  Desgarra- 
dura. 

ETiMOLoofA.  LoHnia. 

Lacinar.  Activo.  Desgarrar.  |  Me- 
táfora. Disipar,  mal£[astar. 

Etiholgoía.  Lacinia. 

1.  Lacinia.  Femenino.  Aüadidura, 
ribete.  ||  Metáfora.  Proposición  añadi- 
da á  otra  principal,  cuyo  sentido  que- 
daría incompleto,  si  se  quitase  aquel  la. 

Etiuolooia.  Laciniado:  latín,  laci- 
nia, ribete  con  que  se  guarnece  el  ves- 
tido, extremidad,  orla;  HcíniSsiu,  di- 
vidido en  ondas  por  la  orilla. 

2.  Lacinia.  Femenino.  Mitología. 
Sobrenombre  de  Juno. 

ETiuoLoaU.  Latín  LUi^nía;  de  Líl- 
ctníum,  cabo  de  las  columnas,  pro- 
montorio de  Calabria,  en  donde  Juno 
tenía  un  templo  que  fundó  Hércules. 

Reseña.— Él  promontorio  se  llamó 
Lücikfnn,  aludiendo  al  nombre  del  la- 
drón á  quien  mató  Hércules. 

Laciniado,  da.  Botánica.  Epíteto 
que  se  da  á  las  hojas  recortadas  de  las 
plantas, 

ETiMOLoofA.  Griego  XmTWv*  (laAein), 
fracturar;  Xaxí?  (lakísj,  segmento:  la- 
tín, lit^nía,  franja,  tira,  pedazo;  fran- 
cés, lacinia, 

Laciniana  (tabla).  Baigraffa,  Ins- 
cripción que  contenía  ei  sumario  de 
la  invasión  cartaginesa  en  Italia  du- 
rante la  segunda  guerra  púnica.  Es- 
taba redactada  eu  lengua  púnica  y 
griega,  y  grabada  sobre  planchas  de 
bronce,  fijadas  en  un  altar  cerca  del 
templo  de  Juno,  en  el  cabo  Lacinium; 
hojr,  cabo  de  las  Columnas.  Aníbal  eri- 
gió el  altar  é  hizo  grabar  dicha  íns- 
<;ripción  el  afio  547  de  Roma,  206  an- 
tes de  Jesucristo,  Esta  inscripción  se 
ha  perdido. 

Lacinifloro,  ra.  Adjetivo.  Botáni- 
ca. Que  tiene  pétalos  recortados. 

Etuiolooía.  Latín  látñniSíut,  divi- 
dido, y  ^os,  ,/tÓris,  flor. 

Lacinifoílado,  da.  Adjetivo.  Bo- 
tánica. Que  tiene  hojas  laciniadas. 

GTiuoLOofA.  Latín  lUciniatus,  divi- 
dido, y  f'iliSíut;  de  fiSltum,  hoja:  fran- 
cés, lacinifolié. 

Laciniforme.  Adjetivo.  Historia 
natural.  En  forma  de  franja. 

Etiuolooía.  Laciniado  y  forma. 

Lacinio.  Masculino.  Tiempos  he- 
roicos. Ladrón  italiano  de  la  Magna 
Grecia,  que  fué  muerto  por  Hércules, 
ú  quien  había  querido  robar  los  bue- 
yes de  Gerión.  Su  nombre  ha  queda- 
do al  Capo  Lacinio,  donde  al  vencedor 
levantó  un  templo  á  Juno  Laciniana. 

Etiuología.  Latín  Lacinias. 

Laciniura.  Femenino.  Botánica. 
Cortadura  larga,  estrecha  á  irregular. 

EriuoLOaÍA.  Lacinia:  francés,  laci- 
niure, 

I    Lacínula.  Femenino.  Botánica. 


Punta  derecha  de  los  pítalos  de  Ut 

umbelíferas. 

ETiuoLoaiA.  Lacinia,  díminntiTO. 

Lacio.  Masculino.  Geografta  saff- 
gua.  El  país  latino,  la  campana  de 
Roma;  y  extensivamente,  la  Italia. 
(ViRoiLio.)  Q  Historia  resume.  B  de- 
recho del  Lacio  (jm  Latii);  el  dere- 
cho de  todos  los  pueblos  agregados  á 
la  República  romana.  (Tácito,  As- 

CONIO.) 

ETiHOtOGÍA.  1.  Latín  Láñum,  for- 
ma de  Uítut,  costa,  ribera,  orilla,  tros* 
eo  del  cuerpo. 

2.  Los  autores  que  lo  derivan  de 
látus^  ancho,  no  han  tenido  en  cneota 
la  diversidad  de  prosodia,  que  hace 
evidente  la  diversidad  da  raíz.  Si  LSr 
ttum  viniese  de  Vitus,  sería  jUAsh, 
ortografía  bárbara, 

3.  Látus,  lado,  orilla,  reprsHDtt 
Uíiret  ocultar:  Uuu»,  ancho,  extenso, 
representa  ISUm,  llevado  lejos,  supi- 
no de  ferré,  llevar. 

Lacio,  cia.  Adjetivo.  Marchito, 
ajado.  O  Flojo,  descaecido,  sin  vigor. 

Etiuolooía.  Laxo. 

SiNONiuiA.  Lacio,  marchito,  aiido. 
La  palabra  lacio  se  aplica  á  todo  lo 
,  que  pierde  su  brillo  por  el  tiempo; 
marchito,  i  la  destrucción  de  las  me- 
jores cualidades  de  una  cosa,  y  ajUa, 
á  esta  misma  destrucción  producida 
por  un  cuerpo  extraño.  Una  flor  que  ■ 
esté  en  el  tallo  ocho  ó  nueve  días,  se  i 
pone  lacia:  una  rosa  que  llegó  á  su  | 
nn,  se  pone  marchita:  un  clavel,  qoe  I 
ha  sufrido  la  lluvia  de  un  día,  ó  nié  I 

Sisado  por  un  animal,  se  pone  ijUo. 
le'  aquí  procede  que,  aplicadas  estas 

Sdabras  en  sentido  figurado,  se  diga 
«o  de  nn  semblante  pálido  que  re- 
vela alguna  oculta  enfermedad  ó  dura 
pesadumbre;  marchita,  la  hermosa 
que  ha  perdido  la  belleza,  y  ajado,  el 
rostro  del  hombre  anciano  que  ha  te- 
nido una  vida  desordenada.  (Lópbz 

pKLEQRfN,) 

Lacístémeo,  mea.  Adjetivo.  BUir- 
nica.  Análogo  al  lacistemo. 

Lacistemo.  Masculino.  Botániat. 
Arbolillo  de  la  América  meridional, 
perteneciente  á  la  familia  de  lai  nttí- 
ceas. 

BnicoLoafa.  Griego  Xaxíc  (UkUJ,  ¡ 
división,  segmento,  j  (ttéih  | 

maj,  corona. 

La  Gondamine  (CaRtos  Huíi 
db).  Sabio  viajero  j  profundo  geógra- 
fo que  nació  en  Parfs  en  1701  J  mu- 
rió en  1774.  Siendo  muv  joven,  qoi» 
emprender  la  carrera  de  las  armas  J 
sentó  plaza  como  voluntario  en  el  ejo^ 
cito,  bin  embargo,  disgustada  taaj 
pronto  del  servicio  militar,  abandond. 
en  cuanto  le  fué  posible,  el  uniforme 
y  entró  como  quimico-ajrudante  en  U 
Academia  de  Ciencias.  Su  asiduidad 
y  sus  conocimientos  le  gr»njean>n 
mnj  pronto  una  alta  estimación,  á  u 
que  debió  el  que  se  le  designara  pii* 
formar  parte  de  la  expedición  qn^ 
Bouguer  debía  hacer  al  Ecuador  en 
1736,  para  determinar  la  magnitud  ; 
I  la  figura  de  la  tierra.  En  este  Tiaje. 
que  duró  diez  aflos,  no  mostró  menj' 
I  sagacidad  que  Talar,  Pe»  i  «  ro»' 


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LAGO 

f*,  eojno  quiera  que  sin  cont»r  eon  | 
nadie  publicara  sus  obseiTaciones,  se  . 
eoemistó  con  sus  colegas,  contra  loa 

3ae  tuvo  que  emprender,  para  dafen- 
erse,  una  largfa  polémica,  en  la  c^ue 
trhinftff  poniendo  de  su  parte  la  aati- 
n,  que  su  ingenio  punzante  j  perspi- 
caz sabía  usar  con  tanta  delicadeza 
como  oportuDÍdad  gracejo.  Dotado 
de  una  curiosidad  insaciable,  unida  á 
un  profundo  saber  j  i  una  copiosa 
suma  de  copoeimieBtos  científicos,  hi- 
zo después  otros  varios  viajes  por  su 
propia  euenta  j  fué  recibido  en  1760 
en  u  A-cademia  Francesa.  Las  princi- 
pales obras  de  tan  ilustre  viajero  son: 
Brtve  reUícián  d«  tm  maje  al  interior  de 
la  Ám&iea  meridional  {1745);  La  figu- 
re, ie  Id  tierra  determinada  por  M.  M.  de 
La  Condamine  y  Bouguer  (1749);  Dia- 
ria del  viaje  keeho  al  Senador  por  orden 
del  rey  (1751);  Historia  de  lat  pirámi- 
ia  de  Q,nito  (1751),  jr  diversos  opútcn- 
teteobre  ta  inoculac^fn,  reunidos  en  dos 
volúmenes.  También  se  conservan  de 
él  algunas  poesías  y  otros  escritos  pa- 
tamente literarios  de  escaso  valer. 

Laconfa.  Femenino.  Geogra/ia  a»- 
íijua.  Provincia  del  Peloponeso,  cuya 
capital  era  Bsparta. 

BnHOLoaÍA.  Latín  LScdnía:  italia- 
no, Laconia;  francés,  Laconie;  catalán, 
Lacéiia. 

Lacónicamente.  Adverbio  de  mo- 
do. Breve,  concisamente. 

EiiyoLOGÍA.  LacJnica  j  el  sufijo  ad- 
verbial mente:  catalán,  lacénicament; 
francés,  laconignemení;  italiano,  laco- 
ntcáwtente. 

Lacónico.  UascuHno.  AntigUeda- 
iet.  Especie  de  estufa  colocada  junto 
al  sudario  (cuarto  de  eudor)  de  un 
bafio,  entre  los  antiguos  romanos,  j 
destinada  á  aumentar  el  calor. 

EtuoLOofa.  Latín  lUtíinícnm,  en  Vi- 
tnilno,  con  el  mismo  significado. 

Lacónico,  ca.  Adjetivo.  Conciso, 
breve,  compendioso.  DIcese  por  lo  re- 
gular del  tfstilo. — cDíeese  siempre  del 
estilo,  atendiendo  al  modo  de  nablar 

;[ae  tenían  loa  Lacedemonios,  los  cua- 
ei  afectaban  concisión  en  su  estilo. 
Es  vos  latina;  Laconicnt.»  (Acadbmia, 
DkeiMario  de  1726.) 

^luOLoaÍA.  Laconio:  griego  Xaxb>- 
vixic  (takSniiós);  latín,  liconícut;  cata- 
lía,  lacdnich,  ea;  francés,  laeonigue; 
italiano,  lacónico, 

Laconio,  nia.  Sustantivo  v  adjeti- 
vo. Natoral  jr  propio  de  la  Laconia, 
antiguo  país  de  la  Arcadia. 

Etiuolooíá.  Griego  Xáxuv  (IdkdnJ, 
laeedemonio:  latín,  mco  j  iieon,  dnte; 
francés,  laconien. 

Laconismo.  Masculino.  La  propie- 
dad del  estilo  lacónico. — cUna  de  las 
llguras  retóricas  viciosas,  la  cual  se 
comete  abreviando  tanto  la  razón, 
que  <^ueda  oscuro  el  sentido  de  lo  que 
•«quiere  dar  á  entender.»  (Academia, 
Diccionario  de  1726.) 

BrufOLOofA.  Láctico:  griego  Xaxw- 
«•!»;['  iakonismót);  italiano,  ¿^oattmo; 
fnncés,  laconitme, 

Reeeüa.-'XiiX  griego  (akdn,  laconio 
e  laeedemonio.  Laoohismo  vale  conci- 
atén,  brevedad,  por  cuanto  éstas  eran 


LAGO 

las  cualidades  que  distinguían  el  mo- 
do de  hablar  j  el  estilo  lacánico  6  de 
los  laconioe,  lacedemonios  6  esparta- 
nos. (Monlao.) 

Laconisar*  Neutro.  Hablar  eon  la- 
conismo. 

Btihología.  Lacónico:  griego  Xsxw* 
(lakonizein);  italiano,  laconiztare. 

Lacordaire  (Juan  Bautista  Bn- 
riqub).  Célebre  predicador  de  la  or- 
den de  santo  Domingo,  que  nació 
en  1802  en  Recej-sur-Ource  (Costa  de 
Oro),  y  murió  en  Soréze  en  1861.  Era 
hijo  de  un  médico  e  hizo  sus  estudios 
en  el  liceo  de  Dijon,  primero;  luego, 
en  la  universidad  de  aquella  ciudad; 
jr,  por  último,  en  París,  donde  recibió 
el  título  de  abogado.  En  1824  entró 
en  el  seminario  de  San  Sulpicio,  fué 
ordenado  en  1827  j  llenó  sucesiva- 
mente las  funciones  de  capellán  en  el 
convento  de  la  Visitación,  de  París, 
en  el  colegio  de  Juillj  j  en  el  colegio 
de  Enrique  IV  (después,  liceo  Napo- 
león). Ambicionando  la  gloria  de  los 
misioneros,  se  disponía  a  partir  paru 
América  cuando  la  levolución  de  1830 
estalló,  j  habiendo  tenido  ocasión  de 
ver  i  Lamennais  enBrBtafia,le  decidió 
i  trabajar  con  él  en  SI  Porvenir,  nue- 
vo diario  que  apareció  el  20  de  Febre- 
ro de  1830.  La  doctrina  que  susten- 
taba aquel  periódico  érala  separación 
de  la  Iglesia  j  el  Estado,  un  clero 
dotado  por  los  fíeles  y  no  por  la  na- 
ción, la  libertad  de  la  enseñanza  j  de 
la  prensa,  j  el  reconocimiento  de  las 
nacionalidades  de  Italia,  Bélgica  y 
Polonia.  Lacordaibs  desplego  en  el 
desarrollo  de  estas  ideas  una  elocuen- 
cia, una  pasión,  un  calor  y  un  talen- 
to verdaderamente  notables;  pero  El 
Porvenir  tenía  demasiada  franqueza  y 
bien  pronto  se  le  citó  ante  los  tribu- 
nales. Lacordaisb  compareció  tres 
veces  ^  lamentó  los  males  de  la  pre- 
sión ejercida  sobre  el  pensamiento  con 
tal  elocuencia,  que  eí  tribunal  se  vio 
precisado  á  absolver.  En  1832,  una 
encíclica  del  Papa  condenó  las  ideas 
sustentadas  por  SI  Poroenir,  de  cuvas 
resultas  Lamennait  y  Lacobdairb  fue- 
ron en  persona  á  Roma  con  objeto  de 
defenderse;  pero  como  quiera  que  sus 
descargos  no  fueron  oídos,  nuestro 
personaje  se  sometió  á  los  decretos 
pontificios,  7  desde  entonces,  no  pen- 
sando en  otra  cosa  que  en  llenar  sus 
deberes  sacerdotales,  volvió  á  París  á 
ocupar  el  puesto  de  capellán  de  la 
Visitación,  que  había  abandonado. 
Su  carrera  de  predicador  empezó  en 
París  en  1834,  ante  los  discípulos  del 
colegio  Estanislao.  Sus  primeras  con- 
ferencias atrajeron  de  tal  modo  la 
atención  publica,  que  la  autoridad 
eclesiástica  se  vió  precisada  á  inte- 
rrumpirlas. En  1835  y  1836,monsefior 
de  Quelen,  arzobispo  de  París,  le  en- 
cargó los  sermones  de  cuaresma  en 
Nuestra  Señora.  Allí  tenía  su  audito- 
riocompuesto  exclusivamente  de  hom- 
bres; la  mayor  parte,  jóvenes, mez- 
clando un  poco  de  política,  algo  de 
las  cuestiones  del  momento  á  sus  ex- 
hortaciones piadosas,  los  supo  arre- 
batar de  tal  modo,  que  apenas  pudú 


LACR         311  ' 

la  santidad  del  lu^ar  impedir  que  se 
le  hiciera  una  ovación  propia  de  la  tri- 
buna pública.  Habiendo  nacido  para 
la  oratoria,  comprendió  que  el  dieber 
le  llamaba  á  hacer  de  sus  facultades 
un  uso  cuotidiano,  y  en  1840  ing-resó 
en  la  Orden  de  Predicadores.  AI  afio 
siguiente,  reapareció  en  el  púlpito  de 
Nuestra  Señora;  pero  sólo  predicó  una 
vez,  volviendo,  desde  18^  i  1851,  i 
reanudar  sns  conferencias  de  cuares- 
ma, qné  cada  afio  tenían  un  éxito 
major.  Sin  embargo,  las  revoluciones 
estaban  llamadas  i  sacar  siempre  de 
su  centro  al  ilustre  predicador.  La 
de  1830,  le  había  lanzado  en  medio 
de  una  acalorada  polémica,  colocán- 
dole al  lado  de  Lamennais,  y  la  de 
1848  le  candujo  á  la  Asamblea  cons- 
tituyente, donde  se  le  vió  sentarse, 
envuelto  en  sus  hábitos  domioicanos, 
en  la  cumbre  de  la  montaña.  Bu  ora- 
toria, arrebatadora  en  el  púlpito,  no 
tuvo  gran  éxito  en  la  tribuna,  y  des- 
pués de  abordar  no  pocas  de  las  más 
vitales  cuestiones,  presentó  su  di- 
misión de  representante  del  pneblo. 
En  1860,  el  padre  LACoaDAzas  fué 
llamado  á  la  Academia  Francesa  á 
ocupar  el  agiente  qae  el  padre  Ra- 
vigttán  había  rehusado.  Poco  tiempo 
después  se  retiró  á  Soréze,  no  lejos  de 
Carcasouá,  donde  había  establecido 
una  misión  dependiente  de  su  orden, 
en  CUTO  paraje  murió.  Sus  Con/eren^ 
das  de  Nuestra  Señora  forman  un 
cuerpo  de  doctrina  dogmática  que, 
teniendo  por  base  la  afirmación  de  la 
inmutabilidad  de  la  ^lesia,  no  exr 
cluye  las  innovaciones  que  las  nece- 
sidades de  las  edades  introducen  en  el 
catolicismo,  sin  que  su  influencia  lle- 
gue en  modo  alguno  á  la  ta.  Las  obras 
que  el  padre  Lacobdaibb  dejó  escri- 
tas, son;  CMsideraeÍMés  Jílosdjiau  to^ 
iré  el  sitíema  de  M.  ¿omahmís  (1834); 
Con/ereneiat  de  Nnettra  Señara  de  Pa- 
ri*(1835-50);  Predicaciones  del  reveren- 
do padre  Lacobdaibb  en  Nancg  (1843); 
Conferencias  en  Lyon  y  en  Grenoble 
(Ljron,  1845);  Oraciones  fúnebres  de 
M»  do  FonrUn-Janson^  del  general 
Druot  y  de  O'Connell  (París,  1844). 
Su  última  obra.  Sobre  la  libertad  de  la 
Italia  y  de  la  Iglesia  (1860),  es  una 
elocuente  defensa  del  poder  temporal 
del  Papa. 

Lacra.  Femenino.  Reliquia  Ó  señal 
de  alguna  enfermedad  ó  achaque.  | 
Defecto  6  vicio  de  alguna  cosa,  sea 
físico  6  moral. 

EtikolooÍa.  1.  cLatín  lacea,  tu- 
mor, á  modo  de  vejiga,  que  sale  á  las 
caballerías  en laspiernas.»(Anónimo.) 

2.  cLatín  Ideara,  femenino  de  Vicer, 
mutilado.»  (Idem.) 

3.  Lacra  representa  probablemente 
Ideera,  por  síncopa  de  la  e. 

i.  Lacrar.  Activo.  Dañarla  salud 
de  alguno,  pegarle  alguna  enferme- 
dad. Se  usa  también  como  recíproco. 
I  Metáfora,  Dañar  ó  perjudicar  i  al- 
guno en  sus  intereses. 
ExniOLoaía.  Zaera» 
/WsM.— Sincopemos  la  e  del  latín 
Uc^rüre  y  tendremos  IHerítre,  estro- 
pear, afligir,  causar  vejaciones. 


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312  LACR 


LACT 


LACT 


2.  Lacrar.  AcÜto.  Cerrar,  nllar 
con  lacre  un  pliego  á  otra  coaa. 

huen.  Mascufino.  Pasta  de  varios 
colores,  hecha  de  laca  y  otros  combus- 
tibleSf  reducida  i  barritas  que  con  el 
fuego  se  ablandan,  ^  sirven  para  ce- 
rrar cartas  é  imprimir  sellos. 

BriHOLOofÁ.  Laca,  porque  la  laca  le 
dio  el  color  rojo  (Dbvic):  francés,  por- 
tugués jr  catalán,  lacre. — cPasú  que 
se  forma  de  cera,  alcrebíte  ^  otros 
ingredientes,  la  cual  encendida  &  la 
luz  arde  j  se  derrite,  j  sirve  para 
cerrar  las  cartas  j  estampar  sellos;  j 
porque  su  regular  color  es  el  encar- 
nado, que  se  fe  da  con  la  goma  lla- 
mada Mca,  se  le  di6  este  nombre,  aun- 
que también  le  haj  negro  y  de  otros 
colores.»  (Aoadbuá,  Diecumario  de 

me.) 

Licrima.  Femenino  anticuado.  LjL- 

«BIMA. 

Lacrimable.  Adjetivo  anticuado. 
Lo  que  es  digno  de  ser  llorado. 

Etuiolooía.  Latín  lacrhnabílis. 

Lácrima-Gfaristi.  Masculino.  Vi- 
no muj  dulce  V  estimado  que  se  cose- 
cha al  pie  del  Vesubio. 

Btiuología.  Latín  lacrima^  lágri- 
ma, j  Chrisii,  genitivo  de  Vhristut, 
Cristo:  «lágrima  de  Cristo,»  lo  cual 
sirvió  de  asunto  al  dicho  célebre  de 
un  ^pa:  Domim  notter  Jtn-Chrúte, 
^ur0  non  lacbiuastx  iuper  Ierran 
iMtíramt  cSeúor  nuestro,  Jesucristo^ 
¿por  qué  no  lloroil*  sobre  nuestra 
berra» 

Lacrimatíón.  Femenino  anticuar- 
do.  Efusión  ó  derramamiento  de  lá- 
grimas. 

BTiHOLoaÍA,.  Latín  lacrímaiio,  la 
acción  de  llorar;  forma  sustantiva 
abstracta  de  lacrimaíiu,  llorado. 

Lacrimal.  Adjetivo.  Anatomía.  Lo 
perteneciente  á  las  lágrimas.  U  Glán- 
dula LACRIIU.L.  Pequeña  glándula  si- 
tuada entre  la  apófisis  orbitaria  j  el 
globo  del  ojo,  la  cual  es  el  órgano 
que  secreta  las  lágrimas.  |  Carúncu- 
la LACBiHAL.  Pequeño  tubérculo  si- 
tuado en  el  ángulo  nasal  del  ojo,  el 
cual  tiene  en  su  superficie  algunos 

Seloi  cortos  jr  finos,  cujo  oficio  es 
etener  los  corpúsculos  extraños  que 
van  mesclados  con  las  lágrimas.  | 
PmtTOS  LACRIMALES.  Pequeños  poros, 
en  número  de  dos,  superior  é  inferior, 

3ue  son  los  orificios  siempre  abiertos 
e  los  conductos  lacrimales.  |j  Con- 
ductos LAcaiUALBS.  Nombre  de  dos 
canales  que  están  á  continuación  de 
los  puntos  lacrimales,  como  si  fue- 
ran una  extensión  de  dichos  puntos. 
Saco  lacrimal,  aparato  lacrwal. 
onjunto  de  los  órganos  destinados  á 
secretar  j  excretar  las  lágrimas,  j 
Fístula  ijkCsiUAL.  Cirugía.  Abertura 
accidental  ó  saco  lacrimal,  que  per^ 
mite  á  las  lágrimas  derramarse  fuera 
de  las  vías  oraínarías. 

Stuiolooía.  Latín  laaymat  lágri- 
ma: francés,  lacrimal. 

Lacrimar.  Neutro  anticuado.  Llo- 
rar. 

Etiuoloqía.  Latín  lacrimare^  lacry- 
mare,  laentmare. 
Lacrimatorio,  ría.  Antígmdadu 


romanea.  Adjetivo  que  se  aplica  á  los 
vasos  en  que  los  antiguos  recogían 
las  lágrimas  que  lloraban  por  los  di- 
funtos, j  que  guardaban  en  sus  mis- 
mos sepulcros.  Se  usa  también  como 
sustantivo  en  la  terminación  mascu- 
lina. 

ETiMOLoafA.  Lágrima:  catalán,  Ita^ 
orimaíori,  a;  francés,  laerimaíoire;  ita- 
liano, lacrimatorio;  latín,  ucbthis 
cipiendit  vas. 

Reseña, — 1.  Las  «moff  ó  etuor  lacri- 
UATUBios  son  vasijas  de  tierra  cocida 
ó  de  vidrio  que  se  han  encontrado  en 
las  sepulturas  romanas;  de  donde  se 
infirió  que  debieron  servir  para  guar- 
dar las  lágrimas  que  lloraban  en  los 
funerales. 

2.  Nombre  creado  en  el  siglo  xvi 
para  designar  anos  pequefios  vasos  de 
cuello  largo,  de  cristaló  tierra,  halla- 
dos en  las  urnas  cinerarias  de  muchos 
sepulcros  romanos.  Los  anticuarios 
supusieron  que  estos  vasos  sirvieron 
para  recoger  las  lágrimas  de  las  lloro- 
sas ó  de  los  parientes  j  encerrarlas 
con  las  cenizas  de  los  muertos,  en  vir- 
tud de  la  creencia  de  que  regocijaban 
los  manes  del  difunto.  Según  otra  opi- 
nión, dichos  LACRIMATORIOS,  qUO  t^ 

nían  una  extensión  de  S  á  15  centíme- 
tros de  alto,  V  solamente  de  3  ó  4,  se- 
gún otros,  debieron  servir  para  colocar 
perfumes,  jr  de  este  modo  conservar 
perfumadas  las  cenizas  de  los  muer- 
tos, j  que  serían  pequeños,  porque  los 
perfumes  eran  caros,  y  porque  todos 
los  parientes  debían  llevarlos,  motivo 
por  el  que  la  parte  aportada  por  cada 
uno  seria  muj  pequeña.  Sólo  se  han 
bailado  algunos  de  estos  vasos  que 
contenían  lágrimas  j  perfumes;  pero 
esta  es  la  excepción  j  no  la  regla.  La 
ma^or  parte  de  lacrimatorios  se  ha 
encontrado  en  las  tumbas  galo-roma- 
nas. 

Lacrimiforme.  Adjetivo.  Que  tie- 
ne la  forma  de  una  lágrima. 

Lacrimosamente.  Adverbio  de 
modo.  Con  lágrimas. 

BtiholooIa.  Lacrimosa  v  el  sufijo 
adverbial  mente:  latín,  ¿acrímosé;  cata- 
lán, llagrimosamení. 

Lacrimoso,  sa.  Adjetivo.  Lo  que 
tiene  lágrimas  ó  mueve  á  ellas. 

ExiifOLoaÍA.  Lágrima:  latín,  Uerí~ 
mdsus;  catalán,  llagrimós^  a. 

Lacris.  Masculino.  Romero, 
planta. 

l>actacióii.  Femenino.  La  acción 
de  mamar.  ||  Medicina.  La  acción  de 
amamantar  á  una  criatura.  ||  Fisiolo- 
gía, La  función  orgánica  que  consiste 
en  la  secreción  j  excreción  de  la  le- 
che. 

EtiHOLOafa.  Lactar:  latín,  laeíatío, 
forma  sustantiva  abstracta  de  ¡acíi' 
ín$t  lactado;  francés,  laeíaíion, 

Lactado,  da.  Adjetivo.  Que  ha 
sido  objeto  de  lactación.  |  Participio 
pasivo  de  lactar. 

Etimología. Bajo  latín  latíStus,  par- 
ticipio pasivo  de  lact&re. 

Lactancia.  Femenino.  El  período 
de  la  vida  en  que  la  criatura  mama. 

Etimolooía.  Laclante:  latín,  lactan- 
üa,  hcticioios,  fbrma  sustantiva  abs- 


tracta de  lacioMs,  laeianHi,  taeltatt: 
catalán,  lactancia. 

Lactancio  (Ceciuo  Fibuiako).  Be. 
tóríco  latino  y  célebre  apologista  de 
la  religión  cristiana,  que  nació  ea 
Africa,  según  Baronio,  j  en  Feano, 
según  otros,  en  el  último  tercio  del 
siglo  m,  y  murió  en  Tréveris  hacia  el 
año  325.  Estudió  la  retórica  con  Ar- 
nobio,  j  él  mismo  la  enseñó  después 
en  Africa  j  Nicomedia  con  tal  repu- 
tación, que  el  emperador  Constantino 
le  eligió  j>ara  maestro  de  su  hijo.  De 
este  distinguido  autor,  uno  de  loi 
más  cultos  j  elegantes  de  su  tiempo, 
nos  quedan  muchas  obras  escritas  ea 
m\ij  buen  latín;  entre  otras,  un  libre 
que  trata  de  la  cólera  divina;  otro*  ds 
ta  obra  d*  Di&t  ó  de  la  formación  del 
hombre;  las  Jn$tit%cionn  diviuSt  en 
siete  libros.  Pero  la  más  celebrada  de 
todas  es  la  que  lleva  ñor  título:  Ds 
mortUns  persecutürum.  La  mejor  edi- 
ción de  US  obras  completas  de  Lac- 
tancio es  la  de  Roma,  1751-59, 14  vo- 
lúmenes en  folio. — Hubo  otro  Lactan- 
cio {Lactaníius  P lacidus),  gnmiúco, 
escritor  del  siglo  vi,  del  cual  tenemos 
unos  comentarios  sobre  las  obras  d« 
Bstacio,  la  narración  ó  explicación  de 
las  fábulas  que  se  hallan  en  las  Msía- 
mor/osis  de  Ovidio,  230  fábulas  j  al- 
gunas glosas.  (Ob  MxauflL  jr  Uo- 

EANTB.) 

ETuiOLoafa.  Latín  Laetanñni, 

Reseña. — 1.  Floreció  en  tiempo  de 
los  emperadores  Diocleciaao  7  Cons- 
tantino, habiendo  abrazado  con  gran 
fervor  la  doctrina  cristiana.  Fué  uno 
de  los  escritores  más  elocuentes  de  su 
siglo  V  de  todos  los  cristianos.  De  la 
obra  de  Lactancio,  que  forma  parte 
de  las  Instituciones  cristianas,  dicesan 
Jerónimo:  «Lactancio  es  un  río  de 
elocuencia  ciceroniana.  ¡Ojalá  que  hu- 
biera podido  afirmar  las  cosas  de  nues- 
tra creencia  con  la  misma  facilidad 
con  que  destruía  las  gentiles!» 

2.  Célebre  orador  latino  j  apolo- 
gista cristiano,  que  nació,  según  le 
opinión  más  probable,  en  Ames,  á 
mediados  del  siglo  xu.  Estudió  en  Si^ 
ca,  ciudad  situada  á  111  kilómetros  de 
Cartago,  7  en  la  que  tuvo  por  maes- 
tro á  Arnobio.  A  instancias  de  Dío- 
cleciano  fué  á  establecerse  en  Nícome* 
día,  j  aquel  emperador  le  nombró 
profesor  de  bellas  letras  en  290.  Abra* 
zó  el  cristianismo  por  los  años  de  300 
j  se  consagró  á  la  defensa  de  su  nue- 
va religión.  Constantino  le  llamó  por 
los  años  deSlS  á  las  Galías^  le  con- 
fió la  educación  de  su  hijo  Crispo.  Sa 
cree  que  murió  en  Tréveris  en  325. 
Sus  obras  más  notables  son:  Be  opifi* 
do  Dei;  Divinarnm  institutionm  li* 
bri  VII;  Institutionn»  epiUmt;Deif 
Dei  j  D*  m9ríi&us  perteeutomm. 

Lactante.  ,  Ha soulino.  SI  qae 
mama. 

BruioLoafA.  Latín  latíante  l(utnir 
tis,  participio  de  presente  de  lactin, 

lactar. 

Lactar.  Activo.  Amamantar.  B 
Criar  con  leche.  |  Neutro.  Nutrirse 
con  leche. 

EruioLoaía.  Latía  lacíart,  foimt 


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LÁCT 

wbalde  ¡M,  laetit,  leoha;  italiano, 
Umre;  fcancéi,  allaiUr;  cataUn  an- 
t^roo,  iUUtor,  aUíar, 

Xactarío,  ría.  Adjetivo.  Líctbo, 
TBA.J  Columna  ugtabia..  Arqueólo^ 
fía*  Golamna  levantada  en  el  marca- 
do de  plantel  de  la  antigua  Roma,  en 
donde  dejaban  &  los  niftos  expósitos.  Q 
BotínÍM.  Epíteto  de  ciertos  hongos 
que  daa  nn  jugo  lechoso. 

BtimoloqÍa..  Zdeteo:  latfn,  laetSrluti 
francés,  Uctaire. 

Lactato.Mascalino.Q«Í)iiwa.  Com- 
binación de  una  base  con  el  ácido  lác- 
tico. (Cábállbbo.) 

BrufOLOofa.  LieUco:  francés,  Uo- 
íate. 

BeteiUt, — Por  lactato  se  entiende 
hoj:  <Ia  sal  producida  por  la  combi- 
nación del  acido  láctico  con  una  base 
salifieable.» 

Láctea  (vía).  Mitolofia,  Parte  del 
cielo  compuesta  de  minadas  de  estre- 
llas que  foroaan  nn  largo  rastro  ó  ca- 
mino blanquecino,  de  Norte  á  Sur. 
Los  gríeffos  decían  qne  Juno,  laetan- 
do  a  Hercules,  que  había  hallado 
abandonado  en  nn  campo,  dejó  verter 
aoa  gota  de  leche,  que  formó  la  Vía 
UoTBA,  por  la  que,  según  oreían,  en- 
traban en  el  cielo  los  héroes  diviniza- 
dot. 

Lácteo,  tea.  Adjetivo.  Lo  que  per- 
tenece á  la  leche  ó  es  parecido  á  ella. 

JTasob  LÁCTHoa;  vbnas  lXctbas. 
mUmía,  Ckinductos  quiliformes,  de- 
nominados así,  á  consecuencia  del  co- 
ica de  leche  que  tiene  el  líquido  que 
«(mdnoen.  |  Plantas  lXctbas.  Botá- 
WM.  Plantes  que  abundan  en  jugos 
lechosos.  I  Vía  líctba.  Ástrommia. 
Blancura  irr^vlar  que  rodea  al  cielo 
eo  forma  de  cintura  /  que  con8Í8to,|r^ 
oeralmento  hablando,  en  una  porción 
inniimeiable  de  pequeAas  estrellas. 
Es  la  lona  que  vemos  en  el  firmamen- 
to i  modo  da  faja  blanquecina. 

BnuoLOOÍA.  Latín  íactht,  de  /oc, 
kcü$,  leche:  firanoés,  lact¿;  iteliano, 
ktUo. 

Lacteolim.  Femenino.  QnUñca. 
leche  desecada  lentemento  al  fuego. 
(Caballibo.) 

BnuoLOQÍA.  Zácíeo:  francés,  UeUíh 
iüut  lacloiine, 

Baeñá. — La  lacteouna  es  leche 
concentrada  por  la  evaporación,  la 
eaal  vuelve  á  ser  leche  común  median- 
te la  adición  de  una  nueva  cantidad 
de  agua. 

LacteBoencU.  Femenino.  Didácti- 
M*  Cualidad  de  un  líquido  parecido 
ák  leche. 

Btiuolooía.  LMtetee»te:  francés. 

Lactescente.  Adjetivo.  Didáctica. 
Que  tiene  jugo  lechoso.  Q  Boíámea, 

^^AlfTAS  UOTBSCBNTBS.  PlANTAS  LXC- 
TUS.  I  CONOHAS  LACT88CBMTa8..Con- 

ehas  de  color  de  leche. 

BniiouMsts,.  Latín  lactítcens,  laetit' 
Mfír,  participio  de  presente  de  laeUt- 
e^,  eonvertírse  en  leche,  de  üe,  lac^ 
^  lecha:  francés,  lacte$ce%t. 

Lacticíneo,  nea.  AdjetÍTO  anti- 
enado.  LXorao. 

Uotidido.  MueuUno.  La  leohe  ó 


LACT 

cualquier  manjar  compuesto  con  ella. 

Etimología.  Lácteo:  latín,  lacdcl- 
nium,  manjar  sazonado  con  leche;  ita- 
liano, lattteinio;  catalán,  iacticini. 

Lacticinoao,  aa.  Adjetivo.  La- 
caoso. 

BTiHOLoaÍA.  Lacticinio:  italiano, 
laííicinoto;  catalán,  ¡acticinds,  a. 

Láctico,  ca.  Adjetivo.  Química. 
Epíteto  da  un  ácido  que  existe  en  los 
fluidos  animales;  especialmente,  en  el 
suero  ag^o.  |  Btbb  líotico;  éter  ob- 
tenido por  destilación  del  lacteto  de 
cal,  del  alcohol  anhidro  7  del  ácido 
sulfúrico  en  proporciones  iguales. 

EtiuologÍa.  Záekoí  francés,  Uc- 
tiqae. 

Láctido.  Masculino.  ^Hírntca. 
Cuerpo  que  se  forma  durante  la  des- 
tilación seca  del  ácido  láctico. 

BTXHOLoaÍA.  LácttQ!  francés,  lac- 
tide. 

Laotifkgo,  ga.  Adjetivo.  Que  se 
alimente  de  leche. 

ETiuoLoofA.  Latín  laCt  laetit»  le- 
che, y  el  griego  pAagéin,  comer,  ali- 
mentarse; vocablo  híbrido. 

Lactiféro,  ra.  Adjetivo.  4"«'^ 
mía.  Que  se  aplica  á  los  conductos  ó 
vasos  por  donde  pasa  la  leche  haste 
llegar  al  pezón  del  pjcho.  |  Botánica. 
Plantas  .  lactípbras  ;  plantas  que 
abundan  en  jugos  lechosos,  como  el 
titímalo  y  la  lechuga. 

EtiuologÍa.  Latín  lacti/er,  de  lae, 
lactis,  leche,  v  ferré,  llevar  ó  produ- 
cir: francés,  íactifére. 

Lactífico,  ca.  Adjetivo.  Medicina, 
Qne  produce  leche  en.  abundancia, 
como  cuando  se  dice:  alimento»  lactí- 
ficos. 

BTiuoLoaÍA.  Latín  laCt  taetit,  le- 
che, j  fatírt,  hacer:  francés,  íactifi'- 

Laotifloro,  ra.  Adjetivo.  BotÍni~ 
ea.  Que  tiene  lae  floree  de  un  color  le- 
choso. 

ETiMOLoaÍA.  Latíix  loe,  lactis,  le- 
che, y  fiot,Jtwri»y  flor. 

ijictifiigo,  ga.  Adjetivo.  Medici- 
na, Eficaz  para  nacer  retirar  la  leche, 
en  cujro  sentido  se  dice  que  el  corcho 
es  una  substancia  lactíkuqa, 

Btimolooía.  Latín  lac^  lactisf  le- 
che, y  fuffirtf  ahujeatar:  francés,  lao- 
tifagt. 

Lactigeno,  na.  Adjetivo,  '^ue  au- 
menta la  secreciún  de  la  Ut;he. 

Etimolcoía.  Latín  ¿ac,  lactis,  le- 
che, y  genere,  engendrar:  fmncési/iK- 
t^ine.. 

Lactma.  Femenino.  Qniotica,  Azú- 
car de  leche,  principio  que  existe  en 
la  leche  de  todos  los  mamíferos. 

Btiuología.  Láctico:  francés,  laeti" 
ne;  catalán,  lacticina, 

ReseAa. — El  catalán  laclicina  signi- 
fica: «substancia  que  se  compone  de 
oxígeno,  hidrógeno  y  carbono;  es 
emoliente  y  analéptica,  y  se  la  conoce 
también  por  azúcar  de  leche.» 

Lactipeno,  na.  Adjetivo.  Sntomo- 
logia,  Lnshctos  LACxífBNOS.  Insectos 
(|ue  tienen  lae  alas  de  un  color  le- 
choso. 

Etikolooía.  Lácteo  y  el  latín  penna, 
pluma,  ala:  francés,  iacieipetme,  ¡ 


LACU 


3Í3 


Lactipoto,  ta.  AdjeUvo,  Que  bebe 
leche  á  pasto. 

EriuoLoaÍA.  Latín  ¡a$,  taetit,  leche, 
y  potare,  beber. 

Lactivoro,  ra.  Adjetivo.  Qne  bebe 
leche. 

EtucolooÍa.  Latín  Uc,  lactitt  le- 
che, y  vdrare,  comer,  beber,  alimen* 
terse. 

Lactómetro.  Galactóubtbo. 

Etiuolooía.  Latín  lac,  laetit,  le* 
che,  y  nutmm,  medida*,  francés,  lúcto* 
mitre* 

Lactoaa.  Femenino.  Qa^Mtce.  Pro* 
ducto  de  la  destilación  del  ácido  lác- 
tico. 

BTuiOLOofa.  Láctica:  francés,  lac- 
tone, 

Lactóacopo.  Galactóscopo. 

Lactosis.  Lactina, 

Ijactúceo,  cea.  Adjetivo.  Batámi' 
M.  Parecido  á  la  lechuga, 

EniioLoaÍA.  Laetácica. 

Lactúcico,  ca.  Adjetivo.  Q,nimica. 
Epíteto  de  un  ácido  que  se  halla  en 
la  lechuga.  (Caballbbo.) 

BTXH(K.oaÍA.  Latín  kkftcOt  lechu- 
ga: francés,  lactneiqne. 

Retel», — 1.  Por  á«¿0  LACTÚCICO  se 
entiende  ho/¡  csubstancia  ácida  des- 
cubierta en  el  jugo  lechoso  de  la  lac- 
tuca virota,* 

2.  Celso  y  Columela  llaman  al  tití- 
malo lactuca  fnariüjna. 

Lactucina.  Femenino.  Qaítntca. 
Substancia  que  da  la  lechuga,  dotada 
de  propiedades  anodinas. 

ETiuoLoaÍA.  Laeíúcieo:  firaneés,  too- 
tudne. 

Lactumen.  Masculino.  Medicina, 
Enfermedad  que  suelen  padecer  los 
niños  que  maman,  y  consisto  en  cier- 
tas llaguitas  y  costras  que  les  ealen 
en  la  cabeza  j  cuerpo. 

BTi]i<H.oafA.  Latín  lactem,  acusati- 
vo de  lac,  íaetit,  leche. 

Lactuoso,  aa.  Adjetivo  anticuado. 
LXcTBp. 

Laciarcia.  Femenino.  Miteilogia, 
Diosa  de  los  frutos  ea  leche.  (San 
Agustín.)  , 

EtxuolooÍa.  Latía  UutwXa;  ie 
lac,  laciitf  leche. 

Lacturgia.  Lactuucu.  La  fornia 
lactargia,  que  aparece  eu  algunos  Dic* 
eionariot,  debe  ser  errata  de  imprenta. 

Lacunar.  ..Masculino.  Espacio  en- 
tre viga  y  viga  de  un  techo. 

Btiholooía.  Laguna:  latín, 
nir,  te>3humbre  de  madera  tallada  eon 
vigas  á  trechos,  es  dooir,  dejando,  va- 
cíos ó  lagnnat. 

Lacunario,  ria.  Adjetivo.  Minera- 
logia.  Építoto  del  conjunto  de  crista- 
les en  forma  de  tultos  reunidos  en 
grupos  con  intervalos.  \  Masculino. 
Arquilectwa, -C^ÁA  uno  de  los  com- 
partimientos que  se  hacen  eu  los  in- 
tercolumnios de  los  arquitrabes  en 
los  planos  horizontales  que  miran  ha- 
cia la  tierra.  |  Botánlcay  toologia.  Que 
presenta  cavidades  ó  intervalos.  , 

EnHOLoaÍA.  Laguna:  latín,  ljcüm>- 
ríiis,  el  que  hace  lagunaf  ó  fosos: 
francés,  lacunaire. 

Lacuatral.  Adjetivo.  Lacustbb. 

Lacnatre.  Adjetivo  anticuado.  Fa- 


TOHO  ui 


40 


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314  LADA 


LADE 


LADO 


lustre,  lo  que  pertenece  i  lof  lagoa  6 
lagunas.  |  Botánica.  Plantas  Licufr- 
TRBS.  Plantas  que'  nacen  j  crecen  en 

losU^S.  g  6^í0/(y<a.T8BRBNOSLACUS- 

TuBB.  ('ienas  capas  át  tierra  que  pa- 
recen haber  lido  depositadas  en  el 
fondo  de  las  aguas  dulces.  Jj  Galca- 
Rios  LACUSTRES.  Galcaríos  fomuidos 
en  las  aguas  de  las  lagunas. 

Etiuoloqía.  Latín  Idcusfrit;  de 
cutj  lugo:  francés,  lacustre. 

Lacustres.  Adjetivo  plural.  Nom* 
breque  se  aplica  a  varias  ciudades  de 
Suizft,  Sabojra  j  la  alta  Italia.  Bstas 
poblaciones  lacustres  están  construi- 
das sobre  estacas,  en  la  ribera  de  los 
lagos,  j  habitadas  por  gentes  de  pro- 
cedencia deaconociaa,  que  parecen  ser 
anteriores  i  la  üegadia  de  los  celtas  i 
dichos  pafaes.  Según  HaToel  de  Se- 
rres,  hállase  entre  esas  gentes  multi- 
tud de  ¡mtrümentoi  j  utensilios  que 
son  propios  de  tribus  salvajes.  (C'omp- 
tes  renant,  Áead^ie  de  Sctenees.) 

EruiOLOofA.  Lacustre. 

Lacy  (Luis).  General  español,  que 
líació  en  San  Roque  en  1775  j  murió 
ea  1817.  Entió  m\xy  joven  en  el  ser^ 
vicio  militar,  y,  después  de  desertar 
una  vez,  era  capitán  del  regimiento 
de  Ultonia  cuando  tuvo  en  Canarias 
una  contienda  con  el  gobernador  ge- 
neral que  le  ocasionó  un  año  de  casti- 
llo, j  después,  el  retiro.  Pasó  luego  á 
Francia  y  se  alistó  en  un  regimiento, 
entrando  poco  después  en  una  legión 
irlandesa,  con  la  que  vino  á  España. 
No  queriendo  pelear  contra  sa  ^tria, 
abandonó  las  nías  francesas  ;  entró 
ñuevamente  en  el  ejército  español  coq 
el  ^rado  de  teniente  coronu,  distin- 
guiéndose en  varios  hechos  de  ar.mas; 
uno  de  ellos,  la  batalla  dt  Talavera, 
obteniendo  el  nombramiento  de  te- 
niente general  en  1810.  Desempeñó 
después  sucesivamente  las  capitanías 
generales  de  Cataluña  y  Galicia,  y  en 
esta  última  se  encontraba  al  regreso 
de  Fernando  VII,  que  inmediatamen- 
te le  separó  por  sus  conocidas  ideas 
liberales.  En  1816  organizó  en  Ma- 
drid una  conspiración  contra  el  go- 
bierno absoluto,  en  que  le  ofrecieron 
apoyo  el  conde  de  la  Bisbal  y  otros 
personajes,  y  que  al  afio  sigoiente 

3UÍS0  llevar  i  cabo  en  Caldetas,  don- 
e  se  hallaba  tomando  baños;  pero  de- 
latadopor  dos  oficiales  del  regimien- 
to de  Tarragona,  con  que  contaba,  en 
t-1  momento  mismo  en  que  se  dirigía 
á  la  casa  de  campo  del  general  Miláns, 
iniciado  también  en  la  conspiración, 
fué  preso  por  el  coronel  Lasala,  que 
mandaba  dicho  regimiento,  y  condu- 
cido á  Barcelona,  donde  un  consejo 
de  gnerra  le  condeaó  á  muerte.  Sin 
eoiMrgo,  temiéndose  una  subleva- 
ción, no  se  ejecutó  allí  la  sentencia, 
trasladándosele  al  castillo  de  Bellver, 
en  Mallorca,  donde  recibió  la  muerte 
con  un  valor  i  toda  prueba.  Las  Cor- 
tes de  1820  hicieron  grandes  honores 
á  la  mwaoria  del  que  había  sido  uno 
de  los  mártires  de  u  libertad. 
Lacha.  Femenino.  Pez.  Sábalo,  i 
Lada.  Femenino.  Botánica.  JkRk. 
BnuoLoaÍA.  Persa  ISd:  griego  X^ovJ 


fUdot);  latín,  lada;  latín  técnico, 
dum  palustre,  de  Línneo;  francés,  ¡e- 

don. 

Ladanífero,  ra.  Adjetivo.  Botáni- 
ca. Que  produce  ládano. 

BñifOLoaÍA.  Latín  Utd^nnm  y  forre, 
prodaoir:  francés,  laáanifire. 

Ládano.  Masculino.  Licor  aceitoso 
que  destila  lajera,  y  después  lo  espe- 
san y  dan  consistencia  a  manera  de 
goma  en  las  boticas. — <£1  licor  pin- 

SQe  y  craso,  que  arroja  de  sí  la  jara, 
amada  de  algunos  Lada  6  Ladón,  y 
de  ahí  este  licor  se  llamó  Ládano; 
que  dispuesto  y  cuajado  en  forma  de 
roma  es  el  que  se  administra  en  las 
boticas.  Hay  uno  natural,  que  lo  re- 
cogen los  pastores  de  las  barbas  y 
pelos  de  las  cabras  á  donde  se  pega, 
y  también  azotando  las  jaras  con  unos 
cordeles,  de  donde  después  les  raen. 
Otro  hay  artificial,  que  se  forma  en 
las  mismas  boticas  hirviendo  los  co- 
gollos de  U  jara  en  agua,  sobre  la 
cual  nada  este  licor  i  manen  de  acei- 
te, y  recogido  le  espesan  j  endure- 
cen, quedando  con  el  color  y  forma 
de  .pez.  Antiguamente  sa  traía  de 
Chipre,  de  donde  ora  el  mejor,  y  de 
Arabia  y  Libia,  menos  bueno.>  (Acá- 
dguia,  Diccionario  de  i726.) 

EtikolooÍa.  Persa  ¿oio»,  de  ISdt 
lada:  griego,  XiSavov  (ládanon);  latín, 
ladanum;  catalán,  ládano;  francés,  la- 
danum. 

Ladas.  Masculino.  Gran  corredor 
que  llevaba  consigo  él  gran  Alqan»* 
oro.  (Mabcial.) 

EnuoLoaÍA.  Griego  Aiíac  (Ladas): 
latín,  LSdas.  •  ■ 

Ladiapadi.  Masculino.  Nombre, 
que  dan  los  indios  á  una  especie  de 
arroz  que  crece  en  las  montañas. 

Ladeadamente.  Adverbio  de  mo- 
do. Inclinadamente. 

Etiuología.  Ladeada  y  el  sufijo  ad- 
verbial mente. 

Ladeado,  da.  Adjetivo  y  partici- 
pio pasivo  de  ladear;  y  así  se  dice:  tal 
o  cual  individuo  se  ka  ladrado,  para 
significar  ^ue  no  va  por  el  buen  ca^ 
mino,  habiendo  variado  de  propósito. 
También  se  dice:  asunto  ladkado, 
para  expresar  la  idea  de  qoo  ss  un 
asunto  que  se  ha  toreido. 

Ladeamiento.  Masculino.  Acción 
6  efecto  de  ladear  6  ladearse. 

Ladear.  Activo.  Inclinar  y  torcer 
alguna  cosa  hacia  un  lado.  Se  usa 
también  como  recíproco.  .[|  Neutro.  La- 
DRARss  ó  iNCLiMARSB.  ||  Andar  ó  cami» 
nar  por  las  laderas.  Q  Metáfora.  De- 
clinar del  camino  derecho,  l  Recípro- 
co metafórico.  Inclinarse  á  alguna 
cosa,  dejarse  llevar  de  ella.  Q  Ladrar- 
se CON  ALGUNO.  FnuM  metafórica  y  fa- 
miliar. Empezar  4  enemistarse  con  él, 
obrar  de  mala  fe. 

Etiholcoía.  Lado. 

Ladeo.  Masculino.  La  acción  y 
efecto  de  ladear. 

Ladera.  Femenino.  El  declivio  de 
un  monte  ó  de  una  altura  por  sus  la- 
dos. Q  Anticuado.  Lado. 

BtiuolgoÍa.  Lado,  porque  esti  la- 
deada. 

LaderUf  Fem^ino  anticuado.  Pb< 


qne&a  llanura  de  U  ladera  de  an 

monte. 

Laderxlla,  ta.  pemenioo  dimlna- 
tÍTo  de  ladera. 

Ladero,  ra.  Adjetivo.  Latiral. 

Ladiemo.  Masculino.  Arbusto. 
Aladibrha. 

Ladilla.  Femenino.  Insecto  de  una 
media  línea  de  largo,  casi  redondo, 
velloso,  chato,  sin  alas,  y  de  color 
blanquizco.  Tiene  seis  piés,  armados 
en  sus  extremidades  con  dos  ganchi- 
toa  en  forma  de  tenaza,  con  los  cuales 
se  agarra  estrechamente  á  las  partes 
más  vellosas  del  cuérpo  humano,  de 
cuya  substancia  se  alimenta  causando 
mucha  picazón.  |  Especie  de  cebada, 
coya  upiga  tiene  dos  drenes  de  gra- 
nos, y  éstos  son  chatos  y  pesados.  1 
PaoARSB  couo  LApiLLA.  Frasfl  metafó- 
rica. Arrimarse  á  alguna  persona  coa 
pesadez  j  QHileBt&naola. 

Ladillo.  Masetdino.  La  parte  de  la 
caja  del  ooche  que  «sti  i  cada  uno  de 
los  lados  de  las  puertecillas  y  cubre 
el  brazo  de  las  personas  qne  están 
dentro. 

Ladinamente.  Adverbio  modal. 
De  un  modo  ladino, 

Etuiolooía.  Ladina  y  el  sufijo  ad- 
verbial ntente. 

Ladino,  na.  Adjetivo  anticuado 
aue  se  aplicaba  al  romance  ó  caste- 
llano antigao.  |  Anticuado.  Latín.  Se 
aplicaba  u  que  hablaba  con  facilidad 
alguna  ó  algunas  lenguas  ajieuMMi  de 
la  propia.  H  Metáfora.  Astuto,  sigas, 
taimado. 

Bniioboofa*  catalán,  Zíuíf, 

na¡  tadL  sd* 

.  Ladito.  Hasenlíno  diminutivó  de 
lado. 

Lado.  Masculino.  £1  costado  ó  pai- 
to del  cuerpo  del  animal,  comprendi- 
da entre  el  brazo  y  el  hueso  de  la  ca- 
dera. I  Lo  qne  esti  á  la  derecha  Ó  iz- 
quierda de  un  todo,  jl  El  costado  ó  U 
mitad  del  cnerpQ  del  animal  de^de  el 
pie  hasto  la  cabeza.  Et;  este  sentida 
decimos:  la  perlesía  le  ha  cogíido  todo 
el  LADO  izquierdo.  |  Ct^alquiera  Í2e  los 
parajes  que  están  ,  reoédor,  átt  no 
cuerpo;  y  así  se  dice:  la  ciudad  ^ 
sitiada  por  todos  lados,  ó  por.elí^DO 
de  la  cindadela,  ó  por.  el  lado,  del 
río.  I  La  estora  que  se  pone  arrimada 
á  las  estacas  de  los  lados  de  los  ca* 
rros,  para  que  no  se  salga  por  eljtfi  U 
carga.  Q  El  anverso  ó  reverso  d^  ifot 
medalla;  las  dos  caras  de  una  tela  <! 
de  otro  objeto  que  las  tonga;  verbi- 
gracia: esta  moneda  tiene  por  un  UífiO 
el  busto  del  monarca,  y  por  otro,  Ui 
armas  de  la  nación.  |  Sjtio,  lugtt^*  Ea 
esto  concepto  decimos:  haz.LADO,  dé- 
jale un  LADO..  |¡  Metáfora.  .Cada  ^no 
de  los  juicios  que  formamos  aob^  upa 

Sersona  ó  acerca  de  un  negocio,  y «»' 
eeimos:  por  an  lado  pareció  Fiuano 
muy  entendido;  por  óTRO,.  mu^  pr^ 
suntuoso;  por  an  lado  jiropete  ypa-- 
tajas  esa  empresa,  mas  por  otro,  1^ 
juzgo  muy  arriesgada>  I  MetáfoiSr  ^* 
persona  que  protege  á  f^vqrece  á-c^f ! 
y  asi.  se  .dice:  h»  tenido  fbrtnna  en 
dar  coD  buenos  lados..  U  X^V^MM^^ 
LADoa.  íotsft  ftíailiaí  dftitts.iM* 


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LÁbft 


LÁDá 


LAOR  31^ 


íemos  pan  d»  i  entatdw  que  uoa 
persona  está  mftl  íntoinda  por  las 
gentes  que  la  rodean.  |  Uetáfot*.  SI 
modo»  medio  6  eamino  qtie  h  toma 
paxa  alguna  eósa;  7  mI  •«  dice:  vian- 
do  qae  me  entendían,  ecké  por  otro 
LADO.  I  Geonufria.  Cada  una  de  las 
dos  líneas  que  fbrman  tin  Angulo.  Q 
Geometría.  Cada  una  de  las  líneas 
que  encierran  6  limitan  ua  pol[»no; 
j  asi  se  diee:  el  ^ángulo  es  figura 
de  tres  lados.  J  Costado;  7  así  se  di- 
ce: por  el  LADO  de  Ik  madrs  es  hidal- 
go. |  Ai.  laük).  Modo  adrerbial.  Muy 
cerca»  inmediato.  |  A  oh  lado.  Ex- 
pien¿n  oonqueae  advierte  á  alguno 
o  alanos  que  se  aparten  7  dejen  el 

KISO  libre.  I  COMltLB  OH  LADO  1  UNO. 

Frase  fiimiliav  con  que  se  da  i  enten- 
der el  gasto  eontinno  que  alguna  per- 
sona hace  i  otra  viviendo  en  su  casa 
7  onniendo  &  sus  expensas.  |  Dab  la- 
do 6  DB  1.AD0.  Frase.  Marina.  Torcer 
la  embarcación  apo7Índoltf  en  tierra 
ó  en  otra  nave,  para  descubrir  bien 
todo  el  costado  hasta  la  quilla  7  po- 
derla limpiar  7  componer.  ]  Dar  de 
LADO  Á  UNO.  Frase.  Dejarle  planta- 
do, l  Ir  lado  k  LADO.  Frase  con  que 
se  explica  la  ivaaldad  de  dos  ó  más 
personas  eaamu)  se  pasean  juntas.  | 

tfmAB  DB  lado  6  DB  UBDIO  LADO.  Fta- 

se  metafórica.  Mirar  con  ceflo  7  des- 

firecio,  j  también  mirar  con  disimu- 
D.  I  Dbjab  i  tiN  LADa  Frsss.  Omitir 
alguna  eosa  en  la  eonTersaeídn.  I 
Ectab  L  m  LADO.  Frase.  Hablando 
de  nn  negoeio  ddilU;encia,  m  con- 
dniila,  fenecerla,  g  Db  lado.  Locu- 
ei¿R  adverbial.  De  costado,  transver- 
nlmente^  como  cuando  se  dice,  á  pro- 
pósito de  cualquier  buque:  «le  embis- 
tieron, 6  embistió  db  ladO.» 

BtiMOLOofa.  Latín  Mw,  costado; 
de  IStire,  estar  oculto. 

1.  Ladón.  Masculino.  Jaba. 
SmioLooÍA.  Zada:  catalán,  Ihdd, 

almeza.  - 

2.  Ladón.  Masculino.  Geografía. 
Río  del  Peloponeso  6  Morea.  (Ovi- 
moj  yjíitolMia,  ffl  mismo  rfo,  padre 
de  Dame.  |  Nombre  de  un  perro  de 
ieto^ii. 

BniKXooU.  Latía  Laim. 

Ladra.  Femenino.  Bl  acto  da  la- 
drar el  perro. 

Ladrada.  Femenino.  Mu7  corrida, 
conocida  hasta  de  los  perros  por  su 
mal  modo  de  vivir,  hablando  de  mu- 
jeres. 

Ladrado,  da.  Participio  pasivo  de 
ladrar. 

BtihologÍa.  Latín  lairStut,  parti- 
cipio pasivo  de  iatrSre:  catalán,  lla- 
draí,  aa. 

Ladrador,  ra.  Masenliao  7  feme- 
nino. El  que  ladra.  |  Antioaado.  Pi- 
sbo. 

HrfMOEAoU.  Lúdrér:  latín,  Utritor; 
eslalin,  {ladrador,  a¡  lUirt^, 

Ladéate.  Participio  activo  de  la- 
drar. Blqne  ladiadloque  imita  el 
ladrido. 

Ladriur.  Neutro.  Dar  ladridos  d 
perro.  |  Hetáfora.  Amsnaiar  sin  acó- 
^Mer,  I  Uetáfora.  Impugnar,  mote- 
jar. -Algttna  Tes  se  «atiende  con  rasdn 


7  jttsticift;  pero  de  (üdiaario  indiM 
malignidad. 

BTiuoLOola.  Latín  ¡aírSTe,  onoma- 
tope7a,  como  el  griego  6X«rcf«  (kjflap- 
tíoj:  catalán,  lladrwr. 

Ladrear.  Neutro.  Ladrar  sin  cesar 
7  sin  objeto;  especialmente,  en  la 
caza. 

Ladrido.  Masculino,  La  voz  que 
forma  el  perro  cuando  ladra.  \  Metá- 
fora. Murmuración,  censura,  calum- 
nia con  que  se  zahiera  á  alguno. 

BTXKOLOOfA.  latdrar:  latín,  h- 
trSfm,  ii;  catalán,  Ikdrit,  Ikdf- 
ment. 

Ladrillado.  Maieolino.  El  sedado 
de  ladrillos. 
Ladrillador.  Masculino.  Bm.AOBi- 

LLADOB. 

TjidrilUI.  Masculino.  El  sitio  6  In- 
gar  d<mde  se  fabrica  el  ladrillo. 

Ladrillar.  Activo  anticuado. 
Ehladbillui.  i  Masculino.  Ladu- 

LLAL. 

Ladríllalo.  Masculino  aumentati- 
vo de  ladrillo.  I  Qolpe  dado  con  un 
ladrillo. 

LadriU^o.  Masculino  diminutivo 
de  ladrillo.  |  Juego  que  suelen  hacer 
de  noche  los  mozos  colgando  un  la- 
drillo delante  de  la  puerta  de  alguna 
casa,  7  moviéndolo  desde  lejos  para 
que  de  en  la  puerta,  7  crean  los  ae  la 
casa  que  llaman  á  ella. 

LawtUéro.  Masculino.  El  que  ha- 
ca 6  vende  ladrillos. 

Ladrillo.  Masculino.  Pedazo  de 
barro  de  forma  por  lo  común  cuadri- 
longa, amasado  v  eocido,  ^ue  sirve 
para  construir  edificios  uniendo  los 
unos  á  los  ota-os  con  cal,  7eso  ú  otra 
mezcla.  También  se  da  este  nombre 
H  otros  más  finos  que  sirven  para 
hacer  los  suelos.  B  Metáfora.  La  labor 
en  fignra  de  ladrillo  que  tienen  al- 
unes tejidos.  j|  Gervíonia»  Ladrón. 
DB  CHOCOLATE.  Metáfora.  La  pasta 
de  chocolate  heoha  en  figura  de  la- 
drillo. 

BtiuolooÍa.  Latín  ¡aterc^iut,  ladri- 
Uejo,  en  César;  diminutivo  de  UUer, 
el  ladrillo;  derivado  de  liUut,  lado, 
porque  el  ladrillo  tiene  cuatro  lados, 
o  porque  se  pone  lateralmuto. 

Ladrilloso,  aa.  Adjetivo.  Lo  que 
es  de  ladrillo  Ó  se  le  asemeja  eu  el 
color. 

Ladrón,  na.  Masculino  7  femeni- 
no. Bl  que  hurta  ó  roba  alguna  cosa.  | 
Masculino.  El  portillo  que  se  hace  en 
las  presas  de  los  molinos  ó  aeefias  para 
robar  el  agua  por  aquel  conducto,  n  La 
pavesa  encendida,  que  separándose 
del  pábilo  se  pega  á  la  vela  7  la  hace 
correrse.  \  Hacer  del  ladsón  riBL. 
Frase.  Confiarse  de  alguno  poco  segu- 
ro por  necesidad  ó  precisión,  f  Osten- 
tar honradez  7  sencillez  para  inspirar 
confianza  i  otro.  ||  Pibnsa  bl  ladbóh 

QUE  TODOS  SON  DB  SU  CONDICIÓH.  Rfr- 

frán  que  enseña  cuán  propensos  somos 
á  sospechar  de  otro  lo  que  nosotros 
hacemos.  R  Pon  un  ladrón  pierden 
CIENTO  BH  EL  MESÓN.  Bcfráu  quc  ex- 
plica la  sospecha  que  se  concibe  con- 
tra otros  por  el  dafto  qoa  uno  ha 
causado. 


^  BnicOLOalA.  1.  Zatr».  Esta  voi  la- 
tina está  sincopada,  7  es  lo  mismoque 
latero,  formado  de  laíu^,  íateris,  el  la- 
do 6  costado,  del  griego  laíris,  servi- 
dor, criado.  Laíro  significó  origina- 
riamente un  soldado  mercenario  de  la 
escolta  del  re7:  de  ahí  taírocinari,  ser* 
vir  al  rejr,  servir  en  el  ejército.  Ha- 
biéndose introducido  mu7  luego  la 
desmoralización  entre  los  laterones  6 
latrones,  propasáronse  á  asaltar  7  ro- 
bar á  los  pasajeros  t^n  los  caminos:  de 
ahí  vino  el  dar  igual  nombre  á  todo 
el  que  robaba  en  despoblado.  Los  la- 
drones, pues,  ó  laterones,  fueron  así 
llamados  porgue  se  apartaron  del  lado 
de  quien  debían  estar,  ó  también  ouút 
d  Mere  aggrediuntwr,  porque  en  el  ca- 
mino salen  por  el  \xÁo  de  los  pasaje- 
ros. (MONLAU.) 

2.  Curcío  prefiere  la  etimología  del 
griego  latrU  (XaT^C^),  mercenario,  for- 
ma evidente  simétrica  del  latín  latro, 
soldado  de  la  ^ardía  del  príncipe* 
gente  mercenana,  sentido  recto  de  la 
voz  del  artículo. 

Derivación. — Griego  latrü:  latín, 
latro;  italiano,  ladro^  ladrone;  francés 
del  siglo  XI,  larum;  moderno,  larron^ 
larronne$$e,  ladrón,  ladrona;  proven- 
zal,  kurot  Uíro;  catalán,  lUtdre;  walón, 
lárim. 

Ladrón  (Santos),  Coronel  espa- 
ñol que  en  1833  se  sublevó  en  Pam- 
plona, formando  una  de  las  prime- 
ras partidas  que ,  proclamando  re7 
de  Bspafta  á  Don  Carlos,  hermano 
de  Femando  VII,  encendieron  la 
guerra  civil.  A  los  pocos  días  de 
su  sublevación,  fué  vencido,  hecho 
prisionero  por  el  general  Lorenzo  7 
pasado  por  las  armas  en  dicha  ciu- 
dad. 

Ladronamente.  Adverbio  de  mo- 
do metafórico.  Disimuladamente  ó  á 
hurtadillas. 

BnuoLOGÍA.  Ladrona  7  el  sufijo  ad- 
verbial mente. 

Ladronazo,  la.  Adjetivo  aumen- 
tativo de  ladrón, 

EtiholooU.  Itodríñi  catalán,  lla- 
dronát, 

I«adroncillo,  lia,  to,  ta.  Mascu- 
lino 7  femenino  diminutivo  de  ladrón 
7  Iwrona.  \  Ladroncillo  de  agu- 
jeta, DESPUÉS  suBB  Á  BARJULETA.  Re- 
frán con  que  ss  denota  que  los  la- 
drones empiezan  por  poco  7  acaban 
por  mucho. 

Btiiiolooía.  Ladrón:  catalán,  lla~ 
dret,  iiadreffaet,  Uadregot,  Uadronet;  la- 
tín, latmn<Al%tt  ladronzuelo,  en  Cico' 
rón;  usurpador,  tirano,  intruso,  en 
Vopisco;  pieza  dri  juego  de  damas,  en 
Séneca. 

Ladronera.  Femenino.  Bl  lunr 
donde  se  abrigan  7  ocultan  los  la<uo- 
nei.  I  Ladbóh,  por  el  portillo  de  las 
presas  de  loa  molinos.  |  Ladronicio; 
7  así  se  dice  cuando  alguno  vende  por 
más  precio  délo  regular;  esto  es,  una 
ladronbea.  Q  Hucha  ó  alcancía,  || 
Fortificación.  Matacanes. 

EnHOLOOÍA.  Ladrón:  catalán,  lla~ 
droHoro;  francés,  larronnUre. 

Z«adrcneria.  Femenino,  Ladboni- 
cio. 


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SIS  Lapa 


lafa 


lafa 


InuoLOOÍA.  Zédrv»:  iUHiKí^'f' 
dronajo,  ladronaio. 

Ladronesco,  ca.  AdiatÍTo  fami- 
liar. Lo  que  pertendcs  i  los  ladrones. 

SiiMOLoau.  Zttdr^:  italiano,  U~ 
dronesto. 

Ladronia.  Femenino  anticuado. 

Ladronicio. 
Ladronicio.  Masculino.  Latboci- 

NIO. 

Ladronzuelo,  la.  Masculino  j  fe- 
menino diminutivo  de  ladrón  j  ladro* 
na.  I  Hatero. 

EnuoLOofA.  Ladrón:  francés,  lar- 
ronneau;  italiano,  ladroneello. 

Ladveaant  (María).  A-ctriz  espa- 
ñola del  sielo  xviii.  Trabajó  en  los 
teatros  de  Madrid,  siendo  mujr  aplau- 
dida; pero  la  muerte  cortó  su  carrera 
á  los  25  años,  el  de  1767,  eausaudo  su 
pérdida  un  sentimiento  general. 

I«ady.  Femenino.  Voz  inglesa'  que 
significa  señora,  forma  femenina  de 
lord, 

BnuoLoaÍA.  Lord:  inglés,  lady  (U- 
dy);  del  anglo -sajón  hlafdie. 

Reseña. — Título  que  pertenece  de 
derecho  en  Inglaterra  á  las  mujeres 
de  los  lores,  barones  j)r  tqvtrei,  á  las 
hijas  de  los  duques  j  de  los  condes, 
y  que  se  da  por  cortesía  á  todas  las 
señoras  de  la  buena  sociedad. 

latíi9i,Vem6mao,  ÁHíi^üedades,  Es- 
pecie de  manto  de  lana,  común  á  los 
romanos  7  á  los  griegos.  Estos  la  de- 
nominaban x^tv«  (ehlana).  Era  an- 
cha, pero  corta,  y  se  sujetaba  sobre 
los  hombros,  de  modo  que  dejase  li- 
bres los  brazos.  Los  romanos  no  la 
lleraban  mis  <^ue  en  el  campo,  jr  les 
servía  de  vestido  de  invierno.  B  El 
plural  Lanatf  era  el  sobrenombre  de 
la  ilustre  familia  Papilla  en  Roma. 

EtiuolooU.  Latín  Imna.  (Cicbbún.) 

Laertes.  Masculino.  Hijo  de  Ani- 
üio,  rey  de  Itaca,  padre  de  Ulises. 
(Ovidio.) 

EtiuolooIa.  Latín  Zaertet. 

Lafa.  Femenino.  Arbol  de  Mada- 
gascar  que  produce  nnos  filamentos 
parecidos  á  crines. 

Lafayette  (Pablo  UarU  JosA  GiL- 
BBBSO  DB  MoNnaa,  margues  de).  Uno 
de  los  más  célebres  personajes  de  la 
Revolución  francesa,  que  nació  en  el 
castillo  de  Chavaniac,  en  la  Auver- 
nia,  en  Septiembre  de  1757  r  murió 
en  París  el  19  de  Mayo  de  1834.  Ter- 
minada su  educación  en  el  colegio  de 
Plesis,  de  París,  se  encontró  maj  jo- 
ven todavía  huérfano  j  poseedor  de 
una  considerable  fortuna,  j  á  los  16 
años  contrajo  matrimonió  con  made- 
moiselle  de  Noailles.  Habiendo  prefe- 
rido la  carrera  militar  á  los  honores 
de  la  cotte,  se  enbontraba  de  guarni- 
ción en  Metz  cuando  ejitalló  la  insu- 
rrección de  las  colonias  inglesas  de 
América.  Lleno  de  entusiasmo  por 
aquella  causa,  equipó  una  fragata  á 
su  costa,  partió,  á  pesar  de  la  oposi- 
5Íón  del  (jtóbierno  y  da  sn  familia,  j 
desemlwroó  en  George-Town  en  Ju- 
nio de  1777.  Los  americanos  estaban 
reducidos  á  nn  ejército  de'2.000hom- 
'bres.  LAVATBtTb,  que  contaba  20  años 
escasos,  te  ofreció  á  servir  como  to- 


liintiiríó,  7  el  Congreso  U  tiombrd 
mayor  general  del  ejército.  Ea  su  pri- 
mer hecho  de  armas,  en  la  batalla  de 
Brandjwine,  fué  herido  gravemente 
(11  de  Septiembre).  Enviado  al  Norte 
con  el  título  de  general,  se  distinguió 
en  la  batalla  de  Monmouth  (1778); 
pero  como  empezaran  á  correr  rumo- 
res de  una  euerra  entre  Francia  Ó  In- 
glaterra, volvió  á  París  en  1779,  don- 
de fué  acogido  con  las  mayores  mues- 
tras de  simpatía,  entregándosele  una 
espada  de  honor  á  nombre  del  pueblo 
americano.  Encargado  por  el  Congreso 
de  negociaciones  con  la  corte  de  Fran- 
cia, obtuvo  del  gabinete  de  Versalles 
la  promesa  de  enriar  ¿  loa  insurrectos 
un  cuerpo  de  40.000  hombres,  con 
cuya  promesa  volvió  á  partirán  1780, 
siendo  encargado  de  defender  la  Vir- 
ginia. A  pesar  dé  las  escasas  fuerua 
que  se  hacían  puesto  i  sus  órdenes, 
n&biles  maniobras  que  tendían  siem- 
pre a  evitar  una  batalla  formal,  obli- 
garon á  la  armada  inglesa  á  capitu- 
lar en  Yorck-Town,  en  1781.  De  re- 

f freso  otra  vez  á  Francia,  había  ya 
ngrado  determinar  á  España  &  que 
se  uniera  á  Francia  en  una  expe- 
dición combinada  contra  las  colo- 
nias inglesas,  cuando,  en  el  momen- 
to en  que  se  disponía  á  embarcar- 
se, supo  que  Inglaterra  acababa  de 
reconocer  la  independencia  de  sos 
antiguas  colonias.  Entonces  la  repu- 
tación de  LafatkTtb  tomó  propor- 
ciones verdaderamente  gigantescas. 
Luis  XVI  y  María  Antonieta,  Fede- 
rico 11  de  Prusia  y  José  II,  dieron  pú< 
blicos  testimonios  al  joven  marqués 
del  aprecio  en  que  tenían  sus  altas 
dotes  y  con  ellos  dieron  ocasión  á  que 
éste  mostrara  sin  rebozo  sus  senti- 
mientos republicanos.  Su  populari- 
dad, su  celo  en  la  petición  de  refor- 
mas que  cortaran  antigfuos  abusos, 
hicieron  que  el  rey  le  llamara  en  1787 
á  formar  parte  de  la  Asamblea  de  los 
Notables,  siendo  uno  de  los  que  pro- 
vocaron la  reunión  de  los  Estados  ge- 
nerales de  1789,  en  los  que  tomó 
asiento  como  diputado  de  la  nobleza 
de  Auvernia.  Gomo  vicepresidente  de 
la  Asamblea  en  la  memorajsle  fecha 
del  14  de  Julio,  fué  proclamado  co- 
mandante de  la  guardia  nacional, 
improvisada  el  día  antes,  Sn  las  jor- 
nadas del  5  y  6  de  Octubre,  trató  de 
impedir  al  pueblo  de  París  que  fuen 
á  Versalles  y  acabó  por  seguirle  con 
la  guardia  nacional  a  fin  de  dirío;ir 
el  movimiento.  Su  presencia  impidió 
grandes  desgracias  y  preservó  á  la  fa- 
milia real  de  los  atentados  de  un  pue- ! 
blo  que  empezaba  á  sentir  verdadero 
odio  al  trono.  El  rey,  en  -1790,  llamó 
á  la  guardia  nacional  á  prestar  sus 
servicios  cerca  de  su  persona,  con  lo 
cual  Lafaybttb  se  vió  comprometido 
cuando  tuvo  lugar  la  huida  &  Varen- 
nes  (21  Junio  1791).  Después  de  la 
vuelta  del  rey,  combatió,  en  la  Asam- 
blea, al  partido  que  pedia  la  destitu- 
ción de  Luis  XVI,  y  cuando  se  dispOf 
nía  una  manifestación  en  el  campo 
de  Marte»  en  este  sentido,  hizo  des- 
plegar la  bandera  roja  y  dii^ersar  al 


pueblo  por  la  fuerza  (17  Julio  1791)^ 
En  Septiembre  de  aquel  año,;  eñanda 
el  rey  oubo  aceptado  U  Constitución, 
LAFATim  presentó  su  dimisión  de 
comandante  de  la  guardia  nacional; 
pero  en  el  momento  de  ü  coalición 
de  Pilnitz,  fué  nombrado  general  del 
ejército  del  centro.  Entonces  hizo  ana 
vana  tentativa  para  castigar  á  loi  au- 
tores de  la  jomada  del  !^  de  Junio, 
yendo  á  denunciar  á  los  iacobiaos 
ante  la  Asamblea;  pero  no  nabiendo 
logrado  nada,  tuvo  que  partir  á  U 
frontera,  donde  supo  que  el  10  de 
Agosto  se  había  derrocado  la  moaar- 
quía.  En  el  primer  ímpetu,  quiso  ia- 
üntar  nn  último  esfuerzo;  pero  desti- 
tuido, decretada  sn  acusación  y  bus- 
cando un  asilo  en  un  país  neutral, 
fué  detenido  cerca  de  Namur  sufrien- 
do: primero,  en  Prusia,  y  después,  en 
Austria,  una  dura  eaatividad  qae  lo- 
portó  con  la  mayor  firmeza.  l4eso  e& 
la  cindadela  de  Olmutz,  sólo  debió  aa 
libertad  á  un  artículo  especial  del  tra- 
tado de  Campo-Formio  (1797).  Voelto 
i  Francia,  después  del  18  Brumario, 
votó  contra  el  consulado  perpetuo  j 
vivió  en  el  fetíro  durante  el  impario. 
En  1814,  Lafaybttb  trató  de  captar- 
se las  simpatías  de  los  Borbonés.  Du- 
rante los  Cien  días,  enviado  á  la  Cá- 
mara de  los  representantes,  tomó  una 
parte  activa  en  las  medidas  que  obli- 
garon á  Napoleón  i  abdicar  segunda  | 
vez.  Vuelto  i  la  vida  privada,  sólo 
do  1818  á  1823  ocupó  un  puesto  eo  la 
Cámara,  y  sieinpre  en  la  oposidón. 
Consideró  á  los  fiorbones  como  ndieal-  ¡ 
mente  absolutistas,  tendiendo  sin  ce- 
sar á  derrocarlos  del  trono.  No  habien-  | 
do  sido  electo  en  el  su&agio  de  1824,  I 
hizo  un  viaje  á  América,  en  donde  I 
obtuvo  la  acogida  más  entusiasta.  El 
Gobierno  de  la  Unión,  reconociendo 
sus  sacrificios  durante  la  guerra  de 
la  independencia,  le  hizo  donación 
de  cuantiosas  tierras  y  una  suma  de 
200.000  doHars.  ó  sea  un  millón  de 

ftesetas.  Restituido  á  U  Cúnara  de 
os  diputados,  en  1827,  siguió  U  lí- 
nea de  conducta  que  antes  habiá  em- 
prendido. La  revolución  de  1830  1« 
aclamó  eomandante  d«  la  guardia  na- 
cional y  jefe  del  Gh)biemo  pravidcnial, 
siendo  él  quien  respondió  al  enviado 
con  la  anulación  do  las  célebres  orde- 
nanzas: «Ya  no  es  tiempo.»  (Toando 
Luis  Felipe  aceptó  la  corona,  h*j 
quien  pretende  que  Lafaybttb  le 
abrazó  diciendo:  ¡Hs  aqulla  Mjor  dt  j 
las  repúblicas!  Pero  su  conducta  des- 
miente este  aserto.  Tres  semanas  des- 
pués presentaba  su  dimisión  del  pues' 
to  de  comandante  de  la  guardia  na- 
cional y  seguía  votando  con  la  oposi- 
ción. Minbeau  decCa  que  «Lafaybt- 
tb era  un  caiícter  menos  grande  que 
original;  más  descontento  qne  verda- 
deramente fuerte;  generoso  y  noble» 
pero  alimentándose  siempre  de  fai^^  ^ 
tesis,  vivía  de  ilusiones  sin  darse  ja- 
más cuenta  de  la  realidad.  >  Todos  los 

Sartidos  han  reconocido  la  honrad»» 
e  Lafatetts;  sin  embargo,  su  muo^ 
te  sólo  produjo  una  mediana  sans^ 
ción  en  Francia.  Bn  cambio,  en  Amo- 


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LAFO 

nea,  el  Congreso  decretó  luto  nacio- 
nal durante  treinta  días'j  se  le  hicie- 
ron los  miamos  honores  militares  que 
se  habían  tributado  á  Wásliington. 
La  familia  de  nnestro  personaje  ha 
publicado  sus  Mmorias,  corresp  -ndeur 
eüt  ¡f  wumucriíos  del  general  Lapayet- 
TBíParís,  1837-38, 6  Tolúmenes  en  8.° 
Ea  ellas  se  encuentran  muchas  noti- 
cias interesantes  jr  curiosas  sobre  la 
ReTolución;  j  especialmente,  acerca 
de  los  acontecimientos  en  que  el  céle- 
bre general  tomó  parte. 

La  Fontame  (Juan  db).  El  prime- 
ro de  los  fabulistas  franceses  j  uno 
de  los  más  grandes  poetas  de  su  tiem- 

Jo.  Nació  en  Chotea u-Th  i  errj  el  8  de 
ulio  de  1621  j  murió  en  París  el  13 
de  Abril  de  1695.  Su  padre  era  ins- 
pector de  montes  y  ag^uas,  jr  su  madre, 
Francisca  Pidoux,  hija  de  un  bailío 
de  Cqulomiers.  Tuto  por  primer  pre- 
ceptor al  maestro  de  escueia  de  su  al- 
dea; después  entró  en  el  oratorio  de 
Reims,  «donde  fué  UeTsdo  por  su  fa- 
milia, no  ciertamente  por  su  Tocación, 
pues  él  mismo  confiesa  que  nunca  le 
inspiró  mucha  afición  el  estado  ecle- 
siástieo.  Bien  pronto  loffró  vencer  la 
obitinacidn  que  la  había  llevado  allí, 
j  apenas  pasado  un  año,  volvió  á  apa- 
reeer  en  el  mondo.  Desde  entonces, 
se  hizo  notar  por  sus  distracciones, 
su  indolencia  y  su  marcada  propen- 
lión  á  loa  placeres.  Un  año  escaso  ha- 
bía pasado  desde  su  salida  del  semi- 
nario, cuando  ja  hacía  en  casa  de  su 
padre  una  vida  desordenada,  que  in- 
dudablemente le  hubiera  arrastrado 
de  licencia  en  licencia  á  una  desgra- 
ciada situación,  si  un  oficial,  de  guai^ 
niclón  en  Ch&teau-Thierrjrino  hubiese 
declamado  en  presencia  sujra  la  oda 
dt  Malherbe  sobre  la  tentativa  de  ase- 
sinato contra  Enrique  IV,  llevada  á 
cabo  en  1605.  Aquellos  versos  produ- 
jeron en  La  Fontainb  un  efecto  tan 
extnordinarÍD,  que  despertaron  en  su 
alma  los  instintos  de  la  poesía,  cuyo 
gniio  debía  latir  en  el  fondo  de  su 
existencia.  Pero  su  gusto  corría  el 
peligro  de  extraviarse  con  la  imita- 
ción de  malos  modelos,  cuando  un 
ami^  le  sugirió  la  idea  de  que  con- 
venía que  leyese  ¿  Homero,  Virgilio, 
Horacio,  Terencio  j  Quintiliano.  En- 
tonces se  dedicó  con  ardor  al  estudio 
de  los  clásicos  de  la  antigüedad  y  dió 
á  la  estam^  una  imitación  de  la  co- 
media de  Terencio,  Fl  Eunuco,  Este 
estudio  no  le  hizo  perder  su  afición  á 
los  autores  modernos,  entre  los  cua- 
les prefería  á  Marot,  Rebeláis  jr  Voi- 
ture.  La  Fohtainb  pasó  cuatro  años, 
DO  ocupándose  de  otra  cosa  que  da 
los  placeres  y  de  la  poesía.  Cuando 
lle|fó  á  la  edad  de  26  años,  su  padre 
quisoestablecerle,te  transmitió  el  car- 
go qao  desempeñaba  y  le  casó.  Pero 
el  poeta  era  el  hombre  menos  capaz 
de  soportar  lazo  alguno  y  el  espíritu 
menos  dotado  de  aptitudes  para  los 
negocios.  Ademas,  encontrando  poca 
simpatía  entre  el  carácter  de  su  mu- 
jer y  el  SUJO,  acabó  por  considerar  el 
himeneo  como  una  pesada  esclaví- 
tod,  qoe  no  tardd  en  romper,  «leján- 


LAPO 

don  del  techo  conjugal.  Entonces 
se  estableció  en  París,  donde  fué 
presentado  al  superintendente  Fou- 

Íaet,  quien  le  asignó  una  pensión  de 
.000  libras,  como  poeta  de  la  corte. 
La  Fontainb  encontró  en  casa  del 
superintendente  la  vida  máftconforme 
á  su  carácter  j  á  sus  gustos  que  ja- 
más hubiera  podido  imaginarse.  Así 
es  que,  fiel  á  su  protector,  después  de 
su  caída,  lamentó  su  desgracia  en  una 
hermosa  elegía  (la  sexta  de  sus  obras) 
en  1&51  j  en  una  oda  al  rey  en  1663. 
En  1664j  1671,  La  Fontainb  publi- 
có sus  Guentos  y  sus  Narraciones  en 
verso,  donde  los  fueros  de  la  moral 
salen  como  Dios  quiere,  j  en  1668, 
esto  es,  á  la  edad  de  47  años,  comen- 
zó á  imprimir  la  pieciosa  literatura 
sobre  que  descansa  su  gloriosa  repu- 
tación. Nos  referimos  a  las  Fábulas, 
imitación  las  más  de  ellas  de  diver- 
sos autores  antiguos  y  modernos;  pero 
imitación  hecha  de  una  manera  tan 
original  j  tan  hermosa,  que  valió 
bien  pronto  al  poeta  el  justo  título  de 
inimitable.  Esta  obra  consta  de  129 
fábulas,  reunidas  en  12  libros,  de  los 
cuales,  los  seis  últimos,  no  aparecie- 
ron hasta  el  período  de  1678  á  1694. 
cLa  Fontainb,  dtce  Ghamfort,  ha 
traído  al  apólogo  la  pintura  de  las  cos- 
tumbres; j  el  apólogo,  al  campo  de  la 
poesía,  haciendo  de  su  libro  una  co- 
medía en  más  de  cien  actos.  Su  carác- 
ter distintivo  es  una  maravillosa  ap- 
titud para  trasladarnos  al  lugar  de  la 
acción;  dotar  á  cada  uno  de  sus  perso- 
najes de  na  carácter  particular,  cuja 
unidad  se  conserva  en  la  variedad  de 
sus  fábulas;  j  sobre  todo,  jpara  haee^ 
los  vivir  con  una  personalidad  que  no 

guede  confundirse  con  otra  alguna, 
u  estilo  es  sencillo,  natural,  elegan- 
te, gracioso;  cuando  lo  exige  la  índo- 
le del  asunto,  sublime,  y  en  todas 
ocasiones,  dotado  de  una  sensibilidad 
tan  conmovedora  eomo  positiva.  Es 
indudablemente  uno  de  los  ejemplos 
más  asombrosos  que  ofrecen  las  lite- 
raturas de  todos  lüs  siglos,  porque  di- 
fícilmente se  hallará  poeta  que  reúna 
esa  flexibilidad  de. espíritu  j  de  ima- 
giqación,  con  que  sigue  todos  los  mo- 
vimientos del  asunto  que  desarrolla.» 
Entre  las  obras  de  La  Fontaixb,  son 
dignos  de  especial  mención  tres  poe- 
mas mitológicos,  Psionis,  Adonis  y 
Filetndnf  Baucitr  publicados  los  djs 
primeros  en  1669,jeliiltirao,enl685. 
En  ellos  se  encuentra  la  brillante  ima- 
ginación j  la  magia  del  estilo  del 
poeta,  siendo  de  notar  que  el  Psi^uis, 
imitación  de  Apulejro,  más  que  poe- 
ma, es  una  novela  escrita  en  verso  y 
prosa.  Las  cuatro  ó  cinco  comedias 
que  escribió  j  dos  óperas,  que  se  can- 
taron con  aplauso,  no  añaden  timbre 
alguno  á  su  gloria.  La  Fontainb  es-, 
tuvo  ligado  por  estrechos  vínculos  de 
amistad,  no  sólo  con  los  más  ilustres 
literatos  de  su  época,  sino  con  todos 
aquellos  personajes  que  brillaron  por 
algún  concepto  en  su  tiempo.  Sus  ta- 
lentos superiores  j  la  dulzura  de  su 
carácter,  ^ue  tuvo  siempre  algo  de 
•la  ing^aiudad  y  del  candor  del  nifio, 


LAFO 


81^ 


le  atraían  las  simpatías  de  todos.  A 
consecuencia  de  su  incapacidad  para 
los  negocios,  se  había  visto  obligado 
á  dejar  el  cargo  que  le  había  legado 
su  padre,  j  su  indiferencia  hacia 
todo  lo  que  eran  bienes  materiales, 
unida  á  su  vida  dispendiosa,  habían 
acabado  por  consumir  su  pequeña 
fortuna,  bus  amigos  le  hicieron  en- 
tonces obtener  el  cargo  de  gentil- 
hombre de  la  duquesa  viuda  de  Or- 
leáns;  pero  muerta  esta  princesa,  en 
1672,  volvió  á  caer  en  una  posición 

Í trocaría.  Lo  que  la  duquesa  de  Or- 
eáns  había  comenzado,  lo  continuó 
M.°^*  de  La  Sabliére,  dama  tan  distin- 
guida por  las  cualidades  de  su  alma 
como  por  las  dotes  de  su  talento.  Aco- 
giendo al  gran  niño  en  su  casa,  duran- 
te veinte  años,  compartió  con  él  las 
penas  j  las  alegrías  de  la  vida  mate- 
rial; pero  también  esta  vez  tuvo  el 
poeta  el  dolor  de  sobrevivirá  su  bien- 
hechora. A  pesar  de  que  en  aquella  sa- 
zón contaba  ja  72  años,  la  tutela  j  el 
apojo  de  una  persona  amiga  se  ha- 
bían hecho  indispensables  para  él,  j 
todo  lo  encontró  en  Hr.  De  Hervart, 
consejero  en  el  Parlamento  de  París, 
quien  había  conocido  al  poeta  en  casa 
de  M.»*  La  Sabliére.  Daranta  los  úl- 
timos  años  de  su  vida,  La  Fontainb, 
aparte  de  la  hospitalidad  de  Mr.  De 
Hervart,  que  l«  había  instalado  en  su 
casa,  no  contaba  con  otra  fortuna  que 
los  beneficios  de  sus  protectores  el 
duque  de  Borgoña  v  los  príncipes  de 
Conti  j  Vendóme.  La  edad  produjo 
un  cambio  completo  en  su  carácter  j 
en  sus  costumbres.  Siendo  joven,  ha- 
bía llevado  una  vida  en  extremo  disi- 

fiada;  ja  en  la  vejez,  se  arrepintió  de 
os  errores  de  sus  primeros  años  j  los 
expió  practicando  los  ejercicios  de 
la  más  austera  piedad.  La  Fontainb 
tavo  la  suerte  de  disfrutar  de  su  glo- 
ria en  vida;  más  que  sexagenario  era 
ja,  cuando  se  presentó  á  la  Academia 
Francesa,  que  le  recibió  en  su  seno 
en  1684.  Cnamfort  ha  formulado  so- 
bre el  gran  poeta  un  juicio,  que  pue- 
de considerarse  como  un  resumen  de 
la  opinión  general.  cOfreció,  dice,  el 
singular  contrastedeun  narradorlibre 
con  exceso  j  de  un  excelente  moralis- 
ta. Dotado  del  más  delicado  talento  y 
de  la  más  ingenua  sencillez,  posejó 
el  espíritu  de  la  observación  j  de  la 
sátira,  siendo  considerado  siempre 
como  un  alma  bondadosa,  y  supo  sa- 
car provecho  de  su  talento  en  oposi- 
ción á  las  cualidades  que  suelen  des- 
lucir siempre  al  escritor  satírico,  lle- 
gando i  ser  en  su  siglo,  si  no  el  prime- 
ro, por  lo  menos,  efmás  admirable.» 
Las  ediciones  de  las  Obras  completas 
de  La  Fontainb  son  poco  numerosas; 
pero,  en  cambio,  las  de  sus  FdbulaSt 
son  innumerables.  Entre  las  prime- 
ras, citaremos  las  de  París  de  1814 
j  1817.  Entre  las  segundas:  las  Fá- 
bulas de  La  Fontainb  con  un  comenta- 
rio literario  y  gramatical  por  Carlos 
Nodier  (París,  1818);  la  de  Walcknaer 
con  notas  (París,  1827);  la  de  Oror- 
pelet,  con  notas  j  75  viñetas  en  ma- 
dera (Paría,  1830),  y  la  de  Coliñcamp, 


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Laóa 


coa  noU*  filológicw  (Puta,  1636). 

Laga.  Femeninoaaticuaclo.  Llaga. 

Lagán.  Masculino.  Feudalismo. 
Derecho  que  los  señores  tenían  sobre 
las  naves  que  habían  naufragado  y 
sobre  las  mercaderías  que  condu- 
cían. 

BtiuolooÍa.  EscandinaTo  k^,  Uj: 
auglo-sajón*  It^A,  laA;  infieles,  law; 
francés,  tapan;  bajo  latín,  u^,  ley  ó 
derecho,  eomo  en  lmamotm,  derecho 
de  la  mar,  y  laganmmt  que  se  halla  en 
Dn  Caoge. 

Lagano.  Masculino.  ÁníigUdadeu 
Pasta  de  flor  de  harina  de  tríg«  j 
aceite,  coa  que  hacían  una  especie  de 
torta,  (jue  constituía  un  alimento 
económico  entre  las  gentes  menos 
rieas. 

Lagafia.  Femenino.  LsoAftA. 
Lagañoso,  sa.  A.djetÍvo.  LboaRo- 

80,  81.. 

Lagar.  Masculino.  £1  estanque  pe- 
queño 6  alberca  en  qne  se  pisa  la  uva 
para  exprimir  el  mosto:  tiene  una  ca- 
nalíta  por  donde  corre  éste  ¿  la  tina 
d  vasija  en  que  se  recoge  para  echar- 
lo después  en  las  cubas  6  tinajas. 

KTiuoLOaÍA.  Latín  laciu,  laST", 
cavidad,  pila,  pilón,  porque  el  laqab 
antiff'uo  era  una  alberca,  ea  donde  se 

Eisftba  la  uva,  6  porque  el  mosto  Tai 
k  tina  ó  pilón. 

Lagarada.  Femenino.  Cada  una 
de  las  Teces  que  se  llena  el  lagar,  y 
cada  una  de  las  porciones  de  uva  con 
qne  se  llena. 

Lagarcgo.  Masculino  diminutiro 
de  lagar.  |  Hacbe.sb  LAOAaBJO.  Frase 
metafórica  y  ^miliar.  Apretarse  los 
mozos  unos  á  otros  los  pescuezos  por 
baria  y  pasatiempo.  ||  Hacbrsb  laga* 
BSio  LA  OTA.  Frase.  Maltratarse,  es- 
trujarse la  ara  que  se  trae  para  co- 
mer. 

Lagarero.  Masculino.  El  que  tra- 
baja en  el  lagar  pisando  uva,  ||  El  que 
trabaja  en  el  malino  de  aceite. 

Lagareta.  Femenino.  LAaissio. 

Lagarós.  Masculino.  Métrica ^rie- 
qa.  Verso  hexámetro,  en  cujo  inte- 
rior haj  ana  sílaba  breve,  en  logar 
de  una  sílaba  larg-a. 

SnuoLoaÍA.  Griego  Xopp^c  (^a- 
ró$),  vacío;  esto  es,  vacío  de  cantictad, 
breTe:  francés,  la^arug. 

Aff^Ak— Ua  ejemplo  de  esta  clase 
de  verso  se  encuentra  en  la  Iliada^  II, 
7d1.  (Lirraí.) 

liSgarta.  Femenino.  La  hembra 
del  lagarto. 

Lagartado,  da.  Adjetivo.  Ala- 
gartado. 

Lagartera.  Femenino.  El  agajero 
ó  madriguera  del  lagarto. 

Lagartero,  ra.  Adjetivo.  Se  apli- 
ca al  ave  ú  otro  animal  qne  caza  la- 
gartos. 

Li^artezna.  Femenino  anticuado. 
Lagastija. 

Lagartiia.  Femenino.  Reptil  mnj 
comán  en  Espafia,  cnjro  cuerpo  es  se- 
mejante al  del  lagarto,  de  unas  tres 
i  cuatro  pulgadas  de  lar^o,  cubierto 
todo  él  de  pequeñas  laminitas  pues- 
tas sn  orden.  Por  la  parte  superior  es 
.  de  oolor  pardo,  y  á  veces  rojizo  ó  ver- 


La  gas 

doso,  y  por  la  inferior,  blaiMO»Bfmaj 

ligero  y  espantadizo. 

Etimolooía.  Lagarto. 

Lagartijero,  ra.  Adjetivo  que  se 
aplica  á  algunos  animales  qae  cazan 
y  comen  lanrtijas. 

Lagutillo.  MasenUno  diminutivo 
de  lagarto. 

Laffarto.  Hasculiao,  Zoología. 
Reptil  de  diez  á  doce  pulgadas  de  lar- 

fo,  muy  común  en  varias  partes  de 
spaña.  Su  cuerpo  es  estrecho,  y  tiene 
cuatro  pies  extendidos  horizontalmen- 
te  y  armados  de  uñas;la  cola  tan  larn 
como  el  cuerpo,  redonda  y  terminada 
enpunta;  T  la  cabeza  ovalada,  sin  ore* 
jas,  y  con  la  boca  armada  de  machos  y 
pequeños  dientes.  Todo  él  está  cubier- 
to de  laminitas,  y  de  color  blanco  por 
la  parte  inferior,  y  por  la  superior, 
esta  hermosa  y  vistosamente  mancha- 
do de  Terde,  amarillo  y  azul.  Es  su- 
mamente ágil;  anda  arrastrando  el 
cuerpo  y  se  reproduce  de  huevos,  qne 
se  empollan  de  sujro  con  el  calor  del 
sol.  Ü  El  músculo  grande  del  brazo, 
que  está  entre  el  hombro  y  el  ood<>.  | 
Familiar.  Picaro,  taimado,  en  cu^o 
sentido  se  dice:  ¡ja  es  un  buen  laqab- 

TO!  jVayaunLAGABTO!  ¡QuéLAGARTO! 

Q  Familiar.  La  espada  roja,  insignia 
de  la  orden  de  caballería  de  Santiago. 

Itygrmanía.  El  ladrón  del  campo,  ó 
que  muda  de  vestido  para  que  no 
le  conoznn.  \  diImdusi  caiiijLh  óco- 

COOHILO. 

EnHOLOofA.  Latín  IHeirtui  y  HUar- 
ta,  formas  de  Ulcera  hecho  pedazos, 
aludiendo  i  las  articulaciones  ó  vérte- 
bas:  catalán,  llan^ardai»,  llapardaia, 
llagart;  provenzal,  UuerU  lamert;  Be- 
ny,  Uzardt  lizerd;  ginebrino,  Uutard; 
portugués,  lagarto;  foincés  del  si- 

fflo  xii,  leisard;  moderno,  láard¡  ita- 
iano,  laeeríat  lucerta. 

Reseña, — El  vulgo  de  algunas  pro- 
vincias entiende  que  el  laoabto  es  el 
enemigo  encarnizado  de  la  mt^er;  y  la 
culebra,  del  hombre. 

La  Gasea  (Mabiano).  Célebre  bo- 
tánico español,  que  nació  en  Encina- 
corta  (Aragón)  en  1776  y  murió  en 
Madrid  en  1839.  Después  de  haber 
hecho  Btts  estudios  de  Medicina  en  Za- 
ragoza y  Valencia,  se  estableció  en 
Madrid,  donde  contrajo  estrecha  amis- 
tad con  Gabsnilles,  profesor  de  botá- 
nica en  la  universidad  y  director  del 
jardín  botánico  de  la  Corte.  Nom- 
brado suplente  da  aquél,  fué  encarga- 
do, en  1803,  de  recorrer  la  Península 
á  fin  de  recoger  los  documentos  nece- 
sarios para  la  composición  de  una  flora 
española,  y  en  su  primer  viaje  por  las 
provincias  de  León  y  Asturias,  descu- 
brió el  liquen  de  Islandia,  lo  que  hizo 
desde  entonces  inútil  la  importación 
i  Espafia  de  este  precioso  vegetal. 
Cuando  estalló  la  guerra  de  la  Inde- 

Sendencia,  La  GASCA  era  catedrático 
e  botánica  en  la  universidad  de  Ma- 
drid; rechazó  las  ofertas  del  Gobierno 
invasor  ^  se  unió  al  ejército  nacional, 
donde  sirvid  como  medieo  militar.  De 
vuelta  á  Madrid,  fué  nombrado  direc- 
tor del  jardín  botánico  y  recobró  su 
c-itedra.  Independientemente  de  mu^ 


Lagé 

chas  misiones  Importantss,deqiiéfa¿ 
encargada,  trabajó  en  diversas  obras 

Ífué  elegido  diputado  i  Cortas.  Este 
onor  fue  para  él  origen  de  grandes 
calamidades,  pues  obligado  en  1823  á 
abandonar  su  patria  y  4  trasladarse  i 
Cádiz  con  el  Gobierno,  tuvo  d.  áoht 
de  ver  reducidos  á  eenicas,  en  Sevilla, 
sns  preciosos  manaseritos  y  sa  rico 
herbario.  «Allí  decía  él  mismo  algún 
tiempo  después,  han  encontrado  su 
tumba  multitud  de  produccionu  úti- 
les para  las  ciencias  naturales.  Allí, 
Clemente  perdió  los  resultados  de  so 
viaje  á  la  serranía  de  Ronda  j  las  ob- 
servaciones que  había  hecho  en  el  te- 
rritorio de  Sevilla  en  los  años  1807, 
1808  y  1809;  allí,  el  ilustre  Boij  de 
Saint- Vincent,coroneldel  ejército  fran* 
cés,  perdió  ricas  colecciones,  formadu 
á  través  de  las  balas  de  los  patiíotu; 
allí,  se  sepultó  para  siempre  la  parta 
más  prstnosa  de  mi  herbario  y  de  mi 
biblioteca,  y  lo  que  es  peor  todavía, 
todos  mis  manuscritos,  excepto  el  de 
la  Cerei  española,  qne  quedo  intaeto 
en  manos  de  Clemente. »  La  Gasca  se 
refugió  en  Londres,  donde  coasa^rJ 
los  ocios  del  destierro  á  nuevos  é  im- 
portantes trabajos.  En  Jersejr  se  halla- 
ba cuando,  en  1834,  obtuvo  el  permi- 
so de  regresar  á  su  patria,  dónela  vol- 
vió á  tomar  la  dirección  del  jardín 
botánico,  que  conservó  hasta  su  mae^ 
te.  De  41  nos  han  quedado  las  sigaieo- 
tes  obras:  Bellezas  naturales  de  Sipsr 
ña;  ffienckus  planíarum  qum  m  hrUt 
regia  botánica  Matritensi  ctiUhantw  ss- 
no  MDCGGXVi  Noticias  sobre  el  des- 
cubrimiento del  Ufuen  de  Itkmdia  ea  el 
puerto  de  Pajares;  Afemeria  sobre  &» 
plantas  sodíjeras  de  Bspaña;  Floré  es- 
pañola; C'eres  espoMola;  ^fotieia  sobre  U 
tnda  literaria  de  don  Josi  Cabanillet; 
Lista  de  las  plantas  útiles  á  la  jardiat- 
ría  y  Descripción  de  algunas  plantas  del 
jardín  botánico  de  Madrid,  obra  escrita 
en  colaboración  con  don  José  Deme- 
trio Rodríguez. 

La  Gasca  (Pbdbo).  Hombre  políti- 
co español,  que  nació  en  el  Barco  de 
Avila  en  1485  y  murió  en  1560.  Sotni 
en  las  órdenes,  fué  consejero  de  la  In- 
quisición, y  en  1546  le  nombró  Car- 
los V  presidente  de  la  aadieneia  del 
Perú,  con  poderes  amplios  para  hacer 
ciuinto  condujese  &  la  pafliáescióa  de 
aquellos  dominios.  Guando  Uwó  a 
América,  acababa  de  morir  el  ntnf 
Blasco  Núñez  á  manos  de  Gonzalo  Ph 
zarro,  que  había  quedado  por  daeflo 
del  país.  Empleando  maña  y  consUs- 
cia,  consiguió  ir  atrapréndose  toaoi 
los  partidarios  de  aquel,  ^  cuando  le 
vió  débil,  la  atacó  y  venció.  Después 
de  este  triunfo,  que  le  valió  en  Aras- 
rica  el  nombre  de  Padre  resíauradorí 
pacificador,  se  estableció  en  el  CaMO, 
se  ocupó  en  la  colonización  é  hizo  en- 
trar grandes  sumas  en  el  Tesoro.  O» 
vuelta  á  España,  recibió  en  recompen- 
sa de  sus  servicios  el  obispado  de  bi- 
güenza.  v  más  tarde,  el  da  Palenw». 
en  cuja  diócesis  acabó  sus  días. 

Lagenia.  Femenino,  ^«'tf 'Síí 
Especie  de  vasija  á  modo  de  wiw» 
que  usaban  los  romanos. 


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LAGO 


LAGO 


LAGH  819 


BnveLooCÁ.  Latín  l^h»,  que  w  el 
gMgo  (Ughu>t)y  boteUa,  fras- 

eo, radona. 

Lftgeniforme.  AdjatÍTo.  Hittoria 
MAira/.  Qaa  tieaa  U  fiffttia  de  una 
botella. 

Rtuiolooía,.  Latín  l^ena,  botella, 
j  forwu:  francés,  la^eniforme, 

Lagttnóforo.  Mascalino.  Boíániea. 
Oénero  de  plantas  dicotil«dóneas,  de 
lasmonteñasdelaCochÍDchina.  U  Con- 
páiMtgiu.  Qénuo  da  conehat  mujr 
rátoaas. 

BmcoLOGÍA.  Griego  Urijvoc  (Ugi- 
Mtjt  botdlft,  Tedoma,  y  <popóc  (pkorós), 
qna  Uen  ó  produce. 

Lftgarstremia.  Femenino,  BoUni- 
u.  Arbasto  de  adorno,  pertenecieate 
i  la  familia  de  las  litraneas. 

firiMOLOoía.  Afa^ntu  L¿aBRSTRCBN, 
naturalista  sueco»  muerto  en  1759,  á 
qaim  Linnao  lo  dedífid:  latín  tácnico, 
LaonasTBCEiiu,  indica. 

B$S€Ía, — Dicho  arbusto  se  denomi- 
na LA.aBBSTRBMlA   dt  lot  ludiOf,  de 

tcaerdo  coa  la  clasifíoación  de  Linneo. 

Lageto.  Masculillo.  Botámiea,  Ar- 
bula  da  la  Jamaiea,  da  madan  muj 
apredada. 

Lagia.  Famenino.  ^pecie  da  tala 
jHBtaoia  qna  sa  haea  an  Segú. 

ISitOKajoaik.  Latín  loghut  egipcio, 
£»■»  de  Liam$,  Lago,  padre  da  Pto- 
lomeo^  raj  de  Egipto. 

Lagida.  Masculino.  Hittoria  anti- 
yw.  Miembro  de  una  dinastía  griega 
qae  reinó  en  Egipto,  cuyo  fundador 
mé  Ptolomeo,  hijo  de  LagOt  uno  de 
los  capitanes  de  Alejandro  el  Gramde. 
i  Hascnlino  plural.  Los  laoioas. 

EnHOLOOÍA.  Latín  lamida,  los  ligi- 
das,  descendientes  da  La^%$,  Lago: 
francés,  lapide. 

Lagidia.  Famenino.  Zooloyia.  Es- 
pecie de  auimalas  zoedoras  da  Nueva- 
Holanda. 

Lago.  Ibsenlino.  Concavidad  na- 
tural, grande  j  extensa,  que  siempre 
est&  Urna  de  ag^,  jra  venga  ésta  por 
nanantíalas  6  por  arrojros.  y  db  l«o- 
NS8.  Bl  lag;af  subterráneo  ó  cueva  en 
que  los  encerraban. 

BmiOLooU.  1.  Griego  Xoxt^  (la- 
i^J,  dividir;  Xíxac,X¿xiwc,  (láiotj  lák- 
ht),  divisióo;  latín,  ¡deus,  concavidad 
-proñinda  en  donde  haj  agua  perma- 
nente, la  cual  nace  de  los  manantia- 
les de  su  fondo:  alemán,  Lache  (de  ¿o- 
chen^  cortar);  escoeéf,  locA;  inglés, 
laié;  ruso,  ¿a»;  \ámxj,  lUeck;  cata- 
Ud,  iUek;  francés  /  provansal,  Uu; 
italiano,  lago. 

2.  Esta  serie  trae  sn  origen  del 

ttnscrito  U  (^).  corUr;  lui,  htk, 
raptan. 

Lmo  (Había  db).  Heroína  españo- 
la del  siglo  XVI.  Era  hija  de  una  &- 
nUia  none  da  Madrid,  casé  con  Fran- 
cisco de  Vargas,  regidor  y  alcaide  del 
alcázar,  j  es  célebre  por  la  defensa 
que  kÍ20  dé  éste  cuando  fué  atacado 
por  los  comuneros,  en  ocasión  en  que 
Vargas  se  hallaba  en  Alcalá  en  busca 
de  aúiilios.  Después  da  algunos  días 
«ataqaa,  sin  resultado  alguno,  se 
'**us>n  1m.  flfMunnazoi,  ain  liafaer 


podido  vencer  la  resistencia  de  Ma- 
BÍA,  i  quien  Carlos  Y,  después  de  la 
muerte  de  Vargas ,  confirió  el  honor 
de  guardar  el  alcázar  del  rejr. 

Lagocéfalo,  la.  Adjetivo.  Zoolo- 
gía. Que  tiene  la  cabeza  semejante  á 
la  de  una  liebre. 

EtucolooÍa.  Griego  Im-^  (lagdsjt 
liebre,  /xa^aXiJ  (kepMÜJ,  cabeza^  «car 
beza  de  liebre:»  firancés.  U^océpkale, 

Lagoecia.  Famenino.  Botánica* 
Planta  herbácea  mu^  hermosa,  indí- 
gena del  Oriente. 

EmoLoaÍA.  Latín  lago,  lagini»,  es- 
camonea tanue»  hierba  qna  nace  an  la 
viña  j  en  los  campos  (Pumo):  fran- 
cés, íogoécié» 

Lagoftalmia.  Femenino.  J/íf(^«cÜM. 
Diaposición  viciosa  del  párpado  supe- 
rior, cuando  no  puede  cubrir  el  ojo. 

ETiHOLoaÍA.  Griego  XayciipftüiXjioíf'ifl- 
gdphíhalmos );  de  hgot,  liebre,  j  oph- 
tMlmét,  ojo;  «ojo  de  Uebn:>  &ancéS| 
lagopkthamie. 

Ijagoft&Ímico,ca.  Adjatívo.  Medí' 
ciña.  Concerniente  á  la  lagoftalmia. 

LagograCía.  Femenino.  Zoología. 
Descripción  de  la  liebre. 

Etiholoqía.  Griego  lagBi,  liebre,  j 
grapheia,  descripción. 

Lagográflco,  ca.  Adjetivo.  Propio 
da  la  Tago^nfía. 

Lagomu.  Mascalino.  Zoologia»  Ma- 
mífero de  Siberia  parecido  i  la  liebre. 

EiiHOLOafA.  Griego  l<^s,  liebre,  y 
«yi,  ratún;  «rató a-liebre:»  "kv^áx,  |u>í; 
francés,  lagomyt. 

Lagópedo.  Masculino.  Omitologia. 
Especie  de  perdiz  que  habita  en  mon- 
tañas elevadas. 

BrniOLOOÍA.  Grie^  UyoSt  liebre,  y 
el  latín  pes,  pedis^  pie:  francés,  logópe- 
do; voeaolo  híbrido, 

I«i^po.  Masculino.  Botánica.  Es- 

Secie  de  trébol,  la  espiga  de  cujas 
ores  es  velluda. 

BnunAoU.  Chriego  lar^  (l<igo$), 
liebro,  y  imü<  fpoUi)t  pie:  latín  técni- 
co, tri/olinm  laoopus',  da  lanneo; 
francés,  lagope. 

Lagópodo,  da. -Adjetívo.  ^oo^yfa. 
Que  tiene  pelo  en  la  parte  inferior  de 
los  pies.  Q  tiene  las  partes  vellu- 
das, y  Orniíologia.  Pájaro  del  género 
de  los  tetras,  orden  de  lai  galliná- 
ceas. 

ETucoLOoia.  Lí^opo. 

Lagosta.  Famenino  antíenado. 

Langosta. 

Lagostin.  Masculino.  LanoostÍn. 

Lagoato.  Masculino  anticuado. 
Lamqosta. 

Itagóstomo.  Mascalino.  Cimgia. 
Hocico  de  liebre. 

Etiuolooía.  Griego  Xayt^  (lagds ), 
liebre,  y  {síómaj,  boca:  francés, 
lagostome. 

Lagoteador,  ra.  Sustantivo  y  ad- 
jetivo, (^ue  lagotea. 

Lagotear.  Neutro  familiar.  Hacer 
halagos  y  zalamerías  pan  conseguir 
alguna  cosa.  Csase  también  como  ac- 
tivo. 

ETiMOLoaÍA.  Aféresis  de  haUuotear, 
frecuentativo  da  Aalagarj  oatalán,  IU~ 
gotear. 

LogoterU.  Famenino  familiar.  Za- 


lamería para  congraciarse  con  alguna 
perBoaa  y  lograr  alguna  oosa. 

BTiuoLoaÍA.  Lagotero. 

Lagotero,  ra.  Adjetivo  familiar. 
Zalamero,  que  hace  lagoterías. 

Etiuolooía.  Lagotear, 

LagotiS.  Masculino.  Zoología,  Ma- 
mífero roedor  semejante  á  la  liebre. 

Etimolcoía.  Griego  lagdi,  liebre. 

Lagotrofío,  Masculino.  Paraje  en 
que  se  encuentran  muchas  liebres. 

Etimología.  Griego  ¿ct^dx,  liebee,  y 
trophe,  alimento:  'cpofií. 

Lágrima.  Femenino.  Cada  u|u  de 
las  gotai  del  humor  áQueo  que  sale 
á  los  ojos  por  los  lagrimales,  cuando 
se  comprime  el  saco  que  lo  contiene. 
I  Vino  db  lágeima.  Véase  Vino.  | 
Metáfora.  La  gota  de  humor  que  des- 
tilan las  vides  y  otros  árboles  después 
de  la  poda.  |  Metáfora.  Porción  muy 
corta  ae  cualquier  licor.  |j  db  Houn- 
OA.  Üna  pequeña  porción  de  cristal 
cuajado  en  el  agua  en  figura  de  cor- 
nezuelo con  cabeza  redonda,  qoe  aun- 
que es  mujr  dura  por  la  cabeza,  rora- 

Síendo  la  punta  se  deshace  en  menu- 
0  polvo.  Q  DB  COCODRILO.  Plunl  me- 
tafórico. Las  que  vierte  una  persona 
aparentando  un  dolorqua  nosiente.  Q 
DB  David.  Planta  semejante  á  la  eafia, 
que  florece  por  Junio  y  Julio,  y  de 
cuya  simiente,  que  son  unas  bolitas 
muj  duras,  sa  hacen  rosarios  llama- 
dos por  eso  de  lágrimas.  \  db  Moisás 
ó  DB  SAN  Pbobo.  Faruiliar.  Las  pie- 
dras ó  guijarros  con  que  se  apedrea 
á  alguno.  \  AasASAasB  los  ojos  bn 
LÁGRIMAS.  Véase  Ojo.  ||  Cobbbb  las 
LÁGBiUAS.  Frase.  Llorar  con  abundan- 
cia. I  Dbbeuuab  LÁOBiuAS.  ^rAse. 
Llorar  de  manera  iju»  caigan  Las  lá- 
ORiVAs  por  las  mejillas.  j|  Deshacbb- 
SB  BN  lIobiuab.  Frasp.  Llorar  qopio- 
I  sa  y  amargamente.  |  Lo  qub  no  va  bn 
iÁGBiiuii  TA  BN  BUSpXBoa.  B^prest  Jn 
fomiliar  eon  que  se  satisface  la  queja 
de  alguno  de  qu^  no  se  le  da  todo  lo 
que  pide  ó  le  pertenece,  cuando  se  le 
da  parte  da  ello  en  co^  equivalente. 
\  Llobab  k  lágriua  viva,  llobas 
lIobiuas  db  SANGas.  Frase  metafóri- 
ca. £>eDtir  con  gran  vehemencia  al- 
guna cosa,  l  Saltablb  ó  saltábsble 
Á  UNO  las  lágbiuas.  Fxase.  Enterne- 
cerse, echar  á  llorar  de  improviso.  \ 

ROOAB,  SUPUCAR,  PBDIR  CON  LÁGRI- 
MAS, ó  CON  LÁORIUAS  BN  LOS  OJOd. 

Frase.  Suplicar  llorando,  fl  Metáfora. 
LÁGRIMAS.  Aflicciones,  calamidades, 
como  cuando  se  dice,  hablando  de  los 
usureros:  tese  hombre  se  alimenta  con 
LÁGBIMAS  del  prójimo*  aun  euando  el 
prójimo  no  llore,  propiamente  dicho. 
I  La  lágrima  cristiana.  El  llanto  de 
la  Vi^en  María  al  píe  de  la  .cruz, 
considerado  como  modelo  de  aflicción, 
de  virtud  v  belleza,  en  cu^o  sentido 
sa  dice:  cías  heridas  ,del  mundo  no 
tienen  más  que  un  bálsamo:  la  lá- 
OBiiiA  Cristiana». 

Etimología.  Griego  Sáxpu  (dácry), 
forma  poética,  por  Síxpuov  (dákrgon): 
latía  antiguo,  dacrema;  clásico,  iacrg- 
«o,  lacrima,  lacriima,  pltiral;  céltico: 
kimrj,  daigr;  bajo  bretón,  daeratten; 
godo,  legr,  porisfy/aiitigaoaltoale- 


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320  LAGU 


LAGÜ 


LAID 


mán,  tahart  por  d<thar;  ingl¿a*  iiar, 
por  deM^¡  oatalán»  llágrima;  proveiizal, 

ñamará,  Mfw;  francés  antiguo,  ler- 
mí;  moderno,  fórm«;  italiano,  lacrima. 
— «Humor  que  sale  formado  en  gotas 
de  la  cuencA  del  ojo,  de  la  eompre- 
aidn  de  los  músculos,  causada  por 
algún  dolor,  afíícci^ín,  Sa^tión  ú  otro 
agente  exterior.  Viene  del  Utiuo 
Mc^ma.»  (A.CADBUU,  Diccionario 
de  1726.)  l  tliágrimas  de  la  aurora, 
llaman  los  poetas  al  rocío  de  la  ma- 
fiana,  porque  sobra  las  hierbas  pare- 
cea  lágrimas.»  tCoketet  de  Ugrimas, 
Cierto  género  de  cobetes  que  ¿espués 
de  halrar  sabido  á  su  majror  elova- 
eidiii  despiden  uaas  laces  como  lagri- 
mal^ eompnestas  de  aaufre  y  alcan- 
for.» (Idbic.) 

Xiagrimuile.  Adjetiro.  Lo  qae  es 
digao  de  llorarse. 

Lagrimal.  Masculino,  Angulo  6 
extremidad  del  ojo  por  la  parte  más 
cercana  de  la  nariz. 

EriuoLoaÍA.  Lacrimal:  italiano,  la- 
grimale;  catalán,  llagrimal, 

Lagrimaniaco,  oa.  Adjetivo.  Sen- 
tí ubntau 

Lagrimar.  Activo.  Llobas. 

Ktiuoloqía.  Lágrima:  latía,  lacrt- 
mSre;  italiano,  lacrimare;  francés  del 
sig^o  XII,  larmoier;  moderno,  larmoyer; 
provenzal,  la^rimejar;  catalán,  Hagri~ 
mñar. 

Lagrimear.  Neutro.  Denamar  al- 
guna lágrima. 

Lagrimeo.  Hasooliao,  El  aeto  de 
lagrimar. 

Lagrimiforme.  Adjetivo.  Minera- 
Epíteto  de  una  corriente  de  lava 
que  se  derrama  por  una  abertnra  del 
cráter  j  que  va  prolongándose  poco  á 
pooo,  como  si  negé  ana  lágrinu  del 
volcán. 

BTnioLoaÍA,.  Lágrinu  j  forma:  fran* 
cea,  lacri/ mi  forme. 

Lagrimilla,  ta.  Femenino  dimi- 
nativo  de  lágrima. 

BnuoLOou.  Latín  Uuíi'lmmlai  cata- 
lán, llagrimeía. 

Lagrimón.  Masculino  aamentati- 
vo  de  lágrima.  |  Adjetivo  anticuado. 
Lagrimoso,  legañoso  ó  piUrroso. 

BtiholooÍa.  Ligrima:  catalán,  IIof^ 
grimasta, 

Lagrimoncita.  Femenino  diminu- 
tivo familiar  de  lagrimón. 

Lagrimoso,  sa.  Adjetivo  que  se 
aplica  á  los  ojos  tiernos  y  húmedos 
por  vicio  de  la  naturaleza,  por  estar 
próximos  á  llorar  ó  por  haber  llorado. 
Dícese  también  de  la  persona  6  ani- 
mal que  tiene  los  ojos  en  este  estado. 
I  Lo  que  hace  llorar  ó  merece  ser  llo- 
rado. I  L.0  que  tiene  semejanza  con  el 
llanto;  como  los  árboles  que  despiden 
la  resina  en  figura  de  lágrimas. 

BTXuoLoafA.  Latín  lacrímdsia:  cata- 
lán«  lligrimótt  a. 

Lagua.  Femenino  americano.  Pu- 
ches. 

Lagain.  Masculino.  Botánica,  Es- 
pecie de  árbul  de  Filipinas. 

Laguar.  Activo  anticuado.  Lla- 
gas. 

-liaguna.  Femeniaot  CoAcavidad 


en  la  -tierra  donde  se  juntan  r  man- 
tienen muckas  aguas.  ||  Metáfora.  En 
loa  escritos,  es  el  hueco  que  se  quedó 
sin  escribir  á  cuya  esentura  consu- 
mid el  tiempo.  B  Interrupcidn  6  falta 
que  se  nota  en  el  teito  de  algún  au- 
tor. I  Botánica.  Nombre  de  ciertas  ca- 
vidades que  se  forman  en  algunas 
plantas,  particularmente  en  las  acuá- 
ticas. D  Anatomia,  Pequeña  cavidad 
que  forma  el  oríñcio  común  de  una 
reunión  de  folículos,  perteneciente  á 
las  membranas  mucosas.  Q  No  bebas 

EN   LAGUNA   MI   OCHAS   ui.3  QUE  UNA 

ACBiTUNÁ.  Refrán  que  Índica  ser  bue- 
no para  la  salud  el  abstraierse  de  am- 
bas cosas.  H  Saua  de  laounas  t  kn- 

TBAR  BN  MOJADAS.  Rsfr&n.  SaLXR  OBL 
^DO  T  CAER  BN  BL  ARBOTO. 

BnuOLOofa.  Lago:  latín,  Idettna;  ca- 
talán, llagnna;  francés,  taemu,  lagwo; 
italiano,  laguna. 

Laguna  (Andrés).  Médico  j  filólo- 
go español,  que  naci<S  en  Segovia  en 
1499  y  murió  en  1569.  Hizo  sus  pri- 
meros estudios  en  Salamanca  j  des- 
pués fué  á  completarlos  á  París,  re- 
gresando á  Bspaña  en  1336.  Tomó  el 
grado  de  doctor  en  Toledo  ;  luego 

Sartíó  para  Flandes,  donde  se  hallaba 
arlos  V,  el  cual  le  empleó  en  sus 
ejércitos;  residid  algunos  años  en 
Metz;  visitó  luego  la  Italia,  perma- 
neciendo sucesivamente  en  Padua, 
Bolonia  j  Roma,  ea  cu^a  última  ciu- 
dad fué  nombrado  medico  del  papa 
Jalio  in,  conda  palatino  j  caballero 
de  San  Pedro.  De  allí  paso  á  Alema- 
nia y  i  los  Países  Bajos,  y  por  últi- 
mo, volvió  á  terminar  sus  días  en  Es- 
paña. Las  principales  obras  que  dejó 
escritas  son:  Método  anatómico;  De  la 
preservación  de  la  peste  y  su  curación; 
Epitome  de  las  obras  de  Galeno;  Ánota- 
cionet  á  Dioscdrides  y  diversas  traduc- 
ciones de  Aristóteles,  Luciano  y  otros 
autores  de  la  antigüedad.  El  doctor 
Laguna  fué  indudablemente  ana  de 
las  más  grandes  inteligencias  del  si- 
glo xtx. 

Lagnnigo.  Masculino.  Bl  charco 
que  queda  en  el  campo  después  de  ha- 
ber llovido  6  haberse  inundado  de 
otro  modo. 

Lagunar.  Ifasculino.  Cada  uno  de 
los  huecos  que  dejan  los  maderos  con 
que  se  forma  el  techo  artesonado.  | 
Anticuado.  Lagunajo. 

Lagunazo.  Masculino.  Lagunajo. 

La^uncular.  Masculino.  Botánica. 
Especie  de  arbusto  de  las  Antillas. 

Etiuolooía.  Latín  l^unc&lSris; 
forma  de  lUgun^ns,  diminutivo  de 
lilgüna,  laguna. 

Lagunero,  ra.  Adjetivo.  Lo  per- 
teneciente i  lalap^una.  |  Nombre  pa- 
tronímico de  varón. 

Lagunoso,  sa.  Adjetivo  que  se 
aplica  al  sitio  que  abunda  en  charcos 
6  Qua  tiene  lagunas.  |  Historia  natn- 
raL  Que  tiene  lagunas  ó  vacíos;  esto 
es,  soluciones  de  continuidad. 

Btiuología.  Laguna:  latín,  Idcmo- 
sus;  francés,  lacuneur. 

Lagúreo,  rea.  Adjetivo.  Zoología. 
Que  tiene  la  cola  parecida  á  la  de  la 
litibre. 


Btucología.  Griego  Xij¡9ui  {U~ 
geios),  de  liebre;  latín,  ¿^2w,  especia 
de  vid,  aludiendo  ¿  que  su  rus  tiene 
color  de  liebre. 

La  Hoz  (Joan  de).  Poeta  dramiti- 
co  español,  de  los  últimos  mantenedo- 
res del  buen  gasto  en  el  triste  perío- 
do de  decadencia  por  que  atravesaron 
nuestras  letras  desde  el  último  tercio 
del  siglo  XVI.  Nació  en  1620,  fué  re- 
gidor de  la  ciudad  de  Burgos  j  caba- 
llero del  hábito  da  Santiago  y  murió 
¿  fines  del  siglo  xvii.  Entre  sus  obras 
que,  por  la  robustez  v.  elegancia  de 
la  versificación  recuerdan  las  de  Lope, 
se  citan  con  especialidad:  SI  Castro 
de  la  miseria,  cuvo  asunto  está  toma- 
do de  una  novela  de  doña  María  de 
Zajas,  j  M  montañá  Juan  Pascual  y 

rmtr  asistente  de  Senilla,  episodio  cíe 
vida  de  Don  Pedro  el  Crutl, 
Laical.  Adjetivo.  Lo  perteneciente 
i  los  legos. 

EtiholooÍa.  Laico:  catalán,  laycal, 
laical;  italiano,  laicale. 
Laicismo.    Masculino.  Doctrina 
ue  reconoce  en  los  legos  el  derecho 
e  gobernar  la  Iglesia,  cuja  teoría 
aoarece  en  Inglaterra  durante  el  si- 
glo XVI, 

BTU(as.0QÍa.  Laico:  &aac¿s,  Islew- 
me, 

LaidsU.  Sustantirai  Partidario 

del  laicismo. 

Laico,  ca.  Adjetiro  aatscoado.  i 
Lbqo.  Usábase  mis  comunmente  eo-  ¡ 
mo  sustantivo. 

BTiuoLoaÍA.  Griego  ASo;  (Liot), 
pueblo;  Xaix¿<  (lalkds);  latín,  Üttcus; 
catalán,  laycA,  Ilaych,  laich,  ca;  pro- 
venzal,  laic,  laye;  francés  del  si- 
glo XVI,  lalc;  moderno,  laifue;  Italia^ 
no,  laico. 

Senlidoetimol<^ico.—2Aticut:áe\gTÍe- 
go  laikós,  popular,  formado  de  taos, 
pueblo;  esto  es,  no  ordenado,  no  ecle-  ¡ 
siástico,  de  la  clase  del  pueblo,  se- 
glar. (MONLAU.) 

Laicocefalismo.  Masculino.  Sis-  I 
tema  que  reconoce  en  un  lego  la  po-  | 
testad  de  ser  cabeza  de  la  Iglesia. 

Etiuología.  Griego  lafkós,  del 
pueblo,  laico,  y  kfíthale,  cabeza. 

LaicooéfÚo.  la.  Masculino  j  fe- 
menino. Partidario  del  laicocefalismo. 

Laidadnra,  Femenino  antiimado. 
Fealdad,  f  Anticuado.  Rotura. 

Btimología.  Laido:  francés,  iai^ 
deur,  del  antiguo  laidece,  laidure. 

Laidamente.  Adverbio  de  modo 
anticuado.  Ignominiosamente,  ver- 
gonzosamente. 

Etimología.  Laida  y  el  sufijo,  ad- 
verbial mente:  provenzal ,  laiamn; 
francés,  taidementi  italiano,  hida-  \ 
mente.  \ 

Laidamiento.  Masculino  anticua- 
do. Laidadura. 

Laideia.  Femenino  antieaado.  , 
Fealdad.  | 

LaidOi  da.  Adjetivo  anticuado.  ! 
¡  Afrentoso,  ignominioso.  I  Anticuado.  I 
Triste  6  eafoo  de  ánimo.  ¡  Anticuado.  I 
.  Feo  ó  afeado.  I 
I  Btiholooía.  Antiguo  alto  alemán  ! 
leid;  sueco,  led;  anglo  sajón,  Udk; 
I  francés  del  siglo  xi,  la»;  modeiniOt 


3 


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I^AJE 


LAMA 


LAMA  321 


üi^  píotÁnzBl,  Uid,  Uiff  UUt  Iw, 
UÁ;ékUMn,  U«ígt  lleija;  en  reltcion 
eon  el  latín  ledo,  yo  daüo. 

Laia.  Maiculiao  anticaado.  Fla- 
no,  nombre  propio  de  varón. 

Laines.  Hascalino.  Nombre  patio- 
nímieo.  Hijo  de  Laín.  Se  naa  como 
apellido  de  familia. 

lAÍnes  (Santuoo).  Jesuíta  espa- 
ftol  jr  uno  de  los  primeros  j  mis  ao- 
tÍTOS  discípnloa  de  ^rnaeio  de  Lo- 
Tola,  qne  nació  en  loÍ2  j  murió  en 
1565.  Bstodió  an  Alcalá,  pasó  á  Tor- 
qolft  con  ra  maestro;  rehusó  la  dig- 
nidad eardenalieia  qae  la  ofreció  Pau- 
ló  IV;  sueédió  i  Lojdla  en  la  digni- 
dad de  general  da  Ia  orden,  en  1558; 
sa  la  bizo  conferir  con  autoridad  ab- 
soluta 7  (ürecAo  de  tener  prüione»;  j 
ui  sustituyó  i  la  sencillez  del  funda- 
dor una  poUtica  inhumana  que  hizo 
reeaer  bien  pronto  la  odiosidad  sobre 
la  nueva  fundación.  LáÍnbz  se  distin* 
guía  particularmente  por  un  gran  ta- 
lento de  organización,  superior  acaso 
al  de  su  maestro. 

Xijrirén.  AdjatíTO.  Be  aplica  i  ciar- 
la especie  de  uva  de  ereéido  grano  j 
dsfMlleio  duro,  qae  es  buena  para 
gaudana<  pícese  también  de  las  c»^ 
(«s  qttd  la  producen  y  dal  vadoño  de 
esta  especia. 

Lals.  Cortasana  griega,  qoa  nrp 
áó  probablemente  en  Córinto  7  viTÍa 
tn  el  sigla  v  antes  del  Mesías.  Fué 
contemporánea  de  Aspasia  7  pasaba 
por  la  mujer  más  hermosa  de  su  tiem- 
po. Se  hizo  célebre  por  su  avaricia  j 
sai  caprichos;  entre  sus  innúmera- 
blsi  amantes,  se  cita  al  filósofo  Arísr 
tipo,  que  le  dedicó  dos  obras.  Se  ena- 
moró de  Buróbatas  de  Cirene,  atleta 
Toieedor  en  Olimpia,  habiendo  ter- 
miudo  sus  días  entre  los  excesos  de 
la  embriaguez. 

Lais  (la  joven).  Cortesana  griega, 
hija  de  Timandra,  que  nació  en  Sici- 
lia titU  á  principios  del  siglo  iv 
anta  de  Jesucnsto.  Parece  ser  que  fué 
hedía  prisionera  y  Tendida  á  un  co- 
rintio por  los  atenienses,  cuando  éstos 
hideron  ana  expedición  á  Sicilia.  Se 
anamoTÓ  de  un  joven  tesalio,  llamado 
Hipoloquio  ó  Hipostrato,  7  le  acom- 
pañó á  Tesalia;  pero  las  mujeres  de 
aquel  país,  envidiosas  de  suhermosu- 
la,  U  mataron  á  pedradas. 

Laiacar.  Activo  anticuado.  Dbjar. 

Etuiolooía.  Latín  laxaret  adojar, 
desatar,  esto  es,  dejar  libre:  iuliano 
antiguo,  iassare¡  moderno,  Uuciare; 
francés  del  siglo  x,  lutier  (Eulalib); 
moderno,  lúiter;  provenzal,  latnar, 
kwtr;  catalán  antiguo,  leimr;  picar- 
doj  kinier,  Uicher;  walón,  Uit;  lom- 
bardo, ittgA, 

Lria.  femmino.  Lancba,  por  pie- 
dra llana  t  lisa.  \  Marinm,  La  pefia 

![ue  suele  haber  en  la  barra  ó  boca  de 
os  puertos  de  mar,  como  la  de  Carta- 
gena 7  otras. 

BtuolooÍa.  Arabe  kédjM^,  piedra, 
jr  con  el  artículo,  al^kadjar,  la  piedra. 
'  Laiodo.  Masculino.  Lamchab,  en 
Oalieu. 

.  t^jraitM.  Femenino.  Bspacie  da 
piad»  aa  foraia  de  botella. 


BmfOLOOÍA.  Latín  %?m,  redoma. 

Lakchmy:  Femenino.  MitologUt  in- 
diana. Diosa  de  la  abundancia,  mujer 
de  Yishnú,  nacida  de  las  ondas  de 
un  océano  de  leche.  Se  la  representa 
en  las  monedas  con  la  cabeza  cubier- 
ta con  una  mitra  lactando  á  un  niño, 
ó  con  una  flor  de  loto,  que  le  estaba 
consagrada.  Bn  muchas  pagodas  ar- 
día en  honor  sujro  an  ínego  conti- 
nuo. 

Laldstat.  lAascnlino  plural.  Los 
LAXISTAS.  Poetas  ingleses  modernos, 
cuya  escuela  ea  una  profunda  simpa- 
tía por  la  naturaleza  7  nn  esplritua- 
lismo llevado  al  extremo.  Los  lakis- 
TAs  son  poetas  descriptivos,  como 
Wordsworth  y  Coleridge. 

BfUfOLoaÍA.  Inglés  lake^  lago,  alu- 
diendo á  que  machos  laxistas  ha- 
bitaban ó  »ecuentaban  los  I^^s  del 
Norte  de  Inglaterra:  francas,  ^ 
liste. 

Lalá.  Masculino.  Título  honorífico 
que  los  sultanes  suelen  dar  á  los 
grandes  de  su  imperio. 

Lalación.  Femenino.  Acción,  efec- 
to ó  defecto  de  lalar. 
.  ErniOLOOÍA.  Lalar:  latín,  lallaíío; 
francés,  ¡alUtion, 

Lalar.  Neutro.  Pronunciar  tarta- 
miideando  las  silabas  que  comienzan 
por  L. 

Btihología.  Latín  lallSre,  onoma- 
tope^a. 

Laletania.  Femenino.  Geografía 
antigua.  Territorio  de  la  España  tarra- 
conense ó  citerior,  que  comprendia  la 
mavor  parte  de  Cataluña. 

Btiuolooía.  Latín  LaUtanUy  Cata- 
luña. (Marcial.) 

I«aletano,  na.  Masculino  7  feme- 
nino. Nombre  de  unos  antiguos  habi- 
tantes de  Espafia. 

EtiúolooU.  Laletania:  latín  laleía- 
nuSf  el  habitante  del  territorio  entre 
Gerona  7  Tarragona;  catalán,  ¿sííAuu, 
plural. 

Lam.  Masculino.  Nombre  de  la  vi- 
gésimacuarta  letra  del  alfabeto  árabe. 

1.  Lama.  Femenino.  El  cieno  ó 
lodo  que  queda  en  el  fondo  de  los  pa- 
rajes o  vasos  en  que  ha7  ó  ha  habido 
agua  largo  tiempo.  Q  Tela  ó  nata  que 
cría  el  agua  en  su  supei^cie;  particu- 
larmente, en  tiempos  tempestuosos.  | 
Tela  de  oro  ó  plata  en  que  los  hilos 
de  estos  metales  forman  el  tejido  7 
brillan  por  au  haz,  sin  pasar  al  revés, 
y  Entre  mineros,  la  harina  ó  tierra 
sutil  de  los  metales,  l  Provincial  An- 
dalucía. La  arena  mu7  menuda  7  sua- 
ve que  sirve  para  mezclar  con  la  cal. 

Etuioloo£a.  Griego  XiyM^  ( lámos ): 
latín,  ¿ama,  sitio  pantanoso. 

2.  Lama,  l&sculino.  Saeerdotede 
los  tártaros  occidentales  vecinos  á  la 
China. 

ETUfOLGOÍA.  Dialecto  del  Tíbet,  hUt- 
ma,  que  se  pronancia  lama,  derivado 
de  bUt  sobre.  Lama  signíáca  «el  su- 
perior, sobre  todos.» 

Reteña, — 1.  El  laha  es  el  sacer- 
dote de  Budha  en  el  Tíbet  7  entre  los 
mongoles. 

2.  Según  ellos,  no  son  divinida- 
des, pero  representan  á  la  divinidad. 


Lamaísmo.  Masculino.  Doctrina 
de  los  adoradores  de  Lama.  |  Nombro 
del  budhismo  en  el  Tíbet. 

Etuiolooía.  Lama:  francés,  Umats- 
me. 

Lamaista.  Mascalino.  Adorador 
del  gran  Lama.  \  Adjetivo.  Concei^ 
niente  al  lamaísmo. 

EnuoLoafA.  LauMi  francés,  lamáis^ 
U, 

Lamanda.  Femenino.  Zbókgia, 
Seroiente  grande  de  Java. 

Lamantino.  Masculino.  ZooUgia, 
Anfibia  herbívoro  desprovisto  de 
miembros  posteriores  7  coa  coia'  hori- 
zontal. 

SniiOLOaU.  Nombre  corrompido 
probablemente  de  manate  6  maríati, 
que  se  ha  conservado  en  español  7 
que  es  un  vocablo  galibio  (XiEGOa- 
rant):  francés,  lamantin. 

Lámar.  Activo  anticuado.  Llahak. 

Lamartine  (Luis  María  Ali'onso 
DI  pRAT  db).  Célebre  poeta  7  hombre 
político  francés,  que  nació  en  Mácon 
en  21  de  Octubre  de  1790  y  murió  el 
28  de  Febrero  de  1869.  Su  verdadero 
nombre,  según  algunos  biógrafos,  de- 
bía ser  Pratt  y  hzy  quien  dice  que  no 
había  tomado  el  de  Lahartinb  hasta 
la  muerte  de  nn  tío  materna.  Otros 
quieren,  por  el  contrario,  que  Lahar- 
tinb sea  el  nombre  de  toda  au  &mí- 
lia,  7  que,  sólo  para  distinguirle  de 
su  hermano  mavor,  añadió  á  su  nom- 
bre el  padre  del  poeta  el  apellido 
Pratt  tomado  de  un  castillo  que  los 
Lahartinb  poseían  en  el  Franco-Con- 
dado. Sea  ae  esto  lo  que  quiera,  el 
padre  de  nuestro  personaje  era  oficial 
de  caballería  cuando  estalló  la  reTo- 
lucijn  de  1789;  combatió  con  los  aui- 
zos  en  la  jornada  del  10  de  Agosto  da 
1792,  contra  la  insurrección  popular, 
y  fué  detenido  durante  el  Terror  en 
Mftcon,  míentraa  que  loa  demás  indi- 
viduos de  su  üimilia  lo  eran  en  Aa- 
tum.  La  caída  de  Rob^spíerra  devol- 
vió la  libertad  á  los  cautivos.  Estos 
sucesos  explican  la  adhesión  qae  nun- 
ca dejó  de  demostrar  á  la  rama  me- 
jor de  los  Borbones,  por  más  que 
abrazara  con  calor  las  ideas  republi- 
canas. Libre  de  la  prisión,  la  familia 
de  Lahartimb  se  retiró  á  MÍII7,  cérea 
de  Micon,  en  donde  transcurrieron 
los  primeros  años  del  poeta,  quien  ha 
pintado  la  dulce  vida  pasada  allí  7  las 
profundas  impresiones  que  grababa 
en  sa  alma  la  educaeimi  maternal. 
Sus  estudios  fueron  mu7  irregulares 
7  poco  clásicos  por  cierto.  Los  cuen- 
tos de  M.™*  de  Genlís  7  de  Bérqufn, 
el  Tele'maeo  de  Fenelón,  las  novelas 
de  Bernairdiuo  de  Saint-Pierre,  la  Bi- 
blia de  Bavmond  7  U  JemtaUn  Hbn*' 
toda  del  lasso;  tales  fueron  sus' pri- 
meras lecturas,  más  propias  para  des- 
arrollar su  sensibilidad  7  su  imagi- 
nación que  para  darle  un  sólido  jui- 
cio 7  una  razonada  facultad  de  pen- 
sar. A  los  doce  años,  queriendo  que 
aprendiera  latín,  se  le  colocó  en  casa 
del  abate  Dumont,  del  que  más  tarde 
había  de  tomar  el  poeta  algunos  ras- 
gos en  su  Joceign;  pero,  como  quiera 
que  sas  progresos  dejaran  mucho  que 

TOMO  ni  o 


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322  LAMA 


LAMA 


LAMA 


desear,  se  le  IUyó:  primero,  al  cole- 
gio de  Ljon»  y  después,  se  confió  su 
educación  i  tos  jesuítas  de  Bellej,  en- 
tre los  que  permaneció  hasta  termi- 
nar sus  estudios.  De  vuelta  á  MÍUj, 
ea  1809,  reanudó  sus  antiguas  lectu- 
ras, uniendo  i  ellas  el  Oaute,  Patrai^ 
ea,  Shakespeare,  Milton,  Chateau- 
briand; y  mis  que  todo,  Ossi&n.  Su 
gusto,  formado  en  tal  escuela,  tuTO 
que  ser  necesariamente  m&s  brillante 
quejuictoso.  Cuando  se  trata  de  for- 
mar el  criterio,  no  ha^  nada  tan  per- 
judicial como  la  falta  de  método  en 
los  primeros  pasos  del  estudio.  Des- 
pués de  la  lectura ,  siguieron  los  TÍa- 

Íes.  Un  pariente  su^o  le  lleró  á  Ita- 
ia  (1811-1813),  V  visitó  Florencia, 
Roma  T  Ñipóles,  En  las  cercanías  de 
esta  última  ciudad,  fu¿  donde  cono- 
ció i  aquella  Gabriela,  la  conmove- 
dora heroína  de  sos  ConfitUneiat,  j  á 
la  que  ha  consagrado  un  recuerdo  en 
una  de  sos  mis  tiernas  elegías.  Lla- 
mado i  Francia,  con  gtan  disgusto 
su^o,  por  la  inquietud  de  su  &milia, 
asistió  i  la  caída  del  imperio  é  ingre- 
só en  el  cuerpo  de  goaraias  de  corps. 
Sin  embargo,  la  vida  de  guarnición 
seavenía  mal  con  sus  gustos  j  no  tar- 
dó en  abandonar  su  nueva  carrera,  ha- 
ciendo, en  1816,  una  excursión  á  Sa- 
boja.  A.I1Í  coatrajo  relaciones  con  José 
de  Maistre  y  su  familia,  relaciones 
que  afirmaron  todavía  más  sus  ideas 
espiritualistas;  j  encontró  en  los  ba- 
ños de  Aix  i  aquella  Elvira,  de  cu^o 
nombra  estin  llenas  las  Meditaeiones. 
Desde  hacía  mucho  tiempo,  dedicaba 
sus  ocios  al  cultivo  de  la  poesía,  y  en 
1817  Uyó  en  casa  de  M.»*  Bro^lie 
algunas  eUgU$t  que  fueron  acogidas 
coa  aplauso.  Alentado  por  este  triun- 
fo, publicó  en  1820  sus  primeras  Aíe- 
ditMtiones.  Exclamaciones  de  sorpresa 
y  de  entusiasmo  acogieron  este  des- 
conocido canto  que,  de  repente  y  en 
un  lenguaje  armonioso,  rico,  lleno  de 
color  ^  de  facilidad,  traducía  los  tor- 
mentos religiosos  y  los  íntimos  sue- 
ños de  su  alma.  Los  jóvenes  y  las  mu- 
jeres hicieron  su  mis  preciado  confi- 
doate  de  un  poeta  que  daba  el  ejem- 
plo de  alegar  los  sufrimientos  secre- 
tos de  su  corazón,  buscando  el  con- 
suelo de  sus  ilusiones  perdidas  en  la 
adoración  del  Ser  Supremo  y  en  la 
sumisión  i  sus  misteriosos  designios. 
Los  mismos  filosófos  se  dejaron  sedu- 
cir, y  Jouffroj  llegj  á  decir  un  día 
«que  Lamabtinb  era  el  más  grande 
de  los  poetas  de  nuestro  siglo,  por- 
^[xe  había  sabido  exponer  en  el  len- 
guaje más  brillante  uno  de  los  más 
lílevados  y  más  abstractos  problemas 
de  la  filosofía:  el  destino  del  hombre 
en  la  tierra  y  más  allá  de  la  vida  pre- 
sente.» El  Gobierno  se  crejró  en  el  de- 
ber de  honrar  y  alentar  al  autor  de 
las  Mediiacionetylt  nombró  secretario 
de  U  embajada  de  Nápoles.  Desde  allí 
fué  enviado  i  Londres,  y  después,  i 
Florencia,  donde  se  casó  con  una  jo- 
ven inglesa,  mis  Elisa  Mariana  Birch. 
De  estos  felices  aflos  datan:  la  Muerte 
de  Sócrates,  poema  imitado  de  uno  de 
los  diálogos  de  Platón;  las  Nueva* 


Afediiacionei  (1823);  el  Ultimo  canto  de 
cuide  Harold  (1825W  las  Amonio» 
po/ticasv  reli^iogas  (IS29).  LaHABTiNB 
había  alcanzado  el  apogeo  de  sa  glo- 
ria literaria  y  la  Academia  franceaa  la 
abrió  sus  puertas  en  1830.  El  Minis- 
terio Polignac  le  ofireció  el  puesto  de 
secretario  general  en  el  departamento 
de  Negocios  extranjeros,  que  no  acep- 
tó por  no  estar  conforme  con  la  marcha 
del  Gabinete,  y  en  su  lugar  fué  nom- 
brado representante  cerca  del  prínei- 

Se  de  Sajonia-Coburgo,  nombrado  toy 
e  los  griegos.  Sin  embargo,  como 
este  príncipe  no  aceptara  la  corona, 
la  misión  de  Lauartine  ho  pudo  lle- 
varse i  cabo,  viéndose  obligado  i 
vífgar  por  Suiza,  no  como  diplomi- 
tico,  sino  como  poete.  La  revolución 
de  Julio  le  sorprendió  en  estas  excux^ 
siones.  Aquí  comienza  el  segundo 
período  de  su  vida,  período  en  que  la 
política  había  de  ocuparle  mucho  mis 
que  la  literatura.  Bl  nuevo  Gobierno 
le  había  hecho  de  antemano  prome- 
sas, que,  por  delicadsxa,  no  aceptó; 
pero  queriendo  tomar  parte  en  la  vida 

Sública,  se  presentó  candidato  á  la 
iputacíón  de  Tolón  v  de  Dunker(|ue. 
La  derrota  que  sufrió,  tuvo  un  epilo- 
go todavía  más  amargo:  los  groseros 
insultos  de  que  Barwelem^  le  hizo 
blanco  en  una  de  sus  obras  satíricas, 
le  obligaron  i  salir  de  su  inercia;  7 
aunque,  ante  su  defensa,  la  opinión 
pública  se  puso  de  su  parte,  nadie 
pudo  librarle  de  la  amargura  que 
aquel  incidente  le  produjo.  Sin  em- 
bargo, olvidando  por  un  momento  la 

fiolitica,  deseoso  de  realizar  uno  de 
os  suefios  de  su  vida,  partió  i  Orien- 
te, desplegando  en  su  TÍaje  tal  lujo, 
que  los  irabes  no  le  oonocían  por  otro 
nombre  que  el  del  emir  francá.  En 
aquellos  países  que  tanto  había  anhe- 
lado visitar,  experimentó  una  de  las 
desgracias  que  nabían  de  amarnr  au 
gloria  y  su  fortuna;  su  hija  Julia,  la 
mitad  de  su  oora«5n,  la  parte  más 
hermosa  de  su  alma,  munÓ  en  Bej- 
ruth,  en  1833.  Para  distraer  al  poeta 
de  su  profunda  melancolía,  los  elec- 
tores de  Bergnes  (Norte)  le  elidieron 
diputado  y  tomó  asiento  en  la  Cámara 
desde  las  primeras  sesiones,  con  el  ca- 
rácter de  representante  independien- 
te conservador-liberal,  sosteniendo, 
según  sus  impresiones  7  sin  espíritu 
sistemitico,  tan  pronto  a  la  oposición 
como  al  Gobierno,  examinando  siem- 
pre las  cuestiones  bajo  el  punto  de 
vista  moral  y  social,  pero  mostrando 
las  más  de  las  veces  poca  simpatía 
hacia  la  casa  reinante.  En  1839,  la 
ciudad  de  MIcon  le  confirmó  el  man- 
dato legislativo,  Sín  embargo,  no  por 
eso  había  renunciado  i  las  letras. 
Eu  1835  publicó  su  Viaje  á  Oriente, 
improvisación  brillante,  deslucida  i 
trechos  por  inexactitudes  geográficas 
que  hacen  perder  su  carácter  al  libro. 
En  1836  publicó  el  Joeeljfn,  obra  en 
la  que  aparecía  el  autor  bajo  una 
nueva  fase.  Después  de  haber  funda- 
do la  poesía  lírica  francesa,  enrique- 
cía aquella  literatura  con  un  nuevo 
género  de  epopeTa,  semieristiana, 


ssmífiiosófiea,  en  que  la  origiai^ídad 
del  asunto,  el  color  y  la  vívaeidad  de 
la  narración  y  la  oonmovadoiia  seooi- 
llez  de  los  cuadros  campestres  se 
unían  para  comunioar  i  la  obsa  nn 
interés  que  no  logsan  destruir  la  del- 
udida extensión  de  las  descripoio- 
nes,  algunos  pasajes  oscuros  y  un 
lenguaje  algunas  veces  incorrecto.  Sn 
el  pensamiento  del  autor,  Jocelyn  no 
era  más  que  un  episodio,  j  oomo  el 

Srincipio  de  un  gran  poema  sobre  el 
asarrollo  y  las  asesprogresivaa  de  la 
humanidad.  En  efecto,  dos  afios  des- 
pués (1838)  publicaba ,  bajo  el  título  de 
la  (Uida  de  nn  ÍMfel,  una  nueva  parte 
de  la  inmenaa  obra  que  so:iaba,Bxag«* 
radones  extrañas  y  ridiculas,  unidas  á 
un  estilo  cada  vea  más  descuidado,  ex* 
pilcan  la  auma  frialdád  oon  que  se  aco- 
gían este  poema  ^  los  Hecogimienta 
poétito»,  que  le  siguieron  en  1839;  jr 
que  no  eran  ciertamente  las  oblas  que 
estaban  llamadas  á  granjearle  el  &Ter 
M  público.  Sin  embargo,  ocho  afios 
después,  una  obra  en  prosa  le  devol- 
vía toda  su  antigua  popularidad.  La 
Hittoria  de  loe  Gtrondinot  aparecía  «a 
1847,  y  i  despecho  de  los  defectos  qm 
la  crítica  le  señala,  aquella  vordad»- 
ra  epopeTu  de  la  revoluoiiúi  de  1789 
ejerció  una  influencia  tan  poderosa  en 
todas  las  imaginaciones,  que  ao  ain 
razón  se  la  designa  oomo  ana  de  las 
causas  que  produjeron  la  revolución 
del  48.  En  ik  Cámara,  LaKaaTi»  m 
llevaba  de  día  en  día  tnsaí  la  opÍDÍéa 
pública,  é  inolinindose  progresiva- 
mente i  h  opoaición,  lanzaba  aque- 
llos presagios  7  amenazas  contn  la 
monarquía  da  (Jrlaáns  que  han  pasa- 
do i  la  historia.  Bn  1839,  había  di- 
cho, atacando  la  inamovilidad  dal po- 
der: tZa  Frtnda  es  nna  nación  f  m  te 
aburre.*  En  1842,  insistiendo  ea  el 
mismo  reproche,  decía:  «Si  ésta  es 
todo  el  talento  del  hombre  de  Estado, 
convengamos  en  que  el  hombre  de  Es- 
tado sobra:  un  tuerto  hatt  i  ^ra  goier~ 
nar  i  los  ciegos.»  Por  último,  en  un 
banquete  reformista  de  Mftcon  (1847) 
anunciaba  i  la  monarquía:  «después 
de  las  revoluciones  de  la  libertad  / 
las  contrarrevoluciones  de  la  gloria, 
la  revolución  de  la  conciencia  publica, 
U  revolución  del  desprecio.*  Alguaua 
meaes  despuéa  estallaba  la  revolación 
de  Febrero.  Laiur^nb  tomó  en  ella 
una  parte  decisiva,  sosteniendo,  ante 
la  duquesa  de  Orleáhs,  presentada  i 
la  Cámara  popular,  la  necesidad  de 
un  gobierno  provisional  y  de  un  llt' 
mamiento  al  pueblo.  Podrá  apreciarse 
con  diversidad  de  oriterios  su  papel 
en  tales  circunstancias;  pero  sólo  con 
admiración  puede  considerarse  al  bom* 
bre  que,  al  día  siguiente,  rodeado  de 
una  multitud  amenazadora,  en  medio 
de  los  disparos  que  resonaban  en  los 
corredores  de  la  casa  de  la  Municipa- 
lidad, y  mientras  que  las  balas  silba- 
ban sobre  la  cabeza  del  orador,  por 
uno  de  los  más  prodigiosos  tciuafos 
do  la  elocuencia  humana,  arraocaba 
de  manos  de  un  pueblo  arrebatado  la 
bandera  roja  y  mantenía  la  tricolor  en 
los  balcones  ae  la  casa  da  la  Uaaiei- 


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Lama 


LAMB 


lAMB  323 


ptlídad.  Bd  el  mismo  dft  piocUmabt 
Ta  abolición  de  la  ^ena  de  muerte 

51»  los  detitos  políticos,  ^  el  4  de 
ano  dirigía  á.  las  'potencias  aqueil 
méitijfato  que,  nn  eonoesioaes  que 
httbienn  lastimado  el  honor  nacional, 
teeptaba  como  wi  Aecho  loa  tratados 
de  1815,  eontribujendo  con  ello  sin 
duda  aignna  i  mantener  la  paz  euro- 
pea. B)  papel  de  moderador  ^ue  repre- 
sentabft  en  el  ^biemo  proTÍsiunal ,  cu- 
jas medidas  radicales  asustaban  á  la 
opinión,  acab4.por  conquistarle  en  Pa- 
rís en  los  dejpaitamentos  una  popu- 
laridad casi  8>n  ejemplo  «n  la  fiisto- 
ria.daodo  marg-en  á  qneiheeditfritos  le 
eligieran  su  representante  en  la  Gons- 
titúlente;  mas  ¡aj!  todo  aquel  presti- 
gio desapareció  en  unos  cuantos  me- 
ses. Debilitado,  desde  luego,  por  la 
necesidad  en  que  secrejó  desostenerá 
so  eoler*  de  gobierno,  Ledhi-Rollín, 
contra  las  desconfianzas  j  la  declara- 
da hostilidad  de  la  Asamblea,  j  de 
exigir  que  se  le  diera  un  puesto  en  la 
comisión  ejecutÍTa,  su  poder  fué  de- 
rrocado sin  tr^ua  {mr  la  explosión  de 
las  jomadae  de  Jnnio,  que  llevaron  al 
poder  al  general  Gavaignac.  Trocado 
en  simple  represmtante,  cesó  de  ejer^ 
eer  una  influencia  tal  en  las  delibera- 
ciones da  la  Asamblea,  ozeepto  onen- 
do  combatió  el  pensamiento  de  elegir 
por  la  Asamblea,  no  por  el  pueblo,  el 
presidente  de  la  república.  Siete  mil 
novecientos  diez  Totos  solamente,  en 
las  elecciones  para  la  presidencia,  [wr- 
maneeieroQ  fieles  al  hombre  á  quien 
ta  Francia  entera  había  tenido  por 
ídolo.  En  cuanto  á  las  elecciones  ge- 
nerales de  1849,  ni  nn  departamento, 
ni  el  mismo  de  su  ciudad  natal,  le 
acogía  como  su  ca.ndidato,  entrando 
sólo  en  U  Asamblea  legislatÍTa  por 
ana  eleeeión  complementaría  r  par- 
cial de  un  distríto  oscuro.  El  golpe  del 
2  de  Diciembre  le  deToWíó  ala  TÍda 
privada  7  á  las  letras.  Bntoncea  en- 
tnba  en  el  último  y  más  triste  perío- 
do de  sn  vide.  Su  TÍaje  i  Oriente,  U 
meloción  de  Febrero,  j  antiguas 
aCeioBce  al  lujo  7  i  la  prodigalidad, 
^ae  se  habían  hecho  en  el  necesidades 
invencibles,  habían  agotado  su  fortu- 
na j  empeñado  su  patrimonio.  Desde 
aquella  hora,  le  fue  preciso,  para  res- 
ponder á  sus  acreedores,  someterse  i 
on  tmbajo  casi  superior  á  sus  fuerzas. 
Ni  lafrconcesibnea  territoriales  que  le 
biso  el  sultán,  ni  la  explotación  de 
sus  obras  por  ana  sociedad  financiera, 
ni  ana  suecripción  nacional,  que  la  in< 
difarencia  pública  hizo  punto  menos 
qne  ilusoria,  ni  sus  múltiplea  publi- 
caciones, pudieron  -salvarle  de  las 
privaciones  7  de  los  apuros.  Sólo 
en  «A  último  afio  de  sn  vida,  hubo 
manera  de  conseguir  que  el  Cuerpo 
legislativo  le  votase  una  pensión, 
de  que  pudo  disfrutar  apenas.  La 
Francia,  en  aquella  ocasión,  como  en 
otras  muchas,  siguiendo  el  pernicioso 
ejemplo  de  otras  naciones,  llegaba 
tarde  con  el  remedio.  Las  principales 
publicaciones  de  Laiia.stinb,  después 
de  h  revolución  de  1848,  soa.  Tret 
wm  en  el  poder  (1848);  ffitíoria  de  k 


nwkeMt  de  1848  (1849);  ¿as  eonfi- 
deneiat  (1850);  Toutsainí'Zouveríure, 
drama  en  verso  (1850);  Nueva*  con/- 
^máat;  Genoveva  v  el  Picapedrero  de 
Saini^Point  (imy,  GVawífer  (1852); 
ffistoria  de  U  Restaurad 'n  (1851- 
1853);  Nneno  viaje  á  Orie»ie,  7  Visio- 
nes, fragmentos  de  un  poema  (1853); 
Histeria  de  la  Turauia  (1854);  HitUh- 
ria  de  Xttsia  (185o);  ffl  consejero  del 
pueblo  (1840-1850);  Bl  dvilHador 
(1851);  Cwrso  familiar  de  literatura 
(1856  7  siguientes).  Bn  1871  se  han 
publicado  unas  Síemorias  de  Laiua- 
TiNB  (1790-1815),  7  en  1873,  su  Co- 
rrespondencia (1807-20)  7  nu  Poeiias 
inéditas* 

Bjpisodios,—'!,  Una  verdulera  de 
Batignoles,  al  saber  que  de  LA.yA.BTi- 
se  hallaba  en  mala  situación,  hubo 
de  calcular  que  no  tenía  qué  comer,  7 
se  dirigió  á  su  casa  con  el  fin  de  lle- 
varle 20  francos,  que  la  buena  mujer 
había  economizado  á  fuerza  de  estre- 
checes. Por  el  camino,  como  si  qui- 
siera consolarse  de  aquel  sacrificio  de 
sn  caridad,  iba  diciendo  en  alta  voz: 
¡Pobre  de  Lamabtinb!,  ¡pobre  de  La- 
uartinb!  Llega  á  casa  dtí  favorecido, 
es  decir,  llega  al  palacio  del  ex  presi- 
dente del  gobierno  provisional,  7  se 
encuentra  en  un  patio  magnífico,  don- 
de varios  lacajos  de  librea  estaban 
limpiando  carruajes  de  lujo.  La  Tcru 
dulera,  atolondrada  ante  aquel  apara- 
to, vuelve  grupas  furtivamente,  con- 
vencida de  que  había  equivocado  la 
casa.  Üno  de  los  lacajros  le  preguntó 
qué  se  le  orrecía,  á  cuja  pregunta  res- 
pondió con  aturdimiento: 

— Nada,  nade;  he  equivocado  el 
portal  de  Mr.  Alfonso  de  Lamabtinb. 

— Ño,  señora,  no  ha  equivocado 
usted  el  portal.  Esta  es  la  casa  de 
Mr.  Alfonso  db  LAUABtiNa. 

— Pero  ¿ustedes?... 

— Nosotros  somos  loe  laoa70S  de 
Mr.  Alfonso  na  LAUjjtTna. 

—Pero  leaos  coches?... 

— Son  los  cocees  de  Mr.  Alponso 

DB  LaMABTINS. 

Calculen  los  lectores  la  sorpresa  7 
el  pasmo  de  la  pobre  mujer.  La  ver- 
dulera se  volvió  á  Batignolea,  excla- 
mando: «Compraré  unas  botas  á  mi 
hija,  que  va  casi  descalza.» 

2.  La  suscripción  pública  abierta  á 
ftvor  de-nuestro  personaje,  produjo  en 
Inglaterra  óchenla  mil  duros,  los  cua- 
les no  bastaron  para  desempefiar  el 
castillo  feudal  del  poeta. 

3.  De  Lauartinb  era  un  seftor  de 
la  Edad  media  que  quería  ser  jefe  de 
una  nación  republicana.  No  le  mató 
el  olvido  del  pueblo;  le  mató  sn  ol- 
vido. 

4.  A  estas  fechas,  es  mu7  posible 
que  París  le  ha7a  erigido  7a  una  es- 
tatua. 

Lunatoriceo.  Lomatorricbo.  La 
forma  lamatoriceo,  que  aparece  en  al- 
gunos JHccionarioif  es  errata  de  im- 
prenta, 

Lambftd.  Mascnlino.  Viento  8ep> 
tentríonal  que  mortifica  periódica- 
mente á  los  nabítantea  de  bmirna. 

LambaUe  (María  Tmbsv  Luisa 


otf  Sabota  CarionXn,  princesa  ds). 
Desdichada  dama  francesa,  que  na- 
ció en  TuTÍn  en  1748  v  murió  en 
1792.  Era  hija  de  Luis  Víctor  de  Ss- 
bo7a  Carignán,  7  casó  en  1767  con  el 
hijo  del  duque  de  Penthievre,  Luís 
Estanislao  José  de  Borbón,  príncipe 
de  Lamballe  7  montero  ma7or  de 
Francia.  Habiendo  enviudado  al  afio 
nguiente,  vivió  retirada  hasta  el  ca- 
samiento de  María  Antonieta  con  el 
delfín.  Cuando  ésta  llegó  k  reina,  le 
confió  la  superintendencia  de  su  casa 
7  la  tuvo  siempre  á  su  lado,  manifes- 
tando hacia  ella  la  más  viva  amistad. 
Después  de  los  primeros  incidentes  de 
la  revolución,  niso  un.viqe  á  Ingla- 
terra; pero  no  tardó  en  volver  v  se  ha- 
lló al  fado  de  la  reina  en  los  días  20 
de  Junio  7  10  de  Agosto  de  1792.  Se- 
parada de  la  familia  real  desde  esta 
última  fecha,  fué  conducida  á  la  pri- 
sión de  la  Fuerwa,  donde  pereció  en 
las  matanzas  de  los  primeros  días  de 
Septiembre.  Su  hermosa  cabeza, pues- 
ta en  ^  hierro  de  una  pica,  fue  pa- 
seada por  París  7  expuesta  á  las  ate- 
rradas miradas  de  María  Antonieta, 
CU70  amor  había  sido  causa  principal 
de  sn  muerte. 

X«ambarero,  ra.  AdjetiTo&miliar. 
Adulador,  zalamero  que  no  m  recata 
de  parecer  tal. 

Lambda.  Masculino.  Duodécima 
letra  del  alfabeto  griego. 

ETiuoLoaÍA.  £. 

Lambdacismo.  Masculina.  Vicio 
de  la  pronunciación  cuando  se  hiere 
la  L  con  demasiada  fuerza. 

EttmolooIa.  Lamhda. 

Lambel.  Masculino.  Blasá».  Pieza 
que  tiene  la  figura  de  una  faja  con 
tres  caídas  mu^  semejantes  á  las  go- 
tas de  la  arquitectura.  Pénese  de  or- 
dinario horizoatalxente  en  la  parte 
superior  del  escodo,  á  0U70S  lados  no 
llega,  para  sefialar  qne  son  las  armas 
del  hijo  segundo,  700  del  heredero 
de  la  casa. 

firiHOLOofa.  Latín  Imhu,  &ja:  ita* 
liano,  lemho;  dialecto  de  Como,  Ím~ 
peí,  por  lambel;  ^neés,  {anjees. 

Lamber.  Aetivo  antieaado.  I«a- 

UBB. 

BTniOLoaÍA.  Latín  Umhire. 

Lambicar.  Activo  anticuado. 
Alambicas. 

Lambiche.  Masculino,  Alondra  de 
mar. 

Lambia.  Masculino.  Especie  de 
concha  univalva  7  mu7  sinuosa. 

Lambrequin.  Masculino.  Blasón. 
La  cobertura  del  casco  ds  armas, 
como  la  cota  lo  era  de  lo  restante  de 
la  armadura  antigua;  hacfase.da  tela, 
que  eubrfia  el  casco  7  descendía  i  ji- 
rones por  detris.  Se  usa  más  comun- 
mente en  plural. 

EnuoLGOÍA.  Lambel:  firuioés,  Icm- 
brequins. 

Lambrqa.  Femenino.  Lokbbiz.  !I 
Metafórico  7  familiar.  La  persona 
mu^  flaca. 

Lambrusca.  Femenino.  Especio 
de  vífia  silvestre  /  la  uva  de  ésta. 

Btiuolooía*  L<¡  '.'Tusca:  franeési  haor 
brusgusi  catalán,  fiambrusea* 


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LAME 


LAM& 


Ltntech.  Fitriarea  hebreo,  qtilnto 
descendiente  de  Caín,  leg^n  la 
ilia,  é  hijo  de  Mattualén.  Tuto  dos 
mujeres,  Ada  y  Sella:  de  la  primera 
eng^ndrtf  á  Jabel,  padre  de  los  pasto- 
ree, j  á  Jabnl,  padre  de  los  que  tocan 
los  instrumentos  músicos;  y  de  la  se- 
cunda &  Tubalcaín,  que  enseñó  á  tra- 
bajar el  hierro  y  el  bronce,  y  i  No8- 
ma.  La  Sagrada  Biícritura  dice  que 
(aé  el  primer  polígamo  y  el  segundo 
asesino,  pero  no  se  sabe  i  quién  mató. 
A  la  edad  de  182  años  engendró  á 
No¿¡  TÍ7Íó  todavía  quinientos  noven- 
ta ^  eineo  afíos  y  engendró  otros  hijos 
é  bijai. 

XÁmccnloB.  Maacalino  fámiliar. 
Mote  de  U  persona  qoa  te  humilla  i 
otraf  ádulindolaa. 

Lamed.  HasouUno.  Duodécima  le- 
tra del  alfabeto  hebreo. 

BruioLoaU.  L. 

Lamedal.  Masculino.  Bl  sitio  6  pa- 
raje donde  ha^  mucha  lama  6  cieno. 

BtiholooU.  Lama  i. 

Lamedort  ra.  Masculino  y  feme- 
nino. El  que  lame.  Q  Masculino.  Com- 
posición que  se  hace  en  las  boticas  de 
varios  simples  da  azúcar,  7  es  de 
menos  consistencia  que  al  electuario, 

Í'  mis  que  el  jarabe.  |  Metáfora.  Ha- 
ago  fingido  ó  lisonja  con  que  se  pre- 
tende suavizar  el  ánimo  de  alguno  á 
quien  se  ha  dado  á  ae  pretende  dar  al* 
gún  disgusto,  j  Das  LaMBDoa.  Frase. 
Entre  jugadores  es.hacerae  ano  al 
principio  perdidizo,  para  volver  des- 
pués sobre  ri  contrario  y  ganarle  el 
dinero  con  más  seguridad. 

Lamedura. .Femenino.  La  aooión 
y  efecto  de  lamer. 
BTXMOLoaía.  Latín  lambítutr  Ht, 
Lamelibranqaio,  quia.  Adjetivo. 
Zooliuía.  Que  tiene  branquias  lamina- 
res. I  Masculino  plural.  Los  lambli- 
BBAHguios.  Famiua  de  moluscos  acé- 
falos. 

BroiOLOofa.  ¿ssiimp  7  krm^itui 
francés,  UmUyamcKe, 

l4uaeUcómeo,ilM.  Adjetivo,  Zoo- 
logU,  Que  tiene  antenas  a  modo  de 
hojuelas. 

BTiuoLoaÍA.  LtmUiair  j  tíntr. 
francés,  lamellicaruf, 

Lamalífero,  ra.  Adjetivo,  Zoolo- 
gía. Que  tiene  úminillaa.  IMasculino 
plural.  Los  LaMBLÍnaos.  Familia  de 
pólipos. 

BTmouMÍA.  Latín  lamilla,  dimi- 
nutivo de  lamíiu,  lámina,  y  ferré, 
llevar  d  producir:  francés,  l«melii- 
prt* 

Lameliforme.  Adjetivo.  Sittorla 
natmral.  Que  tiene  la  forma  de  una  la- 
minilla. 

EniiOLoaU.  I<atfn  limiUa,  lamini- 
lla, V  forma:  francés^  UtmUiform, 

Lamelipedo,  diL.  Adjetivo.  ZooUh- 
gia.  Gujos  pies  son  lameliformes. 

BtiuoloqU.  Latín  limella,  lamini- 
lla, jjim,  pídú,  pie:  francés,  taMeUÍ~ 
pide. 

Lamelirrostro,  tra.  Adjetivo.  Or- 
nitología. De  pico  lameliforme. 

BtiMOLoaÍA.  Latin  limiila,  lamini- 
lla, y  rotírum,  eapolda»  pico;  ¿ranees, 
hmllirottre.  . 


Lamelosodentado,  da.  Adjetivo. 
Ornitología,  De  pico  lamelífero. 

EriydLoofA.  Latía  ISmelloetu^  forma 
adjetiva  de  ISmilla,  laminilla,  y  ie»~ 
todo:  francés,  lamellotodenté. 

Lamelosquitoso,  sa.  Adjetivo. 
Bolííniea.  Cuja  estructura  es  laminar 
y  hojosa  á  la  vez. 

BrtuoLoaÍA.  LdmUa  y  esqwtto. 

Lamennaia  (Francisco  FblÍcitas 
RoBBBTO  de).  Célebre  escritor  políti- 
co V  religioso  francés,  que  nació  en 
Saint-Malo  el  19  de  Junto  de  1782  y 
murió  el  27  de  Febrero  de  1854.  Pon 
tenecÍB  á  una  familia  noble,  aunque 
pobre,  ^  dotado  de  una  predisposición 
instintiva  al  fervor  religioso,  abrazó 
el  astado  eclesiástico  7  pnbHeó  algu- 
nw  escritos  sobre  relig^dn,  uno  de  los 
cuales  fué  prohibido  por  A  Gobierno 
imperial;  y  otro  escrito,  durante  la 

Srimera  restauración,  le  obligó  á  salir 
e  Francia  y  á  refugiarse  en  Ingla- 
terra en  la  época  de  los  Cien  días. 
De  vuelta  á  Francia,  emprendió  la 
publicación  de  su  Bntayo  sobre  la  1»- 
aiferencia,  que  elevó  su  nombre  á  la 
raajror  altura,  en  términos  de  que, 
habiendo  hecho  un  viaje  á  Roma 
en  1824,  León  XII  le  ofreció  el  capO' 
lo  de  cardenal,  llamándole  el  último 
Padre  de  la  Iglesia.  No  obstante,  sus 
ideas  liberales  le  habían  suscitado  ya 
muchos  anatemas,  y  cuando  en  sus 
escritos  posteriores,  sobre  todo  en  SI 
PwvoMTt  expuso  el  fondo  de  su  pen- 
samiento, proclamando  todas  las  li- 
bertades, en  su  forma  más  absoluta, 
bajo  el  amparo  de  la  Iglesia,  ésta  fué 
la  primera  que  le  rechazó,  condenan- 
do sus  doctrinas  por  medio  de  una 
encíclica  de  Gregorio  XVI  y  obligán- 
dole á  firmar  una  solemne  retractación 
de  sus  escritos.  Desde  entonces  consi- 
deró completamente  rotos  sus  lazos 
con  la  Igle.sia  católica  y  se  consagró 
enteramente  á  escríbirpara  el  pueblo, 
llegando  á  ocupar  el  lugar  de  primer 
apóstol  de  la. democracia.  La  revolu- 
ción de  le  envió  á  la  Asamblea; 
j  nombrado  individuo  de  la  comisión 
encargada  de  redacta!  el  código  fun- 
damental, presentó  un  provecto  com- 
pleto que  sus  coleas  desecharon  por 
demasiado  radical.  Por  espacio  de  cua- 
tro años  continuó  asistiendo  á  las  se- 
eiones  y  protestando  con  su  voto  de 
las  traiciones  de  los  partidos.  Gl  gol- 
pe del  2  de  Diciembre  le  sumió  en  al 
major  abatimiento;  buscó  un  lenitivo 
á  su  amargura  en  la  traducción  de  la 
Divina  Comedia  y  acabó  sus  días  con 
la  tranquilidad  del  justo,  rodeado  de 
su  familia  y  firme  hasta  el  último 
instante  en  las  creencias  que  había 

Srofesado.  Bn  su  entierro  desplegó  el 
tobiemo  da  Didembre  un  gran  apa- 
rato militer  y  no  permitió  entrar  más 
de  ocho  personas  en  el  cementerio  del 
padre  Lachaise,  donde  no  ae  pronun- 
ció una  sola  palabra  sobre  su  sepultu- 
ra, la  cual  no  ae  distingue  ni  por  r.na 
sola  piedra,  según  expresa  volun- 
tad del  finado.— Sus  numerosas  obraS 
pueden  dividirse  en  tres  grupos.— 
AscdTiCAS:  Tradnc^ón  de  la  guia  espi- 
ritual, de  Luís  de  Blois,  7  ae  la  Imi- 


taeidn  Jt  Cristo;  Peligro  del  mvndt  «S 
la  primera  edad;  Diario  del  cristiano,  1 
TraduceiJñ  de  tos  Svangeliós.^Di  si- 
LiaiÓN  Y  filosofía:  Regiones  sobre  el 
estado  de  la  Iglesia  en  Francia  d%ra%U 
el  siglo  xvui  a  s»  situación  actual;  Tr¿ 
dición  de  ta  Jg testa  sobre  la  insíitucióa 
de  los  obispos:  Injneneia  de  las  doctñ.. 
nos  filosó^eas  en  ta  sociedad;  Emauo 
sobre  la  indiferencia  religiosa;  Áfisctlá- 
neas  teoUSgicas  g^losó/cas;  Sumario  de 
un  sistema  de  conocimientos  humanos; 
pe  la  Melígién  considerada  en  sns  rek- 
eiones  con  el  orden  político  y  ávil;Car: 
tas  al  artohispo  de  París;  De  tospregrer 
sos  de  lús  rewtncionet  M  de  ta  gnerra 
contra  in  IglessM;  Paíairas  de  un  ere- 
gente;  AswUoi  de  Soma;  Bosqueje  de 
una  ^tosoJU;  Discusiones  críticas  y  pe%- 
samtentos  diversas  sobre  ^losofU  g  reli- 
gión; De  la  r  ligién;  AmscAisfanJot  y 
Darvandos;  De  ta  sociedad  pnmitita  g 
sus  leyes  ó  de  ta  religión, — JbbaspolÍ- 
TiCAs:  Del  derecho  del  Gobierno  sobre 
la  educación;  Reñexiones  sobre  la  esusu- 
ra y  la  universidad;  SI  Libro  del  pueblo;  ¡ 
Política  para  uso  del  pueblo;  Delalu-  ' 
cha  entre  la  corte  y  el  poder  parla-  \ 
mentarlo;  De  ta  esclavitud  moderna; 
Cnestiones políticas  y  Jílos<ffcas:Si  Paít 
y  el  Gobierno;  Pasado  y  porvenir  del 
pueilo;  C'na  múdela  práiJn;  Proyecto 
de  conslitueidn  de  ía  repUUca  francesa; 
Proyecto  de  constttuciJn  del  cre'diío  so- 
cial; Cuettidn  del  írabaiot  y  Déla  fami- 
lia y  ta  propiedad'  Publicó  además, 
entre  otros,  loa  periódicos  SI  Porve- 
nir ^  SI  Mundo  y  SI  Pueblo  constitu-  ¡ 
yente,  y  fué  colaborador  de  SI  Conser- 
vador, SI  Dj/ensor,  La  Bandera  blanca. 
El MemorialCatJlicOt  La  Cotidiana,Ln 
Revista  católica»^La  Revista  de  Ámbot 
mundos,  La  Revista  del  Progreso  y  La 
Revista  independiente. 

Resumen,— Lh  hermosa  figura  de 
Lambnmais,  que  debe  colocarse  entre 
las  de  los  grandes  escritores  de  Fiao* 
cía,  recuenla  á,  Pascal,  Rousseau,  de 
Maistre7  Bonald.  Nadie  ha  esetjto 
más  elocuentes  frases  en  pro  7  en  con- 
tra de  la  revolución,  del  paeUo  7  de 
la  Iglesia.  Eiagerando  u  mal  qae 
ataca,  ve  en  todo  adversario  un  ene- 
ntigo,  y  en  todo  abuso,  un  orimea. 
Pero  Laubnmais  no  exageraba  por  ig- 
norancia ó  por  malignidad,  sino  por 
la  fuerza  de  su  inspiración  7  la  deoi- 
lidad  de  su  temperamento.  Su  orgt- 
nizaciín  era  flaca  7  propensa  álos 
males  físicos,  de  cuvos  dolores  nació 
lo  que  pudiéramos  llamar  su  sublime 
misantropía.  Aquel  es{>íritü  poderoso 
solía  caerse  desde  sus  idmensas  alta- 
ras, porque  no  tenía  bastante  cuerpo 
para  sustentarlo.  Bra  una  magaifica 
estatua  sin  el  necesario  pedestaL  En 
cuanto  á  su  vida  privada,  puede  «fir- 
marse que  fué  un  modelo  acabadísimo 
de  todas  las  virtudes,  el  gran  teatro 
de  sus  triunfos,  el  m«or  laurel  de  sus 
glorias.  Bn  medio  del  escándalo,  de 
que  se  vio  cercada  más  de  una  vez, 
permaneció  co ra pleta mente  limpia  ^ 
pura,  como  el  ra^o  del  sol  que  ilumi- 
na con  su  celestial  transparencia  la 
supcrácie  de  los  lagos  inmundos.  He 
aquí  su  preciosa  biografía,  escrita  {or 


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Lame 


LAMI 


Lamí  325 


^7Ó(^i  úiano:  «Nada  tengo  aae 
«eharme  ¿n  rostro  por  lo  que  toca  £  U 
liaceridad  de  mis  palabras;  pero  con- 
fieso que  me  equivoqué  en  mas  de  una 
bcaiión;  j  en  alguna  de  ellas,  grave- 
mente. »  Francia  le  debe  el  siguiente 
fepitafío:  «El  alma  de  este  hombre  fué 
el  oratorio  de  un  saatuarío»  de  som- 
bra Confusa  y  sagrada,  en  donde  arde 
d!a  j  noche  nnaluz  divina.» 
'  X^anentabile.  Femenino.  Música. 
Voz  italiana  pan  indicar  un  movi- 
miento g^ve  7  una  expresión  melan- 
cólica. 

BrmoLOoU.  Lamentable. 

LamentaUe.  A.djetÍTo.Loque  me- 
rece ser  sentido  ó  es  digno  de  llorar- 
se. |  Lo  que  infunde  tristeza  y  horror; 
^  en  este  sentido  se  dice:  toe,  rostro 

tJkHBNTABLB. 

EniioLOofiL.  Lamentar:  latín,  Utmen- 

UlñlU;  italiano,  lameniahiU;  &ancÓs  j 
catalán ,  lamentable. 

SiNONiuiA.  Lamentable,  deplorable. 
Es  lamentable  todo  suceso  que  afecta 
el  corazón  con  sentimientos  de  dolor  r 
pesadumbre.  £1  suceso  es  deplorable 
cuando,  ¿  las  mismas  circunstancias, 
se  reúne  la  de  algún  error,  crimen, 
descuido  ó  accidente  que  fué  causa  de 
la  desgracia  ocurrida.  Es  lamentable 
la  muerte  de  una  persona  que  nos  es 
cara.  La  pérdida  de  España,  por  los 
amores  de  Don  Rodrigo,  fué  un  hecho 
deplorahi*.  Bste  último  adjetivo  suele 
aplicarse  i  sucesos  menos  graves  que 
los  qué  merecen  la  aplicación  del  pri- 
mero. Asi  decimos:  que  san  deplora- 
bles  las  flaquezas  de  un  gran  hombre, 
la  pérdida  de  una  buena  reputación  j 
la  discordia  de  una  familia.  (Moba.) 

Lamentablemente.  Adverbio  de 
modo.  Con  lamentos. 

EmioixxsÍA..  Lamentable  j  el  sufijo 
adverbial  mente:  francés,  lamentable- 
Ment;  italiano,  lamentabilmente. 

Lamentación.  Femenino.  La  ^ne- 
ja dolorosa  junta  con  llauto,  suspiros 
ú  otras  muestras  de  dolor.  |  Cada  una 
de  las  partes  del  canto  lúgubre  de  Je. 
remías,  llamadas  trenos. 

Etdiolooía.  Latin  lamentado,  for- 
ma sustantiva  abstracta  áelamentStns, 
lamentado:  catalán,  lameníació;  pro- 
venzal  j  francas,  lameníaiion;  italia- 
no, lamMtaztone, 

Lamentado,  da.  Participio  pasivo 
de  lamentar. 

EtuiolooÍa..  Latín  lümenlatus,  par- 
ticipio pasivo  da  lamentdri;  catalán, 
lamentaíf  da;  fnucé»,  lamente;  italiano, 
lamentato. 

Lamentador,  ra.  Masculino  7  fe- 
menino. El  que  lamenta  Ó  se  lamenta. 

BtmoLoau.  Lament  r:  latín  de  las 
glosas,  Umeniaior;  italiano,  lamenta- 
tare;  catalán,  laMntador,  a. 

Lamentúte.  I^rticipio  activo  de 
lamentar.'  El  que  lamenta  6  se  la- 
menta. 

Lamentar.  Neutro.  Quejarse  con 
llanto,  sollozos  ú  otras  demostracio- 
nes de  dolor.  Se  usa  también  como 
recíproco,  y  alguna  vez,  como  ac- 
tivo. 

BTUunxwfa..  Lamento:  latín,  Umen- 
catalán,  lamentar;  francés  anti- 


guo, faman^f  gumanter,  guermanier; 
moderno,  ktmfítter. 

Lamentarse.  Recíproco.  Quejarse 
cou  exteriores  demostraciones  de  do- 
lor. Jj  Mostrar  nno  lástima  por  los  ma- 
les de  otro,  como  cuando  se  dice:  «lu 
LAUBNTO  de  que  usted  no  siga  mi  par- 
tido;» «MB  LAHBNTu  dc  que  usteu  se 
obstine  en  su  perdición.» 

EriuoLoaÍA.  Latía  ISmeníari:  cata- 
lán, lamentarse;  walón,  se  lammenier; 
normando,  se  guermenter;  Berrj,  se 
gnementer;  francés, »  iamenter;  italia- 
no, lameníarsi. 

Lamentin.  Masculino.  Pescado 
grande  del  río  de  las  Amazonas. 

Etiuolooía.  Lamantino. 

Lamento.  Masculino.  Lamenta- 
ción, por  queja. 

Etiuología.  Latín  ¿£nñ»í««,  afére- 
sis de  elámMninmi  de  elSmor,  elSmdris, 
clamor:  italiano  y  catalán,  ¡amento* 

(LlTTRá.) 

Lamentoso,  sa.  Adjetivo.  La  per- 
sona que  prorrumpe  en  lamentos  ó 
quejas.  Q  Lamentable. 

Lameplatos.  Masculino.  Apodo 
que  se  suele  aplicar  á  los  que  son  go- 
losos, y  también  á  los  que  sirven  las 
comidas  j  refrescos.  |  Persona  ruin, 
sin  decoro,  dispuesta  a  sufrir  todo  gé- 
nero de  humillaciones,  por  lograr  un 
objeto  mezquino;  en  cujo  sentido  se 
dice:  €es  un  lameplatos.» 

I^amer.  Activo.  Pasar  repetidas  ve- 
ces la  lengua  por  alguna  cosa  para  to- 
mar el  gusto  de  ella.  j¡  Metáfora.  To- 
car blanda  y  suavemente  alguna  cosa; 
y  así  se  dice  del  arrobo  cuando  corre 
mansamente  que  laub  las  arenas.  Q 
Tbnbb  ó  llbvab  qüb  laubb.  Frase. 
Haber  recibido  algún  mal  que  no  pue- 
de remediarse  pronto. 

Etiuolcoía.  Latín  lamb¡íret  lamer. 

1 .  Voz  imitativa.  ( Cita  d$  Dn  Mi- 

QXSñL  y  MOBANTB.) 

2.  El  latín  lamberé»  que  representa 
lapb^re,  laptÜre,  está  en  relación  con 
el  gñBgoMonuv  (lápteinj,  que  tiene 
el  mismo  significado. 

Lameré.  Masculino,  Paraje  desti- 
nado para  las  lamas  da  los  metales. 

Lamerón,  na.  Masculino  j  feme- 
nino. Lauinebo,  goloso. 

Lameruzo,  za.  Adjetivo  familiar. 
Calificación  de  la  persona  glotona  y 
golosa. 

Lametada.  Femenino.  LbnoOb- 

TADA. 

Etiuolooía.  Lamer. 

Lamia.  Femenino.  Monstruo  fabu- 
loso que  se  decía  tener  rostro  de  mu- 
jer hermosa  y  cuerpo  de  dragón,  el 
cual  devoraba  á  los  niños,  según  la 
creencia  vulgar.  [|  Plural.  Mitología. 
Fantasmas  horribles  con  ñ^ura  de 
mujer,  que,  según  la  creencia  de  los 
antiguos,  arrancaban  á  los  nifios  del 
seno  de  las  madres  para  devorarlos, 
ó  se  escondían  en  los  bosques,  cerca 
de  los  grandes  caminos,  para  arrojar- 
se sobre  los  pasajeros.  Otras  tradicio- 
nes les  atribujrju  formas  encantado- 
ras y  seductoras  voces,  de  que  se  va- 
lían para  atraer  á  los  jóvenes  é  inex- 
pertos. II  Mujer  hechicera.  |  Nombre 
de  la  familia  romana  de  los  Élios.  ||  , 


Ictiología*  Bfpecie  de  cetáceo.  I  Bnte- 
molcgía.  Qónero  de  insectos  eoleópte->' 
ros. 

EtuíOUMÍL.  G-riego  li^un  (lámia): 
latín,  Límta;  italiano,  Idmié;  francós, 
lamie;  catalán ,  lamia.  '■  ' 

Reseüa. — Según  la  Academia,  el  ce- 
táceo de  que  hemos  hablado,  es  el  ti- 
burón.— «Voz  que  entre  los  antiguos 
tuvo  varias  significacíoaes.  Unos  juz- 
garon que  era  demonio  en  figura  de 
mujer,  que  con  halagos  atraía  á  los 
hombres  para  devorarlos.  Otros,  que 
era  una  especie  de  fiera  en  el  A^ica, 
con  el  medio  cuerpo  superior  de  mu- 
jer hermosa,  y  el  inferior  de  dragón, 
que  también  atraía  y  dévoraba  los 
hombres;  y  otros,  que  era  una  mujer 
hechicera  que  se  comía  ó  chupaba  los 
niños,  lo  que  corresponde  hay  i  nues- 
tras brujas.  Es  voz  puramente  lati- 
na. Lamia,*  (Academia,  Dicc'<mari9 
de  1726.J — cPescado  cetáceo  de  des- 
mesurada grandura,  may  ancho  por 
los  hombros  y  cabeza,  y  delgado  por 
la  cola,  la  cual  tiene  dividida,  y  el 
cuerpo  todo  cubierto  de  un  cuero  may 
áspero  y  dnro.  Tiene  siete  aletas,  dos 
pequeñas  junto  á  la  cola,  otras  dos  á 
los  lados  del  vientre,  otra  sobre  el 
lomo,  y  las  otras  dos  a  un  lado  y  otro 
de  las  agallas.  3tt  cabeza  es  grande, 
los  ojos  redondos  y  espantables,  la 
boca  rascada  y  armada  de  seis  órde- 
des  de  agudos  y  duros  dientes,  for- 
mados como  en  triángulo,  los  prime- 
ros caídos  hacia  fuera,  los  segundos 
derechos,  y  los  demás  encorvados  ha- 
cia una  parte  y  otra.  Es  mujr  crual  y 
tragador  de  carne,  v  tiene  un  traga- 
dero tan  ancho,  y  el  vientre  ó  estóma- 

fo  tan  capaz,  que  se  traga  los  pésca- 
os vivos  del  mar,  los  animales  de  la 
tierra,  y  aun  no  perdona  los  cuerpos 
humanos.  Es  su  carne  muv  dura  y 
excrementosa,  por  lo  cual  la  suelen 
salar  dividida  en  pedazos,  y  algunos 
la  guisan  con  cebollas  jespecias'pára 
que  sea  más  gustosa.»  (lDBii.)-*^«Se 
llama  también  la  mujer  pública,  6  ra- 
mera, con  alusión  &  fas  iamiá3  de  los 
antiguos,  ó  á  una  célebre  ramera  de 
la  antigüedad  que  tuvo  este  nombre.» 
(Idbm.) 

Lamia.  Cortesana  ateniense,  que 
vivía  en' el  siglo  iv  antas  de  Jesucris- 
to. Empezó  su  carrera  como  Qautista 
y  obtuvo  gran  celebridad,  haciéndose 
oir  en  el  teatro.  En  la  batalla  naval 
de  Salamina  (306),  ca^ó  en  poder  de 
Demetrio  Poliorcetes,  a  quien  inspiró 
una  fuerte  pasión  y  le  dominó  por  es- 
pacio de  muchos  años.  Se  distinguió 
por  sus  profusiones  y  por  la  magnifi- 
cencia de  sus  banquetes,  y  alguna  vez 
hizo  buen  uso  de  las  riquezas  qne  De- 
metrio la  prodigaba,  eomo  fue  man- 
dando construir  un  esplendido  pórti- 
co en  Sicione. 

Lamxaca  (oubrba).  Historia.  Nom- 
bre dado  á  una  guerra  qne  se  sucedió 
después  de  la  muerte  de  Alejandro  el 
Grande  (323  años  antes  de  Jesucristo) 
entre  la  Macedonia  y  la  Grecia,  y  cu- 
jos  principales  sucesos  se  realizaron 
cerca  de  ¿amia.  Hipérides  y  Oemús- 
,  tenes  impulsaron  á los  atenienses  y  á 


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326 


LAMI 


loi  demás  gtitgoM  i  toma  Um  armas 
contra  ÁntTpater.  Eito  noenl,  bati- 
do por  Ledstenes,  jefe  de  lai  tropas 
coaUgadaSfpuso  i  sitio  Lamia,  y  Leo- 
oat  perdió  uaa  batalla  j  la  TÍda  al  in- 
tentar aliar  dicho  sitio.  Pero  muerto 
LeiSstenes,  á  eonsjcueneia  de  una  he- 
rida recibida  en  una  escaramuza,  fue> 
ron  Tencidos  los  g^riegos  por  A.ntípa' 
ter  j  Cratere,  en  Cranón,  el  afio  322 
antes  de  Jaiuaisto.  Antípater  impu- 
so á  los  atenienses  una  constitución 
aristocrática  j  una  guarnici¿a  mace- 
dónica en  Muniquia.  La  aoBaaa  la- 
iUA€a  comprende  también  la  muerte 
de  Hipérides  y  Demóstenes. 

Laáaario,  ría.  AdjetÍTo.  Fníou»- 
Ayls.  Concerníante  ¿  análogo  al  in- 
secto lamia. 

Lamido,  da.  Adjetivo  metaffSríeo. 
Lo  que  está  gastado  con  el  oso  6  con 
el  rooe  continuo. 

Etímolooía.  Lantr. 

Lamienta.  Participio  actÍYO  ds  la- 
mer. El  que  lame. 

Lamín.  Masculino*  Provincial  Ara< 
g^n.  Golosina. 

Lámina.  Femenino.  Plancha  del- 

fada  de  algún  metal.  |  Ia  plancha 
e  cobre  en  q^ue  está  grabado  algún 
dibujo  para  tirar  estampas  de  él.  Jj  La 
pintura  hecha  en  cobre.  |  Metáfora. 
La  plancha  del^j^ada,  hoja  o  chapa  de 
cualquier  materia. 

Btuiolooía.  Latín  Uímina  ^  lammoj 
como  se  ve  en  Horacio:  catalán,  lámir- 
m;  provenzali  lamina.  Urna,  Imim: 
francés,  Um*;  italiano,  lama. 

Laminado,  da.  Adjetivo.  Qname- 
cido  de  láminas  ó  planchas  de  algún 
metal. 

Laminador.  Masculino.  Instru^ 
mentó  para  tirar  láminas. 

Iiiminat.  Activa.  Provincial  Ara- 
gón. Lamer  ó  golosmear. 

BtuioloqU.  Lamín» 

Laminar.  Adjetivo  común  á  los 
dos  géneros.  Mta£rati^h,  Que  está 
compuesto  de  láminas  paralelas.  |  Ro- 
TUBA,  LAiOHAR.  Botura  qus  presenta 
pequeñas  láminas.  |  La  LAWitAn.  Bo- 
tánica. Planta  de  la  clase  de  las  algas 
fucáeeas. 

ETiuoLoalA.  Lámina:  francés,  Umi- 
naire;  italiano,  laminart* 
Lami&ario,  ría.  .Adjetivo.  Lahi- 

NAK. 

Laminara.  Femenino.  Provincial 
Aragón.  La  abeja  suelta  oue  se  ade- 
lanta á  las  demás  al  olor  del  paato  y 
comida  que  le  gusta. 

Etihouwía.  Lamín* 

Itaminero,  ra.  Masculino  j  femé- 
niño.  Bl  que  nace  láminas  ó^fuarnece 
relicarios  de  metaU  |  Adjetivo.  Oo- 

I^aminica,  lia,  ta.  Femenino  di- 
minutivo de  lámina. 

EriuOLOofA.  Láminit:  latín,  ¡imilla; 
catalán,  lamineía. 

Laminoso,  sa.  Adjetivo.  Química. 
Lo  que,  al  cristalixar,  presenta  una 
superficie  compuesta  de  nojas  ó  lami- 
nillas. I  Tkjido  lauinoso.  Anaíomia 
aníioaa.  Nombre  del  Ujido  celular. 

¿TiHOLoaÍA.  Lámina:  latín,  ISmínO' 
s»t¡  francés,  lamimui^ 


LAMP 

Lamió.  Masculino.  BttímUa,  Ár- 
bol de  Filipinas  cuja  madera  se  em- 
plea en  tablas  de  forro  de  embarca- 
ciones. 

ETiMOLoafA.  Latín  técnico  lauiuh 
albuin^  de  Linneo. 

Lamiro.  Masculino.  Nombre  que 
da  Plinio  al  lagarto  marino. 

Lamiscar.  Activo.  Lamer  con  prie- 
sa V  con  ansia. 

Lamixis.  Maseulino.  Botánica.  Gé- 
nero de  hongos  que  se  crían  en  las 
ha  vas. 

Lamo.  Masculino.  Mitologia.  Hijo 
de  Neptnno,  rejr  de  los  lestrigones. 
(Horacio.)  Í  Geografía  ani^na*  Ciu- 
dad de  los  lestrigones,  cerca  de  Gaeta 
y  Formía.  (Viaaiua) 

EtiuolooÍa.  Latín  LÜmu. 
.  liamoBO,  sa.  Adjetivo.  Lo  que  tie- 
ne ó  cría  lama. 

I^ampacear.  Activo.  J/drtM.  Lim* 
piar  la  humedad  de  las  cubiertas  y 
costados  de  una  embarcación  bregan- 
do coa  el  lampazo. 

Etiuolooía.  Lampo. 

Lampaceo.  Masculino.  Operación 
de  limpiar  con  el  lampazo. 

Lampacero.  Masculino.  El  indi- 
viduo que  lampacea. 

Lámpada.  Femenino  anticuado. 

LiliíARA. 

Lampadaddn.  Femenino.  Tor- 
mento o  martirio  que  consistía  en 
aplicar  mechas  encendidas  al  cuerpo 

del  paciente. 

Etimología.  Lampata. 

Lampadario.  Masculino.  Hitioria 
antigua.  Sacerdote  que  en  Constanti- 
nopla  tenía  á  su  cargo  al  cuidado  del 
templo.  (Caballbbo.) 

ErmoLOOfA.  Latín  laMpadarínSt  de 
lamffas,  lámpara:  francés,  tampadaire; 
italiano,  lampadario. 

Lampadedromia.  Femenino.  An~ 
tigtíedides.  Carrera  ^ue  los  atenienses 
daban  en  los  parajes  públicos,  lle- 
vando en  la  mano  una  mecha  encen- 
dida. 

Etimolooía.  Griego  hmpát,  antor^ 
cha,  y  drómos,  carrera:  Xaiiná;  Spóiu>^. 

Lampadodrómico,  ca.  Adjetivo. 
Goñcerniente  á  la  lampadedromia. 

Lampadias.  Masculino.  Ásírono- 
mia.  Cometa  ó  meteoro  que  tiene  la 
forma  de  una  hacha  encendida. 

Etiuolooía.  Latín  lampadiast  forma 
de  lampa»,  lampíiU,  hacha,  antor- 
cha. 

I«ampadista.  Masculino.  Bl  que 
se  ejercita  en  el  juego  de  las  antor- 
chas. 

EtiuoLoaÍA.  Griego  XgtiiicaStffti}^ 
(lampadisíés),  de  lamp.it,  antorcha: 
francés,  Umpadittt. 

Lampadoforias.FemeninopIural. 
Aníigiedada  griegai.  Fiest&a  en  que 
se  servían  de  lámparas  para  los  sacri* 

ficíOB. 

Etiuolodía.  Lampado/oro. 

Reseña. — Historia  antigua.  Fiestas 
que  anualmente  celebraban  los  ate- 
nienses, y  que  eran  tres,  á  saber:  la 
atenea,  celebrada  en  la  fiesta  de  Mi- 
nerva; la  hefesiicia  6  mlcania,  ea  la 
de  Vulcano;  y  la  frometea,  en  la  de 
Prometeo.  Se  veriñcaban  junto  i  la 


lamp 

Academia,  en  la  puerta  Dfpil^  al 

Noroeste  de  la  ciudad,  v  consistftn 
en  carreras  á  pie  ó  á  cthallo,  ejecuta- 
das por  la  juventud  de  Atenas,  Los 
que  en  ellas  tomaban  parte  diebían  re- 
correr una  distancia  de  seis  estadios 
olímpicos  (I.lOO  metros  próximamai^ 
te)  y  correr  con  la  mayor  Tclocidad, 
ó  á  galope  si  iban  á  caballo,  llerande 
una  antorcha  encendida.  El  que  lle- 
gaba al  fin  sin  que  se  le  apagase,  re- 
cibía el  premio;  7  en  el  caso  contra- 
rio, pasaos  la  antorcha  4  otro,  reti- 
rándose el  no  favorecido. 

Lampaddforo.  Masculino.  Á»U- 
aOedadet  gricg»,  ffl  qus  llevaba  la 
lámpara  en  las  eeremonias  religiosas. 

EriuOLOofA.  Griego  Xi|i,ngiSof¿poc 
(lampadúpkdrosh  de  lampác,  antorcha, 
ypííordst  que  lleva:  francés,  issyo^ 
piore. 

Lampadomaucia.  Femenino,  ^a- 
íigüedaaes.  Adivinación  por  el  eolot 
de  la  llama  ó  dirección  del  hamo  de 
una  mecha  encendida. 

ETiMOLoaÍA.  Griego  lampádot,  ge- 
niüvo  de  lampát^  antorcha,  y  steafñs, 
adivinación. 

Seteña.  —  Mitología .  Adivíaaeióa 
que  se  practicaba  observando  la  for- 
ma, el  color  y  los  movimientos  de  Is 
luz  de  una  lámpara,  considerada  como 
agOero  para  descubrir  lo  futuro. 

Lam^adomintíco,  ca.  Adjetivo. 
Concerniente  á  la  lampadomaucia. 

Lámpara.  Femenino.  Bl  cuerpo  a^ 
tíficialmente  luminoso  que  arroja  de 
sí  luz.  B  Vaso  de  vidrio  redondo  en 
que  se  echa  aceite,  en  el  cusí  se  pooe 
la  mecha  sostenida  de  unos  alambres 
que  tienen  unos  corchos.  \  Ba  las 
iglesias,  una  especie  de  bacía  grande, 
de  plata  ú  otro  metal,  pendiente  por 
lo  común  de  tres  ó  ciutro  cadenas  asi- 
das á  un  capitel,  en  cujro  centrj  está 
el  vaso  con  la  luz  que  arde  delaute 
del  Santísimo  Sacramento  ó  de  algu- 
na imagen.  Las  hay  también  de  otras 
formas,  y  no  sólo  en  los  templos,  sino 
también  en  palacios,  teatros  y  casas 
de  gente  acomodada.  |  Velón  de  un 
mechero,  de  forma  por  lo  regalar  de 
columna,  y  de  más  ó  menos  lujo  por 
su  materia  y  adornos,  p  La  mancha 
de  aceite  que  cae  en  la  ro^.  B  El  ramo 
de  algún  árbol  que  los  jóvenes  ponen 
á  las  puertas  de  las  casas  en  manifes- 
tación de  sus  regocijos  y  de  sus  amo- 
res. B  Atizarla  LÁMPARA  ó  KL CANDIL. 
Frase.  Sacar  un  poco  la  mecha  ylioí' 
piarla  para  que  arda  mejor.  |  Frua 
familiar.  Volver  á  echar  vino  eo  el 
vaso  ó  los  vasos  para  beber.^ 

Etimología.  Lampo:  francés,  Ía»fe: 
iUliano,  lampa;  latín,  lampai,  Umpa- 

hentido  etimoliígico.~D6  lampade, 
ablativo  de  lampas,  lampadit,  tomado 
del  griego  lampas,  lammdot,  denjado 
de  lampo,  lucir,  brillar,  alumbrir, 
echar  luz  6  lumbre,  abrassr.  (Mos- 

LAU.)  - 

Lamparería.  Femenino,  l-ug"' 
donde  se  fabrican  ó  venden  lámp««». 

Etimología.  Lámpara:  francés,  ««* 
pisterie.  .  ^  f. 

Lamparero,  ra.  Maseuhuo  v  ía 


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LAMP 

mmino.  SI  tiene  cuidado  de  las 
lámparas,  Umpiándolaa,  echándolas 
aeeite  r  eneendiéndoUs.  |  SI  que  hace 
6  reiiiie  lámparas. 

BtiuolgoÍa.  Lampan:  italiano, 
Umpadajo;  francés,  lampüíe. 

Lamparilla.  Femenino  díminutÍTo 
de  lámpara.  Q  La  torcida  pequeña  de 
ptpel,  de  estopa  ú  otra  materia,  que 
H  pona  en  uu  plato  para  conservar 
luz  toda  la  noche.  |  Tejido  de  lana 
delarado  j  ligero,  de  que  se  solían  ha- 
cerlas capas  de  verano. 

Lamparín.  Masculino.  Bl  cerco  de 
metal  en  que  se  pone  el  vaso  en  las 
lámparas  de  las  iglesias. 

umpariata.  Común  de  dos.  Lau- 
paauo. 

Lamparón.  Masculino.  Tumor  qua 
se  forma  en  laa  fflándulas  del  cuello. 

finiiOLOoU.  Zámparút  aludiendo  i 
lo  anoendido  de  su  color. 

Lamparón.  Masculino.  Ibncha 
grande  ea  la  ropa»  ora  aludiendo  al 
color  de  la  mauoha,  ora  porque  fuese 
Is  mancha  de  aceite  caído  de  una  lám- 
para. 

Lamparonoso,  sa.  Adjetivo.  Es- 

CaOFtlLOSO. 

Lamparoso,  sa.  Adjetivo  &miliar. 
Lleno  de  manchas. 

Lampasado,  da.  Adietivo.  BUuin, 
Epíteto  de  los  animales  heráldicos 
qie  tíeoan  la  lengua  fuera  de  la  boca 
j  de  diferente  esmalte  que  al  resto 
del  cuerpo. 

Btimolooía.  Francés  law^éué,  del 
antiguo  laatpat,  migiaiUí, 

Lampatan.  Masculino.  CmNa, 
planta  o  caís  qoa  viene  de  «ate  im- 
perio. 

I«ampato.  Masculino.  Química. 
Combinacifín  de  ácido  lámpico  con 
«na  base. 

BnifOLoaÍA..  Lámpico:  francés,  lam~ 
pote. 

1.  Lampazo.  Masculino.  Planta: 

ailOa  OB  HOBTBLAMO. 

Brai«.OGÍA.  Latín  lapfHit  el  lampa- 
so,  hierba.  (Viboillo.) 

Sentido  étimold^ieo.—Ei  latín  Idppa 
está  en  reladón  con  el  griego  XaSt'v* 
(UiOnJ,  agarrar,  preñar.  (Os  Mi- 
OCBL  vlfoaaHTB.) 

2.  Lampazo.  Masculino,  ¿i orina, 
Bspeeie  de  estropajo  hecho  de  filásti- 
ca  u  figura  de  borla,  de  cerca  de  dos 
vuas  da  lai^o,  que  sirve  para  fregar 
laa  cubiertas  interiores  de  laa  embar- 
vaeiMies  y  apurar  el  agua  que  queda 
sobre  ellas. 

BTniOLoaÍA.  Lampo. — «Hierba  que 
noduoe  las  hojas  como  laa  de  la  cala- 
baxa,  aunque  mucho  mayores,  más  ne- 
grea j  cubiertas  de  vello.  El  tallo  es 
bUoquecino,  encima  del  cual  arroja 
una  norecita  de  color  purpúreo,  v  unos 
cadillos  ásperos  j  espinosos,  del  tama- 
be  de  aveluiDas,  que  regularmente  se 
p^n  á  la  ropa.  Su  ruz  es  grande, 
blanca  por  dentro  j  negra  por  fuera. 
Covarrubias  quiere  que  venga  del 
griago  LapátMs,  que  significa  eva- 
caarv  ablandar,  por  la  virtud  que 
esta  hierba  time  de  ablandar  d  vien- 
tce;  pero  Tamarid  pone  esta  vos  entre 
los  nombres  arábigos  que  andan  mes- 


LAMP 

eladoaen  nnaatra  lei^ua.»  fAcaoB- 
lOA,  DiedoKariode  ^72o./^<Se  llama 
por  semejanza  la  hoja  da  cualquier 
hortaliza,  que  ea  máa  grande  de  lo  re- 
gular. >  (Ídeu.) — «En  Ta  náutica  es  un 
estropajo  grande  hecho  de  fíláciga, 
puesto  en  un  palo  con  que  se  estrie- 
gan j  lavan  el  piso  del  navio  j  los 
interiores  dél.»  (Idbm.) — «Paros  db 
LAH.-AZO. — Se  llaman  las  tapicerías,  j 
verduras  j  boscages,  por  componerse 
sus  dibujos  de  laupazos,  con  sus 
hojas  muy  grandes.  Trábelo  Covarru- 
bias en  sn  Tesoro.»  (Idbm.)— «Lampa- 
zos, se  llaman  también  las  manchas 
que  silen  en  el  rostro  A  otra  {«rte  del 
cuerpo,  i  trechos.»  (Ideu.) 

Lámpico,  ca.  Adjetivo.  Química. 
Acido  producido  por  la  acción  de  un 
hilo  de  platino,  incandescente,  puesto 
sobre  una  lámpara  da  espíritu  de  vino. 

Etiuolooía.  Francés  tampigue»  de 
laMptf  lámpara. 

Lampiáo.  Adjetivo.  El  hombre 
que  no  tiene  barba.  [|  Lo  que  tiene 
poco  pelo.  I  Se  da  esta  calificacián  al 
trigo  que  carece  da  vallo  en  las  glu- 
mas florales. 

Etuiolooía.  Lamvo^  porque  la  piel 
sin  1»rfoa  luce,  brilla. 

Lampión.  MucuUno.  Farol  6  lám- 
para grande. 

ErtHOLOOfa.  Francés  lampio»t  fo^- 
ma  de  ¡ampe,  lámpara:  italiano,  lan- 
pione. 

Lamerá.  Femenino.  ZotUogia. 
Nombre  científico  de  la  hembra  del 
Ummfti»  tploiiidMla,  puesto  que  el 
macho  no  as  fosforescente. 

BmiOLOOÍa.  Griego  Xo^iiituplc  (lam~ 
pifrísjt  de  lámpein,  brillar:  francés, 
lampare* 

Lampo.  Poética*  Resplandor,  luz, 
brillo  pronto  j  pamjero,  como  A  del 
relámpag->. 

ETluoLOOia.  Griego  Xiiineiv  (lám- 
pein)^ brillar;  Xanitá^  (lampát),  antor- 
cha: latín,  lameré,  lucir;  ItmpatjSdiSt 
lámpara;  italiano,  lamaa,  lampada; 
francés,  lamp$;  provenial,  lampa;  ca- 
talán, llamp,  rajo;  lUmpechj  relámpa- 
go. El  catalán  tiene  ¡lUmpui/t  inter- 
jección de  admirad  m  j  de  sorpr«sa, 
como  si  dijéramos:  ¿chispas! 

Lampocarpo,  pa.  Adjetivo.  Botá- 
nica. Que  tiene  los  frutos  brillantes. 

ETiMOLoafA.  Griego  íampás,  antor- 
cha, y  kirpús,  fruto;  Xn«tá<  latpitóq. 

Lampote.  Masculino.  Tela  de  al- 
godón que  se  fabrica  en  las  islas  Fili- 

Sinas,  jcon  la  que  se  comercia  en 
[^ico  en  gran  cantidad. 
Lamprea.  Femenino.  Pez  marino 
de  tres  a  cuatro  pies  de  largo.  Es  ci- 
lindrico, Uso,  sin  escamas  visibles,  j 
terminado  en  una  <;ola  puntiaguda;  el 
lomo  es  verde,  manchado  de  azul,  j 
tiene  sobre  él  dos  aletas  pardas  con 
manchas  amarillas,  y,  rodeando  la 
cola,  otra  de  color  azul;  sobre  la  ca- 
beza se  ven  dos  agujeros,  por  donde 
despide  al  agua  que  traga  para  res- 
pirar. Vive  asido  á  las  peftas,  &  las 
que  se  agarra  fuertemente  con  la 
boca.  Su  carne  es  muy  estimada.  Q 
Fes  de  río  muy  parecido  al  de  mar  del 
mismo  nombre,  del  cual  se  diferencia 


LAMP 


327 


en  ser  más  pequeño.  Viva  en  agua 
dulce,  especialmente  «i  las  balsas  ó 
ríos  de  poca  corriente.  Su  cama  sa 
estima  todavfa  más  que  la  de  la  taai- 
FREA  de  mar. 

Btimolooía.  1.  Forma  de  ¿osijio, 
mejor  que  de  ¿si»¿0r«jD«^at, porque  di- 
cen que  este  pescado  lame  las  piedras 
ó  suele  estar  pegado  á  ellas.(MoNLAU.) 

2.  La  etimuogía  de  Monlau  no 
puede  sostenerse,  como  lo  denraeatra 
el  latín  de  las  glosas. 

Derivación. — Latín  de  las  glosas, 
lampetra;  de  ktmÜfre,  lamer,  y  ¡ttíxa, 
piedra;  alemán,  Lampreíc,  metátesis 
de  lampetre;  inglés,  ¡amprey;  italiano, 
lampreda;  francés,  lampfoide;  proven- 
ial, ¿ataprni,  Aw|pnsa,  In^prada;  ca- 
talán, itanym». 

Lampreado,  da.  Partieimo  pasivo 
del  verbo  lamprear.  Lo  asi  guisado 
y  dispuesto.  (AcaosuiÁ,  Stmonario 
de  im.) 

Lamprear.  Activo.  Componer  6 
guisar  alguna  vianda,  friéndola  ó 
asándola  primero,  cociéndola  después 
en  vino  ó  agua,  con  azúcar  ó  miel  y 
especia  fina,  á  lo  cual  sa  añade  un 
poco  de  agrio  al  tiempo  de  saowrla  & 
la  mesa. 

ETiwoLoofA.  Lamprea. 

l«amprehu^  o  lampreiUa.  Fe- 
menino. Pez  de  rio  semejante  &  la 
lamprea,  de  sólo  unaa  tinco  pulgadas 
de  largo.  Se  distingue  de  ésta  en  que 
su  boca  termina  en  punta  j  en  tener 
sobre  la  oabesa  un  mAo  respiradero 
en  forma  de  tubo.  8s  CMuestible, 
aunque  ne  tan  apreeiable  eomo  la 
lamp.-ea. 

Lamproo,  prea.  Adjuro  anticua- 
do. Lóbrego,  triste. 

Lampriaco.  Maaculino  americano. 
Latigazo  fuerte. 

Las^rülio  (Euo).  Biógrafo  latino, 
anterior  á  Flavio  Vopisco.  Floreció 
en  tiempo  de  Constantino  Magno,  á 
quieu  dedicó  sus  obras.  No  ftlta  quien 
cree  que  éste  ea  LawBioio  y  Si- 
partiano,  de  manera  que  LaHPBiDio 
y  Sspartiemo  no  son  dos  personas  dis- 
tintas, aino  una  sola.  Nos  dejó  escri- 
tas las  Vidas  de  los  emperadores  CdmO' 
do,  Áníonino,  Diadumeno,  SeUogáhaU 

Ái^andro  Scvsro,  las  cwas  se  ha- 
lan incluidas  en  la  eoleocion:  Hisio- 
rÍ4B  Angusi»  wr^plnvf.  (Da  Miousl  y 

MOR-VMTB.) 

EriMOLoofa.  ¿ssipHhffar.  (&noMio 

Apolinar.) 

Lamprocles.  Poeta  y  músico  ate- 
niense, que  vivía  500  años  antes  de 
Jesucristo.  No  existen  acerca  de  él 
más  que  noticias  vagas;  pero  que 
todas  concuerdan  en  que  practicó  un 
estilo  severo  en  música  y  en  poesía. 
Plutarco  le  atribuye  el  perfecciona- 
miento del  modo  musical  lla.nado 
misio  UdiOf  y  según  el  escoliasta  de 
Aristófanes,  compuso  el  Aímao  á  Palas 
á  que  hace  alusión  en  los  Nublados  '. 

LamprofUeo,  lea.  Adjetivo.  Botd- 
mea.  De  hojas  lisas  y  brillantes. 
BnuoLoafa.  Griego  >a|Ai:póc  (lam- 
,  luminoso;  de  lámpein^  brillar,  y 
'off,  hoja. 

mpróforo,  ra.  Adjetive,  iíitto- 


'¡ti 


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328 


LAMP 


ria  nstural.  Da  enroltun  6  eabíerta 
brillante. 

^TUíoLOoU.  Orieffo  Umpró»,  lumi- 
■nofOi  jr  pkc^t  que  lien. 

Lamprómetn».  Masealino.  FUiea. 
Eepecie  de  fotómetro. 

ÉTiMOLoaÍA.  Griego  lamprdt,  lumi- 
noso, j  m¿íron,  medida:  franeés,  ¿am- 
.pronitre.. 

iHunpropo,  pA<  Á.dietÍTO.  Zoología. 
De  pies  6  pezuñas  brillantes.  \  Botá- 
nica. De  tronco  6  tallo  reluciente. 

EnuoLOQÍA.  Grieg-o  lamprós,  bri- 
llante, j  poüt,  pie:  X9t(inpó{  noü^. 

LuapsacenoB.  Masculino  plural. 
Los  naturales  j  habitantes  de  Lamp- 
saco.  (CtCEaÓN.) 

.  EtimoloqU.  Lamptíteo:  latín,  Ump- 

LftmpMCO.  Masculino.  6feograJÍa. 
Ciudad  del  Aján  menor.  (Plinio.) 

EtiuoloqU.  Lfttín  ZamptXcus. 

ZiOmpsaiia.  Femenino,  Soiániea. 
Especie  de  berza  silvestre  de  un  píe 
de  alto,  que  tiene  ordinariamente  tres 
hojas  crespas,  j  en  medio,  un  tallo 
con  una  flor  blanquecina. 

Etimología.  Griego  Xe([L4^>  Xat^- 
VI]  (latnptáné,  laptánej:  latín,  laptina 

Ílap$S»Ínm  (la  última  forma,  en  san 
eronimo),  especie  de  col  silvestre: 
UPBANA.  viverc,  alimentarse  de  berzas. 
(Pumo.) 

Retma. — ^1.  La  LAUPSAiia,  es  planta 
anual/de  fioru  amarillas,  que  crece 
en  los  bosques,  en  lu  jardines,  en  las 
ruinas  j.en  las  mnralus  viejas. 
.  .  2.  Bs  la  LAUpsaiTA.  comniutú,  de 
Xínnao,  perteneciente  i  la  bmiUa  de 
\u  emptu$t0$  li^uli^aru,  . 

LaiDpteiiu.  Femenino  plural. 
Hútoria  taUigita,  Fiestas  de  los  anti- 
guos griegos,  celebradas  en  Pellene, 
en  honor  de  Baco,  j  llamadas  así 
porque  se  verificaban  á  la  luz  de  ha- 
chas 6  antorchas.  Celebrábanse  des- 
pués de  las  vendimias,  j  se  repartía 
vino  &  tódos  los  transeúntes. 

EnuoLoaíi..  Zampíer,  nombre  de 
un  lugar  de  Beocia,  patria  de  Baco. 

Lampnga.  Femenino.  Pez  de  cua- 
tro &  oineo  piés  de  la^,  aunque  en 
los  mares  de  Espafia  apenas  pasa  de 
dos.  Dentro  del  agua  aparece  todo 
idorado,  á  pesar  de  que  por  el  lomo, 
que  es  casi  recto,  es  verde  con  man- 
clias  de  color  anaranjado,  j  por  el 
vientre  plateado.  La  aleta  del  lomo, 
que  corre  desde  el  medio  de  la  cabeza 
hasta  la  cola,  es  amarilla  con  una  raja 
azul  en  la  base;  la  de  la  cola  es  ver- 
de j  las  restantes  enteramente  paji- 
zas. Es  pes  comestible,  pero  se  apre- 
cia poco, 

E  T I M  OLO  of A.  Lamprea:  catalán , 
llampuga, 

Lampugo.  Masculino.  Laupuoa. 

Lampttrda.  Femenino.  Botánica* 
Planta  herb&cea  de  troncos  ramosos  j 
alonas  veces  espinosos. 
.  £TiuOLOof A.  Francés,  íampowrde. 

(LiTTIUÍ.) 

Lampase,  «a.  Adjetivo  americano. 
Descarado. 

Lampnyán.  Masculino.  Botánica. 
Especie  de  jengibre. 

ETlHOLoaÍA.  Malayo  lampüyang 


LANA 

^éi)^}*  de  lampn,  excesivo,  alu- 
diendo al  olor  fuerte  de  esta  especia: 
francés,  lampoujM», 

Lan.  Femenino.  Brudidd»,  Nom- 
bre de  las  principales  divisiones  te- 
rritoriales del  remo  de  Suecia,  que 
significa  gohierno  6  prefectura. 

Lana.  Femenino.  El  velldn  6  pelo 
de  las  ovejas  j  carneros,  que  se  nila 
y  sirve  para  hacer  paño  y  otros  teji- 
dos. U  Se  suele  llamar  así  el  pelo  de 
otros  animales;  como  lana  de  vicuQa, 
perro  de  lanas.  |  El  tejido  de  lana  y 
el  vestido  que  de  él  se  hace;  y  en  este 
sentido  se  dice:  vestir  lana.  Q  db 
CAÍDAS.  La  que  tienen  en  las  piernas 
los  ganados.  Q  bn  babbo.  En  las  fábri- 
cas de  paflos  es  la  lana  más  pura  que 
sale  del  peine  antes  de  hilarse.  |  Ba- 
tís LA  LAMA.  Frase.  Provincial  Ex- 
tremadura. Esquilar  el  ganado  de 
LANA.  I  Cardarle  Á  UNO  LA  lana.  Fra- 
se úietafórica  y  familiar.  Reprenderle 
con  severidad  y  aspereza.  ¡  Ganarle 
cantidad  considerable  en  el  juego.  | 
Cual  uís,  cual  menos,  toda  la  lana 
ES  PELOS.  Refrán  con  que  se  manifiesta 
que  es  inútil  escoger  entre  cosas  6 
personas  que  adolecen  de  unos  mis- 
mos defectos.  D  Ir  pob  lana  t  volver 
trasquilado.  Refrán  que  se  usa  para 
denotar  que  alguno  ha  sufrido  per- 
juicio 6  pérdida  en  aquello  en  que 
creía  ganar  ó  hallar  provecho.  |  La- 
var LA  LANA  í  ALOUNO.  Frasc  metafó- 
rica y  familiar  anticuada.  Averiguar 
y  examinar  la  conducta  de  alguna 
persona  sospechosa  hasta  descubrir  la 
verdad.  ||  Poca  lama.,  t  bsa  bn  zar- 
zas. Refrán  que  se  aplica  al  que  tiene 
poco,  y  eso  con  trabajo  6  riesgo. 

Btiuolooía.  QtiegoX&ivr¡(iáchn¡): 
latín,  lana;  catalán,  llana;  provenzal 
é  italiano,  lana;  portugués,  Id;  fran- 
cés, laine. 

Sinonimia.  Lana,  vellón.  Un  vellán 
es  la  totalidad  de  la  lana  de  que  el 
animal  está  naturalmente  revestido. 
Se  distinguen  diferentes  clases  de  la- 
HOf  en  un  tallón. 

Se  corta,  se  lava,  «e  vende  el  vellón; 
pero  ésta  es  la  lana  que  la  industria 
prepara  y  trabaja  de  mil  maneras. 

El  veÜ^  no  es  más  que  un  objeta 
de  venta;  la  tana  es  la  materia  misma 
puesta  en  obra  por  diferentes  medios. 

El  vell-ÍH,  después  de  que  se  hacen 
con  él  varias  operaciones,  llega  á  ser 
lana,  la  que  én  mano  de  los  fabrican- 
tes sirve  para  diferentes  usos. 

El  vellón  está  en  bruto,  y  forma  por 
sí  solo  un  conjunto  de  lana;  ésta  no 
es  más  que  el  pelo  que  cubre  al  ani- 
mal; pero,  considerada  en  particular, 
haciendo  abstracción  de  este  conjun- 
to. (LÓPEZ  PeleorÍn.) 

Lanada.  Femenino.  Instrumento 
que  sirve  para  limpiar  y  refrescar  el 
alma  de  las  piezas  de  artillería  des- 

Sués  de  haberlas  disparado.  Consta 
e  un  asta  ó  palo  larff'o  de  unas  tres 
varas,  con  un  pulleju  de  carnero  chu- 
rro, liado  á  su  extremo  con  la  lana 
hacia  fuera,  la  cual  se  moja  para  iu- 
'  troducírla  en  el  cañón. 

Etimología.  Lana:  catalán,  llanada. 


_  LAKC 

Lañado,  da.  Adjetivo.  Ludoi- 

MOSO. 

Etimología.  Lana:  latín,  UUitn; 
italiano,  lanato. 

X«anar.  Adjetivo. que  se  aplica  al 
ganado,  que  tiene  lana. 

Etimología.  Lema:  latín,  Unirit; 
francés,  lanaire. 

Lañaría.  Femenino.  Botánica. 
Hierba  de  que  usan  en  los  lavaderos 
para  limpiar  la  lana:  echa  flores  ama- 
rillas, jr  su  raíz  tiene'  sabor  de  rá- 
bano. .  . 

Etimología.  Lana:  latín,  Ünm-U 
herba;  francés,  lanaire, 

I^anarquita.  Femenino,  ifiiurah- 
gia.  Substancia  eompuasta  de  47  wr- 
tes  de  carbonato  de  plomo  y  de  &3  de 
sulfdto  del  mismo. 

Lancasteriano,  na.  Masculino  j 
femenino.  El  natural-dé  Laneaster.  | 
Partidario  del  sistema  da  ensefianu 
de  Laneaster.  I  Adjetivo.  Conceroíea- 
te  al  condado  de  Laneaster  y  al  siste- 
ma de  enseñanza  inventado  por  Lan- 
easter. 

Etimología.  La»ea$ter¡  faneés, 
lancatte'rien. 

Lancastriano,  na.  Adietivo.  Hit- 
íoria  de  Inglaterra.  Partidario  de  U 
casa  de  Laneaster,  ó  Lancastre,  y  del 

Sartido  conocido  bajo  el  nombre  de 
Iota  roja. 
Etimología.  Laneattre:  francés, 
lancatírien. 

Lance.  Masculino.  La  acción  ; 
efecto  de  lanzar  6  arrojar.  |  La  acdón 
de  echar  la  redpara pescar, jr la-pMca 
que  se  saca.  |  Trance  ú  ocasién  críti- 
ca. Q  Suceso  señalado  6  aituaeién  no- 
table; y  en  este  sentido  se  Uaoian 
LANCES  los  diferentes  sucesos  que  con- 
tribuyen al  enredo  ó  deienredrf  de  U 
fábula  dramática.  |  Encuentro,  riña, 
quimera.  Q  En  la  casa,  cada  una  de 
las  armas  que  arroja  la  ballesta.  B 
apretado.  Caso  a»etaoo.  Q  de  for- 
tuna. Casualidad,  accidente  inespe- 
rado, g  DB  LANCE.  Modo  adverbial.  Se 
dice  de  lo  que  se  compra  barato,  apro 
Techando  alguna  coyuntura.  |  A  po- 
cos LANCBS.  Modo  adverbial  que  sig- 
nifica á  breve  tiempo,  sin  tropiezos  di 
dificultades.  IOb  lahcb  in  luici- 
Modo  adverbial.  De  una,  acción  en 
otra,  ó  de  una  razón  en  Otea*  |  háxmt 
DB  HOMoa.  DasApfo.  |  Bcbab  -«ms  o 
MAL  lancb.  Frase.  Conseguir  uno  lo 
que  ha  intentado,  ó  frustrarse  ni 
cálculos,  sus  esperanzas.  \  JuOva 
LANCE.  Frase.  Manejar  al^ún  negocio 
que  ])íde  destreza  6  sagacidad. 

Etimología,  ¿ferivadon  primera.^ 
Lance,  la  acción  de  lanzar. 

Derivación  t^unda,  como  suceso:  la- 
tín lance,  ablativo  de  tanx,  íoscií.,'' 
balanza  ó  plato  del  peso.  Esto  expu« 
el  sentido  de  tnerte  que  tiene  unce, 
como  cuando  decimos:  lance  de  tra- 
eos; lance  del  juego  de  billar;  íaM" 
de  .un  drama;  lancei  de  un  pleito;  «*- 
oee  de  una  boda;  lance$  de  un  eonnm 
lances  d6  un  sarao:  catalán  Um>i 
tiguo;  italiano  kneet  balanza*  , 

Xanceado,  da.  Adjetivo.  Boiput. 
Se  dice  de  las  hojas  que  tienen  figura 
de  hierro  de  lanza. 


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iLANC 


LAND 


LAND  329 


>  Lanctfsdof,  ra.  SostaDtiTO'y.Rd- 
j«tÍTo.  Qde  lancea. 

Lancear.  Actiro.  Alancear. 

BmiQLOaU.  Latín  Uncelbre,  «n  Xer- 
tuliano,  forma  Terbal  do  laneÜn,  lan- 
ca;  catalán',  Uinetjar,  modarno;  lan- 
uf»r,  antiffao. 

-  La&técua.  FeineniDO.  BMbUea, 
Hierba  que  ei  la  eapeeie  menor  ¿e 
IUnt«n. 

ETxuotooía*  LatEn  iarntitU,  dimi- 
notiTo  de  ÍMMlfa;  lania;por  lem^ansa 
de  forma. 

Lanceoladot  da.  AdJetÍTO.  Boíd- 
«Me.  Que  tiene  la  figura  de  on  hierro 
de  lanza. 

EriMOLoaÍA.  Latín  lanceíidhu,  f6t~ 
'ma  de  ianeaSUt,  diminntivo  de  ImuH», 
lanza:  francés,  lancéolé. 

Lancera.  Femenino.  Armario  6 
percha  en  que  seponUn  las  lanzas. 

BriicoLOof^  «La  percha  6  armario 
en  qae  se  ponen  las  armas  j  picas  en 
las  armerua,  cuerpos  de  guardia  j 
almacenes,  y  en  los  patios  j  zaguanes 
de  los  hidalgos  en  algunos  lugares. 
Tráhelo  Corarrubias  en  an  Tesoro,* 
(licu>mÉaÁ.tlHecioHario  dt  1796.) 

Lancería.  Femenino  antienado.  La 
tropa  de  lanceros. 

Lancero.  Masculino.  El  soldado 
que  pelea  con  lanza.  El  que  usa  ó  lle- 
va lanxa;  como  los  vaqueros  j  tore- 
na.  I  El  que  hace  ó  labra  lanzas. 

ETmocQOÍA..  Lanza:  latín,  lanceA- 
rínr,  lanctirlut;  italiano,  ¿aacim,  lan- 
áffo;  francés,  ¿aanVr,  forma  proven- 
sal*  catalán,  iUncer, 

Lanceta.  Femenino.  Instrumento 
que  sirve  para  sangrar  abriendo  una 
usura  éa  la  vena,  y  también  para 
abrir  algunos  tumores  y  otras  eosa8« 
Tiene  la  hoja  de  acero  eoa  el  corte 
muy  sutil  por  ambos  lados,  y  U  pun< 
ta  agudísima, 

BTiMOLoofA.  Lanza,  diminutivo: 
itáÚtíkOf  Uneeíío,  diminutivo  de  lanza; 
provenziíl,  lámela;  catalán,  lUnceta, 

Lancetada.  Femenino,  La  acción 
de  herir  con  la  lanceta,  y  la  abertura 
que  -con  ella  se  hace. 

Lancetazo.  Masculino'.  Lancs- 

TIDA. 

Lancetero.  Masculino.  Estuche  en 
que  se  llevan  colocadas  las  lancetas, 

'BTitfOLOoíA.  Lanceta:  francés,  £Üi- 
cettier;  italiano,  lancettiere. 

Láíucifoliado,  da.  Adjetivo.  Boli' 
aica,i)e  hojas  lanceoladas, 

RhHQLodfA,  Latín  Uncta  y  /olístutt 
de /offiiM,  hoja. 

Lanciforme.  Adjetivo.  Botánica. 
Lanciolado. 

BrufOLoaÍA.  Latín  laneÜa  y  fotutá, 

Lancilla,  ta.  Femenino  dimitiuti- 
vo  da  lanza. — tOvardia  de  la  lanci- 
lla. Guardia  de  á  caballo  que  sólo 
lervta  en  las  entradas  de  Reina,  y  en 
los  entierros  de  las  personas  reales. 
Su  arma  Ó  insignia  era  una  lancilla 
la^  j  delgada,  con  una  bander/lla 
detafetáu'juato  al  hierro.  En  las  en- 
tradas iban  vestidos  de  gala  y  la  ban- 
derilla era  encarnada/  y  en  Ids  entie- 
rros de  luto,  con  la  banderilla  negra.> 
CAcADiHu,  DUchnano  dé  1 726.) 

Lancinante.  Adjetivo.  Punzante. 


I  Medicina.  Epíteto  decíertos  dolores 

3ue  se  dejan  sentir  á  modo  de  punza- 
as. 

EnifOLoafA.  Latín  Unétnant,  tam^ 
nantis,  participio  de  presente  de  lanci- 
nare, lancinar:  francés,  lancinant. 

Lancinar.  Neutro.  Dar  dolorosos 
latidos,  traündose  de  tumores  ú  otras 
afecciones. 

BniioLOOia.  Latín  Uau,  «no»,  pla- 
to destinado  para  los  sacrificios,  en 
donde  se  ponían  los  trozos  de  la  vfe- 
tima;  UneínSre,  destrozar. 

Lancztar.  Lanoinar.  La  forma  Za«> 
citar,  que  aparece  en  algunos  Diccio- 
narios, debe  ser  errata  de  imprenta. 

Lancnrdia.  Femenino.  La  trucha 
pequeña  que  no  llega  á  cuarterén. 

Lancka.  Femenino.  Piedra  ó  pi- 
zarra que  sale  de  la  cantera  en  hojas 
planas  y  de  poco  grueso,  á  manera  de 
tablas.  I  i/ariM.  Bmbarcaeidn  de  re- 
mos, ancha  de  popa,  por  ser  en  aque* 
lia  parte  donde  debe  hacer  mayor 
fuerza  en  el  agua:  sirve  para  levar  las 
anclas  de  los  buques  grandes,  y  trans- 

Sortar  los  efectos  de  mayor  peso  ^ue 
eben  llevar  á  bordo.  |  MoníerUt.CicT' 
to  armadijo,  compuesto  de  unos  pali- 
llos y  una  piedra,  para  coger  perdi- 
ces. Q  BOUBABDBRA,  CAÑONBSA,  li  OBU- 

BERA.  La  que  se  construye  de  propó- 
sito para  Uevar  un  mortero,  cañón  ú 
obús  montado,  y  batir  más  de  cerca 
las  escuadras,  ú  las  plazas  y  fortale- 
zas de  tierra. 

ErniCHAOfA.  Aféresis  de  ^lancka, 
porque  primeramente  significó  una 
plancha  de  piedra,  habiéndose  aplica- 
do después  a  8Ígni6car  una  pequeña 
embarcación,  por  semejanza  de  figu- 
ra: francés,  iMcAe;  catalán,  Uanxa, 

Lanchada.  Femenino.  La  carga 
que  lleva  de  una  vez  una  lancha. 

BtiuolooÍa.  ¿aacAa:  catalán,  llan- 
wada. 

Lanchar.  Masculino.  La  cantera 
de  donde  se  sacan  lanchas. 

Lanchazo.  Masculino.  El  golpe 
que  se  da  de  plano  eon  una  lancha  de 

piedra. 

Lanchero.  Masculino.  Patrón  de 
una  lancha  6  lanchilla. 

Luichilla.  Masculino  diminutivo 
de  lancha.  |  Lancha  pequeña  que  en 
los  atsenales  lleva  una  bomba  para 
bañar  y  refrescar  los  buques  desar- 
mados. 

Lanchón.  Mascnlino  aumentativo 
de  lancha.  ¡Lancha  grande. 

Landa.  Femenino.  Extensión  in- 
culta de  terreno. 

BTiuoLoaÍA.  Alemán  Zand,  campo, 
tierra,  comarca:  francéa,  Aik¿«;  italia- 
no, landa;  bretón,  km»,  tomado  del 
romance. 

Landa  (Jdah  db).  Pintor  español, 
que  vivía  en  Pamplona  á  fines  del  si- 
glo XVI  y  principios  del  xvii.  Pintó 
frescos  y  cuadros  de  historia,  distin- 
guiéndose entre  sus  obras  el  decora- 
do del  retablo  mayor  de  Santa  María 
de  Tafalla,  ^  loa  de  San  Miguel  y  : 
Santa  Catalina  de  la  villa  de  Caseda.  | 

Landaburn  (Maubrto).  Oficial  es* 
pañol,  cuyo  amor  á  la  libertad  hizo 
de  61  una  de  las  víetiinai,  que  seña- 


laron tristemente  el  reinado  de  Fer- 
nando VIL  Hallándose  el  30  de  Ju- 
nio de  1822  de  e'uardia  en  el  palacio 
real,  varios  soldados  saludaron  al 
monarca  al  ^rito  de  /mea  el  rejf  abso- 
luto!, y  habiendo  querido  oponerse  á 
esta  manifestación,  fué  asesinado  á 
las  mismas  puertas  del  palacio.  El 
asesinato  de  Landaburo  no  fué  sino 
el  preludio  del  &moso  episodio  del 
7  de  Julio. 

Landamán.  Masculino^  Nombre 
de  ciertos  magistrados  en  Suiza. 

ETiuoLOofa.  Alemán  Landammann; 
de  Land,  tierra,  país,  y  Ámmann,  bai- 
lío:  francés,  Idndamman. 

Landamanato.  Masculino*^  Cargo 
6  dignidad  de  laudamán. 

ETiMOLOofA.  LandawUn:  francés, 
landammanal. 

Landán.  Masculino.  Palmera  de 
las  Molucas,  de  la  cual  se  saca  el 
sagú. 

Lande.  Femenino  anticuado.  Be- 
llota. ' 

ETiHOLOofA.  Aféresis  de  ghndt, 
ablativo  del  latín  elans,alamdis,  la  be- 
llota. 

Landgrave.  Masculino.  Título  de 
honor  y  de  dignidad  de  que  hau  soli- 
do usar  algunos  grandes  señores  de 
Alemania. 

ETUfOLOOÍA.  Alemán  Landgraf;  de 
Land,  tierra,  y  Graft  conde:  catalán, 
landgrave,  Uau-grave;  firancés,  Umi- 
grave. 

Reseña  histórica.. — Se  llamó  así  en 
otro  tiempo  á  los  condes  nombrados 
por  el  emperador  para  administrar 
justicia,  en  su  nombre,  en  el  interior 
del  país.  En  1130,  Luis  III,  conde  de 
Tunngia,  tomó  el  título  de  lamdora- 
VB,  que  desde  entonces  fué  adoptado 
por  varios  soberanos;  entre  otros,  por 
Thierry,  conde  de  la  baja  Alsacia 
(1137);  por  Alberto  de  Habsburgo, 
conde  de  la  alta  Alsacia  (1186).  Lle- 
van hoy  este  título  el  soberano  de 
Hesse-Homb'ourg  y  algunos  prínci- 
pes de  la  casa  de  Hesse. 

Landgraviado.  Masculino.  Land- 

ORAVUTO. 

Landgraviato.  Masculino.  Ladig* 
nidad  de  landgrave. 

ETiuoLoaíA.  Landgrave:  francés, 
landgraviaU 

Landgravina.  Femenino.  La  es- 
posa  dellandgrave. 

Landó.  Masculino.  Coche  de  cua- 
tro asientos,  que  por  medio  de  ciertos 
muelles  se  puede  osar  abierto  6  ce- 
rrado. 

ETiiiOLoaÍA.  Francés  landan,  de 
Landaw,  ciudad  de  Baviera,  que  dió 
su  nombre  á  esta  especie  de  carruaje. 
El  lando  no  es  francés,  sino  bávaro. 

Landra.  Femenino,  Bellota. 

ETiMOLoaÍA.  Landre. 

Landre.  Femenino..  Tumor  del  ta- 
maño de  una  bellota  que  se  forma  en 
los  parajes  glandulosos,  como  son  el 
cuello,  los  sobacos  y  las  ingles,  y  Bol- 
sa escondida  que  se  hace  en  la  capa  ó 
vestido  para  llevar  oculto  el  dinero. 
Q  Anticuado.  La  peste  de  Levante. 

ETiuoLoaf  A.  Lande. 

Landrecilla.  Femenino.  Pédacito 


TOMO  I» 


48 


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330 


LANG 


(to  cufta  ndondo  que  ■«  halla  en  va- 
riu  partes  del  cuerpo;  como  en  medio 
de  los  múeculoe  del  muslo,  entre  las 
gHndulae  del  sobaco  jr  otras  partes. 

Btiiiolooü,.  ¿andrt. — «Cierta  car- 
ueoilla  blanca,  que  está  en  ;nedio  del 
muslo  del  animal.  Tieue  alguna  gor- 
dura, j  en  el  carnero  será  del  tamaño 
de  una  nuez  pequeña  ó  avellana.  Llá- 
mase por  otra  nombre  Ifaba.  Trabe 
esta  voz  Gjvarrubias  en  su  Tesoro,» 
(AcJiDB¥iiV«  Diccionario  dé  il26.¡— 
*LaiidreciUat.  Se  llamen  también  cle^ 
ta  especie  de  glándulas  ó  mollejuelas 
qne  se  hallan  en  varias  partes  del 
cuerpo  del  animal.»  (Idbu.) 

I^apárero,  ra.  Adjetivo.  Mísero 

3ae  va  ahuchando  el  dinero  en  la  lan- 
re  d  bolsillo  aenltq  hecho  en  al  ves- 
tido. O  Oermania,  IÁdr¿n  que,  trocan* 
do  algdn  dinero,  recibe  el  ajeno  j  no 
da  el  SUJO,  sobteniendo  que  ja  lo  ha 
dado;  6  el  que  hurta  abriendo  la  ropa 
donde  ve  que  haj  bulto  de  diaero. 

Landrilla.  Femenino.  La  larva  de 
un  insecto  que  se  ^a  deb^o  de  la 
lengua  j  en  las  nances  de  algunos 
cuadrúpedos.  Es  muj  pequeña,  blan- 
qoisoai  j  con  su  mordedura  levanta 
unos  granos  eonooidos  eon  el  mismo 
nombre. 
Etiuolooía.  Landre, 
Landstnrm.  Masculino.  Milicia 
formada  en  Alemania  en  algunas  oea- 
liones  por  el  levantamiento  en  masa 
de  los  hombres  útiles  para  el  servi- 
cio. 

BTUioLoa£a.  Alemán  Ltmd,  comar- 
ca, j  Sturm,  somaténi  alarma,  asalto: 
francés,  landstum. 

lAndwehr.  Masculino.  Parte  de 
población  armada  destinada  en  Prusia 
a  auxiliar  en  ciertos  casos  al  cgército 
permanente. 

ETiuoLoaÍA.  Alemán  Landmhr;  de 
Land,  comarcal  j  Wehr,  defensa:  fran* 
cés,  landmehr. 

Lanería.  Femenino.  La  casa  ¿tien- 
da donde  se  vende  lana. 

Btiholooía.  Zona;  italiano,  lanería; 
francés,  Uinerie, 

Lanero.  Masculino.  El  qnc  trata 
en  Usa.  |  Bl  almacén  donde  se  guar- 
da la  Una. 

ETUI0I.OQÍA..  Zsm:  latfn^  lanaritu; 
italiano,  lanajnolo;  francés,  lainier. 

Li^gaa.  Masculino.  Zoologia.  Es- 
pecie de  serpiente  cuja  mordedura  es 
m.qj  venenosa. 

Lángara  (Juan  db).  Almirante  es- 
pañol,  que  nació  en  1730  j  murió 
en  1800.  Fué  derrotado  cerca  del  cabo 
de  San  Vicente  en  1780  por  el  almi- 
rante Bodnej  j  obtuvo  luego  el  nom- 
bramiento de  teniente  general  de  la 
armada.  En  tiempo  de  la  coalición 
contra  Francia,  mandó  la  escuadra  es- 
pañola que,  en  combinacién  con  la  in- 

Slesa.,  entré  en  el  puerto  de  Tolón  j 
estrujó  la  escuadra  francesa  en  1793. 
Se  distinguió  cu  otras  varias  expedi- 
ciones marítimas  V  fué  ministro  de 
Marina  de  1795  á  1798.  Mientras  ocu- 
paba este  puesto,  hizo  Mazarredo  á  los 
melases  levantar  el  sitio  de  Cádiz. 

Langaruto,  ta.  Adjetivo  familiar 
que  se  dice  de  la  persona  ó  cosa  des- 


LANG 

proporcionada  por  ser  moj  laif*  ^ 

angosta. 

Langia.  Masculino.  Oeograjla  emti- 
gw.  Pequeño  rio  del  Peloponeio,  en 
Arcadia,  llamado  después  Arquemoro, 
por  haber  muerto  en  su  orilla  una  ser- 
piente al  niño  Arquemoro,  hijo  de  Li- 
curgo, rej  de  Tracia.  (Bstacio,  Vai,- 

BUBNA.) 

Etiholooía.  Latín  X^ngía* 
Langit. Masculino.  Botánica.  Nom* 
bre  que  dan  algunos  botánicos  al  ár- 
bol llamado  barniz  del  Japón. 
BnuoLOofA.  Malajo  kSgU  ISngthit 

{<^^^^\í)t  árbol  del  ciclo:  francés, 
iangii. 

Langosta.  Femenino.  Nombre  eon 
que  se  designan  varias  especies  de  ín< 
sectos  que  son  de  una  á  dos  pulgadas 
de  largo,  de  color  ceniciento,  con  cua- 
tro alas,  las  dos  exteriores  membr»- 
nosaaj  enteraniente  inútiles  para  vo- 
lar. Tienen  seis  pies  armados  en  la 
parte  inferior  de  uaa  línea  de  púas, 
j  con  los  dos  posterioras,  que  son  más 
largos,  saltan  á  granda^distancia.  Vi- 
ven de  vegetales,  j  se  propagan  á  ve- 
ces en  tanto  número,  que  devoran  to- 
das las  plantas  de  provincias  enteras, 
especialmente,  las  mieses,  |¡  Especie 
de  cangrejo  muj  común  en  los  mares 
de  España.  Bs  de  unos  dos  niés  de 
longitud,  con  el  cuerpo  ovalado,  j  la 
cola  mnj  larga  j  ancha.  Tiene  la  pa^ 
te  anterior  del  carapacho  armada  de 
púas  j  doB  como  eornexualos  muj  lar- 

fos  en  la  parte  anterior  de  la  cabeza, 
u  carne  se  estima  como  un  manjar 
sano  j  delicado.  |  Metafórico  j  fami- 
liar. Lo  que  destruje  ¿consume  altt'u- 
na  cosa;  j  así  llamamos  á  loa  mucha- 
chos LANGOSTA  cuaudo  SO  apoderan  de 
una  despensa,  y  Cova  ais  qub  la  lan- 
gosta .  Frase  familiar  con  que  aigni- 
ficemos  la  glotonería  de  alguno.  ||  Bs 

MÁS  TEIUBLB  QUB  LA  LANGOSTA.  FraSe 

familiar  con  ^ae  ponderamos  el  trato 
molesto  jpequdicial  de  algún  indi- 
viduo. 

ETDiOLOQfA.  Latín  IddUta,  U  lan- 
gosta, en  Plinio;  nombre  de  una  he- 
chicera, por  cujo  medio  Nerón  dió 
veneno  á  Británico;  v  A^ripina,  á 
Claudio,  según  refiere  Tácito:  catalán 
antiguo^  lagost,  lagosta;  moderno,  lla- 
gotta,  llangotta;  provenzal,  langottOt 
lengosíaf  lingotta;  portugués,  lagosía; 
francés,  langowte;  italiano,  Atutía,  lo- 
custa. 

Sentido  etimoUgko. — El  latín  UcüS' 
ta  se  compone  de  l&cus,  lugar,  j  w/tti, 
quemado,  aludiendo  á  que  todo  lo 
quema  con  su  contacto,  o  á  que  todo 
lo  roe  con  su  mordedura:  qmd  íactu 
multa  uraí,  mortu  omnia  erodat.  (Cita 
de  Db  Mioubl  j  Morantb.) 

Langostero,  ra.  Masculino  j  fe- 
meuino.Elque  pesca  langosta.  U  Mas- 
culino. ^  barco  en  que  se  hace  la  pes- 
ca de  la  langosta.  \  Femenino.  Red 
que  sirve  para  pescar  langostas. 

EriMOLOQÍA.  ¿aa^os/s:  francés,  /sk- 
gosiier. 

Langostilla.  Femenino  diminuti- 
vo de  langosta. 
Langostín.  Masculino.  Bspécie  de 


LANG 

[canji^rctio  muj  parecido  al  llamado 
'langosta,  pero  mucho  más  pequeño. 
Se  diferencia  principalmente  de  él  en 
que  su  carapacho  carece  de  púaSi  Es 
manjar  delicado. 

Etimolooía.  lamgoiUt  «ataláo.  Ha- 
gostí. 

Langostino.  Masculino.  I«anoo3- 

TÍH. 

Langostón.  Masculino.  Inseoto, 
especie  de  langostín,  ]a  más  grande 
que  se  conoce.  Ba  de  un  hermoso  co- 
lor verde  de  esmeralda,  j  tiene  Us 
antenas  mucho  más  largas  que  todo 
el  cuerpo.  En  las  horas  de  más  calor 
durante  la  canículfi  hace  con  las  aUf 
^  mismo  ruido  que  el  grillo. 

Langravo.  ttavculino.  Lamo- 

OnAVB. 

Langraviado.  MMculino.  tuat- 

obaviado. 

Langrayano.  Masculino.  OnUtoto- 
gia.  Qrupo  de  aves  de  vuelo  muj  tir 
pido  que  audau  á  caza  de  insectos. 

Langú.  Masculino.  Boleto  del  no- 
gal. 

I«angnedoc.  Masculiuo.  CfeografU 
aníigma.  Provincia  de  Francia,  que  lot 
romanos  denominaron  Galia  narboni- 
«a,  narbonense. 

BTiHOLOofA.  Francés,  Laagmsdoe: 
catalán,  IMnguaiack. 

Reseña  kislárica, — Una  de  Us  pro- 
vincias ó  regiones  más  históricos  fU 
sus  recuerdos,  j  más  fikvoreeidu  p« 
la  naturalesa  en  rásón  de  la  dulsun 
de  su  clima  j  de  ú  fertilidad  de  so 
territorio.  En  el  día  comprende  ocho 
departamentos  dé  la  Francia  meridio- 
nal. La  palabra  Lanoubdoc  se  des^ 
compone  en  laiuue  d'oc,  lengua  de  «c, 
que  era  la  que  hallaban  los  habitan- 
tea  de  la  Francia  meridional  (cujs 
capital  era  Tolosa),  quienes  decían  an- 
tiguamente oc  por  oui(sí)t  al  paso  que 
loa  de  la  Francia  del  Norte  (cu/a  ca- 

Bítal  era  París),  decían  oil^  oiU  u  o»i- 
e  ahí  la  lengua  de  olí  j  la  lengua  de  oc. 

(Mo.\LAU.} 

Lingoidamonte.  Adverbio  de  me* 
do.  Con  lánguidos,  coa  flojedad. 

BtimolooU.  Zanguida  j  el  so^u 
adverbial  mente:  latín,  ¡oMguW:  ita- 
liano, lánguidamente. 

Languidecer.  Neutro.  Perder  las 
fuerzas  ó  el  vigor.  B  Buflaqneetf»  I 
Estar  enfermizo.  ^ 

BtimolooÍa.  Latín  languere:  ¡tahe- 
ño, languire;  francés,  provenial  j  ceta* 
lán,  languir.  El  equivalente  fl^riego  ei 
XcíXXáCeiv  (lallátein),  estar  flojo,  Uao. 

Languidez.  Femenino.  Flaqueu, 
debilidad.  ||  Metáfora.  Falta  de  espí- 
ritu, valor  j  energía. 

Etiuolooía.  Lánguido:  latín,  ««- 
9uor,  lauguóris;  italiano,  langMf'i  »*' 
gnideaa;  francés,  laiunenr;  protenal. 
languor^  langor;  catalán  antiguo,  m"' 
guimtnt.  , 

Languídesa.  Femenino  anticuado. 

Lanouidbz.  „ 
Lánguido,  da.  Adjetivo.  FUco, 

débil,  fttigado.  ¡|  El  que  es  de  pw» 

espíritu,  valor  V  energía.       ^  . 
BtimolcoÍa.  Languidecer:  I»*"»» 

g%Uns:  iUliano,  isiystrfa;  f»'»«'' 

tanguiiie. 


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f.,ANO 

Iiangoillco,  ca.  Adj«tÍTO.  Qua 
caatt  Itnguidez. 

BriHOLOofA..  Latía  laii^iitfieus;  de 
ítíifuor,  lan|fuidez,  y  faeSre,  hacer. 
(A.traOMio.) 

X<angnor.  Masculino  utticuado. 
Languidez. 

Luwnstino,  na.  Jldjetivo.  Pat»- 
cido  á  la  laag^ita. 

Laniado,  da.  AdjetiTo.  Parecido 
á  U  urraca. 

LanaciOf  cía.  A.4iei¡ro.  Parecido 
i  la  urraca. 

BruoLoofA.  Ztmán, 

Lanífero,  ra.  AdjetÍTO.  Poética, 
Que  tiene  lana. 

ETiifC«.oofA.  Latín  UMftr,  en  Pli- 
nio;  de  /ana,  lana,  j  f(^9,  llevar  ¿ 

Producir:  francés»  lani/ire;  italiano, 

Lanificación*  Femenino  anticua- 
do. XjANIFICIO. 

Lanificio.  Masculino.  El  arte  de  la- 
brar la  lana,  jlas  obras  hechas  de  ella. 

Etiuoloou..  Latín  IvU/íétnm;  de 
lina,  lana,  j^ac<^<, haceti  beneficiar: 
italiano,  lant^e, 

Laniflor.  AdjetÍTo*  BoUmea,  De 
flores  lanudas. 

Laninro,  ra.  Adjetivo,  jffittoria 
tuthtraLut  pelusa  parecida  i  la  lana. 

Btimolooia.  Latín  Üníger;  de  Una, 
j  ftrere,  llevar  ó  producir:  francés, 
MMy¿rv;  italiano,  Unigero. 

^Anilla.  Femenino.  El  pelillo  (jue 
le  queda  al  paño  por  la  hai.  |  Tejido 
de  lana  m¿s  delgado  y  ñno  que  la 
lamparilla.  \  Especie  de  afeite  que 
osaban  las  mujeres  en  lo  antiguo. 

BTiHOLOofA.  Lana:  latín,  lán&la; 
francés,  laniUe;  catalán,  lUnilla. 

Lanio,  nia.  Adjetivo.  Lamae. 

Lanión.  Haacalino.  Especie  ds 
ornea. 

ETUfoi;.oofA.  Latín  linXo,  UbuSaú, 
el  carnicero:  francés,  Union. 

Lanipedo,  da.  Adietivo.  ^soio^ 
Que  tiene  los  pies  vellosos. 

BnHOLOOfa.  Latín  Una  j  pe- 
diff  pie. 

Irfuiipendia.  Femenino.  La  mujer 
encargada  da  distribuir  la  lana  en  la 
fábrica  para  manufacturarla. 

EtiiiolooÍa.  Latín  IñnipendU;  de 
lina  y  ftwUre,  pesar. 

Lanista.  Masculino.  Antigüedades 
rmawu.  Nombre  que  daban  los  ro- 
manos al  que  vendía,  compraba  6 
amaestraba  gladiadores. 

EnuoLoau.  Latía  ISnúta;  de  tíí- 
aíirr,  desgarrar. 

Laniatrido,  cia.  Adjetivo.  Que 
tiene  relación  con  el  arte  de  los  gla- 
diadores. 

Etwolooía.  Latín  litnisiríítiu.  (Pb- 

TBOHIO.) 

Laaiviantre.  Adjetivo.  ZoologU. 
Qae  tiene  el  vientre  lanudo. 

Laño,  na.  Adjetivo  anticuado. 
Llako. 

Lanoaidad.  Femenino,  Especie  de 
Una,  pelusa  ú  vello  suave  que  tienen 
laa  hojas  de  algunas  plantas,  frutas  y 
otras  cosas. 

t-BTUfOLOGÍA.  Lamoto:  latín,  ¿ÜttSslU 
tei,  natoralaaa  lanuda. 


LANU 

Lanoso,  sa.  Adjetivo.  Lanudo. 

Stuiolooía.  Lana:  latín,  lanStut; 
italiano,  lanoso;  francés,  lainenx. 

Lansquenetes.  Masculino  plural. 
Historia*  En  su  origen  fueron  llama- 
dos así  los  escuderos,  6  sirvientes  del 
ejército,  que  acompañaban  á  los  caba- 
lleros cuando  iban  a  campaña.  Más 
tarde  se  llamó  asi  á  las  bandas  de 
mercenarios,  la  major  parte  alema- 
nes, que  por  primera  vez  aparecieron 
en  Francia  en  el  ejército  de  Car- 
los Tni.  Durante  más  de  un  siglo, 
los  LANSQUENETES  compusíerou  una 

San  parte  del  qércíto  francés,  fin 
eniaaia  llegaron  á  ser  célebres  en 
tiempo  da  Maximiliano  t,  siendo  sn 
jefe  el  famoso  Joige  Frundsberg. 
Desde  la  formación  de  loa  ejércitos 
permanentes  principiaron  á  desapa- 
recer. 

Etiuología.  Alemán  lansinechtCt 
hombrea  de  lanza,  lanceros;  ó  bien 
landskntckte,  hombre  del  país. 

Lanteja.  Femenino.  Lenteja. 

Lantquela.  Femenino.  Lente- 
juela. 

Lantema.  femenino  anticuado. 
Linterna. 

I^antemaio.  Masculíao  familiar. 
CiNTABAZO,  en  la  primera  acepción. 

Lantamero.  tfaseuUno  anticua- 
do. LlNTBRHBRO. 

IdutterniUa.  Femenino  anticuado 
diminutivo  de  lanterna. 

Lantemón.  Masculino  anticuado 
aumentativo  de  lanterna. 

Lantia.  Femenino.  Náutica.  Espe- 
cie de  velón  con  cuatro  mecheros  que 
se  coloca  dentro  de  la  bitácora,  para 
ver  de  noche  el  rumbo  que  señala  la 
aguja,  y  Nombre  de  algunos  cabos 
gruesos. 

BnnoLoaU.  Latín  laníima,  linter- 
na: catalán,  lUníiat  llaníió. 

Lantisco,  ca.  Masculino  aaticua- 
do.  Lbntisco. 

Lanudo,  da.  Adjetivo.  Lo  que  tie- 
ne mucha  lana  ó  vulo. 

BmioLoaÍA.  Zana:  italiano,  Unuío; 
catalán,  llanut,  da, 

Lanuginoso,  sa.  Adjetivo.  Lo  que 
tiene  una  especie  de  lanilla  ó  pelusa. 

ETmoLGOÍA.  Provenzal,  lanuginát: 
francés,  lannginews;  italiano,  lanu- 
ginoso; del  latín  ¿^fffi^tadxKf,  forma  ad- 
jetiva del  latín  lanñgo,  iSnigtniit  pe- 
lusa; italiano,  lanUgine. 

Lannza  (Juan  de).  Justicia  major 
de  Aragón  en  el  siglo  xvi,  célebre  por 
la  defensa  que  hizo  de  los  fueros  de 
su  patria  contra  la  tiranía  de  Felí- 

Se  ÍZ.  Habiendo  huido  Antonio  Pérez 
e  la  prisión  en  que  le  tenía  Felipe 
en  Madrid,  secundado  por  el  arago- 
nés Gil  de  Mesa,  se  refugió  en  Zara- 
goza á  pedir  amparo  al  justicia  con- 
tra el  rej.  AI  saberlo  éste,  expidió 
inmediatamente  á  don  Iñigo  de  Men- 
doza»  marq[ués  de  Almenara,  repre- 
sentante de  la  autoridad  real  en  Zara- 
goza, orden  urgente  para  que  sacara 
al  preso  de  la  cárcel  de  Justicia  v  le 
trasladare  á  la  de  la  Inquisición,  Pro- 
testó enérgicamente  Lanuza  -contra 
esta  violación  de  sus  fueros,  y  sus  va- 
lientes palabras  hallaron  eco  en  ú  in- 


LANZ  331 

signe  pueblo  zaragozano,  que  se  su- 
blevó, j  asaltando  las  cárceles  de  la 
Inquisición,  sacó  de  ellas  á  Antonio 
Pérez,  que  luego  pudo  huir  j  refu- 
giarse en  Francia.  Irritado  Felipe  II 
por  aquel  acto  de  independencia,  á 
ue  ciertamente  estaba  poco  acostum- 
rado,  envió  &  Zaragoza  un  ejército 
de  10.000  infiintes,  al  mando  de  don 
Alfonso  de  Vargas,  el  cual,  apenas 
entró  en  la  capital  de  Aragón,  se  apo- 
deró da  Lanuza  j  le  hizo  decapitar, 
el  20  de  Diciembre  de  1591,  siguién- 
dose á  ésta  otras  muchas  ^ejecuciones 
j  la  pérdida  de  los  fueros  aragoneses. 

Lanuza  (Mastín  Bautista  db). 
Célebre  jurisconsulto  aragonés,  des- 
cendiente de  la  ilustre  casa  de  este 
nombre,  que  nació  en  1550  j  murió 
en  1622.  Felipe  11  le  nombró  lugarte- 
niente del  justicia  majorde  Ara^n,  y 
á  pesar  de  su  próximo  parentesco  con 
don  Juan  de  Lanuza,  que  ejercía  este 
cargo,  secundó  al  rej  en  aus  proyec- 
tos de  unidad  nacional,  funestos  para 
los  fueros  de  Aragón.  Detuvo  en  Üa- 
latavud  á  Antonio  Pérez  fugitivo  jr  le 
condujo  preso  &  Zaragoza,  siendo  en 
premio  de  este  servicio  nombrado  re- 
gente del  Consejo  Supremo  de  Aragón 
T  justicia  mavor,  durante  los  reina- 
dos de  Felipe  II  v  Felipe  III.  A  pesar 
de  lo  que  contribuyó  á  la  pérdida  de 
las  libertades  aragonesas,  lo  cual  le 
atrajo  el  odio  de  sus  paisanos,  se  cita 
en  su  elogio  la  circunstancia  de  que 
procuró  muchas  veces  suavizar  las  se- 
veras Órdenes  expedidas  por  la  corte 
contra  los  moriscos,  templando  loa 
crueles  rigores  de  los  enviados  de  Fe- 
lipe III. 

Lanuza  (Vicente  Blasco  oe).  His- 
toriador aragonés,  que  vivió  en  la 
primera  mitad  del  siglo  xvii.  Fuá  pro- 
fesor de  teología  en  Jaca  y  Zaragoza 
y  dejó  las  siguientes  obras:  Historias 
eclesi&sHcat  g  secnlara  de  Aragón;  Pe- 
ristephanon,  sen  de  coronis  sanctomm 
arMonentinm, 

Lann.  Femenino.  Arma  ofensiva 
compuesta  de  un  asta  ó  palo  largo,  en 
cuya  extremidad  está  fijo  un  hierro 
puntiagudo  y  cortante  á  manera  de 
cuchilla.  O  En  los  coches  y  galeras,  el 
palo  que  sale  del  juego  delantero,  y 
colocado  en  medio  de  las  bestias  d'e 
tiro,  sirve  para  dar  dirección  al  ca- 
rruaje. Q  El  soldado  que  usaba  del  arma 
del  mismo  nombre,  fuese  á  pie  ó  á  ca- 
ballo. Q  Uno  de  loa  juegos  del  manejo 
de  á  caballo,  que  consiste  en  figurar 
un  combate  de  lanzas.  Se  usa  mas  co- 
munmente en  plural  y  con  el  verbo 
correr.  ¡  Plural.  Cierto  servicio  de  di- 
nero que  pagaban  al  rey  los  grandes 
y  títulos  en  lu^r  de  los  soldados  con 

aue  debían  asistirle  en  campaña.  Q 
BSHAOBB  LA  LANZA.  Fnse.  Eu  Us 

justas  y  torneos,  sacar  ó  llevar  la  lan- 
za fiiera  de  la  rectitud  que  conviene 
para  lograr  el  bote.  |  Echar  lanzas 
EN  LA  tfAB.  Frase  metafórica.  Traba- 
jar en  vano.  ||  Estar  con  la  lanza  en 
BisiliE'.  Frase  metafórica.  Estar  dis- 
puesto ó  preparado  para  acometer  una 
empresa,  ó  para  reconvenir  ó  contes- 
tar resueltamente  a  alguno.  ||  No  ha- 


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Ü2 


LaNZ 


BBR  6  NO  QUfiDAB  LANZA  ENHIESTA.  F»- 

se  metafórica.  Derrotar  enteramente 
al  enemtg^>);  no  dejarle  fuerzas  para 
Tolrer  al  com'bate.  I^Qubbrak  lanzas. 
Fraae  metarórica.  Refiir  ó  disputar 
con  alguno,  [j  Romper  lanzas.  Frase. 
Quitar  las  dificultades  y  estorbos  que 
impiden  la  ejecación  de  alguna  cosa. 
I  No  KOUPBR  LANZAS  CON  NADIE.  Fra- 
se. Ser  enemigo  de  riñas  j  contiendas. 

EmiOLOaÍA.  ProTenzal,  Uuta:  ca- 
talá|i,  llanta;  portugués,  ísstfa;  fran- 
cés, tanet;  italiano,  ^«^  .dcl  latín 
laneía, 

1.  Los  autores  aat)ga6s  dicen  que 
es  un  nombre  galo. 

2..  Otros  opinan  que  es  español, 

3.  Littré  lo  cree  en  relación  con  el 
griego  "^óyyri  (lógchej^  lanza,  de  cuj^a 
opihidn  parlicipaa  nuestros  eruditos 
De  MigueJ  y  Morante. 

■Reseña  histérica. — Arma  de  los  no- 
bles en  loS  tiempos  feudales.  Majr  lar- 
ga al  principio  j  terminada  en  un 
Hierro  agudo  j  cortante,  fué  después 
más  corta  T  gruesa  en  el  siglo  xtv,  y 
se  la  añadió  un  fuerte  puño.  Como 
instrumento  de  torneo,  la  lanzá  -era 
más  ligera;  estaba  adornada  con  una 
banderola  j  descansaba  sobre  un  pun- 
to d«  ápoj'O  «n  la  silla  del  caballo.  Se 
llamaban  laNzas  rotat  las  que  habían 
sido  cortadas,  cerca  del  remate  para 
que  el  choque  fuese  meaos  violento, 
y  LANZAS  coríwff*,  las  que  tenían  un 
anillo  en  la  punta  del  hierro.  Se  dejó 
de  usar  la  lanza  en  los  torneos  y  en 
la, guerra  hacia  fineft  del  siglo  xvi. 
Lanzas  guarnecida»  se  llamó  á  una 
tropa  .compuesta  da  seis  hombres, 

3ue  constaba  de  un  caballero  arma- 
0  de  LANZA,  de  un  paje,  arqueros^ 
un  cuchillero. 

Lanzada.  Femenino.  El  golpe  que 
se  da  tatí.  la  lanza,  j  la  herida  que 
con  ¿1  se. hace.  ||  os  L  va*  Suerte  que 
se  hace 'al  toro  esperándole  con  una 
lanza  muj  fuerte,  cujo  cuento  está 
afirmado  en  un  hojo  que  se  abre  en 
tierra,  y  se  le  endereza  el  testuz  para 

fiar  ti  ríe  U  cabeza  con  el  hierro  de  la 
anza,7  dejarle  muerto.  ||  db  ^oro  iz- 
quierdo ó  ZURDO.  Expresión  de  que  se 
syiele  usar  como  imprecación  deseán- 
dole á  alguno  un  mal  grave. 
^  EtimoloqÍa.  Lanzar:  italiano,  lan- 
R(iÍ!(i;  catalán,  llansada. 

LjUizadera.  Femenino.  Instrumen- 
to, qne  usan  los  tejedores  para  pasar 
el  hilo,  seda,  algodón,  láqa  ú  otra 
cosa  semejante  por  entre  loa  hilos  de 
la  i^rdimbre.  Su  figura  es  á  manen 
de  lina  góndola  Ó  naTeetUa:  en  el  me- 
dio  tiene  una  cafiita  que  se  mueve  fá- 
cilmente en  un  eje  que  la  atraviesa,  y 
en  ella  está  devanado  el  hilo.  |  Ins- 
truraeuto  semejante  en  la  figura  a  la 
del  tejedor,  pero  sin  la  cañita  que  tie- 
ne en  el  medio.  Usan  de  él  las  muje- 
res para  hacer  nuditos,  flecos  y  otras 
labores. 

Etimología.  Lansar:  catalán,  Uan- 

sadora. 

Lanzado,  da.  Participio  pasivo  de 

lanzar. 

ExiuoLoala.  Zantar:  catalán,  ¡Im- 

sai,  da;  trances,  lanc/;  italiano,  lanciato» 


LAOC 

Lanzador,  ra.  Masculino  y  feme- 
nino. La  persona  6  cosa  que  lanza  ó 
arroja.  \  db  tablado.  El  caballero  que 
en  los  torneos  arrojaba  lanzas  á  un 
tablado  que  se  hacía  á  este  fin. 

EriMOLOofA.  Lanzar:  francés,  lan- 
«Wr,-''¡taliano,  laneiatore. 

Lanzafuego.  Masculino.  Artille- 
ría, BOTAFUEOO. 

Lanzamiento.  Masculino.  Bl  acto 
de  lauzar  ó  arrojar  alguna  eosa.  Q  -^o* 
rensg,  fll  despego  de  alguna  posesión 
por  fuerza  judicial.  I  Marina,  La  pro- 
jeeeión  ó  salida  que  tiene  el  codaste 
por  la  popa,  y  la  roda  por  la  proa,  so- 
bre la  longitud  de  la  quilla. 

ETiMOLOofA.  Lanzar:  catalán,  llan- 
tamenl;  francés,  lanemgnt;  italiano, 
lanciamento. 

Lanzar.  A.ctivo.  A.rrojar,  despedir 
de  sí  alguna  cosa  con  ímpetu.  Se  usá!i 
también  como  recíproco.  |  Echar,  ha-^ 
cer  salir  á  uno  de  alguna  parte;  y  en 
este  sentido  se  dice:  lanzar  los  demo- 
nios por  echarlos  ó  hacerlos  salir  del 
cuerpo  del  energúmeno.  Q  Soltar,  de- 
jar libre;  en  la  volatería  tiene  mucho 
uso  hablando  de  las  aves.  Q  -Ftanme. 
Despojar  dé  la  posesión  i  alguno.  | 
Anticuado.  Echar  por  imponer  ó  ca^ 
gar.  Q  Anticuado.  Emplear,  investir, 

fastar.  |  Recíproco  anticuado.  Intro- 
uicirse,  meterse  en  alguna  parte.  Q  i. 

TABLADO  ó  LANZAR  BL  TABLADO.  FraSe. 

Arrojar  en  los  torneos  lanzas  ó  dar- 
dos á  un  tablado  que  se  hacía  para 
esto  hasta  derribarlo  ó  québraniárlo. 

Etimología.  Lancear:  catalán,  tlan- 
tar;  francés,  lancer;  picardo,  lancht; 
proven^al,  lansar:  italiano,  lanciare. 

Lanzarse.  Recíproco.  Abalanzarse, 
acometer.  |  Tirarse  de  alguna  altura. 
I  Metáfora.  Emprender  álguna  cosa 
con  resolución.  j 

Lanzón.  Masculino  aumentativo , 
de  lanza.  ||  Lanza  oorta  y  gruesa  con 
un  rejón  de  hierro  ancho  y  grande,  de 

3ue  regularmente  usan  los  qtie  guar-  ! 
an  las  viñas. 

Lanzuela..  Femenino  diminutivo 
de  lanza.  |  Anticuado.  Lanceta  para 
sangrar. 

Laña.  Femenino.  Gbapa  de  hierro 
d  otro  metal.  \  Bl  coco  cuando  está 
verde.  \  Anticuado.  Lonja,  hablando 
del  tocino. 

ETiHOLoeÍA.  Lañar* 

Lañador,  ra.  Sustantivo  y.  adjeti- 
vo. Que  laña. 

Lañar.  Activo.  Tablar,  unir  ó 
afianzar  con  lañas  aljguna  cosa.  |  Pro- 
vincial Galicia.  Abnr  el  pescado  para 
salarle. 

BriHOLoaÍA.  Latín  liniSre,  despe- 
dazar, porque  haj  que  taladrar  el: ob- 
jeto roto  para  lañarlo. 

Lao.  Prefijo  técnico,  del  griego  X5(S< 
(laát),  pueblo;  Uitoí  /'ÍíIíoí},  público; 
del  sánscrito  law,  ver,  parecer;  lankat, 
mundo;  ^do,  la%thí\  antiguo  alemán, 
le%t;  antiguo  ruso,  liud.  (Eichho:'P.} 
— El  sánscrito  lauc  es  la  níz  del  grie- 
ga hke,  luz.. 

Laocoonte.  Masculino.  Tiempos 
heroicot.  Hijo  de  Príamo  y  de  Hécu- 
ba,  y  sacerdote  de  Apolo  6  de  Neptu- 
uo,  que.se  opuso  á  la  entrada  del  ea- 


LAÓ 

bailo  de  madera  en  Troya  y  U  hiri<Í 
con  un  dardo.  Por  este  motivo,  ó  se- 

fún  otros,  porque  se  había  casado  i' 
isgusto  de  Apolo,  fué  ahogado,  con 
sus  hijos  Antifates  y  Timbreo,  por 
dos  serpientes  monstruosas.  Bl  cele- 
bre grupo  de  Laocoonte,  uno  de  loi 
más  bellos  móflelos  de  la  escuítnrti 
antigua,  es,  segtitn  Plinio,  obra  da 
tres  artistas  griegos,  Agesandro,  P&- 
lidoro  y  Atenodoro,  que-  florecieron 
en  el  siglo  i  de  nuestra  era;  ▼  fué 
descubierto  an  1506,  pór  'Félix  de 
Fredi,  en  Roma,  an  el  palacio  de  Tito, 
en  el  lugar  llamado  Sala  de  Letti.  Hoy 
existe  en  el  Vaticano. 
Etuiolooía.  Latín  XoctC^,  antis. . 
Laocracia.  Femenino,  Influencia 
de  la  pl^be. 

Etiuólooía,  Griego  la^s,  pueblo,  y 
kratéo,  ser  fuerte:  Xaó;  itpo^w. 

Laodamia.  Fenienino.  MHologUt. 
Hija  de  Acasto  y  dé  Laodotea,  muje^ 
da  Í*rotosilao,  que  murjó  abraiandó 
la  soml)ra  del  marido,  mtferto  &  ma- 
nos de  BTéctor.  ifOvioio.X  j  Hijavjdé 
Belerofonte  y  de  Aquejñdies;  ánuitlA 
de  Júpiter,  de  quien,  tuto  Sarpb-' 
don,  que, fué  despuSs  xvy  de  Lidá. 
(VAtnüBNA.l  ■'  '  V" 
Etuiolooía.  Latín  LaJfaÜk^. 
Laodicea.  Femenin^.  Geografía 
ant'gua.  Metrópoli  de  Siria.  |  Otra,  en 
Celesiria,  junto  al  monte  Líbano,  g 
Otra,  en  Lidia,  juntlíf^'U  'E^'  Liáo.- 
(Plinio.)  ''-Í^^'u, 
Btimolooía.  Latín  Laodicüt. 
Laodícense.  Sastantívo' v  adjeti-- 
vo.  Natural  y  propio  de  Latí^jcea;  ^' 
Etimología.  Latín  laodícenk^t'lfGib:} 
Laomedonte.  Masculino.  Tiempos 
heroicos.*  Rey  de  Troya,  Hijo  de  lio  y 

{►adre  de  Príamo  j  de  Hesiooe.  qutr 
evantó  las  murallas  de  su':ciuaad 
anudado  por  Neptuno  y  Apoloi'  Ha- 
biendo negado  á  estos  dioses  el  sala- 
rio prometido,  hicieron  x^ue  un  mon» 
truo  marino  asolase  sos  estados.  Pep> 
jaro  dé  nuevo  con  Hércules,  que  le 
libró  del  monstruo  y  salvó  á  Uesioae, 
vió  sus  estados  devastados  por  el  hé- 
roe griego  y  pereció  entrs  las  ruinas 

de  Troya. 

ETntOLoeÍA.  Latín  LsSmMon. 

Laosinacto.  Masculino.  Ministro 
de  lá  Iglesia  griega  qne  tenía  á  sa 
cargo  llamar  á  los  diáconos  y  convo- 
car la  corte  y  el  pueblo  paxa  las  sa- 
gradas ceremonias. 

ETiuOLOaf A.  Griego  Xioauviicvi](^íao- 
synákUt);  de  jaí9','ypiieblb,  'y  'Tx*kx*vt 
fsynigien),  convoOarf  fninces,  'íaoajf- 
nacte. 

Lapa.  Femenino.  La  tetilla  6  nat* 
que' hacen  en  la  superficie  algunos 
líquidos.  \  Blarisco  muy  conocido  en 
todos  Ibs  mares,  que  tiene  la  forma  dt- 
una  caperuza,  y  del  cual  hay  un  sin- 
número de  especies  y  dé  variedades. 
Todos  ellos  viven  asidos' fuertemente 
á  las  peñas  de  la  orilla  ó  del  fOndo 
del  mar.  \  Hierba.  Auoa  del  hortb- 

LAÑO. 

BtiMOLoaÍÁ.  Griég^ff  Ut^  (Upi*)* 
la  ostra  que'  haoá  en  la  ^édta,  ottr^ 
nata  in petra,  .   r  o  k»-.  ■ 

Lao-TiA  6  Lko-Tién.  -Gtism 

.  ■ .  .  .       .  í  t , 


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LAPI 


LAPI 


LAPL  333 


filiSsofb  eiíiao  que  títÍa  &  mediados 
del  siglo  IV  antes  de  la  era  cristiana. 
Se  le  considera  como  patriarca  de  la 
sect»  religiosa  de  los  Tao-se,  riTal 
del  budhismo.  Vivid  en  la  corte  de 
Tclieu  j-  ss  retiró  en  los  últimos  afios 
al  desierto.  Deba  la  celebridad  &  su 
Libro  Tao-Teeking^  eaja  doctrina  es 
mnj  parecida  &  la  de  Confucio,  j 
cuja  secta,  llamada  de  los  Tao-stt 
caenU  100.000.000  de  partidarios. 

Lapachar.  Masculino.  Pantano  6 
charco  g^nde  j  cenagoso. 

Lápade.  FemoDino.  Lapa.,  por  ma- 
risco. 

EnuoLOofA.  Griego  Xeiráfioi;  (lepá- 
doij,  genitÍTO  de  Xená^  (Upás)y^  lapa. 

Laparocele.  Femeoino.  Cin^ia. 
Herma  lumbar. 

BnuoLoatL.  Griego  Xam&ptt  (lapá- 
ra),  flanco,  y  k¿le,  tumor:  francés, 
Imparociie, 

XaparDtomia.  Femenino.  Cirugía. 
Incisión  del  costado  en  una  hernia 
lumbar. 

BTtii(x.oafA.Z«wro,  flanco,  j  tomdt 
sección:  francés,  taparetomü, 

Lapatina.  Femenino.  Qu(miea, 
Principio  amargo  de  la  raíz  del  nmex 

obtusifoliiu,  deXinneo. 

EriuOLOaÍA..  Griego  Xáiwidov  (lápar~ 
íAo»),  paciencia:  fruncés,  lapaíhine. 

Xápato.  Masculino. ^^¿iÍMicd.  Nom- 
bre científico  de  la  acedera. 

EnHOLOqÍA..  Lapatina, 

Lapicero.  Masculino.  Instrumento 
en  que  se  pone  el  lipiz  para  dibujar  ó 
escribir. 

Lápida.  Femenino.  Piedra  llana  en 
qpe  ordinariamente  se  pone  alguna 
inscripción. 

Btuiolooía.  Griego  XSa^  (íom), 
piedra,  roca,  peñasco;  latín,  l&pht  la 
piedra,  en.  Cicerón;  piedra  preciosa, 
en  Plinio;  italiano,  lapida;  catalán, 
lápida^ 

jReteña.—^T^o  creo  que  la  palabra 
lápida  deba  tomarse  en  un  sentido  tan 
estrecho  como  quiere  Mondexar,  sino 
mtts  general, igualmente  que  la  latina 
lapit,  de  donde  se  deriva,  de  cualquier 
genero  que  sea  la  inscripción  gravada 
en  ú\tL.> '( Memorias  Aiííoricas  de  latida 
de  Don  Alfonso  el  I^oble,  recocidas  por 
el  MARQUÉS  DB  Mgindbxab  é  tinstrodos 
con  notas  y  apéndices ^or  don  Francis- 
co Cbrdá  RicOy  WfHia  iA4,) 

Lapidación,  femenino.  Acción  y 
efecto  de  lapidar,  en  cuyo  sentido .  se 
dice:  la  lapidación  de  san  Esteban. 

Btiu(».ooÍA<  Zapidar:  latín,  UpídH- 
tfa,  la  acción  de  apedrear  ó  apedrear- 
se; pedrea,  granizada;  italiano,  lapi~ 
datione;  francés,  lapidaUo». 

.Ifapidador,  ra.  Sustantíyo  j  ad- 
jetivo. Que  lapida. 

Etiuulooía.  Lapidar:  latín,  lilprída- 
tor;  italiano,  lapidaíore. 

Lapidar,  Activo  anticuado..  Tirar 
piedras;  matar  á  pedradas. 

JÍTmoLOQÍx.  Lapida:  latín,  lapida- 
re, apedrear;  forma  verbal  de  lapist  la- 
^Úú,  piedra;  italiano,  lapidare;  fran- 
eás,  Upider;  provenzal,  lapidar. 

Lapidaria,  Femenino.  Arte  que 
tífiü9  por  objeto  tallar  j  pulir  las  pie* 
dns  precioiaa. 


BintOLOOfA.  Lapidario:  itallaaOf  U- 

pidaria;  francés,  iapidaire. 

Lapidario,  ría.  Adjetivo.  Lo  per- 
teneciente á  las  piedras  finas  j  pre- 
ciosas, ó  á  las  inscripciones  que  se 
ponen  en  las  lápidas;  j  así  se  dice: 
estilo  LAPiDAHio.  Q  Masculino.  El  que 
labra  las  piedras  preciosas  ó  trata  en 
ellas. 

ETiuoLOofA.  Lápida:  latín,  IdpídS- 
rlus;  italiano,  lapidario;  francés,  lajñ' 
daire;  provenzal,  tapidari;  catalán, 
llapidari,  llapida¡/re. 

Lapídeo,  dea.  Adjetivo.  Loque  es 
de  piedra  ó  lo  perteneciente  ¿  ella. 

Étimoloqía.  Lápida:  latín,  l&pl- 
deus;  italiano,  lapídeo. 

Lapidescente.  Adjetivo.  Que  tie- 
ne la  consistencia  de  la  piedra,  ó  que 
se  convierte  en  ella. 

Etimología.  Latín  Upídescens,  ISr- 
pídesceníis,  participio  de  presente  de 
ISpídetcere,  convertirse  en  piedra:  fran- 
cés, lapidescent, 

Lapídesco,  ca.  Adjetivo.  Pareci- 
do &  la  piedra, 

Lamdificación.  Femenino. 
taú».  Petrificación. 

Lapidificar.  Acti  vo  anticuado.  Con- 
vertir en  piedra,  adquirir  su  consis- 
tencia. 

EtiuolcoÍa.  Latín  posterior  lapidi- 
ficare; de  lapis,  piedra,  j  fXcare,  tema 
frecuentativo  de  faciere^  hacer:  fran- 
cés, Xapidifier. 

Lapidificarse.  Recíproco,  Adqui- 
rir la  consistencia  de  la  piedra;  con- 
vertirse en  ella. 

Lapidifico,  ca.  A^jeÜTo.  Propio 
para  nacer  piedras. 

EtiíkoloqÍa.  Francés  ¡apidijt^;  de 
lapidijier,  lapidificar. 

Lapidosidad.  Femenino.  Cualidad 
de  lo  petroso. 

EnHOLoofA.  Lapidoso, 

Lapidoso,  sa.  Adietiro.  Lapídeo. 

Etiuoloqía.  Lápida:  latín,  lilpídd- 
sus;  italiano,  lapidoso;  francés,  lapi- 
deux;  cataUn,  líapi$s<^t  a,  pegadizo. 

Lapila.  Femenino.  Hierba.  Lbn- 

OUA  DB  PBRBO. 

BtiuolooIa.  Lapilo. 
¿lapUo.  Masculino.  Arenilla  de 
Uva; 

EriifOLOaÍA.  Latín  l&pUluSf  piedrecir 
ta,  calina,  diminutivo  de  ía;>ü,  piedra. 

Li^piloso,  sa.  Adjetivo. .  JSoíánica. 
Epíteto  de  un  fruto  en  cuja  pulpa  se 
encuentran  concreciones  mujr  duras. 

BniioLoaf  A.  Lapilo. 

Lapislásuii.  Masculino.  Piedra 
opaca  más  dura  que  el  mármol,  de 
color  azul,  de  diferentes  matices,  con 
vetas  y  puntos  blancos,  sembrada  de 
marquesitas  de  color  de  latón  pareci- 
do á  veces  al  de  oro.  Se  encuentra  en 
pedazos  bastante  grandes,  v  adquiere 
un  lustre  maj  brillante  después  de 
bruñida. 

Btuiología.  Vocablo  híbrido,  del 
latín  Idpis,  piedra,  y  el  árabe  lasnerd, 

ladjnerd  (^;j¡p)^^£kD);  del  per- 
sa lajoweerd  italiano, 

lapisUunliiStKixzitt  la^ista*uU;  cata- 
lán, £ij»ú/á»»í>.— cPiedra  exquisita 


y  de  valor.  Es  de  un  color  azul  perfec- 
tfsimo  con  unas  vetas  y  puntos  de  oro, 
quecentelleancomo  una  estrella.  Dios*- 
córides  dice  que  haj  muchas  especies 
de  esta  piedra,  pero  no  tan  noblesj 
por  ser  su  color  menos  perfecto,  y  no 
tener  mezcla  alguna  de  oro.  Govarru- 
bias  dice  se  pudo  llamar  UnUi  del 
nombre  arábigo  t^ue  significa  aauLi> 
(AcADBuiA,  ^tccionario  de  iiiS.) 

Lapifonio,  nia.  Adjetivo.  Ooncer- 
niente  á  las  lapítas.  ' 

Lápiz.  Masculino.  Fósil  más  ó  me- 
nos negro,  poco  pesado,  blando,  g^a- 
so  al  tacto,  y  del  que  se  hace  uso  para 
dibujar.  ||  db  color.  Composición  ó 
asta  que  se  hace  con  vanos  colores 
ándole  la  figura  de  puntas  de  lApiz^ 
y  sirve  bara  pintar  al  pastel.  |  bncar-- 
HADO.  Fósil  de  la  misma  naturaleza 
que  el  lXpiz  comúni  que  ^iene  mez- 
clada una.  porción  de  ocre  rojo  de 
hierro  que  le  hace  de  color  encama- 
do. Q  PLOMO.  Fósil  de  color  gris  oseii- 
ro  ó  negro  pardusco,  no  muj  pesado, 
lustroso^  blando,  suave  y  untoso  al 
taeto,  que  tizna  mucho.  Se  emplea 
para  dibujar,  usándolo  por  lo  común 
encerrado  en  unas  cajas  delgadas  y 
cilindricas  de  madera.  Como  nu  se 
funde  al  fuego,  se  emplea  igualmente 
para  hacer  crisoles,  estufas,  y  por  su 
untuosidad  para  facilitar  en  las  má^ 
quinas  el  movimiento. 

ETiMOLOofA.  Latín  ISpis,  piedra: 
italiano,  lapis;  catalán,  Uáms, 

Lapizar.  Masculino.  La  mina  ó 
cantera  de  lápiz.  |  Activo.  Dibujar  ó 
ravar  con  lápiz. 

Laplace  (PbdeoSihók,  marqués  de ). 
Ilustre  geómetra,  que  nació  en  Beau- 
montren-Auge  (Calvados)  el  23  de 
Marzo  de  1749  y  murió  d  6  d«  Mar- 
zo de  1827.  Hijo  de  un  pobraenltiva- 
dor,  á  pesar  de  la  estreches  en  que 
vivía,  se  dedicó  con  asiduidad  al  es- 
tudio y  dirigió  á  D'Alembert  una  car- 
ta sobre  los  principios  de  la  mecáni- 
ca, trabajo  ^ue  hizo  más  que  cuantas 
recomendaciones  había  puesto  en  jue^ 
go  para  encontrar  un  apojro  que  le 
permitiera  vivir  en  París.  Llamado 

Sor  éste,  obtuvo  en  1768  la  cátedra 
e  profesor  de  matemáticas  de  la  es-  - 
cuela  militar.  La  Academia  de  Cien- 
cias le  admitió  en  su  seno,  en  1773; 
reemplazó  á  Bezont  como  examinador 
del  cuerpo  de  artillería,  en  I784j  y 
presidió,  en  1796,  la  diputación  que_ 

ftresentó  al  Consejo  de  tos  Q,uinientos 
a  exposición  de  los  trabajas  dellns-.. 
titutoda  Francia,  desde  su  creación. - 
Después  de  los  trabajos  de  Clairaut, 
de  Euler,  de  D'Alembert  y  de  Lagran- 
ge,  quedaban  todavía  no  pocas  regio- 
nes  de  la  ciencia  astronómica  que  ex- 
plorar y  no  pocas  dudas  que  resolver 
sobre  la  debatida  cuestión  de  la  .esta- 
bilidad del  sistema  del  mundo,  no 
admitiendo  otro  principio  que  el  de 
la  gravitación  universal.  Laplacb  con- 
cibió el  provecto  de  coleccionar  los 
trabajos  llevados  á  cabo  y  busCar.  la 
razón  de  los  fenómenos  no  explicados 
dentro  del  sistema  newtoniano, .  Tal 
es  el  origen  de  la  inmortal  obra  que 
tituló:  TratadQ  d€  la  wcániM  cektitf . 


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334 


LAPL 


llamada  por  Fourier  el  Á  Imoaato  de 
t%  tifh.  Los  dos  primeros  Tofúmenes 
aparecieron  en  1799;  el  3.%  en  1802; 
«I  4.',  en  1805;  r  las  diferentes  par- 
tas del  5.',  en  1823.  1824  j  182^  La 
obra  estiK  dividida  «n  dos  partes:  en 
la  primera,  da  los  métodos  j  las  fór- 
mulas para  determinar  los  moTimien- 
tos,  los  eentros  de  gravedad  de  los 
ciiei|)08  celestes,  la  figura  da  estos 
caerpds,  las  oseilaciones  de  los  Adi- 
dos que  los  enTuelven,  y  sos  movi- 
mieatos  al  rededor  de  sus  propios  cen- 
tros de  gravedad;  en  la  segunda,  apli- 
ca las  formulas  halladas  en  la  prime- 
ra á  los  planetas,  á  los  cometas  j  i 
los  satélites.  Traté  de  probar  «que 
todas  las  partieularidadea  iaexplica- 
daa  da  la  Luna,  de  Júpiter  y  d'e  Satur- 
no son  consecuencias  de  la  gravedad 
universal;  y  que  la  forma  del  esferoi- 
de terres^  puede  servir  para  darse 
etunta  de  algunas  irregularidades  en 
el  movimiento  de  la  Luna.»  En  el  es- 
tudio de  los  satélites  de  Júpiter,  en- 
centró  las  leyes  que  llevan  su  nom- 
bre. Halló  también  la  invaríabilidad 
da  las  distancias  medias  de  los  plane- 
tas al  Sol  y  díó  á  las  mareas  una  teó- 
rica analítica  que  permita  predecir 
su  altura.  Sa  Mecánica  celeste  es  una 
obra  monumental  por  la  importancia 
de  las  soluciones,  el  orden,  la  claridad 
y  la  precisión  con  que  está  expuesta; 
una  gran  parte  de  las  materias  que 
comprende  pertenece  sólo  á  su  autor, 
quien,  en  otras,  snpo  apropiarse  los 
aesea1»imieat0B  hechos  por  la  ciencia 
antes  que  él.  La  Esposieuf»  del  sitiema 
dtlmwnd»  (1796,  2  volúmenes  en  8.*} 
es  la  enunciación,  desembarazada  de 
fórmulas  matemáticas,  del  estado  de 
loseeontecimicntoaastronómicos.  Este 
libro,  escrito  eon  extrema  sencillez, 
está  seguido  de  una  historia  abrevia- 
da do  U  astronomía.  Laplacb  expone 
en  una  nota  de  él  su  teoría  sobre  la 
formación  de  nuestro  sistema  planetario; 
teoría  más  conforme  á  las  verdades 
conocidas  y  á  las  observaciones  de  los 
astrónomos  acerca  de  las  nebulosas, 

3ue  la  de  BufTón.  Laplacb  reunió, 
esenvolvió  v  aplicó  además  los  prín* 
cipioa  del  cálculo  de  las  probabilida- 
des en  su  Teoría  analítica  de  las  pro- 
babilidades (1812),  7  allí  es  donde  ex- 
pone su  importante  Teoría  de  las  /un- 
dones  eeneratrices.  Las  lecciones  dadas 
por  afilustre  geómetn  en  la  Escuela 
Xormal,  se  encuentran  en  loa  cuader- 
nos 7.*  y  8/  del  Diario  de  la  Bscnela 
Politécnica.  Lapucb  se  unió  á  La- 
voisier  para  dar  cima  á  sus  investiga- 
dones  sobre  el  calórico  y  á  su  Teoría  del 
vapor  y  de  la  electricidad,  así  como  á 
Coadorcet,  en  sus  trabajos  de  estáti- 
ca. Después  del  18  Brumario,  fué  du- 
rante algún  tiempo  ministro  del  In- 
terior; entró  más  tarde  en  el  Senado, 
del  cual  fué  vicepresidente  y  canci- 
ller, redactando  el  proyecto  de  aban- 
donar el  calendario  republicano  para 
restituir  el  gregoriano.  En  1808  fué 
elevado  á  la  dignidad  de  conde  del 
Imperio,  lo  cual  no  obstó  para  que 
votara  la  calda  de  Napoleón,  siendo 
creadq  en  1814,  por  Luis  XVIII,  par 


LAQU 

de  Francia,  y  en  1817,  mar. 
En  1842,  las  Cámaras  legislativas  vo* 
taron  por  cuenta  del  Estado  la  reim- 
presión de  sus  obns.  Además  de  las 
que  ya  hemos  citado,  dejó:  Teoría  del 
movimiento  y  de  la  J^nra  elípíiea  de  los 
planetas  (1785)  y  Ensavo  filosófico  de 
las  probabilidades  (1814).  Ocurrida  la 
'muerte  del  ilustre  sabio,  Fourier  pro- 
nunció su  el(w¡o. 

La|dÍ8Ía.  Femenino.  Liebre  ma- 
rina. 

Lapo.  Masculino  familiar.  El  gol- 
pe ó  cintarazo  que  se  da  con  la  es- 
pada de  planoóoon  algiin  bastón  ó 
vara. 

Lapón,  na.  Sustantivo  y  adjetivo. 
Natural  y  propio  de  la  Laponia,  re- 
gión del  Norte  de  Europa. 

ETiMOLoaU.  Laponia:  latín,  le^^fi- 
nes;  italiano,  lapone;  francés,  ¡apon, 

Laponia.  Femenino.  Óeoffrajía. 
(Véase  Subcia  y  NoBUEoa.) 

B-nuoLooÍA.  Latín  Lapponía,  terri- 
torio extenso,  situado  hacia  el  Norte 
de  Europa,  bañado  por  el  mar  Glacial: 
italiano,  ¿aponía;  nancés,  ZapoiUe. 

Lapaabundo, da.  AdjetÍTo.  Que 
está  para  caerse. 

ETUiOLOofa.  JMpso. 

Lapsi^enia.  Adjetivo.  Zoología. 
Que  se  cría  en  las  coles. 

ETucoLoaÍA.  Griego  lapsani,  berza, 
y  eenes,  engendrado:  Xa<{ñvi{  ^rr^t. 

Lapaivoro,  ra.  Adjetivo.  Zoológia. 
Que  se  alimenta  de  coles. 

ETiuoLOofA.  Latín  lapsüna,  berza, 
y  vSrare,  comer. 

Lapso,  sa.  Adjetivo  anticuado.  El 
que  ha  caído  en  algún  delito  ó  error. 
\  Masculino.  El  curso  de  algún  espa- 
cio de  tiempo, 

EriuoLoafa.  Latín  bjww,  caído, 
participio  de  ¿a¿or,  caer;  simé- 
trico de  lapsus,  ¡apsiit  calda:  firaneés, 
lapsus. 

Lapsus  lingusB.  Masculino.  Ex- 
presión puramente  latina,  que  quiere 
decir:  caída  de  lengua.  Nos  valemos 
frecuentemente  de  esta  locución  para 
significar  que  hemos  pronunciado  un 
vocablo  por  otro,  como  si  la  lengua 
se  nos  hubiera  ido. 

Laque.  Masculino.  Lacayo  que  co- 
rre delante,  vestido  regnlarmente  á  la 
ligera.  Algunos  le  llaman  Volante.  Es 
voz  francesa.  (Acadbiiu,  IHecionario 
deiimj 

Laquearlo.  Masculino.  Áníigaeda- 
des.  Atleta  que  peleaba  en  el  circo  de 
Roma,  armado  de  una  cnerda  con  un 
lazo  corredizo  para  coger  á  su  con* 
trario. 

ETiuoLOOfA.  Latín  laqueSrius,  gla- 
diador que  peleaba  con  un  cordel  de 
nudo  escurridizo;  forma  de  l&queus, 
nudo,  derivado  de  lax^  lacis,  fraude, 
lazo.  (San  Isidoro.) 

Laqueario.  ria.  Adjetivo.  Que  tie- 
ne  forma  de  artesonado. 

Ktiholooía.  Lalín  laquear,  arteso- 
nado, en  Priseiano:  de  lícus,  trecho 
entre  viga  y  viga  en  el  lagunar;  IS- 
guearía,  techo  artesonado,  en  Virgilio 
y  Plinío;  ISqueartns,  el  que  hace  los 
techos  de  los  edificios,  en  el  Código 
teodosiano. 


lard 

Laqaesis.  Femenino.  Miíoloak. 
Una  do  las  tres  parcas,  la  qne  tieae 
la  rueca  en  la  mano.  |  Género  de  rep- 
tiles ofídianos  venenosos  de  Aioe- 
rica. 

EtimolooÍa.  Latín  ZiekkU:  fran- 
cés. Lacháis, 

Lar.  Ibsculino  anticuado.  Hoqab. 

Etiholooíá.  Lares:  catalán,  Msf,  el 
paraje  en  donde  se  hace  el  áiego:  U 
puesto  tthont  se  Ja  'l  fock. 

Lara.  Casa  ilustre  de  Castilla  eajro 
origen  se  remonta  al  conde  Feraán- 
González,  que  murió  en  970  y  descen- 
día por  su  padre  de  Bamiro  I,  m  de 
Asturias  y  Galicia,  de  842  á  8w,  j 

Sor  su  madre,  de  los  antiguos  señorei 
e  Laba.  Fernán  tenía  por  hermano 
á  Gonzalo  Bustos,  señor  de  Salas,  j 
padre  de  los  siete  infantes  de  Laba. 
Según  una  tradición,  Mudarra,  oett- 
voliijo  de  Gonzalo  Bustos,  fué  el  he- 
redero del  nombre  de  LAnAvlotraor 
mítió  á  sus  descendientes.  Sea  de  esto 
lo  que  quiera,  en  1130  se  subdividiÓ 
en  dos  la  casa  de  LasA;  la  primen, 
cuyo  tronco  fué  Manrique  de  Laba, 
tomó  el  título  de  vizcondes  de  Card(h 
na;  la  segunda,  de  que  fué  tronco  Xu- 
fio  Pérez  de  Laba,  conservó  el  títalo 
de  conde  de  Laea.  Esta  rama  fimon 
se  extinguió  en  la  segunda  mitad  del 
siglo  XVI.  Los  sefiores  de  tan  ilustre 
casa  hicieron  un  papel  importaate  ea 
las  guerras  civiles  que  aesolaron  á 
Castilla  en  los  reinados  de  Alfonso  X, 
Fernando  IV  y  Alfonso  XI,  á  cujm 
principes  disputaron  muchas  veces  la 
corona,  y  estuvieron  casi  siempre  en 
guerra  con  las  casas  de  Castro  y  i* 
Haro,  ^ue  sustentaban  las  mismts 
pretensiones.  La  crónica  de  Zot  Siete 
tufantes  de  Lara  es  un  precioso  docu- 
mento de  la  patria  literatura. 

Lara  (Josú).  Célebre  escultor  del 
siglo  xviii,  que  vivió  en  Zamora;  don- 
de fué  maestro  de  Alejandro  Carnice- 
ro y  de  otros  artistas  distinguidos,  J 
ejecutó  muchas  estatuas  y  retablos 
para  aquella  ciudad  y  para  diferentes 
templos  de  Castilla  la  Vieja. 

Larales.  Femenino  plural.  Fies*"» 
que  celebraban  los  antigaos  en  honor 
ae  los  dioses  lares. 
ETiMOLoaÍA.  Latín  lUriUta, 
Larario.  Masculino.  Entre  loa  g<°' 
tiles,  el  lugar  destinado  en  cada  cau 
para  adorar  los  lares  ó  dioses  domés- 
ticos. Era  una  especie  de  capilla  en  el 
interior  de  las  viviendas,  en  donde  los 
romanos  podían  tribatar  á  sns  mip' 
res  los  honores  divinos.  ¡luaJímm- 

BnuoLoaÍA.  Lares:  latín, 
francés,  laraire.  ,  . 

Larda.  Kemenino.  SobsUnciifl»- 
fórica  que  se  inflama  en  la  sttp«»°' 
del  mar  por  el  choque. 
Etimología.  Lardo. 
Lardáceo,  cea.  Adjetivo.  P»»»'*'' 
ó  concerniente  al  lardo.        ^  . 
EniíOLoaÍA.  Lardo:  francés,  *^ 

Lardado,  da.  Adjetivo  ant¡cu»do. 

L\CBRADO. 

Lardar.  Activo.  Lardsab<  , 
Lardayolo.  Masculino.  Bape»"' 
hongo  pequeño. 


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LtARE 

Lardear.  Aetivo.  Üntar  con  lardo 
ó  eras*  lo  que  se  eati  anndo. 

BnuoLOGÍÁ.  Lorio:  proTonzal,  lar- 
dmr;  portugués,  lardear;  finneés,  lar- 
der;  italiano,  lardare, 

I<ardara.  Femenino.  HsCHBBa. 

ETDiOLOOÍa.  Lardo, 

Lardero.  Adjetívo.  Véase  JoavBS 

LABOBBO. 

fimiOLoafA.  ¿an/o:  catalán,  lUtrder; 
dnom  LLABDBRi — «Epíteto  que  se  da 
al  jami  qoe  antecede  al  Dominga  de 
Oanieatolendas.  Pudo  Hamarae  así  por 
ser  <st»  dü  en  que  regularmente 
abundan  las  ooeinas  de  todo  género 
de  viandas,  y  se  gasta  más  tocino  y 
manteca  que  en  los  ordinarios.»  (Aca- 
demia., Diccionario  de  1 

Lardiforme.  Adjetivo.  TecnicUmo. 
Semejante  al  lardo,  como  («fufo  lab- 

DIPORHB. 

Etiicolooía.  Zenfo  J  fwruM:  fran- 
cés, iardi/orme, 

Lardita.F«m6niiio.  íiintralogia. 
Silicato  de  alúmina. 

BiiJiOLOofA.  Lardo,  por  aemejanza 
da  aspecto:  francés,  lardite. 

LudÍToro,  ra.  Adjetivo.  Zoología. 
PaaisROB  LAimÍTOBOs.  Parásitos  que 
comen  Urdo. 

Stxi«)looU.  Lardo  j  el  latín  vMt- 
re,  eomer:  franoéi,  Im-ditore. 

Lardo.  Haseutiao.  Lo  gtrrdo  del 
tocino.  I  La  grasa  6  unto  de  los  ani- 
males. 

EnuoLoaÍA.  Griego  Xapiv¿c  (lari~ 
mdkj,  gordo:  latín  antiguo,  lirídum 
(por  uhinumh  carne  de  puerco;  latín 
clásico,  lardimy  hoja  de  tocino,  lo 
graso  de  él,  en  Ovidio;  italiano,  lar- 
do; francés,  Urd;  provenzal,  lar^  tari; 
catalán,  liarí. 

IjardÓn.  Masculino  anticuado.  En- 
trt  impresores,  la  adición  que  se  ha- 
cía al  margen  en  el. original  ó  prue- 
bas. I  Entre  impresores,  el  pedacito 
de  papel  que  por  descuido  suele  que- 
dar aa  la  nasqueta,  el  cual  al  tiempo 
de  tirar  el  pliego  se  interpone  sobre 
la  fonaa»  j  as  causa  de  que  no  quede 
señalada  alguna  parte. 

BTiii(H.oafA.  Francés  lardo»,  dimi- 
natiro  de  load,  lardo:  catalán,  llardo, 

Lardosico,  ca,  Uo,  lia,  to,  ta. 
Adjetivo  diminutivo  de  lardoso  j  la> 
dosa. 

Lardoso,  aa.  Adjetivo.  Giasiento, 
príogoso. 

BTUiQLoaiA.  Lardo:  italiano,  lardo- 
so; ciulán,  llardos,  s. 

Lare.  Masculino.  Omiteiogia,  Nom- 
bra moderno  del  género  gaviota  ó 
quincho,  familia  de  las  palmípedas, 
eo  que  se  distingue  el  lars  cjfomtrrhitb- 
eo,  ^ne  es  el  grau  qnineho  (mowttsj, 
eeaieiento  {eeadréej,  de  Bunén. 

Etdcolo^.  Francés  lare. 

Larentales.  Femenino  plural. 
tena  mliffua.  Fiesta  de  Á  cea  Labbn- 
TXA,  nodriza  de  Rómulo  j  Remo;  6 
aeffán  otra,  tradición,  rica  cortesana, 
en  cnjo  honor  el  rejr  Ancus  astable- 
ei^S  un.  sacrificio  anual,  porque  había 
tnstitaído  al  paeblo  romano  por  he- 
redera sfijo.  La.  fiesta  estaba  asimis- 
mo eonsíumda  á  Júpiter;  eaia  el  día 
déoimo  dé  las  lulendaa  de  Enero 


LARE 

(23  de  Diciembre)  j  consistía  en 
ciertas  libaciones  de  vino  y  da  le- 
che, ofrecidas  en  un  altar  situado  en 
Roma,  en  el  Vela&re  superior, 

ETWOLOofA.  Latín  larenUlía,  fiestas 
de  Acca  Zareníia. 

Lares.  Masculino  plural.  Los  dio- 
ses que  fingieron  los  antiguos  ser  de 
las  casas  u  hogares.  |  Metáfora.  La 
casa  propia. 

ETiMOLoafA.  Latín  lar,  IHris,  j  IH- 
res,  l&rum,  dios  del  hogar  doméstico, 
en  Cicerón;  genio  que  protege  v  con- 
serva, en  Virgilio;  la  ciudad  y  la 
casa,  en  Horacio;  lo  interior  día  la 
casa,  en  Ovidio;  la  familia,  en  Mar- 
cial; la  patria,  en  Salustio;  refugio, 
en  Séneca,  pavent,  inceríi  laris:  tem- 
blando, sin  asilo  seguro;  francés, 
lares;  catalán,  llar,  ho^ar;  llars,  lares. 
Esta  voz  etrusca,  avecindada  en  la  an- 
tigua Roma,  llegó  á  ser  una  de  las 
grandes  palabras  de  la  latinidad. 

Lares  y  penates.  Mitología.  Dio- 
ses domésticos  de  los  antiguos  roma- 
nos, protectores  de  La  casa  y  de  la  fa- 
milia. Eran  las  divinidades  del  Olim- 
po, que  cada  cual  escogía  á  su  gusto, 
y  délas  que  ponían  en  las  casas  pe- 

3 aellas  estatuas  ó  imágenes  de  piedra, 
e  madera  Ó  de  ]^ata,  honrándolas  ^ 
venerándolas  los  ricos  en  un  oratorio 
especial,  llamado  laraño;  las  gentes 
de  más  humilde  condición,  en  uu  ar- 
mario colocado  bajo  los  pórticos  del 
atrio,  ó  bien  en  la  cocina;  y  los  más 
pobres,  en  el  hogar  doméstico.  Se  po- 
nía junto  á  los  LARES  la  fígura  de 
un  perro,  símbolo  de  la  vigilancia.  La 
devoción  á  estos  dioses  no  estaba  exen- 
ta de  interés,  sino  más  bien  en  rela- 
ción con  los  servicios  que  prestaban 
ó  favores  que  concedían:  por  esto,  si  el 
presunto  protegido  no  los  hallaba  pro- 
picios á  sus  suplicas,  imuriaba  á  sus 
tutdaras,  los  cambiaba  o  los  ponía  en 
venta.  Los  labss  se  transmitían  d«ge> 
neración  en  generacióit,  por  lo  que  se 
les  llamaba  también  dioses  paUrnates. 
Había  asimismo  larbs  jyíbticos:  unos, 
urbanos,  expuestos  en  nichos  ú  horna- 
cinas en  las  calles  de  las  ciudades; 
otros,  males,  colocados  en  las  encruci- 
jadas de  las  grandes  vias,  y  conside- 
rados como  términos.  La  ciudad  de 
Roma  tenia  también  sus  larbs,  cus- 
todiados en  un  pequeño  templo  cons- 
truido en  lo  más  alto  de  la  via  Sacra; 
se  cree  que  eran  Júpiter  y  Juno,  ó 
Cástor  y  Pólux;  pero  no  habiendo 
acerca  de  este  punto  ninguna  certeza, 
el  nombre  de  los  lares  de  la  ciudad 
fué  un  misterio,  á  fin  de  que  los  ene- 
migos de  Roma  no  los  pudieran  evo- 
car. El  templo  era  sumamente  oscuro, 
para  que  nadie  pudiese  reconocer  á 
estas  divinidades.  Existía  además  otro 
templo  consagrado  á  los  ia.rbs  mari- 
nos, en  el  campo  de  Marte,  á  orillas 
del  Tiber.  El  culto  á  los  lares  era 
libre:  unoslos  adoraban  todos  los  días; 
otros,  solamente  en  las  kalendas,  los 
idus  y  las  nonas;  y  otros,  únicamente 
en  los  novilunios.  Se  les  ofrecía  liba- 
ciones de  vinos,  parte  de  las  primi- 
cias de  los  festines,  coronas  de  flores,, 
frutas,  incienso^  ó  solamente  un  poco 


LARG  335 

♦ 

de  harina  y  sal.  Los  um»  públicos 
podían  ser  adorados  y  honrados  por 

todo  el  mundo  y  en  todo  tiempo;  paro 
tenían  fiestas  públicas  anualOiente, 
llamadas  compítales.  Los  pbnatbs  eran 
los  dioses  domésticos  de  los  griegos, 
y  su  nombre  significaba  grau  dios. 
Cuando  Eneas,  nígitivo  de  Troya,  fué 
á  Italia,  llevó  sus  pbnatbs  y  los  depo- 
si  tó  en  Lavinium.  Los  italianos  adop- 
taron este  nombre  de  pkvxtbs,  que, 
traducido  á  la  lengua  del  país,  se  con- 
virtió en  el  de  lares,  a«»ido  del  atrua- 
co  lars,  que  significa  señor.  Los  roma- 
nos decían  indiferentemente  pbnatss 
Ó  lares;  pero  mejor  pbnatbs  del  pue- 
blo romano,  caando  se  trataba  dé  tos 
LABES  de  Roma. 

Larga.  Femenino.  Entre  zapateros 
se  llama  así  un  pedazo  de  suela  ó  de 
sombrero  que  ponen  en  h.  parte  pos- 
terior de  la  horma  para  que  salga 
más  largo  el  zapato,  y  En  el  juego  de 
billar,  el  más  largo  de  los  tacos,  ||  Plu* 
ral.  Dilaciones,  be  usa  más  comun- 
mente con  el  verbo(/ar.  ||  Dab  laboas. 
Frase  familiar.  Valerse  de  cual  ^uier 
medio  para  dilatar  el  fin  6  resolución 
de  un  negocio* 

BTiuoLoafa.  Laño. 

Lasamente.  Adverbio  de  modo. 
Con  eitensi  :n,cumplidamente.  Q  Me- 
táfora. Con  anchura,  sin  estrechez;  y 
así  se  dice:  Fulano  tiene  con  qué  pa- 
sarlo LABQAHBNTB,  |j  Metáfozs.  Fran- 
camente, con  libertad;  y  así  se  dice: 
el  generoso  da  laboauents.  |  Adver- 
bio de  tiempo.  Por  mudio  ó  largo 
tiempo. 

ETUioLoafA.  Larga  y  el  sufijo  ad- 
verbial mente:  catalán,  lUa^smtiU; 
proveuzal,  lárgame»;  finuieés,  ¡arte" 
meuí;  italiano,  largamente;  latín,  utr- 

gíter. 

Largar.  Activo.  Soltar,dejar  libre. 
j[  Aflojar,  ir  soltando  poco  á  poco.  Bn 
este  sentido  es  muy  usado  en  U  ma- 
rina. \  Marina.  Despkgar,  soltar  al>- 

ffuna  cosa;  como  la  bandera  6  las  ve- 
as. II  Recíproco.  Marina.  Hacerse  la 
nave  á  la  mar  ó  apartarse  de  tierra  ó 
de  otea  embarcación.  Q  Familiar.  Irse 
ó  ausentarse  con  presteza  ó  disimulo 
una  persona. 

ETiifOLOOÍA.  Largo:  latín,  Urgiri; 
italiano,  largare;  francés,  larguer. 
Largaria.  Femenino  anticuado. 

LaBOO  ó  LONOITUD. 

Etiuolooía.  Largo:  catalán,  llarga- 
río. 

Largidón.  Femenino.  Donativo, 
repartimiento  de  dinero. 

EriMOLoaÍA.  Latín  largitid,  dbn,  dá- 
diva. 

Larncional.  Masculino.  Antigüe-  • 
dades.  Título  dado  en  el  bajo  imperio 

al  pr-ífecto  del  tesoro  privado. 

BTiifOLOofA.  Latín  largltionalit,  lo 
perteneciente  á  los  donativos  dados  al 
pueblo,  en  el  Código  teodosiano,  for- 
ma adjetiva  de  largtri,  dar  liberal- 
mente,  de  largus,  largo. 

Largo  (EscBiBONioj.  Médico  famo* 
so,  que  floreció  en  el  reinado  de  Tibe* 
rio  y  Claudio.  De  él  tenemos  un  libro 
De  cotnpositions  medicameníorum  y  al- 
gunos fragmentos  del  tratado  Detimr 


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336         £ARG  . 

pUeibus.  El  «tí!o  de  «stai  obr»  es 
sumamente  rudo  j  tosco.  (Db  Mxqusl 

y  MOBANTB.)  . 

Etiuolooía.  Latín  Laraus. 

Lar§[ó,  ga.  Adjetivo.  Lo  qae  tiene 
dimensión  contrapuesta  &  lo  ancho.  Q 
Lo  que  tiene  más  extensión  compara- 
do con  otro  objeto  más  corto.  J  Metá- 
fora. Liberal,  dadivoso.  tl  Copioso, 
abandante,  excesiro.  |  Metáfora.  Di- 
latado, extenso,  continuado.  ||  Metá- 
fora. Prontq,  expedito,  el  que  hace 
en  abundancia  lo  que  significa  el  ver- 
bo 6  Torbál  con  que  se  junta;  y  así  se 
dice:  este  oficial  es  largo  en  trabajar. 
I  Lo  qtta  excede  la  longitud  que  debe 
tener;  7  así  decimos  que  está  larqo 
el  vestido.  I  Marina.  Sublto;  t  así  se 
dice:  está  l&boo  ese  cabo.  |  Marina. 
Se  aplica  al  viento  ó  brisa  que  sopla 
desde  la  dirección  perpendicular  al 
rumbo  que  lleva  la  nave  hasta  la 
popa,  j  es  más  6  menos  labqo  según 
se  aproxima  6  aleja  más  á  ser  en 
popa.  Se  usa  también  como  sustanti- 
vo» T  en  este  sentido  se  dice  que  un 
navio  ha  navegado  i  un  la,roo  en 
toda  su  derrota.  |  Masculino.  Lomoi- 
TDD.  I  M6siea.  Unos  d«  loa  cinco  mo- 
vimientos fundamentales  de  la  músi- 
ca que  equivale  i  despacio  ó  lento: 
umbién  se  da  este  nombre  i  la  com- 
posición; T  asf  se  dice  que  tocan  un 
LARGO.  Q  Adverbio  de  modo.  Sin  es- 
casez, con  abundancia.  |  t  tendido. 
Expresión  familiar.  Con  profusión.  I 
A  LA  CORTA  ó  X  LA  LARGA.  Expresión 
&miliar.  Tardb  ó  tbhpbano.  Q  A  la. 
LARGA.  Modo  adverbial.  Según  el  lar- 
go de  una  cosa;  j  así  se  dice:  baj  un 
palo  atravesado  I  la  laboa.  |  Des- 
'pués  de  pasar  mucho  tiempo.  |  Len- 
tamente, poco  á  poco.  I  Difusamente, 
con  extensión.  ¡I  A  labqo  andar.  Ex- 
presión. Con  el  tiempo,  andando  el 
tiempo;  7  así  se  dice:  í.  largo  andar 
todo  se  destroce.  |  Modo  adverbial. 
Al  cabo,  pasado  mucho  tiempo.  Q  A 
LO  LARGO.  Modo  adverbial.  Según  la 
longitud  de  alguna  cosa.  |  Modo  ad- 
verbial. A  lo  lejos,  b  mucha  distan- 
cia. ¡  Con  extensión,  difusamente.  Q 
Dar  cinco  db  largo.  Frase.  En  el 
juego  de  bolos  es  pasar  de  la  raja 
hasta  donde  puede  Ueg:ar  la  bola.  j¡ 
DB  largo.  Modo  adverbial.  Con  hábi- 
tos 6  vestiduras  talares.  H  Db  labooX 
LAROO.  Modo  adverbial.  De  punta  á 
punta  6  de  extremo  á  extremo.  [|  Ib 
LARGO.  Frase  familiar  con  que  se  de- 
nota que  alguna  cosa  tardará  en  veri- 
ficarse. II  Pasar  db  largo.  Frase.  Pa- 
kñt  por  alguna  parte  sin  detenerse  ó 
sin  poner  atención  en  cosa  alguna  de- 
terminada. H  Labqo,  6  largo  db  aquí 
6  DR  AHÍ.  Expresión  con  que  se  man- 
da á  una  ó  más  personas  que  se  Ta- 
jan pronto. 

'  EtiuologÍa.  Latín  largus:  catalán, 
Uarch,  ga;  provenzal,  lare,  larg;  fran- 
cés, largcj  ancho;  walón,  lauge;  ita- 
liano, largo. 

Sentido  etimológico. — El  latín  largm 
parece  estar  en  relación  con  el  gríe- 

So  XotOpo;  (lauros),  abundante.  (Db 
[lauBL  7  Morante.) 
'  Sinonimia,  ¿aiyo,  di/uto.  Largo  re- 


LARI 

cae  sobra  la  duración;  diftuo,  sobre  el 
modo. 

Es  largo  el  sermón  que  dura  mu- 
cho; es  difato  cuando  el  predicador 
trata  con  demasiada  prolijidad  la  ma- 
teria, el  punto  ó  puntos  de  que  se 
compone. 

El  opuesto  de  largo  es  corto;  el  de 
di/uso  es  lacónico.  (Hubrta.) 

t<ar^omira.  Masculino.  Anteojo  de 
larga  vista.— <Lo  miiimo  que  anteojo 
de  larga  vista.»  (Acádbuul,  DiceioM- 
rio  de  i7$6,) 

Largón,  na.  Adjetivo  aumentativo 
de  largo. 

&TlM<M.oafA.  Zargo:  catalán,  ¡argdtt 
laraassa. 

Largor.  Masculino.  Longitud. 

EtuíolioqÍa,  Jxayo:  firancés,  2ar- 

geur. 

Largueado,  da.  Adjetivo.  Listado 

6  adornado  con  listas. 

Etimología.  Largo,  aludiendo  á 
que  las  listas  atraviesan  lo  largo  de 
la  tela. 

Larguero.  Masculino.  Cada  uno 
de  los  palos  ó  barrotes  que  ponen  ¿ 
lo  largo  de  alguna  obra  de  carpinte- 
ría, ja  sea  unidos  con  los  demás  de 
la  pieza,  6  ja  separados;  como  los 
LARGUBBOS  00  Iss  ventauBS,  etc.  |  Ca- 
bezal tbatbsbbo,  por  almohada»  etc. 

Largnez.  Femenino  anticuado. 
Largo, longitud,  extensión  de  algu- 
na cosa. 

Largueza.  Femenino.  Largo  6  lon- 
gitud de  alguna  cosa.  U  Libbrau- 

DAD. 

EtiuologÍa.  Largo;  latín,  largítas; 
italiano,  larghezsa,  forma  sustantiva 
abstracta  de  largheggiare  j  de  largire; 
francés,  largetse;  provenzal,  largueza, 
larguesa;  catalán,  llargueta,  larguesa; 
moderno,  largitai,  Uargüeta* 

Largoico,  ca,  lio,  lia,  to,  ta.  Ad- 
jetivo £minutívo  de  largo  j  larga. 

Etiuologíí.  Largo:  catalán,  llar- 
guett  a. 

Largttiflno,  ñ^A.  Adjetivo.  Qne 
fluve  abundantemente. 

LargnUocno,  coa.  Adjetivo.  Muj 
locuaz. 

Larguirucho,  cha.  Adjetivo  fa- 
miliar. Se  aplica  á  las  personas  j  co- 
sas que  son  desproporcionadamente 
largas  respecto  del  ancho  ó  grueso  de 
las  mismas. 

Etiuología.  Largot  r  de  enlace  j  el 
sufijo  despectivo  uckox  largui-r^tteko; 
catalán,  Itargarut,  da. 

Larguísimamente.  Adverbio  de 
modo  superlativo  de  largamí^nte. 

Etimología.  Larguísima  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  latín,  lar^issíme. 

LarKuisimo,  ma.  Adjetivo  super- 
lativo de  larg^. 

Etimología.  Largo:  latín,  largitst- 
mus;  catalán,  llarguíssim,  a. 

Larguito,  ta.  Adjetivo  diminutivo 
de  largo. 

Largura.  Femenino.  Longitud  ó 
largo  de  alguna  cosa. 

Lárice.  Masculino.  Botánica.  Ár- 
bol. Pino  alercb. 

Etimología.  Griego  Xipt|  (Uria>): 
latín,  lárice,  ablativo  de  IdriiHj  ícit; 
italiano,  lárice;  francés,  íarix. 


LARI 

Laricina.  Femenino.  QsÍmím. 
Substancia  hallada  en  el  lárice. 

Etimología.  Lárice:  ^ncés,  Ufi~ 
cine. 

Laricino,  na.  Adjetivo,  BoUitia. 
Lo  que  pertenece  al  lárice. 

Etimología.  Lárice:  italiana,  lari- 
cino. 

Larideo,  dea.  Adjetivo.  Or%Ít«líh 
gia.  Parecido  al  laro. 

Larif^e.  Adjetivo.  Se  apUcaádu- 
ta  especie  de  uva  de  color  moj  tojo.  , 

Larigino,  na.  Adjetivo.  Bstáim.  \ 
De  la  naturaleza  del  lárix.  I 

Larín.  Masculino.  Moneda  de  pli-  i 
ta  usada  en  las  posesiones  portugue-  j 
sas  de  las  Indias.  i 

Laringe.  Femenino.  ^MíMíft.  Eft- 

Secie  de  conducto  ternilloso  «a  fonu  I 
e  caja,  situado  debajo  de  la  p&rte  ' 

Sosterior  de  la  lengua.  Es  el  órgano 
e  la  voz  j  sirve  para  dar  puo  al 
aire  que  respiramos,  por  medio  de  ana 
abertura  en  su  parte  superior  cozrei- 

{ tendiente  á  las  ñiuces,  j  deotraeo 
B  inferior,  por  la  cual  se  eomuaiea 
con  la  tráquea. 

BTiuoLoofA.  Grie^  Xápo^C  (l^Sf)' 
latín,  largnxi  trances,  urgnx;  itslia- 
no,  laringe, 

Reseha,  La  larihgb,  6  nudo  de  la 
garganta,  no  es  otra  cosa  que  la  ex- 
tremidad de  la  tráquea-arteria,  lla- 
mada vulgarmente  la  nuez  de  Adán- 
(Parro,  IV,  15.) 

Laríngeo,  gea.  Adjetivo.  isiA)- 
mía.  Concerniente  á  lalariogÍB.  |  li- 
so larínobo.  Instrumento  iaventado 

fiara  insuflar  el  aire  en  el  pulmón  de 
as  personas  asfixiadas. 

Etimología.  Laringe:  francés,  U- 
rivgé,  larin^ien. 

Laringitis.  Femenino.  Meivxu. 
Inflamación  de  la  laringe. 

Etimología.  Grie^ 
ge,  j  el  sufijo  téenioo  tíu,  inflama- 
ción: francés,  laryngiUt  italiuo  téc- 
nico, laringiii, 

Laringograña.  Femenino.  D«- 
cripción  ai! Ta  laringe. 

Etimología.  Griego  lárvgxtY'^Y' 
ge,  j  grapkétn,  describir:  francé»,  »- 
ryiMographie. 

LaringográflcQ,  ca.  AdjetiTO. 
Concerniente  á  la  laringografia. 

Larinffágrftfo,  fo.  MaiMuIinoT  fe- 
menino. El  que  sábela  laríugognna- 

Laringología.  Femenino.  Tratado 
sobre  la  hriiige. 

Etimología.  Griego  tóiyyx,  Uri"- 
ge,  j  lúgos,  tratado:  francés,  kr¡^^ 
Ugie, 

Laringoldgico,  «u  Adjetivo.  Con- 
cerniente á  la  larin^logía. 

Laringorragia.  Femenino.  Jw"* 
ciH<t-  Hemorragia  de  la  laringe. 

Etimología.  Griego  lárggs  J  f''3'  ■ 
raíz  de  errhagne,  aoristo  primero  oe  , 
rhMnumi,  brotar  eruptivamente. 

Laringorrágico,  cav  Adjetow- 
Concerniente  ála  laringorragia. 

Laringoscopia.  Fenieniao.*»'' 
ciña.  Examen  del  interior  de  la  Uní- 
ge  con  ajuda  del  laringóscopo* 

Etimología.  Laringéscopo:  íituce*, 
larungoscopie, 

Laringóscopo.  Masculino.  Imf"' 


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LARR 

mMto  queairve  pan  axaminar  «lin- 

teríor  de  la  laringe. 

Btuioloqía,  Griego  laryyafj  tkopéd, 
JO  exAmino:  francés,  latynaotcope. 

Laríngóstomo»  ma.  AdjetWo.  Bn- 
íowiúlogia.  Calificación  de  los  insectos 
que  tienen  la  boca  formada  por  una 
trompa  contráctil,  constituida  por  el 
ñtffago. 

BmcoLoaU.  Griego  larjfg»  j  st^, 
boca:  francés,  Urjfi^íome* 

Iiarín^tonU.  Femanino.  Cim- 
yfo.  Incisión  de  la  laringe. 

Btiuología.  Griego  laiy^x  y  tomi, 
sección:  francés,  lari/ngotomie, 

Larinoide.  Adjetiro.  Didáctica, 
Semejante  al  lardo. 

Etimología..  Griego  Urin^,  graso: 
francés,  larinoide. 

Larísa.  Femenino.  Geografía  anti- 
gua. Ciudad  de  Tesalia,  patria  de 
Aquilas. 

EtiuolooÍa..  Latín  LSfUta,  (Tito 
Livio.^ 

Linx.  Hasculino.  Lábicb. 

Larneses.  Hasculino  plural.  Qeo- 
Mt/ia  antigua.  Pueblos  que  habitan 
las  ríberat  del  Lamo.  (PunioO 

BTiiiK.oafA..  Lanío:  latín,  iaménses. 

Itarne.  Masculino.  Río  de  España. 
(Plinio.) 

.  BniiOLOoff .  Latín  Zamum, 

Laro.  Masculino.  Gaviota. 

Btuolcoía.  Latín  de  san  Jeróni- 
mo £Knu,  el  larb,  pájaro  negro  de  tie- 
rra^ agua:  francés,  lare;  francés  zoo- 
lógico, tare  ¡yauorrhyn^ue;  del  griego 
Xáfnx  (iáre$),—*k.y^  de  tierra  j  agua. 
Es  da  color  negro,  algo  más  peque- 
ña quala  paloma,  muj  tragona  y  ra- 
pas. Vocea  macho  cuando  está  de  par- 
ta, j  no  pone-hueTos,  sino  pollos  ves- 
tidoi  do  ploma.  Tiene  mu^  poca  car- 
ne, jr  es  muj  contraria  al  cuervo 
marino.  Hnélgase  j  deléitase  con  la 
tempestad  del  mar,  jr  para  sacar  la 
carne  de  los  caracoles  marinas  se  sube 
con  dios  mnjr  alta,  y  los  deja  caer  en 
tienta  donde  ae  hacen  pedazos.»  (Aca- 
DBMia.,  Dieaonario  de  Í736.J 

IfATona.  Femenino,  ffeogra/ía»  Río 
deToseana.  (Catón.) 

EnuoLoaÍA.  Latín  L&roú. 

Larraga  (Apolimab).  Pintor  espa- 
ñol, natural  de  Valencia,  que  nació 
en  1728.  Aprendió  su  arte  estudiando 
las  obraa  de  Pedro  de  Orrente,  á  quien 
imitó  en  la  pintura  de  genero  j  en  la 
de  animales,  dejando  muchas  obras 
en  los  conventos  de  Valencia. 
.LaiTaga  (JosBí'A  María).  Pintora 
española,  hija  del  anterior,  y  que  ri- 
TÍa  por  los  años  de  1768.  Fué  discí- 
pula  de  an  padre  j  ae  distinguió  es- 
pecialmente en  la  miniatura.  Fandó 
a  sus  expensas  j  dirigió  durante  mu- 
chos años  una  academia  de  que  salie- 
ron notables  discípulos,  j  dejó  en  Va- 
lencia algunos  cuadros,  entre  los  que 
ae  citan  un  relicario  de  la  Virgen  j 
na  tanto  Tomás  de  Villanueoa, 

Larramendi  (Manubl).  Ilustre 
filólogo  j  jesuíta  español,  que  nació  á 
fines  del  siglo  xtu  j  murió  en  1750. 
Fué  profesor  de  teologal  en  la  nni- 
TSEsiqul  de  Salamanca,  confesor  de  la 
nina  Mariana  de  Neuburg,  viada  de 


LARV 

Carlos  II,  j  el  primero  que  dió  á  co- 
nocer gramaticalmente  la  lengua  vas- 
congada. Las  obras  que,  acerca  de 
este  importante  estudio,  escribió,  son: 
Antigüedad  y  universalidad  del  ratenen- 
ce  en  España;  SI  Imposible  vencido,  arte 
de  la  Ungua  vascongada,  y  Diccionario 
íriUnaüe  del  easteMno,  vascuence  y  la- 
tín. Fué  una  de  las  grandes  inteligen- 
cias del  siglo  zviii. 

Larrañaga  (Disao).  Ingeniero  de 
minas  español,  que  nació  a  mediados 
del  siglo  xviii  y  murió  en  1815.  Ad- 
quirió sus  vastos  conocimientos  en 
Sajonia  y  Hungría,  siendo  en  España 
uno  de  los  hombres  más  distinguidos 
en  su  ramo,  á  cujra  ciencia  ae  deben 
el  método  y  buen  orden  de  las  labores 
en  las  minas  de  Almadén. 

1.  Larva.  Femenino.  Mitología, 
Nombre  que  entre  los  paganos  se  da- 
ba á  las  almas  de  los  malos  y  i  las 
de  los  que  morían  de  muerto  violenta, 
6  que  no  recibían  los  honores  de  la 
sepultura. 

EtiuolooÍa.  Latín  Urta,  &nta8- 
mas,  visiones,  demonios,  como  vemos 
en  Tertuliano,  por  cuja  razón  algu- 
nos autores  refieren  la  voz  del  ar- 
ticulo á  ISrOt  lUrSnda,  la  diosa  de 
los  muertos:  italiano,  tana;  f^cés, 
larve. 

Sentido  etimoUgico. — 1.  El  latín  lar- 
va se  empleaba  también  en  el  sentido 
de  ruin,  infame,  diablo,  como  en  el 
ejemplo  siguiente:  ¿eÚam  loqu?re,  lab- 
va?  «¿Aun  osas  hablar,  malvadoVa 
(Plauto.) 

2.  El  mismo  Plauto  le  da  el  sig- 
nificado de  espíritu  maligno,  como 
cuando  dice:  labvaruii  pUnus,  fileno 
de  los  demonios;»  esto  es,  poseído. 

3.  Larva.  Femenino.  SntomoUgia. 
Nombre  que  se  da  á  los  insectos  cuan- 
do acaban  de  salir  del  huevo,  y  no 
han  adquirido  todavía  todos  sus  miem- 
bros. Én  este  estado  son  blandos,  lar- 
gos V  estrechos,  en  algo  semejantes  á 
una  lombriz,  de  la  que  ae  diferencian 
en  estar  compuestos  de  varios  como 
anillos.  Unas  especies  tienen  piés,  t 
otras,  uo,  V  todas  carecen  de  sexo.  | 
Zoología.  Se  aplica  también  á  los  rep- 
tiles batracianos  en  el  estado  casi  em- 
brionario. \  Mbdia-larva.  Larra  de 
los  ortópteros  que  no  tiene  la  aparien- 
cia vermiforme,  como  la  de  los  otros 
insectos.  ||  Máscara  ó  disf'raz. 

ETDiOLoafA.  Latín  ¿sraa,  máscara, 

Sorque  el  insecto,  en  su  primer  perío- 
0  ae  formación,  aparece  como  en- 
nuscarado  bajo  b  forma  de  gusano: 
francés,  hrve;  catalán,  larva. 

Reseña,— 'ha  oruga  es  la  labva  de 
la  mariposa. 

3.  Larva.  Femenino.  Literatura 
latina.  La  máscara  del  teatro.  (Koba- 
cio.)  y  Figurilla  que  se  mueve  con  al- 
guna máquina  oculta;  autómata.  (Pb- 
tronío.  ) 
Etimología.  Latín  larva. 
Larvado,  da.  Firbbb  larvada* 
Larval.  Adjetivo.  Lo  que  pertene- 
ce á  la  larva.  ¡ 
Larvario.  Masculino.  Nomhredado 
á  pequeños  cuerpos  cilindricos,  poro- 
sos, agujereados  en  su  ceatro,  que  se  ] 


LASC  337 

hallan  en  las  capas  da  algunas  con- 
chas. 

ETiuoLoaÍA.  Zcrtw:  francés,  ¡ar^ 

vaire. 

Larvas.  Masculino  plaral.  Mitolo- 
gía. Deidades  domésticas  que  aterrap 
ban  con  fantásticas  visiones. 

BiiuoLoaÍA.  Larva  1. 

Larvicolo.  Adjetivo.  ZooImU.  Que 
vive  dentro  del  cuerpo  de  las  lar- 
vas. 

ETUfOLoaÍA.  Latín  larta  t  eofórtf, 
vivir:  francés,  Unible;  j  así  ae  dice: 
pardtito  LARvfcoLO. 

Larvifomte.  Adjetivo,  ffistoña 
natural.  Que  tiene  forma  de  larva. 

Larvipero.  Adjetivo.  Zoología, 
Nacido  de  una  larva. 

ErncoLoaÍA.  Larva  y  parhe,  dar  á 
luz:  francés,  laroipare. 

La  Sala  (Manuel).  Poeta  é  histo- 
riador español,  que  nació  en  Valencia 
en  1729  o  1738,  v  murió:  según  unos, 
en  Bolonia,  en  1798,  y  según  otros, 
en  Valencia,  en  1802.  Entró  en  la  or- 
den de  los  jesuítas  y  enseñó  en  Valen- 
cia las  lenguas  anticuas,  la  retórica, 
la  poesía  y  la  historia.  Expulsado  de 
España  con  todos  los  de  su  orden, 
pasó  i  Italia  y  fijó  su  residencia  en 
Bolonia,  donde  vivió  cultivando'  las 
letras,  en  relación  con  los  hombres 
más  instruidos  de  Italia,  y  fué  admi- 
tido en  las  academias  de  los  Fuertes^ 
de  los  Árcades,  de  loa  Aborígenes  y  de 
los/ff«xcruía¿¿».Sa8principale8obra8 
son:  jSnsayo  sobre  la  historia  general 
antigua  y  moderna;  Noticia  sobre  los 
poetas  castellanos;  y  las  tragedias  Josá 
descubierta  por  sus  hermanos;  Saueho 
Abarca;  El  sacri^cio  de  Je/Ú;  Orme^ 
sinda  y  Luisa  Miranda,  ^ 

Lasapiiento.  Mascnlinoanticuado. 
Lasitud. 

Lasaña.  Femenino.  Fruta  ds  sar- 
tén, ORBTADK  ABAD. 

EtiuolooÍa.  Italiano  lasagna. 
Lasar.  Neutro  anticua(^.  Padk- 

CBR. 

EtiuolooÍa.  Laso:  latín,  lassare, 
cansar,  fatigar;  italiano,  lassare;  fran- 
cés, lasser;  provenzal,  lasar. 

Lasarse.  Recíproco  anticuado.  Fa- 
tigarse, cansarse. 

Etiuoloqía.  Lasar. 

Lasca.  Femenino  anticuado.  Lan- 
cha, chapa  ú  hoja  de  piedra. 

Lascada.  Femenino.  Lascadura. 

Las  cadenas  de  san  Pedro.  Fes- 
tividad de  san  Pedro  Ad  vincula^ 

Btiholooía.  Bajo  latin  fetíum 
iSancti  Petri:  catalán,  Uigami  at  San 
Pera, 

Lascadnra.  Femenino.  Acción 
y  efecto  de  lascar. 

Lascar.  Activo.  Marina,  Aflojar  ó 
arriar  muy  poco  á  j)oco  algún  cabo. 

EtiuolooÍa.  Latín  laxare,  aflojar: 
catalán,  lascar. 

Las  Casas  (Bartolouí  de).  Céle- 
bre prelado  y  dominico  español,  que 
nació  en  Sevilla  en  1474  y  murió  en 
Madrid  en  1566.  Siguió,  a  la  edad  de 
19  años,  á  su  padre,  que  acompañó  á 
Cristóbal  Colón  en  su  segundo  viaje 
á  América,  volviendo  después  á  Es- 
paña, donde  entró  en  la  orden  de 

TOMO  IH  <s 


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338 


LASC 


Santo  Dominm.  De  vuelta  i  la  Espa- 
ñola, en  I6mt  i^n  trabajar  en  la 
converaMn  de  loa  indígenas,  fué  orde- 
nado j  cantó  miaa  en  Cnba.  Mirando 
como  una  injusticia  la  reduccidn  de 
los  indios  i  fa  esclavitud,  renunció  á 
la  porción  de  indígenas  <]^ue  le  había 
tocado  en  snerte  al  hacer  el  reparto 
«ktre  los  eenc^uistadores,  declarando 
qoa  lloraría  toda  su  vida  la  falta  de 
ejercer  un  solo  momento  aata  domina- 
ción impía  sobre  sus  hermanos.  Des- 
de entonces  fué  el  protector  declara- 
do de  loi  indios  7  tuvo  en  más  de  una 
ocasión  la  fortuna  da  detener  los  ex- 
oesos  de  sus  compatriotas,  k  fin  de 

Soner  término  &  las  fechorías  á  i^ue 
aba  lugar  el  nparíÍmie»to  de  los  in- 
dios, regresó  i  Espafia,  donde  logró 
determinar  al  canienal  Cisneros  á 
enviar  i  la  Española  una  comisión, 
compuesta  de  tres  frailes  Jerónimos, 
para  la  oportuna  pesquisa  sobre  los 
hechos  jr  abusos  denunciados.  La  pe- 
reea  con  que  esta  comisión  proceaió, 
no  satisfizo  en  modo  alguno  el  celo  de 
Lab  Casas,  que  volvió  de  nuevo  á 
España  &  solicitar  la  adopción  de  las 
mas  enérgicas  medidas  para  la  pro- 
tección de  los  indígenas.  El  Gobierno 
adoptó,  por  fin,  las  ideas  que  había 
eoneebido  para  prevenir  el  «xtermi- 
nio  completo  de  esta  raza,  condena- 
da i  los  más  rudos  trabajos.  Pero  la 
imposibilidad  de  lograr  progreso  al- 
guno en  las  colonias,  si  los  españoles 
se  veían  privados  de  forzar  i  los  in- 
dígenas al  trabajo,  era  nn  Óbice  in- 
superable para  la  ejecución  del  plan 
de  Las  Casas.  A.  fio  de  vencer  este 
obstáculo,  propuso  comprar  en  los  es- 
tablecimientos portugueses  de  la  cos- 
ta de  Aftica  un  número  suficiente  de 
negros  j  transportarlos  &  América, 
donde  se  emplearían,  como  esclavos, 
en  el  trabajo  de  explotación  de  las 
minas  y  en  el  cultivo  del  suelo.  El 
venerable  padre  Gregoire  ha  tratado 
ds  rebatir  este  hecho  en  una  momo- 
ría  titulada:  Apolo^ia  ¿0  Las  Casa?. 
En  ella  pretende  que  los  españoles 
compraban  esclavos  negros  á  Portu- 

fal  mucho  tiempo  antes  del  descu- 
rimiento  del  mievo  Mundo,  7  que 
los  llevaron  consigo  desde  el  princi- 

fiio  de  su  establecimiento  en  Santo 
)omíngo.  Pero  una  memoria  de  Las 
Casas  dirigida  al  virrepr  de  lai  Indias 
é  inserta  en  la  colección  manuscrita 
do  Muñoz,  prueba  que,  el  jprimero, 
obtuvo  una  orden  real  autorizando  el 
transporte  de  negros  á  América,  aujo 
transpon  no  había  tenido  lugar  hasta 
allí  sino  como  comercia  da  contra- 
bando. Viendo  que,  á  pesar  da  todos 
sus  esfúarzos,  los  indios  continuaban 
siendo  tratados  con  la  mis  cruel  bar- 
barie, j  desesperando  de  ver  dulcifi- 
cada Stt  suerte  en  los  establecimien- 
tos formados  por  los  españoles,  Las 
Casas  solicitó  del  Gobierno  la  conce* 
sión  del  territorio  que  se  extiende  á 
lo  largo  de  la  costa,  desde  el  golfo  de 
Paria  hasta  la  frontera  occidental  de 
esta  provincia,  hov  conocida  bajo  el 
nombre  de  Santa  Marta.  Propuso  for- 
mar allí  una  colonia  compuesta  de 


LASC 

cultivadores,  artesanos  j  eclesiísti- 
cos,  esperando  civilizar  en  el  espacio 
de  dos  años  10.000  indios  S  ins- 
truirlos en  las  artes  útiles,  para  poder 
sacar  de  su  arte  j  de  su  industria 
15.000  ducados  de  renta  para  la  co- 
rona de  Castilla.  El  Gobierno  español 
aprobó  este  plan,  aunque  restringien- 
do el  territorio  conceudo  i  Las  Ca- 
sas i  300  millas  á  lo  largo  da  la  cos- 
ta de  Cumanát  con  curo  motivo  se 
hizo  i  la  vela  para  America  en  1520. 
Sin  embargo,  su  empresa  ^casó,  y 
la  pena  que  esto  le  produjo,  le  obligó 
¿  refugiarse  en  un  convento  de  domi- 
nicos de  Santo  Domingo,  donde  se 
consagró  á  la  obra  de  las  misiones  t 
dió  comienzo  i  su  ffittoria  general  de 
las  India*.  En  1539,  Las  CÍasab  hizo 
un  nuevo  viaje  &  España,  encargado 
de  una  misión  de  su  orden  j  tamoién 
con  objeto  de  obtener  de  nuevo  ayuda 
j  apo^o  para  los  desgraciados  Indios, 
obteniendo  de  Carlos  V  la  promesa 
de  que,  en  adelante,  los  habitantes  de 
America  serían  tratados  como  súbdi- 
tos  y  no  como  esclavos.  En  1544  se 
embarcó  por  quinta  vez  con  rumbo  k 
América,  donde,  habiéndose  negado  i 
dar  la  comunión  á  los  españoles  que, 
después  de  la  publicación  de  las  nue- 
vas leyes,  seguían  teniendo  reduéidos 
&  la  esclavitud  á  sos  colonos  indíge- 
nas, se  atrajo,  no  sólo  el  odio  de  los 
propietarios,  sino  también  el  de  la 
Iglesia.  Abandonado  de  todos,  volvió 
tres  años  después  á  un  convento  de 
su  orden  en  España,  reapareciendo  an 
la  liza  para  defender  los  derechos  de 
la  humanidad  contra  ol  cronista  Juan 
Ginés  Se^úlveda.  Desde  aquella  épo- 
ca empleo  sus  últimos  días  en  termi- 
nar su  ffittoria  general  de  las  India», 
así  como  otras  obras,  entre  las  cuales 
debemos  citar:  BrevUima  relación  de  la 
deetruccitfn  de  las  Indias  (Sevilla,  1552^. 

Las  Gasas  (Ceistóbal  de).  Lexi- 
cógrafo T  traductor  espafiol,  natural 
de  Sevilla,  qna  murió  en  1576.  Es 
antor  de  una  obra  títulada:  VoeaiuUh 
rio  de  las  das  lenguas  italiana  ¡f  española. 

Las  Gasas  (Gonzalo  ob).  Agró- 
nomo español,  que  vivía  en  Méjico  en 
el  siglo  XVI.  Compuso  varias  obras,  de 
las  cuales  la  mas  conocida  es  una 
que  se  titula:  Tratado  sobre  la  cría  de 
giuanos  de  seda  en  Nueva  Granada. 

Las  Gasas  (Josá  María  Manubl 
AuausTO  DiBUDONNá,  conde  de).  Per- 
sonaje célebre  por  haber  acompañado 
voluntariamente  ¿  Napoleón  durante 
su  cautividad  en  Santa  Elena.  Origi- 
nario, &  lo  que  se  cree,  de  una  fami- 
lia española,  nació  an  1766  én  el  cas- 
tillo de  Las  Casas,  cerca  de  Revel 
(Alto  Garona)  y  murió  en  1842.  In- 
gresó primero  en  la  escuela  militar; 
después,  en  la  de  marina,  y  ya  era 
capitán  de  navio  á  los  23  años,  cuan- 
do emigró,  hizo  en  el  ejército  de  Con- 
dé  la  campaña  de  1792,  tomó  parte 
en  la  expedición  de  Quiberón  y  entró 
en  Francia  después  del  18  Brumario. 
Entonces  fué  cuando  compuso  el  A  tías 
hisíSrico,  cronológico  y  geogríifico,  pu- 
blicado bajo  el  seudónimo  de  Le  Sage, 
en  lH04f  y  que  es  una  colección  de 


LASC 

cuadros  ¿9  historia,  jprOpiM  parfc  M- 
tenerse  en  la  memona,  qua  obtuvlt- 
ron  nu  ruidosoy  merecido  éxito.  Kom< 
brado,  en  1810,  chambelán  de  Napo- 
león, fué  entfargado  de  diversas  mi- 
siones, permaneció  en  Inglaterra, 
mientras  el  emperador  astaM  en  la 
isla  de  Elba,  7  fué  eseogido,  ac«ptan- 
do  una  eferta  suya,  por  NapaleÓD 
cuando  ¿ste  fué  cautivo  i  Santa  Bleas. 
En  el  mes  de  Noviembre  de  1816,  té 
le  sa^ró  del  ilustre  prisionero  y  se  le 
tuvo  trece  mesas  eautívo  en  el  Cabo. 
Cuando  Tolvió  i  Francia,  Nhj^laóa 
había  ddado  da  eiistir.  Bfttoncas  ita* 
blieó  al  Menírial  de  8a»U  Skwa  (Pa- 
rís, 1823),  obra  que  ha  sido  impresa 
despnéa  multitud  de  veces  y  que  es 
en  ^ran  parte  un  diario  da  las  conver- 
saciones de  Napoleón  en  todas  las 
épocas  de  su  historia.  En  1830,  Las 
(Tasas  fué  enviado  &  la  Cámara  de  los 
diputados  por  el  distrito  de  Baiat- 
Denis  (Sena)  y  tomó  asiento  an  loi 
escaños  de  la  oposición. 

Las  Casas  (Manubl  Pons  Diso- 
dohnC,  conde  de).  Hilo  del  anterior, 
qne  nació  an  Yieüx-Ch&tel  (Fineití- 
rre),  en  1800,  y  murió  en  1854.  Fué 
en  Baata  Blana  laeratario  de  Napo- 
león, y  i  su  vuelta  i  Europa,  maltrató 
de  obra  y  da  palabra  i  Hndson-Lowe, 
que  se  negó  a  batirse  con  41,  Dipiitado 
en  1830,  acompañó  en  1840  al  ^tfa- 
eípe  de  Joinville,  encargado  de  coB- 
ducir  i  Francia  loS  restos  del  enlpé- 
rador,  cuyo  viaje  describió  ex  ait* 
obra  publicada  en  1841.  Bn  1802  flté 
nombrado  senador. 

Lascivamente.  Advarbio  d«  tto- 
do.  Con  lascivia. 

Etiuolooía.  lasciva  y  el  sufijo  ad- 
verbial mente:  cataUn,  iascMiUMent; 
francés,  laseivemení;  italiano,  latdH- 
nente;  latín,  lasóivi. 

LasciTÍa.  Femenino.  Propensión  i 
los  deleites  camales.  I  Ántienftdo. 
Apetito  inmoderado  de  alguna  cosa. 

ETiMOLOofA.  Lascima:  latín,  kt1^• 
viH;  italiano,  lascivia;  flrancés,  Idséiei- 
¿«(del  latín  iamMím):  catalina  fw- 
eivia. — «En  su  riguroso  sentido  ii^ 
nifica  el  exceso  en  cualquiera  cosa  de- 
leitosa ó  lozana,  Bs  voz  puramente 
latina.  Lascivia.*  (Acadbwa,  Diccio- 
nario de  i7í$,) — «Por  antonomasia, 
vale  incontinencia  y  propensión  i  1^ 
cosas  venéress.»  (Ideh.) 

Sinonimia.  Lasciviat  imüudieieis, 
sensualidad.  Un  exceso  an  el  A«»«o  ó 
«n  el  goce  de  los  placares  sensaalei 
del  amor,  es  la  idea  comón  de  sstti 
tres  palabras. 

La  impudicicia  es  un  vicio  contra- 
rio  i  la  oistidad,  á  la  moderación,  * 
la  reserva  que  prescriban  las  leyes  de 
la  honestidad  en  los  placeres  sensua- 
les del  amor.  No  contenta  coa  loa  qoe 
la  ofrece  la  naturaleza,  busca  con  ar- 
dor otros  nuevos  y  extraordinariw. 
Esta  es  un  desarreglo  general  de  » 
iraagina(íión,  un  deseo  que  '^¡f" 
ciendo  contínnamente,  quí  wtaam' 
plii-'B  de  muchos  modos  dtfflWftf**/ 
no  puede  nunca  hallarse  sati^eao- 
No  se  dice  más  que  de  loí  homor^,? 
de  las  mujeres,  porque  entre  los-ani- 


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Lase 

m»Ie9,  «1  I^inbr«  os  U  únie«  especie 
que  puede  tna^var  los  límites  que  la 
oatonlu»  It*  sQ^j^Iado  por  1*  wión 
sennuü  de  los  seibos. 

Ijt  Uuátia  es  un«  fuerte  inclint- 
eida  i  los  plaoeres  sensuales  del  amor 
causada  por  la  vÍTaeidad  del  tempera- 
mento,  jr  que.  se  manifiesta  por  los 
i^ÓTÍmíeatos  anteriores.  Ssta  se  dice 
dé  loa  hombres  j  da  los  animales, 
pqrquft  h  motiv$  ana  mifioa  causa  en 
unoa  j  en  otros. 

Ia  tMMW&'4atf  »  upa  ioclinacitSa 
violenta  j  cua  irresistible  de  un  sexo 
lucia  el  otro,  causada  por  la  irrita- 
ción j  d  eretismo  frecuente  de  las 
partes  da  la  generacidn. 

La  imandieiei»  está  9^  la  im«jgpna- 
ú6n;  la'{iiscfvw>  en  la  fermentación  de 
todas  la^  partes  del  cuerpo;  U  tnatut- 
liáad,  én  la  impulsidn  violenta  de  los 
ówaoos  sensuales.  (López  Pelbqbín.) 

Lascivo,  va.  A^jetÍTo.  Lo  <^ue  per- 
tenece k  la  Uftcivia  ó  s.wsu,aUdad,  j 
la  persona  que  tiend  este  vicio.  | 
Frondoso,  lozano. 

Exmotootk..  1 .  El  lat^  lagt^nu.  re- 
presenta laaUcm,  da  ta^t  lazo.  (Da 

MiOUBL  J  MOEA.1^.) 

2.  X<a  anterior  etimolo^a  no  es 
«cwtáble,  atendida  la  siguiente  d«ri- 
v^eida:  nniKrito  Im¡,  jugar,  bromear; 

simétrico  da  iatk  (^^^).  ^ 

S«sr,  Bour,  coger;  latín,  UaiXtnUt 
inguetoii,  alegre,  atrevido,  licencioso; 
ituiano,  lascivo;  firancés,  Aun/;  cata- 
Un,^  la^cin,  ta;  latciviótt  s;  ¿el  Istfn 
íáicSrt^Mf,  en  san  Isidoro.— tLo  que 
aicsde  eii  lo  deleitoa»  6  lozano.  Díce- 
sé  especialmente  de  los  vegetales;  co* 
cao  li^ vid*  la  hiedra,  etc.»  (Aajuuoaa., 
ZKcctosArÍQ  dt  1726,) 

Lascivoso,  aa.  Adjetivo  anticua- 
do.  Lascivo. 

Lascón,  Mweüliao.  Jtfan'ss.  Ae- 
tióix  de  lascar. 

lÁSGonAiO.  Masculino.  Marina. 
Arñadura  g^nde  y  repentina  que  por 
descuido  hace  el  que  lasea. 

EriKOLOoú.  ¿asc'dn. 

Lasdrado,  da.  Adjetíro  anticuado. 
llMquiqoi  i.nf&liz. 

Id^M^^l  Femenino  antienado.  La- 

SITOp* 

Liuer.  ICaseutino.  Nonbn  qa«  da 
Rinio  «J  benjuí. 

SmiOLooU.  Lstfn  UUtr.  fPhüno.) 

Laserado,  da.  Adjetivo.  Que  con- 
tiene bsnjní. 

BTiH(».oaU.  Losar» 

Láserpiclado,  da.  Adjetivo.  Que 
contiene  Taserpicio. 

Laserpicio.  Maseulico.  Botánica. 
Hierba  medicinal,  de  raíz  grande, 
crasa*  llena  de  zumo  oloroso,  qus 
ceba  nd  tallo  asurcado,  nudoso  j  fuu- 
g0M¡  lay  hojas  dispuestas  en  alas  j 
armadas  por  el  envea  de  pelos  ¿spe- 
rOV  las  Rores  de  üJtuBa  de  rosa  en  pa- 
rUole%  j  las  seminas  unidas  de  dos 
Vi  dos  cada  una,  eop  enatro  alas. 

ftruiOLOok.  Zibm^tfan,  planta. de 
S|ia,  Armenili  j  Lidia,  de  la  qu0  se 
Sica  4  licor  llamado  paser,  ata  j  ben- 
M  que  es  medicinal  (Plinio):  cata- 
na, U99irpi€i, 


Lasó 

tiasia.  Femenino.  Botánica*  Géne- 
ro de  musgos  muj  velludos. 

ETmoLoaCA.  Griego  Xivto^  (látiot), 
velluido:  latín,  liier;  francés,  lattr. 

Rfteia.—Lk  labia  corresponde  i  la 
familia  de  las  umbellferai^ 

Lasianto,  ta.  Adjetivo.  BoUnica* 
Que  tiene  flores  velludas. 

BTiuoLoaÍA.  Griego  lísioSt  velludo* 
j  ántkot,  flor:  Xástc^  ^do(. 

LasTocarpo,  pa.  Adjetivo.  Botáni- 
ca. Que  tiene  el  fruto  pelusiento. 

ETiuoLoaÍA.  Griego  tátiot,  velludo, 
j  karpJs,  fruto:  Xíaio^  xapwSc. 

Lasiocéfalo,  la.  Adjetivo.  Botáni- 
ca. Que  tiene  las  flores  dispuestas  en 
capítulos  velludos. 

Etimología.  Griego  U$Íú$,  velludo, 
j  kephaíi,  X¿vioc  xcoaXiJ. 

Lasiógloto.ta.  Á.djetivo.  Botánica. 
Que  produce  legumbres  lanosas. 

ETiuoLoaÍA.  Griego  UsÍoí,  velludo, 
JfflStía,  lengua,  por  semejanza  de  for- 
ma:  Xiirto^  yAuTca, 

Laaiopigo,  ga.  Adjetivo.  Zoología, 
Que  tiene  nalgas  velludas. 

ETUáOLOoÍA.  Griego  láiiost  velludo, 
7  Pjfgi,  nalga:  Xivto;  irJ-p). 

Xasidptero,  ra.  Adjetivo.  Ornito- 
logía* Que  tiene  alas  vellosas. 

BTiicoLOofA.  Griego  látiot,  velludo, 
jr  plerén^  ala. 

Xaaiospermo^  ma.  Adjetivo.  Bo- 
tinica.  Cujo  fruto  es  velloso. 

ETiHOLoaÍA.  Griego  Utiot,  vdludo* 
j  tpérma,  simiente:  Aiviof  «tipfM. 

Lasiostacpiiftdo,  da.  Adjetivo,  ¿tf- 
tánica.  Que  tiene  las  flores  aispuestas 
en  espigas  velludas. 

Etuioloqía.  Griego  litiot,  velludo, 
j  ttáchys,  espiga:  Xíntoq  «ráj^u?. 

Lasipedo,  da.  Adjetivo.  Zoología. 
De  patás  velludas. 

BiiuoLoaÍA.  Griego  látiot»  velludo, 
latífa  pet,  pedtt,  pie;  vo^hlo  ki- 

Lasitud.  Femenino.  Desfalleci- 
miento, cansancio,  falta  de  vigor  y  de 
fuerxas. 

BmiOLoafA.  Lato:  latín,  latitíido; 
italiano,  lastiíkdine;  francés,  lattiíndt; 
catalán  antiguo,  latteta,  lattií*t. 

Lasinro.  ra.  Adjetivo,  Zoología. 
De  cola  velluda. 

EriuoLoaÍA.  Griego  litiot,  velludo, 
j  oúra,  cola:  X¿7io<  o-jpa. 

Laso  de  la  Vega  (Gabbibl  Lobo). 
Poeta  V  literato  espailol,  que  nació  en 
Madrid  en  1559.  Fué  udo  de  los  in- 
genios que  brillaron  en  la  corte  de 
Felipe  II  y  Felipe  III,  de  quienes  re- 
cibió grandes  mercedes  por  sus  obras. 
Üe  éstas,  se  citan  como  más  notables: 
Jomadat  de  lot  dujuet  de  Pattrana  y 
Hnmtrta;  Compendio  de  ffspaíia;  Con- 
det  de  Flandes  y  reyet  de  Stpaña;  Va- 
ronet  tmignet  da  letras;  Origen  de  los 
reyes  de  Éspaña  y  de  Jerusaíen;  Trata- 
do de  Mas  lot  señoret  da  Cattiílaí  Cor- 
t¿t  valtroto,  poema, 

Xiaio,  aa.  Adjetivo.  Cansado,  des- 
Cilleeido,  felto  de  fuerzas.  |  Lo  que 
está  flojo  j  macilento. 

BtiuoLoaÍA.  Latín  lassnt,  síncopa 
de  ¡attSins,  cansado,  flojo,  desfalleci- 
do: italiano,  iatso;  francés,  las,  laise; 
provensal,  tat;  catalán  antiguo*  las» 


LAST  ,339 

laua;  lattiéi,  a;  lasteí,  s,  anpoco  fa- 
tigado. 

Xastar.  Activo.  Suplir  lo  que  otro 
debe  pagar,  con  el  derecho  de  reinte- 
grarse I  Metáfora.  Padecer  por  la  cul- 
pa de  otro. 

ETiuoLoaÍA.  Latto. 

Lástima.  Femenino.  El  efecto  de 
compasión  (^ue  excitan  los  males  de 
otro.  I  El  objeto  que  excita  la  compa- 
sién.  \  Quejido,  lamento,  expresión 
lastimera.  Q  Cualquiera  cosa  que  cau- 
se disgusto  aunque  sea  ligero;  así 
decimos:  tas  lXstiua  que  no  najamos 
venido  mas  tampraaol  |  Das,  haces, 
POVER  lXstiiu..  Frase.  Causar  lXsti- 
icA  6  compasión,  mover  á  ella.  |  ÍjIlo- 

BA8  LÍSTIMAS,  miseria,  POBREZA,  ctC. 

Exagerarlas.  |  Quisn  no  quisba  vxa 

LÍ.STIUAS  NO  VATA  L  LA  OQSRRA.  Re- 
frán que  reprende  á  los  que  se  quejan 
después  deliaber  buseadb  al  daflo  vo- 
luntariamente. 

BTiHOLoaÍA.  Lattimar:  catalán, 
llátíima. 

Sinonimia.  Artícmlo  primero. — Lás- 
tima, COMPASIÓN.  La  lastima  se  aplica 
con  más  propiedad  á  la  sensación  que 
nos  causa  el  mal  que  se  ofrece  á  nues- 
tros sentidos;  j  la  eompatüfnt  al  efecto 
que  causa  en  el  ánimo  la  reflexión  del 
mal,  porque  aquélla  no  explica  por  sí 
sola  más  que  la  sensación  de  la  pena 
ó  el  disgasto  que  causa  el  mal  ajeno; 

Sero  la  eompast  Jn  afiade  á  esta  idea  la 
e  una  cierta  inclinación  del  ánimo 
hacia  lapersona  desgraciada,  eujo  mal 
se  desearía  evitar. 

No  nos  mueve  á  compasión  la  suerte 
de  un  asesino  condenado  á  muerte, 
pero  nos  da  l^tma  el  verle  padecer  en 
el  suplicio. 

Nos  da  lástima  el  ver  morir  á  un 
irracional;  nos  da  compasión  el  triste 
estado  de  una  pobre  viuda.  (Huerta.) 

Articulo  s^undo.-~hÁsriuA,  compa* 
siÓH.  Lástima  es  un  sentimiento  me- 
nos vehemente  j  más  pasajero  que 
compasión.  La  primera  emana  do  la 
impresión  que  nos  causan  los  males 
S|enps¡  la  segunda,  de  ana  disposi- 
ción eonstante,  de  un  afecto  natural, 
de  ana  cualidad  sensible  j  benévola 
del  ánimo.  Así  es  que  de  la  palabra 
lástima  no  se  deriva  un  adjetivo  apli- 
cable al  que  lo  siente,  sino  al  objeto 
que  la  provoca,  j  lo  contrario  sucede 
con  la  palabra  compasión,  de  que  se 
deriva  compasivo.  Son  lastimeros  6  lat- 
timotot  los  infortunios,  las  enfermeda- 
des, el  hambre  j  la  persecución.  Son 
compasivas  las  personas  en  quienes  es- 
tos males  producen  lástima.  (Mora.) 

Lastimado,  da.  Participio  pasivo 
de  lastim<ir. 
ETiuoLOafA.  Catalán  llattmatt^  da. 
Lastinamiento.  Masculino  anti- 
cuado. La  acción  y  ^cto  de  lasti- 
mar. 

Laatimar.  Activo.  Herir  ó  hacer 
daño.  Se  usa  también  como  recíproco. 
-  U  Mover  á  lástima  ó  compasiún.  \ 
Compadecer.  Q  Agraviar,  ofender  en 
la  estimación  ú  honra.  ¡  Recíproco. 
Dolerse  del  mal  de  otro.  |  Quejarse, 
dar  muestras  de  dolor  v  sentimiento. 

BnMOLoaÍA.  Bajo  latín  ficticio  Im^ 


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áíO  LAtA 


LAtE 


LAtÉ 


tiniStf,  freeaentatÍTO  del  Utfn  tmÜrtt 
dafiar:  catalán,  Uattimar. 

Lastimeramente.  Adrerbio  mo- 
dal. !>e  an  modo  lastimero. 

RnÍKn^fA.  iMtHmera  y  el  tafijo 
adTerbial  mente. 

Lastimero,  ra.  Adjetivo.  Aplícase 
&  Ufl  quejas,  gemidos,  láeTimas  j 
otras  demostraciones  de  dolor  que 
mueven  i  lástima  j  compasión. 

Lastimosamente.  Adverbio  mo- 
dal. De  un  modo  lastimoso. 

Etiuología.  Lastinota  j  el  sufijo 
adverbial  mente:  catalán,  lloitimosa- 
nent, 

Ijastimosisimo,  ma.  Adjetivo  su- 
perlativo  de  lastimoso. 

Lastimoso,  sa.  Adjetivo.  Lo  que 
mueve  i  eompasión  ;  lástima. 

BfDiOLOoía.  ZáiHwut:  eatalin,  llat^ 
timátt  a. 

Lasto.  Masculino.  Bl  recibo  d  car- 
ta de  pago  que  se  da  al  que  lasta  6 
paga  por  otro,  para  que  pueda  cobrar* 
se  de  él. 

Lastra.  Femenino.  Lancba  6  pie- 
dra chata  j  extendida. 
EtiuoloqU.  Zttitrar. 
Lastrador.  Masculino.  Dislas- 

TftADOB. 

Lastrar.  Activo.  Marina.  Poner  el 
lastre  á  la  embarcación.  |  Metáfora. 
Afirmar  alguna  cosa  cargándola  de 
peso.  Se  usa  también  como  recíproco. 

ETiuotoaÍA.  Zaitre:  catalán,  le$tar. 
El  verbo  catalán  no  viene  de  lastre 
(llatirejt  sino  del  antiguo  lett,  a,  lis- 
to, a.  Lettar  significa  aprontar,  dejar 
listo,  aviado. 

Lastre.  Masculino.  Piedra  tosca, 
ancha  y  de  poco  grueso  que  está  en  la 
superficie  de  la  cantera,  la  cual  no  es 
á  propósito  para  labrarse,  j  sólo  sirve 
para  las  obras  de  mampostería.  \  La 
piedra,  arena  ú  otra  cosa  de  peso  que 
se  pone  en  el  fondo  de  la  embarcación, 
á  fin  de  que  ésta  entre  en  el  agua  has- 
tadonde  convenga.  |  Metáfora.  Juicio, 
peso,  madurez;  j  así  se  dice:  no  tiene 
LA8TBB  aquella  cabeza. 

Etiuología.  1.  Latín  ¿¿(pü,  piedra. 

(Ménaqb,  COVAHBUaUS.) 

2.  Italiano  hutra^  caverna.  (Od- 

TBT.) 

3.  Estas  etimologías  no  merecen 
atenuión  alguna,  según  resulta  de  la 
siguiente 

Z^frípootAi.— Alemán  Jmí,  peso: 
catalán,  llaitre;  portugués,  lasto,  las- 
tro; italiano,  tasto;  francés,  lest,  last, 
iaste,  término  de  comercio  marítimo, 
usado  particularmente  en  Holanda,  el 
cual  significa  dos  toneladas  de  mar,  6 
sea  2.000  kilogramos. 

Lastrear.  Activo  anticuado.  Las- 
trar. 

Lastro.  Masculino  anticuado.  Tra- 
bajo, pena. 

Lastrón.  Masculino  aumentativo 
de  lastre,  por  piedra  tosca  y  ancha. 

Lasún.  Masculino.  Pez.  Locha.  ^ 

Lata.  Femenino.  Cada  uno  de  los 
palos  largos  y  sin  pulir  conforme  se 
cortan  de  los  árboles,  que  sirven  para 
formar  techumbres,  cubiertas  de  las 
embarcaciones  j  otras  cosas.  ||  Hoja 
OB  LATA.  Suele  darse  este  nombre  al 


bote  hecho  de  hoja  de  lata,  con  su 
contenido  6  sin  él;  y  así  se  dice:  una 
LATA  de  tabaco,  de  salmón,  de  pi- 
mientos. 

BtiuolooÍa.  Provenzal  lata:  tran- 
ces del  siglo  ut,  late;  moderno,  taíle; 
italiano,  £i//a,  del  alemán  LatU;  in- 

?;lés,  lathf  en  relación  con  el  céltico 
lath,  varilla. 

Latamente.  Adverbio  de  modo. 
Con  extensión,  larga,  difusamente.  1 
Por  extensión,  en  sentido  lato. 

ETOiOLoofA.  Lata  y  el  sufijo  adver- 
bial mente:  latín,  lüü. 

Lataneo.  Adverbio  de  modo  anti- 
cuado. A  SURCO. 

Latanero.  Masculino.  Botánica. 
Especie  de  palmera  de  Madagascar  j 
de  las  islas  de  Borbós  y  de  Francia. 
Las  hojas  tienen  la  figura  de  un  aba- 
nico y  se  elevan  mneno. 

ETiuoLoofA.  Genero  lalama:  fran- 
cés, lataHÍer. 

Latano.  Masculino.  Nuevo  metal 
hallado  en  el  óxido  de  cerío. 

Latas.  Femenino  plural.  Afarina, 
Las  vigas  de  las  cubiertas  superiores. 
(  Vocabulario  marítimo  de  Sevilla, ) 

Latastro.  Masculino.  ArqMtetínra, 
Plinto. 

Lataz.  Masculino.  Cuadrúpedo  in- 
dígena de  América  y  Asía.  Es  de  unos 
tres  piés  de  largo,  de  color  pardo  os- 
curo, con  las  piernas  mujr  cortas  y 
ios  dedos  unidos  eon  una  membrana: 
tiene  toda  la  cara  y  orejas  cubiertas 
de  cerdas  largas  y  erizadas;  nada  con 
más  agilidad  que  anda,  y  vive  siem- 
pre junto  al  agua. 

LatebricoU.  Sustantivo  y  adjeti- 
vo. El  que  vive  oculto  ó  retirado. 

ETiuoLoaÍA,  Latín  lUtehra,  escon- 
drijo, y  col  're,  habitar, 

Latebrosis.  Femenino.  Oculta- 
ción. 

BTUioLoafA.  Latebroso. 

Latebroso,  sa.  Adjetivo.  Lo  que 
se  oculta  y  esconde,  j  no  se  deja  co- 
nocer. 

ETiuOLoaÍA.  Latín  Utebrosus;  de 
Idtebra,  escondrijo,  forma  de  latiré, 
estar  oculto. 

Latente.  Adjetivo.  Lo  que  está 
oculto  y  escondido.  |  Calob  utsmtb. 
Teenieitmo,  El  calor  q  ue  no  causa  va- 
riación alguna  en  el  termómetro.  | 
Enfbsmbdab  latbnti.  Medicina.  En- 
fermedad cuyo  diagnóstico  no  puede 
formularse  con  seguridad,  á  causa  de 
que  no  presenta  síntomas  distintos  ;y 
caracterizados,  y  Vicios  latentes.  Ve- 
terinaria. Ciertas  enfermedades  de  los 
caballos,  susceptibles  de  estar  ocultas 
durante  mucho  tiempo,  tales  como  el 
huérfago  ó  aima,  el  muermo  y  el  bor- 
borigmo. 

ETiuoLoofA.  Griego  XaOtív,  XavMvctv 
{laíhein,  lantAdnein):  latín,  ISith'e,  es- 
tar oculto;  Utens,  entis,  latente;  ita- 
liano, latente;  francés,  latent. 

Lateral.  Adjetivo.  Lo  que  perte- 
nece ó  está  al  lado  de  otra  cosa.  |  Fo- 
rense, Lo  que  no  viene  por  línea  recta; 
como  sucesión  latbral,  línea  latb- 
BAL.  I  Pabtb  lateral.  Botánica.  Par- 
te que  está  situada  sobre  el  costado 
I  de  otra,  como  la  antera  lateral,  los 


cotiledones  latbbalbs.  |  Insecto  u* 
TBRAL.  Sntonulogié.  Insecto  eayocot'  : 
selete  le  diforeneia  de  las  otras  partai 
del  cuerpo  por  un  color  particular,  \ 
Mí  TODO  LATBBAL.  Cirwia  antigua.  Cis> 
totomta  perineal  practicada  en  los  cos- 
tados déla  línea  media. 

BriuoLOofA.  Catalán  Uterah  bia- 
cés,  lateral;  italiano,  laterale;  del  la- 
tín Uí'rSlis;  de  Idter,  VUeris,  costado. 

Lateralmente.  Adverbio  de  modo. 
De  lado. 

EnuoLoaÍA.  Lateral  y  el  sufiío  ad- 
verbial mente:  francés,  latértíment; 
italiano,  lateralmente, 

Lateramineo,  nea.  Adjetivo.  Qus 
parece  estar  hecho  de  ladrillo. 

Btiuolooía.  Latín  Uter,  l&tkis,  el 
ladrillo,  y  mínereas,  hacer  comba, 

Lateranense.  Adjetivo.  Lo  perte- 
neciente al  templo  de  San  Joan  de 
Letrán;  como  concilio  LATsaAmm, 
padres  LATBBANBNnts. 

BmioLoefa.  Bajo  latín  Utemiiuis, 
IdíeraniUt  laterano:  ettalin,  laten~ 
nense. 

Laterano,  na.  Ac^etivo  sntiniada. 
Latbranbnsb. 

BTmoLOOÍA.  Zateranos, 

Lateranos.  Masculino  plural.  Fa- 
milia may  noble  de  la  antigua  Ronu, 
la  cual  tuvo  su  casa  en  el  monte  Ce- 
lio. (JUVENAL.) 

BriuoLoaÍA.  Latín  Uterani;  de 
ter,  lattrist  ladrillo,  porque  de  ladrillo 
era  la  casa  de  dicha  familia  en  el  mís* 
mo  paraje  que  hov  ocupa  San  Jun 
de  Letran,  de  donde  viene  á  este  tem- 
plo su  nombre. 

Lateraría.  Femenino.  Arte  dsfi- 
brícar  ladrillo. 

EtuiolooÍa.  Laíerario:  latín,  U&- 
rSria,  el.  sitio  en  donde  se  fabrican 
los  ladrillos. 

Laterario,  ria.  Adjetivo.  Pareci- 
do al  ladrillo,  ó  hecho  con  él. 

Etiuolcoía.  Lateraius:  latín,  HUI- 
rarlus,  lo  perteneciente  al  ladrillo  j 
el  que  lo  fabrica. 

Laterculano.  Masculino.  Áníigit- 
dades.  Oficial  encargado  de  llevar  j 
conservar  el  latérculo. 

ETniOLOOU.  Latércnlo:  latín,  Viter- 
c&tenses,  los  que  jguardal»n  los  Ubns  | 
de  asiento  y  registros  de  los  empleos.  ¡ 

Latéromo.  Masculino.  Ánti09iit- 
des.  Registro  donde  se  apuntaban  1» 
dignidades  civiles  y  militares  del  im- 
perio de  Constaotínopla. 

Etucolcoía.  Latín  laterculnm;  de- 
rivado de  ldter,lal"ris,  ladrillo,  ciy* 
forma  tenía  el  registro  meociocado. 
Propiamente  hablando,  l&terdiltín  os 
forma  simétrica  de  laterculus,  \iAt^- 
llejo,  diminutivo  de  láíer,  ladrillo. 

Laterifloro,  ra.  Adjetivo.  Jotíw- 
ca.  De  flores  laterales. 

EtiholooÍa.  Lateral  yp». 

Laterífoliado,  da.  Adjetivo.  BsW 
nica.  Epíteto  de  las  plantas  cuju  no- 
jas  están  situadas  lateralmente. 

BriuoLOaÍA.  Lateral  y  ti  latín 
lUUmi  de  fSltim,  bojs. 

Lateri^ado,  da.  Adjetivo.  Zwf 
gla.  Que  tiene  la  propiedad  de  aídsr 
de  lado. 

BTXiiOLoaÍA.  Latín  Utn^jlathls,^ 

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LAtl 

táiOf  T  friii,  etmimr.  firancéii  Uti~ 
rígnuit. 

Laterínervado,  da.  ¿.djetivo.  ¿o* 
íiatat,  Bpfteto  de  las  hojas  cujas  ner- 
ndoras  partan  del  centro  i  la  panta. 

BnuoLOOÍA..  Latín  Idtut,  laíéru,  coa- 
tado, y  nenio:  ^ncés»  Uíerinervé, 

Laterino,  na.  Adjetiro.  Que  pai- 
tieipa  de  la  naturaleza  del  ladrillo. 

niiKX.ooÍA.  Laltranot. 

Laterita.  Femenino.  Chologia.  Ro- 
a  jaspeada,  semejante  al  ladrillo, 
compuesta  de  una  roca  trapeua  ;  de 
óxido  de  hierro. 

BnicoLooÍA..  Latín  l&Ur,  ladrillo: 
francés,  latériU. 

Latesco.  Adjetivo.  Sutoria  natu- 
ral. Que  tiende  á  dilatarle. 

Btxuolooía.  Lato, 

Látex.  Masculino.  Botánica.  Jugo 
propio  de  muchos  Tceetales,  el  cual 
eirenla  en  un  orden  de  rasos  parti- 
eolar»,  denominados  wun  tactici/e- 
roí. 

fimiOLoeU*  Latín  iHieg,  licor:  fran^ 
eés,  ¡atea, 

Latibnlo.  Miaaculino.  Medicina  tin- 
(ifts.  Nombra  con  que  aa  designaba 
úíoto  da  humor  febril  que  producía 
lu  aecasoa. 

Btuioloqía.  Latín  UtíibUum,  lugar 
oeolto,  escondrijo,  forma  simétrica  de 
liare,  estar  en  panye  sag^nro:  itali»- 
Do,  ktlbuh. 

Lática.  Femenino.  Medidna.  Epí- 
teto de  una.  fiebre  remitente  j  eotidiar 
u,  COJOS  Bceesos  ion  largoa  j  poco 
nuaifiestos. 

BnuoLoaía.  Oxlego  IMt  (UtAOnJ, 
eitar  oculto. 

Lftticande.  A4jrtÍT0.  Zockgia,  Da 
«Alarga. 

BniioLoaí^  Latín  Wm,  lato,  7 
castfs,  cola. 

Laticífero,  ra.  AdietiTO.  Botánica, 
Vasos  laticíferos.  Orden  de  vasos, 
de  tubos  simples  6  ramificados,  que 
contienen  el  látex. 

BnuoLoaÍA.  Latín  Idtes,  licor,  j 
ftrre,  llevar:  francés,  latidfire. 

Laticlavia.  Femenino.  Especie  de 
tónica  que  usaban  los  romanos,  como 
signo  de  dignidad. 

BnuoLoofA.  Latín  Uticlavia:  cata- 
lán, ¡atieUvia;  francés,  laHelave. 

Se$eña  kist<friea.'—l.  La  laticlavia 
era  ropa  de  senador,  guarneeida  de 
aaa  tira  sobrepuesta  con  oiertos  nu- 
dos 6  botones  de  púrpura. 

2.  La  tira  sobrepuesta  es  lo  que  se 
llamaba  ¡ata,  ancha,  extensa,  j  el 
botón  y  nudo  de  púrpura  es  lo  que  se 
llamara  clSvue,  clavo.  Por  consiguien- 
te, clavut  significaba  entre  los  anti- 

Íuoi  romanos  el  botdn  de  púrpura  ó 
B  oro  que  llevaban  en  una  banda  los 
noadores  y  personaje!  en  sefial  de  su 
dignidad. 

\  Esto  explica  el  hecho  de  que  da- 
n»  signifique  en  Plinio  el  empleo  j 
U  dignidad  de  senador. 

4.  Entre  la  ropa  de  los  senadores  j 
caballeros  había  una  marcada  diferen- 
ót:  latut  eiavus  era  el  tnue  de  los  se- 
D*dores:  lattu  anguitu,  al  de  los  ca- 
baílelos.  ^ 
Latícome.  AdjetÍTo.  Zoología.  Que 


LATI 

tíena  aitekaa  lof  cuernos  6  lai  ante- 
nas. 

Etimoloqía.  Zafe  j  cuerno, 
Laticostado,  da.  Adjetivo.  Con- 
fmiliologia.  Epíteto  de  una  concha 
cuja  superficie  se  extiende  de  anchos 
costados. 

BTiitOLOOÍA*  Latín  Mdu,  Uto,j 
eottá,  costilla:  francés,  latieoiíé, 

Latidentado,  da.  Adjetivo.  Zoú^ 
logia.  De  dientes  grandes. 
ETiuOLOaÍA.  Lato  j  dentado. 
Latido.  Masculino.  El  movimiento 
alternativo  de  contracción  j  dilata- 
ciÚa  del  corazón  j  las  arterias.  Dase 
también  este  nombre  al  golpe  produ- 
cido por  aquel  movimiento  en  el  mis- 
mo corazón  y  á  los  que  se  sienten  en 
las  arterías  de  las  partes  del  cuerpo 
muj  ínfiamadas.  |  El  ladrido  inte- 
rrumpido que  forma  el  perro  de  caza, 
cuando  la  ve  6  la  sigue.  También 
suele  llamarse  así  el  quejido  triste 

2ue  forma  este  animal,  cuando  siente 
Igún  dolor.  |  Mttáfora,  La  palpita- 
ción figurada  de  gnndes  afectos,  de 
grandes  estímulos,  de  ^^ndes  pasio- 
nes, como  cuando  se  dice:  <bl  latido 
de  ú  conciencia;>  es  decir,  el  remor- 
dimiento; <Ia  primera  idea  es  el  pri- 
mer LATIDO  del  alma;»  «la  esperanza, 
que  resucita  el  porvernir,  parece  ser 
un  LATIDO  de  lo  fiituro;»  «el  llanto  es 
el  primer  latido  de  la  vida.» 
ETiMOLoafA.  Latir. 
Latiente.  Participio  activo  de  la- 
tir. Lo  que  late. 
Latiflor.  Latíploro. 
Latifloro,  ra.  A^jstiTo.  BoUmea» 
De  flores  anchas. 

ETiuoLoaÍA.  Latín  Uiut,  lato,  j 
JloitJÍSriSt  flor, 

Latifoliado,  ám.  Adjetivo.  Sotáni- 
M.  De  hojas  anchas. 

EtdiolooÍa.  Latín  Ultu»,  lato,  j  fS- 
liatut,  de  fdltum,  hoja. 
Latifolio,  lia.  Adjetivo.  Latifo- 

LUDO. 

Latigadera.  Femenino.  Provincial 
Andalucía.  La  soga  ó  correa  con  que 
se  sujeta  el  jugo  contra  el  pértigo  de 
la  carreta. 

Etiuoloqía.  Litigo, 

Latigazo.  Masculino.  El  golpe  que 
se  da  con  látigo,  espada  de  plano  6 
cosa  semejante.  |  £1  chasquido  del  lá- 
tigo. I  Met&fora.  El  daño  impensado 
que  so  haeo  ¿  otro,  d  la  reprensión 
áspera  j  no  esperada;  j  así  se  dice: 
no  la  ha  venido  mal  latigazo. 

Látigo.  Masculino.  EL  azote  de 
cuero  ó  cuerda  con  que  se  castiga  j 
aviva  á  los  caballos  j  otras  bestias,  f 
El  cordel  que  sirve  para  afianzar  al 

Seso  lo  que  se  quiere  pesar.  \  La  cuer- 
a  con  que  se  asegura  j  aprieta  la 
cincha.  Q  Anticuado.  Pluma  que  se 
ponía  para  adorno  sobre  el  ala  del 
sombrero  j  lo  rodeaba  casi  todo. 
Btucolooía.  Latir:  catalán,  Utigo. 
Latiguear.  Neutro.  Dardusqui- 
dos  con  el  látigo. 

Latiguera.  Femenino.  Linoo, 
por  cuerda  con  que  se  asegura  j  aprie- 
ta la  cincha. 

Latiguero.  Maseulino*  Bl  qna  ha- 
ce látigos  ó  los  rende. 


LATI 


^  LatígHÍll*,  to.  Iftaeolíno  diminu- 
tivo de  litiga. 
Latilabro,  bra.  AdjetÍTO.  Zotio- 

gia.  De  labio  muj  ancho. 

ETiuoLOofA.  Latín  ¿á(w,  lato,  j  ¡a- 
^m,  labio:  francés,  latitaire. 

Latimano,  na.  Adjetivo.  ZooUfU. 
De  manos  anchas. 

BnuoLOofA.  Lato  j  mam». 

Latín.  Masculino.  La  lengua  lati- 
na. I  Palabra  6  cláusula  latina  que  se 
intercala  en  algún  escrito  ó  discurso 
en  romance.  I  Coobb  k  uno  bn  mal 
LATÍN.  Frase  mmiliar.  Coger  á  algu- 
no en  alguna  falta,  culpa  6  delito. 

ETiHOLoaÍA.  Latino:  catalán,  lltíi; 
francés,  latin;  italiano,  latino. 

Retoña  hietórica, — 1.  Latín  antigno. 
El  latín  anterior  al  latín  clásico. 

2.  Latín  cláñco  6  alto  latüi.  La 
lengua  hablada  j  escrita  por  los  au- 
tores de  la  edad  de  oro,  que  compren- 
de, en  tesis  general,  desde  el  poeta 
Enio  hasta  la  época  de  Augusto. 

3.  Bajo  LATUf  ¡  el  latín  hablado  j 
escrito  aaspués  da  la  eaída  del  impe- 
rio de  Oeoidente,  que  se  divide  ea  an- 
terior j  posterior  o  bárbaro. 

4.  Baio  latín  anterior;  el  hajo  la- 
tín hablado  j  escrito  desde  la  época 
de  Augusto  hasta  la  época  de  san  Je- 
rónimo, de  san  Agustín,  de  Orosto  j 
de  Vegecio;  ó  sea  hasta  el  siglo  iv, 
en  eujo  tiempo  tenía  aún  la  realidad 
de  una  lengua  viva;  aunque  apartada 
de  sus  grandes  modelos  j  caída  de  su 
portentosa  fortuna. 

5.  Bajo  LATÜf  jmíérior  6  hirhwro; 
el  latín  que  sobrenvid  £  la  inunda- 
ción de  los  germanos,  mezcla  confusa 
de  latinidad,  de  godo  jde  céltico, 
corrupción  de  una  palabn  muerta,  ol- 
vido del  pasado,  tinieblas  profundas 
de  una  noche  qua  duró  ocho  siglos; 
hasta  las  Partidas.  Bste  idioma,  sin 
escuela  ni  pueblo,  sin  lengua  ni  alma, 
vino  i  ser  una  especie  de  repertorio 
adonde  acudían  los  escribanos  y  los 
frailes,  para  dar  cierta  forma  latina  i 
los  vocablos  de  la  lengua  vulgar,  con 
cujo  expediente  alcanzaban  á  poca 
costa  la  fama  de  sabios. 

Latinado,  da.  Adjetivo  anticuado. 
Que  entiende  el  latín. 

Latinajo.  Masculino  fiimiliar.  Bl 
latín  malo  j  macarrónico.  I  Plural. 
Se  llama  así  el  uso  excesivo  e  inopor- 
tuno de  textos  latinos. 

ETUiOLOaÍA.  Latín  j  el  sufijo  des- 
pectivo ajo,  como  en  tombrajo,  espan- 
tajOf  ettropajo. 

Latinamente.  Adverbio  de  modo. 
Bl  latía  propio  j  castizo. 

EmiOLOOlA.  Latina  v  el  sufijo  ad- 
verbial mente:  latín,  Idíini;  italiano, 
latinamente;  catalán,  llatinamenl. 

Latinar.  Neutro  anticuado.  Ha- 
blar ó  escribir  en  latín. 

Etiuolooía.  Latin:  latín,  UUinSro; 
italiano,  latinare. 

Latinear.  Neutro.  Latinar.  |  In- 
terpolar con  frecuencia  latinas  en  la 
conversación  ó  en  los  escritos. 

Latinico,  lio,  to.  líascnUno  dimi- 
nutivo de  latín. 

Latinidad.  Femenino.  La  lengua 
latina. 


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M2  LATI 

.EtiuoíA^tk,  Záiin»:  latín,  Ua»iUs; 
itiliáaó,  íatiniti;  frano^,  íaHniU;  ca- 
talán, llatinitat. 

üatiníparU.  Fameoino.  Lenguaje 
de  lof  que  afectan  mezclar  vocef  lati- 
nas, aunque  espafkolizadat,  hablando 
6  eicribiendo  en  castellano. — La  toz 
d^l  artículo  es  el  título  de  una  obra 
d«  Qneredo,  titulada  £•  Oulli-lMti- 
«MwrAi.- 

Xatinismp.  Hasculíno.  Construo- 
dte,  modo  de  hablar  propio  j  priva- 
tíTO  de  la  lengua  latina. 

BnifOU>ofa.  Latín:  catalán,  llati- 
níiwuj  franeéa,  tatinime;  italiano,  U- 
tinitmo. 

Latinista.  Uasealino.  Bl  qne  sabe 
6  profesa  latín. 

Bmioi^U.  Laiiuimoi  italiano,  ¿o- 
íinitía;  francés,  'liutnisíe, 

LatinÍMcIte.  femenino.  Aeei6n 
de  latíaizar. 

SmcoLOOÍa.  Zatínimr:  italiano,  2a- 

LatiniMnte.,  Paitíoipio  activo  de 
latinizar.  Que  latíniza. 

lÁiiñisar.  AátíVo.  Dsir  la  terminap 
ctda  6  iñdeiión  Utina  £  las  palabras 
de  otra  lengua.  |  Latinba.k,  segunda 
acepción. 

BnuoLOoU.  iMtín:  \%%ía,láíimitííre; 
italiano,  laíinittare;  francés,  tslwiW; 
catalán,  Ilaíiniiair. 

Latino.  Masculino.  Revdeloi  abo- 
rígenes j  laurentes,  padre  de  La- 
vinia,  la  cual  má  eon  Bneas.  (Jus- 

TIHO.) 

Btiuolooía.  Latino,  na. 

Latino  pUAN).  Poeta  negro  que 
viria  én  Bspaña,  su  patria  adoptÍYa, 
en  la  ssganda  mitad  del  siglo  xvi. 
N'aeido  ea^  Btíopía  por  los  aflos  de 
1515,  sa  eras  qn«  viniera  i  Bspaña  en 
calidtMl  de  esclavo,  j  toó  educado  en 
casa  de  Oonzalo  de  Córdoba,  nieto  del 
Gran  Capitán.  Dedicado  al  estadio, 
por  ios  amoi^  sus  adelantos  filaron 
tales,  que  don  Psjifo  Gneirero,  arzo- 
liispo  de  Granada,  le  confirió  una  c£- 
te<uk  de  su  iglesia  por  considezarle 
el  mtjpr  latino  de  au  tíempo.  Su  ta- 
lento j- prendas  personales  le  gran- 
jearon tan  univeraal  eatímactón,  qne 
■  una  joven  de  familia  noble,  llamada 
doña  Ana  Carloval,  le  áiá  su  mano, 
á  pesar  de  sa  origen,  manifestándole 
siempre,  mucho  cariño  j  elevando 
á  su  muerte,  ocurrida  en  Granada 
en  1573,  un  monumento  á  su  memo- 
ria en,  la  ig^esj^a  de  Santa  Ana,  donde 
lu^fo  fuá  sepultada  con  ¿1.  Sus  obras 
más  notables  son:  La  Áiutríada,  poe- 
ma an  loor  de  la  batalla  de  Lepanto; 
otro  poema,  titulado:  De  rebu»  Pu 
QainfU  j  una.  colección  de  epitafios  ; 
epigramas  en  elegantes  j  sonoros  ver- 
sos latinos. 

Latino,  na.  Adjetivo,  BI  natural 
del  Lacio  j  lo  pertenAcientA  á  él.  Se 
asa  también  como  susiantivo.  i  Mas- 
culino ;^  femenino.  £1  que  sabe  la  len- 
gua latina.  Se  usa.  comunmente  como 
sustantivo  en  ambas  temioaciones.  9 
Lo  que  pertenece  á  la  lengua  latina  ó 
es  brepio  de  ella,  Q  lousu.  latina.  La 
Iglesia  del  Occidente  en  contnposi- 
oóo  d»  la.  gÁef^t  j  también  lo  que 


Latí 

pertenece  á  ella;  j  así  se  dice:  tos  pa- 
dres da  la  Iglesia  latina.  |  Rito  la- 
tino. El  rito  de  la  Iglesia  romana.  | 
PuHSLOs  LATINO^.  Pucblos  ds  Occiden- 
te. B  BUPBSADOBSS  LATINOS.  BpítetO 

da  los  emperadores  franceses  que  rei- 
naron en  Constantinopla  desde  1204 
hasta  1261.  |  Masculino  plural.  Los 
LATIMOS.  Los  eatólioos  de  la  Iglesia 
LATiHA,  para  diferenciarios  de  losoris- 
tianos  ds  la  Iglesia  gfieg^*  I  Oaso 
LATINO.  QramáUca  yMmii.Bl  ablati- 
vo, aludiendo  á  que  es  un  caso  pro- 

{>io  del  latín,  puesto  que  el  griego  no 
o  tiene.  §  Buque  latino.  Marina,  Bu- 
que armado  de  velas  triangulares.  Q 
Fbrias  LATINAS.  AiU^üedodet  roma- 
na$.  Fiestas  instituidas  por  Tarquino 
el  Soberiño,  para  agrupar  jr  reunir  á 
todos  los  pueblos  del  Lacio.  (Tito  Li- 
VIO.)  I  Vía  latina.  La  que  conducía 
de  EÍoma  á  Casilino.  (CionnÓN.)  Q  Db- 
KBCHO  LATINO.  Prívílegíos  Ó  inmuni- 
dades que  Roma  otorgaba  á  las  po- 
blacionaa  del  Lacio. 

BtwolooÍa.  Latín  UfflMh  los  natu- 
rUes  j  habitantes  del  Lacio:  catalán, 
Uatino,  a;  ^ncáa,  iatín,  íatuut  italia- 
no, ¡atino,  a. — «Bl  que  wa  natural 
ó  gozaba  los  privil^os  j  exencio- 
nes de  la  Provincia  de  L<uio,  en  Ita- 
lia.» (Academia,  Diccionario  da  1726.) 
I  <Vbla  latina.  Una  vela  triangu- 
lar de  que  usan  las  galeras,  Saetías, 
Ber^ntines,  Tartanas  y  otras  embar- 
caciones que  navegan  en  al  Medite- 
rráneo, j  con  menos  viento  hacen  más 
camino  que  las  velas  redondas.  Viran 
sobre  el  árbol  en  que  suelen  peligrar, 
si  el  viento  es  grande.  Pudo  llamarse 
así  por  haberlas  inventado  j  usado 
los  latinos.»  (Idbu.) 

Latinoso,  mu  Adjetívo  familiar. 
Pertenecíenú  á  la  lengna  latina. 

Latípedo,  da.  Adjetivo.  Zoohffía. 
De  pies  anchos. 

ErniOLoafA.  Latín  ¡itiu,  lato,  jjWi 
pedit,  pie. 

Latir.  Neutro.  Dar  latidos,  ó  eje- 
cutar el  corazón  j  arterias  sus  movi- 
mientos naturales  de  contracción  y 
dilatación.  Q  Formar  el  perro  cierto 
género  de  ladrido  cuando  ve  ó  va  si- 
guiendo la  caza.  Provincial.  Ladrar. 
Btuioloqía..  Onomaíojtej/a. 
Látiro.  Masculino.  Botánietu  ka,- 
VEJA  BiLvxsfBa.  Género  ¡otMym,  de 
Linnao,  qne  comprende:  latkteusai- 

tivut;  LATHTRUS  Istf/s/tW,'  LATHTBUS 

odoraíut;  LATHTaus  tuberotnt;  lathy- 
Bus  eieera;  latbtrus  *il«»lri$;  lathy- 
BUS  apkaca, 

BriHOLOofA.  Griego  XiOupo^  (Utky- 
rotj,  guisante:  francés,  latiere. 

Latirroatro,  tra.  Adjetivo.  Omi- 
iolMÍa.  De  pico  ancho. 

¿TiuoLoofA.  Latín  laíu$,  lato,  y 
rottrum,  pico. 

Latitimamente.  Adverbio  de  mo- 
do superlativo  da  latamente. 

Latísimo,  ma.  Adjetivo  superlati- 
vo de  lato. 

Latitante.  Participio  activo  dela- 
titar.  Lo  que  está  oQuLto.yesooadido. 

BtiuolooÍa.  Latín  Idíúans,  UCitan- 
tis,  participio  de  presente  de  lalitare, 
escopdvs^  i.  menudo;  frocuentativo 


Lato 

de  latiré,  ocultarse:  catalán,  UUtant. 

Latítar.  Neutro  anticuado.  'Bt- 
conderae,  ocultarse,  andar  escondido. 

BtiuolooÍa.  ¿afitoiite.— «Andar  es- 
condido ó  escondiéndose.  Es  mnv  osa- 
do en  lo  forense.»  {AoaPUiA,  Dkaih 
ñuño  da  mé.) 

Latitud.  FomMiino.  La  anchara 
de  alguna  eosa.  y  Toda  la  extensión 
de  nn  reino,  pcormeia  6  diatrito,  tan- 
to en  ancha  como  en  la^.  |  Q^rtn 
^fía.  La  distancia  qae  haj  desde  un 
lugar  á  la  equinoccial,,  contando  por 
los  gradoa  da  su  meridiano.  I  4^ln- 
nomía.  La  distancia  que  haj  desdia  la 
eclíptica  á  cualquier  punto  oonaidera- 
do  en  la  esfera  hacia  alguno  de  los 
polos;  y  así  se  dice:  latizuo  mecidio- 
nal,  un  grado  ds  utituo.  B  Laxitu- 
des. Los  diferentes  clímaa,  CQuadera* 
dos  con  relación  á  su  tempeiaUin, 

Sussto  ^ue  la  tamperatara  degeode 
e  SU'  dutancia  al  eciudoft  saaSeada 
por  sus  grados  de  latitud,  en  ea/o 
sentido  se  dica:  «recorrer  todas  las 
LATiTUDBBj»  «U  hiimanÍífaMÍ  paade  vi- 
vir en  las  latitudes  más  sitremas.» 
J  Altas  latitudes  Los  paSsw  agua- 
dos al  Norte.  |  Bajas  latitvdbs.  Lps 
países  situados  al  Mediodía. 

BTiuoLOdÍA.  Lato:  latín.  lá£tíSdp; 
italiano,  lalitndim;  fieiwioál,  UfUtde; 
catalán,  laíiíut. 

Latitudinal.  Atiyetivo.  Lo  qne  k 
extiende  á  lo  ancho. 

BxuiOLoafA.  LaUtad:  o^taUni  U^- 
tmdinaL 

LatitndiBario,  ría.  Adjetivo^  Par 
tidario  del  latitudinartsmo.  |  'Eeolt- 
aía,  Bl  que  se  p^rmit^  demasiAtJA  li- 
bertad en  materia  de  reXiffidn ,  ó.  que 
habla  de  los,  prinoipip»  ti¡ligisaia  nn 
la  debida  madurez  y  examen.  ¡|  Si*- 
íorié  ecUaiátti^*  Nombre  de  um 
queña  secta,  cuja  doctrina  cqnsisiia 
en  propagar  que  todos  los  hoajireií 
obtendrían  su  sa^vaoióa.  Bs  U  s^ 
que  se  denominó  nni-oertajiata  dursflte 
los  siglos  XVI  y  xyu.  Q  MasjBoUiio  plu- 
ral. Los  LATITUOINARIOS. 

BxulOLoaÍA.  Latitud:  fzaneás,  l$t»r 
iudinaire,  latitndinarien. 

LaütudinarÍ9i»o.  Masculino.  ^ 
tema  religioso  alemán,  cujos  proséli- 
tos hacían  alarde  de  sojrtener  los  prin- 
cipios de  la  paz  y  de  la  confraternidad 
universal.  (CA3aLi,BB0.) 

BnuoLoaf  A.  Laíiíndinario:  fmncés, 
latitttdinaire, 

iZciAto.— La  secta  en  ooestión  no 
natíd  en  Alemania ,  como  dice  el  eru- 
dito autor  citado»  sino  en  In^laterif' 
difundiéndose  i  toda  la  Iglesia  aogu- 
eana  protestante.  «Aquella  seuU  no 
hacía  más  qne  hablar  de  paz  y  csn- 
dad  universales,  mientras  qu9  sus 
prosélitos  se  daban  á  sí  miamos  f' 
nombre  da  latitudünarios,  para  m^^- 
festar  toda  la  extensión  de  su  toUi*»* 
cia,  que  ellos  denominaban  oarid»"/ 
espíritu  de  mansedumbre,  títiuo 
pecioso  con  que  se  disfraza  la  tole- 
rancia universal.»  (Bos$U9T*)  ■  , 

Lativenter.  Adjetivo.  ^coW"- 
Que  tiene  el  vientre  ancho. 

Lato,  ta.  Adjetivo.  Dilatado,  «»- 
tendido.  |  Metáfora.  Se  aplica  al  m- 


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LATO 

tfdo  de  Us  palabras  cuando  no  se  to- 
man en  su  rigurosa  signifi-cacíón. 

BTmoLOQÍA.  1.  Latín  latut,  aféresis 
de  pUi*s;  del  griego  platói,  variante 
da  piar,  plakós^  toda  cosa  llana,  igual, 

Usa.  (MONLAD.) 

2,  £sta  etimología  no  puede  admi- 
tirse» porque  la  forma  etimolúgica  no 
es  ^fw,  sino  silaíus,  por  li^aíut,  ex- 
tendido, desplegado;  participio  pasivo 
de  sterneret  extender  en  el  suelo,  des- 
picar. (CORSSBN.) 

iLfttoinia.  Femenino.  ffÍ9íoriaan- 
t^ua,  Priiídn  aue  Dionisio,  tirano  de 
Siracusa,  mandií  cavar  en  una  roca 
próxima  i  dicha  ciudad.  Q  Aníigüeda- 
det  fomatws.  Cantera  de  donde  saca- 
ban la  piedra  j  en  la  que  trab^aban 
los  esclavos  presos. 

EtimolooIa.  Griego  A9-n>|i.Ca  (Lato- 
mía),  de  íaaSt  piedra,  r  tomi,  sección; 
latín,  iaUmUe^  laul&mía;  catalán,  lato- 
mié;  francés,  laíomie. — «Canteras  de 
la  antigua  Siracusa,  situadas  próxi- 
mamente en  el  centro  de  la  ciudad. 
Había  tres  muj  profundas  j  grandes, 
qae  sirvieron  de  prisiones.  Una  de 
ellas  se  llamó  Oreja  de  Dionisio,  por- 
que tenia  i  cierta  altura  una  cámara 
estneha»  donde  aquel  tirano  iba,  se* 
gún  se  dice,  á  espiar  secretamente 
Th»  conversaciones  ae  los  prisioneros, 
éosa  que  podía  conseguir  por  lo  sono- 
ro de  la  cueva.  Una  de  estas  cante- 
ras) que  estaba  á  cielo  descubierto, 
Ka  sido  convertida  en  jardín  da  un 
claustro,  según  un  erudito  autor  que 
consultamos  para  este  artículo. 

l*atón.  Masculino.  Aleación  de  co- 
bre j  sinc,  de  color  amarillo  pálido  j 
stücepiible  de  g^an  brillo  y  puli- 
mento. 

ETUf<H.oofA.  Provenzal,  ¡até;  cata- 
lán, itauío';  francés,  laiton;  portugués, 
Imtio;  italiano,  otíone;  ingles,  latten. 

1.  Inglés  lead,  plomo,  del  alemán 
Lo(k,  que  significa  lo  mismo,  de  don- 
da  procede  el  italiano  ¡oítone,  eonver- 
tido  ea  ottone.  (ScaELsa.) 

2.  I^atfn  luíeum,  ee»  »<nm,  cobre 
amarillo.  (Rossiqnol.) 

3.  Latón  representa  una  variante 
de  lata,  por  semejanza  de  forma,  pues- 
to que  él  latán  es  delgado  y  plano 
oúiao  la  lata,  (Díbz.) 

4.  La  primera  forma  del  francés,  la 
del  siglo  XIII,  es  latón,  j  este  dato  de- 
cide la  cuestión  en  abono  déla  etimo- 
logía de  lata,  puésto  que  el  germáni- 
co laíA,  plomo,  6  el  latín  «i  LtiTauu, 
cobre  amarillo,  no  habrían  dado  la 
foRDÉ  latón,  qüe  es  la  primera  que 
aparece:  ««  bacin  db  l&toh  bon  et  cler 
ét  Jh;  «una  palangana  de  latón  bue- 
ntt,  dáro  j  fino.» 

Latona.  Femenino,  ^fitología.  Hi- 

^del  titán  Ceeo  jr  de  la  titánid^  Fe- 
,  /  ttiadre  de  Apolo  j  de  Diana. 
Hodkefo  j  Hesiodo,  es  solamente  una 
de  las  mujeres  de  Júpiter,  antes  que 
Joño.  En  los  himnos  homéricos  es 
donde  aparece  como  rival  de  Juno  j 
expuesta  á  sus  persecuciones.  Reco- 
rrió toda  ta  tierra  sin  hallar  un  lugar 
donde  poder  dar  á  luz  los  dos  niños 

aue  Ilevabia  en  su  seno;  pero  la  isla 
e  íyétwnútgió  de  hs  ondas  para  re- 


LATO 

cibírla,  pues  hasta  entonces  era  flo- 
tante jr  á  la  sazón  quedó  fija,  merced 
á  cuatro  columnas  que  se  elevaron  del 
fondo  de  las  aguas.  Juno  suscitó  con- 
tra ella  á  la  serpiente  Vjtóa,  que 
Apolo  mató  con  sus  flechas,  cuatro 
días  después  de  su  nacimiento.  Por  Id 
demás,  sus  hijos  la  vengaron  más  de 
una  vez  (véase  Niobe).  Suculto^muj 
extebdidb  en  Grecia,  estaba  ligado  fu- 
timamente  al  de  Apolo. 

BTuiOLOQÍa.  Latín  UUSna:  catalán, 
¿atonoi  francés,  Latone. 

Latonwia.  Femenino.  Arte  de  tra^ 
balar  el  latón.  |  Oficio  del  latonero. 
||  Lugar  donde  se  ñibrican  ó  venden 
obras  de  latón. 

Latonero.  Masculino.  El  que  hace 
j  vende  cosas  de  latón.  Q  Provincial 
Aragón.  Arbol.  Aluez.  |  Provincial 
Murcia.  Hijuela  péqueña  de  acequia. 

Latorre  (Carlos).  Actor  dramá- 
tico español  j  una  de  las  más  legíti- 
mas glorias  de  nuestra  escena,  que 
nació  en  Toro,  en  1799,  y  murió  en 
Madrid  en  1851.  Desde  su  niúez  ma- 
nifestó grande  afición  al  teatro,  y, 
aunque  en  un  principio  encontró 
grandes  obstáculos  que  vencer,  des- 
pués de  algunos  ensajos  en  provin- 
cias, hiso  su  salida  en  Madrid  eon  el 
Oteú>¡  j  i  pesar  de  estar  reciente  to- 
davía el  modo  inimitable  eon  que  el 
inmortal  Isidoro  Máiquez  interpreta- 
ba el  rudo  y  apasionado  carácter  del 
moro  de  Venecia,  la  ovación  que  al- 
canzó La.torbb  fué  tan  grande  como 
merecida.  Contratado  posteriormente 
para  los  coliseos  de  Granada  y  Sevilla, 
recoffió  en  estas  dos  capitales  abun- 
dantísima cosecha  de  aplausos,  que  se 
vieron  reiterados  á  su  vuelta  á  la  Cor- 
te, hasta  el  punto  que,  con  benepláci- 
to de  todos,  fué  nombrado  en  1832 
profesor  de  declamación  del  Conser- 
vatorio, recientemente  fundado.  Bn 
1838  pasó  á  París,  ajustándose  en  uno 
de  los  principales  teatros  para  repre- 
sentar el  Don  Sebattián  de  Portugal,  y 
el  Hámlet,  de  Shakespeare,  empresa 
que  llevó  á  cabo  con  éxito  exraordi- 
uario.  Retraído  de  su  profesión  por 
varias  desgracias  domesticas,  volvió 
á  emprenderla  en  1841,  obteniendo 
en  todas  partes  completos  y  mereci- 
dos triunfos.  Aunque  cultivó  todos 
los  géneros,  su  talla  corpulenta,  su 
voz  más  propensa  á  expresar  los  arré- 
batos  trágicos  que  las  dulces  y  senci- 
llas pasiones,  y  hasta  sus  maneras  un 
tanto  rudas  y  arrebatadas,  le  hacían 
poco  á  propósito  para  la  comedia.  En 
cambio,  la  arrogancia  de  su  persona, 
la  noble  dignidad  de  sus  actitudes,  y 
hasta  su  acento,  que  los  arranques 
dramáticos  trocaban,  ora  m  áspero  y 
rudo,  ora  en  vibrante  y  sonoro,  íe 
daban  tales  aptitudes  para  la  trage- 
dia v  el  drama,  que  Oscar,  Edipo,  el 
Otelo,  el  Pelayo,  El  Trovador,  El  Za- 
patero y  el  Rey,  El  Puñal  del  yodo,  Don 
Juan  Tenorio,  Sancho  Garcta,  Marino 
Faliero  y  otras  muchas  obras  de  este 
género,  q^ue  sería  prolijo  enumerar, 
son  creaciones  sujas,  las  cuales,  aun 
conservado  por  la  tradición  su  recuer- 
do, los  mismos  actores,  que  no  llega- 


LAUD 


343 


ron  ¿  alcanzarle,  traían  dé  eopíar  los 
admirables  detalles  de  que  las  sem- 
braba y  que  han  quedado  grabados 
de  un  modo  indeleble  en  la  historia 
de  nuestro  arte  dramático. 

Latría.  Femenino.  Teolóyía.  Úvl- 
TO  DB  LATRÍA.  Adoración  que  se  tri- 
buta á  Üioa,  término  opuesto  al  enlto 
de  dulia,  que  es  el  qué  se  consagra  á 
los  santos. 

ETiuoLOofA.  Griego  X«peti  (la~ 
treiaj,  servicio  pagado,  y  figurada- 
mente', culto;  fbtma  de  yMwtJtátri*)^ 
persona  alalariada:  latlii,  MN^í'éáta* 
lán,  klria;  francés,  iiint» 

Latrina.  Femenino.  Lo  mismo  qne 
Letrina.  (Acadbioa,  Di¿eioi»Ío  dt 

nati.)  .  ■ 

Latrocinio,  Masculino.  El  hiirto  ó 
la  costumbre  de  hurtar  ó  defráiidar  á 
loa  otros  en  sus  intereses. 

Etimología.  Ladran:  ]MÍ{n,Jatroeí- 
níum;  italiano,  latrodiaé;  catalán,  7íe- 
dronici,  laírocini. 

Laúd.  Masculino.  Instrumento  mú- 
sico que  se  toca  punteando  ó  hiriendo 
las  cuerdas.  Su  parte  inferior  es  cón- 
cava V  gibosa,  compuesta  de  muchas 
tablillas  como  costillas.  ||  Embarca- 
ción pequeña  de  figura  langs  y  an- 
gosta, semejante  i  un  fiiluóEo,  siñ  fo- 
que, aletas  ni  mesana. 

BtuoLOGÍA.  Arabe,  al-'oSá,  al-'9d 

(c¿yJ/):  púrtdgués,  A¿wrf,  atmde; 

ficancés,  luth;  italiano,  liuto;  catalán, 
Ilahttt;  provenzal,  lauí,  lahut;  ajemán, 
Lauíe, — cinstrumento  músuode  cuer* 
das,  que  sólo  se  diferenc-ia  de  ía  |fuita- 
rra  en  tener  regularmente  más  numero 
de  cuerdas.  Tiene  la  parte  inferior 
cóncava  V  gibosa,  compuesta  de  mu- 
chas tablillas  como  costillas.  (Tovarru- 
bias  dice  que  algunos  sop  de  sentir 
se  llamó  laúd  á  Zaudandii  keroi^i 
porque  á  su  son  se  cantaban  las  ha- 
zar.as  de  los  revés  y  héroes;  pero  que 
es  más  natural  traiga  su  origen  del 
griego  Halieni,  que  se  corrompió  en 
LeM  y  de  allí  laid,  Tamsrid  en  su 
Compendió  de  vocablos  Arábigos  pone 
esta  voz  como  uno  de  ellos.»  (Acadb- 
UI4,  Diccionario  de  Í7Í6.J 

Lauda.  Femenino  anticuado.  Lau- 
DR,  por  la  lápida. 

Etiuolouía.  Latín  íandare,  alabar. 

Laudabilidad.  Femenino.  C!náli- 
dad  de  lo  laudable. 

Laudable.  Adjetivo.  Lo  que  es 
digno  de  alabanza. 

Etiuolcoía.  Loar:  latín,  laudibitis; 
italiano,  laudevile,  lavdaHle;  francés, 
louahle;  portugués,  loumvel;  proven- 
zal, laudable,  iinsablei  catalán,  Unda- 
ble. 

Laudablemente.  Advwbio  modal. 

De  un  modo  laudable. 

ETUiOLOofA.  Laudable  y  el  aufijo 
adverbial  mente:  cataláu ,  laudabUment; 
francés,  louablement;  italiano,  laude- 
volmeníe,  laudavilmeníe;  latín,  landaté, 
laudabíliler. 

Láudano.  Masculino.  Opio  ó  su 
extracto. 

BtiuolooÍa.  1.  Persa  lüdan.  (Va- 
rios etimologistas.) 
2.  £1  periia  ladan  no  ha  significado 


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344 


LAUD 


nanea  otm  eos»  qne  UdúM»  (PíBkv.) 

3.  Bajo  latín  hvdSnum,  del  latía 
hniire,  alabar;  «el  medieameato  aU- 
bado.»  (Gastblli.) 

Dmvaei(ín.—BA}0  latfn  laudSnum: 
italiano  j  portug-ués,  láudano;  fran- 
eéif  ¡audanun;  caulán,  láudano. 

Laudar.  ActÍTo.  Forense,  Fallar  6 
dictar  lentencia  el  joea  árbitro.  |  An- 
ticoado.  Alaur. 

Laadativamente.  Adverbio  mo- 
dal anticuado.  De  on  modo  lauda- 

tÍT0. 

BmcoLOOÍa.  Landaliva  j  el  infijo 
adrerbial  mente, 
LandatÍTO,  va.  AdjetÍTO  anticna- 

do.  LaUDATOBIO. 

BnuoLOoü..  JÁndahU:  latín,  <MÍ2- 
anu;  italiano,  ladaíito;  franoái,  koh- 
datif¡  proTenzal,  kudatiu, 

tÁudatoríanieiite.  AdverUo  de 
modo.  Con  alabanza. 

BtdiolooÍa.  Laudatoria  j  el  fufijo 
adrarbial  mente. 

Laudatorio,  ría.  Adjetiro.  Lo  que 
alaba  6  coatiene  alabanza.  Se  usa  co- 
munmente como  sustantÍTO  en  la  ter- 
minación femenina. 

Btiuolooía.  Laudable:  latín,  laudS- 
íoríut;  catalán,  laudatoria  a. 

Laude.  Femenino.  La  lápida  ó  pie- 
dra  que  se  pone  en  la  sepultura,  por 
lo  común  con  inscripción  ó  escudo  de 
armas.  |  Anticuado.  Alabanza.. 

BniiOLOOÍa.  1.  Latín  Upis,  piedra. 
(M(MtLau.) 

2.  Esto  es  un  error  oTidente.  Law- 
dey  Upida  sepulcral,  representa  una 
forma  del  antiguo  lauaa,  sepultura; 
del  latín  laudSre,  alabar,  porque  el 
epitafio  contenía  las  alabanzas  del  di- 
funto. Nuestro  antieuo  lauda  es  el 
proTonzal  lauea,  de  donde  viene  Iota. 

3.  Confirma  la  anterior  etimología 
el  precioso  texto  siguiente:  «La  pie- 
dra con  inscripción  que  se  pone  en 
la«  sepulturas.  Covarrubias  dice  se 
llamó  así  del  latino  Laut,  por  escul- 

ftirse  en  ella  loa  títulos  y  elogios  de 
08  difuntos,  que  jacen  del»jo  de 
aquella  piedra.»  (AcaoBioA,  Bieciaiuh- 

Adeim,} 

Z«aades.  Femenino  pluraL  Una  da 
laa  .partea  del  oficio  aiWno,  que  se 
diee  después  de  maitínes. 

BnuoLoaÍA.  Latín  ¿aw,  laudii,  ala- 
banza, refiriéndose  á  lú  alabanzas 
dirigidas  ¿  Dios,  que  contienen  los 
salmos  cantados  en  esta  parte  del  ofi- 
cio dWioo;  catalán,  laudes.— €Ua%  de 
las  partes  del  OGcio  Divino,  que  se 
dice  después  de  los  Maitines,  j  con 
ellos  compone  la  primera  hora  áú 
rezo.  Llámase  así  porque  los  más  de 
los  Salmos  de  que  se  compone  son  lau- 
datarioi.  Es  voz  latina.  Ad  lai;dbs«< 
per  horas:  frase  latina,  que,  traslada- 
da i  nuestra  lengua,  significa  conti- 
nua d  frecuentemente.»  —  cT^ecor  á 
LAUOBS.  Vale  alabarse  uno  á  sí  mis- 
mo. Bs  frase  familiar.»  (AoAmmA, 
Dieeienario  de  1726.) 

Laudemio.  Masculino.  Forense,  El 
derecho  que  se  paga  al  señor  del  do- 
minio directo  cuando  se  enajenan  las 
tíerraa  y  posesiones  dadas  á  enfitéusís. 

BroiOLoalA.  B^o  latín  ¡auda,  de 


LAUR 

Uudire,  consentir;  variante  del  latín 
landire»  alabar:  catalán,  Aia^nM»;  fran- 
cés del  siglo  xni,  los;  moderno,  lodi; 
italiano,  laudemio.  Lummao  quiere 
decir  eonsentimiento,  aceptación.— 
«La  parte  que  se  paga  al  seflor  del 
directo  dominio,  en  las  ventas  que  se 
^'ectttan  de  las  alhajas  dadas  á  censo 
perpetuo  ó  enfitéusís.  Antiguamente 
era  la  qntneuayáima  parte,  y  hoy  va- 
riamente suele  ser  la  eeiniena  ó  la  d^ 
cima.*  (AcADEUiA,  Diccionario  de 

me,) 

Lando.  Masculino.  Forense,  La  de- 
cisión ó  fallo  que  diotan  loa  árbitroa 
6  arbitradores. 

Launa.  Femenino.  Lámina  ó  plan- 
cha de  metal,  llamada  también  hoja 
de  Flandes.  |  Tierra  6  especie  de  ba- 
rro blanco  con  visos  morados  de  que 
usan  en  la  Alpujarra  en  vez  de  teja 
para  cubrir  los  tejados.  Bn  mojándo- 
se, se  une  j  traba  de  suerte  que  no  la 
penetra  el  agua.  Críase  subterránea 
en  vetas,  como  las  canteras. 

Btiuolooía.  Latín  lamna^  contrac- 
ción de  lamina  (Hobacio):  catalán, 
llauna. 

Laura.  Femenino.  Antigüedades, 
Nombre  de  unos  antigaos  monaste- 
rios de  Oliente,  cujas  celdas,  índe- 
pandientea  unas  da  otras,  formaban 
una  especie  de  caserío. 

EnifOLoaÍJU  Griego  liapa  (¡dura), 
lugarejo  de  callas  largas;  da  kmros, 
largo;  latín,  {aura. 

Laura  de  Noréa.  Dama  de  la  Pro- 
venza,  á  quien  han  hecho  célebre  loa 
amores  de  Petrarca.  Nació  en  Aviñón, 

Í'  tal  vez  en  Nov¿s,  arrabal  de  aque- 
la  ciudad.  Su  padre  era  Audiverto 
de  Novés,  caballero  poseedor  de  ex- 
tensos dominios  en  el  condado  de  Avi- 
ñón.  Laura,  oasó  en  1325  con  Hugo 
de  Sade  v  se  distinguió  por  su  virtud 
V  su  pudor  en  medio  de  la  corrupción 
de  laa  costumbres  de  la  ciudad  papal, 
tanto  como  por  el  encanto  de  su  her- 
mosura j  de  su  talento.  Una  nota  la- 
tina, escrita  por  Petrarca  en  uno  de 
los  márgenes  de  su  VirpliOt  cu^a  au- 
tenticidad está  completamente  de- 
mostrada, es  el  documento  más  irre- 
eusabla  para  probar  que  Ladra  db 
NoTtfs  as  U  dama  que  el  poeta  ha  in- 
mortalizado. Esta  nota,  traducida  li- 
teralmente, dice  así:  «Laura,  ilustre 
por  sus  propias  virtudes  j  largo  tiem- 
po celebrada  an  mis  versos,  apareció 
por  primera  vez  á  mis  ojos,  en  los  al- 
borea de  mi  adolescencia,  el  año  del 
Señor  1327,  eldíalfi  del  mes  de  Abril, 
en  la  iglesia  de  Santa  Clara  de  Avi- 
flón;  pero  el  afio  1348,  aquella  purí- 
sima luz  fué  arrebatada  á  la  vida, 
mientras  que  jo  estaba  accidental- 
mente en  Verona — jajr  de  mí!— igno- 
rante de  mi  desgracia.  La  fatal  nue- 
va Uufó  i  mí  en  Parma,  por  media- 
ddn  oe  mi  querido  Luis,  el  mismo 
afto  el  10  de  Majro.  Aquel  castísimo^ 
hermoso  querpo  fué  colocado  en  la 
iglesia  de  Hermanos  menores^  el  día 
mismo  de  su  muerte,  por  la  tarde.»  El 
precioso  Virgilio  en  que  se  encuen- 
tra esta  nota  manuscrita,  se  halla  de- 
positado en  la  Biblioteca  Ambrosina 


LAUR 

de  Hilin,  daiftaés.da  haber. pttta- 
necido  durante  el  bravo  parfodo  de 
1796  &  1815,  £  la  biblioteca  nacional 
de  París.  La  indubitable  certidumbre 
de  este  documento  ataja  todas  las  hi- 
pótesis da  los  críticos  j  los  eruditos, 

2ae  no  han  querido  ver  en  la  Laura 
^  el  poeta  otra  cosa  que  un  personaje 
imaginario,  una  creación  ideal.  Sm 
embargo,  queda  una  duda.  ¿Hajr  idea* 
tídad  entre  la  Laura  de  Petrarca  j  la 
Laura  db  Novds,  casada  con  Hugo  de 
Sade?  Este  es  un  punto  extremada- 
mente delicado.  El  poeta  dedicó  á 
Laura  318  sonetos  j  88  canciones, 
escribió  los  Triunfost  rica  apoteosis  de 
la  belleza  á  quien  amó,  en  donde  el 
vate  mostró  sus  dolerea  an  arranques 
poéticos  que  asombraron  al  mundo;  j 
sin  embar^,  an  ninguna  parte  de  eu 
preciosa  literatura  haj  un  solo  indi- 
cio que  pueda  revelar  á  la  mujer  que 
fué  el  delirio  de  su  vida.  El  autor  anó- 
nimo de  una  Vida  de  Petrarca  impre- 
sa en  1471,  ^  que  fué  contemporáneo 
del  poeta,  dice:  «que  Laura  no  era 
casada,  que  se  llamaba  Laureta,  qoe 
habitaba  un  castillo  cerca  de  Aviñóo, 
que  fué  la  musa  de  Petrarca,  que  per- 
maneció casta,  en  tanto  que  el  poeta 
desovó  las  exhortaciones  del  Papa, 
que  le  suplicaba  se  casase  c(m  éua, 
temeroso  de  ver  disminuir  su  amor.» 
Un  anticuario  italiano,  Venutello,ha 
corroborado  este  testimonio  con  sua 

Sropias  investigaciones;  j  el  padre 
ostanig,  tomando  en  cuenta  todos 
los  argumentos  invocados  por  los  ad- 
versariüs  de  Laura  db  Novás,  pretea- 
de,  en  su  Musa  de  Pbtrarca  (1B20), 
que  «la  dama  ideal  del  poeta  fué  Lau- 
ra db  Baux,  de  la  casa  de  Oranga, 
cujra  tumba  se  ve  todavía  en  Galas.* 
Esta  hipótesis  no  debe  admí ti rse, pues- 
to que  se  tiene  el  testimonio  de  Pe- 
trarca acerca  del  lugar  de  la  tumba 
de  la  que  había  cantado.  En  favor  de 
la  identidad  de  Laura  db  Xo>¿s  coa 
la  Laura  de  Petrarca,  pueden  citarse 
los  argumentos  aducidos  por  Sada  en 
dos  aoultados  volúmenes  titulados: 
Memorias  sobre  la  vida  di  Petrare* 
(1764, 1767),  de  cu^as  notíeias  la  de- 
duce que,  si  la  identidad  no  puede 
tenerse  por  segura,  es  por  lo  menoi 
muj  probable.  De  lo  referido  miAB- 
ciosamente  por  el  gran  poeta,  se  in- 
fiere con  seguridad  que  no  entró  nua- 
ca  en  casa  día  Laura,  que  no  la  trato 
ni  habitó  con  ella,  consistiendo  va 
relaciones  exteriores  én  verla  paseará 
lo  lejos  bajo  los  limoneros  de  uq  ptr- 
que  del  castillo  en  que  Laura  vÍvw, 
o  bien  encontrándola  en  la  iglesia.  £i 
evidente  que  si  Petrarca  la  hubiera 
visitado,  no  habría  comprado  una  he- 
redad cerca  del  castillo  de  su  amada, 
la  cual,  uniendo  al  hechizo  de  stt  att' 
moaura  U  virtud  del  recato,  *m 
mantener  siempre  vivo  el  amor  «1 
poeta,  Bsta  amor  puro  no  estaba  exM- 
to  para  él  de  ciertos  dolores,  puerto 
que  frecuentemente  se  queja  de  la  vh»* 
lencia  de  sus  deseos.  Laura  era  cele* 
bre  en  vida,  idealiiada  ja  en  cierU 
manera  por  loa  sonetos  J  1«»  ""Sf 
nes  de  su  amanta,  como  lo  patenui» 


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b1  hwha  de  Carlos  da  Lumnbur^o, 
epip^ndor  después  de  Alemania.  Ha- 
jUeadú  pando  este  personaje  por  Avi- 
fliin,  pra^fantó  por  la  dama  ideal  del 
^oata,  coa  cajo  motivo  faé  presentada 
a  Carlos,  entre  las  señoras  de  la  ciu- 
dad, bciándola  en  la  freníey  en  loi  ojos. 
AjDua  de  las  poesías  del  Petrarca,  que 
son  ciertamente  el  primer  monumento 
jda  la  memoria  de  aquella  mujer,  su 
Tstijito  euste  en  un  bajo  relieve  que 
iog  eruditos  afirman  haber  perteneci- 
do al  gnn  poeta,  así  como  en  ciertas 
pintan»  de  Síin6n  Síana,  amigo  del 
Patnfca,  las  cuales  se  eonserran  aún 
«1  Aviadn.  Créese  que  al  mismo  pin- 
tor faixQ  también  el  retrato  de  I«AUUf 
aunque  se  ignora  su  paradereL  De  di- 
cho retrato  ;óla  quedan, las  r^roduo- 
éionas  qne  se  haílui  sn*  los  grabados 
de  algunas  ediciones  del  autor.  Bn 
.onanto  ai  r^'lidve^  de  que  hemos  ha- 
blado, pertenece  boj  &  una  &milia  de 
Florencia.  Si  Lauba  sk  Novbs  fué 
realmente  la  amada  del  iaspirado  va- 
te, murió  á  los  41  años,  el  o  de  Abril 
de  1348,  i  consecuencia  de  una  peste 
que  hubo  en  Avíaón  pir  entonces,  de 
donde  se  deduce  que  nació  en  el  año 
de  1307.  Por  consecuencia,  cuando  la 
vi6  Petrarca  el  día  16  de  Abril  de 
1327,  en  U  iglesia  da  Santa  Clara  de 
Avifltfn,  Lauu  costaba  20  aflea  me- 
nos 10  dias. 

AfSfis. — ^Existe  ún  oiadro,  donde 
Lauba,  aparece  en  ana  pradera,  cir- 
jcnfda  da  aldeanas  jóvenes,  sentadas 
«obre  el  césped,  eon  los  vestidos  pin- 
toraaoos  de  aquella  edad.  La  pradera 
en  cuestión  está  situada  cerca  de  la 
_&mosa  fuente  de  yochué.  A  cierta 
distancia  del  césped,  en  donde  se  en- 
cuentra nuestra  heroína  con  las  aldea- 
nas, sa  ven  unsis  piedras  rodeadas  de 
árboles,  entre  las  cuales  haj  una  figu- 
ra de  hombre,  vestido  de  negro,  pues- 
to da  espaldas,  cujo  semblante  no  se 
▼e,  porque  el  pintor  hubo  de  tener 
miedo  deexpresar  el  arcano  de  aquella 
▼ida.  En  la  pintura  (^ue  examinamos 
.Tienen  á  cooinindírse  instantáneamen- 
te las  pasiones  del  sentimiento,  los 
vntíeiBtos  delaconeiencia,  las  memo- 
rias del  campo  j  los  prodigios  de  la 
mujet,  entre  audaces  imagiuaeiones 
de  lona  indtil  malicia.  Ss  un  cuadro 
de  fiutasía  vaga,  armoñitjsa,  índefini- 


LAUR 

Lánrea-.  Femenino,  Corona  de  lau- 
rel. 

BnuoLOofa.  Laurel:  latín,  laur?a, 
corona  de  laurel,  gloria  militar,  triun* 
fo:  italiano,  ¿aur^a;  catalán,  láurea. — 
«La  hoja  de  laurel;  y  por  la  sinécdo- 
ehe  significa  algunas  veces  la  corona 
triunfal  que  se  hacía  de  laurel.  Es 
voz  puramente  latina.>  (Acadeuu.| 
Diccionario  de  17S6.J 

Laureado,  da.  Adjetivo.  Que  tie- 
ne corona  de  laurel. 

EtiholoqU.  laurear:  latín,  laurea- 
íutf  participio  pasivo  de  laureare,  Isu- 
rear:  italiano,  lauréate;  francés,  íes- 
re'aí. 

Laureando.  Uasculino.  El  que 
está  próximo  á  recibir  grado  an  algu- 
na universidad. 

BniiOLoaU.  Latín  UtureSnduit  lo 

que  debe  laurearse,  gerundio  de  lau- 
reare, laurear;  italiano  j  catalán,  lau- 
reando. 

Laurear.  Activo.  Coronar  con  lau- 
rel. |  Metáfora.  Premiar,  honrar. 

E-nuou>oÍA.  Latín  de  Prisciano 
laureare,  forma  verbal  de  kum,  el 
laurel. 

Lauredal.  Maseulino.  H  ntio  po- 
blado de  laureles. 

Laurd.  Uasculino,  Arbol  bien  co- 
nocido, de  mediano  tamafio,  de  hojas 
siempre  verdes,  largas,  tiesas,  pun- 
tiagudas, venosas  j  aromáticas,  con 
muchas  flores  muj  pequei^as,  que 
producen  unos  frutillos  puntiagudos, 
negros  v  amargos  que  se  recogon  para 
d  uso  de  las  boticas.  Q  Metáfora.  Co- 
rona, triunfo,  premio,  I  albjamdbino. 
Botánica.  (Ruscu$  raccinoius,  de  Lin- 
neo,  familia  de  las  aspara^íneas.) 
Planta  cujas  hojas  son  semejantes  i 
las  del  rasco,  pero  mavores,  más  tier- 
nas j  blanquecinas;  el  fruto  es  rojo  t 
del  tamaño  de  un  garbanzo,  el  cual 
se  cría  eu  medio  de  la  haz  de  cada 
hoja  bajo  de  cierta  hojuela  de  figura 
de  lengüeta.  ||  bbal.  Laubocbraso.  | 
Laurel  db  Apolo.  Laurus  nobilii,  de 
Linneo,  tipo  de  la  familia  de  las  lau- 
ríneas. I  LaUBIL   rosa  t¡  OLEANDRO. 

Nerium  oUaudtr,  de  Linneo,  familia 
de  las  apocfneas.  |  Laurbl  db  San 
Antonio.  Bl  epílobo  en  espiga,  perte- 
neciente al  género  de  las  cenotheras. 
y  Lacbbl  de  PoRTuaAL.  Prunas  lusi- 
tánica,  de  Linneo,  de  la  familia  de  las 


LAUR 


345 


ble;  de  emoción  íntima  j  profunda;  rosáceas.  J  Laubel  rosa  de  los  Al- 
d«  fascinadora  belleza.  Petrarca,  más  pbs.  Rkododendron  ferrugin^um,  de 


qne  como  hombre,  se  representa  allí 
como  una  sombra.  Lauba,  más  que 
oQ^ier,  es  un  ángel  del  mundo,  un 
suefio  de  la  vida,  un  suspiro  del  alma, 
dulce  /  apacible,  como  el  aura  que 
mueve  lasl  lojas  de  los  árboles;  dulce 
jr  amoroso,  como  la  esencia  que  vive 
en  la  flor.  ¡Aj!  ^.quíén  no  ama  la  poe- 
sía? ioaién  no  ama  un  sublime  miste- 
río?  Ai  mirar  aquel  cuadro,  el  eora- 
n^m  agranda  j  dice:  ¡Qué  hermoso 
as  «teer.'iqué  hermoso  es  amari  {qué 
hennúao  es  vivirl 

laanricM,  cea.  Adjetivo.  Boíáni~- 
es.  Concerniente  6  parecido  al  lau- 
reL 

finiiov>aU.  Laural:  francés,  lautth 
ten,  tauriim» 


Linneo,  de  la  familia  de  las  ericíneas. 
I  Lauhbl  tulipán.  Magnolia  grandi- 
^ra,  de  Linneo,  perteneciente  á  la 
familia  de  las  magnoliáceas. 

Etimología.  Latín  laurus:  italiano, 
lauro;  francés  del  siglo  xi,  /or,  lorer; 
moderno,  taurier;  portugués,  loureiro; 
provenzal,  laWj  laurier;  catalán, ¿¿ofM*; 
término  provincial  de  Cataluña,  ¿/or. 

Sentido  etimológico, — 1 .  £1  latín  Aih- 
rw  fué  primitivamente  taudus^á^  ¿sw, 
hudis,  alabanza.  (Servio.) 
^,  Ésta  origen  explica  el  hecho  da 

?[ue  el  laurel  sea  el  símbolo  del  tríun* 
o  V  de  la  gloria. 

Laurencio.  Masculino.  Nombre 
propio  anticuado.  Lorenzo. 
Lañrente.  Masculino.  Uno  de  los 


oficíales  que  trabajan  en  el  molino  de 
papel,  eu^o  principal  trabajo  es  asÍ8>- 
tir  á  la  tina  eon  las  formas  é  ir  ha- 
ciendo los  pliegos. 

Laurente.  wografia  antigua,  Cíu- 
dad  del  Lacio. 

EriuoLOOÍA.  Latín  Zaur?H¿aM.  (  Vib- 

GILIO.) 

Laurentina.  Sustantivo  j  adjeti- 
vo. Biblioteca  Laubbntina.  Célobre 
biblioteca  de  Florencia,  fundada  por 
los  Mediéis,  llamada  así  por  estar 
contigua  á  la  iglesia  de  San  Lorenzo. 

ETiMOLOofa,  Italiano  Imutntina: 
(naaés,  laurentienne. 

Lauréola.  Femenino.  8a  da  lasta 
nombre  á  dos  plantas  de  diversa  espe- 
cie aunque  de  un  mismo  ^nero,  am- 
bas medicinales,  j  conocidas  en  laa 
boticas  conloa  nombres  impropios  de 
HACHO  ^  hbubba,  sieudo  las  dos  her- 
mafroditas.  Se  distinguen,  entre  otras 
cosas,  en  que  la  lauréola  uacho  pro- 
duce las  flores  en  racimos  y  mantie- 
ne la  hoja  todo  el  a&o;  j  al  contrarío, 
la  llamada  hembra  eclia  las  flores  de 
tres  en  tres  j  píei-de  las  hojas  todos 
los  aQos.  Ambas  son  sumamente  acres 
j  de  uso  en  la  cirugía.  Q  La  corona 
de  laurel  con  que  se  premiaban  las 
acciones  heroioas  ó  se  coronaban  los 
sacerdotes  de  los  gentiles. 

Gtiuolooía.  Latín  laurelSla,  dimi- 
nutivo de  lauria,  hoja  de  laurel:  fran- 
cés técnico,  daphné  UuréoU;  eatalán, 
laureola, 

JÍe$e»a. — 1.  Cierta  planta  parecida 
á  la  chamedaphne. — cEs  una  matice 

de  un  codo  de  largo,  j  produce  unas 
varillas  con  muchos  ramos  correosos, 
y  de  la  mitad  arriba  rodeados  de  ho- 
jas, los  cuales  están  vertidos  de  una 
corteza  muj  pegajosa.  Sus  hojas  son 
como  las  del  laurel,  aunque  más  tier- 
nas y  delgadas,  y  difíciles  de  romper, 
y  abrasau  la  booa  .j  garganta,  por  ser 
de  -propiedad  muj'  cálida.  La  flores 
blanca,  y  el  fruto  negro,  después  de 
perfectamente  maduro.>  (Academia, 
Diccionario  de  1726.) 

2.  La  chamedaphne  que  cita  la  Aca- 
demia, as  el  ;¿atiatSáovi]  de  los  griegos 
( chamaiddphne )  y  o\  eh&madaphne  da 
Plinio,  que  hojr  pronunciamos  eme- 
dafne,  según  los  eruditos  De  Miguel 
y  Morante. 

Laureóte.  Masculino.  El  laurboto 
ó  espodio,  que  fie  hace  de  cazmia  y 

fiieara  de  cobre,  cuando  se  derrite  en 
os  hornos  de  plata  ;  oro.  (PuNiO.) 

Etimología.  Latín  lauridíis,  que  es 
el  griego  XaupttüTti;  (lauridtis). 

Lauretal.  Masculino.  Lugar  don- 
de hay  muchos  laiíreles, 

Etimolooía.  Latín  lauf^Umi  eata- 
láo,  iloredar, 

Lauretano,  na.  Adjetivo.  Refe-' 
rente  al  puerto  de  Laürento.  Q  Mascu- 
lino plural.  Los  LAURBTANOS.  Los  na- 
turales de  dicho  puerto. 

Btucoloqí A.  Latín  lawrea*u9,  (Tito 
Livio.) 

Laúría  (Roobb  de).  Célebre  almi- 
rante italiano,  que  nació  en  Nápoles 
á  mediados  del  siglo  xm  y  muné  en 
Valencia  en  1305.  Secundó  con  todos 
sus  esfuerzos  á  Juan  de  Prtfcída,  su 


TOMO  lU 


M 


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Siñ  LAUS 


LAVA 


LAVA 


el  fkmow  leTantamiento  coDoc^ldo  con 
el  nombre  de  Visperat  tieilia»ai;  fué 
nombñdo  almirante  de  Pedro  III  de 
Aragón,  obtuvo  ana  completa  victoria 
contra  la  escuadra  de  Cfarlos  de  An- 
jou,  y,  después  de  repetidos  triaufos, 
sometió  i  bicilia  j  £  It  ma^or  parte 
d«  la  Calabria  j  del  Basilicato.  En 
los  afios  siguientes,  sé  sefialó  por  sos 

gloriosos  combates  en  el  Océano  t  el 
[editerráneo;  n  enemistó  con  Don 
Fadrique  de  Aragón,  y  derrotó  en 
muchos  enouentroa  i  las  escuadras 
sicilianaa;  peio  habiéndose  hecho  la 

Saz,  sn  1302,  ss  retiró  i  Aragón,  j- 
espuós  i  Valeacii,  n  donde  termi- 
nó sus  días. 

Láurico,  ca.  Adjetivo.  Química, 
Ácido  lXurico.  Cuerpo  obtenido  por 
saponificación  de  la  laurina,  llamado 
también  icido  laurosteárico. 

Etuiolooía..  Laiwinaí  francés,  hu~ 
rine, 

Xamifaro,  ra.  Adjetíro.  Poética* 
Que  tiene  laurel. 

Btiuolooía.  Latín  ZsvW/rr;  de  Um- 
ru$  jfSrOtjo  UeTO. 

Lanrifouado,  da.  Adjetivo.  De 
hoja*  parecidas  á  las  del  laurel. 

EtuíolooÍa.  Latín  laurus,  laurel,  j 
fZlÜUug,  forma  adjetÍTa  de  fSñim, 
hoja:  finncés,  Umrijolié. 

Lanrigero,  ra.  Adjetiro.  Qas  ts 
coronado  de  laureles. 

Etiuolooía..  Latín  Umrigtr;  de  lanh 
rus  y  ffercrt,  llevar.  (Ovidio.) 

uturina.  Femenino.  QiUmca,  Subs- 
tancia cristalizable  qus  se  extrae  del 
fruto  del  laurel. 

BfiuOLOofA.  Laurel:  francés,  kmr$l. 

Laurinoo.  Laoeimo. 

Laurino,  na.  AdjetiTo.  Lo  perte- 
neeirate  al  laurel. 

Erxuoioaíi.  Latín  ¡awJmut.  (Pu- 
ma) 

Lanrívoro,  ra.  Adjetivo.  Zoología. 
Que  come  hojas  de  laurel. 

BriuoLOOu.  Latín  Umm,  laurel,  j 
vorítrtt  comer. 

Lauro.  Hasenllno.  LAtmaL.  |  Ue- 
táfora.  Gloria,  alabanza,  triunfo. 

Itanroceraao.  Masculino.  Botáni- 
ca. Arbol  pequeño  j  hermoso,  de  ho- 
jas aovadas,  mis  gruesas  j  relucien- 
tes que  las  del  laurel,  con  flores  de 
seis  pétalos,  dispuestos  en  forma  de 
rosa,  j  á  que  suceden  unos  frutillos 
casi  redondos  7  carnosos  como  las  ce- 
rexas,  de  donde  tomÓ  el  nombre. 

STUioLoaÍA..  Prwuu»  ladbo-cbba- 
sus,  de  Linneo,  pertenecients  £  la  fa- 
milia de  las  rosáceas. 

Laurosteárico.  LXdrioo. 

EnuoLOoU.  Láwrico  j  «1  griego 
rciap  (ttéar),  grasa:  francés,  lawwua- 
rifué, 

Xanslandis.  Ibsculíno  fitmílfar. 
Voz  que  se  compone  del  nominativo 
y  genitivo  de  una  latina  que  significa 
alahataa,  j  en  i^ual  sentido  se  em- 
plea en  la  expresión:  un  poco  dé  láus- 
T.AUD1S,  dienta  de  la.usláuois,  como 
quien  dice:  <nn  ^oco  de  lustre;»  «el 
viento  de  la  adulación  ó  de  la  lisonja.» 

Lauso.  Masculino.  Tiempos  heroi- 
cos. Hijo  de  Numit^r,  Iicr^nano  de 
Uía,  i  c[aien  mató  Amulio*  rej  de  los 


albanos.  (Ovidio.)  H  Hijo  de  Mecen'- 
cío,  muerto  por  Eneas.  (Visaiuo.) 

Etimoloou,.  Latín  Lausus. 

Laua  Pompeya.  Femenino.  Oeo- 
grafia  antigua.  Ciudad  de  la  Oalia 
traspadana. 

EriHOLoaÍA.  Laus  PompHa.(Vumo.) 

Laoaana.  Femenino.  &eografUs, 
Hermosa  ciudad  de  la  Suiza,  magní- 
ficamente situada  en  la  orilla  oriental 
del  lago  de  Gínebxm,  unida  &  esta 
ciudad  por  un  ferrocarril.  Es  capital 
del  cantón  de  Vaud;18.000habitantes. 

EriuoLoafa.  Latín  ¿assAma. 

Laosananse.  Adjetivo  7  austaa- 
tívo.  Natural  de  Lansana  7  lo  perte- 
neciente á  ella. 

BtiuolooÍa.  Latín  Xauianítntk» 

Lausonio.  Masculino.  QeograJUi. 
El  lago  Lemán. 

ETiuoLoofÁ.  Lausoniut. 

Lanticia.  Femenino.  Esplendidez, 
suntuosidad.  J|  Limpieza,  delieadezs, 
gusto  en  vestir  7  comer. 

BnuoLoaU.  Latín  Uasi^tía,  esplen- 
didez, magnificencia,  ffusto  exquisi- 
to en  comer  7  vestir  (CicaftÓN);  forma 
de  lautuSf  lavado;  participio  pasivo  de 
lavare,  lavar. 

Lautíciamente.  Adverbio  de  mo- 
do. Con  lujo,  con  esplendidez.  |  Con 
sumo  gusto,  hablando  ds  ropa  j  co- 
mida. 

ExiuoLoaii.  Latín  lauü. 

Lauto,  ta.  Adjetivo.  Rico,  esplén- 
dido, opulento. 

Etwolooía,.  Latín  Lauticia. 

Laura.  Femenino.  Botánica.  Flor 
odorífera  azul,  originaria  de  China. 

Lava.  Femenino,  En  las  minas  se 
llama  así  el  baño  ó  loción  que  se  da  4 
los  metales  para  limpiarlos  de  las  im- 
purezas. I  Material  derretido  que  sale 
de  los  volcanes  al  tiempo  de  su  erup- 
ción, formando  arro7os  encendidos. 

EtiholooU..  Lavar:  italiano  j  cata- 
lán, lata;  francés,  Une. 

LaTabo.  Masculino.  Especie  de 
mesa  en  que  se  coloca  el  recado  para 
la  limpieza  7  aseo  de  una  persona.  Es 
voz  de  uso  moderno.  \  Culto  católico. 
Oración  que  el  sacerdote  dice  duran- 
te la  misa,  llamada  así  aludiendo  & 
la  palabra  con  que  principia:  lavabo 
manus  meas  inter  innocentes,  \  El  pallo 
de  qne  el  sacerdote  se  sirve  para  en- 
j  ug^arae  los  dedos. 

ExuiOLOofA.  Latín  lavabo^  futuro 
simple  de  l^eSre,  primera  persona  del 
singular:  «70  lavaré;»  lenguas  roma- 
nas, lavabo. 

Lavacaras.  Masculino  familiar. 
El  adulador. 

Lanciaa.  Femenino  plural.  La- 
vazas. 

ETiifOLOOÍA.  Zavar, — «El  agua  su- 
cia que  sale  de  lo  que  se  ha  hivado.» 
(AcADBiOA,  Diccionario  de  IlíB,) 

Lavación.  Femenino.  Lavaouba 
6  LOCIÓN.  Se  usa  más  comunmente  sn 
la  Farmacia. 

ETiuoLOofA .  Latín  UfsStfff.  (Ta- 

RBÓN.) 

Lavacro.  Masculino  metafóríeoan- 
ticnado.  El  bautismo. 

EtiuolooÍa.  Latín  ¿¿racram.— cBn 
su  riguroso  sentido  vale  Uvttnio,! 


p«ro  tegularmente  se  tema  por  «t  bau- 
tismo. Es  voz  tomada  de  la  latina  La^ 
vacrum.*  (AoADBiOA,  Dic^anarie  de 

me.) 

Lavada.  Femenino.  Especie  ds  ni 
grande  de  tiro  para  pescar. 
ErtuoLoafA.  Loomó. 
Lavadero.  Uaaeulino.  S  lagarsa 
que  se  lava. 

Etihoumía.  Lavar:  latín  de  las  ^o- 
sas,  UoáUitinm;  italiano,  lavt^inOtU- 
vatojo;  francés,  lavoir;  provenzalj  la- 
va ier.  . 

Lavado.  Masculino.  Lavadura. 
EtiuolgoÍa.  Latín  ISvStus,  partici- 
pio pasivo  de  tXvSre:  italiano,  lavata; 
francés  ¡an/;  eataláa  antiguo,  iavat, 

da. 

Lavadura.  Femenino.  La  acción  y 
efecto  da  lavar  6  lavarse.  |  Lavazas. 
I  Entre  guanteros,  composición  que 
se  hace  con  agua,  aceite  7  huevos  ba- 
tiéndolos juntos,  en  la  cual  se  templa 
la  piel  de  que  se  hacen  los  guantes. 

OTUiOLoaÍA.  Lavar:  italiano,  lawt- 
tura;  provenzal,  lavadura;  burguifidn, 
laivare;  francés,  htenuñt;  catalán  an- 
tiguo, lavament 

Xavador,  ra.  Masculino  7  femo- 
nino.  El  que  lava.  |  Instrumento  ¡le 
hierro  qne  sirve  para  limpiar  las  ar- 
mas de  fuego.  Es  cilindrico  v  lai^  i 
proporción  del  arma  que  se  ha  de  la- 
var. O  Anticuado.  Lavadero. 

EtiuolooÍa.  Lavar:  latín,  lUvitor; 
italiano,  lavaíore;  francés,  laveur. 

Lavsjal.  Masculino  anticuado.  La- 
vajo. 

Lavaje.  Btasouliuo.  El  lavado  de 
las  lanas. 
EruioLOofA.  Lavar:  francés,  lavaje, 
l4av^jo.  Masculino.  Navazo. 
BtiMOLÓafA.  Lavar,  cCiert  ts  lagu- 
nas que  sehscen  al  rededor  de  los  la- 

Sares,  que  se  forman  de  las  lluvias  6 
t  las  corrientes  de  los  rios  v  arro7o«, 
donde  las  mujeres  aoostnmbran  a  la- 
var, 7  suele  servir  deabrevadero  pura 
los  ganados.  (AoADBinA,  Dieeionario 

de  im.) 
Lavajoso,  mu  Adjstivo.  G»ya- 

OOSO. 

Lavamanos.  Masculino.  El  de^  í- 
sito  de  agua  con  caño,  llave  7  pila 
para  lavarse  las  manos. 

EtiuolooÍa.  Lavo,  verbo,  7  mssor: 
italiano,  lavamane;  francés,  lavamaim. 
— »E1  reservatorio  de  metal  6  piedra, 
con  su  llave,  que  ha7  en  las  sacris- 
tías, para  lavarse  las  manos  los  qns 
han  de  celebrar  el  santo  saerífieio  ds 
la  Misa.»  (AcADBUiA,  Diccionaria  da 

im,) 

Lavaiiiiento.Masculino.La  aeeitfn 

Í efecto  ds  lavar  ó  lavarse.  |  Ahtíeoa» 
0.  Medicma,  Lavativa,  por  coci- 
miento medicinal. 

Lavanco.  Masculino.  Anads  silvos- 
tre  ó  bravfa. 

EtiuolooÍa.  Lavar.  «Especie  de 
ánade  ó  pato  bravo,  qne  ordinaria* 
mente  anua  en  las  lagunas,  rías  ó  en- 
senadas de  la  mar,  que  continuamente 
se  está  zambullendo  7  lavando  en  el 
agua,  por  cura  razón  dice  Covarru- 
bias  se  le  dio  este  nombre.»  (AcADi- 
1  MU,  Dicdnaria  de  mS.J 


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F 


■LAVA 

lAVtndá.  Femenino.  EsPLlsao.  - 
.  EtucoLOOÍA.  Francés  latamdet  ¿el 
italiano  kv»nda,  forma  de  lavare,  U- 
Tar,  por  ser  ona  planta  que  da  un 
agua  perfumada,  c^n  la  cual  nos  la- 
vamos. (Díaz,  seguido  por  LiTTRá.) 

Lavandera.  Femenino.  La  mujer 
que  tiene  por  Oficio  el  lavar  la  ropa. 

EnuoLoaÍA.  Latand&ro:  catalán  an- 
tiguo, lUuatdn^t  lavandera  ( hv^ade- 
rm)  j  tavandinm,  u  mujer  qae  limpia 
■(nníaé^rm). 

LarAncUria*  Femenino  anticuado. 
Latadcbo. 

-  Lamadero.  MascoUno.  SI  que  tie- 
nejMir  oAcio  Uvar  la  ropa. 

Ehw«x»U.  £<Mr:  italiano,  leetw- 
itj9, — <B1  que  lava.  En  Madrid  lla- 
man también  asi  al  que  viene  i  traer 
j  llevar  la  ropa  que  se  ha  de  Iavar.> 
(AcADSUiA,  JJicctottario  dt  Í7f6.) 

Lavándola.  Femenino  antioiiado. 

ESFLIBUO. 

Btiuolooía;  Lavanda. 

Lavanha  6  Labana  (Joan  Bau- 
tista), liatemitico  é  historiador  es- 
pañol  6  portugués,  que  nació  en  la 
segunda  mitad  del  siglo  xvi.  Fué  cro- 
nista de  Felipe  III,  que  le  envió  i  los 
Países  Bajos  a  recoger  materiales  para 
una  historia  genealógica  da  la  mo- 
narquía espafiola,  j  .maestro  de  cos- 
mografía de  Felipe  IV«  que  le  eolmó 
de  Ñivorea.  Sos  principales  obras  son: 
Tratado  de  nimüea;  Tratado  da  la  etfe- 
ra;  Viaje  dt  S.  M.  el  rejf  nmesiro  uMor 
Don  Felipe  III  á  Ptrívgal;  y  iViiv/ra- 
y  10  del  navio  So»  AUerto. 

Lavaplatos.  Sustantivo.  BI  que 
friega  los  platos.  - 

uvar.  Activo.  Limpiar  con  agua 
ú  otro  licor  cualquiera  cosa.  Se  usa 
también  como  reciproco.  Q  Entre  los 
albañiles  ee  dar  lá  última  mano  al 
blanqueo,  bruñéndolo  coa  un  paüo 
mojado.  ¡  Metáfora.  Purificar,  quitar 
algún  defecto,  mancha  6  descrédito. 

fimioLOGÍA.  Gríep^  XaUv»  (loúein), 
rociar,  hacer  aspenuones:  latín,  ¿a."», 
bañar;  liítire,  lavarj  italiano,  ¡avare¡ 
francés,  laver¡  catalán  antígno,  ¡Uñar, 
lavar;  bnigaiñtfn,  laivai. 

1.  «Lavab  de  kieeo.  Se  diee  en  Aza- 
gdn  cuando  le  oubre  de  hieso  una  pa- 
red bruñéndola  con  una  paleta.» 
.  2.  «Lavab  la  lana  á  alguna.  Vale 
averiguar  j  examinarle  la  causa,  has- 
ta descubrir  la  verdad.  Trahe  esta 
frase  Covarrubias  en  su  Tetoro.* 

3.  «Lavo  mit  manoe.  Frase  con  que 
se  disculpan  aquellos  á  quienes  con 
repugnancia  6  violencia,  se  les  obliga 
k  cgecutar  alguna  cosa  que  en  su  dic- 
tamen es  injusta.  Puede  venir  de  la 
antigua  costumbre  de  lavabsb  la»  «o- 
awíos  jueces,  euaado  daban  alguna 
sentencia,  para  dar  á  enteader  la  pu- 
reza 7  limpieza  con  que  lo  hacían.» 

4.  «iV«  lo  LAVAai,  em  cuanta  agua 
lleve  el  río.  Frase  que  se  dice  del  que 
es  tan  público  y  manifiesto  un  de^c- 
to,  que  no  puede  purgarse  de  él  por 
más  queie  aolicite.»  (AcADanu.,  ^ü* 
donario  de.  i  7Ífi.) 

Lavareto.  Masenlino.  Femado  pa- 
recido á  la  trucha. 
LavaUr  (Joan  Gaspaii)..  Qélebre 


LaVa 

escritor  suizo,  que  nacid  en  1741  j 
murió  en  1801.  Abrazó  la  carrera 
eclesiástica  v  obtuvo  un  ministerio 
protestante,  aisti  aguí  endose  tanto  por 
su  elocuencia  como  por  los  tratados 
religiosos  que  compuso.  Abandonan- 
do después  ,  esta  profesión,  se  dedicó 
exclusivamente  á  crear  una  ciencia 
tan  difícil  como  extraordinaria,  que 
consistía  en  conocer  las  inclinaciones, 
el  carácter  V  el  porvenir  de  las  perso- 
nas. Una  íarga  serie  de  experimen- 
tos ^  un  constante  j  prolongado  ea- 
tndio  le  persuadieron  de  que  podía 
leer  en  el  semblante  los  sentimientos 
oeultoi  del  corazón,  ▼  deducir  de  ellos 
consecuencias  inequívocaa.  Halliado- 
ae  sitiada  Znrich,  su  ciudad  natal, 

Eor  los  franceses,  en  1799,  se  ocupa- 
a  en  llevar  socorros  á  loa  heridos 
cuando  recibió  un  balazo  en  un  cos- 
tado, el  cual  te  llevó  al  sepulcro  des- 
pués de  unos  cuantos  meses  de  sufri- 
mientos. Sus  principales  obras  son: 
Cantot  keh/ticot;  Ideat  ¡obre  la  eíerwi^ 
dad;  Afannal  cristiano  para  uto  de  la 
infancia;  Cantos  cristianos;  Historias 
sacadas  de  la  Biblia;  De  la  JitiognomÓ- 
nica;  La ^agelacién  de  JetúSt  poema; 
La  Nueva  Mesiada,  ídem;  Ptmeio  Pi- 
lato,  fdem;  Bl  eora»j»  humano,  fdem; 
Josd  de  iinswCM,  Idem;  Áhrakam  é 
Isaac,  drama  religioso;  Viaje  á  Co- 
penhague; Sermones  r  Cartas*  (Sala.) 

J2íf  amea.— 1.  Bl  hombre  cienti^co.^ 
Lavatbb  no  pndo  escribir  científica- 
mente sobre  frenología,  por  carecer 
de  los  estudios  necesarios  para  una 
empresa  de  esta  índole,  tales  como  la 
anatomía,  la  fisiología,  la  psicología 
jr  los  varios  ramos  de  historia  natu- 
raL  Lavatbb,  como  Leasing,  como 
Zímermann,  como  Pernettjr,  no  hizo 
más  que  apropiarse  las  teorías  de 
Juan  Bautista  Porta  y  J.  Huarte,  en 
los  tiempos  modernos,  y  de  Aristóte- 
les en  los  tiempos  antiguos.  Las  doc- 
trinas de  LAVaTBB  tuvieron  cierta  fa- 
ma hasta  la  aparición  de  nn  gran 
fisiólogo,  ^ue  dió  á  la  materia  la  vida 
de  su  genioh  Al  nacer  Gall,  murió 
Lavatbb. 

2.  Bl  hombre. — ^Lavatbb  es  uno  de 
loa  caracteres  más  revueltos,  una  de 
las  naturalezas  más  complicadas,  uno 
de  los  espíritus  más  confusos  de  que 
tiene  noticia  la  historia.  Defiende  á 
los  insurrectos  del  lago  de  Zurich,  y 
salva  la  vida  de  sus  jefes,  mientras 
que  se  levanta  en  1798  áuntra  los 

firíncipíos  democráticos  del  Gobierno 
ranees  y  del  Directorio  helvético.  Es 
calvinista  jescribe  un  poema  en  ho- 
nor del  culto  romano.  Creía  en  las 
brujas  como  en  los  profetas;  en  la 
evocación  de  los  espíritus  como  en  los 
artículos  de  la  fe;  en  los  charlatanes 
V  taumaturgos  como  en  las  Sagradas 
Escrituras.  Abonan  grandemente  á 
nuestro  personaje  la  buena  fe,  el  ainor 
á  la  humanidad  jr  una  vida  martiri- 
zada. 

3.  Bl  jrwto.— Han  sobrevivido  á 
nuestro  autor  las  Canciones  helvéticas, 
precioso  dechado  de  sencillez,  de  gra- 
cia y  de  ternura.  Puede  afirmarse  que 
los  Cantos  heMtieos,  más  qae  todas 


LA  Vi 


84^ 


sos  elucubraciones  eientífieas,  han 
llevado  el  nombre  de  Lavatbb  al  se- 
guro de  la  inmortalidad. 

4.  Bibliografía, — La  principal  obra 
de  Lavatbb,  sus  Fragmentos  fsionó- 
micos,  aparecieron  en  alemán  en  1775 
á  1776  (4  volúmenes  en  4.°),  y  fueron 
traducidos  diversas  veces  al  francés, 
siendo  de  notar  la  edición  de  París 
(9  volúmenes  en  4.*),  hecha  por 
Moraau,  con  500  grabados.  Jorge 
Gessner,  verno  del  autor,  publicó 
una  vida  de  su  suegro,  en  tres  volú- 
menes en  8.' 

Lavativa.  Femenino.  Attma  ó 
CLÍSTBB,  por  el  instrumento  con  (|[ue 
se  administra  el  a^na  ú  otro  líquido 

fior  la  parte  posterior.  |  Agua  ú  otro 
fquido  que,  administrado  por  la  par- 
te posterior,  sirve  para  humedecer, 
refrescar  y  limpiar  los  intestinos.  H- 
Metafórico  familiar.  Molestia,  inco- 
modidad; j  así  se  dice:  ¡quí  lavati- 
va! ¡VATA  UNA  lavativa! 

ETUfOLoaÍA.  ¿at7fzr:  catalán,  lavativa. 

Lavativazo.  Masculino.  Inyección 
por  medio  de  lavativa.  j|  Golpe  dado 
con  la  lavativa. 

Lavativo,  va.  Adjetivo  anticuado. 
Lo  que  Uva  d  tioae  virtud  da  lavar  / 
limpiar. 

Lavatorio.  Masculino.  La  aedÓn 
de  lavar  ó  lavarse.  |  Cocimiento  me- 
dicinal para  limpiar  alguna  parte 
externa  del  cuerpo.  Q  LavaMawos.  | 
La  ceremonia  de  lavar  los  piés  que  se 
hace  el  Jueves  Santo.  ||  Liturgia.  Ce- 
remonia que  hace  el  secerdote  en  la 
misa  después  de  haber  preparado  el 
cáliz,  lavaudosi;  los  dedos,  jj  Liturgia 
antigua.  Piedra  sobre  la  cual  se  lavaba 
el  cuerpo  de  los  eclesiásticos  y  reli- 
giosos después  de  su  muerte. 

KTiMOLoaÍA  Latín  lavalÓrUmt  la- 
vadero (Cflosas  de  FilorenoJ;  Ünacés, 
lavaimre!  catal&n,  lavatori, 

L«Tnt>i&  Fanwniaa  bmiliar*  La- 

VANSaSAp 

Lavasas.  Vemenino  pluraL  Bl 
agua  sucia  é  meicUda  oon  la  porq^ue- 
ría  de  lo  que  ae  lavó  en  ^ia. 

Lave.  Masculino.  Minas.  La  ope- 
ración de  lavar  los  metales  para  en- 
tresacarlos de  la  tierra  j  eteorias  eon 
que  están  mezclados. 

Lavega.  Femenino.  Especie  de 
piedra  de  que  se  hacen  vasijas  mujr 
resistentes  al  fuego. 

Etimolooía.  Lava:  italiano,  laveg- 
gio;  francés,  lavége, 

Lavema.  Femenino.  Mitología. 
Diosa  de  los  laditmiSi  plagiarios,  hi- 
pócritas. 

ETniOLoaiA.  Latín  LUvima,  por 
Uóimi,  del  griego  iaSsi»  (UM»),  to- 
mara 

LavarnaL  Adjetivo.  Lo  putene- 
ciente  i  la  diosa  Lavema.  |  Poibta 

Lavbbnal.  Una  de  las  de  Boma,  en 
donde  había  un  ara  dedicada  ála  dio* 
sa  de  los  ladrones.  (Vabbón.) 

KtimoloqÍa.  Latín  lavernilist  laver- 
nal;  lavbbmalis  pobta.*  puerta  Lavar* 
nal. 

Lavinia.  Femenino.  Hija  dd  rej 
Latino,  mujer  de  KnfHk 


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84¿  Lavó 

LiTOisier  (Antonio  LobsMzo). 
lebre  químico  francés,  hijo  de  un  co- 
merciante de  París.  Recibió  una  ex- 
celente educación  en  el  colegio  Ha- 
zarinor  en  li  que  desde  los  primeros 
momentos  manifestó  el  futuro  quími- 
co una  mareada  afición  á  las  ciencias 
extetat.  Siguiendo  los  cursos  de  as- 
tronomía de  La  Caille«  estudió  la  quf* 
mica  en  el  laboratorio  de  La  Rouelle 
y  fué  uno  de  los  más  asiduos  ojentes 
de  Bernardo  de  Jussieu.  Entregado 
por  completo  al  estudio,  no  tuTO  nin- 
guna de  las  pasiones  de  la  Juventud: 
se  separó  del  mundo,  absorto  por  com- 

fileto  en  sus  trabajos,  j  limitó  sus  re- 
aciones á  las  de  sus  maestros  t  i  las 
de  algunos  sabios  distinguidos,  k 
los  23  aQos  obtenía  nn  premio  en  la 
Academia  de  Ciencias.  Bata  había  pro- 
puesto, como  tema  del  concurso:  Me- 
moria sobre  el  mejvr  titíeiM  de  almmbnh 
do  deParü*  La-toisish  se  encerró  en  su 
habitación  j  permaneció  más  de  seis 
semanas  sin  rer  otra  luz  qae  la  de  las 
lámparas  sobra  qne  hacía  sus  expe- 
rimentos. Al  salir  de  su  Toluntario 
ostracismo,  obtenía  (Abril  de  1766)  la 
medalla  de  oro.  En  1768  entró  i  for- 
mar parte  de  aquella  docta  corpora- 
cíónf  mediante  otra  memoria  Soíre  lot 
yacimientos  de  lat  montañas.  Después, 
deseando  tener  una  posición  que  le 

ftermitiera  con  desahogo  dedicarse  á 
oi  estudios  de  una  manera  indepen- 
diente, solicitó  j  obturo,  en  1769(  el 
cargo  de  recaudador  general  de  im- 
puestos. Desde  ontonces,  compartió 
su  Tida  entre  la  ciencia  j  su  nuero 
destinoi  que  desempeñó  siempre  con 
la  más  perfecta  honradez  j  que  debía 
serle  tan  fatal,  los  judíos  de  Metz  le 
debieron  la  abolición  de  un  impuesto 
odioso,  residuo  tradicional  de  la  bar- 
barie de  la  Edad  media.  Turgot  le  co- 
locó, en  1776,  al  frente  de  la  comisa- 
ría del  impuesto  de  sal  j  pólvoras, 
introduciendo  en  la  fabricación  de 
esta  última  notables  mejoras.  En  178S 
fué  destinado  i  la  caja  de  descuentos; 
en  1790,  nombrado  individuo  de  la 
comisión  de  pesos  t  medidas,  j  en 
1791,  comisario  de  la  Tesorería.  En 
aquel  mismo  año  publicó  un  Tratado 
sobre  la  riqueza  territorial  del  reino  de 
Francia^  cuja  impresión,  por  cuenta 
del  Estado,  decretó  la  Asamblea  cons- 
tituyente. En  1772  había  echado  los 
primeros  cimientos  á  sus  teorías  quí- 
micas; pero  su  e^íritu  esencialmente 
creador  esperó  hasta  1783  para  dar 
el  golpe  de  gracia  á  la  doctrina  de  los 
ñogísticos.  Sabiendo  multiplii-arse  do 
un  tnodo  increíble,  publicó  de  1772 
á  1786  más  de  cuarenta  memorias  re- 
lativas á  su  doctrina,  siguiendo  en 
ellas  un  método  tan  lógico,  que  basta 
leer  aquellos  opúsculos  para  compren- 
der cómo  se  forma  una  ciencia.  }<ada 
se  pierde,  nada  te  crea;  hé  aquí  su  divi- 
sa; la  wiaíeria  jtugde  ser  modificada  en 
su  forma,  pero  ^amás  alterada  en  tupeso. 
Después,  poniendo  la  balanza  al  ser- 
vicio de  este  profundo  pensamiento; 
86  convierte  en  sus  manos  en  un  reac- 
tivo infalible,  que  podía  y  debía  por 
»í  solo  operar  una  »cuuda  revotuciúa 


LaVÓ 

«n  la  qaímic*.  Entra  «ui  tramerosoi 
trabajos,  citaremos  sobre  todo:  el  det- 
cubrimiento  del  axtgeno,  que  biso  al 
mismo  tiempo  que  Priestlejr  /  que 
Ue^  &  ser  la  base  de  su  teoría;  el  aiii* 
Usu  y  la  tinietis  del  aire  (1777);  la 
del  ácido  earidnieo,  la  del  aana  j  la  de 
las  materias  oryánicat.  Desde  entoncef 
pudo  explicar  la  combustión,  U  res- 
piración j  la  fermentación.  Al  mismo 
tiempo,  se  entreg.i  á  cuantos  trabajos 
exigen  las  necesidades  del  presente, 
j  emprende,  en  beneficio  déla  huma- 
nidad, una  larga'  serie  de  experien- 
cias malsanas  7  peligrosas  en  los  ga- 
ses y  materias  fecales,  logrando  re- 
saltados por  expremo  beneficiosos.  En 
su  Trataáo  de  química  (1792,  dos  volú- 
menes en  8.*),  donde  expone  las  bases 
de  la  química  moderna,  se  muestra, 
eomo  filósofo  r  como  lógico,  digno 
émulo  de  Condillae.  En  1787,  Four- 
croj  j  Berthollet  adoptaron  sa  teoría. 
Por  fin,  creó  con  Guatón  de  Morvean 
la  nomenclatura  química.  Lavoisibb 
ha  dejado  también  importantes  traba- 
jos sobre  el  calórico,  estableciendo  su 
imponderabilidad,  demostrando  las 
analogías  entre  los  vaporea  y  el  ^s  é 
inventando  con  Laplace  un  caloríme- 
tro, con  ayuda  del  cual  se  explican 
los  fenómenos  de  la  respiración  y  del 
calor  animal.  Una  muerte  prematura 
detuvo  el  curso  de  sus  trabajos,  en  el 
momento  en  que  los  recogía  todos 

Sara  formar  una  obra  única.  Aun  hoy, 
espués  del  transcurso  de -todo  un 
siglo,  sus  descubrí mientoa  son  la 
admiración  de  los  hombres  mis  doc- 
tos, en  tanto  que  sus  teorías  sirven 
como  de  alambre  conductor  en  el  in- 
menso dédalo  de  las  ciencias  quími- 
cas. Hablando  ahora  de  s\i  muerte,  nos 
repugna  decirlo,  pero  lo  tenemos  que 
decir.  En  2  de  Mayo  de  1794,  el  con- 
vencional Dupin  presentó  un  acta  de 
acusación  contra  todos  los  asentistas  6 
recaudadores  generales  de  impues- 
tos públicos;  por  consiguiente,  contra 
Lavoisibr.  Transcurridos  cuatro  días, 
el  6,  fué  condenado  á  muerte  con 
todos  sus  demás  compañeros.  Bl  con* 
denado  pidió  al  tribunal  que  prorro- 
gara por  algún  tiempo  la  sentencia, 
con  elobjeto  de  llevar  á  cabo  algunas 
experiencias  interesantes,  £  cuja  ins- 
tancia contestó  el  presidente  del  tri- 
bunal qne  «la  República  no  tenfa  ne- 
cesidad de  sabios.»  Ciertos  autores 
atribuyen  esta  brutal  contestación  i 
Dumas;  otros,  al  acusador  público, 
Foaqnier  Tinville;  otros,  al  vicepre- 
sidente Coffinhal.  Sea  de  esto  lo  que 
quiera,  aunque  debemos  hacer  constar 
que  no  es  punto  histórico,  ello  fué 
que  nuestro  personaje  se  vió  incluido 
en  aquella  especie  de  asesinato  en 
masa.  Nuestros  apreciables  lectores 
saben  muy  bien  que  no  nos  cuadra  el 
menguado  oficio  de  acusadores  impla- 
cables, pero  ante  una  barbarie  tau 
feroz  jr  tap  ciega  no  es  posible  callar. 
Hacer  morir  en  la  guillotina -i  un 
hombre  inocente,  es  una  herejía  que 
subiera  elinimo  de  toda  persona 
dianamente  honrada.  La  satine  del 
ilustre  sabio,  orgullo  de  su  siglo  y  de 


Laxa 

su  pueblo,  será  una  manohá  «terna  «ti  ! 
los  anales  de  la  revolueíón  del  9i.  ¡ 
¡(juién  sabe  los  progresos  de  qot 
aquella  infamia  privó  i  la  eieneia!  I 
¡Qué  responsabilidad  tan  formidable!  ¡ 

Reseña*— i.  Los  dos  monumentos 
qne  han  oonaag^do  la  memoria  del 
personaje  de  esta  biografía  son  un 
retrato  pintado  por  David  y  la  eoroni 
que  presentaron  á  la  víctima  en  an  ea* 
lab^zo  los  individuos  del  Liceo,  pre- 
cisamente en  el  día  antes  de  la  ejaea- 
ción.  Pero  aquella  víctima  tieno  ana 
guirnalda  y  un  retrato  de  macho  más 
precio:  la  gloría  de  ser  inmortal  en- 
tre los  genios  más  fecundos  del  sin- 
glo xviu,  la  gloria  inmarcesible  de 
vivir  siempre  entre  loe  héroes  t  Ioi 
mártires  de  la  ciencia,  recibieado  «o 
pago  el  amor  de  todos;  también  el 
nuestro.  Al  lado  de  este  mundo  infi- 
uSto,  ff^aé  es  una  guiUotíua?  jCrael- 
dad  inútil!  ¡Barbarie  impotente!... 

2.  Halle  y  Lotsel  levantaros  su  vos 
en  favor  de  la  víetinu;  y  aunque  nada 
legraron,  debe  eonrignarae  lo  qae 
dice  la  historia. 

3.  Antonio  Lorenzo  Lavoisibr  na- 
ció en  París  el  día  1€  de  Agosto  de 
1743  y  acabó  en  el  cadalso  el  día  8  de 
Mayo  de  1794.  Fué  el  cuarto  de  los 
veinticuatro  guillotínadoa  en  aquel 
espantoso  día.  Su  suegra,  }l.  Poulze, 
con  cuya  hijaae  había  casado  en  1771, 
le  precedió  inmediatamente  en  la  te- 
rrible bá80ula;dB  tal  suerte  que  la  gui* 
Uotina  mescló  su  sangre. 

4.  Galileo,  con  el  telescopio,  rero- 
lueionó  la  aetronomía:  Newton,  con 
la  gravitación  universal,  revoludoDÓ 
la  nstea:  Lavoíubr,  eon  el  deseubri- 
mÍL'nto  del  oxigeno,  vevelueionó  las 
ciencias  naturales  y  las  ciencias  mé- 
dicas, puesto  que  llevó  naeTOspriaei- 
ptos  á  la  naturaleza  y  ú  la  vida.  | 

Laxación.  Femenino.  La  acción  y  | 
efecto  de  laxar.  ! 

Etimoloo'a.  Losar:  latín,  laxiíle,  ¡ 
forma  sustantiva  abstractade  lawiíiis,  1 
laxado:  italiano,  Íossomus;  catalán, 
iaxament.  ! 

Laudo,  da.  Participio  parivo  da 
laxar. 

Btimolooía.  Latía  lái^Uist,  partici- 
pio pasivo  de  la^bre:  eataláu,  lastat, 
da;  »ancés,  Uché;  italiano,  ¿oicw^ 

Laxamiento.  Uaseulino.  Laxa- 

CIÓN  ó  LAXITUD. 

Lazante.  Participio  activo  de  la- 
xar. Lo  que  laxa,  f  Medicina.  Lo  qn  - 
evacúa  ei  vientre  sin  llegar  i  purga.-. 
I  Sustantivo.  Un  laxante;  los  la- 
xantes. 

Laxar.  Activo.  Aflojar,  ablandar, 
disminuir  la  tensión  de  alguna  cosa. 
H  Áfedicina.  Evacuar  el  vientre  de  on 
m  ido  suave. 

BTiuOLoafA.  Lasio:  latín,  faaSre: 
catalán  y  portugués,  laxar;  proven- 
zal,  laxar,  ¿osMsr;  francés  antiguo, 
lascker;  moderno,  Ueker;  italiano,  bu- 
cíare. 

Laxativo,  ra.  Adjetivo.  MtdkiMS. 
Lo  que  laxa  ó  tiene  virtud  de  laxar. 
8e  usa  también  eomo  suatautivoen  U 

terminación  masculina. 
ErmoLoaíA.  ¿osar;  Utfa,  Itatíím, 


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Laza 

lo  qoe  tiniB  TÍrtud  d«  ablandar; 
\i%no, ■  lauaíito;  francés,  /íu><i/'|/;  pro- 
veDzal,  Uaatiu;  catalán,  iaxatiu,  va. 

Laxidad.  Femenino.  Laxitud. 

Lazifioro,  rft.  Adjetivo.  Bot&nita, 
Cavas  flores  están  muj  apartadas  unas 
de  otras,  en  euro  sentido  se  dice:  tn- 
Jtoretcencia  laxiplora. 

Btucoldoía.  Latín  /(kmi,  laxo,  j 
Jlof,JUritt  flor:  francés,  laaijlore. 

laftzifoUado,  da.  ¿djetiro.  Sotánir 
es.  De  hojas  mor  separadas  entre  sí. 

EriHOLOofA.  Laxut,  laxo,  j  /SUS^ 
au;  de ^líum,  hc^'a. 

Laxitud.  Femenino.  Calidad  de 
laxo:  como  la  laxitud  délas  fibras. 

finuoLooÍA.  Laxo:  httjo  latín,  laxí^ 
tido;  clásico,  laxííai;  catalán,  laxitud; 

firoTenzal,  laxetatitnmaht  lémf¿;  ita^ 
iano,  lassetia. 

SiNONiuiA.  Laatitud,  relajacüfn.  La 
laxitad  está  en  las  doctrinas  j  en  las 
lejes;  la  rtlajacüf»,  en  la  conducta. 
No  ei  extraño  que  donde  h^j  laxitud 
en  él  ejercicio  de  la  autoridad  j  en  la 
opinión  pública,  haja  también  relaja^ 
cto*  en  las  costumbres.  Se  acusa  de 
laxitud  i  la  ética  del  probabilismo. 
Todos  los  historiadores  convienen  en 
la  retajaciáñ  que  infestó  las  dinastías 
del  bajo  imperio.  (Moba.) 

Laxo,  xa.  A.djetivo.  Lo  que  está 
flojo  6  no  tiene  la  tensión  que  natural- 
mente debe  tener,  jj  Metáfora.  Se  apli- 
ca á  la  moral  relajada.  Ubre  ó  poco 
sana;  como  las  opiniones  líxám  de  al- 
g-unos  casuistas. 

Btu«>looÍa.  Latín  lamu,  participio 
pasivo  anticuado  de  lan^ithret  lang^ai- 
decer:  italiano,  iatso;  francés  antiguo, 
toicke;  moderno,  Idc&e,  flojo,  cobarde; 
provenzal,  í»,  /oie;  catalán,  laxo,  a. 

Laya.  Femenino.  Calidad,  especia, 
género;  j  así  se  dice;  esto  es  de  la 
misma  lata  ó  de  otra  lata.  |  Provin- 
cial. Instrumento  con  dos  puntas  de 
hierro,  de  una  tercia  cada  una,  con 
QD  cabo  de  madera,  que  sirve  para 
labrar  la  tierra  j  revolverla. 

BnuotOGÍA.  Antiguo  escandinavo 
Uid:  anglo-sajón,  láa;  flamenco,  leyde; 
bajo  latín,  leía,  /ta,  laia,  leda,  ¿ada¡ 
francés,  /o^,  martillo  de  picapedrero 
que  tiene  dientes  en  el  corte. 

Lavador,  ra.  Masculino  j  femeni- 
no. Él  quj  labra  la  tierra  con  la  laja. 

Layar.  Activo.  Labrar  la  tierra 
con  la  laja. 
ETniOLoaÍA.  Laya:  francés,  layer. 
Laxada.  Femenino.  La  atadura  ó 
nndo  que  se  hace  con  hilo,  cinta  ó 
cosa  semqante,  de  manera  que  tiran- 
do de  ano  de  los  cabos  pueda  desatarse 
con  fteilidad.  |  Lazo,  por  el  enlace  ó 
nndo  de  cintas  Qué  sirre  de  adorno. 

LazadiUa.  Femenino  diminutivo 
de  Ikzada. 
Lazar.  Neutro  anticuado.  Lazrab. 
Lazareto.  Masculino.  £1  hospital 
6  lugar  fnera  de  poblado  que  se  des- 
tina para  hacer  la  cuarentena  los  que 
vienen  de  parajes  sospechosos  de  al- 
guna enfermedad  contagiosa. 

BnuoLoaÍA.  Bajo  latín  lazaría,  le- 
proso, aludiendo  al  Lázaro  del  Evan- 
gelio: italiano,  lazaretto;  francés,  U- 
ttrfti  catalán,  latareí. 


Laza 

Reseña.  —  Nombre  que  designaba 
prílnitivamente  un  hospital  de  lepro- 
sos, [colocado  bajo  la  invocación  de 
san  Lázaro,  y  que  se  aplica  á  los  edi- 
ficios aislados  donde  se  obliga  á  hacer 
cuarentena  á  las  personas  r  á  las  mer- 
cancías procedentes  de  países  infecta- 
dos 6  sospechosos  de  conti^io. 

Lazarillo.  Masculino.  Bl  mucha- 
cho que  ofuía  j  dirige  al  ciego, 

EtuiolooÍa.  Ldairo, 

Lazarillos.  Masculino  plnral.  «Se 
llaman  también  los  muchachos  que  se 
curan  la  tifia  en  los  hospitales  de  San 
Lázaro.»  (Acadbioa,  Diedoturio  de 

me.) 

Lazarino,  na.  Adjetivo.  Que  se 
aplica  al  que  padece  la  enfermedad  de 
lepra. 

Lazaristas.  Maseulinoplural.  His- 
toria religiosa.  Son  los  llamados  tam- 
bién sacerdotes  de  la  Misión,  congre- 
gación fundada  en  1625  por  san  Vi- 
cente de  Paúl,  para  formar  ó  instruir 
misioneros,  aprobada  por  el  papa  Ur- 
bano VIII  en  1632  j  llamada  asi  por> 
que  se  estableció  en  París  en  una  an- 
tigua casa  de  hospitalarios  de  san  Lá- 
xaro.  El  general  debía  ser  -  francés  j 
residir  en  París.  £1  convento  de  San 
Lázaro  era  también  una  especie  de 
prisión  donde  se  encerraba  á  los  jóve- 
nes de  mala  conducta.  Los  lazaris- 
tas continúan  predicando  en  loa  paí- 
ses extranjeros  ^  dirigen  los  semina- 
rios de  varias  diócesis. 

Lázaro.  Adjetivo  anticuado.  El  que 
padece  ;la  enfermedad  llamada  lepra 
ó  San  Lázaro.  Se  usa  también  como 
sustantivo,  j  ^íd/ia.  Hermano  de  Mar- 
ta j  de  Mana,  á  quien  Jesucristo  re- 
sucitó, según  el  Evangelio. 

Etiuolooía.  Latín  de  san  Jeróni- 
mo, Ld£ítrus,  nombre  propio  del  por- 
diosero, llano  da  úlceras,  qne  esme- 
raba en  la  puerta  del  rico:  catalán, 
Lldtzer;  potar  eoM  «n  Lláíter,  poner  de 
oro  j  azul.— -«Pobre  andrajoso.  Llá- 
mase así  por  alusión  al  Lízabo  men- 
digo del  Evangelio.  Se  toma  también 
por  taimado,  astuto  j  redomado.» 
(AOADBUiA,  Diccionario  de  17S6.) 

Lázaro  (Rauón).  Jurisconsulto  j 
canonista  español,  que  nació  en  Bar- 
celona en  1739  j  murió  en  1832.  Es- 
tudió en  la  universidad  de  Cervera, 
donde  obtuvo  los  grados  de  doctor  en 
lejes  j  cánones.  Fué  diputado  en  las 
Cortes  de  Cádiz  en  1810,  maestres- 
cuela en  la  iglesia  de  Lérida  r  rec- 
tor j  carcelario  de  la  universidad  de 
Cerrera.  Sus  obras  más  notables  son: 
Derecho  público  general  de  España  v  de 
Cataluña;  Rigueza  de  la  nactm,  y  Pro- 
yecto  sobre  laudemios. 

Lázaro  (san).  Biblia.  Hermano  de 
Marta  j  de  María,  que  vivía  en  Beta- 
nia,  en  la  época  en  (^ue  Jesús  predi- 
caba allí  el  Evangelio.  Muerto  duran- 
te una  de  las  excursiones  de  Jesús, 
el  Divino  Maestro  lloró  sobre  su  tum- 
ba j  le  resucitó  al  cuarto  día  de  su 
muerte.  Se  ignoran  los  demás  detalles 
de  su  vida.  La  Iglesia  catülica  cele- 
bra su  fiesta  el  2  de  Septiembre. 

Lázaro.  Biblia.  Hombre  pobre  j 
cubierto  de  úlceras  qae  trató  en  vano 


LAZÓ  Stó 

de  conmover  al  rico  avariento.  Muer- 
tos ambos,  el  rico  avariento  imploró  á 
su  vez  inútilmente,  desde  el  fondo  del 
infierno,  á  Lázaro,  convertido  en  bien- 
aventurado. El  sentido  moral  de  esta 
hermosa  parábola  de  Jesús  es  evidente. 

Reseña.— Jerusalén  se  muestra 
todarfa  i  los  peregrinos  cristianos  el 
lugar  en  que  estuvo  la  casa  del  rico 
avariento,  así  como  el  sitio  en  que  el 
pobre  Lázaro  pedía  limosna. 

Lazaroni.  Masculino.  Nombre  qua 
86  da  en  Italia  á  los  trohanes  j  ao- 
drájosos. 

EmiOLoaU*  Bajo  latís  isson»,  le- 
proso. 

Reseña  hisítfrica.—^omhn  del  po- 
pulacho de  Nápoles,  en  general,  que 
significa  los  grandes  Lázaros,  por  se- 
mejanza á  su  patrono,  el  Lázaro  del 
Evangelio,  tipo  de  pobreza  j  desnu- 
dez. Antiguamente  eran  mendigos, 
casi  desnudos,  que  no  trabajaban  sino 
lo  preciso  para  no  morir  de  hambre, 
que  descansaban  mientras  tenían  para 
vivir,  j  que  dormían,  por  lo  g^eneral, 
en  los  grandes  graneros.  Hacia  fines 
del  siglo  xTni,  formaban  una  pobla- 
ción de  anos  ^.000  individuos,  que 
escogía  un  jefe  llamado  capo  Láfaro, 
6  capitán  Lázaro.  Hasani«l6  (véase 
este  nombre)  lo  era,  cuando  estalló 
la  insurrección  de  16i7.  En  1798,  los 
LAZARONI,  armados  por.  el  cardenal 
Ruffo,  intentaron  defender  á  Nápoles 
contra  la  armada  francesa  j  el  gene- 
ral Championnet.  Hoj,  los  lazaboni, 
al  menos  los  del  puerto,  son  activos  j 
laboriosos;  no  van  desnudos,  como  en 
otro  tiempo,  sino  que  llevan  una  ca- 
misa j  un  calzón  de  tela;  j  en  el  in- 
vierno, un  capote  largo  con  mangas 
/  capuchón  de  paflo  grueso. 

Lazdrador.  Ifaiealino  antíeoado. 
Lazradoh. 

Lazdrar.  Neutro  anticnado.  Laz- 

BAB. 

Lazibrar.  Masculino.  LapislXíuli. 

Lazo.  Masculino.  La  lazada  ó  nudo 
de  cintas  ó  cosa  que  sirve  de  adorno, 
j  se  hace  formando  unas  como  hojas, 
j  dejando  á  veces  los  dos  cabos  suel- 
tos 7  pendientes.  ||  Adorno  hecho  de 
algún  metal  ó  piedras  imitando  al 
LAZO  de  la  cinta.  ]j  El  adorno  de  líneas 
j  florones  enlazados  unos  con  otros 
que  se  hacen  en  las  molduras,  frisos  J 
otras  cosas.  Q  Cualquiera  de  los  dise- 
ños ó  dibujos  que  se  hacen  con  el  boj, 
arraján  ú  otras  plantas  en  los  cuadros 
de  los  jardines.!  Cualquiera  los  en- 
laces artificiosos  y  figurados  que  hacen 
los  danzantes  y  ios  que  bailan  contra- 
danzas. I  Lazada,,  por  el  nudo  que  se 
hace  con  hilo,  cuerda  ó  cosa  semejan- 
te; y  así  se  dice:  lazo  corredizo,  f  La 
cuerda  de  hilos  de  alambre  retorcido, 
con  su  lazada  corrediza,  que  asegura- 
da en  el  suelo  con  una  estaquilla,  sir- 
ve para  coger  conejos.  Hácese  también 
de  cerda  para  cazar  perdices  y  otros 
pájaros.  ¡|  El  cordel  con  que  se  asegu- 
ra la  carga.  |  En  la  ballestería  es  el 
rodeo  que  con  los  caballos  se  hace  á 
la  res  para  precisarla  á  ponerse  á  tiro 
del  que  la  espera,  engañándola  j  ha- 
ciéndola huir  por  la  parte  en  que  no 


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350 


LEAL 


se  ha  dejado  rastro.  Q  Metáfora.  Ar- 
did 6  artificio  engañoso,  asechanza.  \ 
Uai^Q,  vinculo,  obllgacidn.  ]  cisao. 
En  la  ballestería  le  diee  euando  ae 
intenta  nutar  á  laso  las  reses  sin  rer- 

las.  \  AXUAK  UZO,  TRAMPA,  ZANCADI- 
LLA, etc.  Frase  metafórica  y  bmíliar: 
Poner  asechanzas,  usaí  de  alguna  tre^ 
ta  tf  artificio  para  engaftar  á  alguno. 
II  Mbtbb  kl  lazo  al  pib.  Frase  meta- 
fórica anticuada.  Abuab  lazo.  ||  Rosa 
bl  lazo.  Frase.  Huir  de  algún  aprieto 
ó  peligro  en  que  se  estaba.  |  TBNSti 
BL  LAZO  k  LA  oaroanta.  Frase  meta- 
fórica. I  TbNBB  la  SOOA  k  LA  OABQAN- 

TA.  |[  Cabb  bn  bl  lazo.  Locucidn  pro- 
verbial.  Cabb  bn  la  trampa. 

BTmoLoaÍA.  Provenzal  loe,  Uu,  latt: 
catalán,  llat;  namurés,  las';  walón, 
Irs';  portugués,  loco;  francés,  lact;  ita- 
liano, laccto,  del  latía  lax^  ¡aci*,  J  lÜ- 
gu?iu,  Idqnei,  en  relación  con  el  grie- 
go UIm;  eólico,  brÁios,  de  la  raíz 
sánscrita  mvfe. 

1.  El  ladical  sánscrito  significa  la 
idea  de  hacer  trozos,  sentido  que  to- 
maron el  eólico  brákos,  que  equivale 
á  jirón,  /  el  griego  lákot,  forma  evi- 
dente de  lakein,  desgarrar,  origen  del 
latín  Idarare,  por  ligwrare. 

2.  Nótese  la  simetría  que  existe 
entre  el  griego  lakéin,  Ujtot  (XaxcTv, 
Xáxo^),  j  el  latín  l^ueui,  lazo. 

3.  Etimológicamente  hablando,  lato 
quiere  decír  trozo  6  jirón,  de  donde 
vino  la  significación  de  lazo  ó  nudo, 
porque  haj  que  anudar  lo  que  se  des- 
garra. 

4.  Bl  tazo  pasó  luego  á  significar 
trampa,  engafio,  dolo,  porque  se  ob- 
servo que  era  un  frauda  del  enemigo. 

5.  La  serie  de  significados  es:  ji- 
rón, nudo,  ardid,  fauicia. 

Lazrádamente.  Adverbio  de  mo- 
do anticuado.  Con  lacería  ó  trabajo. 

BTiuoLOof  A.  Zwnu^  j  el  sufijo  ad- 
verbial mente, 

Lazrador.  Masculino  anticuado. 
El  que  padece  y  sufre  trabajos  y  mi- 
serias. 

Lucrar.  Neutro  anticuado.  Pade- 
cer; sufrir  trabajos;  miserias. 

Etiuolooía.  Contracción  de  lazar- 
rar,  forma  de  Lisaro. 

Lazroso,  sa.  AdjetÍTo  anticuado. 
Atrabajado,  que  padece  mucho. 

BTiHOLoaÍA.  Lazrar, 

Lazulita.  Femenino.  Lapislázuli. 
Q  Híineraloaia,  Piedra  azul,  opaca, 
con  venas  Manqneeinas  ▼  piritas  fe- 
rruginosas, semejantes  al  oro,  oriun- 
do de  Persia,  de  China  J  de  la  Qran 
BreUíia. 

ETiMOLoafA.  £4t»U:  francés,  2aw- 

liU. 

Le.  Dativo  ó  acusativo  singular  del 
pronombre  personal  j  dativo  del 
pronombre  lemenino  personal  ella, 

ETiuoLOOfA.  Latín  ille,  illa,  Ulett 
illot,  illas:  italiano,  A»,  la¡  por- 
tugués, o,  os;  a,  tu;  francés,  U,  U$; 
catalán,  lo,  U. 

Leal.  Adjetivo.  Bl  que  guarda  á 
otro  la  debida  fidelidad,  dándole  en 
las  ocasiones  pruebas  de  su  buena  le;. 
Aplícase  igualmente  ¿  las  acciones 
propias  de  un  hombre  fiel  y  de  buena 


LEAN 

lej,  y  se  usa  también  come  snstentí- 

To.  I  Aplícase  i  algunos  animales  do- 
mésticos; como  los  perros  ^  caballos, 
que  muestran  al  hombre  cierta  espe- 
cie de  amor,  fidelidad  v  reconocimien- 
to. \  Aplícase  á  las  caballerías  que  no 
son  falsas.  Q  Fidedigno,  verídico,  le- 
gal ;  fiel  en  el  desempeño  de  alg&n 
oficio  ó  cargo.  |  Db  los  lbalbs  si 

HINCHBN  LOS  HOSPITALBS.   Refriu  OOU 

que  se  denota  que  á  las  personas  más 
acreedoras  á  los  premios  y  mercedes 
se  las  suele  dejar  por  la  común  aban- 
donadas á  su  escasa  fortuna.  [|  No 

VIVB  Uks  BL  LBAL  QUB  CUANTO  QUIBBB 

BL  TBAIDOR.  Refrán  con  que  se  advier- 
te que  el  hombre  sincero  y  franco 
está  expuesto  £  las  asechanzas  y  tiros 
del  alevoso. 

BmcOLoaÍA.  Provenzal  liyal,  Kat: 
catalán,  lleal;  francés  del  siglo  xi| 
leial;  moderno,  loyal;  italiano,  léate, 
del  latín  tegilie,  forma  de  tea,  fáaü, 
la  lev.  Bl  catalán  tiene  también  leal 
en  el  sentido  de  legítimo. 

Lealdad.  Femenino  antienado. 
Lbaltad. 

Lealdat.  Femenino  anticuado. 
Lbaltad. 

Lealmente.  Adverbio  de  modo. 
Con  lealtad.  |  Con  legalidad,  con  la 
debida  buena  fe* 

EriMOLoaÍA.  Leal  y  el  sufijo  adver- 
bial mente:  catalán ,  Ikalment;  francés 
del  siglo  xit,  Uaumení,  loiaument;  xt, 
loyamment;  moderno,  loyalement;  ita- 
liano, lealmente. 

liealtad.  Femenino.  El  buen  porte 
de  una  persona  con  otra,  en  cumpli- 
miento de  lo  que  exigen  las  le;es  de 
la  fidelidad  ;  las  del  honor  y  hom- 
bría de  bien.  |  Aquella  especie  de 
amor  ó  gratitud  que  muestran  al  hom- 
bre algunos  animales,  como  el  perro 
V  el  caballo.  \  Legalidad,  verdad,  rea- 
lidad. 

Etimolcoía,  Leal:  provenzal,  leval- 
íat,  leiauíatf  lealtat;  catalán,  lleaitat, 
lealtat;  francés  del  siglo  zu,  leauté; 
XIII,  loiauié;  xiv,  leaulté;  xvi,  loyauU 
téy  loyaulé,  que  es  la  forma  moderna; 
italiano,  leattá. 

SiNONUiiA.  Lealtad,  Melidad.  La 
observancia  de  la  fe  debida  i  un  so- 
berano, es  la  idea  que  se  considera 
aquí  como  común  á  estas  dos  voces; 
pero  la  ^delidad  no  explica  por  sí  sola 
más  que  la  exactitud  con  que  se  cum- 
ple la  obligación  contraída,  con  que 
se  observa  la  fe  debida  al  soberano; 
la  lealtad  añade  á  esta  idea  la  del 
afecto  personal  con  que  se  cumple 
aquella  obligación. 

Por  eso  no  se  dice  juramento  de 
lealtad,  sino  juramento  de  Jidelidad. 

Un  republicano  puede  tener  Jiáeli- 
dad;  un  español  tiene  más,  tiene  leal- 
tad. (HUBBTA.) 

LealtauB.  Femenino  anticuado. 
Lbaltad. 
Leandro.  Masculino.  Nombre  pro- 

Sio  de  varón;  san  Lbandbo.  ^  Joven 
e  Abidos,  en  Asia,  á  la  orilla  del 
Helesponto,  que,  enamorado  de  Hero, 
la  cuu  vivía  en  Sestos,  ciudad  de  la 
ribera  opuesta,  iba  nadando  de  noche 
á  verla,  nasta  que  una  uoobs  quedó 


LÉ  BaS 

sumergido  en  el  mar^  (Mabcial.) 

BTUcoLoaÍA.  Latín  £«3«(/«r,  ¿ras- 
drut. 

Reseña. — Este  pasaje  ha  servido  de 
asunto  á  un  precioso  cuento  de  Tnie- 
ba. 

Leandro  (3ah).  Arzobispo  de  Sevi- 
lla, que  nació  en  Cartagena  i  media- 
dos del  siglo  XI.  Fueron  sus  hermanos 
san  Fulgencio,  obispo  de  Ecija  ;  de 
Cartagena,  y  san  Isidoro,  que  lé  su- 
cedió en  la  silla  episcopal  de  Sevilla. 
Exponiéndose  a  graves  peligros,  se 
dedicó  con  celo  verdaderameute  apo^ 
tólíco  £  restablecer  la  fe  de  Nícea,  por 
lo  cual  se  Vió  amenazado  repetidas 
Taces  por  el  re;  Leovigildo;  sobre 
todo,  por  haber  convertido  á  san  Her- 
menegildo, hijo  ma;(>r  del  rev,  i 
quien  su  padre  hizo  i»r  muerte,  des- 
terrando a  Lbandbo;  aiinque  poco  des- 

Sués,  arrepentido  de  su  bárnra  con- 
ucta,  le  levantó  el  destierro.  Hablen* 
do  enfermado  LeoTÍ^ldo;  hallándole 
sin  esperanzas  de  vida,  llamó  £  sah 
Lbandro  ;  le  encargó  que  Ín8tru;ese 
en  la  fe  católica  á  su  hijo  Recaredoi 
San  Lbandbo  presidió  el  tercer  coneí- 
lio  de  Toledo;  se  ocupó  en  corregir  U 
litur^a,  de  tal  manera  que  á  él  se  debe 
el  ongen  del  oficio  muzárabe,  que  san 
Isidoro  perfeccionó  después.  Bscribiií 
varias  obras  ;  murió  en  596,  dejando 
&  España  la  eterna  memoria  de  su  sa- 
ber ;  de  su  virtud. 

Learco.  Masculino.  Mitología,  Hi- 
jo de  Atamante  ;  de  Ino.  Su  padre, 
ciego  de  cólera,  le  dió  muerte,  visto 
lo  cual  por  su  miyer  Ino,  arrebaté  i 
su  hijo  Melieerta  j  se  arrojó  <»n  él 
al  mar.  (Ovidio.) 
ETUiOLoaÍA.  ÍMinZeSrekia, 
Le  Bas  (FsLin  Francisco  Jobí). 
Patriota  francés,  individuo  de  la  Con- 
vención ;  del  comité  de  Seguridad 
general,  que  nació  en  1762  ;  muné 
en  1794.  Perteneció  ¿  aquella  fráceióo 
de  la  Montaña  que  aólo  pensó  en  cum- 
plir los  deberes  que  le  imponía  su  mi- 
sión. Votó  la  muerte  de  Luis  XVI, 
sin  apelación  ni  aplazamiento;  al^ 
tiempo  después  marchó  con  Saint- 
Just  á  desempeñar  él  cargo  de  cmi- 
sario  de  la  Convención  en  el  ejército 
del  Rhin, ;  luego  en  el  Sambre;H(>- 
sa.  Unido  £  Robespiern,  cu^  com- 
patriota era,  pidió  participar  de  w 
suerte  el  9  Thermidor;  fué  preso  ; 
conducido  £  la  prisión  llamada  da  la 
Fuerta  con  los  dos  Robespierre,  Saiot- 
Just  j  Couthón,  ;  puestc  con  ellossn 
libertad  por  el  pueblo,  que  loseóndo- 
10  £  la  casa  del  a;untamiento;  P«« 
habiendo  triun'ado  de  nuevo  la  Con- 
vención, Lb  Bas  se  suicidó  de  ua  pit- 
toletazo.  (Sala.) 

Resumen.— l.  Nació  en  Tratent, po- 
blación del  Paso  de  Calais.  . 

2.  Era  abogado  v  uno  de  los  admi- 
nistradores de  su  departamento  d««- 
de  1791. 

3.  Fué  elegido  diputado  de  la  Con- 
vención en  1792.  _ 

4.  Casó  en  Agosto  de  1793  con  la- 
bal Dupla;,  una  de  las  hijas  del» 
duefla  de  la  casa  «n  que  vivIftBftW»' 
pierre. 


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LEBE 

- .  5.  Sin  embargo  dt  «a  lutunl  do- 
cneneú,  tomó  poca  parte  en  los  deba- 
tes di  la  tribuna. 

6.  Fué  nombrado  miembro  del  co- 
mité de  Seguridad  general  el  día  14 
de  Septiembre  de  1793. 

7.  Pacificó  en  el  mismo  año  el  de- 

Sartamento  del  bajo  Rhin,  en  unión 
e  en  leal  colega  Saint-Just. 

8.  Contribttjó  i  recobrar  las  líneas 
de  Winmburgo  y  i  levantar  el  aitio 
de  Landan. 

9.  A  principios  de  1794,  asistió  á 
la  toma  de  Charle-Roy  j  &  la  rietoria 
d«  Fleoras. 

10.  Durante  el  9  TAtrmidor,  vien- 
do perdido  á  Robespierre,  le  pidió 
permiso  para  hacer  nn  llamamiento  al 
pueblo  y  marchar  contra  la  Conven- 
cádn.  i  cuja  propuesta  se  negó  Ro- 
bespierre. 

11.  Su  eadiver  fué  i  la  goillotina, 
sin  embargo  de  tener  destnxado  el 
coraión. 

12.  <Lb  Bas  ara  honrado,  modesto, 
silencioso,»  dice  Lamartine.  cSin  otra 
ambición  que  la  de  seguir  las  ideas  de 
Robespierre,  creía  en  su  virtud,  como 
en  ra  infalibilidad,  y  seeuia  sus  pen- 
samientos como  la  estrella  fija  de  sus 
opiniones.» 

Iiebdar.  Aetivoanticaado.  Lbudab. 
libido,  ^  Adyetivo  anticuado. 
Lmodo» 

Iiabeck.  Haseolino.  üotfMcs.  Bs- 
peeie  de  aeaeia  asiitioaj  africana,  eo- 
nodda  an  U  isla  da  la  Reunión  bajo  el 
aoBÚxn  de  madera  negra. 

BtiMOLoaíA.  Árabe  ^  (ItikkJ: 

franeéi,  lehbtek* 

Beteña, — BI  nombre  del  género  ¡e- 
^iüa,  que  comprende  varios  arbustos 
del  caM>  de  Bnena-fisperanza,  trae  sn 
origen  del  nombre  del  artículo. 

Lebeche.  Masculino.  Nombre  que 
se  suele  dar  en  el  Mediterráneo  al 
Tiento  Sudoeste. 

BnuoLoaÍA.  Griego  X(^,  XtS6^  (Hp$, 
UbóiJ,  viento  del  Sudoeste:  catalán, 
iUitif;  francés,  labeeh;  italiano,  li- 

JSsfnU. — ^Bs  inadmisible  de  todo 
punto  la  opinión  de  Tamarid. — «El 
viento  que  eorre  entre  Poniente  y  Me- 
diodía. Usase  en  el  Mediterráneo.  Ta- 
inarid  dice  que  es  voz  arábiga.»  (Aca- 
iBUU,  Diccionario  de  Í726,J 

Le2>editzi  Ghisar.  Geografía  antv- 
/M.  Ciudad  del  Asia  menor,  en  Jonia. 
tímacio.) 

BruiOLOofA.  Latín  Líbídíu, 

Lebeqnia. Femenino.  Botánica. 
'.specie  de  retama  provista  de  vainas 
ihndrícas  polispermas. 

BtiholooU.  1.  Áeaeia  lbbbbk,  lla- 
nada palo  ne^ro  en  las  islas  de  Bor- 
bón  j  Ifaurieio.  Conócese  también 
baje  los  nombres  de  ébano  de  Oriente, 
palo  negro  del  Malabar  y  acacia  del 
jlalabar.  Es  la  «ismm  lbbbbk  de  Lin- 
neo.  (Lbooarant.) 

2.  £ébiek  representa  literalmente 
el  árabe  Uiik:  bajo  latín,  le&eciia; 
.'ranees,  lebieek,  USeckie,  (Dbvic.) 

Leberísco.  Masculino.  Zoología. 
&paeie  da  víbora  del  Canadá. 


LEBR 

Lebetón.  Masculino.  Especie  de 
tánica  sin  mangas  que  usaban  los  so- 
litarios de  la  Tebaida. 

Lebrada.  Femenino,  üna  salsa  ó 
guiso  con  que  antiguamente  se  ade- 
rezaban las  liebres, 

ETiuoLoa^A..  Liebre:  catalán,  lle- 
brada. 

Lebraatico.  Masculino  anticuado 
diminutivo  de  lebrato.  Lb8Ba.tico. 

Lebrasto.  Masculino  anticuado. 
Lebrato. 

liebrastón.  Masculino  anticuado. 
Lbbkato. 

BTiuoLoafA.  lÁebre, — cLa  lia- 
bra  vieja.»  (AcAOBina,  Dieeioiurio 

d9  me,) 

Lebratico,  lio,  to.  Mascnlino  di- 
minutivo de  lebrato. 

Etimología.  Liebre:  latín,  lijmteÜ- 
lui;  francés,  lévreteau. 

Lebrato.  Masculino.  La  liebre  nue- 
va ó  de  ^oco  tiempo. 

Lebratón.  Masculino.  Libbras- 

TÓM. 

Lebratoncillo.  Masculino  anticua- 
do. Lbbrato. 

Lebrel.  Masculino.  Variedad  del 
perro,  que  se  distingue  en  tener  el 
labio  superior  v  las  orejas  caídas,  el 
hocico  recio,  el  lomo  recto,  el  cuerpo 
largo  y  las  piernas  retiradas  atrás. 
Diósele  este  nombre  por  ser  muj  á 
propósito  para  la  caza  de  liebrei. 

Lebrda.  Femenino.  La  hembra 
del  lebrel. 

EnHOLOOÍA.  Lebrel:  catalán,  l¡é- 
brera. 

Lebrero,  ra.  Adjetivo  que  se  apli- 
ca á  los  perros  que  sirven  para  cazar 

liebres. 

ETmoLOofi,.  Lebrel:  catalán,  lU' 

brer,  a, 

Lebrija  ó  Nebrga  (Antonio  db). 
Célebre  gramático  español,  que  nació 
en  Lebnja  en  1444  y  murió  en  1532. 
Fué  sucesivamente  catedrático  en  las 
universidades  de  Salamanca  j  de  Al  - 
calá,  así  como  uno  de  los  más  asiduos 
jr  doctos  colaboradores  de  la  Bibliapo- 
iiglota  del  cardenal  Cisneros.  Además 
de  este  importantísimo  trabajo,  dejó 
varias  obras,  tales  como:  Dieíionariim 
UtüiO'hiipanMm  et  kispano-latiwm;  Gra- 
mática ae  la  lengua  castellana;  Aulii 
Pertii  tatyra,  cttm  interpretalione  Aitpa- 
na;  Ánrélii  Prudentii  Clemente  Ubelli 
c%m  eommento;  De  perfectione  regum  ad 
composíellam;  Artit  rethorica  compen- 
diosa eoapíaíio  ex  Arisíoíele,  Cicerone 
et  Quintiliano;  y  Rerum  >n  Hispania 
geetarum  decades.  Es  uno  de  los  padrea 
de  la  lengua  y  literatura  españolas. 

Lebr^a  (Francisca  db).  Sabia  re- 
tórica española,  hija  del  anterior,  y 
una  de  las  mujeres  más  doctas  de  su 
tiempo.  Nació  á  fines  del  siglo  xv; 
fué  educada  por  sn  padre,  y  adquirió 
una  erudición  tal,  que  lle^  á  susti- 
tuir muchas  veces  á  aquel  an  su  cá- 
tedra de  Alcalá. 

Lebri^ano,  na.  Adjetivo.  El  natu- 
ral de  la  villa  de  Lebrija  ó  lo  perte- 
necitínte  á  ella. 

Lebrillo.  Masculino.  Especie  de 
barreño  vidriado,  redondo,  de  una 
coarta  poco  más  ó  menos  de  alto,  que 


LECC 


351 


desde  el  suele  ss  va  ensanehaado  has- 
ta la  boca,  j  sirve  para  lavar  ropa« 

para  baños  de  piés  y  otros  usos. 

ETiMOLoafA.  Griego  XiSpijc  (¡ébris): 
latín,  Ubes,  lebetiSt  palangana,  calde- 
ro, perol,  bacía.  (Viboilio.) 

Lebrón.  Masculino.  La  liebre 
grande.J  El  macho  de  la  liebre.  \  Me> 
táfora.  ai  hombre  tímido  y  courde. 

Etiuolooía.  Liebre:  catalán,  lU^ 
brassa;  francés,  Uvron,  onne. 

Lebrona.  Adjetivo  metafórieo  an- 
ticuado. Tímida,  cobarde. 

ETiii(S.oaÍA.  Lebrón. 

Lebronaao.  Masculino  aumenta- 
tivo de  lebrón,  hombre  cobarde. 

Lebroncillo.  Masculino.  Lbbrato. 
I  Anticuado.  Dado,  por  pieza  de  hue- 
so ú  otra  materia  que  sirve  para  los 
juegos  de  suerte. 

Lebruno,  na.  Adjetivo.  Lo  que 
pertenece  á  la  liebre  ó  se  asemeja  á 
ella  en  alguna  cosa. 

Lecanomancía.  Femenino.  An^ 
güedades.  Adivinación  por  el  sonido 
que  producían  los  metales  ó  piedras 

Í)r6ciosas  al  caer  al  fondo  de  una  jo- 
áina  llena  de  agua.  (Caballero.) 

ETiuoLoaÍA.  Griego  XtKsvoiuivctía 
(UkaHomanleía),  deXtxxvij^^iiíff?^,  pa- 
langana, y  (uvxcta  (manúiaj,  adivina- 
ción: francés,  lécanomande» 

Beteña  his^rica.  —Género  de  adivi- 
nación por  medio  de  láminas  de  oro  ó 
de  plata  y  de  piedras  preciosas,  en 
que  estamn  grabados  ciertos  caracte- 
res, que  se  arrojaban  en  un  vaso  de 
agua,  con  palabras  consagradas  en 
ofrenda  á  los  demonios,  los  que  ha- 
cían ó  debían  hacer  oir  su  respuesta 
desde  el  fondo  del  agua. 

Ijecanomántico,  ca.  Adjetivo. 
Concerniente  á  la  lecanomaocia.  | 
Masculino.  El  que  la  practica. 

Lecanóreo,  rea.  Adjetivo.  Botó' 
sica.  Concemiento  ó  lemejanto  al  le- 
canoro. 

Lecanoro.  Masculino.  Botánica, 
Género  de  liqúenes.  Q  Lbcamobo  tim- 
TÓRBO.  (Tochínilla  vegetal,  que  da  ana 
hermosa  laca  color  ae  violeta.  (Lb- 

OOARAMT.) 

EtduxmU.  Grieffo  UMnit  pslsn- 
gana,  aludiendo  á  la  forma  de  las 
apoteoias,  las  cuales  tienen  la  figura 
de  un  plato  pequeño:  francés,  Mca- 
nore. 

Lección.  Femenino.  Lbctqra,  por 
la  acción  de  leer.  \  La  letra  ó  texto 
de  alguna  obra,  ó  el  restablecimiento 
de  algún  pasaje  en  la  forma  que  se 
descubre  ó  conjetura  que  lo  escribió 
su  autor.  Q  Cualquiera  de  aquellos 
trozos  ó  lugares  tomados  de  la  Escri- 
tura, padres  ó  actas,  sobre  la  vida  de 
los  santos,  los  cuales  se  rezan  ó  can- 
tan en  los  maitines  al  fin  de  cada 
nocturno.  |  La  instrucción  ó  conjun- 
to de  conocimientos  teóricos  ó  prác- 
ticos que  en  cada  vez  da  á  los  discípu- 
los el  maestro  de  alguna  ciencia,  arte, 
oficio  ó  habilidad.  U  Todo  lo  que  en 
cada  vez  señala  el  maestro  al  discípu- 
lo para  que  lo  estudie.  ||  £1  discursa 
que  en  las  oposiciones  á  cátedras  d 
beneficios  eclesiásticos  y  en  otros  ejer- 
cicios litorarios  se  compone  dentro  de 


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XECL 


-ua  término  prescrito,  sobre  ub  panto, 
que  por  lo  común  se  saca  por  suerte 
y  después  se  dice  de  memoria  públi- 
carnéate.  |[  Metáfora.  Cualquiera  amo- 
.neataciún,  aeontacimiento,  ejemplo  6 
acción  ajena  queiQOS.  enseña  el  modo 
de  coDOucirnos.  jj  Echas  lbcción. 
Fnufl.  Sefialarla  á  los  discípulos.  | 
TouAH  LA  LECCIÓN.  Fruo.  Entre  los 
estudiantes  vale  oírseU  dar  al  discí- 
pulo, por  lo  regalar  con  el  libro  ó 
materia  delaate  para  ver  si  la  sabe  de 
memoria.  ¡.Frase  metafiSrtea.  Apren- 
der de  otro,  6  para  escarmiento  o  para 
•gobierno  propio  en  adelante.  |  Touab 
LBCCIÓN.  Frase.  Ejecutar  con  el  maes- 
tro alguna  habilidad  6  arte  que  se 
está  aprendiendo  para  i;se  adiestran- 
do en  ella. 

EruimXkafa.  Zeer;  latín,  lectía,  for- 
ma  sustantiva  abstracta  de  UetuSt  leí- 
do: catalán,  iUtsd;  prorenzal,  úitso, 
Usto,  Uyeton;  pieardo,  lecAou»  elcAou, 
er&hou;  francés,  lecon;  italiano,  letione. 

Leccionarío.  Masouliao.  ¿tVwyú. 
Libro  de  coro  que  contiene  lai  leccio- 
nes de  maitinei. 

BrniOLoafA.  Lec^^  francés»  Uo- 
íionnaire. 

Leccioncica,  Ua,  ta.  Femenino 
diminutivo  de  leceidn. 

Leccioaista.  Masculino.  Bl  maes- 
tro que  da  lecciones  en  casas  particn- 
lares. 

Lecidea.  Femenino.  Botáatea,  Qi- 
ñero  maj  numeroso  de  liqúenes, 
liedmi.  Famenino  antícnado.  Lao- 

OlÓH. 

Leeionarfo.  Hasenliao  anbeoado. 

Lbcciohabio. 

Lecitia.  Femenino.  Lbcitis. 
.  Leoitideo,  dea.  Aditivo.  BoUm- 
es.  Ooneeniiente  al  lecitis. 

Lecitiaa.  Femenino.  QiiÍM»ai. 
teria  grasa  fbsfiirea  neutra,  que  se 
halla  en  la  fibrina. 

BnuoLooÍA.  Griego  XixiOoc  (Í^i~ 
thoi),  amarillo  de  jema  de  huevo: 
francés,  lecitkine. 

Lecitis.  Masculino.  Botánica.  Gé- 
nero de  árboles  mirteos,  de  hojas  al- 
ternas, originarios  de  la  América  can* 
tral. 

BTiii<u/)o£a.  Griego  Xíxtdo^  (Uki- 
tk9t),  oolor  de  jema  de  huevo, 

líederc  (Juan).  Uno  de  los  prime- 
ros mártires  de  la  religión  reformada 
en  Fiansia,  qne  necio  á  fines  del  si- 
XV  T  murió  en  15^.  Era  carda- 
or  de  lana,  j  habiendo  leído  el  Nue- 
00  Ttttmmto  en  finncés,  adoptó  la  re- 
ligión reforokada  j  tuvo  el  atrevimien- 
to, casi  imbécil,  de  poner  en  la  cate- 
dral de  Meaux  un  cartel  ó  pasquín,  en 
que  trataba  al  papa  de  ante-Crísto, 
por  lo  cual  fué  azotado,  marcado  en 
ta  frente  j  desterrado.  Pero  no  escar- 
mentó con  estos  castigos;  j  hallándo- 
se en  Metx,  rompió  las  imágenes  que 
debían  servir  para  una  procesión  ca- 
túlica  pr  entonces  fué  condenado  á  un 
suplicio  espantoso.  Se  le  cortó  la  ma- 
no derecha,  se  le  arrancó  la  nariz,  se 
le  atenacearon  los  brazos  j  el  pecho, 
se  le  ei&ó  la  cabeza  dos  ó  tres  veces 
con  aros  de  hierro  candente  j  se  le 
arzfljó  en  ana  hogaeia,  sangriento  j 


LEGO 

ihutílado,  sin  que  exhala»  una  qne- 
ja  ni  dejara  de  recitar  un  momento 
ac[uel  versículo  del  salmo  CXV,  que 
dice:  Su»  idolot  son  dé  oro  y  plata.  Este 

{tersonaje  singular  es  nn  ejemplo  de 
o  que  hace  j  de  lo  que  puede  el  fa- 
natismo. Le  descuartizan  j  le  que- 
man, sin  que  de  sus  labios  brotara 
un  lamento,  como  si  su  alma  se  pu- 
siera eu  lugar  de  la  carne.  j^Por  qué? 
Porque  el  unatismo  es  U  locura  de  la 
esperanza,  como  el  delirio  es  la  locu- 
ra de  la  fantasía,  como  la  pasión  es 
la  locura  del  sentimiento  j  de  la  oon- 
cíencia. 

Leco.  Masculino.  Especie  de  es- 
cualo de  los  mares  del  Norte. 

Lécoria.  Femenino  Miíoiogia. 
Una  de  las  tres  gracias. 

XiecouTrenr  (Adriana).  Célebre 
actriz  de  la  Comedia  francesa,  que 
nació  en  Fisme  (Champaña)  en  1690 
j  murió  en  París  en  l730.'Sa  padre 
era  un  pobre  sombrerero,  que  fué  á 

E robar  fortuna  á  París  j  qne  se  esta- 
leoió  en  éiñuiboarg  &tMt-€f9nMin, 
cerca  de  la  Comedia  /raneaa,  Bsta  ve- 
cindad reveló  so  vocación  i  la  joven, 
entonces  lavandera,  que  organizó  con 
ajada  de  algunos  vecinos  un  teatro 
casero  en  el  patio  del  palacio  del  pre- 
sidente Legaj,  en  donde  escuchó  los 
primeros  aplausos.  Pero  aquellos  pre- 
maturos triunfos  duraron  poco,  pues 
visto  el  éxito  que  aqnella  parodia  de 
teatro  obtenía  en  el  barrio,  elevaron 
una  queja  al  rej  ^  eesaion  las  repre- 
sentaciones. El  prior  de  Vendóme  lla- 
mó á  su  casa  á  loa  jóvenes  artistas,  en 
donde  el  actor  Legrand,  admirado  de 
las  disposiciones  que  mostraba  Adria- 
na LacotfvBBoa,  le  díó  algunas  lec- 
ciones de  declamación,  proponiéndo- 
la á  poco  un  contrato  para  Bstras- 
burgo.  Después  de  hafaer  andado  al- 
gún tiempo  de  ciudad  en  ciudad, 
siempre  aplaudida  j  despertando  en 
todas  partes  el  más  vivo  entusiasmo, 
fué  llamada  á  París;  entró  á  formar 
parte  de  la  compañía  de  la  C^)media 
francesa,  en  1717,  ^  se  presentó  en  el 
papel  de  Mdnima,  a  los  que  siguieron 
los  de  JSlecíra  j  ^«rmtM.  Transourrido 
nn  mes,  reciofa  el  nombramiento  de 
conedianía  ordinma  del  rey  para  des- 
empeñar los  papeles  tráficos  y  tricot. 
Entonces  tenía  27  afiot  j  se  encon- 
traba en  toda  la  sazón  de  su  talento  j 
en  todo  el  esplendor  de  su  hermosura. 
«Era,  dice  un  contemporáneo,  de  me- 
diana estatura;  tenía  la  cabeza  j  las 
espaldas  bien  oolocadas;  los  ojos,  lle- 
nos de  fuego;  la  boca,  hermosa;  la 
nariz,  un  poco  aguileña,  mucha  gra- 
cia en  las  maneras  j  un  continente 
noble  y  majestuoso.  Por  más  que  no 
fuese  de  una  extraordinaria  belleza, 
su  rostro  era  agradable  j  sus  faccio- 
nes las  más  propias  para  expresar  con 
facilidad  todas  las  pasiones.  El  buen 
gusto,  la  elegancia  j  la  riqueza  en  el 
vestir  daban  nuevo  brillo  á  su  aire 
imponente,  á  su  andar  mesurado  j  á 
su  gesticulación  sobria  j  enérgica.» 
Adriana  Lecouvbbub  no  era  bella,  si 
la  belleza  consiste  en  la  regularidad 
de  las  Cudones,  correctamente  dibn- 


.  LECO 

^adak;  pero  ti,  para  serio,  basta  rafle^ 
jar  en  el  rostro  na  espíritu  elevado, 
un  corazón  ardiente  j  nn  alma  á  U 
vez  tierna  j  apasionada,  puede  decir- 
se que  lo  era  en  grado  supremo,  fias 
papeles  predilectos  eran  aquellos  en 
que  la  pasión  dominad,  mostrándose 
siempre  verdaderamente  superior  en 
los  de  Panlina,  Mínima,  Bereniee,  Yo- 
casta,  Alalia,  Zenabiat  Bojana,  Her- 
mione,  £milia,  Cornelia  j  Feira.  Por 
espacio  de  trece  años,  obtuvo  en  li 
escena  todo  género  de  triun&s  j  ova- 
ciones, nn  faltándole  ninguna  da  las 
glorias  que  pudieran  halagar  la  vaai- 
dad  de  la  mujer  j  de  la  artista.  Su 
existencia  se  vió  agitada  conataote- 
mente  por  las  pasiones  que  sentía/ 
por  las  no  menos  violentas  que  provo- 
caba. Sus  eontínuas  crisis  amoiosas 
eran  como  el  pábulo  de  an  talento. 
cAdbuha  liÉcoüvBBua,  dice  Arsaaio 
Houssaje,  pasó  su  vida  anaado:  del 
comediante  Legrand,  al  caballeio  d« 
Rohán;  del  caballero  de  Roháa,  «1 
poeU  Voltaire;  del  poeta  YolUire,  i 
lord  Peterbovoujgffa;  da  lord  Petarbo- 
rough,  al  manseal  de  Sajonja.  Sin 
contar  con  el  que  fué  padre  d«  su  pri- 
mera hija;  ain  contar  tampoco  el  que 
filé  padre  de  la  segunda,  ía  encontra- 
mos siempre  empeñada  en  una  inter- 
minable serie  de  aventuras  amorosu, 
las  cuales  han  dejado  tras  sí  una  lar- 
ga descendencia,  entre  la  que  balli- 
-mos  hombres  tan  ilustres  como  el  ma- 
temático FrancoBur.  Voltaire,  poeo 
aficionado  á  divulgar  los  secretos  de 
su  vida  privada,  no  ha  hecho  un  se- 
creto del  amor  que  había  sentido  ha- 
cia ella.  Además  de  mostrar  «  ma- 
chas de  sus  oartas  una  gran  admira- 
ei(ki  por  la  trágica,  en  que  se  le  esct- 
{lan  a  veces  expresiones  demasiado 
tiernas,  no  puede  contenerse  eusado 
el.eura  de  SaiiU^nlpiee  (San  Sulpicio) 
se  niega  i  dar  sepultura  en  saldos 
los  restos  de  Aduana,/  escribe  versos 
tiernos  y  sentidos,  los  más  sentados/ 
tiernos  que  han  salido  quizá  de  su 
pluma.  En  una  de  sus  cartas,  fechada 
en  l.*  de  Junio  de  1730,  explica  au 
emoción  de  este  modo:  «Mis  versos  es- 
tán imprimados  del  justo  dolnqne 
siento  todavía  por  au  pérdida  j  de  la 
indignación,  más  viva  todavía-,  por  lo 
que  ha  ocurrido  en  su  entierro:  lodig^ 
nación  disculpable  en  un  hombre  qae 
ha  sido  su  admirador,  su  amigo,  au 
amante.»  El  preferido  siempre  per 
Adbiana  Lbcouvbbub  faé  el  hmoso 
mariscal  Mauricio  de  Sajonía;  edsis* 
mo  que  tal  vez  ocasionó  su  muerte. 
El  fin  de  la  famosa  trágica  aparece 
cercado  de  circunstancias  extrañMj 
misteriosas.  En  17S6,  Maurioo  de 
Sajonia,  queriendo  recobrar  su  doci- 
do  de  Curiandia,  pero  faltándole  el 
principal  elemento  de  la  guerra,  eato 
es,  el  dinero  necesario  para  entraren 
campaña,  Adriana  LECouvBEtiR  ven- 
dió sus  diamantes  /  su  vajill»jr." 
envió  40.000  libras,  ün  año  despue». 
Mauricio  volvía  Tencido  en  una  desa^ 
trosa  campaña.  Requerido  por  toaa 
las  damas,- que  veían  en  ""¿X 
desgraciado,  no  ropo  gosrdsr  Bow 


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LECO 


LECT 


LECT  35S 


dad  &  la  que  le  había  dado  tal  prueba 
de  desprendimiento,  j  se  entregiS  & 
los  amores  de  una  coqueta  de  alto 
nttffo,  Franeisea  de  Lorena,  duquesa 
de  Bouillón.  Sin  embarg-o,  los  remo> 
dimisntos  hicieron  bien  pronto  al  de 
Sajonia  resistir  &  las  seducciones  de 
■a  nucTa  querida,  la  cual,  caprichosa 
7  TÍolenta,  comprendiendo  que  Adria- 
HA  en  él  obstáculo  que  se  oponía  i, 
sus  deseos,  cooeibic,  segán  se  supo- 
ne, el  projrecto  de  envenenar  á  la  cé- 
lebre tré^iea.  Si  vale  creer  en  una 
Torsión,  imaginó  servirse  de  un  sa- 
cerdote, el  padre  Bouret,  á  quien  con- 
fié BU  designio  j  el  que  prometió  su- 
ministrar el  veneno;  pero  Bouvet, 
presa  de  los  más  atroces  remordi- 
mientos, dió  nna  cita  á  Adriana  en 
el  Liaemburgo  y  le  denunció  toda  la 
tramoja.  La  queja  fué  elevada  al  pre- 
fecto de  policía,  Hérault,  quien  se 
eomprometió'  á  yelar  por  la  s^uridad 
de  la  eomedianta  j  del  clérigo;  pero 
algunos  días  después,  el  primero  des- 
apareció, sin  que  jamás  se  haja  sabi- 
do su  paradero,  j  la  duquesa  encon- 
tró un  nuevo  medio  de  envenenar  á 
sa  rival,  haciéndola  llamar  á  su  pal- 
co, de  la  Comedia  francesa,  una  no- 
che que  representaba  la  Pedra  (Junio 
de  1730)  j  dándole  á  aspirar  un  ramo 
impregnado  de  materias  tóxicas.  Se- 
^u  otra  versión,  el  mariscal  de  Sa- 

Íonía  era  amante  de  la  duquesa  de 
ionillón  al  mismo  tiempo  que  de 
Adbiaka  Lbcodvbbub;  la  actriz,  irri- 
tada por  los  celos,  viendo  á  su  rival 
en  su  paleo,  se  volvió  hacia  ella  y  le 
dirigió  con  energía  unos  versos  del 
papel  que  representaba  ^  que  cuadra- 
Dan  perfectamente  á  la  ntnaeión.  Dí- 
eeie  que  el  envió  de  un  ramo  envene- 
nado siguió  á  semejante  alusión  pú- 
blica. Preciso  es  añadir  que  ningún 
antor  contemporáneo  ha  referido  esta 
aventura  sino  como  un  rumor  que 
circulaba  en  los  salones.  Bl  solo  he- 
cho irrecusable  es  la  aparición  de 
Ad&iana  en  el  palco  de  la  duquesa  de 
Bouillón.  He  aquí  como  refiere  este 
episodio  A.  Dumas:  cDos  días  des- 
pués, Adriana  se  sintió  indispuesta 
en  medio  de  la  representación  j  no 
pudo  acabarla,  viéndose  obligada  á 
que  la  transportaran  á  su  casa  en  un 
coche.  A  partir  de  aquella  noche,  la 
célebre  trágica  se  desmejoró  notable- 
mente; ain  embargo,  trató  de  luchar 
con*rael  mal,  y  el  15  de  Marzo  re- 
apareció en  Yocasta,  Entonces  el  pú- 
blico pudo  notar  el  cambio  que  se  ha- 
bía operado  en  ella;  apenas  podía  ha- 
blar j  sostenerse,  de  tal  modo,  que 
se  crejó  que  no  acabaría  la  tragedia. 
No  obstante,  se  la  vio  luchar  y  ven- 
cer á  la  enfermedad,  y  su  triunfo  fué 
uno  de  los  madores  de  su  carrera  ar- 
tística. Aquel  era  su  adiós  al  público. 
Cuatro  dfas  después,  lanzaba  su  últi- 
mo suspiro  en  medio  de  horribles  con- 
vulsiones. Se  operó  su  autopsia:  tenia 
todas  las  entra&as  gangrenadas,  y  se 
biso  correr  el  rumor  de  que  se  había 
envenenado  con  un  afeite.  La  sepultu- 
ra eclesiástica  fué  negada  á  la  gran- 
d«  irtiata,  y  unos  eusutoi  amigos,  á 


la  una  de  la  madrugada,  la  enterra- 
ron clandestinamente  en  una  de  las 
orillas  del  Sena,  en  U  espina  de  la 
calle  de  Sorgoia,  en  el  sitio  que  hoj 
ocupa  la  casa  número  109.»  £l  episo- 
dio de  la  muerte  de  Adbiaha  Lbcod- 
TRBUR  ha  servido  de  asunto  &  Scribe 
y  Legoavé  para  escribir  un  interesante 
drama  que,  traducido  á  casi  todos  los 
idiomas,  ha  servido  de  vasto  campo 
en  que  actrices  notables  han  mostra- 
do sos  peregrinas  dotes.  Semejante 
trágica  bien  merecía  una  tragedia. 

Reseña. — 1.  El  cura  de  San  Sulpi- 
cio,  que  le  negó  la  sepultara,  se  lla- 
maba el  abate  Langaet, 

2.  El  amigo  que  la  enterró  furtiva- 
mente, anudado  de  cuatro  mozos  de 
cordel,  fué  Laubinieve. 

3.  £1  acento  de  Lbcouvrbur  era 
triste  y  velado,  lo  cual  daba  á  su  voz 
el  doble  hechizo  de  la  melancolía  y 
del  misterio,  porque  no  hay  misterio 
sin  sombra  y  sin  dolor. 

4.  Uno  de  los  grandes  recursos  de 
su  talento  consistía  en  su  manera  de 
escuchar  al  que  hablaba  con  ella,  pin- 
tando en  su  semblante  todas  las  pa- 
siones de  su  interlocutor.  Esta  cuali- 
dad fué  tan  excelente  en  Adriana, 
que  su  ejemplo  dió  á  la  declama- 
ción lo  que  pudiéramos  llamar  el  atle 
de  oir. 

5.  La  grande  traeca,  cuja  reseña 
terminamos,  revolucionó  la  escena  de 
su  siglo,  sustituyendo  la  exagerada 
hinchazón  de  su  época  con  la  tierna  y 
sublime  sencillez.  En  fin,  Adriana  db 
Lbcouvrbdr  vino  al  mundo  para  ser 
una  artista  de  naturaleza  y  de  genio. 

Léctica.  Femenino.  Antigüedades. 
Especie  de  silla  de  manos  que  usaban 
los  romanos  pan  llevar  los  cadáveres 
á  la  sepultura. 

Etiuolooía.  Latín  lecdca,  silla  de 
manos;  de  lecíui,  lecho,  pnque  hace 
las  veces  de  cama. 

Lecticarío.  Masculino.  Nombre  de 
cada  uno  de  los  esclavos  que  condu- 
cían una  léctica.  (Caballero.) 

EriHOLOofA.  Léctica:  latín,  leetici- 
Hfw;  catalán  antiguo,  leetieari, 

Ééseña. — Los  i.kcticarios  eran  los 
encargados,  durante  el  bajo  imperio, 
de  conducir  los  muertos  á  la  sepultura. 

Leetisiemio.  Masculino.  Culto 

2ue  los  romanos  gentiles  tributaban 
sus  dioses,  ó  en  acción  de  gracias,  ó 
para  implorar  sus  auxilios,  y  se  redu- 
cía  á  poner  dentro  de  algún  templo 
una  mesa  con  manjares,  j  al  rededor 
de  ella,  una  especie  de  bancos,  en 
donde  colocaban  las  estatuas  de  aque- 
llas falsas  deidades  que  ellos  suponían 
convidadas  al  banquete. 

ETWOLOofA.  Latín  lectiiíerntum;  de 
leetus,  cama,  y  síernhv,  extender:  fran- 
cés, leeíUíerne. 

keseña.—  \.  El  lgctisternio  era 
una  especie  de  sacrificio  en  que  se  po- 
nían en  los  templos  camas  de  tablas 
con  sus  almohadas,  sobre  las  cuales 
colocaban  las  estatuas  de  los  dioses, 
al  rededor  de  una  mesa  bien  servida. 
(Tito  Livio.) 

2.  Sitio  destinado  en  los  templos 
para  acostarse.  (Séneca.) 


3.  destín  ó  banquete  fúnebre,  reli- 
gioso, solemne.  (Inscripcionet,) 

4.  El  ucTtstBRNio  era  el  medio  de 
expiación  á  que  acudían  en  las  gran- 
des calamidades  públicas.  (Littrí.) 

5.  Lo  expuesto  está  conforme  con 
los  siguientes  datos: 

Historia  aníigita.  Sacrificio  público 
entre  los  antiguos  romanos,  que  con- 
sistía en  un  simulacro  de  festín  dado 
á  los  dioses  en  los  templos.  Se  coloca- 
ban las  estatuas  en  los  lechos  de  un 
triclinio,  ante  una  mesa  donde  se  ser- 
vía una  comida  frugal;  pero  es  de  ad- 
vertir que  no  se  hacía  así  con  .todos 
los  dioses,  como  de  las  palabras  de 
varios  autores  parece  deducirse,  sino 
que  las  diosas  estaban  sentadas,  y  no 
acostadas.  Los  lectistbbnios  eran  pú- 
blicos y  preparados  por  los  septenvi- 
ros-epulonet.  Se  celebraban  periódica- 
mente, en  determinados  tamploi;  pero 
por  lo  común,  eran  según  la  ocasión 

Í duraban  de  uno  i  ocho  dias.  Tam- 
ién  se  celebraban  lectistbbnios  con 
motivo  de  ciertos  hechos  ó  prodigios 
que  interesaban  á  la  felicidad  públi- 
ca; y  á  veces,  en  señal  de  regocijo. 
Los  quindecenviros  los  ordenaban 
después  de  haber  consultado  los  libros 
de  las  sibilas. 

Liectivo,  va.  Masculino  y  femeni- 
no. El  que  lee.  \  £1  que  en  las  comu- 
nidades religiosas  tiene  el  empleo  de 
enseñar  filosofía,  teología  ó  moral,  p 
El  clérigo  que  en  virtud  de  su  orden 
se  empleaba  antiguamente  ien  enseñar 
á  los  catecúmenos  y  neófitos  los  rudi- 
mentos de  la  religión  católica,  j  en 
leer  el  lugar  de  la  Escritura  sobre 
que  el  obispo  iba  á  predicar  á  los  fie- 
les. I  Anticuado.  Cualquiera  catedrá- 
tico 6  maestro  que  enseñaba  alguna 
facultad. 

BTiMOLoaÍA.  Leef:  latín,  lector,  leC" 
tiris,  forma  agente  de  lectio,  lección; 
provenzal,  lector,  Uctre;  catalán,  fec- 
tor;  portugués,  leitor;  francés,  Ucíear; 
italiano,  Uttore,  _  • 

Lector,  ra.  Adjetivo  que  se  aplica 
al  tiempo  y  días  destinados  en  las 
universidades  para  la  enseñanza. 

ETiMOLOofa.  Lección:  catalán,  lee~ 
iiu,  ta, 

Reseña. — Historia  eclesiásiiea.  Se- 
gunda de  las  cuatro  órdenes  menores 
en  la  Iglesia  latina  primitiva.  Los 
LECTORES  estaban  encaigados  de  leer 
en  las  iglesias  las  Santas  Escrituras, 
las  actas  de  los  mártires,  las  homilías 
de  los  Padres  y  las  cartas  de  los  obis- 
pos á  sus  administrados;  de  cantar 
las  lecciones  á  cada  nocturno  da  mai- 
tines, de  bendecir  el  pan  y  los  frutos 
nuevos,  y  de  instruir  á  los  catecúme- 
nos y  á  los  niños.  Sn  la  Iglesia  grie- 
ga, el  cargo  de  lector  es  el  primer 
grado  para  llegar  al  sacwdocio;  y  el 
que  le  desempeña,  está  encargado  de 
leer  las  Sagradas  Escrituras  al  pueblo 
los  días  festivos  y  en  las  grandes  so- 
lemnidades. 

Lectorado.  Masoulino,  La  orden 
de  lector,  que  es  la  segunda  de  las 
menores. 

EtiuolcoU.  Lector:  italiano,  Utio- 
raíw;  catalán,  foc/ora/ 

TOMO  ut  4a 

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354:  LECH 


LECH 


LECH 


Lectora!.  Femenino.  Üno  de  los 
canonicstoB  llamados  de  oficio  que  haj 
en  las  iglesias  catedrales  J  en  algunas 
colegiatas  de  Gspaña  é  Indias:  se  COd- 
ñere  por  oposición  i  un  naduado  de 
doctor  ó  licenciado  en  teoloffía,  con  la 
obligación  de  explicar  la  Escritura. 
Se  usa  como  masculino,  aplicado  al 
sujeto  que  obtiene  esta  prebenda,  y 
como  femenino,  aplicado  á  la  misma, 

Btuiologíá.  Lector:  italiano,  Uttc- 
rale;  catalán,  Uctoral. 

tiectoria.  Femenino.  En  las  co- 
munidades religiosas,  el  empleo  de 
lector. 

Etiuolooía.  Lecíoral:  italiano,  let- 
íoria. 

Lectnal.  Adjetivo.  Concerniente  á 
la  cama. 

Lectnario.  Masculino  anticuado. 
Elbotuabio, 

Lectura.  Femenino.  La  acción  de 
leer.  ||  Kn  las  universidades,  el  trata- 
do 6  materia  que  un  catedrático  ó 
maestro  explica  á  sus  discípulos,  j 
también  el  acto  de  enseñar  pública- 
mente j  explicar  de  extraordinario. 
11  Lección,  por  el  discurso  que  se  ha- 
ce en  las  oposiciones  á  cátedras,  bene- 
ficios eclesiásticos,  etc.  ||  En  algunas 
comunidades  religiosas,  lbctoeía.  [| 
Letra  de  imprenta  que  es  de  un  grado 
más  que  ü  de  entredós,  y  de  uno  me- 
nos que  la  atanasia.  Hav  lbctuba. 
chica  j  LBCTiiRA  g^rda;  ambas  se  fun- 
den en  un  mismo  cuerpo,  pero  la  chi- 
ca  tiene  el  ojo  más  pequeño  que  la 
gorda. 

ETUiOLOotA.  Leer:  catalán,  lectura; 
francés,  letture;  italiano,  lettura,  del 
latín  úcíüra,  forma  sustantiva  abs- 
tracta de  lectum,  leído. 

Lechada.  Femenino.  Masa  muy 
fina  de  sola  cal  ó  solo  yeso,  ó  de  cal 
mezclada  con  arena,  ó  de  yeso  junto 
con  tierra,  que  sirve  para  blanquear 
paredes  ó  para  unír  piedras  ó  hiladas 
de  ladrillo,  y  La  masa  suelta  á  que  se 
reduce  el  trapo  moliéndolo  para  nacer 
papel. 

EtiuoLoaÍA.  Leche* 

Lechal.  Adjetivo  que  se  aplica  á 
los  animales  de  cría  durante  la  tem- 
porada que  maman.  Q  Aplícase  á  las 
plantas  y  frutos  que  tienen  un  zumo 
blanco  semejante  á  la  leche,  y  tam- 
bién so  llama  así  el  mismo  zumo. 
-.  E-niioi:.ooU.  Ztche:  catalán,  Ileíó, 
na. 

Lechar.  Adjetivo.  Lechal.  ||  Aplí- 
case á  la  hembra  cuyos  pechos  tienen 
leche.  [  Lo  que  cria  6  tiene  virtud 
para  criar  leche  en  las  hembras  de 
especies  vivíparas. 

Lechazo.  Masculino.  Bl  animal 

3ue  mama  todavía,  y  Bl  corderillo  que 
eia  de  mamar. 

ETiuoLoaCa.  Lechal:  catalán,  lle- 
Uft  a. 

Leche.  Femenino,  Licor  blanco 
(}ue  se  forma  en  los  pechos  de  las  mu- 
jeres ^  de  las  hembras  de  los  anima- 
les vivíparos  para  alimento  de  sus 
hijos  ó  crías.  |¡  El  zumo  blanco  que 
hay  en  algunas  plantas  ó  frutos,  como 
en  las  higueras,  lechugas,  etc.  y  El 
iug^  blanco  que  ^e  e]ctrae  de  alg^unas 


semillas  machacándolas;  como  de  las 
almendras,  cañamones  y  pepitas  de 
melón,  calabaza,  etc.  y  Con  la  preposi- 
ción de  y  algunos  nombres  de  anima- 
les, significa  que  éstos  maman  toda- 
vía; como  ternera  de  lechb,  cochini- 
llo de  LBCHB,  etc.  |  Con  la  preposición 
de  y  algunos  nombres  de  hembras  de 
animales  vivíparos,  significa  que  éstas 
se  tienen  para  aprovecharse  de  la  le- 
che que  dan;  y  así  se  dice:  burras  de 
LBCHB,  vacas  de  lechb.  j|  Metáfora. 
La  primera  educación  ó  enseñanza  que 
se  da  á  alguno,  tanto  sobre  costum- 
bres, como  sobre  ciencias  y  artes.  \ 
DE  CANBLA.  El  aceítc  de  canela  disuel- 
to en  vino.  \  db  qaluna  ó  db  píjabo. 
Planta  que  nace  en  los  sembrados;  su 
raíz  arroja  unas  hojas  algo  parecidas 
á  las  de  la  grama,  acanaladas  y  con 
ana  ra^a  blanca  á  lo  largo,  las  cuales 
se  extienden  por  el  suelo:  su  tallo 
tiene  á  su  extremidad  unos  botonci- 
Uos,  de  los  cuales  brotan  unas  flores 
que  por  la  parte  de  afuera  son  verdo- 
sas, y  por  la  de  adentro  blancas  como 
la  leche,  jj  de  los  viejos.  Familiar.  El 

vino.  II  DE  TIBBBA.  MaQN'BSIA.  jj  VIBOI- 

NAL.  Farmacia.  Licor  blanco  que  sirve 
para  afeite  del  rostro,  mezclado  con 
algunas  gotas  de  tintura  de  benjuí 
en  la  suficiente  cantidad  de  agua.  [| 
Couo  UNA  LECHE.  Locucíón  familiar 
con  que  se  denota  que  algún  manjar 
cocido  ó  asado  está  muy  tierno,  y  Con- 

TAR  LA  LBCHB,  EL  HUEVO  Ú  OTBAS  CO" 

SAS  SBMBJANTBS.  Fntse.  Separar  las 
partes  mantecosas  ó  untosas  de  las 
serosas.  Se  usa  también  como  recí- 
proco, ¡j  ESTARALOUNA COSA  BN  LBCHB. 

Frase  que  se  usa  hablando  de  plan- 
tas ó  frutos,  para  significar  que  están 
todavía  formándose  ó  cuajándose,  ó 
que  les  falta  aún  bastante  para  su 
madurez  ó  sazón.  [|  Estar  alguno  con 
LA  LBCHB  BN  LOS  LABius.  Ftase  que  se 
usa  hablando  de  las  personas  jóvenes, 
para  denotar  que  les  faltan  aquellos 
conocimientos  del  mundo  que  trae 
consigo  la  experiencia  ó  la  edad  ma- 
dura. I  Frase  metafórica.  Haber  poco 
tiempo  que  dejó  de  ser  discípulo  en 
alguna  facultad  ó  profesión,  ser  prin- 
cipiante, no  estar  versado  ó  ejercitado 
en  ella.  \  Lo  que  bn  la  lbchb  sb  ha- 

UA,  BN  LA  MORTAJA  SE  DERRAMA.  Re- 
frán con  (^ue  se  denota  que  todo 
cuanto  se  infunde  é  imprime  en  los 
primeros  años,  suele  arraigar  de  ma- 
nera que  se  retiene  toda  U  vida.  [|  Ma- 

UAB  UNO  ALGUNA  COSA  EN  LA  LECHE. 

Frase  metafórica.  Aprenderla  en  los 
primeros  años  de  la  vida,  adquirirla, 
contraerla  entonces.  |]Tenbb  uno  la 
LECHE  EN  LOS  LABIOS.  Frase  metafóri- 
ca. Estar  con  la  leche  en  los  laníos. 

Etiuología.  Latín  loe,  lacíis:  cél- 
tico: kimry,  llaeth;  irlandés,  lachl; 
bajo  bretón,  leas;  catalán,  Ileí;  pro- 
Tenzal,  lach,  lag,  laií;  burguiñón, 
taissea;  walón,  Úsas;  namurés,  lasia; 
Haioaut,  lachan,  lassan;  Üresau,  las- 
say;  portugués,  leite;  italiano,  latte; 
francés  del  siglo  xui,  l--t,  eu  Joinvi- 
lle;  ils  vivent  du  let  de  leur  desíes, 
«viven  de  la  leche  de  sus  animales;» 
moderno,  lait* 


Reteña. — ^Es  curioso  notar  que  el 
latín  lae,  lactit»  se  encuentra  en  e¡ 

griego  ¿a,  lahíos,  segundo  elemento 
de  TÍA»,  yÁkzKtwi  (gala,  gálaktotj,  le- 
che. 

Lechecica,  Ha,  ta.  Femenino  di- 
minutivo de  leche,  jj  Plural.  Las  mo- 
Uejuelas  de  los  cabritos,  corderos, 
terneras,  etc.  jj  Lechecillas.  I^vin- 
cíal.  La  asadura, 

Lechemiel.  Femenino.  Fruta  de  un 
árbol  que  se  cría  en  el  distrito  de 
Santiago  de  las  Atalayas,  en  Nueva 
Granada.  Es  del  tamaño  y  figura  de 
un  grano  grande  de  uva,  dividida  en 
dos  partes  por  medio  de  una  telita;  en 
la  una  encierra  un  licor  lechoso,  y  en 
la  otra,  miel  muy  delicada. 

Lechera.  Femenino  anticuado,  Va> 
sija  en  que  se  tenía  la  leche.  Hoy  se 
llama  así  la  jarrita  en  que  se  sirve  la 
teche  para  tomar  café  ó  té.  y  Anticua- 
do. Litera,  y  Anticuado.  El  féretro  ó 
andas  en  que  se  llevaban  los  cadáve- 
res á  enterrar,  jj  Anticuado.  Milicia^ 
Explanada,  por  el  pavimento  de  ta- 
blones ó  de  fabrica  sobre  que  carga- 
ban las  cureñas  en  una  batería.  |  Ad- 
jetivo qne  se  aplica  á  las  hembras  de 
animales  que  se  tienen  para  que  dea 
leche;  como  ovejas,  cabras,  etc.  Se 
usa  también  como  sustantivo. 

ExiuOLOaÍA.  Lechero:  francés,  lai~ 
íiére. 

I^echeria,  Femenino.  Sitio  donde 
se  vende  leche. 

EnuoLOof A.  Leche:  francés,  laiterk. 

Lechero,  ra.  Masculino  j  femeni- 
no. El  que  vende  leche.  I  Adjetivo.  Lo 
que  contiene  leche  ó  tiene  alguna  de 
sas  propiedades. 

EtiuoLOofA.  Latín  lactarXia:  italia- 
no, iaííajo;  francés,  laitier;  cataláoi 
ileíer,  a. 

Lecherón.  Masculino.  Provincial 
Aragón.  La  vasija  en  que  los  pastores 
recogen  la  leche  que  ordeñan  de  su 

ganado.  Q  Provincial  Aragón.  Maati- 
a  de  bayeta  ó  de  otra  tela  de  lana  en 
que  se  envuelven  los  niños  luego  quo 
nacen. 

Lechetrezna.  Femeaiao,  Boídnica. 
Se  da  este  nombre  á  diversas  especies 
de  titímalos,  que  son  plantas  eu  ge- 
neral herbáceas  y  llenas  de  hojas,  y 
con  un  jugo  acre,  mordicante  y,bUn- 
co  como  la  leche.  Echan  los  cálices  de 
las  flores  colorados  por  la  parte  inte- 
rior: el  fruto  es  una  caja  con  tres  cel- 
dillas, en  que  está  la  simiente. 

Etimología.  Latín  laclaría,  la  le- 
chetrezna, nombre  genérico  de  las 
plantas  que  arrojan  un  humor  pareci- 
do á  la  leche. 

Lechiga.  Femenino  anticuado.  Fe- 
retro  ó  andas  ea  que  se  llevaban  los 
cadáveres  á  enterrar,  y  Anticuado. 
Cama  ó  lecho  que  servía  para  dormir 
y  descansar. 

Etiuología.  Lectica.  Nuestro  lechi' 
ga  es  exactamente  el  lecRca  de  los  la- 
tinos. 

Lechigada.  Femenino.  El  conjun- 
to de  animalillos  que  han  nacido  ae 
un  parto  y  se  crían  juntos  en  un  mis- 
mo sitio.  j|  Metáfora.  Compañía  ó  eos- 
drilla  de  personas  de  una  misma.pro- 


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LECH 

fetlón  ó  de  UB  mismo  género  de  vida. 
Por  lo  comúa  se  dice  de  gente  baja  ó 
picaresca. 

ETUtOLOofA.  Leche,  aludiendo  á  que 
todos  los  que  nacen  de  un  parto  han 
de  mamar  la  misma  Itche. 

Iiecbieado,  da.  Adjetivo  anti- 
cfudo»  m  que  estaba  acostado  en  la 
eama. 

BtuolooIa.  Lechiga, 

Lechigál.  Masculino  anticuado. 
Lecho,  cama. 

Lechin.  Masculino.  Lbchino,  por 
grano  6  divieso,  etc.  ¡  Bn  tierra  de 
ficija,  especie  de  olivos  que  producen 
nancha  aceituna  y  maj  abundante  de 
aceite.  Llámase  así  también  la  misma 
aceituna. 

Lechino.  Masculino.  Grano  6  di- 
vieso pequeño,  puntiagudo  v  lleno  de 
aguadija  j  materia,  que  se  nace  á  las 
caballerías  sobre  la  piel,  |  Conjunto 
de  hilas  de  figura  de  .clavo  que  los  ci- 
rujanos introducen  en  las  neridas  (5 
llagas. 

Lecho.  Masculino.  Cama  con  col- 
chones, sábanas,  etc.,  para  descansar 
y  dormir.  |  Bspecie  de  canapé  ó  esca- 
ño en  que  los  orientales  y  romanos  se 
reclinaban  para  comer.  |  Metáfora.  En 
los  carros  ó  barretas,  cama  6  suelo  jo- 
bre  el  cual  se  coloca  la  carga.  ||  Meta* 
fora.  Madre  de  río  6  terreno  por  don- 
de corren  sus  aguas.  |I  Metáfora.  La 
porción  de  algunas  cosas  que  están  ú 
se  ponen  extendidas  horizontal  mente 
sobre  otras.  [|  Cantería,  La  superñcíe 
horizontal  de  una  piedra  ó  sillar  sobre 
la  cual  se  ha  de  sentar  otra,  Q  Metáfo- 
ra antigua.  Féretro  ó  andas  en  que  se 
Llevaban  los  cadáveres  á  enterrar.. 
.  Etiii(XmU.  Griego  Xifscv  (lejetn), 
poner;  AÉ-jr©?,  Xéxtpov  {léffos,  léktron}, 
techo:  latín,  ¿«cfiu;  italiano,  Í0Íío;,^T- 
tugaés,  leiío;  francés,  lií;  provenzat, 
leit,  Uicht  lüch;  catalán,  ¿¿t^-  norman- 
do, lieí;  walón,  Ut;  namurés,  Ifit;  bur* 
guiaón,  la. 

Lechón.  Masculino.  Cochinilloque 
todavía  mama.  El  uso  ha  extendido  la 
significación  de  esta  voz  á  todos  los 

SuerCos  machos.  Q  Metáfora.  EL  hom- 
re  sucio,  puerco,  desaseado. 
Btxmolooíá.  Lechet  aludiendo  á  que 
mama  todavía. 

Lechona.  Femenino.  La  hembra 
del  lechón.  Q  Metáfora.  La  mujer  su- 
cia, puerca,  desaseada. 

Lechoncico,  lio,  to.  Masculino 
diminutivo  de  lechón. 

Lechoso,  sa.  Adjetivo  que  se  apli- 
ca á  las  plantas  y  frutos  que  tienen 
un  jugo  blanco  semejante  á  la  leche. 

ETiHOLOaíi.  £ecke:  latín  de  las 
glosas,  Uctdtut;  fiaocés,  laiíeus;  cata- 
lán, lUtü's,  a. 

Lechuga.  Femenino.  Planta  hor- 
tense bien  conocida,  de  ,  cuyo  vario 
cultivo  en  diversos  climas  han  resul- 
tado diferentes  variedades;  como  la 
repollada,  la  de  oreja  de  muía  y  otras 
muchas,  que  todas  proceden  en  su 
origen  de  la  común,  que  se  cultiva  y 
echa  muchas  hojas  grandes,  lisas  v 
largas  sin  formar  cogjllo.  Todas  ella's 
abundan  de  jugo  lácteo,  que  mientras 
\w  tto  entallecea,  es  agradable  al 


LECH 

gusto,  y  después  se  vuelve  acre.  ||  Lb* 
CHüGuiLLA,  por  la  especie  de  cabezo- 
nes y  puños  de  camisa  en  figura  de 
hojas  de  lbchuoa,  7  por  cada  uno  de 
los  fuellecillos  furmados  en  la  tela  á 
semejanza  de  dichas  hojas.  |  silvks- 
T.tE.  Se  conocen  con  este  nombre  dos 
especies:  la  primera,  se  cría  en  los 
campos  j  prados  v  en  las  laderas  de 
los  caminos,  con  hojas  verticales,  lar- 
gas, pequeñas  y  estrechas,  recortadas 
en  senos  profundos  y  llenos  de  zumo 
lácteo;  la  segunda,  produce  las  hojas 
horizontales  y  despide  olor  nausea- 
bundo. Amius  son  muj  lechosas  y 
amargas.  ||  Esa  LSCHuax  no  bs  db  su 
HUERTO.  Eipresión  familiar  con  que 
se  moteja  al  que  se  apropia  las  agu- 
dezas ó  invenciones  de  otro. 

Etimología.  Provonzal  lachuga, 
laytuaa:  catalán,  llatuga,  Uetuga;  fran- 
cés, iai'lue;  italiano,  tattuaa,  del  latín 
lactuca,  forma  de  lac,  lactti,  leche, 
aludiendo  al  jugo  lechoso  de  esta 
planta. 

Lechuga  (CkistÓ3al).  General  es- 
pañol de  artillería,  que  nació  en  Baeza 
en  1557.  Hizo  la  guerra  por  espacio 
de  veintisiete  años,  distinguiéndose 
á  las  órdenes  de  Don  Juan  de  Aus- 
tria, Alejandro  Farnesio,  el  conde  de 
Fuentes,  el  archiduque  Alberto  y 
otros  célebres  capitanes  de  la  época. 
En  los  sitios  de  varias  plazas,  em- 
pleando la  artillería,  y  en  el  de  Dor- 
láns,  se  debió  principalmente  la  de- 
rrota del  ejército  francés  que  vino  en 
socorro  de  la  ciudad,  á  la  oportunidad 
con  que  empleó  Lechuga  el  arma  que 
estaba  bajo  su  dirección.  Inventólas 
baterías  enterradas;  y  en  muchas  oca- 
siones, según,  él  mismo  dice,  llevaba 
sus  cañones  sin  armón  con  la  boca 
hacia  adelante  y  arrastrando  las  con- 
teras,  para  avanzar  mejor  sobre  el  ene- 
migo, lo  cual  era  un  ensajo  de  la  ar- 
tillería montada.  Publicó  dos  obras; 
una,  sobre  el  Cargo  de  maestre  de  caví' 
po  general;  y  otra,  que  tituló  Discursos, 
en  que  trata  de  la  artillería  y  de  todo 
lo  necesario  á  ella,  con  un  tratado  de 
fortificación,  y  algunas  otras  impor- 
tantes materi  is  militares. 

Lechugado,  da.  Adjetivo.  Lo  que 
tiene  la  forma  ó  figura  de  las  hojas 
de  lechuga. 

LecfatM^uero,  ra.  Masculino  y  fe- 
menino. Ql  (jue  vende  lechugas. 

Lechuguica,  Ha,  ta.  Femenino 
diminutivo  de  lechuga. 

Etiuología.  Lechiga:  latín,  lactü- 
cUa;  catalán,  Ileíwueía. 

Lechuguilla.  Femenino.  Cierto 
g.'nero  de  cabezones  ó  puflos  de  cami- 
sa muy  gL-andes  v  bien  almidonados, 
y  dispuestos  por  medio  de  moldes  en 
figura  de  hojas  de  lechuga:  moda  que 
se  estiló  mucho  durante  el  reinado  de 
Felipe  II. 

Lechuguino.  Masculino.  El  con- 
junto ó  cualquiera  de  las  lechuguillas 
pequeñas  antes  de  ser  trasplantadas. 
II  Metáfura  familiar.  El  muchacho  im- 
berbe que  se  mete  á  galantear  aparen- 
tando ser  hombre  hecho.  Se  ha  apli- 
cado también  al  que  en  su  trage  sig^ue 
escrapolósameate  la  moda. 


LEDE 


Etiuoloqía.  Lechuga!  catalán,  let- 
xuguino. 

Lechuza.  Femenino.  Ave  de  rapi- 
ña de  un  pie  de  largo,  de  color  blan- 
co ó  rojizo  con  manchas  pardas.  Tie- 
ne las  piernas  todas  cubiertas  de  plu- 
mas, el  pico  corvo  y  fuerte,  así  como 
l&s  uñas,  y  las  plumas  tan  blandas, 
que  no  hace  ruido  cuando  vuela.  Es 
de  las  nocturnas,  j  su  canto  es  un  so- 
nido monótono,  lúgubre  v  desagrada* 
ble.  B  Oermanitt.  El  ladrón  que  hurta 
de  noche. 

EriuOLOofA.  Latín  noetüa,  la  lechu- 
za; de  nox,  noetis,  la  noche.  (Pumo.) 

HeseñOt—liBCBüZL  quiere  decir  ave 
nocturna. 

1.  Lechuzo.  Masculino.  Apodo 
que  se  da  al  que  anda  en  comisiones, 
j  Se  envía  á  los  lugares  á  ejecutar  los 
despachos  de  apremios  v  otros  seme- 
jantes. |  Adjetivo -metafórico  que  se 
aplica  á  las  personas  que  se  asemejan 
á  la  lechuza  en  algunas  de  sus  propie- 
dades^ Se  usa  también  como  lustan- 
tivo. 

2.  Lechuzo.  Masculino.  Se  aplica 
á  los  muletos  y  muletas  desde  que  na- 
cen hasta  que  cumplen  aa  año. 

EnuoLOOÍA.  Lechó». 

Leda.  Femenino.  Miiologia.  Hija 
de  Testio,  rej  de  Etolia,  que  casi  con 
Tindaro,  rey  de  Esparta,  amada  por 
Júpiter,  que  para  seducirla  tomó  la 
forma  de  un  cisne,  y  que  dió  á  luz  dos 
Iiuevos,  de  uno  de  los  cuales  salieron 
PJlux  y  Helena,  y  del  otro,  Cástor  y 
Clítemnestra. 

Etiuología.  Latín  Leda.  (Ovidio.) 

Ledamente.  Adverbio  de  modo. 
Poética.  Con  alegría,  contento,  pla- 
cer. 

EtimolooÍa.  Leda  y  el  snfijo  adver- 
bial mente. 

Ledania.  Femenino  antiouado.  Le- 
tanía, por  rogativa,  súplica,  etc.  || 
Mtitáfora  antigua.  Letanía,  por  lista, 
enumeración  seguida.  Q  Anticuado. 
LíuiTB.  H  Plural  anticuado. Letanías, 
por  procesión,  etc. 

Ledesma  (Alfonso  de).  Poeta  es- 
pañol, que  nació  en  Segovia  en  1552 
y  murió  en  1623,  á  quien,  con  más 
razón  que  &  Góngora,  debe  señalarse 
como  iniciador  en  España  del  estilo 
conceptista.  Fué  llamado  el  Poeta  divi- 
no, sobrenombre  que  se  atribuye  más 
bien  al  género  de  poesía  sagrada,  á 
que  se  dedicó,  que  á  la  sublimidad  de 
su  talento.  Las  principales  obras  que 
dejó,  son:  Conceptos  espirituales;  Jue~ 
gos  de  Noche-Buena;  Él  Monstruo  ma- 
gimdo;  Epigramas  y  ierogliñeos  á  la 
rida  de  Cristo;  Festividades  de  Nuestra 
Señora;  Excelencias  de-  santos  y  grande- 
za de  Segovia,  y  Epitome  de  la  Vida  de 
Cristo  en  discursos  metafóricos, 

Ledesma  (Blas  de).  Pintor  espa- 
ñol, que  vivía  en  Andalucía  en  el  si- 
glo XVI.  Adoptó  la  manera  italiana  y 
[ñntó  con  preferencia  asuntos  grotes- 
cos, dejando  igualmente  frescos  que 
representan  santosy  hechos  históricos. 

Ledesma  (Josb).  Pintor  español, 
que  nació  en  Burgos  en  1630  y  murió 
en  1670.  Hizo  sus  pzimeros  estudios 
artifticoi  en  sú  patna,  7  se  parfaeoio- 


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966  LEiE¡R 


LEGA 


LEGA 


nQ  ea  Utdyid  bajo  la  díraccitÍD  de 
Juan  Carreflo,  cajo  colorido  imibS. 
A  pesar  de  «o.  breva  existeneia,  dejó 
muchos  oiiadros,  la  mayor  parte  en 
los  eonventos  de  Madrid.  Los  m&s  no- 
tables son:  san  Juan  Bautista;  La  Saii' 
títima  Trinidad;  La  Sncamadón;  $an 
Francisco;  santo  Domingo,  j  Critto  en 
el  sepulcro. 

K^deama  (Uiqubl  Jerónimo).  Mé> 
dico  j  erudito  español,  natural  de 
Valencia,  que  vivía  á  principios  del 
siglo  XVI.  Estudió  las  lenguas,  la 
filosofía,  la  poesía  7  la  Medicina  en 
su  ciudad  jiatal,  en  U  que  lueg-o  fué 
profesor  de  ériego  7  de  Medicina, 
tíua  obras  mas  conocidas  son:  Com" 
peHdinm  gracarum  insíííution*»;  Be 
pUnrifido  comentar iobu,  etc. 

LecUcia.  Femenino  anticuado.  Ale* 

OBÍA. 

BTXMOLoaU.  Ledo, 

Ledo,  da.  Adjetivo.  Poética.  Ale- 
gre, contento,  placentero. 

firiuoLOoU.  Latín  latus,  alegre, 
grato,  acepto,  favorable,  próspero, 
abundante,  cujo  último  sentido  tie- 
ne el  ivi^Ms  lusty t  simétrico  del  ale- 
mán lustig  j  del  ruso  luczszii,  en  re- 
lación clara  j  terminante  con  el  sáns- 
crito Idsikat,  contento,  alegre. 

Derivad^. — Sánscrito  "^^T 

( lax)t  amar,,  recrearse;  lastas,  agrada- 
bloj  cujro  sentido  tiene  el  latín  latus; 
lásiiaSf  contento:  ruso,  luczszü;  ale- 
mán, Uatig;  inglés,  lustg;  griego,  Xát» 
(láo}t  tener  deseos,  gozar;  latín,  latns* 

Ledona,  Femenino  anticuado.  Ma- 
riña,  Bl  flujo  diario  del  mar. 

Ledro,  dra.  Adjetivo,  Germania, 
Bajo,  ruin,  despreciable. 

Lee.  Femeüino  anticuado.  Lbt. 

Leedor,  ra.  Masculino  ;  femenino 
anticuado.  Lector,  pjr  el  que  lee. 
Tiene  uso  en  estas  expresiones:  es 
maj  iJSBOoa,  es  gran  lbbdob. 

Leana.  Célebre  cortesana  griega, 
que  murió  en  494  antes  de  Jesucris- 
to. Parece  que  era  amante  de  Aristo- 
gitótt  ó  de  Armodio,  por  lo  cual  fué 
complicada  en  la  cansa  del  asesinato 
cometido  poí  aquéllos  en  la  persona 
del  tirano  Híparco.  Puesta  en  el  tor- 
mento, se  negó  á  revelar  á  Hippias 
los  nombres  de  los  conspiradores,  j 
temerosa  de  que  el  dolor  fa  arrancara 
alguna  confesión,  se  cortó  la  lengua 
con  loa  dientes.  Los  atenienses  hon- 
raron su  memoria  y  la  perpetuaron 
erigiendo  á  la  entrada  de  la  Acrópolis 
la  estatua  de  una  leona  sin  lengua. 

Leenda.  Femenino  anticuado.  Le- 
yenda. 

Leer.  Activo.  Pasar  la  vista  por  lo 
escrito  ó  impreso,  haciéndose  cargo 
del  valor  de  los  caracteres,  pronun- 
ciando 6  no  pronunciando  las  pala- 
bras, l  Engañar  ó  explicar  pública- 
mente el  profesor  de  alguna  ciencia 
ó  arie  á  sus  ojentes  algún  tratado  ó 
materia.  Q  Entender  ó  interpretar  un 
texto  de  cierto  modo,  suponiendo  ser 
ésta  la  mente  del  autor.  |  Decir  de 
memoria  en  público  el  discurso  Ha- 
^mado  lección  en  las  oposiciones  y 
^roa  qercMioB  litenríos.  Cuando  el 


discurso  es  para  oposiciones,  se  dice 
también  lbbb  de  oposición.  ||  Metáfo- 
ra. Penetrar  él  interior  de  alguno  por 
lo  que  exteríormente  aparece,  ó  Teñir 
en  conocimiento  de  algiina  cosa  ocul- 
ta que  le  ha^a  sucedido.  |  de  bx- 
TR&.0RDINAR10.  En  las  universidades 
era  explicar  un  bazfaílier  en  lejes  ó 
cánones,  nombrado  por  el  claustro,  á 
los  estudiantes  no  graduados,  el  libro 
ó  materia  que  se  les  designaba,  y  re- 

f alármente  después  que  Tos  maestros 
abían  concluido  con  sus  respectivas 
enseñanzas. 

BTiHOLOaÍA.  Griego  Uftn  (l^ein)^ 
compuesto  de  Xó^o^  (tilffos),  pensamien- 
to y  palabra,  razón  y  verbo,  y  aytvt 
(ageln),  dar  el  primer  impulso:  latín, 
legere;  italiano,  leagere;  francés,  lire; 
provenzal,  legir,  ügir;  catalán,  llegir; 
portugués,  ier;  walón.  Uro, 

Leetad.  Femenino  anticuado. 
Lbáltad. 

Lega.  Femenino.  Monja  profesa 
exenta  de  coro,  pero  con  la  obligación 
de  servir  á  la  comunidad  en  las  ha- 
ciendas caseras. 
Etiuolooía.  Lego:  catalán,  llega. 
Legacía.  Femenino.  El  empleo  ó 
cargo  de  legado,  {j  El  mensaje  ó  ne- 
gocio de  que  va  encargado  un  legado. 
II  El  territorio  ó  distrito  dentro  del 
cual  un  legado  ejerce  su  encargo  ó 
funciones.  ||  Bl  tiempo  que  dura  el 
ca»fo  6  funciones  de  un  legado. 

É^iHOLOofA.  Legación, — «Llámense 
asi  en  Italia  las  provineias  eclesiásti- 
cas, como  son  la  de  Bolonia,  la  de  Fe- 
rrara y  las  del  Patrimonio,  y  otras, 
á  donde  siempre  envían  cardenales.» 
(AcADBUiA,  Diccionario  de  1726,) 

Legación.  Femenino.  Legacía.  | 
El  cargo  que  da  un  Gobierno  á  un  in- 
dividuo para  que  le  represente  cerca 
de  otro  Gobierno  extranjero,  ja  sea 
como  embajador,  ja  como  plenipoten- 
ciario, va  como  encargado  de  nego- 
cios. H  Él  conjunto  de  indÍTÍdaos  que 
componen  una  legación. 

BTiMOLOaÍA.  Legar:  latín,  tegüíío,  la 
legacía,  embajada,  diputacioa,  em- 
pleo del  embajador  j  la  acción  de  en- 
viarle; catalán,  legació;  portugués,  le^ 
gapSo;  francés,  légaíton;  italiano,  lega- 
zione. 

Legado.  Masculino.  Forense.  La 
manda  que  un  testador  deja  á  alguno 
en  su  testamento  ó  codicilo.  ||  El  su- 
jeto 4^ue  alguna  suprema  potestad 
eclesiástica  ó  civil  envía  á  otra  para 
tratar  algún  negocio.  |j  El  presidente 
de  cada  una  de  Tas  provincias  inme- 
diatamente sujetas  o  reservadas  á  los 
emperadores  romanos.  En  algunas 
provincias  se  daba  al  presidente  el 
nombre  de  lbqado  consular;  como  á 
los  de  la  Bética  y  Lusitania  en  tiem- 
po del  emperador  Adriano.  H  Cada  uno 
de  aquellos  socios  que  los  procónsules 
llevaban  en  su  compañía  á  las  provin- 
cias, como  por  una  especiede  asesores 
j  consejeros,  los  cuales  en  caso  de  ne- 
cesidad hacian  sus  veces.  ||  En  la  mi- 
licia de  los  antiguos  romanos,  el  jefe 
ó  cabeza  de  cada  legión.  ||  Cada  uno 
de  los  ciudadanos  romanos,  por  lo  co- 
mún del  orden  senatorio,  enviados  á 


las  provincias  recién  eonquistidaa 
para  arreglar  su  gobierno.  \  La  per- 
sona eclesiástica  que  por  diaposicíén 
del  Papa  hace  sas  veces  en  algún  con- 
cilio, o  ejerce  sus  facultades  apost^i-  | 
cas  en  algún  reino  6  prorineia  de  la  | 
cristiandad.  ||  El  prelado  ele^do  por  I 
el  sumo  pontífice  para  el  gobieioo  de 
alguna  de  las  provincias  eclesiásti- 
cas; como  Bolonia,  Ferrara.  \  L  lítb- 
BB.  Un  cardenal  enviado  extraordiai- 
riamente  por  el  Papa,  con  amplísímai 
facultades,  cerca  de  algún  ptiacipe  \ 
cristiano.  B  Caducas.  EL  LBOAnoón* 
DBicouiso.  Frase  forense,  Bxtinguir- 
se  por  &Ita  del  sigeto  en  quien  deÜa 
recaer. 

EtimolooÍa.  Latín  legatuSf  partici- 
pio pasivo  de  ligSre,  legar:  catalán, 
íegal,  llegat;  provenzal,  t«^a<;  fxincef , 
l^aí;  italiano,  legato. 

El  catalán  llegat  significa  más  bien 
el  l^adOf  manda. 

Reseña  histCrica.—\,  Magistrados 
entre  los  antiguos  romanos,  que  ve- 
nían á  ser  como  enviados  ó  lugarte- 
nientes. 

2.  Los  embajadores  eran  los  lboa- 
Dos  del  Senado,  que  loa  nomloaba  de 

su  seno. 

3.  Los  procónsules  tenían  lboados 
que  mandaban  los  cuerpos  de  ejérci- 
to, cujo  número  era  proporcionado  á 
la  importancia  de  la  proTiucia  á  qo« 
se  destinaban. 

4.  César,  proejnsnl  en  las  Galias, 
tnvo  hasta  diez  lbqados. 

5.  Bajo  los  emperadoras,  todos  los 
generales  j  todos  los  empleados  erto 
LEGADOS  del  emperador. 

6.  Augusto  tuvo  LEOADOS  co%tnU' 

res,  que  enviaba  á  gobernar  las  pro- 
vincias llamadas  de  César  [véase  ro- 
UANO  (imperio)],  que  tenían  el  poder 
militar:  los  legados  propreloret  eran 
gobernadores  de  las  provincias  de  ul-  1 
tramar,  investidos  del  poder  civil  j 
militar;  los  lsoados  legionarios  eran 
jefes  de  una  legión  y  formaban  parte 
de  un  cuerpo  estacionado  en  una  pro- 
vincia fronteriza  pan  guardarla  j  de* 
fenderla.  • 

7.  Bn  tiempos  de  la  república  hubo  1 
LEGADOS  libreSf  es  decir,  Aonormiei,  I 
que  eran  senadores  encargados  de  irá  ¡ 
las  provineias  para  sus  negocios  pri-  ! 
vados,  v  que  recibían  del  Senado  el  1 
título  de  legados,  que  les  daba  el  de-  ¡ 
recho  de  gozar  de  ciertas  inmunida- 
des j  honores  anexos  á  la  legación. 

8.  Ori^nariamente,  la  duración  de 
estas  misiones  era  ilimitada,  y  se  pre^ 
tó  á  muchos  abusos.  Cicerón  la  nizo 
reducir  á  un  solo  año;  César  regla- 
mentó las  legaciones  libres  pormedio 
de  una  lej  que  fijó  su  duración  ea 
cinco  años. 

Legador.  Masculino.  ProTÍnci«l* 
El  jornalero  que  en  los  esquileos  saca 
las  reses  lanares  del  bache,  v  laa  at« 
de  pies  j  manos  para  esquilarlas. 

KTiMOLOGfA.  Legar:  latín,  l^aíor, 
el  que  lega  ó  hace  alguna  manda  en 
testamento;  italiano,  legatore. 

Legadoe  del  Papa.  Historia.  En- 
viados  j  representantes  del  soberano 
pontífice,  que  pueden  sen  7.*.  tnA» 


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LEGA 


LEGA 


LEGE  367 


DOS  A  (itere,  Bñcogidos  únicamente  en- 
tre los  cardenales  qae,  paradesempe- 
tMT  SU  mísiúD,  abandonan  la  plaza 
qae  ocupan  babitualmente  al  lado  del 
^pa.  Son  ordinarios,  como  los  que 

E residen  las  legaciones  del  Estado  de 
t  Iglesia;  ó  exíraordinariot,  investi- 
dcw  de  poderes  muj  latos  en  alguna 
eircunataDCÚt  extraordinaria,  en  que 
los  más  grares  intereses  religiosos  se 
hallan  en  peligro.  Por  esto  se  ha  vis- 
to desde  los  primeros  siglos  que  los 
UEOADOs  han  presidido  los  concilios; 
2.*,  LEGADOS  enviados  ó  nuncios  apostó- 
lieos,  representantes  del  pontífice  de 
segundo  rango,  que  pueden  ser  nom- 
brados de  individuos  que  no  pertene- 
cen al  Sacro  Colegio,  cuja  misión  es 
temporal  Ó  permanente.  Por  lo  gene- 
ral, no  se  mezclan  en  los  detalles  de 
la  administración  eclesiástica  interior 
del  país  en  que  residen,  y  no  son  más 
que  personajes  diplomáticos,  órganos 
de  las  comunicaciones  necesarias  en- 
tre las  dos  cortes;  los  internuneiot  ó 
reñáeiUet  son  nuncios  de  una  catego- 
ría inferior;  3.*,  los  lkoados  Na¿0X,qu6 
ndben  su  título  de  leqado  sin  otra 
distinciÓD  que  la  de  ciertos  derechos 
honoríficos  a  la  sola  profesión  de-  una 
dignidad  eclesiástica  á  que  es  anexo 
dicho  título;  así  lo  son  los  arzobispos 
de  Reims,  en  Francia;  de  Toledo,  en 
España;  de  Colonia,  en  Alemania;  de 
Praga,  en  Bohemia;  j,  en  otro  tiem- 
po» de  Cantorberj,  en  Inglaterra.  En 
^eiliat  el  mismo  rej  Luis,  por  una 
bala  de  Urbano  U  (1099),  confirmada 
en  sus  sucesores  ^or  Benedicto  XIII 
(1728)f  tuvo  también  el  título  de-  lb- 
OADO  apoitdlieo. 

L^adura.  Femenino.  Cuerda,  cin* 
ta  ú  otra  cualquiera  cosa  que  sirre 
pta  liar  ó  atar.  Hoy  sólo  se  usa  en 
algunas  partes  por  la  tomiza  con  que 
ellegador  ata  las  reses  lanares  para 
esquilarlas. 

Legajico,  lio,  to.  Masculino  dimi- 
nutÍTO  de  legajo. 

Legajo.  Masculino.  Atado  de  pa- 
peles sueltos. 

BTiyoLOGÍA.  Legal,  El  primer  lega- 
jo fué  uu  paquete  de  escritos  ó  pape- 
les legales* 

It^al.  Adjetivo.  Lo  que  está  pres- 
crito por  lejr  j  es  conforme  á  ella.  || 
Verídico,  puntual,  fiel  j  recto  en  el 
cnmplimiento  de  las  funciones  de  su 
cargo.  J  Pbocedimibntos  lbqalbs.  Fo- 
reme.  Ritualidad  marcada  por  la  lejr 
en  la  tramitación  y  sustanciación  de 
los  asuntos  sometidos  á  la  justicia. 

ETiuoLoaÍA.  Zt^.'-latín,  lejalis;  ita  - 
liano,  légale;  francés,  légal;  catalán, 
legal. 

Legalidad.  Femenino.  Verdad, 

f mutualidad,  buena  fe,  rectitud  y  fíde- 
idad  en  el  desempeño  de  un  cargo  ú 
obligación.  II  Anticuadu.  Lbgauza- 

CIÓH.  n  LBaALlDAD  EXIST&NTE.  £1  OF- 

den  actualmente  establecido  en  la  es- 
fera  política,  considerado  como  expre- 
sión suprema  de  los  derechos  consti- 
tucionales; en  cuyo  sentido  se  dice: 
«reconocerla  leoauoad  bxistbnte.> 
Legalísimo,  ma.  Adjetivo  super- 
lativo de  legal. 


Legaliaación.  Femenino.  Forense. 
La  autorización  ó  comprobación  de 
un  instrumento,  la  certificación  de  su 
verdad  ó  legitimidad. 

Etiuolooía.  Legalitar:  catatán,  le- 
galisació;  francés,  lé^alitaíion;  italia- 
no, l^aliszazioae, 

Legaliiado,  da*  Participio  pasivo 
ds  legalizar. 

Etimología.  Catalán,  l^alitat,  da: 
francés,  légalísé;  italiano,  legalktato. 

Legalizar.  Activo.  Forense.  Auto- 
rizar un  instrumento,  certificando  en 
forma  auténtica  acerca  de  su  verdad 
j  legalidad. 

ETtMOLCOÍA.  Legal:  catalán,  Ugali- 
sar;  francés,  légaUtef;  italiano,  lega- 
liztare. 

Legalmente.  Adverbio  de  modo. 
Según  ley,  conforme  á  derecho.  Q 
Lealmente,  con  lealtad,  fidelidad  y 
honradez. 

Etiuolooía.  Legal  y  el  sufijo  adver* 
bial  mente:  latín,  liMíer;  italiano, 
legalmenfy;  fraucái,  té^almettt;  catar- 
ían, legaJment, 

Legamen.  Masculino.  Leqado, 
manda  del  testador. 

Legamente.  Adverbio  de  modo. 
Sin  instrucción,  sin  ciencia  ni  cono- 
cimientos. 

ETiMOLoaÍA.  Lega  y  el  sufijo  ad- 
verbial mente. 

Legamento.  Masculino  anticuado. 
Ligadura. 

Légamo.  Masculino.  El  cieno, 
lodo  o  barro  pegajoso,  g  La  grosura 
de  algunas  tierras,  su  substancia  ó 
jugo  untoso. 

ETiuoLoofA.  Limo. 

Legamoso,  m.  Adjetivo.  Lo  que 
tiene  légamo. 

Leguka.  Femenino.  Humor  que 
destilan  los  ojos  y  queda  cuajado  y 
pegado  á  las  pestañas  y  lagrimales. 

Etiuología.  1.  Artículo  la  y  gaña, 
alteración  del  latín  grUmía,  humor 
viscoso  que  acude  á  los  ojos. 

2.  Grataía  viene  de gramen,  césped, 
especie  de  musgo,  porque  la  lagaña 
parece  ser  el  musgo  de  la  vista. 

3.  El  sentido  se  ajusta,  mientras 
que  la  forma  no  anda  muy  discorde: 
ta-gramia,  la-gamia,  la-gania,  lagaña. 
(Anónimo.) 

Este  origen  podría  admitirse,  si  no 
existiese  la  etimología  de  Puigblanch, 
astuta,  práctica,  positiva;  tan  positi- 
va como  discreta. 

<No  viene  de  lagrimaña,  formado 
de  lágrima,  ni  de  lipgaña,  formado 
del  latín  lippitttdine,  como  dice  Co- 
varrubias,  sino  del  adjetivo  lemica- 
ne(B,  sobrentendiéndose  sardes,  deri- 
vado de  lemicus,  que  á  su  vez  se  deri- 
va de  lema,  lema,  lagaña.  Díjose, 
pues,  en  singular,  lemicaneaj  lemiga- 
nea;  después,  lemganea;  luego,  lenga- 
nea  y  leganea;  y  por  último,  légaña, 
como  de  vinea  se  hizo  viña*  (Puig- 
blanch): catalán,  llaganga.  La  forma 
etimulügica  es  légaña. 

Legañoso,  sa.  Adjetivo.  El  que 
tiene  muchas  légañas. 

Legar.  Activo.  Forense.  Dejar 
una  persona  á  otra  alguna  manda  en 
su  testamento  6  codicilo.  |  Enviar  á 


alguno  de  legado  ó  con  álguua  lega- 
cía. H  Anticuado.  Lioab  ó  ATAa:  ||  An- 
ticuado. Juntar,  congregur,  reunir. 
I  Neutro  anticuado.  Llboar.  Hállase 
tembién  usado  como  recíproco. 

SnuoLÓaÍA*  Legado:  latín,  ligSre, 
enviar,  comisionar,  dejar  alguna  man- 
da en  el  testamento;  forma  verbal -de 
lex,  legist  ley;  italiano,  iegare;  fran- 
cés, legner;  catalán^  llegar, . 

Legatario.  Masculino.  Forente,  La 
persona  á  quien  se  deja  alguna  man- 
da de  testamenta  ó  codicilo. 

Etimología.  Ltgar:  latín, 
rtus,  la  persona  á  i^aien  se  lega  al^o 
en    testamento;  italiano,  leaatarto; 
francés,  légataire;  catalán,  llegatari. 

Legazpi  (MiauBL  Lópkz  db).  Con- 
quistador de  las  islas  Filipinas,  que 
nació  en  la  vida  de  Zumárra^a 
(Guipúzcoa),  á  principios  del  si- 
glo XVI,  y  murió  en  1572.  Habiendo 

S asado  á  Nueva  Espafia,  fué  nombra- 
o,  en  1555,  escribano  mayor  del  ca- 
bildo de  M^ico,  y  en  1564,  bajo  la 
administración  del  virrey  Don  Luis 
de  Velasco,  sé  le  confió  «  mando  de 
una  expedición  destinada  á  conquis- 
tar las  islas  Filipinas.  Salió  del  puer- 
to de  la  Natividad  con  cuatro  buques 
menores  y  una  fragata,  Ó  hizo  su  pri- 
mer escala  en  las  islas  de  los  Ladro- 
nes, llamadas  hoy  Marianas,  toman- 
do posesión  de  ellas  en  nombre  de 
España.  De  allí  se  encaminó  al  ar- 
chipiélago, objeto  de  la  expedición, 
y  después  de  evitar  mil  escollos  y 
correr  mil  peligros,  fondeó  el  27  de 
Abril  de  1565  en  la  rada  de  Cebú, 
donde  había  muerto  Magallanes.  Ha- 
biendo logrado  entablar  relaciones 
amistosas  con  los  indios,  coatínuó 
sus  exploraciones  y  descubrió  la  isla 
de  Luzón,  la  mayor  del  arcbipiélago, 
en  la  que  decidió  establecer  el  centro 
de  la  dominación  española.  Después 
de  fundar  una  población  en  Cebú  y 
esperar  la  llegada  *  de  los  refuerzos 
que  había  enviado  á  pedir  á  España 
por  medio  del  misionero  Urdaneta, 
emprendió,  en  1570,  la  conquista  de 
Luzón,  que  llevó  á  cabo  con  toda  feli- 
cidad. En  seguida  fundó  la  ciudad  de 
Manila,  que  en  poco  tiempo  llegó  á  ser 
una  población  floreciente  y  centro  de 
un  activo  comercio,  y  murió  álos  dos 
años  de  haberse  instalado  en  ella.  Las 
islas  Filipinas  se  llaman  así  aludiendo 
á  que  el  conquistador  tomó  posesión 
de  ellas  á  nombre  de  Felipe  11. 

Lege.  Femenino  anticuado.  Liv.  ü 
Anticuado.  Lbchb. 

Legenda.  Femenino  anticuado. 
Historia  ó  actas  de  la  vida  de  algúu 
santo. 

Etimología.  Latín  legenda,  «cosas 
que  deben  ser  leídas,»  nominativo 
plural  de  legendas,  lo  que  ha  de  leet^ 
se,  gerundio  de  legare,  leer. 

Legendario.  Masculino.  Liturgia 
antigua.  El  libro  en  que  las  catedrales 
ó  monasterios  tenían  antiguamente 
recopiladas  las  actas  ó  vidas  de  san- 
tos. 

ETncoLoaÍA.  Bajo  latín  l?gendSrtn», 
forma  del  latín  Ihíre»  leer:  italiano, 
leggendario;  francés,  légeniaire. 


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859 


LEGI 


Legible.  A.djetÍTO.  Lo  que  se  pue- 
de leerf. 

EriuoLoofA.  Lter:  latíu,  PgibilU; 
italiano,  leaaibik;.  fnncést  lisióle;  ca- 
talán, Ilegible. 

.  Legiblemente.  Adverbio  modal. 
De  modo  que  se  puede  leer, 

EfiuQLoaÍÁ.  Legible  y  el  aufijo  ad- 
verbial 

Legión.  Femenino.  Cuerpo  de  tro- 
pa romana  compuesto  de  infantería  y 
caballería,  que  varió  mucho  se^ún  la 
diversidad  de  los  tiempos.  Dividióse 
cada  legión  en  diez  cohortes.  También 
ahora  se  suele  dar  este  nombre  á  al- 
gunos cuerpos  de  tropas.  |  Biblia.  Nú- 
mero indeterminado  de  personM  d  es- 
píritus; jaaí  decimos:  «lboióm  de  án- 
geles; LBaiÓN  de  demonios.»  U  ¡A.s(  lb 

LLBVB  UNA  LBOIÓM  DB  DBUONIOS,  Ó  DB 

diablos!  Conjuro. 

BTniOLOoiA.  Latín  Vg^íre^  recoger; 
lyío,  legiónit,  reclutamiento  militar: 
catalán  antiguo,  llegió;  moderno,  le~ 
gió;  proveazal,  Ugio;  francés,  I^xoh; 
italiano,  legioite, 

Reseha.  —  1.  «Jesús  le  pre^antó: 
¿cuál  es  tu  nombre?  Bl  respondió:  me 
llamo  Lb31Ón;  porque  muchos  demo- 
nios habían  entrado  en  aquel  hom- 
bre.» (Saci,  Biblia;  Evangelio  de  safi 
Lueat»  capUnlo  VIH,  versículo  SO.) 
■  2.  «Cuerpo  de  milicia  entre  los  ro- 
manos, compuesto  de  caballería  ¿in- 
fantería, CUTO  número  de  soldados  era 
vario  j  dÍHoil  de  sefialar.  Kónaulo, 
que  fuá  el  primero  que  las  form  i,  las 
sefialó  el  número  de  tres  mil  infantes 
y  trescientos  caballos,  la  cual  se  divi- 
día en  tres  trozos.  Despu:js,  en  tiem- 
po dé  Tulio  Hostilio,  ss  le  añadieron 
mil  hombres  de  á  pie;  pero  en  adelan- 
te varió  mucho,  y  unas  veces  era  de  á 
cuatro  mil;  otras,  de  cinco  mil;  y 
otras,  de  seis  mil  infant  as,  y  de  dos- 
cientos, trescientos  6  más  caballos.  La 
LBQiÓN  se  componía  de  diez  cohortes, 
cada  una  mandada  por  un  tribuno,  y 
constaba  de  tres  compañías:  y  ae^^úii 
la  variedad  de  éstas,  se  variaba  el  nú- 
mero de  soldados  de  cada  lboión.  Lla- 
móse así  porque  se  escogían  los  sol- 
dados para  formar  estos  cuerpos.»— 
(AcADBuu,  Dieeionario  de  17W.) 

3.  historia  romana- — La  Lsaióy  era 
una  de  las  divisiones  del  ejército  de 
Homa,  compuesta  principalmente  de 
ciudadanos  romanos.  Era  un  cuerpo 
completo,  que  reunía  infantería  pesa- 
da y  ligera,  caballería  y  pertrechos 
de  sitio^  La  infantería  formaba  diez 
cohortes,  y  la  caballería,  diez  turnos 
ó  escuadrones.  Se  atribujre  á  Rómulo 
la  ereación  de  la  lboión,  que  al  prin- 
cipio tuvo  3.000  infantes  y  300  caba- 
lleros. Servio  la  elevó  á  4.000  ó  á 
4.200  infantes.  Desde  la  batalla  de 
Canoas  hasta  Mario,  fué  de  5.000,  t  á 
de  6.000  á  6.100  infantes  y  300 
caballeros,  y  conservó  este  efectivo 
hasta  tiempo  de  Valentiniano  11;  la  ca- 
ballería contó  con  720  hombres.  Cons- 
tantino redujo  la  lboión  á  1.000  ó 
1,500  hombres.  Cada  lboión  tenía  un 
número  de  orden  j  un  nombre;  verbi- 
gracia: la  Victoriosa,  la  Marcial,  etc., 
j  estaba  mandada  por  nn  tribuno. 


LEGI 

Sirva  de  ejemplo,  en  cuanto  al  núme- 
ro y  n(inibre,  á  que  antea  nos  hemos 
referido,  el  de  Legio  lepiima  gemina, 
romanceado  en  Zeiln,  nombre  de  una 
de  nuestras  capitales.  (Véase  Lbjn.) 

Lagiói  de  Honor  íobden  db  la). 
Histovia.  1.  Orden  instituida  el  19  de 
Majo  de  1802,  por  el  primor  cónsul 
Bonaparte,  para  recompensar  los  ser- 
vicios militares  y  civile.s. 

2.  Su  insigaia  es  una  estrella  de 
cinco  rajos  dobles,  esmaltados  de 
blanco,  con  una  corona  imperial  en 
la  parte  superior.  Bl  centro,  rodeado 
de  una  corona  de  encina  y,  laurel,  tie- 
ne, por  un  lado,  en  un  pequeño  meda- 
llón de  oro,  la  imagen  de  Napoleón  I; 
y  por  el  otro,  un  ángulo  con  el  rajo  y 
con  esta  divisa:  Honor  g  patria. 

3.  La  RestauraciSo  reemplazó  la 
imagen  de  Napoleón  con  la  de  Knri- 

3ue  IV;  y  el  águila,  con  tres  flores 
e  lis. 

4.  En  tiemp>  de  Luis  Felipe,  éstas 
fueron  sustituidas  por  dos  banderas 
tricolores. 

5.  La  furma  primitiva  de  la  cruz 
fué  restablecida  después  de  1848. 

6.  La  LboiÍn  db  Honor  se  compu- 
so, en  su  origen,  de  16  cohortes;  un 
gran  canciller,  p:ira  toda  la  orden, 
residía  en  París,  v  cada  cohorte  tenia 
á  su  vez  su  canciller. 

7.  Al  prÍQcipio  no  hubo  más  que 
cuatro  grados  jerárquicos:  le^ioiiario, 
oficial,  comandante  y  gran  oJic%aL 

8.  Cada  cohorte  tenía  7  grandes 
oficiales,  20  coma:idantes,  3U  oñcia- 
ies  y  350  legionarios.  La  leoió.n  com- 
prendía 6.512  miembros. 

9.  Con  la  institución  del  imperio, 
se  creó  un  quinto  grado,  superior  á 
todos;  el  de  gran  cordm  y  grande  águi- 
la; y  posteriormente,  los  legionarios 
cambiaron  su  nombre  por  el  de  caba- 
lleros, y  se  aumentó  sucesivamente  el 
número  de  todos  los  dignatarios. 

10.  No  se  podía  pertenecer  á  la  or- 
den de  la  Lboión  db  Homor  sino  des- 
pués de  veinticinco  años  de  servi  ños, 
salvo  las  acciones  distinguidas  en 
tiempo  de  guerra  v  los  casos  especia- 
les detallados  en  fas  ordenanzas.  Era 
preciso  estar  cuatro  años  en  el  grado 
de  legionario  para  pasar  al  de  ^cial; 
dos  en  éste,  para  el  de  coMandaníe;  tres 
en  éste,  para  el  deyra»  oficial;  y  cinco 
en  este  último,  para  el  de  gran  cordón. 

11.  En  1829,  se  redujo  á  veinte 
años,  en  favor  de  los  militares,  el 
tiempo  de  servicios  que  se  exigía  para 
poder  ser  legionarios. 

12.  El  sueldo  asignado  por  Napo- 
león I  á  cada  grado,  fué:  20.000  fran- 
cos, al  de  gran  cordón;  5.000,  al  de 
gran  oficial;  2.000,  al  de  comandan- 
te; 1.000,  al  de  oficial;  250,  al  de  ca- 
ballero; y  sirvió  para  pagar  estos 
sueldos  una  dotación  en  bienes  nacio- 
nales ó  extranjeros. 

13.  Los  acontecimientos  de  1814 
y  1815  quitaron  &  la  Leoión  de  Honor 
la  major  parte  de  sus  propiedades, 
por  lo  que  se  redujo  á  la  mitad  la 
asignación  de  todos  sus  miembros,  y 
no  se  cancedid  i  lo«  nuevamente  nom- 
brados. 


LKQI 

14.  Luis  XVIII,  por  ordsnansa 

de  9  de  Julio  de  1814,  cambió  algu- 
nas nominaciones  de  los  grados,  tal 
como  lii  da  comandante  en  comendador, 
y  la  de  gran  cordón  en  gran  cnu;  fijó 
el  número  de  grande*  cruces  en  80; 
el  de  grandes  oticiales,  en  160;  el  de 
comendadores,  en  400;  el  de  o&eialM« 
en  2.0J3,  V  dejó  ilimitado  el  de  ca- 
balleros. 

lo.  PorundecretodeNapoleónlII, 
:Ie  10  de  Marzo  de  1852,  el  tiempo 
reglamentario  para  ascender  degrado 
á  grado  se  restableció  como  en  su  orí- 
gen;  el  número  de  cuballeros  de  la 
orden  fué  ilimitado,  y  pudo  tener 
1.003  ofiütaleSi  I.OOO  comendadores, 
2J0  grandes  oficiales  7  80  grandes 
cruces. 

16.  Las  recepciones  de  caballeros, 
comendadores  y  oficiales  se  hacen  por 
un  delegado  del  gran  canciller,  de 
un  grado  igual,  por  lo  menos,  al  de 
aquel  á  quien  se  recibe;  los  grandes 
oficiales  v  grandes  cruces  son  recibi- 
dos por  el  jefe, del  Estado,  ó  por  el, 
gran  canciller,  ó  por  algún  funcio- 
nario delegado  y  de  un  grado  igual 
también. 

17.  Los  extranjeros  son  admitidos 
en  la  orden,  pero  sin  recepción  j  sin 
ligurar  en  los  cuadros. 

18.  La  asignación  ha  aido  restable- 
cida para  todos  los  legionarios  mili- 
tares, de  este  modo:  los  caballeros, 
2<)0  francos;  los  oficiales  500;  los 
comendadores,  l.OJO;  los  e^randes 
oficiales,  2.000;  y  los  grandes  cru- 
ces, 3.000. 

19.  Sí  un  legionario  n )  cumple  cju 
su  mujer  é  hijos  las  obligaciones  que 
prescriben  los  capítulos  o."  y  6.*  del 
Código  Napoleón,  el  ministro  de  la 
Guerra  puede  autorizar  la  retención 
do  la  tercera  parte  ^de  la  asignación 
que  le  esté  señalada. 

20.  La  cualidad  de  miembro  de  la 
Lb  jiün  db  HoNOrt  se  pierde  por  la  na- 
turalización en  país  extranjero;  por. 
la  aceptación,  no  autúrízadu,  de  fun- 
ciones conferidas  por  un  gobierno  de 
otra  nación;  ó  por  alguna  de  las  cau- 
sas que  suspenden  los  derechos  de 
ciudadano  francés. 

21.  No  puede  ejecutarse'  ninguuu 
pena  infamante  cohtra  un  Iefi-iona.-Í0, 
sino  después  de  haber  sido  degrada- 
do, según  las  fórmulas  establecidas. 

22.  Los  reglamentos  determinan 
las  clases  de  insignias,  su  forma  v 
modo  de  llevarlas,  conforme  á  los  gra- 
dos y  al  estado  civil  ó  militar  de  las 
personas. 

23.  En  1873,  el  numero  de  caballe- 
ros se  fijó  en  25.000;  el  de  eficialeSt 
en  4.000;  el  de  comendadores',  en 
1.000;  el  de  grandes  oficiales,  en  200, 
V  el  de  grandes  cruces,  en  70;  siendo 
Ias  tres  quintas  partes  para  los  mili- 
tares y  las  otras  dos  quintas  partes 
para  los  civiles. 

Legionario,  ría.  Adjetivo.  Lo  qne 
pertenece  á  la  legión.  \  Haicnlino. 
£1  soldado  que  servia  en  las  legiones 
romanas. 

BtwoloqU.  Legión:  latEn,  V^^n^- 
rius,  en  César,  lo  pertenecíeDte  i  la 


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LEGI , 

legión  romana;  caUUa,  le^tonari,  a; 
francés,  l^ÍMnaire;  italiano,  legiona- 
rio^ 

Legionense.  Adjetivo.  Leonés,  sa. 

Etxuolooía.  Latín  lboionbnsb  re^- 
mm;  el  reino  de  León,  en  Espaf<a. 
(Db  MiauKi,  j  Morante.) 

Legislación.  Femenino.  Conjanto 
ó  cuerpo  de  leras,  por  laa  cuales  se 
gobierna  un  Bstado.  ¡  La  ciencia  de 
las  leves. 

'  ETUfOLooÍA.  Lrgislar:  latín  4^  s^ti 
Jerónimo,  legitlatío,  le^;  catalán,  iU~ 
gislaciÓ;  portugués,  Uqtslarao;  francés, 
téffislaíion;  italiano,  íetfislazione. 

Sinonimia.  Legislactón.  juritpruden- 
eia.  La  legislación  se  refiere  á  la  exis- 
tencia de  las  lejea  escritas,  sean  jus- 
tas ó  injustas,  buenas  ó  malas. 

La  juritprndeneia  se  refiere  á  los 
principios  del  derecho,  á  las  realas 
inmutables  7  eternas  de  la  justicia. 

La  tegitlacién  no  se  ocupa  sino  de 
lo  que  se  nos  manda  guardar  j  cum- 
plir. 

La  Jurisprudencia  establece  lo  que 
nosotros  debemos  dar  j  lo  que  á  nos- 
otros se  debe  conceder.  Lo  que  nos- 
otros debemos  dar,  es  nuestra  oblig*;!- 
ción.  Lo  que  se  nos  debe  conceder,  es 
nuestro  derecho. 

Huchas  veces  se  ha  dicho  que  la 
legislación  de  nuestro  país  está  embro- 
llada. No  puede  decirse  que  está  em- 
brollada nuestra  jurisprudencia,  por- 
que el  conocimiento  prudente  del  de- 
recho humano  no  es  una  cosa  que 
admita  el  embrollo. 

Bs  bien  seguro  que  no  haj  dos  paí- 
ses que  tengan  nna  misma  legisla- 
ción. 

Todos  los  pueblos  civilizados  de  la 
tierra,  aun  cuando  fueran  infinitos, 
tendrían  una  jurisprudencia,  porque 
las  proclamaciones  substanciales  del 
derecho  son  un  decálogo  social  para 
todos  los  países  cultos. 

Por  boca  de  la  í<;^i<íaaV»  hablan  un 
siglo,  un  monarca,  unas  Cortes,  un 
faTorito,  quizá  un  usupador,  tal  ver 
un  tirano,  porque  tiranos  han  sido 
muchos  legisladores. 

Por  boca  de  la  juriiprudenda  habla 
la  humanidad. 

La  legislación  es  más  extensa,  más 
Tasta;  la  jurisprudencia  es  más  sabi.-i, 
másjusta,  más  moral,  más  religiosa. 

La  legislación  es  un  hecho;  la_;'«í-í;- 
prudencia  es  la  primera  ciencia  social, 
porque  es  la  madre  de  las  ciencias 
políticas  j  económicas.  La  economía 
y  U  política  que  no  se  funden  en  el 
conocimiento  del  derecho  del  hombre, 
no  merecen  la  denominación  de  cien- 
cias. 

Legislador,  ra.  Masculino^  feme- 
nino. £l  que  da  ó  establece  lejres.  ¡| 
Uetáfora.  Censor  Ó  censurador  de  al- 
guna cosa. 

Etimología.  Legislar:  latín,  legisla- 
tor;  catalán,  ¡legislador;  francés,  legis- 
latenr;  italiano,  législatore. 

Sentido  etimoiogico.-^l .  El  latín  le- 

Íislaíor  se  compone  de  les,  légis,  In 
ejr,  j  laíor,  portador,  forma  agente 
de  ¡aíumt  llevado,  supino  de  ferré, 
llevar  ó  producir. 


LEGI 

2.  £a  Cicerón  se  halla  también  lé- 
gunlaior;  esto  es,  laCor-legum,  el  que 
lleva  ó  produce  las  leves. 

Legislar.  Neutro.  Dar,  hacer  6  es- 
tablecer lejes. 

ETiMOLOOfa.  ¿eg:  catalán,  llegislar. 
— «Metafóricamente  significa  censu- 
rar y  juzgar  de  las  acciones  ajenas.» 
(AcADHMiA,  Diccionario  de  1720.) 

Legislativo,  va.  Adjetivo  que  se 
aplica  al  derecho  ó  potestad  de  hacer 
lejres.  |j  Se  aplica  al  cuerpo  ó  código 
de  leyes, 

EriMOLoaÍA.  Legislar:  catalán,  ile~ 
gislatiu,  t>a;  provenzal,  leaislaíiu;  fran- 
cas, l^islitif;  italiano,  legislativo. 

Legislator.  Masculino  anticuado. 
Lboisladob.  ■ 

Legislatura.  Femenino.  Cuerpo 
legislativo  en  actividad  j  tiempo  de 
su  duración. 

EriuoLOofa.  Legislar:  catalán,  lie- 
gislaiara;  francés,  lágislatun;  italiano, 
legislatura. 

Legisperito.  Masculino.  Jxmisps- 

RITO. 

Legista.  Masculino.  El  letrado  ó 
profesor  de  leyes  ó  de  jurisprudencia. 
II  El  que  estudia  jurisprudencia  ó  le- 
yes. 

Etimología.  Leg:  italiauo,  legista; 
francés,  legisle;  catalán,  Ueqista. 

Legitima.  Femenino,  ¿"órense.  La 
parte  de  herencia  que  pertenece,  se- 
gún le;,  á  cada  uno  de  los  hijos  legí- 
timos en  los  bienes  que  quedan  por  la 
muerte  de  sus  padres. 

Etiuolooíá.  Legitimo:  catalán,  Ile- 
gítima; francés,  legitime;  italiano,  le- 
gitima; latín,  legitima,  formalidades 
en  los  actos  judiciales,  preceptos. 

Legitimacióa.  Femenino.  La  ac- 
ción j  efecto  de  legitimar  alguna  per- 
sona ó  cosa. 

Etimología.  Legitimar:  catalán,  lie- 
gitimació;  francés,  legiíimalion;  italia- 
no, Irgiltimazione. 

Legitimadaments.  Adverbio  de 
modo.  Por  legitimación. 

Etimología.  Legitimada  y  el  sufijo 
adverbial  mente. 

Legítimamente.  Adverbio  de  mo* 
do.  Con  legitimidad,  con  justicia,  de- 
bidamente. 

Etimología.  Legitima  y  el  suBjo  ad- 
verbial mente:  latín,  legUímé;  italiano, 
legittimamente;  francés,  legiíimemení; 
catalán,  Uegítimament. . 

Legitimado,  da.  Participio  pasivo 
de  legitimar. 

Etimología.  Legitimar:  catalán,  lie- 
gitimaí,  da;  francés,  legitimé;  italiano, 
legitíimato. 

Legitimar.  Activo.  Forense.  Pro- 
bar ó  justiñcar  la  verdad  de  alguna 
cosa  ó  la  calidad  de  alguna  persona  ó 
cosa  conforme  á  las  leves.  j|  Hacer  le-  ¡ 
gítimo  al  hijo  que  no  lo  era.  ||  Habili-  ¡ 
tar  á  alguna  persona  de  suyo  inhábil . 
para  algún  oHcío  ó  empleo. 

Etimología.  Ze^j'^mo:  catalán,  lie-, 
giíimar;  francés,  Wgitimer;  italiano, 
iegi i  timare. 

Legitimidad.  Femenino.  La  cali- 
dad que  hace  legítima  alguna  cosa.  || 
La  autoridad  de  los  monarcas  con  re- 
lación al  derecho  tradicional  de  sus 


'  LEGO 


359 


dinastías.  En  tiempo  de  los  reres  ab- 
soluto^ la  LsaiTiUiDAD  86  ílamaba 
derecho  divino. 

Etimología.  L^itimo:  catalán,  lle- 
gilimitat;  fnncési  Ugiíimifé;  italiano, 
legittimita. 

Legitimísta.  Sustanti.TO  y  adjeti- 
vo. Nombre  y  epíteto  de.los  partida- 
rios del  derecho  divino  y  de  la  suce- 
sión á  la  corona  por  orden  riguroso  de 
primogenitura. 

Etimología.  Legítimo:  catalán,  lle- 
gitimista;  francés,  l^itimitte;  italiano, 
legiiimista. 

Legitimo,  ma.  Adjetivo.  Lo  que 
es  conforme  á  las  leyes.  |  Lo  que  es 
cierto,  genuino  y  verdadero  en  cual- 
quiera linea.  I  En  su  sentido  más  lato, 
todo  lo  que  se  funda  en  alguna  razón 
de  detecho,  de  tiempo  ó  de  conciencia; 
de  tal  suerte,  que  no  pueda  dejarse  de 
reconocer  y  acatar,  sin  cometer  una 
injusticia.  ■ 

Etimología.  Leg:  latín,  legítímus; 
catalán,  llegiiim,  a;  provenzal,  le^iiim; 
francés,  legitime;  italiano,  legitimo. 

Sinonimia.  Legitimo,  legal.  Lo  legi- 
timo es  más  esencial  y  más  duradero 
que  lo  legal,  porque  depende  de  la  na- 
turaleza y  de  las  iustitucíones  funda- 
mentales de  ios  pueblos,  en  tanto  que 
lo  legal  es  una  emanación  de  la  ley 
civil.  Por  esto  decimos:  hijo  legítimo 
y  de  legitimo  matrimonio,  testamento 
legal,  autoridad  Irgal,  formas  legales. 
Legitima  defensa  es  la  que  ia  ley  na- 
tural permite;  defensa  legal  es  la  que 
hace  el  letrado  delante  del  juez.  Lo 
legitimo  lo  es  siempre;  lo  legal  puede 
dejar  de  serlo  cuando  la  lej  se  muda. 
En  todos  los  códigos  haj  ficciones  le- 
gales; pero  no  hay  ficciones  legitimas. 
La  venta  y  el  cambio  son  causas  legi- 
timas do  adquisición;  la  primogenitu- 
re  y  la  prescripción  son  causas  legar- 
les. (Mora.) 

Lego,  ga.  Adjetivo.  El  que  no  tie- 
ne órdenes  clericales.  8e  usa  también 
como  sustantivo.  ||  La  persona  falta 
de  letras  ó  noticias.  Q  Masculino.  En 
tos  conventos  da  religiosos,  el  que 
siendo  profeso,  no  tiene  opción  á  las 
sagradas  órdenes.  |  llano  y  abonado. 
Locución  forense  en  que  se  eiplican 
las  calidades  que  deben  tener  el  fia- 
dor ó  depositario;  esto  es,  que  no  goce 
fuero  eclesiástico  ni  de  nobleza,  ^  que 
tenga  hacienda;  aplícase  también  á 
las  fianzas.  |]  llano,  uso  r  abonado. 
Lego,  llano  y  abonado. — «E^  seglar 
que  no  goza  fuero  eclesiástico.  Viene 
de  la  voz  latina  ¿ai<;M.>  (ACAO^MU, 
Diccionario  de  f7S6.) 

Legón.  Masculino.  Especie  de  aza- 
dón, cuya  forma  varía  según  las  pro- 
vincias. 

Etimología.  «Especie  de  azadón, 
de  quien,  según  Covarrubias,  se  di- 
ferencia en  que  el  azadón  sólo  tiene 
la  pala  con  que  se  cava,  y  el  legón 
por  una  parte  tiene  la  pala,  y  por  la 
otra,  una  piqueta.  Sale  del  latino 
Ligo,  onis.»  (Acadsmia,  Diccionario 
deim.) 

Legoncillo.  Masculino  diminntivo 
de  U-gJn. 

Legóte  (Paoa).  Pinto*  nvillano, 


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360 


LEGU 


qufl  nació  por  los  años  da  1600  j  mu- 
rió hacia  ^  de  1670.  Sas  obrks  más 
notables  son  las  pinturas  que  ador- 
nan el  retablo  major  de  la  iglesia  de 
Santa  María  de  Lebrija^las  oualesre- 

{treseataa  la  Natividad  de  JesucristOt 
a  Bpifinia,  los  dos  ian  Juanes  y  la 
Anunctaeién.  Pintó  ademái,  por  en- 
cargo del  cardenal  Espfnola,  arzobis- 
po de  Sevilla,  ud  Apostolado,  que 
ocupa  el  salón  de  aquel  palacio  arzo- 
bispaL  En  todas  eataa  obras  se  ad- 
vierta mudu  naturalidad»  corrección 
en  el  dibujo  j  buen  colorido* 

Legra.  Femenino.  Instrumento  de 
hierro  con  dos  cortea  muy  sutiles  j 
torcidos  por  la  punta,  del  cual  se  sír- 
vea  los  cirujanos  j  albéitares  para 
descubrir  jr  raer  el  cráneo,  y  regfistrar 
si  haj  en  él  rotura  ó  contusión. 

ETiuoLOofá..  Latín  le^Üla,  el  hueco 
de  la  oreja,  por  semejanza  de  forma. 

Legración.  Femenino.  La  acción 
de  legrar.  ■ 

I«egradara.  Femenino.  La  acción 
y  efecto  de  legrar. 

iMnmt,  Activo.  Cirugía.  Raer  y 
maniraatar  el  casco  6  hueso  en  las  he- 
ridas de  cabeza  con  la  legra. 
EriuoLOof A.  L^ra, 
Legrón.  Masculino  aumentativo 
de  legra.  Legra  ma^or  que  la  regu- 
lar, de  que  usan  los  albéitares  para 
legrar  las  partes  sólidas  de  las  bes- 
tias. 

Legua.  Femenino.  Medida  longi- 
tudinal de  tierra,  cuja  magnitud  es 
varia  entre  las  naciones.  La  legua 
legal  espa&ola,  según  la  real  orden 
de  1801,  eonsta  de  veinte  mil  pies,  y 
de  esta  clase  de  lequas  entran  veinte 
en  el  grado.  Q  A  lboua,  ¿  la  lbqua, 
Á  LsauAS,  na  cibn  lbouas,  ve  huchas 

LBOVAS,  DBSDB  HBDtA  LBOUA.  Modo 

adverbial  metafdrieo.  Desde  muy  le- 
jos, á  gran  distancia,  ||  Por  doquiera 

HAT  su  LEGUA  DB  MAL  CAHINO,  ó  TB- 
MBB  AIRONA  COSA  8U  LBOUA  Ó  PEDAZO 

nn  UAL  OAMINO.  Expresiones  que  en- 
señan que  en  cualquiera  cosa  que  se 
intente  hacer,  se  encuentran  di6cul- 
tades. 

ErmoLoaÍA.  Créese  ^generalmente 
quo  viene  de  leuea,  latinización  de  la 
voz  céltica  lem.  Otros  dicen  quo  leuca 
viene  del  griego  l€ui<ís,  blanco,  por^ 
que  antea  de-  usarse  los  pilares  ó  co- 
lumnas miliares,  las  millas  6  leguas 
se  señalaban  por  medio  de  una  piedra 
bioñca,  Bergier,  Puigblanch  y  otros, 
Ven  en  la  voz  tenca  (por  Umiea  j  Uw- 
üea,  y  éste  por  lapídusa,  entendiéndo- 
se «ursura  ó  aüítzfKia^  una  derivación 
de  íapis,  la  piedra.  Según  esa  aa^az 
denvaeión,  ¿c^m,  leuea,  equivaldría  á 
la^ídica  (distancia)  ó  á  distancia  me- 
dida, señalada  por  una  piedra.  (Mon- 

LAU.) 

Derivaciíín.— Céltico;  bajo  bretón, 
lew,  leó;  gaélico,  lei^;  irlandés,  lei^e; 
latín,  leuca;  inglés,  leaque;  italiano, 
leaa;  portugués,  legoa;  francés  del  si- 
glo zx,  Um;  arant  trente  liwes,  trein- 
ta grandes  leguas;  moderno,  tieue; 
provenzal,  Uffa;  catalán,  lUgua;  picar- 
do,  liue. 

•   i.  Kl  francés  del  i^glo  xi,  re- 


LEIB 

presenta  seguramente  el  bajo  bretón 

letr. 

3.  Confirma  también  el  origen  cél- 
tico de  la  voz  del  artículo,  el  siguien- 
te pasaje:  tleuca,  voz  tomada  del  cel- 
ta.» (San  Isidoro,  Orígenes,  capítu- 
lo 16,} 

}ÍeseHa.-~htt  lbqua  es  la  antigua 
medida  itineraria  de  Europa.  La  de 
España  tiene  4.177  metros;  la  de 
Portugal,  6.173;  la  de  Suiza,  4.800, 
y  la  cuadrada,  23  kilómetros  cuadra- 
dos; y  la  común  de  Francia,  ó  de  25 
al  grado,  4.445  metros. 

Legada.  Femenino.  Botánica. 
Planta;  especie  de  campánula,  cu^a 
cápsula  se  abre  en  muchas  valvas. 

Legnero.  Masculino.  Peón  cami- 
nero. 

Leguleyo.  Masculino.  El  que  se 
tiene  por  legista  y  sólo  sabe  las  lejes 
de  memoria, 

ETiitOLoaÍA.  Latín  ieaüleius;  de  les^ 
ligis,  la  lev:  italiano,  leguleio. 

Legumbre.  Femenino.  Todo  gé- 
nero de  fruto  ó  semilla  que  se  cría  en 
vainas  de  plantas  herbáceas.  ||  Por  ex- 
tensión se  llama  asi  toda  clase  de  ho^ 
taliza. 

EnMOLoalA.  Latín  U^ümen  y  legü- 
méníum,  forma  aímétrioa  de  ieg^lus, 
recolector,  forma  de  l^ere,  recoger, 
C(»achar:  italiano,  legume;  francés  del 
siglo  XII,  leun,  ¿«Át;  moderno,  legume; 
provenzal,  legum,  liwm;  catalán,  líe~ 
gum. 

Legumbrizar.  áiitivo.  Cultivar  un 
campo  sembrado  de  legumbres.  (Ca- 
ballero.) 

Legumiario,  ria.  Adjetivo.  Que 
tiene  conexi<^  oon  las  legumbres.  (Ca- 
ballero.) 

Etuiología.  Latín  l^gñmíndríus,  lo 
concerniente  á  las  legumbres*  (Cice- 
rón.)—La  forma  directa  es  ^.^imMia- 
rto, 

Legúmina.  Femenino.  Química. 
Materia  vegetal  y  animal  que  se  ex- 
trae de  las  legumbres. 

EriMOLoaf  A.  Ltgumhe:  fnneési  lé~ 

gumine. 

LegumiBÍforme.  Adjetivo.  Botá- 
nica. Que  tiene  la  forma  de  una  vaina. 

Etuiolooía.  Latín  lfgüme%t  legum- 
bre, y  forma. 

Leguminivoro,  ra.  Adjetivo.  Que 
se  mantiene  de  legumbres. 

Etiuoloo£a.  Latín  Ug^nun»  legum- 
bre, y  varare,  comer. 

Leguminodo.  Masculino.  Botáni- 
ca. Fruto  compuesto  de  muchas  le- 
gumbres, fijas  en  una  misma  base  ;r 
en  una  misma  ñor, 

firiuoLOGÍA.  Leguminoso. 

Leguminoso,  sa.  Lo  que  se  pare- 
ce á  las  legumbres  en  sus  propieda- 
des; como  plantas  leouui^osas. 

Etimología.  Legumbre:  latín,  /yw- 
mtmsus,  abundante  de  leg-umbres; 
francés,  léguminenx;  italiano,  legumi- 
noso. 

Leguo,  gua.  Adjetivo.  Lego.  U 
Masculino  anticuado.  Lsao. 

Leible.  Adjetivo.  Legidle. 

Leibnitz  (Uodqp-hbdo  Guiixbrmo). 
Filósofo,  matemático,  historiador,  fí- 
sioo,  publicista,  jurisconsulto,  teólo- 


LEIB 

soy  filólogo  alemán,  que  nació  ea 
1646  y  murió  en  1716.  Desde  sus  pri- 
meros años  se  entregó  con  ardor  al 
estudio  de  las  ciencias  matemáticas  y 
filosóficas;  trató  en  París  al  célebre 
Hujgbens;  pasó  luego  á  Inglaterra, 
y  volvió  á  Alemania  á  la  edad  de 
28  años,  después  de  haber  contraído 
relaciones  con  los  sabios  más  ilustres 
de  la  época.  El  descubrimiento  del 
cálculo  diferencial  dio  motivo  á  una 
polémica  entre  los  alemanes  y  loa  in- 
gleses, atribuyéndolo  éstos  á  Newton, 
mientras  que  los  primeros  presenta- 
ban pruebas  irrecusables  de  que  aque- 
lla gloria  pertenecía  á  Leibnitz.  El 
resultado  fué  venirse  en  conocimiento 
de  que  ambos  filósofos  habían  descu- 
bierto al  mismo  tiempo,  sin  ninguna 
especie  de  comunicación  entre  ellos, 
el  método  del  cálculo  más  elevado  c^ua 
se  conoce,  y  ¿  que  deben  las  ciencias 
los  mayores  progresos.  Bu  filosofía 
introdujo  Lbibnitz  el  eclecticismo; 
quiso  conciliar  á  Platón  y  á  Aristóte- 
les, á  Descartes  y  Locke.  Emprendió 
la  reforma  de  la  metafísica,  y  su  sis- 
tema de  las  ideas  y  de  las  mónadas 
excitó  un  entusiasmo  universal,  Exís* 
ten,  según  él,  ideas  independientes 
de  la  experiencia  que  tienen  su  origen 
en  el  entendimiento;  las  ideas  son 
confusas  y  coordinales:  en  el  primer 
caso  provienen  de  loa  sentidos;  en  el 
segundo,  pertenecen  eiclusivamente 
al  entendimiento.  Sus  ideas  relativas 
á  los  objetos  ex-teriores  están  en  ar- 
monía con  ellos,  pues  de  lo  contrarío 
serían  meras  ilusiones.  La  razón  su- 
prema de  los  principios  necesarios 
está  en  Dios,  fuente  necesaria,  eter- 
na, de  toda  verdad.  Hay  mónadas  pri- 
mitivas, infinitas,  y  mónadas  Umita- 
das,  que  se  distinguen  entre  sí  por  el 
poder  y  la  cttlidad  de  sus  proporcio- 
nes. Las  mónadas  sin  percepción  son 
los  cuerpos  inertes;  los  animales  son 
mónadas  que  sólo  tienen  una  percep- 
ción confusa.  Los  entes  racionales, 
los  espíritus,  son  mónadas  dotadas  de 
una  perfección  clara.  En  el  hombre, 
el  alma  y  el  cuerpo  no  obran  el  uno 
sobre  el  otro,  sino  que  existe  entre 
estas  dos  substancias  una  armonía  tan 
perfecta,  que  cada  una  de  ellas,  no 
haciendo  más  que  desarrollarse  según 
las  leyes  que  le  son  propias,  experi- 
menta modificaciones  que  correspon- 
den exactamente  á  las  modificaciones 
de  la  otra;  esto  es  lo  que  Lbidnitz  lla- 
ma armonía  preestablecida,  Eu  su  Tkeo- 
dicea  profesa  el  optimismo,  enseñando 

Sue  entre  todos  los  mundos  posibles, 
lios  ha  escogido  el  mejor,  lo  cual  no 
quiere  decir  aquel  donde  no  hajr .nin- 
gún mal,  sino  donde  hay  la  mayor 
suma  de  biene?.  Daba  grande  iuñuon- 
cia  á  las  lenguas  y  quería  crear,  pa~í> 
el  uso  de  todas  las  ciencias,  una  ca- 
racterística ó  escritura  universal,  hus 
obras  forman  una  colección  tic  sciíí 
tomos  en  4.*  francés.  (Sala.) 

Leibnitzianismo.  Masculino.  Sn- 
temas  /ííosó/icos.  Doctrina  de  LeibaiU. 

Etimología.  LeiÓHitziaae:  francés. 
Uibniiiiattisúie. 
Leibnitzia'no,  n*.  Aoljetivot^ 


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LEJA 


LELE 


LEMA  361 


1  loitraitsUnismo.  |  Lo  nfe- 
ese  sistema. 
EtimolooU.  Ldhnitt:  finacés,  Iñh- 
wibien. 

Leicesteria.  Femenino.  Bttámea. 
Especie  de  arbusto. 

Leición.  Femenino  anticuado.  Lec- 
ción. 

I<eido,  da.  Adjetivo.  El  que  ha 
leído  mucho  j  es  hombre  de  muchas 
noticias  j  eradieidn.  |  Participio  pa- 
sivo de  leer. 

E-nuoLoofA..  Latín  leeíus:  italiano, 
Uíto;  francés,  lu;  catalán,  llepí,da. 

Leigal.  Adjetivo  anticuado.  Lk- 

0AL. 

Leigo,  ga.  Adjetivo  anticuado. 
LiocQ  Masculino  antícoado,  Lsoo. 

Leñar.  Activo  anticuado.  Dbjás. 

LeUa.  Femenino.  Especie  de  danza 
morisca. 

BrnioLoofA.  Arabe  Uila  {}tXffj)t 

noche,  entre  los  árabes;  sarao  noctur- 
no, entro  los  moriscos;  IHtlya,  en  Ale- 
po.  (DozT.) 

1.  La  forma  antigua  es  legla^  como 
se  ve  en  Mármol.  «La  comisión  nom- 
brada por  Carlos  V  quería  «que  los 
moriscos  no  usaran  las  le»fla$  j  zam- 
bras á  la  morisca.»  (M*mid»  de  los 
awrúew,  folio  336*) 

2.  En  el  mismo  folio  dice  que  Fe- 
lipe II  ordenó:  «que  no  se  fiziesen 
zambras  ni  te¿fhs  con  ingtmmentos, 
ni  cantares  moriscos.» 

Leima.  Masculino.  Intervalo  mú- 
sico se«pin  el  sistema  de  los  antiguos, 
el  cual  estaba  en  la  razón  de  2o6  á 
243,  que  próximamente  es  la  razón 
de  19  á  18. 

Leinconito,  ta.  Adjetivo.  Zoolo- 
gUt.  Que  vive  en  los  prados. 

Leisto.  Masculino.  E»U>mU^ia. 
Género  do  insectos  coleópteros  pentá- 
mnos. 

EriMOLoaÍA.  Griego  Xijmóc  (l^*- 
tái),  raptor,  ooMAot,  prmdalor* 
Zieitat.  Femenino  anticuado.  Lbal- 

TAD. 

Leitón.  Haseuliuo,  Botánica.  Ar- 
bol parecido  al  laurel. 

Leja.  Femenino.  Provincial  Mur- 
cia. VA9AB.  g  Anticuado.  Manda. 

Ijojania.  Femenino.  Distancia 
grande. 

Btiuolooía.  Lejano:  italiano,  Itm- 
tananta;  francés,  loiiUaineU, 

Lejano,  na.  Adjetivo,  Distante, 
apartado. 

EtimolooU.  Lejos:  provenzal,  lonh- 
dan,  Inndhan,  loindan;  francés  del  si- 

flo  XII,  loingtain;  moderno,  lointain, 
el  latín  ficticio  ¡ongiíSnutt  forma  de 
¿(HWKs,  luengo. 

oiNONiuiA.  Lejano,  remoto,  distante, 
Lejnuo  es  lo  que  está  separado  por 
una  gran  distancia  del  punto  de  que 
se  habla;  remoto,  lo  que  está  separado 
^r  majror  distancia  que  lo  lejano;  es 
distante  lo  que  está  separado  por  un 
espacio  que  no  puede  llamarse  cerca- 
nía. Lo  distante  puede  estar  á  pocas 
varas  ó  á  muchas  leguas  del  punto  de 
que  se  trata.  Las  tres  palabras  expre- 
san ideas  relativas;  pero  la  expresada 
por  la  Toz  áitíMío  es  más  relativa  que 


las  expresadas  por  1m  otras  dos.  Ha- 
blando en  Ibdrid,  podemos  decir  que 
el  Támesis  está  lejano;  deSiberia,que 
es  un  país  remoto;  pero  si  en  uno  y 
eu  otro  caso  nos  valemos  de  la  palabra 
distante,  el  sentido  quedará  indefinido 
j  va^o,  á  menos  de  aplicarle  un  ad- 
verbio, ó  la  expresión  de  una  canti- 
dad métrica.  (Mora.) 

Lejar.  Activo  anticuado.  Dejar,  le- 
gar ó  mandar. 

Lejia.  Femenino.  Agua  cocida  con 
ceniza,  que  llaman  colada  las  lavan- 
deras, y  sirve  para  limpiar  y  blan- 
quear w  ropa,  I  Agua  fermentada  con 
enalijuier  ceniza  6  cosa  terrea.  ||  Me- 
tafiíneo  j  familiar.  Reprensión  merte 
ó  satírica. 

BTiuoLoaÍA.  LixiviaU 

Lejilloa.  Adverbio  diminutÍTO  de 
lejos. 

Lcjio.  Ibscalino.  Entre  tintoreros, 

LBJÍÁ. 

Lejisimos.  Adverbio  de  tiempo  j 
lugar  superlativo  de  lejos. 

Lejivial.  Adjetivo.  Epíteto  de  las 
sales  alcalinas  que  se  sacan  de  las  ce- 
nizas por  medio  de  la'  loción. 

Etiuolooía.  Lejia. 

Lejos.  Adverbio  de  tiempo  j  lugar. 
Con  mucha  distancia  ó  ¿  gran  distan- 
cia, n  Db  lejas  tiorbas.  Frase.  De 
tierras  lejanas.  |  Metáfora.  Pintura. 
Lo  que  está  pintado  en  diminución, 
j  representa  a  la  vista  estar  apartado 
de  la  figura  principal.  La  vista  ó 
aspecto  que  tiene  una  persona  6  cosa 
mirada  desde  cierta  distancia;  j  así 
se  dice:  esta  cara  ó  figura  tiene  buen 
LEJOS,  tiene  mal  lejos.  ||  Metáfora. 
Semejanza,  apariencia,  vislumbre  de 
alguna  cosa.  ¡|  A  lo  lejos,  db  lejos, 

DE    MUY  LEJOS  ó  DESDE  LEJOi.  Modo 

adverbial.  Alarga  distancia,  6  desde 
larga  distancia.  |  ¡Lejos  de  aquí!  Ex- 
clamación &miliar  de  enojo.  ¡Fuuba 
DE  AQuf! 

EincoLOofA.  Latín  loug^,  forma  ad- 
verbial de  longMS,  luengo:  catalán, 
llung;  provenzal,  long^  loing,  lofh, 
Iting,  luenh,  lunh  (lueñ,  luüj;  portu- 
gués, lotice;  burguiñón,  Ion;  francés, 
Join;  italiano,  Imge. 

Lejuelos.  Adverbio  diminativo  de 
lejos. 

Lejara.  Femenino  anticuado.  La 
mucha  distancia  de  un  lugar  á  otro. 

Etimología.  Lejos. 

Lelaps.  Masculino.  Mitología. 
Nombre  de  un  perro  de  Acteón.  || 
Nombre  de  otro  perro  de  Cefeo. 

EriuOLoaÍA.  Griego  Xa tXai]/ ^¿al- 
lapsó  lalaps),  torbellino:  latín,  lalaps. 

Lélegfls.  Masculino  plural.  Qet^ra- 
fia  antigua.  Hombres  mezclados  de 
varias  naciones  errantes,  que  unos  di- 
cen ser  los  pueblos  de  Acarnania;  y 
otros,  los  de  Aeaja.  (Plinio.)  ¡|  Pue- 
blos de  Tesalia.  (Lugano.)  ||  Pueblos 
de  Asia,  vecinos  á  los  cares.  (Virqi- 
Lio.)  i  Los  mismos  cares  j  los  locren- 
ses. 

Etimoloqía.  Griego  XUeyet  (lék' 
gesh  latín,  lel^ges. 

Reseña.  —  Etnografia  é  ffistoria. 
Uno  de  los  pueblos  primitivos  de  la 
Grecia.  En  el  Asia  menor,  Uerodotoy 


Estrabón  los  presentan  como  mezcla- 
dos á  los  carios  ó  carea,  ocupando  las 
islas  del  marEgeo  j  la  parte  de  costa 
ue  fué  más  tarde  la  Jonia.  Se  exten- 
ieron  por  el  Peloponeso,  donde  ha- 
llamos un  Lelexy  en  Megara;  otro,  en 
Laconia;  j  otro,  en  Mesenia.  En  Ho- 
mero aparecen  como  auxiliares  de 
Príamo,  contra  los  helenos,  habitando 
una  ciudad  llamada  Pedasa,  lo  mismo 
que  en  Mesenia.  Fueron  los  primeros 
habitantes  de  Samos  donde,  según  se 
dice,  fundaron  el  templo  más  antiguo 
de  Éera,  diosa  pelásgica.  Todos  estos 
datos  inducen  a«onsiderar  á  los  l£ls- 
QBS  como  noa  tribu  de  los  pelasgos. 
En  el  Norte  de  Grecia,  en  las  costas 
de  la  Acarnania  j  en  las  islas  vecinas,' 
aparecen,  desdé  Aristóteles  j  Dionisio 
de  Halicarnaso,  como  una  raza  helé- 
nica pura,  que  ajuda  á  Deucalión  a 
arrojar  á  los  pelasgos  de  la  Tesalia,  y 
que  pertenece  á  la  misma  familia  de 
los  locrios;  es  decir,  á  la  raza  cólica. 
Según  las  madores  probabilidades, 
se  les  debe  considerar,  y  este  es  el 
parecer  de  Estrabón,  como  una  raza 
mixta,  aliada  i  los  pelasgos  y  á  los 
helenos,  originaria  de  los  primeros, 
que  recibió,  cuando  la  invasión  helé- 
nica, jefes  de  ac^ueila  nación  tam- 
bién de  loa  lóenos,  con  quienes  los 
compara  Aristóteles. 

Lelia.  Femenino.  Nombre  romano 
de  mujer. 

ETiMüLoaÍA.  Lelio:  latín,  Leelía. 

Lelilí.  Masculino,  La  grita  ó  voce- 
río que  levantan  los  moros  cuando 
entran  en  una  batalla  ó  combate. 

Btiuolooía.  Arabe  l¿  iláh  illa  '  Uah 

(  ajt      ^)     )>       hay  más  Dios 

que  Dios.» 

1.  Cervantes  emplea  lelies,  en  Don 
Quijote  (IT,  34). 

2.  La  forma  lelilé  se  halla  en  la 
Crónica  general,  folio  204, 

3.  El  Diccionario  de  Autoridades 
trae  lblilleb:  «La  grita  ó  vocerío  que 
hacen  los  moros  cnando  entran  en  al- 
guna batalla  ó  combate.  Llámense 
así  porque  lo  que  pronuncian  y  se 
percibe  es  esta  palabra:  Leli,  leli,  con 
que  invocan  á  su  falso  profeta,>  (Aca- 
demia, Diccionario  de  ilÍ6.) 

Lelio.  Masculino.  Historia  romana^ 
Romano  célebre  por  su  amistad  con  el 
primer  Escipión  el  Africano.  (Titj 
Livio.)||  Lelio,  llamado  el -SoAia,  ami- 
go íntimo  del  segundo  Escipión  el 
Africano.  (Cicerón.) 

BTmoLoalA.  Latín  Laltus. 

Lelo,  la.  Adjetivo.  Fatuo,  simple 
y  como  pasmado. 

Etimolooía.  Le,  lo,  onomatopeya 
que  imita  las  articulaciones  cortadas 
del  imbécil:  catalán,  lelo,  a. 

Lema.  Masculino.  El  argumento  ó 
título  que  precede  á  ciertas  composi- 
ciones literarias  para  explicar  en  bre- 
ves términos  el  asunto  ó  pensamiento 
de  la  obra.  ||  Blasón.  Letra  ó  mote 
que  se  pone  en  los  emblemas  y  em- 
l)resas  para  hacerlos  más  comprensi- 
bles. II  Tema.  ||  Especie  de  contraseüa 
que  se  escribe  en  los  pliegos  cercados 
de  oposiciones  y  certámenes,  para  co- 

TOMO  m  M 


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362 


LEMN 


nocer,  después  del  fitllo,  i  quién  per- 
tenece cads  obra,  6  aTerí^ai  el  nom- 
bre de  los  autores  premiados.  | 
meMa.  Proposición  que  se  suele  po- 
ner sólo  para  demostrar  otras  sumÍ- 
g^ientes. 

BiucoLoofa.  Grie^  XaSttv,  >B|j.6á- 
v(iv  (labéittf  lanbánetn),  coger  antici- 
padamente; l9,fUi  (¡9ma)t  la  acción  de 
tomar,  invasiÓD;  y  extensÍTamente, 
proposición  que  se  toma  ó  le  sienta  an- 
ticipadamente: latín,  lemma,  lemmHlit, 
argumento,  título,  tema  que  precede 
á  los  epigramas,  odas,  églof^s;  ita- 
liano, Umma;  triíXiQés^Umme;  catalán, 
lema. 

Lemán.  Masculino  anticuado.  Pi- 
loto práctico. 

Lem&naje.  Masculino  anticuado. 
Pilotaje,  en  su  tercera  acepción. 

Lemánico,  ca.  Adjetivo.  Referen- 
te al  lago  Lemano. 

ETiuoLOof  A>  LenuMo:  ficancés.  Urna- 
ñique. 

Lemanita.  Femenino.  Especie  de 
silicato  de  alúmina  j  de  cal  que  se 
encuentra  á  orillas  del  lago  Lemano. 

SruioLOofiL.  Lmano:  francés,  Uma- 

niu. 

Lemano.  Sustantivo.  Lago  de  Gi- 
nebra. 

Etimología.  Latín  Lítnanus.  (Cé- 
sar.) 

Lembario.  Masculino.  Soldado  que 
combatía  abordo  délos  bajeles.  Q  Leu- 
baria.  Tropa  de  los  barcos  que  se  ar- 
maban para  combatir  en  los  ríos. 

Ktimolooía.  Bajo  latín  lenbaríus, 
del  latín  lembus,  balandra,  barco  de 
río:  catalán  antiguo,  Imparta. 

Lembo.  Masculino  anticuado.  Bar- 
co de  velas  j  remos.  Q  Barca. 

EriuoLoaÍA.  Latín  lembaSf  balan- 
dra, que  es  el  griego  Xi^oi  (U'mbos), 

Lembranaa.  Anticuado.  Membsan- 
ZA.  ¡Qué  lástima  de  olvidos,  día?  de 
luto  para  la  lengua!  ¡Cuántas  verda- 
des hemos  ganado!  Pero  ¡cuántas  be- 
llezas hemos  perdido!  Caando  halla- 
mos la  palabra  lbubranza  en  la  len- 
gua de  nuestros  mayores,  se  experi- 
menta un  sentimiento  que  no  se  pue- 
de definir.  Es  un  vocablo  lleno  de  poe- 
sía armoniosa,  como  los  recuerdos  de 
la  niñez;  de  emoción  tierna  j  dulce, 
como  las  tristezu  del  amor.  Cuando 
se  lee:  las  lbmbr&nzas  del  viejoy  lo 
mismo  acuden  á  nuestro  espíritu  las 
adversidades  de  la  existencia  que  la 
candidez  de  la  infancia,  que  los  mis- 
terios del  sepulcro  ó  qne  la  esperanza 
en  la  mieencordia  de  Dios.  Siempre 
que  pronunciamos  el  vocablo  lembran- 
za,  nos  parece  que  vemos  una  soledad 
poblada  de  ángeles. 

Lembrar.  Activo  anticuado.  Re- 
cordar. Usábase  también  como  recí- 
proco. 

Etiuolooía.  Zembratua:  catalán  an- 
tigao,  lembrarse, 

Leubrarse.  Recíproco  anticuado. 
Acordarse,  hacer  memoria. 

Leme.  Masculino  anticuado*  Ti- 
món DB  LA  NAVa. 

Lemera.  Femenino  anticuado.  Ma- 
rina. Limera. 
LeaVUi*  femenino^  Botánica,  Nom- 


LEMO 

bre  moderno  del  género  lentfcnla , 
tipo  de  la  familia  de  las  lemnáceas. 
(Leodarant.) 

Etimología,  Griego  Xíiivai  (iémna): 
francés,  lemne. 

Lemnáceaa.  Femenino  plural.  Bo^ 
tánica.  Familia  de  plantas  monocoti- 
ledóneas,  que  viven  en  la  superficie 
de  las  aguas  dulces  estancadas,  sobre 
las  cuales  flotan  libremente.  (Lit- 

TBÉ.) 

Bmnxúofat  Letnna:  francés,  lémna- 

cees. 

Lemnicola.  Mascnlino  y  femeni- 
no. El  natural  ó  habitante  de  la  isla 

de  Lemnos. 

EriMOLoaÍA.  Latín  Zemnnt  j  eolére, 
habitar. 

Lemnio,  nia.  Adjetivo.  Lo  perte- 
neciente á  la  isla  de  Lemnos.  j|  Tie- 
rra LEMNiAÓ  lemmana;  tierra  de  di- 
cha isla,  á  la  cual  se  atribuían  diver- 
sas cualidades  medicinales  j  que  en- 
tra en  la  composición  de  la  triaca. 

EtimologU,.  Lemnos:  francés,  lem- 
nien;  latín,  lemntus.  (Viboilio.) 

Lemniacata.  Femenino.  Qeome' 
tria.  Curra  qutf  tiene  la  figura  de 
un  8. 

BtimologÍa.  Griego  Xíkivíoxoí  (im^ 
Hískos),  nudo  de  cinta  que  se  colga- 
ba de  las  coronas  de  los  antiguos,  por 
semejanza  de  figura:  francés,  lenmt- 
caíe. 

Lemnisceroa.  Masculino,  Curva 
llamada  también  nudo  de  amor. 

Etimología.  Lemniscata. 

Lemnisco.  Masculino.  Faja  ó  lis- 
tón que  se  rodeaba  á  la  corona  ó  con 
que  se  adornaban  las  palmas  de  los 
atletas  vencedores. 

Etimología.  Lemniscata:  latín,  lem- 
nis^tutj  adornado  con  cintas;  Icmnts- 
n,  cintas,  fajas;  italiano,  lemnisco; 
foaneés,  lemnisgne, 

1,  Se  ha  creído  por  algún  autor 
que  el  griego  Xtiiivítcoí  (lemnískos) 
representa  una  forma  de  Lemnos^  lo 
cual  es  un  error. 

2.  La  forma  griega,  que  hemos 
transcrito,  es  un  derivado  de  X^vo;  ( li- 
nos), lana. 

Reseña.— Antigüedades.  Bandas,  fa- 
jas, cintas  de  púrpura  que  usaban  los 
romanos  para  adornar  j  sujetar  las 
coronas  de  hojas  j  de  flores  tjue  lleva- 
ban en  los  festines,  y  también  las  co- 
ronas destinadas  á  los  emperadores  y 
á  los  que  obtenían  algún  triunfo.  Los 
extremos  terminaban  en  punta  y  se 
hacían  caer  delante  del  pecho. 

Leamos.  Femenino.  Geografía  an- 
tigua. Isla  del  mar  Egeo,  llamada 
también  Estalímene,  (Terencio.) 

Etimología.  Griego  Aé¡ivoí  (Lem- 
nos): latín,  Lemnos,  Lemnus. 

Lemodipodiforme.  Adjetivo.  His- 
toria natural.  En  forma  de  lemodí- 
podo. 

Etimología.  Lemodipodo  y  forma. 

Lemodipodo.  Masculino.  Zoología, 
Crustáceo  que  tiene  los  pies  anterio- 
res en  la  cabeza. 

Lemográfico,  ca.  Adjetivo.  Con- 
cerniente á  la  lemografía. 

Lemografía.  Femenino.  Descrip- 
ción de  la  peste. 


LEMO 

Etimología.  Griego  Xoi^  (toimés), 
peste,  j_^r8yA«*,  describir:  francés, 
usmograpAie. 

Lemologia.  Femenino.  Tratado  so- 
bre la  peste. 

Etimología.  Griego  íoimtís,  peste» 

Í'  lógos,  tratado:  francés,  kmologie; 
atín,  leemodes,  una  enfermedad  conta- 
giosa. 

Lemológtco,  ca.  Adjetivo.  Refe- 
rente á  la  lemologia. 

Lemos  (Francisco  db).  Humanis- 
ta español,  religioso  del  monasterio 
de  San  Zoilo  en  Cerrión.  De  su  vida 
sólo  se  sabe  que  murió  á  mediados 
del  siglo  xvii  y  que  dejó  varias  obras, 
siendo  la  principal  de  ellas,  la  titu- 
lada: Júrenos  Siermim 
pheta. 

Lemoa  (Pbdro  FsaNÁNDEz  de  Cas- 
tro, marque's  de  ^KKRih  y  conde  de). 
Hombre  de  Estado  español,  que  nació 
por  los  años  de  1560  á  1576  y  murió 
de  1622  á  1634.  Siguió  en  un  prínci- 
l)io  la  carrera  de  las  armas  y  se  dis- 
tinguió en  las  guerras  de  Flandes. 
Se  casó  con  una  hija  del  duque  dé 
Lerma;  7,  graciai  á  la  protección  del 
poderoso  ministro,  llegó  á  las  más  al- 
tas  dignidades;  fué  presidente  del 
Consejo  de  Indias,  en  1693,  j  virrey 
de  Nápoles  en  1610.  La  caída  del  du- 
que de  Lerma  ocasionó  la  suja  en 
1618  y  pasó  sus  últimos  años  en  la 
desgracia.  Se  distinguió  por  la  pro- 
tección (^ue  dispensó  á  los  hombres  de 
letras.  &endo  sójo  mar(^ués  de  Sarria, 
tuvo  por  secretario  al  fénix  de  los  in- 
genios, Frej  Félix  Lope  de  Vep 
Carpió,  que  más  tarde  le  escribía: 
«Bien  sabéis  cuánto  os  amo  y  venero, 
y  Cuántas  noches  he  dormido  á  vues- 
tros piés,  como  un  perro.»  Fué  pro- 
tector de  Cervantes  j  de  los  Argen- 
solas;  y  el  primero  le  dedicó  el  Pirú- 
les  y  Segismundo,  su  última  obra  J 1» 
de  que  más  satisfecho  había  quedado. 
Los  segundos  fueron  el  principal  or- 
namento de  las  reuniones  literanas 
que  tuvo  en  Nápoles,  en  cuyos  saraos 
desplegaba  una  extraordinaria  mag- 
nificencia. 

Lemos  (Tomás  db).  Religioso  do- 
minico y  teólogo  español,  que  nació 
ee  Hibadavia  por  los  años  de  1560  y 
murió  en  1629.  Fué  profesor  de  teolo- 
gía en  Valladolid,  donde  defendió  la 
doctrina  de  santo  Tomás  sobre  j" 
gracia;  marchó  á  Roma  por  encargo  de 
au  Orden  á  sostener  las  doctrinas  do 
san  Agustín;  fué  nombrado  consultor 
de  la  santa  y  universal  Inguisicu-'n  ro- 
mana, y  pasó  los  últimos  años  de  su 
vida  en  el  convento  de  la  MinerTS. 
Sus  principales  obras  son:  Panop^ 
gratis  y  Acta  cor^regationum  ac  ats- 
putationum  de  auxiliis  divina jr^t'^'  . 

Lemosín.  na.  Adjetivo.  El  natu»i 
de  Limoges,  y  lo  perteneciente  ies» 
provincia.  [|  Masculino.  La  lengua  le- 
mosiiia. 

BTiMOLOQfA.  Francés  limous¡«:  ca- 
talán, llemosí;  latín,  leniovíct^stS'  loi 
ma  de  Lémovicum,  nombre  gaw 
país  de  Limoges.  ,  ■  „  d*. 

Reseña.^kemosint»  "'"^"""Is: 
provenzal,  eu  virtud  de  lo  qu« 


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LKNA 


LENC 


LENC 


tnron  el  LiuosfN  con  sus  coplas  ; 
composiciones  poéticas  los  trovadores 
provenzales.  (Monlau.) 

Lemosteno.  Masculino.  Entomolo- 
gía, Géaero  de  iusectos  carábicos. 

LemOTÍces.  Masculino  plural.  Pub- 
BLOS  LEiioviCES  equÍTale  á  pueblos  le* 
mosinos  ó  provenzales. 

EtimoloqU.  Latín  Lémovíca,  el  le- 
mosin,  proviueia  de  Aquitania.  (Cé- 

Lempo.  Masculino.  Especie  de  em- 
barcación pequeña  que  se  parecía  á 
una  galera* 

Lemuras.  Femenino  plural.  L£- 

MURBS, 

Lémures.  Masculino  plural.  Mito- 
Ic^ia,  Genios  tenidos  generalmenio 
por  maléficos  entre  romanos  y  etrus- 
COS.  D  Fantasmas,  sombras»  duen- 
des. 

ErUfOLúofA.  Latín  ¡¿mures,  fantas- 
mas, visioues,  duendes,  en  Ovidio;de- 
monios»  en  Sidonio;  forma  simétrica 
de  Ictnúría;  fiestas  instituidas  por  los 
antiguos  romanos  para  aplacar  las 
sombras  j  fantasmas  de  los  muertos: 
italiano,  imurt;  francés,  lémures. 

Restña  hittdriea, — Nombre  que  los 
antiguos  romanos  daban  á  las  almas 
de  los  malvados  que,  durante  la  no- 
che, abandonaban  su  tumba  para 
atormentar  á  los  vivos.  También  lla- 
maban así  á  los  que  habían  perecido 
de  muerte  violenta  j  i  los  que  no  ha- 
bían recibido  los  honores  de  la  sepul- 
tura. 

l4emarianos.  Masculino  plural. 
Zoología,  Familia  de  mamíferos  cua- 
drumanos de  hocico  prolongado. 

Etimología.  Lémures:  francés,  le- 
muriens,  aludiendo  á  la  forma  repug- 
nante de  dichos  animales. 

Lemurías.  Femenino  plural.  Fies- 
tas nocturnas,  que  se  celebraban  en 
Boma  durante  el  mea  de  Majo,  en 
honor  da  los  i^uüass. 

Btucoloqía.  Latín  tím^¡a^,  .(Ovi- 
dio.) 

Reseña» — BisU>ria  antigua.  Fiestas 
fúnebres  que  celebiabau  los  romanos 
para  arrojar  de  las  casas  á  los  lémures 
y  también  para  aplacar  las  sombras  ó 
Us  almas  de  los  muertos.  Consistían 
eo  ciertos  conjuros,  durante  los  cua- 
les se  arrojaban  habas  negras  á  los 
lémures,  y  se  daban  golpes  en  vasos 
de  bronce  para  arrojarlos.  Las  lbhu- 
SIA8  se  celebraban  anualmente,  el  día 
tercero  de  los  idus  de  Majo,  que  co- 
rresponde al  13  del  mismo  mes,  y  du- 
raban  tres  días,  con  uno  de  invervalo 
entre  cada  uno  de  ellos.  Según  una 
tradición,  estas  fiestas,  se  llamaron 
romuriat  por  haberlas  instituido  JRó- 
mmlo,  á  nn  de  aplacar  los  manes  de 
Ramo,  errantes  en  las  orillas  de  la 
Bstigia. 

Lea.  A.djetivo.  Entre  las  hilande- 
ras se  aplica  al  hilo  ó  seda  cujas 
hebras  están  poco  torcidas,  j  por  eso, 
blandas. 

.  BnuoLooÍA.  Zeno. 
Lena.  Femenino,  Aliento,  vigor. 
BtiMOLOGÍA.  Aliento:  italiano  antí- 
^■0,  aleiui  moderno,  lena;  francés  del 
si^lo  XI,  aleine  (Caución  de  Rolando, 


CXXXIII);  moderno,  haUinti  pro- 
venzal,  alen,  aleña, 

Lena.  Femenino  anticuado.  Al- 
cahueta. 

Etimología.  Lchú, 

Lenaíe.  Masculino  anticuado.  Li- 
naje. 

Lenaien,  Uasculino  anticuado.  Li- 
naje. 

Lencera.  Femenino.  La  mujer  que 
trata  en  lienzos  6  los  vende,  ||  La  mu- 
jer del  lencero. 

Lencería.  Femenino.  Conjunto  de 
lienzo  de  distintos  géneros.  ||  £1  para< 
je  de  una  población  en  que  haj  va- 
rias tiendas  de  lienzos,  y  también 
cualquiera  de  ellas.  ||  Lugar  donde 
en  ciertos  establecimientos,  como  co- 
legios, hospitales,  etc.,  se  custodíala 
ropa  blanca.  ||  La  colección  de  piezas 
de  ropa,  hecha  de  lienzo,  para  uso  de 
un  individuo,  de  una  familia  ó  de  una 
corporación. 

Etimología.  Lienzo:  catalán,  llenee- 
ria;  francés,  Ungerie, 

Lencero.  Masculino.  El  mercader 
de  lienzos,  él  que  trata  en  ellos  ó  los 
vende. 

Etimología.  Leñarla:  catalán,  lUnr 
eer;  francés,  limer, 

Lencinito.  Masculino.  Especie  de 
mineral  de  un  color  mate,  terroso  j 
blando,  cuja  fractura  es  concoide  j 
que  se  adhiere  &  la  lengua  como  ík 
arcilla. 

Lenciós  (Ana,  más  conocida  por 
el  nombre  de  Niñón  de).  Una  de  las 
mujeres  más  célebres  por  su  vida  ga- 
lante, no  sólo  de  Francia,  sino  de 
Europa  entera,  que  nació  en  París  el 
15  de  Mavo  de  1616  j  murió  el  17  de 
Octubre  de  1706.  Su  padre  era,  según 
algunos  biógrafos,  un  hidalgo,  que 
había  tenido  en  el  ejército  real  el  gra- 
do de  oficial,  j  según  Voltaire,  un 
simple  juglar  ambulante;  todos,  sin 
eml»rgo,  convienen  en  que  se  dedica- 
ba al  vergonzoso  tráfico  de  llevar  mu- 
jeres á  las  mancebías.  Su  madre  per- 
tenecía á  una  familia  noble  de  Or- 
leáns,  los  Abra  de  Raconis,  alguuos  de 
cu^os  individuos  han  brillado  en  las 
mas  honrosas  profesiones.  Uno  de  sus 
parientes  era  obispo  de  Lavaur  en 
tiempo  de  Gichelieu;  j  él  debió  ser  ^or 
quien  la  seductora  doncella  conoció  al 
cardenal  que,  según  Voltaire,  fué  uno 
de  sus  primeros  amantes.  Educada 
por  un  lado  con  todo  el  severo  misti- 
cismo de  su  madre;  y  por  otro,  acos- 
tumbrada á  las  dulzuras  de  la  vida, 
del  regalo  j  del  epicurismo,  que  con 
tanta  perfección  conocía  su  padre,  va- 
ciló algún  tienuio  entre  los  dos  cami- 
nos que  se  le  onecían.  Pero  huér&na 
bien  pronto  j  dueña  absoluta  de  su 
albedrío,  se  entregó  sin  reserva  al 
amor  j  á  los  placeres,  afición  que  de 
su  padre  había  heredado.  He  aquí  có- 
mo refiere  Voltaire  sus  primeros  pa- 
sos en  la  vida  galante:  «Empezaré 
por  decir,  en  mi  calidad  de  historió- 
grafo exacto,  que  el  cardenal  de  Ri- 
chelieu  obtuvo  los  primeros  &Tore8 
de  NINÓ^f  de  Lsn'clós,  que  i  su  vez 
debió  obtener  los  últimos  del  c<ud9- 
nal.  Es,  según  creo,  la  única  vez  que 


esta  mujer  célebre  se  entregó  sin  con* 
sultar  su  gusto.  Entonces  tenía  16  6 
17  años.  Su  padre  era'un  juglar,  lla- 
mado Lbnclos;  j  si  el  laúd  que  tañía 
no  le  proporcionó  una  gran  fortuna, 
su  hija  suplió  esta  falta.  El  cardenal 
Richelieu  le  asignó  una  renta  vitali- 
cia de  2.000  libras,  que  era  algo  en 
aquellos  tiempos.  En  seguida  se  en- 
tregó á  una  vida  un  poco  libertina, 
pero  jamás  fué  cortesana  pública.  Los 
más  grandes  señores  del  reino  se  ena- 
moraron de  ella;  pero  no  todos  fueron 
dichosos,  sino  aquellos  á  quienes  su 
corazón  prefirió.»  A  pesar  de  estas  pa- 
labras de  Voltaire,  hemos  de  convenir 
en  que  sus  preferencias  eran  muchas: 
Condé,  Longueville,  Estrées,  La  Ro- 
chefoucauld,  Sevigné,  La  Chatre,  Vil- 
larceaux,  se  sucedieron  en  su  cora- 
zón, alternando  con  nombres  más  os- 
curos; pero  que  no  por  eso  fueron 
menos  amados  por  aquella  mujer  In- 
cansable para  el  amor.  Lle^ó  un  día 
en  que  se  quiso  poner  término  al  es- 
cándalo de  los  amores  de  Niñón.  Dos 
de  sus  amantes  habían  venido  á  las 
manos  por  ella,  j  noticiosa  del  suceso 
Ana  de  Austria,  determinó  encerrarla 
en  un  convento.  Sabedora  ella  de  tal 
resolución  y  como  se  la  preguntara 
qué  convento  escocia,-  respondió  con 
la  major  tranquilidad  del  mundo  que 
K«  convento  de  franciscanos.  Entonces 
hubo  necesidad  de  noticiarle  que  se 
la  encerraría  en  las  Doncellas  arrepen- 
lidas.  «Eso  es  injusto,  contestó,  por- 
que ni  soj  doncella,  ni  estov  arrepen- 
tida.» Por  lo  demás,  contaba  con  la 
amistad  de  demasiadas  personajes  de 
alto  rango,  para  que  se  pudiese  em-* 
plear  con  ella  la  violencia,  y  fué  pre-* 
ciso  tomar  la  determinación  de  no  mo-- 
lestarla*  A  pesar  de  sus  vicios,  no  sólo 
su  hermosura,  sino  su  talento  y  la 
¿ondad  de  su  carácter,  reunieron  en 
torno  SUJO  los  hombres  j  hasta  las 
mujeres  más  distinguidas  de  su  tiem- 
po. M.'^*^  de  Sullj,  de  Lafajette  J 
de  La  Sabli¿re  se  honraTon  con  su 
amistad,  j  la  Maintenón,  siendo  ja 
esposa  de  Luis  XIV,  la  quiso  llevar 
ú  su  lado,  lo  mismo  que  Cristina  de 
Suecia,  que  la  llamaba  la  ilustre  Ni- 
ñón. Sin  embargo,  ella  prefería  á  la 
estancia  en  Versalles,  su  pequeña 
corte  de  la  calle  de  Tournelles,  en  el 
Marais,  donde  parecía  haber  forma- 
do una  escuela  de  buen  gusto  y  de 
elegancia,  j  donde  pudo  reinar  hasta 
los  ochenta  afios,  época  en  que  se  en- 
tregaba á  los  amores  de!  aluite  Cha* 
teauneuf,  su  nltma  ¡oeura,  como  ella 
llamaba  aquel  postrer  delirio  de  su 
vida  aventurera.  Dotada  de  un  gusto, 
de  un  ingenio  y  de  una  instrucción 
superiores  á  su  sexo,  dió  útiles  conse- 
jos á  Scarrón,  Saiat-Evremon^  Fon- 
tenelle,  j  después  de  haber  sido  la 
consejera  de  Moliere,  adivinó  el  genio 
de  Voltaire,  niño  todavía,  á  quien 
legó,  al  morir,  2.000  francos  para 
comprar  libros.  De  Nimón  de  Lbnclús 
quedan  algunas  cartas  en  las  obras 
de  Saint-Evremont;  otras,  dirigidas 
al  marqués  de  Sevigné  (París,  1752)« 
y  su  Correspondencia  secreta  con  J/l  di 


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364  LENG 


LENG 


LEÑO 


VilUreeaiUB  j  Madame  dt  Uainknín 

(1^89),  eanqae  har  quien  la  ha  su- 
puesto apócrifa.  Bret  eserib¡<S  unas 
Memorias  sobre  Ni>fÓN  db  LenclóS, 
qae  se  publicaron  por  vez  primera  en 
París  en  1751. 

Lendel.  Masculino.  El  círculo  que 
dé  la  continuación  de  andar  hace  la 
caballería  que  saca  ag^a  de  la  noria  ó 
da  movimiento  á  alg;una  máquina. 

Btihología.  Linde.  Lendel  repre- 
senta lindel. 

Leodera.  Femenino  anticuado. 

LlNDB. 

Lendrera.  Femenino.  El  peine 
mujr  espeso  de  púas  que  sirve  para 
sacar  las  liendres. 

Lendrero.  Masculino.  Lugar  en 
que  ha/  liendres. 

Lendroso,  be.  Adjetivo.  El  6  lo 
que  tiene  muchas  liendres. 

Lene.  Adjetivo  anticuado.  Suave  6 
Mando  al  tacto.  |  Dulce,  agradable, 
benévolo.  Q  Leve,  libero. 

Etiuoloqía.  Latín  lenis,  blando, 
suave;  lenlre,  suavizar;  linlmenimt, 
propio  para  mitigar  el  dolor:  italiano, 
leño. 

Léneas.  Femenino  plural.  Fiestas 
atenienses  que  se  celebraban  en  honor 
de  Baco,  y  durante  las  cuales  se  efeo* 
tuaban  los  certámenes  dramáticos. 

EriuoLoaÍA.  Latín  Ünaiu,  uno  de 
los  sobrenombres  de  Baco.  ( Vuoiuo.) 

Lenga.  Femenino  anticuado.  Len- 
gua, noticia. 

Lengu.  Masculino.  Boliínica.  Es- 
pecie ue  planta  cayo  fruto  anguloso 
es  del  tamaño  j  sabor  de  una  nuez 
verde. 

1.  Lengua,  femenino.  Parte  ge- 
neralmente carnosa  j  movible  coloca- 
da en  la  boca  del  animal;  es  el  prin- 
cipal órgano  del  gusto  en  todos  los 
animales  j  de  la  palabra  en  el  hom- 
bre. I  El  conjunto  de  voces  y  térmi- 
nos con  qoe  cada  nación  explica  sus 
concefitos.  |  Intérprete  que  por  su  co- 
nocimiento del  idioma  respectivo  de 
dos  6  m¿8  personas,  que  entre  sí  no 
pueden  entenderse,  declara  á  cada  una 
en  el  sujo  los  pensamientos  que  mu- 
tuamente desean  comunicarse.  Se  usa 
también  como  masculino.  ||  Noticia 
que  se  desea  ó  procura  para  algún 
fin.  Q  El  badajo  de  la  campana.  [|  En 
el  peso,  FIEL.  I  Cada  una  de  las  pro- 
vincias ó  territorios  en  que  tiene  di- 
vidida su  jurisdicción  la  orden  de  san 
Juan;  como  la  lbnoua  de  Castilla,  la 
de  Aragón,  la  de  Navarra,  etc.  |  An- 
ticuado. HÍbla,  por  el  uso  j  facultad 
de  hablar.  {|  Anticuado.  Espía.  ||  ca- 
nina. Planta.  CiNoaLoSA.  O  oaavAi.  ó 
CBBViNA,  6  LBNOUA  DB  ciBBVO.  Planta 
medicinal  que  se  cría  en  lugares  som- 
bríos j  frescos,  compuesta  casi  ente- 
ramente de  hojas  largas,  enteras,  den- 
tadas, puntiagudas,  con  las  semillas 
en  el  envés,  dispuestas  en  líneas  obli- 
cuas á  cada  lado,  encerradas  dentro 
de  unas  cajitas  de  figura  de  granos, 
j  tan  menudas  como  polvo.  ||  db 
BUBY.  Planta  medicinal  llamada  en 
las  boticas  buglosa.  Tiene  las  hojas 
largas  j  armadas  de  agudas  espi- 
nas. Sena  nnas  flores  azoles  en  for- 


ma de  embudo,  j  sucesiTamenta  eua- 

tro  simientes  algo  largas  j  romas  en 
cada  flor,  |  ns  ESCbRPiÓN.  Metáfora. 
El  sujeto  murmurador  ^  maldicien- 
te. I  DB  BSTaopAJO.  Familiar.  El  bal- 
buciente ó  el  que  'habla  j  pronuncia 
mal,  de  manera  que  apenas 'se  entien- 
de lo  que  dice.  ||  db  pueao.  Cada'una 
de  las  llamas  en  figura  de  lbnoua  que 
bajaron  sobre  las  cabezas  de  los  discí- 
pulos de  Jesucristo  en  el  día  de  Pen- 
tecostés. J]  OBL  AQUA.  La  orilla  6  ex- 
tremidad de  la  tierra  que  toca  j  lame 
el  agua  del  mar  ó  de  algún  río.  |  La 
línea  horizontal  adonde  llega  el  agua 
en  un  cuerpo  que  está  metido  6  na- 
dando en  ella.  Q  de  pbbro.  Planta. 
CiNooLosA.  I  DB  siBRPB.  Foftificoñón.. 
Obra  exterior  <^ue  se  suele  hacer  de- 
lante de  los  ángulos  salientes  del 
camino  cubierto.  U  Metáfora.  Lbnqua 

DB  BSCORPlÓy.  I  DE  TIERRA.  El  pcdaZO 

de  tierra  largo  j  estrecho  que  entra 
en  el  mar  ó  en  algún  río.  ¡[  de  víbora. 
Especie  de  piedra  en  forma  de  lbnqua 
con  ciertos  díentecillos  al  rededor, 
que  se  halla  en  la  isla  de  Malta,  jj 
Lbnoua  de  escorpión.  Lengua  vipe- 
rina. II  MATERNA.  El  idioma  propio  del 
país  donde  se  nace.  Q  matriz.  La  lbn- 
oua de  que  proceden  j  se  derivan  va- 
rios dialectos.  I  muerta.  La  lengua 
antigua  que  no  se  habla  ja  como  pro- 
pia ^  natural  de  ninguna  naddn.  Así 
se  dice  que  la  lbnoua  latina  j  la  he- 
brea son  lenguas  muertas.  ||  natu- 
ral. Lengua  materna.  ||  popular. 
Lengua  materna.  ||  santa.  La  he- 
brea. II  VIPERINA.  La  que  es  mordaz, 
murmuradora  j  maldiciente.  Dtcese 
también  del  mismo  murmurador.  || 
VIVA.  La  que  se  habla  en  alguna  na- 
ción 6  provincia.  H  vulgar.  La  que  se 
habla  en  cada  país  ó  nación.  I|  Andar 
EN  LENGUAS.  Frasc.  Decirse,  hablarse 
mucho  de  una  persona  ó  cosa.  ||  Atar 
LA  lbngua.  Frase  metafórica.  Impe- 
dir que  se  diga  alguna  cosa.  ||  Bus- 
car LA  LBNQUA.  Frase.  Incitar  i  dis- 
putas, provocar  á  riñas.  |  Caer  alqu- 

KO  BN  PODBR  DE  LAS  LENGUAS.  FraSC 

anticuada.  Exponerse,  dar  motivo  á 
que  se  hable  de  él  con  libertad.  ¡I  Cor- 
tar LA  LENGUA  castellana,  LATINA, 

etcétera.  Frase.  Pronunciarla  con 
exactitud,  limpieza  y  claridad.  |j  Con 

LA  LENGUA  DB  UN  PALMO,  Ó  CON  UN 
PALMO  DB  LENGUA,  6  CON  UN  PALMO  DB 

LBNGUA  FUERA.  ExpresiÓD  coo  que 
se  explica  el  gran  conato,  deseo  6 
ansia  con  que  se  hace  6  se  apetece 
alguna  cosa.  ||  De  lbnoua  en  lengua. 
Locución.  De  unos  en  otrost  da  boca 
en  boca.  \  Dbstbabab  la  lbnoua. 
Frase.  Quitar  el  impedimento  que  al- 
guno tenía  para  hablar.  ||  Bcbar  la 
lengua,  ó  echas  la  lengua  db  tth 
PALMO.  Frase.  Desear  con  ansia  algu- 
na cosa,  trabajar  y  fatigarse  por  al- 
canzarla. II  Hablar  con  lengua  de 
PLATA.  Frase.  Pretender  ó  solicitar 
alguna  cosa  por  medio  de  dinero,  dá- 
divas ó  regalos.  ||  Hacerse  lenguas. 
Frase.  Alabar  encarecidamente  ;  con 
singulares  expresiones  alguna  cosa.  j| 
Irse  6  írsele  k  alguno  la  lbnqua. 
Fiase.  Decir  alguno  en  la  conversa- 


ei<ín  inconsideradamente  expresionei 
que  reconoce  después  podían  ser  in- 
juriosas 6  mal  sonantes.  ¡|  Larqo  de 
LENGUA.  El  que  habla  con  desver- 

füenza  6  con  imprudencia.  |  Liqbro 
SUELTO  DE  LENGUA.  El  que  Sin  nin- 
guna consideración  ni  miramiento 
dice  cuanto  le  ocurre  ó  se  le  viene  i  la 
boca,  g  Mala  lsnoua.  Familiar.  Apcv 
do  que  se  da  al  murmurador  ó  maldi- 
ciente. I  Malas  lsnouas.  Familiar. 
El  común  de  los  murmuradores  jr  de 
los  calumniadores  de  las  vidas  v  «»• 
raciones  ajenas.  |  Se  dice  también  me- 
ra de  toda  murmuración  j  maledicen- 
cia por  el  común  de  las  gentes;  verbi- 
gracia: así,  6  por  ahí,  lo  dicen  malas 
LBNQUAB.  o  Mbdia  LBNOUA.  Familiar. 
Apodo  que  se  da  al  que  pronuncia 
imperfectamente  por  impedimento  de 
la  lengua;  ;  también  se  dice  de  la 
misma  pronunciación  imperfecta;  ver- 
bigracia: empezó  á  contar  una  noticia 
aquel  media  lengua;  y  también:  em- 
pezó á  contarla  con  su  media  lbnqua. 
y  Morderse  la  lengua.  Frase  meta- 
fórica. Contenerse  en  hablar,  callando 
con  alguna  violencia  lo  que  se  qui- 
siera decir.  Usase  con  negación  pare 
significar  lo  contrario.  ||  No  dice  más 
la  lbnqua  que  LO  qub  siente  bl 
CORAZÓN.  Refrán  con  que  se  declara 
que  cada  uno  habla  seeún  sus  iacli- 
naeiones  y  afectos.  |  No  dioa  la  lbv- 

GUA  POB  DO  PAQUB  LA  CABEZA.  Rcfráu 

que  advierte  que  no  se  digan  palabras 
que  acarreen  daño  al  que  las  dice.  \ 
Pegarse  la  lengua  al  paladar.  Fra- 
se. No  poder  hablar  por  alguna  tur- 
bación ó  pasión  de  ánimo,  y  Qub^ 

LENGUA  HÁ,  ó  QUIBN  TIBNB  LBNGUA,  Á 

HoMA  VA.  Refrán  que  enseña  que  el 
que  duda  ó  ignora,  debe  preguntar 
para  lograr  el  acierto.  |l  ^acar  la 
lbnoua  X  ALGUNO.  Frasc.  Burlarse  de 
él.  Así  decimos:  todos  le  están  sacan- 
do la  LBNOUA.  H  Tbnbb  aloo  bm  la 

LENGUA  Ó  BN  BL*  PICO  DB  LA  LBNOUA* 

Frase.  Estar  a  punto  de  decir  alguna 
cosa.  II  Querer  aeordarae  de  algo,  te- 
niendo de  ello  especies  indetermina- 
das. U  TbNBR  LA  LBNQUA  OOBDA.  FrSSe 

con  que  se  da  á  entender  que  alguno 
está  borracho.  ||  Tener  hucha  len- 
gua. Ser  muy  hablador.  Q  Tomar  len- 
gua, VOZ  6  SEÑAS.  Frase.  Informarse 
de  alguna  cosa,  de  algún  país  ó  de 
algún  sujeto.  ||  Trabarse  la  lengua. 
Frase  metafórica.  Impedirse  el  libre 
uso  de  ella  por  algún  accidente  ó  en- 
fermedad que  la  entorpece.  ]|  Lenouas 
SABIAS.  Las  de  los  pueblos  cultos  de 
la  antigüedad  que  sólo  se  eonsemn 
en  escritos. 

BTnun.ooía.  Latín  Ungtre^  lamer; 
linaua,  lengua,  el  ór^^no  que  lame: 
italiano,  lingna;  francés  del  siglo  xiit 
langei  moderno,  langue;  provenzal, 
/nt^ttd,  Unga;  catalán,  ILugua;  portn- 

fués,  lingna,  lingoa;  walón,  linm; 
erviers,/«Pí;picardo  y  Berrjr,  lingne. 
Sentido  etimológico. — 1.  Esta  serie 
viene  del  sánscrito  lih,  ffustar,  lamer, 
cujo  significado  tiene  el  latín  Itngtre. 

2,  Es  curioso  observar  las  muta- 
ciones que  ha  sufrido  la  raíz  sánscri- 
ta en  todas  las  lenguas  en  qae  ha 


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LENG 

ereado  alemana  forma.  El  erie^  con- 
TÍrtió  la  h  del  sánscrito  lih  en  eh;  el 
latín,  en  nff;  el  godo,  en  ff;  el  alemán 
jr  el  inglés,  en  ck;  el  Uíuanio  y  el 
raso,  en  z;  el  céltico,  en  c&  j  en  yA, 
resaltando  las  varias  formas  de  la  sí- 
diente 

3.  Derivación, — Sánscrito  Uh,  la- 
mer; griego  "ktXjta  (Uicho);  latín,  lin- 
go; antiguo  alto  alemán,  liuhCn;  an- 
tiguo anglo-saján,  Uccian;  godo,  lai~ 

fio;  alemán,  lechen;  inglés,  to  lick; 
ituanio,  ruso,  liz%;  céltico:  ir- 
landés, ligh;  gaélico,  Ughañ;  italiano, 
Uceare,  lamer;  francés,  lécher;  proven- 
xal,  íícor,  lechar;  Berrj,  Ucher;  picar- 
do,  léker;  borguiftón,  lochai;  walón, 
Uchú 

4.  Confirma  la  derÍTación  anterior 
el  godo  lattfonds,  «el  que  lame,*  en 
donde  hallamos  el  tema  lai  del  sáns- 
crito laihat,  cujo  vocablo  tiene  la 
misma  significación;  latín,  lin(/ens; 
alemán,  leciend;  Vitaamo,  lizas, 

2.  Lengua.  Femeníoo.  Orden  de 
Malta.  Nombre  dado  á  las  divisiones 
de  diferentes  países  ó  naciones  que 
componen  la  orden  de  Malta.  En 
Francia  había  tres,  á  saber;  la  de 
Provenza,  la  de  Auvernia  j  la  de 
Francia.  Después  de  perder  su  silla 
en  la  isla  de  Malta,  la  Orden  ha  con- 
servado las  LENGUAS  de  Italia,  Ale- 
mania, Aragón  y  Castilla,  cada  una 
de  laa  cuales  tiene  un  jefe. 

Lencaadeta.  Femenino  anticua- 
do. El  lenguado  pequeño. 

Len|fttado.  Masculino.  Pez  de  un 
pie  á  pie  y  medio  de  largo,  sumamen- 
te  chato,  que  tiene  los  dos  ojos  en 
uno  de  los  lados  de  la  cabeza;  el  lomo, 
en  uno  de  los  plaaos  y  el  vientre,  en 


X 


mnj  esfímada. 

Btiholouía.  Let^ua,  cuja  fo 
tiene:  cataláa,  llsnguado. 

Lenguaje.  Lenguaje. 

Lenguaje.  Masculino.  Idioma,  len- 
gua particular  de  cada  nación  ó  pro- 
TÍncia.  Q  £1  estilo  j  modo  de  hablar 
j-  escribir  de  cada  uno  en  particular. 
I  Anticuado.  £1  uso  de  hablar  ó  la  fa- 
cultad de  hablar.  |  FiaüBADO.  El  que 
se  habla  6  escribe  usando  mucbas 
figuras  retóricas.  Q  tuloab.  El  usual, 
por  contraposición  al  de  los  doctos.  I| 
CULTO.  El  empleado  por  las  clases  mas 
instruidas  de  una  nación.  ||  técnico. 
El  que  corresponde  á  la  parte  faculta- 
tiva de  las  ciencias,  artes,  industria, 
comercio  j  oficios. 

EtiuolooU.  Lengua:  catalán,  llen- 
gmtge;  provenzal,  lenduatge;  Berry, 
langaige;  bur^uiñón,  tangtteige;  fran- 
cés, langage;  italiano,  linguaggio. 

Sinonimia.  Articulo  primero. — Lbn- 
OUÁJB,  BSTiLo.  Cuando  queremos  ex- 
presar un  pensamiento  que  e:LÍste  en 
nuestra  mente,  lo  vamos  analizando, 
j  resolviendo  en  todos  sus  accesorios 
ó  ideas  parciales  por  meálo  de  los  sig- 
los de  un  idioma;  por  consiguiente, 
sin  que  el  pensamiento  deje  de  ser 
ano  mismo,  pueden  variar  los  acceso- 
rios según  nuestro  modo  de  consíde- 
rario. 


LENG 

Salido  te  quejaba  de  lot  rigores  de  su 
amada;  ésta  es  una  proposición  senci- 
lla que  se  puede  considerar  bajo  dife- 
rentes aspectos.  Si  atiendo  á  la  razdn 
de  la  queja,  diré  por  ejemplo:  £1  in- 
cauto 6'ahcio,  que  sin  haber  re^exíonado 
jamás  sobre  si  mismo,  se  habla  dejado 
arrastrar  de  su  pasión,  se  quejaba  injus- 
tamente de  Galatea  porque,  siguiendo 
como  él  los  impulsos  de  su  corazón,  le 
miraba  con  ííííií/Íírí»«a.GarcÍlaso, que- 
riendo lisonjear  la  imaginación  j  en- 
ternecer el  corazón  con  los  lamentos 
de  Salido,  deja  á  un  lado  todas  las  re- 
flexiones, j  se  detiene  en  pintar  los 
pormenores  de  su  situación  en  estos 
versos: 

Saliendo  d«  lai  ondú  anoendldo, 
Bayaba  de  loa  montea  «1  altnr»- 
El  lol,  oaasdo  Salioio,  reooatado 
Al  pie  de  Tina  alta  haya,  en  la  verdura, 
Por  donde  ana  agoa  clara  con  sonido 
Atraveeaba  el  freaoo  y  verde  prado; 
El,  con  canto  acoriiaao 
Al  rnmor  que  sonaba 
Del  agua  qae  pnBaba, 
Se  qaejaba  tan  dulce  s  blandamente, 
Como  si  no  eataviese  de  allí  ansente 
La  qne  de  an  dolor  onlpa  tenia. 

Aunque  rigurosamente  no  haj  na- 
da en  estos  versos  que  no  pueda  atri- 
buirse al  lenguaje,  considerado  como 
instrumento  de  nuestras  ideas;  sin 
embargo,  conviene  distinguir  la  elec- 
ción de  los  accesorios,  de  la  material 
aplicación  de  los  signos.  A  lo  prime- 
ro se  le  llama  estilo  del  lenguaje  ó  sim- 
plemente estilo;  á  lo  se^uncío,  se  le 
conserva  su  nombre  genérico  de  ¿m- 
guaje. 

El  lenguaje  de  la  música  es  la  colo- 
cación de  liis  claves,  notas  y  acciden- 
tes, y  sólo  es  susceptible  de  mayor  ó 
menor  sencillez;  el  estilo  de  la  música 


LENG 


365 


el  opuesto:  por  éste  es  de  color  blan-  puede  variar  al  infinito,  pues  com- 
eo, y  por  el  lomo,  pardo.  Su  carne  ea¡  prende  las  combinaciones  de  todos  los 


sonidos  apreciables,  ya  cuando  se 
suceden  formando  lo  que  llamamos 
canto  ó  melodía,  ya  cuando  reunidos 
forman  la  armonía. 

Aplicando  esto  á  los  sonidos  articu- 
lados, llamamos  lenguaje  á  la  elección 

Í'  colocación  de  las  palabras,  según 
as  reglas  de  la  gramática:  y  estilo,  á 
la  elección  de  las  expresiones,  al  ma- 
yor ó  menor  número  de  accesorios,  ó 
a  lo  Corto  ó  largo  de  los  períodos,  al 
orden  directo  o  inverso,  á  las  figuras 
y  tropos. 

Por  esto  decimos  del  estilo,  que  es 
conciso  ó  difuso,  llano  ó  florido,  bajo 
ó  sublime:  cosas  que,  hablando  con 
rigurosa  propiedad,  no  se  pueden  de- 
cir del  lenguaje;  y  si  alguna  vez  las 
decimos,  es  tomando  aquella  voz  en 
su  acepción  más  generaf,  que  igual- 
mente comprende  el  estilo. 

Los  defectos  del  lenguaje  son  los  so- 
lecisúios,  los  barbarismos  t  la  dureza 
de  la  pronunciación:  los  defectos  del 
estilo  son  la  hinchazón,  la  frialdad, 
la  inconexión  de  ideas,  la  mala  apli- 
cación de  las  figuras,  la  afectación  y 
otros  muchos. 

El  lenguaje  de  Solís  es  excelente:  el 
estilo  de  dervantes,  inimitable.  Por 
no  distinguir  como  conviene  estas  dos 
especies,  se  han  equivocado  los  que, 
faaolando  de  la  acepción  de  las  vocei, 


han  dicho  que  un  escritor  de  una  ma- 
teria no  podía  servir  de  norma  -  á  los 
escritores  de  otras:  el  lenguaje  propia- 
mente dicho,  esto  es,  la  ace|}ción  de 
las  voces  j  su  enlace  gramatical,  de- 
ben ser  el  mismo  en  todos  los  estilot. 

(JONAMA.) 

Articulo  segundo. — Lenguaje,  ioio- 
MA,  HABLA,  LENGUA.  Lenguaje  es  un 
conjunto  de  signos  de  nuestras  ideas: 
idioma  es  un  sistema  de  estos  mismos 
signos,  de  modo  que  una  parte  del 
idioma  ó  un  cierto  número  de  signos 
bastan  para  formar  lenguaje;  yeto  para 
ser  idiojna  se  necesita,  no  sólo  que  es- 
tén todos  los  signos,  sino  que  por  su 
analogía  formen  un  cuerpo  ó  un  sis- 
tema más  6  menos  recular. 

£1  lenguaje  es  propiamente  el  ins- 
trumento con  que  comunicamos  nues- 
tras ideas:  el  idioma  es  el  arte  que  nos 
guía.  Las  buenas  cualidades  del  len- 
guaje son  la  pureza,  la  propiedad  y  la 
elegancia:  las  del  idioma  son  la  exac- 
titud, la  precisión,  la  riqueza  y  tam- 
bién, la  elegancia.  La  exactitud  y  la 
precisión  pueden  también  en  algún 
modo  pertenecer  al  lenguaje;  pero  la 
riqueza  pertenece  exclusivamente  al 
idioma,  así  como  la  pureza  y  propie- 
dad no  pueden  pertenecer  sino  al  len- 
guaje. 

Esto  se  entenderá  mejor  definiendo 
cada  una  de  estas  voces.  La  exactitud 
consiste,  no  sólo  en  que  cada  idea  ten- 
ga su  signo  distinto,  sino  en  que. és- 
tos guarden  entre  sí  la  misma  co- 
nexión que  las  ideas.  La  precisión 
consiste  en  que  no  haya  ni  más  ni 
menos  signos  que  los  necesarios,  y 
que  éstos  sean  los  más  sencillos.'  La 
riqueza  consiste  en  la  abundancia  de 
signos;  y,  por  consiguiente,  de  ideas; 
esto  se  ve  que  no  puede  pertenecer  al 
lenguaje,  que  no  es  sino  la  práctica 
idioma;  pues  la  ejecución  de  una 
cosa  no  es  buena  ni  mala  por  ser  lar- 
ga ni  corta,  sino  por  estar  hécha  se- 
gún reglas. 

La  pureza  del  lenguije  consiste  en 
que  todos  los  signos  y  el  orden  de 
ellos  pertenezcan  al  idioma  en  que  se 
habla  (1).  La  propiedad  es  lal)uena 
aplicación  de  ellos  á  las  ideas  ^ue  se 
quieren  ex'presar.  La  el^ncia  co- 
mún al  idioma  y  al  lenguaje  consiste 
en  que  las  ideas  están  expresadas  ó 
pueden  expresarse  de  un  modo  agra- 
dable á  los  sentidos,  por  ejemplo:  á 
la  vista  se  las  expresamos  con  gestos 
ú  notas:  al  oído  se  las  expresamos  con 
sonidos.  Hay  varias  especies  de  idio- 
ma, y,  por  consiguiente,  de  lenguaje: 
tales  son  el  de  acción  ó  el  de  los  ges- 
tos arbitrarios,  el  de  los  sonidos  mu- 
sicales, el  de  la  aritmética,  el  de  los 
sonidos  articulados  j  otros  varios.  Al- 
gunasdeestas  especies  tienen'un nom- 
bre particular.  £1  idioma  y  el  lenguaje 
de  la  música,  por  ejemplo,  se  llaman 
solfa;  los  de  la  aritmética  se  llaman 
numeración. 


(ll  Aqnf  ge  toma  el  verbo  hablar  en  el 
aentído  inAs  extenso  de  expretar  cualquiera 
coia  por  medio  dé  signo»;  por  «onsigoiente,  no 
■ólo  entiendo  por  luuuar  «1  .  Domnnleare* 
oon  gealoi,  alao  tuibiin  el  «eriblr,  «1  eo» 
tar,  ete. 


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366  LENG 


LEÑO 


LENT 


Asimismo  el  lenguaje  de  los  sonidos 
«rtiealados  se  llamft  nabU  j  el  idioma 
át  los  mismos  sonidos  se  llama  lengua; 
da  modo  que  entra  estas  dos  últimas 
Toees  haj  la  misma  diferencia  que  en- 
tre idioma  y  Unguajei  esto  es,  el  habla 
es  un  conjunto  de  roces  querepresen< 
ta  uno  6  muchos  pensamientos;  la  len- 

Í'M  es  el  sistema  más  6  menos  regu- 
ar  de  estas  mismas  voces. 

La  perfección  del  habla,  por  consi- 
guiente, consistirá  en  que  sea  pura, 
propia  /  elegante:  la  perfección  de  la 
lengua^  en  que  sea,  no  sólo  elegante, 
sino  también  rica,  precisa  j  exacta. 

Habla  es  la  voz  propia  j  especifica 
del  lenguaje  de  los  sonidos  articulados, 
ó  de  lo  quff  se  llama  leiuuaje  hablado; 
así  como  ¿n^iw  lo  es  del  idioma  de  los 
mismos  sonidos.  Sin  embai^,  es  pre- 
ciso notar  qae  aquella  tos  no  auele 
usarse  en  toda  la  extensión  de  su  sig- 
nificado; y  así  no  decimos:  el  habla 
de  Solfs,  sino  el  lenguaje  de  Solís. 
Bsto  proviene  de  dos  cosas:  primero; 
de  todos  los  lengu&jet,  el  habla  es  el 
da  ma^or  uso;  es.  digámoslo  as{,  el 
letiguaje  por  excelencia,  jr  por  esto  le 
conservamos  su  nombre  genérico:  se- 
gunda; la  voz  habla  es  equívoca,  pues 
significa  también  la  potencia  6  facul- 
tad de  hablar:  por  consiguiente,  sir- 
viéndonos de  la  idea  general  lenguaje, 
prevenimos  la  ambigüedad  que  resul- 
taría muchas  veces  de  tomar  la  idea 
más  individual  habla. 

Da  aquí  resulta  una  regla  general, 
V  es  que  se  debe  preferir  esta  última 
voz  como  más  propia»  siempre  que  se 
pueda,  sin  oacaridad  ni  doble  sen- 
tido. 

Algunos  ejemplos  ilustrarán  todo 
lo  dicho  hasta  aquí.  Se  aprenden  los 
idiomas  j  las  lenguas:  se  observan  j 
analizan  los  lenguajes,  J,  por  consi- 
guiente, el  habla:  unos  y  otros  se  en- 
tienden. Se  dice  el  idioma  de  la  razón, 
T  no  podemos  decir  el  leTignaje  ni  la 
lengua  de  la  razón.  Al  contrario,  se 
dice  el  lenguaje,  no  el  idioma  de  los  li- 
bertinos 6  de  los  hipócritas.  Aunque 
se  puede  decir  idioma  francés,  caste- 
llano, se  dice  más  comunmente  lengua 
francesa,  lengua  castellana. 

De  aquí  podemos  deducir  otra  re- 

fla,  y  es,  que  en  estas  expresiones  no 
ebemos  usar  la  voz  general  idioma, 
sino  para  evitar  el  equívoco  que  re- 
saltaría algunas  veces  de  la  voz  len- 
gua, que  significa  también  el  instru- 
mento material  de  la  articulación:  en 
todos  los  casos  en  que  esté  salvada  la 
eqnívoeación,  debemos  preferir  esta 
última  voz  como  más  propia. 

En  la  suposición  de  que  la  lengua 
castellana  sea  más  perfecta  que  la 
francesa,  y  que  las  tragedias  de  Raci- 
ne  estén  mqor  escritas  que  la  Raquel, 
diremos  que  el  autor  de  esta  última 
escribió  en  mejor  lengua;  pero  que  el 
lenguaje  del  otro  es  superior. 

Knnonor  de  la  verdad,  permítase- 
me una  observación  algo  arriesgada: 
me  parece  que  Condillac  debió  decir 
idioma  ó  lenguaje,  y  no  lengua  de  lot 
cÍImUmí  i  lo  menos,  en  castellano 
creo  qoe  es  impropio  el  título  ile 


aquella  obra.  No  podemos  decir  la 
lengua  ni  el  habla  de  la  música  6  del 
álgebra,  pues  estas  voces  pertenecen 
exclusivamente  á  los  sonidos  articu- 
lados. (Jqnaua.) 
Lenguarada.  Femenino.  LenoO»- 

TADA. 

Iiengaaraz.  Adjetivo.  Hábil,  in- 
teligente en  dos  6  más  lenguas,  y  Des- 
lenguado, atrevido  en  el  hablar. 

KriHOLOGÍA.  Lenguaz:  catalán,  llen- 
goter,  a;  hablador,  deslenguado:  xa- 
rraire,  detllenguaí. 

Lenguaz.  Adjetivo.  El  que  habla 
mncho  con  impertinencia  y  necedad. 

EnuoLoafA.  Latín  Unguax,  lingui- 
eis:  catalán,  llengut,  da;  francés,  lait- 
guard;  italiano,  linguac^uto;  de  /i»- 
guaccia,  mala  lengua. 

Leng&ear.  Activo  anticuado.  Es- 
piar, seguir  ik  alguno  preguntando, 
tomando  lengua  ó  noticia  de  él. 

Lengüecica,  lia,  ta.  Femenino 
diminutivo  de  lengua. 

Lengüeta.  Femenino  diminutivo 
de  lengua.  \\  Gallillo  ó  epiolotis.  H 
El  fiel  de  la  balanza.  ||  Instrumento  de 
acero  en  figura  de  lengua,  de  que 
usan  los  libreros,  puesto  en  el  inge- 
nio para  cortar  el  papel,  g  Cierta  la- 
minilla movible  de  metal  que  tienen 
algunos  instrumentos  músicos,  y  va- 
rias máquinas  cuvos  agentes  son  el 
agua  ó  el  aire.  |  Arquitectura.  La  cí- 
tara 6  tabiquillo  que  se  construye  en 
la  embocadura  de  una  bóveda  para 
refonarla  y  enlazarla  con  el  muro  en 
que  estriba  6  para  reducir  su  con- 
vexidad i  plano  horizontal  ú  oblicuo, 
n  Cada  uno  de  los  hierrecillos  de  la 
saeta  que  forman  ángulo  en  la  punta. 
También  se  llama  así  el  que  en  la 
del  accla,  el  anzuelo  j  la  garrocha 
sirve  para  asir  el  cuerpo  en  que  se 
introduce.  ||  Horquilla  en  que  se  sos- 
tienen los  armadijos  de  coger  mirlos, 
mientras  no  entra  el  pájaro  en  la  tram- 

fia.  |¡  Medicina.  Especie  de  compresa 
arga  y  estrecha  que  se  aplica  en  las 
amputaciones,  fracturas,  etc.  Q  Cierta 
moldura  ó  adorno  así  llamado  por  su 
figura.  ¡I  Barrena  que  usan  los  sille- 
ros para  hacer  del  tamaño  que  se 
quiere  el  agujero  empezado  por  el 
berbiquí,  Q  de  chiubnba.  El  tabiqui- 
llo que  separa  unos  de  otros  loa  caño- 
nes de  chimenea  que  forman  un  mis- 
mo tronco.  También  se  llama  así  cada 
uno  de  los  tabiques  de  ladrillo  que 
forman  un  cañón  de  chimenea.  |]  de 
HADBito.  Especie  de  espiga  continua 
á  lo  largo  de  una  tabla  ó  tablón  del 
tercio  de  su  grueso  para  encajarla  en 
una  ranura. 

KtiuolooÍa.  X-engua:  catalán,  llei^ 
güeta;  fr&ncéa,  languetíe;  italiano,  tin- 
gueíta. 

Lengüetada.  Femenino.  La  ac- 
ción de  tomar  cada  vez  alguna  cosa  ó 
de  lamerla  con  la  lengua. 

Lengüeteria.  Femenino,  El  con- 
junto de  los  registros  del  órgano  que 
tienen  lengüeta. 

EtimolooÍa.  Lengüeta:  catalfin,  //«t- 
gf-eíeria. 

Lengüetero.  Adjetivo  masculino. 
Et  que  sabe  muchas  lenguas. 


Lengüeznela.  Femen!ne  dimlao- 
tivo  delengua. 

Lenidad.  Femenino.  Suavidad, 
blandura,  indulgencia. 

ETWOLOofA.  Lene:  latía,  Uníías; 
italiano,  leniíá;  catalán,  lenitaí, 

Lenidia.  Femenino.  Botánica,  Qé- 
nero  de  arbustos  al^o  trepadores,  de 
flores  completas  polipétalas. 

Leniente.  Participio  activo  anti- 
cuado de  lenir.  Lo  que  suaviza  6 
ablanda.  Usase  muchas  vsces  como 
sustantivo. 

Lenificable.  Adjetivo.  Susceptible 
de  ser  lenificado. 

Lenificación.  Femenino.  Acción 
efecto  de  lenificar. 

BtiuoloqU.  Lenijíear:  italiant^  le~ 
nifcamento. 

Lenificador,  ra.  Adjetivo.  Quale- 
nt!:ca. 

Lenificar.  Activo.  Suavizar. 

Etiholooía.  Latín  lenit,  suave, 
blando,  dulce,  y  rícare,  tema  frecuen- 
tativo de  faceré,  nacer:  italiano,  íísi- 
Jicare;  francés,  lénijier;  catalán,  leni- 
Jcar. 

Lenificativo,  va.  Adjetivo.  Leni- 
tivo. 

EtiuoldoÍa.  Lenijicar:  italiano,  le- 
uijícaíivo. 

Lenir.  Activo  anticuado.  Ablan- 
dar, suavizar. 

Etiholooía.  Lene:  latín,  leníre, 

Lenitivú,  va.  Adjetivo.  Medicina. 
Lo  ^ne  tiene  virtud  de  ablandar  y 
suavizar.  |  Masculino.  La  medicina 
que  sirve  para  ablandar  ó  suavizar.  B 
Metáfora.  Medio  para  mitigar  ó  con- 
fortar el  ánimo. 

ETiuoLoaU.  Lene:  latín,  línííivus; 
italiano,  lenitivo;  francés,  lénitif; '^to- 
venzal,  lenitiu;  catalán,  lenitiu,  va. 

Lenizar.  Activo  anticuado.  Sdavi-. 

ZAlt. 

Etiholooía.  Lenir. 
Lenna.FeAenino  anticuado.  LbíIa. 
Lenn^e.  Masculino  anticuado.  Li- 
naje. 

Leño,  na.  Masculino  anticuado. 
Alcahuete.  D  Masculino.  Erudiciá». 
Personaje  de  la  comedia  latina. 

Etimología.  Latín  Uno,  rufián;  de 
lenis,  suave;  lena,  rufiana;  ¿esa»,  pro- 
curar mujeres  á  vil  precio:  lenahdi 
callidua  arte,  diestro  en  el  oficio  de 
alcahuetear.  (Antología  latina.) 

Reseña. — Él  lbno  era  el  que  hacía 
en  las  comedias  de  los  latinos  el  pa- 
pel de  alcahuete. 

Lenocinio.  Masculino.  Alcahue- 

TjIBÍA. 

Etiholooía.  Latín  IhücUUm,  ru- 
fianería, halago,  afectación  en  el  es- 
tilo. (Cicerón.) 

Lenok.  Masculino.  Pez  del  genero 
salmón,  que  vivo  en  los  torrentes  de 
la  Siberia  oriental. 

LenAn.  Masculino  antienado.  Al- 
cahuete ó  rufián. 

Etiholooía.  Leño. 

LenUmente.  Adverbio  de  modo. 
Con  lentitud.  . 

Etimología.  Lenta  y  el  sufijo  ad- 
verbial menU:  latín,  Unil;  itohano» 
lentamente;  francés,  UitUme^i 
[Un,  Uníamení. 


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LENT 

.  Léate.  Iluealino.  Diáptrion.  Vi- 
drio tallado  en  fornui  do  lenteja,  de 
qtfB  se  asa  en  los  instramentos  díóp- 
tricos.  I  BICONVEXO.  Bl  terminado  por 
dos  superficies  convexas,  eu^os  cen- 
tros están  colocados  sobre  una  misma 
línea  recta,  llamada  eje  principal.  \ 
PLASO  GONTBxo.  El  formado  por  una 
superficie  plana  7  otra  convexa,  la 
cual  rodea  su  concavidad.  \  cóncavo- 
CONTKXO.  Bspecíe  de  media  luna  for- 
mada por  dos  superficies  esféricas: 
ana,  {eterior;  otra,  exterior,  la  pri- 
mera  de  las  cuales  tiene  una  curva 
menor  que  la  serunda. 

Etuiolooía.  Latía  UnUt  ablativo 
de  UtUt  igntist  lenteja,  por  semejanza 
de  forma:  italiano  7  oataUna  ieníti; 
/rane¿8,  ituíiiU,  lenteja. 

Be$tñ€.—h  El  lbntb  «^iieceo-em- 
veso  se  llama  también  weniseo  eonver- 

2.  La  Toz  del  artículo  era  ambi- 
re; pero  actualmente  no  se  le  da 
otro  género  que  el  masculino,  siendo 
más  frecuente  sa  uso  en  pluxal:  los 

LBNTES. 

LenteoerM.  Becíproco  anticuado. 
Ablandarse  ó  humedecerse. 

SnicoLoafjk.  Latín  Uníeseertt  po- 
nerse flexible,  suavizarse;  forma  de 
ientut,  lente:  picit  i*  moren  ad  dígitos 
LBMTSSCtr;  <se  ablanda  entre  los  de- 
dos como  la  pez,»  hablando  de  una 
tierra  crasa  {Cicbbón);  lbntbscunt 
témpora  cura;  «las  inquietudes  se  cal- 
man con  el  tiempo.»  (Ovidio.) 

Lent^a.Femeníno.fo^íttKíi.  Plan- 
ta cujo  mito  «s  una  legumbre  de  co- 
lor pardo,  pequeña,  chata,  redonda 
y  encerrada  en  unas  vainitas  largas 
que  terminan  en  punta.  ¡|  El  fruto  de 
la  planta  del  mismo  nombre.  |  acuá- 
tica 6  DB  AGUA.  Planta  que  nota  en 
aguas  estancadas  y  cuyas  hojas  tienen 
la  forma  del  fruto  de  la  lenteja.  ||  El 
peso  en  forma  de  lbntbja  en  que  re- 
mata la  péndola  del  reloj, 

BTUáOLOofA.  Latín  lenítcalay  dimi- 
nutivo de  lent,  Íe»íü,  lenteja:  cata- 
lán, llentitt,  ¡Imtilla;  catalán  nrovin- 
eial,  ÍUniija;  provenzal,  lentitU;  Be- 
rrj,  nentilU;  portugués,  lenUlha;  fran- 
cés, lentilU;  italiano,  lenticchU. 

Reseña. — 1.  La  lentbja  correspon- 
de al  enmm  leus  de  Linneo. 

2.  Hajr  otra  especie  de  lsntbja. 
llamada  bastarda,  que  es  el  ertmn  er- 
eilia  de  dicho  botánico. 

3.  La  LENTEJA  es  un  excelente  ali- 
mento j  una  de  las  substancias  más 
nutritivas;  de  tal  suerte,  que  se  asi- 
mila aún  más  que  la  carne. 

Ijont^ar.  Masculino.  Campo  sem- 
brado de  lentejas. 

I«rat^uela.  Femenina.  Planchita 
redonda  de  plata  ú  otro  metal,  que 
sirve  para  bordar,  asegurándola  en  la 
ropa  por  puntadas  qne  pasan  por  un 
agujerito  que  tiene  en  medio. 

Etuiolooía.  ¿enieja,  por  semejan- 
za de  figura. 

Lenteza.  Femenino  anticuado. 
Lentitud. 

Lentibolarta.  Lbnticulabia.  La 
forma  UntibuUria,  que  se  halla  en  al- 
gunos JHccÍ0iMrÍ9s,  ta  bárbara. 


LENT 

L0ntícut«f  Femenino.  Botánica. 
Lenteja  diminuta.  P  Lenteja  de  agua. 

Etiuolooía.  Lenteja:  latín,  lentici- 
la,  diminutivo  de  lens,  tentis,  lenteja; 
francés,  lenticule. 

Lenticulado,  da.  Adjetivo.  Sinó- 
nimo de  lenticular. 

EriHOLoaÍA.  Lent{cula:  francés,  len- 
itcule. 

Reseña. — M.  Costa,  profesor  de  ana- 
tomía j  de  botánica  en  la  universidad 
de  Perpiñán,  encontitS  en  la  montaña 
de  Ñas  una  gran  cantidad  de  pie- 
drat  LBNTicuLADAs;  esto  es,  pedruscos 
compuestos  de  piedme  lenticulares. 
(BuKFÓN,  ÁdUimus  if  eorreetiones;  Teo- 
Ha  í erres  Ire;  Olfras,  Anue  XI 1,  pági- 
na m.i 

Lenticular.  Adjetivo.  Lo  que  es 
parecido  en  su  figura  j  tamaño  á  la 
lenteja.  |  ViDBto  lenticular.  2)ióp- 
Irica,  "Vidrio  á  que  se  ha  dado  la  for- 
ma de  lenteja,  cual  concentra  los 
rajros  solares  en  un  foco,  y  Hueso  len- 
ticular. Anatomía.  El  más  pequeño 
de  los  huesos  sencillos  d^l  oído.  [¡ 
Piedra  lenticular.  Miruralogia.  Es- 
pecie de  fi58il,  resultado  de  las  petri- 
ficaciones de  ciertas  conchas. 

Etiuolooía.  Lenticula:  latín,  ienti- 
c&laris,  forma  adjetiva  de  leniicíla, 
lenticula;  francés,  lenticnlaire* 

Lenticuiaria.  Femenino.  Botim- 
ca.  Especie  de  planta  acaáüca« . 

EriuoLoofA.  Lenticuiaria. 

Leatícalario.  Mascniiao.  Especie 
de  instrumento  quirúrgico.  (Gaba- 

rj.EBO.) 

EriuoLoaÍA.  Lenticular, 

Reseña. — Pareo  (siglo  xvi)  habla  de 
este  instrumento:  «conviene  cortar  las 
asperezas  con  un  instrumento  deno- 
minado LENTICULAR  ó  LBHTICULARIO, 
calificativo  que  se  le  dió,  porque  su 
extremo  es  semejante  á  un  grano  de 
lenteja  obtuso.»  /'K///,  20.) 

Lentífero,  ra.  AdjetÍTO.  Qae  pro- 
duce lentejas. 

STiHOLoaÍA.  Latín  ¿mu,  ienüi,  len- 
teja, 7  ferrCf  producir. 

Leauforme.  Adjetivo.  Mistaría  nor 
tural.  Parecido  á  una  lenteja óim 
lente. 

ETiuoLoaÍA.  Lenteja  7  forma:  fran- 
cés, ientiforme. 

Lentiginoso,  sa.  Adjetivo.  Lleno 
de  lentejas.  |  Que  participa  de  la  na- 
turaleza de  la  lenteja. 

ETiHOLoaÍA.  Latín  lex^ínSna,  He- 
no de  pecas. 

Reseña  histórica. — Esto  proviene  de 
que  los  latinos  daban  á  las  pecas  el 
nombre  de  lentejas,  por  semejanza  de 
forma. 

Lentiscal.  Masculino.  El  terreno 
montuoso  poblado  de  lentiscos. 

LentisciCbrOf  ra.  Adjetivo.  Que 
produce  lentisco. 

Etimolooía.  L^ín  lentiseut  y  ferré, 
producir. 

Leatiscina.  Femenino  anticuado, 
AlmXcioa. 

Lentisco.  Masculino.  Botánica, 
Árbol  de  la  familia  de  las  terebin- 
táceas, de  mediana  altura,  hojas  al- 
ternas 7  casi  pareadas,  flor  en  racimo 
7  frote  qne  pasa  del  eolor  rerde  al 


LENT 


3^ 


rojo,  al  pardo  7  al  negro.  So  ntadeia 
es  aromática,  7  de  si»  zamaa  n  saca 
por  incisión  la  resiiu  llamada  almáci- 
ga 6  mastique. 

Btiholooía.  Latín  len^cus:  cata- 
lán antiguo,  iientriscel,  llentisck,  len- 
tisch;  provenzal,  ientise;  ñanees»  len- 
tis^w;  italiano,  lentisco. 

SentiJoetimoliíffico.-í^Lcntiscuse&xi'aa. 
forma  de  ¡enlescíre,  suavizar.  Por  con* 
siguiente,  lentisco  ^  lemüva  son  la 
misma  palabra  de  origen. 

Lentisimamente.  Adverbiode  mo- 
do superlativo  de  lentamnkte. 

Lentísimo,  ma.  Adjetivo  superla- 
tivo de  lento,  ta. 

Btiwkaoía.  Latín  UnUssimns:  lbh- 
TissiMA /vc<0rs;  corazones  firíos.  (Ovi- 
dio.) 

Lentitud.  Femenino.  La  tardanza 
ó  espacio  con  que  se  ejecuta  alguna 

cosa. 

Etimolooía.  Lento:  latín,  lenütüdo; 
italiano,  lentesea;  francés  del  siglo  xvi, 
lentitude;  moderno,  lenteur;  catalán, 
lentitut. 

Lento,  ta.  Adjetivo.  Lo  que  es  ta^ 
do  7  pausado  en  su  movimiento.  ||  Po- 
co vigoroso  ^  e&Az.  ||  Anticuado,  Ha- 
blando de  arboles  7  arbustos,  es  lo 
mismo  que  flexible  ó  correoso.  \\.Afedi- 
cilla  ¡f  Farmacia.  Glutinoso,  pegajoso. 

ETiMOLoaÍA.  Latín  lenínSt  flexible, 
dúctil,  tierno,  suave,  viscoso,  flemá- 
tico, tardío;  contracción  de  lenlíus, 
forma  de  iinis,  blando,  delicado,  sua- 
ve: italiano,  lento;  francés  7  proven- 
zal, lent;  walón,  i¿ne;  catalán,  lenío,a. 

Lentor. Masculino.  Medicinay Far- 
macia. Viscosidad  ó  gluten.  ||  Anti- 
cuado. Hablando  de  árboles  ó  arbus- 
tos, es  lo  mismo  que  flexibilidad  ó 
correa. 

Etiuolooía.  Latín  lentor^  Sris^  vis- 
cosidad; de  leníust  viscoso. 

Léntulo.  Masculino.  Sobrenombre 
de  U  familia  C(Hrnelia,  de  los  Léntu- 
los;  una  de  las  más  ilustres  de  Roma, 

Etiuología.  Latín  Lení^ns,  forma 
diminutiva  de  lexíus,  lento. 

Léntalo(PuBLio  Cobnblio).  Cons- 
pirador rónuno,  apellidado  j$«ni,cóm- 
plice  de  Cstilina,  que  murii  d  año 
(53  antes  de  Jesucristo.  Después  de 
haber  sido  pretor  7  cónsul,- fué  ex- 
cluido del  Senado  con  otros  por  sus 
malas  costumbres.  Entonces  se  afilió 
al  partido  de  Catilina  7  empezó  á  tra- 
bajar en  pro  de  la  conjuración  que 
éste  fraguaba.  Habiendo  quedado  al 
frente  de  la  empresa  por  ausencia  de 
Catilina,  tuvo  la  imprudencia  de  re- 
velárselo todo  á-los  diputados  aldbro- 
ges,  dándoles  una  carta  pan  sus  eom- 

gatriotas,  7  otra,  para  Oatilina.  lame- 
iatamente  dieron  aviso  á  Cicerón,  el 
cual  mandó  prender  á  los  jisfos  de  los 
conjurados;  entre  ellos,  a  Líniulo, 
que,  en  unión  de  sus  cómplices,  fué 
estrangulado  en  la  prisión  del  Capi- 
tolio. 

Léatulo  (PuBLio  CoRNBLio).  Patri 
cío  romano,  apellidado  Spinther,  que 
vivía- en  el  siglo  1  antea  de  Jesucristo. 
Siendo  edil  el  año  63,  tuvo  prisionero 
á  Léntulo  Sura,  como oómpliee de Ga^ 
tilina.  Fué  luego  ¡wetor  en  Bspafta  7 


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968  LEÑI 

rocónsaf  en  Ciliciá,  sigdió  el  partido 
e  Pompejo  en  la  g^ern  civil,  fué 
Tencido  7  se  retiró  á  Rodas,  igaoráa- 
doae  las  circunstancias  de  su  vida  en 
sus  últimos  años. 

Lentora.  Femenino  anticuado. 
LsNTOR,  por  flexibilidad  6  correa. 

Lenatai.  Adjetivo  anticuado.  Lo 
que  es  de  lienzo. 

Lensón.  Blaaeolino.  Pedazo  gran- 
de de  lienzo  basto. 

Lenzuelo.  Masculino  anticuado. 
PaRublo. 

Stiuolooía.  Liento. — «Diminutivo 
anticuado  de  lienzo.  Bl  pañuelo  pe- 
queño que  sirve  para  limpiarse  j  otros 
usos.»  (Academia,    Diccionario  de 

i  me.) 

Leña.  Femenino.  La  parte  de  los 
árboles  7  matas  que  cortada  j  hecha 
á  trozos  se  destina  para  la  lumbre.  || 
Leña,  de  bomebo  t  pan  de  panadera, 
LA  boroonbrU'  entera.  Refrán  con 
que  se  denota  la  holgazanería  de  los 
Ubradores  que  compran  el  pan  por  no 
cocerlo  en  su  casa,  y  tienen  lefia  lige- 
ra por  no  ir  á  buscar  la  recia  más  le- 
jos. I  Caboab  de  lera  á  alguno.  Fra- 
se  familiar.  Darle  de  palos.  ||  Echar 
ó  PONER  LEÑA  AL  FUEGO.  Frasc  meta- 
fórica. Fomentar  la  discordia.  ||  La 
lbRa  cuanto  más  seca  uks  AHDB.  Re- 
frán que  advierte  que  la  lascivia  sue- 
le ser  más  vehemente  en  los  ancianos 
que  en  los  jóvenes.  ||  Llevar  leíía  al 
MONTE.  Frase  .metafórica  j  familiar 
con  que  se  moteja  la  indiscreción  de 
los  que  dan  alguna  cosa  á  quien  tiene 
abundancia  de  .ella  y  no  la  necesita. 
II  Da.b  LEÑA.  ■  líatáfora  familiar.  Dar 
de  palos. 

E-nuoLoaÍA.  Griego,  Xtyvác  (liandt)» 
llama,  humo:  latín,  lignum;  italiano, 
iMna;  catalán,  lltwfa:  afegir  llbnya 
oí  foch;  echar  leña  al  fuego;  ignem 
igni  addere. 

Leñador,  ra.  Masculino  j  femeni- 
no. El  que  se  emplea  en  cortar  lefia. 
¡1  El  que  la  vende. 

ETiuoLoaÍA.  Leñar:  latín,  lignator; 
italianp,  legnajo,  legnijualo,  legnamaro; 
catalán,  llengader,  llen^ador,  ílenyater. 

Leñame .  Masculino  anticuado. 
Madera.  |  Anticuado.  La  provisión 
de  lefta.. 

Leñamiento.  Masculino.  Acción  ó 
efecto  de  leñar. 

EriuoLoafA.  Leñar:  latín,  tígnatto. 

Leftur.  Activo.  Provincial  Aragón. 
Hacer  ó  cortar  lefia. 

Etiuolooía.  LeSa:  latín,  lignari; 
italiano,  legnart, 

Leñátil.  Adjetivo.  LEftoso. 

Leñera.  Femenino.  El  sitio  desti- 
nado para  guardar  ó  hacinar  leña. 

STiuoLoaÍA.  Leña:  latín,  lignaria 
celia;  catalán,  llenger,  lefiera;  lUngam, 
Ungam,  maderada. 

Leñero.  Masculioo.  El  que  vende 
lefia  ó  tiene  á  su  cargo  el  comprar  la 

3ue  es  necesaria'  pira  el  surtimiento 
e  una  casa  ó  comunidad.  |¡  Lb.^bba. 
Etiuolooía.  Latín  lignavtus. 
Leñícola.  Adjetivo.  ZoQlogia»  Que 
habita  en  la  lefia. 

Etiuolooía.  Latín  lignum,  lefia,  y 
eoVhtt  habitar:  francés,  lignicole. 


LEOC 

Leñidión.  Masculino.  Botánica, 
G-énero  de  hongos  que  crecen  en  la 
madera. 

Leñifero,  ra.  Adjetivo.  Que  pro- 
duce leña. 

Etiuolooía.  Latín  de  las  inscríp- 
cíonea  lignifer;  de  lignum^  leña,  y 
ferrct  llevar  ó  producir. 

Lefiificable.  Adjetivo.  Susceptible 
ds  ser  lenificado. 

Lefliflcación.  Femenino.  Acción  ¿ 
efecto  de  lenificar. 

ETiuoLoaÍA.  Lenificar:  francés,  lig- 
ni^caíioH,  conversión  en  madera  de 
los  botones  ó  retonos  de  un  árbol. 

Leñiflcar.  Activo.  Convertir  en 
lefia.  \\  Dar  consistencia  de  leña. 

Etiuolooía.  Latín  lignum  j  facire, 
hacer:  francés,  liqnifier, 

LeñificatÍTO,  va.  Adjetivo.  Que 
leñifíca. 

Leñiforme.  Adjetivo.  Mineralogía. 
Parecido  á  la  lefia;  y  así  se  dice:  pie- 
dra LIONIt'OBUB,  rocas  LIONIPORUES. 

EnuoLoaÍA.  Leña  j  forma:  francés, 
ligniforme, 

LeñÍTpro.  Adjetivo.  ZooU^la.  Que 
roe  la  lefia.  |  Sustantivo  plural.  Los 

LBÑÍvoRos.  Familia  de  coleópteros. 

Etiuología.  Leña  y  el  latín  varare, 
comer:  francés,  ligntvore. 

Leño.  Masculino.  El  trozo  de  ár- 
bol después  de  cortado  y  limpio  de 
ramas.  .|  Embarcación  de  vela  y  remo, 
semejante  á  las  galeotas,  que  durante 
la  Edad  media  se  usó  mucho,  particu- 
larmenta  en  el  Mediterráneo.  \  Poe'ti- 
ca.  Cualquiera  nave  ó  embarcación.  || 
Metáfora.  La  persona  de  poco  talento 
y  habilidad.  ¡  hediondo.  Planta.  He- 
diondo. I  Metáfora.  Bl  santo  lbRo. 
La  Cruz. 

EnHOLoaÍA.  Leña:  italiano,  legno; 
catalán,  ling. 
Leñosidad.  Femenino.  Cualidad 

de  lo  leñoso,  Q  Dureza  de  leño. 

Etiuolooía.  ¿^«0:  francés,  ligno- 
tité. 

Leñoso,  sa.  Adjetivo.  Aplícase  á 
la  parte  de  los  árboles  y  arbustos  que 
es  V  se  nombra  madera.  |j  Hablando 
de  los  árboles,  arbustos  y  plantas,  lo 
que  tiene  una  dureza  y  consistencia 
como  la  de  la  madera.  |  Principio 
lb.^oso.  Botánica.  Principio  inmedia- 
to iieutró,  no  azotizado,  indisoluble, 

3ue  forma  la  base  de  la  organización 
e  los  vegetales. 

EnuOLOofA.  Zí^o:  catalán,  llengói, 
llengosa;  francés,  ligneux;  italiano,  leg- 
nosot  del  latín  ligitiisui,  forma  adjetiva 
de  lignum,  leña^ 

Leo.  Masculino.  Especie  de  cardo 
espinoso. 

Leocadia  (Santa).  Virgen  y  már- 
tir española,  natural  de  Toledo.  Des- 
cendía de  una  noble  familia  del  país 
y  sus  padres  la  educaron  en  la  reli- 
gióii  de  Cristo.  Acusada  ante  la  auto- 
ridad de  Daciano,  que  gobernaba  la 
España  tarraconense  en  tiempos  de 
Diocleciauo  y  Maximiano,  y  como  re- 
sistiese á  las  repetidas  intimaciones 
c^ue  se  le  hicieron  para  que  sacrificase 
a  los  ídolos,  fué  encerrada  en  una  os- 
cura j  húmeda  prisión  con  objeto  de 
intimidada,  contándole  los  terrible; 


LEON 


f pormenores  del  martirio  de  santa  Bo- 
alia  y  de  otros  compañeros  de  to^ 
mentó.  Pero  la  santa  no  se  intimidó 
y  se  cuenta  que,  cuando  la  levanta- 
ron del  suelo,  había  espirado,  supo- 
niéndose que  Dios,  por  una  gracia 
especial,  la  dispensó  de  dar  un  públi- 
co testimonio  de  su  ardiente  n.  Sa 
cuerdo  fué  arrojado  al  cam^  de  \u 
gentiles;  pero  algunos  cristianos  tu* 
vieron  cuidado  de  recosi^erlo  y  sepul- 
tarlo, venerándose  sn  la  catedral  da 
Toledo.  Su  fiesta  se  celebra  el  9  de 
Diciembre. 

Leocorión.  Masculino.  Antigüéis 
des.  Templo  erigido  en  Atenas  á  un 
ciudadano  llamado  Leos,  quien,  ea 
uoa  época  de  hambre,  inmoló  á  sus 
hijas  para  calmar  la  ira  de  los  dioses. 

(ClCBBÓN.) 

Etiuolooía.  Latín  Leoc&ríon, 
Leocrocota.  Femenino.  Fiera  11- 
gerísima  de  la  India  que  imita,  se- 
gún dicen,  la  voz  dd  nombre.  (Pli- 

Nio.) 

Etiuolooía.  Latín  leoerdedtUh  in- 

crdcdíta. 

Sentido  eiimoUlgico. — ^Bl  latín  leocro- 

coíta  se  compone  de  leo,  león,  jcr^íed/ín, 
túnica  de  color  de  azafrán,  que  es  el 
griego  xpo)M)T¿í  (krokoíós).  Por  consi- 
guiente, significa:  cleón  azafranado.» 

León.  Masculino.  Cuadrúpedo  in- 
díg;ena  del  Africa,  de  color  entre  ama* 
rillo  y  rojo,  de  tres  á  cuatro  piés  de 
altura  y  de  siete  á  ocho  de  largo. 
Tiene  la  cabeza  grande,  los  dientes 
y  las  uñas  muj  fuertes  y  la  cola  lar- 
ga, cubierta  de  pelo  corto  y  termina- 
da por  un  ñeco  de  cerdas.  El  macho 
se  distingue  por  una  larga  guedeja, 
que  le  cubre  la  nuca  j  el  cuello,  v 
que  crece  con  la  edad.  \  Insecto  de 
una  pulgada  de  laigo.  Tiene  seis  piés 

Í cuatro  alas  transparentes  y  más 
irgas  que  ei  cuerpo.  Todo  él  es  de 
color  pardo  con  manchas  amarillas,  á 
excepción  de  las  alas,  que  son  blan- 
cas con  nervios  y  manchas  negras.  | 
Signo  boreal,  el  quinto  de  los  del  zo- 
díaco. Se  expresa  por  los  pintores  con 
una  figura  de  león.  |  Culebra.  Boa.  |j 
Metáfora.  El  hombre  audaz,  imperio- 
so y  valiente.  ||  Germania.  El  m- 
ñán.  II  MARINO.  Anfibio  de  unos  seis  á 
ocho  piés  de  largo,  de  color  blanco 
oscuro.  Tiene  los  piés  muj  cortos,  y 
los  de  atrás  unidos  en  nn  cuerpo;  íes 
dedos  todos  unidos  con  una  membra- 
na; las  ancas  tan  estrechas,  que  re- 
matan en  punta;  sobre  la  cabeza  una 
especie  de  cresta  carnosa,  y  debajo  de 
la  mandíbula  inferior  una  bolsa  cu- 
bierta de  pelo,  que  bincha  á  su  arbi- 
trio. II  PARDO.  Anticuado.  Lbopasdo.  | 
REAL.  León,  por  el  animal  cuadrúpe- 
do, etc.  II  Desquijarar  leones.  Frase 
metafórica  con  que  se  expresa  que  al- 
guno echa  fieros  y  baladronadas.  ||  No 

ES  TAN  .BBWO  ó  FIERO  EL  LBÓM  COU') 

i.B  PINTAN.  Refrán  con  que  se  denota 
que  alguna  persona  no  es  tan  áspera 
y  temible  como  se  creía,  ó  ^ue  algún 
negocio  es  menos  arduo  y  difícil  de  1 ) 
que  se  pensaba. 

Etiuolooía.  1.  Sánscrito  lAf  cor- 
tar; l%nal,  lunakaSt  bestia  feroz:  gri«- 


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LEÓN 

Um  (Uón)',  latín,  U9,  lefias;  al»- 
mán,  L¿K€;  inglés,  Hon;  litaanio, 
lutos;  ruso.  Uto;  italiano,  leong;  fran- 
cés, Uon;  portugués,  leao;  prorenzal, 
1*9;  eataUn,  tleó,  ( Sistemas  d»  Boppy 
i»  Gbiuh.) 

2.  larirtamos  el  orden  del  Emnscrí- 
(o  hmat,  fiera,  j  tendremos  íi(¿a«,qae 
es  seg-aramente  el  lítuanio  lutos. 

León  (Fbat  Luis  de).  Célebre  poo- 
ta  español,  T  uno  de  los  mejores  Arl- 
eos de  aquel  brillante  período  de  nues- 
tras letras  que  se  eonoce  con  el  nom- 
^  de  siglo  de  oro»  Nadé  ea  Granada 
en  1527  y  murió  en  Madrigal  el  25 
da  Affosto  de  1591.  Encado  muy  jo- 
rm  á  U  unirersidad  de  Salamanea, 
entró  ¿  los  16  afios  en  la  orden  de  los 
agustinos;  en  1561  obtaTO  la  eátedra 
de  teol<^a;  j  diez  años  despnés,  la 
de  literatura  sagrada.  Su  vida  ejem- 
plar le  atrajo  la  admiración  de  «us 
discípulos;  pero  la  inmensa  repa- 
tacióa  que  te  había  conquistado  su 
talento,  no  tardó  en  excitar  envidias 
j  rivalidades,  creándole  enemigos  que 
i^royecharon  la  primera  ocasión  para 
perderle.  Un  amigo  que  no  conocía 
las  isngaas  antiguas,  le  pidió  una  tra- 
dnecíón  del  Csn/or  de  los  cantares,  j 
Fbat  Luis  db  Lbón,  suponiendo  que 
no  saldría  de  las  manos  de  aquel  ami- 
go. Uso  la  traducción  literal,  sindap 
u  la  interpretación  qne  le  da  la  Igle- 
sia. Esto  bastó  para  qne  la  Inquisi- 
ctón  le  acusase  de  Uiterano  j  le  tu- 
viese oineo  años  encerrado  en  sus  ca- 
labozos; pero,  al  fin,  pudo  hacer  pal- 
pable su  inocencia  T  fué  puesto  en  li- 
bertad, siendo  recibido  por  el  claus- 
tro naiversitario  en  medio  de  las  ma- 
yores muestras  de  regocijo  7  sin  que 
sos  labios  exhalaran  una  sola  queja. 
Por  el  oontrarío,  al  apareeer  entre  sus 
disdpalot,  cuando  todos  esperaban 
nxw  alusión  ¿  sos  pasados  rammien- 
toi^  empesd  su  discurso  oaa  estas  su- 
blÍBUs  palabras,  llenas  de  tierna  sen- 
eiUei:  «íMamos  ayer...»  7  eontinnó 
desempeñando  sus  cátedras.  Fhat 
Lcis  OK  Leóh  empleó  sus  ratos  de 
ocio  en  cultivar  la  poesía  y  en  publi- 
car obras  que  han  hecho  de  él  uno 
de  los  pdmeros  clásicos  españoles. 
Profundamente  cristiano,  alma  im- 
pregnada de  un  poético  misticismo, 
en  Ta  Biblia  fué  casi  siempre  donde 
bascó  sus  inspiraciones.  Como  poeta 
j  como  prosista,  sus  obras  fueron  un 
ao  Ínt6rrum{)ido  himno  á  Dios.  La 
áaiea  excepción  es  su  Profecía  del 
Tajo,  nao  ae  los  más  bellos  troau»  lí- 
ricos de  la  poesía  castellana.  Sin  em- 
ba^,  su  verdadero  ffénero  era  la 
poesía  religiosa  j  moral.  Su  Vida  del 
campo,  su  Noche  serena^  su  oda  á  la 
Aseemián  y  su  Vida  del  cielo,  parecen 
ser,  más  que  los  cantos  de  uu  poeta, 
el  místico  ensueño  de  un  extático,  en 
que  se  siente  el  aliento  de  los  profe- 
tas y  la  unción  del  Divino  Maestro. 
Este  íntimo  sentimiento  es  el  que  hace 
^ue,  hasta  traduciendo  á  Virgilio  y 
a  Horacio,  resulte  un  poeta  eminente- 
mente cristiano.  De  su  forma,  tanto 
en  prosa  como  en  verso,  sólo  diremos 
que  por  propios  y  extiftftof  ea  taoido 


LEÓN 

por  uno  de  los  escritores  que  han  ma- 
nejado  nnestro  idioma  de  un  modo 
más  castizo,  más  sobrio  y  elegante. 
Mientras  exista  el  habla  castellana, 
será  un  perenne  modelo  de  la  hermosa 
sencillez  aquella  poesía  que  empieza; 

Y  dsjfts,  Pastor  lAnto, 
To  gr«y  «n  «ata  valle  hondo,  osoaro; 

así  como  lo  serán  los  armoniosos  pe- 
ríodos de  Za  Perfecta  casada,  de  Xos 
Nombres  de  Cristo  y  de  la  Exposición 
de  los  salmos. 

León  Z  (Juan  db  M£dicis).  Papa, 
célebre  en  la  historia  del  pontificado 
por  la  decidida  protección  que  dis- 
pensó &  los  homares  de  valer,  así 
como  por  el  gran  esplendor  que  al- 
canzaron en  su  época  las  artes  y  las 
letras.  Nació  en  Florencia  en  1475 
y  murió  en  Roma  en  1521.  Era  hijo 
de  Lorenzo  el  Magnlfco,  y  fué  nom- 
brado cardenal  á  la  edad  de  13  años, 
por  más  que  no  recibiera  las  órdenes 
sagradas  nasta  euatro  años  después. 
La  invasión  de  Carlos  VII  de  Francia 
en  Italia  le  obligi  á  abandonar  su  pa- 
tria y  pasó  á  fijar  su  residencia  en 
Roma,  en  donde  se  capté  la  amistad 
de  Julio  II;  pero  habiendo  recibido  de 
éste  el  mando  de  Perusa,  fué  hecho 
prisionero  en  Rávena,  no  recobrando 
la  libertad  hasta  que  los  franceses 
evacuaron  el  Milanesado.  Fué  elegido 
para  suceder  á  Julio  II,  en  1513,  y 
comenzó  su  pontificado  firmando  la 
paz  con  Luis  XIII  de  Francia;  intentó, 
aunque  en  vano,  por  medio  de  hábi- 
les negociaciones,  dar  á  príncipes  de 
su  familia  los  reinos  de  Nápoles  y  de 
Tüscana;  terminé  el  Concilio  de  Le- 
trán  j  concluyó  con  Francisco  I, 
en  1516,  el  fbmoso  concordato  que  ha 
regido  á  la  Iglesia  de  Francia  por  es- 
pacio de  tres  siglos.  Mandó  predicar 
en  toda  la  cristiandad  indulgencias, 
que  vendió  á  muyalto  precio;prímero, 
con  el  fin  de  costear  una  cruzada  con* 
tra  los  turcos;  y  luego,  con  'a\  de  aca- 
bar la  basílica  de  San  Pedro,  dando 
lugar  con  este  abuso  á  las  disputas 
(^ue  produjeron  !a  Reforma,  y  por  úl- 
timo, en  1520,  excomulgó  á  Lutero, 
sin  lograr  por  eso  sofocar  la  herejía 
que  se  extendía  rápidamente  por  Ale- 
mania, habiendo  esto  dado  motivo  á 
que  algunos  autores,  con  escaso  fun- 
damento, hayan  supuesto  que  murió 
envenenado.  Su  pontificado  se  ilustró 
por  el  progreso  de  las  artes  y  de  las 
ciencias,  de  tal  modo,  que  aquella 
época  se  conoce  en  la  historia  con  el 
nombre  de  el  siglo  de  Lsóm  X.  En  él 
florecieron  Ariosto,  Berni,  Accolti, 
Alamanni,  Fracastor,  Sannazar,  Vi- 
da, Bembo,  Maquiavelo,  Guichardi- 
ni,  Sadoleto,  Miguel  Angel,  Rafael, 
Andrés  del  Sarto,  Julio  Romano  y 
otros  muchos  artistas,  que  son  hoy 
una  de  las  más  legítimas  glorias  de 
lUlia. 

León  (Juan).  Geágrafo  árabe-his- 
pano, llamado  el  A fricano,  que  nació 
en  Granada  por  los  años  de  1483  y 
murió  en  Túnez  en  1552.  Conducido 
al  Africa,  todavía  niño,  después  de  la 
toma  de  Granada,  hizo  sus  estudios 
en  Fox.  Viajó  lue^  por  el  Koite  d« 


LEÓN 


869 


Africa,  atravesó  el  Atlas  7  el  gran 

desierto,  visitó  á  ConstantinO^la,  Ara- 
bia, Persia,  Tartaria,  Armenia,  Siria 
y  Egipto.  Al  volver  á  su  país,  fué 
apresado  en  las  costas  de  Trípoli  por 
un  corsario  cristiano  y  conducido  á 
Roma,  donde  el  papa  LeÓn  X  le  cobró 
afecto,  le  hizo  instruir  en  la  religión 
cristiana  y  le  bautizó  con  los  nom- 
bres de  JuAM  Lbón,  que  eran  los  su- 
yos. Allí  aprendió  varios  idiomas  y 
enseñó  el  árabe;  pero,  segáa  parece, 
viéndose  olvidado  por  los  sucesores 
de  León  X,  volvió  al  AMca  y  se  fijó 
en  TúneZf  abrazando  de  nuevo  el  is- 
lamismo, y  acabó  allí  sos  días.  Sns 
principales  obras  son:  Deseripcié»  del 
A frica;  Tratado  de  los  sabios  célebres 
que  ha»  escrito  m  árabe;  VocabalM^io 
arábigo^español;  Batracio  de  las  erd»Í~ 
cas  nuthometanas;  Ds  la  reUgidn  maho- 
metana; Otamática  árabe  y  Tratado  de 
retórica  y  poesías  árabes, 

León  (ANDsás  de).  Pintor  é  ilumi- 
nador español  del  siglo  xvi,  que  na- 
ció en  León  y  tomó  el  hábito  de  reli- 
gioso jerónimo  en  Mejorada,  donde 
aprendió  á  pintar  con  el  padre  Cristó- 
bal Tmjillo.  Pasó  al  del  Escorial  por 
los  añes  de  1568,  cuando  se  estaba 
construyendo,  y  allí  ejecutó  varias 
obras  de  ^^n  mérito;  entre  eila^  las 
iluminaciones  del  libro  titulado  Capi- 
tnlario,  y  las  de  unos  cuadros  para  el 
camarín  del  mismo  monasterio. 

León  (Andbés).  Médico  espaflol  del 
siglo  XVI.  Era  natural  de  Granada; 
sirvió  en  clase  de  cirujano  en  el  ejérci- 
to de  Portugal,  con  el  duque  de  Alba, 
y  en  la  guerra  de  Granada,  con  Don 
Juan  de  Austria,  Bjerciómuchos  años 
la  Medicina  y  la  cirugía  en  Baeza,  y 
dejó,  entre  otras,  las  siguientes  obras: 
Tratado  de  oMtomU  y  Práetú»  de  mor- 
bo eallico. 

León  (Mabtín  de).  Escultor  eapa- 
Sol  del  siglo  zvi.  Sólo  se  le  conoce 
por  haber  ejecutado  en  1554  la  etti^ 
tna  en  alabastro  de  san  Orevorio, 
que  está  colocada  en  la  puerta  da  su 
capilla  en  la  catedral  de  Sevilla. 

León  (Nicolás).  Escultor  español, 
padre  y  maestro  del  anterior,  y  dis- 
cípulo de  Jorge  Fernández  Alemán. 
Trabajaba  en  1531  en  la  catedral 
de  Sevilla,  y  de  su  mano  son  los 
adornos  de  la  capilla  de  san  Gregorio 
y  Virgen  de  la  Estrella  de  dicha  ca- 
tedral, í 

León  (Rapabl).  Escultor  español, 
uno  de  los  raeíores  artistas  dd  si- 
glo xvt.  Residió  en  Toledo;  y  como 
algunos  disgustos  le  hicieran  dejar 
aquella  población,  fué  á  buscar  un 
asilo  al  convento  de  beraudos  de  san 
Martín  de  Valdeiglesias,  cuyos  mon-« 
jes  le  encargáronla  construcción  de 
una  sillería  para  el  coro  y  un  facis- 
tol, obras  que  llevó  á  cabo  en  diez 
afios  y  que  son  dos  magníficos  mode- 
los de  arte. 

León  Leal  (Siuón  de).  Pintor  es- 
pañol, que  nació  en  Madrid  en  1610 
y  murió  en  1687.  Fué  discípulo  de 
Pedro  de  las  Cuevas,  y  desempeñó  al- 
gunos empleos  en  palacio.  Sus  obras 
más  notables  fueron:  Bl  ¡pritm^o  de 


TOMO  111 


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370  LEÓN 

»«.  Nér.hertó,  pan  los  premostratonses 
de  Madrid;  ConcepcúS»,  para  los  capu- 
chinos del  Prado;  Virgen  de  la  Gloria, 
para  la  Inclusa,  j  Martirio  de  san  Ig- 
%^0y  para  el  colegio  del  Noviciado  de 
los  jesuítas. 

León  (JuAK  db).  Escultor  es]n&oI 
del  aiglo  xtui.  Entre  sus  mejores 
obras  se  citan  el  sepulcro  de  la  reina 
Bárbara,  mujer  de  Femando  VI,  que 
se  halla  en  el  conTento  de  las  Salesas 
de  Madrid;  empezó  también  el  de 
a^uel  re^,  pero  no  llegó  &  concluirlo; 
hizo  vanos  adornos  para  la  capilla  de 
Nuestra  Señora  del  Pilar  de  Zarago- 
za, en  compañía  de  Lorenzo  Lozano, 
y  otras  muchas  que  ejecutó  para  dife- 
rentes templos  de  Madrid. 

León  (Fblipb  de).  Pintor  español, 

2ue  murió  en  Sevilla  en  1728.  Imitó 
e  tal  manera  el  estilo  de  Murillo, 
que  muchas  de  sus  obras  se  confun- 
den con  las  de  aquel  maestro.  La  ma- 
yor parte  de  ellas  existe  en  Sevilla,  ; 
entre  las  más  notables  se  cita  un 
Eiiat  subiendo  al  cielo  e»  su  carra  de 
fuego,  que  es  nn  verdadero  prodigio 
de  dibujo  j  de  color. 

León  (Ceistóbal  db).  Pintor  espa- 
ñol, que  murió  en  Sevilla  en  1729. 
Fué  uno  de  los  mejores  discípulos  de 
Juan  de  Valdés  Leal;  pintó  coa  habi- 
lidad diferentes  frescos  en  la  iglesia 
de  San  Felipe  Nerí  de  Sevilla,  así 
como  18  retratos  de  venerables  de 
aquélla  congregación,  de  tamaño  na- 
tural y  al  óleo,  todo  con  buen  dibujo 
j  perfección. 

■  Xieón(Disao).Condede6eIascoain, 

Sneral  español»  que  nació  en  Górdo- 
en  ISOTymurid  en  Madrid  en  1841. 
Entró  de  capitán  en  el  regimiento  de 
Almausa,  I."  de  dragones,  en  1824; 

fiasó  luego  á  la  guardia  real  de  caba- 
lería,  y  allí  obtuvo  el  empleo  de  co- 
mandante, que  desempeñaba  al  esta- 
llar la  guerra  civil.  Destinado  al  ejer- 
cito del  Norte,  se  distinguió  en  las 
accionei  de  Urbina,  Muez,  Nazar, 
Asarta,  puente  de  Arquijas,  Los  Ar- 
cos, Larniga,  Arroniz  y  Mendigorria, 
recibiendo  por  esta  última  la  cruz  lau- 
reada de  San  Fernando;  continuó  se- 
ñalándose en  Salvatierra,  Guevara, 
Estella,  MoQtejurra,  Arlabán,  Berrio 
Plano  j  Zubiri.  Nombrado  coronel  del 
regimiento  de  húsares,  pérsiffuió  á  las 
órdenes  de  Alaix  á  la  expedición  de 
Gtimez,  causando  á  éste  en  Cuenca 
una  terrible  derrota,  que  le  valió  el 
empleo  de  brigadier.  Cuando  se  veri- 
fico la  expedición  del  Pretendiente  al 
interior,  sa  señaló  brillantemente  en 
los  combates  de  Gra,  Aranzueque  y 
Huerta  del  Rej,  siendo  nombrado 
mariscal  de  campo  y  encargado  del 
mando  de  las  fuerzas  destinadas  á  ope- 
rar en  Navarra;  allí  fué  su  hecho  más 
brillante  el  ataque  del  puente  y  pue- 
blo de  Belascoain,  de  que  se  apoderó 
entrando-á  caballo  por  la  tronera  dé  un 
cañón,  T  en  premio  del  cual  se  le  con- 
cedió el  título  de  conde  de  Belascoain. 
Pacificadas  las  provincias  del  Norte, 
pasó  con  su  ejército  á  Aragón;  tuvo 
algunas  desavenencias  con  el  general 
Sspafterot  y  habiéndole  nombrado  la 


LEÓN 

Reina  Gobernadora  teniente  general, 
no  qniso  admitir  el  empleo  hasta  ga- 
narle al  frente  del  enemigro,  como  lo 
verificó  en  Segura,  Castellote,  More- 
Ua  y  Berga.  Cuando  empezaron  á  ma< 
nifestarse  los  primeros  síntomas  de 
la  revolución  de  1840,  fué  nombrado 
capitán  general  de  Castilla  la  Nueva, 
pero  no  pudo  tomar  posesión  do  este 
destino  por  haber  estallado  el  movi- 
miento cuando  llegó,  j  tuvo  que  limi- 
tarse á  tomar  el  mando  de  las  tropas 
que  no  se  habían  pronunciado  j  se 
hallaban  acantonadas  en  Tarancón, 
en  cuyo  punto  se  mantuvo  observando 
los  progresos  de  la  revolución  sin  hos- 
tilizarla. Colocado  el  general  Espar- 
tero al  frente  del  nuevo  ministerio,  le 
aconsejó  hiciera  dimisión  del  mando 
y  pidiera  licencia  para  el  extranjero, 
como  lo  verificó  León,  pasando  á  Fran- 
cia por  algún  tiempo,  después  del 
cual  regreso  á  Madrid  y  vivió  retira- 
do. En  tal  estado,  tomó  parte  en  la 
conjuráción  militar  de  que  dió  la  se- 
ñal el  general  O'DonneU  sublevándo- 
se en  Pamplona  en  1841  ^  apoderán- 
dose por  sorpresa  de  la  cindadela;  en 
la  noche  del  7  de  Octubre,  día  señala- 
do para  dar  el  golpe  en  Madrid,  acu- 
dió León  á  media  noche  á  asaltar  el 
palacio  real  en  unión  con  el  general 
Concha,  el  brigadier  Pezuela,  Mar- 
chesi  y  otros  varios,  que  habían  lo- 
grado seducir  algunas  fuerzas  de  la 

fuarnición;  pero  atacados  por  el  resto 
e  ella,  j  por  la  milicia  nacional, 
mientras  que  el  esfuerzo  de  diez  y 
ocho  guardias  alabarderos  les  impe- 
día penetrar  en  el  palacio,  hubieron 
de  emprender  la  fuga  á  la  madruga- 
da. Al  llegar  á  la  Puerta  de  Hierro, 
perdió  haoy  su  caballo,  y  tomando  el 
de  un  soldado,  continuó  huyendo,  has- 
ta que  cayó,  por  fin,  en  poder  de  los 
húsares  que  le  perseguían,  cerca  de 
Navalcarnero.  Conducido  á  Madrid, 
fué  juzgfido  por  un  consejo  de  guerra, 
que  le  condenó  á  ser  pasado  por  las 
armas,  sentencia  que  se  ejecutó  el 
día  15  de  dicho  mes,  sufriéndola  con 
el  valor  j  serenidad  que  siempre  le 
distinguieron.  (Sala,.) 

Retiña. — El  fusilamiento  del  perso- 
naje de  esta  biografía  fué  un  día  de 
luto  para  toda  España.  El  general 
Lbón  se  pone  de  rodillas,  mira  á  los 
soldados  y  les  manda  hacer  fuego  so- 
bre su  general,  cuando  no  había  cum- 
plido ^  años.  Los  soldados  lloraban; 
y  aquellos  soldados  que  lloran,  matan 
al  héroe.  Hay  sepulcros  que  están  pe- 
sando sobre  otros  sepulcros;  y  es  evi- 
dente que  la  tumba  del  insigne  conde 
de  Belascoain  pesa  sobre  una  tumba 
muy  gloriosa,  cuyo  nombre  no  nos 
atrevemos  á  revelar,  porque  el  juicio 
de  la  Providencia  y  la  veneración  po- 
nen un  sello  en  nuestros  labios.  No 
es  el  mártir  valiente  quien  tiene  más 
derecho  á  nuestras  lágrimas,  porque 
un  do^ma  santo  nos  dice  que,  entre 
el  sacrificado  y  el  saerifícador,  no  es 
el  sacrificado  quien  necesita  que  le 
auxiliemos  con  el  voto  de  nuestra  pie- 
dad. ¡Duerme  tranquilo,  Dieoo  db 
LbókI  {Oaerme  sin  peña,  ilustre  víc- 


LEÓN 

tima!  Si  los  muertos  puedan  teau 
güilo,  muéstrate  orgulloso  ante  él  iiú. 
ció  de  las  generaciones  y  ante  k  nis. 
toria  de  tu  patria. 

León.  Masculino,  geografía.  Aati- 
gao  reino  de  su  nombre,  creado  en  el 
siglo  vui  por  los  reyes  de  Oviedo,  su- 
cesores de  Pelayo,  y  reunido  defioití- 
vamente  á  la  coronada  Castilla  «itl230 
por  ei  rejr  Üoji  Fernando  UI,  Uamido 
el  Sanio, — Su  territorio  tuvo  diferen- 
tes límites,  según  los  azares  da  Iti 
guerras  y  de  las  conquistas  de  que  foé 
objeto;  pero  en  su  último  estado  abii- 
caba  aproximadamente  el  que  lio; 
ocnpan  las  provincias  de  Lbón,  Zam- 
ra,  Valladoiid,  Patencia  y  Salamna, 
las  cuales  se  hallaban  comprendidas 
bajo  la  denominación  de  Reino  de 
Lbón.— Este  estaba  situado  entre  loi 
40'  10'-43'  5'  de  latitud  septentriontl 
7  6*-9*  31'  de  longitud  occideatil, 
confinando;  al  Norte,  con  Asturiu; 
al  Este,  con  Castilla  la  Vieja;  al  Snr, 
con  Extremadura,  y  si  Oeste,  con  Gi* 
licia  y  Portugal. 

Lbóh  es  provincia  de  tersen  due 
en  lo  civil  y  administrativo,  depen- 
diente, en  el  orden  judicial,  de  la  ta* 
diencia  de  Valladolid,  y  en  el  militar, 
de  la  capitanía  general  de  Castilli  U 
Vieja,  formada,  en  virtud  de  decreto 
de  las  Cortes,  en  1822,  de  la  majoi 
parte  de  la  antigua  provincia  de  igual 
nombre  y  de  una  pequefia  poretén  de 
la  de  Valladolid. 

I.  Situación  astronómica. — Encaéa- 
trase  ésta  comprendida  entre  los  42* 
4'  'W-i^'  6'  O"  de  latitud  septentrio- 
nal y  los  O'  56'  37'  W  de  Ion- 
gitud  occidental  del .  meridiuio  de 
Madrid. 

.  2.  ¿{fli¿tof.—^egiin  la  última  divi- 
sión decretada  en  30  de  Noviembre 
de  1833,  el  territorio  de  esta  prorin- 
cia  ge  halla  limitado:  al  Norte,  poi  la 
de  Oviedo;  al  Este,  por  la  de  Falen- 
cia; al  Silr,  por  las  de  Valladolid  7 
Zamora,  y  al  Oeste,  por  las  de  Lugo 
y  Orense. 

3.  Superjicie, — ^Los  anteriores  lími- 
tes abarcan  una  extensión  de  160  ki- 
lómetros de  largo,  de  Oriente  i  Oc- 
cidente; 116  de  ancho, deNorteáHe* 
dtodía,  y  15.971  cuadrados  de  sopei* 
fieie. 

4.  /'«¿¿soA.— Asciende,  s^ún  el 
último  censo,  llevado  á  cabo  en  1887, 
á  380.637  habitantes,  distribuidos  M 
1.021  poblaciones,  las  cuales  consti- 
tuyen 234  ayuntamientos,  agmpi- 
dos  en  los  10  partidos  judiciales  si- 
guientes: Astorga,  La  Bañeza,  LeóVi 
Murtas  de  Paredes^  Ponf  errada,  Rit^o, 
SaAagún,  Valencia  de  Don  Juan,  U 
Veciíla  y  Villafranca  del  Bierzo.  . 

5.  Cima. — La  temperatura  qne  » 
disfruta  en  esta  provincia,  es  de  tal 
suerte  inconstante,  que  el  menor  cam- 
bio de  viento  ó  la  lluvia  produce  una 
repentina  y  brusca  transición  del  ca- 
lor al  frío  y  viceversa :  esto  no  obs- 
tante, el  clima  es  generalmente  seco 
y  sano. 

6.  Accidentesy  calidad  del  terreno,^ 
Este  país  aparece  cortado  por  vanas 
sierras;  además  de  ^a  gr^n  j»>r4ill*^* 


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LEÓN 


LEÓN 


LEÓN  371 


S»  n  inurcando,  por  la  parte  Norte, 
Umite  con  Oviedo;  7,  por  el  Oeste, 
separando  U  pioTÍacia  de  las  de  Lugo 
y  Orense,  existe  otra  mucho  el^ 
T¡ada  qae«  corriendo  de  Norte  &  Me- 
diodUr  divide  al  territorio  ei.  dos 
^rmndei  saccionei;  de  estas  cordille- 
ras se  deprenden  numerosos  ramales 
que  van  formando  valles  más  tS  menos 
extensos,  hasta  que,  baj&ndose  gra- 
dualmente. Tienen  á  terminar  en  vas- 
tbimas  llanuras. — La  calidad  del  te- 
rreno es  fipeneralmente  arcillosa  j  are- 
nisca ó  sñícéa. 

7.  ^ÍM.-ErTodos  los  que  nacen  j_ 
corren  por  la  parte  oriental,  van  á 
desaguar  en  el  más  caudaloso  de  la 
comarca,  el  Duero,  el  cual  la  divide 
casi  en  dos  mitades;  y,  por  el  contra- 
rio, todos  los  que  tienen  su  origen  y 
fertilizan  la  sección  occidental,  des- 
embocan en  el  Jíiño;  entre  los  prime- 
ros, figuran  el  Ssla,  el  Orbtgo,  el 
TnertOy  el  Luna,  el  JBemesga  y  el  To~ 
rU;  entre  los  segundos,  el  >SVt,  el  Boe- 
sm,  el  Busbia,  el  Cha  y  el  Valcaree,— 
Todas  estas  corrientes,  que  constíta- 
jen  otras  tantas  riberas,  más  ó  menos 

r alongadas  en  ana  extensión  de  60 
90  kUómetros,  están  llenas  de  saltos 
y  de  cascadas,  efecto  del  desnivel  con* 
tiderable  que  llevan  sus  aguas. 

8.  Producciones, — Las  de  este  país 
son,  tan  variadas  como  el  clima;  en 
las  montañas,  especialmente  en  las 
de  Valdeburón,  abunda  el  arbolado 
de  haja,  madera  may  estimada  por 
su  solides  para  toda  clase  de  cons- 
trucdones,  cuyos  gruesos  y  ramosos 
árboles  producen  una  fruta  de  la  &- 
milia  de  las  bellotas,  de  la  que  se  ex- 
trae un  aeeíte  que  suelen  usar  los  na- 
tuales  .para  el  alumbrado;  eií  la  cor- 
dillera de.  FoncebadiSn,  loboatas  en- 
cinas j  numerosos  acebos;  en  ú  Bier- 
Ko,  multitud  de  acebucfae^  ú  olivos 
silvestres  y  alcornoques;  en  los  cru- 
ceros de  las  riberas,  se  encuentran  el 
roble,  la  estepa,  el  brezo,  fresnos, 
chopos  j  álamos  negros;  en  los  valles 
profundos,  con  exposición  al  Norte, 
una  especie  de  sauce,  llamado  husera, 
eayt  madera,  superior  al  boj  ,  es  dura, 
blanca,  lustrosa  y  muj  parecida  al 
marfil;  el  mostajo,  el  cerezo,  el  man- 
zano otra  inBntdad.de  árboles  de 
fruta  silvestre,  que  comen  los  patu- 
rales  de  la  jparte  llana  de  la  sección 
oriental,  mientras  que  en  la  occiden- 
tal se  crían  los  frutales  de  todas  es- 
pecie^ en  [grande  abundancia,  pues 
sólo  en  cerezas  le  conocen  más  de 
Teínto  variedades  exquisitas. — ^En  la 
parte  oriental  se  ven  páramos  estéri- 
les, que  sólo  á  fuerza  de  trabajo  pro- 
ducen alguna  cantidad  de  centeno; 
fértiles  llanuras  cubiertas  de  cereales 
y  legumbres;  inmensas  laderas  pobla- 
das de  vides;  extensas  vegasj  en  que 
abunda  el  Uno;  valles  cuajados  de  hor- 
talizas ^  de  forraje;  dehesas,  en  que 
se  apacientan  ganados  de  todas  clases; 

finalmente»  montes  j  bosques  que 
saministran  ezcelmtes  maderas  de 
construeeidn,  de  combustible  y  na- 
aeroM  ata  XBéyos  y  menor.  £n  los 
9uiy«K  MnaentwBf » en  donde  M  íím- 


firuta  lo  más  templado  de  su  díma, 
merced  á  la  excelencia  de  arbolado, 
puede  añadirse  á  los  productos  men* 
cionados  la  plantación  del  castaño, 
del  nogal,  de  la  higuera,  del  grana- 
do, del  olivo  y  de  otros  muchos  árbo- 
les frutales  delicadísimos. — La  pobla* 
ción  de  la  montaña  es  esencialmente 
ganadera;  la  de  los  llanos,  exclusiva- 
mente agrícola;  la  de  los  valles,  se 
dedica  á  ambas  cosas:  los  sabrosos  y 
nutritivos  pastos  de  los  partidos  de 
Murías  de  Paredes,  Riaño  y  otros, 
sustentan  un  considerable  número  de 
ganados  trashumantes;  los  del  resto 
dé  la  provincia,  cantidad  suficiente  de 
ganados  estantes  de  todas  clases. — 
Aparte  de  algunas  minas  de  hierro, 
de  carbón  de  piedra  y  de  antimonio, 
encuéntrense  en  las  montañas  limí- 
trofes con  Asturias  algunas  canteras 
de  mármol  y  jaspe  de  vistosos  y  va- 
riados colores;  en  Boñar,  una  piedra 
blanca  muy  fácil  de  labrar  cuando  se 
extrae,  pero  que  después  se  endurece 
y  toma  un  color  amarillento;  las  de- 
más moñtaftas  son  de  pizarra,  roca 
primitiva,  sillería  6  granito,  frecuen- 
temente incrustado  de  cristal  de  roca. 
— ^Todos  los  ríos  que  bañan  el  territo- 
rio, ofrecen  abundante  pesca  de  an- 
guilas, truchas,  sábalos,  Wbos,  ten- 
cas j  otros  peces. 

9.  Industria. — La  del  país  que  nos 
ocupa  es  de  escasa  importancia:  las 
fábricas  son  poco  notables;  los  telares 
de  lino,  comunes  á  todos  los  pueblos; 
la  ganadería,  que  es  la  que  mejor 
aspecto  presenta,  está  reducida  á  los 
productos  de  su  agricultura.  Los  mo- 
radores de  las  montañas  se  dedican  á 
la  fabricación  de  ruedas  y  laboreo  de 
maderas  para  cubas  y  construcción  de 
edificios;  en  los  distritos  ganaderos, 
que  lo  son  casi  todos  los  de  la  pro- 
vincia, sé  elaboran  quesos,  de  no  muy 
buena  calidad,  y  una  manteca  exqui- 
sita, perfectamente  imitada  á  la  de 
Flandes.  Gran  parte  de  las  faenas  del 
campo'está  connada  al  sexo  débil. 

10.  Comerdo.-^La,  exportación  de 
granos,  frutas,  ganados,  particular- 
mente el  de  cerda,  que  abunda  en 
todas  las  poblaciones  rurales,  y  de  sa- 
brosísimos jamones,  y  la  importación 
de  pescados  de  mar  y  otros  artículos 
de  primera  necesidad,  constituyen 
los  principales  productos  de  su  co- 
mercio. 

11.  León. — Capital  de  la  provin- 
cia, de  la  jurisdicción  7  diócesis  de 
su  nombre,  audiencia  y  capitanía  ge- 
neral de  Valladolid. — Está  situada  en 
una  deliciosa  y  feracísima  campiña, 
en  la  confluencia  de  los  ríos  Torio  y 
Beroesga,  que  la  bañan  respectiva- 
mente por  el  Oriente  v  el  Occidente, 
á  los  42'  36'  de  latitud  Norte  y  1°  50' 
de  longitud  Oeste  del  meridiano  de 
Madrid. — Dista  de  esta  población  320 
kilómetros;  es  resideocia  de  las  pri- 
meras autoridades  civil  y  militar,  de 
un  obispado,  el  más  antiguo  del  rei- 
no; y  cuenta  además  13.446  habitan- 
tes, escuelas  normal  superior  y  de  ve- 
terinaria, aeminario  eondliar,  insti- 
tuto; liútqintal,  kbspiciOf  teatro,  cuar- 


teles. Banco  j  varios  ¡oflegíós  de 
primera  enseñanza. — SI  clima  es  ge- 
neralmente húmedo  y  (tío,  á  causa  de 
las  muchas  nieves  que  cubren  gran 

Sarte  del  año  las  montanas  del  Norte, 
el  Oriente  y  del  Occidente,  no  obs- 
tante hallarse  las  más  próximas  á  28 
kilómetros  de  distancia.— La  ciudad 
es  de  figura  ochavada,  según  le  ob- 
serva en  el  curso  de  sus  murallas^ ' 
construidas  en  tiempos  de  los  roma- 
nos, de  las  euales  sólo  quedan  vestí- 

fios;  su  plaza  más  notable,  la  Mayor 
de  la  ConttitucióHt  la  cual  presenu 
un  hermoso  cuadro  de  ediñcios  con 
halcones,  rodeada  de  soportales,  que 
sirve  de  punto  de  reunión  á  lo  más 
escogido  de  la  ciudad,  así  en  los  días 
crudos  y  lluviósos  de  invierno  como 
en  las  apacibles  noches  de  verano. — 
Entre  sus  ediñcios  más  celebrados,  se 
citan:  la  casa  cajntular  t/  consiitorial, 
de  órdenes  dórico  v  jónico,  edificada 
en  1565  por  Juan  Bivera,  de  piedra; 
sillería  labrada  con  esmero,  dos  torres 
en  los  costados  y  con  escudos  de  ar- 
mas y  aguias  guarnecidas  de  pizana; 
el  íeaíro,  levantado,  en  1845,  «1.  lá 
plaza  de  San  Marcelo;  la  casa  de  los 
condes  de  Luna,  de  aspecto  suntuoso, 
y  la  llamada  de  los  Gutmanes,  toda  de 
piedra  sillería  pulidamente  labrada; 
el  palacio  episcopal,  con  hermosas  ha- 
bitaciones de  invierno  y  de  verano, 
excelente  patio  con  columnas  de  pie- 
dra y  una  anchísima  escalera  de  már- 
mol, dividida  en  tres  tramos;  el  mo- 
nasterio de  la  iglesia  de  san  Marcos, 
que  contiene  una  rica  biblioteca;  el 
de  San  Isidoro,  de  estilo  bizantino, 
panteón  de  varios  miunbros  de  las  fa- 
milias reales  de  Bspafta;  la  magnífica 
capilla  del  antiguo  eomeiUo  deios  be^ 
nedictinos;  y  finalmente,  la  eétedral, 
templo  famoso,  al  cual  vamos  i  con- 
sagrar algunas  palabras.  Bata  sun- 
tuosa basUica  de  la  Asunciífn,  de  ca- 
rácter esencialmente  gótico  ó  de  esti- 
lo ojival,  está  considerada  como  lo 
mejor,  lo  más  grandioso  y  delicado 
en  su  clase  que  existe  en  España. 
Segán  expresión  vulgar,  la  catedral 
de  Sevilla  es  grande;  la  de  Toledo, 
rica;  la  de  Santiago,  sólida;  pero  la 
de  León,,  las  aventaja  á  todas  en  ele- 
gancia, hermosura,  gentileza 7^  clari- 
dad. Su  construcción  es  verdadera- 
mente admirable,  al  par  que  dig^a 
de  su  celebridad,  por  su  ligereza  y  va- 
lentía: asombra,  en  efecto,  al  genio 
pensador  el  profundo,  el  subUme  eo- 
nocimiento  de  estática  de  su  inventor 
y  la  facilidad  con  que  yor  sus  leves 
aligeró  los  puntos  de  carga,  condu-^ 
ciendo  los  enormes  pesos,  grandes  es- 
fuerzos de  sus  arcos  y  bóvedas  de  si- 
llería, por  medio  de  arcos  botarles, 
á  los  bien  calculados  estribos  que  las 
reciben,  apojan  y  aseguran  Sólida- 
mente: su  obra,  según  la  expresión 
feliz  de  un  autor,  es  una  máqui- 
na perfectamente  organizada,  cujos 
miembros,  armónicamente  combina- 
dos, forman  el  cuerpo  arquitectónico 
más  esbelto  7  magnifico  que  se«ono- 
ce;  T  maravilla  como  sn  £ábli«Br  de 
piedla  rillflria  toda  jr  do  tan  «xtmo»- 


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372  LEON 


LEÓN 


LEÓN 


dinarU  delíeiHlQM,  se  nuatieae  en 
pie  tan  íntegra  j  firme,  sin  que  la 
arrebate  ni  coumueva  el  viento.— 
El  exterior  de  este  edificio,  levanta- 
do en  el  siglo  xin«  es  grandioso,  pues 
en  todas  direcciones  se  advierten 
corredorcillos,  estatuas,  candelabros» 
áameros  j  otros  adornos,  rematan- 
do los  botareles,  torrecillas  j  fronto- 
nei.  ffl  pórtico  á  fachada  principal, 
que  mira  á  Oeeidente,  presenta  cinco 
hermosos  araoi  en  ojiva,  tres  de  los 
cualei  abren  paso  á  otras  tantas  na- 
ves d«  la  ig'lesia:  sobre  estoi  cinco 
arcoi»  corre  un  elegante  antepecho 
calado;  en  el  maro,  se  deva  un  cuer- 
po que  termina  con  dos  templetes  j 
un  rosetón  igualmente  calado  en  ter- 
cer cuerpo;  y  en  el  centro  del  segun- 
do, se  ve  una  magnífica  ventana  cir- 
cular: colocadas  al  rededor  de  los  pi- 
lares T  entre  las  puertas,  se  cuentan 
más  de  40  estatuas,  del  tamaño  poco 
major  que  el  natural.  A.  cada  extre- 
mo de  los  arcos,  se  elevan  dos  gran- 
des torres,  de  indisputable  belleza; 
pero  menos  airosas  J  delicadas  que 
tas  de  Burgos;  menos  severas  y  ma- 
jestuosas que  las  de  Palma:  en  la  que 
da  frente  al  Mediodía,  más  hermosa, 
de  mayor  elevamdn  y  de  mejor  gusto 
que  U  del  Norte,  se  ve  la  excelente 
máquina  del  reloj  construida  en  Lon- 
dres; ambas  tienen  cuerpo  de  campa- 
nas y  cubierta  piramidal  con  torreci- 
lla y  varios  remates  por  adorno  sobre 
el  ultimo  cuerpo.  En  el  centro  de  esta 
fachada,  en  un  escaparate  de  cris- 
tales y  sobre  un  pedestal  de  sillería, 
aparece  colocada  una  ^ran  figura  de 
Nuestra  SeíLora,  denominada  La  Blan- 
ca, cuyo  nombre  lleva  igualmente  la 
facha^.  La  del  Sur,  presenta  un  be- 
llísimo aspecto;  su  decoración  está  li- 
mitada á  tres  hermosos  arcos  góticos 
de  bastante  luz,  coronados  con  ante- 
pecho calado  y  conteniendo  rasgos  de 
miediaiu  escnltnra  y  algunas  estatuas 
de  regular  magnitud.  Las  dos  facha- 
das se  encuentran  circuidas  por  una 
elegantísima  vei^a  de  hierro,  entre 
pedestales  de  marmol,  de  orden  co- 
rintio, los  cuales  rematan  en  esta- 
tuas, jarrones,  bolas  y  otros  adornos, 
primorosamente  trabajados.  Todo  el 
exterior  de  este  maravilloso  monu- 
mento del  arte  arquitectónico  presen- 
ta una  admirable  profusión  de  esta- 
tuas y  esculturas;  pero  esta  admira- 
ción sabe  de  punto  cuando  se  penetra 
en  el  interior.  Los  pilares  cuadrados 
que  sostienen  los  arcos  de  las  bóvedas, 
soa.de  una.delicadua  extremada,  y 
los  muros  que  forman  el  circuito,  han 
sido  de  tal  modo  alambicados  por  los 
artistas,  que  en  algunas  partes  ape- 
nas tienen  30  centímetros  de  espesor, 
no  concibiéndose  cómo  pueden  soste- 
nerse. La  catedral  se  compone  de  nave, 
crucero  y  presbiterio,  que  afectan  la 
figura  de  una  cruz  latina,  decorada 
de  ligeros  pilares,  sobre  los  cuales 
descansan  los  grandes  arcos,  en  que 
apoyan  hermosas  bóvedas  de  arista; 
«n  9Í  centro,  sobre  cuatro  robustos 
littM  tonles,  se  eleva  una  media  na- 
xaajt,  CM  linterna,  deeoxadas  ambas 


cou  exquisito  gusto.  A.  los  lados  del 
crucero  y  al  pie  de  la  nave  mayor,  se 
ven  soberbias  ventanas  circulares  en 
el  pie  y  brazo  Norte,  y  una  angular, 
en  el  braio  Sur,  de  extraordinario 
diámetro,  caladas  de  piedra  y  cerra- 
das con  cristales  de  colores;  las  que 
se  observan  en  los  interpilares,  sobre 
sus  capiteles  y  debajo  de  las  cimbras 
de  las  bóvedas  de  ansta,  están  forma- 
das con  nervios  de  piedra  y  cerradas 
igualmente  con  cristales  de  colores, 
que  representan  varias  y  bellísimas 
figuras;  y  en  el  presbiterio»  sobre  el 
retablo  mayor,  todos  los  Innatos  tie- 
nen también  ventanas  de  sv  magni- 
tud y  forma,  cerradas,  como  las  otras, 
con  lA  misma  especie  de  cristales.  La 
galería,  que  rodea  la  nave,  as  de  un 
trabajo  maravilloso;  y  las  ventanas  se 
encuentran  separadas  por  grupos  ca- 
prichosos y  pintorescos  de  cuatro  es- 
tatuas. El  retablo  principal,  dedicado 
á  la  Atwtción  de  Nuestra  Señora,  está 
situado  en  el  cascarón  del  presbiterio, 
en  un  magnífico  basamento  de  már- 
moles oscuros,  vetosos  y  bien  puli- 
mentados; sobre  este  basamento  se 
halla  el  primer  cuerpo  de  arquitec- 
tura, de  orden  corintio;  y  encima,  nn 
ático  del  mismo  orden,  ocupando:  el 
centro,  la  estatua  de  la  AsmieidH, 
de  tamaño  natural;  y  en  los  extre- 
mos, las  figuns  de  los  apóstoles,  con- 
templando, como  absortos,  la  eleva- 
ción de  la  Virgen  en  una  nnbe  soste- 
nida por  querubines.  Sobre  el  cruce- 
ro y  parte  oriental  del  edificio,  hay 
siete  capillas,  con  hermosos  reta- 
blos, decoradas  por  el  estilo  de  las 
demás  naves  y  perfectamente  cerra- 
das con  verjas  de  hierro.  El  coro 
tiene  dos  órdenes  de  sillería,  cuyos 
sillones,  de  madera  de  nogal  bien 
trabajada,  ostentan  figuras  de  bajo 
relieve  hábilmente  esculpidas :  en 
el  centro  del  muro  qne  cierta  el 
coro,  hasta  la  altura  del  órgano,  hay 
una  puerta  en  arco  de  medio  punto, 
el  cimI  abre  paso  i  la  nave  mayor;  y 
en  este  sitio,  al  lado  de  la  epístola, 
está  el  ór^no,  notable  por  sus  nume- 
rosos registros  v  la  belleza  de  las  fí- 

furas  que  le  adornan.  A.  la  entrada 
el  presbiterio  se  ven  dos  magníficos 
pulpitos  de  mármoles  embutidos  y  de 
colores,  cubiertos  de  bien  trabajados 
tornavoces,  y  los  arcos,  que  comuni- 
can con  las  naves,  aparecen  cerrados 
de  altas  y  robustas  verjas,  con  ricos 
dorados,  sobre  basamentos  de  mármol 
oscuro  y  vetoso.  Por  último,  el  prM- 
biterio  y  el  coro  se  encuentran  igual- 
mente cerrados  por  otra  hermosa  Teiw 
ja  de  hierro  con  adornos  de  bronce. 
La  &mosa  catedral  de  León  es  una 
especie  de  prodigio,  en  que  se  reúnen 
armoniosamente  el  misterio  del  orden 
gótico,  la  esbelta  elegancia  del  orden 
árabe,  la  idealidad  del  arte  griego  y 
la  solidez  del  arte  romano.  Con  dolor 
y  orgullo  nos  despedimos  de  este 
magnífico  monumento  de  nuestra  pa- 
tria.— Los  alrededores  de  esta  capital, 

S oblados  de  árboles  y  huertas,  onecen 
elieioafsimos  paseos;  el  terreno  es 
d«  exeelsata  calidad;  sos  prineípales 


produccioDCS  consistan  sn  tfigo,  ce- 
Dada,  legumbres,  patatas,  hort^su, 
frutas,  florea,  drogas.  Uno,  del  cual 
hacen  el  ramo  más  importaate  de  ra 

industria,  oonvírtiéndoie  enkilaxay 
lenceria;  baenos  pastos,  que  se  desti- 
nan ála  CTÍm  de  ganados;  naochay 
variada  caza  de  aves,  y  abundante 
pesca  de  truchas,  anguilas  y  otros 
peces. — La  industria  cnenta  algunu 
hilanderías  de  lino,  fábricas  de  teji- 
dos de  lana,  de  telas,  y,  particular- 
mente, de  guantes,  que  son  objeto  de 
un  considerable  comercio. — ^Bste  es 
insignificante,  si  se  exceptúa  el  de 

S ranos,  c[ue  se  hace  eon  la  provineii 
e  Asturias. — Las  ferias  que  se  cele- 
bran en  esta  poldación  son  tras:  mu, 
el  día  de  San  Juan,  en  la  que  aa  ven- 
den ganado  de  todas  clases,  efectos 

ftara  Ta  labranza,  paños,  lienzos,  te- 
as, mantelerías  y  objetos  de  quinca- 
lla; otra,  en  Todot  Santotj  á  la  que  se 
lleva  mucho  ganado  mular  de  cría, 
caballar,  asnal  y  boyal;  ^  la  tercera, 
t\30d«  Nwimortt  idéntica  en  todos 
la  anterior,  salva  ú  particolaridad  de 
concurrir  mncho  ganado  de  cerda. 

12.  Poblacione*  nolahUs.  —  En  el 
Biem^  vaUe  frondosísimo  y  abundan- 
te en  frutas,  vino,  castañas  y  Uno,  se 
encuentran:  P<mf*rrada,  con  3.974 
almas;  Villa/rMca,  eon  2.913,  y  ÍTaN' 
bibre,  con  2.372,  cuyos  habitantes»  co- 
nocidos eon  el  nombre  de  mtragatos, 
se  dedican  á  la  arriería,  que  ejercen 
con  toda  probidad,  y  cuyo  traje,  que 
no  carece  de  originalidad  y  de  elegan- 
cia, se  supone  ser  el  de  los  primitivos 
moradores  de  España.— jliíorya,  du- 
dad episcopal  &mo8Ísima,  con  6.000 
almas,  antiquísimas  murallas  y  una 
catedral  gótica,  en  la  que  se  ve  el  fa- 
moso reloj  de  los  mar^atoi. — La  Bt- 
ñeea,  eon  2.776  habitantes,  y  Mmti- 
lla,  con  1.268,  pueblos  ambos  ds  con- 
sideración por  su  gran  comercio  en 
ganados. — Sahagúnt  villa  célebre  por 
su  antiguo  monasterio  de  banedieti- 
nos,  situáda  sobre  el  Cea,  con  2.657 
habitantes. —  Valencia  <U  Don  Juan, 
antigua  Cogania,  memorable  por  su 
Concilio,  asentada  sobre  el  Esta,  coa 
campiña  feraz  y  2.380  almas,  y  Sm 
Adftán  del  Valit,  con  903  y  agoas  sa- 
linas termales. 

13.  Carácitr  de  Im  kabidtnUt^KÍ 
tipo  del  kímé$  es,  por  lo  general,  so- 
brio, franco,  honrado,  laborioso  y  pa- 
cífico; el  moníañéi,  sutil,  alegre,  exce- 
lente amigo,  obsequioso,  atable,  tra- 
bajador, agradecido  y  muy  celoso  por 

U  educación  de  sus  hijos;  el  forme»,  \ 
morigerado,  activo  é  iudastrioso;  el 
riberano,  irascible,  soberbio  y  mu/ 
dejado  para  la  crianza  de  la  familia; 
el  maragato,  cuyo  buen  continente  es 
harto  conocido  para  que  nos  detenga- 
mos en  reseñarle;  y  en  cuanto  á  las 
mujeres,  el  penoso  trabajo  del  campo, 
á  que  tienen  forzosamente  qne  deai- 
carse  para  suplir  la  ausencia  de  sus 
maridos,  las  nace  excelentes  madres, 
con  una  resignación  y  sufrimiento 
heroicos  para  las  privaciones  de  la 
vida.  Las  «lavadas  mentabas  míe  oeur 
pan  U  parto  «ás  lapmtrimu  M  Is 


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LEÓN 


LEÓN 


LEÓN  373 


MovintSK.  estáa  poblados  de  hqmlirea 
dóeÜM,  sendllos  j  laboriosos,  dedica- 
dos easi  exelusívamente  al  cuidado  de 
sus  ganados  vacuno  j  lanar,  y  á  las 
ferrerías. 

14.  BUtsria. — Créese  que  la  fan- 
dacióa  de  esta  ciudad  tuvo  lug^r  des* 
puM  d«  terminada  deñaitivamente  la 
yiiem  cantábrica  por  Agrippa;  los 
ronunos,  al  establecerse  en  ella,  la 
lUmaron  Lboio  Séptima  (remina,  que 
era  el  nombre  de  k  leoión  que  la  oca- 

Saba  (véase  nuestro  artículo  Leoión), 
el  cual  tomó  el  de  hv6s,  que  ae- 
toalmeute  la  distingue.  De  las  an- 
tigüedades romanas  de  esta  pobla- 
ción, sólo  han  quedado  unos  ladrillos 

fraudes  j  gruesos,  en  los  que  se  lee: 
BG,  VII  GEM,  P,  F.  Cuando  Pto- 
lomeo  escribió  sus  É^ósis  geográfioa^ 
era  ja  Lsón  ciudad  insigne,  apare- 
ciendo con  el  nombre  de  Germámt^ 
en  vez  de  Gemina,  por  ignorancia  sin 
duda  de  los  copiantes.  En  el  Itinera- 
rio de  Antonino  Pío  (véaie  nuestro 
artículo  Calzada),  se  lea  correcta- 
mente L^io  Stpiima  Gemina,  figuran- 
do eomo  el  término  de  un  camino  de 
Italia,  que  cruzaba  la  Galia  j  toda 
la  península  española,  desde  Oriente 
á  Norte,  Bn  los  siglos  medios  alcanzó 
derta  celebridad;  7  cuando  los  bár- 
baros del  Norte  hicieron  presa  de 
nuestro  país,  establecieron  en  ella  los 
suevos  sn  corte.  Por  los  años  717  se 
apoderaron  los  moros  de  esta  ciudad, 
eujros  moradores,  sitiados  por  ham- 
bre, se  vieron  obligados  á  capitular. 
Lbóh  fué  la  primera  plaza  importan- 
te qne  tomaron  los  cristianos  á  los 
sazneenos»  contándose  entre  las  glo- 
riosas conquistas  de  Don  Pelajo, 
eujro  monarca  la  hizo  fortificar  j  de- 
fe^er  por  un  buen  castillo.  Después 
de  haber  lido  tomada  por  Alfonso  el 
CatíUe»,  transcurrió  largo  tiempo  sin 
que  el  nombre  de  León  volviese  á 
sonar  en  relación  alguna  verdadera- 
mente histórica,  con  motivo  sin  duda 
de  los  embates  agarenos  que  tras  de 
aquella  conquista  sufriera;  hasta  que 
Don  Alfonso  III  la  sacó  de  sus  es- 
combros j  la  fortificó  con  grande  es- 
mero, disponiéndose  á  esperar  en  ella, 
por  loa  años  de  882,  af  formidable 
ejército  ^musulmán  de  El-Mondhir. 
Al  a&o  siguiente,  talaron  los  cordo- 
beses las  cercanías  de  esta  población. 
Desde  que  el  rej  Alfonso  dejó  resta- 
blecida la  antigua  ciudad  de  los  le- 
aiénarm,  que  nabía  quedado  despo- 
blada bajo  sus  antecesores,  fecháron- 
se en  día  varios  decretos,  sin  que  en 
niagnno  de  ellos  llegara  á  apellidár- 
sela jamás  capital;  no  puede,  por  lo 
tanto,  atribuirse  á  aquel  monarca  el 
encumbramiento  de  esta  ciudad  á  me- 
trópoli da  un  reino,  como  algunos 
aseguran,  ni  dabe  tampoco  retardarse 
este  acontecimiento  á  los  tiempos  de 
Ordofio  II,  como  otros  afirman.  Cuan- 
do Alfonso  III  abdicó  la  corona  en  fa- 
vor de  sus  hijos  don  García,  Don  Or- 
dofio  jr  Don  Fruela,  repartiéronse 
ésCot  amistosamente  cuantas  tierras 
haU»  poseído  el  padie,  oon  anuencia 
Á$  lot  zefl^setiTM  TteindtriM  para  «1 


reconocimiento  formal  de  aquella 
partición;  cúpole  en  suerte  á  Don 
García  esta  ciudad  j  estableció  en 
ella  sn  corte  por  los  años  909  Ó  912, 
desde  cuja  época  vino  á  ser  capital 
del  reino  de  su  nombre.  Constituían 
este  reino  la  ciudad  de  Lbón,  los  te- 
rritorios situados  entre  el  Duero  j  As* 
turias  j  lot  campos  godos,  llamados 
Tierra  de  Campos.  El  rey  Don  García 
hizo  durante  su  corto  reinado  una 
guerra  durísima  á  los  moros;  taló  sus 
campos  V  saqueó  sus  poblaciones. 
Muerto  líe  enfermedad  en  914,  juntá- 
ronse en  la  eindad,  según  antigua 
costumbre,  los  magnates  j  los  obis- 
pos del  reino  para  nombrar  sucesor 
al  monarca  difunto,  siendo  elegido 
por  aquellas  Cortes,  en  19  de  Enero 
del  referido  año,  el  rej  de  Galicia, 
Don  Ordofio,  hermano  del  antecesor, 
el  cual  reunió  bajo  su  cetro  el  go- 
bierno de  los  dos  reinos.  No  bien  fué 
coronado  v  consagrado  por  aclama- 
ción popular,  ó  sea  omne  populo  assen- 
íienle,  invadió  Ordeño  los  Estados 
del  califa  hasta  las  márgenes  del 
Guadiana,  llevando  la  guerra  des- 

Sués  de  la  decantada  joma<U  de  Val 
e  Junquera,  por  el  corazón  de  las 
posesiones  musulmanas,  hasta  la  raja 
oriental  de  Andalucía,  se^ún  afirman 
algunos  historiadores  cristianos.  A 
fines  del  año  923  ó  principios  del  24 
murió  Ordeño  al  regresar  á  León,  as£ 
que  hubo  subyugado  los  pueblos  de 
Nájera  j  Vicaría,  que  habían  perte- 
necido á  los  condes  de  Castilla,  en 
venganza  sin  duda  del  descontento 
que  éstos  manifestaran  de  su  autori- 
dad, pasando  ambos  pueblos  á  poder 
de  su  aliado  el  rej  de  Navarra.  Los 
electores  civiles  j  militares  del  reino 
nombraron  por  sucesor  á  Don  Fiuela, 
rej  de  Asturias,  el  cual  vino  á  reinar 
sólo  en  León  desde  Enero  ó  Febre- 
ro de  934  hasta  1.*  de  Marzo  del  si- 
guiente año,  en  que  murió  de  lepra, 
siendo  enterrado  junto  á  su  hermano 
Ordoño,  en  la  iglesia  de  Santa  María, 
que  este  último  había  fundado.  Suce- 
dió á  Fruela  su  sobrino  Alfonso,  hijo 
segundo  de  Ordoño  j  de  Elvira  ó 
Nuña;  pero  cansado  de. la  corona,  ála 
mitad  del  quinto  año  do  su  reinado, 
llamó  á  su  hermano  Ramiro,  que  go- 
bernal»  el  condado  independiente  dél 
BierzQ,  j  le  cedió  . el  cetro  en  11  d« 
Octubre  de  930,  retirándose  al  monas* 
terio  de  Sahagún,  donde  tomó  el  há- 
bito de  monje.  Poco  tiempo  después, 
echando  de  menos  Alfonso  el  brillo 
de  la  ccnona,  se  presentó  en  Lsón  con 
ínfulas  de  soberano  apojado  por  al- 
gunos de  sus  parciales,  que  favore- 
cían su  intento,  quedando  sitiado  en 
esta  ciudad  por  su  hermano  Don  Ra- 
miro; sus  primos,  hijos  de  Fruela  II, 
quisieron  mediar  por  él  en  el  asunto; 
pero  receloso  Ramiro  de  su  trama,  se 
dirigió  contra  ellos  j  los  hizo  empo- 
zar en  la  mazmorra  misma  de  Alfon- 
so, en  donde  les  fueron  arrancados 
los  ojos.  Durante  este  reinado,  sue- 
nan algunos  combates  lütemativosde 
los  cristianos  j  musulmanes,  distin- 
-guiéndosa  entct  aquéllos  las  batalltf 


de  Osma,  Zamora,  Simancas  j  San 

Esteban  de  Gormaz;  amén  de  algunos 
conatos  de  los  condes  de  Castilla  con- 
tra su  predominio,  los  cuales  fueron 
reprimidos.  Este  monarca  abdicó  la 
corona  en  favor  de  su  hijo  Ordoño  III 
en  5  de  Enero  de  950,  cuvo  principe, 
al  suceder  á  su  padre,  halláMse  casa- 
do con  Doña  Urraca,  hija  del  femoso 
conde  de  Castilla  Fernán  González. 
Apenas  hubo  aquél  ocupado  el  solio,  . 
se  vió  atacado  por  su  hermano  San- 
cho, quien  intentó  por  des  vsees,  aun- 
que inútilmente,  arrojarle  de  él, 
auxiliado  por  el  rej  de  Navarra  j  por 
el  mismo  Fernán  González,  á  pesar 
de  los  lazos  de  parentesco  que  le 
unían  á  Ordoño.  Este  monarca  repu^ 
dió  entonces  á  su  esposa,  devolviéndo- 
la á  BU  padre,  j  casó  en  seguida  con 
una  gallega  llamada  Gelvira  ó  Elvira; 
hizo  una  entrada  en  territorio  musul- 
mán; sofocó  las  alteraciones  de  Gali- 
cia; tomó  por  asalto  j  desmanteló  á  i 
Lisboa;  hizo  las  amistades  con  el  oon-  . 
de  de  Castilla  j  le  ajudó  con  sus  ar- . 
mas  contra  los  moros.  A  mediados  de 
Agosto  de  955  murió  Ordofio  en  Za- 
mora, pasando  el  cetro  i  manos  de  su 
hermano  Don  Sandio,  que  tanto  lo 
había  ambicionado  desde  la  muirte 
de  su  padre.  Sancho  I,  apellídadp  el 
Gordo  por  su  excesiva  obesidad,  fué 
arrojado  del  trono,  al  año  de  su, rei- 
nado, por  el  conde  Fernán  González, 
su  antiguo  protector,  el  cual  encum- 
bró á  Ordoño,  hijo  de  Alfonso  IV,  á 
quien  había  dado  por  esposa  á  sn  hija 
Urraca,  viuda  repudiada  de  Ordo- 
ño  III,  como  ja  hemos  manifestado. 
I40S  desmanes  j  violencias  de  este 

firíncipe  malquistáronle  con  todos 
os  pueblos  de  quienes  había  mereci- 
do los  apodos  da  intmso  j  malvadoí 
Sancho,  en  tanto,  había  recabado  el 
auxilio  de  los  árabes,  j  al  presentar^ 
se  en  sus  antiguos  Estados  al  frente 
de  un  numeroso  ejército,  fué  recibido 
como  libertador,  viéndose  en  breve 
tiempo  en  posesión  de  todo  el  reino 
de  sus  padres.  Fernán  González,  apro- 
vechándose de  los  trastornos  del  pais, 
logró  libertar  sus  Estados  de  todo  pre- 
dominio j  establecer  la  independen- 
cia de  Castilla.  Varios  condes,  mar- 
queses j  duques  de  Galicia,  manco- 
munados con  el  obispo  da  Composte- 
la,  trataron  lueeo  de  desentenderse 
de  Sancho,  con  el  objeto  sin  duda  de 
entronizar  &-  Bermndo ,  iáio  de  Or^ 
doño  III,  que  'se  encontraba  entre 
ellos;  pero  fneron  subyugados  por 
aquel  monarca,  el  cual  murió  envene* 
nado  á  mediados  de  Septiembre  de 
967,  después  de  doce  años  j  un  mes 
da  reinado,  descontado  el  tiempo  que 
ocupó  el  trono  Ordoño  IV.— La  corona 
de  León  pasó  á  las  sienes  de  Rami- 
ro III,  hijo  delanteríor,  cujo  príncipe, 
que  apenas  contaba  cinco  años  á  la 
muerte  de  su  padre,  entró  desde  luego 
á  reinar  bajo  la  tutela  de  su  madre 
Doña  Teresa  Jimena  j  de  su  tía  Elvi- 
ra ó  Creí  vira,  monja  del  monasterio  de 
San  Salvador.  Llej^do  i  la  edad  de 
17  aflOB,  casó  Ramiro  oon  una  seflon 
lUmada  Ssndu,  j  empuñó  por  sí  las 


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374  LEÓN 


LEON 


LEON 


riendas  del  gobierno,  viendo  sos  Hi- 
tados presa  de  las  victorias  de  Al- 
mansor  j  de  sangrientas  guerras  ci- 
viles, pues  los  nobles  de  Galicia,  des- 
contentos de  las  ínfulas  de  soberanfa 
del  joven  príncipe ,  j  tal  ves  de  sus 
amenazas,  volvieron  por  la  causa  de 
Bermudo,  &  quien  consagraron  rejr 
en  15  de  Octubre  de  982.  Créese  que 
Beimndo,  después  de  la  batalla  que 
taro  con  Ramiro  en  Portella  de  Are- 
nal, invitó  á  Almanzor  para  que  acu- 
diese contra  el  reino  de  Lbóm,  adon- 
de aquél  se  había  retirado:  sitiado  por 
los  musulmanes  de  la  raya  y  atacado 
por  Almanzor  en  persona,  se  tí<í  Ra- 
miro forzado  i  retirarse  á  Oviedo  j  i 
Bahagún  con  las  reliquias  de  los  san- 
tos y  otras  preciosidades  atesoradas 

Sor  sus  antecesores.  Dueño  Almanzor 
e  la  ciudad,  destruyó  desde  sus  ci- 
mientos las  fuertes  murallas  que  la 
defendían,  dejando  en  pie  una  sola 
torre  para  que,  pregonando  la  forta- 
leza de  Lbón,  lo  nictese  asimismo  de 
su  gloria  por  haberla  rendido.  La 
ruina  de  esta  población  fué  tan  com- 

Sleta  qae,  al  hacerse  Bermudo  dueño 
e  los  reinos  asi  devastados  por  Al- 
manzor, no  pudo  residir  en  ella.  Este 
Monarca  dis&ató  de  alguna  tregua 
en  la  guerra  incesante  que  a^uel  fa- 
moso caudillo  hacía  á  loa  cristianos; 
pero  tuvo  que  sofocar  la  insurrección 
de  Gonzalvo  Uenéudez  de  Galicia, 
promovida  quizás  por  el  mismo  Al- 
manzor, que  se  hallaba  en  Africa  por 
entonces;  y  las  armas  de  Hadgeb, 
después  de  haber  llevado  el  espanto  y 
la  ruina  por  la  Espafia  oriental,  se 
volvieron  contra  los  Estados  de  Ber- 
mudo. Este  monarca  murió  de  la  gota 
hacia  los  últimos  meses  de  999,  des- 

Íués  de  diez  y  siete  años  de  reinado, 
e  sucedió  Alfonso  V,  su  hijo,  el 
cual  fué  colocado  en  el  trono  por  los 
grandes  del  reino  cuando  apenas  con- 
tal» un  lustro  de  edad.  Durante  la 
minoría  de  este  príncipe,  tuvo  lugar 
la  memorable  batalla  de  Galatañazor, 
en  la  cual  quedó  vencido  el  famoso 
Almanzor,  al  par  que  una  rebelión  de 
varios  señores  del  reino,  que  fué  pron- 
tamente reprimida.  Pelajo  de  Ovie- 
do, al  ocuparse  de  la  llegada  de  Al- 
manzor y  de  BU  hijo  Abd-el-Melek  á 
la  ciudad  de  Lbón,  dice:  que  arrasa- 
ron sus  torreones  y  destruyeron  sus 
puertas,  que  él  supone  en  numero  de 
cuatrof  mstribttídas  en  los  cuatro 

5 untos  cardinales  de  Este,  Oeste, 
lorte  y  Sur;  que  fueron  destrozados 
los  mumoles  en  que  se  hallaban  gra- 
bados los  nombres  de  los  prefectos 
romanos,  fundadores  y  pobladores  de 
la  ciudad;  que  permaneció  yerma  du- 
rante cinco  años,  hasta  que  Alfon- 
so V,  con  motivo  de  haber  convocado 
dentro  de  sus  muros  un  Concilio  de 
los  personajes  principales  del  reino, 
así  clérigos  como  seglares,  mandó 
reedificar  las  cuatro  puertas,  varián- 
dolas  los  nombres  anteriores,  pues  la 
oriental  se  denominó  del  Obispo;  la 
voptentrion&l,  Pottigo;  la  occidental, 
,  Cawwu$t  y  la  meridional,  del  Arco, 
CrétH  qu«  Pelayo  Qjó  la  total  restau- 


ración de  esta  ciudad,  en  una  época 
posterior  ¿  la  celebración  de  aquel 
Concilio,  por  haber  interpretado  sin 
duda  la  expresión  del  eanon  20,  en  él 
establecido,  del  mismo  modo  que  lo 
traduce  un  autor  moderno:  «Acorda- 
mos también  que  la  ciudad  de  Lbóm, 
toda  yerma,  se  repueble  á  fovor  y  en 
virtud  de  estos  ordenamientos  escri- 
tos.» El  canon  dice:  «CoiuA'AnMM. 
Hiamt LnaiOHBNBis  civiía»,  omb  de-' 
populal» fuiit  rept^puletur  per  ho»  foros 
scripios;»  pero  esto,  como  oportuna- 
mente hace  notar  otro  autor,  pudo 
decirse  con  relación  al  antiguo  lustre 
de  eita  ciudad,  aue  le  trataba  de  vol- 
verla, y  i  lo  cual  se  refieran  muchas 
de  las  dispoisiciones  adoptadas  por 
aquel  Concilio,  celebrado  en  1."  de 
Agosto  de  1020;  algunas  de  ellas  son 
tan  curiosas,  c[ue  no  resistimos  el  de- 
seo de  transcribirlas.  BI  canon  29  dis- 
ponía: «que  el  vecindario  de  LbÓn 
hubiese  de  celebrar  sus  juntas,  siendo 
iguales  en  ellas  los  de  dentro  y  los  de 
fuera  de  los  muros,  el  día  1.*  de  la 
cuaresma,  en  el  capítulo  de  Santa 
María,  para  aforar  el  pan,  el  vino  y 
la  carne;  arreglar  los  jornales  de  todo 
trabajador  y  la  administración  de 
justicia  en  el  vecindario  por  todo  el 
año,  imponiendo  al  pagador  que  se 
desmandase,  cinco  sueBos,  moneda 
real,  pagados  al  mayorino  del  rey;> 
el  canon  31:  «si  alguno  cercenase  el 
peso  y  medida  del  pan  y  del  vino, 
pagase  también  cinco  sueldos;»  el  34: 
«que  el  tahonero  que  cercenase  el 
peso  del  pan,  por  primera  vez  fuese 
azotado;  y  por  segunda,  pagase  igual- 
mente cinco  sueldos  (lOU  pesetas  pró- 
ximamente),»—De  este  modo  se  sin- 
gularizó esta  ciudad  por  aquella  Cons- 
titución religiosa,  &  la  vez  que  políti- 
ca y  civil,  tan  justamente  encarecida; 
la  primera  quizás  cuyos  artículos  se 
hayan  conservado,  desde  el  Fuero  Jvsr- 
go  de  los  godos.  Consta  de  48  cino- 
nes:  los  7  primeros  tratan  de  la  dis- 
ciplina eclesiástica;  los  40  siguientes, 
de  la  legislación  política  y  civil;  y  el 
último,  contiene  el  enérgico  anate- 
ma, consiguiente  en  semejantes  jun- 
tas españolas,  lanzado  contra  cual- 
quiera que  atentase  contra  lo  estable- 
cido en  el  Concilio,  aun  cuando  fuese 
de  prosapia  regia.  Dice  así:  €Q/itismit 
ex  nostra  progenie,  vel  exiraneat  Sane 
nosíram  conttiíutioium  sciens  frangen 
Centavtrit;  fraeta  memu^pede  et  cervice, 
evultis  oeuíis,  fiuit  iníe$íinit,  ^ercueus 
lepra  vm  eun  gladioanatkematuinater- 
na  dmnntiiúne  eum  dwhlo  et  angelis 
ejus  Iwt  paiuu.»— Por  esta  Constitu- 
ción se  apellidó  Alfonso  V  el  de  los 
bonos  foros.  Este  monarca  murió  de 
un  flechazo,  haciendo  la  guerra  á  los 
musulmanes,  el  5  de  Mayo  de  1027, 
á  los  34  años  de  edad,  dejando  por 
sucesor  á  su  hijo  Bermudo  111.  Efste 
príncipe  contrajo  luego  matrimonio 
con  Doña  Urraca  Teresa  Jimena,  hija 
de  Sancho,  conde  de  Castilla,  y  her- 
mana de  García,  heredero  de  aquel 
condado,  y  de  Doña  Mayor,  primogé- 
nita, casada  con  Sancho  el  &r«atde  de 
Navarra.  BmbajadorM  bm^leaea  pi- 


dieron á  Bermudo  la  mano  de  m  h«r- 
raana  Sancha  para  esposa  de  sn  oon- 
de  García,  la  cual  les  fué  oto^da, 
pasando  éste  á  la  ciudad  de  Lbóm  y 
hospedándose  en  el  barrio  del  Rey, 
en  tanto  que  Bermudo  había  salido 
para  Oviedo.  Los  hijos  del  conde 
Vela,  que  habían  sido  arrojados  de 
Castilla  por  Don  Sancho,  padre  da 
García,  reunieron  una  hueste  por  las 
serranías,  dirigiéndose  á  Lbón,  y,  al 
amanecer  de  uu  día,  asesinaron  al  in- 
fante García  á  la  puerta  de  la  iglesia 
de  San  Joan  Bautista,  en  venganza 
de  las  (^nsas  que  Habían  reciUdo  da 
su  padre.  Esta  muerte  fué  origen  da 
una  serie  de  revoluciones,  i^ue  termi' 
nÓ  por  traer  á  una  sola  familia  la  po- 
testad de  la  España  cristiana,  -cam- 
biando casi  por  completo  el  aspecto 
político  de  la  península.  Sancho  el 
Grande  de  Navarra,  así  que  hubo  ven- 
gado la  muerte  de  su  cuñado  García 
mandando  quemar  vivos  á  los  Velas, 
en  Monzón,  se  hizo  vecino  de  Bermu- 
do, coa  la  adquisición  del  condado  de 
Castilla.  Las  relaciones  amistosas  de 
estos  dos  príncipes  quedaron  luego 
interrumpidas  por  causas  que  no  han 
podido  precisarse:  mientras  qne  Ber- 
mudo se  ocupaba  eñ  refrenar  den  se- 
diciones promovidas  por  los  mamá- 
tes  Oveco  Rosendo  y  SisenandoOa- 
hariz,  Sancho  había  ido  apoderándose 
del  territorio  leonés  que  media  entre 
el  Pisuerga  v  el  Cea,  llegando  hasta 
las  llanuras  do  Lbón,  donde  encontró, 
por  último,  una  tenaz  resistencia.  Al- 
borotáronse los  pueblos;  y  Bermudo, 
después  de  reunir  una  hueste  de  ga- 
llegos, le  salió  al  encuentro.  Hallá- 
banse ya  ambos  reyes  dispuestos  & 
trabar  batalla;  pero  como  mediaran 
en  el  asunto  los  obispos  de  los  dos 
reinos,  aviniéronse  aquéllos  á  un  ajas- 
te, en  el  que  se  acordó  que  Femando, 
hijo  segundo  de  Sancho,  se  desposara 
con  Doña  Sancha,  hermana  del  rey 
de  Lbóm,  quien  le  cedería  en  dote 
cuanto  ^ncho  había  conquistado,  al 
principio  de  la  campaña,  entre  el  Pi- 
suerga y  Cea;  concediendo  además  á 
Fernando  el  título  de  soberano  de 
Castilla,  con  la  mano  de  Sancha,  cu- 
yos desposorios  lleváronse  á  cabo  boa 
gran  magnificencia  en  1032.  Al  año 
siguiente,  hostilizó  de  nuevo  Sancho 
la  ciudad  de  Lbón,  logrando  apode- 
rarse de  ella  ^  reduciendo  el  dominio 
de  Bermudo  a  la  Galicia;  ejerció  at^uél 
la.  soberanía  de  Lbón  y  de  Asturias, 
desde  los  primen»  meses  da  1034 
hasta  Febrero  de  1035,  en  qne  mnrió, 
con  cuyo  motíTo  volvió  Bermudo  í 
tomar  posesión  de  sus  Estados.  Bn 
1036,  juntó  Bermudo  una  hueste  com- 
puesta de  leoneses  y  gallegos,  y  se 
dirigió  contra  Castilla,  con  ánimo 
resuelto  de  recuperar  las  tierras  ce- 
didas en  otro  tiempo  con  la  mano 
de  su  hermana  Doña  Sancha;  salióle 
al  encuentro  Fernando,  auxiliado  de 
su  hermano  García,  rey  de  Navatra, 
y  murió  alanceado  en  la  batalla  de 
Tamarón,  que  tuvo  lugar  á  8  de  Junio 
de  1037.  Extinguido,  con  la  mnerte 
da  este  monarca,  el  Uoáje  el*  los  vann 


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LEON 


LEON 


LEON  375 


DM  de  loi  WJM  d«  LaéSt  neajeron 
todos  \m  der^ckos  ¿  la  corona  en  la 
hennana  de  Bemndo,  oonsotto  de 
Femando,  el  enal,  después  de  ganar 
lá  batalla  referida,  le  dirigid  TÍetorio- 
80  basta  las  puertas  de  Lsón.  El  ve- 
cindario  opuso  al  pronto  alguna  re- 
sistencia;pero  considerando  luego  que 
era  el  legitimo  heredero  del  reino  por 
su  matrimonio,  le  franqueó  las  puer- 
tas de  la  ciudad,  siendo  ungido  y  co^ 
roñado  solemnemente  en  22  de  Junio 
de  1037.  Fernando  I  unió  el  dictado 
de  re;  de  LsÓN  al  de  Castilla,  que  ja 
ostentaba,  sin  postergarle  á  éste,  como 
generalmente  se  ha  creído;  U  antepo- 
sición del  título  de  Castilla  al  de  Lbóm 
debe  datar  de  fecha  posterior,  puesto 
qus  en  las  actas  de  aquellos  tiempos 
saena  Li6k  antes  que  Castilla.  £1 
reinado  de  este  soberano,  que  fué  de 
los  mis  interesantes,  duró  desde  el 
22  de  Junio  de  1037  hasta  27  de  Di- 
ciembre de  1065.  Las  sensibles  des- 
avenencias j  desastrosa  guerra  entre 
los  dos  hermanos,  Fernando  de  León 
y  de  Castilla,  y  Garoía  de  Navarra, 
vinieron  i  terminar  con  la  muerte  de 
este  último  en  la  funesta  batalla  de 
Atapaerca.  Bl  re^  Fernando  Uegó  á 
hacerae  maj  temible  i  los  moaulma- 
Des,  ¿  quienes  tomó  numerosas  pose- 
siones, j  murió  después  de  haberse 
eonquíatado  el  renombre  de  Grande, 
siéndo  enterrado  en  LbóHi  en  la  igle- 
sia de  San  Isidoro,  que  él  mismo  ha- 
bía heeho  edificar.  De  su  matrimonio 
con  Doña  Sancha  dejó  cinco  hijos: 
Urraca,  Sancho,  Alfonso,  Elvira  y 
García,  entre  quienes- repartió  sus  Es- 
tados; yerro  político  en  que  incurrió 
á  ejemplo  de  su  padre  Don  Sancho,  y 
que,  como  entonces,  fué  causa  de  gran- 
des desastres  y  empeñadas  guerras. 
Hizo  á  Urraca  reina  de  Zamora;  dió 
i  Blvirn  la  ciudad  de  Toro  con  otras 
rentas;  á  Sancho,  la  Castilla;  á  Gar- 
cía, la  Galicia,  j  i  Alfonso,  Lbón.  Es- 
te principe,  derrotado  por  su  herma- 
no Sancho  en  las  batallas  de  Llanta- 
da  j  de  Qolpejare,  tomó  el  hábito  de 
monje  en  Sahagún;  se  fugó  á  Toledo, 
em  cnTo  emir  trabó  íntima  amistad; 
Tolviólaego  áocupar  el  trono  de  León  , 
siendo  también  proclamado  rej  de 
Castilla  y  de  Galicia;  se  apoderó  de 
numerosas  -posesiones  musulmanas, 
sin  contar  que,  con  la  rendición  de 
Toledo,  quebrantó  en  sus  cimientos  el 
poder  del  islamismo  en  España.  A  su 
maerte,  heredó  la  corona  sn  hija 
Urraca,  la  cual  casó  en  1106  con  Don 
Alonso,  rej  de  Araf^ón,  continuando 
el  reino  de  Lióm  unido  al  de  Castilla. 
Bl  segando  año  de  la  muerte  de  Doña 
Umcft  casó  su  hijo  Don  Alfonso  con 
Doña  Berenguela,  hija  de  los  condes 
de  Barcelona;  j  en  1135,  reunidas 
OóTtes  en  hmám,  se  acordó  que  Alfon- 
so tomara  el  título  de  emperador, 
siendo  coronado  en  Santa  María  de 
t<BÓN  por  el  arzobispo  de  Toledo.  Este 
moTiarca,  al  distribuir  más  tarde  sus 
Sstidos  entre  sus  hijos,  señaló  á  Don 
S-iDcho  el  reino  de  Castilla  y  á  Don 
Fernando  el  de  Lbóh,  quedando  de 
cite  modo  divididas  ammi  coronas, 


durante  73  afios,  al  cabo  de  los  cuales 
qoedaron  nneTamente  reunidas,  bajo 
el  cetro  de  Don  Femando,  para  no 
volver  i  separarse  jamás,  sonando 
desde  entonces  bajo  la  corona  de  Cas- 
tilla. Para  terminar  la  interesante 
historia  de  esta  ilustre  ciudad,  que  ha 
sido  la  capital  del  primer  reino  cris- 
tiano V  residencia  de  los  rejes  de 
Lbóh  durante  tres  siglos,  citaremos: 
su  rendición  á  Enrique  II,  que  la  sitió 
en  1368;  el  abatimiento  de  su  antigua 
grandeza,  desde  que  dejó  da  ser  el 
asiento  de  sus  monarcas;  el  gran  des- 
arrollo (jue  experimentó  después  cuan- 
do le  fue  levantada  la  amortización  de 
su  territorio,  y  finalmente,  su  Talero* 
so  alzamiento  durante  la  guerra  de  la 
Independencia,  en  la  cual  demostm- 
ron  los  leoneses  el  arrojo  y  civismo  de 
sos  gloriosos  antepasados,  eomo  han 
venido  acreditándolo  iguidmente  en 
cuantas  vicisitudes  políticas  ha  expe- 
rimentado la  nación. 

15.  Varonet  ilustret. — Entre  los  mu- 
chos  hijos  eminentes  que  cuenta  esta 
ciudad,  figuran:  el  escritor  don  Die- 
go de  Santisteban  y  Ossorio;  el  obis- 
po de  Tujr;  el  poeta  don  Bernardino 
de  Eebolledo;  el  cardenal  don  Fran- 
cisco Antonio  de  Lorenzana  j  Butrón 
y  su  hermano  don  Tomás  de  Loren- 
zana, obispo  de  Gerona. 

16.  Seráldiea. — ^Bl  escodo  dé  ar- 
mas do  nuestra  nobilísima  exudad  os- 
tenta un  LEÓN  rampante  coronado. 

Lbón.  1.  (Antiguo  reino  y  ciudad 
de  España.)  Viene  del  latín  legiOt  le- 
gionis,  la  legión,  y  no  de  ¿ítf,  Uonit, 
el  león,  cual  á  primera  vista  pudiera 
creerse.  La  actual  Lbón  es  una  ciudad 
fundada  por  los  romanos,  y  poblada 
por  su  Legio  Séptima  Gemina:  estas  tres 
voces  formaban  el  nombre  de  la  ciu- 
dad, mas  luego  se  suprimieron  las 
dos  últimas,  v  (juedó  en  Legio,  de 
cujo  ablativo  Legxone  salieron  Legión, 
Zetdn,  Zetín.—C&d&  legién  romana  se 
componía  de  cuatro,  mil  á  seis  mil 
hombres,  equivaliendo  poco  más  ó 
menos  á  lo  que  ahora  se  lUma  brigada 
de  ejército.  Guando  dos  UgiwMi,  que 
habían  sufrido  muchas  bajas  en  los 
combates,  se  refundían  en  una  sola, 
ésta  se  llamaba  Gemina  (doble,  geme- 
la, melliza);  y  gemina  era  la  legión 
séptima  que  se  estableció  en  Lbón. 

(MONLAU.) 

2.  Por  consiguiente,  el  nombre  de 
Lkón  era:  Legio  Séptima  Gemina, 

Leona.  Femenino.  La  hembra  del 
león.  Q  Plural,  ffírmaníd.  Las  calzas,  jl 
Es  UNA  LBONA.  Expresión  familiar  de 
que  nos  valemos  para  dar  idea  de  una 
mujer,  dotada  de  brío;  pero  excesiva- 
mente dada  á  la  ira,  y  para  expresar 
que  una  mujer  es  mu^  trabajadora  en 
el  arreglo  de  la  casa.  Así  sucede  qne, 
cuando  se  habla  de  una  criada  muj 
dispuesta  j  muy  afanosa  en  los  que- 
haceres de  sn  oficio,  se  suele  decir: 
«Fulana  ó  Zutana  bs  una  leona.» 

ETiuoLoaÍA.  León:  catalán,  lleona; 
proveuzal,  leonesa;  francés,  lionne, 
iionnesie;  portugués,  leoa;  italiano, 
Uonessa. 

Leonado,  da.  Adjetivo.  B latón.  Lo 


que  es  de  un  color  rubio  oscuro,  se- 
mejante al  del  pelo  del  leda. 

BnicouMifA.  Xedn:  finncés,  /tow. 

Leonardo  (Aoustín).  Pintor  espa- 
ñol, que  nació,  según  la  opinión  más 
fundada,  en  Valencia,  por  los  años 
de  1590,  y  murió  hacia  el  de  1640. 
Abrazó  el  estado  monástico,  profesan- 
do en  el  convento  de  la  Merced  de  Já- 
tiva.  Hizo  muchas  obras  para  diferen- 
tes conventos  de  su  orden,  entre  las 
que  merecen  citarse  las  siguientes: 
SI  Descubrimiento  de  Nuestra  Señora 
del  Puig,  Bl  Cerco  de  Valenciaf  La 
Rendición  de  dicha  ciudad,  y  la  Éata* 
lia  del  Puig,  los  cuatro  para  el  con- 
vento de  Nuestra  Señora  del  Puig,  en 
el  reino  de  Valencia;  Áparicidn  lU  la 
Viraen  á  ta»  Ramón,  para  el  convento 
de  la  Merced  calzada  de  Ifadrid;  £1 
Milagro  d$  los  pana  jr  iot  pecet^  para 
los  mercenarios  calzados  de  Toledo,  y 
Jesucristo  y  la  Samarüaua,  para  una 
iglesia  de  Sevilla. 

Leonardo.  Masculino.  Nombre 
propio  de  varón:  8a.n  Leonabdo. 

Etiiioi.oo{a.  Leén  y  el  germánico 
kert,  fuerza,  ánimo,  valor:  flamenco, 
kard;  ingl^,  keard;  catalán,  Z/;o- 
nard. 

Sentido  eíimoli^ieo, — Leonabdo  síg^ 
nifíca  cánimo  ó  fuerza  de  león.» 

Leonazo,  sa.  Masculino  y  femeni- 
no aumentativo  de  león  y  leona. 

Leoncia.  Femenino.  La  LBmtcu,, 
piedra  preciosa,  llamada  así  por  su 
semejanza  respecto  de  la  piel  del  león. 
,  StiholooU.  Griego  Xtovtio^  (Uon- 
tio$J:  latín,  Uon&os,  (Punid.) 

Leoncico,  lio,  to.  Maaciúiño  di- 
minutivo de  león. 

ETiuoLoaÍA.  León:  catalán,  Uetmet', 
latín,  leunculus. 

Leoncio.  Masculino.  Nombre  pro- 
pio de  varón:  san  Leoncio.  |  Nombro 
de  un  escultor.  (Punió.)  Q  Un  obispo 
de  Arles.  (Sidonio  Apounab.)  |  His- 
toria. Nombre  del  personaje  que  se 
levantó  contra  el  emperador  Zenón  y 
que  vistió  la  púrpura  en  Antioquía. 
|¡  Otros,  del  mismo  nombre.  (Jnserip- 
ct<mes,  AusONio.) 

Leonera.  Femenino.  Bl  lunr  en 
que  se  tienen  encerrados  los  leones. 
11  Metáfora.  La  casa  de  juego.  \  Fa- 
miliar. Aposento  habitualmente  des- 
arreglado que  suele  haber  en  las  casas 
de  mucha  familia. 

EtiuOLoafA.  Le<mgroi  catalán,  lko~ 
ñera. 

Leonero.  Masculino.  La  persona 
que  cuida  de  los  leones  que  están  en 
la  leonera.  |  Metáfora.  Tablajkbo  ó 

OABITBRO. 

Etimolooía.  León:  catalán,  lleoner, 
«Se  llama  también  el  que  tiene  en  su 
casa  juego  de  naipes,  dadoi^  y  otros 
prohibidos.  Trae  esta  voz  Govarrubias 
en  sn  Tesoro,  y  dice  que  en  esta 
acepción  está  diminuto,  pues  se  debía 
llamar  Áleonero,  que  es  ^nero  de 
suerte.»  (Aoadbuia,  Dicetonario  de 
1736.) 

Leonés,  sa.  Adjetivo.  El  natural 
de  León  y  lo  perteneciente  á  este  rei- 
no ó  ciudad.  Se  uta  también  eomo 
sustautivo. 


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376 


LEON 


iMOLooí*..  £edit:  utaUa,  ll«o~ 
né$,  a. 

I*eoni  (León).  Arquitecto,  platero, 
g^bador  T  escultor  italiano,  que  mu- 
rió en  1592.  Vivió  mucho  tiempo  en 
Milin  7  fué  protegido  por  la  &milia 
de  los  Gonzaga,  á  quienes  hizo  varias 
medallas  j  una  estatua  en  bronce  de 
D.  Fernando,  para  la  ciudad  de  Guaa- 
talla.  Carlos  V  le  llamó  á  Bruselas  7 
después  &  España,  encargándole  va- 
rías ohras,  por  la  realización  de  las 
cuales  le  hizo  caballero  j  le  concedió 
una  pensión  en  Müán,  adonde  se  re- 
tiró después  de  la  muerte  del  empe- 
rador, habitando  una  ca»a  magnífica, 
que  convirtió  en  un  museo  de  artes  j 
de  antigüedades.  Trabajó  además  al- 
gunas obras  que  Felipe  11  le  encargó 
con  destino  al  monasterio  del  Bsco- 
rial,  y  murió  cuando  se  ocupaba  en 
estos  trabajos,  que  acabó  su  hijo  Pom- 

Seyo.  Sus  obras  más  notables,  además 
e  lasva  citadas,  son:  estatna  de  bron- 
ce de  darhi  V  eoH  el  Furor  a  kspifs, 
que  existe  en  el  Museo  da  Uadrid; 
Susto  del  dnaue  d«  Ál^;  $$tiitua  del 
marqués  dd  Vasto;  sepulcro  de  Jaeobo 
&oniaga,  marqués  de  Marignán,  que 
se  conserva  en  la  catedral  de  Milán; 
estatua  de  Marco  Antonio;  busto  de  Car* 
los  F;  busto  de  Felipe  11;  estatua  en 
bronce  de  la  emperatrk  Isabel;  estatua 
en  mármol  de  Carlos  V;  estatua  de  Fe- 
lipe II;  estatua  de  la  reina  María  de 
Hungría;  medallón  con  la  ejigie  de  Car' 
ios  V;  medalla  con  el  retrato  de  Miguel 
Angel,  j  otras  que  sería  prolijo  enu- 
merar. 

Leoni  (PoupETo).  Bscnltor  y  gra- 
bador italiano,  hijo  j  discípulo  del 
anterior,  qae  nació  en  Milán  en  !>>  Pri- 
mera mitad  del  siglo  xrt  7  mnrio  en 
Madrid  en  1610.  vino  á  España  con 
su  padre,  7  cuando  éste,  después  de  la 
muerte  de  Carlos  V,  volvió  a  su  pa- 
tria, PoitPBVO  se  quedó  al  servicio  de 
Felipe  II.  So  ocupó  en  hacer  estatuas 
V  medallas  del  rey  7  su  familia,  figu- 
ras colosales  para  un  arco  de  triunfo 

2ue  se  erigió  en  el  Pardo  á  la  llegada 
e  DoQa  Ana  de  Austria,  mujer  de 
Felipe  11.  Bucargado  por  este  moDa^ 
ca  de  la  ejecución  del  retablo  mayor 
del  Bscorial,  pasó  á  Miláa  á  verificar- 
lo bftjo  la  dirección  de  su  padre,  em- 
pleando cerca  de  diez  años  en  la  obra. 
En  tiempo  de  Felipe  III,  se  le  encar- 
gó el  retablo  mayor  de  Atocha,  que 
no  existe.  Pasó  a  Valladolid,  Falen- 
cia 7  Lerma,  en  donde  ejecutó  dife- 
rentes obras,  7  murió  después  dejan- 
do un  glorioso- recuerdo,  tíus  princi- 
pales obras  son:  estatua  de  Felipe  III, 
jovenjf  armado,  y  dos  medallones  de  Car- 
los Y  y  su  esposa,  todo  de  mármol,  en 
Aranittez;  estatuas  de  bronce  dorado  del 
retablo  mayor  del  Escorial,  represen- 
tando: los  cuatro  doctores,  los  cuatro 
evangelistas,  Santiago,  tan  Andr^,  la 
Virgen,  san  Juan,  san  Pedro,  san  Pablo, 
el  Saltador  y  los  apóstoles;  estatuas  del 
presbiterio  de  dicha  iglesia,  también 
en  bronce,  ma7ores  que  el  natural,  7 
que  representan:  á  Carlos  V  y  sues' 
posa  la  emperatris  Isabel;  la  emperatriz 
Mariaj  las  reinas  de  Francia  g  de  Bun^ 


LEON 

gria;  Felipe  II  y  sus  esposas  Ana,  Ma- 
ría é  Isabel;  estatita  de  Doña  Juana, 
princesa  del  Brasil,  «n  las  Descalzas 
de  Madrid;  estatuas  de  los  duques  de 
Lerma,  on Valladolid;  cuatro  apóstoles, 
en  la  misma  ciudad;  estatua  ad  carde- 
nal  duque  de  Lerma,  en  Lerma,  7  otras 
machas  on  diversos  puntos  de  Espa- 
ña. Su  hijo,  Miguel  Leoni,  le  ayudó 
en  mnchas  de  estas  obras. 
Leóníca.  Adjetivo.  Ranina.  6  sub- 

UNGDAL. 

Leónidas.  Re7  de  Esparta,  de  la 
dinastía  de  los  agidas,  que  sucedió  á 
Cleomenes  en  491  antes  de  Jesucris- 
to, por  matrimonio  con  su  hija  Gorgo, 
7  murió  gloriosamente  en  480.  La 
política  absorbente  y  conquistadora 
de  la  Persia,  que  aspiraba  a  la  domi- 
nación universal,  habíala  llevado  & 
sojuzgar  á  casi  todos  los  países  del 
Asia  7  gran  parte  del  Africa.  En 
tiempo  de  Ciro,  había  llegado  á  apo- 
derarse de  las  colonias  griegas  del 
Asia  menor,  7  en  ei  reinado  da  Darío 
Histaspes,  de  la  Tracia  7  la  Maeedo- 
nía.  Grecia  era  un  pueblo  de  corta 
extensión  territorial  7  además  dividi- 
do en  multitud  de  pequeños  Estados, 
no  sólo  independientes  entre  sí,  sino 
también  hostiles  7  rivales,  lo  cual 
debilitaba  notablemente  sus  fuerzas. 
Persia,  que  tenía  la  conciencia  de  su 
poder,  no  dejaba  de  contar  tampoco 
con  aquella  debilidad.  Después  de 
grandes  preparativos,  á  que  le  alen- 
taba la  sublevación  de  MÜíleto  7  otras 
ciudades  jonias,  envió  Darío  á  su 
7erno  Uardonio  al  frente  de  una  ar- 
mada 7  un  ejército  de  tierra,  mien- 
tras sus  enviados  ncorrfau  las  ciuda- 
des niegas  intimándoles  la  rendi- 
ción. Pero  el  ejército  de  tierra  fné  tan 
valerosamente  rechazado  por  los  tra- 
cios,  que  Mardonio  tuvo  que  volver 
al  Asia,  en  tanto  que  la  escuadra  era 
deshacha  por  una  espantosa  borrasca 
al  doblar  el  promontorio  Athos.  tiín 
embargo,  Darío,  lejos  de  desmayar, 
envió  un  nuevo  ejército,  mandado  por 
sus  mejores  generales,  Datis  7  Asta- 
fernes,  7  guiado  por  el  traidor  Hip- 
pias,  se  apoderó  fácilmente  de  la  isla 
de  Eubea,  desembarcando  en  el  con- 
tinente, no  lejos  de  Atenas.  Los  ha- 
bitantes de  esta  ciodad,  en  vista  del 
inminente  peligro,  pidieron  auxilio  á 
Esparta,  que  se  lo  negó,  bajo  oí  pre- 
texto do  que  su  religión  Ies  vedaba 
salir  á  pelear  aotes  del  plenilunio. 
Las  demás  ciudades  so  intimidaron, 
7  sólo  Platea  mandó  un  contingente 
de  1.000  combatientes,  los  cuales  se 
unieron  d  los  10.000  do  ^ue  Atenas 
disponía,  y  ^ue,  puestos  a  las  órde- 
nes de  Milciades,  salieron  en  busca 
de  los  persas.  El  ejército  de  éste  era  | 
diez  veces  ma^or  que  el  SU70.  Sin  I 
embargo,  las  llanuras  de  Maratón  fue- 1 
ron  teatro  de  una  de  las  más  glorio-  j 
sas  TÍclorias  para  los  griegos,  que  j 
consiguieron  la  completa  derrota  del  | 
invasor;  pero  Darío,  irritado  por  el , 
desastro  de  Maratón,  disponía  nuevas 
tropas  cuando  le  sorprendió  la  muer- 
te.  Su  hijo  7  sucesor,  Jerjes,  fué  el  1 
heredero  de  su  pensamiento.  Sin  tre-  [ 


LEON 

gua,  continuó  los  preparativos  ocmiea- 
zades  por  su  p^re,  y  desptiu  de 
aliarse  con  los  cartagineses,  que  le 
ofrecieron  sus  naves,  levantó  uno  ¿a 
los  ejércitos  más  poderosos  de  que 
hace  mención  la  historia.  Cínoaento 
y  seis  pueblos  diversos  eoncurrieron  á 
él.  Indios,  vestidos  de  algodón;  etfo- 
pes,  cubiertos  de  pieles;  baluseos  ne- 

fros  de  la  Gedrosia;  tribus  nónuuias 
e  la  Mongolia  7  de  la  Bucaría;  ca- 
zadores salvajes,  cómelos  sagartia- 
nos,  armados  sólo  de  lazos  de  cuero; 
medos  y  bactrianos  de  ostentosos  tra- 
jes; lidios,  con  sus  carros  de  cuatro 
caballos;  árabes,  cabalgando  en  ca- 
mellos; marineros  fenicios,  griegos 
asiáticos  y  una  turba  de  vagabundos, 
mujeres  y  eunucos,  que  hacían  subir 
aquella  masa  &  unos  5.000.000,  le 
daban  un  ejército  hábil  para  la  lucha 
de  1.700.000  infantes  y  4.000  caba- 
llos. Al  pasar  revista  á  aquella  pode- 
rosa hueste,  Jerjes  no  había  podido 
menos  de  preguntarse:  «¿Osarán  loi 
griegos  oponerse  al  paso  da  tantos 
guarreros?»  Pero  apenas  formulada  la 
pregunta,  él  mismo  se  dió  la  respMS- 
ta:  «Ciertamente,  lo  harán.  Los  lace- 
demonios  son  libres,  pero  obedientes 
á  la  ley,  7  la  su7a  los  manda  vencer 
ó  morir.»  Y  con  efecto,  mientras  él 
pasaba  á  Europa,  por  un  puente  d« 
barcas  colocado  sobre  el  Helesponto, 
atravesaba  la  Tracia,  laMaeedonia, 
a  Tesalia  7  la  Beocia,  los  Estados 
gñegta,  unidos  por  el  paUgro,  con- 
vinieron en  que  el  re7  de  Esparta, 
Leónidas,  saliera  al  encuentro  del 
ejército  invasor.  Knbe  la  Tesalia  t  la 
Lóerida  se  estndia  ana  garganta  lla- 
mada las  Templas,  rodeada  por  un 
lado  da  horrenaos  precipicios  y  do 
los  despeñaderos  del  monte  (£ta:  al 
Levanta,  de  cenagosas  lagunas,  7  tan 
estrecha  en  ciertos  puntos,  que  no  po- 
dían pasar  por  «lia  dos  carros  d^ 
frente.  Su  exclusiva  defensa  era  una 
muralla  que  los  fociansos  habían  fa- 
bricado allí  para  contener  las  corre- 
rías de  los  tesalíos.  La  empresa,  no 
sólo  «a  peligrosa,  sino  temeraria. 
Leónidas  y  sus  lacedemonios  lo  com- 
prendían así;  de  tal  modo  que,  antas 
de  dejar  su  patria,  celebraron .  sus 
propios  funerales  con  suntuosos  ban- 
quetes y  solemnes  juegos.  Al  final  de 
ellos,  la  mujer  de  Leónidas  piegantó 
al  valeroso  caudillo:  «¿Qué  encargo 
me  dejas?» — «El  de  casatte  con  ua 
valiente  digno  de  mí,  7  que  te  higa 
madre  de  hijos  dignos  de  ambos,» 
contostó  lacónicamente.  En  tanto, 
Jerjes,  que  en  doce  meses  de  ca- 
mino no  había  visto  un  solo  enemigo, 
cuando  supo  que  los  espartanos  le 
esparaban,  envió  mensajeros  para  in- 
timarles á  que  depusieran  las  ar- 
mas. —«Ven  a  tomarlas,» — le  contestó 
Leónidas.  Sin  embar^,  creyendo 
Jerjes  que  a(^uel  arrojo  cedería  al 
íin,  les  concedió  una  tregua  de  cua- 
tro días^  Al  quinto,  uno  da  los 
centinelas  avanzados  de!  ejército  la- 
cademonio  fué  á  decir  i  su  gene- 
ral: «Ya  tenemos  á  los  persas  en- 
cima.»— «Antes  bien»  contestó  IdKh* 


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LEON 


LEON 


LEON  577 


Jiu^AS,  los  tenemos  debajo.»  Y  como 
quiera  que  vieron  que  daba  las  órdO' 
nes  para  resistir,  algilno  hubo  de  ob- 
|etarle:  «Ve  que  son  tantos  los  ene- 
Dtigos»  que  si  todos  disparan  á  un 
tiempo  sus  fieehas,  formaran  una  nube 
qae  osearecerá  el  sol.» — cMejor;  así 
pelearemos  á  la  sombra» — respondió, 
según  unos  historiadores,  el  mismo 
Lb(Widas,  T  según  otros,  su  general 
Diócenes.  Pocos  momentos  después, 
la  lucha  estaba  empeñada.  Los  persas 
en  algunos  días  no  pudieron  adelan- 
tar un  solo  paso.  Los  lacedemoníos, 
alentados  por  a^oella  resistencia  que, 
dada  su  inferiondad  namérica,  era  ya 
ana  verdadera  victoria,  esperaban  ver 
huir  muj  pronto  al  enemigo.  Pero 
contaban  solo  con  sn  valor,  y  la  trai- 
ción vino  á  disipar  sus  esperanzas. 
Un  traidor,  un  griego,  llamado  EfíaU 
tes,  desertó  de  su  campo,  llegó  i  la 
tienda  de  Jeijes  j  le  ofreció  mostrarle 
un  paso  por  el  cual  le  sería  fácil  con- 
seguir la  victoria.  Jerjes  la  tomó  por 
guía,  j  poco  después  los  persas  uiare- 
cieron  á  espaldas  de  los  griegos.  Leo- 
NiDAS  comprendió  entonces  que  había 
llegado  el  momento  de  morir.  Licenció 
á  todos  los  aliados  v  sólo  con  írescitit- 
ios  espartanos  se  dispuso  á  cumplir 
con  el  deber  que  le  imponían  las  lejres 
de  sa  patria.  Hecho  esto,  convocó  en 
un  banqoete  á  todos  los  sujos. — «Esta 
noche  os  convido  á  cenar  con  Pintón,» 
exclamó  apurando  su  copa;  y  dejando 
la  mesa  del  festín  y  amparado  por  las 
sombras,  lle^  á  la  tienda  de  Jerjes, 
que  ésta  había  abandonado  ja,  J  el  j 
los  SUJOS  hicieron  tal  carnicería  en 
los  enemigos,  que  no  parecía  sino 
que,  habiéndose  propuesto  acabar  con 
todos  ellos,  esperaban  como  término 
la  victoria,  en  vez  de  la  muerte.  Por 
fin,  vendidos  por  los  tebanos  j  descu- 
biertos por  el  día,  sucumbieron.  To- 
dos quedaron  sobre  el  campo;  uno 
solo  sobrevivió  ^ara  llevar  la  triste 
noeva  á  su  patria.  Bn  el  mismo  sitio 
donde  fueron  voluntariamente  inmo- 
lados aquellos  héroes,  se  levantó  des* 
pués,  para  inmortalizar  su  memoria, 
un  monumento  con  esta  inscripción 
del  poeta  Simónides:  <  Viajero,  te  á 
decir  á  Esparta  que  hemos  muerto  aquí 
por  ohedecer  s%s  santas  leyes.  >  Cuando 
Lacedemonia  recibió  la  nueva,  sólo 
dijo,  por  boca  de  sus  magistrados: 
«Mis  hijos  han  cumplido  con  su  de- 
ber.» Forzado  el  paso  de  las  Termó- 
pilas,  penetraron  los  vencedores  en  el 
corazón  de  la  Grecia,  sometiendo  la 
Beoeia  y  el  Atica.  Pero  bien  pronto 
aquellas  glorias  se  desvanecieron.  Los 
triunfos  navales  de  Salamina  y  Mjka* 
la,  al  par  que  la  batalla  de  Platea, 
hicieron  huir  á  Jerjes,  perdida  la  es- 
peranza de  someter  &  los  griegos.  Tal 
fué  el  fin  de  las  famosas  guerras  mé- 
dicas. El  desastre  de  las  Termopilas 
vino  á  ser  el  prólogo  que  dtó  por  re- 
saltado la  más  imperecedera  de  las 
victorias.  La  sangre  de  Leónidas  y  de 
SDS  trescientos  lacedemonios  no  había 
sido  estéril.  ¡Nunca  lo  es  la  sangre  de 
los  pueblos  libres! 
BiuiOLoaia.  Latín  LcHUm,  Bejr  de 


los  espartanos,  muerto  heroieatnente 

en  el  desfiladero  de  las  Termópilas, 
en  donde  se  salvaron  las  libertades 
griegas. 

Leónides.  Masculino,  Historia  a»- 
tigna.  Un  ajo  de  Alejandro  el  Gran- 
de. (pLiNio.)  II  Un  discípulo  de  Pla- 
tón, jefe  de  los  conjurados  contra 
Clearco.  (Justino.)  1|  Un  oficial  lace- 
demonio  en  el  ejército  de  Perseo. 
(TiToLivio.)  g  Un  gobernador  de  Ate- 
nas, contemporáneo  de  Cicerón.  (Ci- 
CBRÓK.)  I  Un  general  de  Probo.  (Vo- 
pisco.) 

Etiuolooía.  Latín  Leónides. 

Leonino,  na.  Adjetivo.  Lo^  que  es 
propio  del  león  o  pertenece  á  él.  ||  De- 
recho romano.  Se  aplica  á  las  compa- 
ñías j  contratos  en  que  se  pacta  toda 
la  ganancia  para  un  socio,  y  toda  la 
pérdida  para  otro,  ó  aquellos  en  que 
se  pacta  para  un  socio  parte  en  la  ga- 
nancia y  ninguna  en  la  pérdida,  j  al 
contrario.  [|  Se  dice  do  cierta  especie 
de  versos  latinos  usados  en  la  Edad 
media,  cu^as  últimas  sílabas  tienen 
consonancia  con  las  del  hemistiquio. 
I  Femenino.  Cierta  especie  ó  grado 
de  lepra. 

EtiuolooU.  Leán:  latín,  ^ontftus; 
catalán,  lUoni,  ho. 

Reseña,^!*  ¿/Mft-ato  leonino.  Es  el 
LBomNA  iocieías  de  los  romanos:  «so- 
ciedad en  que  un  individuo  se  adju- 
dica todaslas  ganancias.»  (Juriscon^ 
sulto  Ulpiano.) 

2.  Llamóse  LBONiNO,  aludiendo  á  lo 
que  hizo  el  león  de  la  fóbula  en  el  re- 
parto de  la  caza. 

3.  Verso  leonino.  Zeontni  versus, 
versos  leoninos,  cujas  sílabas  finales 
están  en  consonancia  con  la  última 
de  cada  hemistiquio,  como  es  el  sí- 
luiente; 

*<tiiereba>U  ruvos  per  newms  omne  favos.» 

(Ovidio.) 

4.  Los  versos  leoninos  se  estilaron 
mucho  después  de  la  Edad  media.  Son 
bellísimos  los  de  don  Leandro  Fer- 
nández Moratín: 

¡Oh  on&nto  padse»  d«  afanei  otroada, 
merocd     anfcaflo  da  fiar  o  etupUgo, 
an  largo  coMUgo  Im  prole  da  Adán! 

[Ohl  vaalva  A  nosotros  la  Ins  desead», 
y  dé  sas  promesas  el  cfalo  cumplida*, 
que  ya  rfpatida»  en  sombras  están. 

5.  Loa  versos  leoninos  pueden  ser 
hexámetros  ó  pentámetros. 

Leonizar.  Neutro.  Andar  en  agios 
ó  en  contratos  leoninos.  (Caballero.) 

Leonor  de  Aragón.  Reina  de  Na- 
varra, hija  de  Don  Juan  II,  rej  de 
Aragón,  j  de  Blanca  de  Navarra.  Casó 
en  1436  con  Gastón  IV, conde  de  FoÍx. 
A  instigación  de  éste,  Don  Juan  II 
desheredó,  en  1455,  á  su  hno  Carlos, 
príncipe  de  Viana,  y  i  Blanca  de 
BvreuZf  su  hija,  major  que  Leonor, 
j  llamó  á  ésta  al  trono.  Cfarlosj  Blan- 
ca reclamaron,  con  razones,  primero, 
j  con  las  armas,  después,  la  herencia 
de  su  madre;  pero  Don  Juan,  ajuda- 
do  de  su  jerno,  los  venció.  Haj  quien 
supone  que  el  desdichado  Carlos  mu- 
rió envenenado  por  orden  de  su  mis- 
mo padre,  j  Blanca,  entregada  á  Leo- 
nor, fué  encerrada  en  el  castillo  de 
Orthez,  donde  murió  poco  después. 


Lbonok  tté  proclamada  reina'  i  U 
muerte  de  su  padre;  pero  gozó  poco 
de  su  criminal  triunfo,  pues  murió  al 
mes  de  su  coronación. 

Leonor  de  Aragón.  Heina  de  Cas- 
tilla, hija  de  Pedro  IT  de  Aragón  j 
de  Leonor  de  Sicilia,  que  nació  en 
135S  j  murió  en  1382.  Se  casó  con  el 
rej  de  Castilla  Don  Juan  I,  en  1375, 
cuando  éste  no  había  subido  adn  al 
trono,  siendo  coronados  ambos  en 
Burdos  en  Í379.  Fué  madre  de  Enri- 
que III,  de  Fernando  de  Aragón  j  de 
Leonor,  cu  jo  nacimiento  costó  la  vida 
á  su  madre  en  Cuéllar,  &  la  edad  de 
24  años.  Se  hizo  célebre  por  su  casti- 
dad y  singulares  virtudes;  especial- 
mente, por  sus  machas  obras  pia- 
dosas. 

Leonor  de  Aragón.  Reina  de  Por- 
tugal, que  murió  en  1445.  Era  hija 
de  Fernando  el  Jvsto,  rej  de  Aragón, 
T  de  Leonor  Alburquerque.  Cadó  en 
1428  con  Eduardo,  infante  de  Portu- 
gal, que  subió  al  trono  en  1433  y 
murió  en  1438,  dejando  á  Leonor  por 
tutora  del  rej  Alfonso  V,  llamado  ^ 
Africano,  y  regente  del  reino.  Despo- 
jada de  este  cargo,  que  se  confirió  al 
infante  Don  Pedro,  vino  á  Castilla 
con  el  prior  de  Crato,  j  pidió  á  Don 
Juan  II  que  declarase  la  guerra  á  Por^ 
tugal;  pero  éste  no  siguió  el  Oonsqo, 
j  mientras  tanto  murió  Lbonqb  de  re- 
pente en  Toledo,  acusando  la  voz  pú- 
blica al  condestable  don  Alvaro  de 
Luna  de  haber  contribuido  á  aquella 
muerte. 

Leonor  de  Austria.  Reina  de  Por- 
tugal, j  después,  de  Francia,  hija  de 
Felipe  el  Hermoso  y  de  Juana  la  Loca, 
y  hermana  de  Carlos  V,  ^ue  nació  en 
Lovaina  en  1498  j  murió  en  1558. 
Fué  educada  en  la  corte  de  su  herma- 
no, que  la  casó,  en  1519,  con  el  rej 
Don  Manuel  de  Portugal,  llamado  el 
Orando  y  el  Afortunado.  Habiendo  en- 
viudado en  1521,  casó  de  s^undas 
nupcias  con  Francisco  I  de  ^aneía, 
siendo  este  casamiento  la  primera 
cláusula  del  tratado  de  Cambraj  de 
1526,  denominado  Pa$  de  las  Damas. 
Empleó  su  influencia  en  mantener  la 
paz  entre  su  marido  j  su  hermano; 
pero  las  infidelidades  j  galanteos  del 
primero  la  hicieron  vivir  retirada,  en- 
tregándose exclusivamente  á  ejerci- 
cios de  piedad.  Volvió  á  enviudar  en 
1547  j  entonces  regresó  á  España, 
acabando  sus  días  en  Talavera  de  la 
Reina  y  siendo  sepultada  en  «1  Bseo- 
rial. 

Leonor  de  Castilla.  Reina  de 
Aragón,  hija  de  Alfonso  VIII  de  Cas- 
tilla j  de  Leonor  de  Inglaterra,  j 
hermana  de  la  reina  Berenguela.  Caso 
en  1221  con  Jaime  I  de  Aragón,  ma^ 
trimonio  que  se  anuló  en  12^  por  un 
Concilio  reunido  en  Tarragona,  á  can* 
sa  de  haberse  descubierto  el  parentes- 
co anterior  de  ambos  cónjuges,  de- 
clarando, Bo  obstante,  heredero  legí- 
timo al  infante  Don  Alfonso,  coma 
nacido  de  una  unión  coiatiaída  de 
buena  fe;  pero  esta  deoUcRCión  fué 
inútil,  porque  el  príncipe  murió  an- 
tes que  su  padre.  Lbomor  salió  oon  aa 

TOMO  lU  ^ 

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878 


LEON 


hijo  de  ktngón,  le  trasladé  á  Cattílla 
al  lado  da  su  hermana  Barenguela»  j 
despaéf  ae  eneerró  en  el  moaaaterio 
de  fas  Huelgas  dsBu^OB,  donde  ma- 
nó en  1244. 

Leonor  de  Castilla.  Reina  de  Na- 
Tarra,  bija  de  Enrique  II  de  Trasta- 
mara  7  de  Juana  Manuel.  Se  casó  en 
Soria,  en  1375,  con  Carlos  II  el  NobU, 
rej  de  Navarra,  como  vínculo  de  amis- 
tad entre  ambas  coronas.  En  1383  se 
volvió  i  Castilla,  porque  la  desagra- 
daba la  modesta  corte  de  Navarra,  al 
paso  que  en  Castilla  se  veía  rodeada 
aa  magnificencia  7  de  lujo.  Pero  co- 
mo Ennqae  III  el  Doliente»  viéndose 
obligado  á  hacer  grandes  economías, 
suprimiera  entre  otras  pensiones  la 
de  su  tia,  ésta  le  suscitó  algunas  re- 
beliones, hasta  que  él  la  sitió  en  Roa, 
se  apoderó  de  ella  7  la  condujo  hasta 
la  frontera  de  Navarra.  Carlos  III,  su 
marido,  la  recibió  con  amabilidad,  ol- 
vidando sus  faltas;  allí  vivió  todavía 
veinte  años  7  murió  en  1416,  siendo 
enterrada  en  Santa  María  la  Real,  al 
lado  de  su  marido. 

Leonor  de  GuEmán.  Querida  del 
re7  Alfonso  XI  de  Castilla,  que  nació 
por  loa  años  de  1310  7  murió  en  1350. 
C^ó,  siendo  mu7  joven,  con  un 
caballero  llamado  Juan  de  Yelasco, 
7  habiendo  quedado  viuda  al  poco 
tiempo  I  contrajo  relaciones  con  el 
re7,  que  se  prendó  de  su  extraordi- 
naria nermosura.  Adquirió  un  ascen- 
diente grandísimo  sobre  «1,  en  térmi- 
nos  que  la  reina  María  de  Portugal 
vivía  casi  olvidada  en  la  corte.  Tuvo 
del  re7  i  Enrique  de  Trastamara, 
que  luego  reinó  con  el  nombre  de  En- 
rique 11,  Tello,  Pedro,  Juan,  Sancho 
7  Juana.  Apenas  muríÓ  Alfonso  XI, 
pensó  la  reina  sn  vengarse  de  lo  que 
había  sufrido  por  espacio  de  veinte 
aflos.  Leonor  rae  presa  en  Sevilla  en 
el  mismo  palacio,  7  á  pesar  de  los  es- 
fuerzos de  sus  hijos,  que  querían  de- 
fenderla, Don  Pedro  el  Cruel  mandó 
que  la  encerraran  en  el  alcázar  de 
Talavera.  Poco  despaés,  sc^ún  algu- 
noa  biógrafos,  LsoNon  sufrió  la  muer- 
te en  garrote,  á  la  vista  da  la  reina  7 
de  BU  hijo  Don  Pedro.  Una  crónica 
de  aquel  reinado  dice:  «que  él  fué 
^uieo  dió  muerte  por  su  propia  mano 
a  la  rival  de  su  madre, >  contriba7en- 
do  esta  venganza  á  las  guerras  civiles 
que  desolaron  á  Castilla. 

Leonor  de  Iiu^laterra,  Reina  de 
Castilla,  hija  de  Enrique  II  de  Ingla- 
terra V  de  Leonor  de  Quiena.  Casó 
en  1170  con  Alfonso  VIH  de  Castilla; 
fué  madre  de  Berenguela  U  Grande  7 
de  Blanca  de  Castilla,  reina  de  Fran- 
cia. Muerto  Alfonso  en  121^  Leonor, 
qua  siempre  le  había  amado  entrafia- 
blemsnte,  se  sintió  poseída  de  un  do- 
lor tan  intenso,  que  espiró  &  los  vein- 
tiséis días,  siendo  sepultada  con  sn 
marido  en  el  suntuoso  monasterio  de 
las  Huelgas  de  Burgos,  que  jautos 
habían  fundado. 

Leonor  de  Portugal.  Reina  de 
Aragón,  hija  de  Alfonso  IV,  llamado 
el  Bravo,  rej  de  Portugal,  7  de  Bea- 
triz da  Castilla.  6»  casó  en  Barcalo- 


LEON 

na,  el  afio  da  1347,  con  Pedro  IV  de 
Aragón,  7  marió  en  Jéríea  al  afio  si- 
guiente. 

Leonor  de  Portugal.  Emperatriz 
de  Alemania,  que  nació  en  1434  7 
murió  en  1467.  Era  la  ma7or  de  las 
hijas  de  Eduardo,  re7  de  Portugal,  7 
de  Leonor  de  Aragón*  Casó  en  1452 
con  Federico  III,  duque  de  Austria, 
7  después  emperador,  de  cnvo  matri- 
monio tuvo  á  Maximiliano  I,  que  su- 
cedió á  su  padre,  7  áCunegunda,  que 
casó  en  1^  con  Alberto  II,  duque 
de  Baviera.  Fué  enterrada  en  Neus- 
tadt,  en  la  abadía  de  la  Trinidad,  que 
había  fundado. 

Leonpétalo.  Masculino.  Lbonto- 

PÍTALO. 

Leonpetaloide.  Adjetivo.  Historia 
«fara^  Parecido  al  leonpétalo. 

Leontiasis.  Femenino.  Medicina. 
Especie  de  lepra  que  comunica  i  la 
fisonomía  nn  aspecto  feroz. 

Etiholcoía.  Griego  XsovtCaffw;  (leon- 
tiasis); de  león,  león,  por  el  aspecto 
que  el  enfermo  presenta:  francés,  Uon- 
tiasis. 

Jieseña. — La  leontiasis  no  es  otra 
cosa  que  la  elefantiasis  tuberculosa  de 
la  cara. 

Leóntícae.  Femenino  plural.  Mi- 
tologia  persiana.  Fiesta  en  honor  de 
Mitras,  dios  de  los  persas,  por  el  cual 
tenían  al  Sol  7  era  adorado  en  una 
cueva  bajo  la  forma  de  león.  (Val- 
buena.) 

Etimología.  Latín  leonHca»  (Ins- 
cripciones.) 

Leontini.  Masculino.  Geografía. 
Nombre  de  una  ciudad  de  Sii»Iia. 
(Cicerón.) 

Etiuolooía.  Latín  Leontiim, 

Leontino,  na.  Sustantivo  j  adje- 
tivo. El  natural  7  lo  perteneciente  i 
Leontini,  ciudad  de  Sicilia. 

BTiifOLoaÍA.  Latín  leonñni,  (Pu- 
nió.) 

Leontáfonos.  Masculino.  Animal 
peque&o,  que  sólo  nace  donde  el  león, 
al  cual  mata  si  gusta  sus  carnes,  que 
la  son  venenosas.  (Plinio.) 

Etiuolooía*  Griego  XiovxoipávtK 
(leontopkónos);  de  líwv^i^s^,  7  «pivo^ 
(phónos),  muerte:  latín,  leontdphonos. 

Leontómigo.  Masculino,  Zo<}lo~ 
fia.  Mamífero  procedente  de  perra  7 
león. 

Leontopétalo.  Masculino.  Botáni- 
ca. Planta  de  los  climas  cálidos,  de 
raíz  tuberosa,  negra  7  amarga,  que 
se  cree  eGcaz  contra  la  picadura  délos 
escorpiones.  (Landais.)  ||  Rape7o,  es- 
peás  de  col,  cuva  raíz,  bebida  en  vi- 
no, es  medicinal  contra  las  serpien- 
tes. (Plinio.) 

EtiHOLoaÍA.  Griego  Xsovtoit^Tx^ov 
(leontopétalon);  de  iéon,  7  pétalon:  Xz- 
tin,UmitSpetalon;(nacéaJeontop¿taloH. 

Leontopodo,  da.  Adjetivo.  Zcolo- 
gia.  Que  tiene  pitas  semejantes  á  las 
del  león. 

Etiuolooía.  C  riego  léon,  león,  7 
podds,  genitivo  áv  poUx,  pie. 

Leonura.  Femiíiiino.  Botánica.  Ks- 

f»ecie  de  ¡llanta  parecida  á  la  cola  del 
eón.  i|  Género  de  la  familia  de  las 
;  labiadas. 


LEOP 

BviuoLoafA.  Griego  téH  7  Hn, 
eola. 

Leopnrdi  (Gi&couo  Ó  Jacobo,  con- 
de de)t  Célebre  poeta  7  polígrafo  iti- 
liano,  que  nació  en  Recanati  (Marca 
de  Ancona)  en  1798  7  murió  en  Né- 
polas  en  1837.  Era  hijo  del  conde  Mo- 
naldo  Leopardi,  noble  de  vasta  ins- 
trucción, pero  de  ideas  estrechas  j 
despóticas.  Se  vid  precisado  &  com- 
pletar por  si  mismo  su  educación, 
devorando  todos  loa  libros  de  la  bi- 
blioteca de  su  casa.  Apenas  adolss- 
oente,  poseía,  ademia  del  italiano  jr 
del  latín,  el  griego,  el  hebreo,  al  fran- 
cés, el  castellano  7  el  inglés.  A  la 
edad  de  16  años  acabó  la  tradneeiéa 
latina,  enriquecida  de  doctísimas  no- 
tas, de  la  Vida  de  Platino,  de  Porphi- 
ro,  habiendo  escrito  antes  una  Histo- 
ria de  la  asíronomia,  para  la  que  se 
valió  de  manuscritos  Riegos  inéditos 
ú  olvidados ;  7  sobre  todo,  de  frag- 
mentos de  los  cincuenta  7  cin«i  pa- 
dres de  la  Iglesia.  El  joven  erudito 
tradujo  en  seguida  la  Batrackomyoma- 
chia  de  Homero,  en  sextetos  italianos; 
la  ma7or  parte  de  los  cantos  de  la 
Odisea  y  de  la  BnHda;  la  TitanoiMxkia 
de  Hesiodo  7  un  considerable  náme- 
ro  de  poesías  sueltas  de  autores  anti- 
guos. Dn  Comentario  al  Petrarca  v  so 
Bnsayo  sobre  los  errores  po¡nU»iK$  tu  lot 
antignosp  dieron  testimonio  de  una 
profundidad  de  juicio  7  de  nn  talento 
de  observación,  que  hubieran  bastado 

6  conquistarle  un  nombre  ilustre,  si 
todas  estas  obras  no  hubieran  queda- 
do oscurecidas  por  la  publicación  de 
sus  Camoni,  insertas  en  el  Stpectaior 
de  Milán  (1818-1820),  que  le  coloca- 
ron en  primera  línea  entre  los  poetas 
italianos,  hasta  el  punto  de  haber 

3uien  le  supone  el  primero,  después 
el  Dante.  Su  soneto  Á  Italia  j  sos 
odas  Al  monumento  del  Dante  en  Fh- 
renda  7  al  Descubrimiento  de  la  Refi- 
j  blica  ae  Gicerén,  produjeron  una  im- 
presión tan  honda,  que  sn  renombre 
cundió  por  todas  partes,  siendo  obje- 
to de  las  más  calurosas  felicitsciones. 
Leopardi  estaba  desde  hacía  la^os 
años  en  correspondencia  con  sabios 
de  tanta  importancia  como  Giordani, 
Niebufar,  Akerblad  7  Boissonade,  que 
adivinaron  en  él  un  filólogo  emioeate 

7  un  gran  poeta.  A  los  19  años  era 
miembro  de  la  Academia  de  Ciencias 
de  Viterbo  (1817);  pero  la  fatiga  del 
trabajo  7  el  hastío  que  engendra  el 
aislamiento,  empezaba  i  dejarse  sen- 
tir. Conocido  en  Alemania,  admirado 
en  Italia,  fué  á  Roma  en  1822.  donde 
Niebuhr,  entonces  ministro  de  Prn- 
sta,  le  ofreció  en  la  universidad  de 
Berlín  una  cátedra  de  filología griegt. 
que  el  joven  rehusó.  Estaba  ya  ataca- 
do de  la  tisis,  que  debía  llevarle  al 
sepulcro.  Doliente,  pobre  7  entrega- 
do i  áridas  tarea»,  se  dejó  en  má* 
una  ocasión  arrastrar  por  una  melan- 
colía que  degeneraba  en  amor  n  i> 
muerte.  Después  de  numerosas  pere- 
grinaciones á  Milán,  Bolonia  j  Pm, 
acabó  por  establecerse  en  Florenewi 
donde  ilustres  7  generosos  amigos 
atendieron  á  sus  necesidades  7  w'^' 


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LEOV 


LEPA 


LEPI  379 


tarcm  bs  «ngustias  de  U  sxiaeria.  Bn 
este  momento  de  calma  j  de  ventura, 
esenbió  sus  Paralipámtnos  á  la  Boira- 
cAomgom»chia  y  publicó,  merced  á  una 
suscripción  que  se  abrió  al  efecto,  una 
QueTa  colección  de  Caneionés  (1831), 
que  dedicó  á  sus  amigos  de  Toscana. 
Éa  aquel  mismo  año,  Ranierí  le  llevó 
a  Ñapóles^  donde  el  poeta  pasó  los  sie- 
te últimos  años  de  su  vida,  siendo  ob- 
jeto de  los  más  cariñosos  cuidados  por 
parte  de  Ranierí  jr  su  hermana.  Por 
fin,  el  14  de  Junio  de  1837,  cuando 
apenaa  había  cumplido  35  años,  el 
^lan  escritor  lanzó  su  último  suspiro. 

Seseña, — 1.  Algunos  trabajos  filo* 
lógieos  de  Iibopabdi  fueron  coleccio- 
DMOS  en  Alemania  antes  que  en  Ita- 
lia; pero  las  obras  completas  vieron  la 
las  pública  en  Florencia  (1854),  da- 
das á  la  estampa  por  aa  excelente 
amigo  A.  Ranieri. 

2.  Los  restos  de  Leofabdi  fueron 
sepultados  en  la  pequeña  iglesia  de 
las  afueras  de  3an  Vitali,  admirándo- 
se en  su  sepulcro  un  epitafio  de  Gíor- 
dani  igualmente  digno  de  ambos. 

3.  Fué  colaborador  del  Espectador 
de  Milán,  de  las  Efeméridei  de  Roma 
7  de  la  Antología  de  Florencia. 

Let^atrdmo,  na.  Adjetivo.  Zoolo- 
ffia.  Concemiento  ó  parecido  al  leo- 
pardo. 

Btucolooía..  Leopardo:  latín,  leSpar- 

Leopardo.  Hasoulino.  Zoología. 
Cuadrúpedo  indígena  del  Africa  j  del 
Asia,  'nene  el  cuerpo  de  color  rojizo 
con  manchas  negras  j  redondas,  la 
cabeza  semejante  á  la  del  gato,  j  los 
dientes  T  las  uñas  sumamente  fuertes. 
Es  cruel  7  sanguinario. 

BnuOLOOÍA..  Griego  XsoirápSaXo^  ( leo- 
párdalotj:  latín,  l^ardus;  italiano, 
leopardo;  francés,  Uopard;  provenzal, 
leopartt  leupart,  Uupart,  lupart;  ca- 
teun,  lUopardo. 

Sentido  etimoÍ^ieo,'-E\  griego  Xeo- 
KÍpSaXoc  se  compone  de  mw  (l¿dn), 
j  icá^akai  (párdalot),  pantera.  Por 
consiguiente,  significa:  ledñ*pantera. 

LeoDoldo  (OBDBH  db).  Éutoria. 
1.  Orden  creada  en  Austria  por  el 
emperador  Francisco  I,  en  1808,  en 
memoria  de  su  padre  Leopoldo  II, 
para  recompensar  el  mérito  civil  y 
militar.  La  cruz  es  de  ocho  puntas,  j 
el  escudo  del  centro  tiene  las  le- 
tras F.  I.  A,  (FraAciscvs  imperator 
ÁMttria),  con  las  palabras  Integrilaii 
tt  Mérito;  y  en  el  reverso,  esta  divisa 
de  Leopoldo:  Optt  regum,  corda  subdi- 
íamm. 

I  2.  Orden  de  Bélgica,  instituida  por 
el  rej  Leopoldo  I,  en  1832.  La  cruz 
está  adornada  con  una  guirnalda  de 
laurel,  y  encima^  teniendo  en  el  cen- 
tro la  cifra  del  toy,  por  un  lado;  y 
por  el  otro>  el  león  belga,  con  esta 
divisa :  L'imion  fait  la  forcé, 

I«eoTÍgÍldo.  Rey  godo  de  Espafia, 
que  ocupó  el  trono  desde  5G9  á  58(j. 
Reino  al  principio  asociado  á  su  her- 
mano Líuva,  que  se  encargó  del  go- 
bierno de  las  provincias  de  la  Galia, 
enea^ndole  las  de  Espafia.  Tomó  al 
impeno  romano  de  Bizancio  las  ciu- 


dades de  H&laga,  Mediáa-Kdonia  y 

otras;  redujo  á  Córdoba,  que  se  había 
rebelado;  quedó  dueño  de  todo  el  rei- 
no á  la  muerte  de  Liuva,  acaecida 
en  572;  sostuvo  guerras  contra  los 
cántabros  y  los  suevos  de  Galicia; 
fundó  á  Vitoiia  y  también  otra  ciu- 
dad, llamada  Recápolie,  en  memoria 
de  sil  hijo  Recaredo.  Para  asegurar  su 
poder,  asoció  al  trono  á  sus  dos  hijos 
Recaredo  y  Hermenegildo,  estable- 
ciendo al  primero  en  Setífpolis  y  al 
secundo,  en  Hispali».  Habiéndose  ca- 
sado éste  con  Ingunda,  princesa  cató- 
lica, no  tardd  en  abrazar  fervorosa- 
mente esta  religión,  lo  cual  apenas 
supo  LsOTiaiLDO,  marchó  con  un  ejér- 
cito contra  su  hijo,  y  le  sitió  en  Se- 
villa por  espacio  de  dos  años,  hasta 
que,  huyendo  Hermenegildo  á  Córdo- 
ba, se  rindió  lue^  á  su  padre,  quien 
al  principio  le  hizo  encerrar  en  una 
prisión  de  Sevilla,  creyendo  ablan- 
darle, y  viendo  que  esto  no  se  conse- 
guía, le  mandó  decapitar.  Habiendo 
invadido  su  reino  los  franceses,  envió 
contra  ellos  á  Recaredo,  que  no  sólo 
los  expulsó  de  ^us  Estados,  sino  que, 

Senetrando  en  la  Galia,  se  apoderó 
e  muchas  ciudades,  taló  varias  co- 
marcas y  volvió  victorioso  á  Bs{)aña. 
Lbovioildo,  cada  Tez  más  irritado 
contra  los  catolice»,  á  «quienes  atri- 
buía todas  sos  des^raciaSf  empezó  á 
perseguirlos  encarnizadamento;  des- 
terró a  los  obispos  san  Leandro  y  san 
Fulgencio,  al  abad  de  Baldara  y  á 
Liciiiiano,  obispo  de  Cartagena,  des- 
truyendo ademas  muchos  templos  y 
apoderándose  de  sus  riquezas.  El  úl- 
timo acto  importante  de  su  reinado 
fué  la  conquista  definitiva  del  reino 
de  los  suevos  de  Galicia,  llevada  á 
cabo  por  Recaredo,  que  se  convirtió 
al  catolicismo  y  elevó  la  monarquía 
española  al  mayor  ^rado  de  esplen- 
dor. LsoviaiLDO  fue  el  primer  rey  de 
su  raza  que  usó  las  insignias  reales 
de  manto,  cetro  y  corona.  (Sala.) 

Lepadiano,  na.  Adjetivo.  Hieto- 
ria  natural.  Parecida  al  lepas. 

Lepadogástero,  ra.  Adjetivo.  Ic- 
tiología, Calificación  de  los  pescados, 
cuyas  aletas  pectorales  reunidas  for- 
man bajo  la  g&rganta  una  especie  de 
escama. 
ETiiíOLoaÍA.  Lepa*  y  aatíro. 
Lépalo.  Masculino.  Botiínica.  Nom- 
bre de  ciertas  escamiUas  que  se  obser- 
van en  la  base  de  los  órganos  machos 
de  algunas  plantas. 

Etimología.  Griego  XsTtt<  (UpU), 
escama:  francés,  Upale. 

Reseña. — El  lépalo  es  la  reunión 
de  las  piezas  que  forman  el  verticilo 
del  disco,  cuando  éste  se  eleva  en  ex- 
pansiones petaloides  ó  glandnlarias. 

Lepanto.  Masculino.  Ge<^rafia 
antigua.  Ciudad  de  Etolia  (Grecia), 
célebre  por  el  golfo  que  lleva  su  nom- 
bre,  donde  tuvo  lugar  la  batalla  en 
que  se  salvaron,  bajo  las  gloriosas 
banderas  de  España,  la  Cruz  y  la 
Europa. 

ETluOLOaÍA.   Griego  Namc^tro^ 
(Naupáktos);  latín,  Naupactos. 
Lepar.  Activo.  Germaaia.  Pelar. 


EniKOAofA.  MeUiesU  de  pelar. 

Lepas.  Masculino.  Sistoria  nalw 
ral.  Especie  de  concha  univalva,  lla- 
mada también  patela. 

Etimología.  Griego  Xenáí  { lepas 
concha  y  roca  pelada,  porque  el  lipas 
se  pega  á  las  rocas:  francés,  lépat. 

Lepeqninia.  Femenino.  Botánica, 
Género  de  plantas  labiadas  con  flores 
amarillas. 

Etimología.  Lepicano. 

Leperada.  Femenino  americano. 
Acción  villana,  impropia  de  un  hom- 
bre regular  y  decanto. 

Leperaje.  Masculino  americano. 
Reunión  de  léperos  ó  canalla. 

Lépero.  Activo.  Provincial  de  Mé- 
jico. La  gente  más  baja  de  la  plebe 
de  aquella  ciudad. 

Leperusa.  Femenino  americano. 
Pblandusca. 

Lepiceno.  Masculino.  Boíinica.  El 
par  exterior  de  las  escamas  que  rodean 
cada  subdivisión  de  una  espiga  com- 
puesta, en  las  gramíneas. 

Etimolooía.  Griego  Xexíf  (lepis), 
escama,  y  wt^(koings),  común:  fran- 
cés, l^icHe. 

Lepidineo,  nea.  Adjetivo.  Botá' 
nica.  Parecido  al  lepidio, 

Lepidina.  Femenino.  Qw^niea. 
Substaucia  extraída  del  lbpidiuh  ibe  - 
ris,  de  Linneo. 

ETiMOLoaÍA.  Lepidio:  francés,  l^i- 
dine. 

Lepidio.  Masculino.  Botánica. 
Planto  perenne  de  hojas  anchas,  al- 
ternas, con  dientes  como  de  sierra  por 
todos  sus  bordes,  y  flores  menudas  y 
blandas  de  figura  de  cruz.  Es  medici- 
nal, muy  picanto  y  antiescorbútica. 

BtimolooCa.  Griego  XimStov  (lepi' 
dionj,  de  lepís,  escama:  latín,  iMdíunif 
el  mastuerzo  silvestre;  francés,  ¿4*^ 
dier. 

Reseña. — Género  de  cruciferas,  com- 
prensivo del  LBPIDIUH  ja^tMHH»  de  Lin- 
neo; del  LBPEDiuM  latifolium;  del  lbpi- 
diuh gramiiMfolium;  del  lbpidiuh  ru~ 
derale;  del  lbpidiuh  didgnuM. 

Lépido,  da.  Adjetivo  anticuado. 
Gracioso,  lindo. 

Etiholooía.  Latín  ¡¿pid%$¡  áe  Íl^, 
donaire. 

Lépido.  Prefijo  técnico;  del  griego 
XemS¿í  (lepidós)t  ^nítívo  de  Xeitíí  (le- 
pís),  escama:  latín,  l^pisy  lepldis. 

Lépido  (Marco  Emiuo).  Triunviro 
romano,  que  murió  el  año  13  autos  de 
Jesucristo.  Siendo  pretor  el  año  49, 
se  adhirió  á  la  causa  de  César;  reunió 
los  comicios,  que  nombraron  á  ésto 
dictodor,  y  al  año  sigaiento  obtuvo 
el  gobierno  de  la  España  citerior  con 
el  título  de  procónsul;  más  adelante 
le  nombró  Cesar  general  de  la  caba- 
llería, y  dos  veces,  su  colega  en  el 
consulado.  Después  de  la  muerte  del 
dictodor,  entró  en  conciertos  con  el 
Senada  y  recibió  el  título  de  pontífi- 
ce; pero  posteriormente  se  unió  á 
Marco  Antonioi  jefe  del- partido  cesa- 
rino,  y  á  OcUvio,  que  mandaba  las 
tropas  del  Senado,  pero  que  abando- 
nó su  causa  viéndola  perdida.  Cons- 
tituido el  triunvirato,  se  repartieron 
Iw  provincias,  tocando  i  LáHDO  la 


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380 


LEPI 


Bapafia  j  \é  Galia  Narbotaense,  con  el 
cargo  de  gobernar  la  Italia  en  cali- 
dad de  cónsul,  mientras  que  sus  co- 
legas iban  á  Oriente  á  combatir  con- 
tra Bruto  y  Casio.  Al  volver  aquéllos, 
vencedores  de  Filipoa,  le  despojaron 
de  sos  provincias  con  pretexto  de  que 
había  sostenido  relaciones  con  Sexto 
Pompejro,  j  poco  después  le  conce- 
dieron como  indemnización  el  Africa. 
AUí  permaneció  cuatro  años,  j  ha- 
biéndole pedido  Octavio,  auxilio  con- 
tra Sexto  PompejOf  obedeció;  pero 
cansado  de  su  papel  subalterno,  em- 
prendió la  guerra  por  su  cuenta;  se 
apoderó  de  Mesina  j  otras  plazas; 
reunió  un  ejército  de  20  legiones  y 
pidió  la  Sicilia  j  una  parte  igual  .á  la 
de  sus  colegas  en  el  poder.  Octavio  se 

Sresentó  atrevidamente  á  sus  solda- 
os,  les  dirigió  la  palabra,  conjurán- 
doles en  nombre  de  la  patria  á  no  em- 
peñarse en  una  guerra  civil,  y  consi- 
guió arrastrarlos  consigo,  obligando 
a  LéPiDO  á  abarse  ¿  sus  pies.  En  se- 
guida le  despojó  del  cargo  de  triunvi- 
ro y  de  la  provincia  de  Africa,  deján- 
doíe  únicamente  la  dignidad  de  pon- 
tífice, con  la  que  vivió  oscuramente  el 
resto  de  sus  cuas.  (Sala.) 

Leipidocarpo.  Masculino.  Botáni- 
ca. Pbotba. 

ExuiOLoaÍA.  Lepiáo  j  htrpdt,  fruto: 
francés,  lépidocarpe. 

LepidócerOf  ra.  Adjetivo.  Zoólo- 
gia.  Que  tiene  las  antenas  erizadas  de 
pelítos  escamíformes. 

Btuíolooí A.  Lepido  y  kéras,  cuerno: 
francés,  lépidocire. 

LepidoCUeo,  lea.  Adjetivo.  Botá- 
nica, Análogo  al  lepidófílo. 
'   Lepídófilo,  la.  Adjetivo.  Botánica. 
Que  tiene  hojas  á  modo  de  escamas.  Q 
Masculino.  Género  de  plantas  sinan- 
téreas. 

•  BTiiiOLoaÍA.¿«/i¿e7pAy¿^hoja: 

Lepidóflto.  Masculino.  Botánica. 
Nombre  de  las  plantas,  cujo  fruto 
cónico  está  formado  de  escamas  eoní- 
feras. 

EtuiolooU.  Lepiio.y  fhifion,  plan- 
ta: XcntSóc  fúBov. 

Lepidoide.  Adjetivo.  BUtoria  na- 
tural. GSCAUOSO. 

Etiuoloqía.  Zepiáo  y  ñdoj,  forma: 

Lepidolario,  ria.  Adjetivo.  Mistó- 
fia  natural.  Cubierto  ó  guarnecido  de 
escamas. 

BtucolooÍa.  Latido. 

Lepidólito.  Masculino.  Jliineralo- 
ffia.  Substancia  compuesta  de  una  infi* 
nidad  de  laminillas  que  brillan  como 
la  plata  sobre  fondo  Ula,  y  pasan  de- 

f enerando  insensiblemente,  á  un  color 
lanco  verdoso  ó  al  blanco  nacarado. 
EnuoLOOÍA.  Lepido  y  Hthos,  pie- 
dra: francés,  lépidolithe, 

Lepxdopo.  Masculino.  Ictiología, 
Género  de  pescados  óseos. 
ETiuoLoaÍA.  Lepido  y  poüi,  pie: 

Lepidópomos.  Masculino  plural. 
/«¿ioM^ío.  f  amilim  de  pescados  óseos 
«bdomiaalei,  que  tienen  opérculós 
•seanuwos  j  boea  desdentada. 


LEPO 

ErnibtAafa.  Zepido  j  p8m  («ütui)r 
opérenlo. 

Lepidóptero,  ra.  Adjetivo.  Soolo- 
gla.  Que  tiene  las  alas  cubiertas  de 
una  especie  de  polvillo.  Se  nsa  eomo 
sustantivo  por  mariposa. 

Btiuoloqía.  Lepxio  y  pttrdn,  ala: 
francés,  lepidopOre, 

Lepidwtendogia.  F  e  m  e  n  in  o . 
Zoología,  Tratado  sobre  los  lepidópte- 
ros. 

En>KX.oaÍA.  Lqpiiépten  j  U^o*, 
tratado. 

Lepidopterológico,  oa.  Adjetivo. 
Concerniente  á  la  lepidopterología. 

Lepidopterólogo.  Masculino.  Na- 
turalista dedicado  á  la  lepidoptero- 
logía. 

Lepidosarcoma.  Masculino.  Me- 
dicina, Tumor  carnoso  y  cubierto  de 
escamas  que  suele  formarse  en  la 

boca. 

ETiuoLoaÍA.  Zepido  y  $ariomat  tu- 
mor carnoso:  francés,  l^ido-sarcome. 

Lepidósomo,  ma.  Adjetivo.  ^00- 
logia.  Que  tiene  el  enerpo  cubierto  de 
escamas. 

ETucoLOaÍA,  Lepido  y  toma,  cuerpo: 
Lepidoto,  ta.  Adjetivo.  Lbpit>ola- 

ESO. 

Lepiróflto.  LspiDÓpiTO.  La  forma 
lepirófito,  que  aparece  en  algunos 
Diccionarios,  es  barbara. 

Lepis.  LAPIDO. 

Lepisacanto.  Masculino.  Ictiolo- 
gía. Género  de  pescados  muy  escamo- 
sos, ásperos  y  auros. 

Etuiolooía.  Lipis  y  áhmtkay  espi- 
na: Xeitíf  ¿úcavOs. 

Lepisma.  Masculino.  Botánica. 
Conjunto  de  escamas  membranosas 
que  radican  en  la  base  de  ciertos  ova- 
rios. I  Entomología.  Género  de  insec- 
tos ápteros,  cubiertos  de  escamas  di- 
minutas. Jetiologia.  Bspecíe  de  la- 
bro. 

BTii«».oafA.  Griego  Xmíc  (Icpítjt 
escama. 

IiOpisósteo.  Masculino.  Ictiología. 
Género  de  pescados  abdominales  clá- 
peos,  que  abundan  en  los  grandes  la- 
gos de  las  regiones  cálidas  de  Amé- 
rica. 

BiiuoLoafi^  Lepit  y  otteón^  hueso: 
Xeitf^  09x¿ov. 

Lepisuro,  ra.  Adjetivo.  Omitolo- 
gia.  Que  tiene  escamosa  la  aleta  cau- 
dal. 

ETmoLOOÍA.  Lepít  y  oúra^  cola. 
Lepor.  Masculino  anticuado.  Gra- 
cia, atractivo. 
EriHOLoaU.  Latín  lepor. — tGracia, 


LEPR 

Lepra.  Femenino.  Enfermedad  »• 
tánea  y  contagiosa  que  comiito  u 
unas  pústulas  hediondas^  ariaeinti. 
das  r  escamosas,  que  se  van  exten< 
díendo  por  todo  el  cuerpo,  y  tenoini 
en  una  fiebre  lenta.  ||  blanca.  Alut 
nAzo, 

Etimología.  Griego  Xfcm  (Updt), 
escamar;  Xtití?  (UpísJ,  escama;  Xntpót 
(leprás)f  áspero,  escamoso;  UTcft(ié- 
^a),  enfermedad:  latín,  kprayUprt; 
Italiano,  lepra,  lebbra;  francés  del  li- 
gio xu,  liepre;  moderno,  lipre;  pro- 
venzal,  lepra;  catalán,  lepra,  lUj^ 

Sentido  etimológico. — LaraA  quiere 
decir  escama,  piel  escamosa. 

Retem  histórica. — 1.  La  lepra  le 
consideró  en  los  tienipos  más  antiguos 
como  signo  de  la  cólera  de  Dios.  Todo 
el  Oriente  está  lleno  de  cuevas  óbi- 
rracas,  á  cierta  distancia  de  tas  pobU- 
clones,  en  donde  vivían  Ioslbpsosos. 
Por  consiguiente,  las  costumbre  j 
prácticas  de  la  Edad  media,  por  lo  que 
toca  á  los  LBPBOsos  de  aquellos  tiem- 
pos, no  son  otra  cosa  que  una  remi- 
niscencia de  las  teocracias  inicíales, 

2.  La  ley  de  Moisés  procuró  impe- 
dir la  propagación  de  la  lepra,  orde* 
nando  c|Ue  los  lbpbosos  viviesen  leju 
de  los  sitios  habitados,  y  evitando  con 
ellos  toda  comunicación. 

3.  Entre  los  pueblos  cristianos,  se 
consideró  á  los  leprosos  como  muer- 
tos para  el  mundo,  pues  no  podíw 
disponer  de  sus  bienes,  ni  compue- 
cer  ante  los  tribunales  para  ninguu 
causa  personal. 

4.  También  lea  estuvo  prohibido 
entrar  en  las  iglesias,  molinos,  pana- 
derías, ferias  y  mercados;  lavarse  ea 
las  fuentes  y  en  los  arroyos;  tocar  la 
cuerda  de  los  pozos;  beber  en  otro 
vaso  ^ae  no  fuese  de  escudilla;  tocar 
los  objetos  que  quisiesen  comprar,  á 
no  ser  con  un  bastón.  Debían  vestir 
de  negro,  y  anunciar  su  aproiinución 
con  una  esquila  ó  campanilla. 

5.  En  repetidas  ocasiones,  el  Tal- 
go les  acusó  de  haber  envenenado  las 
fuentes  y  ocasionado  las  epidemias. 

6.  Los  LEPROSOS  habitaban,  en  las 
ciudades  y  en  las  aldeas,  en  eaba- 
ñas  que  se  quemaban  después  de  n 
muerte. 

7.  Su  patrón  era  san  Lázarot  W 
mano  de  María  y  de  Marta,  que  se  so- 
ponía  murió  de  lepra. 

8.  La  Iglesia,  sin  embargo,  procu- 
ró vencerla  repugnancia  que  inspí' 
raban  los  lbpbosos  y  íes  señaló  un 
sitio  aparte  en  los  lugares  sagrados; 
en  los  cementerios.  Con  este  fin,  se 


hermosura  y  buen  gusto.  Es  voz  pu-  fundó  la  orden  de  san  Lázaro,  eu/os 
lamente  latina,  y  de  raro  uso.»  (Aga-  humanitarios  propósitos  dieron  e^ 


DBiuA,  Diccionario  de  17^6,) 

Leporario.  Masculino.  Vivar  de 
conejos  ó  liebres. 

ETDCOLOofA.  Lepórido. 

Lepórido,  da.  Adjetivo.  Zoología. 
Parecido  á  la  liebre. 


lentes  resultados;  tanto  que,  de  19.000 
LEPROSOS  que  en  el  siglo  xui  enitaba 
la  cristiandad,  solamente  hsbía  eo 
Francia  2.000. 

9.  Habiendo  disminuido  la  lep» 
v  sido  menos  dañina  desde  el  si- 


EtimolooÍa.  Griego  Xénopu  (l^o~  glo  xvi,  una  multitud  de  vagabundos 
r«;.- latín,  lepore^  aolativo  de  Upus;  se  unió  á  los  verdaderos  lbpbosos 
francés,  léporide,  .  atraídos  por  las  limosnas  de  los  fieles. 

Leporino,  na.  Adjetivo.  Concer-  \  A  consecuencia  de  esto,  varios  se&oies 
niente  á  la  liebre..  I  se  apropiaron  los  bienes  afectos  a 

BtiHOLcafa.  |  aquellos  desgraciados,  y  asi  vemoi 


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LEPT 

<)a6  BoTÍQue  IV  de  Francia  empled 
parte  de  dichos  bienes  para  pBffar  á 
los  soldados  heridos*  j  Luis  XI V  d^s* 
tino  el  resto  á  los  hospitales  ordína- 
xiof. 

10.  Para  ilustración  de  este  punto, 
importantísimo  para  la  historia  j  la 
Medicina,  recomendamos  al  lector 
erudito  la  excelente  obra  de  Labourt, 
títalada:  Reekereket  twr  Vorigine  des 
ladreriet,  maladrerie»  et  Uproseries  (Pa- 
rís, 1854).  Note  el  lector  que  Labourt 
habla  de  ladreriet,  porque  los  lepro- 
sos fueron  llamados  ladres. 

Lepraria.  Femenino.  Botánica. 
Género  de  liqúenes  parecidos  á  las 
pústulas  de  la  lepra. 

Lepraríado,  da.  Adjetivo.  Botáni- 
ca, Anáío^  á  la  lepraria. 

Lepreiia.  Femenino.  Conjunto  ú 
hospital  de  leprosos.  |  Hediondez  de 
lepra. 

JStucolooIí.  ¿tf^a:  Ülrancés,  lépro^ 
serie. 

Leprosería.  Femenino.  Lbpbebía. 
^  Leprostdad.  Femenino.  AbuncUn' 
cía  de  lepra. 

Leproso,  sa.  Adjetiyo.  El  que  pa- 
dece la  ennrmedad  llamada  lepra.  || 
Metáfora.  Miserable,  desaseado,  ab- 
jecto,  como  cuando  decimos:  es  un 

LBPBOSO. 

Btiuoloqía.  Lepra:  latín,  leprdsus; 
italiano,  lebbroso;  francés,  le'prewe; 
provenzal,  lebros;  catalán,  leprés,  Ue- 
frot,  a. 

Lepta.  Femenino,  Botánica.  Ksjpe- 
cie  de  árbol  de  hojas  temadas.  Q  Gé- 
nero de  celastríneas,  que  tiene  una 
sola  especie;  la  lbita  tripilo.  [|  ^oo- 
leyía,  (xénero  de  arácnidos  traqueaos, 
comprensÍYO  de  la  lepta  autumnal 
de  ugunos  autores,  la  cual  se  oculta 
bajo  la  piel,  causando  un  escozor  tan 
insoportable  como  el  de  la  tíña,  y  que 
no  se  calma  sino  lavándose  con  agua 
y  vinagre, 

Etwolooía.  Griego  lsm6i(lepíds), 
tenue,  desnudo,  partici|tio  de  Xhaa 
(l^oj,  quitar  la  corteza  o  la  escama, 
despojar:  francés,  lepie. 

Leptacanto,  ta.  Adjetivo.  Botáni- 
ca, De  hojas  estrechas  y  delgadas. 

BrUfOLoaÍA.  Leptós,  tenue;  c  de  en- 
lace y  ántkos,  flor:  Xeirt¿í  áv6o^. 

Leptante.  Adjetivo.  Botánica»  De 
hojas  pequeñas. 

BTmoLoaÍA.  L^la. 

Lepte.  Lepta.  La  forma  lepíet  que 
aparece  en  aíranos  Diccionarios,  es  la 
tradnecidn  du  vocablo  firancés. 

Leptíntico,  ca.  Adjetivo.  Medici- 
na antigua.  Atenuante. 

BnuoLOofA.  Griego  XetpcuvwxÍí  (lep- 
tyntikós );  forma  deXeifrúnEiv  ( lepívnein }, 
atenuar,  derivado  de  Xemó^  (íeptásj, 
tenue;  francés,  leptyntique. 

Leptis.  Femenino.  Geografía  anli- 

{na,  Lebeda  ó  Lepeda,  ciudad  de  Ber- 
ería.  (Cicerón.) 
Btuiolgoía.  Latín  Leptis, 
Leptis  magna.  Femenino.  Qe<^ra- 
fia  antigna.  Trípoli. 

Etiuolooía.  Latín  Leptis  nu^, 
(Om  MiauBL  y  Morantb.) 

Leptismo.  Maseulitto.  JSÍedieina, 
BtteBuaeiéa  genoal  del  caerpo.  ' 


LEPT 

ExiMOLoafA.  Lepta. 

Lepto.  Prefijo  técnico;  del  griego 
Ximóti  ( leptós J,  tenue. 

Leptocai^o,  pa.  Adjetivo.  Botá- 
nica. De  frutos  delgados  y  largos. 

E-riMOLoaía.  Lepto  y  karp<fs,  fruto: 

Leptocanle.  Adjetivo.  Botánica. 
De  tallo  delgado. 

EtwoloqÍa.  Leptoykanlés  (xauXi»;), 
tallo. 

Leptócero,  ra.  Adjetivo.  Zoologia. 
De  antenas  delgadas. 
ETiuoLoafA.  Lepto  y  Aeras,  cuerno: 

Leptodáctilo,  la.  Adjetivo.  Zoolo- 
gia.  De  dedos  la^s  y  sumamente 
delgados. 

Etiuolooía.  Ztf^fo  j  dátíiht  Xtirc¿c 

Leptodonte.  Adjetivo;  Zoología, 
De  dientes  diminutos. 

ETiMOLoaf A,  Zíp/o  y  odv&St  diente, 

Leptófilo,  la.  Adjetivo.  Botánica. 
De  hojas  delgadas  y  estrechas.  ||  Mas* 
calino.  Especie  de  titímalo  que  se 
cría  entre,  las  piedras.  (Plinio.) 

Etiholooía.  Griego  XemócpuXXov  (lep- 
tóphyllon);  de  leptós,  teuMe,  y phgllon, 
hoja:  latín,  lepttphyllon. 

Leptofis.  Masculino.  Zoología.  Gé- 
nero de  serpientes  inmediato  al  boa. 

Etimología.  Lepto  y  Óphis,  serpien- 
te: Xexcóí  %tí. 

Leptofonía.  Femenino.  Dulzura 
de  la  voz. 

ETiifOLOQÍA.  Lepto  y  phone,  voz: 
Xtircó^  «uivij. 

Leptogastro.  Masculino.  Entomo- 
logía. Género  de  insectos  que  tienen 
efabdomen  muj' delgado,  prolonga- 
do .y  angosto. 

Etimología.  Lepto  y  gastro, 

Leptogloso,  sa.  Adjetivo.  Histo- 
ria natural.  De  lengua  estrecha. 

BuHOLoaU.  Lepto  y  glossa,  lengua: 
Xetctóí  YXüiffoa. 

Leptologia.  Femenino.  Retórica. 
Estilo  culto,  discurso  delicado,  sutil. 

Etimología,  Griego  XeTuxoXoYtá  (le^ 
tologiaj;  de  leplós,  sutil,  y  lÓgos,  dis- 
curso: francés,  leptologie. 

Leptómero,  ra.  Adjetivo,  fisiolo- 
gía y  anatomía  antiguas.  Epíteto  de  las 
partes  más  sutiles  de  la  economía. 

Etuiología.  Griego  XeirrotiE^c  (lep- 
tomeres);  de  leptós^  múl^y  meros,  par- 
te: ficancés,  leptomére. 

Leptomórnco,  ca.  Adjetivo.  Mi- 
neralogía. Epíteto  de  los  cristales  muy 
estrecnos. 

Etimolooía.  Griego  leptós,  sutil,  y 
morpheJoTtaíi'.fTttnceSyleptomorpMque. 

Leptopétalo,  la.  Adjetivo.  Botá- 
nica. De  pétalos  estrechos. 

ETiuoLoaÍA.  Lepto  y  pétalo:  Xsircó; 
TtátaXov. 

Leptopo,  pa.  Adjetivo.  Botánica. 
Que  tiene  un  pie  ó  un  estipo  prolon- 
gado. [1  Enlomologia.  Género  de  in- 
sectos nemipteros. 

Btimología.  Lepto  y^oUs,\  pie. 

Leptópodo,  da.  Adjetivo.  Botáni- 
ca. De  pie  delgado,  jj  De  estipo  del- 
gado y  cilindrico.  ||  Masculino.  Gé- 
nero de  plantas  sinantéreas  helián- 
teas. 


LEQU  381 

Etimología.  Lepíopo,. 

L^toquímia.  Femenino,  Medicir- 
na.  Estado  de  los  humores,  cuando 
están  privados  de  los  principios  cons- 
tituyentes. 

Etimolooía.  Griego  leptis,  desnu- 
do, y  c^MM,  jugo,  humor:  XnroSc 

Leptorránfoffii.  Adjetivo.  De  pico 

largo  y  angosto. 

Etimología.  Griego  leptós,  tenue, 
y  rhámphos,  pico:  "ktmftt,  ^df[t<po{. 

Leptorrínco.  Leptorkanpo. 

Etimología.  Griego  leptós,  tenue, 
y  rhygchos,  pico:  Xíitró^  pii^oí. 

Leptorríno,  na.  Adjetivo.  Zoolo- 
gía. Que  tiene  muy  delgadas  las  fosas 
nasales. 

ETiHOLoaÍA.  Lepto  j  rkUst  naris: 

Leptorriso,  za.  Adjetivo.  Botáni- 
ca. De  raíces  delgadas. 
Etimología.  Zepto  y  rküa,  lafz: 

Leptósafo.  Masculino.  Mineralo- 
gía. Especie  de  mármol  de  Egipto. 

ExiuoLoafA.  Griego  leptós,  tenue, 
y  saphis,  claro,  evidente,  manifiesto; 

Leptósomo,  ma.  Adjetivo.  Histo- 
ria natnraU  De  cuerpo  comprimido  y 
delgado. 

ÉriuoLoaÍA.  Lepto  y  soma,  cuerpo: 

XEircó<;  axi)[Aa. 

'  Leptospermas.  Femenino  plural. 
Botánica.  Género  de  plantas  mirtá- 
ceas, una  de  cuyas  especies,  el  lbi^ 
TOSPERMUM  Jlorescem,  de  Smith,  tiene 
hojas  y  flores  de  un  olor  aromático, 
las  cuales  se  emplean  en  Australia 
como  infusión  teiforme.  (LiTTRá.) 

ErmoLOGÍA.  L^to  y  spérma,  grano: 
francés,  lepíospermes. 

Leptospérmeo,  mea.  Adjetivo. 
Botánica.  Parecido  al  leptospermo. 

Leptospermo.  Masculino.  Género 
de  árboles  mirtáceos  de  la  Nueva  Ho- 
landa. 

Etimología.  Leptospermas, 

Le^tostaquiado ,  da.  Adjetivo. 
Botánica.  De  espigas  delgadas. 

Etdiología.  Griego  leptós,  tenue, 
y  síác/iys,  espina:  Xtitió?  rcá^m. 

Leptotriquia.  Femenino.  Medici- 
na. Delgadez  de  los  cabellos. 

Etimolooía.  Griego  leptós,  delga- 
do,  y  thrix,  íriekds  (6pt{,  ip^x^)!  ca- 
bello. 

Leptara.  Femenino.  Bntamologia. 
Género  de  insectos  opleópteros  muy 
bonitos,  con  largas  y  sedosas  ante- 
nas. H  Botánica,  Género  de  plantas 
gramíneas. 

Etimología.  Griego  leplós^  tenue, 
y  oúra,  cola:  francés,  lepture. 

Reseña, — La  leptura  es  un  coleóp- 
tero de  la  familia  de  los  xilófa^s,  y 
se  llamó  así,  porque  tiene  los  élitros 
más  estrechos  en  la  parte  superior. 

Leptureto,  ta.  Adjetivo,  Historia 
natural.  Parecido  á  la  leptura. 

Lepturíos.  Masculino  plural.  Bn- 
tomo/(yía.-Familia  de  insectos  coleóp- 
teros, cuyo  tipo  es  la  leptura. 

Lequegttana.  Femenino.  Zoolwia. 
Especie  de  avispa  venenosa  del  Bra- 
sil. 


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382 


LÉRI 


EnicoLoaÍA.  Vécablo  bratileñc. 

Lera.  Femenino.  Hblbba, 

Larcha.  Femenino.  ProTÍncial 
Mancha.  El  jouquillo  con  que  se  atra- 
viesan las  agallas  de  los  peces  para 
eolgarlos. 

Lerda.  Femenino.  Veterinariiu 

LSRDÓN. 

Lerdamente.  A-dveibio  de  modo. 
Con  pesadez  y  tardanza. 

EnuoLOOÍÁ.  Lerda  j  el  sufijo  ad- 
verbial meníe:  francés,  lourdmení;  ita- 
liano, lordameníe;  bajo  latín,  iurdi. 

Lerdez.  Femenino  anticuado.  Pe- 
sadez, tardanza. 

Etiuolooía.  Lerdo:  franeás,  Icur- 
dtw}  italiano,  lordetza. 

Lerdo,  da.  AdjetiTo.  Lo  c^ue  es  pe- 
sado y  torpe  en  el  andar.  Dtcese  más 
comunmente,  de  las  bestias.  {  Metáfo* 
ra.  Aplícase  al  que  es  tardo  y  torpe 
pan  comprender  6  ejecutar  alguna 
cosa.  H  Germania.  Cobarde. 

Etimología.  1,  Variante  de  lurJo, 
tema  conservado  en  pohrdo:  francés 
del  siglo  xm,  lurd,  lor;  xiv,  lour; 
XV,  lourde;  xvh  hurd,  pesado,  que  es 
la  forma  moderna;  burguiflón,  lor, 
lode;  Berrjr,  lourd;  italiano,  lordo,  lu- 
rido;  napolitano,  lurdo;  bajo  latín, 
Inrdiu,  del  latín  ¿firWw»  amarillento, 
lívido,  sombrío,  negro. 

2.  Las  glosas  de  Rabán  traducen 
lUridut  por  fúl,  podrido,  lo  cual  de- 
muestra que  este  signifícado  es  muy 
antiguo  en  la  forma  latina. 

3.  Bl  latía  ISrídiu,  inmundo,  trans- 
mitido al  romance,  significó  estólido, 
pesado  de  espíritu,  w  donde  pasó  á 
significar  pesado  de  cuerpo,  cayo  sen- 
tido tiene  el  francés  lourd. 

4.  El  griego  Xop8ó<;  (tordos),  curvo, 
cóncavo,  de  que  habla  Covarrubias, 
no  es  admisible:  «Pesado,  torpe  y  tar- 
do. Aplícase  regularmente  á  las  bes- 
tias. Algunos  dicen  viene  do  la  voz 
italiana  lordo,  según  siente  Covarru- 
bias, aunque  le  parece  mejor  venga 
del  griego  Lerdos,  que  signiüca  el  que 
trae  la  cabeza  inclinada  hacia  el  sue- 
lo.» (AcADBifiA,  Diccionario  de  1726.) 

Lerdón.  Masculino.  Veterinaria, 
Hinchazón  ó  tumor,  las  más  veces 
blando,  que  se  forma  en  la  parte  de  ta 
rodilla,  en  donde  w  une  el  músculo, 
y  haea  Tejiga  i  la  parte  de  afüera  y 
dentro,  de  manera  que,  comprimién- 
dolo, ó  se  esconde  á  sobresale. 

Lardara.  Femenino.  Lsrdbz. 

Lere.  Masculino.  Nombre  de  los 
sacerdotes  indios  del  Darién. 

Lérida.  Femenino.  Geografía.  Una 
de  las  cuatro  provincias  que  consti- 
tuyen el  antiguo  principado  de  Cata- 
luña, decretada  por  las  Cortes  en 
1822:  está  considerada  de  tercera  cla- 
se en  lo  civil  y  administrativo,  y  de- 
pende, en  lo  militar,  de  la  capitanía 
general  de  Barcelona;  en  lo  eclesiás- 
tico, del  arzobispado  de  Tarragona,  y 
en  lo  judicial,  de  la  audiencia  teriito- 
rial  de  Cataluña. 

I  1.  Siínaeidñ  astronómica. — Hállase 
ésta  comprendida  entre  los  4V  16"- 
42'  48'  de  latitud  septentrional  y  4" 
2'-5*  36'  de  longitud  oriental  del  me* 
ridiano  de  Madrid. 


LÉRI 

3.  Coa^fwx.  —  Bste  territorio,  en 
virtud  de  decreto  de  30  de  Noviembre 
de  1833,  confina:  al  Norte,  con  los 
Pirineos,  que  lo  separan  de  Francia; 
al  Este,  por  las  provincias  de  Barcet- 
lona  y  Gerona;  al  Sur,  por  la  de  Ta- 
rragona, y  al  Oeste,  por  las  de  Zara- 
goza y  Huesca. 

3.  Extensión. — La  de  esta  provin- 
cia, mide:  177  kilómetros  de  largo, 
de  Norte  á  Mediodía;  107  de  ancho, 
de  Oriente  á  Occidente,  y  12.366  cua- 
drados de  superficie. 

4.  Población. — Según  el  último  cen- 
so, asciende  á  298.282  habitantes, 
distribuidos  en  siete  partidos  judicia- 
les (Bala^uer,  Cervera,  Lébida,  ¿ieo 
de  tjrgel,  Sorí,  Tremjj  y  Vielta),  di- 
vididos en  324  ajantamientos,  que 
representan  1.021  poblaciones. 

9.  C¿«Ma.^-0[>nsiderando  la  provin- 
cia dividida  en  dos  partes,  septentrio- 
nal y  meridional,  una  y  otra  se  ha- 
llan expuestas,  con  cortas  diferencias, 
á  las  mismas  alteraciones:  en  la  pri- 
mera el  clima  suele  ser  frío  con  al- 
gún exceso,  debido  á  la  frecuencia 
con  que  la  combaten  los  vientos  del 
Norte,  llamados  en  el  país  íramonía- 
^  y  lorp,  siendo,  por  lo  tanto,  mujr 
propenso  á  fuertes  catarros  y  pulmo- 
nías; la  segunda,  perfectamente  ven- 
tilada por  Tos  cuatro  puntos  cardina- 
les, disfruta  de  una  temperatura  más 
suave  7  benigna,  sin  que,  por  lo  co- 
mún, se  conozcan  otras  enfermedades 
que  las  puramente  estacionales  y  las 
que  ocasionan  las  frecuentes  é  inten- 
sísimas nieblas  del  invierno;  especial- 
miente,  en  los  parajes  situados  en  las 
cuencas  de  los  ríos.  Estas  nieblas, 
aunque  de  poca  duración,  aminoran 
en  algún  modo  los  muchos  encantos 
que  la  naturaleza  otorgó  á  esta  parta 
de  la  provincia,  privándola  de  la  pu- 
reza y  alegría  de  su  cielo  y  de  la  be- 
néfica influencia  de  los  rajros  del  sol, 
el  cual  permanece  totalmente  oculto 
durante  muchos  días  de  los  meses  de 
Noviembre,  Diciembre  y  Enero.  Esto, 
no  obstante,  el  clima  de  esta  comar- 
ca, aunque  vario  por  lo  general,  es 
acaso  de  los  más  saludables  de  Es- 
paña. 

6.  Topo^fra/ia. — El  territorio  de  es- 
ta provincia  es  el  más  montuoso  j  va- 
riado de  las  cuatro  que  comprende  el 
antiguo  principado  de  Cataluña:  su 
supurficíe,  cortada  en  todas  direccio- 
nes y  extraordinariamente  desnivela- 
da, presenta,  en  sus  tres  cuartas  par- 
tes, una  serie  no  interrumpida  de  va- 
lles y  de  montes.  Al  Norte  y  al  Este 
aparece  cubierta  por  los  ramales  de 
los  Pirineos,  al  Sudoeste,  por  inmen- 
sas llanuras.  La  cordillera  de  monta- 
ñas más  importante  es  la  pirenáica, 
la  cual  divide  casi  por  mitad  la  pro* 
vincia  y  ciñe  toda  la  parte  septentrio- 
nal, desde  el  puerto  de  Benasque  has- 
ta el  valle  de  Andorra,  el  cual  rodea 
hasta  llegar  al  puerto  de  Aveí-Coro- 
nat,  entre  el  expresado  valle  y  la  Cer- 
deña  francesa.  De  aquella  cordillera 
se  desprenden  grandes  ramificaciones 
de  estribos  que,  internándose  en  el 
país,  le  dan  la  forma  topográfica  des- 


LÉRI 

igual  qne  la  distingae  de  ki  etraa 
tres  provincias  hermanas:  la  principal 
de  estas  ramificadones  es  la  que, 

Srincipiando  en  el  Sudeste  de  la  Cer- 
eña francesa,  en  el  puerto  de  Finis- 
trelles  j  Nuestra  Señora  de  Nuria, 
penetra  en  el  territorio  por  los  colla- 
dos de  Jou  y  Pendis,  recorriéndole 
todo  de  Oriente  á  Occidente  y  divi- 
diéndole en  dos  porciones  casi  igua- 
les, mediante  el  enlace  de  las  monta- 
ñas de  Cadi  con  las  de  Ár/s  y  Mont- 
sech. — De  los  montM  Malditos  ó  Afa- 
tadeíía  y  puerto  de  Yíella ,  se  desga- 
jan dos  ramales  que,  prolongándose 
paralelos  en  dirección  de  Norte  á  Me- 
diodía, dan  nacimiento  y  condutnn 
las  aguas  del  río  Noguera  Bibagorsa- 
na,  determinando  en  su  curso ellími- 
te  de  esta  provincia  j  la  de  Huesca, 
hasta  más  allá  del  puente  de  Monta- 
ña: de  los  puertos  de  la  Bonaigua, 
Tabascán ,  Arer  y  Tor,  arrancan  dos 
órdenes  de  montes  menores,  cujas 
faldas  constitujen  las  vertientes  y 
valles  de  Esterrí  de  Aneo,  Cardós, 
Alins  y  Farrera;  y  del  Pirineo,  al  Sud- 
este del  Talle  de  Andorra,  se  separa 
otro  ramal  que  conduce  el  río  Valíra 
hasta  un  poco  más  allá  de  la  Seo  de 
Urgel,  cuva  ciudad  y  fuerte  circuje, 
v,  trazando  después  una  línea  para- 
lela al  Cadí,  prosigue  el  curso  de  la 
ribera  derecha  del  Segre,  hasta  el  es- 
trecho deis  T'rtf-^fiíí  (de  los  tres  puen- 
tes). Como  límite  meridional  de  la 
provincia,  es  digna  de  mención  la 
cadena  de  los  montes  de  Prades,  qu<-> 
forma  la  Unes  divisoria  de  aquála  y 
la  de  Tarragona,  á  cujro  territorio 
pertenece  en  su  majror  parte.  Las 
cumbres  más  elevadas,  entre  las  cor- 
dilleras de  los  Pirineos,  son  sin  duda 
las  montañas  de  Cadf  y  el  puerto  del 
Compíe,  en  las  cuales  raro  es  el  año 
en  que  llegan  á  desaparecer  comple- 
tamente las  nieves,  por  cuj^a  circuns- 
tancia figuran  en  la  categoría  de  in- 
mediat4s  á  las  nines  perpetuas. 

7.  Míos, — ^El  más  considerable  del 
país  que  se  describe,  es  el  Se^e,  el 
cual  está  considerado  como  el  segun- 
do, después  del  Ebro,  de  los  que  bañan 
la  vastísima  comarca  de  Cataluña. 
Tiene  aquél  su  nacimiento  en  la  Cer- 
deña  firancesa;  entra  en  la  provin- 
cia por  entre  los  términos  de  Prats, 
Bellver  y  PruUani,  partido  de  la  Seo 
de  Urgel,  y  cruza  el  territorio  en 
toda  su  extensión,  desde  el  extremo 
Nordeste  al  Sudeste,  trazando  en  su 
largo  curso  curvas  inmensas  y  reco- 
giendo: los  afluentes  de  los  montes  de 
Cadt,  por  la  izquierda,  y  de  Bercarán, 
por  la  derecha;  las  aguas  del  río  Vali- 
ra,  que  atraviesa  los  valles  neutrales 
de  Andorra;  las  del  Tuxén,  proceden- 
te de  los  montes  de  Josa,  que  pasa 
por  el  pueblo  de  su  nombre;  las  del 
Hiera  Salada,  de  curso  perenne,  que 
nace  en  la  parte  meridional  de  las 
montañas  de  Cambrils,  y  las  del  río 
de  la  Valí  de  Riaup,  que  arranea  de 
los  montes  de  Gavarra,  atraviesa  el 
citado  valle  y  entra  en  el  punto  deno- 
minado Soltderiu  por  la  margen  dere* 
cha.  Desde  Pons,  prosigue  el  &^r4 


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LÉRI 

IiMte  JLrtesa,  en  dirMeiión  d«  Oríeate 
&  Occidente,  describiendo  un  notable 
semieirculo  por  el  Nordeste  del  pue- 
blo del  Tosal,  recibiendo  en  su  trán- 
sito el  río  Bregót,  llamado  vulgar- 
mente ZlobreffM,  que  baja  de  Pradfis 
de  la  Molsosa,  pueblo  limítrofe  con  la 
proTÍncia  de  Barcelona,  y  los  de  To^ 
rrtiknca  ValUbrera;  desde  Artesa  de 
Segre,  j  trazando  otro  semicírculo, 
corre  por  la  villa  de  Alós  hasta  la  de 
Camarasa,  aumentando  sus  aguas  con 
las  del  Stnill  de  Artesa  j  otras  ver- 
tientes del  Moníteeh,  particularmen- 
te el  río  Boisíé  de  Baldimar,  que  des- 
ciende de  los  montes  de  Vilianueva 
de  Meji;  desde  Camarasa,  donde  se 
enenientn  la  eonfluenoia  del  Noguera 
PaUaresa,  sigue,  en  dirección  de  Nor- 
te á  Uediodía,  hacia  Balagver,  en 
caja  ciudad  se  le  agrega  «1  Sié^  que 
tiene  su  origen  más  alia  déla  villa  de 
Guisona  y  se  desliza  por  Agramunt, 
Mongaj  y  Sentiu;  en  el  término  de 
Balaguer  deja  el  Segre  su  encajona- 
miento r  entra  en  terreno  llano;  co- 
rre por  Menargues  y  Corbins,  llega  k 
LéBiOA,  desde  donde  prosigue  cau- 
daloso hacía  Torres;  craza  por  entre 
Gerviá,  Albagés,  Alfés  y  Montolíu; 
continúa  desde  Torres  hasta  Escarpe, 
j  Ta  á  perder  su  nombre  en  Uequi- 
uenza,  punto  de  su  confluencia  con 
el  Sbro,  después  de  haber  engrosado 
su  caudal  con  las  aguas  que  llevan 
el  Farfala,  el  Nogi^ra  Bid^^onana,  el 
Sed  y  el  Cinoh 

8.  {7«ea¿«.— Bt  segundo  de  estos 
riofl  nace  al  pie  de  los  piiertos  de  Vie- 
Ua  y  Rius,  y  baja  por  entre  Senet  y 
Aneto,  en  cujos  alrededores  se  preci- 
pita desde  lo  alto  de  un  peñasco,  for- 
mando una  hermosísima  cascada;  si- 
gue luego  su  marcha,  de  Norte  á  Me- 
diodía, por  el  puente  de  ViLiller  al 
de  Suert;  recibe  las  aguas  reunidas 
de  los  arrojos  qae  tienen  su  origen 
en  el  lago  que  se  encuentra  sobre  la 
cumbre  de  las  montañas  de  Nues- 
tra Eteflora  de  Caldas,  de  cuyo  punto 
se  precipitan  igualmente,  formando 
otn  naeva  cascada,  j  prosigue  lue- 
go sa  curso  hasta  desaguar  en  el  Se- 
gre, 

9.  ÁeequUtt. — ^Del  caudaloso  río  Se- 
gre  y  de  los  dos  Nogueras  se  deaprea- 
den  diversos  raudales  de  agua,  que  se 
toman  para  regar  las  muchas  cuencas 
qne  forman  en  su  curso:  las  más  no- 
tables son  las  de  Balaguer  y  Lérida, 
particularmente  esta  última,  la  cual 
fertiliza  una  extensión  de  territorio 
que  no  baja  de  61  kilómetros  de  lon- 
gitud por  20  de  latitud,  y  mueve  in- 
finidad de  molinos  harineros,  por  cu- 
ras circunstancias  y  por  el  considera- 
ble caudal  de  aguas  que  lleva,  distri- 
buidas desde  muj  antiguo  con  la  más 
hábil  aplicación  de  los  principios  hi- 
dráulicos, ha  sido  clasificado  en  la 
eattforía  de  canal  de  riego. 

10.  Fuentes, — ^Las  de  esta  provin- 
cia son  numerosas,  abundantes  y  de 
distintas  calidades:  entre  las  peren- 
nes, se  citan  las  de  Cardoner,  Dos 
Nogueras,  Cambrils,  Orgañá,  Josa  y 
Tuxéa;  entre  las  intermitentes,  las 


LÉRI 

de  Orgañá,  Tres-ponts,  Bxplubins  y 
la  del  Forat  del  Or  (Agujero  del  Oro), 
situada  en  las  montañas  de  Montsech; 
entre  las  ferruginosas,  las  de  Nuestra 
Señora  de  Caldas,  en  las  faldas  del 
puerto  de  Areo,  y  la  de  Arseguel,  al 
Norte  de  Urgel;  y  entre  las  salino- 
sulfurosas  termales,  las  de  los  mon- 
tes de  Caldas  de  Bohí,  de  prodigiosos 
efectos,  y  las  de  Sao  Vicens,  en  el 

Eartido  de  la  Seo  de  ürgel,  y  las  de 
es  y  Artiés,  en  el  valle  de  Arán. 
Los  manantiales  sulfurosos  fríos  son 
especialmente  los  de  Pedra  y  Coma, 
situados  al  Norte  del  partido  de  Sol- 
sona,  á  la  mareen  izquierda  del  río 
Cardoner:  eonstitujen  estos  una  fuen- 
te  bastante  caudalosa,  llamada  Pvda, 
que  contiene  una  mezcla  de  varias 
sales  y  ácido  carbónico  y  sulfúrico, 
y  cujas  aguas  se  recomiendan  eficaz- 
mente para  las  afecciones  del  estóma- 
go, obstrucciones  y  mal  de  piedra;  y 
muj  especialmente,  para  el  reuma  y 
enfermedades  cutáneas. 

11.  A^icnltara.  — Las  produccio- 
nes agrícolas  de  esta  provincia  son 
tan  variadas  como  su  topograña.  En- 
tre sus  principales  y  más  comunes 
cultivos,  figuran:  el  olivo,  el  viñedo, 
los  cereales,  legumbres,  hortalizas  j 
frutas  de  todas  clases;  cáñamo,  barri- 
lla, seda,  miel  y  cera:  en  todos  los 
montes  de  la  comarca  se  encuentran 
igualmente  multitud  de  plantas  me- 
dicinales y  aromáticas,  distinguién- 
dose la  ntantanilla  de  Liñola,  y  otros 
pueblos  del  llano  de  Urgel,  por  su  es* 
pontáneo  nacimiento  y  desarrollo. 

12.  Ganadería.  —  Siendo  éste  un 
país  agricultor,  sus  habitantes  labo- 
riosos, y  contando  con  abundantes  y 
excelentes  pastos,  no  puede  menos  de 
ser  ganadero,  sin  que  por  esto  se  en- 
tienda que  sus  rebaños  sean  tan  nu- 
merosos como  en  algunos  puntos  de 
Andalucía  7  las  dos  Castillas.  Sin  em- 
bargo, la  cría  de  ganado  lanar,  caba- 
llar, de  cerda,  vacuno,  mular  y  ma- 
chal  es  bastante  considerable,  y  los 
tres  últimos,  particularmente,  los  que 
ofrecen  mejores  ventajas. 

13.  Caza, — La  de  perdices  comu- 
nes, conejos,  liebres,  palomas  silves- 
tres, codornices,  ánades  y  patos  de 
muchísimas  especies  es  también  de 
alguna  consideración  en  las  estacio- 
nes propias;  conociéndose  además  otra 
infinidad  de  aves  de  todas  clases,  in- 
clusas de  rapiña  y  carnívoras:  en  las 
montañas  del  Pirineo  se  ven  jabalíes, 
lobos,  zorras,  cabras  monteses,  pavos, 

fallos  y  dos  nuevas  especies  de  per- 
ices;  unas,  blancas,  mavores  que  las 
comunes,  y  otras,  parduscas,  poco 
más  grandes  que  codornices,  llama- 
das ekerrat;  y  en  loa  ramales  del  bajo 
Pirineo,  cabras  y  jabalíes,  y  algún 
oso  en  los  más  espesos  bosques  del 
valle  de  Arán. 

14.  Pesca. — Limítase  á  barbos,  bar- 
billones,  madrillas,  anguilas  y  tru- 
chas, en  la  parte  baja  de  los  ríos, 
siendo  notables  las  que  se  cogen  en 
los  lagos  del  Pirineo  por  su  color  ne- 
gruzco. 

15.  Minas, — Los  productos  mine- 


LÉRI 


883 


rales  de  este  país  son  tan  buenos  co- 
mo abundantes  y  variados;  especial* 

mente,  de  hierro,  cobre,  plomo  y  car- 
bón: el  primero  se  encuentra  en  varios 
pueblos  de  los  Pirineos  y  en  el  parti- 
do de  la  Seo  de  Urgel,  hacía  los  va- 
lles de  Andorra;  el  cobre,  aunque  no 
tan  abundante,  en  el  término  de 
Olius;  el  plomo,  en  los  montes  de 
Durró  y  Taúl,  en  el  valle  de  Bohí,  v 
finalmente,  el  carbón,  en  San  Roma, 
en  el  partido  de  Tremp;  en  Prats  y 
Nargó,  en  el  de  Seo  de  Urgel  y  otros 
puntos.  En  los  términos  de  Monrós  y 
Sorpe  existen  algunas  minas  de  plata 
y  oro,  si  bien  on  pequeña  cantidad. 

16.  Canteras. — Rtqufsimas  j  varia- 
das son  también  las  que  cuenta  esta 
provincia  ¡  las  graníticas  se  hallan  en 
todo  el  Pirineo;  la  piedra  blanca  fina, 
en  todos  los  partidos  judiciales;  al 
Occidente  de  la  jurisdicción  do  Sort 
es  muy  común  una  especie  de  már> 
mol  negro,  v  cerca  de  Isobol  haj  una 
cantera  de  hermosísimo  mármol:  las 
de  cal  y  yeso  son  sumamente  abun- 
dantes en  todo  el  territorio,  v  singu- 
larmente, desde  la  villa  de  Torá  has- 
ta las  inmediaciones  de  Balaguer, 
debe  existir  todavía  ana  extensa  cor- 
dillera de  jeso,  del  cual  se  servían 
muchos  pueblos  para  la  conf^rucciÓn 
de  edificios. 

17.  /«í^tMfrút.  —  Algunas  fábricas 
de  vidrio,  de  papel,  de  jabón,  da 
aguardiente,  de  oatir  eobre  v  de  ase- 
rrar madera;  máquinas  hidráulicas  de 
cardar  algodón  y  telares  de  lo  mismo; 
ferrerías,  molinos  aceiteros,  construc- 
ción de  horcas  para  la  trilla  y  dife- 
rentes vasijerías  y  alfarerías  consti- 
tuyen, en  resumen,  las  principales 
industrias  de  la  provincia  que  nos 
ooupa,  amén  de  los  oficios  indispen- 
sables en  toda  población  civilizada. 

18.  Comercio.— ^\  comercio  consís* 
te  en  la  importación  de  ganado  mu- 
lar, de  telas  de  algodón  ^  de  hilo; 
paños  y  tejidos  de  seda;  vinos  gene- 
rosos v  aguardientes  refinados;  ñutos 
y  artículos  coloniales;  pesca  salada, 
pescado  fresco,  quincallería  y  otros 
efectos  manufacturados  para  al  uso 
común;  exportándose  tri^,  aceite, 
cáñamo,  seda,  maderas,  hierro,  car- 
nes saladas  y  ganado  lanar,  vacuno  y 
cabrío. 

19.  Ferias  y  mercados, — ^Los  centros 
del  comercio  que  se  hace  en  esta  co- 
marca son  las  ferias  y  mercados:  en- 
tre las  primeras,  merecen  lugar  pre- 
ferente las  de  Verdú,  en  los  días  25 
de  Abril  y  18  de  Octubre;  la  d«  Sa- 
las, que  se  celebra  el  segundo  domin- 
go de  cuaresma;  la  de  Orgañá,  el  día 
'¿9  de  Noviembre;  j  la  de  la  villa  de 
Sort,  el  8  del  mismo  mes;  á  las  cua- 
les, particularmente  la  primera,  Con- 
curren en  número  considerable  gana- 
dos mular,  lanar,  machal  y  vacuno; 
las  de  otras  especies,  se  celebran  en 
las  Borjas  de  Urgel,  en  los  días  17  de 
Bnero  y  20  de  Agosto;  en  Isona,  el 
8  de  Febrero  y  U  de  Septiembre;  en 
Solsona,  el  24  del  mismo  mes  y  11  de 
Noviembre;  en  Viella,  el  15  de  Sep- 
tiembre y  8  de  Octubre;  en  Agrá** 


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384 


LÉRI 


munt,  el  10  de  Agosto  t  4  de  Dieiein- 
brá;  en  OmnadelU,  el  21  d6  Sepitíem- 
br«<;  el  13  de  Ootabre,  en  Esterri  de 
Aneo;  al  3  de  Noviembre,  en  Seo  de 
Urrel  v  Ouisona;  el  23,  en  Arbeca; 
el  24  de  Agosto,  en  Artesa;  el  2  de 
Septiembre,  en  Artont,  y,  por  último, 
en  Balaguer,  el  8  de  Septiembre  y  13 
de  Diciembre.  En  todas  estas  ferias 
abundan  las  tiendas  de  toda  clase  de 
tejidos,  quincallería  y  otroa  diferen- 
te» géneros  y  artículos  de  consumo  y 
liao  común  del  país.  —  Los  mereadot 
mÍM  importantes  son  los  de  LéitiDA, 

2 lie  figuran  entre  los  más  animados 
n  Espafia,  7  Balaguer,  Tárrega,  Cer- 
yon  7  Agramunt,  cada  uno  de  los 
cuales,  especialmente  el  primero,  pue- 
de  conaiderarse  como  un  granero  in- 
menso, donde  se  acumulan  los  trigos 
de  los  principales  cosecheros  de  los 
pueblos  de  los  contornos  7  ambas  ri- 
beras del  Cínca,  país  feracísimo  en 
cereales. 

20.  Lébida. — Capital  de  la  provin- 
cia, comandancia  y  dii5ceais  de  su 
nombre,  audiencia  y  capitanía  gene- 
ral de  Barcelona,  y  plaza  fuerte  de  las 
más  importantes  de  Cataluña.  Se  en- 
cuentra situada  á  los  41"  38'  de  lati- 
tud Norte  y  4°  19'  de  longitud  Este 
del  meridiano  de  Madrid.  El  clima  es 
nebuloso  y  húmedo  en  los  meses  de 
Noviembre  y  Diciembre  7  parte  de 
Enero;  frío  7  seco,  Iiasta  últimos  de 
Febrero;  sin  embargo,  la  temperatu- 
ra máxima  apenas  excede  de  los  30° 
Reanmur  en  el  fuerte  del  estío,  ni 
pasa  de  los  3°  b^o  O  en  el  rigor  del 
lavíomo:  la  primavera  7  el  otoño  son 
bellísimos;  el  climas  por  lo  general, 
sano.  Parte  de  esta  antiquísima  ciu- 
dad, que  al  través  de  los  siglos  con- 
serva todavía  su  carácter  de  origina- 
lidad gótica,  reposa  sobre  la  orilla  de- 
recha del  río  Segre,  7  el  resto,  sobre 
la  pendiente  de  una  colina  bastante 
elevada-  Entrando  en  la  población 
por  la  carretera  de  Barcelona,  Tense, 
al  frente  y  ¿  la  izquierda,  diferentes 
pórticos  que,  elevando  sus  robustas 
ojivas,  sirven  de  abrigo  á  numerosas 
tiendas;  á  la  derecha,la  inmensa  mu- 
chedumbre que  hierve  en  la  plaza  de 
la  Constitución,  7  d  el  observador  se 
coloca  junto  aX  lienzo  de  Mediodía, 
mirando  iiacia  la  fuente,  contemplará 
una  vista  deliciosa,  en  la  que,  sobre 
el  movimiento  de  aquel  gentío  que 
llena  la  plaza  y  dé  ios  apiñados  edi- 
ficios, se  eleva  majestuosa  la  catedral 
antigua  con  su  magní&ca  7  elevada 
torre.  La  ciudad  está  mal  ediñcada, 
si  se  exceptúan  los  nuevos  barrios  del 
lado  del  rio,  de  moderna  construcción: 
las  calles  son  estrechas  7  tortuosas, 
la  mis  notable  mide  un  kilómetro  de 
longitud,  pero  todas  ellas  aparecen 
animadas  por  ese  movimiento  cons- 
tante, característico  de  las  industrio- 
sas poblaciones  catalanas.  Es  residen- 
cia de  an  obispo  sufragáneo  de  Tarra- 
gona 7  contiene,  además,  dentro  de 
sus  muros,  24.311  habitantes,  palacio 
episcopal,  hospicio,  hospital  civil  7 
militar,  casa  de  a7ttntamiento,  bue- 
nas fuentes,  paseos  delioiosos,  institu- 


LÉRI 

to,  colegios,  seminario  eoneílitr,  es- 
cuelas normal  7  de  primen  enseñan- 
za, teatros,  cárceles,  establecimientos 
de  beneficencia,  casas  de  baños  7  so- 
ciedad de  Amigos  del  País.  Bl  te- 
rreno de  la  mayor  parte  de  este  térmi- 
no es  regularmente  llano,  fértil,  de 
regadío,  y  en  lo  general  participa  de 
cascajoso  y  arenisco:  en  él  no  se  ven 
montes,  propiamente  dichos,  sino  al- 
gunos cerros  de  poca  elevación.  Su 
risueña  campiña,  tan  frondosa  como 
bien  cultivada,  se  fertiliza  con  las 
aguas  del  río  Segre,  el  cual  ostenta 
un  soberbio  puente  de  piedra.  Sus 
principales  producciones  consisten: 
en  trigo,  habichuelas,  aceite  v  vino 
en  grande  abundancia;  seda,  lino  7 
algo  de  cáñamo,  muchas  y  muy  sa- 
brosas legumbres,  hortalizas  y  frutas 
de  todas  clases;  ganado  lanar,  vacu- 
no 7  cabrío,  alguna  caza  de  perdices, 
liebres  j  conejos,  é  infinitas  banda- 
das de  añades  que,  en  la  estación  del 
invierno,  cubren  los  remansos  del 
caudaloso  Segre  7  las  grandes  char- 
cas inmediatas:  la  pesca  que  produce 
este  río,  particularmente,  la  de  angui- 
las, es  exquisita  y  considerable.  Lé- 
rida, cuyo  vecindario,  esencialmente 
agricultor,  reúne  bastantes  elemen- 
tos para  ser  una  de  las  poblaciones 
industriales  de  másimportáncia, cuen- 
ta hoy  con  buenas  fábricas  de  lanas, 
de  curtidos,  de  papel,  hilanderías  de 
seda,  manu&cturas  de  al^dón,  alfa- 
rerías, tejares,  homo  de  vidrio  7  mul- 
titud de  artes  7  oficios.  £1  comercio 
se  halla  macho  más  desarrollado  que 
la  industria:  su  mercado  de  cereales, 
como  7a  en  otro  lugar  hemos  indica- 
do, viene  siendo,  desde  tiempos  mu7 
remotos,  el  emporio  de  Cataluña  7  de 
Aragón;  la  exportación  de  granos  con 
destino  á  otros  puntos  del  interior  7 
litoral  de  aquel  principado  es  impor- 
tante, como  igualmente  la  de  made- 
ras de  constrnccíón  y  otros  artículos, 
y  la  plaza  de  Lérida  goza  en  el  comer- 
cio de  una  excelente  fama,  tanto  psr 
la  buena  fe  que  se  observa  en  las  tran- 
sacciones mercantiles,  cuanto  por  la 
exactitud  con  que  se  realizan  los  gi- 
ros de  fondos  por  los  establecimien- 
tos encargados  de  este  género  de  ope- 
ncimes. 

21.  Monume*tot, — Dos  son  los  tem- 
plos notables  que  enciern  esta  pobla- 
ción: las  catedrales  antigua  7  moder- 
na. La  primera,  resto  magnífico  de 
la  arquitectura  bizantino -gótica  con 
mezcla  de!  gusto  árabe,  está  conside- 
rada, por  su  singular  conjunto,  como 
una  de  las  páginas  más  interesantes 
7  exactas  de  la  historia  del  arte,  dig- 
na de  la  admiración  de  los  inteligen- 
tes. He  aquí  la  hermosa  descripción 
científica,  que  hallamos  en  un  apre- 
ciable  autor,  tomada  de  la  preciosa 
obra,  impresa  no  hace  mucho  en  Bar- 
celona, titulada  Recuerdos  y  bellezas 
de  España:  «El  frontis  de  este  templo 
se  aparta  del  carácter  general  de  todo 
el  edificio,  7  lo  mismo  que  el  de  la 
catedral  de  Tarragona,  es  una  obra 
g-ótica  pura,  unida  á  una  fábrica 
donde,  si  algo  hay  gótico,  está  adulte- 


LÉRI 

rado  7  ajustado  &  las  exigeneÍBs  d«t 

género  bizantino.  Consiste  aquél  en 
una  portada  eu7o  ingreso  forma  una 
grande  ojiva  en  degradación,  que 
consta  de  cuatro  arcos  concéntricos. 
A  cada  lado  levántanse  del  suelo  seis 
bien  esculpidos  pedestales,  en  CU70 
remate  hay  que  admirar  la  hermosa 
combinación  de  sus  relieves;  signen 
después  doce  nichos  sin  estatuas,  y, 
sobre  ellos,  unos  muy  trabajados  do- 
seletes  sin  cúpula;  á  continuación 
vense  otros  más  pequeños,  guarne- 
ciendo todo  el  intradós  de  la  gran  ar- 
cada, dispuestos  de  manera  que  á  la 
vez  cobijaban  la  estatua  que  cada  uno 
tenía  debajo  y  servían  de  pedestal  á 
otras.  Mutilada  como  está  la  puerta, 
productf  muy  buen  efecto,  7  sí  volvie- 
ran 8  colocarse  en  los  pedestales  U 
estatua  de  la  Virgen  7  de  los  doce 
apóstoles,  que  ahon  existen  deposi- 
tadas en  un  pequeño  oratorio  de  la 
ciudad,  sería  aquélla  una  portada  mu7 
notable,  ya  que  no  por  lo  grandiosa, 
por  lo  elegante  y  adornada.  Por  allí 
se  entra  en  el  claustro,  monumento 
en  que  compiten  lo  singular  7  lo  pin- 
toresco. Consta  cada  corredor  de  tres 
grandes  arcadas  desiguales  en  gran- 
dor V  adornos:  7  son  dignos  de  estu- 
dio los  capiteles  de  los  pilares  que 
apean  los  arcos,  llenos  de  fantasía  j 
gracia.  Las  dovelas  de  las  ojivas  figu- 
ran cables  ntorcidos,  dobles  líneas  on- 
dulantes sumamente  graciosas,  dien- 
tes de  sierra,  7  aquel  adorno,  tan  ca- 
racterístico del  género  bizantino, 
compuesto  de  grecas  trabadas  entre 
si.  A  no  existir  ciertas  imágenes  en 
algunos  de  sus  capiteles,  se  creería 
estar  contemplando  un  resto  de  las 
fábricas  mahometanas:  tan  pronun- 
ciado es  el  gusto  árabe  que  aquel 
claustro  respira.  La  planta  exterior 
del  templo  afecta  la  figura  de  una 
larga  cruz  latina,  enteramente  igual, 
aunque  en  menores  proporciones,  á  la 
catedral  de  Tarragona,  con  cimborio 
en  el  centro  7  grande  ábside  en  el 
extremo.  Cada  brazo  lleva  una  porta- 
da, que  da  mayor  belleza  al  edificio, 
engrandeciendo  á  la  vez  el  punto  de 
vista.  La  del  brazo  que  mira  al  Nor- 
te, es  rigurosamente  bizantina.  Bste 
templo  iu¿  destinado  para  cuarteles, 
después  de  la  toma  de  Léuda  por  Us 
armas  de  Felipe  V:  se  dividid  en  dos 
altos,  levantando  además  tabiques  de 
separación,  que  roban  buena  parte  de 
la  altura  7  del  efecto  de  las  naves, 
que  son  tres,  divididas  á  uno  7  otro 
lado  por  tres  pilares  compuestos  de 
un  grupo  de  columnas,  como  los  de 
la  catedral  de  Tarragona.  Los  capi- 
teles convidan  al  estudio  más  com- 
pleto y  rico  de  adornos  bizantino- 
góticos:  sierpes  enlazadas,  dragones 
^ntásticos,  monstruos,  grecas,  nero- 
nes 7  caprichosas  combinaciones  de 
líneas;  todo  parece  que  se  copió  de  las 
pintadas  iniciales  de  una  Biblia  ó  del 
cartulario  de  algún  monasterio  del 
Xorte.  La  nave  central  se  muestra 
más  despejada  y  anchurosa  aun,  pri- 
vada como  ésta  de  casi  el  cuarto  de  su 
altura.  Completan  la  homogeneidad 


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LÉRI 


LÉRI 


LÉRI  385 


del  fldifício  aquellas  preciosas  venta- 
nas bizantinas,  que  raras  veces  se  ofre- 
eeráa  al  esti^dio  del  artista.  La  mano 
del  tiempoy  el  furor  de  las  guerras  han 
dado  nueva  sublimidad  á  estas  masas, 
ja  de  SUJO  sublimes.  En  el  presbite- 
rio hsj  un  sepulcro  fótico,  compuesto 
d«  UD  bello  arco  ojiTal,  coa  pilares 
piramidales  á  los  lados;  j  dentro  de 
aquel,  una  urna  con  una  ngara  echa- 
da de  uu  sacerdote  joven.  Créese  que 
estuvo  sepultado  allí  un  hijo  natural 
del  rej  Don  Pedro  el  Calmeo,  canó- 
nigo j  sacristán  de  aquella  ¡g-lcsia,  j 
en  el  pilar  del  crucero,  de  la  parte 
de  la  epístola,  se  ve  una  lápida  de 
mármol  negro,  en-  la  que  se  lee 
esta  inscripción  latina:  Aum  Domini 
M,  CCLJV  priáie  iáuus  Septemhris 
oHit  Peirus  de  rege  canonien  eí  sacrista 
itiiu»  tedit  ¡ui  Juii  JUus  illusírissimi 
domini  regit  Petri  Aragonim,  et  cons- 
Uiuit  sin  «MiWnnim  ZV  solido- 
nm.  Ánima  ejut  requiescat  m  pace, 
awte».  La  portada  del  brazo  del  cruce- 
ro, qae  mira  al  Oriente,  es  bellísima 
ea  el  género  bizantino.  £a  lo  que  po- 
dríamos llamar  friso  de  toda  ella,  apa- 
rees an  rótulo  en  grandes  majúscu- 
laa  bizantino-góticas  que,  siguiendo 
el  mismo  carácter  de  toda  la  obra, 
forman  un  arabesco  á  guisa  de  letras 
floreadas  con  que  enriquecían  los  ma- 
hometanos las  ajaracas  ó  almocárabes. 
La  capilla,  llamada  de  Jesús,  es  pre- 
ciosísima; su  bóveda,  profusamente 
decorada,  contiene  pequeñas  estatuas 

{'  escudos  de  armas,  qur  resaltan  de 
as  dovelas,  semejante!  &  graciosos 
florones,  sumamente  trabajados,  re- 
aoieudo  en  una  clava  delicadísima, 
que  prolonga  fuera  de  ella,  una  cruz 
eoriquecida  conlabores  aSligraaadas. 
Bl  mejor  trozo  de  la  catedral,  el  pri- 
mero qae  debe  visitar  el  artista,  es  la 
gran  puerta  lateral,  llamada  en  otro 
tiempo  deU  FilloU  ó  de  lot  Infantes, 
inmediata  á  la  capilla  de  Jesús.  An- 
cha j  elevada,  compónese  de  numero- 
sos arcos  sembrados  de  detalles  que 
varían  infinitamente  en  cada  uno. 
En  la  cornisa  que  cobija  tan  hermoso 
portal,  haj  que  mirar  las  ménsulas  6 
modillonea,  los  espacios  que  quedan 
entra  ellos*  el  que  media  entre  el  arco 
j  aquel  remate,  j  el  resto  de  éste, 
todo  eincelado  como  una  preciosa  taza 
de  oro,  sembrado  todo  de  mil  dibujos 
árabes,  bizantinos  j  góticos  en  parte. 
Bl  artista  que  quiera  enriquecer  su 
álbum  con  la  más  escogida  j  abun- 
dante colección  de  caprichosos  dibu- 
jos, examine  -ista  puerta  j  confiese 
que  pocas  veces  habrá  visto  una  obra 
más  interesante.  La  magnífica  torre 
de  campanas,  (^ue  se  eleva  en  el  ángu- 
lo del  Mediodía  de  los  claustros,  es 
un  edificio  ochavado,  que  consta  de 
dos  cuerpos,  todo  de  piedra  de  sille- 
ría, de  prodigiosa  elevación.  Bn  el 

{irinur  cuerpo  resaltan  ocho  ventana- 
es  de  forma  ojiva,  j  en  algunos  de 
ellos,  pennaneeen  restos  de  maravi- 
llosos calados  de  piedra,  que  los  enri- 
quecían j  cerraban.  Por  las  ventana- 
les asoman  otras  tantas  campanas, 
auegladas  al  diapasdn,  j  la  pieza  in- 


mensa, q^ue  ocupa  este  primer  cuer- 
po, contiene  otras  varias  campanas 
hasta  el  número  de  18  c  19.  Él  se- 

f lindo  cuerpo  resalta  sobre  el  corre- 
or  á  ámbito  que  le  cireoje,  j  en  el 
centro  de  su  nave  está  colocada  la 
campana  de  las  horas,  terminando  el 
edificio  en  iina  espaciosa  plataforma, 
en  cujo  centro  estuvo  colocada  el  asta 
de  bandera  del  fuerte,  que  con  fre- 
cuencia abatía  el  huracán,  por  la  pro- 
digiosa elevación  del  edificio.» — En 
Julio  de  1202  puso  el  rej  Don  Pedro  I 
el  CaíJlicolí  primera  piedra  de  este 
hermoso  templo,  el  cual  quedó  con- 
cluido j  consagrado  en  1278. — La 
catedral  moderna,  fundada  bajo  el 
reinado  de  Carlos  lU,  es  de  orden  co- 
rintio, grandiosa  y  desahogada;  cons- 
ta de  tres  naves;  tiene  el  coro  en  el 
centro,  j  merecen  contemplarse  las 
excelentes  esculturas  que  lo  enrique- 
cen :  las  numerosas  capillas ,  que 
guarnecen  las  naves  laterales  separa- 
das por  pilastras  corintias  que  se  co- 
rresponden con  los  pilares  ae  la  cen- 
tral, aparecen  adornadas  en  su  ingre- 
so con  columnas  que  apean  el  arco, 
ostentando  magníficos  j  bien  escul- 
pidos altares. 

22.  Fortificaciones. — La  plaza  de 
Lérida,  considerada,  por  su  excelen- 
te situación  topográfica,  como  llave 
de  Aragón  j  Cataluña,  constituje 
uno  de  los  principales  puntos  milita- 
res de  España:  el  Gobierno  mismo  de 
Napoleón,  reconociendo  su  grande 
importancia,  la  declaró  plaza  de  pri- 
mer orden,  elevándola  a  la  categoría 
de  capital  del  departamento  denomi- 
nado de  Las  Bocas  del  Ebro.  Esta  pla- 
za, c^ue  no  ha  habido  guerra,  desde 
los  tiempos  más  antiguos,  en  que  no 
haja  sido  objeto  de  encarnizadas  lu- 
chas, se  encuentra  situada,  en  forma 
de  anfiteatro,  con  exposición  al  Me- 
diodía, sobre  la  orilla  derecha  del  tie- 
gre,  en  la  falda  de  una  eminencia  que 
la  domina  j  á  133  kilómetros  de  dis- 
tancia de  Barcelona,  122  de  la  Seo  de 
Urgel,  21  de  Balaguer  j  24  de  Fraga, 
primer  pueblo  de  Aragón  por  la  ca- 
rretera de  Madrid.  Sus  fortificaciones 
consisten  en  una  muralla  antigua, 
algo  más  modoma  por  la  parte  del 
castillo,  con  pequeños  torreones,  ó 
cubos,  dos  baluartes  en  el  frente,  lla- 
mados de  la  Magdalena,  con  una  con- 
traguardia para  la  defensa  de  la  puer- 
ta de  Zurradores;  el  muro  antiguo, 
que  corre  desde  la  puerta  de  San  An- 
tonio hasta  cerca  de  la  de  Boteros,  pre- 
senta en  sus  gastados  torreones  todo 
el  carácter  de  obra  romana,  j  el  mo- 
derno, construido  poco  antes  de  la 
guerra  de  la  Independencia,  contiene 
la  referida  ouerta;  el  baluarte  deno- 
minado de  la  Concepción,  que  quedó 
intacto  cuando  se  efectuó  el  derribo, 
siendo  embebido  en  la  nueva  obra, 
que  continuó  hasta  la  puerta  de  San 
Martin^  desde  la  cual  sigue  la  mura- 
lla remontando  la  colina  del  castillo, 
basta  cerrar  la  plaza  por  ai^uel  lado: 
el  ángulo  Noroeste  de  la  misma  está 
cerrado  con  el  muro  que  desciende 
desde  las  fortificaciones  altas  del  cas- 


tillo, prolongándose  su  lienzo  hasta 
formar  la  batería,  llamada  del  Car- 
men, frente  al  suprimido  convento  de 
igual  nombre,  y  terminando  en  el 
arrojo  llamado  de  Noguerola. — El 
castillo  principal  de  esta  plaza-  se 
eleva  sobre  la  cumbre  de  un  monte 
que  la  domina,  á  cuja  fitlda  se  en- 
cuentran apojadas  las  casas  de  la 
ciudad,  extendiéndose  hasta  el  río: 
su  fortificación,  hecha  pnr  el  méto- 
do del  mariscal  Vaubán,  consiste  en 
cuatro  baluartes  llamados  la  Asunción, 
Rey,  Louvigni  y  Jieim;  un  rebellui, 
una  lengua  de  sierpe  j  una  falsa-bra- 
ga, que  cubre  el  frente  del  Norte,  for- 
mando dientes  de  sierra  para  cubrir  j 
ñanquear  la  caída  de  la  loma.  En  lo 
más  alto  del  castillo  se  ve  un  torreón, 
en  donde  estuvo  la  iglesia  de  los  fo^Mi- 
plarios:  tiene  un  grande  ediñcio,  á 
prueba  de  bomba,  en  el  que  se  hallan 
un  cuartel,  la  panadería  con  dos  hor- 
nos muv  capaces,  sala  de  armas  j 
vastos  almacenes  de  pólvora  V  de  pro- 
visiones de  boca  j  guerra.  En  su  pa- 
tio' existe  una  batería  que  sirve  de 
caballero  á  todo  el  castillo,  la  cual  di- 
rige sus  fuegos  hacia  el  Mediodía,  y 
al  otro  extremo  del  mencionado  to- 
rreón, se  eleva  imponente  la  antigua 
catedral  j  la  torre  de  campanas,  de 
que  hemos  hecho  mérito  en  otro  lu- 
gar.— Al  Occidente  del  castillo  prin- 
cipal j  á  una  distancia  de  1.300  me- 
tros,se  encuentra  el  fuerte  de  Gardei^, 
situado  sobre  una  loma  que  termina 
en  una  gran  meseta  dominando  la 
ciudad.  Í)U  recinto  es  irregular  j  al- 
gunos de  sus  ángulos  demasiado 
agudos;  la  entrada  está  defendida  por 
dos  pequeños  flancos,  formando  una 
tenaza  en  el  frente  que  mira  al  río;  j 
continuando  hacia  la  derecha,  se  ve 
un  ángulo  saliente,  acomodado  todo 
en  cuanto  lo  permite  la  extensión  de  la 
loma,  quedando  de  este  modo  perfec- 
tamente defendidos  sus  tres  frentes 
por  lo  escarpado  del  terreno.  Sólo  el 
que  se  presenta  en  la  prolongación  del 
monte,  es  susceptible  de  ataque,  por 
no  estar  flanqueados  ni  tener  más  fue-  - 
gos  que  los  directos,  pudíendo  el  si- 
tiador llegar  á  cubierto  hasta  medio 
tiro  de  fusil  del  fuerte,  resguardado 
por  un  barranco  que  tiene  a  la  dere- 
cha. En  lo  interior  del  fuerte  existe  un 
robusto  edificio  de  sillería  cqn  una 
gran  cisterna,  que  recibe  las  aguas  de 
sus  azoteas;  está  construido  á  prueba 
de  bomba,  para  la  guarnición  y  las 
provisiones  o  repuestos  de  boca  j  gue- 
rra. A  unos  147  metros  del  ángulo  de 
la  izquierda  del  frente  principal,  haj 
uu  pequeño  reducto  de  tapia,  rodeado 
de  un  corto  foso  en  dos  frentes,  j  lo 
restante  de  un  simple  muro:  su  posi- 
ción es  muj  ventajosa,  pues  desde 
ella  se  descubre  una  gran  parte  del 
camino  de  Aragón  y  la  falda  del  mon- 
te. Según  cálculos  hechos  en  1794, 
esta  plaza,  castillo  y  fuerte  necesitan 
una  guarnición  de  4.300  infantes, 
300  artilleros  j  minadores  j  400  ca- 
ballos. 

23,  Poblaciones  inworíantes.'^Bala' 
ywr,  situada  sobre  etSegn,  con  4.732 

TOMO  m 

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386  LÉRI 


LÉRÍ 


LÉRI 


habitantes,  abundante  campiña  t  for- 
ti6caciones.  Cervera,  con  5.345  almas, 
fábricas  de  tejidos  da  algodón,  hilo  y 
cÁrlamos,  restos  de  sua  castill  )S  j  un 
notable  edificio,  en  el  caal  estuvo  ins- 
talada la  antigua  unirersidad  de  Ca- 
talafia.  TÁrrega,  con  término  bien 
ctútivado,  manufactuias,  aguardien- 
tes T  4.000  almag.  AgramíMt,  con 
1.188,  campo  feraz  j  fábricas  de  teji- 
dos. Solíona,  antigua  ciudad  episco- 
pal, con  2.367  habitantes,  catedral, 
herrerías,  manufacturas  de  hierro,  de 
algodón  j  seda.  Tremp,  en  un  valle 
amenísimo,  llamado  Conca,  regado 
por  el  Noguera-Pallaresa,  con  4.90Ü 
habitantes.  Seo  de  ¿'ryel,  ciudad  epis- 
copal, ediñcada  en  una  hermosa  j  fér- 
til vega,  bañada  por  el  Segre,  con 
3.057  habitantes,  catedral,  seminario 
j  un  fuerte  castillo.  Sori,  en  suelo 
mu;  quebrado,  con  948  habitantes  j 
un  puente  sobre  el  lío  Noguera.  Vie- 
lUi  en  terreno  fragoso,  que  forma  el 
valle  de  Arán,  en  los  confines  de 
Francia,  con  755  almas  v  minas  de 
plomo,  cobre  y  hierro,  j  Talarn,  con 
745  y  abundante  viñedo. 

24.  Carácter, — El  de  los  habitantes 
de  la  provincia  de  Lébida  es  muy  pa- 
recido al  que  se  observa  en  los  restan- 
tes del  antiguo  principado  de  Catalu- 
ña: honrados,  activos,  laboriosos,  re- 
servados, económicos  hasta  en  el  ha- 
blar, francos, veraces,  emprendedores, 
fuertes ,  arrojados ,  independientes , 
constantes  en  la  amistad,  amantes  de 
su  país  y  acérrimos  defensores  de  la 
independencia  de  su  patria;  he  aquí 
los  rasaos  más  salientes  del  carácter 
distintivo  de  los  leridanos. 

25.  BUioria* — En  esta  y  en  la  geo- 
grafía antigua  aparece  la  ciudad  que 
nos  ocupa  con  el  nombre  de  Ilerda,  el 
cual  vino  luego  á  parar  en  el  de  lA- 
BiDA  mediante  una  pequeña  adulte- 
ración, causada  por  una  ligera  metá- 
tesis. En  sus  primitivos  tiempos  llegó 
á  formar  con  otros  pueblos  de  menor 
importancia  una  gran  confederación 

fiolítica,  y  á  ser  la  capital  del  país  de 
08  iUrgetes,  El  nombre  gentilicio  de 
esta  ciudad,  extendido  á  los  diferen- 
tes pueblos  de  su  confederación,  ofre- 
ce alguna  variedad  en  los  antiguos 
escritores:  en  Plinio,  se  lee  correcta- 
mente ilerdensa;  en  Esteban  de  Bi- 
zancio,  ilerdiies,  y  en  Ptolomeo,  iUr- 
gelet,  quizás  por  error  de  copia.  Se- 
gún las  memorias  de  los  geógrafos 
mayores,  el  territorio  de  aquella  con- 
federación se  hallaba  limitado,  al  Es- 
te, por  los  laceianos;  al  Norte,  por  los 
cerretanot  amusianoi;  al  Oeste,  por  los 
vatcones  y  edetanos,  y  al  Sur,  por  la 
parte  de  la  Laeeíama  de  que  se  formó 
una  región  distinta,  llamada  Auseía- 
na,j  los  meseíanoSf  que  eran  los  de  las 
montañas  de  Prades.  El  río  Segre  la 
separaba  de  los  lacetanos  y  se  dilataba 
hacia  Huesca,  contada  por  Ptolomeo 
entre  los  pueblos  ilergetes,  y  96g'ui& 
el.  confín  de  la  Vasconia  hacia  el  Ebro, 
que  la  separaba  de  la  Edetaniat  hasta 
la  boca  del  mencionado  Segre.  Se^ún 
Kstrabón,la¿0efte«taT6aía  extendién- 
loso,  d«id«  U  raíl  del  Firsaeo,  on 


largas  llanuras,  hasta  los  confines  de 
Lékida  y  de  Aytona:  esta  región  fué 
abíiorbida  más  tarde  por  sus  dos  li- 
mítrofes, la  vascona  y  la  ilerdense,  co- 
mo refiere  Ptolomeo.  Este  geógrafo 
cita  diez  ciudades  ilergetas:  Bargasia 
(Bálaguer),  Celsa  (Jelsa),  Bergídum 
(Bartustro),  Srga  (Orgaftá  ó  Ergañá), 
'S'ucoia(Sariüena),  Otca(lIuesca^,  ¿«r- 
íina  (Almudévar).  Gallica  F¡avta(FTtL- 
ga),  Orgía  (Urgel)  y  la  denominante 
Jlerda  (Lérida).  &gun  Tito  Livio, 
el  Itinerario  da  Antonino  y  otros  mo- 
numentos de  la  antigüedad,  se  sabe 
que  estas  ciudades  eran  en  número 
mayor.  Esta  importante  región  vió  su 
libertad  amenazada  cuando  el  gran- 
de A.mtlcar  se  lanzó  sobre  España 
para  reintegrar  á  su  poderosa  repú- 
blica de  la  pérdida  de  Sicilia  y  de 
Gerdeña,  y  disponerse  á  una  naeva 
guerra  contra  Roma,  en  la  que  inten- 
taba llevar  directamente  sus  armas 
sobre  aquella  ciudad,  lo  que  hubiera 
verificado  á  no  haberle  sobrevenido  la 
muerte.  Pero  Aníbal,  que  no  podía 
menos  de  realizar  el  pensamiento  pre- 
dominante délas  Barcas,  buscó  luego 
un  pretexto  en  la  guerra  saguntina; 
desafió  á  Roma,  recorriendo  el  país 
oriental  del  Ebro,  con  cuya  excursión 
empezó  su  memorable  campafia,  so- 
metiendo al  yugo  africano  la  libre 
Ilerda  y  las  numerosas  repúblicas  con 
ella  encabezadas  bajuel nombre  común 
de  iiergetat.  El  autor  antes  citado,  al 
ocuparse  de  la  famosa  marcha  de  Aní- 
bal para  Italia,  dice:  que  así  que  este 
gran  caudillo  hubo  pasado  el  Ebro, 
sujetó  á  los  ilergeítij  a  los  bargutios,  í 
los  auseíanos  y  á  la  Lacetania  (mal  es- 
crita, Aquitania).  Mucho  antes  de  la 
invasión  de  los  romanos  tuvo  Ilerda 
príncipes  particulares.  Cerca  de  esta 
ciudad  retó,  venció  é  hizo  prisionero 
Escípión  á  Haunón,  á  quien  Aníbal 
había  dejado  en  la  España  oriental 
para  mantenerla  tranquila  bajo  su 
dominio,  216  años  antes  de  la  era 
cristiana.  Más  tarde  se  hizo  Lérida 
fomosa  en  la  primera  campaña  que 
emprendió  César  contra  Pompeyo  en 
la  Península;  y  bajo  los  muros  de  esta 
ciudad,  ya  entonces  fortificada,  batió 
César  á  Afranio  y  á  Petreyo,  lugarte- 
nientes del  gran  Pompeyo,  los  cua» 
les,  acorralados  por  aquél,  y  después 
de  reiteradas  tentativas  para  romper 
las  líneas  de  César,  viéronse  forzados 
á  pactar  con  éste  una  capitulación  en 
la  que  ofrecieron  abandonar  inmedia- 
tamente el  territorio  español.  De  este 
modo  logró  César  terminar  aquella 
campaña,  49  años  antes  de  Jesucris- 
to. Por  este  tiempo,  refiere  un  histo- 
riador, hallábanse  ya  Lérida  y  los 
demás  pueblos  que  encabezaba  muy 
adelantados  en  agricultura  é  indus- 
tria, como  los  restantes  de  las  regio- 
nes orientales  y  meridionales  de  Es- 
paña. El  fecundísimo  campo  ilerdeu- 
se  era  ya  el  granero  de  Cataluña  y 
aun  de  todo  el  imperio,  j  á  los  espa- 
ñoles Julio  Higinio  y  Hoderato  Oo- 
lumela  debieron  los  romanos  el  que 
la  ciencia  agrícola  fuese  reducida  á 
orden  y  método,  flsta  eiadad,  ea  lo 


civil,  estuvo  adscrita  al  convento  ju- 
rídico de  Zaragoza;  acuñó  moneda,  j 
por  sus  medallas  se  sabe  que  en  tiem.* 
pos  de  los  emperadores  Augusto  y  Ti- 
berio fué  elevada  al  rango  de  munici- 
pio. Algunas  de  estas  medallas,  co- 
mentadas en  la  colección  de  Flórez, 
presentan  la  efigie  de  Augusto  con  la 
inscripción  /«p.  Aiufust.  Divi  F,  y 
en  el  reverso  una  loba,  j  encima, 
M%H.  Ilbhdá.  También  en  laa  letras 
floreció  LfiRiDA  bajo  el  poder  romano, 
pues  su  universidad,  conocida  ya  ea 
tiempo  de  Horacio  Flaco,  llegó  á  ser 
sumamente  frecuentada,  conserván- 
dose en  ella  la  tradición  de  haber 
dado  lecciones  de  derecho  el  célebre 
Poucio  Pilatos,  cuyo  nombre  lleva 
aún  el  cuartel  de  caballería,  edificado 
sobre  el  local  de  la  antigua  universi- 
dad, la  cual  fué  demolida  para  dar 
ensanche  al  glacis  del  castillo  princi- 
pal, que  anteriormente  hemos  descri- 
to. Bajo  la  dominación  de  los  godos, 
alcanzó  Lérida  la  misma  importan- 
cia, figurando  con  la  dignidad  de  ieie 
epiícopal  y  celebrándose  en  su  recin- 
to un  famoso  concilio  por  los  años 
de  546.  Durante  la  invasión  de  los 
musulmanes,  no  fué  ésta  de  las  po- 
blaciones que  más  padecieron,  de- 
biendo notarse  que  en  la  división 
que  Yusuf  hizo  de  nuestro  territorio 
en  747,  aparece  con  el  nombre  de 
Lareda,  como  una  de  las  ciudades 
más  notables  de  la  provincia  de  Za-  . 
ragoza.  En  793,  cayó  en  poder  de 
los  francos;  en  797,  la  reconquistó 
£l-Hakem;  dos  años  después,  se  tÍó 
asaltada  y  destruida  por  Luis  el  Bo»- 
dadosot  y  en  24  de  Octubre  de  1149 
fué  conquistada  á  los  moros  por  Don 
Ramón  Berenguer,  último  conde  de 
Barcelona  y  rey  de  Aragón.  En  1213, 
celebráronse  en  Lérida  Cortes  gene- 
rales de  Aragón  y  Cataluña,  en  las 
cuales  era  j  urado  el  rey  Don  Jaime  I , 
á  la  edad  de  seis  años.  Esta  población 
fué  una  de  las  que  en  1238  mandaron 
sus  tropas  á  la  conquista  de  Valencia, 

Ír  como  fuese  la  compañía  de  Lébida 
a  primera  en  romper  el  muro  de  aque- 
lla ciudad,  quedó  como  proverbio  la 
siguiente  frase:  \jLSKiÁ.la  ha ^oradat 
(Lérida  la  ha  agujereado).  Habiéndola 
el  rey  otorgado  el  premio  que  por  ello 
ofreciera,  envió  esta  ciudad  á  valen- 
cia mil  jóvenes  y  mil  doncellas  para 
poblarla,  origen  de  la  nobleza  vaien- 
ciana;y  de  las  cuatro  flores  de  lis  que 
campeaban  en  su  escudo  de  armas, 
concedió  una  á  Valencia  para  que  la 
pusiese  en  sus  monedas,  (señalando 
además  los  pesos  y  medidas  que  debía 
usar  la  ciudad  conquistada,  que  eran 
los  de  LáRiDA.  El  historiador  de  quien 
tomamos  estas  noticias,  añade  que, 
en  distintas  ocasiones,  Valencia  ha 
saludado  á  Lérida  con  el  honroso  ti- 
tulo de  Madre  y  todos  los  años  man- 
daba dos  síndicos  á  fiscalizar  los  pesos 
y  medidas,  según  lo  atestiguan  las 
cartas  guardadas  en  el  archivo  muni- 
cipal, sin  que  haya  podido  averiguar^ 
se  la  causa  de  haberse  interrumpido 
aquella  costumbre.  Lérida  fué  duran^ 
te  algunos  siglsi  la  leaidencia  de  los 


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LÉR 


LÉRI 


LERM  387 


monarcas  de  Aragón.  Bajo  el  nlnado 
de  Felipe  lY  resistió  bizarramente  i 
los  ataques  del  ejército  frunces,  man- 
dado por  el  conde  de  Harcourt,  qnien 
intentó  vanamente  apoderarse  de  la 
población  en  1646;  ^al  año  siguiente 
se  hizo  notable  el  sitio  que  sufrió  por 
las  tropas  del  gran  Conde,  las  cuales, 
á  pesar  de  haber  hecho  abrir  las  ífí*»- 
chera»,  por  mera  jactancia,  al  ion  de 
violinet,  tuvieron  que  retirarse  aver- 
gonzadas ante  la  resistencia  heroica 
y  valeroso  empuje  de  los  defensores 
de  una  plaza  que  se  hallaba  reducida 
al  último  extremo,  diezmada  su  guar- 
nición, acobardado  el  gobernador,  des* 
traída  la  ciudad  por  el  estruendo  de 
las  ruinas,  las  bombas  j  los  proyecti- 
les, sin  contar  los  estragos  del  ham- 
bre. Todos  los  afios,  en  el  día  de  San- 
ta Cecilia,  se  celebra  en  asta  ciudad  la 
fiesta  llamada  del  rescate  6  socorro,  en 
conmemoración  del  glorioso  hecho  de 
armas  que  aseguró  á  la  monarquía 
española  laposesión  del  principado  de 
CaUluña.  En  12  de  Octubre  de  1707 
tomó  el  duque  de  Orleáns  por  asalto 
esta  ciudad,  que  entregó  al  pillaje,  j 
en  14  de  Majo  de  1810  se  apoderaron 
nuevamente  de  ella  los  franceses,  á 
las  órdenes  del  mariscal  Souchet, 
después  de  un  horroroso  bombardeo, 
incendiando  casas  j  llevándose  un 
rico  botín  en  los  tres  días  que  duró  el 
saqueo.  En  1812,  el  barón  de  Eróles, 
puesto  de  acuerdo  con  un  tal  A.zequi- 
nolaza,  que  se  hallaba  al  servicio  del 
Gobierno  francés  en  calidad  de  guar- 
da-almacén, proyectó  apoderarse  de 
la  plaza  j  los  castillos  de  Lbbida  por 
medio  de  la  inicua,  cobarde  y  crimi- 
nal estratagema  que  un  verídico  his- 
toriador refiere  en  los  siguientes  tér- 
minos: «El  plan  consistía  en  hacer 
volar  los  almacenes  de  pólvora  del 
castillo  principal,  j  al  abrigo  de  la 
confusión  ^  sorpresa  que  este  acci- ! 
dente  debía  causar,  introducirse  el 
barón  con  sus  tropas,  ^ue,  al  efecto, 
estarían  prontas  en  las  inmediaciones 
de  las  murallas.  Cumplió  el  infame  y 
malvado  Azequinolaza  su  palabra  em- 
peñada, con  tan  poca  premeditación 
cooao  Ma  crueldad.  A.  las  doce  de  la 
noche  del  día  17  de  Julio,  víspera  de 
la  Virgen  del  Carmen,  un  espantoso 
ruido,  acompañado  de  una  tremenda 
oscilación,  vino  á  despertar  á  los  ha- 
bitantes de  Lbbida  que  no  habían  sido 
sepultados  entre  los  .escombros  de  sus 
casas.  Lanzáronse  á  las  calles,  desnu- 
dos en  su  majoT  parte,  para  refugiarse 
en  los  templos,  preguntándose  mutua- 
mente la  causa,  que  los  más  ilustrados 
atribuían  á  una  erupción  volcánica.  La 
realidad  del  hecho  era  que  Azequino- 
laza  había  introducido  en  un  barril 
de  pólvora  la  punta  de  una  mecha 
fatal,  cuya  duración  tenía  calculada 
de  antemano,  j  encendiendo  el  extre- 
mo, se  puso  en  salvo,  reuniéndose  al 
ejército,  sin  haber  participado  su  pro- 
vecto á  su  propio  padre,  a  quien  aejó 
abandonado  á  la  terrible  venganza 
del  enemigo.  Ochocientos  y  más  quin- 
tales de  pólvora  estallaron  á  la  vez 
debajo  de  la  bóveda  del  antiquísimo 


castillo  de  Templarios.  Sobre  esta  bó- 
veda estaba  el  cuartel  de  artillería, 
y  así  sucedió  que  de  los  soldados  que 
allí  había  no  se  encontró  ni  el  más 
ligero  rastro,  porque  debieron  ser  tri- 
turados al  estrellarse  contra  la  otra 
bóveda,  que  cubría  el  cuartel  y  que 
servía  de  paso  á  la  sala  de  armas.  Los 
dos  lienzos  del  edificio  volaron,  arran- 
cados de  cuajo,  en  dirección  á  la  pa- 
rroquia de  la  Magdalena,  desde  la 
prodigiosa  elevación  del  castillo,  cau- 
sando los  enormes  sillares  despedidos 
por  la  pólvora  una  especie  de  nuevo 
bombardeo,  que  en  un  instante  apla- 
nó los  barrios  de  la  citada  parroquia. 
Es  incalculable  el  numero  de  perso- 
nas que  allí  perecieron;  pero  el  estra- 
go habría  sido  aún  ma/or  á  no  ser 
por  la  circunstancia  de  que  la  majo- 
ría  de  los  vecinos  se  hallaba  en  el 
campo,  ocupados  en  las  faenas  de  la 
trilla  j  pernoctando  on  las  eras.  Im- 
posible sería  describir  los  horrores  de 
aquella  noche  y  del  día  que  le  subsi- 
guió. En  el  interior  de  las  casas,  que 
se  salvaron  de  !a  ruina,  apenas  que- 
daron tabiques,  ni  pared  maestra  que 
no  se  resintiese.  Se  podrá  calcular  la 
fuerza  de  la  explosión,  al  saber  que 
muchas  de  las  piezas  montadas  en  los 
baluartes  inmediatos,  fueron  arran- 
cadas de  sus  montajes  j  lanzadas  á 
más  de  una  milla-,  y  que  en  algunos 
pueblos,  á  la  distancia  de  28  kilóme- 
tros, se  experimentó  un  temblor  que 
derribó  los  vasares  y  las  vajillas  que 
sostenían.  En  el  castillo  no  quedó  un 
solo  saldado  útil  y  los  más  perecie- 
ron. La  traición  de  Azequinoiaza  fué 
un  tanto  estéril,  porque  el  barón  de 
Eróles  no  se  determinó  á  ocupar  la 
plaza,  á  pretexto,  según  se  dijo  des- 
pués, de  no  encontrarse  con  fuerzas 
para  sostenerla.» — En  1.*  de  Noviem- 
bre de  1823  abrió  Lérida  sus  puerlas 
j  á  los  invasores  y  á  las  tropas  reales 
españolas,  siendo  una  de  las  últimas 
fortificaciones  que  se  sometieron  al  Go- 
bierno de  la  restauración.  La  brillan- 
te historia  de  este  pueblo  está  como 
sembrada  de  gloriosos  hechos  de  ar- 
mas j  de  memorables  proezas,  que 
acreditan  el  civismo  y  la  constancia 
de  sus  habitantes,  asi  como  el  esfuer- 
zo valeroso  con  que  siempre  pelearon 
tanto  por  sus  fueros  j  privilegios 
cuanto  por  las  públicas  libertades. 

26.  Hombres  célebres,  — Entre  ellos, 
son  dignos  de  particular  recuerdo, 
don  Alonso  de  Borja,  papa  que  fué  con 
el  nombre  de  Calixto  III;  don  Juan 
Sentís,  obispo  de  Barcelona  y  virrey 
de  Cataluña;  el  cardenal  don  Fran- 
cisco Ilemolins;  don  Alejandro  Do- 
mingo de  Roz,  autor  de  una  obra  ti- 
tulada Discursos  políticos,  dedicada  á 
Felipe  IV;  fray  Cristóbal  de  Gálvez, 
famoso  predicador  y  religioso  de  san- 
to Domingo;  don  Miguel  de  Cortia- 
da,  catedrático  de  le_y es  y  regente  de 
la  rüal  cancillería  de  Cataluña;  Juan 
Chico,  esforzado  adalid  que  tanto  se 
distinguió  en  la  toma  del  castillo  de 
Ibíza,  siendo  el  primero  que  subió  al 
asalto,  y  dos  soldados  de  Lérida  que 
contribuyeron  poderosamente  &  la 


conquista  de  UalloTca  por  «I  nj  Don 

Jaime. 

27.  fferÁldiea.—'BX  escudo  de  esta 
insigne  ciudad  ostentaba  por  armas 
cuatro  flores  de  lis,  que  se  dice  le  dió 
Ludovieo  Pío,  en  el  año  803,  y  el  con- 
de Don  Ramón  Berenguer  IV  le  aña- 
dió las  cuatro  barras  da  Aragón,  co- 
locando sobre  ellas  las  tres  Sores  de 
lis,  que  la  quedaron,  cuando  hubo  de 
ceder  una  á  Valencia. 

ETiuOLoaÍA.  Latín  llerda,  «;  cata- 
lán, Lleyda.  «Ciudad  ilustre  en  nues- 
tra historia,  capital  de  una  de  las 
cuatro  provincias  de  Cataluña,  fun- 
dada sobre  las  orillas  del  Segre,  con 
excelente  agricultura  y  buen  castillo. 
Lérida  es  mansión  sumamente  agra- 
dable.» 

Leridano,  na.  Adjetivo.  Lo  perte- 
neciente &  Lérida^  el  natural  de  esta 
ciudad  y  su  provincia. 

ETWOLoaÍA.  Leridense. 

Leridense.  Adjetivo.  Lbribano. 

ETUíOLoaÍA.  Latín  illerdensis:  cata-^ 
lán,  il-Urdés,  a,  cosa  de  Lérida;  %l-ler- 
det,  a,  leridano. 

Lerina.  Femenino.  Geografía  a»- 
tigwt.  Nombre  de  dos  islas  del  Medi- 
terráneo; hoy,  San  Honorato  y  Santa 
Margarita. 

ETiHOtOQÍA.  Latín  Lerina. 

Lerma  (Francisco  Góhbz  nB  Sam- 
DOVAL  T  Rojas,  marqués  de  Denia  ¡/ 
conde-duque  de).  Hombre  de  Estado  es> 
pañol,  que  nació  á  mediados  del  si- 
glo XVI  y  murió  en  1625.  Siendo  mai^ 
qués  de  Denia,  fué  nombrado  caballe- 
rizo mayor  del  infante,  después  Feli- 
pe III,  quien ,  al  subir  al  trono ,  le 
nombró  duqub  db  Lbbua  y  primer 
ministro.  Su  administración,  que  di- 
vidió con  don  Rodrigo  Calderón,  em- 
pezó desde  luego  de  un  modo  desas- 
troso. Emprenoió  dos  desgraciadas 
expediciones  contra  Inglaterra,  que 
concluyeron  con  una  paz  que  se  vió 
obligado  á  aceptar  en  1604.  No  fue 
más  feliz  en  la  guerra  contra  los  ho- 
landeses, la  cual,  después  de  una  lar- 
ga lucha ,  terminó  con  el  reconocimien- 
to de  la  independencia  de  las  Provin- 
cías  Unidas,  en  1608.  En  el  interior, 
estableció  un  sistema  de  corrupción  é 
inmoralidad  inaudito,  poniendo  en 
venta  todas  las  dignidades,  empleos 
y  cargos  públicos,  con  lo  cual  en  poco 
tiempo  se  alzó  con  riquezas  fabulosas. 
Quiso  establecer  un  impuesto  sobre  el 
señorío  de  Vizcaya;  pero  los  vizcaínos 
se  negaron  abiertamente  á  satisfacer- 
l ).  En  1609  publicó  el  decreto  de  ex- 
pulsión de  los  moriscos  de  España, 
medida  bárbara,  que,  además  de  no 
poderse  llevar  á  erecto  sin  gran  de- 
rramamiento de  sangre,  privó  al  país 
de  un  sinnúmero  de  brazos  útiles  á  la 
agricultura,  la  industria  y  las  artes; 
pero,  en  cambio,  acrecentó  la  fortuna 
del  ministro,  que  se  hizo  dar  para  sí 

Í'  su  familia  500.000  ducados  sobre 
os  despojos  de  los  expulsados.  La 
miseria  pública  creciente  y  el  abati- 
miento en  que  se  veía  caer  al  país,  ex- 
citaron una  aversión  general  contra 
aquel  Gobierno,  y  temeroso  el  du(JI)k 
ob  Lbrua  de  que  llegaran  á  iadispo- 


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338  LERN 


LE  SA 


LESB 


nerle  con  el  rej,  puso  á  su  lado  ea 

Brimer  lugar  á  su  hijo»  el  duque  de 
ceda,  como  sumiller  de  corpa;  y 
después,  como  coufesor  del  re^,  á 
fraj  Luis  de  Aliaga,  hombre  ente- 
ramente SUJO.  Pero  tuvo  el  disgus- 
to de  ver  á  aquellos  dos  hombres 
convertirse  maj  pronto  en  sus  más 
encarnizados  onemigos  j  trabajar  ac- 
tivamente en  su  ruina,  sin  que  basta- 
ra i  contrarrestarlos  los  esfuerzos  de 
su  jrerno  el  conde  de  Lemos,  y  su  pa- 
riente don  Francisco  de  Borja,  á  quie- 
nes introdujo  también  en  la  cámara 
real  para  que  le  sostuvieran.  Como  úl- 
timo recurso  para  conjurar  la  tormen- 
ta que  le  amenazaba,  pidió  j  obtuvo 
de  liorna  el  capelo  de  cardenal;  pero 
este  acto  sólo  sirvió  para  precipitar 
su  caída,  porque  el  rej,  no  pudiendo 
ja  tratar  con  imperio  á  un  alto  dig- 
natario de  la  Iglesia,  se  desprendió 
de  él  sin  esfucno,  reemplazándole  con 
su  hijo  el  duque  de  Ueeda.  A  la  muer- 
te de  Felipa  IIZ,  los  adversarios  del 
DUQUB  DB  Lbbua,  consiguierou  que  se 
abriera  un  proceso  que  llevó  al  cadal- 
so á  don  Rodrigo  Calderón,  j  respe- 
tando en  el  duque  la  púrpura  carde- 
nalicia, 86  le  condenó  solamente  á 

fiagar  al  Erario  72.000  ducados  anua- 
es  j  el  atraso  de  veinte  años  por  las 
rentas  adquiridas  durante  el  tiempo 
de  su  privanza,  condena  que  causó  la 
muerte  de  aquel  hombre  codicioso. 
(Sala.) 

Jleseña. — El  ouqub  db  Lbbha  mere- 
ció de  la  antigüedad  una  famosa  re- 
dondilla: 

Caantan  ojoi  qii«  ta  vleroa 

Í.ne  ai  fniite  lo  qii«  faiata, 
iié  por  el  aer  que  te  dieioiif 
uo  por  el  «or  qae  toTlate. 

Lerna.  Femenino.  Geografía  antí- 
gm.  Ciudad  de  la  Argolla. 

EnuOLOoÍA.  Latín  Leme.  (Plinio.) 

Lernea.  Femenino.  Geografía  anti- 
úua.  Laguna  de  Morea,  célebre  por 
la  eustcncia  fabulosa  da  la  hidraj  que 
mat  '>  Hércules. 

Etiuolooía.  Latín  Lerna.  (Punió.) 

Lemeas.  Femenino  plural.  Áníi- 

Íüedadet.  Fiestas  que  se  celebraban  en 
.erna  (Grecia)  en  honor  de  Baco, 
Ceres  j  Proserpioa. 
Etimoloqía.  Lerna. 
Lerneiforme.  Adjetivo.  Historia 
naíwal.  Que  tiene  la  forma  de  un  1er- 
neo. 

ETiuoLoaÍA.  Lemeo  y  forma* 

Leraeo.  Masculino.  Entomología, 
U-énero  de  insectos  crustáceos  parási- 
tos, que  viven  generalmente  en  el 
agua,  j  se  adhieren  á  diversas  partes 
de  la  superficie  exterior  de  los  anima- 
les: especialmente,  de  los  pescados. 

Etiuoloqía.  Latín  lernaui,  lo  que 
es  de  la  laguna  Lfirnea. 

Lerneocero.  Masculino.  Zoología. 
Género  de  gusanos  de  cuerpo  prolon- 
gado, ventrudo  hacia  el  medio  j  cu- 
bierto de  una  piel  lisa. 

ETiuOLoaÍA.  Lerneo  j  keras,  cuerno. 

Leraeomiso.  Masculino.  Zoología. 
Género  de  gusanos  de  cuerpo  ovoide 
terminado  anteriormente  por  una  bo- 
ca bilabiada. 


Etiuolooía.  Lemeo  j  myU  (|w1at), 
mosca. 

Lerneopenne.  Femenino.  Zoolo- 
gía. Género  de  gusanos  de  cuerpo 
prolongado  j  cilindrico,  terminado 
anteriormente  por  un  bulto  cefálico, 
j  con  un  par  de  antenas  cortas  j 
oblicuas  hacia  atrás. 

EnuoLoaÍA.  ¿«tha»  j  el  latín  pem- 
na,  ala,  pluma. 

Lenreo.  Masculino.  Zoología,  Ei- 
pecie  de  antílope  de  Berbería. 

Lesa.  Forma  femenina  da  leio.  | 
Lbsa  uajbstad*  ó  lesa  hajbstad  hu- 
mana. La  majestad  del  rej  violada, 
ofendida.  Q  Lbsa  majestad  divina.  El 
mismo  sentido  respecto  de  Dios.  Q  Le- 
sa HUMANIDAD.  El  mismo  sentido  res- 
pecto del  hombre.  |  Lbso  debbcho. 
El  mismo  sentido  respecto  de  la  lej. 
Q  Lbsa  uoral.  El  mismo  sentido  con 
relación  á  la  conciencia  j  á  las  cos- 
tumbres públicas. 

Etiuología.  Lego:  latín,  lssa  «o- 
jeslas,  lesa  majestad;  UBSvujut,  leso 
derecho;  francés,  lésa  majettá. 

Le  Sage  (Auxn  Renato).  Célebre 
escritor  mncéi^  que  nació  en  Sarzeau 
(Morbih&n)  en  1668  j  murió  en  1747. 
Estudió  en  el  colegio  de  jesuítas  de 
Vannes;  ocupó  un  modesto  empleo  en 
Fermes;  fué  á  París  en  1692  para  vi- 
vir de  su  pluma,  v  un  triste  desampa- 
ro fué  el  premio  de  su  deseo  de  inde- 
pendencia. Sus  primeros  trabajos  fue- 
ron: una  traducción  de  las  Carta»  de 
Árisieneto;  otra  de  la  segunda  parte 
del  Quijote  de  Avellaneda,  j  varias 
comedias  imitadas  del  teatro  español. 
Una  comedia  en  nn  acto,  Crüjdn,  ri- 
val de  su  amo,  y  una  novela,  imitación 
6f  mejor  dicho,  casi  traducción  del 
Diaih  abuelo  de  Guerara,  publicadas 
ambas  en  1707,  revelaron:  la  una,  su 
aptitud  para  el  género  cómico;  y  la 
otra,  el  profundo  conocimiento  que 
del  idioma  y  de  las  costumbres  espa- 
ñolas poseía.  Con  otra  comedia  en  cin- 
co actos  y  en  prosa,  Turcaret{Ví^^)y 
una  novela,  Gil  JBlat  de  Sanlillana, 
cuya  primera  parte  apareció  en  1715 
y  la  continuación,  en  1724  y  1735, 
adquirió  tal  renombre,  que  los  fran- 
ceses le  colocan  á  la  altura  de  Moliere 
en  la  pintura  de  los  vicios,  de  los 
defectos  y  de  la  parte  de  ridículo  que 
todas  las  clases  sociales  tienen.  Tur- 
caretf  donde  pinta  las  costumbres  de 
los  comerciantes  de  entonces,  fué  para 
Lb  Saob  una  ocasión  de  probar  la  in- 
dependencia y  el  desinterés  de  su  ca- 
rácter, rehusando  100.000  francos  que 
los  comerciantes  le  ofrecían  por  reti- 
rar su  obra.  Sin  embargo,  por  grande 
que  fuese  el  éxito  del  Turcarel,  su  re- 
putación se  debe,  más  que  nada,  al 
Gil  Blas,  novela  cortada  por  el  patrón 
con  que  habían  cortado  las  su  jas  Hur- 
tado de  Mendoza,  Mateo  Alemán, 
Francisco  Santos  y  los  inimitables  es- 
critores picarescos  del  siglo  xvii.  El 
Gil  Blas  retrata  de  tal  modo  nuestras 
costumbres  j  nuestro  modo  de  sentir 
j  de  pensar,  que  no  es  mucho  que 
ilustres  críticos,  entre  ellos  el  padre 
Isla,  hajan  creído  ver,  no  una  obra 
original,  sino  una  traducción  ó  imita- 


ción á  semejanza  de  las  que  el  mismo 
autor  dió  del  Gmmin.  de  Alfaraehe, 
de  don  Querubín  de  Ronia,  de  Stteba- 
nillo  Gomálet  y  del  Bachiller  de  Sala- 
manca. Objeto  de  empeñadas  polémi- 
cas ha  sido  dilucidar  este  punto;  de- 
biendo nosotros  añadir,  sin  que  entra 

Sara  nada  en  la  cuestión  el  espíritu 
e  amor  propio  nacional,  (jue  ann 
prescindiendo  de  las  observaciones  del 
sapientísimo  padre  José  Francisco  de 
Isla  j  de  las  acertadísinuB-  é  incon- 
testables de  don  Juan  Antonio  Lló- 
rente, basta  la  simple  lectura  de  dicho 
libro,  para  convencer  á  cualquier  per- 
sona imparcial  de  que  sólo  un  espa- 
ñol, ó  quien  hubiera  residido  en  Es- 
paña la  major  parte  de  su  vida,  podía 
conocer  los  usos,  costumbres,  lengua- 
je j  geografía  de  España  con  unos 
detalles  tan  minuciosos  como  se  en- 
cuentran en  el  Gil  Blas,  Los  france- 
ses, queriendo  hacer  major  el  mérito 
de  Le  Saos,  alegan,  como  cirenna- 
tancía  relevante,  t^ue  jamás  poto  los 
piés  en  España,  sm  pensar  que  esto 
es  precisamente  lo  que  echa  por  tierra 
sus  argumentos,  porque,  ann  después 
de  una  residencia  de  machos  años  en 
el  país,  sería  obra  de  gran  mérito  en 
un  extranjero,  y  viene  á  ser  comple- 
tamente imposible  en  quien  no  cono- 
cía ni  la  historia  de  España,  como  lo 

firueban  los  crasísimos  errores  crono- 
ógicos  que  cometió  al  intercalar  cier* 
to  número  de  historietas  en  el  relato 

firincipal.  Las  mejores  ediciones  de 
as  Obras  completas  de  La  Saob  son  las 
de  París,  1831-22  (12 volúmenes  en  8.*) 
j  1828  (12  volúmenes  en  8.').  ^  GH 
Blas  ha  sido  impreso,  traducido  é  imi- 
tado multitud  de  veces,  llevando  la 
palma  entre  todas  las  traducciones,  la 
que  hizo  al  castellano  el  padre  Isla. 

Lesa  muestad  (cbxubu  db).  ffis^ 
ioria.  1.  Calificación  qne  se  daba,  en 
la  antigua  jurisprudencia  romana,  á 
toda  empresa  ó  acto  contra  el  pueblo 
romano,  su  imperio  ó  su  dignidad;  y 
á  todo  atentado  directo  ó  indirecto 
contra  la  tranquilidad  interior  ó  exte- 
rior de  la  república.  Hubo  en  Roma 
un  tribunal  especial  para  conocer  de 
estos  delitos,  j  la  pena  del  culpable 
era  la  de  muerte. 

2.  Augusto  colocó  los  Ubetot  y  las 
ofensas  contra  el  emperador  6  sn  ma- 
dre entre  los  crímenes  db  lesa  majes- 
tad; j  en  tiempo  de  Tiberio,  los  de- 
latores abusaron  mucho  de  esta  lej. 

3.  Bn  Fnncia,  estos  crímenes  se 
calificaban  de  dos  clases:  el  de  lbsa 
uajbátad  diñna,  blasfemia,  sacri- 
legio, etc.;  j  el  de  lbsa  majestad 
humana,  atentado  contra  el  soberano 
ó  contra  los  infantes,  deserción  al  ex- 
terior, conspiración,  rebelión,  etc.  El 
culpable  era  condenado  á  muerte  con 
los  más  horrorosos  tormentos;  pero 
desde  la  revisión  del  Código  pe- 
nal (1832),  el  atentádo  contra  la  vida 
del  soberano  se  castigó  como  parri- 
cidio, 

Lesbio,  bia.. Adjetivo.  El  natural 
de  la  isla  de  Lesbos  ó  lo  referente  á 
ella. 

BmcOLOOÍA.  Letbot:  latín,  ksbin$¡ 


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LESl 


LEST 


LETA  389 


LBSKüu  pUctrum,  la  poesía  lírica  óú 
verso  alcáico  (del  poeta  Alceo,  que 
fué  de  aquella  isla);  lbsbu.  vates,  la 
poética  Safo,  en  Ovidio. 

LesbM.  Femenino.  Geografía  anti- 
em.  Isla  del  Asia  menor,  en  el  mai 
^;eo,  hoy  Mitilene,  célebre  por  su 
fertilidad,  j  más  aún  por  ser  patria 
de  Safo.  Alfeo,  Teofrasto  j  Pitaco, 
nao  de  los  siete  sabios  de  Grecia. 

(FtlNIO.) 

BrncoLOOÍA..  Grieg^o  AevSo;  {£et~ 
hot):  latín,  Leshu»;  francés,  Lesoos. 

Lesear  6  Lascar.  Masculino.  Ma- 
rioero  indio  de  la  clase  de  los  parias. 

EnuoLOGÍA.  Persa 

ejército,  tropa:  francés,  lascar. 

Lesión,  remenino.  Daño  ó  detri- 
mento corporal  causado  por  alg^una 
herida,  golpe  ó  enfermedad.  |  Metá- 
fora. Cualquier  daño,  perjuicio  ó  de- 
trimento. \  Forense,  Él  daño  que  se 
einsa  dolosamente  en  las  ventas  por 
no  hacerlas  en  su  justoprecio.  Q  enob- 
I  UB.  Forense,  El  perjuicio  ó  agravio 
qoe  alguno  experimenta,  por  haber 
ndo  en^ñado  en  algo  más  6  menos 
de  la  mitad  del  justo  precio  en  las 
compras  ó  ventas.  Q  bnormísiua.  Fo- 
rme. El  perjuicio  6  agravio  que  al- 
^o  experimenta,  por  haber  sido  en- 
gañado en  mucho  más  ó  menos  de  la 
mitad  del  justo  precio  en  las  compras 
j  ventas. 

BmiOLooÍA..  I^eso:  provenzal,  lezio; 
catalán,  lesió;  francés,  lésio»;  italia- 
ao,  lesione;  del  latín  lasío,  daño,  for- 
mi  sustantiva  abstracta  de  lasui,  par- 
ticipic  pasivo  de  ladere,  dañar. 

&MONUáu..  Artículo  primero. — Ls- 
siÚH,  HBBLDA.  La  idea  de  lesión  es  mu- 
'  eho  más  extensa  que  la  de  herida^ 
¡  porque  abraza,  no  solo  el  orden  mate- 
rial á  que  ésta  se  concreta,  sino  el 
orden  moral;  las  distinguen  además 
otras  varias  acepciones. 

Iji  herida  puede  ser  casual;  la  le-' 
tión  supone  un  deseo  premeditado. 
£d  la  AíTkfa  se  ve  siempre  un  daño, 
un  dolor  que  sufre  la  parte  física  del 
indinduo.  En  la  lesión  haj  siempre 
una  injusticia,  que  afecta,  no  sólo  la 
parte  física,  sino  la  moral  del  indivi- 
üno,  porque  á  las  dos  so  extienden 
sus  electos.  Se  hace  una  herida  con  un 
iastramento  ó  cualquiera  otro  cuerpo 
duro  que,  chocando  con  nuestros 
miembros,  los  descompone;  la  lesión 
DO  deseomj^one  la  parte  física,  sino 
por  el  sentimiento  del  ánimo  produ- 
cido por  una  injusticia.  (Lópbz  Pk- 

Articulo  secundo. — Lbsión,  daño. — 
El  médico  dice:  Fulano  tiene  una  le- 
tpí*  on/ánica.  No  puede  decirse:  daño 
'Orgánico. 

El  desperfecto  que  un  animal  causa 
ea  un  sembrado  ó  en  una  heredad,  se 
llama  daüo.  No  puede  llamarse  lesi(ín. 
Nada  más  ridículo  que  decir:  pido 
que  se  tase  la  lesiiín  que  tal  animal 
u  hecho  á  mi  finca. 
I  Se  reclaman  daños  y  perjuicios.  Nada 
más  repugnante  al  espíritu  de  nues- 
lengua  que  reclamar  perjuicios  j 

MÍM«I. 


ün  amante  sabe  que  su  amada  le  ha 
sido  infiel,  j  dice  á  la  persona  dequien 
recibe  la  infausta  noticia:  me  hahecho 
usted  un  daño  profundo.  Si  dijera  que 
le  había  hecho  una  ¡esúín  profuMa, 
significaría  que  le  había  herido  pro- 
fundamente en  su  cuerpo. 

La  lesúíu  supone  daño  material,  j 
no  un  daño  material  cualquiera,  sino 
un  daño  en  que  ha^  descomposición 
de  tejidas,  nn  daño  en  que  debe  in- 
tervenir la  ciencia.  Al  hacerme  una 
ligera  cortadura,  al  clavarme  un  alfi- 
ler en  un  dedo,  diré  con  propiedad  que 
me  he  hecho  daño.  No  puedo  decir  que 
me  he  causado  una  lesión,  porque  ni 
el  pinchazo  dej  alfiler,  ni  la  ligera 
cortadura  se  pueden  reputar  como  en- 
fermedades que  hacen  necesaria  la  pre- 
sencia del  médico. 

La  lesión,  pues,  es  quirúrgica:  el 
daño  es  físico,  civil  y  moral. 

Es  físico  en  el  pinchazo  del  alfiler; 
civil,  en  el  desperfecto  que  hace  el 
animal  en  una  sementera;  moral,  en 
el  dolor  que  siente  el  amante  al  saber 
la  infidelidad  de  su  amada. 

En  cuanto  i  la  acepción  forense  de 
lesión,  tampoco  puede  confundirse  con 
daño,  por  cuja  razón  fuera  impropio 
decir:  daSo  enorme,  daño  enormísimo, 
en  equivalencia  de  lbsióh  enorme,  le- 
sión rnormisima.  Bsta  diferencia  con- 
siste en  que  el  daño  puede  ser  major 
ó  menor,  total  ó  parcial,  mientras  que 
la  lesión  ha  de  consistir  precisamente 
en  el  agravio  de  poco  ó  mucho  más  ó 
menos  de  la  mitad  en  las  compras  y 
ventas. 

Lesivamento.  Adverbio  de  modo. 
Con  lesión. 

BTWOLoaía.  Letivay  el  sufijo  ad- 
rerbial  mente. 

Lesivo,  va.  Adjetivo.  Lo  que  pue- 
de dañar  ó  causar  lesión. 

Etiholooía.  Lesión:  italiano,  lesivo. 

Lesna.  Femenino.  Lezna. 

Lesnordeste.  Masculino.  El  vien- 
to medio  entre  el  Leste  v  Nordeste.  J 
La  parte  que  está  situada  hacia  el  si- 
tio por  donde  sopla  el  viento  de  este 
nombre. 

Leso,  sa.  Adjetivo.  A^viado,  las- 
timado, ofendido.  Se  aplica  principal- 
mente á  la  cosa  que  ha  recibido  el  daño 
ó  la  ofensa;  y  así  se  dice:  lesa  majes- 
tad, LESA  humanidad,  leso  derecho 
natural,  etc.  \  Hablando  del  juicio, 
entendimiento  ó  imaginación,  perver- 
tido, turbado,  trastornado. 

BTmOLOOÍA.  Laido:  \9.ÚTí,  lasus,  da- 
ñado, herido;  italiano,  leso;  francés, 
le'só;  catalán  antiguo,  les,  a, 

Lessueste.  Masculino.  El  viento 
medio  entre  el  Leste  y  Sueste. 

Lest.  Masculino  anticuado.  Lbstb. 

Lesta.  Femenino.  Provincial  Gali- 
cia. Especie  de  grama  olorosa. 

Leste>  Masculino.  Marina.  Entre 
navegantes,  viento  Este,  Solano  ó 
Levante.  La  parte  ó  punto  que  está 
situado  hacia  el  Oriente  ó  hacia  donde 
nace  el  sol. 

Lestear.  Neutro,  Marina.  Declinar 
hacia  el  Este. 

BTiMOLoaÍA.  Léate. 

Lestedo.  Masculino.  Provincial 


Galicia.  El  terreno  en  que  nace  es- 
pontáneamente la  lesta. 

Lestevo.  Masculino.  Sntomologia. 
Género  de  insectos  braquéütroa. 

Leste^ocori.  Femenino.  AntÍ0tie~ 
dades.  Ciudad  y  arsenal  de  Corinto, 
en  Morea.  (Pumo.) 

ETiuoLoaÍA.  Latín  L?cha,  plural, 
j  Lechaum,  singular. 

Lestrígones.  Hasculino  plural. 
Tribus  de  antropófagos  que,  según 
las  historias  j  poemas  mitológicos, 
habitaban  en  Sicilia.  También  se  dio 
este  nombre  á  las  de  igual  especie 
que  moraban  en  Campania. 

BTiuoLOaÍA.  Griego  >atnpimvGC 
(laistrygónes):  latín,  leu^fftket;  nan- 
ces, lestrygon. 

Reseña. — Los  lestbiqonbs  de  Cam* 
ania  eran  los  habitantes  de  Formias, 

quien  los  antiguos  poetas  presenta- 
ban como  antropófagos. 

Letable.  Adjetivo.  Que  causa  ale- 
gría. 

BTUiOLOofá^  Letadáñ:  latín,  Imior- 
iUis. 

Letabando.  Adjetivo.  Que  rebosa 
alftgría. 

STiHOLOOfA.  Letadin:  latín,  Imta- 

hüiidus. 

Letación.  Femenino.  Alegría. 

ExiMOLoaÍA.  Griego  Xáw  (lád),  go- 
zar; Xáito;  (láitos),  incólume;  latía, 
latus,  alegre,  en  buen  estado,  hermo- 
so; laíatio,  alegría. 

Letal.  Adjetivo.  Mortífero,  ó  lo 
que  causa  ó  puede  ocasionar  la  muer- 
te. Tiene  más  uso  en  la  poesía. 

Etiwología.  1.  La  etimología  de 
letum  es  incierta;  algunos  dicen  que 
viene  del  griego  Uthét  olvido.  (Mok- 

LAV.) 

2.  Latín  levaíus,  participio  pasivo 
de  levSre,  arrebatar.  (Fbsto.) 

3.  Latín  lere,  borrar,  primitivo  de 
detere,  extinguir.  (Peiscumo.) 

4.  Esta  es  la  verdadera  etimología. 
Letum,  muerte,  representa  una  forma 
simétrica  de  lelus,  participio  ficticio 
de  tere,  borrar,  destruir. 

5.  Lethnm  es  una  mala  ortografía, 
producida  por  la  influencia  del  griego 
Xíj&7]  (léíhe),  olvido.  La  ortografía  eti- 
mológica es  iHum,  forma  de  tere,  bo- 
rrar, extinguir.  (Littrjí.) 

6.  La  opinión  de  este  sabio  autor 
concuerda  con  la  de  los  eruditos  De 
Miguel  y  Morante,  quienes  afirman 
que  la  voz  propuesta  se  deriva  de  leo, 
primitivo  de  ditVlo,  yo  borro. 

Derivacidn.  —  Latín,  lere,  borrar; 
letum,  muerte;  leíalis,  mortal:  italia- 
no, leíale;  catalán,  letal. 

Reseña, — 1,  tLetum  se  diferencia 
de  mors,  en  que  esta  última  voz  ex- 

ͻresa  la  muerte  misma,  mientras  que 
eíum  se  refiere  á  la  manera  de  morir, 
según  resulta  del  siguiente  verso  de 
Estacío: 

MtíU  modte  L^Ti  müero»  xobb  tiiia  ftíigat; 

«los  modos  de  morir  son  muchos;  pero 
la  muerte  es  una.»  (Lbssino.) 

2.  «Añadamos  también  que,  aun 
cuando  letum  exprese  la  misma  idea 
que  mors,  muerte,  el  uso  de  la  buena 
latinidad  hizo  de  liíum  una  voz  noble 


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390  LETA 


LETR 


LETR 


j  poéti»,  escogida  j  solemne.  Poético 
es  también  el  adjetÍTO  letal.»  (Mon- 

LAU.) 

Letalidad.  Cualidad  de  lo  letal. 
ETiHOLoaÍA.  Letal:  francés,  Utha~ 
liítf. 

Letalmente.  Adverbio  de  modo. 
Uortalmente. 

Btiholoqía..  Zeial  y  el  sufijo  ad- 
verbial mente:  latín,  UiSltíer,  mortal- 
mente. 

Letame.  Mascnlino.  Tarquín,  cie- 
no T  basara  con  que  se  engrasa  j  abo- 
na la  tierra. 

Letanía.  Femenino.  Rogativa,  sú- 
plica que  se  hace  á  Dios  con  cierto 
orden,  invocando  la  Santísima  Trini- 
dad, j  poniendo  por  medianeros  á 
Jesucristo,  la  Virgen  j  los  santos.  Se 
usa  en  plural  en  el  mismo  sentido.  |¡ 
Procesión  que  se  hace  regularmente 
por  alguna  rogativa  cantando  las  lb- 
TANÍAS.  Se  usa  en  plural  en  el  mismo 
significado.  H  Familiar.  Lista,  retahi- 
la, enumeración  seguida  de  muchos 
nombres  ó  cosas.  |  uatorbs.  Plural. 
La  procesión  de  rogativa  que  se  hace 
en  la  Iglesia  católica  el  día  de  san 
Marcos,  cantando  las  letanías  que 
están  señaladas.  ||  mbnokss.  La  proce- 
sión de  rogativa  que  se  hace  en  la 
Iglesia  católica  los  tres  días  antes  de 
la  Ascensión.  |]  db  la  Virqen,  ó  le- 
tanía LAUEKTANA.  Cierta  depreca- 
ción á  la  Virgen  por  sus  elogios  j 
atributos  colocados  por  orden,  la  cual 
se  suele  cantar  ó  rezar  después  del 
rosario.  j|  Venib  ó  tbnibsb  con  leta- 
nías. Frase  familiar.  Venir  con  histo- 
rias. I  Dejarse  de  letanías.  Frase 
familiar.  Ir  derecho  al  asunto. 

Etimología.  Griego  Xítij  (HUJ,  rue- 
go; XnavBÍa  (litaneia),  letanía:  latín, 
lita,  diosas  de  los  suplicantes;  litaret 
aplacar  i  los  dioses  con  súplicas  j  sa- 
crificios; Rtamen,  sacrificio  con  que  se 
aplacaba  á  los  dioses;  Uí&nta,  roga- 
ciones; catalán,  /^/aníá/provenzal,  le- 
tanías; francés,  liíaniet;  italiano,  leía' 
nie;  Hainaut,  létanie;  walón,  nétaléie. 

Letargía.  Femenino  anticuado. 
Enfermedad.  Lbtabgo. 

Etimología.  Letargo:  griego,  XijOap- 
yloL  (lelAargla);  latín,  leíhargía;  catSL- 
lán  antiguo,  Ilitargia;  moderno,  letar^ 
gia;  provenzal,  letargía,  liiarguia; 
francés,  le'thargie;  italiano,  letargía, 

Xietirgicamente.  Adverbio  de 
modo.  Con  letargo. 

Etimología.  ZeiMyica  j  el  sufijo 
adverbial  menít, 

Let&rgícOi  oa.  Adjetivo.  Medici- 
na. El  que  está  con  letargo  6  lo  que 
pertenece  á  esta  enfermedad. 

Etimología.  Letargía:  griego,  Xtj- 
^pytxót;  (leíAargikdsJ;  latín,  lithargí- 
ctw;  italiano,  letárgico;  francés,  Ulnar- 
gique;  provenzal,  litargix. 

Letargo.  Masculino.  Medicina.  Ac- 
cidente peligroso  que  consiste  en  la 
suspensión  del  uso  de  los  sentidos  j 
de  las  facultades  del  ánimo.  |]  Metáfo- 
ra. Torpeza,  insensibilidad,  enajena- 
miento del  ánimo  por  la  vehemencia 
de  alguna  pasión, 

BtiuolooÍa.  Griego  Xijdi)  (léthe), 
olvido;  XijeapY*;  (letüiyoi):  latín,  li- 


íhargu»;  italiano,  letargo;  francés,  lé- 
tkargut. 

Letargoso,  sa.  Adjetivo.  Lo  que 
aletarga. 

Lete.  Masculino.  Mitología.  Río  del 
Olvido,  porque  sus  aguas  nacían  olvi- 
dar lo  pasado  á  los  que  las  bebían. 
Según  la  mitología,  el  Leteo  separa- 
ba el  Tártaro  de  los  Campos  Elíseos. 

(MONLAÜ.) 

BTnioLOaíi.  Griego  AifOq  {L/th3j: 
latín,  ZitAe;  francés,  £/th/. 

Leteo,  ea.  Adjetivo.  Poética.  Lo 
que  pertenece  al  río  Lete  6  Leteo,  j 
participa  de  alguna  de  las  calidades 
que  le  atribuje  la  mitología. 

Etimología.  Latín  ¿^(Atnu: catalán, 
leteo,  a, 

Leticia.  Femenino  anticuado.  Ale- 
gría, regocijo,  deleite. 

Etimología.  Letación:  latín,  lati- 
tía\  italiano,  letizia;  catalán  antiguo, 
letUña. 

Letífero,  ra.  Adjetivo.  Que  da  6 
lleva  consigo  la  muerte. 

Etimología.  Latín  letífera  de  litum, 
muerte,  j  /«rre,  prodacir:  francés,  ¡é^ 
thiñre. 

LetiflcaeiÓn.  Femenino.  Acdtfn  6 
efécto  de  letificar. 

Letificado,  da.  Participio  pasivo 
de  letificar. 

ETncoLOGÍA.  Latín  latífíc^tiu,  par- 
ticipio pasivo  de  Uetíficare. 

Letiflcador,  ra.  Masciüino  j  fe- 
menino. El  que  letifica. 

Etimología.  Letificar:  latín,  latijl- 
cator,  en  Tertuliano. 

Letificante.  Participio  activo  de 
letificar.  Lo  que  alegra.  |  Adjetivo 
anticuado.  Medicina.  Se  aplicaba  á  los 
remedios  que  dan  energía,  actividad 
j  TÍ^r.  Se  usaba  también  como  sus- 
tantiTo  mascttlino. 

Letificar.  ActÍTO»  Alegrar,  regoci- 
jar. I  Animar. 

Etimología.  Latín  Ut&ficare,  ale- 
grar, de  latut,  alegre,  j  fac^re^  ha- 
cer: italiano,  letitiare. 

Letifico,  ca.  Adjetivo.  Lo  que 
alegra. 

Etimología.  Latín  lafíflcus,  de  la- 
tía, alegre,  j  faoíre,  hacer:  letifica 
referre^  traer  buenas  noticias. 

Let(jo.  Masculino  anticnado.  Li- 
tigio. 

Letor,  ra.  Masculino  j  femenino 
anticuado.  Lector,  por  el  que  lee. 

Letos.  Masculino  ^\Mt?\.  Ántigie- 
dades.  Nombre  da  unos  bárbaros  del 
Norte  que,  habiendo  hecho  una  irrup- 
ción en  territorio  del  imperio  romano, 
obtuvieron  ciertas  porciones  de  terre- 
no, previa  condición  de  estar  sujetos 
al  servicio  militar  de  Roma.  Bajo  la 
denominación  de  letos  se  entendía, 
ora  la  población  rústica  que  perma- 
necía entregada  al  cultivo  de  los  cam- 
pos, ora  lo  más  selecto  de  aquella  po- 
blación, que  servía  en  los  ejércitos 
romanos. 

EriifOLoaÍA.  Bajo  latín  leti  y  latí, 
forma  de  Letía,  ribera  de  los  Países 
Bajos,  (Don  Martín,  diado  por  Lit- 

TRÍ.) 

Letra.  Femenino.  La  nota,  cifra  6 
carácter  de  un  alfabeto,  que  por  si 


solo  ó  junto  con  otros  forma  una  síla- 
ba, j  sirve  para  escribir  nuestros  con- 
ceptos. Q  En  castellano  ae  distinguen 
anas  de  otras  las  letras  alfabéticas  con 
las  siguientes  denominaciones.  Con- 
sonante. La  que  no  tiene  sonido  sin 
el  apoyo  de  una  vocal,  y  algunas  de 
dos,  como  las,  lacjson todas  las  del 
abecedario,  menos  las  vocales.  ||  do- 
blb.  Cada  una  de  las  que  se  escriben 
con  dos  signos,  como  la  ch,  la  ll,  et- 
cétera. B  LÍQUIDA.  La  consonante  cajo 
sonido  se  debilita  cuando,  precedida 
de  otra,  forma  sílaba  con  ella,  como 
en  las  palabras  elote, pleno,meicla,dra- 
ma,  crimen,  p'idre.  La  l  7  la  r  son  las 
únicas  do  esta  clase  en  castellano.  J 
MUDA.  Se  ha  dado  esta  calificación  á 
la  consonante  en  cuyo  nombre  no  pre- 
cede á  ella  un  vocablo  como  la  d  f  iej, 
la  T  (te),  etc.  |¡  semivocal.  Llámase 
de  este  modo  la  consonante  que  se 
pronuncia  anteponiendo  á  ella  ana 
vocal,  como  la  p  (efe),  la  m  (eme),  et- 
cétera. I  sencilla.  Cualquiera  de  las 
que  se  escriben  con  un  solo  signo:  a, 
B,  D,  etc.  I  vocal.  Cada  una  da  las 
cinco  que  tienen  sonido  propio:  a, 
B,  I,  o,  ü.  n  El  sonido  con  que  se  pro- 
nuncia cada  uno  de  los  caracteres  del 
al&beto.  I  La  forma  y  modo  particu- 
lar que  cada  uno  tiene  de  escribir,  ó 
la  que  es  propia  y  peculiar  de  alguna 
escuela,  nación,  etc.  Q  lema.  En  los 
emblemas,  etc.  ||  El  sentido  gramatí-' 
cal  de  una  frase,  sentencia  ó  discurso. 

U  El  carácter  ó  cifra  numérica.  Q  Le- 
tra DE  cambio,  y  Especie  de  romance 
corto,  cuyus  primeros  versos  se  sue- 
len glosar.  I  Las  composiciones, pala- 
bras y  expresiones  que  ajostaius  á 
las  notas  se  cantan.  |  Familiar.  Sa- 
gacidad y  astucia  para  manejarse;  j 
así  se  dice:  Fulano  tíena  mocha  i.b- 
TBA.  I  Imprenta.  Instrumento  hecho 
de  plomo  mezclado  con  antimonio, 
que  por  un  ertremo  tiene  releradn  la 
señal  de  una  letra  de  abecedario  ú 
otra  cifra,  y  sirvepara  imprimir.  Llá- 
mase así  también  el  conjunto  de  estos 
instrumentos;  y  así  se  dice:  esta  com- 
posición tiene  mucha  letra,  las  cajas 
están  llenas  de  letra.  |¡  Anticuado. 
Cabta,  por  el  pap^l*  ^t^c.  |]  Anticua- 
do. Letrbbo.  y  Plural.  La  carrerm  y 
profesión  de  las  ciencias;  como  la  de 
jurista,  la  de  teólogo,  y  Orden,  pro- 
visión ó  rescripto.  Tiene  más  uso  ha- 
blando de  los  que  se  expiden  en  ma- 
terias eclesiásticas,  y  Provincial.  Ara- 
gón. GertíficacüSn  ¿testimonio.]  |  abibr- 
TA.  La  carta  de  crédito  y  orden  que 
se  da  á  favor  de  alguno,  para  qae  se 
le  franquee  el  dinero  que  pida  sin  li- 
mitación de  cantidad,  g  aldina.  Le- 
tra CURSIVA.  I  bastarda.  Cierta  for- 
ma de  letra  de  mano  inclinada  hacia 
el  lado  siniestro,  y  bastardilla.  Le- 
tra bastarda,  y  BORBOSA.  La  que  no 
tiene  limpieza  en  los  perfiles  por  de- 
fecto del  papel  ó  por  la  demasiada 
tinta,  y  canina.  La  b,  por  la  fuerza 
con  que  se  pronuncia  en  principio  de 
dicción  y  en  otros  casos,  y  la  be  siem- 
pre que  se  usa.  Q  OAmAL.  Lbtba  ma- 
yúscula, y  corrida.  Imprenta.  La  que 
está  trastrocada  t  cambiada,  lo  que 


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LETR 


LETR 


LETR  391 


suele  suceder  en  los  pcinoipios  j  fina- 
les por  descuido  de  los  prensistas.  | 
La  que  está  hecha  con  facilidad  y  sol- 
tara. [  COBTES^A.  Cierta  forma  ó  ca- 
rácter pequeño  T  garifo  que  se  usaba 
antiguamente.  |  cursiva.  La  de  im- 
prenta qoe  es  parecida  á  la  de  mano. 

I  u  CJUiBio.  Comercio.  La  orden  de 
jMgo  que  extiende  T  firma  el  comer- 
eiaate,  entregándola  al  ^ue  le  da  di- 
nero 6  valorea,  para  que  este,  en  vir- 
tud de  ella,  reciba  su  importe  en  el 
punto  donde  le  conviene  cobrarlo.  | 
DB  CAJA  ALTA,  imprenta,  uayúscula. 

I  DB  CAJA  BAJA.  Imprenta,  hinúscu- 

LA.  ¡I  DB  IMPRENTA.  LsTRA  DB  UOLDB. 

I  DE  HANO.  La  que  se  escribe,  á  dife- 
rencia de  la  de  molde  ó  impresa.  Q  de 
yoLDB.  La  impresa,  Q  db  dos  pun- 
tos. Imprenta.  La  mayúscula  de  que 
se  suele  usar  en  los  carteles  y  princi- 
pios de  capítulo,  así  llamada  por  es- 
tar fundidla  en  dos  líneas  del  cuerpo 
de  su  grado.  |  db  tortis.  Véase  Tor- 
T13.  ^  DOMINICAL.  En  el  cómputo  ecle- 
siástico, una  de  las  siete  primeras  del 
alfabeto,  con  que  se  señalan  los  siete 
días  de  la  semana,  j  en  cada  afio  es 
aquella  que  corresponde  al  primer  día 
de  él,  en  lo  cual  alternan  sucesiva- 
mente. Q  FLORIDA.  Imprenta.  La  ma- 
júscnla  abierta  en  lámina  con  algún 
adorno  alrededor  de  ella.  Q  gótica. 
La  de  forma  rectilínea  j  angulosa, 
que  se  usó  en  lo  antiguo,  y  se  usa 
aún  especialmente  en  Alemania.  [|  his- 
toriada. La  mayúscula  abierta  en  lá- 
mina con  algunas  figuras  ó  símbo- 
los. ¡  MAYÚSCULA.  La  letra  grande 
que  sirve  para  escribir  loa  nombres 
propios,  jr  para  empezar  capítulo, 
párrafo  ó  período.  Sa  nsa  también 
MAyúscuu  como  sustantivo  femeni- 
no. Q  MENSAJERA.  Antícuado.  Carta 
uiáivA.  I  UBNUOA.  Familiar.  Astucia, 
sagacidad.  |  hihiIjscoia.  La  letra  pe- 
uefia  y  regular,  en  contraposición 
e  la  grande,  llamada  mayúscula.  Se 
nsa  alguna  vez  la  voz  minúscula  co< 
mo  sustantivo.  |  humbeal.  Cualquie- 
ra de  las  que  empleaban  en  la  nume- 
ración los  romanos.  Véase  númsro.  Q 
PELADA.  La  igual  j  limpia  que  no  tie- 
ne rasgos  ni  cabeceados.  |  Letra  pob 
LBTRA.  BxpresitSn  metafórica.  Entera- 
mente, sin  quitar  ni  añadir  cosa  al- 
guna.  I  PROCESADA.  Se  llama  así  la 
que  eatá  encadenada  j  enredada;  co- 
mo se  ve  en  varios  procesos  anti- 
guos. I  RBOONDA.  En  la  imprenta  la 
que  no  es  cursiva.  |  Lbtras  comuni- 

CATORXAS.    TbSTIMCWULBS.  ^  DIVINAS. 

La  Biblia  6  Escritura  Sagrada.  U  bx- 
PBCTATIVAS.  Los  dcspacbos  reales  ó 
bulas  pontificias  que  contienen  la 
gracia  de  la  futura  de  empleo  ó  dig- 
nidad, prebenda  ó  beneficio,  etc.,  á 
favor  de  al^ún  sujeto.  ||  oobdas.  Cor- 
ta instrucción  ó  talento.  Se  usa  más 
comunmente  con  el  verbo  tener.  ||  oó- 
TiCAS.  Anticuado.  Corta  instrucción 

Í'  talento.  Q  humanas.  K1  estudio  de 
os  autores  clásicos  griegos  v  latinos, 
y  también  de  loa  mu  notables  escri- 
tores de  Us  naciones  modernas,  con 
el  cual  se  adquiere  por  medio  de  la 
imitación  el  buen  gusto  en  el  arte  de 


hablar  j  de  escribir.  |  patentes.  El 
edicto  público  ó  mandamiento  del 
príncipe  q^ue  se  despacha  sellado  con 
el  sello  principal  sobre  alguna  mate- 
ria importante  para  que  conste  su  con- 
tenido. I  sagradas.  Letras  divinas. 
II  TIRADA.  La  q^oe  por  hallarse  escrita 
con  soltura  esta  unida  y  enlazada  con 
otra,  y  formada  de  un  golpe.  ||  ver- 
sal. Imprenta,  La  letra  mayúscula.  || 

A  LA  LBTRA,  AL  KJt  DK  LA  LETRA.  Mo- 

dismo.  Literalmente,  según  la  letba 
T  significación  natural  de  las  pala- 
bras, l  Enteratnente,  y  sin  variación, 
sin  añadir  y  quitar  nada;  y  así  se 
dice:  copiar,  insertar  Á  la  lbtba.  Q 
Puntualmente,  sin  ampliación  ni  res- 
tricción alguna;  como  observar,  cum- 
plir Á.   LA    LBTRA.  II  A  letra  VISTA. 

Modo  adverbial.  Entre  comerciantes 
y  hombres  de  negocios,  lo  mismo  que 

Á.   LA  VISTA.  II  AtaRSB   ¿  LA  LETRA. 

Frase.  Sujetarse  al  sentido  literal  de 
cualquier  texto.  |  Buenas  letras.  Le- 
tras HUMANAS.  Q  La  letra  con  san- 
gre ENTRA.  Refrán  que  da  á  entender 
ue,  para  aprender  lo  que  se  ignora, 
adelantar  en  cualquiera  epsa,  no  han 
de  excusarse  el  estudio  ;  el  trabajo.  || 
Mktbr  LBTRA.  Frase  metafórica  y  fa- 
miliar, ifeter  bulla,  procurar  embro- 
llar las  cosas.  Q  Primeras  letras.  La 
doctrina  é  instrucción  en  el  arte  de 
leer,  escribir  y  otras  nociones  elemen- 
tales. I  Comercio.  Protestar  una  le- 
tra. Frase.  Requerir  ante  escribano 
al  que  no  quiere  aceptarla  ó  pagarla, 
para  recobrar  su  importe  del  dador 
de  ella,  con  más  los  daños  que  se  cau- 
saren, l  ^auiR  LAS  LBTRAS.  Frasc. 
Estudiar,  dedicarse  á  las  ciencias. 
ETUiQLoaÍA.  Latín  littera  y  ¡itera. 

1.  ¿•¿/¿ra  está  en  relación  con  As^a, 
Unea;  de  Umm»  lino;  linihe,  untar, 
puesto  que  la  letra  es  un  líquido,  una 
untura.  (Corssbn.) 

2.  Litt"ra  representa  lineaíüra,  co- 
mo Hneatüra  representa  linea;  del  grie- 
go linón  (Xívov),  liso,  unido,  compac- 
to, sin  vello.  (EsCALÍOERO.) 

3.  El  latín  Íit¿ra  se  deriva  del  sáns- 
crito UÁh,  escribir,  grabar,  (Mbyeb.) 

Derivación. — Sánscrito  likh,  escri- 
bir: latín,  littera,  litara;  italiano,  let~ 
íera;  francés  del  siglo  xi,  leíre;  mo- 
derno, lettre;  provenzal,  lettra,  letra; 
catalán,  lletra;  portugués,  letra;  Be- 
try,  leíre;  burguiñón,  llótre. 

Éeteña. — 1.  fLas  letras  se  llama- 
ban entre  los  griegos  stoijeia;  j  entre 
los  latinos,  eUmenta,  cuando  se  quería 
expresar  el  sonido  elemental;  y  para 
indicar  el  signo  de  este  sonido,  em- 

fileaban  los  griegos  la  voz  ^rámma;  y 
os  latinos,  la  voz  littera  ó  Utéra.» 

(MONLAU.) 

2.  Expresión  proverbial.  Tbnbr  MU- 
CHA LETRA  MENUDA.  Ser  mujT  legulcjo, 
tener  la  costumbre  de  argumentar. 

Letrada.  Femenino  familiar.  I^a 
mmer  del  letrado  ó  abogado. 

Letradico,  Uo,  to.  Masculino  di- 
minutivo de  letrado. 

Letrado,  da.  Adjetivo.  El  que  es 
sabio,  docto  é  instruido*  |  Familiar. 
Se  dice  del  que  presume  de  discreto  y 
habla  mucho  sír  fundamento.  ]  An- 


ticuado. El  que  sólo  sabía  leer.  Q  An- 
ticuado, El  que  sabe  escribir,  y  tam- 
bién lo  que  se  escribe  y  pone  por  le- 
tra. Q  Masculino.  Abogado.  D  ^  lo  le- 
trado. Modo  adverbial.  Al  uso  de  los 
letrados. 

Etimología.  Letra:  provenzal,  le- 
tra t;  catalán,  lleirat;  burguiñón,  fo/- 
trav;  francés,  ¿r/A*/. 

Letradura.  Femenino  anticuado. 
Literatura.  ^  Anticuado.  La  instruc- 
ción en  las  primeras  loteas  d  en  el  ar- 
te de  leer. 

liStraduria.  Femenino  anticuado. 
Dicho  vano  é  inútil,  proferido  eon  al- 
guna presunción. 

Letrán  (palacio  t  basílica  dr). 
Sistoria.  El  palacio  fué  construido  en 
Roma  porLATBBANUs/'^dnítM,  áquien 
Nerón  hizo  dar  muerte  para  apoderar- 
se de  sus  bienes,  y  donado  por  Cons- 
tantino el  Grande  9\  papa  Melquíades. 
Sirvió  de  residencia  a  los  pontífices 
hasta  su  marcha  á  Avignón  en  1308. 
Sixto  V  le  reconstru/ó  hacia  fines  del 
siglo  XVI.  Inocente  XII  le  convirtió 
en  hospital  en  1693;  v  Gregorio  XVI 
en  museo  de  antígOedadea  cristianas 
en  1813.  La  basíUca  de  san  Juan  de 
Lrtrán  se  construjó  junto  al  palacio, 
por  orden  de  Constantino,  hacia  el 
año  324,  y  la  donó  al  papa  Silves- 
tre I.  Es  una-  de  las  cinco  basílicas 
patriarcales  de  Roma  y  la  primera  en- 
tre ellas,  porque  allí  toman  los  papas 
posesión  de  su  dignidad  episcopal. 
Se  la  llama  también  batilica  conslanti- 
niana  por  el  nombre  de  su  fundador, 
y  es  una  de  las  más  bellas  y  do  las 
más  ricas  de  Boma.  En  ella  se  cele- 
braron trece  concilios;  cinco  de  ellos, 
ecuménicos,  hasta  el  año  1725.  El 
primero  de  estos  últimos,  bajo  Calix- 
to 11,  en  1123,  tuvo  por  objeto  la  que- 
rella de  las  investiduras;  en  el  segun- 
do, bajo  Inocente  II,  en  1139,  se  cod- 
denó  á  Amaldo  de  Brescia;  eu  el  ter- 
cero, bajo  Alejandro  III,  en  1179,  se 
acordaron  reglas  para  la  elección  de 
los  papas;  en  el  cuarto,  bajo  Inocen- 
te líl,  en  I2I5,  se  excomulgó  á  los 
valdenses  y  á  los  albigenses;  y  en  el 
quinto,  bajo  León  X,  se  trató  de  la 
extinción  del  cisma,  de  la  reforma  de 
la  Iglesia  jr  da  la  guerra  contra  los 
turcos. 

Letrar.  Activo  antieuodo.  Dele- 
trear. 

1 .  Letras  dominicales.  Femeni- 
no plural.  Cronología,  Son  aquellas 
con  que  los  primeros  cristianos  sosti- 
tuveron  á  las  letras  iwmdifUtUt  en  el 
calendario  Juliano,  6  sean  las  siete 
primeras  del  alfabeto,  correspondien- 
tes á  los  siete  días  que  se  divide  la 
semana.  Marcan  sucesivamente  los  do- 
mingos: la  letra  A,  frente  al  1.*  de 
Enero;  la  B,  frente  al  2;  la  C,  frente 
al  3,  V  asi  de  las  demás;  es  decir,  que 
cuando  la  lbtra  dominical  es  A,  el 
1."  de  Enero  es  domingo;  cuando  E, 
es  domingo  el  5  del  mismo  mes.  Es- 
tas letras  sirven  para  fijar  el  día  de 
las  pascuas. 

2.  Letras  de  oambio.  Femenino 

Slural.  Comercio.  Documentos  de  giro 
e  una  plaza  á  otra,  cu^a  invención 


3 


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392 


LETR 


se  atríbuje  generalmente  á  los  judíos 
arrojados  de  Francia  por  Felipe  Au- 
gusto, en  1181,  que  se  valieron  de 
este  medio  para  salvar  las  sumas  que 
habían  atesorado.  Otros  atribuyen  su 
invención  á  los  florentinos  arrojados 
de  Italia  en  el  siglo  xiii,  por  los  gi- 
belinos,  y  refugiados  en  Francia,  si 
bien  es  posible  que  no  hicieran  más 
que  imitar  los  procedimientos  segui- 
dos por  los  judíos  en  ocasión  análoga. 
En  Francia,  la  ciudad  de  Lyon  pare- 
ce haber  sido  la  primera  en  adoptar 
las  LETRAS  DB  CAMiiio,  en  tiempo  de 
Luis  XI,  hacia  el  aáo  1460.  Es  de  ad- 
vertir que  los  antiguos  romanos  co- 
nocieron algo  semejante  á  las  lbtrás 
DB  cAUBio:  nos  referimos  i  los  bonos 
dados  por  los  recaudadores  de  impues- 
tos  sobre  las  cantidades  que  recibían 
en  las  provincias.  Tal  vez  esos  bonos 
no  se  darían  más  que  á  los  amigos  de 
lüs  perceptores,  j  contra  los  grandes 
centros,  donde  se  recaudaba  más; 
pero  lo  cierto  es  que  existieron,  como 
puede  verse  en  Cicerón,  Carias  á  Áti- 
co (XII,  24). 

Letrero.  Alasculino.  La  inscrip- 
ción ó  rótulo  que  se  pone  para  memo- 
ria, noticia  é  inteligencia  de  alguna 
cosa.  Q  Adjetivo  anticuado.  Lbtha.do. 

BtiuolOOÍa.  ¿tfínt.- catalán,  ¿¿í- 
ínro. 

Sinonimia.  Letrero,  titulo,  inscrip- 
eién,  lema,  epígrafe.  El  letrero  expresa 
un  nombre,  un  aviso  de  cualquiera 
cla;e;  el  rótulo  se  reñere  á  lo  que  está 
contenido  dentro  ó  debajo  de  la  super- 
ficie en  que  está  escrito;  la  inscrip- 
ciófi  sirve  para  conservar  la  memoria 
de  algún  sujeto,  de  alguna  acción  ó 
de  algún  acontecimiento;  el  lema  ex- 

Slica  en  palabras  sucintas  el  asunto 
e  un  emblema,  de  una  empresa  ó  de 
una  composición  en  verso  ó  prosa;  el 
epígrafe  alude  al  asunto  de  la  compo- 
siciónj  pero  no  lo  explica.  Las  pala- 
bras que  suelen  escribir  los  viajeros 
en  los  monumentos  que  visitan,  ó  los 
soldados  en  los  cuerpos  de  guardia, 
son  letreros;  los  que  se  ponen  sobre 
las  puertas  de  las  tiendas,  para  indi- 
car lo  que  en  ellas  se  vende,  ó  en  lo 
exterior  de  las  botellas,  con  el  nom- 
bre del  líquido  que  contienen,  son  ró- 
tulos; las  palabras  latinas  que  están 
sobre  la  puerta  de  Alcalá  j  sobre  la 
delJardin  Botánico,  son  inscripciones; 
el  lema  de  las  armas  de  la  Academia 
Española  es:  «limpia,  fíja  y  da  es- 
plendor;! las  memorias  que  se  presen- 
tan á  los  concursos  abiertos  por  los 
cuerpos  científicos,  llevan  siempre  un 
epiarafe,  (Mora.) 

Letrilla.  Femenino  diminutivo  de 
letra.  Q  Composición  poética  de  versos 
cortos,  que  suele  ponerse  en  música. 

ETiMOLOOfA.  Letra:  francés,  le'trille, 
leírilie,  tomado  de  nuestro  romance; 
catalán,  llelrela. 

Los  siguientes  versos  son  un  buen 
ejemplo  de  lbtkilla. 

SUIUI.ACIÓI(  AHOmOSA 

Mí  sftSftl  m«  Uftm» 
grosera  amadora, 
mfci  Mt^  á  ia«  rue^M 
40»  U  halada  roca; 


LEUG 

Oaando  haaia  laa  flOTM 

la  llama  no  ignoran 
d«  amor,  an  que  ardo 
tarbada  y  medroia. 

Bian  qauiara  «arle 
human»  «n  la  hora, 
■In  darla  yo  onenta 
d6  mi  afloión  loca; 

Hai  ser  atrevido, 

Í hallar  sasón  propia 
e  vencer  recatoa, 
■ólo  al  varán  tooa; 

Qoe  ei  ¿1  entre  espinae 
no  la  bmoa  y  aorta, 
de  suyo  A  sa  mano 
no  aa  ha  de  ir  1»  rosa. 

(lautsus,  LttrtÜn  X.) 

Letrina.  Femenino.  Lugar  desti- 
nado en  las  casas  para  expeler  las  in- 
mundicias y  excrementos. 

ETiuoLOofA.  Latín  latrlna:  italia- 
no, lalrina;  francés,  latrines;  catalán 
antiguo,  latrina, 

1.  £1  latín  latrina  representa  lava- 
trina,  baño  privado,  forma  de  lavare, 
lavar,  según  los  gramáticos  latinos, 

(LlTTBÉ.) 

2.  Laírtna  representa  Idíeñna;  de 
laíere,  ocultar.  (Otros  etimologistas 
latinos.) 

3.  En  efecto,  sincopemos  la  e  de 
laterina  j  resultará  la  voz  del  ar- 
tículo. 

4.  Según  esta  interpretación,  letri» 
na  quiere  decir  lugar  oculto;  esto  es, 
secreto,  cuyo  sentido  tiene  en  Sueto- 
nío. — «Lugar  destinado  en  las  casas, 
con  una  comunicación  subterránea, 
para  echar  las  inmundicias  ^  excre- 
mentos. Covarrubias  dice  viene  del 
griego  Lithron,  que  significa  inmun- 
dicias; pero  lo  más  verosímil  es  que 
se  tomase  este  nombre  del  latino  Latri- 
na, por  lo  cual  algunos  dicen  Latrina, 
y  entre  ellos  el  mismo  Covarrubias, 
aunque  el  uso  más  común  es  Letrina.» 
(Academia,  Diccionario  de  1736*) 

Letrón.  Masculino  aumentativo  de 
letra.  1¡  Plural.  Llamábanse  así  los 
caracteres  que  se  ponían,  por  virtud 
de  letras  apostólicas,  en  las  puertas 
de  las  iglesias  y  otros  lugares  para 
que  constase  estar  excomulgados  los 
contenidos  en  aquéllas. 

Letronízar.  Activo  anticuado.  E»> 
cribir  algo  con  letras  grandes. 

ETUfOLoaÍA.  Lelrón. 

Letuario.  Masculino  anticuado. 
Elbctuario.  [|  Anticuado.  Especie  de 
bocadillo  que  se  solía  tomar  por  la 
mañana  antes  del  aguardiente, 

Letura.  Femenino  anticuado.  Lec- 
tura ó  LBYBNDA.  |  Lectuba  en  las  im- 
prentas, por  una  clase  de  letra.  |  Con 
LBTUBA.  Frase  anticuada.  Proceder 
con  aviso  y  conocimiento. 

Leucacanto,  ta.  Adjetivo.  Botá~ 
nica.  Que  tiene  espinas  blancas. 

Etiholooía.  Griego  XeuxóxavOa  (le»- 
iákantha);  de  'Uv>tót;(leuk<Ss)t  blanco, 
y  ákantha,  espina:  latín,  teñedcantha. 

Leucáatema.  Femenino.  Botáni- 
ca. Nombre  de  la  margarita  de  los 
prados. 

Etuiolooía.  Griego  Xcux^c  (leukós), 
blanco,  y  ávdi][U(  (ánthemaj;  de  áutkos, 

flor. 

Leucantéreo,  rea.  Adjetivo.  Bo- 
tánica. De  anteras  blancas. 
ExiuoLoaÍA.  Leuco  j  antera:  Xswk¿<i 


.LEUG 

Leacanto,  ta.  Adjetivo.  Botánica. 
De  flores  blancas. 

ETiuOLoaÍA..  Griego  leuktfs,  blanco, 
y  ánthot,  flor:  Xtuxóc  ¿vOo^* 

Leucasia.  Femenino..  Geógrafo. 
Isla  del  mar  de  Toscana.  (Pumo.) 
BriuoLOofA.  Latin  LencMa. 
Leuce.  Femenino.  Hierba  semejia- 
te  al  mercurial.  (Punió.)  |]  El  álamo 
blanco.  (Sbrvio.)  |  Miíologia.  Hijadel 
mar  Océano, amada  de  Neptuno,  qnien 
la  colocó  en  los  Campos  Élíseos  trans- 
formada en  álamo  blanco. 

BTzuoLoaÍA.  Griego  U<ÍKt¡  (leúfá), 
de  leuktis,  blanco:  latín,  Lence. 

Leucetiopia.  Femenino.  Medicina. 
Estado  anormal  de  la  piel,  cuando  se 
pone  blanca. 

Lencína.  Femenino.  Química.  Subs- 
tancia blanca  que  ae  obtiene  tratindo 
la  fibrina  por  el  ácido  sulfúrico. 
EriHOLOofA.  Lenco:  francés,  lencine. 
Leucipe.  Femenino.  Tiempos  he- 
roicos. Esposa  de  lio,  madre  de  Lao- 
medonte.  (Hioinio.)  |  Otras  mujeres 
llamadas  así.  (Inscripciones.) 
ETiuoLoafA.  Latín  LeuiApe. 
Leucipo.  Masculino.  Mitología. 
Padre  de  Febe  y  de  Hílaira,  doncellas 
muy  hermosas  á  quienes  robaron  Cas- 
tor y  Pólux.  (Ovidio.)  |  Padre  de  Hér- 
cules y  de  Auge.  (Hioinio.)  |  Uno  de 
los  cazadores  del  jabalí  de  Calido- 
nía.  \  Nombre  de  un  filósofo.  (Cics- 

BÓN.) 

EriHOLOofA.  Latín  LencippMi. 
Leucita.  Femenino.  Étneralcgia. 
Granate  anfígono  (granate  blanco). 

EtiuologÍa.  Griego  Xewxi;  (lenkés), 
blanco:  francés,  leucite. 

Lenco.  Prefijo  técnico,  del  gñ^ff^ 
Xeuxi5<:  (leukós),  blanco,  forma  de 
(lúAe),  la  primera  \m  antes  de  salir  el 
sol,  la  cual  es  blanca: /HÚw  Ifus  t^t 
solis  ortum. 

LeucoblefáT«o,  rea.  Adjetivo. 
Zoología.  Que  tiene  los  párpados  blaa- 
cos. 

EtiuoloqÍa.  Griego  lenkés,  blaneo, 
blepharÓn,  párpado:  Xnxó;  pXawpóv- 
Lencocarpo,  pa.  Adjetivo.  Bata- 
mea.  De  frutos  buneos. 
ETiuOLoafA.  Leuat  y  karpSs,  fruto: 

Leucocéfalo,  la.  Adjetivo.  Stít- 
nica.  De  flores  blancas  reunidas  en  ca- 
pítulos. B  ffistoria  Miwral  De  cabeza 

blanca. 

ETiuoLoaÍA.  Leueo  y  ¡Ü^hiti,  üibe- 
za:  Xeuxó;  xetpaXif, 

Le^cócero,  ra.  Adjetivo.  ZoologU. 
De  antenas  blancas. 
Etmolooía.  Lenco  j  kéras,  cuerno. 
Leucocitemia.  Femenino. 
na.  Alteración  nuevamente  estudiada, 
la  cual  consiste  en  un  aumeoto  con- 
siderable de  lo»  glóbulos  blancos,  que 
dan  &  la  sangra  cierto  tinte  entre  gris 
y  rojo,  , , 

ETiMOLoaU.  Griego  len^s,  bUnco, 
Kytos,  célula,  y  kaima,  hama,  sangre- 
francés,  Uucocuthemie.  Toda  la  forma 
griega  sería:  Xeuxóí  >wlxo?-«V"'  „ 

Leucocitémico,  ca.  Adjeüvo.Oon- 
cerniente  á  la  leucocitemia. 

Etimología.  Lencodtmiai  &idc«' 
leucocjfthémigue. 


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LEUO 


LHUC 


LEUC  393 


Lencocito.  Masculino.  ÁMimU 
gineral.  Espacie  de  elemeato  que  se 
presenta,  ora  en  estado  de  células,  ora 
en  el  de  núcleos  sueltes  t  blancos. 

ETUOLoafÁ.  Leueo  j  lyíQS,  célula: 
francés,  leuco^íe. 

Leucocriso.  Masculino.  Mineralo- 

Íta.  Especie  de  piedra  preciosa  que 
lanqnea  como  el  cristal.  (Plinio.)  [| 
Otn  de  la  clase  de  los  jacintos  de  co- 
lor de  oro  con  retas  blancas.  (Idem.) 

EnHOLOofA.  Griego  Xtuxéxp»"»?  (¿«w- 
iócArysos):  de  leukós,  blanco*  j  cArif- 
m,  oro:  latín,  leueoekrisot;  francés, 
Ifííeoehfyse. 
X«en4»>dermo,  ma.  AdjetÍTo.  ^00- 

De  piel  blanca. 
ETUfOLoaÍA..  Leuco  7  d/rma,  piel: 

Laacodontfl.  Adjetivo.  Zoohgla, 
Que  tiene  dientes  blancos. 

Etiuolooía.  Leuco  j  odóntot,  geni- 
tivo de  odoü*t  diente. 

Lencófeo,  fea.  Adjetivo.  Historia 
uíwral.  Que  es  de  color  ceniciento. 

EruiOLoaÍA.  Griego  Xeux(¡cpatof  ( leu- 
léphaiot)f  mezclado  de  blanco  y  de 
oegxo;  ex  alio  et  fvaco  «túf^w. 

Leucófllo,  la.  Adjetivo.  Boídniea. 
De  hojas  cubiertas  de  peluailla  blanca. 

^iMOLoaU.  Leuco  y  phyllon,  hoja: 

Leacoflegmasia.  Femenino.  Me- 
dicina. Inflamación  general  del  tejido 
celular.  ^  Anasarca.. 

Etiuolooía.  Griego  XeuxotpXeYiutrta 
(leukophUgmaÜa);  de  Uukés,  blanco,  j 
fhiégma  (<{>X¿7iAa),  flema:  &anc¿8,  Unco- 
fklegmasie. 

Leucoflegmático,  ca.  Adjetivo. 
Relativo  á  la  leucoflegmasía,  en  cuyo 
sentido  se  dice:  aeeideutet  lsucoflbu- 

HÁTICOS. 

EnuOLoeU.  Líueojl^iiuuia:  fran- 
cés, leueaphlegmaíicMe, 

Leucofo,  M.  AdjetíTO.  Ristoríana- 
tero/.  De  color  blanquinegro. 

^uoLoaÍA.  Leucó/eo. 

Leucófrína.  Femenino.  Mitología. 
Sobrenombre  de  Diana  entre  los  mag- 
nesios,  aludiendo  á  que  la  represen- 
taban  con  entrecejo  blanco.  (TXcito.) 

Etimología.  Griego  Acuxofpúvj) 
(LeuiopkrgneJ;  de  leukÓt,  blanco,  j 
o¡ihrift,  entrecejo:  latín,  Leuc^hryna. 

LeacóCcino,  na.  Adjetivo.  Zoolo- 
tfis.  Que  tiene  las  cejas  6  pestañas 
blsDcas. 

RrnioLoafA.  Zenaífrina. 

Leaco&o.  Lbucófbimo. 

Leucoftalmo,  ma.  Adjetivo,  ^a^- 
Icgia.  l)e  ojos  blancos. 

ETUfOLoaÍA.  Lenco  j  op&fhalmés, 

ojo:  Xsuxó^  offHaX^óti. 

Lencogastro,  ira.  Adjetivo.  ^00- 
logía.  De  vientre  blanco. 

Etiuolooía.  Leuco  y  gasíro. 

Leucogea.  Femenino.  Mineralogía. 
Piedra  preciosa  de  color  blanco,  la 
misma  que  galactite.  (Plinio.) 

Etimología.  Griego  Xtuxo^aía  (leu- 
iogaia);  de  leukós,  blanco,  y  gala,  tie- 
Ra:  latín,  líuciígaa;  francés,  laukog^e, 

Leacografia.  Femenino .  Medicina. 
I>Hcripción  de  los  albinos,  teatado 
■obre  el  albinismo. 

BtihologÍa.  Giisgo  XsvwYpatpta 


(leukografía);  de  leukét,  blanco,  t 
graphéla,  descripción:  latín,  leucogra- 
phíat  sinónime  de  Uncogea;  francés, 
leucographit,  leucografía. 

Lencógrafo,  fa.  Adjetivo.  Botáni- 
ca. Calificación  de  una  especie  de  car- 
do en  cuyas  hojas  se  encuentra  un 
delincamiento  parecido  «  rasgos  de 
caligrafía,  |]  Masculino.  El  que  en- 
tiende de  leucografía. 

EtimolooÍa.  XíwcfWfa/ía:  griego, 
Itmáypoir^t^  (leukégraphisj;  latín,  leuco- 
gr&pÁis,  especie  de  cardo.  (Plinio.^ 

Laucolito.  Masculino.  Química. 
Nombre  con  que  Ampare  designó  to- 
dos los  metales  que  forman  sales 
blancas  6  incoloras  con  los  ácidos  no 
colorados. 

EtimolooÍa.  Leuco  j  Igios  (Xtiroí), 
disuelto;  francés,  leucolyte. 

Lencólomo,  ma.  Adjetivo.  Histo- 
ria naíurai.  De  bordes  blancos. 

Etimología.  Griego  leukós,  blanco, 
y  lomaf  orla,  orilla  del  vestido:  Xeuxó^ 
Xüfxa. 

Leucoma.  Masculino.  Cirugía.  Mau- 
chita  blanca  que  sale  en  U  córnea 
transparente  del  ojo. 

EruiOLOOÍa.  Griego  XrixbMLCi  {leúk!^- 
ma);  de  Xwk¿u  fleuAiíSJ,  blanquear, 
fbrma  de  leukds,  blanco:  francés,  leu- 
comaf  teucome, 

Lencómelo,  la.  Adjetivo.  Historia 
natural.  De  color  blanquinegro. 

ETnioLoaÍA.  Leuco  y  m^hs,  negro: 

Xeuxó{  {xéXa^. 

Lencomoria.  Femenino.  Medicina 
anticua.  Estado  de  languidez  moral, 
sinónimo  de  melancolía. 

Etiuolooía.  Griego  Xiux¿c 
blanco,  y  {tupía  fmdríajt  imbecilidad. 

Leuconoto,  ta.  Adjetivo.  Zoología, 
De  lomo  blanco. 

BTUC(»AQfA..  Griego  Xemit  (leuk^J, 
blanco,  y  vwro;  (nSíot),  espalda. 

Lencopatia.  Femenino.  Zoología. 
Estado  de  un  animal  que,  por  vicio 
de  conformación,  tiene  la  piel  blanca. 
Q  Medicina,  Albinisuo. 

Etiuolooía.  Leuco  j  patios  (itáOo^), 
enfermedad:  francés,  leucopaihítm 

Leucope.  Lbucópbdo. 

Etiuoloqía.  La  forma  leucope,  que 
se  halla  en  algunos  Diccionarios^  no 
tiene  raíz. 

Leucopirro,  rra.  Adjetivo.  Histo- 
ria naíwaL  De  un  color  entre  blanco 
y  rojo. 

BtiuolooIa.  Griego  Xsox¿c  (leukés), 
blanco,'y^^^  (pgrrkÓs),  rojo. 

Lencopleuro,  ra.  Adjetivo.  His- 
toria natural.  De  costados  6  bordes 
blancos. 

ETUiOLOofa.  ¿AK»  y pleuri  (iúUup¿), 
costado. 

Leucói)odo,  da.  Adjetivo.  Zoolo- 
gía. Que  tiene  los  pies  blancos. 

Etimología.  Leuco  y  podés,  geniti- 
vo áepoUs,  pie:  francés,  leucopode. 

Leacópogo,  ga.  Adjetivo.  Histo- 
ria naiuraltU^  rarba  blanca.  |  Botá- 
nica. Arbusto  bicórneo  de  Nueva  Ho- 
landa. 

Etiuolooía.  Lenco  y  pógon,  barba: 
firancés,  leucopogon. 

Lencoprocto,  ta.  Adjetivo.  Zoolo^ 
gía*  De  tnisero  blanco. 


Etiuolooía.  Griego  Xeux^  (leukés), 
blanco,  y  itp(tíxt¿<;  (arokttfs),  ano. 

Leucopso,  sa.  Adjetivo.  Zoología. 
De  ojos  blancos. 

Etiuolcoía.  Leuco  y  4psis  ($4^), 
vista. 

Leucóptero,  ra.  Adjetivo.  Orní- 
iologla.  De  alas  blancas. 

Etimología.  Leuco  y  pterón,  ala. 

Lencoris.  Masculino.  Zoología.  Bs 
pecíu  de  antílope  de  las  Indias. 

Etiuolooía.  Lenco. 

Leucorraico,  ca.  Adjetivo.  Lso- 

COURBICO. 

Leacorranfo,  fá.  Adjetivo.  Zoolo- 
gía. De  hocico  blanco. 

Etimología.  Leuco  y  rkámphos  (^i*- 
ipoí),  el  pico  de  las  aves;  rostrum  avium. 

Leucorrea.  Femenino.  Medicina, 
Flujo  blancojque  padecen  las  muje- 
res, consistente  en  una  secreción  mu- 
cosa. 

Etimología.  Griego  Xeuxo^oik  (le%t- 
kórrhoia);  de  leukós,  blanco,  y  rhóos 
(^o{),  flujo;  de  rhéin  (^kTv),  manar: 
francés,  leuco)-rhée. 

Leucorreico,  ca.  Adjetivo.  Medi' 
ciña.  Concerniente  á  la  leucorrea. 

Etiuolooía.  Leucorrea:  francés,  le%- 
corrhiigue. 

Lencorrínco,  ca.  Adjetivo.  Omt- 
tologii.  De  pico  blanco. 

Etimología.  Leuco  y  rhggchos,  pico; 

Leucorrizo,  za.  Adjetivo.  Botáni- 
ca.  De  raíces  blancas. 

Etimología.  Leuco  y  Míes,  raíz. 

Leucospermo,  ma.  Adjetivo.  B^ 
tánica.  De  frutos  blancos. 

EtimolooÍa.  Le%co  y  spéma,  si- 
miente, grano. 

Leucóspilo,  la.  Adjetivo.  Historia 
natural.  Que  tiene  manchas  blancas. 

EtimolooIa.  Leuco  y  spilot  (miXoc), 
mancha. 

Leucósporo.  Masculino.  Botánica, 
Divisiún  de  agáricos  que  no  tienen 
velo  ó  que  lo  tienen  variable,  cuyas 
hojas  no  cambian  y  que  tienen  blan- 
cas las  esporidias. 

Etimología.  Leueo  y  tporá  («mpá), 
grano,  simiente. 

Leucostina.  Femenino.  Mineralo^ 
gla.  Roca  volcánica  protosolicosai  con 
cristales  de  feldespato. 

Etimología.  Leuco. 

Leucóstomo,  ma.  Adjetivo.  Zoo- 
logía. De  boca  blanca. 

BriMOLoaÍA.  Le%a>  y  stiíma^  boca. 

Lencoto,  ta.  Adjetivo.  Da  orejas 
blancas. 

Etiuolooía.  Leuco  y  StdSt  genitivo 

de  oUs,  oído. 

Leacoxanto,  ta.  Adjetivo.  Mez- 
clado de  blanco  y  amarillo. 

ETiM0LO0Ía.Z«M»  y  xant&ds  ((av9¿c), 
amarillo. 

Lencózílo,  la.  Adjetivo.  Botánica, 
De  tronco  blanco. 

EtimolooÍa.  Zmco  y  í^lon  (£óXov), 
madera. 

Leucrocota.  Femenino,  Cuadrú- 
pedo de  Etiopía  parecido  al  asno  sal- 
vaje, 

Btiuolooía.  Latín  leocrS^tta  y  leu- 
crdcStía,  de  leo,  león,  y  crocStía.  (Pli- 
nio.) 


TOMO  III 


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394  LEVA 

Leacrocuta.  Lbucbocota. 

BnuoLOofA.  La  forma  lena-ecuía, 
que  aparece  aa  algunos  Dtecionariot^ 
es  bárbara. 

Leucteft.  Femenino.  &eo^raJta  ait- 
tirita.  Luanr  de  Beocia,  en  los  coa- 
tomos  de  Platea,  junto  al  eual  derro- 
taron los  beocios  á  los  lacedemonios 
bajo  la  conducta  del  tebauo  Bpami- 
uondas.  (Valbübna.) 

EtiholoqÍa.  Latín  Leucira. 

Leudar.  Activo.  Dar  fermento  &  la 
masa  con  la  levadura. 

ETiMOLoaÍA.  Leudo. 

Leudo,  da.  Adjetivo.  Aplícaseá  la 
masa  6  pan  fermentado  con  levadura. 

BnilOLOaÍA.  Levadura.  Leudo  es  la 
contracción  de  levudo. 

Leva.  Femenino.  Afarina.  La  par- 
tida de  las  embarcaciones  del  puerto. 
I  Recluta  6  enganche  de  vente  para 
el  serrieio  de  un  Estado.  Decíase  co- 
munmente de  la  reunión  de  ociosos  y 
vagos,  que  solía  hacersfl  por  la  justi- 
cia para  destinarlos  al  servicio  de  mar 
ó  tierra.  Q  Ibsk  k  lbva  y  i  hontb. 
Frase.  Escaparse,  huirse,  retirarse. 

Etiholooía.  Levar:  catalán,  lleva; 
provenzal,  levada;  francés,  jjoÍA;  ita- 
liano, levaía. 

1.  €Pieza  de  leva.  G1  cañonazo  que 
disparan  los  navios  y  galeras,  para 
avisar  á  los  soldados  y  marineros  de 
su  equipaje  j  pasajeros,  que  se  reco- 
jan a  bordo,  porque  está  pronto  á  ha- 
cerse á  la  vela.»  {¡aoKhvmKt  Dieeiih- 
noria  de  1726.) 

2.  «Zfoof.  Se  toma  ale-unas  veces 
por  enredos,  tretas  j  maulas.»  (Idem.) 

«Dijo  el  pobrete:  vo  soy  hombre  de 
pro»  y  conmigo  no  hay  levas*»  .(Qüe- 
VBDO,  Cuentos.) 

Reseña  histórica.—-!,  Lbvas  milita- 
res enírt  los  antiguos  griegos. — 1.  En 
tiempo  de  Agamemnón,  los  rejres  ha- 
cían que  la  suerte  designase  los  indi- 
viduos de  cada  familia  que  debían  se- 
guirles á  la  guerra. 

2.  En  Atenas,  promul^das  las  le- 
yes de  Solón,  las  tres  primeras  de  las 
cuatro  clases,  en  que  se  dividía  el 
pueblo,  que  comprendían  las  mis  ri- 
cas, eran  las  únicas  que  contribuían 
al  servicio  militar.  Todos  los  ciuda- 
danos, de  20  á  60  años  de  edad,  en- 
traban en  el  ejército  activo;  y  desde 
los  60,  sólo  estaban  obligados  á  de- 
fender el  territorio  del  Atica.  Las  le- 
vas se  hacían  de  este  modo:  un  strá- 
íegos  ó  general  subía  á  un  tribunal  en 
la  plaza  pública,  y  hacía  citar  á  todos 
los  ciudadanos  que,  por  su  edad,  esta- 
ban obligados  al  servicio  de  las  ar- 
mas. Un  taxiarca,  oficial  general,  co- 
locado á  su  lado,  iba  llamando  á  los 
ciudadanos  y  tomando  nota  de  aque- 
llos que  el  stráíegos  hallaba  aptos  para 
el  serrieio.  Los  extranjeros  estableci- 
dos en  el  país  eran  aceptados  en  las 
necesidades  urgentes,  como  también 
los  esclavos,  si  bien  éstos  se  reserva- 
ban, por  lo  general,  para  la  ma- 
rina. 

3.  En  Esparta,  todos  los  ciudada- 
nos eran  soldados  desde  los  20  á  los 
60  años,  y  la  leva  consistía  en  con- 
vocar tal  ó  cual  tribu.  Bn  casos  ur- 


LEVA 

ffsntes,  se  disponía  de  los  libertos  y 
de  los  ilotas. 

11.  hwVAsmiliiares entre  los  antiguos 
romanos. — 1.  Las  hubo  de  dos  clases: 
legitimas  y  tumularias  6  subitarias. 
Una  y  otra  se  hacían  solamente  por 
orden  del  Senado. 

2.  La  legitima  era  anual  y  servía 
para  reemplazar  á  los  legionarios 
muertos  en  la  guerra,  6  que  habian 
extinguido  su  tiempo  de  servicio, 
verificándose,  en  Roma,  en  el  Capi- 
tolio, en  el  Foro,  ó  en  el  campo  de 
Marte.  Se  convocaba  para  un  día  no 
feriado  á  cuantos  ciudadanos  estaban 
por  su  edad  sujetos  al  reclutamiento. 
El  general  que  debía  mandarlos,  pre- 
sidia la  asamblea,  desde  su  tribunal, 
á  cuyo  pie  se  colocaban  diferentes 
atributos  militares.  Cada  ciudadano 
era  llamado  por  su  nombre,  y  exami- 
nado por  los  tribunos,  que  decidían 
si  era  ó  no  apto  para  el  servicio,  y 
que,  terminada  la  lbva,  les  hacían 
prestar  el  Juramento  militar,  desti- 
nándoles al  arma  en  que  habían  de 
servir. 

3.  La  LETA  tumularia  6  subitaria 
sólo  se  verificaba  de  improviso,  en 
circunstancias  críticas,  en  momentos 
de  un  gran  peligro,  causado  por  una 
guerra  en  Italia  ó  en  las  fronteras,  6 
por  una  invasión  de  los  galos.  El  ge- 
neral que  debía  ir  á  combatir  al  ene- 
migo, subía  aX  Capitolio,  desplegaba 
dos  banderas,  una,  roja,  para  la  infan- 
tería T  otra,  Terde,  para  ta  caballería, 
y  exclamaba;  cQue  me  sigan  todos  los 
que  quieran  saWar  i  la  república.» 
Éste  llamamiento  se  denominaba  con' 
juración.  Diferentes  emisarios  le  rep^ 
tían  en  los  campos,  y  esto  se  denomi- 
naba evocadén.  La  leva  tumultuaria 
era  una  orden  dada  bajo  la  forma  de 
invitación;  una  leva  en  masa,  para  la 
cual  no  se  admitía  excepción  alguna. 

4.  En  tiempo  de  Augusto  y  de  sus 
sucesores,  siendo  permanentes  los  ejér- 
citos, y  admitiéndose  en  ellos  á  todos, 
la  recluta  se  verificaba  principalmen- 
te en  las  provincias,  j  había  al  efecto 
oficiales  ndutadores.  mismo  mo- 
do se  hiao  biyo  Constantino  y  sus  su- 
cesores, sí  bien  solamente  entre  pro- 
pietarios de  determinados  bienes. 

Levada.  Femenino.  En  la  cría  de 
la  seda  es  la  porción  de  gusanos  que 
se  alza  y  muda  de  una  parte  á  otra.  | 
El  movimiento  airoso  con  que  se  ma- 
neja la  lanza,  estoque,  etc.,  antes  de 
ponerlos  en  su  lugar.  |  Esgrima,  La 
ida  y  venida  ó  el  lance  que  de  una 
vez  y  sin  intermisión  juegan  los  dos 
que  esgrimen.  Q  Anticuado.  Salida  ó 
naeimie&to  de  los  astros.  [|  Anticuado. 
Llevada,  recado  6  mensaje. 

EnvoLOOÍA.  Lew,  catalán,  llevada; 
fér  LLEVADA,  pujar. 

Levadero,  ra.  Adjetivo.  Lo  que  se 
ha  de  cobrar  ó  exigir. 

ETiuoLoaÍA.  Levar. 

Levadizo,  za.  Adjetivo.  Lo  que  se 
levanta  ó  puede  levantar  con  algún 
artificio  quitándolo  y  volviéndolo  á 
poner,  ó  levantándolo  y  volviéndolo  á 
dejar  caer.  Tiene  más  uso  hablando . 
de  los  puentes.  | 


LEVA 

Etiicolmía.  Letar:  catalán,  lUu^ 

dis,  a. 

Levador.  Masoolino.  £1  que  lera. 
Q  Anticuado.  Llbvadob,  portador  6 
conductor.  Q  Chrmania.  ÉL  udrón  que 
huye  con  prontitud  después  de  ejecu- 
tado el  hurto.  ¡|  Germnía.  £1  ladrón 
astuto  y  sutil  que  usa  de  muchas  tre- 
tas para  hurtar.  ||  Operario  que  es  las 
fábricas  de  papel  recibe  el  pliego  que 
otro  lo  alarga,  dejándolo  caer  luego 
encima  de  un  fieltro  extendido  y  cu- 
briéndolo con  un  pedazo  de  tela. 
Etimología.  Levar:  latín,  IhSior,  el 
ue  alivia,  en  sentido  metafórico;  li- 
rón i  en  Petronio. 
Levadura.  Femenino.  La  harioi 
amasada  sin  sal,  fermentada  6  eodda, 
hasta  que  se  ponga  agria. 

EtucolooU.  LevMr:  italiano,  ^eȒ9; 
francas,  levat»;  provenzal,  lewM¡m- 
Idn,  lotthai»,  feweatn. 

1.  Nuestro  levadura  viene  de  nai 
forma  ficticia,  IhSfííraf  simétrica  de 
Ihaior:  el  italiano  ¿wnío  se  deriva  del 
bajo  latín  Irvítus,  del  latín  levaíus,  le- 
vantado: las  demás  formas  represen- 
tan el  latín  levamen,  la  acción  de  le- 
vantar. 

2.  La  LEVADURA  OS  lo  quc  levanta  ó 
eleva  la  masa. 

Levamiento.  Masculino  anticua- 
do. Levantamiento,  sedición. 

Etimología.  Levar:  latín,  t^vamén- 
tum,  alivio,  consuelo,  descanso;  lsva- 
MENTO  esser,  servir  de  alivio,  consoUr. 

(CiCBBÓN.) 

Levantable.  Adjetivo.  Que  puede 
levantarse. 
Levantadamente.  Adverbio  de 

modo.  Con  elevación,  en  estilo  subli- 
me y  levantado. 

BTiHOLoaÍA.  Levantada  y  el  infijo 
adverbial  mente. 

Levantadísimo,  ma.  Adjetivo  iU' 
perlaüvo  de  levantado. 

Ifevantadizo,  za.  Adjetivo  anti- 
cuado. Provincial  Aragón.  Levadizo. 

Levantado,  da.  Adjetivo.  Elevado 
ó  sublime.  U  Orgulloso. 

Levantador,  ra.  Masculino  y  fe- 
menino. El  que  levanta.  |  Amotina- 
dor,  sedicioso. 

KiOvantadara.  Femenino  anücaa- 
do.  Lbtantahiento. 

Levantamiento.  Masculino.  La  ac- 
ción y  efecto  de  levantar  ó  levantara» 
alguna  cosa.  |  Sedición,  alboroto  po- 
pular. I  Sublimidad,  elevación.  |¡  Pro- 
vincial Aragón.  Ajuste,  conclusión  y 
finiquito  de  cuentas, 

EtuiolooÍa.  Levantar:  catalán,  U- 
vaníament. 

Levantar.  Activo.  Mover  de  abajo 
á  arriba  alguna  cosa,  elevarla,  poner- 
la en  lugar  más  alto  que  el  que  antes 
tenía.  Se  usa  también  como  recípro- 
co. I  Poner  derecho  ó  recto  lo  que  an- 
tes estaba  tendido,  echado,  etc.  Se  usa 
también  como  recíproco.  |  Construir, 
fabricar,  edificar.  B  Metáfora,  Erigir, 
establecer,  instruir.  |  Alborotar,  «- 
belar,  mover  sediciones.  Se  usa  tanl- 
bién  como  recíproco.  |  Fingir,  atri- 
buir, imputar  afeuna  cosa  falsa  y  m"' 
liciosamente.  |  Esforzar,  animar,  in- 
I  fundir  confianza  y  ánimo,  dar  espin- 


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LEVA 

ta  V  valor.  H  Engrandecer,  elerar,  en- 
salzar, l  Mover,  ahuyentar,  hacer  que 
salte  la  caza  del  sitio  en  que  estaba. 
Se  usa  también  como  recíproco.  |j  En 
los  juégaos  de  naipes,  alzar,  j  en  al- 
gunos de  ellos,  caroab.  Q  Reclutar, 
alistar,  hacer  gente  para  el  ejército. 
Aumentar,  subir,  dar  major  incre- 
mento ó  precio  a  alguna  cosa.  ||  Su- 
bir de  punto  la  voz  o  los  instrumen- 
tos. I  Cansar,  ocasionar,  formar,  ex- 
citar. Se  usa  también  como  recíproco. 

I  Mover,  pasar  de  nn  lugar  ¿  otro. 
Se  usa  también  como  recíproco.  Qui- 
tar, recoger,  llevar;  como  la  tienda, 
las  mieses.  Q  Recíproco.  Dejar  la  cama 
el  qne  estaba  acostado.  |  Vestirse,  de- 
jarla cama  el  que  estaba  en  ella  por 
alguna  enfermedad  ó  indisposición.  ¡| 
Sobresalir,  elevarse  sobre  alguna  su- 
perficie ó  plano.  [|  ACTA- Frase.  Exten- 
der por  escrito  la  relación  de  los  acuer- 
dos y  deliberaciones  de  alguna  corpo- 
ración ó  junta,  j  también  consignar 
en  la  misma  forma  los  hechos  que 
pasan  6  las  razones  que  median  en 
cualquier  reunión,  cuando  importa 
que  consten  para  en  adelante.  B  i  al- 
guno HACIA  ARRIBA  ó  TAN  ALTO.  Fra- 
se. Irritarle,  hacerle  sentir  grave- 
mente alguna  cosa.  ¡|  la  sesión.  Ter- 
minarla. BL  SITIO.  Milicia*  Abando- 
narle, desistir  de  él.  Q  Lbvantarse 
CON  ALGUNA  COSA.  ||  Frase.  Apoderar- 
se de  ella  con  usurpación  ó  injusti- 
cia. I  Levantar  X  uno  la  tapa  db  los 
SBSos.  Frase.  Darle  un  pistoletazo  en 
la  cabeza. 
Btuíolooía.  Levante. 
Levantarse.  Recíproco.  Elevarse. 

y  Sublevarse.  |j  Se  usa  en  sentido  re- 
ciproco v  pasivo  en  las  demás  acep- 
ciones del  activo.  Q  Á  uayores.  Des- 
comedirse. [|  LA  TAPA  DE  LOS  SESOS. 

Darse  un  tiro  en  la  cabeza. 

Levante.  Masculino.  La  parte  del 
horizonte  por  donde  nace  el  sol.  Q  El 
viento  que  viene  de  la  parte  oriental. 
I  Db  LÁvantb.  Modo  adverbial.  En 
disposición  próxima  de  hacer  algún 
viaje  ó  mudanza,  ó  sin  haber  6jado  el 
domicilio.  I  Los  países  que  respecto 
de  nosotros  están  al  Oriente.  Se  apli- 
ca también  á  las  cosas  que  á  ellos  se 
refieren,  como  comercio  db  Levante, 
trigos  DE  Levante. 

BmcoLoaÍA.  Latín  Icvans,  levaniis, 
participio  presente  de  levare^  levan- 
ur,  ^evar,  porque  el  sol  se  eleva  ó  se 
Ucauta  por  ese  punto  del  horizonte, 
que  es  el  contrario  de  Poniente:  ita- 
liano, Zevante;  provenzal  j  francés, 
Letant;  catalán,  Llevant, 

Levantichol.  Masculino.  Nombre 
dado  en  el  Mediterráneo  á  la  virazón 
floja  del  Sudeste. 

Levantina.  Femenino.  Especie  de 
tela  de  seda  procedente  de  Levante. 

ETiuoLoafl.  Levante:  francés,  le- 
vantine. 

Levantino,  na.  Adjetivo.  Levan- 
tisco. 

Etimología. "ZíPíiB/íf:  italiano,  le- 
vantino; francés,  Uvanlin;  catalán,  He- 
vantí,  na. 

Levantisco,  ca.  Adjetivo.  El  na- 
tural da  Levante  ó  lo  que  pertenece  á 


LEVE 

¿1.  I  El  de  genio  inquieto  j  turbulen- 
to. |{  Los  LEVANTISCOS  ó  LEVANTINOS. 

Marina.  Los  marineros  del  Mediterrá- 
neo; j  especialmente,  los  de  las  costas 
de  Turquía  j  del  Asia  menor. 

Levar.  Activo  anticuado.  Levan- 
tar. ]  Anticuado.  Llevar.  ||  Marina. 
Hablando  de  las  anclas,  levantar. 
I  Anticaado.  Hacer  levas  6  levantar 
gente  para  la  guerra.  |  Anticuado, 
Quitar.  Q  Neutro  anticuado.  Nacer  ó 
salir  los  astros.  ¡  Recíproco.  Marina. 
Hanerse  á  la  vela.  J  Gfemutnía.  Move> 
se  ó  irse. 

ETZHOLOofA.  Latín  l^re,  levantar, 
forma  verbal  de  levis,  leve:  italiano, 
levare;  francés,  lever;  provenzal,  le- 
var.— «Levar  por  la  tea.  Frase  náuti- 
ca que  significa  levar  el  ancla  por  el 
cable  ó  calabrote,  por  haber  faltado  el 
orinque.»  (Vocabulario  marítimo  de 
Sevilla.) 

Levare.  Activo  anticuado.  Llevar. 
D  Hurtar. 

Levarse.  Recíproco.  Marina.  Ha- 
cerse i  la  vela.  |  Germania,  Moverse 
6  irse. 

Le  Vasseur  (María  Tbrksa).  Mu- 
jer francesa,  célebre  por  haber  vivido 
en  estado  de  matrimonio  con  Juan 
Jacobo  Rousseau,  que  nació  en  1721 
y  murió  en  1801.  Rousseau  se  unid  i 
ella  á  la  edad  de  33  años  j  cuando 
Tbrbsa  contaba  24.  Careciendo  abso- 
lutamente de  educación  j  teniendo 
un  carácter  áspero  é  intratable,  aci- 
baró constantemente  la  existencia  del 
filósofo,  sin  que  los  esfuerzos  de  éste, 
ni  las  consideraciones  que  le  guarda- 
ban muchos  de  los  personajes  que 
trataban  á  Rousseau,  pudieran  modi- 
ficar aquella  aspereza.  Tuvo  de  Juan 
Jacobo  cinco  hijos,  que  fueron  lleva- 
dos todos  á  la  casa  de  expósitos,  atri- 
buyéndose diversamente  á  uno  á 
otro  tan  inhumana  determinación. 
Contribuirá  á  enemistar  i  Rousseau 
con  muchas  personas,  j  se  asegura 
que  los  insultos  de  que  fué  objeto  en 
Motties,  se  debieron  á  su  instigación. 
Del  mismo  modo,  la  muerte  repentina 
del  filósofo  en  Ermenonville,  que  no 
se  ha  averiguado  claramente  ai  fué 
suicidio  ó  efecto  de  una  apoplegía,  se 
atribuye  en  ambos  casos  a  los  disgus- 
tos que  recibía  de  Teresa  y  al  trato 
ilegítimo  de  ésta  con  un  mozo  de  ca- 
ballos de  Mr.  de  Girardin,  llamado 
John.  En  1790  obtuvo  de  la  Asam- 
blea nacional  una  pensión  de  1.200 
francos,  que  luego  se  elevó  á  1.300. 
Se  asegura  que  en  sus  últimos  años  se 
entregó  completamente  i  Ib  embria- 
guez. 

Leve.  Adjetivo,  Ligero,  de  poco 
peso.  B  Metáfora.  Lo  que  es  de  poca 
importancia,  de  poca  consideración. 

Etimología.  Griego  Xiit£?  (lepis), 
corteza,  cosa  liviana;  latín,  levis;  ita- 
liano. Heve,  leve;  catalán  antiguo,  len; 
moderno,  leve. 

Sinonimia.  Articulo  primero. — Le- 
ve, LIGERO,  DE  POCO  PRSO.  Estas  trcs 
palabras  se  usan  con  frecuencia  en 
sentido  propio  j  en  figurado.  En  el 
primero,  leve  significa  todo  cuerpo  de 
poca  gravedad.  Zi^erOf  todo  cuerpo 


LEVI  395 

dispuesto  i  moverse  con  rapidez,  y  se 
llaman  de  poco  peso  las  cosas  que  apa- 
rentan más  gravedad  de  la  que  en  si 

tienen. 

En  el  sentido  figurado  se  dice  leve 
á  todo  lo  que  tiene  poca  influencia  en 
las  acciones  humanas.  Ligero,  á  lo 
que  se  hace  sin  premeditación,  j  (¿« 
pocopesOf  átodo  aquello  cujas  conse- 
cuencias son  indiferentes,  j  lleva  el 
sello  de  la  veleidad  y  la  fiüta  de  con- 
vencimiento. 

En  el  orden  físico,  es  leve  ana  plu- 
ma, es  liffero  un  vencejo,  es  de  poco 
peso  un  saco  de  paja. 

En  el  orden  moral,  es  leve  la  mala 
explicación  de  un  abogado.  Es  libera 
la  sentencia  que  da  un  juez  poco  me- 
ditada. Y  es  de  poco  peso  para  la  so- 
ciedad ta  sentencia  de  este  mismo 
juez,  cuando  recae  sobre  cosas  de  me- 
nor cuantía.  (López  Pblkgrín.) 

Articulo  segundo. — Lbvb,  lioero, 
tbnub.  Leve  alude  á  la  gravedad;  li- 
gero, á  la  gravedad  7  á  la  prontitud 
de  los  movimientos;  tenue,  a  la  densi- 
dad. Todo  lo  que  pesa  poco,  es  Uve; 
todo  lo  que  pesa  pooo  y  atraviesa  ^ 
espacio,  ó  muda  de  lugar  con  rapi- 
dez, es  ligero;  todo  lo  que  tiene  poca 
densidad,  es  tenue;  el  humo  es  leve;  la 
mariposa  es  leve  y  ligera;  el  aire  es 
más  tenue  que  el  agua.  (Mora.) 

Artículo  tercero. — Leve,  liviano. 
Leve  expresa  ligereza  física;  ímano, 
ligereza  moral. 

•Entraron  en  una  dfttiBa 
dofia  Constansa  y  doa  Juan; 
oayó  dansaado  el  galAn, 
pera  no  doña  Constaua. 
be  la  genta  oorteaana 
gas  la  vtó,  quedó josfado 

Soe  don  Juan  era  pesado, 
ofia  Oonstanza  liviana.* 


Esto  quiere  decir  que  doña  Cons~ 
tanza  era  una  dama  licenciosa,  ó  como 
suele  decirse,  que  tenia  los  cascos  á 
la  jineta.  . 

Cuerpo  leve,  leve  falta. 

Proceder  liviano,  mujer  liviana. 

Y  como  lo  dice  el  refrán: 

MiiJer !«««,  poeo  pe«>{ 
la  liviana,  pooo  eeao. 

Leveche.  Lbbbchb. 

ETmOLOOfA.  La  forma  leveche,  que 
trae  la  Academia,  no  es  admisible, 
puesto  que  se  deriva  del  griego  ^í^, 
h6ói:  (líps,  libósj.  Es  de  esperar  que 
a(^uel  ilustre  Cuerpo  adopte  la  forma 
etimoló'gica,  siguiendo  el  ejemplo  de 
todas  las  lenguas  del  romance. 

Levedad.  Femenino.  La  calidad 
de  lo  leve.  |  Insconstancia  de  &nimo, 
y  ligereza  en  las  cosas. 

Etiholooía.  Leve:  catalán»  levedat; 
italiano,  leviíát  del  latín  levitas. 

Levemente.  Adverbio  de  modo. 
Ligeramente,  blandamente.  |  Metáfo- 
ra. Ybnialhbnte. 

Etimología.  Leve  y  el  sufijo  adver- 
bial mente:  catalán,  levement. 

Levente.  Masculino.  Soldado  tur- 
co de  marina.  ||  Entre  marinos,  el  ad< 
venedizo. 

Levi.  Prefijo  técnico,  del  griego 
XeTuí  { leías,  lelj/s ),  perfecto:  latín ,  lavis 
y  Uvist  delicado,  suave,  pulido,  liso, 
sin  pelo. 


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396 


LEVI 


Levi.  SihKa,  Patriarca  hebreo,  ter- 
cer hijo  de  Jacob  j  de  Lía,  que  nació 
en  Mesopotamia,  en  1748»  j  murió 
en  1612  antes  de  Jesucristo,  ó,  según 
otra  cronología,  nació  en  2117  j  mu- 
rió en  1980.  Entró  con  su  hermano 
Simeón  en  la  ciudad  de  Sichem  y  pasó 
á  cuchillo  á  todos  los  varones,  lo  cual 
motivó  que  Jacob  la  anunciase  que 
serían  dispersados  en  Israel  sus  des- 
cendientes; j  en  efecto,  en  el  reparti- 
miento de  la  tierra  de  promisión,  no  se 
contó  con  la  tribu  de  Lbví,  sino  que 
fueron  distribuidos  en  las  ciudades 

J'  arrabales  de  las  otras  tribus.  Los 
evitas  estalnn  consagrados  al  culto. 

Leviano,  na.  Adjetivo  anticuada. 
Liviano.  |  Anticuado.  Agil,  ligero, 
Leviatán.  LbvuthIn. 
ETiuoLoaÍA..  La  forma  levtaíán  no 
tiene  raíz.  Es  de  desear  que  la  Acade- 
mia adopte  la  forma  etimológ^ica. 

LeTÍathán.  Masculino.  Monstruo 
marino  descrito  en  el  libro  de  Job,  y 
que  los  Santos  Padres  entienden  en  el 
sentido  moral  de  demonio  6  enemigo 
de  las  almas. 
ExiifOLoofA.   Hebreo  Uvtfathan 

^fp^p'p^,  monstruo  acuático  ó  te- 
rrestre mal  definido;  de  la  raíz  laváh 
(í)^^^,  retorcer,  replegar;  árabe 

latea  (  )*  «monstruo  qne  se  en- 
rosca, serpiente:»  latín  de  san  Jeró- 
nimo, leviatkan;  francés,  léviatha». 
(Gbsbkius.) 

Reseña. — Biblia.  Animal  creado  por 
Dios  el  quinto  día,  que  era  un  mons- 
truo marino,  probablemente  el  coco- 
drilo, de  que  habla  Job  en  varios  pa- 
sajes. Este  nombre,  tomado  en  el  sen- 
tido moral,  sirve  para  expresar  la 
imagen  del  demonio.  En  concepto  de 
los  rabinos,  no  era  otra  cosa  que  un 
espíritu,  el  cual  presidía  una  de  las 
partes  del  mundo,  el  Mediodía. 

Levícaude.  Adjetivo.  Sitíoria  ho- 
ínraL  I)e  cola  lisa. 

EnuoLOaía.  Zni  j  el  latín  cande, 
cola. 

Levicostado,  da.  Adjetivo.  BitUh 
ria  natural.  De  costados  lisos. 

EtiuolooÍa.  Leoi  y  costado. 

LeTÍfoliado,  da.  Adjetivo.  Botáni- 
ca. De  hojas  lisas. 

EtiuologÍa.  Latín  levis.  Uso,  j  fo~ 
liatut;  de  fóiium,  hoja. 

Levigación,  Femenino.  Farmacia. 
Operación  que  consiste  en  desleír  al- 
guna substancia  en  agua  dejándola 
posar  para  recogerla  por  decantación, 
reducida  á  polvo  impalpable. 

Etiuoloqía.  Levtgar:  latín,  teúgá- 
íiot  la  acción  de  pulir  j  alisar;  italia- 
no, levi^ationt;  francés,  levigation. 

Levigar.  Activo.  Farmacia,  Some- 
ter alguna  substancia  á  la  levigación. 
I  Bruñir. 

ErmoLoaÍA.  latín  levígare^  lavíí/a- 
re,  tema  frecuentativo  de  lavare,  ali- 
sar; de  latit,  liso,  y  factre,  hacer:  ita- 
liano, levigare;  francés,  levi^er. 

Levio.  Antiguo  poeta  latino,  es- 
critor de  varias  tragedias  y  comedias . 
da  que  lólo  quedan  algunos  fragmen-  [ 


LEVI 

tos.  Se  cree  que  fué  anterior  i  Cice- 
rón. (Da  MiauBL  y  Mobante.) 

E-nuoLoofA.  Latín  Lavtutt  Lmvük- 
niu. 

Reseña. — Los  fragmentos  de  Lbvio 
fueron  recogidos  por  Aulio  Gelio. 

Levirato.  Masculino.  Precepto  de 
la  ley  mosaica,  que  obliga  al  herma- 
no del  que  murió  ain  hijos  ¿  casarse 
con  la  viuda. 

Etimoloqía.  Latín  ¡imr,  eañado. 
(Festo.) 

Sentido  etimológico, — 1.  El  latín  ti~ 
tir  es  el  griego  Siijp  (diier),  converti- 
da la  d  en  l,  como  en  Sixpuiia  (dákry- 
ma),  que  los  latinos  tradujeron  por 
lacryma.  (Db  Migubl  y  Mobantb.) 

1.  El  dS¿r  no  significa  cuñado,  como 
el  latín  leoir;  sino  hermano  del  mari- 
do; mariíi  frater, 

Levirrínco,  ca.  Adjetivo,  Omito- 
logia.  De  pico  liso. 

"Etimología.  Levi  y  rhggckos,  meo. 

Levirrostro,  tra.  Adjetivo,  Omf- 
tología.  De  pico  delgado. 

KTiuoLoaÍA.  Latín  Ihis^  leve,  j 
rosírum,  pico:  francés,  levirotíre. 

Leviaimamente.  Adverbio  de  m(v 
do  superlativo  de  levemente. 

Levísimo,  ma.  Adjetivo  superla- 
tivo de  leve. 

1.  Levita.  Masculino.  El  israelita 
de  la  tribu  de  Levf ,  dedicado  al  ser- 
vicio del  templo  de  Dios  en  Jenisa- 
lén.  ¡  Diácono. 

ETiuoLoaÍA.  Leñta,  de  la  tribu  de 
Leví  (FcUsiástico);  diácono  (Sidonio 
Apounab):  italiano  y  catalán,  levita; 
francés,  Í¿vite, — f£l  ministro  inme- 
diato al  sacerdote  de  la  lej  antigua. 
Es  voz  hebrea,  y  trae  su  origen  de 
Levi,  hijo  tercero  de  Jacob  y  de  Lía, 
á  cuja  tribu  ó  descendencia  estuvo 
anejo  el  sacerdocio  de  la  Ley  escrita, 
en  premio  de  haber  sido  esta  tribu  la 
que  castigó  la  idolatría  del  pueblo  de 
Israel.  En  la  iglesia  corresponde  bo^ 
al  Diácono.»  (Aoadbiua,  Dicdonarto 

de  me.) 

2.  Levita.  Femenino.  Traje  mo- 
derno de  hombre  que  se  diferencia  de 
la  casaca  en  que  los  faldones  son  de 
tal  amplitud,  que  se  cruzan  por  de- 
lante. 

ETiHOLoaÍA.  Levita  1,  porque  nne»< 
tra  lbvita  es  semejante  al  traje  de 
aquella  raza  sacerdotal:  catalán,  levi- 
ta; francés,  Uvtte. 

Levitica mente.  Adverbio  modal. 
De  un  modo  religioso. 

ETiMOLOof  A.  Levitica  y  el  sufijo  ad- 
verbial mente, 

Levitico.  Masculino.  Libro  canó- 
nico del  Viejo  ^«¿ommío ,  el  tercero 
de  los  de  Moisés,  <jue  trata  de  los  sa- 
crificios, ceremonias  y  oficios  de  los 
levitas,  y  Familiar.  El  ceremonial  que 
se  usa  en  alguna  función.  [|  Adjetivo. 
Místico,  devoto. 

Etimología.  Lemla  i:  latín  de  san 
Jerónimo,  lérñtícus;  italiano,  levliico; 
francés,  le'cilique;  catalán,  levitich,  ca. 

Reseña. — 1.  Leciíicus:  el  tercero  de 
los  libros  del  Pentateuco,  así  llamado, 
porque  de  los  27  capítulos  que  lo 
componen,  más  de  la  mitad  tratan  de 
los  sacrificios,  ceremonias  y  oficios  de 


LEXI 

los  levitas^  6  israelitas  de  la  tribu  de 
Lecí  (hijo  de  Jacob  y  de  Lía)  dedica- 
dos al  servicio  del  templo.  (Mohl&d.) 

2,  «Uno  de  los  libros  canónicos  da 
la  Escritura  Sagrada  del  Viejo  Testa- 
mento, dividido  en  veintisiete  capítu- 
los, que  tratan  de  los  sacri&cios,  de 
diferentes  ceremonias,  de  los  grados 
'de  consanguinidad,  de  las  fiesUs,  de 
los  votos,  de  los  diezmos  y  del  jubi- 
leo. Es  su  autor  Moisés  y  se  llamó  así 
por  tratarse  de  los  Ritos  y  de  la  reli- 
gión de  los  judíos.»  (Academia,  Dic- 
cionario de  17S6.)] 

Levitón.  Masculino,  Traje  de  Hom- 
bre, á  modo  de  levita,  asado  moder- 
namente como  prenda  de  abrigo. 

Levitonario.  Masculino.  Tánica 
con  mangas  que  usaron  los  monjes 
egipcios. 

Etimolooía.  Levitón:  latín  Itñi^fia- 
HwM,  en  san  Isidoro. 

Leviúsculo,  la.  Adjetivo  dimían- 
tivo  superlativo  de  leve. 

Etoiología.  Leve:  latín  lévkU%t. 

Levo.  Masculino.  El  que  sirve  á 
bordo,  habiendo  sido  cogido  d«  leva. 

Levógiro,  ra.  Adjetivo.  Ópim. 
SofiSTANCiA  lbvóoiba.  Substancía  qne 
desvía  hacia  la  izquierda  el  plano  de 
polarización. 

BruicLOaÍA.  Latfn  Urna,  izquie^ 
do,  j  g^raráf  girar:  francés,  tevog¡fre. 

I^ziarca.  ^Masculino.  Ání^ikdar 
des.  Nombre  que  se  daba  en  Atenas  i 
cada  uno  de  los  seis  magistrados  que 
llevaban  el  registro  ó  padrón  de  ios 
ciudadanos,  que  estaban  en  edad  de 
administrar  sus  bienes. 

EtiMOLOaÍA.  Griego  XijSíapx"' 
siarchoi);  á6mt<;  f^sis),  heredad,  J 
ipjAfarc^J,  mando. 

Historia  antigua, — Magistrados  de 
Atenas  encargados  de  llevar  un  libro 
de  los  niüos  que,  al  ser  majores  de 
edad,  podían  disponer  de  sus  bienes. 
Ejercían  además  cierta  vigilancia  so- 
bre las  asambleas  públicas,  multaban 
á  los  que  no  acudían  y  examÍDaban 
los  que  debíaiL  ser  puestos  entre  los 
pritanos. 

Lexiarcado.  Masculino.  Dignidad 
de  leiiarca. 

Léxico.  Masculino.  Diccionario  de 
lengua  griega  y  latina,  y  por  eiten- 
sión,  de  lenguas  en  general.  H  D¡ccii> 
nario  particular  del  lenguaje,  modis- 
mos y  giros  de  un  autor. 

Etimología.  Griego  Wyoí  (lógos), 
razón  y  verbo:  Xé^n;  (lexis),  vocablo; 
Xifsn  (Ugein)t  decir;  Xe^utóv  (tfíñk^), 
léxico:  ¿rancés,  lexigue;  italiano,  Ut' 
tico.  ,  , 

Lexicografía.  Femenino.  Ciencia 
ó  estudio  del  lexicógrafo. 

Etiuología.  Lexicógrafo:  fiances, 
lexicographie. 

Lexicográficamente .  Adverbio 
de  modo.  A  estilo  de  los  lexicógrafos. 

Etimología.  Lexicográfica  y  el  su- 
fijo adverbial  mente:  francés,  UxiC(^- 
grapkiquement;  italiano,  lessicogrific(t- 
mente. 

Lexicográfico,  ca.  Adjetivo.  Coa 
cerniente  á  la  lexicografía. 

Etimolooía.  LexicograJ^:  francés, 
lexieographiguci  italiano,  Iwicograjco. 


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LEY 


LEY 


LEYD  397 


Lexicógrafo.  Masculino.  El  colee* 
tor  de  todos  los  Tocablos  que  haa  de 
entnr  en  un  Léxico,  y  también  el  que 
M  ocupa  en  estadios  de  lexicograna. 

Etimología.  Léxico  j graphéin,  des- 
eribíi:  gríe^o>  X4(xo-/p(»poc  (les%io0rá~ 
/ot);'tnnGea,  kxUographe;  italiano, 
letnatgrttfo, 

L»xÍGologia.  Femenino.  Tratado 
6  estadio  especial  de  lo  relativo  á  la 
analogía  6  etimología  de  los  vocablos, 
sobre  todo  bajo  el  concepto  de  haber 
da  entrar  éstos  en  nn  Léxico  6  Dic- 
cionario. 

ETUfOLOQÍk.  L&tUo  j  U^ott  trata- 
do: francés,  Umeoloffiej  italiano,  Utsi- 
eologia. 

Lezicológicamente.  Adverbio  de 
modo.  Con  arréenlo  á  la  lexicología. 

Etimoloqía.  Zanmlógiw  j  el  sufijo 
adverbial  atente, 

Loxicológico,  ca.  Adjetivo.  Con- 
cerniente á  la  lexicología. 

ETmoLOOÍA,.  Zexicolc^:  francés, 
Uxicolo^iúíu;  italiano,  Ussicúhyico. 

Lexicólogo.  Masculino.  Bl  versa- 
do en  lexicología. 

Btiuolooía.  Lexicología:  francés, 
Uxicolo^ae;  italiano,  lessicologo. 

Lexicomania.  Femenino.  Manía 
por  la  lexicología. 

Léxicon.  Masculino.  Léxico. 

Lexigrafia.  Femenino.  Arte  de  es- 
cribir convenientemente  las  voces. 

ETiyoLcoÍA.  Griego  léxit^  nombre, 
jerapA¿i»,  describir:  francés,  lexigra- 

Laxúfráficmm«ata.  Adverbio  de 
modo,  ^gún  los  preceptos  de  la  lexi- 
grafia. 

BmiOLoaí^  Lemgráfica  j  el  sufijo 
adverbial  mente. 

Lexigriflco,  ca.  Adjetivo.  Con- 
cerniente á  la  lexigraña. 

Lexigrafo,  fa.  Masculino  j  feme- 
nino. El  versado  en  lexigra^a. 

Lexipirito.  Adjetivo  masculino. 
Medicina,  Que  corta  la  calentura. 

B-niiOLoaÍA.  Griego  X^^t^  (tesñsjf 
la  accidn  de  salir,  Jpyi'»  fuego,  calen- 
tara. 

L^.  Femenino.  Regla  jr  norma 
dada  por  la  suprema  autoridad,  en 
qae  se  manda  6  prohibe  alguna  cosa 
para  utilidad  publica.  |  Relioión,  j 
así  se  dice:  la  lby  de  los  mahometa- 
nos. I  Lealtad,  fidelidad,  amor.  |  La 
calidad,  peso  ó  medida  que  tienen 
los  géneros,  Kgáu  las  lbvxs.  |  Ha- 
blando de  metales  j  moneda,  la  cali- 
dad legítima.  Q  Estatuto  ó  condición 
establecida  para  algún  acto  particu- 
lar, como  LBYBS  de  una  justa,  de  un 
certamen,  del  juego.  Q  El  conjunto 
de  las  LBYB9  ó  el  cuerpo  del  derecho 

civil.  I  AKTIQUA.   LsT  DB    MoiSÉS.  | 

c&LDARiA.  La  que  ordenaba  antigua- 
mente la  prueba  del  agua  caliente, 
que  se  hacia  metiendo  la  mano  y  bra- 
zo desnudos  en  una  caldera  de  agua 
hirviendo,  para  comprobar  su  inocen- 
cia el  que  los  sacaba  ilesos.  |  de  Dios. 
Todo  aquello  que  es  arreglado  á  la 
voluntad  divina  ^  recta  razón.  |  de 
DUELO.  Las  máximas  j  reglas  esta- 
blecidas acerca  de  los  retos  y  desa- 
fíos. I DS  GRACIA  6  EVAHOdLICA.  La 


que  Cristo,  nuestro  Señor,  estableció 
y  nos  dejó  en  su  Evangelio.  ||  db  la 
TEAUPA.  Embuste,  engaño,  del  bu- 
BODO.  La  que  se  emplea  con  des- 
igualdad, aplicándola  estrictamente 
á  unos  V  ampliamente  i  otros.  |  dbl 
BNCAJB.  Tamílitr.  El  dictamen  ó  jui- 
cio (jue  voluntariamente  y  por  su  me- 
ro discurso  forma  el  juez,  sin  tener 
atención  á  lo  que  las  lbtbs  disponen 
para  sentenciar  alguna  causa.  \  de 
Moisés.  Los  preceptos  y  ceremonias 
que  Dios  dió  al  pueblo  de  Israel  por 
medio  de  Moisés  para  su  gobierno  y 
para  el  culto  divino.  ||  bscbita.  Los 
preceptos  que  escribió  Dios  con  su 
dedo  en  las  dos  tablas  que  dió  á  Moi- 
sés en  el  monte  Sínaf.  Q  natural.  El 
dictamen  de  la  razón  que  prescribe  lo 
que  se  ha  de  hacer  6  debe  omitirse. 
I  nubva.Letdbqsacia..  i  Yibja.Let 
DB  Moisds.  I  All¿  vjln  las  lbtbs  don- 

UB  QUIBBEN  BlÍTBS»  6  SO  QUIEREN  BB- 

TES  ALLÁ  VAH  LB7ES.  Refrán  que  da  á 
entender  que  los  poderosos  quebran- 
tan las  LBTBS,  acomodándolas  6  inter- 

£ retándolas  á  su  gusto.  I  A  la  lbt. 
lodo  adverbial  familiar.  Con  propie- 
dad y  esmero.  |  A  lbt  de  cabiixbbo, 
db  cristiano,  etc.  Eitpresión  con  que 
se  asegura  la  verdad  de  lo  que  se  dice. 
]  A  TODA  ley.  Modo  adverbial.  Con 
perfección,  según  arte.  Q  Bajar  db 
LEY.  Frase  que  se  dice  del  oro  cuando 
tiene  menos  quilates,  y  de  la  plata, 
cuando  tiene  menos  dineros  de  los  que 
corresponden  á  la  ley.  Q  Bajo  db  lbt. 
Se  llama  al  oro  ó  plata  que  tiene  ma- 
jor  cantidad  de  otros  metales  qae  la 
que  permite  la  lbt.  |  Dab  la  lsy. 
Frase.  Servir  de  modelo  en  ciertas 
cosas.  II  Frase.  Obligar  á  uno  á  que 
haga  lo  que  otro  quiere,  aunque  sea 
contra  su  gusto.  ]  Echar  la  ley  ó 
TODA  LA  LBY  i.  ALGUNO.  Frase.  Conde- 
narle, usando  con  él  de  todo  rigor  de 
la  lev.  I  HacHA  la  lby,  hecha  la  tram- 
pa. Frase  familiar  con  que  se  da  á  en- 
tender que  la  malicia  humana  halla 
fácilmente  medios  y  excusas  para  que- 
brantar ó  eludir  un  precepto  apenas 
se  ha  impuesto,  g  Venir  contra  al- 
guna LBT,  precepto,  etc.  Frase.  Que- 
brantarlo. B  Tomar  la  lbt.  Frase.Pro- 
vi acial  Navarra.  Hacer  ó  tomar  lab 

ONCB. 

Eti¥0L0OÍa.  Provenzal  le,  leg,  ley, 
lei:  catalán,  lley;  francés,  úi;  yortu- 

?[>ués,  lei;  italiano,  le^ge»  del  latín  lex, 
egis.  El  catalán  tiene  ley,  estado,  cla- 
se, condición. 

1.  Según  Littré,  los  etimologistas 
latinos  refieren  la  voz  del  artículo,  no 
á  le^rre,  leer,  sino  á  Itgare,  ligar.  No 
satisfaciéndole  ninguno  de  estos  dos 
orígenes,  dice  que  la  etimología  de 
ley  queda  envuelta  en  la  sombra. 

2.  No  es  exacto  que  los  etimologis- 
tas latinos  refiéranla  voz  del  artículo 
al  latín  tígare,  ligar,  puesto  que  Va- 
rrón,  el  primero,  el  más  competente, 
el  más  sabio  de  todos  los  etimologis- 
tas de  la  latinidad,  nos  dice  termi- 
nantemente qne  se  llamó  levt  porque 
se  Ma  i  la  muchedumbre,  a  las  ma- 
sas, al  pueblo,  con  el  fin  de  que  nadie 
pudiera  alegar  ignorancia.  Por  consi- 


guiente, según  Verrón,  ley  viene  de 
leer,  no  de  ligar. 

Forma. — No  es  posible  separar  foyffw 
(acusativo  de  les,  ley)  de  legtre,  leer. 

Sentido.— Lex,  legis  significa  ley, 
orden,  serie,  sistema:  Ugere  significa 
fundar  esa  serie;  crear  ese  sistema; 
producir  ese  orden;  obrar  esa  lej.  No 
se  comprende  en  donde  está  la  oscu- 
ridad ,  de  que  habla  el  ilustre  etimo- 
logista  citado. 

Reseña. — El  rey  Sabio  trae  la  si- 
guiente definición,  que  es  tan  sencilla 
como  sublime:  tLey  tanto  quiere  de- 
cir como  leyenda  en  que  yace  enseña- 
miento é  castigo  inscripto,  que  liga 
é  apremia.  Y  fué  llamada  üy,  porque 
todos  los  mandamientos  de  ella  deben 
ser  leales,  derechos  é  cumplidos  según 
Dios  y  justicia.» 

Sinonimia.  Leyet  naturaUt,  leyes  dé 
la  naturaleza, — Esta  expresión  leyes 
naturales  está  tan  generalmente  cono- 
cida por  las  relaciones  morales  qne  hay 
entre  los  seres  libres  é  inteligentes,  que 
no  se  puede  apropiar  sin  ambigüedad 
á  las  relaciones  físicas  que  tienen  los 
cuerpos  entre  si,  en  cuyo  caso  debe  de- 
cirse: leyes  de  la  naturaleza. 

No  sólo  la  claridad  pide  esta  distin- 
ción, sino  qne  la  creo  fundada.  Efec- 
tivamente, las  leyes  de  la  naturaleza 
deben  ser  aquellas  con  que  se  gobier- 
na ella  misma,  y  no  las  que  única- 
mente ha  dictado  á  unos  seres  que 
pueden  desobedecerlas.  Estas  son  más 
bien  leyes  de  los  hombres,  leyes  de  los 
animales,  etc.,  y  únicamente  se  lla- 
man naturales  para  indicar  que  no  son 
obra  de  ellos.  (Jonaua.) 

Leyden  (Lucas  Daumbsz,  llamado 
Lucas  de),  (jélebre  pintor  y  grabador 
flamenco,  conocido  en  España  con  el 
nombre  de  Lucas  de  Holanda,  que  na- 
ció en  Leyden  en  1494;  fué  discípulo 
de  Engelbrethtsen  y  se  dió  á  conocer 
por  la  precocidad  de  su  talento;  de 
tal  modo,  que  se  supone  que  á  la  edad 
de  9  años  publicó  ja  algunos  graba- 
dos en  cobre.  Viajando  para  perfec- 
cionarse en  su  arte,  se  cree  que  sus 
rivales,  celosos  de  su  fama,  le  enve- 
nenaron en  el  camino;  pues  desde  su 
vuelta  hasta  su  muerte,  ocurrida 
en  1533,  no  volvió  á  levantarse  del 
lecho.  £n  esta  triste  situación  fué 
como  en  1531  ejecutó  su  obra  maes- 
tra: Jesús  curando  al  cieg»  de  Jericó. 
Sus  obras  de  grabada  se  componen 
de  172  planchas.  Entre  sus  lienzos, 
se  citan:  Descendimiento  de  la  cruz; 
Salutación  angélica  y  Sacra  Familia, 
en  el  museo  de  París;  Herodias,  en  el 
de  la  Haya;  retrato  de  Felipe  el  Her- 
moso, en  Amsterdam:  Crucijiio  y  Ado- 
ración de  los  magos,  en  Nápoles;  Casa- 
miento de  santa  Catalina,  en  la  Acade- 
mia de  Venecia;  La  Virgen  de  los  Res- 
plandores j  Nuestra  Señora  con  el  Niño 
en  los  hratos,  en  el  museo  de  Madrid; 
Bl  Juicio  Jinal,  en  la  casa-  Ayunta- 
miento de  Leyden,  y  otros  muchos, 
cuya  autenticidad  no  ha  podido  com- 
probarse. Su  dibujo  es  notable  por  la 
sencillez  y  corrección,  y  su  colorido, 
por  lo  espléndido  y  armonioso,  ^n 
embargo,  nótase  en  él  algunas  veces 


1 


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398  LEYD 


LEYE 


LEYV 


aue,  al  lado  de  una  elevada  expresiiSa 
del  más  puro  sentimiento,  desciende 
&  la  vulgaridad  en  ciertos  tipos  j  ao- 
titudes. 

Leyden  (Juan  db).  Sectario  famoso 
por  haber  sido  el  jefa  de  los  anabap- 
tistas de  MüDSter,  que  nació  en  Leu- 
den de  una  familia  dedicada  á  la  ma- 
gistratura hacia  el  año  de  1510,  j 
murió  en  1536.  Su  verdadero  nombre 
era  Jua»  Bockold,  Alternativamente 
picapedrero,  posadero  j  comediante, 
abrazó  en  sus  frecuentes  viajes  las 
doctrinas  de  los  anabaptistas  y  fué 
á  establecerse  en  1533  á  MAnster 
(Westfalia).  fin  un  hombre  hábil, 
emprendedor,  pero  sumamente  exal- 
tado: así  es  que  se  muUi])licó  tan 
activamente  en  las  conferencias  secre- 
tas celebradas  por  los  anabaptistas, 
que  en  poco  tiempo  la  secta  conquistó 
multitud  de  prosélitos  en  Hünster,  á 
pesar  del  arraigo  que  las  doctrinas 
luteranas  tenían  en  aquella  ciudad. 
Cuando  los  magistrados  quisieron 
atajar  el  movimiento,  ja  era  tarde. 
El  primer  viernes  de  cuaresmado  1534 
estalló  un  motín;  el  obispo  fué  arro- 
jado de  su  silla  episcopal;  los  ana- 
baptistas s*  fortificaron  en  la  plaza,  j 
habiendo  sido  muerto  su  jefe  priuci- 
pal  en  los  primerea  instantes,  toda  la 
autoridad  pasÓ  á  manos  de  Juan  db 
Lbydbn,  ja  venerado  como  profeta. 
Desde  el  principio,  se  había  publicado 
un  edicto  estableciendo  la  comunidad 
de  bienes,  según  el  ejemplo  de  los  cris- 
tianos y  de  la  Iglesia  primitiva,  j  aun- 
que el  Gobierno  había  protestado,  el 
nuevo  profeta,  henchido  de  recuerdos 
del  A.ntÍguo  Testamento,  modi&có  la 
organización  política,  dejando  subsis- 
tir el  régimen  de  comunidad  de  bie- 
nes, j  nombrándose  jueces  del  pueblo, 
á  imitación  de  los  de  las  doce  tribus 
de  Israel.  Después,  por  una  evolución 
natural,  resolvió  concentrar  en  sí  todo 
el  poder  político,  como  había  concen- 
trado ja  la  autoridad  religiosa.  Fin- 
gió, pues,  nuevas  revelaciones  j  se 
hizo  proclamar  rey  d*  la  JlamanU 
rusalén,  con  la  misión  de  esgrimir  la  es-  \ 
pada  sagrada  contra  los  reyes  para  ex- 
tender el  re'gimen  evangélic»  por  toda  la 
tierra.  En  la  expoliación  de  las  igle- 
sias encontró  el  medio  de  rodearse  de 
todas  las  magnificencias  reales  j  se 
presentó  coronado  de  oro  j  de  dia- 
mantes, vestido  de  sedas  tejidas  con 
oro  'j  acompañado  de  un  espléndido 
cortejo.  Se  titulaba  rey  de  la  justicia 
en  el  mnndo:  hizo  batir  moneda  con  su 
efigie,  de  las  cuales  c^uedan  raros 
ejemplares,  j  tomó  por  divisa:  El  po- 
der iU  Dios  es  mi  fuerta.  Apoyándose 
en  el  eiemplo  de  los  patriarcas  j  de 
Salomón,  había  instituido  en  la  ciu- 
dad la  comunidad  de  mujeres,  ó,  con 
mús  exactitud,  \?i  poligamia,  tomando 
él  mismo  quince  esposas.  Como  rej, 
pontífice,  juez  supremo  j  profeta, 
presidía  con  una  imperturbable  buena 
re  a  esta  extraña  saturnal  de  todo  un 
pueblo,  cujo  entusiasmo  excitaba  por 
medio  de  lunquetes  públicos  que,  bajo 
el  nombre  de  ana»,  dirigía  por  si  mis- 
mo* Bien  pronto  envió  veintiocho  mi- 


sioneros para  predicar  su  doctrina  en 
Alemania  j  en  Holanda,  donde  el  pue- 
blo se  agitaba  al  rumor  de  los  prodigio- 
sos acontecimientos  de  Bfünster.  Sin 
embarg-o,  todos  aquellos  apóstoles  fue- 
ron entregados  á  las  llamas,  á  excep- 
ción de  uno  solo,  que  se  dejó  cerrom- 
per.  Envió,  no  obstante,  otros  nuevos 
agentes,  que  excitaron  diferentes  moti- 
nes á  lo  largo  del  Rhin,  en  Holanda; 
j  especialmente,  en  Amsterdam,  Pero 
todas  estas  tentativas  fracasaron  j  los 
anabaptistas  perecieron  en  medio  de 
los  mas  espantosos  suplicios.  Durante 
tales  acontecimientos,  el  obispo  Wal- 
deck  mantenía  á  Míinster  estrecha- 
mente bloqueado.  El  hambre  se  dejó 
sentir  muj  pronto  j  Juan  db  Lbtdbn 
se  TÍó  obligado  á  emplear  el  terror 
para  contener  á  su  pueblo,  á  quien 
todas  las  parodias  bíblicas  no  basta- 
ban a  satisfacer.  Por  fin,  después  de 
catorce  meses  de  defensa,  la  plaza 
fué  entregada  por  un  traidor;  las  tro- 
pas del  obispo  entraron  en  ella,  ha- 
ciendo una  matanza  horrible,  j  Juan 
DB  Lbydbn,  á  pesar  de  haber  luchado 
con  el  valor  de  la  convicción  j  del 
fanatismo,  fué  capturado  vivo. El  obis- 
po Waldeck  le  preguntó  «con  qué  de- 
recho se  había  establecido  como  sobe- 
rano en  la  ciudad.»  «Con  el  derecho, 
respondió,  que  tiene  todo  hombre  que 
sabe  elevarse  sobre  los  otros  j  hacerse 
su  dueño.»  T  añadió;  «Te  quejas  sin 
razón.  Münster  era  una  ciudad  débil  y 
te  la  devuelvo  fuerte.  En  cuanto  al  di- 
nero que  te  ha  costado  el  sitio,  hazme 
pasear  por  las  ciudades  encerrado  en 
una  jaula,  exige  una  moneda  de  co- 
bre solamente  á  cada  uno  que  quiera 
ver  al  rey  de  Sión,  j  tendrás  con  qué 
pagar  tus  deudas  j  duplicar  el  capi- 
tal.» £1  obispo  siguió  el  consejo  éhi- 
zo  pasear  por  algún  tiempo  á  Juan 
DB  Lbydbn  de  ciudad  en  ciudad,  para 
ofrecerle  á  las  burlas  de  todos.  Vuel- 
to á  Hüuster  en  1536,  el  profeta  fué 
allí  horriblemente  torturado, atenacea- 
do con  tenazas  enrojecidas  en  todo  el 
cuerpo,  j  por  último,  degollado.  Su 
cadáver  apareció  en  una  jaula  de  hie- 
rro en  lo  alto  de  la  torre  de  la  iglesia 
de  San  Lorenzo. 

Leyenda.  Femenino.  La  historia  ó 
materia  que  se  lee;  especialmente,  la 

?ue  procede  de  tiempos  antiguos.  \ 
nscripción  de  las  monedas  ó  me- 
dallas. 

Etiuología.  Leer:  latín,  legenda, 
terminación  femenina  de  Iryéndus,  ge- 
rundio de  legire,  leer:  italiano,  lea- 
yenda;  francés,  Ir'gende;  provenzal,  le- 
yenda, leyensa;  catalán,  ll^enda;  por- 
tugués, lenda* 

lieteñtt. — Nombre  dado  á  las  colec- 
ciones de  Vidas  de  los  santos,  porque 
eran  leídas  en  las  lecciones  de  maiti- 
nes j  en  los  refectorios  de  las  comu- 
nidades. Cuando  no  se  tenían  las  ac- 
tas de  los  santos,  se  componían  otras 
semejantes,  que  la  buena  fe  j  la  cre- 
dulidad embellecían  con  detalles  ma- 
ravillosos. Por  un  procedimiento  aná- 
logo, los  personajes  históricos  han 
llegado  i  ser  personajes  legenda- 
rios. 


Leyente.  Participio  aetiro  de  leer. 
El  que  lee. 
Leyó.  Livi. 

Leyocarpo,  p«.  Adjetivo.  Sotái^ 
ca.  De  frutos  lisos. 

Etiuoldoía.  Ley»  j  karpist  fruto. 

Leyocéfalo,  la.  Adjetivo.  ZoeU^ 
yia.  D*  cabeza  lisa. 

EriuoLOof  A.  Leye  j  héphaü^  caben. 

Leyócomo,  ma.  Adjetivo.  Zovh- 
gia.  T5e  cabellos  lisos. 

Etimolooía.  Leyó  y  homi,  cabello. 

Leyodermo,  ma.  Adjetivo.  Zoolo- 
gía. Calificación  de  los  reptiles  que 
tienen  la  piel  lisa,  sin  escamas. 

BTiuoLoaÍA.  Leyó  ^  dérma,  piel. 

Le^ófllo,  la.  Adjetivo.  Botánica, 
De  hojas  lisas. 

Etihología.         y  phylloñ,  hoja. 

Leyoft^n.  Masculino.  Éníómokyía. 
Género  de  insectos  himenópteros. 

Etimología.  Leyó  j  ofrys,  entrece- 
jo, ceja,  pestaña. 

Leyópomos.  Masculino  plural.  Jt>- 
íiologia.  Familia  de  pescados  olobran- 
quios,  cuyos  opérenlos  no  tienen  es- 
pinas. 

Etiuoldoía.  Leyó  y  poma,  opérenlo. 

^<«Ha.— Los  LETOPOMOs  son  un  gé- 
nero de  pescados  torácicos,  que  tie- 
nen los  opérenlos  lisos;  esto  es,  sin 
púas. 

Leyópodo,  da.  Adjetivo,  ffistorin 
natwral.  Que  tiene  plana  la  planta  del 
pie. 

ETiuoLOofA.  Leye  jpodtfs,  genitivo 
d*poiiS,  pie:  francés,  Uiopode. 

Leyóspermo,  ma.  AdjetiTO.  Botá- 
nica. De  granos  lisos. 

Etuiología.  Leyó  t  tperma,  grano. 

Leyostaqniado,  da.  Adjetivo.  Bo- 
tánica. De  espigas  lisas. 

ExiuoLoaÍA.  Leyojsídchys,  espina: 

Leyóstomo,  ma.  Adjetivo.  ZooÍ»- 
yia.  De  boca  lisa. 

Etiuología.  Leyó  j  tídmat  boca. 

Leyótrico,  ca.  Adjetivo.  Zoología. 
Calificación  de  los  mamíferos  que  tie- 
nen el  pelo  liso  V  asentado. 

BtiuolooU.  Loyo  j  tkriSt  irichdi, 
cabello. 

Leyto  (&.NDRás).  Pintor  español, 
que  vivía  en  Madrid  por  los  añosl680. 
Se  distinguió  en  los  bodeyones,  genero 
en  que  pocos  le  aventajaron.  Pinto 
también  con  José  de  Sarabia  una  co- 
lección da  cuadros  para  el  claustro 
del  convento  de  San  Francisco  de  Se- 
govia,  que  representaban  la  vida  del 
santo  fundador, 

Leyva  (Francisco  db).  Poeta  dra- 
mático español  del  siglo  xvii.  Sus 
obras  se  distinguen  por  el  ingenio  de 
la  invención,  por  la  manera  de  trazar 
y  desenlazai  el  argumento,  j  por  lo 
fiúido  y  galano  de  la  versificación. Sus 
más  conocidas  comedias  son:  LosHijos 
del  dolor;  Cueva  y  castillo  de  amor; 
Cuando  no  se  aynarda;  La  Dama  Resi- 
dente j  El  Amor  es  lo  primero. 

Leyva  (Üikgo  de).  Pintor  español, 

Íue  nació  en  Haro  por  los  años  de 
580  j  murió  en  1637.  Estudió  su 
arte  en  Roma,  j  adquirió  la  reputa- 
ción de  un  artista  distinguido.  Ha- 
biendo quedado  viudo  á  la  edad  de 


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LEZN 


L'HOSP 


LIA  399 


53  años,  entró  en  el  convento  de  car- 
tujos de  MiraSores,  donde  pasó  el  res- 
to de  sus  días.  Son  sus  principales 
obras:  Xa  Presentaciún  j  varios  retra- 
tos para  la  catedral  de  Burchos;  j  Vida 
rfí  san  Bruno  y  cuadros  de  maríiriot 
para  la  Cartuja  de  Miraflores. 

Leyva  (á.NTOMO  de).  Famoso  capi- 
tán español  del  tiempo  de  Carlos  V. 
Entró  en  el  servicio  militar  en  1501 
contra  los  moriscos  rebelados  en  las 
Aipujarras;  pasó  luego  á  Nápoles  ¿ 
las  órdenes  día  su  deudo  el  Gran  Ca- 
pitán; hizo  al  lado  de  éste  prodigólos 
de  Talor;  aspecialmente,  en  la  famosa 
batalla  de  Rávena,  donde  fué  herido; 
defendió  á  Paría  contra  Francisco  I; 
se  apoderó  de  Milán,  plaza  que  entre- 
gó luego  Á  Francisco  Esforza;  fué  ele- 
gido generalísimo  de  la  Liga  en  1553 
y  condecorado  con  el  título  de  lugar- 
teniente de  Italia,  mereciendo  la  dis- 
tinción  de  que  el  pontífice  le  presen- 
tase la  rosa  y  el  estoque,  y  murió  á  la 
•dad  de  56  afios*  habiendo  obtenido 
los  títulos  de  príncipe  de  Ascoli,  mar- 

Sués  de  Stela,  conde  de  Mouza  y  gran- 
e  de  España. 

Lez.  Masculino.  Geografía.  Bío  del 
Languedoc.  (Summo.) 

EriicoLoafa.  Latín  Ledut, 

Lezda.  Femenino  anticuado.  Tri- 
buto impuesto;  especialmentei  el  que 
se  pagaba  por  las  mercancías. 

Étiuolooía.  Arabe  lezma,  tributo. 
(Dbfbbmeby,  Dsvic,  Chbbdonngau.) 

FeudalUmo. — 1.  Nombre  que  se  dió 
en  la  Edad  media  á  toda  espeeie  de 
prestación  ó  impuesto. 

2.  Lbzua  real  ó  mediana;  derecho 
que  percibían  algunos  particulares 
^rÍTÍÍegiados,  tanto  á  la  entrada  como 
a  la  saüda  de  ciertas  mercancías. 

3.  Nuestro  lszda  es  el  prorenzal 
Udd*,  kida,  Utda,  leuda,  el  francés 
Uude  y  el  catalán  lleuda,  leuda,  cuto 
idioma  eonserva  todavía  la  expresión: 
LLBDDA  real  ó  mitjana. 

4.  Du  Cange  deriva  la  voz  pro- 
puesta del  germánico  leude,  hombre: 
sueeOf  ^(/. 

5.  Diez  y  Líttré  lo  derivan  de  un 
bajo  latín  leviíus,  corrupción  del  la- 
tín levaíus,  de  donde  viene  nuestro 
vocablo  leva. 

6.  En  apojro  de  esta  interpretación, 
cita  Oíez  el  español  leudo,  equivalente 
al  francés  levain,  levadura,  cujra  pala- 
bra notiene  relación  posible  con  lbzda. 

Lezdero.  Masculino  anticuado.  £1 
ministro  que  cobraba  el  tributo  de 
lezda. 

ErmoLoeÍA.  Letia:  catalán,  lleudad- 
tari  y  lleuder,  formas  corrientes;  leu- 
da, tender,  fuera  de  uso. 

Lezna.  Femenino.  Instrumento 
que  se  compone  de  un  hierrecillo  con 

Santa  muj  sutil  y  un  mango  de  ma- 
era,  del  cual  usan  los  zapateros  y 
otros  artesanos  para  agujerear,  coser 
y  pespuntar. 

BnuoLoaÍA.  Antiguo  alto  alemán 
a/afua.- alemán  moderno,  Áhle;  suizo, 
alatwte;  italiano,  Usina;  francés  anti- 
g-uo,  alesne;  moderno,  ayne;  lemosín, 
Umo;  provenzal,  aleña;  catalán,  aleña, 
alema;  Bmj,  alegue,  alogne. 


2ÍÉseiUi.—ht  forma  etimológica  es 

lesna,  puesto  que  la  z  no  aparece  en  la 
voz  de  origen,  ni  en  ninguna  de  las 
varías  formas  del  romance. 

Lezne.  Adjetivo  anticuado.  Delez- 
nable, 

Lhacío,  cía.  Adjetivo  anticuado. 
Flaco,  débil,  enfermo. 

Etimología.  Zacio. 

Lhautor,  ra.  Masculino  y  feme- 
nino anticuado.  El  que  llora,  triste, 
afligido. 

L'Hos^ital  (MiauBL  de).  Canciller 
de  Francia,  orador  t  poeta  latino, 
cujra  celebridad  se  debe  a  los  esfuer- 
zos que  hizo  para  evitar  las  contiendas 
entre  católicos  y  protestantes  y  á  tas 
sabias  reformas  que  llevó  á  la  admi- 
nistración. Nació  en  Aigueperse  en 
1506  V  murió  en  1573.  Era  hijo  de 
Juan  L'HospiTAL,  médico  distinguido, 

3ue  llegó  á  ser  intendente  y  amigo 
el  condestable  de  Borbón.  Después 
de  haber  estudiado  en  Tolosa,  se  re- 
unió á  su  padre  en  Milán,  donde  éste 
había  sido  envuelto  en  la  proscripción 
que  pesaba  sobre  el  condestable;  ter- 
minó su  educación  en  Padua,  y  bien 
pronto  sus  precoces  talentos  le  facili- 
taron ia  vuelta  i  Francia.  Nombrado 
consejero  del  Parlamento  de  París, 
mereció  el  fiivor  de  Margarita  de  Va- 
lois,  hermana  de  Enrique  II,  y  fué 
elevado  al  puesto  de  superintendente 
de  Hacienda  en  1554.  Eu  este  cargo, 
comenzó  á  trabajar  en  la  reforma  de 
los  abusos,  dando  él  mismo  pruebas 
de  tal  desinterés  que,  al  querer  casar 
á  su  hija,  tuvo  Enrique  II  que  dotar- 
la, pues  L'HospiTAL  no  contaba  ni  con 
una  mediana  fortuna.  Al  advenimien- 
to de  Margarita  al  ducado  de  Saboja, 
á  punto  estuvo  la  Francia  de  perder  á 
L'iIospital;  pero  Catalina  de  Médicis 
y  los  Guisas  sa  reunieron  para  confe- 
rirle el  cargo  de  canciller,  vacante 

fior  muerte  día  Oliver,  en  1560.  Desde 
os  primeros  momentos,  L'Hospital 
dió  pruebas  de  una  noble  entereza, 
negándose  á  sellar  la  sentencia  de 
muerte  del  príncipe  de  Condé,  acusa- 
do de  haber  tomado  parte  en  la  cous- 

fiiración  de  Amboise.  Su  discurso  en 
os  Estados  generales  de  Orleáns,  ade- 
más de  un  fidelísimo  cuadro  de  la  si- 
tuación de  la  Francia  en  aquella  épo- 
ca, es  una  verdadera  profesión  de  fe 

{tolítica.  Contener  á  los  partidos  por 
a  justicia  y  no  por  la  astucia;  opo- 
ner la  moderación  á  la  violencia;  la 
tolerancia,  al  fanatismo  religioso;  hé 
aquí  los  principios  que  el  canciller 
proclamaba  y  de  los  que  no  se  separó 
jamás  en  medio  de  las  intrigas  de  la 
corte  y  del  hervidero  de  las  guerras 
civiles.  Durante  ocho  años,  fue  el  re- 
presentante de  aquella  parte  ilustra- 
da de  la  clase  media,  cujo  apoyo  de- 
bía decidir  más  tarde  el  triunfo  de 
Enrique  lY.  Sin  embargo,  como  era 
de  esperar,  su  franqueza  produjo  el 
disgusto;  Catalina  de  Médicis  le  re- 
cogió los  sellos,  y  en  1568  tuvo  que 
retirarse  á  su  casa  de  Vignai,  cerca 
de  Etampes,  La  nueva  de  las  matan- 
zas de  la  noche  de  Sa*  Bartolomé,  le 
sorprendió  en  su  retiro,  sin  conseguir 


asustarle.  Cuando  se  le  dijo  que  lle- 
gaban los  asesinos,  mandó  que  se  les 
abriesen  las  puertas,  y  cuando  llegó 
un  mensajero  de  la  corte  declarando 
que  el  rey  le  perdonaba,  contestó: 
«Ignoraba  que  hubiese  merecido  ni  la 
muerte  ni  el  perdón.»  No  obstante,  el 
horrible  espectáculo  de  las  desventu- 
ras de  su  patria  abrevió  su  vida.  Seis 
meses  después  de  las  jornadas  de  San 
Bartolomé'  ( Saint- Barthelemy ),  murió 
casi  eu  la  pobreza,  pero  justificando 
hasta  el  fin  la  hermosa  divisa  que  ha- 
bía tomado  de  Horacio:  Impavidum 
ferient  ruines*  L'Hospitaj.  ha  dejado 
unido  su  nombre  á  un  gran  número 
de  edictos  y  ordenanzas,  reformando 
los  abusos  de  la  administración  y  de 
las  leyes  civiles.  Durante  su  carrera 
política  y  en  su  retiro,  cultivó  asi- 
duamente las  letras  latinas,  y  en  la- 
tín sostuvo  una  larga  correspondencia 
con  los  hombres  más  eminentes  de  su 
tiempo.  Su  conocimiento  del  griego 
le  puso  en  relación  con  Am^ot,  que 
fue  quien  le  presentó  á  Enrique  II. 
Sus  Foesias  latinas,  coleccionadas  y 

Eublicadas  por  su  nieto  Hurault  da 
'HospiúL,  en  1585,  han  sido  reim- 
presas diversas  veces.  Su  estilo,  aun- 

?[ue  un  tanto  difuso,  es  fácil  y  con 
recuencia  vivo  y  enérgico.  Las  obras 
completas  de  L'Hospital  han  sido  co- 
leccionadasy  dadas  á  la  estampa  por 
Uulfey  de  Yonne  (París,  1824,  4  vo- 
lúmenes en  8,"),  y  van  precedidas  de 
un  Ensayo  soWe  su  vida  y  sus  obras. 
Las  poesías  han  sido  traducidas  al 
francés  por  M.  de  Noléche  (París, 
1857).  Sus  obras  se  componen  de  Poe- 
sías latinas.  Tratado  de  la  reforma  de 
la  justicia.  Discursos  y  Memrin. 

Reseña. — 1.  Estuvo  como  represen- 
tante de  Francia  en  el  Concilio  de 
Trente,  &  mediados  del  siglo  xti, 
1547. 

2.  Se  opuso  al  establecimiento  de 
la  Inquisición  en  su  país. 

3.  Estableció  la  libertad  de  cultos. 

4.  Cuando  se  le  intimó  para  que 
rubricara  la  sentencia  de  muerte  del 
gran  Condé,  contestó  impasible:  «Sé 
morir,  pero  no  deshonrarme.»  La  con< 
quista  del  Asia  por  Alejandro  no 
vale  tanto  como  la  respuesta  anterior. 
Para  la  crítica  de  la  historia,  L'Hos- 
PITAL  es  el  más  grande  y  noble  carác- 
ter de  su  siglo. 

Lia.  Femenino.  Soga  de  esparto 
machacado,  tejida  como  trenza  para 
atar  y  asegurar  los  fardos,  cargas  y 
otras  cosas.  |  El  orujo  de  las  uTas, 
del  cual,  exprimiéndolo,  se  saca  una 
especie  de  vino  de  poca  fuerza,  llama- 
do aguapié.  |  Estab  hecho  una  lía. 
Estar  poseído  del  vino. 

ETiuoLoofA.  Bajo  listín  lia,  que  se 
halla  en  un  manuscrito  del  siglo  z: 
fecla  sive  lias  vini,  «heces  ó  lías  del 
vino»  (Cambebt,  Manuscrito,  folio  17, 
recto);  it&ncés,  lie;  walón,  lite;  inglés,. 
lees,  plural. 

1.  Bajo  bretón  H,  lia,  forma  de  l¿it, 
limo,  lodo.  (Cita  de  Litthé.) 

2.  Qoáol^an:  frisón,  ¿^a;  inglés, 
|0  lie,  cuya  raíz  expresa  la  idea  de 
yacer,  estar  acostado.  (Schbllu.) 


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400  LIBA 

3.  Latín  lix,  ceniza,  lejía,  que  pudo 
producir  una  forma  rústica,  tal  como 
ligua  6  lica,  transformada  en  lia  por 
el  latín  b^buo  de  la  Edad  media. 
(Insu.) 

4.  Hasta  el  presente,  no  ha^  más 
que  conjeturas  acerca  del  origen  de  la 
voz  propuesta.  (Littbé.) 

5.  «CoTarrubias  dice  se  llamó  así 
cuasi  liga.»  (Acadskia,  Diccionario 

de  me.) 

Liafto  (Teodoro  Felipe  de).  Pin- 
tor español,  discípnlo  de  Alonso  Sán- 
chez uoello,  que  nació  en  Madrid 
en  1575  j  murió  en  1625.  Fué  i  per- 
feccionarse en  Italia,  j  á  su  vuelta 
adquirió  una  gran  reputación  como 
miniaturista.  La  corrección  del  dibu- 
jo, la  semejanza  j  el  brillante  colori- 
do, son  las  cualidades  más  relevantes 
de  sus  obras.  Las  más  notables  que 
de  él  se  conocen,  son:  tan  Juanpreai- 
cando  e»  el  desierto;  Cateada^  j  las 
Ninfas  de  Diana,  perseguidas  por  %n 
sátiro.  Entre  sus  retratos,  se  citan, 
como  obras  maestras,  el  del  empera- 
dor Rodulfo  j  el  de  Do»  Alvaro  de 
Batán, 

Liaño  (Alvabo  AoostÍn),  Histo- 
riador jr  crítico  español,  que  murió 
por  los  años  de  1830.  Visitó  Italia  y 
Francia  j  estuvo  agregado  á  la  bi- 
blioteca real  de  Berlín.  Su-  obra  más 
notable  se  titula:  Repertorio  de  la  his- 
toria y  literatura  españolay  poríwueta. 

Lias.  FemenÍDo  plural.  cSe  llaman 
también  las  heces  o  casca  de  uva,  de 
las  cuales  exprimiéndolas,  se  saca  una 
especie  de  vino  de  mu;  poca  fuer- 
za, llamado  Agua  pie.»  (Academia, 
Diccionario  de  1726.)  Q  Tomar  lías  y 
Juan  Danzante.  Frase  vulgar  con  que 
se  da  á  entender  (jue  uno  escapó  o  se 
fué  con  alguna  prisa,  de  la  parte  don- 
de estaba.  (Idbu.  ) 

Liaza.  Femenino.  En  la  tonelería 
de  Andalucía,  el  conjunto  de  ciertos 
mimbres  que  se  emplean  en  la  cons- 
trucción de  las  botas.  También  se 
llama  así  en  Castilla  el  conjunto  de 
lías  con  que  se  atan  j  aseguran  las 
corambres  en  que  se  conduce  el  vino, 
aceite  j  cosas  semejantes. 

Libable.  Adjetivo.  Susceptible  de 
ser  libado. 

Libación.  Femenino.  El  acto  de 
libar.  Ceremonia  religiosa  de  los  an- 
tiguos paganos,  que  consistía  en  lle- 
nar un  vaso  de  vino  6  de  otro  licor, 
V  derramarlo  después  de  haberlo  pro- 
bado. 

EtuiolooÍa.  Libar:  latín,  Uhatío^ 
ofrenda,  sacrificio,  en  san  Jerónimo; 
forma  sustantiva  abstracta  de  Ubat%s, 
libado;  francés,  lihatxo». 

ñeseia  kitidrica, — PoUíHmo  griego 
i)  romano.  1.  Infusión  de  vino,  de 
sang^re,  de  aceite  ó  de  leche,  en  los 
sacrificios  ofrecidos  por  los  antiguos 
griegos  y  romanos.  La  ubacióm  de 
vino  se  hacía  vertiéndolo  con  una  pa< 
tena  sobre  la  cabeza  de  la  víctima, 
presentada  en  el  altar,  j  se  mezclaba 
en  las  llamas  con  la  sangre  de  la  víc- 
tima; la  de  aceite  6  de  vino,  sobre  la 
parte  de  los  dioses,  porción  de  la  vícti- 
ma qaemada  en  el  altar; ;  la  de  leche» 


UBE 

sobre  laa  tumbas  para  aplaeu  lo»  ma- 
nes. 

2.  También  había  libaciones  sin 
sacrificios,  practicadas  al  fin  de  las 
comidas  en  honor  de  los  dioses  en 
general,  ó  de  los  lares  en  particular, 

ue  consistían  en  una  copa  de  vino 
erramado  sobre  la  mesa. 

3.  Libación  ofrenda,  Uiamen  6 
menium,  se  llamaba  £  las  primicias  de 
las  viandas  ofrecidas  i  los  dioses  en 
los  festines  públicos,  j  á  los  lares  en 
los  privados;  7  también  &  las  primi- 
cias de  los  frutos  ofrecidos  &  los  dio- 
ses por  los  campesinos,  antes  da  la 
recolección. 

Libadlo.  Mascalino.  Sotámea, 
Nombre  que  da  Plinio  £  la  centáurea 
menor. 

ETiuoLOofA.  Latín  lUÜdtimf  que  es 
9I  griego  XtSáSiov  (libddion). 

Libamen.  Masculino  anticuado. 
La  ofrenda  en  el  sacrificio. 

Etiuolooía.  Lihadén:  latín,  Afó- 
men,  el  vino  del  cáliz.  (FoRTtiNATO.) 

Libamiento.  Masculino  anticua- 
do. Libación.  Q  La  materia  ó  espe- 
cies que  se  libaban  en  los  sacrificios 
antiguos. 

EriMOLoaÍA.  £t¿iir:  latín.  tÜ9min- 
Um. 

Libán.  Masculino.  RauNaA. 

Libanián.  Masculino.  Fa/rmada, 
Especie  de  colirio  en  ouja  eomposi- ; 
cion  entra  el  incienso. 

ErnioLoaÍA.  Líbano. 

1.  Líbano.  Masculino.  Árbol  que 
lleva  el  incienso. 

Etimolooía.  Qríego  Xífiavov  (Uhsí- 
nonjf  incienso:  latín,  ñbdnus,  árbol 
que  lleva  el  incienso  j  el  incienso 
mismo.  (Sbdulio.)  B  Nombre  de  un 
esclavo.  (Plaüto,  Cicbbón.) 

2.  Líbano.  Masculino.  Cfeogra/ia. 
Monte  famosísimo  de  Siria,  uno  de 
los  Santos  Lugares,  da  donde  nace  el 
Jordán. 

Bmiauoofa.  Griego  Ufknw  (Uha- 
whO,  incienso:  latín,  Hhiwss» 

Libanomancia.  Femenino.  Anti» 
güedades.  Adivinación  por  medio  del 
incienso  quemado  á  los  dioses. 

Etimolooía.  Grie^  Ubano»^  incien- 
so, j  manteia,  adivinación:  francés, 
libanomancie. 

Libanota.  Femenino.  Libanotb. 

Líbanote.  Masculino.  Botánica. 
Planta  umbelifera,  cuva  raíz  exhala 
un  perfume  parecido  al  del  incienso. 

EtiuolooÜ.  Libaw, 

Libar.  Activo,  Chupar  suavemente 
el  jugo  de  alguna  cosa.  {|  Hacer  el  li- 
bamiento para  el  sacrificio:  tómase 
también  algunas  veces  por  sacrificar. 
I  Probar  ó  gustar  algún  licor. 

Etiuolooía.  Griego  Xxi6m  (iHhein), 
verter,  derramar:  latín,  libare,  tocar 
con  los  labios,  gustar,  vaciar  on  vaso; 
italiano,  libare. 

Libatorio.  Masculino.  El  vaso  con 
^ue  los  antiguos  romanos  hacían  las 
libaciones. 

Etiuolooía.  Zt¿ar:  latín,  tiba^ 
ríum,  til  vaso  que  servia  paralas  liba- 
ciones. (Fbsto.) 

Libela.  Femenino  anticuado.  Mo- 
neda romana  de  plata»  que  valía  eua- 


LIBE 

tro  maravedises  de  plata  castellanos. 

E-nuoLoaÍA.  Latín  UbHla,  que  re- 
resenta  íibrella,  forma  diminutiva 
e  libra,  .moneda  de  los  romanos  que 
valía  la  décima  parta  da  un  denario. 
(Vabbóm.) 

Reseña  histórica. — Nnmismitiea*  Pe- 
queña moneda  de  los  antiguos  roma- 
nos, de  plata,  ^ue  valía  la  décima 
parte  del  denano.  Se  cree  que  sólo 
estuvo  en  uso  en  tiempo  de  los  rejes. 
Su  valor  corresponde  próximamente 
al  de  una  peseta. 

Libelar.  Activo  anticuado.  Bscri- 
btr  refiriendo  alguna  cosa,  Forense. 
Hacer  peticiones. 

BTU(OLOaÍA.¿»¿<¿0.*  francés,  libeller, 
redactar  convenientemente  una  de- 
manda judicial. 

Libelático,  ca.  Adjetivo  que  ae 
aplicaba  á  los  cristianos  que  sacaban 
certificación  de  haber  obedecido  los 
decretos  de  los  emperadores,  j  eon 
esto  se  libraban  de  la  persecución. 

BtiuoloqÍa.  Latín  líber,  libro;  ^ 
helios,  certificación;  ñbeiñOt  el  escri- 
bano; libellditci,  los  que  compraban 
certificados  para  acreditar  su  obedien- 
cia á  los  decretos  imperiales,  evitan- 
do la  persecución  el  suplicio:  fran- 
cés, hbellati9ues¡  itidiano,  UbellaHco; 
catalán,  UbeUUíi^,  ea, 

Lib^.  Ibscttlino  anticuado,  Li* 
BBC  PEQUEÑO.  I  Forense.  Petición  ó  me> 
morial.  |  Libro,  papel  ó  escrito  satí- 
rico y  denigrativo  de  la  honra  ó  &ma 
de  alguna  persona,  7  se  llama  co- 
munmente LIBELO  infamatorio  ó 
moso.  B  DB  BBPUDio.  El  instrumcuto  ó 
escritura  con  que  el  marido  antigua- 
mente repudiaba  á  la  mujer  j  diri- 
mía el  matrimonio.  B  Oab  ubslo  db 
REPUDIO.  Frase  metafórica.  Renun- 
ciar, dar  de  mano. 

Btikolooía.  Latín  ñbellus,  diminu- 
tivo de  líber,  libro:  francés,  libelle; 
italiano,  libelle;  catalán*  li6el4o. 

Reseña. — ^El  libelo  de  repudio  viene 
de  la  ley  de  Moisés  j  fué  condenado 
por  la  ley  cristiana. 

Líber.  Masculino.  Mitología.  Uno 
de  los  nombres  de  Baco.  (Véase  Baco.) 

Libera.  Femenino.  Mitología.  Uno 
de  los  nombres  de  Proserpina.  (Véase 
Pbosbkpina.) 

Liberación.  Femenino.  Carta  db 
PAOO.  I  Forense.  Remisión  que  el 
acreedor  hace  al  deudor  de  lo  que  éate 
le  debe.  Q  La  acción  y  efecto  d!e  penar 
en  libertad.  ||  Quitanza. 

Etiiiolooía.  Liberar:  latín,  tibifrS^ 
ñot  forma  sustantiva  abstracta  de  ti- 
bhiUts,  i^articipio  pasivo  de  MMére, 
liberar:  italiano,  líierazione;  francés, 
libéuíion;  provenzal,  liberada;  cata- 
lán antiguo,  Uberacié. 
Liberador,  ra.  Libebtadoe,  ra. 
EriyOLoaÍA.  Liberar:  latín,  ttiíra- 
tor.  (Cicbbón,  Cuhcio.) 

Liberal.  Adjetivo.  El  que  obra 
con  liberalidad  ó  la  cosa  hecha  con 
ella.  B  Expedito,  pronto  para  ejecutar 
cualt^uiera  cosa.  B  Se  dice  del  arte 
propia  del  ingenio,  á  diferencia  de  la 
mecánica.  \  El  que  profesa  doctrinas 
bvorables  i  la  libertad  política  de  los 
Estados,  término  contrario  de  s«rn^ 


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LIBE 


LIBE 


LIBE  401 


en  cajo  sentido  decimos:  política  li- 
beral; partidos  LIBERALES.  csta 
acepción,  úsase  sustantivamente;  so- 
bre todo  en  plural,  como  cuando  se 
dice:  «los  libbbalbs  triunfaron  en  la 
(guerra  de  los  Siete  años.»  Q  Artes 
LIBERALES.  A.rtes  que  requieren  la  in- 
tervención constanti!  de  la  inteligen- 
cia, del  sentimiento  ^  de  la  fantasía 
para  los  efectos  de  la  invención,  tales 
como  la  poesía,  la  escultura,  la  ar- 
quitectura, la  pintura,  la  música; 
término  contrario  de  artes  meeámcas. 
Se  les  dió  el  nombre  de  ubbbalbs, 
porqne  eran  en  lo  antiguo  la  ocupa- 
ción de  los  hombres  libres,  mientras 
qae  las  artes  manuales,  tenidas  en 
concepto  de  viles,  eran  el  oficio  de  los 
esclavos. 

BnuOLoaÍA.  Libre:  latín,  liberalis; 
catalán, /íiíra/;  francés,  Ub^al;  ita- 
liano, libérale. 

Reseca. — Nuestras  artes  liberales 
son  el  libbbalia  sivdia  de  Tácito,  en 
CUTO  autor  tiene  el  significado  de 
bellas  letras. 

Sinonimia.  Liberal^  generoso. — Am- 
bas palabras  tienen  aplicación  en  sen- 
tido propio  j  en  el  figurado,  á  pesar 
de  lo  que  han  escrito  algunos  mal  in- 
formados eümoloffistas. 

Siéndola  roz  Ubre  el  término  opues- 
to de  la  voz  esclavo^  cieemos  que  la  pa- 
labra liberal  no  se  usó  primitivamen- 
te sino  con  relación  al  sujeto  que  li- 
bertaba. Un  hombre  tenía  un  esclavo, 
por  ejemplo,  t  le  daba  la  libertad;  ese 
nombre  fué  denominado  liberal;  ese 
hombre  era  el  liberal  de  aquella  época. 

Después,  este  espíritu  de  liberali- 
dad, este  espíritu  de  donación,  por 
decirlo  asi,  se  aplicó  á  las  diferentes 
relaciones  de  la  vida  práctica,  j  la 
palabra  liberal  vino  á  aigníficar  des- 

5 rendido,  dadivoso,  lareo,  como  se 
ecía  con  sama  propinad  en  otro 
tiempo.  Después  se  hizo  extensiva  & 
los  hechos  del  alma,  j  expresó  la  idea 
de  cosa  ele^nte,  suelta,  magnífica. 
Cuando  decimos  que  un  orador  habla 
con  soltura  j  liberalidad^  queremos 
decir  que  da  holgura  j  grandeza  á 
sus  pensamientos,  ó  lo  que  á  ello  equi- 
vale, que  hasta  con  la  palabra,  con  el 
arte,  con  la  forma  del  discurso,  es 
desprendido,  dadivoso,  rico,  espléndi- 
do: más  claro,  liberal.  Ultimamente 
ae  aplicó  á  las  ideas  sociales,  y  signi- 
fica la  escuela  contraria  de  la  política 
servil. 

Digamos  ahora  qne  un  orador  ha- 
bla con  soltura  7  generosidad^  j  ó  no 
concebiremos  ninguna  idea,  ó  conce- 
biremos ana  idea  distinta.  Hablar  con 
generosidad  significaría  que  hablaba 
invocando  las  ideas  de  perdón,  de  cle- 
mencia j  de  olvido. 

Digamos  también  escuela  generosa, 
partido  generoso,  j  nadie  entenderá 
qne  se  hablaba  de  los  partidos  j  de 
US  escuelas  liberales. 

Generoso  significó  primitivamente 
la  idea  de  género,  de  origen,  de  casta 
ó  fimilia,  j  así  llamamos  víno  genero- 
so al  qae  viene  de  buena  cepa  j  de 
bnena  cuba;  es  decir,  al  que  viene  de 
boena  lafz,  que  es  como  ai  dijéramos, 


trasladando  el  sentido  de  esta  palabra, 
de  buena  estirpe.  Esta  es  su  significa- 
ción recta,  primitiva,  propia,  muj 
propia,  que  conserva  la:  voz  generoso, 
y  de  esta  significación  clásica  jr  pura 
se  olvidaron  los  etimologistas  que  nie- 
gan á  esta  voz  el  sentido  recto.  Asi  es 
que  Virgilio  dice  en  sus  Geórgicas: 
descriplio  equi generosi,  descripción  del 
caballo  generoso;  esto  es,  del  caballo 
de  casta  ^  raza. 

Después  se  aplicó  á  expresar  los  he- 
chos morales  v  actualmente  se  reputa 
sinónima  de  liberalidad. 

^\  liberal  Aa:  el  generoso  sacrifica. 

Liberalidad  quiere  decir  desprendi- 
miento: generosidad,  abnegación. 

La  liberalidad  es  la  virtud  del  trato: 
la  generosidad  es  la  virtud  de  la  con- 
ciencia. 

El  liberal  es  grande  ante  el  mundo: 
ts\  generoso  es  grande  ante  la  moral. 

El  que  da,  se  capta  la  opinión:  el 
que  sacrijica,  halla  la  recompensa  y  la 
confortación  en  su  propio  espíritu. 

Dicho  en  menos  términos:  la  libera- 
lidad es  más  expansiva,  más  social, 
más  humana,  más  estrepitosa. 

La  generosidad  es  más  interior,  más 
mesurada,  más  difícil,  más  fuerte, 
más  espiritual. 

La  hberalidad  es  un  don:  la  genero- 
sidad es  un  heroísmo. 

Liberales(FiBSTAs).Femeninoplu- 
ral.  Historia  antigua.  Fiestas  que  los 
antiguos  romanos  celebraban  anual- 
mente, en  honor  de  Baco  ó  Liber,  el 
16  de  las  kalendas  de  Abril  (17  de 
Marzo),  día  en  que  se  ofrecían  á  aquel 
dios  tortas,  que  fabricaban  en  las  ca- 
lles las  mineres  ancianas,  coronadas 
de  hiedra.  En  el  mismo  día  se  daba  la 
toga  viril  á  tos  jóvenes  que  tenían 
edad  para  recibirla.  (Véase  tooa  vi- 
ril.) 

EtiuolooÍa.  Latín  Líber,  Baco, 
dios  del  vino  v  de  la  Tondimia,  alu- 
diendo á  la  libertad  que  el  vino  en- 
gendra; liberalía,  fiestas  de  Baco. 
(Ovidio.) 

Liberalidad.  Femenino.  Virtud 
moral  que  cousiste  en  distribuir  ge- 
nerosamente sus  bienes  sin  esperar  re- 
compensa alguna.  H  Generosidad, des- 
prendimiento, II  Usase  en  sentido  me- 
tafórico, como  cuando  decimos:  <la 
LIBEBALIDAD  de  un  ingenio 

^riuoLoaÍA.  Liberal:  latín,  UbcriU- 
tas;  italiano,  liberalitá;  francés,  libéra- 
lité;  catalán,  Iliberalilat. 

Liberalisimamente.  Adverbio  de 
modo  superlativo  de  liberalmente. 

EtiicolooU.  LiberalUmaj  el  sufijo 
adverbial  mente. 

Liberalisimo,  ma.  Adjetivo  super- 
lativo de  liberal. 

Liberalismo.  Masculino.  El  orden 
de  ideas  que  profesan  los  partidarios 
del  sistema  liberal.  ||  El  partido  ó  co- 
munión política  que  entre  sí  forman. 

BTiuoLOaÍA.  Liberal:  italiano,  libe- 
ralismo; francés,  liberalisme. 

Liberalizar.  Activo.  Hacer  liberal 
á  alguno. 

ETiuoLOaÍJL.  Liberal:  francés,  libe- 
ratiser. 

Liberalmente.  Adverbio  de  modo. 


Con  liberalidad,  ¡t  Con  expedición, 
presteza  y  brevedad. 

EtiuolooÍa.  Liberal  r  el  sufijo  ad- 
verbial mente:  latín,  Ubyuliter;  italia* 
no,  liberalmente;  francés,  libéraUment; 
catalán,  Iliberalment. 

Liberamente.  Adverbio  de  modo 
anticuado.  Libbbuentb- 

Liberar.  Activo  anticuado.  Liber- 
tar. 

ETiuoLoaÍA.  Latín  liberare,  forma 
verbal  de  Itber,  tib?ra,  /ífi>«m,  libre: 
francés,  lihérer;  italiano,  liberare. 

Liberdad.  Femenino  anticuado. 
Libertad. 

Liberdat.  Femenino  anticuado. 
Libertad. 

Libero,  ra.  Adjetivo  anticuado. 

LlBKB. 

Libérrimo,  ma.  Adjetivo  aaperla- 

tivo  de  Ubre. 

ETiyoLooU.  Zi'jfv:  latín,  Ubfír^ 
mus. 

1.  Libertad.  Femenino.  La  facul- 
tad que  tiene  el  hombre  de  obrar  ó 
no  obrar,  por  la  que  es  dueQo  de  sus 
acciones,  f  El  estado  ó  condición  del 
que  no  es  esclavo.  |  Kl  estado  del  que 
no  está  preso.  Q  La  falta  de  sujeción 

subordinación;  j  así  se  dice  que  á 
os  jóvenes  les  pierde  la  usbetad.  | 
La  facultad  que  se  disfruta  en  las  na- 
ciones bien  gobernadas  de  hacer  j  de- 
cír  cuanto  no  se  oponga  á  las  lejes  ni 
á  las  buenas  costumbres.  ¡1  Prerroga- 
tiva, privilegio,  licencia.  Se  usa  más 
comunmente  en  plural.  ||  El  estado  de 
las  peronas  libres;  y  así  decimos  de 
alguno:  no  se  casa  por  no  perder  su 
LiBBBTAD.  ||  Ls  desenfrenada  contra- 
vención á  las  le^es  ^  buenas  costum- 
bres. En  este  sentido  tiene  también 
uso  en  plural.  Q  Licbncu,  ú  osada 
familiaridad;  y  así  se  dice:  me  tomo 
la  UBBBTAD  de  escribir  esta  carta;  eso 
es  tomarse  demasiada  LiBBBTAn.  Así 
aplicada,  es  siempre  mal  sonante  esta 
palabra  en  plural.  |  La  independen- 
cia de  las  etiquetas;  y  asi  se  dice:  en 
las  cortes  haj  más  libertad  en  el 
trato;  en  los  pueblos  se  pasea  con  li- 
bertad, y  Esfuerzo  y  ánimo  para  ha- 
blar lo  que  conviene  al  propio  estado 
ú  oficio;  y  así  se  dice:  reprendióle  con 
libertad,  i  Desembarazo,  franqueza, 
despejo;  y  así  se  díce:  para  ser  tan 
niña  se  presenta  con  mucha  liber- 
tad. Q  Rescate.  Q  Facilidad,  soltura, 
disposición  natural  para  hacer  a^u- 
na  cosa  con  destreza.  En  este  sentido 
se  dice  de  los  pintores  y  grabadores 
que  tienen  libbbtau  de  pincel  6  de 
buril.  U  DE  couBRCio.  La  facultad  de 
comprar  ó  vender  sin  estorbo  ningu- 
no. |]  DE  CONCIENCIA.  Pcrmíso  de  pro- 
fesar cualquiera  religión,  sin  ser  in- 
quietado por  la  autoridad  púUica.  Q 
Desenfreno  y  desorden  contra  las  bue- 
nas costumbres.  Q  de  cultos.  El  de- 
recho de  practicar  públicamente  los 
actos  de  religión  que  cada  uno  profe- 
sa, n  DEL  BSPÍBiTU.  Domínío  ó  seflo- 
río  del  ánimo  sobre  las  pasiones.  J  db 
lUPBBMTA.  La  facultad  de  imprimir 
cuanto  se  quiera  sin  previa  eensun, 
con  sujeción  á  las  le^es.  |  Apellidas 
LioBBTAD.  Fraae.  Pedir  el  esclaro  in- 

TOMO  lU  U 


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402  LIBE 


LIBE 


LIBI 


justamente  detenido  en  esclavitud, 
que  se  U  declare  por  libre.  [|  Pohbr 

BN  UBBRTAD  DB  Ar.OUNA  OHLIOACIÓN. 

Frase  metafórica.  Eiimir  de  ella.  H 
Sacar  i  libertad  la  novicia.  Frase. 
Examinar  el  juez  eclesiástico  su  to- 
luatad  á  solas  y  en  paraje  donde  sin 
dar  nota  pueda  libremente  salirse  del 
convento. 

Etimología.  Libre:  latín,  Uherta», 
tibertStit;  italiano,  liberta;  francés, 
liberté;  catalán,  Ilibertat;  portugués, 
liherdade;  provenzal,  liberíat. 

Sinonimia.  Libertad,  libertinaje.  La 
libertad  es  una  altísima  prerrogativa 
del  ser  político,  moral  é  inteligente: 
el  libertinaje  es  una  abyección. 

La  Uberíad  es  un  sistema:  el  liber- 
tinaje un  abuso. 

La  libertad  es  un  apóstol:  el  liber- 
tinaje un  bandido, 

Ía  Ubertaá  es  lo  contrario  del  liber- 
tinaje, porque  la  libertad  es  libre  y  el 
libertinaje  es  esclaro. 

2.  Libertad.  Femenino.  Politeís- 
mo romano.  Divinidad  alegórica  de  los 
romanos,  hija  de  Júpiter  y  Juno.  Sus 
atributos  son  el  gorro  frigio,  el  cetro 
y  el  yugo  roto.  El  padre  de  los  Gra- 
cos  fué  el  primero  que  la  elevó  un 
templo,  que  fué  devorado  por  un  in- 
cendio. 

3.  Libertad  (Xbbolbs  de  la).  Hit- 
torta.  Arboles  que,  durante  los  pri- 
maros años  de  la  revolución  francesa, 
se  plantaban  en  todos  los  municipios 
(communes como  símbolos  de  la  li- 
bbrtad.  JEsta  idea  nació  de  los  llama- 
dos antiguamente  árbolft  de  Mago  ó 
simplemente  mayos.  [Véase  Mayo  (Áb- 
BOLBS  db).]  Los  primeros  se  plan- 
taron el  año  1792,  en  Lille,  Auxerre 
y  en  otros  muchos  lugares.  En  su 
mayor  parte  eran  árboles  sin  raíces, 

Sero  muy  altos;  es  decir,  una  especie 
e  mástiles.  Algunas  ciudades  del 
Mediodía  los  tenían  en  casi  todas  las 
calles  y  delante  de  muchas  casas.  Un 
escritor  de  aquella  época  dice  que 
en  1794  había  en  Francia  más  de 

60.000  ¿BB0LB8  DB  LA  LIBBRTAD.  Por 

un  decreto  de  la  Convención  de  3  Plu- 
vioso, año  II  (23  de  Enero  de  1794), 
se  ordenó  que  en  todas  las  communes 
se  plantase  uno  de  dichos  árboles  sin 
raíces,  j  se  confió  su  conservación  & 
todos  los  buenos  ciudadanos.  La  es- 
pecie de  árbol  habitualmente  escogi- 
da fué  el  peujilier,  ó  sea  el  álamo,  que 
los  campesinos  franceses  llamaban 
peuple,  nombre  formado  de  populus^ 
que  en  latín  significa  pueblo  y  álamo; 
interpretación  que  basta  para  com- 
prender que  se  le  dió  esa  preferencia 
por  los  demócratas.  La  plantación  de 

ARB0LB3  DB  LA  LIBERTAD  á  la  pUCrtS 

de  todos  los  comités  militares  y  civi- 
les de  Paria  fué  el  pretexto  de  que  los 
revolucionarios  se  valieron,  en  1793, 
para  el  movimiento  popular  que  aca- 
bó por  la  fitmosa  jomada  de  20  de  Ju- 
nio. Bajo  el  primer  imperio,  los  árbo- 
les DB  LA  LIBBRTAD  lueion  descuí- 
dados  ó  cortados.  Bn  la  revolución 
de  1848  reaparecieron,  siendo  un  me- 
dio de  agitación,  y  llegando  en  París 
£  una  cantidad  casi  innumerable.  Fre* 


cuentemente  se  invitaba  al  clero  para 
que  los  bendijese.  Cuando  el  Gobier- 
no cesó  de  ser  puramente  demagógico, 
sirvieron  de  pretexto  para  desordenes 
públicos,  y  fueron  derribados. 

LibertadaLmente.  Adverbio  de  mo- 
do. Con  libertad,  con  descaro  y  des- 
enfreno. 

BriuoLoofA.  Libertada  j  el  sufijo 
adverbial  mente. 

Libertado,  da.  Adjetivo.  Osado, 
atrevido.  ||  Libre,  sin  sujeción.  |  An- 
ticuado. Desocupado,  ocioso. 

Etimología.  Libertar:  latín,  tibera- 
tus;  francés,  libere';  italiano,  libéralo; 
catalán,  Ilibertat,  da. 

Libertador,  ra.  Masculino  y  fe- 
menino. El  que  liberta. 

Etimología.  Libertar:  latín,  tibrra- 
tor;  italiano,  liberatore;  francés,  Ubé- 
rateur;  catalán,  líibertador,  a. 

Libertar.  Activo.  Poner  á  alguno 
en  libertad,  sacarle  de  esclavitud  y 
sujeción.  Se  usa  también  como  recí- 
proco, y  Eximir  á  alguno  de  alguna 
obligación,  sujeción  ó  deuda.  \  prb- 
sbkvab;  y  así  se  dice  de  un  reo:  el 
abogado  le  ha  lidbutado  de  la  horca 
ó  del  presidio. 

Etimolooía.  Liberar:  catalán,  lli- 
beriar. 

Liberticida.  Adjetivo.  Destructor 
de  la  libertad,  como  cuando  se  dice: 
planes  liberticidas. 

BtiuolooÍa.  Latín  Ubiríaij  esdere, 
matar:  francés,  liberticide. 

Libertina.  Adjetivo  femenino.  Mi- 
tología. Sobrenombre  de  Venus,  como 
diosa  de  los  caprichos  libres. 

Btimolgoía.  Libertino. 

Libertin^e.  Masculino.  Desenfre- 
no en  las  obras  y  en  las  palabras.  |  La 
falta  de  respeto  á  la  religión. 

ETUfOLoaÍA.  Libertino:  catalán,  Ui- 
bertmaíye;  francés,  Uberíinaye;  italia- 
no, liberlinagyio. 

Moralde  la  familia.— ^\  libbrtina- 
JB  nos  hace  esclavos  de  nosotros  mis- 
mos. Por  consiguiente,  es  lo  contrario 
de  la  verdadera  libertad.  Apuradas  es- 
tas ideas,  hallaremos  que  la  libertad 
no  significa  nada  sin  la  virtud  que 
nos  hace  inmunes,  lo  cual  quiere  de- 
cir que  nos  hace  libres. 

Libertinamente.  Adverbio  de  mo- 
do. Con  libertinaje. 

Etuiolooía.  Libertina  j  el  sufijo 
adverbial  mente. 

Libertinear.  Neutro  familiar.  En- 
tregarse al  libertinaje.  Q  Echarla  de 
libertino. 

Libertino,  na.  Adjetivo  que  se 
aplica  á  la  persona  entregada  al  liber- 
tinaje. |]  Masculino  y  femenino.  El 
hijo  de  liberto,  y  máüs  firecuentemente 
el  mismo  liberto  con  respecto  ú  su  es- 
tado, como  opuesto  al  del  ingenuo. 

BtimolooIa.  Latín  libereínuSf  el  en- 
clavo á  quien  se  daba  la  libertad:  ca- 
talán, Uiberti,  na;  francés,  Uberíin;iU^ 
liano,  tiberíino. 

1.  Entre  los  latinos,  la  voz  del  ar- 
tículo era  sinónima  de  liberto. 

2.  Entre  los  cristianos  de  hoy,  el 
libertino  es  el  esclavo .  b  íjo  de  un  hom- 
bre libre;  así  como  allí  era  hombre  li- 
bre, hijo  de  un  esclavo* 


3.  El  tiberíino  de  nuestros  días  es 
el  esclavo  del  libertinaje,  como  ei  vir- 
tuoso, aunque  sea  esclavo,  es  el  hom- 
bre libre  de  la  virtud. 

Sinonimia.  Libertino,  vicioso. — El  /»- 
¿«r/iM  se  entrega  con  libertad  á  los 
placeres  de  los  sentidos:  peca  propia- 
mente contra  las  buenas  costumbres, 
y  la  pasión  que  le  domina  le  hace 
despreciar  la  decencia  sin  temor  de  la 
publicidad. 

El  vicioso  puede  no  tener  más  qua 
un  solo  vicio,  y  ocultarlo  toda  su 
vida,  ó  por  mucho  tiempo.  Por  consi- 
guiente, es  menos  malo  que  el  liber- 
tino. (Conde  de  la  Cortína.) 

Liberto,  ta.  Masculino  y  femeni- 
no. Derecho  romano.  Bl  esclavo  á  quien 
se  ha  dado  libertad,  respecto  de  su 
patrono. 

Etimología.  Libre:  latín,  libértus; 
italiano,  liberto;  catalán,  Ilibert. 

Sinonimia.  Libertns  se  diferencia  da 
tiberíinns  en  que  éste  se  dice  con  re- 
lación á  la  condición  6  Cualidad  del 
liberto,  y  ttbirtus  con  relación  al  due- 
ño que  concede  la  libertad.  (Db  Mi- 
guel Y  Morante.) 

Liberum  veto.  Historia.  Palabras 
latinas,  que  componían  la  fórmula 
usada  en  la  antigua  Constitución  de 
Polonia  para  expresar  el  derecho  que 
tenía  cada  nuncio  ó  diputado  de  la 
nobleza  á  oponerse  a  una  resolución 
de  la  Dieta  y,  por  el  mismo  hecho, 
anularla. 

Btimoloqía.  Liberum  viU>. 

láfaetra.  ^Femenino.  Mitología. 
Nombre  de  la  fuente  Magnesia,  in- 
mediata al  monte  Helicón,  en  Beoeia. 
Las  musas,  á  quienes  esta^  consa- 
grada, se  llamaron  por  esta  razón  li~ 
bétridas. 

BtxmoloqÍa.  Griego  AE(67)0pa  (Lei^ 
beíhra):  latín.  Libelara.  (Plinio.) 

Libétridas.  Femenino  plural.  Mi- 
tología. Sobrenombre  de  las  musas. 

BTUfOLOOfa,.  Liietra:  latín,  ttbetkrt- 
des, 

KJbia.  Femenino.  ffeograJU.  Gran 
país  de  Africa,  célebre  por  su  desier- 
to. J  El  Africa  toda.  (Plinio.) 

Éeseña  ^e^rá^ca  é  kistórica. — La 
Libia  marítima  comprendía  parte  de 
las  costas  que  se  extienden  por  el  Ue- 
diterrineo,  entre  el  Egipto  y  la  Sirte 
mayor,  hasta  los  arenosos  desiertos 
que  se  encuentran  al  Sur,  en  los  cua- 
les hay  algunos  oasis;  contenía  ade- 
más los  países  conocidos  en  la  histo- 
ria con  los  nombres  de  Cirenaica,  al 
Oeste,  y  Marmárica,  al  Este.  La  parte 
oriental  de  esta  última  estuvo  en 
tiempo  de  Ptolomeo  aneja  al  Egipto, 
bajo  el  nombre  de  Nomus  Ltgycns. 
La  Marmárica  contenía  muchos  pue- 
blos, nómadas  en  su  ma^or  parte,  ^ue 
ocupaban  las  islas  ú  oasis  del  desier- 
to. A  este  número  pertenecían  los 
hamonienSi  que  habitaban  el  oasis  de 
Sinah  i  los  29*  15'  latitud  Norte  y 
30*  Hf  longitud  Este;  oasis  en  que 
existía  un  templo  y  un  oráculo  muy 
célebres,  consultados  por  Alejandro 
Magno.  Las  distancias  que  cuentan 
los  modernos  árabes  desde  este  sitio 
i  Alejandría,  es  de  catorce  jornadas. 


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LIBI 


LIBI 


LIBI  403 


La  major  j  casi  única  riqueza  do  sus 
habitantes  consiste  en  los  dátiles  que 
produce  el  país.  Cerca  del  mar  esta- 
ba el  pueblo  Uamado  Aáyrmachides 
por  HerodotOt  y  Adyrmachites  por 
Ptolomeo.  El  país  que  habitaban,  se 
llamaba  propiamente  Nomut  Li&jfcus 
6  Libia,  tri^a,  á  causa  de  estar  ocu- 
pada toda  la  costa  por  reducidas  co- 
lonias griegas,  al  través  de  las  cuales 
■e  distinguía  la  ciudad  de  Pareeío- 
«iiun;  hoy  día,  Ál-Barethoun.  A  Oes- 
te de  la  Marmárica,  j  al  Este  de  la 
verdadera  Africa,  estaba  Cirenaica, 
provincia  que  tomó  el  nombre  de  su 
capital,  edificada  en  una  altura  j 
próxima  al  mar.  La  seg-unda  capital 
de  Cirenaica  era  Apolonia-,  llamada 
después  Sosuía.  Estas  dos  ciudades, 
con  otras  tres  principales,  formaban 
una  confederación,  llamada  Peníápo- 
liSf  Tox  que  significa  cinco  ciudades; 
áepenía,  cinco,  y  ;)0¿W|  ciudad.  Las 
tres  cajos  nombres  no  hemos  mencio- 
nado, eran:  Ptolomaity  hoj,  Tolome- 
ta;  Árñnoe,  hojr,  Te-a\Mn,j  JBereniee, 
antes  Ifesperigt  j  hoj.  Bernia.  En  los 
alrededores  de  esta  coofederación  co- 
locaron los  antiguos  el  jardín  de  las 
Hespérides.  Había  otra  ciudad  llamada 
Barce,  que  dió  su  nombre  al  desierto 
de  sus  cercanías.  En  la  parte  occi- 
dental de  la  Cirenaica,  al  Mediodía 
de  la  Sirte,  empezaba  Africa  carta- 
ginense en  el  sitio  Uamado  Altar  de 
m  Filenos,  por  los  hermanos  Filenos, 
cartagineses,  que  consintieron  en  de- 
jarse enterrar  vivos  á  fin  de  dilatar  el 
territorio  de  su  patria.  Había  en  el 
interior  de  la  Cirenaica  muchísimos 
pueblos;  entre  otros,  los  nasamones» 
poderosa  nación  que  se  extendía  des- 
de las  orillas  del  mar  hasta  un  oasis 
llamado  Angila,  cajo  nombre  ha  con- 
servado. Casi  en  toda  laCircnaica  cre- 
cía una  planta  llamada  tilphium,  que 
producíaunazúcarparecidoal  de  caña, 
vendido  á  peso  de  oro  en  el  imperio  ro- 
mano. Bn  el  mismo  país  habitaban,  se- 
gún alg^unos  autores,  los  loUifagos,  ó 
gentes  que  comea  lotw,  frutodeun  ár- 
bol espinoso,  especie  de  baja  ó  fariná- 
cea del  temaño  de  una  aceituna.  La  Li- 
BU  interior  estaba  situada  propiamen- 
te al  Sur  j  al  Oeste  de  la  Cirenaica.  Al 
Mediodía  de  las  dos  Sirtes,  habita- 
ban los  garamantoíy  pueblo  entre  nó- 
mada j  agricultor,  cuja  ciudad  esta- 
ba situada  á  la  entrada  del  Fezzán,  j 
se  llamaba  Garama;  hoj,  Qherma,  La 
parte  del  territorio  llamada  propia  y 
especialmente  Africa,  á  la  cual  se 
jnntaban  las  dos  Libias,  de  que  he- 
mos hablado  ja,  se  extendía  (según 
Ptolomeo)  desde  el  A  liar  de  los  File- 
nos, límite  occidental  de  la  Cirenai- 
ca, hasta  el  río  Ampsa^as,  que  des- 
emboca en  el  mar  interior.  Otros  geó- 
grafos menosantiguos restringen  esta 

Sorción  del  Africa,  limitándola  del 
leste  al  río  Rubricatus,  que  desembo- 
ca cerca  de  Hippo-Regius,  límite  occi- 
dental de  la  región  de  Túnez,  así 
como  el  A  ttar  de  los  Filenos  es  el  ltmi> 
te  oriental  de  la  regencia  de  Trípoli. 
En  la  extensión  de  ambas  costas  es- 
tán, por  lo  tanto,  comprendidas  las 


dos  Sirtes.  Cerca  del  A  liar  de  los  File- 
nos, situado  casi  en  el  fondo  de  la 
Sirte  major,  vivían  los  maca,  pueblo 
libio,  nómada,  tal  vez  el  mismo  que 
Ptolomeo  designa  con  el  nombre  de 
Syrtiies.  Al  Oeste  estaban  los  lotófa- 
gos,  de  que  ja  hemos  hablado.  Habi- 
taban en  su  territorio  muchas  colo- 
nias fenicias,  tres  de  las  cuales  habían 
formado  una  confoderación  llamada, 
por  el  número,  Tripolitanis,  Estas 
ciudades  eran:  Zepta  magna,  boj,  Le~ 
bida;  Vea,  hoj,  Trípoli,  y  Sabrata, 
hoj,  Sobral  ó  antiguo  Trípoli.  La 
primera,  edificada  por  los  fenicios  de 
Sidón,  pasó  á  ser  colonia  romana  j 
vio  nacer  en  su  recinto  al  emperador 
Septimio  Severo.  Al  Sud  de  la  Sirte 
menor,  estaba  la  isla  Menix  ó  Loto/a- 
gites, j  también  Girba,  conocida  hoj 
por  Zerbi,  patria  del  emperador  Tri- 
Donio-Galo.  En  el  fondo  de  la  expre- 
sada Sirte  estaba  el  pueblo  de  los 
machólos,  nación  libia  que  habitaba 
las  cercanías  del  lago  Tritonis;  hoj, 
Bl-Ln-Deha  6  Famm,  cuja  parte  me- 
ridional se  llamaba  Libta  Palns.  Dí- 
cese  que  vivían  en  su  alrededor  va- 
rias colonias  griegas.  Al  Norte  de 
este  lago  estaban  los  maxios,  preten- 
didos descendientes  de  los  trojanos. 
En  el  fondo  de  la  Sirte  estaba  la  ciu- 
dad de  Tacapa;  hoj,  Qabes,  cerca  de 
la  cual  coman  las  aguas  calientes, 
llamadas  por  los  romanos  aqne  lacopi- 
na,  j  hov.  El  ffamma.  Venía  al  Oes- 
te la  ciudad  de  Bitacena,  que  después 
se  llamó  Emporio,  plural  del  nombre 
latino  «swortim,  bazar,  feria  ó  mer- 
cado público.  Adquirió  este  nombre 
por  el  número  de  sus  puertos,  desti- 
nados en  su  major  parte  al  comercio 
de  granos.  La  capital  de  esta  provin- 
cia era  ffadrumeíus  ( Snsa ),  colonia  fe- 
nicia. Las  demás  ciudades  principa- 
les eran:  Bgzacium  ó  B^zacina,  hoj, 
Begkus;  ffena,  hoj,  Tamek,  que  fué 
tomada  por  César;  Taphrura,  hoy, 
S/akes;  Tgsdrus  6  Tisidium,  )ioy  ,  El- 
Jem;  Tnrris  HannibaUsg  refugio  del 
grande  Aníbal  cuando  se  retiraba  al 
Asia;  TapsM  (Decusas),  plaza  fuerte, 
j  Leptis  minor,  hoj  Lemtu,  colonia 
fenicia.  Más  abajo  de  Bizacena,  estaba 
la  Zeugitania,  la  provincia  más  sep- 
tentrional del  Africa,  propiamente 
dicha,  cuja  capital  era  Cartago;  en  la 
cual  se  tocaba  viniendo  do  Sicilia. 
Esta  ciudad,  cuja  fundación  se  atrí- 
buje,  sin  ningún  dato  histórico,  á 
Dido;  reina  de  Tiro,  estaba  situada 
en  una  península  en  el  golfo  de  Tú- 
nez j  tenía  dos  puertos,  cegados  en  el 
día.  Habiendo  sido  mucho  tiempo  ri- 
val de  Roma,  fué  arrasada  por  Esci- 
pión  Emiliano,  146  años  antes  de  Je- 
sucristo, j  reedificada  en  el  siglo  si- 
guiente por  el  emperador  Augusto, 
fué  residencia  de  un  procónsul.  Los 
árabes  volvieron  á  destruirla  á  fines 
del  si^lo  XVI.  Había  sido  patria  de 
Terencio,  escritor  cómico  latino,  j 
enriquecióse  con  sus  ruinas  Túnez, 
capital  del  reino  del  mismo  nombre. 
Al  Este  de  Cartago,  estaba  el  pro- 
montorio Mermwnum;  hoj,  RaS'Addor 
6  Cabo  Bueno;  al  Mediodía  de  esta 


2i' 


promontorio,  la  ciudad  de  Atpis  Ó 
Clypea,  hoj,  Aklibia,  cerca  de  la  cual 
el  cónsul  M.  Valerio  derrotó  á  los  car- 
tagineses; un  poco  más  hacia  el  Sud, 
Neápolis,  hoj  Mahmour.  Al, Norte  de 
la  misma  Cartago,  estaba  Úíico,  ciu- 
dad más  antigua  que  aquélla  j  testi- 
go de  la  muerte  de  Catón,  por  lo  cual 
se  suele  llamar  á  éste  Caídn  de  Útiea. 
Más  hacia  e!  Norte,  estaba  Zaryios  ó 
Hippo-Zarytos;  hoy,  Biserta.  Entre 
Utica  j  Cartago,  desembocaba  en  el 
mar  el  río  Bí^radas  (Mierda);  había 
hacia  lo  alto  ciudades  de  alguna  im- 
portancia, como  Tahnrbo  j  otras. 
Más  adelante,  hacia  el  interior,  esta- 
ba Zama  regia,  que  presenció  la  famo- 
sa batalla  entre  Aníbal  j  Escipióu. 
Estos  países  se  encuentran  al  Este 
del  que  se  llama  propiamente  í\^k- 
midia. 

ETiHOLoaÍA.  Latín  Libya. 
Líbico,  ca.  Adjetivo.  "Lo  que  per- 
tenece á  la  Libia. 

EruioLoafa.  lÁbia:  latín,  Ubyeus: 
uBYCA/era,  el  león,  en  Ovidio:  ubtci 
crines,  cabellos  de  africano,  esto  es, 
cabellos  cresposos;  libycus  dens,  el 
marfil;  ubycus  orhis,  mesa  redonda 
hecha  de  limonero,  en  Marcial;  liby- 
cus Júpiter,  Júpiter  Ammón;  li&yca 
palcestra,  lucha  de  Hércules  combati- 
dor, en  Estacio;  libycuu  (mare),  el 
mar  de  Africa,  en  Virgilio. 
Libicoáfrico.  Femenino.  «Viento 
ue  viene  de  la  parte  donde  se  pone 
'  sol  al  tiempo  del  solsticio  hiemal, 
según  la  disposición  de  U  rosa  náuti- 
ca que  hicieron  los  antiguos,  reparti- 
da en  doce  vientos.»  (Acadbmu,  Die- 
eionarioJe  i726.) 
BtiholooÍa.  Líbico  j  áfrico. 
Líbiconoto  ó  Libonoto.  Femeni- 
no. «Viento  que  viene  de  la  parte  in- 
termedia entre  el  Mediodía  v  Ponien- 
te hiemal.»  (Acadsmu,  Jjiccionario 
de  1726.  J 
ETuiOLoaÍA.  Líbico  j  noto. 
Libídine.  Femenino.  Lujuria,  las- 
civia. 

Etiholooía.  Libidinoso:  latín,  Ubi- 
dine,  ablativo  de  lUido. 

LibidinioBO,  aa.  Adjetivo  anticua- 
do. Libidinoso. 

Libidinosamente.  Adverbio  mo- 
dal. De  un  modo  libidinoso. 

EriMOLOofA.  Libidinosa  j  el  sufijo 
adverbial  mente:  latín,  ttbídtnosi,  se- 
gún su  capricho;  italiano,  libidinosa- 
meníe. 

Libidinosis.  Femenino.  Propen- 
sión á  la  lujuria. 

ETiuoLoaÍA.  Libidinoso. 

Libidinoso,  sa.  Adjetivo.  Luju- 
rioso, lascivo. 

Etiuolcoía.  Latín  líSHíiUina,  dado 
á  los  placeres  sensuales;  forma  adje- 
tiva de  Ubxdo,  antojo;  de  lübet,  lUet, 
agradar,  cuja  etimología  es  incierta. 

(Da  MiOUBL  J  MORAHTB.) 

1.  El  latín  Ubet,  es  seguramente  el 
griego  XCircu  (lipib),  apetecer,  desear; 
AsXttJ^voc  (lelimménos),  que  es  el  par- 
ticipio perfecto  pasivo,  deseoso,  apa- 
sionado, equivalente  ai  latín  ^iMtno- 
sus. 

I    2.  La  fbrma  latina  lübet  represen- 


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4Úá 


LIBR 


ta  literalmenta  el  sánscrito  Xn*T 

o  ^■ 

(Uhh),  desear,  amar;  lauhhat,  deseo, 
amor;  lauhhiftt  que  desea,  equivalente 
al  latía  IHens,  que  tiene  el  mismo 
significado. 

3.  Bsta  raíz  explica  el  alemán  lie- 
ben,  amar;  godo,  liMbt,  amor;  inglés, 
lohing,  amante;  lituanio,  Migas;  ale- 
mán, iiehend;  ruso,  Umboimyi. 

4.  Es  admirable  la  exactitud  con 
que  se  ha  conservado  la  forma  radical 
en  todas  las  voces  (lerivadas. 

Derivación. — Sánscrito  l%hh,  desear; 
ffriego  Xitcaa  (lipto)^  apetecer;  latín, 
abet,  lUbeí,  se  quiere,  se  desea;  lUldot 
antojo,  deseo,  pasión;  USUPíndtttt,  que 
hace  su  gusto  6  sigue  su  capricho; 
italiano,  libidinoso;  francés,  libidineux. 

Libio,  bia.  Adjetivo.  £1  natural 
de  la  Libia  jr  lo  que  pertenece  á  esta 
región. 

ETiicoLoaÍA.  Latín  Ubys  (Marcial); 
Ubyssa,  la  mujer  de  Libia.  (Catón.) 

Libitina.  vemtmno.  Mitología.  Di- 
vinidad que  presidía  á  los  funerales 
j  que  es  la  misma  que  Proserpina. 
Algunos  mitólogos  creen  que  era  Ve- 
nus V  que  presidía  á  la  muerte  de  los 
hombres,  lo  mismo  que  i  su  naci- 
miento. (Véase  Peoserpiha.)  Bn  su 
templo  86  vendían  j  alquilalnn  todos 
los  objetos  necesarios  para  los  funera- 
les, ^  se  llevaba  un  registro  de  de- 
funciones.— La  voz  del  artículo  sig- 
nifica también  el  féretro  6  la  pira;  la 
muerte;  el  oficio  de  los  enterradores, 
7  el  de  los  que  alquilaban  y  vendían 
toda  clase  de  objetos  fúnebres. 

Etiuoloola.  Latín  LÚ^Onat  forma 
de  líbei,  libere,  agradar. 

Libitinaríos.  Masculino  plural. 
Historia  antigua.  Nombre  que  los  an- 
tiguos romanos  daban  i  los  que  al- 
quilaban jr  vendían  los  muebles  nece- 
sarios para  los  entierros,  j  proporcio- 
naban  embalsa  madores  para  preparar 
los  cadáveres  á  fin  de  que  se  conser- 
vasen hasta  el  día  de  los  funerales. 
Tenían  en  Roma  su  administración 
en  el  templo  de  ¿«¿tWfia  ó  Proserpina. 

ErUiOLOafA.  Latín  Uhí^ttíiríi,  con 
el  mismo  significado,  en  Séneca,  de 
Libitina,  Proserpina,  diosa  de  los  fu- 
nerales: francés,  libitinairet. 

Libitinense  (puerta).  Antigüeda- 
des. Puerta  del  anfiteatro  por  donde  se 
sacaban  los  cuerpos  de  los  gladiadores 
heridos  ó  muertos  en  los  combates. 

EtiuolooÍa.  Latín  ueiTiHBNSispor- 
ta,  ea  Lampridio. 

Libitum  (ad).  Locución  latina  que 
se  usa  en  castellano  como  adverbio  y 
significa  lo  mismo  que  al  arbitrio  de 
cada  uno. 

BtuiolooÍa.  Preposición  de  acusa- 
tivo ad,  i,  j  Rbítim,  voluntad,  gusto, 
pasión,  capricho:  fírancés,  ad  Itbitum; 
italiano,  Hbito;  «á  voluntad.» 

Libra.  Femenino.  Peso  que  comun- 
mente consta  de  diez  j  seis  onzas, aun- 
que este  número  varía  según  el  uso  de 
varias  provincias.  ||  Especie  de  mone- 
da imagiuaria,  cujo  valor  varia  en 
distintos  reinos  y  provincias.  En  los 
molinos  de  aceite,  peso  que,  colocado 
al  extremo  de  la  viga,  sirve  para  opri- 


LIBR 

mirla  pasta.  |  El  séptimo  signo  del 
zodíaco  y  primero  de  los  australes, 
que  corresponde  al  mes  de  Septiem- 
bre. O  Medida  de  capacidad  que  con- 
tiene una,  libra  de  algún  liquido.  Q 
BSTKRM.VA.  Moneda  iuglesa  de  oro, 
que  viene  á  valer  unos  cíen  reales,  y 
CARNICERA.  La  que  consta  de  treinta 

Íseis  onzas,  aunque  suele  ser  varia  en 
iversas  provincias,  (j  hbdicimal.  La 
que  se  usa  en  las  boticas,  j  consta  de 
solas  doce  onzas,  á  diferencia  de  la 
común  de  diez  j  seis  onzas,  que  lla- 
man PONDBkAI.. 

EtiuologU.  Griego  Xítpa  (litra): 
latín,  Rbra;  lujo  latín,  ¿iVro,  medida 
para  líquidos;  francés,  liwe^  ortogra- 
fía incorrecta;  catalán,  lliwra. — Libra, 
Del  griego  litra,  lo  mismo  que  litro. 
Los  romanos  tenían  una  libra  ponde- 
ral, que  pesaba  doce  onzas,  j  una  li- 
bra monetaria,  llamada  Át,  a$is,  pie- 
za de  cobre  que  pesaba  también  doce 
onzas.  (MoNLAU.) 

Libración. Femenino.  Püica.  El 
movimiento  que  hace  un  cuerpo  sobre 
su  centro  hasta  quedar  en  equilibrio. 

Ji  Áttronomia.  Movimiento  en  virtud 
el  cual  la  luna  oculta  y  descubre  al- 
ternativamente á  nuestros  ojos  parto 
de  su  superficie. 

EtiuolooÍa.  Latín  tUbrü^,  la  ac- 
ción de  nivelar,  forma  sustantiva  abs- 
tracta de  A^Siv,  poner  &  nivel,  forma 
verbal  de  Uhra,  liora:  italiano,  libra- 
tiene;  francés,  libration. 

Libraco.  Masculino.  Libro  despre- 
ciable. 

ETUiOLoaÍA.  Libro:  italiano,  librae- 

cio. 

Libracho.  Masculino.  Libraco. 

Librado,  da.  Adjetivo  anticuado. 
Suelto  en  el  aire,  y  Anticuado.  Aca- 
bado, perdido. 

EtiuolooÍa.  Libración. 

Librador,  ra.  Masculino  j  feme- 
nino. Bl  que  libra.  Q  En  las  caballe- 
rizas del  rey  es  el  que  cuida  de  las 

firovisiones  para  el  ganado,  j  da  todo 
o  que  es  necesario  para  su  curación. 
I  Hedida  da  cobre  ó  hierro ,  con  un 
borde  al  rededor,  que  se  va  angostan- 
do hacia  la  boca,  y  sirve  para  sacar  y 
poner  en  el  peso  las  legumbres  secas. 
P  Anticuado.  Libertador. 

Etuiolooía.  Librar:  catalán,  Uiura- 
dor,  a. 

Libramiento.  Masculino.  El  acto 

Í'  efecto  de  librar  á  otro  de  algún  pe- 
ibro.  I  Administración.  La  orden  que 
se  da  por  escrito  para  que  el  tesorero, 
mayordomo,  etc.,  pague  alguna  can- 
tidad de  dinero  ú  otro  género. 

EnuoLOofA.  ¿t¿rar:  catalán,  ¿íiitra- 
tnent. 

Librancista.  Masculino.  Bl  que 
tiene  libranzas  ¿  su  &Tor. 

EriiioLoaía.  Libranza, — «Se  llama 
también  el  oficial  que  en  las  secreta- 
rías hace  las  libranzas.»  (Acadbuia, 
Diccionario  de  1726.) 

Librante.  Participio  activo  de  li- 
brar. £1  que  libra. 

Libranza.  Femeuino.  La  orden  de 
pago  que  se  da,  ordinariamente  por 
carta,  contra  aquel  que  tiene  fondos 
ó  valores  del  que  la  expide.  ||  Auti- 


LIBR 

cuado.  Libración  ó  libertad.  ¡  Cor- 
tar LAS  LtBKANZAS.  Frase.  Embarazar 
y  suspender  á  los  hombres  de  nego- 
cios el  que  cobren  las  sumas  ó  mesa- 
das que  se  les  hayan  asignado  para 
irse  haciendo  pago  de  sus  créditos. 

EtiuolooÍa.  Librar:  catalán,  Ui~ 
brama. 

Librar.  Activo.  Sacar  ó  preservar 

á  otro  de  algún  trabajo,  mal  6  peli- 
gro, g  Usase  también  como  recipro- 
co. [|  Comercio.  Girar  ó  expedir  letras, 
cartas  de  crédito,  ú  otras  órdenes  de 
pago  á  cargo  de  otros,  sobre  fondos 
delque  libra.  |  Antepuesto  el  verbo  i 
un  sustantÍTo,  es  dar  6  expedir  lo  que 
significa  el  término  de  la  acción  del 
verbo;  y  así  se  dice:  librar  sentencia, 
real  provisión,  decretos,  cartas  de  pa- 
go, batalla,  etc.  fl  Neutro.  Salir  la  reli- 
giosa á  hablar  al  locutorio  ó  á  la  red. 
|j  Recíproco.  Cirugía.  Echar  la  placen- 
ta la  mujer  que  está  de  parto,  Li- 
brar BIEN  ó  UAL.  Frase,  balir  feliz  ó 
infelizmente  de  algún  lance  ó  nego- 
cio. Q  A  BIEN  ó  BUBN  LIBRAR.  LOCÚ- 

ción.  Lo  meaos  mal  que  puede,  podrá 
ó  pudo  suceder.  (  Librar  sn  persona 

ó  COSA  LA  CONFIANZA,  LA  ESPERANZA, 

etcétera.  Ponerlas  ó  fundarlas  en  ellas. 

EtiuolooÍa.  Provenzal  ¿tarar,  Ueu- 
rar,  Uvrar:  catalán,  Uiwrar,  Uvrar; 
francés,  Uvrer;  italiano,  librare,  del 
latín  ÜbtrSre,  libertar. 

1.  La  idea  moderna  se  deduce  na- 
turalmente de  la  significación  etimo- 
lógica: enviar  una  cosa,  no  detenerla, 
dejarla  partir,  franquearla,  darla  libre 
paso,  son  ideas  análogas.  (Schbllbb.) 

2.  Ciertamente,  el  latín  Uberare, 
usado  en  el  sentido  de  entregar,  si- 
métrico de  remitir,  se  encuentra  eu 
los  Capitulares  de  Carlos  el  Calvo. 

Sinonimia.  Librar,  libertar. —  Li- 
brar se  refiere  á  la  conservación  de  la 
libertad  ó  de  la  legnrídád,  que  no  se 
han  perdido. 

Libertar  se  refiere  al  recobro  de  la 
seguridad  6  de  la  libertad  que  se  per- 
dieron. 

Esto  miimo  valor  coniemn  ambas 
voces  en  las  aplicaciones  que  hacemos 
de  ellos  en  el  lenguaje  familiar. 

Cuando  tememos  alg^,  decimos: 
*\)io%  no9  libre,*  y  no  «nos  liberte;» 
en  la  oración  del  Padre  nuestro,  deci- 
mos también:  «líbranos  de  mal,»  y  no 
€tÍbéríanos,>  porque  en  uno  y  otro 
caso,  el  mal  que  tomemos,  aun  no  ha 
llegado. 

Al  contrario,  hablando,  verbigra- 
cia, de  un  empleo  incómodo,  6  de  un 
gravamen  cualquiera,  se  dice  comun- 
mente: «quiero  libertarme  de  esta  car- 
ga,» y  no  librarme. 

Un  reo  que  hubiese  logrado  evadir- 
se de  la  prisión  en  que  estaba,  podría 
decir  con  toda  propiedad:  «aunque  me 
he  libertado,  no  por  eso  me  he  librado 
de  todo  peligro.» 

Aquel  á  quien  no  le  sucedió  lo  que 
temía,  no  queda  libertado,  sino  liare. 

El  que  salió  del  trabajo  ó  del  mal 
estado  ea  que  se  hallaba,  queda  igual- 
mente libre,  pero  porque  fiié  libertado. 

De  aquí  viene  el  uso  de  llamarse  li- 
branza ó  libramiento  (y  no  libertamien' 


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LIBR 


LIBR 


LIBR  405 


to)  i\íí  orden  de  pago  que  se  da  por 
escrito,  con  ciertas  condiciones;  por- 

3ue  esta  orden  libra  al  que  la  tiene 
el  riesgo  de  perder  el  dinero  que 
debe  pagarse;  j  al  que  la  da,  del  com- 
promiso ú  obligación  en  que  queda- 
na  en  caso  contrarío;  (Conde  de  la. 

CORTIHA.) 

Libratorio.  Masculino.  Locutorio, 
en  los  eoDTentos  de  monjas. 

Librazo.  Masculino  aumenUtivo 
da  libro.  |  Golpe  dado  con  un  libro. 

Libre.  Adjetivo.  El  que  tiene  fa- 
cultad para  obrar  ó  no  obrar.  |]  El  que 
no  es  esclavo.  Q  El  que  no  está  preso. 
I  Licencioso,  insubordinado.  [  Atre- 
vido, desenfrenado,  j  así  se  dice:  es 
mnj  LIBRE  en  hablar.  Q  Disoluto,  tor- 
pe, deshonesto.  I  Se  dice  del  sitio  ó 
edificio,  etc.,  que  está  solo  j  aislado 
j  que  no  tiene  casa  contigua.  j|  Exen- 
to, privilegiado,  dispensado;  y  así  se 
dice:  estoj  lidbb  del  voto,  f  La  perso- 
na soltera.  ||  Independiente;  ^  así  del 
que  no  está  sujeto  á  padres  ni  amos  6 
superiores  domésticos  se  dice  que  es 
LiBBB.  H  Desembarazado  6  exento  de 
mígÚB  daño  ó  peligro;  j  así  se  dice: 
estoj  UBRE  de  penas,  de  cuidados.  Q 
Bl  que  tiene  esfuerzo  j  ánimo  para 
hablar  lo  que  conviene  á  su  estado  ú 
oficio.  II  Aplícase  á  los  sentidos  j  & 
los  miembros  del  cuerpo  que  tienen 
expedito  el  ejercicio  de  sus  funciones; 
y  así  se  dice;  tiene  ta  voz  libre.  Q  Ino- 
cente, sin  culpa.  II  Suelto. 

Etiuología.  Latín  antiguo  labg' 
t«M,  por  tiberum;  clásico,  aoer:  italia- 
no, ¡tiero;  francés,  Ubre;  provenzal, 
¡iore,  liwre;  catalán,  lUh^y  Ubre;  oseo, 
lúuñr^ 

1.  Los  eruditos  De  Mí^fuel  y  Mo- 
rante preguntan  si  Uher^  libre,  puede 
▼enir  de  abet^  agradar,  gustar,  estar 
alegre. 

2.  Littré  responde  afirmativamente. 

3.  Sin  embargo,  la  diversidad  de 
prosodia  T  el  antiguo  labesum  son  una 
g'rave  dificultad. 

Librea.  Femenino.  El  vestuario 
uniforme  que  se  da  á  ciertos  criados; 
como  cocheros  j  lacajos.  ¡  El  vestido 
uniforme  que  sacan  las  cuadrillas  de 
caballeros  en  los  festejos  públicos. 

Btimoloqía.  Francés  livrée,  cosa  en- 
tregada, como  si  dijéramos  librada, 
forma  de  Uw-erj  entregar,  porque  la 
primitiva  librea  era  un  traje  que  el 
amo  eníreíf aba,,  libraba f  al  paje,  lacayo 
ó  escudero:  catalán,  Ilibrea, 

Librear.  Activo.  Vender  ó  distri- 
buir alguna  cosa  por  libras. 

Líbredad.  Femenino  anticuado. 
Libertad. 

Libredumbre.  Femenino  anticua- 
do. Libertad. 

Iiibr^o.  Masculino  diminutivo  de 
libro.  II  LiBRACO. 

Libremente.  Adrerbio  de  modo. 
Con  libertad. 

SriHOLOOfA.  Libre  j  elsnfijo  adver- 
bial mente:  italiano,  Uberameníe;  fran- 
cés, lihrement;  catalán,  llibrement. 

Librería.  Femenino.  La  tienda 
donde  se  venden  libros.  Q  La  bibliote- 
ca é  conjunto  de  libros  que  tienen 
para  lu  uso  los  cuerpos  ó  las  personas 


particulares.  |  El  ejercicio  ó  profesión 
de  librero. 

Htimolooía.  Libro:  latín,  libraría; 
italiano,  libreria;  francés,  librairie; 
catalán,  Ilibreria;  portugués,  libraría; 
provenzal,  libraría. 

SiNONiuiA.  Librería,  biblioUca.  Pa- 
rece que  ambas  voces  convienen  en 
representar  una  porción  de  libros  re- 
unidos en  nn  mismo  lugar;  pero  con 
diferentes  relaciones. 

Libreria  expresa  esta  idea  con  re  • 
lación  á  un  nn  cualquiera:  biblioteca 
la  expresa  con  relación  á  la  instruc- 
ción; a<juélla  sólo  considera  los  tomos: 
ésta  mira  particularmente  á  los  tra- 
tados. 

Muchos  ejemplares  de  una  misma 
obra  ó  muchos  tomos  en  blanco,  pue- 
den formar  por  sí  solos  una  librería, 
pero  no  una  biblioteca,  que  pide  varie- 
dad de  materias  T  cierto  orden. 

Una  buena  Umreria  es  la  que  vale 
mucho  dinero;  una  buena  biblioíecat 
la  que  contiene  obras  escogidas,  ma- 
nuscritos otras  preciosidades:  por 
esto  ana  tienda  d^  libros  no  se  puede 
llamar  una  biblioteca.  (Jonaua.) 

Libreril.  Adjetivo.  Lo  que  perte- 
nece al  comercio  de  libros,  como  em- 
presas LiBBBRn.BS.  (Caballero.) 

Librero.  Masculino.  El  que  tiene 

f)or  oficio  vender  libros.  Q  Antes  se 
lamaba  así  también  el  que  los  en- 
cuadernaba ó  aderezaba. 

BTUlOLOofA.  Libro:  latín,  librirtui; 
italiano,  libraio,  librajo;  francés,  ti- 
braire;  provenzal,  librari;  catalán,  lli- 
hrer;  portugués,  livreiro, 

Beteña  Kistárica. — 1.  £t¿raríw,  y 
también  scriptúr  librarius  ó  seriSa 
LiBRARius,  llamaron  los  romanos  á  uii 
oficial  o  empleado  subalterno  de  los 
magistrados,  que  les  servía  de  secre- 
tario ó  de  copista  para  la  transcripción 
de  sus  órdenes  ó  de  sus  notas  públicas. 

2.  También  denominaban  así  al 
tcriba  militar,  unido  á  cada  legión, 
que  llevaba  sus  cuentas,  sus  efectos  y 
todos  los  escritos  referentes  al  servi- 
cio. Había  uno  para  cada  manípulo 
(véase  esta  palabra)  ó  compañía  de 
200  hombres. 

3.  La  voz  del  articulo  significaba 
del  mismo  modo  copista  de  libros. 
Los  hombres  de  letras  los  empleaban 
en  la  transcripción  de  sus  obras  y  en 
sacar  copias  para  repartirlas;  v  los  ri- 
cos, amantes  de  las  letras»  los  em- 
pleaban en  copiar  aqaellos  libros  que 
querían  tener. 

4.  Esta  costumbre  llegó  á  constituir 
una  industria,  y  hubo  empresarios, 
si  así  puede  decirse,  que  hacían  co- 
piar libros  en  gran  número  para  ven- 
derlos al  público  y  remitirlos  á  pro- 
vincias; industria  que  nació  cuando 
moría  la  república.  Estos  industriales 
se  llamaron  al  principio  Ubrarti;  y 
después,  hacia  el  tiempo  de  Quinti- 
litno,  en  el  sig-lo  ix  de  Roma,  se  les 
llamó  bibliopola,  palabra  griega  lati- 
nizada, que  significa  vendedor  de  li- 
bros. 

5.  Los  líbrarii  de  los  magistrados 
eran  los  libertos;  y  los  cppistas  de  li- 
bros, esclavos. 


6.  Libraría  se  llamó  á  la  esclava  de 
las  grandes  casas  de  Roma,  encarga- 
da de  distribuir  diariamente  álos  de* 
más  esclavos  las  tareas  domésticas. 

Libreta.  Femenino  diminutivo  de 
libra,  y  En  Madrid  se  llama  así  el  pan 
que  pesa  una  libra.  Q  Libro  pequeño 
de  papel  blanco. 

BtiuologCa.  Líbrete:  catalán,  lli~ 
breta. 

lábrete.  Masculino  diminutivo  de 
libro.  \  El  bnserito  6  rejuela  de  que 
usan  las  mujeres  para  calentarse  los 

pies. 

ETiuoLoaÍA.  Libro:  catalán,  lUbret; 
francés,  livret;  italiano,  libretto, 

Libretillo.  Mascalíno  diminativo 
de  líbrete. 

ETiuoLoaÍA.  Líbrete:  latín,  tíbellÚ- 
lus;  catalán,  lUbreíeí. 
Libretin.  Masculino.  Libbbtillo. 
Libreto.  Masculino.  Mútica.  La 
letra  de  una  composición  musieal  en 
uno  6  más  actos. 

BTUcoLoaÍA.  Italiano  libretttt  dimi- 
nutivo de  libro. 

Librico,  lio,  to.  Masculino  dimi- 
nutivo de  libro. 
Gtiuolooía.  Libro:  latín,  Rbellus. 
Librillo.  Masculino.  Lebrillo,  y 
DE  CERA.  La  porción  de  cerilla  que 
se  dispone  en  varias  formas  y  sirve 
para  llevar  fácilmente  luz  á  cualquier 
parte. 

Libro.  Masculino.  Reunión  de  mu- 
chas hojas  de  papel,  vitela,  etc.,  or- 
dinariamente impresas,  que  se  han 
cosido  ó  encuadernado  juntas  con  cu- 
bierta de  papel,  cartón,  pergamino  ú 
otra  piel,  etc.,  y  que  forman  un  volu- 
men, y  Obra  científica  ó  de  ingenio, 
de  bastante  extensión  pan  lormar 
cuerpo,  y  Una  de  las  principales  par- 
tes en  que  con  este  título  suele  £vi- 
dirse  las  obras,  y  Metáfora.  Contribu- 
ción ó  IMPUESTO,  y  así  se  dice  en  al- 
gunas partes:  no  he  pagado  los  li- 
bros, andan  cobrando  los  libros,  etc. 
II  borbador.  Borrador  por  el  libro, 
etcétera.  U  dií  asiento.  El  que  sirve 
para  anotar  ó  escribir  lo  que  importa 
tener  presente.  ||  db  becerro.  Véase 
Becerro.  ||  de  caballerías  ó  de  ca- 
ballería. Kl  que  contiene  hechos  fa- 
bulosos de  caballeros  aventureros,  que 
también  se  llamaban  andantes,  y  de 
caja.  El  que  tienen  los  hombres  de 
negocios  y  mercaderes  para  los  asien- 
tos, cuenta  y  razón  de  sus  negocia- 
ciones. II  COPIADOR.  Véase  Copiador.  | 
de  co:ío.  Libro  grande,  cuyas  hojas 
regularmente  son  de  pergamino,  en 
que  están  escritos  los  salmos,  antífo- 
nas, etc. ,  que  se  cantan  en  el  coro  con 
sus  notas  de  canto.  Q  de  la  vida.  Me- 
táfora. El  decreto  de  la  predestina- 
ción, y  de  las  cuarenta  hojas-  Fami- 
liar. La  baraja  de  nai^s.  y  Da  uano. 
El  que  Mtá  manuscrito,  y  de  ubuo- 
RiA.  EL  que  sirve  para  apuntar  en  él 
lo  que  no  se  quiere  fiar  á  la  memo- 
ria, y  DB  MÚSICA.  Bl  que  tiene  escritas 
las  notas  para  tocar  y  cantar  las  com- 
posiciones musicales!.  |  db  oro.  El  que 
contenía  el  rcgistrocte  la  nobleza  ve- 
neciana. Q  El  líbrete  en  que  los  bati- 
hojas ponen  los  panes  de  oro.  |  oia- 


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406  LIBR 


LIGA 


UCE 


RIO,  <S  simplemente  di\rio.  Comercto. 
Aquel  en  que  se  van  sentando  día  por 
día  y  por  su  orden  todas  las  operacio- 
nes del  comerciante  relativas  á  su  giro 
6  tráfico.  II  EN  CUARTO.  El  que  está 
impreso  ó  manuscrito,  haciendo  cada 
hoja  la  cuarta  parte  del  pUe^  de 
papel.  I  ESn  dozavo.  El  que  esta  im- 

Sreso  ó  manuscrito,  haciendo  cada 
úja  la  duodécima  parte  del  pliego  de 
papel.  I  BN  FOLIO,  él  que  esta  impre- 
so ó  manuscrito,  haciendo  cada  hoja 
medio  plie^^  de  papel.  |  bn  octavo. 
BI  que  esta  impreso  ó  manuscrito,  ha- 
ciendo cada  hoja  una  octava  parte  del 
pliego  de  papel.  |  bntonatobio.  El 
que  sirve  para  entonar  en  el  coro.  | 
ü-RAN  LiBBO.  £1  registro  general  de 
los  que  tienen  inscripciones  contra  el 
Estado.  II  OB  INVENTARIOS.  Comercio. 
El  que  ha  de  comprender  la  descrip- 
ción exacta  del  capital,  bienes,  crédi- 
tos j  valores  que  tenga  el  comercian- 
te, y  el  balance  general  de  su  giro. 
I  UABSTRO.  £1  LIBRO  priucípal  en  que 
se  anotan  y  registran  las  noticias  pe^ 
tenecientes  al  gobierno  económico  de 
alguna  casa,  g  £n  la  milicia  sa  llama 
asi  el  que  contiene  las  filiaciones  v 
también  las  partidas  que  recibe  el  sol- 
dado, y  se  confrontan  con  las  libre- 
tas. I  MAYOR.  Maestro.  Q  Comercio. 
Aquel  en  que,  por  debe  y  haber,  ha 
de  llevar  el  comerciante,  sujetándose 
á  riguroso  orden  de  fechas,  las  cuen- 
tas corrientes  con  las  personas  ú  ob- 
jetos bajo  cujros  nombres  estén  abier- 
tas. B  PBNADOR.  Bn  algunos  pueblos  es 
el  que  tiene  la  justicia,  para  sentar 
las  penas  en  que  condena  á  los  que 
rompen  con  el  ganada  los  cotos  j  lí- 
mites de  las  heredades  y  sitios  prohi- 
bidos. I  PROCBSiOMABio.  Elque  se  lleva 
en  las  procesiones  principales  de  la 
Iglesia  para  cantar.  Q  sagrado.  Cada 
uno  de  los  de  la  Sagrada  Escritura, 
recibidos  por  la  Iglesia.  Se  usa  co- 
munmente en  plural.  SAPIB^4CIAL.  Véa- 
se Sapiencial.  |  verde.  Familiar.  El 
libro  ó  cuaderno  en  que  se  escriben 
algunas  noticias  particulares  y  cu- 
riosas de  algunos  países  y  personas,  y 
en  especial  de  los  linajes,  v  de  lo  que 
tienen  de  bueno  ó  de  maío.  Llámase 
también  así  la  persona  dedicada  á  se- 
mejantes averiguaciones.  Q  Cantar  L 
libro  abibrto.  Frase.  Cantar  de  re- 
pente alguna  composición  música.  || 
Hablar  como  un  libro.  Frase.  Hablar 
con  corrección,  elegancia  y  autori- 
dad, y  Libro  cerrado  so  saca  letra- 
do. Refrán  cu^o  sentido  es  que  no 
aprovechan  los  libros  si  no  se  estudia 
en  ellos.  U  Hace»  libro  nuevo.  Frase 
familiar.  Empezar  alguno  á  corregir 
sus  vicios  con  una  vida  arreglada  y 
cristiana.  ||  Meterse  alqunoenlibuos 
de  caballería.  Frase  metafórica.  Mez- 
clarse en  lo  que  no  le  importa  ó  me- 
terse donde  no  le  llaman.  H  No  bstar 

ALGUNA  COSA  BN  LOS  LIBROá  DB  ALGU- 
NO. Frase.  Serle  extraña  una  materia, 
ópensardedistinta manera.  Q  Qubmar 
UNO  sus  i^BROS.  Frase  de  que  se  usa 
para  esforzar  la  propia  opinión  ó  con- 
trariar la  ajena. 
EtiHOLoaU.  1>  Provenzal  Ubn:  ca- 


talán, lliire;  francés,  livre,  ortografía 
incorrecta;  portugués,  livro;  italíjino, 
libro,  del  latín  líber,  libri,  la  membra- 
na que  tienen  los  árboles  entre  la  cor- 
teza y  la  madera,  en  la  cual  se  escri- 
bía antes  del  invento  del  papel;  y  figu- 
radamente, volumen,  tratado,  obra  de 
ingenio.  La  película  de  los  árboles 
dio  su  letra  al  libro  del  hombre. 

2.  El  latín  iUtr  puede  representar 
Rper,  del  eólíeo  Xtitop  (Upor),  jMt  X¿- 
•ttot:  (Upas),  corteza.  (Cita  át  Db  Mi- 
guel V  Morante.) 

3.  £s  una  excelente  interpreta- 
ción, confirmada  por  la  paridad  del 
acento. 

Reseña. — Liber^  Wtri,  cuyo  signifi- 
cado recto  es  albura,  alburno,  corteza 
segunda  é  interior  de  los  árboles:  Lí- 
ber interior,  lig*o  adheerem;  cartbza 
exterior.  Y  como  esa  corteza  ó  pelícu- 
la sirvió  antiguamente  de  papel  para 
escribir,  de  ahí  el  haber  pasado  Ub^r 
á  significar  lo  que  entendemos  por  un 
libro.  SI  latín  líber  viene,  según  algu- 
nos, del  griego  í^or,  cólico,  por  lépos 
6  lepis,  corteza.  (Monlau.) 

Libróte.  Masculino  aumentativo 
de  libro.  Comunmente  se  llama  así  el 
que  es  despreciable. 

Liba.  Masculino.  Viento  O.-S.-O. 
entre  los  antiguos  griegos,  que  es  el 
AfricuM  de  los  romanos,  equivalente 
á  nuestro  lebeche,  cujra  palabra  tiene 
el  mismo  origen. 

Libuma.  Femenino.  Antigüeda- 
des. Nave  de  vela  y  remo,  en  la  mari- 
na militar  de  los  antiguos  romanos, 
llamada  así,  porque  la  usaron  los  li~ 
bumot,  pueblo  de  la  Dalmacia.  Octa- 
vio debió  en  gran  parte  la  victoria  de 
Acíium  al  gran  numero  de  ububnas 
que  tenía;  y  desde  entonces,  esta  cla- 
se de  buc^ues  fué  siempre  empleada 
en  la  marina  militar. 

Etimología.  Latín  UbUma,  en  Ho- 
racio, j  liburnica  ^«awVi  8n  Sueto- 
nio,  de  líbümi,  los  liburnios  ó  croa- 
cios,  pueblos  del  Ilíxico:  francés,  li- 
bnme. 
Libúrnica.  Libubna. 
Etimología.  Libuma:  catalán,  li^ 
búrnica. 

Liburnia .  Femenino.  Qeografia 
aníiffua.  Nombre  de  la  Croacia,  que 
formaba  parte  de  la  Hiña.  (Plinio.) 

EtiholooU.  Latín  I^bumui:  italia- 
no, Liburnia;  francés,  Libwmie. 

Libumio,  nia.  Sustantivo  ;  adje- 
tivo. Natural  ó  propio  de  la  Liburnia, 
antigua  comarca  del  Adriático. 

ETiMOLoaÍA.  Libwnia:  latín,  tihw- 
nus  ^  liburnícuM;  francés,  liburnien, 

Licantropia.  Femenino,  Medici- 
na. Especie  de  manía  en  la  cual  el  en- 
fermo se  imagina  estar  transformado 
en  lobo,  é  imita  los  aullidos  de  este 
animal.  Por  extensión  se  da  igual 
nombre  á  toda  alucinación  en  la  cual 
el  maniaco  se  cree  transformado  en 
un  animal  cualquiera. 

Etimología.  Griego  XuxavOpuncíA 
(lykantkrópia);  de  Xúxo?  (lyiot),  lobo, 
y  avOponoi;  (áníkroposj,  hombre:  italia- 
no, licantropia;  francés,  lycantkropie; 
catalán,  licanírÓpia, 

Licántropo,  pa.  Mascnlino  j  fe- 


menino. Medicina.  £1  que  padece  li- 
cantropia. 

Etimología.  Licantropia:  grief^, 
XuTávdpwnoí  (lykántkropotj;  italiano, 
licaníropo;  francés,  Ufcanihrope. 

Licaón.  Masculino.  Mitología.Ztj 
de  Arcadia,  convertido  por  Júpiter  en 
lobo,  porque,  hospedado  en  su  can, 
lo  quiso  matar,  y  le  puso  á  eomei 
carne  humana.  (Ovidio.)  B  Ud  herma- 
no de  Néstor,  á  quien  mató  Hércolei. 
I  0n  hijo  de  Príamo,  á  quien  mitó 
Aquiles. 

liicaonia.  Femenino.  Geografía  u- 
ligua.  Pueblo  que  habitaba  en  «  A»i 
menor. 

Etimología.  Licaán:  latía, ^eüoau. 

Licaoniense.  Sustantivo  v  adjeti- 
vo. Natural  ó  propio  de  la  Lictonit. 

Licas.  Masculino.  Mitologk.  He- 
raldo de  Hércules.  El  héroe  á  quien 
Djanira  había  encargado  Uevir  U 
túnica  de  Nesso,  le  precipitó  en  fl 
mar  de  Eubea,  donde  fué  conTertldo 
en  roca. 

ETUKtfXKJÍA.  Griego  A»tx«?  (la- 
chas): latín,  Licha», 

Licencia.  Femenino.  Facultad  ó 
permiso  para  hacer  alguna  casa.  |  La 

demasiada  libertad  que  alguno  se 
toma  en  decir  ó  en  obrar.  \  fil  grado 
de  licenciado.  ||  de  artes.  La  junta 
particular  que  en  la  universidad  dt 
Alcalá  formaban  los  sujetos  que 
designación  del  claustro  pleno  eu- 
minaban  á  los  bachilleres  de  ella,  J 
hallándolos  hábiles,  agregaban  el  ró- 
tulo ó  graduación  de  prefereDcia 
que  habían  de  tomar  el  grado  de  li- 
cenciado. I  LiCBKCIA  ó  claustro 

ucencias.  LajuntadelaFaeultadde 
Teología  j  Medicina  en  i^ue,  atendi- 
dos loa  méritos,  se  prescnbia  el  orden 
con  que  los  bachilleres  formad»  es 
dichas  facultades  habían  de  obtener 
el  grado  de  licenciado  para  ascender 
al  de  doctor.  H  poética.  La  libertad 
que  toman  los  poetas  para  usar  algu- 
nas frases,  figuras  o  voces  que  no 
están  comunmente  admitidas.  |  PbI' 
mero,  segundo,  etc.,  en  ucencia.  En 
la  universidad  de  Alcalá  eran  los  su- 
jetos que  en  las  licencias  se  señala- 
ban para  que  recibiesen  por  este  or- 
den el  grado  da  alguna  facultad.  | 
ToMABSB  la  licbncia-  Frssc.  Hacer 
por  sí  é  independientemente  alguna 
cosa  sin  pedir  la  ucencia  ó  &calteo 
que  por  obligación  ó  cortesía  se  ne- 
cesita para  ejecutaria.  |  absolotí. 
Milicia.  La  que  se  concede  á  los  miu- 
tares,  eiimióndolos  completamente 
del  servicio.  i|  Plural.  Las  que  se  din 
á  los  eclesiásticos  por  los  supenoies 
para  celebrar,  predicar,  etc.,  portiem* 
po  indefinido. 

Etimología.  Latín  Uceutía, 
tad.  faculUd,  permiso;  forma  susUn- 
tiva  de  ¿íc*í,  permitir.  Se  abuso  lue- 
go del  permiso,  y  ticefUU  pasó  a  sig^ 
niñear  desvergaenia,   en  Horacio, 
desenfreno,  enllinucio  Félii; 
ciplina  de  la  tropa,  en  Tácito;  despo- 
tismo, en  Curcio;  extravío  de  la  no- 
tasia  y  libertinaje,  en  Cicerón:  WJfM 
í(W»ía  licbntia;  la  disolución  da 
siglo,  el  libertinaje  de  estos  Uemp"» 


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LICE 


LICI 


lÁCl  407 


prorenzal,  lieeitcia;  eatal&o,  llíeencia; 
fraocés,  Ucenee;  italiano,  licentia. 

Sinonimia.  Licencia,  permito.  Se 
usan  indiferentemente  estas  dos  voces 
en  casi  todos  los  casos.  Licencia^  sin 
embargo,  tiene  un  sentido  más  oficial 
que  permiso.  Bl  empleado  obtiene  tres 
meses  de  licencia;  al  soldado  se  da  li- 
cencia absoluta;  un  oficial  se  casa  con 
permiso  de  sus  padres  y  con  licencia  de 
sus  jefes;  antiguamente  se  publicaban 
los  libros  coa  las  lieeneia»  neceurias. 
(Mora.) 

Licenciadillo.  Masculino  diminu- 
tÍTo  de  licenciado.  |  Apodo  que  se 
daba  por  desprecio  al  que  andaba  ves- 
tido de  hábitos  clericales  y  era  ridícu- 
lo en  su  persona  ó  acciones. 

Licenciado,  da.  Adjetivo.  La  pe& 
sona  que  se  precia  de  entendida,  y 
Dado  por  libre.  Q  Masculino.  El  que 
ha  obtenido  el  grado  de  licencudo 
en  alguna  facultad  y  se  habilita  para 
ejercerla,  y  Familiar.  El  que  viste  há- 
bitos largos  ó  traje  de  estudiante,  y 
Tratamiento  que  se  da  i  los  aboga- 
dos. ¡]  Soldado  que  ha  recibido  su  li- 
cencia absoluta. 

BtuiolooÍa.  Licencia:  catalán,  lli-' 
eenciat;  proveazal,  licendat;  francés, 
liceneiíf;  italiano,  licemiato. 

Licendamiento.  Masculino  anti- 
cuado. El  acto  de  giadoarse  de  lieen- 
ciado.  B  El  acto  y  efecto  de  dar  ¿  los 
soldados  su  licencia  absoluta. 

ETiuoLoaÍA.  Licenciar:  francés,  li- 
cenciement;  italiano,  licentiamento* 

Licenciar.  Activo.  Dar  permiso  ó 
licencia,  y  Despedir  á  alguno.  Q  Gba- 
DUAB  6  conferir  el  grado  de  licencia- 
do. I  Dar  ¿  los  soldados  su  licen- 
cia absoluta.  |  Recíproco.  Hacerse  li- 
cencioso ó  desordenado. 

BTUioLoofA.  Licencia:  catalán,  11^ 
cflicisr;  francés,  liceneier;  italiano,  li 
censiare, 

Licenciane.  Recíproco.  Hacerse 
licenciado. 

LÍMnoiatnra.  Femenino.  Grado 
de  licenciado  j  el  acto  de  recibirlo. 

Licencio.  Poeta  latino,  natural  de 
Tagasta.  Fué  contemporáneo,  paisa- 
no y  amigo  de  san  Agustín,  cujro  ta- 
lento y  erudición  admiraba.  Escribió 
muchas  obras;  pero  desgraciadamen- 
te todas  se  han  perdido,  y  sólo  ha  lle- 
gado hasta  nosotros  una,  compuesta 
en  el  año  395  de  Jesucristo,  y  en  ver- 
sos hexámetros,  con  el  titulo:  Carmen 
td  Án^mtinum.  (De  Miquel  y  Mo- 
hantb.) 

EruioLoaÍA.  Latín  Líeenñiu. 

licencioBamente.  Adverbio  de 
modo.  Con  demasiada  licencia  ó  li- 
bertad. 

Btiuolooía.  Licenciosa  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  latía,  lícenter;  italia- 
no, Ucentioiamenie;  francés,  licencieu- 
tment;  catalán,  IlicenciotamenU 

Licencioso,  sa.  Adjetivo.  Liberti- 
no, atrevido,  disoluto. 

Btimolooía.  Licencia:  latín,  licen- 
(i««m;  italiano,  licentioso;  francés,  ¿*- 
CflKÚiMi;  catalán,  lUcenciét,  a. 

LiMnidoB.  Masculino  plural.  Sn- 
tnulogia.  Tribu  de  insectos  que  com- 
ande unas  mariposas  diurnas. 


Liceo.  Masculino.  La  escuela  pú- 
blica que  tuvo  Aristóteles  cerca  de 
Atenas,  y  Actualmente  se  da  este 
nombre  á  algunas  sociedades  litera- 
rias. 

Etiuolooía.  Griego  XiJjtEtov  (ly- 
keion):  latín,  lycens;  italiano  y  cata- 
lán, liceo;  francés,  lycée. 

Reseña.— \.  El  gimnasio  de  Atenas 
se  llamó  lykeion  porque  se  hallaba  en 
las  inmediaciones  del  templo  de  Apo- 
lo Auxsio^  ( Lykeiot ). 

2.  Lykeios  se  deriva  de  Xtixi)  (lyke, 
luke),  luz,  cujo  dios  mitológico  es 
Apolo.  (Ciía  de  Littbé.) 

3.  Otros  autores  lo  derivan  de  Xúxo< 
(lykot)t  lobo,  según  cuja  interpreta- 
ción significa:  cdomador  de  lobos.» 

(LlTTRá,  MONLAU.) 

4.  £1  LiCBo  fué  la  escuela  de  Aris> 

tételes,  como  el  Pórtico  fué  la  de  Ze- 
nón,  como  la  Academia  fué  la  de  Pla- 
tón. 

Lícester.  Femenino.  Ciudad  de 
Inglaterra. 

ETXUOLOOfA.  Latín  Lícestria. 

Licia.  Femenino.  Qeograjia  anti^ 
g%a.  Región  del  Asía  menor.  (Ovidio.) 

Etuioloqía.  Latín  Lyéta, 

Licino.  Masculino.  Bntonologia, 
Qénero  de  insectos  coleópteros  cará- 
bicos. 

1.  lacio.  Mascnlino.  Antigüedad 
det.  Cordón  con  que  los  romanos  ata- 
ban las  ofrendas  que  colgaban  en  los 
templos. 

ETiuOLOOfA.  Latín  tU^vm,  hilo,  es- 
tambre, urdimbre:  francés,  lice. 

2.  Licio.  Masculino.  Mitología. 
Sobrenombre  de  Apolo.  (Bstacio.)  | 
Nombre  de  un  escultor.  (Plinio.)| 
Habitante  de  la  Licia,  y  Bl  ^Ifo  de 
Satalia,  lyciuh  mare.  J  El  oráculo  de 
Apolo,  en  Patarís,  ciudad  de  la  Licia, 
Lycis  sor  tes,  (Viaaiuo.) 

láidón.  Femenino  anticuado.  Lso- 

CXÓH. 

Licionario.  Masculino  anticuado. 

Lbccionabio. 

Licisca.  Femenino,  ffntdieidn. 
Nombre  de  una  perra  procedente  de 
loba  y  perro,  6  de  perra  jr  lobo.  (Vts- 
aiLio.) 

ETiHOLoaÍA.  Licisca:  latín,  ly^ca. 

Licisco.  Masculino.  Ervdición. 
Perro  cruzado,  hijo  de  lobo  y  perra, 
ó  de  perro  y  loba.  (San  Isidoro.) 

Etiiiolooía.  Griego  XuxEoxo^  (lykis- 
kosj:  latín,  lyciscus. 

Licitación.  Femenino  forense.  El 
acto  y  efecto  de  licitar. 

Etimo  LOO  ÍA.  Licitar:  latín,  liíXtatUf 
venta  en  almoneda;  francés,  liciíít- 
tion. 

Licitador.  Masculino  forense.  Bl 

que  pone  en  precio  alguna  cosa  que 
se  vende  en  almoneda  ó  pública  su- 
basta, ó  puja  el  precio  ofrecido  por 
otro. 

Etiuoloqía.  Licitar:  latín,  tttiítStor; 
catalán,  licitador ^  a. 

Licitamente.  Adverbio  de  modo. 
Justa,  legítimamente,  con  justicia  y 
derecho. 

ETiuoLoaÍA.  Lícita  r  el  sufijo  ad- 
verbial mente:  latín,  ííclftó,  Rato,  en 
t¡ÍDig4St0i  italiano,  licitamente;  fran- 


cés, Ucttemení;  catalán,  Ufiitament. 

Licitante.  Participio  activo  de  li- 
citar. El  que  licita. 

Licitar.  Activo.  Poner  en  precio 
alguna  cosa  que  se  vende  en  almone- 
da ó  pública  subasta,  6  pajar  la  can- 
tidad ofrecida  por  otro. 

Etiuoloqía.  Latín  licUári,  conten- 
der, en  Ennio;  ofrecer  precio  en  una 
venta  ^  pujar  la  postura  de  otros,  en 
Horacio;  poner  á  precio  ó  talla,  en 
Curcio:  licitari  capiía  hostium^  seña- 
lar premio  por  la  cabeza  de  los  ene- 
migos: francés,  liciter. 

1.  Lictíiri  representa  la  forma  fre- 
cuentativa de  licéri,  onecer  precio  en 
almoneda,  simétrico  de  Ucere»  pujar, 
derivado  de  lícet,  ser  lícito. 

La  derivación  es  evidente. 

2.  Ltcety  ser  permitido. 

3.  forma  activa,  ofrecer  pre- 
cio. 

4.  Liceri,  forma  deponente,  pujar 
la  postura  de  otros. 

^  o.  Licitari,  frecuentativo  del  ante- 
rior, pujar  con  instancia,  repetida- 
mente. 

Licitatorío,  ría.  Adjetivo  forense. 
Concerniente  á  la  licitación. 

ETiuoLoaÍA.  Licitar:  francés,  lieilO' 
taire. 

Licito,  ta.  Adjetivo.  Justo,  permi- 
tido, según  justicia  j  razón,  y  Lo  que 
es  de  la  Uy  ó  calidad  que  se  mande. 

ETiHOLOofA.  Latín  Ikítus,  partici- 
pio pasivo  de  licet,  permitir:  italia- 
no, licito;  francés,  Itcite;  catalán,  lí- 
cit,  a. 

1.  Lícet  es  la  forma  intransitiva  de 
linquhe,  dejar,  qqxoq pendet,  depende' 
re;  candet,  de  ac-cendcre;  jacet,  dejace- 
re.  (CuBCio.) 

2.  Licet  representa  dikeí,  como  la~ 
eryma  representa  dakryma;  y  no  es 
posible  separar  la  forma  tlthet  del 
griego  SEki)  (diki),  la  justicia,  lo  per- 
mitido; esto  es,  lo  Ucito  pox  excelen- 
cia. ( Interpretaeid»  de  Db  Miguel  y 
Morante.) 

Sinonimia.  Ártieulo  primero.—ld- 
ciTO,  PBBWiTiDO.  Lo  que  es  liciío^  no 
está  vedado  por  ninguna  ley  ;  lo  que 
es  permitido,  está  autorizado  por  una 
Uy. 

Lo  (^ue  cesa  de  ser  Uciio,  llega  á 
ser  ilícito,  V  estos  dos  términos  tie- 
nen una  relación  más  marcada  con  el 
uso  que  se  debe  hacer  de  su  libertad. 
Caracterizan  los  objetos  de  nuestros 
deberes. 

Lo  que  cesa  de  ser  permitido,  llega 
á  ser  prohibido,  y  estas  dos  palabras 
tienen  una  reladon  más  marcada  con 
el  imperio  de  la  Uj:  caracterizan 
nuestra  dependencia.  (López  Pble- 

OBÍH.) 

Artículo  segundo.  LfciTO,  peruiti- 
DO. — Diremos  que  es  lícito  todo  aque- 
llo que  ninguna  lejr  ha  declarado  ser 
malo;  permitido,  lo  que  ninguna  le^ 
expresa  ha  autorizado.  Así,  pues,  el 
comer  carne  es  lícito  en  sí;  mas  ha- 
biéndolo prohibido  la  Iglesia  en  cier- 
tos días  del  año,  no  es  permitido  tino 
á  aquellos  que  están  dispensados  por 
justos  motivos. 

Lo  lícito  es  indiferente  en  si  mis- 


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408 


LIGO 


mo,  mientras  que  U  lej  nada  pro- 
nuncie en  contra.  Lo  permitido  supo- 
ne que  era  malo  á  prohibido  por  al- 
guna lej,  r  dejó  de  serlo  en  virtud 
de  otra.  (March.) 

Licnanto.  Masculino.  Botánica. 
Género  de  plantas  cariofileas,  que  cre- 
cen en  los  sotos  y  cuja  raíz  es  vivaz. 

ETiuoLOofA.  Grieg^o  lychnis,  lámpa- 
ra, por  semejanza  de  forma,  ^  ánthos, 
flor:  «flor  que  figura  una  lampara;» 

lácnide.  Licnanto. 

Rettña. — Plinio  trae  la  forma  lych- 
nlUtt  (que  es  el  ^iego  Xin^vlti;?,  lych- 
uUis),  la  turbalina,  piedra  preciosa 
que  despide  reñejos,  j  U/ohnxtit  (que 
es  el  griego  Xo^^vn^,  lychnttis),  hierba 
que  nace  con  tres  ó  cuatro  noías,  de 
tal  calidad  que  sirven  de  torcida  para 
las  luces;  lo  cual  quiere  decir  que  ha- 
cen el  oficio  de  lámpara. 

Licnobo,  ha.  Sustantivo  j  adjeti- 
vo. Que  hace  de  la  noche  día. 

BTiuoLoaÍA.  Griego  X«¡^v¿Si(n  (hch- 
nóbios)t  de  lvch%is,  lámpara^  j  oiot, 
vida:  latín,  íychnüb'iut. 

Licnomancia.  Femenino.  Antigüe- 
dada.  Adivinación  por  la  luz. 

ETiuoLoaÍA.  Griej^  Lychní»,  l&m- 
para,  j  naniéSa,  adivinación:  catal&n, 
fiCHMMn^'o;  francás,  licnomancie. 

Lícnomante,  ta.  Matfeulino  j  fe- 
menino. El  que  ejércela  licnomancia. 

Licnománticamente.  A-dverbio 
de  modo.  Según  las  reglas  de  la  lic- 
nomancia. 

EtiuolooU.  Iiicnomántica  y  el  su- 
fijo adverbial  mentí. 

Licnomántico,  ca.  Masculino  j 
femenino.  Licnomantb.  ||  Adjetivo. 
Propio  de  la  licnomancia. 

Licnorómato.  Masculino.  Luz  Ó 
claridad. 

Lico.  Masculino  americano.  6a.bri> 

LIA  ó  SOSA. 

Lico.  Masculino.  Historia  antiyna. 
Rej  de  Beoeia.  |  Otro  Lico  desterrado 
de  Tebas,  que  se  apoderó  de  este  rei- 
no jr  á  quien  mató  Hércules.  H  Nom- 
bre de  varios  ríos  de  Paflagonia,  Fri- 
gia. Capadocia  y  la  Armenia  majror. 

BnifoLoofA.  Latín  Lyau,  del  grie- 
go XgKOí  (lykos),  lobo. 

Licofrón.  Masculino.  Poeta  j  gra- 
mático de  Galcis,  célebre  por  su  oscu* 
ridad.  (Estacio^ 

Etimolooía.  Latín  Lycophron. 

Licomedes.  Masculino.Rev de Bs- 
ciros.  (Cicerón.)  Q  Lago  de  Africa,  en 
los  Psilos,  lac%s  LrcouBDis.  (Plinio.) 

ETiHOLoafa..  Latín  J^<^edes. 

Licón.  Masculino.  Filósofo  peripa- 
tético. (CiCBRÓN.)  I  General  de  los 
etolios  en  la  armada  de  Pezseo.  (Tito 
Livio.) 

EriMOLoafA.  Lyco. 

Licondo.  Masculino.  Botánica.  Ar- 
bol ^igantesto  de  Africa. 

Licoperdáceo,  cea.  Adjetivo.  Bo- 
tánica. Concerniente  ó  análogo  al  li- 
coperdón. 

Licoperdina.  Femenino.  Entorno- 
logia.  Género  de  insectos  coleópteros. 

Etiuolooía,.  JACoperddn. 

Liooperdón.  Masculino.  Botánica. 
Género  d«  hongos  terrestres  globulo- 


LICO 

sos,  llamados  vulgarmente  pedo  de 
lobo. 

Etiuolooía.  Griego  Xtixo;  (lykos}, 
lobo,  y  itépSeiv  (pérdetn),  follarse:  fran- 
cés, lycoperdon. 

Licopersicón.  Masculiuo.  Botáni- 
ca. N'ombre  griego  del  tomate. 

EtimoloqÍa.  Griego  lifko$,  lobo,  y 
persikón  (icEpmxév),  melocotón,  «melo- 
cotón de  lobo:»  francés,  lycopersicon. 

Licopodiáceas.  Femenino  plural. 
Botánica.  Familia  de  plantas  acotile- 
dóneas, la  cual  formaban  antiguamen- 
te una  sección  de  los  musgos. 

Etimología.  Lieopodiáceo:  ñancés, 
iycopodiac^ft, 

Lieopodiáceo,  cea.  Adjetivo.  Bo- 
tánica. Parecido  6  concerniente  al  li- 
cópodo. 

Licopodineo,  nea.  Adjetivo.  Li- 

COPODIÍCKU. 

Lícopo.  Masculino.  Botánica.  Plan- 
ta de  la  familia  de  las  labiadas,  en 
que  se  distingue  el  l'copo  europeo, 
llamado  también  marrubio  acuático, 
hierba  de  Egipto  y  pie  de  lobo.  (Lb- 

OOARANT.) 

BtiuoloqU.  Licópodo:  francés,  Uf- 
cope. 

Licopodina.  Femenino.  QNÍmca. 
Principio  azoado  que  existe  en  el 
polvo  de  licópodo. 

BxiuoLOofA.  Licdpodo:  francés,  ly- 

copodine. 

Licopodio.  Masculino.  Polvo  va\xy 
ínflamaole  que  se  halla  en  las  cápsu- 
las de  una  especie  de  musgo. 

ETiuoLoaÍA.  Licópodo. 

Licópodo.  Masculino.  Planta  her- 
bácea, ramosa  y  leñosa,  de  la  cual  hay 
muchas  especies  rastreras.  \  Planta 
criptóg-ama,  cujas  cápsulas  contienen 
un  polvo  formado  de  cuerpos  repro- 
ductores y  que,  inflamándose  al  con- 
tacto de  la  llama,  ha  recibido  el  nom- 
bre de  azufre  vegetal.  Q  ISi  mismo 
polvo,  usado  en  ludicína  como  deae- 
eativo. 

Etucolooía.  Griego  lyh>$,  lobo,  y 
podús,  genitivo  de^oS«,  pie:  bajolatín, 
lycopomnnt't  latín  técnico,  lycopodiuu 
clavatum,  de  Linneo;  francés,  l^copode. 

Xiicópolis.  Femenino .  Geografía 
antigua.  Ciudad  de  Egipto,  en  ía  Te- 
baida. 

Etiuolooía.  Latín  Lydíplíiites. 
(Plinio.) 

Licópsida.  Femenino.  Botánica. 
Género  de  plantas  borragíneas. 

Etiuolooía.  Griego  Igkos,  lobo,  j 
(fpsitt  vista,  aspecto:  francés,  lycojptv- 
de;  «aspecto  de  lobo,»  aludiendo  a  los 
pelos  erizados,  que  cubren  la  planta. 

Licor.  Masculino.  Bl  cuerpo  líqui- 
do. Q  Bebida  espirituosa  destilada  por 
alambique.  ¡|  Asentarse  los  licores. 
Frase.  Bajar  al  suelo  las  partes  té- 
rreas  y  crasas  y  las  heces,  quedando 
arriba  lo  líquido,  claro  y  transparente. 

Etiuolooía.  Sánscrito  ii  (^^C)^ 

disolver,  liquidar:  latín,  Uquor,  dris; 
italiano,  íiquort;  francés,  liqueur;  pro- 
venzal,  liquor,  licor;  catalán,  licor. 

Licoreo.  Masculino.  Mitología. 
Uno  de  los  hijos  de  Apolo.  (Kstacio.) 

Etiuolooía.  Latín  Ly^reüt, 


LICT 

Licorexia.  Femenino.  Bdliku. 

Etiuolooía.  Griego  lykoi,  lobo,  j 
drexii  (fipeítí),  hambre,  «hambre  de 
lobo:»  como  el  español  dice.- hambre 
de  perro,  esto  es,  «hambre  caiiiiu-,i 
francés,  lycoresie. 

Licorís.  Femenino.  Hittoria 
na.  Licorís  de  Giteria,  liberta  del  se- 
nador Volumnio. 

BtiuoloqÍa.  Latín  Lycórit*  (Viui- 
uo.) 

Licorista.  Común  de  doi.  Bl  que 
hace  6  vende  licores. 

Licornio.  Masculino.  MUtkjiA. 
Animal  ñibuloso  de  la  anttgúedidj 
de  la  Edad  medía,  que  se  decía  tenar 
la  forma  de  caballo;  el  pelo,  rojo  ó 
blanco,  y  en  la  frente,  un  cuerno  lu- 
go y  agudo.  Se  creía  que  no  podía  su 
vencido  sino  por  una  virgen,  y  que 
su  cuerno  era  un  preservativo  «mtn 
las  enfermedades. 

ETUiOLOofA.  Francéa,  ííwnw. 

Licoroso,  sa.  Adjetivo  que  se  apli- 
ca al  vino  espirituoso  y  aromático. 

Etiuolooía.  Licor:  catalán,  /tw- 
rót,  a. 

Lícortas.  Masculino.  Padre  del 
historiador  Polibio.  (Tito  Lino.) 

Etiuolooía.  Latín  Lytwrtat. 

Licoaa.  Femenino.  Zoología.  Oéne- 
ro  de  arañas,  que  comprende  Iss  qv« 
cazan  para  coger  su  presa,  que  Ustu 
sus  huevos  en  un  capullo  fijo  en  el 
ano,  y  las  crías,  encima  del  lomo. 
.  Etiuolooía.  Griego  /yioi,  lobo. 

Licotaa.  Masculino.  Mitoioji^' 
Nombre  de  un  centauro.  (Omo.) 
[1  Nombre  de  varón.  (Propbbcio.)| 
Nombre  de  un  pastor.  (Calfubsio.) 

Etiuolooía.  Latín  Lycdtat. 

Licotherses.  Masculino.  Rey  de 
Iliria,  esposo  de  Agave.  (HioiNio.) 

Etiuolooía.  Latín  LgeSthirset. 

Licto.  Femenino.  CÍiudad  de  Gre- 
cia. 

Btuiología.  Latín  Zyetu.  (Ds  Ui 
OUEL  y  Morante.) 

Lictor.  Masculino.  Hittma.  Mi- 
nistro de  justicia  entre  los  romiDOi, 
que  precedía  con  las  fasces  á  los  cón- 
sules y  otros  magistrados. 

Etimología.  Latín  ¿ícíor,  íícíwtíi 
que  los  etimologistas  latinos  ccmside- 
ran  como  síncopa  de  fígáíor,  el  qu^ 
ata,  forma  de  l^Sre,  ligar,  aladieudu 
al  haz  de  vares  7  á  la  segur  que  eiao 
su  distintivo:  italiano,  «ííort; 
cés,  licteur;  catalán,  lictor. 

Reseña. — Historia  antigua.  1.  0»" 
cial  subalterno  de  los  grandes  migii* 
trados  de  la  antigua  Boma,  que  lo^ 
precedía  en  publica,  apartaba  á  » 
multitud  ¿  su  paso  y  ejecutaba  á  ve- 
ces las  sentencias  capitales. 

2.  Los  magistrados  que  tenísa  Lie- 
TORBs  eran:  el  dictador,  que  tenia  ¿'•i 
los  cónsules,  12;  los  procónsules, 
pretores  provinciales  y  el  jefe  de  1» 
caballería,  8  cada  uno,  y  el  pretoi  oí* 
baño,  2. 

3.  Los  LiCTOEES,  cualquier»  q"* 
fuese  su  número,  marchaban  siempre 
formando  una  sola  fila,  á  lo  Urgú, 
precediendo  á  su  magistrado.  Llen- 
ban  haces  de  varas,  y  cuando  se  ta- 
contraban  dos  magistrado*,  el  io»- 


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lilCü 


LIC3H 


LiEB  m 


rioT  bacía  bajar  las  haees  anta  el  su- 
perior. 

4.  Los  LicTOSBS  eran  ciudadanos 
de  la  plobe,  ó  al  menos  de  raza  de  li- 
bertos. Su  traje  le  componía  de  un 
suilifaculuiHf  especie  de  calzoncillos; 
una  tiinica  j  una  toga  corta  dentro  de 
Roma,  ó  un  tagim  corto  fuera  de  la 
ciudad,  cuando  acompañaban  al  ge- 
neral. 

5.  Se  cree  que  fueron  introducidos 
en  Roma  por  Tulo  Hostílio  ó  Tar- 
quino  el  Viejo,  con  el  aparato  de  la 
autoridad  soberana,  tomado  de  loa 
etruscos;  esta  nación,  formada  por 
doce  pueblos  confederados,  escogía  en 
casos  de  guerra  un  jefe  de  la  confe- 
deración, y  cada  Estado  le  proporcio- 
naba un  LiCTOK.  Habiendo  la  nación 
romana  conservado  para  sus  cónsules 
el  aparato  de  la  autoridad  real,  estos 
magistrados  tuvieron  LicToaas;  pero 
sin  exceder  del  numero  que  tuvieron 
los  revés. 

6.  LiCTOBBS  ne^rot;  se  llamó  á  los 
que,  vestidos  de  túnica  negra,  mar- 
ebaban  á  la  cabeza  del  acompaña- 
miento en  el  entierro  de  los  nobles  y 
de  los  grandes  personajes. 

Lxcnabilidad.  Femenino.  Cuali- 
dad de  lo  licuable. 

Licuable.  A^etivo.  Liquidable. 

Licuación.  Femenino.  La  acción 
j  efecto  de  licuarse  ó  derretirse  algu- 
na cosa.  [I  Metalurgia,  Operación  que 
consiste  en  separar  la  plata  contenida 
en  el  eobre  por  medio  del  plomo,  cupro 
cuerpo,  añadido  al  mineral,  facilita 
Ja  fusión  del  cobre,  que  se  separa  de 
la  plata  menos  fusible.  |  Hobnos  db 
ucuACiÓN.  Hornos  en  que  se  practica 
la  operaci'in  mencionada. 

BtiuoLOOfA..  Licitar:  latín,  Itquaíto, 
la  acción  de  derretir,  forma  sustanti- 
va abstracta  de  Itguiíut,  parlicípio  pa- 
sivo de  lígitare,  derretir:  francés,  /t- 
^mation;  italiano,  liquazione. 

üeteña. — 1.  La  licuación  sb  verifi- 
ca cuando  se  separan  dos  ó  más  subs- 
tancias heterogéneas,  reducidas  al  es- 
tado  líquido. 

2.  La  UCUACIÓN  y  la  sublimación 
son  términos  correlativos. 

Licual.  Masculino.  Botánica,  Oá- 
nero  de  palmeras  de  las  Molucaa. 

LicnaminoBO,  aa.  Adjetivo.  Li- 

CUABLB. 

Licnante.  Participio  activo  de  li- 
cuar. Que  derrite  ó  deslíe. 

Licuar.  Activo.  Derretir  ó  liqui- 
dar alguna  cosa.  Se  usa  también  como 
recíproco. 

KTiyoLoaÍA.  I«atía  Uqn&re:  italiano, 
liqnarf. 

Licnatorio.  Masculino.  Vasija  en 

que  se  licúa. 

Licoecer.  Activo  anticuado.  Li- 
quidar, derretir. 

Licuefacer.  Activo.  Liquidar. 

Btiiiolooía.  Latín  Itqv^Jacere;  de 
lifuare,  licuar,  ^/«cVí,  liacer:  italia- 
no, licuefaré;  francés,  iiguejer. 

Licaefkcción.  Femenino.  La  ac- 
ción y  efecto  de  liquidar  ó  liquidar- 
se. I  CosmoffOHÍa.  Hubo  un  tiempo  en 
que  los  planetas  estuvieron  eii  el  mis- 
mo estado  da  licuif acción,  y  enton- 


ces fué  cuando  la  tierra,  girando  sobre 
sí  misma,  pudo  tomar  su  forma,  para 
lo  cual  tuvo  que  elevarse  sobre  el 
ecuador  y  aplanarse  bajo  los  polos. 

Etimoloo£a.  Licmefacer:  francés,  ¿i- 
guéfactíon. 

Licuefáctible.  Adjetivo.  Licua- 
ble. 

Licnescencia.  Femenino,  Fitiea. 
La  tendencia  á  derretirse. 

Btiuoloqía.  Licuescente, 

Licuescente.  Adjetivo.  Física.  Lo 
que  es  capaz  de  licuarse  ó  derretirse. 

Etiuología.  Latín  Hguescens,  lí- 
quetcenlis;  participio  de  presente  de 
liquescere,  liquidarse,  forma  verbal  de 
li^uídus,  líquido. 

Licuor.  Masculino.  Licor. 

1.  Licurgo.  Legislador  de  Lace- 
demonia,  hijo  de  Eumonio^  re^  de  Es- 

Earta.  Muerto  su  padre,  gobernó  la 
acedemonia  durante  nueve  años  su 
hermano  major  Polidectes,  encargán- 
dose LicuRoo  del  mando,  después  de 
la  muerte  de  éste,  en  calidad  de  tutor 
de  su  sobrino,  aun  no  nacido,  y  á 
quien  su  desnaturalizada  madre  le 
propuso  dar  muerte,  si  se  casaba  con 
ella.  Cuando  a(^uel  sobrino,  llamado 
Carilao,  llegó  a  ser  mayor  de  edad, 
Licurgo  se  fué  á  estudiar  lejes  á  Cre- 
ta, Egipto  y  Asia,  volviendo  para 
dar  á  Esparta  una  tec-islación,  que 
hizo  largo  tiempo  su  gloria.  Esta  le- 
gislación arregló  las  costumbres,  la 
educación  j  el  gobierno  j  tonía  por 
objeto  establecerla  igualdad  entre  los 
ciudadanos  y  formar  un  Estado  gue- 
rrero, sin  espíritu  de  conquista.  El 
oráculo  de  Delfos  le  aseguró  que  sus 
lej^es  eren  un  modelo  de  sabiduría  j 
que  el  pueblo  que  se  gobernara  por 
ellas,  sería  feliz.  Dícese  que  Licurgo 
hizo  jurar  á  los  lacedemonios  que  ob- 
servarían estas  lejes  hasta  su  vuelta, 
y  que  hecho  esto,  se  ausentó  y  no  vol- 
vió jamás.  Otra  versión  supone  que  se 
condenó  ¿morir  de  hambre. 

ETiifOLoaÍA.  Griego  \6kh  (lúkej, 
luz,  jr  Spyov  (¿rgon}t  obre;  «obre  de 
luz:»  latín,  Licurgus;  italiano  y  cata- 
lán, Licurgo;  francés,  ¿ícuryuf. 

Reseña. — Confirma  la  anterior  eti- 
mología el  siguiente  dato:  «Nombre 
del  famoso  legislador  de  Esparta. 
Compónese  de  hki,  Igké,  luz,  y  érgon, 
obra:  esto  es,  obra  de  luz;  ó  según 
otros,  de  lúAos,  lykos,  lobo,  y  érgon: 
esto  es,  ohra  del  lobo.  La  primera  eti- 
mología parece  la  más  justa.»  (Mon- 

LAU.) 

2.  Licurgo.  Orador  griego,  que 
nació  en  Atenas  el  año  408  antes  de 
Jesucristo,  perteneciente  á  una  noble 
f  antigua  familia,  y  que  fué  discípu- 
0  de  Platón  y  de  Isócrates.  (Mon- 

LAU.) 

ETiMOLoaÍA,  Licurgo  1. 

LichaTeno.  Masculino.  Mitología 
céltica.  Monumento  compuesto  de  tres 
piedras;  la  una,  plana,  colocada  sobre 
otras  dos  que  le  servían  de  susten- 
táculo. 

Etucolooía.  Francés  lichavene. 
Lichera.  Femenino.  Provincial. 
Manta  de  lana  para  la  cama. 
EtiuologÍa.  Lecho. 


Licht.  Frudiddn.  Adjetivo  que  en- 
tra en  la  composición  de  muchas  pa- 
labras alemanas,  y  que  significa  cla- 
ro, brillante;  verbigracia:  LiCHT-en- 
wald,  selva  brillante. 

Lid.  Femenino.  Combato,  pelea.  ¡ 
Disputa,  contienda  de  razones  y  argu- 
mentos. II  Anticuado,  y  Plbito.  Q  Fb- 
BiDA  DB  PALABRAS.  Expresión  forense 
anticuada.  Demanda  o  pleito  contes- 
tado. 

Etiholooía.  «La  batalla  6  contien- 
da en  que  lidian  ó  pelean  dos  ó  más 
personas.  Sale  del  latino  Lis,  iíis,  que 
vale  discusión  ó  controversia.»  (Aca- 
demia, Diccionario  de  1726.) 

Lidar.  Activo  y  neutro  anticuado. 
Lidiar. 

Lidda.  Femenino.  Geografía  anti- 
gua. Ramá,  ciudad  de  Palestina.  (De 
MiauEL  j  Morante.) 

KtiuolooÍa.  Latín  Lydda. 

Lide.  Femenino.  Mujer  del  poeta 
Antímaeo.  (Ovidio.) 

Etucolooía.  Latín  Lgde, 

1 .  Lidia.  Femenino.  Lid. 

2.  Lidia.  Femenino.  f?«(yr<i/líaas- 
tigua.  Provincia  del  Asia  menor.  (Pli- 
Nio.)  II  Nombre  de  la  Arabia.  (Ruti- 
uo.)  \  Nombre  de  mujer.  (Horacio.) 
I  Erudición.  Nombre  de  un  poema  del 

gramático  Valerio  Catón.  (Sübtonio.) 

Etiuolooía.  Latín  Lgdia. 

Lidiadero,  ra.  Adjetivo  anticuado. 
Lo  (^ue  puede  lidiarse  ó  correrse. 

Lidiador,  ra.  Masculino  j  femeni- 
no. El  que  lidia. 

Lidiante.  Participio  activo  de  li- 
diar. £1  que  lidia. 

Lidiar.  Neutro.  Batallar,  pelear.  Q 
Metáfora,  Hacer  frente  a  alguno,  opo- 
nérsele. I  Metáfora.  Tratar,  comer- 
ciar con  alguna  ó  más  personas  que 
causan  molestia  y  ejercitan  la  pacien- 
cia. II  Anticuado.  Pleitear.  ||  Activo. 
Correr  y  sortear  toros  y  otras  fieres. 

EtiuologÍa.  Lid, 

Lidíense.  Sustantivo  j  adjetiro. 

Lidio. 

Lidio,  dia.  Masculino  y  femenino. 
Natural  y  morador  de  Lidia.  Q  Adje- 
tívo.  Lo  concerniente  i  dicha  comar- 
ca. I  Piedra  de  toque,  lydius  lapit. 
(Plinio.)  i  El  tono  lidio.  Género  de 
música  triste,  ¡gdius  modus,  (AputB- 
yo.)  II  El  río  Pactólo,  Lydius  amnis. 
(Marcial.) 

EnuOLOOfA.  Lgdius,  lo  pertenecien- 
te á  Lidia  ó  Etruria;  ^di»  los  li- 
dios. 

Lidmea.  Femenino.  Especie  de  ga- 
cela africana. 
Liebdo,  da.  Adjetivo  anticuado. 

Agitado,  alegre. 

Etimología.  Ledo. 

Liebrastón.  Masculino.  Liebre  pe- 
queña. 

Liebrático.  Masculino.  El  hijuelo 
de  la  liebre. 
Liebratón.  Masculino.  Lisbra^' 

TON. 

Liebre.  Femenino.  Cuadrúpedo 
montaraz  muj  ligero  y  tímido,  de 
orejas  largas,  de  cola  corta  y  algo  se- 
mejante al  conejo.  Su  carne  es  comes- 
tible. II  Metáfora.  El  hombre  tímido  jr 
cobarde.  ||  Una  de  las  coustolacíones 


KWO  III 


«3 


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410  LIEN 


LIGA 


LIGA 


celestes  que  llaman  australes.  Q  uabi- 
NA.  Animal  de  la  clase  de  los  molus- 
cos que  vive  en  el  mar.  Es  de  ñgura 
oblonga,  con  el  cuerpo  convexo  por 
encima,  cubierto  por  los  lados  con  un 
manto  membranoso  de  color  lívido 
oscuro.  Se  arrastra  para  andar,  lo 
mismo  que  las  babosas  j  caracoles,  á 
cujo  orden  pertenece.  Cuando  la  to- 
can despide  un  humor  corrosivo  j  he- 
diondo, á  cu/o  contacto  dicen  que  se 
cae  el  vello.  Q  Animal  marino.  Tiene 
el  cuerpo  largo,  estrecho  j  cubierto 
con  una  especie  de  capa,  más  larga 
que  él  por  la  parte  donde  tiene  la  bo- 
ca, que  ae  reduce  á  una  especie  de 
trompa;  junto  al  arranque  de  la  cabe- 
za, en  el  lado  derecho,  tiene  los  órga- 
nos de  la  respiración  y  de  la  venera- 
ción. Todo  el  es  muelle  sin  huesos; 
es  muy  común  en  el  Mediterráneo  de 
España,  en  donde  se  cree  que  sea  ve- 
ueuoso.  I  Coa&R  una.  liiíbre.  Frase 
metafórica  j  familiar.  Mancharse  de 
lodo  ó  polvo  el  que  resbala  y  cae  en 

él.  II  DONDB  UENOS  SE  PIENSA  SALTA  LA 

LIEBRE.  Refrán  con  que  se  da  á  enten- 
der el  suceso  repentino  de  las  cosas 
que  menos  se  esperaban.  |  Levantar 
LA  LiRBRB.  Frase.  Levantas  la  caza. 
I  Sbquib  la  liebre.  Frase  metafórica 
y  familiar.  Continuar  averiguando  d 
buscando  alguna  cosa  por  la  señal  ó 
indicio  que  de  ella  se  tiene.  |]  La  lie- 
bre Á  LA  CARRERA  ¥  LA  MUJER  EN  ES- 
PERA. Refrán  que  advierte  que  cada 
cosa  ha  menester  uu  procedimiento 
acomodado  ¿  su  naturaleza  particu- 
lar. 

EtimolooU.  Sánscrito  %A  (^^Í^  ) 

alcanzar;  lagkus,  ligero:  griego,  Xavóí 
(la^ótjf  A¿Tioptí  (li'poris);  latín,  Itpus, 
lejtüris;  bajo  latín,  leborem;  francés, 
hévre;  walón,  liv;  Í/Lz\nf¡,  guemre;  Be- 
rrj,  lieu&e,  Ueuve;  picardo./iVwcí, 
ze;  ginebrino,  la  Uecre;  catalán,  lie- 
hra.  (¿Sistema  de  Bopp  y  de  Gkiuu.) 
Liebrecica,  Ha,  ta.  Femenino  di- 

líiiutivo  de  liebre. 
i^TiMOLoaÍA.  Liebre:  catalán,  lie- 

'reía. 

Liebrecilla.  Femenino.  Planta. 

.YitULEJO. 

Liebrezuela.  Femenino  diminuti- 
vo de  liebre. 

Llegar.  Activo  anticuado.  Ligar, 
atar. 

I^^go,  ga.  Adjetivo  anticuado. 

Lego. 

¿lieja.  Femenino.  Oeografla,  Ciu- 
dad de  \Vestfalia.  ||  Otra  de  Bélgica. 
Etimología.  Latín  Leodicum. 
Liejense.  Sustantivo  j  adjetivo. 

LiEJt:^. 

ETiMOLoofA.  Latín  Uoiicensii. 
Liejes,  sa.  Sustantivo  y  adjetivo. 
Natural  o  propio  de  Lieja. 
Etimología.  Liejense:  francés,  lié- 

Liencecico,  Uo,  to.  Masculino  di- 
minutivo de  lienzo. 

Liendre.  Femenino.  La  semilla 
del  piojo.  [|  Cascar  ó  machacar  k  al- 
guno LAS  LIENDHBS.  Frase  metafórica 
y  familiar.  Argüirle  ó  reprenderle 
con  vehemencia.  |  Cascarle  á  uno 


LAS  LIBNDRB8  Ó  LAS  NDBCBS.  FraSO  m6- 

tafóriea  y  familiar.  Aporrearle,  darle 

de  palos. 

aTiMOLOoÍA.  Latín  lens,  lendis,  la 
liendre,  huevo  del  cual  nace  el  piojo: 
italiano,  lendine;  portugués,  lendea; 
francés,  lente,  huevo  del  piojo;  pro- 
verizal,  leude;  catalán,  liendre;  walón, 
len;  namurés,  lene,  lende;  Haínaut, 
Un;  Berrv,  letide;  burguiüón,  leni. 

Lientera.  Femenino.  Medicina. 
Enfermedad  en  que,  por  la  demasiada 
debilidad  del  estómago,  se  echa  la 
comida  sin  digerir. 

Etimología.  Griego  Xetevupíot  ( leieii' 
íería),  de  ¿dos,  liso,  y  entéron,  intesti- 
no: latín,  lienterta;  francés,  lieuterie, 

Lienteiia.  Femenino.  Medicina. 

LlBNTERA. 

Etimología.  La  Academia  Te6er6 
lienteria  á  lientera.  Debe  adoptar  el 

ftrocedimiento  contrario,  puesto  que 
a  forma  etimológica  es  lienteria. 

Lientéríco,  ca.  Adjetivo.  Medici- 
na. Lo  que  es  propio  de  la  lientera  y 
lo  que  pertenece  á  ella. 

Etimolooía.  Lienteria:  latín,  lien- 
fncus;  francés,  iieníerigue;  italiano, 
Ueníerico. 

Liento,  ta.  Adjetivo.  Lo  que  está 
húmedo  y  no  mojado  del  todo. 

Lienza.  Femenino.  La  lista  ó  tira 
estrecha  de  cualquier  tela. 

Etimología.  Lienzo:  catalán,  llenca, 
llensa,  tendel. 

Lienzo.  Masculino.  Tela  que  se  fa- 
brica del  lino  ó  cáñamo.  ¡|  El  pañuelo 
deLiBMzo, algodón  ó  hiladillo  que  sir- 
ve para  limpiar  las  narices  y  el  sudor. 
II  La  pintura  que  está  sobre  lienzo. 
Q  Fortificación.  El  pedazo  de  muralla 
que  correen  línea  recta  de  baluarte  á 
baluarte  ó  de  cubo  á  cubo.  |  La  facha- 
da del  edificio,  ó  la  pared  que  se  e-L- 
tíende  de  ud  lado  á  otro.  \  crudo.  El 
que  no  está  curado. 

Etimología.  Catalán  llem:  proven- 
zal  y  francés,  Unge,  del  latín  Unt\m, 
tela,  paño,  en  Cicerón;  pailuelo,  en 
Catón;  toalla,  en  Planto;  cortina,  en 
Marcial;  vela  de  buque,  en  Virgilio 
V  Ovidio;  máscara  ó  careta,  en  san 
Isidoro:  lintba  orw,  el  lienzo  que  cu- 
bre la  cara. 

1.  El  latín  liníevm  representa  lin-í- 
eum,  de  iinum,  lino. 

2.  Esta  raíz  tiene  en  latín  y  en  el 
romance  algunas  formas  que  no  han 
venido  al  castellano,  tales  como  lin- 
tedlum,  paño,  lienzo:  italiano,  lemuolo, 
sábana;  francés,  Unceul;  portugués, 
lancol;  provcnzal,  limóla  lensol,  lam- 
«0// catalán,  Ueusol,  sábana;  llentoleí, 
sabauilla;  burguíñón,  lancen;  i^icndü, 
linckenx;  Berrv,  lincieux, 

Lieva.  Femenino  anticuado.  El  ac- 
to de  llevar  alguna  cosa,  ó  la  misma 
carga. 

Etimología.  Leva. 

Lievar.  Activo  anticuado.  Llevar. 

Etimología.  Lieva. 

Lieve.  Adjetivo  anticuado.  Leve. 
II  De  lieve.  Modo  adverbial  anticua- 
do. Ligeramente,  con  facilidad. 

Lifara.  Femenino  familiar.  Pro- 
vincial Aragón.  Alifara. 

Liga.  Femenino.  La  cinta  ó  listón 


de  seda,  hilo  ú  otra  materia  eon  qae 

se  aseguran  las  medias.  ||  Planta. 
MuÉBOAGO.  \  Materia  viscosa  que  se 
hace  de  la  fruta  verde  que  produce  la 
planta  llamada  también  uoa.  Hácese 
igualmente  de  las  cortezas  y  raíces  de 
algunos  árboles.  ||  La  confederación 
que  hacen  entre  si  los  principes  ó  Es- 
tados, para  defenderse  de  sus  enemi- 
gos ó  para  ofenderlos.  ||  La  porción 
pequeña  de  otro  metal  que  se  echa  al 
oro  ó  la  plata  cuando  se  bate  moneda' 
ó  se  fabrica  alguna  pieza.  |  Anticuado. 
Bamoa  ó  paja,  n  Germania.  Amistad. 

Etimología.  Ligar:  bajo  latín,  liga; 
italiano,  lega;  francés,  ligne;  catalán. 
Higa. 

Reseña  histSrtca. — I.  Liga  é  Santa 
Unión. — 1.  Liga  formada  por  los  ca- 
tólicos de  Francia  para  defender  la 
religión,  amenazada  por  los  progresos 
del  calvinismo  y  la  incapacidad  de 
Enrique  III. 

2.  Nació  en  Peronesa,  después  del 
edicto  de  Baudieu  (1576),  t  se  exten- 
dió mu;  pronto  por  todas  las  provin- 
cias. Puede  decirse  que,  al  princi- 
pio, casi  todos  sus  miembros  nabfan 
sido  sinceros  y  estado  animados  por 
las  más  leales  intenciones;  pero  los 
jefes  se  cuidaron  más  de  sus  partieu— ' 
lares  intereses  que  de  los  de  la  fe, 

el  duque  de  Guisa,  Enrique  el^ow— 
fr¿,  esperaba  hallar  una  corona  en  el 
entusiasmo  irreüe&ivo  de  sus  partida- 
ríos. 

3.  Enrique  III,  impulsado  por  los 
consejos  de  su  madre,  se  declaró  jefe 
de  la  Santa  Unión,  en  los  Estados 
de  Blois  (1576);  pero  no  supo  mere- 
cer la  confianza  de  los  católicos,  y 
cuando  la  muerte  de  su  hermano,  el 
duque  de  Alencón,  hizo  á  Enrique  de 
Navarra,  que  era  calvinista,  presunto 
heredero  de  la  corona  de  Francia,  la 
Liga  tomó  un  desenvolvimiento  for- 
midable; los  seke  la  dirigieron  en  Pa- 
rís, imprimiéndola  un  carácter  más 
democrático,  t  el  rej  tuvo  la  fuerza  6 
la  habilidad  de  promover  una  crisis, 
donde  podía  perecer  la  dinastía  de  los 
Capetoá. 

4.  El  duque  de  Guisa  trató  públi- 
camente con  Felipe  II;  impuso  á  En- 
rique III  el  edicto  de  Nemours,  que 
confirmó  la  Liqa;  arrancó  á  Sixto  V 
una  bula  de  excomunión  y  deposición 
contra  los  Borbones,  y  principió  la 
octava  guerra  civil  (1586). 

5.  El  rejr  confió  el  mando  de  las 
tropas  á  su  favorito  el  daque  de 
Joyeuse,  vencido  en  Coutrás  (1587), 
derrota  que  aumentó  la  cólera  de  los 
ligueros,  quienes  le  arrojaron  de  Pa- 
rís, después  de  la  jornada  de  las  ba- 
rricadas (1588);  pero  su  influencia 
triunfó  en  los  segundos  Estados  de 
Blois,  y  Enrique  III  se  decidió  á  un 
crimen  que  debió  perderle:  hizo  matar 
al  duque  de  Guisa  y  á  su  hermano, 
se  unió  después  al  rey  de  Navarra,  y 
por  último,  fué  asesinado  en  el  campo 
de  Saint-Cloud  por  Jacobo  Clemente 
(1589). 

6.  La  Liga  parecía  haber  llegado  á 
su  fin,  pero  príucipiaron  en  ella  las 
divisiones:  unos,  reconocían  como  rejr, 


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LIGA  411 


bajo  el  noralin  de  Carlos  X,  al  ancia- 
no cardeaal  de  Borbdn,  tío  de  Enri- 
que IV;  oíros,  obedecían  á  Majenne, 
lugarteniente  general  del  reino,  y  al- 
fil'unos,  los  más  ardientes,  j  entre  ellos 
los  seize  j  los  jesuítas,  querían  por 
jefe  al  tej  de  España. 

7.  Las  victorias  de  Enrique  IV,  los 
furores  de  los  seize  j  las  pretensiones 
de  Felipe  II,  que  reclamaoa  el  trono 
para  su  hija  Clara  Eugenia  Isabel, 
fueron  causas  de  más  profundas  divi- 
siones entre  los  católicos,  cuja  des- 
unión era  pública  en  los  Estados  de 
París  en  1593. 

8.  Entonces,  el  ny  abjuró  del  cal- 
viaisroo  en  Saint-Denis,  j  la  mejoría 
se  unió  al  rej  legítimo;  Majenne  se 
reconcilió  con  Enrique  IV  después 
de  la  batalla  de  Fontaine-Francatse 
(1596),  j  la  Saiire  'Menip¿e  dió  el  úl- 
timo golpe  á  la  LiQA.,  <^ue  murió  en 
la  impotencia  j  en  el  ridiculo. 

9.  Inútil  creemos  decir  que  la  Liqa 
en  cuestión  ha  sido  juzgada  de  muj 
diversos  modos,  según  los  autores  que 
lo  han  hecho  j  los  sistemas  ó  partí- 
dos  qae  han  seguido.  Bossuet,  en  el 
siglo  xTii,  j  Voltaire,  en  el  xviu,  son 
dos  nombres  que  bastan  para  demos- 
trar la  verdad  de  nuestro  aserto.  En 
cuanto  á  nosotros,  nos  abstenemos  de 
todo  juicio  privado,  j  siguiendo  el 
muj  ilustrado  de  dos  autores  que 
consultamos  para  este  artículo,  nos 
concretamos  i  decir  que  la  Liqa,  na- 
cional en  su  origen,  j  hasta  cierto 
panto  legítima,  degeneró  en  un  ban- 
do, afecto  casi  exclusivamente  á  loa 
Guisas  T  á  España. 

10.  El  lector  erudito  puede  consul- 
tar: Anquetil,  L'Esprit  de  la  Ligue; 
Labittb,  De  la  democraiif  chez  les  pre- 
dicaíeurs  de  la  Ligue  sous  les  regnés  de 
Benñ  111  et  de  líenri  IV;  j  de  Cha- 
i.EiiBaRT,  Hittoire  de  la  Ligue. 

11.  LiOA  elolia, — 1.  Los  etolios  ha- 
.bian  formado  con  todas  sus  ciudades 
ana  Liga,  célebre  en  los  últimos  sí- 
f-los  de  la  Grecia.  Esta  Lioa  estaba 
dirigida  por  un  strátegos  ó  general,  en- 
cargado del  ^oder  ejecutivo,  j  secun- 
dado por  el  jefe  de  la  caballería;  por 
ana  Asamblea  de  diputados,  llamada 
Anaíolium,  que  se  reunía  una  vez  en 
otoño,  en  Tnermas,  pero  que  el  strá- 
tegos podía  convocar  extraordinaria- 
mente, para  formar  las  lejes,  declarar 
la  guerra  ó  concluir  los  tratados  por 
los  apódelas,  quo  formaban  el  consejo 
del  strátegos  y  conocían  de  los  negocios 
civiles;  j,  en  fin,  por  un  yp«[i}jLa-t6Úí 
(grammateús),  especie  de  secretario  de 
Estado,  j  por  los  éforot,  subordinados 
Á  la  Asamblea  general. 

2.  Esta  Liga  nunca  fué  en  realidad 
defensora  de  la  libertad  de  la  Grecia, 
pues  tan  pronto  fué  hostil  á  los  pro- 
jectos  de  los  rejes  de  Macedonia 
como  su  mis  adicta  auxiliar.  Envi- 
diosa, mejor  dicho,  celosa  de  la  Liqa 
aquea^  le  hizo  una  guerra  de  tres  años, 
que  es  la  llamada yu¿rra  de  las  dos  Li- 
gas (220  á  217  antes  de  Jesucristo); 
7  después  de  pequeñas  victorias,  fué 
batida  por  los  macedonios,  aliados  de 
los  aqueos. 


3.  Los  resentimientos  consiguien- 
tes á  toda  derrota  la  indujeron  á  se- 
cundar las  conquistas  délos  romanos; 
pero  después  llamó  á  Grecia  al  rej  de 
Biria,  Antíoco  f  192);  j,  después  de  su 
desgracia,  la  Etolia  fué  invadida  por 
Fulvio  Nobilior,  é  impelida  á  implo- 
rar la  paz. 

4.  Ln  tiempos  de  Constantino,  for- 
mó parte  del  nuevo  Epiro  jde  la  pre» 
fectura  de  la  Iliria. 

5.  Después  de  la  j:uarta  cruzada, 
Teodoro  de  Auge,  miembro  de  la  fa- 
milia imperial  de  Constantinopla, 
formó  de  la  Etolia  j  del  Epiro  un 
principado  independiente,  sometido 
en  1432  al  sultán  Amurat  11. 

6.  Scanderberg  arrojó  de  la  Etolia 
á  los  otomanos,  j  á  su  muerte  la  dejó 
á  los  Tenecianos. 

7.  Hoj  la  Etolia  está  repartida  en- 
tre la  Turquía  j  la  Grecia;  tiene  una 
pequeña  fracción,  comprendida  en  la 
baja  Albania,  j  forma  parte  de  Jani- 
na.  Sabido  es  que  el  resto  compone 
con  la  Acarnania  una  monarquía  del 
reino  de  Grecia. 

III.  LiOA  aquea. — 1.  Según  Polí- 
bio,  allá  por  los  años  280  antes  de  Je- 
sucrísto,  las  doce  ciudades  aqueas  del 
Peloponeso  tomaron  ó  recobraron  su 
antiguo  gobierno  federativo:  todos 
los  habitantes  nombraron  un  strátegos, 
diez  demiurgos  y  un  secretario;  j  ca- 
da ciudad  democráticamente  dirigida, 
nombró  diputados  para  la  Asamblea 
general. 

2.  A  las  triples  pretensiones  de  Ma- 
cedonia, Esparta  y  Etolia  contra  la  li- 
bertad de  Grecia,  Arato  crejó  poder 
oponer  la  Liqa  aquea,  engrandecida  j 
regenerada;  pero  él  mismo  llamó  des- 
pués á  los  macedonios  contra  Esparta; 
j  posteriormente,  contra  los  etolios. 

3.  Filopemen,  j  después  Lícortas, 
resucitaron  la  Lioa,  si  así  puede  de- 
cirse, é  intentaron  substraerla  á  los 
ataques  de  los  romanos;  pero  la  deci- 
sión del  Senado  acerca  de  los  strátegos 
Diófanes,  Arístenes  y  Calientes  ( véa- 
se nuestro  artículo  Mbtelo),  J  el  nom- 
bramiento para  el  mismo  cargo  de  los 
proscritos  Demócrito,  Dico  j  Oritolao, 
que  consiguieron  sublevar  á  sus  com* 
patriotas,  contribujeron  tal  vez  al 
triunfo  de  Mételo  en  Scarfea  j  al  de 
Mummio  en  Leucopetra. 

4.  Esto  basta  para  comprender  que 
la  Liga  aquea  fué  dísuelta  al  mismo 
tiempo  que  la  Grecia  convertida  en 

Srovincia  romana  (146  años  antes  de 
esucristo). 

5.  Debemos  á  Herodoto  la  noticia 
de  las  doce  ciudades  que  formaron  la 
Liqa  aquea,  á  saber:  Pelene,  Egira, 
Egee,  Bura,  Hélice,  iEgium,  Rhjpse, 
Patrs,  Farae,  Olenus,  Djmee,  Tri- 
tflea. 

6.  Consignemos  que  Polibio,  en 
vez  de  RjpEe  y  Egee,  menciona  á  Ce- 

rjncia  y  á  Leontion. 

IV.  LiOA  de  los  grisones. — 1.  Es 
harto  conocida  esta  Lioa  para  que 
molestemos  al  lector  erudito  con  un 
asunto  que,  de  la  historia,  ha  pasado 
á  la  lejenda  j  á  la  novela.  Nos  con- 
cretaremos, para  no  dejar  incompleta 


esta  reseña  histórica,  á  recordarle  los 
hechos  j  fechas  principales. 

2.  La  Liqa  ,  llamada  caddée,  se  for- 
mó en  140Í);  la  grísona,  en  1^4;  j  la 
de  las  DiX'Droitures,  en  1436.  Las 
tres  pactaron,  en  1471,  una  alianza 
perpetua. 

3.  En  1525,  los  grisones  se  apode- 
raron de  la  Valteiina  j  del  pais  de 
Chiavenna  y  de  Bormio,  contratando 
alianzas  con  el  Valaís  (1600),  con 
Berna  (1602),  y  con  Zurich  <1707). 

4.  En  1798,  fueron  admitidos  en  la 
Confederación  helvética,  en  que  ocu- 
paron el  puesto  decimoquinto  por  or- 
den de  admisión,  el  primera,  por  la 
extensión  de  su  territorio,  j  el  nove- 
no, por  su  población. 

5.  Y  desde  entonces,  un  Consejo  de 
tres  miembros,  elegido  por  el  Gran 
Consejo  6  por  cada  LiaA,'asame  el  po- 
der administrativo. 

V.  Lioa  hanseáíica. — 1.  Nuestros 
ilustrados  lectores  saben  que  el  nom- 
bre de  ciudades  hanseátícas  es  el  con* 
servado  hasta  nuestros  días  á  tres  de 
la  Confederación  germánica:  Hambur- 
go.  Brema  y  Lubeck. 

2.  Pero  á  nuestro  propósito  impor- 
ta consignar  en  esta  reseña  que,  en 
la  Edad  media,  se  aplicó  á  una  gran 
UQA  comercial,  formada  en  1241,  en- 
tre Hamburgo  j  Lubeck  en  sus  co- 
mienzos, j  á  la  que  sucesivamente  se 
adhirieron  las  plazas  comerciales  del 
Norte:  Brema,  Brujas,  Bergen,  Stral- 
sund,  Kiel,  Stettin,  Riga,  iievel,  No- 
vogorod,  Londres,  Colonia,  Bruns- 
wick, Dantzick,  üunquerque,  Ambe- 
res,  Ostende,  Dordrecht,  Rotterdam, 
Amsterdam  y  otras. 

3.  Las  ventajas  que  resultaron  para 
los  asociados  fueron  causa  de  que  mu- 
chos puertos  del  Atlántico  y  el  Medi- 
terráneo formasen  parte  de  la  Lioa 
hanteática.  Citaremos,  entre  ellos,  á 
Abbeville,  Rouen,  Saint-Malo,  Bur- 
deos, Bajona,  Lisboa,  Cádiz,  Barce- 
lona, Marsella,  Nápoles,  Messina;  y 
la  asociación  contó  con  ochenta  ciu- 
dades, que  entonces  centralizaban  el 
comercio  de  Europa. 

4.  En  los  siglos  xit  y  zv,  todo 
miembro  de  la  Confederación  era  há- 
bil para  desempeñar  las  funciones  de 
aldermán  (sénior);  pero  el  grejier  deb.a 
ser  ciudadano  de  Lubeck,  Colonia, 
Brunswick  ó  Dantzick,  cada  una  con 
una  asamblea  anual. 

5.  Cada  tres  años  se  reunían  todos 
los  diputados  de  la  Confederación;  fre- 
cuentemente, en  Lubeck. 

6.  Cada  ciudad  proporcionaba  su 
contingente  militar  j  su  contribución 
de  guerra. 

7.  Las  ciudades  hanaeátieas  se  de- 
dioaban  al  comercio,  la  pesca,  las  mi- 
nas, la  agricultura  y  la  industria.  Su 
derecho  marítimo,  preparado  por  los 
estatutos  de  Hamburgo  (1276)  y  de 
Lubeck  (1299),  no  fué  publicado  por 
completo  hasta  el  año  1614;  es  decir, 
hasta  una  época  en  que  las  había 
arruinado  el  descubrimiento  de  Amé- 
rica y  el  de  una  nueva  vía  á  las  In- 
dias por  el  cabo  de  Buena  Esperanza. 

I    8.  Hacia  fines  del  siglo  xvi,  la  Han- 


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se  había  alcanzado  conservar  el  dere- 
cho de  los  neutrales,  interviniendo  en 
las  transacciones  de  las  potencias  be- 
ligerantes; y  en  1624  creó  las  j>rime- 
ras  compañías  de  segaros  marítimos. 

9.  Bn  1723.  abrió  sus  puertos  al  li- 
bre comercio  extranjero,  sin  derechos 
de  tr&nsito  j  salida. 

10.  Contienen  preciosas  noticias 
acerca  de  este  asunto  los  escritos  de 
Barthold,  Roux  de  Rochelle  j  E.  de 
Schlszer. 

VI.  LiQA  helvética. — 1.  Remitimos 
al  lector  i  la  sección  de  Historia  de 
nuestro  articulo  Suiza,  donde  corres- 
ponde tratar  este  asunto;  pero  no  po- 
demos excusarnos  de  decir  en  este  tu- 
gar algunas  palabras. 

2.  £a  Liga  helvética  debió  su  ori- 
gen á  la  insultante  tiranía  de  los  bai- 
ííos;  jr  sobre  todo,  de  Hermano  Gess- 
1er. 

3.  Tres  valientes,  mejor  dicho,  tres 
héroes,  StauSTaeherde  Schwytz,  Furst 
de  Uri  y  Melethal  de  Unterwalden, 
cada  uno  con  diez  amigos  de  su  pre- 
dilección, se  reunieron  una  noche,  en 
la  solitaria  plaza  de  Ruth,  al  borde 
del  la^o  Waldstetter,  en  los  confínes 
de  Un  j  de  Unterwalden,  y  juraron 
defender  con  las  armas,  y  ana  per- 
diendo la  vida,  las  libertades  de  la 
Helvecia.  Aquella  noche  era  la  del 
7  de  Noviembre  de  13U7,  fecha  que 
trae  á  la  memoria  todo  an  poema  de 
virtud  j  heroísmo. 

4.  Y  el  primer  día  del  año  de  1308 
estalló  la  sublevación.  Los  fuertes  de 
Alberto  fueron  arrasados,  muertos  ó 
presos  los  baílíos,  y  todos  los  habitan- 
tes de  los  tres  cantones,  unidos  á  sus 
generosos  defensores,  formaron  solem- 
nemente una  LiQA  de  diez  a&os. 

5.  Una  muerte,  la  de  Alberto,  y 
una  derrota,  la  de  su  hijo  Leopoldo, 
bastaron  para  consolidar  su  unión  y 
su  independencia,  y  para  formar  la 
UQA.  perpetua  de  Brunneu. 

6.  Varias  ciudades  se  unieron  á  la 
Lioa;  y  desde  entonces,  los  ocho  can- 
tones, principalmente  el  de  Berna  j 
el  de  Zurich,  se  agrandaron  á  expen- 
sas de  la  nobleza  rural. 

7.  Esta  brevísima  reseQa  bastará 
para  comprender  cómo  la  Suiza  llegó 
a  ser  un  país  libre,  y  cómo  su  liber- 
tad, si  así  puede  decirse,  se  meció  en 
la  cuna  de  la  Liga  helvética. 

Ligación.  Femenino.  La  acción  y 
efecto  de  ligar.  |  Unión  d  mixtura. 

Etimología.  Ligar:  latín,  C^&tio; 
catalán,  Uigadura, 

Ligadas.  Femenino  plural.  Impren- 
ta. Las  letras  que  están  unidas  unas 
con  otras  en  una  sola  pieza.  ||  En  el 
juego  de  naipes,  las  cartas  que  están 
juntas. 

Etucología.  Ligado. 

Libado.  Música.  La  unión  de  dos 
pantos  sosteniendo  el  valor  de  ellos, 
y  nombrando  sólo  el  primero. 

ETiuoLoaÍA.  Latín  ligátut,  partici- 
pio pasivo  de  H^are^  ligar:  catalán, 
ííigat^  da;  francés,  li^é;  italiano,  ¿t- 
gate. 

Ligadura.  Femenino.  La  vuelta 
que  se  da  apretando  alguna  cosa  con 


liga,  venda  ú  otra  atadura,  La  ae- 
cíón  de  ligar  á  el  maleficio.  ||  Metáfo- 
ra. SujKCiÓN.  I  Cirv^ia.  La  venda  ó 
cinta  con  que  se  aprieta  y  da  garrote. 
II  Música.  El  artificio  con  que  se  ata 
j  liga  la  disonancia  con  la  consonan- 
cia, quedando  como  ligada  ó  impedi- 
da para  que  no  cause  el  mal  efecto 
que  por  si  solo  causaría. 

Etimología.  Ligar:  latín,  Ugatitra; 
italiano,  legatura;  francés,  Itgature; 
catalán,  liigada. 

Li^agamba.  Femenino  anticuado. 
Lioa,  por  la  cinta,  etc. 

Etimoldoía.  Liga,  verbo,  y  gamba, 
pierna,  como  quien  dice:  ata-pierna. 

Ligallo.  Masculino.  Provincial 
Aragón. 

Etimoldoía.  f  La  Junta  de  ganade- 
ros, llamada  así  en  Aragón;  y  en  Cas- 
tilla, Mesta.»  (AcADBMiA,  Diccionario 
de  i  726.) 

Ligamaza.  Femenino.  La  viseosi- 
dad  o  materia  pegajosa  que  crían  al- 
gunas frutas  en  el  exterior  j  algunas 
plantas  sobre  sus  hojas. 

EtimolooÍa.  Liga,  Terbo,  j  mata. 
La  2  es  bárbara. 

Ligamen.  Masculino.  Forense.  El 
vínculo  del  matrimonio  contraído  le- 
gítimamente, por  el  cual  se  anula, 
aunque  no  esté  consumado,  otro  pos- 
terior que  ha^a  llegado  á  la  consu- 
mación. B  Forense  anticuado.  El  ma- 
leficio con  que,  mediante  la  magia, 
se  creía  quedar  ligada  la  facultad  de 
la  generación. 

Etimología.  Ligar:  latín,  ligamen, 
lígiminis,  cinta,  cordón,  lazo,  venda- 
je; italiano,  légame;  catalán,  Uigam; 
portugués,  lígame. 

Ligamentiforme.  Adjetivo.  Ana- 
tomía. Que  tiene  la  forma  de  un  liga- 
mento. 

Ligamento.  Masculino.  Unión  ó 
bnlacb.  II  Anatomía.  Cuerda  nervosa, 
dura,  firme  y  flexible  que  sirve  para 
ligar  las  partes  del  cuerpo  humano  ó 
del  animal,  en  cujo  sentido  se  dice: 
los  LIGAMENTOS  de  la  articulación  de 
la  rodilla.  |[  Por  extensión,  toda  parte 
que  fija  los  órganos  en  situaciones  da- 
das; y  así  se  dice:  los  lioahbntos  de 
la  matriz;  los  ligamentos  posteriores 
de  la  vejiga;  los  lioambntos  del  híga- 
do. II  Conquiliología.  La  parte  que  re- 
une  las  dos  válvulas  de  los  mariscos. 

Etimología.  Latín  Hgamentum,  for- 
ma sustantiva  de  ligare,  ligar:  cata- 
lán, lligament;  provenzal,  ligament, 
liamenl;  francés  del  siglo  xiv,  liement; 
modeino, ligament;  italiano,  ligamento. 

Ligamentoso,  sa.  Adjetivo.  Lo 
que  tiene  ligamentos.  |  Anatomía.  Lo 
que  participa  de  su  naturaleza,  en 
cujro  sentido  se  dice:  tejido  ligamen-  '■ 
toso.  II  Plantas  ligamentosas.  Botá- 
nica. Aquellas  plantas,  cuyas  raíces, 
ó  cujros  tallos,  presentan  la  forma  de 
una  cuerda. 

Etimología.  Ligamento:  francés,  /i- 
gamcnteux. 

Ligamiento.  Masculino.  \a  acción 
y  efecto  de  ligar  ó  atar.  Q  Metáfora. 
Unión,  conformidad  en  las  volunta- 
des, I  Anticuado.^ liaría.  Ligamen- 
to. 


Ligán.  Masculino.  Bspeeie  de  abe- 
ja qne  se  cría  en  Filipinas. 

Ligapierna.  Femenino  antieudo. 
Lioa  ó  cenojil. 

lagar.  Activo.  Atae.  |  Hezelir 
cierta  porcidn  de  otro  metal  con  el  «o 
ó  con  la  plata  cuando  se  bate  moneda 
ó  se  &briea  alguna  otra  pieza.  ¡  Me- 
táfora. Unir  los  afectos,  l  Se  dice,  te- 
gún  la  creencia  del  vulgo,  de  los  qu« 
usan  de  algún  maleficio  con  el  fía  de 
hacer  á  uno  impotente  para  la  geoe- 
ración.  ¡  Oblioae.  Se  dice  de  la  eicc- 
munión  válida  que  liga  at  que  incu- 
rre en  ella.  Q  Anticuado.  Encuadkb- 
MAR.  B  Neutro.  En  ciertos  juegos  de 
naipes  es  juntar  dos  ó  más  cartu  de 
un  palo.  II  Reciproco.  Confederarse, 
unirse  para  algún  fin.  \  Metáfon. 
Obligarse. 

Etimología.  Sánscrito  Ung,  con 
flcLible:  griego,  "kiyoi  (Iggos),  mim- 
bre; Xu|t!;«i¥  (lygitein),  amarrar;  Istín, 
lia,  berza;  l^are  (iiam-agtre,  li-agtre, 
ii-g&re,  atar  con  la  lía);  italiano,  1^9- 
re;  francés,  Uguer;  provenzal,  l^m; 
catalán,  lligar;  walón,  loil;  Hniaaat,  1 
loier;  picardo,  leuyer,  loyer;  portu-  ' 
gués,  ligar.  \ 

Ligativo,  va.  Adjetivo.  Que  liga  ó  \ 
tiene  virtud  de  ligar.  j 

Ligatorio,  ria.  Adjetivo.  Lioi- 
tivo. 

Ligatura.  Femenino  anticuado. 
Ligadura. 

Ligazón.  Femenino.  Unión,  traba- 
zón, enlace  de  una  cosa  con  otra.  |¡ 
Marina.  El  conjunto  da  los  maderos 
sobre  que  se  fundan  los  bajeles. 

Ligdina  (pibdba).  Adjetivo.  Piedra 
de  Paros,  semejante  al  alabastro  poi 
su  gran  blancura.  (Punió.) 

Etimología.  Griego  Xúyfiivoí  (lygdj- 
nos),  forma  de  Xúyvo^  (lygnos),  el  man 
mol  de  Paros:  latín,  lyodÍnus  hfit- 

Ligeo.  Sfasculino.  Entomi^i»- 
Género  de  insectos  hemípteros. 

Ligeramente.  Adverbio  de  modo. 
Con  ligereza.  |  De  paso,  levemente.  | 
Metáfora.  Sin  reflexión.  |  Antieoado. 

FÍCILMENTB. 

EtimolooÍa.  Ligera  y  el  sufijo  ad- 
verbial mente:  catalán,  llengerametí; 
francés,  légireatení;  italiano,  leggierf- 
mente,  hfgiermeHie;  provenzal,  «lytf- 
ramen. 

Sinonimia.  Articulo  primero.''U~ 
GERAUBNTB,  á  LA  LIGERA.  LigerameHÍt 
enuncia  una  simple  modificación  del 
modo  con  que  las  cosas  son  ó  deben 
ser.  A  latigera  designa  una  costum- 
bre diferente  de  la  que  tienen  las  co- 
sas en  el  estado  natural.  El  adverbio 
denota  una  particularidad,  r  U  f^rase 
adverbial,  una  singularidad.  El  pri' 
mero  atribuye  la  ligereza;  la  otra,  un 
carácter,  un  aire,  una  forma  de  lige- 
reza notable  y  distintiva.  Soldadoi 
armados  ligeramente  tienen  armas  j 
vestidos  que  no  los  cwrgan.  Soldados 
armados  á  la  ligera  tienen  una  arma- 
dura particular  que  los  distingue- 

(ClBNFUEGOS.) 

Articulo  segundo.— k.  la  liobrajU- 
GERAMBNTE.  Ir  Ó  ifl  ligera  significa  ir 
sin  preparativos,  ó  como  se  suele  de- 
cir, sin  más  que  lo  puesto. 


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LIGE 


LIGO 


LiaU  413 


Ir  liffertme»ie  aigaifica  que  va  con 
rapidez. 

Ue  modo  qae  la  expresión  á  la  lige- 
f»  se  refiere  al  modo. 

El  adverbio  ligeramenU  se  refiere  al 
tiempo. 

Bl  qu«  y%AU  ti^«ra,  no  llera  mu- 
cho peso. 

El  que  va  ligeramente,  no  hace  mu- 
chas paradas.  - 

Ligeraz.  Femenino  anticuado.  Li- 

GEftBZa. 

Liffereza.  Femenino.  Prest'^xa, 
agilidad.  \  Metifora.  Inconstancia, 
volubilidad,  instabilidad.  |  Leve- 
dad. 

ETruoLOGÍA..  Ligero:  italiano,  liggie- 
retsa;  francés,  tégereté;  catalán,  lleuge- 
retn. 

Ligerillo,  ito.  Adjetivos  diminu- 
tivos de  ligero. 

ETiMOLOafa.  Ligero:  catalán,  lleu- 
gtret. 

Ligerisimamente.  Adverbio  de 
modo  superlativo  de  ligeramente. 

Ligerisimo,  ma.  Adjetivo  super- 
UtÍTo  de  ligero. 

Btiholooía.  Ligero:  sánscrito,  la- 
ghtyas,  más  ligero;  latín,  levior;  ale- 
mán, Uichter;  inglés,  ligiter;  Htua- 
nío,  leagivesuii;  ruso,  legctli;  sánscri- 
to, lagkt$tha$t  el  más  ligero,  ligerisi- 
mo; íatín,  levisÍMus;  aitmixít  leichUst; 
inglés,  lightett;  lituanio,  Uugmausat; 
raso,  legctaimi;  catalán,  líeugerís- 
tim,  a. 

Ligero,  ra.  Adjetivo.  Lo  que  pesa 
poco,  l  Agil,  veloz,  pronto.  ||  Aplíca- 
se il  sueño  que  se  interrumpe  fácil- 
mente con  cualquier  ruido,  por  pe- 
queño que  sea.  |  Metáfora.  Leve,  lo 
ue  es  de  poca  importancia  j  consi- 
eraciÓD.  ||  Hablando  de  alimentos, 
el  que  pronto  j  fácilmente  se  digie- 
re. \  Metáfora.  Inconstante,  voltario, 
qae  muda  fácilmente  de  opinión.  Q 
^senlino.  Germanía.  El  manto  de  la 
mujer.  I  A  LA  LiOBKA.  Modo  adver- 
biil.  De  prisa,  ó  ligera  y  brevemen- 
te. I  Sin  aparato,  con  menos  eomodí- 
did  j  compañía  de  la  que  correspon- 
de* B  pB  uoBRO.  Modo  adverbial.  Sin 
lefiexióa;  y  así  se  dice:  creer,  partir 
de  LiOBBo.  I  Anticuado^  FIcílubntb. 

ErnioLOOÍA..  Latín  Üvis,  leve,  del 
griego  Xtnit;  (lepls),  escama,  corteza. 
(1)b  HiouBL  j  Morante.) 

1-  Es  una  interpretación  poco  afor- 
tunada, que  apenas  se  concibe,  tra- 
tándose de  autores  tan  doctos. 

2.  Dice  Littré  que  el  latín  levi$  re- 
presenta legtis,  cuja  sabia  opinión 
ofrece  la  clave  de  la  voz  propuesta. 

3.  Esa  y  de  que  Littre  nos  habla, 
K  halla  realmente  en  el  ruso  legczfi  y 
{f^íU;  en  el  lituanio  lettgmas;  en  el 
inglés  tighí,  listo,  ligero,  ágil.  - 

4.  Todas  estas  formas  se  derivan 
de  la  raíz  sánscrita  lagk,  origen  co- 
mÚQ  de  esta  serie. 

Oeriwui^. — Sánscrito  lagh,  apre- 
«urarse,  mover;  Icyhus,  ligero,  bre- 
Je:  latín,  Irvis,  por  legvis;  alemán, 
««Ai,  por  leight;  inglés,  ligkt;  litua- 
no, teuú^u;  ruso,  legkii;  italiano  an- 
"^0,  Ueve;  moderno,  leggiere;  fran- 
W»»  ií^ír;  proveazal  antiguo,  le%i  mo- 


derno, leugier;  catalán,  Ueuger,  a; 
burguiñón,  legei;  Berrjr,  Uger;  walún, 
Ifgir;  namurés,  legér. — Ligero  j  liebre 
son  las  mismas  palabras  de  origen, 
puesto  que  ambas  vienen  de  la  misma 
raíz  sánscrita. 

Ligio.  Masculino.  Fbudo. 

Ligna.  Femenino  anticuado.  LbRa. 

Lignación.  Femenino.  Acción  j 
efecto  de  cortar  madera  6  leña. 

Etimología.  Latín  lignallo.  (Ca- 
sar.) 

Lignario,  ría.  Adjetivo.  Referen- 
te á  la  madera.  |  Parecido  á  la  made- 
ra 6  hecho  de  ella. 

ETiyoLooÍA.  Latín  Ugnarius:  liona- 
BiA  negotiaíio;  «comercio  de  madera» 
(Capblla);  LiONARius  aríifex,  carpin- 
tero (san  Jerónivo). 

Lignes.  Masculino  plural  anticua- 
do. Arboles. 

ETlUOLOOfA.  Leaa. 

Lign.colA.  Adjetivo.  Zoología.  Que 
vive  en  la  leña. 

Etiuolooía.  Latín  lignum,  leña,  y 
colare,  habitar:  francés,  Itgnicole. 

Lignifero,  ra.  Adjetivo.  Botánica. 
Epíteto  de  las  ramas  que  ostentan  so- 
lamente la  madera  sin  flores  ni  fru- 
tos. 

EtiuoloqÍa.  Latín  Ugui/er;  de  lüf- 
Hum,  leña,  y  ferré,  llevar  ó  produ- 
cir. 

Lignificaiáón.  Femenino.  Botáni- 
ca. Acción  de  lignificarse. 
Etiuología.  Ligni^carte:  francés, 

ligni/ication, 

LignificarM.  Recíproco.  Botánica. 
Convertirse  en  madera  los  botones  6 
retoños  de  un  árbol. 

ETiuoLoafA.  Latín  lignwn,  leüa,  y 
fac  're,  hacer:  francés,  Ugnijier. 

Ligniforme.  Adjetivo.  Mineralo- 
gía. Fibroso  á  modo  de  la  madera. 

Etiuolooía.  Latín  lignum,  leña,  y 
forma:  francés,  ligniforme. 

Lignigeno,  na.  Adjetivo.  Zoolo~ 
gia.  L^ue  se  cría  en  la  madera. 

ETiuoLoaÍA.  Latín  lignum,  leria,jr 
genhe,  engendrar. 

Lignito.  Masculino.  Carbón  fósil 
de  formación  bastante  reciente,  para 
que  en  él  se  distingan  todavía  vesti- 
gios de  leño  ú  organización  vegetal, 
y  LiONiTO  XILOIDE.  Madera  fósil  en 
ue  la  ormnización  leñosa  se  mani- 
esta  todavía.  |{  Lignito  compacto. 
Bl  LIGNITO  en  que  ha  desaparecido 
toda  organización  vegetal. 

Etimología.  Latín  lignum,  lefia: 
francés,  ligniie. 

Lignivoro,  ra.  Adjetivo.  Lbñívo- 
ro. 

Lignoso,  sa.  Adjetivo.  Concer- 
niente á  la  madera. 

Etimología.  Leña:  latín,  li^nStu», 
abundante  de  madera;  francés,  lig- 
neux;  italiano,  legnoso. 

Lignum  cracis.  Masculino.  Reli- 
quia de  la  cruz  de  Cristo,  que  regu- 
larmente se  pone  en  forma  de  cruz. 

Etimología.  Latín  lignum,  madero, 
y  crncis,  genitivo  de  crux,  la  cruz:  «el 
madero  de  la  cruz:»  catalán,  lignum 
crúcis. 

Ligófilo,  la.  Adjetivo.  Historia  na- 
tural, Que  ama  las  tinieblas. 


Etimología.  Griego  W^ij  (lg¿e),  ti- 
nieblas, y  wXo^  {pkHosJ,  amante. 

Ligona.'  Femenino.  Provincial 
Aragón.  Azada. 

Ligos.  Femenino.  Gtograffa  anti- 
gm.  Nombre  de  Bizancio.  (Ausonio.) 

Etimología.  Griego  Aúpt  (lygo')- 
latín,  Lygus  y  Lígot. 

Liguar.  Activo  anticuado.  Ligar. 

LiguiUa.  Femenino.  Especie  de 
cinta  angosta. 

Lígula.  Femenino.  Botánica,  ór- 
gano apendicular,  colocado  en  la  base 
de  las  hojas  de  las  plantas  gramíueas, 
de  naturaleza  análoga  á  la  de  las  estí- 
pulas. [I  Medio  florón  de  un  capítulo 
Horal  de  las  compuestas.  |]  Entornólo- 
gia.  Labio  inferior  de  los  insectos.  \ 
Género  de  gusanos  intestinales.  | 
¿oolí^ía.  Género  de  moluscos.  \  Bs- 
pátufa.  \  Correa,  cordón. 

ExiuOLOofa.  Latín  It^Ua,  por  lin~ 
g&la,  diminutivo  de  Itngua,  lengua; 
forma  sustantiva  de  tigürire,  por  Un- 
gUrire,  frecuentativo  de  linguire,  la- 
mer: francés,  ligule. 

Reseña. — Término  de  anatomía.  «La 
abertura  ó  resquicio  que  h&y  en  la  la- 
ringe, compuesta  de  las  dos  ternillas 
Ariteuoides;  y  también  se  llama  así 
la  ternilla  Epiglotis,  que  cierra  este 
resquicio.  Díjose  Lígula  6  Língula, 

f)orque  es  instrumento  que  a^uda  á 
a  lengua,  para  poder  pronunciar  las 
palabras.»  (Acadbhia,  Diccionario  de 
Í7i6.) 

Liguláceo,  cea.  Adjetivo.  BotÁnÍ~ 
ca.  Que  tiene  lígula. 

Li^ulado,  da.  Adjetivo.  Botánica. 
Parecido  á  la  lígula. 

Ligular.  Adjetivo.  Botánica,  Epí- 
teto de  las  partes  largas,  delgadas  y 
lisas  de  las  plantas.  U  Femenino.  Gé- 
nero de  plantas,  de  la  familia  de  las 
compuestas. 

EtiuoloqÍa.  Lígula:  francés,  ligu- 
laire. 

Ligulario,  ría.  Adjetivo.  Lioo- 

LAR. 

Liguleo,  lea.  Adjetivo.  Ligulado. 

Ligulifero,  ra.  Adjetivo.  Botáni- 
ca, Que  tiene  lígulas. 

ETiuoLoaÍA.  Latín  Itg&lat  lígula,  y 
ferré,  llevar. 

Ligulifloro,  ra.  Adjetivo.  Botáni- 
ca. De  ñores  ligúleas. 

Etimología.  Latín  lígula,  lígula,  j 
JíoSf^oris,  flor:  francés,  ligulijtoxe, 

Ligulifoliado,  da.  Adjetivo.  Bo- 
tánica. De  hojas  lineales. 

Etimología.  Latín  ^Íla  y  fSliStus, 
dsifSlíum,  hoja. 

Liguliforme.  Adjetivo.  fíi$toria 
natural.  En  forma  de  lígula. 

Etimología.  Latín  lígula,  lígula,  y 
forma:  francés,  liguliforme. 

Ligar.  Adjetivo.  £1  natural  de  la 
Liguria. 

EtuioloqÍa.  Ligúttico:  latín,  ligur 
y  llgus,  üris.  (Cicerón.) 

Ligura.  Femenino.  Especie  de  pie- 
dra preciosa. 

Etimología.  Liguria,  de  donde  pro- 
cede: LiausTicuM  saxum,  mármol  de 
Génova.  (Juvbnal.) 

Liguria.  Femenino.  Geografía  an- 
tigua. Región  de  Italia  en  los  Alpes 


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414  LUO 


LILA 


LIMA 


m»{t¡mo8,  hoj  el  Geaovesado  6  el 
Piamonte. 

Btiuolooía.  Latín  Zlgaría  (Pli- 
Nio):  italiano,  Ligwia;  francés,  Ligu- 
rie. 

Liguriano,  na.  Sustantivo  j  adje- 
tivo. Natural  j  propio  de  la  Liguria. 

EriMOLoaÍA.  Ligar:  latín,  ligara, 
pueblos  muy  belicosos;  catalán,  ligu- 
rt,  na, 

Li^ríno,  na.  Adjetivo.  El  natural 
de  Ligaría  y  lo  perteneciente  á  ella. 

Etiuolooía.  Ligwia:  latín,  ligúrt- 
nus. 

Ligurio,  ría.  Adjetivo.  Goloso. 

BTiifOLOofA.  Latín  ít^üríus  (glosas), 
goloso,  forma  de  lígUnre,  gastar  con 
remilgos,  cantar  melindrosamente,  si- 
métrico de  Ungiré,  lamer. 

Li^ústico,  ca.  Adjetivo.  Lo  per- 
teneciente á  la  Liguria. 

Etiuolooía.  Latín  fígusficus:  tigut- 
tfcum  mare,  la  ribera  de  Genova,  el 
mar  ligústico  ó  de  Liguria.  (Plinio). 

Ligustro.  Masculino  anticuado. 
La  ñor  del  ligustro  6  alheña. 

LigustrÍDd.  Femenino.  Química. 
Extracto  amargo  de  la  corteza  del  li- 
gastro. 

Etiholooía.  Ligustro:  francés,  U- 
gusirine. 

Ligustrineo,  nea.  Adjetivo.  3o- 
tániea.  Parecido  al  ligustro. 

Ligustrino,  na.  Adjetivo.  Lo  que 
pertenece  al  ligustro. 

Ligustro.  Masculino.  Botánica, 
Alhb.^a. 

Etiuolooía.  Latín  lí^uitrum,  alhe- 
ña, en  Virgilio:  latín  técnico,  Liaus- 
TRUM  vulgare^  de  Linneo;  italiano, 
gustro. 

L^a.  Femenino.  Pez  que  Ue^a  á 
veces  hasta  la  longitud  de  veinticinco 
píds;  pero  que  en  los  mares  de  España 
crece  mucho  menos.  Tiene  el  cuerpo 
■iiíndrico,  sin  escamas  y  cubierto  de 
ana  piel  de  color  blanquizco  que  tira 
á  verde,  dura  y  sumamente  -áspera. 
Sus  ojos  son  pequeños,  y  la  boca,  cujro 
labio  inferior  es  mucho  más  corto  que 
el  superior,  es  grande  y  armada  de 
muchos  T  fuertes  dientes.  Al  arran- 
que de  la  cabeza  tiene  á  cada  lado 
uinco  respiraderos  en  forma  de  media 
luna.  Es  animal  'sumamente  voraz  y 
sigue  en  cuadrilla  con  los  de  su  espe- 
cie los  buques,  ansioso  de  carne  hu- 
mana. I  Nombre  dado  en  las  artes  á  la 
piel  áspera  del  dicho  pescado  y  de 
otros  varios,  que  sirven  para  alisar  la 
madera  y  otros  usos. 

StiuolooIa.  Lijar. 

L^ar.  Activo.  Provincial  de  la 
Montaña.  Lastihab.  Q  Alisar  y  pulir 
con  lija  alguna  cosa. 

EtiuolgoÍa.  Latín  levtgUre,  pulir; 
de  üvis,  pulido,  é  igare,  frecuentativo 
de  faceré,  hacer. 

1.  Propiamente  hablando,  levigare 
es  la  forma  intensiva  do  levare,  alisar. 

2.  Las  formas  lavígare  y  lavare  son 
bárbaras,  puesto  que  proceden  de  lee- 
tus  (griego,  Xaió^,  laiós),  izquierdo, 
cuyo  radical  es  extraño  á  esta  serie. 

L^eruela.  Adjetivo  que  se  aplica 
á  la  uva  temprana. 
Lyo.  Mascnlino  anticuado.  Inmun- 


dicia, l  Adjetivo  anticuado.  Sucio. 

L^oso,  sa.  Adjetivo  anticuado. 
Sucio,  inmundo.  ||  Aspero,  rasposo, 
como  cuando  decimos:  superficie  lijo- 
sa, cuerpo  LIJOSO. 

1.  Lila.  Femenino.  Botínica.  Ar- 
busto muy  conocido  que  florece  en 
primavera,  con  hojas  anchas,  punti- 
agudas, lisas,  blandas  y  lustrosas. 
Las  flores  entre  blancas  y  moradas, 
de  hechura  de  ramillete,  de  vista  y 
olor  muy  agradables.  ]|  La  flor  que 
produce  el  arbusto  de  este  nombre,  ¡l 

COLOB  DB  LILA,  6  COLUR  LILA.  Et  Color 

semejante  á  las  flores  de  dicho  arbus- 
to. Q  Es  un  lila;  es  un  tío  lila.  Fra- 
se familiar.  Es  un  mentecato,  un  po- 
bre hembre. 
Etimología.  Persa  liladj^  tilandj, 

Ulang  (i^^  dÜJy  ÜLíjLJ),  formas 

de#iT¿  (J^'),  anís,  por  semejanza  de 

color:  árabe,  Itlak,  azuloso,  como  los 
dados  cuando  están  cárdenos  por  el 
frió;  catalán,  lila;  francés,  lilas;  por- 
tugués, lilazaro. 

Reseña. — 1.  Latín  técnico.  Género 
syringa,  familia  de  las  cleineas. 

2.  Lila  común.  Arbusto  que  florece 
por  la  primavera,  cu^aa  flores  presen- 
tan la  forma  de  ramilletes,  que  es  el 
syringa  mlgaris,  de  Linneo. 

3.  Lila  db  Marlt.  Lila,  purpúrea 
y  blanca. 

4.  Lila  de  Varin.  Syringa  dubta, 

5.  Lila  de  Persia.  Syringa  pérsica, 
de  Linneo. 

6.  Lila  de  las  Indias,  Azederaque 
siempre  verde,  familia  de  las  melíá- 
ceas;  melia  auderach. 

7.  Lila /«rrtfíírí.  La  variedad  mons- 
truosa del  muscari  comotttm,  familia  de 
las  liliáceas. 

8.  «Arbusto,  llamado  en  África 
Scyrinx,  que  da  por  fruto  unas  nueces 
á  las  cuales  llaman  los  boticarios  Ben, 
de  que  hdcen  el  aceite  de  Ben.  Algu- 
nos le  llaman  avellano  de  la  India; 
pero  trahiéndose  sólo  de  Africa,  pare- 
ce es  distinto  este  arbusto.»  (Acade- 
mia, Diccionario  de  1736.) 

2.  Lila.  Femenino.  Tela  de  lana 
de  virios  colores,  de  que  se  usaba  pa- 
ra vestidos  y  otras  cosas. 

Etiuología.  «Llamóse  así  por  ha- 
ber tenido  su  origen  en  Lila,  ciudad 
de  Flandes.»  (Acadeuia,  Diccionario 
de  im,) 

Liláceo,  cea.  .\djetivo.  Botdnica. 
Parecido  á  una  lila. 

ETiiáCLOaÍA.  Lila, 

Lilacína.  Femenino.  Química. 
Principio  cristalizable  que  se  extrae 
de  los  frutos  verdes  y  de  las  hojas  de 
la  lila. 

Etimoloqía.  Lila:  francés,  lilacine, 

1.  Lilaila.  Femenino.  Tejido  de 
lana  muy  delgado,  claro  y  estrecho, 
del  cual  se  hacían  en  Andalucía  man- 
tos para  mujeres  pobres,  y  también 
mantos  capitulares  para  los  caballe- 
ros de  las  órdenes  militares. 

Etimología.  LHéli.  (Dozy.) 

2.  Lilaila.  Femenino  familiar.  As* 
tueia,  treta,  bellaquería,  usándose  ge-  , 
neralmeute  en  plui'al.  |  Cosa  de  poca  | 


monta.  |  Majadería,  ridiculez.  H  Ve- 
nirse CON  LILAILAS.  Frase  familiar. 
Venirse  con  futilidades  impertinen- 
tes. II  Santa  Lilaila.  Expresión  de 
burla,  de  que  se  usaba  mucho  en  la 
antigua  lengua. 

Etimología.  1.  «Parece  es  tomado 
de  lo  que  dicen  frecuentemente  los 
moros  en  sus  fiestas  y  necesidades, 
Hilha  kilahaila,  de  donde  también  se 
dice  por  burla  santa  Lilaila,>  (Acade- 
mia, Diccionario  de  17S6.) 

2.  Este  AilAa  hUaAaila  es  el  árab>> 
le'iláA  ilWllah,  que  hemos  encontra- 
do en  el  artículo  lelilí:  «no  hay  más 
Dios  que  Dios  y  Mahoma  ea  su  pro- 
feta.» 

■Lilao.  Masculino  familiar.  Osten- 
tación vana  en  el  porte  6  en  palabra» 

y  acciones. 
ETiMoLoofA.  Lilaila  2. 
Lilea.  Femenino.  Botánica,  Géne- 
ro de  plantas  juncáceas. 
Etimología.  Lila. 

Liliáceas.  Femenino  plural.  Botá- 
nica. Familia  de  plantas  cotiledÓQsaa, 
cuyo  tipo  es  el  lirio. 

Etimología.  Latín  litíum,  el  lirio: 
francés,  liiiaeée. 

Liliáceo,  cea.  Adjetivo.  Botánica, 
Parecido  al  lirio. 

ETtHOLOOÍA.  Liliáeeai:  francés,  U' 
Uacée. 

Lilxal.  Adjetivo.  Botánica.  Que  tie- 
ne lises  ó  se  parece  á  ellas. 
Etisiglogía.  Lis. 

Lilifloro,  ra.  Adjetivo.  Botánica. 
De  flores  parecidas  á  la  lis. 

Etimología.  Latín  lUíum,  lirio,  y 
Jlos,  ,fióris,  fior. 

Liliforme.  Adjetivo.  Botánica.  Bn 
forma  de  lis. 
Etimología.  Lilial  y  forma. 
Liligero,  ra.  Adjetivo.  Lilial. 
Etimología.  Lilial  y  el  latíu  gertre. 
llevar  u  producir. 

Lililí.  Masculino.  La  gritería  que 
hacen  los  moros  en  sus  fiestas  y  zam- 
bras. 

Etimología.  Lilaila  f. 
Lilio.  Masculino  anticuado.  Libio. 
Etimología.  Latín  ¿t/íutn,  que  es  el 
grieg-o  >eípiov  (leirion). 

Lilipat.  Masculino.  Erudición. 
Nombre  de  un  país  imaginario  que 
Swift  describe,  habitado  por  hombres 
de  seis  pulgadas. 

Liliputiense.  Masculino.  Moder- 
namente se  designa  con  esta  palabra 
al  hombre  extremadamente  pequeño 
y  endeble,  con  alusión  á  los  fantásti- 
cos personajes  de  Liliput,  que  el  no- 
velista Swift  imaginó  en  sus  Viajes 
de  Oulliver, 

Etiuolooía.  Liliput:  francés,  UUi~ 
puíien,  del  inglés  Utllot  pequeño. 

t.  Lima.  Femenino.  Arbol  que 
piOQ'ice  las  limas,  que  comunmente 
se  UaTia  limero.  |  Especie  de  límóa 
dulce,  /nás  pequeño  j  redondo  que 
los  demts. 

Etimología.  Árabe  tima 

nombre  do  unidad;  del  colectivo  lim, 
2.  Lima.  Femenino.  Instrumento 
,  de  acero  e.icabroso,  áspero  y  firme, 
Ipara  cortar  y  alisar  loa  metales  j 


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LIMA 


LIMB 


LIMI  415 


otras  cosas.  {|  Metáfora.  CorreccMn  j 
enmienda  de  las  obras,  particular- 
mente de  las  de  entendimiento.  |  Ca- 
nal grande  que  suele  ponerse  en  el 
ángulo  de  los  tejados  para  recibir  y 
conducir  las  aguas.  ]j  &ermania.  La 
camisa.  |  sorda.  La  que  está  cubierta 
de  plomo  y  hace  poco  ó  ningún  ruido 
cuando  lima.  ||  Metáfora.  Lo  que  im> 
perceptiblemente  va  consumiendo  al- 
guna cosa. 

Limáceo,  cea.  Adjetivo.  Zoología. 
CoDcerniente  ó  parecido  á  la  limaza. 
\  Lodoso  ó  cenagoso. 

EriHOLOofA.  Líhm:  latín,  UmUceus; 
francés,  limaden. 

limacia.  Femenino.  Botánica.  Es- 
pecie de  arbusto  enredador  y  de  flores 
amarillas. 

Limacifonne.  Adjetivo.  Historia 
natural.  Que  tiene  la  éirma  de  una  li- 
maza. 

Limacino,  na.  Adjetivo.  Zoología. 
Concerniente  ó  análogo  á  una  limaza. 

Limación.  Femenino.  Operación 
que  consiste  en  limar  las  asperidades 
de  los  dientes. 

ETiuoLoaÍA.  Limar:  latín,  timañoy 
forma  sustantiva  al»tracta  de  ftmi/iM, 
timado. 

lántacoide.  Uasculino.  Zoología. 
Gasino  intestinal  que  se  parece  algo 
á  la  limaza. 

Limadisimo,  ma.  Adjetivo  super- 
lativo de  limado. 

Limado,  da.  Participio  pasivo  de 
limar. 

BnuoLOofA.  Latín  timatus,  partici- 
dÍo  pasivo  de  limare,  limar:  italiano, 
Umato;  francés,  limé;  catalán,  Ui~ 
matt  da, 

limador,  ra.  Sustantivo  y  adjeti- 
vo. Que  lima. 

EruiOLoaÍA.  Limar:  latín,  timator, 
forma  activa  de  ^maííot  limación. 

limadura.  Femenino.  La  acción  y 
efecto  de  limar.  |  Plural.  Las  parteci- 
llas  muy  menudas  que  salen  limando 
alguna  cosa. 

Etiuolooía.  Limar:  latín  de  las 
glosas,  limátSra,  limaduras;  catalán 
antiguo,  llimament;  moderno,  llimadu- 
ra;  nances,  Umnre;  italiano,  limaíura. 

Limalla.  Femenino.  Conjunto  de 
las  limaduras. 

ETiMOLOofA.  Lima  2:  francés,  li- 
maiile. 

Limán.  Hasculíno.  Erudición. 
Nombre  derivado  del  griego,  que  se 
jauta  á  muchos  nombres  turcos  ó  ru- 
y  significa  el  puerto  que  forma  la 
embocadura  de  un  río.  De  este  origen 
viene  sin  dada  el  nombre  del  lago 
Ltmán. 

EnuOLOoÍA.  Griego  Xet|u(iv,  XEifiüvo^ 
íleimdn,  leimdnos),  lugar  regado,  locus 

Limandela.  Femenino.  Ictiología. 
Especie  de  pescados  pleuronectos  del 
Océano  Atlántico, 

Etiuolooía.  Lima,  aludiendo  á  ta 
piel  áspera  y  rugosa  del  pescado:  fran- 
cés, limande,  limandelle.  (Littré.) 

Limanqnia.  Femenino.  Medicina. 
Hambre  excesiva. 

BrmoLooÍA.  Griego  Xijió(;  (limés), 
3  ircko,  imperar:  ffancé8>  limanche. 


Xtimar;  Activo.  Cortar  ó  alisar  los 
metales  coa  la  lima.  |  Metáfora*  Pulir 
alguna  obrat 

Etimología.  Lima:  latín,  tiMdre; 
italiano,  limare;  francés,  limer;  pro- 
veuzal,  limar;  catalán,  llimar. 

SíNONiuiA.  Limar,  pulir.  Limar  es 
quitar  con  la  lima  las  partes  super- 
ficiales de  un  cuerpo  duro.  Pulir  es 
poner  por  la  frotación  liso  un  cuerpo, 
hacerle  lustroso  y  agradable  á  la  vis- 
ta. Zmar  es  quitarlas  asperezas,  las 
escabrosidades.  Pulir  añade  á  este 
efecto  el  de  dar  finara,  lustre,  el  pri- 
mor que  exígela  perfección.  Sin  el 
pulido  se  ven  en  la  obra  las  golpes  de 
ta  lima,  pero  con  él  desaparece  el  trá- 
balo de  limar.  (Cisnfuegos.) 

Limatón.  Masculino.  Lima  de  figu- 
ra redonda,  gruesa  y  áspera,  de  que 
se  sirven  los  cerrajeros  y  otros  artí- 
fices en  sus  oficios;  los  herreros  lo  lla- 
man cantón  redondo. 

Limaza.  Femenino  anticuado.  Ani- 
mal. Uaboía. 

Etimología.  1.  Griego  Xeí[ia5  (leí- 
max);de  Xetjuüv  ( leimon),  puraje  húme- 
do: latín,  Pimax,  aeis;  caulán,  llimach; 
provenzal,  Ikimatz,  Hnai,  masculino; 
limassa,  femenino;  francés,  limas,  li- 
mace;  Berrjr,  limas,  lumas;  polonés, 
elimai;  italiano,  lumacat  lumaccta. 

2.  El  francés  tiene  también  lima- 
con:  'walón,  Umeson,  lumeson;  Hainaut, 
le'mechon,  lumiron,  hchemon;  picardo, 
limechon,  émichon,  émuchon,  limichon; 
burguiñóo,  lemaisson,  limai-^on. 

Limazo.  Masculino.  Viscosidad  ó 
babaza. 

Etimología.  Limaza. 

Limbar.  Adjetivo.  Botánica.  Con- 
cerniente al  limbo  de  una  corola,  en 
CUTO  sentido  se  dice:  esspaHsiónuwQKB.. 

EriuoLoaÍA.  Limbo:  francis,  lim~ 
baire, 

Limbifero,  ra.  Adjetivo.  Botánica, 
Que  tiene  un  limbo,  ó  un  borde  colo- 
rado. 

ETiuoLoaÍA.  Latín  Hmbus  y  /erre, 
llevar. 

1 .  Limbo.  Masculino.  Llámase  co- 
munmente así  el  lugar  ó  seno  donde 
estaban  detenidas  lasalmasde  los  san- 
tos y  patriarcas  antiguos  esperando 
la  redención  del  géneru  humano.  [|  El 
lugar  adonde  van  las  almas  de  los  ni- 
ños que  mueren  antes  de  haber  reci- 
bido el  bautismo.  ||  Estab  el  lim- 
BQ.  Frase  metafórica.  Estar  distraído 
y  como  alelado,  ó  pendieate  de  algún 
suceso  sin  poder  resolver. 

ETiMOLoaÍA.  Latín  limhus,  límite: 
italiano,  limbo;  francés,  limbes, 

Reseña. —  Llamóse  liubo,  porque 
está  en  el  límite  ó  borde  del  infierno, 
según  los  teólogos. 

2.  Limbo.  Masculino.  J.j/rtmo'niti. 
La  extremidad  del  globo  del  sol  ó  de 
la  luna,  que  aparece  cuando  el  medio 
ó  disco  queda  escondido  por  algún 
eclipse  central:  llámase  también  así 
la  extremidad  del  astrolabio  ú  otro 
instrumento  con  que  se  observan  los 
astros.  Q  Anticuado.  El  fin  ó  extremo 
de  alguna  cosa,  y  con  especialidad  se 
tomatia  por  la  orla  ó  extremidad  de  la 
vestidura. 


Etimología.  Limbo  1:  francés,  í¿m}«. 

1.  Matemáticas  y  astronomía.  Bor- 
de de  un  instrumento. 

2.  Limbo  superior,  limbo  inferior  del 
sol.  Expresiones  equivalentes  á  borde 
superior,  borda  inferior  del  sol. 

3.  Limbo.  Masculina.  Círculo 
puesto  al  rededor  de  la  cabeza  de  una 
divinidad  ó  de  un  santo. 

4.  Limbo.  Masculino.  Botánica. 
Parte  de  una  hoja  ó  folíeula,  formada 
por  la  expansión  de  las  fibras  del  pe- 
ciolo. Q  Parte  superior  de  las  corolas 
monopétalas.  |¡  Parte  superior  de  los 
cálicesmonófílos.  p  Conquiliología. Cir- 
cunferencia  de  las  valvas  de  una 
concha  bivalva,  desde  el  disco  hasta 
el  borde. 

Etimología.  Zímio  /:  francés, Íí»n5«*. 

Limea.  Femenino.  Botánica.  Espe- 
cie de  renúuculo  veneuoso. 

Etimología.  Latín  limeum,  voz  dr 
los  galos,  que  significa  planta  vene- 
nosa. (Punió.) 

Limen.  Masculino.  Poética.  Uit- 
bral. 

ETniOLOOÍA.  Limite:  latín,  Umen, 
límínis,  el  umbral  de  la  puerta. 

Limenarca,  Masculino.  Capitán  6 
intendente  de  un  puerto,  &  cujo  car- 
go estaba  el  registro  de  los  que  en- 
traban y  salían. 

Etimología.  Lmenarqula:  griego, 
XtjiEvipj^ijí  (limenirches);  latín,  Itme- 
ndrcha  y  límínarchus;  francés,  limé- 
narcke. 

Reseña. — ^«íi^fiírfaííw.Nombrequo 
los  griegos  daban  á  un  inspector  de 
puerto,  encargado  de  que  no  se  abrie- 
se á  los  piratas  y  de  que  no  saliesen 
provisiones  para  los  enemigos.  Bajo 
el  imperio  romano,  se  llamó  así  á  los 
soldados  encargados  de  la  seguridad 
en  las  grandes  vías. 

Limenarqnía  Femenino.  jÍN¿»^fi«- 
dades  griegas.  Capitanía  6  intendencia 
de  puerto. 

Etiholoqía.  Griego  Xijxevipj^íit  (U-^ 
menarchía);  de  tijíiÍv  (limen),  puerto, 
y  arcke,  mando:  francés,  limarckie. 

Limenofilax.  Masculino.  Ant^üe" 
dades.  Limbnakca. 

Limeño,  ña.  Adjetivo.  El  natural 
de  Lima  ó  lo  perteneciente  á  esta 
ciudad. 

Limera.  Femenino.  Marina.  La 
abertura  para  el  paso  de  la  cabeza  del 
timón  y  juego  de  la  caña. 

Etimología.  Lim^.ro,  —  «La  mujer 
que  vende  limas.»  (Acadbhia,  DicciO' 
nariodeim.) 

1.  Limero.  Mascalino.  El  árbol 
que  produce  limas. 

Etimología.  Lima  1. 

2.  Limero,  ra.  Masculino  y  feme- 
nino. El  que  vende  limas. 

Etimología.  Lima 
Limeta.  Femenino.  Botella. 
Etimología.  Latín  Cimis  y  ¿imus, 
torcido. 

Líméxilon.  Masculino,  Entomolo- 
gía. Género  de  insectos  coleópteros 
serri  córneos. 

Etimología.  Latín  limus,  torcido, 
y  el  griego  xglon,  madera;  vocablo 
híbrido. 

Limícolo,  la.  Adjetivo.  Sisíorus 


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416  LIMI 


LIMN 


LIMO 


natural.  Que  vive  en  ñtng^ales  6  lagu- 
nas. 

Etiuología.  Latía  Umnt,  limo,  y 
eolrre,  habitar. 

Limigena.  Sustantivo  y  adjetivo. 
Zoologia.  Que  se  engendra  en  el  cieno. 

ETiuoLoaÍA.  Latín  timns,  limo,  y 
genere,  engendrar, 

Liminar.  Adjetivo.  Concerniente 
al  limen  ó  umbral. 

Etiholooía.  Limen:  latín,  llmínü- 

ris.  (VlTRÜBIO.) 

.  Limiste.  Masculino.  Pa&o  que  se 
fabrica  en  Segovia. 

BTiMOLoaÍA..  Francés  limittre,  es- 
pecie de  jerga  fabricada  en  Rúan. 

Limilla,  ita.  Sustantivos  diminu- 
tivos de  lima. 

BmiOLOoU.  Zima  2:  catalán,  Ui- 
meta. 

Limitación.  Femenino.  La  acción 
y  efecto  de  limitar.  J  Término  ó  dis- 
trito. Q  Anticuado.  Límite  6  término 
de  algún  territorio. 

Etiholooía.  Limitar:  latía,  timild- 
¿ío,  forma  sustantiva  abstracta  de  li- 
mitaÍM,  limitado;  proveazal,  limUa- 
do;  catalán,  limitacié;  francés,  limita' 
íion;  italiano,  limitazione. 

Limitadamente.  Adverbio  de  mo- 
do. Con  limitación. 

EriuoLoaÍA.  Limitada  y  el  suñjo 
adverbial  ment.:  catalán,  limtiada- 
mení;  francés,  limitaUeemení;  italiano, 
limitammíe. 

Limitadísimo,  ma.  Adjetivo  su- 
perlativo de  limitado. 

Limitado,  da.  Adjetivo  que  se 
aplica  á  quien  tiene  corto  talento. 

Etimología.  Limitar:  latín,  Imíía- 
tus;  participio  pasivo  de  limiíare,  li- 
mitar; catalán,  limiíal,  da;  francés, 
limité;  italiano,  limitato. 

Limitador,  ra.  Sustantivo  y  adje- 
tivo. Que  limita. 

Etiuolgoía.  Limitar:  latín,  Ani^o- 
íor. 

Limitáneo,  nea.  Adjetivo  tjue  se 
aplica  á  lo  que  pertenece  ó  está  inme- 
diato á  los  límites  ó  fronteras  de  al- 
gún reino  ó  provincia. 

EriuoLoaíJL.  Límite;  latín,  íimiti- 

Limitar.  Activo.  Poner  límites  á 
algún  terreno.  ||  Metáfora.  Acortar, 
ceñir.  Se  usa  también  como  recíproco. 

ETiuoLoaÍA.  Limite:  latín.  Imitare; 
catalán,  limitar;  francés,  limiter;  ita- 
liano, limitare. 

Sinonimia.  Limitar,  acortar,  restrin- 
gir, coartar,  cercenar.  En  el  sentido 
recto,  limitar  es  fijar  términos,  trazar 
líneas,  alzar  barreras;  acortar  ea  dis- 
minuir la  e^Ltensión;  restringir  es  mo- 
dificar la  acción  ó  el  movimiento; 
coartar  y  cercenar  es  aminorar  la  can- 
tidad. La  sierra  limita  la  llanura;  la 
trocha  acorta  la  distancia;  el  ímpetu 
del  torrente  se  restribe  en  el  valle; 
se  matUM  y  se  cercenan  los  gastos,  las 
raciones  y  los  suministros.  En  el 
sentido  figurado,  la  sinonimia  de 
estas  voces,  excepto  acortar,  es  más 
completa:  y  así  decimos  que  la  Cons- 
titución limita,  restringe,  coarta  ó  cer- 
cena el  poder  de  la  autoridad.  Acortar 
se  refiere  al  tiempo  y  al  trabajo,  como: 


acortar  una  conversación  6  una  tarea. 

(MOBA.) 

Limitarse.  Recíproco,  Concretar- 
se, atenerse  á. 

limitativo,  va.  Adjetivo.  Que  li- 
mita, g  Que  no  deja  entera  libertad. 

Etimología.  Limitar:  provenzal,  ¿í- 
miiatiu;  francés,  Umiíaiif;  italiano,  li- 
mitativo. 

Limite.  Masculino.  Término,  con- 
fín ó  lindero  de  reinos,  provincias, 
posesiones,  etc.  ]i  Línea  que  circuns- 
cribe una  cosa,  marcando  su  circun- 
ferencia. Se  emplea  en  sentido  moral, 
como  cuando  se  dice:  «cada  uno  debe 
contenerse  dentro  del  límites  de  sus 
atribuciones;»  ccada  autoridad  debe 
obrar  dentro  de  sus  líuites.»  Lími- 
tes. Astronomía,  Los  puntos  de  la  ór- 
bita de  un  planeta  más  lejanos  de  la 
eclíptica.  I  Matemáticas.  Magnitud  á 
que  otra  magnitud  puede  acercarse  ia- 
definidaraente,  pero  sin  traspasarla 
nunca.  |  Límites  db  una  ecuación. 
Las  dos  cantidades  entre  las  que  se 
hallan  comprendidas  las  raíces  rea- 
les. II  MáTODO  DE  LOS  LÍMITES. 

Etimología.  Latín  ttmus,  oblicuo; 
limen,  umbral;  times,  i^is,  sendero  que 
atraviesa,  frontera,  término:  catalán, 
límit:  provenzal,  Umit;  francés,  limite; 
italiano,  limite. 

Limítrofe.  Adjetivo  que  se  aplica 
á  las  provincias  ó  naciones,  etc.,  que 
confinan  con  otras. 

ETuiOLOofa..  Latín  timttrjphus,  vo  - 
cabio  híbrido;  del  latín  timen,  fronte- 
ra, jr  del  griego  -zpofitú  (ír(mh¿Ó),  yo 
alimento:  francés,  limitropne;  italia- 
no, limitrofe;  catalán,  limítrofe. 

Reseña  histórica. — Llamóse  limitro- 
phus,  porque  el  producto  de  las  tie- 
rras comarcanas  ó  limítkofbs  servía 
para  alimentar  á  las  tropas  que  cus- 
todiaban las  fronteras  del  imperio  la- 
tino: LiMiTROPHi  fundi;  «tierras  que 
se  asignaban  á  los  soldados  que  guar- 
daban las  fronteras.»  (Código  teodo- 
siano.)  \ 

Limnáceo,  cea.  Adjetivo,  Botár- 
mca.  Parecido  á  una  limnea. 

Etiuología.  Griego  Xíjtvi]  (límnej, 
estanque, 

Limniüéctoro,  ra.  Adjetivo.  Or- 
nitología. Calificación  de  las  galliná- 
ceas que  viven  en  los  pantanos. 

Etimología.  Griego  Xíjiv»)  (UmneJ, 
estanque,  y  iXixTwp  (ale'Atdr),  gallo. 

Limnantáceas.  Femenino  plural. 
Botánica.  Familia  de  plantas  de  hojas 
acídulas,  análogas  á  las  tropeoleas. 

ExuiOLOafA.  Griego  limne,  estan- 
que, y  ánthoSf  flor:  francés,  limnan~ 
thacéet, 

Limnar.  Masculino  anticuado.  Um- 

BBAL. 

Limnarpáceo,  cea.  Adjetivo.  Or- 
niU>logla,  Calificación  de  las  aves  zan- 
cudas que  viven  en  los  pantanos  y  se 
alimentan  de  la  caza. 

Etimolooía.  Griego  limiié,  estan- 
que, y  hárpax,  hárpagoit  raptor:  Xí|jlvi) 

Limnemicolimbo.  Masculino.  Or- 
nitología. Ave  de  lagaña  que  tiene  la 
costumbre  de  zambullirse  la  mitad 
del  cuerpo  en  el  agua. 


Etiuolgoía.  Gríevo  Uima,  esfaa- 
ue,  y  k'Jlymbos,  nadador:  Xtjivii  x¿Xu|ji- 

0?. 

Limnea.  Femenino.  Zoología.  Gé- 
nero de  moluscos  gasterópodos  de 
agua  dulce.  ■ 

Etimología.  Griego  W^v^  (UmniJ, 
estanque,  Xt{ivato;  (limnaiot)^  de  agua 
dulce:  francés,  limnée. 

Limneófilo.  Masculino.  Ornitolo- 
gía. Ave  de  lagunaque  vive. casi  siem- 
pre en  el  agua. 

Etimología.  Griego  Xl^vn  (limne 
estanque,  y  tpíX»;  (pkílos),  amante: 
francss,  limnophile, 

Limnesio.  Masculino.  Botánica, 
Uno  de  los  nombres  de  la  centáurea 
menor. 

Etimología.  Griego  Xtiiv^orií  ^¿tn- 
nisíis),  de  Umne,  estanque:  latín,  liwi- 
n9stis  y  limnitis^  la  centáurea  major. 
(Apulbyo.) 

Limnicitero,  ra.  Adjetivo.  Orni- 
tología. Epíteto  de  las  aves  que  bus- 
can su  alimento  en  las  lagunas. 

Limnita.  Femenino.  Variedad  de 
mineral  con  vetas  parecidas  á  las  si- 
nuosidades de  un  mapa. 

Limnobátero,  ra.  Adjetivo.  Orni- 
tología. Epíteto  de  las  aves  que  andan 
por  la  superficie  de  las  aguas  mansas. 

Etimología.  Griego  Xi[jlví]  ( limne J, 
estanque,  y  ^aieív  (batein),  marchar. 

Limnoma.  Femvmno,  Éntomología, 
Género  de  insectos  dípteros. 

Etimología.  Griego  ¿i»»,  estan- 
que, 7  Hos,  vida. 

Limnocódidos.  Masculino  plural. 
Zoologia,  Familia  de  crustáceos  gaste- 
rópodos que  viven  en  aguas  estan- 
cadas. 

Limnófilo,  la.  Adjetivo.  Zoología. 
Que  se  cuiiiplace  en  el  lodo. 

Etimología.  Limneófilo. 

Limnópteno,  na.  Adjetivo.  OnU- 
íología.  Epíteto  de  un  ave  que  vive 
casi  siempre  en  los  pantanos. 

Limo.  Masculino.  La  veta  ó  costra, 
entre  verdosa  y  amarillenta,  que  la 
humedad  produce  en  las  piedras  y  en 
la  corteza  de  los  árboles,  eu  cujro  sen- 
tido se  dice:  <el  limo  de  las  rocas;  el 
limo  de  la  humedad.»  ||  Geología,  Una 
de  las  capas  del  globo  terrestre.  B  Me- 
táfora. Impureza,  como  cuando  deci- 
mos: «la  perversión  deja  sus  limos  en 
la  cunciencia  y  en  las  costumbres.»  | 
Barro  6  lodo. 

Etimología.  Griego  XEt^uiv  (tetmón ), 
búmedu:  antiguo  escandinavo,  liw; 
antiguo  alto  alemán,  slim;  alemán, 
Sckleim;  latín,  ¿imtu;  italiano,  limo; 
francés,  ¿inum;  provenzal,  Uvm,  limón; 
catalán,  lim. 

Limoctonía.  Femenino.  Medicina. 
E^Lcesiva  privación  de  alimentos,  que 
causa  la  muerte. 

Etimología.  Griego  XtjAoxtovía  (li- 
mokíoníaj,  de  (limótj,  hambre^  y 
Któvoc  (ktdnos)t  muerte:  francés,  iimoC' 
íonie. 

Limodoro.  Masculino.  Botánica, 
Planta  aperitiva  que  crece  en  parajes 
húmedos. 

Etimología.  Griego  XeijioSupov  (lei- 
módóronj,  de  leimdn,  paraje  húmedo, 
y  doron,  presente,  regalo:  latín,  ¿{std- 


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LIMO 


LIMO 


LIMP  4Í7 


í^^tm;  francés,  Imodore, — Log  erudi- 
tos  Dc  Mig:ael  t  Morante  traen  la  for- 
ma griega  Xi(Mouc>ov  (limdddron),  que 
debe  ser  errata  de  imprenta,  puesto 
que  el  griego  no  conoce  semejante 
forma. 

limÓfilo.  LlHNÓPILO. 

BnuOLoaÍA.  La  forma  limé^h,  que 
aparece  en  algunos  Dieeionarios,  et 
barbara. 

Limoges.  Femenino.  Geoarafia. 
Capital  del  departamento  del  Alto 
Vienne,  antiguo  Lemosfn  (Francia); 
69,000  habitantes. 

BnuoLOGÍA.  Latín  LémSvícum;  si- 
métrico de  Lemovícm  j  Lembvices,  el 
Lamosín. 

Limón.  Masculino.  Fruta  de  forma 
oval,  de  color  amarillo  bajo  cuando 
está  madura,  llena  de  un  zumo  conte- 
nido en  diversos  cachos.  \  Arbol  que 
produce  la  fruta  de  este  nombre.  Q 

LlHOKBSA. 

BTiuoLoofA.  Sánscrito  nimbúka; 
dialecto  de  Bengala,  %ibu;  del  indos- 
tán,  limn;  persa,  lemUn,  latmün;  árabe, 

{  o^H/);  catalán,  llmona,  Ui- 

wiá;  provenzal,  limo;  francés,  limón; 
portugués,  limao;  italiano,  Umone. — 
«Fruta  grande,  más  prolongada  que 
redonda,  que  en  el  un  extremo  hace 
ao  pezoncillo;  el  color  es  amarillo  j 
la  corteza  lisa,  debajo  d«  la  cual  tiene 
una  carne  blanca,  /  el  licor  ó  zumo 
contenido  en  diversos  cascos,  guar- 
dados de  una  telilla  blanca  mnj  sutil , 
Hailos  dulces  v  agrios,  j  mezclados 
d«  agrio  jr  dafee.>  (Academia,  Die- 
etoMkrto  de  1796.) 

Limonada.  Femenino.  Bebida  eom- 
paesta  de  agua,  azúcar  y  zumo  de  U- 
mÓ9.  I  DE  VINO.  La  limonada  común 
mezclada  con  vino. 

EniáOLOOÍA.  Limón:  catalán,  llimo- 
Mda;  francés,  limonade;  italiano,  limo- 
»ea,  limonata. 

Limonado,  da.  Adjetivo.  Lo  que 
es  de  color  de  limón. 

Limonar.  Masculino.  BI  sitio  plan- 
tado de  limones.  S  Anticuado.  Limón, 
árbol. 

BnuQi.oafiU  Limd»:  catalán,  Itímo- 
nerar. 

Limoncillo,  ito,  nelo.  Masculino 
diminutivo  de  limón. 

EriMOLOofA.  Jamón:  catalán,  Umú~ 
neta. 

limonelaro.  Masculino.  Boidniea. 
Arbusto  de  las  Indias  orientales,  que 
produce  una  fruta  semejanteálacereza. 

EnMOLoaÍA.  Limón. 

Limonera.  Femenino.  En  los  ca- 
rruajes conducidos  por  una  sola  caba- 
llería, cada  una  de  las  dos  varas  en 
CDvo  cen^eo  se  engancha  el  animal. 

Limonero.  Masculino.  Liuón,  ár- 
bol, g  Masculino  y  femenino.  Bl  que 
vende  limones.  J  Adjetivo  que  seapli* 
ca  á  la  caballería  que  va  á  varas  en  el 
arro,  calesa,  etc. 

ETiMOLoaÍA.  Zimiht:  catalán,  llimo- 
ner,  llimoiura. 

limones.  Masculino  plural.  «Se 
llaman  loi  dos  maderos  largos  que  se 
ponen  á  uno  v  otro  lado,  para  formar 
el  asiento  déla  eureta,  qoe  tirada  de 


bueyes  sirva  para  conducir  carbón, 
trigo,  sal  ú  otras  cosas.»  (Academia, 
Diccionario  de  i  736.) 

Limonio.  Masculino.  SoUniea. 
Planta  medicinal  empleada  contra  las 
disenterías  v  otras  enfermedades.  Es 
del  género  de  las  aurantiáceas,  com- 
prensivo de  la  uuoNiA  de  Madagas- 
car.  n  Bníomolo^ia.  Genero  de  insec- 
tos dípteros. 

Btimología.  Griego  XeqjKÍipiov  (lei~ 
morionj;  de  leimdn,  paraje  húmedo:  la- 
tín, limÜnta;  francés.  Imonie. 

Limonita.  Femenino.  Mineralogía. 
Especie  de  mineral  de  hierro,  que 
Haüjr  denominó  óxido  geódico.  \  Geo- 
logía, Capa  de  limo. 

EtimolooU.  Francés  limoniU;  de 
limón,  limo. 

Limonza.  Femenino.  Cidea  ó  pon- 

CIL. 

Etiuolooía.  Limón. 

Limoscapo.  Masculino.  Arquitec- 
tura. Parte  del  fuste  de  una  columna, 
que  está  más  próxima  i  la  base. 

ETiuoLoaÍA.  Latín  timut,  oblicuo, 
7  c&put,  cabeza;  «lo  que  está  atrave- 
sado cerca  de  la  cabeza  6  base  de  la 
columna.» 

Limosidad.  Femenino.  La  calidad 
de  lo  limoso.  ]  El  sarro  que  se  cría  en 
la  dentadura. 

Etimología.  Limoso:  latín,  limosítas. 

Limosina.  Femenino.  Nombre 
vulgar  de  la  anémona  encarnada  y 
blanca. 

\  Limosíno.  LbhosÍn. 

Etimolooía.  La  forma  Umosino,  que 
aparece  en  algunos  Diecionarioi,  es 
barbara. 

Limosna.  Femenino.  Lo  que  se  da 
por  amor  de  Dios  para  socorrer  algu- 
na necesidad. 

Etimología.  Griego  ÍXeíw  (eleéd), 
tener  piedad:  eXeíJiJiwv  ( elehnon),  mise- 
ricordioso; ¿XeTjiioaúvT]  ( eleemosyne ), 
buena  obra;  latín,  ríímo^^na;  italia- 
no, limosina;  francés  del  siglo  xii,  au- 
mosne;  moderno,  aumiíne;  provenzal, 
elemotina,  elimotina,  almosna,  almorna; 
catalán,  »noAt;  moderno,  limosna;  por- 
tugués, emola;  picardo,  amone;  bur- 
guiñón,  armóne. 

Limosnadero,  ra.  Adjetivo  anti- 
cuado. Limosnero. 

Límosnador,  ra.  Masculino  j  fe- 
menino anticuado.  El  que  da  limosna. 

Limosneria.  Femenino.  El  oficio 
de  limosnero. 

ETiMOT.OQfA.  Limosnero:  provenzal, 
almonaria;  francés  del  siglo  xii,  au- 
mosnerie;  moderno,  aumOnerie* 

Limosnero,  ra.  Adjetivo.  El  que 
da  limosna  j  el  que  la  recoge  para 
socorro  de  los  pobres  ú  otro  objeto 
piadoso,  y  Masculino.  El  que  está  des- 
tinado en  los  palacios  de  los  rejes, 
prelados  ú  otras  personas  para  distri- 
buir limosnas. 

Etiuoloo(a.  Limosna:  catalán,  li~ 
mosner;  provenzal,  almomier,  almoy- 
nier,  almonier;  francés,  aum&nier;  por- 
tugués, etmolero;  italiano,  limosiniere. 

Reseña, — ^Las  formas  provenzales, 
así  como  el  catalán  almoyner,  se  deri- 
van de  almorna,  almoiua,  vocablo  dis- 
tinto. 


Limoso,  sa.  Adjetivo.  Lo  que  esti 
lleno  de  limo  ó  lodo. 

EtuiolooU.  Latín  ¿{mor». 

Ifimpia.  Femenino.  La  acción  ó 
efecto  de  limpiar;  jr  asi  se  dice:  la 
limpia  de  los  pozos. 

Limpiabotas.  Masculino.  Bl  que 
tiene  por  oficio  limpiar  j  lustrar  xa- 
patos  j  botas. 

Limpiachimeneas.  Masculino.  El 
que  tiene  por  oficio  deshollinarlas. 

Limpiadera.  Femenino.  Cepillo, 
primera  acepción.  \  El  palo  armado 
de  hierro  en  la  punta  con  que  los  la- 
bradores limpian  el  arado  cuando  es- 
tán trabajando  la  tierra. 

Limpiadientes.  Masculino.  Mon- 
dadientes. 

Limpiado,  da.  Participio  pasivo 
de  limpiar. 

ETiMOLoaía.  lAmpUr:  eatalán,  Um- 
piaí,  aa. 

Limpiador,  ra.  Mascnlino  j  fe- 
menino. El  que  limpia. 

Limpiadura.  Femenino.  La  acción 
7  efecto  de  limpiar.  |  Plural,  Los  des- 
perdicios 7  porquería  que  ae  sacan  de 
alguna  cosa  que  se  limpia. 

Limpiamente.  Adverbio  de  modo. 
Con  limpieza.  Q  Hablando  de  alguooi 
juegos  ó  habilidades  equivale  á  decir: 
con  suma  agilidad,  desembarazo  j 
destreza,  J  Metáfora.  Sinceramente, 
con  candor.  Q  Metáfora.  Con  integri- 
dad, sin  interés. 

Etimolooía.  Zmjnsj  el  sufijo  ad- 
verbial meníe. 

Limpiamiento.  Masculino.  Lim- 
piadura. 

Limpiante.  Participio  activo  anti- 
cuado de  limpiar.  El  que  limpia. 
Limpiaoiaos.  Masculino.  Escar- 

baorejas. 

Limpiaojos,  Femenino.  Piedrecita 
de  figura  de  una  lenteja  que  se  halla 
en  las  pla7as  de  la  isla  Dominica,  la 
cual  se  introduce  en  el  ojo  para  lim- 
piarlo de  cualquier  cuerpo  extraño. 

Limpiar.  Activo.  Quitar  la  sucie- 
dad ó  inmundicia  de  alguna  cosa.  Se 
usa  también  como  recíproco.  \  Metá- 
fora. Purificar.  |  Echar,  ahu7entar 
de  alguna  parte  á  los  que  son  peiju- 
diciales  eu  ella.  Q  Familiar.  Hurtar; 

Ír  así  se  dice:  me  limpiaron  el  paflae- 
0. 1  Familiar.  En  el  juego,  ganar;  j 
asi  le  dice:  me  limpiaron  i  la  ma- 
lilla doscientos  reales.  |  Recíproco. 
DE  CALENTURA.  Quedar  libre  de  ella. 

Stimolooía,  Limpio:  latín  poste- 
rior, limpídáre,  en  Vegecio;  catalán, 
limpiar. 

Limpiarse.  Recíproco  familiar. 
Escaparse  ó  desaparecer.  ||  Quedar  li- 
bre ae  alguna  impureza,  como  lim- 
piarse el  pantalón.  |]  Metáfora.  Lim- 
piarse LA  CONCIENCIA.  Frasc  familiar. 
Purgarse  de  alguna  &lta  cometi- 
da. 

Limpidez,  Femenino.  Diafanidad. 

Etimología.  Límpido:  latín,  limpia 
íüdo,  síncopa  de  Umpídílado,  forma 
etimológica;  de  limpídus,  límpido: 
italiano,  limpidetta^  limpidiíá;  francés. 
lini¡)idilé. 

Limpidipeno,  na.  Adjetivo.  Orn 
telogía.  De  alas  límpidas. 


«OHO  III 


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418  LIBÍP 

-  BmiOLOOÍA.  £impid9  j  d  Utfa 

penna,  pluma,  ala. 

Limpido,  da.  Adjetivo,  Claro,  diá- 
fano. I  Poética.  Resplandeciente,  ter- 
so, limpio,  puro,  sin  mancha. 

Etimología.  Latín  limpídm:  ita- 
liano. Impido;  francés,  Umpide. 

Limpiedad.  Femenino  anticuado. 
Limpieza, 

Limpiedumbre.  Femenino  anti- 
cuado. Limpieza. 

Limpieza.  Femenino.  La  cualidad 
que  constituye  las  cosas  limpias.  \ 
Metáfora,  Hablando  de  la  Santísima 
Virgen,  significa  su  inmaculada  Con- 
cepción. ¡¡Metáfora,  Pureza,  casti- 
dad. I  La  integridad  jr  desinterés  con 
que  se  procede  en  los  negocios.  Dícese 
temblón  lihpibza  db  hanos.  \,  db  bol- 
sa. Metáfora  familiar.  Falta  de  dine- 
ro. I  DB  CORAZÓN.  Rectitud,  sinceri- 
dad. I  DB  SANQBB.  La  Calidad  de  no 
tenev  mezda  ni  raza  de  moros,  jadioa, 
herejes  ni  penitenciados, 

BmEOLoaU.  JAmpio:  eatal&n,  /t«* 
piesAé 

Limpio,  pía.  Adjetivo.  Lo  que  no 
tiene  mancha  ó  suciedad,  ||  Lo  que  no 
tiene  mezcla  de  otra  cosa.  Dícese  co- 
munmente de  los  granos.  ||  Aplícase 
á  las  personas  6  familias  que  no  tie- 
nen mezcla  ni  raza  de  moros,  judíos, 
herejes  6  penitenciadoa.  |  Libre,  exen- 
to de  alguna  cosa  que  le  dañe  ó  infi- 
cione. I  £n  limpio.  Modo  adverbial. 
Eh  substancia.  U  Modo  adverbial  de 
qua  se  usa  para  expresar  el  valor  fíjo 
que  queda  de  alguna  cosa,  dedaoidos 
los  gastos  jr  loa  desperdicios.  En  cla- 
ro, con  extensión;  por  contraposición 
á  lo  que  está  en  borrador  ó  en  apun- 
tes solamente.  H  Jugar  limpio.  Frase 
metafórica.  Jugar  sin  trampas  ni  en- 

fañoB,  II  Frase  metafórica  j  familiar, 
roceder  en  algún  negocio  con  leal- 
tad y  buena  fe. 

Etimología.  1.  Latín  iimpídns,  muy 
poco  usado,  que  unos  derivan  de  lin- 
fa, agna,  jr  otros,  con  menos  acierto, 
del  verbo  griego  lampo,  lucir.  (MoN- 

LAU.) 

2.  Tal  es  la  opinión  de  los  etimolo- 
gistas  latinos,  la  cual  no  se  funda 
en  ningún  ejemplo  de  la  lengna.  Si 
limpídtu  viniera  del  griego  Itfmphe, 
latín  lifmpha,  sería  lymphídta;  no 
limpXdut. 

.  3.  Limpídns  puede  representar  lam- 
pídus,  claro,  puro,  brillante;  de  lam~ 

ÍiáM,  brillar,  cuya  interpretación  nos 
leva  al  griego  Xá^í-Kia  ( lampo ),  resplan- 
decer, que  es  la  segunda  etimología 
que  cita  Moulau. 

Sinonimia.  Limpio,  astado*  Los  dos 
adjetivos  se  aplican  á  todo  lo  que  está 
exento  de  mancha  y  saciedad;  pero  lo 
limpio  puede  ser  natural  y  propio  de 
la  cosa  á  que  se  refiere,  j  lo  aseado  es 
siempre  efecto  del  trabajo  y  del  esme- 
ro. Consérvase  esta  diferencia  en  el 
sentido  metafórico.  Se  dice  que  una 
costa  es  limpia,  cuando  no  tiene  rocas 
en  au  orilla;  que  la  atmósfera  está  lim- 
pia, cuando  no  está  nublada.  Llama- 
mos limpia  ála  conciencia  del  inocente 
j  del  honrado,  v  decimos  limpieza  de 
sangre,  con.  alusión  á  las  familias 


LINA 

que  han  conservado  incontaminada  sn 
nebleza.  En  el  sentido  propio,  el  ad- 
jetivo aseado  euYVíélf  6  también  la  idea 
del  primor  j  del  adorno.  Una  casa 
aseada  do  es  sólo  la  quo  está  limpia, 
sino  la  que  tiene  aigdn  adorno  6  ade- 
rezo. (Mora.) 

Limpión.  Mascnlino.  Limpiadura 
ligera;  j  así  se  dice:  dar  un  limpión 
á  los  zapatos.  I  Familiar.  El  que  tie- 
ne á  su  cargo  la  limpieza  de  alguna 
cosa. 

Limpísimo,  ma.  Adjetivo  super- 
lativo de  limpio. 

Limuliano,  na.  Adjetivo.  Zoolo- 
gía. Parecido  al  límalo. 

Limulideo,  dea.  Adjetivo.  Limu- 
liano. 

Limulo.  Masculino.  Zoología,  Gé- 
nero de  crustáceos  braquiópodos, 

EmiOLoaÍA.  Latín  Um&la,  diminu- 
tivo de  lima,  lima;  UmiUu,  atravesa- 
do* oblicno. 

Kiina.  Femenino  anticuado.  Línea. 

Lináceo,  cea.  Adjetivo.  Botánica. 
Parecido  al  lino. 

ETiuoLOofA.  ¿tao;  francés,  lina- 
ceés. 

Linache.  Maseulino  anticuado.  Li- 
naje. 

Linaie.  Masculino  anticuado.  Li- 
na jb. 

Linsge.  Masculino.  Lá  descenden- 
cia ó  linea  de  cualquier  familia.  \  Me- 
táfora. Clase  ó  condición  de  alguna 
cosa.  Plural.  Provincial.  Los  vecinos 
nobles  reconocidos  por  tales  é  incor- 
porados en  el  cuerpo  de  la  nobleza,  y 
HUMANO.  El  conjunto  de  todos  loa  dea- 
cendientes  de  Adán. 

Etiuolooía.  Provenzal,  linhatge, 
lignatge;  catalán,  llinaije;  francés,  li- 
gnage;  italiano,  legnaggio,  de  un  bajo 
latín  lineaticim,  derivado  del  latín  li- 
nea, línea. 

Sinonimia.  Este  vocablo  significa  na- 
turalmente antigüedad,  nobleza,  por- 
que no  es  posible  que  ha^a  linaje  sin 
que  los  individuos  de  una  descenden- 
cia estén  alineados;  j  no  es  posible 
que  formen  línea  sin  que  esta  línea 
constituja  serie,  sistema,  raza,  ge- 
nealogía, antigüedad,  blasón;  el  Ma- 
són del  tiempo,  que  es  realmente  nn 
gran  escudo.  Esto  marca  distintamen- 
te la  diferancia  que  la  critica  halla 
entre  extirpe  j  la  vos  del  artíciüo. 

Podemos  ser  de  buena  ó  mala  extir- 
pe, lo  cual  significa  que  podemos  ser 
de  buena  ó  mala  raíz;  pero  no  pode- 
mos ser  de  mal  linaje,  porque  el  lina- 
je representa  la  sucesión,  la  serie,  la 
familia,  la  herencia  de  los  antepasa- 
dos; hecho  que  tiene  dos  virtudes:  la 
virtud  secundaria  del  tiempo  y  la  vir- 
tud original  del  ser.  El  ser  j  el  tiem- 
po no  pueden  ser  malos. 

Todos  tenemes  una  extirpe,  como 
todo  sarmiento  tiene  su  cepa,  mejor  ó 
peor:  no  todos  tienen  su  linaje,  por- 
que no  todos  han  logrado  fundar  des- 
cendencia, raza,  genealogía. 

Linijem.  Masculino  anticuado.  Li- 
naje. 

Lín^jista.  Masculino.  El  que  sabe 
ó  escribe  de  linajes. 
Linayjndo,  da.  Masculino  y  f«me- 


LINA 

niño.  El  qns  ss  precia  de  ser  de  ftti 

linaje. 

Lináloe.  Masculino,  Botánica,  Ár- 
bol de  las  Indias  orientales,  y  parti- 
cularmente de  la  Cochinchins,  seme- 
jante al  olivo,  aunque  más  corpulen- 
to, con  la  corteza  nudosa  y  de  color 
oscuro.  Sa  madera  está  llena  de  vetas 
amarillas  y  negras;  es  muj  pesada,^ 
tan  amarga,  que  iguala  ó  excede  al 
acíbar,  y  quemada  despide  iin  olor 
mu^  fragante. 

Linamen.  Masculino  anticuado. 
Ramaje. 

Linar.  Masculino.  La  tierra  sem- 
brada de  lino. 

ETiuoLoofA.  Lino:  catalán,  llinar. 

Linares.  Masculino.  Geografk. 
Ciudad  con  apuntamiento,  partido 
judicial  en  la  provincia  y  diócesis  de 
Jaén,  audiencia  y  capitanía  general 
de  Granada. — Se  encuentra  situada 
á  36  kilómetros  de  su  capital,  sobre 
la  vertiente  Sudeste  de  Sierra  More- 
na, cerca  de  Guadalimar,  completa- 
mente combatida  por  los  vientos  de 
Este  y  Oeste,  que  son  los  dominaii- 
tes. — El  clima  es  bastante benigao;Us 
en^rmedades  más  comunes,  la  cloro* 
sis,  las  fiebres  v  los  cólicos  llamados 
de  plomo,  en  los  que  se  dedican  al 
penoso  trabajo  de  las  minas.  —  Las 
casas  que  constituyen  la  poblaciiia 
son,  por  lo  general,  de  piedra,  distri- 
buidas en  84  calles,  regulares,  bien 
empedradas  y  algunas  de  ellas  bas- 
tante anchas,  rectas,  con  arbolado  y 
cómodas  aceras. — Entre  los  edificios 
más  importantes,  distínguense  jmrsu 
solidez  ó  elegante  construcción:  la 
casa  de  la  Cadena,  en  donde  estuvo 
instalada  la  fábrica  de  moneda,  du- 
rante el  reinado  de  Felipe  IV;  la  an- 
tigua casa  de  la  Munición,  la  de  Zm- 
brana,  la  del  marqnés  de  Linares,  la  de 
Villanova,  la  del  6^a//o,  las  de  los  cón- 
sules de  Bélgica,  Alemania  7  Grao 
Bretaña;  la  de  Pajares,  el  Potito,  el 
exconvento  de  San  Juan  dt  Dios,  y, 
descollando  sobre  todos,  ú  magnífico 
palacio  municipal,  de  nueva  planta, 
construido  de  piedra,  con  una  bellí- 
sima fuente  de  jaspe  v  una  hermosa 
escalera  de  mármol  blanco.  —  Ksta 
ciudad  es  residencia  de  un  sub^bo' 
nador,  de  una  comandancia  militar, 
de  un  tribunal  de  priinera  instancia, 
administración  de  Hentas  de  primera 
clase  y  de  una  inspección  general  de 
Minas,  Tiene  además  una  Caja  de 
ahorros  y  Monte  de  piedad,  una  so- 
ciedad constructora  de  edificios,  hos- 
pital, cuarteles  de  infantería  y  de  ca- 
ballería, teatros,  un  colegio  de  segun- 
da enseñanza,  una  escuela  soperif'» 
tres  elementales  públicas  de  niños  i 
una,  de  párvulos;  tres,  privadas;  cin- 
co, de  niñas,  sostenidas  con  fondos 
del  municipio,  j  cuatro,  particulares; 
buenasfaeiites,  espaciosas  plazas,  lin- 
dos paseos,  una  glorieta  de  forma 
circular  que  mide  sobre  90  metros  di 
diámetro,  y  algunas  antigüedades  ro- 
manas; entre  ellas,  los  restos  de  un 
acueducto  que  conducía  el  agn*  • 
Cásiulo,  hoy  CazloHa.—^\  término  de 
L1.VAIIBS  Ueae  sobre  J5  kHóií«tre»  « 


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LINA 


LINA 


LTNC  419 


largo,  ¿9  Norte  &  Hediodfa,  j  19  d« 
anelio,  de  Oriente  á  Oeeidente:  su 
extensi(5ii  superficial  est&  ctlealads 
en  unas  18.^)0  hectáreas,  repartidas 
de  este  modo:tierras  labrantías, 8.000; 
pastos,  5.000;  oIítos,  4.000;  huer- 
tas j  jardines,  170;  caminos,  200; 
vaciaderos  de  minas,  190;  canteras  j 
arrojos,  230;  población,  220;  edificios 
extramuros,  fabricas  y  vía  férrea,  210; 
ejidos  y  abrevaderos,  280. — SI  suelo 
se  baila  surcado  por  infinitos  cerros, 
cuja  elevación  varía  de  80  á  200  me- 
tros sobre  los  parajes  más  bajor,  bá- 
tanle por  el  Nordeste  j  el  Este  el  río 
GoaidarricM,  que  procede  de  Aldea- 
mamads,  y  engrosado  con  las  aguas 
del  Almadiel,  que  pasa  por  Despeña- 
perros,  corre  de  Norte  á  tfediodfa, 
dividiendo  los  términos  de  Linares  j 
Vilehea;  júntase  luego  «1  Guadalén, 
desaguando  ambos  en  el  Guadalimar, 
el  eual  continúa  su  curso,  de  Oriente 
á  Oeeidente*  hasta  confundirse  con  el 
Guadalquivir;  hacia  el  Norte  y  en  la 
misma  direeeión  se  desliza  el  peque- 
ño Guadiel,  atravesando  llanuras  y 
deslindando  el  término  de  Bailen  j 
Guarromán,  hasta  perder  su  nombre 
cerca  de  Menjtvar,  donde  se  une  tam- 
bién al  Ouadalquivir.— El  terreno, 
casi  todo  de  secano,  á  excepción  de 
algunas  huertas,  es  de  mediana  cali- 
dad T  está  poblado  de  multitud  de 
árlxMs  frutales  de  varias  especies; 
mientras  que  loa  montes  aparecen  cu- 
biertos de  encinas,  lentiscos,  jaras, 
eoseojaleB  j  mata  baja,  entre  algunos 
trozos  de  dehesa. — Las  principales 
producciones  cousisten  en  trigo,  ce- 
bada, riquísimos  aceites  7  toda  clase 
de  semillas,  que  no  necesitan  riego; 
cría  de  gmnauo  lanar,  jegnar,  vacu- 
no, eabno  j  de  cerda;  caza  de  cone- 
jos, liebres,  perdices,  zorzales  y  otros 
volátiles,  j  pesca  de  peces  y  anguilas 
en  los  nos.— L»  industria  se  encuen- 
tra representada  por  muy  buenas  fá- 
bfieas  de  municiones  de  todas  clases, 
da  tejidos  bastos,  de  sombreros,  de 
gas,  de  jabón  blando,  de  fundición  de 
nierro  j  de  plomo,  de  albayalde,  de 
pólvora,  de  sebos  y  grasas,  de  fideos, 
de  dinamita,  de  tejas  7  ladrillos;  mo- 
linos harineros  j  de  aceite;  alfarerías, 
imprentas,  herrerías,  hojalaterías  y 
demás  artes  j  oficios  indispensables  á 
hu  necesidades  de  la  vida,  y  dos  publi- 
caciones periódicas,  Si  Eco  Minero  y 
Si  Linares.  BI  comercio  de  esta  pobla- 
ción, aparte  de  los  géneros  plomizos, 
qae  constituyen  su  principal  riqueza, 
7  de  cuyas  minas  nos  ocuparemos  lue- 
ffó,  cuenta:  24  abacerías,  un  almacén 
de  madera,  6  de  minerales,  4  de  hie- 
no,ll  tiendas  de  quincalla,  4  de  ropas 
hedías,  4  de  je^as  7  otras  muchas 
de  menor  importancia.  Lav  exporta- 
ciones se  reducen  á  géneros  plomizos, 
aceites  j  algunos  cereales,  productos 
del  país;  7  las  importaciones,  ¿  los 
artículos  necesarios,  procedentes  de 
distintos  pantos  de  la  Península.  Se- 
gán  los  datos  que  nos  suministran 
pua  la  confección  de  este  artículo,  la 
lodostria  T  el  cnnereio  de  Limares 
han  eo1»aao  no  poca  importancia  eon 


A  estahleéímiento  de*  28  casas,  así 
extranjeras  como  nacionales,  para  el 
laboreo  y  fundición  de  la  riqueza  mi* 

ñera.— En  los  días  28.  29  7  30  de 
Agosto  se  celebra  una  feria  mu7  con- 
currida, en  la  que  se  presenta  toda 
clase  de  efectos,  manufacturas  7  ga- 
nados del  país.  —  La  población  de 
Linares  ha  aumentado  considerable- 
mente  en  el  transcurso  de  muy  pocos  ' 
años;  en  IS-'VO,  contenía  esta  ciudad 
6.567  habitantes;  en  1860,  se  elevó 
esta  cifra  á  10.567,  y  el  censo  lleva- 
do á  cabo  en  1887,  la  hace  ascender 
á  40,000, — La  celebridad  de  que  goza 
esta  población  por  las  ricas  7  abun- 
dantes minas  de  antimonio,  de  co- 
bre, de  alcohol  7,  particularmente, 
de  plomo,  que  se  encuentran  en  sus 
alrededores,  es  Terdaderamente  nota- 
ble, y  su  explotación  data  desda  la 
más  remota  antigüedad.  Bn  1.'  de 
Agosto  de  1748  se  hizo  cargo  la  Ha- 
cienda nacional  de  las  minas  de  Li- 
nares; y  si  bien  es  cierto  que  los  mi- 
nerales plomizos  eran  los  que  consti- 
tuían la  principal  riqueza  del  país, 
no  por  eso  dejaron  de  explotarse  las 
de  cobre,  y  de  extraerse  la  plata  que, 
en  cantidad  no  despreciable,  contie- 
nen casi  todos  los  plomos.  Y  que  esto 
es  positivo,  lo  demuestran,  además  de 
ios  antecedentes  y  noticias  transmi- 
tidas de  padres  á  hijos  entre  aquellos 
naturales,  respecto  del  beneficio  de 
la  plata,  la  fabrica  de  desplate  que 
existió  en  las  inmediaciones  de  esta 
ciudad,  las  noticias  que  se  conservan 
de  la  antigua  mina  denominada  de 
los  Palazuelos,  y  la  cantidad  de  litar- 
girio  encontrada  en  varios  escoriales 
igualmente  antiguos;  y  en  cuanto  al 
cobre,  la  Casa  de  Moneda  establecida 
en  esta  población,  cuyo  edificio,  como 
hemos  hecho  notar,  aun  existe,  7  las 
minas  del  Maríineíe,  por  debajo  de 
las  lagunas  en  el  río  Guadalimar,  si- 
tuadas á  corta  distancia  de  las  minas. 
Aparte  de  esto,  en  1650,  se^ún  vemos 
en  un  autor,  se  concedió  privilegio  de 
invención  por  cuarenta  años  á  un  tal 
don  Diego  Felipe  de  Cuadros  para 
que  construyese  fábricas  en  Linabbs, 
Vilches  y  BaAos,  y  beneficiara  el  co- 
bre y  la  plata;  con  la  condición  de 
que,  terminado  aquel  plazo,  queda- 
ran las  fábricas  á  beneficio  del  Esta- 
do. En  4  de  Julio  de  1825  se  publicó 
para  la  minería  el  memorable  decreto 
eu  el  que  se  declaraba  libre  la  explo- 
tación de  las  minas.  De  las  muchas 
que  cuenta  el  término  de  Linares, 
cuya  enumeración  se  haría  molesta, 
la  más  antigua  es  la  de  Arrayanes, 
perteneciente  al  Estado,  situada  á 
unos  tres  kilómetros '  de  la  ciudad: 
sus  trabajos  dieron  principio  en  I de 
Agosto  de  1749,  y  en  la  actualidad, 
según  datos  que  tenemos  por  fidedig^ 
nos,  ocupa  una  zona  de  6.687  metros 
de  largo  por  836  de  ancho.  La  canti- 
dad de  plomo  que  anualmente  produ- 
cen las  minas  de  este  metal,  está  cal- 
culada en  más  de  700.000  kilogra- 
mos.—Linares  fué  en  sus  pasados 
tiempos  una  pequeña  aldea,  depen- 
(üente  de  la  ant^^  Cásfuk,  Como  á 


unos  seis  kilómetros  de  aquella  po- 
blación se  encuentran  las  ruinas  ds 
Gatlona,  solar  de  la  célebre  ciudad 
mencionada,  de  la  eual  sólo  se  conser- 
van un  torreón  de  fábrica,  posterior 
á  la  época  de  los  romanos,  y  un  co- 
rral que  servía  para  encerrar  ganados; 
antiguamente,  ermita  dedicada  á  san- 
ta Eufemia,  en  cuyos  muros,  tanto 
interiores  como  exteriores,  así  como 
en  los  cortijos  inmediatos,  se  ven  to- 
davía varias  Inscripciones  romanas. 

Linaria.  Femenino.  Botánica.  Hier- 
ba medicinal  de  muchos  vástagos, 'de 
más  de  un  pie  de  alto,  rollizos,  lisos, 
de  color  de  verdemar,  con  muchas 
hojas  estrechas  parecidas  á  las  del 
lino,  y  flores  amarillas  én  espiga,  con 
un  espolón  por  la  parte  posterior  como 
el  de  la  espuela  de  caballero. 

EriuOLOaÍA.  Lino:  latín,  ^ftíhrtimp 
el  campo  sembrado  de  lino;  tSnSría, 
e\  taller  en  que  sé  trabaja;  francés» 
Unaire;  catalán,  lUnaria* 

Linario,  ría.  Adjetivo.  Goneer^ 
niente  al  lino. 

Etimología.  Latín  tfnaríms,  el  que 
se  emplea  en  el  arte  de  trabajar  el 
lino.  íPlauto.) 

Linaza.  Femenino,  La  simiente 
del  lino. 

Lince.  Masculino.  Cuadrúpedo  que 
en  algunas  partes  de  España  llega  á 
crecer  hasta  nna  vara  de  altura;  es 
de  un  color  bermejo  oscuro,  con  man- 
chas negras  mal  terminadas;  tiene  la 
cola  corta,  y  las  orejas,  que  son  lar- 

fas  y  erguidas,  acaban  en  un  pincel 
a  pelos  nebros;  trepa  con  facilidad 
sobre  los  áriioles.  Lo  que  de  su  vista 
y  de  sus  orines  dicen  los  antiguos, 
no  merece  el  menor  crédito. — Adjeti- 
vo que  se  aplica  á  la  vista  perspicaz; 
7  así  se  dice:  vista  unce,  ojos  lin- 
ces, y  Adjetivo  metafórico.  Agudo, 
sagaz.  Se  usa  también  como  sustanti' 
vo,  como  cuando  decimos:  «ea  un. 

LINCE.» 

Etimología.  1.  Latín  l¡fna,  Ijfneii; 

de  lux,  lücis,  luz.  (MONLAV.) 

2.  Imposible  parece  que  un  litera- 
to de  la  sólida  erudieimi  de  Monlau 
haya  cometido  tamaño  error.  El  latín 
lynx  viene  del  griego  Xiíyí  ( lygs),  vo- 
cablo que  no  tiene  relación  alguna 
con  Xtím]  flúie),  luz. 

Derivación.  — Grie^  lygx:  latín, 
lynx;  alemán,  Luhs;  italiano  y  cata- 
lán, lince;  francés  del  aiglo  xili,  lint; 
moderno,  Ufnx. 

Reseña, — 1.  «La  fábula  refiere  que 
Baco,  al  volver  victorioso  de  la  India, 
iba  en  un  carro  tirado  por  linces.  El 
UNCE,  de  cuyo  animal  han  dicho  los 
antiguos  que  estaba  dotado  de  una 
vista  tan  aguda  que  penetraba  loa 
cuerpos  opacos,  y  cuyo  orin  tenía  la 
maravillosa  propiedad  de  eonrertine. 
en  piedra  preciosa,  llamada  lápit  lth- 
0URIU9,  piedra  de  umcb,  es  un  animal 

fiibuIoSO.»  (BUPFÓN.) 

2.  Para  los  latinos,  el  lince  en: . 
«el  lobo  cerval,  animal  cuadrúpedo, 
de  vista  sutilísima,  cuya  jiiel  está 
salpicada  de  manchas  de  Tarios  eplo- 
res.»  (VisaiLio.) 

3.  Plinio  afirma  que  los  imoka  fon ' 


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420  LINO 


LIND 


LINE 


lo>  que  diitioguen  mil  claramente 
los  objatos  eatre  todos  loi  animales: 
LTNCES...  flur  claristime  omnium  cer- 
nkni.  (ffittoría  natural,  XXVJ21,  8, 
SS.J 

Linceo,  cea.  Adjetivo.  Parecido  6 
ebncerniente  al  lince, 

ErmoLoafA.  Linee:  latíoi  fyucAu; 
italiano,  linceo, 

Unceo.  Masculino.  Mitología.  Hé- 
roe fabuloso,  piloto  de  los  argonau- 
tas, célebre  por  la  perspicacia  de  su 
vista.  (Plinio.)  II  Otro»  hijo  de  Egip- 
to. (Ovidio.)  Q  Otros,  del  mismo 
nombre.  (Vieoilio.) 

BTiHOLoaÍA..  Latín  /jmicím:  tnxk.- 

Beleño* — 1.  Bl  personaje  mitológi- 
co LiNCBO  pasó  á  ser  proverbio  entre 
los  latinos,  como  el  Unce^  en  nuestro 
Tonunee:  nonpottis  oeuUt  guaníum  con- 
tendere Ltnckus.  (HoBACio,  Spieíoia 
primera,  I,  28.)  . 

2.  El  latín  lyncxm,  adjetivo,  signi- 
fica sagaz  en  Cicerón,  como  lo  signi- 
fica lince  entre  nosotros. 

Lineo.  Masculino.  Mitologia.  Rey 
de  Escitia,  convertido  por  Oeres  en 
lince.  (Ovidio.) 

Etiuolgoía.  Latín  Lyncut. 

Lincoln  (Abrahau).  Hombre  de 
Estado  americano  V  decimosexto  pre- 
sidente de  la  república  de  los  Estados 
Unidos,  que  nació  en  el  Estado  de 
Kentukj  el  12  de  Febrero  de  1809,  y 
murió  en  14  de  Abril  de  1865.  Fué 
en  sus  primeros  años  carpintero;  des- 
pués, comerciante  al  por  menor,  en 
Salem,  V  luego,  abogado.  Después  de 
haber  formado  parte  de  la  magistra- 
tura del  Illinois,  tomó  asiento  en  los 
escaños  del  Congreso  de  la  Unión 
en  1847  á  1849.  Fué  candidato  de  los 
abolicionistas  para  la  presidencia,  j 
elegido  en  1861,  en  el  momento  en 
que  los  Estados  esclavistas  tomaban 
las  armas.  La  e^uerra  que  sostuvo  con 
energía  é  inteligencia,  le  conquistó 
un  nombre  imperecedero  en  la  histo- 
ria de  su  patria;  pero  también  le  atra- 
jo la  muerte.  Terminada  la  lucha  ci- 
vil j  cuando  el  país  entraba  en  un 
período  da  reconstitución  j  de  pros- 
perídad,  recibió  por  segunda  vez  la 
investidura  de  los  poderes  anejos  á  la 

Í «residencia;  pero  un  actor,  Booth, 
anático  esclavista,  le  asesinó  en  ple- 
no teatro  j  cuando  ocupaba  el  palco 
presidencial.  Este  horrible  atentado 
causó  una  emoción  profunda,  así  en 
América  como  en  Europa  j  en  todo 
el  mundo.  Si  la  humanidad  tiene 
apóstoles,  Lincoln  es  un  apóstol  de 
la  humanidad.  Washington,  redi- 
miendo á  su  pueblo  de  la  esclavitud 
política;  Lincoln,  arrancándolo  á  la 
extrema  barbarie  de  la  esclavitud  ci- 
vil, son  las  dos  figuras  más  grandes 

Í'  venerables  de  su  patria.  Nuestros 
ectorea  no  deben  extrañar  que  hable- 
mos de  Lincoln  con  tal  entusiasmo, 
puesto  que  hablamos  de  un  eomps  - 
triota.  El  hombre  que  da  libertad  á 
los  desgoiciados  que  la  perdieron  por 
un  pacto  inicuo,es  ciudadano  de  todos 
los  pueblos  de  la  tierra;  también  del 
pueblo,  coa  cajo  hermoso  nombre 


nos  honramos.  Desde  qne  el  Banto 
Nazareno  trajo  un  Dios  al  mundo,  los 
esclavos  no  tienen  Dios.  Sobre  la 
tumba  da  nuestro  personaje  deben 
escribirse  las  siguientes  palabras: 
«Adoremos  al  Dios  de  los  nombres, 
no  al  Dios  de  los  esclavos.» 

Lincono.  Masculino.  Botánica,  ki- 
busto  rosáceo  del  Cabo  de  Buena  Es- 
peranza. 

Lincurio.  Masculino.  Piedra  cono- 
cida de  los  antiguos  naturalistas,  que, 
según  la  opinión  más  común,  es  la 
belemnita  de  los  modernos. 

Etimología.  Griego  XuYxojptov  (lyg- 
koúrion);  de  XúyS  (l¡/gx},  lince,/  oüpov 
(oüron),  orina:  francés,  ^ncUríun, 

Reseña, — Llamóse  lincnrio  porque, 
según  la  creencia  de  los  antiguos,  era 
la  orina  del  lince  congelada.  (Plinio.) 

Linches.  Masculino  plural.  Espe- 
cie de  alforjas  que  hacen  en  Puerto- 
Viejo,  partido  de  Quajraqnil,  del  hilo 
que  sacan  de  las  pencas  ael  mague/. 

Lindamente.  Adverbio  de  modo. 
Primorosamente,  con  perfección. 

ETiuOLOofA.  Linda  y  el  sufijo  ad- 
verbial mente:  italiano,  lindamente. 

Lindante.  Participio  pasivo  de  lin- 
dar. Lo  que  linda. 

Lindáno.  Masculino  anticuado. 
Linde. 

Lindar.  Neutro.  Estar  contigua 

una  posesión  á  otra. 

Etiuoloqía.  Linde. 

Lindazo.  Masculino.  Linde. 

Linde.  Ambiguo.  El  término  ó  lí- 
nea que  divide  unas  heredades  de 
otras. 

ETUioLoaía..  Lintel. 

Lindera.  Femenino  anticuado. 

LlNDB. 

Liudernia.  Femenino.  Sotániea. 
Género  de  plantas  dicotiledóneas,  que 
crece  en  lugares  pantanosos. 

Lindero,  ra.  Adjetivo.  Lo  que  lin- 
da con  otra  cosa.  |  Masculino.  Linde. 
I  Con  linderos  y  akbabalbs.  Locu- 
ción familiar.  Refiriendo  alguna  cosa 

Sor  extenso  ó  con  demasiada  prolijí- 
ad,  contando  todas  sus  circunstan- 
cias j  menudencias. 
Lindez.  Femenino.  Lindeza. 
Lindeza.  Femenino.  La  propor- 
ción que  tienen  las  cosas  paia  parecer 
bien:  dícese  tanto  de  las  materiales 
como  de  las  que  no  lo  son.  |  Hecho  ó 
dicho  gracioso. 

EtimolooU.  Lindo:  italiano,  li»~ 
dezza. 

Lindísimo,  ma.  Adjetivo  superla- 
tivo de  lindo. 

Lindo,  da.  Adjetivo.  Hermoso,  be- 
llo, apacible  j  grato  á  la  vista.  Q  Me- 
táfora. Bueno,  cabal,  perfecto,  primo- 
roso 7  exquisito.  ||  Masculino  familiar 
metafórico.  El  hombre  afeminado,  pre- 
sumido de  hermoso,  j  que  cuida  de- 
masiado de  su  compostura  j  aseo.  Se 
dice  más  comunmente  lindo  Don  Die- 
go. H  DE  LO  lindo,  a  las  mil  maravi- 
llas, perfectamente.  Empléase  por  lo 
general  en  sentido  irónico.  ||  ¡Qu¿  lin- 
do! Nota  de  admiración,  con  que  se 
pondera  la  extrañesa  de  algún  dicho 
ó  hecho. 

Etwolooía*  Latín  Ugéref  elegir. 


como  si  dijéramos  legindo,  «cosa  elo^ 
gida,  cosa  selecta:»  catalán  ¿  italiano, 

ündo, 

Liadón.  Masculino.  Caballete  en 
qne  suelen  poner  los  hortelanos  las 
esparraf  aeras  /  otras  plantas. 

jLfniwr.  Masculino.  Cierto  juego 
de  naipes. 

Etiuolooía.  Francés,  lindor, 

Lindoso,  M.  Adjetivo.  Lleno  d« 
lindeza. 

Lindura.  Femenino.  Lindeza. 

BTmoLoaÍA.  Lindo:  italiano,  Un- 
dura. 

Linea.  Femenino.  Geometría.  Ex- 
tensión en  longitud,  considerada  sin 
latitud  j  sin  espesor,  ó  sea  con  una 
sola  dimensión,  j  así  decimos:  línea 
recta,  línea,  enrva,  línea  cortada,  lí- 
nea paralela,  U  aíuticítica  ó  de  pas- 
tes XGUALXs.  tina  de  las  señaladas  en 
la  pantómetra,  que  sirve  para  divi- 
dir una  recta  en  partes  iguales  j  para 

otros  usos.  I  CORDOllÉTBICA  ó  DB  LAS 

CUERDAS.  Una  de  las  que  ha/  en  la 
pantómetra,  en  la  cual  están  señala- 
das las  cuerdas  de  un  círculo,  cu/o 
radío  es  igual  á  la  extensión  de  esta 
línea  en  cada  una  de  las  dos  planchas 
de  aquel  instrumento.  ||  cubva*  La 
que  no  está  en  dirección  recta.  ||  oso- 
métrica  ó  DE  LOS  TOLÍQONOS.  La  quo 
tiene  la  pantómetra  para  conocer  el 
lado  de  los  polígonos  hasta  el  dodecá- 
gono, una  vez  conocido  el  radio  del 
círculo  que  le  circunscribe.  ]  ksts- 

REOUÉTRICA  ó  DB  LOS  SÓLIOOS.  La  OUe 

hav  en  la  pantómetra  para  medirlos 
sólidos,  conocida  la  esfera  circunsori- 
ta.  I  METÁLICA.  Es  una  de  las  que  se 

suelen  poner  en  las  pantómetras  para 

expresar  las  proporciones  que  tienen 
entre  sí  los  metales,  así  en  cuanto  al 

fteso,  considerando  magnitudes  Í^ua- 
es,  como  en  cuanto  á  la  magnitud, 
considerando  iguales  pesos.  Q  Líneas 
TKiooNOMáTBiCAS.  Los  seuos,  coseuos, 
tangentes,  etc.  |  Línea  de  los  Nonos. 
Ásironomía.  La  línea  con  que  al  plano 
de  la  órbita  de  un  planeta  corta  el  de 
la  eclíptica.  Q  Geografía  attromíatiea. 
La  línea  equinoccial;  /  así  se  diee: 
«pasó  LA  línea;»  «está  debajo  de  la 
LÍNBA.»  I  VISUAL.  Optica.  LÍNBA  qué 
parte  del  ojo  del  observador  /  termi- 
na en  el  objeto  que  considera,  blan- 
ca. Anatomia,  Especie  de  banda  ap(>- 
neurótica,  entendida  desde  el  apéndi- 
ce xifoide  del  esternón  basta  la  sínfi- 
sis  del  pubis,  snb/acente  respecto  de 
la  piel  /  aplicada  sobre  el  peritoneo.  | 
ÁSPBEA  DEL  fémur.  Salida  que  forma 
el  borde  posterior  de  dicho  hueso,  bi- 
furcándose en  cada  extremidad,  jj  un- 
DiANA.  Línea  imaginaria  que  se  su- 
pone dividir  verticalmente  el  cuerpo 
en  dos  partes  iguales  /  simétricas.  | 
DB  TIERRA.  Perspectiva.  Intersección 
del  plano  de  un  cuadro  con  el  plano 
geometral,  que  también  se  llama  de 
tierra,  g  vertical.  La  línea  por  cn/o 
medio  el  plano  vertical  corta  el  cua- 
dro. I  Á  PLOMO.  Dirección  normal  que 
toma  una  cuerda  de  cu/a  extremidad 
inferior  pende  un  peso,  en  cu/o  sentí* 
do  se  dice:  «tirar  una  línea  á  nlomo.' 
I  Milicia.  Dirección  general  da  1»  po* 


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ñáÓn  délas  tropu,  on  sea  para  la 
tocha,  ora  paza  las  gmndes  manio- 
bras. Asi  se  dice:  cLa  línea  aporaba 
su  izquierda  es  los  arrabales  de  la 
eiadad,  7  su  derecha,  en  el  coavento 
de  San  Su8taquio.>  Esto  es  lo  que 
suele  llamarse  cformación  de  la  tropa 
en  orden  de  batalla.»  Sucesión  de 
batallones  ó  de  escuadrones  colocados 
sobre  la  misma  línea  t  dando  frente 
al  mismo  costado.  Así  decimos  que  un 
ejército  se  divide  ordinariamente  en 
tres  LÍNBJLS,  la  primera  de  las  cuales 
forma  U  vanguardia;  la  segunda,  el 
cuerpo  de  batAla,  j  la  tercera,  la  re- 
taguardía  ó  la  reserva.  H  Cohbbb  la. 
tjmiA.  Frase  militar.  Recorrer  los 
puestos  que  forman  la  de  algún  ejéi- 
eito.  I  Cabb  sobbx  la  línba.  Frase. 
Dirigirse  hacia  la  posimón  que  en  ella 
se  debe  ocupar.  Q  Estar,  ikmibbss  bn 
lima.  Colocarse  ó  estar  colocado  en 
la  direceidn  de  la  línea.  ||  Forzab  la 
LÍNEA.'  Addantarse  demasiado.  |¡  Re- 
husar LA  LÍNEA  (táctica  fraucess). 
Quedarse  demasiado  atrás,  Q  de  di- 
BBCCIÓN.  Línea  que  debe  seguir  un 
cuerpo  militar  en  campaña,  ó  en  las 
grandesmaniobras.  Q  de opbbaciones. 
La  <^ue  un  ejército,  ó  muchos  cuerpos 
destinados  a  la  misma  operación,  de- 
ben seguir  constantemente.  ]|  de  00- 
MUNIOACIÓN.  El  camino  que  sirve 
pan  que  un  ejército  se  comunique 
con  sus  depósitos,  sus  almacenes, 
sos  rosenras.  Q  db  cwvot.  El  espa- 
cio que  queda  libre  entre  un  ejér- 
cítú  j  su  base  de  operaciones,  y  Lí- 
neas coNTiMUAS.  Las  LÍNEAS  quo  se 
sigiun  sin  interrupción,  á  diferencia 
de  las  líneas  de  intervalo.  |  Línea 
DE  INT8BVAL0.  Línea  en  que  quedan 
vacíos  entre  la  izquierda  de  un  cuer- 
po 7  la  derecha  del  cuerpo  próxi- 
mo, ti  LLENA.  La  LÍNEA  ou  que  la  de- 
recha de  un  cuerpo  se  apoja  en  la 
izquierda  de  un  cuerpo  que  está  á  su 
derecha.  Q  Marchar  bn  línea.  Frase. 
Dícese  de  un  ejército  que  conserva 
marchando  el  alineamiento  general  ó 
parcial.  Es  lo  contrario  de  marchar 
por  escalones.  |  PoB  sección,  bn  lí- 
nea. Voz  de  mando,  por  la  cual  se 
ordena  que  la  tropa  que  está  en  mar- 
cha por  el  flanco,  se  divida  j  se  forme 
en  secciones.  También  s6  dice:  por 
ptUtím  M  LÍNEA,    Tbopa  DE  línba; 

BBaiUIENTO  DB  LÍNEA;  INFANTERÍA  DE 

L&ifeA.  Cuerpos  destinados  á  comba- 
tir en  LÍNEA,  á  diferencia  de  los 
cuerpos  ligeros  ó  irregulares,  que 
adoptan  otra  táctica.  |  ForiiñcacxÓn. 
La  trinchera  que  levanta  un  ejército 
para  defenderse  ó  atacar  al  enemi- 
go. I  Línea  de  defensa  ó  de  fronte- 
ra. Con  relación  al  sistema  defensivo 
de  un  pueblo,  es  la  línea  que  ocupan 
ó  deben  ocupar  las  plazas  fuertes, 
los  campamentos  atrinclierados  y  las 
LÍNEAS,  y  Líneas  db  coiniNiCACiÓH. 
Trincheras  que  se  abren  de  una  para- 
lela á  la  otra,  para  comunicarse  entre 
sí.  I  paralelas,  ó  paralela.  Líneas 
que  hacen  los  sitiadores  para  enlazar 
sus  trineheras,  protegerlas  j  guardar 
sttsjteterfu.  \  Línea  db  oibcuntala- 
ciÓH.  La  fortifieada  que  construje  el 


ejérdto  sitiador  por  sa  retajg^ardia, 
para  asegurarse  de  enalquier  tropa 
enemiga  que  este  íbera  déla  plaza.  8 
DE  CONTRAVALACIÓN.  La  fortificada 
que  eonstru/e  el  ejército  aitiador, 

Sara  impedir  la  salida  dt  los  sitia- 
os, I  DE  DEFENSA  FiiAHTB.  La  que' ín- 
dica la  dirección  de  los  tiros  que,  sa- 
liendo de  ios  flancos,  pueden  asegu- 
rarse en  las  caras  de  los  baluartes 

opuestos,  y  DE  DEFENSA  RASANTE.  La 

que  dirige  el  fuego  de  artillería  y  fu- 
silería desde  el  naneo  segundo,  para 
barrer  ó  rasar  la  cara  del  baluarte 
opuesto.  I  OBSIDIONAL.  Cualquiera  de 
las  dos  que,  para  su  seguridad  j  de- 
fensa, hace  el  ejército  que  sitia  una 
plaza,  y  Artillería.  Tirar  por  línea 
CURVA.  Tirar  á  un  objeto  para  herirle, 
más  bien  con  el  movimiento  que  lleva 
la  bala  6  bomba,  que  etm  el  viento 
con  que  sale  del  caftón  ó  mortero,  y 
Tirar  por  línea  bbcta,  ó  de  punta 
EN  BLANCO.  Tirar  &  un  objeto  que  está 
dentro  de  la  ponterfa  ó  alcance  de  un 
cañón,  antes  que  insensiblemente 
descienda  la  bala  pierda  la  línea 
recta,  y  hínsk.  Marina  de  guerra.  Toda. 
reunión  de  buques  de  guerra  coloca- 
dos en  el  mismo  rumbo  de  viento;  en 
eujo  sentido  se  dice:  «formar,  estre- 
char, abrir  la  línea.»  Asi  tambitín 
dice  la  historia  que,  en  el  combate  de 
Trafalgar,  Nelson  cortó  la  línea  fran- 
cesa. I  db  ssteibor.  Si  el  buque  reci- 
be el  viento  por  la  derecha;  línea  de 
babor,  si  lo  recibe  por  la  izquierda.  | 
Línea  de  buques  de  guerra  que.  des- 
cribe un  ángulo  de  67  grados  30  mi- 
natos*  con  la  corriente  del  viento,  y 
Na  vio  de  línea.  Nombre  que  se  daba 
antiguamente  á  los  grandes  baques 
de  guerra,  armados  por  lo  menos  de 
cincuenta  cañones,  los  cuales  podían 
colocarse  en  línea  con  los  otros.  [| 
Línea  de  flotación.  Marina.  Línea 
que  alcanza  un  buque  cuando  está 
provisto  de  cuanto  há  menester  para 
navegar,  exclusión  hecha  de  lo  que 
se  refiere  á  la  carga.  U  Líneas  de 
AQUA.  Las  diferentes  capas  horizon- 
tales de  la  parte  sumergida  de  la  ca- 
rena de  un  buque,  paralelam.ente  á 
la  LÍNEA  de  flotación,  y  Línea  dbl 
PUENTE.  La  LÍNEA  que  sigue  la  forma 
del  mismo,  y  dbl  viento.  La  que  lleva 
el  viento  ciue  corre.  |  de  respeto.  Lí- 
nea ficticia,  imaginada  sobre  el  mar 
á  una  distancia  conveniente  de  las 
costas,  la  cual  se  considera  como  el 
límite  ó  frontera  marítima  de  un  país, 
y  de  aOua.  La  parte  144  de  una  pul- 
gada de  agua,  y  Bellas  Artes*  Línea, 
líneas.  Efecto  general,  vago,  inde- 
finible, que  parece  emanar  de  la 
reunión  jr  combinación  de  las  diver- 
sas partes  de  un  todo,  ora  se  trate  de 
un  objeto  de  la  naturaleza,  oía  de  una 
composición  del  ingenio,  en  donde  se 
reflejan  simultáneamente  la  expresión 
correcta  del  dibujo  ^  el  misterioso 
encanto  de  la  inspiración.  En  este  sen- 
tido se  suele  decir  que  un  cuadro  tie- 
ne líneas  imperceptibles,  vigorosas, 
pálidas,  vivas,  brillantes.  Asi  decimos 
del  mismo  súwlo  que  la  pintun  .de 
LsoaudodeViaci  se  distiiigaepor  sus 


LÍNEAS  sutiles,  maestras,  ideales,  aayt, 
ng\k  única  es  el  espíritu  del  pintor. 

I  FUSIBLES  DE  UN  CCADBO.  EpltOtO  de 

las  figuras  de  un  cuadro,  cuando  sns 
LÍNEAS  se  desarrollan  por  curvas  gra- 
ciosas j  suaves.  D  ARqmTECTÓNiCAS. 
Arquitectura.  Los  diversos  planos  ho- 
rizontales formados  por  los  subbasa- 
mentos,  por  los  miembros  7  las  mol- 
duras del  entabla  miento,  por  los  te- 
chos, las  acróteras  ó  áticos,  etc.  H  Mií- 
sÍ€a.hsL»  ra^as  horizontales  j  paralelas 
sobre  tas  cuales  se  escriben  las  notas. 
La  música  se  escribe  sobre  cinco  lí- 
neas. La  clave  de  sol  se  coloca  sobre 
la  segunda;  j  la  clave  de  mí,  sobre  las 
cuatro  primeras.  |  Forense.  Serie  de 
los  miembros  de  un  linaje,  ó  sea  as- 
cendencia j  descendencia  de  las  fami- 
lias. LÍNEA  RECTA  ó  DIRECTA.  El  OrdcU 

sucesivo  de  generaciones  de  padres  á 

hijos,  y  TRANSVERSAL,  UTSBAL,  COLA- 
TERAL. Orden  compnesto  de  los  indi- 
viduos que  traen  su  origen  de  un  tron- 
co común;  empero  sin  descender  di- 
rectamente los  unos  de  los  otros,  como 
los  tíos,  tías,  primos,  sobrinos.  Es  lo 
que  se  suele  llamar  sucesión  lateral  ó 
de  costado.  H  hasculina.  La  de  losTa- 
rones.  y  femenina.  La  de  las  hem- 
bras, y  ASCENDIENTE.  La  dc  uuestros 
mayores.  |  descendiente.  La  de  nues- 
tra posteridad,  y  Apartar  la  línea 
DEL  PUNTO.  Esgrima.  Desviar  la  espa- 
da de  la  postura  del  ángulo  recto,  que 
es  en  donde  está  el  medio  de  la  pos- 
tura del  brazo.  |  Esto  es  lo  que  otros 
autores  llaman  simplemente  la  lü(ea; 
esto  es,  la  dirección  diametralmente 
opuesta  al  adrersario,  «n  que  deben 
estar  las  espaldas,  el  braxo  j  la  espa- 
da, y  EsTAB  BN  LÍNEA.  Frass.  Dícose 
del  tirador  que  tiene  el  pie  derecho 
colocado  en  frente  del  tobillo  del  pie 
izquierdo.  \  Línea.  Equitación*  El  es- 
pacio recto  ó  circular  que  recorre  el  ca- 
ballo, ora  en  círculo,  ora  en  el  cuadra- 
do del  manejo.  ||  Qairmuwcia.  Rajras 
marcadas  en  la  mano,  las  cuales  sir- 
ven como  de  indicio  para  adivinar  la 
suerte  ó  el  genial  de  las  personas,  se- 
gún la  creencia  supersticiosa  del  vul- 
go. H  DE  VIDA.  Es  la  que  está  debajo  del 
dedo  pulgar.  |  de  Venus.  Es  la  que 
se  extiende  desde  el  dedo  índice  has- 
ta el  extremo  de  la  mano.  I  de  Heb- 
cdrio.  Es  la  que  presagia  las  buenas 
ó  malas  noticias,  f  Líneas  de  la  fren- 
te. Arrugas  de  la  frente  por  las  cua- 
les se  pretende  inferir  el  sino  bueno  ó 
malo  de  los  hombres.  |]  Gn.el  sistema 
antiguo,  la  duodécima  parte  de  ana 
pulgada,  y  Sistema  métriío.  Dos  milí- 
metros, dos  mil  quinieotos  cincuenta 
j  ocho  diezmilímetros  (2°>°>,2558).  y 
de  aduanas.  Serie  de  aduanas  esta- 
blecidas á  lo  largo  de  una  frontera 
para  ejercer  la  inspección  fiscaL  y  de 
UN  FBBBOCARBIL.  M  eje  de  las  obras 
de  que  se  compone.  Por  extensión, 
llamamos  línba  al  ferrocarril  que  va 
directamente  de  un  punto  á  otro,  en 
cujo  sentido  se  dice:  «La  línba  de 
Madrid  á  Córdoba,  á  Sevilla,  &  Cá- 
diz;» <abrir  una  línea  al  sec?ieio  pú- 
blico También  damos  el  mismo 
nombre  á  la  serio  ó  sistema  de  fi»co- 


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422  LINE 


LINF 


LINF 


earrilei  «xistentes  en  ana  zona,  para 
distinguirlos  d«  los  qu«  puede  haber 
en  otros  puntos;  t  así  decimos:  «La 
LÍNBA  del  Norte,  del  Sudeste,  del  Ue- 

dÍ0día.t  l  TBLBaRÍ.FICA  ó  LÍNSA  DB  TB- 

LáoBAPOs.  En  el  sistema  antiguo,  era 
la  serie  de  telégrafos  aéreos  que  se 
comunicaban  «ntra  sí.  Hoj  es  el  hilo 
telegráfico,  ó  lea  el  alambre  que  trans- 
mite noticias  de  un  punto  á  otro  por 
medio  de  la  electricidad.  |  Línbas  bx- 
TVBiiAS.  Ájedret.  Lai  cuatro  bandas 
compuestas  d«  veintiocho  casillas  que 
forman  el  cuadro  6  mareo  del  taUaro. 

Q  DB  ALTUBA.  Lai  LÍNEAS  quo  Tan  de 
i)V  jugador  i  otro.  U  hohizontalbs. 
Bandas  que  crnzan  de  derecha  á  iz- 
quierda de  los  jugadores.  Q  Rata.  Y 
así  se  dice:  «no  h&j  que  pasar  de  esta 
Unía;»  «fulano  se  ha  salido  de  línba.» 

I  Rbnqlón.  Como  cuando  decimos: 
«he  queridó  ponerte  cuatro  líneas;» 
«lee  estas  cuantas  línbas.»  |  Clase, 
género,  especie,  como  cuando  se  dice: 
fes  inmejorable  en  su  línba.»  H  Línba 
DBTBAviBSO.  Anticuado.  Línba  trans- 
versal. K  Correr  la  línha,  los  límites, 
los  montea  ó  el  término  de  alguna 
provincia  ó  país  por  tal  6  cual  parte. 
Frase  metafórica.  Tenar  tales  confi- 
nes, pasar  por  tales  parajes,  extender- 
se T  dilatarse  tantas  ó  cuantas  leguas. 

9  Echar  ó  tirar  líneas.  Frase.  Dis- 
currir los  medios^  tomar  las  medidas 
para  conseguir  alguna  cosa.  Q  Bstar 
BN  PRiMBRA  LÍNEA.  Frase  adverbial. 
Ocupar  el  primer  puesto,  jra  por  orden 
de  jerarquía,  ja  por  virtud  ó  razún 
de  excelencia.  ||  Trazar  su  línea  de 
CONDUCTA.  [Frase.  Resolverse  á  obrar 
de  cierto  modo,  de  conformidad  con 
las  ideas  ó  principios  que  se  ha  pro- 

Suesto  seguir;  establecer  su  sistema 
e  vida.  I  Mejora.  Término,  límite, 

J  DtAQONAL.  DlACK>IfAL.||B4UXN0CCIAL. 
BCDADOR.  n  BSKBAL.  ESPlRA..  |j  UBBl- 
DIANA.  HbSIDIAMA.  |  LÍNEAS  DB  APRO- 

CHB.  AraocHES. 

BrnioLOOÍA.  Latín  tinéa,  de  Itnum, 
lino:  catalán»  lint»;  italiano,  linea; 
francés,  H^ne. 

Retcña. — El  latín  íiMea  se  deriva  de 
ttnuMt  porque  un  hilo  de  lino  suminis- 
tró la  idea  de  la  línea.  (Varrón.)  La 
LÍNEA  es  el  lino  del  espacio,  como  el 
lino  es  la  línea  de  la  proporción.  Y  esa 
linea  que  sale  de  un  hilo  de  lino^  mide 
los  astros  en  las  matemáticas. 

Lineable.  Adjetivo.  Que  puede  ser 
lineado. 

LineaciÓQ.  Femenino.  Acción  ó 
efecto  de  linear. 

ErniOLOoÍA.  Linew:  latín,  kneSíio, 
descripción  de  una  ó  muchas  líneas 
rectas;  forma  sustantiva  abstracta  de 
HntíUuSt  lineado:  italiano,  lineatione. 

Lineado,  da.  Participio  pasivo  de 
linear. 

ETiHOLoaÍA.  Latín  tineaíns,  parti- 
cipio pasivo  de  lineare,  trazar  líneas: 
italiano,  linéalo;  francés,  li^ne;  cata- 
lán, lineal,  da. 

Lineador,  ra.  Uasculino  j  feme- 
nino. El  que  linea. 

Lineal.  Adjetivo.  Lo  perteneciente 
á  la  línea.  \  Forttue.  Lo  perteneciente 
i  la  Unea;  eomo  ineompatibilidad  li- 


neal, contrapuesta  á  la  personal  en 
los  majorazgos,  en  cujro  sentido  se 
dice:  ameetión  lineal.  ||  Algebra.  Que 
no  admite  más  que  una  solución,  lo 
cual  quiere  decir  que  es  del  primer 
grado,  en  cnjo  sentido  se  dice:  ecua- 
cióh  LINEAL,  preblemoi  unbalbs.  H 
Magnitudes  lineales.  Las  magnitu- 
des simples  que  no  están  formadas 
por  ninguna  multiplicación,  /  que  no 
tienen  más  qut  una  dimensiÓDf  como 
la  línea.  ¡  Hojas  lineales.  Botánica. 
Hojas  de  lados  paralelos,  mur  pro- 
longadas é  igualmente  estrechas  en 
todo  el  espacio  de  su  longitud.  | 
BelUu  Ártet.  Lo  que  se  refiere  á  las 
líneas  de  un  cuadro,  de  un  dibujo, 
de  un  edificio,  como  cuando  deci- 
mos: pertpetítiv»  lineal,  armonU  li- 
neal- 

Etiuolooía.  Línea:  latín,  linealis; 
italiano,  linéale;  francés,  Unáaire,  li- 
neal; catalán,  lineal. 

Lineamento.  Masculino.  La  deli- 
neación  ó  dibujo  de  algún  cuerpo 
por  el  cual  se  distingue  y  conoce  su 
ti  gura. 

Etiuología.  Linear:  italiano,  linea~ 
mentó;  francés,  Un/ammí;  catalán,  li- 
neament, 

Lineainieiito.  Hasealino.  Lihea- 

USNTO. 

Linear.  Activo.  Tirar  Uneag.  |  Ad- 
jetivo. Lineal. 

Etiuolooía.  Latín  tSneare,  dibu- 
jar, forma  verbal  de  linea,  línea:  ita- 
liano, lineare;  francés,  li^ner;  catalán, 
linear. 

Linearifoliáceo,  cea.  Adjetivo. 
Botánica.  De  hojas  lineales. 

ETiMOLoaÍA.  Linear  y  fSliatns;  de 
fotium,  hoja. 

Lineanfoliado.  Adjetivo.  Linea- 

BIFOLIÍCBO. 

Lineas.  Femenino  plural.  Familia 
de  plantas  dicotiledóneas,  cujo  tipo 
es  el  lino,  formada  á  expensas  de  las 
cariofíleas. 

BnwHAOÍA.  Lvm:  francés,  Hnéei, 

Lineatifoliado,  da.  Adjetivo.  Bth 
tánica.  De  hojas  marcadas  con  líneas 
paralelas  desde  la  cúspide  á  la  base. 

ETlMOLoaÍA.  Latín  lineaíut,  deli- 
neado, y  fUiatn»,  defÓllum,  hoja. 

Linero,  ra.  Masculino  y  femenino 
anticuado.  El  que  trata  en  lienzos  ó 
tejidos  de  lino. 

Lineruelo.  Masculino  anticuado. 
Zoología.  Ave  de  lengua  redonda,  á 
la  que  puede  enseñársele  á  hablar 
como  á  los  loros,  etc. 

Linfa.  Femenino.  Anatomía,  Lí- 
quido blanco,  nutritivo,  contenido  en 
los  vasos  linfáticos,  exceptuados  los 
quilíferos,  que  no  lo  contienen  sino 
durante  la  abstinencia.  La  linfa  se 
derrama  en  la  sangre  venosa  cerca 
del  corazón.  ^  de  cotugno;  humor 
transparente  de  que  están  llenas  todas 
las  cavidades  de  los  oídos.  Q  Patología, 
Blastema  accidental,  exudado  en  la 
superficie,  ora  de  las  llagas,  ora  de 
las  membranas  serosas,  de  donde  se 
originan  los  elementos  anatómicos  de 
los  botones  carnudos  y  de  las  cicatri- 
ces, l  FLÍSTIOA;  UNPA  aOAaULABLB.  I 

Botánica*  Nombra  que  dan  alfonos 


autores  al  humor  acuoso  que  'eo'ntié- 
nen  las  plantas.  [|  En  términos  gene- 
rales, humor  acuoso,  qae  se  halla  en 
varias  partes  del  cuerpo.  |  Poética, 

Agua. 

EriuoLoaÍA.  Griego  Xi>|jup)  (lyM- 
phe):  latín,  lympha,  agua;  italiano  y 
catalán,  Ím/a,' francés,  lymphe. 

Reseña* — ¿ympKa:  en  gn^ego 
phé,  lumphtt  el  agfua.  ümpka,  sinóni- 
mo de  oúua,  es  voz  poética:  no  sola- 
mente da  la  idea  dei  elemento  agua, 
sino  también  la  de  transparencia,  la 
de  agua  que  mana  de  an  manantial 
puro.  De  limpktt  se  farmá  Umpidmt, — 
Linfa  ó  humor  linfático  es  el  nombre 
que  da  la  fisiología  á  un  humor  acuo- 
so, transparente,  límpido,  viscoso,  que 
se  encuentra  con  abundancia  en  el 
cuerpo  de  los  animales  y  en  las  plan- 
tas. Este  humor  88  contiene  en  unos 
vasos  especiales  llamados  Un/átieos, 
—Personas  de  temperamento  linfáti- 
co, 6  flemático,  se  llaman  las  que  tie- 
nen majr  desarrollado  el  sistema  de 
los  vasos  linfáticos,  que  abundan  ma- 
cho en  linfa.  (Monlau.) 

Linrangítia.  Femenino.  Medietna* 
Infiamacion  de  los  vasos  7  galillos 
linfóticos. 

EnuoLoaÍA.  Griego  Xij)jl»i)  { U/mphi), 
y  Srf^im  (ággmn),  vaso:  nanees,  lyé^ 
phangit'. 

Linfasio,  sia.  Adjetivo,  ffiítoría 
natural.  Parecido  al  cristal. 
Etiuolooía.  Latín  ^pkStUiUf  en»- 

talino.  (Capella.) 

Linfático,  ca.  Adjetivo.  Medicina. 
El  que  abunda  de  linfa.  |  Anatomía. 
Lo  que  se  refiere  á  dicho  jago,  en 
cuyo  sentido  se  dice:  ganglios  linfá- 
ticos, mSOt  LINFÁTICOS.  ¡ISlSTBUA  LIH- 

FÁTico.  Fisiología.  Conjunto  de  los 
órganos  que  concurren  &  la  formación 
ó  a  la  circulación  de  la  lin&,  como  los 
ganglios  y  los  vasos  linfáticos.  |  Tem- 
peramento unfXtico.  ff^iene.  El 
temperamento  en  que  parece  dominar 
el  sistema  linfático,  lo  cual  se  mani- 
fiesta en  el  poco  color  7  en  cierta  flo- 
jedad de  las  carnes. 

Etimología.  Linfa:  italiano, 
tico:  francés,  lympkatigue;  catalán, 
linfátick,  ca. 

Linfeurisma.  Femenino.  Medida 
na.  Dilatación  de  los  vasos  linfáticos. 

Etimología.  Griego  lympki  y  eurys, 
amplio,  largo:  Xúftfi)  cüpóc. 

Linfochezia.  Femenino.  Medicina. 
Diarrea  serosa. 

Etimología.  Griego  h/mphe,  agua, 
7  ckézü,  cheso(jiX,w,  x^'w)»  deponerlos 
excrementos;  caxare. 

Linforragia.  Femenino.  Medici- 
na. Derrame  persistente  de  littft,  canp 
sado  por  la  herida  do  un  vaso  Ünfiá- 
tico. 

Etimología.  Griego  lymphe  y  rha- 
gein,  brotar  con  erupción:  francés, 
l^mphorrhagie. 

Linfosis.  Femenino.  Fisiología. 
Acción  interna  de  la  cual  resulta  la 
linfa. 

Etimología.  Griego  XiS[ji^  (IgmpXe) 
y  áni  (osis),  desinencia  verlwl  que 
significa  operación,  ftinei^  aetíri- 
dad:  ftances,  fyntpm. 


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LING 

LinlMeiui^.  Femenino.  ÁMt9m(a, 
Disección  de  los  rasos  linfáticos. 

BniHKAoU.  Griego  lifmpAe  j  tmi, 
sección:  francés,  fymphttamie. 

Linffaai.  Masculino.  Mitología  in- 
diana. Dios  de  la  potencia  cteetriz  j 
de  la  reproducción,  cujo  culto  estuvo 
mu^  extendido  en  el  Kanara  j  en  las 
inmediaciones  de  Goa.  y  Representa- 
ción jerática  del  falo. 

BtuiolooU.  VaeabU  india:  francés, 
Uiuam. 

Lingoda.  Véase  Fibbrb. 

BTUfOLoof A.  Griego  XuYY»¿5»)<;  ( iy^- 
fddii },  abundante  en  sollozos:  francés, 
Lyngode. 

Lingote.  Masculino.  Trozo  ó  barra 
de  metal  en  bruto,  que  se  dice  prin- 
cipalmente del  hierro,  pUta,  oro  j 

{tuttino.  \  Cada  une  de  las  barras  ó 
adrilloa  de  hierro  que  sirven  para  ba- 
lancear la  estiva  en  los  buques.  Sue- 
len tener  nn  agujero  en  ana  de  bus 
extremidades. 

EnuoLoofa.  Fraaeéi,  ingléi  j  ca- 
talán, lingot. 

1.  Inglés  ingott  muela  de  fundi- 
ción; de  get^  poner,  é  in,  en:  in-geí, 
ÚMoí,  liiufoí.  (Gbnin.) 

2.  £1  inglés  lingot  está  tomado  del 
vocablo  francés.  (Dictímariot  ingle- 

M.) 

3.  La  antigua  etimología  queda 
eo  pie:  latín,  lingua,  lengua.  (LiT- 

T&í.) 

4.  LingoU  j  UngiuU  Mn  la  misma 
palabra  de  origen. 

Lingaado,  da.  Blatán.  Califica- 
eión  heráldica  de  los  animales,  cuja 
lengua  es  de  distinto  esmalto  que  la 
figura. 

Btiuologíá.  Latín  lif^wtuSt  elo- 
eaente,  de  lingita,  lengua:  italiano, 

Lingui^e.  Masculino  anticuado. 

LKNQTJA.JB. 

Lingual.  Adjetivo.  Qran^Uea,  Lo 

Ítne  pertenece  á  la  lengna.  Se  dice  de 
as  consonantes  en  cuja  pronuncia- 
ción tiene  la  principal  parte  la  lengua, 
como  la  r  j  la  /¿.  n  Gramática  tan*- 
mis.  En  la  terminología  de  las  con- 
sonantes de  dioba  lengua,  llámanse 
LUfouALSS  ó  cerebrales  unas  conso- 
oantes  muj  análogas  á  las  dentales. 
I  Anaíomía.  Relativo  á  la  lengua  con- 
siderada como  órgano,  en  cayo  sen- 
tido se  dice:  arteria  lingual,  nervios 

LINGUALES. 

BnuoLoafA.  Latín  Itngua,  lengua: 
italiano,  linguale;  francés,  lingual. 

Linguátola,  Femenino.  Género  de 
gusanos  intestinales,  que  se  confun- 
dieron antiguamente  con  los  gusanos 
oematoides. 

Btiuologíá.  Latín  linguStm;  de 
Unguaj  por  semejanza  de  forma:  ftan- 
cés,  UngnatnU, 

Linguete.  Masculino.  Marina. 
Barra  de  hierro  de  dos  ó  tres  dedos  de 
ancho,  uao  de  grueso  t  media  vara  de 
^íge,  que  está  clavada  al  pie  del  ca- 
brestante y  sirve  para  detenerlo  don- 
de se  quiere,  después  de  haber  vira- 
do, dejándolo  seguro  de  modo  que  no 
se  pueda  disparar. 

finilOU>oU.  liingQte:  latín,  lingiMf 


LINN 

por  Mmejaa»  de  foima;  francés,  fó»- 
gnet, 

Lingüicultnra.  Femenino.  Estu- 
dio especial  de  los  idiomas. 

Lingüifoliade,  da.  Adjetivo.  Bo- 
tánica. De  hojas  lin^aiformes, 

Etiuología.  Latín  lingua  y  fSliá- 
tus;  d« fdUum,  hoja. 

Lingüiforme.  Adjetivo.  Hittoria 
natwraL  Que  tiene  la  forma  de  una 
lengua. 

Btiuologíá.  ZnytM  j  format  fran- 
cés, linguifomu. 

Lingüista.  Masculino.  Bl  enten- 
dido en  lenguas. 

Btiuologíá.  Lengna:  italiano,  Un- 
guisía;  francés,  lingniste, 

Lingflistica.  Femenino.  Bstadio 
de  los  idiomas. 

Lingüístico,  ca.  Adjetivo.  Coneer> 
níente  á  la  lingüística. 

Btiuologíá.  Lingüista:  italiano, 
lingüístico;  francés,  linguisíiaue, 

Lingula.  Femenino.  Zoología.  Gó- 
ñero  de  moluscos  acéfalos  bivalvos. 

Btiuologíá.  Latín  ttng&la,  lengua- 
cilla. 

Reseña. — Antigüedades.  Espada  cor- 
ta y  ancha,  entire  los  antiguos  latí- 
nos.  Instrumento  de  los  arúspices, 
entre  los  antiguos  romanos,  con  que 
se  cortaban  las  entrañas  de  las  vic- 
timas, para  consoltarlaa  j  profsti- 
zar. 

Lin^rolar.  Adjetivo.  LncoOiPOBUB. 
Linifacto.  Masculino.  Arte&eto  de 
lino. 

lánifftctor.  Bfasculino.  El  que  tea- 
baja  en  lino. 

Linifoliado,  da.  Adjetivo.  Botáni- 
ca. De  hojas  parecidas  á  las  del  lino. 

Btiuologíá.  Latín  Aswn  j  J^UStns; 
de  J'oliúm,  hoja. 

Linigero,  ra.  Adjetivo.  Botánica, 
Que  produce  lino. 

Btiuologíá.  Latin  tiniger;  de  ti~ 
num,  lino,  y  gerere,  producir. 

Linimento.  Masculino.  JUedieina. 
Composición  media  entre  aceite  j  un- 
güento, que  sirve  para  ablandar  y  re- 
solver. 

EriuoLoalA.  Latín  lere,  bornr; 
nere,  froter  con  untura;  Uniré,  emba- 
rrar; línimentum,  sfluten  6  betún  para 
cubrir  la  boca  délas  vasijas:  italiano, 
linimento;  francés  y  provenzal,  lini- 
ment. 

Linímentoso,  sa.  Adjetivo.  Que 
es  de  la  naturaleza  del  linimento. 

Linimiento.  Masculino.  Liniubn- 
to. 

Linio.  Masculino.  Liflo. 
Linjavera.  Femenino  anticuado. 
Cabcaj. 

Linnige.  Maieulino  anticuado.  Li* 

NAJE. 

Linn^jen.  Masculino  anticuado. 

Linaje. 

Linnea*  Femenino.  Boíániea.  Lin- 
da planta  de  adorno;  familia  de  las 
madreselvas. 

Etiuología.  Linneo,  á  (^uien  la  de- 
dicó Gronovio:  francés,  linne'e, 

Linneo  (Carlos).  Éu  latín,  Zin- 
nans,  el  botánico  más  célebre  del  si- 
glo xviii,  que  nació  en  Suecia,  de  fa- 
milia humilde,  puesto  que  su  padre 


LINN 


423 


era  pastor.  Ajudado  por  hombres  ge- 
nerisos,  que  adivinaron  sus  grandes 
talentos,  pude  dedicarse  al  estadio  da 

la  botánica  y  perfeccionar  los  escasos 
conocimientos  que,  por  afición,  había 
adquirido,  tomando  asiento  en  las  cá- 
tedras de  la  universidad  de  Upsal. 
En  1732  fué  enviado  á  Laponia,  para 
recoger  y  describir  las  plantas  de 
aquellas  regiones;  y  una  vez  termi- 
nado su  viaje,  pasó  £  Holanda,  en 
donde  la  amisted  de  Boerhaave  le  re- 
tuvo durante  tres  años.  En  1735  pu- 
blicó en  Lejrden  la  primera  edición 
de  su  Systema  natura  (Sistema  de  la 
naturaleza),  obra  entonces  de  cortas 
dimensiones;  pero  enriquecida  poste- 
riormento  con  adiciones  importentes, 

Ír  que  contiene  ja  la  distribución  de 
os  tres  reinos,  según  el  sistema  de  su 
autor.  De  esta  obra  alcanzó  Linhbo  du- 
rante su  vida  hasta  la  nnd/cima  edición. 
Bn  ella  r  la  titulada  Fundamenta  botá- 
nica, publicada  en  Amsterdán  en  1736, 
se  encuentra  el  boceto  de  las  radicales 
transformaciones  que  el  sabio  sueco 
iba  á  introducir  en  el  inmenso  campo 
de  la  historia  natural.  En  seguida 
publicó:  Horlus  clij^ortianus  (Levden, 

1736)  ,  descripción  del  jardín  de  su 
huésped  Clifford;  Flora  laponiea  (Ams- 
terdán, 1737),  resultado  de  su  viaje  á 
la  Laponia;  Biblioteca  botánica  (Ams- 
terdán, 1737),  reviste  de  todos  los  li- 
bros publicados  haste  entonces  sobre 
la  materia;  Generaplantarum(lMy áeUf 

1737)  ,  donde  ja  se  dan  con  gran  ex- 
tensión los  caracteres  de  cada  cénero; 
Critica  botánica  (Lejden,  1737),  y 
Clases  plantarum  (Lejden,  1738),  que 
contienen  la  historia  de  los  antiguos 
sistemas  y  el  desarrollo  de  las  lejes 
de  la  nueva  nomenclatura,  á  la  cual 
siguen  Fragmenta  Methodi  naturalis. 
Después  de  haber  abandonado  á  Ho- 
landa, LiNNBO  recorrió  la  Francia  y 
la  Inglaterra  y  volvió  á  Suecia,  don- 
de le  esperaba  una  fortuna  tan  rápi- 
da como  brillante;  la  de  sus  libros. 
En  1738,  fué  nombrado  médico  de  la 
armada  y  profesor  de  botánica  de 
Stockolmo;  en  1739,  médico  del  rej 
y  presidente  de  la  Academia  de  Cien- 
cias, y  en  1741 ,  profesor  de  botánica 
en  la  universidad  de  Upsal,  cátedra 
que  desempeñó  por  espacio  de  treinta 
y  siete  años.  Encargado  por  los  Esta- 
dos de  explorar  las  diversas  provin- 
cias del  reino  con  objeto  de  recoger 
las  producciones  naturales,  dió  en 
sueco  interesantes  relaciones  de  via- 
jes y  los  inmensos  materiales  que  ha- 
bía reunido  le  impulsaron  á  poblicar, 
en  1746,  su  Fauna  suecica^  o  historia 
natural  de  los  animales  de  la  Suecia, 
y  en  1755,  uaa  Flora  general  de  dicho 
pa£s.  Oesijués  de  su  vuelta,  había 
dado  también  á  la  estampa  sus  Species 
plantamm  (Stockolmo,  1753),  comple- 
mento del  Genera  pUnUrum,  en  donde 
se  encuentra  la  descripción  de  las  es- 
pecies y  su  Philosophta  botánica  (Stoc- 
kolmo, 1751),  libro  admirable  por  su 
concisión  y  que,  fundando  el  lengua- 
je de  la  botánica,  lle^ó  bien  pronto  á 
ser  el  verdadero  código  de  la  ciencia 
para  la  descripción  y  nomenclatura 


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424  LINN 


LINO 


LINT 


de  las  plantas.  Al  mismo  tiempo  que 
clasífícaba,  describía  y  publiestia  las 
grandes  colecciones  entonces  existsn- 
tes  en  Suecia,  Linmbo  empleaba  su 
influencia  en  conseg^uir  para  sus  dis- 
cípulos empleos  en  la  marina  6  mi- 
siones en  países  lejanos,  t  estos  mi- 
sioneros científicos,  muchos  de  los 
cuales,  tales  como  Sparrmán,  Solan- 
der  j  Hasselquist,  se  han  hecho  céle- 
bres por  sus  relatos  de  viajes,  traían 
á  BU  maestro  las  riquezas  natarales 
de  todas  las  zonas  j  de  todos  los  cli- 
mas. LiNNBO  amaba  mucho  á  sus  dis- 
cípulos, y  ocupándose  sin  cesar  en  sus 
trabajos  j  adelantos,  publicó  para 
ellos,  bajo  el  titulo  áeÁmaniíaíes  aca- 
demice (Stockolmo,  1749-63),  seis  vo- 
lúmenes de  disertaciones,  llenos  de 
interés  j  riquísimos  en  puntos  de 
Tista  nneTos  e  ing-eniosos.  Linhbo,  al- 
canzando en  vida  el  apogeo  de  su  glo- 
ria, era  miembro  de  todas  las  acade- 
mias de  Europa  y  sostenía  correspon- 
dencia, no  sólo  con  todos  los  sabios, 
sino  también  con  la  major  parte  de 
los  soberanos,  que  se  mostraban  celo- 
sos de  no  poderle  tener  en  sus  cortes. 
Sus  obras  nabían  vulgarizado  el  estu- 
dio de  la  botánica,  j  por  todas  partes 
se  establecían  jardines  clasificados  se- 

fún  su  método.  Así  jíyíó  rodeado  de 
onorea  j  consideraciones,  ha^ta  el 
punto  de  que  á  su  muerta  se  inhumó 
su  cadáver  en  la  catedral  de  Üpsal  y 
el  mismo  monarca,  Gustavo  III,  quiso 
encargarse,  j  con  efecto  se  encargó, 
de  su  oración  fúnebre.  Jamás  sabrán 
apreciarse  los  servicios  que  Linneo 
prestó  á  la  historia  natural,  tanto  por 
sus  trabajos  particulares  como  por  el 
espíritu  de  método,  de  exactitud  y  de 

E recisión  que  introdujo  en  la  ciencia, 
aciendo  que  el  estudio  de  la  botáni- 
ca adquiriera  una  popularidad  prodi- 
giosa. Fué  el  legislador  y  el  renova- 
dor de  esta  ciencia;  ordenó  los  tra- 
bajos confusos  de  sus  predecesores  y 
creó  para  los  vegetales  una  clasifica- 
ción sencilla  T  fácil,  fundada  en  las 
relaciones  de  los  órganos  sexuales  de 
sus  florescencias.  Al  propio  tiempo, 
dió  al  lenguaje  botánico  reglas  que 
aun  se  siguen  é  inventó  para  los  seres 
organizados  esa  admirable  nomenclatu- 
ra binaria,  que  es  la  que  ha  impedido 
que  la  ciencia  cajese  en  el  caos.  En 
mineralogía,  los  ensajos  de  clasiñca- 
ciones  de  Lihnco  tuvieron  poco  éxi- 
to; pero  en  zoología,  sus  trabajos, 
aunque  menos  brillantes  que  los  de 
Buífón,  merecen  el  más  alto  grado  de 
estima.  La  clasificación  del  reino  ani- 
mal de  LiHNBO,  es  la  actual,  imper- 
fecta todavía;  mejor  dicho,  apenas 
bosquejada,  pero  ja  apovada  en  los 
fecundos  principiosdel  m/todo  natural 
qne  Linnbo  tuvo  la  gloría  de  presen- 
tir y  aplicará  los  animales,  al  mismo 
tiempo  que  Bernardo  de  Jussieu  le 
aplicaba  á  las  plantas.  Bn  la  misma 
botánica,  Linnbo  comprendió  toda  la 
superioridad  del  método  natural  sobre 
el  sistema  que  había  creado  para  sim- 
plificar el  estudio,  j  como  medio  de 
facilitar  la  clasificación  de  los  mate- 
naleaile  U  etenoia.  <£1  método  natu- 


ral, eserifaia,  es  el  fin  7  el  objeto  de 
la  botánica.  Trabajando  para  descu- 
brirle, he  pasado  mi  vida  y  probable- 
mente me  sorprenderá  la  muerte  sin 
haberlo  logrado.» 

Reseña.— 'í.  Algunos  biógrafos  di- 
cen que  era  hijo  de  un  pobre  cura  de 
aldea.  Este  error  proviene  de  que  tra- 
dujeron la  palabra  pasteur  en  el  sen- 
tido pastor  etpiriiual.  El  padre  de 
Linnbo  no  era  pastor  de  almos,  sino 
de  cabras  6  de  ovejas,  lo  que  los  fran- 
ceses llaman  berger. 

2.  Otros  autores  dicen  que  su  pa- 
dre lo  dedicó  al  estudio,  lo  cual  es 
erróneo  de  la  misma  manera,  puesto 
que  estudió  bajo  la  protección  de  Sto- 
boeus,  de  Olaiis  y  de  Rudbeck,  cujos 
nombres  insertamos  aquí  con  el  me- 
jor gusto  en  homenaje  de  considera- 
ción j  de  gratitud. 

3.  Linnbo,  que  parecía  ser  el  espí- 
ritu universal  que  animaba  la  natu- 
raleza; ese  hombre  que  encadenaba 
una  gran  parte  de  la  creación  á  su 
poderoso  talento,  nació  en  Rceshult 
el  día  24  de  Majo  de  1707  j  murió 
en  üpsal  el  10  de  Enero  de  1778. 

Lino.  Masculino.  Botánica.  Planta 

3ae  se  cultiva  en  lugares  húmedos  ó 
e  regadío;  produce  vastagos  como 
de  una  vara  de  alto,  poblados  de  mu- 
chas hojas  en  figura  de  hierro  de  lan- 
za, j  en  cujos  extremos  nacen  unas 
florecitas  azules  muj  vistosas  con  la 
simiente  que  se  llama  linaza.  J  La  te- 
la hecha  de  lino.  Q  Poe'íica.  La  vela 
del  navio. 

ETiMOLoafA..  Griego Xlw*(lintmj: 
latín,  tinum;  catalán,  íít;  provenzal  j 
ftancés,  Un;  portugués,  tinho  (liño); 
italiano,  lino. — f  Planta  muj  conocida 
que  crece  en  los  campos,  de  la  propia 
simiente  cultivada.  Produce  un  vas- 
tago de  una  vara  de  alto,  poblado  de 
muchas  hojitas  pequeñas,  y  en  su 
extremo  arroja  unas  florecitas  azules 
muy  vistosas.  A  su  tiempo  se  siega  j 
se  deja  secar,  después  se  empoza  en 
lagunas  6  en  ríos,  donde  se  remoja  y 
cuece  á  beneficio  del  sol;  después  se 
deja  secar  j  se  maja  &  fuertes  golpes 
de  mazo,  hasta  que  hace  hebras;  lue- 
go se  espada  j  rastrilla,  j  queda  en 
perfectas  hebras,  de  las  cuales  hila- 
das se  hace  el  hilo,  de  que  se  tejen  j 
fabrican  diferentes  telas  de  lienzo, 
que  sirven  para  faacer  camisas,  sába- 
nas j  otras  muchas  cosas.  Es  voz  la- 
tina. Linum,  t.»  (AcADBUiA,  Dicciona- 
rio de  1726.) 
lÁnó.  Masculino.  Linón. 
EtiholoqÍa.  Catalán  Untf. 
Linón.  Masculino.  Tela  de  algo- 
dón ligera  y  clara,  que  sirve  para  vas- 
tidps  de  mujeres  ^  otros  usos. 

jBnuoLoaÍA.  Ltno:  italiano,  íúmm; 
francés,  liium. 

Linostalia.  Femenino.  Túnica  lar- 
ga de  lino. 

Etimolooía.  Griego  XivÓstoXaí  (li- 
nóstolos);  de  Xívov  (linón)  y  «toX»}  (sto~ 
léj,  traje:  francés,  limstoie. 

Reseña. — El  griego  XtváffroXo;  es 
un  vocablo  que  inventó  YoltRÍte  para 
designar  á  los  doctor»  de  la  Sorbona. 

(LiTTitB.)      ,  ■  1 


Lintea.  Femenino.  Tala  d«  seda 

procedente  de  Naukín. 

Ktiuoloo£a.  Latín  li^hm,  tela, 
paño. 

Lintel.  Masculino,  Distbl. 

Etimología.  Bajo  latín  linteüm», 
contracción  de  linitellus,  forma  dimi- 
nutiva del  latín  limes,  limiíi»,  límite: 
francés,  liníeau.  El  vocablo  etimoló- 
gico es  lintel,  lo  cual  demuestra  que 
dintel  no  tiene  raíz. 

Linterna.  Femenino.  Especie  de 
farol  con  un  asa  en  la  parte  opuesta  al 
vidrio,  y  Anticuado.  Jaula  de  hierro 
en  donde  solían  poner  las  cabezas  da 
los  ajusticiados,  y  Arquitectura.  Vihri- 
ca  de  figura  redonda  o  de  varios  lados, 
con  ventanas  j  aberturas  para  que  en- 
tre la  luz:  se  pone  sobre  los  edificios  j 
sobre  las  medias  naranjas  de  las  igle- 
sias, y  En  los  molinos  y  otras  máqui- 
nas semejantes  es  una  rueda  pequeña, 
que  consta  de  varios  husillos  en  que 
entran  los  dientes  de  otra  rueda,  y 
uíoiCA-  Máquina  de  óptica  que,  por 
medio  de  vidrios  dispuestos  de  cierto 
modo,  representa  diferentes  objetos  en 
un  lienzo  ó  pared,  y  sorda.  La  que 
tiene  oculta  la  luz  7  sólo  sa  deseubn 
cuando  se  quiere. 

ETiHOLoofA.  Latín  ianOma  y  Utir- 
na;  italiano  j  provenzal,  untentaf 
francés,  lanteme;  catalán,  llantema. 

1.  La  forma  lantema  está  en  relación 
con  el  griego  Xa(iirn^'p  (kmptir),  antor^ 
cha,  de  lampAn,  brillar.  (Pott.) 

2.  La  forma  Interna  se  ha  referido 
al  latín  Utere,  ocultar.  Según  esta  in- 
terpretación, Idterna  significa  luz  ocul- 
ta; pero  la  n  de  lantema,  así  como  la  i 
larga  de  iStema,  se  oponen  á  este  ori- 
gen. (LiTTRti.) 

1.  Si  el  latín  ¿a«t¿rM  fuese  una  for- 
ma del  griego  lampter,  antorcha, es  evi- 
dente que  elvocablo  latino  conservaría 
la  del  radical  griego.  Por  ctmsigaian- 
te,  sería  ¿aw^íSma,  no  lanQma.. 

2.  Admitiendo  que  el  latín  lantinut 
representara  una  alteración  del  grie- 
go tamptir,  siempre  resultaría  que  la 
forma  clásica  debió  ser  laniém»,  lo 
cual  no  sucede,  puesto  que  este  Toea- 
blo  no  se  halla  en  la  alta  latinidad.  La 
forma  Intima  es  la  que  se  emplea  por 
los  buenos  autores,  tales  como  Gieerón 
j  Marcial. 

3.  La  a  larga  de  lilima  hace  impo- 
sible la  derivación  de  lUtere,  cuja  á 
es  breve. 

4.  El  latín  laíema  viene  de  liíut, 
lata,  latum,  lato,  extenso,  difuso;  si- 
métrico de  laíKs,  llevado  lejos^  parti- 
cipio de  /erre,  llevar,  de  donde  se  ori- 
gina látesele,  aumentar,  crecer. 

5.  Latema  no  quiere  decir  luz  ocul- 
ta, sino  luz  que  se  aumenta,  qne  se 
derrama,  (^ue  se  difunde,  como  forma 
de  ¿ates,  difuso. 

6.  T  la  fbrma  concierta  con  el  sig- 
níGeado,  porque  la  latima  hace  la  luz 
lata. 

7.  No  es  posible  separar  tóto,  ex- 
tensa, j  latema,  linterna. 

Linternazo.  Masculino.  Golpe 
dado  con  la  linterna;  y  por  exten- 
sión, el  dado  con  cualquier  otro  ins- 
trumento. ....  ^  


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LIPA 

Linternero.  Abscalino.  El  artífice 
que  hace  linternas. 

ErtuoLoaÍA.  ZinUma:  catalán,  lian- 
iemer;  francés,  lanternier;  italiano, 
lanternajo. 

LintarniUa.  Femeaino  dimiautiTO 
de  linterna. 

Linternón.  Mascalino  aamentati- 
To  de  linterna.  \  Marina,  £1  farol  de 

^^uoMOfa.  Lixttnat  catal&n,  Ua»- 
temó. 

Lintnria.  Femenino.  CtnomHoh- 
gia.  Género  de  conchas  univaiTas. 

UnaOBO.  Masculino.  Linaza. 

Liña.  Femenino.  Sbdbña.  g  Anti- 
coado.  LÍHBA. 

Liño.  Masculino.  Hilera  de  ¿rboles 
ó  plantas. 

HTiuoLoaÍA,  Linea. — «Las  hileras 
de  cepas  que  hay  en  las  viñas.  Pudo 
decirse  de  la  palabra  línea.»  (A.cadb- 
UXA,  Diccionario  do  1726.) 

1.  Lio.  Masculino.  Porción  de  ro- 
pa ¿  de  otras  cosas  atadas. 

^nuoLoaiA..  Liar. 

2.  Lio.  Prefijo  técnico,  del  griego 
Xtto^  (leios),  liso. 

Úocarpo,  pa.  Adjetivo.  Botámka* 
De  frutos  lisos. 

BniiOLOOÍA.  Lio  S  y  JtarpÓt^  fruto: 
francés,  liocarpe. 

Xiiodermo,  ma.  Adjetivo,  Hittoria 
matnral.  De  piel  lisa;  da  tegumentos 
exteriores  desnudos. 

EnifOLOofA.  Lío  S  j  cMvm,  piel: 
francés,  lioderme. 

Líófllo.la.Adjetivo.  De  hojas  Usas. 

EnMOLCOÍA,  Lio  j  phjftlón,  hoja: 
francés,  liopAylle, 

Lioneto.  Masculino,  Especie  de 
polilla. 

Idoninco.  Masculino.  Hittoria  na- 
tnral.  Género  de  gusanos  intestinales. 

Liorna.  Masculino.  Puerto  fbmoso 
del  mar  de  Toscana. 

SnuoLOofA.  Latín  LíbSmns:  italia- 
no, Libomo. 

Liospermo,  ma.  Adjetivo.  Botá- 
nica. De  granos  lisos. 

BT»foix>aÍA.  Lio  y  tpirma:  francés, 
liosperme. 

Liótrico,  ca.  Adjetivo.  Antropo- 
logía. Razas  liótricas.  Razas  que  tie- 
nen los  cabellos  planos  y  lisos. 

Etiholoq(a.  Lio  y  thrix,  trichóe, 
cabello:  francés,  lioiriqu:. 

Liparia.  Femenino.  Botánica.  Gé- 
nero de  leguminosas,  que  Da  Gan- 
doUe  redujo  á  una  sola  especie,  la  li- 
pitiA  eH'érica,  oriunda  del  C^bo  de 
Buena  Esperanza.  (Lbooabant.) 

BtiuoloqU.  Griego  Xmapó^  (Upa- 
ré*) y  graso;  francés,  t^rw. 

Liparís.  Masculino.  Ictiolcgia.  Pez 
semejante  á  un  lagarto.  Q  ffníomolo- 
gía.  Género  de  insectos  coleópteros. 

BnuoLOoU.  Liparia:  francés,  li- 
pare. 

Liparocele.  Femenino.  Cirugía. 
Tumor  grasoso. 

EtimolcoÍa.  Griego  lipardt,  gra- 
sicnto, j  Aéli,  tumor:  francés,  liparo- 
cele. 

Liparoide.  Adjetivo.  Q»fiKica.  Pa- 
recido i  la  grasa. 
BtwolooU.  Gri^o  Ximp^  (lipa~ 


LIPO 

rói),  presiento,  y  «tSo?  (etdos),  forma: 
francés,  Upoide;  de  Xí-ico^  (lipe$ ),  grasa. 

iíffjííifl.— La  colesterina  (substancia 
cristalizada  de  los  cálculos  biliarios 
humanos,  que  Fourcroj  describió 
bajo  el  nombre  de  edipoevro)  es  upa- 
Romx. 

Liparótico,  ca.  Adjetivo.  Farma- 
cia. Calificación  de  los  compuestos 
adiposos  artificiales. 

Liparotriquia.  Femenino.  Estado 
de  los  cabellos  grasientos. 

Btiuolooía.  Griego  Xmapií  (Upa- 
ros ),  grasicnto,  j  fipí$,  ■zptx^( t^rís,  tri- 
chés),  cabello. 

Lipemanía.  Femenino.  Medicina. 
Género  de  enajenación  caracterizada 
por  una  profunda  tristeza. 

ETiuoLoaÍA,  Griego  Xóiti]  (Ijfpi), 
tristeza,  y  manía. 

Lipiar.  Neutro.  Imitar  al  milano 
en  su  graznido. 

Lipiria.  Véase  Fibbbb. 

Btiuolooía.  Griego  Ittmpla  (leipy- 
ria):  francés,  Upyrie. 

1.  Lipo.Prefijo  técnico,  del  griego 
Xttmiv  (leipein),  dejar. 

2.  Lipo.  Prefijo  técnico,  del  grie- 
go Xtito;  (lipos),  grasa;  del  sánscrito 

lipat,  unto,  forma  del  verbo  j^ij^ 

(Up),  untar. 

Lipodermo,  ma.  Adjetivo,  Bisto- 
ria  natural.  Desprovisto  de  piel. 

ETiMOLoaÍA.  Griego  Xtímn  ( leipein ), 
dejar,  y  8íp(i.«  (dérma),  piel. 

Lipogramacia.  Femenino.  Litera- 
tura, Composición  cujo  mérito  con- 
siste en  escribir  sin  hacer  uso  de  una 
ó  más  letras. 

EtucolgoÍa.  Grie^jv  Uimnfíeipein), 
dejar,  y  fp^tM"'  (granma),  letra:  fran- 
cés, lipogramme. 

Reseña. — La  Oditea  de  Trífiodoro, 
que  no  emplea  la  a  en  el  primer  can- 
to; la  b,  en  el  segundo;  la  c,  en  el  ter- 
cero, y  así  sucesivamente,  es  una  li- 
poqbamacia;  y  mejor,  un  upooraua. 

Lipogramático,  ca.  Adjetivó.  Con- 
cerniente ála  lipogramacia.  ||  Sustan- 
tivo. LiPOjB  AMATISTA. 

Btiholooía.  Lipogramacia:  francés, 
Upogrammatique. 

Lipof^ramatista.  Sustantivo.  El 
que  escribe  sin  usar  de  cierta  letra  ó 
letras. 

Btimolooía.  Lipogramacia:  francés, 

Upoqrammatitte. 

Lipoma.  Masculino.  Lipouo. 

Lipomeria.  Femenino.  Mediana. 
Falta  de  una  ó  más  partes  del  cuerpo. 

EnuoLoaÍA.  Griego  leipein,  dejar, 
y  meros,  parte. 

Lipomo.  Masculino.  Especie  de 
lupia  formada  por  la  acumulación  de 
una  substancia  grasienta. 

Etiuolooía.  Griego  Xlitw;  (lípos), 
g^rasa;  Xtnów  (lipSo),  yo  pongo  gra- 
sicnto:  francés.  Upóme, 

Liponiz.  Masculino.  Ornitología, 
Género  de  aves  gallináceas. 

BTiuoLoaÍA.  Griego  Upos,  grasa,  j 
ónux,  uña;  «de  uña  grasicnta.» 

Lipopsic^uia.  Femenino.  Suspen- 
sión repentina  del  sentimiento,  del 
movimiento  y  de  la  respiración. 

ETniOLOaíI.  Griego  "Ktvtm^fU  (lei" 


LIQU 


425 


popsgchia);  de  leipein,  dejAT,  y  ptgehé 
(4^X^)'  "^i^*^'  francés,  lipopsychte. 

Liposiqnia.  Lipopsiquia.  La  for- 
ma l%posif  %ia,  que  aparece  en  algunos 
Diccumarioi,  es  bárbara. 

Lipotimia.  Femenino.  Medicina. 
Primer  grado  del  síncope. 

Etiiíolooía.  Griego  Aemo6u(jL[a  flei- 
pothymíaj,  de  leipein,  dejar,  y  tkymos, 
corazón,  sentido,  espíritu:  francés,  li- 
poth^mie, 

Lipulita.  Femenino.  MinmUogla, 
Especie  de  sílice. 

ETiuoLoaÍA.  Griego  Upot,  grasa, 
y  litios,  piedra:  X(7co<Aí6oc. 

Liquefacción.  Femenino.  Acción 
ó  efecto  de  liquidar  6  liquidarse  algu- 
na cosa. 

Ethioloqía.  Latín  íígn^factío,  for- 
ma sustantiva  abstracta  de  líqúí/ac- 
tus,  liquidado,  desleído,  participio 

fiasivo  de  líquffacere^  liquidar,  des- 
eir,  de  llquidns,  líquido,  y  facXre, 
hacer:  italiano,  Hqne/tuionei  francés, 
¿r'ffw/acííoff;  provenzal,  Uqnefacito:  ca- 
talán, lijuejacdd, 

LiquefoctiUe.  Adjetivo.  Licua- 
dle. 

Liqaefiable.  Adjetivo.  Liciiablb. 
Etuiolooía.  Francés  lipte fiable. 
láqnen.  Masculino.  ^0¿(fiitc«.Pl8n- 

ta  parásita  de  que  hav  varios  géneros 
y  especies.  Crece  en  fas  rocas,  pare- 
des,/ piedras  desnudas,  y  aun  en  las 
cortezas  de  los  árboles,  najr  líqubnbs 
que  se  usan  como  alimento,  otros  se 
emplean  en  tintes  y  otros  en  la  Medi- 
cina, como  el  islándico. 

ETiuoLoaÍA.  Griego  X«tyiJvf'/«cAí«^í 
latín,  dehen;  francés,  licAen;  italiano, 
Uehene,  lieheno;  catalán,  liqubn  itlán- 
dich. 

Reseña. — 1.  Vegetales  ágamos,  vi- 
vaces, que  nacen  y  crecen  al  aire  li- 
bre, compuestos  de  un  tallo  crustá- 
ceo, foliáceo  ó  cilindrico,  y  que  se 
desarrollan,  y^  por  medio  de  espori- 
dias,  contenidas  en  receptáculos,  que 
se  llaman  apotecias;  va  por  medio  de 
gonidias  ó  especies  de  jemas,  repar- 
tidas bajo  la  epidermis  del  tallo. 

2.  Los  LÍQUBNBS  tioueo  por  condi- 
ción de  vida  la  humedad;  de  tal  suer- 
te, que  la  aridez  los  meta. 

3.  LiQUBN  de  las  rocas;  la  orchilla. 

4.  LiQUBN  islándico;  cetaria  islXn- 
DiOA,  de  Achar,  llamada  impropia- 
mente musgo  de  Islandia.  Bl  liquen 
islándico  tiene  frecuente  uso  médico; 
de  ordinario,  bajo  la  forma  de  gela- 
tina. 

d.  Lecanora  parella,  de  Achar;  la 
romaza  acuática,  que  los  franceses 
llaman  orcbilla  de  Auvernia^Orrmj/í 

dAwsrgne). 

6.  Roccella  tincíoriea,  orehilla  de 
Canarias,  que  viene  de  Canarias  y  de 
las  islas  de  Cabo  Verde.  Es  el  lichbn 
roccelle  de  los  botánicos  franceses  y  la 
orehilla  purpúrea  de  los  antiguos. 

7.  Cladonia  rat^ífera  de  Hoffmann, 

?ue  es  el  liquen  de  los  renos  de  los 
ranceses  (lichbn  des  rennes),  llamado 
así  porque  constituye  el  alimento  de 
aquellos  animales.  £s  una  especie  de 
musgo  blanco. 

8.  Sticta  pnlmonacea,  de  Achac;  u- 


TOMO  ai 


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426  LIQU 


LIQÜ 


LIRI 


QUBH^¿««Mr,  que  el  el  lichin  j>ití- 

monatre  de  los  ^nceses. 

9.  Liquen  piaido,  cénomyce pymdct- 
ta,  de  Achar,  que  es  el  uchbn  pywide 
de  los  botánicos  franceses. 

10.  LiOHBN  tartáreo;  lecanora  tartá' 
rea,  de  Achar,  que  es  el  uchen  taría- 
reux  de  la  botánica  francesa.  Este  li- 
quen viene  de  Suecia  y  da  un  hermo- 
so color  encarnado. 

11.  Medicina  (Patología).  Inflama- 
ción eaUnea  caracterizada  por  la 
erupeidn  simultánea  ó  sucesiva  de  j)á> 
pulas  rojizas  6  de  color  de  la  piel, 
pruriginosas,  ora  dispuestas  pot  se- 
ries ó  g^rupos,  ora  esparcidas  por  una 
regido  ó  por  toda  la  superficie  del 
cuerpo.  Esta  fué  la  &moSa  epidemia 
que,  bajo  el  reinado  de  Claudio,  in- 
Tadió  á  Italia  7  i  toda  Europa. 

12.  LiQUSN  veiicular;  enfermedad 
de  la  piel,  común  á  los  países  cálidos, 
que  es  el  lighbn  tropicus  de  los  ingle- 
ses j  el  LECHEN  váiculaire  de  los  fran- 
ceses. 

Lic^uenato.  Masculino.  Química. 
Combinación  del  ácido  liquénico  con 
una  base. 

Liquéneo,  nea.  Adjetivo.  Sotini- 
ctt.  Parecido  al  liquen. 

BnuoLOOÍ^  Liqttm:  francés,  li- 
ehenée. 

Li({uénico.  Adjetivo  masculino. 
Q,uimca.  Epíteto  de  un  ácido  que  se 
encuentra  en  algunos  liqúenes. 

Etimología.  Liquen:  francés,  lieh¿~ 
nigue. 

Ijíq[uenicola.  Adjetivo.  Que  vive 

en  los  liqúenes. 

EnuoLOQÍi..  Liguen  y  el  latín  calé- 
re,  habitar:  francés,  UchénicoU. 

Liqueniforme.  Adjetivo,  historia 
natural.  Que  tiene  forma  de  liquen. 

Liquenina.  Femenino.  Química* 
Principio  que  se  extrae  del  liquen  is- 
lándico. 

BnuoLOOÍA..  liiquen:  francés,  UcÁé- 
nine, 

lácnteniToro,  ra.  Adjetivo.  Zoolo- 
gía. M  que  se  alimenta  de  liqúenes. 

BTiHOLoaÍA.  Liquen  j  el  latín  «¿ro- 
re,  comer. 

Liqneiu^afia.  Femenino.  Parte 
de  la  Dotánica  que  trata  de  los  liqúe- 
nes. 

EtucolooÍa.  Liqueny  el  griego yra- 
jíAfttt,  describir:  francés, /tcArát^ro^^tV. 

Liquenográfico,  ca.  Adjetivo. 
Concerniente  á  la  liquenografia. 

liiquenógrafo.  Masculino.  El  que 
se  dedica  ála  liquenog^rafía. 

Lüjuenoide.  Adjetivo.  Botánica, 
Semejante  ó  análogo  al  liquen. 

BTUioLoaf  A.  Liquen  y  el  griego 
ñdot,  forma:  francés,  lichenolde. 

láquenologia.  Femenino.  Botáni- 
ca. Tratado  sobre  loa  liqúenes. 

Etimología.  Liquen  y  el  griego  ló- 
qos,  tratado. 

Liqaenológico,  ca.  Adjetivo.  Gon^ 
cerniente  i  laliquenologfa. 

Líquenúlogo.  Masculino.  Bl  qne 
escribe  acerca  de  los  líc^uenes. 

Liauenoso,  sa.  Adjetivo.  Pareci- 
do al  liquen.  ||  Que  contiene  liquen. 

I^Itiuolooía.  Liquen:  francés,  liehé- 
neus. 


Liquidablo.  Adjetivo.  Lo  qne  se 

puede  liquidar, 
ETUfOLOoÍA.  Liquidar:  catalán, 

qwdable. 

Liquidación.  Femenino.  El  acto  y 
efecto  de  liquidar. 
Etimoloqía.  Liquidar:  catalán,  li- 

?uidació;  franoóit  u^ndatípn;  italiano, 
iquidasione. 

Liquidado,  da.  Participio  pasivo 
de  liquidar. 

ETOfOLoaÍA.  Latín  liquSíttSt  parti- 
cipio pasivo  de  UqvSre:  catalán,  liqw- 
dat,  da;  franeéi,  tiquidé;  italiano,  U- 
quidato. 

Liquidador,  ra.  Masculino  y  fe- 
menino. El  que  liquida. 

Etiuolooía.  Liquidar:  catalán,  li- 
quidador¡fnLneés,  /i^úíateiir;  italiano, 
Uquidatore. 

Liquidámbar.  Masculino.  Licor 
resinoso  natural,  pingüe,  de  la  consis- 
tencia de  la  trementina,  de  color  ama- 
rillo rubio,  sabor  acre,  aromático  y 
olor  fragante,  que  se  saca  por  incisión 
de  un  grande  árbol  de  Nueva-España, 
que  los  indios  llaman  ocototl. 

Etiuolooía.  Bajo  latín  liquidambor- 
rum,  de  liquido  y  ámbar:  catalán,  liqui- 
dambre;  francés,  liquidámbar. — «Cier- 
ta esj)ecie  de  bálsamo  natural,  ó  resi- 
na liquida,  mujr  parecido  al  ámbar, 
de  color  claro,  rubio  ó  amarillo,  y  de 
un  olor  muj  agradable:  el  cual  se  saca 
por  incisión  de  un  árbol  grande,  que 
se  cría  en  la  Nueva  España,  cujas 
hojas  se  parecen  á  las  de  la  hiedra,  y 
la  corteza  es  gruesa,  cenicienta,  j  muv 
olorosa.»  (Acadbuia,  Diccionario  de 

im.) 

Líquidamente.  Adverbio  de  modo. 
Con  liquidación. 

Etihología.  Liquida  y  el  sufijo  ad- 
verbial mente. 

Liquidante.  Participio  activo  de 
liquidar.  Que  liquida. 

Liquidar.  Activo.  Hacer  líquida  ó 
fluida  alguna  oosa  sólida.  Se  usa  tam- 
bién como  recíproco.  ||  Metáfora.  Ha- 
cer el  ajuste  formal  de  una  cuenta. 

Etimología.  Licuar:  latín,  ñquire, 
Kquari,  líqnete^e;  catalán,  liquidar; 
francés,  hquider;  italiano,  liquidare. 

Liquidarae.  Recíproco.  Pasar  á  lí- 
quida una  oosa  sólida.  |  Gramática. 
Perder  las  letras  vocales  su  sonido, 
como  la  u  enguerra.  |[  Combinarse  una 
consonante  con  otra  para  formar  con 
ella  una  sola  articulación,  como  la  /  j 
r  en  ñtm  y  tren, 

Xiiquidez.  Femenino.  La  calidad 
de  lo  líquido, 

ETtMOLoaÍA.  Líquido:  latín,  liqui^- 
tasy  pureza  del  aire;  italiano,  liquiditá; 
francés,  liquidit/;  catalán,  liquidesa. 

Liquidificable.  Adjetivo.  Suscep- 
tible de  liquidarse. 

Etimología.  Ltquidijiear:  francés, 
lique^able. 

laquidiflcacíAn.  Femenino.  Ac- 
ción o  efecto  de  liquidar. 

Etimología.  Liquidijícar:  catalán, 
liquidi^cadó. 

Liquidificador,  ra.  Masculino  y 
femenino.  El  que  liquidifíca. 

Liquidificar.  Activo.  Convertir  al- 
guna cosa  en  líquida. 


BniiOLoafA.  Latín  Uquifaéire;  de 
Uquídn»  y  foche,  hacer:  italiano, 
quefare;  francés,  liquéfier;  catalán,  0- 
quijicar. 

Liquido,  da.  Adjetivo  que  se  apli- 
ca á  aquellos  fluidos  que  mojan  y  se 
pegan  a  los  cuerpos  sumergidos  en 
ellos,  como  el  agua,  la  leche;  á  dife- 
rencia de  los  meramente  fluidos  que 
no  se  pegan,  como  el  aire  y  los  meta- 
les derretidos.  ||  Metáfora.  Se  aplica  á 
la  suma  que  resulta  de  la  compara- 
ción del  cargo  con  la  data,  como  deu- 
da LÍQUIDA,  alcance  líquido.  J  Sn  am* 
has  acepciones  se  usa  también  como 
nombre  masculino^  ¡  Femenino.  Véa- 
se Lxtra. 

Etimología.  Licor:  latín  antiguo, 
Uquidut;  clásico,  Uquídus;  italiano,  ¿»- 
quido;  francés,  liquide;  provenzal,  li- 
quid;  catalán,  líquid,  da, 

LÍquira.  Femenino.  Mantilla  pe- 
queña cuadrada  que  se  ponían  sobre 
los  hombros  las  indias  de  la  Nueva 
G-ranada,  antes  de  la  conquista. 

Lira.  Femenino.  Instrumento  mú- 
sico de  cuerda  que  se  usaba  en  lo  an- 
tiguo. Q  Astronomía.  Una  de  las  cons- 
telaciones celestes  del  hemisferio  sep- 
tentrional. I  Composición  métrica, 
acomodada  al  canto,  y  que  consta  co- 
munmente de  estrofas  de  á  cinco  ver- 
sos cada  una. 

Etimología.  Griego  Xúpa  /'¿yra/- la- 
tín, Ijfra;  italiano  y  catalán,  Urat 
francés,  hre, 

Reteñaaistérica. — 1.  Zyra:  del  grie- 
go lyra.  Instrumento  músico  de  cuer- 
da, tal  vez  el  primero  inventado  por 
los  hombres.  Empezó  por  constar  de 
una  sola  cuerda  (monocordio),  luego 
de  tres,  de  cuatro  (tetracordio),  de 
cinco  (peníacordio),  etc.,  y  llegó  á  te- 
ner hasta  cuarenta,  sufriendo  sucesi- 
vamente además  varias  modificacio- 
nes de  forma. 

2.  La  lira  de  los  egipcios  sólo  tenía 
tres  cuerdas. 

3.  La  de  los  hebreos,  llamada  kin~ 
ñor,  tenía  diez,  j  se  tocaba  con  el 
plectro  6  arco. 

4.  Bl  kin  de  los  chinos  es  una  lira 
de  cinco  cuerdas;  y  ú  ehé  consta  de 
veinticinco. 

5.  Los  nombres  de  la  lira  entre  los 
griegos  y  los  latinos,  que  la  tomaron 
de  aquéllos,  fueron  Itfra,  chelys  (tor- 
tuga) que  los  últimos  tradujeron  por 
testudo;  y  lue^o,  dthara,  barbytos,  con 
cuerdas  de  lino,  y  phormiux.  Parece 
que  la  i.ULk.-toríi^a  (testudo )  es  la  más 
antigua,  la  pastoril  y  la  primera  in- 
ventada. (Monlau.) 

Lirela.  Femenino.  Botánica,  Re- 
ceptáculo de  los  drgaiu»  reproducto- 
res de  loa  liqúenes,  cuando  es  sésil, 
lineal  v  se  abre  por  hendidura  longi- 
tudinal. 

Etimología.  Lvra, 

Lireloso,  sa.  Adjetivo.  Botánica. 
Que  presenta  surcos  lineales  peque- 
ños. 

Etimología.  Lirela:  francés,  lyré. 
Liria.  Femenino.  Liga,  por  mate- 
ria viscosa. 

Liriano,  na.  Adjetivo.  Natural  6 
propio  de  Liria. 


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LIS 

Lirico.  ca.  Adjetivo.  Lo  que  per- 
tenece á  la  lín  6  á  la  poesía  propia 
para  el  canto. 

Etimología.  ZtVa:  latín,  It^rícus; 
italiano,  hrico;  francés,  Ijfrifue;  cata- 
lán, lírick,  ca, 

Ijirio.  Haseulino.  Bótdmca*  Hierba 
medicinal,  que  comunmente  se  llama 
lirio  cárdeno,  v  echa  las  raíces  ras- 
treras jf  superficiales;  las  hojas  lar- 

fas  mas  de  un  pie,  anchas  de  dos  dé- 
os, nervosas  y  terminadas  en  punta 
de  espada;  el  tallo  es  derecho,  redon- 
do, de  cinco  ó  seis  nudos,  y  de  cada 
uno  brota  una  hoja  más  pequeña,  en- 
tre la  cual  salen  los  ramos,  en  cuyas 
cimas  nacen  las  flores  de  seis  hojas, 
muj  grandes  y  hermosas,  de  color 
más  ó  menos  azulado,  6  matizadas  de 
varios  colores,  g  blanco.  Azucena.  ¡| 
HEDIONDO.  Planta  de  un  pie  de  altura, 
con  las  hojas  que  nacen  amontonadas 
desda  ia  raí ael«das,  largfas  y  pun- 
tiavadas;  del  medio  de  ellas  nace  el 
tallo,  que  sostiene  flores  de  la  misma 
hechura  que  las  del  UBio  común,  y 
de  color  azul  pardusco,  que  despiden 
por  la  noche  un  olor  hediondo. 

BrncOLOaÍA.  Griego  Xeíptov  (letrion): 
latín,  tilíum;  italiano,  ffiyíto;  francés 
del  sígalo  xu,  liz;  moderno,  lis;  pro- 
veazal,  Uii,  liri,  Us;  catalán,  lUrt. 

Líriodendrina.  Femenino.  Quími- 
ca.  Principio  balsámico  que  se  ex.trae 
de  la  cortesa  de  las  rafees  del  lírio- 
dendro. 

EriuoLoaÍA.  LtrietUndro:  francés, 
liriodendrint* 

Liriodendro.  Masculino.  Botáni- 
ca. Nombre  de  las  plantos  del  género 
tulipero  (magnoUáceat}* 

Bni«H.oo/Á.  OrtegoX£{ptov^¿tf{nm^, 
lirio,  y  oh^pwfdéndronj,  árbol:  fran- 
cés, ívnodfíuiroñ. 

Limeaio.  Masculino.  9í^raña  an- 
ticua. Famosa  ciudad  de  ta  Tróade, 
destruida  por  Aquilea. 

BrofCMAofa.  Latín  /¡jírmu nw.  (Ovi* 

MO.) 

Lirón.  Masculino.  Zoología.  Cua- 
drúpedo muj  semejante  al  ratón,  del 
que  se  diferencia  principalmente  en 
ser  de  color  más  negro,  y  en  tener 
más  largo  el  pelo  de  la  cola,  j  el  de 
las  orejas  más  lar^o  que  ellas.  Habita 
en  las  tierras  cultivadas,  construyen- 
do madrigueras  y  royendo  las  raíces 
de  lu  plantas.  Nada  con  la  misma 
solidad  que  corre,  y  pasa  todo  el  in- 
nerno  adormecido  y  oculto  debajo  de 
la  tíana.  |  Do&hib  coho  un  libóh. 
Frase  fiamilíar  con  que  se  denoto  que 
uno  diienne.  mucho  6  de  continuo, 
como  se  cree  que  hace  el  libón. 

Etuiología.  Latín  glis,  gtiris,  que 
es  el  griego  yí^toí  (fféUictJ;  bóUco, 
^ióii(eUid$J:  itoliano,  yAiro;  francés, 
lérotf  í«r,  lirón;  provenzal,  ¿flire;  Be- 
Ky,  Ure. 

Lirondo,  dcu  Adjetivo.  Limpio, 
sin  mezcla.  Véase  Mondo  y  urqhdo. 

BtnioLoofA.  Lirón. 

Lis.  Femenino.  Flobdblis. 

BriuoLoofA.  Lirio. 

Lis  (caballebos  db).  Historia*  Ciu- 
dadanos que,  desde  la  primera  res- 
teuaei^  «t  1^14,  llevaban  una  pe- 


LISI 

queña  lis  heráldica  de  plato.  Bsto  no 
constituía  en  realidad  una  orden  de 
caballería,  sino  más  bien  un  signo  de 
adhesión  á  la  vuelto  de  los  reyes.  To- 
dos los  militoras  y  todos  los  funciona- 
rioa  públicos,  pri&eipalmeato  los  con- 
decorados con  la  Legión  de  Honor, 
fueron  oUigados  al  principio  á  llevar 
la  LIS,  como  signo  de  adhesión  al  go- 
bierno nuevo.  Cuando  pasó  el  furor  por 
el  realismo,  fué  desapareciendo  la  con- 
decoración, que  apenas  duró  dos  años. 

Lisa.  Femenino.  Piedra  ó  bruQi- 
dor  de  madera  con  que  alisan  el  pa- 
pel en  las  fábricas.. 

Lisamente.  Adverbio  de  modo. 
Con  lisura. 

ETiuoLOofa.  Lisa  y  el  sufijo  adver- 
bial mente:  italíauo,  lueiavunU;  cata- 
lán, Ilitament. 

Lisandro.  Maaoulino.  Nombre  pro- 
pio de  varón:  san  Lisandbo.  |  Eforo 
de  Lacedemonia,  desterrado  por  sus 
prevaricaciones.  (Cicaa^.) 

BTni<H;,OQÍA.  Latín  Lisatuler. 

Lisar.  Activo  anticuado.  Lisua. 

Lisboa.  Femenino.  Geoora/ía.  Ca- 

ftitol  del  reino  de  Portugal,  con  exce- 
ente  puerto,  formado  por  el  Tajo; 
comercio  importante;  notables  monu- 
mentos; vistas  deliciosas;  hermosos 
paseos;  pueblo  culto  y  hospitalario, 
de  trato  ton  afable  como  caballeroso. 
843.000  habitontes. 

EnHOLoafa.  Lisbdna,  que  es  Oltsi- 
pona  del  Itinerario  de  Antoníno  Pío, 
de  donde  salían  tres  caminos:  uno,  al 
Sur,  para  Évora;  y  los  otros  dos,  por 
ambos  lados  del  Tajo,  para  Uérida  y 
Oporto. 

Lisbonense.  Sustantivo  y  adjeti- 
vo. Lisbonés. 

Lisbonés,  sa.  Adjetivo.  El  natu- 
ral de  Lisboa  6  lo  pertonedeato  £  esta 
ciudad. 

Lisco,  ca.  AdyetÍTo  anticuado. 

Bizco. 
ETU(H,oaÍA.  Lusco, 
Lisera.  Femenino.  Provincial  Mur- 
cia. El  vástogo  de  la  pito.  ||  Foríijíea- 
cidn.  Bbbha* 

Lisgo,  ga.  Adjetivo  anticuado. 
Bizco. 

Lisiable.  Adjetivo.  Vulnerable. 
Lisiado,  da.  Participio  pasivo  de 
lisiar. 

EriuoLoafa.  Lisiar:  catalán,  lo- 

siat,  da. 

Lisiador,  ra.  Sustantivo  y  adjeti- 
vo. Que  lisia. 

Lisíadura.  Femenino.  Herida. 

Lisiano,  na.  Adjetivo.  Mineralogía 
y  geología,  Tbrbbnos  lisíanos;  subs- 
tancias LisiANAS;  terrenos  y  substan- 
cias formados  por  disolución. 

Etimología.  Griego  Víiíx,  (lysis), 
dísulucion:  francés,  lysien. 

Lisiar.  Activo.  Ofender,  lastimar 
alguna  parte  del  cuerpo. 

ETiMOLOofA.  Lestón:  catalán,  lesiar, 
forma  etimológica.— «Romper,  estro- 
pear ú  ofender  algún  miembro,  de 
manera  que  quede  de  poco  ó  nin- 
gún uso.  Viene  del  latino  Ladére.^ 
(AcADBifu,  Diceiotwri»  de  1726,) 

Lisias.  Masculino.  GélebN  onulor 
atoniense..  (CiouÓH.) 


LISO 


427 


ETiMOLoa{a*Griego  Aiínoc  (Xysias }: 
latín,  Lysias, 

Lisimaca.  Femenino.  Lisiuaquia. 

Lisimaqnia.  Femenino.  Botámca. 
Planta  que  se  cría  regularmente  en 
lugares  húmedos  y  pantanosos,  y  tie- 
ne varios  tallos  derechos,  vellosos  y 
con  muchos  nudos;  las  hojas  son  lar- 
gas y  puntiagudas,  lanuginosas  por 
debajo,  y  por  encima,  de  un  verde 
amarillento;  la  flor  es  amarilla  y  sale 
en  la  cima  de  las  ramas. 

EriuoLoaÍA.  Griego  Xu¡jt[i.«xti»  (lysi' 
machia):  latín,  lytin^h\a>  forma  de 
Lysímachus,  Lisimaco,  que  le  dió 
nombre:  bajo  latín,  lirimackia;  cata- 
lán, Ilirimaqnia,  forma  incorrecta. 

ÁtseFia. — Llámase  también  salica- 
ria, por  la  semejanza  de  sus  hojas  res- 
pecto de  las  del  sauce;  siliXt  "teis,  en 
latín.  ^0.  DE  Sbbbks.) 

Lisidn.  Femenino  anticuado.  Le- 
sión. 

Lisionado,  da.  Adjetivo  anticua- 
do. Que  ha  recibido  lesión. 

Lisis.  Femenino.  Medicina.  Crisis 
saludable  en  una  enfermedad. 

Etimología.  AúoK  (Lysis),  disolu-r 
ción  (de  los  elementos  mórbidos;  esto 
es,  disolución  de  la  enfermedad). 

Lisme.  Masculino.  Derecho'  que  se 
pagaba  antiguamente  en  las  regen- 
cias berberiscas  por  la  pesca  del  co- 
ral. 

EriuoLoaÍA.  Arabe  l4*in,  laxina 
(-Cp'i^^  Í6í^),  cosa  obligato- 
ria, deuda,  impuesto.  (Dbfr£hbbt.) 

Reseña.  1. — Entre  los  argelinos,  es 
corriente  la  forma  (Usmajt  según  el 
¿>(Cc»ni(in9  francés  arábigo  de  Gher- 
bonneau. 

2.  La  forma  letma  trae  á  la  memo- 
ria nuestro  antiguo  derecho  de  letáa, 
que  es  el  vocablo  árabe  siu  otra  alte- 
ración que  la  conversión  de  m  en  d. 

Liso,  sa.  Adjetivo.  Igual,  sin  tro- 
piezo ni  aspereza.  \  Germania,  Dbs- 
VEROONZADO.  Q  Se  aplica  á  las  telas 
que  no  son  labradas  y  á  los  vestidos 
que  carecen  de  guarnición  y  otros 
adornos.  ||  y  llano.  Locución  q^ue  se 
aplica  á  los  negocios  que  no  tienen 
dificultad;  y  así  se  dice:  es  cosa  lisa 
T  LLANA.  II  Germania.  Masculino.  Raso 
ó  tafetán. 

Btimolooía.  Griego  Xtii<r¿;  (lissós): 
antiguo  alto  alemán,  Itse;  moderno, 
leise;  italiano,  lisdo^  lesso;  portugués, 
lizo;  francés  del  siglo  xi,  Itce;  moder- 
no, lisse;  catalán,  llis,  a. 

Lisonja.  Femenino.  Adulación, 
alabanza  afectada  para  ganar  la  vo- 
luntad de  alguna  persona.  |¡  Blasón. 

LOSANOB. 

Etimología.  Italiano  Insinga:  fran- 
cés, losange,  antigua  forma  de  huanffs; 
catalán,  lisonja. 

1.  Lisonja  y  losange  representen  la 
misma  palabra  radical. 

2.  El  sentido  etimológico  de  la'VOA 
del  articulo  pone  de  manifíestudC-Att) 
farencia  que  el  uso  general9ffÜi2do 
por  una  lógica  admirable,  ha  esMMw 
cido  inttñ  lisonja  y  adulaííífmaOBkJ. 

La  lisonja  es  loa:  U«^skadk  jUiU» 
ala  y  bajesa.        uinema^  .waij 


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428  LIST 


LIST 


LIST 


Lo  U$oiytr<f  gasta,  porcjue  está  en 
Relación  coa  la  baena  crianza  jr  coa 
óierto  eipíritu  de  agafiajo,  de  amor, 
de  belleza,  de  poesía,  pues  la  poesía 
iiene  &  ser  como  una  lisonja  de  la 
imaginación:  lo  adulador  repugna, 
porque  indica  an  corazón  mezquino. 

Una  lisonja  educada^  discreta  pue- 
de enaltecer:  la  adulact<ín  no  puede  en 
ninff  dn  caso  sino  degradar. 

El  lisonjero  tomado  en  mal  sentido, 
es  temible;  el  adulador  es  siempre  des- 
pzeciable. 

LÍM>0jar.  AetiTo  anticuado.  Li- 

SONJBAB. 

LisoqjesUs.  AdjetÍTo.  Qae  puede 
ser  lisonjeado. 

Lisoiúeador,  ra.  IbscuUno  j  fe- 
menino. LiSONJBBO. 

lásolueamiento.  Masculino.  Acto 
ó  efecto  de  lisonjear  ó  lisonjearse. 

EtiuolooU.  Lisonjear:  italiano,  ¿»- 
singamenío. 

Xjxsoi^eante.  Participio  activo  de 
lisonjear.  Lo  que  lisonjea. 

Lisonjear.  Activo.  Adular,  alabar 
afectadamente  para  ganar  la  volun- 
tad de  alguna  persona.  H  Metáfora. 
Deleitar,  agradar:  dícese  de  las  cosas 
materiales,  como  la  música,  etc. 

EnHOLoaÍA.  Lisonja:  italiano^  /«- 
situare;  catalán,  llisongear. 

Lisoi^eramente.  Adverbio  de  mo- 
do. Con  lisonja.  ||  Agradablemente. 

BnicoLoaÍA.  Lisonjera  t  el  sufijo 
adverbial  m$nU:  italiano,  Uiii^keml- 
msníe. 

Lisoiyeria.  Femenino  anticuado. 
Lisonja. 

Lisoqjero,  ra.  Adjetivo.  El  que 
lisonjea.  Se  usa  también  como  sustan- 
tivo. II  Metáfora.  Lo  que  agrada  j  de- 
leita; como  música,  voz  lisonjera. 

EnuoLOOÍA.  Lisonja:  italiano,  lu- 
singhévole^  luíin^hiere,  lusin^hiero;  ca- 
talán, llisonger^  a,  j  llausanaers. 

Sinonimia.  Lisonjero^  adulador.  Uno 
j  otro  procuran  agradar  á  costa  de  la 
verdad;  pero  se  lisonjea  i  las  personas 
por  parte  del  corazón;  se  les  adula 

tior  parte  del  entendimiento  ó  del  ta- 
ento. 

Bl  Uaomjvro  nada  desaprueba,  justi- 
fica lo  qae  es  vituperable,  j  aun  in- 
tenta erigir  el  vicio  en  virtud.  El  adu^ 
lador  lo  alaba  todo;  hace  la  apología 
de  lo  malo,  y  aun  se  atreve  i  dar 
aplausos  á  lo  ridículo. 

La  lisonja  es  muy  propia  para  ali- 
mentar las  pasiones;  la  adulación  sa- 
tis&ce  la  vanidad;  la  una  es  el  talen- 
to del  cortesano  vulgar;  la  otra  cons- 
tituve  el  carácter  del  pedantón  asala- 
riado. 

No  es  ser  lisonjero  el  manejar  la 
verdad  con  cierta  prudencia,  ó  de  un 
modo  que  no  desagrade  á  aquellos  á 
quienes  chocaría»  si  ge  la  presenta- 
sen desnuda.  Jamás  adulador  alguno 
supo  el  ar£e  de  alabar;  únicamen- 
te conoce  el  de  vender  alabanzas. 
(March.) 

LisODjía.  Femenino  anticuado.  Lx- 

SONJA. 

Lísor^  Masculino  anticuado.  Li- 

8ÜAA. 

Lista.  Femenino.  Pedazo  de  papél, 


de  Menso  6  de  etra  cosa,  largo  t  an- 
gosto. I  La  tira  de  distinta  labor  6 
color  que  tienen  algunas  telas.  Q  Ca- 
tálogo. I  El  recuento  que  se  hace  en 
alta  voz  de  las  personas  que  deben 
asistir  á  algún  acto.  Se  usa  mi*  co- 
munmente en  la  milicia. 

Etimolooía.  Anticuo  alto  alemán 
lista,  bordado:  ingles,  list;  italiano, 
lista;  francés,  liste;  catalán,  Itista. 

Lista  y  Aragón  (Albbbto).  Docto, 
profundo  7  castizo  poeta,  critico  j  ma- 
temático español,  ano  de  los  mejores 
maestros  y  modelos  de  los  escritores 
que  han  brillado  en  nuestra  patria  en 
los  últimos  años.  Nació  en  Sevilla 
en  15  de  Octubre  de  1775  7  murió 
en  1848.  Debió  el  pan  de  su  niñez  á 
los  escasos  productos  de  la  industria 
de  la  seda,  próspera  en  un  tiempo. 
Sentado  en  un  telar,  donde  trabajaba 
para  sostener  á  sus  padres,  compartía 
estas  faenas  con  los  estudios  de  la 
universidad,  en  que  cursaba  filosofía 
7  teología;  y  afecto  por  instinto  á  las 
musas,  trasladaba  al  papel  sus  prime- 
ras inspiraciones.  Como  el  estudio  era 
su  único  recreo,  no  tenía  horas  de 
ocio,  7  á  fuerza  de  vigilias,  se  aere- 
ditaba  á  la  vez  de  matemático  7  de 
poeta.  Ya  eu  1788,  habiendo  logrado 
abandonar  las  rudas  tareas  del  ta- 
ller, servía  en  calidad  de  sustituto  la 
cátedra  de  nutemátícas  sostenida  por 
la  ¿Sociedad  Scondmica  de  Sevilla,  7 
en  1796  la  del  colegio  de  San  Telmo. 
Pertenecía  entonces  á  una  academia 
particular  de  humanidades,  compuesta 
de  jóvenes  amantes  de  la  amena  lite- 
ratura 7  á  quienes  servían  de  modelo 
Garcilaso,  Herrera  7  Rioja,  junta- 
mente con  Meléndez,  Moratín  7  Jove- 
Uanos,  restauradores  del  buen  gusto. 
Eu  ella,  al  par  que  Reinoso  obtenía 
el  premio  de  un  certamen  prppuesto 
por  la  Academia  de  Buenas  Letras  de 
Sevilla,  Lista  conquistaba  el  accésit, 
cantando  La  Inocencia  perdida.  A  los 
28  años  se  ordenaba  de  sacerdote;  7 
á  la  entrad^  de  los  franceses  en  Espa- 
ña, ocupaba  la  cátedra  de  retórica  7 
poética  de  la  universidad  de  Sevilla, 
7  se  unió  á  Blanco  pan  continuar  la 
publicación  del  Semanario  patrióticos 
emprendida  por  Quintana,  en  donde 
sostuvo  ideas  de  independencia.  Sin 
embargo,  como  después  cambiara  de 
opiniones,  tuvo  que  emigrar  en  1813, 
cuando  los  franceses  aljandonaron  el 
territorio.  Vuelto  á  España  en  1817, 
publicaba  en  compañía  da  Hermosilla 
y  Miúano  El  Censor ^  una  de  las  mejores 
revistas  criticas  que  han  visto  la  luz 
pública  en  España;  ganaba  por  opo- 
sición la  cátedra  da  matemáticas  del 
consulado  de  Bilbao,  viniendo,  hacia  el 
año  de  1820,  á  Madrid,  para  regentar 
el  colegio  de  San  3faíeo,  recientemen- 
te fundado,  encargándose  en  él  del 
desempeño  de  tres  asignaturas.  Citar 
los  jóvenes  qúe  allí  adquirieron  el 
tesoro  de  la  enseñanza,  equivaldría  á 
escribir  un  largo  catálogo  de  nombres 
ilustres  en  todas  las  carreras  del  Es- 
tado; pero,  á  pesar  de  esto  7  de  la  re- 

fiutación  que,  tanto  en  España  como 
úera  de  ella,  babla  conquistado  i 


Lista  la  publicación  de  lua  composi- 
ciones poéticas,  el  Gobierno,  no  sólo 
cerró  el  colegio  que  regentaba,  dando 
por  pretexto  que  allí  se  enseñaban  7 
propagaban  doctrinas  contrarias  al 
orden  7  á  la  religión,  sino  que  obligó 
al  virtuoso  7  docto  sacerdote  á  expa- 
triarse nuevamente,  buscando  un  asi* 
lo  en  Francia,  donde  comenzó  á  pu- 
blicar la  Qaceta  de  Bayona,  que  tam- 
bién fué  prohibida  en  España.  Du- 
rante el  período  de  su  expatriación, 
visitó  París  7  Londres;  aumentó  con- 
siderablemente sus  poesías;  se  dedicó 
á  otros  trabajos,  tanto  científicos  como 
literarios,  7  volvió  en  1833,  nombra- 
do director  de  la  Qaeeta  de  Madrid, 
Más  tarde  ae  le  ofreció  obispado  de 
Astorga,  que  no  aceptó,  innuTendo 
^derosamente  para  que  se  confiriera 
a  su  amigo  Torres  Amat,  prefiriendo 

Quedarse  en  la  dirección  ael  coleeio 
e  San  Felipe  Neri,  hasta  que  en  1840 
ae  retiró  á  Sevilla,  donde  acabó  sus 
días  gozando  de  la  decorosa  medianía 
que  nié  el  límite  de  su  ambición,  j 
rodeado  de  los  cuidados  de  amigos 
cariñosos  7  de  discípulos  queridos, 
que  le  miraban  con  el  amor  7  el  res- 

Eeto  con  que  se  mira  á  un  padre.-— 
)0N  Alberto  Lista,  uno  de  los  ver- 
daderos restauradores  de  nuestra  poe- 
sía en  el  primer  tercio  de  este  siglo, 
no  hirió  nunca  las  cuerdas  de  au 
lira  para  los  acentof  del  reneor,  ni 
de  las  tumultuosas  pasiones;  aino 
para  inflamar  sus  cantos,  ñcoa  de 
suavidad  sublime,  de  inspirada  me- 
lancolía, da  dulce  ternura,  uniendo 
la  severidad  7  fluidez  de  Rioja  con 
el  mágico  artificio  de  los  más  gala- 
nos poetas  de  los  siglos  xvi  7  xvii. 
Como  noble  émulo  de  Fra7  Luis  de 
León,  llora  La  Muerte  de  Jesús,  con 
acentos  que  se  sienten  mejor  que  se 
analizan,  7  su  poesía,  llena  de  unción 
religiosa,  de  elevados  conceptos,  de 
solemne  sencillez,  parece  ser  el  pro- 
fundo suspiro  de  un  corazón  doliente 
exhalado  entre  lágrimas  de  gratitud 
7  de  tristeza,  de  arrepentimiento  7  de 
esperanza.  Nada  más  gustoso  ni  de- 
licado que  el  sabor  bíblico  que  vier- 
te Lista  en  el  Canto  del  esposo,  felis 
imitación  del  Cantar  de  los  Cantares, 
ni  nada  más  entusiasta  que  su  oda 
A  la  victoria  de  BaiUn,  su  himno  A  l 
desgraciado  7  su  Canto  je  la  esposa  á  la 
Hesurreccidn  del  Salvador  det  Mundo, 
Como  poeta  filosófico,  ora  califique 
de  inúitl  el  temor  á  lo  venidero;  ora  sos- 
tenga que  la  felicidad  consiste  en  la 
moaeración  de  los  deseos,  7a  se  indine 
á  que  deben  abandonarse  los  cuidados 
mundanos,  siempre  nos  muestra  una 
serenidad  de  espíritu  inalterable,  ex« 
presada  en  una  forma  del  más  puro 
clasicismo,  llegando  á  la  sublimidad 
en  su  oda  á  La  Vida  humana,  asi  eomo 
había  llegado  al  punto  más  alto  i 
que  puede  llegarse  en  sencillez  7  ter- 
nura en  su  hermosa  composición  i  Za 
2'arde.  Sin  embargo  de  estas  cualida- 
des extraordinarias,  no  es  sólo  como 
poeta  como  supo  IÓsta  conquistarse 
el  alto  puesto  que  en  nuestras  letras 
ocupa*  Como  critico,  si  no  puede  ci- 


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List 


LITA 


LITE  4á9 


tánalflcomo  el  primero,  unánimemen- 
te «e  le  ba  concedido  uno  de  los  nás 
elevados  lugares  entre  aquellos  que 
han  hecho  un  sacerdocio  de  la  noble 
mháón  /le  alentar  con  sus  consejos  j 
hacer  huir  -de  los  errores  en  que  el 
apasionamiento  de  escuela  puede  ha- 
cer incurrir.  Siempre  que  analiza, 
compaia  j  juzgfa;  como  ha  dicho  uno 
de  los  más  ardientes  enaltecedores  de 
Lista.,  aparece  tan  conciso  en  pala- 
bras como  fecundo  en  pensamientos. 
Su  argumentación  es  lógica,  natural 
j  sencilla:  su  estilo,  fluido,  limpio, 
correcto,  j  su  crítica  es  el  buril  que 
perfecciona  y  no  el  mazo  que  destru- 
je: es  la  podadera  que  corta  algunas 
ramas,  para  que  el  árbol  brote  con 
mis  lozanía;  no  el  hacha  que,  hora- 
dando sa  tronco,  seca  sus  raíces.  Sus 
AiM^of  critieesy  sus  Ditcu/rtos,  pro- 
noneiados  en  el  Ateneo  en  los  aflos 
de  1835  &  1838»  son  j  serán  siempre 
ano  de  los  más  acabados  modelos  de 
crítica  j  uno  de  los  documentos  más 
preciosos  para  probar  que  ni  los  arre- 
hatos  del  romanticismo,  ni  el  frío 
cálculo  del  clasicismo,  constítujen  el 
arte,  sino  que  éste  busca  el  amparo 
de  todo  lo  bueno  que  tienen  ambas  es- 
cuelas para  realizar  su  fin.  Don  ál- 
BKBTO  Lista,  además  de  las  obras  que 
dejamos  citadas  en  el  cuerpo  de  esta 
biografía,  compuso  un  Tratado  de  ma- 
ímiticai  pHras  y  mixíat;  tradujo  en 
prosa  galana  y  castiza  la  Hitíoria 
mivmal,  de  Segur;  coordinó  una  rica 
Coieeeüm  de  lot  mejores  puHtcisías  es~ 
pamietj  en  prosa  j  verso,  y  escribió 
artículos  de  crítica  en  las  principales 
paUíeaeiones  de  su  tiempo. 

Ite*%men. — Añadimos  este  resumen 
con  el  único  fin  de  llamar  la  atención 
hacia  una  cualidad  de  nuestro  perso- 
naje, la  cual  lo  realza  hasta  el  punto 
de  convertirlo  en  uno  délos  más  nobles 
earacteres  de  su  época.  Albbbto  Lis- 
ta, amaba  tanto  ála  juventud,  amaba 
tanto  la  belleza  j  el  arte,  que  no  rajó 
ninguna  luz  en  el  horizonte  del  ge- 
nio sin  que  la  musa  nacional  cantase 
por  su  boca: 

T^jed,  moBAi  de  Ibarla,  una  piImaMa 
AlffanioeeUsti»!  qna  os  amanece. 

La  ceniza  del  ilustre  poeta  es  uno 
de  los  grandes  tesoros  que  posee  la 
úadad  insigne  que  le  sirvió  de  cuna: 
Sevilla,  qne  sabe  muy  bien  quién  fué 
elmoarto,  no  querrá  que  le  apliquen 
aqaellos  versos  caú  cabalístioos: 

Si  npluen  qiüdn  muzlAi 
no  viviera  como  vive. 

Uatadillo.  Masculino  americano. 
Tela  de  algodón  á  listas  azules  y  blan- 
cal, de  que  suele  vestiise  la  gente  po- 
bre ^  de  servicio. 

Listado,  da.  Adjetivo  que  se  apli- 
ca á  la  tela  ó  á  otra  cualquiera  cosa  te- 
jida, guarnecida  6  pintada  de  listas. 

Bnwn^ÍA.  Listar:  catalán,  Uislatt 
da. 

Uitar.  Activo.  Austab.  Se  usa 
también  eomo  recíproco. 

BnuoLOoU.  X»ta:  catalán,  Ilittor, 

Listeado,  da.  Adjetivo.  Listado. 

Listel  ó  Líetelo.  Masculiao.  Ár^ 
lúUelmrti.  Filete. 


ETiuoLoaÍA.  Lista. 

Listesa.  Femenino  familiar.  Dili- 
gencia, viveza. 

GTWoLoofa.  Listo:  italiano,  lestet~ 
ta;  catalán,  llestament. 

Listo,  ta.  Adjetivo.  Diligente, 
pronto,  expedito. 

Etimología.  Alemán  Ustig,  hábil, 
astuto,  con  cierto  viso  picaresco,  casi 
truhdn:  napolitano,  listo,  liesto;  ita- 
liano j  portugués,  lesío;  francés,  les- 
te; catalán  antiguo,  lesí,  a;  moderno, 
Uest,  a. — El  alemant  Ltst,  habilidad, 
hace  evidente  la  derivación. 

Listón.  Masculino.  Cinta  de  seda 
más  angosta  que  la  colonia.  ¡|  Carpin- 
tería, Pedazo  de  tabla  angosto,  que 
sirve  para  hacer  marcos  j  otros  usos. 
Q  Arquitectura.  Filete. 

ETiuoLoaÍA.  Lista;  catalán,  lUstó; 
francés,  listón. 

Listonado,  da.  Adjetivo.  Qae  tie- 
ne listones. 

listonar.  Activo.  Guarnecer  de 
listones. 

Listoncico,  lio,  to.  Masculino  di- 
minutivo de  listón. 

ListoncíUo.  Masculino  plural.  Dos 
barretas  cuadradas  por  donde  pasa  la 
batalla  del  acanalador,  cuando  los 
can)interos  trabajan  con  él. 

Listoneria.  Femenino.  El  conjun- 
to de  listones. 

Listonero,  ra.  Masculino  j  feme- 
nino. Ki  que  hace  listones. 

Lisura.  Femenino.  La  igualdad  j 
lustre  de  la  superficie  de  alguna  cosa. 
j|  Metáfora.  Ingenuidad,  sinceridad. 

ExmoLOofA.  Liso:  catalán,  Ilitura; 
francés,  lisiure;  italiano,  Useeaa. 

Lit.  Femenino  anticuado.  Lid,  la- 
cha. 

Lita.  Femenino.  Lahdrilla,  por 
la  larra  y  el  grano  que  de  ésta  se  ori- 
gina. Aplícase  este  nombre  más  co- 
munmente para  expresar  esta  enfer- 
medad en  los  perros. 

Litable.  Adjetivo.  Qoe  puede  6 
debe  ser  litado. 

Etiiiolooía.  Litar:  latín,  lítabilis, 
lo  que  se  puede  o&ecer  en  sacrificio. 

Litación.  Femenino.  La  aeción  y 
efecto  de  litar. 

EtiuolooÍa.  Litar:  latín,  ¡ttatío;  la 
acción  de  ofrecer  y  hacer  ^  sacrifi- 
cio. 

Litador,  ra.  Ifasenlíno  jr  íémeni- 
no.  El  que  lita. 

Lita¿ogia.  Femenino.  Medicina. 
Propiedad  de  los  remedios  que  coran 
la  piedra. 

ETiuoLoafA.  Litigogo. 

Litágogo,  ga.  Adjetivo.  Epíteto 
de  los  medicamentos  propios  para 
curar  el  mal  de  piedra. 

ETnioi:x>afA..  Griego  Uíhos,  piedra, 
y  agogús  (iywyóí),  que  expulsa;  forma 
agente  de  ágein  (Sifeiv),  dar  el  primer 
impulso:  francés,  Uíhagague. 

Lítamiento.  Masculino.  Litación. 

Litar.  Activo.  Poliíeismo  romano. 
Hacer  algún  sacrificio  agradable  á  la 
Divinidad. 

BriuoLoefa.  Latín  íiiSn,  aplacar 
á  los  dioses  con  sacrifieioSf  árecnenta* 
tivo  de  í«¿Vv,  pagar. 

látargo.  Uasculioo.  klMivtxüA. 


ETiMOLOofii.  Litaiyirií:  francés,  li- 
thar^e, 

Litax^gía.  Femenino  anticuado. 
Letaroo. 
litargirio.  Masculino.  AucXbta- 

OA*  n  DE  ORO.  AluXBTAQA.  fl  DE  PLA- 
TA. AluXbtaoa. 

Btiholdoía.  Griego  XiSáp^upo^  (U- 
thirgyros),  de  llthos,  piedra,  y  argy~ 
roSf  plata:  latín,  lithargyrus;  italiano, 
litargirio;  francés,  litharge;  catalán, 
litarge,  litargiri. 

Lite.  Femenino.  Forense.  Pleito. 

ETiuoLoaÍA.  Latín  lite,  ablativo  de 
lis,  iitist  del  antiguo  stUs,  simétrico 
del  alemán  Strñt,  lucha:  italiano, 
lite. 

Reseña. — Los  eruditos  De  Miguel 
y  Morante  derivan  el  vocablo  latino 
del  griego  £^tc  (éris),  contienda;  pejro 
la  forma  stt%s,  que  se  halla  en  Festo, 
hace  imposible  semejante  derivación. 
— <Lo  mismo  que  pleito.  Bs  tos  lati- 
na usada  en  lo  forense.»  (Acadmu, 
Diccionario  de  i726.) 

Litera.  Femenino.  Especie  de  silla 
de  manos  prolongada  que  se  pone 
entre  dos  muías  ó  caballos.  D  Cada 
uno  de  los  catres  fijos  construidos  en 
los  camarotes  de  los  buques. 

Etimología.  Latín  iecíus,  lecho; 
lecCica,  silla  de  manos:  bajo  latín,  leo- 
tarta;  francés  del  siglo  xii,  lictiere; 
moderno,  Utiére;  provenzal,  Uisierat 
liítiera;  catalán,  Uttera;  italiano,  let- 
/lera.— «Carruaje  de  la  misma  hechu- 
ra que  la  silla  de  manos,  algo  más 
pnuongada,  y  con  dos  asientos,  aun- 
que algunas  veces  no  los  tiene,  j  en 
su  lugar  se  tienden  eolchones,  j  en 
este  caso  va  recostado  el  que  las  ocu- 
pa. Llévanla  dos  machos,  molas  ó 
caballos,  afianzadas  las  varas  en  dos 

fraudes  sillones.  Díjose  del  latino 
ectica,aue  significa  lo  mismo.>(AcA- 
DEMiA,  Diccionario  de  1 726, ) 
Litera.  Femenino  anticuado,  Lb- 

TBA,  BSCBITO. 

Btiuolooía.  Letra, 

Literal.  Adjetivo.  Lo  qne  as  con- 
forme á  la  letra  del  texto. 

ETiuoLoaÍA.  Letra:  latín,  litterilis; 
italiano,  letíeraki  francés,  Úf^A-tf/;  ca- 
talán, literal, 

láteraiídad.  Femenino.  Sujeción 
i  la  letra  del  texto. 

BmiOLoaU.  Literal:  francés,  Utté' 
ralité, 

Literalista.  Sustantivo.  Bl  qne  se 
sujeta  demasiado  á  la  letra  del  texto, 
sin  permitirse  alteración  alguna. 

Literalmente.  Adverbio  de  modo. 
Conforme  á  la  letra  6  al  sentido  lite- 
ral. 

Etiuglooía.  Literal  y  el  sufijo  ad- 
verbial mente:  catalán,  Uteralment; 
francés,  littávimente;  italiano,  i*Ug~ 

raímenle. 

Literariamente.  Adverbio  de  mo- 
do. Bajo  el  aspecto  literario. 

Etiuoloqía.  Literaria  y  el  suñjo 
adverbial  mente:  latín,  litteriíit  doc- 
tamente; fiancés,  Utt^vmmaU;  ita- 
liano, leiíerariamente. 

Literario,  ría.  Adjetivo.  Lo  ^t- 
teneciente  á  la  literatura  d  eianeias. 

ETiuoLoaÍA .  Letra:  latin,  íiWfr*- 


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430  LITE 


LITE 


ríus;  LiTTB&ARius  ludul,  academia; 
LiTnBARius  ptedagogm,  maestro  de  eg- 
cuela;  italiano,  Uíterariof  francés,  lií' 
téraire;  catalán,  literari,  a. 

Literatísimo,  ma.  Adjetivo  lu- 
perlativo  d«  literato. 

Literato,  ta.  Adjetivo  que  se  apli- 
ca i  la  persona  instruida  en  varios 
ramos  de  Utexatura;  especialmente, 
en  las  letias  hamanas. 

Bni«».oaU.  LeUn:  latín,  Utteraíor, 
eiamático,  nuestro  de  escuela,  eru- 
dito; italiano,  UtUnío;  firancés,  Utíi- 
ra^r;  eataUn,  UUrat,  a, 

Literfttnn.  Femenino.  El  conoci- 
miento de  las  letras  humanas. 

ETiuoLoaía.  Literato:  latín,  litUrSr- 
íUra;  la  formación  de  las  letras,  la 

framática,  el  alfabeto,  en  Tácito;  eru- 
ición,  doctrina,  cultura,  en  Cicerón; 
italiano,  leíí«raíura;  francés,  UítéraíU' 
re;  catalán,  literatura. 

Breve  reseña  de  la  UTsaATUBA  espa- 
ñola,— Sin  embargo  de  que  no  hare- 
mos otra  cosa  que  tocar  superficial- 
mente la  materia,  lo  cual,  más  que 
tocarla,  es  deslucirla,  cogemos  la  plu- 
ma con  ima  grande  desconfianza  de 
nuestros  recursos,  porque  estamos 
profundamente  convencidos  de  que 
Tamos  á  dejar  fiillidas  las  esperanzas 
de  nuestros  ilustrados  lectores.  Cree- 
mos que  ofrecer  un  resumen  de  las 
letras  patrias,  dando  un  acento  i  las 
maravillas  de  tanta  gloria»  es  empe- 
ño muj  superior  ¿  las  fuerzas  de  un 
hombre,  puesto  que  una  vida  no  bas- 
ta; pero  adonde  no  llegue  la  pobreza 
de  nuestro  ingenio,  llegará  sin  duda 
el  espíritu  generoso  del  público  espa- 
ñol, jra  que  el  cielo  ha  querido  qun  en 
el  mundo  de  las  intenciones  exista  la 
bondad,  como  compensadora  divina 
de  la  humana  flaqueza.  Tal  es  la  úni- 
ca idea  que  nos  da  bríos  contra  los 
temores  y  sobresaltos  de  nuestra  pre- 
visora in(|ttietud.  Hijos  humildes  de 
la  gloriosísima  uTsaATURa  española, 
natural  es  qae  la  mirada  de  nuestra 
madre  haga  que  nuestro  espíritu  se 
recoja  dentro  de  las  jD^randezas  de  sa 
noinbre  j  de  los  misterios  sagrados 
de  sn  amtff.— Agruparemos  los  escri- 
tores, así  poetas  como  prosistas,-  (^ue 
florecieron  en  cada  siglo,  con  el  obje- 
to de  que  estos  cuadros  particulares, 
sin  cansar  al  lector,  puedan  darle 
una  idea  general  de  la  magnitud  de 
la  pintura.  A  dichos  cuadros  segui- 
rán algunas  palabras  sobre  las  figu- 
ras que,  á  nuestro  cuidar,  lo  merecie- 
ren, sin  entrar  en  detalles  y  porme- 
nores que  pertenecen  á  la  biografía 
propia  de  cada  personaje.  Aquí  no  di* 
remos  sino  lo  que  convenga  á  la  ar- 
monía del  cQjyunto,  dando  de  gracia 
que  la  extensión  de  tal  conjunto  no 
obstruya  las  vías  de  nuestro  .entendi- 
miento jr  de  nuestra  memoria.  De  so- 
bra estaría  hacer  presente  que  aquí 
diremos  lo  ^ue  nos  parezca  verdad 
con  la  sinceridad  del  que  cree,  con  la 
franqueza  del  que  ama.  Al  emitir  cier- 
tas opiniones,  pudiéramos  ponernos 
á  buen  recaudo  invocando  la  autori- 
dad de  respetables  eruditos;  pero  no 
tenemos  pw  costumbre  oslamos  la  vi- 


sera, ni  celar  el  mote  de  nuestro  hu- 
milde escudo,  porque  sabemos  que, 
en  infinitos  casos,  es  preferible  la 
franca  labor  de  la  soldadura  á  la  pu- 
lida industria  del  esmalte  y  al  sabio 
melindre  de  la  filigrana.  Ahora,  co- 
mo siempre,  amoldaremos  nuestros 
juicios  al  temperamento  de  nuestra 
crítica:  entre  la  rectitud  y  la  pasión, 
la  rectitud;  entre  la  piedad  y  la  ius- 
tícia,  la  piedad,  que  mucuo  nace 
todo  el  que  piensa;  pero  hace  más  in- 
finitamente quien  sabe  pensar  bien. 
I 

UTBRATUBA  UISPANO-LATIÜA 

Subamos  hada  el  siglo  de  Augus- 
to; acerquémonos  á  esa  reliquia  por- 
tentosa de  la  alta  latinidad;  aproximé' 
monos  con  la  cabeza  destocada  á  esas 
magníficas  ruinas  en  donde  descan- 
san las  sombras  de  los  genios  anti- 
guos, v  hallaremos  (^ue  Séneca,  Lu- 
cano,  Marcial,  Quintiliano,  Silio  Itá- 
lico, Floro,  í'Olumela,  Pomponio  Me- 
in y  otros  menos  célebres,  fueron  in- 
disputablemento  los  maestros  de  la 
LitsaATuRA  uispano-latina;  y  los  pri- 
meros entre  los  escritores  de  la  anti- 
gua Roma,  después  de  la  brillante 
época  de  Verrón,  de  Edío,  de  Virgi- 
lio, de  Ovidio,  de  Horacio,  Lucrecio, 
Tibulo,  Tito  Livio,  Salustio,  Cicerón 
y  César.  Toda  aquella  escuela  tiene  un 
carácter  propio,  un  sello  de  raza,  en 
perfiscta  armonía  con  el  numen  de  la 
musa  española  en  las  edades  posterio- 
res. Pomponio  Mela,  en  los  albires 
de  la  era  cristiana,  fué  el  primer  geó- 
giafo  de  sus  tiempos,  habiendo  lega- 
do á  las  letras  uno  de  los  más  gran- 
des monumentos  de  la  geografía  de 
los  antiguos.  Este  monumento  pre> 
cioso  es  su  libro:  J}e  situ  orbis.  Lucio 
Jivnio  Columela,  contemporáneo  de 
Pomponio  (siglo  i  de  la  era  cristiana), 
ofrece  el  espectáculo  rarísimo  de  un 
hombre,  el  más  sabio  agrónomo  de  la 
antigüedad,  el  gran  maestro  de  su  si- 
glo, cuja  existencia  corre  trancjuila 
entre  loa  libros,  los  versos  y  los  arbo- 
les, sin  ser  envidiado,  que  es  mucho; 
sin  ser  envidioso,  que  es  mucho  más. 
Pasemos  ahora  al  insigne  autor  de  la 
Farsalia,  No  se  concibe  cómo  un  hom- 
bre que  muere  cuando  no  había  cum- 
plido 27  años,  tuvo  tiempo  y  trato  de 
mundo  para  nutrir  su  inteligenciu, 

Sara  formar  su  fantasía,  para  desarro- 
lar  sus  sentimientos,  paca  templar  su 
gusto,  para  comprender  los  arcanos 
de  la  naturaleza  y  del  corazón,  tam- 
bién los  arcanos  de  una  metafísica 
que  está  más  allá  de  los  secretos  de  la 
existencia  humana,  sin  lo  cual  no 
puede  escribirse  un  poema  épico, 
puesto  que  sin  aquella  metafísica  no 
es  posible  crear  la  emoción  de  lo  ma- 
ravilloso, carácter  exclusivo  del  poe- 
ma, empresa  última  del  jgenio.  Cuan» : 
do  decimos,  después  de  leer  ta  Farsa' 
lia:  «esto  hizo  un  hombre  de  2o  años,» 
declaramos  que  la  fascinación  se  apo- 
dera de  nuestro  espíritu*  Es  ven  lad 
que  en  aquella  obra  se  echa  de  ver 
cierta  relajación  en  la  unidad,  que  es 
una  falta  de  experiencia;  cierta  exu- 


berancia, que  es  el  vicio  de  la  lou- 
nía;  cierta  hinchazón  en  el  decir,  que 
es  un  exceso  de  virilidad  v  de  javen- 
tud,  como  el  vicio  en  las  plantas;  pero 
en  cambio  de  estos  lunares  iqienas 
perceptibles,  ¡cuántos  arranques  ani- 
mosos! ¡cuánto  brío  en  las  concepeío- 
nesl  ¡qué  originalidad  en  el  relato! 
¡qué  pompa  en  la  expresión!  ¡qué 
tono  y  qué  grandeza  en  los  peaaa- 
mientosl  En  fin,  ¡cuántos  v  cuán  mag- 
níficos arrojos!  Es  indudable  que  ea 
la  energía  singular  de  ciertas  pince- 
ladas de  Lucano,  en  la  elevación  ;  | 
majestad  de  sus  conceptos,  se  refleja 
fielmente  aquella  vehemencia  come- 
dida, aquel  talante  denodado,  aquel 
desfogue  caballeresco,  que  constítujs 
el  carácter  original,  el  signo  inimita- 
ble de  la  LITERATURA  espaQola,  envi- 
dia y  desesperación  de  las  demás  li- 
teraturas. Confesamos  que  Séneca  no 
fué  un  escritor  totalmente  castizo; 
pero  decimos  que,  después  de  Va- 
rrón,  es  el  genio  más  universal  de  la 
gente  latina,  habiendo  mostrado  sa 
sus  obras,  en  prosa  y  verso,  una  ca- 

S acidad  prodigiosamente  fecunda, 
ladie  ignora  la  suerte  peregrina  qa« 
cupo  á  Lucio  Aneo  Séneca,  poeta  j  ¡ 
filosofo,  hijo  de  Marco  Aneo  el  m- 
dor.  Lo  portentoso  de  aquel  hombre 
no  consistió  en  lo  que  escribiera,  sino 
en  que  tuviese  tiempo  y  calma  pata 
escribir,  viéndole  siempre  envoelbi 
en  las  intrigas  cortesanas,  desterrado 
á  Córcega,  traído  luego  para  ser  maes- 
tro de  Alerón,  privado  de  Claudio,  te- 
mido del  hijo  de  Agripa,  victima  al 
fin  de  los  favores  palaciegos,  porque 
las  mercedes  palaciegas  no  hicieroa 
jamás  otra  cosa.  Los  libros  de  Séneca 
no  nos  admiran  tonto  por  serlas  obras 
de  un  escritor  notable,  como  por  ser 
las  convulsiones  de  una  existencia  i 
vertiginosa,  de  donde  manan  con  I 
abundancia  igqal  las  catástrofes  v  los 
libros.  Séneca  ve  su  fío  en  las  difieal- 
tades  de  la  corte,  como  Leónidas  ve  su 
sepultura  en  el  desfiladero  de  las  T0^ 
mópilas.  Séneca  escribe,  como  uiite 
Leónidas  á  los  funerales  de  Su  muer- 
te. En  muchos  pasajes  de  sus  escritos 
se  ve  retratado  aquel  espíritu  de  for- 
taleza con  que  tenían  que  pertrechar- 
se por  entonces  los  políticos  y  los 
filósofos.  Así  fué  que,  al  decretar  Ne- 
rón su  sentencia,  se  hallaba  prepa- 
rado para  el  trance,  habiendo  ce- 
mostrado  que  el  menosprecio  de  la 
muerte  no  había  sido  un  alarde  vano. 
En  efecto,  mientras  que  su  vida  se 
va  extinguiendo  con  la  sangre  que 
brota  de  sus  venas,  filosofa  traoquiu* 
mente  con  aquella  Paulina,  su  mujer, 
que  muere  á  su  lado  resignada.  ¡Alto 
señorío  de  sí  propio,  de  que  no  pudo 
despojarle  el  tirano!  Él  nombra  de  Sé- 
neca ha  pasado  á  la  posteridad  como 
proverbio  de  sabiduría;  jiero  debe  no- 
tarse que,  á  la  reputación  de  sabio, 
debe  añadirse  la  fama  de  héroe*  Oon 
la  misma  razón  podría  decirse  qne,  a  ¡ 
la  fama  de  héroe,  se  debe  agregar  la  | 
nalma  de  mártir.  El  personaje  deque 
hablamos,  no  es  un  pensador,  no  es 
an  tribuno,  no  'w  nn  eraditoj  no « 


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LITE  431 


un  poeta:  es  una  sublime  fatalidad  de 
los  tiempos  en  que  vivía,  éter  sagra- 
do del  espíritu  que  TiTÍfíca  el  mundo 
inmenso  de  las  catástrofes  providen- 
ciales, como  se  enciende  la  chispa  del 
njo  en  la  entraña  caliente  de  la  nu- 
be, 6  como  el  relámpago  se  ilumina  al 
tocar  en  senos  ocultos  la  esencia  mis- 
teriosa, que  Dios  esconde  á  nuestro 
org^allo  en  el  imán  del  ^olo.  Esto  de- 
muestra que  en  todos  tiempos  ha  te- 
nido la  humanidad  nobles  j  grandes 
atractnw,  enríqaeeidos  por  La  Pro- 
Tidaaeia  j  por  el  íafortuoio,  los  coa- 
las fueron  las  epopejas  de  sos  res- 
peetíras  generaciones.  En  nuestro  Sé- 
neea  ddsenu»  mirar  uno  de  esos  co- 
losos que  levanta  la  historia  entre  las 
tumbas  del  pasado.  Quiutilíano,  el 
maestro  de  Calagurrís,  arca  profunda, 
en  donde  se  custodia  todo  el  espíritu 
de  escuela  que  tuvo  su  siglo,  vivió 
exclusivamente  dedicado  á  su  cátedra 
de  elocuencia,  sin  salir  apenas  de 
Roma.  El  poema  de  las  guerras  de 
^lio  Itálico  demnestra  que  su  autor 
había  visitado  los  pueblos  de  que  ha- 
bla, puesto  que  es  un  curioso  manual 
de  los  parajes  que  fueron  el  teatro  de 
la  segunda  guerra  púnica.  Todas  las 
tradiciones  populares,  todas  las  espe- 
cies auténticas  se  encuentran  allí  re- 
copiladas con  tino  puntual  j  circuns- 
tanciado. Silvio  versifica  y  describe, 
pero  no  conmueve;  llega  á  bosquejar, 
pero  no  pinta;  haj  ocasiones  eu  que 
quiere  entonar  un  cauto,  pero  no  can- 
ta; el  historiador  escribe  en  verso, 
pero  no  logra  ser  poeta.  Floro,  aun- 
que permaneció  poco  en  España,  era 
müj  amante  de  las  glorias  de  sli  país, 
como  lo  demuestra  su  lípUome  ó  re- 
timen  histórico,  en  que  le  da  el  nom- 
bre, casi  épico,  de  v%ribw  armttqueno- 
bHi$  ffispama;  «España,  ilustre  en  ar- 
mas T  varones.»  Pero  ninguno  de 
aquellos  nobilísimos  poetas  españoles 
i^fualó  en  patriotismo  al  poeta  Mar- 
cmI.  ¡Cttin  pocos  le  igualaron  en  ge- 
nio, dentro  j  ñieia  del  pueblo  latino! 
Durante  el  largo  tiempo  que  vivid  en 
Boma  el  Ayo  <u  BílbiUs,  su  celebrada 
musa  no  dió  un  solo  panto  de  repo- 
so al  entusiasmo  jr  á  la  admiración 
de  su  patria  adoptiva.  Nada  menos 

2ue  catorce  libros  de  epigramas  ponen 
e  manifiesto  su  ingenio  inagotable, 
su  fecundidad  eictremada.  En  muchas 
de  sos  inimitables  poesías,  recuerda 
á  su  patria  con  verdadero  afán,  con 
infantil  orgullo,  con  ese  amor  inex- 
tinguible que  el  hijo  consagra  á  la 
memoria  de  su  madre  ausente,  burlán- 
dose á  más  j  mejor  de  los  que  ia  tra- 
taron de  bárbara.  «¡Oh  Lucio! — escri- 
>be  á  un  poeta  eompatricio  j  amigo 
>sujro— blas<Sn  de  nuestro  tiempo,  de 
«nuestra  patria,  no  permitamos  jamás 
>que  nuestro  antiguo  Ibero  j  nuestro 
>Tajo  sean  menos  esclarecidos  que  las 
>regiones  de  Italia.  Dejemos  para 
«otros  la  alabanza  de  Tebas,  Mice- 
>nas  y  Rodas;  nosotros,  hijos  de  cel- 
>tíberos,  no  nos  avergonzaremos  de 
«cantar  en  nuestros  versos  estos  nom- 
»bres,  aunque  bárbaros,  de  Bílbilis, 
>ea  donds  se  prepara  el  melal  para 


«las  armas;  del  Jalón,  cujas  aguas 
>están  dando  tan  subido  temple  al 
»acero;  de  Téstilis,  Rijancar,  Coros, 
»Peterón,  celebre  por  sus  huertos  y 
«arbustos;  de  Moleña,  cujoi  habitan- 
»tes  manejan  la  lanza  con  maestría. 
«Cantaremos  también  el  lago  deTar- 
>ga,  Petusia  j  Vetovisa,  loisotoa  de* 
yficiosos  de  Baradón  y  las  fértiles 
«campiñas  de  Mantineso.  Lector,  ¿te 
«ríes  acaso  de  todos  estos  nombres 
vbárbarosV  Pues  más  quiero  hablar  de 
«ellos  que  de  Bitunto.»  Roma  llama 
bárbaros  á  los  oeltíberos;  pero  ¿cómo 
sucede  que  aquellos  bárbaros  espan- 
tan á  Roma  con  el  ejemplo  de  sn  he- 
roísmol^  ¿Cómo  sucede  que  aquellos 
bárbaros  la  amedrentan  con  el  terror 
de  sus  indomables  virtudes?  Cuando 
el  Capitolio  tenía  el  mundo  bajo  su 
sombra,  la  ejemplar  Cantabria  no  viÓ 
la  sombra  del  Capitolio,  ¡Con  cuánto 
gozo  se  difunde  el  alma  por  las  pri- 
meras alegrías  de  la  virtud  original! 
El  poeta  de  Bílbílis,  reflejado  en  la 
memoria  de  la  posteridad,  no  tiene  la 
medida  que  le  diera  el  Supremo  Ha- 
cedor. Marcial  levanta  un  día  sus  ojos 
hacia  un  monumento  de  los  Césa- 
res, j  Boma  escuchó  lo  que  jamás  ha- 
bía escuchado,  lo  que  jamás  escuchó 
la  tierra.  Cuando  estudiábamos  latín 
y  llegamos  á  un  verso  de  Marcial, 
nuestra  espalda  sintió  escalofríos.  Y 
no  era  una  composición  fanerarift;era 
un  simple  epigrama:  «calle  Menfís 
los  bárbaros  milagros  de  sus  pirámi- 
des, ni  se  jacte  tampoco  Babilonia  de 
su  asiduo  trabajo!» 

Barbara  ^¡frawiiduin  ÉiUat  niractila  Mempkii, 
Aatiduut  jactet  nec  Babilonia  labor. 

Fíjese  el  lector  en  el  verso  primero 
del  dístico:  «calle  Menfis  los  bárbaros 
milagros  de  sus  pirámides. «  Ni  en 
Roma,  ni  en  Grecia,  ni  en  la  India, 
ni  en  el  mismo  Israel,  en  donde  un 
David,  un  Jeremías  y  un  Job  arreba- 
tan la  fiintasía  de  la  humanidad,  se 
hizo  un  verso  más  inspirado,  más 
ffrande,  más  lleno  de  íntima  plegaria, 
de  entonación  profética,  de  ruidos  ar- 
moniosos, de  ine&bles  imaginaciones. 
¡Ajrl  ^,Cuándo  querrá  el  cielo  que  la 
antigua  Bílbílis  levante  una  piedra, 
aunque  sea  una  piedra  tosca  de  sus 
montes,  en  donde  se  lea:  «Sobre  este 
suelo  afortunado,  sobre  esta  tierra 
agradecida,  rodó  la  cuna  del  poeta 
MarcialV»  Ello  es  lo  cierto  que  ni  la 
propia  LITERATURA  griega,  la  más  pro- 
digiosa de  las  literaturas  del  mundo, 
puede  decir,  como  la  erudición  de 
nuestros  madores:  «corrí  triunfante, 
desde  la  gloriosa  Roma  latina,  hasta 
el  pobre  pastor  peruano,  que  aprende 
á  leer  en  las  páginas  del  Quijote.»  Tal 
era,  descrita  a  grandes  rasgos,  la  si- 
tuación literaria  de  España  y  del  im- 

Serio  de  Occidente,  cuando  lo  inva- 
ieron  los  bárbaros  del  Norte.  Enton- 
ces, los  vencedores  y  los  vencidos 
mezclaron  su  sangre,  sus  lenguas, 
sus  pensamientos,  sus  esperanzas,  sus 
costumbres;  en  fin,  su  vida,  porque 
sus  vidas  mezclan  los  que  mezclan 
sus  esperanzas  y  sus  pensamientos. 
De  aquella  mixtura  de  razas  distintas 


nacimos  nosotros  j  aquí  da  comienzo 
la  historia  medía  de  las  gloriosísimas 
letras  patrias,  esto  es,  el  reinado  del 
latín  gótico,  aquel  latín  que  esparce 
por  Europa  la  conquista  de  la  Grerma- 
nia,  el  latín  de  los  bárbaros,  porque 
es  tan  necesario  crear  alguna  cosa  en 
los  múltiples  organismos  de  la  vida, 
que  hasta  la  barbarie  tiene  su  crea- 
ción maravillosa.  ¡Sil  BI  latín  inculto 
de  la  Edad  media  era  el  crepúsoulo  de 
un  sol  poniente;  pero  aquel  sol  no  se 
ponía,  sino  porque  otro  sol  se  levan- 
taba, eitendiendo  las  luces  de  su  ór- 
bita desde  el  sepuloio  de  los  pueblos 
latinos  hasta  la  cana  de  los  pueblos 
cristtaDos. 

II 

LtTBBATDU  HISFÁHO-QODA, 
Ó  BAJO  LATINA,  DUBANTK  LA  APOCA 
DE  LOS  VISlGOnOS 

I.  Ba.la  époea  del  bajo  latín,  s  que 
nos  referimos,  ningún  pueblo  de  Bu- 
ropa  puede  presentar  el  siguiente  cua- 
dro de  erudición. 

Poaíapytular  modificada  pQr  lalgle- 
ña;  LiTBRATUHA  d*  io$  himnot.  Lo  que 
distingue  principalmente  la  civiliza- 
ción goda  en  nuestro  país  es  la  con- 
versión religiosa  de  la  poesía  del  val- 
go, infundiendo  la  emoeióa  cristiana 
en  el  espíritu  nacional.  Esta  ftz  orí- 
ginalísima  de  la  cultura  de  aquellos 
siglos  es  uno  de  los  caracteres  más 
notables  y  más  profundos  de  la  Edad 
medía,  que  apenas  se  encuentra  re- 
producido en  ningún  otro  pueblo  de 
Europa.  Y  aquel  importante  movi- 
miento literario,  no  solamente  repre- 
senta la  fe  y  el  genio  de  aquellas 
edades,  sino  que  era  el  símbolo  délas 
instituciones  y  de  los  hábitos  que 
constituían  el  fundamento  de  la  vida 
de  entonces.  He  aquí  el  cuadro  que 
nos  presenta  este  periodo  del  bajo  la- 
tín con  relación  á  España,  «También 
hubo  en  la  época  visigoda  su  poesía 
popular,  consistente  en  multitud  de 
himtto$  reírnosos^  por  medio  de  los 
cuales  la  iglesia  trató  de  distraer  al' 
paeblo  de  los  muchos  ritos,  usos  y 
costumbres,  gentílicos  que  aun  exis- 
tían, los  más  de  ellos  opuestos  y  con- 
trarios á  la  moral  evangélica.  Pero 
como  el  pueblo,  muj  aficionado  á  la 
poesía,  se  desahogara  con  ciertos  ver- 
sos  y  cantos  idolátricos,  hasta  impú- 
dicos, la  Iglesia  procuró  cambiarle 
estos  cantos  gentílicos  por  cánticos 
religiosos,  logrando  así  desterrar  en 
gran  parte  los  uses  paganos,  al  paso 
que  no  le  quitaba  sus  esparcimientos 
poéticos.  Én  tales  himnos,  pues,  se 
celebraban,  no  sólo  los  ^i'randes  mis- 
terios de  nuestra  religión  y  el  valor 
de  los  mártires  con  todas  las  festivi- 
dades del  año,  sino  también  la  profe- 
sión de  las  vírgenes,  la  eonsagranón 
de  los  obispos,  la  ordenación  de  los 
confesores,  los  natalicios,  las  nupcias 
j  los  funerales,  sirviendo  hasta  para 
estrechar  los  vínculos  entre  el  pueblo 
y  los  rejres,  como  se  ve  en  el  him- 
no: in  ordinaíione  regis,  que  ss  can- 
taba por  magnates,  clero  y  pue- 
blo, eu  el  acto  de  ungir  al  nuevo 


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432 


UTE 


sóbenme;  así  como  en  el  otro  himno: 
in  naíaíiíio  regii,  en  que  de  la  misma 
manera  se  celebraba  el  anÍTersario 
de  su  nacimieato,  amén  de  otros  que 
le  dirijan  cuando  iba  á  las  lides;  j 
lo  que  es  más,  hasta  cuando  volvía 
vencido,  considerando  la  desgracia 
como  un  castigo  con  que  Dios  avisa- 
ba los  extravíos  de  todos,  según  ve- 
mos en  el  triste  jr  lastimero  himno: 
Pro  varia  clade,  el  cual  termina:  Hanc 
peeaíaphfftm  nottra  nurwttur;  esto  es, 
tnuestros  pecados  son  merecedores  de 
tal  castigo  ó  plaga. »  Entre  los  him- 
nos más  celebrados,  deben  citarse  los 
de  Máximo,  obispo  de  Zaragoza,  j 
los  de  Coneneio,  obispo  de  Falencia. 
Li.  UTBUTUBA  de  loi  kinauu,  llevada 
al  teatro  muchos  siglos  despnésitoma 
la  nueva  denomínaciiSn  de  auto  tacra~ 
mental,  Bl  nombre  es  distinto;  la 
creencia  literaria  es  la  misma.  Bsta 
creación  exclusiva  del  genio  nacional 
pone  la  litbb&tuba.  de  aquellas  eda- 
des sobre  la  de  todos  los  pueblos  de 
Europa. 

Gramáticos  y  Unffüittat. — Si^lo  V. 
Avito,  presbítero  de  Braga,  notable 
helenista, 

Siglo  VL  Pascasio,  diácono  de  Du- 
mio,  que  tradujo  las  vidas  de  los  pa- 
dres griegos  j  varios  diálogos  de  los 
santos  monjes  de  Egipto;  Juan  Bícla- 
rense,  obispo  de  Gerona^  también  sa- 
bio helenista. 

Siglo  Vil,  San  Isidoro  de  Sevilla, 
personificacitSn  asombrosa  de  poeta, 
de  historiador,  lingüista,  gramáti- 
co, retórico,  erudito,  orador,  canonis- 
ta j  teólogo,  según  veremos  más  ade- 
lante; san  Braulio,  de  Zaragoza,  cuja 
latinidad  jr  cuva  elocuencia  admiraron 
á  Roma;  san  Julián  de  Toledo,  hele- 
nista famoso;  Juan  Bracareose,  aca- 
bado como  escritor,  más  acabado  j 
singular  ann  por  la  excelencia  de  sos 
doctrinas. 

Poesía, — Aurelio  Clemente  Pruden- 
cio, hijo  de  Calahorra;  según  otros, 
de  Zaragoza,  el  más  grande  poeta  del 
bajo  latín,  á  quien  siguió  en  fama 
Vedo  Aquilino  Juvenco,  que  escribió 
en  tiempos  de  Constantino.  Draconio, 
oriundo  de  la  Bétiea,  autor  de  un  poe- 
ma sobre  la  creación,  titnltiáo  De  l)eo; 
aunque  conocido  más  generalmente 
por  el  nombre  de  líexaemeron,  seu  de 
Opere  tex  dierum  ( La  obra  de  los  seis 
días);  Oreneio,  á  quien  se  debe  el 
Commonitorium,  con  algunos  himnos 
j  veinticuatro  oraciones,  encamina- 
das á  exaltar  la  fe  católica  contra  la 
idolatría;  san  Isidoro,  autor  de  varías 
composiciones,  tales  como  los  versos 
que  dirige  á  su  biblioteca,  j  en  con- 
cepto de  algunos  eruditos,  autor  tam- 
bien  de  cierto  poema  titulado:  De  Fa- 
brica Mundi;  florentina,  hermana  del 
^nto,  la  primera  poetisa  sagrada 

Sue  registra  nuestra  litbratcra,;  san 
raulio,  obispo  de  Zaragoza,  que  es- 
cribió el  poema:  De  vana  teeculisapien- 
tia  j  el  celebre  himno  dirigido  a  san 
Emiliano;  san  Eugenio,  de  Toledo, 
poeta  elegiaco;  san  Valerio,  autor  de 
Zas  Visiones;  el  rej  Sisebuto,  que  es- 
cribió varias  cartas  en  verso  y  exce- 


LITE 

lente  latín;  Chindasvinto,  que  dejó 
algunas  cartas  j  dos  epitaños. 

Oratoria.— Son  notables  por  su  elo- 
cuencia: León,  consejero  del  tey  Eu- 
rico;  Justo,  denominado  el  monje  agá- 
llense^ á  quien  san  Ildefonso  tributa 
grandes  alabanzas  por  su  oratoria  j 
su  mucho  ingenio;  san  Leandro  j 
Protasio,  obispo  de  Tarragona,  de 
memoria  clarísima  por  los  tesoros  de 
su  palabra. 

Historia.  ~  Orosio,  presbítero  de 
Bra^;  según  otros,  de  Tarragona, 
discípulo  y  amigo  de  san  Agustín, 
que  noreeió  á  principios  del  siglo  v  y 
compuso:  su  Mistoria  en  siete  libros, 
los  cuales  abrazan  desde  el  diluvio 
hasta  la  caída  del  imperio  romano,  es 
decir,  hasta  el  afio  417  del  Redentor; 
una  Apología  del  libre  albedrío,  con- 
tra Pelagio;  una  carta  dirigida  á  san 
Agustín  sobre  los  errores  de  los  prís- 
cilianistas  y  origenistas,  y  un  precio- 
so prólogo  ÁlíLS  leyes  de  Valentinia- 
no  I,  lleno  de  noticias  curiosas;  Ida- 
cío,  obispo  de  Gallecia,  autor  de  un 
Chroniconf  desde  379  á  469,  en  el  cual 
reñere  las  devastaciones  v  pillajes  de 
los  bárbaros  en  España;  Juan  de  Bi- 
clara,  que  nos  enriqueció  con  una 
Crónica,  desde  567  á  589;  Máximo, 
obispo  de  Zaragoza,  cooperador  de 
Juan  de  Biclara;  san  Isidoro,  á  cuja 
grande  sabiduría  somos  deudores  de 
las  obras:  De  mr»  ilusfribut;  De  Be- 
gibus  &oíhorimt  que  comprende  desde 
Amalarico  hasta  Suintila;  una  ffis- 
toria  de  vándalos  y  suevos,  que  llega 
bástala  extinción  de  dichas  naciones, 
j  el  Chronicon,  desde  el  principio  del 
mundo  hasta  el  quinto  año  del  empe- 
rador Heraclio;  san  Braulio,  que  es- 
cribió la  Vida  de  san  Emiliano,  ó  de 
san  Millán;  el  Martirio  de  los  herma- 
nos Vicente,  Sabina  y  Crisíeta,  y  las 
Vidas  de  los  padres;  san  Ildefonso,  ar- 
zobispo de  Toledo,  autor  de  una  obra: 
De  viribus  ilustribus;  san  Julián,  dis- 
cípulo de  san  Ildefonso,  formado, 
como  su  maestro,  en  la  escuela  de 
san  Isidoro  de  Sevilla»  escribió  la 
Historia  de  la  rebelión  de  Paulo,  en 
donde  campea  sin  alarde  la  noble 

Sompa  de  la  antigüedad  clásica;  el 
iácono  Paulo  emeritense,  que  dejó 
un  libro:  De  vita  eí  miraculis  Paírum 
emeritensinm,  y  Valerio,  que  escribió 
la  Vida  de  san  Fructuoso  y  de  Santa 
Echeria. 

Jurisprudencia, — San  Martín  de  Du- 
mio,  que  compuso  una  versión  latina 
de  los  cánones  griegos,  j  san  Isido- 
ro, autor  principal  de  los  trece  decre- 
tos del  Concilio  hispalense  II,  j  de 
los  setenta  j  cinco  del  IV  toledano. 

Teología.—S&n  Leandro,  autor  de 
dos  obras  contra  el  arrianismo;  el 
abad  san  Eutropio,  que  combatió 
también  la  fiilsedad  de  dicha  doctri- 
na; san  Eugenio,  que  escribió  un  li- 
bro: De  Sancta  Trinitate:  san  Ildefon- 
so, discípulo  de  san  Eugenio,  que 
dejó  el  libro:  De  perpetua  virginiíate 
Sánele  Mariee,  contra  los  secuaces  de 
Helvidio  y  Joviniano;  j  las  obras:  De 
cognitione  Ba^tismi,  De  iíinere  Deserti 
y  otras  mencionadas  por  san  Julián  y 


LITE 

que  no  han  llegado  á  nosotros;  Tajón, 
obispo  de  Zaragoza,  de  quien  ha  que- 
dado un  comentario  de  los  libros  ca- 
nónicos; Valerio,  que  escribió  un  li- 
bro: De  Monachorum  penitentia  y  De 
genere  Monachorum. 

Ciencias  físicas, — Luciniano,  obis- 
po de  Calahorra,  geómetra;  Joan, 
obispo  de  Zaragoza,  j  Eugenio  II,  d« 
Toledo,  excelentes  en  astronomía;  san 
Isidoro  que  escribió  el  libro:  De  na- 
tura remm,  por  encargo  de  Sisebuto, 
para  la  instrucción  de  dicho  príncipe, 
en  cuja  obra  nos  explica  muchos  fe- 
nómenos de  la  maravillosa  armonía  de 
la  creación,  j  Castorio,  geógrafo;  if 
bien  su  origen  español  no  está  averi- 
guado. 

Música, — ^Parece  ser  que  Aieron  co- 
nocidas las  notas  musicales;  aunque 

no  sepamos  en  qué  forma,  por  cuanto 
muchos  compositores  no  dejaron  ei- 
critos  sus  trabajos  á  la  posteridad.  El 
canto  en  las  iglesias,  que  se  acompa- 
ñaba con  órgano,  era  muv  pausado  y 
devoto,  para  no  confundirlo  con  la 
música  afeminada  en  los  teatros,  se- 
gún dice  san  Isidoro  de  Sevilla. 

Tradiciones  nacionales  y  noticias  his- 
tóricas.— Vital,  obispo  de  Huesca. 

Iferesiarca. — Félix,  obispo  de  Ur- 
gel. 

Bibliotecas, — Fueron  muj  notables 
las  del  conde  de  San  Lorenxo,  la  de 
san  Isidoro  y  la  del  monasterio  serri- 
taño. 

II.  Los  hechos  capitales  que  nos 
presenta  el  bajo  latín  durante  la  épo- 
ca visigoda,  en  relación  con  el  movi- 
miento literario  de  aquellos  siglos, 

son: 

1.  Las  herejías  del  maniqueísmo 
y  del  prisciliaoismo,  cujos  errores 
combatió  victoriosamente  con  su  cien- 
cia j  su  fe  santo  Toribio,  obispo  de 
Astorga;  las  herejías  de  los  origenis- 
tas, sustentadas  por  los  dos  presbíte- 
ros, llamados  Abito,  quienes  abjura- 
ron de  sus  falsedades;  el  nestorianis- 
mo,  cujas  doctrinas  no  cundieron,  ^ 
los  des  cismas  de  las  iglesias  de  Seri- 
Ua  j  Lugo,  que  no  lücanzaron  mqor 
suerte  (^>). 

2.  El  primero  y  segundo  Oonciüo 
de  Toledo,  el  último  de  los  cuales  se 
celebró  en  527,  reinando  AmaUrico, 
quien  parece  ser  que  protegió  la  li- 
bertad de  sus  decisiones;  el  p"f  ^f* 
de  Tarragona,  en  516,  bajo  Teodon- 
co,  al  cual  asistieron  nueve  obispMi 
el  de  Gerona,  en  517,  á  que  acudie- 
ron seis;  el  segundo  de  Tarragon»- 
en  540;  el  de  Lérida,  en  546;  el  carta- 
ginense, celebrado  en  Valencia  eD 
mismo  aüo  que  el  de  Lérida;  el  pri- 
mer Concilio  de  Braga,  en  el  mmo 
año  que  el  primero  tarraconense (Oíoí, 

j  el  segundo,  en  572.  lo«  P"","I° 
que  celebraron  los  obispos  católico 
de  Galiecia,  cuja  tolerancia  fue  ae« 
da  á  que  sus  rejes  suevos  princip 
ban  á  convertirse  al  catolicismo-  * 
España  goda  de  este  V^^jj^^^f^L, 
ponde  también  el  Concibo  de  i-ug 
celebrado  en  559.  i^-Mad 

3.  El  crecí :nieDto  del»  «^'«Jí 
pontiacia,  manifestado  ternUWQ»^ 


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LITE 


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LITE  433 


mente  en  el  siglo  v,  como  lo  demues- 
tran: lu  notables  cartas  del  papa  san 
León  á  santo  Toribio,  obispo  de  As- 
torga,  ordenándola  la  celebración  de 
un  Concilio  nacional  para  poner  tér- 
mino al  priscíliauismo ;  el  recurso  de 
los  padres  del  Concilio  de  Tarragona 
al  papa  san  Hilario  contra  Silvano, 
obispo  de  Calahorra ;  la  consulta  que 
los  mismos  padres  hacían  al  pontífice 
sobre  la  ancesión  de  Ireneo  en  el  obis- 
pado de  Barcelona;  la  adopción  del 
mismo,  ordenada  por  la  Santa  Sede; 
la  carta  del  papa  san  Siinplicío  á  Ze- 
nón,  metropolitano  de  Sevilla,  con- 
firiéndole el  vicariato  apostólico;  la 
del  pontífice  san  Símaco,  dirigida 
en  514  al  obispo  Cesáreo  de  Á.rlés, 
nombrándole  vicario  de  la  autoridad 
pontificia  en  las  Galiasj  España;  úl- 
timamente, la  provisión  de  vicariatos 
por  los  sumos  pontífices,  que  fué  ge- 
neral en  nuestro  país  durante  el  si- 
glo VI. 

4.  La  conversión  de  los  rejes  sue- 
Tos  al  arrianismo,  hacia  el  año  460,  j 
poco  después,  al  cristianismo,  á  cu^os 
santos  dogmas  los  convirtió  san  "ilíki- 
tín  Dumienae. 

5.  La  denpariciÓn  da  las  últimas 
piicticas  del  paganismo  entre  los  bár- 
baros de  la  conquista,  mediante  el 
anatema  de  algunos  Concilios ;  j  más 
que  el  anatema,  el  natural  progreso 
de  los  dogmas  cristianos. 

6.  La  fundación  v  propagación  de 
monasterios,  verdadera  pasión  de  la 
España  goda,  cuja  primera  regla  fué 
la  de  san  Benito,  la  cual  consistía  en 
las  siguientes  prácticas:  lectura  de- 
vota, meditación,  trabajo  corporal  du- 
rante seis  horas  diarias.  El  ínstente 
en  los  días  de  ajuno  era  pan  j  agua; 
en  los  demás  días,  frutas  jr  hierbas,  ó 
raíces,  exceptuadas  las  fiestas,  en  que 
se  permitía  comer  carne.  Las  ocupa- 
dones  mensuales  se  convirtieron  pos- 
teriormente en  la  enseñanza  j  en  el 
estudio  de  las  letras,  las  cuales  brilla- 
ron en  tantos  varones  insignes  por  su 
saber  jr  su  santidad,  pudiendo  afir- 
marse que  la  fe  j  la  ciencia  hallaron 
un  asilo  común,  cootra  los  naufragios 
de  la  barbarie,  en  la  santa  soledad  de 
los  claustros.  Entre  los  monasterios 
célebres,  que  florecieron  por  entonces, 
merece  una  especial  mención  el  aaa- 
lienstf  an  donde  se  formaron  san  Ela- 
dio, Eugenio  11  y  san  Ildefonso ,  que 
tanta  gloria  granjearon  á  la  ilustre 
silla  de  Toledo. 

7.  La  publicación  del  Fuero  Jmgo 
(For»mjudicumíU&er  legum  visigotho- 
nm),  COTO  eódigo,  obra  de  los  Conci- 
lios de  Toledo,  substitujó  á  la  legis- 
lación puramente  goda,  contenida  en 
los  llamados  códigos  de  Enñco  y  de 
Alarico  (que  también  se  llamó  brevior- 
rio  anitiano),  viniendo  á  ser  la  lej  co- 
mún á  los  conquistadores  j  conquis- 
tados, es  decir,  á  los  visigodos  j  á  la 
población  liíspano-romaita,  que  hasta 
entonces  se  había  regido  por  las  lejes 
de  su  antigua  metrópoli  (siglo  vii). 
Para  nosotros,  el  código  de  los  Con- 
cilios toledanos  es  el  verdadero  mo- 
numouto  de  la  raza  goda,  la  obra 


maestra  de  la  baja  latinidad,  tan  su- 
perior á  los  capitulares  de  Carlom^g- 
no,  á  los  capitulares  de  Carlos  el  Cal' 
vo,  á  la  lejr  de  los  burguiñones,  á  la 
ley  de  los  alemanes  j  á  la  lej  sálica 
de  los  francos.  El  Fuero  Jutgo  tiene 
para  nosotros  la  doble  importancia  de 
que  dio  un  modelo  á  las  Partidas  de 
Don  Alfonso,  espejo  y  dechado  del 
hermoso  romance  de  Castilla,  la  pri- 
mera j  más  grande  señal  del  renaci- 
miento de  la  patria  utbkatura. 

8  y  último.  La  adopción  de  los  dog- 
mas cristianos  por  Recaredo,  que  hará 
inmortal  eternamente  la  dominación 
de  los  godos  en  tierra  española.  Pero 
el  árabe  atraviesa  el  h.strecho,  el 
Oriente  visita  nuestro  antiguo  solar, 
y  aquí  da  principio  una  cultura  poco 
analizada,  superficialmente  conocida; 
una  civilización  trascendente,  univer- 
sal, poderosa,  gallarda;  sobre  todo, 
joven,  lo  cual  quiere  decir  joven  y 
hermosa,  que  no  haj  virginidad  sin 
la  hermosura  de  la  virgen,  cómo  no 
haj  candidez  sin  la  hermosura  del 
candor  j  de  la  inocencia. 

III 

UTBRATtnta  ABX.BiaO-HlSPANA 

Las  tablas  alfonsinas,  llamadas  así 

Bor  haberlas  mmdado  hacer  el  rej 
Ion  Alfonso,  representan,  á  más  del 
caudal  propio  de  los  astrónomos  es- 
pañoles, un  resumen  de  los  astróno- 
mos arábigos.  Aquellas  tablas  pare- 
cen ser  el  prólogo  de  las  teorías  que 
fundaron  las  ciencias  físico-matemá- 
ticas, como  si  dijéramos  las  semillas 
de  donde  brotaron  Copérnico,  Kepler, 
Galileo,  Viviaui,  Torricelli,  cu^o 
movimiento  parece  confundirse;  com- 
pletarse en  Newton,  del  mismo  modo 
que  la  filosofía  arábigo-hispana  pare- 
ce fundirse  v  completarse  en  la  sabia 
escuela  de  Colonia,  como  la  escuela 
de  Colonia  parece  fundirse  j  comple- 
tarse en  la  inmensa  revolución  del  si- 
glo XVI,  tras  una  incubación  de  tres 
siglos,  porque  el  alma  humana  tiene 
también  sus  incubaciones.  Y  pues  el 
interés  de  la  verdad  y  el  amor  de  la 
patria  nos  colocan  en  estas  corrientes 
del  espíritu,  conviene  ir  adonde  nos 
conduzca  el  natural  impulso  de  esas 
corrientes.  Cuando  el  pensamiento 
nos  lleva,  no  es  posible  dejar  de  ca- 
minar, porque  entre  todos  los  menes- 
teres de  la  vida,  no  haj  utensilios 
tau  necesarios  como  los  menesteres 
del  pensamiento.  La  civilización  ára- 
be Tino  á  España  con  los  elementos 
que  mencionaremos  seguidamente, 
expresando  autores  y  materias: 

1.  Medicina.  Razi,  Abenzoar. 

2.  Cirugía.  Abulcasis. 

3.  Matemáticas.  Al-Koresmi. 

4.  Q,ulmica  y  alquimia,  GfibM . 

5.  Geografía.  Abou-Achmed,  Edri- 
8l,  Abulfeda. 

6.  Zoología.  Al-DemirT. 

7.  Botánica.  Ibn-al-Haitñr. 

8.  Didáctica.  Aki-Rhozan. 

9.  Física.  Almana. 
lU.  Naturalisias,  Kazwini. 
U.  Agricultura.  Ibu-al-'Aawam, 

Abou-Hauifa. 


12.  Ripiatria.  Ibn-Labboun. 

13.  Brudiiot.  Álfiirabi,  Al-Hach- 
chi. 

14.  Cronistas,  Ibn-HarTth,  Becrl, 
Ibn-al-Hai^an,  Ibn-al-Wahid. 

15.  Viajeros.  Ibn-Batouta,  Ibn- 
Khaldoun. 

16.  Poetas.  Macear!,  Ibn-al-KhatTb, 
Ibn-Zeidnm,  sín  contar  el  gran  nú- 
mero de  poetas  hispano-arábígos, 
como  Aibahsi  Ben-Ali,  Said,  Ibn-al- 
Habbad,  Ibn-Derradscfa,  Ibn-Sara, 
Ibn-Scharaf,  Rufí-ud-Daula  y  otros 
muchos. 

17.  ^iíroMOíMíW.  Alfergani,  Moham- 
med  Ben-Giaber,  Abu-'l-wefa,  con  su 
A  Imagesto. 

18.  Filósofos.  Avicena,  Averrhoes, 

19.  Fundador  de  la  novela  Jílosd^ea, 
Ibn-Thofeil. 

20.  Optica.  Alhazen  publicó  en  el 
siglo  XI  un  tratado  de  óptica  en  siete 
libros,  única  obra  verdaderamente 
importante  de  este  género  que  nos 
ha  legado  la  antigüedad,  si  exceptua- 
mos las  noticias  de  Platón  y  Aristó- 
teles, fundadores  de  dicha  ciencia. 
No  queremos  decir  (ridículo  fuera  in- 
tentarlo) que  toda  España  tuviese  par- 
te en  esta  creación  que  no  era  sujra. 
Lo  que  afirmamos  es  que  muchos  de 
los  escritores  citados  nacieron  en  Es- 
paña, como  Ibn-'al-Auwam,  que  era 
de  Sevilla;  Abeuzoar,  que  era  de  Pe- 
ñaflor;  Averrhoes,  BecrT,  AbulcasTs, 
Ibn-Zeidum,  que  eran  de  Córdoba; 
Ibn-Thofeil,  que  nació  en  Purchena; 
Aibalisi  Ben-Alí,  que  eran  de  Vélez. 
España  vino  á  ser  el  lecho  de  aque- 
lla civilización,  que  tuvo  por  centros 
las  universidades  de  Córdoba,  Sevi- 
lla, Granada  y  Toledo,  de  donde  se 
esparcieron  las  luces  pjr  toda  Europa 
durante  algunos  siglos,  amén  de  que 
en  ellas  se  formaron  muchos  grandes 
hombres  de  otros  países,  tales  como 
un  Gerberto,  propagador  de  las  cifras 
y  música  árabes,  astrónomo,  matemá- 
tico, mecánico,  teóloso,  un  hombre 
major  que  su  siglo,  elevado  después 
á  la  silla  pontifical  bajo  el  nombre  de 
Silvestre  II.  La  civilización  árabe, 
contenida  en  España,  de  que  el  espí- 
ritu español  participó  también  con  el 
tiempo,  porque  no  haj  substancia  que 
no  llegue  al  vaso  que  la  contiene,  co- 
mo no  haj  cáliz  de  una  flor  que  no 

fiarticipe  del  aroma  que  la  flor  exha- 
a:  la  civilización  arábiga,  volvemos 
á  decir,  se  difundió  por  todas  partes, 
penetró  más  ó  menos  en  las  intelijgen- 
cias,  dispuso  los  ánimos  y  no  fue  ex- 
traña seguramente  á  la  profunda  re- 
volución que  se  opera  en  la  escuela 
de  Colonia,  en  lo  más  tenebroso  de  la 
Edad  media,  escuela  inmortal  que  di- 
rige y  anima  el  genio  de  dos  irailes: 
el  maestro  san  Alberto  el  Grande;  su 
discípulo  santo  Tomás  de  Aquino,  el 
Bueg  mudo  de  Sicilia,  como  le  llama- 
ron los  estudiantes  de  París.  La  es- 
cuela de  Colonia  fué  la  fundadora  de 
una  filosofía  experimental,  que  repre- 
senta uno  de  los  avances  más  valero- 
sos del  discurso  humano  en  todos  los 

Seriodos  que  conoce  la  historia.  Cuau- 
0  se  estudian  atentamente  las  múl- 


TOMO  III 


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434  UTE 


LITE 


LITE 


tibies  j  contradictorias  ideas  que  ger- 
minaban en  aquellos  tiempos,  se  ad- 
quiere la  perÜMta  eTÍdeneia  de  que  el 
maraTÍllos*  moTÍmiento  de  Coloaia 
no  hubiera  podido  efectuarse  sin  la 
ciencia  práctica  de  un  Avícena,  de 
un  Razi,  da  un  Geber,  hombres  sin- 

{fulaiss  que  inundaron  al  mundo  con 
os  toirentes  de  su  inteligencia,  al 
par  que  constituyeron  el  rondo  de  la 
escuela  arábigo-hispana,  la  más  fa- 
mosa 7  floreciente  ae  los  tiempos  me- 
dios durante  el  transcurso  de  cinco 
siglos.  La  civilización  ^ue  hizo  de 
Silvestre  II  el  hombre  mas  sabio  del 
siglo  X,  debió  influir  evidentemente 
en  la  educación  de  san  Alberto  y  de 
santo  Tomás,  los  hombres  más  sabios 
del  siglo  XIII.  He  aquí  el  cuadro  que 
nos  presenta  el  pensamiento  de  toda 
Buropa,  tanto  en  aquellos  tiempos 
como  en  las  edades  posteriores.  San 
Alberto  j  santo  Tomas,  los  más  gran- 
des filósofos  del  cristianismo  después 
del  apóstol  san  Pablo,  fundan  en  el 
Norte  la  filosofía  experimental;  el 
aTeirhofsmo,  bijo  de  Córdoba,  erat  es- 
cuela en  nuestro  país.  Ta  al  Norte  de 
Italia,  comunica  á  los  conocimientos 
filosóficos  cierto  espíritu  positivista, 
cierta  realidad  casi  anatómica,  la  rea- 
lidad de  la  ciencia  árabe,  que  halla- 
mos después  en  la  célebre  experien- 
cia de  Locke,  en  el  sistema  práctico 
de  Bacón,  en  las  demostraciones  geo- 
métricas de  Descartes,  en  las  fórmu- 
las matemáticas  de  Pascal,  de  donde 
parten  con  distinto  rumbo  la  filosoña 
fatalista  de  Spínosa,  lo  que  se  llaoió 
paiUeimo  Míoh^teo;  la  sensación  de 
Condillac;  el  materialismo  de  Hobbes, 
lo  que  pudiéramos  llamar  la  visión  ce- 
lette  de  Malebranche,  visión  que  sus- 
tituye á  las  ideas  innatas  de  su  maes- 
tro, j  la  mónada  de  Leibnitz,  la  anti- 
gua  mónada  de  Pitágoras,  que  tiene 
por  objeto  explicar  lo  que  no  admite 
explicación,  como  la  idea  innata  de 
cartesianismo  j  la  visión  celeste  de 
Malebranche.  La  escuela  arábigo-his- 
pana, trabajando  el  espíritu  de  Euro- 
pa desde  el  siglo  tx  al  siglo  xv,  tuvo 
que  penetrar  j  penetró  realmente,  en 
las  grandes  mudanzas  interiores  del 
sig^  XIII  j  del  XTi,  las  cuales,  ha- 
biendo partido  hasta  cierto  punto  de 
las  doctrinas  peripatéticas,  eonclure- 
ron  por  enflaquecer  7  dar  muerte  á  la 
ciflQcia  escolástica,  que  no  era  otra 
cosa  que  el  despotismo  peripatético. 
Este  nacho  interesaatfsímo,  una  de 
las  curiosidades  más  raras  de  la  his- 
toria, viene  á  demostrarnos  que  los 

{trincipios  aristotélicos  acabaron  con 
a  doctrina  de  Aristóteles,  probando 
así  que  las  doctrinas  v  las  institucio- 
nes no  mueren  en  la  numanídad  por 
las  heridas  que  Ies  hace  una  fuerza 
extraña;  sino  por  el  veneno  que  lle- 
van en  su  propia  sangre,  por  decirlo 
así;  j  si  no  lo  llevan  en  su  propia  san- 
gre, lo  respiran  en  el  ambiente,  por- 
que uo  parece  sino  que  haj  una  mano 
invisible  que  deslíe  la  gota  de  pon- 
zoña en  el  éter  de  los  espíritus,  en  el 
mundo  de  las  conciencias,  en  la  in- 
mensidad de  los  tiempos.  T  «i  cuho^ 


so  advertir  que,  casi  á  la  vez  que  la 
escuela  arábigo-hispana,  principió  á 
iluminar  las  tinieblas  de  Europa;  es 
decir,  hacia  mediados  del  siglo  x,  el 
romance  vulgar  castellano  comienza  á 
dar  muestras  de  sí;  muestras  gala- 
nas, que  quien  es  galano  de  suyo,  es 
galano  al  nacer.  También  debe  ad- 
vertirse, porque  tiene  su  significación 
histórica,  que  este  movimiento  del 
habla  antigua  se  manifiesta  por  los 
alrededores  de  los  Concilios  naciona- 
les de  Toledo,  época  importautísima 
en  los  anales  de  nuestra  patria,  bajo 
el  triple  concepto  de  historia,  de  le- 
gislación y  de  lenguaje.  ¿No  habrá 
razón  para  decir  que  los  Concilios 
de  Toledo  nos  llevaron  á  Don  Al- 
fonso, como  Don  Alfonso  nos  llevó 
á  Isabel  la  Católica?  iNo  habrá  ra- 
zón para  decir  que  el  Fuero  Juzgo 
nos  llevó  á  las  Partidas,  como  las 
Partidas  nos  llevaron  á  la  unidad 
del  territorio;  es  decir,  á  la  nueva  na- 
cionalidad de  castdlanos  y  aragone- 
sesV  Al  indicarse  el  romance  vulgar 
castellano  en  el  siglo  x,  dió  principió 
la  LITERATURA  puramente  española, 
lo  que  denominamos  literatura,  na.- 
cioNAL.  No  podemos  cerrar  este  perío- 
do sin  hacer  presente  que  el  movi- 
miento de  la  LITBEUTURA  abábiqo-his- 
PA.NA,  fué  más  allá  del  siglo  xv,  como 
lo  demuestran  los  escritos  de  el  A fri- 
canOf  árabe  granadino,  conducido  al 
Africa  cuando  era  todavía  una  criatu- 
ra, verificada  la  expulsión  de  los  mo- 
ros. Este  autoi  enriqueció  las  letras 
de  Europa  con  una  magnífica  descrip- 
ción de  Africa,  con  una  reseña  de  los 
sabios  que  han  escrito  en  árabe,  con 
un  vocabulario  arábigo-español,  coa 
una  gramática  j  una  retórica  de  aque- 
lla lengua  j  con  un  extracto  precioso 
de  las  crónicas  mahoateíanas*  m  A fri- 
cano  no  era  otro  que  Juan  León,  nom- 
bres del  papa  León  X,  quien  le  sacó 
de  pila;  el  mismo  autor  que  se  cono- 
cía en  Fez  con  los  nombres  árabes  de 
Al-Hassan-Ben-Mohamed  Albatas  Al- 
fasi.  Este  notable  autor  pertenece  á 
la  literatura  arábigo- hispan  a,  cuja 
importancia  capitalísima  en  la  histo- 
ria del  mundo,  especialmente,  en  la 
historia  de  Europa,  no  hemos  hecho 
más  que  indicar  á  lo  lejos  con  arte 
bisoño  y  mano  insegura.  Vamós  á 
concluir  esta  reseña,  dando  á  conocer 
algunos  ejemplos  de  la  poesía  hispa- 
uo-arábíga,  traducidos  por  la  elegan- 
te ;  docta  pluma  de  don  Juan  Vale- 
re, á  quien  debe  este  hermoso  obse- 
quio la  musa  nacional.  Entre  los 
poetas,  figura  el  ilustre  médico  Aben- 
zoar,  cuva  firma  lleva  el  siguiente 
epitafio,  fin  él  se  dice  que  el  polvo  que 
ha  pisado  cubre  su  semblante,  imagen 
felicísima  por  su  verdad  j  su  sen- 
cillez. 

BFITAFIO 

1.      PArftte  T  ODiuidera 
EttB  manaidn  postrera, 
Donde  todoa  vendrán  &  reposar. 
Ui  roatro  oabre  el  polvo  que  he  pisado; 
A  mnohoa  de  la  inaerte  hu  lib»riiV(lo, 
Feze  yo  no  m«  pode  libertar. 

(AHUÍSOAK.) 


SL      B1  oAUi  entrvablerto  de  U  roik 
Olor  inaTe  en  el  ambiente  inapi». 
Caal  aa  «neanto  la  virgen  pudoroia 
Qae  ooatta  ga  baldad  k  qaian  U  min.. 

(Said.) 

A  un  réjf  que  mandó  arrojar  al  m 
un  libro  en  que  el  poeta  le  mnrah: 

8.      Sn  logar  y  destino  oonvoie&la 
Halló  mi  libro  ahora, 
Porqne  el  aeno  del  agoa  toana^intc 
Iiaa  perlaa  ataaora. 

(Sin».' 

4.  Si  ta  eneaña  tu  querida 
Sé  también  sa  engañador; 
Qnien  ileade&a  ¿  qntea  olvida 
Se  oura  del  mal  de  amor. 

CnHQda  tienea  nn  roial 
Qne  te  da  flores  hermosas, 
Que  se  lleve,  es  natural, 
Bl  qae  pasa,  algunas  roiai. 

(Ibh-ál-Habbad. 

5.  Si  ea  loa  jardinea  ana  habita 
No  pnedo  Tor  *  mi  aaeflo, 
Bu  loa  jardinaa  dal  maño 
Noa  daramoa  ana  sita. 

(lu-DaiaAncH,, 

e.       Oon  an  gracia  y  sna  haohisM 
Bnoienda  en  mi  oorasAn 
Una  vehemente  pasión 
La  Diña  de  negros  risos: 

No  da  sombra  k  sn  mejilla 
Sobre  loa  olavelaa  tojos 
Bl  oabello,  porana  brilla 
Goal  ana  negriafmoa  ojoa. 

[iBK-StU.} 

A  un  rey  ilustra  y  bueno; 

7.  Deade  que  tft  gobiernas 

No  esgrima  au  puñal  el  asesino: 

Sólo  vírgenes  tierna* 

La  maarta  dan  con  an  mirar  dilino. 

(IBX-Soauir.) 

8.  Bl  rojo  vino  encendido 
Que  te  sirve  esa  mnohaehai 
Se  diria  que  ha  brotado 
De  ana  mejillaa  da  grana. 

(BAri-DD-DAOU.1 

Las  anteriores  poesías  son  entera- 
mente españolas  por  su  corte,  por  su 
gracejo,  por  su  frescura,  por  su  me- 
lodía de  sentimiento  y  expresión;  «u 
fin,  por  ese  espíritu  generoso  que  tai- 
ma y  embellece  cuanto  toca.  Los  ver- 
sos citados  podrían  figurar  sin  des- 
ventaja en  una  colección  escogídidc 
nuestros  poetas  más  originales  ;r  gar- 
bosos. 

IV 

LITHRATDRA  BSPAflOLi 

1.  Siglo  V  y  F//.— Hablando  CD 
rigor,  nuestra  literatura  tuvo  prin- 
cipio mucho  antes  de  la  época  que  he- 
mos indicado,  pues  según  el  célebre 
español  Saavedn,  en  su  Coroaaptta, 
las  trovas  y  romances  históricos  que 
se  conocen  en  España  datan  desde  el 
siglo  V,  puesto  que  al  entrar  Tons-  ; 
mundo,  ley  de  los  godos  españoH  \ 
en  Tolosa,  con  el  cadáver  de  bu  p»- 
dre,  el  tey  Theodoredo,  muerto  ea 
la  batalla  contra  el  feroz  Atil»  en  los 
campos  cataláunicos  (451),  ¿í«» 
mancebos  y  doncellas  cantando  Ut  «- 
tañas  del  difunto,  usanza  de  U  ntcion 
goda  en  las  bodas,  festines  J  fun^rs- 
fes;  y  como  ésta  fué  la  principal  ocu- 
pación de  los  trovadores  provenMjes 
y  del  resto  de  Europa  en  los  siglos 
del  XI  al  xiv,  debemos  ver  esta  10^ 
titución  y  costumbre  originarias  de 
la  España  goda  en  este  siglo,  í  J° 
tenerla  por  creación  del  conde 
Poitou,  Guillermo  IX,  en  el  lig»  ^' 


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LITE  435 


al  que  señalaban  los  franceses  como 
el  primer  trovador,  ocultando  que  an- 
tes de  él  aparecen  en  España  trova- 
dores desde  el  siglo  vii  al  x;  j  esto 
sin  tener  en  cuenta  los  trovadores 
íiabes  españoles,  aun  más  cultos  y 
poéticos  que  los  cristianos,  como  se 
acredita  en  las  obras  de  san  Ildefon- 
so, san  Eugenio,  Juliano,  san  Eulo- 
gio, Prudencio  j  otros  célebres  espa- 
ñoles de  los  expresados  siglos.  ( Ale- 
norandum  historial,  por  D.  S.  Caste- 
llanos.) 

2.  Si^io  Xll.—Poeías.  Poema  del 
Cid.  Es  acaso  el  más  antiguo,  dice 
Sánchez,  que  se  conserva  en  la  len- 
gua castellana. 

3.  ÍSiglo  Xll.^Protistoi.  Bl  Fwro 
Jwo. 

Disciplina  clericalig,  por  Rabbi  Mo- 
seh  Lefardi,  de  Huesca,  por  otro  nom- 
bre, Pedro  Alfonso,  que  asi  le  mandó 
llamar  en  1106  su  padrino  de  pila  el 
rer  Don  Alonso  el  Batalkdor*  Pedro 
Alfonso  dice  en  tí  prólogo  de  este  libro 
notabilísimo:  Deru ««  Juc  opúsculo  ñt 
ttiki  M  adjutorium,  gutme  hbnm  kwtc 
coMponere  eí  in  laíinum  transferre  com- 
p*M.  De  donde  se  inñere  que  se  es- 
cribió primero  en  hebreo  ó  arábigo, 
y  qne,  deseando  vulgarizarle,  le  tra- 
dujo al  latín. 

4.  XJI  al  Xin,— Poetas. 
Poema  ó  libro  de  A  lejandro.  Códice  de 
pergamino  en  4."  de  153  hojas  útiles, 
cuj-a  letra  es  como  del  siglo  xiv.  Está 
encuadernado  en  tabla,  forrado  de  be- 
cerro encarnado,  con  algunas  labores 

una  manecilla  al  frente  para  cerrar- 
le. Lo  posee  en  su  biblioteca  el  du- 
que del  Infantado,  Su  autor  fué  Juan 
Lorenzo  Segura  de  Astorga,  clérigo, 
como  se  advierte  en  la  última  copla, 
ne  es  la  MUDX,  en  Is  cual,  después 
e  haber  pedido  á  los  lectores  que  rfr< 
cea  por  él  un  Paíer  nosíer,  dice: 

•S«  quiuardM  Mrnhn  qaiéii  asoribió  «ate 

[diudo, 

Lorettao,  han  clérigo  A  ondxado, 
Sefttra  de  Astorga,  d«  manna  bien  temprado, 
En  el  día  del  juicio  Dioa  sea  mío  pagado. 

Amén.* 

Ondrado  quiere  decir  honrado;  j 
MMU,  mafia,  como  en  dneña,  áoduen' 
sa,  puesto  que  las  dos  n%  se  tomaron 
en  íi. 

En  concepto  de  algunos  autores, 
los  versos  de  Lorenzo  de  Segura  die- 
ron origen  al  de  catorce  sílabas,  con 
ue  escribid  su  poema  Á  lejandro,  de 
onde  se  llamaron  alpandrinot,  Bra 
un  eclesiástico  de  mucha  instrucción 
en  historia,  mitología  j  filosofía  mo- 
ft],  que,  según  el  Sr.  Quintana,  for- 
taó  U.  obra  más  importante  de  cuan- 
tas se  escribieron  en  aquella  época. 

5.  Siglo  XU  al  Xm.— Prosistas, 
irónica  de  san  Femando  rey  de  Espa- 
ña. (Se  ignora  el  autor.) 

Crimica  general  del  Rey  Don  A  lonso. 
La  Hisloria  de  Ultramar. 

6.  Siglo  Xni.— Alonso  el  Sabio 
t^Las  Siete  ParHdasJ.  Ca^manjr  dice: 
^qne  en  este  precioso  eódi^  debemos 
Viosear  el  tesoro  del  primitivo  romance 
^*%astellano.  A  pesar  de  la  tosquedad 
^el  lenguaje  en  aquella  époeta  relace 

esta  om  exerto^gánazo  de  flí^dAd 


en  el  estilo,  de  cultura  en  la  dicción 
j  de  majestad  en  los  pensamientos, 
que  en  aquel  siglo  en  ninguna  len- 
gua viva  de  Europa  había  llegado  á 
alcanzar,  j  tardó  mucho  la  Italia  en 
igualarla.»  No  fué  este  código  única- 
mente la  obra  literaria  de  su  reinado, 

fines,  según  un  crítico  moderno,  «por 
a  gala  de  la  expresión  v  la  belleza 
delienguaje^  es  preciso  adelantar  más 
de  un  siglo  para  hallar  otras  paro- 
cidas.» 

Gonzalo  de  Berceo  (monje  bene- 
dictino en  el  monasterio  de  San  Mi- 
Uán.) — Zos  Signos  del  Juicio,  Los  Mi- 
lagros de  Nuestra  Señora,  Bl  Duelo  de 
la  Virgen  y  la  Vida  de  santo  Domingo 
de  Silos.  Nació  este  celebre  poeta,  á 
fines  del  si^lo  xii,  en  el  lugar  de  Ber- 
ceo, diócesis  de  Calahorra. 

7.  Siglo  XIII  al  XIV.— Poetas. 
Poesías  ó  cantares  del  arci  preste  de  Fita 
(Juan  Ruiz),  según  se  lee  en  la  pri- 
mera hoja  del  ^dice  de  Gajoso,  en 
una  copla  que  dice: 

•Porqn*  de  todo  bien  es  oomienao  •  rale 
La  Virgen  Santa  liarla,  por  end  yo  Juan 
AretprüU  de  FUa,  prinerafla  ISuia, 
Cantar  do  lo»  im  goiot  «tete,  qne  Mi  aii.> 

Libro  de  Apolonio, —  Vida  de  tanta 
María  Egipciaca. — Adoración  de  los 
Reyes.  (Autor  anónimo.)  El  Sr.  Pidal 
lo  cree  de  mitad  del  siglo  xiu,  como 
el  Poema  de  Alejandro. 

Vida  de  san  Ildefonso,  pequeño  poe- 
ma castellano  anterior  al  siglo  xv 
(fines  del  xiii,  6  principios  del  xiv). 

Proverbios  morales,  del  Rabbi  don 
Sem  Tob  (don  Santos),  natural  ó  ve- 
cino de  Carríón.  Fué  muy  protegido 
del  rey  Don  Pedro  1  de  Castilla. 

Tractads  de  h  Doctrina. 

La  Danta  de  la  muerte  y  melaeián 
de  un  ermitaño. 

Poema  del  conde  Fernán  Gontílet, 

Poema  de  Jote', 

Rimado  de  Palacio;  tratado  de  los 
deberes  de  los  reyesy  de  los  nobles 
en  el  gobierno  del  Estado,  por  don 
Pedro  López  de  Ayala  (fines  del  si- 
glo XIII  y  principios  del  xiv). 

Poema  de  Alfonso  XI.  El  nombre 
del  autor  de  este  poema  lo  comunica 
él  mismo  en  In  copla  1841,  de  este 
modo: 

•La  pxofeela  eanti 
o  tome  en  deoir  llano: 
yo  Bodx^o  Jannee  la  noti 
•nlengnaj»  oastellano.' 

Poema  de  Raimundo  Lulio:  Des^ 
consuelo,  magnifica  lamentación  del 
Jeremías  cristiano,  el  poema  más  va- 
leroso del  siglo  XIV,  en  donde  no  sa- 
bemos si  el  dolor  es  tristeza  ó  plega- 
ría, amor  ó  desengaño,  protesta  ó  fe. 

8.  Siglo  XIII  al  XI  V.—Protistat. 
El  Fuero  Real  de  España. 

Leyes  de  la  Metía. 
Fueros  de  Vúcaya,  Sevilla  y  QaU' 
da. 

Pragmáticas  reales. 

Crónica  de  lot  reyet  Don  A  Ifonso  X, 
Don  Sancho  IV,  Do»  Femando  IV y 
Don  Alfomo  XI,  de  Juan  de  VUlai- 
zán. 

Ziibr9  do  moiUtrUt,  del  rejr  Don  Álon- 

■0. 


SI  conde  Lucanor,  por  don  Juan  Ma 

nuel. 

Del  libro  de  Calila  ¿Dymna.  (Seeún 
el  Sr.  Gayangos,  la  versión  castella- 
na que  aparece  en  la  Biblioteca  de 
Autores  españoles  no  se  hizo  sobre  la 
latina  de  Juan  de  Capua,  sino  sobre 
la  arábiga  de  Abdallah  ben-Al-Ho- 
caffi,  que  pertenece  al  siglo  xiv,  si  no 
es  anterior.) 

Bl  Libro  ie  lot  enxemplos. 

Libro  de  los  gatos.  (Anónimos.) 

Libro  de  las  consolacionet  de  la  vida 
humana,  por  el  antipapa  Luna  (don 
Pedro  de  Luna). 

Cattigot  (amonestaciones)  ¿  documen- 
tos del  rey  Don  Sancho  IV, 

Lucidario.  (Idem.) 

Tractado  del  consejo  eí  consejero  de 
lot  príncipes,  para  su  buen  gobierno,  por 
el  maestro  Pedro. 

Tracíado  de  la  ratón  por  qué  fueron 
dadas  al  infante  Don  Manuel,  mío  pa- 
dre, estas  'armar  que  son  alas  e  leonet, 
etpor  qué  yo  et  mío  fio,  legiUfM  Aere^ 
dero,  et  lot  kerederot  de  mi  linaje  pode- 
mot  facer  caballeros  non  lo  siendo  m>. 
Et  de  lafabla  que  fto  conmigo  el  rey 
Don  Sancho,  en  Madrid,  antes  de  tu 
muerte. 

Castigos  et  consejos  á  mi  hijo  Don 
Femando. 

Libro  de  los  Bttados. 

Libro  del  caballero  eí  del  eseudero. 

Libro  de  la  caballería. 

La  Crónica  abreviada. 

La  Crónica  cumplida. 

Libro  de  lot  Bngeiot. 

Libro  de  la  cata. 

Libro  de  las  Cantigas. 

Libro  de  las  reglas  del  trovar.  Todos 
por  don  Juan  Manuel.  Falta  el  Libro 
del  Patronio,  por  otro  nombre,  Bl  con- 
de Lucanor,  que,  á  no  dudarlo,  as  el 
más  importante  de  todos  y  el  mis 
apreciado  por  su  ilustre  autor.  Bn  el 
prólogo  del  citado  libro  menciona  sus 
obras  siguientes: 

La  Crónica;  El  Libro  de  lot  labios; 
El  Libro  del  Infante;  Bl  Libro  de  lot 
cantaret;  Bl  Libro  de  ¡os  frailes  predi- 
cadores. 

9.  Siflo  ZV,~»Po9tas,  Gdmez  Pé- 
rez Patiño. 

Fray  Diego  de  Valencia. 

Juan  Alonso  de  Baena,  su  Modas  y 
su  Cancionero, 

Fray  Lope  del  Monte. 

Pero  González  de  Mendoza. 

Juan  GhiTCÍa  Yynuesa. 

Pero  Vélez  de  Guevara. 

Ferrant  Manuel  de  Lando. 

Garay  Fernández  de  Gerona. 

Suero  de  Rivera. 

Alfonso  de  Moranna. 

Fernán  Sánchez  Calavera. 

Juan  Agraz. 

Juan  de  Dueñas. 

Don  Juan  II. 

Duque  de  Añora. 

Marqués  de  Aston^. 

Fernán  Pérez  de  Guzmán. 

Rodríguez  del  Padrdn. 

Sánchez  Talavera. 

GiSmez  Manrique. 

Rui  Piez  de  lUTexa. 

AUbnao  de  BaesB. 


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436  LITE 


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El  anobispo  d«  BargM. 

Don  Alonso  de  Cartag'ena. 

Qarei-Sinches  de  Badajoz. 

Juan  Tallante. 

López  de  Haro. 

Fernán  Pérez  Portocarrero. 

Juan  Gajoso. 

Alfonso  de  Morarán. 

Pero  los  de  mérito  especial  son: 

Don  Enrique  de  Villena,  autor  de 
la  Qaya  ciencia  6  Arte  de  trovar. 

Kl  marqués  de  Santillana,  autor  de 
El  Doctrinal  de  privados^  los  Prover- 
bios, un  Diáltffo  aUre  SUu  y  la  For- 

Copla*  de  Mingo  Revulgo,  con  la  glo- 
sa de  Hernando  del  Pulgar. 

Diálogo  entre  el  amor  y  un  caballero 
viejo,  de  Rodrigo  Cota,  á  quien  se  tie- 
ne por  autor  d^  plan  j  del  acto  pri- 
mero de  la  tngicomedia  de  Calixto  j 
Melibea  6  la  Celestina. 

Juan  de  Mena,  autor  de  los  poemas 
el  Laberinto  y  la  Coronación. 

Alvarez  de  Illescas  ó  Yillasandino. 

Juan  de  la  Encina,  autor  de  las 
coplas  de  arte  'maj^or  Tribagia  6  Via 
sacra  deJerusalén;  de  su  Cancionero,  de 
un  Arte  poética  y  varias  comedias. 

Jorge  Manrique,  autor  de  sus  cele- 
bradas coplas. 

Juan  ae  Padilla,  monje,  conocido 
con  el  sobrenombre  de  Jil  Cartujano, 
autor  del  poema  los  Doce  Triunfos, 
en  el  cual  se  propuso  escribir  los  he- 
chos dé  los  doce  apóstoles,  divididos 
por  los  doce  signos  del  zodíaco. 

10.  Siglo  XIV  al  ZV— Obras  en 
prosa  y  prosistas. 

Entre  los  prosistas  de  este  siglo 
merecen  citarse: 

El  bachiller  Fernán  Gómez  de  Cib- 
dad-Real,  médico  de  Doo  Juan  11  y 
autor  de  ciento  cinco  cartas  publica- 
das bajo  el  título  de  Centón  epistolario. 

El  bachiller  Alfonso  de  la  Torre, 
que  compuso  para  la  instrucción  del 
príncipe  de  Yiana  una  obra  doctrinal 
intitulada:  La  Visión  deleitable. 

Fernán  Pérez  de  Guzmán,  autor  de 
la  Crónica  de  Do»  Juan  II  y  de  las  Qe- 
neraciones  y  temblamos. 

Fernando  del  Pulgar,  autor  de  la 
obra  Claros  varones. 

Diego  de  Valera,  autor  de  una  Cró- 
nica abreviada  de  España  y  un  tratado 
intitulado:  Providencia  contra  fortuna. 

Crónica  del  Rey  Don  Pedro,  de  Don 
Enrique  II  y  de  Don  Juan  /,  por  don 
Pedro  López  de  A;yala. 

Crónica  del  Rey  Don  Juan  II,  por 
Alvar  Garoía  de  Santa  María,  Juan 
de  Mena,  Fernán  Pérez  de  Guzmán  y 
Gómez  Carrillo. 

Crónica  del  Rey  Don  Enrique  1 V, 
por  Alonso  de  Patencia. 

Crónica  de  los  Reyes  Caíólim,  de 
Hernando  del  Pulgar. 

El  Carro  de  las  Donas,  de  Fray 
Francisco  Ximénez. 

Traducción  y  comentarios  sobre  Aris- 
tóteles, por  el  príncipe  Don  Carlos  de 
Viana. 

Calixto  V  Melibea  ó  la  Celestina,  por 
Rodrigo  Cota  y  el  bachiller  Fernando 
de  Boj  as. 

Críkitít  de  do»  Alvaro  de  Luna 


A  madís  de  Gaula. 

De  los  vicios  de  las  maUu  mujeres  y 
complesio»es  de  los  hombres,  por  el  ba- 
chiller Alfonso  Martínez  de  Toledo. 

El  Valerio  de  las  historias,  por 
Fernán  Pérez  de  Guzmán. 

Doctrinal  de  privados  y  Carta  al  Con- 
destable de  Portugal  sobre  la  poesía  es- 
pañola, por  el  marqués  de  Santillana. 

Obras  de  Don  Alonso  el  Tostado, 
obispo  de  Avila. 

Obras  de  Juan  de  Lucena. 

Trabajos  de  Hércules,  de  don  Enri- 
que de  Villena. 

Bocados  de  oro. 

Doctrinal  de  caballeros,  de  don 
Alonso  de  Cartagena,  obispo  de  Bur- 
gos. 

Verjel  de  doncellas,  por  Fraj  Mar- 
tín Alfonso  de  Córdoba. 

Paso  honroso,  por  don  Suero  de  Qui- 
ñones. 

Embajada  al  Tamorlan,  por  Rui  Gó- 
mez de  Clavijo. 

Kl  padre  Alfonso  de  Falencia,  his- 
toriador V  lexicógrafo. 

11.  Siglo  XV  al  XVL— Poetas  y 
poesías. 

Santa  Teresa  de  Jesús. 
Garcilaso  de  la  Vega. 
Fraj  Luis  de  León. 
Fernando  de  Herrera. 
San  Juan  de  la  Cruz. 
Don  Juan  de  Arquijo. 
Francisco  Medrano. 
Pablo  de  Céspedes. 
Gutierre  de  (Jetína. 
Luis  Martin. 
Baltasar  de  Escobar. 
Barahona  de  Soto. 
Gil  Polo. 

Diegj  Hurtado  de  Mendoza. 

líaltasar  de  Alcázar. 

Francisco  de  la  Torro. 

Francisco  de  Figueroa. 

Juan  de  la  Cueva. 

Pedro  de  Padilla. 

Pablo  de  Céspedes. 

Vicente  Espinel. 

Alonso  de  Ercilla. 

Preguntas  y  respuestas  del  Almiran- 
te, por  Fr&y  Luis  da  Escobar. 

É¿  Cancionero  general,  de  Juan  Ló- 
pez de  Ubeda. 

El  Boscán. 

El  Bachiller  de  la  Torre,  traduccio- 
nes do  la  Illada  y  la  Odisea,  de  Ho- 
mero, por  Gonzalo  Pérez. 

Fray  Luis  de  León. 

Virgilio,  por  Gregorio  Hernández. 

Glosa  con  sus  prólogos  sobre  las  co- 
plas de  Jorge  Manrique  y  otras  obras 
del  mismo  en  loor  de  I^uestra  Seüora,  por 
el  protonotario  Luis  Pérez. 

La  Austriada,  de  Juan  Rufo 

Alonso  de  Fuentes. 

Jorge  de  Montemajor. 

Obras  poéticas,  de  Cristóbal  de  Cas- 
tillejo. 

Obras  poéticas,  de  don  Francisco  de 
Castilla. 

12.  Autores  dramáticos. — Juan  de 
la  Encina. 

Gil  Vicente. 

Bartolomé  Torres  Naharro, 
Lope  de  Raeda 
Toledano 


Alonso  de  Vega. 

13.  Prosistas. — Antonio  da  Nebrija 
6  Lebríja. 
Luis  Vires. 

Sánchez  de  las  Brozas  6  el  Brócense, 

Palacios  liubios. 

El  Maestro  Fernán  Pérez  de  Oliva. 
Don  Antonio  de  Gusvara. 
Luis  Mejía. 

Francisco  Cervantes  Salazar. 

El  doctor  Villalobos  (su  discípulo). 

Don  Luis  de  Avila  y  Zúñiga. 

Florián  de  Ocampo,  autor  da  la 
Crónica  general  de  España. 

Antonio  Pérez,  qua  escribió  las  Re- 
laciones de  su  vida  jr  lo»  eomentarioi  i 
este  mismo  libro. 

Don  Diego  de  Saaredra  Fajardo, 

El  Maestro  Avila. 

Fraj  Luis  de  Granada. 

Fraj  Diego  de  Estalla,  autor  de  las 
obras  De  la  vanidad  del  mundo;  Trata- 
do de  las  cien  meditaciones  del  amor  de 
Dios;  Vida  y  excelencias  de  sa»  Juan 
Evangelista. 

El  padre  Malón  de  Chaíde,  Magdor 
lena  pecadora,  penitente  y  santijicada. 

Frav  Fernando  de  Zarate,  Ducursos 
sobre  la  paciencia  cristiana. 

Ft&y  Juan  Márquez  (gran  predi- 
cador). Modo  de  predicar  á  los  prin- 
cipes. 

FrajJoséde  Sigüenza  (jerónimo). 
Vida  de  s»  santo  fundador'.  Historia  de 
su  orden.  Bl  aeñor  Gil  y  Zarate  dice, 
que  si  en  lugar  de  escribir  vidas  de 
santos,  escribiera  historia, quizá  aven* 
tajara  al  mismo  padre  Mariana. 

Fray  Diego  de  Yepes,  obispo  de 
Tarazona,  Vida  de  santa  Teresa  (su* 
hija  espiritual);  Crónicas  de  la  «rden 
de  san  Benito. 

£1  padre  Martín  de  Roa,  jesuíta, 
reputado  como  escritor  ascético  á  his- 
toriador sagrado. 

Ambrosio  de  Morales. 

Zurita,  Anales  de  Aragón. 

El  padre  Abarca,  Los  reyes  de  Ara- 
gón, en  anales  históricos  distribuidos. 

El  padre  Juan  de  Mariana. 

Don  Francisco  de  Moneada  (mar- 
qués de  Aitons). 

Don  Antonio  de  Solís. 

Gonzalo  Argote  de  Molina. 

Mateo  Alemán,  Vida  y  hechos  del 
picaro  Guzmán  de  A  Ifaracke. 

El  Maestro  Alejo  de  Venegas,  Ago- 
nía del  tránsito  de  la  muerte,  co»  los 
avisos  y  consuelos  que  cerca  da  ella  son 
provechosos. 

Fraj  Alonso  de  Molina,  Vocabula- 
rio en  lengua  castellana  y  mejicana. 

Fray  Pedro  de  Alcalá,  Vocabulista 
arábigo  en  letra  castelUma, 

Andrés  de  Poza,  De  la  a»íigua  len- 
gua de  España. 

Gregorio  López  Madera,  Discurso 
sobre  ku  Urntuas,  reUauias  y  liirosjue 
se  ha»  descubierto  e»  id  ciudad  de  vra- 
nada  este  año  1595. 

Esteban  de  Garivay  y  Zamalloa, 
Refranes  vascongados. 

Alfonso  de  Zamora,  que  trabajó  en 
la  Biblia  poliglota  por  encargo  del  ca^ 
denal  Cisneros. 

Santa  Tereiia  de  Jesús. 

Miguel  de  Cerrantes  Saaredra. 


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14.  Obrat  en  prosa  y  nuevos  prosis- 
Uu. — Za  Nueva  Recopilación. 

Recopilación  dé  las  leyes  de  Indias. 

Crónica  de  los  Reyes  Católicos,  por 
A.ntonio  de  Nebrija. 

DiáhyoSf  de  Pedro  Medina. 

Fraj  Hernando  de  Talavera,  pri- 
mer arzobispo  de  Granada. 

Cartas  de  refranett  de  Blasco  de  Ga- 
raj. 

Vocalmlario  de  las  avett  de  Lorenzo 
Palmireno. 

O^ás  de  Fray  Laia  de  Granada. 

Oórat  de  don  Antonio  de  Guevara. 

Obras  de  Fra^  Luis  de  León. 

Cárcel  de  amor  y  desprecios  de  la  for- 
tuna,  por  Die^o  de  San  Pedro. 

Viaje  del  É-íy  Felipe  II,  por  Juan 
Cristóbal  Calvete  de  Éstella. 

Historia  de  los  Césares^  por  Pedro 
llexfa. 

Obras  de  santa  Teresa  de  Jesús. 
Obras  del  Maestro  Juan  de  Avila. 
La  Guerra  de  Gramda,  por  don 
Diego  Hartado  de  Mendoza. 

Vida  de  san  Pío  V,  por  Fueuma- 

JOP. 

.  Vida  de  san  Jerónimo,  por  Fraj  José 
de  Sigüenza. 

Fraj  Hernando  del  Castillo. 

Obrat  del  padre  Pedro  de  Ribade- 
neira. 

Cartas  de  Antonio  Pérez. 

Sobre  las  oOO  coplas  de  Jvan  de  Me~ 
na,  por  Hernán  Núñez,  llamado  el 
Comendador  griego. 

Biblia  políglota  y  Antigüedades  jurí- 
dicas, por  Uenedicto  Arias  Montano. 

Crónica  general  de  España  j  Aníi- 
eüedades  de  Castilla,  por  Ambrosio  de 
Morales. 

Emendationum  eí  opinionumjuris  d- 
vilis,  por  Antonio  Agustín. 

Sermones  de  Fny  Hernando  de  San* 
liago. 

Comentarios  de  lo  sucedido  en  los  Paí- 
ses Bajos,  por  don  Bemardino  de 
Mendoza. 

Historia  de  Indias,  por  dou  Fran- 
cisco López  de  Gomara. 

El  Lazarillo  del  Tormes,  por  don 
Diego  Hurtado  de  Mendoza. 

GramaticiB  latina  y  Gramática  graca 
j  Minerva,  por  el  Maestro  Francisco 
Sánchez. 

Hitíoria  naturaly  moral  de  las  In- 
dias, por  el  padre  José  de  Acosta. 

Comentarios,  de  don  Luis  de  Avila. 

Descripción  de  A frica  y  Rebelión  de 
los  moriscos,  por  Luis  del  Mármol. 

Antigüedades  de  la  nobleza  de  Tole- 
do;  ffenealMÍa  de  san  Isidoro;  Vida  del 
Cardenal  (ftsneros  r  Poesías  sagradas, 
poi  Alvar  Gómez  de  Castro. 

Sobre  Dioscórides,  por  el  doctor  An- 
drés de  Laguna. 

Obrat  de  Garcilaso  con  anotaciones; 
Relación  de  la  guerra  de  Chipre  y  Ba- 
(illa  de  Lepanto;  Historia  general  de 
España  (perdida),  por  Fi-niando  de 
Herrera,  apellidado  el  Divino. 

Traduictones  del  griego,  por  Diego 
Gracián. 

Lo  impreso  en  castellano,  del  presi- 
dente don  Diego  de  Covarrubias. 
Filosofia  j  Traduccúfn  del  asno  de 
por  Alonio  de  Faentet. 


Traducciones  f  glosas,  de  Pedro  Díaz 

de  Toledo. 
Esfuerzo  bélico,  de  Palacios  Rubios. 
Obras  de  Martín  Navarro  de  Azpil- 
cueta. 

Historia  de  Carlos  V;  Historia  de  la 
guerra  de  los  indios;  Historia  de  Feli- 
pe IJ,  por  Joan  Ginés  de  Sepúlveda. 

Arte  poética,  de  Juan  García  Ren- 
gifo. 

Los  problemas  que  tratan  de  los  cuer- 
pos naturales  y  moraleSt  con  diálogos  de 
Medicina;  el  Tratado  de  las  tres  Gran- 
des y  La  comediaos  Planto,  Ampki- 
trion,  traducida  en  prosa  por  el  doctor 
Villalobos. 

Historia  de  la  composición  del  cuerpo 
humano,  por  Juan  de  Valverde. 

Los  cinco  libros  primeros  de  la  Cróni- 
ca general  de  España,  de  Florí&n  de 
Ocampo. 

Fray  Esteban  de  Salazar. 

Obras  de  Vicente  Espinel. 

El  conde  de  Portalegre. 

Historia  pontifical,  por  Gonzalo  de 
lUescas. 

Obra»  de  Gonzalo  Fernández  de 
Oviedo. 

Historia  de  don  Florivel  de  Niptea, 
por  Feliciano  de  Silva. 

Historia  de  los  icerifet,  por  Diego 
de  Torres. 

Dichos  de  Fernán  A  Ivarez  de  Tálate- 
ra,  por  don  Iñigo  López. 

Filosofía  natural  de  principe»,  por  el 
padre  Juan  de  Torres. 

Repertorio  de  las  leyes  de  Castilla, 
por  Hugo  Celso. 

Comentarios  reales,  de  Inca  Garci- 
laso. 

Historia  plantarum  Nova  Hispaniee, 
por  el  medico  y  naturalista  Francisco 
Hernández. 

15.  Siglo  XVII.  — Poetas.  Don 
Francisco  de  Quevedo  ^  Villegas. 

Don  Francisco  de  Rioja. 

Luis  de  Góngora. 

Juan  de  Jáureffui. 

Francisco  de  Trillo  y  Figueroa. 

Lupercio  de  Argensola,  el  Divino. 

Bartolomé  Leonardo  de  Argensola. 

Felipe  IV. 

Conde  de  Víllamediana. 

Carlos  de  Austria. 

Salvador  Jacinto  Polo  de  Medina. 

Sor  Juana  Inés  de  la  Cruz. 

Feliciana  Enríquez  de  Guzmin. 

Cristóbal  Suárez  de  Figaeioa. 

Andrés  Rey  de  Atieda. 

Francisco  de  Borja,  príncipe  de  Es- 
quilache. 

Don  Luis  de  Ulloa. 

Don  Luis  Carrillo. 

La  Pasión,  por  M.  Juan  Bautista 
Dávila. 

Don  Antonio  de  Mendoza. 

Anastasio  Pantaleón. 

Don  Antonio  de  Solís. 

Don  Agustín  de  Salazar, 

El  marqués  de  Alenquer. 

Alonso  del  Castillo  Solórzano. 

Don  Luis  de  Mesa. 

Las  Eróticas,  de  don  Estaban  Ua- 
nuel  de  Villegas. 

Francisco  López  de  Zárate. 

Versos  de  la  madre  Luisa  Magdal^ 
na  de  Jesús  (en  el  siglo,  dota  Lnisa 


Manrique  de  Lara,  condesa  de  Pare- 
des). 

Poema  de  Bernardo  v  Bl  Siglo  de  oro, 
por  don  Bernardo  Valbuena. 

El  Macabeo,  de  Miguel  de  SjWeira. 

Thomé  de  Burguillos. 

Don  Jerónimo  Cáncer. 

Licenciado  Pedro  Soto  de  Rojas. 

Don  Eugenio  Coloma. 

Don  Gabriel  Bocángel. 

El  (Tonde  de  Rebolledo. 

La  Mosquea,  de  don  José  Villavi- 
ciosa. 

La  Benedictina,  por  Fray  Nicolás 
Bravo. 

Maestro  José  de  Valdivieso. 

Don  Félix  de  Arteaga,  ó  sea  Hor** 
tensio  Paravisiiio. 

Alfonso  de  Salas  Barbadillo. 

Traducción  dé  Ovidio,  por  Aatomo 
Pérez  Sigler. 

La  Comedia  burlesca  del  caballero  do 
Olmedo  y  sus  demás  obras  poe'ticas,  por 
don  Francisco  Félix  de  Monteser. 

Obr<a  poéticas,  del  Maestro  don  Ma- 
nuel de  Ledn. 

Obrat  wkniea»,  de  dos  Francisoo  de 
Rojas. 

Obras  eómim,  de  Luis  Vélea  de 
Guevara. 
Gigantomofm,  dé  Uinitel  OeUe- 

gos. 

16.  Autores  íIramátÍCta,S€&l\iXi' 
pe  de  Vega  Carpió, 

Don  Pedro  Calderón  de  U  Bareft. 

Juan  de  la  Cueva. 

Cristóbal  de  Virues. 

El  doctor  líamón. 

Kl  licenciado  Miguel  Sánchez. 

Bl  doctor  Mira  de  Meieua. 

El  canónigo  Tárrega. 

Guillen  de  Castro. 

Juan  de  Timonedft. 

Vélea  de  GhuTem* 

Antonio  de  Galana. 

Gaspar  de  AtíU. 

Doctor  Juan  Pérez  de  Montiúbáa. 

Don  Agustín  Moreto. 

Don  Juan  Uuiz  Alarcón. 

Don  Francisco  de  Rojal. 

Tirso  de  Molina. 

Juan  de  La  Hos. 

Mendoza. 

líelmonte. 

Cuello. 

Eiiciso. 

17.  /"rosis/aí.— Baltasar  de  ChaTag, 
Discurso  sobre  la  antigüedad  do  té  len- 
gua cántabra  vascongada. 

Fnneiieo  Bermúdez  de  Pedraza, 
AntíoMtdadaif  oveelemcia»  d*  Qtomada. 

SeUstiaiL  de  Oonumbias  y  Oíos», 
Tesoro  do  la  ¡OHgM  Mttoltom  é  oopa- 
ñola. 

Maestro  Gonzalo  Correas,  Compen- 
dio (rilingiie  de  tres  artes  de  las  tres  len- 
guas castHlana,  latina  y  griega. 

Traducción  del  Guic/iarditio,  por  el 
rej  Don  Felipe  IV,  original  manus- 
crito en  cuatro  tomos,  que  está  en  la 
real  Biblioteca. 

Apología  de  Tertuliano,  por  el  obis- 
po traj  Pedro  Mañero. 

Argenis,  de  don  .loso  Pellicer. 

Argenis,  de  don  Gabriel  del  Corral. 

Crónieoi,  por  el  obispo  Frv  ^s- 
iiiián  C!omi|Jo. 


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Historia  del  cardenal  Mendoza  j  Dig- 
nidades de  Caililla,  por  don  Pedro  Sa- 
iBzar  de  Mendoxa. 

Ledn  prodigioso,  del  licenciado  Cos- 
me Oómez  de  Tejada. 

£m  postrimeriaif  de  don  Frajr  Pedro 
de  Ofla,  obispo  de  QaeU. 

La  Picara  /w^m,  por  el  licenciado 
Francisco  López  de  iTbeda. 

ffitíoria  del  reino  de  Chile,  por  el 
padre  A.lonso  de  Ovalle. 

Varia*  vidas,  de  Luis  Muñoz. 

Agricultura,  de  Alonso  de  Herrera. 

Conservación  de  nonarquiai,  por  Pe> 
dro  Fernández  Navarrete. 

Antigüedades  de  Xeret  j  De  los  cua- 
tro esiadoSf  por  el  padre  Martín  de 
Roa. 

Historia  de  BspaiUi,  por  el  padre 
Juan  de  Mariana. 

Aprecio  de  la  gracia,  por  el  padre 
Juan  Eusebio  de  Nieremberg. 

Misíoria  da  la  Nueva  España,  por 
Antonio  de  Solía. 

Conquista  de  tas  Molucas,  por  Bar- 
tolomé Leonardo  de  Argensola. 

Sus  obras,  por  don  Francisco  de 
Quevedo. 

Retrato  del  buen  vasallo,  por  don 
Francisco  Pinel  j  Monroy. 

Corona  g  ética,  Smpretas  políticas  j 
República  literaria,  por  don  Diego  de 
Saavedra  Fajardo. 

Obras  del  obispo  don  Juan  Palafox. 

fflocueneia  española,  por  Bartolomé 
Ximénez  Patón. 

Empresas  sacras,  por  el  padre  Fran- 
cisco Núñez  de  Cepeda. 

El  Caballero  perfecto,  SI  Caballero 
mmíual  j  Coronas  del  Parnaso^  por  Al- 
fonso de  Salas  Barbadillo. 

Gobernador  cristiano,  por  el  padre 
maestro  Fraj  Juan  Márquez. 

Origen  de  la  lengua  casiellana,  por  el 
doctor  Bernardo  Aldrete. 

Historia  de  Navarra,  por  el  padre 
José  Moret. 

Adviento  y  Cuaresma,  Maríal,  San- 
toral y  Panegíricos,  por  el  padre  Fraj 
Hortensio  ParaTisino. 

Disertaciones  eclesiásticas  y  Examen 
croHol^u»,  por  el  marqués  de  Mon- 
déjar. 

Traducción  do  Q,%into  Curdo,  por 
Mateo  Ibáúez. 

Epítome  del  Ghtichardino,  por  Otón 
Bdiío  Nato  de  Betissana. 

Vida  de  Cristo,  por  Fraj  Femando 
da  Valverde. 

Obras  del  padre  Fray  Juan  Inte- 
riátt  de  Ayala. 

Obras  del  padre  Bartolomé  Alcázar. 

Retrato  político,  por  el  conde  de  Cer^ 
vellén. 

Vida  del  padre  Francisco  Suáret,  por 
el  padre  Bernardo  Sartolo. 

Política,  de  Jerónimo  del  Castillo 
j  líobadilla. 

Obras  de  Lope  de  Vega. 

Mística  ciudad  de  Dios,  de  la  vene- 
rable madre  María  de  Jesús  de  Agre- 
da. 

Obras  del  padre  Alonso  Rodríguez. 

Convenieneta  de  las  dos  monarquUu, 
por  Fraj  Juan  de  la  Puente. 

Cirugía  universal,  por  Juan  Fra- 
goso. 


Traducciones  del  padre  Basilio  fia- 
ren de  Soto. 

Historia  de  S^ovia,  por  don  Diego 
de  Colmenares. 

Vida  de  Bstebanillo  Gontálet, 

El  Soldado  Pindaro,  de  Gonzálei 
Céspedes. 

Él  Seguro  de  Tordesillas,  de  Pedro 
Mantnano. 

Memoriales,  de  Juan  Chumaoero. 

Obras  de  don  Carlos  Coloma. 

La  Curia  phiUpica,  por  Joan  de  He* 
via  Bolaños. 

Arte  de  Ballestería,  de  Alfonso  Mar> 
tínez  del  Espinar. 

Obras  de  Cristóbal  Soirez  de  Fi- 
gueroa. 

Historia  natural  de  aves  y  amimaks, 
por  Diego  de  Funes. 

Obras  de  Gil  González  Dávila. 

Obras  de  Antonio  de  Herrera. 

De  las  tres  gracias,  por  Alfonso  Pé- 
rez de  Lara. 

Origen  y  dignidad  de  la  casa,  por 
Juan  Matneos. 

Obras  de  don  Juan  Pérez  de  Hon- 
talbán. 

Historia  de  Sevilla,  por  don  Alfon- 
so Morgado. 

Traducción  de  las  memorias  de  los 
monarcas  otomanos,  de  don  Francisco 
de  Olivares  Murillo. 

Catecismo  de  la  doctrina  cristiana, 
por  el  padre  Jerónimo  de  Ripalda. 

Historia  de  Carlos  V,  por  Fray  Pru- 
dencio de  Sandoval. 

Historia  de  Etiopia,  por  el  padre 
Alonso  de  Sandoval. 

Obras  de  don  Francisco  Manuel. 

Obras  de  don  Diego  Ortiz  de  Zú- 
ñiga. 

Lus  de  verdades  eatdlicas,  por  el  pa- 
dre Juan  Martínez  de  la  Parra. 

Continuación  de  la  Historia  pontifi- 
cal,  por  Luis  de  Bavía. 

Epítome  de  la  Historia  de  Carlos  V, 
por  don  José  Martínez  de  la  Puente. 

Historia  do  Aragón,  por  don  Vicen- 
te Lanuza. 

Sus  obras,  de  don  Juan  de  Zava- 
leta. 

Museo  pictórico,  por  don  Antonio 
Palomino  y  Velasco. 

18.  Sialo  Zr/7T.— Eugenio  Ge- 
rardo Lodo. 

Diego  de  Torres  y  Villarroél. 

Ignacio  de  Luz&n. 

Fray  Diego  Gonzilez. 

José  Cadalso. 

Félix  M.  Samaniego. 

Tomás  de  Iriarte. 

Jor^e  Pitillas. 

José  Iglesias  de  la  Casa. 

Juan  Meléndez  Valdés. 

Juan  Pablo  Torner. 

Conde  de  Noroña. 

Manuel  M.  de  Arjona. 

Juan  Bautista  Arriaza. 

Félix  José  Reinoso. 

Tomás  José  González  Carvajal. 

Nicasío  Alvarez  de  Cienfuegos. 

Nicolás  Fernández  de  Moratín. 

Gaspar  Melchor  de  Jovellanos. 

Torres  Laxando. 

Bl  maestro  Feiíéo. 

Don  Gregorio  Uayáni. 

Bl  padw  Isla. 


£1  padre  Marina*  Historia  de  las 

Cortes, 
Campoinanes. 

Floridablanca. 

Manuel  de  Larramendi,  Diccionario 
trilingüe  del  castellano,  vasoueute  y  la- 
tín. 

Miguel  Casirii  Diccionario  de  veces 
arábigas  usadas  en  España. 

Esteban  de  Terreros  y  Pando»  Dic- 
cionario castellano,  que  se  publicó  por 
diligencia  de  Florida  blanca. 

Gregorio  Garcés,  Fundamento  del 
vigor  y  elegancia  de  la  lengua  castellana, 
expuesto  en  el  propio  y  vario  uso  de  sus 
artículos. 

Fray  Francisco  Cañes,  Diccionario 
españot-latino-ará  higo. 

Real  Academia  Española,  Dicdona^ 
rio  de  Autoridades. 

19.  Siglo  XIX.— Poetas  y  autores 
dramáticos.  Dionisio  Solía. 

José  de  Var^s  Ponce. 
Manuel  José  Quintana. 
Juan  Nicasio  Gallego. 
Alberto  Lista. 

Leandro  Fernández  Moratín. 

Francisco  Martínez  de  la  Bosa. 

Duque  de  Frías. 

Javier  de  Burgos. 

Duque  de  Rivas. 

Manuel  Bretón  de  los  Herreros. 

Manuel  de  Cabanyes. 

José  de  Espronceda. 

Francisco  Zea. 

José  Martínez  Monroy. 

Bernardo  López  García. 

Gabriel  García  Tassara. 

Gustavo  A.  Becker. 

Juan  Arólas. 

Julián  Romea. 

Gertrudis  Gómez  de  Avellaneda; 
Gabriel  de  la  Concepción  Alvarez 
(Plácido);  Heredia;  Joan  C.  Zenea, 
cubanos. 

Manuel  Eduardo  de  Gorostiza. 

José  María  Carnerero. 

Juan  Grimaldi. 

Antonio  María  Segovia. 

Eugenio  de  Ochoa. 

Ventura  de  la  Vega. 

Patricio  de  la  Bscosura. 

Juan  Eugenio  Hartzenbuscbu 

Luis  Eguilaz. 

Adelardo  López  de  Ayala. 

Juan  de  Ariza. 

Antonio  Hurtado. 

Miguel  Agustín  Principe 

Luis  de  Ulona. 

Narciso  Serra. 

Joan  Bautista  Arriaza. 

José  Picón. 

Francisco  Sánchez  Barbero. 
Melchor  Pardo. 
Ventura  Kuiz  Aguilera. 
Luis  Rivera. 
A.  Sans  Pérez. 
Eduardo  Asquerino. 
Florentino  Sanz. 

20.  Periodistas. — Bartolomé  José 
Gallardo,  director  de  La  Abeja  Ma- 
drileña. 

Joaquín  Lorenzo  Villanneva,  dipu- 
tado, sacerdote  y  autor  de  notabilísi- 
mos folletos. 

Sebastián  Mífiano,  autor  del  folleto 
Lamentes  políticos  de  unpebreeUe  Ae^o- 

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tán  acostumbrado  á  vivir  á  costa  ajena. 

José  J.  de  ^on,  director  de  La 
Minerva. 

Pedro  María  de  Olive,  director  de 
la  Crónica  científica  y  literaria. 

Juan  A.  Melón,  director  del  Sema- 
nario de  Agricultura  y  Artes. 

(rreg^orio  G-oozález  A.zaoIa,  diputa- 
do ea  Tas  Cortea  de  1820  y  autor  del 
célebre  folleto  Condiciones  y  semblanzas 
de  tos  señores  diputados  á  Cortes  en  la 
legislatura  de  i8¿0-21. 

Javier  de  Bar^,  director  de  Bl 
Jmpareial. 

Félix  ReinoBo,  iUberto  Lista,  Gtó- 
mez  HermosiUa,  redactores  de  Bl  Cen- 
sor. 

Gabriel  J.  García,  Evaristo  San 
Miguel,  José  de  San  Millin,  redacto- 
res de  El  Espectador. 

José  J.  de  Mora,  Tapia,  Aguilera, 
MacrohÓQ,  Peüaloar,  Kamajo,  redac- 
tores de  El  Constitucional  y  Bl  Redac* 
tor  Español, 

Fermín  Caballero,  Angel  Iznardi, 
Joaquín  de  López,  Mateo  Aj^llón, 
redactores  de  El  Eco  del  Comercio, 

Don  Fernando  Corradi,  dírtictorde 
Bl  Clamor  Público. 

Serafín  Calderón,  José  M.  Carnere- 
ro, redactores  de  la  revista  literaria 
Cartas  Españolas. 

Joaquín  María  Pacheco,  Juan  Bra- 
vo Murillo,  Pérez  Fernández,  Peña 
Aguajo,  redactores  de  La  Abeja. 

Antonio  de  los  Kíos  j  Rosas,  Dono- 
so Cortés,  José  García  Villaltii,  Pe- 
dro de  Egaüa,  J.  Zaragoza,  Luis  Gon- 
zález Uravo,  José  Luis  tíartorius,  re- 
dactores de  El  Español,  fundado  por 
don  Andrés  Borrego. 

Aniceto  de  Alvaro,  director  de  Bl 
Castellano. 

Jaime  Balmes,  director  de  El  Pen- 
tamienío  de  la  Nación, 

Ramón  Mesonero  Romanos,  funda- 
dor y  director  del  Semanario  Pintores- 
co Español^  primer  periúfÜco  ilustrado 
de  Bspaña. 

Ülavarría,  director  de  El  Huracán, 

Pedro  de  La  Hoz,  director  j  funda- 
dor de  La  Esperanto, 

Angel  Fernández  de  los  Ríos,  di- 
rector y  fundador  de  Las  Novedades. 

Pedro  Calvo  Asensio,  director  y 
fundador  de  La  Iberia. 

Nicolás  María  Rivero,  fundador  j 
director  de  La  Discusión, 

V.  Alvarez  Miranda. 

Ajguals  de  Izco. 

Juan  M.  Villergas. 

Jacinto  de  Salas  Quiroga. 

José  María  Carrascón. 

Vicente  MúUei. 

Javier  Ramírez. 

Luis  Rivera. 

Julián  Sánchez  Ruano. 

Joan  Gervera. 

Pedro  Pruneda. 

Romualdo  Lafuente. 

Joaquín  Córdoba  y  Lópei* 

Francisco  Salmerón. 

Kamún  Nouvilas. 

José  María  <Jrense. 

K.  Ruiz  Pons. 

Adolfo  Joarizti. 

Oidax  Avecilla. 


Francisco  García  López. 

Saturnino  Calderón  OoUantes. 

Sixto  Cámara. 

Abdón  Torradas. 

Comandante  Villamartín. 

21.  Literatos f  publicistas  y  críticos. 

Don  José  Gómez  de  la  Cortina. 

Nicolás  Ugalde  y  MoUinedo. 

Rafael  Hismara  y  Salamanca. 

José  del  Castillo  Ayensa. 

Manuel  de  Sampelajro. 

Fernández  de  Navarrete. 

José  de  la  Revilla. 

Juan  Bautista  Alonso. 

Romero  Larrañaga. 

Romero  Leal. 

Bermúdez  de  Castro. 

Cayetano  Cortés. 

Agustín  Duran. 

Javier  de  Istúriz. 

Agustín  Olivan. 

El  marqués  de  San  Felices. 

Antonio  Llórente, 

Antonio  Alcalá  Galiano. 

Bartolomé  Gallardo. 

Flórez  Estrada. 

Conde  de  Toreno. 

alvarez  Guerra. 

Diego  de  Clemenofn. 

Lagasca, 

Moreno  Guerra.  ^ 

Juan  Justo  García, 

Toribio  Núüez. 

Doctores  Miguel  Martel;  Martín  Hi- 
nojosa;  José  Mintegui;  Diego  G.Alon- 
so, catedráticos,  separados  por  el  fa- 
nático ministro  Lozano  de  Torres  y 
diputado  en  las  Cortes  de  1820. 

Enrique  Vedia. 

A.  Ferrar  del  Río. 

Pascual  Madoz. 

Modesto  Lafuente. 

Mariano  José  de  Larra  (Fígaro), 

Manuel  de  la  Hevilla. 

Santos  López  Pelegrín. 

Jerónimo  Borao. 

Cayetano  Vidal. 

Fernando  Patxot(Ortix  del*  Vega), 
Antonio  Flores. 
Florencio  Janer. 
Larrañaga  (Gregorio), 
Jiménez  Serrano. 
Fermín  Lasala. 
Pedro  Mata. 
Salustiano  de  Olózaga. 
Pasarón  y  Lastra. 
Augusto  Ülloa. 
Véíez  de  Medrano. 
Domínguez  (el  autor  del  IHuiont^ 
rio), 

Carlos  Rubio. 
El  cardenal  Cuesta. 
Antonio  Aparisi  Guijarro. 
Juan  Antonio  Pellicer. 
Vicente  Joaquín  Bastús. 
Juan  Lombía. 
Antonio  Barroso. 
Manuel  Mílá  j  Fontanali. 
José  A.  Clave. 
Manuel  Cortina. 
Luis  Cutiet. 

Pedro  Güiiic?.  de  la  Serna. 
Fernando  Castro. 
Tomás  Tapia. 
Diego  Muñoz  Torrero. 
Juan  Bscoiquiz. 
Alejandro  Ülivin. 


Juan  Bautista  Erro  j  Azpíroz,  Al- 
fabeto de  la  lengua  primitiva  de  España, 

Mariano  José  bicilia,  Lecciones  ele- 
ment'iles  de  ortografía  y  prosodia. 

Doctor Puigblanch  (Antonio),  OpOs- 
culos  dramático-satíricos. 

Fermín  Caballero,  Nomenclatura 
geográfica  de  España. 

Ramón  Cabrera,  prior  de  Arróniz 
Diccionario  de  etimohyias  de  la  lengua 
castellana. 

Rafael  González  Llanos,  Examen 
paleográfico  histórico  del  códicsy  etíigo 
del  Especulo, 

José  Gómez,  conde  de  U  Cortioat 
general  de  brigada ;  Dicaont^io  de  sÍ- 
nónmos  castellanos. 

Gonzalo  Fernández  de  Oviedo  y 
Valdés,  TUsiloria  ¡¡'  n-  nil  y  natural  de 
las  Indias.  Islas  i/  tierra  firme  del  mar 
Océano. 

José  de  Aizquivel,  Observaciones  á 
los  refranes  vasCMgúdu  de  Garivay  f 
Zamalloa. 

Juan  Antonio  Moguel,  Cartas  y  dv 
sertaciones  sobre  la  lengua  vascongada, 
insertas  en  el  memorial  histérico  español. 

Bonifacio  Sotos  Ochando,  Proyecto 
y  eusojfodewtaku^immhtUg  jUo- 
séfica, 

José  Joaquín  de  Mora,  CoUctíáñ  ie 
sénónimos  de  la  ¡aynM  éastsUam, 

Doctor  Uoniau  (Pedro  Felipe^  i>w- 
eÍMor»  stim^í^iea  de  Ui  Ungua  cMt9~ 
llana, 

Sanz  del  Río,  ropreaentaate  del 

kraiisismo  cu  España. 
El  |)itdi-ü  Homero. 
Aramo, 

!)e  .\lig-ut;l  y  Morante. 

El  marqués  de  PidaL 

Ag-ustíii  Arguelles. 

Joaquín  María  LÓpes. 

Juan  Donoso  OoiWS. 

Antonio  Campmanj. 

Canga  Arguelles. 

Serattn  Bstévanes. 

Vieente  Gareía  de  la  Hnntiu 

Tomás  Antonio  Sánchez. 

Pérez  Bayer. 

Francisco  Cerdá  y  Rico. 

Ramón  de  la  Sagra. 

22.  Obras  ji  colcixioncs. — Dicciona- 
rio de  antlgüeduiics  del  reino  de  Xava- 
rra,  por  don  .losé  Vang-uasy  Miramla 
(1840,  Pamplona,  imprenta  dtí  Javier 
Goyeneche). 

Colección  de  fueros  municipales  y 
cartas  pueblas  de  los  reinos  de  Castilla, 
León,  Corona  de  Aragón  y  Navarra, 
coordinada  y  anotada  por  don  Juan 
Muñoz  y  Romero  (Madrid,  1847i  José 
M.  Alonso,  editor). 

Colección  de  Cortes  de  los  r^es  de 
León  y  CastíUa,  dada  &  los  pj?  la 
Roal  Academit  dv  ln  Hiatori»  (1836, 
tomo  I). 

Colección  de  las  Cortes  de  Burgos,  ce- 
lebradas en  la  era  1405  (año  de  l.'WJ), 
por  Kiiriqut;  11  ("ídem,  tomo  11 ). 

ñIe:ii<iriol  hist'n'i.  o  i'Sjiañol,  Colecci'hi 
de  dni-iihi' ¡¡("S,  ojji'sri'/os  1/  antigüeda- 
des, i[Lie  mildii'a  la  Kcal  AcadcMiiia  dtj 
la  llistunu  li.sril). 

Crónica  de  Fernando  IV,  publicad;i 
por  la  misma  Academia. 

Caták^o  de  la  c&leccüfn  de  Cortes 


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los  antiguot  reinos  de  Btpaña,  por  la 
Ueal  Academia  de  la  Historia. — Com- 
prende  las  de  León  jCastilla.Arag^ón, 
Oataluila,  Valencia  y  Navarra.  Desde 
la  JuutA  de  mag^natea  que  en  862 
proclamó  en  Oviedo  por  rcj  á  Alfon- 
so III,  á  la  edad  de  13  años,  hasta  las 
de  1828  V  29,  convocadas  en  Pamplo- 
na por  el  virrey  de  Navarra,  duque  de 
Castroterreño  (1855). 

Colección  de  fueros  y  ley  es  de  Sspor- 
ña,  por  don  Esteban  Pinel  j  don  Al- 
berto Velasco  (Madrid,  18t)5).  Com- 
prende: PneroJutgo;  Fuero  Viejo  de 
Castilla;  Fuero  Real  de  España;  Leps 
del  Estilo;  Leyes  Nuevas;  Ordenamien- 
to para  los  adelantados;  Ordenamiento 
de  las  tafurerías;  las  Siete  Partidas; 
Espéculo  ó  Espejo  de  los  derechos;  Or- 
denamiento de  Alcalá;  Ordenanzas  Rea- 
les de  Castilla,  del  doctor  Montalvo. 

Diccionario  general  de  AdminisUra- 
ci(Sn,  por  D.  árcelo  Alcubilla. 

23.  Consideraciones.  Siglo  X— En 
sste  siglo  se  sustituyó  la  liturgia  mo- 
zárabe por  la  católica  romana,  des- 
pués de  una  existencia  de  tres  siglos; 
ss  decir,  desde  los  tiempos  de  san 
Leandro  j  de  san  Isidoro. 

24.  Siglo  XI. — ^Antes  del  siglo  xii, 
ya  se  cantaban  en  toda  Castilla  cier- 
tos romances  en  lengua  vulgar,  lo 
:ual  demuestra  que,  aun  antes  del 
poema  del  Cid,. ya  encontramos  en 
uuestra  patria  á  un  pueblo  poeta. 

;  25.  Concilio  de  León. — En  este  mis- 
mo siglo  tuvo  lugar  el  famoso  Conci- 
üo  de  León,  reunido  en  1."  de  Agosto 
de  1020,  que  dió  por  resultado  una 
Constitución  religiosa  (siete  cánones), 
política  y  civil  (40  cánones),  que  es 
el  primer  código,  después  del  Fuero 
luzgo,  cuyos  artículos  se  conservan 
aún.  Aquella  célebre  Constitución  va- 
lió á  Alfonso  V  el  dictado  de:  el  de  los 

.  ionos foros. 

26.  SmIo  XIL— Carias  de  león  y 
de  CasUÍla.  En  este  mismo  siglo  tu- 
vieron lugar  las  Cortes  de  León  y  de 
Castilla  (1135),  cuyas  actas,  que  se 
romancearon  después,  son  uno  de  los 
monumentos  más  importantes  de  la 
antigüedVd. 

27.  El  acta  de  los  fueros  de  Aviles.— ■ 
La  necesidad  en  que  se  hallaban  los 
cristianos,  refugiados  desde  el  si- 
glo viii  en  las  montañas  de  Asturias, 
de  emplear  toda  la  posible  energía  en 
su  defensa  contra  los  moriscos;  unida 
al  estado  de  miseria  á  que  habían  que- 
dado reducidas  aquellas  regiones,  ex- 
plica claramente  la  extrema  lentitud 
con  que  fuá  desarrollándose  la  novela 
espafiola.  A  mediados  del  siglo  xii 
aparecieron  loa  primeros  rudimentos 
de  este  género  de  utbratusa  con  el 
Acta  de  los  fueros  de  Avile's,  i  la  cual 
siguió  luego  el  hmoso  Poema  del  Cid. 
Las  poesías  anónimas  de  esta  época, 
como  la  Vida  del  rey  Apolonio,  la 
Adoración  de  los  Reyes  Magos  y  otras, 
no  ofrecen  nada  de  notable 

28.  Siglo  XIJ  al  XI II. —El  roman- 
ce en  tiempos  del  Rey  Sanio.  Según  Ar- 

frote  de  Molina,  hay  memoria  de  Nico- 
ás  do  los  Romances,  poeta  del  Santo 
Rey,  aaí  como  Domingo,  Abad  de  los 


Romances,  autor  de  una  preciosa  Se- 
rranica,  que  comienza: 

En  aomo  del  Fnerto 
Ouídéme  ler  maerto 
D«  nieve  i  de  frío. 

Luego  añade  que  halló  á  la  serra- 
na, la  cual  era  hermosa  y  de  muy 
buen  color: 

De  una  oorrida 
VmUé  I&  sarran», 
Fermog»,  lozana 
B  ben  oolorida. 

Los  dos  poetas  mencionados  deben 
ser  los  dos  romanceros  que  acompa- 
ñaron al  Rey  Santo  á  la  conquista  de 
Sevilla,  de  donde  les  hubo  de  venir  el 
mote  de  Nicolás  y  Domingo  Abad  de 
los  Romances,  Diego  Ortiz  de  Zúuiga 
refiere  que  dichos  poetas  se  avecinda- 
ron en  la  mencionada  ciudad,  según 
aparece  en  escrituras  del  archivo  de 
aquella  ilustre  iglesia.  (Anales  de  Se- 
villa, edición  de  Madrid  de  1795,  pá- 
gina 186.) 

29.  Siglo  XIII.— Las  Cáníigas  del 
Rey  Sabio;  el  molde  del  antiguo  roman- 
ce. La  corte  de  los  príncipes  y  el  cas- 
tillo de  los  señores  se  bolseaban  por 
aquella  época  con  la  visita  de  los  can- 
tores populares,  denominados  trova- 
dores, verdaderos  rapsodas  del  Occi- 
dente. El  Rey  Sabio  pagó  feliz  tribu- 
to á  la  moda  de  entonces,  y  de  aquí 
vienen  sus  Cintigas  escritas  en  galle- 
go. Las  Cáníigas  de  Don  Alfonso  tie- 
nen para  nosotros  la  doble  signi- 
ficación de  haber  dado  á  la  métrica 
castellana  un  género  desconocido, 
invención  propia  de  nuestro  arte,  ca- 
rácter exclusivo  de  la  litühatuua. 
española,  plegaria  inocente  de  la  pri- 
mera fe,  gozos  de  los  gozos  de  nues- 
tros mayores,  los  cantares  de  Navi- 
dad, el  poema  humilde  de  la  Virgen 
María;  el  villancico.  Este  nombre  es 
un  diminutivo  de  villano,  porque  fué 
al  principio  la  poesía  de  las  villas  y 
de  las  aldeas,  la  cantiga  de  los  luga- 
reños, el  júbilo  cristiano  de  las  pas- 
cuas, como  sí  dijésemos  la  alegría 
religiosa  del  campo,  la  más  dulce  y 
hermosa  de  las  alegrías.  Y  el  villanci- 
co es  doblemente  interesante  para  nos- 
otros, porque  eu  él  hallamos  el  mode- 
lo de  la  poesía  verdaderamente  nacio- 
nal; esto  es,  la  estructura  del  antiguo 
romance,  con  todo  su  sabor,  con  todo 
su  gracejo,  con  toda  su  apostura,  con 
toda  su  difícil  facilidad.  Pongamos 
seis  versos  del  romance  antiguo  al 
lado  de  seis  versos  de  un  villancico 
que  hallamos  en  las  obras  de  Don  Al- 
fonso, y  la  crítica  más  severa  no  po- 
drá señalarnos  una  diferencia  subs- 
tancial. 

BOMAXOI 

Nnflo  "Vero,  Ñafio  Vero, 
Boen  caballero  probado, 
Hinqnedea  Ik  lanza  en  tierra 
Y  ftrrendedtis  el  cnballo: 
Pregantaroa  bé  por  nuevas 
De  Baldovinos  el  franco. 

TILtAHCICO 

B  da  tal  raxún  eom  esta 
Vos  dírei  oom  hnna  vea 
A  Virgen  SuntK  Unría 
Un  muy  gran  miragre  fes 
Por  lo  bon  rey  Dom  femando, 
Qne  toi  oomprido  de  prez. 


Pongamos  asonantes  en  lugar  de 
los  consonantes  del  villancico,  y  será 
un  romance  perfecto.  Los  poetas  biso- 
ños  suelen  empezar  sus  ejercicios  es- 
cribiendo romances,  porque  creen  sin 
duda  que  es  el  metro  más  llano:  y  á 
fe  que  se  engañan  grandemente.  Nada 
más  fácil  que  agradar  con  la  armonía 
cadenciosa  de  la  redondilla;  nada  más 
difícil  que  agradar,  creando  la  emo- 
ción de  la  belleza  con  la  rinu  escueta 
del  romanee.  Asimismo  podríamos 
decir:  nada  más  fácil  que  agradar  en 
música  con  el  embeleso  de  la  melodia; 
nada  más  difícil  que  producir  aquel 
embeleso  con  la  nota  desnuda  del  re- 
citado. La  redondilla  es  la  métrica 
de  los  bisoños;  el  romance  es  la  em- 
presa y  la  venganza  de  los  maestros. 
Hemos  querido  demostrar,  primero, 
que  las  Cáníigas  de  Don  Alfonso  no 
son  otra  cosa  que  villancicos;  segun- 
do, que  el  villancico  es  de  los  géne- 
ros más  antiguos  de  la  poesía  nacio- 
nal, puesto  que  se  halla  en  el  si- 
glo xiii,  casi  en  la  cuna  de  la  lengua; 
tercero,  que  el  romance  pudo  darnos 
la  idea  del  villancico,  como  el  villan- 
cico pudo  darnos  la  idea  del  romance, 
en  atención  á  que  su  métrica  se  con- 
funde en  la  historia  de  las  letras  pa- 
trias. 

30.  El  poema  de  San  Millán;  Las 
Siete  Partidas;  la  Historia  de  Lucas 
de  Tuy;  Crónica  del  Cid.  Hay  que  re- 
montarse á  este  mismo  siglo  para  ha- 
llar un  poema,  como  el  de  Alejandro, 
ó  un  poeta  conocido,  como  Gonzalo 
de  Berceo.  Su  primer  poema:  la  Vida 
de  San  Millán,  dedicado  al  patrón  de 
su  convento,  aparece  escrito,  como 
todos  los  del  mismo  autor,  en  estan- 
cias ó  estrofas  de  cuatro  versos  de  14 
sílabas,  llamados  alejandrinos.  En  el 
siglo  XIII  prevaleció  la  prosa  sobre  la 
poesía.  La  colección  de  leyes  de  Don 
Alfonso  el  Sabio,  denominadas  L*s 
Siete  Partidas,  nombre  que  tomó  de 
las  siete  divisiones  de  la  obra,  es  una 

fireciosisima  compilación  formada  de 
os  decretales  del  Código  justíniano  y 
de  las  leyes  de  los  visigodos.  En  ella 
se  encuentra  un  sistema  de  legisla- 
ción, de  costumbres,  de  policía  ecle- 
siástica y  civil,  envuelta  toda  esta 
creación  en  un  franco  espíritu  filosó- 
fico, logrando  ser  (muy  pocos  libros 
han  logrado  serlo)  un  resumen  per- 
fecto de  la  discreción  literaria,  moral 
y  política  del  siglo  xiii,  el  cual  pene- 
tró, como  instigación  germinadora, 
en  las  increíbles  elaboraciones  del  si- 
glo XTi.  Allí  se  tocan  con  raro  tino  y 
gran  profundidad  de  miras  los  debe- 
res recíprocos  entre  el  soberano  y  los 
subditos,  dejando  aparta  un  habla 
castiza,  vigorosa,  enérgica,  en  donde 
respiran  uu  corazón  magnánimo,  un 
espíritu  generoso,  una  sabiduría  vir- 
gen, que  recrean  al  mismo  tiempo  el 
paladar  y  el  alma,  si  bien  ateniéndo- 
se al  espíritu  de  aquella  época,  por- 
que debe  advertirse  que  el  siglo  xin 
es  el  emporio  del  feudalismo  nacio- 
nal. Eu  el  mismo  sigj-lo  del  lícy  Sabio, 
España  tenía  historiadores,  legistas, 
canonistas,  comentadores  de  las  Sa- 


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LITE 

gradas  Escrituras  y  apologistas  de  la 
relig'ión.  La  Historia  ae  Lucas  de  Tug, 
li  Crónica  general  del  Cid  y  otras,  co- 
rresponden á  esta  misma  época. 

31.  X/r.— Paro  el  dichoso 
impulso  que  la  lengua  y  la  literatu- 
ra españolas  habían  recibido  de  aquel 
sabio  monarca»  duró  poco,  puesto  que, 
á  partir  dal  reinado  de  Don  Pedro  el 
(knel,  te  observa  un  moTimiento  de 
retroceso.  Los  versos  de  Ajala  son 
maj  inferiores  i  los  de  Berceo»  Lo- 
renio  de  S^ura  j  Juan  Buiz,  j  la 

{irosa  de  la  Crdni&t  no  nos  atrae  oon 
os  encantos  del  estilo  da  la  Gnftaea 
feneraL  SI  Mimado  de  Palacio,  de 
A^ala,  es  una  especie  de  poema  di- 
dáctico, en  el  que  se  trata  da  los  de- 
beres del  príncipe  y  de  los  grandes 
en  el  gobierno  de  la  república,  plaga- 
do de  sátiras  sobre  las  diversas  clases 
de  la  sociedad  y  de  reflexiones  mora- 
les y  teológicas.  Pero  el  siglo  de  don 
Pedro  de  Ajala  tiene  varios  nombres 
que  la  utbbatuba  española  no  puede 
olvidar.  Don  Juan  Manuel,  el  rabí 
don  Santos  de  Carrión  y  don  Juan 
Raíz,  Arcipreste  de  Hita,  feeando  en 
el  concepto,  sonoro  en  la  frase,  natu- 
ral y  rico  en  U  ffracia,  grave  en  la 
sentencia,  gallardísimo  en  la  descrip- 
ción, coja  masa  sapo  Henar  el  si- 
glo ziv  y  el  romance  antiguo. 

No  haj  nada  mis  castizo»  más  do- 
nairoso, más  bien  tallado  qae  aquella 
copla  del  Arcipreste: 

Laego  «a  si  e»ml«nio  fis  aquestos  oantarei; 
LlflTógalotla  vi«ja  oon  otros  adamares: 
8«fiora,  dis,  oompradmo  aqaestoa  almajares; 
La  DaeAa  dizo:  plaame,  deaqa«  me  loa  moa- 

trarei. 

Ni  baj  nada  más  sonoro,  más  le- 
vantado, más  lleno  de  altivez  caste- 
llana ^  de  alarde  poético,  que  aquel 
magnifico: 

Kshals  da  GaatUl»  oon  pMtor«a  de  Soria, 
Beolbealo  en  aiu  pnebloi,  dlsen  del  graud 

estoria. 

Taniando  1m  eampuat  «n  dlaiaudo  1*  glo- 
ria: 

Da  talea  alegriu  nonh»  al  mondo  mamoria. 

Este  gran  poeta  es  un  verdadero 

dechado  de  lo  que  pudiéramos  deno- 
minar: Mhle  franqueta  en  el  decir, 

32.  Si  Becerro.  £u  este  siglo  se 
formó,  de  orden  del  rej  Don  Alon- 
so XI  ^  de  su  hijo  Don  Pedro,  el  fa- 
moso libro  en  que  se  escribieron  Las 
Behetrías  de  las  meritt.lades  de  Castilla^ 
códice  precioso  para  la  historia  ge- 
nealógica de  la  nobleza  de  España. 
Este  manuscrito  del  siglo  xiv  es  lo 
que  se  llama  el  libro  de  El  Becerro^ 
cuitodiado  primeramente  en  la  Real 
Chaneílletía  de  Valladolid,  j  que  hoj 

Sernuneee  en  el  archivo  de  Simancas, 
ebieado  ser  considerado  como  uno 
de  los  monumentos  más  ricos  de  las 
an^aas  letras. 

33.  Bi  Mismo.  Hacia  fines  del  sí- 
ílo  XXV  aparece  un  sistema  singular, 
creación  de  un  genio  que  tiene  algo 
de  la  impetuosidad  del  torrente,  de  la 
niy'estad  de  la  sombra  y  de  la  poesía 
del  martirio.  En  aquel  sistema  hálla- 
se una  mixtura  de  teología,  de  esco- 
lástica y  de  un  espíritu  confuso,  que 
casi  pudiera  llamarse  astrología  judi- 
ciaria  ó  magia  negra.  Uaj  momentos 


LITE 

en  que  parece  ser  la  cábela  6  la  al- 
quimia, aplicada  á  la  crítica  fílosó- 
nca.  Dicho  sistema  se  llamó  el  lulis- 
mo,  aludiendo  i  su  antor  Raimundo 
Lulio. 

^  34.  Sialú  XV. — Prosistas.  Los  pro- 
sistas del  siff'lo  XV  no  eran  tan  nume- 
rosos como  los  poetas;  pero  superio- 
res en  doctrina,  hablando  en  térmi- 
nos generales.  Fernando  Gómez  de 
Cibdad-Real,  médico  de  cámara  de 
Don  Juan  II,  escribió  una  colección 
de  Bpístolas  de  una  grande  importan- 
cia histórica,  en  un  estilo  natural,  in- 
cisivo j  lleno  de  agudeza:  Fernán  Pé- 
rez de  Gttzmán,  poco  aventajado  como 
poeta,  se  mostró  inspirado  en  sus 
Blogios  de  los  hombres  ilustres  de  Espa- 
ña, preludio  de  su  mejor  obra:  Lina- 
jes y  retratos,  la  cual  contiene  34  bio- 
grafías de  los  j>rincipales  personajes 
de  su  tiempo,  a  imitación  de  los  Varo- 
nes ilustres  de  Plutarco.  Aquellas  sem- 
blanzas están  escritas  con  arte  seve- 
ro, nervioso,  conciso,  al  par  que  sem- 
bradas de  reflexiones  oportunas  y  ori- 
ginales. A  esta  misma  época  pertene- 
ce un  personaje,  cuyo  nombre  mara- 
villara seguramente  á  nuestros  ilus- 
trados lectores:  el  de  Fray  Francisco 
Jiménez  de  Gisneros,  Este  hombre, 
encarnación  viva  y  universal  de  la 
grande  alma  de  Isabel  la  Católica;  este 
hombre,  en  cajo  espíritu  se  engasta 
el  genio  poderoso  de  aquella  reina, 

fior^ue  toda  perla  busca  su  engaste, 
ego  á  España  el  gran  monumento 
filológico  de  su  siglo;  la  Biblia  polí- 
Iota  de  Alcalá,  áenomin&áa.  por  esta 
razón  la  Complutense,  riquísima  joja 
de  la  LiTQRATUBA  de  acjuellos  tiempjs, 
pja  riquísima  también  de  la  ciudad 
ilustre  que  le  dió  su  nombre,  en  don- 
de toda  Europa  tuvo  que  admirar  un 
dechado  de  copiosa  sabiduría,  de  ri- 
(^ueza  bien  empleada,  de  discreto  ar- 
tificie, mejor  ejecutado.  Aquel  fraile 
tan  parco,  tan  eoonÓmico,  que  hasta 
parecía  mezquino  j  luin  en  ciertas 
ocasiones,  consagra  á  dicho  mona- 
mente ana  suma  enormísima  de  su 
propio  peculio.  Si  no  lo  hubiera  aho- 
rraao  antes,  no  hubiera  podido  gastar- 
lo después,  de  donde  resulta  probado 
que  no  es  malo  ahorrar,  para  alegrar 
al  mundo  con  los  felices  logros  de  la 
ciencia  j  de  la  virtud.  He  aquí  el  es- 
pectáculo que  presenta  España  á  la 
muerte  de  Isabel  de  Castilla.  La  uni- 
dad de  las  lejes  del  Rej  Sabio  nos  da 
la  monarquía  del  derecho;  la  unión 
de  aragoneses  j  castellanos  con  la  ex- 
pulsión de  los  moriscos,  nos  da  la  mo- 
narquía del  territorio;  la  Biblia  poli- 
glota del  cardenal  Cisneros  nos  da  la 
monarquía  de  la  fe.  [Cuántos  j  cuán- 
tos siglos  no  representan  esos  tres 
días  del  siglo  xvl  iMagnifico  sol  el 
que  nos  alumbraba  en  aquellos  días! 
¡Venturosos  los  que  lo  hicieron!  ¡Ven- 
turosos también  los  que  lo  refieren  á 
In  grande  historia  de  su  patria! 

35.  Tendencias.  —  En  los  últimos 
años  del  siglo  xv,  las  letras  españo- 
las toman  un  nuevo  sesgo  que  debe 
llamar  la  atención  del  crítico,  puesto 
que  ejerció  una  grande  influencia  en 


LITE 


441 


el  desarrollo,  en  el  carácter  j  en  el 

método  de  la  erudición  nacional.  El 
honor  de  la  iniciativa  corresponde  al 
modesto  Alfonso  de  Falencia,  cujo 
autor  publicó  en  Sevilla  un  Dicciona- 
rio, dedicado  á  Isabel  la  Católica, 
en  1490,  dos  años  antes  del  de  Lebri- 
ja,  impreso  por  primera  vez  en  Sa- 
lamanca. No  es  posible  leer  sin  dele- 
trear, j  los  vocabularios  menciona- 
dos tienen  el  mérito  singularísimo  de 
que  representaron  los  deletreos  de 
nuestra  lenfi:ua.  El  hombre  que  hoj 
habla,  es  ef  niño  que  balbuceó  ajer, 
j  los  balbuceos  de  ajer  son  tan  pre- 
ciosos como  el  habla  de  hoj.  Poi  esto 
sucede  que  el  pueblo  español,  sin- 
tiendo palpitar  su  vida  en  las  entra- 
ñas de  aquellos  siglos,  pronunciará 
siempre  con  veneración  j  con  cariño 
los  nombres  de  Alfonso  de  Palencia  j 
de  Antonio  Cala.  A  los  vocabularios 
referidos  siguieron  los  trabajos  del 
padre  Guadix,  Tamarid,  Diego  de 
Urrea,  j  sobre  todo,  el  Vocabulista 
arábigo  en  letra  castellana  del  padre 
Pedro  de  Alcalá,  publicado  en  Grana- 
da trece  años  después  del  de  Lebrija. 
El  Vocabulista  del  padre  Pedro,  libro 
único  en  la  LiTsaaTUBA.  universal,  en- 
vidia de  los  eruditos  de  las  naciones 
sabias,  es  un  inventario  fidelísimo  del 
antiguo  romance  en  sus  cruzamien- 
tos j  amalgamas  con  el  arábigo.  Su- 
plicamos al  digno  director  de  la  Bi- 
blioteca nacional  que  se  procure  á 
toda  costa  un  ejemplar  del  Vocabulis- 
ta arábigo  en  lengua  castellana,  porque 
es  realmente  ineiplicable  que  aquel 
libro  monumental  de  la  utbra,tuba. 
española  esté  desterrado  de  la  biblio- 
teca de  la  nación;  es  decir,  de  su  bi- 
blioteca. No  cabe  en  lo  posible  leer 
una  hoja  de  los  antiguos  códices,  sin 
darse  de  cara  con  el  Vocabulista  de 
Pedro  de  Alcalá,  tela  de  araña  que 
parece  urdir  la  industria  de  un  hom- 
bre por  dentro  j  por  fuera  del  habla 
antigua.  Nuestros  ilustrados  lectores 
no  extrañarán  que  así  volvamos  por 
un  libro  de  nuestra  casa,  cuando  tan 
endeudados  estamos  con  él.  En  efec- 
to, las  citas  que  debe  este  Diccionario 
al  Vocabulista  de  Fraj  Pedro,  no  ba- 
jan de  mil.  A  esta  misma  serie  co- 
rresponde la  obra  del  sabio  Francisco 
del  Rosal,  origen  y  etimología  de  todos 
los  vocablos  originales  de  la  lengua 
castellana,  cujo  manuscrito  se  en- 
contró entre  los  papeles  del  ex  vicario 
general  de  agustinos  recoletos,  el 
padre  Friij  Francisco  de  Nuestra  Se- 
ñora de  Guadalufie,  que  murió  en  su 
convento  de  Madrid  en  21  de  Abril 
de  1756.  Los  trabajos  de  que  hici- 
mos mérito  anteriormente,  prepararon 
el  Tesoro  de  Covarrubias,  publicado 
á  principios  del  siglo  xvix,  1611,  dos 
años  después  del  Tesoro  del  padre  Je- 
rónimo Víctor,  que  vió  la  luz  en  Ge- 
nova; j  luego  en  Colonia,  veintisiete 
años  después,  ó  sea  en  1C37.  El  Teso~ 
ro  de  Covarrubias,  más  que  un  libro 
de  escuela,  más  que  un  análisis  de  la 
crítica,  tuvo  que  ser  un  libro  de  mera 
exploración,  puesto  que  no  pudo  ha- 
cer otra  cosa  que  desenmarañar  el  ha- 


TOMO  m 


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442 


LITE 


bla  castellana,  profundamente  adul- 
terada por  el  bajo  latín,  que  era  on 
latín  eéitieo  j  germánico,  no  menos 
que  por  la  implantación  de  la  lengua 
árabe,  que  se  sobrepuso  á  la  lengua 
de  origen,  como  los  terrenos  de  alu- 
vión se  sobreponen  k  ios  de  forma- 
ción primitiva.  Realmente,  al  idioma 
nacional,  hijo  del  griego  j  del  latín, 
estaba  cubierto  por  tres  grandes  ca- 
pas no  definidas;  el  godo,  el  céltico, 
j  el  ¿rabe.  AI  separar  esas  tres  capas 
8obref>uestas  por  la  conquista  del  te- 
rritono;  al  arrancar  aquellos  tres  pos- 
tizos del  fondo  de  la  lengua  madre, 
Govarrubias  tuvo  que  divagar  j  diva- 
gó; tuvo  que  engañarse  en  muchos 
casos  T  se  engañó  también;  pero  di- 
vagando j  engañándose,  su  Tesoro  es 
el  primer  libro  de  la  filología  españo- 
la del  siglo  XVII.  Acerca  de  esta  obra 
dice  Quevedo,  el  más  sabio  censor  de 
aquellas  edades:  cTambién  se  ha  he- 
cho Tmoto  d*  la  Utufva  española;  don- 
de el  papel  es  más  (^ue  la  razón,  obra 

frandia  y  de  erudición  desaliñada, 
.nnqae  no  puede  negarse  que  Gova- 
rrubias, siendo  un  hombre  solo,  hizo 
mucho.»  Nosotros  opinamos  que  hizo 
mucho  más  de  lo  que  ciejó  nuestro 
inmortal  Quevedo.  El  Tesoro  de  Go- 
varrubias, influjeado  en  el  espíritu 
nacional  durante  el  transcurso  de  un 
siglo,  preparó  el  gran  Diccionario  de 
la  lengua,  que  es  la  obra  maestra  del 
siglo  xviu,  timbre  eterno  de  los  fun- 
dadores de  la  Jieal  A  cadetnia  Española. 
Bt  primer  tomo  vió  la  luz  púMica  en 
1726,  comprendiendo  las  letras  Á  y 
S,  en 724páginas  en  folio,  á  dos  co- 
lumnas. Éí  segundo  se  publicó  en 
1129t  comprendiendo  la  (7,  en  714 
páginas.  Éí  tercero  se  dió  á  la  es- 
tampé en  1732,  en  816  pá^iaas. 
Comprendiendo  la  D,  la  ffyla  F. 
El  cuarto,  en  1734,  comprendiendo 
desde  la  Q  hasta  la  iV,  en  696  pági- 
nas. El  quinto,  en  1737,  compren- 
diendo desde  la  O  hasta  la  E,  en 
656.  £1  sexto  j  último  apareció  en 
1739,  en  758  páginas,  comprendiendo 
desde  la  8  hasta  la  Z.  £1  gran  Diccio- 
Horio  define  13,565  voces  en  3.5S4  pá- 

finas,  publicadas  durante  el  período 
e  trece  años,  según  se  infiere  de  lo 
expuesto.  Los  egregios  varonas  del 
Dtceionario  de  17z6,  conociendo  á  fon- 
do cuanto  Europa  había  hecho  en  esta 
importantísima  materia,  siguió  la  tra- 
za del  Diccionario  do  la  Crusca,  des- 
quitándose tan  liberal  j  largamente 
de  su  costoso  empeño,  que  dejó  muy 
atrás  el  modelo  de  Italia.  El  méri- 
to del  primer  Diccionario  oficial  no 
consiste  precisamente  en  haber  des- 
lindado 13.365  voces;  ni  en  haber 
demostrado  cierto  número  de  etimo- 
logías; ni  en  haber  asentado  princi- 
pios discretos  en  lo  referente  á  la 
ortografía  de  nuestro  romance,  sino 
en  el  hecho  general  de  haber  com- 
puesto uú  libro  de  lo  c^ue  hasta  en- 
tonces no  había  sido  mas  que  un  en- 
sayo. Al  efecto,  tuvo  que  estudiar 
el  Diccionario  lalino-esmñol  if  español- 
latino  de  Lebrija;  el  vocabulista  ará- 
bigo m  Itíra  cattelitm  del  padre  Alca- 


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lá,  los  trabajos  deTamarid,  del  padre 
Guadix,  de  Diego  de  Urrea,  del  doc- 
tor Aldrete,  el  JVforo  de  Govarrubias, 
el  Diccionario  marítimo  de  Sevilla,  el 
Diccionario  de  germania  de  Juan  Hi- 
dalgo, Us  actas  de  Gortes,  leyes,  fue- 
ros, cartas  pueblas,  la  recopilación  da 
Indias,  las  pragmáticas  de  Tassas  j 
el  inmenso  caudal  de  textos  de  todos 
nuestros  clásicos,  con  que  aclara  y 
fija  el  significado  de  las  voces,  por 
cuya  razón  lleva  el  nombre  de  Diccio- 
nario de  Autoridades.  Maravilla  ver- 
daderamente la  universalidad  con  que 
recibe  las  avenidas  de  la  antigua  len- 
gua, la  docta  crítica  con  que  se  ense- 
ñorea de  la  historia  de  los  vocablos, 
la  facilidad  con  que  expone  y  aplica 
el  vario  sentido  de  los  refranes,  ada- 
gios y  proverbios,  diligencia  pasmosa 
que  bastaría  para  inmortalizar  aque- 
llas ricas  páginas.  Pero  hay  otro  he- 
cho que  da  más  realce  al  Diccionario 
de  1726:  es  la  exactitud,  la  religiosi- 
dad, el  ahinco,  el  amor  promndo, 
con  que  interpreta  los  pensamientos 
de  nuestros  mayores,  aquellas  pala- 
bras liberales,  aquellos  giros  francos, 
aquellas  expresiones  castizas,  aque- 
llos arranques  generosos,  aquella  efi- 
cacia de  concepto  y  de  locución, 
donde  se  juntan  en  consorcio  amigo 
la  verdad  de  la  ciencia  y  el  recreo  del 
arte.  ¡Ay!  ¡Cuánto  va  perdiendo  en 
este  punto  el  primoroso  y  gallardo 
romance  de  los  antiguos!  ¡Gúántas  y 
cuán  preciosas  perlas,  apagado  el  bri- 
llo, roto  el  engaste,  se  han  despren- 
dido del  antiguo  joyel!  £1  uso,  diga 
lo  que  quiera  su  fuero  inapólable, 
torció  el  sendero  coando  dió  al  olvido 
aquellas  expresiones  con  que  nues- 
tros antepasados  asombraron  al  mun- 
do; expresiones  altivas,  valerosas, 
osadas,  porque  no  hay  genio  que  no 
sea  osado;  y  ¡bendita  sea  la  audacia 
del  genio!  Gausan  desconsuelo  pro- 
fundo la  indiferencia  y  el  abandono 
con  que  hemos  ido  matando  el  espí- 
ritu de  la  antigua  lengua.  Por  ejem- 

fdo;  la  palabra  hacienda  significa  hoy 
a  tierra  de  labor,  el  cúmulo  de  bie- 
nes que  poseemos,  las  dependencias  y 
faenas  de  la  casa.  Amén  de  estas  tres 
acepciones,  las  fasendas  de  los  anti- 
guos significaban  asuntos,  negocios, 
hazañas,  menesteres,  empresas,  cui- 
dados, deseos,  amores,  hasta  lágri- 
mas, hasta  suspiros,  porque  los  sus- 

f tiros  eran  entonces,  y  lo  son  todavía, 
o  serán  siempre,  \is  fatendat  del  co- 
razón. Oigamos  y  admiremos  la  re- 
dondilla que  Alfonso  Alvarez  de  Illes- 
cas  pone  en  boca  de  la  reina  de  Na- 
varra en  sus  desposorios  con  Don  Car- 
los. La  reina  dice:  entienda  todo  el 
mundo  que  yo  no  puedo  estar  alegre, 
leJa,  hasta  que  consiga  tenga  más  no- 
ticias del  asunto  en  cuestión;  y  el 
asunto  en  cuestión  es  la  fasenda. 

Todo  ol  mundo  ben  entend» 
Qae  non  pnaso  leda  Mr, 
Futa  qae  poaaa  entender 
Uaya  novutt  de  esta  faaenda, 

( Cantiga  gue  jiso  A  Ifonso  A  Ivaret  de 
Villa  üandino,  cuando  desposaron  ta 


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ñeyna  de  Navarra  con  Don  Carlos,  por- 
gue sseyba.) 

h%  fasenda,  á  que  alude  la  reina,  es 
la  ida  y  la  vuelta  de  Don  Carlos,  su 
cuidado  amoroso,  la  cuita  de  sus  pe- 
nas, de  sus  deseos,  de  sus  inquietu- 
des; en  fin,  es  aquella  esquiva  nugi- 
nama  y  aquella  e^erwua  delegíota  con 

3ue  esperaba  ver  su  vuelta,  y  para 
ecirlo  de  una  vez,  era  la  fasenda  de 
sus  amores.  Inútil  sería  que  el  actual 
romance  intentara  expresar  el  senti- 
miento de  aquella  reina  con  la  misma 
eficacia,  con  el  mismo  ^unto,  con  el 
mismo  gracejo.  ¿Por  que?  Porque  cada 
palabra  tiene  su  espíritu  y  hemos  de- 
jado perder  el  espíritu  de  aquella  pa- 
labra. ¡Sil  Hemos  perdido  aquellas 
fasendas  del  alma,  aquellas  hermosas 
fasendas  del  corazón,  las  más  grandes 
haciendas  de  la  vida.  Siempre  que 
leemos: 

Todo  el  mundo  ben  entenda 
Qne  non  poiso  leda  ter, 
Fasta  qne  poHa  saber 
Uays  noval  de  eata  fatettOa, 

nos  parece  sentir  los  primeros  j^ozos 
de  la  imaginación,  del  entendimiento 
y  de  la  esperanza;  la  fe  pura  y  vi^n 
de  las  primeras  dichas;  y  tanto  val- 
dría decir:  el  amor  puro  y  virgen  de 
la  primera  fe. 

Entre  las  muchas  locuciones  aban- 
donadas en  mala  hora,  recordamos 
aquella  magnífica  frase:  «hacer  cau- 
dal, no  hacer  caudal»  para  significar 
la  idea  de  dar  ó  no  dar  atención,  de 
atribuir  ó  no  atribuir  importancia  á 
uú  h«cho,  como  cuando  decían:  «no 
hice  caudal  de  lo  que  se  me  dijo;  po 
hice  caudal  de  sus  consejos;»  es  decir, 
no  hice  de  ellos  asunto  eapitalf  no  los 
tuve  en  cuenta,  los  desdeñé.  El  ro- 
mance moderno  no  tiene  nada  qae  se 
parezca  á  esa  noble  y  sabia  locución 
del  antiguo  romance,  jova  que  basta- 
ría para  engalanar  una  lengua.  Nos- 
otros sentiríamos  remordimiento,  si 
no  lo  dijéramos  con  el  conveniente 
decoro;  y  si  es  menester,  con  el  res- 
peto necesario.  Nos  parece  que  se  ha 
equivocado  el  procedimiento  que  de- 
bió seguirse  en  la  interpretación  y 
práctica  de  nuestro  idioma,  que  no 
anda  más  quien  anda  mucho;  sino  el 
que  anda  por  donde  debe  andar;  sobro 
todo,  cuando  sabe  por  donde  anda. 
Así  como  nos  empeñamos  en  dejar  á 
larga  distancia  el  Diccionario  de  Auto- 
ridades, el  movimiento  de  la  erudición 
española  debiera  consistir  en  dirígit' 
se  á  él,  para  desentrañarlo,  para  com- 
prenderlo, para  sentirlo,  única  mane- 
ra de  posesionarnos  de  nuestro  pensa- 
miento, porque  el  pensamiento  des- 
fallece cuando  desfallece  el  lenguaje. 
El  que  busque  el  alma  de  un  pueblo, 
que  busque  la  historia  de  su  lengua- 
No  hay  tarea  alguna,  no  hay  ningún 
sacrificio,  que  un  pueblo  culto  no  deba 
hacer,  para  resucitar  las  tradicioaes 
que  son  la  imagen  de  la  vida  de  todos, 
el  retrato  perenne  del  genio  nat'íonal. 
¿Quién  llevará  á  mal  que  nosotros  vol- 
vamos por  el  reinado  de  nuestro  ge- 
nio? ¿Ni  quién  podrá  decir  que  esto 
es  renegar  de  cuanto  se  ha  heeho  d«s- 


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LITE  443 


de  aquélla  fecha  hasta  el  presente? 
Amamos  tanto  la  gloriosa  leng'ua  de 
nuestros  madores,  paseada  en  &iunfo 
pOT  toda  la  tierra  civilizada,  que  pode- 
mos sei  hasta  fanitieos;pero  no  somos, 
no  seremos  nunca  descreídos.  No  acep- 
tamos lo  que  se  ha  destruido  desde 
1726;  pero  agradecemos  ciertas  tareas 
muy  apreciables,  que  se  han  llevado  á 
cabo  desde  aquella  fecha,  amén  de  que 
creemos  que  la  gloria  de  los  indivi- 
duos de  la  Academia  no  cabe  en  los 
limites  de  la  crítica;  aun  siendo  una 
crítica  muy  docta.  Imaginamos  que 
su  fama  es  tan  española  y  tan  univer- 
sal, que  se  entreteje  y  se  corresponde 
con  nosotros  por  la  continua  genera- 
ción de  clarísimos  académicos.  Y  aun- 
que se  dijera  que  nuestros  días  son  el 
ocaso  de  aqueforiente,  siempre  resul- 
teria  que  hasta  el  ocaso  es  esplendo- 
roso cuando  el  oriente  brilla  tanto. 
Ni  bastaría  ¿  entoldar  el  limpio  cielo 
de  aquel  horizonte  el  crespón  de  una 
nube,  pues  hasta  la  sombra  tiene  su 
encanto  cuando  nos  recuerda  el  he- 
chizo de  tanta  luz.  Por  ¿ttimo,  cuan- 
do haya  piedras  en  nuestro  país  para 
los  hombrea  que  han  ilustrado  &  Bs- 

Saña,  los  fundadores  de  la  Real  Aca- 
emia  Española  tendrán  una  piedra. 
Ka  su  frontis  se  leerá:  Dicciühabio  db 
Autoridades. 

36.  ¿iigio  XV.—Poettu.  Dedique- 
mos ahora  algunas  palabras  &  un  fa- 
moso misterio  de  la  utseutura  espa- 
ñola. Nos  referimos  á  las  coplas  de 
Mingo  Seoulgo,  escritas  en  14&4,  no 
eQ  1472,  como  quieren  algunos  auto- 
res. Entre  Juan  de  Mena,  Rodrigo 
Cota  y  Hernando  del  Pulgar,  el  padre 
Sarmiento  v  el  señor  Amador  de  los 
Ríos  se  inclinan  á  favor  del  último  de 
los  poetas  mencionados,  quien,  á  fuer 
de  cronista  del  rey,  astara  empapado 
en  los  secretos  de  la  corte.  Estas  co- 
plas, bajo  la  forma  bucólica,  que  em- 
pezaba á  ser  apreciada  de  los  eruditos, 
merced  á  los  estudios  de  las  letras 
clásicas,  eran  una  ingeniosa  j  amar- 

gi  censura  de  la  depravada  corte  de 
nrique  IV,  al  par  que  una  acusación 
enérgica  á  la  nación  que  sufría  tanto 
vilipendio.  Ea  ella  figuraban  el  pue- 
blo castellano  y  uu  profeta  6  adivino, 
que,  al  verle  hundido  en  tan  mísera 
abyección,  le  predecía  mayores  ma- 
les. £1  pueblo  estaba  personificado  en 
Mii^  Bevulgo;  y  el  adivino,  en  Gil 
Arrivato,  amóos  pastorea,  quienes  de- 
partían mano  á  mano  en  loa  siguien- 
tes términos: 

iSabai?...  jSabei?...  Bl  modorro 
AU&i  donde  aa  aad»  &  gríUoa, 
BarUn  d«  ét  loa  mozalbillos, 
Qao  andan  oon  él  eo  el  oorro, 

Armanle  mil  gaadramañai; 
tino  '1  pela  laa  pastaftat; 
Otro  '1  pela  los  eabelloa... 
Y  aaí  ae  pierde  traa  ellos 
Metido  por  laa  eabafiaa. 

Uno  te  quiebra  el  cayado. 
Otro  1«  toma  slmrrón; 
Otro  1  quita  «1  «amarrón 
T  \tí  traa  ellos  deababado! 

K  aon  él...  ¡torpe  tnajaderol... 
Que  se  preola  de  oerterOi 
Vaata  aqnella  sagaleja. 
La  d«  Kava  Laalt«ja 
Ito  ha  traído  al  ntoHero. 


La  soldada  ane  le  damoa 
B  aan  el  pan  de  los  mastinea 
Cómeselo  con  raines: 
iQaay  de  noa,  qae  lo  pagamoal... 

Vista  la  naturaleza  de  esta  sátira, 
era  natura!  que  el  autor  esquivara  su 
nombre  por  el  peligro  que  te  cornera^ 
como  dice  el  padre  Mariana.  El  si- 

flo  XV,  que  debe  llamarse  de  Don 
uan  II,  se  considera  por  algunos  au- 
tores como  una  época  de  preparación 
y  de  tránsito,  en  que  la  litebíltuba. 
espaaola  se  halló  dominada  por  la  tri- 
ple influencia  de  la  antigüedad  clási- 
ca, de  la  Italia  y  de  la  Provenza.  Aun- 
que muchos  de  los  autores  de  este  si- 

flo  no  pueden  presentarse  como  mo- 
elos,  ni  lograron  crearse  un  estilo 

?<ropio,  merecen  citarse  el  célebre  don 
ñigo  López  de  Mendoza,  marqués  de 
Santillana,  el  amigo  de  Don  Juau  II, 
á  cuyos  gustos  literarios  correspondió 
coleccionando  los  proverbios,  tesoros 
de  todos  los  siglos.  Pero  el  marqués 
de  Santillana  tendría  sobrado  con 
aquella  letrilla  que  diee: 

lloia  tan  fermoaa 
Non  vf  en  la  frontera, 
Oomo  nnavaqnara 
DelaFinojoaa. 

]Qué  imaginación  tan  sencilla!,  [qué 
amortan  dulce!,  ¡(^ué  rusticidad  tan 
deliciosa!  ¡Ay!  ¡Quién  tuviera  candor 
para  soñar  asi!  Se  nos  figura  que  per- 
cibimos el  olor  de  las  rosas,  que  oímos 
el  rumor  de  las  fuentes  y  que  vemos 
salir  el  sol.  También  encontramos  en 
este  siglo  al  marqués  de  Villena,  fiel 
representante  de  las  tendencias  eru- 
ditas, más  notable  como  iniciador  é 
instigador  que  como  literato.  El  mar- 
ques de  Vill  ena  no  escribió  más  c^ue 
^es  obras  originales:  el  Arie  de  írtn- 
ckttr,  las  Hazañas  de  Hiratlet  y  un 
drama  alegórico;  pero  vertió  á  la  len- 
gua patria  la  Betiriea  de  Cicerón,  la 
Fanalia  de  Lucano,  la  Sneida  de  Vi^ 
gilio  y  la  Divina  Comedia  del  Dante, 
amén  de  que  Barcelona  le  debe  la  res- 
tauración del  IntíiÍKÍo  de  la  gaya  cien- 
cia. Declaramos  que  Juan  de  Mena  es 
en  algunas  ocasiones  un  poeta  excesi- 
vamente latino,  extraño,  oscuro,  de 
arte  desigual,  de  ingenio  veleidoso; 
pero  dotado  de  una  sonoridad  tan  sor- 
prendente, que  con  razón  ha  mereci- 
do pasar  á  proverbio,  como  cuando  se 
dice:  «es  más  poeta  que  Juan  de  Me- 
na.» En  el  poema  La  Coronad^,  ha- 
blando de  las  musas,  dice: 

Loa  ana  bnltoa  vlreinelea 
De  aqnestHs  donoellaa  nneve 
Se  mostraban  bien  átales, 
Gomo  florea  de  rosales 
HeEcladaa  oon  blanca  nieve. 

Ai  que  pregunte  quién  fué  Juan  de 
Mena,  no  nay  más  que  leer  la  ante- 
rior quintilla,  que  tiene  de  fecha  más 
de  cuatro  siglos.  Nuestros  ilustrados 
lectores  no  ignoran  que  la  palabra 
bultos  quiere  decir  semblantes.— En 
eata  misma  época  se  inventó  una  com- 
posición octosílaba  de  ocho  pies,  que 
viene  á  ser  como  el  anuncio,  casi  el 
remedo,  del  género  inventado  ó  per- 
feccionado por  otro  poeta  en  el  siguien- 
te iiglo.  Realmente,  Vicente  Espinel, 
al  inventar  la  déeima,  no  tuvo  que 


hacer  otra  cosa  sino  añadir  dos  rarses. 
Sirva  de  muestra  el  precioso  modelo 
que  insertamos,  en  donde  hay  pala- 
bras que  no  serían  más  hermosas  aun- 
que fueran  perlas: 

Á  SBVn.LA 

Lynda  syn  oomparaslón, 
Olaridat  é  Ina  de  aspafia, 
Flaaer  é  oonaolaolón. 
Briosa  oibdat  enrafin 
Bl  mi  corazón  ae  baila 
Bn  ver  veatra  maraviUa, 
Uny  poderosa  Bavilla 
Onar&ida  d'  alta  eompafla. 
(Altokbo  ALvaais  ttm  IbLasoaa.) 

Hemos  dejado,  para  coronar  la  poe- 
sía de  este  siglo,  al  autor  de  los  ver- 
sos siguientes: 

Reonerde  el  alma  adormldat 
Avive  el  aeao  y  deaplarto 
Contemplando 
Oómo  se  pasa  1»  Vid», 
Oómo  80  Tieno  la  nnert* 
Tan  oallando; 
Onin  presto  aa  Ta  el  plaewi 
Oómo  despaés  da  aeoraado 
Da  dolor; 

Cómo  4  nuestro  paraoer 
Caalqoiera  tiempo  pasado 
Fué  m«jor. 

ó  bien  estas  otras  estancias: 

jQa4  se  hlio  el  rey  Don  Jnanf 

Los  infantes  de  Aragón 

¿Qné  se  bioieronf 

¿Qué  faé  de  tanto  aalánf 

ÍQné  fné  de  tanta  mvención  , 
lomo  trajeron?  ' 
jQné  seniso  aqnel  trovar, 
Laa  músioaa  acordadas 
Qne  tafiíanf 

^Qaé  se  biao  aquel  dansar. 
Aquellas  ropai  ohapadaa 
Qne  traían? 

Difícilmente  podremos  hallar  un 
escritor  más  elegante,  más  melodio- 
so, de  pensamientos  más  profundos, 
de  fantasías  más  tiernas,  de  emocio- 
nes más  delicadas.  Distingüese  este 
gran  poeta  en  que  su  creación  se  re- 
vela siempre  en  tintas  suaves,  en  ce- 
lajes leves,  en  sombras  apacibles,  por- 
que parece  que  el  misterio  no  puede 
vivir  sino  en  el  seguro  de  la  sombra. 
En  el  autor  á  que  nos  referimos  cam- 

Sean  con  igual  arrogancia  la  verdad 
el  entendimiento  y  Ta  poesía  del  co- 
razón ,  como  si  hicieran  gala  de  su  her- 
mosura la  ficción  primorosa  y  el  loza- 
no ingenio;  tal  es  Jorge  Manrique. 
37.  %í<í  2  r/.— Llegamos  al  si- 

flo  XVI,  y  sentimos  pavor.  Tenemos 
elante  dos  sombras  inmensas;  la 
sombra  de  un  hombre  de  que  habla- 
remos más  adelante,  y  la  sombra  de 
una  mujer,  cuya  alma  es  una  flor  del 
Paraíso  que  exhala  sus  perfumes  entre 
suspiros  de  la  vida,  que  bien  pudie- 
ran ser  suspiros  de  la  gloria.  Una 
sola  mujer  envuelve  la  fe  de  toda  Es- 
paña, crea  su  siglo,  se  impone  á  todo 
el  mundo,  porque  hay  genios  tan  po- 
derosos que  no  pueden  tener  más  que 
vasallos.  La  palabra  de  aquella  mu- 
jer reina  en  todas  partes,  como  si  fue- 
se la  triple  mensajera  de  Dios,  de  la 
fatalidad  y  del  destino.  Santa  Teresa 
de  Jesús  funda  la  escuela  mística,  á 
la  que  no  aventaja  ninguna  escuela. 
Lo  que  en  los  autores  se  llama  genio, 
en  santa  Teresa  S8  llama  éxtasis,  de 
donde  resulta  aiu  es  un  genio  ele- 
vado i  visión,  santa  tnm  de  Jesúsi 
eon  sn  xnlitidn&o,  qno  nadie  hi  uSiU 


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444  LITÉ 


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do  imitar;  Miguel  de  Cervantes,  con 
su  Quijote;  don  Pedro  Calderón  de  la 
Barca,  con  sua  aatos  sacramentales, 
con  su  Vida  es  *%eñoj  con  su  Alcalde 
de  Zalamea;  Lope  de  Veg;a,  con  su  in- 
menso teatro;  Quevedo,  con  el  g^ran 
mundo  de  sus  cuentos,  sátiras  j  le- 
trillas; don  Ramón  da  la  Cruz,  con 
sus  sainetea,  y  don  Manuel  Bretón 
de  los  Herreros,  con  sus  inimitables 
comedias,  son  quizá  las  figuras  que 
más  se  han  impreso  en  la  TÍda  de  És- 
pafia.  Batre  los  primeros  poetas  líri- 
cos que  florecieron  durante  el  si- 
glo XVI,  se  encuentra  un  nombre  es- 
clarecido por  demás;  Luis  Ponce  de 
León,deuominado  generalmente  Fray 
Luis,  entendimiento  noble,  inspira- 
ción encantadora,  alma  elevada  7 
pura.  A  la  práctica  de  las  lecturas 
bíblicas  añadió  el  estudio  de  la  anti- 
güedad, se  propuso  á  Horacio  por 
modelo  j  supo  unir,  con  felicísima 
iaduftria  propia,  á  los  arranques  lí- 
ricos del  poeta  bucólico,  la  dulzura 
evangélica  del  ^oeta  cristiano.  Fraj 
Luis  de  León  fue  el  primer  poeta  cas- 
tellano, cujos  bríos  sacudieron  el 
jugo  que  impusieron  á  todos  la  Italia 
j  la  Provenza.  Sus  bellísimas  odas 
La  Profecia  del  Tajo  j  La  Vida  del 
campo  abonan  el  juicio  de  la  posteri- 
dad acerca  de  este  personaje,  uno  de 
los  caracteres  más  acabados  de  la  his- 
toria del  mundo:  <no  se  sabe  si  el 
cielo  bajó  en  él  á  la  tierra,  ó  si  la  tie- 
rra subió  con  él  al  cielo.»  Frajr  Luis 
de  León  era  un  hombro  vestido  de 
átt^l,  6  un  ángel  vestido  de  hombre. 
[Bien  haja  el  día  que  le  vió  nacer! 
jDichoso  el  siglo  que  le  tavol  ¡Dicho- 
so el  pueblo  que  le  cuenta  entre  los 
descendientes  de  bu  glorial  Pero  Es- 

Safia  tiene  otro  Frajr  Luís  de  León;  es 
ecir,  tiene  un  Fraj  Luis  de  León  en 
prosa.  Este  hombre,  uno  de  los  más 
doctos  j  el  más  elocuente  de  su  siglo, 
superior  á  su  gran  maestro,  san  Juan 
de  Avila;  este  hombre  que  avasalla 
el  ánimo  de  Sixto  V;  que  rehusa  la 
mitra  7  el  capelo;  que  inunda  á  Eu- 
ropa con  su  rica  UTBRA.TUitA;  este 
gloriosísimo  español  es  el  fraile  que 
muere  en  Lisboa,  sin  dejar  otra  man- 
da qua  el  recuerdo  dichoso  de  su  elo- 
cuencia, de  su  saber  y  de  su  virtud. 
[Con  qué  grandeza  habla  de  Dios! 
¡Con  qué  grandeza  habla  también  del 
airecifio  que  recorre  los  escondites 
del  cerebro!  Bn  este  autor  hallamos 
un  espíritu  ingenuo  que  se  remonta 
hasta  convertirse  en  majestad;  j  uua 
majestad  que  se  remonta  hasta  con- 
vertirse en  inocencia.  Fué  tan  sabio, 
que  llegó  á  ser  hasta  inocente,  ó  fué 
tan  inocente,  que  llegó  á  ser  sabio. 
En  el  sentido  de  ingenuidad  castiza 
j  denodada,  no  teaemua  noticia  de  un 
escritor  que  haja  logrado  más.  Con 
razón  se  ha  dicho  que  la  vida  en  casa 
de  aquel  hombre  era  un  viento  apaci- 
ble. £l  que  quiera  instruirse,  eualte 
cerse,  regenerarse,  que  lea  con  delicia 
lo  que  dejó  escrito  el  gran  poeta  de  la 

8 rosa,  Fiajr  Luís  de  Granada  Arias 
[ontano,  «1  es^ñol  más  sabio  del 
«glo  xvz,  mcsábaá  tn  latín,  en  cuyo 


idioma  era  consamado,  asombrando  á 
sus  tiempos  y  á  Europa  con  los  recur- 
sos inagotables  de  su  oiencia.  Aun- 
que es^  personaje  no  escribió  una 
letra  en  castellano,  tiene  una  impor- 
tantísima representación  en  la  lite- 
BaTUBa  de  su  siglo,  ora  eomo  adjunto 
del  arzobispo  de  Segovia  Pérez  Aja- 
la  en  el  gran  Concilio  de  Trente,  en 
compañía  de  varios  clarísimos  varo- 
nes, que  cubrieron  de  gloria  el  nom- 
bre de  España;  ora  como  enviado  á 
Flandes,  por  encargo  de  Felipe  II,  para 
dirigir  la  impresión  de  la  famosa  Bi" 
blia,  llamada  regia,  á  cuja  tarea  puso 
remate  con  acendrado  gusto  j  mag- 
nífica gala  de  erudición.  Arias  Mon- 
tano es  indudablemente  uno  de  loa 
nombres  más  esclarecidos  de  nuestra 
historia  por  su  noble  ardor,  por  su 
admirable  diligencia  j  por  su  prodi- 
gioso saber,  puesto  que  la  sabiduría, 
por  sí  sola,  aun  sin  dejar  las  sombras 
del  alma,  aun  sin  salir  de  las  tinie- 
blas incomprensibles  del  dausteo  en 
que  nació,  vale  tanto  como  Us  mejo- 
res conquistas  del  ingenio.  Ilustran 
este  siglo  Fraj  Alonso  de  Castro,  Al- 
fonso de  Salmerón,  Frav  Pedro  Soto, 
Üelchor  Cano,  los  dos  hermanos  Co- 
varrubias  j  Antonio  Agustín,  que 
asistieron  también  al  Concilio  de 
Trente  para  orgullo  de  nuestra  erudi- 
ción. Entre  los  doctos  españoles,  que 
acabamos  de  enumerar,  ñguró  tam- 
bién don  Agustín  Cazatla,  canónigo 
de  Salamanca,  predicador  de  Carlos  V 
j  Felipe  II,  asi  como  el  insigne  Fraj 
Bartolomé  Carranza,  una  de  las  más 
grandesinteligenciasdeaquellostiem- 
pos,  cujos  dos  eruditos  acabaron  su 
vida  en  las  luminarias  del  siglo  xvi, 
porque  las  hogueras  de  los  autos  de  fe 
parecen  serlasluminarias  de  Felipell. 

38.  SI  molinismo. — Réstanos  ha- 
blar del  famoso  jesuíta  Molina,  autor 
de  un  sistema  sobre  la  gracia,  que  se 
conoce  bajo  el  nombre  de  molinismo. 
Este  sistema  dió  por  resultado  pre- 
ocupar grandemente  el  espíritu  de  la 
cristiandad  v  de  Homa,  dividir  á  los 
filósofos  católicos  en  molimitas  ^jan- 
senistas, al  par  que  produjo  la  inter- 
dicción canónica  de  las  cinco  proposi- 
ciones de  Jansenio,  bajo  Inocencio  X 
j  Alejandro  VII,  de  la  propia  manera 
que  la  persecución  del  jansenismo 
bajo  Clemente  XI. 

39.  Tipos  y  caracteres. — Ya  para 
hacer  justicia  á  nuestra  historia  j  á 
nuestro  pueblo,  ja  para  gloria  de 
nuestras  páginas,  porque  el  asunto  es 
tan  holgado  c^ue  tiene  ganancia  para 
todos,  vamos  a  dedicar  algunas  líneas 
á  un  autor  de  esta  época,  original  j 
peregrino  en  la  concepción,  vivo  j 
garboso  en  el  narrar,  liberalísimo  en 
el  decir,  sencillo  en  sus  costumbres, 
afable  en  su  trato,  modesto  j  humil- 
de en  su  persona,  soberbio  j  duro  en 
la  desgracia,  firme  en  el  peligro,  te- 
naz en  el  propósito,  inexorable  en  el 
intento  caballeroso  en  sus  penden- 
cias y  en  sus  amores,  juglar  en  sus 
revueltas  mocedades,  avaro  de  empre- 
sas, ottidoso  de  ta  tm»,  goaidador 
de  la  honn,  que  nanea  ud  tiempo 


á  verse  retado,  ni  esperó  jamás  ¿ 
ser  requerido,  j  que  supo,  antea  qae 
los  ojos  en  el  contrario,  poner  la  mano 
en  los  gavilanes  de  su  esj^ada.  Bl 
personaje  á  qaíen  nos  refenmos,  es 
un  hombre  alegre  con  los  tristes,  do- 
noso j  festivo  aún  en  el  momento  de 
morir,  como  si  los  tesoros  de  su  vida 
quisieran  llenar  hasta  los  abismos  de 
su  muerte.  Al  registrar  las  pnndas 
que  avaloran  su  nombre,  no  sabemos 
decir  por  qué  prodigios  debe  más  á  la 
Providencia;  sí  por  Tas  estrecheces  de 
los  hombres  j  de  los  tiempos;  si  por 
los  empeños  del  valor;  ai  por  las  glo- 
rias del  infortunio;  si  por  los  martí- 
rioa  de  la  conciencia;  ai  por  los  gajes 
de  la  virtud  ó  por  laa  preseas  del  in- 
genio. Bl  siglo  XVI  nos  presenta  tres 
tipos,  llevados  á  su  última  perfección 
por  el  espíritu  de  un  solo  hombre:  SI 
QmíJoí')  tipo  maravilloso  del  romance 
social;  Pérsiles  y  Seyismunda,  tipa 
acabado  del  romance  de  intriga;  ffl 
Liceneiado  Vidrierat  SI  Ámantt presta- 
do, Al  Amanto  Uberal  j  La  CfUanilla, 
tipos  preciosos  de  la  novela  popular, 
en  donde  admiramos  á  porfía  la  ver- 
dad de  los  caracteres,  la  naturalidad 
de  los  episodios,  la  viveza  de  las  imá- 
genes, el  número  j  cadencia  de  los 
períodos,  la  originalidad,  la  riqueza 
j  la  gracia  de  la  dicción.  Nuestro 
autor,  al  apoderarse  de  un  asunto,  se 
lo  asimila  de  tal  suerte,  que  le  comu- 
nica su  propio  sentir,  como  si  fuese 
parte  de  su  mismo  ser.  [Tan  cierto  es 
que  también  el  genio  tiene  su  figure, 
su  complexión,  su  fibra,  su  nervio, 
su  fluido,  su  sangrel  Vamos  á  hacer 
mención  de  una  cualidad,  que  ha- 
llamos en  el  habla  del  grande  escri- 
tor nacional,  j  nos  valemos  de  aquel 
nombre,  porque  la  frase  del  autor 
mencionado  no  es  una  locución,  sino 
un  habla.  En  el  estilo  de  aquel  escri- 
tor, haj  más  que  tono;  más  que  gen- 
tileza; más  que  altirez;  más  que  orgu- 
llo español:  haj  ufanía.  Cuando  es- 
cribe, se  ufana:  es  decir,  se  aumenta, 
se  esponja,  crece  hasta  que  se  inunda, 
como  el  río  que  sale  de  madre.  Esta 
nativa  inspiración  del  genio  es  el  ca- 
rácter más  elevado  déla  utbbatuba. 
de  El  Qtt^'oíí.  jAdíós,  Cervantes,  arca 
misteriosa  j  sublime,  como  el  encan- 
to inexplicable  de  ciertas  melodías! 
[Adiós,  Cervantes  vocablo  del  hom- 
bre añadido  á  los  grandes  vocablos 
del  mundo;  vocablo  del  mundo  títa- 
dido  á  los  grandes  vocablos  da  DiosI 
40,  El  Cancionero  yeneral. — A  este 
mismo  siglo  corresponde  Bl  Cancio^ 
ñero  general,  cuja  edición  más  antigua 
es  la  de  Valencia,  verificada  en  1511 
por  (Cristóbal  Hoffmann.  Debe  notar- 
se, como  dato  histórico,  que  SI  Can- 
cionero de  Alfonso  de  Baena  no  es  otra 
cosa  que  una  colección  de  las  obras 
del  marqués  de  Villena,  marqués  de 
Santíllana,  Juan  de  Mena,  Gómez 
Manrique  j  otros  caballeros  j  seño- 
res que  brillaron  en  la  fastuosa  corte 
de  Üon  Juan  II,  parte  de  cujas  obras 
pasó  después  á  Él  Caucionero  general 

fior  la  curiosa  diligeneia  de  Juan  de 
e&ioi&a 


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LITE  445 


41.  Aliaim  tnal  Aecha  d«  las  írofii- 
íHonet  gentiles  con  los  dogmas  cris  liar- 
nos.— Hajr  en  el  siglo  xvi  una  piece- 
ciUa  reliffiosa,  ^ue  debe  llamar  la 
atención  de  la  critica,  ja  porque  re- 
presento cierta  alianza  de  las  tradi- 
ciones gentiles  con  los  dogmas  cris- 
tianos, ja  porque  viene  ú  ser  una  es- 
pecie de  genialidad  literaria,  la  oual 
DO  tiene  ejemplo  en  la  erudición  de 
pueblo  alguno.  Nos  referimos  á  la  tra- 
jgicomedia  aUgdrica  del  Paraíso  y  del 
Inferno,  en  donde  figuran  las  almas 
de  un  monje,  de  un  judío,  de  un  abo- 
fado, de  una  alcahueta  j  basta  de  un 
a'iorcado  por  ladrón.  Todos  solicitan 
qiese  les  embarque  en  la  falúa  del 
F.iraíso;  pero  todos,  excepto  un  pobre 
lo!Oj  cuatro  caballeros,  que  murie- 
ro  \  peleando  contra  los  inñeles,  se 
Te  i  rechazados  j  conducidos  al  infier- 
no en  la  barquilla  de  Carón.  He  aquí 
el  ;uríoso  detalle  literal  de  la  obra: 
cnt  iral  representación  del  diverso  ea- 
miro  que  hacen  las  almas,  partiendo 
de  esta  presente  vida,  figurada  por 
los  dos  navios  que  aquí  parecen:  el 
uno  del  cielo  j  el  otro  del  infierno, 
cuy.,  subtil  invención  y  materia  en  el 
argi  mentó  de  la  obra  se  puede  ver. 
Son  interlocutores  un  ángel,  un  dia- 
blo, un  hidalgo,  un  logrero,  un  ino- 
cent ,  llamado  Juan,  un  fraile,  una 
moz« ,  llamada  Floriana,  un  zapatero, 
una:  Icahueta,  un  judío,  un  corregi- 
dor, in  abogado,  un  ahorcado  por  la- 
drón, cuatro  caballeros,  que  murieron 
en  la  guerra  contra  los  moros,  el  bar- 
quero Carón.»  Fué  impreso  en  Burgos 
en  ca  la  de  Juan  de  Junta  i  23  días 
del  B  es  de  Febrero,  año  de  1539. 
Aunqi  .e  este  pasillo  singular  nos  pre- 
senta 1 1  forma  dramática,  tiene  el  es- 
píritu.'.e  loa  libros  morales  ejemplares, 
que  in  ^adieron  nuestra  literatura 
en  a^ucl  siglo  j  en  el  siguiente,  cuya 
opinión  manifestamos  con  el  intento 
de  hacei  notar  ciertos  caracteres  ocul- 
tos de  1  i  erudición  de  aquellas  eda- 
des. 

42.  Libros  morales  ejemplares  del  si- 
glo X  VI  al  XVII.  Estos  libros,  que 
munc'  iron  nuestra  utbra.tura  duran- 
te el '  ranscorso  de  dos  siglos,  no  son 
otra*  osa  que  una  imitación,  mal  per- 
jeña> la,  de  la  Celestina,  j  señalaron 
un  oeríodo  de  lastimosa  decadencia. 
Mu'  bas  de  aquellas  producciones  se 
ene  lentran  reunidas  en  Dieze.  (Adi- 
do, et  á  Velázques,  página  3 í  i . ) 

Antes  de  cerrar  elinmenso  cuadro 
de  este  siglo,  saludemos  con  gozo  al 
no^ile  poeta  de  una  epopeya  nacional, 
A.I  nso  de  Ercilla;  al  humilde  juglar, 
globosísimo  fundador  de  la  escena 
espa  ^ola,  Lope  de  Rueda;  al  poeta  del 
cueniO,  Baltasar  de  Alcázar;  al  poeta 
del  mi  irigal,  Gutierre  de  t'etina;  tam- 
bién al  poeta  de  la  décima,  Vicente 
Espinel;  «imbién  al  famosísimo  poeta 
de  la  copla,  Gil  Polo: 

Jonto  ')1  ftgitA  B«  poma, 
T  1m  onci  u  agaardaba, 
Y  an  verlmllegar,  haía; 
P*ro  A  v«  ja  bo  podía 
T  «1  Uaoec  pie  se  mojaba 

(  OMKioft  pattoní.j 


43.  Siylo  ZVI. —Teatro.  Antes  de 
entrar  en  la  descripción  del  fecundo 
siglo  de  Lope  de  Rueda,  natural  pa- 
rece apuntar  algunas  noticias  sobre 
los  orígenes  del  teatro  español. 

1.  Timpot  primitivos.  Bailes  mími- 
cos,— Hablando  del  teatro  nacional 
con  relación  á  los  varios  gérmenes 
que  le  produjeron,  mediante  la  ela- 
boración y  el  trabajo  de  muchos  si- 
glos, debemos  empezar  por  los  vas- 
cos, quienes  poblaron  tal  vez  á  Espa- 
ña bajo  el  nombre  de  iberos.  Los  vas- 
cos se  hicieron  famosos  por  sus  bailes 
mímicos,  ejecutados  con  más  primor 
que  en  ningún  otro  pueblo,  como 
puede  versa  en  el  libro  de  Iztuata,  ti- 
tulado: Ghtipuzcoaco  dantza  gogoangar- 
rien  condaira.  ( Historia  de  hs  antiguas 
danzas  juipuzcoanas  y  regla*  para  bai- 
larlas bien  ¡f  acomnañarlas  con  cantos  en 
verso,  San  Sebastián,  1824).  Haj  ade- 
más otra  obra  titulada:  Enscaldm 
aciñaco  ta  ara  ledabicieo  eíorquien,  (San 
Sebastián,  1826),  la  cual  contiene  una 
colección  de  cantos  vascos  populares, 
cuya  mayorparte  se  canta  en  los  bailes 
y  regodeos  públicos.  «Las  danzas, 
dice,  no  son  otra  cosa  que  la  repre- 
sentación de  un  canto  por  medio  de 
los  pies  j  de  varios  gestos,  ó,  más 
bien  dicho,  la  exacta  expresión  de 
lo  que  significa  cada  nota  del  can- 
to, de  suerte  que  en  su  representa- 
ción se  unan  cuerpos  j  voces  para  in- 
terpretar la  melodía  j  las  palabras. 
Cuando  el  sonido  del  tamboril  sirve 
para  acompañar  frases  que  impresio- 
nan, su  sentimiento  j  significación 
arrastran  i  los  bailarines  que  las 
ojen.»  En  cuanto  á  Iztueta,  describe 
con  la  mayor  exactitud  hasta  treinta 
y  seis  dantas  diferentes  con  sus  par- 
ticulares ceremonias;  entre  ellas,  la 
pordoí  danlza,  ó  baile  de  las  lanzas,  que 
ejecutan  hombres  con  palos,  en  me- 
moria de  la  batalla  de  Beotíbar,  que 
ganaron  los  guipuzcoanos  á  los  de  ^ 
Ñavarra.  El  autor,  como  buen  patrio- 
ta, deplora  la  degeneración  de  los  to- 
cadores de  tamboril,  que  van  olvidan- 
do sus  tradiciones  pojpulares  j  prefi- 
riendo á  ellos  la  música  francesa  é 
italiana.  (Historia  del  origen  y  de  la 
literatwra  del  arte  dramático  en  España 
por  Adolfo  Federico  de  Schack,  tradtt- 
cida  del  alemán  por  Eduardo  de  Mier.) 

2.  Bailes  pantomímicos. otigtu. 
del  teatro  español  hállase  envuelto  en 
ciertas  tradiciones,  las  cuates  se  pier- 
den en  la  noche  de  los  tiempos.  Entre 
las  tradiciones  mencionadas,  hallamos 
los  bailes  españoles,  que  alcanzaron  en- 
tre los  romanos  grande  celebridad,  de 
los  cuales  dicen  muchos  autores  que 
eran  pantomímicos  j  acompañados  de 
canto,  según  vemos  en  Plínio  (libro  I, 
epigrama  i 5),  Juvenal  (sátira  XJ,  ver- 
so i6¿y  <iVu»<»i¿»/Marcial  (libro  III, 
epigrama  bS ),j  Lampridio  ( Heliogába- 
¡o,  capítulo  32). 

3.  Teatros  bajo  la  dontnaeum  roma- 
na.— A.polonÍo  de  Tjana,  en  su  vida 
de  Filostrato,  trae  una  cita,  de  la  cual 
se  deduce  que  en  la  Botica  no  se  co- 
nocía teatro  alguno  hasta  los  tiempos 
de  Nerón;  pero  contn  eita  cita  existe 


el  testimonio  de  las  innumerables  rui- 
nas de  antigües  teatros  que  se  encuen- 
tran en  la  Península,  de  los  grabados 
de  otros  en  diversas  medallas  j  mo- 
numentos qud  todavía  se  conservan, 
al  par  de  las  reiteradas  afirmaciones 
de  escritores  latinos  j  diversos  erudi- 
tos de  Europa,  de  las  cuales  resulta 
que  los  latinos  trajeron  á  Espafia  su 
teatro,  durante  la  larga  permanencia 
de  los  romanos  en  nuestro  país.  En 
efecto,  Marcial^Xtíroi  V, epigrama  iSj 
habla  expresamente  del  teatro  de  Ri- 
ga, debiendo  notarse  que  eran  céle- 
bres los  de  Tarragona,  Mérida,  Coru- 
ña  del  Conde,  Sevilla,  Ecija,  Cazlo- 
na,  j,  principalmente,  el  de  Sagunto, 
el  cual  se  conservaba  en  un  estado  tan 
perfecto,  que  en  1785  aírvió  de  nue- 
vo para  dar  representaciones  dramá- 
ticas. Inútil  fuera  que  nos  empeñá- 
ramos en  probar  la  existencia  ae  di- 
cho teatro,  cuando  sus  ruinas  existen 
aun,  además  de  que  á  él  se  refie- 
ren infinitos  autores,  tales  eomo  Fió- 
rez  (España  Sagrada.);  Msisáñaf  ffisto- 
ria  crítica  de  España,  tomo  V112,  pá- 
gina 13i );  Emmanuelis  Martín  (Epís- 
tolas, Amstelodami,  1738);  Laborde 
(Viaje  pintoresco  é  histórica  por  Espa- 
ña );  Westendorp  y  Reuvens  (Antiqui- 
teiten);  Dillon,  Pluer  j  Sirinvurne 
(Viajes). 

4.  A  rte  dramático  bajo  los  visigodos; 
representaciones  escénicas;  recitación  ha^- 
blada.  La  existencia  de  la  recitación 
hablada,  bajo  los  visigodos,  no  puede 
ponerse  en  tela  de  juicio,  en  virtud 
de  muchos  documentos  de  la  major 
fe,  tales  eomo  las  obras  de  san  Isido- 
ro de  Sevilla  f'Orí^^tt»,  libro  18,  capí- 
tulos 41  y  59),  en  que  recomienda  á 
los  cristianos  qne  <se  abstengan  de 
asistir  á  los  espectáculos  del  circo, 
del  anfiteatro  y  de  la  escena;»  la  no- 
ticia que  nos  da  la  historia  de  que  «el 
rey  Sísebuto  depuso  á  Ensebio,  obis- 
^  po  de  Barcelona,  porque  había  con- 
sentido que  se  oyesen  en  los  teatros 
frases  que  debían  ofender  á  oídos  cris- 
tianos,» j  los  cánones  45  y  50  del 
Concilio  iliberitano,  los  cuales  prohi- 
ben á  los  fieles,  crepresentar  así  co- 
medias como  pantomimas.»  La  noti- 
cia histórica  que  hemos  citado  ante- 
riormente, consta  en  la  Historia  gene- 
ral del  padre  Mariana  ^{¿¿re  7  F,  eapi- 
íulo  I)  y  en  la  Historia  eclesiástica  de 
Padilla  (Málaga,  1605,  página  188). 
Pero  nc  es  esto  sólo,  puesto  que,  re- 
montándonos al  siglo  y,  encontra- 
mos ya  varias  ceremonias  de  carác- 
ter dramático  en  cierto  modo;  esto 
es,  de  índole  mímica,  como  la  cos- 
tumbre religiosa,  observada  particu- 
larmente en  las  iglesias  en  las  fies- 
tas de  los  mártires  j  del  domingo, 
en  las  cuales  se  cantaba  el  /timno  de 
los  tres  mancebos  dentro  del  horno,  in- 
terpretando así  un  pasaje  bíblico,  y 
la  ceremonia  del  lavatorio  de  los  pies 
de  los  pobres  en  cada  diócesis,  verifi- 
cada por  su  obispo  en  el  día  de  jue- 
ves santo  De  la  primera  ceremonia 
habla  el  canon  14  del  cuarto  Concilio 
toledano;  j  de  la  segunda,  Masdeu 
(I,  capítulo  XJ,  218).  Posteriormente, 


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la  pompa  de  las  procesiones  desperté 
el  glasto  de  los  espectáculos,  cujo  an- 
tecedente eiplíca  el  hecho  de  que  se 
introdujesen  en  las  iglesias  otras  ce- 
remonias profanas,  como  cánticos,  bu- 
fonadas j  bailes,  seffún  vemos  en  el 
mismo  Masdeu  (Xl,  212).  La  intro- 
ducción de  los  espectáculos  mundanos 
era  tan  general  en  el  sig-lo  vii.  que 
hubo  de  proliibirse  en  6o3  la  fiesta  de 
los  locos,  seGfún  resulta  del  cuarto 
Concilio  toledano  ( capitulo  26,  pági- 
na 371  Ji  del  Concilio  de  Gerona  (ca- 
pUulo  2,'  y  3/,  página  i29),  ;^  de  san 
Isidoro  de  Sevilla  f'f^m.,  ¿*¿ro  F/, 
capítulo  19,  número  43). 

5.  Arte  dramático  español  bajo  los 
árabes.— 'Aquí  se  presentan  do»  cues- 
tiones, que  interesa  dilucidar.  Prime- 
ra. >Es  admisible  la  opinión  del  obis- 
po Alvaro  de  Córdoba,  en  su  Indiculo 
tumincsOf  acerca  de  que  el  árabe  fué 
la  lengua  casi  exclusiva  de  toda  Es- 
paña en  el  siglo  ix?  Segunda.  ¿Es  ad- 
misible la  opinión  de  Conde  j  Mora- 
tíUf  cujos  autores  niegan  á  la  litera- 
tura de  los  árabes  toda  suerte  de  par- 
ticipación en  el  arte  dramático? 

Cuettián  primera. — La  opinión  del 
obispo  Alvaro  ea  evidentemente  con- 
traria á  la  historia,  puesto  que  se  sa- 
be, en  virtud  de  infinitos  documentos, 
que  el  árabe  no  penetró  pamas  en  mu- 
chas regiones  de  la  Península;  j  par- 
ticularmente, en  la  población  goda, 
refugiada  en  los  montes  de  Asturias, 
cuna  del  antiguo  romance  castellano, 
como  fué  la  cuna  gloriosa  de  la  liber- 
tad de  la  patria.  En  efecto,  nuestra 
antigua  lengua  se  formó,  en  aquellas 
montañas  con  elementos  del  bajo  la- 
tín, del  vasco  6  céltico,  del  gótico  j 
del  árabe,  de  donde  pasó  á  todos  los 
pueblos  que  conquistaban  los  descen- 
dientes de  Pelavo.  Así  se  explica  el 
hecho  curioso  de  que  en  el  dialecto 
asturiano  moderno,  llamado  bable^  se 
hallen  muchos  vocablos  y  locuciones, 
que  se  leen  en  los  más  antiguos  mo- 
numentos del  habla  castellana,  como 
el  Poema  v  la  Crónica  del  Cid.  ( Iníro- 
duccidn  ai  RoyANCBBo  db  Ddbán.)  Y 
aunqne  muchos  cristianos  no  desde- 
ñasen emplear  el  arábigo  con  pulida 
retórica  j  escribir  elegantes  versos, 
consta  también  de  las  autorizadas 
crónicas  del  obispo  Idacio  que  los 
árabes  no  tuvieron  á  menos  escribir 
muchas  veces  en  el  idioma  de  Cice- 
rón j  de  Virgilio.  ( Historia  de  la  lite- 
ratura y  del  arte  dramático  e»  España,) 
Y  esto  acontacíai  no  sólo  tratándose 
de  doctas  diversiones  literarias,  que 
podían  ser  entendidas  en  la  socie  dad 
de  los  eruditos,  sino  á  propósito  de 
manifiestos.,  que  se  escribían  j  se  pu- 
blicaban para  que  llegasen  á  noticia 
de  todos.  Asi  se  ve  que  un  manifiesto 
del  rey  moro  de  Coimbra  principia  de 
este  modo:  «Alboucen  Iben-Monamet 
Iben-Tarif,  batallador  fuerte,  vence- 
dor de  las  Españas,  dominador  de  la 
Cantabria  de  los  godos,  triunfante  en 
la  gran  batalla  de  Roderíco,»  cujo 
texto  aparece  escrito  en  el  latín  bár- 
baro da  la  Bdtd  medía,  no  tan  incnl- 
to  oomo  «1  do  otros  muidlos  docomoa 


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tos  de  aquellos  siglos;  Alboucen  Iheur 
Mohamet  Iben-Tarif,  bellator  fortis, 
tincitor  Hispaniarum,  dominaíor  Can- 
íabria  Gothorum  et  maques  litis  Roderi- 
ci.  Cuando  Alboucen  habla  en  bajo 
latín,  es  evidente  que  este  idioma  de- 
bía estar  mu;  ex.tendido  entre  los 
cristianos  y  los  moros,  pues  no  se 
concibe  que  el  re;  de  Coimbra  acu- 
diese á  la  baja  latinidad  para  que  no 
le  Cíimpreadicran,  ni  los  moros,  ni 
los  cristianos.  Amén  de  estas  prue- 
bas, consta  que  la  litur^a  del  rito 
mozárabe,  como  la  del  nto  romano, 
t^ue  le  sucedió,  era  latina,  siendo  in- 
útil manifestar  que  la  lengua  arábiga 
no  pudo  introducirse  en  aquella  litur- 
gia, la  cual  dominaba  absolutamente 
en  todas  las  iglesias  cristianas,  que 
existieron  bajo  la  dominación  de  loa 
árabes;  y  fueron  muchas  é  importantí- 
simas. Ijas  otras  regiones  en  que  la 
lengua  arábiga  no  pudo  dominar,  por- 
que no  dominaron  los  árabes,  son:  Ga- 
licia (galacios);  costa  de  Castilla  (Can- 
tabria); provincias  vascas  f'idfíK^of,  ca- 
risías  y  ausírigonesj;  Navarra  y  Gui- 
púzcoa (vateonet);  León  (ultramont^ 
nos). 

Óuesttón  segunda>* — Blas  Nasarre  y 
Velázquez  aíirman  que  loa  moros  po- 
seyeron también  una  utbratuba  ara- 
mática  rica,  dedicándose  con  predi- 
lección á  los  espectáculos  teatrales. 
Conde  y  Moratín,  por  el  contrario, 
son  de  dictamen  que  la  litbba.tuea 
arábiga  no  tuvo  participación  alguna 
en  el  desarrollo  del  género  dramático. 
Fúndase  Conde  en  la  experiencia  de 
no  haber  encontrado  ningún  drama 
árabe  en  sus  búsquedas  eruditas,  lo 
cual  no  prueba  nada,  puesto  que 
8.000  volúmenes  de  manuscritos  ára- 
bes se  quemaron  en  el  incendio  de 
1671,  sin  contar  que  los  no  destruidos 
distan  much«  de  haber  sido  estudia- 
dos. Empero,  lo  que  se  conoce,  basta 
para  hacer  ver  la  inexactitud  de  las 
opiniones  sustentadas  por  Conde  y 
Moratín.  En  primer  lugar,  consta 
que  Sevilla,  Granada,  Valencia,  Mur- 
cia, Toledo,  tíadajoz  y  la  misma  Cór- 
doba, emporio  del  califato  de  su  nom- 
bre, conservaron  sus  iglesias  cristia- 
nas, cuya  liturgia  era  el  rito  mozára- 
be; es  decir,  la  liturgia  católica  de 
los  visigodos,  modificada  por  san 
Leandro  y  san  Isidoro  de  Sevilla,  la 
cual  conservó  las  representaciones  es- 
cénicas de  la  época  gótica.  Y  no  hay 
razón  ninguna  para  que  aquellos  gér- 
menes dramáticos  no  pudieran  desa- 
rrollarse, según  el  genio  de  sus  pri- 
mitivas inspiraciones,  cnando  consta 
también  que  los  cánticos  religiosos 
alcanzaron  en  tiempo  de  los  árabes 
una  época  de  gran  esplendor,  como  lo 
pone  de  manifiesto  el  crecido  número 
de  poetas  y  músicos  que  se  hicieron 
famosos  por  los  himnos  y  antífonas 
que  compusieron,  cuyos  nombres  cita  ; 
Isidoro  de  Beja.  En  segundo  lugar, 
existe  un  códice,  perteneciente  a  la; 
biblioteca  del  Escorial,  cuyo  docu-  ¡ 
mentó,  según  todas  las  apariencias, 
pueda  llamarse  una  composición  dra- 
mátioa.  He  aquí  la  tradocoión  literal 


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y  exacta  de  dicho  códice,  escrito  en 
el  latín  de  la  Edad  media  y  encabeza- 
do con  estas  palabras:  Bibhotheca  Ará- 
bico-Hispana Bseurialensis,  tomo  I,  pár 
gina  m  y  1U,  número  CCCCXC  VJI, 
ósea  497.  «Códice  esmeradamente  es- 
crito en  el  año  746  de  la  Hegira  y 
autógrafo  de  la  obra  en  prosa  y  verso, 
titulada:  Chistosos  jf  elegantes  diálogos 
entre  maestres  de  varias  artes,  6  Come- 
dia Jocosa  y  satírica,  en  que  cada  maes- 
tro habla,  empleando  su  peculiar  tec- 
nicismo T  con  arreglo  á  las  leyes  de 
su  arte.  Búrlanse  unos  de  otros,  y 
esquívanse  con  dichos  ridículos  y 
agudos,  y  se  descubren  y  se  cuentan 
sus  vicios  y  engaños   Su  autor  fué 
Mohamad  Ben-Mohamad  Aibalisi  Ben- 
Alí.  natural  de  la  ciudad  de  Vélez, 
quien  introduce  cincuenta  y  un  maes- 
tros de  varias  artes,  á  saber:  un  juez, 
un  carnicero,  un  cochinero,  un  reco- 
vero, un  médico,  un  copero,  un  ven- 
dedor de  fruta,  un  músico,  un  tañedor 
de  vihuela,  un  cieffo,  un  retórico,  un 
gramático,  un  orador,  un  prefecto,  un 
muetin.»  En  tercer  lugar,  hay  otro 
códice,  escrito  también  en  bajo  latín, 
número  467,  cuya  traducción  inserta- 
mos: «códice  esmeradamente  escrito 
en  la  feria  quinta,  día  17  del  mes 
Dilcadat  y  horas  del  medio  día,  año 
863  de  la  Hegira,  que  contiene  la 
obra  de  un  anónimo,  llamada  la  Co- 
media de  Blaíerón,  dividida  en  tres 
partes;  la  primera  trata  de  la  venta 
de  un  caballa,  y  hablan  en  ella  Bla- 
terón,  un  capitán  feroz  y  un  juriscon- 
sulto, los  cuales,  disputando  entre  sí 
\  sobre  la  venta  del  caballo,  dicen  mu- 
!  chas  cosas  tan  agudas  como  discre- 
tas: la  segunda  comprende  y  describe 
las  costumbres  y  amaños  de  ciertos 
vagabundos,  que,  ya  con  el  nombre 
de  médicos,  ya  con  el  de  astrólogos, 
ya  con  otros  de  este  jaez,  alucinan  y 
engañan  al  vulgo  crédulo;  y  por  úl- 
timo, la  tercera  hace  ver  las  costum- 
bres de  los  enamorados.»  ( Historia  ie 
la  literatura  y  del  arte  dramático  en  Es- 
paña.) Estos  son  los  dos  códices  que 
cita  Casiri.  En  fin,  los  autores  con- 
trarios á  la  idea  de  que  la  literatura 
de  Oriente  no  es  extraña  á  las  ficcio- 
nes teatrales;  sobre  todo,  bajo  la  for- 
ma mímica,  están  en  un  error,  como 
puede  verse  en  los  Fragmentos  de 
Hairi  y  Amabani,  insertos  en  la  fa- 
mosa Chresiomathie  árabe  de  Silvestre 
de  Sacy  (tomo  III,  página,  187,  282); 
en  Niebuhrs,  en  Alejandro  Burnes, 
Lañe,  J.  Brydgesi,  Belzoni,  Hi- 
chaud  y  Hummers's.  Kl  muy  erudito 
Adolfo  Federico  de  Scfaack,  autor 
de  la  Historia  y  literatura  del  arte 
dramático  en  España,  que  tradujo  con 
oportunas  ilustraciones  nuestro  doc- 
to  compatriota   Eduardo   de  Mier, 
asistió  en  Brussa,  Asia  menor,  á  una 
representación  semejante  á  la  que 
Hummers's  describe,  en  la  cual  se  re- 
lataban los  amores  de  Yussuf  y  Gu- 
leika.  Parécenos  haber  demostrado 
que  el  período  árabe  no  sofocó  los 
gérmenes  dramáticos  que  el  arte  es- 

Sañol  había  recibido  de  la  época  go- 
a,  sino  que  pudo  luministrarles  al- 


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gunot  modelos,  como  los  de  los  códi- 
ces meocionadoS)  de  doucie  pudieron 
sacarse  entonces,  eomo  pueden  sacar- 
se hoj,  mucIiBS  y  excelentes  come- 
dias. 

6.  Siglos  XI  y  XII. —Tipos  de  es- 
tas edades.  Se  denomiaaban  trovadores, 
por  oposición  al  de  cantores  popula- 
res, los  poetas  no  mercenarios  que  se 
coDsag:raban  al  arte  de  la  poesía.  Se 
llamaban  y«y¿ar«  (joglares),  los  poe- 
tas j  mímicos,  que  hacían  profesión 
de  cantar  por  dinero,  ó  (^ue  vivían  de 
la  poesía  j  del  laúd,  quieues  parecen 
ser  una  reminiscencia  de  lo  que  los 
latinos  llamaban  mimi  j  jaculaíores. 
Tocaba  también  al  oficio  de  los  jugla- 
res recitar  narraciones  poéticas,  cujo 
estilo  aenetUo,  distinto  del  que  asa- 
ban los  poetas  del  arte,  venían  á  ser 
una  memoria  de  la  poesía  popular. 
Estos  juglares  son  los  llamados  con- 
trafazedores  j  •mimos^  mientras  que  al- 
gún autor,  como  Nostradamus,  les  da 
el  nombre  de  cómicos. 

7.  Qéneros  literarios  de  la  Edad  me- 
dia, durante  elperiodo  de  la  literatura 
provental;  es  decir,  desde  los  siglos  XI 
al  XIV.  Son  famosos  eu  este  período: 
los  llamados  tenzones,  verdaderas  jus- 
tas poéticas,  en  las  cuales  se  resol- 
vían dialécticamente  las  cuestiones 
propuestas,  que  trataban  de  amores 
T  de  asuntos  privados  ó  públicos  en 
rorma  de  diálogo,  sin  constituir  casi 
nunca  una  acción  más  á  menos  dra- 
mática, propiamente  dicha:  las  pasto- 
retas  ó  pastorellas,  en  que  un  poeta 
departía  con  una  pastora  ó  con  un 
pastor,  precediéndolas  con  una  breve 
introducción, Estas  encantadoras  com- 
posiciones, de  las  cuales  se  conservan 
aún  ejemplos  preciosos  eu  las  obras 
de  Gavandáu  v  de  Quiraut  Riquier, 
trovadores  de  la  Provenza,  forman  á 
veces  un  vasto  conjunto,  á  cujras  par- 
tes sirve  de  lazo  una  historia  amo- 
rosa, imprimiéndoles  un  carácter  casi 
dramático;  esto  es,  el  carácter  de  una 
acción  sucesiva,  animada  é  interesan- 
te: las  albas  6  cantos  de  la  aurora,  que 
versan  sobre  los  placeres  nocturnos 
de  los  amantes  j  la  vuelta  del  día.  A. 
las  misteriosas  reuniones  de  tales  ena- 
morados acostumbra  asistir  un  centi- 
nela, que,  con  sus  gritos  ó  tocando  la 
flauta,  les  anuncia  la  venida  del  sol, 
para  que  el  celoso  marido  no  inte- 
rrumpa su  dicha.  En  estos  cantos, 
aparece  hablando,  ^a  el  centinela, 
que  avisa  á  los  amantes  la  llegada  de 
la  aurora;  /a  el  caballero,  que,  des- 

ués  de  empeñar  los  más  apasiona- 
os juramentos,  se  arranca  &  duras 
penas  de  los  hermosos  brazos  de  su 
amada;  ya  la  dama,  que  se  opone 
lesueltamente  á  la  despedida  de  su 
emante:  los  serventes,  cautos  proven- 
zales  dialogados,  hablando  en  térmi- 
nos generales. 

8.  Siglo  XIII. — Nuevos  tipos.  La 
Francia  meridional  nos  presenta  los 
tipos  siguientes:  «Todos  aquellos  que 
'líen  pobro  y  bajamente  y  no  son  ad- 
•lúüdos  en  ninguna  sociedad  culta; 
los  que  hacen  bailar  á  monos,  machos 
cabiíoi  j  pef{08,  é  imitan  el  canto  de 


las  aves,  ó  tocan  instrumentos  mdsi-. 
eos,  ó  divierten  al  pueblo  con  sus 
cantos,  recibiendo  en  cambio  una  mi- 
serable recompensa,  se  llaman  bufo- 
nes: los  más  cultos  y  los  que  se  de- 
dican á  artes  agradables  y  tratan  á 
los  nobles  con  frecuencia,  ya  toquen 
instrumentos,  cuenten  novelas,  reci- 
ten versos  y  canciones  de  otro,  ó  di- 
viertan de  una  manera  análoffa,  tie- 
uen  el  nombre  de  juglares:  los  <jue 
componen  versos  y  cantos,  6  cancio- 
nes bailables,  6  escriben  con  arte  co- 
plas y  baladas,  albas  y  serventes,  me- 
recen la  denominación  de  trovadores: 
los  más  notables  é  ilustres  entre  los 
últimos,  deben  ser  honrados  con  el  ti- 
tulo de  doctores  de  la  poesía.»  "En  cuan- 
to á  España,  las  clasificaciones  eran 
las  siguientes:  «los  músicos  se  llama- 
ban juglares;  los  actores,  remedado- 
res; los  trovadores  de  las  cortes,  se- 
griers;  y  los  que  se  dedican  á  innobles 
oficios  en  calles  y  plazas,  para  diver- 
tir al  vulgo  soez,  llevando  una  vida 
miserable,  se  designan  con  el  nombre 
infamante  de  cazurros,  el  cual  denota 
su  bajeza.»  Se^úu  las  Partidas,  los 
juglares  se  dividían  en  dos  especies: 
«remedadores  y  bufones,  declarándose 
in&mes  á  los  que  cantan  en  calles  y 
plazas  por  dinero,  ó  ejercitan  su  in- 
dustria públicamente;  y  exceptuando 
del  anatema  á  los  remedadores,  bufo- 
nes y  joglares  que  cantan  ó  tañen  ins- 
trumentos por  recreo  propio,  ó  para 
solaz  de  los  magnates  y  délos  reyes:» 
«otrosí  los  que  son  joglares  ó  los  reme' 
dadores  é  los  facedores  de  zaharrones 
(moharracho  ó  botarga)  que  pública- 
mente andan  por  el  pueblo  é  cantan 
6  facen  juego  por  precio;  esto  es,  por- 
que se  envilecen  ante  otros  por  aquel 
precio  que  les  dan.  Mas  los  que  tañe- 
rea  estrumentos  é  cantasen  por  facer 
solaz  á  sí  meemos  6  por  facer  plazer 
á  sus  amigos  ó  dar  solaz  á  los  reyes, 
ó  á  los  otros  señores,  non  serían  por 
endeeafamados.»^¿Í!tf  4.',  «¿«¿o  vil, 
partida  VII.)  Otra  ley  habla  de  las 
juglansas:  «Ilustres  personas  son  lla- 
madas en  latín  las  personas  honradas 
é  de  ^ran  guisa  é  que  son  puestas  en 
dignidades,  así  como  los  reyes  é  los 
(^ue  descienden  de  ellos,  é  los  condes, 
e  otrosí  los  que  descienden  dellos,  é 
los  otros  homes  honrados  semejantes 
destos.  E  estos  átales,  como  quier  que 
según  las  leyes  pueden  recebír  las 
barraganes,  tales  mujeres  ya  (jue  non 
deben  recebír  así  como  la  sierra,  ó 
fija  de  sierva.  Nín  otrosí  la  ()ue  fuese 
aforrada,  nin  su  fija,  nin  jvglaresa, 
nin  sus  fijas,  nin  tabernera,  nin  re- 
gatera, nin  alcahueta,  nin  sus  fijas, 
nía  otras  personas  de  aquellas  que 
son  llamadas  viles  por  razón  de  si 
mesmas  6  por  razón  de  aquellos  do 
descendieren,  ca  non  sería  guisada 
cosa  que  la  sangre  de  los  nobles  fuese 
embargada  nin  ayuntada  á  tan  viles 
mujeres,  E  sí  alguno  de  los  sobredi- 
chos ficiere  contra  esto,  ú  oviere  de 
tal  mujer  fijo  según  las  leyes,  non 
seria  llamado  fijo  natural,  antes  seria 
llamado  spurio,  que  quier  tanto  decir 
como  foraexino.  É  demás  tal  fijo  como 


este  non  debe  partir  en  los  bienes  del 
padre,  nin  es  el  padre  tonudo  ^obli- 
gado) de  criarle  si  non  quisiere.» 

(£eg^  8.\  titulo  XIV,  partida  IV.) 
Según  deduce  Schak  con  sabia  criti- 
ca, une  de  las  leyes  de  Don  Alfonso, 
importantísima  para  la  historia  del 
teatro,  viene  á  demostrar  que,  á  me- 
diados del  siglo  XIII,  eran  Recuentes 
en  España  las  representaciones  de 
dramas  religiosos  y  profanos;  que  se 
verificaban  dentro  y  fuera  de  las  igle< 
sias;  que  se  representaban,  ora  por 
clérigos,  ora  por  seglares,  según  eran 
piezas  sagradas  ó  profanas;  que  el 
arte  dramático,  menos  arte  que  oficio, 
se  consideraba  como  una  manera  de 
buscarse  la  vida;  que  las  obras  ra~ 
presentadas  no  coasistían  únicamen- 
te en  ciertas  pantomimas,  sino  que 
consistían  en  la  recitación  hablada,  ca- 
rácter esencial  del  arte  dramático,  de 
donde  le  vino  después  el  nombre  ge- 
nérico de  declamación.  Según  se  dedu- 
ce terminantemente  del  texto  literal 
de  la  ley,  en  los  nacimientos  que  se 
representaban  entonces  (la  nacencia 
del  Señor)  intervenían  personajes  que 
hablaban,  lo  que  hoy  llamamos  Ínter- 
locutores,  puesto  que  refiere  «la  veni- 
da del  ángel  y  cómo  dijo  á  los  pasto- 
res que  era  Jesucristo  nacido.»  Pero 
aun  prescindiendo  de  la  letra  de  aque- 
lla ley,  es  evidente  que  el  solo  hecho 
de  corregir  abusos  y  establecer  reglas 
á  propósito  de  las  fábulas  teatrales, 
basta  para  probar  que  las  representa- 
ciones escénicas,  el  arte  dramático, 
era  conocido  y  general  en  aquella 
sazón,  pues  no  se  hacen  leyes  tan  de- 
talladas sino  para  los  usos  y  costum- 
bres que  han  penetrado  en  la  vida 
común.  Por  otra  parte,  debe  enten- 
derse que  las  diversiones  y  esparci- 
mientos teatrales  se  habían  extendido 
tanto,  que  se  verificaban  en  las  al- 
deas y  en  los  más  humildes  lugares, 
puesto  que  Don  Alfonso  manda  «que 
non  lo  deben  ñicer  en  las  aldeas,  nin 
en  los  logares  viles.»  El  texto  de  la 
ley  citada  es  el  siguiente:  «Los  cléri- 

fos  non  deben  ser  facedores  de  juegos 
e  escarnios  porque  los  vengan  i  ver 
gentes,  cómo  se  facen.  E  si  otros  ho- 
mes los  ficieren,  non  deben  los  cléri- 
gos hi  venir,  porque  facen  hi  (allí) 
muchas  villanías  ó  desaposturas.  Nin 
deben  otrosí  estas  cosas  focer  en  las 
Iglesias:  antes  decimos  que  los  deben 
echar  dellas  deshonradamente  á  los 
que  lo  ficieren:  ca  la  Iglesia  de  Dios 
es  fecha  para  orar,  é  non  para  facer 
escarnios  en  ella.  Pero  representación 
hay  que  pueden  los  derivos  ñieer, 
así  como  de  la  nacencia  de  Nuestro 
Señor  Jesu-Cristo,  en  que  muestra 
cómo  el  ángel  vino  &  los  pastores,  é 
cómo  Ies  dijo  como  era  Jesu-Cristo 
nacido.  E  otrosí  de  su  aparición  cómo 
los  tres  Reyes  magos  le  vinieron  á 
adorar.  E  de  su  resurrección,  que 
muestra  que  fué  crucificado  ó  resucito 
el  tercero  día:  tales  cosas  como  estas, 
que  mueven  al  ome  á  facer  bien  é  á 
haber  devoción  en  la  fé,  pnédenlas 
facer,  é  demás,  porque  los  ornes  hayan 
remembranza  que  según  aquellas  fiie- 


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ron  las  otras  fachas  en  verdad.  Mas 
esto  deben  facer  apuestamente  é  con 
mu^  gran  devoción  é  en  las  cibdades 
grandes  donde  oviere  arzobispos  ó 
obispos*  é  con  su  mandado  dellos  ó 
de  los  otros  que  toviaren  sus  veces,  é 
non  lo  deben  facer  en  las  aldeas,  nin 
en  los  logares  viles,  nin  por  ganar 
dinero  con  ellas.»  (Le^^  34,  titulo  VI, 
Partida  I.)  Hemos  dicho  que  esto- 
aconteció  &  mediados  del  siglo  de  Don 
Alfonso,  porque  la  ley  anterior  faé 
hecha  de  Í252  á  1257. 

9.  Corpju  Chritti,  Liu  tret  Maríatf 
SI  Suplido  de  tan  Ésteba»,  La  Farsa 
do  lot  Santoi  Jnoemtes.  Kn  el  mismo 
siglo  de  Alfonso  X  se  popularizó  la 
famosa  fiesta  del  Corpus  Christi,  la 
más  solemne  de  la  cristiandad,  insti- 
tuida por  Urbano  IV  y  adoptada  des- 
pués con  gran  fervor  en  todos  los  paí- 
ses católicos,  siendo  de  notar  que, 
entre  las  procesiones  j  ceremonias 
con  qne  se  celebró  al  principio,  figu- 
raron representaciones  dramáticas. 
{Jacobut  GriBtser,  De  sacris  perearina- 
tionibut,  Ingolstadt,  1606.)  EspaQa 

{losee  nn  precioso  códice  litúrgico  de 
a  catedral  de  Gerona,  de  1360,  que 
ei  el  documento  más  antiguo  que  nos 
da  noticias  de  la  fiesta  d»  Corpus,  el 
cual  hace  constar  qne  la  fiesta  se  in> 
trodujo  en  Gerona  en  los  tiempos  de 
Palaeiolo  (Berenguer),  conde  de  Bar- 
celona, muerto  en  1318,  añadiendo 
que  hubo  procesión  con  gigantes  j  fi- 
guras ridiculas  en  la  mañana  del  mis- 
mo día  destinado  á  la  solemnidad. 
(Plórkz,  España  Sagrada.  JKatA  fiesta, 
perpetuada  hasta  nuestros  tiempos,  es 
el  Triunfo  de  la  Sania  Eucaristía  cele- 
brado después  con  dramas  religiosos, 
tales  como  SI  Sacrificio  de  Isaac  y  El 
Su9ñoy  venta  de  Jacob,  cuyos  dramas 
no  eran  otra  cosa  que  los  autos  sacra- 
mmiaUt.  La  misma  liturgia  gerun- 
dense,  tan  rica  en  documentos  para 
la  historia  nacional,  nos  da  una  noti- 
cia samamente  cariosa.  Los  canóni- 
gos de  la  catedral  se  obligaban  so- 
lemnemente, cuando  aceptaban  su 
ministerio,  i  representar  un  juguete 
dramático,  que  se  titulaba  Zas  Tres 
Marías,  en  la  mañana  del  primer  día 
de  Pascua,  mientras  que  en  la  segun- 
da víspera  de  Navidad  se  representa- 
ba El  Suplicio  de  san  Esteban,  así 
como  una  farsa  burlesca,  en  la  octava 
de  los  Inocentes.  Esta  farsa  se  distín* 

f^uía  por  una  circunstancia  particu- 
ar,  mencionada  con  el  major  escrú- 
pulo, la  cual  consistía  en  que  callaban 
ios  coros  de  mancebos. 

10.  Teatro  del  mío  XIV  al  XV. 
— Mimos.  Fernán  GómM  de  Cibdad- 
Beal  (Centét  epistolario,  epístolas  29 
y  76)  j  Qazmin  (Claros  Varones,  ca~ 
pítuto  33),  nos  dan  la  noticia  de  que 
en  el  reinado  de  Don  Juan  II  se  re- 
presentaron momos  j  danzas:  cEl  rey 
hizo  gran  fiesta  á  la  reina,  y  en  tanto 
que  en  Soria  estuvo,  se  hicieron  gran- 
des fiestas,  donde  salieron  loscabnlle- 
ros  rioameute  abillados  (adere/,adus  ú 
vestidos)  •  después  de  aquellos  se  hi- 
cieron danzas  j  momos.»  Confirma 
lerte  bocho  «1  pasaje  siguiente:  «En  el 


año  1440  fueron  i  Logroño  el  conde 
da  Haro,  el  marqnés  de  Santillana  y 
el  obispo,  de  Burgos  para  recibir  y 
acompañar  á  la  inntnta  Doña  Blanca, 
esposa  del  príncipe  Don  Enrique,  y  á 
su  madre  la  reina  de  Navarra,  y  el 
conde  de  Haro  hizo  en  Briviesca  mu- 
chas fiestas  en  honor  de  estas  damas; 
entre  ellas,  momoj,  toros  y  torneos.» 

11.  Gomedieta  de  Poma,  obra  del 
marcenes  de  Santillana,  cuyo  original 
inédito  se  halla  en  la  biblioteca  im- 
perial da  París  (número  7824),  de 
cuya  producción  nos  hablan,  entre  los 
anti^oa,  Hernando,  en  sus  Comenta- 
rios a  Garcilaso,  y  entre  los  moder- 
nos, Martínez  de  la  Rosa  en  sus  obras 
literarias.  La  Gomedieta  de  Panza  no 
hubo  de  escribirse  para  ser  representa' 
da,  puesto  qne  es  una  espacie  de  poe- 
ma, el  cual  se  refiere  al  combate  naval 
que  se  dió  en  25  de  Agosto  de  1433, 
en  las  inmediaciones  da  la  isla  de 
Poma,  entre  los  genoveses  y  los  reyes 
de  Aragin  y  Navarra,  quienes  caye- 
ron en  poder  de  los  enemigos,  según 
refieren  la  Crónica  del  Reg  DmJuan  II 
( página  Sol  j  T  el  padre  Mariana  ( His- 
toria general  de  Sspaiía,  libro  XXI,  car 
plíulo  9.") 

12.  ^«Mk— En  el  mismo  sij^lo  se 
representó  La  Pasión  en  la  iglesia  del 
Carmen,  según  el  arcipreste  de  Tala- 
vera  (  Coroacho  ), 

13.  Representación  de  seres  morales. 
— Esta  época  nos  ofrécela  creación  de 
un  ginero  notable,  en  que  la  fantasía 
parece  convertirse  en  conciencia,  como 
sí  en  al  teatro  penetrara  el  concepto 
profundo  de  la  abstracción,  lo  que  pu- 
diéramos llamar  la  metafísica  del  arte 
dramático.  Esta  especie  de  hallazgo 
del  siglo  xiv  es  la  intervención  de  se- 
res morales  en  la  fábula  teatral,  ca- 
rácter propio  de  la  ¿oa  y  del  auto.  El 
nombre  de  loa  no  se  aplicó  á  la  crea- 
ción mencionada;  paro  eta  el  hecho 
sin  el  nombre.  Bn  efecto,  los  persona- 
jes del  drama  alegórico  del  marqués 
de  Villena,  para  solemnizar  las  fies- 
tas que  se  celebraron  en  1414  con  mo- 
tivo del  advenimiento  de  Fernando  de 
Castilla  al  trono  de  Aragón,  eran  la 
Justicia,  la  Verdad,  la  Paz  y  la  Mise- 
ricordia. T  no  se  dis'a  que  esta  suceso 
es  una  conjetura  da  los  eruditos,  pues- 
to que  dicha  alegoría,  verdadera  loa, 
fué  representada  en  Zaragoza  ante  una 
escogida  concurrencia  de  aquella  ciu- 
dad. A  juzgar  por  los  personajes  que 
figuran  en  el  drama  alegórico  del  mar- 
qués de  Villena,  hay  motivo  para  su- 

fioner  que  aquella  alegoría  debió  ser 
a  creación  más  original  y  trascenden- 
te del  arte  dramático  en  el  siglo  xv. 
Desgraciadamente  para  las  letras  es- 
pañolas, este  drama  alegórico  se  ha 
perdido,  como  se  perdieron  las  tra- 
ducciones de  Virgilio  y  del  Dante 
por  el  mismo  autor,  como  se  perdie- 
ron también  los  Trabajos  de  Hercules, 
no  pudiendo  decirse  si  estaban  escri- 
tos en  verso,  ó  bien  si  eran  un  trata- 
do mitológico  en  prosa.  Todas  las 
ubras  qua  acabamos  da  mencionar, 
debían  existir  en  los  tiempos  del  pa- 
dre Mariana. 


14.  Entremetes.  Zurita  (Anales  de 
Aragón,  Ubm  XII,  capitulo 34 J,'hAhla 
en  general  de  los  espectáculos  con  que 
fué  celebrada  la  fiesta  da  la  corona- 
ción. Entre  los  espectáculos  referidos, 
se  encuentra  el  vocablo  entremesas. 
Hacia  fines  del  mismo  siglo,  1490, 
era  común  la  representación  de  los 
entremeses  en  Madrid,  según  documen- 
tos de  aquella  época.  (Libro  III,  de 
Tirante  el  Blanco.) 

15.  Representaciones  dramáticas  de 
las  iglesias. — Un  canon  del  Concilio 
de  Aranda,  al  declinar  el  siglo  xv, 
1473,  habla  de  los  juegos  escénicotf 
mascaradas,  monstruos,  espectáculos  y 
figuras  escandalosas,  que  aparecían  ea 
las  iglesias  en  las  festividades  de  A^o- 
vidai,  san  Esteban,  san  Juan  y  santos 
Inocentes,  cuando  se  cantaban  nuevas 
misas  y  en  ciertos  días  festivos.  Men- 
ciona también  los  desórdenes  que  pro- 
ducían, así  como  las  poesías  chocarre— 
ras  y  bufonadas  que  se  oían  en  aque- 
llas solemnidades,  en  lo  cual  se  funda 
para  prohibir  terminantemente  tales 
licencias,  imponiendo  castigos  á  los 
clérigos  que  las  cometiesen  y  las  to- 
lerasen; si  bien  exceptuando  las  re- 
presentaciones honestas  y  devotas  que 
se  verificaban  en  los  días  festívos 
mencionados,  así  como  en  otros,  que 
no  refiere.  Una  prohibición  análoga 
encontramos  en  otro  canon  del  Con- 
cilio de  Gerona,  publicada  dos  afi,os 
después,  ó  sea  en  1475.  (España  Sa^ 
grada,  tomo  XLV, página  17.) 

16.  Siglo  XV.  —  Tragicomedia  de 
Calixto  y  Melibea,  ó  la  Celestina.  El 
origen  de  la  Celestina  está  enlazado  á 
una  cuestión,  que  parece  ambigua 
en  los  autores.  Rodrigo  Cota,  que  se 
suele  llamar  el  Viejo,  sin  duda  para 
diferenciarle  da  otro  Bodrigo  Gota, 
que  hubieron  de  llamar  el  Joven,  ¿es 
el  bachiller  Fernando  da  Rojas,  6  un 
personaje  diferente?  Muchos  eruditos 
contestan  de  ana  manera  afirmativa 
á  la  primera  parte  de  la  anterior  pre- 

fiinta,  y  nosotros  hemos  participado 
urante  mucho  tiempo  de  la  misma 
opinión.  Hoy,  en  virtud  de  nuevas 
averiguaciones,  parécenos  del  caso 
mudar  de  consejo.  Rodrigo  Cota,  no 
Juan  de  Mana,  dispuso  la  traza  y  es- 
cribió un  acto  de  la  tragicomedia, 
mientras  que  al  bachiller  Fernando 
de  Rojas  afiadió  al  libro  los  veinte  ac- 
tos que  completan  la  obra  en  cuestión. 
El  nombra  de  Rodrigo  Cota  anduvo 
mezclado  con  el  del  bachiller,  de  don- 
de provino  la  confusión  de  dichos  per* 
sonajes,  (jue  son  distintos  en  realidad, 
pues  esta  averiguado  que  Rodrigo 
Cota  era  un  escritor  de  Toledo,  en 
tanto  que  Femando  de  Rojas  era  hijo 
de  la  Puebla  de  Montalbán,  según 
resulta  de  unos  versos,  que  están  al 
final  da  la  Celestina  y  que  insertare- 
mos más  adelante,  para  la  cabal  ilus- 
tración de  la  materia. 

17.  Noiicias  del  libro. — No  conoce- 
mos la  primera  edición  de  Salamanca, 
iiecha  eu  el  año  de  1500.  Las  dos  t-di- 
cioues  que  hornos  visto,  son  la  de  Ve- 
necia,  de  1553,  y  la  da  Medina  del 
Campo,  de  15b¿.  La  portada,  en  cuyo 


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centro  bay  nn  enbado  eaa  tres  B^a- 
ns,  las  eusles  deben  Yepresentar  a  la 
C^estína,  Calixto  y  Melibea,'dice  asi: 
Tra^icoatedia 
de  Calixto 
y  Melibea, 
en  la  qual  se  contienen  (de  mit  de  su 
kgradable  ;  dulce  estilo)  muchas  sen- 
tencias philosophales  j  auixoa  (avi- 
K»)  necessarios  para  mancebos»  mos- 
trándoles los  engaños  que  están  ence- 
rrados en  semientes  (servientes)  j  al- 
cahuetas. 

Sn  Medina  del  Campo 
Por  Francisco  del  Canto, 
Á  costa  de  CUmdio  CwrUtt 
Sabo^anot  y  Pablo  Áseanio, 
La  licencia  está  dada  por  el  rey 
Don  Felipe,  á  12  de  Agosto  de  1581. 
A  la  licencia  sigue: 

Yo  Christoual  de  Ledn  escriuano 
de  Cámara  de  Sa  Magestad  la  fize  es- 
cñair  por  su  mandado  con  acuerdo  de 
los  del  su  Cúsejo. 

Los  del  Consejo  eran: 
istoaÍM  S^iscopui. 
Bl  lícenctado  Puen  mayor* 
El  licenciado  Ximénez  Ortú. 
Don  Pedro  Porto  Carrero. 
Bl  licenciado  Riba  de  Neyla. 
Bl  licenciado  DS  Fernido  Nifio  de 
Guevan. 
Bl  lieanciado  Guardiola. 
El  libro  principia  con  onee  estan- 
cias de  ocho  T«rsos,  que  son  un  acrós- 
tico; aanque  no  presentan  la  forma 
de  tal,  porque  esperaba  declararlo  en 
mu  nota,  que  se  ancaentra  al  fia: 
Declara 
el  Secreto  que  el  Aactor 
encabrió  en  los  metros  que 
puso  al  principio  del 
libro. 

Ni  qaie»  mi  pluma 
Ki  mftnda  rftsón 
Qa«  qneds  1»  fnm» 
Da  Bqnaat*  gran  hombre. 
Ni  ao  dign»  gloria, 
Ni  aa  claro  nombre, 
Cobisrto  de  olvido 
Por  nuestra  oooaaión. 
Por  ende  jantemoa 
De  oada  renglón 
De  ene  onie  ooplaa, 
La  letra  primera, 
Laa  qaalea  dMOobm 
Por  aabia  manara 
Bu  nombr*,  m  tierra, 
Su  eUra  aaol6n. 

Ea  efecto,  las  letras  iniciales  de 

ios  88  pies  de  las  once  estancias,  con 
que  principia  el  libro,  dan  las  voces 
«galeotes:  «El  bachiller  Fernando  de 
Roja»  acabó  la  comedia  de  Calixto  y 
Melibea,  nascido  en  la  Puebla  de 
Montalbán.»  Por  consiguiente,  pode- 
mos afirmar  que  Rodrigo  Cota  y  el 
lachiller  Fernando  de  Rojas  no  son 
«I  mismo  personaje,  así  como  que 
aquellos  ingenios  peregrinos  hicieron 
J  scabaron  respectivamente  uno  de 
os  más  grandes  monumentos  de  las 
letras  patrias. 
18.  ¿iteraíura  del  libro,  at  fama,  s% 
s*  trascendenaa.—&sU  extra- 
ña piodaceión  semidramática  y  semi> 
MWlesca,  dice  el  docto  Schack,  fué 
compoesta  por  dos  escritores  y  tuvo 
un  portentoso  éxito,  según  se  des- 
pnode  de  las  numerosas  edieiones 


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qae  i  poco  se  hicieron  da  ella,  no 
sólo  en  diversas  ciudades  de  España, 
sino  en  Venecis,  Milán,  Antuerpia, 
y  de  las  traducciones  italianas,  fran- 
cesas, alemanas  é  inglesas,  con  que 
fué  favorecido  este  lioro  europeo.  Ea 
Inglaterra  se  imitó  también,  y  la  imi- 
tación más  antigua  es  la  de  lo30.  (Co- 
LLiBB,  History  of  Dramatic  Poeirif.) 
Se  ha  llamado  Í  esta  tragicomedia 
una  obra  original  de  primer  orden, 
porque  no  existe  otra  alguna  de  su 
género,  cuya  opinión  califica  de  erró- 
nea el  sabio  alemán,  mencionado  an- 
tes, quien  entiende  ^ue  la  obra  espa- 
fiola  es  ana  imitación  de  la  comedia 
atribuida  á  Ovidio^ Pampkilus  de  doat- 
mentó  amoris),  le  cual  le  sirvió  de  mo- 
delo, aunque  es  muy  superior  á  ella 
en  todos  sentidos.  Consta  que  los  au- 
tores de  la  Celestina  no  la  escribie- 
ron para  representarse,  atendida  la 
multitud  de  actos  que  dieron  al  poe- 
ma, ni  se  sabe  tampoco  que  se  haya 
hecho  tentativa  alguna  para  llevarla 
á  la  escena  en  su  antigua  y  primera 
forma.  Pero  realizó  tan  perfectamen- 
te su  propósito,  ofreciendo  un  cuadro 
de  los  extravíos  de  la  pasión  para  es- 
carmiento general,  con  un  diálogo 
tan  perfecto,  unido  á  caracteres  tan 
sabia  y  vigorosamente  dibujados,  que 
llegaron  &  ser  los  modelos  de  muchos 
dramáticos  del  siglo  xvi  y  aun  de  los 
siglos  posteriores.  Bl  intento  de  ha- 
cer una  resefia  exacta  de  la  acción  y 
de  las  sitaaciones  de  esta  obra,  resul- 
taría fkstídioso  y  prolijo,  en  atención 
á  que  todo  su  encanto  depende  de 
la  verdad  del  argumento,  de  la  sol- 
tura del  diálogo  y  de  los  admira- 
bles rasgos  con  que  caracteriza  á 
sus  diversos  personajes,  en  cuya  di- 
ligencia aventaja  de  mucho  á  todo 
entusiasta  encarecimiento.  Digamos, 
empero,  cuatro  palabras,  pues  adivi- 
namos que  mis  de  un  curioso  estará 
rebulléndose  en  sa  interior  por  meter 
el  cuezo  en  alguna  aventura  de  la  fa- 
mosa madre  Celestina,  la  cual  no  fué 
rufiana  cuando  pudo  servir  para  man- 
ceba; vÍ4(ja  sospechosa,  agna  de  ges- 
to, ccm  an  ojo  cubierto  por  el  extremo 
de  la  toca;  de  chistes  malignos;  de 
dichos  revesados;  de  intenciones  avie- 
sas; con  arte  y  parte  en  el  demonio; 
entroncada,  mediante  ayuntamiento 
carnal,  con  la  propia  estampa  de  Lu- 
cifer. Calixto,  rapaz  solariego,  atilda- 
do y  galán,  se  enamora  perdidamente 
de  Melibea,  doncella  hermosa,  como 
se  infiere;  dama  honesta,  como  se  su- 
pone, la  cual  contestaba  á  los  atrevi- 
mientos de  su  amante  medio  apetito- 
sa, medio  desganada;  esto  es,  entre 
enamorada  y  desabrida,  no  pudiendo 
decirse  por  qné  se  ruboriza  su  sem- 
blante; si  por  lo  ignorado  ó  por  lo  sa- 
bido. Pero  el  mancebo,  no  teniendo 
bastante  con  el  almibarado  remilgo 
de  aquellos  amores,  pr  como  espoleado 
por  el  acicate  de  la  imaginación,  que 
siempre  fué  atrevida  en  el  que  ama, 
acude  á  una  alcahueta  de  artes  dia- 
bólicas, porque  las  rufianas  de  aque- 
llos siglos  eran  al  mismo  tiempo  ru- 
fianas y  brujas,  la  cual,  por  la  indus- 


LITE 


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tria  de  sus  filtros,  encantamientos, 
astucias,  guadramañas  y  artificios  de 
toda  suerte,  llega  á  corromper  el  co- 
razón sencillo  de  la  eucaotadora  Me- 
libea. La  bruja  rufiana,  que  anda  en 
el  cuento,  no  es  otra  que  la  madre  Ce- 
lestina, la  cual  da  nombre  á  la  com- 
posición. Mientras  que  la  dama  repo- 
sa en  los  brazos  del  dichoso  amante, 
sus  criados  se  solazan  también  de 
cierto  modo  en  casa  de  la  bruja,  don- 
de se  arma  una  pendencia  tal,  que 
dan  muerte  -á  la  vieja  rufiana;  la  jus- 
ticia viene,  se  apodera  de  los  culpa- 
bles y  los  ahorca.  Pero  de  aquí  resul- 
ta que  los  amigos  de  los  muertos  ja- 
ran vengar  en  Ta  cabeza  de  sus  seño- 
res el  desaguisado  de  los  sirvientes. 
En  tanto  que  los  dos  amantes,  cuyos 
deseos  habían  tomado  mayores  creces 
con  el  incentivo  de  los  pasados  gozos, 
se  abandonan  de  nuevo  á  complacen- 
cias que  no  son  para  dichas,  se  oye 
una  turba  de  furiosos  que  amenaza 
derribar  las  puertas.  Sale  Calixto  y 
muere  á  manos  de  la  turba,  Melibea, 
loca  de  dolor,  se  sube  á  lo  más  alto  de 
uaa  torre,  confiesa  &  sus  padres  la 
culpa  cometida,  les  cuenta  la  muerte 
del  amante,  promete  seguir  á  su  ado- 
rado y  se  precipita  desde  aquella  al- 
tura. No  pueden  negarse  notables  re- 
cursos de  imaginación,  ni  grandes 
talentos  dramáticos  i  poetas  que  for- 
man aquel  plan  y  qae,  sin  emba^ 
de  su  sencillez  extremada,  lo  desen- 
vuelven en  veintiún  actos.  No  hay  pa- 
labras bastantes  para  encarecer,  como 
se  merece,  el  valor  poético  de  esta 
obra.  Resplandece  en  ella  un  ^ran 
ingenio  en  la  exposición:  la  ridicu- 
lez y  perversidad  humanas  se  presen- 
tan á  nuestra  vista  en  toda  su  deforme 
desnudez;  los  caracteres,  auni^ue  to- 
mados de  la  vida  ordinaria,  están  tra* 
zados  con  mano  maestra,  sin  que  se 
confundan  jamás;  el  lenguaje  de  los 
amantes  es  fogoso  y  apasionado;  el 
oficio  de  la  rufiana  nos  nace  ver  una 
maravilla,  que  únicamente  puede  en- 
contrarse en  los  escondites  de  aque- 
llos tiempos;  mientras  que  el  diálogo, 
vivo  ejemplo  de  belleza  poética,  tie- 
ne momentos  de  tan  afortunada  osa- 
día, que  llega  á  ser  inimitable.  Casi 
siempre  se  rinde  homenaje  á  las  cos- 
tumbres de  aquellos  siglos,  al  propio 
tiempo  que  se  les  da  animación  y 
vida;  y  todo  esto,  juntamente  con  las 
excelencias  indicadas,  infunde  tal 
placer,  que  casi  se  olvida  por  comple- 
to la  seca  y  demacrada  historia  que 
la  malicia  lee  en  su  fondo.  Todas  estas 
dotes  hacen  de  la  tragicomedia  una 
obra  muy  preferible  á  las  muchas  imi< 
taciones  que  le  siguieron.  Si  el  drama 
nacional  había  de  elevarse  á  grande 
altura,  menester  era  seguir  el  camino 
marcado  por  aquellos  ingenios  singu- 
lares, aprendiendo  á  trazar  planes 
dramáticos,  sin  salir  de  la  verdadera 
región  de  la  poesía,  en  cuyo  sentido 
puede  asegurarse  que  aquel  drama 
informe  fué  el  modelo  que  contribuyó 
más  eficazmente  á  que  saliera  de  su 
infancia  el  teatro  espaflol.  Tal  es, 
punto  más^  punto  menos,  el  juicio 


TOMO  m 


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del  ma^  erudito  alemán^  autor  de  U 
ffisiona  4t  la  Uíeratnra  jf  dgl  arte  dra- 
mdtie»  e»  Eipaña, 

19.  Nuevas  mirag. — Hablando  de  la 
LITERATURA  en  general,  hallamos  que 
la  tragicomedia  se  ve  retratada  hasta 
cierto  punto  en  la  preciosa  Dorotea 
del  Fénix  de  lot  ingenios  (inferior  sin 
duda,  siendo  tan  superior,  al  libro  de 
Cota  7  del  Bachiller),  del  mismo  modo 
que  se  encuentra  reproducida,  en  su 
espíritu  j  hasta  en  su  letra,  en  mul- 
titud de  obras,  como  La  Pícara  Justi- 
na, del  licenciado  Francisco  López  de 
Ubeda;  como  ffl  soldado  Pindaro,  de 
Qonzalo  de  Céspedes;  como  Xa  vida 
y  hechos  del  picaro  Grnzmán  de  A  Ifara^ 
cke^  de  Mateo  Alemán ;  como  JSl  lata- 
riilo  del  TormeSf  de  Hurtado  de  Men- 
doza; como  M  Caballero  puntual,  de 
Alfonso  Salas  BarbadiUo;  como  Za 
vida  de  Bstebanillo  Gotaálet;  como  el 
mismo  Gil  Blas  de  Santillana,  lo  cual 
prueba  también  que  el  Gil  Blas  es 
una  corriente  que  no  tomd  sus  aguas 
en  manantiales  extraños.  Aquellas 
páginas  no  pueden  escribirse  sino  en 
el  pueblo  que  inrenta  ó  que  copia  la 
figura  de  Celestina,  la  cual  no  tiene 
parecido  en  el  mundo.  Si  Francia  es- 
cribió el  Gil  Blas,  los  españoles  se 
fueron  á  Francia.  Sí  lo  escribió  Le 
Sage,  Le  Sage  era  español.  Cada  na- 
ción hace  preferentemente  aquellas 
cosas  que  están  en  la  línea  de  su  ge- 
nio, j  esas  cosas  que  no  se  hacen  más 
que  en  nuestra  nación.  Bl  alma  <jue 
vive  en  Gil  BlaSt  es  el  alma  que  vive 
en  £a  Celestina.  Perdónenos  el  pue- 
blo francés;  perdónenos  Lq  atge, 
pero  si  cierta  gracia  nativa  tiene  te- 
soros en  la  tierra,  que  no  se  busquen 
fuera  de  España.  En  cuanto  á  las  fá- 
bulas teatrales,  hallamos  también 
que  la  tragicomedia  dió  al  arte  dra- 
mático su  argumento,  su  máquina, 
aus  episodios  y  sus  tipos;  es  decir,  su 
éxito  moral,  sus  formas  dialogadas, 
sus  caracteres,  sus  peripecias,  casi 
todo.  El  Sempronio  de  Rodrigo  Cota 
y  del  Bachiller  es  el  gracioso  de  plan- 
tilla en  la  comedia  de  capa  y  espada; 
la  bruja  rufiana  es  la  antigua  dueña 
con  la  toca  de  obligación  y  el  rosa- 
río  que  cuelga  hasta  media  ñilda,  de 
donde  Tiene  la  característica  actual; 
Calixto  jr  Melibea  representan  el  galán 
y  la  (/«ns,  dechados  perpetuos  de  la 
comedia  sneesiva,  tanto  en  aquellos 
tiempos  como  en  el  día  de  hoy.  Cuan- 
do se  tienen  en  la  mano  los  múltiples 
hilos  de  la  erudición  nacional,  se  ve 
claramente  que  la  tragicomedia  for- 
ma una  línea,  la  cual  comprende  des- 
de SI  Entremés  de  las  aceitunas  hasta 
el  Don  Alvaro  ó  La  J'uersa  del  sino. 
¡Tal  y  tan  grande  fue  la  trascenden- 
cia de  aquel  libro  monumental!  La 
Celestina  echa  la  llave  al  famoso  siglo 
de  Don  Juan  II. 

20.  Siglo  XVI. — Representaciones 
pantomimicas.  En  la  larga  descripción 
que  trae  Ortiz  de  Zúñiga  (Anales  de 
Sevilla,  edieüí»  de  1796,  tomo  pá- 
gina 339^  dice  que  en  el  año  de  1526, 
con  motLTO  de  las  bodas  de  Carlos  V, 
se  levantuon  diversos  tablados,  en 


los  cuales  había  imágenes  animadas 
(esto  es,  personas)  que  figuraban  el 
poder  T  virtudes  del  emperador.  Veían- 
se alu  el  Mundo,  la  Providencia,  la 
VÍ£^lan(»a,  la  Rasón,  la  Verdad,  la 
Constancia,  la  Clemencia,  la  Fuerza, 
la  Paz,  la  Religión  j  otros  machos 
personajes  alegóricos. 

21.  Representaciones  de  SI  Centu- 
rión, de  ta  Magdalena  g  de  Santo  To- 
más. Prohibicitm  de  los  juegos  escéni- 
cos en  el  dia  de  los  Inocentes,— "Ño  se 
sabe  en  qué  época  comenzaron  las 
representaciones  mencionadas;  aun- 
'  que  consta  que  la  de  El  Centitrüín 
se  verificaba  en  los  maitines;  la  de 
La  Magdalena  y  Santo  Tomás,  tenía 
lugar  antes,  durante  y  después  de  la 
misa.  Estas  tres  representaciones  se 
abolieron  por  un  decreto  del  Capítulo 
de  la  Iglesia  gerundense,  expedido 
en  1534.  Dicho  decreto  reforma  tom> 
bien  el  juguete  dramático  de  Las  Tres 
Marías,  determinando  el  modo  ma- 
nera de  verificar  la  representación, 
cuja  ritualidad  era  la  siguiente:  cPri- 
mero  entonaban  Las  Tres  Marías,  ves- 
tidas de  negro  7  en  el  lugar  destina- 
do á  cantar  el  introito,  los  versos  acos- 
tumbrados: luego,  habían  de  dirigirse 
cantando  al  altar  mayor,  en  donde  se 
erigía  un  catafalco  con  muchas  luces. 
Alh  las  esperaban  el  mercader  de  espe- 
cies con  su  mt^er  i  hijo  y  otro  merceuler 
con  su  esposa,  y  entonces  empezaba  la 
representación  del  juguete  dramático, 
ungiendo  el  Santísimo  Cuerpo  con  los 
perfumes  que  se  compraban.»  Mien- 
tras que  duralw  el  espectáculo,  se 
prohibía  que  discurrieran  por  el  trán- 
sito cnalesqniera  personas,  ora  taflen- 
do  timbales  ó  trompetas,  ora  tirando 
confites,  como  se  acostumbraba  á  la 
sazón.  Es  curioso  advertir  que,  en  las 
representaciones  de  SI  Centurión,  de 
La  Magdalena  y  de  Santo  Tomás,  ha- 
bía la  costumbre  6  la  corruptela  de 
pescar,  según  dice  el  decreto  referido, 
el  cual,  escrito  en  latín,  principia  de 
este  modo:  Bl  sábado,  día  10  de  Ma^o 
de  1534,  se  decretó  la  providencia  si- 
guiente, por  oomún  acuerdo  de  los 
presentes  j  de  los  mandatarios  de  los 
enfermos.  cAunque  nuestros  mavores, 
ya  por  piedad,  ya  para  excitar  la  de- 
voción del  pueblo,  hubiesen  dispues- 
to que  cada  eanóuigo,  al  ingresar  en 
este  Capítulo,  se  obligase  por  orden 
de  antigüedad  en  la  fiesta  de  la  Pas- 
cua de  Resurrección  de  Jesucristo, 
nuestro  Redentor,  á  representar  en 
esta  Iglesia  gerundense  y  horas  ma- 
tutinas lo  que  vulgarmente  se  deno- 
mina Las  Tres  Marías;»  y  concluye: 
«Las  representaciones  de  El  Centu- 
rión, de  La  Magdalena  y  de  Santo  To- 
más, que  se  acostumbraban  hacer  an- 
tes, durante  y  defmués  de  las  víspe- 
ras, en  las  cuales  nabía  la  costumbre, 
ó  más  bien  la  corruptela,  de  pescar, 
han  de  abolirse  por  completo,  porque 
así  lo  quiere  y  decreta  el  dicho  Cabil- 
do, y  prohibió  y  prohibe  todo  aquello 
que  no  haya  consentido  más  arriba, 
sea  lo  que  fuere,  á  no  ser  que  se  haga 
por  acuerdo  unánime  y  expreso  con- 
sentimiento de  dicho  Cabildo.» 


Transcurridos  treinta  y  un  afios,  aa 
Concilio  de  Toledo  prohibe  los  juem 
escénico»,  que  se  verificaban  en  el  día 
de  los  Inocentes,  estableciendo  eiert» 
reglas  para  el  decoro  de  los  templos  y 
de  los  sacerdotes:  «El  Santo  Concilio 
prohibe  drade  ahora  el  torpe  abúso  do 
que  en  el  día  de  los  Inocentes  se  acos- 
tumbre celebrar  dentro  de  las  iglesias 
ciertos  juegos  escénicos,  ya  por  la 
ignominia  que  de  ellos  resulta  al  or- 
den eclesiástico,  ya  por  la  ofensa  que 
se  infiere  á  la  Divina  Majestad...  Los 
espectáculos,  cualesquiera  juegos  j  . 
coros  que,  previa  licencia  del  Ordi- 
nario, solo  se  han  de  celebrar  en  eier<  ! 
tas  solemnidades  y  procesiones  (dqd- 
ca  al  mismo  tiempo  que  los  divinos  ¡ 
oficios)  podrán  entonces  celebnrse 
dentro  de  la  misma  iglesia.  Cuidan, 
empero,  los  Obispos  y  sus  Ytctrios 
que,  al  conceder  un  permiso  para  dir  ' 

fiúblicos  juegos  y  espectáculos,  sélo  ¡ 
o  extiendan  i  los  que  en  nada  pe- 
den ofender  á  la  religión  cristiana, 
ni  desmoralizar  en  lo  más  mínimas 
los  espectadores.  Decreta  también  el 
Santo  Concilio  <^ub  el  Obispo  no  ha  de 
consentir  otros  juegos  y  espectáculos 
que  aqiiellos  que  muevan  á  la  piedad 
a  los  ánimos  de  los  espectadores  j  | 
puedan  apartarlos  de  las  malas  cos- 
tumbres. Y  para  qué  nada  se  haga 
impropio  del  orden  eclesiistieo,  pro- 
hibe el  Santo  Concilio  que  todos  los 
que  hayan  recibido  las  Órdenes  sa- 
gradas, ó  que  tengan  beneficios  ecle- 
siásticos, se  cubran  con  máscalas  ó 
disfraces  en  cualquier  lugar  y  tiem- 
po, ó  que  representen  papel  al^no 
en  Qualesquiera  espsctáeaíos  y  jue- 

§os.»  (Üoneilio  toledimo  de  1565,  acta 
el  capítulo  XXI,) 
22.  Resumen,  teatro  español.— Cuü- 
do  se  estudian  escrupulosamente  las 
tradiciones  y  los  monumentos  que  en- 
trañan los  varios  orígenes  de  la  u- 
TBBATUB&  nacional,  arteria  poderon 
adonde  vienen  &  parar  tantas  y  tan  | 
distintas  venas,  se  ve  claramente  que 
el  arto  teatral  naei6  en  Bspaña  délos 
restos  del  paganismo  romano,  que  el 
pueblo  conservó  en  medio  de  las  so- 
ciedades cristianas,  viniendo  á  lei 
como  el  decano  de  los  teatros  earo- 

{leos.  .fundación  j  aliento  de  todos 
08  demás.  El  primer  perfodo  del 
tro  español,  gloriosísimo  como  todoi, 
no  menos  glorioso  que  ninguno,  com- 

Í rende  cuatroautores  deprimera  nota: 
uan  de  la  Encina;  Gil  Vicente;  To- 
rres de  Naharro  y  Lope  de  Rueda.  U» 
fiestas  celebradas  con  motivo  dd  flM" 
cubrimiento  del  Nuevo  Mundo;  « 
conquista  del  reino  de  Nápolea  fOt 
Gonzalo  de  Córdoba;  el  establecimien- 
te  de  la  Inquisición  por  los  reyes  Ca- 
tólicos T  la  aparición  de  la  comedia 
nacional,  son  cuatro  hechos  que  se  | 
confunden  en  la  histeria  patria.  ¡Kara  , 
mixtura  de  un  Fernando  V,  de  una  1 
Isabel  I  de  Castilla,  de  un  (rran  Capt-  \ 
tan,  de  un  Torquemada,  de  un  ColM, 
de  un  Juan  de  fa  Encina,  de  un  Agus- 
tín de  Rojas!  Y  hablamos  de  Agustín 
de  Rojas,  porque  es  el  poeta  histona- 
dor  que  gustosamente  nos  lo  caenta 


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ea  sa  VUjt  aUretatido,  que  bien  pudo 
llamar  mje  primoroso. 

Jun  de  1«  Bnoin»,  «I  pnmtro, 
Aqnal  insicrn*  po*t» 

Sns  tanto  oi«n  empetó. 
■  qnisn  tAcamo»  craa  ¿KlogMi 

ÍU  él  mismo  repraaento 
1  ftlmlranea  y  dnotias» 
Da  Ofiatillft  y  a«  In»ntHdo, 
Qve  éitüs  fueron  lai  piimaru. 
Tpar»  mk»  honra aaya 
T  da  la  oomedia  naestra, 
Ba  loa  díaa  qa«  Colón 
Deacnbrid  la  ^ran  riqaasa 
Da  IndisB  y  Nuevo  Mando, 
T  al  Gran  Capitin  empiaift 
A  anjetar  aqnel  reino 
Da  Nápolea  y  an  tierra, 
A  dMonbriraa  ampeid 
Kl  tuo  de  la  «amadla, 
Porqna  todo*  ae  animaaan 
A  raprmicler  ooaaa  tan  bnaiuUi 
HerOToaa  y  prineipales, 
Tianao  qne  ae  reprasantan 
PAblieamonta  loa  haohoa, 
Iiaa  hazaAaa  y  grandezas 
De  tan  Insignes  varones, 
Asi  en  krmas  «orno  en  letras. 


Los  trabajos  de  Juan  de  la  Encina 
no  son  otra  cosa  que  ensajos  imper- 
fectos, lo  cual  no  obsta  para  que  se  le 
eaente  entre  los  poetas  más  briosos, 
;i  por  la  armonía  de  su  numerosa 
versificacidn,  va  por  la  elegancia  y  la 
pureza  de  su  lenguaje.  Sus  pastorales 
tieocQ  trozos  selectos  que  nonrarían 
i  los  literatos  de  más  nma,  sin  con- 
tar la  farsa  qae  imprimió  en  Roma  á 
principios  del  siglo  xvi,  1514,  titu- 
lada Plácida  V  VttoriaMt  la  cual  fué 
sepultada  en  los  sótanos  de  la  Inqui- 
sición de  aquel  tiempo.  Todos  estos 
títulos  dan  á  Juan  de  la  Encina  el 
nombre  envidiable  de  patriarca  del 
ititro  español,  debiendo  advertir  que 
loiocluimos  entre  los  autores  de  esta 
época  por  no  descomponer  la  armonía 
del  cuadro,  pues  pertenece  al  siglo  xv: 
el  año  de  1492,  comenzaron  las 
(Compañías  en  Castilla  á  representar 
públicamente  comedias,  por  Juan  de 
li  Bacina,  poeta  de  gran  donaire,  gra- 
ciosidad j  entretenimiento.»  (Catálo- 
p  real  y  genealógico  de  España,  por 
üoDRiao  MáNDBz  OB  SiLVA,  Madrid, 
1'j56.)  Gil  Vicente  (portugués,  que 
escribió  también  en  castellano),  discí- 
pulo de  Juan  de  la  Encina,  cultivó  la 
uns&TDBA  del  teatro,  iniciada  con 
taota  honra  por  su  maestro.  Susobras 
no  son  superioreri  las  de  su  predece* 
sor  en  cuanto  á  la  forma  é  intehción 
Ansiáticas;  pero,  en  cambio,  ofrecen 
más  ri(|ueza  de  detalles,  major  alcan- 
ce poético  ^,  sobre  todo,  más  variedad 
ea  la  condición  de  los  personajes.  Su 
comedia  El  Viudo  y  la  Rubent,  hiato- 
"«  de  una  joven  abandonada,  mere- 
cen citarse  por  sus  excelentes  efectos 
dramáticos,  üíl  Vicente,  que  debe 
lltinarse  t\  poeta  de  las  farsas,  fué  el 
primero  que,  para  significar  particu- 
»rmente  el  drama  religioso,  empleó 
^  palabra  aw/o,  que  otro  genio  debía 
después  inmortelizar.  Torres  de  Na- 
varro era  preste  j  estuvo  cautivo  en 
*^1,  á  consecuencia  de  un  naufra- 
pero  habiendo  logrado  la  liber- 
se  estableció  en  Roma,  bajo  el 
pootiftcado  de  León  X.  Con  el  título 
de  Propaladia  formó  una  colección  de 
piezas  sagradas  y  profanas,  en  las  que 


LITE 

se  nota  un  Tordadero  prorreso  del  arte 
dramático;  tales  son:  Sotaadtsea,  Ti- 
nelaria,  Aguilana,  Calamita,  Ttofeat 
Himenea  y  Serafina,  títulos  de  las  co- 
medias de  Planto.  La  acción  regular 
no  aparece  todavía  en  las  de  Naharro; 
pero  ae  trasluce  en  el  poeta  el  sabio 
intento  de  reunir  los  caracteres,  los  in- 
cidentes y  peripecias  al  rededor  de  un 
asunto  único,  así  como  la  de  trasladar 
á  la  escena  los  personajes  j  los  acon- 
tecimientos dfl  ta  vida  real.  No  es  to- 
davía la  comedia  urbana,  reparada  y 
culta,  previsora  y  sutil,  maestra  te- 
rrible que  pone  la  sátira  en  lugar  del 
amor,  que  pone  el  amor  en  lugar  de 
la  sátira,  que  parece  arrancar  á  una 
sociedad  de  los  misterios  de  su  espí- 
ritu, para  retratarla  en  la  evidencia 
de  una  oóatumbre,  dando  nuevos 
mundos  &  la  litbratitka*  al  entendi- 
miento T  i  la  conciencia:  tampoco  era 
la  comedia  heroica  con  sus  magníficos 
alardes,  con  sus  requerimientos  amo- 
rosos, con  sus  enredadas  intrigas,  con 
sus  caballerescas  pláticas,  con  sus 
desafíos  galanos,  cuya  comedia  se  ela- 
boraba en  los  senos- ocultos  del  desti- 
no para  encarnar  más  tarde  en  un 
cerebro  milagroso;  pero  era  induda- 
blemente la  comedia  conocedora,  prác- 
tica, descriptiva,  que  campea  robusta 
y  lozana  en  la  creación  y  en  la  pintu- 
ra del  individuo,  el  cual  tiene  un  pie 
suspendido  sobre  los  umbrales  de  la 
familia;  y  esto  quiere  decir:  sobre  los 
umbrales  del  teatro.  Al  hablar  de  la 
Propaladia  de  Torres  de  Naharro,  no 
es  posible  dejar  de  citar  con  admira- 
ción una  estancia  de  doce  versos  oc- 
tosílabos, en  donde  compiten  la  sol- 
tura de  la  expresión,  el  garbo  de  la 
frase,  la  audacia  del  gracejo,  hasta 
un  punto  que  causa  asombro.  «Uno 
de  los  jóvenes  con  quien  se  solaza  Di- 
vina, habla  así  de  Soma,  de  donde 
viene  provocado  por  la  dama:» 

■'En  Boma,  los  sin  seftor 
Son  almaa  qna  van  en  pama: 
No  se  faca  oosa  bnena 
Sin  dineros  y  favor; 
OnAl  vire  mny  A  sabor; 
GnAl  no  tiene  qn4  ootner: 
Onos,  oon  moono  dolor; 
Otros,  eon  macho  plaoert 
Dos  ooaaa  no  pueden  ser 
Da  placeres  y  dolores 
Ifi  paoras  ni  mejoras 
Qna  son  Boma  y  1»  inqj«r.a 

Pero  antes  que  la  estancia  copiada, 
haj  otra,  cujos  primeros  ocho  versos 
vamos  á  transcribir,  no  sólo  como 
muestra  de  la  apostura  literaria  de 
Torres  de  Naharro,  sino  más  bien  co- 
mo testimonio  y  ejemplo  de  un  des- 
embarazo que  maravillará  indudable- 
mente á  nuestros  lectores: 

Da  Boma  no  si  qni  diga 

Sino  qae  por  mar  y  tierra, 
Cada  dia  iiay  naeva  caerra, 
Nnava  pas  y  naeva  lif  a: 
La  oorta  tiene  fatiga. 
El  Papa  ae  eati  &  sus  TÍf>ios, 
T  «1  que  tiene  linda  amiga 
Le  faoa  liados  servicios. 

¡Asi  escribe  un  preste,  que  estuvo 
cautivo  en  Argel  y  que  vive  en  Ro- 
ma! Excusado  fuera  añadir  que  la 
Propaladia  cayó  en  manos  del  Santo 
Oficio,  habiendo  sido  prohibida  en 


LITE  451 

1540,  CUTO  hecho  aceleró  sin  duda  el 
período  de  decadencia  que  se  advier- 
te á  mediados  del  siglo  xvi,  indicado 
ja  desde  el  afto  de  1520.  Sin  embar- 
go, los  confusos  albores  del  siglo  xiii 
se  convierten  aquí  en  cierta  claridad 
luminosa,  que  anuncia  la  salida  del 
astro.  Cuando  Juan  de  la  Bocina  fa- 
brica la  corona,  la  fiesta  de  la  corona- 
ción no  puede  tardar,  porque  nadie 
teje  guirnaldas  virginales,  sino  cuan- 
do divisa  el  rostro  de  la  virgen.  Atra- 
vesemos los  umbrales  del  teatro  espa- 
ñol, sí  es  verdad  lo  que  dijo  el  llama- 
do Fe'nix  de  los  ingenios:  «Las  comedias 
no  son  más  antiguas  que  Lope  de 
Rueda,  i  quien  ojeron  muchos  que 
hov  viven.» 

23.  £opo  de  Rueda. — Toca  su  turno 
á  un  menestral  del  siglo  xvi;  á  un 
pobre  haíi/ulia  (batihoja),  en  quien 
creció  tanto  la  fama  de  su  vida,  que 
supo  dar  veneración  á  las  tinieblas  de 
su  muerte,  lo  cual  explica  el  hecho 
curioso  de  que  fuese  enterrado  en  el 
bautisterio  de  la  catedral  de  Córdoba, 
rara  piedad  de  aquellos  tiempos,  en 
que  las  cenizas  de  los  comediantes 
hallaron  cerrado  tantas  veces  hasta 
el  asilo  del  sepulcro,  lo  que  pudiera 
denominarse  la  verdadera  ciudad  de 
Dios.  El  sevillano  Lope  de  Rueda, 
comediante  y  director  de  una  compa- 
ñía, autor  dramático  á  la  vez,  uno  de 
los  más  grandes  y  raros  personajes 
de  la  historia  patria,  pasa  por  ser  el 
padre  de  la  nobilísima  escena  espa- 
fiola.  Sus  obras  son  de  dos  especies: 
diálogos  entre  tagales  g  tagalas,  por  el 
estilo  de  los  de  Juan  de  la  Encina,  y 
pasos  y  coloquios  que  tienen  lugar  en- 
tre lacajos,  rufianes,  matronas  de  me- 
dio coturno  y  otras  gentes  de  la  mis- 
ma ralea.  Estas  ligeras  producciones, 
eujos  personajes  aparecen  pintados 
con  extraordinaria  perfección,  se  eje- 
cutaban entre  los  actos  ó  jornadas  de 
las  comedias,  con  el  objeto  de  entre- 
tener al  publico,  á  imitación  de  las 
aíelanas  de  los  óseos  y  de  los  latinos. 
El  estudio  de  la  Celestina  j  de  las 
obras  de  Torres  de  Naharro  inspira- 
ron á  Rueda  los  progresos  que  hizo 
en  el  difícil  arte  de  representar.  Los 
españoles  admiraban  en  él  la  gracia 
de  los  chistes,  la  vivacidad  del  aislo- 

fo,  los  giros  de  la  frase,  la  limpieza 
e  la  expresión  y  la  armonía  del  esti- 
lo. Es  uno  de  los  padres  de  la  lengua 
castellana,  sin  que  escritor  alguno, 
excepto  Cervantes,  haja  poseído  las 
cualidades  de  lingüista  en  más  alto 
grado.  Lope  de  Rueda,  considerado 
como  autor  V  como  comediante,  tiene 
la  cultura  de  su  siglo,  el  talante  del 
infanzón  de  la  Edad  media  y  el  aire 
indefinible  de  los  trovadores  y  de  los 
pajes  del  renacimiento.  Es  un  poeta 
que  encanta  al  público,  acaso  en  la 
cuadra  de  un  cortijo;  tal  vez  en  una 
plaza  pública,  teniendo  por  techum- 
bre la  bóveda  del  cielo,  y  por  fiirol, 
la  luz  délas  estrilas.  Bn  fia,  nuestro 
Lope  es  una  mixtura  de  poeta,  his- 
trión, juglar,  gandul  /  caballero,  mo- 
saico histórico  que  no  tiene  igual  en 
el  mundo.  Muchos  de  nuestros  ilus- 


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452    -  LITÉ 


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tndos  lectorei  conocerán  indudable- 
meatfl  M  Bntremú  de  las  acñlunat,  tan 
célebre  en  la  historia  de  nuestro  tea- 
tro; pero  ei  muj  posible  que  no  todos 
hajan  tenido  ocasión  de  leerle,  razdn 

3ue  nos  obliga  á  insertar  un  extracto 
el  argumento,  tan  vulgar  y  sencillo, 
como  todos  los  del  gran  poeta.  Es  el 
caso  que  el  labrador  Toribio  Tiene  de 
sus  faenas  j  cuenta  en  su  casa  que  ha 
plantado  un  olivo.  Su  mujer,  Agueda, 
se  echa  á  calcular  que  dentro  de  seis 
Ó  siete  años  debe  dar  el  olivo  de  cua- 
tro á  cinco  celemines  de  aceitunas, 
con  cujo  producto  podrán  plantar  nn 
olivar.  El  matrimonio,  como  si  tuvie- 
se delante  el  olivar  de  que  se  trata, 
conviene  en  que  ella  recogerá  las  acei- 
tunas, que  él  las  llevara  al  merca- 
do en  un  borrico  v  qae  las  venderá 
una  tal  Mencigüela.  Pero  al  llegar 
aquí,se  encrespa  una  disputa  entre  am- 
bos cónyuges,  propietarios  de  aque- 
lla hacienda  imaginaria.  Agueda  afir- 
ma que  no  venderá  el  celemín  por  un 
ochavo  menos  de  dos  reales,  mientras 
que  Toribio  es  de  parecer  que  puede 
darse  por  catorce  cuartos:  lo  sumo, 
por  quince,  t  obrando  cada  cual  sin 
dar  cuenta  ál  otro,  dan  sus  órdenes  á 
la  vendedora  acerca  del  precio  á  que 
debe  vender  las  aceitunas  del  olivo 
plantado  en  a^uel  mismo  día,  mien- 
tras que  Mencigüela  promete  á  cada 
uno  cumpUr  la  orden.  Pero  1*  exis- 
tencia de  las  dos  órdenes  llega  &  sa- 
berse, estalla  la  cólera  del  matrimo- 
nio y  la  descarga  en  la  vendedora  á 
improperios  y  golpes.  Al  alboroto  que 
se  opre  en  la  casa,  acude  un  vecino, 
averigua  la  causa  del  escándalo,  sabe 
que  se  trata  del  precio  á  que  se  han 
de  vender  las  aceitunas  de  nn  olivo, 
que  acaba  de  plantarse,  y  procura 
poner  en  paz  aquel  gallinero,  Y  ¡cuán 
grande  fílosoEia  no  encierra  un  pasillo 
tan  simple  y  vulgar!  Nosotros  tene- 
mos noticia  de  un  casamiento  q^ue  se 
desbarató  por  una  disputa  semejante, 
empeñada  entre  el  yerno  v  la  suegra. 
El  jerno  decía  que,  cuando  se  casase, 
losjmuebles  entrarían  por  la  escalera, 
mientras  que  la  suegra  replicaba  que 
tenían  que  entrar  por  el  balcón;  j  el 
resultado  fué  que  los  muebles  no  en- 
traron por  el  balcón  ni  por  la  escale- 
ra, porque  la  alborotada  fantasía  de 
ambos  dió  al  traste  con  el  futuro  ca- 
samiento. ¡Hay  tantos  olivares  como 
los  de  Toribio!  ¡hay  tantas  aceitunas 
como  las  de  Agueda!  ¡hay  tantos  pa- 
sillos como  los  de  Rueda!  Y  Rueda 
vive,  porque  vive  y  vivirá  siempre  en 
la  veruad.de  sus  pasillos. 

24.  Introito  convertido  e»  loa,  $egú» 
el  Viaje  entretenido. — Lo  que  se  llama- 
ba introito  en  Lope  de  Rueda,  dice 
Agustín  de  Rojas,  contemporáneo  del 
poeta,  se  denominaba  ya  toa. 

Digo  qne  Lope  da  Baeda, 
Ctracioso  represen  tanta 

Y  en  ■«  tiüDapo  gran  poeta, 
Emiiesó  A  poner  la  faraa 
En  Duen  nio  y  orden  baena, 
Por<i^ao  la  repartió  en  aotoa, 
HHoiendo  an  introito  en  ella 
Qne  ahora  llamamoa  toa; 

Y  declaraba  lo  qaé  eran 
Lac  maraflas,  loi  amores, 


T  entre  loe  paeoi  de  TecM 
Ifekoladoe  otroe  de  rie*, 
Qne  porqoe  Iban  entre  medias 
Pe  la  fsna.  loe  llamaban 
AfrmuMt  de  eoMAlte. 

Hemos  copiado  el  anterior  pasaje, 
más  para  hacer  ver  la  opinión  parti- 
cular de  Rojas  sobre  el  mérito  de  Lope 
de  Rueda,  que  como  criterio  seguro 
para  demostrar  un  desarrollo  del  tea- 
tro español,  puesto  que,  tanto  la  di- 
visión en  actos  como  el  introito,  son 
muy  anteriores  al  autor  mencionado. 
No  es  menos  inexacto  el  juicio  de  Ro- 
jas acerca  del  origen  del  vocablo  en- 
tremeses. Hoy  sabe  todo  el  mundo  que 
es  palabra  francesa,  compuesta  de  m- 
tre  y  meis,  que  vale  comida,  aludiendo 
á  que  los  antiguos  entremeses  se  repre- 
sentaban en  los  convites,  entre  plato 
y  plato,  lo  cual  explica  el  hecho  de 
que  algunos  convites  antigaos  dura- 
sen cinco  T  seis  horas.  La  definición 
francesa  del  vocablo  en  cuestión  es: 
dans  le  moi/en  Age,  ditertissiment  ¡ni  se 
faisait  dans  tm  intervale  dn  repas.  Snr 
la  fin  du  dtner  conmenfa  le  spectacle  on 
BNTBBUBTS.  On  vit  parattrs  nn  vattseau 
avee  ses  mJís,  voiles  et  cordajes:  «en  la 
Edad  media,  diversión  que  se  verifi- 
caba en  un  intervalo  de  la  comida. 
Hacia  el  fin  de  la  misma  comenzó  el 
espectáculo  6  entrendtt  en  donde  se 
víó  aparecer  un  barco  con  sus  másti- 
les, velas  y  cables.»  (Littré,  Saint- 
Foix.) 

23.  Otros  postes» — Son  dignos  de 
mención  los  poetas  Alonso  de  Vega  y 
Toledano,  Lnis  de  Miranda,  aator  cíe 
la  Comedia  Pród^a^  Francisco  de 
Avendafio,  Cristóbal  de  Castillejo,  el 
tundidor  Pedraza,  así  como  Bautista, 
Juan  Correa,  Herrera  y  Navarro,  de 
Toledo;  Guevara,  Gutierre  de  Cetina, 
Cozar,  Fuentes,  Mejía  y  Ortiz,  de  Se- 
villa, entre  loa  cuales  descuella  sin 
duda  Juan  de  Malara,  también  sevi- 
llano, á  quien  Juan  de  la  Cneva  llama 
el  Menandro  del  Betis.  Este  poeta,  es- 
tudiando en  la  universidad  de  Sala- 
manca, compuso  una  comedia,  titula- 
da Locnsta,  que  fué  represenúda  por 
estudiantes.  Habiendo  vuelto  &  su  ciu- 
dad natal,  escribió  otras  muchas,  las 
cuales  se  representaron  en  los  teatros 
de  Sevilla.  Una  de  las  comedias  refo- 
ridas  fué  la  ejecutada  en  un  convento 
de  la  villa  ae  Utrera  en  156!),  de  la 
que  habla  Rodrigo  Caro  (Claros  varo- 
nes de  Sevilla  y  Antigüedades  de  la  vi- 
lla de  Utrera).  Según  este  docto  ana- 
lista, la  comedia  de  Juan  de  Malara 
era  una  imitación  de  los  autores  có- 
micos latinos  y  estaba  escrita  en  ver- 
so, apartándose  en  este  punto  de  la 
tradición  de  Lope  de  Rueda.  También 
parece  ser  qne  los  poetas  sevillanos 
compusieron  por  aquel  entonces  va- 
rias tragedias,  ora  tomadas,  ora  imi- 
tadas de  los  clásicos,  según  Juan  de 
la  Cueva,  cuyo  autor  dice:  «que  el 
mismo  Malara  llevó  al  teatro  mil  tra- 
gedias (es  decir,  multitud  de  trage- 
dias), añadiendo  que  intentó  romper 
las  estrechas  vallas  del  drama  anti- 
guo trágico;  y  que,  en  vez  de  imitar 
servilmente  la  escuela  clásica,  creó 
una  nueva.»  Según  documentos  de 


1568,  de  las  tragedias  del  autor  men- 
cionado no  se  conserva  más  que  el 
título  de  la  denominada  J.ifa¿M,  no 
constando  tampoco  que  tales  obras  se 
diesen  á  la  estampa^/'t/oto/Ta  tu^ar). 
También  merece  ser  citacfo  el  fomoso 
Cosme  de  Oviedo,  granadino,  á  quien 
se  debe  la  costumbre  de  anunciar  por 
carteles  el  título  y  los  personajes  de 
las  piezas  que  se  habían  de  represen- 
tar, dato  precioso  para  la  historia  del 
teatro  español.  Por  último,  no  quere- 
mos dejar  en  el  olvido  á  Vasco  Díaz 
Tanco,  de  Fregenal  (Extremadura), 
cuyo  autor  compuso  Las  tragedias  de 
Amm^^  de  Absalén y  de  Jonatkás,  es- 
critas en  su  juventud,  ó  sea  en  1520, 
de  que  hace  mención  en  su  Jwdin  del 
alma,  impreso  en  ValUdolid  en  1552, 
de  cuyas  tragedias  existía  un  ejem- 
plar antiguo  en  la  biblioteca  del  muy 
erudito  señor  Darán,  seg^n  infbrmes 
de  Vicente  Salvá,  comunicados  al  aa- 
tor de  La  LiTBBA.TUBa  y  dsl  arfe  dn- 
mátieo  en  Espaia. 

26.  Anto  sacramental,  ó  sea  el  triun- 
fo de  la  Santa  Bnearistia. — La  palabra 
anto  no  tuvo  al  principio  la  significa- 
ción religiosa  que  tuvo  después,  como 
lo  demuestra  evidentemente  El  Auto 
del  Repela  de  Juan  de  la  Encina,  el 
cual  no  es  otra  cosa  que  un  juguete 
cómico,  un  pasillo,  en  que  doü  estu- 
diantes hacen  burla  de  dos  pastores. 
El  lector  comprende  que  tal  asunto 
no  puede  tener  relación  alguna  con  el 
ante  setcramental,  qae  no  se  reviste  de 
su  carácter  propio  hasta  el  tiempo  de 
Gil  Vicente.  £n  lo  antiguo  se  escri- 
bió ancto,  cuya  ortograña  nos  hace  ver 
que  es  el  latín  avcfum,  aumentado, 
supino  de  atiere,  aumentar,  ponjue 
era  la  pieza  con  que  se  aumentaba  el 
espectáculo.  Pasando  ahora  áloá  autos 
sacramentales,  por  ser  los  únicos  q^ue 
han  creado  escuela,  decimos  que  este 
género  de  litbb&tura  llevó  al  drama 
español  una  dalzura  en  la  manera  de 
sentir ;  una  delicadeza  en  la  manera 
de  expresarse;  una  concepción  y  tras- 
cendencia en  la  manera  de  pensar, 
que  buscaríamos  inútilmente  en  el 
drama  profano. 

Ejemplo  de  dnUwra  on  el  sentir. — 
Abraham,  ante  el  sacrificio  de  su  hijo 
Isaac,  prorrumpe  en  la  magnífica  si- 
guiente plegaria,  poema  bellísimo  de 
resignación  y  de  te: 

Becibe,  enmo  Dador, 
Bl  hijo  qne  me  hebéia  dado; 
Qne  an&qae  le  tornee,  Seftor, 

Siempre  te  qnedo  dendor 
Det  tiempo  qne  le  be  posado. 

Ejemplo  de  delicadesa  en  la  manera 
de  espesarse, — Una  madre  anda  bus- 
cando á  un  niño,  pequefiuelo  aún,  que 
se  le  ha  extraviado;  no  le  encuentra, 
lo  cree  perdido  y  exclama  en  sa  do- 
lor: 

Yo  te  aoUa  acallar: 
ICae  no  tendrf a  por  malo 
Agora  oírte  llorar. 

Difícilmente  se  podría  decir  qué 
cosa  es  más  sublime:  si  el  dolor  de  la 
madre  ó  la  sencillez  de  la  poesía. 

Ejemplo  de  trascendencia  en  la  mane^ 
ra  de  pensar. — Juan  de  Ti  moneda  es 
un  personaje  confuso,  una  figura  con 

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LITE  463 


Tirios  rostros,  como  el  Jano  de  la  mi- 
tología; poeta»  refundidoT,  librero, 
mercader  de  legajos  apolillados  j  pa- 
peles fallidos,  como  quien  dice:  un 
roparejero  de  la  imprenta.  Este  autor 
escribió  un  auto  titulado:  Lot  Despo- 
íorioi  de  CrittOy  en  donde  Bgnmñ  el 
Uesías,  que  es  el  esposo,  7  la  Natura- 
Isu,  que  es  la  esposa,  representando 
con  este  artificio  la  alianza  del  amor 
y  Is  fe,  del  alma  r  del  cuerpo,  del  es- 
píritu y  de  la  TÍaa ,  del  eielo  jr  de  la 
tierra,  ante  el  espectienlo  inenble  de 
la  Redención.  Kn  presencia  ya  del 
PalTarío,  viendo  los  instrumentos  de 
la  pasión  j  muerte  de  Jesús,  en  aque- 
llos instantes  en  que  re  á  principiar 
el  raartírío,  traen  un  plato  ó  bandeja 
con  sogas  j  azotes.  Al  ver  la  soga, 
exclama  la  Naturales»;  61  decir*  la 
esposa  del  mártir: 

Son  bendit»,  aJtodad», 
Ac^nifta  mi  cuello  t«  pon; 
Ten  me  con  mi  eapoao  atadM 
iSogü  de  amor  apretada, 
Atate  á  mi  ooraxónl 

Joan  de  Timoneda,  considerado  en 
los  versos  transcritos,  está  á  la  altura 
de  los  poetas  de  más  aliento.  Mejor 
qae  la  anterior  quintilla,  no  faaj  cosa 
alguna,  ni  aun  en  los  autos  de  don 
Pedro  Calderón  de  la  Barca.  La  litr- 
UTURA  de  los  autos  sacramentales  es 
el  carácter  más  profundo  del  teatro 
del  siglo  XVI,  pudiendo  afirmarse  que 
ningún  teatro  de  Buropa  ofrece  nada 
parecido  á  esa  importante  creación 
del  ^enío  nacional,  que  es  la  misma 
opinión  manifestada  antes  á  propósi- 
to de  la  UTKRATURA  dt  lot  hÍm»Ot. 

27.  Noticiat  kittdricas. — Los  autos 
eran  7a  frecuentes  en  esta  época  (si- 
glo tvi)  no  sólo  en  Madrid,  sino  en 
las  principales  ciudades  de  España. 
SsDdoTal,  en  su  Hittoria  dt  Carlos  V 
(Valittdolid,  iBOA,  libro  XVI)  dice: 
«Bl  3  de  Junio  de  1527  se  celebraron 
ra  Valladolid  diversas  fiestas  en  el 
bautismo  del  infante  Don  Felipe. 
Desde  la  casa  de  don  Juan  de  Men- 
doza, en  donde  paraba  la  emperatriz, 
hasta  el  altar  mayor  de  la  iglesia  de 
Pablo,  se  hizo  un  pasadizo  mujr 
enlamado  j  con  muchas  flores  ;  ro- 
sas, limones  y  naranjas  j  otras  fru- 
tas. Había  arcos  triunfales;  j  en  cada 
uno  de  ellos,  muchos  retablos.  En  el 
primero  hicieron  un  auto;  en  el  se- 
gando, tercero  j  cuarto,  otro  auto. 
Bl  quinto  estaba  á  la  puerta  que  está 
dentro  del  patio  de  la  iglesia;  éste 
era  más  alto  que  alguno  de  los  otros; 
tubía  en  él  un  altar  á  manera  de  un 
aparador  de  muchas  gmdas.  En  ésta 
cataban  ricas  imágenes  do  bulto  de 
plata  dorada  j  algunas  de  oro,  con 
otras  piezas  de  gran  valor.  Estaban 
puestos  en  dos  candelabros  dos  cuer- 
nos grandes  de  unicornio;  esto  j  todo 
lo  que  había,  era  del  emperador.  Aquí 
u  representó  SI  Bautismo  de  san  Juan 
Bintuta.»  Consta  también,  por  noti- 
cias de  1532,  que  los  autos  sacramen^ 
laUt'u  acostumbraban  á  representar 
en  Sevilla  en  la  fiesta  de  Navidad, 
refiere  Ortiz  de  Zúñiga  en  sus 
Uñates.  (Bdidán  de  1796,  Umo  Jll, 


página  339.)  Los  autos  en  la  fiesta  del 
Corpus  eran  generales  á  mediados  del 
siglo  XVI,  según  resulta  de  los  cáno- 
nes del  Concilio  toledano  de  1565  y 
1566,  así  como  del  acuerdo  tomado 

fior  el  apuntamiento  de  Garrión  de 
08  Condes  en  1568,  en  donde  se  dice: 
tTUulo  primero.  Procesión  del  Corpus, 
articulo  séptimo.  Otrosí  es  ordenanza 
que  en  dicho  día  en  cada  an  aQo  haja 
lo  menos  dos  auíost  que  sean  de  la 
Sagrada  Escritura,  que  se  represen- 
ten en  dicha  procesión,  el  uno  en  la 
media  villa  arriba,  y  el  otro  en  la  me- 
dia villa  abajo,  en  el  lugar  donde  le 
pareciere  á  la  Justicia  y  reglamento. » 
Para  demostrar  el  gran  desarrollo  de 
este  (género  de  litbratuba.  sagrada  á 
principios  del  si^lo  xvi,  en  armonía 
con  el  extraordinario  movimiento  de 
la  ortodoxia  en  aquellas  edades,  basta 
advertir  el  número  de  autos  que  se  su- 
ceden en  el  transcurso  de  pocos  afios, 
aun  tratándose  de  poetas  que  no  fue- 
ron los  más  aventajados  en  alcanzar 
el  favor  público,  sin  contar  los  que 
trae  Moratín. 

En  1523  se  di<S  i  la  estampa  el 
auto  de  la  Áparicidn  que  nuestro  Se- 
ñor Jesucristo  Mito  á  los  dos  discípulos 
que  ihan  á  Bmais,  en  metro  de  arte 
mavor  (excelente,- por  cierto),  obra  de 
Pedro  A.ltamira  el  Moto,  natural  de 
Hontiveros,  impreso  con  licencia  en 
Burgos. 

En  1528  aparece  el  auto  de  como 
San  Juan  fué  concebido,  y  ansimesmo  el 
nacimiento  de  San  Juan. — Entran  en 
él  las  personas  siguientes:  primera- 
mente, un  pastor,  Zacarías,  Santa 
Isabel,  un  ángel  llamado  Oabriel,  dos 
vecinos  del  pueblo,  un  muctucho,  Jo- 
sef,  Nuestia  Sefiota,  una  parienta  de 
Zacarías,  una  comadre,  una  mujer, 
un  bobo,  un  sacerdote.  Agvra  nueva- 
mente hecho  por  Esteban  Martínez, 
vecino  de  Castromocho.  Burgos,  en 
casa  de  Junta, 

En  el  mismo  afio:  Auto  nuevo  del 
santo  nacimiento  de  Cristo,  compuesto 

Sor  Juan  Pastor.  Son  interlocutores 
e  la  obra  el  emperador  Octaviano, 
un  secretario  suvo,  un  pregonero,  un 
viejo,  llamado  Elias  Tozuelo,  un  bobp, 
su  hijo,  llamado  Perico,  san  Josef, 
santa  María,  pastores,  Miguel  Recal- 
cado, Antón  Morcilla,  Juan  Relleno, 
un  ángel.  Impreso  en  Sevilla. 

En  1532:  Lucero  de  nuestra  salvaciífn 
al  despedimiento  que  hw  nuestro  Señor 
Jesucristo  de  su  íiadre,  pasos  muj  de- 
votos y  contemplativos,  estando  en 
Betania.  Por  Aosias  Izquierdo  Zebre- 
ro,  en  Sevilla,  por  Femando  Maldo- 
nado. 

En  1536:  A  honor  y  reverencia  del 
glorioso  nacimiento  de  nuestro  Redemp- 
íor  Jesu-Ckristo  y  déla  Virgen  glorto- 
M,  Madre  lua,  por  Perolopes  Ranjel. 

A  esta  misma  época  corresponde  el 
auto  (bajo  el  nombre  de  égloga)  de 
Juan  de  Paris,  en  la  cual  se  introdu- 
cen un  escudero,  llamado  Estecio,  y 
un  ermitaño,  y  una  moza,  y  un  dia- 
blo, y  dos  pastores;  el  uno  llamado 
Vicente;  y  el  otro,  Cremón. 

Vamos  &  terminar  eon  una  obrm  su- 


mamente notable  por  los  pormenores 
que  suministra.  En  1561  apareció  el 
auto  del  Nacimiento,  de  Pedro  Suárez 
de  Robles,  en  donde  se  loe:  «Han  de 
salir  los  pastores  en  dos  hileras  repar- 
tidos; delante  de  ellos,  el  que  taüe  el 
psalterio  ó  tamburino;  al  son  irán 
danzando  hasta  el  medio  de  la  Iglesia, 
y  allí  harán  algunos  lasos  (figuras 
de  baile),  y  tras  de  los  pastores  irán 
los  ángeles  con  los  ciriales,  y  si  hu- 
biere aparejo,  ocho  ángeles  que  llevan 
el  palio  del  ñutísimo  ^cremento,  v 
debajo  irá  Nuestra  Señora  y  san  José, 
y  llegarán  hasta  las  gradas  del  altar 
mayor,  v  allí  estará  una  cama  á  modo 
de  pesebre,  y  allí  pondrán  al  Niño 
Jesús,  y  de  rodillas  Nuestra  Señora  y 
san  José,  puestas  las  manos  como 
contemplando;  los  ángeles,  repartidos 
á  un  lado  y  á  otro,  y  mirand^  hacia 
el  Niño,  y  estando  de  esta  manera, 
acabarán  los  pastores  de  danzar;  y 
lue^  saldrá  un  ángel  al  pdlpito  y 
dirá  lo  siguiente.. ,>  «Y  los  pastores, 
oyendo  la  voz,  mostrarán  espantarse, 
mirando  pan  arriba  á  una  y  otra 
parte.» 

28.  Carácter  del  auto.  Auto  taera- 
mental,  el  triunfo  de  la  santa  Eucaris- 
tía, no  es  otra  cosa  que  la  literatura 
de  los  himnos  y  de  los  misterios  de  la 
Edad  media  extendida  y  desarrollada 
en  el  teatro. 

29.  Los  corrales  de  Madrid,— Xas 
representaciones  escénicas  debieron 
ser,  por  esta  época,  tan  ^nerales 
como  frecuentes  en  Madrid,  si  se  atien* 
de  á  la  multitud  de  sus  históricos  y 
famosos  corrales.  Consta  que  había 
uno,  propiedad  de  un  comedíante,  lla- 
mado Valdivieso,  aunque  nadase  sabe 
acerca  del  sitio  en  que  se  hallaba; 
otro,  en  la  calle  del  Sol;  otro,  en  la 
del  Lobo,  propiedad  de  Cristóbal  de 
la  Puente;  el  de  U  Cruz,  fundado 
en  1582,  7  los  fomosos  de  BurguíUos 
y  de  Isabel  Pacheco,  llamado  el  corral 
de  la  Pacheca,  los  cuales  estuvieron 
en  la  calle  del  Príncipe.  Escritas  las 
líneas  anteriores,  llegan  á  nuestras 
manos  las  preciosas  curiosidades,  que 
insertamos  a  continuación,  dando  gra- 
cias y  parabienes  al  ilustre  Mesonero 
Romanos:  <No  consta  á  ponto  fijo 
cuándo  tuvo  principio  la  representa- 
ción de  comedias  en  Madrid;  pero  sí 
que  las  había  ya  en  los  primeros  años 
después  del  establecimiento  de  la  cor- 
te  en  esta  villa,  y  en  ellos  faé,  sin 
duda,  cuando  briUd  el  &moso  come- 
diante y  poeta  Lope  de  Rueda,  que, 
según  Antonio  Pérez,  era  el  embeleso 
de  la  corte  de  Felipe  11,  y  de  quien 
Cervantes  dice  que  le  había  visto  re- 
presentar siendo  muchacho. — Por  los 
años  de  1569,  consta  ya  que  había  en 
esta  corte  compañías  de  comediantes, 
que,  entendiéndose  con  la  cojradia  de 
ta  PíMtíÍB  (que  tenía  este  privilegio), 
le  arrendaban  un  sitio  en  ta  calle  del 
Sol;  y  otros  dos,  en  la  del  Principe, 
en  los  cuales  representaban  pagando 
un  tanto  á  aquella  cofradía.  También 
consta  que  en  1574  se  introdujo  la 
cofradía  de  la  Soledad  á  solicitar  el 
mismo  privilegio  de  señalar  sitio  para 


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464  LITE 

los  comediantes,  sobra  lo  cual  se  si- 
guió un  reñido  pleito  entre  ambas  co- 
fradías, que  terminó  conviniéndose  en 
repartir  el  usufructo,  Eu  su  conse- 
cueneia*  le  reformór  alquiló  en  dicho 
«&o  el  corral  de  ¡a  Pacheca  (uno  de  los 
de  la  calle  dél  Príncipe)  á  un  come- 
diante italiano  llamado  Ganasat  con- 
tratando con  él  que  se  había  de  cubrir 
dicho  corral,  que  estaba  descubierto, 
como  así  se  Tarificó,  aunque  el  patio 
siempre  quedó  sin  techo,  j  sólo  ten- 
dían sobre  él  un  toldo  para  librarse 
del  sol,  pues  entonces  las  representa- 
ciones eran  de  día.  Otro  corral  alqui- 
laron también  las  cofradías  eu  la  calle 
Aú  Lobo,  habilitándole  para  la  repre- 
sentación de  comedias,  hasta  que,  por 
último,  fabricaron  sus  dos  teatros  pro- 
pios; el  uno,  en  la  calle  de  la  Cruz, 
que  fué  el  primero,  j  el  otro,  en  la 
calle  del  Principe;  aquél,  en  el  año 
1579;  j  éste,  en  1582,  cesando  enton- 
ces el  de  la  calle  del  Iiobo.  Tal  es  el 
origen  de  loa  teatros  de  Madrid:  ; 
creciendo  sucesivamente  sus  produc- 
tos hasta  un  punto  tal,  que  ja  se 
arrendaban  en  115.400  ducados  por 
cuatro  a&os;  desda  1629  i  1633,  fueron 
cargados  con  pensiones  en  beneficio 
de  rarios  hospitales  j  establecimien- 
tos de  beneficencia,  hasta  que  eu  1638 
se  encargó  de  ellos  la  tilla  de  Madrid, 
quien  pa^ba  una  indemnización  co- 
rrespondiente i  los  hospitales.  £n 
tiempo  de  Felipe  IV,  no  solo  se  repre- 
sentaba en  los  citados  corrales,  sino 
en  las  aalas  mismas  de  palacio  r  en 
el  nuBTO  j  suntuoso  teatro  del  palacio 
del  BuenRetíro.  A.  principios  del  si- 

{flo  pasado  se  construjó  el  teatro  de 
os  Caños  del  Peral,  que  fué  ocupado 
por  una  compañía  italiana.» 

30.  N(m&re  de  las  represeníadonet 
etcénicas  en  el  siglo  XVT. — Los  varios 
nombres  que  tenían  las  representa- 
ciones escénicas  en  este  sí^io,  eran: 
comedia ,  tragedia ,  tragicomedia , 
égloga,  coloquio,  diálogo,  represen- 
tación, auto,  fíirsa,  entremés,  introi- 
to, loa. 

31.  Critica  del  gutío  literario  de  los 
aníijuos  hasta  Lope  de  Rueda;  estética 
de  M  sencillez. — En  las  obras  maestras 
de  la  antigüedad,  particalarmente  en 
La  Celetiina^  nótase  el  designio  de 
presentar  U  acción  de  un  modo  tan 
escueto,  que  el  ánimo  duda  entre  de- 
nominarla candor,  rustiquez  6  licen- 
cia. Importa  averiguar  si  esta  direc- 
ción de  los  espíritus  es  conveniente  á 
la  realización  da  la  belleza  en  las  múl- 
tiples creaciones  del  genio,  ó  si  debe 
considerarse  como  una  perversión  de 
la  conciencia,  la  cual  trasciende  al 
entendimiento  j  á  la  fantasía.  Cuan- 
do la  moral  está  relajada  en  una  épo- 
ca, lo  están  también  su  criterio  j  su 
gusto;  esto  es,  su  filosofía,  su  litera- 
tura 7  su  arte,  porque  el  alma  se 
compenetra  j  se  funde  en  sí  propia 
pan  formar  su  síntesis,  como  se  com- 
penetra el  ambiente  para  formar  la 
atmósfera,  como  se  compenetran  las 
moléculas  para  formar  la  mole.  La 
crítica  objeta  al  arte  antiguo  el  haber 
descorrido  demasiado  el  velo  que  cu- 


LITE 

bre  el  interior  de  la  familia,  cual  si 
desamparase  la  dulce  j  tímida  mo- 
destia del  recato.  A  esto  se  dice  que 
aquellos  autores  pintan  asi,  porque 
asi  son  las  costumbres  que  pintan. 
Retratan  de  ese  modo  &  sus  persona- 
jes, porque  da  ese  modo  son  los  per- 
sonajes que  retratan.  Si  culpa  haj  en 
el  desenfado  con  que  describen,  no  es 
el  pecado  de  la  obra;  sino  de  los  sir- 
vientes j  de  las  alcahuetas  de  aque- 
llos siglos;  de  donde  resulta  que  la 
liviandad  del  asunto  está  compensa- 
da con  la  fidelidad  de  la  expresión;  de 
tal  guisa,  que  pudiera  decirse:  «rá- 
jase la  licencia  por  la  semblanza.» 
Nosotros  contestamos  que  allí  se 
muestran  las  pasiones  descamadas  en 
demasía,  contra  el  comedimiento  na- 
tural, que  siempre  se  procura  cierto 
aparato  para  ocultar  los  esqueletos 
repugnantes,  como  se  valió  del  tapiz 
de  la  carne  para  cubrir  la  desnudez 
del  hueso.  No  parece  sino  que  hasta 
la  vista  tiene  su  decoro,  j  la  natura- 
leza, qna  todo  lo  provee,  ha  provisto 
lo  necesario  hasta  para  el  decoro  de 
la  vista.  A  los  que  opinan  que  el  des- 
embarazo  de  la  tragicomedia  es  una 
gala  de  la  sencillez,  respondemos  nos- 
otros que  lo  excesivamente  ingenuo 
hace  peligrosa  j  hasta  imposible  la 
ingenuidad,  como  lo  excesivamente 
inocente  hace  imposible  la  inocencia, 
como  lo  excesivamente  luminoso  hace 
imposible  la  gran  belleza  de  la  luz;  j 
asi  acontece  que  nuestros  ojos  no 
pueden  fijarse  en  la  esfera  del  sol. 
¡Ah!  £1  Mediodía,  donde  el  astro  se 
manifiesta  en  toda  la  pompa  de  su 
brillo,  no  es  tan  hermoso  como  la 
alegría  de  la  primera  luz  que  viene  á 
embellecer  la  tristeza  profunda  de  la 
sombra.  En  este  punto,  la  metafísica 
ha  dado  un  axioma  á  la  moral:  el 
mundo  pierde  en  sabiduría  j  en  vir- 
tud, á  proporción  que  pierde  sus  ma- 
tices oscuYos  la  ciencia  del  enigma, 
porque  entre  todas  las  hermosuras 
imaginables  no  haj  hermosura  como 
la  poesía  que  el  espíritu  tiene  que 
adivinar;  la  eterna  poesía  del  arcano. 
Tal  es  la  razón  por  que  se  ha  dicho: 

Ea  el  divino  oompái 
De  aatoB  misterioao^  smos, 
£1  pi«  qae  n  ha  visto  menos 
%m  el  que  hm  Biut»  máa. 

Por  lo  que  toca  á  la  liviandad  déla 
tragicomedia,  ja  El  Quijote  decía: 

Soy  Sknoho  F&nzs,  escad«> 
Del  manobego  Don  Qaijo- 
Pnao  piés  en  polvoro- 
Por  TiTÍr  &  lo  diacre- 
Qae  el  tácito  Vill«di» 
Toda  aa  rAsAn  de  «et»* 
Cifro  en  nns  retica- 
Sesún  aients  Celeati- 
LiBro  en  mi  opinión  divi- 
SI  énoabriera  mái  lo  hvma- 

cujo  docto  juicio  es  la  perfecta  crítica 
da  la  obra.  De  estos  antecedentes  se  po- 
dría inferir  una  consecuencia  de  gran 
alcance.  Opinase  generalmente  que  el 
mundo  de  1107  es  menos  moral  que  el 
mundo  de  ajer,  así  como  se  cree  que  el 
mundo  de  mañana  será  menos  moral 
que  el  mundo  de  hoj,  j  es  muv  posi- 
ble que  nos  equivoquemos  todos.  La 
moral  de  un  pueblo,  al  reflejarse  en 


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las  costumbres,  se  refleja  en  todos  los 
órdenes  de  su  vida;  también  en  su  lx- 
TSBATUEA.  j  la  moral  que  hallamos 
eu  la  UTBSATURa  de  los  antiguos,  no 
es  favorable  i  la  opinión  de  los  mo- 
deraos. Nuestra  sencillez  provoca  me- 
nos, pero  penetra  más;  no  tiene  tanta 
forma,  pero  tiene  mis  alma;  en  resu- 
men, no  es  tan.  hermosa,  pero  es  más 
bella,  lo  cual  vale  tanto  como  decir: 
no  es  tan  zagala,  pero  es  más  virgen. 
Por  lo  demás,  nos  parece  que  aquel 
fuego  no  quema,  porque  no  nos  que- 
mamos en  aquel  fuego,  mientras  que 
no  podemos  decir  lo  propio  de  las  no- 
ueras  de  nuestro  siglo,  siendo  las 
ogueras  en  que  nos  quemamos.  Con- 
solémonos de  este  modo,  jiues  tantas 
luchas  y  tantos  dolores^  bien  merecen 
algún  consuelo. 

Terminamos  la  presente  reseña  di- 
ciendo: que  la  corona  de  Juan  déla 
Encina  descansa  en  las  sienes  da  Lope 
de  Rueda.  Este  gran  peri.odq  de  nne»- 
tro  teatro  debiera  llamarse:  <la  fiesta 
de  la  coronación.» 

32.  Siglo  XVII.— Poetas.  Tocan  á 
este  siglo:  El  impetuoso  Fernando  de 
Herrera,  llamado  el  Divino;  Francisco 
Kioja,  bibliotecario  j  cronista  de  Fe- 
lipe IV,  autor  de  la  Epístola  moral, 
monumento  que  bastaría  para  inmor- 
talizar una  LITB&Í.TURA;  Lupercio  de 
Argensola,  apellidado  el  Horado  espO' 
ñol,  á  quien  fué  inferior  su  hermano 
Leonardo,  sin  dejar  de  ser  excelente, 
confundiéndose  de  este  modo  en  un 
lauro  común  la  escuela  castellana,  ía 
sevillana^  la  aragonesa,  SÍ  no  supié- 
ramos quién  es  Jacinto  Polo  de  Medí- 
na,  nos  lo  diría  la  siguiente  cuarteta 
asonantada,  en  donde  hallamos  ««a 
melindrosa  brevedad  que  vale  un  Perú, 
como  suele  decirse: 

Lo  lindiaimo  del  talle 
No  te  lo  paedo  explioer, 
Que  ea  aii  ^jaat»d»  eintiini 
llelindroaa  brevedad. 

Esteban  Villegas,  que  enriqueció  la 
métrica  castellana  con  el  verso  sáfico 
j  anacreóntico,  esmaltó  nuestra  poe- 
sía eon  versos  tan  sabrosos  ^  delica- 
dos como  los  de  la  erótica  siguiente: 

No  «mar  ee  eoea  dvm 
T  «mar  ee  dura  aoaai 
Pero  amar  ein  retomo, 
La  máe  dora  de  todas. 

La  actividad  de  la  fantasía  quedó 
en  suspenso  durante  un  período  del 
siglo  xvii,  cual  si  la  poesía  lírica  apa- 
reciera sofocada  entre  las  sutilezas  de 
los  conceptistas  j  la  hinchazón  de  los 
culteranos,  cuja  especie  de  suspen- 
sión se  nota  igualmente  en  la  litbba.- 
TURJk  de  toda  Europa,  como  lo  de- 
muestran el  eufuismo  de  Inglaterra  jr 
el  estilo  predoso  de  los  franceses.  Los 
conceptistas  tuvieron  un  tipo  en  Es- 
paña, Alonso  de  Ledesma;  los  culte- 
ranos tuvieron  otro,  don  Luís  de 
Góngora;  aunc^ue  es  verdad  que  estos 
autores  no  hicieron  otra  cosa  que  pía- 
tar  con  colores  más  vivos  el  espíritu 
j  las  pasiones  de  su  generación.  Más 
que  escritores  de  aquellas  letras  fue- 
ron pintores  de  aquellos  tiempos,  eu 
donde  el  arte  de  la  imaginación  corre 


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desbordado  dentro  de  un  aite  más 
universal,  más  profundo,  más  necesa- 
rio aún;  el  arte  de  los  pensamientos, 
de  Las  costumbreg,  de  las  tradiciones-, 
en  una  palabra,  el  arte  de  la  vida;  7 

Eara  decirlo  de  una  vez,  el  arte  de  la 
istoria.  ¡Quién  sabe  si  aquellos  ex- 
travíos del  siglo  XVII  fueron  una  su- 
blime rebelión  del  genio,  que  debía 
UeTar  nuestra  literatura  ilas  belle- 
zas interiores,  tranquilas,  reposadas, 
majestuosas,  del  arte  eristiano!  De 
cualquier  modo,  no  fueron  los  delirios 
de  Ledesma  y  de  Gón^ra,  sino  las 
pasiones  heredadas  del  siglo  xvu,  (Uie 
inspiraron  á  Góngora  y  Ledesma.  Lo 
decimos  con  seguridad  absoluta;  esas 
profundas  reTofuciones  en  el  gusto  de 
una  generación  no  se  llevan  á  cabo 
por  un  autor,  ni  por  dos,  ni  por  cien 
autores;  las  operan  los  pueblos;  las 
operan  los  siglos. 

33.  Teatro  del  siglo  XVU. —  El 
deurroUo  del  teatro  espaúol  se  tÍó 
bruscamente  como  cortado  por  una  es- 
pecie de  revolución  literaria,  que  ame- 
nazaba cambiar  para  siempre  su  faz  j 
au  destino.  Algunos  españoles  habían 
importado  de  Italia  el  gusto  de  la  u- 
TKEATDRA  clásica;  se  entregaron  con 
frenético  ardor  al  estudio  de  los  anti- 
guos modelos,  y  muchos  excelentes 
eruditos,  como  Francisco  de  Villalo- 
bos, Simón  Abril,  Juan  de  Timoneda, 
Juan  Boscán  y  Fernando  de  Oliva,  se 
dedicaron  á  traducidos  é  imitarlos.  A 
partir  de  esta  época,  las  traducciones 
é  imitaciones  de  las  piezas  más  cele- 
bradas del  teatro  greco-latino  fueron 
numerosas:  Villalobos  tradujo  el  Án- 
Jírién  de  Plauto;  Abril,  el  Phio  de 
Aristófanes,  la  Medea  de  Eurípides  y 
las  comedias  de  Tereucio,  mientras 
que  Juan  de  Timoneda  imitó  los  Me- 
neckmet  de  Planto  con  Bl  soldado  fan- 
farrdn.  Sin  embargo,  los  ensayos  de 
restauración  clásica  fracasaron  casi 
por  completo,  t  el  teatro  español,  rota 
la  esdavitud  de  los  originales  que  le 
oblicaba  &  ser  copista,  pudo  elevarse 
rápidamente  en  alas  del  poderoso  ge- 
nio nacional.  Sus  más  notables  des- 
arrollos se  manifestaron  en  una  es- 
cuela que  se  formó  en  Valencia,  por 
cura  razón  debe  llamarse  la  escuela 
talenciana.  Las  obras  del  canónigo 
Francisco  Tárrega  son  menos  refftila- 
res;pero  más  artísticas  que  las  oe  sus 
compatriotas.  Guillen  de  Castro,  el 
más  fecundo  y  trascendente  de  los 

{loetas  valencianos,  fué,  entre  todos 
os  autores  dramáticos  de  Bspafta,  el 
que  mostró  ma^or  eonciencia  liistóri- 
ca,  ajustándose  estrictamente  á  las  tra- 
diciones de  su  país.  JBra  un  talento  me- 
surado,reflexivo,  grave,  hasta  llegar  á 
lo  imponente;  imponente,  hasta  llegar 
á  lo  majestuoso,  y  cifró  su  arte  en  con- 
mover, no  en  divertir.  Su  nombre  se 
extendió  por  Francia  y  por  el  mundo 
literario,  al  par  de  la  ^oria  de  Cor- 
neille;  pero  sus  producciones,  aun  Zas 
mocedades  del  Cid,  que  inspiraron  al 
autor  francés  su  obra  maestra,  apenas 
se  conocen  fuera  de  Bspaña.  El  teatro 
nacional  quedó  definitivamente  coas- 
titnído  con  Ift  apúición  de  un  hombre 


extraordinario;  j  nuestros  lectores 
comprenden  sin  duda  quo  nos  referi- 
mos al  monstruo  de  entonces,  apelli- 
dado el  Fénix  de  los  ingenios,  cuja  fe- 
cundidad inconcebible  llenó  de  justo 
asotnbro  á  propios  y  extraños.  Lope 
de  Vega  escribía  comedias  como  otros 
autores  escribían  villancicos;  y  cual 
si  su  numen  no  cupiera  ja  en  el  tea- 
tro, ni  en  la  estampa,  ni  en  la  memo- 
ria de  la  generación  que  le  llevó  en 
su  seno,  acaso  la  rica  biblioteca  del 
duque  de  Osana  guarda  algún  ma- 
nuscrito que  contiene  comedias,  ni 

Eublícadas  ni  conocidas.  Bl  teatro  de 
ope  nos  presenta  tipos  prodigiosos 
de  la  comedia  de  capa  y  espada,  ca- 
rácter singular  y  eterno  del  teatro  de 
los  antiguos,  adonde  no  ha  llegado 
nada  de  10  hecho  en  la  litbbatuba  de 
los  pueblos  cultos.  Un  soneto  escrito 
á  los  14  años,  sobre  la  traslación  de 
las  cenizas  de  san  Isidro,  patrón  de 
Madrid,  dió  á  conocer  como  poeta, 
en  los  comienzos  del  síglo  xvii  (co- 
mienzos felices),  á  don  Pedro  Calde- 
rón de  la  Barca.  Bn  las  111  comedias 
que  dej  >  escritas  el  insigne  maestro, 
se  ve  fielmente  retratada  la  Bspaña 
de  Felipe  IV.  Sus  famosos  autos  sa- 
cramentales, menos  conocidos  j  no  tan 
estimados  como  merecen,  constituyen 
sin  duda  el  gran  monumento  teatral 
de  su  época.  La  creación  de  la  con- 
ciencia humana  en  toda  su  extensión 
posible;  la  representación  de  los  seres 
morales  en  la  inconmensurable  esfera 
de  la  vida,  no  ha  tenido  jamás,  en 
ningún  tiempo  de  la  historia,  en  nin- 
guna parte  del  globo  que  habitamos, 
un  pintor  tan  universal,  tan  atrevido, 
tan  resuelto,  tan  posesionado  de  sí 
mismo;  en  fin,  tan  maestro  de  sus 
propias  artes.  Cuarenta  autos  sacra- 
mentales sobre  na  asunto  místico,  que 
no  admite  imágenes  profknas;  cuaren- 
ta autos  sobre  el  Sacramento  y  el 
misterio  de  la  Eucaristía,  cujo  asun- 
to rechaza  un  gran  número  de  galas 
poéticas,  no  llegaron  á  fatigar  la  ins- 
piración de  aquel  ingenio  inagotable. 
Cuando  se  leen  más  de  una  vez  esos 
cuarenta  autos;  cuando  se  penetra  en 
las  entrai^as  de  aquella  infinita  elabo- 
ración, la  mente  se  crea  una  figura  so- 
brenatural; la  mente  adivina  una  con- 
fusión extrema,  hasta  fatalista,  y  haj 
algún  instante  en  que  los  lectores  tie- 
nen miedo.  Las  llamas  del  genio  del 
hombre  horrorizan  también  como  las 
llamas  del  incendio  que  se  verifica  en 
altar  mar,  y  en  aquellos  autos  arde 
día  y  noche  el  alma  luminosa  de  don 
Pedro  Calderón  de  la  Barca. — Tirso 
de  Molina,  cujo  nombre  de  pila  es 
Gabriel  Tóllez,  creó  un  tipo  eminen- 
temente dramático,  que  fué  reprodu- 
cido en  todos  los  teatros  de  Europa. 
De  las  lerendas  del  pueblo  sevillano 
y  de  la  Crónica  de  A  ndalucla,  sacó  el 
maestro  Tirso  su  Burlador  de  Sevilla, 
composición  original  qne,  desde  su 
aparición,  ha  sido  objeto  de  nna  pre- 
dilección universal,  lo  cual  demaes- 
tra que  aquel  carácter  no  era  un  tipo 
extraño  á  los  secretos  de  nuestra  raza. 
Aquel  original  de  nuestro  poeta,  que 


muchos  copian,  que  pocos  imitan,  que 
ninguno  aventaja;  aquel  Convidado  de 
piedra;  aquel  Don  Juan  Tenorio,  que 
inspiró  á  Bjron,  á  Mozart,  á  Zorrilla, 
glorias  V  gozos  de  pueblos  distintos, 
vive  todavía  encarnado  profundamen- 
I  te  en  nuestras  costumbres,  en  nues- 
tros sentimientos,  en  nuestras  aven- 
turas, en  nuestros  amores;  sobre 
todo,  en  nuestros  instintos,  en  nues- 
tras aprensiones,  en  nuestros  sueños. 
¿Quién  no  sueña  hoy  día  en  una  doña 
Inés  ó  en  una  doña  Ana  de  Pantoja? 
Bn  tiempos  de  Tirso,  eamo  actual- 
mente, nada  más  difícil  que  encon- 
trar burladores  grandes,  pues  lo  gran- 
de no  abunda;  pero  actualmente,  como 
en  los  tiempos  del  poeta  Téllez,  nada 
más  fácil  que  encontrar  pequeños  bur- 
ladores de  Sevilla,  que  podrían  ser,  con 
igual  corrección  y  punto  pjético,  pe- 
queños burladores  de  Madrid,  de  Barce- 
lona, de  Valencia  y  de  toda  España. 
Estos  tales  andan  tan  de  sobra,  que 
nunca  faltan  diez  ó  doce  detrás  de 
cada  esquina.  Mucho  hizo  el  inmortal 
autor  de  Don  Juan  Tenorto;  mucho 
hizo  el  gran  poeta  Bjron;  mucho  hizo 
el  célebre  maestro  Mozart;  pero  hizo 
más  el  maestro  Tirso  de  Molina,  ca- 
jas grandes  bellezas  no  han  tenido 
cabal  intérprete.  «¿Qué  es  esto?»  pre- 
gunta el  rev  al  burlador  en  el  momen- 
to en  que,  después  de  pasar  por  el  du- 
que Octavio,  acababa  de  seducir  á  la 
hermosa  Isabela,  y  el  burlador  res- 
ponde con  la  majror  naturalidad: 

 ¿Qaé  ha  de  aeiP 

Un  hombre  y  aoa  mujer. 

Ni  el  drama  de  Zorrilla,  ni  el  poe- 
ma de  Bjron,  ni  la  ópera  de  Moxart, 
tiene  un  rasgo  tan  característico, 
una  imagen  tan  viva,  una  pintun 
tan  maestra,  una  belleza  tan  sorpren- 
dente. Desjpttés  de  M  burlador  de  Se- 
villa, creación  pura  del  genio  nacio- 
nal, deben  citarse  dos  preciosoi  mo- 
delos: Don  Gil  de  las  cams  verdes,  pro- 
ducción que  algún  crítico  ha  conside* 
rado  como  el  tipo  de  la  comedia  espa- 
ñola de  intriga,  y  ffl  vergonzoso  en  pa- 
lacio, obra  muy  distinta  de  las  prece- 
dentes, la  euaf,  considerada  como  tipo 
de  escuela,  es  superior  á  las  dos  cita- 
das j  á  otras  muchas  del  antiguo  tea- 
tro español .  El  maestro  Téllez  repre- 
senta el  poeta  fecundo,  airoso,  gala- 
no, en  quien  el  chiste  agudo  corre  pa- 
rejas con  el  caballeroso  denuedo.  Es- 
tamos seguros  de  que  ciertos  ímpetus 
de  nuestro  poeta  no  se  permitirían  en 
nuestros  tiempos,  sin  embargo  de  que 
sus  comedias  se  representaban  en  pre- 
sencia del  rej.  Tal  es  el  verso  que 
pone  en  boca  de  una  de  sus  damas: 

[Ah,  Til  palacio,  A  qaé  obllitas! 

Moreto  sobrepujó  á  Lope  7  á  Cal- 
derón en  el  arte  de  conducir  j  desen- 
lazar un  asunto,  así  como  en  la  de- 
licadeza j  figura  de  sus  ingeniosos 
discreteos.  Creó  también  un  género 
dramático  particular;  las  comedias 
llamadas  de  Jígurá»f  eomo  La  tia  y  la 
sobrina  y  SI  Undo  don  Diego.  Pero  la 
obra  maestra  suja,  una  de  las  perlas 
de  la  escena  española,  es,  sin  disputa, 

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LITE 


SI  desden  con  el  desden,  de  donde  na- 
ció  La  princesa  SUda  de  Moliere.  Don 
Agustín  Morete  tiene  un  carácter  que 
no  se  puede  confundir:  es  el  poeta  que 
reviste  i  aus  persoDajes  de  cierto  pun- 
to hidalgo^  ae  cierto  alarde  roman- 
cesco, de  cierto  contorno  galanteador, 
de  cierto  tidante  de  pendencia,  de 
cierto  plañido  amoroso,  como  si  en 
su  arto  se  hubieran  confundido  el 
poeta,  el  caballero,  el  enamorado,  no 
pudiendo  decir  quién  interesa  más; 
si  el  enamorado,  si  el  caballero,  sí  el 
poeta.  Las  mejores  obras  de  Moreto 
son:  M  desdén  con  el  desdén  y  SI  rico 
hombre  de  Alcalá,  Sigue  á  Moreto  don 
Francisco  de  Rojas,  autor  del  Qarcía 
del  Casiañatt  drama  del  género  cal- 
deroniano, que  todavía  conserva  su 
popularidad  entre  nosotros  t  la  con- 
servará durante  muchos  siglos.  Fran- 
cia lo  imito  con  bastante  frecuencia 
j  Escarrón  tradujo  algunas  de  sus 
obras.  £1  autor  de  ú'arcto  del  Casta- 
ñar es  el  poeta  minacioso,  intrincado, 
revuelto,  confuso;  paro  de  un  arte 
extenso,  porque  tiene  ana  gran  con- 
ciencia ;  una  gran  audacia,  cualida- 
des que  siempre  van  juntas,  Y  deci- 
mos que  van  siempre  juntas,  porque 
la  Providencia  creó  la  energía  para 
recato  j  centinela  de  la  virtud.  El  ca- 
rácter de  Francisco  de  Rojas  consiste 
en  reunir  en  el  mismo  ffarcía  del  Cas- 
tañar la  comedia,  el  drama  v  la  trage- 
dia, con  la  misma  pujanza  de  inspira- 
ción j.  la  misma  posesión  de  arte.  La 
verdad  gospechosa,  composición  dra- 
mática que  Pedro  Cor neil le  calificó  de 
verdadera  maravilla  del  arte,  pertene- 
ce, no  á  Lope  de  Vega,  como  Corneille 
supuso  ec[uivocad8mento;  sino  &  don 
Juan  Ruiz  de  Alarcón,  poeta  mejica- 
no, original,  correcto,  puro.  En  su 
Sxamen  de  maridos^  obra  que  el  autor 
tuvo  en  g^n  estima,  hallamos  esce- 
nas admirables  j  diálogos  encanta- 
dores. Ruiz  de  Alaroón  es  el  poeta  de 
la  sociedad  y  de  los  misterios  del 
mundo.  ¡Qué  modo  de  mover  el  pin- 
cel al  retratar  alguna  escena  de  cor- 
tesanos! ¡qué  percepción  de  los  deta- 
lles! ¡qué  penetración  en  el  fondo! 
¡qué  naturalidad  en  las  figuras!  ¡qué 
delicadeza  en  los  cbistosl  |qaé  senti- 
miento tan'  amargo  de  la  realidad! 
¡qué  vaticinio  tan  hermoso  de  un 
isien  ignoradol  Don  Juan  Ruiz  de 
Alareón  as  el  poeta  eminentemente 
satírico,  7  su  cuerpo  tavo  cierta  parte 
en  los  arcanos  de  este  vocación.  Que- 
remos decir  que  nuestro  poete  era 
jorobado,  jr  se  na  advertido  que  todo 
jorobado  tiene  grandes  disposiciones 
para  la  sátira,  acaso  porque  la  joroba 
es  una  sátira  de  la  naturaleza,  Pero 
nótese  que  la  sátira  de  Ruiz  de  Alar- 
cón  no  es  la  sátira  de  todo  el  mundo, 
sino  una  ironía  refinada,  sutil,  inexo- 
rable, envuelte  en  un  labio  que  son- 
ríe, cujra  risa,  en  dondequiera  que  va 
á  caer,  quema  mis  que  la  lágrima, 
porque  es  risa  en  el  labio,  llanto  en 
el  corazón,  alegría  perdida  en  las 
ilusiones  de  un  sueño,  eco  vago  en 
las  soledades  del  alma,  ¿Nos  atrevere- 
mos &  decirlo,  aonque  ge  escaadali- 


LITE 

cen  nuestros  lectores?  ¡Cuánto  debió 
sufrir  aquel  poete  que  nace  reir  en  el 
teatro!  ¿No  le  veis  reir  á  carcajada 
suelte  en  sus  personajes?  Pues  esas 
carcajadas  nos  dicen  que  don  Juan 
Ruiz  de  Alarcón  es  el  poete  de  los  do- 
lores. Alarcón  tiene  muchas  excelen- 
tes comedias,  como:  Nohay  mal  que  por 
bien  M  venga;  &anar  amigos;  Las  pare- 
des oyen;  Bl  teiedor  de  Segovia;  Los 
favores  del  mundo.  A  este  noble  gene- 
ración del  siglo  XVII  pertenece  tem- 
bién  el  apreciable  autor  dramático 
Matos  Fragoso,  así  como  el  poete  to- 
ledano Luis  Quiñones  de  Benavente, 
que  pudiera  llamarse  el  poeta  del  en- 
tremés. 

34.  Políticos g  moralistas. — Hablan- 
do ahora  de  los  escritores  políticos  j 
moralistas,  se  puede  afirmar  que  los 
cuatro  más  dignos  de  mención  fue- 
ron: don  Antonio  Guevara,  don  An- 
tonio Pérez,  don  Diego  Saavedra  Fa- 
jardo, y  un  autor  originalisimo,  cajro 
nombre  nos  reservamoi.  Guevara  es- 
cribid una  especie  de  novela  política 

Ír  moral,  titulada  Mareo  A%reliot  en 
a  que  se  propuso  hacer  el  retrato  de 
este  emperador  romano  para  que  sir- 
viese de  modelo  á  Carlos  Y,  de  quien 
era  cronista.  La  obra  alcanzó  gran 
éxito,  pues  se  tradujo  á  casi  todos  los 
idiomas  de  Europa.  Las  famosas  Car- 
tas  de  Pérez,  dirigidas,  en  su  major 
parto,  al  conde  de  Bssex,  han  sido 
consideradas  por  los  críticos  feince- 
ses  como  modelos  en  el  género. epis- 
tolar. Hacia  mediados  £A  siglo  xvii 
aparecieron  Cien  empresas  polUícas 
(idea  de  %n  principe  político  cristiano) 
j  U  República  literaria  del  profundo 
erudito  don  Die^  de  Saavedra  v  Fa- 
jardo, que  asistió  en  calidad  de  re- 

Sresentante  de  España  al  Consejo  de 
[ünster  j  Osnabruck,  reunido  para 
tratar  de  la  pacificación  de  Europa. 
Los  libros  de  este  gran  literato,  ad- 
mirados en  todos  los  países  cultos, 
son  ejemplares  por  la  precisión  dA 
concepto,  por  la  tersura  de  la  frase, 
por  el  tono  ático  del  estilo,  por  la 
gravedad  y  la  discreción  de  la  senten- 
cia. En  cuanto  al  otro  autor  cu^a 
figura  colosal  necesita  major  espacio, 
no  podemos  decir  aquí  más  que  dos 
palabras:  como  escritor  polígrafo  por 
excelencia,  nadie  le  igualó  entonces, 
nadie  le  ha  igualado  después,  en  el 
difícil  arte  de  manejar  la  sátira  poli- 
tica,  historíca  y  social.  Trátase  del 
hombre  indescriptible,  que  está  en 
todas  partes,  que  todo  lo  ocupa,  que 
lo  sabe  todo,  que  todo  lo  domina  con 
igual  desempeño;  la  teología  y  la  já- 
cara, el  poema  y  la  seguidilla,  el  vi- 
llancico y  el  romance,  el  acertijo  y  la 
conseja,  la  letrilla  y  la  crónica,  la 
blasfemia  y  los  cánones,  el  chiste  y 
la  máxima,  el  escándalo  y  la  senten- 
cia, encarnación  viva  j  palpitante  del 
I  genio  nacional,  fábula  y  maravilla  de 
fas  generaciones  que  le  han  sucedido, 
talento  sin  límites,  al  que  ningún 
talento  se  ^uso  delante,  ni  en  Espa- 
ña, ni  en  ningún  pueblo  de  la  huma- 
nidad. De  sobra  estuviera  escribir  su 
nombre,  cuando  el  lector  sabe  mu; 


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bien  ^ue  no  puede  ser  otro  que  don 
Francisco  de  Quevedo  y  Villegas.  No 
estuvo  delante  de  todos;  pero  no  estu- 
vo detrás  de  nadie.  Y  para  que  aquel 
hombre  fuese  ana  creación  verdadera- 
mente portentosa,  el  cíelo  dispuso  que 
se  extendiera  sobre  su  tumba  la  som- 
bra del  martirio,  profecía  de  la  eter- 
nidad, beso  de  Dios  en  donde  se  jun- 
ten todos  los  besos  de  los  hombres. 

35.  LiTBBATUfiA,  de  las  costumbres. 
— Al  intentar  hacer  una  reseña  de 
la  UTBaA.TuaA  española,  no  podíamos 
olvidar  el  pasado,  puesto  que,  entre 
todas  las  ciencias  posibles,  no  hav 
ciencia  tan  universal,  ni  tan  venera- 
da, como  la  ciencia  de  los  sepulcros. 
¿Por  qué?  Porque  ha/  ^ue  vivir  en  la 
relig-ión  de  la  memoria,  como  en  la 
religión  del  sentimiento,  como  en  la 
religión  del  vaticinio.  Los  autores  lo 
llaman  de  otra  suerte;  nosotros  lo  lla- 
mamos religión.  En  esta  época  enri- 
quecen nuestra  erudición  dos  escrito- 
res notebiUsimos,  ;  no  vacilamos  en 
denominarlos  asi,  porque  maroan  una 
&se  nueva  en  la  litbbatuba,  nacio- 
nal. £1  primero  es  don  Juan  de  Za- 
valete,  autor  de  la  obra:  Cn  día  de 
^síUt  dividida  en  dos  partes:  El  dia 
de  fiesta  por  la  mañana,  el  cual  com- 
prende 20  capítulos,  y  SI  día  de  jUs- 
ta  por  la  tarde,  compueste  de  12, 
cnyo  precioso  libro  forma  parto  de 
sus  obras  en  prosa.  La  única  edición 
que  conocemos,  es  la  de  Madrid,  he- 
cha en  el  año  de  1667,  que  el  autor 
dedica  al  señor  conde  de  Villaumbro- 
sa.  Zavalete  no  escribió  su  libro  con 
el  propósito  de  retrater  aquellos  tiem- 
pos bajo  el  punto  de  viste  pictórico, 
artístico,  político,  histórico  j  social; 
sino  bajo  el  punto  de  vista  moral  j 
religioso,  puesto  que  es  una  da  esas 
obras  que  se  llamaron  moralidades  en 
la  Edad  media,  las  mismas  que  toma- 
ron el  nombre  de  libros  morales  ejem- 
plares, inundando  la  utbraturá.  del 
siglo  XVI  y  aun  del  xvii,  como  si  fue- 
ran una  extensión  en  prosa  de  la  poe- 
sía de  los  himnos  y  de  los  autos.  Pero 
Zavalete,  al  ridiculizar  las  costum- 
bres bajo  el  punto  de  vista  cristiano, 
considerándolas  como  impías,  nos 
presenta  la  vida  de  entonces  con  todos 
sus  matices,  con  todos  sus  contrastes, 
con  todas  sus  luces  y  sus  sombras, 
valiéndose  de  un  estilo  fácil  y  franco, 
de  un  pincel  maestro;  sobre  todo,  de 
una  maña  pulida  y  curiosa.  El  segun- 
do escritor  es  Francisco  Santos,  autor 
de  dos  obras  tituladas:  Día  y  noeke  en 
Madrid  y  SI  no  importa  ae  Sspa^, 
crítica  tan  sutil  como  valerosa  y  dis- 
creta. £>íag  noche  en  Madrid  se  inclu- 
yó  en  la  Colecdán  de  autores  españoles, 
en  el  tomo  de  novelistas  posteriores 
á  Cervantes,  y  causa  maravilla  por 
cierto  el  grave  descuido  de  dejar  se- 
¡  pultadas  las  otras  dos  obras  referidas, 
i  Los  libros  de  Santos  y  de  Zavalete, 
tan  peregrinos  como  importantes  para 
'  la  erudición  y  los  fastos  de  un  pue- 
i  blo,  ponen  de  relieve  las  costumbres 
'  desconocidas  de  aquella  época,  mos- 
trando su  modo  de  ser,  de  pensar  j 
sentir,  como  si  formaran  el  reperto- 


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rio  de  todo  an  siglo,  en  doade  se  abi- 
tan, se  revuelTen  y  se  confunden  las 
mil  fisonomías  diversas  de  un»  misma 
genencitSn.  En  aquellas  pintuniB,  es- 
pejos del  pasado,  nos  parece  ver  las 
g-radas  del  tiempo,  los  peldaños  de  las 
edades,  por  donde  las  generaciones 
sueesÍTas  prosiguen  su  camino  en  el 
gran  viaje  Ta  historia.  Y  damos 
una  grande  importancia  á  esta  mate- 
ria, porque  puede  afirmarse  que  el 
pueblo  que  no  se  recuerda  en  el  pasa- 
do, no  sabe  sentirse  en  el  presente,  ni 
adivinarse  en  lo  futuro.  Esto  aconte- 
ce así,  porque  la  existencia  de  la  hu- 
manidad es  una  zona  ^ue  se  extiende 
desde  el  boyo  sombrío  de  la  huesa 
hasta  la  línea  misteriosa  de  la  espe- 
raou.  Zavaleta  j  Santos,  que  no  mo- 
rirán nanea,  reprosentan  en  la  ute- 
a&TUBA.  nacional  la  adivinacídn  de  los 
ricos  tamices  de  Gora  j  de  los  inmor- 
tales sametes  de  Ram<ín  de  la  Cruz. 
Ya  no  son  dos,  son  cuatro:  Cruz,  Go- 
ja,  Santos,  Zavaleta, 

44,  fiisíoria  literaria,  —  Nuestros 
principales  historiadores  antiguosfue- 
ron  hombres  de  Estado  y  capitanea, 
dotados  de  un  excelente  ^usto  para 
apreciar  el  mérito  artístico  de  las 
obras  maestras  de  la  antigüedad,  j 
bastante  ami^s  del  arte  para  aspirar 
i  DO  ser  iaferiores  en  punto  á  belleza. 
Desde  principios  del  siglo  xin,  des- 
cuella el  notable  erudito  Rodrigo  Ji- 
ménez  de  Bada,  cardenal  j  arzobispo 
de  Toledo*  una  de  las  lumbreras  del 
Coneilio  lateranensa,  que  escribió  la 
SUttrU  tie  Bspaña,  Historia  de  ¡os 
inia  é  Historia  de  Roma.  Después 
de  Femando  del  Pulgar,  aparece,  en- 
tre los  cronistas,  Florián  de  Ocampo, 
tutor  de  una  preciosa  Crónica  general 
de  Stpaña,  de  la  cual  sólo  escribió 
claco  libros,  que  abrazan  los  tiempos 
más  remotos  de  la  monarquía,  j  que 
el  docto  A.mbrosio  de  Morales  conti- 
DUO  después  hasta  la  reunión  de  los 
letnos  de  Castilla  j  León.  Por  esta 
misma  época,  compuso  Esteban  de 
Oaribar,  en  40  libros,  una  historia 
general  de  EspaQa,  con  el  título  de 
Ompendio  hisíorial,  que  comprende 
desasios  tiempos  antiguos  hasta  la 
toma  de  Granada;  Jerónimo  Zurita, 
unos  ricos  Anales  de  ía  Corona  de  Á  ra- 
J«;tb1  jMidre  Pedro  Abarca,  unos 
Ántíes  históricos  de  s\u  reyes.  Sobre 
estos  ensayos  de  historia  general, 
descolló  la  del  padre  Juan  de  Maria- 
na, obra  notable  por  su  ordenada  dis- 
posición j  correcto  estilo.  Su  Historia 
jtneral  de  Fspa\a  apareció  en  1592, 
en  20  libros,  que  el  autor  extendió 
más  tarde  hasta  30.  Tomó  por  mode- 
la i  Tito  Livio,  en  la  narración;  á 
Tácito,  en  las  reflexiones;  pero  se  le 
aehaca  el  haber  pintado  á  varios  per- 
sonajes con  colons  excesivamente 
sombríos.  Continuó  esta  historia  el 
padre  Joan  de  Miñana.  £1  nombre 
ad  padre  Mariana  quedó  largo  tíem- 
jo  oscurecido  por  otros  varios  histo- 
riadores, que  acertaron  i  dar  &  sus 
ohrM  mayor  ^unto  de  perfección.  En- 
tre estos  se  citan  preferentemente:  á 
don  Diego  Hartado  de  Mendoza,  au- 


tor de  una  Historia  de  la  guerra  de  Fe- 
lipe II  contra  los  moros  de  Granada;  á 
Francisco  Moneada,  que  escribió  una 
Historia  de  ta  expedictán  de  los  arago- 
neses y  eatalamgs  contra  los  turcos  y  los 
griegos;  j  á  Francisco  Manuel  de  Me- 
ló, á  quien  se  le  debe  la  Historia  del 
levantamiento  de  Cataluña  bajo  Feli- 
pe IV.  La  guerra  de  Granada  fué  la 
última  que  los.  moros  sostuvieron,  en 
las  montañas  de  las  Atpujarras,  por 
los  años  de  1568  á  1570.  Mendoza, 
tomando  el  asunto  por  su  lado  más 
serio,  se  propuso  imitar  a  los  grandes 
historiadores  de  la  antigüedad,  prin- 
cipalmente á  Salustio,  a  quien  se  co- 
noce que  tomó  por  dechado.  Se  ve  que 
el  autor  no  aprobó  el  rigor  exagerado 
que  se  empleara  contra  los  moros,  y 
así  sucede  que  todo  su  libro  es  una 
censura  indirecta  de  la  política  seguí- 
da  por  Felipe  II.  La  Historia  de  la 
expedición  de  los  aragoneses  y  catala- 
nes equivale  á  un  perfecto  modelo  de 
narración  histórica:  el  estilo  de  Mon- 
eada es  menos  brillante,  pero  más 
atildado  y  primoroso  que  el  del  histo- 
riador granadino.  La  interesante  his- 
toria del  levantamiento  de  Cataluña 
dista  mucho  de  ser  una  obra  comple- 
ta, pues  Meló  no  narra  más  que  el 
primer  año  de  una  guerra  4|ue  duró 
trece.  Su  trabajo,  que  llevo  á  cabo 
por  encarg^o  de  Felipe  IV  y  de  su  mi- 
nistro Olivares,  es  notabilísimo  bajo 
el  punto  de  vista  literario.  El  estilo 
de  Meló  es  la  completa  alianza  de 
las  formas  greoolatinas  con  el  ge- 
nio español.  Después  de  los  tres 
historiadores  que  preceden,  citare- 
mos á  Antonio  de  Solís,  el  cual  pu- 
blicó, en  1684,  una  Historia  de  la 
conquista  de  Méjico.  La  España  del 
siglo  xviu  estableció  cierta  compara- 
ción entre  Solís,  Tácito  y  Floro;  aun- 
que los  extranjeros,  menos  apreciado- 
res de  la  belleza  del  estilo,  vieron  en 
él  un  mero  historiador  artista^  una  es- 
pecie de  Quinto  Curcio,  que  se  cuidó 
más  de  agradar  que  de  instruir,  su- 
bordinando la  verdad  histórica  á  las 
g^las  de  la  locución.  Empero  los  crí- 
ticos de  hoy,  sin  dejar  de  reconocer 
los  defectos  del  autor  citado,  no  tienen 
más  remedio  que  ensahar  la  perfecta 
elegancia  de  su  estilo  y  la  facilidad 
asombrosa  con  que  maneja  nuestro 
romance.  Otros  historiadores  muj  es- 
timados, aunque  acaso  inferiores  en 
nombradla,  florecieron  en  la  misma 
época;  tales  son:  don  Carlos  Coloma, 
marqués  del  Espinar,  quien  hizo  la 
guerra  de  Flandes,  con  cuyo  título 
publicó  la  historia  de  aquella  guerra: 
don  Luis  de  Avila  y  Zúñiga,  que  es- 
cribió las  Memorias  sobre  las  campañas 
de  Garlos  V  en  Alemania:  Pedro  Me- 
xía,  cronista  de  dicho  emperador,  que 
compuso  la  Historia  imperial,  compen- 
dio de  la  biografía  de  todos  los  empe- 
radores y  reyes  romanos,  desde  Julio 
César  hasta  Maximiliano  de  Austria: 
Ginés  Pérez  de  Hita,  autor  de  una 
Historia  de  tas  guerras  civiles  de  Gra- 
nada, mezcla  deleitosa  de  la  historia  y 
de  la  poesía  de  los  romances.  En  este 
mismo  siglo,  el  padre  Francisco  de 


San  Juan  del  Puerto  (villa  de  la  pro- 
vincia de  Huelva)  ilustró  nuestra  u- 
TiiHATURA  con  SU  Missio%  historiol  de 
MarruecoSt  i  la  que  debemos  mil  no- 
ticias curiosas;  entre  ellas,  la  de  los 
ALOOZBS  infernales,  como  los  llama  el 
padre  Francisco,  cu;^a  voz  quedó  re- 
zagada y  como  perdida  en  el  romance 
castellano,  y  aprovechamos  la  ocasión 
de  resucitarla,  que  siempre  es  hora 
de  dar  vida  á  los  muertos.  Algos  es 

el  árabe  al~Goa  (  JmXJfj,  empleado 

primeramente  como  nombre  de  una 
tribu  turca.  Un  cuerpo  de  algores  pasÓ 
de  Egipto  al  interior  del  Africa,  ha- 
cia mediados  del  siglo  xii,  bajo  la 
conducta  de  Carñcoch,  quien  repre- 
sentó un  gran  papel  en  la  historia  de 
aquel  país.  Insensiblemente,  los  «¿ffo- 
zes  fueron  entrando  i  sueldo  de  los 
Almohades,  bajo  cuyo  reinado  llega- 
ron á  gozar  de  una  marcada  conside- 
ración, hasta  el  punto  de  que  Alman- 
zor  los  prefería  a  los  soldados  de  su 
país,  como  lo  prueba  el  hecho  de  re- 
munerarles con  mayor  largueza.  Asi 
sucedía  que  los  algotes  cobraban  pagas 
especiales  todos  los  meses,  mientras 
que  las  tropas  africanas  percibían 
sueldos  menores  tres  veces  cada  año. 
Pasado  el  imperio  de  los  Almohades, 
que  marcó  la  época  de  su  major  pri- 
vanza y  poderío,  empezaron  a  decaer 
de  sus  antiguos  medros,  de  tal  suerte 
que,  al  llegar  el  siglo  xvu,  en  que  se 
publicó  la  MissioH  htstorialt  los  algo- 
tes,  aunque  conservando  el  nomture  de 
archeros,  con  que  se  designaron  desde 
un  principio,  quedaron  reducidos  al 
oficio  infamante  de  alguaciles  y  de 
verdugos.  Tal  es  la  razón  por  que  el 
padre  Francisco  de  San  Juan  del  Puer- 
to los  llama  alqozbs  infernales,  alu- 
diendo á  que  eran  los  encargados  de 
degollar  a  nuestros  cautivos.  Tal  es 
el  nombre  algos,  que  muchos  autores 
aplicaron  á  los  llamados  kurdos,  según 
vemos  en  Weijers,  Quatremere  é  Ibn- 
Khaldún:  éste  es  el  vocablo  á  que 
se  refiere  el  cronista  'Abd-al-Wahid 
cuando  dice  cque  los  jefes  de  los  al- 
gotes recibían  de  Almanzor,  rey  ber- 
berisco, propiedades  y  feudos  de  más 
cuantía  que  los  jefes  de  las  mismas 
tropas  africanas;»  éste  es  el  algoz  que 
encontramos  en  el  trovador  provenzal 
Gavandán  el  Viejo,  en  su  llamamien- 
to á  la  cruzada  contra  Almanzor,  rey 
de  Marruecos,  en  los  últimos  años  del 
siglo  xii  (1195),  en  donde  se  lee: 

Tote  loi  Alcavii  a  mandato, 
Matmatt,  Stauri,  GoTze  Barbarit, 

«Ha  llamado  (el  rey  de  Marruecos) 
á  todas  las  tribus  ó  kábilas:  masmu- 
des,  moros,  algozes  y  berberiscos;»  tal 
es  el  algoz  de  los  portugueses  con  el 
significado  de  verdugo,  el  mismo  que 
tiene  en  el  padre  Francisco  de  San 
Juan  del  Puerto,  de  donde  viene  el 
portugués  algozaria,  acción  cruel:  tal 
es,  finalmente,  el  algoz,  que  algunos 
autores  tradujeron  por  ^oí/i?,  descono- 
ciendo la  historia  del  vocablo. 

45.  Un  sistema. — En  el  último  ter- 
cio de  este  siglo,  el  padre  Molinos, 
hijo  de  Zaragoza,  publicó  en  Roma 


TOMO  m 


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458  LITE 


LITE 


UTB 


un  libro  titulado:  Guia  de  la  piedad 
en  que  propagó  cierto  quietismo  como 
medio  ae  perfección  moral  y  religio- 
sa. El  mohnotitmo  no  es  otra  cosa  que 
el  anonadamiento  de  la  voluntad; 
esto  es,  la  nulidad  completa  j  abso- 
luta del  albedrío  humano,  sustituido 
por  una  ciega  con6iuiza  en  la  miseri- 
cordia divina.  Bste  sistema  fué  con- 
denado en  1687  por  Clemente  XI, 
motivando  el  encierro  de  Molinos  en 
los  calabozos  de  la  Inquisición,  donde 
murió  á  los  nueve  afios,  ó  sea  en  1696. 

46.  Sifflo  XVIIL—Prosistat.  Él 
siglo  XVIII  vió  florecer  ¿  muchos  j  no- 
tables prosistas  españoles.  £1  mar- 
qués de  San  Felipe  nos  dejó  unos  Co- 
mentarios sobre  la  guerra  de  suce- 
sión: el  padre  Feijóo,  su  Teatro  críti- 
co j  sus  Cartas  eruditas  v  curiosas, 
obras  tan  peregrinas  por  el  caudal  de 
su  erudición  y  la  excelencia  de  su  li- 
teratura, como  por  sus  alientos  de  es> 
critor  j  su  fe  de  cristiano:  un  inge- 
nio, no  menos  audaz  y  más  elegante, 
el  padre  Isla,  llenó  con  su  nombre  la 
seguuda  mitad  del  lio-lo  ztui;  revin- 
dicó  para  su  patria  la  ínTeneión  del 
&il  Blas,  j  decidido  &  ridiculizar  el 
mal  gusto  que  reinaba  en  la  cátedra, 
último  asilo  del  escolasticismo  de  la 
Edad  media,  ilustró  á  su  época  con  el 
Fraif  Gerundio  de  Campatasy  dechado 
inimitable  de  frase  castiza,  de  chiste 
irónico,  de  invectiva  burlesca,  de  in- 
tención aguda  j  penetrante.  En  este 
mismo  siglo  se  publicaron  en  Espafia 
algunos  trabajos  de  erudición  de  gran 
alcance,  ora  por  su  literatura,  ora 
por  su  doctrina,  antee  los  cuales  me- 
recen figurar  en  primer  término:  la 
JBiblioteM  de  autores  apañoUs  antiguos 
jf  modernos,  por  Nicolás  Antonio;  la 
España  Sfurada,  de  Flórez;  las  Menuh 
rias  para  ta  historia  de  la  poesía,  por 
el  muj  erudito  padre  Sarmiento;  la 
Bittoria  eritiea,  del  padre  Masdeu;  la 
Cmnura  de  historias  fabulosas,  de  don 
José  Pellicer;  sus  Comentarios  á  la 
historia  de  Don  Q^uijote,  j  los  Orígenes 
de  Majans  t  Ciscar.  Si  nos  obligaran 
á  designar  los  dos  prosistas  más  aca- 
bados del  sí^lo  xvm,  es  mujr  posible 
que  nos  decidiéramos  por  el  conde  de 
Campomanes  don  Gaspar  Uelchor 
de  Jovellanoe,  modelos  perfectos  de 
la  loeición  castellana. 

47.  Siglo  XVni.^Peetas.  Entre 
los  poetas  españoles  más  notables  figu> 
ran:  don  Nicolás  Fernández  Moratin, 
de  quien  todos  citan  con  grande  enco- 
mio las  letrilku,  el  poema  dracriptivo: 
Fiesta  de  toros  en  Madrid  j  la  compo- 
sición del  género  épico:  Las  naves  de 
Cortes;  don  José  Cadalso  resucitó  la 
poesía  anacreóntica,  completamente 
olvidada  ^a,  en  tanto  que  sus  Erudi~ 
tos  á  la  moleta  merecen  el  concepto  de 
un  modelo  de  gracia  j  de  excelente 
crítica;  Iríarte  no  tiene  rival  en  el 
apólogo,  como  Samauiego  en  la  fábu- 
la; don  Nicasio  Alvarez  Cienfuegos; 
discípulo  de  Meléndez,  en  quien  la 
fantasía  lo  hace  casi  todo,  se  ejercitó 
en  la  oda,  en  la  epístola  jr  en  las  poe- 
sías pastorales;  Jovellanos  se  dió  á 
conocer  con  su  bellísima  oda  á  La  Pa*; 


Fraj  Diega  González  se  mostró  digno 
émulo  da  Fraj  Luis  de  León;  don 
Alberto  Lista  es  igualmente  consu- 
mado como  poeta  j  como  crítico;  don 
Manuel  Josa  Quintana  en  sus  odas  á 
Padilla,  á  La  Imprenta,  á  Tra/algar, 
á  La  Vacuna,  se  anuncia  al  mismo 
tiempo  como  el  poeta  j  el  patriarca 
de  la  musa  española,  en  tanto  que 
don  Juan  Nicasio  Gallego  fía  el  se- 
creto de  su  inmortalídoa  á  la  magni- 
ficencia de  sus  odas.  Pero  nos  olvidá- 
bamos da  una  figura  de  este  siglo. 
Gerardo  Lobo  era  capitán  j  hubo  de 
destinársele  á  los  puntos  de  Bodonal 
y  Elechosa,  en  Extremadura,  no  recor- 
damos si  para  cubrir  la  guarnición 
de  aquellos  lagares,  Ó  si  p^ra  activar 
la  cobranza  de  atrasados  impuestos. 
Ello  fué  que  se  pone  en  camino  para 
Extremadura,  corre  por  valles,  trans- 
pone montañas,  vadea  ríos,  atraviesa 
barrancos,  hasta  qae  cansado  j&  de 
andar  de  zoca  en  colodra,  maltrecho  j 
mohino  por  añadidura,  escribe  i  sus 
jefes  la  siguiente  décima: 

Oon  indaatria  ntifioloa» 
A  oaalqnier»  qae  pMsba, 
Gomo  enigma  pregnntftb» 
Por  Bodo&ftl  y  Elaoho»; 
Oyendo  eita  qoialooiB 
D^o  on  fnlano  de  tal: 
Do  Bleohoaft  y  Bodón»! 
8«  llovó  loi  haUUntw 
Vn  arroyo,  moebo  nntM 
Del  dilavio  nníveriftl. 

Sí  Gerardo  Lobo  hubiese  podido 
dejar  de  ser  poeta,  no  lo  hubiera  sido; 
pero  no  lo  pudo  evitar  y  lo  tuvo  que 
ser.  Es  lo  que  se  llama  un  poeta  de 
nacimiento.  De  nacimiento  j  de  noUe 
estirpe  es  también  el  notable  poeta 
del  epigrama: 

Un  ouado  se  «oo«tó, 

Y  oon  paternal  oarifio 
A  la  lado  pnao  el  nÍ&o| 
Pero  eaeio  amanoold. 

EntonoM,  torciendo  «1  gerte. 
Miróse  nno  y  otro  lado. 

Y  exclamó  dMcoaeolaaoi 

•lAy,  amor,  cómo  mo  has  gneslol* 

Después  de  leer  estos  renglones, 
inútil  seria  escribir  el  nombre  de 
Iglesias.  Cerraremos  el  cuadro  del  si- 
^o  xTiii  con  Dionisio  Solís,  superior 
a  Cienfuegos  j  no  inferior  al  maestro 
Meléndez,  según  opinión  del  muj 
erudito  don  Juan  Eugenio  Hartzen- 
busch.  Es  bellísima  la  cantinela  XVI, 

Hizo  el  Amor  un  din 
De  Primavera  mofa, 
Porque  duraban  poco 
Bnt  florea  olorosa». 
Pero  ella  le  replica 
Con  risa  bnrladorai 
«Di,  nifto.  ¿tas  plaoarai 
Duran  mu  qita  mis  rósaaV» 

48.  Teatro  del  siglo  XVIIL— Loa 
poetas  que  fundaron  escuela  en  este 
siglo,  son:  José  Cañizares,  con  su  Dó- 
mine Lucas;  sus  Cocineras,  ó  sus  Mon- 
tañesas  en  la  corte,  representante  de  la 
comedia  de  fgura^  punto  de  transición 
entre  la  comedia  de  capa  j  espada  j 
el  aaiuete;  es  decir,  entre  Lope  de 
Vega  y  don  Ramón  de  la  Cruz:  don 
Ramón  de  la  Cruz  con  sus  saínetes, 
punto  de  transición  entre  la  comedia 
de  figura  ^  la  comedia  nueva;  esto  es, 
entre  Cañizares  y  Moratín:  don  Lean- 
dro Fernández  de  Moratín  con  su  Café, 


punto  de  transición  entre  la  Cata  dt 
Tócame-Roque  y  la  Marcela;  es  decir, 
entre  don  Ramón  de  la  Cruz  y  don 
Manuel  Bretón  de  los  Herreros,  eatre 
el  saínete  y  la  comedia  de  costum- 
bres, espejo  de  la  sociedad,  verdadera 
teatro  día  la  familia.  Al  siglo  xvni 
corresponde  del  mismo  modo  la  tn- 

f edia  de  Huerta,  JUguel  ó  La  judia 
9  Toledo. 

49.  Siglo  XlXt — La  resella  da  nuei* 
tros  tiempos  tiene  grandes  inconve- 
nientes para  nosotros.  Es  mu^  proba- 
ble que  nadamos  olvidado  á  mucbcn 
hombres  de  talento;  sobre  todo,  á  mu- 
chos mártires  de  su  siglo,  tanto  mis 
ilustres  para  nosotros  cuanto  más  os- 
curos y  maltratados  de  la  fortuna.  Bn 
una  estofa  de  esta  trama,  nadie  puede 
decir:  <no  se  me  ha  escapado  ningún 
punto  en  el  urdimbre  da  la  tels;>  ^ 
menos  que  nadie,  lo  podemos  decir 
nosotros,  que  hemos  estado  algunos 
años  en  país  forastero.  Las  lagDUi 
que  el  lector  advirtiere,  atribú^alu, 
no  á  mala  fe,  que  no  tiene  cabida  en 
nuestros  hogares;  sino  á  la  igaoian- 
cia,  que  es  un  limo  que  &  todo  h  pe- 
ga, y  así  lo  confesamos  con  verdadero 
espíritu  de  humildad;  que  mis  levan* 
ta  al  hombre  un  solo  átomo  de  mo- 
destia, un  solo  escrúpulo  de  virtud, 
que  todos  los  colosos  de  la  soberbia  j 
de  la  vanidad;  aunque  esto  que  deci- 
mos es  un  error,  porque  la  vanidad 
y  la  soberbia  no  tienen  colosos.  Pedi* 
mos  perdón  á  las  memorias  olvididai, 
no  excluidas,  porque  en  nuestrt  íd- 
teneión  no  haj  excluidos.  Para  gloría 
de  una  moral  sublime,  que  hemos 
aprendido  en  la  desgracia,  somos  ana 
patria  (^ue  no  conoce  expatriados. 

Prosutas. — ^Las  producciones  más 
notables  de  los  prosistas  del  primer 
tercio  del  siglo  xjx  peitenecen  Iffou- 
mente  á  la  erudición.  Antes  de  1836, 
Ti6  nacer  Espafia,  en  este  género, 
obras  tan  apreeiables  como  uTatrt 
eriiicQ  de  la  elocuencia  espaHola,  de  Cap- 
manj;  el  Diccionario  crítico  délos»»' 
teres  catalanes,  por  Amat,  y  las  Mew>- 
rias  sobre  la  municipalidad  de  Baralo- 
na,  por  M.  de  BofaruU.  Amadorde  los 
Ríos,  decano  de  la  Facultad  de  Letras 
en  la  universidad  de  Madrid,  dio  s 
luz  un  Bnsavo  sobre  la  histeria  politM^ 

?'  literaria  ¿e  los  judíos  de  Sspañ»,  ca- 
ífícada  de  notable;  don  Manuel  Quin- 
tana, una  excelente  Biogra/U  de  w 
españoles  célebres;  don  Eugenio  de 
Ochoa,  una  Noticia  tobre  los  ««««f"' 
tos  espaáotes  que  posee  la  biblioteca  iin- 
perial  de  París.  En  el 
co,  nos  encontramos:  ^"'""'ly.  .Jí 
árabes  en  España,  por  Conde;  ^"j^ 
de  la  civilisacidn  en  Sspaña,  wj"' 
zalo  Morón;  España  bajo  los  Berbm' 
por  Carvajal;  Historia  de  las  di*m«f 
mahometanas  de  España,  por*Í<*°J^^ 
cual  de  Gavangos.  Merece  «uw 
Umbián  la  ÉUtoria  del  l*^^Z 
de  la  guerra  y  de  la  revoluádn  de  Jim- 
ña,  cuyo  autor  nos  ofrece  el  ?J«°*P!: 
de  un  hombre  sobrio  en  el  estilo,  pro- 
fundo en  su  literatura,  filósofo  en  w 
pensamiento,  arisco  en  su  critic»i 
trocho  en  el  mando,  absoluto  en  su 


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LITE 

•seaeU,  ameno  en  sa  plática,  caba- 
llero en  8U  trato,  dama  en  su  porte, 
carácter  múltiple,  tipo  confuso,  natu- 
nleza  no  averiguada  ni  definida:  el 
conde  de  Toreno. 

50.  /'(¿ow/ía.— Aunque  la  filosofía 
de  nuestro  si^lo  no  tenga  un  sistema 
claro  j  definido  en  relación  directa 
con  su  origen,  es  incuestionable  que 
está  fundada  sobre  el  dogma  de  la 
perfectibilidad  del  hombre,  que  pro- 
pagó el  apóstol  san  Pablo,  á  cujo  ti- 
tulo merece  sin  duda  que  se  le  apelli- 
de el  primero  j  más  grande  filósofo 
del  cristianismo,  es  decir,  el  primero 
j  más  garande  filósofo  de  la  humani- 
dad. De  este  dogma  tomó  Bacon  su 
obra  titulada:  Intíauratio  magna;  esto 
a,  la  ratawacvf»  magna  6  la  gran  re- 
generaei&H,  título  tan  profundo  como 
verdadero,  puesto  que  el  dogma  del 
hombre  perfectible  representa  la  re- 
generación del  ser  humano.  Efectiva- 
mente i  hachamos  que  la  humanidad 
gima  bajo  la  esclavitud  de  la  primera 
culpa,  como  víctima  eterna  del  peca- 
do, j  desaparece  la  razón  moral  de 
todo  derecho,  de  todo  arte,  de  toda 
ciencia.  Esto  Tiene  á  probar  que  el 
dogma  de  la  perfectibiíidad,  no  de  la 
perfección  absoluta,  es  la  consecuen- 
cia necesaria  del  dogma  angusto  de  la 
Redención.  Todos  los  sistemas  actúa- 
la, aun  los  más  opuestos^  contradic- 
torios entre  sí,  vienen  á  ser  fórmulas 
distintas  de  aquel  principio  origina- 
rio, puesto  que  todos  tienen  por  fin 
eomuQ  la  aspiración  al  bien,  á  la  ver- 
dad,  á  la  virtud,  á  la  justicia  j  á  la 
belleza;  más  claro,  la  aspiración  cons- 
tante á  realizar  en  todas  las  esferas 
de  nuestras  facultades  la  perfectibili- 
dad de  la  naturaleza  humana.  En  co- 
rroboración de  estateoría, examinemos 
los  múltiples  sistemas  filosóficos  que 
coBOcemos  en  nuestros  tiempos,  j  ob* 
servaremos  que  todos  condujen,  aun 
los  sistemas  panteistas,  por  reconocer 
la  necesidad  del  hombre  perfectible; 
por  cuya  razón  puede  decirse  que  has* 
ta  el  ateísmo  de  los  modernos,  si  el 
ateísmo  pudiera  existir,  tiene  cierto 
eipíritu  del  dogma  cristiano,  que  es 
también  filosofía  cristiana;  aunque  no 
se  denomine  de  este  modo,  porque 
lis^  cosas  que  son  j  no  se  denominan, 
ssi  como  otras  se  denominan  y  no 
son.  Decimos  otra  vez,  precisando  los 
términos,  que  toda  la  filosofía  de  nues- 
tro siglo,  en  su  confusa  multitud  de 
sistemas,  tiene  por  base  necesaria  j 
perenne  la  perfectibilidad  del  ser  hu- 
mano, principio  el  más  fecundo,  el 
mis  consolador,  el  más  luminoso  c^ue 
conoce  la  historia.  El  mundo  cristia- 
no lleva  en  su  conciencia  esa  mugní- 
fiea  revelación  de  diez  j  nueve  sielos, 
tal  vez  sin  sentirla,  quizá  sin  darle 
nombre,  como  el  éter  recibe  el  fulgor 
del  astro  sín  sentir  el  tacto  invisible 
de  la  luz.  En  cuanto  á  España,  son 
^madísimas  las  obras  filosóficas  de 
Jaime  Balraes,  hombre  de  entendi- 
niieato  poderoso,  de  gran  intuición  y 
de  hermosa  palabra.  Protestantismo 
comparada  con  el  Catolidtmo  pasó  al  do- 
nuQíe  de  los  sabios  de  todo  el  mundo. 


LITE 

La  filosofía  de  Balmes  se  distingue 
en  que  dió  extensión  r  trascendencia 
al  criterio  lógico  j  á  la  estética  de  la 
forma;  aunque  considerada  con  rela- 
ción al  dogma  del  hombre  perfecti- 
ble, está  muy  lejos  de  levantarse  á 
las  regiones  del  ideal  filosófico,  cien- 
tífico y  cristiano  del  siglo  xix. 

51.  Novela. — La  coyela  tomó  con- 
siderable desarrollo  con  Humara  j 
Salamanca,  Escosura,  Martínez  de  la 
Rosa,  Espronceda,  José  de  Yillalta  j 
otros  muchos,  cuya  enumeración  nos 
llevaría  demasiado  l^os,  á  más  de  ser 
un  tanto  peligrosa.  Si  tuviéramos  que 
hablar  de  los  vivos,  encontraríamos 
varias  capacidades  ds  primer  orden. 

52.  Siglo  XlX.—CrUica  Jilotófica, 
política,  literaria  y  ioctal.  Llegamos  á 
un  sepulcro,  sobre  cuya  losa  tenemos 
que  depositar  muchos  homenajes  de 
admiración  entre  muchas  lágrimas  de 
desconsuelo.  Cuando  este  sepulcro  se 
abría  á  la  misericordia  de  la  Provi- 
dencia; cuando  esta  fosa  se  cerraba  al 
juicio  del  mundo,  un  joven,  casi  un 
niño,  se  adelantó  con  paso  trémulo  y 
leyó  una  humilde  elegía.  De  aquella 
elegía  brotó  una  musa  que  llena  un 
siglo  y  alboroza  á  Espafia.  Muchos 
años  después,  un  gran  poeta  se  acusa 
á  sí  propio  y  se  condena  sin  piedad, 
viendo  en  su  sombra  una  flor  maldi- 
ta, brotada 

Al  borda  de  ta  tnmb»  de  on  mklvftdo, 

y  no  hizo  bien  en  renegar  de  su  altí- 
simo origen.  Cuando  nos  hallamos 
en  este  sitio,  no  hay  ningún  malvado, 
sino  una  tumba  ilustre,  un  canto  de 
la  historia  y  un  dolor  de  la  humani- 
dad. Colocados  nosotros  entre  aquel 
muerto  y  aquel  poeta,  como  el  lirio 
que  nace  entre  un  laurel  y  un  cardo, 
venimos  aquí  á  depositar  aquel  canto 
del  tiempo  y  aquel  dolor  del  hombre. 
¿Será  necesario  decir  que  nos  encon- 
tramos al  pie  de  la  tumba  de  Larra? 
Don  Mariano  José  de  Larra  tiene,  no 
sólo  una  importancia  capital  como 
excelente  crítico  y  hábil  polemista, 
sino  una  grande  significación  como 
literato,  puesto  que  fué  uno  de  los 
más  ardientes  propagadores  de  la  re- 
volución literaria,  la  cual  pretendía 
conciliar  la  originalidad  y  el  genio 
de  los  españoles  con  el  estudio  y  la 
imitación  de  los  franceses.  Nuestro 
personaje,  al  profesar  la  sátira,  cono- 
cía muy  bien  los  aposentos  interiores 
del  oficio:  «el  escritor  satírico,  dice, 
es  como  la  luna;  un  cuerpo  opaco, 
destinado  á  dar  luz,  y  es  el  único  de 
quien  con  razón  puede  decirse  gue  da 
lo  que  no  tiene.  No  conocemos  una  de- 
finición más  verdadera,  más  filosófica 
y  más  profunda  de  la  sátira.  Su  pri- 
mera publicación  periódica  fué  Elpo' 
breciío  kablador,  cuyos  artículos  fir- 
maba bajo  el  pseudónimo  de  M  ba- 
chiller Juan  Pérez  de  Munguia^  cuyos 
alientos  fueron  inútiles  contra  la  fé- 
rula de  la  censura.  Después  escribió 
bajo  el  pseudónimo  de  Fígaro,  y  aquí 
principia  su  carrera  de  triunfo  y  de 
gloria.  Larra  es  inmortal  en  sus  ar- 
tículos: Nadi9  p9se  tin  haMar  al  porte- 


LITE 


159 


ro;  La  planta  nueva  6  ti  famoso;  La 
Junta  de  Gástelo  Blanco;  (¿uiero  ter  có- 
mico; Cartas  de  un  liheral  de  acá  á  un 
liberal  de  allá;  Los  tres  no  son  más  que 
dos;  El  siglo  en  blanco;  La  cuestión 
trasparente;  Dos  liberales,  ó  lo  que  es 
entenderse.  La  crítica  de  nuestro  per- 
sonaje comprendía  un  círculo  tan  ex- 
tenso como  el  de  su  nutrida  erudi- 
ción: costumbres,  política,  filosofía, 
historia,  literatura  y  bellas  artes. 
Pero  Larra  tenia  temporadas  frecuen- 
tes, en  que  se  levantaba  de  mal  hu- 
mor; y  en  esos  días  mal  humorados, 
era  un  entendimiento  negativo,  que 
buscaba  la  claridad  del  día  en  los 
horrores  de  la  noche.  ¿Se  trata  del 
sol?  Pues  es  más  admirable  por  sus 
manchas  que  por  su  luz.  j^Se  tnta  do 
una  Venus?  Pues  todo  el  prodigio  de 
su  hermosura  desaparece  ante  una 
simple  desigualdad  en  la  frescura  y 
en  la  limpieza  de  la  tez.  Un  día  se 
levantó  de  mal  humor;  era  el  día  de 
difuntos  de  1836,  y  comenzó  á  derra- 
mar la  muerte  y  la  desolación  por 
todas  partes,  como  sí  fuese,  no  un  día 
de  difuntos,  sino  el  día  del  juicio 
final.  Para  tan  extraño  viaje,  se  pre- 
paró con  esta  pregunta  no  menos  ex- 
traña: Cj^Dónde  está  el  campo  santo; 
fuera  ó  dentro?»  Hecha  esta  pregunta 
formidable,  se  da  en  cuerpo  y  alma  á 
recorrer  las  calles  de  Madrid,  provis- 
to de  un  inagotable  acopio  de  letre- 
ros. Sobre  el  frontispicio  del  palacio 
lee:  cAqui  yace  el  trono;  nació  en  el 
reinado  de  Isabel  la  Católica;  murió 
en  la  Granja  de  un  aire  colado  So- 
bre el  arco  de  la  Armería  se  figura 
leer:  «Aquí  yace  el  valor  castellano 
con  todos  sus  pertrechos.»  Sobre  Doña 
María  de  Aragón:  «Aquí  yacen  los 
tres  años.»  Sobre  la  cárcel:  «Aquí 
yace  la  libertad  del  pensamiento.» 
Sobre  la  Bolsa:  «Aquí  yace  el  crédito 
español.»  Sobre  el  solar  de  la  Victo- 
ria: (Esa  yace  para  nosotros  en  toda 
España.»  Sobre  los  teatros:  «Aquí 

Í'acen  los  ingenios  españoles.»  Sobre 
os  Ministerios:  «Aquí  yace  media 
Sspaña;  murió  de  la  otn  media.»  No 
tenemos  noticia  de  an  sarcasmo  más 
audaz  y  profundo.  Pero  la  critica  tie- 
ne aquí  una  grave  tarea  que  desem- 
peñar, lo  cual  consiste  en  hacer  ver 
de  dónde  vienen  esos  días  nublados, 
esos  tristes  días  sin  sol  de  don  Ma- 
riano José  de  Larra.  Puesto  que  ha- 
blamos con  un  crítico,  tenemos  que 
implorar  el  favor  de  la  crítica.  Nues- 
tro autor,  en  vez  de  decir:  «una  per- 
fección significa  más  que  cien  imper- 
fecciones,» abrazando  la  verdad  de  la 
ciencia  y  el  do^ma  de  la  fe,  decía: 
«una  inperfección  representa  más 
que  cien  perfecciones,»  cayendo  en  la 
negación  del  entendimiento  y  en  la 
apostasía  de  la  conciencia;  esto  es,  en 
el  escepticismo  filosófico  y  en  el  ateís- 
mo dogmático.  Supongamos  que  uno 
pregunta:  «¿qué  es  vivir?»  La  razón 
y  la  fe  contestan:  «creer  y  amar.» 
Nuestro  autor  contestaba:  «negar  y 
aborrecer.»  Lo  dicho  hace  evidente 
que  toda  creencia  supone  una  filosofía 
particular,  y  tai  era  la  particular  filo- 


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sofía  de  don  Mariano  José  de  Larra, 
U  cual  explica  ciertos  infortunios  la- 
mentables, ocultos  por  un  Telo  de  ve- 
neración  y  de  cariño,  que  nuestros 
dolores  no  quieren  suspender.  ¡Qué 
lástima!  Puniendo  creer  en  Dios  y  en 
el  hombre,  no  se  sabe  cómo  un  genio 
creía  en  el  demonio  y  en  el  vampiro. 
Si  Mariano  José  de  Litrra  no  hubiera 
abusado  de  sus  grandes  talentos,  ha- 
bría sido  el  primer  crítico  de  su  épo- 
ca. Aun  habiendo  abusado,  por  un  tí- 
cio  de  genialidad  ó  de  temperamento, 
no  conocemos  ningún  critico  del  si- 
glo XIX  que  le  sea  superior,  especial- 
mente cuando  su  genio  se  levanta  á 
la  altura  de  las  más  altas  concepcio- 
nes. Larra  nació  en  Madrid,  el  2i  de 
Marzo  de  1809,  y  murió  en  la  noche 
del  13  de  Febrero  de  1837,  sin  enfer- 
medad, en  la  flor  de  su  vida,  puesto 
que  tenía  28  años,  encuja  edad  prin- 
cipian otros  á  escribir. 

53.  Si^h  XIX.— Poetas.  España 
contó,  contará  siempre  entre  sus  pri- 
meros poetas  al  duque  de  Bivas,  au- 
tor de  SI  MOTO  expósito,  rodeado  de 
una  juventud  poderosa,  en  que  el  es- 
píritu del  arte  corre  envuelto  en  una 
creación  indefinible,  que  se  podría 
llamar  la  inspiración  del  entusiasmo, 
el  áneel  de  la  fa  y  el  demonio  de  la 
reTuelta;  aquella  juTentud,  al  mismo 
tiempo  TÍviiicada  y  pervertida  por  un 
Esproaceda,  un  Larra,  un  Enrique 
Gil,  un  Pastor  Diez;  y  más  tarde,  por 
un  Gustavo  Becket  ^  un  Florentino 
Sanzj  cuyo  autor  dice  por  boca  de 
Quevedo: 

Osniado  estoy  de  OAnsarme 
Y  abarrido  da  aburrir  me. 

Quien  estaba  cansado  de  cansarse, 
no  fué  Quevedo;  sino  el  autor  del  dra- 
ma; es  decir,  Florentino  Sanz.  Entre 
los  grandes  poetas  líricos  del  si- 

flo  XIX,  ocupa  un  puesto  honroso  don 
uan  de  Arólas;  especialmente,  por 
sus  orientales,  cuya  galanura  de  es- 
tilo, cuja  riqueza  de  expresión,  cuja 
melodía  triste  y  suave,  cuja  inspira- 
ción natural  é  ingenua,  deben  citarse 
como  verdaderos  dechados.  No  haj 
pasión  más  bella  que  la  del  poeta 
barcelonés;  no  haj  amor  más  hermoso 
que  el  amoi  de  Arólas.  Su  oda  Á  l  mar, 
concepción  extensa  y  solemne,  tiene 
magníficos  arranques  de  genio.  Pero 
la  vena  más  rica  de  la  poesía  españo- 
la del  actual  siglo  se  encuentra  en  el 
teatro,  si  exceptuamos  alguna  crea- 
'  ción  gigantesca  y  sublimemente  des- 
esperada, como  Bl  Diablo  Mundo.  El 
duque  de  Rivas,  célebre  ja  con  mucha 
razón  por  su  poema  antes  citado,  puso 
colmo  á  su  reputaciiín  con  el  drama 
Don  Á  Ivaro  de  Lnna  ó  la fuerza  del  sino: 
Martínez  de  la  Rosa  dio  á  la  escena, 
en  1834,  su  famosa  obra  La  Conjura- 
ción de  Véneda,  en  donde  todos  apren- 
dimos á  llorar,  sin  que  haja  apenas 
un  español  que  no  guarde  en  su  alma 
las  tristes  memorias  de  Laura  j  de  Ru* 
giero,  ó  el  misterioso  canto  del  pere- 
grino: Quintana  dió  su  Duque  de  Viseo 
y  su  Pelayo,  en  tanto  que  Bretón,  Gil 
j  Zárate  j  Hartzenbusch  crean  un 
teatro  verdaderamente  nacional.  So- 


mos admiradores  de  loa  poetas  ante- 
riores j  de  otros  muchos  por  iguales 

fiartesí  consagramos  j  reconocemos 
a  eicelencia  de  todos;  pero  atríbu- 
jendo  á  cada  uno  su  valor»  conside- 
rada esta  materia  como  asunto  de  crí- 
tica literaria,  histórica  j  social,  deci- 
mos que  la  primer  comedia  del  si- 
glo XIX  lleva  por  título:  Marcela  ó  ¿i 
cuál  de  los  tres.^,  obra  que  tiene  al  pú- 
blico en  continua  emoci5u,  sin  otro 
argumento  sensible,  sin  otra  máqui- 
na, sin  otra  intriga,  sin  otro  misterio, 
que  la  verdad  de  los  caracteres  j  el 
embeleso  del  diálogo.  El  diálogo  en 
otros  autores  se  llama  belleza:  en  el 
incomparable  Bretón  de  los  Herreros 
se  llama  hechizo,  Ia  MareeU  áj^euál 
de  los  tresft  figun  viva  del  genio  na- 
cional, dió  á  España  un  nuevo  teatro, 
lo  cual  vale  tanto  como  decir  que  dió 
á  España  una  nueva  España.  Cuanto 
más  tiempo  pssa,  más  grande  ^  más 
hermosa  nos  parece  Marcela.  Siempre 
que  la  leemos,  exclamamos:  thay  es 
más  hermosa  que  ajer,>  lo  cual  sig- 
nifica que  nunca  se  podrá  decir:  «hoj 
es  más  hermosa  ^ue  mañana.»  Al  lado 
de  Marcela  debiéramos  poner  SI  hom- 
bre de  mundo,  de  don  Ventura  de  la 
Vega,  sí  fuese  creación  original.  Aun 
no  siéndolo,  será  siempre  un  perfecto 
y  admirable  dechado  de  la  comedia 
urbana.  Gil  de  Zárate,  el  autor  del 
tan  celebrado  Carlos  II  el  Heckitadoj 
de  Gutmán  el  Bueno  y  de  Don  A  Ivaro 
de  Lnna,  le  distinguió  de  los  demás 
escritoras  dramáticos  de  su  tiempo 

Sor  ua  eoaocimiento  más  profundo 
el  corazón  humano,  así  como  por 
una  marcada  tendencia  á  buscarlas 
efectos  morales  en  los  sentimientos 
generales  de  la  humanidad.  Hajr  otro 
nombre  que  se  dirige  principalmente 
á  herir  la  fibra  nacional,  no  Unto  por 
el  frenesí  del  autor  inspirado,  como 
por  las  memorias  patrióticas  del  hom- 
bre erudito,  sin  descuidar,  empero, 
los  gozos  inefables  del  poeta.  Este 
gran  escritor,  apóstol  venerable  de  las 
letras  de  nuestro  siglo,  se  inició  de 
un  modo  brillantísimo  con  sns  Aman- 
íes  de  Teruel,  en  donde  haj  versos 
que  parecen  llamar  á  las  puertas  del 
sima,  cuando  el  alma,  creándose  á  sí 
misma  con  los  hechizos  del  deseo, 
sueña  en  apariciones,  veladas  por  la 
gasa  de  la  ilusión.  Mientras  que  Es- 
paña tenga  memoria,  los  nombres  de 
Isabel  y  Marcilla  estarán  grabados 
profundamente  en  la  memoria  del 
pueblo  español;  j  entre  ellos,  corona- 
do por  su  genio  j  por  su  fortuna,  el 
insigne  poeta  Juan  Kugenio  Hartr.en- 
busch.  Él  Don  Francisco  de  Quevedo, 
de  Florentino  Sanz,  va  por  su  inspi- 
ración, ja  por  sus  bellezas,  entró  sin 
duda  en  las  grandes  corrientes  de 
nuestro  siglo, como  las  Verdades  amar- 
gas, de  Luis  de  Eguilaz,  y  como  el  Te- 
jado de  vidrio,  de  Adeíardo  López  de 
Ajala.  Convenimos  en  que  esta  come- 
dia  no  tiene  el  misterioso  encanto  de 
Consueto  ni  el  sabor  social,  la  expre- 
sión cáustica,  la  ironía  tremenda  del 
Tanío  j)or  ciento,  en  donde  haj  algo 
del  Dtahto  MvndOi  porque  haj  algo 


de  ese  diablo  que  se  agita  en  los  vi- 
cios de  todo  pueblo,  sea  el  que  fiierr, 

Sero  afirmamos  sin  ningún  género 
e  vacilación  que  el  TeiMo  de  vidrio 
es  la  mejor  comedia  del  autor  nobilí- 
simo cujo  acento  resuena  todavía  en 
nuestro  corazón.  Mencionemos,  para 
terminar,  el  precioso  teatro  de  Narciso 
Serra,  SI  toisón  roto,  de  don  Antonio 
Hurtado,  en  colaboración  con  el  gno 

Eoeta  Núñez  de  Arce,  j  el  Maclas,  de 
arra,  quien  tenía  ja  dos  actos  es- 
critos de  un  drama  titulado:  Q,uetede. 
¡Lástima,  en  verdad,  que  no  termi- 
nara semejante  obra,  porque  fuera 
curioso  oír  hablar  al  gran  satírico  da 
todos  los  tiempos  por  boca  del  satíri- 
co del  siglo  xixl 

54.  Conclusión.-' Un  ssdndo  i  ¡es  vi- 
vos. Sin  embargo  de  que  nos  propusi- 
mos no  hablar  ae  los  que  viven,  por- 
que tenemoi  miedo  de  los  vivos,  como 
otros  tíenen  miedo  de  los  muertos,  no 
terminaremos  esta  insignificante  re- 
seña sin  dirigir  una  palabra  de  aesta- 
miento  j  de  admiración  a  los  ilustras 
Mesonero  Romanos,  decano  de  los  li- 
teratos españoles;  Pascual  Gajaogos, 
decano  de  los  eruditos;  Andrés  Bo- 
rrego j  Fernando  Corradi,  patriareis 
de  los  periodistas,  canas  mas  glorio- 
sas que  la  más  gloriosa  juventud.  Lss 
ruinai^  como  la  piedad,  tienen  tam- 
bién su  genjo,  j  ¡aj  de  las  naciones 
que  no  se  acuerdan  del  genio  que  vi- 
ve en  la  santa  piedad  de  sus  raioss! 
T  pues  hemos  salido  del  reinado  de 
los  sepulcros,  que  tiene  tanto  encanto 
para  nosotros,  porque  amamos  tam- 
bién la  vida  en  los  arcanos  de  la  muB^ 
te,  vamos  á  hablar  de  algunos  hom- 
bres, protestando  que  no  lo  hacemos 
por  considerarles  de  una  uTBSAToaA 
superior  á  la  de  otros  ilustres  poetas, 
sino  por  creer  que  enriquecieron  nues- 
tro siglo  con  la  invención  de  cierto 
arte.  Don  José  Zorrilla  es  el  creador 
del  drama  hidalgo,  del  drama  Ustáú' 
co,  con  toda  la  grandeza  de  la  anti- 
güedad, con  toda  la  pompa  del  pasa- 
do, con  toda  la  imaginación  del  ag&^ 
ro,  con  todo  su  caudal  de  arrogancias, 
de  galanterías,  de  votos  j  conjuros. 
Su  concepción  de  más  sentido  es 
Zapatero  el  Rey,  joja  que  no  tiene 
jojero  que  la  tase: 

*Por  aa  propia  viitad  arderk  •ola 
Esta  lámpara,  díes:  {harto  lo  temo! 
Llena  está  de  mi  sangro  haita  la  sol» 
Y  yo  en  mi  sangre  sin  arder  me  quemo.' 

Para  quemarse  sin  arder,  como  para 
arder  sin  quemarse,  es  necesario  pensar 
j  sentir  como  piensan  j  sienten  los 
espíritus.  No  tenemos  noticia  de  ver- 
sos dotados  de  una  idealidad  más  pro- 
funda, más  metafísica,  más  fantásti- 
ca, más  terrible,  sin  embargo  de  s" 
la  más  sencilla  j  la  más  real  al  mis- 
mo tiempo,  porque  lo  más  real  j  1" 
más  sencillo  de  este  mundo  es  1»  poe- 
sía. Por  esU  misma  época  se  dió  i  o<>- 
nocer,  como  autor  dramático  de  primer 
orden,  don  Antonio  García  GuüéW". 
autor  de  Bl  Trovador  y  Simón  Seeane- 
gra,  que  son  j  serán  siempre  dos  mo- 
numentos del  romanticismo  teatral  en 
España.  Distingüese  este  genio  por 


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un  «zqaisito  nntimiento  de  la  frase, 
eaneteríndo  por  la  sonoridad  y  la  me- 
lodía, Uavadu  á  tal  punto  de  perfec- 
eidn,  que  noi  arrebatan  con  el  entu- 
iiasmo,  no  sabiendo  decir  si  es  la  me- 
tafísica de  la  forma  6  la  metafísica  del 
espíritu.  Bl  Trovador,  que  no  es  su- 
perior á  Simé»  Bocanegra,  como  crea- 
ción da  arte,  mereció  del  público  el 
triunfo  más  grande  de  que  na j  ejem- 
plo en  Is  escena  española,  lo  cual  ex- 
plica el  hecho  de  que  García  Gutié- 
rrez fuese  el  primer  poeta  que  saliese 
i  las  tablas,  para  recibir  la  oTación 

Eública.  En  cuanto  &  su  influencia  en 
\  vida  social  de  entonces,  bastará 
decir  que  apenas  había  joven  que  no 
llevara,  como  aderezo  personal,  el  po- 
mo de  veneno,  recordando  el  veneno 
de  Leonor,  6  ^ue  no  tomara  vinagre 
para  estar  p&lida,  como  la  amada  de 
Manrique.  En  fin,  todo  el  mundo  vi- 
vía á  lo  Trotador,  porque  los  pueblos 
viven  siempre  en  las  tradiciones  ma- 
raTÍUosas,  j  el  nombre  Trovador  ha- 
bía ja  dejado  de  ser  una  palabra  para 
tomarse  en  una  maravilla.  En  esa 
maravilla  de  un  siglo  será  eterno  don 
Antonio  García  Gutiérrez;  j  bien  lo 
merece  por  cierto.  Don  Tomás  Rodrí- 
guez Rabí,  que  vierte  en  su  teatro  á 
manos  llenas  todas  las  galas  y  felici- 
dades del  Mediodía,  indica  con  su 
Rueda  de  la  Fortuna  un  género  espe- 
cial, desarrollado  en  SsjpañoU»  todre 
todo,  da  Ensebio  Ast^uenno^presenta^ 
do  en  majores  medidas,  en  más  im- 
petuosos arranques  v  en  situaciones 
más  dramáticas  por  Bl  tanto  por  den- 
lo. En  estas  obras  haj  cierto  espíritu 
del  cuadro  de  los  Comuneros,  de  Gis- 
bert,  como  si  fuesen  un  pregón  de  la 
escuela  social  que  Horacio  Vernet  lle- 
vó á  la  pintura.  Es  indudable  que  otro 
Horacio  Vernet  la  llevará  al  teatro;  y 
en  este  sentido  concedemos  una  gran- 
de importancia  á  La  Rueda  de  la  For- 
ftnw,  ta  misma  que  tiene  Bl  tanto  por 
Mm(Q,  lienzos  mágieoa  en  donde  pa- 
rece transparentarse  nn  nuevo  mundo. 
Don  Manuel  Tamaño  es  un  escritor 
de  inspiración  extensa,  de  magnífica 
forma,  de  gran  intuición  y  sentido 
moral,  como  poeta;  suelto  y  sonoro, 
galano  y  puro,  ingenuo  y  preciso, 
alentado  y  brioso,  como  prosista, 
mostrando  de  esta  suerte  que  los  ver- 
sos no  están  reñidos  con  ta  prosa,  así 
como  que  se  puede  llegar  á  la  última 
cumbre  de  la  poesía  sin  subir  las  cues- 
tas del  Parnaso  v  sin  beber  las  aguas 
de  la  fuente  Helicona.  También  haj 
musas  para  los  que  no  escriben  en  lí- 
neas pareadas.  Tamajo  se  distingue, 
como  literato,  en  que  se  eleva  sin  re- 
montarse, lo  cual  estriba  en  que  lo 
Sublime  vive  en  casa  de  lo  sencillo, 
como  lo  sencillo  vive  en  casa  de  lo  su- 
blime. Este  poeta  se  anunció  con  una 
tragedia,  Virginia,  en  que  saludó  el 
arte  una  noble  esperanza,  cumplida 
después  por  largos  dones  y  más  lar- 
gas promesas.  Tamajo  y  Baus  es  el 
poeta  de  la  tradición,  representante 
natural  de  escuelas  pasadas  en  el  tea- 
tro de  nuestro  siglo.  Este  poeta  pare- 
ce golpear  sobre  la  losa  ae  las  tum- 


bas, como  si  intentase  infundir  espíri- 
tu á  la  sombra  de  la  vieja  España,  se- 
mejante al  mago  qae  evoca  una  visión 
entoe  las  almenas  derruidas  de  un 
castillo  feudal.  Un  poeta  dijoi 

•Dond*      ni  tismpo,  voy, 
Qn*    loenr»  pretradar 
LUT»r  1m  glorifti  de  hoy 
A  loi  f»at»BmaB  d«  ayer.> 

Nuestro  poeta  dice  por  el  contra- 
rio: 

■TíTieodo  en  la  tamba  eitoy, 
Porqne     locara  qnarer 
Heiclar  laa  sloríaa  de  ayer 
Con  loi  faotaamas  de  boy.* 

En  cuanto  á  nosotros  atañe,  el  mis- 
mo mérito  atribuímos  á  quien  con- 
templa lo  pasado,  que  á  quien  se  tor- 
na hacía  lo  presente,  que  á  quien 
vaticina  lo  venidero,  puesto  que,  por 
donde  quiera  que  caminen,  no  es  po- 
sible que  salgan  del  globo,  ni  de  los 
fines  de  la  universal  Providencia,  Lo 
único  que  pedimos  á  todos,  es  lo  que 
sobra  al  ilustre  poeta  Tamajoy  Baus: 
inspiración  vivificadora,  fe  levanta- 
da, aliento  generoso,  patriotismo  no- 
ble y  honrado.  Réstanos  decir  algu- 
nas palabras  acerca  de  un  genio  po- 
deroso; pero  de  ímpetus  desiguales, 
salvaje  y  sublime  al  modo  de  Shakes- 
peare; pero  sin  la  uniformidad  majes- 
tuosa del  poeta  inglés.  Este  escritor 
es  el  poeta  de  los  cataclismos;  aunque 
debe  añadirse  que  tales  catacliamos 
tienen  una  gran  significación,  puesto 
que  son  problemas  de  la  familia  y  de 
la  sociedad;  sobre  todo,  son  enigmas 
y  revelaciones  de  la  conciencia  hu- 
mana, como  lo  demuestran  principal- 
mente O  locura  ó  santidad  y  Bl  gran 
galeote,  sombra  terrible  de  las  anti- 
guas teocracias,  de  los  despotismos 
pasados,  en  cujos  moldes  se  conci- 
bieron una  ciencia  que  no  se  conoce, 
un  ingenio  que  no  se  siente,  una  mo- 
ral que  no  perdona,  una  humanidad 
que  no  se  ama,  hidrópica  siempre, 
siempre  sedienta,  como  el  Tántalo  de 
los  gentiles.  Este  genio  tiene  un  peli- 
gro: obstinarse  en  dar  ser  á  cierta 
belleza  más  sublime  que  lo  sublime, 
cuya  imposible  creación  tiene  un 
nombre  en  cada  idioma;  en  castellano 
se  llama  el  ridiculo.  En  efecto,  Chu- 
rriguera  no  es  más  ni  menos  que  la 
exageración  de  Miguel  Angel;  una 
sublimidad  mal  ideada,  que  pretende 
exceder  á  la  sublimidad  bien  sentida; 
un  deliria  de  la  inspiración,  una  fie- 
bre magnánima,  que  intenta  fundar 
lo  sublime  del  hombre  sobre  lo  subli- 
me de  Dios,  de  donde  viene  el  án^el 
que  se  torna  en  grifo.  Más  allá  del 
vago  contorno  de  la  pirámide;  más 
allá  de  la  última  linea  del  obelisco, 
no  hay  otra  cosa  que  el  vacío  del  ho- 
rizonte, los  desiertos  del  aire,  lis  so- 
ledades de  la  creación.  ¿Quiere  poblar 
esas  soledades  infinitas?  Se  engaña. 
¿Quiere  buscar  conceptos  artísticos 
más  allá  del  mundo  del  arte?  Se  en- 
gaña. ¿Quiere  fabricar  almas  de  án- 
geles con  cuerpos  de  grifosV  Se  enga- 
ña. ¿Logra  encauzar  su  genio  poten- 
te, si  esta  empresa  cabe  en  lo  huma- 
noV  Bchegarajr  será  indudablemente 


el  regocijo  y  la  maxftvílla  de  sus 
tiempos.  Y  aquí  damos  remate  &  nues- 
tra desmafiadia  faena,  pidiendo  perdón 
á  nuestros  benévolos  lectores  j  á  la 
sombra  de  los  antepasados.  T  al  des- 
pedirnos de  la  sombra  de  nuestros 
mayores,  un  grito  involuntario  se 
arranca  de  nuestro  corazón:  ¡Salve, 
tumbas  de  nuestra  patrial  ¡Salve,  ge- 
nio de  los  antiguos! 

Literero.  Ausculino.  El  qna  guia, 
vende  ó  alquila  literas. 

BnMOLOofa.  LUtrat  catalán,  IlUe-' 
rer» 

Liteiilla,  Femenino  diminntivo  de 
litera. 

Literomania.  Masculino.  Uanfa 
por  escribir  Ó  parecer  literato. 

Literámano,  na.  Masculino  j  fe- 
menino. Bl  que  estíl  afectado  delite- 
romania. 

Lites.  Mascnlíno  plural.  Vos  grie- 
ga equivalente  i  preces. 

Etiuolooía.  Griego  Xhi)  (Ua),  sú- 
plica. 

Litiasis.  Femenino.  Mediana,  Mal 

de  piedra. 

ETiitOLOQÍA.  Griego  Xi6(at9i<  ( lithia- 
sis),  forma  de  XtOtov  (Utku^Jf  de  Xfdoc 
(lUhot)t  piedra:  franeés,  UAU»$,  U- 
thiasie. 

Litiato.  Masculino.  Química.  Com- 
binación del  ácido  Utico  con  una 
base. 

EnMOLOofa.  ZUia>, 

Litico,  ca.  Adjetivo.  Química,  Epí- 
tetodeunácidoproeedentedellitio.  || 
Calificación  de  las  sales  cuya  base  es 
el  litio. 

ExmOLoaÍA.  Griego  Hfkxi  (Utkos), 
piedra:  francés,  Uthique. 

Litigable.  Adjetivo.  Que  puede  li- 
tigarse. 

Litigación.  Femenino.  La  acción 
y  efecto  de  litigar. 

Etiuolooía..  Litigar:  latín,  A/^a- 
tio,  en  las  glosas  de  Filoxeno,  certa- 
men, disputa,  forma  sustantiva  abs- 
tracta de  Rttgatia,  litigado. 

Litigadamente.  Adverbio  de  mo- 
do. Por  medio  de  litigio. 

EriMOLOofA.  Lit^ada  y  el  sufijo 
adverbial  mente. 

Litigador,  ra.  Masculino  y  feme- 
nino. El  que  litiga. 

ETiuoLOofA.  Litigar:  latín,  titila- 
tor,  Htígdtrix^  masculino  y  femenino; 
forma  agente  de  UdgSrtt  utigar:  ita- 
liano, liiigatore. 

Litigante.  Participio  activo  de  li- 
tigar. El  que  litiga.  Se  usa  más  co- 
munmente como  sustantivo  masculi- 
no; y  así  se  dice:  bl  litioa,ntb. 

Etiuoloo£a.  Latín  ktíganSt  antis, 
forma  adjetiva  de  Utíjfare^  Utigar:  ca- 
talán, lituanf;  firances,  liíigant,  anít; 
italiano,  litigante. 

Litigar.  Activo.  Pleitear,  disputar 
en  juicio  sobre  alguna  cosa.  |  Metá- 
fora. Altercar,  contender. 

ETiHOLoaÍA.  Latín  litigare;  de  lit, 
litis,  contienda,  y  el  sufijo  igaret  fre- 
cuentativo de  agSre,  hacer:  catalán, 
litigar;  italiano,  litigare. 

Litigio.  Masculino.  Pleito,  alter- 
cación en  juicio.  |  Metáfora.  Disputa, 
contienda. 


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462  LITO 


LITO 


LITO 


■  Etimología.  Litigar:  latín,  ÍI/IP 
gium;  ittliaDo,  litigio;  francés,  liHge; 
provenzal  j  catalán,  Uiigi. 

Litigiosamente.  A.dTerbio  de  mo- 
do. CONTBNCIOSAMENTB. 

ETiMOLOofA..  Litigiosa  j  el  sufijo 
adverbial  mente. 

Litigioso,  sa.  Adjetivo.  Lo  que 
está  en  duda  j  se  disputa.  |  El  c^ue  es 
propenso  á  mover  pleitos  7  litíffios. 

EriuoLOofA.  Litigio:  latín,  lltíaid- 
tut;  italiano,  litigioso;  francés,  iiti- 
gieux;  catalán,  litigiós,  a. 

Lit^o.  Masculino  anticuado.  Ltxi- 
oia 

Litina.  Femenino.  Q,uimea.  Espe- 
cie de  álcali  que  se  encuentra  en  el 
reino  mineral. 

ETiHOLoaÍA.  Griego  Uthos,  piedra. 

Litio.  Hasculino.  Q«ín»ca.  Metal 
que  sirve  de  base  &  la  litina. 

EriuoLoaÍA*  lÁtvm  latín  técnico, 
lithin%m. 

Litis.  Pleito. 

Etiuoloqía.  Latín  ¿m,  ^tis. 

Litisconsorte.  Común  de  dos.  Fo- 
rense. KI  <^ue  litiga  por  la  misma  cau- 
sa ó  interés  de  otro,  femando  con  él 
una  sola  parte. 

Etucología.  Litis  j  consorte. 

Litiscontestación .  Femenino. 
Forense.  La  respuesta  de  la  demanda 
judicieL~ 

Litisexpensas.  Femenino  plural. 
Forense.  Los  gastos  6  costas  causados, 
6  que  se  presume  Tan  á  causarse,  en 
el  eojgqimiento  de  un  pleito. 

Litispendencia.  Femenino.  Fo- 
rense. El  estado  del  pleito  pendiente 
y  sin  determinar. 

Litium.  Masculino.  Litio. 

Lito.  Prefijo  técnico,  del  griego 
"kíbot:  (Uthos),  variante  de  Xia^  (le'as), 
piedra,  roca;  que  es  el  sánscrito  laus- 

tas,  terrón,  arcilla;  del  rerbo 

(ln$),  romper.  (Sistmas  de  Bopp  y  de 
Grimu.) 

Litocálamo.  Masculino.  Mineralo- 
gía. Caña  fésil. 

Litocarpo.  Masculino.  Fruto  pe- 
trificado. 

Etuholdoía.  lAto  j  karpds,  finito: 
francés,  Uthocarpe. 

Litoclastia.  Femenino.  Cirvgia. 
Procedimiento  operatorio  que  consis- 
te en  fracturar  los  cálculos  en  la  ve- 
jiga, valiéndose  de  un  instrumento 
curvo,  el  cual  obra,  ora  por  percu- 
sión, ora  por  percusión  y  presión  com- 
binadas. 

ETiHOLoaía..  Litoclasto:  francés,  li- 
thoclastie, 

Litoclasto.  Masculino.  Cirugía. 
Instrumento  curvo,  empleado  en  la 
operación  de  la  litotrícia. 

Etiuolooía.  Griego  Uthos,  piedra, 
j  kUo  (xXáw),  ^0  rompo:  francés,  li~ 
thoelatle. 

Litocola.  Femenino.  Betún  que  se 
hace  con  polvos  de  mármol,  pez  cla- 
ras de  huevo,  y  se  usa  para  pegar  las 
piedras. 

ETiMOLOofA.  Griego  Uthos,  piedra, 
y  kálla;  Xi6ox¿XXii:  francés,  litnocoile. 

Litocromía.  Femenino.  Litogra- 
fía. Procedimiento  por  cajo  medio  se 


imprime  en  una  tela  un  dibujo  en  ne- 
ffro,  teniendo  el  fondo  de  diversos  eo- 
lona. 

BTUiOLoafa.  Griego  ¿íMffs,  piedra, 
y  ekrííma,  eolor;  XíOoc  XP*^-  f^sncés, 
liíAoehromie. 

Litocrómico,  ca.  Adjetivo.  Con- 
cerniente á  la  litocromía. 

Etiiíología.  Litocromía:  francés,  U' 
thochromique. 

Litocromista.  Masculino.  Artista 
dedicado  á  las  impresiones  litocrómi- 
cas. 

Etimología.  Litocromía:  francés,  li~ 
tkochromiste. 

Litodendro.  Masculino.  Zoología. 
Epíteto  de  muchos  pólíoos  fósiles. 

EtiholooÍa.  Griego  Uthos,  piedra, 
y  déndron,  árbol:  francés,  lithwUndre. 

Litodialiais.  Femenino.  Medicina. 
Toda  especie  de  tratamiento  que  tien- 
de á  disolverlos  cálculos  en  la  vejiga, 
bien  indirectamente  por  medio  de  me* 
dicamentos  administrados  al  interior; 
bien  directamente,  valiéndose  de  re- 
activos químicos,  inyectados  en  la  ve- 
jiga. B  Cirugía.  'Toda  operación  que 
tiene  por  objeto  dividir  los  cálculos 
de  la  vejiga  en  fragmentos  pequeños; 
de  tal  suerte,  que  puedan  salir  por  el 
conducto  de  la  uretra. 

Etimología.  Griego  Uthos,  piedra, 

{r  diálvsis;  XíQo^  SiáXurt^,  disolución  de 
a  piedra:  francés,  lithodialyse. 

tátodrásico,  ca.  Adjetivo.  Cim- 
g(a.  Propio  para  asir  los  cálculos  for- 
mados en  la  vejiga. 

EtuiolooIa.  Griego  Uthot,  piedra, 
y  drássó,  yo  cojo  con  la  mano,  manu 
eomprehendo:  Xt6o;Spás«cü. 

Citófago,  ga.  Adjetivo.  Que  come 
piedras,  en  cuyo  sentido  se  dice:  ani- 
males litópaoos.  D  Sustantivo  plural. 
Los  litóitaqos. 

Etimología.  Griego  Uthos  y  pha- 
gein,  comer:  francés,  liíhophage» 

Litofania.  Femenino.  Transparen- 
cia de  la  piedra. 

Etimología.  Griego  X(9oc  (Uthos), 
piedra,  y  <p3v¿{  (phüMÍi),  brillante;  de 
<pa(vitv  (phaínein),  brillar:  francés,  lt~ 
íhopkante. 

Litofélico,  ca.  Adjetivo.  Qfltimiea, 
Ácido  litofélico.  Acido  que  se  halla 
en  los  bezoares  de  Oriente. 

Etimología.  Lito  j  el  latín  fel,fel- 
lif,  hiél,  bilis:  francés,  Uthojelligue y 
lithofellinique. 

Litófila.  Femenino.  Historia  natu- 
ral. Hoja  fósil. 

Etimología.  Lito  y  el  griego  jíAy/- 
lon,  hoja:  francés,  lithophile. 

Litófilo,  la.  Adjetivo.  Botánica. 
Dícese  de  una  planta  que  crece  en  las 
rocas. 

Etimología.  Lito  y  phllos,nmzxiXe: 
francés,  lithophile. 

Litofito.  Masculino.  Historia  natU' 
ral.  Producción  marina  que  reúne  la 
dureza  de  la  piedra  y  la  forma  de  la 
planta. 

Etimología.  Lito  y  phyton,  planta: 
X(0o^  i9'j6ov. 

Litofósforo.  Masculino.  PiBDBA 
fosfórica. 

Etimología.  Lito  y  fósforo. 

Litofotografía.  ]^emenino.  Arte 


de  fijar  sobre  la  piedra  Htogrifica  un 
dibujo,  á  cuyo  efecto  concurre  la  ac- 
ción de  la  luz,  quedando  habilitada  la 
piedra  para  la  sucesiva  estampaeida 
de  ejemplares  en  papel. 

Etimología.  Lito  y  fotografía. 

Litogenesia.  Femenino.  Parte  da 
la  mineralogía  que  tiene  por  objeto 
investigar  cómo  se  forman  las  pie- 
dras. 

Etimología.  Litojgéntñt:  francés, 
lithogenésie. 

Litogaognosia.  Femenino.  Cono- 
cimiento de  las  piedras  que  existen 
en  el  globo. 

Etimología.  Griego  Uthos,  piedra; 
ghe,  tierra,  y  gndiit,  conocimiento:  X(- 
6ot,  Yí»  r'wffn, 

Litoglifico,  ca.  Adjetivo.  Concer- 
niente al  grabado  en  piedra. 

EtuiolooÍa.  Lit^Ufo:  francés,  Ur- 
thoglypki^ue. 

Litoglifita.  Femenino.  Historia  na- 
tural. Nombre  de  unas  piedras  que 
parecen  esculpidas  por  el  arte,  siendo 
productos  naturales. 

Etimología.  LiíógUfo, 

Litóglifb.  Uasealina  Grabador  en 
piedra. 

Etimología.  Griego  XtOovXúfoc  (l^ 
íhoglvphos);  de  Uthos,  piedra,  y  y^<>- 
fn»  (ofypíein),  tallar:  francés,  Utko- 

glgphe. 

Litografía.  Femenino.  El  arte  de 
dibujar  en  piedra  preparada  al  efecto, 

Sara  multiplicar  los  ejemplares  de  un 
ibttjo  ó  escrito.  También  se  llaman 
asi  estos  mismos  ejemplares,  así  como 
el  establecimiento  ó  taller  del  litó- 
grafo, en  cuyo  sentido  se  dice:  «abrir 
una  litografía.  > 

Etimología.  Griego  Uthos,  piedra, 
y  grapheta,  descripción;  XÍ60?  yfxffKía: 
italiano  y  catalán,  litografía;  francés, 
litographie. 

Reseña. — El  alemán  Senefelder  in- 
ventó el  procedimiento  de  la  lito- 
GBAPÍA  en  1793. 

Litografiable.  Adjetivo.  Que  pue- 
de ser  litografiado. 

Litogiwiador,  ra.  Hasculino  j 
femenino.  LiTÓasAFo. 

litografiar.  Activo.  Dibajar  6  es- 
cribir en  piedra. 

Etimología.  Litografía:  catalán,  ii- 
íograjiar;  francés,  litkograpkier;  ita- 
liano, litografare. 

Litográficamente.  Adverbio  de 
modo.  Por  medio  de  la  litografía. 

Etimología.  Litográfica  y  el  sufijo 
adverbial  mente. 

liitográfico,  ca.  Adjetivo.  Lo  que 
pertenece  á  la  litografía. 

Etimología.  Litografía:  catalán,  ¿i- 
tognlfich,  ca;  francés,  lithographigue; 
italiano,  litografico. 

Litógrafo.  Masculino.  El  que  so 
ejercita  en  la  lito^frafía. 

Etimología.  Litografía:  catalán,  li- 
tógrafo; francés,  lithographe;  italiano, 
lilografo. 

Litoide.  Adjetivo.  Didáctica.  Que 
tiene  la  apariencia  de  una  piedra. 

Etimología.  Lito  y  éidos,  forma: 
francés,  Utholde. 

Litoideo,  dea.  Adjetivo.  Litoide. 

Litolabo.  Masculino.  Cirt^ía.  Te- 

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UTO 


LITO 


LITU  463 


iwcilU  para  asir  la  piedra  de  la  vejí- 
gft  á  fie  de  triturarla. 

EtimolooÍa..  Lito  j  labein,  coger, 
aair:  francés,  UíAolaM, 

Litolisis.  Femeniao.  Medicina.  Di* 
solucióu  de  los  cálculos  de  la  vejiga, 
i  b6nefício  de  las  anbstauciaa  ínjec- 
Udas. 

BtuiolooU.  Lito  j  tjfiiit  diiola- 
áón:  francés,  Uíholyse. 

Litologia.  Femenino.  Parte  da  la 
historia  natural  que  tiene  por  objeto 
tratar  de  las  piedras. 

BrnfOLOOÍA.  Lito  j  lógoty  tratado: 
francés,  Utkologie, 

Litoiógicamente.  Adverbio  de 
modo.  Por  medio  de  la  litologta. 

BtuioloqU.  LitolÓgica  j  el  sufijo 
adverbial  mente. 

litológico,  ca.  Adjetivo.  Concer- 
niente á  la  litol(»^ía. 

EnMOLOOÜ..  &tologia:  francés,  li- 
tiolo^igue. 

Idtologo,  ga.  Hasoaliiio  j  feme- 
nino. Bl  que  se  ocupa  de  litoIogía. 

ETiifOLOOÍA.  Litologia:  francés,  U- 
tkolf^ue. 

latomancia.  Femenino.  Adivina- 
ción por  medio  de  ciertas  piedras. 

B-nuoLOoU.  Lito  j  manteía,  adivi- 
nación: francés,  iitnomancie. 

Litomántico,  ca.  Adjetivo.  Con- 
cerniente á  la  lítomancia. 

Utomarga.  Femenino.  Especie  de 
arcilla. 

ETiifOLOoU.  Francés  lithomarge. 

Litomorfita.  Femenino.  MineraUh- 
jia.  Nombre  de  varias  piedras  que 
presentan  dibujos  naturales. 

EmiOLoaU.  Lito  j  norphe,  forma: 
francés,  Utkomorphite. 

Litontriptioo,  ca.  Adjetivo.  Me- 
dicina. Nombre  de  las  substancias  que 
se  conceptúan  eficaces  para  destruir 
los  cálculos  de  las  vías  urinarias. 

BruoLoaÍA.  Griego  XíOov  (HthonJ^ 
acusativo  de  XHo^  (litkos),  piedra,  j 
tfíStv*  (fríbeinjf  moler:  francés,  litáon- 
briptiqiu. 

tiitopedia.  Femenino.  Medicina. 
Conversión  del  feto  en  piedra  dentro 
del  seno  materno. 

BTiMOLOaf  A.  Liio  y  paU  (mtc), 
niao. 

Litopédico,  ca.  Adjetivo.  Concer" 
Diente  a  la  litopedia. 

Litoplatonia.  Femenino.  Dilata- 
ción de  la  uretra. 

Etiuolooía.  Lito  y  platos  («Xíto»;), 
anchura. 

látoral.  Adjetivo.  Epíteto  de  lo 
que  está  á  la  orilla  del  mar.  Se  osa  á 
Veces  como  sustantivo. 

EnuoLoaÍA.  Latín  lilíut,  ¡SriSy  ri- 
bftH;  litíordlit,  litoral:  italiano,  liío- 
nk;  francés,  Utíoral,  ale. 

Utorela.  Femenino.  Botánica.  Gé- 
nero de  plantas  dicotilediSneas  qae 
crecen  á  orillas  de  los  estanques. 

EnuoLooÍA.  Litoral. 

Idtoscopift.  Femenino.  Medicina. 
Bxploneidn  hecha  eon  el  lítosco- 
pio. 

EtiHOUKífA.  Lito  j  skopéOf  JO  exa- 
mino. 

Litoscópicameate.  Adverbio  de 
&odo.  Por  medio  del  litoseopio. 


Etiuolooía.  Litoecápica  j  el  sufijo 
adverbial  mente, 

Litoscópico,  ca.  Adjetivo.  Gon- 
cernieute  á  la  litoseopia. 

Litoseopio.  Masculino.  LiTÓs- 
copo. 

Litóscopo.  Hasculino.  Medicina. 
Instrumento  con  que  se  reconoce  la 
presencia  de  la  piedra  en  la  vejiga. 

Etiuolooía.  Litosapia. 

Litospermo,  ma.  Adjetivo.  Botá- 
nica. De  frutos  duros  ¿  modo  de  pie- 
dra. 

ETiuoLoaÍA.  Lito  j  ipérma,  grano: 
francés,  litkosperme. 

Litotes.  Femenino.  Retórica.  Es- 
pecie de  sinécdoque  con  que,  negan- 
do lo  contrario,  se  da  á  entender  más 
de  lo  que  se  expresa,  como  cuando  de- 
cimos que  no  anumott  para  significar 
que  aborrecemos;  6  que  no  ahvneeemoi, 
para  significar  que  amamos. 

EnuoLOofA.  Griego  Xtténic^ít/tff  2<j; 
de  Xiió;  (litótj,  tenue,  pequeño:  latín, 
UtStet;  francés.  Ufóte, 

Sentido  etimol^ico. — ^El  griego  Xtxó- 
■ttiti  equivale  rigurosamente  a  tenuidad. 

Litotipo^rafía.  Femenino.  Arte 
de  reproducir  en  la  piedra  una  plan- 
cha impresa  en  caracteres  ordinarios. 

BTiuoLOofA.  Lito  y  tipografía:  fran- 
cés, Ulhoti/pographie. 

Litotipográfioo,  ca.  Adjetivo. 
Concerniente  á  la  litotipograTia. 

Litotlibia.  Femenino.  Cirugía. 
Nombre  dado  al  aplastamiento  de  un 
cálculo  friable. 

EriuOLoaÍA.  Griego  X£6o;  (Uthot), 
piedra,  v  dXífietv  (thUbtin),  aplastar: 
francés,  litkothUUe, 

Litotomia.  Femenino.  Cirmgia.  La 
extracción  de  los  c&lculos  6  piedras 
que  se  forman  en  la  vejiga  de  la  ori- 
na, la  cual  se  verifica  por  medio  de 
una  incisión  en  el  cuello  ó  paredes  de 
este  órgano. 

Etiuolooía.  Lito  y  tomi,  sección: 
francés,  lithotomie, 

Litotómico,  ca.  Adjetivo.  Concern 
niente  á  la  litotomia. 

Litotomiata.  Masculino,  El  ciru- 
jano muy  práctico  en  operaciones  li- 
to tÓmicas. 

BrmoLOOÍA.  Lilotomia:  firancés,  li- 
thotomitte, 

Utótomo.  Masculino.  Cirugia, 
Nombre  de  los  instrumentos  que  in- 
tervienen en  la  operación  de  la  talla. 

Ztiuoloqía.  Lttolomía:  francés,  li~ 
thotome. 

Litotresia. Femenino.  Cirugía,  Ac- 
ción de  triturar  los  cálcul»  en  la  ve- 
jiga- 

Ktiuolooía.  Griego  llíhos,  piedra, 
V  íresis  (Tp^ji?),  perforación:  francés, 
liíholr/sie. 

Litotríbo.  Masculino.  Cirw^ia.  Ins- 
trumento propio  para  pnlvenzar  los 
cálculos  de  la  vejiga. 

Etiuolooía.  Lito  y  tríbein,  moler. 

Litotricia*  Femenino.  Cimgia.  La 
operación  de  pulverizar  6  de  reducir 
á  pedazos  muy  menudos,  dentro  de  la 
vejiga  de  la  orina,  las  piedras  ó  cálcu- 
los que  haja  en  ella,  á  fin  de  que  pue> 
dan  salir  por  la  uretra. 

ExiuoLoaÍA.  Vocablo  kíbrido;  A9Í  i 


griego  UíAos,  piedra,  y  del  latín  terí- 
re,  triturar:  francés,  tithotrilie. 

Litotriciable.  Adietivo.  Que  pue- 
de ser  litotriciado.  (Caballbbo.) 

Utotriciar.  Activo.  Practiear  la 
litotricia.  (CABALLsao.) 

Litotrifico,  oa.  Adjetivo.  Qua  tie- 
ne la  propiedad  de  disolver  las  (áa- 
dras  de  la  vejiga. 

Etiuoloou.  Litotricia  y  el  latín 
faceré, 

Litotritico,  ca.  Adjetivo.  Concer- 
niente á  la  litotricia. 

LitóxUo.  Masculino.  Historia  Ha~ 
tural.  Especie  de  fósil  petri0cado.  | 
Vegetal  que  se  petrifica. 

Etiuolooía.  ¿ito  ^  aylon,  madera; 
XtOo^  (úXov:  francés,  Ittkozgle. 

Litráceo,  caá.  Adjetivo.  Botánica. 
Concerniente  6  semejante  á  la  sali- 
caria. 
EtuiolooIa.  Litrario, 
Litrariáceas.  Femenino  plural. 
Botánica,  Familia  de  plantas  dicotile- 
dóneas, más  comunes  l»jo  los  trópi- 
cos que  en  los  demás  climas. 

Etiuolooía.  Griego  Xtíttpov 
thronjt  sangre  coagulada,  cuyo  color 
tienen  las  flores  de  dichas  plantas: 
latín  técnico,  ltthrabia  salicarié,  de 
Linneo;  francés,  lytkrariées, 
Litrarío.  Litbariácbas. 
Litro.  Masculino.  Medida  de  capa- 
cidad que  sirve  pan  áridos  y  líqui- 
dos, T  (^ue  es  un  cubo  cuyo  lado  tiene 
un  decímetro  cuadrado.  Equivale  á 
poco  menos  de  dos  cuartillos  de  la 
medida  de  Castilla  para  líquidos. 

Etiuolooía.  Griego  Xíx^  (lUra), 
ana  libra:  bajo  latín,  lUra,  Ustra;  ita* 
liano,  Uíro;  francés  y  catalán,  Utre, 

Reseña» — Del  griego  litro,  nombre 
de  una  antigua  medida  que  usaban 
los  griega  para  los  líquidos,  ^  en  el 
nuevo  sistema  de  pesos  y  medidas  se 
ha  aplicado  á  la  unidad  usual  de  las 
medidas  de  capacidad  y  arqueo  para 
áridos  y  líq^uidos.  El  Ittro  (poco  me- 
nos de  media  aznmbre)  es  igual  al  vo- 
lumen de  un  decímetro  cúbico.  Un 
litro  de  agua  destilada  pesa  un  ki- 
logramo. (MONLAU.) 

Litrómetro.  Masculino.  Física. 
Instrumento  propio  para  medir  la  pe- 
sadez específica  de  los  cuerpos. 

Litnanio,  nia.  Sustantivo  y  adje- 
tivo. Natural  6  propio  de  la  Lítua- 
nia.  B  El  litdanio;  idioma  de  la  fa- 
milia eslava,  hablando  en  Lituania. 
Entre  todos  los  dialectos  eslavos  es  el 
que  tiene  más  semejanza  respecto  del 
sánscrito.  (Littré.) 

Lituo.  yLa.sca\iao.  Antigüedades. 
Instrumento  militar  músico  de  que 
usaron  los  romanos,  semejante  á  la 
trompa,  y  encorvado  casi  en  círcu- 
lo. |j  El  cayado  ó  báculo  de  que  usa- 
ban los  augures,  como  insignia  de  su 
diguídad.  I  Entre  nosotros,  lo  usaron 
también  los  obispos. 

Etiuolooía.  Latín  lít^us,  baatón 
encorvado  por  la  parte  de  arriba,  de 
que  usaban  los  augures;  clarín,  cuer- 
no de  caza. 

1.  Baculnm,  ^uem  uxuuic  a^Ua- 
vere;  «el  báculo  al  cual  llamason  li- 
,TUO.>  (TiToLivxo.) 


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464 


LITU 


2.  Jam  MTUUS  pi^na  signa  daturus 
eraí;  <ja  el  clarín  iba  á  dar  la  gefial 
del  combate.»  (Ovidio.) 

3.  Créese  que  lílaut  es  de  origaa 
etrasco.  (Db  Mioubl  j  Morante.) 

Lituolita.  FemeuiQO.  Coiwuiiiolo- 
gU»  Género  de  conchas  univalvas. 

BT1K0I.0QÍA.  Latín  lUímSy  cuerno 
de  caza  retorcido,  j  el  griego  Uthot^ 
piedra,  por  semejanza  de  forma. 

Liturgia.  Femenino.  £1  ordenóla 
forma  que  ha  aprobado  la  Iglesia  para 
celebrar  loa  oficios  dÍTÍnos;  j  especíal- 
menfae»  el  santo  sacrificio  de  la  misa. 

EnuoLOoU.  Grieffo  X«toupY(a  (lei- 
lourgia);  de  Xijtxo^  (Iditos),  público, 
forma  de  ^«ik  (laósj,  pueblo,  y  ep^o'' 
(érgon),  obra:  latín,  titargla,  la  for- 
ma» rito  y  modo  de  celebrar  los  oficios 

liturgia;  francés,  liíwffü;  catalán,  li- 
íurgto. 

Confirma  la  anterior  etimología  el 

siguiente  dato: 

XjITUboia:  compuesto  del  griego 
iHtos,  público,  formado  de  Uós,  laót, 
pueblo,  j  de  érgon,  obr*.  Culto  públi- 
co dado  a  Dios,  orden  establecido  para 
los  oficios  j  laa  ceremonias  de  la  Igle- 
sia. (MoNLAU.) — fLa  forma,  rito  y 
modo  de  celebrar  el  Santo  Sacrificio 
de  la  Misa.  ^  los  Oficios  Divinos,  j 
cualquien  ministerio  piadoso.  £s  voz 
griega.>  (Acadbhia,  Dicdmarío  de 

Reseña, — 1.  Nombre  aue  designa, 
en  el  lenguaje  de  la  Iglesia,  ya  las 
diferentes  partes  de  la  misa,  ya  sola- 
mente la  consagración.  Instrucciones, 
oracíonos,  las  fracciones  del  pan,  es 
decir,  la  celebración  de  la  santa  Eu- 
caristía, constituía  la  litobou  de  la 
primitiva  Iglesia. 

2.  No  tenemos  las  fórmulas  de  las 
oraciones  de  los  primeros  cristianos, 
determinadas  sin  dnda,  en  su  parte 
esencial,  por  los  apóstoles,  y  regla* 
mentadas  sucesivamente  por  los  pri- 
meros obispos,  pues  no  se  transmitían 
más  nue  oralmente. 

3.  Las  UTUBQiAS  que  llevan  loa 
nombres  de  san  Pedro,  de  ^an  Mar- 
cos, de  Santiago,  etc.,  uo  fueron  es- 
critas por  estos  apóstoles,  sino  mucho 
tiempo  después  y  fundándose  en  la 
tradición.  La  primera  litubqxa.  escri- 
ta se  halla  en  las  Constiíucionet  apos- 
tolicat,  j  se  cree  que  data  del  afto  .390 
y  que  las  demás  son  de  principios  del 
siglo  T. 

4.  En  Oriente,  hay  la  de  los  cop- 
tos,  la  de  los  abisinios  ó  cristianos  de 
Etiopía,  la  de  los  sirios,  la  de  los  nes- 
torianos,  la  de  los  armenios  j  la  de 
los  griegos. 

5.  En  Occidente,  se  cuentan  cua- 
tro: la  de  Roma  ó  grigoriana;  la  de 
Milán  ó  amhrQsiana;\9k  de  los  galos  ó 
galUcana;  y  la  de  Espaüa,  ó  sea  la 
gótica  <f  mutárabe. 

6.  Laa  liturgias  son  monumentos 
que  pueden  servir  para  hacer  constar 
la  perpetuidad  de  la  fe  en  la  Iglesia. 

Litúrgicamente.  Ad  verbío  de  mo- 
do. Según  prácticas  litúrgicas. 

BnwOLoaÍA.  Litúrgica  y  el  sufijo 
adverbial  m^nte. 


LIVI 

Litúrgico,  ca.  Adjetivo.  Lo  que 
pertenece  á  la  liturgia. 

EtiholooÍa.  Liturgia:  griego,  lei- 
íourgikós  (XiiToupYtxó^);  italiano,  litúr- 
gico; francés,  Uturgique¡  catalán,  li~ 
túraich,  ca. 

Liturgista.  Masculino.  Bl  que  co- 
noce  bien  la  liturgia. 

^TiuoLOQÍA.  Liturgia:  francés,  U- 
tur  aisle. 

Liare.  Adjetivo  anticuado.  Libbs. 

Linva  I,  Rey  de  los  visigodos,  que 
ocupó  el  trono  de  Bspafia  de  567  á  572. 
Era  gobernador  de  la  Septimania  bajo 
el  reinado  de  Atanagildo,  y  cinco  me- 
ses después  de  la  muerte  de  éste  fué 
elegido  sucesor  suyo.  Con  el  fin  de 
resistir  á  las  continuas  tentativas  que 
hacían  los  francos,  para  invadir  el 
Mediodía  de  la  Galia,  estableció  su 

fobierno  en  Narbona.  Esto  dió  envi- 
ía  i  los  visigodos  de  España,  excita- 
dos ya  contra  Liuva  por  los  grandes 
que  habían  sido  sus  competidores  para 
la  corona.  Los  generales  del  imperio 
aprovecharon  aquel  estado  de  cosas 
para  apoderarse  de  una  parte  del  im- 
perio de  los  visigodos;  y  Liuva  se  vió 
precisado  á  ceder  el  gobierno  de  Es- 
paña á  su  hermano  Leovigildo,  que 
restableció  el  orden,  reinando  él  cua- 
tro años  más  en  la  Galia  narbonease. 

Liuva  IL  Rey  de  los  visigodos,  que 
nació  en  581  y  murió  en  603.  Sucedió 
en  601  á  su  padre  Recaredo,  y  en  su 
corto  reinado  manifestó  excelentes 
cualidades  para  el  gobierno.  En  603, 
Witerico,  hijo  del  segundo  matrimo- 
nio de  Recadero,  se  sublevó  contra 
Liuva,  y  habiéndole  hecho  prisionero 
en  un  combate,  le  mandó  dar  muerte. 

LiTerpool.  Masculino.  Geografía. 
Ciudad  del  condado  de  Lancister,  en 
Inglaterra,  fundada  «n  la  desemboca- 
dura  del  Mersey,  una  de  las  más  co- 
merciales del  mundo.  600.000  habi- 
tantes. 

ETiuoLOOfA.  Nombre  propio  Liver 
y  el  apelativo  pool,  que  se  pronuncia 
pul,  estanque,  río:  «río  de  Liver.» 

Livialdade.  Femenino  anticuado. 
Liviandad,  ligereza. 

Livianamente.  Adverbio  demodo. 
Deshonestamente.  I  Con  ligereza,  sin 
fundamento.  ||  Metáfora.  Superficial- 

HBNTB. 

EtiuolooCa.  LiwMa  y  el  sufijo  ad- 
verbial mente. 
Liviandad.  Femenino.  Ligereza  ó 

Eoco  peso  de  alguna  cosa.  J  Metáfora, 
igereza,  inconstancia  del  ánimo,  y 
Incontinencia. 

EtiuologÍa.  «Significa  también  im- 
prudencia, poco  juicioy  ligereza  deáni- 
mo; y  muchas  veces  por  incontinencia, 
especialmente  hablando  de  las  muje- 
res.» (kcADzuiÁt  Diccionario  de  17¡¿Ú.j 
Liviandade.  Femenino  anticuado. 
Liviandad. 

Livianez,  za.  Femenino  anticua- 
do. Liviandad. 

Etiuoloqía.  «Lo  mismo  que  livian- 
dad. Trahe  esta  voz  Nebrija  en  su  Vo- 
cabulario, pero  uo  tiene  uso.»  (Acade- 
mia, Diccionario  de  1  li6.) 

Liviano,  na.  Adjetivo.  Ligero,  de 
poco  peso.  Q  Metáfora.  Fácil,  incons- 


LIVI 

;  lante.  Q  Lo  que  es  de  poca  monta.  [ 
Lascivo,  incontinente.  Q  Masculino 
plural.  BoFBij.  También  tiene  algún 
uso  en  singular. 

ETiifOLQOÍA.  Leve.  Liviano  represen- 
ta leviano. 

Lívidamente.  Adverbio  de  modo. 
Con  lividez. 

ETiMOLoafA.  Lívida  y  el  sufijo  ad- 
verbial mente:  latín,  lltUdi, 

Lividu.  Masculino.  La  calidad  de 
lívido. 

ErufOLoofA.  Livido:  provenzal,  ti- 
viditat;  francés,  lividité;  italiano,  livi- 
dezía. 

Livido,  da.  Adjetivo.  Auobát&dü. 

Etiuoloqía.  Latín  ^vUus,  forma 
adjetiva  de  livere,  estar  cárdeno,  amo- 
ratado: italiano,  lívido;  francés  del  si- 
glo XIV,  luit  y  liviíe;  moderno,  livide; 
catalán,  lívido,  a. 

Lividoso,  sa.  Adjetivo.  Horrible- 
mente lívido. 

Liviendat.  Femenino  anticuado. 
Ligereza,  inconstancia. 

JStiuologÍa.  Liviandad. 

Livio,  vía.  Adjetivo  anticuado.  Lf- 

VIDO. 

Livio  (TiTO^.  Bl  más  ilustre  de  los 
historiadores  latinos,  que  nació  en 
Padua  el  año  695  de  la  fundación  de 
Roma.  Trasladado  á  está  capital,  con- 
trajo amistad  en  ella  con  los  hombres 
mas  eminentes  de  su  tiempo  y  obtu- 
vo el  favor  y  estimación  de  Augusto, 
que  solía  proporcionarle  memorias 
para  escribir  la  historia  romana.  Des- 
pués de  la  muerte  de  este  príncipe, 
volvió  á  Padua,  donde  falleció  preci- 
samente el  mismo  día  que  Ovidio,  en 
el  año  21  de  Jesucristo  (el  19  según 
otros)  y  cuarto  del  reinado  de  Tiberio. 
Algunos  críticos  han  tachado  en  este 
escritor  lo  que  ellos  llaman  su  patam- 
nidad,  esto  es,  cierto  aire  y  saborcjHo 
paduano  en  el  estilo  y  u  lengusiei 
que  tenía  algo  de  chocante  para  los 
oídos  romanos;  pero  es  lo  cierto  que 
hasta  ahora  no  sabemos  puntualmen- 
te en  dónde  se  llalla  ó  en  qué  consiste 
esa  misteriosa  palavinidad,  que  tanto 
y  tanto  se  pondera  y  tan  poco  se 
determina  y  señala.  Entre  todas  Us 
obras  de  Tito  Livio,  la  que  mayor  re- 
putación le  ha  dado  es  su  magnífica 
Historia  de  Roma,  que  comienza  desde 
la  fundación  de  esta  ciudad  y  se  ex- 
tiende hasta  la  muerte  de  Druso  en 
Alemania.  Sólo  nos  quedan  35  libros 
de  los  140  en  que  se  hallaba  dividi- 
da, y  la  belleza  y  reconocido  mentó 
de  los  que  conocemos,  hacen  doble- 
mente sensible  la  pérdida  de  los  que 
faltan  y  no  han  podido  encontrarse, 
á  pesar  de  las  vivas  diligencias  prac- 
ticadas al  efecto.  Sin  embargo.  «"J 
historia  debía  existir  aun  completa  » 
principios  del  siglo  v,  pues  Símaco. 
que   no   murió  hasta  después  del 
afio  404,  escribe  estas  notables  pala- 
bras (4,  Ep.  17):  Pritcas  Gallorm  me- 
morias de/eni  in  manns  tuas  postunu, 
revolve  Paiavini  scriptoris  extrema, 
bus  res  C.  Casaris  explicaníur.  Aun 
debían  existir  también  en  tiempo  ae 
Sidonio  Apolinar,  que  falleció  unos 
setenta  años  después  que  Síiuaco,f 


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LIZA 


LOA 


LOAR  465 


(tiu  tamUén  pOTsupaxte(9}  Ep.  14): 
Si  mittanturqua  de  tit%Us  dictatoria 
inticti  tcripta  Paíamni$  $unt  volumini- 
h$,  etc.  Ésta  preciosa  obra  dió  tan 
ginenl  j  merecida  fama  á  Tito  Livio 
(no  embargante  su  tantas  veces  ds- 
anUAti  patavinidad),  que,  según  nos 
cuenta  Plinio  el  Joven,  un  docto  espa- 
ñol admirador  de  los  talentos  del  es- 
critor padaano,  hizo  exprofeso  un  via- 
je á  Etoma  por  sólo  tener  el  gusto  de 
conocerle  y  conversar  con  él.  Por  lo 
demás,  el  estilo  de  Tito  Livio  es  fran- 
co, noble  j  natural;  la  narración  cla- 
ra, para,  unida  j  bien  ordenada,  j  los 
discursos  t  arengas  de  que  se  halla 
sembrada  la  historia,  son  verdaderos 
modelos  de  elocuencia  en  su  género. 

(Db  HiaOBL  J  MOBANTS.) 

Livistona.  Femenino.  Género  de 
palmeras  d«  Nueva  Holanda. 

láTÓn,  na.  Sustantivo  7  adjetivo. 
Livonis. 

Livonés,  sa.  Sustantivo  j  adjeti- 
vo. Natural  6  propio  de  Livonía,  pro- 
vincia de  Rusia. 

Livor.  Masculino  anticuado.  Cab- 
DEHAL,  por  la  señal  que  dejan  en  el 
cuerpo  los  golpes  ó  contusiones.  ||  £1 
color  cárdeno.  |  Metáfora.  Maligni- 
dad, envidia,  odio. 

Etiholooía.  LMdo:  latín,  Awr. 
(CicsaÓH.) 

lÁTorado,  da.  Adjetivo.  «Lo  mis- 
mo que  acardenalado.  Es  voz  anti- 
cuada.» (Acádbmia,  Diceknario  de 

im.) 

E-mioLoafjk.  Ztwr. 

Livorar.  Activo  antionado.  Aoab- 

DBMAUB. 

LixÍTación.  Femenino.  Química. 
Operación  que  consiste  en  lavar  las 
cenizas  ú  otras  materias  para  extraer 
las  sales  alcalinas  que  pueden  conte- 
ner. 

HnHOLoafA..  Lixivial, 

Lixivial.  Adjetivo.  Qwíaiíca.  Cali- 
ficación de  las  sales  obtenidas  por 
liiivación, 

ETiuoLoaÍA*  Latín  lextúum  j  liaif- 
BM,  lejía;  del  antiguo  liaa,  agua,  j 
iix,  ceniza ,  según  Nonio  Marcelo : 
italiano,  liteivaj  lUtio;  francés  del  si- 
glo XVI,  lexive;  moderno,  letsiw;  cata- 
lán anticuo,  lexia;  moderno,  Úeixiu. 

Lixivioso,  sa.  Adjetivo,  Lixivial. 

Liso.  Masculino  anticuado.  Luju- 

KU. 

Lizo  ó  l4jo.  Masculino.  «Pescado 
del  mar,  cartilaginoso  y  chato,  que 
tiene  la  cola  gruesa  j  el  cuero  ó  piel 
tan  áspero,  que  parece  una  lima,  csír- 
Tense  de  él,  después  de  seco,  los  en- 
talladores carpinteros  para  pulir  j 
alisar  sus  obras  de  madera,  y  le  lla- 
inaa  también  Lixa,  Tiene  diferentes 
nombres,  porque  en  Andalucía  le  11a- 
inan  Pinto,  roxa,  y  en  Galicia  v  Astu- 
"M  le  llaman  Melganho  (Melaaño},* 
(icADHMiA,  Diccionario  de  1726.) 

Liza.  Femenino.  Pez.  Mújol.  Q  El 
campo  dispuesto  para  que  lidien  dos 
o  mas  personas.  ^Lid. 

BnuoLoaíi.  1.  Latín  tfcíum,  tra- 
"»» urdimbre:  bajo  latín,  licia,  esta- 
«í  »wí«,  una  serie  de  estacas  ó  palos 
^  tono  de  oa  eastiUo,  de  un  cam- 


po, de  una  poblaei6n;  italiano,  Uedo, 
empalizada;  litta,  barrera;  francés, 
lice;  provenzal  y  catalán,  it«a;BerT^, 
iices;  inglés,  list;  bajo  bretón,  les;  me- 
dio alto  alemán,  letu,  antemural. 

2.  Esta  derivación  resume  las  eti- 
mologías de  Du  Cange,  Diez  y  Schel- 
1er. — «Cierto  género  de  pescado  del 
mar,  que  tiene  la  cabeza  muy  grande, 
á  proporción  de  lo  demás  del  cuerpo. 
Se  llama  también  el  campo  de  batalla 
en  que  lidian  dos<S  más  personas.  Se 
toma  muchas  veces  por  la  misma  lid, 
contienda  ó  batalla.  Trábelo  en  este 
sentido  Nebrija  en  su  Vocabulario.» 
(AcADBMiA,  Diccionario  de  1726,) 

Lizar.  Activo  anticuado.  Alisar. 

Lizarda.  Femenino.  Especie  de 
lagarto.  ||  Plural.  Telas  fiibneadas  en 
el  Cairo. 

EriMOLOofA.  Francés,  iáard,  la- 
garto. 

Lizaroles.  Masculino  plural.  Lis- 
tones de  madera  en  que  sa  colocan  los 

lizos. 

Lizo.  Masculino.  El  hilo  6  estam- 
bre de  una  tela  ó  tejido.  Se  usa  más 
comunmente  en  plural,  fl  Cada  uno  de 
los  hilos  en  que  los  tejedores  dividen 
la  seda  ó  estambre,  para  que  pase  la 
lanzadera  con  la  trama. 

ETiHOLoaÍA.  Latín  ticíum,  la  trama 
ó  urdimbre,  el  lizo  de  ella. 

Lizón.  Masculino.  Alisma,  planta. 

Lo.  €h-amática.  Forma  neutra  del 
articulo  indicativo.  |  Forma  masculi- 
na y  neutra  del  tercer  pronombre  per- 
sonal. 

ETXMOLOOfA.  Le. 

Reteña. — 1.  El  artículo  determina- 
tivo tselt  la:  el  hombre;  ¿«mujer. 

2.  La  forma  neutra  as:  lo  bueno,  lo 
malo,  lo  imposible,  como  cuando  de- 
cimos: «be  hecho  los  imposibles,» 
esto  es,  «todas  las  cosas  imposibles, > 
cuvo  ejemplo  demuestra  que  el  sen- 
tido neutro  es  equivalente  al  sentido 
abstracto. 

3.  El  tercer  pronombre  personal  es 
le  y  lo  para  el  masculino,  según  los 
casos.  Cuando  se  trata  de  seres  ani- 
mados, debe  emplearse  le,  como  en  el 
ejemplo  que  signe:  «estuve  en  casa  de 
mi  padre  y  no  pude  verle.»  Al  tratar 
de  cosas  inanimadas,  debe  emplearse 
loj  como  en  este  ejemplo:  «anduve 
medio  día  en  busca  del  monte  y  no 
me  fué  posible  hallar/o.» 

4.  Ea  cuanto  al  femenino,  las  for- 
mas del  pronombre  son  le  y  la.  El  le 
se  emplea  en  dativo,  esto  es,  en  el  ré- 
gimen indirecto,  como  cuando  se  dice: 
«vi  á  María  y  le  di  (á  ella,  dativo)  el 
recado  que  Pedro  me  dió.»  La  forma 
la  se  emplea  en  acusativo;  es  decir, 
en  el  régimen  ó  complemento  directo, 
como  cuando  decimos:  «¡qué  ganas 
tenía  de  verla!»  Esto  es:  ¡qué  ganas 
tenía  de  que  ella  fuera  vista  por  mí! 
«Vería  j  quererla  (acusativos),  todo 
fué  obra  de  un  momento,» 

5.  El  empleo  de  ta  en  dativo,  no  es 
gramatical.  Por  consiguiente,  la  ex- 
presión: LA  dije  no  se  debe  admitir. 

Loa.  Femenino.  El  preludio  ó  pró- 
logo que  precede  á.  las  comedias  j  á 
otros  dramas,  l  Alabanza. 


EtiuolooU.  Latín  lavsi  italiano, 
laude  (que  es  el  ablativo  del  latín  laut, 
laudis):  francés,  los;  provenzal,  /aiu, 
lau:  catalán,  loa,  Iloa, 

Loable.  Adjetivo.  Lo  digno  de  ala- 
banza. H  Femenino.  En  algunas  uni- 
versidades se  llama  así  el  refresco  que 
se  da  con  motivo  de  algún  grado  ó 
función  literaria. 

EtiuolooÍa.  Loar:  catalán,  lloable. 

Loablemente.  Adverbio  de  modo. 
De  una  manera  digna  de  alabanza. 

Etimolooía.  Loable  y  el  sufijo  ad- 
verbial menie:  catalán,  lloablemenL 

Loadero,  ra.  Adjetivo  anticuado. 
Laudable. 

Loadísimo,  ma.  Adjetivo  luperlfr 
tivo  de  loado. 

Loado,  da.  Adjetivo.  Alabado.  | 
¡Loado  SEA  Dios!  Expresión  con  que 
siguificamos  nuestra  alegría  por  la 
realización  de  alguna  esperanza.  \ 
pecie  de  invocación  religiosa,  de  que 
aun  se  sirven  en  algunas  provincias 
cuando  se  entra  en  alguna  casa.  [[ 
También  se  emplea,  á  guisa  de  salu- 
do, cuando  se  encuentran  en  la  calle 
6  en  un  camino.  Al  decir  uno:  ¡Loado 
SEA  Dios!,  el  otro  contesta:  «Por  siem- 
pre sea  bendito.» 

Etiuolgoía.  Loan  catalán,  lloatt 
da;  fraucés,  Iwé;  italiano,  lodalo;  la- 
tín, laudaíus. 

Loador,  ra.  Masculino  j  femeni- 
no. El  que  loa  ó  alaba. 

EnuoLoaU.  Lear:  cataUn,  lloador^ 
a;  francés,  loueur;  provenzal,  lautaire, 
en  nominativo;  laiaador,  régimen  ó 
complemento  directo  ( acusativo,  en  la- 
tín);  portugués,  louvador;  italiano,  lo- 
datare. 

Loamiento.  Masculino  anticuado. 
La  acción  y  efecto  de  loar  ó  alabar. 

Loancia,  Femenino  anticuado. 
Loor,  alabanza. 

Loanda.  Femenino.  Especie  de  es> 
corbuto. 

Loanza.  Femenino  anticuado.  Ala- 
banza. 

Loar.  Activo.  Alabar.  ||  Anticua- 
do. Dar  por  buena  alguna  cosa. 

BriMOLoaÍA.  Loa:  latín,  laudare;  ita- 
liano, lodare;  portugués,  louvar;  fran- 
cés, louer;  provenzal,  lawar,  lauxar; 
catalán,  lloar;  Hainaut,  lauder;  nor- 
mando, toser;  vralón,  laiaeder. 

Loarte  (Albjandbo).  Pintor  espa- 
ñol, que  vivía  en  Toledo  por  los  años 
de  ItíOO  á  1640.  Fué  discípulo  del 
Greco  é  imitó  el  colorido  y  el  estilo 
de  la  escuela  veneciana.  Las  principa- 
les obras  que  se  citan  de  él,  son:  La 
multiplicación  de  los  panes  y  de  los  pe- 
ces, que  pintó  para  el  refectorio  de  los 
mínimos  de  Toledo,  y  una  caceria  y 
un  corral,  para  casas  particulares  de 
Madrid. 

Loarte  (Gaspab).  Teólogo  español, 
que  murió  en  Valencia  en  1578.  En- 
tró en  la  Compañía  de  Jesús  y  pasó 
casi  toda  su  vida  en  Italia,  donde  di- 
rigió los  colegios  de  Genova  y  Mes- 
sina.  Sus  principales  escritos  son: 
Exercitium  vitte  caristiana;  De  ajUcto- 
rum  consolaliont  y  Tracíaius  de  sacrit 
peregrinationibuSf  stationibus  et  wdul^ 
geniit. 

TOMO  m 

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466 


LOBE 


LoayM(QARcU  db).  Prelado  es- 
pañol, que  nació  en  Talavera  en  1479 
7  marío  en  1546.  Sntró  en  la  orden 
de  dominicog  de  San  Pablo,  en  Pe- 

ñafiel,  el  año  1495,  j  fué  sacesíva- 
mente  profesor  de  filosofía,  de  teolo- 

gía,  recente  de  estudios,  rector  de  San 
refforio,  prior  en  los  conventos  de 
A.vi!a  y  Vailadolid,  provincial  de  Ks- 
paña,  V  por  último,  general  de  la  or- 
den. En  1532  le  nombró  Carlos  V  su 
confesor,  j  al  aüo  siguiente,  obis{)o 
de  Usma.  Después  le  nombró  presi- 
dente del  Consejo  de  Indias  j  de  la 
Cruxada.  Fué  ano  de  los  que  propu- 
sieron que  se  diera  libertad  sin  con- 
diciones de  rescate  ¿  Francisco  I.  Car- 
los V  no  le  guardó  rencor  por  esta 
opinión,  antes  bien  obtuvo  para  él  el 
capelo  de  cardenal,  en  1530,  j  le  nom- 
bró sucesÍTamente  obispo  de  Siguen- 
za  j  arzobispo  de  Sevilla.  LoAvsa 
edificó  en  Talavera  la  iglesia  de  San 
Ginés,  en  que  fué  enterrado. 

Loaysa  y  Girón  (Juan  de).  Pintor 
y  arqueólogo  español,  que  vivía  en 
Sevilla  en  1669.  Fué  canónigo  de  la 
catedral  de  dicha  ciudad  y  mu^  aficio- 
nado á  las  artes.  Contribuyó  a  la  fun- 
dación de  la  Academia  de  Pintura  de 
Sevilla^  y  dejó  varias  obras  curiosas 
sobre  las  antigOddades  de  aquella  ca- 
pital. 

1.  Loba.  Femenino.  La  hembra 

del  lobo. 

Btiu<».ooí&.  Latín  l^tt:  catalán, 
llohA. 

2.  Loba.  Femenino.  El  lomo  qne 
deja  el  surco  del  ando. 

Ktdíoloqía..  Griego  Xo6Íc  (lobdt), 
cubierta,  vaina;  j  por  extensión,  par- 
te pendiente. 

3.  Loba.  Femenino.  Sotana  ce- 
rrada. El  manto  ó  sotana  de  paño  ne> 
gro  que,  con  el  capirote  y  bonete,  for- 
maba el  traje  que  fuera  del  colegio 
traían  los  colegiales  de  las  órdenes 
militares. 

Lobado.  Masculino.  Veterinaria. 
Tumor  que  comunmente  padecen  las 
caballerías  y  otros  animales. 

ETUfOLOOÍA.  Lobanillo. 

Lobagante.  Masculino.  Especie  de 
langosta  marina  de  color  azulado  con 
pintas  negras. 

Lobanillo.  Masculino.  Tumor  6 
bulto  redondo  que  se  forma  lentamen- 
te en  algunas  partes  del  cuerpo. 

ETiMOLonfjL.  Lobo^  que  fué  el  ani- 
mal que  primitivamente  lo  padeció. 

Lobato.  Masculino.  £1  cachorro 
del  lobo.  H  Nombre  patronímico  de 
varón. 

Lobato  (Nicolás).  Escultor  espa- 
ñol del  siglo  XVI.  Residió  en  Zarago- 
za por  los  años  de  1542,  en  cuja  épo- 
ca trabajó  con  otros  artistas  en  la  si- 
llería del  coro  de  la  catedral  del  Pilar. 

Lobatón.  Masculino.  Gemianía.  El 
ladrón  que  hurta  ovejas  ó  carneros,  y 
Nombre  patronímico  de  varón;  hoy, 
apellido  de  familia. 

Lobe.  Masculino.  QeografU  taUi- 
ffua.  Pequeño  territorio  en  los  con- 
fines de  Lieja.  (GésarO 

ETnioLoofA.  Latín  Labuni  castra. 

Lobelia.  Femenino.  ¿o/áiuM.  Plan- 


LOBO 

ta  de  adorno  (lobeua  tciphilitiea,  de 
Linneo), 

Etimología.  Zoiei,  botanista  fla- 
menco, á  quien  Linneo  dedicó  este 
género  de  plantas. 

Lobeliáceas.  Femenino  plural. ¿a- 
tánica.  Familia  de  plantas,  segrega- 
das de  las  campanuláceas,  cayo  tipo 
es  la  lobelia. 

EtiuologÍa.  Lobelia:  francés,  lobe- 
liaeées. 

Lobelina.  Femenino.  Químtca. 
Substancia  acre,  hallada  en  la  lobelia 
injlata,  y  que  parece  semejante  á  la 
nicotina. 

Etimología.  Lobelia:  francés,  lohé- 
line. 

Lobera.  Femenino  anticuado.  Por- 
tillo ó  agujero  por  donde  se  puede 
entrar  y  salir  con  trabajo.  ||  Bl  monte 
en  que,  por  su  espesura,  hacen  gua- 
rida los  lobos. 

Lobera  (Atahasio  db).  Historia- 
dor español  que  murió  en  Valladoltd 
en  16U5.  Pertenecía  á  la  orden  de 
bernardos  del  Cítter,)y  fué  nombrado 
cronista  de  Felipe  II.  Dejó  las  obras 
siguientes:  Historia  de  ¿a  dudad  de 
León;  Epístola  historial  al  rey  Feli- 
pe IJ;  Vida  del  bienaventurado  Fray 
Benito  de  Salamanca;  Cronología  de  los 
rey  es  de  España  y  Crética  grande  del 
reino  de  Galicia, 

Lobero,  ra.  Adjetivo.  Lo  que  per- 
tenece ó  se  refiere  á  los  lobM,  como 
postas  LOBBBAS.  U  Masculíno.  Espan- 
tanublados. 

Lobezno.  Masculino.  Cachorro  del 
lobo,  ó  lobo  pequeño. 

BriHOLOotA.  Lobo:  catalán,  lloba- 
ret. 

Lobillo,  lia.  Masculino  y  femeni- 
no diminutivo  de  lobo. 

Etimología.  Latín  lüpUlut. 

Lobina.  Femenino.  Pez,  especie  de 
perca,  que  tiene  dos  espinas  en  la  cu- 
bierta de  cada  agalla,  cuerpo  platea- 
do, aletas  rojizas,  y  de  ésta^  la  pri- 
mera dorsal,  tan  larga  como  la  otra. 

Etimolooía.  Lobo, 

Lobipedo,  da.  Adjetivo.  Califica- 
ción de  las  ares  zancudas  qne  tienen 
unidos  sus  dedos  anteriores  por  una 
membrana  que  ocupa  toda  la  primera 
falange. 

Lobo.  Masculino.  Animal  cuadrú- 
pedo bravio,  carnicero,  semejante  á 
un  perro  mastín,  y  el  más  terrible 
enemigo  del  ganado.  ||  Pez,  especie  de 
locha,  de  unas  seis  pulgadas  de  larg^, 
con  manchas  parduscas  sobre  fondo 
amarillo,  y  seis  barbillas  en  los  la- 
bios. ¡I  Astronomía.  Una  de  las  conste- 
laciones australes.  H  Familiar.  Em- 
briaguez, borrachera.  |  Garfio  fuerte 
de  hierro  de  que  usaban  los  sitiados 
desde  lo  alto  de  la  muralla  para  de- 
fenderse de  los  sitiadores.  II  Germanía. 
Ladbón.  i  cerval  ó  CBRVAUio.  Cua- 
drúpedo, LINCK.  I  MARINO.  Pcz  g^Sudo 

Í'  feroz  de  cuerpo  liso  y  viscoso,  con 
a  aleta  de  la  cola  y  las  de  la  parte 
anterior  del  cuerpo  redondas, otra  com- 
puesta da  espinas  sencillas  y  sin  aspe- 
reza desde  la  nuca  hasta  muy  cerca 
de  la  primera,  sin  ninguna  en  el  vien- 
tre, y  toda  la  boca  armada  de  dientes 


LOBO 

de  varios  tamaficn  y  figuras.  |  knts- 

MKTIÓSB  6  ARBBUANOÓSB  Mo^^lLL^,  T 

COMIERONLA  LOS  LOBOS.  Rofr&n  ^ue  re- 
prende á  los  que  se  meten  en  nesgos 
superiores  i  sus  fuerzas.  |  Coosa  um 
LOBO.  Frase.  Pillar  un  lobo.  ||  Cuan- 
do BL  LOBO  DA  EN  LA  DULA,  ¡OUAT  DB 

QUIBN  NO  TiBNE  MÁS  QUB  uka!  Refrán 
que  explica  cuán  mal  queda  al  primer 
contratiempo  el  que  tiene  poco  que 
perder,  y  Dbl  lobo  un  pblo,  ó  dbl 

LOBO  UN  PBLO,  Y  ÉSB  DB  LA  PRBNTB. 

Refrán  que  enseña  que  del  mezquino 
se  tome  lo  que  diere,  Db  lo  conta- 
do COHB  bl  lobo.  Befrán  que  advierte 

3ue  por  más  que  se  cuide  de  reí^u^ 
ar  alguna  cosa,  no  siempre  se  logra 
su  seguridad.  Q  Desollar  bl  lobo  ó 
LA  zorra,  etc.  Frase.  Dormir  el  que 
se  ha  emborrachado.  Suélese  algunas 
veces  decir  sólo  dbsou.abla.  |  Ikbhib 
BL  LOBO.  Frase.  Dormir  mientras  dora 
la  borrachera.  Q  El  lobo  bstI  bh  u 
CONSEJA.  Refrán  que  se  usa  para  avi- 
sar que  cese  la  conversación  cuando 
se  murmura  de  alguno,  que  sin  ha- 
berlo advertido  está  presente  ó  llega 
de  improviso.  ||  El  lobo  t  la  vulpeja 
AMBOS  SON  DE  UNA  CONSEJA.  Refrán 
que  indica  la  conformidad  de  inclina- 
clones  y  dictámenes  entre  los  que  son 
de  mala  índole.  Q  Esperar  dbl  lobo 
CABNB.  Frase  metafórica.  Esperar  algo 
de  quien  todo  lo  quiere  paia  sí.  |  £o 

QÜB  la  loba  HACE  AL  LOBO  LB  PLACE. 

Refrán  que  enseña  la  facilidad  con 
que  se  aunan  los  que  son  de  unas  oiíb* 
mas  costumbres  é  inclinaciones.  |  Ifn- 

DA  BL  lobo  los  DIBHTBS,  T  NO  LAS 

MIENTES.  Refrán  que  advierta  que  los 
maligno?,  aunque  crezcan  en  edad, 
no  suelen  mudar  de  genio,  p  ViLut 

un  LOBO,  UN  CBRNÍCALO,  UNA  MOHA, 

UNA  ZORRA,  etc.  Frase  metafórica  j 
familiar.  Embriagarse.  H  Quien  com 
LOBOS  anda  á  aullar  sb  bnsbña.  Re- 
frán con  que  se  explica  el  poderoso 
influjo  que  tienen  las  malas  compa- 
ñías para  pervertir  á  los  buenos.  O 

lobo  X  OTRO  NO  SB  MUERDEN.  Re&án 

con  que  se  explica  que  las  personas 
que  tienen  unos  mismos  intereses,  u 
disimulan  mutuamente  sus  defeetw* 

Q  Como  boca  db  lobo.  Expresión  ad- 
verbial. Tenebroso,  negro,  en  cujo 
sentido  decimos:  «era  una  noche  os- 
cura, couo  boca  db  lobo.»  i  Nombre 
patronímico  de  varón. 

ETiMOLoafA.  Sánscrito  vrika:  pe^■ 
sa,  tarka;  eslavo,  vhtkii;  lituanio,»»* 
ka;  griego,  lykos,  lúkos  (XiÍxoí),  por 
tlykos,  vlnkosi  latín,  Ivipns;  alemáOf 

Wolf;  inglés,  wolf;  sueco,  nlf;  it«»' 
no,  tupo;  francés,  íffiíp;  proven»lt  "JP' 
lop;  catalán,  Ilop;  picardo,  leu;  waloD, 
leu;  Berry,  louoe.  , 

Lobo.  Lupus:  en  griego,  liMS^  *y' 
kos;  en  francés,  loup;  en  catoláo,  tio^' 
en  italiano,  lupo;  en  alemán  y  en  in- 
glés, wolf,  y  en  sueco,  ulf.  (MonlaU-í 
Lobo  (Alvaro).  Escritor  portu- 
gués, que  nació  en  1551  y  muf»" 
en  l(i08.  Entró  en  la  orden  de  los  je- 
suítas, fué  profesor  de  humamdades 
en  Evora,  Braga  y  Lisboa  y  rectór  ciei 
colegio  de  Oporto.  Sus  obras  más  no- 
tables son:  kartirolegia  de  iot 


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LOBU 

4é  Pdrtvfol  é  ffistoria  de  U  empañia 
i$  U  prooineia  de  Madrid.  { 

liOiM»  (Edobnio  GiRAHoe).  Célebre 
poeta  de  principioa  del  ág\o  xvm. 
SigniiS  la  carrera  de  las  armas  y  fué 
eapitán  de  la  guardia  de  Felii)e  V, 
que  le  llamaba,  en  eoo  de  cariñosa 
hatU,  aa  eapitd»  coplero.  Tomú  parte 
en  loa  litios  de  Lénda  j  Moutemayor 
7  en  la  conquista  da  Onot  jacompa- 
ft¿  i  Felipe  V  en  la  campafia  de  Ita- 
lia. Sin  embargo,  su  poca  simpatía 
hacia  los  franceses  le  eaemistó  con  el 
monarca,  j  se  vió  privado  de  ascen- 
sos hasta  el  advenimiento  de  Fernan- 
do VI,  el  cual  le  elevó  hasta  teniente 
general  y  le  dio  el  mando  de  la  plaza 
aa  Barcelona,  donde  murió  en  1756 
6  1757.  Sobresalió  en  la  poesía  satíri- 
ca, liando  verdadero  modelo  de  faci- 
lidad jdonosura,  escribiendo  también 
en  muj  apreoiables  composiciones  la 
historia  de  sus  campa&as. 

Lobón  da  Salaaar  (Francisco). 
Presbitexo  español,  que  habitaba  en 
TUlagarctaen  1758.  Fué  amigo  del 
padre  Isla  y  publicó  bajo  su  nombre 
el  primei  tomo  de  la  obra  de  aquél, 
titulada:  Fn^  QerwmUo  de  Campazas, 
qae  lueg*o  reclamó  y  continuó  su  Ter- 
dadero  autor. 

Loboso,  sa.  Adjetivo.  Aplícase  al 
terreno  en  que  se  crían  muenos  lobos. 

Lóbrego,  ga.  Adjetivo.  Oscuro, 
tenebroso,  j]  Metáfora.  Triste,  melan- 
cólico. 

^TOáQuaQU.  Líffuire. 

SiNONiuiA.  Lóbrego,  oscurOt  tenibro- 
to.  Léhreg«  expresa  la  idea  de  la  oscu- 
ridad, pero  en  major  grado  que  oscvr- 
ro.  La  noche  es  oscura  por  su  propia 
natozaleza,  y  sólo  es  Uhrega  por  acci- 
denta. Una  noche  sin  luna  j  sin  nu- 
bes es  otenra;  nna  noche  sin  luna  y 
enbíerta  de  nnbes  ei  láhrega.  El  epí- 
teto teñe  broto  se  aplica  más  á  la  parte 
ideal  que  á  la  física,  y  se  refiere  á  la 
idea  de  la  confusión,  del  caos.  Un 
bosque  desconocido  del  que  en  él  se 
halla  en  ana  noche  lóbrega  y  del  cual 
no  acierta  á  salir»  es  un  bosque  tene- 
broso. 

A  la  idea  de  lo  tenebroso  va  siempre 
unida  la  del  temor;  á  la  de  oscuro,  la 
de  incertidumbre;  á  la  de  lóbrego^  la 
de  espanto.  (López  Peleoríh.) 

Lobreguecer.  Activo.  Hacer  ló- 
brega alguna  cosa.  Q  Neutro.  Ano- 

CHBCBB. 

Lobreguee.  Femenino.  Oscubx- 

DAD. 

Lobregura.  Femenino  anticuado. 

LOBBBOUBZ. 

Lobulado,  da.  Adjetivo.  Historia 
natural.  Provisto  de  lóbulos. 

BruiOLoaÍA..  Lóbulo:  francés,  lohuU. 

Lobolario,  ría.  Adjetivo,  historia 
Miural,  Concerniente  al  lóbulo. 

BTuioLoofA.  Lóbulo:  francés,  lobu- 
laire, 

Lobulifero,  ra.  Adjetivo.  Historia 
natural.  Que  tiene  lóbulos. 

BtuiolooÍa.  Lóbulo  y  el  latín  /erre, 
llevar. 

Lobulillo.  Ifasculino.  Botánica. 
Rudimento  de  boja  que  en  las  plantas 
monoeotiledóneai  le  desarrolla  á  ve- 


LOCA 

ees  en  el  lado  opuesto  al  cotiledÓo. 

Lóbulo.  Masculino.  Porción  redon* 
deada  y  saliente  de  algún  órgano  ani* 
mal,  en  cujo  sentido  se  dice  lóbulos 
del  pulmón  ó  del  hígado.  |  Lóbulos 
DBL  CB&BBRO.  El  antoríor  y  el  poste- 
rior, separados  por  la  abertura  de  %h 
nut.  I  LÓBULO  DB  LA  OBBJA.  La  emi- 
nencia redonda  t  blanda  que  ter- 
mina la  base  del  pabellón  de  dicho 
órgano,  en  donde  se  llevan  los  zarci- 
llos. O  Botánica,  Parte  del  borde  de 
una  hoja,  separada  por  ana  incisión 
más  profunda  que  ta  que  separa  los 
dientes,  f)  Rudimento  de  hoja  que,  en 
las  plantas  cotiledóneas,  se  desarro- 
lla algunas  veces  del  lado  contrario  á 
los  cotiledones,  representando  un  se- 
gundo cotiledón  imperfecto.  Q  Lóbu- 
los SBuiNALBS.  Los  cotílcdones  de  un 

forano.  Q  Nombre  dado  i  las  capas  de 
a  antera. 

ETiHOLoaÍA.  Loba:  catalán,  lÓbuls, 
plural;  francés,  lobe,  tabule;  italiano, 
hbuío. 

Lobuno,  na.  Adjetivo.  Lo  que  per* 
tenece  ó  se  refiere  al  lobo. 

Locación.  Forense.  Arbbndahibk- 
TO.  n  LocACCiÓH  y  CONDUCCIÓN.  Fo- 
rense, El  contrato  de  arrendamiento. 

Etimología.  Latín  IScido,  alquiler, 
arriendo,  forma  sustantiva  abstracta 
de  lócaíusj  alquilado,  participio  pasi- 
vo de  Ideare,  poner,  colocar,  dar  en 
arriendo,  tema  rerbal  de  ¿ociu,  lu- 
gar: francés,,  toeation¡  italiano,  toca^ 
zione. 

Local.  Adjetivo.  Lo  que  pertenece 
al  lugar.  \  Masculino.  Sitio.  Es  de 
uso  reciente. 

ETiuoLoofA.  Latín  Ucalit,  de  Ucu$, 
lugar:  italiano,  lócale;  francés,  fo- 
car, a¿«;  catalán,  local. — «Cosa  perte- 
neciente &  un  determinado  lugar.  Dí- 
ceme  en  Aragón  Notarios  locales  tos 
del  Número  de  las  ciudades  y  villas, 
que  son  los  que  por  lev  pueden  sólo 
testificar  las  cartas  dótales,  testamen- 
tos, etc.,  porque  están  sus  protocolos 
siempre  estables  en  aquel  lugar,  ha- 
ciéndose cargo  de  ellos  la  justicia,  si 
no  dejan  herederos  que  continúen  en 
la  facultad.»  (Agadbuu,  Dicaonario 
de  1726.) 

Localidad,  Femenino.  La  calidad 
de  las  cosas  que  las  determina  á  lu- 
gar fijo.  I  Local,  en  la  segunda  acep- 
ción. 

ETiuOLoaÍA.  Local:  latín,  IS^lítat, 
afección  local;  italiano,  localitá;  Cran- 
cés,  loealité;  catalán,  loealitat. 

Localización,  Femenino.  Acción 
ó  efecto  de  localizar. 

ETiMOLoaÍA.  ZoeaUsar:  francés,  lo- 
ealisation. 

Localizar.  Activo.  Adaptar  una 
cosa  á  un  lugar  determinado,  ora  ma- 
terialmente, ora  en  virtud  de  la  ima- 
ginación ó  del  pensamiento,  {j  Loca- 
lizar LAS  FACULTADES.  Frenología. 
Heferirlas  á  determinadas  partes  del 
cerebro.  l|  Localizar  las  fibbrbs.  Pa- 
tología. Reducirlas  i  ciertos  órganos, 
como  el  canal  intestinal,  loa  nervios, 
la  sangre. 

ETiiioLooía.  £oeal:  íirancéa,  Uea- 
liser. 


LOCK 


467 


Localmente.  Adverbio  modal.  De 
un  modo  local. 

ErncoLOaÍA.  Lotal  j  el  sufijo  ad- 
verbial mente. 

locamente.  Adrerbio  de  modo. 
Con  locura.  |  BxeesiTamente,  sin  mo- 
deración. 

BnuoLoafa.  Zoca  y  el  sufijo  adver- 
bial mente. 

Locar.  Masculino  anticuado.  Lu- 
OAR.  Q  Activo  anticuado.  Colocar. 

Locarias.  Masculino  fomiliar.  Ora- 
te, atronado. 

EtiuolooÍa.  Loco. 

Locatario,  ría.  Masculino  y  feme- 
nino. El  que  lleva  en  arrendamiento 
una  cosa. 

ExiuoLoafA.  Locadén:  latín  de  las 
glosas,  lócátirius,  obrero  ajustado  por 
un  tanto;  italiano,  locatario;  francés, 
locataire. 

Locativo,  va.  Adjetíro.  Concer- 
niente á  la  locación.  |  Cabo  locativo. 
Gramática  sánscrita.  Caso  que  expresa 

las  relaciones  de  lugar. 

EtiuoloqÍa.  Locación:  francés,  loca- 
ti/;  provenzal,  locatin;  italiano,  loca- 
tivo. 

Locazo,  za.  Adjetivo  aumentativo 

de  loco. 

Loción.  Femenino.  Lavación.  | 
La  acción  de  lavar  alguna  cosa.  Tie- 
ne más  uso  en  la  Farmacia. 

ETiifOLoaÍA.  Latín  loiío,  lavadura, 
forma  sustantiva  abstracta  de  Idíus^ 
lavado,  participio  pasivo  de  IdvSre, 
lavar:  italiano,  losione;  francés,  lotion; 
catalán,  loció. 

Locke (Juan).  Filósofo  jpablíeis- 
ta  inglés,  que  nació  en  Wrington 
(Brístol)  en  1632  y  murió  en  1704. 
Era  hijo  de  un  ministro  subalterno 
de  justicia  que,  desde  las  revueltas 
de  1640,  había  tomado  una  parte  ac- 
tiva en  la  revolución  y  servido  en  el 
ejército  del  Parlamento.  Después  de 
haber  empezado  sus  estudios  en  Lon- 
dres, en  el  colegio  de  Wéstminster, 
pasó  á  la  universidad  de  Oxford,  don- 
de los  continuó,  obteniendo  de  1655 
á  1658  un  beneficio;  esto  es,  el  título 
de  /ellónt  ó  agregado,  y  un  nombra- 
miento sin  funciones  activas.  La  Me- 
dicina, V  sobre  todo,  la  filosofía,  £ 
que  se  aficionó  en  los  libros  de  Des- 
cartes, fueron  el  objeto  de  sus  es- 
tudios predilectos.  La  amistad  de 
Ashlej  Gooper,  conde  de  Shafter- 
bur^,  á  quien  conoció  en  1666,  le 
abnó  la  carrera  da  los  eugos  pábli- 
cús,  en  la  que  compartió  las  alterna- 
tivas de  fitvor  y  desgracia  con  su  pro- 
tector, hasta  el  extremo  de  verse  bo- 
rrado en  1684  de  la  lista  de  los  miem- 
bros de  la  universidad  de  Oxford  y 
obligado  á  buscar  un  refugio  en  Ho- 
landa. La  revolución  de  1688  le  atra- 
jo á  Inglaterra,  donde  volvió  á  ocu- 
par diferentes  cargos;  entre  otros,  el 
de  miembro  del  Consejo  de  Comercio. 
La  debilidad  de  su  salud,  le  decidió 
en  1700  á  dimitir  de  sus  funciones, 
ASÍ  como  á  hacer  renuncia  de  los  emo* 
lumentos  qne  el  rej  Guillermo  III 
quería  conservarle,  para  retirarse  6 
casa  de  una  amiga,  \aáy  Mashan, 
hija  del  célebre  Oidworth,  donde  ma- 


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468 


LOCK 


'i<S  i  la  edad  de  73  años.  Lockb  se 
hizo  amar  y  respetar  lo  mismo  (>or  su 
carácter  que  por  su  talento.  Ligado 
por  sus  aatecedeates,  sus  aficiones  y 
sos  compromisos  á  la  causa  de  las  li- 
bertades políticas  y  religiosas,  la  sir- 
vió con  importantes  escritos,  de  los 
cuales  los  más  dignos  de  recuerdo 
son:  una  Carta  sobre  la  tolerancia,  diri- 
gida á  Limborch,  ministro  protestan- 
te de  Amsterdam,  1689;  un  Tratado 
sobre  el  gobierno  cisil,  1690,  donde 
sostiene  la  teoría  de  la  soberanía  na- 
cional contra  los  partidarios  del  dere- 
cho divino,  y  Cristianismo  de  la 
razón,  1695,  que  hizo  que  se  le  acusara 
de  locinianismo.  Lockb  escribió  tam- 
bién unos  Pentatnientos  acerca  de  la 
educaeidn  de  losniños,  1693,  y  un  libro 
sobre  el  comercio.  Pero  la  más  célebre 
de  sus  obras,  la  que  á  los  ojos  de  la 
posteridad  le  ha  conquistado  un  altí- 
simo puesto  entre  los  filósofos,  es  su 
Éntatfo  sobre  el  míendimiento  AmnanOj 
Londres,  1695.  Pocos  libros  han  al- 
canzado mayor  número  de  ediciones, 
ni  han  sido  traducidos  &  más  idio- 
mas. La  traducción  francesa,  que  Cos- 
te hizo  en  1700,  contribujó  no  poco 
á  la  difusión  y  popularidad  de  la  doc- 
trina de  Lockb.  La  mejor  edición  in- 
glesa de  las  obras  corbetas  de  Lockb 
es  la  de  Londres  (1^4,  9  volúmenes 
en  8/).  Las  ebras  flosófieas,  publica- 
das en  París  por  M.  Thurot  (París, 
1821-1825,  7  volúmenes  en  8.'),  con- 
tienan, además  de  los  Pensamientos 
sobre  ia  educacidn,  el  Ensayo  sobre  el 
entfíutimienío  humano  y  la  Carta  sobre 
la  tolerancia,  algunos  o[fúscalos  menos 
importantes.  Entre  los  escritos  en- 
caminados á  combatir  los  errores  de 
LoOKB,  se  distinguen  los  Nuevos  en^ 
sayos  sobre  el  eníendimienío  humano,  de 
Leíbnitz,  j  la  refutación  que  ha  dado 
M.  V.  Coussin  en  su  Curso  de  historia 
de  U  JilosoJia  moderna,  1829. 

Resumen. — 1.  Juicio  de  su  Jilosofia. 
— Negó  el  carácter  innato  de  ciertas 
ideas;  asignó  por  origen  á  todos  nues- 
tros conocimientos  la  sensación  y  la 
reflexión,  ó  sea  la  experiencia  de  los 
sentidos  y  la  experiencia  íntima,  ex- 
cluyendo el  ser  ontológico  no  defini- 
do, llamado  ratón.  Tomó,  quizá  á  des- 
pecho sayo,  la  teoría  de  las  ideas-imá- 
genes del  peripatettsmo  y  del  escolas- 
ticismo, preparando  así  el  empirismo 
estrecho  de  Condillac  y  el  idealismo 
escéptico  de  Berkeloiy  de  Hume. 

2.  Él  filósofo. — Biié  enemigo  de 
Descartes,  su  verdadero  maestro, como 
Aristóteles  lo  había  sido  de  Platón. 
Hállase  en  la  escuela  de  Lockb,  como 
prendas  características  y  personales 
del  autor:  uu  ^ran  fondo  de  buen 
sentido,  una  lógica  práctica,  en  don- 
de se  refieja  ese  espíritu  casi  mate- 
rial de  los  ingleses,  contrastando  con 
un  análisis  más  astuto  que  positivo; 
una  exposición  fácil  y  luminosa,  has- 
ta el  punto  de  deslumhrar  en  la  enun- 
ciación de  sus  doctrinas;  la  indepen- 
dencia y  la  imparcialidad,  unidas  á 
la  moderación;  la  lealtad,  conciliada 
con  la  honradez.  Todas  estas  dotes 
del  autor,  más  que  el  sentido  de  sa 


LOCO 

filosofía,  han  levantado  el  Ensayo  so- 
bre el  entendimiento  humano  &  la  altura 
de  las  grandes  escuelas. 

Loco,  ca.  Adjetivo.  El  qne  ha  per- 
dido el  juicio.  \  La  persone  de  poco 
juicio,  disparatada  e  imprudente,  y 
Metáfora.  Muy  fecundo,  muy  abun- 
dante; como  aOo  loco,  cosecha  ioca, 
etcétera.  |[  db  xtab.  Expresión  fami- 
liar que  se  dice  del  qne  en  sus  accio- 
nes procede  como  loco.  \  pbrbnnb.  El 
que  en  ningún  tiempo  está  en  su  jui- 
cio, y  por  extensión  se  dice  del  que 
siempre  está  de  chanza.  Q  Al  loco  v 

AL  AIKB  DARLE  CALLB.  Véase  AlBB.  Q 

Burlaos  con  bl  loco  bn  casa,  burla- 
rá CON  VOS  BN  LA  PLAZA.  Refrán  que 
advierte  que  si  se  da  ocasión  al  indis- 
creto para  que  se  burle  6  chancee  con 
alguno  á  solas,  lo  hará  también  en 
publico.  Q  El  loco  pob  la  pbna  bs 
cuerdo.  Refrán  con  que  ss  advierte 

tue  el  castigo  corrige  los  vicios,  aun 
e  los  que  carecen  de  razón.  ||  Estas 
6  tolvbrsb  loco  db  cohtbhto.  Frase 
metafórica  y  familiar.  Estar  excesiva* 
mente  alegre.  ||  Goza  db  tu  poco  uibn- 
TRAS  BUSCA  uls  BL  LOCO.  Refrán  que 
reprende  la  desordenada  fatiga  con 
que  aspiran  á  enriquecerse  los  hom- 
bres, pudiendo  pasar  con  mayor  des- 
canso con  lo  que  les  basta  y  ya  po- 
seen, n  Más  sabe  bl  LOCO  bn  su  casa 

QUB  BL  CUBEDO  BN  LA  AJSNA-  Refrán 

que  enseña  que  en  los  negocios  pro- 
pios más  sabe  aquel  á  quien  le  perte- 
necen, por  poco  que  entienda,  que  el 

tue  mirándolos  desde  lejos  se  intro- 
uce  ¿juzgarlos  sin  conocimiento.  \ 
Uh  loco  hacb  CIENTO.  Refrán  con  que 
se  expresa  el  poderoso  influjo  que  tte* 
ne  el  mal  ejemplo  para  viciar  las  eos- 
tumbres.  |  Volvee  k  uno  loco.  Fra- 
se metafórica.  Gonfandirla  eon  diver- 
sidad de  especies,  aglomeradas  é  in- 
conexas. I  Envanecerle  de  modo  que 
parezca  que  está  sin  juicio. 

EtimoloqÍa.  Latín  l^qui,  hablar. 
El  primer  loco  fué  un  hombre  muy  lo- 
cuat;  catalán,  loco,  a.  (Anónimo.) 

Reseña,  —  La  expresión  corriente 
del  catalán  es  boia. 

Locoforos.  Masculino.  Nombre 
que  se  da  en  los  Estados  Unidos  al 
partido  radical. 

Locogonfo,  fa.  Adjetivo.  Epíteto 
de  un  infusorio  cuyas  mandíbulas  en 
forma  de  estribo,  tiene  los  dientes 
unidos  por  sas  bases  j  por  sus  extre- 
mos. 

Loool.  Masculino.  Especie  de  abe- 
ja muy  pequeña  de  Filipinas. 

Locomoción.  Femenino.  Trasla- 
ción de  un  punto  á  otro. 

ExiiiOLOofA.  Locomotor:  francés,  lo- 
comotion;  italiano,  locomozione. 

Locomotividad.  Femenino.  £fi~ 
diíctica.  Facultad  de  moverse. 

Etiuoloqía.  Locomotivo:  francés, 
locomolive'. 

LocomotÍTO,  va.  Adjetivo.  Con- 
cerniente á  la  locomoción.  Q  Que  mue- 
ve ó  tiene  la  virtud  de  mover.  ||  Fe- 
menino. La  máquina  de  vapor  que 
remolca  á  los  vagones  de  un  ferro- 
carril. II  Facultad  locomotiva.  Psi- 
cología, La  &caltad  de  mudar  de  lu- 


LOCU 

f:are8,  en  virtud  de  nn  acto  de  la  vo- 
untad. 

ETiHoLQofA.  Zocomofdr:  italiano, 
locomotivo;  francés,  Ueonotif;  provea- 
zal,  locomotiu. 

Locomotor,  ra.  Adjetivo.  Se  dice 
de  la  máquina  6  aparato  que,  por  con- 
tener en  sn  interior  la  fuerza  motriz, 
recorre  un  espacio  determinado  por  la 
daración  de  esta  fuerza.  Así  se  lla- 
man generalmente  locomotoras  las 
máquinas  de  vapor  que  arrastran  los 
trenes  en  los  ferrocarriles,  ensayadas 
también  en  las  vías  ordinarias.  Se 
usa  como  sustantivo  en  ambas  termi-' 
naciones.  |  Aparato  locomotor,  ^u- 
tomia.  Bl  conjunto  de  órganos  que 
sirven  para  operar  la  locomoción. 

Etiuolooía.  Latín  loco,  ablativo  de 
^cus,  lugar,  y  motor;  «que  mueve  las 
cosas  del  lugar  en  que  actualmente 
se  haUan:>  italiano,  locomíore;  fran- 
cés, loeomoíeur, 

LocomoTible.  Adjetivo.  Lo  qne 

Suede  llevarse  de  nn  sitio  i  otro.  Se 
ice  generalmente  de  las  máquinas 
de  vapor,  que,  por  estar  montadas  so- 
bre  ruedas  i  propósito,  se  transportas 
para  sentarlas  y  acuñarlas  en  los  pa- 
rajes donde  han  de  funcionar. 
ETUíOLoaÍA.  Locomotor, 
LocomoTÍUdad.  Femenino.  Loco- 

UOTIVIDAO. 

Locrense.  Sustantivo  y  adjetivo. 
El  natural  ó  morador  de  Lócrída,  t 
lo  relativo  á  dicha  comarca. 

ETiuoLoaÍA.  Latín  lecrentis.  (CiCB- 

BÓN.) 

Lócrída  (la).  Femenino.  Oeagn- 
Jia  antigua.  Provincia  de  Grecia.  (Ti- 
to Lxviu.) 

EnuoLoaU.  Latín  Locru,  LoerWt. 

Locro*  Masculino  americano. 
Ajiaoo. 

Locuacidad.  Femenino.  £1  vicio 
de  hablar  mucho. 

ETUiQLoaía.  Loeuat:  latín,  ISgiM- 
tas. 

Locuacísimo,  ma:  Adjetivo  su- 
perlativo de  locuaz. 
Locuas.  Adjetivo.  El  qne  habla 

mucho. 

ExucoLoaÍA.  Latín  ISgui,  hablar; 
ISguax,  lóquacis,  hablador:  italiano  y 
francés,  loguace. 

Locuazmente.  Adverbio  de  modo. 
Con  charlatanería. 

Etiuolooía.  Locueayú.  sufijo  ad- 
verbial mente:  latín,  lSquS¿lUr, 

Locución.  Femenino.  Modo  de  ha- 
blar. I  Frase.  H  Vocablo.  \  aDtbbbul 
ó  PREPOSITIVA.  Grafi^tica.  Reunión  de 
dos  ó  más  palabras  construidas  con 
alguna  preposición,  cuyo  sentido  es 
equivalente  al  de  un  adverbio,  como 
cuaudo  decimos:  <á  la  española,  it 
un  modo  español,»  lo  cual  quiere  de- 
cir: «españolaraeate.»  ||  También  hav 
locuciones  ó  modos  adverbiales,  aun- 
que no  puedan  expresarse  coo  un  ad- 
verbio, como  en  los  ejemplos  siguien- 
tes: <la  mujer  de  sombrero  blanco;  la 
de  ojos  negros;  la  de  cabellos  rubios.» 

Etimología.  Locuela:  latín,  l^cátio 
y  Idquüíío,  forma  abstracta  de  tócS'sí 
ylSguütHS,  hablado;  participio  pasivo 
de  %ih',  hablar;  italiano,  locusione; 


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LOCU 


LODO 


LOGA  469 


tnaehf  locution;  provenzal,  locucio; 
catalio,  hcuñó. 

Locuela.  Femenino.  Bl  modo  jr 
tono  partioalar  de  Iiablar  de  ca& 
uno, 

BniiOLoafi.  Sánscrito  lap,  hablar: 

^ego,  Xíffxtú  ^ÍBíAo^,  gritar,  vocife- 
rar, decir;  latín,  fó^Ki,  hablar;  ioq%e- 
la,  habla;  italiano,  loqnela;  francés, 

ImUU. 

Locnelo,  la.  Adjetivo  diminutivo 
de  loco.  Dicese  de  la  persona  aturdi- 
da, siendo  joven. 

BnHOLQOÍA..  Zoco.  No  es  posible  ae- 
parar  las  formas  hattlOf  de  loco,  j 
hcuUit  habla. 

Loculación.  Femenino.  Botánica. 
Bstido  de  un  fruto  dividido  en  ma- 
chas celdillas. 

Etuiolooía.  LÓaUo. 

Locúleo,  lea.  Adjetivo.  Sotitúw. 
Üividido  en  muchas  celdillas. 

SnuouxifA.  Lóculo. 

Loculicida.  Adjetivo.  Botánica. 
Fruto  locuucida.  Fruto  que  se  abre 
por  el  medio  de  cada  una  de  las  cavi- 
dades, como  sucede  con  los  melocoto* 
aes  que  se  denominan  abridore». 

Etiholooía..  Latín  Uc^hut  lóculo, 
j  uttUre,  henden  francés,  loaUicp' 
de. 

Lócalo.  Masculino.  Miitorw  naiu- 

nl.  Pequeña  celda. 

BniKnxtaÍA.  Latín  ISe&lut,  espacio 
pequeúo,  lugarcillo;  diminutivo  de 
loeut,  lagar:  francés,  loeuk. 

Locufoso,  sa.  Adjetivo.  SoUtuea. 
Bpíteto  de  todo  érgano  vegetal  hueco 
j  separado  en  muchas  cavidades,  por 
medio  de  diafragmas. 

Etiuología..  Lóculo:  latin,  lócüló- 
m;  fraocés,  loculaire. 

Locura.  Femenino.  Privación  del 
juicio  ó  del  uso  de  la  razón.  R  Acción 
inconsiderada  ó  desacierto.  |j  Si  u.  lo- 

CIHA  FUBSB  DOLORES,  BN  CADA  CASA 

ñÁsaik  V0CB3.  Refrán  coa  que  se  da 
i  entender  que  el  obrar  con  impru- 
dencia es  muj  común. 

EtnioLoaU.  Loco. 

Locnrilla.  Fem«iino  diminatÍTo 
de  locara. 

Locusta.  Femenino.  Fníomolo^ia. 
Género  de  insectos  ortópteros  llama- 
dos vnl^rmenta  langostas.  ||  Boíáni- 
c*.  Espiga  compuesta  de  ciertas  plan 
Us  gramíneas. 

GTiHOLoaÍA.  Langotta:  francés,  lo~ 

míe. 

Locusta .  Famosa  envenenadora 
romana,  que  hizo  perecer  al  empera- 
dor Claudio,  por  orden  de  Agripina, 
el  aao  807  de  Roma  (54  de  Jesucris- 
to). 7  i  Británico,  por  orden  de  Ne- 
lón,  el  año  808.  JBste  último  la  hizo 
ver  qne  sus  lecciones  no  habían  sido 
estériles,  pues  la  mandó  dar  igual 
genero  de  muerte,  por  sospechas  de 
le  envenenara  á  su  vez. 

LocBstarío,  ría.  Adjetivo.  Pareci- 
da una  locusta.  II  Masculino.  Ento- 
"wwy*».  Familia  del  orden  de  los  in- 
Kctos  ortópteros,  cujo  tipo  es  el  lo~ 

BriKOLoeU.  Locusta:  francés,  ^ 

^^torio.  Kascolino.  Lugar  des- 


tinado en  los  conventos  de  monjas 
para  recibir  visitas. 

Etimología.  Latín  Viquor^  hablar: 
catalán,  lúcntori.—tEX  lugar  que,  en 
loa  monasterios  de  monjas,  está  des- 
tinado para  poder  ver  j  hablar  á  sus 
parientes  ú  otras  personas,  antece- 
diendo el  permiso  de  la  superiora. 
Llámase  también  Grada,  Reja  ó  Red, 
Covarrubias  dice  se  llamó  Locutorio  a 
Loquendo.  >  (Academia,  Diccionario 
de  1726.)— «Vm  el  locutorio  se  haga 
un  marco  con  sus  puertas,  para  clavar 
los  velos  á  manera  de  encerado,  como 
está  en  otras  partes.»  (Santa  Tbbssa, 
tomo  II,  carta  75,) 

Locuyo.  Masculino  anticuado.  Co- 
COYO,  insecto. 

Locha.  Femenino.  Pez  pequeño  de 
cuerpo  prolongado  revestido  de  esca- 
mitas  j  viscoso,  con  aletas  en  el  vien* 
tre  mujr  retiradas,  y  sobre  ellas  en  el 
lomo  otra  pequeña  y  blanda,  cabeza 
chica,  boca  poco  hendida,  sin  dientes, 
excepto  hacia  el  tragadero,  agallas 
poco  abiertas,  y  en  ellas,  tres  piezas 
á  modo  de  rallos. 

BTuiOLoafA.  Francés  loehei  inglés, 
loach. 

Loche.  Masculino.  Locha. 

Lodachar.  Masculino.  Lodazal. 

Lodado,  da.  Adjetivo  anticuado. 
Enlodado. 

Lodalita.  Femenino.  livuraUgia, 
Especie  de  feldespato. 

E-riMOLoaÍA.  Lodícula. 

Lodazal.  Masculino.  Sitio  ó  paraje 
lleno  de  lodo.  \  Salib  dk  lodazales,  y 

ENTRAR  BN  CENAGALES.  Refrán.  SaLIR 
DEL  LODO,  T  CAER  EN  EL  ARR070. 

Lodazar.  Masculino.  Lodazal. 

Lodicula.  Femenino.  Botánica. 
Cada  una  de  las  jpartes  de  las  flores 
gramíneas  que  rodean  inmediatamen- 
te el  ovario. 

Etuiolooía.  Latín  ló^cíh,  dimi- 
nutivo de  tbdix,  cubierta,  manta: 
francés,  lodicnle. 

Lodiento,  ta.  Adjetivo  anticuado. 
Sucio,  lleno  de  Iodo.  Se  halla  usado 
en  sentido  metafórico. 

Lodo.  Masculino.  Mezcla  de  tierra 
y  agua,  especialmente  la  que  resulta 
de  las  lluvias  en  el  suelo.  \  Pohbb  k 
ALOUNO  DB  LODO.  Fraso  metafórica. 
Ofenderle,  denostarle  con  palabras  in- 
juriosas. ¡I  Salib  del  lodo,  y  cabr  bn 
EL  ARROYO.  Refrán  que  se  dice  de  los 
que  por  evitar  un  mal  pequeño  caen 
en  otro  igual  ó  majror,  y  de  los  que 
habiendo  despachado  un  negocio  in- 
cómodo, deben  empezar  otro  de  major 
consideración. 

BTiuoLoaÍA.  Lutum:  en  francés  lut, 
en  caulán  llot,  en  italiano  loto,  tutu; 
del  radical  ly,  ó  del  verbo  griego  Ivo, 
yo  disuelvo,  salvo.  Tierra  mojada,  hu- 
medecida; empapada  de  agua,  mezcla 
de  tierra  y  agua,  especialmente  la 
que  resulta  délas  lluvias  en  el  suelo. 

(MONLAU.) 

¿^«neaciVn.— Sánscrito  U  ^  ^ 

disolver;  ¿ú,  layan,  fusión:  griego, 
lud  (Xúfa>);  latín,  luére,  bañar;  lüíum, 
lodo;  italiano,  ¿oto;  francés  ¿st;  pro- 
venzal,  hí¡  catalán,  Itot, 


Lodor.  Masculino  anticuado.  Loob. 

Lodoso,  sa.  Adjetivo.  Lo  que  está 
lleno  de  lodo, 

Etuiolooía.  Lodo:  catalán,  llotót^  s. 

Lof.  Masculino.  Marina.  El  punto 
en  que  coinciden  la  cuadra  y  la  amu- 
ra del  buque. 

EtiuolooÍa.  Inglés  lo^ff;  de  log, 
pedazo  de  madera:  sueco,  kgg;  fran- 
cés, loch. 

Lofaris.  Masculino.  Ictiología,  Gé- 
ñero  de  pescados  óseos  torácicos. 

ExiifOLoaÍA.  Griego  Xó^  (lópho»), 
cresta,  de  las  galeras  y  de  las  aves, 
galea  et  atñum, 

Loflropo,  pa.  Adjetivo.  Zoología, 
Que  tiene  los  piés  cónicos. 

Lofobranquio,  quia.  Adjetivo. 
Zoología.  Que  tiene  Us  branquias  en 
forma  de  penacho. 

ExtuoLooÍA.  Griego  l^^ka,  moña, 
y  branguiae:  francés,  l^hoh^neke* 

Lofógono,  na.  Adjetivo.  Historia 
natural.  Que  tiene  los  ángulos  dis- 
puestos en  forma  de  crestas. 

EtiuolooÍa.  Griego  lóphoSt  cresta, 
y  gonía,  ángulo:  X¿^oí  ftayla. 

Lófoto,  ta.  Adjetivo.  Omiíología. 
Epíteto  de  las  aves  que  tienen  una 
cresta  en  la  cabeza.  ^  Masculino.  Ic- 
tiolo^la.  Nombre  de  un  pescado  de  la 
ñimilia  de  los  teniodes. 

EnuoLoafA.  Griego  lópkot  y  sif, 
otós,  oído,  oreja:  X¿fo;  wró;. 

Lof.  Masculino.  Medida  para  lí- 
quidos, entre  los  hebreos. 

BriHOLoafA.  Hebreo  log  frsn- 
cés,  log. 

Logacia.  Femenino  anticuado.  Le- 
gacía. 

Logadero.  Masculino  anticuado. 
El  que  toma  en  alquiler  ó  arrenda- 
miento alguna  cosa. 

ETmoLooÍA,.  Ze^sr:  catalán,  üogor- 
ter,  a. 

Logado,  da.  Participio  pasivo  de 
logar. 

ETiMOLoaÍA.  Loaar;  latín,  IStíttus; 
antiguo  italiano,  wcato;  francés,  loué; 
catalán,  Uogat,  da, 

Logal.  Masculino  anticuado.  Lu- 
gsr. 

Logar.  Masculino  anticuado.  Lu- 

QAR  ó  pueblo:  \  Sitio  ó  paraje.  Anti- 
cuado. Representación,  veces  ó  susti- 
tución de  otra  persona  superior.  Q 
Anticuado,  Causa,  motivo  ú  ocasión. 
II  Activo  anticuado.  Alquilar,  dar  en 
arrendamiento.  |  Recíproco  anticua- 
do. Obligarse  á  algún  trabajo  perso- 
nal por  cierto  precio  ó  salario. 

Etiuoloqía.  Latín  ¿¿(c¿f«,  colocar, 
alquilar:  italiano  antiguo,  locnrs; 
francés,  louer;  catalán,  Ikgar, 

Logarítmico,  ca.  Adjetivo.  Lo  que 
pertenece  i  los  logaritmos. 

Etiholooía.  L^wñttMi  francés,  Uh 
gariíhmique;  italiano,  iogaritmico;  cm- 
talán,  logaritmieht  ca. 

Logaritmo.  Masculino.  Aritméti- 
ca. Numero  tomado  en  una  progresión 
aritmética,  correspondiente  á  otro  to- 
mado en  progresión  geométrica. 

Etimoloqía.  Grie^  Uyot;  (lógos), 
razón,  r  ¿ptSpíc  (anthmót)^  número; 
crazón  de  los  números:»  italiano,  ith- 


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470  LOGI 


LOGO 


LOGR 


aariímo;  francés,  iogarithme;  catalán, 

Lo^aritmotecnia.  Femenino. 
Ciencia  que  tiene  por  objeto  el  cono- 
cimiento de  los  principios  qne  deben 
observarse  pan  los  cálenlos  logarít- 
micos. I  ArTB  de  los  L034R1TU0S.  ¿I* 

íeratwra.  Título  de  un  libro  de  Nico- 
lás Mercator,  publicado  en  1668. 

ETmoLoaíií..  Logaritmo  j  techne, 
arte:  francés,  iogarithmotechnü. 

Logaritmotecnico,  ca.  Adjetivo. 
Concerniente  á  la  logaritmotecnia. 

Logia.  Femenino.  Tecnicismo.  Pa- 
labra que  entra  en  la  composición  de 
otras  muchas,  con  la  significación  de 
tratado,  discurso.  |  Reunión  de  ma- 
sones 7  el  lugar  donde  se  reúnen. 

Etiuoloqía.  Griego  Xoyía  (logia), 
doctrina;  de  Xó-j^í  ( lógot),  razón  y  pa- 
labra, juicio  T  verbo:  francés,  loaií. 

Lójgfica.  Femenino.  Filoso/ta.  La 
ciencia  que  ensefia  i  discurrir  con 
ezaetitud,  medíante  el  conocimiento 
elemental  de  las  ideas  y  de  los  jui- 
cios. [|  NATURAL.  Disposición  para  dis- 
currir con  exactitud  sin  el  auxilio  de 
las  reglas.  ||  Por  extensión,  se  dice  de 
todo  encadenamiento  de  ideas,  forma- 
do por  un  discurso  recto,  p  Metáfora. 
Se  aplica  también  á  los  objetos  del  or- 
den moral,  en  cu^o  sentido  se  dice: 
la  LÓaiCA  de  la  historia;  la  lógica  de 
los  tiempos;  la  lógica  de  las  pasiones; 
la  LÓGICA  del  corazón.  ||  Nombre  de  los 
tratados  que  se  ocupan  de  dicha  ma- 
teria, en  cujo  sentido  se  dice:  «la  ló- 
gica de  Mármol;  la  lógica  de  Con- 
dillae.»  II  LÓGICA  parda.  Qrauítica 

PARDA. 

Etimología.  Griego  XoftxiJ  (logiiX): 
latín,  Ugica;  italiano,  lógica;  francés, 
logÍq%e;  catalán,  lógica. 

Éeseña. — Lógica:  del  griego  logiké, 
adjetivo  sustantivado  que  lleva  so- 
brentendido Uchne,  arte.  Logike  vie- 
ne de  léges,  palabra,  verbo,  discurso, 
tratado,  porción,  conocimiento,  razón, 
ciencia;  y  légot  sale  del  verbo  lego,  le- 
gein,  en  latín  dtco,  dicere^  loquor,  lo^ui, 
que  significa  decir,  hablar,  raciocinar, 
etcétera.  La  lógica  es  la  ciencia  y  el 
arte  de  encontrar  la  verdad,  de  discer- 
nir lo  verdadero  de  lo  falso,  de  dis- 
currir con  acierto,  etc.,  y  de  manifes- 
tar la  verdad  por  medio  de  la  palabra. 
Nótese,  en  efecto,  que  la  voz  griega 
Ifígoa  significa  á  la  vez  raíio  y  verbum, 
razón  v  palabra;  y  que  el  verh  se  ha 
llamado  siempre  la  palabra  por  exce- 
lencia, la  palabra  que,  en  la  enuncia- 
ción del  pensamiento,  representa  las 
afirmaciones  y  los  juicios  que  hace- 
mos de  las  cosas.  (Monlau.) 

Lógicamente.  Adverbio  de  modo. 
Según  las  reglas  de  la  lógica. 

Etimología.  Zrt^ica  jr  el  sufijo  ad- 
verbial mente:  latín,  logicé;  italiano, 
lógicamente;  francés,  logi^uement;  cata* 
lan,  lógicament. 

Lógico,  ca.  Adjetivo.  Lo  pertene- 
ciente á  la  lógica  ó  el  que  la  estudia 
y  sabe.  Se  usa  también  como  sustan- 
tivo masculino  por  el  que  la  profe- 
sa. [I  AnXusis  lógico.  Gramática.  El 
análisis  que  descompone  la  proposi- 
ción en  sujeto,  cópula  y  atributo,  tér- 


mino opuesto  del  análisis  gramatical, 
el  cual  versa  sobre  la  forma  y  cual 
dad  de  los  vocablos. 

Etiholooía.  Qrieffo  X^oc  (ItS^os), 
discurso  y  palabra;  Xortx^c  (logtkótl 
lógico:  latín,  /(^XcM;  catalán,  lógich, 
ca;  francés,  logtque,  loeiieiení  proTen- 
cal,  logician;  italiano,  lógico, 

Logistas.  Masculino  plural.  Histo- 
ria antigua.  Magistrados  de  la  anti- 
gua Atenas,  encargados  de  recibir  las 
cuentas  á  los  que  dejaban  de  desem- 
peñar algón  ea^.  Eran  nombrados 
a  la  suerte. 

Etimología.  Griego  Xiyoí  (lógos), 
razón  y  verbo;  Xo^tT^í  (logitíis)f  cal- 
culador; loytaxai  (logisíaí),  dacenvíros 
de  Atenas:  francés,  logiste. 

Logística.  Femenino.  Gienda  del 
cálculo  ó  de  los  números. 

BTiHOLoafA.  Griego  Xtí^oc  (lógoi), 
razón  y^  verbo,  proporción,  serie. 

Logistórico,  ca.  Adjetivo.  Con- 
cerniente al  arte  da  componer  la  his- 
toria. 

Etimología.  -Lógct  é  hittória. 

Logo.  Adverbio  de  tiempo  anticua- 
do. Luego. 

Logodedalia.  Femenino.  Afec- 
tación ridicula  en  el  hablar. 

Etimología.  Griego  Xo^otiSif^  (lo- 
goeides),  semejante  á  la  oración  en 
prosa;  prosm  orationi  similit,  y  XoXin 
(ISleinJ,  hablar. 

Logodédalo.  Masculino.  Bl  sofis- 
ta. I  El  que  habla  con  mucha  afecta- 
ción. 

EmcoLOOÍA.  ¿Modedalié* 
Logografía,  ^menino.  Taquioba- 

PÍA. 

ETiM<H.oofA.  Zdgoi  ygraphan,  des- 
cribir: francés,  logographie, 
Logográflco,  oa.  A^jetiTO.  Taqoi- 

ORÁPICO. 

ExiMOLoaÍA.  Zqgogra/U:  francés, 

logograpAifue. 

Logógrafo,  fa.  Masculino  y  feme- 
nino. Taquígrafo. 

Etimología,  ¿o^o^ra/id.*  francés, 
logographe;  griego,  XoyoYpifot  (logo- 
gráphos ). 

Logografos.  Masculino  plural. 
Historia  antigua.  Nombre  que  los  an- 
tiguos griegos  daban  ¿  los  escritores 
primitivos  que  habían  consignado,  en 
prosa,  los  acontecimientos  más  nota- 
bles y  también  las  tradiciones  fabulo- 
sas del  país.  Los  logógrapos  marcan 
el  tránsito,  casi  imperceptible,  de  la 
poesía  épica  á  la  prosa,  y  precedieron 
á  Herodoto.  Tales  fueron  Dionisio  y 
Cadmo  de  Müeto,  Heleico  de  Lesbos 
y  otros. 

Etimología.  Griego  Xo^o^pí^o;  ('/o- 
gográphos);  de  lógos^  razón  y  verbo, 
y  grapheia,  descripción:  francés,  logo- 
graphe. 

Logogrífico,  ca.  Adjetivo.  Con- 
cerniente á  los  logogrifos.  Q  Oscuro, 
no  inteligible. 

Etimología.  Logogrifo:  francés,  lo~ 
gogriphiqne. 

Logogrifo.  Masculino.  Enigma 
que  consiste  en  hacer  diversas  com- 
binaciones con  las  letras  de  una  pala- 
bra, de  modo  que  resulten  otras,  cu- 
yo  significado,  además  del  de  la  voz 


principal,  se  propone  con  algana  os- 
curidad. 

Etímología.  Griego  \irp^  (l^ot), 
palabra,  y  Tpífoc  (grlphot),  hilillo, 
porque  ha^  que  coger  el  hilo  de  los 
vocablos:  italiano,  logwfrtfoi  francés, 
logogriphe. 

Logomaquia.  Femenino.  Dispntt 
de  palabras  entre  dos  personas;  esto 
es,  sobre  palabras.  |  Reunión  de  voca- 
blos contradictorios.  ||  Metáfora.Equ^ 
voco  pueril. 

Etimología.  Griego  Xoyojiox^  (^°~ 
gomachia);  de  lófOSi  palabra,  y  f^- 
X>iT6ac  (míckettíu»),  combatir:  mneés, 
logomaschie. 

Rsseütt. — Nada  retrasó  tanto  el  pro* 
greso  de  las  oteuoiaa  como  la  logoma- 
quia y  la  creación  de  Tooablos  nuevos, 
medio  técnicos,  medio  metaSsicos, 
incapaces  de  representar  distintamen- 
te ni  el  efecto  ni  la  causa.  (Bofpón, 
MinsralMÍa,  tomo  S,',  página  i^.} 

Logofecnia.  Femenino.  Lbxicolo- 

QÍA. 

Etimología.  Lígos,  palabra,  y  íeck- 
%e,  arte;  «arte  ó  ciencia  de  U  pala- 
bra :>  X¿y<H  TfX"!- 

Logoteta.  Masculino.  Ántigteda- 
des.  Uno  de  los  princii)ales  magistra- 
dos del  imperio  bizantino,  especie  de 
canciller,  cuyo  encargo  consistía  en 
responder  por  el  emperador  á  los  em- 
bajadores de  otras  potencias,  y  aun  á 
las  reclamaciones  de  los  súbditos. 
También  tenía  nao  el  patriarca  de 
Constantinopla. 

BmioLOotA.  Griego  XopUrqc  (Ugo' 
thém);  de  U-^  (Mgos),  cuenta,  y 
TtUvai  (tiíkéndi),  disponer:  francés, 
logothiíe, 

Logótropo.  Ibseulino.  Z^ies.  Es- 
pecie de  silogismo  condicional. 

Btimolooía.  Griego  lógos^  palabn, 
y  trapos,  j^to,  traslación. 

Logrado,  da.  Participio  pasivo  de 
lograr. 

Etimología.  Lograr:  catalán,  w- 
grai,  da. 

Lograr.  Activo.  Conse^ir  ó  u- 
canzar  lo  que  se  intenta  o  desea.  | 
Gozar  ó  disfrutar  alguna  cosa.  |  R*" 
cíproco.  Llegar  i  colmo  ó  i  ea  perfec- 
ción alguna  cosa. 

BriMOLOofA.  Latín  hcríbi,  adqui- 
rir, sacar  utilidad  y  provecho:  ata- 
lán,  lograr.  Lucro  y  Ugro  representan 
la  misma  palabra  de  origen. 

Sinonimia.  Lograr ^  conseguir,  alca*' 
tar.  Lograr  es  propiamente  el  teraiino 
de  nuestro  deseo,  sin  relación  á  w» 
medios  empleados  para  ello.  Coi^^' 
es  el  término  de  nuestra  solicitud,  « 
fin  á  que  se  dirigen  los  medios  con 
relación  á  ellos,  llcantares  el  termi- 
no de  nuestro  ruego.  Lograr  y  conti- 
guir  puedan  suponer  justicia;  aícaaiAf 
puede  suponer  siempre  gracia- 

Logra  una  gran  fortuna  el  que  pue- 
de vivir  sin  pleitos  ni  pretensionej^ 
Contigug  un  buen  empleo  «1,1°*  ¡ 
solicita  con  mérito  y  proporción.  4*- 
cama  el  perdón  el  que  interpone  » 
ruegos  humildes  y  pide  miaencoMw- 

En  la  diferencia  de  este  úlümo«^ 
bo  respecto  de  los  dos  pn'"^""^^» 
cabe  duda,  porque  ei  claro  que  m 


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LOGR 


LOGR 


LOOR  471 


se  paede  decir  que  se  alcama  lo  que  se 
debe  i  Ift  Ubre  voluntad  de  otro;  j  asi 
nadie  dirá  que  lia  alcAntado  gánar  un 
pleito,  que  ha  alcanzado  limpiar  de 
mala  hierba  ios  heredades.  Para  dis- 
tín^ir  las  ideas  que  representan  los 
dos  primeros,  basta  bascar  un  ejem- 
plo en  que  U  aeoidn,  que  se  qiúere 
eipiiear  por  madio  del  verbo,  no  ten- 
ga relación  directa  &  la  solicitud,  sino 
puramente  al  deseo,  y  se  hallará  la 
mayor  propiedad  j  exactitud  que  en 
tal  caso  tiene  el  verbo  lograr.  Logra 
la  satisfacción  de  ver  que  sus  hijos  le 
respetan.  Logra  el  gasto  de  saber  que 
es  amado  de  todos. 

dos  ideas  diferentes  que  res- 
pectivamente explican  los  dos  verbos, 
se  dMenbren  con  bastante  claridad 
en  esta  oración:  i  ñierxa  de  industria 
7  de  paciencia,  al  fin  wuegui  ver  ¿0- 
yrs¿o  mi  deseo.  La  consecución  es  el 
efieeto  de  la  industria  y  la  paciencia: 
el  logro  es  «I  término  del  deseo. 

(HOKBTA.) 

Lograrse.  Recíproco.  Crecer  hasta 
la  madurez;  llegar  á  la  perfección; 
salir  bien.  |  Metáfora.  Loorabsb,  ha- 
blándose de  una  criatura,  es  vivir,  no 
perderla,  como  cuando  se  dice:  «no 
SB  LS  HA.  LOORADO  ningún  hijo.»  O  En 
términos  generales,  vale  tanto  como 
realizar  su  intento;  j  así  decimos: 

<por  fin  SE  LB  HA  LOaKADO.» 

Logrear.  Neutro.  Emplearse  en 
dar  6  recibir  á  lo^ro. 

BTiH(n.oaU.  .^^or,  ^cuentativo. 

Logreria.  Femenino.  Bl  ejercicio 
de  logrero. 

L»rero,  ra.  Uascalino  j  femeni- 
no. Bl  que  da  dinero  i  logro. 

BnuoLOOÍA.  Logreria:  catalán,  lo- 

{rer. — «El  que  da  dinero  á  logro,  y 
o  mismo  que  usurero.  Dícese  también 
del  que  compra  ó  guarda  y  retiene 
los  frutos,  para  venderlos  después  á 
un  precio  excesivo.  >  (Acaobuia,  Dic- 
cionario de  17ÍÍ6.) 

I«ogro.  Masculino.  La  ganancia 
que  se  saca  de  dineros  ó  de  otra 
cosa.  I  La  consecución  y  poBesión  de 
lo  que  se  desea  ó  intenta,  ||  Usuba.  Q 
Dab  í  loobo.  Frase.  Prestar  ó  dar  al- 
guna cosa  con  usura. 
Etimología.  Lograr:  catalán,  logro. 
hogtoñéBt  sa.  Adjetivo.  El  natu- 
ral de  Logroño  6  lo  perteneciente  á 
esta  ciudad. 

Logroflo.  Masculino.  Qeografia. 
Provincia  de  tercera  clase,  compren- 
dida en  el  territorio  de  la  audien- 
cia y  capitanía  general  de  Burgos; 
creadapor  decreto  de  las  Cortes  de 
27  de  Enero  de  1822  y  reformada  por 
«1  de  30  de  Noviembre  de  1833. 

1.  Situación  asironámica, — Se  en- 
cuentra enclavada  en  el  centro  de  la 
Península  entre  los  41'  4'  32"-42'' 
36'  30"  de  latitud  septentrional  j  los 
O*  31'  58"-l»  69'  de  longitud  orienUl 
del  meridiano  de  Madrid. 

2.  Limites, — Por  el  Norte,  confina 
con  las  provincias  de  Burgos  y  Alava; 
per  el  Sste,  eon  hs  de  Navarra  v  Za- 
cagexa;  sor  al  Sar,  con  la  de  Soria, 
7  por  el  Oeste,  otra  Tes  can  la  de 
tfargas. 


3.  ^dfjtffUÚÍH.— Mide  este  territorio 
133  kilómetros  de  largo,  de  Noroeste 
á  Sudeste;  44  de  ancho,  de  Nordeste 
á  Sudoeste,  y  5.037  cuadrados  do  su- 
perficie. 

4.  Población. — Lof  siete  partidos 
judiciales  que  constítujen  esta  pro- 
vincia, que  son:  Ámedo»  Calahorra, 
Haro,  Loasoflo,  Nájera,  Santo  Do- 
mingo de  la  Calzada  y  Torrecilla  de 
Camerot,  se  hallan  divididos  en  185 
ayunta  míe  otos,  los  cuales  represen- 
tan 282  poblaciones,  quedan  un  total 
de  183.439  habitantes. 

5.  Clima. — La  agradable  tempera- 
tura que  disiruta  esta  comarca  la  ha- 
ce susceptible  de  toda  clase  de  culti- 
vos: el  clima  es  por  lo  general  apaci- 
ble y  sano. 

6.  Montaña*, — La  elevada  cordille- 
ra del  Pirineo  central  penetra  en  el 
territorio  por  la  parte  Noroeste  con  el 
nombre  de  montes  Obarenet,  los  cua- 
les, tomando  luego  los  de  sierra  de 
Sonsierra,  sierra  de  Toloño  y  otros, 
van  á  formar  el  muro  septentrional 
que  encierra  la  vastísima  llanura  en 
que  se  halla  comprendida  la  mejor  y 
más  extensa  porción  ds  esta  provin- 
cia; varias  cordilleras  de  montañas, 
procedentes  de  la  cadena  ibérica,  for- 
man la  barra  meridional  de  aquella 
misma  llanura,  preservándola  de  la 
influencia  perniciosa  de  loa  vientos 
del  Mediodía.  La  más  septentrional 
de  aquellas  cordilleras  es  la  llamada 
sierra  de  Santa  Cruz,  cuyos  estribos 
terminan  en  Ezcarav,  á  la  cual  siguen 
lu^o  la  de  San  Millán  y  el  puerto  de 
la  Demanda,  á  cuvo  Norte  se  eacuen^ 
tran  el  monte  Dejados,  el  de  los  Her- 
guijuelas  y  los  de  Domingo  Pedro.  Al 
salir  del  expresado  puerto,  se  entra 
en  el  monte  de  Tejares;  y  después,  en 
la  sierra  de  San  Lorenzo,  donde  se  dis- 
tinguen el  cerro  de  su  nombre,  punto 
el  más  culminante  de  la  cordillera,  y 
los  montes  de  la  Cogollo,  de  Panedo 
y  el  de  Oro.  Descendiendo  luego  Jia- 
cía  el  Mediodía,  siempre  en  dirección 
occidental,  se  presenta  la  sierra  de 
Neila,  la  cual,  después  de  tomar  di- 
ferentes nombres  y  rumbos,  viene  á 
confluir  con  la  famosa  sierra  de  Ca- 
meros, que,  descendiendo  de  la  parte 
Noroeste  á  la  del  Sur  y  corriendo  des- 
de aquí  hacia  el  Este  en  busca  de  las 
derivaciones  del  Monoajo,  forma,  con 
las  denominaciones  de  sifírra  de  Pine- 
da, de  Ayedo,  de  Alcarama  y  otras,  el 
límite  que  separa  esta  provincia  de  la 
de  Soria. 

7.  Jiíos. — Siete  son  las  corrientes 
que  atraviesan  esta  comarca,  de  Sud- 
oeste á  Nordeste,  perjudicando  consi- 
derablemente, con  su  rápido  curso,  el 
cultivo  de  sus  campos:  el  Tiró»,  el 
Oja,  el  Najerilla,  el  Lesa,  el  Tregua, 
el  Cidaeos  y  éi  Alhama.  Estos  dos  úl- 
timos proceden  de  la  sierra  de  Alba  ú 
Oucala,  en  la  jurisdicción  de  Soria,  y 
van  á  desaguar  al  caudaloso  Ebro,  en 
la  misma  dirección  que  los  anterio- 
res: el  primero,  por  cerca  de  Calaho- 
rra, y  el  segando,  por  Al£&ro. 

8.  Suelo. — lia  parte  destinada  al 
cultivo  w  por  lo  común  de  excelente 


calidad;  si  bien  es  cierto  que  en  de- 
terminados parajes  se  encuentra  poco 
fecundo,  débese  principalmente,  ya  á 
la  falta  de  rieg;o,  ja  al  deslave  que 
ocasiona  la  rápida  corriente  de  los 
ríos,  los  anales  arrastran  violenta- 
mente las  capas  vegetales  del  temno. 
El  suelo  de  LooboRo  no  cede,  sin  tm.- 
bar^,  en  lo  fértil  á  ninguno  de  la 
Península,  y  especialmente  en  los 
pueblos  situados  al  pie  de  la  sierra  y 
que  se  extienden  hasta  el  Ebro,  se 
notan  abundantes  regadíos. 

9.  Minerales.— En  tierra  de  Jubera 
de  Robres,  en  Torrecilla,  Aguilar  y 
Torre  de  Cameros  se  encuentra  el  al- 
cohol ó  galena;  en  Haro,  Arnedillo, 
Canales,  Cervera,  Anguíano,  Matute, 
Villaverde  y  Tobia,  alguna  cantidad 
de  cobre;  en  la  jurisdicción  de  Robres 
hajr  una  mina  de  estaño;  en  Aguilar, 
una  veta  de  antimonio,  y  en  las  de 
Prejano  7  Arnedillo,  de  carbón  de 
piedra:  las  minas  de  Ezcaraj  forman 
un  importante  ramo  de  riqueza,  pues 
contienen  mucho  azufre,  lápiz  plomo, 
T  el  hierro  es  de  la  mejor  calidad. — 
En  Torrecilla  de  Cameros  se  halla  el 
bol,  tan  estimable  como  el  de  Arme- 
nia, y  en  Haro,  una  arena  -  silícea 
blanca  que  se  ha  empleado  con  muy 
buen  ^xito  en  la  fabricación  de  cris- 
tales. El  sulfato  y  los  alabastrinos  son 
muy  abundantes;  particularmente,  en 
los  alrededores  de  Santo  Domingo, 
donde  se  ven  inmensos  yesares;  como 
asimismo  la  sosa  subcarbonatada,  la 
magnesia,  la  sal  común  y  otras  varias 
cristalizaciones  calcáreas  y  silíceas; 
entra  las  cuales  se  cuenta  el  cristal 
de  roca.  La  pizarra  arcillota  de  dife- 
rentes colores,  las  canteras  de  piedra 
arenisca,  excelente  pan  edificar;  de 
piedra  azul  con  listas  blancas,  espe- 
cial por  su  permanencia  y  vista,  y 
distintas  clases  de  mármoles,  son  co- 
munes á  toda  la  provincia.  —  Las 
aguas  minerales  de  algunos  puntos, 
como  Abales,  AgonctUo,  Joncea,  Gra- 
valos,  Mautilla  y  Torrecilla  de  Came- 
ros gozan  de  mucha  celebridad,  y  se- 
ñaladamente, las  termales  de  Arne- 
dillo. 

10.  Producciones. — Los  considera- 
bles terrenos  yermos  v  baldíos  que 
existen  en  casi  todos  íos  pueblos  de 
este  territorio,  son  ana  de  las  causas 
del  estado  de  decadencia  que  ofrece 
la  agricultura,  sobre  todo  en  la  sierra 
de  Cameros.  Esto  no  obstante,  las 
producciones  son  muchas  y  variadas, 
contándose,  en  primer  término,  el 
trigo,  el  centeno,  el  cáñamo,  cebada, 
habas,  habichuelas  y  otras  clases  de 
legumbres;  aceite,  vino  exquisito, 
frutas  sabrosísimas,  algo  de  seda, 
lino,  patatas,  miel,  cera,  muchas  es- 
pecies de  hortalizas,  entre  las  que  se 
distinguen  los  pimientos  por  su  ma^ 
nitud  y  dulzura,  y  en  algunos  térmi- 
nos, castañas  y  algarrobas. — En  las 
cimas  de  muchas  montañas,  sitios 
sombríos,  en  las  laderas,  faldas  y  pa- 
rajes más  soleados,  se  crían  hayas  y 
robles;  y  en  los  puntos  más  culmi- 
nantes, entre  alguna  .que  otra  plan- 
ta, multitud  de  hierbas  medicinales. 


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cría  de  ganado  lanar  fino  jr  común 
es  de  considerad ód;  el  de  cerda,  el 
vacuno,  el  cabrío  j  caballar,  no  me- 
ndt  impoitanta.  La  caza,  variada  j 
numero»;  la  pesca,  excelente  7  abun- 
dante en  los  ríos  Bbro,  Neila,  Tirón, 
Qja»  Iregoa  7  otros. 

11.  Indiairia. — La  fabril,  &  pesar 
da  no  hallarse  todo  lo  extendida  j 
adelantada  que  puede  esperarse  de 
este  paÍB,  cuenta  muchas  7  buenas 
fábricas  de  paños  finos,  entrefinos,  or- 
dinarios j  bastos,  de  lona,  lienzos, 
sombreros,  curtidos,  clavazón,  herra- 
mientas, aguardientes,  licores,  agua 
de  colonia,  papel,  naipes,  jabón,  ha- 
rinas, vidriado,  loza  fína  y  objetos  de 
pasamanería,  ebanistería  y  sillería; 
multitud  de  telares  de  lino  j  cáñamo, 
máquinas  para  cardar,  hilar,  tundir 
j  perchar;  alfarerías  ordinarias,  tejas 
j  moUiios  de  chocolate. 

12.  Comercio. — En  otro  tiempo, 
cuando  entre  las  Provincias  Vascon- 
^dasj  de  Navarra,  en  virtud  de  los 
tueros  especiales  por  que  se  regían, 
era  completamente  libre  la  importa- 
cidn  j  exportación  de  todos  los  artícu- 
los, así  nacionales  como  extranjeros, 
el  comercio  de  la  de  LogroRo  llegó  á 
ser  bastante  considerable,  pues  su  si- 
tuación topoffráñca  le  constituía  como 
el  centro  de  las  operaciones  mercan- 
tiles entre  las  expresadas  provincias 
j  las  dos  Castillas.  Esto  le  proporcio- 
naba dos  ventajas:  la  inversión  de  al- 
gunos capitales  sobrantes,  que  entra- 
ban en  circulacidn,  j  la  salida  de  sus 
productos  agrícolas  é  industriales,  al 
abrigo  de  las  referidas  transacciones. 
Con  el  establecimiento  de  las  adua- 
nas en  las  cuatro  provincias  exentas, 
quedaron  éstas  niveladas  con  la»  res- 
tantes del  litoral  j  Antera  de  la  Pe- 
nínsula, en  cuanto  á  las  leyes  restric- 
tivas de  comercio;  j  desde  aquella 
fecha,  como  era  consiguiente  a  una 
comarca  central,  quedó  el  de  Loobo- 
Ko  reducido  al  cambio  de  frutos  por 
frutos,  j  á  la  extracción,  para  las 
provincias  limítrofes,  de  las  produc- 
ciones de  su  industria. 

13.  Ferias. — Las  de  este  país,  que, 
dicho  sea  de  paso,  no  ha  sido  en  esta 
parte  de  los  más  favorecidos  de  Espa- 
ña, se  reducen  á  las  siguientes:  las 
de  LoaRoÑo,  Haro,  Ameno  j  Néjera, 
que  tienen  lugar,  respectivamente, 
en  los  días  1.",  8, 25  7  29  de  Septiem- 
bre; las  de  Calahorra,  en  3  de  Marzo 
7  31  de  Agosto»  7  las  de  Santo  Do- 
mingo da  u  Calzada,  en  19  de  Marzo 

8  de  Diciembre:  entre  los  principa- 
es  artículos  que  en  ellas  se  venden, 
figuran  los  granos,  legumbres,  quin- 
calla, espartería,  hilazas,  alfarería, 
paños  del  país,  géneros  catalanes  7 
ganados  de  todas  especies. 

14.  Carácter  de  loi  habitantes, — Los 
riojanos  son,  por  lo  común,  nobles, 
trancos  7  pundonorosos,  como  el  res- 
to de  los  naturales  de  Castilla;  bené- 
ficos, hospitalarios,  respetuosos  para 
con  las  autoridades  7  fieles  observa- 
dores de  la  le7. 

15.  LooEORo.— Capital  do  la  pro- 
Tínei*,  eomandanda  militar  7  parti- 


do judicial  de  su  nombre;  audiencia 
7  capitanía  general  de  Burgos  7  dió- 
cesis de  Calahorra.  Se  encuentra  si- 
tuada á  los  42°  27'  de  latitud  Norte 
7  r  14'  45"  de  longitud  Este  del 
meridiano  de  Madrid,  sobre  la  orilla 
derecha  del  Ebro,  en  ana  hermosa 
llanura,  próxima  7a  á  los  confínes  de 
Castilla  7  de  Navarra.  El  clima  es 
benigno  por  lo  general.  La  tempera- 
tura máxima  no  excede  de  los  30* 
Reaumur;  la  mínima,  no  pasa  de  los 
3°  bajo  cero:  el  cielo  se  ostenta  diáfa- 
no en  el  estío,  brumoso  en  el  invier- 
no. Las  enfermedades  endémicas  son 
completamente  desconocidas.  El  te- 
rreno es  de  buena  calidad,  susceptible 
de  toda  clase  de  cultivos,  excepto  los 
agrios.  La  campiña,  que  divide  el 
termino,  amenizada  por  la  Iregua, 
que  pasa  á  corta  distancia  por  la  parte 
occidental,  es  deliciosa  7  feracísima. 
Entre  sus  producciones,  citaremos  el 
trigo,  la  cebada,  el  centeno,  avena, 
vino,  aceite,  legumbres  de  todas  cla- 
ses, riquísimas  frutas  7  algo  de  lino 
7  cáñamo;  cría  de  ganado  lanar  7  ca- 
brío; poca  caza  7  oastante  pesca  de 
anguilas  7  madrillas  en  los  ríos.  La 
industria  está  representada  por  varias 
fábricas  de  curtidos,  de  sombreros, 
de  sillas,  de  velas  de  sebo  7  de  aguar- 
dientes; telares  de  lienzos  de  lino  7 
cáñamo,  molinos  harineros,  ebaniste- 
rías, platerías  7  demás  artes  7  ofi- 
cios necesarios.  Aunque  la  agricultu- 
ra constitu7e  la  principal  riqueza  de 
la  capital,  el  giro  7  el  comercio  <^ue 
su  vecindario  sostiene  con  las  provin- 
cias confinantes  es,  no  obstante,  de 
alguna  consideración. 

16.  Interior  de  la  ^«¿¿«úffi.— Esta 
ciudad  alcanzó  antiguamente  una  in- 
mensa importancia.  Sus  calles  son 
algo  tortuosas;  las  entradas  por  sus 
extremos,  notables:  las  mejores  apa- 
recen cortadas  perpendicularmente  por 
otras,  7  se  extienden  hacia  el  Ebro 
por  un  plano  inclinado.  La  variedad 
que  se  observa  en  la  construcción  de 
sus  casas,  demuestra  que  la  ciudad 
ha  sido  formada  en  distintas  épocas: 
las  de  la  parte  denominada  Rúa  vieja^ 
la  más  próxima  al  rio,  son  antiquísi- 
mas: las  de  las  calles  Mayor  7  de  Vi- 
llanueva,  las  de  los  Portales  y  Merca- 
dOf  de  construcción  moderna.  La  más 
importante  de  sus  plazas,  llamada  de 
La  Redonda,  se  distingue  por  la  mag^ 
nificencia  de  sus  edificios,  de  nueva 
planta  7  por  el  estilo  7  gusto  de  los 
de  la  Corte. — ^La  capital  de  LoqeoRo 
se  halla  distante  98  kilómetros  de 
Burgos  7  374  de  Madrid :  es  residen- 
cia de  las  autoridades  civiles  7  mili- 
tares, 7  contiene  13.888  habitantes, 
teatro,  instituto,  casa  de  misericor- 
dia, de  niños  expósitos,  hospital,  se- 
minario conciliar,  escuela  normal  7 
de  primera  enseñanza,  liceo  artístico 
y  literario,  7  otros  edificios  públicos 
de  mérito  indiscutible. 

17.  Curiosidades  artísticas. — Entre 
los  monumentos  curiosos  que  posee 
esta  ciudad  7  que  merecen  ser  visita- 
dos, figun,  en  primera  línea,  la  igle- 
sia dfl  SsAta  Muía  de  Palacio,  con 


una  torre  piramidal,  ^ne  se  eleva  des- 
de el  centro  del  edificio  sobre  200 
piés  geométricos:  fué  edificada,  99— 
gún  tradición  mny  antigua,  por  or- 
den de  Constantino  el  Orande,  en  cnjA 
memoria  lleva  siempre  el  título  de 
iglesia  imperial.  En  opinión  de  los 
inteligentes,  este  grandioso  templo 
cuenta  más  de  mil  aflos  de  existen- 
cia. La  iglesia  de  Santiago  es  toda  de 
piedra;  está  edificada  con  la  ma7or 
valentía  de  arte;  tiene  120  pasos  de 
largo  por  60  de  ancho,  formando  una 
sola  nave  sin  pilar  alguno,  7  ha  sido 
incluida  en  el  número  de  las  obras 
maestras. — La  suprimida  parroquia 
de  San  Bartolomé  es  quizás  la  segun- 
da en  antigüedad;  cuenta  de  ocno  á 
nueve  siglos,  7  por  ser  toda  ella  de 
piedra  labrada  ha  podido  conservarse 
hasta  el  día:  la  portada  es  de  arqui- 
tectura gótico-bizantina. — Son,  por 
último,  Igualmente  dignos  de  men- 
cionarse Tas  hermosas  ruinas  do  un 
antiguo  castillo  7  el  magnífico  puen- 
te de  12  arcos,  guarnecidos  de  .tres 
fortificaciones  7  de  236  metros  de  lar- 
go, que  se  ve  sobre  el  Bbro,  i  cuja 
cabeza  se  encuentra  la  población,  el 
cual  fué  construido  en  1138  por  el 
ermitaño  San  Juan  de  Ortega. — Los 
paseos  de  los  alrededores  de  la  capi- 
tal son  bellísimos  7  elegantes. 

18.  Poblaciones. — La  provincia  de 
LooBOtío,  conocida  vulgarmente  con 
el  nombre  de  la  Rioja,  cuenta  entre 
sus  pueblos  de  alguna  consideraciiSn: 
á  Calahorra^  ciudad  episcopal,  patria 
de  Quintilíano,  fundada  sobre  el  Ci- 
dacos,  con  7.223  almas,  seminario 
conciliar,  catedral,  establecimientos 
de  beneficencia  7  antigüedades  roma- 
nas; Haro,  asentada  sobre  el  Ebro, 
en  la  comarca  más  productivaj  con 
6.353  habitantes,  fértil  campiña  7 
minas  de  cobre;  Álfaro,  ciudad  &- 
mosa  por  las  Cortes  en  ella  celebra- 
das durante  el  reinado  de  Sancho  el 
Bravo,  situada  sobre  el  Alhama,  con 
5.638  habitantes,  fábricas  de  paños 
7  de  jabón;  Certera  del  Río  AíMama, 
villa  industriosa,  sobre  el  río  de  su 
nombre,  con  4.314  almas,  campo  fe- 
raz, fábricas  de  tejidos  7  aguas  me- 
dicinales; Santo  Domingo  de  la  Cal' 
zada,  en  país  abundantísimo,  con 
4.071  habitantes,  hermoso  palacio  7 
manu&cturas  de  paños;  ArnedOt  pe- 
queña ciudad,  con  3.762  almas  7  fa- 
bricación de  aguardientes;  Rnonet, 
con  3.026  habitantes,  destilatorios  de 
aguardientes  7  considerable  exporta- 
ción de  vinos;  Micaray,  villa  céle- 
bre por  sus  manufacturas  de  paños 
finos,  con  2.603  almas;  Nájera,  coa 
2.548,  frondosa  vega,  residencia,  en 
otro  tiempo  de  los  leyes  de  Navarra  7 
memorable  por  sus  fueros  7  por  la 
batalla  que  se  dió  allí  entre  Oon  Pe- 
dro 1  de  Castilla  7  su  hermano  Don 
Eañque;  A ntol,  situada  sobre  el  Ci- 
dacos,  á  45  kilómetros  Sudeste  de  Lo- 
groño, con  2.477  almas;  San  Vicen- 
te de  Sonsierra,  villa  edificada  sobre 
la  margen  izq^uierda  del  río  Bbro, 
con  2.450  habitantes;  Munilla,  con 
2.432,  fábricas  de  paños  comunes,  tin- 


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torerías  j  mercado  todos  los  domia- 
gos;  ÁQuilar  del  Rio  Alhama,  con 
!lj.(>41  almas,  dos  escuelas  j  tres  igle- 
sias; Torrecilla  de  Cameros,  villa  rí- 
qoísima,  coa  1.859  habitautes,  fábri- 
cas de  paños  y  buen  lavadero  de  la- 
nas; Arnedillo,  famosa  por  sus  pa- 
ños, con  1.300  almas  y  fuentes  me- 
dicinales; Grávalos,  con  1.300  habi- 
tantes j  aguas  sulfurosas;  Fnciso,  con 
1.041  almas,  y  Abalas,  con  700,  am- 
bas con  aguas  minerales;  y  Claaijo, 
notable  por  la  batalla  de  su  nombre, 
dada  en  sus  cercanías  contra  los  mu- 
sulmanes. 

19.  Hisíoria,  —  Los  padres  de  la 
geografía  j  algunos  doctísimós  escri- 
tores baa  aventurado,  acerca  del  ori- 
gen y  ñmdación  de  LoasoÑo,  las  con- 
jetaras xaia  opuestas  y  eontradicto- 
.riai.  Sin  embargo,  la  ciudad,  según 
g^eneral  opinión,  es  antiquísima,  pues- 
to que  existía  ^a  en  tiempo  de  los  ro- 
manos; llegó  a  ser  punto  de  gran  co- 
mercio por  el  rio  Ebro,  que  conducía 
hasta  ella  las  embarcaciones  del  Me- 
diterráneo, y  se  llamó  Varia,  de  donde 
tomó  el  nombre  el  actual  barrio  de 
Varea,  el  m  'is  antiguo  de  la  población 
que  nos  ocupa.  Üel  poder  de  los  ro- 
manos pasó  al  de  los  ^odos;  y  de  és- 
tos, á  los  árabes,  contándose  entre  los 
diferentes  pueblos  que  reconquistaron 
los  cristianos  por  los  años  de  755  á 
756.  La  aparición  del  nombre  de  esta 
ciudad  en  muchos  documentos  de  fe- 
cha muy  remota,  viene  &  destruir  por 
completo  la  opinión  da  los  autores 
que,  coQsideraudoU  moderna,  han 
atáboído  su  fundación  á  los  condes 
Don  Qarcía  y  Doña  Urraca,  bajo  el 
teioado  d«  Alonso  VI,  confundiendo, 
sin  duda,  la  repoblación  con  la  fun- 
dación. Según  Llórente,  los  monar- 
cas de  Pamplona  Don  García  IV  y  su 
esposa  Doña  Teresa  hicieron  dona- 
ciÓB  de  las  villas  de  Loonoflo  y  Asa 
áSan  Millán  de  la  Cogulla,  año  926; 
pasando,  en  1054,  al  dominio  de  Don 
Sancho,  hijo  de  Don  García.  En  la 
esentura  229  del  tomo  sexto  de  la  co- 
lección de  documentos  del  archivo  de 
Simancas, se  lee,fírmado  como  testigo: 
teijndicio  JudicanU  Domino  Martino, 
OwinaíortnLueronio»  (año  de  1056); 
en  la  señalada  con  el  número  238,  fir- 
ma: i$e»ior  Gomiz  Zorraquin,  Domina- 
twLogntño  testis»  (año  1064);  en  una 
tercera, DÚmero214,se  dice:  «accepiea; 
wAh  in  mutua  alia  pieza  in  via  de  Lucro- 
devaníe  sanca  Mickaeh  (año  1073), 
J  en  otra,  número  253,  sin  fecha:  mita 
pina  jusío  rigo  de  Sancii  Maríini;  et 
'  "«a  de  mercaío  ¿ucronÍo;>  y  más  ade- 
lante: tfiuas  piezas  petrosas  in  via  de 
íacf MÍO.  I.  Por  último,  en  otras  varias 
escrituras,  aparece  igualmente  con- 
firmada la  anterior  existencia  de  Lo- 
ORoSo,  figurando,  no  como  un  lugar 
cualquiera,  sino  como  un  pueblo  prin- 
'^P*li  cujas  autoridades  se  encuen- 
tran firmando  las  donaciones  reales, 
«•"Míe  Te  en  los  testos  de  las  escrí- 
tw«,  números  214  y  229,  cujos  pá- 
fíafos hemos  transcrito,  y  esta  última, 
Mn  h  cláusula  especial  de  tjudicio 
iWKttíí.»  Muerto  Don  Sancho  de  Pe- 


ñalén,  en  Junio  de  1076,  v  como  Don 
Sancho  de  Aragón  se  apoderase  de  loa 
Estados  de  Pamplona,  se  aplicó  el  rei- 
no de  Nájera  Don  Alonso  VI  de  Cas- 
tilla, cujo  monarca,  después  que  los 
ja  citados  condes  Don  García  y  Doña 
Urraca  hubieron  mejorado  la  pobla- 
ción, se  otorgó,  en  1095,  el  famoso 
fuero  de  que  habla  Marina  en  su  en- 
aajo  histórico  sobre  la  antigua  legis- 
lación. A  partir  de  esta  época,  empe- 
zó á  prosperar  la  ciudad  de  Looroño, 
merced  á  sus  lejes  francas,  contribu- 
yendo asimismo  á  aquella  prosperi- 
dad su  situación,  la  hermosura  de  su 
cielo  y  la  fertilidad  de  sus  campiñas. 
Las  vicisitudes  y  trastornos  que  trajo 
sobre  todo  el  país  la  muerte  de  Don 
Sancho  de  Peñalén,  alcanzaron  igual- 
mente á  esta  población,  la  cual,  víc- 
tima dfr  empeñadas  contiendas  entre 
los  rejes  de  Aragón,  Castilla  y  Na- 
varra, fué  pasando  sucesivamente  á 
poder  de  varios  soberanos,  entre  los 
que  figuran:  Don  Alonso  el  Batallador; 
Don  Alonso  VII,  hijo  de  Doña  Urraca 
de  Castilla;  Don  Sancho  VII,  llamado 
el  Salto;  Don  Alonso  VIII;  Don  Alfon- 
so X;  Don  Pedro  I,  apellidado  el 
Cruel;  el  papa  Gregorio  XI,  que  la 

fosejó  en  depósito,  hasta  el  año  de 
373,  en  que  se  hizo  entrega  de  la 
ciudad  á  Don  Enrique  de  Trasla- 
mara,  quedando  definitivamente  in- 
corporada ú  la  corona  de  Castilla. 
En  1410  celebró  sínodo  en  Logroño 
el  obispo  de  Calahorra,  don  Diego 
de  Zúñiga;  y  por  esta  misma  épocale 
otorgó  el  rey  Don  Juan  II  títulos  de 

UVr  NOBLE  T  líUT  LBAL,  T  VOtO  en 

Cortes,  que  uo  conservó.  Durante  el 
reinado  de  Enrique  IV,  apoderáronse 
nuevamente  los  navarros  de  esta  ciu- 
dad, la  cual  fué  recuperada  en  breve 
tiempo  por  aquel  monarca,  auxiliado 
de  dnn  Pedro  Girún,  gran  maestre  de 
Calatrava.  Otro  hecho  glorioso  regis- 
tra la  historia  de  este  pueblo,  el  cual 
celebra  en  el  día  de  san  Bernabé:  en 
25  de  Majo  de  1521,  se  vió  atacada  la 
ciudad  por  un  fuerte  tren  de  artille- 
ría y  un  formidable  ejército  francés, 
que,  al  mando  del  general  Asperrós, 
acababa  de  apoderarse  de  Pamplona  j 
de  toda  Navarra:  los-  sitiados,  llenos 
de  amor  patrio,  resistían  los  ataques 
de  los  invasores  con  gran  tesón  y  va- 
lentía, j  en  tanto  la  nobleza  castella- 
na, puesta  al  frente  de  algunos  ter- 
cios escogidos,  derrotaba  á  aquel  ejér- 
cito en  el  llano  de  Es(juiroz,  causán- 
dole una  pérdida  de  b.OOO  hombres, 
bagajes  j  artillería,  j  haciendo  prisio- 
nero al  general  que  lo  mandaba.  Por 
este  famoso  hecho  de  armas,  el  empe- 
rador Carlos  V  mandó  añadir  tres  ño- 
res de  lis  á  las  armas  de  LoOROflo, 
Esta  ciudad  fué  una  de  las  que  más 
sufrieron  durante  la  guerra  de  la  In- 
dependencia: en  1808  se  apoderó  de 
la  plaza  el  general  Verdier  con  dos 
batallones,  después  de  haber  arcabu- 
ceado á  los  principales  autores  del  al- 
zamiento de  LoQBOfío  contra  el  ejér- 
cito invasor,  en  donde  permaneció 
éste  hasta  el  24  de  Junio  de  1813,  en 
que  la  abandonó  «1  general  Clausel, 


seguido  de  toda  la  guarnición.  En 
18  de  Abril  de  1823,  volvió  á  caer  da 
nuevo  en  poder  de  los  franceses:  en 
Octubre  de  1833,  tuvo  lu^r  una  in- 
surrección realista,  dirigida  por  don 
Santos  Ladrón,  que  el  gobernador 
militar  de  la  plaza  no  supo  reprimir: 
en  10  de  Marzo  de  1831,  invadieron 
la  población  sobre  1.500  carlistas,  ca- 
pitaneados por  Iturralde;  j  en  27  de 
Abril  de  1835,  puso  su  firma  el  gene- 
ral Valdés  al  pie  del  tratado  de  Eliot, 
que  el  general  carlista  Zumalacárre- 

fui  firmó  en  Artaza  al  siguiente  día. 
n  1838,  estableció  Espartero  en  Lo- 
groño sd  cuartel  general,  j,  final- 
mente, en  1845,  mandó  fusilar  Villa- 
longa,  dentro  de  eua  muros,  lü  esfor- 
zado campeón  de  la  libertad,  don 
Martín  Zurbano. 

20.  Personajes  célebres* — Entre  los 
muchos  personajes  célebres  que  esta 
ilustre  ciudad  cuenta  por  hijos,  figu- 
ran los  cardenales  Aguirre  y  Salazar; 
el  arzobispo  de  Luna,  señor  de  So- 
lohaga;  el  de  Tarragona  y  Burgos, 
señor  de  Samaníego;  el  obispo  de 
Marruecos,  señor  Espinosa;  el  de  Bar- 
bastro  j  Plasencia,  don  Francisco  An- 
tonio de  Bustamante;  el  de  León,  don 
José  de  Vergara;  don  José  de  Salazar, 
teniente  general  de  caballería,  cono- 
cido con  el  sobrenombre  del  Cid  de  la 
Rioja,  el  cual  militó  por  espacio  de 
cuarenta  años  en  las  guerras  de  Flan- 
des,  Portugal,  Aragón,  Valencia  j 
Cataluña;  el  excelentísimo  señor  don 
Jacinto  de  Seguróla,  capitán  general 
de  los  ejércitos  de  mar  y  tierra  en 
tiempos  de  Fernando  VI;  don  José 
Carlos  Ramírez  de  Arellano,  bizarro 
coronel,  que  se  distinguió  en  la  gue- 
rra de  Italia  y  murió  en  Roma;  don 
Alonso  de  Mena  j  don  Alonso  de  Na- 
varrete,  de  la  ilustre  casa  de  don  José 
Bustamante  j  Lojola,  camarero  del 
rej;  el  padre  Mendo;  el  jesuita  Arria- 
ga;  don  Pedro  Logroño;  el  maestro 
Ortuño;  los  célebres  artistas  don  An- 
drés García,  don  José  de  Mendoza  j 
don  Juan  Fernandez  Navarrete,  el 
Mudo,  pintor  de  cámara  de  Felipe  II; 
la  excelentísima  señora  doña  Jacinta 
Martínez  Sicilia  de  Espartero,  esposa 
del  invicto  duque  de  la  Victona  y 
conde  de  Morella;  del  famoso  poeta 
don  Francisco  López  de  Zárate  j  de 
don  José  Orive,  teniente  general  de 
los  ejércitos  nacionales. 

21.  Heráldica. — Las  armas  de  Lo- 
groño representan,  sobre  el  río  Ebro, 
un  puente  con  tres  torres,  y  en  la 
bordadura  del  escudo,  tres  flores  de 
lis  de  oro  en  campo  azul. 

ETiHOLOofA.  Latín  LucronXum,  ii; 
Veria^  a;  Juliohriga,  a. 

Loguar.  Masculino  anticuado.  Lu- 
aA,R. 

Logner.  Masculino  anticuado.  El 
salario,  premio  ó  alquiler. 

ExiMOLOOfA.  Loguero, 

Loguero.  Masculino  anticuado. 
LoauER.  I  Anticuado.  El  jornal  ó  sa- 
lario de  un  día  que  gana  un  peón. 

EtuiolooU.  Logar, 

Lohongo.  Masculino.  Abutarda  de 
la  Arabia. 


TOMO  m 


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GSogle 


474  LOLI 

Lolmico,  ca.  Adjetivo,  üediána. 
Pestilencial. 

Etimología.  Grieg;o  \*n^  (loimét), 
peste:  francés,  loímt^ve. 

Loimo^rafía.  Femenino.  Medici- 
na. Descripción  de  lu  enfermedades 
contagiosas. 

EtimolooÍa.  Gjiego  loimós,  peste, 
j  grap&ein,  describir:  francés,  loimo- 
graphie. 

Loimoffráfico,  ca.  Adjetivo.  Con- 
cerniente a  la  loimograña. 

ETiuoLoaÍA.  Loimografia:  francés, 
lolnographiq^e. 

Loim&^afo,  fa.  Masculino  j  fe- 
menino. La  persona  que  escribe  sobre 
lotmoe-rafia. 

Loxmologia.  Femenino,  Medicina. 
Tratado  sobre  las  enforme^ades  con- 
tagiosas. 

BTiHOLoaÍA..  Griego  loimós,  peste, 
y  lógos,  tratado:  francés,  loimologie* 

Loimológico,  ca.  Masculino  j  fe- 
menino. Concerniente  á  la  loimología. 

KtiuolooÍa.  Loimologia:  firancés, 
loimologique, 

Loimologo,  ga.  Masculino  y  fe- 
menino. El  autor  de  una  loimología. 

Loímópira.  Fiebre  pestilencial. 

EtuiologU.  Griego  loimdi,  peste, 
T  pi/ros,  genitivo  de  jMfr,  fuego,  fie- 
bre: francés,  lotmopyrt, 

Loira.  Masculino.  Get^rafía,  R{o 
caudaloso  de  Fnmcia,  que  desemboca 
en  el  Océano. 

Etuiolooía.  Latín  Ladus. 

1.  Loja.  Femenino.  Locha,  pez, 

2.  Loja.  Femenino.  &«(^rd/M.  Ciu- 
ad  importante  j  pintoresca  de  la 

provincia  de  Granada,  célebre  en  la 
historia. 

BxiHOLOofA.  Latín  Loxa:  árabe, 

Locha  (  itXOjJ  ). 

Lokmán.  Célebre  fabulista  árabe, 
q^ue  sus  compatriotas  pretenden  haber 
sido  contemporáneo  de  Salomón  j  al 
que  algunos  sabios  han  oonflindido 
con  este  rey,  suponiendo  que  el  nom- 
bre de  Salomón,  que  enbebreo  sig- 
nifica labio,  pudo  ser  traducido  por  el 
de  LoKHÁH,  que  en  árabe  tiene  un 
sentido  idéntico.  Las  fábulas  del  poe- 
ta árabe,  que  tienen  una  grandísima 
analogía  con  los  apólogos  de  Esopo, 
han  dado  también  lugar  á  que  algu- 
nos críticos,  j  entre  ellos  M,  de  Sacy, 
las  juzguen  imitaciones  del  fabulista 
griego.  La  primera  edición  de  ellas 
fué  publicada  por  Espenius,  en  árabe 
y  en  latín  (Lejrden,  1651).  Otras  han 
sido  hechas  por  Buediger  (Ha ja,  1830), 
y  por  Rask  (Copenha>íue,  1832).  Mar- 
ee! en  1799  j  Caussin  en  1818,  las 
han  publicado  con  la  traducción  fran- 
cesa, así  como  Gallad  que,  en  unión 
de  las  de  Bjrdpay,  las  Imprimió  en 
París  (1714,  2  volúmenes  en  12.*). 

Lola.  Femenino  familiar.  Dolo- 
bes,  nombre  propio  de  mujer. 

Loliáceas.  Femenino  plural.  Bo'- 
tánica.  Nombre  de  una  tribu  de  la  fa- 
milia de  las  gramíneas,  que  tiene  por 
tipo  el  género  zizaña,  jojro  6  comi- 
nillo, 

EmiOLOOÍA.  LoUoi  francés,  UtUa- 
e¿et. 


LOMB 

Loligeno,  na.  Adjetivo.  Que  en- 
gendra calamares. 

Etiuolooía.  Latín  Uftlgo,  el  pez  ca- 
lamar, j  genere,  producir. 

Loliginoso,  sa.  Adjetivo.  Historia 
natural.  Que  participa  de  la  naturale- 
za del  calamar. 

ETiMOLOofA.  Lólogo. 

Lolio.  Masculino  anticuado.  Joro. 

ETiMOLoalA.  La  forma  jogo  es  in- 
correcta. 

Lólogo.  Masculino.  Ictiología. 
Nombre  científico  del  calamar. 

EtíuolooÍa,.  Latín  Idtigo:  francés, 
loligo, 

Meteña. — Plinio  dice:  «pez  que  vue- 
la j  qne  tiene  la  sangre  negra  como 
la  tinta.» 

Lologoideo,  dea.  Adjetivo.  Jctio- 
logia.  Parecido  al  calamar. 

Etimología.  Lólogo  y  etdas,  forma. 

Lom.  Masculino.  Nombre  que  dan 
los  chinos  al  dragón  con  cinco  uñas, 
que  pintan  en  las  telas  destinadas  al 
emperador. 

Loma.  Femenino.  Altura  pequeña 
j  prolongada. 

Etimología.  Lomo.  La  loma  es  un 
lomo  de  tierra,  como  el  lomo  es  una 
loma  de  carne  j  hueso. — «Colina,  co- 
llado ó  altura,  de  tierra,  que  se  le- 
vanta en  los  llanos.  Llamóse  así  por 
la  semejanza  que  tiene  con  el  lomo.» 
(AcADBiUA,  Dtceionario  de  1726.) 

Lomar.  Activo,  ffermania.  Dar. 

Lomaso.  Masculino  anticuado. 
Clavo  de  puerta. 

Lomatino,  na.  Adjetivo.  Zoología. 
Epíteto  de  los  dedos  de  los  mamíferos 
j  de  las  aves,  cuando  están  uuidos 
por  una  membrana  lateral. 

Etimoloqía.  Griego  loma,  franja; 
Idmátion,  franja  pequeña. 

Lomatófilo,  la.  Adjetivo,  Botáni- 
ca. Que  tiene  los  bordes  de  la  hoja 
de  diferente  naturaleza  que  la  hoja 
misma. 

Btuiolooí^.  Griego  loma,  franca, 
orla  del  vestido,  j  phgllM,  hoja: 

Xtü(xa  tpúXXov, 

Lomatorriceo,  cea.  Adjetivo.  Bo- 
tánica. Epíteto  de  las  plantas  cujas 
raíces  están  guarnecidas  de  un  borde. 

Etuiolooía..  Griego  loma,  franja, 
y  rhiza,  raíz:  Xü;^  ^t^a. 

Lombagia.  Femenino.  Medicina, 
Debilidad  de  los  ríñones. 

Etimología.  Lumbos. 

Lombágico,  ca.  Adjetivo.  Concer* 
niente  á  la  lombagia. 

Lombarda.  Femenino.  Cañón  de 
artillería  de  varios  calibres,  de  que  se 
usó  antiguamautb  para  arrojar  pie- 
dras de  enorme  peso.  ¡  Variedad  de 
berza  muj  seiqejante  ai  repollo,  pero 
no  tan  cerrada,  v  de  color  encendido 
que  tira  á  morado. 

Etimología.  Lombardia:  catalán, 
llombarda. — «Cierto  género  de  escope- 
ta, de  que  se  usaba  en  lo  antiguo,  á 
la  que  se  dio  este  nombre  por  haber- 
se traído  las  primeras  de  ZoMÍar- 
í¿ío.*(AcADEMiA,  Diccionario  de  1726.) 
^Aprestar  y  llevar  seis  tiros  gruesos, 
que  nuestros  coronístas  llaman  Lom^ 
bardat,  creo  de  Lombardia,  de  donde 
vinieron  primero  &  Bspafia,  6  porque 


LOMB 

allí  86  inventaron.»  (Mariana,  Bist0~ 

ria  de  España,  libro  19,  capítulo  i 4.) 

Lombarda  (lioa).  ffistoria.  1.  De 
intento  hemos  omitido  hablar  de  ella 
en  nuestro  artículo  lioa,  porque  su 
importancia  j  e&tensión  requieren  ar^ 
tículo  especial. 

2.  La  LIOA  lombarda  nació  en  el 
monasterio  de  Puntido,  entre  Milán  j 
Bérgamo,  el  7  de  Abril  de  1767,  bajo 
el  patronato  del  papa  Alejandro  lU. 

3.  Su  fin  era  la  defensa  de  la  inde- 
pendencia italiana  contra  las  preten- 
siones del  emperador  Federico  I  Bar- 
barroja. 

4.  Al  principio  sólo  contó  con  algu- 
nas ciudades  güetfas,  Bérgamo,  Bres- 
cia,  Cremona,  Mantua,  Verona,  Tre- 
visa;  y  con  los  habitantes  de  Milán, 

oco  menos  que  destrufda  por  los  gi- 
elinos,  aliados  de  Federico. 

5.  Pronto  contó  con  otras  nueva 
ciudades;  y  posteriormente,  con  cinco 
más,  y  no  dejó  al  emperador,  en  el 
Norte  de  la  Italia,  más  que  dos  ciuda- 
des aliadas, 

6.  Para  cortar  las  comunicaciones 
entre  los  territorios,  los  lombardos 
fundaron  la  ciudad  de  Alejandría,  en 
honor  de  Alejandro  III. 

7.  Después  de  la  marcha  precipita- 
da del  emperador,  y  durante  su  au- 
sencia de  seis  años,  la  uqa  se  exten- 
dió por  todas  partes,  jr'recibió  el  ju- 
ramento de  Ravena,  de  Rímini,  de 
Imola,  de  Forli,  que  no  habían  toma- 
do parte  activa  en  la  guerra  de  la  li- 
bertad. 

8.  Barbarroja,  forzado  á  abandonar 
á  Alejandría  y  derrotado  en  Legna- 
no,  se  viú  obligado  por  los  lombardos 
á  firmar  la  tregua  de  Yenecia  (1177), 
se  llegó  (Jumo  de  1183)  á  la  paz  de 
Constanza,  y  hubo  de  reconocer  la  in- 
dependencia V  los  derechos  de  las  ciu- 
dades lombardas. 

9.  La  ciudad  de  Gomo  Iiabfa  abra- 
zado la  causa  común  (1176),  en  tanto 

?ue  Cremona  v  Tortosa,  la  misma 
mola  y  Alejandría,  habían  concluido 
por  una  paz  perpetua. 

10.  Una  segunda  lioa  loubarda  se 
formó  el  3  de  Marzo  de  \'¿'¿ñ,  cuando 
el  emperador  Federico  II,  igualmente 
ambicioso,  revindicó  la  corona  de  Ita- 
lia, habiéndose  establecido  por  veinti- 
cinco años  y  entre  25  ciudades. 

11.  Privada  de  algunas  ciudades 

fior  los  -triunfos  del  emperador  ó  de 
os  gibelinos;  derrotada  alguna  vez 
por  Federico,  pero  siempre  sostenida 
por  los  pontífices  Gregorio  IX  é  Ino- 
cente IV,  la  UOA  LOMBARDA  triuufó, 

por  fin,  de  su  enemigo,  ante  los  mu- 
ros de  la  ciudad  de  Parma,  oue  sitia- 
ba; arrasó  la  de  Viterbo,  ae  que  se 
había  apoderado,  hizo  prisionero  &  su 
hijo  y  redujo  á  Federico  á  retirarse 
al  reino  de  Nápoles,  donde  murió  en 
1250. 

Lombardada,  Femenino.  Tiro  que 
dispara  la  lombarda, 

Lombardear.  Activo.  Disparar  las 
lombardas  contra  algún  sitio  ó  edi- 
ficio. 

ETUiOLoaia.Ze»Í0n¿s:  cataláni^- 

hard^ar. 


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LOMB 


LOMO 


LOND  475 


Lombarderia.  Femenino.  Bl  con- 
junto de  ptezM  do  artillería  llamadas 
lombanlas. 

Lomba rdero.  Uascalino,  El  sol^ 
dado  que  tenía  á  au  carg^  dirigir  j 
disparar  las  lombardas. 

LombirdicOfCa.  AdjetÍTo,  Lo  per- 
teneciente á  Lombardía. 

Lombardo,  da.  Adjetivo.  El  natu- 
ral de  Lombardía  6  lo  perteneciente  á 
ella. 

BnuoLOOÍA..  Lombardia:  catalán» 
Umbart,  da. 

Lombia  (Juan).  Actory  autor  dra- 
mitico  español,  que  nació  en  Zarago- 
za en  1806  jr  murió  en  1851.  Fué  en 
un  principio  maestro  de  ebanistería, 
basta  que  en  1829,  habiéndose  pre- 
parado por  un  detenido  estudio  j  una 
sólida  instracci<ín  para  tan  singular 
cambio,  trocó  su  honrado  oficio  por  la 
profesión  de  actor,  estrenándose  en  ú 
teatro  de  la  Craz  j  siendo  contratado 
de  alli  á  poco  de  segundo  galán  joven 
para  el  del  Príncipe.  Su  perseveran- 
cia j  su  aplicación  le  granjearon  el 
favor  del  público;  especialmente,  en 
los  papeles  de  carácter,  que  era  don- 
de mas  sobresalía.  Dedicado  al  pro- 
pio tiempo  á  arreglar  producciones 
francesas  para  nuestra  escena  j  á  es- 
cribir algunas  originales,  dejo,  entre 
otras:  Bl  Sitio  d«  Zaragoza:  Él  Trape- 
ro de  Madrid;  El  Avaro;  La  Bolsay  el 
Rastro  y  Bl  Pilludo  de  París,  y  un 
apreciable  arte  de  declamación  con  el 
titulo  de  M  Teatro. 

JResimen,  —  Joan  Loubía  era  un 
hombre  amante  del  saber  j  un  verda- 
dero literato,  cuja  erudición  brillaba 
más  en  sus  conversaciones  que  en  sus 
libros,  como  sí  su  trato  fuese  más 
gastoso  qne  sus  letras.  Considerado 
como  actor,  figurará  siempre  entre 
los  maestros  con  referencia  á  los  pa- 
peles que  pudiéramos  llamar  genia- 
Ut;  sobre  todo,  el  noble  genial  arago- 
nés. Nadie,  como  él,  decía  aquellos 
versos: 

Fwo  («ngo  na  eoru¿a 
Como  de  aqaf  A  Zaragoi», 

;  los  otros  con  que  terminaba  la  och 

media: 

.....A.  Balohite,  A  Balohlta; 
I«a  eotM  no  m  par»  mí, 

Al  morir  el  notable  actor,  á  quien 
tenemos  el  honor  de  consagrar  las 
presentes  líneas,  murió  El  pelo  de  la 
dehesa,  como  sí  se  juntaran  en  este 
ponto  las  sepulturas  de  Lombía  y  Bre- 
tón. Nuestro  personaje  es  de  los  acto- 
res que  nos  han  dejado  una  memoria 
más  íntima  y  profunda,  porque  no 
parece  sino  que  la  fama  tiene  también 
sus  acordes  y  sus  melodías. 

Lombo.  Masculino  anticuado.  Lo- 
ma, sitio  alto. 

Lombricaria.  Femenino.  Botáni- 
ca. Especie  de  alga. 

BTuiOLoaÍA.  Lombritt  por  aemejan- 
u  de  forma:  francés,  lombricaire, 

.  Lombriciforme.  Adjetivo.  Sisto- 
ña  natural.  Que  tiene  forma  de  lom- 
briz. 

BTiMOLoaÍA.  Lombriz  j  forma. 
Lombriguera.  Femenino.  Bl  agu- 


jero que  hacen  en  la  tierra  las  lom- 
brices. 11  Hierba.  Abrótano. 

Lomloriz.  Femenino.  Animal  de 
sangre  roja,  sin  miembros,  con  el 
cuerpo  largo  y  cilindrico,  dividido 
por  arrugas  en  un  gran  ndmero  de 
anillos,  cada  uno  de  los  cuales  tiene 
debajo  pelos  tiesos  y  dirigidos  hacia 
atrás.  II  soLiTABlA.  Solitaria,. 

ETmoLOofA.  Latín  Inm^eus,  quasi 
lubrtctiSj  resbaladizo;  de  Ubi,  estar 
para  caer  (san  Isidoro):  italiano,  lom- 
brico;  francés,  lombric. 

Lombrizal.  Adjetivo.  Que  tiene  la 
forma  de  lombriz. 

Lombroso  (Jacobo).  Hebraizante 
español,  que  vivía  en  la  primera  mi- 
tad del  siglo  xvu.  Publicó  en  Vene- 
cía  en  1639  una  Biblia  en  hebreo, 
may  apreciada  de  los  judíos  de  Bspa- 
ña  y  Levante,  á  causa  de  las  notas  li- 
terales que  contiene  7  á  la  juiciosa 
elección  de  las  interpretaciones. 

Lomear.  Neutro.  Mover  los  caba- 
llos el  lomo,  encorvándolo  con  vio- 
lencia. 

Lomechusa.  Femenino.  Entomolo~ 
gia.  Género  de  insectos  coleópteros. 

Lomentráceo,  cea.  Adjetivo.  Bo- 
tánica. Epíteto  de  las  hojas  cuja  ner- 
vadura central  se  raminca  para  for- 
mar el  limbo. 

Lomera.  Femenino.  La  correa  que 
se  acomoda  en  el  lomo  de  la  caballe- 
ría, para  que  mantenga  en  su  lugar 
las  demás  piezas  de  la  guarnición.  \ 
Provincial.  Caballete  dbl  tbjado. 

Lomica,  lia,  ta.  Femenino  dimi- 
nutivo de  loma. 

Lomico,  Uo,  to.  Masculino  dimi- 
nutivo de  lomo.  |¡  Entre  costureras, 
labor  de  dos  puntadas  cruzadas;  por 
la  cual  empiezan  regularmente  las 
niñas  á  hacer  el  dechado.  |¡  La  parte 
superior  de  las  albardas,  en  la  cual 
por  lo  interior  queda  un  hueco  pro- 
porcionado al  lomo  de  los  animales. 
En  plural,  es  una  especie  de  aparejo 
largo  y  estrecho,  que  se  pone  á  las 
caballerías  cuando  han  de  conducir 
costales  cargados  de  granos. 

Etiuología.  Lomo:  catalán,  Itomeí. 

Lomienhiesto,  ta.  Adjetivo.  Lo- 

KIMHIB  -^TQ. 

Lomilla.  Femenino  diminutivo  de 

loma. 

Lominhiesto,  ta.  Adjetivo.  Alto 
de  lomos.  ¡|  Metáfora.  Engreído,  pre- 
suntuoso. 

Lomo.  Masculino.  La  parte  infe- 
rior de  la  espalda  del  hombre,  que 
comprende  desde  la  cintura  hasta  la 
rabadilla.  Dícese  más  comunmente  en 
plural.  II  En  los  cuadrúpedos,  todo  el 
espinazo  desde  la  cruz  hasta  las  ancas. 
Q  La  parte  del  libro  opuesta  al  corte 
de  las  hojas,  en  la  cual  se  pone  el  ró- 
tulo. II  La  parte  por  donde  se  doblan 
á  lo  largo  de  la  pieza  las  pieles,  tejí- 
dos  y  otras  cosas.  Q  La  tierra  que  le- 
vanta el  arado  entre  sarco  y  surco,  H 
En  los  instrumentos  cortantes  es  la 

Earte  opuesta  al  filo.  |]  Anticuado. 
ouA.  I  Por  antonomasia,  el  del  cer- 
do. II  Plural.  Se  suele  tomar  por  las 
costillas.  B  LoifO  DBsc&RQADO.  El  que 
se  da  con  poca  parte  de  hueso.  |  A 


lomo.  Modo  adverbial  qne  junto  con 
los  verbos  traer,  llevar  y  otros,  signi- 
fica conducir  cargas  en  bestias.  D  Jn- 
aAB  DB  lomo.  Frase  metafórica.  Bstar 
lozano  y  hol^do. 

EtimolooLa.  Lvmbo:  catalán,  llom. 

Lomoso,  sa.  Adjetivo  anticnado. 
Lo  que  pertenece  al  lomo. 

Lomudo,  da.  Adjetivo.  jBl  qne  tie- 
ne grandes  lomos. 

Lona.  Femenino.  Tela  fuerte  de  al- 
godón ó  cáñamo,  para  vela  de  na- 
vios, toldos,  tiendas  de  campaña  y 
otros  usos. 

Etiholooía.  Olona. 

Lonclato.  Masculino.  Especie  de 
tela  de  algodón  blanco  y  azul. 

Loncha.  Femenino.  Piedra  media- 
na, chata  ó  plana,  á  manera  de  ladri- 
llo. ||  Tajada  delgada  de  carne.  Lonja. 

BrxuoLOofa.  Griego  Xirffr^  (lógche), 
lanza,  cuerpo  aplastado;  iplcUim. 

Lóndiga.  Femenino.  Albóndiga. 

Londinense.  Sustantivo  y  adjeti- 
vo. El  natural  y  lo  perteneciente  á 
Londres. 

EtuiolooÍa.  Inglés  London,  Lon- 
dres. 

Londó.  Masculino.  Especie  de  tela 
de  Bretaña. 
Etuiolooía.  Londinense. 

1 .  Londres,  llascnlino  anticuado. 
Paño  ordinario  que  se  fabricaba  en 
España,  parecido  á  uno  traído  de  In- 
glaterra. 

Etiuolooía.  Londres, 

2.  Londres.  Masculino.  Geografía, 
Capital  de  Inglaterra  y  metrópoli  del 
Reino  Unido  de  la  Gran  Bretaña,  ano 
de  los  grandes  portentos  de  la  moder- 
na civilización. 

1.  Situación.—'^'sitL  ciudad,  la  más 
extensa,  rica  y  poblada  de  Europa  y 
la  más  comercial  del  mundo,  se  en- 
cuentra situada  sobre  el  Támesis,  á 
los  51°  30'  49  "  de  latitud  septentrio- 
nal V  3°  35'  3"  de  longitud  orien- 
tal del  meridiano  de  Madrid;  distante 
377  kilómetros  de  dicha  población; 
72,  de  la  embocadura  de  aquel  río, 
y  61,  del  mar  del  Norte. 

2.  Topografía. — El  inmenso  valle 
que  ocupa  la  población  y  que  atravie- 
sa el  Támesis,  presenta  un  suelq  des- 
igual; en  la  parte  Norte,  se  eleva  des- 
de luego  de  una  manera  brusca;  y 
después,  gradualmente,  describiendo 
una  curva  hacia  el  Oeste;  al  Sur,  se 
encuentra  casí  al  nivel  de  aquel  río. 
En  los  alrededores  de  Tothill-Fields, 
al  Mediodía,  y  en  los  de  la  Torre  de 
LoNDBBS,  hacia  el  Oriente,  la  ciudad 
sigue  una  pendiente,  apenas  sensible, 
á  lo  largo  del  Támesis,  y  está  res- 
guardada de  los  vientos  del  Norte  por 
las  colinas  de  Islington,  Highbury, 
Highate  y  Hampstead.  Hacia  el  inte- 
rior del  condado  de  Middlesex.  y  en  el 
de  Surrej,  situado  al  Mediodía,  el  te- 
rreno es  llano  por  lo  general. 

3.  Interior  de  la  poblad^ — La  ciu- 
dad de  LoNDBBS  se  extiepde  en  una 
superficie  de  31.576  hectáreas  (sobre 
treinta  y  un  millones  y  medio  de  me- 
tros de  lado;  31.576.000),  la  cual  divi- 
de el  Támesis  en  dos  partes  desigua- 
les: la  una,  situada  soon  la  margen 


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47G  LOND 


LOND 


LOND 


izquierda,  comprende  Za  CiU,  6  viejo 
Londres,  j  Wc'síminsíer,  abarcando 
lo  uue  güDeralmeate  se  entiende  por 
el  tVestSnd  j  las  grandes  villas  de 
Marjlebone,  de  Finsbury  j  de  To- 
wer-Hamlets;  la  otra,  enclavada  sobre 
la  orilla  derecha,  abraza  las  grandes 
villas  de  Southwark  j  Lambeth.  La 
Cite\  qae  ocapa  casi  el  centro  de  la 
capital,  representa  la  parte  más  anti- 
gua de  la  población  j  constituye  por 
sí  sola  una  ciudad  separada,  con  sus 
leyes,  sus  usos  j  franquicias,  habita- 
da por  los  comerciantes  é  industria- 
les, excepto  los  fíibricantes  de  seda, 

3ue  se  hallan  establecidos  en  el  inme- 
iato  barrio  de  Spitalñelds.  Las  ca- 
lles de  esta  zona  son,  por  lo  general, 
estrechas,  húmedas  j  sombrías.  Al 
Oriente  de  La  Cité,  se  encuentra  el 
nuevo  barrio  de  East-End,  consagrado 
principalmente  al  comercio  marítimo. 
La  ciudad  de  Westminster,  enclavada 
en  la  extremidad  occidental  del  viejo 
Londres,  comprende  los  cuarteles  ó 
barrios  de  Westminster,  de  Tybur- 
nia,  do  Belgravia,  de  Regent  s-Park, 
de  Pimlico,  de  Üropton,  de  Chelsea, 
entre  otros,  j  es  residencia  de  la  cor- 
te, de  la  nobleza,  del  Parlamento,  de 
las  administraciones  j  de  las  familias 
acomodadas.  Southwrk  es  el  barrio  de 
las  manufacturas  j  de  las  fábricas. 
Las  calltis  de  Londres,  cuyo  número , 
pasa  de  9.000,  son  por  lo  común  her- 
mosas, largas,  regulares  y  con  aceras 
de  piedra;  distinguiéndose  las  de  Re- 

ffent's-street,  Oiford-street,  Riccadil- 
y,  Pall-Mall,  Portland-Place,  Tot- 
ttíuham-Court-Road,  el  Strand,  Hol- 
barn,  Oíd  y  New-Bond-street  y  otras; 
de  Blanckwall  á  Chelsea,  atravesando 
la  ciudad  de  Oriente  á  Occidente,  se 
puede  recorrer,  entre  dos  líneas  de 
casas,  una  distancia  de  más  de  11  ki- 
lómetros; y  cruzándola  de  Mediodía  á 
Norte,  desde  Walworth  hasta  Hallo- 
way,  otra  de  siete.  El  suelo  es  de  gra- 
nito de  Kscocia,  r  las  de  mayor  trán- 
sito están  empedradas.  Las  calles  de 
los  barrios  nuevos  son  inmensas;  pero 
ordinariamente  solitarias  y  silencio- 
sas; las  casas,  de  poca  apariencia,  es- 
trechas y  bajas,  están  construidas  do 
ladrillo  y  cubiertas  de  tejas;  las  de 
los  barrios  opulentos,  presentan  un 
aspecto  monumental,  con  columnatas 
y  frontis,  edificadas  también  de  la- 
drillo, pero  oculto  bajo  la  capa  de  una 
materia  que  simula  la  piedra.  Las 
casas  tienen,  generalmente,  da  tres  & 
cinco  pisos, 

4.  MonumeiUos  religiotot  y  civiles, — 
fíajo  el  punto  de  vista  artístico,  los 
monumentos  de  la  ciudad  de  Lon- 
dres, salvas  ligeras  excepciones,  no 
ofrecen  nada  de  notable.  La  mayor 
parte  de  ellos  están  destinados  á  la 
administración,  á  la  industria  y  al 
comercio,  y  su  principal  mérito  con- 
siste en  su  grandiosidad  y  solidez;  en 
este  concepto  ocupan,  con  justicia, 
un  lugar  preferente, — Entre  los  edifi- 
cios religiosos  figura,  en  primera  lí- 
nea, la  catedral  de  ¿San  PaHo,  cons- 
truida, desde  1675  á  1710,  por  el  ar- 
quitecto Cristóbal  Wreu,  y  cuyas 


obras  importaron  747.954  libras  es- 
terlinas, o  sea,  próximamente,  pesetas 
18.Í37.884'50  (72.000.000  do  reales). 
La  fachada  principal  de  este  templo 
presenta  dos  pórticos  y  dos  torres  la- 
terales: la  una,  contiene  un  reloj  cu- 
riosísimo; la  otra,  una  campana  que 
sólo  se  toca  para  anunciar  la  muerte 
de  un  miembro  ds  la  familia  real,  del 
obispo  de  LoNDRBS,  del  deán  de  San 
Pablo  6  del  lord  corregidor.  El  edifi- 
cio tiene  sobre  104  metros  de  eleva- 
ción; y  la  cúpula,  que  se  eleva  ma- 
jestuosamente en  el  centro,  está  ro- 
deada de  32  columnas,  que  sirven  de 
apoyo  a  una  galería  elegantísima.  En 
el  interior  se  admiran  varios  monu- 
mentos y  estatuas;  entre  otras,  la  del 
marqués  de  Coruwallis,  las  de  los 
condes  de  San  Vicente  y  de  Howe,  el 
de  Nelson,  el  de  Wéllington,  el  de 
Abercrombie,  el  d'Howard,  el  de  Jo- 
suad  Reynolds  y  el  del  citado  Cristó- 
bal Wren.  A  la  catedral  de  San  Pablo 
sigue  en  importancia  el  monasterio 
gótico  de  Jpfstminsíer,  antiguo  con* 
vento  de  benedictinos,  edificado  en  el 
siglo  xm  por  Eduardo  el  Coñfgsor,  j 
en  cuyo  recinto  son  coronadosios  mo- 
narcas. Este  edificio  es  también  céle- 
bre por  sus  bóvedas,  bajo  las  cuales 
reposan  los  restos  de  la  mayor  parte 
de  los  grandes  hombres  de  Inglaterra, 
En  la  parte  meridional  se  distinguen: 
el  ánffulo  de  los  poetas,  que  contiene  los 
monumentos  de  Chaucer,  Shakespea- 
re, Butler,  Davenant,  Conley,  Prior, 
Gay,  Thomson,  Goldsmitn,  Gray, 
Southey  y  otros;  la  estatua  de  Addi- 
son  y  los  bustos  de  Milton  y  de  Dry- 
den;  la  capilla  de  Enrique  IV,  á  la 
que  abren  paso  unas  bellísimas  puer- 
tas de  roble,  esculpidas  y  doradas,  y 
la  cual  encierra  los  estandartes  y  las 
sillas  de  los  caballeros  de  la  ordeti  del 
Ba&o,  los  sepulcros  de  Enrique  VII, 
Alaría  Stuardo,  Elisabeth,  Jacobo  I, 
Monk  y  el  de  loa  infortunados  hijos 
de  Enrique  IV;  la  capilla  de  Eduardo 
el  Confesor,  que  contiene  el  túmulo 
de  este  rey  y  los  de  Enrique  III, 
Eduardo  III,  Ricardo  II,  Enrique 
y  los  dos  asientos  de  piedra  que  sir- 
ven para  la  coronación  de  los  sobera- 
nos de  la  Gran  Bretaña.  En  el  lado  del 
Norte  se  ven:  los  monumentos  del  al- 
mirante Vernon,  de  lord  Chathan  y  de 
Varren  Hastings;  las  tumbas  de  Pitt, 
Fox,  Grattan,  Canningy  Castlereagh: 
la  nave  ofrece  las  de  Ken,  Jonson, 
W.  Temple,  Congrevey  otros.  Pueden 
citarse  aún:  la  iglesia  de  Sí.-Step&em 
(San  Esteban),  construcción  hermosa 
del  mencioaado  arquitecto  Cristóbal 
NVren ;  la  de  San  Martin,  la  de  San 
Jorge  y  la  de  San  Gil,  famosa  por  el 
juego  de  12  campanas  y  su  curiosí- 
simo repique,  en  el  cual  se  encuen- 
tran los  sepulcros  de  Milton  y  del  na- 
vegante Frosbisher. — Al  frente  de  los 
edificios  civiles,  figuran  los  palacios 
reales  en  número  de  cuatro:  el  de 
Buckiit^ham  ( Buckingkim-P alare),  le- 
vantado en  tiempo  de  Gregorio  IV  y 
habitado  por  la  reina  Victoria,  en  el 
cual  hay  que  admirar  el  gran  salón 
de  recepciones,  el  salón  \  erde  y  la 


galería  de  cuadros;  el  da  Wkiíehaü, 
morada  de  los  reyes  desde  Enri- 
que VII  hasta  Guillermo  III;  St^—Ja- 
mes,  residencia  de  los  monarcas  des- 
de 1695  á  1837,  y  el  de  Kensingtout 
en  donde  murieron  Guillermo  III,  la 
reina  María,  la  reina  Ana  y  Jorga  III, 
nació  más  tarde  la  reina  Victoria, 
ntre  los  de  la  nobleza»  merecen  es- 
pecial mención:  el  de  Lambeth,  de- 
nominado Lamietk-Patace,  que  ocupa 
el  arzobispo  de  Cantorbery;  el  de 
Lonáon,  que  habita  el  obispo  de  Lon- 
dres; el  de  Apsley,  en  el  que  vivió, 
desde  1820,  el  duque  de  Wéllington; 
el  de  North%mherland,  notable  por  sus 
bellísimos  cuadros,  y  los  de  Stoffordy 
Grosvenor,  Lausdonme,  Bath  y  Sope. 
por  sus  ricas  colecciones  de  pintu- 
ras. 

5.  Bdi^eios piblicos. — Los  más  im- 
portantes son:  el  Parlamento  ó  pala- 
cio de  Westminster,  levantado  sobre 
la  orilla  izquierda  del  Támesís,  entre 
este  río  y  el  monasterio  de  aquel  nom- 
bre, con  una  fachada  de  300  metros 
de  largo  y  tres  torres  elevad  ísi  mas: 
«ontiene  la  Cámara  de  los  lores,  la  de 
los  comunes,  la  galería  real,  ú  sala 
de  San  Esteban  y  otras.  La  Torre  de 
LoNuBss,  residencia  qae  fué  durante 
mucho  tiempo  de  los  antiguos  reyes 
normandos  y  notable  por  los  grandes 
recuerdos  históricos  que  su  vista  des- 
pierta, mide  5  hectáreas  (5,000  me- 
tros de  lado)  de  superficie  y  presenta 
un  conjunto,  una  mezcla  confusa  de 
torres  y  edificios  diversos,  rodeada  de 
un  muro,  de  un  ancho  foso,  lleao  de 
agua,  y  separada  del  Támesis  por  una 
explanada  guarnecida  de  61  piezas 
de  cañón:  sus  obras  dieron  principio 
en  1078,  bajo  Guillermo  el  Conjnisía^ 
djr,  y  quedaron  terminadas  ea  1098: 
ua  incendio  la  destruyó  en  parte 
en  1841;  hoy  está  destinada  i  museo 
de  artilleria,  &  depósito  de  arnuu  y  á 
prisión  de  Estado,  y  en  ella  se  enseña 
todavía  la  cámara  del  infortunado 
Carlos  I.  El  Ouildhallt  6  casa  munici- 
pal de  la  Cité,  fundada  en  1189,  re- 
construida en  1410,  destruida  en  par- 
te por  el  incendio  de  1666  y  reparada 
luego:  Mansion-hottse  (palacio  del  lord 
corregidor),  edificado  en  1739  á  175.3 
y  notable  por  una  hermosa  sala  egip- 
cia: la  Tesorería,  en  cuyo  local  se  en- 
cuentran instaladas  las  oficinas  del 
comercio,  las  del  ministerio  del  Inte- 
rior y  del  Consejo  privado:  la  Bol' 
sa  ( Jíoyal-Exckange),  edificada  desde 
1842  á  1845  y  cuyas  obras  costaron 
180.000  libras  esteriinas  (4.365,000 
pesetas  próximamente).  El  Stok-Sx- 
change,  en  donde  se  cotizan  los  fondos 
públicos  ingleses  y  extranjeros,  las 
acciones  de  ferrocarriles  y  otras  in- 
dustriales: la  aduana  (Castom^ffouse), 
inmenso  edificio  situado  á  orillas  del 
Támesis,  entre  London-Bridge  y  la 
Torre,  en  el  cual  trabajan  sobre  2.300 
empleados;  fué  quemado  en  1814,  re- 
construido y  terminado  en  1817,  y  su 
fachada,  que  tiene  160  metros  de  Ton- 

f;Ítud,  está  si>stenida  por  varias  co- 
umnas  de  orden  iónico;  una  de  sus 
salas  mide  sobre  60  metros  de  largo; 


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d  Poti-ojíee,  administncidn  general 
áe  correos,  situada  en  Cheapside  y 
New^te;  sa  fachada,  de  orden  jóni- 
co, tiene  120  metros  de  largo,  t  sus 
obras  quedaron  terminadas  en  1829: 
•1  Ba*co  de  Inglaterra,  masa  enorme 
de  edificios,  de  forma  mny  irregular, 
empezada  en  1733,  concluida  en  1765 
j  hecha  á  jprueba  de  incendios:  los 
Hofte-gitarat,  edificio  ocupado  por  el 
secretario  de  la  Guerra,  el  comandan- 
te en  jefe,  el  «jrudante  general  j  el 
contramaestre  general:  el  Bast-Jnaia- 
kouie,  kóíel  de  la  Compañía  de  las  In- 
dias orientales,  en  el  qae  se  admira 
UD  curiosísimo  museo  indio:  el  Somer- 
seí4unae,  que  contiene  sobre  900  ofici- 
nas diferentes;  entre  otras,  las  del 
timbre,  del  impuesto,  de  la  renta  in- 
terior, del  almirantazgo  j  de  las  le- 
jes  ds  pobres:  Trinit^-houte,  asiento 
de  una  corporación  que  se  ocupa  de 
los  progresos  de  la  marina;  y,  final- 
mente, la  Casa  de  la  Moneda,  el  Corn 
Bxckangt,  albóndiga  ó  almacén  de 
trigo;  la  Lonja  del  carbón  y  la  columna 
destinada  á  perpetuar  Ift  memoria  del 
incendio  de  1666. 

6.  Teatros  y  museos.  —  Londres 
cuenta  15  teatros,  de  los  cuales  se 
citan,  como  más  importantes:  Drwy- 
Ume,  Covenl-Gfarden,  incendiado  j  »- 
eoostniído  en  1856;  Opera  itaUana, 
Áisifki,  Pri%cetSf,Maruleho»e,  Ly~ 
«na,  OUmpie  y  Astley  s;  además  de 
nrias  sociedades  fundadas  para  dar 
conciertos  durante  las  estaciones  de 
invierno. — Entre  las  numerosas  ga- 
lerías de  pinturas  y  de  esculturas, 
los  museos  de  arte  y  de  historia  na- 
tanl,  haj  que  mencionar  la  galería 
nacional,  la  de  los  artistas  británicos, 
lu  de  Buckingham-Palace,.  de  Mal- 
horough-House,  de  Hampton-Court, 
de  Windsor-Castle,  de  Dulwich,  el 
Colosseum,  el  Diorama,  la  Institución, 
británica,  la  Exposición  libre  y  el  Pa- 
norama; pero  las  mejores  obras  artís- 
tios,  que  posee  la  capital  que  nos 
Mapa,  se  encuentran  principalmente 
en  leB  suntuosos  áteles  de  la  añstocra* 
cift  inglesa.  Las  galerías  de  Apsle^- 
House  (duque  de  Wéllington),  de 
Bath-House  (lord  Ashburton ),  de 
Bridgewater-House  (conde  EUesme- 
k),  de  Chesterfield-House  (conde  de 
(^heiterfíeld),  de  Lambeth-Palace  (ar^ 
zobiíDo  de  Cantorbery),  y,  por  últi- 
mo, tos  museos  de  lord  Gre^,  del 
marqués  de  Anglesea,  de  sir  Roberto 
Peel  y  del  marqués  de  Hereford,  po- 
Ken  quizá  los  lienzos  más  célebres 
de  Rafael,  Ticiano,  Veronese,  Leo- 
nardo de  Vinci,  Murillo,  Van  Dyck, 
Rembrandt,  Rubens  y  de  los  maes- 
tros de  U  escuela  francesa  moderna. 

P¡asa$,  eallei  y  parques. — Lon- 
eais  cuenta  más  de  80  plazas  cuadra- 
dla eoD  un  jardín  en  el  centro,  que 
yieneo  i  ser  como  pequeños  oasis  co- 
locados en  medio  de  aquella  inmensa 
^^molación  de  casas  ahumadas,  cayo 
humero  asombra,  puesto  que  no  baja 
de  307.722.  Las  principales  son:  la 
de  Grottenor,  con  la  estatua  ecuestre 
de  Jorg^e  I;  la  de  Bloonns&ury,  en  la 

n  eleva  la  esUtua  de  Fox;  la  de 


ffanoore,  que  tiene  U  de  Pitt;  la  de 
Soho,  con  otra  de  Jorge  I;  la  de  Tro- 
falaar,  adornada  con  la  columna  de 
Nelson  y  de  la  estatua  ecuestre  de 
Jorge  I v;  las  de  Bedfond,  Bekrave, 
Berxeley,  Cavendish,  Eaton,  Éuston, 
St.~JameSy  Leicesíer,  Lincoln,  Porí- 
»«M,  Rnssel,  Tavistok  y  Trinlty,— 
Los  parques  ó  jardines  públicos  lle- 
van los  nombres  de  Regent'S'Park, 
de  151  hectáreas  (151.000  metros  de 
lado);  Sjfde^Park,  de  157;  Victorta- 
Park,  101;  S^ensina ton- Gardenia  106; 
Sí.-James's-Park»  2(7;  Qreen^Park,  25; 
y  otros  muchos  menos  notables. 

8.  PuaUesjf  túneles.— ^\  Támesis  se 
encuentra  eomo  encajonado  entre  dos 
líneas  de  malecones;  sus  aguas,  que 
suben  y  bajan  con  la  marea.  Daten  las 
paredes  délos  edificios,  los  cuales  se 
elevan  sobre  sus  márgenes,  reflejándo- 
se en  su  corriente:  este  caudaloso  río  se 
atraviesa,  de  Occidente  á  Oriente,  por 
nueve  magníficos  puentes,  denomina^ 
dos:  de  Vanxhall,  de  hierro,  abierto 
á  la  circulación  en  1816;  de  Véstmint- 
ter,  de  piedra,  construido  desde  1737 
á  1750  y  reparado  después  de  1846; 
de  Hunyerford,  colgante,  practicable 
sólo  para  los  peones;  Strand  6  de  Wor- 
íerloo,  abierto  en  1817 ;  de  Black- 
friarSj  en  1769;  de  Soutmrk,  cujos 
arcos  de  hierro  se  apojao  sobre  pila- 
res de  piedra,  inaugurado  en  1819; 
de  Baííersca,  Pníuey,  y  el  nuevo  de 
LoHDBBS  { Nem-London  Bridye ),  el  más 
hermoso  de  la  ciudad,  construido 
desde  1825  i  1831,  por  J.  Renní^, 
mide  300  metros  de  largo;  19  de  an- 
cho, ^  18  de  altura,  y  está  sostenido 
por  cinco  arcos  de  tormaoval.  La  me- 
jor parte  de  loa  mencionados  puentes 
tiene  la  misma  longitud  que  el  ante- 
rior y  son  de  granito  de  Escocia. — La 
necesidad  de  abrir  un  paso  al  Este  del 
puente  de  Londres  sugirió  la  colosal 
idea  -de  establecer  ef  famoso  túnel 
subterráneo,  que  une  á  Rotherhithe 
con  Wappuig,  construcción  tan  atre- 
vida como  única  en  su  género,  lleva- 
da felizmente  á  cabo  por  el  ingeniero 
francés  Brunel:  esta  obra  admirable, 
concluida  en  1841,  presenta  una  es- 
calera de  caracol  de  100  peldaños,  que 
conducen  hasta  el  fondo  del  Támesis, 
y  una  doble  galería  de  12  metros  de 
ancho  y  400  de  largo,  que  pasa  por 
debajo  de  aquel  caudaloso  río.  Es  uno 
de  los  mái  grandes  monumentos  de  la 
osadía  humana. 

9.  Población. — Los  censos  de  pobla- 
ción de  la  metrópoli  inglesa  han  da- 
do, en  distintas  épocas,  las  curiosas 
cifras  siguientes:  en  1701  (la  ciudad 
se  hallaba  reducida  entonces  á  V^i- 
thechapel),  674.000  habitantes;  en 
1801,  864.845;  en  1811,  1.009.546; 
en  1821,  1.225.694;  en  1831  (com- 
prendida  la  población  de  San  Pan- 
cracio),  1.471.941 ;  en  1841 , 1.783.314; 
en  1851,  2.240.289;  3.251.804,  en 
1871:  hoj  es  posible  que  pase  de 
4.500.000. 

10.  Administración. — Londhbs  con- 
tiene todas  las  administraciones  su- 
periores del  imperio  britático:  es  re- 
udencia  del  soberano,  del  Gobierno, 


de  la  corte,  de  los  representantes  de 

las  potencias  extranjeras,  del  lord 
corr^idor  y  de  un  obispado  sufragá- 
neo de  Cantorbery,  el  primero  del 
reino,  después  de  los  arzobispados;  y 
asiento  de  las  Cámaras  de  los  lores  y 
de  los  comunes,  del  Consejo  Supre- 
mo dependiente  del  ministerio  de  las 
Indias  orientales,  de  las  administra- 
ciones del  Estado,  de  los  triltunales 
de  la  Chancillería,  del  Banco  del  mo- 
narca, del  Fisco  ó  de  la  Hacienda,  de 
los  juzgados  comunes  y  del  almiran- 
tazgo. 

11.  División  de  ta  eapitaly  su  repré- 
sentación  en  la  Cámara. — Londres  pue- 
de  considerarse  dividido  en  tres  gran- 
des distritos,  representados  por  la 
Cité,  Wéstminster  t  Sonthwarkt  los 
cuales  comprenden  108  parroquias.— 
Hasta  el  año  de  1832,  época  en  que  se 
publicó  el  acta  de  la  reforma^  la  ciu- 
dad que  nos  ocupa  sólo  enviaba  ocho 
individuos  á  la  Cámara  de  los  comu- 
nes; cuatro,  por  la  Cii¿,  y  dos,  por 
cada  una  de  las  circunscripciones 
electorales  de  Wéstminster  y  de 
Southwark.  La  citada  acta  creó  cua- 
tro nuevas  circunscripciones  (Marjle- 
bone,  Finsburj,  Tower-Hamlets  v 
Lambetb),  con  derecho,  cada  una  de 
ellas,  á  dos  reoresentantes;  lo  que 
aumentó  hasta  16  el  número  de  los 
miembros  de  la  Cámara  de  los  co- 
munes. 

12.  Organización  y  aobiemo  dt  los 
tres  distritos  mencionaaos.—La  Cité  se 
halla  dividida  en  26  tcards  6  cuarte- 
les: su  gobierno  interior,  confiado  á 
un  municipio,  compuesto  del  lord 
corregidor,  dos  sheriffs  (uno,  por  la 
Cité,  y  otro,  por  Middlesex),  2!l  alder- 
man  (regidores),  209  individuos  del 
consejo  municipal  (Common-Council). 
un  recorder  (magistrado  que  se  nombra 
con  el  objeto  de  ^ue  auxilie  á  las  au- 
toridades municipales  para  la  mejor 
administración  de  justicia)  j  varios 
funcionarios  del  orden  inferior. — El 
lord  corregidor  es  elegido  anualmen- 
te por  el  cuerpo  de  los  alderman;  debe 
haber  sido  sheriff,  esto  es,  magistra- 
do encargado  <»  la  ejecución  de  las 
leyes  en  un  condado  de  Inglaterra; 
disfruta  un  sueldo  anual  de  S.OOO  li- 
bras esterlinas  (194.000  pesetas  pró- 
ximamente), y  su  autoridad  es  igual 
á  la  del  lord-teniente  del  condado. — 
En  el  interior  de  la  ciudad  ocupa  el 
primer  rango,  después  del  monarca; 
marcha  detrás  de  éste  en  las  fiestas 
cívicas,  7  á  su  muerte,  ocupa  su  pues- 
to en  el  consjejo  privado  y  firma  las 
actas,  hasta  la  coronación  del  nuevo 
soberano.— Los  alderman  son  nom- 
brados por  los  propietarios  que  satis- 
facen por  impuesto  una  cantidad  de- 
terminada: la  cámara  del  consejo  mu- 
nicipal, por  los  26  it»mís  ó  cuarteles 
antes  citados.  Al  lado  de  esta  admi-> 
nistraciún  general  de  la  Cité,  tiene 
LoNORBS  diversas  compañías  comer- 
ciales, que  gozan  de  ciertos  derechos 
y  del  privilegio  de  elegir  de  su  seno 
al  lord  corregidor.  Los  principales 
que  se  citan,  son:  los  merceros  ó  lon- 
jistas, los  drogueros,  pañeros,  fabrí- 


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478  LOND 


LOND 


LOND 


cantes  de  objetos  de  pesca,  cerrajeros, 
peleteros,  sastres,  mercaderes  de  sal 
y  otros.  La  bar^uesía  se  compone  de 
miembros  6  afiliados  de  81  gremios 
de  artesanos,  cuja  admisión  se  obtie- 
ne por  herencia,  por  aprendizaje,  com- 
pra ó  privileffio,  que  concede  la  mu- 
nicipalidad. La  Cité  tiene  sus  tribu- 
nales de  justicia  particulares,  que  se 
reúnen  ordinariamente  en  Quildhall, 
El  del  lord  corregidor,  para  el  pago 
de  deudas  &  actos  testamentarios,  estñ 
presidido  por  el  recorder:  los  sheritfs 
tienen  otro,  cuatro  veces  por  semana. 
El  tribunal  del  Chamberlain  (camare- 
ro 6  gentilhombre  de  cámara)  es  coti- 
diano y  decide  las  querellas  entre  los 
maestros/ los  obreros. —  WéstmintUr 
j  SoutAmark  tienen  administraciones 
particulares:  la  primera,  no  tiene  mu- 
nicipalidad; aa  jefe  es  el  h^hitécard 
(majrordomo  major),  cuyo  cargo  re- 
cae ordinariamente  en  un  noble,  nom- 
brado vitaliciamente  por  el  deán  del 
monasterio  de  Wéstmínster,  j  asisti- 
do de  un  consejo  de  16  burgeses,  los 
caales  desempeñan  las  funciones  de 
alderman:  la  segunda,  stSIo  depende, 
en  parte,  de  la  administración  del  lord 
corregidor. 

13.  Faerot  de  la  CU/. — El  territorio 
de  la  Cite  es  el  privilegiado  por  exce- 
lencia en  todo  el  Reino  Unido,  hasta 
el  punto  de  que  sus  privilegios  é  in- 
munidades son  superiores  á  la  auto- 
ridad del  monarca.  Así  sucede  que, 
cuando  los  re/es  de  Inglaterra  llegan 
al  limite  de  ta  CiU,  están  obligados  á 
pasar  un  mensaje  al  lord  corregidor, 
preguntándola  si  les  es  permitida  la 
entrada.  Ya  se  supone  que  el  lord  co- 
rregidor contesta  siempre  de  un  modo 
afirmativo;  pero  si,  por  cualquier  cir- 
cunstancia, contestase  en  sentido  con- 
trario, el  rej  se  volvería  sin  poner  los 
pies  en  aquel  recinto  sagrado  de  la  ciu- 
dad de  Londres,  so  pena  de  quebran- 
tar un  fuero  venerando,  cu^a  infrac- 
ción motivaría  una  revolución  infali- 
ble. Mirada  la  cuestión  bajo  este  punto 
de  vista,  puede  decirse  que  aquel  mu- 
nicipio es  verdaderamente  soberano; 
más  soberano  que  la  soberanía  de  todo 
el  reino.  Nos  ha  parecido  oportuno  no 
omitir  esta  curiosidad,  que  puede  ser- 
vir al  mismo  tiempo  como  importante 
dato  histórico. 

14.  Insiiíuciones  municipales, — ^Las 
de  la  capital  que  se  describe,  son  no- 
tabilísimas, debiendo  citarse  sobre 
todo  (después  de  su  corporación)  su 

fiolicía,  su  universidad  jsus  hospita- 
es  T  hospicios. 

15.  PolÍcía.-~l4a  policía  municipal 
de  LoNDitBS  pasa,  con  justicia,  por 
una  de  las  mejor  organizadas  del 
globo:  su  nueva  organización  data 
de  1820;  sus  modificaciones  definiti- 
vas, de  1829.  Antes  de  esta  e'poca, 
cada  parroquia  de  aquella  ciudad  te- 
nía sus  constables,  (jefes  de  policía)  j 
su  jurisdicción  era  independiente; 
pero  esto,  no  sólo  ocasionaba  frecuen- 
tes conflictos,  sino  que  hacía  ineficaz 
aquella  importante  institución.  Hoj 
todos  los  aervicios  se  hallan  centrali- 
zadof  MI  una  oñdna,  bajo  las  órdenes 


de  dos  magistrados,  sometidos  al  se- 
cretario de  Estado.  Constituyen  este 
cuerpo  18  divisiones,  cada  una  con  su 
uesto  fijo.  El  personal  se  compone 
B  20  superintendentes,  128  inspecto- 
res, 541  origadieres  j  4.764  oficiales 
6  policemen.  Los  gastos  de  este  ramo 
ascienden  próximamente  á  8.100.000 

Sesetas,  siendo  de  notar  que  cada  in- 
ividuo  de  policía  está  dotado  coa  la 
suma  de  201ibras  esterlinas  mensua- 
les, ó  sea  2.000  reales  en  número  re- 
dondo. 

16.  Servicios  públicos,  —  Londres 
no  tiene  cuerpo  de  bomberos:  las  com- 
paflías  de  seguros  contra  incendios 
sostienen  diferentes  brigadas,  las  cua- 
les recorren  la  ciudad  durante  la  no- 
che para  vigilar yprestar  auxilio  en 
caso  de  incendio.  Trece  ó  más  empre- 
sas de  gas  atienden  él  alambrado  de 
la  ciudad,  j  nueve  compañías  privi- 
legiadas distribuyen  las  aguas.  Estas 
últimas,  que  tienen  diversos  períme- 
tros de  explotación,  suministran  dia- 
riamente sobre  209.000  metros  cúbi- 
cos de  aquel  líquido,  de  loa  eaales 
sólo  20.0ÍOO  se  destinan  al  servicio 
públioo.  La  Administración  munici- 
pal de  la  Cité  y  los  condados  admi- 
nistrativos de  las  parroquias  se  en- 
tienden con  atjuéllas  para  el  abasto 
necesario  al  riego  de  las  calles,  á  la 
alimentación  délas  bombas  de  incen- 
dios y  á  la  limpieza  de  los  albañales 
ó  sumideros. 

17.  Bnseñawa, — ^Los  establecimien- 
tos consagrados  á  la  instrucción  pú- 
blica son  numerosos:  la  universidad 
de  LoMDBBS,  fundada  en  1836,  con- 
fiere los  grados  de  las  facultades  de 
ciencias,  literatura,  derecho  y  medi- 
cina, cualquiera  que  sea  el  culto  6  la 
escuela  á  que  pertenecen  los  alum- 
nos; pero  la  enseñanza  se  da  en  el  co- 
legio de  la  universidad ,  que  forma 
parte  del  mismo  edificio.  Siguen  á 
esta  el  colegio  real,  creado  en  1828, 
cuya  enseñanza  es  completa;  los  cole- 
gios latinos  de  San  Pablo,  Chríst's- 
tlospital,  Merchant-Tailor's,  Wésfe- 
minster,  Charter-House,  Gresham  y 
City-of-London ;  escuelas  prácticas 
de  jurisprudencia  (Inus  of  Court),  de 
veterinaria,  de  dibujo,  de  pintura,  de 
artes  y  de  oficios;  cursos  de  anatomía 
y  do  medicina;  institutos  de  sordo- 
mudos y  de  ciegos,  y  una  infinidad 
de  establecimientos,  fundados  por 
suscripción,  con  excelentes  anfitea- 
tros, laboratorios,  colecciones  y  bi- 
bliotecas. El  número  de  los  jóvenes 
que  asisten  á  las  escuelas  del  domin- 
go excede  de  100.000. 

18.  Sociedades  cienllficas  y  litera- 
rias.— Entre  las  muchas  que  cuenta 
la  ciudad  de  Londrbs,  merecen  citar- 
se: la  Sociedad  Real,  la  de  Anticua- 
rios, la  Médica,  la  de  Artes,  la  de 
Linneo,  la  de  Horticultura,  la  Médi- 
co-Quirúrgica-lieal,  la  Geológica,  la 
de  Ingenieros  civiles,  la  Keal  de  As- 
tronomía, la  Médico-Botánica,  la  Ueal 
Asiática,  la  Mineralógica,  la  de  Ma- 
temáticas, la  Zoológica  y  la  de  Esta- 
dística. Casi  todas  estas  sociedades 
celebran  dos  sesiones  mensuales,  sien- 


do el  foco  de  un  extraordinario  movi- 
miento intelectual. 

19.  balerías  y  bibliotecas  públicas. — 
£1  British  Museum  contiena  una  her- 
mosa galería  de  cuadros,  un  ^bine- 
te  de  medallas,  varias  colecciones  de 
antigüedades  griegas,  romanas  j 
egipcias;  otnu^  etnográficas  y  de  his- 
toria natural,  y  la  biblioteea  nUs  nu- 
trida de  Inglaterra:  di6  aquélla  prin- 
cipio en  1759,  y  en  1850  contaba  ya 
sobre  .500.000  volúmenes,  31.000  ma- 
nuscritos y  20.000  medallas.  La  ga- 
lería nacional  y  la  Academia  Real  son 
igualmente  ricas  en  cuadros  de  dife- 
rentes escuelas,  y  el  colegio  de  ciru- 
janos y  el  museo  de  geología  práctica 
encierran  también  bibliotecas  notabi- 
lísimas. 

20.  Bene/ícencia,—EütTe  las  500  6 
más  instituciones  de  caridad  que  tie- 
ne LoNDBBS,  se  encuentran  14  hospi- 
tales, propiamente  dichos,  y  36  espe- 
cíales, que  socorren  anualmente  so- 
bre 700.000  personas;  los  más  nota- 
bles son:  el  de  San  fiartolomé,  el  de 
Guy,  el  de  Santo  Tomás,  San  Jorge, 
Middlesex,  Londrbs,  Wéstmínster, 
Marylebone,  Raddington,  Charring- 
Cross,  Bedlam  y  los  de  los  colegios 
de  la  universidad^  del  Rey.  Ninguno 
de  estos  establecimientos  está  soste- 
nido por  el  Estado;  todos  viven  de  do- 
nativos voluntarios,  los  cuales  se  ele- 
varon no  hace  mucho  á  1.664.733  li- 
bras esterlinas  (40.369.775  pesetas 
próximamente,  ó  sea  161.000.000  de 
reales).  La  miseria  en  Londrbs  es 
grandísima;  el  número  de  pobres  y  de 
mendigos,  considerable;  pero  la  cari- 
dad privada,  que  es  allí  muy  activa, 
les  ofrece,  entre  otras  casas  de  refu- 
gio ó  de.  trabajo,  el  hospicio  de  los 
niños  expósitos;  el  de  la  Magdalena  ó 
de  las  arrepentidas;  la  institución 
filantrópica,  para  los  criminales  que 
salen  de  la  cárcel,  y  el  Workkouse,  en 
donde  se  les  recibe,  se  les  aloja  y  se 
Ies  viste  con  un  traje  especial.  Sin 
embargo,  la  mayor  parte  de  los  po- 
bres prefieren  vagabundear  por  las 
calles,  ejerciendo  el  oficio  de  cantan- 
tes ó  de  barrenderos.  Guando  tienen 
lugar  las  grandes  crisis  industriales, 
hay  días  en  que  Londrbs  parece  un 
inmenso  hospicio.  ^Quién  diría  enton- 
ces que  aquella  ciudad  portentosa  es 
la  más  rica  del  universo?  Tal  es  el 
resultado  de  su  feudalismo  civil,  que 
vincula  la  tierra  y  la  casa  en  cierto 
número  de  señores;  llaga  oculta  que 
está  devorando  las  entrafias  del  pue- 
blo inglés,  lo  cual  ha  motivado  la  te- 
rrible expresión  siguiente:  «Loxdrbs 
es  un  harapo  cubierto  de  purpura,  ó 
una  púrpura  cubierta  de  harapos.» 
Para  que  el  lector  se  maraville,  bas- 
tará decir  que  veinte  señores  son  los 
dueños  inalterables  del  suelo  de 
aquella  ciudad. 

'¿\.  Reuniones  públicas. — Como  el 
resto  de  Inglaterra,  la  metrópoli  tie- 
ne también  sos  clubs,  en  los  cuales  se 
debaten  importantísimas  cuestiones, 
tanto  políticas  como  mercantiles.  El 
número  de  éstos  pasa  de  30, y  entre  los 
más  antigaos,  se  citan  los  de  WkiUi 

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I — 'JT      ^ — ~ 


LOND 

BroohfBooílejArtkvrtloB  de  Carlíon, 
de  la  Reforma  j  de  loa  Conservadores 
presentan  un  carácter  marcadamente 
político.  Loa  clubs  de  Londbbs  repre- 
sentan la  faz  más  notable  da  la  oultu- 
la  de  aquella  ciudad. 

22.  Cultos. — LoNDBsa  cuenta  para 
las  distintaa  creencias  religiosas  de 
sos  habitantes,  125  iglesias  pa- 
rroquiales, 120  capillas  anglicanas, 
cerca  de  100  templos  para  otros  Ta- 
ños cultos  cristianos  j  seis  sinago- 

I  gts:  total,  sobre  350  lugares  de  ado- 
I  ración. 

23.  Cárceles. — Las  principales  de 
la  metrópoli  inglesa  son  las  siguien- 
tes: Nertgate,  cárcel  de  la  corporación 
de  Londres;  Bridemll,  casa  de  correc- 

1  ciÓQ  para  los  vagabundos;  Gillspur, 
prisión  preventiTa;  Clerkenrcell,  Cold- 
Bath-Fields,  Wésiminster-House  of 
Varrectíony  El  Penitenciario^  Pentou- 
vUle,  Hurrey-County-Qaol,  Boro^h- 
Cmpter,  BrhUm^House  of  Correcíion. 
¿a  Cárcel  de  SolUmay  j  las  dos  prin- 
'eipales  prisiones  por  deudas;  el  Qs- 
een's-Beneh  j  la  de  Wiie-Cross, 

24.  Jndustria.-^LomBss,  i  pesar 
de  su  inmensa  población,  no  ocupa  en 

<  el  país  el  primer  puesto  como  ciudad 
iDdustrial  7  manufacturera:  Bermin- 
gba-D  y  Uáochester  son  dos  centros  de 
tabricación  mucho  más  importantes. 
Sin  embargo,  sus  manufacturas  de 
seda,  que  cuentan  más  de  10.000  te- 
lares; sus  fábricas  de  cuchillos,  de 
relojes,  de  herraje  j  de  otros  objetos 
de  metal;  de  coches,  de  quincalla,  de 
productos  químicos,  de  curtidos,  de 
miteumentos  de  música,  de  montu- 

'  ns  j  guarniciones;  sus  talleres  de 
caiutrueción  de  máquinas;  sus  fun- 
didoaes  de  hierro  y  de  cobre,  sus  ja- 
boserfas,  sus  vastos  establecimientos 
de  máquinas  de  vapor,  sus  refinos  de 
azúcar,  sus  platerías,  jo/erías  y  tin- 
torerías, ofrecen  ocupación  constante 
á  UD  número  prodigioso  de  obreros. 
Los  productos  de  aquella  gran  acti- 
TÍdad  manufacturera  gozan  en  todo 
el  mundo  de  una  reputación  tan  uná- 
nime como  merecida.  Bntre  los  esta- 
blecimientos en  grande  escala,  que 
abundan  en  Londres,  deben  citarse 
la  imprenta  de  Bl  Times  j  las  cerve- 

I  uríat  de  Bare^/  7  Perkins,  cu^os 
edíBcios,  más  que  establecimientos 

¡     iadostriales,  parecen  ciudades  popu- 

!  losas.  Es  cuanto  i  las  cervecerías, 
oeupan  un*  superficie  de  600  áreas,  ó 
sea  de  6.000  metros  de  lado.  Las  ja- 
boDerfas  de  Londres  producen  de  25 
i30.000.000de  kilogramos  anuales  de 
jabón;  es  decir,  sobre  600.000  quin- 
tiles. No  hemos  hallado  modo  de  ave- 
riguar la  cifra  de  las  fundiciones  de 
hierro  y  de  otros  metales;  pero  debe 
ser  casi  fabulosa. 

25.  Comercio. — En  ningún  país  del 
globo  se  hace  el  comercio  ^  la  banca, 
ni  en  tan  grande  escala,  ni  con  la  re- 
gularidad sencillez  que  en  Londres. 
tíu  movimiento  mercantil  es  inmensa- 
mente vasto  j  activo,  j  todo  contri- 
buje  i  &Torecer  su  extraordinario 
desatnllo*  He  aqní  los  principales 
elementos  con  que  eneata  este  ímpor- 


LOND 

tante  ramo  de  las  riquezas  de  las  na- 
ciones. 

26.  Sociedades  mercantiles, — La  pri- 
mera asociación  que  se  propuso  acti- 
var el  comercio  de  Inglaterra  con  las 
Indias  orientales  se  constituyó  en 
LoMDBBS,  bajo  la  denominación  de 
«Gobernador  /  Compañía  de  los  mer- 
caderes de  LoHnBBS  para  hacer  el  co- 
mercio de  las  Indias  orientales.»  (Go- 
temor  and  C  of  Merehants  of  London 
tradinff  to  the  Éasí  Indiet.)  Esta  com- 
pañía se  fundió  en  otra  en  1701,  que 
tomó  el  nombre  de  «Compañía  Uni- 
da de  los  mercaderes  6  comerciantes, 
etcétera;»  la  cual  obtuvo  el  privilegio 
exclusivo  de  explotar  el  comercio 
en  el  Oriente  del  Cabo  de  Buena 
Esperanza,  hasta  el  estrecho  de  Ma- 
gallanes. Su  capital  constitutivo  as- 
cendía á  150.000.000  de  pesetas  pró- 
ximamente, dividido  en  acciones  al 
portador;  el  número  de  los  accionistas 
era  de  3.579.  La  administración  se 
estableció  en  Leadenhall-ttreet,  en  un 
edificio  de  orden  jónico,  construido 
en  1726,  el  cual  contenía  un  museo 
oriental,  ana  importante  biblioteca  j 
raros  manuscritos  en  lenguas  orienta- 
les. Las  inmensas  riquezas  adquiridas 
por  la  sociedad  en  cuestión  estimuló 
a  los  ingleses  á  este  género  de  asocia- 
ciones. En  1711,  se  fundó  una  compa- 
ñía para  la  explotación  del  Océano 
austral,  que  fijó  su  asiento  en  Thread- 
needle-street;  j  en  1679  se  organizó  la 
llamada  Bahía  de  Jludso»,  que  edificó 
su  hótel  en  Finchurch-síreeí,  cuando 
yt  Londres  tenía  la  Compañía  Musa, 
creada  en  1555;  la  Compañía  del  Le- 
vante 7  de  la  Turquía,  en  1579;  la 
Compañía  Oriental,  en  el  mismo  año, 
7  la  Compañía  Real  Africana,  ála  cual 
otorgó  Carlos  II  el  derecho  de  explo- 
tar el  comercio  de  la  costa  oriental 
del  Africa  hasta  el  Cabo  de  Buena 
Esperanza. 

27.  Establecimientos  de  crédito, — A 
la  cabeza  de  éstos,  figura  el  Banco  de 
Inglaterra,  cuyo  capital  representaba 

firóximamente,  no  hace  muchos  años, 
a  respetable  suma  de  363.825.000  pe- 
setas;la  reserva, 75.000,000, 7  el  papel 
encírculación/'¿aMA-tt0/^;35O.OOO.OOO. 
La  metrópoli  inglesa  contab»  sobre 
86  compañías  ó  casas  particulares  de 
banca,  entre  las  que  se  citan:  «Lon- 
don and  Counties  lunk,  British-North- 
American  bank,  Sonth-Australian, 
North-West  bank  of  India,  Rojral- 
British,  National-Provincial  colonial, 
Llojd,  7  las  casas  Rothschildt  Goutts, 
Barclay,  Currie,  Dixou,  Drummond, 
Hopkiuson  y  otras;  todas  ellas  á  cual 
más  acreditadas,-  así  en  el  antiguo 
como  en  el  nuevo  continente;  7  ade- 
más, 33  cajas  de  ahorro,  7  de  110  á 
1 15  compañías  de  seguros  sobre  la  vida, 
contra  incendios  y  otros  accidentes, 
como  La  Alianza,  El  Atlas,  El  Coun- 
17,  El  Globo,  El  Guardián,  El  Impe- 
rial, El  London,  El  Fénix,  El  Royal- 
Exchange,  El  I^yal-Fanner's,  El  ííun 
y  El  Norwich.» 

28.  ConstruccioMS  conurciales. — Los 
numerosos  baques  qae  surcan  las 
aguas  del  Timesis,  entran  en  grandes 


LOND  479 

(fondeaderos  ó  docks,  que  se  comuni- 
can con  el  río,  los  cuales  se  encuen- 
'tran  rodeados  de  almacenes  especía- 
les, que  ofrecen  i  los  comerciantes 
una  seguridad  completa  para  el  de- 
pósito de  sus  mercancías.  Los  docks 
más  notables  de  Londrks  son  los  si- 
guientes: el  de  Santa  Catalina,  de 
12  hectáreas  de  superficie,  construido 
de  1826  £  1828,  con  almacenes  capa- 
ces para  110.000  quintales  de  géne- 
ros;el  da  Londrbs,  levantado  en  1805, 
comprende  el  Tke  East  London  em~ 
branchment  dock  y.Ias  conchas  ó  fon- 
deaderos conocidos  con  los  nombres 
de  Hermitage,  Middle  (centro),  Latear 
(bajo),  los  docks  de  las  Indias  occi- 
dentales, situados  en  Poplar;  los  de 
las  Indias  orientales,  en  Blackwall, 
de  16  hectáreas,  y  los  del  comercio 
de  la  Groenlandia,  Surrey  y  país  del 
Este,  de  19  hectáreas,  establecidos  en 
llotherhite.  Los  muelles  del  Támesís 
se  hallan  completamente  rodeados  de 
almacenes  pertenecientes,  así  á  parti- 
culares, como  i  la  administración  de 
los  docks.  Para  qne  el  lector  paeda 
concebir  ana  idea  de  la  extensión  de 
tales  constracciones,  bastará  decir 
que  el  dock  de  Londrbs  se  extiende 
en  una  superficie  de  45.000  metros 
de  lado,  ó  sea  4.500  áreas,  pudiendo 
recibir  hasta  300  buques.  Los  alma- 
cenes antiguos  tienen  extensión  para 
contener  220.000  quintales  de  mer- 
cancías: los  nuevos,  120.000  fardos 
de  te  7  hasta  60.000  toneles  de  vino, 
lieores  7  espíritus.  Este  dock  mons- 
truoso es  pequeño,  si  se  compara  con 
el  de  las  Indias  occidentales,  cuya  su- 

Íerficie  ocupa  14.800  áreas,  ó  sea 
48.000  metros  de  lado.  Por  consi- 
guiente, equivale  i  mis  do  tres  docks 
como  el  de  Londres. 

29.  Comwñcadimet, — Londres  ocu* 
pa  el  centro  de  todas  las  grandes  lí-  ^ 
neas  de  ferrocarriles  que  cruzan  la 
Inglaterra,  contándose  entre  las  prin- 
cipales: GrealnNortheon,  Middland- 
Counties,  Eastern-Counties  y  Great- 
North-Vestem  Railway,  cuyo  des- 
embarcadero es  quizá  el  mejor  del 
mundo;  amén  de  las  pequeñas  líneas 
férreas  que  unen  la  capital  con  sus 
alrededores:  Blanokwall,  Greenwich, 
Kew,  Richemond,  Windsor  y  otras. 
Londres  es  igualmente  el  punto  cen- 
tral adonde  convergen  todas  las  líneas 
telegráficas  del  Reino  Unido.  Para  el 
servicio  interior  de  la  población,  se  ha 
creado  una  infinidad  ae  compañías  de 
ómnibus,  coches  y  tranTÍas  de  una 
importancia  incalculable. 

30.  Puertos  y  canales,— "ñn  el  gran- 
dioso puente  de  Waterloo,  antes  men* 
ciouado,  adquiere  el  Támesis  una  an- 
chura considerable,  y  á  corta  distan- 
cia de  su  embocadura,  la  aumenta  la 
marea  con  su  flujo,  formando  uno  de 
los  puertos  más  cómodos  y  quizá 
más  seguros  del  globo.  En  las  dos 
orillas  de  las  extremidades  del  puen- 
te se  han  establecido  varios  puertos 
artificiales,  que  se  comunican  con  el 
principal  por  medio  de  canales,  que 
pueden  recibir  basta  200  buques  ó 
embarcaciones  de  alto  bordo.  Esta 


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480 


LOND 


puerto  principal  ae  eitíen'de  desde  el 
puente  de  Lündrbs  hasta  Deptford, 
sobre  una  longitud  de  6  kilómetros 
y  una  anchura  de  400  á  500  metros. 
Una  serie  no  interrumpida  de  aque- 
llos canales,  entre  los  que  se  distin- 
gue el  llamado  del  Recente,  une  el 
puerto  de  la  capital  al  mar  de  Irlanda 
■y  á  las  g-randes  ciudades  manufactu- 
reras del  territorio  inglés. 

31.  Marina  mercante. — Lo  que  da 
principalmente  ¿  Londrbs  su  vida 
mercantil  es  el  Támesis:  el  comercio 
tiene  allí  dos  eómunicaeiones  direc- 
tas, por  baques  de  vapor  ó  de  vela, 
con  los  puertos  más  importantes  del 
mundo.  Más  de  7.000  buques  de  todas 
clases,  sin  contar  el  gran  número  de 
lauchas  que  se  agitan  al  rededor  de 
aquellas  diversas  embarcaciones,  se 
cruzan  diariamente  entre  Uravesend 

Íla  metrópoli.  La  ñota  mercante  de 
ONDRBS,  que  DO  baja  de  3.600  bar- 
cos, ofrece  ocupación  constante  ¿  más 
de  36.000  marineros. 

32.  Movimiento  marítimo  y  comer- 
cial.— La  actividad  que  se  observa  en 
el  Tastisimo  puerto  de  la  capital  de 
Inglateiia  es  extraordinaria:  en  1860, 
entraron  j  salieron  21.292  buques, 
de  una  capacidad  total  de  6.278.242 
toneladas. —  Bn  1855,  ascendieron: 
las  importaciones  á  80.000.000  de  li- 
bras esterlinas  (1.940.000.000  de  pe- 
setas próximamente);  las  exportacio- 
nes, a  11.748.833  (284.909.200).  Es- 
tas últimas  se  elevaron,  en  1860, 
á  28.000.UOO  de  libras  esterlinas,  ó 
sean  679.000.000  de  pesetas,  cu^a 
considerable  cifra  da  un  aumento  so- 
bre aquélla  por  valor  de  394.09U.80U 

Eesetas.  JBl  movimiento  general  de 
lONDBBS  (entrada  j  salida)  excede 
actualmente  de  oche  mil  millones  de 
reales,  superior  á  las  importaciones  j 
exportaciones  de  muchos  países  de 
^importancia.  Por  coasecueocia,  puede 
decirse  que,  en  este  sentido,  no  es 
una  ciudad,  sino  una  gnu  nación. 

33.  Mercados.— De  los  50  que  dan 
abasto  á  la  inmensa  población  de  Lon- 
dres, están  señalados,  como  princi- 
pales: el  de  la  parroquia  de  Jtiin^Con, 
destinado  á  la  venta  de  ganados;  el 
de  fíillingsgate,  para  el  pL'scado;  el  de 
Corvent-tfarden,  propiedad  del  duque 
de  Bedford,  para  las  frutas  y  legum- 
bres; el  de  iVewgate,  para  la  carne;  el 
de  Leadenhall,  para  las  avés  y  la  caza, 
y  el  de  Com-Exchmge,  para  los  cerea- 
les de  todas  espt^cies. 

34.  Contynm  de  la  población. — Se- 
gún cálculos  a|)roximado8,  los  habi- 
tantes de  esta  ciudad  consumen  anual- 
mente: 5.800.000  hectolitros  de  tri- 
go (sobre  1.200.000.000  de  libras); 
250.000  bueyes;  I.800.00U  cameros; 
30.000  terneras;  40.000  cerdos;  más 
de  4.0U0.OU0  de  aves;  3.U00.OO0  de 
salmones;  más  de  2.UU0.000  de  hecto- 
litros de  cerveza  (sobre  450.000.000 
de  cuartillos);  175.000  de  vino; 
91.000  de  licores. 

35.  Leche. — Calcúlase  que  la  leche, 
que  se  consume  en  Londrbs,  es  la  que 
producen  13.CÜ0  vacas. 

36.  Ahmbrado. — Bl  carbón  de  pie- 


LOND 

dra,  que  se  importó  en  1854,  ascendió 
á  44  millones  j  medio  de  quinta- 
les (44.500.000)  j  el  número  de  me- 
cheros de  gas,  empleados  en  el  alum- 
brado público  de  Londres,  no  bajaba 
de  360.000  autes  de  la  introdaeción 
del  alumbrado  eléctrico. 

37.  A  speeto  y  Jíttmomía  de  la  capi- 
tal.— La  primera  impresión  que  pro- 
duce Londres  en  los  extranjeros  es, 
por  lo  general,  triste.  Esta  ciudad 
inmensa  aparece  como  ahogada  bajo 
una  espesa  nube  negra  6  gris,  según 
la  estación;  es  una  mezcla  de  humo 
de  hulla  y  de  vapores  acuosos*  Estos 
últimos  se  atribulen  &  la  gran  masa 
de  agua  que  lleva  el  Támesis,  la  cual 
conserva  constantemente,  en  ciertas 
estaciones,  algunos  grados  más  de 
calor  que  el  aire.  Aquella  nube,  que 
se  eleva  desde  el  seno  de  la  ciudad, 
penetra  en  todas  partes,  manchando 
cnu  frecuencia,  en  medio  del  paseo, 
el  rostro  y  el  traje  de  los  transeúntes; 
las  calles  se  ven  cubiertas  de  un  tinte 
negro,  uniforma,  ocasionado  particu- 
larmente por  la  enorme  cantidad  de 
carbón  de  piedra  que  allí  se  consume. 
Durante  el  mes  de  Noviembre,  nie- 
blas espesísimas  invaden  la  población 
hasta  el  punto  de  producir  4  veces,  en 
pleno  día,  la  oscuridad  más  densa. 
Para  evitar  las  funestas  consecuencias 
á  que  pudiera  dar  margen  este  incon- 
veniente, se  ha  multiplicado,  como 
en  ninguna  otra  población,  el  alum- 
brado de  ^as;  pero  la  ícteasidad  de 
aquellas  nieblas  llega  á  ser  en  ocasio- 
nes tan  extremada  que,  amén  de  la 
gran  profusión  de  luces,  se  hace  in- 
dispensable, para  el  más  seguro  trán- 
sito por  las  calles,  el  auxilio  de  mul- 
titud de  antorchas.  Aquella  circula- 
ción, que  sería  horrible  sí  fuese  rui- 
dosa, no  presenta,  sin  embar^,  el 
total  movimiento  de  la  población  de 
Londres;  ésta  ofrece  otra  no  menos 
animada  en  el  caudaloso  Támesis,  en 
donde  se  ven  infínitas  embarcaciones, 
que  transportan  continuamente, de  uno 
á  otro  extremo  de  la  ciudad  y  por  una 
módica  retribución,  millares  de  per- 
sonas que  van  á  sus  negocios.  Llega- 
do el  domingo,  aquel  movimiento  des- 
aparece casi  por  completo;  todas  las 
tiendas  aparecen  cerradas;  los  traba- 
jos, así  públicos  como  privados,  que- 
dan en  suspenso,  y  las  calles,  excepto 
las  principales,  silenciosas  y  desier- 
tas; la  inmensa  mayoría  de  los  habi- 
tantes permanece  encerrada  en  sus 
respectivas  viviendas.  Para  Ter,  pues, 
la  capital  de  Inglaterra  bajo  su  ver- 
dadero aspecto,  es  necesario  TÍsitarla 
durante  el  período  que  se  llama  esta- 
ción de  Londres,  es  decir,  desde  Maj'o 
hasta  Julio.  En  esta  época  se  encuen- 
tra el  Parlamento  abierto  7  la  corte  y 
las  familias  aristocráticas  y  opulentas 
ocupando  sus  magníficos  hútelis  y  sun- 
tuosos palacios;  el  resto  del  año,  toda 
esta  brillante  sociedad  se  traslada  al 
campo  y  á  sus  quintas  particulares. 
Hemos  dicho  que  el  primer  senti- 
miento con  que  Londres  nos  impre- 
siona, es  triste.  Sin  embargo,  debe- 
mos explicar  la  índole  particularísima 


LOND 

de  aquella  tristeza,  porque  de  otro 
modo  no  seríamos  fieles  narradores  de 
la  verdad.  Cuando,  al  llegar  á  la  me- 
trópoli de  Inglaterra,  se  ve  aquel  cen- 
tro de  cuatro  millones  de  criaturas, 
aquella  red  interminable  de  estableci- 
mientos y  de  fábricas,  aquel  horizon- 
te iudefíuible  de  brumas  vde  sombras; 
aquel  mar  de  luces;  aquel  movimieutb 
vertiginoso  de  carruajes  en  toda^  diret 
clones, como  si  fuese  una  inmensa  casa 
que  se  desalquila;  aquel  laberinto  de 
cnimeneas  y  de  enormes  columnas, 
las  cuales  se  presentan  á  la  imagiaa- 
ción  como  una  multitud  de  monstmoi 
que  surcan  el  espacio,  vomitando  lla- 
mo; aquel  ruido  de  los  trenes  sóbrela 
techumbre  de  los  edificios,  como  sí 
viajaran  por  el  aire,  ó  se  precipitaran 
de  las  nubes,  experimentamos  una 
emoción  desconocida,  en  que  toman 
parte  simultáneamente  el  anonada- 
miento, la  pesadumbre,  el  asombro,  el 
espanto  y  la  maravilla.  Es  una  mezcla 
de  tristeza,  de  arrobamiento  y  de  es-, 
tupor,  en  que  no  sabemos  decir  si 
aquel  espectáculo  nos  horroriza  ó  nos 
deleita.  En  Londres  se  aprende  qae 
haj  ciertos  instantes  en  la  vida,  es  los 
cuales  no  haj  modo  de  decir  si  es  mis 
lo  que  admiramos,  6  lo  que  tememos. 
La  vista  de  Pekín  es  más  singular;  U 
de  Constantinopla,  más  peregrina;  la 
de  París,  más  bella ;  la  de  Genova  ó 
Nápoles,  más  graciosa;  la  de  Méjico, 
más  delicada;  Ta  de  Bahía,  más  pmto- 
resca;  la  de  Koma,  másimaginatÍTa; 
profunda;  la  de  Atenas,  más  ideal;  la 
de  Jeruaalén,  más  solemne;  la  deLo.v* 
DRES,  más  extraordinaria,  más  triste, 
más  severa;  pero  sin  ser  menos  exten- 
sa, grande,  maravillosa. 

38.  Historia. — Loa  autores  no  es- 
tán de  acuerdo  en  cuanto  á  la  época  de 
su  fundación;  pero  no  falta  quien  afir- 
ma que  su  existencia  data  desde  antes 
de  la  invasión  de  Julio  César.  Bajo 
Nerón,  era  ja,  según  expresión  Q» 
Tácito:  Coj>i&  neaoUatory/m  et  Commea- 
twim  masmi  celebre;  csnmamente  cé- 
lebre por  la  abundancia  de  negocian- 
tes y  convoyes  ó  flotas.»  Esta  ciudad, 
casi  insignificante  en  los  primeros 
tiempos,  fué  fortificada  por  los  roma- 
nos; pero  su  principal  defensa  consis- 
tía en  un  gran  pantano  que  se  halla- 
ba al  Norte,  y  una  inmensa  selva  que 
dflstrujó  Enrique  II.  Cuando  aque- 
llos conquistadores  abandonaron  U 
isla,  Londres  vino  á  ser  un»  ciudad 
de  la  Bretaña.  En  487,  la  tomaron  los 
sajones;  y  en  498,  fué  reconquistada 
por  aquéllos,  bajo  cuj'o  dominio  per- 
maneció durante  una  gran  partead 
siglo  siguiente.  En  52ti,  Erkenwin, 
fundador  del  reino  de  Esset.  estable- 
ció en  Londres  su  residencia;  eB  «« 
fué  erigida  en  obispado,  T  más  tawe, 
devorada  por  las  llamas,  diezmada  por 
la  peste  y  devasuda  por  los  daneses 
hasta  fines  del  siglo  ix,  en  que  Alfre- 
do el  Grande  la  elevó  á  capital  de  In- 
glaterra. Subvugada  en  1066,  como 
el  resto  de  la  isla,  por  Guillermo  el 
Conquistador,  alcanzó  mur  1"^??."° 

frande  importancia,  siendo  eoiijidew- 
a  como  la  primera  ciudad  del  re»» 


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LOND 

britíníeo.  Enrique  I  le  otorgó,  en 
1100,  una  Constitución;  j  durante  el 
reinado  de  Ricardo  Corazón  de  Leún^ 
el  nombre  de  alcalde  sustituyó  al  de 
¿«tifo  que,  hasta  entonces,  había  lle- 
vado el  primei  magistrado  de  la  ciu- 
dad. Desde  esta  época,  sus  principa- 
les acontedmientos  históricos  se  coq- 
fonden  con  los  de  Inglatern¡  sin  em- 
bargo, paedeD  citarse:  el  incendio  de 
1077,  que  la  destruyó  en  parte;  el  hu- 
racán de  1090,  que  derribó  más  de  600 
casas;  el  sitio  que  sufrió  en  1217;  el 
hambre  extraordinaria  de  1258,  que 
diezmó  la  población;  la  peste  ue^ra 
de  1348,  que  causó  sobre  50.000  vic- 
timas; la  insurrección  de  Walt-Tjler, 
sofocada  por  el  alcalde  sir  Wil]  Itam 
Walworth,  en  1380,  j  la  de  Jonh- 
Uade,  en  1450,  que  no  alcanzó  mejor 
éxito.  Londres,  á  pesar  de  esta  larga 
serie  de  calamidades,  continuó  pro- 
gresando j  desarrollándose  con  mara- 
villosa rapidez.  En  tiempo  de  la  Re- 
forma, los  bienes  del  clero  fueron  ce- 
didos á  la  municipalidad  por  Enri- 

aae  VIII,  con  el  objeto  de  que  aque- 
a  corporación  diese  mayor  ensanche 
álas  calles  y  mejorase  las  condicio- 
nes de  salubridad  de  la  población. 
Bajo  el  gobierno  del  mencionado  mo- 
narca, fué  LoNDRBS  teatro  de  escenas 
sangrientas;  pero  las  muchas  mejo- 
ras realizadas  durante  esta  época, 
tanto  en  la  Cité  como  en  los  arraba- 
les, embellecieron  de  una  manera  no- 
uble  la  capital  de  Inglaterra.  Sin  em- 
bargo, todavía  la  aguardaban  nuevus 
desastres:  en  1563,  una  nueva  epide- 
mia aterrd  la  población  j  un  temblor 
de  tierra  la  destruyó  en  1580.  £u  la 
guerra  que  sostuvieron  el  Trono  y  el 
Parlamento,  quedó  la  metrópoli  en 
poder  de  este  último,  el  cual  la  rodeó 
de  murallas,  en  1643.  En  1665,  bajo 
el  reinado  de  Ana,  otra  peste  arreba- 
tó la  vida  á  más  de  100.000  habitan- 
tes; V  al  año  siguiente,  el  incendio 
más  horroroso  que  registran  los  ana- 
les de  la  historia,  devoró  en  cinco 
días  13.000  edificios  j  90  iglesias. 
LoNDKBS  fué  luego  reedificada  sobre 
un  plano  más  recular  y  de  una  mane- 
ra más  sólida.  En  esta  capital  se  con- 
cluyeron los  siguientes  tratados:  el 
de  2  de  Bnerp  de  1671,  por  el  que 
Garlos  II  prometió  á  Luis  XIV  hacer- 
se católico,  reconciliar  sa  reino  con  la 
corte  de  Roma  y  cooperar  á  la  guerra 
contra  la  Holanda,  sin  otro  beneficio 
qae  el  de  obtener  algunas  islas  de  la 
Zelanda  y  de  Holanda;  el  del  13  de 
Septiembre  de  1688,  que  aseguraba  á 
Jacobo  II,  amenazado  de  una  revolu- 
ción, el  apoyo  de  una  flota  francesa, 
J  el  de  18  de  Julio  de  1718,  conocido 
bajo  el  nombre  de  Cuádruple  alianta, 
que  unía  á  la  Inglaterra  con  la  Fran- 
cia contra  España.  En  1780,  estalló 
«a  Londres  una  formidable  revolu- 
ción popular,  durante  la  cual  fueron 
puto  de  las  llamas  muchos  edificios, 
muchas  eapillaa  católicas  y  algunas 
cárceles;  y  la  revolución  francesa  fué 
ttuia  después  de  utras  varias  insu- 
fiMciones,  que  fueron  reprimidas.  A 
putir  do  eita  épooa,  los  Montool- 


LONG 

mieutos  más  uotabUs  de  la  historia 
de  Londres  se  reducen  á  algunos  he- 
chos nacionales,  entre  los  que  se  ci- 
tan: el  guincuagésimo  aniversario  del 
reinado  de  Jorge  III  en  1809;  la  visi- 
ta del  emperador  Alejandro,  en  1814; 
tai  conferencias  de  lat  diKo  graiulet  po- 
tencias, celebradas  en  1831,  relativas 
á  la  creación  del  reino  de  Bélgica;  U 
coronación  de  la  reina  Victoria,  en  1837, 
y  finalmente,  la  visita  de  Napoleón  111, 
en  1855, 

39.  Personajes  célebres. — Londres 
ha  sido  patria  de  un  número  conside- 
rable de  varones  ilustres,  entre  los 
que  figuran:  Chau,  Spencer,  Tomás 
Moore,  Bacon,  Milton,  Temple,  Prior, 
Pope,  Shaftesbury,  Chesterfield,  Foe, 
Halley,  Iñigo  Jones,  Hogarth,  Pitt, 
Fox  y  Tomás  Browne. 

ETiMOLoaÍA.  Bretón,  llgn,  estanque, 
aludiendo  al  primitivo  pantano  de  la 
ciudad,  y  dinas,  montecillo:  llgn-di- 
nas,  «estanque  del  montecillo;»  latín, 
Augusta  Trinoianíium  Londiníuu;  in- 
gles, London;  italiano,  Londra;  fran- 
cés y  catalán,  Londres. 

Londrés,  sa.  Adjetivo  anticuado. 
El  natural  de  Londres  y  lo  pertene- 
ciente á  esta  ciudad. 

Londrina.  Femenino.  Tela  de  lana 
que  se  tejía  en  Londres. 

EtimolooÍa..  Londres  i:  francés,  Ion- 
drin. 

Loneta.  Femenino.  Lona  delgada 
que  se  emplea  en  botes  y  otros  usos. 

Longa.  Femenino.  Nota  de  músi- 
ca, que  vale  la  mitad  de  una  máxima 
ó  dos  breves, 

EriuoLOofA.  Luengo:  latín,  longa; 
francés,  longue;  italiano,  loi^a, 

Longadura.  Femenino  anticuado. 
Lasoura. 

Longánimamente.  A.dverbio  de 
modo.  Con  longanimidad. 

Etiuolooía.  Longánima  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  latín  de  san  Jeróni- 
mo, longdnímttir. 

Longánime.Adjetivo.  LonqXniuo. 

Longanimidad.  Femenino.  Gran- 
deza y  constancia  de  ánimo  en  las  ad- 
versidades. I  Liberalidad. 

EriHOLoaiiL.  Longánimo:  latín,  lon- 
ganlmítas;  italiano,  kngsmimitá;  fran- 
cés, loi^animité. 

Longánimo,  nuu  Adjetiro.  Mag- 
nánimo, constante. 

Etiuolooía.  Luengo  y  dnimo:  latín, 
lofu&nimis;  italiano,  longánimo. 

Longaniza.  Femenino.  Pedazo  lar- 
go de  tripa  angosta,  rellena  de  carne 
de  cerdo  picada  y  adobada. 

ETiuoLOaÍA.  Longa:  catalán  anti- 

£uo,  llonganissa;  moderno,  Uangonissa. 
a  forma  antigua  es  la  etimológica. — 
cCierto  género  de  vianda,  que  se  hace 
de  carne  de  puerco  picada,  y  adereza- 
da  con  especias,  y  se  envasa  en  las 
tripas  menores  del  mismo  puerco.  Co* 
varrubias  dice  ^ue  este  manjar  le  in- 
ventó en  Lncania,  de  donde  se  llamó 
Lucanieá  en  latín,  y  en  castellano  se 
ha  corrompido  en  Longaniza.»  (Aca- 
demia, Dteeionario  de  1726.^— «Por 
semejanza  se  llama  cualquier  cosa 
larga  y  delgada,  como  la  soga  del  po< 
10.»  (Idbii.) 


LONG 


481 


Longar.  Adjetivo  ^ue  se  aplica  al 

Sanal  que  esta  trabajado  á  lo  largo 
e  la  colmena,  j  se  aplica  también  i 

ésta. 

Etiuolooía.  Longa* 
Longares.  Masculino*  ^«rsMsis. 
Cobarde. 

Longazo;  sa.  Adjetivo  aumentati- 
vo de  luengo. 
Longemente.  Adverbio  de  modo 

anticuado.  Mucho,  en  gran  manera. 

Etiuolooía.  Latín  longe,  muy,  mu- 
cho; LONQB  hoc  fiehati  cesto  iba  muy 
largo;»  es  decir,  cesto  se  hacía  en  lar- 
go tiempo.» 

Longevidad.  Femenino.  Largo  vi- 
vir. 

Etiuolooía.  Longevo:  latín,  longa- 
vtías;  italiano,  ¡ongevitá;  francés,  lon- 

gévité. 

Longevo,  va.  Adjetivo.  El  que  es 
muy  anciano  ó  de  larga  edad. 

Etiuolooía.  Latín  lot^isvus,  de  lar- 
ga vida;  compuesto  de  longus,  largo, 
y  avunii  tiempo  indefinido:  italiano, 
longevo. 

Longi.  Prefijo  técnico;  del  latín 
/onffuA,  largo. 

Longicaudo,  da.  Adjetivo,  Zoolo- 
gía, De  cula  larga. 

Etiuolooía.  Latín  longos,  largo,  y 
cauda,  cola:  francés,  longicaude. 

Longicaulo,  la.  Adjetivo.  Boláni' 
ca.  De  tallo  largo. 

Etiuolooía.  Latín  longus  j  atulis, 
tallo:  francés,  longicaule. 

Longícompaesto,  ta.  Adjetivo. 
Botánica»  Hojas  lonoigoupuestas;  ho- 
jas larcas  y  compuestas,  oomo  las  de 
las  rosaceas, 

ETiuOLOofA.  Longi  j  empuesto: 
francés,  loiuficomposó. 

Longicórneo,  nea.  Adjetivo.  Lon* 

QICOllNIO. 

Longicornio,  nia.  Adjetivo,  ffn- 
tomologia.  Calificación  de  los  insectos 
coleópteros,  cuyos  cuernos  son  tan 
la^os  cumo  el  cuerpo  ó  más. 

Etiuoloqía.  Longi  y  ciírneo. 

Longicruro,  ra.  Adjetivo.  Zoolo- 
gía. De  piernas  larcas. 

Etiuolooía.  Latín  ídn^tu,  largo,  y 
crus,  crurís,  pierna. 

Longilabros.  Masculino  plural. 
Entomología,  Tribu  de  insectos  nemíp- 
teros  de  labro  largo. 

ETiMOLoaÍA.  Longi  y  lahro, 

Longilobolado,  da.  Adjetivo.  His- 
toria natural.  DÍTÍdíido  en  lóbulcu  pro- 
longados. 

ExiuoLoaÍA.  Longi  y  lóbulo:  fran- 
cés, longilobé, 

Longifloro,  ra.  Adjetivo,  Botáni- 
ca. De  ñores  en  forma  prolongada. 

Etiuolooía.  Zott^»  y  fios,  Jdrit, 
flor. 

Longifoliado,  da.  Adjetivo.  Botá- 
nica. De  hojas  largas. 

ExiuoLooÍA.  Longi  y  /Ótiatus,  de 
fÓUum,  hoja. 

LoDEÍloquio.  Masculino.  Conver- 
sación larga. 

Etimología.  Latín  loi^il^quíumt  de 
longus,  largo,  y  %«*',  hablar.  (Dona- 
to.) 

Longimano.  Masculino,  ffistoria* 
Sobrenombro  do  Arti^eijes,  rey  de 


vouo  m 


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482  hom 


LONJ 


Persia,  iludiendo  á  que  tenía  un  bra- 
zo más  largo  que  el  otro.  (San  Jeró- 
nimo.) 

GtimolooU.  Latín  Lon^^tnínus;  de 
longut,  larg^,  j  «¿fniu,  mano. 

Longimano,  na.  Adjetivo.  Zoolo' 
gla.  De  manos  lamas. 

Btihología.  Loi^ma%Q:  francés, 

Longimetria.  Femenino.  Parte  de 
la  geometría  que  enseSa  á  medir  lon- 
gitudes, T  también  la  que  trata  de  las 

propiedades  de  las  líneas. 

EiTiMOLOOÍA.  Latín  lon^ut,  largo,  j 
el  griego  méíron,  medida:  francés, 
íowimétrü. 

Longimétríco,  ca.  Adjetivo.  Con- 
cerniente á  la  longimetria. 

Etiuolooía.  Longimetria:  francés, 
lotMimeírique. 

Longimetro.  Masculino.  Instru- 
mento que  sirte  para  tomar  medidas. 

Btimolooía.  Longimetria:  francés, 
loMimiíre. 

Longincuidad.  Femenino,  Coali- 
dad  de  lo  que  está  lejano. . 

Btuiolooía..  Latín  longinquiías, 

Longincno,  cua.  AdjetÍTO.  Dis- 
tante, lejano,  apartado. 

ETiMOLOofA.  Latín  longinquus,  de 
UíMus,  largo. 

Longiao.  Nombre  de  dos  santos. 
El  uno,  conmemorado  por  la  Iglesia 
griega  el  16  de  Octubre,  era  el  centu- 
rión que  mandaba  los  soldados  encar- 
gados  de  la  crucifixión  de  Jesús, ; 
que,  couTertido  después  de  la  Pasión, 
se  dice  que  sufrió  el  martirio  en  Ca- 

fiadocia.  El  otro,  cu^a  fiesta  celebra 
a  Iglesia  católica  el  15  de  Ülarzo,  era 
el  soldado  que  abrió  de  ana  lanzada 
el  costado  del  Salvador  j  que,  eon- 
Tertido  también  al  cristianismo,  fué 
martirizado  en  Cesárea. 

Longipalpos.  Mascolino  plural. 
Knlomologia.  Tribu  de  insectos  coleóp- 
teros braquélitros,  que  tienen  los  pal- 
pos maulares  tan  largos  eomo  la  ca- 
beza. 

ETiMOLoaÍA.  Luengo  y  palpot, 

Longipecíolado,  cía.  Adjetivo. 
Botánica.  Que  tiene  flores  sostenidas 
por  pecíolos  largos. 

EtiuolooÍa.  Luengo  j  peciolo. 

Longipenne.  Adjetivo.  (hmitoUh- 
gia.  De  alas  largas. 

EriuoLoaiA.  Latín  Un^iu,  largo,  j 
penna,  pluma,  ala:  francés,  longipenne. 

Lonsiperoio,  nia.  Aojietivo.  Or- 
m/ff/o^iá.  Zancudo. 

ETiHOLoafa.  Latín  Ungía,  largo,  j 
perna,  pierna. 

Longipineo,  nea.  Adjetivo.  KiS' 
torta  natural,  Üe  aletas  largas. 

ETUCOLoafjL.  Latín  longut,  largo,  j 
pinna,  aleta  del  pez.  (Plinio.) 

Longirrostro,  tra.  Adjetivo.  Zoo^ 
logia,  Que  tiene  pico  ó  el  hocico  pro- 
longado. 

ÉriMOLoaÍA.  Latín  longut,  lugo,  j 
rosírum,  pico:  francés,  longirottrt. 

Longiaeto,  ta.  Adjetivo.  Sittoria 
natural.  Que  tiene  cerdas  largas.  Q 
Botánica,  Epíteto  de  las  gramíneas  de 
hilillos  muj  largos  en  las  espigas,  j 
de  las  plantas  que  producen  legum- 
bres cubiertas  de  pelos. 


Etimoloqüu  Latín  longut,  largo,  y 
teta,  cerda. 

Longisimo,  ma.  Adjetivo  aaperla- 
tivo  de  luengo. 

EtiuoloqU.  Latín  longhiimus. 

Longitud.  Femenino.  Lo  largo  de 
cualquiera  cosa.  Q  Geografía.  La  dis- 
tancia de  un  lugar  respecto  al  primer 
meridiano,  contada  por  grados  en  el 
ecuador.  |  Astronomía.  El  arco  de  la 
eclíptica,  comprendido  entre  el  punto 
equinoccial  de  Aries  j  el  círculo  de 
latitud  del  astro. 

Etimología.  Luengo:  latín,  longítü- 
do;  italiano,  longituaine;  francés,  lon- 
gitude;  catalán,  longitnt,  llongiíui. 

Reseña.  1.  Geografía.  Arco  del 
ecuador  terrestre,  evaluado  en  grados 
j  partes  de  grado,  contenido  entre  el 

firimer  meridiano  j  ú  meridiano  del 
ugar. 

2.  La  LONGITUD  se  cuenta  desde  el 
O  hasta  180  grados,  4  derecha  e  iz- 
quierda del  primer  meridiano. 

3.  Si  el  punto  está  en  el  Este,  la 
LOxr.iTUD  es'  oriental:  si  esti  en  el 
Oeste,  se  denomina  LONOiTon  occi- 
dental. 

4.  Descubrimiento  de  las  longitu- 
des. Descubrimiento  del  medio  para 
hallar  las  LONaiTUDBS  en  alta  mar,  por 
el  cual  ofreció  el  Parlamento  inglés 
20.000  guineas. 

5.  En  astronomía,  la  lonqitud  de 
los  astros  se  toma  de  la  eclíptica,  en 
tanto  que  la  lonoituo  geográfica  se 
toma  del  ecuador.  . 

Longitudinal.  Adjatívo.  Lo  que 
pertenece  &  la  longitud  6  est&  hecho 
con  arreglo  &  ella.  \ Didáctica,  Que  se 
extiende  ¿  lo  la^.  R  Anatomía.  Que 
se  dirige  en  sentido  del  eje  principal 
de  un  órgano.  Q  Plano  longitudinal. 
Marina.  Plano  que  pasa  por  el  eje  de 
la  quilla,  de  la  rada  ó  estamenara  j 
del  codaste. 

Etimología.  Longitud:  francés,  lon- 
gitudinal; italiano,  longiíudinale. 

Longitudinalmente.  Adverbio  de 
modo.  A  lo  larg^. 

EtiuolooIa.  Longitudinal  j  el  sufijo 
adverbial  monís:  francés,  longitudinal 
lement;  italiano,  longiíudinaímeníe. 

Lon^o.  Masculino.  Vello  L(»«oo; 
gramático  latino.  (TXciro.) 

Etxmolooía.  Longut. 

Longo.  Escritor  griego  del  si- 

f lo  IV  ó  V  de  nuestra  era,  cujo  ver- 
adero  nombre  se  ignora.  Debe  la  ce- 
lebridad á  Daphnis  y  Cloe,  novela 
pastoril  en  cuatro  libros,  llena  de 
gracia,  de  sencillez  jr  de  delicadeza, 
aunque  de  un  estilo  en  ciertos  pasa- 

Í'es  un  poco  afectado  j  pretencioso, 
jas  mejores  ediciones  de  esta  precio- 
sa obra  son:  la  de  Columbani  (Floren- 
cia, 1598);  la  de  Jungerman  (1606); 
la  de  Boden  (Leipzig,  1777);  la  de 
Villoison  (París,  1778);  la  de  Corav 
(París,  1802)  j  la  de  G.  H.  Schsfer 
(Leipzig,  1803).  P.  S.  Courier  encon- 
tró en  Florencia  un  pasaje  que  falta- 
ba en  el  primer  libro  jdió  una  nueva 
edición  en  1810,  con  la  traducción 
francesa  de  Am^ot.  Recientemente 
nuestro  compatriota,  el  ilustrado  aca- 
démico don  Juan  Valera,  ha  vertido 


al  castellano  la  novela  Daphnis g  Cloe, 
en  una  prosa  tan  castiza  y  elegante, 
ue  no  hace  echar  de  menos  ninguno 
e  los  muchos  primores  de  estilo  del 
original. 

Longo,  ga.  Adjetivo  anticuado. 
Labgo. 

LoDgobardo,  da.  Adjetivo.  Loa- 

DARDO. 

EtiuolooÍa.  Latín  long&hárdut. 

Longor.  Masculino  anticuado. 
Longitud. 

Longuera.  Femenino.  Porción  de 
tierra  larga  j  angosta. 

Ktiuología.  Luengo, 

Longueria.  Femenino  anticuado. 
Dilación. 

EtiuolooÍa.  Luengo. 

Lengüetas.  Femenino  plnraU  Ci- 
rugía.  Tiras  de  lienzo,  ja  sencillu, 
ja  dobles  ó  triples,  qae  se  aplican  en 
fracturas  j  amputaciones. 

Etuiología.  Luengo, 

Longueza.  Femenino  anticuado. 
Labqura. 

Longueznelo,  la.  Adjetivo  anti- 
cuado aiminutivo  de  luengo. 

Etuiología..  Latín  longUus.  (Cice- 
rón.) 

Longuisimo,  ma.  Adjetivo  super- 
lativo. Larguísiuo. 

Longuiso.  Masculino.  Germania. 
Cobarde. 

Longnitis.  Femenino.  Botánica. 
Planta  medicinal  de  la  familia  de  las 
ciperáceas,  que  se  cría  en  los  lugares 

secos. 

EtiuolooÍa.  Latín  tongUmt  un  poco 

largo. 

Longno,  gna.  Adjetivo  anticuado. 
Labqo. 

Longura.  Femenino  anticuado. 
Lonqitud.  |  Anticuado.  Distancia  6 
transcurso  considerable  de  tiempo.  | 
Anticuado.  Dilación. 

Lo^ja.  Femenino.  Cualquiera  cosa 
larga,  ancha  y  poco  gruesa;  como 
lonja  de  cuero,  de  tocino,  etc.  Q  El 
sitio  público  donde  se  juntan  merca- 
deres y  comerciantes  para  sus  tratos 
y  comercios.  ||  La  tienda  donde  se  ven- 
de cacao,  azúcar  y  otros  géneros.  |  BI 
atrio  algo  levantado  del  piso  de  las 
calles,  a  que  regularmente  salen  las 
puertas  de  los  templos  y  otros  edifi- 
cios. B  Sn  las  casas  de  esq^uileo  es  el 
almacén  donde  se  coloca  la  pila  de 
lana.  |  Pieza  de  vaqueta,  de  una  vara 
de  largo  y  de  cuatro  á  seis  dedos  de 
ancho,  con  que  en  los  coches  se  afian- 
zan los  balancines  menores  al  ma- 
yot.  Q  Cetrería.  La  correa  larga  que  se 
ata  á  las  pihuelas  del  halcón  para  no 
tenerle  muy  recogido. 

ETOioLoaÍA.  Antiguo  alto  alemán 
lanbja:  alemán,  Lauoe,  follaje,  porque 
las  primeras  lonjas  fueron  albergues 
rústicos;  bajo  latín,  lauba,  lobia,  lo- 
bium;  inglés,  lodje;  italiano,  loggia; 
lombardo,  labia;  portugués,  ¿^'s;  fian* 
cés,  loge;  provenzal,  lotja;  catalán, 
llotja,  moderno;  llonja^  anticuado.  J 
«Femenino.  Bl  sitio  público  donde 
suelen  juntarse  los  mercaderes  y  co- 
merciantes para  tratar  de  sus  tratos 
y  comercios.  Sale  del  latino  longus,  a, 
WM,  por  aer  siempre  espaciosas  y  pro- 


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LOPE 


LOPE 


LOPE  483 


loagtdu.»  (AcADBtíu,  Diecionañó  de 
im.) 

Lonjear.  A-ctívo  anticuado.  Alua- 
cbnab. 

Ktiholooía.  L<ma, 

liOi^jero,  ra.  msculÍDo  t  femeat- 
Do.  Lonjista.  |1  Femenino.  El  merca- 
dar  que  tiene  lonja.  (AcadbiuAi  Dic- 
mnariode  1726*) 

Lometa.  Femenino  diminutivo  de 
lonja.  I  Cbnadob. 

Loauilla.  Femenino  diminutivo  de 
looia. 

BTUfOLoaÍA.  Zimia:  catalán,  lloí- 
jeía. 

Loi^ísta.  Común  de  dos.  El  mer- 
cader o  mercadela  que  tiene  lonja. 

Lonni.  Adverbio  de  lugar  anticua- 
do. Largo,  lejotf. 

Lonquero .  Masculino.  Zoología, 
Género  de  roedores  parecidos  al  erizo. 

Lontanan2a.  Femenino.  Pintura. 
Se  da  este  nombre  á  los  términos  de 
un  cuadro  más  distantes  del  plano 
priucipal. 

ETmoLooÍA.  Italiano  lontananza,  for- 
ma sustantiva  abstracta  de  loníano; 
del  latín  ion^i,  lejos,  y  ttare,  estar: 
francés,  lúintain;  ptovenzal,  loindanf 
londhan,  iundhan, 

Lontar.  Masculino.  Botánica.  Es- 
pecie de  palmera,  de  la  cual  se  saca 
gran  cantidad  de  licor  llamado  íoídi, 
u  vino  de  palma. 

KtimolooU.  Malajo  lontar  ( jr^) 

latía  técnico,  Óorassus  ^abelliformis; 
LOSTAKUs,  de  Kumpf;  &ancés,  lontar. 

Loog.  Masculino.  iSedicamento 
usado  por  los  árabes  para  curar  cons- 
tipados j  otras  afecciones  de  pecho. 
—«Término  farmacéutico.  Cierta  es- 
pecie de  electuarío  blando.  Dase  re- 
g'ularmente  este  nombre  á  las  compo- 
siciones pectorales  que  tienen  una 
consistencia  media  entre  los  electua- 
rios  j  jarabes.  Ks  voz  arábiga.»  (Acá- 
üvaikt  Diccionario  de  17!¿6*J 

hooT.  Masculino.  Alabanza. 

Etiuolociía.  Loa;  catalán,  loor. 

Lope.  Masculino.  Nombre  propio 
de  varón:  don  Lope. 

Etiuolooía.  Antes  que  de  hpus,  lo- 
bo, viene  de  lup  ó  las/,  y  significa  quie- 
tud. (Matáns.) 

López.  Masculino.  Nombre  patro- 
nímico. El  hijo  de  Lope:  hoy  sólo  se 
usa  como  apellido  de  familia. 

López  (Alonso).  Poeta  crítico 
español,  que  vivía  en  la  segunda  mi- 
tad del  siglo  XVI.  Ejerció  la  Medicina 
/  estuvo  al  servicio  de  la  princesa 
Maria  de  Castilla*  hija  de  Carlos  V. 
Dejó  las  siguientes  Q\it».s:  Pkilo$ophia 
antigua  poética  y  Comentario  de  la  Poé- 
tica de  Aristóteles. 

López  (Bartoloub).  Escültor  es- 
pañol, que  vivía  á  principios  del  si- 
glo XVI.  Ejecutó  en  1522  los  adornos 
de  yeso  de  la  capilla  del  Perdón  de  la 
catedral  de  Sevilla. 

López  (Cbistóbal).  Pintor  español, 
natural  de  Sevilla,  que  nació  en  la  se- 
gunda mitad  del  siglo  xvii  j  murió 
en  1730.  Sus  obras  más  notables  son: 
san  Cristóbal  y  la  Cena. 

I^pez  (Disao).  Pintor  español  del 


siglo  XV,  llamado  el  Mvdo,  natural  de  | 
Madrid.  Sus  obras  se  han  confundido 
alguna  vez  con  las  de  Juan  Fernán- 
dez Navarrete,  llamado  también  el 
Mudo,  por  el  sobrenombre  de  ambos, 
y  no  porque  puedan  equivocarse  sus 
estilos.  Son  de  su  mano  las  pinturas 
de  la  iglesia,  ojimarín  y  sacristía  de  la 
ermita  de  Nuestra  Señora  del  Prado, 
cerca  de  Talavera  de  la  Reina. 

López  (DiEOo).  Literato  español, 
que  murió  en  1655.  Era  natural  de 
Extremadura,  fué  profesor  de  bellas 
letras  y  se  ocupó  constantemente  en 
hacer  tzaducoiones  españolas  de  los 
clásicos  latinos,  como  Virgilio,  Pro- 
percio,  Valerio  Máximo  y  Juvenal. 

liópez  (Fbancisco).  Pintor  y  gra- 
bador español,  que  vivía  en  Madrid  á 
fines  del  siglo  xviy  principios  del  xvii. 
Fué  discípulo  de  Bartolomé  Carducci, 
y  en  1595  se  le  propuso,  en  unión 
con  sus  maestros,  para  pintar  los  lien- 
zos del  retablo  mayor  de  San  Felipe  el 
Real,  lienzos  que  perecieron,  según  se 
cree,  en  el  incendio  acaecido  en  dicha 
iglesia  en  1718.  Felipe  III  le  nombró 
su  pintor  de  cámara  en  1603,  y  ejecu- 
tó en  el  palacio  del  Pardo  algunas 
obras  representando  victorias  de  Car- 
los V,  con  buen  gusto,  correcto  dibujo 
y  agradable  colorido.  Entre  los  demás 
cuadros  que  se  conocen  de  él,  puede 
citarse  un  san  Ántomo  Abad,  que  se 
hallaba  en  la  iglesia  de  San  Martin  de 
Madrid.  También  ayudó  á  Vicente 
Carducci  en  la  obra  titulada:  Diálogo 
de  la  Pintura, 

López  (Francisco).  Pintor  espa- 
ñol, natural  de  Madrid.  Fué  discípulo 
j  amigo  de  Gaspar  Becerra,  á  quien 
ayudó  en  las  obras  de  decorado  de  los 
palacios  de  Madrid  y  del  Pardo.  Al  mo- 
rir Becerra,  le  recomendó  á  Felipe  II, 
el  cual  le  encargó  la  pintura  y  deco- 
rado del  retablo  que  hisíeban  Jordán, 
escultor  del  rey,  nabia  ejecutado  para 
el  monasterio  de  Montserrat,  en  (Cata- 
luña. 

López  (Grboorio).  Misionero  espa- 
ñol, llamado  en  IsínMgxó^  Antonio  de 
Santa  María,  que  nació  en  fialtanás, 
en  1610,  y  murió  en  Nankín  en  1680. 
Eutró  en  la  orden  de  san  Francisco  y, 
trasladado  á  Filipinas,  enseñó  la  teo- 
logía en  un  convento  de  su  orden. 
Enviado  como  misionero  á  China,  re- 
corrió las  provincias  de  Fo-Kieu,  de 
Nankín  y  de  Cantón;  fundó  varias 
iglesias  y  oratorios,  y  durante  veinti- 
siete años  trabajó  con  un  ardor  infa- 
tigable en  la  conversión  de  los  infie- 
les; sufrió  persecuciones  y  encierros 
y  fué  nombrado  por  el  papa  Inocen- 
cio X  vicario  general  de  su  orden.  Sus 
escritos  más  notables  son:  Heíatio  si- 
nensium  seetarun;  Los  ritos  de  los  eAi- 
nos;  Catecismo  cristiano  en  lengua  china; 
Tractatus  de  Sinarumconversione;  Apo- 
logía de  los  misioneros  dominicanos  y 
franciscanos;  Historia  de  Fray  Gabriel 
de  la  Magdalena  y  otros  siete  religiosos 
mártires  del  Japón;  De  modo  etangeli- 
zandi  in  sínico  imperio  y  Tractatus  de 
cmUm  Cunfucio. 

López  (Cjreoorio).  Escritor  reli- 
gioso español,  que  nació  en  1542  y 


murió  en  1596.  Después  de  vivir  al- 
gunos años  con  un  ermitaño  de  Nava- 
rra, fué  á  Nueva-España  á  predicar  el 
Evangelio  á  los  indios,  y  allí  pasó  su 
vida  en  una  cabaña,  que  se  constru- 
yó, distribuyendo  su  tiempo  entre  la 
predicación  y  la  penitencia.  Dejó  las 
obras  siguientes:  Explicación  del  Apo- 
calipsis; Cronología  de  los  tiempos,  y 
Tratado  do  Uu  prepiedado»  de  las  hier~ 
ias. 

López  (Joaquín  María).  Uno  de 
los  más  célebres  oradores  políticos, 
jurisconsulto  y  hombre  de  Estado  es- 
pañol, que  nació  en  Villena  (Alican- 
te) en  1802  y  murió  en  1855.  Abrazó 
la  causa  constitucional,  por  lo  cual 
tuvo  que  expatriarse  en  1823,  pasan- 
do á  vivir  á  Montpeller,  donde  perma- 
neció hasta  1825,  en  que  obtuvo  au- 
torización para  volver  á  España.  Ele- 
gido diputado  en  1834,  se  dio  á 
conocer  en  las  filas  de  la  oposición 
más  avanzada  y  adquirió  muy  pronto 
la  brillantísima  reputación  de  orador 
que  le  acompañó  hasta  el  fin  de  su 
vida.  Proclamada,  en  1836,  la  Cons- 
titución de  1812,  ocupó  el  puesto  de 
ministro  de  la  Gobernación  bajo  la 
presidencia  de  Calatiava;  conservó  en 
el  poder  sus  ideas  avanzadas  y,  por 
último,  no  estando  de  acuerdo  con  la 
condueta  de  aqubl  gobierno,  presentó 
su  dimisión  y  volvió  al  Congreso, 
donde  era  diputado  por  Madrid,  con 
el  fin  de  hacer  la  oposición  á  la  polí- 
tica de  entonces.  Como  presidente  de 
las  Cortes  constituyentes,  cerró  sus 
sesiones  con  un  elocuente  discurso, 
que  conmovió  profundamente  al  au- 
ditorio. Elegido  nuevamente  en  1842, 
tomó  parte  en  la  coalición  formada 
en  1843  contra  el  gobierno  del  Re- 
gente; formó  por  encargo  de  éste 
un  ministerio,  que  pronto  fué  disuel- 
to; presidió  el  gobierno  provisional 
cuando  triunfó  el  pronunciamento; 
y  luego  que  el  partido  moderado  se 
hizo  dueño  de  la  situación,  se  retiró 
á  la  vida  privada,  y  aunque  fué  nom- 
brado senador,  no  volvió  á  tomar  par- 
te en  la  política,  muriendo  de  un  cán- 
cer en  la  boca.  Su  elocuencia  ha  que- 
dado como  uno  de  los  dechados  más 
dignos  de  imitación  de  los  tiempos 
modernos,  mientras  que  su  nombre  se 
conserva  como  una  de  las  más  legíti- 
mas glorias  de  nuestro  parlamenta- 
rismo. Además  de  sus  inimitables 
Discursos,  se  conservan  del  personaje 
'de  esta  biografía  unas  muy  estima- 
bles Lecciones  de  elocuencia, 

Resumen. — 1.  Don  Joaquín  Ma^ía 
LÓPBZ,  por  cuya  memoria  conserva- 
mos aún  la  veneraciónsupersticiosade 
la  niñez,  era  alto,  fornido,  garboso, 
de  noble  y  hermosa  presencia,  de  ca- 
bellera larga.  Bn  los  discursos  de 
emoción,  solía  sacudir  la  cabeza  y 
agitar  el  cabello,  de  tal  suerte  que 
parecía  volar  por  el  espacio. 

2.  Este  ilustre  español  tuvo  la  hon- 
ra merecida  de  poner  la  primera  pie- 
dra en  la  inauguración  de  la  estatua 
del  insigne  Cervantes,  añadiendo  la 
gloria  de  un  discurso  á  la  gloria  de 
un  libro.  Sus  palabras  en  aquellos 


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484  LOPE 


LOPE 


LOPE 


instactea  sagrados  fueron  una  solem- 
nidad de  la  maguiñca  elocuencia  es- 
pañola. Nosotros  tuTÍmos  la  suerte  d« 
oirías,  cuando  la  edad  no  nos  permi- 
tía comprenderlas;  aunque  siempre 
salimos  gananciosos,  pues  lo  que  no 
alcanxamgs  en  admiración,  lo  conse- 
guimos en  humildad  j  en  inocencia. 
Pero  aun  cuando  no  comprendimos 
aquel  discurso,  comprendíamos  que 
allí  se  erigían  dos  estatuas:  una,  de 
bronce;  la  de  Cervantes;  otra,  de  ora- 
toria; ia  de  Joaquín  Mabía  Lópbz. 

3.  A.quella  edad  tuvo  dos  grandes 
tipos  de  elocuencia:  Antonio  Alcalá 
Galiano,  modelo  perfeclísimo  del  ora- 
dor puro,  delicado,  elegante,  de  quien 
solía  decirse  que  su  lengua  había  roba- 
do tu  melodía  á  la  lengua  de  los  sera- 
fines^ y  Joaquín  MabÍa  Lópbz,  mode- 
lo perfectísimo  del  tribuno  valiente, 
vigoroso,  inspirado,  sublime,  cuya 
palabra  cae  de  sus  labios,  como  baja 
el  torrente  de  las  cumbres  del  Líbano, 
ó  como  el  rajo  se  desprende  del  vapor 
de  la  nube.  Es  una  lástima  que  esos 
hombres  nazcan  para  dar  á  la  muerte 
el  tributo  común. 

4.  Bl  personaje  de  esta  bíograiía, 
como  todo  genio,  creó  escuela.  Basta- 
ba leer  algunas  líneas  de  sus  discur- 
sos, para  que  el  lector  exclamase: 
«aquí  respira  el  alnfa  generosa  de 
DON  Joaquín  María  Lópbz.» 

5.  Su  carácter  más  universal  era 
la  pasión;  la  pasión  en  todo,  hasta  en 
el  mirar,  hasta  en  el  moverse,  lo  cual 
daba  á  sus  ademanes  esa  apostura 
majestuosa  de  los  sentimientos  pro- 
fundos, lo  que  pudiéramos  llamar  la 
estética  de  las  pasiones,  la  poesía  del 
amor.  ¡Aj!  El  amor  fi}Q  su  gloria  jel 
amor  lo  llevó  al  sepulcro.  La  lengua 
fué  su  genio  j  muere  de  un  cáncer  en 
la  lengua.  Nuestros  ilustrados  lecto- 
res comprenden  sin  duda  que  no  po- 
demos decir  más.  Sobre  la  tumba  de 
este  grande  hombre  debiera  escribir- 
se el  siguiente  epitafio:  «Cielo  y  tie- 
rra; gloria  é  infierno.» 

López  de  .á^ala  (Don  Adblaboo). 

I 

A  las  tres  j  media  de  la  tarde,  en 
el  cuarto  segundo  de  la  izquierda  de 
la  casa  número  8  de  In  calle  de  San 
Quintín,  desde  cuyos  balcones  se  do- 
mina un  horizonte  dilatado  y  panora- 
mas variados  j  pintorescos,  espiraba 
rodeado  de  hermanos  y  de  amigos, 
entre  los  cuales  don  Bmilio  Arrieta 
pertenece  moralmente  á  los  primeros, 
el  presidente  del  Congreso  de  diputa- 
dos, DON  Adblardo  Lópbz  db  Atala/ 
á  los  50  años,  y  al  parecer,  en  la  fuer- 
za de  su  edad  y  de  su  talento.  Su  bio- 
grafía se  puede  condensar  en  breves 
líneas.  Había  nacido  en  Guadalcanal, 

frovincia  de  Sevilla,  en  Marzo  de 
H¿9,  pasando  su  niñez  en  Villagar- 
cía,  pueblo  inmediato  á  Mérida;  hizo 
sus  estudios  después  en  la  universi- 
dad de  Sevilla,  y  en  Madrid  se  di^i  á 
conocer  .como  autor  dramático,  aun- 
que su  primera  obra  teatral.  El  Hom- 
bre de  Estado,  no  tuvo  buen  éxito. 
Obtuvo  un  empleo  modesto  en  Gober- 


nación, que  perdió  al  advenimiento 
del  partido  progresista,  y  fué  duran- 
te el  bienio  redactor  de  Ell  Padre  Co- 
bos. Afiliado  más  tarde  á  la  unión  li- 
beral, fué  elegido  diputado.  Hizo  sus 

5 rimeros  ensayos  de  orador  defendien- 
oiMl  Padre  Cobos,  y  más  tarde  en  el 
Congreso  combatiendo  la  ley  de  im- 
prenta del  señor  Nocedal.  Tomó  parte 
activa  en  la  revolución  de  Septiembre, 
cuyo  programa  redactó,  y  triufante 
aquélla,  obtuvo  el  ministerio  de  Ul- 
tramar. Se  le  tenía  por  afecto  á  la  can- 
didatura del  duque  de  Montpensier,  y 
sus  opiniones  conservadoras  le  per- 
mitieron sin  gran  violencia  ingresar 
en  la  conciliación  monárquica  dirigi- 
da por  su  íntimo  amigo  el  señor  Cá- 
novas, bajo  cuya  presidencia  fué  mi- 
nistro, y  con  cuyo  apoyo  obtuvo  del 
Congreso,  en  dos  legislaturas,  la  pre- 
sidencia que  ocupaba  al  fallecer.  Su 
mayor  triunfo  teatral  se  lo  proporcio- 
nó El  Tanto  por  Ciento,  y  su  última 
ovación  escénica,  el  drama  Consuelo, 
Dos  naturalezas  diversasdebemos  con- 
siderar en  el  señor  Atala  separada- 
mente: el  político  y  el  poeta.  Procura- 
remos hacer  unligeio  juicio  de  ambas, 
sin  exageración  ni  poesía;  no  habién- 
dole adulado  en  vida,  no  cubriremos 
de  incienso  su  cadáver;  diremos  so- 
briamente lo  que  nos  parece  la  ver- 
dad, único  lenguaje  que  se  debe  nsar 
ante  una  tumba. 

n 

Suele  tacharse  á  Atala  su  deser- 
ción del  vie^o  partido  moderado,  que 
sólo  conoció  el  valor  y  la  importancia 
de  aquel  joven  cuando  un  político  sa- 
gaz, el  general  O'Donnell,  le  afilió  á 
su  bandera,  que  difería  bien  poco  de 
la  del  partido  que  dejaba.  El  redactor 
de  El  Padre  Cobos  dió  con  su  talento 
á  este  partido,  helado  ya,  mucho  más 
de  lo  <^ue  había  recibido;  la  posición 
literaria  y  política  que  llevÓ  á  la 
unión  liberal  se  la  habían  conquista- 
do su  talento  y  sus  trabajos;  no  era 
una  posición  oficial,  de  que  la  grati- 
tud le  prohibía  disponer;  era  libre,  y 
pudo  abandonar  sin  escrúpulo  á  los 
que  le  manifestaban  poco  afecto,  para 
unirse  á  los  que  le  mostraban  más 
amistad  y  simpatía.  Las  diferencias 
de  ideas  que  separaban  á  unos  y  otros, 
consideradas  hoy  fríamente,  son  ridi- 
culas. La  segunda  evolución  que  le 
censuran,  es  la  de  casi  todo  su  partido, 
^ue  se  lanzó  al  campo  revolucionario: 
átomo  de  aquella  mole,  no  tenía  para 
detenerse  razones  de  gratitud  ó  deco- 
ro personal  que  exigiesen  de  él  un 
esfuerzo  poderoso  para  no  caer  con  los 
demás  por  la  pendiente;  pero,  ni  con- 
vertirse en  la  voz  de  aquella  revolu- 
ción, redactándola  célebre  proclama 
de  Cádiz,  hay  que  recurrir,  para  dis- 
culparle por  la  dureza  de  sus  frases, 
á  la  necesidad  de  interpretar  la  opi- 
nión de  los  que  habían  de  firmarla. 
Esas  obras,  que  inspiran,  discuten  y 
firman  muchos,  nunca  son  de  uno 
Sülü.  La  responsabilidad,  que  se  trata 
de  exigir  al  Señor  Atala,  la  compar- 
ten todos  los  que  firmaron  el  famoso 


documento.  Dentro  de  la  revolución, 
y  ya  ministro,  fué  un  elemento  tem- 
plado y  de  poca  iniciativa.  La  tercera 
evolución  del  señor  Atala  tiene  tam- 
bién carácter  colectivo:  acaso  la  fasci- 
nación de  la  amistad  influyó  podero- 
samente en  un  cambio  político,  que, 
efectuado  sin  duda  por  desengaños  y 
profunda  convicción,  hubiera  pareci- 
do más  natural,  sí  hubiese  sabido  re- 
sistir el  ofrecimiento  de  un  puesto  vi- 
sible en  los  momentos  primeros  de  la 
restauración  que  se  verificaba.  La  elec- 
ción del  señor  Cánovas  tiene  una  jus- 
tificación independiente  de  la  sincera 
y  hasta  débil  amistad  que  profesaba 
al  poeta:  el  nombre  del  señor  Atala 
debía  significar  ante  todo  el  mundo 
la  política  del  olvido:  política  gene- 
rosa, no  extremándola  hasta  olvidar 
la  lealtad  y  los  servicios.  Ks  innega- 
ble que  existen  grandes  contradiccio- 
nes en  la  vida  política  de  Atala:  na- 
turaleza indolente  la  suya,  de  escasa 
iniciativa,  se  dejó  arrastrar  por  los 
sucesos  y  siguió  perezosamente  i  sus 
amigos,  á  los  cuales  se  puede  achacar 
parte  de  sus  faltas,  así  como  su  ele- 
vación, que  efectuó  sin  ^ran  esfuerzo 
propio.  No  era  en  realidad  hombre 
político;  y  las  corrientesi  que  por  to- 
das partes  le  envolvían,  le  llevaron 
insensiblemente  á  la  posición  más  po- 
lítica del  país.  Como  orador,  no  lo  era 
de  diario  y  de  batalla;  su  lujosa  elo- 
cuencia necesitaba  larga  intermiten- 
cia y  reposo  para  causar  efecto  seguro 
en  ocasiones  determinadas  y  solem- 
nes. Atala  era  un  nombre  respetado 
y  ensalzado  como  poeta,  y  la  política 
se  apoderó  de  aquella  gloría  teatral 
para  asimilarla  y  darle  brillo,  y  le  re- 
compensó con  generosidad:  la  políti- 
ca le  absorbió  en  perjuicio  del  arte. 
Kl  señor  Cánovas  del  Castillo  tendrá 
ante  la  posteridad,  sí  confirma  el  jui- 
cio de  los  contemporáneos,  la  gloría 
de  su  debilidad  por  el  poeta  ^  de  su 
poderosa  y  decidida  protección,  así 
como  la  responsabilidad  de  haberle 
desviado  de  su  camino  verdadero,  el 
del  arte  dramático.  Cuando,  al  verle 
espirar,  quedó  sumido  en  larga  y  do- 
lorosa  meditación,  ¿tendría  algún  re- 
mordimiento'^ No:  lloraba  sincera  y 
amargamente  al  amigo,  y  nada  más. 

III 

La  personalidad  de  don  Adblardo 
LÓPEZ  DE  Atala  está  en  sus  obras  tea- 
trales; suprimidas  éstas,  dentro  de 
dos  años  nadie  se  acordaría  del  políti- 
co. Hablemos  del  poeta  dramático, 
aunque  no  podamos  dará  nuestro  jui- 
cio la  extensión  que  se  merece.  La 
opinión  general  le  colocaba  entrenues- 
tros  tres  ócuatro  autores  de  más  talla; 
la  exageración  le  colocaba  al  lado  de 
Calderón,  sin  fijarse  en  que  este  ing-e- 
nio  colosal  creó  un  mundo  poético  que 
asombra  y  aturde  á  loa  que  penetran 
en  sus  misterios  y  grandezas.  Lo  que 
hizo  Avala  fué  estudiar  y  admirar 
profundamente  á  aquel  maestro.  ¿De- 
ja verdadero  teatro  el  poeta  que  acaba 
de  morir?  Siete  son  sus  comedias  en 
tres  actos  ó  cuatro:  R%oja¡  Do»  ffiima- 


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LOPE  485 


%et¡  L'n  Hombre  de  Estado;  EL  Tejado 
do  vidrio;  SI  Tanto  por  ciento;  El  Nue- 
«0  DoH  Jman,  y  Cotauelo,  todas  llenas 
de  bellezas;  pero  de  las  cuales  más  de 
la  mitad  no  corresponden  á  su  fiima; 
dos  refundiciones  de  Calderdn,  El  Al- 
calde de  Zalamea  j  El  Conjuro;  ésta, 
de  escaso  mérito,  j  el  grao  valor  de 
la  primera,  pertenece  á  Calderóa;  una 
traducción  en  prosa,  Haifdee,  sin  im- 
portancia, y  cinco  zarzuelas,  que  aun 
cuando  tienen  versos  primorosos  7  es- 
cenas mnj  notables,  no  era  el  género 
en  que  brillaba  su  talento:  son  La 
Estrella  de  Madrid;  Los  Comuneros;  El 
Conde  de  Castralla;  El  Agente  de  ma- 
trimonios j  el  lindo  juguete  en  un  ac- 
to Guerra  á  muerte.  ¿Es  un  verdadero 
teatro  que  puede  compararse,  no  ja 
al  del  príncipe  de  la  literatura  nacio- 
nal, sino  al  de  ninguno  de  los  gran- 
des dramáticos  del  siglo  xtií?  Deje- 
mos en  paz  á  aquellos  gigantes  de 
una  época  portentosa,  porque  la  nues- 
tra tiene  otro  nivel.  Las  composicio- 
nes importantes  de  A.ya.la.  son:  El 
Tanto  por  ciento;  El  Tejado  de  vidrio, 
j  Consuelo,  cada  una  de  las  cuales  ha 
producido  en  el  teatro  profunda  sen- 
sación; sin  innovar  nada  las  formas 
establecidas,  sin  que  su  invención  sor- 
prenda, sin  que  su  composición  deje 
algo  que  desear;  pero  las  tres  profua- 
dameute  humanas  j  teatrales  y  de 
honda  trascendencia.  La  contextura 
ó  armazón  de  esas  comedias  no  tiene 
sello  especial  que  dé  carácter  á  su  au- 
tor. ¿En  qué  estriba,  pues,  el  mérito 
extraordinario  que  todos  le  concede- 
mos ¿Será  otra  exageración  como  la 
que  dejamos  apuntada?  De  ningún 
modo:  la  personalidad  7  el  sello  del 
poeta  consistían  en  el  ropaje  magní- 
fico de  esas  concepciones:  la  virilidad 
j  profundidad  del  pensamiento,  la 
energía  y  propiedad  de  la  dicción,  la 
delicadeza»  la  flexibilidad  de  entendi- 
miento con  que  desarrollaba  Sus  obras, 
constitujei^o  de  tal  manera  una  in- 
dividualidad poética  que,  si  referido 
el  argumento  de  sus  obras  se  puede 
atribuir  á  algunoSt  leída  cualquiera 
de  sus  escenas,  se  ve  matemáticamen- 
te que  deben  ser  sujas  ó  de  nadie;  la 
noble  escrupulosidad,  la  elegaucía, 
corrección  j  nervio  dramático;  cuali- 
dades de  reunión  tan  difícil,  producen 
en  sus  diálogos  un  placer  especial,  de 
sabor  muy  pronunciado.  Un  gran  sen- 
tido común,  profundidad  é  intención, 
daban  además  á  sus  obras  los  rasgos 
de  las  obras  de  un  maestro.  Pero  Aya- 
la  ha  dejado  incompleto  su  teatro; 
teníamos  tal  fe  en  su  fuerza  dramáti- 
ca y  en  su  talento,  que  además  de  lo 
hecho,  contábamos  como  seguro  y  le 
concedíamos  lo  que  la  política,  su  in- 
dolencia 7  la  muerte  no  le  han  dejado 
realizar.  Hay  algo  violento  en  su 
desaparición;  es  un  poeta  en  parte 
malcarado;  se  marcha  sin  haber  ter- 
minado su  destino. 

IV 

Para  completar  este  ligero  juicio  ne- 
Msitaríamos  retratar,  á  grandes  ras- 
aos, al  hombre  privado;  pero  no  tenía- 


mos el  gusto  de  tratarle;  la  vez  pri- 
mera que  le  vimos,  hace  muchos  años, 
nos  causó  impresión  aquella  cabeza 
enérgica  v  hermosa,  que  ha  merecido 
en  vida  los  honores  del  elogio,  que 
obtienen  solamente  las  mujeres;  la 
última  vez  que  le  vimos  vivo,  fué  en 
el  concierto  del  Conservatorio,  dirigien- 
do galanterías  á  una  dama.  ¡Quién 
nos  nubiera  dicho  cómo  le  habíamos 
de  ver  algunos  días  después,  en  la 
noche  del  30  de  Diciembre!  Su  cuer- 
po, cubierto  por  un  paño,  que  sólo 
dejaba  ver  su  busto,  ya  amarillo,  pero 
siempre  bello,  parecía  una  estatua 
yacente  colocada  en  un  sepulcro;  cua- 
tro blandones  le  alumbraban  en  su 
modesto  gabinete,  j  un  Crucifijo  de 
metal  le  protegía.  Nos  sentimos  so- 
brecogidos y  saludamos  con  respeto, 
por  primera  y  última  vez,  al  gran 
poeta. 

José  FbbnXhdbz  Bbbhón. 
Madrid  30  de  Diciembre  de  1879. 


No  en  edad  avanzada,  sino  meses 
después  de  haber  cumplido  50  años, 
falleció  el  E:£Cuo.  Sr.  doh  Adblabdo 
LÓPEZ  DB  A.YALA  eu  la  tarde  del  día 
30  de  Diciembre  de  1879.  Pocos  de 
enfermedad  dieron  en  tierra  con  aquel 
cuerpo,  que  parecía  ser  digno  vaso 
de  aquella  gran  inteligencia.  Quísele 
tanto,  que  aun,  al  recordarle,  se  me 
ofusca  el  juicio  j  se  me  aprieta  el  co- 
razón. Mas  no  será  mi  dolor  poderoso 
á  parar  la  pluma  que  debo  mover  en 
justa  alabanza.  ¿Cuál  de  los  contempo- 
ráneos la  merece  mayor,  por  alguna 
de  las  dotes  que  más  realzan  el  inge- 
nio'/ El  autor  de  El  Hombre  de  Estado^ 
el  poeta  que  en  su  primera  composi- 
ción dramátKA  imagina  al  hombre 
buscando  siempre  en  vano  la  dicha 
fuera  de  sí,  y  hallándola  á  la  hora  de 
la  muerte  dentro  de  su  alma,  pade- 
ciendo inquietud  y  angustia  en  dora- 
dos alcázares,  cuando  ve  colmada  la 
ambición,  satisfecha  la  vanidad,  lo- 
grando el  que  ciegamente  creyó  fin 
exclusivo  de  la  vida,  y  disfrutando 
paz  y  ventura  en  estrecha  cárcel  y 
cuando  le  espera  el  cadalso;  el  mozo 
que  de  esta  manera  probaba  su  talen- 
to, bien  á  las  claras  manifestó  cuán 
elevado  era  el  concepto  que  tenía  del 
arte  y  cuán  noble  inteligencia  era  la 
suya.  Ocurre  a  menudo  ponerse  con 
su  primera  producción  el  artista  en 
altura  de  que  lueg^  no  pasa,  ó  desde 
la  que  se  precipita  en  rápido  y  aBicti- 
vo  descenso.  No  así  Avala.  En  Mioja, 
en  El  Tejado  de  vidrio,  en  El  Tanto 
por  ciento,  en  Consuelo,  pasman  lo  pro- 
fundo y  sano  de  la  idea  moral  que 
anima  á  estas  obras,  y  lo  castizo  y 
primoroso  de  la  forma  que  las  reviste 
engalana.  {Bendito  aquel  por  quien 
a  poesía  espafiola  resplandece  hoy 
con  su  genuína  hermosura  y  majes- 
tad! ¡Bendito  mil  veces  aquel  que  hizo 
su  numen  esclavo  solícito  del  bien,  ó 
que,  por  mejor  decir,  se  remontó  en 
alas  de  su  numen  hasta  la  excelsa 
unidad  de  lo  bello  y  lo  buenol  Ved  en 
Bioja  ensalzada  1*  gratitud:  la  grati- 


tud, delicia  imponderable  j  deuda 
santa  para  todo  pecho  magnánimo, 
lazo  que  el  hombre  no  puede  romper 
sin  envilecerse,  ley  imperiosa  de  la 
vida.  Ved  cómo  en  El  Tejado  de  vidrio 
se  vuelve  contra  el  culpado  su  propia 
culpa.  Ved  en  El  Tanto  por  ciento  pos- 
trado y  escarnecido  el  sórdido  interés 
en  su  luc'iia  contra  los  puros  afectos 
del  alma.  Ved  en  Consueto  castigada 
la  vana  ilusión  que  nos  arrastra  á  bus- 
car la  alegría  donde  no  está.  Y  ¡caso 
digno  de  atención!  El  primero  y  el 
último  drama  de  Ayala  se  dan  la 
mano  por  el  pensamiento  que  los  in- 
forma. Don  Rodrigo  Calderón  y  Con- 
suelo son  encarnaciones  de  una  mis- 
ma idea.  Ambos  toman  por  felicidad 
lo  que  brilla  en  el  mundo;  ambos  es- 
peran hallar  reposo  para  su  espíritu 
en  la  satisfacción  de  su  vanidad. 
Aquél  encuentra  al  fin  en  la  muer- 
te, lo  que  por  mal  camino  buscaba 
en  la  vida;  ésta  queda  condenada  á 
expiar  su  culpa  viviendo  sin  amor. 
El  entendimiento  de  Ayau  ha  de 
contarse  entre  los  más  vigorosos  y 
entre  los  más  puros  de  España.  Fué 
^rau  poeta  y  poeta  honrado.  Bastaría 
la  mitad  de  sus  obras  para  conquis- 
tarle imperecedero  renombre;  pero 
ingenio  tan  extraordinario  hubiera 
pudido  hacer  más,  mucho  más.  Nin- 
gún artista  verdadero  cree  haber  dado 
muestra  cabal  de  su  espíritu  creador. 
Solamente  los  necios  se  complacen 
en  sus  obras  y  quedan  contentos  de 
sí.  Pero  cuando  Atala  aseguraba  no 
haber  aún  producido  lo  que  se  sentía 
capaz  de  producir,  nadie,  que  le  hi- 
ciese justicia,  dejaba  de  inclinar  con 
respeto  la  frente,  al  considerar  que  el 
autor  de  poemas  tan  admirables  ase- 
guraba la  verdad.  Quizá  no  aumentó 
más  su  caudal  literario  por  pereza  de 
entendimiento,  mal  que  la  voluntad 
no  remedió.  Quizá  porque  la  crítica 
literaria,  antes  más  enconada  que 
ahora,  heló  á  veces  su  entusiasmo. 
Recuérdese  lo  que  decía  al  dedicar  ^¿ 
Nuevo  Don  Juan,  á  nuestro  compañe- 
ro el  señor  Selgas:  ^  ti  llega  la  pri^ 
mera  comedia  que  publico  después  de  Bl 
Tanto  poa  ciento.  ¡Figúrate  la  suerte 
que  le  espera!  No  ^or  buena, por  desgra- 
ciada, te  la  recomienda  tu  amiao,  Adb- 
labdo. Quizá  fué  su  mayor  desgracia 
caer  en  error  semejante  al  que  anate- 
matizó en  el  primero  y  en  el  último 
de  los  hijos  de  su  fantasía,  y  echarse 
al  muudo  en  busca  de  gloría  diferen- 
te de  la  que  ya  le  su\)limaba.  En  uno 
de  sus  postreros  cantos  no  pidió  al 
cielo  entendimiento,  ni  valor,  ni  hi- 
dalgas intenciones.  De  lo  íntimo  de 
sus  entrañas  clamó; 

Dame,  Sefior,  la  flcmB  Tolantftd, 
Oompaftera  y  tostén  de  1«  Tirtodi 
La  qaa  taba  an  el  salfo  hallar  qnietad, 
Y  «a  madio  de  1m  •ombrai  elaiidad. 

Voluntad  firme  pidió  al  cielo.  ¿Sen- 
tía flaca  la  suya¥  ¿Qué  inquietudes  le 
herían?  ¿Qué  sombras  le  cercabanf  Lo 
que  por  fuerza  se  ha  de  creer,  á  no 
poner  en  duda  su  veracidad,  es  que 
en  el  campo  á  que  le  llevaron  vientos 
enemigos  de  las  letras  no  halló  ^zo 


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Goógle 


486  LOPE 


LOPE 


LOPE 


ni  calma.  Y  como  no  había  nacido 
para  sostener  con  habilidad  mezqui- 
nas luchas,  sino  para  reñir  con  im- 
peta  grandes  batallas;  como  no  había 
nacido  para  deshacer  nudos,  sino 
para  romperlos,  ¿quién  sabe  si  el  te- 
ner que  TÍolentar  alguna  vez  ruda- 
mente sa  naturaleza,  sería  causa  de 

3 ue  i  él  se  le  rompiese  el  corazonV  No 
abo  yo  manifestar  aquí  opiniones 
particulares  que  pudieran  parecer  ex- 
travagantes ó  exageradas;  debo  jo 
reprimir  aquí  mis  genialidades;  pero 
á  nadie  temo  escandalizar  diciendo 
que  da  todos  los  puestos  á  que  subió 
Ayal\  en  el  mundo,  ninguno  es  tan 
alto  y  tan  envidiable  como  el  que,  en 
medio  de  eterna  luz,  ocupa  an  la  cima 
del  Parnaso  espafiol.  ( J2»«Mtf»  de  las 
Actat  d«  la  Real  Academia  Española, 
leído  en  junta  pública  de  4  de  Dicimbre 
de  i881,poreltecretariop«rp«tM  de  la 
misma  corporación  don  Manuel  Tamayo 

Tí 

Ayála  fué  nuestro  compañero  de 
Cortes,  nuestro  hermano  de  letras, 
nuestro  amigo  particular,  el  primero 
que  se  interesó  por  el  presente  Dic- 
cionario, con  curo  motivo  nos  diri- 
gió dos  cartas  á  París.  Estas  circuns- 
tancias, unidas  á  la  veneración  que 
inspiran  los  hombres  ilustres,  nos 
impone  el  terrible  deber  de  consa- 
grarle una  memoria  eterna;  pero  no 
podemos  pararnos  aquí.  Detrás  del 
sepulcro  del  poeta,  que  todos  lleva- 
mos en  nuestra  conciencia,  en  nues- 
tro Taticinío  j  en  nuestro  eorazÓB, 
queda  en  el  mundo  un  dolor  inmen- 
so, porque  la  sepultura  del  hombre 
suele  rodar  sóbrela  vida  de  la  mujer. 
Y  hablamos  de  mujer,  porque  aque- 
llos dolores  resonaron  en  el  corazón 
de  una  virgen  tan  pura  como  bella, 
j  tan  bella  como  ideal.  Faltábale  aca- 
so una  belleza,  j  el  destino  ha  queri- 
do que  nada  le  faltase,  después  de 
sufrir  una  de  esas  tremendas  amar- 
guras, que  son  en  el  alma  lo  que  es 
en  el  cielo  un  día  sin  sol.  Y  aquí 
hacemos  punto,  porque  sí  tuviéramos 
que  añadir  dos  vocablos,  sería  manes* 
ter  mojar  la  pluma  en  nuestros  ojos 
y  escribir  con  la  tinta  de  nuestras  lá- 
grimas. Pero  ^or  qué  nos  apesara- 
mos? Quizá  es  indispensable  que  haja 
en  la  tierra  esos  enormes  sacrifícios, 
fuegu  interior,  fuego  misterioso,  fue- 
go sagrado,  de  que  brota  el  ángel  de 
la  inspiración  jr  ae  la  virtud.  ¡Con- 
suélale, oh  mujeri  El  dolor  puro,  el 
dolor  casto,  el  dolor  inocente,  tiene 
su  diadema  también,  y  haj  que  llorar 
mucho  para  merecer  que  ciña  nuestra 
frente  la  divina  diadema  de  aquellos 
dolares.  ¡Consuélatel  No  todo  consis- 
te en  llegar  á  la  gloria,  que  también 
haj  ángeles  en  las  puertas  del  Paraí- 
so. Guando  un  gran  poeta  te  amó,  al- 
gún gran  misterio  debe  haber  en  ti. 
¡Consuélate,  oh  mujer,  como  noa  con- 
solamos nosotroal  Y  ai  no  basta  á  con- 
solarte la  felicidad  de  tu  inocencia  y 
de  tu  hermosura;  si  no  bastan  á  con- 
solarte las  nobles  «speranzas  de  tu 


genio;  si  no  bastara  á  consolar  tus 
penas  el  misterio,  de  tu  propio  arca- 
no; si  tampoco  te  consuelan  nuestras 
palabras,  qae  algún  consuelo  deben 
darte,  porque  son  muj  puras  j  mu; 
fervorosas,  consuélete  el  poeta: 

•¿Qnlénno  guarda  un  E«mMo  en  el  paiado? 
jQaién  no  llora  algdn  bien  qne  ya  ao  exiite? 
Y  ¿qaiéa  no  tiene  an  ooraion  lUgadoí 
T  ¿qai^n  no  tiene  ana  memoria  tríate?* 

Y  si  tampoco  logran  consolarte  los 
versos  anteriores,  lee  la  siguiente 
cuarteta: 

■Ta  r anidad  no  me  argajra 
Si  te  ofrezco  pooa  ooaa: 
iQm¿n  taviera  an  alma  hermosa 
Para  dAreela  i  la  taya!» 

Si  las  cenizas  de  los  genios  se  es- 
tremecen en  el  sepulcro,  las  cenizas 
de  Avala  se  estremecerán  indudable- 
mente al  oír  los  vocablos  que  dejamos 
escritos.  {Tan  grande  es  la  fe  que  da 
á  nuestras  palabras  su  espíritu  y^  su 
amor!  ¡Oh  arcano  supremo  de  la  vidal 
¿Quién  no  te  bendice  en  estas  horas 
de  sublime  infortunio?  ¿Quién  no  te 
adora  al  pie  de  la  tumba  de  A.yala? 

López  (Josí.).  Pintor  espaüol,  que 
nació  en  Sevilla  an  1650.  Fué  uno  de 
los  mejores  discípulos  de  Murillo, 
como  lo  prueba,  entre  otras  obras  su- 
yas, un  san  Felipe,  que  se  hallaba  en 
el  convento  de  la  Merced,  j  luego  fué 
trasladado  al  Alcázar. 

López  (Jüan).  Escultor  sevillano 
del  siglo  xTi.  Ejecutó  en  1554  algu- 
nas estatuas  en  los  lados  del  retablo 
ma;^or  de  aquella  catedral,  j  en  1568 
empezó  las  da  piedra. 

López  (Joan).  Hagiógrafo  español, 
que  nació  en  Borja  en  1524  y  murió 
en  Falencia  en  1632.  Era  uno  de  los 
más  hábiles  predicadores  de  la  orden 
de  santo  Domingo,  cuando  en  1595 
fué  elevado  al  obispado  de  Cortona, 
en  Calabria;  tres  años  después  pasó  al 
de  Monopoli,  en  la  Pulla;  en  1608  se 
retiró  á  un  convento,  donde  acabó  sus 
días  á  la  edad  de  108  años.  Dejó  va- 
rios escritos,  entre  los  cuales  merecen 
citarse:  Rosario  de  Nuestra  Señora;  Me- 
morial de  diversos  ejercicios;  Expoñcián 
de  los  siete  salmos  penitenciales;  Histo- 
ria general  de  tanto  Domiwfov  de  su 
orden  de  predicadores,  y  Manual  de  ora- 
ciones diversas. 

López  (Pbdbo).  Veterinario  espa- 
ñol del  siglo  zvi,  natural  de  Zamo- 
ra, y  que  alcanzó  gran  reputación  en 
su  tiempo.  Se  conoce  una  obra  suya 
titulada:  Libro  de  albeitería,  que  traía 
del  principio  y  generación  de  los  caba- 
llos. 

López  (Nbubsio).  Grabador  espa- 
ñol del  siglo  xviii,  discípulo  del  cé- 
lebre Palomino.  Grabó  á  buril,  en 
1754,  algunas  estampas  de  máquinas 
para  la  obra  titulada:  Espectáculo  de 
\a  Naturaleza. 

López  (Pbdbo).  Pintor  español  de 

firincipios  del  siglo  xvii.  Fué  uno  de 
os  mejores  discípulos  del  Greco  y  pin- 
tó con  elegancia  j  corrección,  en  el 
año  1608,  el  cuadro  que  representa 
La  Adoración  de  lo»  Santos  Reyes,  co- 
locado en  el  claustro  de  los  trinita- 
rios de  Toledo. 
López  Caballero  (Ahurís).  Pin- 


tor español  que  nació  en  1647.  Era  de 
origen  napolitano  y  aj^rendíd  su  arte 
en  Madrid  en  el  estudio  de  José  An— 
tolínez,  de  quien  tomó  la  manera  jr 
las  tintas.  Su  obra  más  notable  es 
un  cuadro  que  representa  á  Cnito  en 
el  sepulcro  con  las  tres  Marías,  . 

López  Caro  (Francisco).  Pintor 
español,  que  nació  en  Sevilla  en  1598 
y  murió  en  Madrid  en  1662.  Fué  dis- 
cípulo de  Juan  de  las  Roelas  y  sobre- 
salió en  los  retratos.  Sus  demás  obras 
son  poco  conocidas. 

López  del  Castillo  (Andrés).  Es- 
cultor español  del  siglo  xvi,  discípu- 
lo de  Juan  Alemán.  Trabajó  con  sus 
hijos  en  el  retablo  mayor  de  la  cate- 
dral de  Sevilla,  en  1554. 

López  y  Gorella  (Alonso).  Médi- 
co español  del  siglo  xvi.  Su  celebri- 
dad se  debe  á  una  obim  en  verso  con 
los  comentarios  en  prosa,  titulada: 
Secretos  de  Jlosojia  medica. 

López  de  Hinojosa  (Alonso).  Mé- 
dico español  del  siglo  xvi.  Ejerció  su 
arte  en  Méjico,  donde  publicó  una 
obra  titulada:  Suma  y  recopilación  de 
cirugía,  con  un  artepara  tentgrar,  y  ^ca- 
minar barberos, 

López  Palma  (Manuel).  Graba- 
dor de  láminas,  natural  de  Sevilla, 
donde  murió  joven,  por  los  años  de 
1777.  Fué  uno  de  los  que  contribajo- 
ron  á  establecer  la  escuela  de  dihijo 
de  aquella  ciudad,  y  grabó  con  buril 
T  al  agua  fuerte  el  Nxfío  Jesús  de  Zur- 
oarán.  Se  le  deben  además  otras  obras 
notables. 

Kiópez  y  Palomino  (Francisco), 
Pintor  español  del  siglo  xviii.  Apren- 
dió ss  arte  en  Madrid  y  entró  en  la 
Academia  de  San  Femando  en  1759. 
Se  distinguió  en  los  retratos  y  dejó 
algunos  cuadros  de  género;  aunque 
no  de  gran  mérito. 

López  7  Portaña  (Vicente).  Céle- 
bre pintor  español,  que  nació  en  Valen- 
cia en  1772  y  murió  en  Madrid  en 
1850.  Empezó  á  estudiar  su  arte  en  la 
Academia  de  San  Carlos  de  su  ciudad 
natal,  j  pasó  luego  á  Madrid  á  perfec- 
cionarse, bajo  la  dirección  de  Maella, 

f)intor  de  cámara.  De  regreso  á  Va— 
encía,  fué  nombrado  director  da  aque- 
lla Academia;  j  posteriormente,  lla- 
mado á  Madrid,  donde  sucedió  á  Mae- 
lla, en  el  empleo  de  primer  pintor  de 
cámara.  Pinttí  en  el  palacio  real  mu- 
chos ftescos  de  gran  mérito;  y  otros, 
en  el  palacio  del  Casino  y  de  Vista-- 
alegre.  Fué  admitido  en  la  Academia 
de  San  Fernando  y  nombrado  después 
director  general  de  ella,  académico 
de  mérito  da  la  de  San  Lucas  de  Ro- 
ma y  caballero  de  la  orden  de  Car- 
los III.  Casi  todos  sus  cuadros  de 
composición  se  hallan  diseminados  en 
diferentes  poblaciones  de  Valencia  j 
Cataluña,  y  loa  más  notables  son: 
Nacimiento  de  San  Vicente  Ferrer;  San 
Antonio  A  bad;  San  Antonio  dePadna; 
San  Aoustín  meditando  en  el  misieria 
de  la  Trinidad;  San  Rufo  y  otros  mu- 
chos. Entre  los  infinitos  retratos,  á 
que  debe  una  gran  parte  de  su  repu- 
tación, pueden  citarse:  los  del  gene- 
ral Alava,  el  mariscal  Suehet,  la  gs- 

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LORA 


LORD 


LORD  487 


nenia  Mumyi  Fernando  VII  t  mu- 
cfaoi  individuos  de  su  fiimilia;  el  pxín- 
cipa  Maumiliano  de  Sajorna;  ef  co- 
misario de  Ctuzada»  Várela;  el  del  pa- 
borde  Sala;  el  del  ministro  Salmón; 
de  Go/a;  del  general  Osuna;  de  don 
Bonifacio  Gutiérrez,  médico  de  cáma- 
ra, j  otros  mudu»  que  sería  prolijo 
enumerar. 

López  de  Tovar  (Greoobio).  Fi- 
lósofo, teólogo  7  jurista  español,  natu- 
ral de  Brtretuadura,  que  vivía  en  el 
siglo  XVI.  Por  sus  vastos  conocimien- 
tos en  filosofía.  Sagrada  Escritura  y 
derecho  civil  j  canónico,  se  le  llamó 
el  Ácurcio  español.  Su  major  celebri- 
dad la  debe  a  unas  ^losat  de  las  Siete 
ParÜdu  de  Alfonso  el  Sahio.  (Sílla.) 

Lópei  Villalobos  (Francisco). 
Hédíco  español  dol  siglo  xt,  conocido 
como  autor  de  una  obra  muj  rara,  es- 
crita en  verso,  j  la  primera  en  que  se 
trata  del  mal  venéreo.  Su  título  es: 
Sumario  dé  la  Medicina,  con  wt  tratado 
sobre  la*  petíiferas  bubas. 

Lopigia.  Femenino.  Alopecia. 

Loquea.  Femenino,  ¿fitología  in- 
diana. Diosa  de  la  fortuna. 

Loquear.  Neutro.  Decir  ó  hacer 
loeuru.  I  Metáfora.  Beg^cíjarse  con 
denusiau  bulla  t  alboroto. 

Loquecerae.  Recíproco  anticuado. 
Enloquscbbss,  volverse  loco. 

Iioquero,  ra.  Masculino  7  femeni- 
no. Bl  que  tiene  por  oficio  cuidar  j 
guardar  los  locoa. 

Loquesta  (l  u).  Locacidn.  A  mo- 
do de  locos. 

«Modo  de  locos.  Es  voz  inventada.» 
(AcADSkOA,  Diccionario  de  1726.}— 
«Se  daba  priesa  á  cantar  romances  de 
moros  j  moras,  á  la  lóquesca, »  (Cbr- 
VANTHS,  Novela  7,*,  plana  210.) 

Loquillo,  lia,  to,  ta.  AdjetÍTO  di- 
miautivo  de  loco  7  loca. 

Loquios.  Masculino  plural.  Medi- 
cina. Évacoación  sanguínea  que  arro- 
jan por  la  vulva  las  recién  paridas. 

ETUfOLoaÍA.  Griego  X^o;  (léchot)f 
cama,  Xsy*^  (lecho),  que  está  acostado; 
Xo^ó^  (lochósj,  parturienta;  hi^tUn  (lo- 
eJÍeia),  loquios:  francés,  lochies. 

Loquiorragia.  Femenino.  Medici- 
na. Evacuacióu  excesiva  de  loquios. 

EtiholoqÍa.  Griego  lochela,  lo- 
quios, 7  rÁagéin,  brotar  eruptivamen- 
te; Xo^EÍa  ^s'jx'iv:  francés,  lockiorrhagie. 

Lora.  Femenino.  Botánica.  Parte 
filamentosa  de  los  liqúenes. 

EriuOLoaÍA.  Latía  fórtm,  correa, 
aludiendo  á  que  los  filamentos  son  las 
correas  de  las  plantas,  como  las  co- 
rreas pudieran  llamarse  filamentoa  del 
enero:  francés,  Iwe. 

IjOranta.  Femenino.  Bolániea,  Gé- 
nero de  plantas  dicotiledóneas  epíco- 
Kóleas  monopétalas. 

BnHOLoafA.  Griego  Xfipov  (Uron), 
correa,  7  ánthot,  flor:  latín  técnico, 
UrantAus. 

Lorantáceo,  cea.  Adjetivo.  Botá- 
nica. Concerniente  ó  análogo  á  la  lo- 
ranta.  Q  Femenino  plural.  Familia  de 
plantas  parásitas,  comprensiva  del 
género  Uranthns. 

BnuoLoafa.  Xioramía¡  francés,  ¡0- 
Ténihaeées.  . 


Lorar.  Activo  anticuado.  Llobab. 

Lorca.  Femenino,  Qeografia.  Ciu- 
dad antigua  7  célebre  déla  provincia 
de  Murcia; 

BTiuoLOaÍA.  SlÚKnca,  ^r  su  nom- 
bre 7  situación  en  el  camine  de  Car- 
tagena á  Baza. 

Lord.  Masculino  plural.  Lobus. 
Título  de  honor  que  se  da  en  Inglate- 
rra á  la  primera  nobleza. 

ETiuoLoaÍA.  Anfflo-sajón  hláford, 
láford,  señor;  hlaifiige,  señora:  anti- 

fuo  inglés,  laverd,  lauerd;  derivado 
e  hUf,-piü:  <el  señor  de  la  casa,  el 
amo  del  pan»  (Littbé);  catalán,  lori. 

Reseña  histérica. — 1.  Título  honorí- 
fico osado  en  Inglaterra,  7  que  signi- 
fica señor.  Es  de  origen  sajón;  7  des- 
pués de  haberse  aplicado  u  ]^rÍncipio 
a  todo  poseedor  de  un  dominio,  por 
oposición  á  sus  vasallos,  pertenece 
ho7  á  los  miembros  de  la  alta  Cámara 
ó  pares  de  Inglaterra,  duques,  mar- 
queses, condes,  vizcondes,  barones, 
arzobispos  7  obispos. 

2.  Este  título  se  da  también,  aan< 
que  sólo  por  cortesía,  á  los  hijos  de 
los  duques  7  los  marqueses,  7  á  los 
nietos  de  los  condes. 

3.  Algunos  altos  funcionarios  to- 
man, con  BU  cargo,  el  derecho  de  este 
título:  tales  son  el  jefe  de  justicia,  el 
canciller,  el  gran  almirante,  A  cham- 
belán, el  alcaide  de  Londres,  el  pre- 
boste de  Edimburgo,  los  quince  jue- 
ces de  la  corte  criminal  de  Escocia  7 
el  lugarteniente  de  Irlanda. 

Lord  Byron  (JoBQB  Goedon  Bt- 
ron).  Nació  en  Douvres  á  22  de  Enero 
de  1788.  Miembro  de  una  familia  de 
la  primera  nobleza  de  Inglaterra,  hijo 
de  un  hombre  disipado  7  vicioso,  7 
de  una  madre  caprichosa  7  voluble, 
ora  tierna  7  apasionada  hastá  la  exa- 
geración, ora  irascible  7  violenta  has* 
ta  degenerar  en  brutal,  su  educación 
fué  la  más  propensa  á  compendiar  to- 
dos loi  Ticios  7  todas  las  virtudes  de 
sus  antepasadoi.  La  hermosura  fasci- 
nadora de  qne  le  dotó  la  naturaleza, 
7  loa  timbres  7  la  fortuna  que  le  lega- 
ron sus  antepasados,  desarrollaron  en 
él  un  amor  propio  excesivo.  Pero  en 
ese  amor  propio  encontró  la  primera 
contrariedad  de  su  vida.  Un  acciden- 
te casual,  ocurrido  en  sus  primeros 
años,  le  había  estropeado  uoa  pierna. 
De  los  airados  dicterios  con  que  su 
madre  le  colmaba  en  sus  frecuentes 
horas  de  mal  humor,  ninguno  le  lle- 

faba  al  alma  tanto  como  el  recuerdo 
Q  aquel  defecto  físico.  La  precocidad 
de  sus  pasiones  se  manifestó  en  él  á 
la  edad  de  ocho  años.  Entonces  amó 
por  primera  vez,  7  amó  con  toda  la 
violencia  de  un  alma  en  el  pleno  des- 
arrollo de  sus  facultades.  Sus  amores 
con  Ana  Dutf  no  son  el  capricho  del 
niño;  son  la  arrebatada  pasión  del 
hombre.  La  prematura  muerte  de  su 
prima  Margarita  Parker,  de  quien  se 
enamoro  cuatro  años  después,  comen- 
zó á  filtrar  en  su  corazón  la  melanco- 
lía. Las  horas  pasadas  en  muda  con- 
templación ante  las  tumbas  del  ce- 
menterio Harrow,  adonde  había  ido  á 
estudiar  en  1801,  tal  vez  estaban  im- 


pregnadas de  aquel  triste  recuerde. ' 
La  melancolía  precoz  no  siempre  eons- 
titu7e  el  genio;  pero  frecuentemente 
le  anuncia.  Bo  1805,  en  Cambridge^ 
donde  trataba  de  curarse  de  su  terce- 
ra pasión  hacia  miss  Mar7  Chawost, 
entregándose  á  toda  clase  de  excesos, 
empezó  á  manifestar  su  escepticismo, 
luchando  con  los  recuerdos  idealistas 
de  su  corazón.  Su  primera  colección 
de  poesías:  Hours  of  idleness,  tan 
duramente  tratada  por  la  Revista  de 
Edimburgo,  apareció  en  1807.  Su  sá- 
tira titulada  Bardos  ingleses  y  críticos 
escoceses,  le  vengó  cumplidamente  de 
aquel  rudo  ataque.  Sus  bienes  en  liti- 
gio, á  causa  de  sus  dispendios,  le 
obligaron  á  abandonar  por  primera 
vez  Ta  Inglaterra.  En  el  estío  de  1809 
se  embarcó  para  Lisboa,  Tiritando  á 
Cádiz  7  una  parto  de  la  Andalucía. 
La  más  notable  de  las  particularida- 
des de  este  viaje  es  que  en  él  comen- 
zó su  precioso  poema:  Childe-Rarold, 
que  no  apareció  hasta  1813.  En  1815 
se  casó  con  miss  Milbanck.  Lad7  By- 
ron no  comprendió  el  carácter  fantás- 
tico de  su  marido  v  no  pudo  plegarse 
á  él.  Después  de  haberle  legado  una 
hija,  vastago  digno  de  la  hermosura 
de  su  padre,  le  cre7Ó  loco  7  le  aban- 
donó para  volver  al  seno  de  su  fami- 
lia. Gomo  decía  Fletcher,  el  fiel  criado 
del  poeta,  era  la  única  mujer  que  no 
había  podido  dominarle.  Desde  aque- 
lla separación,  Btbon  fué  para  todos 
un  monstruo.  Este  catástrofe  marcó 
las  primeras  prematuras  arrugas  en 
la  frente  del  autor  de  Don  Juan.  Para 
cicatrizar  en  su  corazón  la  honda  he- 
rida producida  por  aquel  golpe,  vol- 
vió á  emprender  aq  uella  serie  de  via- 
jes, en  que  recorrió  la  Suiza,  los  Paí- 
ses Bajos,  Grecia,  Italia,  7  en  que  vi- 
sitó por  vez  primera  la  ciudad  de 
Missolonghi,  la  que  había  de  reco^r 
más  tarde  su  último  aliento.  Para  in- 
sultar mejor  la  hipocresía  puritana, 
que  le  había  condenado,  hiriendo  au 
amor  propio,  se  abandonó  á  las  rolup- 
tuosi^des  de  la  desenfrenada  vida 
italiana.  Bn  1817,  después  de  haber 
visitado  á  Roma,  se  estableció  en  Ve- 
necia.  El  palacio  Mocénigo  fué  teatro 
de  los  más  extraños  desórdenes  de  su 
disipada  existencia  7  de  sus  escanda- 
losos amores  con  Margarita  Cogoi, 
aquella  hija  del  pueblo,  de  talle  de 
amazona  7  de  carácter  de  Medea.  En- 
tre las  agitadas  horas  de  placer,  pa- 
sadas en  aquella  fastuosa  morada  de 
sus  vicios,  encontró  tiempo  de  escri- 
bir el  Man/redo,  Beppo,  Mazsepa;  de 
trazar  el  Marino  Faiiero  7  de  dar  prin- 
cipio al  Don  Juan,  á  poema  de  los 
contrastes,  la  extraña  epope7a  del  si- 
glo XIX,  que  había  ido  a  inspirarse<en 
uno  de  los  tipos  más  salientes  de 
nuestra  literatura,  en  el  Burlador  de 
Sevilla,  de  Gabriel  Tóllez.  No  era  By- 
ron hombre  capaz  de  sufrir  por  mu- 
cho tiempo  el  tiránico  7Ugo  de  Mar- 
garita Cogni;  la  tempestuosa  lucha  del 
odioso  amor  de  aquella  mujer,  que 
sólo  gomaba  en  la  ab7ección  7  en  la 
crueldad,  le  cautivó  durante  algún 
tiempo,  pero  le  cantó  al  cabo.  La  jo- 


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488  LORD 


LORP 


LORD 


TflD  condesa  Terest  Guiccíoli,  casada 
hacía  poco  con  un  anciano,  á  (jníen 
abandon<5  más  tarde  por  seguir  al 
poeta, fué  la  reina  que  ocupd  mis  asen- 
tadamente el  trono  de  SQuel  corazón 
preñado  de  tempestades. ^n  embargo, 
no  bastaba  el  amor  i  llenar  el  racío 
de  sa  alma  violenta.  Su  ardiente  en- 
tusiasmo por  la  libertad  parecía  in- 
flamar aquella  lantasia  devoradoia; 
tan  deToradora  como  la  calentura  de 
sos  deleites. — ^La  independencia  ita- 
liana tuvo  en  él  uno  de  sus  más  deci- 
didos campeones.  En  1820,  su  casa 
de  Rávena,  desde  la  que  desa6aba  la 
Tigfilancia  de  la  policía,  era  el  cen- 
tro jr  el  arsenal  de  los  conspiradores 
que  trataban  de  levantarse  en  armas 
por  la  causa  del  pueblo  italiano. 
En  1821,  después  de  terminar,  entre 
violentas  agitaciones,  Marino  Falie- 
ro.  Lo»  dos  Fóscarif  Sardanápalo  j 
(kin,  abandonó  á  Rávena  j  se  esta- 
bleció en  Pisa,  donde  volvió  á  reunir- 
se á  la  condesa  Guiccioli.  La  re- 
volución de  Grecia  ofirecia  ancho  cam- 
po &  su  pasión  por  el  heroísmo:  su  in- 
saciable sed  de  gloria  le  hacía  mirar 
sus  triunfos  literarios  como  pequeños 
para  él.  Un  manifiesto  del  comité 
griego  de  Londres,  acogiendo  con  en- 
tusiasmo su  adhesión  á  la  causa  de  la 
independencia  de  aquel  pueblo  már- 
tir, le  decidió  al  fin.  Kn  1823  se  dió 
á  la  vela  con  rumbo  i  Grecia,  t  el  ^ 
de  Febrero  de  1824  desembarcó  i  ori- 
llas de  las  pestilentes  lagunas  de  Mis- 
solonghi  entre  el  indecible  entusias- 
mo de  aquellos  bravos  patriotas,  que 
le  miraban  como  su  salvador.  Mas 
¡ajl  cuando  quiso  abandonar  la  poe- 
sía, la  poesía  le  abandonó  á  él.  Co- 
rrió á  Grecia  buscando  la  locha  j  sólo 
halló  la  muerte.  Su  salud,  desde  ha- 
cia largo  tiempo  minada  por  desarre- 
glos nsicos  j  mentales,  no  pudo  re- 
sistir á  las  agitaciones  y  á  la  inSuen- 
cia  del  clima.  El  10  de  Abril,  en  una 
excursión  con  sus  ¿uHotas,  fué  sor- 
prendido por  una  abundante  lluvia, 
de  que  en  vano  quisieron  preservarle. 
Unas  fiebres  malignas,  que  llegaron 
á  la  inñamación  cerebral,  le  postraron 
en  el  lecho,  de  que  no  habla  de  vol- 
ver á  iQTantarse.  Su  criado  Fletcher, 
fiel  como  un  perro,  no  se  separó  de  su 
amo  hasta  el  día  19  de  Abril  de 
1824,  en  que  el  estampido  del  cañón 
anunció  al  mundo  que  loed  Gobdok 
Byron  había  ezlialado  el  último  sus- 
piro. Bl  duelo  fué  tan  general  como 
profundo;  las  fiestas  de  la  Pascua  se 
suspendieron;  los  tribunales  j  los  co- 
mercios se  cerraron,  al  par  que  el  Go- 
bierno declaraba  al  difunto,  cíudada- 
no  de  Grecia  j  adoptaba  á  su  hija 
como  hija  de  la  nueva  patria.  Su  fé- 
retro estuvo  expuesto  doce  días  eu  la 
iglesia  de  San  Nicolás  entre  las  tum- 
bas del  general  Normann  j  del  héroe 
Marco  Botzaris.  Durante  ellos,  la  api- 
ñada multitud  empapó  de  lágrimas 
sus  yertos  despojos.  El  2  de  Majo,  el 
coronel  Stanhope  embarcó  el  cadáver 
de  su  amigo  para  Inglaterra,  dándole 
sepultara  en  la  tldea  de  Nottio^mi- 
hite,  tü  Udo  d«  lu  sudte.  Asi  tifié  y 


murió  el  grande  hombre  de  esta  bio- 
grafía. Sus  obras  más  notables  son: 
¿)on  Juan,  Childe-Harold,  El  Corsa- 
rio, Zara,  La  Desposada  Ue  Ahudot, 
poemas;  ifanfredo,  Marino  Faíiero, 
Sardanápah,  Los  dos  Fóscari,  Caín,  SI 
Cielo  y  Ja  Tierra,  La  Profecía  de  Dan- 
te, dramas.  Dejó  también  escritas 
unas  memorias,  que  Moore  ^uemó  por 
iM  escrúpulo  de  aatmoñfírla» 

Reamen, — Vamos  i  intentar  el  ha- 
cer un  retrato  del  personaje  de  esta 
biografía. 

1.  Su  fafM. — ^Fué  maldecido  en 
vida;  odiado  j  calumniado  en  muerte 
por  una  gran  parte  de  sus  compatrio- 
tas. Los  que  le  aborrecen,  le  presen- 
tan como  un  espíritu  diabólico:  los 
que  pagan  tributo  á  sus  talentos,  fue- 
ron tan  liberales  en  alumbrar  su  tam- 
ba, que  tanta  luz  fascina;  de  donde 
hubo  de  resultar  que  el  nombre  de 
nuestro  personaje  es  un  fantasma, 
medio  descubierto,  medio  oculto,  el 
cual  se  balancea  entre  las  tinieblas 
del  infierno  los  resplandores  del 
Paraíso.  Acaso  la  mayor  parte  de  los 
hombres  mira  en  él  ana  fama  que 

Sime  bajo  el  entredicho  de  la  historia, 
o  diremos  más  claramente:  Btron 
es  un  cautivo  de  su  propio  genio,  que 
no  ha  logrado  todavía  su  cabal  res- 
cate. Ya  lo  logrará  cuando  el  hombre 
deje  de  hacer  sombra  al  poeta,  porque 
haj  casos  en  que  la  vida  nubla  la 
muerte,  como  hajr  ocasiones  en  qne  la 
muerte  nubla  la  vida. 

2.  El  escritor. —  Como  dice  muj 
bien  un  crítico  profundo,  nuestro  au- 
tor es  tan  gran  poeta  j  tan  inglés, 

?ue  sus  obras  retratan  más  la  vida  de 
nglaterra  que  las  de  todos  sos  escri- 
tores reunidos,  si  se  exceptúan  Sha- 
kespeare T  Walter  Seott. 

3.  SI  koBtbre, — Ta  postrado  en  el 
lecho  da  muerte,  el  médico  le  mani- 
festó que  era  necesario  ,qae  se  san- 
grara. £1  enfermo  dijo  c[ue  prefería 
morir  antes  que  consentir  en  que  ae 
derraman  su  sangre.  Habiéndole  he- 
cho presente  que  podía  venir  la  loca- 
ra, se  estremeció  j  alargó  el  brazo, 
cujro  movimiento  acompañó  con  estas 
extrañísimas  palabras:  cVerdugo,  haz 
tu  deber,»  compendio  de  antigüedad 
clásica  y  de  alarde  romántico* 

4.  Su  sátira. — Hablando  de  la  Ciu- 
dad eterna,  dice:  cTres  cosas  notables 
hallé  en  Roma;  tres  bribones  ahorca- 
dos, un  cardenal  muerto  j  un  Papa 
vivo.»  No  pueden  pintarse  con  más 
astucia  la  descamada  sutileza  de  su 
ironía  y  la  amargura  horrible  de  su 
sátira. 

5.  Su  política. — En  1813  escribe: 
«He  simplificado  mi  política:  hoy 
consiste  en  odiar  de  muerte  á  todos 
los  gobiernos  constituidos.» 

6.  Su  literatura. — Después  de  Don 
Juan,  su  obra  maestra  es  acaso  Man- 
fredo,  sin  embargó  de  la  poca  estima 
en  que  su  autor  le  tuvo,  según  carta 
que  estribe  desde  Yenecia  a  M.  Mu- 
rraj,  en  1817.  Sin  embargo,  Gcethe 
decía:  cLord  BvROHmehatomadomí 
Fausto  y  se  lo  ha  hecho  suyo.»  Esto 
significa  qae  el  FautU»  es  el  lepresen* 


tante  del  genio  alemán,  como  el  JTm- 
^redo^  es  el  representante  del  genio 
inglés.  Maravilla  considerar  cómo  an 
hombre  dotado  de  una  imaginación 
tan  pequeña,  haya  conseguido  reali- 
zar una  literatura  tan  grande;  que  es 
como  si  dijésemos:  maravilla  consi- 
derar cómo  un  hombre,  con  tan  esca- 
sa poesía,  haya  logrado  ser  tan  gran 
poeta.  Nuestro  personaje  no  inventa 
jamás;  ve  y  dibuja:  no  pinta;  observa 
7  describe;  pero  al  describir  estampa 
su  vida  en  sus  descripcioues.  Por  esto 
sucede  que,  al  hablar  de  las  tormen- 
tas de  BU  alma,  es  elocuente  hasta 
producir  el  delirio.  Por  esto  sucede 
también  que  las  borrascas  de  su  cora- 
zón serán  eternas  en  sus  versos.  Así 
sucede  del  mismo  modo  (^ue  es  el  es- 
critor eminentemente  subjetivo,  basta 
el  extremo  de  hacer  de  sí  mismo  un 
teatro,  cuyo  espectador  es  el  mundo. 
Por  consiguiente,  el  poeta  no  es  el  es- 
pectador eu  al  teatro  de  la  humani- 
dad, sino  la  humanidad  es  espectado- 
I  ra  en  el  teatro  del  poeta.  Este  carácter 

Sersonalíaimo  marca  exactamente  la 
iforencia  que  se  echa  de  ver  entre 
I  Gcetite  y  nuestro  personaje*  Goethe 
viene  á  ser  el  poeta  de  todos;  nuestro 
poeta  es  el  poeta  de  sí  mismo:  Goetíie 
es  el  cantor  del  univeiso;  Btkoh  es  el 
cantor  de  Byboh. 

7.  melancolia.'^'Sn  unos  indi- 
viduos, la  melancolía  es  el  resultado 
de  la  complexión ;  en  otros,  el  desen- 
canto de  grandes  dolores;  en  algunos, 
la  fklta  de  creencia  religiosa  y  huma- 
na, que  les  hace  perder  el  sentimien- 
to de  toda  verdad,  de  toda  virtud,  de 
toda  esperanza,  de  todo  amor;  en 
nuestro  personaje,  es  una  erupción 
que  lo  inunda  todo;  pero  nna  erupción 
que  presenta  la  vida  grandiosa  ae  los 
volcanes;  es  un  veneno  corrosivo  qae 
todo  lo  devora ,  pero  que  devora  con 
un  aparato  qne  fascina  la  imagina- 
ción. En  una  palabra;  es  un  prestigio 
que  hiere  y  atrae,  <^ue  mata  y  deleita, 
cual  si  pudiesen  existir  mortajas  que 
envuelvan  la  vida  en  su  sudario.  ¡Ah! 
En  los  horizontes  del  mundo  ¡cuántas 
veces  asoma  la  luz  antes  de  que  el 
astro  amanezca!  [T  cuántas  veces  vie- 
ne la  noche  antes  de  que  se  ponga  el 
solí  Pero  penetremos  en  el  interior  de 
esta  enorme  máquina.  ¿De  dónde  vie- 
ne ó  qué  significa  la  singular  melan- 
colía de  nuestro  personaje?  Significa 
el  remordimiento,  que  oscurece  el 
alma,  como  el  celaje  oscurece  el  cíe- 
lo, porque  es  un  celaje  de  la  conciea- 
cía;  significa  la  lucha  incesante  del 
amor  propio,  que  toma  la  forma  de 
vértigo;  significa  la  desesperación  del 
orguUo,  la  cual,  para  vengarse  de  su 
impotencia  propia,  hace  la  apoteosis 
de  sus  pasiones,  como  sí  detestara  lo 
profano  de  todos  en  honor  y  alabanza 
de  su  misma  divinidad.  Y  del  fondo 
de  esa  melancolía  incomprensible 
brota  un  sentimiento  sutilísimo,  una 
esencia  impalpable,  la  cual  constituye 
la  parte  noble  de  aquellos  espíritus  ' 
rebeldes.  La  literatura  de  Btroh.  co- 
mo la  da  Goethe,  como  la  de  Schiller. 
como  la  da  Bsproneeda,  pene  de  mi- 

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LORD 

nifiesto  que  las  grandes  tempestades 
del  mundo  no  son  otra  cosa  qae  un 
ffran  desnivel  entre  ia  TÍda  ruinosa 
de  las  tradiciones  j  la  vida  en  germen 
de  nnevos  ideales.  Son  dos  espectros 
que  ss  dan  de  cara;  el  espectro  de  lo 

rmdo  j  el  espectro  de  lo  futuro;  de- 
iéndose  advertir  que  estas  luchas 
sociales  evitan  luchas  más  terribles 
en  la  sociedad,  porque  sa  ha  observa- 
do que  la  naturaleza  se  vale  siempre 
de  un  cataclismo  para  evitar  cataclis- 
mos más  desastrosos.  En  el  idioma  de 
la  creaci6n,  el  rayo  que  parte  de  las 
nubes  es  una  catástrofe  natural  para 
evitar  catástrofes  majores  en  el  siste- 
ma del  universo.  Si  así  puede  decirse, 
es  una  estrella  que  cae,  para  que  no 
se  caigan  todas  las  estrellas.  Aquellos 
poetas  extraordinarios,  hijos  de  ana 
madre  infeliz,  que  pudiera  llamarse 
la  desesperación,  son  ojos  de  Satán 
con  miradas  de  ángel,  como  si  el  ge- 
nio, en  combate  con  el  demonio,  re- 
u Diese  en  un  punto  la  emoción  inefa- 
ble de  lo  malo,  que  se  convierte  en 
bueno  por  el  patrocinio  de  lo  subli- 
me. Hay  ciertos  instantes  en  que  la 
desesperación  del  presente  se  transfor- 
ma en  adivinación  de  lo  venidero,  de 
donde  se  originan  esos  hombres,  que 
se  convierten  en  poetas;  de  donde  vie- 
nen esos  lamentos,  que  se  tornan  en 
cautos.  Y  la  humanidad  oye  con  éxta- 
sis esas  sacrosantas  armonías,  bendi- 
ciendo el  designio  de  la  Providencia 
en  el  arcano  de  la  inspiración, 

8.  Signos,  —  Hay  dos  poetas  que 
acudieron  á  un  signo  exterior,  con  el 
objeto  de  idealizar  su  melancolía. 
Gñthe  creó  el  Fausto ,  representación 
y  profecía  del  mundo  moral:  SchiUer, 
mas  osado  aún,  vierte  sus  agonías 
en  el  corazón  soberbio,  duro,  heroico, 
de  su  Vallenstei».  Por  el  contrario, 
otros  dos  poetas  buscan  aquel  signo 
ideal  en  las  revoluciones  de  su  alma, 
en  el  misterio,  en  sus  dolores,  en  las 
sombras  de  su  conciencia,  y  se  fun- 
den en  cuanto  dicen,  como  se  funde 
Bybon  en  su  D<mJ%an,  en  su  Man/re- 
do, en  8u  ¡íarinOf  en  sa  Ctiin,  como  se 
funde  José  de  JSipronceda  en  au  Dia- 
blo Mundo. 

9,  Su  arte. — De  estos  dos  gérmenes 
naca  al  arte  de  Btron.  Este  arte  filó- 
sofo llega  á  ser  triste,  casi  abruma- 
dor; pero  aquel  tinte  le  comunica 
cierto  carácter  elevado  y  solemne, 
como  si  allí  resplandeciera  un  fulgor 
de  la  fe.  Cualquiera  que  sea  el  asunto 
de  Bybon,  el  espectáculo  de  sus  pasio- 
nes, de  sus  dudas,  de  sus  martirios, 
está  lleno  de  majestad;  su  escepticismo 
tiene  por  contrapeso  su  grandeza;  las 
visiones  que  brotan  de  su  genio,  tur- 
ban por  un  instante  nuestra  razón; 
pero  al  cabo  brilla  la  luz,  porque  la 
tristeza  que  le  inspira  la  contempla- 
ción de  la  existencia  humana,  va  siem- 
pre acompañada  de  una  invocación  ála 
mmortalidad  de  un  enigma  augusto, 
expresada  en  lenguaje  divino.  Senta- 
dos estos  antecedentes,  creemos  poder 
exclamar:  Joaas  Byron  dió  su  cuerpo 
á  la  tierra;  su  alma,  al  cielo.  Los  que 
le  odian,  porque  le  temen;  los  que  le 


LORE 

calumnian,  porque  no  le  adivinan,  no 
impedirán  que  sea  el  primer  escritor 
inglés,  después  de  Shakespeare;  asi 
como  el  poeta  más  extenso  del  si- 
glo XIX,  después  de  Goethe. 

Lordosis.  Femenino.  Patologia. 
Encorvadura  de  los  huesos;  y  espe- 
cialmente, de  la  columna  vertebral. 

EtimolooÍa.  Griego  XópSwfftí  (lórdo' 
sis);  francés,  lordose. 

Lorena.  Femenino.  Géogra^.  An- 
tigua provincia  de  Francia,  incorpo- 
rada actualmente  á  la  Prusia,  á  con- 
secuencia de  la  guerra  que  causó  la 
caída  del  imperio  francés. 

ETiuoLoaÍA.  Francés  ¿orine, 

Lorenés,  sa.  Adjetivo.  £1  natural 
de  Lorena  y  lo  que  pertenece  á  esta 
provincia. 

Lorenés  (CLauoio  Qelíe,  llamado 
el).  Célebre  pintor  francés  á  quien  se 
apellida  el  Rafael  del  paisaje,  que 
nació  en  1600  en  ChUeau-de-Chamag- 
ne,  en  Lorena,  y  murió  en  1682.  Era 
hijo  de  una  familia  pobre,  y  no  mos- 
tró en  sus  primeros  afíos  más  que  una 
inteligencia  muy  limitada.  Sin  em- 
bargo, huérfano  á  los  doce  años,  fué 
recogido  por  un  hermano  suyo,  gra- 
bador en  madera,  en  Friburgo,  y  em- 
pezó á  demostrar  á  su  lado  algunas 
disposiciones  para  el  dibujo.  Llevado 
poco  después  á  Italia,  según  unos, 
por  un  pariente  suyo,  ó  por  unos  atur- 
didos de  su  edad,  según  otros,  bien 
pronto  sintió  despertarse  su  genio 
ante  la  contemplación  de  las  maravi- 
llas de  arte  que  contiene  aquel  afor- 
tunado país.  El  Pousino  y  los  papas 
Urbano  VIII  y  Clemente  IX  busca- 
ron su  amistad,  y  muy  en  breve  ad- 
quirió una  considerable  fortuna.  Los 
cuadros  del  Lobbnés,  de  un  admira- 
ble colorido  y  de  una  verdad  sor- 
prendente, le  colocan  á  la  cabeza  de 
todos  los  paisajistas  del  mundo,  pa- 
gándose noy  por  un  lienzo  suyo  has- 
ta 75  y  80.00U  ^ncos.  En  medio  mi- 
llón se  estimaron  dos  cuadros  que 
existían  en  Malmaison  j  que  pasaron 
á  San  Petersburgo.  La  galería  del 
Lottvre  posee  16;  dos,  el  museo  de 
Madrid;y  otros,  se  encuentran  disemi- 
nados en  los  palacios  Altieri,  Colon- 
na  y  Dona  en  Italia  y  en  las  galerías 
particulares  de  Inglaterra.  Del  Loita- 
Nés  se  conservan  28  aguas  fuertes  y 
Barnére,  Lebás,  Vivarés  y  "Woollett 
han  grabado  muchos  de  sus  lienzos. 

Lorenzána.  Femenino.  Lienzo 
grueso  que  se  fabrica  en  Galicia  en 
un  pueblo  de  este  nombre.  ||  Nombre 

Satronímico  da  varón;  hoj,  apellido 
e  familia. 

ETiuoLOaÍA.  Lorento:  catalán,  lo- 
remana. 

Lorenzána  (Francisco  Antonio 
de).  Prelado  español,  que  nació  en 
León  en  1722  y  murió  en  Roma  en 
1820,  Después  de  ser  canónigo  de  To- 
ledo, obtuvo  el  arzobispado  He  Méji- 
co en  1766,  y  partió  para  aquella  dió- 
cesis, en  la  que  se  señaló  reformando 
la  disciplina  del  clero  é  invirtiendo 
parte  de  sus  rentas  en  fundar  una 
casa  de  recogimiento  y  una  inclusa. 
Trasladado  en  1772  á  la  silla  da  To- 


LORI 


489 


ledo,  primada  de  España,  fnndd  una 
universidad,  dotándola  con  una  ri- 
quísima biblioteca,  j  dedicándose  tam- 
bién, como  lo  había  hecho  en  Méjico, 
¿  corregir  muchos  abusos,  que  exis- 
tían en  su  diócesis.  Fué  creado  carde- 
nal en  1789;  y  en  1797,  se  trasladó  á 
Roma  á  llevar  á  Pío  VII  consuelos  de 
parte  del  rey  de  España,  sin  separar- 
se de  él,  hasta  que  se  recibió  orden 
del  Directorio  para  conducir  al  Papa 
á  Francia.  En  1800  renunció  el  arzo- 
bispado de  Toledo  y  se  retiró  á  Roma, 
donde  acabó  sus  días,  siendo  de  avan- 
zadísima edad. 

Lorenzo.  Masculino.  Nombre  pro- 
pio de  varón,  fj  San  Lorenzo;  mártir 
del  siglo  111,  quemado  sobre  unas  pa- 
rrillas. (Prisciano.) 

ETOfOLOofA.  Latín  ¿a«rmí!(«f,  for- 
ma de  laurus,  corona  de  laurel. 

Lorer.  Masculino  anticuado.  Lau- 
rel. 

Loretanos  y  Loretos.  Masculino 
plural.  Caballeros  de  Nuestra  Señora 
de  Loreto,  cuja  orden  fundó  el  papa 
Sixto  V,  en  1587,  cuando  erigió  la 
magnífica  catedral  que  lleva  aquel 
nombre.  Se  estableció  la  orden  de  los 
LORBTANOS,  para  que  diesen  caza  á  los 
corsarios  en  las  costas  de  la  Marca  de 
Ancona,  á  los  ladrones  de  la  Roma- 
nía, y  para  que  guardasen  la  ciudad 
de  Loreto. 

ETiMOLoafA.  Loreto:  francés,  loretíc, 
loretans, 

Loreto.  Femenino.  Geografia.  Ciu- 
dad de  Italia,  en  los  antiguos  Esta- 
dos pontificios,  célebre  por  su  iglesia 
monumental  denominada iVwi^ 
ñora  de  Loheto. 

ETnioLooÍA.  Latín  LaftreUmt  lugar 
plantado  de  laureles. 

Loriana.  Femenino  provincial. 
Lloredo. 

Loricario.  Masculino.  Ictiología. 
Pescado  notable  por  las  láminas  hue- 
sosas que  le  eubren-el  cuerpo  y  la  ca- 
beza. 

EmioLOaU.  Loriga:  latín,  fárlcü- 
rí%tí,  relativo  &  laa  corazaa;  francés, 

loricaire, 

Loricero.  Masculino.  Entomología. 
Género  de  insectos  coleópteros  carní- 
voros, que  viven  en  lugares  pedre- 
gosos. 

ETiyoLoaÍA.  Griego  Xwpov  (Idron), 
correa,  ^  xipa?  (kérasj,  cuerno;  fran- 
cés, ¡oncere. 

Loríeos.  Masculino  plural.  2oo~ 
logia.  Orden  de  anfibios  que  tienen  el 
cuerpo  cubierto  de  placas  huesosas  á 
modo  de  escamas. 
EriHOLoaÍA.  Loriaarioi. 
Lorifoliado,  da.  Adjetivo.  Botáni- 
ca. De  hojas  muy  largas  y  parecidas  á 
correas. 

EriuoLoaÍA.  Latín  lorum,  correa,  j 
/Sliaíiis;  áefdltum,  hoja. 

Loriga.  Femenino.  Armadura  he- 
cha de  láminas  pequeñas,  por  lo  co- 
mún de  acero,  que  caen  unas  sobre 
otras  para  defensa  del  cuerpo.  ||  Ar- 
madura del  caballo  para  el  uso  de  la 
guerra,  jj  Pieza  de  hierro  circular  con 
que  se  refuerzan  los  bujes  da  las  rue- 
das 


de  los  carruajes* 


TOMO  ui 


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490 


LORO 


Etimología.  Griego  Xwpov  (Idron), 
correa:  latín,  lorum,  igual  sentido; 
loñea,  coraza,  armadura,  cota  de 
malla,  porque  la  loriga  era  un  teiido 
de  correas;  italiano,  tortea;  catalán, 
llorica. 

Coló  Salón  ayaso  la  •«  senaa  alfada, 
Laa  toriga$  Tettidaa  é  «íntas  lai  eapaioai, 
A  eolia  demonbradopor«aoar>loi  acatada. 

(Poema  del  Cid.) 

cPrincipal  armadura  de  los  caba- 
lleros hasta  fines  del  siglo  xiii,  com- 
puesta de  muchas  láminas,  anillos  ó 
mallas  de  hierro.»  (Biblioteca  de  auto- 
res etpañoUs.  Poetas  castellanos  ante- 
riores al  siglo  XV'  Poema  del  Cid, 
timo  57,  poffina  8.) — cArmadura  del 
cuerpo,  compuesta  de  machos  peda- 
zos o  laminillas  de  acero,  que  cajren- 
do  unas  sobre  otras,  preservan  jr  de- 
fienden el  cuerpo  de  las  heridas.  Sale 
del  latino  Zortca.»  (Aoadbuia,  Vic- 
cioHariode1726.) 

Lorígado,  da.  Adjetiro.  La  perso- 
na  armada  con  loriga. 

ETUCOLOOfA.  Loriga:  latín;  lorlcatus, 
participio  pasivo  de  loricare,  cubrir 
cou  loriga,  baldosar;  francés,  lorigué. 

Lorigón.  Masculino  aumentativo 
de  loriga. 

Loriguero,  ra.  Adjetivo  anticua- 
do. Lo  que  pertenece  á  la  loriga. 

Iioríguillo.  Masculino,  Botánica. 
Arbusto  de  que  hacen  uso  los  tintore- 
ros para  las  tintas. 

Etuiolgoía.  Latín  IñridiUt  pálido 
en  demasía,  cetrino. 

Iioripedo,  da.  AdjetiTO.  Zoología. 
Que  tiene  una  especie  de  diente  en  las 
patas  anteriores. 

BriHOLOOfA.  Latín  Idrum,  correa  de 
cuero,  y  pes,  p^dis,  pie. 

Lorís.  Masculino.  Zoología.  Mamí- 
fero pequeño  de  la  isla  de  Ceilán. 
(Caballero.)  Q  Se  ha  dado  este  nom- 
bre en  las  Indias  orientales  á  una  fa- 
milia de  papagayos,  ca;^o  grito  arti- 
cula con  claridad  el  sonido  Ion'.  (Büp- 

Etimología.  Malajro  loüri  ((^jf) 

ó  ioSri  {*^J^  )'•  ínncés,  lori. 

Lorito.  Masculino  diminutiTO  de 
loro. 

1.  Loro.  Masculino.  Ornitología. 
Papagato.  Dícese  más  particularmen- 
te del  que  tiene  el  plumaje  con  fondo 
rojo.  B  DEL  Brasil.  Ave.  Pasaquat, 

ETiMOLoaÍA.  Loris:  catalán,  lloro, 

2.  Loro.  Masculino.  Botánica.  Ar- 
bol, especie  de  laurel,  menos  alto,  de 
ramos  cortos  y  poco  esparcidos,  con 
hojas  alternas,  puntiagudas,  perma- 
nentes, por  arriba  de  un  verde  subi- 
do, y  por  ab^o,  más  descoloridas.  | 
Adjetivo,  Lo  que  es  de  un  color  amu- 
latado ó  de  un  moreno  que  tira  i 
negro. 

ETiMOLoaÍA..  Latín  lüror,  la  palidez 
cetrina  que  tira  al  color  negro  (Lu- 
crecio): catalán  antiguo,  Jor;  groch 
que  tira  á  moreno;  «color  de  oro  que 
tira  á  moreno.» 

3.  Loro.  Masculino.  Botánica,  Es- 
pecie de  laurel. 

Etimología.  Laubus  lusitanica. 


LOSA 

4.  Loro.  Masculino.  Entomologia, 
Pieza  de  la  boca  de  algunos  insec- 
tos. D  Botánica,  Filamento  de  ciertos 
liqúenes  y  de  las  confervas. 

Etimología.  Latín  lórum,  correa  de 
enero,  por  semejanza  de  materia  y  de 
forma:  Trances,  lore,—*B6  llama  tam- 
bién lo  que  está  entre  blanco  y  negro. 
Üfcese  comunmente  del  trigo  antes 
de  llegará  su  perfecta  madurez,  como 
lo  prueba  el  refrán  que  dice:  «Cuan- 
do el  trigo  está  loro^  vale  el  mugil 
oro.»  Viene  dellatino Zuriííw.» (Aca- 
demia, Diccionario  de  11^6,) 

Lorquino,  na.  Adjetivo.  El  natu- 
ral de  Lorca  y  lo  perteneciente  &  esta 
ciudad. 

Lorradas.  Adjetivo.  Término  del 
blasón.  Se  dice  de  las  aletas  con  que 
nadan  los  peces,  cuando  son  de  otro 
esmalte.  (Acadbmia,  Diccionario  de 

1726.) 

Lorrado,  da.  Adjetivo.  Blasán, 
Epíteto  heráldico  de  las  atas  de  los  pe- 
ces, cuando  son  de  distinto  esmalte. 

Etimología.  Francés,  lorré. 

Lórula.  Femenino.  Botánica,  Tallo 
6  expansión  de  los  liqúenes  filamen- 
tosos. 

Etimología.  Latín'_ ¿drum,  correa  de 
cuero;  francés,  lorule. 

Losa.  Femenino.  Piedra  llana  y  de 
poco  grueso,  regularmente  labrada, 
que  sirve  para  solar  y  otros  usos.  | 
Trampa  formada  con  losas  pequeflas 
para  coger  aves  j  ratones.  ||  Metáfo- 
ra. SEPULGBO.J  Echar  ó  plnbb  una 
LO?A  ENCIMA.  Frase  metafórica.  Ase- 
gurar á  alguno  con  la  mayor  firmeza 
que  guardará  en  secreto  la  noticia 
que  se  le  ha  confiado.  ||  Echar  una 
LOSA  SOBRB  EL  coBAzÓM.  Frase.  Cau- 
sar ú  ocasionar  alguna  grave  pesa- 
dumbre que  abruma  y  acongoja. 

Etimología.  1.  Latín  Idpu,  la  pie- 
dra. (MONLAU.) 

2.  La  siguiente  derivación  demues- 
tra el  error  de  la  anterior  etimología. 

Derivación. — Catalán,  llosa;  portu- 
gués, lousa;  francés,  lose;  piamontés, 
Josatt  del  provenzal  lausa,  piedra  se- 
pulcral, forma  sustantiva  de  lansar, 
alabar,  del  latín  laudare.  Losa  y  lau- 
des, del  antiguo  lauda,  sepulcro,  re- 
presenta sin  duda  la  misma  palabra 
ae  origen. 

«Piedra  extendida  y  labrada  en  cua- 
dro ó  en  otra  forma,  de  poco  grueso, 
que  regularmente  sirve  para  cubrir 
los  pavimentos  ó  suelos  dé  loa  tem- 
plos y  atrios.  Covarrubias  dice  puede 
venir  del  nombre  arábigo  loxa,  que 
significa  losa.*  (Academia,  Dicciona- 
rio de  mo,) 

Losada  (DiBao).  Conquistador  de 
Venezuela,  que  nació  á  principios  del 
siglo  ZTi  y  murió  en  lo69.  Fué  uno 
de  los  primeros  españoles  que  llega- 
ron al  territorio  de  Darien.  Encarga- 
do de  someter  á  varias  tribus  temibles, 
como  los  arbacos,  los  tecas  y  los  caracas, 
salió  en  l.jfÍ7  d^'l  valle  de  Mariana, 
dirigiéndose  al  Norte.  Después  de  ha- 
ber vencido  á  los  arbacos  y  á  los  te- 
cas, llegó  en  el  mes  de  Abril  al  país 
de  los  caracas,  que  huyeron  dejando 
los  campos  desiertos.  No  queriendo 


LOSA 

perder  el  frutó  de  sus  victorias,  edifi- 
có al  pie  de  una  alta  montaña  la  ciu- 
dad de  Santiago  de  Ledn,  en  Caracas. 
Sostuvo  una  larga  guerra  con  Guaico^ 
puro,  jefe  indio,  á  quien  logró  vencer, 
pacificando  el  valle  de  Caracas.  Pero 
cuando  hubo  de  ocuparse  en  la  lepar^ 
tición  de  tierras,  los  habitantes  se  su- 
blevaron contra  él,  y  habiéndose  que- 
jado al  gobernador  general,  éste  le 
reemplazó  con  Ponce  ae  León. 

Losada  (Gómez  db).  Escritor  espa- 
ñol, que  nació  en  1680.  Estuvo  en  Ar- 
gel, en  la  época  en  que  abundaban 
los  cautivos  cristianos;  y  de  vuelta  á 
España,  publicó  la  siguiente  obra: 
Escuela  de  trabajos,  divididos  en  cuatro 
libros.  Primera  parte,  del  cautiverio  wtát 
cruel  y  tirano;  Segunda,  Noticia  y  go- 
bierno de  A  rgel. 

Losado.  Masculino.  Enlosado. 

Etimología.  Loior:  catalán,  llo- 
sat,  da. 

Losange.  Masculino.  BUuán.  La 
figura  de  un  rombo  colocado  de  suer- 
te, que  un  ángulo  quede  por  pie,  j  su 
opuesto,  por  cabeza.  Q  Geometría.  Pa- 
ralelógramo  cujos  cuatro  lados  son 
iguales,  sin  que  los  ángulos  sean 
rectos. 

Etimología.  En  el  blasón  se  llama 
losange  la  figura  de  un  rombo  colocado 
de  suerte  que  un  ángulo  quede  de  pie; 
y  su  opuesto,  por  caoeza.  Y  ¿de  dónde 
viene  losangéf  (Monlau.) 

1.  Corrupción  de  laura^o,  por  la 
semejanzadel  rombo  con  una  hoja  de 
laurel;  en  latín  launa,  (Bscalíobbo.) 

2.  Losange  representa  lozai^le,  del 
griego  loxos,  oblicuo,  y  del  latín  an^ 
gulus,  ángulo.  (P.  Labbb.) 

3.  Español  losa,  adoquín,  por  la  se- 
mejanza de  figura.  (Guvbt.) 

4.  La  voz  dél  artículo  es  el  antiguo 
francés  losarle,  forma  de  Umange,  ala- 
banza, porque  los  escudos  de  las  fa- 
milias estaban  encuadrados  en  rom- 
bos, y  tales  blasones  tenían  por  obje- 
to exaltar  el  brío  de  los  señores  con 
alabanzas  y  lisonjas;  en  francés,  louan- 
ges,  losanges.  Ultimamente,  losange 
pasó  &  significar  el  eoadro  de  las  ar- 
mas ó  escudos,  viniendo  á  tener  la 
significación  de  rombo,  lo  cual  dió  á 
la  voz  del  artículo  el  significado  geo- 
métrico que  hoy  tiene.  Tal  es  la  etioio- 
logia  de  Cachet,  seguido  por  Scheler, 
tan  ingeniosa  como  perspicaz;  tan 
perspicaz  como  positiva.  En  efecto,  el 
siglo  XIV  nos  presenta  el  pasaje  si- 
guiente: (Historia  de  Francia,  to- 
mo XXI V,  página  650 j:  <pour  avoir 
faict  deu»  ckaieres  et  eouvert  par  dessm 
de  LOZENOBS  et  armoié  des  armes  du  roi» 
(por  haber  hecho  dos  8illas7  cubierto 

Sor  encima  varios  losanges  j  escudos 
e  las  armas  del  rey).  Por  consiguien- 
te, LOSANOS  significa  louai^e,  alaban- 
za; T  por  extensión,  cuadro,  rombo, 

f araielógramo,  cuvos  lados  son  igua- 
es;  y  desiguales,  los  ángulos. 

5.  Confirman  la  anterior  etimología 
nuestras  antiguas  formas  losenxere  y 
losenjero,  sinónimas  de  lisonjero.  Claro 
es  que  losenjero  representa  una  forma 
de  losange,  de  donde  resulta  ^ue  Uh 
sanje  representa  á  su  vez  lisonja. 


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LOTE 

2?íri»*c«fti.— Francés  del  siglo  %iv, 
¿«stf«y#;  moderno,  losange;  Berrj,  osan- 
ye;  italiano,  lotanga,  simétrico  de  lu- 
sinaa,  lisonja. 

JUMU^eado,  da.  Adjetivo.  Bla- 
té».  Que  tiene  losang^es. 

EitifOLoaÍA.  Zottaiget  francés,  lo- 

Losar.  Activo.  Enlosar. 
EtiuolooÍa.  Losa:  catalán»  llosar, 
Loseniero,  ra.  Adjetivo  anticua- 
do. Lisonjero.  * 
Losenjaro,  ra.  Adjetivo.  Lison- 

JBBO. 

Loseta.  Femenino  diminutivo  de 
tosa.  I  ó  LOSILLA.  Trampa  formada  con 
losas  peqaeñas  para  cog-ar  pájaros.  || 

COQER  EN  LA  LOSSTA.  ó  LOSU.LA.  Frase 

metafórica  y  familiar.  Bngaflaz  &  al- 
^no  con  astucia. 

Losica,  Ua,  ta.  Femenino  diminu< 
tivo  de  losa. — cLa  losa  pequefia.  Cíer^ 
ta  trampa  que  se  hace  con  unas  losas 
peqaeQas  j  delgadas,  para  coger  las 
aves.  Trae  esta  voz  en  este  sentido 
Covarrubiaa  en  su  Tesoro^  y  también 
el  padre  Alcalá  y  Nebrija  en  sus  Vo- 
caouUños. »  (AcADBWA,  Diccionario 
de  1726.) 

t.  Lota.  Término  provincial.  Pun- 
to en  donde  se  vende  el  pescado, 
que  es  generalmente  el  mismo  buque 

3ue  lo  trae.  Representa  una  especie 
e  puja,  en  que  se  pregona  el  precio 
estipulado  en  escala  descendente,  has- 
ta que  un  postor  grita:  ¡mió!,  á  cújo 
favor  se  remata.  Llamóse  lota,  porque 
se  vende  á  lotes;  es  decir,  por  porcio- 
nes ó  partes. 
BtiholoqIa.  Zote. 
2.  Lota.  Femenino.  Género  de 
pescados  semejantes  á  la  lamprea. 

BTiHOLoaÍA.  1.  LatÍD  luíum,  lodo, 
porque  la  Iota  suele  hallarse  en  aguas 
cenagosas.  (LixTaé.) 

2.  Esta  etimología  no  es  admisible. 
¿9^1  representa  el  latín  Iota,  lavada; 
femenino  de  loíus,  participio  de  laca- 
re,  lavar,  aludiendo  á  la  piel  lustrosa 
de  dicho  pescado.  No  es  posible  sepa- 
rar ¿e^,  lavado,  y  Iota,  pez. 

Derivación. — Latín  ¡^ta,  lavada;  la- 
tín técnico,  gad%s  lota,  de  Lianeo; 
francés,  lotte. 

Lote.  Masculino.  Cada  una  de  las 
partes  en  que  se  divide  un  todo  que 
se  lia  de  distribuir  entre  varias  per- 
sonas. 

BTiHOLOofA.  Antiguo  alto  alemán 
Hoz,  suerte:  alemán.  Loas;  godo, 
hlaut»;  bajo  bretón,  lod,  porción;  in- 
glés, loi,  porción  y  suerte;  francés, 
loi;  provenzal,  lote;  italiano,  lotto. 

Loteo,  tea.  Adjetivo.  Concernien- 
te ó  parecido  al  loto. 

Etimología.  Loto:  francés,  iotées. 

Lotería.  Femenino.  Especie  de  rifa 

3ue  se  hace  con  mercaderías,  billetes, 
ineros  y  otras  cosas  con  autoridad 
pública,  y  Juego  casero  en  que  se  imi- 
ta el  juego  público  con  números  pues- 
tos en  cartones,  y  extrayendo  algu- 
nos de  una  bolsa  &  caja.  |  La  casa  en 
que  se  despachan  los  billetes  y  se  ano- 
tan los  números  de  los  jugadores  de 
lotería,  i  Uetáfora  familiar.  Caerle 
i  uno  la  lotería.  Venirle  un  bien  ó 


LOTE 

un  mal,  según  empleemos  la  frase  en 
sentido  serio  ó  en  sentido  irónico.  El 
uso  de  esta  locución  en  significación 
descriptiva  es  muy  frecuente,  como 
cuando  se  dice  para  ponderar  una 
molestia:  «pues,  señor,  me  ha  caído 

la  LOTERÍA.»  - 

Etimolgoía.  Lote:  catalán,  lotería; 
francés,  loterie. 

Del  francés  loterie,  formado  del  fla- 
menco lot,  suerte,  ó  del  celto-bretón 
lod,  porción,  parte  de  tierra  ó  here- 
dad, lote.  También  ha  tenido  lotería 
su  etimología  de  sonsonete,  pues  al- 
gunos la  derivan  del  italiano  lotta, 
que  significa  lucha,  en  latín  lucia,  por 
cuanto  en  la  lotería  el  jugador  Imha 
en  cierto  modo  contra  la  fortuna  y 
contra  los  demás  jugadoras.  (MoH- 

LAD.) 

Reseña  histérica.— \.  Snire  los  anti- 
guos romtnos.  1.  Entra  los  antiguos 
romanos,  fué  una  diveraión  inventada 
para  recreo  en  los  convites  y  en  lor 
festines. 

2.  Poníanse  en  una  copa  los  billen 
tes  que  representaban  los  lotes  ó  pre- 
mios. Un  esclavo  la  iba  presentando, 
y  cada  convidado  tomaba  un  billete, 
que  le  valía  un  lote  importante,  ó  un 
lote  irrisorio. 

3.  El  emperador  Augusto  fué  m\iy 
amante  de  la  lotería  y  distribuía  lo- 
tes de  dinero,  y  de  lo  que  hoy  podría- 
mos llamar  artículos  de  tocador. 

4.  Agrippa  debió  ser  más  amante 
del  juego,  cuando  hizo  pública  la  lo- 
tería. Hacía  arrojar  en  el  teatro»  á 
continuación  de  los  juegos  escénicos, 
un  gran  número  de  tablillas  que  va- 
lian,  á  los  que  las  podían  recoger, 
cantidades  de  plata,  vestidos,  carros, 
vasos  de  metal  y  esclavos;  que  hasta 
los  hombres  han  servido  de  loies  en 
los  juegos  de  la  humanidad. 

5.  Nerón,  en  los  juegos  que  du- 
rante varios  días  celebró  por  la  per- 
petuidad del  imperio,  hacía  arrojar 
diariamente  al  pueblo  mil  billetes  de 
LOTEUÍA,  con  los  que  podían  obtenerse 
premios  de  trigo,  de  víveres,  de  aves, 
de  dinero,  de  perlas,  de  esclavos,  de 
caballos,  de  casas  y  de  tierras. 

11.  Entre  los  modernos.— 1,  La  lo- 
tería se  perpetuó  en  Italia,  como  me* 
dio  de  ganar  dinero. 

2.  De  Italia  se  importó  á  nuestra 
nación  vecina,  Francia;  y  la  primera 
fué  establecida  por  Francisco  I,  en 
1539,  bajo  el  nombre  de  ólangue,  voz 
derivada  sin  duda  del  italiano  hianca 
carta,  como  si  dijéramos:  billete  blan- 
co, por  ser  el  color  de  los  billetes  que 
perdían.  Advirtamos  que  esta  lotería 
duró  poco. 

3.  Reapareció,  esto  no  obstante, 
bajo  el  ministerio  Mazarino  (1656); 
fué  suprimida  después  (1658)  por  de- 
creto del  Parlamento;  reapareció  bajo 
la  forma  de  imtitncién,  en  1700;  en- 
tonces se  creó  una  en  el  Hótel-de-  Vi- 
lie  de  París,  bajo  el  nombre  de  lote- 
ría real,  con  capiUl  de  10.000.000  de 
libras,  la  cual  mé  abolida  definitiva- 
mente. 

4.  En  España  existe  todavía,  acer- 
ca de  lo  cual  no  tenemos  motivos  de 


LOTO  401 

congratularnos,  porque  ningtín  pue- 
blo debe  fiar  su  porvenir  á  las  aven- 
turas de  la  suerte,  sino  á  las  virtudes 
del  trabajo  y  de  la  economía.  (Consi- 
derada esta  cuestión,  no  como  hec^o 
administrativo,  sino  como  pnnto  de 
moral  pública,  tal  vez  pudilht  pre- 
guntarse: ¿con  qué  derecho  se  prohi- 
ben los  juegos  de  azar,  cuando  el  Es- 
tado mantiene  el  juego  déla  lotería? 
Sí  h&y  razón  para  que  dejen  de  jugar 
algunos,  ¿por  qué  no  hay  razón  para 
que  dejen  de  jugar  todos?  Hablando 
en  nombre  de  la  historia,  ley  sobera- 
na, que  á  todos  obliga  por  igual,  aña- 
dimos: el  juego,  sea  cual  fuere  la  for^ 
ma  bajo  la  cual  se  manifieste,  es  la 
llaga  que  devora  la  vida  de  los  pue- 
blos pobres,  inmorales  ;  esclavos. 
Honramos  mucho  á  España,  la  ama- 
mos más,  para  que,  en  materia  ton 

frave,  prescindamos  de  la  obligación 
e  expresarnos  con  patriótica  fran- 
queza. Un  pueblo  jugador  está  borra- 
do por  sí  mismo  del  mapa  de  los  pue- 
blos. 

■ '  Lotero.  Masculino.  El  administra- 
dor que  tiene  á  su  cargo  despachar 
los  billetes  y  anotar  los  números  de 
los  que  juegan  á  la  lotería. 
ETUfOLoaÍA.  Lote:  catalán,  loíer. 
Loth.  Patriarca  hebreo,  hijo  de 
Arán,  hermano  de  Abraham,  que  vi- 
vía unos  1900  años  antes  de  nuestrn 
era.  Abandonó  con  su  tío  el  país  do 
Ur  V  se  fué  á  vivir  á  Sodoma.  ííefiere 
el  Génesis  que,  habiendo  llegado  á  la 
ciudad  dos  ángeles,  enviados  por  el 
Señor,  Loth  les  ofreció  hospitalidad; 
pero  á  poco  tiempo  los  habitantes  de 
bodoma  se  amotinaron  y  acudieron  en 
tropel  á  casa  de  Loth,  pidiendo  á  gri- 
tos que  entregara  á  su  depravación 
concupiscente  aquellos  extranjeros. 
Les  ofreció  inútilmente  á  sus  hijas  en 
cambio;  pero  los  ángeles  pusieron  fin 
á  aquel  conflicto,  dejando  ciegos  á  loa 
alborotadores.  En  seguida  advirtieron 
á  Loth  que  la  ciudad  de  Sodoma  iba  á 
ser  destruida  por  el  fuego  del  cielo, 
insinuándole  que  huyera  inmediata- 
mente con  su  familia,  sin  detenerse 
en  sus  cercanías,  ni  volver  la  cara 
atrás.  La  mujer  de  Loth,  que  que- 
brantó esta  última  parte  del  mandato, 
quedó  convertida  en  estatua  de  sal. 
LuTH,  después  de  hacer  un  corto  des- 
canso en  begor,  se  retiró  con  dos  hi- 
jas á  una  caverna.  Las  dos  hijas,  cre- 
yendo que  había  perecido  todo  el  gé- 
nero humano  y  que  ya  no  había  hom- 
bres para  ellas,  embria^^aron  á  su  pa- 
dre, y  se  entregaron  á  él,  una  después 
de  otra,  para  conservar  su  raza.  La 
mayor,  tuvo  un  hijo,  llamado  Moab, 
que  quiere  decir  hijo  de  mi  padre j 
que  fué  cabeza  y  tronco  de  los  inoab%-~ 
tas;  y  la  secunda  uno,  llamado  Av^, 
ó  hijo  de  mi  pueble,  de  donde  descen- 
dieron los  amonitas. 

Lotiforme.  Adjetivo.  Botánica. 
Que  tiene  la  forma  del  loto. 
Loto.  Masculino.  Arbol.  Almez. 
BnHOLOofA.  Griego  Xwtó?  (Idtós): 
latín,  lotos,  loto  ó  almez,  árbol  de  fru- 
to muy  sabroso  y  dulce;  francés,  10* 
tos,  lotus. 


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492  LOUV 


LOUV 


LOXO 


Lotofagia.  Femeaiao.  Inclinación 
á  comer  almez. 

EriMOLOofA.  Loiófago. 

Lotófagos.  Masculino  plural.  Pue- 
blos que  habitaban  en  la  costa  meri- 
dional de  Africa  j  se  alimentaban  con 
los  frutos  del  loto. 

EtiuoloqU.  Griego  Xu-cofiyo;  (toUh 
phágot};  de  fóíM,  loto,  y  pkttfféfn,  co- 
mer: francés,  latopka^g. 

Mitología. — 1.  Los  lotópaoos  no 
han  existido  en  ninguna  regi<jn  del 
globo,  puesto  que  eran  un  pueblo 
que  ideó  la  fábula  griega. 

2.  Sirvió  de  fundamento  á  dicha 
iavención  la  creencia  de  que  la  fruta 
del  loto  era  tan  dulce  /  delicada,  que 
hacía  olvidar  su  patria  á  loa  eitraa- 
jeros. 

3,  La  ilustre  Academia  Espafiola 
hará  muv  bien  en  referir  la  voz  del 
artículo  a  la  mitología. 

Lotos.  Mitología.  Fruta  fabulosa 
del  Africa,  que  quitaba  la  memoria 
al  que  la  comía.- 

EíriKOLooia.  Loto. 

Lonoura.  Femenino  anticuado.  Lo- 
CUBA,  II  Anticuado.  Presunción. 

Louvel  (Luis  Pedbo).  Regicida 
francés,  de  oficio  guarniciónelo,  que 
nació  en  Yersalles  en  1783  j  murió 
en  1820.  Después  de  haber  pertene- 
cido al  partido  más  avanzado  de  la 
democracia,  j  de  haberse  afiliado 
más  tarde  fervieuterneute  á  los  bona- 

fiartistas,  llevado  de  su  fanatismo  po- 
ítico,  el  13  de  Febrero  de  1820,  ase- 
sinó á  la  salida  de  la  ópera  al  duque 
de  Berrjr,  hijo  del  coade  de  Artois, 
después  Carlos  con  objeto  de 
acabar  con  la  rama  principal  de  los 
Borboues.  Herido  el  desgraciado  prin* 
cipe  á  las  once  de  la  nocne,  sólo  vivió 
el  resto  de  ella,  que  pasó  eu  la  ago- 
nía. A  pesar  de  los  cuidados  de  los 
doctores  Bougon  j  Dupujtren,  que 
se  apresuraron  á  acudir  á  su  socorro, 
dió  el  último  suspiro  á  las  seis  y  me- 
dia. No  habiendo  podido  sor  traslada- 
do á  las  Tullerías,  se  le  improvisó 
una  alcoba  en  el  teatro  mismo,  en  un 
saloncillo  contiguo  al  palco  re^io,  al 
que  acudió  toan  su  familia,  incluso 
Luís  XVIII,  que  aunque  agobiado  ^a 
por  las  enfermedades,  que  no  habían 
de  tardar  en  llevarle  al  sepulcro,  se 
hizo  trasladar  i  la  cabecera  del  mo- 
ribundo.  Louvel,  que  no  intentó  si- 
quiera huir,  fué  cogido  inmediata- 
mente jr  coaducido  á  los  calabozos  de 
la  Conserjería.  La  pesquisa  que  se 
hizo  sobre  sus  antecedentes,  nada  ex- 
traordinario reveló.  Huérfano  desde 
muy  niño,  había  sido  educado  por 
una  hermana  de  su  madre,  que  hizo 
le  admitieran  en  una  escuela  gratuita 
de  Versalles.  Allí,  siguiendo  Ja  edu- 
cación de  la  época,  aprendió  á  leer  en 
la  Declaración  de  ios  derechos  del  kom- 
jre  y  en  los  cantos  patrióticos.  Lou- 
vel no  salió  de  aquella  infancia  re- 
publicana, sino  para  pasar  á  la  vida 
exaltada  de  una  adolescencia  guerre- 
ra. La  gran  epopejra  del  imperio  le 
arrastró  de  tal  modo  que,  durante  su 
vida.  Napoleón  fué  para  él,  más  que 
un  hombre,  un  Dios.  Testigo  de  la 


abdicación  de  Fontainebleau,  siguió 
al  soberano  desposeído  á  la  isla  de  El- 
ba, y  volvió  con  él  al  ^olfo  Juan.  Pero 
Waterloo  fué  una  ultima  y  amarga 
decepción.  Louvel,  al  ver  desplomar- 
se su  ídolo,  sólo  guardó  un  senti- 
miento de  odio  y  de  venganza,  y  la 
víctima  escocida  para  templar  su  sed 
de  sangre  fue  el  duque  de  Berrj.  <La 
persona  del  rej  no  era  la  que  me  con- 
venía,» había  dicho:  «Luis  XVIII  es 
tal  vez  el  único  príncipe  de  üu  fami- 
lia que  no  ha  tomado  las  armas  con- 
tra la  Francia,  y  lo  que  jo  quería  era 
castigar  á  los  culpables  de  tal  cri- 
men.» Madurando  su  proyecto  pasó 
aúos  enteros,  y  la  ocasión  se  le  pre- 
sentó al  ñu.  Conseguido  su  criminal 
objeto,  quedó  traiiquilo.  El  26  de 
Majo  recibió  con  cierta  altanería  á 
ios  defensores  que  se  le  habían  nom- 
brado de  oficio,  V  les  recomendó  que 
no  alegasen  nada  en  su  defensa  que 
estuviera  en  contradicción  con  sus 
terminantes  declaraciones.  Los  deba- 
tes se  abrieron  el  5  de  Junio  ante  la 
Cámara  de  los  pares,  y  dos  sesiones 
bastaron  para  dejar  comprender  que, 
si  los  tenía,  Louvbl  no  denunciaría 
sus  cómplices.  El  día  6,  á  las  cinco  y 
media  de  la  tarde,  oyó  con  la  major 
impavidez  la  sentencia  que  le  conde- 
naba á  sufrir  la  pena  de  muerte  en  la 
plaza  de  la  tiréve.  A  las  cinco  y  me- 
dia de  la  maüana  del  7  de  Junio  se 
puso  en  marcha  la  fúnebre  comitiva. 
Durante  el  trajecto  se  invitó  al  reo  á 
que  hiciera  declaraciones;  pero  á  la 
primera  campanada  de  las  seis  su  ca- 
beza rodaba  a  la  canasta  de  la  guillo- 
tina, sin  haber  desplegado  sus  la- 
bios. 

Reseña. — Murió  á  los  36  años;  era 
de  mediana  estatura,  de  frente  abul- 
tada, ojos  hundidos  y  de  expresión 
sombría,  cráneo  casi  calvo,  facciones 
duras  y  angulosas,  labio  delgado  y 
prieto. 

Louvet  de  Gouvray  (Juan  Bau- 
tista). Convencional  y  literato  fran- 
cés, que  nació  en  París  en  1760  j  mu- 
rió en  1797.  Redactó  varias  memorias 
académicas  para  el  sabio  Dietrich,  de 
quien  era  secretario;  fué  más  tarde 
comisionista  del  comercio  de  libros  y 
publicó  de  1787  á  1789  una  novela 
titulada:  Amores  del  caballero  de  Fau- 
blaSf  en  tres  partes,  á  la  cual  debe  su 
reputación  literaria.  Esta  obra,  del 
genero  de  esas  que  tienen  por  objeto 
Hacer  la  pintura  de  los  más  desborda- 
dos placeres  y  describir  de  la  manera 
más  real  y  descarnada  la  liviandad  y 
el  desenfreno  de  las  pasiones,  es,  no 
obstante,  un  verdadero  modelo  de  ese 
ramo  de  la  literatura  que,  por  más 
que  debe  esconderse  á  las  miradas  de 
la  juventud,  que  no  busca  en  tales  li- 
bros más  que  un  incentivo  á  sus  pa- 
siones sensuales,  encierra  también 
bellezasdignas  de  ser  estudiadas.  Des- 
pués de  este  libro  publicó  un  folleto 
que  lleva  por  título:  París  jas  tijicado, 
en  que  se  nace  la  apología  de  las  jor- 
nadas del  5  j  6  de  Octubre.  Durante 
el  período  de  la  Asamblea  legislativa, 
redactó  un  diario.  El  Centinela^  diri- 


fido  contra  la  corte.  Habiendo  sido 
iputado  de  la  Convención,  se  afilió 
al  partido  girondino,  se  declaró  con- 
tra las  matanzas  de  Septiembre  y  se- 
ñaló en  un  discurso,  tan  valeroso  como 
elocuente,  lo  que  él  llamaba  las  miras 
ambiciosas  de  Robespierre.  Fué  da 
los  que  votaron  la  maerte  del  rej,  y 
de  los  que  hicieron  una  guerra  implar- 
cable  a  la  Montafia  hasta  que,  com- 
prendido eu  el  decreto  de  arresto  dic- 
tado contra  sus  colegas  de  la  Gironda, 
fué  puesto  fuera  de  la  lej.  Precisado 
á  huir,  llevó  una  vida  errante  que  ha 
referido  en  sus  Noticias  para  la  histo- 
ria de  mis  peligros  desde  el  Si  de  Mayo 
de  i  793  (París,  1795).  Vuelto  á  la  Con- 
vención después  del  9  Thermidor,  re- 
dactó de  nuevo  SI  Centinela;  y  más 
tarde,  otra  publicación  periódica  ti- 
tulada: De  Frente.  Fué  miembro  del 
Consejo  de  los  Quinientos,  dejó  de 
formar  parte  de  él  en  Majo  de  1797, 
abrió  una  librería,  fué  nombrado 
miembro  del  Instituto  (sección  de  gra- 
mática), y  murió  en  el  mismo  año.  De 
éíj  además  de  las  obras  citadas,  se 
conserva  una  novela  de  escaso  mérito: 
Smiliode  Varmont,  donde  trata  de  pro- 
bar la  necesidad  del  divorcio. 

Reseña. — Louvet  tenía  más  talento 
que  erudición  j  menos  juicio  que  cons- 
tancia en  sus  opiniones. 

Lovaina.  Femenino.  Geografía. 
Ciudad  célebre  de  Brabante. 
Etiuolooía.  Latín  LovanXwn. 
Lovaniense.  Adjetivo.  El  natural 
de  Lovaina  y  lo  perteneciente  i  esta 
ciudad. 

Etiuolooía.  Latín  lovanunsis. 

Lovia.  Femenino,  ffeografía*  Ciu- 
dad de  la  baja  Alemania. 

BtimolooIa.  Latín  Lovía. 

Lowe  (siB  Huoson).  Nació  en  Ir- 
landa en  1770  y  murió  en  1844.  Sir- 
vió en  Italia  contra  los  franceses,  dejó 
tomar  la  isla  de  Capri,  de  que  era  go- 
bernador, en  1810,  fué  coronel  délos 
tiradores  de  Córcega  j  recibió,  en 
1815,  la  misión  de  guardar  á  Napo- 
león I  en  la  isla  de  Santa  Elena.  La 
dureza  con  que  desempeñó  el  cargo 
que  se  le  había  confiado,  le  ha  con- 
quistado un  triste  j  odioso  renombre. 
De  él  se  conservan  unas  Memorias, 

Íublicadas  por  su  hijo  (en  Londres, 
845),  en  que  trata  en  vano  de  justi- 
ficar su  conducta. 

Loxantero,  ra.  Adjetivo.  Botáni^ 
ea.  Que  tiene  oblicuas  las  anteras. 
BTUioLoaÍA.  Loxo  y  antera. 
LozantrosiB.  Femenino.  i/«(iíwaiia. 
Dislocación  de  los  huesos  dd  cráneo 
j  de  los  músculos  adherentes. 

Etimología.  Zoxo  y  árihro»,  articu- 
lación: francés,  loxarthre. 

Loxo.  Prefijo  técnico,  del  gñego 
Xojó?  (loxós),  oblicuo. 

Loxocosmo.  Masculino.  Física. 
Instrumento  para  demostrar  los  mo- 
vimientos de  la  tierra,  las  estaciones 
j  la  desigualdad  de  los  días. 

ETiuoLoaÍA.  Loxo  y  hésmos,  mun- 
do: francés,  loxocosme. 

Loxodromia.  Femenino.  Náutica. 
Línea  que  describe  un  buque  en  el 
mar. 


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LÜBR 


LUGA 


LUCE  493 


Ktuioloqía..  Loxo  j  drómot,  carre- 
ra: francés,  loxodromie. 

Loyalistas.  Masculino  plural.  Hit- 
toña.  1.  Nombre  dado  en  Ing^laterra, 
después  de  la  expulsión  de  los  Estuar- 
dos»  á  todos  aquellos  que  aceptaron  la 
nueva  dinastía,  sígnifícando  de  este 
modo  que  eran  leaUt  á  la  causa  del  re^. 

3.  En  las  g>uerras  de  América,  los 
loyalittas  eran  los  que  seguían  el  par- 
tido de  la  Qran  Bretafia. 

EruiOLoafa.  Francés  loyalitU,  de 
locante,  lealtad:  inglés,  loyat'y. 

Loza.  Femenino.  Todo  lo  que  se 
fabrica  de  barro  fino  j  lustroso;  como 
son  platos,  tazas,  jicaras,  etc.  |  Andb 
LA  LOZA.  Expresión  metafórica  j  fa- 
miliar con  que  se  da  á  entender  el  bu- 
llicio j  algazara  que  suele  haber  en 
algún  concurso,  cuando  la  gente  está 
contenta  j  alegre. 

Etimología. — «Todo  lo  que  se  fa- 
brica de  barro  fino  j  lustroso  como  son 
platos,  fuentes  y  escudillas.  Covarru- 
oias  dice  se  llamó  Loza  cuasi  Lutea.> 
(AcADBUiA,  DUúonario  de  1726.) 

Losanamente.  Adverbio  de  modo. 
Con  lozanía. 

BriMOLoaÍA.  Lotana  y  el  suGjo  ad- 
verbial tóente. 

Lozanear.  Neutro.  Ostentar  loza- 
nía ú  obrar  con  ella. 

Lozanearse.  Recíproco.  Deleitar- 
se, recrearse  haciendo  alguna  cosa. 

Lozanecer.  Neutro  anticuado.  En- 
greírse, envanecerse. 

BtiuologÍa.  Lozanear. 

Lozanía.  Femenino.  El  mucho  ver- 
dor y  frondosidad  en  las  plantas.  |  En 
los  nombres  j  animales,  la  viveza  j 
gallardía  nacida  de  su  vigor  y  robus- 
tez. O  Anticuado.  Orgullo,  altivez. 

BnuOLOOÍA..  Lozano:  catalán  anti- 
guo, iuttanié. 

Lozano,  na.  Adjetivo  que  se  apli- 
ca i  los  árboles,  á  los  campos  y  i  los 
sembrados  muj  verdes  j  frondosos.  | 
Metálbra.  Alegre,  gallardo,  airoso. 

Etiuolooía.  Latín  luxus,  iux&s,  ve- 

?;etaciún  extraordinaria,  simétrico  de 
UTuriárey  luxuri&ri,  brotar  con  vicio, 
estar  demasiado  frondoso.  Lozano  re- 
presenta lasano,  lusano:  catalán  anti- 
guo, llossd,  na;  lussá,  na;  moderno, 
íiusá,  na. — «Verde,  alegre  y  fecundo, 
como  campo  lozano.  Covarrubias  di- 
ce sale  del  nombre  latino  Zuce  cuasi 
lucano,  porque  lucen  ó  resplandecen.» 
(ACADBHIA,  Diccionario  de  1726.)  " 
Lu.  Articulo  anticuado  neutro.  Lo. 
Lúa.  Femenino.  Especie  de  guante 
hecho  de  esparto  y  sin  separación  para 
los  dedos,  el  cual  sirve  para  limpiar 
á  las  calnllerias.  ¡Provincial  Mau- 
cha.  Zurrón  de  piel  de  cabra,  carne- 
ro, etc.,  para  transportar  el  azafrán.  \ 
Tomar  alouna  bubarcacióm  por  la 
lúa.  Frase.  Marina.  Véase  Embarca- 
ción. 

Lnada.  Femenino.  Luazo, 

Luazo.  Masculino.  Marina.  Acto  ó 
efecto  de  tomar  por  la  lúa. 

Lubricación.  Femenino  anticua- 
do. Lubricidad. 

Lúbricamente.  Adverbio  de  mo- 
do. Con  lubricidad. 

Btiuolooía.  Lúbrica  y  el  sufijo  ad- 


verbial mente:  italiano,  lúbricamente; 
francés,  lubriquement. 

Lubricin.  Masculino  anticuado. 
El  crepúsculo  de  la  mañana. 

ETiyoLOOÍA.  Latía  lubricare,  hacer 
vacilar,  pjrque  el  crepúsculo  parece 
ser  una  vacilación  entre  el  día  y  la 
noche. 

Lnbricar.  Activo  anticuado.  Ha- 
cer lúbrica  6  resbaladiza  alguna  cosa. 

Etihch^ía.  Latín  UtbrUMre,  poner 
resbaladizo:  italiano,  lubricóte. 

Lubricidad.  Femenino.  La  cuali- 
dad de  lúbrico.  ]|  Metáfora.  La  pro- 
pensión á  la  lujuria. 

Etimología.  Lúbrico:  latín,  lubrící- 
ias;  italiano,  lubriciía;  francés,  lubrv- 
cité;  catalán,  lubricitat. 

Lubricij)edo,  da.  Adjetivo,  ¿oolo- 
gía.  De  pies  lisos  y  lucientes. 

Etuioloqía.  Latín  lübticutt  resbsr 
ladizo,  y  pe$,  pedis,  pie. 

Lúbrico,  ca.  Adjetivo.  Resbaladi- 
zo. I  Metáfora.  Propenso  á  algún  vi- 
cio, y  particularmente,  á  la  lujuria. 

Etimolooía.  Latín  ¿ü5Hf«u,  resba^ 
ladizo,  peligroso,  arriesgado:  lubrici 
pitees,  peces  que  se  deslizan,  que  se 
escurren  de  las  manos,  en  Plinio:  lx^ 
BRiCA  adoletcentia  via;  camino  peligro- 
so, resbaladizo,  para  la  juventud,  en 
Cicerón:  catalán,  UúbricA,  ca;  proven- 
zal,  lubric;  francés,  lubrique;  italiano, 
lubrico. — «Lo  mismo  que  resbaladizo. 
Es  voz  latina,  lubricus,  o,  um.s  (Aca- 
demia, Diccionario  de  1726.) 

Lubrificar.  Activo.  Lubricar. 

Etimología.  Latín  Iñbriauy/aehej 
hacer:  francés,  lubrijier. 

Lubrificativo,  va.  Adjetivo.  Lo 
que  tiene  virtud  de  lubricar, 

Lucania.  Femenino.  Geografía  a»* 
ligua.  Provincia  del  antiguo  reino  de 
Ñapóles;  hoj,  Basilieata. 

ETuioLoaÍA.  Latín  ¿ScSnKa.  (Pli- 
nio.; 

Lucánido,  da.  Adjetivo.  Entomo- 
logía. Parecido  á  un  lucano. 

1 .  Lucano  (Marco  Anbo).  Célebre 
poeta  latino,  que  nació  en  Córdoba, 
ciudad  de  España,  el  3  de  Noviembre 
del  año  38,  y  según  otros,  el  39  de  la 
era  cristiana.  Fué  hijo  de  Aneo  Mela, 
hermano  de  Séneca  el  Filósofo,  y  de 
Atília,  hija  de  Lucano,  orador  distin- 
guido. Apenas  contaba  14  años  de 
edad  cuando  ya  llamaba  la  atención 
de  los  doctos  por  sus  declamaciones 
en  griego  y  en  latín.  Prendado  de 
sus  talentos  el  emperador  Nerón,  le 
hizo  augur  y  cuestor;  pero  el  año  65 
le  condenó  á  muerte  por  encontrarle 
complicado  en  la  conjuración  de  Pi- 
són, teniendo  de  esta  suerte  el  mis- 
mo desastroso  fin  que  Séneca,  su  tío. 
De  todas  sus  obras  sólo  nos  queda 
La  P/iarsalia,  poema  épico  dividido 
en  diez  libros.  En  él  se  encuentran 
muchas  bellezas  de  primer  orden, 
pensamientos  sublimes,  imágenes 
grandiosas  y  rasgos  épicos  admira- 
bles; pero  la  hinchazón  del  estilo  y 
el  mal  gusto  que  domina  en  muchas 
partes  del  poema,  deslucen  con  fre- 
cuencia estos  primores.  (Dx  Mioubl  y 
Murante.) 

2.  Lucano.  Masculino.  Entomolo- 


gía. Género  de  insectos  coleópteros 
lamelicórneos,  muy  parecidos  á  los 
escarabajos. 

Etimología.  Latín  lUcanut,  el  esca- 
rabajo, insecto.  (Plinio.) 

Lucano,  na.  Adjetivo.  Lo  perte- 
neciente á  Lucania  j  el  natural  de 
esta  provincia. 

BtiholooU.  Latín  ISeania.  (Tito 
Livio.) 

Lucas.  Masculino.  Nombra  propio 
de  varón.  ||  San  Lugas. 
Lucas.  Masculino  plural.  Germa- 

nía.  Los  naipes. 

Lucas  (san).  Uno  de  los  cuatro 
evangelistas,  natural  de  Antioquía  y 
médico  de  profesión.  Fué  convertido 
por  san  Pablo,  á  quien  siguió  en  sus 
viajes;  predicó  luego  solo  en  Corinto 
el  año  56,  y  regresó  á  Roma  el  61. 
Muerto  san  Pablo,  recorrió  la  Italia, 
las  Gallas,  la  Macedonia,  la  Dalma- 
cia,  el  Egipto,  la  Bitinia  y  la  Aca^a, 
donde  sufrió  el  martirio  á  la  edad  de 
84  años.  Es  autor  del  tercer  Evangelio 
y  de  los  ÁcíoM  de  lot  apóstoles, 

Lucas  de  Tny.  Sanio  espafiol,  lla- 
mado en  latín  líucat  Tudensis^  que 
nació  en  León  i  principios  del  si- 
glo xiii.  Después  de  recorrer  la  Ita- 
lia, la  Grecia  y  la  Palestina,  fué 
nombrado,  á  su  regreso  á  España, 
obispo  de  Tuj,  en  Galicia,  cu^a  sede 
ocupó  hasta  su  muerte,  acaecida  en 
1288.  Refundió  la  Crónica  de  san  Isi- 
doro de  Sevilla,  y  la  completó  desde 
el  año  680  hasU  1236.  dejando  ade- 
más un  Tratado  teológico  contra  los 
albigenses,  y  la  Vida  de  san  Isidoro. 

Luce  (aoua  ds).  Especie  de  jabon- 
cillo compuesto  de  amoníaco  liquido 
y  de  aceite  esencial  de  aucino  recti- 
ficado. 

Btiuolooía.  Latín  htee,  ablativo 
de  lus,  lücis,  luz:  «agua  de  luz.> 

Lucencia.  Femenino  anticuado. 
Claridad,  resplandor. 

Etiuolooía.  Lucerna. 

Lucense.  Adjetivo.  Lo  pertene- 
ciente á  Luca  y  el  natural  de  aquella 
ciudad.  II  El  natural  de  Lugo  en  Ga- 
licia y  lo  perteneciente  á  esta  ciudad 
y  provincia. 

Etiuolooía.  Latín  lucensis,  lo  per- 
teneciente á  Luca;  ¿aeñ»«,  sus  habi- 
tantes. 

Lucentísimo,  ma.  Adjetivo  su- 
perlativo de  luciente. 

Lucentor.  Masculino  anticuado. 
Afeite  de  que  usaban  las  mujeres 
para  el  rostro. 

Etimología.  Lucir. 

Lucera.  Femenino.  Tragaluz  ó 
cía  rabo  ja. 

Etimología,  Lucir. 

Lucerna.  Femenino.  Insecto,  lu- 
ciRRNAOA.  I  Pescado  de  mar,  milano. 
II  Anticuado,  Especie  de  lamparilla  ó 
linterna.  Q  Germanla.  Candela.  ||  Lám- 
para ó  araña  grande,  como  las  que  se 
usan  para  alumbrar  los  teatros,  Bn 
este  sentido  es  voz  de  uso  moderno. 

Etiuolooía.  Luz:  latín  ¿Ücmia,  lám- 
para, candil:  ante  lucernas,  antes  de 
anochecido;  esto  es,  antes  de  encen- 
der las  luces  (Juvbnal):  italiano,  íh- 
eema. 


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4H  Lüci 

JÍeíéña.—lj&  forma  griega  del  latíu 
iicirna  es  Xúj^vo?  (lácknos);  ti  Xy-^v« 
^tó  lúehna),  las  lámparas. 

Lucernarío.  Masculino.  Liturgia. 
Responso  que  tiene  lugar  después  de 
las  vísperas  en  el  rezo  ambrosiano. 

Etiuolooía.  Lucerna:  francés,  h- 
cemairei  italiano.  Ivcemajo;  latín,  ¿S- 
cenati%mt  el  anochecer. 

Lttcernita.  Femenino.  Luz  peque- 
fia  que  alumbra  poco  6  se  percibe 
apenas. 

EtiuoloqU.  Lucerna. 

Locerno .  Masculino.  Qermania. 
Candbi.bko. 

ETiuoLoaÍA.  Lucerna. 

Lucérnula.  Femenino.  Botánica. 
Planta  de  Iiojas  pequeñas,  largas,  an- 
gostas, vellosas  j  cenicientas,  que  de 
noche  despiden  un  género  de  luz  6 
claridad. 

Etiuoloqía.  luciérnaga:  latín,  l%- 
cemaríaj  verbasco. — cPlanta  que  se 
cría  en  los  huertos,  ;  produce  las  ho- 
jas .pequeñas,  largas,  anarostas,  vello- 
sas j  cenicientas;  el  taUo  velloso  y 
alto  de  un  codo,  en  el  cual  echa  unas 
flores  purpúreas  de  cinco  hojas.  Des- 
pide de  noche  un  género  de  luz  ó  cla- 
ridad, con  que  alumbra  á  los  cami- 
nantes, por  cuja  razón  se  le  dió  este 
nombre.»  (Academia,  Diccionario  de 
im.)  , 

Lucero.  Masculino.  El  planeta  Ve- 
nus, al  que  comunmente  llaman  la  es- 
trella de  Venus.  Q  Cualquier  astro  de 
los  que  aparecen  más  grandes  y  bri- 
llantes. S  El  postigo d  cuarterón  délas 
ventanas  por  donde  entra  la  luz.  || 
Lunar  blanco  y  grande  ^ue  tienen  en 
la  frente  algunos  cuadrúpedos.  ||  Me- 
táfora. Lustre,  esplendor.  ||  Poélica. 
Ojo.  Es  más  usado  en  plural. 

ETDunxraU.  ¿«ar:  catalán  anti* 
guo,  llueer. 

Luceros.  Masculino  plural.  En  la 

Sermania  signiñca  los  ojos.  (Juan 
IDALOO,  en  su  Vocabulario.) 
Lúcete.  Masculino.  Especie  de 
planta  cujas  flores  despiden  olor  de 
azahar. 
Etimología.  Lucérnaga. 
Luceyo.  Historiador  latino,  amigo 
de  Cicerón,  cujas  obras  no  han  llega- 
do hasta  nosotros. 
E-miOLoaÍA.  Latín  ¿i(ec«;i».  (Cicb- 

BÓN.J 

Lncible.  Adjetivo  anticuado.  Bss- 

PLANDBCIBNTS. 

ETUfOLOoÍA.  Ludr:  latín,  IWiiihUii. 

Lucidamente.  Adverbio  de  modo. 
Con  lucimiento. 

Etimología.  Lucida  j  el  sufijo  ad- 
verbial mente:  latín,  lüc'ídi;  italia- 
no, lucidamente;  francés,  lucidemení. — 
«Clara  y  lustrosamente.  Con  aplauso 
y  esplendor.»  (Acadbhu,  Diccionario 
de  i¡26.) 

Lucidario,  ría.  Adjetivo.  Que  da 
lu/.  6  alumbra. 

Etimolooía.  Lúcido. 

Lucidez.  Femenino.  Claridad.  Se 
aplica  á  los  escritos  ó  discursos. 

EniiOLoaÍA.  Lúddo:  provenzal,  lu- 
cidilal;  francés,  luddité;  italiano,  ¿w- 
cidita,  luádeua, 

Lncidiumamente.  Adverbio  do 


LÜCl 

modo  superlativo   de  lucidamente. 
Etimología.  Latín  lucidissimi. 

(QuiNTILIANO.) 

Lucidísimo,  ma.  Adjetivo  super- 
lativo de  lucido. 

Etimología.  Latíu  lucidissímus :  ca- 
talán, ilucidístim,  a. 

Lúcido.  Adjetivo.  Poética.  LuctsN- 
TB.  II  Véase  Intervalo. 

Etimología.  Lwi:  sánscrito,  lauci- 
ías,  manifiesto;  latín,  lücldus;  ruso, 
luczitíi/i;  alemán,  ItcAí;  inglés,  Hght; 
italiano,  lucido;  francés,  lucide;  cata- 
lán, llttií,  da. 

Lucido,  da.  Adjetivo  que  se  apli- 
ca al  que  hace  ó  desempeña  las  cosas 
con  fi;racia,  liberalidad  y  esplendor. 

Etimología.  Lucir:  latín,  lüc^tdut. 

Reseña  AistJrica. — Lucidos  ai  uso  ó 
lindes,  ae  llamaba,  en  el  siglo  xvii,  á 
los  que  en  el  xviii  se  apellidaron  cu- 
rrutacos 6 petimetres;  y  hoy,  elegantes. 
Zavaleta  titula  el  capítulo  XX  de  su 
Día  de  Fiesta:  El  lucido  del  día  del 
Corpus.  Francisco  Santos  dice  en  su 
Día  y  noche  de  Madrid:  «Oigamos  & 
este  propósito  un  corrillo  de  caballe- 
ros mozos,  lucidos  al  uso,  alguno  de 
ellos  con  el  sombrero  adornado  con 
uu  cordón  de  pelo.» 

Lucidónico,  ca.  Adjetivo.  Bellas 
Artís.  Epíteto  dado  á  la  pintura  que 
produce  efectos  transparentes,  y  ¿los 
cuadros  así  pintados. 

Etimología.  Lucir. 

Lucidura.  Femenino  familiar.  El 
blanqueo  que  se  da  á  las  paredes. 

Luciente.  Participio  activo  de  lu- 
cir. Lo  que  luce.  ||  Nombre  patroní- 
mico de  varón;  hoj,  apellido  de  fa- 
milia. 

Etimología.  Latín  lücens»  luceníis, 
participio  de  presente  de  luchre,  lucir: 
italiano,  lueente;  francés,  luisamti  ca- 
talán, lluent,  a. 

Reseña. — 1.  La  forma  griega  del 
latín  lUcens  es  hnxái  (leukás),  blanco, 
que  representa  el  sánscrito  taucayal. 

2.  Lo  blanco  era  sinónimo  de  lo  lu- 
ciente, porque  la  primera  luz  del  sol 
es  blanca,  de  donde  viene  alba,  del 
latín  albus,  blanco. 

Lucientemente.  Adverbio  de  mo- 
do. Con  brillantez. 

Etimología.  Luciente  y  el  sufijo  ad- 
verbial mente. 

Luciérnaga.  Femenino.  Insecto 
con  elictras  crustáceas  en  los  machos, 

Ír  á  vecen  también  en  las  hembras,  y 
a  parte  posterior  del  cuerpo,  fosfó- 
rica. 

Etimología.  ZuctV:  latín,  lüctntum, 
la  luciérnaga,  insecto  (san  Isidoro); 
si  métrico  de  Iñcemala,  lamparilla. 
(San  Jerónimo.) 

Luciérnago.  Masculino  anticua- 
do. LuCtBRNAOA. 

Lucifer.  Masculino  metafórico.  El 
demonio  de  la  soberbia;  y  así  deci- 
mos: (tiene  más  orgullo  que  Luci- 
fer. »  II  Biblia.  El  más  rebelde  de  Ios- 
ángeles  caídos.  I  Mitología  griega.  Hi- 
jo de  Júpiter  y  de  la  Aurora. 

Etimología.  Latín  lucifer,  el  luce- 
ro, estrella  de  Venus;  de  lux,  lUcis, 
luz,  y  ferré,  llevar:  italiano,  lucífero; 
francés,  lucifer;  catalán,  Uudfer. 


LÜCI 

Lucifdra.  Adjetivo  femenino.  Mi- 
tología.  Sobrenombre  de  Diana,  consi- 
derada como  la  luna. 

Etimología.  Latín  Lucífra. 

Lucífera!.  Adjetivo  anticuado.  So- 
berbio,  maligno. 

Etimología.  Lucifer, 

Luciferino,  na.  Adjetivo.  Lo  per- 
teneciente á  Lucifer. 

Luciíéro,  ra.  Adjetivo.  Poética. 
Rbsplandbcibntb.  II  Masculino.  Ai- 
tronomia.  El  planeta  Venus,  llamado 
así,  porque  preside  á  los  albores  de  la 
mañana. 

Etimología.  Lucifer. — «Lo  mismo 
que  luciente.  Es  voz  latina  y  usada 
de  los  poetas.»  (Acadbmu,  Dicciona- 
rio de  im.) 

Lucifico,  ca.  Adjetivo.  Que  pro- 
duce luz  ó  claridad. 

BTiMOLoaÍA.  Latín  lUctfUuSt  de  liut, 
luz,  y  faceré,  hacer. 

Lucífugas.  Adjetivo.  LocíFuau. 

LucifUgio,  gía.  Adjetivo  anticua- 
do. Lo  que  se  oculta  ó  esconde. 

Lucinigo,  ga.  Adjetivo.  Poética. 
Lo  que  huje  de  la  luz. 

Etimolooía.  LScífügus,  de  lux,  la 
luz,  j^H^>í,  huir:  francés,  lucifuge. 

Lucillo  (Cayo).  Masculino.  El  más 
antiguo  de  los  poetas  satíricos  lati- 
nos, que  nació  en  Sezza,  lugar  del 
Lacio,  el  año  606  de  la  fundación  de 
Roma,  y  murió  en  el  de  650.  Fué 
amigo  de  Escipión  el  A fricano  y  com- 
puso 30  sátiras  en  estilo  rudo  v  gro- 
sero, pero  enérgico.  De  ellas  sólo  han 
llegado  hasta  nosotros  algunos  frag- 
mentos. (De  Miqubl  y  Mobantb.) 

^fsfña.— Horacio  dice  que  era  de 
Campania  ^  que  floreció  en  tiempos 
de  Numancia,  cujos  datos  coneuer- 
dan  con  la  anterior  biografía. 

Lucillo.  Masculino.  Urna  de  pie- 
dra en  que  suelen  sepultarse  algunas 
personas  de  distinción. 

Etimología.  «La  caja  de  piedra, 
dentro  de  la  cual  se  sepultan  los  cuer- 
pos de  los  nobles.  Covarrubias  dice 
se  llamó  así  cuasi  Loculi,  del  latino 
Locus;  aunque  el  Brócense  quiere 
venga  del  nombre  latino  Luce,  porque 
se  suelen  hallar  dentro  algunasíuces.» 
(kcKTiKiiiJt.,  Diccionario  di  1726.) 

Lucimiento.  Masculino.  El  acto 
de  lucir.  ||  Quedar  con  lucimiento. 
Frase.  Salir  airoso  en  cualquier  en- 
cabo ó  empeño. 

ETuoLOofA.  Xatftr:  catalán,  Í¿iii- 
ment. 

Lucina.  Femenino  anticuado.  Pá- 
jaro, BUI3BÑOB.  II  Mitología.  Diosa  que 
presidía  á  los  partos.  ¡Sobrenombre 
de  Juno  y  de  Diana, 

Etimología.  Lücina,  Diana,  diosa 
de  los  bosques;  de  lúa,  lüciSf  luz. 

Lucinio,  nía.  Adjetivo.  Concer- 
niente á  la  luz. 

Lucinocto,  ta.  Adjetivo.  Botáni- 
ca. Epíteto  que  se  da  á  las  plantas 
q^ue  abren  sus  pétalos  de  noche  7  los 
tienen  cerrados  de  día. 

ETUiOLoaÍA.  Latín  lúa,  Utátt  luz, 
y  nox,  noctis,  la  noche. 

Lucio,  cia.  Adjetivo.  Terso,  lúci- 
do. II  Masculino.  Pescado  de  agua  dul* 
ce,  de  dos  á  tres  codos  de  largo:  su 


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LUCR 


LUCR 


LUCÜ  495 


«beta  es  caadrada  y  llena  de  bueque- 
cillos  pequeños.  Parece  ser  que  es  ene- 
migo de  las  ranas.  (Au.  onio.)  |1  Pre- 
nombre  romano,  como  Lucio  Cornelio 
Sila.  (Vabbón.) —  «Lo  que  relace  y 
brilla.  Dícese  regularmente  de  los 
aoimales  que  están  gordos  j  de  buen 
pelo,  como  caballos,  muías,  buejes, 
etcétera.»  (Acadbuia,  Diccionario  de 
1726.) 

Lttciparo,  ra.  AdjetÍTO.  Que  des- 
pide luz. 

Etiuolooía.  Latín  lux,  ^eit  j  paré- 
re,  producir. 

Lucir.  Neutro.  Brillar,  resplande- 
cer. D  Metáfora.  Sobresalir,  aventajar. 
Se  asa  también  como  recíproco.  |]  Ac- 
tivo anticuado.  Iluminar,  comunicar 
luz  y  claridad.  [|  Manifestar  el  ade- 
lantamiento ó  la  riqueza  ó  la  autori- 
dad, etc.  l  Corresponder  el  provecho 
al  trabajo  en  cualquiera  obra;  y  así  se 
dice:  á  Fulano  le  luce  lo  que  come. 
[1  Enlucir,  y  Recíproco.  Vestirse  y 
adornarse  con  esmero.  |  Quedar  con 
lucimiento. 

EiuiOLOQfA.  Z«z:  latín,  luciré;  ita- 
liano, Iwere;  francés,  luiré;  provenzal, 
luter^  luzir;  catalán,  Iluir, 

Lttcma.  Femenino.  BoUiUea.  Ár- 
bol grande  de  América  (^ue  da  un  fru- 
to redondo  de  cuatro  á  cinco  dedos  de 
diámetro;  su  carne  es  farinácea  y  poco 
dulce,  la  pepita,  grande,  y  la  corteza, 
pajiza. 

Luco.  Masculino  anticuado.  Bos- 
que ó  selva  de  árboles  cerrados  y  es- 
pesos. 

STUfOLoafA.  Latín  lüeuSf  bosque, 
arboleda  sagrada,  forma  de  luz,  según 
Quintiliano;  a  luce  lumtnum  qua  rtli- 
gio*Í4  cauta  ea  arboris  suspenaebanlnr. 

Lacrado,  da.  Partioípio  pasivo  de 
laerane. 

Etiuolooía.  Latín  lucratus^  partici- 

Siio  pasivo  de  hcrSri,  lacrar:  italiano, 
ucraía;  catalán  antiguo,  lucrat,  da. 
Lacrarse.  Recíproco.  Utilizarse, 
sacar  provecho  de  algún  negocio  ó  en- 
cargo. 

ÉriicoLOOfA.  Latín  lucrari,  forma 
Terbal  de  lucnm,  lucro:  italiano,  lu- 
crare; catalán  antiguo,  lucrar. 

Lncrativamente.  Adverbio  mo- 
dal. De  un  modo  lucrativo. 

BnHOLOOÍA.  Lucrativa  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  francés,  hicraiive- 
Ment;  catalán,  lueralivameut, 

LacratÍTO,  va.  Adjetivo.  Lo  qae 
prnduee  utilidad  ;  ganancia. 

Etiuolooía.  Lucrar:  latín,  lucrdít- 
vus;  italiano,  lucrativo;  francés,  lacra- 
tif;  provenzal,  lucraíiu;  catalán,  lucra- 
iiu,  va. 

Lucrecia.  Dama  romana,  célebre 
por  su  hermosura  y  su  castidad.  Era 
hija  de  Septimio  Severo  Triciplino  j 
mujer  de  Colatino.  Habiendo  inspira- 
do una  pasión  violenta  á  Sexto,  hijo 
de  Tarquino,  apellidado  el  Soberbio, 
éste,  no  pudiendo  vencer  su  virtud, 
logró  una  noche  introducirse  en  su 
habitación,  hallándose  ausente  su  ma- 
rido, obligándola  á  prestarse  á  sus 
impuros  desaos,  amenazándola,  si  no 
accedía,  no  tan  sólo  con  darle  la  muer- 
te, sino  además  matar  á  un  esclavo  y 


colocar  á  su  lado  el  cadáver  para  su 
deshonra.  Al  día  siguiente  de  consu- 
mado aquel  crimen,  envió  á  llamar  Lu- 
crecia á  su  padre  j  á  su  esposo,  que 
Ufgaron  acompañados  de  sus  amigos, 
entre  los  que  se  contaba  Bruto,  j  des- 
pués de  referirles  su  desgracia,  se 
traspasó  el  pecho  con  un  puñal,  inti- 
mándoles á  que  la  vengasen.  Sobre  su 
cadáver,  y  teniendo  en  la  mano  el  pu- 
ñal con  que  se  había  herido,  los  tres 
hicieron  el  juramento  que  había  de 
dar  por  resultado  la  caída  de  los  Tar- 
quinos  y  el  establecimiento  del  go- 
bierno consular,  que  quedó  constituí- 
do  el  año  509  antes  de  Jesucristo.  Es- 
te patético  acontecimiento  ha  servido 
de  asunto  á  diversos  poemas  trágicos 
y  á  dos  soberbios  cuadros.  Uno,  del 
infortunado  Rosales;  y  otro,  del  emi- 
nente pintor  Plasencia,  premiado  en 
una  de  nuestras  exposiciones  de  Be- 
llas Artes. 

Reseña.— Sahiáo  es  que  el  atentado 
contra  Lucrecia  did  lugar  á  la  revo- 
lución de  Roma  que,  arrojando  del 
trono  á  los  Tarquinos,  fundo  la  repú- 
blica, la  cual  dominó  la  major  parte 
del  mundo  conocido  entonces. 

Lucrecia  Boraia.  Hija  del  papa 
Ali-jandro  YI,  habida  de  una  dama 
que,  conocida  con  el  nombre  de  Vano- 
sa,  se  hizo  célebre  por  su  hermosura 
:  y  sus  desórdenes.  Lucrecia  era,  por 
tanto,  hermana  de  César,  duque  de 
Valentinois,  y  fué  tan  famosa  como 
éste  por  sus  vicios  y  crímenes.  Ca- 
sada en  un  principio  con  un  caba- 
llero arag'ones,  anuló  su  padre  este 
matrimonio  y  la  unió  con  Juan  Es- 
forcia  en  1493;  pero  este  segundo  en- 
lace tampoco  agradó  á  Lucrecia,  y 
fué  igualmente  disuelto  por  su  padre 
en  1497.  Entonces  se  casó  con  Alfon- 
so de  Aragón,  duque  de  Biseglia,  á 
quien  luego  hizo  asesinar,  tomando 
por  cuarto  marido  á  Alfonso  de  Este, 
duque  de  Ferrara.  Desde  entonces, 
sin  renunciar  á  sus  demasías,  se  ocu- 

fió  en  asuntos  graves  y  trató  de  bri- 
lar  en  su  corte,  rodeándose  de  per- 
sonas de  mérito  j  concediendo  protec- 
ción á  las  letras  y  á  las  artes.  Se  ase- 
gura que,  entre  suS  numerosos  aman- 
tes, contó  á  su  mismo  padre  y  i  sus 
hermanos  Juan  y  César.  El  genio  de 
Donizetti  ha  inmortalizado  la  terrible 
fama  de  Lucbbcia  Boroia  con  la  ópe- 
ra que  lleva  su  nombre. 

Lucrecio.  Tito  Lucrecio  Caro,  poe- 
ta y  filósofo  epicúreo,  hombre  de  ge- 
nio poderoso  que  floreció  en  tiempos 
de  Cicerón.  Fué  el  primero  que  escri- 
bió de  las  cosas  naturales  entre  los 
romanos;  v  esto  en  un  poema,  del 
cual  dice  el  mismo  Cicerón  que  era  de 
un  arte  maravilloso.  (Valbuena.) 
Etimolooía.  Lucvetías. 
Lucrifilo.  Sustantivo  y  adjetivo. 
El  que  tit-ne  apego  al  lucro. 

Etiholoqía.  Vocablo  incorrecto; 
del  latín  hcrum,  lucro,  y  del  griego 
philoi,  amante. 

Lucrino.  Masculino.  El  lago  Lucri- 
no  ó  de  Lícola,  en  Campania.  (Surto- 
mo.) 

Etiuología.  Latín  Lucrínus  lacus. 


Lucro.  Masculino.  Ganancia  ó  pro- 
vecho que  sesacade  alguna  cosa.  |  Cb- 
SANTü.  Q  Forense.  La  ganancia  ó  utili- 
dad que  se  regula  podría  producir  el 
dinero  en  el  tiempo  que  ha  estado 
dado  en  empréstito  ó  mutuo. 

EtiholooÍa.  Latín  lucrum:  italiano 
y  catalán,  lucro;  francés,  lucre. 

Reseña. — Dice  Varrón  que  ¿lunmse 
deriva  de  luire^  pagar,  cuya  interpre* 
tación  necesita  ser  demostrada. 

Lucroso,  sa.  Adjetivo  que  se  apli- 
ca á  las  cosas  que  producen  mucho 
lucro. 

EtiholooÍa.  Zvero:  latíui  hur^ut; 

italiano,  lucroso. 

Luctatorío,  ria.  Adjetivo.  Que 
tiene  relación  con  la  lucha. 

Luctifero,  ra.  Adjetivo.  Que  lleva 
consigo  el  luto  Ó  la  tristeza. 

ETiuoLoaÍA.  Latín  luctuif  luto,  y 
ferré,  llevar. 

Luctisono,  na.  Adjetivo.  Que  sue- 
na lúgubremente. 

EtiholooÍa.  Latín  lucha,  luto,  y 
siSnus,  sonido. 

Luctaosa.  Femenino.  Feudalimo. 
Derecho  anticuo,  que  se  pagaba  en 
algunas  provincias  á  los  señores  y 
prelados  cuando  morían  lus  subditos, 

Í'  consistía  en  una  alhaja  del  difunto, 
a  que  él  señalaba  en  su  testamento, 
6  la  que  el  señor  ó  prelado  elegía. 

ETiMOLoaÍA.  Luctuoso. — «El  dere- 
cho que  se  paga  por  los  difuntos.  No 
tiene  cuota  fija,  porque  en  algunas 
partes  se  paga  una  alnaja,  la  que  es- 
coge el  señor  del  lugar  respecto  de 
los  seglares,  ó  el  prelado  respecto  de 
los  eclesiásticos.  Kn  otras  partes,  por 
antigua  costumbre,  está  reducida  & 
cierta  porción  en  dinero.  En  Santia-* 
go  la  cobran  los  Arcedianos  de  los  cu- 
ras, cada  uno  del  partido  que  le  co- 
rresponde, y  se  reduce  á  un  vestido  de 
corto,  otro  de  largo,  la  cama  en  que 
dormía,  la  mesa  en  que  comía,  con 
todo  lo  que  en  ella  sirve,  la  muía  ó 
caballo  en  que  andaba,  v  el  breviario 
en  que  rezaba.  De  legos  hay  variedad, 
porque  en  unos  lugares  la  cobran  los 
curas,  en  otros  los  señores  de  los  lu- 
gares, y  en  otros  por  mitad  el  señor  y 
el  cura.  Es  voz  usada  en  lo  forense.» 
(Academia,  Diccionario  de  1726.) 

Luctuosamente.  Adverbio  de  mo- 
do. Con  tristeza  y  llanto. 

EtiholooÍa.  Luctuosa  y  el  sufijo  ad- 
verbial mente:  latín,  luctuesi.  (Tito 
Livio.) 

Luctuoso,  sa.  Adjetivo.  Lo  triste 
y  digno  de  llanto. 
Btihología.  Lulo:  latín,  luciudsus; 

francés,  luctueux;  italiano,  tulluoso. 

Lucubración.  Femenino.  La  ac- 
ción y  efecto  de  lucubrar. 

KtiuolooÍa.  Lucubrar:  latín,  lücu- 
bratío,  tarea  de  ingenio  ó  de  manos, 
que  se  hace  durante  la  noche;  italia- 
no, lucubratione;  francés,  lucubraíion. 

Lucubrar.  Activo  anticuado.  Tra- 
bajar velando  y  con  aplicación  en 
obras  de  ingenio  ó  en  otras  de  cual- 
quiera especie. 

Etiholuqía.  Latín  lucubrare,  velar, 
trabajar  algo  de  noche,  forma  inten- 
siva de  luciré,  lucir:  lucubrata  nox. 


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496  LUCU 


LUCH 


LUEG 


noche  pasada  trabajando  á  la  luz  de 
la  lámpara.  (Marcial.) 

Lucnlita.  Femeniao.  Hittoña  na- 
tural. Variedad  de  metal  negro. 

Etiuolooía.  Latín  lücUia,  bosque- 
cilio,  de  ¡Mcui,  bosque;  y  por  exten- 
sión, cosa  sombría,  oscura,  negra: 
francés,  lueulliU. 

Lúculo.  Romano  famoso  por  sus 
riquezas  j  su  sabiduría. 

ETniou)Q£a.  Latín  Ltt^lha.  (Cicb- 

HÓN.) 

Lúcalo  (Lucio  Licinio).  Romano 
célebre  por  su  lujo  j  sus  talentos  mi- 
litares, que  nació  en  115  y  murió  el 
año  49  antes  de  Jesucristo.  Fué  cues- 
tor en  Asia  y  pretor  en  Africa,  donde 
venció  á  Amílcar.  Nombrado  cónsul 
en  el  ailo  74,  j  enviado  contra  Mitrí- 
dates,  le  derrotó  cerca  del  Gránico  y 
le  obligó  á  retirarse  á  Armenia;  so- 
metió el  Ponto;  venció  á  Tigranes  y 
tomó  á  Tigranocerta  y  Nísibe.  De 
vuelta  á  Roma,  obtuvo  los  honores  del 
triunfo  y  pasó  el  resto  de  su  vida  en- 
tregado á  un  fausto  y  un  lujo  desco- 
nocidos hasta  entonces.  Bmpleó  in- 
mensas riquezas  en  empresas  colosa- 
les, como  vastos  túneles,  espaciosos 
estanques,  cuja  pesca  se  evaluó  al 
tiempo  de  su  muerte  en  4.000.000  de 
Bflstercics,  v  casas  de  recreo  flotantes 
en  el  mar.  £!n  su  mesa  se  presentaban 
siempre  mancares  tan  raros,  que  sólo 
podían  adquirirse  á  costa  de  cuantio- 
sas sumas.  Desde  la  puerta  de  su  pa- 
lacio se  respiraban  exquisitos  perfu- 
mes de  Asia;  los  muebles  eran  de  una 
riqueza  extraordinaria,  j  durante  sus 
comidas,  á  que  convidaba  diariamen- 
te gran  número  de  amigos,  recreaba 
el  convite  una  orquesta  escogida,  al- 
ternando con  la  lectura  de  los  mejo- 
res versos  de  los  poetas  griegos.  Tenía 
igualmente  una  magnífíca  biblioteca 
abierta  siempre  para  las  personas  ins- 
truidas, y  un  museo  compuesto  de  las 
mejores  obras  de  pintura  y  escultura. 

Lúculos.  Masculino  plural.  Ásíro- 
nomia.  Arrugas  luminosas,  general- 
mente esféricas,  las  cuales  se  cruzan 
en  todas  direcciones  en  la  superficie 
del  cielo. 

Etimología.  Diminutivo  de  lux,  lü' 
cis,  luz:  francés,  lucules. 

Lncoma.  Femenino.  Botánica.  Gé- 
nero de  plantas  dicotiledóneas  que 
comprende  unos  árboles  de  más  de 
cien  pies  de  altura,  cuyo  fruto  es  i 
modo  de  manzana  muy  gruesa,  dulce 
al  gusto.  I  Género  de  sapotáceas,  en 
que  se  distingue  la  Lucoua  kwü  de 
Chile. 

Etiuoloqía.  Francés  lucume. 

Lncúmeo,  mea.  Adjetivo.  Botáni- 
ca. Análogo  á  la  lucarna. 

Lúcumo,  Masculino.  Lucuha,  por 
el  árbol. 

Lucumón.  Masculino.  Histoñaan- 
t^Wm  Nombre  de  los  reres  y  magis- 
trados supremos  y  hereditarios  entre 
los  etruscos. 

Etimoloqía.  1.  Forma  etrusca  del 
griego  ^T8[«Lv  ^Afy«no»^,  jefe.  (Mau- 

EY,  LlTTRB.) 

2.  Latín  Itmm  y  heno,  rey,  gene- 
ral, gobernador,  como  se  ve  en  Ser- 


vio; voz  derivada  de  Licaón,  re^  de 
Arcadia,  que  se  llamó  también  Licao- 
nia.  (Etimoi.ooistas  latinos.) 

Lucha.  Femenino.  Pelea  entre  dos, 
en  que,  abrazándose  uno  á  otro,  pro- 
cura cada  cual  dar  con  su  contrario 
en  tierra.  [|  Metáfora,  Contienda,  dis- 
puta. II  Lid,  combate. 

ETiuoLoaÍA.  Latín  luctus,  üt,  con- 
flicto; lucía,  pelea:  catalán  antiguo, 
Uuyta;  provenzal,  lucha,  locha;  fran- 
cés, lutte;  portugués,  luta;  italiano, 
lotta,  ¿uíÁi.— «Contienda  ó  ejercicio 
que  se  hace  entre  dos,  lidiando  á  bra- 
zo partido,  en  que  se  considera  ven- 
cedor el  que  echa  á  su  contrario  en 
tierra.  Viene  del  latino  Luda,  que 
significa  esto  mismo. »  ( Acadbuia, 
Diccionario  de  1726.) — «En  sentido 
moral  es  la  batalla  interior  de  la  ra- 
zón con  las  pasiones  ó  afectos.» (Idem.) 

Reseña  histórica. — 1.  Lucha  se  lla- 
maba el  ejercicio  de  los  juegos  pú- 
blicos entre  los  antiguos  griegos  y 
romanos.  Era  una  especie  de  combate 
de  fuerza  y  de  destreza,  en  que  dos 
luchadores,  desnudos,  untados  de 
aceite,  y  cubiertos  de  polvo  ó  arena 
fina,  procuraban  derribarse,  abrazán- 
dose, apovando  frente  contra  frente, 
empujándose,  atrayéndose  y  entrela- 
zándose las  piernas. 

2.  Había  otras  prácticas  repugnan- 
tes á  nuestras  costumbres,  porque  la 
LUCHA  se  empeñaba  á  veces  en  tales 
términos,  que  finalizaba  por  la  muer- 
te de  los  luchadores. 

3.  Generalmente  hablando,  la  vic- 
toria consistía  en  poder  rechazar  al 
contrario,  sin  ser  arrastrado  en  su 
caída. 

4.  Teseo  fué  quien  hizo  un  arte  de 
la  LUCHA,  fundando  palestras  en  don- 
de se  enseñaban  sus  procedimientos, 
en  armonía  con  el  espíritu  belicoso, 
q^ue  era  la  gran  necesidad  de  aquellos 
siglos. 

5.  Así  se  explica  el  hecho  histórico 
de  que  la  lucha  se  introdujo  en  todos 
los  juegos  públicos  de  Grecia,  de  don- 
de paso  á  los  romanos,  quienes  adop- 
taron en  parte  los  juegos  griegos. 

6.  Había  otra  lucha  sólo  con  las 
manos  enlazadas,  en  que  se  obtenía  la 
ventaja  por  la  fuerza  de  los  dedos  y 
de  los  puños;  pero  esto  no  era  más 
que  un  preludio  de  la  lucha  verdade- 
ra, una  diversión,  un  solaz  de  los  lu- 
chadores. 

Luchador,  ra.  Masculino  y  feme- 
nino. El  que  lucha. 

Etiuolooía.  Luchar:  provenzal,  í«- 
chador,  loitador;  catalán  antiguo,  lluy- 
tador,  a;  francés,  luííeur;  italiano, 
lottatore;  del  latín  lucíáíor,  forma 
agente  de  luctatto,  lucha. 

Luchar.  Activo.  Contender  ó  lu- ; 
char  dos  personas  á  brazo  partido.  Q 
Disputar,  bregar.  |  Pelear,  combatir. 

Etiuolooía.  Lucha:  latín,  luctari;  \ 
catalán  antiguo,  llvjftar;  provenzal, 
¡ochar,  luchar,  loitar;  normando,  Uter; 
portugués,  lutar;  francés,  Uttieri  ita- 
liano, loítarg. 

Luchamiego,  ga.  Adjetivo  que 
se  aplica  al  perro  que  sirve  pata  cazar 
liebres  de  noche  con  lazos. 


EriuoLoaÍA.  Lucha  y  el  latín  nema, 
lazo. 

Luda.  Femenino,  ffermania.  Mujer, 
Ludada.  Femenino  anticuado.  E» 

fiecie  de  adorno  mujeril  ó  venda  para 
a  frente. 
ETiuoLoaÍA.  Luda. 
Ludero.  Masculino.  Género  de 
plantas  rosáceas  de  las  islas  Mauri- 
cías. 

Ludia.  Femenino.  Provincial  Ex- 
tremadura. Levadura  ó  fermento. 
ETiMOLOdÍA.  Ludio. 
Ludiar.  Activo.  Provincial  Extre- 
madura. Fbbubntar.  Se  usa  también 
como  recíproco. 
EtiuoloqU.  Ludio, 
Ludibrio.  Masculino.  Escarnio, 
desprecio,  mofa. 

Ktiuolooía.  Latin  Isdióríumf  be&; 
de  ludere,  ju^r:  italiano,  ludibri»;  ca- 
talán, ludibrt. 

SiMONiuiA.  Ludibrio,  escarnio,  opro- 
bio.— El  ludibrio  es  el  escarnio  gene- 
ralizado y  puesto  en  acción.  Bteamio 
es  la  burla  maliciosa,  pero  fundada, 
ue  se  hace  de  un  sujeto,  no  por  su 
gura,  sino  por  su  conducta.  óproHo 
es  esta  misma  burla;  pero  que  sólo  se 
da  á  entender  por  señales  ae  despre- 
cio y  de  indignación.  Fulano  es  el 
ludibrio  de  las  gentes,  el  escarnio  de 
sus  amigos,  el  oprobio  de  su  familia. 

(LÓPEZ  PELBORÍy.) 

Ludimiento.  Masculino.  La  acción 
y  efecto  de  ludir. 

Ludio,  dia.  Adjetivo.  Provincial 
Extremadura.  Fbbubntado.  \  Germor- 
nía.  Bellaco.  ||  Qermania.  Ochavo, 
cuarto,  moneda  de  cobre. 

Ludión.  Masculino.  Ántigüedadet. 
Especie  de  histrión  ó  farsante  en  la  co- 
media romana.  |  FUiea.  Figurilla  de 
esmalte,  introducida  en  una  botella 
llena  de  a^ua,  que  sube  á  la  boca  ó 
desciende  a  su  fondo,  según  la  presida 
que  se  ejerza  con  el  tapón. 

KTiuoLoaÍA.  Latín  lüdíus,  bailarín, 
juglar,  que  divierte  al  público;  de  ¿S- 
dus,  juego:  francés,  ludton. 

Ludir.  Activo.  Frotar,  estregar,  ro- 
zar una  cosa  con  otra. 

Etiuolooía.  Latín  ISdirtf  ejercitar- 
se en  cosas  de  escasa  cuantía;  de  /i- 
dus,  juego,  certamen;  ludbrb  e^eram, 
trabajar  en  balde,  en  Planto;  artem 
arte  ludbbb;  «con  una  cautela,  otra  se 
quiebra;»  cá  un  traidor,  dos  alevo- 
sos;» de  aiitíu  hüDiocorio;  «del  pan  de 
mí  compadre,  buen  zatico  &  mi  ahi- 
jado.» 

Ludria.  Femenino.  Provincial  Ara- 
gón. NuTBiA.  Llámase  también  así  la 
piel  de  este  animal,  que  sirva  para  los 
manguitos,  forros,  etc. 

Lúe.  Femenino.  Infección. 

Etiuolooía.  Latín  lúes,  epidemia; 
de  luere,  expiar:  lúes  morum,  corrup- 
ción de  las  costumbres.  (Flinio.^ 

Lnea.  Femenino.  Género  de  árbo- 
les muy  ramosos  y  de  unos  treinta 
pies  de  elevación. 

Laedo.  Masculino  anticuado. 
Lodo. 

Luegar.  Activo  anticuado.  Alqui- 
lar. 

EtuiolooU*  Zoysr. 


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LUEN 


LUGA 


LUGA  497 


Luego.  Adverbio  de  tiempo.  Pron- 
tamente, sin  dilación.  |  Después.  || 
Conjunción  de  que  se  usa  para  mani- 
festar la  ilación  6  consecuencia  qne 
se  inñere  del  antecedente.  |[  Lusao  i 

LUEOO  ó  DB  LUBOO  Á.  LUBOO.  Modo  ad- 

Terbial.  Con  mucha  prontitud,  sin  la 
menor  dilación.  Q  Con  tbes  luboos. 
Locución  familiar.  A  toda  prisa,  con 
suma  celeridad. 

Etiuolooía..  Latín  fóci»,  lugar, 
punto,  tiempo,  oportunidad,  sazón: 
catalán,  luego. 

Sinonimia.  detpués.  Uno  j 

otro  adverbio  explican  la  posteriori- 
dad de  tiempo;  pero  luego  seüala  un 
tiempo  más  corto,  un  término  más 
inmediato,  conservando  la  propiedad 
de  sn  sentido  roeto,  que  corresponde 
á  prontamente  y  sin  dilación. 

Pasearemos  ahora,  cenaremos  W^o^ 
j  nos  iremos  despuét. 

Leeremos  la  Gaceta  luego  que  trai- 
gan luces,  esto  es,  inmediatamente 
qae  las  traigan;  sÓIo  esperamos  á  que 
traigan  luces  para  ponernos  á  leena. 

Leeremos  la  Gaceta  áespuéi  que 
traigan  laces,  esto  es,  cuando  tenga- 
mos luces,  sin  denotar  positivamente 
que  ha  de  ser  inmediatamente,  luego 
qae  las  traigan. 

Por  eso  cuaado  la  posterioridad  re- 
cae sobre  una  acción  que  decidida- 
mente supone  dilación  ó  retardo,  sólo 
se  puede  usar  el  adverbio  de$pue't  j  no 
luego.  Al  fin  lo  erró,  después  de  haber- 
lo pensado  tanto  tiempo.  Después  que 
todo  el  mundo  lo  ha  visto,  ya.  no  tie- 
ne j^racia  el  publicarlo.  (Huerta.) 

Lueguo.  Adverbio  de  tiempo  anti- 
cuado. Lusao. 

Luello.  Masculino.  Provincial  Ara- 
gón. Joyo. 

ETxifOLooÍA.  Latín  tíitiiM,  la  ziza- 
fia,  hierba. 

Iiuen.  Adverbio  de  lugar  anticua- 
do. Lejos. 

Luenga.  Femenino  anticuado.  Di- 
lación, tardanza. 

ETiMOLoaÍA.  Luengo, 

Luengamente.  Adverbio  de  modo 
aaticoado.  Lahoauenth. 

Lnenge.  Adverbio  de  lugar  anti- 
cuado. Lejos. 

Luengo,  ga.  Adjetivo.  Largo.  | 
Gemianía.  Principal.  \  A  la  ldbnoa. 
Modo  adverbial  anticuado.  A  la  lar- 
OA.  Q  Anticuado.  A  lo  laroo.  |  Bn 
LURNGO.  Modo  adverbial.  De  largo,  á 
lo  largo,  y  Db  luengas  vías,  lobngas 
MBNTiRAB.  Refrán  que  se  aplica  á  loa 
que  refieren  cosas  extraordinarias  j 
maravillosas  de  lejanos  países,  supo- 
niendo que  ha  dado  tanto  á  la  fonta- 
sía  como  á  la  verdad. 

Etucolooía.  Sánscrito  dtrgha:  per- 
sa, ¿ra  wa;  griego,  5¿Xtj(^o<  (ao'iickacj; 
ruso,  í¿obo;  polaco,  dlu^o;  alemán, 
lar^;  latín,  tongus;  italiano,  lungo; 
francas  del  siglo  xi,  lunc,  masculino; 
lunge^  femenino;  moderno,  long,  lon~ 

Í'ue;  provenzal,  ¿on/,  lonc,  loitig;  cata- 
án  antiguo,  llotuh,  ga¡  portugués, 
Umgo;  ginebrino,  á  la  tonge,  i  la  lar- 

Lueft*.  Adjetivo  uticoade.  Lo  que 
está  distante,  lejano  j  apartado.  |  Ad- 


verbio de  lugar  anticuado.  Lejos. 

Etimología.  Luengo:  catalán,  llung. 

Reseña. — La  primera  forma  dcLUB- 
Re  fué  lonni,  convertido  en  el  loñi  de 
los  antiguos  textos. 

Lugu,  Masculino  anticuado,  Lü- 

OAR. 

Lugano.  Masculino.  Pájaro,  jil- 

GUBBO. 

Lugar.  Masculino.  Cualquiera  si- 
tio ó  paraje.  Q  Ciudad,  villa  ó  aldea: 
rigurosamente  se  entiende  por  lugar 
la  población  pequeña,  menor  que  vi- 
lla y  mtyoT  que  aldea.  Q  Metáfora. 
Puesto,  empleo.  0  Texto,  autoridad  ó 
sentencia  de  un  autor.  It  Tiempo,  oca- 
sión, oportunidad.  ||  El  sitio  ó  asiento 
que  alguna  persona  ocupa  ó  debe  ocu- 
par por  razón  de  su  digaidad  d  ofi- 
cio. I  Causa,  motivo  ú  ocupación  para 
hacer  ó  no  hacer  alguna  cosa;  y  así 
se  dice:  dió  lugar  á  que  le  prendie- 
sen. B  Metáfora.  La  propuesta  que  se 
hace  de  alguno  en  la  consulta  para  un 
empleo.  Regularmente  se  ponen  tres; 
j  así  se  dice:  primer  lugar,  segundo 
y  tercero,  jj  db  behetría.  En  lo  anti- 
guo, aquel  entre  cutos  vecinos  no  se 
reconocían  los  privilegios  de  los  no- 
bles. I  coMthf.  Lbtrina.  i  Lugares 
coicuNBS.  Principios  generales  de  que 
se  sacan  las  pruebas  para  los  argu- 
mentos en  los  discursos.  ||  Lugar  bb- 
Liaioso.  El  sitio  donde  está  sepultada 
alguna  persona.  ¡I  db  sb5:orío.  El  que 
estaba  sujeto  á  algún  señor  particu- 
lar, á  distinción  de  los  realengos.  |] 
Como  mejor  haya  lugar  de  derecho 
ó  EN  derecho.  Frase  forense  que  se 
usa  en  todo  pedimeuto  para  manifes- 
tar la  parte  que,  además  de  loque  ex- 
pone, quiere  se  le  favorezca  en  lo  que 
permite  el  derecho,  fl  Dar  lugar.  Fra- 
se. Hacer  lugar.  |  Despoblarse  el 
LUGAR.  Frase  que  se  usa  cuando  sale 
la  major  parte  de  gente  de  algún 
pueblo  por  alguna  diversión  ú  otro 
motivo.  I  en  lugab.  Modo  adverbial. 
En  vez.  [|  En  piíimer  luqau.  Modo  ad- 
verbial. Primeramente.  [[  Hacer  lu- 
gar. Frase.  Desembarazar  algún  si- 
tio, l  Hacerse  lugar.  Frase.  Hacer- 
se estimar  ó  atender  entre  otros.  B  No 
HA  lugar.  Locución  forense  con  que 
se  declara  que  no  se  accede  a  lo  que 
se  pide.  ¡|  Ponerse  en  lugar  de  otro. 
Frase.  Sustituir  por  él  en  cualquier 
lugar;  y  así  se  dice:  póngase  vuesa 
merced  en  mi  lugar.  |  Tener  lugar* 
Frase.  Tener  cabida.  |  Suceder,  acon- 
tecer alguna  cosa.  H  Quien  eh  ruin 

LUGAR  HACE  VIÑA,  k  CUESTAS  SACA  LA 

VENDIMIA.  Refrán  que  enseña  el  poco 
fruto  que  debe  esperarse  ciiando  se 
trabaja  en  materias  de  sujo  estériles, 
Ú  cuando  se  favorece  á  ingratos,  Sal- 
vo sea  el  LUGAR  Ó  i'ALVA  SEA  LA  PAR- 
TE. Expresión  familiar  con  que  se  de- 
nota el  deseo  de  que  no  se  tenga  ó  pa- 
dezca daño  semejante  a  aquelde  que 
se  está  hablando.  [I  Tomar  el  luoar. 
Frase  metafórica.  Véase  Asiento. 

Etiuolooía.  Griego  X¿]^o;  (Uchot), 
lugar  á  propósito  para  las  embosca- 
das; Locus  susidiit  aptus:  latín,  liíeut; 
italiano,  luogo,  loco;  francés  del  si- 
glo XI,  /»;  moderno,  Ueu;  provenzal. 


loe,  luoe,  luec;  catalán,  llock;  Franco- 
Condado,  lué;  burguiñón,  leu,  leí;  va< 
lón,  lu/;  picardo,  7»h. 

Sinonimia.  Lugar,  titio,  paraje.  Por 
lugar  se  entiende  la  parte  del  espacio 
que  está  ocupado  por  un  oueipo  eaal- 
quiera. 

Lo  mismo  podemos  decir  de  la  pa- 
labra sitio,  por  cuya  raz¿n  es  muchas 
veces  sinónimo  perfecto  de  lugar,  pues 
ambas  palabras  indican  un  punto  de- 
terminado; pero  el  buen  uso  ha  esta- 
blecido entre  ellas  una  diferencia 
may  notable,  y  es,  que  cuando  nos 
servimos  de  la  palabra  lu^ar,  prescin- 
dimos de  la  quietud  6  del  movimien- 
to, al  paso  que  la  palabra  sitio  lleva 
consigo  la  idea  de  la  quietud,  del  re- 
poso v  de  la  estabilidad:  por  esto  se 
da  el  nombre  de  sitio  á  la  casa  de 
campo  ó  de  recreación  de  un  rej  6  de 
un  magnate,  y  así  decimos:  el  sitio 
de  Aranjuez,  el  sitio  de  la  Granja. 
Igualmente  se  emplea  esta  palabra 
para  denotar  un  espacio  determinado 
de  terreno  propio  para  alguna  cosa, 
verbigracia:  este  stíio  es  á  propósito 
para  sembrar  trigo.  Al  cerco  que  se 
le  pone  á  una  plaza  ó  fortaleza,  se  le 
llama  sitio,  cixyí  palabra  da  la  idea 
de  la  permanencia  fija  de  los  ñíiadiH 
res  en  el  terreno  que  ocupan.  Bn  nin- 
guno de  estos  casos  son  sinónimas  las 
palabras  sitio  y  lugar. 

El  paraje  es  más  indeterminado; 
comprende  una  idea  más  extensa,  y 
por  lo  mismo,  pocas  veces  es  sinóni- 
mo de  lugar  y  de  sitio.  Comunmente 
se  usa  para  denotar  un  espacio  inde- 
terminado de  la  tierra  ó  del  mar,  y 
excluye  toda  idea  de  particularida- 
des ,  pormenores ,  como  demuestra 
claramente  este  ejemplo:  cPerdido  ja 
el  camino,  discurrí  por  aquellos ^oro- 
jes,  sin  esperanza  de  poder  hallar  un 
sitio  (ó  un  lugar ),  en  donde  conceder 
á  mi  cuerpo  algún  reposo.» 

La  palabra  l\^ar  es  la  que  determi- 
na más  la  idea  y  la  representa,  por 
decirlo  así,  en  un  ámbito  más  peque- 
ño, verbigracia:  á  un  libro  que  está 
sobre  una  mesa  se  le  puede  mudar  de 
l\igar  en  la  misma  mesa,  y  en  este 
caso  no  diremos  que  se  le  muda  de 
sitio,  ni  de  paraje.  Una  persona  pue- 
de mudar  de  lugar  ó  de  útio  en  una 
sala,  y  no  áe  paraje.  Se  dice:  coeupar 
un  Ittgar  y  hacer  Ta^ar,  y  no  un  para- 
je  ni  un  sitio.*  «Los  santos  lugares  de 
Jerusalén,»  y  no  los  santos  sitios,  ni 
parajes.  Éa  este  último  ejemplo  ve- 
mos ciián  bien  determina  la  idéa  la 
palabra  lugares,  pues  la  fija  exclusi- 
vamente en  los  reducidos  puntos  que 
ocupan  en  el  Asia  el  Santo  Sepulcro, 
el  pesebre  de  Belén,  etc.  Lo  mismo  se 
advierte  en  el  uso  que  se  hace  de  esta 
palabra  para  denotar  una  población 
muy  pequeña. 

Aun  en  sentido  metafórico,  la  pala- 
bra lugar  es  la  única  que  se  usa,  por- 
que, como  hemos  dicho,  es  la  que  más 
limita  ó  circunscribe  la  idea  que  quie- 
re expresarse,  y  por  esta  razón  deci- 
mos: <eu  primer  lugar,»  «pomar  una 
cosa  en  htgar  de  otra,»  «dar  lugar,» 
«como  mejor  haja  /lyor,»  «lo  dice  Gi- 

TOMO  m  es 

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498  LUGO 


LUGO 


LUGO 


cerón  en  el  lu^ar  citado.»  (Cokdb  db 
LA  Cortina.) 

Luffarazo.  Masculino  aunientati- 
vo  de  lugar. 

Lui^arcico,  Uo,  to.  Masculino  di- 
minutivo de  lugar. 

Lugarda.  Lucardo. 

Lngardo.  Lutqahdo. 

Lngarejo.  Masculino  diminutivo 
de  lugar. 

Etiuolooía.  Lyar  r  el  sufijo  des- 
pectivo ejo:  catalán,  üogarrett  Hogar- 
ró,  llogarrot. 

Lugareño,  ña.  Adjetivo.  El  natu- 
ral de  algún  lugar  ó  pueblo  pequebo 

Ílo  perteneciente  i  él.  Se  usa  tam- 
ién  como  sustantivo.  |  Lo  pertene- 
ciente &  los  lugares;  como  costumbres 
LUOARB^AS.  \  Masculino  y  femenino. 
El  que  habito  en  alguna  aldea  6  po- 
blación pequeña. 

Etiholooía.  Lugar:  catalán,  llogar- 
rench,  ca. 

Lugarete.  Masculino  diminutivo 
de  lugar, 

Lugarillo.  Masculino  diminutivo 
de  lugar. 

LugarÓn.  Masculino  aumentativo 
de  lugar. 

Etiholoqía.  Lugar:  catalán,  llo- 
garrás. 

Lttgarote.  Masculino  aumentativo 
de  lugar. 

Lugarteniente.  Masculino.  La 
persona  que  tiene  autoridad  j  poder 
para  hacer  las  veces  de  otro  en  algún 
ministerio  ó  empleo. 

Etimología.  Lugar  v  ienimíe;  esto 
es,  que  iieng  ú  ocupa  el  lugar  de  otro; 
que  está  autorizada  para  aquel  oficio 
ó  menester:  provenzai,  iocíenení;  ca- 
talán, lloctinení;  portugués,  logotenien- 
te;  francés,  lieuUnant;  italiano,  locote- 
neníe. 

Lugdunense.  Adjetivo.  £1  natural 
de  León  de  Francia,  6  lo  referente  á 
dicha  ciudad. 

ETUiOLOofA.  Latin  IvgdUnSnsis;  de 
LugdMiuim,  Ledn  de  Francia.  (Subto- 

NIO.) 

Lugo.  Masculino.  Lienzo  llamado 
asi  por  fabricarse  en  la  ciudad  de  este 
nombre. 

Lugo.  Masculino.  Geografía,  Pro- 
vincia de  tercera  clase  en  lo  civil ; 
administrativo,  creada  por  decreto  de 
líj*22,  una  de  las  cuatro  que  consti- 
tuían el  antiguo  reino  de  Galicia. 

1.  Situación  aatrondmica.—SB  en- 
cuentra situada  al  Norte  de  la  penín- 
sula, en  la  costa  del  Océano  Atlántico, 
entre  los  42"  20'  41"— 43'  47'  32'  de 
latitud  septentrional  y  los  12'— 4* 
34'  de  longitud  occidental  del  meri- 
diano de  Madrid. 

2.  ZlmiUs. — Esta  provincia,  según 
la  división  decretada  en  30  de  No- 
viembre de  1833,  modificada  eu  21  de 
Abril  del  siguiente  aüo,  coufína:  al 
Norte,  con  el  Atlántico;  al  Este»  con 
las  provincias  de  Oviedo  j  León;  al 
Sur,  coa  la  de  Orense;  y  al  Oeste,  con 
las  de  Pontevedra  v  la  Coruña. 

3.  Extensión, — El  territorio  com- 
prendido dentro  de  los  anteriores  lí- 
mites tiene  155  kilómetros  de  largo, 
de  Norte  á  Mediodía;  66  de  ancho,  de 


Oriente  i  Occidente,  y  9.088  cúadra- 
dos  de  superficie. 

4.  Población  En  tiempo  de  Flori- 

dablanca,  año  de  1787,  contaba  Luao 
una  ciudad,  9  villas,  1.099  feligre- 
sías y  42  cotos,  distribuidos  en  i78 
jurisdicciones:  hov,  la  provincia  se 
nalla  dividida  en  10  partidos  judicia- 
les fííCírrfá,  Chantada,  Fonsagrada, 
Lugo,  Mondoñedo,  Monforte,  Quiroga, 
Sarria,  Villalha  y  Bihero),  subdividi- 
dos  en  64  ayuntamientos,  los  cuales 
representan  7.195  poblaciones,  que 
ocupan  437,512  habitantes. 

5.  Clima, — Este  es  en  lo  general 
sano;  la  temperatura,  especialmente 
en  la  costa,  benigna:  las  enfermeda- 
des más  comunes,  fiebres,  pleuresías, 
pulmonías  y  erupciones. 

6.  Cotia. — Empieza  ésta  en  la  ría 
de  Ribadeo,  á  cuyo  extremo  occiden- 
tal y  frente  de  la  isla  Pancha^  se  ven 
las  puntas  de  la  Piñeira  y  la  Cordera, 
formando  luego,  en  su  prolongación, 
lasdel  promontorio  y  ^SattJ/'/^Kí/hasta 
el  puerto  de  Foz;  llamado  así  por  ha- 
llarse en  la/oz  ó  boca  del  río  Masma. 
A  unos  cuab'o  kilómetros  del  indicado 
puerto  se  encuentra  el  río  Oro,  después 
de  pasar  las  puntas  de  los  Cairos,  Mar- 
Xíín  y  Villarmea,  i  las  que  siguen  la 
de  Frasoura  y  Puerto  de  Noü,  de  poca 
consideración;  la  punta  de  Areoura, 
la  desembocadura  del  río  Cangas  y  el 
puerto  de  Surela,  formado  de  una  pe- 
queña concha  sin  surgidero.  A  una 
milla  escasa  de  éste,  está  el  cabo  del 
mismo  nombre;más  adelante,  la  punta 
de  Juan  Merino,  por  cuja  parte  occi- 
dental desagua  el  río  /«neo,  ;  como 
á  dos  millas  del  expresado  cabo,  el 
puerto  de  San  Ciprián,  también  de  po- 
ca importancia,  pues  sólo  admite  pe- 
queñas lanchas  pescadoras.  Frente  al 
puerto  de  San  Ci^rián  haj  tres  islas, 
ta  primera,  conocida  por  el  Fartllóny 
es  de  figura  piramidal  y  medirá  so- 
bre 669  metnia  de  longitud  y  40  de 
latitud;  la  secunda,  denominada  la 
SomMta,  vendrá  á  tener  el  mismo 
ancho  j  unos  50  metros  de  largo,  y 
la  tercera,  llamada  Lahaja,  es  mucho 
más  pequeña  que  las  anteriores.  A 
una  y  media  milla  del  mismo  puerto, 
se  ve  el  cabo  de  Moras  ó  de  San  Ci- 
priano, y  más  arriba  la  isla  de  Ansa- 
rón, un  tanto  desviada  de  la  costa, 
por  cujo  intermedio  pueden  pasar 
buques  de  cinco  á  seis  toneladas:  al 
Occidente  de  la  isla,  hay  dos  islotes 
llamados  Netos,  los  cuales  dejan  paso 
á  embarcaciones  de  300  quintales. 
Desde  el  referido  cabo  á  San  Giprián, 
corre  la  costa  aobre  siete  millas  y 
media  hasta  la  punta  de  Saiñas,  que 
forma  la  entrada  de  la  ría  de  Bi- 
bero,  en  cujo  tránsito  se  encuentran 
las  puntas  de  Roncadoiraj  Ventosei- 
ra;  pasada  esta  ría,  continúa  la  cos- 
ta, j  á  tres  millas  de  la  isla  Q-aheira, 
se  distingue  la  de  Coelleira,  doblada 
la  cual  se  halla  la  ría  de  Bares  ó  del 
Barquero^  en  cuyo  centro  termina  la 
costa  de  la  provincia  de  Lugo,  extre- 
madamente agria  y  cubierta  de  pe- 
queñas islas  y  arenales  inaccesibles. 

7.  Terreno, — El  de  la  proviaoia  de 


Luao  es  montuoso:  el  centro  se  halla 
atravesado  por  la  cadena  cantábrica. 
La  parte  septentrional  y  oriental,  ex- 
cesivamente variada,  comprende  un 
considerable  número  de  valles,  sepa- 
rados por  diferentes  montes  y  coli- 
nas, cuyas  elevaciones  más  notables 
se  encuentran  en  los  puntos  siguien- 
tes: Pico  de  Peña  RuÓta,  de  1.851  me- 
tros sobre  el  nivel  del  mar;  Pico-Pá- 
jaro, 1.623;  Capeloso,  1.605;  Montouto 
de  la  Sierra  de  los  Cabalas,  1 .521 ;  Sur- 
cio,  1.469;  el  Cerengo,  1.248;  Braña, 
1.224;  Peña  del  Pico,  1.190;  Acebo  en 
Piedras-Apañadas,  1.182;  Muradal, 
1.145;  Pifdrajía,  1.123;  Monte  de  los 
Tejos,  1.098;  Picaío,  1.087;  VillaiM- 
ue,  1,003;  ffospital  de  Moníouio,  1.038; 
Pico  de  Cuadramón,  1.020;  Monteaau- 
do,  1.010;  Visuña,  996;  Villa  de  Fon- 
sagrada^  965;  Pico  del  Párelo,  949; 
Sejosmil,  910;  Peña  (Hhia,  880;  Sei- 
jas,  836. — El  antiguo  partido  de  Hi- 
Dadeo,  y  los  de  Mondoíiedo  y  Bibero. 
situados  al  Norte,  se  hallan  interrum- 
pidos por  montañas  más  ó  menos  ás- 
peras y  elevadas;  formando  deliciosos 
y  feracísimos  valles;  el  territorio  com- 

ftrendido  en  el  término  de  Luoo  es  de 
os  más  pintorescos  de  la  provincia: 
las  márgenes  del  MÍAo  y  fas  de  sus 
afluentes  presentan  también  peque- 
ños Talles  y  excelentes  prados,  siendo 
abundantes,  en  la  maror  parte  de  las 
comarcas,  las  tierras  ae  labor. 

8.  Hios. — Los  más  considerables 
entre  el  crecido  número  que  baña  y 
fecundiza  los  fértiles  campos  de  Luoo, 
son;  el  Miño,  que  nace  en  la  sierra 
de  Meira,  en  Fuente-Miña,  de  la  cual 
tomó  el  nombre,  se  interna  en  esta 
provincia  y  aumenta  su  caudalosa 
corriente  con  las  aguas  de  multitud 
de  ríos  y  arroyos,  antes  de  pasar  á  la 
de"  Orense;  y  el  Sil,  que  después  de 
formar  el  límite  occidental  del  país  y 
de  recibir  varios  afluentes,  va  á  unir- 
se al  anterior  en  el  punto  denomina- 
do Barca  de  los  Peares, 

9.  Produeeiones. — Las  más  eomn- 
nes  consisten  en  centeno,  maíz,  pata* 
tas,  nabos,  trigo,  habas,  castañas, 
frutas  y  legumbres  de  diferentes  cla- 
ses, hortalizas,  lino,  cáñamo,  alguna 
seda,  excelentes  pastos,  buen  arbola- 
do para  construcción  y  matorral  para 
combustible;  cría  de  ganado  lanar, 
mular,  caballar,  vacuno,  cabrío  y  de 
cerda;  minas  de  hierro,  plomo,  anti- 
monio y  otros  metales;  canteras  de 
granito,  pizarras  comunes  taloosas, 
micáceas,  losas  de  varias  clases,  már- 
mol, margas,  cuarzos,  cria  tales  y  otras 
especies;  caza  menor,  que  se  encuen- 
tra en  todas  direcciones,  y  ak^una 
mayor,  eu  la  parte  oriental  y  limite 
con  la  provincia  de  Oviedo,  y  pesca 
de  truchas,  anguilas  y  otros  peces  en 
los  ríos,  y  de  abadejo,  congrio,  mer- 
luza, sardinas,  bogas,  boquerones  y 
mariscos,  en  la  costa. 

10.  Industria. — Representan  ésta  la 
agricultura,  la  cría  de  ganados,  la 
pesca,  la  navegación,  varios  telares 
para  lino,  tejidos  de  lana  y  ipedias, 
molinos  harineros,  diferentes  f^brícRs 
y  ferrerias,  j  otros  muchos  artes  y 


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LUGO 


LUGO 


LUGO  499 


oficios,  oaja  enumeración  sería  pro- 

U,  C&mercia. — Luao  no  es  de  las 
provincias  de  España  que  más  se  dis- 
tinguen por  su  tráfico,  el  cual  se  halla 
reducido  á  la  exportación,  dentro  de 
la  península*  del  sobrante  de  sus  co- 
secnas,  de  su  abundante  ganado,  al- 
onas telaa,  manufacturas  de  hierro, 
quesos  y  jamones  muy  estimados;  a 
importación  de  géneros  ultramarinos, 
quincalla,  lino,  vinos  jr  aguardientes. 

12.  FtrioM. — £1  comercio  interior, 
de  que  hemos  hecho  mérito,  se  verifi- 
ca especialmente  en  las  ferias  anuales 
que  tienen  lugar:  el  20  de  Enero,  en 
Fonsagrada;  el  3  de  Febrero,  en  Río 
de  Porto;  el  9  del  mismo,  en  Puente- 
uuevo;  el  25  de  Abril,  en  Fonsagrada 
y  Cadeira;  el  1.*  de  Marzo,  en  San- 
tiago de  Oubiaño,  j  el  25,  en  Riba- 
deo;  el  1."  de  Maro,  en  Moudoñedo,  j 
el  3,  en  Riobarba  y  Mafión;  el  3  de 
Junio,  en  Sagrazón  de  Meira,  y  ei  24, 
en  Alaje;  el  2  de  Agosto,  en  Ribadeo; 
el  15,  en  Fonsagrada;  el  16,  en  Villa- 
campa,  j  el  24,  en  San  Isidro  del 
Xoote;  el  8  de  Septiembre,  en  Con- 
gosto; el  10,  en  San  Miguel  de  Rei- 
nante; el  14,  en  San  Ciprián  de  la 
Trapa;  el  15,  en  San  Cipnán  de  Leí- 
ro;  el  21,  en  Santa  Mana  de  Padrón, 
j  el  29,  en  Negradas;  el  5  de  Octu- 
bre, en  LuQo;  el  17,  en  Puente  de 
Arante,  j  el  8  de  Noviembre,  en  Fon- 
sagrada. 

13.  Lugo. — Capital  de  la  provin- 
cia, intendencia,  comandancia  gene- 
ral,jurisdicciónjdiócasis  de  su  nom- 
bre, comprendida  en  el  territorio  de 
la  audiencia  j  capitanía  general  de  la 
Coruña. — Está  situada  en  una  loma, 
que  se  eleva  unoá  643  metros  sobre  el 
nivel  del  mar,  á  los  42'  58'  de  lati- 
tud Norte  7  3"  53'  de  longitud  Oeste, 
distante  de  Madrid  467  kilómetros. — 
El  clima  es  frío  y  húmedo  en  la  esta- 
ción del  invierno. — Ei  terreno,  así 
dentro  como  fiiera  de  la  ciudad,  se 
presenta  llano,  con  alguna  inclina- 
ción al  Mediodía,  prBstandose  al  cul- 
tivo de  cereales  y  hortalizas;  y  parti- 
cularmente, las  riberas  del  Paradaj  y 
las  del  Miño,  son  fértilísimas  y  bas- 
tante pobladas  de  árboles  frutales  y 
de  construcción. — Loa  ríos  y  arrojos 
que  bañan  el  término,  son:  el  Miño, 
que  corre  por  la  parte  meridional,  á 
unos  tres  kilómetros  de  la  ciudad,  y 
el  arrojro  Paraday,  que  baja  por  el 
Nordeste,  é  incorporándose  á  las  aguas 
del  (Tianca,  se  dirige  al  término  de 
San  Félix  de  Muja,  antes  de  desaguar 
en  aquel  río;  sobre  el  cual  ge  encuen- 
tra un  soberbio  puente  de  ocho  arcos, 
cuya  obra,  de  piedra  pizarrosa  y  gra- 
nito, se  remonta  al  siglo  xii. — Las 
producciones  más  comunes  son  el  cen- 
teno, trigo,  maíz,  patatas,  nabos,  cas- 
tañas, legumbres,  hortalizas,  buen 
lino  y  excelente  fruta;  cría  de  gana- 
dos; particularmente,  vacuno  y  cer- 
doso; caza  de  liebres,  perdices,  cone- 
jos, palomas  y  otras  aves;  y  abun- 
dante pesca  de  sabrosas  truchas  v  an- 
guilas en  el  Miño. — Aparte  de  la 
agricultuza  y  cría  de  ganados,  la  in- 


dustria de  esta  ciudad  v  sus  cercanías 
cuenta  con  bastantes  fabricas  de  cur- 
tidos, de  velas  de  cera  y  sebo,  de  som- 
breros ordinarios  y  de  fieltro,  y  de  la 
famosa  de  crémor  tártaro,  cuya  calidad 
excede  á  la  mejor  del  extranjero;  mul- 
titud de  telari'^  caseros  para  los  teji- 
dos de  lino  y  lana,  molinos  harineros 
y  un  crecido  número  de  artes  y  de  ofi- 
cios.—El  comercio  cuenta  muchas  j 
bien  surtidas  tiendas  de  paños  finos  y 
bastos,  mahones,  sedas,  quincalla  y 
géneros  de  abacería  ^  ultramarinos; 
la  importación  principal  consiste  en 
vino,  aceite  y  jabón; la  exportación, 
en  algunos  cereales. 

14.  Interior  de  la  población.  — La 
capital  que  se  reseña,  de  forma  casi 
cuadrada,  se  encuentra  circuida  de 
una  robusta  y  admirable  muralla, 
de  10  á  12  metros  de  altura  y  de  5 
á  6  de  espesor,  flanqueada  de  gruesos 
torreones  semicirculares,  construidos, 
como  aquélla,  de  piedra  pizarra  y  du- 
rísima masa,  cuya  obra  grandiosa  se 
atribuye  á  los  romanos.  La  población 
está  bastante  bien  construida;  pero  su 
aspecto  es  triste.  Las  casas  constan, 
por  lo  general,  de  dos  pisos,  y  en  las 
reedificaciones  se  ha  adoptado  el  gu»> 
to  de  la  época;  las  calles  son  largas, 
cómodas,  empedradas  y  con  aceras  de 
cantería.  La  principal  de  sus  plazas 
es  la  Mayor,  la  cual  presenta  un  espa- 
cioso cuadro  con  soportales,  asientos 

Í'  buen  empedrado.  Los  paseos  son 
argos  y  agradables.  Luoo  es  sede 
episcopal,  residencia  de  un  goberna- 
dor y  demás  autoridades  civilesymíli- 
tares  de  la  provincia:  contiene  19.938 
habitantes,  instituto,  seminario,  es- 
cuela normal  y  una  soeiedad  econó- 
mica. 

15.  Sdificios  púhUcos  notables,  — 
Cuéntanse  en  este  número:  la  Cas» 
Consistorial,  coa  una  majestuosa  fin- 
chada, magnífico  salón  de  sesiones, 
buenas  oficinas,  dos  escaleras  y  un 
patio;  fs\  palacio  episcopal,  con  habita- 
ciones cómodas  y  desahogadas,  claus- 
tro, fuente  interior  y  una  biblioteca 
con  más  de  7.000  volúmenes;  el  hos- 
pital civil,  cuya  iglesia,  obra  de  1768, 
ofrece  una  fachada  elegantísima  y  ex- 
celentes altares;  la  cárcel  pública,  es- 
tablecimiento de  los  mejores  de  su 
clase  en  toda  Galicia,  edificada  con 
buenas  bóvedas  de  cantería,  en  1778; 
el  castillo  ó  oírcel  eclesiástica,  edificio 
sólido,  aunque  de  escaso  mérito,  si- 
tuado cerca  de  la  muralla;  el  cuartel 
de  San  Fernando,  con  un  anchuroso 
campo  en  su  frente  para  ejercicios  mi- 
litares, y  un  teatro  bastante  capaz  y 
decente. 

16.  Monumento. — Lo  es  y  muy  no- 
table la  iglesia  catedral,  situada  al 
Mediodía  do  la  ciudad,  construida  en 
1129  por  Don  Ramón,  esposo  de  la 
reina  Doña  Urraca.  Según  autoriza- 
das opiniones,  es  un  edificio  sólido, 
de  estilo  gótico,  traba'ado  en  épocas 
diferentes,  y  cuya  fachada,  adornada 
con  varias  efigies  de  piedra,  está  con- 
siderada como  obra  moderna  de  eiqui- 
situ  gusto.  Consta  de  tres  naves  bas- 
tante desahogadas  y  coa  buenas  lu- 


ces: la  del  centro,  está  ocupada  por 
el  coro,  cuya  sillería  es  notabilísima 
por  el  primoroso  trabajo  de  sus  me- 
dallones, tallados  en  nogal,  obra  del 
famoso  Alonso  Moure,  gallego  del 
siglo  xvi;  tiene  dos  órganos:  uno,  an- 
tiguo; y~otro,  moderno;  cuéntanse  en 
el  templo  19  altares  simétricainente 
colocados,  y  el  mayor,  todo  de  már- 
mol pardo  y  negro  veteado,  con  cor- 
nisamentos y  basas  de  bronce  dorado, 
circuido  de  cristales  y  con  pavimento 
de  pulido  mármol.  La  capilla  de  este 
altar  está  adornada  de  lámparas  y 
candelabros  bien  trabajados:  su  bóve- 
da, pintada  al  fresco,  tiene  excelentes 
luces,  y  su  gran  mole  se  halla  soste- 
nida con  arcos  ligeros  y  atrevidos, 
montados  al  aire,  que  le  sirven  de 
estribo  exterior,  cerrándola  una  cru- 
jía de  bronce  que  corre  hasta  el  coro. 
Los  otros  altares,  especialmente  el  de 
la  capilla  denominada  de  los  Ojos 
Grandett  es  una  obra  generalmente 
admirada,  la  cual,  aunque  recabada 
de  adoraos,  presenta  un  conjunto  de 
talla  de  reconocido  mérito.  La  capilla 
tiene  trozos  y  bellezas  arquitectónicas 
dignas  de  la  atención  de  los  inteli- 
gentes. La  sacristía  principal,  en  otro 
tiempo  capilla  dedicada  á  san  Barto- 
lomé, es  un  local  espacioso,  adornado 
con  varios  cuadros  en  relieve.  El  claus- 
tro de  este  templo  está  considerado 
como  obra  notaole,  y  su  construcción 
se  remonta  á  los  primeros  años  del 

{rasado  siglo:  el  atrio,  que  se  ve  de- 
ante de  la  fachada,  es  ancho  y  bello; 
la  sala  capitular,  magnífica,  adornada 
con  colgaduras  de  terciopelo  encarna- 
do y  franjas,  y  un  precioso  cuadro  de 
la  Asunción.  El  campanario  quedó 
concluido  en  1577.  Su  obra  es  senci- 
lla: tiene  siete  campanas,  un  reloj  pú- 
blico de  buena  construcción,  con  dos 
esféns  y  un  pararrayos.  El  conjunto 
de  esta  catedral  presenta  una  mole  de 
cantería  bastante  sólida;  y  en  el  exte- 
rior se  observan  algunos  trozos  bellí- 
simos de  arquitectura.  Finalmente,  la 
bóveda  del  vestíbulo  de  la  puerta  lla- 
mada de  Palacio,  así  como  una  efigie 
antigua  del  Salvador,  tallada  en  már- 
mol sobre  el  arco,  merecen  la  atención 
de  los  artistas. 

17.  Paseos,  —  Los  más  notables, 
son:  el  de  la  Alameda,  situado  en  la 
plaza  Mayor;  el  de  la  MuralUtf  que  es 
el  mejor  por  su  comodidad  y  delicioso 
panorama,  el  cual  presenta  el  hori- 
zonte que  desde  aquélla  se  descubre, 
y  el  de  las  risueñas  maréenos  del 
Miño  V  bajada  al  arrabal  del  Puente  j 
casa  de  baños,  que  ofrecen  vistas  no 
menos  agradables  y  pintorescas. 

18.  A^uas  minerales. — Hacia  el  Me- 
diodía de  la  capital  de  Luqo,  sobre  la 
orilla  izquierda  del  Miño,  se  encuen- 
tra instalado  el  baño  minero-termal 
sulfuroso,  en  cuyo  establecimiento  se 
conservan  todavía  tres  bóvedas  roma- 
nas, las  cuales  se  supone  que  debie- 
ron servir  de  estufas  de  abrigo  ó  de 
vapor.  Las  virtudes  de  aquellas  aguas 
son  aplicadas  á  diversas  enfermedades 
nerviosas,  como  las  apoplejfas  sero- 
sas, hemiplexias,  paraplexia,  pari- 


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500  LUGO 


LUGO 


LUIR 


lisis  y  pasmos,  vicio  iierpétíco,  dolo- 
res articulares  sifilíticos,  gonorrea 
pertinaz,  vicio  venéreo,  reuma,  apo- 
plejía linfática,  sarna  retropulsa,  ca- 
eoqaimia,  histérico  j  leucorrea  cró- 
nica. 

19.  PoiUctonís. — Entre  las  más  no- 
tables, figuran:  Ponsagrada,  en  terri- 
torio de  buenos  pastos,  con  16.028 
habitantes,  cría  de  ganados  j  bastan- 
te industria;  Chantada,  con  14.240 
almas,  tejidos  y  ganadería;  Bibcro, 
con  manufacturas  de  lienzos  comu- 
nes, puerto  espacioso  de  mucho  co- 
mercio y  12.083  almas;  Monforte  de 
£«iM,  'rílla  de  alguna  considsraciún, 
con  11.934,  campo  feraz  eo  granos^ 
castañas,  lino,  cáñamo,  instituto  de 
segunda  enseñanza,  fábricas  de  lien- 
zos, herraje  y  cedazos;  Villalba,  con 
11.075  habitantes  é  industria  en  len- 
cería; Sarria^  con  tejidos  de  lienzo 
y  10.819  almas;  Mondoñedo,  ciudad 
episcopal,  situada  sobre  el  Hasma, 
con  dos  puentes,  buena  catedral,  fá- 
bricas de  curtidos,  de  cintas  de  hilo, 
y  10.171  almas;  Sabiñao,  con  10.196, 
edificada  sobre  la  ribera  izquierda  del 
Miño;  Mibaáeo,  plaza  murada  &>a 
buen  puerto,  escuela  de  náutica,  co- 
mercio, y  9.161  habitantes;  Quiroga, 
con  8.341  j  excelentes  cosechas  de 
vino;  Pa¡a$  del  Rey,  situada  sobre  la 
orilla  derecha  del  Utloa,  con  8.040 
habitantes;  Sober^  con  7.887,  en  la 
confluencia  del  Sil  y  el  Cabe;  Puebla 
del  BrolUnf  enclavada  sobre  una  pe- 
nínsula, que  forman  el  Saa  y  el  Ru- 
bín, con  7.324  habitantes,  industria 
T  feria  en  29  de  Junio;  Becerrea,  con 
6.705  almas  y  alguna  industria;  Puer- 
tomarin,  en  terreno  de  sierra,  en  que 
se  cría  numeroso  ganado  de  cerda, 
coa  3.837  almas. 

20,  Carácter.  —  Los  naturales  de 
este  país,  encerrados,  por  decirlo  así, 
en  el  centro  de  Galicia,  son  los  galle- 
gos que  mejor  conservan  sus  antiguas 
costumbres  y  que  más  refractarios 
han  Tenido  mostrándose  i  las  ideas 
de  lujo,  que  tanto  dominan  en  el  pre- 
sente siglo.  En  cuanto  al  carácter, 
los  lucanses  son,  por  lo  general,  labo- 
riosos, morigerados  y  fíeles,  aunque 
algo  interesados  y  litigantes:  muchos 
de  ellos,  abandonan  sus  lares  v  se  di- 
rigen á  las  provincias  de  Andalucía, 
Castilla  y  vecino  reino  de  Portugal,  en 
busca  de  una  ocupación  lucrativa.  La 
honradez  y  formalidad  en  los  tratos 
son  virtudes  propias  y  nativas  de  todo 
gallego,  de  las  cuales  han  participa- 
do en  justas  proporciones  los  hijos  de 
Luao. 

'  21.  ffistoria. — Luoo  se  llamó  en 
tiempo  de  los  romanos  Lueut  Av^íi 
á  Botque  de  Augusto:  su  fundación, 
que  unos  suponen  anterior  á  aquéllos, 
u  atribujen  otros  al  mismo  Augusto. 
Este  emperador  la  elevó  á  la  jerar- 
quía de  convento  jurídico  (á  la  cual  era 
inherente  la  de  colonia  romana)  como 
cabeza  de  16  distritos,  que  entonces 
contenían  166.000  nobles,  sujetos  á 
la  jurisdicción  de  la  ciudad.  Plinio  y 
Ptolomeo  citan  los  nombres  de  los 
principales  pueblos  y  repúblicas  que 


acudían  a  pleitear  á  Luoo,  razón  por 
la  cual  tomaron  todos  ellos  la  deno- 
minación común  de  los  galaicos  lo- 
CBNSBS.  Los  cónsules  y  pretores  no 

S odian,  en  sus  visitas  provinciales, 
ejar  de  llegar  á  esta  importante  ciu- 
dad, y  por  esto,  sin  duda,  figura  co- 
mo mansión  en  el  itinerario  romano, 
camino  de  Braga  á  Astorga.  Luoo 
fué  víctima  de  las  sangrientas  gue- 
rras civiles  que  sostuvieron  los  sue- 
vos en  este  país,  después  que  se  apo- 
deraron de  él,  siendo  incendiada  por 
los  años  de  460;  pero  rehecha  luego 
de  aquella  catástrofe,  recobró  en  bre- 
ve tiempo  su  antiguo  lustre  v  gran- 
deza, como  lo  acredita  el  haber  sido 
elevada  á  sede  episcopal  sufragánea 
de  Braga,  hasta  que  el  Concilio  cele- 
brado en  ella  en  559,  la  erigió  en 
metropolitana.  El  caudillo  sarraceno 
Muza  se  apoderó  de  Luao  en  714,  de- 
signándola los  árabes  con  el  nombre 
de  Lek,  bajo  el  cual  aparece  entre  las 
principales  ciudades  de  la  provincia 
de  Mérida,  en  la  división  que  de  la 
España  hizo  YusufF,  por  los  años  de 
746.  Nueve  años  más  tarde  (755),  fué 
reconquistada  por  el  rej  Don  Alfon- 
so, sufriendo  la  suerte  que  cupo  al 
resto  de  Qalicia  en  la  enconada  gue- 
rra que,  en  791,  hizo  Hescham  al  Nor- 
te de  Espafla.  El  ny  Don  Ramiro, 
sucesor  de  Alfonso,  pasó  á  Luao,  en 
842;  y  reuniendo  una  numerosa  hues- 
te, marchó  contra  Oviedo,  en  cuja 
ciudad  se  había  proclamado  rey  el 
conde  Nepociano.  Por  los  años  969 
fuá  asolada  aquella  población  jpor  los 
normandos;  y  en  997,  después  de  la 
toma  de  Santiago,  dispuso  Almanzor 
su  retirada  por  esta  provincia,  el  cual 
fué  saqueando  el  país  hasta  llegar  á 
los  territorios  de  los  condes  aliados. 
A  la  muerte  de  Don  Alfonso  IX,  se 
declaró  Luao  por  San  Fernando, 
mientras  que  otras  poblaciones  lo  hi- 
cieron por  las  ín&ntas  Sancha  y  Dul- 
cía. En  1143  sonó  aquella  ciudad  en 
los  trastornos  que  suscitaron  en  Ga- 
licia el  condestable  y  el  conde  de  Be- 
navente;  el  rey  Don  Fernando  mandó 
á  Don  Femando  de  Acuña,  su  gober- 
nador en  aquel  territorio,  que  se  apo- 
derase de  los  puntos  conmovidos;  pa- 
so éste  cerco  al  castillo  de  Luoo,  y 
acudió  el  conde  de  Lemus  en  auxilio 
de  su  hermano,  obispo  á  la  sazón  de 
aquella  ciudad,  lo  cual  provocó  una 
nueva  guerra,  que  obligó  al  rej  á  sa- 
lir de  Madrid  para  aplacarla  con  su 
presencia.  Durante  la  invasión  fran- 
cesa de  1808  fué  Luao  una  de  las  po- 
blaciones más  trabajadas  por  el  fre- 
cuente paso  de  los  ejércitos;  y  en  Ma- 
yo de  1809  ocupáronla  los  franceses, 
quienes  la  consideraron  como  un  pun- 
to militar  importantísimo,  siendo  lue- 
go bloqueada  por  los  españoles,  al 
mando  del  marques  de  la  Homana.  En 
30  de  Majo  de  1836,  la  guardia  mi- 
litar, que  se  hallaba  establecida  en  el 

fiuente  del  Miño,  se  vió  atacada  por 
os  carlistas,  en  cuja  refriega  quedó 
muerto  el  cabecilla  Villaverde,  que  la 
mandaba.  Luao  secundó  con  singular 
denuedo  los  pronunciamientos  del840 


y  1843,  Tres  años  después,  el  2  de 
Abril  de  1846,  se  sublevaron  contra 
el  gobierno  constituido  el  segundo 
batallón  del  regimiento  de  Zamora  j 
el  de  Gijón,  á  cuja  cabeza  se  puso  el 
jefe  de  estado  mavor  don  Miguel  de 
Solís;  pero  sitiada  la  plaza  en  los  días 
12,  13  j  14  del  citado  mes,  v  atacada 
enérgicamente  en  la  tarde  del  25  por 
el  general  Villalonga  y  el  brigatuer 
Bláser,  vióse  aquélla  forzada  a  ren- 
dirse, tras  una  tenaz,  aunque  corta, 
resistencia. 

22.  Heráldica. — El  escudo  de  ar- 
mas de  esta  ciudad,  partido,  ostenta, 
en  el  primer  lado  una  custodia  soste- 
nida por  dos  ángeles  arrodillados,  j 
en  el  segundo,  una  torre  entre  dos 
leones. 

Etiuolooía.  Lucus  Augusti,  capital 
de  uu  convento  jurídico,  de  donde  sa- 
lían caminos  para  Astorga,  Betanzos 
y  Santiago. 

Lugre.  Masculino.  Embarcación 
pequeña  de  tres  palos. 

Étluolooía.  Inglés  to  pug,  portear; 
Imgage,  bagaje;  lugger,  acarreo:  fran- 
cés, íougre, 

Lugaar.  Masculino  anticuado.  Lu- 

OAB. 

Lúgubre.  Adjetivo.  Triste,  funes- 
to, melancólico. 

BTiu<H.oata.  Sánscrito  ruj,  afligir; 
ranga,  dolencia:  latín,  Imgere,  llorar; 
lügubrit,  triste,  funesto,  lamentablé; 
italiano  y  francés,  Iwfuhre;  catalán, 
lúgubre. 

Lúgubremente.  Adverbio  de  mo- 
do. Tristemente,  de  un  modo  lúgu- 
bre. 

ETiuoLoeÍA.  Lúgubre  y  el  sufijo  ad- 
verbial mente:  latín,  lúgubre;  italiano, 
lúgubremente;  francés,  íugubrement;  ca- 
talán, lúgubrement, 

Lugubridad.  Femenino.  Cualidad 
de  lo  lúgubre. 

Luición.  Femenino.  Provincial 
Aragón.  Rudbnción  de  censos. 

Etqcolooíá.  ¿mV:  latín,  luííio,  el 
pago  ó  la  satisfacción  con  respecto  al 
agravio  j  á  la  deuda;  forma  sustanti- 
va abstracta  de  lu"re,  {lagar  (Ülpia- 
No);  catalán,  Iluicüí,  lluismt. 

Luida.  Femenino.  Botánica.  Géne- 
ro de  musgos  de  hojas  alternas  y  or- 
biculares, de  flores  solitarias,  axila- 
res j  reunidas  en  un  mismo  pie. 

Lnidero.  Masculino.  £1  sitio  en 
que  una  cosa  roza  con  otra. 

Etuiolooía.  Ludir. 

Luín.  Masculino.  Especie  de  pasa- 
porte que  dan  los  sacerdotes  caíaos 
para  que  el  alma  del  que  muere  pue- 
da llegar  al  Paraíso. 
-  Luir.  Activo.  Provincial  Aragón. 
Redimir,  quitar  censos.  Q  i/artM.  Lu- 
dís. 

Etimología.  Latín  luere,  bañar, 
purificar  por  medio  de  aspersiones; 
también  pagar,  satisfacer,  dar  en 
rescate.  — 

Reseña  histórica. — La  significación 
de  pagar  viene  de  que  los  arrendata- 
rios de  Roma  pagaban  los  impuestos 
públicos  en  el  tiempo  de  las  lustrado- 
I  nes;  esto  es,  en  los  lustros,  voz  deri- 
|vada  de  luíre,  satisfaciendo  de  este 


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LUIS 


LUIS 


LUIS  501 


modo  las  deudas  inateriales»  morales 
j  religiosas.  El  verbo  luir,  forma  co- 
necta de  Ittere,  sigaifíca  al  pie  de  la 
letra:  «pagar  un  rescate.> 

liOir.  Neutro.  Término  náutico.  Ro- 
zarse un  cabo  con  otro,  ó  en  alguna 
parte  del  navío,  con  lo  saal  se  gasta 
j  deshace.  (Voea^Utrio  mariHao  de 
SevilU.) 

Luis.  Masculino.  Nombre  propio 
de  TaríSn;  san  Luis. 

EruoLoofA.  Ludovic%$;  del  antiguo 
tudesco  Lod-ve  ó  fíland-ve,  l%it-mg, 
klmdnñff,  compuesto  da  e&litd,  hiud, 
Imt,  ilustre,  celebre;  en  alemán  laud^ 
j  de  «ny,  vieÁ,  hombre  valiente,  ani- 
moso, guerrero.  De  ahí  Cklodoüeus 
ó  Clóáoveo,  Clovit,  Lndomeut,  Zoas, 
Jjonii  (en  francés),  L%dmg  (en  ale- 
mán), etc.  Du  Tillet  cree  que  Luiímch 
está  compuesto  de  luit,  pueblo,  j  de 
vieh,  hombre  excelente;  Poníus  Heníe- 
nu  lo  interpreta  por  vía  popularis. — 
Lod,  leod,  significa  fuego.  (Monlad.) 

Luis  Beltrán  (san).  Dominico  es- 
pañol, ^ue  nació  en  Valencia  en  1526 
y  murió  en  1581.  £ra  pariente  da  san 
Vicente  Ferrer,  entró  a  los  19  años  en 
la  orden  de  predicadores,  y  después 
de  dirigir  la  educación  de  los  novicios 
de  su  orden,  partió  en  1562  para  la 
América  meridional,  j  predicó  el 
Bvan^elio  en  Colombia  ^  en  Méjico. 
En  lo69  volvió  á  Valencia  j  continuó 
la  predicación  hasta  su  muerte,  sien- 
do oeatífícado  por  Paulo  V  V  canoni- 
zado por  Clemente  XI  en  1761.  Ale- 
jandro VIII,  por  decreto  de  1690,  le 
declaró  patrón  j  protector  principal 
de  \ueva  Granada.  Su  fiesta  se  cele- 
bra el  10  de  Octubre. 

Luis  I.  Rej  de  Espafia,  hijo  de 
Felipe  V  j  de  María  Luisa  de  Sabo- 

Ía,  que  nació  en  1707  y  murió  en 
724.  Por  abdicación  de  su  padre,  le 
sncedió  en  el  trono  en  este  último 
afio.  Habiéndose  casado  en  1722  con 
Isabel  de  Orleáns,  duquesa  de  Mont- 
pensier,  hija  del  regente  de  Francia; 
esta  princesa,  aunque  muj  joven, 
manifestó  al  poco  tiempo  las  corrom- 
idas  costumbres  de  sus  hermanas  y 
e  su  padre,  viéndose  Luis  en  la  ne- 
cesidad de  encerrarla;  y  se  disponía  á 
pedir  el  divorcio,  cuando  murió  de 
viruelas  á  los  siete  meses  de  reinado, 
nombrando  heredero  á  su  padre,  que 
se  hallaba  en  el  real  sitio  de  San  Il- 
defonso desde  su  abdicación. 

Luis  XIV.  Rey  de  Francia,  hijo  de 
Luis  XIII  V  de  Ana  de  Austria,  que 
nació  en  Saint-Germain  en  1638  y 
murió  en  1715,  Sucedió  á  su  padre 
en  1643  bajo  la  regencia  de  su  madre. 
Su  minoría  faé  señalada  por  U  conti- 
nuación de  la  guerra  con  la  casa  de 
Austria  j  por  las  turbulencias  de  la 
Fronda.  Consagrado  en  1654,  se  dejó 
gobernar  por  Mazarino,  que  le  hizo 
firmar  el  tratado  de  los  Pirineos,  en 
1659.  A  la  muerte  del  cardenal,  acae- 
cida en  1661,  empezó  el  rej  á  gober- 
nar por  sí  mismo.  La  prisión  de  Fou- 
quet  en  1662;  algunas  contiendas  con 
la  corte  de  Roma  en  1663;  la  creación 
déla  Compañía  de  las  Indias;  una 
guerra  con  Inglaterra  en  1666;  otra, 


con  España  en  1667;  la  conquista  del 
Franco  Condado;  el  tratado  de  Aquis- 

tram,  en  16'Í8;  la  guerra  con  Holan- 
a,  con  el  Imperio,  con  España,  y, 
por  último,  con  Inglaterra,  en  1671, 
T  que  se  condujo  con  el  tratado  de 
Noruega  en  1679;  las  persecuciones 
contra  los  reformados;  las  disensiones 
religiosas  en  16S0;  el  bombardeo  de 
Argel  por  Duquesme  en  1682;  nue- 
vas hostilidades  con  España  en  1683; 
el  bombardeo  de  Genova  en  1684;  las 
dragonada$  en  todo  el  reino  en  1685; 
la  formación  de  la  Liga  de  Augsburgo 
en  1686,  que,  después  de  la  expul- 
sión de  los  EÚtuardos  en  1688,  ocasio- 
nó una  guerra  general  de  Europa  con- 
tra Francia,  que  duró  hasta  el  trata- 
do de  Ryswich  en  1697;  tales  son  los 
principales  acontecimientos  del  gran 
período  del  llamado  sig-lode Luis XIV. 
Poco  después,  en  1701,  la  Francia  se 
encontró  empeñada  en  una  guerra 
contra  toda  la  Europa,  con  motivo  de 
la  sucesión  de  la  corona  de  España, 
mientras  que  en  el  interior  la  destro- 
zaban la  insurrección  de  los  protes- 
tantes de  las  Cereñas,  con  el  nombre 
de  camisardoSf  y  otras  muchas  suble- 
vaciones parciales,  causadas  por  la 
miseria  y  el  hambre  general.  Las  con- 
tinuas  denotas  de  los  generales  fran- 
ceses, causadas  muchas  reces  por  el 
empeño  del  rey  en  dirigir  la  guerra 
desde  su  gabinete,  pusieron  á  Fran- 
cia al  borde  del  abismo,  y  ya  había 
aceptado  Luis  XIV  el  tratado  más  ig- 
nominioso de  que  hay  ejemplo  en  la 
historia  de  los  tiempos  modernos, 
cuando  algunas  victorias  del  duque 
de  Vendóme,  en  España,  y  la  disolu- 
ción de  la  eóalicián  europea  le  salvaron 
de  aquella  vergüenza.  En  sus  últimos 
años,  continuo  encarnizándose  en  las 

fiersecuciones  religiosas;  expulsó  á 
os  solitarios  de  Port'Rogal;  desterró 
áFenelón;  legitimó  y  declaró  here- 
deros de  la  corona,  á  &lta  de  suceso- 
res legítimos,  un  gran  número  de  hí- 
jus  bastardos,  y  después  de  ver  morir 
á  toda  su  familia,  murió,  dejando  la 
Francia,  arruinada,  á  su  biznieto 
Luis  XV,  de  edad  de  cinco  años.  La 
historia  censura  en  este  príncipe  su 
excesivo  orgullo,  su  despotismo,  las 
locas  y  ruinosas  prodigalidades  que 
consumó  con  sus  queridas,  su  egoís- 
mo, su  desprecio  hacia  el  pueblo,  ^el 
imperio  que  en  sus  últimos  días  ejer- 
ció sobre  él  la  Maiutenón,  con  quien 
se  casó  en  secreto  en  1684,  y  á  insti- 
gación de  la  cual  expidió,  en  1685,  la 
revocación  del  edicto  de  Nantes,  que 
privó  al  reino  de  una  multitud  de  bra- 
zos útiles  á  la  industria  y  á  las  artes. 
Sus  panegiristas  enaltecen  su  talen- 
to, que  á  pesar  de  la  ignorancia  com- 
pleta en  que  le  habia  educado  su  ma- 
dre, le  permitió  gobernar  desde  la 
muerte  de  Mazarino;  su  aptitud  y  asi- 
duidad para  los  negocios;  los  golpes 
que  dió  á  la  aristocracia;  la  protec- 
ción que  dispensó  al  comercio,  la  in- 
dustria, las  ciencias,  las  artes  y  las 
letras,  y  la  resignación  con  que  sopor- 
tó los  reveses  de  sus  últimos  años.  En 
su  tiempo,  ilustraron  las  armas,  las 


letras  y  las  artes  francesas,  Condé, 
Turena,  Vaubán,  Catinat,  Crequí, 
Vendóme,  Villars,  Corneille,  Hacine, 
Moliere,  Lnfontaine,  Voltaíre,  Qui- 
oault,  La  Bruyére,  Boileau,  Montau- 
sier,  Bossuet,  Fenelón,  Flechier, 
Fleury,  Porrault,  Mansard,  Girardon, 
el  Pusino,  Le  Sueur,  Le  Brun,  etcé- 
tera. Luis  XIV  dejó  unas  Memorias 
políticas,  unas  Cartas  y  algunos  ea- 
critos  literarios.  (Sala.) 

Resumen. — 1.  La  época  de  este  rei- 
nado presenta  dos  fisonomías  suma- 
mente raras.  Por  una  parte,  lleva  el 
nombre  de  siglo  de  lat  ietrat;  por  otra, 
se  le  llama  el  siglo  de  los  galanteos, 
de  los  amores,  de  los  saraos,  de  las 
modas,  de  las  pelucas  y  de  los  polvos. 

2.  Estos  tiempos  ofrecen  cierta  ana- 
logía respecto  de  un  período  muy 
famoso  del  imperio  latino.  Bajo  Au- 
gusto, todo  el  mundo  hablaba  da  li- 
bertad y  nunca  hubo  más  esclavitud. 
Bajo  el  monarca  de  esta  biografía, 
todo  el  mundo  hablaba  de  magnifi- 
cencia y  .nunca  estuvo  Francia  más 
«n  el  borde  del  deshonor  y  de  la  de- 
rrota. 

3.  Luis  XIV  dijo:  l'  Stat  e'eit  «o», 
que  vale  tanto  como  si  hubiera  dicho: 
Afoi  e'  ett  V  Statt  €vo  soy  el  Estado;» 
pero  aquí  sucedió  io  que  ha  sucedido 
desde  que  el  mundo  es  mundo:  la  pié* 
tora  produce  al  cabo  el  enflaqueci- 
miento y  la  muerte,  lo  cual  explica  el 
hecho  de  que  la  apoplejía  es  causa 
muchas  veces  de  la  parálisis. 

4.  Este  reinado  parece  indicar  el 
período  de  la  decadencia  eíi  el  pueblo 
francés,  como  el  de  los  Médícis  en 
Toscana,  como  el  de  Carlos  V  entre 
nosotros,  como  el  de  Augusto  en 
Roma  y  como  el  de  Pericles  en  Gre- 
cia. 

5.  Ateniéndonos  á  la  critica  de  la 
historia,  podemos  decir  que  las  mag- 
nificencias de  Luis  XIV  jprosíguieron 
en  los  escándalos  de  Luis  XV  y  aca- 
baron en  la  desgracia  de  Luis  XVI. 
La  naturaleza  no  se  contradice  jamás: 
allá,  la  apoplejía;  aquí,  la  parálisis. 
Luis  XVI  no  es  otro  que  la  paráli- 
sis de  la  apoplejía  de  Luú  XV  y  de 
Lms  XIV. 

6.  Unconsiderable númerodeobras 
se  han  escrito  acerca  del  reinado  de 
Luis  XIV.  Las  que  merecen  particular 
mención,  son:  El  Siglo  de  Luis  XIV y 
de  Voltaire;  la  Historia  de  Luis  XI V, 
de  Pellisson;  las  Memorias^  de  Saint- 
Simún;  el  Ensayo  sobre  la  monarquía 
de  Luis  XIV,  por  Lémontey;  las  Me- 
morias políticas  g  militares  relatioas  á 
la  sucesión  de  España,  de  M.  Mignet  y 
el  general  Pelet;  las  Memorias  u  obras 
completas  de  Luis  XIV,  publicadas 
por  el  general  Grimoard  (6  volúme- 
nes en  8.°,  París,  1806);  la  Historia  de 
la  administración  monárquica  de  Fran- 
cia,-poT  M.  Chérnel  (París,  1855,  2  vo- 
lúmenes en  8.*),  y  la  Historia  del  rei' 
nado  de  Luis  XI V,  por  Gaillardin 
(París,  1871-78), 

Luis  XV.  Rey  de  Francia,  llama- 
do el  Mug  amado,  hijo  del  duque  de 
Borgoña,  segundo  delfín,  y  de  Adeli 
na  de  Saboya,  que  nació  en  Versa* 


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LUIS 


LUIS 


lies  en  1710  j  marió  en  Ir  misma 
ciudad  en  1774-  Sucedió  en  1715  á  su 
bisabuelo  Luis  XIV,  bajo  la  ref^enoia 
da  Felipe,  duque  de  Orleáns,  después 
de  ser  anulado  el  testamento  del  rejr 
difunto  por  el  Parlamento.  El  trata- 
do de  la  Cuádruple  alianza  contra  Es- 

fiafla;  algunas  contiendas  religiosas; 
a  conspiración  de  ('ellamare;  el  esta- 
blecimiento del  sistema  Law  en  1718; 
una  guerra  de  poca  duración  con  Es- 

Íaña;  la  sublevación  de  Bretaña  en 
719;  la  pérdida  de  Marsella;  la  sepa- 
ración  da  Law;  el  destierro  del  Parla- 
mento en  1720;  la  bancarrota  pública 
en  1721 ,  señalaron  la  regencia  de  Fe- 
lipe, que,  con  su  fiel  ministro,  el  in- 
moral Dubois,  Tendido  á  Inglaterra, 
lanzó  á  Francia  en  una  política  desas- 
trosa. Después  da  la  muerte  del  du- 
que de  Orleáns,  en  1733,  le  sucedió  el 
duque  de  Borbón,  como  primer  mi- 
nistro, plaza  que  fué  suprimida  al  ser 
desterrado,  en  1726,  ^  reemplazado 
pDF  Fleury.  Para  apaciguar  las  con- 
tiendas religiosas,  que  destrozaban  el 
reino,  se  reunió  un  concilio  nacional 
en  Embrum,  en  1727,  y  en  1730  se  de- 
claró lej  de  la  Iglesia  j  el  Estado  la 
constitución  Unigénitus.  La  lacha  se 
renovó  con  el  Parlamento,  cujos  in- 
dividuos fueron  desterrados  en  1732; 
estalló  una  guerra  con  Austria,  que 
duró  poco  tiempo  j  fue  señalada  por 
las  Tictorias  de  nirma  j  de  Guas- 
talla,  en  1734,  y  terminada  por  el 
tratado  de  Viena,  en  1738.  La  muerte 
de  Carlos  VI  causó  en  1740  la  guerra 
llamada  de  lucesüín,  en  que  Francia, 
unida:  primero,  á  España,  Prusia  j 
Polonia,  j  abandonada  luego  por  es- 
tas dos  últimas  potencias,  tuvo  que 
luchar  contra  toda  Europa.  A  pesar 
de  sus  derrotas  marítimas,  la  Fran- 
cia, por  medio  de  las  victorias  de  Co- 
ni,  en  1744;  de  Fontenojr  j  Basigna- 
na,  en  1745j  de  Rancoux,  en  1746; 
por  la  conquista  de  la  Flaades  france- 
sa, en  174d;  j  la  toma  de  Maestrich, 
en  1748,  conservó  su  importancia  en 
Europa.  La  paz  fué  firmada  en  Aquis- 
gram,  en  1748;  pero  como,  á  pesar  de 
ello,  la  Inglaterra  cometiese  algunas 
uíjurpaciones  en  América,  Francia  se 
coaligó  contra  ella  j  la  Prusia,  con  el 
Austria,  y  entonces  empezó  á  sufrir 
una  serie  de  reveses  continuos.  Su  ma- 
rina fué  destruida;  sus  colonias  caye- 
ron en  poder  délos  ingleses, y  la  paz, 
llamada  vergonzosat  en  1763,  colmó  la 
indignación  pública  contra  la  curte  y 
la  monarquía.  Las  contiendas  reli- 
giosas y  la  lucha  con  el  Parlamento 
habían  continuado,  mientras  que 
Luis  XV,  cuya  querida  titular  era 
madama  de  Pompadour,  se  entrega- 
ba á  toda  clase  de  excesos  en  el  fa- 
moso Parque  de  los  Ciervos,  adonde 
se  le  llevaban  doncellas  de  la  clase 
popular  que,  después  de  servir  para 
saciar  los  torpes  apetitos  del  monar- 
ca, eran  dotadas  y  casadas  con  hom- 
bres oscuros,  ó  bastante  viles  para  to- 
marlas con  conocimiento  de  causa. 
En  cuanto  á  los  hijos  que  tenían  del 
rey,  se  los  quitaban  al  nacer  j  nunca 
llegaban  á  conocer  á  su  madre,  siendo 


colocados  Tentajos^mente  &  su  mayor 
edad.  Ln  muerte  de  un  e-ran  número 
de  individuos  de  su  familia,  le  inspiró 
terrores  super.'íticiosos;  renunció  por 
algún  tiempo  á  sus  excesos,  y  se  hizo 
devoto;  pero  al  cabo  de  algún  tiempo 
le  acometió  una  nueva  pasión,  la  de 
la  codicia,  que  le  condujo  ¿  aumentar 
su  riqueza  por  los  medios  más  repro- 
bados; entre  ellos,  el  monopolio  de 
los  granos,  que  sumió  al  país  en  el 
hambre.  La  supresión  de  los  jesuítas, 
en  1764;  el  proceso  de  La  Chalotais, 
en  1765;  la  reunión  de  la  Lorena  á  la 
Francia,  en  1766;  de  Aviftón,  el  con- 
dado Veuesino  y  la  Córcega,  en  1768; 
algunas  turbulencias  en  Bretaña;  el 
destierro  del  Parlamento,  en  1771,  y 
los  escándalos  y  despilfarros  de  ía 
condesa  Du  Barry,  su  última  queri- 
da, señalaron  los  postreros  años  del 
reinado  de  Luis  XV,  que  murió  de- 
jando la  reputación  del  más  débil  y 
corrompido  de  los  príncipes,  y  legó  á 
su  sucesor  Luis  XVI  una  terrible 
cuenta  que  liquidar  con  la  nación.  En 
su  tiempo  fiorecieron  Montesquieu, 
Rousseau,  Voltaire,  Diderot,  Condor- 
cet  y  todos  los  enciclopedistas.  (Sala.) 

Reswnen. — 1.  Esa  cuenta  terrible  se 
liquidó  al  fin,  habiendo  practicado  la 
liquidación  muchos  personajes  histó- 
ricos, menos  el  personaje  que  pagó  la 
cuenta  con  su  vida,  Luis  XVl  no  re- 
presenta el  sacrificio  de  su  culpa,  sino 
la  víctima  expiatoria  de  la  imbecili- 
dad de  Luis  XV,  de  las  pasiones  de  la 
Convención,  del  estupor  de  un  pue- 
blo, del  orgulloso  fanatismo  de  una 
mujer;  y  al  frente  de  ese  séquito  sin- 
gular, la  enciclopedia,  incluso  Fede- 
rico de  Prusia.  El  ^ran  Federico,  sin 
quererlo,  ni  imaginarlo,  puso  una 

f^rada  en  un  patíbulo  y  agitó  también 
a.  terrible  cuchilla  del  siglo  xriii, 
que  segó  la  cabeza  de  un  rey,  después 
de  haber  segado  la  razón  de  un  trono. 
Es  verdad  que  lo  hicieron  los  conven- 
cionales; pero  los  convencionales  ve- 
nían de  Diderot,  Rousseau  t  Voltaire, 
como  la  nulidad  de  Luis  XVI  se  deri- 
vaba principalmente  de  la  deshonra 
de  Luis  Xv  y  de  las  camarillas  de 
María  Aatonieta.  Uno  había  de  pa^ar 
la  cuenta  de  todos:  fué  el  desgracia- 
do Luis  XVL 

2.  Entre  sus  queridas,  deben  citar- 
se: la  duquesa  de  Chateauroux,  que 
dominó  al  rey;  pero  que  siempre  se 
hizo  notar  por  sus  rasgos  de  patrio- 
tismo, así  como  por  su  energía,  y  que 
murió  en  1744;  la  Pompadour,  que, 
dando  el  escándalo  de  un  doble  adul- 
terio, fué  una  favorita  que  costó  á  la 
Francia,  en  un  período  de  diez  y  nue- 
ve años,  36.000.()00  de  francos, 
convertida  en  una  especie  de  primer 
ministro,  tuvo  en  su  mano  las  riendas 
del  gobierno  interior  y  de  la  política 
internacional,  y,  por  último,  la  Du 
Barry,  que  elevada  al  rango  de  cor- 
tesana del  rey  en  1770,  dejó  atrás  las 
licencias  y  dispendios  de  la  Pompa- 
dour, y  en  medio  de  la  relajación  de 
aquella  corte,  escandalizó  á  VersaUes 
con  su  presencia  por  la  reputación  de 
su  vida  pasada. 


Luis  XVI.  Rey  de  Francia,  qa« 

nació  en  VersaUes  el  23  de  Agosto 
de  1754.  Era  hijo  segundo  del  delfín 
Luis,  hijo  de  Luis  XV  y  de  María  Jo- 
sefa de  bajonia,  matrimonio  que  por 
su  austeridad  era  un  vivo  reproche 
contra  las  costumbres  depravadas  de 
la  corte  de  VersaUes.  Al  nacer,  reci- 
bió el  título  de  duque  de  Berry,  y 
habiendo  muerto  su  nermano  mayor 
y  su  padre,  el  primero,  en  1760,  y  el 
se^-undo,  en  1765,  recibió  el  título  de 
delfín  y  casó,  en  1770,  con  María  An- 
tonieta  de  Austria,  <^ue  muy  pronto 
adquirió  sobre  él  un  imperio  aosolu,- 
to.  A  los  veinte  tfios,  el  de  Majo 
de  1774,  por  fallecimiento  de  su  abue- 
lo, ciñó  &  sus  sienes  la  corona  de  Fran- 
cia. Al  subir  al  trono,  Luis  XVI  He  - 
vaba  en  su  abono  un  apasionado  amor 
á  su  pueblo,  unas  costumbres  puras, 
que  contrastaban  con  el  desborda- 
miento del  reinado  precedente,  un  es- 
píritu grave  y  una  instrucción  sólida; 

Sero  desgraciadamente,  estaba  dotado 
e  un  exterior  vulgar  y  sin  prestigio, 
de  una  inexperiencia  completa  de  los 
negocios  públicos  y  de  un  carácter 
débil,  irresoluto  y  ñcil  i  todas  las  ia- 
fluencias.  Se  hacía  preciso  un  hombre 
de  Estado  de  alta  inteligencia  j  de 
voluntad  firme,  que  supiera  encauzar 
la  revolución,  que  se  hacía  inevitable, 
y  lo  que  encontró  la  Francia,  filé  un 
hombre  dotado  de  las  más  altas  virtu- 
des domésticas;  pero  incapaz  de  lle- 
var sobre  sus  hombros  el  peso  de  la 
corona  en  circunstancias  tan  dinciles. 
Su  reinado,  saludado  con  las  más  in- 
equívocas muestras  de  entusiasmo,  se 
inauguró  por  la  primera  de  las  debi- 
lidades de  Luis  XVI.  Asustado  de  la 
inmensa  responsabilidad  que  iba  á 

Sesar  sobre  el,  no  encontró  mejor  me- 
io  de  librarse  de  ella,  que  abandonar 
enteramente  el  gobierno  al  conde  de 
Maurepas.  Por  fortuna,  este  hombre 
era  bien  intencionado;  llamó  al  mi- 
nisterio personas  tan  íntegras  como 
Turgot  y  Malesherbes,  y  los  primeros 
años  de  aquel  reinado  fueron  señala- 
dos por  útiles  reformas,  tales  como  el 
restablecimiento  de  los  Parlamentos, 
que  hacía  tres  años  habían  sido  abo- 
lidos por  Maupeón;  la  creación  de 
montes  de  piedad  y  cajas  de  descuen- 
tos y  la  abolición  del  vasallaje,  la  ser- 
vidumbre y  el  tormento.  Sin  embar- 

ño,  estas  reformas  no  habían  podido 
erarse  á  cabo  sino  contra  el  torrente 
de  las  clases  privilegiadas  y  contra  la 
oposición  del  Parlamento,  cuya  pri- 
mera muestra  de  vitalidad  era  emba- 
razar la  marcha  del  poder  que  le  ha- 
bía creádo,  y  el  resultado  fue  que  muy 
en  breve  el  rey  comprendió  su  impo- 
tencia. Malesherbes,  su  amigo,  cuyas 
arraigadas  convicciones  acerca  de  la 
libertad  de  conciencia  y  del  culto,  so- 
bre la  supresión  de  los  decretos  de 
prisión  y  sobre  la  abolición  de  las  tor- 
turas, se  habían  visto  contrarrestadas 
siempre,  presentó  su  dimisión  de  mi- 
nistro de  Justicia.  «Si  yo  pudiera  de- 
jar mi  puesto,  también  le  dejaría,»  le 
había  contestado  el  rey;  pero  en  vez  de 
buscar  las  verdaderas  causas  de  aque- 


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lia  oposición  constante  y  terrible, 
quiso  contentar  á  todos  j  no  di<5 
gjxato  á  nadie.  El  ginebrino  Nccker 
sucedió  i  Turgot  en  1777.  Obligado 
á  subrenir  á  las  nuevas  necesidades, 
que  creaba  al  Tesoro  la  g-uerra  de 
América*  á  qas  la  Francia  fué  arras- 
trada por  su  odio  &  laglatsrra,  su 
sistema  tuTO  que  descansar  casi  ex- 
clusÍTamente  en  los  empréstitos,  cu- 
yos intereses  debían  ser  garantidos 
por  laa  economías  en  loa  gastos  del 
interior.  Su  balance  financiero  publi- 
cado en  1781,  aumentó  la  confianza 

{lública;  pero  las  reformas,  que  quería 
levar  á  cabo,  se  estrellaron  en  la  ob^ 
tinación  de  la  corona.  Hubo  una  re- 
forma que  ni  Turgot,  ni  Necker  pu- 
dieron obtener  nunca  de  Luis  XVl; 
la  de  la  administración  de  los  cauda- 
les públicos,  la  mayor  parte  de  los 
cuales  se  empleaban  en  pensiones, 
bonos  y  gratificaciones,  que  se  prodi- 
gaban á  los  cortesanos  y  á  los  favo- 
ritos de  la  reina.  Kl  desorden  de  la 
Hacienda  aumentó  y  ú  Gobierno  se 
encontró  bien  pronto  en  el  último 
apuro.  Entonces  se  coavocaron  dos 
asambleas  de  notables,  la  segunda  de 
las  cuales  pidió  Estados  generalas. 
Toda  la  parte  que  tomó  Luis  XVI  en 
aquellos  graves  acontecimientos,  se 
redujo  á  dejar  obrar  á  sus  ministros 
y  á  sufrir  que  éstos  fueran  nombra- 
dos, derribados  j  sustituidos  á  volun- 
tad de  las  intrigas  que  se  agitaban 
en  tomo  de  la  reina.  Los  Estados  ge- 
nerales se  reunieron  al  fin  en  1789; 
Necker  había  vuelto  á  ocupar  el  mi- 
nisterio, y  Luis  XVI  tenía  en  él  gran 
confianza;  conocía  igualmente  la  jus- 
ticia de  las  reclamaciones  hechas  por 
la  Asamblea;  pero  la  camarilla  aris- 
tocrática, de  que  la  reina  se  había 
hecho  órgano  cerca  del  rey,  conser- 
vaba en  el  inimo  de  éste  todo  su  im- 

rerío.  Durante  los  afios  de  1789  y 
790,  cifró  su  política  en  hacer  á  U 
Asamblea  promesas,  que  luego  viola- 
ba, en  cuanto  volvía  á  palacio,  y  en 
dictar,  bajo  la  influencia  de  sus  fu- 
nestos consejeros,  órdenes  de  que  se 
retractaba  al  verse  en  presencia  de  los 
diputados.  Semejante  sistema  no  po- 
día menos  de  conducirle  á  un  total 
desprestigio.  Los  mismos  talentos  y 
audacias  de  Mirabeau,  que  Luís  XVI 
había  logrado  poner  de  su  parte,  no 
consiguieron  detener  la  caída,  y  la 
insurrección  no  tardó  en  dejarse  sen- 
tir. £1  pueblo  se  sublevó,  tomó  y  des- 
truyó la  Bastilla,  y  organizó  la  guar- 
dia nacional  en  1789;  corrió  á  Versa- 
lies  el  5  y  6  de  Octubre  del  mismo 
año  y  condujo  al  rey  á  París.  Las 
intrigas  de  que  Versalles  había  sido 
teatro,  continuaron  agitándose  en  las 
Tullerías,  y  Luis  XVI,  después  de 
continuas  luchas  con  la  Asamblea  y 
los  ministros,  se  decidió  á  huir  se- 
cretameoté  para  no  verse  obligado  á 
aceptar  en  conjunto  una  Constitución, 
cuyos  artículos  había  aceptado  sepa- 
radamente. Detenido  en  Várennos  y 
conducido  á  Paría,  más  que  como  rey, 
como  prisionero,  juró  públicamente 
la  Constitución,  mientras  que  envia- 


ba agentes  secretos  á  solicitar  de  los 
reyes  de  Europa  una  interveución  que 
fuera  á  destruirla.  La  declaración  de 
guerra  de  las  potencias  extranjeras, 
cuyas  tropas,  á  petición  de  los  prin- 
cipales emigrados ,  penetraron  en 
Francia,  agravaron  la  posición  en 
que  se  hallaba  el  rey.  Habiendo  ne- 

fado  su  sanción  á  dos  decretos  en 
792,  el  descontento  creció  y,  el  20 
de  Junio,  fué  invadido  el  palacio  por 
20.000  hombres  armados.  Bntouces 
no  corrió  la  sangre;  pero  el  10  de 
Agosto,  quiso  el  pueblo  apoderarse  de 
nuevo  de  las  Tullerías,  y  los  suizos 
que  daban  la  guardia,  iucitados  por 
María  Antonieta,  presentan  una  re- 
sistencia denodada.  Las  cámaras  re- 
gias se  ven  teñidas  de  sangre,  el  pue- 
blo triunfay  Luis  XVI  se  ve  obligado 
á  refugiarse  en  la  Asamblea.  Un  de- 
creto de  ésta  le  suspendió  de  su  dig- 
nidad y  convocó  una  Convención  nacio- 
naL  Todos  estos  acontecimientos,  si 
no  habían  menoscabado  en  nada  los 
instintos  generosos  del  monarca,  ha- 
bían puesto  de  relieve  su  ineptitud. 
Por  más  que  apasionados  adversarios 
hayan  querido  suponer  otra  cosa,  su 
deseo  era  armonizar  los  ideales  de  la 
revolución  con  las  viejas  tradiciones 
del  trono;  pero  le  habia  faltado  arrojo 
para  imponerse  á  uno  y  á  otra,  y  la 
corriente  más  fuerte  le  arrolló.  En 
aquel  punto  tuvo  una  nueva  debili- 
dad. En  su  alma  no  hubiera  cabido 
nunca  la  perfidia,  si  hubiera  contado 
con  la  fortaleza;  pero  arrastrado  por 
los  consejos  de  la  corte  y,  más  que 
nada,  por  la  altivez  de  su  esposa  fila- 
ría Antonieta,  se  le  hizo  ver  que,  co- 
locado entre  dos  intereses  contrarios, 
no  podía  servir  al  uno  sin  hacer  trai- 
ción al  otro.  De  aquí  provino  que  to- 
das las  medidas  para  cantarse  la  be- 
nevolencia de  la  revolución,  sólo  ha- 
bían servido  de  pretexto  á  las  violen- 
cias del  pueblo;  de  aquí,  todos  sus 
actos  para  mantener  el  prestigio  del 
poder  real,  no  habían  hecho  más  que 
producir  una  nueva  derrota.  La  con-  ■ 
vocatoria  de  los  Estados  generales  le 
había  dado  por  resultado  la  insurrec- 
ción moral  del  Jue^o  de  pelota.  El 
deseo  de  intimidar  á  la  Asamblea 
constituyente  por  la  concentración  de 
tropas  en  Versalles,  había  dado  mar- 
gen á  la  toma  de  la  Bastilla.  Quiso 
buscar  el  remedio  en  la  fuga  y  el 
pueblo  le  volvió  á  sentar  encadenado 
en  el  trono  y  le  impuso  la  Constitu- 
ción del  91.  Trató  de  entrar  en  nego- 
ciaciones con  la  emigración  y  los  re- 
yes, y  provocó  las  sangrientas  escenas 
del  20  de  Junio.  Negó  su  sanción  á  las 
leyes  votadas  por  la  nación;y  los  giron- 
dinos, los  únicos  que  dentro  de  Ta  re- 
volución podían  prestarle  su  fuerza,  se 
unieron  á  los  jacobinos,  y  la  jornada 
del  10  de  Agosto  derribó  el  trono.  La 
lucha  estaba  empeñada  y  el  poder  real 
tenía  la  peor  parte.  Los  odios  todos, 
que  el  antiguo  régimen  había  ido  de- 
positando en  el  corazón  del  pueblo, 
rompieron  su  dique  y  encontraron 
una  persouiücación  á  t^uien  detestar: 
Luis  XVL  Aquel  rey  débil  llegó  á  aer 


cobarde  y  su  cobardía  causó  su  ruina. 
Había  querido  transigir  y  el  miedo  le 
había  hecho  romper  abiertamente  con 
la  Francia.  Hasta  que  en  la  huida  i 
Varennes  cayó  en  poder  de  la  nación, 
nadie  sospechó  que  sus  manos  pudie- 
ran estar  manchadas  con  la  sangre  de 
las  víctimas  del  Campo  de  Marte,  Al 
10  de  Agosto,  que,  derrocando  la  mo- 
narquía, parecía  haber  terminado  el 
drama,  le  &ltaba  su  desenlace.  ^  ex 
rey ,  huyendo  á  refugiarse  en  brazos  de 
los  enemigos  de  la  nación,  decía  bien 
claro  que  aquella  sombra  podía  ser  un 
peligro  para  la  república,  y  la  repúbli- 
ca  quiso  usar  del  derecho  de  defensa. 
El  desenlace  se  inició  entonces.  La  fal- 
ta de  la  Convención  fué  demostrar  que 
aquel  fantasma,  que  simbolizaba  aún 
la  derrocada  monarquía,  inspiraba 
miedo  á  la  república  naciente.  Éa  vez 
de  dar  á  sus  enemigas  el  sagrado  in- 
fortunio de  su  martirio,  debió  darles 
el  espectáculo  de  una  clemencia  tran- 
uila  y  serena.  La  sanare  derramada 
e  Luis  XVI  fué  la  primera  señal  de 
debilidad  que  daba  la  república.  Al- 
ganos  convencionales  lo  comprendie- 
ron así  y  quisieron  de&nder  aquella 
vida,  tanto  por  humanidad  como  por 
patriotismo.  Pero  los  arrebatos  d«  la 
juventud  están  muy  distantes  del  pru- 
dente cálculo  de  la  razón,  y  aquella 
Asamblea,  una  de  las  más  grandes 
que  se  han  ofrecido  á  la  faz  del  mun- 
do, se  dejó  arrastrar  por  la  pasión,  y 
en  vez  de  la  justicia,  usó  de  la  fuer- 
za. El  17  de  Enero  de  1793,  y  des- 
pués de  más  de  un  mes  de  deubera- 
ciún,  una  compacta  mayoría  votó  la 
muerte  de  aquel  que  había  perdido 
para  los  franceses  hasta  su  propio 
nombre,  de  aquel  á  quien,  en  son  de 
desprecio,  se  llamaba  Capelo,  La  se- 
sión del  19  se  consagró  al  examen  de 
suspensión  de  la  pena.  Pero  también 
entonces  fracasaron  las  esperanzas  de 
los  que  aun  contaban  con  salvarle; 
380  votos  contra  310  decidieron  que 
la  sentancia  se  ejecutara  sin  dilación. 
El  21  de  Enero,  á  las  ocho  de  la  maña- 
na,  partía  un  coche  cerrado  de  la  puer- 
ta de  la  torre  del  Temple.  Dentro  iba 
un  hombre  de  aspecto  más  apacible 

3ue  majestuoso.  Su  traje  se  componía 
e  una  casaca  oscura,  calzón  de  seda 
negra,  chupa  y  medías  blancas,  y  nn 
sombrero,  que  ocultaba  sus  ya  corta- 
dos cabellos.  Aquel  hombre  había  sido 
el  rey  de  Francia.  A  su  lado  estaba  sen- 
tado un  sacerdote  que  llevaba  en  sos 
manos  el  libro  de  los  salmos.  Enfren- 
te, dos  gendarmes,  mudos  é  inmóvi- 
les, contenían  su  respiración,  como 
si  temieran  insultar  al  que  iba  á  mo- 
rir. Delante  del  carruaje,  60  tambores 
batían  marcha.  Detrás,  un  verdadero 
ejército  le  servía  de  escolta.  Desde  la 
torre  del  Temple  á  la  plaza  de  la  Revo- 
lución, en  que  se  habia  hecho  levan- 
tar la  guillotina,  el  trayecto  era  lar- 

ño.  Los  cañones,  cargados  de  metra- 
a  y  custodiados  por  artilleros,  que 
mostraban  las  mechas  encendidas, 
guardaban  las  bocacalles.  Una  doble 
fila  de  infantas  y  caballos  protegía  la 
carrera.  Muy  cerca  de  las  doce,  el  ea- 


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504  LUIS 


LUIS 


Lurr 


rruaje  desembocaba  en  la  plaza  de  la 
ReToIucíói).  La  compacta  multitud, 
que  se  apiñaba  entre  las  profusas  pi- 
cas de  los  guardias  nacionales,  conser- 
vaba un  profundo  silencio.  Luis  XVI, 
al  subir  los  escalones  del  cadalso*  lle- 
vando á  la  derecba  á  su  confesor^  que 
ostentaba  el  traje protcrito  de  los  sacer- 
dotee,  j  á  su  izquierda,  á  SansiSn,  el 
verdugo  de  París,  mostraba  en  su  con- 
tinente una  majestad  que  jamás  ha- 
bía tenido.  Aquel  monarca  desventu- 
rado tuvo  el  triste  privileg'ío  de  mos- 
trarse celoso  de  su  dignidad  sólo  en 
las  gradas  del  cadalso.  El  que  había 
temblado  con  tanta  frecuencia,  con- 
templó sereno  el  hacha  de  la  guilloti- 
na. El  que  se  había  visto  tantas  ve- 
ces encadenado  moralmente,  sólo  hizo 
un  movimiento  de  protesta  ante  el 
verdugo.  Al  verle  erguirse  en  el  ta- 
blado, la  multitud,  que  se  apiñaba  á 
sus  pies,  se  sintió  fascinada  un  mo- 
mento. Hizo  una  seña  í  los  tambores, 
que  ensordecían  el  aire  con  sus  ecos, 
j  los  tambores  obedecieron  maqui- 
nalmente.  En  medio  de  un  silencio, 
verdaderamente  aterrador,  se  oje  una 
Toz  segura,  que  termina  un  perío- 
do. Iba  á  continuar;  pero  un  movi- 
miento de  reacción  se  apoderó  de  la 
multitud.  El  jefe  de  Estado  ma^or 
de  las  tropas  del  campamento  in- 
mediato ¿  París  lo  comprendió,  j  el 
ruido  de  los  tambores  ahogó  para 
siempre  la  voz  de  Luis  XVL  Por  un 
azar  de  la  suerte,  el  que  hacía  callar 
el  grito  de  protesta  que  los  reyes  de 
Francia  lanzaban  desde  las  gradas  de 
la  guillotina,  llevaba  en  sus  venas  la 
misma  sangre.  Un  instante  después, 
una  cabeza  rodaba  á  la  canasta  fatal. 
A  la  voz  del  sacerdote  diciendo:  «¡Hi- 
jo de  san  Luís,  subid  al  cielol»  se 
mezclaba  el  grito  inmenso  de:  «[Viva 
la  república!»  Algunos  &Qátioos  su- 
bieron las  gndas  del  cadalso  j  hu- 
medecieron los  hierros  de  sus  picas 
en  aquella  sangre,  caliente  todavía. 
El  pueblo  de  París  quedó  pensativo  j 
silencioso.  Lo  que  acababa  de  ejecu- 
tarse podía  ser  uu  exceso  de  odio; 
podía  ser  un  alarde  de  autoridad; 
podía  ser  una  justicia,  pero  no  una 
victoria. 

Reseña. — 1.  El  dictado  de  duque  de 
Berrg  era  el  título  jerárquico  de  los 
cadels;  esto  es,  de  los  hijos  segundos 
del  monarca  reinante. 

2.  El  dictado  de  del/i»  era  el  título 
de  los  herederos  de  la  corona,  equiva* 
lente  á  nuestro  principe  de  Ásíuria», 

3.  El  que  ahogó  la  voz  de  Luis  XVI 
en  el  cadalso,  fué  el  ex  conde  de 
Ojat,  un  hijo  adulterino  de  Luis  XV. 

4.  El  movimiento  del  rey  ante  el 
verdugo,  tuvo  lugar  cuando  Sansón 
puso  en  él  sus  manos  á  fin  de  ama- 
rrarle con  una  cuerda. 

5.  Las  palabras  que  Luis  XVI  pro- 
nunció desde  el  tablado  de  la  guillo- 
tina, fueron  las  siguientes:  «Pueblo 
francés,  muero  inocente  de  los  críme- 
nes que  se  me  imputan;  perdono  á  los 
autores  de  mi  muerte,  y  ruego  á  Dios 
que  la  aaugre  que  vais  á  derramar  no 
caiga  jamas  sóbrela  Francia.» 


6.  El  continente  de  aquel  monarca 
no  fué  nunca  majestuoso,  hasta  que 
la  sombra  del  sacrificio  se  reflejó  so- 
bre la  víctima.  El  que  tantas  veces 
había  dejado  de  ser  hombre  bajo  el 
fanatismo  j  el  orgullo  de  una  mujer, 
toma  la  6gura  de  apóstol  entre  los 
horrores  del  patíbulo.  La  guillotina 
hizo  del  re/  lo  que  el  rej  no  había 
sido  jamás:  héroe  j  profeta.  ¡Sí,  pro- 
feta! En  vano  rogó  al  cielo  que  aque- 
lla sangre  no  cajrera  sobre  su  patria: 
la  sangre  cae  siempre,  y  su  sanare 
cajró.  Cavó  en  el  óleo  que  consagro  al 
primer  Bonaparte;  cayó  en  el  entu- 
siasmo monárquico  que  trajo  la  res- 
tauración de  los  Borbones;  cayó  en  el 
espíritu  de  un  pueblo  que,  en  1830, 
se  arroja  en  brazos  de  la  dinastía  de 
Luis  Felipe;  cayó  también  en  el  ^ci- 
pe del  2  da  Diciembre,  que  divierte 
al  mundo  con  un  imperio  cómico,  en 
que  los  enanos  quisieron  hacer  el  pa- 
pel de  gigantes;  cayó  en  el  suelo  de 
toda  la  Francia,  cubierto  de  huesos 
afrentados  y  de  cadáveres  perdidos 
bajo  la  deshonra  de  Sedán.  Tal  fué 
la  descendencia  histórica  de  aquella 
sangre,  vertida  en  al  cadalso  el  día 
21  de  Enero  de  1793.  Sí  el  rey  hubie- 
se muerto  con  aljgpún  instinto  de  ven- 
ganza, la  historia  podría  decirle  hoy: 
«Luis  XVI,  estás  vengado.» 

Luís  XVII.  Nombre  que  dieron 
los  emigrados  y  las  potencias  coali- 

Sadas  al  delñn,  híjo  segundo  de 
uis  XVI  y  de  María  Antonieta,  y 

?ue  había  nacido  en  Versalles  en 
785.  Encerrado  con  su  familia  en  la 
torre  del  Temple,  después  de  las /or- 
uadtu  de  Agosto  de  1792,  fué  aclama- 
do rey  por  los  príncipes  sus  tíos,  uí 
como  por  los  ejércitos  realistas,  y 
reconocido  como  tal  por  varias  po- 
tencias. A  consecuencia  de  ciertos 
rumores  de  conspiración,  cuyo  objeto 
era  arrebatarle  de  la  prisión  en  que 
se  hallaba,  la  Junta  de  salvación  pú- 
blica dió  orden  de  separarle  de  su 
madre  y  de  encerrarle  en  el  cuarto 
que  había  ocupado  su  padre  en  el 
Temple,  confiándole  á  un  precepíoTt 
que  ejercía  el  oficio  de  zapatero,  y 
que  debía  permanecer  al  lado  de  su 
pupilo,  sin  salir  jamás  de  la  torre. 
Aquel  hombre  rudo,  entusiasta  fogo- 
so de  la  revolución,  creía  servir  la 
causa  de  la  libertad  siendo  cruel  con 
su  cautivo;  pero  &  los  seis  meses  re- 
nunció su  cargo,  como  si  se  hubiese 
cansado  de  su  propia  barbarie.  En- 
tonces el  desdichado  príncipe  fué  en- 
cerrado en  una  habitación  pequeña, 
casi  sin  luz,  ni  ventilación,  en  la  cual 
no  penetraba  nadie.  Allí,  privado  de 
las  condiciones  higiénicas  indispen- 
sables á  la  vida,  cayó  en  una  especie 
de  idiotismo;  el  idiotismo  de  la  insa- 
lubridad y  del  silencio;  dejó  de  lim- 
piarse y  de  vestirse,  y  últimamente  se 
vió  acometido  de  una  afección  escro- 
fulosa, que  se  manifestó  en  todo  su 
cuerpo  V  que  le  condujo  á  la  sepultura 
en  1795. 

Reseña. — 1.  El  zapatero,  encargado 
de  la  custodia  de  Luis  XVII,  se  lla- 
maba Antouio  iSinuíu, 


2.  Cobraba  por  aquel  o&cio  qui- 
nientos francos  mensuales. 

3.  Los  vestidos  y  los  alimentos  se 
daban  al  preso  por  un  torno. 

4.  El  niño  murió  á  los  diez  años. 

5.  Fué  enterrado  en  el  cementerio 
de  Santa  Margarita,  en  donde  no  se 
hallaron  sus  restos,  sin  embargo  de 
las  insistentes  pesquisas  que  se  prac- 
ticaron después  de  la  restanracidn 
de  1815. 

6.  No  faltan  autores  que  han  aven- 
turado la  idea  de  que  me  envenena- 
do,  cuya  opinión  parece  inverosímil, 
puesto  ^ue  su  muerte  está  explica.da 
sin  la  intervención  del  veneno.  La 
miseria,  el  hastío,  la  desesperación, 
imbecilidad  la  más  terrible,  son  c»U' 
sas  bastantes  para  devorar  á  una  cria- 
tura. Un  día  de  libertad,  una  hora  de 
amor,  una  caricia  de  su  madre,  le 
hubieran  vuelto  indudablemente  i  la 
salud,  á  la  razón  y  á  la  alegría.  No 
escribimos  las  presentes  líneas  parm 
reseñar  á  un  personaje  histórico,  aíno 
para  dar  una  lección  al  presente  j  al 
porvenir  con  los  extravíos  y  los  re- 
mordimientos del  pasado.  No  es  ana 
biografía  más  6  menos  curiosa:  es  un 
escarmiento  fbrmidable.  Si  loa  tor- 
mentos de  a-^uel  niño  hubieran  ca- 
vado un  abismo  en  la  tierra,  toda  la, 
humanidad  habría  podido  revolverse 
en  las  cavidades  de  aquel  abismo.  ¡S£! 
La  humanidad  cabría  en  una  pregun- 
ta de  aquel  niño:  «^Y  mi  madre?» 
¡Maldita  sea  la  felicidad  de  este  man- 
do, si  ha  de  venir  á  precio  de  horro- 
resl 

7.  Algunos  impostoresi  queriendo 
suponer  que  la  noticia  de  su  muer- 
te era  falsa,  intentaron  pasar  por 
Luis  XVII,  Entre  ellos,  debemos  ci- 
tar los  que  siguen:  J.  María  Hava- 
gaut,  hijo  de  un  tallista,  que  fué  con- 
denado por  el  tribunal  del  Sena  j 
Mame  (1802)  &  cuatro  años  de  pri- 
sión, cuyo  aventurero  murió  en  Bi- 
cetre;  Maturino  Bruneau,  almadreño, 
condenado  por  el  tribunal  de  Rouea  á 
siete  años  de  reclusión^  el  prusiano 
Nandorf,  en  1825,  (^uiec,  expulsado 
de  Francia,  se  refugió  en  Inglaterra 
con  el  título  de  duque  de  Normandia  y 
murió  en  Breda  en  1845.  Su  mujer  y 
sus  hijos  reclamaron  en  1851  sus  tí- 
tulos imaginarios;  pero  los  tribunales 
franceses  desecharon  sus  vanas  pre- 
tensiones. 

8.  Quien  desee  adquirir  noticias 
más  amplias  acerca  del  desdichado 
híjo  de  Luís  XVI,  puede  consultar 
BjtAVCBSMa,  LuU  2.V2I,  su  vid»t 
agonía,  su  muerte  (Paris,  1852,  dos  vo- 
lúmenes en  8.°). 

Luisa.  Femenino.  Nombre  propio 
de  mujer.  |  Botánica,  Planta  medici- 
nal, cuyas  hojas  son  largas,  estrechas 
y  de  uu  verde  claro;  su  olor  es  seme- 
jante al  del  toronjil. 

Luísmo.  Masculino.  Provincial 
Aragón.  Laudbuio. 

Etiuolooía.  Luición. 

Luitprando.  Obispo  de  Cremoaa, 
del  siglo  z,  que  fué  en  Constantino- 
pía  dos  veces  embajador,  en  nombre 
del  emperador  Othon.  Fué,  sin  dispu* 


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LÜJÜ 

ta  alguna,  uno  de  los  hombres  más 
eruditos  de  su  si^lo,  jr:escríbi<^  una 
HistoriA  de  A  Imanta,  desde  862 á  964, 
j  ana  JieiMid»  de  la  anbajada  á  Nic¿~ 
joro  Pkocas. 

Linadón.  Femenino.  Cin^ia.  Sa- 
lida del  extremo  de  un  haeso  de  la 
cavidad  en  que  debe  estar,  cuyo  he- 
cho puede  provenir,  bien  de  una  tío- 
leoeia  exterior,  bien  de  ana  altera- 
ción orgánica,  como  acontece  en  la 
LUJACIÓN  espontánea  del  muslo.  ||  Bn 
términos  Tulgares,  dislocación,  desco- 
yuntamiento. 

BnHOLOQCA.  Latín  ¿turado,  relaja- 
ción de  una  coTuntura,  forma  sustan- 
tivaabstracta  de  Ittxatut,  lujado:  fran> 
004,  luxaíion;  italiano,  lutiozione. 

Liyado,  da.  Participio  pasivo  de 
lajar. 

£tiuoloo{a.  Li^ar:  latín,  l%xStu$, 

Í participio  pasivo  de  luxSre,  lujar: 
ranees,  /k»;  valón,  lu¿;  italiano, 
Imtiaío. 

L^jar.  Activo  j  neutro  americano. 
LuDtB.  I  ^ntre  zapateros,  sacar  el 
agua  al  cuero,  j  alisar  las  suelas  por 
los  bordes. 

BtuolcoÍa..  Luje:  latín,  Umire, 
dislocar;  francés,  /wrer;  italiano,  l*t~ 
ian,  del  griego  Xt^ía  (laxdd),  jo 
tuerzo. 

Liyarsd.  Recíproco.  Ciruffia.  Salir 
un  hueso  de  lu  lugar  _por  lujación. 

Btihología.  Lujar:  francés,  u 
luxer;  latín,  UasirL 

Ligo,  Masculino.  Demasía  en  la 
pompa  j  regalo. 

BtimologÍa.  Griego  Xo$¿c  (load»), 
torcido:  latín,  luxut,  dislocación  de 
algún  hueso,  simétrico  de  iusus,  lu~ 
müt,  disolución,  ei.ceso,  superfluidad, 
en  Cicerón  j  Suetonio;  magniñcencia, 
esplendidez,  suntuosidad,  en  Virgi- 
lio; catalán,  Iwbo;  francés,  Iwe;  ita- 
liano, lusto. 

Liyosamenta.  Adverbio  de  modo. 
Con  lujo. 

ETiyoLOOÍA.  Lujosa  j  el  sufijo  ad- 
verbial mente, 

Lujoaídad.  F«nenino.CnaIidad  de 
lo  lujoso. 

Lijoso,  sa.  Adjetivo.  El  que  tiene 
Ó  gasta  lujo,  j  el  mueble  ú  otra  cosa 
con  que  se  ostenta. 

BriuoLoaÍA.  Lujo:  francés,  luaiueux. 

Ltyaria.  Femenino.  El  vicio  que 
consiste  en  el  uso  ilícito  ó  apetito 
desordenado  de  los  deleites  carnales. 

5 Metáfora.  El  exceso  ó  demasía  en 
gunas  cosas. 

ETiuoLoaÍA.  Latín  laxus,  suelto; 
luxutt  dislocado;  lusius,  luxüt,  lujo, 
demasía;  luxuría,  abundancia  viciosa 
de  las  plantas,  exceso. 

1.  Según  Littre,  el  latín  de  un  Je- 
rónimo dió  i  lux&r^a  el  sentido  inmo- 
ral que  hoj  tiene  en  el  romance,  lo 
cual  no  es  admisible. 

2.  El  latín  luxÜrta  significa  lujo, 
saperfluidad,  en  Virgilio;  fausto, 
suQtuosidad,  ma^niñceocia,  molicie, 
en  Cicerón;  deleites,  sensualidad,  en 
Tertuliano;  corrupción  de  costumbres, 
en  Juvenal;  exceso  de  ardor,  hablán- 
dose de  los  anímales,  en  Plinio  el 
/oüeu. 


LUU 

'  3,  Por  consecuencia,  el  sentido  que 
hoj  tiene,  es  muj  anterior  á  san  Je- 
rónimo: catalán,  Imeuria;  provenzal, 
luúnria;  francés,  huntre;  italiano,  ¿m- 
sam. 

Héteña. — La  mortificación  mái  efi- 
caz cóntn  la  lujuria  consiste  en  la 
abstinencia  y  el  ayuno,  (Bupfón.) 

SiMOHiuiA.  Lujuria,  lubricidad,  las- 
civia. La  lujnria  es  un  hábito  6  incli- 
nación criminal,  que  conduce  á  los 
sexos  uno  hacia  otro,  con  arrebato  j 
sin  consideración. 

La  lubriciiad  es  una  influencia  sen- 
sible  de  esta  inclinación  sobre  los  mo 
vimientos indeliberados,  sobre  la  com* 
postura  6  continente  de  uno,  sobre  el 
gesto,  etc. 

La  laseina  es  la  manifestación  exte- 
rior de  esta  inclinación,  por  actog  w- 
tadiados  V  premeditados. 

Los  célibes  lujuriosos  son  el  azote 
más  peligroso  para  la  sociedad,  pues 
á  veces  alteran  su  físico  j  moral, 
Húvase,  como  del  escollo  más  terrible 
de  la  castidad,  de  la  compañía  de  las 
personas  que  tienen  el  rostro  y  los 
ojos  lúbricos  j  que  gastan  decir  cosas 
lascivas,  ^Uarch.) 

Li^  uñante.  Participio  activo  de 
lujuriar.  Bl  que  lujuria.  |  Adjetivo. 
Muy  lozano,  vicioso  y  lo  que  tiene 
excesiva  abnndancia. 

BroiOLOofA.  Lujuriar:  latín,  Mí- 
rÚMs,  lui^triantis,  íorm*  adjetiva  de 
lux&riiri,  Injuriar:  italiano,  msüria»- 
te;  francés,  luxuriant. 

Lujuriar.  Neutro.  Cometer  el  pe- 
cado de  lujuria.  |  Kn  los  animales, 
ejercer  el  acto  de  la  generación. 

Btiholooía.  Lujuria:  latín,  luxlí- 
riSri,  darse  al  lujo,  al  exceso,  á  la  de- 
masía en  el  porte  v  trato;  italiano, 
lussuriare;  catalán,  luguriar. 

Li^  ariosamente.  Adverbio  de  mo- 
do. Con  lujuria. 

EtiuoloqU.  Lujurvisa  y  el  sufijo 
adverbial  mente:  latín,  luséridsi;  ita- 
liano, Utssimosamente;  francés,  lusm- 
rieusewunt;  catalán,  lumsriosamñt, 

Li^nrioaisimo,  ma.  Adjetivo  su- 
perlativo de  lujurioso. 

Lujurioso,  sa.  Adjetivo.  Bl  dado 
ó  entregado  á  la  lujuria. 

Etiuoloqí  A.  Lujuria:  provenzal, 
luxurids;  catalán,  luxurüfs,  a;  francés, 
luxurieua;  italiano,  lussurioso,  del  la- 
tín luxUriosus,  forma  adjetiva  de  lu- 
xuría, lujuria. 

Lula.  Femenino.  Pescado  de  mar. 
En  las  costas  de  Galicia,  calamar. 

Lulio  (Raiuunoo).  Célebre  filósofo 
español,  que  nació  en  Palma  de  Ma- 
llorca hacia  el  año  de  1235  y  murió 
en  1315.  Pasó  la  primera  mitad  de  su 
vida  en  la  disipación  y  los  placeres; 
pero  á  los  30  años,  aunque  casado  y 
padre  de  familia,  renunció  al  mundo 
y  tomó  el  hábito  franciscano,  conci- 
biendo el  pensamiento  de  una  cruza- 
da espiritual,  destinada  á  convertir  á 
los  Ínfleles,  no  por  la  fuerza  de  las  ar- 
mas, sino  con  los  argumentos  de  la 
razón.  A  este  ñn,  estudió  las  lenguas 
orientales  y  todos  los  sistemas  fikisií- 
ficos,  inventando  uuo  nuevo  que  lla- 
mó Árs  magna  ó  gran  arte,  y  que  pre- 


LÜLI 


505 


sentó  como  método  único  para  llevar 
la  convicción  á  todos  los  espíritus.  Era 
éste  una  disposición  artificial;  pero 
muy  comprensible,  fundada  en  las 
reladones  de  los  conocimientos  entre 
sf ,  más  por  sus  nombras  y  sus  caali- 
dadei  extemas,  que  por  sa  fondo.  Su 
sistema  consistía  en  una  suerte  de 
sinoptismo  de  la  naturaleza  de  aquel 
á  que  los  oradores  antiguos  recurrían 
con  objeto  de  sustituir  el  mecanismo 
al  trabajo  intelectual.  Después  de  en- 
señar su  método  en  Montpellerf  en 
1267;  en  Roma,  en  1285;  en  París, 
en  1287,  y  en  Génova,  en  1289,  can- 
sado da  fas  repulsas  de  los  soberanos 

Í'  de  los  papas,  á  quienes  pedía  auxi- 
ios  para  su  cruzada  espiritual,  é  in- 
dignado, pero  no  desesperado,  por 
haber  oído  &  Benedicto  VlII  que  le 
calificaba  de  loco,  Lulio  resolvió  11»*' 
var  i  cabo,  sin  auxilio  de  nadie,  el 
apostolado  con  que  soñaba.  Con  tal 
resolución  partió  á  Túnez,  en  1292, 
y  allí  obtuvo  un  triunfo  completo  so- 
bre los  filósofos  aberrhoistas.  Desde 
allí  fué  á  Bona  y  Argel,  y  su  palabra 
no  dejó  de  tener  éxito;  pero  en  1315 
volvió  á  Túnez  y,  después  de  conse- 
guir apenas  dejarse  oír,  fué  muerto  & 

Sedradas  por  los  habitantes  de  la.  ciu- 
ad.  Un  l)uqne  genovés  recogió  su 
cuerpo,  llevándole  á  Mallorca,  donde 
fué  inhumado.  Muchos  han  querido 
hacer  de  Raimundo  Lulio  un  mártir; 
otros,  le  han  calificado  de  hereje,  v  no 
falta  quien  crea  que  Benedicto  VUI 
le  dio  su  verdadero  nombre.  Lulio 
escribió  sobre  todas  las  ciencias,  in- 
cluso la  ma^ia  y  la  cábala.  Sus  prin- 
cipales escritos  son:  Árs generalts  stve 
magna,  etc.,  que  comprende:  Ars  dc' 
monsírativa,  Ars  inventiva,  Árs  exposü 
tivo,  Árhor  sciencia,  Árs  brevis,  contra 
aberrhoistas,  libro  XII,  y  Lógica  nova. 
La  mejor  edición  de  sus  Obras  comple- 
tas es  la  de  Maguncia  (1721,  diez  vo- 
lúmenes en  folio). 

Reseña. — 1.  Bl  hombre. — La  tradi- 
ción, más  que  la  historia,  refleja  la 
vida  de  nuestro  ilustre  personaje.  Raí- 
uuNDO  Lulio  sufrió  terribles  desenga- 
ños, ^ue  acibararon  profundamente 
su  existencia,  dando  lugar  á  cierto 
frenesí,  tanto  idealista  como  poético 
y  religioso,  que  acabó  por  enseñorear- 
se de  aquel  noble  y  hermoso  espíritu. 
Sólo  un  alma  grande,  inmensamente 
grande,  puede  ofrecer  el  espectáculo 
prodigioso  de  tantas  luchas,  de  tan- 
tas pasiones,  de  tantos  pensamientos, 
de  tantos  sistemas,  de  tantos  errores 
y  de  tantas  verdades,  de  tantos  vicios 
y  de  tantas  y  tan  excelentes  virtudes, 
nabiéndose  elevado,  por  íospiracton 
inefable,  á  la  santidad  del  martirio. 
¿Deberemos  exhalar  una  queja,  no 
como  españoles,  sino  como  críticos 
imparciales?  La  historia,  dominada 
tal  vez  por  tas  ignorantes  preocupa- 
ciones del  siglo  XIV,  no  ha  hecho  jus- 
ticia al  inmenso  carácter  de  Raiuundo 
Lulio,  acaso  el  más  cumplido  y  el 
más  generoso  de  su  época. 

2.  El  Jilósofo. — Su  reputación  no 
tuvo  límites,  dominó  los  enteudimien* 
tos,  llenó  la  Buropa  y  Africa;  pero 


Towo  ni 


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506  LULI 


LUMB 


LUMI 


CAjó  para  no  dejar  otra  huella  que  un 
simple  recuerdo  en  los  anales  de  la 
éloaofía.  Tal  es  la  suerte  de  todo  pen* 
Sarniento  que  no  se  fonda  tanto  en  el 
concento  da  un  sistema,  como  en  el 
artificio  de  oombinaciones  empíricas. 
Paade  afirmarse  que  la  magia  7  la  cá- 
bala  mataron  la  filosofía  de  Raimundo 
LuLio,  á  quien  sobraba  intuición  para 
ser  filósofo,  si  así  puede  decirse;  fué 
un  ffran  filosofo  que  legó  al  mundo 
una  filoaofía  pequeña, 

3.  Bl  arejfente, — Era  un  cristiano 
tan  convencido  como  fervoroso;  com- 
prendió  jr  sintió  las  más  profundas 
rerdades  católicas  con  espíritu  de 
abnegación  j  de  apostolado,  viviendo 
más  en  la  metafísica  jr  en  la  esperan- 
za da  sa  fe  que  en  la  realidad  j  prác- 
tica del  mando.  En  cuanto  á  la  polí- 
tica externa  de  Roma,  las  obras  de 
nuestro  personaje  dejan  adivinar  que 
Raimundo  Lulio  estuvo  enfrente  de 
los  pontífices. 

4.  El  químico. — La  gloria  (}ue  sus 
tiempos  le  dieron  como  químico,  fué 
el  doble  anatema  de  hecaícería  jr  de 
impiedad.  Empeñado  nuestro  perso- 
naje en  la  obra  magna  de  la  Edad 
media,  U  trantmuíació»  de  los  metales, 
que  es  lo  que  se  llamaba  la  famosa 
piedra  Jlosofal,  empleó  la  destilación 
como  medio  para  obtenerla  y  fijó  la 
atención  sobre  los  productos  volátiles, 
cujos  descubrimientos  han  servido 
después  de  base  á  un  gran  número 
de  adelantos.  A  este  título,  los  sabios 
cuentan  á  Raimundo  Luuo  entre  los 
padres  de  la  química. 

5.  Elpoeta. — El  poema  Desconsue- 
lo es  la  más  alta  revelación  del  pode- 
roso espíritu  de  Raimundo  Lulio.  Eo 
aquellas  páginas  respira  un  arte  alen- 
tado, brioso,  embellecido  iofinitameo- 
te  por  la  sublime  tristeza  del  genio, 
porque  el  genio  se  vela  con  los  suspi- 
ros, como  se  vela  el  astro  con  los  ce- 
lajes, como  se  vela  con  una  gasa  el 
rostro  tímido  de  la  virgen.  Después 
de  leer  aquel  poema,  es  necesario 
amar  á  Raimundo  Lulio,  como  se 
aman  las  maravillas  del  dolor  y  de 
la  virtud.  Deteomueio  es  uno  de  los 
monumentos  de  la  literatura  del  si- 
glo xiv  j  la  primera  gloria  de  la  poe- 
sía de  los  miulorquiues. 

ti.  &u  /ama, — Entre  las  infinitas  j 
contradictorias  calificaciones  que  me- 
reció, dos  epítetos  han  sobrevivido  á 
las  alternativas  de  su  nombre,  ha- 
ciéndose históricos:  el  Doctor  ilumina- 
de  y  el  Beato  Raimundo  Lulio. 

7,  BiUiograJia.  —  Si  alguno  de 
nuestros  ilustrados  lectores  desea  sa- 
ber quién  fué  el  hombre  insigne  de 
esta  oiografia,  puede  ver  La  vida  y 
juicio  de  las  obras  de  Raimundo  Lulio 
por  M.  de  Gérard.  Hallará  las  noti- 
cias mencionadas  en  las  Memorias  de 
la  Áeadmia  Francesa  de  Jusctipeioues, 
desde  1814  á  1819. 

Lulismo.  Masculino.  Pilosojta. 
Sistema  de  Raimundo  Lulio,  filósofo 
místico  de  principios  del  siglo  xiv, 
conocido  particularmente  por  su  Arte 
compendiado  de  hallar  la  verdad.  Con- 
siste este  arte  en  la  formación  de  ra- 


zonamientos con  el  auxilio  de  letras 
j  figuras,  partiendo  de  cierto  número 
de  principios,  suministrados  por  la 
teología  j  la  escolástica.  No  faltan 
críticos  que  ven  en  el  sistema  de  Rai- 
mundo Lulio  una  mezcla  da  retórica 
j  cabala. 

ETiMOLoaÍA.  Lulio:  catalán,  luliem; 
francés,  lullisme. 

Lulista.  Masculino.  Partidario  del 
sistema  de  Lulio. 

ETU«>LoofA.  Lulitmo:  francés,  luí- 
liste. 

Lamadero.  Masculino.  Chrmania, 

Diente. 

Lumbago. Masculino.  Medicina, 
Dolor  reumático  en  los  lomos. 

ETiMOLoaÍA.  Latín  lumbago,  flaque- 
za de  los  ríñones,  forma  de  lumH,  los 
lomos:  francés,  lumbago. 

Lumbar.  Adjetivo.  Analomia.  Lo 
perteneciente  á  los  lomos  j  caderas.  | 
Plbxo  lumbab;  plexo  formado  por  la 
reunión  de  las  ramas  anteriores  de 
los  cinco  nervios  lumbares. 

Etimoloqía.  Lumbo:  francés,  lom- 
baire;  italiano,  lombale,  lombare. 

Lumbo.  Masculino  anticuado.  Lo- 
mo. 

EnuoLoofA.  Latín  lumbus,  lomo. 
Como  se  ve,  lumbo  es  una  palabra 
perfectamente  etimológica  ^  correc- 
ta; más  correcta,  mu  etimológica 
que  lomo. 

Lumbrada.  Femenino.  La  canti- 
dad grande  de  lumbre. 

Lumbrarada.  Femenino.  Ldmbea- 

DÁ. 

Lumbral.  Masculino  anticuado. 

Umbral. 

Etimología.  1.  Forma  evidente  de 
lumbre  ó  lumbrera,  pues  el  lumbral,  si- 
nónimo de  puerta  ó  entrada,  era  la 
lumbrera  de  la  casa.  Por  consiguien- 
te, lumbral  representa  un  derivado  de 
luz. 

2.  La  forma  moderna,  umbral,  sig- 
nifica la  idea  contraria,  puesto  que 
viene  del  latín  «»¿ra,  sombra.  La 
sombra,  lo  tmbrío,  principia  en  el 
umbral» 

3.  Para  los  antiguos,  exa  luz:  para 
los  modernos,  es  sombra. 

Lumbre.  Femenino.  El  carbón,  le- 
ña ú  otra  materia  combustible,  encen- 
dida. Q  Anticuado.  Vista,  por  la  fa- 
cultad de  ver.  [|  Anticuado.  Luz  de  la 
razón.  Q  Anticuado.  Ilustración,  noti- 
cia, doctrina.  ||  Luz.  ||  Metáfora.  Es- 
plendor, lucimiento,  claridad.  |[  Plu- 
ral. El  conjunto  de  eslabón,  jresca  7 
pedernal,  que  se  usa  para  encender 
LUMBRE.  I  ISn  las  armas  de  fuego  se 
llama  así  la  parte  del  rastrillo  q^ue 
hiere  al  pederoal.  9  La  parte  anterior 
de  la  herradura.  ||  del  aoua.  Supbhfi- 
CXB.  I  A  LUMBRE  DE  PAJAS.  Modo  ad- 
verbial familiar  coa  que  se  da  á  eo- 
tender  la  brevedad  j  poca  duración 
de  alguna  cosa.  |  A  lumbre  mansa. 
Modo  adverbial.  A  fuboo  lento.  U  Dar 
ó  no  dar  lumbrb.  Frase.  Arrojar  ó  no 
chispas  el  pedernal  herido  del  rastri- 
llo o  eslabón.  ||  Dar  lumbre.  Frase 
metafórica.  Conseguir  el  lance  ó  fin 
que  se  intentaba  coa  algún  disimulo. 
I  |j  Sbr  la  lumbrb  ds  sus  ojos.  Frase 


con  que  se  pondera  lo  mucho  qae  n 
estima  ó  ama  á  alguna  personaocon. 
J  Ni  por  lumbre.  Modo  adverbial. 
De  ningiin  modo.  |  Tocar  bn  la  ldu- 

BRB  6  BN  las  ni^kS  DB  LOS  OJOS.  Fflr 

se  metafórica  con  que  se  pondera  d 
sentimiento  por  la  pérdida  ó  el  dt&o 
q^ne  sucede  á  aquello  que  se  ama  ó  es- 
tima mucho. 

ETiMOLoaÍA.  Latín  luaUne,  abUtiro 
de  lumen,  lumbre. 

Lumbrera.  Femenino.  El  cuerpo 
que  despide  luz.  Q  Metáfora.  La  per- 
sona insigne  y  esclarecida,  (jae  coa 
su  virtud  y  doctrina  enseña  e  ilumi- 
na á  otros.  I  Tronera  ó  abertura  qu« 
se  hace  en  lo  alto  de  las  piezas  pan 
que  entre  la  Inx.  |  Anticuado.  Lív- 

PABA. 

EriMOLOaÍA.  Lumbre:  catalán  anti- 
guo,  iumerUt  lumi^a;  moderno,  Un- 
mauéra,  llumenera,  velón,  candelsbro; 
provenzal,  lumeira,  luwura;  francés, 
lumiére;  walón,  loamtre;  Hainaut,/n- 
müre;  burguiñón,  lemayre;  portugués, 
lumieira;  italiano,  lumiera» 

Lumbrerada.  Femenino.  Loinu- 

RADA. 

Lumbreria.  Femenino.  La  aeeión 
y  efecto  de  alumbrar. 

Lumbrical.  Adjetivo.  Relativo  ¿ 
las  lombrices;  propio  de  ellas  é  que 
tiene  alguna  de  sus  cualidades. 

Etimología.  Lombrit:  francés,  Ivm- 
bricai. 

Lumbricaria.  Femenino.  Bolawt- 
ce.  Género  de  algas,  cujos  órganos 
fructíferos  nacen  encerrados  en  U 
substancia  misma  de  la  planta. 

ETiMOLoaÍA.  Lumbrical,  por  seme- 
janza de  forma:  francés,  Unbrimtt. 

Lombricoidea.  Femenino  plunt. 
Lombriz  redonda,  de  unas  seisáocbo 
pulgadas  de  largo,  que  habita  en  lo» 
intestinos,  y  algunas  veces,  ea  lis 
visceras  huecas. 

Etimolooía.  Vocablo  híbrido;  del 
latín  Umbricus,  lombriz,  7  delgci^ 
eid<n,  forma. 

Reseña. —  Las  LUMBaicoiOBS  «  "it- 
nifiestan  particularmente  en  el  intes- 
tino de  los  niños.  Son  lo  que  laftmi- 
lia  llama  lombrices. 

Lnmbroso,  sa.  Adjetivo  anticua- 
do. Luminoso. 

Lumen.  Masculino  anticuado.  El 
sentido  de  la  vista. 

Etimología.  Latín  íwm«,  1»  Iw; 
esto  es,  la  luz  de  los  ojos,  la  vista. 

Lumia.  Femenino.  Ramera,  mujer 
de  malas  costumbres. 

Etimolooía.  Griego  Xmití»  (lem)- 
latín,  lamia,  bruja,  hechicera. 

Reseña. — Lamia  y  lumia  son  1»  mis- 
ma palabra  de  origen. 
¡    Lumiares  (conde  de).  Anticuwio 

Í'  literario  español,  que  nació  «°  **' 
encía  en  1741  j  murió  en  1808.  Des- 
cubrió las  ruinas  de  una  ciadad  que 
existid  en  el  lugar  que  hoy  ocup»  ^' 
calá  de  Chisbert 

Luminación.  Femenino  antieni- 
do.  Iluminación.  . 

Luminador,  ra.  Masculino  J  »- 
menino  anticuado.  Iluminador.  , 

Luminar.  Masculino.  Coalqu"*»^ 
de  los  astros  que  despiden  lú»  / 


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LUNA 


LUNA 


LUNA  507 


rídad.  Q  Activo  anticuado.  Iluminar. 

Etimolooía.  Latín  laminare:  cata- 
lia,  iluminar;  francés,  lumtHaire;  ita- 
liano, Itminare, — «Cualquiera  de  los 
astios  celestes  que  despide  de  sí  laz 
7  claridad.  Llámase  así  regularmea- 
te  el  sol  j  la  luna,  dándoles  el  nom- 
bre de  LimiNAR  mayor  y  menor.  Es  voz 
Utína.  Zumin*re,  t>.>  (Ac&dbuia,  Dic- 
cionario de  1726.) — «Se  llama  trasla- 
ticiamente al  varón  eximio,  cujas  sin- 
gulares virtudes  le  han  hecho  sobre- 
salir entre  los  demás,  constitujéndo- 
le  en  la  común  veneración,  jr  estimán- 
dole como  ornamento  y  esplendor  de 
la  repúblicai  6  como  astro  de  ella.» 
(Idem.) 

Luminaria.  Femenino.  La  luz  que 
se  pone  en  las  ventanas,  torres  y  ca- 
lles en  aeñal  de  fiestas  y  regocijos  pú- 
blicos. Bs  más  usado  en  plural.  Q  La 
luz  ^ue  arde  continoamente  en  las 
iglesias  delante  del  Santísimo  Sacra- 
mento. I  Germania,  Ventana,  l  Plu- 
ral. Lo  que  se  da  d  se  daba  á  los  mi- 
nistros y  criados  del  rej  para  el  gas- 
to que  deben  hacer  las  noches  que 
btv  luminarias  públicas. 

Btiuolooía.  Luminar:  catalán,  ¿2a- 
minuria;  italiano,  luminaria. 

Luminico.  Masculino.  Fltica.  El 
pñncipio  generador  de  la  luz  j  sus 
efectos. 

Luminosamente.  Adverbio  modal. 
De  un  modo  luminoso. 

BTiMOLOOfA.  Luminosa  y  el  sufijo 
adverbial  menU. 

Luminosidad.  Femenino.  Cuali- 
dad de  lo  luminoso. 

SinioLOofA.  LumvuMo:  francés,  /«- 
mnoñte'. 

Laminoso,  sa.  Adjetivo.  Lo  que 
drapide  luz. 

ETiuoLoaÍA.  Luz:  latín,  lúmindsus; 
italiano,  hminoto;  francés,  lumineux; 
proveuzal,  hminót;  catalán,  Uum%- 
nót,  ta. 

Lumne.  Femenino  anticuado.  Luz, 
UMBEB.  U  Anticuado.  El  sentido  de  la 
vista, 

EnuoLoofA.  Lumen. 

Lumnera.  Femenino  anticuado. 
Lumbrera,  luz,  guía. 

ExiuoLoaÍA.  ^mne. 

Lumnoso,  sa.  Adjetivo  anticuado. 
LuuiHoso. 

EnuoLoofA.  Lumne. 

Lumpeno.  Masculino.  Ictiologia. 
Especie  de  j>escado  del  género  labro. 

Etimología.  Cielépíero  lvsop  (mala- 
copieriffio)  de  los  naturalistas  france- 
ses: francés,  Umpé, 

Luna.  Femenino.  El  astro  más  cer- 
cano á  la  tierra,  que  alumbra  por  la 
noche.  Q  La  tabla  de  vidrio  cristalino 
de  que  ge  forma  el  espejo.  Q  Cualquie- 
ra de  los  vidrios  que  se  ponen  en  los 
auteojos,  Q  El  efecto  que  hace  la  luna 
fia  los  faltos  de  juicio  y  en  otros  en- 
fermos. Q  Provincial  Aragdn.  £1  patío 
«hierto  ó  descubierto.  ||  Oermania.  Ca- 
misa. \  Germauia.nodelu.  |  Plural  an- 
ticuado. Piezas  de  la  armadura  anti- 
íoft  para  defender  el  cuerpo.  [|  cbb- 
ciWTB.  La  LONA  desde  su  conjunción 
™ta  el  plenilunio,    con  cerco,  la- 

VAK>  U«NO;  BSTBBZ.LA  BN  USDIO,  LAVA- 


JO SBCO.  Refrán  con  que  se  da  á  en- 
tender que  la  oscuridad  de  la  luna  es 
señal  de  lluvia.  |  bh  llbno.  Luna 
LLENA.  Q  LLBNA.  La  LVHA  SU  el  tiempo 
de  SU  oposicidn  con  el  sol,  que  es 
cuando  se  ve  iluminada  toda  la  parte 
de  su  cuerpo  que  mira  á  la  tierra.  || 
líENQUANTB.  La  LUNA  dcsde  cl  pleni- 
lunio hasta  su  conjunción,  g  nubva. 
La  LUNA  en  el  tiempo  de  su  conjun- 
ción con  el  sol.  Q  Dejar  á  uno  A.  la 
LUNA  DE  Valencia,  ó  quedarse  k  la 
LUNA  DB  Valencia.  Frase  familiar. 
Frustrársele  las  esperanzas  de  lo  que 
deseaba  ó  pretendía.  B  Llenar  la  lu- 
na. Frase.  Llegar  á  la  oposición  con 
el  sol,  de  suerte  que  se  nos  manifiesta 
enteramente  iluminada.  |  Media  lu- 
na. Llámase  así  á  la  figura  que  pre- 
senta la  luna  al  principiar  á  crecer  j 
al  fin  del  cuarto  menguante.  Q  Metá- 
fora. El  imperio  turco.  Q  Especie  de 
fortificacida  qae  se  construye  delante 
de  las  capitales  de  los  baluartes  sin 
cubrir  enteramente  sus  caras.  ||  Hie- 
rro acerado,  en  forma  de  media  luna, 
y  colocado  en  la  extremidad  de  un 
asta  larga,  que  se  usa  en  las  plazas 
de  toros  para  desjarretarlos.  Q  Tenbr 
LU^«AS.  Frase  familiar.  Sentir  alguna 
perturbación  en  el  tiempo  de  las  va- 
riaciones de  la  luna. 

Etiuología.  Provenzal  luna,  lAuna: 
catalán,  Ihna;  francés,  lune;  picardo^ 
lAie,  leune;  burguíQón,  leugne;  italia- 
no, ¿una;  portugués,  ¿m,  del  latín 
lUnoy  que  representa  /Sc^iM,  nombre 
de  Juno,  diosa  (jue  presidía  á  los  par- 
tos; es  decir,  al  instante  de  dará  luz. 
Esto  demuestra  que  luHna  6  Una  es 
una  forma  de  lucir. 

Luna  (Alvaro  de).  Famoso  minis- 
tro y  favorito  del  rej  Don  Juan  II  de 
Castilla  y  conde  de  Santisteban  de 
Gormaz,  que  nació  á  fines  del  si- 
glo XIV  y  murió  en  1453.  Entró  muj 
joven  á  servir  en  la  cámara  del  rej  y 
poco  á  poco  le  ganó  la  voluntad,  de 
tal  modo  que  imposible  le  parecía  al 
monarca  dar  un  solo  paso  sin  contar 
con  el  favorito.  Durante  la  minoría 
del  rejr,  fué  desterrado  por  Catalina, 
su  madre;  pero  apenas  tomó  aquél  las 
riendas  del  gobierno,  le  volvió  á  lla- 
mar y  le  concedió  más  que  nunca  su 
favor,  enalteciéndole,  entre  otros  tí- 
tulos, con  el  de  condestable  de  Casti- 
lla. Kl  favor  del  monarca  despertó  la 
altivez  en  el  corazón  del  fovorito,  y 
después  de  cometer  los  majores  exce- 
sos, se  puso  abiertamente  en  contra 
de  los  nobles,  que  no  podían  ver  con 
buenos  ojos  su  elevación.  Estos,  tra- 
tando de  minarle  el  terreno,  se  coalí- 
garoo,  acusándole,  tal  vez  con  fun- 
damento, hasta  de  haber  puesto  sus 
ojos  en  la  reina.  La  ceguedad  del  mo- 
narca era  tanta,  que  no  sin  trabajo 
lograron  una  orden  de  destierro  con- 
tra DON  Alvaro,  que  cumplió  por  es- 

Sacio  de  año  y  medio;  pero  ií  cabo 
e  este  tiempo,  Don  Juan  II,  no  pu- 
diendo  pasar  sin  el  privado,  aprove- 
chando la  primera  ocasión  favorable, 
le  llamó  nuevamente  á  su  lado  v  le 
colmó  de  nuevos  favores.  El  condes- 
table empleó  entonces  toda  su  in- 


fluencia en  vengarse  de  sus  adversa- 
rios, alejando  de  la  corte  á  cuantos 

fiodían  hacerle  dafio,  empezando  por 
08  infantes  mismos.  Viéndose  en  la 
cumbre  del  poderío,  se  ere^d  invenci- 
ble, j  sus  tiranías  j  dilapidación  no 
tenían  límite,  quedando  completa- 
mente anulada  la  persona  del  monar- 
ca, pues  él  era  de  hecho  el  verdadero 
rey  de  Castilla.  Sin  embargo,  día  lle- 
gó en  que  el  mismo  Don  Juan  II 
hubo  de  cansarse  del  rudo  ^ugo  que 
se  le  imponía,  y  dió  oídos  a  los  que 
reclamaban  su  caída;  pero  no  que- 
riendo acceder  al  deseo  de  éstos,  que 
era  dar  la  muerte  al  favorito,  le  des- 
terró de  nuevo  á  sus  Estados.  Irrita- 
do DON  Alvaro,  mató  en  su  propia 
casa  á  Alfonso  de  Vivero,  ministro 
del  rej,  y  entonces  pudo  decirse  que 
firmó  su  sentencia.  Cercado  en  la  casa 
que  habitaba,  fué  conducido  á  la  for^ 
taleza  de  Portillo,  el  5  de  Julio  de 
1452,  donde  se  le  siguió  el  proceso; 
y  después,  á  Valladolid,  para  que  se 
cumpliera  en  él  la  sentencia  de  muer- 
te, á  que  se  le  había  condenado  y  que 
sufrió  el  jueves  5  de  Abril  de  1453. 
La  debilidad  del  rey  había  dado  ori- 

fen  á  sus  excesos  y  la  misma  debili- 
ad  dejó  que  se  le  diera  la  muerte. 
Su  dolor  fué,  sin  embargo,  tan  pro- 
fundo, que  no  tardó  mucho  en  seguir 
á  su  favorito,  no  faltando  historiado- 
res que  atribujan  su  muerte  á  la  me- 
lancolía que  dejó  en  su  alma  el  rudo 
castigo  que  se  le  había  obligado  á 
imponer  á  quien  había  distinguido 
tanto. 

Reseña, — 1.  Don  Alvaro  de  Luna 
fué  tan  valeroso,  tan  noble,  tan  gran- 
de,  en  el  cadalso,  que  su  muerte  ab- 
suelve su  vida. 

2.  El  genio  del  duque  de  Rivas, 
más  que  la  tragedia  de  la  historia, 
ha  inmortalizado  á  nuestro  personaje 
con  Don  Alvaro  ó  La  Puerta  del  sino^ 
que  ha  pasado  ai  teatro  de  Europa. 

Lnna  (Manuel  de).  Erudito  moris- 
co español  del  siglo  xvi.  Desempeñó 
el  car^  de  intérprete  de  Felipe  II  y 
tradujo  del  árabe  la  Hittoria  de  Jto- 
dñ^Ot  ^imo  rnt  de  io$  godos,  que  se 
atnbuje  á  Abul-Eeaem. 

Luna  (Rita).  Una  de  las  más  legí- 
timas glorias  de  la  escena  española  y 
de  las  actrices  que  más  poderosamen- 
te contribuyeron  á  desterrar  la  enfáti- 
ca manera  de  declamar,  que  deslucía 
nuestro  teatro.  Nació  en  Málaga  en 
1770  y  murió  en  Madrid  en  1832. 
Pisó  las  tablas  por  primera  vez  en 
1789,  á  los  veinte  años  de  edad,  en  un 
teatro  particular  de  la  corte;  y  mani- 
festó tan  excelentes  condiciones,  que 
fué  inmediatamente  contratada  para 
la  compañía  de  los  sitios  realea.  Bn 
atención  á  su  mérito,  mandd  el  conde 
de  Floridablanca  se  la  admitiese  como 
segunda  en  el  teatro  del  Príncipe, 
donde  al  poco  tiempo  oscureció  com- 
pletamente á  la  primera  dama,  Rosa- 
rio Fernández,  llamada  la  Tirana. 
Al  año  siguiente,  pasó  al  teatro  de 
la  Cruz,  dando  principio  con  la  repre- 
sentación de  Él  Desdén  con  el  desdén, 
y  contando  desda  entonces  una  serie 


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508  LUNE 


LUNO 


LUPA 


de  tríunftMi  no  interrumpidos.  Poco 
después,  renunció  de  repente  á  la  ea- 
cent,  sin  que  pudieran  torcer  esta  re- 
solución las  tenaces  ruegos  de  sos  in- 
finitos apasionados,  ni  pudiera  expli- 
carse el  motivo  de  tal  determinación, 
que  unos  atribuían  á  una  disensión 
con  el  corregidor  Mnrqaina,  t  otros, 
á  unos  amoros  desgraciados.  Sobresa- 
lió en  todos  los  géneros,  desde  las 
tragedias  de  Cienfoegos  á  los  saine- 
tes  de  don  Ramón  de  la  Cruz,  j  debió 
tín  parte  sus  triunfos  á  la  sencillez  j 
naturalidad  que  introdujo  en  el  arte, 
en  tiempos  en  que  dominaban  el  mal 
gusto  y  la  extravagante  exageración. 
3e  distinguió  también  por  su  caridad, 
que  ejerció  con  muchas  personas  ne- 
cesitadas; manifestó  siempre  aversión 
al  teatro,  á  pesar  de  la  gloria  que  le 
proporcionó,  j  nunca  quiso  casarse, 
oyéndosela  repetir  que,  en  caso  de 
hacerlo,  sólo  sería  con  persona  que 
pudiera  permitirla  abandonar  aquella 
profesión. 

Lunacillo,  to.  Masculino  diminu- 
tivo de  lunar. 

Lunación.  Femenino.  El  tiempo 
que  gasta  la  luna  desde  una  conjun- 
ción con  el  sol  hasta  la  siguiente. 

EtiuolooÍa.  Luna:  latín  de  san  Isi- 
doro, ISnaíto;  italiano,  luHcuione;  fran- 
cés, lunaúon;  provenzal,  hnaeiéf  luno' 
$é;  catalán  llu»aeüf. 

Lunada. Femeninoantíeoido.  Pbr* 

NIL. 

EnuoLOafi,.  Zuna,  por  semejanza 
de  forma. 

Lanado,  da.  Adjetivo.  Lo  qiie  tie- 
ne figura  ó  forma  de  media  luna. 

Lnnanco,  ca.  Adjetivo.  Se  aplica 
á  los  caballos  j  otros  cuadrúpedos 
que  tienen  un  anca  más  alta  que  la 
otra. 

ETiuoLoafÁ.  Lunada,  pernil. 

Lunar.  Masculino.  Mancha  natural 
en  el  rostro  ú  otra  parte  del  cuerpo,  jj 
Metáfora.  La  nota,  mancha  ó  infamia 
que  resulta  á  alguno  de  haber  hecho 
alguna  cosa  vituperable.  |  Adjetivo. 
Lo  que  pertenece  á  la  luna. 

EtuiolooU.  Litna,  aludiendo  á  las 
manchas  de  dicho  astro:  catalán,  Iht- 
«ar. 

'  Lunaria.  Femenino.  Piedra  pre- 
ciosa de  color  de  ceniza,  que  tiene  la 
figura  de  la  lana  nueva.  |f  Especie  de 
ñor. 

Lunario.  Masculino.  CAitiHDAaio. 
I  Anticuado.  Lunación. 

Etiuología.  Luna:  latín,  lündrit; 
italiano,  lunare;  francés,  lunaire;  pro- 
venzal,  lunar;  catalán,  Uunari. 

Lunático,  ca.  Adjetivo.  El  que 
padece  locura,  no  continua,  sino  por 
intervalos. 

EtiuolooU.  Lwm:  latín,  lünaíícui, 
en  el  Ui^esío,  loco  por  intervalos, 
oujra  demencia  se  atribuía  á  la  in- 
fluencia de  la  luna;  italiano,  lunático; 
francés,  innati^ue;  siglo  xiii ,  lunare; 
catalán,  llunáíicA,  ca. 

Lunecilla.  Femenino.  Cierto  dije 
en  forma  de  media  luna  para  adorno 
mujeril. 

Luneles.  Masculino  plural.  Bla- 
$Ón»  Cuatro  medias  lunas  notadas  cu 


el  escudo,  unidas  por  sus  puntas,  que 
forman  como  una  rosa. 

EtiholooÍa.  Lwm:  francés,  lunet. 

Lunea.  Masculino.  El  segundo  día 
de  la  semana. 

Etuiolooía.  Latín  lunx  diet,  día 
de  la  iuna,  consagrado  á  ella:  ita- 
liano, lunedi  (di-lune);  francés,  tun- 
dí (di-lun);  catalán,  dilluns,  como 

3uien  dice  di-Uuna.  —  «El  segundo 
ía  de  la  semana.  Tomó  el  nombre  de 
la  luna,  á  quien  los  egipcios  atri- 
buían el  dominio  de  la  primera  hora 
de  este  día.»  (Acadbmia,  Dieeionario 
de  im.) 

Luneta.  Femenino  anticuado.  El 
cristal  ó  vidrio  pequeño  que  es  la  par- 
te principal  de  los  anteojos.  Q  Adorno 
en  figura  de  media  luna,  que  usaban 
las  mujeres  en  la  cabeza  j  los  niños 
en  loa  zapatos.  ||  En  los  teatros,  cada 
uno  de  los  asientos  con  respaldo  j 
brazos,  colocados  en  filas  frente  al  es- 
cenario en  la  planta  inferior.  Hoy  se 
les  da  también,  j  más  generalmente, 
el  nombre  de  butacas.  ||  Plural.  Ar- 
quitectura. LUNBTO.  BOCATBJAS. 

EtiholooÍa.  Luna»  por  semejanza 
de  forma:  catalán,  Uuneía;  burgui- 
ñón,  lugnQte;  francés,  iunette;  italia- 
no, lunetla. 

Luneto.  Masculino.  Arquitectura. 
Bovedilla  en  forma  de  media  luna, 
abierta  en  la  bóveda  principal  para 
darle  luz. 

Lungo,  ga.  Adjetivo  aaticuado, 
Laboo,  oa. 
Etiuolooía.  Luengo, 
Lunica,  Ha,  ta.  Femenino  dimi- 
nutivo de  lana. 

Lunicola.  Adjetivo.  Habitante  de 
la  luna. 

Etimología.  Latín  lüna  y  colere,  ha- 
bitar: francés,  lunicole. 

Lunisolar.  Adjetivo.  Astronomía. 
Que  participa  de  la  naturaleza  de  la 
luna  y  del  sol,  en  cuyo  sentido  se  di- 
ce: cielo  LUNISOLAR.  fl  küO  LUNISOLAB. 

Año  calculado  por  la  revolución  de 
la  luna  y  la  del  sol.  J  Pbríodo  luni- 
SOLAB.  Período  de  532años,  producto 
del  ciclo  de  la  luna,  que  se  compone 
de  19  años,  multiplicado  por  el  ciclo 
del  sol,  que  se  compone  de  28. 

ETiuoLoalA.  Lwur  y  $okr:  francés, 
luni-solaire. 

Reseña. — 1.  Losañosdelos  atenien- 
ses eran  lünisolabbs,  lo  cual  expli- 
ca el  hecho  de  que  fuesen  alternati- 
vamente de  doce^  trece  lunacitmet.  Es- 
ta variedad  tenía  por  objeto  hacer 
coincidir  los  años  al  fin  de  diet  y  nae- 
ve  revolucione»  anuales. 

2.  El  período  lunisolab  se  llama 
también  periodo  dionisiano. 

Lunista.  Masculino.  El  que  cree 
en  los  efectos  é  influjo  de  la  luna. 

Lunne.  Adverbio  de  lugar  anti- 
cuado. Lbjos. 

ETikfOLOoÍA.  Lueñe. 

Lunnera.  Femenino  anticuado. 
Luz. 

EtiholooÍa.  Lunne. 

Luno.  Masculino.  Mitología.  El 
dios  Luno,  ó  sea  la  luna  adorada  bajo 
la  forma  de  varón.  (Tertuliano.) 

Etimología.  Latín  Lünut, 


Lúnula.  Femenino.  Ástronor^ia, 
Nombre  dado  á  los  satélites  de  Júpi- 
ter y  de  Saturno,  aludiendo  á  que  ha- 
cen las  veces  de  pequeñas  lunas.  I  úW- 
metria.  Figura  que  tiene  la  forma  de 
un  creciente,  espacio  comprendido 
entre  dos  arcos  de  círculo,  los  cuales 

ftresentan  la  convexidad  del  mismo 
ado,  cortándose  recíprocamente.  Q  LIj- 
NULAS  DE  Hipócrates  (el  matemático). 
Crecientes  que  forma  el  semicírculo 
construido  sobre  la  hipotenusa  de  un 
triángulo  rectángulo,  los  cuales  cor- 
tan los  dos  semicírculos  construidos 
sobre  los  dos  lados  del  ángulo  recto; 
de  donde  resulta  que  la  superficie  de 
aquellas  lúnulas  es  precisamente 
igual  á  la  del  triángulo.  ||  Anaiomia, 
Mancha  blanca,  semilunar,  que  se 
echa  de  ver  hacia  la  base  de  la  nfia, 
donde  la  raíz  se  hande  en  el  pliegue 
de  la  piel ,  llamada  matrw  mt^utwl.  La 
simple  vista  basta  para  distinguirla 
con  toda  precisión.  |  Conquilioloffia, 
Depresión  que  se  nota  en  el  centro  de 
la  parte  exterior  de  algunas  conchas 
bivalvas,  como  la  almeja.  Q  Antigüe- 
dades  romanof.  Adorno  que  llevaban 
en  el  zapato  los  p&tricios,  como  señal 
de  su  nobleza.  (San  Isidoro.) 

EtiuologÍa.  Latín  Hnila^  dimina- 
tívo  de  lüna:  francés,  lunuU;  italiano, 
lúnula. — tTe'rmino  de  geometría*  Figu- 
ra curvilínea,  contenida  en  la  mitad 
de  la  circunferencia  de  un  círculo,  y 
la  cuarta  parte  de  otro,  que  se  uneu 
por  sus  extremos  y  forman  la  figura 
al  modo  de  la  luna  oornieulafii,  de 
donde  tomó  el  nombre  de  Lúnula*» 
(ACADsuiA,  Diccionario  de  1726.) 

Lunulado,  da.  Adjetivo.  Historia 
natural.  En  forma  de  creciente;  en  cu- 
yo sentido  se  dice:  Mña  lunulada. 

Etimología.  Luna:  latín,  lünSius, 
hecho  á  modo  de  luna;  fíancés,  luné, 
lunule'. 

Lúnulas.  Nombre  que  se  dió  á  los 
vidrios  convexos. 

STiHOLOofA*  Lúnula». — «Se  llaman 
también  en  la  Dióptrica  las  lentes  que 
son  por  un  lado  cóncavas,  y  por  el  otro, 
convexas.  Llámanse  también  menit- 
cos.»  (AcADBHiA,  Dieciotuuiodg  17S6,  J 

Lunúleo,  lea.  Adjetivo.  Lunu- 
lado. 

Lúnulo.  Masculino.  Ictiología. 
Nombre  del  pez  labro. 

EtiuoloqÍa.  Lúnula,  por  semejanza 
de  forma. 

Luñe.  Adverbio  de  lugar  anticoa— 
do.  Lejos. 

EtiholooÍa.  Lueñe. 

Luogo.  Adverbio  de  tiempo  anti- 
cuado. LUBOO. 

Lupanar,  Masculino.  Burdel. 

EtiholooÍa.  Latín  lupa,  loba  y  ra- 
mera, líipanar,  casa  de  mancebía,  en 
Quintiliano;  lúpánSrÍ»m,  en  el  juris- 
consulto Ulpiano:  francés,  lupanar. 

Reseña  hÍ8tórica.~-\.  Parece  ser  4)tte 
el  nombre  de  lupa,  loba,  en  el  sentido 
de  ramera,  se  tomó  de  Lupa,  mujer 
del  pastor  Faústulo,  Acá  Larencia 
(Acca  Larentiaj,  famosa  por  su  vida 
desordenada  y  disoluta. 

2.  Desde  entonces  se  llamaron  lu- 
pas ó  lobas í\&s  mujeres  de  mal  vivir. 


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LUPE 


LUPI 


LUQU  509 


las  cmles  habitaban  los  bosques  j  las 
orillas  de  los  ríos,  en  unas  guaridas 
llamadas  lÚparía,  que  es  como  si  nos- 
otros dijéramos  hoerat. 

3.  Estas  loberas  primitivas  se  tras- 
ladaron lue^  á  las  ciudades  y  se  de- 
nominaron lupanar. 

4  Se^ún  se  lee  en  la  famosa  aren- 
ga de  Cicerón  (pro  Calió  R^/^),  los 
LUPAHUBS  eran  casas  públicas  de 

SrostitueiÓDt  permitidas  jr  autoriza- 
as  por  el  Gobierno. 

5.  Esta  torpe  íadastria  floreció 
grandemente  en  la  ¿poca  de  Calígula 
y  de  Tiberio»  cajos  emperadores  es- 
tablecieron en  sus  propios  palacios 
LDPAKAUs  magníficos,  habitaciones 
lujosamente  aderezadas,  adonde  con- 
enrrianlasmancebasde primer  rango. 

6.  Bl  LUP4NAB  más  célebre  que  se 
conoce,  existid  en  Italia  (isla  de  Ca- 

f ir  i,  cerca  de'Nápoles,  la  Cdprem  de 
os  latinos),  en  donde  únicamente  se 
permitía  la  entrada  al  que  iba  provis- 
to de  ciertas  medallas  de  bronce,  lla- 
madas tpintrianos. 

7.  Los  LUPANxsBS  Ostentaban  enci- 
mi^  de  las  puertas,  á  guisa  de  escudo 
de  armas,  unos  falos  ó  pHapos  de  pie- 
dra (miembros  TÍriles);  algunos  de 
ellos»  primorosamente  labrados.  Estas 
Upidas  eran  la  enseña  de  las  casas 
de  prostitncidn,  como  nna  rama  fué 
la  enseiia  de  nuestras  casas  de  man- 
cebía, de  donde  viene  la  palabra  ra- 
mera. 

8.  El  gran  pintor  Parrhasio  fué  el 
que  piató  los  admirables  cuadros  es- 
candalosos que  decoraban  los  lupana- 
KBS  de  Tiberio. 

9.  La  degradación  del  emperador 
Heliogábalo  rajó  hasta  el  punto  de 
castigar  con  pena  de  muerte  todo 
agravio  inferido  á  ana  mujer  pública. 

10.  Nótese  una  concordancia  sin- 
galar;  los  romanos  las  llamaron  lupa, 
tobas,  como  nosotros  las  llamamos 
fom». 

Lttpanarió,  fia.  Adjetivo.  Lo  per- 
taneciente  al  lupanar. 

Btiholoqía.  Zupanar:  latín,  líplt- 
sirííw,  el  que  tiene  un  burdel. 

Lnpea.  Femenino.  Zoología.  Géne- 
ro de  crustáceos  nadadores. 

EniMOLOofA.  Latín  Ivtpus,  lobo. 

Luperca.  Femenino.  Mitología. 
Diosa  entre  los  romanos,  que  se  cree 
ser  Lupa,  ama  de  leche  de  Rómulo  j 
Remo,  la  misma  que  Acca  Larentia, 
Acá  Larencia.  ||  Una  sacerdotisa  de 
Pan.  (Lactancio.) 

BrniOLOofA.  Luperce:  latín  Lvpér- 
ca. 

Lapercales.  Femenino  plural. 
Fiestas  que  en  el  mes  de  Enero  cele- 
braban los  romanos  en  honor  del  dios 
Pan. 

EriuoLoaÍA.  Luperco:  latín,  Ivptr- 
catta  (Cicerón):  francésj  lupercales. 

Historia  antigua.- — 1.  Fiestas  del 
dios  Pan,  celebradas  antiguamente 
en  Roma,  el  15  de  las  kafendas  de 
Marzo  (15  de  Febrero),  por  los  luper- 
en.  Asemejábanse  al  lupercal,  desnu- 
dos, con  un  ceñidor,  j  ungidos  de 
aceite. 

2.  El  flamen  dial  inmolaba  al  dios 


Pan  una  cabra  v  un  perro.  El  rej  de 
los  sacrificios  que  presenciaba  la  cere- 
monia, tocaba  la  frente  de  cada  luper- 
co, con  un  cuchillo  teñido  en  la  san- 
gre de  las  víctimas,  cujos  pies  j  otros 
despojos  se  distribuían  entre  los  lu- 
percos,  los  cuales  pegaban  con  ellos  á 
cuantos  encontrabau  en  su  camino. 

3.  Las  mujeres  presentaban  las  ma- 
nos á  esta  flagelación,  crejendo  que 
tenía  la  virtud  de  hacer  fecundas  á  las 
estériles  j  de  proporcionar  á  las  pre- 
ñadas un  parto  feliz. 

4.  Puede  decirse  que  las  lupbhca- 
LBS  eran  mis  antiguas  que  Roma. 
Fueron  en  su  origen  un  sacrificio 
campestre,  instituido  por  Evandro,  en 
honor  del  dios  Pan,  j  sobre  el  monte 
Palatino.' 

5.  Después  fueron  una  fiesta  puri- 
ficativa de  la  ciudad,  aunque  esto  no 
se  explique  más  que  por  caer  en  el 
mes  de  Febrero. 

6.  La  fiesta  tumultuosa  que  seguía 
al  sacrificio,  j  á  que  se  unía  la  ju- 
ventud más  distinguida,  como  tam- 
bién los  magistrados  j  hasta  los  ni- 
ños, ocasionó  desórdenes  en  la  época 
de  las  guerras  civiles,  que  precedie- 
ron al  imperio;  j  estas  fiestas  cajeron 
en  desuso,  aunque  Augusto  las  resta- 
bleció posteriormente  con  todos  los 
antiguos  ritos. 

7.  Consignemos, para  terminar,qae 
las  LUP8RCALKS  uo  fuerou  completa- 
mente abolidas  hasta  el  siglo  vi  de 
nuestra  era,  por  el  papa  Gelasio. 

8.  Se  denominaban  l&percalia,  por 
estar  consagradas  á  Lupercus,  sobre- 
nombre del  dios  Pan. 

Laperco.  Masculino.  Mitología. 
Sobrenombre  del  dios  Pan. 

EriifOLOofA.  Latín  L^percust  de  l^ 
pus,  lobo,  j  arcere,  apartar  rechazar; 
«que  rechaza  6  ahujentalos  lobos.» 

Reseña  histórica, — El  dios  Pan  tomó 
el  sobrenombre  d«  Lupebco,  porque 
se  crejó  que  alejaba  los  lobos,  de  don- 
de tomaron  origen  las  fiestas  llama- 
das lupercales. 

Lupercos  (los).  Masculino  plural. 
Historia  antigua.  1.  Flámines  del  dios 
Pan,  en  la  autigua  Roma,  cuja  insti- 
tución data  del  rej  Evandro.  Se  ig- 
nora su  número,  si  bien  se  sabe  que 
formaban  dos  colegios;  uno,  de  los 
gutníianos;  j  otro,  de  fabianos. 

2.  Estos  flámines  eran  los  que  ce- 
lebraban las  lupercales. 

3.  En  la  época  de  la  dictadura  de 
César,  fué  instituido  por  éste  un  ter- 
cer colegio;  6  por  sus  adictos,  en  su 
honor,  bajo  el  nombre  de  julianos. 
Pero  este  colegio  debió  ser  de  efímera 
existencia,  pues  no  parece  haber  so- 
brevivido á  su  patrono. 

Lupia.  Femenino.  Tumor  duro  j 
glanduloso,  causado  de  humores  grue- 
sos. 

Etimología.  L  Latín  lupa,  loba:  ca- 
talán, llúpia;  Berrj,  loube;  dialecto 
de  Coire,  tuppe;  francés,  ioupe;  italia- 
no, lopia,  lupia.  (DíBZ.) 

II.  Abonan  esta  etimología: 

1.  *  Todas  las  formas  del  romance. 

2.  *  El  español  lobanillo,  sinónimo 
de  lupia. 


3,  *  El  francé;  lupus,  forma  latina 
de  loup,  lobo,  aplicado  á  toda  úlcera 
corrosiva. 

4.  '  El  alemán  WotgetckmtUttUimot 

de  lobo. 

Lupicia.  Femenino  antisoado. 

Alopbcía. 

Lúpico,  ca.  Adjetivo.  Que  partíci> 
pa  de  la  naturaleza  de  la  lupia. 

Lupifero.  Masculino.  El  que  lle- 
vaba el  estandarte  de  la  Iglesia  ro- 
mana. 

EtiuoloqÍa.  Latín  l&put,  lobo,  j 
/erre,  llevar. 

Lupino.  Uaseulino  anticuado.  Al- 
tramuz. 

EriMOLoaÍA.  Francés,  lupiu:  itidia- 
no,  lupino,  del  latín  lúplnuSf  forma 
de  lupus,  lobo,  porque,  siendo  una 
semilla  amarga,  sólo  parece  buena 
para  que  la  coman  los  lobos.  El  ale- 
mán Volfthohne,  haba  de  lobo,  no  per- 
mite dudar  acerca  del  sentido  de  esta 
etimología. 

Lapino,  na.  Adjetivo.  Pertene- 
ciente al  lobo  Ó  que  es  propio  de  él. 

BriMOLoaÍA.  Xwjfíao.— cLo  que  es 
propio  de  los  lobos,  como  manía  lu- 
pina, furor  LÚPINO.  Sale  del  latino 
Lupinus.»  (AcAOBMU,  Dieeümario  de 

me.) 

Lapo  (P.  SuTiLio).  Retórico  j  ora- 
dor. Floreció  en  el  siglo  i  déla  era 
cristiana  j  fué  contemporáneo  de  Au- 
gusto j  Tiberio.  Nos  dejó  un  tratado 
de  retórica,  que  tiene  por  título:  De 
fguris  sententiarum  eí  elocutionum  li- 
¿rí  //.  (Db  MiauBL  j  Morantb.) 

Lupón.  Masculino.  Especie  de  por- 
celana. O  Nombre  que  dio  Adanson  á 
una  especie  de  concha.  Créese  que  es 
lüOfprea  Iota,  de  Linneo. 

¿TiMOLOQÍA.  Francés  hpon» 

Lupulado,  da.  Adjetivo.  Hiitoria 
natural.  Parecido  al  altramuz. 

Etimolooía..  Lupino, 

Lapalina.  Femenino,  ^imiea. 
Nombre  que  se  dió  á  cierto  polvo 
amarillento  dorado,  resiniforme,  aro- 
mático j  amargo,  que  se  encuentra 
en  la  épica  de  la  madurez  en  la  base 
de  la  superficie  externa  de  las  brác- 
teas  donde  están  formadas  las  pifias 
del  lúpulo. 

ETiuoLoaÍA.  Lúpulo:  francés,  ¿ajw- 
line. 

Lúpulo.  Masculino.  Botánica, 
Planta,  hombrecillo. 

Etimología.  Latín  lupUus,  dimi- 
nutivo de  lupus,  lobo;  «nombre  técnico 
del  hombrecillo:»  francés,  lupulin;  ita- 
liano, luppolo;  catalán,  llúpol. 

Luquéa,  sa.  Adjetivo.  Lo  pertene- 
cíente  á  la  ciudad  de  Luca  j  el  natu- 
ral de  ella.  Se  osa  también  como  sus- 
tantivo. 

1.  Luquete.  Masculino.  La  rue- 
decita  de  timón  ó  naranja  que  se  echa 
en  el  vino  para  que  tome  aquel  sa- 
bor. 

Etiuolooía.  Arabe  lujuet,  Ivgueía, 
«cosa  de  ningún  valor,»  ra  nullins 
pretii:  catalán,  Iluguet. 

2.  Luquete.  Blascnlino.  Pajuela» 
para  encender. 

Etimología.  Arabe  al-nxmgmeid,  di^ 
minutivo  de  al-waguid,  pajuela. 


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510  LUST 


LUST 


LUTA 


^««Jltf.— Ndteiequs  el  antig^ao  alu- 
^«¿«Tafytui^uiWa  represen  tanla  misma 
voz  de  origen, 

Lurío.  Masculino  americano.  Ton- 
to, presumido  de  buen  mozo  sin  fun- 
damento. 

Larts.  Masculino.  Provincial  Ara- 
gón. La  masa  de  nieve  que  suele  des- 
prenderse de  las  cumbres  y  caer  á  los 
valles,  á  la  cual  en  otros  puntos  de  la 
misma  provincia  llaman  alud. 

Lusco,  ca.  Adjetivo  anticuado.  El 
que  es  tuerto  ó  bizco  6  ve  muj  poco. 

ETiuoLoaU.  Latín  liucus,  tuerto; 
Insdinus,  lusciüttu,  corto  de  vista:  cata- 
lán, lluseOf  a;  provenzal,  lose;  walón, 
¿m';  namurés,  lutk;  francés,  louehe; 
italiano,  Uueo. 

Reseña. — Latín  luscus,  qae  ae  inter- 
preta Iwiieeus;  esto  es,  eui  lux  secta  est, 

?ue  tiene  la  vista  cortada,  atravesada. 
MONLAU.) 

Lusiadas  (los).  Masculino  plural. 
Título  del  poema  de  Luis  de  ComQens 
sóbrelas  aventuras  de  Vasco  de  Ga- 
ma, á  quien  ae  debe  el  descubrimien- 
to del  Brasil.  (Véase  nuestro  artículo 
CamSkvs.) 

EniiOLOofA.  Luso. 

Lusitania.  Femenino.  Ge^rafia. 
Una  de  las  tres  partes  de  la  España 
anti^^a;  hoj,  Portugal. 

Btimoloqía.  LatlUnia,  de  Züsus, 
Luso,  fundador  del  pueblo  portugués. 

Lluitano,  na.  Adjetivo.  Lo  perte- 
neciente á  la  Lusitania  j  el  natural 
de  este  reino. 

Etiuología.  LusitaHta:  latín,  liUi- 
íanus,  singular;  lUsiíani,  plural.  (Pli- 

NIO.) 

Luso.  Masculino.  Poética.  Lusi- 
tano. 

Lustra.  Femenino.  Cepillo  de  cer- 
das que  sirve  para  remojar  las  márra- 
gas y  la  chapa, 

Btimolgoía.  Lustrar. 

Lustrable.  Adjetivo.  Que  puede 
ser  lustrado. 

Liwtración.  Femenino.  Politeís- 
mo* Ceremonia  que  usaban  los  paga- 
nos en  los  sacrificios  de  expiación  para 
purificar  las  personas,  las  casas  y  las 
ciudades,  cuando  creían  que  estaban 
inmundas. 

ETiMOLoafA.  Griego  Xtíu  (lúdj, 
pagar,  desatar:  latín,  ¿u^£,  pagar  j 
rociar:  lustrare,  purifícar;  lustratfo, 
puriñcaciiín  por  medio  de  sacrifício, 
forma  sustantiva  abstracta  de  litslra- 
Au,  purificado;  catalán,  llustració; 
francés,  lutíratio»;  italiano,  Ivstra- 
si<me. 

Reseña  histórica, — I.  Purificación 
pública  6  privada,  practicada  por  los 
antiguos,  que  consistía  en  sacrificios 
ó  en  prácticas  en  que  se  empleaba  el 
fuego,  el  azufre  y  el  agua,  ó  los  per- 
fumes. 

2.  La  LusTRACiÓN,  que  era  todonn 
rito  dé  la  gentilidad,  se  verificaba  res- 
pecto de  ciudades,  de  ejércitos,  per- 
sonas, campos  y  ganados,  dando  lu- 
gar á  multitud  de  ceremonias  y  de 
tiestas,  como  las  ambamales,  amburbia- 
les,  denicales,  funerales,  juegos  secula- 
res, lustro,  días  hisíricos,  y  otras  mu- 
chas que  fuera  prolijo  enumerar.  Si 


así  puede  decirse,  el  agua  lustral  era 
el  bautismo  de  loi  gentiles. 

Lastrado,  da.  Participio  pasivo 
de  lustrar. 

ETiyoLOoÍA.  Latín  lustratus,  parti- 
cipio pasivo  de  lústrtiret  lustrar:  fran- 
cés, lustré. 

Lustrador,  ra.  Masculino  j  feme- 
nino. El  que  lustra.  |  Masculino.  En 
las  fábricas  de  cristales,  rejillita  forra- 
da de  sombrero  para  quitar  las  man- 
chas á  las  lunas  de  los  espejos.  |  Má- 

2uina  de  dos  cilindros,  que  con  ajuda 
e  un  tercero  y  de  un  brasero,  suavi- 
za los  hilos  y  da  lustre  á  la  tela. 

Lustoal.  Adjetivo.  Politeísmo.  Se 
aplica  al  agua  con  que  ae  rociaban  las 
victimas  y  otras  cosas  que  se  usaban 
en  las  lustmoíones  y  sacrificios  gen- 
tílicos. 

ETiuoLoaÍA.  Lustradón:  latín,  lus- 
íralis;  italiano,  lústrale;  francés,  lus- 
tral; catalán,  llustral. 

Lústrales.  Antigüedades  romanas. 
Fiestas  acompañadas  de  sacrificios  ex- 
piatorios, instituidas  en  Roma  en  épo- 
ca muj  remota.  El  espacio  de  tiempo 
que  media  de  una  fiesta  á  otra,  se  lla- 
maba lustro,  7  era  generalmente  cada 
cinco  afios. 

EriuoLOOfA.  Lustral:  latín,  lusírá- 
tía,  forma  de  hstr&lis,  lo  pertenecien- 
te á  la  lustracidn. 

Lustramiento.  Masculino.  La  ac- 
ción de  ilustrar  6  condecorar  &  al- 
guno. 

Lustrar.  Activo.  Politeísmo.  Ex- 
piar y  purgar  con  sacrificios,  ritos  y 
ceremonias  gentiles  las  cosas  que  se 
creían  impuras.  ||  Dar  lustre  y  brillan- 
tez á  alguna  cosa;  como  á  loa  metales 
y  piedras.  Q  Andar,  peregrinar  por  al- 
gún reino  ó  provincia. 

KnuOLOOÍA.  Lustracidn:  latín,  lus- 
trare; italiano,  lustrare;  francés,  l%s- 
trer. 

LustratÍTO,  va.  Adjetivo.  Que  co- 
munica lastre. 

Lustratorio,  ría.  Adjetívo.  Lus- 
TRATivo.  9  Propio  de  la  lustración, 

Lusbre.  Uasculino.  El  brillo  de 
las  cosas  tersas  6  bruñidas.  |  Metáfo- 
ra. Esplendor,  gloria.  Q  Anticuado. 
Lustro. 

Etiuolooía.  Lustrar:  catalán.  Ilus- 
tre. 

Sinonimia.  Lustre,  brillo,  resplan- 
dor, esplendor.  El  lustre  procede  de  la 
luz  reflejada  por  una  superficie  bar- 
nizada ó  bru&ida;  el  brillo,  del  cuerpo 
luminoso.  Resplandor  es  el  brillo  in- 
tenso qne  apenas  pueden  sostener  las 
miradas  del  hombre;  esplendor  es  el 
brillo  esparcido  en  una  vasta  superfi- 
cie. Los  derivados  de  estos  nombres 
corresponden  á  su  significación.  Son 
lustrosos  la  ma^or  parte  de  los  meta- 
les; brillan  los  astros,  los  meteoros, 
la  fosforescencia  de  las  olas  del  mar; 
resplandecen  el  sol,  la  luz  eléctrica, 
los  grandes  incendios;  y  llamamos 
espléndido  i  un  espectáculo  grande- 
mente iluminado.  Algunos  de  loa  uses 
metafóricos  de  estas  voces  conservan 
su  seutido  original.  Decimos:  «el  ¿us- 
íre  de  la  saogr-;,»  como  si  quisiéra- 
mos dar  á  entender  que  la  gloria  y  las  I 


virtudes  de  los  progenitores  se  refle- 
jan en  su  descendencia.  Decimos  que 
el  mérito  hrilla  por  sí  mismo;  j  ha- 
blamos de  talentos  y  de  cualidades 
brillantes.  En  el  lenguaje  cortesano  es 
común  aludir  al  resplandor  del  tro- 
no. Son  espléndidos  los  bailes,  los 
convites,  las  ceremonias,  en  que  se 
hace  alarde  de  la  riqueza  y  del  lujo. 
(Mora.) 

Lustrecíco,  Uo,  to.  Masculino  di- 
minutivo de  lustre. 

Lústrico  (día).  Sisíoria  antigma. — 
I,  Era  a(^uél  en  que  se  purificaba  un 
niño  recien  nacido,  entre  los  antiguos 
romanos,  y  se  le  ponía  nombre;  lo 
lue  podría  llamarse  hoj  el  dia  del 
Sautko. 

2.  Celebrábase  el  octavo  día  del 
nacimiento,  para  los  varones;  y  el 
noveno,  para  las  hembras.  La  cere- 
monia se  celebraba  en  presencia  de 
toda  la  familia. 

3.  Una  parienta  anciana  frotaba 
con  saliva  la  frente  y  los  labios  del 
niño,  estrechaba  sus  labios  y  le  decía 
ciertas  fórmulas,  deseándole  toda  cla- 
se de  prosperidades. 

4.  Después  se  inscribía  al  recién 
nacido  en  el  libro  público  de  naci- 
mientos, pues  aun  esta  práctica  de 
nuestros  tiempos,  como  tantas  otras 
que  no  habrán  pasado  desapercibidas 
a  nuestros  ilustrados  lectores,  tieneu 
sns  raíces  en  la  antígüedad  clásica. 

Lústrico,  ca.  Adjetivo.  Poética. 
Lo  que  pertenece  al  lastro. 

EriMOLoaÍA.  Lustro:  latín,  hu^í- 
cus;  catalán,  lústrich,  ca. 

Lustrina.  Femenino.  Tela  de  seda 

f parecí  da  á  la  griseta,  pero  de  más 
ustre. 

ETiyoLoaÍA.  Lustre:  francés,  Ium- 

trine. 

Lustro.  Masculino.  El  espacio  de 
cinco  años,  ó  de  cuatro,  según  algu- 
nos. I  Lámpara  ó  araña  de  alumbrar. 
|]  Mitología.  Sacrificio  expiatorio  que 
tenía  lugar  después  de  la  matrícula 
del  pueblo,  cada  cinco  afios. 

Btiuolooía.  Lustraeién:  latín, /im- 
írum;  italiano  j  catalán,  lustro;  fran- 
cés, lustre. 

Reseña. — Politeísmo  romano.hvsTHO 
se  llamó,  entre  los  antiguos  romanos, 
al  espacio  de  cinco  años,  época  en 
que  se  hacía  lo  que  llamaríamos  hoj 
el  censo  de  los  ciudadanos,  que  se  ter- 
minaba por  un  sacrificio  purificatorio 
de  todo  el  pueblo,  y  era  lo  que  se  de- 
nominaba cerrar  el  lustro.  Cuando 
se  omitía  el  hacer  el  censo,  6  cuando 
las  circunstancias  eran  desgraciadas, 
no  se  celebraba  la  clausura  del  lus- 
tro. 

Lnatrosamenta.  Adverbio  de  mo- 
do. Con  lustre. 

Etiuolooía.  Lustrosa  y  el  sufijo  ad- 
verbial mente. 

Lustroso,  sa.  Adjetívo.  Lo  que 
tiene  lustre. 

ETiuoLoafA.  Lustre:  catalán,  11**" 
trós,  a;  lustros,  a. 

Lutación.  Femenino.  Química.  La 
acción  de  embarrar  ó  tapar  las  vasi- 
jas con  el  luten. 

ExiMOLoaÍA.  Latín  ^íum»  lodo,  li~ 


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LUTE 


LUTE 


LUTE  511 


mo;  litare,  embarrar,  en  Catdni  sal- 
picar de  lodo.  eD  Marcial:  francés,  lu- 
Ur;  italiano,  luíare. — El  italiano  tie- 
ne luttíura,  j  el  francés,  luíaíion. 

Lutado,  da.  Adjetivo  antíoaado. 
Enlutado. 

Lntar.  Aetíro.  QMimica.  Tapar  va- 
nju  con  laten  6  aplicarlo  &  las  juntu- 
na  para  que  no  n  salga  lo  que  con^ 
tienen. 

ETiuoLoafA.  ZvteCMAt. 

Lntarío,  ria.  AdjetÍTo.  BittorU 
Mtwrat.  Que  TÍve  en  u  lodo. 

ETiHOLOofA.  Lutaeiéñ:  latín,  lula- 
rius,  lo  que  títo  en  el  cieno.  (Pli- 
mo.) 

Lútea.  Femenino.  Ave  peqaeQa, 
enemiga  de  la  llamada  pipo,  cujros 
hneTOS  procura  destruir;  así  como  el 
pip<)  lo  nace  también  con  los  de  ella. 

EnuoLoaU.  Latín  lUíeut,  amarillo, 
forma  adjetiva  de  luíum,  barro:  lutba 
p*tiúf  piel  cetrina. 

Lnten.  Masculino.  Qitfmú».  Mez- 
cla de  clara  de  huevo,  mortero  6  cosa 
semejante  con  que  se  tapan  las  aber- 
turas j  juntuns  de  los  vasos  quími- 
cos. 

EriHOLoafA.  Lútea:  latín,  lúíeum. 
Tema  de  huevo. 

Lúteo,  tea.  Adjetivo.  Cenagoso.  U 
Vil.  l  LuTBOLADO.  B  Masculino.  Nom- 
bre  eientífíco  de  la  ^ema  del  huevo. 

Etiuolooía.  ZuíaetÓH:  Utín,  HUeus, 
lo  que  es  de  lodo. 

Luteo-gálico.  Adjetivo.  Quimica. 
iciDO  LUTBO-GÁLico.  Principio  colo- 
rante amarillo  de  la  nuez  de  agalla. 

Etiuoloqía  .  Francés  l%t4o-gaUique; 
del  latín  lü^us,  amarillo,  j  el  fran- 
cés aatliqiu,  forma  adjetiva  de  yaí/«, 
igalla. 

Luteolado,  da.  Adjetivo,  ffistoria 
nafytml.  Que  tiene  ú  color  rojizo  ó  do- 
ndo,  como  la  ^ema  del  huevo. 

ErnioLoaÍA.  Zétea, 

Lnteolina.  Femenino.  Q/uimica. 
Materia  jalde  obtenida  de  la  gualda, 
6  sea  principio  amarillo  que  se  extrae 
de  la  roseda  lateóla,  de  Linneo. 

ETiuoLoaÍA.  £4íea:  francés,  luí^o- 
li»e. 

Luteraniamo.  Masculino.  La  secta 
de  Latero.  ||  La  comunidad  ó  cuerpo 
de  los  sectarios  de  Lutero. 

Htiuoloqía.  Luterano:  catalán,  hh- 
ierauitme;  francés,  luthéra»i$m;  italia- 
no, luteranitmo. 

Beteña. — Doctrina  que  consiste  en 
negar  la  potestad  del  sumo  pontífice 
romano  y  en  establecer  que  las  Sagra- 
das Escrituras  son  la  única  regla  de 
los  fieles,  así  como  el  perdón  de  las 
culpai  se  obtiene,  no  por  virtud  de 
los  sacramentos,  sino  por  la  eficacia 
de  la  fe. 

Luterano,  na.  Adjetivo,  Lo  perte- 
neciente á  Lutero  y  el  qne  signe  su 

secta. 

EtuiolooÍa.  Lutero:  catalán,  ¿«fe- 
rá,  na;  francés,  luthérien;  italiano,  lu- 
terano. 

Lutero  (Martín).  En  el  ocaso  del 
siglo  xv;  cuando  el  renacimiento  lite- 
lario  anunciaba  su  aparición  en  los 
horizontes  de  la  edad  moderna;  cuan- 
do  toda  Europa  sentía  nn  movimiento 


de  adelanto  en  la  filosoña  j  en  la  cien- 
cía;  cuando  Colón  recorría  las  cortes 
de  los  reyes  para  ofrecerles  un  nuevo 
mundo;  cuando  Gutenberg  aprisio- 
naba el  pensamiento  para  conducirlo 
después  en  la  palabra  escrita  por  to- 
dos los  ámbitos  del  orbe;  cuando  las 
naciones  todas  se  sentían  conmovi- 
das por  una  sorda  revolución,  que 
amenazaba  trastornar  las  bases  socia- 
les, vino  á  la  tierra,  por  disposición 
del  cielo,  según  sus  partidarios;  por 
mandato  de  la  fatalidad,  según  sus 
enemigos,  uno  de  los  hombres  quemas 

fioderosamente  había  de  contribuirá 
a  Reforma  presentida.  Aquel  hombre 
era  Martín  Lutbbo.  La  pequeña  ciu- 
dad de  Eisleben,  en  el  electorado  de 
Sajonia,  le  había  servido  de  cuna 
en  1483.  Su  cóndición  era  humilde; 
el  estado  de  su  familia,  oscuro  j  po- 
bre, hasta  el  punto  de  que  los  juveni- 
les años  del  reformador  se  pasaron  en- 
tregado á  tareas  mecánicas  j  compo- 
niendo salmos,  qne  se  vendían  por  las 
calles.  Sin  embargo,  las  felices  dispo- 
siciones que  parau  estadio  mostraba, 
impulsaron  a  su  padre  á  q^e,  aun  á 
costa  de  grandes  sacrificios,  le  envia- 
ra á  estudiar  á  fiisenach.  Después  de 
haber  cursado  la  filosofía  en  Í505  en 
la  universidad  de  Erfurt,  no  tardó  en 
entrar  en  el  convento  de  agustinos. 
Poco  después  fué  nombrado  profesor 
de  Wittemberg;  j  de  allí,  enviado  á 
Roma  para  representar  á  su  orden 
cerca  del  soberano  pontífice,  en  1510. 
De  vuelta  á  Sajonia  el  monje  agusti- 
no, que  había  recibido  jra  el  título  de 
doctor  en  teología  j  que  había  soste- 
nido hasta  entonces  con  ardiente  celo 
la  autoridad  del  Papa  j  de  la  Iglesia, 
empezó  desde  1516  á  enunciar  públi- 
camente principios  contrarios  al  dog^ 
ma  católico.  La  predicación  de  las  in- 
dulgencias, cu^a  granjeria  había  ex- 
citado la  codicia  de  muchos,  despertó 
una  rivalidad  profunda  entrelosa^us- 
tinos  j  los  dominicos,  al  año  siguien- 
te, 7  en  ella  halló  Lutbbo  un  pretex- 
to para  separarse  en  absoluto  de  la 
Iglesia  romana.  En  su  programa,  que 
contenía  98  proposiciones,  inició  la 
lucha  contra  el  inquisidor  Tetzel,  que 
estaba  encargado  de  defender  las  in- 
dulgencias j  que  hizo  quemar  públi- 
camente las  proposiciones  de  su  ad- 
versario, remitiendo  la  causa  á  Roma, 
en  1517.  El  papa  León  X,  qne  en  un 
principio  no  había  visto  otra  cosa  que 
una  rivalidad  entre  dos  órdenes  mo- 
násticas, encomendó  la  información  7 
el  juicio  al  cardenal  Cajetán,  su  lega- 
do en  la  Dieta  de  Augsburgo.  Este, 
después  de  intentar  en  vano  una  pú- 
blica retractación  de  Lutebo,  trato  de 
hacerle  prender;  pero  el  reformador 
consiguió  escapar  á  la  persecución  j, 
refugiado  en  Wittemberg,  se  puso  á 
cubierto  bajo  la  franca  protección  de 
Federico,  elector  de  Sajonia.  Desde 
entonces,  confiado  en  sus  propias  fuer- 
zas j  en  el  apovo  de  los  príncipes  ale- 
manes, no  titubeó  en  exponer  abier- 
tamente sns  doctrinal.  Én  sus  predi- 
caciones, lo  mismo  que  en  sns  escri- 
tos, atacó  sin  rebozo  j  abiertamente 


la  autoridad  del  Papa,  lade  la  Iglesia 
j  sus  jerarquías,  el  celibato  de  los 
clérigos,  los  votos  monásticos  y  la' 
posesión  de  los  bienes  temporales  en  - 
manos  de  los  sacerdotes.  Después, 
alentado  por  el  creciente  éxito  d^  sus 
ideas,  rebatió  los  principales  dogmas 
del  catolicismo,  tales  como  el  culto  de 
los  santos,  el  purgatorio,  la  confesión 
auricular,  la  transulntanciacidn,  el 
sacrificio  de  la  misa  v  la  comunión 
bajo  una  sola  especie.  Denunciado  £  la 
corto  de. Roma  por  el  teólogo  Juan 
Eck,  T  excomulgado  por  el  Papa  que, 
en  1520,  decretó  la  condena  da  sus 
escritos,  opuso  á  los  anatemas  de  la 
Iglesia  un  rasgo  de  audacia,  que  pu- 
diera llamarse  de  soberanía.  Apenas 
llegada  á  sus  manos  la  sentencia  pon- 
tificia, la  hizo  quemar  en  la  plaza  pú- 
blica de  Wittemberg  con  todas  las 
decretales  de  los  papas  j  todos  los  li- 
bros de  derecho  canónico.  El  profundo 
eco  que  este  acto  despertó  en  Europa 
entera,  determinó  al  emperador  Car- 
los V  á  emplazar  á  Lutbbo  ante  la 
Dieta  de  Worms,  en  1512,  donde  com- 
pareció, provisto  de  un  salvoconduc- 
to imperial.  Allí  se  intentó  nueva- 
mente conseguir  su  retractación;  pero 
no  se  logró  tampoco.  Desterrado  del 
imperio,  fué  á  su  vuelta  ocultado  si- 
gilosamente por  su  protector  Federico 
de  Sajonia  7  alojado  en  la  fortaleza 
de  Wartburgo,  donde,  durante  diez 
meses  de  forzosa  reclusión,  no  cesó  de 
inundar  á  Alemania  con  sus  escritos. 
Al  salir  de  aquella  soledad,  que  había 
exaltado  su  imaginación  7  que  deno- 
minaba su  PatKmos,  recorrió  los  di- 
versos Estados  de  Alemania;7  además 
de  los  principes  j  de  la  nobleza,  aba- 
jo á  su  causa  una  considerable  parte 
de  las  poblaciones  &  las  que  arrastra- 
ba eon  la  vehemencia  de  sus  discur- 
sos. El  espíritu  qae  hacía  largo  tiem- 
po animaba  á  Alemania,  unído  á  cau* 
sas  de  un  interés  puramente  tempo- 
ral, tales  como  la  secularización  de 
los  bienes  del  clero,  facilitó  mu7  en 
breve  el  progreso  de  la  Reforma,  pre- 
dicada por  el  antiguo  monje.  Tanto 
fué  así,  que,  en  1529,  los  príncipes  7 
los  Estados  alemanes,  que  se  habían 
adherido  &  las  nuevas  doctrinas,  cre- 
7eron  deber  reunirse  en  Worms,  para 
protestar  contra  el  edicto  de  Spira,  en 
cu7a  sazón  recibieron  el  nombre  de 
proiettantes.  De  1526  i  1529,  Lutbeo 
que,  oonsecuente  con  sus  principios,  . 
había  contraído  matrimonio,  se  ocupó 
en  organizar  la  Iglesia  evangélica,  de 
concierto  con  Melanchthon,  autor  de 
liprofetión  de  fe,  adoptada  por  la  Die- 
ta protestante  de  Augsburgo, en  1530. 
Testigo  de  los  combates  sostenidos 
por  su  causa,  el  autor  de  la  Reforma 
vió  al  fin,  en  1530,  el  triunfo  de  sus 
partidarios,  ligados  en  Smalkalda. 
afirmado  por  la  paz  de  Nuremberg, 
que  les  concedía  la  libertad  de  con- 
ciencia, hasta  la  reunión  del  próximo 
Concilio.  Los  últimos  años  de  su  vida, 
durante  los  cuales  tuvo  alguna  vez 
que  deplorar  esos  males,  que  son  in- 
herentes i  toda  revolución,  se  em- 
plearon en  propagar  j  afianzar  una 


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512  LUTE 


LUTO 


LUZ 


doctrina,  queja  contaba  con  diversas 
saetas  disidentes.  Agobiado  por  las 
enfermedades,  áque  su  vida  da  asiduo 
trabajo  le  había  conducido  j  no  exen- 
to de  sufrimientos  morales,  murió  en 
Bisleben,  su  ciudad  natal,  en  1546,  j 
su  cuerpo  fué  trasladado  á  Wittem- 
berg,  donde  el  elector  Federico  le  dis- 
puso magníficos  funerales. 

Hestña. — 1.  Sn  detcendenm. — De 
su  matrimonio  con  la  religiosa  Cata- 
lina Bora  dejó  rarios  hijos,  curo  úl- 
timo descendiente  muñó  an  Dresde 
en  1759. 

2.  Su  intírucción, — Ldteso  era  hom- 
bre versadísimo  en  las  sagradas  le- 
tras, manejaba  admirablemente  su 
idioma  nativo  y  estaba  dotado  de  esa 
elocuencia  ardiente,  hija  de  la  ambi- 
ción j  de  la  soberbia,  á  que  nunca 
resisten  las  masas. 

3.  Su  gnio, — ^Bl  genio  de  nuestro 
personaje  tenía  ana  nube,  que  eclipsó 
muchas  veces  su  espíritu;  era  un  or- 
gullo tan  indomable,  que  se  sobrepo- 
nía á  sus  oouTieciones,  haciendo  de 
un  reformador  un  contrario  vul^r, 
porque  vulgar  es  todo  lo  ruin.  Asi  se 
explica  el  hecho  curioso  de  que  sus 
palabras  no  participaraQ  frecuente- 
mente de  la  dignidad  j  de  la  mesura, 
que  deben  ser  la  norma  inalterable  de 
quien  se  propone  llevar  á  cabo  seme- 
jantes resoluciones.  En  sus  disputas, 
falta  más  de  una  vez,  no  ^a  á  los  res- 

fietos  de  la  caridad  y  unción  evangé- 
ica,  sino  á  las  atenciones  más  trivia- 
les de  la  cortesía  j  hasta  del  decoro, 
Bn  menores  términos:  es  un  atleta; 
no  es  un  apóstol. 

4.  8%  eardeter, — Pero  la  violencia 
da  su  carácter  tomó  una  fórmula  mo- 
ral, que  fué  el  ^an  secreto  de  su 
vida;  la  constancia.  Hallándose  ja  en 
el  lecho  de  muerte,  el  doctor  Thomás 
le  pregunta:  csi  persiste  en  la  obra, 
á  queliabía  dedicado  toda  la  energía 
de  su  existencia.»  Lutbro  respondió: 
Si.  Esta  respuesta  fué  tan  absoluta, 
que  sus  partidarios  no  pudieron  du- 
dar un  momento.  Aquel  sí,  que  reso- 
naba en  el  sepulcro,  fué  la  expresión 
más  universal  de  su  conciencia  j  de 
su  pensamiento. 

o.  Su  dogmatismo,— Coas&^tó  el  li- 
bre albedrío;  pero  lo  sometió  á  una 
fe,  subordinando  la  moral  á  un  dog- 
ma. Propiamente  hablando,  la  moral 
no  existe  en  el  sistema  de  Lutero. 

6.  &«  ÍmportancÍa.-~lt08  que  en- 
tíendenque  un  solo  hombre  fué  autor 
de  la  Reforma,  le  desconocen  j  le 
adulan.  Siempre  que  una  idea  está  á 
punto  da  realizarse,  necesita  la  ajuda 
de  un  hecho.  El  monje  agustino  no 
fué  otra  cosa  que  el  hecho  de  la  idea, 
la  práctica  de  la  teoría;  pero  importa 
notar  que  la  teoría  es  siempre  ante- 
rior i  U  práctica.  Cuando  el  reforma- 
dor vino  al  mundo,  la  electricidad  in> 
flamaba  la  atmósfera.  Faltaba  la  chis- 
pa que  anunciad  relámpago;  faltaba 
el  relámpago  que  anuncia  la  tormen- 
ta; tal  fué  el  oficio  de  Ma&tín  Lutb- 
ro. Esto  quiere  decir  que  profundas 
revoluciones  habían  formado  ^&  el 
volcán  en  las  Lntmftas  del  catolicismo; 


un  monje  fué  el  cráter  que  vomitó  la  1 
lava.  Estos  sucesos  tienen  su  explica- 
ción histórica  j  no  queremos  privar 
de  ella  á  nuestros  ilustrados  lectores. 
Hacía  mucho  tiempo  que  los  tres 
achaques  del  papado  minaban  sorda- 
mente la  autoridad  de  los  snmos  pon* 
tiñces.  Estos  achaques  fueron:  la  ven- 
ta pública  de  las  indulgencias,  la  si- 
monía j  el  derecho  de  investidura, 
consagración  suprema  del  derecho  di- 
vino de  los  rejes,  cu^oj^rivilegio  pon- 
tificio tenía  á  los  principes  en  conti- 
nua angustia.  Puede  afirmarse  que  el 
mismo  día  en  que  se  dió  nombre  á  los 
güelfos  j  gihelinos,  empezó  la  confe- 
sión de  Augsburgo,  lo  cual  hace  evi- 
dente que  Ta  protesta,  mucho  antes 
que  en  las  predicaciones  de  un  mon- 
je, tuvo  principio  bajóla  corona  de 
un  emperador  y  la  tiara  de  un  pontí- 
fice. Para  el  espíritu  de  la  historia, 
para  la  razón  universal  de  la  crítica, 
mucho  más  que  todos  los  libros  del 
reformador,  significan  la  hoguera  de 
Savonarola  jr  eTinfierno  del  Dante. 

7.  Su  literata/ra, — Nuestro  persona* 
je  escribió  un  gran  número  de  obras, 
con  el  doble  objeto  de  atacar  al  cato- 
licismo 7  establecer  la  Reforma.  Las 

Jtrincipales  son:  De  lu  cautividad  de 
a  Iglesia;  la  traducción  alemana  de 
la  Biblia,  comenzada  durante  su  es- 
tancia en  el  castillo  de  Wartburgo,  jr 
en  la  cual  se  fija  completameate  la 
lengua  nacional;  su  cateñsmOt  desti- 
nado á  poner  sus  doctrináis  al  alcance 
de  todo  el  mundo,  j  su  tratado  Dé 
servo  arbitrio, 

8.  Bibliografía. — ^Entre  las  edicio- 
nes más  completas  de  sus  obras,  de- 
ben citarse:  la  de  Leipzig,  hecha 

?or  Boerner  (23  volúmenes  en  folio, 
728-30)  y  la  de  Valch,  el  Haja  (24 
volúmenes  en  4.*,  1737-53).  La  vida 
de  Lutero  ha  sido  escrita  por  su  ami- 
go Melanchthon  y  por  Hernschmied; 
y  su  doctrina,  apreciada  en  la  Histo- 
ria de  las  variaciones  de  las  iglesias  pro- 
testantes  de  Bossuet.  En  nuestro  siglo, 
dos  obréis  notabilísimas  se  han  escri- 
to sobre  el  gran  reformador:  Las  Me- 
morias de  LuTBBO,  por  M.  Michelet 
(2  volúmenes  en  8.*,  1835),  y  ta  ffis- 
toria  de  la  vida  y  escritos  de  Lutbbo, 
por  Andin  (1840, 2  volúmenes  en  8."). 

9.  EttaUut.—E\  año  de  1821 ,  la  ciu- 
dad de  Wittemberg  levantó  una  esta- 
tua de  bronce  del  célebre  agustino, 
en  la  plaza  municipal  de  aquella  ciu- 
dad. 

Lutgardo,  da.  Masculino  y  feme- 
nino, hombre  propio  de  hombre  v  de 
mujer:  san  Lutoabdo,  santa  Lut- 

OARUA. 

ETiuoLOofA.  Bajo  latín  Luíkgardus, 
Lutgardo;  Luthgardis,  Lutgarda. 

Luto.  Masculino.  Él  vestido  negro 
que  se  trae  por  la  muerte  de  alguno. 
I  Plural.  Los  paños  y  ba  jetas  negras 
y  otros  aparatos  fúnebres  que  se  po- 
nen en  las  casas  de  los  difuntos  mien- 
tras está  el  cuerpo  presente,  y  en  la 
iglesia  durante  el  entierro. 

Etiuoloqía.  Latín  lugeré^  llorar; 
luctum»  llorado;  luctus,  Hs,  luto,  vesti- 
do que  indica  «1  septimieuto.  (Cicb- 


BÓN.) — «El  vestido  negro,  que  se  po- 
nen los  inmediatos  parientes  de  los 
difuntos,  ó  las  personas  de  su  oblin- 
ción,  en  señal  de  dolor  y  tristeza.  En 
lo  antiguo  era  traje  singular;  hoj  está 
reducido  al  mismo  que  ordinariameD- 
te  se  trae,  sin  más  diferencia  que  ser 
Qfigfo,  y  omitirse  algunos  adornos.  T 
también  se  llaman  así  los  paflos  j  ba- 
yetas negras  que  se  ponen  en  la  casa 
del  difunto,  ó  en  la  iglesia  donde  se 
entierra.  Sale  del  latino  Zuctus,  que 
vale  lloro  ó  llanto.»  (Aoadbuia,  Dic- 
cionario de  i  726.) 

Lutria.  Femenino.  Nutria. 

Etiuolgoía.  Latín  lutra  y  Igtra, 
cuya,  última  forma  es  la  correcta,  del 
griego  Xúüí  (lúd),  yo  corto,  jo  destru- 

Í'O,  porque  la  lytra  corta  las  raíces  de 
os  árboles  que  encuentra  en  las  már- 
genes de  los  ríos  (Varrón):  italiano 
j  portugués,  lontra;  francés,  louíre; 
provcnzal,  luria,  luiría,  loiria;  walón 
anticuado,  lotks;  Berrj»  leAre,  lom. 

jReseiía,'~Lo  dicho  demuestra  que 
la  fbrma  mtífía,  adoptada  por  la  ilus- 
tre Academia,  es  totalmente  bárbara. 

Lutuoso,  sa.  Adjetivo  anticuado. 
Luctuoso. 
Luna.  Femenino  anticuado.  Gdak- 

TS. 

Lava.  Femenino  anticuado.  Guan- 

TB. 

LuTÍa.  Femenino  anticuado.  Llu- 
via. 

Lux.  Femenino  anticuado.  Luz. 

Luxable.  Lujablb. 

ETiHOLoaÍA.  La  forma  etimológica 
es  luasahle. 

Luxación.  Femenino.  Lujación. 

Lnxadura.  Femenino.  Luxación. 

Laxamiento.  Masculino.  Luxa- 
ción. 

Luxán  (Josá).  Pintor  esinñol  del 
siglo  XVIII,  que  nació  en  Zaragoza 
en  1710  y  murió  en  1785.  Estuvo  cíd- 
co  años  en  Ñápeles  j  aprendió  su 
arte  estudiando  las  obras  de  los  me- 
jores pintores.  Las  más  notables  que 
dejó,  son:  san  Jerónimo;  Aparición  de 
la  Virgen  y  de  san  Miguel  á  los  nava- 
rros; Concepción;  Anunciación  (Zar^;o- 
za);  Magdalena;  san  Martín  (Calaho- 
rra) j  Concepción  (Calatajud). 

Luxano.  Masculino.  Ave  pasajera 
que  baja  de  las  sierras  en  Octubre:  es 
menor  que  un  canario,  de  un  verde 
hermoso,  j  tiene  la  corona  negra. 

Luxar.  Lujar. 

ETUiOLoaÍA.  La  forma  lujar  es  real- 
meuttf  bárbara.  La  lengua  debería 
deshacer  lo  que  se  ha  hecho  mal. 

Luynne.  Adverbio  de  lugar  aati- 
cnado.  Lejos. 

Etiuolooía.  Lueñe. 

Luz.  Femeniuo.  Lo  que  ilumíaa 
los  objetos  j  los  hace  visibles.  |  Cual- 
quiera LUZ  artificial ;  como  la  vela  en- 
cendida, velón,  candil,  etc.  |  Ilustra- 
ción, conocimiento.  []  El  hombre  emi- 
nente que  ilustra  a  otros  con  so 
ciencia.  Q  Día.  ||  Pintura.  El  punto  6 
centro  desde  donde  se  ilumina  y  alum- 
bra toda  la  historia  j  objetos  pinta- 
dos an  un  lienzo.  |  Plural.  ArquiliC- 
íura.  Las  ventanas  j  troneras  por 
donde  se  da  luz  á  los  edificios*  |  Luz 

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LUZ 


LUZ 


LUZ  513 


DE  LA  SAZÓN.  El  conocimíeoto  que  te- 
nemos de  Us  cosas  por  el  natural  dis- 
curso que  aos  distingue  de  los  bru- 
tos. I  DB  LUZ.  La  que  recibe  una  habí- 
taeióa,  no  inmediatamente,  sino  por 
medio  de  otra.  |  pkiuabia.  Pintura^ 
La  que  inmediatamente  procede  del 
eaerpo  laminoso.  |  sbcundabia.  PÍh- 
tim.  La  (|U6  resalta  de  la  ilaminacitín 
de  la  primera.  Llámase  también  luz 
refleja  j  reflexión.  |  A  BtniHa,  luz. 
Modo  adTerbial.  Con  reflexión,  aten- 
tamente. I  A  PRIMERA  Ltrs.  Al  amane- 
cer, al  rayar  el  día.  |  A  todas  lucbs. 
Por  todas  partes,  de  todos  modos.  ¡ 
Alboras  las  luces.  Frase  metafórica. 
Avivarlas,  torciendo  el  pábilo  &  uu 
lado  para  que  luzcan  más;  j  hablan- 
do del  fueg^  de  las  chimeneas,  atizar- 
lo para  que  esté  más  vivo,  g  Baí^ab  la 
LUZ  ALQÚH  ESPACIO.  Ftaso.  Iluminar- 
lo, alumbrarlo  todo.  |  Dar  á  luz.  Fra- 
se. Publicar  alguna  obra.  |  Frase. 
Parir  la  mujer.  |  Dar  luz.  Frase. 
Alumbrar  el  caerpo  luminoso  ó  dis- 
poner paso  para  la  luz;  j  así  se  di- 
ce: este  Telón  no  da  luz;  esta  ren- 
ttoa  da  buena  luz.  J  Dab  ó  echar 
luz.  Frase  familiar.  Recobrar  vieor  y 
robustez  Us  personas  delicadas.  Usase 
comunmente  con  negación,  j  Frase 
metafórica.  Alumbrar,  iluminar  el 
entendimiento.  |  Entre  dos  luobs. 
Al  AMANBCBa  ó  AL  ANOCHECER.  ||  Fa- 
miliar. Aplícase  al  que  ha  bebido 
mucho  j  está  casi  borracho.  |  Hacer 
DOS  LUCES.  Frase.  Alumbrar  á  dos 
partes  á  un  tiempo.  Q  Media  luz.  La 
que  es  escasa  6  no  se  comunica  entera 
j  directamente,  ¡  Ratab  la  luz  de 
u  lAzÓN.  Fr&.se  metafórica.  Empezar 
á  ilustrarse  el  entendimiento  en  el 
conocimiento  de  las  cosas.  Dícese  de 
los  Dífios  cuando  entran  en  el  uso  de 
la  razón.  |  Sacar  Í  luz.  Frase.  Dab  á. 
LUZ.  I  Frase.  Descubrir,  manifestar, 
hieer  notorio  lo  que  estaba  oculto.  | 
Saub  X  luz.  Frase  metafórica.  Ser 


lo  oculto. 

BnuoLOOÍA.  Zúa;  del  ^ego  lukg, 
Inkit,  que  significa  lo  mismo. — Lux 
es  la  luz,  la  claridad,  j  lumen,  hmi~ 
»it,  es  más  propiamente  la  cansa  de 
It  luz.— El  gri^  Inii  Tiene  de  ieu- 
e¿t,  blanco,  porque  1»  los  es  blanca. 

(MOMLAU.) 

Z>írítt(ctíííi.-Sanscrito  ^hj^ 

(kuc),  Ter,  parecer;  Uneiían,  luciente; 
¡wiu,  Tista,  brillo;  laueanan,  ojo, 
»atorcha:  griego,  lóia)  (UiSJ,  la  luz 
que  precede  á  Ta  salida  del  sol;  latín, 
'üx;  godo,  linhath;  alemán.  Licih;  in- 
¡rléa,  ligth;  ruso,  Iwt;  kimry,  llug; 
Italiano,  lume;  francés,  lumiére;  cata- 
lán, Uw», — »Li;z  DE  LOS  OJOS.  La  cla- 
ridad que  se  recibe  en  ellos,  ^  con- 
carre  como  condición  necesana  pre- 
cisamente para  la  Tisión.»  (Acadeuu, 
^iccionariode  Í7S6.J—«X  dos  luces. 
Frise  adverbial  que  significa  ambi- 
fnamente,  con  confusión.»  (Idbu.) 
.  Luz  Caballero  (Josá  de  la).  Este 
iQiigBe  cubano  nació  en  la  ciudad  de 


la  Habana  el  11  de  Julio  de  1800,  j 
fueron  sus  padres  el  teniente  coronel 
don  Antonio  da  la  Luz  j  la  virtuosa 
señora  doña  María  Manuela  Caballe- 
ro, de  los  cuales  recibió  una  educa- 
ción por  extremo  esmerada.  Dedicado 
al  estadio  de  la  teología,  ingresó  en 
el  seminario  de  San  Carlos  eon  la  fir- 
me intención  de  consagrarse  al  sacer* 
docio;  pero  los  consejos  de  sus  mismos 
padres,  de  sus  amigos  j  de  sus  con- 
discípulos, le  disuadieron  de  su  pri- 
mera resolución,  animándole  á  reunir 
muchos  conocimientos  profanos  á  los 
que  ja  había  reunido  para  la  carrera 
eclesiástica.  A  la  sazón,  tenía  Luz 
muj  merecida  reputación  de  saber, 
no  obstante  sus  pocos  años,  cuando 
en  1824  dejó  en  el  colegio  de  San 
Carlos  su  cátedra  de  filosofía  el  ilus- 
tre patricio  don  José  Antonio  Saco,  y 
aquél  entró  á  desempeñarla  y  á  con- 
firmar aún  más  la  idea  que  se  tenía 
de  su  gran  aptitud  para  el  profesora- 
do Eosefió  Luz  la  filosofía  durante 
tres  años  con  notable  aprovechamien- 
to  de  sos  discípulos  y  majror  gloría 
saja;  si  bien  deplorando  aue  los  cur- 
sos del  seminario,  qne  érala  Terdade* 
ra  universidad  de  la  Habana  en  aquel 
tiempo,  no  se  elevasen  á  la  altura  que 
en  la  generalidad  de  los  centros  de 
instrucción  de  Europa;  sobre  todo,  en 
la  enseñanza  de  ciencias  naturales  j 
de  otros  ramos  del  humano  saber.  Con 
el  objeto  de  llenar  ese  tscÍo  j  exten- 
der sus  conocimientos  prácticos,  se 
trasladó  por  primera  Tez  á  Europa, 
donde  Tisitó  los  mejores  estableci- 
mientos de  enieflanza  j  se  relacionó 
con  los  más  distinguidos  profesores. 
En  París  estableció  relaciones  con  el 
sabio  Humboldt;  combinó  con  él  la 
formación  de  un  obserTatorlo  magné- 
tico, que  se  proponía  establecer  en  la 
Habana  á  su  regreso;  j  se  ocupó  tam- 
bién de  la  adquisición  de  máquinas  é 
instrumentos  para  la  clase  de  ñsica 
del  colegio  de  San  Carlos,  que  se  fun- 
daba en  aquel  tiempo  con  la  iniciati- 
va j  los  auxilios  del  ilustrado  obispo 
Espadas.  Bu  1830  volvió  Luz  á  la  Ha- 
bana T  quedó  muj  complacido  cuan- 
do, al  asistir  á  los  exámenes  de  los 
institutos  de  primera  j  segunda  ense- 
ñanza, que  protegía  la  Sociedad  Eco- 
nómica, reconoció  que  se  habían  in- 
troducido ja  mejores  métodos  j  con- 
seguido durante  su  ausencia  algunos 
adelantos.  Fué  nombrado  socio  ae  nú- 
mero de  aquella  corporación  en  1832, 
con  motivo  de  discutirse  allí  sobre  los 
medios  de  establecer  un  gran  colegio 
central,  donde,  además  de  estudiarse 
todos  los  conocimientos  principales, 
se  explicaran  también  los  de  ciencias 
naturales  con  más  latitud  que  en  el 
colegio-seminario,  adonde  su  saber 
había  llerado  tantas  mejoras.  Desde 
esta  época,  se  dedicó  Luz  exclusiva- 
mente á  la  enseñanza,  que  era  su  ver- 
dadera j  provechosa  vocación.  Pidiú 
j  obtuvo  en  1832  establecer  un  cole- 
gio de  educación  primaria,  autorizán- 
dosele también  después  para  abrir  una 
cátedra  de  química  j  cursos  de  filoso- 
fía, qae  se  incorporaron  á  la  aairer- 


'  sidad.  Auaqna  en  in  establecimiento 
emplease  las  mejores  horas  en  las 
clases,  dirigiendo  las  superiores  sin 
desdeñar  el  cuidado  de  las  inferiores, 
todavía  le  quedó  tiempo  para  esorí- 
bir  sobre  fílosoiia  j  educación,  ja 
excelentes  extractos  de  las  mejores 
obras,  ja  artículos  originales,  que  se 
publicaron  en  la  Qacela  de  la  Habana 
y  en  las  Menorias  de  la  Sociedad;  pero 
una  peligrosa  enfermedad  que  le  acó* 
metió  en  1836 ^  la  larga  eonvalecen- 
eia  de  que  fue  s^aida,  le  obligaron 
durante  mucho  tiempo  á  abandonar 
aquellas  tareas  de  su  predilección. 
Entonces  intentó  consagrarse  á  la  abo- 
gacía; pero  desde  sus  primeros  pasos 
tuvo  que  renunciar  á  una  carrera  que 
estaba  en  pugna  eon  sus  inclinacio- 
nes j  con  sus  costumbres  de  sujo 
tranquilas  j  reposadas.  Elegido  di- 
rector de  la  Sociedad  Económica  en 
1838,  continuó  enseñando  desde  1839 
la  filosofía;  j  como  presidente  espe- 
cial de  la  sección  de  «iucación  de  ai- 
cha  sociedad,  tomó  una  parte  m&s  ac- 
tiva de  lo  que  su  delicada  salud  le 
permitía,  en  apasionadas  eontrover- 
sias  publicas  sobre  la  filosoña  eclécti- 
ca. Desde  1841,  j  desnaés  de  haber 
demostrado  en  aquellas  caestiones 
toda  la  pureza  de  sa  ortodoxia  j  la 
incompatibilidad  del  flexible  eclecti- 
cismo con  la  severidad  científica,  vol- 
vió á  buscar  remedio  á  sus  dolencias 
en  Europa.  Sus  adversarios  en  aque- 
lla polémica  se  aprovecharon  de  su 
ausencia  para  acriminarle  j  envol- 
verle en  los  procedimientos  que,  en 
1844,  se  formaron  en  la  Habana  y 
otros  puntos  de  la  isla,  por  la  conspi- 
ración de  la  raza  negra  contra  la  blan- 
ca. Sin  embargo,  su  inocencia  no  de- 
bía tardar  en  triunfiir,  &  pesar  de  las 
maquinaciones  de  sos  enemigos.  El 
fiscal  de  la  comisión  militar,  abusan- 
do de  la  confianza  de  la  autoridad  su- 
perior, emplazó  á  Lnz  por  edictos  j 
pregones;  j  cuando  muchos  inocen- 
tes huían  temerosos  de  que  no  los 

Íireservaran  sus  pruebas  de  ser  con- 
undidos  con  los  criminales,  el  inofen- 
sivo Luz  Caballero  no  tardó  en  acu- 
dir al  llamamiento  más  que  el  tiempo 
necesario  para  su  retomo.  Su  acusa- 
dor oficial  terminó  su  carrera  en  un 
presidio,  mientras  que  el  acusado  era 
abauelto.  Algún  tanto  mejorado  de 
sus  dolencias,  creó  en  una  risueña  j 
espaciosa  localidad  del  pueblo  del 
Cerro,  que  hoj  es  un  magnífico  arra- 
bal de  la  Halwna  (el  más  hermoso  de 
la  ciudad),  un  colegio  de  humanida- 
des denominado  Bl  Salvador,  En  aquel 
ameno  retiro  supo  hermanar  sus  gus- 
tos predilectos  el  laborioso  Luz,  vi- 
viendo tranquilamente  entre  árboles, 
discípulos  j  libros.  Las  mejores  fa- 
milias enviaron  allí  sus  hijos  á  edu- 
carse; j  lo  mismo  que  las  puertas  del 
Salvador  para  los  alumnos,  las  del  ga- 
binete de  su  director  estuvieron  siem- 

Sre  abiertas  para  los  ami^s  j  los 
eudos,  que  acudieron  á  disfrutar  de 
su  amena  conversación  j  agradable 
trato.  Aquéllos  debían  haber  sido  los 
mejores  días  de  su  existencia;  pero 


«DHO  ni 


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514  LUZ 


LUZ 


LUZÁ 


desde  la  pérdida  de  su  hija  única,  sa 
salud  empezó  á  decaer  Tisiblemeate; 
los  males  físicos  se  unieron  á  los  mo- 
rales; y  el  22  de  Junio  de  1862,  la 
América  sufría  la  irreparable  pérdida 
de  uno  de  sus  hijos  más  queridos. 
Tan  brillante  era  su  triple  aureola  de 
modestia,  de  probidad  y  de  saber,  que 
todas  las  autoridades  j  corporaciones 
le  tributaron  los  últimoa  obsequios» 
con  la  miama  pompa  que  si  le  hubie- 
sen analteeido  oficialmente  los  prime- 
ros honores  y  las  más  altas  conside- 
raciones del  Estado.  Una  concurren- 
cia inmensa  acompañó  su  cadáver,  jr 
todos  los  institutos  de  enseñanu  se 
cerraron  durante  tras  días  en  señal  da 
duelo. 

Rei€üa, — 1.  En  su  testamento  legó 
la  majror  parto  de  sus  libros,  que  eran 
tan  selectos  como  numerosos,  á  las 
bibliotecas  populares;  j  en  especial, 
á  la  Sociedad  BeonÓmica  de  Amigos 
del  país. 

S.  Oejrf  diferentes  escritos  inéditos, 


como  si  pretendiera  continuar  desde 
la  tumba  su  obra  de  moralidad  7  de 
ilustración. 

3.  Muere  un  poderoso,  que  única- 
mento  vivió  para  sí,  t  su  nombre  se 
desvanece  con  el  tañido  último  de  la 
campana  que  toca  á  muerto.  Muere  el 
hombre  humilde  de  esta  biografía,  j 
todo  un  pueblo  sigue  llorando  sus 
fríos  despojos.  Y  un  niño  pregunta  á 
su  madre:  Cj^Qnién  fué  Jos¿  db  la  Luz 
Caballero?»  Y  la  madre  responde  á 
su  hijo:  «¡Si  fué  el  maestro  de  tu  pa- 
dre!» Y  en  la  generación  siguiente, 
otra  madre  repetirá:  <¡Si  fué  el  maes- 
tro de  tu  abuelo!»  Y  la  memoria  de 
esto  modesto  apóstol  de  las  ideas  co- 
rrerá triunfante  de  boca  en  boca,  de 
pensamiento  en  pensamiento,  da  co- 
razón en  corazón,  rodeada  del  senti- 
miento dulce  y  tranquilo  con  que 
Dios  galardona  los  días  sagrados  de 
la  virtud  7  de  la  ciencia.  El  persona- 
je á  quien  tenemos  el  honor  de  dedi- 
car las  presentas  líneas  no  puede  mo- 


rir nunca;  y  jcómo  ha  de  morir,  cuan- 
do toda  la  ]sla  de  Cuba  está  llena  de 
José  db  la  Luz  Caballbbo?  Acepten 
las  cenizas  del  insigne  cubano  el  ho- 
menaje de  nuestro  cariño,  j  su  noble 
patria,  el  saludo  de  nuestra  fervorou 
alegría.  Pocos  nombres  escribimos 
con  más  placeren  nuestro  Dicciomakio 
que  el  de  aquel  maestro  ejemplar  con- 
vertido en  dechado  de'  su  genera- 
ción. 

Lvzán  (laHACio).  Poeta  y  literato 

español  del  siglo  xvur  y  uno  de  los 
mas  ardientes  partidarios  del  estrecho 
y  mezquino  clasicismo^  que  quería 
imponerse  como  dique  á  los  extravíos 
de  los  imitadores  exagerados  de  los 
poetas  del  si^lo  xvii.  Nació  en  ^ra- 
goza  en  I69j  y  murió  en  1754.  Fai 
coDsejero  de  Estado  en  tiempo  do  Fe- 
lipe V ,  j  dejó,  entre  otros  escritos,  su 
Arte  poéticif  que  ^a  que  no  para  se- 
guida, mereoe  ser  estudiada  para  co- 
nocar  lu  oorrientes  literarias  de  su 
tiempo. 


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LL 


LÁáw  Décimacnarfa  letra  de  nues- 
tro aliabeto  y  undécima  de  las  con- 
sonantes. Aunque  doble  en  su  forma, 
pues  se  compone  de  dos  m.bs  juntas, 
es  sencilla  é  indivisible  en  la  pronun- 
ciación j  eo  la  escritura.  Su  nombre 
esBLLB.  (AcADiUA.)  \  Bsta  letra,  eti- 
mológicamente hablando,  no  tiene  va- 
lor propio,  puesto  que  una  de  las  dos 
es  la  representación  de  otra  letra, 
por  antítesis.  La  primera  eU  de  nues- 
tra elle  equivale  a  las  letras  siguien- 
tes: 

1.  Of  como  en  llamar,  por  clamar; 
llaee,  pOT  clave;  llueca,  f  os  clueca;  llosa, 
cercado,  por  closa,  ^ue  es  el  francés 
cióse,  cerrada;  catalán,  clot,  cercado, 
del  latín  clautus,  de  elaudSre,  cerrar. 

2.  F,  como  en  llama,  por  flama; 
llawuréida,  por  flamtrada,  vocablo  que 
tiene  el  catalán. 

3.  Zl  por  i,  como  en  llevar,  por 
levar;  lloredo,  por  Icredo,  forma  de 
laurel. 

4.  P,  como  en  Ilaya,  por  playa;  lla- 
M,  por  plano;  llanto,  por  planto,  como 
se  dijo  antiguamente  con  propiedad 
etimológ-ica:  lleno,  por  pleno;  llorar, 
por  olorar,  verbo  que  tiene  el  catalán, 
del  latín  plorare,  que  es  un  frecuenta- 
tivo de  plutre,  llover,  según  Curcio; 
llover,  por  plover,  que  es  el  catalán 
plóurer,  del  latín  pluere;  lluvia,  por 
pluvia,  como  dijeron  los  autignos;  llu- 
vial, por  pluviaL  I]  Un  procedimiento 
semejante  han  seguido  otros  idio- 
mas. Asi  vemos  que  la^  del  sánscri- 
to pl*.  nadar,  raíz  del  griego  iíXúv» 
(plínS),  lavar;  latín,  pluere,  llover, 
toou  la  forma  de  ek  en  el  portugués 
íAowr,  ó  de  la /en  el  godo}?«M«,  flo- 
^t,  que  es  la  misma  palabra  etimo- 
lógica. I  La     como  letra  del  alfabe- 


to: esto  es,  como  sonido  radical,  nol 
existe  en  ninguna  de  las  lenguas  ma- 
dres. Jl  El  italiano  no  tiene  elle,  pues- 
to que  cada  l  se  pronuncia  con  su  so- 
nido propio:  fratel-le,  hermano;  torel' 
la,  hermana.  Para  dar  á  la  ¿  el  sonido 
de  II,  la  combina  con  la  y;y¿f  Momini 
(lli  uomini),  los  hombres.  \  El  portu- 
gués se  vale  de  la  combinación  Ik, 
como  en  uilho  miudo  (millo),  equiva- 
lente á  nuestro  mijo.  De  la  misma 
combinación  se  vale  el  provenzal,  co- 
mo en  malheí  (malletj,  martillo  peque- 
ño. I  El  francés  no  tiene  tampoco  nues- 
tra elle,  puesto  que  la  doble  II  suena 
como  la  l  sencilla.  Para  darla  el  soni- 
do fuerte,  antepone  una  •  á  la  l,  como 
émail,  que  se  pronuncia  email. 

Confirma  los  datos  anteriores  el 
siguiente  texto:  «Los  latinos  no  tie- 
nen esta  articulación,  y  por  consi- 
guiente, no  necesitaban  de  signo  al- 
fabético especial  para  representarla. 
El  castellano,  y  con  él  los  demás  idio- 
mas neolatinos  que  pronuncian  la  II, 
sí  que  debieron  haber  adoptado  un 
signo  ó  carácter  propio;  pero  no  fué 
así,  sino  que  el  provenzal  (francés 
meridional,  catalán,  etc.)  se  sirvió  de 
dos  II:  el  portugués,  de  Ih,  escribiendo 
baíalÁa,  Jil/to,  y  pronunciando  batalla, 
afilio,  y  el  italiano,  de  glo,  gli,  escri- 
biendo bataalia,  imbroglio,  y  pronun- 
ciando batalla,  imbroUo. 

La  U  se  forma  arrimando  con  algu- 
na fuerza  toda  la  lengua  al  paladar, 
junto  á  los  dientes  superiores.  Si  la 
presión  contra  el  paladar  es  débil  ó 
incompleta,  entonces  resulta  la  ar- 
ticulación y  6  i  consonante;  entonces 
se  pronuncia  canaya,  gayina,  gayo,  ya- 
ve,  veno,  poyo,  ramiyete,  por  canalla, 
gallina,  gallo,  llave^  lleno f^llo,  rami- 


llete, etc.  Esta  articulación  imperfec- 
ta, nacida  casi  siempre  de  los  vicios 
de  la  primera  educación,  ó  de  una 
afectación  ridicula,  es  bastante  común 
en  Andalucía,  y  no  rara  en  ciertas 
comarcas  de  Catalufta,  donde  el  vulgo 
dice  marayá,  poy,  vey,  por  muratta, 
^oll  (pollo,  V  también  piojo),  vell  (vie- 
jo),» etc.  (MoNL&u.) 

Lia.  Artículo  femenino  anticuado. 
La. 

Llábana,  Femenino.  Lahchab,  en 
Asturias. 

Llaccho.  Masculino.  Nombre  que 
dan  eu  Chucuito,  provincia  del  Perú, 
á  unos  matorrales  de  hierba  viciosa  y 
alta  que  se  cría  en  las  orillas  de  aque- 
lla laguna,  en  los  cuales  entra  á  pa- 
cer mucho  ganado. 

Llacma.  Masculino.  Zoología,  Lu- 
na, cuadrúpedo. 

Úadero,  ra.  Adjetivo.  Ladero, 
por  contrahecho  de  un  lado. 

Liado.  Masculino  anticuado.  Lado. 

Llaga.  Femenino.  Desunión  de  la 
carne,  causada  por  corrosión  ó  por  he- 
rida, y  Metáfora.  Cualquiera  mal  ó 
enfermedad  del  alma.  Q  Entre  solado- 
res y  albañiles,  la  abertura  y  hueco 
que  queda  entre  los  ladrillos.  Q  Indig- 
narse LA  LLAQA.  Frasc.  Provinciiil 
Aragón.  Irritarse  ó  enconarse.  \  La 

MALA  LLAGA  SANA,  LA  MALA  PAUA  MA- 
TA. Refrán  con  que  se  denota  cuán 
difícil  es  borrar  la  mala  opinión,  una 
vez  adquirida.  ¡|  Rbmovar  la  llaoa 
ó  LAS  LLAGAS.  Frase  metafórica.  Bx- 

NOVAB  LA  BBBIDA.  Q  SaNAN  LAS  LLA- 
GAS, Y  NO  UALAS  PAXJkBBAS.  Refrán 
con  que  se  reprende  á  los  murmura- 
dores y  se  ponderan  los  irreparables 
daños  de  la  mala  lengua. 
Etiuolooía.  Plagai  catalán,  Itt^t, 


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516  LLAMA 


LLANA 


LLANO 


Llagable.  Á.djetÍTO.  Que  paede  lla- 
garse. 

LlagadOi  da.  Participio  pasivo  de 
1  labrar, 

Etiuolooía.  Llagar:  catalán,  lla- 

gat,  da. 

Llagador,  ra.  Masculino  y  feme- 
nino anticuado.  Ei  que  llaga,  y  Ad- 
jetivo anticuado.  Lo  que  llaga. 

Llagada».  Femenino.  Luqíí- 

UIBXTO. 

Llagamiettto.  Hasculino  anticua- 
do. Llaoa. 

Llagar.  ActÍTO.  Hacer  &  causar 
llagas. 

ETiuOLOofA.  Llaga:  catalán,  llagar, 

XilagatÍTO,  va.  Adjetivo.  Que  cau- 
sa ó  puede  causar  llaga. 

Llagosidad.  Femenino.  Estado  o 
cualidad  de  lo  llagoso.  (Caballero.) 

Llagoso,  sa.  Adjetivo  anticuado. 
Lo  que  tiene  llagas. 

Liaguica,  lia,  ta.  Femenino  dimi- 
nutivo de  llaga. 

EtuioloqÍa.  Llaga:  catalán,  Ua- 
gueía. 

Llama.  Femenino.  La  parte  más 
sutil  del  fuego,  que  se  levanta  en  fi- 
gura piramidal.  Q  Afasculino.  Cuadrú- 
edo  del  género  del  camello,  con  ios 
edos  separados  j  el  lomo  Uso,  del  ta- 
maño de  un  ciervo,  y  de  pelo  áspero 
y  castalio.  Q  Femenino  metafórico.  La 
eficacia  y  fuerza  de  alguna  pasión  ó 
deseo  vehemente.  |  Provincial  Astu- 
rias. Terreno  pantanoso  en  que  se  de- 
tiene el  agua  manantial  que  brota  en 
él.  []  Salir  db  las  llamas  y  caeb  bn 
LAS  BRASAS.  Refián.  Saltar  db  la 

SARTÉN,  etc. 

ETiHOLoaÍA.  Flama» 

Llamada.  Femenino,  La  acción  de 
llamar.  |  La  señal  que  se  pone  en  al- 
gún escrito  para  llamar  la  atención  y 
advertir  alguna  cosa.  Q  Ademán  ó  mo- 
vimiento con  que  se  llama  la  atención 
de  alguno  con  el  fin  de  engañarle  ó 
distraerle  de  otro  objeto  principal; 
como  la  que  se  hace  al  enemigo,  al 
toro,  etc.  I  Mitida.  Toque  de  caja  u 
otro  instrumento  para  que  la  tropa 
tome  las  armas  y  entre  en  forma- 
ción. Q  Milicia,  Señal  que  se  hace  to- 
cando el  clarín  ó  caja  de  un  campo  á 
otro  para  parlamentar. 

ETiuoLoaÍA.  Llamar:  catalán,  lla- 
mada. 

Llamado.  Hasculino  anticuado. 
Llamauibnto. 

Llamador,  ra.  Masculino  y  feme- 
nino. Kl  que  llama.  U  Masculino.  La 
persona  destinada  para  avisar  y  citar 
a  los  individuos  de  algún  cuerpo.  Q 
Aldaba. 

Llamamiento.  Masculino.  La  ac- 
ción de  llamar.  \  Forente.  El  acto  de 
nombrar  personas  ó  familias  para  al- 
guna herencia  ó  sucesión.  [|  Laitispi- 
raciÓD  con  que  Dios  mueve  los  cora- 
zones. 11  La  acción  de  atraer  algún  hu- 
mor de  una  parte  del  cuerpo  á  otra. 

Llamante.  Participio  activo  de 
llamar.  |]  Kl  que  llama. 

Llamar.  Activo.  Dar  voces  á  algu- 
no ó  hacer  ademanes  para  que  venga 
ó  para  advertirle  alguna  cosa.  |  la- 
Tocar,  pedir  auxilio  con  la  boca  ó  con 


el  eoracón.  |  Convocar,  citar;  como 
LLÁMAB  á  Cortes,  etc.  Q  Nombrar,  ape- 
llidar. II  Traer,  inclinar  hacia  un  lado 
alguna  cosa.  Q  Metáfora.  Atraer  una 
cosa  hacia  alguna  parte;  como  en  la 
Medicina,  llamar  la  causa  de  la  en- 
fermedad á  otra  parte.  Q  Neutro.  Ex- 
citar la  sed.  Dícese  más  comunmente 
de  los  manjares  picantes  y  salados.  || 
Dar  golpes  en  la  puerta  o  hacer  algu- 
na otra  seña  para  que  abran.  ||  Recí- 

f troco.  Tener  tal  ó  onal  nombre  6  ape* 
lido. 

EnuoLOGÍA.  Clamar. 

Llamarada.  Femenino.  La  llama 
que  se  levanta  del  fuego  y  se  apaga 
pronto,  y  Metáfora.  Encendimiento 
repentino  y  momentáneo  del  rostro.  || 
Movimiento  repentino  del  ánimo  y 
de  poca  duración.  |  Anticuado.  Ahu- 
mada, 

Btimoloqía.  Llama:  catalán, ^«o- 
radüt  llamarada.  (Labbrnia  J 

Llamarse.  Recíproco.  Tener  tal 
nombre  ó  apellido,  y  Marina.  Decli- 
nar ó  cambiar  la  dirección  del  viento 
hacia  parte  determinada,  en  cujro  sen- 
tido se  dice:  sa  llamó  al  Poniente,  sb 
LLAMÓ  al  Levante. 

Llamas  (Francisco).  Pintor  espa- 
ñol que  vivía  á  principios  del  si- 
glo xviii.  Quiso  imitar  el  estilo  de 
Lucas  Jordán,  pero  lo  hizo  mu j  de- 
fectuosamente. Existen  unos  frescos 
SUJOS  en  el  techo  y  lunetos  del  espa- 
cio que  media  entre  los  dos  claustros 
del  colegio  de  los  monjes,  llamado  el 
Paseo,  en  el  monasterio  del  Esco- 
rial. También  se  ven  pinturas  sujras 
en  la  ermita  de  Nuestra  Señora  del 
Prado,  junto  á  Talavera  de  la  Reina, 
y  en  la  capilla  de  san  S^pindo,  de  la 
catedral  de  Avila. 

Llamativo,  va.  Adjetivo  que  se 
aplica  al  manjar  que  llama  ó  excita 
la  sed.  Se  usa  más  comunmente  como 
sustantivo  en  la  terminación  mascu- 
lina. 

Llamazar.  IhscuUno.  El  terreno 
pantanoso. 

Llamear.  Neutro,  fichar  llamas  un 
cuerpo  inflamado. 

LÍamosa  (Luis  db).  Escultor  espa- 
ñol del  siglo  XVII,  discípulo  mny  aven- 
tajado de  Grregorio  Fernández.  Ajudó 
á  éste  en  sus  principales  obras,  par- 
ticularmente en  dos  retablos  del  mo- 
nasterio de  Sahagún,  que  su  maestro 
dejó  sin  acabar  por  haber  muerto 
en  1636,  y  que  Llamosa  conclujró  con 
perfección. 

Llampo.  Femenino,  Especie  de  ma- 
risco de  cuerpo  redondo,  y  cuja  carne 
se  pega  á  la  paña. 

Llampos.  Masculino  plural  ameri- 
cano. La  tierra  menuda  de  las  minas. 

Llana.  Femenino.  Plancha  de  hie- 
rro con  una  manija  ó  asa,  de  que  usan 
los  albañiles  para  tender  y  allanar  el 
yeso.  \\  Plana,  ¡j  Llanada. 

Etimolooía.  Llano. 

Llanada.  Femenino.  El  espacio  de 
terreno  igual  y  dilatado  sin  altos  ni 
bajos. 

Llanamente.  Adverbio  de  modo. 
Con  ingenuidad  y  sencillez.  ||  Con 
llaneza,  sin  aparato  ni  ostentación. 


EnuoLoafA.  Llana  y  el  so^jo  md— 
verbial  nunte:  catalán,  llatumenL 

Uattero,  ra.  Masculino  y  femeni- 
no. Habitante  de  las  llanuras  que 
ocupan  parte  del  territorio  de  las  re— 
úbl  icas  americanas  del  Ecuador  j 
olombia. 

Llaneza.  Femenino  anticuado. 
Llanura.  ||  Sencillez,  moderación  ea 
el  trato,  sin  aparato  ni  cumplimien- 
to. Q  Familiandad,  igualdad  en  el 
trato  de  unos  con  otros,  Q  Sencillez 
demasiada  en  el  estilo.  Q  Falta  de 
atención,  respeto  6  modestia;  asf  se 
dice:  me  trato  con  demasiada  llanb- 
1A..  O  Anticuado,  Sinceridad,  buena 
fe.  II  Alabo  la  Llanbza.  Locución  iró- 
nica con  que  se  moteja  al  que  usa  de 
&miliaridad  y  llanbza  con  las  perso- 
nas á  quienes  deUa  tratar  con  respe- 
to ó  atención.  En  este  sentido  suele 
decirse  frecuentemente:  ¡  vaja  una 
llanbza!,  ¡me  gusta  la  llaneza! 

ErmoLoaÍA.  Llano:  catalán,  llanesa, 

Llanico,  ca,  lio,  lia.  Adjetivo  di- 
minutivo de  llano, 

Llanisimamente.  Adverbio  de  mo- 
do superlativo  de  llanamente. 

Llanísimo,  ma.  Adjetivo  aaperla- 
tivo  de  llano  y  llana. 

Llano,  na.  Adjetivo,  Lo  que  está 
i^ual  y  extendido,  sin  altos  ni  bajos. 
Se  usa  también  como  sustantivo  en  la 
terminación  masculina.  |  MetÜora. 
A&ble,  sencillo,  sin  preaunoión.  || 
Desatento,  inurbano;  j  así  se  dice: 
es  tan  llano,  que  á  todos  trata  de  tú. 
Q  Libre,  franco.  Q  Se  aplica  al  vestido 
que  no  es  precioso  ni  tiene  adorno 
ninguno.  \  Claro,  evidente.  Q  Metáfo- 
ra. Lo  que  está  corriente,  que  no 
tiene  dificultad  ni  embarazo.  ||  Foren- 
se, Hablando  de  las  fianzas,  depósi- 
tos, etc.,  se  aplica  á  la  persona  que 
no  puede  declinar  la  jurisdicción  del 
juez  á  quien  pertenece  el  conocimien- 
to de  estos  actos.  Q  Se  aplica  á  la  per- 
sona que  es  pechera  ó  que  no  goza  de 
fuero  privilegiado,  Dicese  también 
del  estado  de  los  pecheros.  |  Se  apli- 
ca al  estilo  sencillo  y  sin  ornato.  | 
Masculino  plural.  Bn  las  medias  y 
calcetas  de  aguja  son  los  puntos  en 
que  no  se  crece  ni  mengua.  Q  A  la 
LLANA.  Modo  adverbial.  Llanamente, 
Q  Metáfora.  Sin  ceremonia,  sin  apara- 
to, sin  acompañamiento,  pompa  ni 
ostentación.  ||  De  llano.  Modo  adver- 
bial. Clara,  dbscdbibrtambntb.  \  Db 
LLANO  BN  llano.  Modo  adverbial.  Cla> 
ra  y  llanamente. 

Etimología.  Plano:  catalán,  Uo- 
no,  a. 

Llanos  (Diboo  db).  Escultor  espa- 
ñol, que  vivía  á  principios  del  si- 
glo XVI,  Sólo  se  sabe  de  él  que  trabajó 
en  el  tabernáculo  del  altar  ma^or  de 

la  catedral  de  Toledo  en  1502, 

Llanos  y  Valdés  (SbbastUm  db). 
Pintor  español  del  siglo  xvi,  discípu- 
lo de  Francisco  Herrera  el  Viejo.  Fué 
uno  de  los  fundadores  de  la  Academia 
de  Sevilla  en  1660,  que  presidió  mu- 
chos años.  Sus  principales  obras  son: 
una  Virgen  del  Mosario  rodeada  de  in- 
geles,  que  pintó  para  el  colegio  de 
Santo  Tonis  de  Sevilla,  y  una  J/is^- 


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LLAVE 


LLAVE 


LLEGA  517 


dattMipan  los  recoletos  de  Madrid. 

Lian  sol  de  Romani  (Fb&ncisco). 
Brudito  español  del  siglo  kvi,  natu- 
nl  da  Valencia,  que  ñoreció  por  los 
afioB  de  1520.  Dedicóse  maj  particu- 
lannente  al  estudio  de  las  ciencias,  y 
escribió  machas  obras  de  gran  méri- 
to, llevando  su  afición  á  lai  letras 
hasta  tal  punto,  qne  por  adc^airír  da- 
tos para  su  obra  sobre  los  ríos  de  Es- 

Saña,  ^stó  casi  todo  sn  patrimonio, 
as  pnncipalesproduecioues  son:  Det- 
cripcié»  d*l  Ajrieaty  en  particular  de 
/«  nave^acvfm  del  íítmmht  cartaginés; 
Compendio  del  origen  y  guerra  de  lo» 
íurcot;  Tratado  de  los  ríos  de  España. 

Llanta.  Femenino.  Botánica.  Va- 
riedad de  col  que  se  diferencia  de  las 
demás  en  que  es  más  tierna  que  la 
berza,  en  que  sus  hojas  verdes  son 
más  largas,  jr  en  ^ue  viene  antes  que 
aquélla.  \  Cnalquiera  de  las  piezas  de 
hierro  con  qne  se  guarnecen  las  pinas 
de  las  ruedas  en  los  coches  j  carros. 
Llantar.  Neutro  anticuado*  Li.ah- 

TUR. 

Llantear.  NentM  aatícoado.  Llo- 
rar, pUair. 

Btuimxwía.  Llanto. 

Uantén.  Mascnlíno,  Botánica, 
Planta  de  tallo  herbáceo,  con  espigas 
de  flores  muj  pequeñas  4  modo  de 
tubitos  que  tienen  calicillos  dividi- 
dos en  cuatro  partes,  cuatro  estam- 
bres mu^  largos,  un  pistillo,  j  por 
fruto,  cajitas  con  dos  celdillas,  j  en 
ellas,  semillas  oblongas. 

Llanto.  Masculino.  Bfasión  de  lá- 

f grimas  acompañada  regularmente  de 
amentos  j  sollozos.  U  Amkqaesb  in 
LLAMTO.  Frase  metafórica  con  que  se 
pondera  el  demasiado  llanto.  U  El 

LLANTO  SOBBB  IL  DIFONTO.  Bx.presíÓn 

familiar  con  que  se  denota  que  las 
cosas  se  han  de  hacer  á  tiempo  j 
oportunamente,  sin  dejar  pasar  la 

ocasión. 

ExiuoLOofA.  Planto:  catalán,  llanto, 
plore. 

Llanura.  Femenino.  La  igualdad 
de  la  superficie  de  alguna  cosa.  |  Lla- 
nada. 

Llapa.  Femenino.  Mineralogía.  El 
aumento  de  azogue  que  se  echa  al 
metal  al  tiempo  que  se  trabaja  en  el 

buitrón. 

Llapar.  Activo.  Mineralogía.  Au- 
mentar la  porción  de  azogue  que  se 
echa  al  metal  al  tiempo  que  se  traba- 
ja en  el  buitrón. 

BnuoLoatL.  Llapa. 

Llares.  Femenino  plural.  Cadena 
de  hierro  pendiente  en  el  ca&ón  de  la 
chimenea  con  un  garabato  en  el  ex- 
tremo inferior  para  poner  la  caldera, 
T  á  poca  distancia  otro,  para  subirla  ó 
bajarla. 

Llave.  Femenino.  Instrumento  co- 
munmente de  hierro,  que  sirve  para 
abrir  7  cerrar  moviendo  el  pestillo  de 
la  cerradura.  |  Instrumento  para  ar- 
mar^ desarmar  camas  7  otras  cosas, 
facilitando  el  uso  de  los  toroillos  que 
unen  sus  partes.  ||  Instrumento  de 
metal  para  facilitar  ó  impedir  la  sali- 
da al  agua  de  las  fuentes,  y  pasar  los 
licores  de  unas  Tasijas  á  otras.  |  Par- 


te  de  las  armas  de  fuego  que  sirve 
para  dispararlas,  j  se  compone  de 
muelles,  gatillo,  rastrillo,  cazoleta  j 
otras  vanas  piezas.  j¡  ob  pistón.  La 
que  está  construida  para  el  cebo  de 
pólvora  fulminante,  ^  no  tiene  pie- 
dra, cazoleta,  ni  rastrillo,  sino  sólo  un 
macito  que,  cajendo  sobre  el  pistón, 
lo  inflama  y  comunica  el  fuego  á  la 
carga.  |  Instrumento  de  metal  que 
sirve  para  dar  cuerda  á  los  relojes.  Q 
Cada  una  de  ciertas  piezas  de  metal, 
que  hay  en  varios  instrumentos  de 
viento,  sobre  las  cuales  se  ponen  los 
dedos  para  dar  paso  al  aire  j  variar 
los  sonidos.  |  Metáfora.  El  medio 
para  descubrir  lo  oculto  ó  secreto.  | 
Metáfora.  El  principio  que  facilita  el 
conocimiento  de  otras  cosas,  capo- 
na. Familiar.  La  llave  de  gentil- 
hombre de  la  cámara  del  rej,  que  sólo 
es  honoraria,  sin  entrada  ni  ejerci- 
cio. I  DB  bntbada.  La  que  autoriza  á 
los  gentilhombres  de  ui  cámara  sin 
ejercicio  para  entrar  en  ciertas  salas 
de  palacio.  H  Llavbs  db  la  Iqlbsia. 
La  potestad  espiritual  para  el  gobier- 
no j  dirección  de  los  fieles.  |  Llavb 
OB  LA  MANO.  La  anchura  entre  las  ex- 
tremidades del  pulgar  j  del  meñique 
estando  la  mano  abierta.  Q  Llavb  del 
piB.  La  distancia  desde  lo  alto  del 
empeine  hasta  el  fin  del  talón.  |  dbl 
REINO.  Plaza  fuerte  en  la  frontera  que 
dificulta  la  entrada  al  enemigo.  ¡  do- 
ble. La  que  además  de  las  guardas 
regulares  tiene  unos  dienteciUos  que 
alcanzan  á  dar  segunda  vuelta  al  pes- 
tillo, j  entonces  no  se  puede  abrir 
con  la  llave  sencilla.  Q  dorada.  La 
que  osan  los  hentilhombres  con  ejer- 
cicio 6  con  entrada.  Q  uabstra.  La 
que  está  hecha  en  tal  disposición  que 
abre  j  cierra  todas  las  cerraduras  de 
una  casa.  |  db  tercera  vuelta.  La 
que  además  de  las  guardas  regulares 
y  los  dienteciUos  para  segunda  vuel- 
ta, tiene  otros  para  dar  tercera  vuelta 
al  pestillo,  y  entonces  no  se  puede 
abrir  con  la  llavb  sencilla  ni  con  la 
doble.  Q  FALSA.  La  que  se  hace  furti- 
vamente para  falsear  una  cerradura,  g 
Ahí  ts  quedan  las  llaves.  Expresión 
metafórica  con  que  se  da  á  entender 
que  alguno  deja  el  manejo  de  algún 
negocio  sin  dar  razón  de  su  estado,  y 
Debajo  de  llave.  Expresión  con  que 
se  da  á  entender  que  alguna  cosa  está 
guantada  ó  cerrada  con  llave.  ||  Do- 
blas LA  LLAVB.  Frase.  Torcer  la 
llavb.  Q  Echab  la  Ujltb.  Frase. 
Cerrar  con  ella.  ||  Frase  metafórica. 
Echar  bl  sbllo.  Q  Falsearla  llave. 
Frase.  Hacer  otra  semejante  con  las 
mismas  guardas  y  medidas  para  abrir 
furtivamente  una  puerta,  cofre,  escri- 
torio, etcétera,  g  Las  llaves  en  la 

CINTA  Y  EL  perro  EN  LA  COCINA.  Refrán 

que  se  aplica  á  las  personas  que,  sien- 
do mny  descuidadas,  afectan  ser  cui- 
dadosas. D  Torcbr  la  llave.  Frase. 
Darle  vueltas  dentro  de  la  cerradura 
para  abrir  ó  cerrar.  ||  Tbas llavb.  Ex- 
presión familiar.  Debajo  db  u.avb. 

Etiuolooía.  Clave. 

Llavecica,  Ua,  ta.  Femenino  di- 
minutivo de  llave. 


Llaverizo.  Masculino  anticuado. 
El  que  cuidaba  de  las  llaves,  traién- 
dolas frecuentemente  consigo. 

Llavero,  ra.  Masculino  j  femeni- 
no. La  persona  que  tiene  a  su  carro 
las  llaves  de  alguna  plaza,  ciudad, 
palacio  ó  iglesia,  etc.,  y  más  comun- 
mente la  ^ue  tiene  alguna  de  las  de 
arcas  ó  cajas  de  tres  llaves,  para  cus- 
todiar caudales  ú  otras  cosas  precio- 
sas. I  tfasculino.  £3  anillo  de  plata, 
hierro  ú  otro  metal  en  que  se  traen 
llaves,  7  se  derra  con  un  muelle  ó 
encaje. 

Etimología.  Clavero. 

Lie.  Pronombre  anticuado.  Le. 

Lleco,  ca.  Adjetivo.  Se  aplica  á  la 
tierra  ó  campo  que  nunca  se  ha  labra- 
do ni  roto  para  sembrar. 

Llecho,  cha.  Adjetivo  anticuado. 
Junto,  reunido.  |  Masculino  anticua- 
do. Lecho. 

Llega.  Femenino.  Provincial  Ara- 
gón. La  acción  7  efecto  de  recoger, 
allegar  ó  juntar. 

Llegada.  Femenino.  Acción  y  efec- 
to de  llegar,  en  la  primera  acepción. 

Lleglulo,  da.  Adjetivo  anticuado. 
Cbbcaho. 

Llegamiento.  Masculino  anticua- 
do. Allegamiento. 

Llegar.  Neutro.  Venir,  arribar  de 
un  sitio  ó  paraje  á  otro.  P  Durar  has- 
ta época  ó  tiempo  determinado.  |  Ve- 
nir por  su  orden  ó  tocar  por  su  turno 
alguna  cosa  ó  acción  á  alguno.  |  Con* 
seguir  el  fin  á  que  se  aspira;  y  así  se 
dice:  llegó  á  ser  general.  ^  Tocar,  al- 
canzar una  cosa;  j  asf  se  dice:  la  eapa 
LLEQA  á  la  rodilla.  |  Venir,  verificar- 
se, empezar  á  correr  un  cierto  y  de- 
terminado tiempo,  ó  venir  el  tiempo 
de  ser  ó  hacerse  alguna  cosa.  Q  As- 
cender, impórtar,  subir;  como  el  gas- 
to LLBOÓ  i  cien  reales.  |  Junto  con  al- 
gunos verbos  tiene  la  significación 
del  verbo  á  que  se  junta;  y  así  se  dice 
comunmente:  llboó  á  oir,  llegó  á  en- 
tender, por  oyó,  entendió.  Q  Activo. 
Allegar,  juntar.  Q  Arrimar,  acercar 
una  cosa  hacia  otra.  Q  Recíproco. 
Acercarse  una  cosa  á  otra.  ¡|  Ir  á  pa- 
raje determinado  que  esté  cercano.  | 
Unirsb.  i  El  que  primero  llega  ¿se 
LA  calza.  Frase  provincial  con  que  se 
nota  que  el  más  diligente  logra  por 
lo  común  lo  que  solicita.  |  Llegar  v 
besar.  Locución  que  explica  la  bre- 
vedad con  que  se  logra  alguna  cosa: 
también  se  dice:  llegar  t  bbsab  el 

SANTO.  I  No  LLBOAR  UNA   PBBSOHA  6 

COSA  Á  OTRA.  Frase.  No  i^alarla  ó  no 
tener  las  calidades,  habilidad  ó  cir- 
cunstancias que  ella.  Q  Xo  llbgab  X 
vso  LA  camisa  al  cubbpo.  Frsse  me- 
tofórica.  Estar  lleno  de  zozobra  y  cui- 
dado por  temor  de  algún  mal  suceso. 

Sinonimia.  Llegar,  alcanzar.  Estos 
verbos  son  sinónimos  cuando  uno  y 
otro  significan  bastar  ó  ser  suficiente 
una  cosa  para  un  fin  determinado; 
pero  llegar  representa  el  hecho  posi- 
tivamente: alcanzar  representa  la  po- 
sibilidad del  hecho.  La  acción  del 

firimero  es  un  efeeto  de  la  suficiencia; 
a  acción  del  segundo  es  la  suficien- 
cia misma. 


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518  LLERA 


LLEVA 


LLORA 


-  La  alfombra  llega  de  ana  parte  á 
otra  de  la  sala.  Este  es  un  hecho  po- 
sitivo, un  efecto  da  la  suficiencia  de 
la  alfombra;  pero  si  decimos  que  al- 
canza, sólo  explicamos  la  idea  de  la 
posibilidad  de  qae  llegue,  esto  es, 
lUga  porque  es  Mstante  larga;  a/out- 
fa,  esto  n,  w  bastante  larga  pan  lU- 

Da  un!  es  que  cuando  no  tenemos 

ana  erplicar  puramente  ana  posíbili- 
ad,  sino  expresamente  el  hecho  mis- 
mo de  Üegc^,  baio  la  idea  de  positivo, 

Íno  de  posible,  no  empleamos  el  Ter> 
o  alcantar.  Bl  camino  nuevo  llega 
hasta  Burgos.  La  eapa  le  llega  á  los 

pies.  (U.CBRTA.) 

Llena.  Femenino.  La  creciente  que 
hace  salir  de  madre  á  los  ríos,  ¿arro- 
jos, causada  por  avenida. 

ETUOLoafa.  Leñar. 

Llenamente.  Adverbio  da  modo. 
Copiosa  j  abundantemente. 

Etiii<h.ooía.  Llena  j  el  suBjo  ad- 
verbial mente. 

Llenar.  Activo.  Ocupar,  henchir 
con  alguna  cosa  cualquier  lugar  va- 
cío. Q  Ocupar  dignamnnte  algún  lu- 
gar ó  empleo.  |  Parecer  bien,  satisfo- 
eer  alguna  cosa;  como  la  razón  de  Pe* 
dro  me  llenó.  I  FscaHDAft  el  macho 
&  la  hembra,  y  Metáfora.  Cargar,  col- 
mar abundantemente;  como  le  llbnó 
de  favores,  de  improperios,  etc.  Q  Re- 
cíproco. Hartarse  de  comida  ó  bebi- 
da. I  Atufarse,  irritarse,  después  de 
haber  sufrido  ó  aguantado  por  algún 
tiempo;  y  así  se  dice:  ¡estoj  ja  lleno! 
|]  Llbnabse  db  nazÓN.  Frase.  Tener 
razón  sobrada. 

Btiholoqía.  Lleno. 

Llenera.  Femenino  anticuado. 
Llenura. 

Lleneramente.  Adverbio  de  modo 
anticuado.  Llbnaubntb. 

Llenero,  ra.  Adjetivo  forense. 
Cumplido,  calnl,  pleno,  sin  imita- 
ción. 

ExiuoLoaÍA.  Llénwa. 

Llaneza.  Femenino  anticuado.  Ple- 
nitud, llenura. 

Llenísimo,  ma.  Adjetivo  superla- 
tivo de  lleno  j  llena. 

Lleno,  na.  Adjetivo.  Ocupado  ó 
henchido  de  otra  cosa.  |  Blasón.  Apli- 
case á  los  escudos  llbncs  de  otro  es- 
malte: dícese  también  de  las  ñguras 
cargadas  de  otras  de  color  diferente. 
I  Medicina.  Se  dice  del  pulso  cuando 
está  aumentado  en  todas  las  dimen- 
siones. II  Masculino  familiar.  Abun- 
dancia de  alguna  cosa.  |  La  perfec- 
ción ó  último  complemento  de  alguna 
cosa.  I  Hablando  de  la  luna,  flbnilu- 
Nio.  I  De  U.BNO.  Modo  adverbial.  En- 
teramente, totalmente.  \  En  LLENO.  Ue 
medio  á  medio,  enteramente.  |  Modo 
adverbial.  Db  lleno. 

Btiuología.  Pleno. 

Llenura.  Femenino.  Copia,  abun- 
dancia, plenitud. 

Etuiolooía.  Lleno. 

Llera  y  Zambrano  (Alfonso  db). 
Pintor  español,  que  vivía  en  Cádiz 
por  loa  años  de  1639.  Aprendió  su 
arte  en  Sevilla  j  se  distinguió  en  los 
frescos  j  en  los  cuadros  de  género. 


Pintaba  á  la  aguada  las  banderas  para 
los  buques  de  la  real  armada,  j  se  con- 
servan en  el  museo  de  Madrid  unas 
imágenes  que  pintó  en  madera,  para 
cuatro  galeones  que  fueron  á  Tierra 
Firme  el  afio  1639. 

Lleta.  Femenino.  Bl  tallo  recién 
nacido  de  las  plantas  qne  producen 
las  semillas  j  cebollas. 

Lletrado.  Masculino  anticuado. 
Letrado. 

BTiuoLOofa.  Lemosín  lletraU 

Ueudar.  Activo.  Lbudab. 

Lleva.  Femenino.  Llbvada. 

Llevada.  Femenino.  La  acción  y 
efecto  de  llevar. 

Llevadero,  ra.  Adjetivo.  Fácil  de 
sufrir,  tolerable. 

EtimolooÍa.  Llevar. 

Llevador,  ra.  Masculino  7  feme- 
nino. El  que  lleva. 

Llevar.  Activo.  Transportar,  con- 
ducir alguna  cosa  de  una  parte  á 
otra.  \  Cobrar,  exif  ir,  percibir  el  pre- 
cio ó  derechos  de  alguna  cosa.  ||  PRO- 
DuciB.  Q  Cortar,  separar  violentamen- 
te una  cosa  de  otra;  jr  así  se  dice:  la 
bala  le  llbvÓ  un  brazo.  \  Tolerar,  su- 
frir, y  Inducir,  persuadir  á  alguno, 
atraerle  á  su  opinión  ó  dictamen.  | 
Guiar,  indicar,  dirigir;  y  así  se  dice: 
este  camino  llbva  á  tal  parte.  |  Traer 

fiuesto  el  vestido,  la  ropa,  etc.,  ó  en 
os  bolsillos  dinero,  papeles  ú  otra> 
cosa.  ¡  Introducir,  proteger  á  alguno 
para  con  otro.  H  Lograr,  conseguir.  || 
Aritmética.  Reservar  de  la  suma  de 
una  columna  una  unidad  de  cada  de- 
cena, centena,  etc.,  para  añadirla  á 
la  suma  de  la  columna  inmediata;  y 
así  se  dice:  son  veinte,  llevo  dos;  son 
cincuenta,  llevo  cinco,  etc.  ||  Llbvab 
UN  SUJETO  Á  oteo  aSos,  ubsbs,  etc. 
Excederle  en  edad  el  tiempo  ^ue  se 
dice.  Q  Bn  varios  juegos  de  naipes  es 
ir  á  robar  con  un  número  determina- 
do de  puntos  ó  cartas.  |  Llbvab  k  ca- 
bo 6  AL  CABO  UNA  COSA.  Frase.  No  ce- 
sar en  ella  hasta  concluirla.  |  Junto 
con  algunos  participios  vale  lo  que 
ellos  significan;  como  llbvab  estudia- 
do, LLBVAB  sabido,  etc.  Q  Junto  con  la 
preposición  por  y  algunos  nombres, 
vale  ejercitar  las  acciones  que  los  mis- 
mos nombres  significan;  como  llbvab 
por  tema,  por  empeño,  por  cortesía, 
etcétera.  Q  Llbvab  adelante.  Frase. 
Seguir  con  tesón  y  constancia  lo  que 
se  na  emprendido.  |  Llevar  la  car- 
ga. Tener  sobre  sí  el  peso  ó  cuidado 
de  algún  negocio.  U  consioo.  Frase 
metafórica.  Hacerse  acompañar  de  al- 
guna ó  algunas  personas.  \  Llevarla 
HECHA.  Frase  familiar.  Tener  dispues- 
ta ó  tramada  de  antemano  con  disi- 
mulo y  arte  la  ejecución  de  una  cosa. 
[|  Llevar  por  delante.  Frase.  Tener 
presente  alguna  cosa  para  dirigir  sus 
operaciones;  y  así  se  dice:  Llevar  por 
delante  el  temor  de  Dios  para  obrar 
bien.  [|  Llevarlas  bien  ó  mal.  Frase. 
Estar  bien  ó  mal  avenidos.  |j  No  lle- 
varlas TODAS  CONSIOO.  Frase  familiar 
con  que  se  denota  el  recelo  ó  temor 
que  alguno  tiene  ó  con  que  va  á  eje- 
cutar alguna  cosa. 
BTUcOLoaÍA.  Levar. 


SiNONiuiAi — ÁríUulo  primero.  Lle- 
vas, TRASLADAR.— ¿í«Mr  tiene  una 
signiácaeión  más  amplia  que  trasla- 
dar. Este  último  verbo  requiere  la  in- 
dicación del  sitio  á  que  se  lleva  la 
cosa  a  que  se  alude.  Cuando  decimos 
que  una  recua  lleva  trigo,  el  sentido 
ueda  completo;  pero  no  así  cuando 
ecimos  que  la  corte  se  trasladó^  por- 
que no  hay  en  este  caso  sentido  com- 
pleto, si  no  se  denota  el  punto  á  que 
se  ha  hecho  la  tratlaeúfn.  (Mona.) 

Ártiatlo  tegundo, — Llbvab,  consd- 
ciB. — Llevar  supone  acción  y  fuerza. 

CondnHr  supone  gu&,  pensamien- 
to, hasta  mando. 

tLle'veme  el  diablo,  compadre  An- 
tón, si  estáis  aquí  para  ninguna  obra 
de  caridad.» 

Claro  es  que  no  puede  decirse:  con- 
dúzcame el  diablo.  ^Cuál  es  la  razón 
de  este  uso?  La  razón  es  que,  al  decir 
lléveme  el  diablo,  significa  el  deseo 
da  que  el  diablo  me  lleve  adonde 
me  quiera  llevar,  que  no  será  á  nin- 
guna parte  buena,  porque  un  diablo 
no  puede  tener  una  intención  moral, 
una  idea  discreta,  un  pensamiento 
equitativo:  mientras  que,  al  decir 
condétcame  el  diablo,  significaría  une 
el  diablo  me  guiaba,  que  era  mi  di- 
rector, mi  jefe,  mi  caudillo;  en  ana 
palabra,  que  iba  á  salvarme  de  los 
peligros  en  que  podía  verme,  y  estas 
ideas  de  discreción  y  de  moralidad  no 
pueden  convenir  á  un  poder  absucdo 
como  el  diablo. 

El  diablo  lUva  las  almas,  porque 
las  saca  de  este  mundo;  no  las  condu- 
ce, porque  no  las  lleva  i  buen  para- 
dero. 

El  animal  lleva  una  carga. 
El  caudillo  eondnce  nn  ejército. 
Un  oocinere  liev»  nn  plato  á  la 
mesa. 

Un  ejército  mmíim  un  convoy. 
Todo  el  qne  tiene  fuerza,  poede  , 
llevar. 

Solamente  el  que  tiene  razón  paede 

cofiducir. 

Llevarse. Recíproco. Dejarse  arras* 
trar  ó  vencer  algo.  |  Conducirse  entre 
sí  de  tal  ó  cual  manera. 

Llíclla.  Femeninoamerioano.  Man- 
tilla de  tejido  primoroso  de  lana  que 
llevan  las  indias  sobre  los  hombros. 
Tiene  tres  listas  paralelas  de  color, 
una  á  cada  orilla,  y  la  otra  al  medio. 

Llicta.  Femenino  americano.  Es- 
pecie de  torta  dura,  compuesta  de  ha- 
rina de  patatas  aaadas,  ae  que  toman 
un  bocado  los  indios,  para  dar  saine- 
te  á  la  coca  que  mastican. 

Llíella.  Femenino.  Especie  de  ro- 
paje que  usan  las  indias  americanas. 

Lloíca.  Femenino.  Pájaro.  P ar- 
dí lio. 

Llopta.  Femenino,  La  tacana  de 
color  ceniciento,  en  las  minas. 

Lloradera.  Femenino  anticuado. 
Plañidera. 

Etimología.  Llorar:  francés,  pleu- 
reuses,  bandas  de  tela  blanca  que  se 
estilaban  en  los  duelos;  catalán,  jile- 
radora. 

Lloradero.  Masculino.  Agujero 
por  donde  se  filtra  el  agua. 


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LLORE 

KriMOLoaU.  Llorar. 

Uorado,  da.  Participio  pasivo  de 
llorar.  \  Adjetivo.  La  persona  ó  cosa 
qae  es  objeto  de  llanto;  7  así  se  dice: 
<ifa¿  ma;  llobux);»  «na  sido  mnj 

LLOBAOA.», 

ETmoLooÍÁ.  Llorar:  catalán,  j^íoraí, 
da;  francés,  pUuré;  italiano,  pianto, 
participio  pasivo  j  sustantivo;  latín, 
plSraln*. 

Llorador,  ra.  Masculino  7  feme- 

nÍDO.  El  que  llora. 

BniiOLoaÍA.  Llorar!  francés,  pleu- 
reiue;  catalán,  plorador,  el  que  llora 
fícilmeate:  q%i  plora  ñdlí  facihnent, 
plorayrg;  que  siempre  se  lamenta:  q%i 
iempre's  UwuHta;  UiiUipldrSIor,  (Hab* 

CUL.) 

Uoradn«los.  Hasculino  fitmíliar. 
El  que  fireenentemeate  lamenta  y  llora 
sus  infbrtanios. 

LloramÍM».  Femenino  &miliar. 

Lloro. 

Llorante.  Participio  activo  anti- 
cuado de  llorar.  El  que  llora. 

Uorar.  Neutro.  Derramar  lágri- 
mas, Ü  Fluir  algún  humor  por  los 
ojos.  I  Metáfora.  Condolerse  de  las 
calamidades  é  infortunios:  se  usa  tam- 
bién como  activo.  Q  Metáfora.  Caer  el 
licor  gota  á  gota  6  destilar*  como  su- 
cede en  las  vides  al  principio  de  la 
primavera. 

BTU(Oi;.oafA.  Latín  pluire,  llover; 
plorhtt  llorar;  esto  es,  caer  la  lluvia 
de  los  ojos  (Cdscio,  número  S69):  ita- 
liano, plorare;  francés,  pleurer;  pro- 
venzal  y  catiján,  piona':  portugués, 
cAsnr;  waldn,  vMr«. 

Uoredo.  Masculino.  Terreno  pa- 
blado de  laureles. 

Llóreos  (Cbistóbal).  Pintor  espa- 
ñol del  siglo  XVI.  Residía  en  Valen- 
cia, donde  se  cree  fué  discípulo  de 
Juanes.  En  1597  pintó  con  buen  di- 
bajo j  colorido  las  historias  de  los 
retablos  de  San  Sebastián  y  de  Santa 
María  Magdalena,  que  están  en  la 
iglesia  del  monasterio  de  San  Miguel 
de  los  Re/es,  extramaros  da  aquella 
eindad. 

Llóreos  (TouÁs).  Bscultor  espafiol 
del  siglo  xvui,  natural  de  Valencia, 
discípulo,  sn  el  dibujo,  de  Svaristo 
Muñoz,  j  an  la  escultura,  de  Pedro 
Bas.  Sus  obras  más  notables  son:  san 
Vicente;  sania  Tecla;  san  Pedro  Pas- 
cual; retablo  j  escultura,  de  la  Sole- 
dad; Apostolado,  etc.,  en  Valencia; 
varias  estatuas  en  la  iglesia  de  Ches- 
te;  una  Virgen  en  la  de  Museros;  un 
Santiago  en  ía  de  Villena;  portada  en 
la  de  Alcojr;  tan  Miguel  en  la  de  Ve- 
da. 

Llórente  (Bernardo  GbrmíCn). 
Véase  QbbuÁk. 

Llórente  (Jbróniua.).  Célebre  ac- 
triz española,  i^ue  nació  en  A.ñover  de 
Taje,  nrovincia  de  Toledo,  el  año 
de  1793.  Era  hija  de  don  Fdípe,  mé- 
dico titular  de  dicho  pueblo,  j  de 
dofia  Tomasa  Orbes.  Mut  niña  toda- 
vía pasó  al  real  sitio  de  Aranjuez, 
por  haber  sido  nombrado  su  padre 
médico  de  la  real  casa,  j  allí  recibió 
la  primera  educación,  distinguiéndo- 
se desde  muj  temprano  por  la  ento- 


LLORE 

nación  7  maestría  con  ^ue  recitaba  fá* 
bulas  y  otras  composiciones  poéticas. 
En  1808,  trastornado  el  país  por  la 
invasión  francesa,  hujó  con  su  nmt- 
lia  del  interior  de  la  Península,  j  llft> 
gÓ  hasta  Cádiz,  donde  triunfando  su 
vocación  de  las  preocupaciones  é  in- 
justicia coa  que  en  aquellos  tiempos 
se  miraba  la  profesión  del  teatro,  em- 
pezó su  carrera  artística.  El  s^Iauao 
con  que  fué  recibida  le  valió  bien 
pronto  diversas  contratas  para  pro- 
vincias, hasta  que,  en  18¿5,  vino  á 
Madrid  á  formar  parte  de  las  compa- 
ñías de  la  Cruz  y  el  Príncipe,  como 
segunda  dama,  supliendo  en  más  de 
una  ocasión  á  actrices  tan  renombra- 
das como  Agustina  Torre  jr  Concep- 
ción Rodríguez.  Desempeñando  con 
creciente  aplauso  este  puesto,  conti- 
nuó hasta  1B32,  en  que  una  grave  en* 
fermedad  la  obligó  á  retirarse  de  la 
escena,  Al  año  siguiente,  don  Juan 
Grimaldi,  que  en  aquella  sazón  diri- 
gía el  coliseo  del  Príncipe,  la  contra- 
tó para  reemplazar  á  la  reputada  ca- 
racterística doña  Concapción  Velas- 
co,  y  desde  entonces,  puede  decirse 
que  comenzó  la  no  interrumpida  serie 
de  triunfos  que  había  de  inmortali- 
zar el  nombre  de  Jerónima  Llórente, 
Las  comedias  de  Moratíu,  y  mujr  es- 
pecialmente la  doña  Irene  de  El  Si 
de  las  niñas.  Bandera  negra,  A  Madrid 
me  vuelto.  La  Escuela  tíe  las  coquetas. 
El  Arte  de  hacer  fortuné^  Mujer  gaz- 
moña ¡f  marido  infoL  Otra  casa  con  dos 
puertas.  La  Ttayía  sobrina,  y  todas 
las  comedias  del  inmortal  Bretón  de 
los  Herreros,  que  escribía  las  caracte- 
rísticas exclusivamente  para  ella,  son 
otros  tantos  florones  de  su  envidiable 
corona  artística.  Con  decir  que,  desde 
aquella  época  hasta  la  temporada  de 
1819  á  1850,  estuvo  formando  par- 
te de  las  compañías  de  los  teatros  de 
la  Corte,  donde  figuraban  actrices  y 
actores  como  Antera  Baus,  Concepción 
Rodríguez,  Matilde  Diez,  Bárbara  7 
Teodora  Lamadrid,  García  Luna, 
Carlos  Latorre,  Cajprara,  Rafael  Pé- 
rez, Cubas,  Ouzman,  Julián  Romea, 
Fabiani,  Campos  7  tantos  otros,  es 
ma7  bastante  para  dar  á  conocer  su 
talento  7  el  merecido  favor  que  la 
dispensaba  el  público.  Organizado  el 
Teatro  Español,  merced  áia  laudable 
iniciativa  del  conde  de  San  Luis,  una 
de  las  primeras  actrices  que  fueron 
llamadas  á  formar  parte  de  aquella 
notable  compañía  fue  Jebóniua  Llo- 
RBNTE.  Sin  embargo,  poco  tiempo  ha- 
bía de  figurar  el  lado  de  sus  compa- 
ñeros, pues  el  25  de  Enero  de  I80O, 
una  apoplejía  fulminante  arrebataba 
á  nuestra  escena  una  de  sus  más  no- 
tables actrices,  cuando  contaba  57 
años  de  edad  7  se  encontraba  en  toda 
la  plenitud  de  sus  facultades.  El  nom- 
bre de  Jbróniua  Llorbntb  figura  7 
figurará  siempre  en  primera  linea  al 
lado  de  las  grandes  actrices  de  los 
tiempos  modernos. 

Llórente  (Juan  Antonio).  Sabio 
literato  español,  que  nació  en  Riii- 
cón  del  Soto,  provincia  de  Logrobo, 
en  1756, 7  murió  en  1833.  Dedieedo 


LLORI 


519 


á  la  carrera  eclesiástica,  más  bien  por 
asegurarse  una  posición  que  por  vo- 
cación verdadera,  fué  sucesivamente 
benefieiado  en  Calahorra,  doctor  en 
derecho  canónico,  abogado  de  los  rea- 
les consejos,  vicario  general  del  obis- 
pado de  Calahorra,  secretario  de  la 
Inquisición  de  Madrid,  dignidad  de 
maestrescuela  de  la  catedral  de  To- 
ledo, canciller  de  la  universidad,  con- 
decorado con  la  cruz  de  Carlos  III,  é 
individuo  de  varías  sociedades  del 
reino.  Hallándose  en  su  pueblo  natal, 
prestó  auxilios  ^  proporcionó  medios, 
de  subsistencia  á  mucnos  eclesiásticos 
franceses  emigrados  durante  la  revo- 
lución. Profesaba  ideas  liberales  7 
fué  amigo  del  inmortal  Jovellanos, 
en  cu7a  desgracia  fué  envuelto,  su- 
friendo como  él  persecuciones,  7 
viéndose  privado  de  algunos  de  sus 
empleos.  Al  verificarse  la  invasión 
francesa  en  España,  cometió  el  error 
de  creerla  conveniente  para  el  progre- 
so de  su  país,  7  se  adhirió  al  Gobier- 
no de  José  Bonaparte,  desempeñando 
los  d*)stinos  de  director  de  bienes  na- 
cionales 7  comisario  general  de  Cru- 
zada. A. la  caída  de  aquel  Gobierno 
tuvo  naturalmente  que  salir  de  Espa- 
ña, 7  se  fijó  en  París,  donde  continuó 
en  sus  ocupaciones  literarias.  Pero  la 
Historia  de  la  Inquisición^  que  publicó 
en  aquella  capital,  con  los  materiales 
que  había  recogido  mientras  fué  se- 
cretario en  Madrid,  7  poco  después 
otra  obra  titulada  Retratos  políticos  de 
lot  papas,  le  suscitaron  persecuciones, 
comunicándosele  la  orden  de  salir  de 
Francia  en  el  término  de  tres  días  en 
Diciembre  de  1822;  dos  meses  des- 
pués murió  en  Madrid.  Uno  de  los  es- 
critos que  le  han  d&do  justa  reputa- 
ción, es  las  Observaciones  criticas  sobre 
el  romance  de  &il  Blas  de  Santi  lana,  en 
que  demuestra  de  un  modo  incontes- 
table la  procedencia  española  de  di- 
cha novela.  Además  de  las  obras  ci- 
tadas, dejó  las  siguientes:  Monumento 
romano  descubierto  en  Calahorra;  Dis- 
cursos histórico-canónicos;  Fuero  Juzgo 
á  colección  de  leyes  promulgadas  en  Es- 
paña por  los  reyes  godos;  Noticias  histá- 
ricas  de  las  tres  Provincias  Vasconga- 
das; Discurso  kerildieo  sobre  el  escudo 
de  armas  de  España;  Colección  diplomá- 
tica de  varios  papeles;  Disertación  sobre 
el  poder  que  los  reyes  españoles  ejercie- 
ron hasta  el  siglo  Xll  en  la  división  de 
los  obispados;  ¿Cuál  ha  sido  la  opinión 
de  España  respecto  á  la  Inquisxciónf; 
Discurso  sobre  la  opinión  nacional  de 
España  relativamente  á  la  guerra  con 
Francia;  Observaciones  sobre  las  dinas- 
tías de  España;  Memorias  para  la  his- 
toriade  la  revolución  española; Monumen- 
tos históricos  relativos  á  las  dos  prag' 
máticas  sanciones;  Discursos  sobre  una 
constitueiífn  religÍMO,  considerada  como 
parte  de  la  civil  nacional;  Á forismos 
poHticos. 

Lloriquear.  Neutro.  Gimotbab. 

Etiuolooía.  Llorar,  freeuentatÍTo: 
catalán,  ploriquejar. 

Lloriqueo.  Masculino.  Giuotbo. 

Etiuolooía.  Lloriquear;  catalán, 
plorieó. 


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520 


LLOVE 


LLOYD 


LLWY 


Lloro.  Masculino.  La  acción  de 
llorar. 

BtuiolooÍa..  Llorar:  latín,  pioraíío, 
ta  sao  Agustín,  y  plor&íus,  U,  en  Ci- 
carón;  italiano  antiguo,  ploro;  moder- 
no, planto,  de  pian^ere;  francés,  pleur; 
provenzal7catal&n,p&H*;  pertiguea, 
choro. 

Llorón,  na.  A.djetÍTo.  Bl  que  llora 
mucho  ó  fácilmente.  H  Masculino.  A^ 
bol.  Saucb  db  Babilonia. 

Etimología.  Llorar:  latín,  pldra^ 
bündus. 

Lloronas.  Femenino  plural.  Pla- 
ñideras. 

Llorosamente.  Adverbio  de  modo. 
Con  lloro. 

BtwoloqU.  Llorosa  y  el  sufijo  ad- 
verbial menU:  catalán,  plorosament. 

Lloroso,  sa.  Adjetivo.  Bl  que  tie- 
ne señales  de  haber  llorado,  Q  Sa  apli- 
ca &  las  cosas  que  causan  llanto  y 
tristeza. 

BTiuoLOofA.  Llorar:  catalán,  plo- 
rós,  a;  portugués,  choroso;  francés, 
pleureux. 

Llosa.  Femenino  anticuado.  La 
heredad  6  terreno  cercado. 

Etiuoloqía.  Latín  clawa,  cerrada, 
forma  femeuina  de  elausas,  cerrado, 
participio  pasivo  de  clauderty  cerrar: 
francés,  dos,  clase,  masculino  y  fem&- 
nino;  catalán,  clos,  cercado. 

1.  Bl  francés  tiene  el  sustantivo 
clo$t  que  es  nuestro  sustantivo  cerca- 
do; BQtry,  chut.  Los  franceses  dicen: 
UN  CLOS  DB  TiGNE,  como  nosotros  de- 
cimos: <nn  cercado  de  viña.» 
.  2.  Bl  latín  elaudhe  tiene  varias 
formas  directas  en  el  romance:  italia- 
no,  chiwUre;  francés,  clore;  provenzal, 
eloure,  chauter,  dure;  catalán  anti- 
guo, clokir;  moderno,  clÓurer,  clóurer- 
se;  BñTvy,  clo*er;^ictiTáo,cloer,  eloure. 

3.  A  esta  misma  serie  corresponde 
el  catalán  clucA,  cerrado,  con  aplica- 
ción á  los  ojos  poco  abiertos:  ulU 
cluchs,  cegarritas.  También  se  emplea 
en  la  frase:  fer  cluch,  morirse;  esto 
es,  cerrar  los  ojos  para  siempre. 

Llotrarse.  Recíproco  anticuado. 

VsSTiaSB  ó  BBVBSTIBSB. 

Llovediza.  Adjetivo.  Se  aplica  al 
agua  que  cae  de  las  nnbes. 

Llover.  Neutro.  Caer  agua  de  las 
nubes.  Q  Metáfora.  Venir,  caer  sobre 
uno  con  abundancia  alguna  cosa; 
como  trabajos,  dewracias,  etc.  |  Ca- 
larse las  bóvedas  o  los  techos  o  cu- 
biertos con  las  lluvias.  Q  Llovkb  so- 
BRB  MOJADO.  FrasB  metafórica.  Venir 
trabajos  sobre  trabajos.  Usase  algu- 
na vez  como  activo.  \  Coho  llovido. 
Frase.  Se  dice  de  lo  inesperado  é  im- 
previsto. 

Btiuoloqía.  Sánscrito  plu,  nadar: 
griego  iiXi¡va>  (pHm),  lavar;  latín, 
plu?re;  godOt  Jlemn,  flotar;  italiano, 
/II  a0«r«;  trances  del  siglo  xii,  pluveir 
(BknoÍt,  Uf  7678);  moáevao,  plevoir; 
portugués,  chover;  provenzal,  ploure; 
catalán, ^¿(fsfvr;  BBnj,pleuri;  walén, 
plour, 

1.  La  equivalencia  catalana  de 
nuestro  refrán:  «llever  sobre  mojado,» 
es:  PLÓUBEB  sobre  mullaL 

2.  Bl  catalán  tiene  la  frase  irénica 


j  familiar:  aixifho /ágveno  vt0Vft{Xiñ 
se  emplea  cuando  hacemos  alguna 
cosa,  pretextando  una  causa  distinta 
de  la  que  nos  mueve  realmente:  $*iaa 
guaní  alffii  fi  ahuna  cosa,  pretestant 
diversa  cauta  de  la  que  realment  ¡o  mou. 
Equivale  á  sí  dijéramos  en  castellano: 
«no  es  esa  la  madre  del  cordero;»  «no 
va  por  ahí  el  agua  del  molino;»  «esa 
es  grilla;»  «cuéntaselo  á  tu  abuela;» 
«á  otro  perro  con  ese  hueso.» 

Llovido.  Masculino.  El  que  sin  li- 
cencias necesarias  se  embarca  furti-< 
vamente  para  pasar  á  Indias,  y  no  se 
deja  ver  hasta  estar  en  la  embarca- 
ción en  alta  mar. 

Llovido,  da.  Participio  pasivo  de 
llover. 

ExiuoLoaÍA.  Latín  plutut:  catalán, 
ploQüt  da;  francés,  jjIh. 

Llovioso,  sa.  Adjetivo.  Lluvioso. 

Llovizna.  Femenino.  Lluvia  me- 
nuda que  cae  blandamente  á  modo  de 
niebla. 

Etiuolooía.  Llowri  catalán,  plo- 
viscó,  plovisqueig,  plujeía. 

Lloviznar.  Neutro.  Caer  de  las 
nubes  g^tas  menudas. 

Etiuología.  Llovhna:  catalán,  j>¿o- 
visquejar,  ploviteoTt  llorer  menudo, 
plourer  menut. 

Lloyd  (Bnrique).  Táctico  inglés, 
que  nacid  en  1729  y  murió  en  1795. 
Asistió  á  la  batalla  de  Fontenaj;  re- 
corrió la  Alemania  oon  misiones  se- 
cretas de  su  Gobierno;  fué  nombrado 
ayudante  del  general  austriaco  Lascjr 
y  tomó  parte  en  la  guerra  de  los  Sie- 
te años;  sirvió  después  á  la  Prusia  y 
i  la  Rusia,  distinguiéndole  en  u 

f guerra  de  esta  última  potencia  contra 
a  Turquía;  viajó  después  por  Italia, 
España  y  Portugal,  y  fué  á  acabar  sus 
días  á  los  Países  Bajos.  Sus  principa- 
les obras  son:  Iníroduccitín  á  la  histo- 
ria de  la  guerra  de  Alemania;  De  la 
Jilosofíade  la  guerra;  Tratado  de  la 
composición  de  los  diferentes  ejércitos 
ant%0uosy  modernos;  Memoria poHticay 
militar  sobre  la  invañén  de  la  Qran 
Bretaña. 

Lloyd  (GuiLLEBuo).  Prelado  y  eru- 
dito inglés,  que  nació  en  1627  v  mu- 
rió en  1717.  tf'ué  en  tiempo  de  la  Res* 
tauración  obispo  de  Bxetery  de  Saint- 
Asaph;  se  declaró  contra  la  autoridad 
real  en  tiempo  de  Jacobo  II,  por  lo 
cual  estuvo  preso  en  la  Torre  de  Lon- 
dres.  Más  adelante  obtuvo  la  digni- 
dad de  capellán  mayor  del  rej  Gui- 
llermo y  de  la  reina  Ana,  y  ocupó  su- 
cesivamente loe  obispados  de  Licht- 
field  y  de  Worcester.  Dejó  varías 
obras  interesantes,  como  son:  Discur- 
sos sobre  la  necesidad  de  mantener  la 
religión  establecida;  Diferencia  entre  la 
Iglesia  y  la  corte  de  Roma;  Compendio 
histórico  del  gobierno  de  la  Iglesia;  Com- 
pendio cronológico  de  la  vida  de  Piíd- 
goras. 

Lloyd  (RoBBRTo).  Poeta  inglés, 
que  nació  en  1733  y  murió  en  1763. 
Fué  contemporáneo  y  amigo  de  Chur- 
cbill,  Thernton,  Colman  j  otros  es- 
critores. Fué  colaborador  ó  director 
de  algunas  revistas  literarias,  y  dejó 
varias  producciones,  como  el  posma 


titulado:  ffl  Actor,  y  las  piezas:  SI 
Teatro  6  triunfos  deí Pamato;  Ároh- 
dia;  El  Amor  caprichoso. 

Llueca.  Adjetivo.  Clcbca. 

Llngiero.  Masculino  anticuado. 

YuOUBRO. 

Llago.  Adverbio  do  tiempo  anti- 
cuado. Iíüboo. 
Llull  (Rauón).  Yóass  Razuoiido 

LULIO. 

Llumaso.  Masculino  anticuado. 

Clavo  de  puerta. 

Lluntre.  Masculino.  Pex  marino 
que  persigue  á  los  demás,  que  tiene 
hocico  parecido  á  la  comadreja  y  pelo 
como  la  liebre. 

Lluvia.  Femenino.  El  agua  que 
cae  de  las  nubes.  ¡|  Metáfora.  Copia  ó 
muchedumbre,  como  lluvia  da  traba- 
jos, pedradas,  etc. 

EtwolooÍa.  Pluvia:  latín,  pVii^; 
itáli&aOt  pioca,  pioggia;  francés, //sw; 
provenzalj  pluvust  ploia;  catalán  anti- 
guo, pluvia;  moáarno,  plujut  plognda; 
fierry,  pleve;  walón,  ^aivtpjoiv;  gi- 
nebrino,  pUoge;  picardo,  pUnve;  bur^ 
guiñón,  pleuje. 

1.  Correspondenciat  caialanat.  «Llu- 
;  via  de  verano;»  pluja  de  ettiu:  «á  la 
ramera  j  á  la  lechuga,  una  tempora- 
da le  dura;»  pluja  de  ettiu  y  ^or  de 
bagassa,  aviai  passa:  «lluvia  de  Enero 
llena  pipas  y  granero;»  pluja  de  Ja- 
ner  umpte  bdtatg graner:  coomo  agua;» 
eom  á  PLUJA  menuda;  esto  es,  con  abun- 
dancia, copiosamente. 

Lluvial.  Adjetivo  anticuado.  Plu- 
vial. 

Lluviano,  na.  Adjetivo  anticuado. 
Se  aplicaba  al  paraje  ó  tierra  xseién 
mojada  con  la  lluvia. 

Lluvioso,  sa.  Adjetivo  que  se  apli- 
ca al  tiempo  en  que  llueve  mucho, 
ó  al  país  en  que  son  frecuentes  las 
lluvias. 

ETiuOLoaÍA.  Latín  pluviotutt  italia- 
no, piovoto;  &ancés,j)ísotM«;  catalán, 
plujót,  a. 

Llwyd  ó  Lloyd  (Enbiqub).  Anti- 
cuario inglés,  que  nació  por  los  años 
de  1670  V  murió  en  1709.  Nombrado 
conservador  del  museo  de  Ahsmole, 
empleó  la  mavor  parte  de  su  vida  en 
el  estudio  de  las  antigüedades  de  su 
país,  y  recorrió  el  Cornwall,  la  Esco- 
cia, Irlanda  y  Bretaña:  compuando 
entre  sí  los  monumentos  de  estas  di- 
ferentes patrias  de  una  misma  raza, 
recogiendo  manuscritos,  voces  y  usos 
de  origen  anticuo.  Sus  escritos  más 
notables  son:  Ltthophylacii  Britannici 
Iconographia;  Archmotogia  Britanniea. 

Llwyd,  Lluyd  ó  Lloyd  (Hunfrb- 
DO).  Anticuario  inglés,  que  murió 
en  1570.  Ejerció  la  Medicina,  y  se 
dedicó  por  añción  al  estudio  de  las 
antigüedades;  formó  un  mapa  de  In- 

f'laterra,  y  reunió  un  gran  námero  de 
ibros  útiles  y  curiosos,  que  lu^o 
fueron  comprados  por  Jacobo  I  y  sir- 
vieron de  base  á  la  biblioteca  real. 
Sus  obras  más  notables  son:  ^¿smhs- 
que;  De  Mona  Druidum  intuía;  Ckro- 
mcoH  Waliia;  Bitíma  d*  Oamiria. 


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1^ 


Mt  Décimaquiataletndelal&beto 
cutellano,  y  duodécima  entre  las  con- 
sonantes. B  Letra  numeral  que  vale 
uiL.  l  Se  usa  como  abreviatura  de  Ma- 
jestad, de  Muj,  de  Merced  y  otras  vo- 
ces, según  los  diferentes  casos.  Su 
nombre  es  bub.  (Aoadeuia  Españo- 
la.) II  Semivocal,  la  más  marcada  de 
las  labiales,  puesto  que  su  pronun- 
ciación Be  articula  fuera  de  la  boca, 
abriendo  de  golpe  los  labios  apreta- 
doi.  I  Antigüedadn.  La  M,  con  una 
rajra  encima,  valía  mil  veces  mil;  esto 
es,  un  milldn.  ¡  Abreviatura  de  fliMf- 
tro,  maestre  ó  maete.  |  Attromomía.  En 
las  tablas  astroDdmicas,  cartas  geo- 
gráficas ^  documentos  semejantes, 
quiere  decir  Mediodía.  \  Medicina.  En 
las  recetas  de  los  médicos,  e<^uivale  á 
mitce,  mezcla,  imperativo,  o  mixtío^ 
mlitura:  ñat  hixtio  secundum  artem; 
«hágase  la  mixtión  según  arte.»  || 
También  es  la  abreviatura  de  manipí' 
Imi,  un  puñado,  un  manojo  de  hier- 
bas, y  Comercio.  Abreviatura  de  marco 
j  moneda,  x/c  significa  mi  cuenta,  H 
Arquitecíuray  melrologia.  Usase  como 
abreviatura  de  metro.  \  Calendario. 
Inicial  de  mariet  j  de  míércolfs.  \\ 
Canto  llano.  Colocada  á  la  cabeza  de 
un  pasaje,  (^ue  se  ha  de  cantar,  sig- 
nifica media  vot;  es  decir,  que  el 
eanto  debe  ser  entre  il  ^orte  é  il 
piano.  I  Música  moderna.  Inicial  de  las 
palabras  italianas  meno,  menos;  mano, 
mano;  metzo  ó  meaa,  medio  ó  media. 
M.  F.,  meno  forte ^  menos  fuerte; 
C.  M. ,  colla  mano,  con  la  mano;  M.  V. , 
mtía  voce,  á  media  voz,  |j  Qnimica  an- 
ticua. Se  usaba  siempre  como  abre- 
viatura de  métela,  j|  Anímica  moderna. 
Abreviatura  é  inicial  de  manganeso.  Q 
Xurneradún.  Como  signo  de  orden  j 


por  su  si^ificacifSn  al&bética,  desig- 
na el  decimotercio  lugar  ú  objeto  de 
una  serie.  \  Tipografia  antigua.  La 
décimatercera  hoja  de  un  libro  j  la 
duodécima  antes  deque  la^'  estuviese 
en  uso.  [I  Numismática.  En  las  onzas 
de  oro  j  monedas  antifl'aas,  es  la  ini- 
cial de  Méjico.  Es  también  la  marca 
de  las  antiguas  monedas  francesas 
que  se  acuñaron  en  Tolosa.  M.  M. 
es  la  marca  ds  las  monedas  que  se 
acuñaron  en  Marsella.  En  las  meda- 
llas antiguas  sígniGca  impertum,  im- 
p"rU,  impcrator,  pues  su  primer  palo 
es  una  i  conjunta.  |  Historia.  Delante 
de  los  nombres  de  antiguas  fiimilías 
de  Escocia  é  Inglaterra,  significa  la 
abreviatura  de  mac,  hijo,  como  en 
los  ejemplos  siguientes:  M  Donald, 
M  P&erion,  por  Maedonald,  Macpker- 
son.  y  Historia  antigua.  La  M. ,  inicial 
del  nombre  Mesento,  era  una  especie 
de  divisa  que  aquel  pueblo  llevaba  en 
sus  escudos  t  estandartes.  |  Gramáti' 
ca.  En  castellano,  como  en  latín  j  en 
todas  las  lenguas  romanas,  debe  escri- 
birse por  fi,  antes  de  las  labiales  b 
j  p,  como  en  embravecer^  impedir. 
Abreviatura  de  moíCK/tno.  |  Gramática 
general;  parte fon/tiea.  Letra  conside- 
rada, por  anos,  como  líquida;  j  por 
otros,  como  nasal.  En  uno  j  otro  caso 
pertenece  al  orden  de  las  labiales,  se- 
gún queda  dicho,  y  es  la  líquida  6  la 
nasal  de  este  orden  de  consonantes,  y 
Gramática  sánscrita.  En  el  alfabeto 
sánscrito  ( devanagañ}  figura  al  'mismo 
tiempo  como  labial  y  letra  sonora, 
siendo  la  tercera  de  las  primeras  j  la 
vigésimoséptima  de  las  segundas,  y 
Gramática  hebrea,  Décimatercia  letra 
del  alfabeto,  cujro  nombre  es  men.  y 
Gramática  árah,  Décímacuarta  letra 


del  alfabeto,  euyo  nombre  es  mi», 
perteneciente  al  número  de  las  letras 
solares,  y  Numeración  romana.  Signo 
de  mil,  que  se  representaba  con  una 
C,  una  I  j  una  C  vuelta,  de  este  modo: 
GI3.  Por  esta  razén,  la  mitad  de  este 
signo,  13,  valió  también  la  mitad, dsean 
quinientos.  Una  M  precedida  de  una 
C  (í'M)  vale  ho^  quinientos;  pero  los 
antiguos  escribteiron  siempre  DCCCC. 
n  Erudición.  Losromanosla  llamaron, 
siu  duda  por  su  valor  labial,  litíera 
mugienst  letra  mugiente.  y  Literatura 
¡aítna.  La  m  latina  tiene  tres  sonidos 
distintos;  oscuro,  claro  j  tenue:  os- 
curo, en  fin  de  dicción ,  como  en  tem- 
plum;  claro,  al  principio  de  ella,  como 
en  magnus;  tenue,  en  medio,  como  en 
umbra.  y  Frecuentemente  se  hallan 
permutaciones  entre  la  m  y  la  n,  como 
en  eüsdem,  guendam,  taníüsdem,  quati- 
guám,  por  eümdem,  quemdam,  tantüm- 
dem,  quamquám.  Por  el  contrario,  la  n 
suele  cambiarse  en  m  delante  de  otra 
m  (por  asimilación),  como  en  immunis, 
immüiis,  immundus^  por  inmunis,  inmü- 
tis,  inmunduM.  |  Como  abreviatura,  las 
más  veces  designa  los  prenombres 
Marcus  v  Marius.  \  Epigrafía.  En  las 
inscripciones  significa:  vMgiStert  Mau- 
mi,  Mereiartus,  monumintum,  m9nW- 
plum,  m?mor,  mhnórtat  miles,  mSter, 
meríta,  mertlo,  missOf  magna,  Minertfta, 
M.  Á.  M.-Mamereo:  il&u-Memnio.  | 
Fastos  V  anales.  La  ci&a  Mbon  equi- 
vale á  Merciflius  Gaynepos. 

ETiuoLoaÍA.  Latín  M,  m  (em): 
griego,  M,  II.,  [ü  (my  ó  m&j;  fenicio, 
min;  hebreo,  men;  árabe,  m%m. 

Reseña, — cM.  lAtteramugiens  (como 
quien  dice  letra  que  mug;e,  letra  del 
buey )  la  llamaba  (juintiliauo,  por  el 
sonido  sordo  j  como  pesado  que  acom- 


TOMO  ni 


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522 


MABI 


paña  i  su  articulación.  Y  sin  embar- 
go, la  m  es  lotra  final  frecuentísima 
eu  las  voces  latinas  en  varias  de  sus 
desinencias,  bien  que  mucbas  veces 
casi  no  la  pronunciaban,  y  hasta  la 
suprimían  en  la  escritura:  asi  no  es 
raro  encontrar  die  Aane  por  diem  Aanc, 
etcétera. — Los  grie^s,  más  delicados 
de  oído,  eran  enemigos  del  mtacitmo: 
no  tenían  ninguna  voz  terminada 
en  «. 

Los  idiomas  modernos  suavizan 
Umbién  la  m  latina  convirtiéndola 
en  n. 

Vese  conmutada  la  m  en  n,  en  asun- 
ío,  exento,  ninfa,  triunfo,  de  assumpío, 
exempío,  nympka,  trimnpho,  etc. 

Suprimida  una  m  en  cómodo,  infla- 
mar, tumo,  de  commúdo,  injíammare, 
summo,  etc.  (Monla.u.) 

Ha.  Femenino.  Mitología,  Nombre 
de  la  mujer  á  quien  Júpiter  confió  la 
educación  de  Rea.  Q  Nombre  que  los 
lidies  dieron  á  Rea,  por  más  que  per- 
teneció &  una  compañera  de  esta  dio- 
sa. La  sacrificaban  toros.  |  Mitología 
japonesa.  Bestia  ó  fiera  que  los  sintois- 
tas  consideran  poseída  del  espíritu 
maligno  ó  principio  del  mal.  y  Gramá- 
tica. Letra  del  alfabeto  sansorito,  (^ue 
corresponde  á  nuestra  m.  Q  Mútica. 
Nombre  que  ciertos  músicos  daban  al 
mí  bemol;  j  así  decían:  uí,  re,  uk,  mí, 
fa.  Algunos  dicen  hoy  me, 

Maalposten.  Femenino,  Cierta 
tela  de  Oriente, 

Maalstrom.  Mablstbon. 

Blaanim.  ^a.scu\ÍRO.  Antigüedades 
hebreas.  Instrumento  de  percusión, 
especie  de  tambor,  que  usaban  los 
he\>  reos.  La  voz  del  artículo  parece 

filaral  por  su  forma  y  se  debería  decir 
os  HA&NIU. 

Hab.  Femenino.  Mitología.  Hada 
de  los  auefios,  en  las  tradiciones  de 
la  Edad  media;  y  según  otros»  reina 
de  las  hadas  y  mujer  de  Oberón.  || 
3fA,B  es  un  personaje  de  la  feria  in- 
glesa, la  reina  de  las  hadas.  Shakes- 
peare, en  Romeo  y  Julieta,  insertó  la 
descripción  fantástica  del  equipaje  de 
la  reina  Mab. 

Mabayas.  fiiasculino.  Lagarto  de 
las  islas  de  América. 

Habí.  Femenino.  Bebida  embria- 
gadora propia  de  las  islas  australes. 

Habinogi.  Literatura.  Nombre 
dado  á  una  especie  de  novela  ó  narra- 
ción gaélica.  tina  eoleoción  de  obras 
de  este  género,  que  se  conserva  ma- 
nuscrita en  la  biblioteca  Aül  Colegio 
de  Jesús,  en  Oxford,  ha  sido  publica- 
da, con  notas,  por  lad;  Guest,  con  el 
título  de:  The  Mabinogion,  Algunas 
de  estas  relaciones,  impregnadas  de 
un  espíritu  eaballeresco,  pudieron  sei 
compuestas  en  la  época  y  á  imitación 
de  los  poemas  anglo-uormandos ;  y 
otras,  mucho  más  anticuas,  son  como 
ecos  de  esa  civilización  celta,  casi 
desconocida  para  nosotros.  La  prime- 
ra parte  de  la  obra,  dada  en  ^aélico. 
y  después  en  una  traducción  inglesa, 
es  el  UABiNOOi  titulado:  La  Dama  de 
la  Fuente,  que  parece  ser  el  origen  del 
poema  francés  del  Caballero  del  León. 
La  Segunda  parte  es  la  historia  de 


MACA 

Peredur,  hijo  de  Evrawc,  Pereeval 
el  Galo.  Siguen  después  el  Qeraint, 
hijo  de  Erbin,  que  es  la  novela  de 
Grec  y  Enida,  puesta  en  verso  por 
Chrestiens  de  Troyas.  Hajr  otros  ma- 
BiNOQi,  tales  como  la  Historia  de 
TuUawech  y  Olwen,  y  pertenecen 
más  bien  al  ciclo  de  Arthur,  no  ase- 
mejándose á  los  poemas  anglct-france* 
ses  que  conocemos  sobre  estos  asun- 
tos. 

Kaboi^a.  Femenino.  Raíz  de  la 
que  algunos  americanos  hacen  mazas 
para  batallar. 

1.  Habré.  Femenino.  Plancha  de 
hierro  cuadrangular,  de  una  tercia  de 
ancho,  usada  en  las  fábricas  de  cris- 
tales para  alisar  la  matoria  antes  de 
formar  el  vaso,  botella,  etc. 

ETiifOLOofÁ.  Mabra,  ciudad  de  Ar- 
gel, de  donde  vino. 

2.  Habré.  Masculino.  Nombre  que 
se  daba  en  las  islas  Baleares  al  pajel 
mormiro,  pescado  acantopterigio. 

ETiuoLoaÍA.  Francés  Mabre. 

Habtno.  Masculino,  Dbsgalzador. 

Hac.  Masculino.  Erudición.  Nom- 
bre que  significa  hijo  y  que  se  ante- 
pone á  muchos  nombres  propios  de 
Escocia  é  Irlanda. 

Haca.  Femenino.  Señal  que  queda 
en  la  fruta  por  algún  daño  que  ha  re- 
cibido. Dícese  también  del  daño  lige- 
ro que  tienen  algunas  cosas;  como 
telas,  lienzos,  etc.  ||  Metáfora.  Disi- 
mulación, en^ño,  fraude;  y  asi  se 
dice:  Fulano  tiene  muchas  uacas. 

ETiuoLoaÍA.  1.  Del  hebreo  machad, 
herida  ó  golpe;  ó  del  griego  mách^, 
máchomai,  reñir,  combatir,  herir,  gol- 
pear, moler,  etc.;  mejor  que  del  latín 
macula,  mancha;  maculmv,  manchar. 

(MONLAU.) 

2.  Esta  conjetura  es  errónea.  Nues- 
tro vocablo  maca  representa  el  italia^ 
no  macciia  (macquta),  forma  evidente 
del  latín  «Mcfi^a,  mancha,  pinta,  se- 
ñal, ignominia,  deshonra:  catalán, 
macadura. — «Daño  ó  señal  que  queda 
en  la  fruta  del  ^Ipe  ó  magulladura 
que  se  da  cayéndose  del  árbol,  por 
ouya  parte  se  empieza  muy  luego 
á  madurar,  pasar  y  pudrir:  lo  que 
suele  suceder  también  á  los  melo- 
nes, que  de  estar  echados  de  un  lado 
mucho  tiempo,  contrahen  por  él  las 
macas.  Viene  del  latino  Macula.* 
(Academia,  Diccionario  de  1726.) 

Hacabeo.  Masculino.  Cada  uno  de 
los  libros  del  Antiguo  Testamento, 
que  contiene  la  historia  de  los  judíos 
bajo  los  primeros  príncipes  de  ía  raza 
de  los  aambneos,  Judas,  Jonatás  y 
Simón*  denominados  Macabbos. 

EriiiOLOafA.  Hebreo  ma-ea-^i,  le- 
tras iniciales  de  los  primeros  nombres 
del  versículo  II,  capítulo  15  del  Fso- 
do,  que  el  primero  de  los  tres  herma- 
nos Macabeos,  Judas,  había  escrito  por 
divisa  en  sus  estandartes:  bajo  latín, 
Machábaos;  francés,  Machabées. 

Reseña.  Biblia. — 1.  Título  de  los 
dos  últimos  libros  del  Antiguo  Testa- 
mento, que  contienen  la  historia  de 
los  indios  bajo  los  primeros  príncipes 
de  la  raza  de  loa  asmoneos.  Judas, 
Jonatás  y  Simón. 


MACA 

2.  Las  palabras  completas  que  an- 
tea hemos  citado,  significan:  «¿quién 
es  igual  á  vos  entre  los  fuertes.  Se- 
ñor?» 

3.  FiloloQÍa. — Cuatro  libros  de  lag 
Sagradas  ^crituras,  de  los  cuales  so- 
lamente los  dos  primeros  son  canóni- 
cos. El  primero  contiene  la  historia 
de  los  Judíos  desde  el  reinado  de  An- 
tfoco  Bpifano  hasta  el  pontificado  de 
Hircán  (131  años  antes  de  Jesucris- 
to). Originariamente  fue  escrito  en 
siriaco  y  no  queda  de  él  mis  que  la. 
versión  griega.  El  segundo  compren- 
de gran  parte  de  los  sucesos  conteni- 
dos en  el  primero  y  termina  con  la 
victoria  de  Judas  Mácabbo  sobre  Ni- 
canor. Aunque  los  Concilios,  los  pa- 
dres de  la  Iglesia  y  casi  todos  los  es- 
critores han  reputado  como  canónicos 
estos  libros,  los  protestantes  los  re- 
chazan por  las  oraciones  en  sufragio 
de  los  muertos.  Los  otros  dos  libros 
contienen:  el  uno,  la  persecución  de 
Ptolomeo  Filopátor;  j  el  otro,  el  mar- 
tirio de  los  siete  hermanos  Macabbos 
y  de  su  madre,  por  orden  de  Antíoco 
Epi&no.  Este  último  es  del  historia- 
dor Josefo.  Ni  uno  ni  otro  han  sido 
considerados  como  canónicos. 

4.  Zoología,  —  Nombre  de  ciertas 
mariposas. 

Hacabeo  (Matatías).  Esforzado 
guerrero  judío  de  la  familia  de  los 
asmoneos.  Se  opuso  valerosamente  á. 
las  órdenes  de  Antíoco  Epifanes,  el 
cual  quería  obligar  al  pueblo  judío  á 
sacrificar  á  los  ídolos.  Nombrado  ge- 
neral por  sus  conciudadanos  subleva- 
dos, arrojó  á  los  sirios  de  su  patria  y 
restableció  el  culto  del  verdadero 
Dios.  Murió  en  167  antes  de  Jesucris- 
to y  dejó  cinco  hijos:  Judas,  Simón, 
Jonatás,  Juan  y  Eieazar, 

Hacabes.  Masculino  anticuado. 
Cementerio. 

EmtOLOofA.  Árabe  f abara,  enterrar; 
magbara,  tumba;  al-magabfr,loa  sepul- 
cros, el  cementerio,  en  Tidjáni, 

Hacabro  (baile).  Honda  infernal, 
que  suponían  los  antiguos  bailaban 
los  muertos  de  todas  clases.  (Caba- 

IXBSO.) 

Etiuolooía.  1.  Du  Cange  tiene 
chorea  Maohab£Okuh,  «danza  de  los 
Macabbos,>  que  define  del  modo  si- 

f guíente:  «ceremonia  establecida  por 
a  piedad  de  los  eclesiásticos,  en  la 
cual  los  dignatarios,  así  de  la  Iglesia 
como  del  Estado,  dirigen  el  baile  y 
salen  de  él  alternativamente  para  de- 
cir: «cada  uno  de  nosotros  del»  sufrir 
la  muerto 

2.  En  efecto,  léese  en  un  texto 
de  1453:  qnatuor  simastas  vini  tJekiÜ- 
tas  illis  qui  schoream  Macuab^ordu 
feceruní  «(cuatro  porciones  de  vino 
dadas  á  los  que  tomaron  parte  en  la 
danza  de  los  Mácaseos).» 

3.  No  es  presumible  que  el  bails 
MACABRO  y  la  dama  de  los  Macabros 
representen  dos  términos  de  origen 
distinto.  Habiendo  sufrido  el  marti- 
rio los  siete  hermanos  Macabros  con 
Eieazar  y  su  madre,  lo  natural  es  su- 
poner c^ue  aquella  desgracia  suminis- 
tró la  idea  de  la  ceremonia  referida. 


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MACA 


MACA 


MACA  523 


en  que  cada  uno  de  los  personajes  d«s- 
apareeía  alternativameate;  y  luego, 
para  hacer  más  viva  la  idea,  se  encar- 
gaba la  Muerte  de  dirigir  aquel  baile 
fantástico.  En  presencia  del  chorea 
Hachab^ruh  de  Du  Cange,  la  críti- 
ca no  puede  hacer  mención  del  árabe 
nakbara,  habitación  fúnebre.  (LiT- 

TRÍ.) 

4.  embargo  de  lo  que  muchos 
Diccionarios  afirman,  la  mejor  etimo- 
logía que  se  ha  propuesto  para  expli- 
car el  baile  macabro,  es  la  que  inter- 
Ipreta  uacabbo  por  cementerio,  del 
árabe  wa^oitr,  plural  de  machara, 
tumba,  vocablo  que  existe  en  portu- 
gués, bajo  la  forma  de  almocamr,  j 
en  algunas  localidades  de  Espafia, 
bajo  la  forma  de  Mocahes,  cementerio, 
que  insertamos  en  su  lugar. 

5.  En  cuanto  al  chorea  Machab-ío- 
Ruu  de  Du  Cange,  es  de  notar  que 
allí  no  figuran  los  siete  hermanos 
Macabeos,  ni  Eleazar,  ni  su  madre; 
sino  que  la  danza  consiste  en  una  se- 
rie de  personajes  que  dejan  el  baile 
para  decir:  «cada  uno  de  nosotros 
debe  sufíir  la  muerte*,»  lo  cual  no  se 
opone  á  que  el  vocablo  maekabieorum 
represente  el  árabe  ma^SHr,  campo 
santo;  fentasía  interpretativa  de  que 
haj  más  de  un  ejemplo  en  nuestra 
lengua.  Así  vemos  que  el  lugar  de 
tSannoit,  cerca  de  Parui,  se  traduce  en 
antiguos  textos  latinos  por  eentum  ««• 
c»,  cien  nueces;  j  el  viajero  Poucet 
encuentra  en  Ablsinia  el  monasterio 
de  Sitan  ^  lo  denomina  el  Monasterio 
de  la  Visión;  j  ios  portugueses  hallan 
en  el  reino  de  A.del  el  monte  llamado 
Djtbel  al-fil,  «la  montaña  del  Elefan- 
te,» y  lo  bautizan  con  el  nombré  de 
Monte  Felice.  (Devic.) 

6.  Esto  significa  que  Du  Cange 
pudo  traducir  el  Óatie  uacabro  por 
chorea  uachab^rum,  careciendo  qui- 
zá de  mejores  noticias  etímolúgicas. 
Lo  derto  es  que  el  español  macabro, 
ronda  infernal,  no  alude  &  los  siete 
hermanos  Kacabeos,  ni  &  Eleazar,  ni 
ástt  madre;  sino  que  representa  posi- 
tivamente el  árabe  magabir,  las  tum- 
bas, los  muertos,  dando  á  estas  imá- 
genes un  sentido  fantástico,  inspira- 
do tal  vez  por  alguna  lejenda  fabulo- 
sa de  la  imaginación  oriental, 

7.  Confirma  el  origen  árabe  de  ma- 
cabro el  hecho  evidente  de  que  el  ára- 
be maqahir  ha  dejado  memorias  en  el 
romance,  según  ha  demostrado  Dozv. 

8.  Por  otra  parte,  hagamos  que  la 
metátesis  altere  el  bir  de  magabir,  y 
tendremos  0ia;á^t,que  es  literalmen- 
te nuestro  macabro,  «baile  de  los  di- 
funtos, ronda  infernal  en  que  danzan 
los  muertos.» 

9.  Sí  el  MACABRO  español  se  refiriese 
al  chorea  Maoharsosuh  de  Du  Cange, 
ceremonia  piadosa  establecida  por  los 
eclesiásticos,  no  llevaría  el  nombre 
de  (danza  infernal,»  sentido  radical 
de  la  voz  propuesta. 

10.  Por  último,  citaremos  también 
la  opinión  de  algunos  autores,  según 
los  cuales  la  voz  del  artículo  procedía 
del  nombre  del  alemán  que  compuso 
un  poema  sobre  este  asunto,  y  que  di- 


cen se  llamó  Macaher;  pero  ni  esto 
está  probado,  ni  la  etimología  es 
admisible  en  presencia  del  vocablo 
árabe. 

11.  La  forma  de  almacMHr,  los  se- 
puIcros,pluraIde)iw$íara,es^tjúJT , 
Esto  explica  el  vocablo  qae  se  halla 
en  Edrisí,  V^ÍK^S^jr.  ,  del 

cual  se  vale  al  hablar  del  Santo  Sepul- 
cro. Explica  también  el  siguiente  pa- 
saje de  TidjRni  jí\mJ]  ^jkCiJj¿í»^i^ 

en  que,  hablando  de  las  afueras  de 
Trípoli,  dice:  «en  las  cercanías  de 
Trípoli,  en  la  parte  del  Nortn  j  más 
arriba  del  cementerio.»  ' 

Reseña  histórica, — Se  ha  dado  este 
nombre  y  también  el  de  danzas  de  los 
muertoSf  á  las  pinturas  alegóricas,  de 
forma  extravagante  y  grotesca,  que 
representan  un  baile  ejecutado  por 
personas  de  edades  y  estados  diversos 
3^  presididos  por  la  Muerte.  La  repre- 
sentación más  antigua  de  este  género 
es  la  de  Winden,  en  Westfalia,  que 
debe  ser  próximamente  del  año  1380. 
Se  citan  también .  las  danzas  maca- 
bras, ó  damas  de  los  muertos^  de  la  ca- 
tedral de  Lucerna;  del  palacio  de 
Santa  María,  de  Lubeck  (1463);  del 
castillo  de  Dresde  (1534);  de  Ánne- 
berff  (1525);  de  Leipzig,  etc.  La  más 
célebre  es  la  que  nolbein  pintó  al 
fresco  en  el  claustro  de  los  dominicos, 
en  Basílea,  que  se  ha  perdido,  excepto 
algunos  trozos  conservados  en  el  mu- 
seo de  Basílea,  si  bien  el  grabado  la  ha 
salvado  del  olvido.  En  Auvernia,  en 
la  iglesia  de  la  Chaisse-Dieu,  haj  una 
danza  de  los  muertos,  deteriorada  por 
la  humedad;  y  otra,  en  el  Templo 
Nuevo,  de  Strasburgo.  La  catedral 
de  Amiéns  tiene  también  una;  y  el 
cementerio  de  los  Iwtceníes,  de  París, 
tiene  otra  en  escultura.  El  mismo 
asunto  se  halla  con  frecuencia  repeti- 
do en  los  horarios  y  misales,  en  las 
empufiaduras  de  las  espadas  y  en  las 
fundas  de  ios  puñales. — Pueden  con- 
sultarse acerca  de  este  asunto:  H.  For- 
toul,  Etudes  d'archeolo^ie  eí  d'Aisloi- 
re;  Peignot,  Recherches  sw  la  dame  des 
morts;  y  Doñee,  The  Dance  of  Deah. 

Macaco.  Masculino.  Especie  de 
mono  de  cabeza  chata. 

Etimolooía.  Vocablo  del  Congo, 
importado  por  loa  portugueses:  fran- 
cés, macagne. 

Hacacuán.  Masculino.  Especie  de 
gato  de  la  Gujana. 

Macadam.  Masculino.  Especie  de 
ferrocarril  inventado  ^ot  Mae-Ádams. 

Macado,  da.  Participio  pasivo  de 
macar. 

Etimología.  Macar:  latín,  mác^la- 
tus,  participio  pasivo  de  m^iífórf;  ita- 
liano, inaechiato;  catalán,  macat,  da, 

Hacaf.  Masculino.  Gramática  he- 
brea. Pequeño  trazo  horizontal  usado 
en  la  escritura  hebraica.  También  se 
escribe  makaph  ó  makkaph, 

Macaira.  Femenino.  Pescado  del 
género  espada. 

Macam.  Masculino.  Fruta  de  Orien- 
te, parecida  á  la  manzana* 


Macán.  Masculino.  Nombre  dado 
en  las  montañas  de  Burgos  al  panadi- 
zo que  sale  en  los  dedos  y  plantas  de 
los  piés; 

Macana.  Femenino.  Arma  ofensi- 
va de  que  usaban  los  indios. 

Etimoloqía.  Equivalencia  catala- 
na, macana, — «Arma  hecha  de  madera 
fuerte,  del  tamaño  y  figura  de  un  al- 
fange,  á  que  solían  añadir  un  casco 
de  pedernal,  de  la  cual  usaban  loa  in- 
dios antes  que  conociesen  ni  tuviesen 
hierro.»  (Acadbmu.,  Dieeionará  de 

me.) 

Macanaz  (Melchor  cb).  Hombre 
de  Estado  j  diplomático  español,  que 
nació  en  Hellin,  en  1670,  y  murió 
en  1760.  Desempeñé  varias  comisio- 
nes de  importancia  en  las  guerras  de 
Portugal  y  Cataluña;  fué  secretario 
de  Carlos  II;  auxiliar  del  presidente 
del  Consejo  de  Castilla,  en  el  reinado 
de  Felipe  V;  intendente  de  Aragón  y 
fiscal  general  del  reino,  cujo  destino 
se  vio  obligado  á  dimitir  por  haber 
caído  en  desgracia  con  el  monarca, 
saliendo  para  Francia,,  con  pretexto 
de  restablecer  su  salud.  Durante  su 
permanencia  en  París,  todavía  fué 
nombrado  representante  de  España 
en  el  Congreso  de  'Cambraj,  qne  no 
llegó  á  reunirse,  j  encargado  general 
de  negocios  cerca  de  aquella  corte. 
Fernando  VI  le  mandó  pasar  i  Breda 
á  entablar  los  preliminares  de  la  paz 
de  Aquísgrám;  pero  cuando  ja  tení^ 
asentadas  tas  bases,  se  vio  destituido, 
sin  previo  aviso  y  con  orden  de  re- 
gresar al  momento  á  Biladrid.  Habien- 
do obedecido  esta  orden,  así  que  llegó 
á  Vitoria  fué  preso,  incomunicado  y 
conducido  al  castillo  de  Pamplona;  y 
de  allí,  al  de  San  Antón  de  la  Corufia, 
confiscándole  al  mismo  tiempo  todos 
BUS  libros  j  papeles.  Elevado  al  ttono 
Carlos  ni,  le  dió  libertad,  7  le  per- 
mitió que  regresara  á  sus  hogares. 
Probo,  inteligente,  celoso  é  ilustrado, 
estas  mismas  cualidades  hicieron  á 
Macanaz  blanco  de  los  tiros  de  la  en- 
vidia, mereciendo  por  única  recom- 
pensa de  los  ranchos  servicios  que 
prestó  á  diferentes  reyes,  un  destierro 
arbitrario,  una  prisión  rigorosa  en 
los  últimos  anos  de  su  vida,  y  la  po- 
breza, por  no  decir  la  miseria,  á  que 
se  vió  constantemente  reducido.  La 
critica  severa  pudiera  añadir  algunos 
pormenores,  al  hacer  la  inspección 
anatómica  de  este  cadáver;  pero  la 
autopsia  nos  repugna. 

Macanazo.  Masculino.  Golpe  dado 
con  macana. 

Macando.  Masculino.  Nombre  vul- 
gar dado  á  todo  principiante  de  tam- 
bor en  el  ejército,  y  en  general,  á  todo 
aprendiz  de  un  oficio. 

Macandón.  Masculino  anticuado. 
Camandulero. 

Macaón.  Masculino,  Mitología. 
Hijo  de  Esculapio  y  deEpione  ó  Arsi- 
noe,  y  hermano  de  Podairo.  Uno  y 
otro,  discípulos  del  centauro  Quirón, 
figuraron  en  la  guerra  de  Troja  como 
guerreros  y  como  médicos,  y  fueron 
colocados  en  el  número  de  los  dioses 
después  de  su  muerte.  Macaón  vendó 


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524  MACA 


MACA 


MACA 


la  Iierida  de  Menalao  y  curó  á  Filo- 
tectes.  Después  de  la  guerra  de  Tro- 
ya, faé  á  Mésenla,  fundó  las  ciudades 
de  Tricca  jf  de  Occalia  y  fué  muerto 
por  Eurépilo,.  hijo  de  Telefo.  Tuvo 
cinco  hijoa,  todos  ellos  médicos;  entre 
otros,  Nicómaco.  Podairo.  al  volver  de 
Troja»  fué  arrcuado  por  una  tempes- 
tad á  la  Caria,  donde  casó  con  lalbija 
del  rey,  ||  Zoología,  Mariposas  de  gran 
hermosura,  que  pertenecen  á  Europa. 

ETtuoLoafA.  Griego  Mix^o^  (Már- 
chaóHj,  forma  de  {mdchij,  ním- 
bate; latin,  MUchaon. 

Macar.  Activo.  DaSar,  averiar  al- 
giina  cosa. 

^TUiOLoaik.  Maca:  latín,  m&cüláre; 
italiauo,  macc/tiare;  catalán,  macar. 

Macar.  Masculino.  Tiempos  heroi- 
cos. Hijo  del  Sol  y  de  Rhoda,  que  dii5 
el  nombre  de  Af acorta  i  la  isla  llama- 
da después  Lesbos. 
,  Macareco.  Masculino.  Botánica. 
Árbol  de  laa  Indias,  que  crece  hasta 
una  altura  considerable  y  cuyo  tronco 
está  separado  -del  suelo  por  u«a  espe- 
cie de  bóveda  formada  por  las  raí- 
ces. 

Macareno,  na.  Adjetivo  bmiliar. 
Majo,  guapetón,  y  el  que  va  vestido 

á  semejanza  de  éstos. . 

EtiuolooU.  Macarena^  barrio  de 
3eviUa. — «Guapo,  baladrón,  ó  que 
afecta  valentía.  Pudo  tomarse  de  los 
que  viven  hacia  el  barrio  de  la  Puerta 
Macarena  en  Sevilla.»  (Acadbhia, 
Diccionario  de  1726.J 

ICftcarao.  Masculino.  Tiempos  he- 
roicos. Hi^o  de  Crinaco,  que  condujo 
una  colonia  griega  á  la  isla  de  Les- 
bos. I  Hno  de  Lycaón,  ^no  fundó  una 
ciudad  llamada  Macario,  en  la  Arca- 
dia, cerca  de  Megalópolis,  ¿  orillas 
del  Alfeo.  Q  Hijo  de  Solo  y  hermano 
de  Canace,  con  la  que  tuvo  comercio 
incestuoso,  que  se  refugió  en  Delfos 
y  fué  admitida  entre  los  sacerdotes 
del  templo  de  Apolo.  |  Lapita  que 
mató  al  centauro  Brygdupo,  en  las 
bodas  de  Pirítoo. 

Macareos.  Masculino  pliiral.  J/art- 
Kd.  Nombre  de  una  especie  de  vientos 
tan  variables  que  suelen  entrar  á  un 
mismo  tiempo  por  la  popa  y  por  la 
prna. 

Stuiolooía.  Latín  Mdc^reüs,  hijo 
de  Eulo,  digs  del  viento,  que  tuvo  un 
hijo  de  su  hermana  Canace.  (Ovidio.) 

Macaría.  Femenino.  Tiempos  he~ 
roicos.  Hija  de  Hércules  y  de  Dej^ani- 
ra,  sacrificada  por  asegurar  la  victo- 
ria de  los  atenienses,  loa  cuales,  en 
prueba  de  reconocimiento,  la  consa- 
graron una  fuente  cerca  de  Maratón 
y  la  erigieron  un  templo.  ||  Geografía, 
Antiguo  nombre  de  las  islas  de  Les- 
bos, de  Chipre  y  de  Rodas.  (Plinio.) 
Q  Isla  de  la  Etiopía.  (Ibidbu.)  Q  Fuen- 
te  cercana  á  Tricoryta,  en  cuyos  con- 
tornos cortó  lolas  la  cabeza  á  Euris- 
teo.  \  Erudición.  Uno  de  los  Eones  de 
Valentino.  (Quintiliano.) 

Etiuolooía.  Latín  Mdcaría, 

Macarianos.  Masculino  plural. 
Historia  religiosa.  Partidarios  del  cón- 
8ul  Macario,  que  adoptó,  en  348,  los 
errorea  da  loi  donatístas. 


Macaríbo.  Masculino. 
Rengífero  de  América. 

Etiuología.  Francés  macaribo,  at- 
riban. 

Macario.  Masculino.  Nombre  pro- 
pio de  varón,  que  equivale  &  dichoso: 
SAN  Macario,  mártir. 

EriuoLoof A.  Griego  Haxápto<  { Ma- 
idriosj,  forma  de  [i-híap  (máhar),  feliz: 
latín,  ÁfacHríiu;  catalán,  Macari;  fran* 
cés,  Macaire, 

Hacariotes.  Masculino,  ^moítcúte. 
Uno  de  los  Eones  del  beresiarca  Va- 
lentino, voz  sinónima  de  macaria. 
(Quintiliano.) 

Etiuolooía.  Latín  mdcUríates,  que 
es  el  griego  |f.axapi¿ti)^  (makaridtet), 
bienaventuranza. 

Macarísmico,  ca.  Adjetivo.  Pro- 
pio de  los  macarismos. 

Hacarismo,  Masculino.  Antigua 
liturgia  griega.  Nombre  de  cada  salmo 
que  empezaba  con  una  palabra  equi- 
valente á  felit  ó  dichoso.  |  Himno 
griego  en  honor  de  al^úu  santo. 

EtiuolooU.  Macano:  griego,  |uxa- 
ptsjtói  (makarisn^Jt  loA  de  fos  bien- 
aventurados; de  [jMxatpICtn  (makarí- 
zein),  alabar;  francés,  MoeartMW. 

Reseña. — Él  griego  jjutxáptoc,  dicho- 
so, equivale  al  latín  beatas. 

Macaronesos.  Femenina  Geogra- 
fía antigua.  Nombre  de  Creta.  (San 
Isidoro.) 

Etiuolcoía.  Latín  Mdcdronesos. 

Macarosa.  Femenino.  Especie  de 
ave  acuática  que  se  encuentra  á  ori- 
llas del  mar,  en  los  países  del  Norte. 

Macarrón.  Masculino.  Pasta  de 
harina  en  figura  de  cañuto  largo.  Se 
usa  comunmente  en  plural.  ||  Marina. 
El  ex.tremo  de  las  cuadernas  que  sale 
fuera  de  las  bordas  de  los  bajeles.  Se 
usa  regularmente  en  plural. 

Eniun.ooÍA.  1.  Italiano  MoearM»  ó 
maccheroni,  que  se  cree  formado  del 
griego  mákar^  feliz;  como  quien  dice: 
plato  de  los  que  son  felices;  bocado 
de  los  dichosos.  (Monlau.) 

2.  Bajo  griego  [laxapta  (majaría), 
manjar  compuesto  de  caldo  y  harina 
de  cebada:  catalán,  macarró;  francés, 
macaron. — «Cierto  género  de  pasta  de 
harina  en  forma  de  cañones,  que  se 
guisan  con  la  grasa  de  la  olla,  echán- 
doles queso  Mllado  por  encima.  Es 
tomado  del  italiano  Maeharoni,  que 
significa  esto  mismo.  Usase  más  re- 
gularmente en  plural.»  (AcAbBHiA, 
diccionario  de  17z6.) 

Macarrónea.  Femenino.  CTomposi- 
cíón  burlesca  en  que  se  mezclan  y  en- 
tretejen palabras  de  diferentes  len- 
guas, alterando  su  genuina  significa- 
ción: 

Etiuoloqía.  Macarrones:  catalán, 
macarrónea;  francés,  macaronée;  italia- 
no, maccheronea. 

Reseña, — 1.  Nótase  que  el  carácter 
ó  género  burlesco  se  significa  por  el 
alimento  favorito  de  cada  país.  Esto 
explica  }  macaroni  de  los  italianos,  el 
Jean  Farine  de  los  franceses  y  el  Jac- 
quei  Poudings  de  los  ingleses.  (Lix- 
trS.) 

2.  Poesía  bnrlesca,  en  la  cual  se 
mezclan  y  entretejen  oon  palabras  la- 


tinas otras  de  la  lengua  vulgar  en 
que  se  escribe,  dándoles  ana  termi- 
nación latina.  Este  género  de  poesía 
festiva  nació  en  Italia  á  principios  del 
siglo  XVI. — Teófilo  Folengo,  conocido 
por  el  nombre  de  Merlín  Coecaio,  dice 
en  el  prefacio  de  su  Macabromba:  A.rt 
ista  poética  nuncupatur  ars  macaro%ictSy 
a  macaronibus  dertvata;  gui  macarones 
suntguoddampulmentum,/arini,  cateo, 
butgro  coMjtaginatum,  grossim,  rude  et 
rustteanum.  Ideo  Macaroniee  nit  niti 
grassedinem,  rtiditatem  et  vocabulastot 
debet  in  se  eontinere.  (Monlau.) 

3.  «Cierta  composición  burlesca,  en 
ne  se  entretejen  y  mezclan  palabras 
e  diferentes  lenguas,  confundiéndo- 
las unas  con  otras.  Covarrubias  pre- 
sume pueda  traer  esta  voz  su  origen 
de  la  isla  Macaros  (llamada  por  otro 
nombre  Greta),  porque  en  ella  con- 
currían diversas  naciones:  y  con  ñStA 
ocasión  se  pudo  confundir  el  lengua- 
je.» (Acadbui  a,  i>ú;(;i0fMrto  de  Has.) 

4.  La  interpretación  de  Covarru- 
bias no  es  admisible. 

Macarrónicamonte.  Adverbio  mo- 
dal. De  ana  manera  macarrónica. 

BrnioLOofA.  Ma&srrónica  y  el  sufijo 
adverbial  mente. 

Macarrónico,  ca.  Adjetivo.  Lo 
que  pertenece  á  la  macarronea:  se 
aplica  también  al  estilo  y  lenguaje  ri- 
diculo y  chabacano. 

BtuiolooÍa.  Macarrón:  catalán»  mo- 
earrónich,  ca;  francéa,  wuusaroniqise;  ita- 
liano, macheronico. 

Reseña.  —  Versos  uacarbónicos. 
Los  franceses  denominan  así  la  poesía 
formada  con  palabras  de  la  lengua 
vulgar,  á  que  se  da  una  terminación 
latina.  Se  Uamaron  así  por  sompust- 
ción  á  la  mezcla  que  los  mocarrotM 
forman  con  el  queso  t  la  harina.  Se 
inventaron  en  el  siglo  zn,  el 
monje  Teófilo  Folengo,  benedictino  de 
Mantua,  que  tomó  el  nombre  de  Mer- 
Un  el  Cocinero  ( MerUnus  coquus),  en  su 
epopeya  burlesca,  titulada  AveiUuras 
de  Baldus,  escrita,  en  efecto,  en  latín 
de  cocina.  También  se  han  escrito 
VERSOS  UACABRÓNicos  SU  Alemania, 
Inglaterra  y  Francia,  pudiendo  citar- 
se de  esta  nación  la  poesía  titulada: 
La  Muerte  de  Miguel  Morin,  donde  se 
halla  este  verso,  modelo  de  su  g*énero: 

D*  lirftQSft  Ib  bxaneam  dsgrinsnlftt.  atqna 

[fMtitponf. 

Pueden  también  servir  de  cgemploa 

los  siguientes: 

T  el  siguiente,  que  no  le  ceda  en 

gracia: 

Tot»  rabotOBO  fr«eaMantiur  mraabr»  p»v«(> 

[tú,  ete. 

Entre  nosotros  hay  varias  compoai- 
clones  populares,  de  esas  que  desig- 
namos con  el  nombre  de  romances  de 
ciego,  que  pertenecen  al  género  «n 

cuestión. 

Hacarronismo.  Masculino.  El  es- 
tilo que  constituye  una  macarrónea.  | 
Extraordinario  afecto  á  los  macarro- 
nes. 

EtimolooIa.  Maeorrónico:  ñancés, 

flMCOrMÚtM. 


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MACE 


MAC3E 


MACE  525 


Macarse.  Recíproco.  Empezar  i 
podrirse  las  frutas. 

Hacbeth.  Primo  hermano  de  Do- 
uld  VII  6  Duncán  I,  rej  de  Escocia, 
qne  TÍTÍa  en  el  siglo  ix.  Unido  á  Ban- 
qao,  tkme  de  Lochgaabir,  derrotó  á 
los  daneses,  que  habían  atacado  su 
reino.  Instigado  por  la  ambición  que 
había  despertado  en  su  pecho  la  pre- 
dicción de  una  hechicera,  anuncián- 
dole qae  sería  rej,  mató  á  Duncán  j 
se  bizo  proclamar  en  su  puesto  en 
1040.  Sin  embargo,  su  crimen  no  le 
hiio  feliz,  pues  en  1056,  Malcolm,  hi- 
jo de  Duncán,  ajndado  por  el  rej  de 
Inglaterra,  Eduardo  el  Confesor,  le 
destronó  y  le  condenó  á  muerte. 
Shakespeare  ha  inmortalizado  el  nom- 
bre de  este  usurpador  en  una  de  sus 
mejores  tragedias,  que  ha  pasado  al 
teatro  enropeo. 

Maceo.  Nombre  qae  daban  los 
Riegos  i  los  tontos  7  i  los  imbé- 
ciles. 

BnHOLoofa.  1.  Latín  maccus,  pa- 
labra osea.  (De  Mioubl  y  Mobante.) 

2.  El  latín  maccust  imbécil,  es  el 
griego  [unucoav  fmaHoSnh  haber  per- 
dido el  juicio,  tontear;  detiptre. 

Maceadamente.  Adverbio  de  mo- 
do. Maceando  por  medio  del  ma- 
ceo. 

Etuiolooía.  Maceada  y  el  sufijo  ad- 
Terbial  mente. 

Maceador.  Masculino.  El  que  ma- 
cea. 

Maceamiento.  Masculino.  La  ac- 
cióa  ó  efecto  de  macear. 

Macear.  Activo.  Dar  golpes  con  el 
nuxo  ó  maza.  |  Neutro  metafórico. 
Porfu  lepitiendo  una  cosa  muchas 
veces. 

EnHOLoofa..  Mato:  francés,  wua$er; 
italiano,  mateare. 

Macedón,  na;  macedónico,  ca; 
macedonio,  nía.  Adjetivo.  Lo  per- 
teneciente á  Macedonia  y  el  natural 
de  aquel  reino. 

EnuoLOQÍA.  Latín  tnUcedontcut. 

Macedonia.  Femenino,  Geografia 
a»íwiw.  Nombre  célebre  de  una  parte 
<le  la  antigua  Grecia,  patria  de  Ale- 
jandro el  Grande. 

.  EriHOLOofA.  Latín  AfUcedonía:  ita- 
liano, Macedonia;  francés,  Macédoine; 
«talán,  Macedonia. 

SeteñA  histérica.— Imperio  macedS-' 
M«,  Ó  imperio  de  A  lejandro.  1 .  Preli- 
«ís«r.  Alejandro  Magno,  el  más  fa- 
P>oso  y  al  más  extraordinario  de  los 
aéroes  de  la  tierra,  nació  en  Pella 
(HáCBnoKu)  356  afios  antes  de  Jesu- 
«iito.  Fué  hijo  de  Filipo  y  de  Olim- 
PUi  J  mujr  pronto  demostró  lo  que 
whía  llegar  a  ser  con  el  tiempo. 
Cnaado  su  padre  se  ocupaba  del  sitio 
de  Bizaneio,  no  contaba  más  que  16 
afioi  j^dirigía  ya  el  gobierno  del  Es- 
tado. Subió  á  los  20  al  trono  y  murió 
Moa  32,  y  dos  después  de  innumera- 
bles yictorias^  conquistas.  Estaba  do- 
tado de  las  mas  raras  cualidades,  pero 
Jenía  un  carácter  que  le  llevaba  á  vio- 
lentos arrebatos.  Heredó  da  Filipo,  su 
padre,  no  sólo  una  ambición  sin  lími- 
|w»  «iao  también  su  preceptor  Aristó- 
teles, que  supo  reprimir  muchas  veces 


sus  desordenadas  pasiones.  Decía  ^e- 
cuentemente  el  joven  príncipe  que  de- 
bía á  su  padre  la  vida,  y  vivir  bien,  á 
este  célebre  filósofo.  Tenía  tal  admi- 
ración por  Homero,  que  rajaba  en  en- 
tusiasmo; V  era  tan  apasionado  de  los 
grandes  talentos  en  todos  los  ramos, 
que  el  pintor  Apeles  llegó  i  ser  uno 
de  sus  validos.  Declaróla  guerra  á 
Tebas  y  la  arrasó,  pero  no  sin  respe- 
tar la  casa  de  Píndaro,  el  mejor  poeta 
lírico  de  la  antigua  Grecia.  Empren- 
dió después  de  esta  guerra  la  ejecu- 
ción de  sus  grandes  projrectos  contra 
el  Asia.  Estas  expediciones  son  nota- 
bles; en  veinte  días,  se  traslada  al 
frente  de  un  poderoso  ejército  á  Ses- 
tos,  donde  le  aguardaban  150  bu- 
ques: atraviesa  el  Helesponto,  llega  á 
la  Uitnura  de  Troja,  se  dirige  á  las 
riberas  del  Gránico,  vence  á  los  per- 
sas, mandados  por  Darío,  j  obtiene  la 

fiosesión  del  Asia  menor.  Cerca  de 
sso,  ciudad  situada  en  un  golfo  del 
Mediterráneo,  da  una  segunda  bata- 
lla V  le  vale  la  rápida  eonquisfa  de 
las  demás  provincias  occidentales  del 
imperio  de  los  persas.  Persigue  por 
algún  tiempo,  aunque  en  vano,  á  Da- 
río, se  dirige  á  Siria  j  se  apodera  de 
Damasco,  déla  Fenicia,  de  8idón,  de 
Tiro,  de  Gazaj  de  la  ciudad  Santa. 
Conquista  el  ^ipto  casi  sin  necesi- 
dad de  desnudarla  espada,  y  extien- 
de desde  Menfis  sus  excursiones  has- 
ta el  desierto  con  objeto  de  visitar  el 
templo  de  Júpiter  Ammón.  De  vuel- 
ta á  Siria,  da  por  tercera  vez  con  el 
ejército  de  Daño,  acampado  sobre  el 
Tigris,  cerca  de  la  ciudad  de  Arbella; 
le  vence,  aniquila  el  poder  de  los  ven- 
cidos, se  dirige  á  Persia,  se  apodera 
de  ella,  y  se  abandona  en  su  recinto 
i  la  embriaguez  y  á  los  placeres.  Va 
en  seguida  á  atacar  á  los  escitas, 
avasalla  la  provincia  de  Sogdián  j  la 
de  Bactriana,  emprende  desde  allí  su 
expedición  á  la  India  j  vuelve  á  Ba- 
bilonia, donde  le  detiene  el  sepulcro. 
Alejandro  ha  sido  indudablemente  el 
hombre  qué  más  ha  brillado  en  la 
tierra;  su  nombre  ha  pasado  á  través 
de  los  siglos;  se  genio,  su  valor,  su 
arrojo,  excitan  todavía  la  admiración 
de  los  más  grandes  hombres.  Vamos 
á  ofrecer,  una  después  de  otra,  las  di- 
versas fases  de  su  imperio:  empezare- 
mos por  el  pequeño  reino  de  Macb- 

DOSU. 

2.  Reino  de  Maobdonxa  en  tiempo 
de  Filipo. — A  la  muerte  de  Filipo,  el 
reino  ae  Macsdonia,  que  aquél  encon- 
tró reducido  á  una  corta  provincia  al 
Norte  del  golfo  Terraaico,  se  ex- 
tendía desde  los  montes  Candíanos  ó 
Bora,  continuación  de  ese  monte 
Scardus,  á  cujo  Oeste  está  la  Iliría, 
hasta  las  orillas  del  Helesponto,  al 
Este.  Prolongábase  este  p?queño  Es- 
tado, por  la  parte  del  Norte,  hasta  el 
Hemus,  á  cujos  habitantes,  todavía 
en  estado  salvaje,  nadie  de^ía  avasa- 
llar sino  Alejandro;  ocupaba  liacia  el 
Sur  las  costas  meridionales  del  mar 
Egeo,  cortadas  por  profundos  golfos, 
j  estaba  dividido  de  la  Grecia  por  los 
montes  Camboníoa  j  el  Olimpo.  Oom- 


Soníase,  por  consiguiente,  este  reino 
e  sus  antiguas  provincias  j  de  las 
que  sucesivamente  habíau  sido  con- 
quistadas por  la  parte  del  Sur;  des- 
pués, en  niria  j  Tracia.  Las  princi- 
pales provincias  antiguas  eran  dos: 
Ematia  r  Migdonia,  Bmatia,  situa- 
da al  Noroeste  del  golfo  Termaico, 
contenía  la  ciudad  de  Edetia  j  la  de 
Pella,  cuna  de  Alejandro,  capital  de 
la  Macbdomia  desde  el  reinado  de  Fi- 
lipo hasta  que  el  país  fué  reducido 

f)or  los  romanos,  Migdonia,  al  Este  de 
a  Ematia,  de  la  cual  la  separaba  el 
río  Axius,  tenía  por  capital  á  TVrms, 
ciudad  situada  sobre  el  golfo  del  mis- 
mo nombre,  que  fué  llamada  tiempos 
adelante  Tesalóntca.  Las  provincias 
conquistadas  al  Sur  de  Macedonia 
fueron  dos,  á  saber:  1.*  La  Pieria,  al 
Sur  de  la  Bmatia  j  al  Oeste  del  ^ol- 
fo  Termaico,  cuja  ciudad  principal 
era  Uleíona,  ciudad  en  que  Filipo 
perdió  un  ojo,  de  un  flechazo  que  le 
asestó  un  hábil  arquero  desde  las  mu* 
rallas.  2.'  La  Calcí  íica,  al  Sur  de  la 
Migdonia,  entre  los  golfos  Termaico 
j  Strímónico,  provincia  Ó  península 
que  contaba  entre  sus  principales  ciu- 
dades la  de  Calus  j  la  de  Olinto,  puer- 
to del  golfo  Termaico,  situado  casi  á 
la  entrada  de  la  península  de  Palle- 
na,  en  que  dominaba  treinta  j  dos 
ciudades.  Entre  las  provincias  con- 
quistadas en  la  Iliria  eran  notables: 
la  Bordea,  limítrofe  de  la  Ematia;  la 
Orésíida,  al  rededor  de  la  laguna  Cas- 
toria;  la  Linie'stide,  de  la  cual  era  ca- 
pital Heraclea;  la  Dastaretia,  al  rede- 
dor del  lago  L^chinde,  en  la  costa; 
éntrelas  conquistadas  en  Tracia,  la 
Peonía  y  la  Sdonda^  la  primera  al 
Norte  de  Ematia  v  la  segunda  al  Este 
de  Migdonia,  de  la  cual  la  separaba 
el  Strigmón.  Estas  eran,  junto  con 
algunas  islas,  las  posesiones  que  Fili- 
po dejó  á  su  hijo.  Vamos  á  verlas  aho- 
ra acrecentándose  v  llegando  á  un  in- 
menso desarrollo.  Nos  detendremos  en 
cada  una  de  las  gloriosas  expediciones 
del  héroe  de  los  héroes. 

3.  Conquistas  de  Alejandro  en  Euro- 
pa.— Después  que  Alejandro  se  hizo 
revestir  de  la  dignidad  de  generalísi- 
mo, que  los  griegos  habían  conferido 
á  su  padre,  se  dirigió  hacia  el  Norte 
j  llegó  á  los  desfiladeros  del  Hemua, 
que  en  vano  intentaron  defender  los 
tracios.  Apoderóse  de  aquellos  sitios 
j  fué  á  combatir  &  los  tribalos,  que 
ocupaban  entonces  el  territorio  que 
se  extiende  entre  el  Hemus  t  el  hter 
ó  Danubio.  Atravesó  después  de  una 
marcha  de  tres  días  el  Ligino,  uno  de 
los  ríos  que  desaguan  en  el  Ister;  dtó 
con  los  enemigos  que  iba  á  combatir 
j  los  derrotó  en  una  batalla.  Com- 
prendió entonces  la  impresión  que  ha- 
bía producido  su  victoria:  se  trasladó 
sin  pérdida  de  momento  á  las  orillas 
del  Danubio,  lo  atravesó  por  un  puen- 
te de  odres  y  barcas  y  llevó  el  terror 
entre  los  getas,  que  habitaban  la  ori- 
lla iiquierda.  Abandonada  por  éstos 
la  capital,  la  arrasó  j  volvió  á  la  ori- 
lla derecha,  donde  recibió  los  emba- 
jadores de  los  tribalos,  de  los  celtas  y 


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526  MACE 


MACE 


MACE 


de  los  demás  pueblos  vecinos,  qae  le 
bríndaroD  coa  su  amistad  j  su  alian- 
za. De  TuelU  á  la  Peónica,  sabe  Ale- 
jandro ^ue  se  han  coali^ado  contra  él 
los  ilirios  j  los  tanlantios;  va  contra 
ellos  j  los  vence.  Vuelve  en  seguida  á 
la  Beocia,  para  castigar  á  los  tebanos, 
se  apodera  de  Tebas  y  la  destruve, 
dejando  en  pie,  como  ^a  hemos  dicho, 
la  mansidn  de  Píndaro.  Terminada  la 
campaña  j  sometida  al  terror  la  Gre- 
cia entera,  empieza  i  ejecutar  con  des- 
ahogt)  BUS  proyectos  sobre  el  A.sia. 

4.  Conquistas  de  A lejMdro  €H  Aña. 
— ^A.  su  Tuelta  á  Macbdonia,  mandó 
Alejandro  celebrar  juegos  olímpicos, 
ordenó  sus  negocios,  tomó  el  camino 
del  Este  j  se  dirigió  al  Helesponto, 
para  pasar  al  Asia,  donde  desembar- 
co cerca  de  las  ruinas  de  Troja.  El 
punto  de  reunión  señalado  á  su  ejér- 
cito era  Percoía,  al  Nordeste  de  Ahj- 
dos;  púsose  allí  al  frente  de  sus  tro- 
pas j  se  encaminó  á  Lampaco,  sobre 
el  Helesponto,  ^ue  había  abrazado  el 
partido  de  Darío.  Dueño  jra  de  .  ella, 
siguió  la  orilla  del  Gráníco,  río  pe- 
queño, que  desemboca  en  el  mar  de 
Mármara,  á  unos  ^  kilómetros  de  su 
nacimiento.  Sus  escarpadas  ribens 
luicían  jK  el  paso  sumamente  difícil; 
j,  sin  embargo,  tuvo  que  luchar  allí 
con  un  ejército  tres  veces  major  acam- 
pado en  la  orilla  derecha.  Fueron  tan- 
tos los  prodigios  que  hizo,  que  venció 
á  loa  persas  y  alcanzó  con  la  victoria 
la  completa  sumisión  de  la  costa  del 
Asia  menor,  ocupada  toda  por  colo- 
nias griegas.  Apenas  tuvo  que  tomar 
por  asalto  más  ciudades  que  la  de  Me- 
latOt  la  más  célebre  de  aquellas  colo- 
nias, llamada  la  reina  de  la  Jonia, 
porque,  después  de  Tiro,  era  la  más 
mercantil  de  las  ciudades  del  Orien- 
te, ^  la  de  Halicarnaso,  capital  de  la 
Caria,  sita  en  una  península  scbre  la 
costa  septentrional  del  golfo  Cerámi- 
co. 3eñor  ya.  de  ésta  y  algunas  otras 
ciudades,  tomó  el  camino  de  Licia,  al 
Sudeste  de  la  Caria, península  situada 
sobre  el  golfo  de  Glauco  y  el  de  Pan- 
filia,  en  el  Mediterráneo,  en  el  cual 
comienza  la  cordillera  del  Taurus.  De 
la  Licia,  cujas  ciudades  se  le  entre- 
garon sin  la  menor  resistencia,  pasó 
a  la  Paafilia,  cuja  costa  siguió  hasta 
llegar  ú  la  capital  Siria;  volvió  luego 
por  el  interior  del  país  y  atravesóla 
risidia,  dondetomó  por  asaltóla  gran- 
de y  fuerte  ciudad  de  Sagalassus,  Pasó 
de  allí  á  la  Frigia,  entró  en  Qordio, 
donde  cortó  el  famoso  nudo;  prosi- 
guió su  camino  hacia  el  Este,  llegó  á 
Amyrat  donde  recibió  la  sumisión  de 
la  Padc^onia^  situada  al  Este  de  la 
Bjtinia,  entre  Porienio  y  /íalvt,  ríos 
que  desembocan  en  el  Ponto  Eu&ino, 
hojr  mar  Negro, ;  llevó  á  cabo  la 
conquista  de  la  Capadocia,  región  que 
ocupaba  la  parte  oriental  de  la  eleva- 
da región  del  Asia  menor,  anexa  al 
monte  Taurus.  Dió  la  vuelta  hacia  el 
Sur;  penetró  en  la  CiUcia  por  un  es- 
trecho desfiladero  y  llegó  hasta  Tarso, 
ciudad  sentada  á  orillas  del  Cgdnus, 
cerca  de  su  embocadura,  en  la  extre- 
midad Nordeste  del  Mediterráneo*  Ba- 


ñóse en  dicho  río,  en  ocasión  en  que  es- 
taba sudando,  y  pocó  faltó  para  que 
encontrara  la  muerte  en  aquellas  aguas 
casi  heladas.  Hizo  durante  la  perma- 
nencia de  BU  ejército  en  Tarso  algaaas 
excursiones  álos  países  vecinos,  par- 
ticularmente á  SoUs  ó  Soli,  ciudad  6 

f>uerto,  al  Sudeste  de  la  costa  de  Ci- 
icia.  Recorrió  luego  las  montañas 
para  castigar  á  sus  rebeldes  habitan- 
tes y  volverse  á  Tarso.  Existe  al  Este 
de  esta  ciudad  un  desfiladero  llamado 
Qarganias  sirias,  que  conduce  á  Siria 
y  i  Fenicia.  Mientras  Alejandro  se 
dirigía  á  la  conquista  de  la  Cílicia 
occidental,  hizo  ocupar  aquel  desfila- 
dero á  Parmenión,  uno  de  sus  mejo- 
res capitanes,  el  cual  llegó  por  este 
camino  á  Iíso,  ciudad  situada  en  un 
golfo  del  Mediterráneo,  al  que  daba 
su  nombre.  Apenas  de  vuelta  á  Tar- 
so, salió  al  encuentro  de  Darío  por  la 
ciudad  de  Mngarsa,  situada  en  la  em- 
bocadura del  Piraneo,  al  Este  del  Cjd- 
nus.  Después  de  pasar  el  Piraneo,  al 
Noroeste  de  Isso,  avanzó  por  las  Gar- 
gantas sirias  para  entrar  en  Siria;  j 
se  dirigió  en  seguida  al  Sur  hacia 
M^siendro,  donde  se  detuvo.  Encon- 
trábase todavía  en  esta  ciudad,  cuan- 
do supo  que  Darío,  dejando  las  ori- 
llas del  Eufrates  y  atravesando  laa 
Gargantas  amínicaSf  otro  desfiladero 
delT  aurus,  acababa  de  entrar  en  la 
ciudad  de  Jtso,  y  estaba,  por  consi- 
guiente, á  BU  reta^uariia.  Ejecutó 
entonces  una  precipitada  contramar- 
cha, y  dió  la  célebre  batalla  de  Jtso, 
que  también  perdió  Darío.  Huía  éste 

Srecipitadamente  hacia  Tapsaco,  ciu- 
ad  situada  en  la  orilla  izquierda  del 
Eufrates,  cuando  Alejandro  llegaba 
por  el  Sur  á  Fenicia,  donde  fué  reci- 
biendo sucesivamente  la  sumisión  de 
las  ciudades  de  Arados,  Siblos  y  Si' 
dón.  Tiro  le  costó  un  sitio  de  siete 
meses;  Gtaa,  situada  más  hacia  el 
Sur,  se  le  resistió  otros  dos;  mas  se 
apoderó  al  fin  de  ambas,  y  después 
de  ellas,  de  DamascOt  capital  de  CeU~ 
siria.  Dueño  ja  de  todos  los  puertos 
mencionados  j  decidido  á  llevar  bus 
conquistas  hasta  el  corazón  del  Egip- 
to, donde  quería  dejar  algunas  seña- 
les de  su  gloria,  salió  de  Damasco, 
traspasó  la  Palestina,  siguiendo  lo 
largo  de  la  costa,  j  cayó  repentina- 
mente sobre  Pelusa,  la  llave  del  Egip- 
to, al  Nordeste  de  este  territorio,  en 
uno  de  los  brazos  del  Nilo,  Recibié- 
ronle del  mejor  modo  posible  en  la 
mencionada  ciudad,  j  desde  allí  se 
dirigió  sin  pérdida  de  tiempo  á  He- 
liópolis  y  á  Menfis,  que  ja  desde  mu- 
cho tiempo  en  la  capital'  de  aquel 
reino.  Quiso  hacer  una  excursión  á 
doce  jornadas  de  Menfis,  con  objeto 
de  visitar  el  templo  de  Júpiter  Ammén, 
situado  en  el  oasis  de  este  nombre, 
en  el  desierto  de  la  Libia;  y  siguió  la 
corriente  del  Nilo  hasta  el  mar,  cuja 
costa  le  condujo  á  la  embocadura  de 
Canope,  en  cujas  cercanías  mandó 
edificar  una  ciudad  á  que  dió  su  nom- 
bre é  liizo  capital  de  Egipto.  Atravesó 
el  desierto,  llegó  al  oasis  j  volvió 
desde  allí    directamente  á  Menfis. 


Después  de  nombrar  gobernadores 
para  administrar  el  país  en  nombre 
SUJO,  volvió  el  héroe  de  Maceoonia  á 
ponerse  en  marcha,  j  atravesó  el  Ti- 
gris por  junto  á  las  ruinas  de  Nínive. 
No  bien  acababa  de  entrar  en  Siria, 
cuando  se  encontró  con  el  ejército  de 
Darío,  j  le  volvió  á  derrotar  en  ana 
batalla  que  tomó  el  nombre  de  la  cíu* 
dad  de  Arbella.  en  cujas  inmediacio- 
nes fué  dada.  Pasó  otra  vez  el  Tigris 
j  fué  á  descansar  en  Babilonia^  sobre 
el  Bafrates,  en  la  que  mandó  reedifi- 
car los  templos  que  había  destruido 
Jeijes.  Después  de  una  larga  perma- 
nencia en  Babilonia,  se  trasladó  i 
Sma,  ciudad  en  que  solía  Ciro  pasar 
la  primavera,  uno  de  los  reales  sitios 
de  los  rejes  persas.  Marchó  desde 
allí  sobre  Perse'polis,  entonces  metró- 
poli de  Persia,  cuyo  magnífico  pala- 
cio entregó  á  las  llamas  en  venganza 
de  las  devastaciones  cometidas  en  la 
Grecia.  Tomó  Pasagarda^  situada  al 
Sudeste,  donde  se  celebraba  la  coro- 
nación de  los  rejes  de  Persia,  j  au- 
mentó en  ella  considerablemente  el 
ja  inmenso  botín  de  sus  batallas.  En 
esto  acababa  Darío  de  organizar  un 
nuevo  ejército  en  Bciafana,  capital  de 
la  Media,  rodeada  de  siete  murallas, 
situada  al  pie  del  monte  Elvard ,  i 
unos  111  kilómetros  del  Noroeste  de 
Persépolis.  Corrió  Alejandro  á  su  en- 
cuentro, y  no  hallándolo  en  la  ciu- 
dad, se  dirigió  al  Este,  hacia  el  país 
de  los  paríkos,  en  que  se  introdujo 
por  un  camino  muj  angosto,  de  más 
de  33  kilómetros  de  lar^o,  llamado  las 
Gargantas  caspias,  caspia  pita,  por  los 
montes  situados  al  Mediodía  dial  mar 
Caspio.  Recibió  á  poco  tiempo  de 
estar  en  Ifecaniampailos,  capital  de 
este  país,  la  noticia  de  la  muerte  de 
Darío,  lo  cual  hizo  que  saliese  al  Nor^ 
te,  hacia  Bircania,  donde  se  apoderó 
de  su  capital  Zadracarta,  situada  al 
Sudeste  del  mar  Caspio,  cerca  de  sa 
embocadura,  sobre  el  rio  Maxeras. 
Torció  su  rumbo  al  Este,  Bometió  la 
belicosa  nación  de  los  mardos  j  em- 

firendió  una  contramarcha  para  tras- 
adarse  á  Susa;  pero  tuvo  que  en- 
caminarse precipitadamente  al  Nor- 
deste, á  Artacoana,  capital  de  la 
Siria,  sobre  el  río  Arius,  con  obje- 
to de  ahogar  la  rebelión  de  un  sátra- 
pa, circunstancia  que  facilitó  la  fun- 
dación de  Alejandría  de  los  Arios, 
hoj,  Herat,  un  poco  más  al  Medio- 
día. Pasó  de  alli  á  Arcaría,  visitó  su 
capital  Aracotus,  fundada,  según  se 
dice,  por  Semíramis,  donde  él  fundó 
á  su  vez  otra  Alejandría  con  el  nom- 
bre de  Alejandropolis,  sobre  un  rio 
que,  después  de  atravesar  el  lago  Ara- 
cotus, toma  el  nombre  de  BrymantAus 
y  se  confunde,  hacia  el  Oriente,  con 
el  lago  de  Aria  (Aria  lacas).  Volvió 
i  enderezar  su  rumbo  al  Norte:  llegó 
al  través  de  los  montes  al  país  Paro- 
pamistts,  y  fundó  cerca  de  la  ciudad 
de  Orostopanam  otra  nueva  Alejandría 
que  llamó  Alejandría  del  Cducaso,  j 
hoy  lleva  líandahaz  por  nombre.  Pro- 
sigue luego  su  marcha  al  través  de 
los  montes,  que  sus  soldados  tomaron 


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MACE 


MACE 


MACE  527 


Sor  una  continuación  de  la  cordillera 
el  Cáucaso,  sobre  el  mar  Negro  y  el 
mar  Caspio;  penetra  ea  la  Bacínana 
al  Sur  del  Oxus,  entra  «n  sn  capital 
Zarüapa  6  fiactría,  pasa  el  Oxus,  al 
Xorte,  7  se  introdace  en  SogdUn  para 
apoderarse  de  Maraeonda  ó  Maremuta, 
capital  de  aquel  territorio.  Adelanta 
siempre  en  dirección  al  Norte  hasta 
el  río  Joaantet,  hoj  Sir-Daria  ó  Dji- 
houm,  que  desemboca  en  el  lago  Oxio 
ó  mar  Axal,  sobre  el  que  fundó  otra 
ciudad  con  el  nombre  de  Alejandros- 
chata  ó  Alejandría  última,  con  la  idea 
de  hacerla  punto  de  partida  de  una  ex- 
pedición ulterior  contra  los  escitas  y 
baluarte  contra  estos  mismos  pueblos. 
Una  vez  dueño  del  Sogdíán,  donde 
hizo  prisionera  &  Roiana,  con  la  cual 
se  casó  después,  se  dirigió  á  Pareta- 
cena,  hacia  el  Noroeste,  la  rindió  y 
rclvió  á  Socara,  donde,  disputando 
con  su  amigo  Clito  en  una  orgía,  tuvo 
la  desgracia  de  matarlo.  De  vuelta  á 
Alejandría  de  Cáucaso,  decide  su 
marcha  a  la  India.  Toma  la  dirección 
del  Este  hacia  Nicea,  j  antes  de  lle- 
gar á  la  orilla  del  Óofenes,  hoy  Ca- 
boal,  que  formaba  el  límite  de  la  In- 
dia, recibe  la  sumisión  de  Taxila  y 
do  muchos  otros  príncipes  indios. 
Ataca  al  instante  á  Maí$ago,  capital 
de  los  assaceoi,  que  no  so  entrega  sino 
después  de  algunos  días  de  resisten- 
cia. Toma  en  seguida  otra  fortaleza, 

3ue  arrastra  tras  de  sí  toda  la  ribera 
erecha  del  Indus,  y  se  apodera  de  las 
ciudades  de  Ora  y  de  Basira,  Peucela 
j  Bmbolima.  Recibe,  antes  de  pasar 
el  Indus,  el  homenaje  de  los  njssaci 
jr  de  su  ciudad  Njssa;  j  Uega,  por  la 
orilla  izquierda  del  río  Taxila,  ciudad 
la  máa  grande,  en  aquella  época,  de 
las  que  ocupaban  el  territorio  com- 
prendido entre  el  Indus  y  el  Heydaspot 
A  orillas  de  este  último  río,  tributa- 
rio del  Indus,  pelea  y  vence  al  rey 
Poms,  y  funda  las  ciudades  de  Suc/~ 
Jala  y  riicea,  como  monumentos  de  su 
victoria.  Atraviesa  otras  dos  corrien- 
tes que  desaguan  en  el  Indus,  llamada 
la  una  Anstnet  y  la  otra  ffidraotes,  en 
cuyas  orillas  se  levanta  Lahora^  capi- 
tal que  fué  de  aquel  mismo  príncipe. 
Prosigue  su  camino  y  desciende  al 
¿fuphasis,  último  río  tributario  orien- 
tal del  Indus,  en  donde  su  ejército  le 
hizo  detener  el  curso  de  sus  conquis- 
tas. Después  de  haber  vaelt  i  atrás, 
bien  á  pesar  suyo,  hasta  llevar  á  las 
orillas  del  Hevdaspo,  reúne  baSta  80 
buques  T 2.000  barcas,  resuelto  á  bajar 
hasta  ef  mar  indio  por  el  Indus.  Em- 
bárcase, sigúele  8u  ejército  por  ambas 
orillas  y  somete  sucesivamente  á  va- 
rios pueblos,  entre  otros  los  eMdracos, 
los  sogdios  y  los  m%sicanos.  Llega  á 
Pétala,  hoy  día  Totta,  en  donde  el  río 
se  divide  en  dos  brazos  principales; 
toma  el  más  occidental  hasta  llegar 
al  Océano;  desembarca  y  recorre  por 
tierra  la  costa,  pasando  el  río  Arabis 
ó  Arabio.  Atraviesa  el  país  de  los  ho- 
ritas,  llega  al  de  los  tctiófages,  j  en 
la  Cfredotia,  cerca  del  mar,  tuerce  un 
poco  hacia  el  Noroeste,  á  fin  de  pasar 
a  Pnxa  jr  llegar  á  la  Carmania,  y  se 


encuentra  en  Samos  con  Nearco,  cujo 
ejército,  que  había  ido  costeando  el 
Océano,  acababa  de  entrar  en  el  golfo 
Pérsico.  Dirígese  entonces  á  Persia, 
toma  las  ciudades  de  Patagarda  y  Per- 
tépolis;  se  apodera  de  la  Suserca  y 
atraviesa  por  un  puente  el  Copratet, 
tributario  del  Ptuitigris,  en  donde 
Nearco  había  reunido  todo  el  ejército 
á  la  extremidad  Noroeste  de  aquel  mis- 
mo golfo.  Pasa  con  todas  sus  tropas  á 
Susa,  donde  se  casa  con  Státira,  hija 
de  Darío.  Vuelve  á  salir  pnra  Bchata- 
na,  manda  celebrar  juegos,  pasa  otra 
vez  tiVTigris^  atravesando  la  Mosopo- 
tamia,  y  entra  de  nuevo  en  Babilonia, 
en  la  que  debía  terminar  tan  prema- 
turamente su  brillantísima  carrera. 

5,  Resumen  del  impeño  de  A  Irjan- 
dro. — Los  límites  del  imperio  de  Ale- 
jandro,á  la  muerte  de  este  famoso  con- 
quistador, eran  los  siguientes:  al  Nor- 
te, el  Ister  ó  Danubio,  el  Ponto  Euxi- 
no,  la  cordillera  del  Cáucaso,  el  mar 
Caspio  y  las  llanuras  arenosas  atra- 
vesadas por  el  río  laxarles;  al  Bste, 
los  montea  donde  nacen  el  Indus  y  el 
Hffaro;  al  Sur,  el  Océano  Britreo,  el 
golfo  Pérsico,  los  desiertos  de  la  Ara- 
bia, los  que  separan  el  Bgipto  de  la 
Etiopía,  y  el  de  Libia  por  la  parte  de 
la  Cirenaica;  al  Oeste,  los  montes  de 
la  Ilíria  y  el  mar  Adriático. 

Macedonianos.  Masculino  plural. 
Historia  eclesiástica.  Herejes  que  ne- 
gaban la  divinidad  del  Espíritu  Santo. 

ETiuoLO<iÍA..Afacedonio,  obispo,  fun- 
dador de  la  secta:  francés,  maeedo- 
niens. 

Macedonio,  nia.  Sustantivo  y  ad- 
jetivo. Natural  6  propio  de  Mace- 
donia. 

Btiholooía..  Macedonia:  latín,  m&- 
afdSníus;  catalán,  macedoni,  a;  francés, 
mace'donien;  italiano,  macedonio. 
.  Hacelario.  Masculino  anticuado. 
Carnickro. 

Btimolooía..  Latín  macellarius;  de 
macellum,  plaza,  mercado,  que  es  el 
griego  (LáxsAXtov  (mákellionjé 

])£icella.  Femenino  anticuado. 
Desoracia. 

ETiMOLoaÍA.  Macellar. 

Macellar.  Activo  anticuado.  Man- 
cillar, manchar. 

Hacello.  Masculino  anticuado. 
Presa,  por  tajada  de  carne. 

Btiuolooía.  Maeelario. 

Hacemutíno.  Masculino.  Moneda 
de  oro  transmitida  de  los  árabes  á  los 
españoles.  (Oaballbbo.)  g  Según  el 
autor  de  la  Historia  eclesiástica,  la  de- 
jaron los  árabes  en  Aragón. 

ETiuoLoaÍA..  Equivalencia  france- 
sa, macemutine. 

Haceo.  Masculino.  Sucesién  de 
golpes  dados  con  un  mazo. 

Macar  (Euilio).  Médico.  Nos  ha 
dejado  un  libro  que  tTAta:  De  viríu- 
iious  herbarum.  Hubo  otro  ^^'milius 
Macer,  jurisconsulto,  que  floreció  en 
el  siglo  III,  y  de  cujros  escritos  se 
conservan  algunos  fragmentos  espar- 
I  cidos  en  diferentes  lugares  del  Diges- 
I  to*  (Db  Mioubl  j  Moramtb.) 

HaceraciAn.  Femenino.  La  acción 
I  y  efecto  de  macerar. 


Btiuolooía.  Macerar:  latín,  mScera- 
tío,  forma  sustantiva  abstracta  de 
mdch&tus;  catalán,  maeeració;  francés, 
macération;  italiano,  maceraiione. 

Maceradamente.  Adverbio  de  mo- 
do, por  medio  de  la  maceración. 

BriHOLoafa.  Macerada  j  el  sufijo 
adverbial  mente. 

Macerado,  da.  Partidpío  pasivo 
de  macerar. 

Etimolooía..  Latín  maceratutj  parti- 
cipio pasivo  de  nMCÍrare:  italiano,  «o- 
cerato;  francés,  macéré;  catalán,  wAee- 
rat,  da. 

Bfaceramiento.  Hasculíno.  Mace- 

RACIÓM. 

ETiyoLOoU.  Macerar:  italiano,  ma- 
ceramento. 

Macerante.  Adjetivo.  Farmacia. 
Epíteto  del  líquido  en  que  se  macera 
una  substancia,  así  como  el  principio 
que  en  él  ae  mezcla  para  conseguir 
mejor  la  maceración. 

ÉTiyoLoaÍA.  Latín  mae^nmi,  mae¿- 
rantú,  participio  de  presente  de  mScé- 
rare. 

Macerar.  Activo.  Ablandar,  en- 
ternecer alguna  cosa  á  golpes  6  por 
medio  de  algún  licor.  |  Metáfora. 
Mortificar,  anigir  la  carne  con  peni- 
tencias. Q  Química,  Machacar  las  plan- 
tas ó  ponerlas  al  sol  ó  al  aire  para  sa- 
carles más  fácilmente  sus  zumos  6 
jugos. 

ETiuoLoaÍA.  Provenzal  macerar,  ma- 
zerar:  catalán,  macerar;  francés,  macé- 
rer;  italiano,  macerare,  del  latín  mace- 
r&re,  ablandar,  debilitar,  enflaquecer; 
frecuentativo  de  madre,  forma  verbal 
de  mUcer,  ma^o,  enjuto. 

1.  Littré  dice  que  nOc^rUre  tiene  la 
a  larga,  mientras  que  mUeer  la  tiene 
breve,  de  donde  deduce  que  estos  vo- 
cablos corresponden  á  distintos  orí- 
genes. 

2.  Esto  es  manifiestamente  un  error. 
Mac"rare  es  la  forma  frecuentativa  de 
miícere,  enflaquecer,  cujo  verbo  tiene 
la  a  breve,  como  mkcer,  flaco. 

3.  M&ccro,  yo  enflaquezco  repetida- 
mente, tiene  oreve  la  e  de  cero,  como 
müceo  tiene  breve  la  a,  lo  cual  demues- 
tra la  paridad  prosódica  de  estos  ver- 
bos. 

Macerina.  Femenino.  Plato  con 
un  hueco  en  medio,  donde^se  pone  La 
jicara  pan  servir  el  chocolate  sin  pe- 
ligro de  verterse. 

BtiuolooU.  cBspeeie  de  plato  6 
salvilla,  con  un  hueco  en  medio,  don- 
de se  encaja  la  jicara  para  servir  el 
chocolate  con  seguridad  de  que  no  se 
vierta.  Diósele  este  nombre  por  haber 
sido  su  inventor  el  Marqués  de  Man- 
cera,  por  lo  que  se  dijo  Mancerina,  y 
después  con  majror  suavidad  Maceeri~ 
na.*  (Academia,  Diccionario  de  1726.) 

Macero.  Masculino.  El  que  lleva 
la  maza  delante  de  los  cuerpos  6  per- 
sonas autorizadas  que  usan  esta  señal 
de  dignidad. 

BtiuolooIa.  Maza:  catalán,  master; 
francés,  mauier;  italiano,  mazrero. 

Maceta.  Femenino.  Bl  tiesto  en 
que  se  siembran  6  trasplantan  hier- 
bas j  flores.  II  El  pie  de  plata,  de  otro 
I  metal  ó  madera  pintada,  donde  se 


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528  MACr 


MACL 


MACR 


ponen  ramilletes  de  flores  trliñciales 
para  adornos  de  altare3  y  de  otros  si- 
tios. II  I^a  empuñadura  t$  mango  de 
algunos  instrumentos  de  hierro  ó  ace- 
ro con  que  trabajan  los  canteros,  car- 
pinteros, entalladores,  etc.  Q  Diminu- 
tivo de  maza.  |  En  hacbta.  Modo  par- 
ticular con  que  nacen  alc^unas  flores 
apiñadas  en  un  mismo  tallo. 

Etuioloqía.  Maui,  j^or  semejanza 
de  forma,  ó  porque  la  tierra  de  la  no- 
ceta  se  maceaba  para  apretarla. — «Por 
extensión  se  llama  también  así  el  ra- 
mo que  tiene  muchas  dores  juntas  jr 
Apiñadas;  y  así  se  dice:  Maceta  de  cla- 
veles, de  azucenas,  etc.»  (Academia, 
Diccionario  de  1 736* ) 

Macetear.  Activo.  Batir  con  mazos 
las  pieles  para  que  se  estiren. 

BTiiica.oof&.  Macear^  frecuentativo. 

Maceteo.  Masculino.  La  acción  6 
efecto  de  macetear. 

Macetica,  Ua,  ta.  Femenino  di- 
minutÍTO  de  maceta. 

Macetón.  Masculino  aumentativo 
da  maceta. 

Hacias.  Femenino.  Macis. 

Blacicei.  Femenino.  Cualidad  de 
lo  macizo. 

Hacico,  lio,  to.  Masculino  dimi- 
nutivo de  mazo. 

1 .  MacieUa.  Femenino  anticuado. 
Cabnb. 

BnuoLoafA.  Macelario, 

2.  MacieUa.  Femenino  anticuado. 
Mancilla,  dolor,  angustia. 

ExiuoLoaf A.  Afacella. 

1.  Maciforme.  Adjetivo,  Hittoria 
natural.  De  flgura  de  maza. 

Etiuolooía.  Mata  y  forma. 

2.  Maciforme.  Adjetivo.^o<¿tttca. 
Parecido  al  macis. 

ETU«H.oaÍA.  Madí  y  formui. 

MacigBO.  Masculino.  Mineralogía. 
Piedra  granujienta,  y  compuesta  de 
cuarzo  arenoso,  mica,  arcilla  y  hierro 
ocreoso. 

Etiholooía.  Italiano  macigno:  fran- 
cés, macigno,  piedra  de  Florencia. 

Macilento,  ta.  Adjetivo.  Flaco, 
descolorido,  triste. 

Etiuoloqía,  i.  Italiano  macilento: 
catalán,  maciknt,  a;  del  latín  mdcUe»- 
tus,  pálido,  descolorido,  extenuado; 
forma  de  macer,  6aeo,  enjuto. 

2.  El  italiano  tiene  macilenta;  fran- 
cés, macilence,  enflaquecí  miento  total 
ó  parcial  del  cuerpo,  término  de  Me- 
dicina. 

MacíUo,  to.  Masculino  diminutivo 
de  mazo,  y  Nombre  dado  por  los  tun- 
didores á  una  pieza  que  junta  las  ti- 
jeras por  medio  de  una  cuerda. 

Macina.  Femenino.  Química.  Prin- 
cipio particular  extraído  del  macis. 

Etuioloqía.  Macis:  francés,  ma- 
eine. 

Macio  (Cato).  Poeta  latino  del  si- 
glo 1  antes  de  Jesucristo,  amigo  y 

firntegido  de  Julio  César.  Se  hizo  cé- 
ebre  por  sus  escritos  mímicos.  Pero 
de  ellos  sólo  han  llegado  hasta  nos- 
otros algunos  fragmentos  que  se  ha- 
llaron esparcidos  en  las  obras  de  Va- 
rrón,  Aulo  Gelio,  Macrobio,  Prisciano 
y  otros.  (Db  Miguel  y  Mobantb.) 
BTiiioLoaÍA.  MatVus,  Cay». 


Reseña.  —  Amigo  de  Augusto,  i 
quien  alaba  Columela  entre  los  es- 
critores del  arte  de  cocina;  de  cuyo 
autor  se  citan  tres  libros:  SI  Cocine- 
ro, El  Pescadero,  El  Guisandero.  (Val- 
suena.) 

Macir.  Masculino.  BoUnica,  Arbol 
de  la  India  y  la  corteza  medicinal  del 
mismo  árbol.  (Plinio.) 

ErmoLoaÍA.  Latín  nucir,  que  es 
el  grie^  {jubccp  ( máier). 

Macis.  Femenino.  Botintea.  La 
corteza  sutil  y  olorosa  de  color  de  ca- 
nela, tejida  en  forma  de  red,  que  se 
halla  en  la  nuez  moscada. 

Etimología.  Latín  ffiocú,  nombre 
de  uiiA  fingida  corteza  aromática 
(Plauto):  francés,  macis. 

Reseña. — Expansión  del  trofosper- 
mo  de  la  nuez  moscada,  que  forma 
una  especie  de  cápsula,  la  cual  rodea 
completamente  la  almendra  en  su 
base. 

Macizamente.  Adverbio  de  modo. 
Con  macicez. 

BTiuOLoaiA.  Macáa  y  el  sufijo  ad- 
verbial mente:  francés,  massivement. 

Macizar.  Activo.  Rellenar  algán 
hueco,  de  modo  que  quede  sólido  y 
firme. 

Macizo,  za.  Adjetivo.  Relleno, 
firme,  sólido.  Se  usa  también  como 
sustantivo  en  la  terminación  mascu- 
lina. H  Metáfora.  Sólido  y  bien  fun- 
dado. 

ETiuoLoaÍA.  Catalán  massis,  a: 
francés  antiguo,  masseJt;  moderno, 
masti/;  italiano,  massiccto. 

1.  Forma  de  masa.  Macizo  es  lo  que 
forma  una  masa  compacta,  unida,  sin 
huecos  ni  poros.  (Littbí.) 

2.  Esta  etimología,  tan  indicada, 
tan  natural,  tan  lógica,  es  falsa  sin 
disputa.  Mocito  representa  punto  por 
punto  el  árabe  mottA,  liso,  unido, 
compacto.  (Sousa,  Díbz,  Dozy.) 

Slnomiuia.  Macizo,  sólido.  Mocito 
pertenece  á  la  firmeza. 

Sólido  á  la  firmeza,  á  la  duración  y 
á  la  utilidad. 

Macizo  se  opone  á  hueco. 

Sólido  se  opone  á  frágil. 

Decimos  «estatua  de  bronce  Ah«m,'> 
y  <estatua  de  bronce  madza.*  «Este 
cristal  es  más  sólido  que  otro;»  y  «este 
cristal  es  más  frágil  que  aquél.» 

Una  pared,  por  ejemplo,  puede  ser 
muj  maciza,  y  sin  embargo,  no  ser 
sólida;  una  pieza  de  vidrio  puede  ser 
sólida  y  frágil  al  mismo  tiempo;  por- 
que la  firmeza  de  lo  mocito  consiste 
solamente  en  que  está  relleno,  esto  es, 
en  que  no  tiene  oquedad;  mientras 
que  lo  sólido  requiere  otra  especie  de 
firmeza  y  las  demás  propiedades  in- 
dicadas. 

Llamamos  macizo  al  hombre  que 
piensa  y  obra  con  fundamento,  y  só- 
lido á  aquel  cuya  firmeza  de  princi- 
pios, igualdad  de  carácter,  instruc- 
ción y  otras  cualidades  nos  obligan  á 
entregarle  ciegamente  nuestra  con- 
fianza. (CONDB  DB  LA  CoRTlNA-) 

Macla.  Femenino.  Cristalografía. 
Especie  de  cristalización  en  forma  de 
cruz,  que  se  encuentra  á  veces  en  el 
centro  de  las  geodas.  |  Especie  de  es- 


padilla, para  espadañar  el  cáñamo. 

EriHOLoaÍA.  Francés  macle,  con- 
tracción del  latín  mÜcula,  malla,  red. 

Macle.  Masculino.  «Término  del 
blasón.  La  lisonja  abierta  por  da 
dentro,  de  suerte  que  el  vacío  forma 
también  lisonja,  por  abrirse  en  para- 
lelas á  la  lisonja.»  (Acadbhu,  Dicdo- 
nario  de  1796.) 

Hadifero,  ra.  Adjetivo.  Cfeologia. 
Que  tiene  en  el  centro  alguna  macla, 
en  cuja  acepción  se  dice:  q*isíos  ua- 

CLÍPBaOEt. 

EtiuolooÍa.  Macla  y  e!  latín /«tí, 
llevar:  francés,  maclijere. 

Macliforme.  Adjetivo.  Sutorio 
natural.  En  forma  de  macla. 

Haclis.  Masculino.  Zoología.  A.ní> 
mal  de  Bscandinavia,  semejante  al 
alce. 

Etimología.  Alce:  latín,  macAlist 
del  griego  nbc^**^  (machios),  las- 
civo. 

Maclosinia.  Femenino.  Medicina. 
Furor  uterino. 

Etiholooía.  Griego  h^Xoc  (wU- 
cAlos),  lascivo;  lucx^ónjc  (maekfáOt), 
lascivia. 

Madarito.  Masculino.  Comf%iü&' 

logia.  Especie  de  concha  univalva. 

Macmaterion.  Mabhactbsioh. 

Etucolooía.  La  forma  macmaíerionf 
que  aparece  en  algunos  Diccionarios^ 
es  bárbara. 

Macno.  Masculino  americano.  Co- 
chinilla, II  Magno. 

Maco,  ca.  Adjetivo.  Vos  de  la 
germanta  que  significa  bellaco.  (Juan 
Hidalgo,  en  su  vocabulario.) 

Macoca.  Femenino.  Provincial 
Murcia.  Especie  de  breva  grande. 

Macoco.  Masculino.  Antílope. 

Macolla.  Femenino.  (Conjunto  de 
pies  6  tallos  nacidos  de  un  mismo 
grano. 

Macón.  Masculino.  Oeograflo.  Ciu- 
dad de  Francia,  famosa  por  sus  vinos. 

BTniOLoaÍA.  Francés  Mácon. 

Macona.  Femenino.  Cesta  sin 
asas. 

Etimología.  Macón. 

Maconera.  Femenino  anticuado. 
Arquitectura.  Recuadro. 

Mácente.  Femenino.  Macuta. 

Macracinteo.  tea.  Adjetivo.  Bo- 
tánica. Provisto  de  espinas  fuertes  y 
grandes. 

ETiuoLoaÍA.  Griego  makrós,  largo, 
y  ákantha,  espina:  )U(xp<k  ^v9a. 

Macradeno,  na.  Aojetivo.  Botáni- 
co. Que  produce  betlotas  grandes. 

Etiuoloqía.  Griego  makrós,  largo, 
y  adin,  ade'nos,  glándula. 

Macránteo,  tea.  Adjetivo.  BotA- 
nica.  Que  tiene  flores  grandes. 

Etiholooía.  Griego  mairdSf  largo, 
y  áníhos,  flor:  [utxpó^  £vto^, 

Macreusa.  Femenino.  Especie  de 
ánade,  de  sangre  fría. 

Etimología.  Francés  macreuse,  en 
relación  con  maguertan,  Deseado  de 
mar  de  varios  colores;  del  latín  M^fdí- 
la,  mancha:  pícardo,m<icn»;burgnÍ- 
ñón,  maquereá;  flamenco,  makreel;  da- 
nés, makrel;  inglés,  mocAreil;  céltico, 
macrell.  (Schbllbr,  Littbé.) 

Macro.  Voz  que  entra  en  la  eom- 


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MACR 


MACR 


MACR  529 


Etimología.  Maero  j ph^Uon,  hoja: 
francés,  macropkyllon. 

Macroftalmo,  ma.  Adjetivo.  Sis* 
toña  natural.  Que  tiene  los  ojos  muj 
grandes. 

£¡TiMOLOofA.  Afacro  j  ophtkalmiís, 
ojo:  ¡Mxpóí  ¿fOoXfjLÓ^ , 

Hacrogástero,  ra.  AdjetiTo.  Zoo- 
logía. Que  tiene  grueso  j  desarrollado 
el  vientre. 

ETiMOLoaÍA..  Macro  j  ga*Íro, 

Hacrogloso,  sa.  AdjetÍTo.  Zoolo- 

Íia,  De  trompa  ó  de  lengua  muy  pro- 
ongada. 

ÉriHOLoaÍA.  i/acro  j  y  ¿SfM^lengua : 
francés,  ma&rogloste, 

Macrognato,  ta.  AdjetÍTo.^ii¿o- 
ria  natural.  De  pico  muy  crecido. 

Etiuoloqía.  Macro  j  ffHáthos,  man- 
díbula: [Wtxpáí  Y^á6oí. 

Macrolepidoto,  ta.  Adjetivo.  Ic- 
tiología, Epíteto  de  los  peces  que  tienen 
grandes  escamas. 

ETiMOLoaÍA.,  Griego  ^xpó^(ma- 
knfsjt  largo,  j  XtTciSwTÓí  (lepid&tósj, 
escamoso;  de  Xenl<¡  (lepisjt  escama. 

Macrólofo,  fa.  Adjetiro.  Ornitolo- 
gía. Epíteto  de  las  aves  que  tienen  un 
penacho  en  la  cabeza. 

Etiuolooíá.  Macro  j  ít^Aw  (Xdtpo^), 
penacho,  moña,  cresta. 

Hacrologia.  Femenino.  Retéñca 
griega.  Vicio  de  la  oración,  proliji- 
dad. 

Etimología.  Griego  tiaxpoXfTj-í»  ( ma- 
krologia);  de  makrós,  largo,  j  Ivgos, 
discurso:  francés,  macrologie;  latín, 
macrologia.  (Quintiliano.) 

Hacromelia.  Femenino.  Desarro- 
llo excesivo  de  un  miembro,  hasta  el 
punto  de  constitnir  una  especie  de 
monstruosidad. 

ETiuoLOaÍA.  Griego  (ma' 
krós ),  largo,  y  (lÉXo?  ( mélot),  miembro: 
francés,  maavm/lie. 

Macrones.  Masculino  plaral.  St- 
nografia.  Antiguo  pueblo,  inmediato 
ai  Ponto  Eunino,  al  Sudoeste  de  la 
Cólquide.  Formaba  parte  de  los  gru- 
pos de  los  Chaljbe,  y  se  dedicaba  á 
la  explotación  de  minas  da  hierro.  || 
Geografía  antigua.  Pueblo  de  la  Ibe- 
ria. (Pumo.) 

Etimolooía.  Latín  macronet. 

Hacronianos.  Masculino  plural. 
EinwTaña.  Pueblo  antiguo  que  ha- 
bitaba las  montañas  del  Norte  de  la 
Mesopotamia. 

Hacronice.  Adjetivo.  Historia  jw- 
turaU  De  uñas  muy  largas. 

Ermotoof  A.  Macro  y  ónyxt  uña:" 

Macroniense.  Masculino.  Geogra- 
fía aníigua.  lodividuo  de  un  pueblo 
que  habitaba  al  Norte  de  la  Mesopo- 
tamia, 

Etimología.  Latín  macrBnes,  pue^ 
blos  del  reino  del  Ponto. 

Macrón ticos .  Masculino.  Ánii- 
g&edadet  griegas.  Nombre  que  los  ate- 
nienses daban  &  la  muralla  que  unía 
la  ciudad  al  Píreo,  que  tenía  25  esta- 
dios de  largo.  |  También  se  llamó  así 
una  muralla  construida  al  Noroeste 
de  Constantinopla,  y  que,  desde  la 
PropÓntide,  se  extendía liasta  el  Pon- 
1  to  Euxino. 


posición  de  varias  palabras  para  de- 
notar aumento  de  tamaño. 

BtihologÍa.  Griego  ¡jiaítpóí  ^«a- 
kr6s)t  largo. 

MacroDÍano,  na.  Lonobto. 

BTiuOLoafA.  3f aerobio:  francés,  ma- 
crobien. 

Macrobianos.  Masculino  plural. 
Mitología.  Pueblo  fabuloso,  que  los 
antiguos  suponían  en  el  país  de  Me- 
roe;  y  otros,  en  el  litoral  africano  del 
Atlántico.  Creían  que  vivían  mil  años, 
en  conformidad  con  su  nombre,  que 
significa  larga  vida,  y  que  gozab.-in, 
según  Onomacrito,  una  juventud  per- 
petua. 

BTniOLoafA.  Macrobio. 

Reseña. — 1.  Estos  son  los  pueblos 
de  Etiopía,  de  que  nos  habla  Plinío. 

2.  También  se  daba  el  nombre  de 
UACBOBiANOs  Ó  macroHos  á  los  habi- 
tantes de  Apolonia,  en  Macedonia, 
según  vemos  en  el  mismo  autor. 

Macrobio  (Aurblio).  Filósofo  de 
la  escuela  de  Platón  y  gramático  del 
siglo  v.  Floreció  en  tiempo  de  Teo- 
dosio  II.  Fué  hombre  de  muy  vasta 
erudición,  y  da  él  nos  han  quedado: 
un  Coatentario  sobre  el  sueño  de  Esci- 
píón,  de  Cicerón;  las  SatwmaUs,  en 
siete  libros,  y  otro  tratado  muy  ca- 
rioso sobre  la  Conexión  g  diferencia 
trolas  palabras  griegas  y  las  latinas.  En 
estas  obras  se  nota  que  Macrobio 
tomó  mucho  de  Aulo  Gelio  y  de  Plu- 
tarco. La  mejor  edición  de  todas  ellas 
es  la  de  Leipzig,  1774.  en  8."  (Db  Mi- 
auEL  y  Morante.) 

Etiuolooía.  Griego  luntpó^,  largo, 
y  ^gf,  vida;  «de  larga  vida:»  latín, 
iÍMrSbíus, 

i^tfis.— Varón  consular,  cn^a  pa- 
tria no  sa  conoce.  Floreció  en  tiempo 
de  Honorio  y  Teodosio  el  Jo9^,  (Val- 

BDBHA.) 

Macrobiótica.  Femenino,  Higie- 
u.  Arte  de  prolongar  la  vida  por  me- 
dio de  reglas  higiénicas. 

Btuiología.  Griego  makrÓs,  largo, 
y  biótikóSt  referente  á  la  vida;  («ixpóí 
pu*rt(xó<;:  francés,  macrobio tigue, 

BCacrobiótico,  ca.  Sustantivo  y 
adjetivo.  Macrobiano.  |  Concerniente 
á  la  macrobiótica. 

Macrobran^uio,  quia.  Adjetivo. 
Zoología,  Que  tiene  largas  las  bran- 
quias. 

Etimología.  Macro  y  branquias: 

Macrocálico.  Adjetivo.  Botánica. 
Que  tiene  grande  el  cáliz. 

BTiuOLoaÍA.  Maero  y  ciliu 

Macrocarpo,  pa.  Adjetivo.  Boíi- 
nica.  De  fruto  grande. 

ExiMOLoaÍA.  Macro  y  karpds,  fruto: 

Macrocefalia.  Femenino.  Didácti- 
ca. Anomalía  que  consiste  en  tener  la 
cabeza  muy  voluminosa  en  compara- 
ción de  las  demás  partes  del  cuerpo. 

BtimolooIa.  Macro  y  ke'phale^  cabe- 
za: francés,  macroc^kalie, 

Macrocefálico,  ca.  Adjetivo.  Pro- 
pio de  la  macrocefalia. 

Macrocéfalo,  la.  Adjetivo.  Didác- 
tica.  Que  tiene  muy  grande  la  cabe- 
a.lExBRiÓH  uacbocAfau).  Botánica. 


Embrión  cuyos  cotiledones  están  sol- 
dados en  un  cuerpo  mucho  más  volu- 
minoso que  lo  restante.  \  Ictiología. 
Tribu  de  cetáceos,  caracterizados  por 
la  magnitud  de  su  cabeza,  cuya  tribu 
comprende  los  animales  mis  grandes 
que  se  conocen. 

Etimología.  Macrocefalia:  francés, 
macrocéphaie;  catalán,  macrocéfalos. 

Macrocéfalos.  Masculino  plural. 
Etnografía.  Pueblos  del  Ponto,  lla- 
mados asi  aludiendo  fi  la  magnitud 
de  su  cabeza. 

EnuoLoafA.  Macrocéfalo:  latín,  ma- 
crdcephali,  (Plinio.) 

Hacrocerco,  ca.  Adjetivo.  Histo- 
ria natural.  Que  tiene  una  cola  muy 
larg^.  g  Ornitología.  Género  de  pája- 
ros. 

Etimología.  Macro  y  ke'rkos  (t'p- 
xck;),  cola:  francés,  maerocerque. 

Macrócero,  ra.  Adjetivo.  Ornito^ 
logia.  De  espolón  largo  en  forma  de 
cuerno.  J  Zoología,  Que  tiene  los  cuer- 
nos muy  largos. 

ErmoLoaíA.  Maero  y  héras^  cuerno: 
francés,  macro^re. 

Macrocolo.  Adjetivo.  Antigüeda- 
des. Nombre  del  papel  más  ancho  de 
Egipto,  que  tenia  unos  65  centíme- 
tros. 

Etimología.  Griego  (wtxpói;  (ma- 
krósj,  grande,  y  xiXov  (kolon),  miem- 
bro, división:  francés,  macrocole. 

Reseña. — Plinio  trae  macri^lum, 
que  es  el  griego  |Aaxp¿xuXov  (makróko' 
ton). 

Hacrócomo,  ma.  Adjetivo.  Que 
tiene  largo  el  pelo. 

Etimología.  Maero  y  lómi,  cabelle- 
ra: (xaxpó^  x¿iui). 

Macrocosmo.  Masculino.  Nombre 
dado  al  universo  por  algunos  filóso- 
fos. 

ETiuoLoaÍA.  Griego  fucxp^c  í'flw- 
krés),  lar^o,  y  xÓ5[aoí  (kósmosj,  mun- 
do: francés,  macrocosme. 

Reseña.  —  El  macbocosuos  es  el 
gran  mundo,  la  colección  de  todas  las 
cosas,  por  oposición  al  microcosmos,  6 
sea  al  nombre. 

Hacrocosmología.  Femenino. 
Ciencia  que  trata  de  todo  el  universo. 

Etimolooía.  Macro,  iífsmos  y  Idgos, 
tratado:  iiaxpóf,  x¿«[io<,  X6yQ<¡. 

Macrodactilia.  Femenino.  Vicio 
de  conformación,  que  consiste  en  te- 
ner los  dedos  muy  largos. 

EtmOLOofA.  MaeroMcíilo. 

Hacrodáctilo,  la.  Adjetivo.  Zoolo* 
gfa.  Que  tiene  los  dedos  muy  largos. 

Etimología.  Maero  y  dáctilo:  mn- 
cés,  macrodactgle, 

Macrodiptero,  ra.  Adjetivo.  Or- 
nitología. Epíteto  de  las  aves  que  en 
una  de  sus  alas  tienen  una  pluma  más 
larga  que  las  demás. 

ÉriMOLOaÍA.  Macro;  dis,  dos,  y  pU- 
ro'n,  ala:  [iaxpó<;  Sí^  ncEpóv. 

Macrodonte.  Adjetivo.  Historia 
natural.  De  dientes  ó  de  filamentos 
largos. 

Etuiología.  Maero  y  odoKs,  geniti- 
vo odaníos,  diente:  |i.xxp¿c  ¿SoOc* 

Macrófilo,  la.  Adjetivo.  Botánica, 
De  hojas  muy  largas,  en  cuyo  sentido 
se  dice:  plantas  macrÓfilas. 


TOMO  nX  W 

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530  MACR 


MACS 


liAOü 


Etimología.  Gríeg-o  (wxjjiíiv  (ma- 
kron),  largo,  y -itl'/o^  fUiehos),  muro: 
francés,  macroniíchos. 

Macropétalo,  la.  Adjetivo;  ¿oífí- 
nica.  Que  tiene  grandes  pétalos. 

Etiuolooía.  Aíaero  j  pétalo:  fran- 
cés, macropétale. 

Hacropódeo.  Macsópodo. 

Hacropodia.  Femenino.  Vicio  or- 
(fánico  que  consiste  en  tener  muy  lar- 
gas los  piés. 

ETiuoLoaf  A.  Macrópodo:  francés, 
macropodie,  monstruosidad  caracteri- 
zada por  un  desarrollo  excesivo  de  los 
píes. 

Macrápodo,  da.  Adjetivo.  Botáni- 
ca. De  pedúnculos  mu^  largaos.  ||  Bu- 
BRiÓN  MACBÓPODO.  Embrión  cuja  ra- 
dícula es  muj  gruesa  y  ofrece  la  for- 
ma de  una  cabeza.  |  Embrión  da  una 
planta  que  tiene  muy  largos  los  pe- 
dúnculos, y  Zoología.  De  piernasó  pa- 
tas largas.  |  Ictiologia.  De  largas  ale- 
tas. 

ETiHOLoaÍA.  Griego  (wxpi? /'ww- 
krós)t  largo,  y  toüí,  mUt.ÍpoüSypodós}, 
pie:  francés,  maeropode. 

Uacroprosopta.  Femenino.  TVro- 
tologla.  Monstruosidad  caracterizada 
por  un  desarrollo  anormal  del  sem- 
blante. 

Etimología.  Griego  itaxpói; /'ma- 
krós),  largo,  y  npó¡n««iov  (prósopon), 
cara:  trances,  macroproaopie. 

Macróptero,  ra.  Adjetivo.  Histo- 
ria  natural.  De  alas  mwy  grandes. 

Etimología.  Macro  y  píerón,  ala: 
francés,  macropUre. 

Hacroquera.  Femenino.  Túnica 
con  mangas  la^as. 

Etiiiología.  Griego  [wtxpóxe'P  T"**" 
króckeir),  que  tiene  mangas  largas; 
de  makrái,  largo,  y  cAíiV,  cheiriís,  ma- 
no: latín,  macrócherus. 

BSacroquería.  Femenino.  Anoma- 
lía orgánica  que  consiste  en  el  excesi- 
vo desarrollo  de  las  manos. 

ETiMOLoaÍA.  Macroquera:  francés, 
macrochirie. 

Hacroquero,  ra.  Adjetivo.  Didác- 
tica. De  manos  grandes. 

Etimología.  Macroquera:  francés, 
macrockire. 

Hacrorrinco,  ca.  Adjetivo,  Orni- 
tología. De  pico  ú  hocico  muy  prolon- 
gado. 

Etimología.  Mmtq  j  rhygekot,  pi- 
co; uxxpó<  ^úyxoc* 

Uacrorrizo,  za.  Adjetivo.  Boíáni' 
ca.  Planta  hacrorriza.  Planta  que 
tiene  grandes  raíces. 

Etiuolooía.  Afaera  j  rkUa,  raíz: 
francés,  macrorrhize* 

Hacroscela.  Macroscbua. 

Macroscelia.  Femenino.  Género 
de  monstruosidad  caracterizada  por 
un  excesivo  desarrollo  de  las  piernas. 

Etimología.  Griego  tiaxpó<;  ( ma- 
ifíisj,  largo,  y  axéXw;  (skélos),  pierna: 
francés,  macroscélie. 

Hacroscélído,  da.  Adjetivo.  En- 
tomología, Epíteto  de  los  insectos  que 
tienen  muy  desarrollados  los  miem- 
bros posteriores. 

Etiicología.  Macrotceliai  francés, 
macroscelide. 

Macrosciano,  na.  Masculino  y  fe- 


menino. Oeografia,  Nombre  que  se  da 
á  los  habitantes  de  los  países  á  cuyo 
cénit  nunca  llega  el  sol,  ||  ílasculíno 
plural.  Los  iiACHosciAfíOS. 

Etimología.  Griego  macro  y  tkiá 
(jxti),  sombra:  francés,  macroscien. 

Reseña.  Pueblos  uacroscianos  d  ha- 
bitante» de  las  zonas  glaciales. — Pueblos 
que  reciben  muy  oblicuamente  los 
rayos  del  sol,  y  cuyo  cuerpo  proyecta 
¿  medio  día  una  grande  sombra. 

Macrosomacia.  Femenino.  Mons- 
truosidad caracterizada  por  la  magni- 
tud 6  grosura  excesivas  del  cuerpo. 

EtuíologÍ  A  .Griego  [wxpíí  ( maAro't), 
largo,  y  vüfia  (soma),  cuerpo:  francés, 
ntacrosomatie. 

Macrospermo,  ma.  Adjetivo.  Bo- 
tánica. De  frutos  ó  semillas  gruesas. 

Etimología.  Makrót,  lar^o,  y  tpér- 
ma,  grano,  simiente:  francés,  moer  os - 
perme. 

Macrostaquiado,  da.  Adjetivo. 
Botánica.  Que  tiene  dispuestas  las  flo- 
res  en  una  espiga  muy  larga. 

Etimología.  MacrJstico. 

Macróstico.  Masculino.  Historia 
eclesiástica.  La  quinta  fórmula  de  fe 
que  compusieron  los  eusebianos  en  un 
concilio  que  celebraron  en  Antioquía, 
á  mediados  del  siglo  iv  (345).  Los  eu- 
sebianos eran  ana  variedad  de  los 
arríanos. 

Etimología.  Griego  twxpw;  ( maXrós), 
largo,  y  níx'*^  (stickosjt  linea,  ren- 
glón: francés,  macrosiicke. 

Reseña. — La  fórmula  de  los  euse- 
bianos se  llamó  machóstico,  porque 
estaba  escrita  en  renglones  muy  lar- 
gos. 

Macróstico,  ca.  Adjetivo.  Diplo- 
mática. Escrita  en  rengíonea  muy  lar- 
gos. 

ETiifOLoaÍA.  Macrdttieo:  francés, 
maerasíiehe. 

ISacróstilo,  la.  Adjetivo.  Botáni- 
ca. Plantas  MACRÓSTILA9.  Plantas  que 
tienen  un  estilo  muy  largo. 

Etimología.  Uacro  y  s^loi,  ettilo: 
francés,  macrostyle. 

Macróstomo,  ma.  Adjetivo.  Hit- 
toria  natural.  De  boca  muy  grande. 

EtiuolcoÍa.  Makrós,  largo,  y  «ftfma, 
boca:  francés,  macrostome, 

Macrotarso,  sa.  Adjetivo.  Zoolo^ 
gia.  Que  tiene  muy  largos  los  tarsos 
6  muy  altas  las  patas. 

Etimología.  Macro  y  tarto:  francés, 
ma&rotarsien, 

Hacrotelóstilo,  la.  Adjetivo.  CrtV- 
talogra^ia.  Epíteto  de  un  cristal  pris- 
mático, terminado  por  pirámides  lar- 
gas. 

Etuiología.  Griego  makrós,  largo; 
íéios,  fín,  y  siglos,  columna:  t^xpó^, 

Macruros.  Masculino  pIuraL  ^00- 
logia.  Familia  de  docápoaos  con  una 
cola  compuesta  de  hojuelas  á  modo  de 
escamas.  Q  Plantas  magruras.  Botá- 
nica. Plantas  cuyas  ñores  están  dis- 
puestas en  largas  espigas. 

Etimología.  Macro  y  oúra,  cola: 
francés,  macroure. 

Hacsarat.  Femenino.  Casa  fuerte 
donde  se  guarecen  los  negros. 

Macsurat.  Femenino.  Cortina  en 


que  86  ponen  los  príncipei  en  las 
mezquitas. 

Mactierno.  Masculino.  Nombre 
que  dieron  á  los  infantes  de  Bretaña. 

Hactrismo.  Masculino.  Antigüe- 
dades. Danza  usada  por  los  griegos. 

ETiMOLoaÍA.  Griego  ^áxtpaf rn^tra ), 
artesa,  en  cuyo  torno  se  bailaba;  fran* 
cés,  mactrisme. 

Macuache.  Masculino  americano. 
El  indio  bozal  que  aun  no  ha  recibido 
instrucción  alguna. 

Macaba.  Femenino.  Tabaco  exce- 
lente que  toqia  el  nombre  del  pi^a  en 
que  se  cría. 

BmiOLOQU.  Francés  sMCoaía. 

Reseña. — Macuba  es  un  oantdn  de 
la  Martinica. 

Macuca.  Femenino.  Arbusto  sil- 
vestre, especie  de  peral,  aunque  de 
hoja  más  menuda,  cuya  fruta,  llama- 
da también  macuca,  es  muy  pequeña, 
colorada,  insípida  y  de  carne  olanda 
y  suave. 

Macaenco,  ca.  Adjetivo  america- 
no. Flojo,  flaco,  débil. 

Macul.  Masculino.  Ánt^'Aedaáei, 
Entre  los  hebreos  era  un  instrumento 
parecido  á  la  citara. 

Mácula.  Femenino.  Manoüa.  8e 
usa  comunmente  en  sentido  metafó- 
rico por  lo  que  deslustra  y  desdora.  | 
DB  LA  LUNA.  Atlronomia.  Cualquiera 
de  Las  partes  oscuras  que  se  observan 
en  su  cuerpo.  |  dbl  sol.  La  parte  os- 
cura que  se  observa  en  el  disco  del 
sol.  I  Metáfora.  Engaño,  como  cuan- 
do se  dice:  «aquí  hay  mácula.» 

Etimología.  Latín  modífa,  mancha, 
ignominia,  infamia,  deshonra,  señal, 
pinta  de  otro  color;  malla  de  red,  en 
Cicerón;  hito,  urdimbre  de  la  araña 
(macula,  plural),  en  Plinio;  red,  en 
Varrón;  iiacdlis  albü  equiu  bicolor, 
«caballo  pío»  (Viboilio);  uacuuu 
ejfugere,  «evitar  la  deshonra»  (Tb- 
KBNCio):  catalán,  mácula;  francés,  sm- 
eule;  italiano,  macula,  macóla* 

Maculación.  Femenino.  La  acción 
6  efecto  de  macular. 

Etimología.  Macular:  latín,  mdt^ 
litio,  la  acción  de  manchar,  forma 
sustantiva  de  mUcülátut,  maculado; 
italiano,  maculazione. 

Maculado,  da.  Participio  pasivo 
de  macular.  |  Botánica.  Hojas  uacu- 
LADAS;  hojas  marcadas  de  manchas  de 
color  distinto  que  el  del  fondo. 

Etimología.  Macular:  latín,  mici- 
latus;  italiano,  maculato;  francés,  ais- 
cuU. 

Macttlador,  ra.  Sustantivo  y  ad- 
jetivo. Que  macula  6  tiene  la  propie- 
dad de  macular. 

Etimología.  Macular:  italiano,  «w- 

culaíore. 

Macular.  Activo  anticuado.  Man- 

OHAB. 

Etimología.  Macar:  catalán,  macu- 
lar; francés,  maeuler;  italiano,  «ac«- 

lare. 

Maculario,  ria.  Adjetivo.  Historia 
natural.  Que  tiene  manchas  naturales 
ó  pintadas. 

Etimología.  Macular:  francés,  sm- 
culaire. 

Maculatura.  Famenino.  Imprt* 


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MACH 


MACH 


MACH  531 


«dk  Bl  pliego  mal  impresa  qae  le 
desecha  por  manchado.. 

EnuOLoaÍA.  Maenlar:  catalán,  tw- 
atUtura;  francés,  maeulaíure. 

Maculca.  Femenino  americaoo. 
AoujBTAS  de  resaltas  de  algún  ejer- 
cicio extraordinario. 

Haculiforme.  Adjetivo.  Didáctica. 
Que  tiene  la  forma  de  ana  mancha 
pequeña. 

ETiMOLOofA.  Mácula  j  fama:  fran- 
cés, maculiforme. 

Maculi^ene.  Adjetiro.  Ornitolo- 
gía, Que  tiene  lai  alas  manchadas  de 
diversos  colores. 

Etucolooía.  Latín  maciilaf  man- . 
cha,  y  pmna,  pluma,  ala. 

Haculirroatro,  tra.  Adjetivo.  Or* 
mtologia*  Que  tiene  manchas  en  el 
pico. 

ETnroLOofA.  Iiatfn  m^ciíja.  man- 
cha, j  rostrtm,  pico. 

Macaloso,  sa.  Adjetivo  anticua- 
do. Lleno  de  manchas. 

ETUiOLcaÍA.  Mácala:  latín,  máca- 
Idtut. 

Uacún.  Masculino.  Relación.  Es- 

fiecíe  de  túnica  corta,  que  los  natura- 
es  de  Chile  llevan  sobre  los  vestidos; 
V  frecuentemente,  por  única  vestidu- 
ra. Es  una  especie  de  camisola. 

Blacuquino,  na.  Adjetivo  que  se 
aplica  á  la  moneda  cortada  que  no 
tiene  cordoncillo. 

Hacuta.  Femenino.  Nnmimáüea, 
Moneda  de  Guinea  equivalente  á  unos 
diez  j  seis  cuartos. 

Macuteno.  Masculino  americano 
familiar.  Hombre  ruin  j  paciente,  por 
degradactiSn,  no  por  bondad. 

Macuto.  Masculino  americano.  Pa- 
quetito  hecho  de  jagua,  que  contiene 
cera,  carne,  tabaco,  etc. 

Blacha.  Femenino.  Botánica.  Plan- 
ta parecida  á  la  valeriana. 

ÉTiifOLoafA-  Francés,  m&che,  vaU- 
rianella  locusta,  de  Linneo. 

1.  Máche  debe  ser  una  forma  de 
MÚcAer,  mascar.  (Littré.) 

2.  l^ta  etimología  es  errónea.  Ma^ 
cha  representa  literamente  el  árabe 
mieh,  que  se  halla  en  Avicena. 

Macuá  (A)  martillo.  Locución  ad- 
verbial familiar.  Con  solidez,  con  fe 
ciega. 

BTiuoLoaÍA.  Macha,  apócope  de 
machaca,  verbo,  tercera  persona  (sin- 
gular) del  presente  de  indicativo. 

Machaca.  Femenino.  Instrumento 
con  que  se  machaca.  j|  Común  metafó- 
rico. El  sujeto  pesado  que  fastidia  con 
su'  conversación  necia  é  importuna. 

EriuoLoaÍA.  Machacar:  catalán, 
maíxaca. 

Machacadera.  Femenino.  El  ins- 
trumento con  que  se  macliaca. 

Machacado,  da.  Participio  pasivo 
de  machacar. 

Etimología.  Machacar:  catalán, 
matxacat,  da. 

Machacador,  ra.  Masculino  jr  fe- 
menino. El  que  machaca. 

Machacar.  Activo.  Quebrantar  y 
desmenuzar  á  golpes  alguna  cosa,  y 
Nfutro  metafórico.  Porfiar  é  insistir 
importuna  y  pesadamente  sobre  una 
cesa. 


EtiuOlooÍa.  Machacar:  catalán, 
matxac.ar;  forma  de  matoo,  mazo. 

Machacón,  na.  Adjetivo.  El  oue 
es  importuno,  pesado,  que  repite  las 
cosas  ó  Us  dice  muj  difusamente. 

Machada.  Femenino.  El  hato  de 
machos  de  cabrío.  |  Familiar.  Nbcb-* 

DAD. 

Machado.  Mascalíno.  Hacha  para 

cortar  madera. 

Etihdlógía.  Machar. 

Machamona.  Femenino.  Calabaza 
de  Africa,  cuja  corteza  sirve  para  ha* 
cer  vasos. 

EtiuolooÍa.  Franc^  machamone. 

Machaneo.  Masculino.  Antigüeda- 
des. Nombre  oue  daban  los  habitan- 
tes de  Corfú  al  mes  onceno  del  año. 

EruioLOofA.  Griego  [i«xói«vo?  ma- 
chdwenos);  íotm^  de  (máchS), 
combate,  porque  «ra  el  mes  d«  las  lu- 
chas. 

Machangalo.  Masculino.  Animal 

de  América  parecido  al  conejo. 

Machao.  Masculino.  Pájaro  del 
Brasil  cuja  pluma  es  negra  mezclada 
de  verde. 

Machaquería.  Femenino.  Pesa- 
dez, importunidad. 

Etimología.  Machaca. 

Machaquete.  Masculino.  Especie 
de  ffrillo  que  habita  en  los  agujeros 
de  los  árboles. 

Machar.  Activo.  Machacar. 

EtuiolooÍa.  Mazar:  provenzal,  fna~ 
car,  machar,  macher;  francés,  macquer; 
portugués,  ffispar;  italiano,  macare; 
bajo  bretón,  máe*ka. 

1.  Esto  prueba  que  existe  una  raíz 
mac,  la  cual  signinca  magullar,  gol- 
pear. Qrandgagaare  pregunta  si  este 
radical  es  idéntico  al  elemento  mac 
que  se  halla  en  el  latín  maclare,  ma- 
tar, herir.  Por  consiguiente,  la  raíz 
en  cuestión  queda  en  la  oscuridad. 

(LiTTRB.) 

2.  La  raíz  da  machar  es  el  hebreo 
machad:  griego,  (lixi  (máché),  golpe, 
herida,  combate.  (Anónimo.) 

Machari.  Femenino.  Tela  de  que 
se  hace  gran  comercio  eu  Holanda. 

Machca.  Femenino  americano. 
Harina  de  cebada  que  sirve  de  ali- 
mento á  los  indios. 

Machear.  Neutro.  Engendrar  los 
animales  más  machos  que  hembras. 

Machera.  Femenino.  Erudición. 
Piedra  mágica,  mencionada  en  un  li- 
bro falsamente  atribuido  á  Pentarco, 
que  volvía  ave  al  que  tenía  la  desgra- 
cia de  verla  mientras  que  se  celebra- 
ban los  misterios  de  la  gran  diosa. 

Macherión.  Masculino.  Instru- 
mento quirúrgico  usado  por  los  anti- 
guos. 

Etimología.  Griego  ¡la^aípot  (ma- 
cAairaJ;  de  máehi,  combate:  latín, 
mdchtera,  espada,  cimitarra,  sable,  en 
Plauto;  cuchilla  de  carnicero,  en  Sue- 
tonio. 

Macheróforo.  Masculino.  Antigüe- 
dades griegas.  Soldado  cuja  arma  era 
únicamente  la  espada. 

Etimología.  Griego  machatra,  es- 
pada, y  phorós,  que  lleva. 

Macheta.  Femenino.  Machado  pe- 
I  queño. 


Etimología.  Machete, 

Machetazo.  Masculino.  Bl  golpe 
que  se  da  con  el  machete. 

Machete.  Masculino.  Arma  más 
corta  que  la  espada.  E?  ancha,  de  mu- 
cho peso  y  de  un  solo  61o. 

Etimología.  Machar:  griego,  ^v^fA- 
ptov  (machaírion);  latín,  macharí%m, 
sable  corto;  catalán,  matxete. 

Reseña. — 1.  No  es  posible  separar 
las  siguientes  formas:  griego,  ma- 
chaírion,  alfanje,  j  machetes  {^n-j^n-v^), 
el  que  combate. 

2.  «Especie  de  cuchillo  e-rande  ó 
terciado,  más  pequeño  que  Ta  espada 
j  major  que  la  daga  j  el  puüal.  Co- 
varrubias  dice  se  llamó  así  del  griego 
Machara,  que  vale  espada  corta.» 
(AcADBUiA,  Diedonarifide  Í7Í6,J 

Machetear.  Neutro.  Cabecear  un 
buque  navegando  poco  &  causa  de  la 
mar  gruesa  de  proa. 

Machetero.  Masculino.  El  que 
tiene  por  ejercicio  desmontar  con  ma- 
chetes los  pasos  embarazados  con  ár- 
boles. 

Machial.  Masculino.  Monte  pobla- 
do de  arbustos  j  árboles  silvestres, 
que  se  aprovecha  para  pasto  del  ga- 
nado cabrío. 

EnuoLoofA.  Macho. 

Machiembrar.  Activo.  Carpinte- 
ría. Ensamblar  dos  piezas  de  madera 
&  caja  j  espiga  v  ranura. 

Etimología.  Macho  j  hembra. 

Machín.  Masculino.  «Yoz  vas- 
cuence, que  vale  lo  mismo  que  Mar- 
tín, j  se  aplica  en  Vizcaja  á  todo 
hombre  rústico  y  mozo  del  trabajo,  j 
con  especialidad  á  los  mozos  de  las 
herrerías:  por  cu^a  alusión  los  poetas 
castellanos  suelen  llamar  á  Cupido  el 
Dios  Machín,  por  haber  nacido  en  la 
herrería  de  Vulcano.»  (Academia, 
Diccionario  de  1728.) 

Machina.  Femenino.  En  los  arse- 
nales es  la  máquina  que  sirve  para  ar< 
bolar  j  desarbolar  las  embarcaciones. 

Machinete.  Masculino.  Provincial 
Murcia.  Machete. 

Etimología.  Machina. 

Machlis.  Masculino.  Animal  su- 
mamente veloz  j  sin  juntura  en  las 
piernas. 

Macho.  Masculino.  Animal  del 

sexo  masculino.  ||  El  hijo  de  caballo 
j  burra  ó  de  jegua  j  asno.  Q  La  plan- 
ta que  fecundiza  á  otra  de  su  especie 
con  el  polvillo  de  sus  estambres,  ||  Ar- 
quitectura. Pilar  de  fábrica  que  sostie- 
ne el  techo  ó  que  se  ingiere  en  las 
paredes  para  major  fortaleza,  ponién- 
dolo de  piedra  en  las  paredes  de  la- 
drillo, ó  de  ladrillo  en  las  tapias  de 
tierra.  |¡  La  parte  del  corchete  que  se 
engancha  en  la  hembra.  |  La  pieza 
que,  entrando  dentro  da  otra,  mrma 
algún  instrumento;  como  el  tornillo 
respecto  de  la  tuerca.  Q  £1  mazo  gran- 
de que  haj  en  las  herrerías  para  for- 
jar el  hierro.  |]  El  banco  en  que  los 
herreros  tienen  el  _yunque  pequeño,  [| 
El j^unque  cuadrado.  ||  Adjetivo.  Fuer- 
te, vigoroso,  robusto;  y  así  se  dice: 
pelo  MACHO,  vino  macho,  etc.  |j  Me- 
táfora. Nació.  I  Macho  cabrío  ó  db 
1  CABRÍO.  Cabrón.  |  na  parada.  El  de 


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532  MACH 

cftbrío  industriado  á  estarse  quieto 
para  qua  el  nnado  uo  se  desparrame 
ni  extravíe.  |  romo.  El  que  nace  de 
caballo  j  burra. 

Etiuoloqía.  Sanserito  »ait[3|p^), 

pensar;  mas,  genio;  mantu,  hombre; 
niSnusas,  humano;  zend,  masAjdia, 
mafhja,  hombre;  germánico,  mann; 
godo,  manna;  latín,  mas,  marit,  ma- 
cho: italiano,  maschio  (masq-aio);  fran- 
cés» m&U,  ñas,  le;  provenzal  j  cate- 
lán,  mascU. 

Úachón.  Masculino.  Arquitectura. 
Pilar  que  sostiene  la  fábrica  por  al- 
g^una  parta  principal. 

BnuoLooÍA.  Macho. 

Hachorán.  Masculino.  Fez  que 
tiene  una  especie  de  barba  j  se  llama 
vulgarmente  gato  marino. 

Machorra.  Femenino  familiar*  La 
hembra  estéril. 

ETnfOLOQÍx.  Macho,  aludiendo  á 
que  no  pare. 

Machota.  Femenino.  Macmotb. 

Machote  ó  Machota.  Masculino  y 
femenino.  cEspecie  de  mazo.  Usase 
en  la  frase  castrar  á  Mjlchotb  ó  á  Ma- 
CHOTAi  que  vale  castrar  á  golpe,  ó 
machacando*  como  se  hace  con  los  to- 
ros.» (A.CADBUIA,  Diccionario  de  Í7Z6.J 
Q  A  MACHOTB  Ó  MACHOTA.  Modo  ad- 
verbial. Como  á  golpe  de  mazo. 

Machaca.  Masculino.  Nombre  pa- 
tronímico de  varón  j  de  hembra.  Q 
Plural.  Los  Maohucjüi. 

Etiholooía.  Machucar* 

Machuca  (Pbdro).  Pintor,  escultor 
y  arquitecto  español  del  siglo  xvii. 
Dirigió  la  construcción  del  palacio  de 
Carlos  Y,  en  Granada,  j  se  le  atribu- 
ye, como  escultor,  la  fuente  que  haj 
en  la  Alhambra,  adornada  de  pilas- 
tras y  bajorrelieves,  que  representan  á 
ííércules  matando  la  hidra,  el  Rapto 
de  Siena,  Apolo  j/  Dafne t  Alejandro  á 
caballo  y  dos  Victorias,  obra  de  gran 
mérito  y  que  acredita  á  su  autor  en- 
tre los  mejores  de  su  tiempo. 

Machucado,  da.  Participio  pasivo 
de  machucar. 

BTiHOLoaÍÁ.  Machucar:  catalán, 
maíxucat,  da. 

Machucadura.  Femenino.  La  ac- 
ción y  efecto  de  machucar. 

Etiuolooía.  Machucar:  catalán, 
matxucadura. 

Machucamiento.  Masculino.  Ma- 
chucadura. 

EriMOLOofA.  Machucar:  catalán, 
maíxucaaa,  malxucamení. 

Machucar.  Activo.  Herir,  golpear 
una  cosa  maltratándola  con  alguna 
contusión. 

ETiMOLoaÍA.  Machacar:  catalán, 
miixucar;  francés,  machurer,  siglo  xv. 

Machucho,  cha.  Adjetivo.  Sose- 
gado, juicioso.  J¡  Entrado  en  días. 

Etimología.  Macho  y  el  sufijo  des- 
pectivo ucho,  como  en  casucho:  macho- 
ttcho,  mach-ucho,  machucoi  macho  vie- 
jo, sagaz. 

Machuelo.  Masculino  diminutivo 
de  macho.  [|  El  corazón  del  ajo. 

Machumacept.  Masculino.  Com- 
posición de  opio  que  usan  los  moros 
para  excitar  el  apetito.  I 


MADA 

ETiuoLoofA.  Arabe  0>^^ 

(ma'djun),  electuario.  (Dozv.) 
Machumacete.  Anticuado.  Ma- 

GHUMACBPT. 

Hada-doro.  Masculino.  Moneda 
de  oro  de  Portugal. 

Etimología.  Mada,  por  moeda,  mo- 
neda, y  (¿'  ouro,  de  oro:  moeda  d'ouro, 

Madagaña.  Femenino  anticuado. 
Fantasma,  espantajo. 

Madagascarés,  sa.  Sustantivo  v 
adjetivo.  Natural  6  propio  de  la  isla 
de  Madama  scar. 

Hadai.  Masculino.  Mitología.  Hijo 
de  Júpiter  y  padre  de  los  medas. 

Madalena.  Femenino.  Especie  de 
boUito  ó  tortita  compuesto  de  azúcar, 
limón,  harina,  huevos  y  otros  ingre- 
dientes. 

ETiuoLoaÍA.  Francés  Madeleine, 

Magdalena. 

Madama.  Femenino.  Voz  tomada 
del  francés,  equivalente  á  señoba. 

Etimología.  Francés  madame;  de 
fita,  femenino  de  vion,  mi,  y  dama; 
cmi  dama:>  catalán,  madama. 

Madame.  Femenino.  Historia.  Tí- 
tulo que,  tomado -absolutamente  y 
como  nombre  propio,  sirvió  para  de- 
signar, desde  el  siglo  xvn,  la  hija 
major  del  rey  de  Francia,  y  sobre 
todo,  la  mujer  de  Monsieur,  hermano 
major  del  rev.  También  se  la  llama- 
ba Madamb  Movale,  Entre  las  prime- 
ras que  han  llevado  este  título,  se 
distinguen  sobre  todo:  Enriqueta  de 
Inglaterra,  hija  de  Carlos  I  j  casada 
con  Felipe  de  Orleáns;  Carlota  Isabel 
de  Baviera,  segunda  mujer  de  Mon- 
sieur, y  madre  del  Regente;  y,  en 
nuestros  días,  María  Teresa  de  Fran- 
cia, hija  de  Luis  XVI  y  duquesa  de 
Angulema.  ||  Erudición.  Título  que  se 
dá  en  Francia  á  las  señoras  casadas, 
á  diferencia  del  de  mademoiselie,  que 
se  da  á  las  sefioritas.  |  Qet^afia*  Is- 
lote de  la  Chareute  inferior,  en  la  em- 
bocadura de  la  Charente,  á  12  kiló- 
metros de  Marennes. 

Hadameo.  Masculino.  Bu  Lima, 
la  reunión  ¿  concurso  de  muchas  se- 
ñoras. 

Madamisela.  Femenino.  La  mujer 
joven  que  se  compona  mucho  y  pre- 
sume de  dama. 

Etimología.  Francés  del  siglo  xvi 
ma  demoiselle;  moderno,  mademoiselle; 
de  ma,  mi,  y  demoiselle,  damisela. 

Madamita.  Femenino  diminutivo 
de  madama.  |  Masculino  familiar.  El 
hombre  afeminado  y  mujeril. 

Etimología.  Madama:  catalán,  mo- 
dameia. 

Madama.  Nombre  de  ciertas  ven- 
tas de  los  caminos  de  Oriente. 

Etimología.  Arabe  maidam,  mer- 
cado, punto  de  venta:  francés,  mai- 
dam, 

Madán.  Masculino.  Altar  6  tem- 

f)lete  para  colocar  las  divinidades  en 
jS  templos  indios.  ||  Madams.  (Caba- 
llero.) 
Etimología.  Vocablo  indio. 
Reseña. — Erudición.  En  la  India, 
especie  de  altar  cubierto,  sobre  el 
cual  se  coloca  el  ídolo,  en  el  interior  I 


MADE 

de  los  templos.  ||  Pequeño  edificio  que 
se  halla  a  cierta  distancia  en  los 
grandes  caminos,  j  donde  está  per- 
mitido que  descansen  los  viajeros. 

Madapolán.  Masculino.  Tejido  de 
algodón  de  diversos  colores  que  se  fa- 
brica en  el  Indostán. 

Etimología.  Madapolán ,  ciudad : 
francés,  madapolam. 

Madarosis.  Medicina.  Caída  del 
pelo  y  de  las  cejas,  en  particular. 

EroiOLOGÍA.  Griego  [iaSípwüií  ^«a- 
dárosis):  francés,  madarose. 

Madaura.  Femenino.  Geografía 
antigua.  Ciudad  de  Africa,  patria  de 
Apuleyo. 

BTIMOLOQÍA.  Latín  Madaüri. 

Reseña, — ^La  ciudad  de  Madaura  se 
hallaba  entre  la  Numidia  jr  la  Oeta- 
lia.  (San  Agustín.) 

Hade&icción.  Femenino.  Farma- 
cia. Humedecimiento  de  una  substan- 
cia para  hacer  de  ella  un  medica- 
mento. 

Etimología,  Latín  m^efacere,  hu- 
medecer; de  madídus,  húmedo,  y  face- 
ré: francés,  madéfaction, 

Madefactar.  Activo.  Farmacia, 
Humedecer. 

Etimología.  Madefacddn:  francés, 
madejier. 

Madeja.  Femenino.  Porción  de  hi- 
lado, cogida  en  un  aspa  ó  torao  en 
tal  disposición,  que  se  pueda  devanar 
fácilmente.  Q  Metáfora  familiar.  El 
hombre  flojo  y  dejado.  |  Madeja  bn- 

TBOPBZADA,  QUIBN  TS  ASPÓ,  ¿POB  QU£ 

NO  TE  DEVANABA?  Refrán  con  que  se 
reprende  á  los  que,  enredando  alguna 
cosa  en  los  principios,  después  la  de- 
jan sin  concluir  para  que  otro  tenga 
el  trabajo  de  ponerla  en  orden.  ¡1  sin 
CL'BNDA.  Cualquiera  cosa  que  está 
muy  enredada  ú  desordenada.  |{  Me- 
táfora familiar.  Se  dice  de  la  persona 
que  acumula  especies  sin  coordina- 
ción ni  método,  ó  que  no  tiene  orden 
ni  concierto  en  sus  cosas  y  discurses. 
Hacbr  madbja  ó  haceb  hebra. 
rase.  Se  dice  de  los  licores  que,  es- 
tando muy  coagulados,  hacen  como 
hilos  ó  hebras. 

Etucoloqía.  Griego  iiítaga  ( métaxa }: 
latín,  metaxa,  seda  en  bruto:  catalán, 
madeixa. 

Reseña.  —  Escritas,  hace  muchos 
años,  las  anteriores  líneas,  tenemos 
la  satisfacción  de  verlas  confirmadas 
por  el  Diccionario  de  Autoridades, 

cMazo  ú  atado  de  hilo,  lana,  algo- 
dón ó  seda,  dispuesto  en  el  aspa  ó 
torno,  de  tal  forma,  que  cuando  los 
quitan  de  ella,  metidos  en  la  devana- 
dera, se  hacen  ovillos  con  facilidad. 
Es  tomado  del  latino  Metaxa,  por  cuya 
razón  se  debe  escribir  con  £  y  no 
con  y,  como  hacen  algunos.»  (Acadb- 
MiA,  Diccionario  de  1 726.) 

Por  semejanza  se  llama  el  cabello. 
(Idem.) 

«Marios,  de  ta  oabello 
lai  bermoiaa  ric»  trenus 
dftD  mnerte,  bí  rcmio  en  laoti, 
libre*  1m  madexot  dejae.> 

(AOUBTlH  DB  SALASAB,  obra$  póatMHQ*.) 

cSe  llama  también  al  hombro  flojo 

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¡ 


MADE 


MADI 


WíDR  533 


y  sm  fuerMs;  t  así  dicen:  Pttlano  es 
un  MADEXA.»  (A.CA,DBHU|  Diccionorio 
de  il'26.) 

Sabe  vbnder  sus  madexas.  Frase 
coD  que  se  da  á  enteader  que  alg'uno 
ea  muj  astuto,  sagaz  y  advertido,  j 
que  no  se  deja  .engañar  con  facili- 
dad. (Idbh.) 

Madejeta.  Femenino  diminutiro 
de  madeja. 

Etiuoloqía..  Madeja:  catalán,  tna- 
deixeta. 

Blad^ica,  lia,  ta.  Femenino  di- 
minutivo de  madeja. 

Hadejuela.  Femenino  diminutivo 
de  madeja. 

Hademoiselle.  Femenino.  Histo^ 
ria.  Título  que,  tomado  absolutamen- 
te y  como  nombre  propio,  sirvió  para 
designar,  desde  el  siglo  xvii,  la  nija 
m&yot  Monsieur,  hermano  del  rey 
de  Francia.  Entre  las  princesas  que 
han  llevado  este  título,  se  cuenta,  en 
primer  lugar,  la  duquesa  de  Montpea- 
síor,  hija  de  Gastón  de  Orleáns  y  nie- 
ta de  Luis  XIII,  llamada  la  Grande 
Madbmoisellb,  para  distinguirla  de 
María  Luisa,  hija  de  Felipe  de  Or- 
ieáns  j  nieta  de  Luis  XIV.  Posterior- 
mente este  título  fué  dado  por  usur- 
pación á  Madbhoi^^bllb  de  Charoláis, 
hermana  mavor  del  duque  de  Borbún, 
ministro  de  Luis  XV.  Én  la  antigua 
monarquía  francesa,  los  nobles  llama- 
ban Mademoiselles  á  las  plebeyas, 
aunque  fuesen  casadas,  á  menos  que 
su  marido  no  poseyese  un  cargo,  ó 
ejerciese  una  profesión  reputada  no- 
ble. La  mujer  de  Moliere  llevaba  el 
nombre  de  Madiímqisbllb  Moliere, 
Hacía  fines  del  reinado  de  Luis  XIV, 
otras  muchas  usurparon  el  título  de 
Miuíamei  j  la  costumbre  de  llamarlas 
Madbmoisbllb  cesó  durante  el  si- 
glo xviii,  aplicándose  desde  entonces 
á  las  solteras  en  ^neral,  como  trata- 
miento de  cortesía. 

1.  Madera.  Femenino.  La  parte 
sólida  de  los  árb  des.  |¡  La  materia  de 
que  se  compone  el  casco  de  las  caba- 
llerías. II  Cañiza.  La  que  tiene  la  veta 
á  lo  largo.  ||  del  aibe.  El  asta  6  cuer- 
no de  cualquier  animal.  ||  os  trbfa. 
Aquella  cuyas  vetas  forman  ondas  y 
otras  figuras.  P  en  blanco.  La  que  está 
labrada  y  no  tiene  pintura  ni  barniz, 
jl  BN  BOLLO.  La  que  no  está  labrada 
ni  descortezada,  I A  hedía  uadera. 
Modo  adverbial.  Cortada  la  miiad  del 
grueso  en  las  piezas  de  ma^dbra  ó  me- 
tal que  se  ensamblan  6  unen.  Q  Dbs- 
CUBRIBLA  hadbra.  FrasB  metafórica. 

DbSCUBBIB   la  hilaza.  II  No  HOLGAR 

LA  UADBRA.  FrasB  familiar.  Trabajar 
incesantemente.  ||  Pesar  la  uxdbra, 

SBB  DB  MALA  MADERA,  Ó  TBNER  MALA 

UADBRA.  Frase  familiar.  Hehusar  el 
trabajo,  ser  perezoso.  |[  Sangrar  la 
MADERA.  Frase.  Hacer  incisiones  álos 
inos  y  otros  árboles  resinosos,  á  fin 
e  que  la  resina  salga  por  ellas. 
Etiuoloqía.  Sánscrito  mü,  cons- 
truir: latín,  materia  y  materíes,  mate- 
ria y  madera. —  «La  porción  sólida  del 
árbol.  Covarrubins  aice  se  llamó  así 
por  ser  materia  para  hacer  muchas 
cosas,  y  que  de  Materia  se  dijo  made- 


ra.»  (Academia,  Diccionario  ie  1796.) 

2.  Madera.  Femenino,  (reografta. 
Isla  del  mar  Atlántico,  á  la  altura  de 
Canarias,  perteneciente  á  Portugal. 

ErtMOLoaÍA.  Latín  Madera:  italia- 
no y  catalán,  Madera;  francés,  Ma- 
dére. 

Maderable.  Adjetivo.  Se  aplica  al 
bosque  ó  árbol  que  da  madera  útil 
para  construcciones  civiles  ó  navales. 

Maderada.  Femenino.  El  conjun- 
to de  muchos  maderos. 
.  Madereye.  Masculino.  El  conjunto 
de  maderas  que  sirven  para  un  edifi- 
cio ú  otros  usos. 

Maderamen.  Hascnliao.  1£adb- 

BAJB. 

Maderamiento.  Masculino  anti- 
cuado. Enmaderauibnto. 

Maderar.  Activo  anticuado.  £h- 

U\DBRAU, 

Maderería.  Femenino.  El  sitio 
donde  se  recoge  la  madera  para  su 

venta. 

Maderero.  Masculino.  El  que  tra- 
ta en  madera.  |}  El  que  se  emplea  en 
conducir  las  armadías  por  los  ríos,  y 
Carpintero. 

Maderico,  Uo,  to.  Masculino  di- 
minutivo de  madero. 

Maderista.  Masculino.  Provincial 
Araeón.  Maderero. 

Maderito.  Diminutivo  de  madero. 

Madero.  Masculino.  Pieza  de  ma- 
dera larga  y  comunmente  cuadrada,  Q 
Metáfora  familiar.  La  persona  muy 
necia  y  torpe  ó  insensible. 

Etimología.  Madera:  francés,  no- 
dier. 

Maderuelo.  Masculino  diminutivo 
de  madero. 

Madhón.  Masculino.  Mitología  in- 
diana. Nombre  dado  por  los  indios  á 
muchos  genios  del  mal,  cuyo  jefe  se 
rebeló  contra  Brahma  y  fué  vencido 
por  Vichnú. 

Madi.  Masculino.  Botánica.  Planta 
de  Chile,  de  cuya  semilla  se  saca  acei- 
te bueno  para  la  comida.  Lo  hay  cul- 
tivado y  silvestre,  que  sólo  se  dife- 
rencia del  otro  en  tener  sumamente 
viscosas  las  hojas  que  abrazan  el 
tronco. 

Etiuoloqía.  Latín  técnico,  uadia 
vellosa,  y  madia  sativa^  de  Molina: 
francés,  madi. 

Madíaico,  ca.  Adjetivo.  Q,v,imica. 
Acido  uadiaico.  Acido  extraído  del 
aceite  de  madi. 

EtimolgoÍa.  Madi:  francés,  maidaU 
que. 

Madián.  Masculino.  Fruto  embria- 
gador producido  por  una  planta  de 
la  India.  ||  Geografía  antigua.  Comar- 
ca de  la  Arabia  Pétrea,  situada  á  lo 
largo  del  mar  Rojo. 

EriMOLOaÍA.  Latín  Mddían, 

Madianista.  Sustantivo  y  adjeti- 
vo. Mad:anita. 

Madianita.  Sustantivo  y  adjetivo. 
Biblia.  Natural  de  la  tierra  de  Ma- 
dián ó  concerniente  á  ella. 

Etimología.  Latín  madianita  y  md- 
dianites:  italiano,  m^ian^ta;  francés, 
madianite. 

Madio.  Anticuado.  Bl  mes  de 
I  Mayo. 


Medios.  Eipresión  antíenadá.  Pas  ' 

Dios  ó  POR  Dios. 

Madisterion.  Masculino.  Pinzas 
que  se  usaban  antiguamente  para 
arrancar  el  vello. 

Etimología.  Griego  (ut¿iim{ptov  (ma- 
disíerion),  pinzas  para  arrancar  los 
vellos,  equivalente  al  latín  voliHla. 

Madona.  Femenino.  Nombre  que 
dan  los  italianos  á  la  Santísima  Vir- 
gen ó  á  sus  efigies,  SbRora. 

Etimología.  Italiano  madonna;  de 
Mü,  mi,  y  donna,  dueña:  ñancés,  «o- 
done;  catítlán  antiguo,  maáona.—tLo 
mismo  que  señora.  Es  tos  osada  vo- 
luntariamente, en  diferente  sentido 
del  <^ue  se  usa  en  Italia.»  (Aoadbuia, 
Diccionario  de  1726.) 

•I>«1  Sidonio  mftr  la  orlll» 
pisa  la  bella  Uadoka, 
recreando  booeetiimenis 
laa  fatiga*  y  oongojas.» 
{AnAaTASio  Fahtalsók,  AMofrra^  roma»' 

«a.*) 

Madoaina.  Femenino.  Numismáti- 
ca. Moneda  genovesa  equivalente  á 
unos  tres  reales. 

Etimología.  Italiano  madonina,  di- 
minutivo de  madona. 

Madonnadasonni.  Masculino.  Mi- 
tología. Nombre  que  los  antiguos  per- 
sas daban  al  Ser  Supremo. 

Mador.  Masculino.  Mediñna.  Hu- 
medad cutánea. 

Etimología.  Latín  mXdory  orit,  hu- 
medad, sudor,  en  Salustio;  de  «át/^, 
estar  mojado. 

Madoroso.  Adjetivo.  Medicina. 
Húmedo,  humedecido. 

Etimología.  Mador. 

Madovino.  Masculino.  Nwnismáti' 
ca.  Doblón  del  Piamonte  que  vale  tre- 
ce libras  del  país. 

Madra.  Femenino.  Pieza  de  made- 
ra de  cinco  á  seis  pulgadas  de  grueso, 
que  sirve  para  hacer  baterías. 

Madris.  Masculino.  Cierto  tejido 
dé  seda  y  algodón  llamado  así  por  fa- 
bricarse en  Madras. 

Etimología.  Madrát,  ciudad  de  la 
India:  francés,  Madras. 

Madrastra.  Femenino.  La  consor- 
te respecto  de  los  hijos  llevados  al 
matrimonio  por  el  marido.  ||  Metáfo- 
ra. Cualquiera  cosa  que  incomoda  ó 
daña.  ||  óermanla.  La  cárcel,  la  cade- 
na, jl  Madrastra,  BL  nomrre  lk  bas- 
ta. Refrán  con  que  se  significa  el 

fioco  amor  que  ordinariamente  tienen 
as  MADRASTRAS  á  SUS  hijsstros. 

Etimología.  Madre:  bajo  latín,  ma- 
irasta;  francés  del  siglo  xiii,  fflarru- 
íre;  moderno,  marátre;  catalán,  ma- 
drastra; walón,  máríUe;  namurés,  nau- 
rause. 

Madrátida.  Adjetivo.  Sistoria 
oriental.  Nombre  de  una  dinastía  ára- 
be, que  reinó  más  de  un  siglo  en  la 
Mauritania,  arrojada  por  los  fatimi- 
tas  á  principios  del  siglo  x. 

Madraza.  Femenino  familiar.  La 
madre  muy  condescendiente  y  que 
mima  mucno  á  sus  hijos. 

Madre.  Femenino.  La  hembra  que 
ha  parido.  ||  La  madre  respecto  de 
sus  hijos.  jlTítulo  que  se  da  á  las  re- 
ligiosas. B  Bn  los  hospitales  y  casas 


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534  MADR 


MADR 


MADR 


de  recogimiento,  la  mujer  á  cujo  car- 
go está  el  gobierno  en  todo  6  en  par- 
te. Q  Metáfora.  La  causa,  raíz  ú  ort- 

Sin  de  donde  proviene  alguna  cosa.  Q 
Btifoia.  Aquello  en  que  fígurada- 
mente  concurren  las  cualidac^s  pro- 
pias de  una  madre;  j  así  se  dice:  Se- 
villa es  UADRB  de  forasteros.  |  En  las 
hembras,  la  parte  donde  se  concibe  j 
se  alimenta  el  feto.  Q  El  espacio  de 
una  á  otra  margen  por  donde  tienen 
su  curso  regular  los  ríos  y  arrojos.  || 
La  alcantarilla  ó  cloaca  maestra  por 
donde  corren  las  inmundicias.  Q  La 
materia  más  crasa  ó  heces  del  mosto 
ó  vinagre  que  se  sientan  en  el  fondo 
de  la  cuba,  tinaja,  etc.  |  La  acequia 
principal  de  donde  salen  y  donde  des- 
aguan las  hijaelas  ó  acequias  meno- 
res. J  Familiar.  Suele  darse  este  nom- 
bre a  las  mujeres  ancianas  del  pue- 
blo. II  Marina.  Cuartón  grueso  de  ma- 
dera, que  va  desde  el  alc&zar  al  casti- 
llo por  cada  banda  de  la  crujía.  ||  Ma- 
dre ARDIDA  HACE  HIJA  TOLLIDA.  Re- 
frán con  que  se  advierte  que  las  ma- 
dres demasiado  hacendosas,  que  no 
dejan  nada  que  trabajar  á  sus  hijas, 
pueden  acostumbrarlas  á  la  ociosi- 
dad. Q  DS    CLAVO.   MaDREOLAVO.  ¡¡  DE 

FAUiLiA  ó  FAMILIAS.  La  mujer  casada 
ó  viuda,  cabeza  de  su  casa.  |  db  le- 
OHB.  Nodriza.  Q  db  niños.  Medicina. 
Enfermedad  semejante  á  la  alferecía 
Ó  á  la  gota  coral.  ||  holgazana  cría 
HiXA  COBTBSANA.  Refrán  con  que  se 
advierte  el  peligro  á  que  una  madre 
puede  exponer  á  su  hija,  dándole 
ejemplo  de  ociosidad,  |  roLÍTiCA.  Sue- 
gra. II  Madrastra.  Q  Buscar  la  ma-' 

DRB   GALLEGA,  Ó  IRSB  CON  SU  UADRIÍ 

GALLEGA.  Frase.  Buscar  la  fortuna  ú 
ganarla  vída.  Q  Castíoaub  mi  mai>rb 
Y  YO  TROMPÓJHLAS.  Frasc  que  repren- 
de á  los  que,  advertidos  de  una  falta, 
reinciden  en  ella  frecuentemente.  | 

^A  BS,  ó  NO  B3  ESA  LA  UAI»tB  DBL 

CORDERO.  Frase  familiar  con  que  se 
indica  ser  ó  no  ser  una  cosa  la  razón 
real  j  positiva  de  algún  hecho  ó  su- 
ceso. II  Quien  no  crbb  bn  buena  ma- 
DBB  crsbbX  bn  hala,  uadbastra.  Re- 
frán queda  á  entender  que  los  que  no 
hacen  caso  de  advertencias  amistosas, 
tendrán  al  fin  que  abrir  los  ojos  cuau- 
lio  experimenten  el  castigo.  l|  Sacar 
DE  MADRE  Á  ALOUNQ.  Frase  metafóri- 
ca. Inquietarle  mucho,  hacerle  per- 
der la  paciencia.  |j  Salir  db  uadrb. 
Frase  metafórica.  Exceder  extraordi- 
nariamente de  lo  acostumbrado  ó  re- 
gular.   

Etimología.  Sánscrito  H|'  ^^{^ 

(má),  extender,  construir;  md,  mSíri, 
madre-,  m&írikA,  nodriza:  griego,  |i«ta 
(nuüa),  ama  de  leche  y  partera;  ^r,Tr)p 
(méter),  madre;  dórico,  [xá-oip  (mátér); 
latín,  mdter;  alemán,  Mititer;  inglt-s, 
mother;  italiano,  madre;  francés,  mere; 
provenzal,  maire;  catalán,  mare. 

Madrear.  Familiar.  Repetir  los 
niños  la  voz  de  madre. 

Madrecica,  ta.  Femenino  dimi- 
nutivo de  madre. 

Etimología.  Latín  materf  madre; 
mSíere&lat  madrecíta:  alemán,  MutUr, 


madre;  M&tUrehen,  madrecita;  inglés, 
mother,  madre;  lituanio,  motina;  ruso, 
mat',  madre;  malunka,  madrecita;  gaé- 
lico,  mathair;  kimrj,  mam¡  catalán, 
mareta. 

Hadrecilla.  Femenino  diminutivo 

de  madre.  Q  El  ovario  de  las  aves. 

Madreclavo.  Masculino.  El  clavo 
de  especia  que  ha  estado  en  el  árbol 
dos  años. 

Btiuología.  Madre  y  clavo  t  como 
quien  dice:  relavo  matriz.> 

Madréfilo,  la.  Adjetivo.  Botánica. 
Epíteto  de  varias  especies  de  madré- 
poras,  cujras  células  están  guarneci- 
das de  laminillas. 

Etimología.  Madr^ora  j  el  griego 
phulloH,  hoja:  francés,  madrepkylles. 

madrenaga.  Femenino.  Tela  que 
se  fabrica  en  las  islas  Filipinas,  cuja 
urdimbre  es  de  algodón  y  la  trama 
de  hilo  de  pita. 

Etimología.  Vocablo  indígena:  fran- 
cés, madrenague. 

Madreña.  Femenino.  Almadreí^a. 

Madreperla.  Femenino.  Especie 
de  concha  bivalva  que  contiene  algu- 
na ó  varias  perlas. 

Etimología.  Madre  y  perlas;  esto 
es,  matriz  de  perlas. 

Madrépora.  Femenino.  Historia 
natural.  Cuerpo  marino  de  naturaleza 
de  piedra,  lleno  de  pequeños  agujeros 
armados  de  laminitas  en  forma  de  es- 
trellas, que  trabajan  unos  animalitos 
que  por  lo  común  son  de  color  blanco. 

Etimología.  Italiano  madrépora;  de 
madre  y  ú  griego  irüipóí  (porós)^  pie- 
dra; «madre  piedra:»  francés,  mcuire- 
pore. 

Madreporáceo,  cea.  Adjetivo. 
Concerniente  á  la  madrépora. 

Madreporado,  da.  Adjetivo.  !íis' 
loria  natural.  Parecido  á  la  madré- 
pora. 

Etimología.  Madrépora:  francés, 
m-idre'pore's. 

Madrepórico,  ca.  Adjetivo.  BÍ>~ 
torta  natural.  Que  contiene  madrépo- 
ras  ó  participa  de  su  forma, 

BTiMOLoafA.  Madrépora:  francés, 
madréporique, 

Madreporifero,  ra.  Adjetivo.  Que 
contiene  madréporas  ó  masas  calcá- 
reas. 

Etimología.  Madrépora  y  el  latín 
Jare,  llevar:  francés,  madréporifére. 

Madreporiforme.  Adjetivo.  Que 
tiene  la  furma  de  madrépora. 

Etimología.  Madrépora  j  forma: 
francés,  uadréporiforme. 

Madrepórita.  Adjetivo.  Madrépo- 
ra fósil.  II  Variedad decarbonatodecal. 

Etimología.  Madrépora  y  el  sufijo 
tte,  formación:  francés,  madréporite,. 

Madrero,  ra.  Adjetivo.  Se  dica  del 

3ue  está  muj  encariñado  con  su  ma- 
re. 

Madreselva.  Femenino.  Botánica, 
Mata  que  echa  los  vástagos  caedizos 
y  muj  ramosos,  y  las  hojas  opuestas 
de  dos  en  dos,  verdes  por  encima  y 
blanquizcas  por  debajo:  las  de  las 
puntas  están  como  abrazadas  ó  pega- 
das á  lus  tallos.  Las  ñores  son  blan- 
quecinas y  algo  amarillas,  vistosas  y 
de  olor  suave,  j  producen  una  baya 


redonda,  roja  j  de  sabor  fastidioso. 

EtihologCa^  Madre  j  selva,  «madre 
de  la  selva.» 

Madrid.  Masculino.  Geografía. 
Provincia  de  primera  clase,  una  de 
las  cinco  en  que  se  halla  dividido  el 
territorio  de  Castilla  la  Nueva,  forma- 
da por  decreto  de  30  de  Enero  de  1822 
de  una  gran  parte  de  la  antigua  pro- 
vincia de  su  nombre  y  de  71  pueblos 
que  fueron  segregados  ¿  las  de  Gua- 
dalajara,  Segovía,  Toledo  j  Avila; 
está  considerada  como  la  primera  de 
la  nación  en  el  orden  administrativo, 
y  depende,  en  lo  militar,  de  la  capi- 
tanía general  de  Castilla  la  Nueva; 
en  lo  judicial,  de  la  audiencia  terri- 
torial que  reside  en  la  Corte,  j  en  lo 
eclesiástico,  de  la  dióceüs  de  Toledo. 

1.  Situada  aiiroi^miea. — El  terri- 
torio de  esta  provincia  se  encuentra 
comprendido  entre  los  41*  7'  46"- 
39°  53'  48"  de  latitud  septentrional  v 
los  O'  35'  IS-'-O"  50' 22'  de  longitud 
occidental  del  meridiano  de  Madrid. 

2.  Limites. — Situado  casi  en  el  cen- 
tro y  en  uno  de  los  puntos  más  ele- 
vades  de  España,  confina:  al  Norte  y 
Noroeste,  con  la  provincia  de  Segovia; 
al  Este,  con  la  de  Guadalajara;  al 
Sur,  con  las  de  Cuenca  y  Toledo,  j  al 
Oeste,  con  la  de  Avila. 

3.  Area, — El  terreno  comprendido 
dentro  de  los  anteriores  límites,  mide 
130  kilómetros  de  largo,  de  Norte  á 
Mediodía;  65  de  ancho  (término  me- 
dio) y  7.762  cuadrados  de  superficie. 

4.  Población. — Constituven  esta  pro- 
vincia 17  partidos  judiciales:  10  en  la 
capital,  que  son:  Palacio,  Universidad, 
Centro,  Hospicio,  Buenavista,Coi^reso, 
Hospital,  Inclusa,  Latina  y  Audiencia, 
y  los  7  restantes,  en  Alcalá  de  Hena- 
res, Colmenar  Viejo,  Chinchón,  Getafe, 
Navalcarnero,  San  Lorenzo  del  Escorial 
y  Forrelaguna;  estos  17  distritos  á  par- 
tidos forman  195  ayuntamientos,  los 
cuales  cuentan  262  poblaciones  y 
684.630  habitantes. 

5.  Climaiología.—^X  cielo  de  Ma- 
drid aparece,  por  lo  general,  puro  y 
sereno.  El  clima  es  sano:  la  tempera* 
tura,  muj  variada,  efecto  de  la  eleva- 
ción del  terreno  sobre  el  nivel  del  mar 
y  de  su  situación  entre  las  montañas 
que  forman  sus  límites,  cujas  cum- 
bres se  encuentran  casi  siempre  coro- 
nadas de  nieve.  Los  aires  son  sutiles 
y  penetrantes  en  todas  las  estaciones; 
especialmente,  en  la  del  invierno:  esta 
sutileza,  que  se  observa  aún  en  el  es- 
tío, los  hace  peligrosísimos  para  las 
personas  que  se  hallan  afectadas  del 
pecho,  ó  que  están  dotadas  de  un  sis- 
tema nervioso  excesivamente  sensible. 
Los  vientos  dominantes  son:  los  del 
Norte,  en  el  invierno,  y  los  del  Oeste 
y  SuE  en  la  primavera:  aquéllos,  muy 
mos;  éstos,  húmedos  y  calientes.  La 
primavera  es,  por  lo  común,  templa- 
da y  lluviosa;  el  verano,  abrasador; 
el  otoño,  apacible  y  agradable;  el  in- 
vierno, riguroso,  y  tanto  más  crudo 
cuanto  más  recios  son  los  vientos  del 
Norte. 

6.  Oro^rafia. — Tres  son  las  cordi- 
lleras pnneipides  que  cruzan  y  des- 

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MADR  535 


criben  los  límites  de  este  territorio:  U 
de  Somosierra,  la  de  los  montes  Car- 
pétanos  y  la  de  Guadarrama.  La  de  So- 
mosierra, forma  al  Noroeste  de  la  pro- 
TÍncia  de  Madrid  la  Ifnea  que  la  se- 
para de  la  de  Seyovia:  desde  el  naci- 
miento del  río  Jarama  va  trazaado 
uoa  inmensa  curva,  en  cujo  extremo 
más  occidental  se  encuentra  el  puerto 
del  mismo  nombre;  levántase  luego, 
cubierta  de  nieve, presentando  un  pico 
muj  elevado  en  perfecta  dirección  al 
Korte;  y  hacia  el  Sudoeste,  empieza  á 
descendet',  siempre  áspera  y  fragosa, 
basta  terminar  en  el  puerto  denomi- 
üíAo  de  Malagosío,  En  el  punto  más 
meridional-occidental  de  la  mencio- 
nada sierra  dan  principio  los  montes 
Carpelanos,  divisorios,  como  aquélla, 
de  las  provincias  de  Madrid  y  de  Se- 
govia,  cuyos  parajes  más  notables 
son  el  puerto  de  Reventón,  el  de  Peña- 
lara,  el  jpico  de  las  Dos-Éermanas,  el 
más  saliente  de  toda  la  cordillera;  el 
paerto  del  Paular,  peligrosísimo  por 
lo  fragoso  del  terreno  y  el  abrigo  que 
su  espesura  presta  á  loa  malhechores; 
el  de  Navaeerrada,  el  más  cómodo  y 
seguro  de  todos,  así  que  se  verifica  u 
dufaielo  de  las  nieves,  que  lo  hacen 
iotnosítable  durante  el  invierno,  y 
los  Siete-picos,  de  loa  cuales  el  más 
saliente  mide  2.224  metros  de  eleva- 
ción. En  el  cerro  denominado  Montón 
de  Trigo  da  comienzo  la  sierra  de 
Guadarrama,  cuya  dirección  más  me- 
ridional constituye,  por  este  lado,  el 
último  límite  entre  la  provincia  de 
Madrid  y  la  de  Segovia,  el  cual  con- 
dayeenel  sitio  llamado  Cabeta-Lijar. 
Los  parajes  más  conocidos  de  este 
trozo  de  montaña  son  la  Penóla  6  Ce- 
rro de  Tret'picot,  el  puerto  de  Guada- 
rrama, en  donde  se  nalla  el  león  de 
las  dos  Castillas  incrustado  casi  siem- 
pre de  hielo,  y  el  alto  de  los  Gamoños. 
fia  el  cerro  Cabeza-Lijar  y  siguiendo 
en  dirección  Sudoeste,  continúa  la 
cordillera  de  Guadarrama,  descri- 
biendo la  línea  divisoria  entre  la  pro- 
vincia de  Madrid  y  la  de  Avila,  ter- 
minando, por  último,  en  el  arroyo  de 
la  Parra  y  límite  Noroeste  de  la  pro- 
vincia de  Toledo.  Las  tres  cordilleras 
mencionadas  forman  uua  sola  llama- 
da genéricamente  de  los  Carpetanos, 
siendo  punto  menos  que  imposible 
fijar  con  exactitud  dónde  empieza  y 
dónde  acaba  cada  una  de  ellas,  pues 
80  naturaleza  geológica  y  su  vegeta- 
ción ton  absolutamente  idénticas. 
Otras  dos  cordilleras,  de  menos  im- 
ortancia  y  elevación,  atraviesan  tam- 
ién  este  territorio;  una,  que  nace  en 
la  mareen  izquierda  del  Henaret^  al 
Mediodía  de  la  ciudad  de  Alcalá,  y 
sjgue  la  misma  dirección  de  aquel 
lío.  y  otra  que,  arrancando  de  la  sie- 
rra de  Cuenca,  penetra  por  el  Sudoeste 
de  la  provincia,  pasa  por  Aranjuez  y 
termina  en  los  cerros  sobre  los  cuales 
•e  halla  situada  la  ciudad  de  Toledo. 

7.  Hidrografía. — Los  ríos  más  no- 
tables que  bañan  esta  provincia,  son: 
el  Jarama,  el  Lotoya,  el  Guadarrama, 
el  Hanzanaret,  el  Tajuña,  t\  Henares, 
«1  Tajo  y  el  Alberche,  cuyo  curso  va- 


mos á  reseñar  brevemente  por  el  op. 
den  mismo  en  que  quedan  enuncia- 
dos. El  Jarama  nace  en  el  término 
de  Colmenar  de  la  Sierra,  entra  en  la 
provincia,  se  dirige  por  entre  Uceda 
y  Torremocba  en  dirección  al  Medio- 
día, recibe  las  aguas  de  varios  ríos  y 
arroyos,  y  después  de  122  kilómetros 
de  curso  desemboca  en  el  Tajo,  á  una 
media  legua  de  distancia  de  Aran- 
juez.  El  Loíoya  parte  de  una  elevada 
sierra  de  los  montes  Carpetanos,  for- 
ma el  límite  entre  esta  provincia  y  la 
de  Segovia,  y  recorre  un  trayecto 
de  64  kilómetros;  primero,  de  ísur  á 
Norte,  y  luego  de  Norte  á  Sur,  des- 
aguando en  el  Jarama,  en  el  punto 
en  (^ue  este  río  penetra  en  la  juris- 
dicción de  Madrid.  El  Guadarrama  se 
forma  en  las  sierras  y  gargantas  de 
la  cordillera  de  su  nombre,  dentro  de 
aquel  territorio,  y  recorre,  de  Norte 
á  Mediodía,  un  espacio  de  88  kilóme- 
tros hasta  el  t-érmino  de  Batres,  pa- 
sando desde  aquí  á  la  provincia  de 
Toledo.  El  Manzanares  tiene  su  origen 
en  el  puerto  de  Navaeerrada,  camina 
primeramente  y  con  algunas  inflexio- 
nes, de  Oriente  á  Occidente,  hasta  lle- 
gar como  i  unos  5  kilómetros  de  Man- 
zanares el  Real,  desde  cuyo  punto  se 
dirige  hacia  el  Mediodía,  terminando 
en  el  Jarama  su  tortuoso  curso  de  90 
kilómetros.  El  Tajnñat  cuyo  nacimien- 
to se  encuentra  en  el  término  de  Ta- 
rancÓD,  en  la  provincia  de  Cuenca, 
se  interna  en  la  de  Madrid  por  Pe- 
zuela  de  las  Torres,  continúa  en  di- 
rección Sudoeste,  formando  desde 
este  punto  hasta  el  molino  deMondéJar 
el  límite  del  territorio  que  describi- 
mos y  el  de  Guadalajara;  y  después 
de  recorrer  una  distancia  de  72  kiló» 
metros,  va  á  perderse  en  el  Jarama, 
cerca  de  Bayona  de  Tajuña.  El  ¿Tmo- 
ret  empieza  en  los  alrededores  de  la 
villa  de  Orna,  provincia  de  Guadala- 
jara, entra  en  la  de  Madrid  por  el  tér- 
mino de  los  Santos  de  la  Humosa, 
próximo  á  la  carretera  de  Aragón, 
hasta  cuyo  punto  lleva  andados  so- 
bre  90  kilómetros,  y,  encaminándose 
luego  paralelamente  á  la  citada  carre- 
tera,  deja  á  la  derecha  la  ciudad  de 
Alcalá  ^  la  villa  de  Torrejón  de  Ar- 
doz,  y  a  la  izquierda,  la  mencionada 
de  los  Santos,  la  de  Anchuelo  y  el 
lugar  do  los  Hueros,  ^  desemboca  en 
el  Jarama  por  el  término  de  Mejorada 
del  Campo.  El  Tajo  nace  al  pie  del 
cerro  de  San  Felipe,  en  la  provincia 
de  Cuenca,  lle^  á  la  de  Madrid,  for- 
mando su  límite  con  aquélla  y  la  de 
Toledo  hasta  el  término  de  la  villa  de 
Oreja,  perteneciente  á  esta  última; 
dirígese  desde  aquí  al  Norte  de  Aran- 
juez,  bañando  los  fértiles  terrenos  de 
esta,  hermosa  posesión  real,  y  aban- 
dona la  provincia,  después  de  haber 
recorrido  dentro  de  ella  una  extensión 
de  71  kilómetros.  Finalmente, el  4 /ácr- 
c/i«  principia  más  alU  de  San  Martín 
de  la  Vega,  su  curso  es  tan  tortuoso 
como  el  de  los  anteriores  y  de  unos 
33  kilómetros,  durante  el  cual  van 
aumentando  su  corriente  los  ríos 
Co^o  y  Perales,  que  llevan  embebidas 


las  aguas  de  diferentes  arroyos. — En 
este  territorio,  tan  quebrado  y  mon- 
tuoso, particularmente  hacia  su  par- 
te Norte  y  Oeste,  abundan  las  fuentes 
cristnlinas,  distinguiéndose  algunas 
da  agua  salada;  la  del  Berro,  situada 
en  las  cercanías  de  la  Venta  del  Es- 
píritu Santo,  á  unos  tres  kilómetros 
de  Madrid,  famosa  por  su  excelente 
calidad  potable,  y  la  del  Toro,  de  la 
cercana  villa  del  Molar,  cuyas  aguas 
frías,  claras  y  fétidas,  de  la  clase  de 
las  sulfurosas,  producen  saludable^ 
efectos  en  determinadas  dolencias. 

8.  Geología, — Los  terrenos  que  ofre- 
ce esta  provincia,  son  el  ptuíúníco, 
compuesto  casi  exclusivamente  de  ro- 
cas graníticas;  el^neísico,  al  siluriano, 
parte  del  cretáceo,  parte  también  del 
terciario,  el  cuaternario  y  e\  moderno. 
El  granito  de  grano  mediano  es  abun- 
dantísimo; el  mejor,  el  de  Berrocal  de 
Cerceda;  su  color  es  gris  claro;  el 
feldespato,  blanco;  el  cuam,  gris,  y  la 
mica,  negra  ó  parda.  Los  riscos,  que 
coronan  las  montañas,  se  encuentran 
separados  por  6suras  verticales,  hori- 
zontales ó  inclinadas;  los  trozos  de 
roca  se  presentan  igualmente  forman- 
do grupos  tan  originales  como  capri- 
chosos. 

9.  Suelo, — Las  tierras  que  cubren 
la  superficie  de  esta  comarca  son  bue- 
nas y  fértiles,  á  pesar  de  la  poca  uti- 
lidad que  todavía  se  saca  de  las  nu--- 
merosas  corrientes  de  agua  que  las 
fecundizan;  la  extensa  llanura,  que 
divide  á  Guadalajara  de  Alcalá  de 
Henares;  la  que  se  prolonga  por  en- 
cima de  esta  ciudad  nasta  las  puertas 
de  Madrid,  y  el  término  alto  y  bajo 
de  esta  población,  susceptibles,  si  se 
las  beneficiara  con  algunos  riegos,  de 
todo  género  de  cultivos. 

10.  ProdMeiones, — Las  principales 
de  esta  provincia,  son:  cereales,  le- 

fumbres,  hortalizas,  frutas  de  hueso  y 
9  pepita,  aceite,  vino,  cáñamo,  lino, 
carbón,  zumaque,  algarrobas,  espar- 
to, cera  y  miel;  buenos  pastos,  que  se 
destinan  á  la  cría  de  ganado  lanar, 
vacuno,  cerdal  y  cabrío;  mucha  caza 
de  todas  especies,  y  alguna  pesca  en 
el  parama  y  demás  ríos.— Los  mon- 
tes, dehesas,  prados  y  alamedas  se 
hallan  pobladas  de  robles,  fresnos, 
carrascales,  chaparros,  moreras,  que- 
jidos, álamos  blancos  y  negros,  ali- 
sios, enebros,  pinos,  chopos,  encinas, 
castaños,  sauces,  jaras,  retamas  y  ro- 
meros: por  las  quebradas  de  los  cerros 
y  espesuras  de  sus  montes  no  ^Itan 
animales  dañinos,  y  en  algunos  terre- 
nos se  fomenta  bastante  el  plantío  de 
viñedos. — En  varios  distritos  y  pue- 
blos situados  en  las  faldas  de  la  cor- 
dillera de  Guadarrama,  existen  mul- 
titud de  canteras  de  cal,  yeso,  piedra 
berroqueña,  que  se  extrae  para  los 
edificios  y  empedrado  de  la  capital; 
piedra  blanca,  muy  usada  también 
en  la  Corte;  silex,  cristal  de  roca,  al- 
guna que  otra  de  mármol  y  grande 
abundancia  de  salitre. 

11.  Indusiria.~A.  fines  del  siglo 
pasado,  la  provincia  de  Madrid  ape- 
nas co4taba  otras  manufacturas  que 


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la  rica  china  del  Reíiro,  la  porcelana 
de  la  Moncloa  j  las  fábricas  de  cris- 
tales de  Araiijuez  7  la  Granja:  pero 
desde  mediados  del  presente,  ]a  fa- 
bricación, particularmente  en  la  ca- 
pital, ha  venido  adquiriendo  constan- 
temente notabilísiino  desarrollo.  La 

Eredominaiite  en  toda  la  provincia  es 
t  aerícola,  que  ocupa  la  ma^or  par- 
ta del  Tecindario,  si  se  eiceptúa  la 
Corte,  contándose  además  numerosas 
fábricas  de  papel,  curtidos,  jabJn, 
loza,  tejas,  ladrillos,  salitre,  cristalei 
planos  j  huecos,  vidrio,  vidriado,  ti- 
najas, aguardientes,  chocolate,  sogas, 
cuerdas  de  guitarra  j  productos  quí- 
micos; telaras  de  paños  bastos,  fri- 
sas, bayetas,  lieuzos,  colchas,  jergas 

fiara  mantas  j  costales;  batanes  y  mo- 
inos  harineros;  la  elaboración  de  ob- 
jetos de  esparto,  el  carboneo  de  los 
montes  j  la  explotación  de  las  can- 
teras. 

12.  Comercio. — Hecha  abstracción 
del  gran  movimiento  mercantil  que 
se  observa  en  la  Corte,  punto  central 
adonde  vienen  á  refluir  los  productos 
del  suelo  j  de  la  industria  de  casi  to- 
dos los  pueblos  comarcanos  j  de  la 
Península;  así  como  los  frutos  j  ar- 
tículos de  las  colonias  j  del  ettranje- 
TO,  oonvirtiendo  á  Madrid  en  un  vas- 
tísimo V  perpetuo  mercado  de  todos 
ellos,  el  tráfico  que  se  hace  en  el  res- 
to de  la  provincia  es  poco  menos  que 
insigniScante.  Este  se  halla  simple- 
mente reducido  á  la  compra  y  venta 
de  semillas,  ganados,  vino,  aceite, 
lienzos,  paños  bastos  y  demás  efec- 
tos arriba  mencionados. 

13.  Ferias. — Las  más  notables  que 
se  celebran  en  la  provincia  son  las  si- 
guientes: 21  de  Mavo,  Madrid;  10  de 
Agosto,  Escorial;  11,  Villa  del  Prado; 
14,  Chinchón;  21,  Torrelaguna;  24, 
Alcalá  de  Henares;  28,  Getafe;  4  de 
Septiembre,  San  Martin  de  Vaideigle- 
sias  y  Aranjuez;  5,  Navalcarnero;  14, 
Horcajo;  21,  Madrid;  4  de  Octubre, 
Villarejo;  24,  Valdemoio;  15  de  No- 
viembre, Alcalá  de  Henares. 

14.  Madrid. — Capital  de  España  y 
de  la  provincia  de  su  nombre;  corte  y 
residencia  habitual  del  soberano,  del 
gobierno  central,  de  las  Cámaras  le- 
gislativas, de  los  representantes  de 
las  potencias  extranjeras,  de  la  au- 
diencia del  territorio,  de  la  capitanía 
general  de  Castilla  la  Nueva  y  de  los 
tribunales,  centros  jr  oficinas  supe- 
riores en  todos  los  ramos  de  Ik  admi- 
nistración pública. 

15.  Siíuaeién.-^Se  encuentra  situa- 
da en  la  margen  izquierda  del  Man- 
tañares,  sobre  una  porción  de  coli- 
nas poco  elevadas,  a  los  40*  24'  57" 
de  latitud  Norte  y  O'  V  12"  al  Oeste 
del  meridiano  de  Madrid;  cavas  lon- 
gitudes, respecto  de  otros  del  extran- 
jero, son:  5'  27'  53"  Este  del  observa- 
torio meteorológico  de  Lisboa;  6°  1'  2" 
Oeste  del  de  París,  y  3"  4'  38"  Oeste 
del  de  Greenwích  (Inglaterra). 

16.  Altura. — Según  las  observa- 
ciones hechas  durante  diez  v  siete  años 
por  el  célebre  marino  don  Felipe 
Bauzi,  eita  antigua  y  elegante  viUa 


se  halla  á  631  metros  sobre  el  nivel 
del  mar. 

17.  Confines. — La  extensa  y  árida 
llanura  que  la  población  ocupa,  está 
limitada  al  Noroeste  por  ias  monta- 
ñas de  Somosierra  jr  Guadarrama,  sin 
otro  confín  aparente  por  los  demás 
puntos,  <}ue  el  horizonte  sensible. 

18.  Distancias. — La  villa  de  Ma- 
drid, edificada  casi  en  el  centro  del 
reino,  posición  la  más  á  propjsíto 
para  la  administración  jr  gobierno  del 
mismo,  líe  halla  próximamente  á  igual 
distancia  de  las  provincias  más  apar- 
tadas; á  462  kilómetros  de  la  fronte- 
ra de  Francia,  por  el  Norte,  y  1.056 
de  París;  á  363  de  la  de  Portugal,  por 
Badajoz,  v  667  de  Lisboa;  á  444  del 
litoral  del  golfo  de  Vizcava,  y  á  660 
Sur  del  estrecho  de  Gibraltar. 

19.  Clima. —  La  grande  altura  á 
que  se  encuentra  la  capital,  la  aridez 
del  terreno,  la  escasez  de  agua  y  el 
poco  arbolado  que  se  observa  en  sus 
contornos,  son  causa  de  las  notables 
variaciones,  de  los  frecuentes  y  brus- 
cos cambios  atmosféricos  que  en  ella 
se  experimentan.  La  primavera,  des- 
templada y  lluviosa  casi  siempre, 
suele  pasar  con  frecuencia  desaperci- 
bida; el  calor  del  verano,  va  de  sujo 
excesivo,  llega  ¿  hacerse  algunas  ve- 
ees  basta  sofocante,  producido  por  la 
quietud  absoluta  de  una  atmosfera 
caldeada  por  la  acción  constante  de 
uu  sol  abrasador,  ú  ocasionado  por 
un  viento  ardiente  y  seco,  parecido 
al  kamsim  de  Egipto,  que  agota  las 
fuentes,  seca  los  arrojos,  consume  la 
vegetación  7  diezma  el  ganado;  el 
otoño  es,  de  todas  las  estaciones  del 
año,  la  más  templada  y  apacible;  el 
invierno,  crudo  hasta  el  extremo;  par- 
ticularmente, cuando  sopla  el  viento 
Norte,  el  cual,  atravesando  los  mon- 
tes t'arpetanos,  cubiertos  casi  siem- 
pre de  nieve,  llega  á  la  Corte,  des- 
pués de  recorrer  38  kilómetros,  sin 
haber  encontrado  á  sa  paso  nada  que 
dulcifique  su  crudeza.  El  termómetro 
ha  llegado  i  elevarse,  como  en  el  ve- 
rano último,  á  44°,  y  á  descender, 
como  en  el  invierno  anterior,  á  7'  bajo 
cero.  La  temperatura  media  es  de  lo"; 
el  clima,  por  lo  generil,  rariable  y 
extremado. 

20.  Higiene. — El  corto  número  y 
escaso  desarrollo  que  en  Madrid  al- 
canzan las  enfermedades  epidémicas, 
débese,  sin  duda,  en  primer  término, 
á  la  Ubre  ventilación  que  le  propor- 
ciona su  excelente  situación  topográ- 
fica. Las  principales  dolencias  que 
aquí  se  padecen,  son,  ó  estacionales, 
producidas  por  los  cambios  de  las  es- 
taciones, ó  esporádicas,  dependientes 
de  circanstancias  paramente  indivi- 
duales. Las  eadémicas,  entre  las  cua- 
les cuentan  algaaos  el  ecí/tco  convulsi- 
vo de  Madrid,  son  poco  numerosas  j, 
en  su  mavor  parte,  debidas  á  las  con- 
diciones de  insalubridad  en  que  viven 
loa  que  las  padecen.  Los  vientos  im- 
petuosos, fríos  y  secos,  tan  frecuentes 
en  algunas  épocas  del  año,  produ- 
ciendo bruscos  descensos  en  la  tem- 
peratura ,  enfriamientos  rápidos  de  la 


atmósfera  y  las  consiguieutes  supre- 
siones repentinas  de  la  transpiración, 
determinan  en  el  organismo  animal 
multitud  de  afecciones,  en  gran  parte 
peligrosas.  Citaremos,  entre  éstas,  la 
pulmonía,  que  figura  entre  las  que 
major  mortalidad  ocasiona  á  la  en- 
trada del  invierno  y  durante  el  largo 
período  de  los  fríos:  las  pleurgsUt,^ 
ores  catarrales,  aríritiSt  enfriamientoc, 
reumas  muscutares  y  articulara,  9tQ- 
ducidos  igualmente  por  las  súbitas 
variaciones  atmosféricas,  el  tránsito 
repentino  del  calor  al  frío,  las  hume- 
dades ó  el  completo  olvido  de  la  hi- 
giene; las  hemorragias,  anginas  y  pe- 
ores infamatorias  ocasionadas  por  la 
extremada  elevación  de  la  villa,  la 
inconstancia  del  tiempo,  el  aso  fre- 
cuente de  excitantes  y  las  exaltacio- 
nes del  ánimo;  las  fiebres  gástricas  y 
biliosas,  propias  de  los  fuertes  calores 
del  estío,  que  suelen  degenerar  en 
tifoideas f  nerviosas  y  pútridas;  contri- 
buyendo principalmente  á  su  desarro- 
llo el  continuo  desprendimiento  de 
gases  deletéreos,  la  falta  de  limpieza 
de  las  calles  y  habitaciones  j  el  poco 
aseo  de  las  personas.  Las  diarreas^  di- 
senteriaSf  leucorreas  y  c<Uarrot  pituito- 
sos están  considerados  como  cansas 
determinantes  de  algunas  de  laa  eofer* 
medades  arriba  mencionadas;  y  las 
afecciones  nerviosas,  en  su  inmensa  va- 
riedad, como  dependientes  de  las  ae- 
cesidades  que  crean  el  lujo  y  las  cos- 
tumbres de  los  grandes  centros  de 
población  y  de  las  pasiones  de  ánimo, 
que  de  tantos  j  de  tan  diversos  mo- 
dos perturban  y  destrujen  el  equili- 
brio vital.  Las  enfermedades  clasifi- 
cadas en  el  boletín  de  estadística  de- 
mográfico-sanitaria,  que  major  nú- 
mero de  víctimas  han  producido  du- 
rante el  segundo  semestre  del  año 
de  1880,  solo  en  la  capital  que  nos 
ocupa,  fueron:  la  viruela,  613;  el  sa- 
rampiíSn,  261;  el  tifus  exantemáUeo, 
469;  la  apoplejía,  455;  el  caíarr»  intet- 
tinal,  547;  la  tisis,  573;  las  afecciones 
agudas  da  los  órganos  respiratorios, 
967;  las  enfermedades  no  clasifica- 
das, 2.497;  el  total  de  las  defuncio- 
nes ascendió  á  7.442:  cifra  major  á 
la  más  elevada  de  las  demás  capitales 
de  provincia.  No  obstante  lo  expues- 
to, Madrid  reúne  elementos  suficien- 
tes para  figurar  entre  las  poblaciones 
más  sanas  de  España;  sus  condiciones 
de  salubridad  han  mejorado  notable- 
mente de  algunos  años  á  esta  parte, 
y  sus  benéficos  resultados  se  harían 
aún  más  sensibles  si  las  autoridades 
municipales,  al  dictar  las  medidas 
higiénicas  que  la  ciencia  prescribe  ▼ 
la  practica  aconseja,  vigilaran,  con 
mayor  celo,  lU  fiel  y  pnntual  obser- 
vancia. 

21.  Naturalesa  y  circunstanciiu  del 
terreno.— Al  examinarse,  no  hace  mu- 
chos años,  las  cortaduras  que  se  ven 

en  algunos  parajes  de  los  nuevos  ca- 
minos abiertos  en  el  término  que  nos 
ocupa,  observáronse,  en  los  cortados, 
señales  evidentes  de  peñas  que  habían 
existido  en  otros  tiempos:  estas  peñas 
fueron  luego  transformándose  sucesi- 


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vamente  de  piedra  en  Sfuljo,  arena  6 
tierra,  notándose  todavU  en  los  ban- 
cos descompuestos  las  dívisioaes 
7  fajas  del  peüasco  primitivo.  Los 
terrenos  qne  contienen  arcilla,  como 
se  advierta  en  los  altos  de  Fuencarral, 
demuestran  que  las  peñas  que  hubo 
allí  anteriormente  eran  de  granito; 
los  que  ofrecen  mezclas  calizas,  como 
sucede  con  los  de  los  lados  del  cami- 
no de  Aranjuflz,  provienen  de  los  pe- 
flaseales  de  yeso,  j  los  compuestos  de 
greda,  arena,  marga  v  una  parte  de 
materia  jesosa,  como  los  de  Alcorcón, 
emanan  de  la  amalgama  de  diferen- 
tes pefias  do  dichas  materias,  con  las 
cuales  se  fabrican  los  pucheros  j  las 
vasijas  del  expresado  pueblo,  tan  fa- 
mosos por  su  duración.  £ln  algunos 
sitios  M  han  distinguido  también  di- 
ferentes capas  de  veso  cristalizado  en 
pequeñas  agujas  blancas,  que  nacían 
sobre  otra  capa  mxxj  delgada  de  mar- 
ga, la  cual  se  extendía  horizontal- 
mente  sobre  otras,  que  presentaban 
la  singularidad  de  exceder  por  los 
extremos  dos  líneas  á  la  anterior.  To- 
das estas  capas  j  agujas  de  yeso,  han 
ido  convirtiéndose  en  tierra  fértil 
algo  caliza,  que,  combinada  con  la 
marga  seca  j  frágil,  se  ha  transfor- 
mado en  terreno  de  excelente  calidad 
para  el  cultivo  de  los  cereales.  Resu- 
miendo: los  campos  del  Norte  son 
areniscos  con  mezcla  de  tierra  arcillo- 
sa: los  del  Mediodía,  participan  de 
yeso.  La  capital  se  halla  asentada  en 
teneno  cuatemariot  desde  el  depósito 
del  canal  de  Lozoya  hasta  el  hospi- 
tal general;  j  teraariot  ds  éste  al 
Ifanzanarei. 

22.  Míos  y  orroyof.— La  única  co- 
rriente qne  baña  este  territorio  es  el 
Mantaiutre$,  arroyo  aprendiz  de  rio, 
como  le  llamaba  el  festivo  Quevedo. 
Deslizase  aquél  mansamente  en  di- 
rección Noroeste  y  Sudeste,  y  sus 
a^uas,  aunque  escasas,  prestan  útilí- 
simos servicios,  tanto  para  el  lavado 
de  las  ropas,  tenerías  t  otras  manu- 
fiicturas,  como  para  el  riego  de  las 
huertas  que  se  encuentran  en  las  cer- 
canías de  la  población.  La  parte  Este 
se  halla  limitada  por  el  arroyo  Abro- 
itígalt  cayo  cauce,  por  lo  común,  sólo 
eondace  agua  en  tiempo  de  lluvias  6 
avenidas. 

23.  ilyne«¿/«ro.— -U&DRiD,  bajo  el 

fiunto  de  vista  agrícola,  carece  abso- 
utamente  de  importancia.  La  mayor 
parte  de  su  reducido  término  es  muy 
a  propósito  para  el  cultivo  de  la  vid, 
del  trigo  y  la  cebada,  y  sin  embargo, 
las  cosechas  de  estos  productos  son 
bastante  limitadas  é  insuficientes  para 
el  consumo  de  la  población,  cuyos 
moradores  se  dedican  con  preferencia 
al  de  hortalizas,  quizás  por  su  pronta 
y  simult&nea  producción  y  las  mayo- 
res rentajas  que  ofrece. 

24.  Movimiento  industrial. — Ma.drid 
no  puede  ser  considerado  bajo  el  pan- 
to de  vista  de  centro  industrial  de  la 
nación  española,  como  lo  son  París, 
Londes,  Viena  y  otras  varias  cortes 
europeas.  Sin  embargo,  la  industria 
madrileña,  que  de  algunos  años  á  esta 


parte  ha  adquirido  un  desarrollo  ex- 
traordinario, cuenta  en  la  actualidad 
numerosas  é  importantísimas  fábricas 
de  tapices,  de  alfombras,  tabacos, 
loza,  porcelana,  cervezas,  tejidos  de 
goma  elástica,  papel  jaspeado,  galo- 
nes, hilos,  cintas  de  seda,  jabones  de 
olor,  velas  de  sebo,  esteáricas  y  de 
cera;  de  esteras,  alfileres,  puntas  de 
París,  cuerdas  de  instrumentos,  al- 
midón, albayalde,  litargirio,  para- 
guas, abanicos,  calzado,  obleas,  al- 
pargatas, curtidos,  cestas,  toneles, 
fósforos,  colores  finos,  guantes,  som- 
breros, botones  de  metal  y  de  hueso; 
cal,  yeso,  tejas,  ladrillos,  fornituras, 
equipos  militares,  ácido  sulfúrico, 
ácido  nítrico  y  otros  productos  quí- 
micos; de  ñores  artinciales,  corsés, 
encerados,  lentes,  objetos  de  pedre- 
ría, da  nácar,  de  metal,  de  pasamane- 
ría, de  armas  de  fuego  y  blancas; 
magníficos  talleres  de  coches,  de  eba- 
nistería y  de  construcción  de  máqui- 
nas ;  platerías  notables ;  excelentes 
fundiciones  de  hierro;  grandes  esta- 
blecimientos de  transportes;  buenas 
imprentas,  litografías  y  multitud  de 
profesiones,  artes  y  oficios  onya  enu- 
meración sería  prolija. 

25.  Movimiento  mercantil. — Madbid 
es  todavía  menos  mercantil  ^ue  in- 
dustrial: todo  su  comercio  esta  redu- 
cido á  la  importación  de  las  provin- 
cias, del  extranjero  y  de  las  colonias, 
de  cuantos  productos,  artículos  ^  ob- 
jetos reclaman  su  numeroso  vecinda- 
rio, las  necesidades  de  la  vida  y  las 
exigencias  de  la  civilización  y  de  la 
moda. 

26.  Áh-ededtret  ds  la  capitaL — Se- 
gún consta  en  libros  y  memorias  que 
se  conservan,  la  población  que  se  des- 
cribe fué  en  sus  pasados  tiempos  una 
región  muy  templada,  de  cielo  suma- 
mente despejado,  y  muy  abundante 
de  exquisitas  aguas  y  de  frondosos 
bosques,  como  lo  prueba  el  antiguo 
proverbio  que  decía:  Madhxd  la  Otá~ 
rea,  cercada  de fueao,  armada  sobre  agua. 
Los  montes  que  la  circuían  se  halla- 
ban cubiertos  de  pastos  y  poblados  de 
árboles,  en  cuya  espesura  se  criaba 
muchísima  caza  de  liebres,  conejos, 
ciervos,  corzos,  gamos,  jabalíes,  osos, 
perdices  y  otras  diferentes  aves.  La 
traslación  de  la  corte  á  esta  ciudad 
fué  la  señal  de  su  completa  ruina. 
Destruidos  en  los  últimos  siglos  los 
hermosos  bosques  que  poblaban  sus 
cercanías;  talados  los  ¿rboleSj  que  de- 
bían servir  para  la  construcción  de  los 
palacios  y  edificios  que  más  tarde 
habían  de  constituir  este  gran  pue- 
blo, se  operó  en  la  atmosfera  una 
completa  revolución.  Al  desaparecer 
el  aroolado,  cesó  la  descomposición  de 
los  miasmas  pútridos  de  que  se  im- 

firegna  el  aire  en  las  ciudades  popu- 
osas;  hiciéronse  las  lluvias  menos 
frecuentes,  y  bajo  el  influjo  poderoso 
de  un  sol  abrasador,  convirtiéronse 
sus  fértiles  campiñas  en  desnudos  y 
estériles  arenales.  De  aquí  viene  el 
origen  del  destemple  de  su  clima,  del 
rigor  de  las  estaciones,  de  la  ausencia 
casi  absoluta  de  las  primaveras,  de  la 


aparición  de  ciertas  enfermedades  y 
del  triste  y  pobre  aspecto  que  ofrece 
su  comarca,  tan  pintoresca  y  agrada- 
ble en  otros  tiempos.  Bajo  el  reinado 
de  Garlos  III,  persuadidos  sin  duda 
los  gobiernos  de  la  saludable  ^  bené- 
fica influencia  de  la  vegetación,  lle- 
váronse á  cabo  diferentes  plantacio- 
nes, llegando  á  contarse  hasta  dos  mi- 
llones de  árboles,  y  se  formaron  bo- 
nitas alamedas  y  hermosos  paseos, 
dentro  y  fuera  de  la  capital,  oomo  el 
salón  del  Prado,  las  avenidas  de  las 
puertas  de  Segovia  y  de  San  Vicente, 
cuesta  de  Areneros  é  inmediaciones 
del  Canal.  En  1807,  se  plantaron  los 
árboles  que  se  extienden  desde  la  ron- 
da de  Atocha  hasta  la  puerta  de  To- 
ledo, y  desde  la  plazuela  del  Embar- 
cadero al  paseo  de  las  Delicias;  y  de 
1817  á  1820,  los  que  adornan  las  ave- 
nidas que  hay  desde  el  citado  Em- 
barcadero al  puente  de  Santa  Isabel. 
En  1821,  se  hicieron  las  plantaciones 
de  la  ronda,  desde  la  pnerta  de  Tole- 
do á  la  de  Segovia,  y  en  1830,  lasque 
forman  las  avenidas  aue  se  prolongan 
desde  la  puerta  de  Toledo  al  puente 
del  mismo  nombre  y  las  laterales.  A 

fiartír  de  esta  época  continuaron  todos 
03  años  sin  interrupción  establecién- 
dose otros  nuevos  paseos,  tales  como 
el  precioso  de  Isabel  II,  desde  la  puer- 
ta de  Recoletos  á  la  Fuente  Castella- 
na, cuyos  terraplenes,  bosquetes  y 
jardines  tuvieron  principio  en  1833; 
los  que  parten  de  esta  fuente  á  la 
puerta  de  Santa  Bárbara  y  Chamberí, 
y  de  éste  á  la  de  Bilbao;  el  camino 
de  Vallecas  y  el  Campo  del  Uoro.  Ex- 
puesto lo  que  precede,  como  noticia 
preliminar,  vamos  á  describir  ligera- 
mente el  aspecto  que  en  la  actualidad 
presentan  los  alrededores  de  Madbid. 
Estos  se  hallan  completamente  ondea- 
dos de  cuestas  quebradas  y  de  lomas. 
Mirando  al  Norte,  á  la  derecha  de  la 
Fuente  Castellana,  el  terreno  ofrece 
una  vasta  llanura  desprovista  de  todd 
arbolado,  sobre  la  cual  se  extiende  el 
aristocrático  barrio  da  Salamanca.  A 
la  izquierda  de  la  carretera  de  Ara- 
gón, que,  desde  la  puerta  de  Alcalá, 
conduce  en  linea  recta  á  la  venta  del 
Espíritu  Santo*  vense_  diseminados 
varios  KoteUi  r  edificios  de  nueva 
construcción,  el  barrio  llamado  de  la 
Guindalera  y,  destacándose  en  el  ho- 
rizonte y  á  una  distancia  de  algunos 
kilómetros,  las  blancas  paredes  de  los 
edificios  que  constituyen  el  Pueblo 
nuevo  6  de  la  Concepción,  de  fundación 
reciente.  Hacía  el  Este,  el  suelo  se 
presenta   ligeramente  accidentado ; 

fiero  sin  otra  vegetación,  á  partir  de 
as  tapias  del  Retiro,  que  los  árboles 
que  se  elevan  sobre  las  márgenes  del 
arroyo  Abroüigal,  el  olivar  llamado 
del  Fraile,  ^  algunas  huertas  ^  pe- 
queños jardines,  y  sin  más  edificios 
que  la  Plata  de  Toros  y  el  hospital  de 
niños  de  Jesús,  entre  algunas  casas  y 
quintas  de  particulares.  AI  Sury  Sua- 
oeste,  el  territorio  se  manifiesta  mu- 
cho más  quebrado,  apareciendo  su- 
cesivamente, después  de  algunos  ce- 
rros áridos  y  desnudos,  la  iglesia  y  la 


TOMO  III 


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638  MADR 


MADR 


MADR 


hasrU  da  Atocha,  el  cuartel  de  \nvi~ 
Uáot,  las  dofl  hileras  de  árboles  que 
forman  el  camino  de  Vallecas,  el  Da- 
rrio  del  Pacífico,  el  ferrocarril  del  Me- 
diodía, el  barrio  del  Sur,  los  cemen- 
terios de  San  Nicolás  y  de  San  Sebas- 
tián j  el  paseo  de  las  Delicias,  que, 
partiendo  de  la  puerta  de  Atocha,  se 
airig'6  al  Canal,  en  cuja  pradera  se 
celebra  el  miércoles  de  Ceniza  la  gran 
festividad  llamada  el  entierro  de  la  sar- 
dina; y  el  de  iSanta  Maria  de  la  Cabeza, 
que  arranca  del  mismo  punto  t,  divi- 
dido en  tres  calles  adornadas  de  árbo- 
les, como  el  anterior^  va  ¿  terminar 
en  el  Embarcadero.  Siguen  después, 
entre  algunas  fábricas  y  edificios  ais- 
lados de  nueva  planta,  el  barrio  de  las 
Peñuelas,  la  fábrica  de  gas,  situada 
poco  antes  de  la  puerta  de  Toledo, 
desde  la  cual  se  extienden  tres  paseos 
con  buen  arbolado,  que  concluyen  en 
U  hermosa  plazuela  adornada  con  es- 
tiituas  que  se  encuentra  á  la  entrada 
del  puente,  ^  á  la  conclusión  de  éste, 
los  tres  caminos  que  conducen:  el  del 
centro,  á  los  Carabancheles,  alto  y 
bajo;  el  de  la  derecha,  á  la  ermita  de 
San  Isidro,  y  el  de  la  izquierda,  deno- 
minado la  carretera  de  yaUncía.  A.  la 
izquierda  del  mencionado  puente  se 
Te  el  cementerio  general  del  Sur;  en 
laíi  inmediaciones  de  éste,  el  del  hos- 
pital general;  entre  los  caminos  de 
Uarabanchel  y  Oetafe ,  el  de  San  Lo- 
renzo  y  San  José;  en  el  sitio  que  ocu- 
pó la  ermita  de  San  Dámaso,  el  de 
Santa  María,  7  á  la  derecha  del  cami- 
no de  Carabadchel  é  inmediato  al  an- 
terior, el  de  los  protestantes.  A  espal- 
das del  parador  de  Gilimón  y  sobre  la 
orilla  del  Manzanares,  se  re  uua  va- 
riada ribera  de  huertas,  con  multitud 
de  casas  diseminadas,  la  cual  se  ex- 
tiende has'ta  más  allá  de  la  anticua 
puerta  de  Segovia,  y  desde  el  camino 
principal  de  la  ronda  de  este  nombre 
se  desprende  un  pequeño  ramal  que 
conduce  á  la  citada  ermita  de  San  Isi- 
dro, famosa  por  la  concurrida  rome- 
ría que  en  su  pradera  se  celebra  todos 
los  años  el  15  de  Majo.  Contiguos  á 
la  expresada  pradera,  se  levantan  el 
cementerio  de  San  Pedro  y  San  An- 
drés, el  más  antiguo  de  los  que  perte- 
necen á  sacramentales;  sobre  una  emi- 
nencia, que  domina  todo  el  circuito, 
el  de  San  Justo  y  San  Millán,  7  si- 
guiendo á  la  derecha,  un  siimúniero 
de  casas  y  posesiones  bellísimas  de 
particulares.  Hemos  llegado  á  la  par- 
te occidental  de  Madrid,  que  es,  sin 
disputa,  la  más  montuosa,  poblada  y 
pintoresca  de  los  áridos  alrededores  de 
esta  población.  Al  extremo  del  puen- 
te de  Segovia  haj  una  gran  plaza,  en 
la  cual  nace  la  carretera  de  Alcorcón 
ó  de  Extremadura,  sobre  la  cual  se 
extiende  una  larga  hilera  de  casas  de 
moderna  construcción.  Kn  las  inme- 
diaciones del  antiguo  parador,  deno- 
minado del  Angel,  da  principio  la  ta- 
pia de  la  Casa  de  Campo,  y  siguiendo 
en  la  misma  dirección,  el  camino  viejo 
de  Castilla.  Volviendo  á  la  puerta  de 
Segovia,  encuéntrase,  á  continuación 
de  ésta,  ía  llamada  Cnetta  de  la  J^iytt,  en 


la  cual  puede  decirse  que  comienza  el  1 
Campo  ael  Moro,  con  sus  calles  de  ár- ' 
boles,  su  plazoleta  y  sus  dos  hermosas 
fuentes;  inmediatasá  la  misma  puerta, 
varias  huertas,  á  cuvo  extremo  se  le- 
vanta la  ermita  de  Nuestra  Señora  del 
Puerto,  y  pasada  la  hondonada,  que 
forma  el  camino  de  igual  nombre,  apa- 
rece el  portillo  de  San  Vicente,  j  á  su 
derecha,  el  paseo  de  la  Florida,  céUhte 
por  ser  la  primera  verbena  que  cele- 
bra el  pueblo  madrileño.  La  ermita 
de  Nuestra  Señora  del  Puerto  se  en- 
cuentra sobre  la  margen  izquierda 
del  Manzanares.  La  de  San  Antonio 
de  la  Florida  está  situada  entre  la 
Manclea  j  la  Montaña  del  Príne^ 
Pío.  Por  la  izquierda  del  camino  an- 
tes mencionado,  corre  el  río  Manza- 
nares formando  varios  islotes,  que 
ocupan  multitud  de  mujeres  dedica- 
das á  la  penosa  tarea  del  lavado,  dis- 
tinguiéndose en  ambas  orillas  mu- 
chas casas  destinadas  á  habitaciones 
de  los  arrendatarios  de  los  lavaderos 
y  á  despacho  de  vinos  y  comidas.  En 
este  punto  puede  decirse  que  termina 
la  pintoresca  ribera  de  aquel  río,  la 
cual  empieza  antes  de  llegar  al  puen- 
te de  Toledo,  viéndose  ondular,  en 
toda  esta  extensión,  las  blanquísimas 
ropas  colocadas  en  numerosos  tende- 
deros, formados  de  cuerdas  y  estacas. 
Hacia  el  Norte  de  Madrid,  se  halla  el 
real  sitio  de  la  Florida:  es  de  figura 
irregular,  ocupa  próximamente  una 
superficie  de  4  küómetros  de  largo 
por  2  de  ancho,  y  linda:  por  el  Nor- 
te, con  el  terreno  y  tapias  del  real 
bo3(^ue  del  Pardo;  por  el  Este,  con  el 
camino  y  establecimiento  de  San  Ber- 
nardino  y  término  de  Fuencarral;  por 
el  Sur,  con  la  Cuesta  de  Areneros,  y 
por  el  Oeste,  con  el  camino  real  de 
Castilla  y  Puerta  de  Hierro.  El  terre- 
no de  la  parte  alta,  situado  á  la  dere- 
cha del  camino  que,  desde  la  puerta 
de  San  Antonio,  conduce  á  la  de  la 
Dehesa  de  la  Villa,  es  bastante  que- 
brado T  está  dividido  por  los  arrojos 
denominados  de  San  Bernardina  y  de 
Caníarranas;  el  de  la  parte  baja,  es 
más  llano,  aunque  con  algunas  des- 
igualdades. Sobre  una  eminencia, 
que  domina  la  major  parte  de  estos 
jardines,  se  levanta  el  palacio,  de 
figura   rectangular,    compuesto  de 

Elanta  baja,  principal  y  guardillas, 
a  Cuesta  de  Areneros  divide  este 
real  sitio  de  la  Montaña  del  Príncipe 
Pío:  á  su  conclusión  aparece  el  paseo 
de  San  Bernardino,  que  conduce  al 
establecimiento  del  mismo  nombre, 
distinguiéndose  los  nuevos  barrios  de 
Argüelles  y  de  Potas;  y  entre  el  por- 
tilu)  de  Sui  Bernardino  y  el  de  Fuen- 
carral,  el  cementerio  general  y  las 
sacramentales  de  San  Justo  y  San 
G-inés;  siguen  luego  la  antigua  puer- 
ta de  Bilbao,  en  la  cual  empieza  la 
carretera  de  Francia;  el  populoso  ba- 
rrio de  Chamberí,  el  de  Santa  Bárbara, 
el  de  Indo,  y,  finalmente,  el  delicioso 
paseo  de  la  Cattellanat  punto  del  cual 
partimos  al  describir  los  extensos 
contomos  de  esta  insigne  pobla- 
ción. 


27.  SfaDRiD  antiguo. — Antes  de  ocu- 
parnos del  Madrid  moderno,  diremos 
algo  del  Madrid  antiguo,  ya.  que  au- 
tores veraces  nos  prestan  su  pluma 
Designemos,  pues,  con  ellos,  los  lí- 
mites de  esta  villa,  desde  la  época 
más  remota  que  cabe  demarcarlos,  j 
veamos  cómo  fueron  éstos  ensanchán- 
dose con  el  transcurso  del  tiempo. 

28.  Primer  perímetro. — Se  supone 
que  la  cerca  de  Madrid  empezaba  en- 
tonces por  el  antiguo  alcázar,  levan- 
tado en  el  mismo  sitio  que  hoy  ocupa 
el  palacio  real;  seguía  ui  puerta  de  U 
Ve^a  por  detrás  de  las  casas  del  mar* 
ques  de  Pobar  j  de  las  muj  suntuo- 
sas que  fueron  del  duque  de  Uceda., 
hoj  los  Constas,  haciendo  división 
entre  ellas  y  lo  que  solía  llamarse 
Huerta  de  Ramón,  que  desembocaba  en 
la  calle  de  Segovia,  frente  á  la  casa 
de  la  Moneda:  este  lienzo  terminaba 
en  el  arco  de  Santa  María,  que  se  ha- 
llaba entre  el  mencionado  edificio  de 
los  Consejos  y  la  calle  del  Factor;  pro- 
seguía luego  la  muralla  por  donde  se 
encuentra  esta  calle;  descendía  des- 

fiués  por  otra,  que  se  denominaba  de 
a  Parra^  y  pasando  por  delante  de 
San  Gil,  cerraba  con  el  alcázar.  Esta 
muralla  en,  extraordinariamente  fuer- 
te; construida  de  cal,  canto  y  arga- 
masa; de  tres  metros  de  espesor,  con 
grandes  cubos,  torres,  baroacanas  j 
fosos;  siendo  su  mavor  defensa  la  que 
ofrecían  el  alcázar,  la  Torre  de  iVan- 
^es,  situada  junto  á  las  aguas  del 
PozacAo,  cerca  de  la  puerta  de  la  Ve- 
^a,  hacia  la  parte  del  muro  contiguo 
a  las  casas  del  marqués  de  Pobar,  y 
la  llamada  Torre  Gaona,  que  se  halla- 
ba fuera  de  muros  y  próxima  &  los 
Caños  del  Peral;  hoy,  plaza  de  Isa- 
bel II.  Kn  este  primer  recinto,  sólo 
había  dos  puertas:  la  de  la  Vega,  que 
miraba  á  Occidente,  era  de  entrada 
angosta,  se  hallaba  debajo  de  una  to- 
rre caballero  V  tenía  dos  estancias:  en 
el  hueco  de  fa  de  adentro,  había  dos 
escaleras  por  donde  se  subía  á  lo  alto; 
en  la  de  afuera,  se  veía  en  el  punto 
del  arco  un  agujero,  en  donde  se  ocul- 
taba una  enorme  pesa  que,  en  tiempo 
de  guerra,  dejaban  caer  con  violencia 
para  despedazar  á  los  que  se  eueou- 
traban  debajo:  en  medio  de  estas  dos 
estancias  aparecían  las  puertas,  guar- 
necidas con  una  recia  hoja  de  hierro 
y  gruesa  clavazón.  La  segunda  puer- 
ta, ó  Arco  de  Santa  María,  miraba  al 
Oriente:  era  también  una  torre  caba- 
llero, de  pedernal,  bastante  angosta 
y  extremadamente  fuerte. 

29.  Segundo  períme^.-^Ltíaicmií^' 
rencia  que  dejamos  descrita  se  enun- 
chó  más  tarde:  la  muralla  de  Madud* 
partiendo  de  la  misma  puerta  de  la 
Vega,  venía  á  seguir,  con  corta  dife- 
rencia, la  línea  de  demarcación  por 
los  actuales  puntos  de  la  cuesta  y  ca- 
llejón de  San  Lázaro,  calle  de  S^o- 
via,  plazuela  y  costanilla  de  San  An- 
drés, plazuela  de  la  Paja,  la  de  Puer- 
ta de  Moros,  Cava  Baja,  plazuela  de 
Puerta  Cerrada,  calle  de  Cuchilleros 
y  Cava  de  San  Miguel;  atravesaba  la 
de  las  Platerías  y  siguiendo  por  la  de 


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MADB 


MADK 


MADR  539 


los  MiUnesea,  i  la  de  Uf  Fuentes 
(otros  autores  desig^aan  el  cerco  ipor 
Im  calle  de  Milaueses  i  la  del  Espejo, 
cerrando  con  el  alcázar  por  la  huerta 
de  la  Priora),  pasaba  por  detrás  del 
juego  de  pelota  á  la  puerta  de  Balna- 
dú,  uniéndose  con  el  antiguo  cerco 
junto  i  la  plazuela  de  Santo  Domiu- 
cra.  La  Tilla  recibid  un  ensanche  de 
^4  metrofl,  por  el  centro  r  parte  del 
Norte,  y  de  639  por  la  del  Sur,  cuya 
nueva  periferia  encerraba,  además  de 
lo  mencionado,  la  Cuesta  de  Ramón, 
calle  de  la  Ventanilla,  de  la  Villa, 
plazuela  de  la  Cruz  Verde,  calle  del 
Rollo,  plazuela  de  San  Javier,  calle  j 

filazuela  del  Cordón,  calle  r  costaui- 
la  de  San  Justo,  costanilla  de  San 
Pedro,  calle  del  Nuncio,  pretil  de  San- 
tisteban,  calle  del  Almendro,  del  Sa- 
cramento y  de  Madrid;  plazuela  de  la 
villa,  calle  del  Codo,  de  la  Almude- 
na,  plazuela  y  calle  del  Conde  de  Mi- 
randa. 

30.  Sníradai  del  tegundo  perímetro* — 
La  puerta  principal  de  este  nuevo  re- 
cinto era  fa  A»  Qwidalajara,  situada 
como  i  la  embocadura  de  la  calle  de 
Milaneses,  la  cual  la  contaba  entre  las 
más  suntuosas  que  había  en  Castilla. 
Componíanla  dos  torres  colaterales  de 
pedernal  con  dos  inexpugnables  ca- 
balleros á  los  lados;  la  entrada  era 
pequeña  y  con  tres  vueltas,  que  se 
derribaron  luego  para  ensanchar  la 
puerta  y  mejorar  el  paso.  Esta  quedó 
destruida,  en  1580,  por  un  incendio 
que  ocasionó  la  gran  profusión  de  lu- 
ces que  se  colocaron  en  ella,  una  no- 
cha  en  que  celebraba  fiesta  la  villa, 
en  conmemoración  de  la  coaquista  de 
Portugal  por  Felipe  IL  La  Puerta  de 
Morot,  llamada  así  porque  daba  al 
camino  de  Toledo,  se  hallaba  al  Me- 
diodía cerca  de  la  iglesia  de  San  An- 
drés; era  igualmente  angosta  y  se  en- 
traba por  vueltas.  La  Puerta  Cerrada 
tenía  la  misma  fortaleza  que  las  otras; 
se  encontraba  en  la  plazuela  que  aun 
hojr  conserva  su  nombre:  su  entrada 
era  angosta;  al  principio,  derecha; 
hacia  la  mitad,  formaba  una  vuelta 
en  linea  recta,  y  al  final,  otra  para 
entrar  en  el  pueblo:  de  suerte  que  ni 
los  de  adentro  podían  ver  á  tos  de 
afuera,  ni  los  de  afuera  á  los  de  aden- 
tro. Anteriormente  habíase  denomi- 
nado de  la  Culebra,  por  terminar  su 
arco  con  un  dragón;  conservándose 
hasta  el  mes  de  Junio  de  1562,  época 
en  qntt  se  derribó  ¡nza  ensanchar  el 
paso.  Hia  tarde  se  llamó  Cerrada, 
porque,  en  las  estrecheces  y  revueltas 
que  formaba,  escondíanse  de  noche 
los  facinerosos  para  robar  á  los  que  en- 
traban y  salían;  y  para  remediar  tan 
gran  daño,  se  la  incomunicó,  perma- 
neciendo cerrada  hasta  que,  poblán- 
dose la  parte  exterior,  volvió  á  abrirse 

Eara  poner  en  comunicación  el  arra- 
al  con  la  villa. — La  puerta  de  Bal- 
Hadé  se  hallaba  al  Norte,  junto  á  la 
antigua  casa  del  Tesoro,  cerca  del  pa- 
lacio: su  entrada  V  fábrica  eran  se- 
mejantes á  las  de  fas  anteriores. 

31.  Arrabalet. — ^Extramuros  de  la 
población,  estaban  los  arrabales  de 


San  Franoiaeo,  San  Martín  j  Sin  Gl> 

nés. 

32.  Edificios. — Adornaban  el  anti- 
guo recinto  de  la  villa  edificios  sun- 
tuosos, muchos  conventos,  hospitales 
y  establecimientos  de  caridad.  He 
aquí  los  más  notables. 

33.  Casas  de  particulares.-^Coutk- 
banse  entre  éstas:  la  de  los  Lujanes,en 
la  plazuela  de  San  Salvador,  hoy  de 
la  Villa,  en  cuya  tone  estuvo  prisio- 
nero el  rey  de  Francia  Francisco  I;  la 
de  don  Pedro  Laso  de  la  Vega,  al  Este 
de  San  Andrés,  llamada  hoy  del  In- 
fantado; la  de  don  Juan  Victoria,  en 
la  calle  de  Santiago,  derribada  hace 
mucho  tiempo;  la  de  los  Coellos,  en  la 
Puerta  Cerrada,  cerca  de  San  Justo;  la 
de  don  Alfonso  Alvarez  de  Toledo, 
junto  á  la  iglesia  de  Santiago, compra- 
da después  por  los  condes  de  Lemos; 
la  de  los  Luzones,  en  San  Salvador, 
como  quien  va  á  Palacio;  frente  á  és- 
tas se  hallaban  las  de  don  Bartolomé 
Velázquez  de  la  Canal;  tocando  á  San 
Miguel,  las  de  don  Pedro  Zapata  y 
don  Pedro  Arcilla;  próxima  á  Santa 
Clara,  la  del  marqués  de  Auflón;  in- 
mediata á  San  Nicolás,  la  del  conde 
de  Chinchón,  ^  en  sus  alrededores 
la  del  marques  de  Camarasa,  con 
otras  muchas  de  antiguos  mayoraz- 

fos  que,  con  el  tiempo,  fueron  pasan- 
0  á  distintos  dueños. 

34.  Hospitales.  —  Saliendo  por  la 
puerta  de  la  Vega,  sobre  la  izquierda, 
extramuros,  había  un  hospital,  lla- 
mado de  San  Lúzarot  donde  se  curaba 
á  los  leprosos;  junto  á  las  Caballeri- 
zas reales  existió  otro,  llamado  del 
Campo  del  Rey^  porque  se  hallaba  cer- 
ca del  alcázar,  con  doce  camas  para 
mujeres;  inmediato  á  la  ermita  da  la 
Virgen  de  Atocha  se  fundó  un  hospi- 
tal para  recoger  y  curar  i  los  muchos 
peregrinos  que  concurrían  á  visitar 
aquella  santa  imagen;  fué  trasladado 
después  á  la  esquina  de  la  que  enton- 
ces se  llamaba  calle  Imperial,  subien- 
do del  arroyo  de  San  Ginés  al  monas- 
terio real  de  las  Descalzas;  y  cuando 
aquella  ermita  se  dió  á  la  orden  de 
santo  Domingo,  tomó  el  nombre  de 
hospital  de  Caballeros  de  San  Crinas, 
La  calle  de  la  Pos  se  denominó  así  de 
un  hospital  que  se  encontraba  á  su 
entrada,  destinado  á  enfermos  incura- 
bles; y,  finalmente,  en  la  actual  calle 
de  Fuencarral  y  sitio  que  ocupó  des- 
pués el  monasterio  de  Santa  Ana,  de 
monjes  bernardos,  hubo  otro  para  los 
convalecientes. 

35.  Fxíramuros;ermiías,  San  Isidro. 
— Hízola  construir  á  su  costa  la  em- 
peratriz Doña  Isabel,  en  1528,  con 
motivo  de  haber  recobrado  la  salud  el 
príncipe  Don  Felipe  bebiendo  el  agua 
de  aquella  fuente;  siendo  reedificada 
de  nuevo,  en  1724,  por  don  Baltasar 
de  Zúñiga,  marqués  de  Valero.  La 
fuente,  que  brota  del  ángulo  Norte 
de  la  ermita,  tiene  una  décima  que 
dice: 

•O  shijadft  tan  divina 
Como  «1  milagro  lo  «niAfia, 
Pn«a  i»oa>  hgnik  de  pella, 
Itilacroia  y  cristalina; 
El  labio  al  raadal  inclina 


T  bebe  da  in  dnlsora, 
f  aes  lan  Isidro  aieynra 
.    Qna  ai  oon  fa  la  bebierea, 
T  ealantnra  trajaraa, 
Volvar&a  aln  cafaninra.» 

36.  Ermita  de  Nuestra  Señora  del 
Puerto. — La  fundación  se  atribuye  al 
corregidor  de  Madrid  don  Francisco 
Antonio  Salcedo,  y  la  imagen  que  en 
ella  se  venera  fué  trasladada  i  aquel 
sitio  en  procesión  solemne,  desde  la 
iglesia  del  colegio  imperial,  el  10  da 
Seotiembre  de  1718. 

37.  Ermita  ie  San  Antonio  de  la 
Florida^—^Mi  edificada  en  1720;  des- 
truida en  1768,  con  motivo  de  la  cons- 
trucción del  camino  del  Pardo,  y  le- 
vantada de  nuevo  en  1792;  correspon- 
diendo, por  su  estructura  y  ornamen- 
tación arquitectónica,  al  excelente 
gusto  que  dominaba  en  aquella  época. 

38.  Establecimientos  de  caridad. — 
Más  allá  de  la  casa  que  habitaba  el 
nuncio  de  su  santidad,  yendo  desde 
la  iglesia  de  San  Pedro,  existió  un  re- 
cogimiento de  beatas,  que  más  tarde 
se  unió  á  las  monjas  de  la  Concepción; 
cerca  de  la  puerta  de  Balnadú,  frente 
&  la  casa  del  Tesoro,  otro  igual,  donde 
se  educaban  señoritas  h»8ta  tomar  es- 
tado, y  la  iglesia  parroquial  de  San 
Miguel  fué  también  en  un  principio 
casa  de  recogimiento,  bajo  la  advoca- 
ción de  San  Marcos. 

39.  Ermitas. — Eran:  la  de  Atocha, 
hoy  basílica  de  igual  denominación; 
Santa  Catalina,  Santa  Coloma,  Santa 
Polonia  y  San  Juan  Evangelista,  si- 
tuadas todas  en  el  mismo  distrito  de 
la  primera;  la  de  San  Sebastián,  junto 
al  hospitál  de  Antón  Martin,  que  des- 
apareció al  fundarse  la  parroquia  de 
aquel  nombre;  la  de  Santa  Cruz,  que 
pasó  después  á  ser  parroquia;  la  de 
San  Gebríán,  muy  frecuentada  de  los 
labradores;  la  de  San  Luis  obispo,  ac- 
tual parroquia  de!  mismo  título;  la  de 
Santa  Bármra,  que  se  convirtió  luego 
en  convento,  y  la  antiquísima  de  San 
Millán.  Frente  á  Santo  Domingo  el 
Real,  situado  á  la  salida  de  la  puerta 
de  Balnadú,  había  un  humilladero,  y 
otro  fuera,  á  bastante  distancia  de  la 
puerta  de  Guadalajara,  que,  en  tiem- 
po del  emperador  Carlos  V,  se  trans- 
formó en  hospital  real  de  la  Soledad  ó 
del  Buen  Suceso. 

40.  Parroquias. — Interiormente,  la 
población  se  hallaba  dividida  en  las 
nueve  parroquias  siguientes:  Santa 
Haría  la  Mayor,  San  Juan,  Santiago, 
San  Pedro,  San  Miguel  de  la  Sagra, 
San  Justo  y  Pastor,  San  Nicolás,  San 
Salvador  y  San  Andrés.  Cada  ano  de 
los  arrabales  tenía  su  parroquia,  lla- 
mándose de  San  Martín  y  San  Ginés. 
— Tal  era  MxDRm  en  su  segunda  am- 
pliación. 

41.  Nuevos  ensanches, — Los  reyes, 
que  por  ciertas  temporadas  venían  á 
establecer  su  corte  en  esta  villa,  fue- 
ron dándola  después  mayor  incremen- 
to, como  lo  atestiguan:  las  nuevas 
Puerta  del  Sol,  que  sustituyó  á  la  de 
Quadalajara;  la  de  la  Latina;  la  del 
Pueblo  ó  Santo  Domingo,  y  la  de  An- 
tón  Martin,  que  se  levantaron  por  en- 
tonces. Esta  demarcación  designaba, 

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MADR 


MABB 


con  corta  difereDcia,  uaa  línea  des- 
de la  plazuela  de  Santo  Domiiigfo  y 
calle  de  San  Martín  á  la  Puerta 
del  Sol,  de  la  cual,  formando  es- 
cuadra, pasaba  á  la  plazuela  de  An- 
tón Martín;  de  aquí  seguía  en  lí- 
nea recta  al  hospital  de  la  Latina, 
dirigiéndose  hacia  Puerta  de  Moros, 
en  Cfijo  punto  se  unía  con  el  anterior 
cerco.  Con  esta  Taríación  recibió  Ma- 
drid un  aumento  de  974  metros,  des- 
da la  plazuela  de  Antón  Martín  á 
Puerta  de  Moros;  otro,  de  529,  desde 
la  esquina  de  los  Milaneses  i  la  Puer- 
ta del  Sol,  con  un  ancho  de  más  de 
723,  desde  el  hospital  de  la  Latina  á 
la  plazuela  de  Santo  Domingo;  apar- 
te los  418  que  vendrían  á  componer 
los  ángulos  T  recodos  que  formaba  la 
irregularidad  del  terreno.  Dentro, 
pues,  de  este  nuevo  espacio,  queda- 
ban: las  plazas  de  San  Martinj Mayor; 
las  plazuelas  de  Navalón,  Trujillos, 
Descalzas,  Celenque,  San  Qinés,  Pon- 
tejos,  Leiia,  Aduana  Vieja,  Provin- 
cisj  Progreso  jr  Concepción  Jeróni- 
ma;  y  las  calles  de  San  Martín,  Ma- 
yor, Carretas,  parte  de  la  de  Atocha, 
Magdalena,  parte  de  la  de  Toledo, 
Concepción  Jerónima,  Barrio  Nuevo, 
Colegiata  ó  del  Barro,  Belatores,  Es- 
tadios j  otras  muchas.  Ba  las  épocas 
subsigaientes  experimentó  la  Tilla 
otras  Taríaciones  j  aumentos,  como 
la  transformación  en  palacio  real,  por 
Carlos  V,  del  alcázar  levantado  bajo 
la  dominación  sarracena,  según  unos, 
j  por  Alonso  YI,  según  otros.  La  edi- 
ficación del  convento  de  los  jeróni- 
mos,  dispuesta  por  Eurique  lY;  la 
construcción  del  de  Atocna  j  otros 
varios  edificios;  la  reparación  j  orna- 
to de  algunos,  como  la  verificada  en 
la  parroquia  de  San  Andrés,  erigida 
en  capilla  real,  cuando  los  Rejres  Ca- 
tólicos habitaban  las  casas  contiguas 
de  don  Pedro  Laso  de  Castilla ;  y  por 
último,  la  fundación  de  diferentes  es- 
tablecimientos de  beneficencia,  TÍaie- 
ron  á  hacer  de  Madrid  un  pueblo  muy 
principal.  Su  extensión  iba  aumen- 
tando á  medida  que  se  derribaban  los 
muros  viejos  r  se  le  agregaban  sus 
arrabales,  poblándose  el  vasto  campo 
que  mediaba  entre  la  Puerta  del  Sol 
y  el  convento  de  San  Jerónimo.  Feli- 
pe II  fué  el  monarca  que  mayor  en- 
sanche dió  á  esta  villa,  al  trasladar  á 
ella  la  corte,  q^ue  se  hallaba  en  To- 
ledo. Por  esta  época  constaba  la  po- 
blación de  2.520  casas  y  de  unos  25 
á  30.000  habitantes,  según  algunos 
autores;  pero  esta  cifra  fué  crecien- 
do eon  tanta  rapidez,  que,  conside- 
lindose  ja  reducida  la  circunferen- 
cia que  abarcaba,  aun  después  del 
ingreso  de  los  arrabales,  hubo  nece- 
sidad de  darle  mayor  latitud,  trasla- 
dando: la  Puerta  del  Sol,  al  camino 
de  Alcalá;  la  de  Antón  Martín,  al 
arrojo  de  Nuestra  Señora  de  Atocha; 
la  de  la  Latina,  al  puente  que  ocupa 
actualmente  la  puerta  de  Toledo,  y  la 
de  Santo  Domingo,  al  camino  de  Fuen- 
carral. 

42.  Nruvas  eonstruccioiut  y  mejoras 
realitaáat  bajú  ditUntos  reinados. — En 


todos  estos  nuevos  barrios  formáronse 
calles  regulares  y  magníBcas,  como 
las  de  Alcalá,  Atocha,  San  Bernardo, 
entre  otras;  lo  cual,  unido  á  los  edi- 
ficios que  levantaban  los  particula- 
res, al  mismo  tiempo  que  el  rey  con- 
cluía las  obras  de  palacio,  funda- 
ba los  conventos  de  la  Trinidad,  las 
Descalzas  Reales,  el  Carmen  Calza- 
do, San  Bernardino,  San  Bernardo, 
los  Angeles,  el  suntuoso  y  magnífico 
del  Escorial  y  varios  establecimien- 
tos de  beneficencia,  vino  á  dar  á  Ma- 
drid la  iupremacfft  sobre  los  demás 
pueblos  de  España.  Durante  el  reina- 
do de  Felipe  III  continuó  aumentan- 
do y  engrandeciéndose  la  población; 
se  trajo  mayor  abundancia  de  aguas; 
se  edificó,  en  el  corto  intervalo  de  dos 
años,  la  hermosa  Plaza  Mayor  y  se  le- 
vantaron la  casa  de  los  duques  de 
Uceda,  hoy  los  Consejos;  los  conven- 
tos de  San  Basilio,  Jesús,  Santa  Bár- 
bara y  Trinitarias,  entre  otros,  y  el 
notable  monasterio  de  la  Encarnación, 
fundado  por  la  reina  Doña  Margarita 
de  Austria.  Del  bullicioso  reinado  de 
Felipe  lY  quedaron  el  palacio  real  y 
jardines  del  Retiro,  vanas  estatuas  y 
monumentos  públicos,  la  cárcel  de  Coz^ 
te  y  algunos  otros  edificios;  el  borras- 
coso de  Felipe  Y  nos  legó  el  cuartel  d« 
Guardias  de  Corps,  el  Hospicio,  el  se- 
minario de  Nobles,  el  antiguo  teatro 
de  la  Cruz,  la  grandiosa  obra  del  nue- 
vo palacio  real,  el  teatro  del  Príncipe, 
la  fábrica  de  tapices,  el  Pósito,  va- 
rias fuentes  y  edificios  de  utilidad  co- 
mún; fundándose  simultáneamente  la 
Academia  Española,  la  de  la  Historia, 
la  de  Medicina,  la  Biblioteca  real  y 
diferentes  establecimientos  de  ins- 
trucción pública.  IjBs  Salesas,  la  an- 
tigua plaza  de  Toros,  y  puerta  de  Re- 
coletos, entre  otras  construcciones,  y 
la  instituoitfs  de  la  Academia  de  San 
Fernando  corresponden  al  reinado  del 
sexto  rey  de  este  nombre.  Suoédele  á 
su  muerte  Ckrlos  ni  é  inaugúrense 
caminos,  canales,  puentes,  palacios, 
iglesias  y  otras  muchas  obras;  á  su 
regia  iuiciativa  se  deben  la  limpieza 
y  policía  de  la  capital,  el  alumbrado 
de  las  calles  por  el  método  antiguo, 
el  establecimiento  de  los  alcaldes  do 
barrio,  las  escuelas  gratuitas,  las  di- 
putaciones de  caridad,  la  Sociedad  de 
Amigos  del  Pais,  diferentes  academias 
y  otros  estudios  públicos,  el  Banco 
nacional,  las  loterías  y  las  grandes 
compañías  mercantiles;  en  su  tiempo 
se  amplió  el  palacio  real  y  se  elevó  el 
grandioso  Museo  de  Pinturas,  bajo 
los  planes  del  arquitecto  Villanueva; 
á  unas  malas  tapias  y  miserable  puer- 
ta sustituyó  la  suntuosa  de  Alcalá, 
levantándose  á  la  vez  en  la  calle  de 
este  nombre  la  gran  fábrica  de  la 
Aduana,  hoy  Ministerio  de  Hacien- 
da, y  el  Museo  de  Historia  Natural. 
La  casa  de  Correos,  la  da  los  Gre- 
mios, la  Imprenta  Nacional,  la  fábri- 
ca-platería de  Martínez,  el  colegio  de 
Veterinaria,  el  de  San  Carlos,  el  con- 
vento de  San  Francisco,  el  Hospital 

feneral,  la  puerta  de  San  Yícente,  la 
e  loa  Pozós,  el  Observatorio  astro- 


nómico, el  Jardín  Botánico,  el  deli- 
cioso paseo  del  Prado  con  sus  bellas 
fuentes,  el  de  la  Florida,  el  del  Reti- 
ro, embellecido  con  varias  obras,  el 
canal  de  Manzanares,  los  cómodos  ca- 
minos que  conducen  á  la  capital  y 
otra  multitud  de  mejoras,  que  sena 
molesto  enumerar,  deben  igualmente 
su  existencia  al  celo  infatigable  de 
aquel  monarca  y  de  sus  ministros. 
Bajo  el  gobierno  de  Carlos  lY  se  edi- 
ficaron el  Depósito  Hidrográfico,  el 
palacio  de  Buenavista,  el  del  duque 
de  Liria,  la  casa  del  conde  de  Alta- 
mira  y  la  de  Yillahermosa.  Bajo  el 
de  Fernando  YII,  se  reparó  y  termi- 
nó la  obra  del  Museo  del  Prado,  des- 
tinado á  la  colocación  de  la  rica  gale- 
ría de  pinturas  y  escultura;  se  embe- 
lleció y  adornó  el  real  sitio  del  Buen 
Retiro,  destruido  por  los  franceses; 
se  reparó  y  mejoró  el  cegado  canal  de 
Manzanares  y  sus  contornos;  se  for- 
mó y  colocó  el  museo  y  parque  de  ar- 
tillería en  el'  palacio  de  Buenavista; 
se  edificó  el  lindo  casino  de  la  reina  y 
sus  jardines;  echáronse  los  primeros 
eimientos  al  teatro  de  Oriente,  en  el 
sitio  que  ocupaba  el  de  los  Caños  del 
Peral,  construido  en  tiempos  de  Feli- 
pe Y;  lleváronse  i  cabo  las  obras  del 
museo  militar  da  artillería  é  ingenie- 
ros y  la  colocación  de  la  Biblioteea 
real  en  un  edificio  particular;  se  cr«S 
el  Conservatorio  de  María  Cristina,  la 
Dirección  de  Minas,  la  Bolsa  de  Co- 
mercio y  Consulado  de  Madrid;  se  re- 
vocó el  palacio  y  sitios  reales;  se  re- 
pararon los  caminos  y  abrieron  nue- 
vos paseos  al  rededor  de  la  capital;  se 
terminó  la  obra  de  las  Caballerizas 
reales,  la  puerta  de  Toledo  y  el  cuar- 
tel de  caballería  de  la  bajada  de  Pa- 
lacio; se  levantó  la  fuente  de  la  Red 
de  Sau  Luís,  trasladada  más  tarde  4 
una  da  las  plazoletas  Paroue  de 
Madrid;  se  mandó  fundir  en  bronoe 
la  estatua  de  Cervantes,  que  adorna 
hoy  la  plaza  de  las  Cortes,  é  biso  po- 
ner un  recuerda  honorífico  en  la  casa 
en  que  murió  este  escritor  ilustre,  y 
se  prestó  eficaz  apoyo  á  numerosas 
empresas  industriales.  Finalmente, 
bajo  el  mando  de  los  gobiernos  pos- 
teriores, y  muy  señaladamente,  de 
veinte  años  á  esta  parte,  han  recibi- 
do gran  impulso  las  artes,  progre- 
sado las  industriales,  extendido  el 
comercio  y  realizado  infinitas  refor- 
mas, así  económicas  y  administrati- 
vas como  de  ornato  y  utilidad  pú- 
blica. 

43.  Madrid  moderno. — ^Hemoa  lle- 
gado al  postrer  período  de  ensanche, 
de  aumento  y  desarrollo  de  esta  po- 
blación; á  la  época  de  los  últimos  pro- 
gresos y  transformaciones. 

44.  Perímetro  del  terminó  de  Madbid. 
— Según  los  trabajos  practicados^  por 
la  Comisión  de  Estadística  municipal, 
la  circunferencia  desarrollada  de  todo 
el  perímetro  del  término  de  esta  villa 
es,  aproximadamente,  de  76.600  me- 
tros lineales;  evaluándose  la  del  pe- 
rímetro anterior  en  47.260. 

45.  Puertas. — No  hace  muchos  años 
contaba  Madrid  cinco  puertas  (Alca- 


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U,  Bilbao,  Segovia,  Toledo  y  Ato- 
cha) j  once  portillos  (Recoletos,  San- 
ta Bárbara,  Fuencarral,  Conde-Du- 
que, San  Bernardino,  San  Vicente, 
La  Vega,  Vistillas,  GiUmón,  Emba- 
jadores j  Valencia),  los  cuales  han 
ido  desapareciendo  con  el  derribo  de 
las  débiles  j  desiguales  tapias  que 
circuían  la  capital,  conservándose 
únicamente,  como  monumento  del 
arte  arquitectónico,  las  de  Alcalá, 
Toledo,  San  Vicente  j  Hierro,  dig- 
nas, particularmente  la  primera,  ae 
especial  mención. 

46.  Pneríade  Alcalá.— Bste  notable 
monumento  ocupa  hoy  el  centro  de  la 
nneva  plaza  de  la  Independencia,  si- 
toada  al  Oriente  de  la  población. 
Consta  da  un  solo  cuerpo,  como  todas 
las  construcciones  de  sa  clase,  7  de 
cinco  entradas:  tres  en  el  centro,  con 
arco  de  medio  punto,  y  una  en  cada 
extremo,  i  regla  ú  horizontal.  La  de- 
coración de  la  parte  exterior  consiste 
en  diez  columnas,  que  sientan  sobre 
doble  zócalo  y  lloTan  capiteles  de 
orden  jónico  moderno,  modelados  por 
los  que  inventó  el  gran  Miguel  An- 
gel para  el  Capitolio,  en  Koma;  las 
diez  columnas  mencionadas  se  hallan 
perfectamente  distribuidas:  cuatro, 
en  el  resalto  que  forma  el  arco  prin- 
cipal; y  dos,  en  cada  uno  de  los  ze»- 
tantas.  Por  la  parte  interior  corres- 
ponden pilastras  á  las  columnas,  ex- 
cepto en  el  arco  del  medio,  que,  en  lu 
resalto  y  adorno,  es  idéntico  por  am- 
bos frentes.  Sobre  los  indicadoi  capi- 
telei  corre  nn  cornisamento,  en  el 
q^ue  se  eleva  un  ático,  que  sólo  se  ex- 
tiende lo  que  resalta  el  arco  del  cen- 
tro y  su  decoración,  continuando  un 
sotabanco  por  los  demás,  decorado  de 
trofeos  y  genios.  Kn  la  clave  central 
de  los  tres  arcos  mayores  se  ve  una 
cabeza  de  león;  en  los  recuadros,  que 
aparecen  sobre  las  puertas  pequeñas 
de  los  extremos,  cornucopias  eriza- 
das. Un  escudo  de  armas  reales,  sos- 
tenido por  una  Fama  y  un  genio,  si> 
ve  de  remate,  por  el  lado  del  campo, 
al  frontispicio  semicircular  del  ático. 
La  elevación  de  este  elegante  j  sun- 
tuoso arco  triunfal  es  de  19  metros, 
sin  eontar  lo  que  sobresale  el  escudo 
de  armas:  cada  uno  de  los  tres  arcos 
de  medio  punto  se  levanta  9  metros 
sobre  el  nivel  del  suelo  y  tiene  5  de 
luz.  Bl  material  empleado  en  esta 
gran  fábrica  es  granito  de  excelente 
calidad  y  piedra  caliza,  llamada  de 
Colmenar.  La  construcción  de  esta  só- 
lida y  gallarda  obra  empezó  en  1778 
con  diseños  y  bajo  la  dirección  de 
don  Francisco  Sabatini;  el  escudo  de 
armas,  los  trofeos  y  los  genios,  fue- 
ron ejecutados  por  don  Francisco  Gu- 
tiérrasi  las  cabezas  de  leones  y  las 
comacopias,  por  don  Roberto  Michel. 

47.  Puerta  de  Toledo,— Qohs9  una 
eminencia,  que  se  enlaza  en  el  puente 
de  aquel  nombre,y  dando  frente  al  Me- 
diodía, levántase  arrogante  la  inmen* 
sa  mole  de  granito  que  forma  el  arco 
triunfal  de  Fernando  VII.  Decoran 
esta  obra,  por  el  exterior,  dos  medias 
coluQuiai  estriadas,  de  orden  jónico 


antiguo,  colocadas  en  el  centro,  y  pi- 
lastras en  los  lados:  distínguense  en- 
tre aquéllas  un  grande  arco  de  medio 
punto  de  10  metros  de  altura  con  tres 
de  luz,  y  una  puerta  cuadrada  con 
recuadro  encima,  á  cada  extremo.  El 
cornisamento  corre  sobre  los  tres  in- 
gresos, y  en  el  medio  se  ve  interrum- 

fido  el  arquitrabe.  La  fábrica  tiene 
8  metros  de  elevación  y  15  de  fren- 
te: sobre  el  cuerpo  ático  hay  un  gru- 
po de  escultura,  que  representa  á  Es- 
paña dispensando  su  protección  á  las 
artes,  el  cual  levanta  cinco  metros  más 
sobre  la  expresada  altura.  Fué  mode- 
lado por  don  José  Ginés  y  ejecutado 
en  piedra  de  Colmenar  por  don  Ra- 
món Barba  y  don  Valeriano  Salvs- 
tierra.  Sobre  la  puerta  de  los  extre- 
mos, y  á  ano  y  otro  lado  del  ático,  se 
ven  trofeos  militares.  Esta  obra,  tan 
criticada  por  su  excesiva  pesadez  y 
falta  de  gusto,  empezó  á  levantarse 
en  1813,  bajo  la  dirección  de  don  An- 
tonio Aguado,  para  perpetuar  la  me- 
moria del  feliz  éxito  que  alcanzó  la 
glorioaa  lucha  de  la  Independencia. 

^.PueríadeSan  Vicente.— Bnni5, 
el  hábil  profesor  don  Francisco  Sa- 
batini levantó  en  el  paseo  de  la  Flori- 
da este  ingreso  con  la  solidez  y  buen 
gusto  que  se  observan  en  todas  sus 
obras.  En  la  parte  que  mira  al  cam- 
po, levántense,  sobre  un  doble  zócalo, 
dos  columnas  arrimadas,  en  cuyo  in- 
tercolumnio hay  nn  arco  de  medio 
punto  almohadillado:  el  cornisamento 
está  adornado  de  triglifos,  con  casti- 
llos en  las  metopasj  terminando  el 
todo  un  frontispicio  triangular,  coro- 
nado por  unos  trofeos.  En  la  parte 
que  da  frente  á  la  población,  se  ven 
sólo  fajas  en  el  ingreso  central;  una 

f tuerta  con  arco   horizontal  á  cada 
ado,  y  en  los  extremos,  fajas  con  tro- 
feos y  piñas  en  los  remates.  La  ar- 

2uitectura  de  esta  puerta  es  de  orden 
órico:  el  material  empleado  en  su 
construcción,  granito  y  piedra  caliza 
de  Colmenar. 

49.  Puerta  de  Hierro,— Se  levantó 
en  la  secunda  mitad  del  siglo  xvui:  es 
de  granito, y  loa  ornamentos,  de  piedra 
caliza.  Consta  da  tres  entradas;  la  del 
centro  presenta  un  arco  de  medio 
punto,  con  archivolta  decorada  y  pi- 
lastras dóricas  estriadas,  sobre  las 
cuales  sienta  un  frontón  triangular 
con  las  armas  de  España;  los  vanos 
laterales  tienen  sólo  pilastras,  termi- 
nadas por  jarrones,  y  entre  los  ingre- 
sos hay  recuadros  con  esculturas,  que 
representan  trofeos  de  guerra  y  caza. 
Abierta  la  Moncloa  y  facilitada  la 
continuación  de  la  línea  de  circuito 
de  la  capital,  que  antes  se  detenía  en 
las  tapias  de  ai^uélla,  y  que  hoy  está 
llamada  á  continuar  hasta  la  carrete- 
ra de  Castilla,  la  puerta  de  que  se 
trata,  especie  de  ingreso  á  la  posesión 
del  Pardo,  puede  ya  considerársela 
como  una  de  laa  entradas  de  la  villa. 

50.  Perímetro  de  Madrid. — cir- 
cunferencia de  la  población,  ó  sea  la 
lonnfitud  del  muro  que  la  cercaba,  se 
evalúa  en  13.150  metros. 

51.  liUerior  de  la  eapiti^^^o  pre- 


tendemos describir  minacioMmente 
todos  y  cada  uno  de  loa  puntos  que 
aquélla  comprende  en  su  vasta  exten- 
sión, en  sus  infinitas  relaciones  en 
todos  los  ramos  de  la  administración 
general  del  Estado:  tarea  es  ésta  que 
daría  asunto  para  algunos  volúmenes 
y  que,  además  de  ser  superior  á  nues- 
tras fuerzas,  pecaría  de  demasiado 
prolija,  (quizás  de  enojosa.  Conocida 
ya  la  posición  de  Madrid,  su  clima  y 
su  circuito,  daremos  á  conocer  su 
superficie,  el  número  de  habitantes  y 
edificios  que  ha  contado  desde  el  si- 
glo xvi:  el  desarrollo  longitudinal  de 
sus  calles  y  paseos;  el  total  de  las  vías 
públicas,  con  su  correspondiente  cla- 
sificación; BUS  plazas  más  notables, 
sus  establecímieiitos  de  recreo  j  di- 
versión, jardines  y  paseos  interiores; 
su  división,  local,  bajo  el  punto  de 
vista  administrativo,  jurídico  y  ecle- 
siástico; las  corporaciones  científicas, 
literarias,  filantrópicas  y  de  correc- 
ción; la  organización  municipal,  su 
administración,  presupuestos,  poli- 
cía, ornato,  fuentes,  alumbrado,  en- 
señanza y  beneficencia,  y  describire- 
mos detalladamente,  según  su  belle- 
za, utilidad  ó  importancia  histórica, 
los  monumentos,  templos  y  edificios 
así  públicos  como  particulares,  y  con- 
stc-naremos  cuantas  noticias  y  curio- 
sidades á  nuestro  juicio  lo  merecie- 
ren. 

53.  iTiV^Mn^.— La  superficie  ence- 
rrada dentro  de  las  antiguas  tapias, 
incluyendo  el  Parque  de  Madrid  (an- 
tes sitio  del  Buen  Retiro),  Jardín  Bo- 
tánico, huerta  y  convento  de  Atocha, 
Montaña  del  Príncipe  Pío  y  Campo 
del  Moro,  es  da  7.779*36  metros  cua- 
drados. 

53.  Descripción. — El  total  de  las 
vías  públicas  que  existen  dentro  del 

Serimetro  de  la  población,  es  de  899, 
ivididas  en  esta  forma:  calles,  701; 
callejones,  15;  caminos,  4;  campi- 
llos, 3;  carreras,  2;  cerillos,  1;  costa- 
nillas, 12;  cuestas,  7;  glorietas,  5;  pa- 
sadizos, 2;  pasajes,  2;  paseos,  27;  pla- 
zas, 76;  pretiles,  2;  rondas,  8;  trave- 
sías, 32. — El  desarrollo  longitudinal 
de  las  calles  y  páseos,  comprendidos 
dentro  del  recinto  de  Madrid,  es, 
aproximadamente,  de  348  kilómetros, 
877  metros. — Bl  número  de  edificios, 
que  constituyen  el  casco  de  la  pobla- 
ción, ha  sufrido,  desde  el  siglo  xvi, 
las  siguientes  alteraciones:  en  1571, 
contaba  la corte4.000edifícios;en  1597 
subió  esta  cifra  á  7.016;  en  1766, 
á  7.049;  en  1797,  á  7.080;  en  1844, 
descendió  este  número  á  6.600  fincas 
urbanas,  cuya  disminución  se  atri- 
buye á  la  reunión  en  una  sola  de  dos 
ó  más  pequeñas,  á  las  demoliciones 
llevadas  á  cabo  durante  la  guerra  de 
la  Independencia,  y  á  las  verificadas 
para  formar  las  plazas  de  Oriente  y 
otras.  Bl  número  de  fincas  urbanas 
existentes  hoy  en  el  casco  de  la  capi- 
tal, zona  de  ensanche  y  término  de 
Madrid,  es  de  8.207,  distribuidas  en 
1.248  manzanas,  correspondiendo  598 
al  interior  de  la  villa;  295,  á  la  pri- 
men zona  de  ensanche;  193,  i  la  se^ 

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542  MADR 


liADR 


MADR 


guada,  7  162,  &  la  tercera.  Las  8.207 
lincas  antes  meacionadas,  dan,  por 
distritos,  el  número  de  habitaciones 
de  todas  clases  que  á  continuación  se 
expresa:  distrito  de  Palacio,  9.038; 
Universidad,  10.657;  Centro,  7.243; 
Hospicio,  8.596;  Buenavista,  10.689; 
Congreso,  8.307;  Hospital,  10.320; 
Inclusa,  10.315;  Latina,  10.131;  A.a- 
diencia,  8.495:  total,  93.821.  La  su- 
perficie ocupada  por  edificios  en  el 
interior,  sin  incluir  el  ensanche,  es 
de  4.061.387  metros  cuadrados, 

54.  Poblaciéii.~En  1530,  contaba 
Madrid  5,000  habitantes;  en  1566, 
25.000;  en  1600,  58.000;  en  1870, 
339.024;  en  1877,  399,523;  hoy,  se- 
gún cálculo  aproximado,  asciende  ja 
aquella  cifra  á  466.000. 

55.  Placas. — Con  una  sola  plaza, 

firopiamente  dicha,  la  Major,  aparece 
a  Corte  en  el  siglo  xiz:  las  restantes, 
inclusa  la  Puerta  del  Sol,  no  eran  otra 
cosa  que  reducidos  espacios  6  mezqui- 
nas encrucijadas  que  se  llamaron  pla- 
zuelas. A  mediados  del  citado  siglo, 
todaTfa  eran  en  corto  número  para 
tan  ^ran  población,  contribuyendo 
poco  a  su  embellecimiento,  ja  por  lo 
irregular  de  sus  plantas,  ja  por  la  es- 
casez de  monumentos.  En  la  actuali- 
dad, de  las  76  que  encierra  la  villa, 
comprendido  el  ensanche,  las  más  no- 
tables por  su  belleza,  6  su  historia, 
son  las  siguientes: 

56.  PlataM»yor6delaCon$t%íuciá%. 
— Tuto  au  origen  bajo  el  reinado  de 
Juan  II  j  se  llamaba  Plaza  del  Arra- 
bal de  Santa  Gnu*  Demolidos  los  po- 
bres j  toscof  edificios  que  la  forma- 
ban, por  mandato  de  Felipe  III,  dÍ6 
principio  su  reconstitución  en  1617, 
bajo  la  dirección  del  hábil  arquitecto 
don  Juan  G6mex  de  Mora;  cujas 
obras,  que  duraron  dos  aíios,  como  lo 
expresa  la  inscripción  que  existe  en 
el  pórtico  de  la  Panadería,  costaron 
un  millón,  según  Baena.  Afecta  la  fi- 
gura de  un  cuadrilongo  de  121  metros 
de  largo  por  93  de  ancho  j  428  de 
circuito.  Las  casas  fueron  levantadas 
sobre  pilares  de  granito  formando  so- 
portales: todos  los  huecos  se  hallan 
decorados  con  jambas  simétricas  de 
piedra  en  los  tres  pisos;  las  entradas 
están  formadas  por  ocho  grandes  ar- 
cos de  medio  punto  (dos  en  cada  uno 
de  los  cuatro  ángulos),  j  uno,  rebaja- 
do, cerca  de  la  escalerilla,  que  abren 
paso  á  diferentes  calles.  Ocupa  el  cen- 
tro de  esta  plaza  una  explanada  elíp- 
tica, embellecida  hoj  con  jardines  j 
fuentes  j  circundada  de  una  pequeña 
verja,  j  en  medio  de  aquélla  se  ve, 
sobre  un  pedestal,  rodeado  de  otra 
verja  más  elevada,  la  estatua  ecuestre 
de  Felipe  III,  ejecutada  en  bronce. 
Numerosos  son  los  acontecimientos 
que  registra  la  historia  de  esta  plaza, 
figurando  entre  ellos  fiestas  magníñ- 
css,  incendios  horrorosos,  repugnantes 
autos  de  fe  j  terribles  ejecuciones  de 

Sersonajes  notables;  pues  hasta  el  año 
e  1700  no  se  trasladó  á  la  plazuela 
de  la  Cebada  el  cadalso  que  repetidas 
Teces  se  había  IsTantado  frente  á  la 
Puuderfiu 


57.  Plata  de  Oriente. — Esta  plaza 
ue,  atendida  la  situación  que  ocupa, 
ebería  con  más  propiedad  llamarse  de 
Occidente,  fué  formada  en  1811,  bajo 
el  gobierno  de  José  Napoleón,  llama- 
do el  Reif  Pkaneloit  con  el  derribo  de 
Tarias  manzanas,  que  comprendían 
loa  conventos  de  San  Gil  j  Santa  Cía- 
ra,  la  parroquia  de  San  Juan,  la  Bi- 
blioteca, el  jardín  de  la  Priora  j  56 
casas, .conjunto  de  vulgares  construc- 
ciones, que  apenas  dejaban  espacio 
entre  el  palacio  j  ellas.  Frustrado  el 
magnífico  projecto  del  rej  intruso,  el 
cual  consistía  en  formar  en  aquel  si- 
tio una  extensa  plaza,  que  sirviera  de 
punto  de  partida  de  un  boulevard  que 
debía  concluir  en  el  arco  de  Alcalá, 
conservóse  por  lai|po  tiempo  el  inmen- 
so é  irregular  espacio  que  dejaran  los 
derribos,  cu  jo  tránsito  ara  sumamen- 
te molesto  en  el  rigor  de  las  estacio- 
nes. La  reedificación  j  embellecimien- 
to de  esta  plaza  data  del  año  de  1841, 
en  cuja  época  se  llevó  á  cabo  el  jar- 
dín central,  la  explanación  /  alinea- 
ción de  las  calles  j  la  compra  de  los 
solares  con  que  se  procedió  á  formar- 
la. Ocupa  el  centro  de  la  mencionada 
plaza  una  glorieta  elíptica,  la  cual  se 
eleva  como  dos  pies  sobre  el  nivel 
del  suelo,  j  está  rodeada  de  una  ele- 
gante escalinata,  compuesta  de  tres 
gradas  de  piedra  caliza,  interrumpi- 
das por  22  zócalos  de  granito,  en  los 
que  descansan  pedestales  con  inter- 
medios de  piedra  d«  Colmenaj:  sobre 
estos  pedestales  se  elevan  otras  tantas 
estatuas  de  rejes  j  condes  espafioles, 
de  gran  magnitud,  pertenecientes  á 
la  colección  que  ocupó  la  balaustrada 
que  corona  el  palacio  real.  La  escali- 
nata, cujo  circuito  mide  358  metros, 
da  acceso  á  una  calle  de  igual  figura, 
de  18  metros  de  ancha,  que  adornan 
dos  hileras  de  acacias:  en  el  medio  se 
levanta  sobre  zócalos  de  cantería  j 
piedra  de  Colmenar,  con  asientos  á 
uno  ^  otro  extremo,  la  elefante  verja 
de  hierro  bronceado,  que  cierra  la  glo- 
rieta en  una  circunferencia  de  247  me- 
tros, dentro  de  la  cual  se  ve  un  lindí- 
simo jardín,  con  cuatro  pequeños  j 
graciosos  surtidores.  En  el  centro  de 
la  referida  glorieta  se  eleva  ün  alto 
zócalo  de  granito,  j  sobre  éste,  un 
hermoso  pedestal  de  planta  rectangu- 
lar, cujo  recto,  adornado  por  los  cos- 
tados con  dos  bajorrelieves,  presen- 
ta, en  cada  uno  de  los  dos  frentes, 
oriental  j  occidental,  una  fuente  mo- 
numental. Consiste  ésta  en  la  estatua 
de  un  anciano,  que  simboliza  un  río, 
el  cual  vierte  el  agua  de  la  urna  en 
unas  conchas  que,  formando  una  es- 
pecie de  cascada,  la  derraman  en  un 

fran  pilón  semicircular.  Entre  estos 
os  pilones,  atando  con  los  mismos  j 
por  cada  uno  de  los  costados  del  mo- 
numento, haj  un  plano  al  que  dan 
acceso  tres  gradas:  en  él  se  ven  un 
mascarón  que  arroja  agua  en  otro  pe- 
queño pilón,  T  á  los  lados,  asientos  j 
balaustradas  de  hierro:  estos  planos, 
unidos  á  los  pilones,  forman  una  cir- 
cunferencia elíptica,  en  perfecta  re- 
lación con  la  de  la  glorieta.  En  los 


cuatro  ángulos  se  elevan  cuatro  pe- 
destales, con  otros  tantos  leones  de 
bronce  d«  gran  magnitud;  j  descan- 
sando sobre  el  monumento,  la  bellí- 
sima estatua  ecuestre  de  Felipe  IV, 
obra  admirable  del  escultor  toscano 
Pedro  Tacca,  j  de  la  cual,  el  famoso 
erudito  j  excelante  crítico  don  Anto- 
nio Pons  dice  en  su  curiosa  descrip- 
ción lo  siguiefite:  cHaj  muj  pocas 
obras  modernas  de  esta  línea,  que  se 
le  igualen  en  el  brío  como  está  expre- 
sado el  caballo,  en  la  dignidad  del  ji- 
nete, en  la  hermosura  j  lo  acabado  de 
las  labores  que  se  ven  particularmen- 
te en  los  estribos,  freno,  silla  y  en  la 
banda  del  monarca.»  Un  detalle  afea 
este  hermoso  j  agradable  sitio:  el  eje 
major  de  la  glorieta  elíptica  antes 
mencionada,  corre  desde  Palacio  al 
teatro  de  la  ópera,  cuja  deplorable 
fachada  forma,  por  su  pésimo  gusto, 
raro  contraste  con  la  regularidad  de 
las  nuevas  casas,  la  extensión  de  aquel 

{lolígono,  la  belleza  de  sus  jardines  j 
a  grandiosidad  da  la  morada  de  los 
rejes. 

58.  Puerta  del  Sol. — Llámase  así 
por  una  imagen  del  Sol  que  había  pin- 
tada encima  de  la  puerta  de  un  casti- 
llo fabricado,  en  1520,  para  defender 
á  Madrid  de  la  sorpresa  de  los  ban- 
doleros j  forajidos.  Esta  plaza,  es- 
trecha é  irregular  entonces,  se  com- 

Sonía  da  casas  informes  j  miserables 
e  160  á  200  metros  superficiales,  las 
majores,  oon  uno  ó  dos  balcones  en 
cada  piso;  en  el  sitio  que  hoj  ocupa 
el  Hiniaterio  de  la  Gobernación,  edi- 
ficio lavantado  an  1708,  veíanseamon- 
tonados  treinta  j  tantos  edificios,  j 
enfrente  otros  semejantes,  que  fox^ 
maban  la  callejuela  llamada  del  Co- 
fre, con  salida  á  la  calle  de  la  Zar- 
za. Entre  la  Major  j  la  del  Arenal, 
se  hallaban  las  casas  de  mancebía  pú- 
blica. Las  Cortes  constituyentes,  por 
lej  de  21  de  Julio  de  1855,  declara- 
ron la  reforma  de  utilidad  pública,  j 
por  decreto  de  26  de  Majo  de  185t>, 
previo  dictamen  de  la  Academia  de 
San  Fernando,  se  procedió  &  su  en- 
sanche j  embellecimiento,  lerantán- 
dose  nuevos  j  uniformes  edificios  j 
colocándose  en  el  centro  una  anchísi- 
ma fuente,  con  un  surtidor,  que  ele- 
va el  agua  á  una  considerable  alturm, 
descendiendo  luego  en  forma  de  Uu- 
TÍa.  A  esta  plaza,  que  viene  á  tener 
hoj  la  figura  de  un  tricornio,  van  á 
confluir  las  principales  arterias  de  la 
población:  por  el  Este,  las  calles  de 
Alcalá  j  Carrera  de  San  Jerónimo; 
por  el  Sur,  las  de  Carretas  j  del  Co- 
rreo; por  el  Oeste,  la  Major  j  la  del 
Arenal,  j  por  el  Norte,  las  de  Precia- 
dos, Carmen  j  Montera.  Con  el  pre- 
sente siglo  empezó  á  ser  el  fomm  «u- 
íriíense,  como  ingeniosamente  la  lla- 
ma un  autor,  el  gran  teatro  de  la 
vida  pública,  viendo  dictar  bárbaras 
sentencias,  desde  el  sitio  que  hoj 
ocupa  el  Ministerio  de  la  Gobemn- 
ción,  á  la  comisión  militar,  presidida 
por  Grouchj,  j  sacrificar  las  vícti- 
mas en  el  patio  del  Buen  Suceso;  j 
presencianao  luego  grandes  ovacio- 


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MADR 


JÍADR 


MADR  543 


nes  j  sangrientas  luchas.  Actaalmen- 
te  continua  siendo  el  punto  más  fa- 
moso de  la  Corte,  por  su  situación 
ceatral,  bellos  edificios  y  gran  con- 
currencia; la  galería  en  donde  se  ex- 
hiben los  tipos  característicos  de  Ma- 
drid j  el  barómetro  fiel  de  la  opinión 
pública. 

59.  Plaza  de  Palacio. — Forman  esta 
plaza,  de  grande  extensión  y  figura 
ca»  cuadrada  por  el  Norte,  la  facha- 
da principal  de  palacio;  por  el  Bste, 
el  ala  lateral,  ó  galería,  que  mandó 
construir  Carlos  Ul;  por  el  Sur,  la 
Armería,  j  por  el  Oeste,  algunoi  ar- 
cos de  la  otra  galería  lateral,  no  con- 
cluida, j  una  balaustrada  con  rista 
al  campo. 

60.  PlazadeU  Villa. — Su  formación, 
que  se  llevó  á  cabo  con  los  derribos 
de  varias  casas,  data  del  reinado  de 
Enrique  IV:  es  regular,  casi  cuadra- 
da j  abierta  por  Ta  calle  Mayor.  An- 
tiguamente fué  largo  tiempo  conside- 
rada como  la  plaza  principal  de  la  vi- 
lla, pues  la  Mayor  estaba  por  enton- 
ces en  el  arrabal,  al  lado  eiterior  de 
la  muralla.  Hasta  mediados  del  pre- 
sente sijg'lo  ocupó  su  centro  una  fuen- 
te de  pésimo  gusto, 

61.  Plaza  de  lat  Cortet. — Ocupa  par- 
te del  solar  en  que  se  hallaba  el  con- 
vento de  Santa  Catalina,  delante  de  la 
fachada  de  las  casas  de  este  nombre, 
entre  los  palacios  de  Híjar  y  nuevo 
de  las  Cortes,  al  Norte;  el  Prado,  al 
Este,  y  la  casa  del  duque  de  Medina- 
celi,  al  Sur.  Forma  un  cuadrilongo 
muy  extenso  y  conñuyen  á  ella  las 
calles  del  Prado  y  Carrera  de  Sau  Je- 
rónimo, al  Occidente;  las  del  Florín 
y  Turco,  al  Norte,  y  la  de  San  Agus- 
tín, al  Mediodía.  Desde  la  fuente  de 
Xeptuno  suben  dos  hermosas  calles 
de  árboles  hasta  la  mencionada  calle 
del  Florín;  á  su  cabeza  se  ve  un  ele- 
Mnte  jardín,  circuido  de  una  verja 
de  hierro,  j  en  el  centro  elévase  so- 
bre un  pedestal  la  magnífica  estatua 
del  maestro  de  la  literatura  española, 
obra  notabilísima  del  escultor  de  cá- 
mara de  Fernando  VTI,  don  Antonio 
Sola.  He  aquí  lo  qtie  acerca  de  esta 
obra  artística  decía  en  el  Diario  de 
Roma  el  señor  Salvador  Betti,  secre- 
tario perpetuo  de  la  insigne  y  ponti- 
fical Academia  Romana  de  'San  Lucas: 
*¡Loor  al  señor  de  Solá,  quien  con 
tanta  verdad  y  perfección  del  arte  nos 
hace  ver  la  imagen  de  este  famoso  es- 
critor! Le  vemos  en  ella;  es  el  mismo 
Miguel  de  Cervantes,  como  lo  mani- 
fiesta su  noble  figura,  su  espaciosa 
frente,  sus  ojos  llenos  de  fuego  del 
alma,  su  andar  franco,  tan  natural  al 
hombre  de  armas  y  de  aventuras,  y 
aquel  aire  en  que  se  ven  las  maneras 
españolas  del  siglo  xti.  Lleno  de  una 
sDblime  imaginacidn,  está  en  actitud 
de  mudar  el  paso;  actitud  que  no  po- 
día^ mostrarse  por  el  artista  con  más 
facilidad  y  maestría,  ya  jpor  el  movi- 
miento natural  de  las  piernas,  á  que 
acompaña  el  de  toda  la  persona,  ya 
por  el  contraste  de  los  pliegues  del 
vestido;  y  especialmente,  de  la  capa, 
que  mueve  el  aire  con  suavidad.  Tie- 


ne en  la  mano  derecha  un  lío  de  pa- 
peles, muestra  de  un  literato;  la  iz- 
quierda descansa  sobre  el  puño  de  la 
espada,  en  prueba  de  su  profesión  mi- 
litar y  nobleza  de  sus  antepasados;  y 
para  ocultar  la  imperfección  de  esta 
mano,  á  causa  de  una  herida  de  arca- 
buz, que  en  ella  recibió  en  la  batalla 
de  Lepanto,  Solá  ha  tenido  la  singu- 
lar idea  de  cubrirla  con  un  pliegue  de 
la  capa,  conservando  de  este  modo 
i  todo  lo  perfecto,  sin  exponerse  á  la 
censura  de  los  que  exigen  la  verdad. 
Todo  es  vida  en  esta  estatua,  todo 
verdad,  al  propio  tiempo  que  se 
conserva  la  dignidad  conveniente.  Y 
en  mi  cualidad  de  intendente  de  las 
Bellas  Artes,  digo,  como  sentencia 
universal,  que  esta  estatua  es  una  de 
las  más  célebres  que  se  han  hecho  en 
este  siglo,  y  una  de  las  más  impor- 
tantes por  representar  á  tan  grande 
hombre.  Añadiré  además  que,  hace 
muchos  años,  no  se  ha  fundido  en 
bronce  en  este  país  otra  igual,  pues  es 
semicolosal,  teniendo  diez  palmos 
y  medio  de  altura.»  Esta  celebrada 
estatua,  cuyo  autor  hizo  el  modelo  en 
Roma,  fué  fundida  por  los  famosos 
artistas  prusianos  Luis  Jollage  y  Gui- 
llermo N.  Hopsgarten.  Gl  pedestal 
contiene  dos  relieves,  obra  del  escul- 
tor don  José  Piquet,  que  representan: 
el  uno,  á  don  Quijote  y  Sancho  Pan- 
za guiados  por  la  diosa  de  la  locura, 
y  el  otro,  la  aventura  de  los  leones,  y 
además  la  siguiente  inscripción:  «A 
Miguel  de  Cervantes  Saavedra,  prín- 
cipe de  los  ingenios  españoles,  año  de 
1835.» 

62.  Plata  de  Santa  Ana. — Se  halla 
situada  al  principio  de  la  calle  del 
Prado  y  conclusión  de  la  de  la  Gor- 
guera,  en  el  derribo  del  convento  de 
carmelitas  de  Santa  Ana,  llevado  á 
cabo  durante  la  dominación  francesa. 
Su  extensión,  que  era  antesde  59  me- 
tros de  largo  por  44  de  ancho,  ha  au- 
mentado con  la  desaparición  de  la 
manzana  de  casas  que  impedía  la  vis- 
ta del  Teatro  Bspañol;  y  la  fila  de  ár- 
boles, que  rodeaba  la  plazuela,  así 
como  la  sencilla  apfuja  de  piedra  que 
la  adornaba,  ha  sido  substituida  por 
una  fuente  y  un  elegantísimo  jardín, 
cuyo  centro  ocupa  el  hermoso  pedes- 
tal que  sostiene  la  noble  figura  del 
patrón  literario  de  Madrid,  el  insiga 
ne  Calderón  de  la  Barca. 

63.  Plaza  del  Progreso. — Seencuen- 
tra  entre  el  principio  de  las  calles  de 
la  Magdalena,  ('olegiata,  Duque  de 
Alba,  Mesón  de  Paredes,  Jesús  y  Ma- 
ríay  conclusión  de  la  de  Barrio  íTuevo, 
en  el  mismo  solar  queocupaba  el  vasto 
convento  de  la  Merced,  cuyo  edificio 
sólo  tenía  de  notable  el  haber  servido 
de  morada,  desde  1620  á  1645,  al  in- 
genioso poeta  el  maestro  Fray  Ga- 
briel Téllez,  conocido  por  Tirso  de 
Afolitta.  La  plaza,  que  tiene  88  metros 
de  largo  por  48  de  ancho,  disminuye 
hasta  48  por  el  frente  que  mira  á  la 
calle  de  la  Magdalena.  En  1842  se 
situó  en  el  extremo  oriental  una  fuen- 
te de  caprichosa  forma;  y  en  1869  se 
hermoseo  la  plaza  con  un  jardín,  se 


colocó  en  su  centro  la  colosal  estatua 
de  Mendizábal  y  se  la  rodeé  de  una 
bonita  verja. 

64.  Plata  de  Itahel  21. — Es  casi 
cuadrada,  de  una  extensión  bastante 
regalar,  y  se  halla  á  lo  último  de  la 
calle  del  Arenal,  entre  ésta,  la  de  los 
Caños  y  las  que  conducen  á  Palacio. 
Forman  su  adorno  la  fachada  del 
Teatro  Real,  una  hermosa  estatua  de 
la  Comedia  y  un  pequeño  jardín  que 
rodea,  como  el  anterior,  una  sencula 
verja. 

65.  Plaza  de  Bilbao. — Está  situada 
entre  las  calles  de  las  Infiintas,  San 
Bartolomé  y  costanilla  de  los  Capu- 
chinos, en  el  lugar  que  ocupó  el  con- 
vento de  estos  regulares.  Su  figura  es 
un  cuadrado  de  metros;  su  terreno 
se  halla  más  elevado  que  los  de  las 
calles  que  la  circuyen,  razón  por  la 
cual  se  la  cerró  completamente  con  la 
verja  de  hierro  c^ue  estuvo  en  el  salón 
del  Prado,  dejándola  seis  entradas: 
una,  por  la  costanilla;  otra,  por  la 
calle  de  San  Bartolomé,  y  dos  en  cada 
uno  de  los  otros  frentes,  con  grandes 
faroles  en  los  ángulos,  buenas  escali- 
natas y  rodeada  de  hermosos  bancos 
de  piedra.  Modernamente  ha  sido  tam^ 
bien  embellecida  con  un  jardín. 

66.  Plaza  de  MuriÜo. — Constituye- 
la el  espacio  comprendido  entre  el  in- 
greso al  Jardín  Botánico  y  la  más 
hermosa  de  las  Echadas  del  Museo 
Nacional  de  Pintura  y  Escultura, 
destacándose  en  el  medio  una  grande 
estatua  de  Murillo,  rodeada  de  un 
sencillo  y  elegante  jardín. 

67.  Plaza  ie  la  Independencia.^ — Es- 
ta bellísima  plaza,  de  moderna  cons- 
trucción, contiene  en  el  centro  el  her- 
moso arco  de  la  puerta  de  Alcalá,  ya 
mencionado,  embellecido  también  con 
un  pequeño  jardín  que  lo  circuye.  Su 
figura  es  circular,  y  tiene:  al  Norte, 
la  calle  de  Serrano;  al  Este,  la  carre- 
tera de  Aragón  y  una  de  las  entradas 
al  Retiro;, al  Sur,  la  calle  de  Alfon- 
so XII,  y  al  Oeste,  la  de  Alcalá.  Casi 
todas  las  demás  plazas,  cuya  enume- 
ración omitimos,  se  hallan  adornadas 
con  elegantes  farolas  y  frondosos  ár- 
boles, que  ofrecen  una  vista  deliciosa 
durante  la  estación  del  verano. 

68.  Calles  principales. — Las  calles 
de  Madrid,  á  pesar  del  considerable 
desnivel  que  en  su  mayor  parte  se  ob- 
serva, son  generalmente  de  agradable 
aspecto.  Entre  las  principales  se  dis- 
tinguen, en  lo  ancuas,  largas  y  ele- 
gantes, las  siguientes:  calle  Mayor: 
arranca  de  la  Puerta  del  Sol  y  termi- 
na en  la  calle  de  Bailen;  su  longitud 
es  de  400  metros  lineales;  su  anchara 
media,  18, — Carrera  de  San  Jerónimo: 
nace  en  la  misma  Puerta  del  Sol  y 
muere  en  la  plaza  de  las  Cortes;  su 
longitud,  480  metros  lineales;  su  an- 
chura media,  18.— Carretas:  parte  de 
la  indicada  Puerta  y  acaba  en  la  de 
Atocha;  su  longitud,  240  metros;  su 
anchura  media,  13. — Calle  Ancha  de 
San  Bernardo:  empieza  en  la  plaza  de 
Santo  Domingo  y  concluye  en  la  ca- 
lle de  Carranza;  su  longitud,  899  me- 
tros; anchura,  20. — Barquillo:  tiene 


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MADK 


su  origen  en  la  calle  de  Alcalá  7  ter- 
mina en  la  de  Hortaleza;  longitud, 
800  metros;  anchura,  7, — ffortaleza: 
parte  da  la  calle  de  la  Montera  y  des- 
emboca en  la  plaza  de  Santa  Bárbara; 
longitud,  850  metros;  ancho,  12.— 
Fuencarral:  arranca  de  la  calle  de  la 
Montara  j  conduje  en  la  glorieta  de 
Bilbao;  longitud,  1,032  metros;  lati- 
tud, 11. — Atocha:  entra  en  la  plazue- 
la de  Santa  Cruz  y  sale  al  paseo  del 
Prado;  longitud,  1.240  metros;  an- 
chura, 19. — Caballero  de  Orada:  parte 
de  la  calle  de  la  Montera  t  acaba  en 
la  de  Alcali;  longitud,  4v7  metros; 
anchura,  6. — Principe:  comienza  en 
la  Carrera  de  San  Jerónimo  j  condu- 
je eu  la  calle  de  las  Huertas;  longi- 
tud, 296  metros;  anchura,  8. — Monte- 
ra: parte  de  la  Puerta  del  Sol  t  termí* 
na  en  las  callos  de  Fuencarral  j  Hor- 
taleza; longitud,  333  metros;  lati- 
tud, 19.  —  Huirías:  empieza  en  la 
plaza  del  Angel  y  conduje  en  el  pa- 
seo del  Prado;  longitud,  642  metros; 
anchura,  11. — Preciados:  entra  en  la 
Puerta  del  Sol  j  sale  á  la  plaza  de 
Santo  Domingo;  longitud,  530  me- 
tros; anchura,  5. — Calle  del  Prado: 
empieza  en  la  plaza  de  Santa  Ana  y 
concluye  en  la  de  las  Cortes;  longi- 
tud, 312  metros;  anchura,  8. — Car- 
men: tiene  su  entrada  por  la  Puerta 
del  Sol,  j  la  salida  i  la  plaza  del  Ca- 
llao; longitud,  376  metros;  anchu- 
ra, L-~^nia  hahel:  da  principio  en 
la  plaza  de  Antón  Martín  j  conduje 
en  la  calle  del  Hospital;  longitud, 
554  metros;  anchura,  12. — Calle  de 
Toledo:  parte  de  la  plaza  de  la  Cons- 
titución j  termina  en  la  puerta  de  su 
nombre;  longitud,  1.008  metros;  an- 
chura, 18. — Magdalena:  empieza  en 
la  plaza  del  Progreso  acaba  en  la 
de  Antón  Martín;  longitud,  550  me- 
tros; anchura,  11. — iíesón  de  Paredes: 
comienza  en  la  citada  plaza  del  Pro- 
greso j  termina  en  el  Barranco  de 
Embajadores;  longitud,  810;  anchu- 
ra, 7,— Por  último,  la  magnífica  de 
Alcalát  que  se  extiende  desde  la 
Puerta  del  Sol  á.  la  plaza  de  la  Inde- 
pendencia, sobre  una  longitud  de 
1 .285  metros  lineales  j  una  anchura 
medía  de  32;  las  hermosas  j  elegan- 
tes casas  que  la  forman,  y  fas  anchí- 
simas aceras  j  calles  de  árboles  que 
la  adornan,  la  harían  una  de  las  me- 
jores de  todas  las  capitales  de  Euro- 
pa si  estuviese  unida  j  hubiera  más 
Igualdad  en  los  edificios  jen  el  pavi- 
mento; pero  perjudican  notablemente 
á  su  belleza  la  pesada  cuesta  que  for- 
ma desde  las  inmediaciones  del  Pra- 
do hasta  más  allá  de  su  mitad,  para 
volver  á  descender  cerca  de  la  Puerta 
del  Sol;  la  figura  piramidal,  que  pre- 
senta en  todo  su  largo,  j  la  curva 
que  describe  desde  la  embocadura  de 
la  calle  de  Peligros. 

69.  Paladas,  monumentos  y  edijidos 
pú^U&uy  particulares. — Dadautia  idea 
general  del  casco  de  ta  población,  pero 
suficiente  para  que  se  comprenda  su 
importancia,  pasaremos  á  describir 
particularmente  sus  palacios  y  mo- 
numentos mis  famosos  y  á  enumerar 


MADR 

sns  edificios  mis  notables;  que  en  este 
punto  es  Madrid  bastante  rico  para  no 
tener  que  envidiar  á  las  capitales  ex- 
tranjeras. 

70.  Palacio  fcaZ.  — Situado  en  la 
parte  más  occidental  de  la  villa,  elé- 
vase imponente  j  majestuoso  sobre  la 
misma  área  que  antes  ocuparan  el  fa- 
moso y  vetusto  alcázar  de  Madrid  y 
el  palado-fortaleza  edificado  después 
por  los  monarcas  Carlos  V  j  Feli- 
pe II.  Reseñaremos  ligeramente,  bajo 
su  triple  aspecto,  las  vicisitudes  j 
transformaciones  que  ha  experimenta* 
do  este  grandioso  é  histórico  monu- 
mento. 

71.  Bl  aUátar  de  Madrid. — La  his- 
toria de  su  origen  ó  fundación  es  muj 
oscura.  El  primer  indicio  cierto  acer- 
ca de  la  antigüedad  de  este  notable 
edificio,  que  unos  atribujen  i  los  mo- 
ros, j  otros  á  Don  Alfonso  VI,  apare- 
ce en  tiempo  de  Don  Pedro  I  de  Cas- 
tilla, quien  lo  reedificó  y  amplió  con- 
yenientemente,  dándole  una  grande 
importancia.  Bajo  el  reinado  de  Enri- 
que II  sufrió  un  horroroso  incendio; 
en  1389,  León  V,  rej  de  Armenia,  i 
la  sazón  señor  de  Madbid,  mandó  re- 
edificar las  torres  del  deteriorado  al- 
cázar, al  cual  dió  Enrique  in,enl405, 
alguna  forma  de  palacio,  añadiendo 
nuevas  torres,  en  donde  depositó  los 
tesoros  que  hizo  restituir  i  los  gran- 
des. Un  terremoto,  que  se  dejó  sentir 
en  1466,  arruinó  parte  del  regio  alcá- 
zar madrileño;  el  cual,  reparado  y  aun 
mejorado  después  por  Enrique  IV, 
situado  entre  precipicios  y  cuestas  j 
asegurado  con  varios  cubos  ^  torreo- 
nes, llegó  i  ser  una  fortaleza  inexpug- 
nable, como  lo  demostró  la  obstinada 
resistencia  que,  á  su  abrigo,  opusie- 
ron los  400  nombres  escogidos  por  los 
partidarios  de  0oña  Juana  la  Beltra^ 
neja  al  aguerrido  ejército  de  Isabel  la 
Católica. 

72.  Palacio  antiguo. — Al  llegar  más 
tarde  á  Madrid  el  emperador  Car- 
los V,  como  cobrara  afecto  i  la  po< 
blftción  por  lo  saludable  de  su  clima, 
determinó  algunos  años  después  re- 
edificar y  ampliar  el  alcázar.  Bra  ¿ste 
por  entonces,  como  ^a  hemos  indica- 
po,  más  que  palacio,  una  fortaleza; 
apenas  ocupaba  mis  terreno  que  el  de 
su  perímetro  j  cercábanlo:  por  el  Es- 
te, varias  casas,  algunas  de  ellas,  de 
aspecto  miserable;  por  Norte  y  Oeste, 
cuestas  j  precipicios,  j  por  el  Sur,  la 
parroquia  de  San  Miguel,  ({mí  era  pe- 
queña, muj  antigua  j  estaba  delante 
de  la  puerta  del  alcázar;  por  cujo  mo- 
tivo fué  demolida,  para  dar  ensancha 
i  las  projectadas  obras  del  Empera- 
dor, siendo  trasladada,  bajo  el  nom- 
bre de  San  Gil,  á  un  punto  inmedia- 
to. Dirigidos  alternativamente  los  tra- 
bajos, desde  el  año  de  1537,  por  el  cé- 
lebre Covarrubias  j  Luis  da  Vega,  se 
renovó  la  capilla,  se  levantaron  dos 
torres  é  hícieronse  varias  habitacio- 
nes y  patios  con  galerías  de  colum- 
nas, sobre  las  cuales  Toltealnn  dife- 
rentes arcos,  en  cujos  lunetos  cam- 
peaban escudos  de  armas  imperiales. 
En  1543  salió  de  España  el  Empera- 


MADR 

dor,  dejando  el  gobierno  del  reino  i 
su  hijo  el  príncipe  Don  Felipe;  no 
bien  subió  este  al  trono,  por  aodica— 
ción  de  su  padre,  cuando  prosiguíd 
con  singular  empeño  las  comenzadas 
obras,  j  se  compraron  los  terrenos 
necesarios  para  nacer  plazas,  jardi- 
nes, parcjues  y  caballerizas;  en  cuyas 
adquisiciones  iba  incluido  el  Campo 
del  Rey,  nombre  que  se  daba  al  espa- 
cio comprendido  entre  el  alcázar  j  la 
puerta  de  la  Vega.  Entre  las  obras  lle- 
vadas i  cabo  durante  el  reinado  de 
aquel  monarca,  figuran  una  galería 
en  la  fachada  del  Ocddente  y  varios 
salones  magníficos.  Loa  monarcas 
austríacos,  que  sucedieron  i  Felipo, 
continuaron  embelleciendo  el  alci- 
zar;  sin  embargo,  las  noticias  que 
sobre  las  obras  se  conservaa,  son  es- 
casísimas; sábese  únicamente  que* 
en  1606,  al  regresar  la  corte  de  Valla- 
dolid,  hizo  Felipe  III,  entre  otras  re- 
formas, el  arreglo  de  los  pasadizos; 
en  1608,  se  aumentó  el  aposento  de  la 
reina,  el  cual  se  tasó  en  200.000  da- 
cados,  por  lo  que  se  impuso  á  la  villa 
una  sisa  sobre  los  comestibles;  se  ha- 
bla de  algunos  frescos  de  Lucas  Jor- 
dán, pintados  en  la  capilla  real,  y  de 
una  estantería  de  nogal  tallado;  j 
consta  igualmente  que  la  fachada 
prindpaí,  hecha  de  sillería  en  el  pri- 
mer tercio  del  siglo  xvu,  era  extensa, 
suntuosa,  de  muj  buen  gusto  j  daba 
al  Sur,  como  la  primitiya  dd  mismo 
alcázar  y  la  del  actual  palacio.  £1  as- 
pecto de  las  otras,  i  pesar  de  sus  an- 
tiguos cubos,  no  o&ecía  nada  nota- 
ble: unas  paredes  eran  de  tierra  jr 
otras  de  argamasa,  sin  orden  ni  si- 
metría en  los  huecos,  pisos  y  tejados. 
Un  pórtico  conducía  á  dos  grandes 
patios  con  arcos,  sobre  los  cuales  ha- 
bía terrazas  adornadas  de  tiestos  y 
estatuas  de  mármol.  En  el  fondo  se 
veía  la  escalera  principal,  que  era  an- 
chísima, con  los  pasamanos  de  piedra 
azulada  j  adornos  dorados:  daba  ac- 
ceso á  la  sala  de  guardias,  en  donde 
daban  la  suja  las  tres  eoinpafiías  de 
la  atchillat  los  borgoñeses,  los  flamen- 
eos,  los  alabarderos  españoles  ^  los 
tudescos.  El  edificio  tenia  suficiente 
extensión,  pues  contenía  dentro  de  su 
recinto  las  siguientes  habitaciones: 
en  el  patio  principal  se  hallaban  es- 
tablecidas diferentes  dependencias  del 
Estado,  como  los  Consejos  de  Castilla, 
de  Aragón,  de  Portugal,  de  Italia,  de 
Flandes  j  de  las  Indias;  en  los  apo- 
sentos bajos,  llamados  covachuelas, 
que,  aunque  espaciosos,  eran  bastan- 
te oscuros,  trabajaban  los  llamados 
covachuelistas;  y  en  una  de  aquellas 
bóvedas,  algo  más  decente,  aderezada 
con  algunas  sillas,  varias  papeleras  j 
una  mesa  de  despacho,  tenía  el  sojo 
el  secretario  de  Estado.  En  el  primer 
corredor  del  piso  principal  se  hallaban 
la  capilla  j  las  habitaciones  de  la  &- 
milia  real;  mis  adelante,  una  sala 
de  47  metros  de  longitud  por  9  de 
latitud,  la  cual  estaba  destinada  para 
comer  el  rej  en  público,  para  recep- 
ción de  los  embajadores,  para  las  ce- 
remonias oficiales,  para  u  represen- 


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MADR 


MADR 


MADR  545 


taeidn  de  comedias,  para  m&searaa, 
torneos  y  fiestas.  Después  de  algunas 
salas,  seguían  los  aposentos  del  mo- 
narca, un  pasadizo  secreto,  adornado 
de  estatuas,  por  el  que  se  bajaba  al 
Campo  del  Moro  j  Casa  de  Campo;  la 

Klería  del  Cieno,  sobre  la  cual  se  ha- 
ba la  torre  que  sirTÍó  de  cárcel  á 
Francisco  I;  lueg-o  el  salón  donde  se 
reunían  las  Cortes;  7,  por  último,  los 
cuartos  de  la  reina  ^  de  los  príncipes. 
Tanas  salas,  oratorios,  retretes  j  vi- 
viendas para  las  damas.  Bn  otro  pa- 
tío estaMD  los  departamentos  de  los 
infantes  de  Castilla  j  el  gnardajojras. 
Bl  palacio  contaba  560  aposentos  y 
numerosas  puertas,  casi  todas  peque- 
fias  y  mezquinas.  En  16!^  se  abrieron 
las  etcwhat  ó  Tentanillas  para  que  el 
rej  ojese,  sin  ser  visto,  los  debates  y 
las  decisiones  de  los  Consejos;  en  1639 
se  doró  el  salón,  supdnese  que  el  de 
Embajadores;  se  ensancharon  las  cla- 
raboyas para  darle  más  luz  y  se  ador- 
naron las  paredes,  con  mármoles  y 
jaspes,  y  la  bóveda  con  pinturas.  Es- 
tas obras,  según  refiere  un  autor,  cos- 
taron 19.000  escudos,  la  vida  de  dos 
hombres  y  las  piernas  j  los  brazos  de 
otros  cuatro,  que  cajeron  de  un  an- 
damio. Un  detalle  &lta  exponer  para 
terminar  esta  resefia  histórica.  El  ex- 
terior de  este  alcázar,  si  se  exceptúan 
la  fiichada  del  Mediodía  7  U  torre  lla- 
mada de  Carht  V,  era  desagradable 
7  carecía  de  todo  mérito;  pero  ateso- 
raba el  interior  grandes  riquezas  en 
adornos  7  pinturas ,  7  se  hallaba  co- 
locado entre  los  deliciosos  jardines 
del  Parque  7  la  Priora,  en  tanto  que, 
por  el  Norte ,  carcomían  sus  muros  al 
descubierto  todas  las  aguas  inmun- 
das de  Madrid,  como  lo  prueban  las 
signientes  frases:  «Bien  manifiesto 
>está  que  por  la  parte  del  Norte  (ín- 
»mediato  al  real  palacio)  transitan 
«descubiertas  todas  las  aguas  impu- 
gna que  bajan  de  Madbid,  ca70S  va- 
»pores,  que  no  se  puede  dudar  exha- 
>lan  7  se  introducen  en  él,  es  innega* 
>ble  sean  mny  ofensivos.»  En  estos 
términos  le  expresaba  el  ingeniero 
don  José  Alonso  de  A.rce  en  las  «difi- 
cultades vencidas  para  la  limpieza  7 
aseo  de  la  Corte;>  memoria  que  some- 
tió á  la  censura,  en  1734,  7  se  halla- 
ba en  prensa,  cuando  tuvo  lugar  el 
famoso  siniestro  que  destruyó  el  al- 
cázar. En  efecto,  la  noche  de  Navidad 
del  referido  año,  en  ocasión  en  que 
los  monarcas  se  habían  trasladado  al 
palacio  del  Buen  Retíro,  un  voraz  in- 
cendio, cuya  causa  no  ha  podido  ave- 
rignane,  auxiliado  por  un  viento  im- 
petuoso, redujo  en  breve  espacio  á 
un  montón  de  escombros  7  de  ceni- 
zas «el  insigne  7  ricamente  adornado 
palamo,»  eomo  deda  la  Gaceta  de  Ma- 
drid de  4  de  Enero  de  1735. 

73.  ffl  Palacio  «imw.— No  pare- 
ciendo digno  de  la  grandeza  del  so- 
berano de  España  el  modesto  edificio 
del  Buen  Retiro,  única  residencia  que 
le  quedaba  después  de  la  completa 
desaparición  del  antiguo  alcázar,  for- 
mó Felipe  V  el  proyecto  de  construir 
an  palacio  que  aventajara  en  exten- 


sión 7  magnificencia  i  los  mejores  de 
Europa.  Al  efecto,  hizo  venir  de  Tu- 
rín  7  encargó  los  planos  del  nuevo 
edificio  al  abate  don  Felipe  Jubara, 
muy  conocido  por  sus  notables  obras 
ejecutadas  en  aquella  ciudad,  en  Ro- 
ma 7  Milán.  Eligió  el  famoso  arqui- 
tecto las  excelentes  alturas  que  ac- 
tualmente ocupa  el  barrio  de  Pozas 
7  parte  de  la  Moncloa,  para  levan- 
tar un  magnífico  palacio  cuadrado, 
de  473  metros  por  cada  fachada,  ó  sea 
una  superficie  de  233.729.  El  edificio, 
según  el  pro7ecto  del  citado  artista 
italiano,  contaba  34  entradas,  23  pa- 
tios, 2.000  columnas,  otras  tantas  es- 
tatuas, vastísimos  jardines,  espacio- 
sos locales  para  los  Consejos,  secreta- 
rías de  Estado,  biblioteca,  iglesia, 
teatro;  y  tanto  éstas  como  las  demás 
partes  principales,  así  como  las  acce- 
sorias y  de  ornato,  debían  guardar  la 
más  perfecta  armonía  con  la  grandio- 
sidad del  conjunto.  Consideradas  las 
obras  de  una  magnitud  extraordinaria 
y  de  una  ejecución  costosísima,  des- 
echaron los  reyes  el  proyecto  de  Ju- 
bara, el  cual  murió  de  pesadumbre, 
según  es  fama.  Bajo  la  dirección  de 
este  arquitecto  v  con  arreglo  i  la  tra- 
za que  había  aalineado,  se  hizo  un 
precioso  modelo  de  este  palacio,  mi- 
nuciosamente ejecutado  eu  madera, 
que  aun  se  conserva  en  el  museo  de 
artillería.  Reemplazó  i  Jubara  su 
discípulo  7  compatriota  don  Juan 
Bautista  Sacheti,  á  ^uien  se  impuso 
por  principal  condición  que  el  nuevo 
palacio  había  de  levantarse  sobre  la 
misma  área  del  antiguo  alcázar,  que 
era  el  punto  designado  por  el  re7 
Felipe.  Aprobados  los  planos  de  Sa- 
cheti, empezáronse  las  obras  del  nue- 
vo edificio,  cuya  primera  piedra,  que 
era  de  granito,  se  puso  en  7  de  Abril 
de  1738,  en  el  centro  de  la  fachada 
del  Mediodía,  á  11  metros  de  profun- 
didad, contados  desde  la  superficie 
de  la  plazuda;  asistió  al  acto  prooe- 
sionalmente  el  arzobispo  de  Tiro  con 
la  capilla  real,  mientras  que  el  mar- 
qués de  Villena,  duque  da  Escalona, 
introdujo  en  nombre  del  rey  una  caja 
de  plomo,  que  contenía  monedas  de 
oro,  plata  7  cobre  de  las  fábricas  de 
Madrid,  Segovia,  Méjico  7  Perú,  en 
un  hueco  de  la  mencionada  piedra; 
sobre  la  cual  se  grabó  la  siguiente 
inscripción:  ^des  Afaurorum  auosHen- 
ricus  1 V  composmf.  Carolu*  y  am¡(li- 
Jícavii.  PAiltpput  III  ordenaviu  Ignis 
coHSimpiií  octavo  kalenda*  Januañi 
Anno  MDCCXXXIV,  Tándem  PAi- 
lippus  V  tpecíandas  retiUuií  aterniíaíc. 
Amu  MDCCXZXVIL  Bendijo  lue- 
go el  prelado  la  piedra  fundamental 
7  todo  el  terreno  que  comprende  tan 
suntuosa  fábrica,  con  las  ceremonias 
de  costumbre,  hallándose  presentes 
el  arquitecto  Sacheti,  el  duque  de 
Montemar,  como  testigo,  7  otras  mu- 
chas personas  distinguidas. 

74.  Duracién  y  costo  de  las  ohrat, — 
Examinados  escrupulosamente,  año 
por  aüo  7  número  por  número,  las 
Cfaceíat  y  Mercwriot  de  aquellos  tiem- 
pos, resulta:  qa«  desde  Julio  de  1735, 


época  en  que  aparece  que  regresó  la 

corte  de  Sevilla,  hasta  el  1.*  de  Di- 
ciembre de  1764,  en  que,  al  volver 
del  Escorial,  se  instaló  la  real  familia 
en  el  nuevo  palacio,  vivieron  en  el 
sitio  del  Buen  Retiro,  Felipe  V,  Fer- 
nando VI  7  Carlos  III,  todas  las  tem- 
poradas que  pasaron  en  Madrid,  asis- 
tiendo á  la  tribuna  7  á  las  capillas 
públicas  en  la  iglesia  de  San  Jeróni- 
mo; de  modo  que,  según  estos  datos 
fidedignos,  puesto  que  la  Gaceta  da 
siempre  de  oficio  el  punto  en  donde 
el  re7  se  encuentra,  el  nuevo  palacio 
tardó  en  estar  habitable,  contando 
desde  d  7  de  Abril  de  1738,  en  que 
se  puso  la  primera  piedra,  hasto  el 
referido  1.°  de  Diciembre  de  1764,  en 
que  se  inauguró,  veintiséis  afios,  sie- 
te meses  7  veintitrés  días.— En  cuan- 
to á  las  cantidades  invertidas  en  su 
construcción,  las  cuentas  presentadas 

Sor  la  Tesorería,  desde  el  7  de  Enero 
e  1737,  en  que  empezó  la  demoli- 
ción del  antiguo  alcázar,  hasta  1808, 
en  que  rindió  la  última,  arrojan  un 
total  de  298.820.785  reales  31  mara- 
vedises (cerca  de  trescientos  millones 
en  números  redondos). 

75,  MateriaUt  empleados  en  la  e«u- 
írKCctV».— La  cornisa,  las  columnas, 
las  pilastnu,  las  jamlws,  los  derechos, 
los  frontis  de  las  ventanas;  en  una 
palabra,  todo  lo  que  aparece  de  relie- 
ve 7  esculpido,  es  de  piedra  blanca 
de  Colmenar;  el  resto  de  la  fábrica, 
de  granito  ó  piedra  berroqueña;  las 
puertas  7  las  ventanas,  por  lo  gene- 
ral, de  caoba;  la  cubierta,  de  plomo; 
lo  demás,  de  hierro. 

76.  Swterior  del  Palacio. — La  plan- 
ta de  este  grandioso  edificio  forma  un 
cuadro:  sus  ángulos  están  fianqueados 
de  cuerpos  salientes  que,  i  manera  de 
pabellones,  cortan  la  línea  horizon- 
tal, los  cuales  sobresalen  6  metros  7 
tienen  26  de  frente,  constita7endo  un 
todo  aislado,  que  se  compone  de  cua- 
tro ftchadas.  Miden  éstas  131  metros 
cada  una  7  son  casi  idénticas  en  su 
arquitectura;  diferenciándose  sólo  en 
la  elevación,  que  es  aproximadamen- 
te: en  las  del  Sur  7  Este,  de  28  me- 
tros; en  la  del  Norte,  de  42,  7  en  la 
del  Oeste,  de  56',  único  modo  con  que 
se  pudo  remediar  el  enorme  desnivel 
del  suelo  7  dar  al  edificio  una  altura 

f^eneral.  La  fachada  principal  del  pa- 
acio  da  su  frente  al  Mediodía,  7  cons- 
ta de  piso  bajo,  primero,  segundo  7 
sotabanco.  Desde  el  plan  terreno  de 
la  plaza  se  levanta  un  cuerpo  senci- 
llo almohadillado,  que  forma  el  zóca- 
lo, sobre  el  cual  se  eleva  el  cuerpo 
superior;  el  centro  de  cada  una  de  las 
falladas  7  los  resaltos  ó  pabellones 
de  los  ángulos  están  adornados  de 
medias  columnas  estriadas  de  orden 
jónico  compuesto,  las  cuales  se  ven 
reemplazadas  en  los  demás  entrepa- 
ños por  pilastras  dóricas.  Unas  7 
otras  sostienen  la  cornisa  superior, 
sóbrela  que  corre  una  balaustrada, 
interrumpida  á  trechos  por  varios  pe- 
destales, que  adornan  ho7  grandes 
jarrones,  y  que  antiguamente  coro- 
naba una  cmección  de  estatuas  de 


TOMO  Ul 


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MADR 


reyes,  desde  Ataúlfo  hasta  Fernan- 
do VI.  Bn  los  espacios  comprendidos 
entre  las  columnas  ó  las  pilastras,  se 
▼en  varias  ventanas  de  forma  diferen- 
te: las  del  euaito  bajo  tienen  guarda 
doItos;  las  del  prlDCÍpal»  jambas  j 
frontispicios  triangulares  y  circulares 
altematÍTamente,  con  molduras,  la- 
bores, resaltos,  mascarones  y  conchas 
en  los  tímpanos;  las  de  los  pisos  su- 
periores son  oblongas  j  sin  ornamen* 
tación.  Los  tres  huecos  de  en  medio 
del  cuarto  principal  dan  salida  á  un 
balcón  sostenido  por  cuatro  columnas 
dóricas  j  rodeado  de  una  balaustrada 
de  piedra;  sobre  el  medio  punto  del 
vano  centralf  se  ve  la  Espaí^a  en  un 
medallón  de  escultura,  j  debajo  de 
éste,  el  río  Tajo  j  la  siguiente  ins- 
cripción: Coníulií  Ávffustus  general  gui 
cuneta  regmt.  Bn  el  centro  y  parte  su- 
perior de  la  fechada,  se  levanta  un 
ático  con  una  esfera  de  reloj  en  me- 
dio; encima,  un  escudo  de  armas,  y 
á  los  lados,  el  sol  recorriendo  el  zo- 
díaco. Las  tres  fachadas  restantes  son 
idénticas  á  la  referida  en  forma  J 
ornato,  hallándose  los  pisos  de  las 
cuatro  en  un  mismo  plano  horizontal 
y  terminando  con  uua  cornisa  j  ba- 
laustrada generales;  pero  el  gran 
desnivel  del  terreno  hizo  necesario, 
en  las  dos  bandas  de  Occidente  j 
Norte,  un  cuarto  inferior  al  piso  bajo, 
que  se  extiende  también,  aunque 
poco,  por  el  lienzo  de  Oriente.  Para 
encontrar  terreno  ñrme  por  Poniente 
7  en  la  arrojada  que  anteriormente 
corría  por  el  Norte  del  cerro,  levantá- 
ronse desde  el  Campo  del  Moro  mons- 
truosos marallones  de  contención, 
que  llegan  hasta  el  ángulo  de  las  Ca- 
ballerizas j  calle  de  Pavía,  j  se  for- 
maron por  Occidente  rampas  que 
conducen  á  los  jardines,  j  cujo  pe- 
queño desarrollo  las  condenó  á  ser 
violentas  y  pendientes,  j  se  sobrepu- 
sieron grandes  galerías  subterráneas, 
que  tienen  su  asiento  en  el  nivel  del 
Manzanares.  La  única  diferencia  que 
se  nota  en  las  cuatro  fachadas  refe- 
ridas consiste  en  que  las  de  Oriente  j 
Occidente  presentan  el  balcón  central, 
sostenido  por  ménsulas,  mientras  que 
el  del  lienzo  del  Sur  lo  está  por  co- 
lumnas, y,  finalmente,  en  que  el  re- 
salto central  de  la  fachada  del  Norte, 
en  donde  se  encuentra  la  capilla,  es 
de  cinco  intercolumnios.  La  orna- 
mentación que  decora  esta  colosal 
fábrica  es  bien  escasa,  pues  toda  ella 
so  reduce  al  medallón  de  España  y  el 
rio  Tajo  ya  mencionados,  en  la  pla- 
zuela principaljsan  Andrésy  Gfldeón, 
en  los  referidos  intercolumnios  cen- 
trales de  la  banda  del  Norte;  unos 
grandes  escudos  de  armas,  situados 
sobre  la  cornisa  en  el  medio  de  las 
cuatro  fachadas,  j  varios  bustos  colo- 
cados en  los  remates  acuartelados  que 
terminan  los  pabellones  de  las  esqui-  . 
ñas. 

77.  jPK«r¿af.— Seis  son  las  princi- 
pales que  conducen  al  intenor  de 
este  maguífíco  palacio:  ana,  llamada 
del  Príncipe,  en  la  fachada  oriental, 
y  cinco,  en  la  meridional;  todas,  con 


arco  de  medio  punto.  Las  tres  centra- 
les, que  llenan  los  intercolumnios  so- 
bre que  descansa  el  balcón  principal, 
abren  paso  á  un  espacioso  atrio  de 

Ítlanta  elíptica,  con  dos  puertas  en 
os  extremos  del  eje  mayor  y  vano 
rectangular,  sobre  el  que  se  distingue 
en  cada  una,  bajo  un  medio  puuto, 
un  escudo  de  armas  reales. 

78.  Interior  del  Palacio. — Por  estas 
puertas,  que  contienen  columnas  ani- 
chadaa,  se  comunica  el  mencionado 
atrio  con  otros  cuadrados,  que  se  en- 
cuentran en  las  puertas  colaterales, 
constituyendo  todos  ellos  un  suntuoso 
y  dilatado  vestíbulo,  de  cuyo  centro 
se  pasa  á  un  pórtico  adornado  con  co- 
lumnas estriadas,  en  donde  toman  el 
coche  los  monarcas.  Dando  el  frente 
á  la  escalera  principal,  hay  una  esta- 
tua de  Carlos  III,  ejecutada  en  már- 
mol blanco,  con  armadura  y  manto  á 
la  romana.  Bl  atrio  central  y  el  pórti- 
co se  hallan  cerrados  con  vidrieras. 

79.  Patio, — Por  este  último  se  pene- 
tra en  el  patio  principal,  que  es  cua- 
drado: tiene  1.121  metros  de  superfi- 
cie y  se  halla  circuido  de  otro  pórtico  y 
una  galería  con  nueve  arcos  de  frente 
en  cada  lado.  El  referido  pórtico  apa- 
rece decorado  con  pilastras  dóricas 
sobre  las  que  se  encuentran  otras  de 
orden  jónico  moderno,  qua  adornan 
la  galería  superior,  cerrada  con  gran- 
des vidrieras,  propiamente  tales,  en 
cuyo  cornisamento  sienta  una  balaus- 
trada, la  cual  hace  oficios  de  antepe- 
cho al  espacioso  terrado  que  se  ex- 
tiende por  toda  la  crujía.  Inmediatos 
al  patio  que  acabamos  de  describir, 
hay  otros  dos  pequeños  en  comunica- 
ción con  aquél,  los  cuales  correspon- 
den á  los  ángulos  Nordeste  y  Noroes- 
te del  palacio. 

80.  Escaleras. — Una  de  las  partes 
más  notables  deesteedificioes,sin  dis- 
puta, la  escalera  principal.  Hállase  en 
un  anchuroso  pórtico,  de  que  ya  he- 
mos hecho  mérito,  y  se  compone  de 
tres  ramales  con  mesillas  interme- 
dias: uno,  de  subida,  en  el  centro,  y 
dos  de  bajada,  en  los  costados.  Estas 
escaleras  conducen  paralelamente  á 
la  sala  que  se  llamd  de  ffmrdias.  Los 
peldaños  forman  una  subida  muy 
suave;  y  tanto  éstos  como  las  balaus- 
tradas y  los  dos  leones  que  sobre  pe- 
destales adornan  la  mesilla  general, 
son  de  rico  mármol  blanco  y  negro. 
La  suntuosa  caja  de  esta  magnífica 
escalera  aparece  decorada  por  doce  co- 
lumnas estriadas  de  orden  compues- 
to, que  sientan  sobre  un  zócalo  gene- 
ral, y  cuyos  capiteles  ostentan  her- 
mosos castillos,  leones  y  collares  del 
Toisón  de  Oro.  Cierra  la  citada  caja 
una  vasta  y  elevada  bóveda  de  ladri- 
llo, enriquecida  con  molduraje  talla- 
do y  dorada  en  los  perfiles  de  los  lu- 
netos  y  recuadros  de  los  entrepaños; 
adornada  de  florones,  trofeos  j  otros 
objetos  de  excelente  efocto  y  embelle- 
cida de  numerosas  pinturas  al  fresco, 
ejecutadas  por  Cerrado  Giaquinto,  en- 
tre las  ew  les  figura  una  en  que  apa- 
rece la  España,  en  traje  de  heroína, 
con  espigas  en  la  mano  derecha  y  un 


dardo  en  la  izquierda,  y  seg^uida  de 
la  Providencia,  la  Constancia,  la  Inte- 
gridad y  el  Celo  religioso,  rindiendo 
sus  homenajes  á  la  Iglesia  católica. 
Qrandes  claraboyas  simétricas,  abiete 
tas  sobre  el  cornisamento,  iluminan 
convenientemente  la  preciosa  escalera 
en  cuestión.  Aparte  de  ésta,  cuéntanse 
sobre  25,  en  esta  forma:  dos,  de  se- 
gundo orden;  una,  en  el  ala  del  Bste, 
en  el  ingreso  de  la  puerta  del  Prínci- 
pe, que  termina  en  el  piso  de  la  gale* 
ría  alta,  y  otra,  estrecha,  de  dos  ra- 
males, en  la  del  Oeste,  que  conduce 
desde  el  piso  bajo  á  la  terraza;  cuatro, 
de  servicio;  cuatro,  reservadas,  en 
cada  uno  de  loa  cuatro  pabellones  de 
los  ángulos;  y  varias,  secretas;  cua- 
tro, en  el  lienzo  del  Mediodía;  cuatro, 
en  el  del  Norte;  tres,  bajo  la  escalera 
principal;  y  una,  en  la  capilla.  Por 
todas  ellas  se  desciende  hasta  el  Cam- 
po del  Moro. 

81.  Aposentos  reaUs. — Todas  las  ha- 
bitaciones interiores  del  palacio  que 
nos  ocupa,  particularmente  las  que 
se  hallan  situadas  en  el  pisoprincipal, 
están  decoradas  con  una  magnificen- 
cia extraordinaria.  Hermosas  escultu- 
ras y  bellísimos  frescos,  que  repre- 
sentan en  su  mayor  parte  asuntos 
mitológicos,  adornan  las  bóvedas  j 
enriquecen  los  salones  del  suntuoso 
edificio,  guardando  perfectamente  ar- 
monía con  las  preciosas  telas  de  las 
paredes,  la  exquisita  colección  de 
mármoles  del  pavimento,  de  las  jam- 
bas y  dinteles  de  las  puertas,  de  los 
frisos  y  chimeneas;  los  caprichosos 
adornos  de  las  salas  y  las  magníficas 
colgaduras  y  tapices;  admirándose 

fior  último,  en  toda  clase  de  muebles, 
o  más  primoroso  y  delicado  que  ha 
producido  el  arte.  Entre  los  cuadros 
que  todavía  se  conservan,  son  verda- 
deramente notables  el  Descendimiento 
y  el  Padre  Eterno  ^  ejecutados  por 
Mengs;  los  cuatro  doctores  de  la  Iglesia 
latina,  por  Guercino;  algunas  obras  be- 
llísimas de  Rubens,  Murillo,  Jordán, 
Sneyders  y  Goya,  y  varios  de  los  pin- 
tores contemporáneos,  Madrazo,  Fe- 
rrant,  Es(^uivel,  Villamil  y  otros  no 
menos  estimables.  En  los  lienzos  de 
Oriente  y  Occidente  de  la  galería, 
hay  primorosos  gabinetes  con  pavi- 
mentos de  mármoles,  caprichosamen- 
te adornados  de  estucos,  espejos  y 
otros  ornamentos;  la  última  sala,  del 
lado  del  Mediodía,  ostenta  en  su  es- 
paciosa bóveda  estucos  chinescos,  imi- 
tando el  dibujo  de  éstos  los  mármoles 
del  solado;  y  en  la  banda  del  Oriente, 
se  ve  un  gabinete  llamado  de  la  Chi~ 
na,  por  hallarse  sus  paredes  cubiertas 
de  vistosas  porcelanas,  Pero  los  de- 
partamentos más  vastos,  ricos  y  ma- 
jestuosos de  todo  el  palacio,  son  el  sa- 
lón de  Embajador»,  o  del  Trono,  el  de 
Columnas  y  la  Capilla,  álos  cuales  Ta- 
mos á  consagrar  algunas  palabras. 

82.  Saló»  de  Embajadores, — Ocupa 
esto  anchuroso  y  re^io  salón  el  centro 
de  la  fachada  principal,  que  da  al  Me- 
diodía, y  se  halla  perfectamente  alum- 
brado por  cinco  balcones  con  vistas  & 
la  plaza.  Las  paredes  de  asta  regia 


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MADR 


MADR 


MADR  547 


estanpia  están  vestidas  de  terciopelo 
carmesí,  bordado  de  oro,  j  entre  los 
muchos  objetos  de  inestimable  valor 
que  la  adornan,  figuran  doce  magní- 
ficos espejos»  colocados  sobre  costosas 
mestSi  algunos  bustos  de  mármol  j 
otros  objetos  de  gran  valor,  y  las  dos 
elegantes  j  hermosas  arañas  que  pea- 
den  del  techo.  En  los  ángulos  resal- 
tan cuatro  medallones  dorados,  con- 
tenidos en  grandes  conchas;  con  dos 
estatuas  en  cada  uno,  madores  que  el 
natural:  en  el  primero  se  hallan  re- 
presentadas el  Agua  y  la  Primavera; 
en  el  segando,  el  Aire  v  el  Estío;  en 
el  tercero,  el  Fuego  y  el  Otoüo;  en  el 
cuarto,  la  Tierra  y  el  Invierno.  Las 
estaciones  se  hallan  figuradas  por  me- 
dio de  cariátides.  Sobre  una  puerta 
de  comunicación  aparece  pintada  la 
Abundancia  en  un  gran  óvalo  soste- 
nido por  dos  genios;  y  en  otro  óvalo, 
situado  en  el  lado  opuesto,  el  Me'rito 
y  la  Virtud.  La  pintura  de  la  bóveda 
representa  la  monarquía  española,  en- 
salzada por  los  seres  poéticos,  asisti- 
da por  las  Virtudes  j  rodeada  de  sus 
Estados  en  los  dos  hemisferios.  En  un 
trono,  á  cuj'os  lados  se  ven  Apolo  j 
Minerva,  está  sentada  majestuosa- 
mente la  Monarquía;  inmediata  á  ella, 
la  ciencia  del  Gobierno;  en  el  extre- 
mo opuesto,  la  Paz  y  la  Justicia,  y 
por  el  aire,  la  Virtud.  La  Abundan- 
cia y  la  Clemencia  forman  entre  otras 
figuras,  un  grupo  sobre  nubes;  cruza 
toda  la  bóveda  el  arco  iris,  y  entre  éste 
y  el  gran  círculo  de  nubes,  rodeado 
de  genios,  que  cubre  la  Monari^uía  y 
delante  del  cual  vuela  Mercurio,  se 
distinffue  un  jeroglífico  de  la  Paz. 
Eolo,  Júpiter,  MinerTa,  Baco,  el  Océa- 
no y  su  esposa  Tetis,  Flora  y  Céfiro, 
Neptuno,  Vulcauo,  Venus,  Apolo  y 
Harte,  constituyen  otros  hermosos 
grupos  que,  envueltos  también  entre 
nubes  y  á  distancias  diferentes,  cir- 
cujen  el  mencionado  trono  de  la  Mo- 
narquía española.  Kn  la  misma  bóve- 
da hay  una  alegoría  en  elogio  de 
Carlos  III,  formada  por  la  Magnani- 
midad, con  la  Gloria  á  la  derecha;  la 
Afabilidad,  á  la  izquierda;  y  un  poco 
más  allá,  el  Consejo.  La  Fe,  colocada 
en  un  trono  de  nubes,  aparece  acom- 

f lañada  de  la  Esperanza,  la  Caridad, 
a  Prudencia,  la  Fortaleza  jf  la  Victo» 
ría;  tiene  á  su  izquierda  un  altar  con 
fuego  y  un  genio  lleva  una  cadena 
con  un  medallón  para  premiar  las 
Nobles  Artes.  Como  atributo  de  la 
Gloria,  haj  cerca  de  la  matrona,  que 
la  representa,  una  pirámide,  en  cuya 
parte  inferior  se  lee  la  siguiente  ins- 
cripción: 

ABDVA  QUA  ATTOLLIS  SIOMtiyBNTA 
ET  FLBCTIKR  AVO 
NBSCIA  TB  CBLBHRANT 
CABOLB  MA0NAN1MUM 

Sobre  la  comisa  están  representa- 
das las  provincias  de  la  Monarquía 
española.  Frente  al  balcón  del  medio 
de  la  fachada  principal  y  en  el  centro 
de  la  pared,  que  da  a  la  antigua  m/a, 
de  Gvardioit  se  levanta  el  trono,  cu- 
bierto con  un  rico  dosel  de  terciopelo 


carmesí,  bordado  de  oro.  A  la  derecha 
se  ve  la  estatua  de  la  Prudencia;  á  la 
izquierda,  la  de  la  Justicia,  y  en  los 
dos  ángulos,  que  trazan  las  gradas, 
cuatro  leones  de  bronce  dorado.  La 
bsUísima  y  complicada  pintura  que 
enriquece  la  bóveda  de  este  soberbio 
salón,  fué  ejecutada  por  don  Juan 
Bautista  Tiepolo,  hábil  artista  de  la 
escuela  veaectana;  la  escultura,  por 
don  Roberto  Michel.  La  regia  estan- 
cia cuya  descripción  terminamos,  está 
considerada  como  la  mejor  de  todo  el 
palacio  y  una  de  las  primeras  de  Eu- 
ropa. 

83,  Salón  de  Columnas. — Doce  co- 
lumnas, arrimadas  á  pilastras,  con  los 
caprichosos  capiteles  de  castillos,  leo- 
nes y  collares  del  Toisón  de  Oro,  de 
que  ya  hemos  hecho  mérito,  adornan 
este  magnífico  salón,  cerrado  con  una 
elevada  bóveda  de  ladrillo,  embelle- 
cida con  tallas  doradas  é  iluminada 
con  grandes  claraboyas.  En  el  centro 
hay  una  alegoría  pintada  al  fresco 
por  Corrado  Giaquinto,  la  cual  re- 
presenta la  salida  del  sol,  á  cuya  pre- 
sencia se  agita  y  alegra  toda  la  Natu- 
raleza. Eñ  la  parte  superior  aparece 
Apolo  radiante  en  un  carro  de  nubes, 
tirado  por  cuatro  caballos;  precédele 
la  Aurora,  rodeada  de  ninfas  que  van 
esparciendo  flores,  distinguiéndose 
detrás  parte  del  zodiaco,  con  los  sig- 
nos correspondientes  á  Febrero,  Mar- 
zo, Abril  y  Mayo.  Céfiro  detiene  los 
vientos  fuertes.  Por  debajo  se  desta- 
can varios  grupos:  Ceres,  simboliza 
el  Eslío;  Baco,  sentado  sobre  un  ju- 
mento, que  está  echado  en  el  suelo, 
representa  el  Oto&o;  Venus,  la  Prima- 
vera, y  Vulcano,  el  Invierno.  Entran 
igualmente  en  la  composición  Diana 
y  Pan  con  su  caramillo,  y  en  la  base 
aparece  Galatea  en  el  mar  con  trito- 
nes y  nereidas.  Esta  hermosa  sala 
sirve  para  bailes,  y  en  ella  se  celebra 
la  ceremonia  de  servir  el  monarca  la 
mesa  á  doce  pobres  y  lavarlos  y  be- 
sarles un  pie  el  día  de  Jueves  Santo, 
terminados  los  oficios.  Sobre  la  puer- 
ta que  comunica  con  la  antigua  sala 
de  Guardias,  hay  una  medalla  ovala- 
da, sostenida  por  un  león  y  rodeada 
de  niños  con  palmas  y  guirnaldas,  en 
la  cual  pintó  el  mencionado  artista  la 
Majeslad  de  España. 

84.  CapiÍla.-~St  encuentra  en  el 
centro  déla  &chada  del  Norte,  al  nivel 
de  las  habitaciones  reales.  La  planta 
presenta  en  el  centro  la  figura  de  una 
elipse,  con  dos  grandes  nichos  en  los 
extremos  de  su  eje  mayor;  á  un  lado 
se  ve  otra  elipse  menor,  que  forma  la 
entrada,  y  al  frente  de  ésta,  una  semi- 
elipse.  Su  decoración  consiste  prin- 
cipalmente en  16  columnas  de  már- 
mol negro  y  de  una  sola  pieza:  estas 
columnas  y  las  pilastras  tienen  ca- 
piteles dorados  de  orden  corintio,  y 
sobre  unas  y  otras  corre  el  cornisa- 
mento. Los  cuatro  arcos  torales  están 
dorados,  y  en  las  bóvedas  hay  floro- 
nes y  otros  ornatos,  alternando  con 
estucos,  que  imitan  mármol  blanco. 
Corona  y  cierra  el  cruce  una  media 
naranja,  compuesta  de  un  ático  deco- 


rado exteriormente  por  ocho  flameros 
é  iluminado  por  cuatro  grandes  cla- 
raboyas, adornadas  por  el  interior, 
como  los  macizos  que  hay  entre  ellas, 
de  bien  trabajadas  esculturas.  Elévase 
el  mencionado  ático  sobre  la  cubierta 
del  edificio,  y  en  él  sienta  la  semies- 
fera,  que  es  una  rosca  de  ladrillo  pin- 
tada al  fresco.  En  el  coro  principal 
se  ven  varias  figuras  alegóricas  con 
molduras  doradas  al  redeaor,  y  en  el 
otro  coro,  sobre  el  altar  mayor,  £  Je- 
sucristo con  el  Padre  Eterno  y  unos 
ángeles.  Decoran  la  entrada  de  este 
sagrado  recinto  cuatro  evangelistas 
colocados  en  hornacinas  á  los  extre- 
mos de  la  elipse,  que  forma  el  ingre- 
so. Dos  ángeles  sostienen  dos  gran- 
des lámparas  de  bronce  á  los  lados 
del  presbiterio,  y  pendiente  del  anillo 
de  la  cúpula  se  ve  otra  de  plata  en  el 
centro.  La  mesa  del  altar  y  sus  co- 
rrespondientes gradas  han  sido  labra- 
das de  ricas  piedras,  al  par  que  bellí- 
simos frescos  y  hermosas  esculturas 
enriquecen  esta  regia  capilla.  Además 
de  las  tribunas  reales,  hay  otras  va- 
rias repartidas  por  las  paredes  cerca 
del  cornisamento.  La  cruz  que  se 
eleva  sobre  la  media  naranja,  fué  co- 
locada en  1737:  contiene  en  el  centro 
de  los  brazos  un  pomo  circular  de 
bronce  dorado,  y  en  su  circunferen- 
cia, que  encierra  varías  reliquias,  se 
lee  la  siguiente  bella  inscripción  de 
Iriarte: 

INTUS  SACRA  LATBNT  PAROS  PBOOBLLA 
SACRIS.  Anno  1757. 

85.  Una  anécdota. — Terminamos  la 
imperfecta  descripción  de  esta  regia 
monda,  tan  notable  por  la  magnitud 
y  solidez  de  su  construcción  como  por 
las  machas  riquezas  y  preciosidades 

3ue  contiene,  con  la  siguiente  anéc- 
ota:  cuéntase  que,  subiendo  Napo- 
león I  las  suaves  gradas  de  la  escale- 
ra principal  de  este  palacio,  díjole  á 
su  hermano  José,  admirado  de  la  sun- 
tuosidad del  edificio  y  de  su  excelen- 
te distribución:  «Tenéis  mejor  aloja- 
miento que  yo.» 

86.  Palacio  del  Congreso.— Ei  21  de 
Marzo  de  1842  dió  principio  la  demo 
lición  de  la  iglesia  y  convento  que 
había  sido  de  FP.  del  Espíritu  Santo, 
y  en  10  de  Octubre  de  1843,  día  del 
natalicio  de  la  reina  Doña  Isabel  II, 
puso  ésta  la  primera  piedra  del  edi- 
ficio que  nos  ocupa,  depositándose  se- 
guidamente en  un  arca  de  plomo  va- 
rias monedas  de  oro,  plata  y  cobre, 
los  periódicos  del  día,  un  ejemplar  de 
la  Constitución  de  1837,  la  Guía  de 
forasteros  y  la  paleta  de  plata  que 
sirviú  á  S,  M.  para  echar  el  material 
del  primer  cinaiento.  Las  obras,  pre- 
supuestadas en  14.800.000  reales, 

uedaron  terminadas  en  1850,  bajo  la 
irección  del  arquitecto  don  Narciso 
Pascual  Colomer,  autor  del  proyecto 
aprobado  por  la  Academia  de  Nobles 
Artes  de  San  Fernando.  El  edificio 
está  construido  en  el  solar  que  ocu- 
paba el  convento  antes  mencionado, 
sobre  una  superficie  de  11.895  me- 
tros: comprende  ocho  lados,  todos  en 


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5Í8 


MADR 


áng^ulos  rectos,  dando  su  frente  £  la 
plaza  de  las  Cortes.  La  línea  de  esta 
fachada  principal  tiene  55  metros;  las 
de  las  calles  del  Florín  j  Floridablan- 
ca>  57  cada  ana;  7  13,  las  dos  que 
vuelven  al  testero,  contando  seis  el  sa- 
liente del  centro  j  29  de  extensión. 
La  eonstnieciÓn  es,  en  general,  la- 
drillo sobre  bóveda  de  rosca;  la  fa- 
chada principal,  toda  de  piedra  de 
granito  con  ventanas  intermedias  del 
almohadillado  corrido:  las  repisas, 
jambas,  dintel,  friso  j  guardapolvo, 
son  de  piedra  calcár&a  de  color  blan- 
co; las  tres  fachadas  restantes,  de  la- 
drillo, decoradas  en  armonía  con  todo 
el  edificio.  £1  pórtico  de  la  fachada 

firincipal,  al  que  da  subida  una  esca- 
ínata,  consiste  en  un  cuerpo  saliente, 
compuesto  de  seis  columnas  corin- 
tias j  estriadas  con  sus  respectivas 
contrapilastras,  notándose  en  los  ca- 

ftiteles  de  las  primeras,  cabezas  de 
eones  en  ves  de  la  flor  del  abaco.  So- 
bre este  pórtico  sienta  el  cornisamen- 
to, cu^o  friso  j  arquitrabe  se  ven  in- 
terrumpidos por  la  lápida  de  mármol, 
en  que  se  lee  la  sencilla  inscripción 
de:  Concreto  de  ht  Diputados,  termi- 
nando el  todo  de  este  elegante  cuerpo 
con  un  frontispicio  triangular,  en  cu- 
yo  tímpano  haj  un  bajo  relieve,  en  el 
que  aparece  la  España  abrazando  la 
Constitución  del  Estado,  rodeada  de 
la  Fortaleza  y  la  Jtuticia;  al  lado  de 
aquélla  están  las  Beílas  Artes,  el  Co- 
mercio, la  Agricultura,  los  Ríos  j  Ca- 
nales de  navegación;  inmediato  á  la 
Justicia  se  halla  el  Valor  español,  (^ue 
sirve  pan  sustentarla;  las  Ciencias, 
que  aseguran  la  Industria  y  la  Nave- 
yaeion,  fomentadas  por  la  J^at  y  la 
A  iundanda,  que  completan  la  alego- 
ría. Los  dos  leones,  colocados  en  ios 
extremos  de  la  escalinata,  han  sido 
fundidos  con  el  metal  de  bronce,  pro- 
cedente  de  los  ca&ones  tomados  á  los 
i^nemigos  en  la  guerra  de  Africa:  fue- 
ron fundidos  en  Sevilla  en  la  fábrica 
de  la  Nación;  pesan  2.300 kilogramos, 
el  uno,  y  2.6d8  el  otro,  y  son  de  una 
sola  pieza,  excepto  las  colas.  La  plan- 
ta en  general  está  sobre  una  de  las 
majores  vertientes  de  Madrid,  cuyo 
desnivel,  en  sentido  longitudinal  de  la 
fachada  que  hemos  descrito,  es  próxi- 
mamente de  cuatro  metros.  Bn  el  piso 
bajo  se  hallan  los  sótanos  ^an  el  cuer* 
pn  de  guardia,  algunas  habitaciones  de 
dependientes,  almacén  de  objetos  úti- 
les y  de  uso  periódico  y  hornillos  para 
los  caloríferos:  la  segunda  planta  está 
destinada  al  objeto  principal;  en  su 
centro  se  encuentra  el  gran  salón  de 
sesiones,  de  1.841  metros  superficia- 
les; la  sala  de  conferencias,  y  otras 
cuatro  más  pequeñas  para  gabinetes 
de  lectura,  recibo  ó  audiencias  de  los 
diputados,  el  vestíbulo  principal,  la 
secretaría,  el  archivo,  la  sala  de  pre- 
supuestos, el  gabinete  del  presidente 
y  el  del  Ministerio;  la  tercera,  com- 
prende las  salas  de  las  comisiones  y 
habitaciones  de  los  empleados  de  la 
casa  que  viven  en  ella;  y  la  cuarta,  ó 
sotabanco,  las  de  los  dependientes  su- 
balternos. La  sala  de  sesiones  es  se- 


MADR 

micircular;  tiene  31  metros  de  diáme- 
tro, prolongados  sas  extremos  para- 
lelamente, r  el  testero,  11:  cierra  el 
salón  una  bóveda  rebajada,  de  cuyo 
centro  pende  una  elegante  lucerna  en 
forma  de  abanico:  los  escaños  de  los 
diputados  están  dispuestos  en  anfitea- 
tro; son  de  caoba  maciza,  forrados  de 
terciopelo  color  de  guinda,  numerados 
los  asientos  ^  cada  uno  de  los  cuales 
tiene  un  pupitre,  escribanía  y  un  ca- 
jón para  guardar  papeles.  Forman  las 
galerías  de  las  tribunas  unas  colum- 
nas de  hierro,  blanco  y  oro,  en  las 
que  se  ven  enlazados,  por  orden  alfa- 
bético, los  escudos  de  las  49  provin- 
cias de  España.  La  curva  de  la  bóveda 
mide  nueve  metros  de  altura  en  toda 
la  extensión  de  la  sala:  ésta  se  halla 
revestida  de  escavola,  imitando  már- 
moles, y,  como  el  plano  que  forma  el 
techo,  riquí  si  mámente  decorada  de 
pinturas  de  Rivera,  en  las  cuales  se 
ven  representados  los  legisladores 
griegos,  romanos,  ^dos  y  aragone- 
ses que  más  se  distinguieron  en  estas 
cuatro  grandes  épocas  de  la  civiliza- 
ción europea.  El  decorado.de  los  de- 
más departamentos  que  componen 
este  edificio,  se  halla  á  la  altura  del 
salón  que  dejamos  descrito. 

87.  Palacio  del  Senado. — Se  deno- 
minó en  su  primitivo  origen  Colegio 
de  Doña  María  de  Arag<¡n,  quien  lo 
fundó  en  el  sitio  llamado  entonces 
Vistillas  del  Río,  siendo  dama  de  la 
reina  Doña  Ana,  cuarta  esposa  de 
Felipe  II,  para  casa  de  religiosos 
agustinos  calzados.  Demolida  la  men- 
cionada iglesia  r  levantado  el  edificio 
actual,  sirvió  da  salón  de  sesión  á  la 
Cámara  única  ^ue  existió  desde  1820 
al  23;  j  en  los  postreros  afios  de  Fer^ 
nando  VII  estuvo  abierto  como  igle- 
sia hasta  1835,  en  que  se  instaló  en 
ella  el  Senado.  La  fachada  del  salón 
en  que  celebra  sus  sesiones  esta  aris- 
tocrática Cámara,  da  frente  á  la  calle 
de  la  Encarnación  y  consta  de  un  solo 
cuerpo,  decorado  por  cuatro  pilastras 
con  capiteles  caprichosos,  coronando 
el  todo  un  frontispicio  triangular  con 
un  bajo  relieve  en  el  tímpano,  que 
representa  á  Isabel  II  en  un  solio, 
con  el  león  á  los  pies  y  varias  figuras 
alegóricas  al  rededor.  Adornan  el  in- 
dicado frontispicio  tres  ornatos  de  es- 
cultura, uno  en  el  vértice  j  los  res- 
tantes en  los  extremos;  consiste  el 
primero  en  un  pequeño  grupo,  que 
contiene  el  busto  de  Isabel  la  Católica 
con  varios  trofeos,  y  simbolizan  los 
otros  las  armas  de  Castilla,  represen- 
tadas por  medio  del  castillo  y  del 
león.  La  planta  del  salón  de  sesiones 
es  elíptica  y  de  regular  extensión  y 
forma,  y  está  decorado  con  ocho  co- 
lumnas anichadas  de  orden  jónico  mo- 
derno. Enfrente  de  la  puerta  v  hacia 
el  extremo  del  eje  majordela  elip- 
se, se  ve  el  trono  con  un  rico  dosel  de 
terciopelo,  y  distribuidas  por  las  pa- 
redes del  salón  varias  pequeñas  tri- 
bunas con  arco  recto,  7  otra  mayor, 
destinada  para  el  público,  frente  al 
dosel.  Todo  el  adorno  de  este  salón  y 
de  su  fachada  es  de  yeso:  de  modo 


MADR 

que,  tanto  por  sa  arquitectura  como 
por  los  materiales  empleados  en  su 
construcción,  el  edificio  carece  de  toda 
importancia,  fuera  del  objeto  i  qac 
esta  destinado. 

88.  Casas  Consistoriales. — La  pri- 
mera reunión  que  celebró  el  Ajnnta- 
miento  en  la  casa  que  en  la  actuali- 
dad ocupa,  tuvo  lugar  el  día  19  del 
mes  de  Agosto  del  año  de  1619.  An- 
teriormente á  esta  fecha,  según  cons- 
ta en  un  libro  de  acuerdos  de  Ma^obid 
desde  1462  á  1485,  los  concejos  de  la 
villa  se  celebraban  á  campana  tañida; 
unas  veces  en  el  Mirador  del  Rev, 
otras,  en  la  Cámara  claustra  de  la 
iglesia  de  San  Salvador,  situada  so- 
bre el  pórtico  de  esta  parroquia,  como 
así  lo  refieren  Quintana  y  Baena,  ci- 
tando el  primero  un  documento  qua 
se  menciona  en  el  apreeiable  Mamual 
del  señor  Mesonero  oomanos,  7  an  el 
que  se  expresa  con  feeha  6  d«  Octu- 
bre de  1503,  que  para  otorgar  unos 
acuerdos  sobre  cambios  de  terrenos, 
estaba  reunido  el  eonesjo  «m  U  taU 
fue  es  encima  del  portal  de  la  iaietia  de 
San  Salvador  de  Ut  dicha  villa,  segi» 
que  lo  hen  de  uso  y  costumbre.»  Aten- 
dido su  forma  y  ornato,  el  edificio 
que  nos  ocupa  debió  construirse  en  el 
mismo  siglo  en  que  se  celebró  en  él 
la  primera  reunión  que  ya  hemos  in- 
dicado. Consta  aquél  de  dos  pisos, 
bajo  y  principal,  decorado  éste  con 
frontispicios  triangulares;  en  cada 
uno  de  los  extremos  se  eleva  una  to- 
rre cuadrada,  cuyo  balcón  adorna  un 
frontón  semicircular,  terminando  el 
todo  con  un  capitel.  La  fachada,  que 
da  á  la  calle  de  la  Almudena,  as  me- 
nos extensa  que  la  re&rida  j  tiene 
igualmente  dos  torres  con  un  peris- 
tilo, formado  por  seis  columnas  y 
dos  pilastras  dóricas  de  granito  en  el 
piso  principal,  las  cuales  sostienen 
una  cornisa  que  ata  con  la  general 
del  edificio.  En  el  capitel,  que  corres- 
ponde á  la  torre  de  la  esquina  de  la 
plazuela  y  calle  de  la  Almudena,  se 
ve  el  reloj  que  hab£a  en  la  torre  de 
San  ^Ivador,  llamada  antiguamente 
atalaya  de  la  villa,  t  que  fue  derriba- 
da con  la  iglesia  de  aquel  nombre. 
En  el  interior  ha/  un  pequeño  patio 
con  pilastras,  una  espaciosa  escalera 
^e  piedra  y  varias  salas;  entre  ellas, 
la  de  CoUmnas,  llamada  así  por  las 
dos  que  se  ven  en  el  testero,  j  la  mo- 
dernamente habilitada  para  sesiones; 
contigua  á  ésta  se  encuentra  un  pe- 
queño oratorio,  recientemente  restau- 
rado, cuyas  bóvedas,  pintadas  al  fres* 
co  por  don  Antonio  Palomino,  repre- 
sentan, entre  otros  asuntos  sagrados, 
varios  pasajes  de  la  vida  de  san  Isi- 
dro. El  resto  del  edificio  es  bastante 
irregular  y  poco  notable,  habiendo 
servido  durante  algún  tiempo  de  cár- 
cel pública. 

89.  Diputación  prornncial.-'^iX\Msn 
establecida  en  una  casa  vieja  que  per- 
teneció á  la  familia  de  los  Lodeñas,  j 
labró  de  nuevo,  á  principios  del  si- 
glo xvii,  don  áancho  de  la  Cerda, 
marques  de  la  Laguna.  Bate  edificio, 
situado  en  una  rinconada  de  la  pl^ 


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MADR 

zuala  de  Santiag-o,  no  ofrece  nada  de 
notable,  ¿  pesar  de  las  considerables 
sumas  invertidas  en  obras  para  embe- 
llecerlo. 

90.  PataciodelaPre»idencia.—Eate 
edificio,  conocido  en  otro  tiempo  por 
la  etua  dé  ioi  Reros  j  por  el  A  tmacén 
de  cristales,  fué  edificado  en  1801,  en 
uno  de  los  mejores- sitios  de  la  calle  de 
Alcali.  Sa  fiichada,  de  buenas  propor- 
ciones,  da  entrada  &  un  atrio  que  se 
extiende  i  un  anchuroso  patío  con  sa- 
lida á  la  calle  de  la  Greda :  una  esca- 
lera de  dos  ramales,  que  arranca  del 
referido  atrio,  conduce  al  piso  princi- 
pal, en  donde  se  encuentran  las  habi- 
taciones más  lujosas  del  edificio  j  un 
regular  salón,  que  ocupa  el  centro 
con  vistas  á  la  calle  de  Alcalá. 

91.  Ministerio  de  la  &obemaci<ín, — 
£n  la  Puerta  del  So\,  punto  el  más 
«entral  de  Ua,dbid,  j  aislada  por  sus 
c